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                    <text>ÚLTIMAS' NOVEDADES.

PERIÓDICO ESPECv\L DE SEÑORAS YSEÑORITAS, INDISPcNSABLE EN TODA CASA DE FAMILIA
PUBLICA ' LAcS ÚLTIMAS MODAS DE PARÍS EN EXCELENTES GRABADOS-ARTÍSTICOS FIGURINES ILUMINADOS-CONSIDERABLE NÚMERO DE PATRONES
TRAZADOS AL TAMAÑO NATURAL-MODELOS PARA TODA CLASE DE LABORES Y BORDADOS-CRÓNICAS-NOVELAS, ETC,, ETC.

SE PUBLICA EN LOS DIAS 6, 14, 22 Y 30 DE CADA MES

MADRID 30

DE DICIEMBRE DE

ADMÓN.: CALLE DE PRECIADOS, 46.

Ailo LXVL - Nh. 48.

1907.

11

11

FONDO 01: HISTORIA

fig. 2,-Traje de seda ligera
.
grandes lunares brillante• .co1or gris fieltro, con
bordada de color gris Esi 8 , se adorna con malla
sombrero campana de·
ola ~e zorro azul, Gran
mas grises.
pana gris, adornado con pluFig. 3. - Falda de patio
1
Luis XIV, de terciopelo J:~on~ª:i_~sre~I; .chaqued ta
nada con alamar1!1s· co b t d 8
o scuro, a orro de fieltro btanc¿ 8
ªd chinchilla. SombreTraje de paño verde i;rrin~eº con mar.abú.
pos de botones lle afi .
• ~arnee1do con j!"rudos con soutache, P 0 • canesu Y bolsillos reabaFalda de paño cobre· cha
ta d

Jª

gro con bocamangas ci' . que
e terc.iopelo nesoutache. Sombrero de
bordadas co!-1
0d~jeda,
do con plumas de garZ'.l real.p
o negro, guarnec1Flg. 4,-Traje de hechura 1m .
verde musgo, guarnecido cferio, de paño color
felpilla y soutache• estola n un gran bordado de
de zorro.
'
compuesta de dos cola,
Traje de hechura csastre&gt; d 6 te .
color Burdeos· toca de piele~
d rc1opelo á rayas
realzada con Plumas blancas'
eada de s1vungs y
Traje de raso color de vin ~ avestruz.
t611 de terciopelo con bo d ~ ~ España con levieobre tono; chorrera y
e 80!'tache, tono
e enca1e crudo.

e¡¿;~f

J'º
p.J,,', •º

J y 2, -

Tollettea elegantes.

Núm. 1,-Tea•g&lt;Jf!Jfl de raso Liberty color de topo y terciopelo
estampado del mismo tono; adornos de pasamanería de seda;
canesú de gu.ipur y muselina de seda.

Núm. 2.-Chaqueta para visitas; de terciopelo amatista, gnar•
necida al borde con raso; chaleco y final de las mangas, de
seda mate blanca bordado con felpilla,

•

�LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

278

279

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
SUMARIO.

TBXTO,-Explicaci6n de loa grabados.-Revista parisiense, por V. de
C■ atelfl:do . -El puente, conclusl6n, novela traducida por Sylvla.Fin de ailo, por la Direcci611.-Explle:!ei6n del figurln ilumina•
do.-Desde roi celda, cartas de Londres, por Lady Belgravla.Correspondeneia particular, por D.• Adela P.-Sueltos.-Anun·
cios.
GRABADOS.-1 y 2. ToileUea eleuntes.-3. Sombrero para nii'la de
13 á Hi ailos.-4 y 6. Cuello y chorreras.-6 Traje para niño de t A
2 ailos.-7. Gorrn de sportparajoven.-8. Traje para niña de 11 á
13 aiios. - 9. Traje para niña de 9 á 11 ailos. - 10. Traje para niño
de 9 A 11 años.-11. Traje p:ira señorita de 15 á 17 a.i'.i.os.-12. Traje
lujoeopara niña de 2 á 4 años.-13. Trajapara nii1a de 1 i2 ailos. 14. Traje p:ira nii'i.a de H, á 15 años.-15. Toilette de tul bordado,
propia para comidas. -16. Traje para comidas 6 reuniones.17, Sombrero para visitas ó para teatro.-18. Traje para reuniones
de contl.an.za.-19. Traje para reuniones.-20. Sombrero para visitas. - 21. Toil ette para visitas.-22. Traje para niña de 12 li U
ail.os.-23. Traje de lana guarnecido con trencilla.-24. Trajo para
sei'lora joven. - 25. Traje para señora ele edad. - 26. Traje para
niña de 10 li 12 ali.os. -27. Traje de hechura custre• . -2~. Traje
de calle.-29 á 31. Cuellos y corbatas.-32. Toilette de visitas, propia para sei'iora Joven.-33 y 34. Cinturones de novedad.-35. Cesta.
adornada con bordado.-36. Traje de tul bordado.-37. Blusa de
novedad.-38. Traje para niil.a de 7 ;i 9 ai'los.-39. Abrigo elegante.-4.0. Pañuelo do aplioaeiones sobre tul.- U y 42. Andad-ores .

les. Ahora quedan en loe ojales de las solapas,
en las caídas de las estolas ó á un extremo del
manguito. En las toques de pieles no se ponen
más que plumas, plumas de todas _clases: una a&gt;
grette violeta obispo ó verde nrntaltco, que destaca mucho sobre la piel; una cabeza de faisán
dorado de matices brillantes,
acompallada de
largas plomas del
mismo faisán ó de
ave de I paraíso;
un drapeado de

Las man~•• semilargas tienen gran aceptación
y gran variedad, como se ve en los modelos citado.s; en el de la figura 7, de pallo amatista con
terciopelo bordado, y en el de la figura 8 de terciopelo inglés verde higo liso y r ayado.' .

BUHARI O.

Anuncios de sombreros pequell.os.-Los de pieles y au adorno.- Los
actuales trajes ceaetre•, de fantufa. - Avance de las man~s aemilargas.-Chaquet.ae caprichosa.a de terciopelo. - Sustitución de las
trencillas por franjas, en los contornoe.-Trajes de visiw, de teIaa ligeras y de pailo.

•
••

rri

•
••
Entretanto, se llevan
mucho los sombreritos
de pieles, casi siempre

•
•••

Fig. f..

terciopelo kaki, en el
que anidan tres pajaritos mosca ó colibríes;
dos mirlos de Córcega,
de colores tornasolados, del azul al verde
mirto, con nna aigrette
Flg. S.
al costado, sobre un
gran sombrero &lt;le visón de alas tan anchas como las de un sombrero
campana, y otras mil combinaciones.
No son muy ligeras estas toqu.es, porque no es
posible anular el peso de la piel; pero son más
cómodas y fáciles de poner que un gran sombrero, que necesita medía docena de alfileres
para sujetarlo. Visten lo suficiente para las visitas de tarde, y armonizan muy bien con los
trajes «sastre• de capricho, bastante adornados
con que se tiende este año á sustituir los de te r~
ciopelo ó seda.

•

Fig. 2.

toques flexibles y drapeadas de visón, de marta ó de cebellina, cuyos
tonos salientes y reflejos
dorados aoompallan tan
bien al peinado.
Fig. L
También las hay con
alas dobladas y arrugadas á ambos lados, con el movimiento qne á
cada flsonomfo cuadra mejor. Los adornos de
flores pasaron de moda; ya no se ven los crisantemos, orqu!deas, edel,veiss y violetas de Parma
q u0 antes se prendían en los sombreritos de pie-

ligeras, sin apresto, que produzcan pliegues ondulosos, como terciopelo, raso Liberty, paño,
gasa, según el uso á que los dediquéis y la vida
que hagáis. Un traje de terciopelo, gasa ó raso
•
••
Liberty podrá serviros para visitas y también
Se dice que va á desaparecer esta trencilla de para comidas de confianza, y podéis adornarlo
contorno; pero por ahora se ve en toda clase de con guipur teñido, con gruesos bordados del
abrigos, asi en los de pie- color de la tela, con soutaches ó con trencillas.
les como en los de paño. La gasa exige pliegues que le den peso y bonita
Dícese que será reempla- caída, y que bastarán para adornar la falda y la
zada por franjas de paño, sombra de chaquetita que cnbre un cuerpo-code tafetán ó de raso. En raza de terciopelo brochado sobre un fondo tamefecto, acabo de ver una bién de gasa. Antes se hu15iera hecho la chaqueta
chaqueta de pallo verde de tela gruesa y la blusa de tela ligera; hoy lo
hacemos precisamente al revés.
·
Para las personas que salen mucho á ple el
pallo es siempre la más práctica de todas las telas; pero hay que renunciar á usar ese traje -por
la noche, porque los palios claros, adecuados
para la luz artilloial, no lo son para la del día en
los grises y brnmosoa del invierno: sería preciso envolverlos bajo un gran abrigo.
•
Los trajes de paño á propósito para el dia tienen colores más apagados y neutros. Tal, por
ejemplo. el de mañana representado en la figura 9, en que se combina un paño liso de color de

gues secos de las chaquetas csastre•. El único
adorno es la trencilla que las bordea y los botones.

•
••

REVISTA PARISIENSE.

uceo se habla entre bastidores, en los grandes talleres, de sombreros pequelios; seguramente no aparecerén hasta los primeros días
primaverale,, para demostrar una vez más que
la moda lo vence todo, hasta la lógica, imponiendo sombreros grandes cuando no hace sol,
y r eservando los peque•
!los para el momento en
quo sus rayos empiezan
á calentar.

pensamiento ºº!! vivos de raso negro , en que la
chaqueta es sem1corta y sus aldetas cuadradas
ni cerradas ni enteramente echadas hacia atráy
No fiéis la elección de hechura á la que viste~
en otra persona ; probaos una chaqueta de ore
tona cruda, y haciendo enmiendas e n ella encon•
traréis lo que os siente mejor. Las ald~tas lar:
gas por delante y cortas por detrás no están de
moda; por el contrario, se tiende á la forma de
cola -de pájaro. En las chaquetas americanas el
vnelo va atrás; en las Luis XCII y XV empiezan
los encañonados bajo las caderas.
Muchas chaquetas tie!'en la espalda, delantero
y manga todo en nna pieza, y, gracias á un corte muy hábil, modelan n:iuy ~ien el busto. Laa
mangas son estrechas, sm p!Jegues ni frunces
como se ve en la figura 1, y aun mucho más e;.
trechas.

Hay chaquetas de terciopelo más de capricho
que las de pallo , y que se llevan con faldas de
uua ó de otra tela indiferentemente. Pliegues
que arranc.an cerca del hombro, liso , bajan hasta
el talle y siguen en la aldeta flexib les como si
nada los suj etara. Casi siemp;e el delantero derecho cruza mucho sobre e} izquierdo, y el abrigo Cierra al bies con un
solo botón ó una presilla
de pasamanería. Grandes
solapas, como 1as Direc•
torio, más sueltas aún
dejan ver el borde de W:
chaleco de tela clara y el
pechero y cuello recto, de
encaje, d el cuerpo. La
chaqueta no tiene cuello,

~

Croquis de laa 4&amp;a, 1 .l 12 de la RettiBta pariaiente.

chas trencillas de se•
da y con mangas de
malla.

y castaño en que
una franja de paño verde cortada
en forma contorneaba el borde
sin volver ella,
sino puesta al viFlg, LO,
vo sobre el dobladillo de la chaqueta. Tres franjas del mismo paño verde y de
anQhuras diferentes, rodeaban la falda. La figura 1 seliala esta moda en franjas de terciopelo,
y en ella se demuestra la ventaja, sobre las trencillas, de que se puede aumentar ó disminuir la
anchura, según lo va pidiendo en cada sitio la
prenda.

•

Para los trajes de visitas que habéis de llevar
bajo la chaqueta de piel, escoged telas flexibles,

EL PUENTE.
Fig. 5.

y este escote bordeado con trencilla, combinado
con las grandes
solapas , es de
gran novedad. Se
completa con una
Flg. •·
écharpe de pieles. La_ espa)da no está drapeada como el delantero, smo •Justada casi al talle. En la aldeta se
ponen, ~ntre la espalda y el costadillo, dos cañones flexibles de terciopelo, en vez de los pile-

(Conclusión.)

XXV.

Y tranquilo, esplendoroso, después de la tor•
menta, amaneció el siguiente dla.
El sol brillaba sobre los devastados campos y
parecla transformarlos; hacía centellear como
diamantes á las gotas de lluvia que esmaltaban
las hojas; envolv!a en rayos de oro las alamedas
alfombradas de despojos,
Las avecillas cantaban, aun cuando más de un
nido habla caldo al troncharse la rama en que
tuvo asiento; cantaban, dando al olvido la noche
helada, y alentando con la esperanza de la primavera ..... Sólo el Pajarito corría turbio, agitado y rápido; pero al anochecer estarla sosegado,
y, como siempre, reflejaría nuevamente las estrellas .....
Maria Teresa pasó rezando aquella larga noche. Al despuntar la aurora el sueño la rindió
y se quedó dormida hasta el momento en que el
primer rayo de sol hirió los cristales de sn ventana, cual áurea flecha. ¡ Hermoso rayo, diríase
que era mensajero feliz, promesa de un dia
bendito!....
Levantóse dispuesta á pasar á la otra orilla¡porque ya tenía derecho paraello!- Aproximó•e á la ventana y la abrió de par en par..... tEra
un soello1 ..... Una ligera barquilla se mecía sobre el riachuelo ..... Juan empuñaba los remos, Y

•

•

Los poi vos de
arroz han de ser invisibles; impalpaFlg.11.
bles y muy adherentes, condiciones que
cumplen los llamados Duvet de Ninon en recuerdo de la belleza legendaria de Lenclos. Comunican al cutis una blancura diáfana. Los hay de
cuatro matices, que son: rosa, blanco, natural y
moreno, Para evitar las imitaciones, hay que
exigir el verdadero nombre, ó dirigirse á la Perfumerla Ni,wn (31 , rue du Quatre•Septembre), en

•
• •

•

Esos trajes •sastre• son más adecuados que
estos otros cuando no se dispone de carruaje
Difieren de loa del año pasado en la forma d~
las aldetas, la línea de hombros, la pegadura de
las mangas y los adornos. La mayor parte de las
aldetas son largas, como las de los modelos de
las figuras 1, 2 y 3. En la primera de ellas (traje
de pallo violeta con adorno de terciopelo) son
redondeadas, y de punta cuadrada en las otras
dos, la primera de paño gris humo con soutaches, y la •.egunda de paño pizarra con trencillas.
Hay también aldetas más cortas, desprendidas y
tiradas hacia atrás, como las de las chaquetas
americanas, y de ellas son ejemplos: el traje de
la figura 4, compuesto de una falda de terciopelo
de ?olor de herrumbre y una chaqueta de paño
de igual color, de! que se hace también la franja
de la falda, y el modelo de la fü¡ura 6 en que la
casaca es de terciopelo frambuesa y !~ falda de
paño de igual matiz.
En fin, para que haya de todo, se ofrecen modelos como el de la figura 6, todo de terciopelo

Fig.12.

Fig. 9.

•

'r

nutria con otro escocés de dos tonos ciruela; tal
también el de tarde, de la ftgura 10, de paño de
color de topo, con bordados gruesos de seda.
Al doble uso de las visitas de tarde y de lasco:
midas intimas por la no?he se prestan más, s1
no se quiere llegar á la ltgereza de la gasa, los
de terciopelo, de que son
modelos el de la figura 11
azul Sajonia con un bordado chino en el escote y
adornos de trencillas de
seda, y el de la fi gura 12,
malva apagado, con an-

Parls.
Fig. 7.

Fig. 8.

muy cerca, snbiendo la rústica escalinata, Cristina llegaba á buscarla ..•..
El corazón de Maria Teresa latió con más
fner1.a.
- Venga, venga pronto ..... De hoy en adelante
verá usted sonreirá su padre; todo se ha olvidado, se ha borrado, y los dos amigos de la infancia hablan de usted y de Juan-agregó Cristina, bajando la voz y sonriendo afectuosamente.
¡Alabado sea Dios! Maria Teresa nunca habia
querido consultar su corazón: conoció en aquel
instante, por la alegría profunda y serena que la
dominaba, que habla alcanzado una elevación
moral muy rara en la tierra. Juan la miró con
alguna ansiedad. La jovencita sonrió, y, sin necesidad de cruzar palabra, fueron felices .....
Ya están en la opuesta orilla. No quedan otros
vestigios de la tormenta que un fresco más intenso bajo las arboledas umbrosas, apenas atravesadas por los rayos solares. ¡Qué hermoso,
agradable, poético y pintoresco es todo esto,
que forma el marco de la vetusta granja que en
aquel momento va á ser testigo de sus esponsales!. .... Cristina acorta el paso para quedarse algo
retrasada; los novios no lo advierten y recorren,
uno cerca del otro, la secular alameda, cuyos árboles se unen formando bóveda de verdor- Se
olvidan de todo, menos de la hermosura de
aquel Jugar y de la alegría que les llena el corazón ..... No se hablan; tpara qué1 ¡Se comprenden
perfectamente!
Ya se divisa la granja, con su pórtico enguirnaldado por trepadora parra.
-Es muy bonita esta Itibera-dijo María Te-

V. DE CASTELFIDO,

Parla, 26 de Diciembre de 1907.

resa, levantando los ojos y sonriendo con t!mida
sonrisa que ilnminaba su rostro rnboroso.
-SI los votos de todos, si, de todos, incluso
los de sn padre de usted, se cumplen, no habrá
en lo sucesivo más que una sola hacienda-exclamó Juan con voz entrecortada.
Maria Teresa se ruborizó más hondamente, y
buscando á Cristina, que le sonre!a desde lejos,
corrió á ocultar entre sus brazos el rostro Inundado por lágrimas de felicidad .....
.. .. . . .. . ... . . . . .
... . . .
Lectora amiga, tan bien como yo podrías terminar esta historia.
El sellor de Sallis no murió; se retiró de la
vida pol!tica para pasar en la vetusta granja los
últimos allos de una vida apacible.
Juan y Maria Teresa están casados: una de
esas uniones que sólo tienen en la tierra su
punto de partida.
Paulina ha- comprendido y ha saboreado Jo
que el mundo no comprende ni aprecia, y se
encuentra feliz en la soledad y en la pobreza,
dedicándose, como Cristina, á amparar y á consolar á los que sufren, rogando por la memoria
de su padre.
Cristina sigue su camino, dejando lum!nica
estela, como amiga celestial otorgada á los desgraciados para alivio de tristezas y á los felices
para santificar sus alegrlas. Y cuando Juan navega, ella y Paulina acompañan á María Teresa
en La Ribera, donde los dos antiguos amigos
han reconstruido el puente sobre el Pajarito.

. .. .

FIN.

. . .

�280

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

231

,

3.-Sombrero para niña de IJ A 15 arlos.

4.-Cuallo y chorrera.

6.-Traja para. niño da I i 2 años.

Núm. 3. -Do fieltro delgado
color gris; casco chato y alu ondulada, á la que presta rigidez
un alambre; el sombrero sH
adorna con dos plumas-cnchillu
sujetas por chome de cinta.
Núms. 4 y 5. - La chorrera
está formada por una tira de

11

batista plissée, de 6 cm. de ancho, sobre la que se cosen rosáceas al crochet, de fNvolité ó ele
guipur; la teh, se recorta bajo
estos motivos; los bordes se
adornan con puntilla de Valenciennes, y el cuello se ejec11t1t
con doble tela de batista, adornada con entredoses y motivos
más pequen.os que los de la cho
rrera. La segunda chorrera SP.
compone de unR tira de 3 m. de
longitud por 3 ½cm.de ancho, la
cual termina por un eacllje¡ después ee monta la tira frunciéndola sobre aira de gasa de 38
centfmetros de longitud. Secose el guipur y se fijan en el medio algunos botoncitos. La parte superior Se guarnece con un
lazo de seda y con guipar.
Núm. 6. - De cheviotte &amp;ZTJI
obscuro; los delanteros forman
en el medio un pliegue hueco
de 7 cm. de ancho, y á cada lado
de él otro pliegue de 5 cm.; Ja
e~palda, cortada sólo hasta Ja
cintura, forma también pliegues. La hoja de encima de Ja
manga se dispone del mismo
modo en un pliegue hueco; el
extremo inferior queda snjeto
por pafios de satinete azul claro
guarnecido con cinta blanca.
Completan el traje un cuello
marinero, un peto de satinete
guarnecido con cintas, el cintu•ón y la corbata.
En la manga izquierda y en
el peto, el emblema bordado.
Núm. 7.-De lana inglesa color gris, compuesta de ocho pie-

5,-Chorr•~•

7.-0orra da aport para Joven .
12.-Traje luJoto
para niña da 2 á 4 añoa,

y forrRda con semiseda · la
visera se refuerza con entreiela
y se forra después; completan la
gorra unas orejeras.
Núm. 8. -De terciopelo verJe musgo guarnecido con tren,
cilla neJlrA. La falda, ligeramente fruncirla en el taJJe, se forra
con siciliana y se adorna con
trencilla, ateniéndose á las indicaciones; el cinturón ¡;:e com,
pone de dos trencillas. El cuerpo tiene hechura de blusa y se
abre sobre peto rle Eieda plissée
color marfll; el borde inferior
de este peto se adorna con encaje; los delanteros se ribetean
con trencilla; completa el adorno un cuelJo de guipar formando picos, ribeteado con trencil1a. Mangas de farol Eiujeb1s por
puños realzados con guipur.
N·úm. 9. -De lana escocesa
color gris azul á cuadros; la falda, cortada al hilo, se dispone
formando plieg-ues hnecos; cueZAR

. 0

~1...

JIÍ//~
.:,

Eapaldaa de loa dibujos II y 14 i 16.

cual se deja ver un peto de seda
blanca plissée. Las mangas ter•
minan por boCll:l'Jlangas de terciopelo. Paletó do paño azul ace,
ro con forro de seda del mismo
color; se abrocha por medio de
un gran botón de nácar. El cue•

~~f/}

11.- Traje para uñorlta de 15 i 17 año, .

Núm. 11. -Este traje, de lana do
ntasfa se compone de falda renda ;dornada alrededor con
s tkas de piel y chaqueta larga
rrada de seda clara que se abroa por medio de corchetes invibles y se adorna con trencilla y
es grandes botones de fantasía;
s mangas forman pliegues en las
sas y se adornan con trencilla.

llo-chal y el borde de las masgas son de terciopelo de color
algo más obscuro que la tela.
Núm.

B.-TraJa para niña de II a 13 años.

Impulsos de gratitud honda, bien sentida, nos
mueven á estampar aquí un saludo de respetuoso
afecto hacia las amables lectoras que con · su
bondad y con su favor vienen acompafiando á
LA MODA ELEGANTE en su honrada y cada día
más floreciente existencia periodística.
Al hojear la colección de los números publicados por esta Revista en el año que concluye,
al apreciar en conjunto el camino recorrido,
no podemos sustraernos á una impresión de ufanía, que es agradecimiento; de orgullo, que es
carilío.
.
·
Cuando las madres ven á las adoradas hijas
crecer, hermosearse y lucir galas y adornos·, reveladores de que tras la adolescencia han llegado
las esplendideces y lozanías de la juventud plena, experimentan la satisfacción intensa, dulcísima, de ver realizada una gran parte de la obra
magna en que pusieron alma, ilusiones, ternuras.
Así es hoy la satisfacción nuestra.
Sin anuncios previos, sin empeñar promesas,

hemos enriquecido, ensanchado y mejorado LA
MODA ELEGANTE en términos tales que-no hay
inmodestia en declararlo-la han colocado muy

13.-TraJe
para niña de I ft 2 años.

llo de terciopelo azul, bajo el

jf;,-:,

FIN DE AÑO.

,

•

9,-Traje para niña da 9 ft II añoa.

10.-TraJe para niño da 9 a II añoa.

por encima, á considerable distancia de todas
las publicaciones, no ya nacionales, sino extranjeras.
Actualmente, y por virtud de haber sumado á
sus elementos propios nuevos elementos valio,
sísimos, LA MODA eclipsa á las Revistas mejores
que, con destino á la mujer, se editan en París
y en los principales centros de elegancia muncijal.

No hemos de detallar lo hecho; no hemos de
pregonar proyectos ni propósitos.
Lo realizado está á la vista y es la prenda más
segura de lo que ha de continuar siendo nuestra
labor.
En ella hemos cosechado aplausos que son estímulos, favores que nos obligan á leal recono-

cimiento.

Esos aplausos, esos favores del público femenino de España y de América, son algo importantísimo en esta obra: son el complemento eficaz, firme, decisivo en nuestra empresa.

.

.Para esas nobil!simas colaboradoras sea la gloria conseguida, y sea también nuestro saludo
que es voto ferviente porque el Cielo les con:
ceda tesoros de felicidades en el año que va á

comenzar.

LA DIRECCIÓN.

IO.-Traje de terciopelo

á rayas, de color castaila; se
compone de pRntalón corto y
&lt;le una blusa di~puAsta de manera que forme pliegues pes•
punteaitos; bajo el plieJ?Ue hueco del me&lt;lio queda disimulado
Pl cierre. Las mangai;i; tnminan
formando pliegues á fin de si•
mular pullos. Completan el traje un cinturón de terciopelo, un
cuello de hilo y una corbata re·
gata.

Núm.12.-De louisi~ blanca, ~arecido con entredoses y enc&amp;Je de
alenciennes. La falda se compone
dos ·volantes de 8 cm. de alto y
50 m. de largo; se incrustan los
tredoses y se guarnecen los ventes con encaje al borde. La fallleva debajo otra interior; se
unce la parte de arriba y se monsobre el cuerpo; éste, fruncido
mbién en el talle, tiene un canesú
mpuesto de entredoses y motivos
encaje¡ Ja espalda de este ceneestá formada por entredoses y
ras de louisine plissée.
La:J mangas son cortas y termian por volantes guarnecidos con
eaje; se adornan con cinta blanca
jeta con lazos; á la aJtura del
lle se fijan, delante, otros dos
zos.

Explieaeión del figatrín ilaminado.
Corraaponde i lu aeiloraa auacrlptoraa A la edlolón da laJo.

1. Traje muy elegante para calle.-De pallo gris ni•
quelado, con adorno de s01dachu negros. La chaqueta,
muy larga, es un poco ancha, con galones anchos de
soutaches y borlas que realzan los motivos. Botones
grandes cubiertos de pafio. Mangas que formen parte
del abrigo y que lleguen un poco debajo del codo.
Sombrero de raso con ala forrada de terciopelo color
dalia, moilo de terciopelo y fantasía de plumas.
Materiales: 7 m. de paño y 25 m. de soutachs.
2. Traje azul para visitas.-Falda redonda, guarnenecida con sotdache fino. La chaqueta lleva el mismo
adorno y es larga y ajustada. La parte de encima de
la manga concluye con una banda lisa de paño, ador•
nada con moti v-os y pastillas. Cuello pequeño redondo
Y con soutache. Gran capelina de fieltro tabaco, cubierta con plumas desrizadas.

Materiales: 6 m. de pallo.
3. Traje de patio color violeta.-Con pequeila chaqueta con aldetas redondas y terciopelo de uc tono
mRs obscuro. El cuello, las solapas y los pafios de las
mangas son del mismo terciopelo, asf como los bo-

tones de la falda. El paletó abro sobre un chaleco ra•
yado. Pequei'io pechero de encaje. Sombrero con
aigrettes.
Materiales : 7 m. de paño y 80 cm. de terciopelo

al bies.

i

Núm. 13. - De lana encarnada¡ el

erpo tiene canesú de guipur
ornado con cinta de terciopelo
el mismo color que el traje¡ la
arte de delante se dispone farando un gran pliegue y se adorna
n cint9. de terciopelo. Las mane se componen de bullones frundos y puilos adornados con
nta.
La talda mide 1,50 m. de largo
se di~pone formando en el talle
rios órdenes de frunces; se mon•
sobre el cuerpo bajo un cinturón
_cinta, que se abrocha por detrás
JO un chou.
a falda cubre otra interior
arnecida al borde con una b~rre•
ra.
úm. 14. -La

falda, de pallo se-

o color verde almendra, forma
egues todo alrededor, excepto

14.-TraJe para niña de 14 • 15 añoa.

en la parte de delante, donde queda libre el delantal; los pliegues se
pespuntean en 15 cm. de su Ion•
¡¡itud.
El cuerpo, de seda del mismo
color que la falda, tiene unicanesú
de encaje de Valenciennes; el drapeado se compone de bieses dobles
y se adorna al borde con un bies de

pana de 3 cm. de ancho; poto de

seda ,fruncida.
Los bullones de las mangas se
adornan con encaje fruncid.'.&gt; y se
completan con una manga japonesa

do seda.

Nú11, 15. -Do tul color albarico•
que, realzada con motivos de felpilla del mismo color; se compone
de una falda-túnica, cortada de la
misma pieza que el cuerpo, y de un
,:uerpo fruncido en el talle de m~nera que simule corselete; el baJo
1le la falda, guarnecido con felpilla cae sobre el volante, que se
ad~rna del mismo modo; el delantero, que se prolonga sobre el cuerpo á guisa de peto, es de malla de
felpilla, colocada sobre viso de muselina de seda del mismo color; escote redondo, adornado con felpilJn y cubierto en parte por un fich«
ti.e tul drapeado que cae sobre las
mangas; éstas son de malla, cub~en
el brazo y se destacan sobre viso
ti.e muselina de seda.
Núm. 16.-Este traje, propio para
seflora de cierta edad, es de tul ne~ro, salpicado de lentejuelas, sobre
viso blanco; el cuerpo se escota en
redondo y tiene un canesú de malla
de oro bordada, unida á las man•
gas, de hechura japonesa; la parte
superior de este canesú se realza
con encaje de oro; en la parte de
delante se destaca un lazo de terciopelo.
,
Las mangas se drapean al traves
y se torran · con muselina de seda

blaaca.¡

La falda mide 5,25 m. de vuelo,
aproximadamente, y cubre otra de
tafetán, velada en parte por muselina de seda blanca: completa el
traje un cinturón de raso negro

drapeado.

�LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

280

231

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

3.-S ombrero para niiia da ll á 15 :i.ih:is.

4.-Cuello y chorrera.

•

6.-Traje pilr.t niño de I á 2 año,.

5.-Chorrera
1.RA

adorna con dos plnmas-cuehillu
sujetas por choux de cinta.
Nú ms. 4 y 5. - La chorrera
está formada por una tira de
batista plissét, de 6 cm. de ancho, sobre la que se cosen rosñceas al c,-ochet, de frivolité ó &lt;le
guipur; la telR se recorta bajo
estos motivos; los bordes se
adornan con puntilla de Valenciennes, y el cuello se ejecntR
con doble tela de batista, adornada con entredoses y motivos

11

11

''
1

rrera. La segunda chorrera s~
compone de una tira de 3 m. de

longitud por 3 ½cm.de ancho, la

1

1

i

1

pui'ios realzados con guipur.
Núm. 9. -De lana escocesa
color gris azul á cuadros; la falda, cortada al hilo, se dispone
formando pliegues huecos¡ cue-

Núm. 7.-De lana inglesa co-

je un cinturón de termopelo, un
cuello de hilo y una corbata regata.

:~i_

l4.- TraJe para nlila de 14 á 15 años .

cual se deja ver un peto de seda
blanca plissée. Las mangas ter•
minan por bocal)'langas de ter-

ciopelo. Paletó de pallo azul ace•
ro con forro de seda del mismo
color¡ se abrocha por medio de
un grao botón de nácar. El cuello-chal y el borde de las man•
gas son de terciopelo de color
algo más obscuro que la tela.
Núm. 10.-Traje de terciopelo
á rayas, de color castaña¡ se

compone de pantalón corto 1
rle una blusa dh~puf!sta de ma•
nera que forme pliegues petl•
ponteados¡ bajo el pli_e~e hueco del meriio queda d1s1mu~ado
Pl cierre. Las mangas tPTmman
formando pliegues á fln de •1·

mular puilos. Comple!an el Ira·

8.-TraJe para niña de II á 13 años.

FIN DE AÑO.
Impulsos de gratitud honda, bien sentida, nos
mueven á estampar aqui un saludo de respetuoso
afecto hacia las amables lectoras que con · su
bondad y con sn favor vienen acompaflando á
LA MonA ELEGANTE en su honrada y cada día
más floreciente existencia periodística.
Al hojear la colección de los números publicados por esta Revista en el silo que concluye,
al apreciar en conjunto el camino recorrido,
no podemos sustraernos á nna impresión de ufan fa, que es agradecimiento; de orgullo, que es
carill.o.
·
Cuando las madres ven á las adoradas hijas
crecer, hermosearse y lucir galas y adornos, reveladores de que tras la adolescencia han llegado
las esplendideces y lozanías de la juventud plena, experimentan la satisfacción intensa, dulcísima, de ver realizada nna gran parte de la obra
magna en que pusieron alma, ilusiones, ternuras.

Así ei hoy la satisfacción nuestra.
Sin anuncios previos, sin empeñar promesa~,
hemos enriquecido, ensanchado y mejorado LA
MonA ELEGANTE en términos tales que-no hay
inmodestia en declararlo-la han colocado muy

9.-Traje para niña de 9 i II años.

10.- Traje para niilo de 9 i. 11 ailoa.

por encima, á considerable distancia de todas
las publicaciones, no ya nacionales, sino extranjeras.
Actualmente, y por virtud de haber sumado á
sus elementos propios nuevos elementos valio•
sfsimos, LA MODA. eclipsa á las Revistas mejores
que, con destino á la mujer, se editan en París
y en los principales centros de elegancia mundial.
-No hemos de detallar lo hecho; no hemos de
pregonar proyectos ni propósitos.
Lo realizado está á la vista y es la prenda mAs
segura de lo que ha de continuar siendo nuestra
labor.
En eUa hemos cosechado aplausos que son estímulos, favores que nos obligan á leal reconocimiento.

Esos aplausos, esos favores del público femenino de Espaila y de América, son algo importantísimo en esta obra: son el complemento eficaz, :firme, decisivo en nuestra empresa.

.

Para esas nobilisimas colaboradoras sea la gloria conseguida, y sea también nuestro saludo,
que es voto ferviente porque el Cielo les conceda tesoros de felicidades en el año que va á
comenzar.
LA DIRECClÓN.

Explieaeión del figt1t1ín i1t1tninado.
Cormpondt 6 lu HilorH IUIOrlptoru i la Hlcl6n de l1Jo.

1. Traje muy elegante para ealle.-De palio gris ni·
quelado, con adorno de soutachu negros. La chaqne~a,
muy larga es un poco ancha, con galones anchos e
soutaches Yborlas que realzan los motivos. Boto:
grandes cubiertos de pafio. Mangas que f~rmen pad
del abrigo y que lleguen un poco deba10 del co o.
Sombrero de raso con ala forrada de terciopelo color
dalia, mofio de terciopelo y fantasía de plumas.
Materiales: 7 m. de pal1o y 25 m. de soutac116.
2. Traje aztdpara visitas.-Falda redonda, gu~rne¿
necida con sotdachs fino. La chaqueta lleva el !111sde
adorno y es larga y ajustada. La parte de encimd
la manga concluye con una banda lisa de palio, ª
nada con moti vos y pastillas. Cuello pequet.l.o redon
y con soutache. Gran capelina de fieltro tabaco, en·
bierta con plumas desrizadas.
Materiales: 6 m. de podo.
h
Traje
paño color violeta.-Con pequeña
queta con aldetas redondas y terciopelo de ur. ºlas
miis obscuro. El cuello, las solapas y los puño~ de bo·
mangas son del mismo terciopelo, así como os ratones de la falda. El paletó abre sobre un chalecocon
yado. Pequei'lo pechero de encaje. Sombrero
uigreltes.
· pelo
Materiales : 7 m. de peilo y 80 cm. de terc 10

º;-°

3.

al bies.

de

i nª¿

e-

,~

llo de terciopelo azul, bajo el

el peto, el emblema bordado.

,

Etp1lda1 de 101 dib ujos II y 14 á 16.

lla. Mangas de farol sujetaa por

cual termina por un enc~.je; después ee mont~ la tira frunciéndola sobre otra de gasa de 38
centímetros de longitud. Se cose el guipur y se fijan en el medio algunos botoncitos. La parte superior Se guarnece con un
lazo de seda y con gnipur.
Núm. 6. - De cheviotte azul
obscuro¡ los delanteros forman
en el medio un p1iegne hueco
de 7 cm. de ancho, y á cada lado
de él otro pliegue de 5 cm.; Ja
e~palda, cortada sólo hasta Jn
cintura, forma también pliegues. La hoja de encima de )R
manga se dispone del mismo
modo en un pliegue hueco; el
extremo inferior queda sujeto
por pafios de satinete azul claro
guarnecido con cinta blancR .
Completan el traje un cuello
marinero, un peto de satinete
guarnecido con cintas, el cinturón y la corbata.
En la manRa izquierda y en
lor gris, compuesta de ocho pie-

13.-Trale
para niña de I i 2 años.

Núm. 8. -De terciopelo ver.

Je musgo guarnecido con trencilla nel[rB. LR falda, ligeramente fruncida en el talle, se forn
con siciliana y se adorna con
trencilla, ateniéndose á las indicaciones¡ el cinturón i::e compone de dos trencillas. El cuerpo tiene hechura de blusa y se
abre sobre peto de F:eda p li#l,e
color marfll; el borde inferior
de este peto se adorna con encaje; los delanteros se ribetean
con trencilla; completa el adorno un cuello de guipar formando picos, ribeteado con trenci-

más pequel1os que los de la cho

1

12.-Traje lujoso
para nli!:a de 2 á 4 añoa.

y forrada con semiseda¡ ta
visera se refuerza con entretela
y se forra después¡ completan la
gorra unas orejeras.

Núm. 3. -De fieltro delgado
color gris¡ casco chato y a ltt ondulada, á la que presta rigidez
un alambre; el sombrero 811

111

7.- 0orra de sport para Jova..

II.- Traje para uñorlta de 16 i 17 dos.

Núm. 11. - Este traje, de lana de
fantasía se compone de falda re•
donda ;dornada alrededor con
-dos tJas de piel y chaqueta larga
fo rrada de seda clara que se 9:br(!·
ch.a por medio de corchetes. mvi•
,sibles y se adorna con trencilla Y
tres grandes botones de fantasía¡
las mangas forman pliegues en las
sisas y se adornan con trencilla.

Núm.12.-De louisine blanca, ipiarnecido con entredoses y encaJe de
-Valenciennes. La falda se compone

de dos volantes de 8 cm. de alto Y

2,50 m. de largo; se incrustan los
entredoses y se guarnecen los volantes con encaje al borde. La fal&lt;1.a lleva debajo otra interior; se
frunce la parte de arriba y se monta sobre el cuerpo; éste, fruncid'?
también en el talle, tiene un canesu
compuesto de entredoses y motivos
de encaje; Ja espalda de este caneFÚ está formada por entredoses y
tiras de louisfoe plissée.
.
La3 mangas son cortas y terminan por volantes guarn~cidos con
encaje¡ se adornan con cinta blanca
Rajeta con lazos¡ á la altura del
talle se ftjao, delante, otros dos
lazos.
Núm. 13.-De lana ~ncarnad~¡ el
cuerpo tiene canesu de gmpur
adornado con cinta de terciopelo
del mismo color que el traje¡ la
parte de delante se dispone formando un gran pliegue y se adorna
con cioh de terciopelo. Las mangas se componen de bullones fruncidos y puños adornados con
cinta.

La falda mide 1,50 m. de largo

y se dispone formando en el talle

varios órdenes de frunces; se monsobre el cuerpo bajo un cintur~n
-de _ciota, que se abrocha por detrae
b aJ o un chou.
La falda cubre otra interior
.guarnecida al borde con una barredera.

"ta

Núm. 14. - La falda, de pado se•

&lt;loso color verde almendra, forma
l)liegues todo alrededor, excepto

ea la parte de delante, donde queda libre el delantal; los pliegues se

pespuntean en 15 cm. de su lon-

gitud.

El cuerpo, de seda del mismo
color que la falda, tiene unicanesú
de encaje de Valenciennes; el drapeado se compone de bieses dobles
y se adorna al borde con un bies de
pana de 3 cm. de ancho; peto de
seda fruncida.
LoB bullones de las mangas se
adornan con encaje fruncid.:&gt; y se
completan con una manga japonesa
de seda.
Núm. 15. -De tul color albaricoque realzada con motivos de felpilla del mismo color; se compone
de una falda-túnica, cortada de la
misma pieza que el cuerpo, y de un
cuerpo fruncido en el talle de m~nera que simule corselete; el baJo
de la falda, guarnecido con felpilla cae sobre el volante, que se
ad~rna del mismo modo; el delantero que se prolonga sobre el cuerpo á. guisa de peto, es de malla de
felpilla colocada sobre viso de muselina de seda del mismo color; e~cote redondo, adornado con felpilla y cubierto en parte por un fichu
Ue tul drapeado que ene sobre las
mangas; éstas son de malla, cub~en
el brazo y se destacan sobre viso
&lt;le muselina de seda.
Núm. 16.-Este traje, propio para
sefiora de cierta edad, es de tul negro, salpicado de lentejuelas, sobre
viso blanco; el cuerpo se escota en
redondo y tiene un canesú de malla
de oro bordada, unida á las mangas, d~ hechura japone~a; la parte
superior de este canesu se realza
con encaje de oro; en la parte de
delante se destaca un lazo de terciopelo.
,,
Las mangas se drapean al traves
y se forran con muselina de seda

blanca.f

La falda mide 5,25 m. de vuelo,
aproximadamente, y cubre otra de
tafetán, velada en parte por muselina de seda blanca: completa el
traje un cinturón de raso negro

drapeado.

�LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

282

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
tredós de gui~. Cuerpo escotad o
en redondo y guarnecido con ma-

ra fruncida y se arlorna con volantes de
encaje; el cuello y los delanteros se ador•
nao con trencilla más ancha que la que
realza las mangas: se completa con una
pelerina.

dro.i'ios de seda; se completa con ti•
ra01es de guipur; las mangas se
componen de dos volantes de encaja tmperpuestos; rodea el talle un

cinturón de seda Liberty de color
verde pálido.

Núm. 24.-La falda de este traje, de dia•
gonal verde ruso; mide 4,50 m. de ancho;
al borde se forma una jareta de 4 cm., sobre la que corre un bies de tela del mismo ancho¡ los p11ños do delante se abren
sobre una quilla de lena, que mide 15
centímetros de ancho por abajo, y se adorna con un motivo bordado de soutache.
El cuerpo se drapea en forma de fichu,
se cruza por delante y en la espalda y se
adorna con bieses de peño blanco bordado¡ los delanteros, guarnecidos con bordado de snutache, llevan al filo un vivo de

Núm. 19.-Este traje, de muselina
de s~rla nzul pA.lido, propio para
reumones, se adorna con encaje
&lt;le seda bJanca; la falda se compone de dos pailas y forma tablas en

la parte superior; el bajo se guarnece con dos grupos de tres pliegues. El cuerpo se escota en redondo, se dispone formando pliegues
por arriba y se frunce en la cintu.

-%

-

~--ce-

-

·-;

~&lt;
.c·-,C

cb

20.-Sombrero para visitas.
17.- Sombrero para 11l1lta1 6 para teatro.

23.-TraJe de lana guarneoldo oon t renollla,

,:t.-

ra¡ adorna el escote un plisd de seda, sobre el q~e ee
destaca el encaje; las mangas se guarnecen del m1RmO
modo y quedan sujetas al brazo por medio de un bra•
zal de cinta azul. Cinturón de cinta formando Jazos.
Núm. 20.-Det erciopelo color skungs, adornado ?Oº
grandes crisantemos verdosos y de color amarillo
castai'la.
Nú111. 21. -Toilette para visitas, propia para señorita
6 sei1ora joven¡ de terciopelo inglés color sz ul Saxe,
guarnecida con jaretitas y col~aates de pasa ma;°erfa.
Sombrero de raso azul Saxe, ribeteado co:1 terciopelo
negro y guarnecido con plumas negras.
22.-Traje para niña de 12 i 14 ai{o1.

N_úm. 17.-De raso Liberty color rosa
pál!do; el casco, de hechura de boina,
esta adornado to~o alrededor con
skuno_s; se guarnece ademá:; con grandes violetas marchitas.

21.-Tollette para vlaltu.

Núm. 18.-De vuela de seda blanca· la
falda, fruncida en el talle, se guarn:c l
con tres _volantes cortados al hilo, á
los que sirve de coronamiento un en-

Núm. 22.-La falda &lt;le este traje, da paño color ver·
de almendra, forma dobles pliegues baecos; se gu~r·
nece con soutacM del mismo color de la tela; termina
al borde por una jareta de 5 cm. de ancho. El cuerpo
blusea por delante y forma un gran plieJue h~e~
guarnecido con bordado de soutache; canesu de guipo61
rodeado de bieses de terciopelo más obscuro que
Los bullones de las mangas se completan con puños a
dos con terciope.lo.
Núm. 23.-De lana gris, adornada con trencilJa negra
da con soutache; la parte superior de Ja fa lda se froDn
ramente y queda cubierta por un cinturón cortai o e
y realzado con trencilla. El cuerpo tiene peto 8

lll ora )IVII,

26.-TraJe para Hñora de edad.

terciopelo verde más obscuro que el traje. El peto y
el cuello recto son de seda blanca plissú; las man•
gas terminan por bocamangas, realzadas con vivos y
adornadas con un bies de paño blanco.
Núm. 25. - De terciopelo color lila. La falda forma
todo alrededor pliegues pespunteados por delante en
50 cm. de su longitud, y por detrás sólo en 30 cm. El
bajo mide unos 5 m. de vuelo y se adorna con un bies
de seda de tono más obscuro que el terciopelo, cuyos
bordes realzan dos pliegues de 5 cm. de ancho.
El cuerpo blusea, se adorna con un bies de terciopelo y se completa por medio de un peto de tul bordado; los delanteros y las mangaR se realzan con bor•
dado; rodea el talle un cinturón Qe seda drapeada.

Nilm. 26.-De lana á rayas, de color castai'l.a, unas
d
obscuras y otras más claras; falda sin forro forman•
eO_tablas! de manera que resulte en el medio un pliegue huet ºrl. el ba10 se Adorna con una cinta de terciopelo color cas~
8 ª de 3 cm. de ancho, cuyos bordes señalan otras cintas
~ás estrechaR. Cuerpo de hechura ele blusa con canesú de
g~d~ crel!la pUssée; se guarnece con cinta de terciopelo; man·
b/ ellr rnmadas por puños largos y pequeños bullones y, soe e as, mangas-peJerina.
ta Nü.,. 27.-Propio para señora de cierta edad; de paño viole, adornado con trenciJlas negras; botones de pasamanería.

26.-Tr•J• para niña de 10 i 12 año1.

27,-Traje de hchurt. 1a1tre.

�J.,

284

29 6. 31.-Cuelloa y corbatas.

Núm. 37.-Blusa adornada con ·un gran cue1lo de tulmalla bordado, y al borde un bies de terciopelo.
Núm. 38.-De lann escocesa de color castaña, verde
y blanco; se completa con una túnica de terciopelo
color castaña; la falda está forrada y se dispone toda
alrededor formando pliegues huecos¡ se monta sobre
el cuerpo de forro guarnecido con lanaplissée, simulando canesú. Las mangas tienen hechura de farol y
terminan por puños de terciopelo color castai'.l.a adornado con bordados. La túnica, de terciopelo, forma
por delante y en la espalda tres pliegues huecos.
Núm. 39. - Gran abrigo para cocheó para viaje· de
pailo hulano color gris azul, guarnecido con gran'des
botones de nácar; las puntas del cuello se realzan con
bordados de color amarillo y azul.
Núm. 40.- La flg. 55 de la H&lt;&gt;.ia ·S'uplemento correspondiente al 6 de Diciembre, pertenece á este grabado.
Este pañuelo mide 36 cm. de lado y se ejecuta de
linón blanco adornándolo con una aplicación sobre
tul, de 4 cm. de ancho. El bordado se ejecuta á punto
de cordoncillo y á punto de festón, con algodón brillante del búmero 40; se recorta la batista entre los
motivos y el tul en la parte del cuadro central.

DESDE MI CELDA.
reps color violeta, de 95 cm. de largo por 12 de
ancho; sus extremos se adornan con flecos.
N~m. 32.-De .Pai'.l.o ciclamen, adornado ron
terc10p~lo del mismo color, pero algo más fuerte ; abrigo corto, de terciopelo 11dornado con
colg.ante de pasamanería ; manguito del mismc
ter~10pelo. Gran sombrero de color gris guarnecido con plumas de color Jil a.
Núms. 33 y 34. - El primero es de galón hin•
dou, se forra con seda blan ca y se abrocha poi
~erlio de una hebilla cuadrada y forrada d€
piel blanca.

.. El segundo se ejecuta con galón de plata te,
Jldo con seda encarnada; se abrocha con hebilli

de plata oxidada.

~úm. 35.-Este modelo, de junco esmaltado

mide 25 cm. de longitud y 15 de ancho; los cos

tactos se ~dornan con trozos de rtps de' colm
cre~a, ribeteados por arriba con un bies dt
~ercu?pelo color lila de 1 cm. de ancho; el bord1
mfe~1or se realZJ_L con encaje de oro. El bordadc
se eJecuta, ate.mendose á las indicaciones de.
g:rabad&lt;?, con o~tarococo; la s dores, en azulp'
hdo y hla matizado, se bordan en el centro coi
seda amarillo oro; las hojas se ejecutan con cin•
ta verde matizada; los tallos se bordan con sed•
verde; el lazo se simula con seda azul pálido y
el borde se realza por medio de un hilo de o'ro
1

"i

28,-Traje de cal:e.

mu:i: delgad_o. El b!)rdado se fija bajo lazos de

terciopelo hla y cinta rococo; el interior de la
cesta se guarnece con una tira de terciopelo·¡
cada_ lado del asa se fija un lazo de cinta, de~
lor lila claro, de 6 cm. de ancho.
Núm. 36.-De tul negro, guarnecido con un
bordado de seda negra¡ viso blanco. El bajo de
!ª falda, de tafetán blanco, se cubre con una
Jareta de tafetán negro de 3 cm. de ancho. El
cuerpo se abre para dejar á la vista un peto de
encaJe;_ el borde de los delanteros se destaca
sobre tiras plissées de muselina· de seda blanca.

Núm. 28.-De laD:a á cuadros blancos y de color castana, con una franJa de color más obscuro; Ja falda
se dispone f~rmando tablas, es corta y no lleva forro
El paletó, hgeramente ceñido á la espalda qued~

suelto por delante, se

'

adorna con u.na pelerina
que cae sobre las mangas
y se monta bajo una tira
de la misma tela. Los delanteros se cortan en forma de estola y se abro-

chan sobre un pequeño
chaleco.
Núms. 29 á 31.-El cue-

llo vuelto se adorna con
D:Otivos de guipur; á tra-

ves de las aberturas se
pasa una cinta, que se
anuda por delante para

1

formar la corbata. La corbata núm. 23 es de seda á
cuadros, y se forra con

seda blanca; se fija pm·
medio de un imperdible.

sin arruinarme, he quedado muy bien. Empecemos por el jefe de mi casa. Tiene sus debilidades-¡al ftn homl,re/-y una de ellas son las corbatas bonitas. ¡Y luego nos critican á nosotras
por que nos gustan los trapos!..... He adquirido
media docena de corbatas de seda, á cuál más
bonita, por seis peuiques cada una, ó sea un total de ti-es chelines (quince reales); además, por
diez chelines (cincuenta reales) le he comprado
una cajita con veinticinco puros legítimos habanos, marca Bock y C.ª Diréis qne le fomento
el vicio, y tenéis razón; pero, hijas mías, es el
ú_nico que tiene, y una vez al año tengo espe•
mal placer en que abandone unos ciertos piti•
llos que fuma de ordinario, que me río yo de
esos polvos de Oriente que se queman en España para asesinar moscas, mosquitos, correderas
y chinches; los cigarrillos de mi marido, aun~
que, según él, son de picadi,ra de no sé dónde,
según mis narices, son veneno para la humanidad.
·
Luego os diré el meni, que tengo para Navidad, y ¡por lo menos su precio os hará suspirar
de celos! El meni, forma parte de mi regalo,
pues mi marido, como seguramente serán los
vuestros, es amigo de la buena mesa y de los
buenos vinos; lo llamaremos por su nombre:
aquí, en confianza, es tragóu, aunque yo á la
gente de cumplido me limite á decirle que es
goi,rmet. ¡Qué hombres, Dios mío! ¡Qué llenos
de vicios! ¡,No es verdad?.....
A los niños, por seis chelines (treinta reales)
les he comprado doce juguetes, seis para cada
uno, y monísimos todos. Hay nna Compañía de
bazares en Londres que se dedica exclusivamente á la venta de juguetes: seis peniques la
pieza: sus artículos ni cuestan más ni cuestan
menos, y ¡qué bonitos y qué variados son! Los
chicos, en general, no le dan valor á los juguetes caros, y de todos ellos se cansan igualmente:
lo que les gusta es la variación. En esta época
del año, que yo tengo mucho empeño que se
acostumbren á celebrar solemnemente, dan sus
juguetes viejos á los niños pobres, y ellos hacen nueva provisión; por lo tanto, les gustan
más seis que uno.
Pasemos á las criadas: aquí la costumbre es
regalarles un traje negro, pues como se las obliga á llevar ese uniforme, así se les ahorra el
gasto. 1,Qué os cuesta en España un corte de
traje negro, á aquellas elegantes que, queriendo
copiar la moda inglesa, vestís á vuestras doncellas de negro'? Vamos á ver si acierto. Por muy
harato, ó léase muy malo, que se Jo queráis
comprar, no os baja de tres ó cuatro duros.
Aquí por cinco chelines (veinticinco reales) hay
unos cortes monísimos y muy buenos: dos de
esos be adquirido yo para mis criadas, y los nif10s, que obsequian especialmente á Nana, le
han comprado, entre los dos, una buenísima
chaqueta de paño gris, con vueltas y cuello de
terciopelo, por diez chelines (cincuenta reales).
¡,Quién no se viste aquí bien?
•
Para obras de caridad hemos adquirido cortes de refajos, pura lana, por· un chelín, medias
de lana, buenas, á seis peniqi,es (sesenta céntimos); zapatillas de abrigo á un chelín. ¡,Quién no
hace caridad en Inglaterra?
Vamos ahora á la comida: ya os describí, tiempo ha, unas Navidades que pasé en Madrid y
compré un pavo; aun lo recuerdo, me costó quince pesetas y estaba gordito, en comparación de
sus demás compañeros de infortunio; pero se
quedó casi en la mesa. ¡Si vierais el que aquí he
adquirido por diez chelines! (cincuenta reales).
Resulta un elefante de la India al lado de aquél.
Es enorme, gordo, mantecoso y con una pechuga de la que pueden hartarse cuatro individuos.
1,Eu qué consiste esa diferencia? En que en España los animalitos, como las personas, padecen
hambre y sed de justicia; en que los piensos

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•

37 .-Blusa de novedad.

CARTAS DE LONDRES,
Rosernary Cottage, Kensington.
London W.

Happy Clwistmas! (¡Felices Pascuas!)
Asi os las deseo, lectoras mias conocidas y
desconocidas, amigas todas, puest~ que con tanta ' indulgencia leéis mis artículos y con tanta
bondad los juzgáis. ¡Qné no diera yo por teneros siquiera u~ día aquí reunidas, en esta. época
del año, que st en todo el mundo cristiano es
hermosa, en santos y dulcísimos recuerdos
aquí se celebra como en ninguna parte! El po'.
bre y el rico echan la casa por la ventana como
decimos en nuestra tierra; adornan su 'hogar
con holly y mistletoe (acebo y muérdago), ambos en ftor en este mes. La familia toda se reune en casa del jefe de ella, viva en el campo ó
viva en la ciudad. Las amas de casa llevamos ya
días y días trabajando en el famoso plum-pi,dding, que es aquí tan tradicional como el turrón
y el mazapán en España.
Los g,·andes cambian regalos entre familia y
amigos: los pequeños tienen su nacimiento en
muchas casas, sus Cl11'istmas Tree (árbol de Navidad) en todas. ¡Qué días más hermosos son
éstos en los hogares felices! ¡Cuántas gracias tenemos que dar al Niño Dios los que nos contamos en ese número! Vuestra amiga ya lleva muchos días de jaleo. Primero escoger y comprBt·
los aguinaldos para criados y pobres conocidos,
que aquí se dan el día siguiente de Navidad, y
se llama boxing-day. En seguida adquirir los
regalillos para fauulia y amigos: todos cambiarnos obsequios, por modestos que sean: aquí es
muy fácil obsequiar con cosas bonitas y que
cuesten poco. ¡Como en España! ..... Estos días,
mirando las tiendas, donde forzosamente me he
pasado gran parte de ellos, os he recordado mucho, amigas mías; he recordado á mi España,
donde todo cuesta tan caro que los que no son
muy ricos ni pueden ser caritativos ni obsequiosos. Aquí tod~s, hasta los que ocupamos
posición modesta. podemos ser generosos, podemos reg•lar á los amigos, socorrer á los necesitados. Voy, como hago siempre, á contaros
lo qne yo he comprado, para que veáis que,

. El cuello núm. 24 es de

tela de hilo blanca, y se
adorna con un entredós al
aire, á través del cual se
ve la corbata. Esta es de

285

LA MODA ELEGANTE ILUSrRADA

A M O D A E L E G A N '1' E I L U S T R A D A

32.-Toilette de visitas, propia para señora Joven.

•

Detalle
del dibujo 36.
Distinto aspecto del dibujo 9.

38.-TraJe para niña de 7 6. 9 añoa.
33 y 34.-ClnturonH de novedad.

40.-Pañuelo de ap\ioaolonea sobre tul.

39,- Abrlgo elegante.

I
35.- Cesta adornada con bordado.

36.- TraJe de tul bordado,

�286

1

!:

LA MODA ELEGA'.'l'TE ILUSTRADA

enastan caros y se escatiman, y aquí son más baratos y se derrochan para engordar las aves que
vienen al mercado. En la oficina de mi marido
han obsequiado los empleados á su jefe con un
pavo espléndido: les ha costado «na guinea (cineo duros y cinco reales); pero, hijas mías, ¡qué
pieza, había que verla! Fuimos á comprarlo al
mercado especial de aves y caza que está en la
City (barrio comercial de Londres). Quisieron
.llevarlo atado á nn palo entre dos empleados, y
no pudieron levantarlo, ¡tal era su peso! Alguna
de vosotras tachará este párrafo de andaluzada.
A cualquier persona que haya vivido en Londres preguntadle si es verdad ó no. Veamos
ahora el precio del jamón, ayudante de campo
obligado del pavo, siempre que se pone de cuerpo presente en una mesa: como el pavo es csrne
poco jugosa, y estos ingleses entienden tan bien
la ley de la compensación, se sirve ración de
pavo y ración de jamón cocido; probad la combinación y me daréis las gracias. Me dicen que
el jamón cocido, ó en dulce, se vende en Madrid
fi cinco y seis pesetas kilo. No salgo de mi apoteosis. En Londres, aun en las tiendas más caros,
se vende el jamón en dulce á cinco reales la libra, y el qne yo presento en mi mesa, preparado
por est11s humildes manos que os escriben, me
sale á tres reales la libra, pues encargo varios
jamones para el gasto del año, y aqnf todo lo
que se compra en cantidad tiene enorme rebaja. tQnién no come jamón en esta tierra1
Os aseguro que la temporadita que pasé en
Madrid el año anterior vine asombrada de los
precios. ¡Vi szúcar á nna treinta, á una cincuenta
y hasta á nna setenta pesetas!
¿De qué la hari\n1 Aquí la más exquisita, de
oafia de la India, la que llamábamos cuad,·adillo
cuando la hermosa isla de Cuba era española,
ésa, que es la más cara, se paga en Londres á
real la libra. Si oompri\is catorce libras, ya tenéfs una rebaja de un 10 por 100; si compráis
vemtlocho, de un 20, y así consecutivamente,
de modo que los que aquí vivimos tomamos el
azúcar superior á quince ó veinte céntimos; lo
propio sucede con la carne, con eljabón,las mer- •
meladas, etc., etc. Los almacenes, las tiendas
pequeñas, todos entran á competir en la lucha de
quién dará mejor género y más barato. ¡Como
en España! ..... Pena me da tener que hacer estas
c?mparaciones, pero á mis manos llegan los
d1ar10s españoles; todos claman al cielo hablando de la carestía, y no le ven el remedio. Yo si
se lo veo, y muy fácil. .... Si Maura, que se hizo
el sueco para darme la Alcaldía de Madrid cuando con tanta delicadeza se la pedl desde estas
columnas, me diera ahora la cartera de Hacienda, que se dice está con papeles. ¡Figuraos por un
momento qué sensación si un e:¡traordinario á
La Ij,eria os anunciase: •Hacienda, Lady Belgravia•!
tY por q~é no, si las mujeres somos las mejores hacená,stas que puede darse? tQuién puede
competir con una buena ama de casa en hacer
protligios con poco dinero? Las que hemos sido
empleadas del Gobierno español; las que con un
sueldo cortísimo, siempre con descuento del
16 ó 20 por 100 (¡por si fuera poco!), hemos vivido, viajado y sacado ad~lante nuestra casa, que
110 nos pongan al lado m la sombra de Villaverde en cuestio'!-es de Hacienda. ¡Somos capaces
de curar, no digo yo á la peseta enferma sino al
duro mo_ribundo, y poner el cambio á n'ivel, ya
que supimos nivelar la barquilla de nuestros
gastos!
.Pero deje~os á un !~do las ventajas del femin,smo en Hacienda, y sigamos nuestro interrumpido menu. Después del pavo y jamón sirvese en
Inglaterra el clásico plum-ptulding, rociado de
ron, al cual se prende fuego. Algunos españoles
que lo hayan probado os diri\n que es exquisito
eomo os digo yo; otros, como os diría un anda~
luz muy gracioso que aqul reside, os dirán que
e&amp; el mazacote más malo é indigesto que puede
comer~e; este señor asegura que, aunque lleva
aquí diez años, no ha lo¡¡:rado digerir aún"la primera rebanadita de Christmas pudding que ingirió ....• A la que quiera de vosotrits le mandaré la
receta, y creo que á la mayoría os gustará. Entra
en su composición much{simo sebo, y como esto
i los españoles no nos suele gustar más que para
!&amp; fabricación de las velas, yo lo reemplazo con
mantequilla de vacas, y resulta, si bien no el legitimo pudding inglés, un pudding españolizado
y simpatiquisimo.
Después de la cena de Navidad tenemos aquí
nuestro baile en familia y amigos de confianza:
bajo la arana del salón, todo adornado de holly
euelga un gran ramo de mistletoe. Aquel que pas~
bajo el ramo, tiene derecho á besará su pareja y
110 sabéis el afán de los muchachos por arrastlar

1

ásus compalleras bajo la rama florida, y el de
ellas por defenderse. Eso da lugar á bromas, á
risas, á inocente diversión, en un país donde no
se da al beso la importancia que se le da en la
tierra donde nació aquella copla:
Por un besito ni dos
No da penitencia el cura,
Pero en llegando al tercero
Hay penitencia segura;

y aquel pequeño poema de amor que todas las
jóvenes os sabéis de memoria:
Por una mirada, un mundo;
Por una sonrisa, un cielo;
Por un beso....., ¡qué sé yo

Qué te diera por 1l1l beso!
Y ya estoy viendo yo, jóvenes lectoras mías,
á Doña Censura, calándose las gafas, frunciendo
el entreoej o y diciendo airada:
-Pero, mi sellara doña Lady Belgravia, /,en
qué piensa usted hablando así de amor y de besos á estas niñas?
-Señora- le diré yo, - el amor es la vida; el
amor no hay que enseñárselo á la juventud,
como quien enseña á hacer calceta, y porque yo,
con la alegría propia de mi genio y de mi tierra,
eche al vuelo un par de coplas, no vamos á perder, usted y yo, la buena armonía que nos ha
distinguido siempre .....
Doña Censura. -Es que en su última crónica
quedó usted con un asunto pendiente; quedó usted en hablarnos de la educación que, según decía usted. iba á coger desde la CU11tt •••••
Lady Belgravia.-Señora, tiene usted, no una,
sino mil razones. No he visto ni tratado esrritora más inconstante que Lady Belgravia. Pensó
hablar hoy de la educación, es verdad; pero estando en días tan alegres, como son los de Pascua, ¿le parece á usted bien que sern,onee, como
va á hacerlo, Dios mediante, en su próxima carta, ya que habrán pasado las fiestas y estaremos
en días de seriedad? Y t4ué mejor portada para
la serie de epístolas que pienso escribir que el
portal de Belén?
La educación empieza en la cuna ..... Copiemos
todas el ejemplo de la Madre divina. Miradla:
ella ori6 á sn Hijo á sus pechos; ella guió sus
primeros pasos; ella cuidaba de sus divinas ropas; ella le dió ejemplo de pureza, de abnegación y de sencillez. La que aspire á ser modelo
de esposas y dechado de madres, lea la Vida de
la Virgen y siga sus pasos.
La senda es escabrosa: tiene sus tropiezos, sus
sinsabores, sus desengaños, sus amarguras. Síganla firmes las que deseen llegar victoriosas al
fln de la jornada, olvidando las luchas del camino, á cambio de la recompensa que arriba les
espera. Recuerde, la que se sienta flaquear, que
detrás de ella vienen los hijos, que han de seguir
sus huellas; deles ejemplo de ánimo en los obstáculos, de valor en los peligros, de paciencia
en el cansancio. Sí, mi señora Doña Censura, el
camino de la esposa y de la madre suele estar
sembrado de abrojos: hay que andarlo con pie
firme, con ánimo sereno y bebiendo en la luz de
arn"ba la verdadera fuerza para vencer.....
Felices Pascuas os repito una vez más, lectoras mías. Afio nuevo dichoso os deseo á todas.
Que con conciencia tranquila, con salud de alma
y cuerpo nos sigamos reuniendo todas en estas
p~¡¡:inas tan simpáticas, puesto que sostienen y
alimentan el fuego santo de nuestra antigua y
tan verdadera amistad. Bendiga el Señor vuestros hogares en 1908, como se lo pide y lo desea
vuestra
LADY BELGRAVIA.

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

VOCABULARIO DE LA SALUD.
En cumplimiento de lo que hace un afto
ofreció, LA MonA ELEGANTE distribuye, con el
presente número, á las sefloras abonadas á la
primera edición, nueve pliegos de este Vocabulario.

Los referidos pliegos-correspondientes á las
letras A y B - se han reimpreso ajustándolos al
criterio del resto de la obra, de modo que ésta
responda perfectamente á su título siendo sólo
Vocabulario de la Salud.

eorrespon~encia particular.
BAZTANDARRA.- 1.ª Para limpiar el mármol. Se frota con una esponja mojada de vinagre y piedra pómez muy fina, después se lava varias veces. Se apl ica
este procedimiento al mármol blanco y al alabastro.
-2.ª Blanco de Espaíla y esptritu de vino.-3.ª Lava•
do d6 bumdas y encajes negros. Se lavan en agua ca.
lienta mezclacta con hiel de buey, enjuagándolos en
seguida en agua fría, hasta que no se perciba el olor
de esta substancia; se e~primen bien, sin torcerlos,

y después se engoman. Para esto hágase dealeir 1lll
poco de cola de pescado en agua hirviendo, sumer•
giendo los encajes ó blondas en esta agua, no muy
cargada de cola; apriétense entre las manos y extiéndanse tirantes sobre un marco cubierto con tela 6,
mejor, con pan.o verde, llamado resina por los quitamanchas, el que las seil.oras reemplazan mucho me•
jor por una mesa de jugar. Se sujeta el encaje ó m•n•
tilla por todos lados con alfileres de encaje, dejándolo
bien tirante para que no haga arruga alguna. Mocbaa
comienzan por extender el velo después de lavado, y
en seguida aplican el agua de cola por medio de una
esponja ft.na, que empapan en ella, pasándola sobre
el velo extendido.-4.ª Bien confeccionada, sf, sedo•
ra; mucho.-5.ª Tenga Ja bondad de dirigirse á la
Sección de encargos.-&amp;.• Más bien grandes y de fan•
tasia, combinadas perfectamente con el color del
traje.- 7.ª Mida exactamente el tamai'lo del cuello y
de los puños, poniéndolos del ancho corriente de so-

lapas y carteras.- s.• La Sección de encargos le facl•

litará cuanto usted pida, con sólo explicar bien lo
que desea y mandando sello para la contestación.9.1 Encarnado ó gris obscuro.-10.ª Copie el grabado
26 de LA MODA del 30 deNoviembre.-11.ª Envueltas en
un papel de estraza con un poco de aceite.-12.ª Uata.
-13.ª No, se:i'lora. - U.ª Se quita por Ja izquierda y se
pone por Ja derecha.-15.ª No, seil.ora. - 16.ª No, sedo•
ra.-17.ª No es necesario.-18. Frotándoselas mucho
todas las noches con un poco de glicerina.-19.ª Y
20.ª Son asuntos personales que dependen de las cii-•
constancias de cada cual, y, por lo tanto, no hay regla
marcada.-21.ª Menestra. Se blanquearán de antemano
separadamente, y por el tiempo proporcionado á cada
una, las siguientes legumbres: cebollitas nuevas, al
cachofas, puntas de espárragos, guisantes, lechuga&amp;
y criadillas de tierra. Una vez blanqueadas, se rehogarán en una cacerola con manteca de vacas ó de cer•

do, cebolla picada y unos trozos de jamón. Cuando

empieza á dorarse se pondrán todas las verdura&amp;,
haciéndolas saltear hasta que no tengan humedad, J
se aumentará una salsa ei::paílola no muy espesa, en
la que se dejarán cocer hasta que queden de buena
consistencia. Se sirve en legumbrera, adornando la
superficie con huevos cocirlos y castrones de pan
frito.- 22.ª Salsa béchamel. En una cacerola se reho·
ga con manteca de vacas, cebolla, zanahoria y jamón,
cortado todo inuy fino. Después se le añade un~s nue•
ve onzas de harina y, bien mezclado, se mo1a con
tres cuartillos de leche y uno de caldo. Se sazona con
un poco de nuez moscada y se deja cocer durante
una hora, luego se pasa por el cedazo.-23.ª No, seílora.-24.ª Frótelas bien con aceite, y después láve•
las con agua caliente y jabón.-25.ª ¿Está pintad~ 11
óleo? - 26.ª Depende de la clase de madera y de s1 el
mueble está barnizado ó á la cera.-27.ª Creo que sf,
pero no se puede asegurar.-28.ª Compota d• fresa . Be
hace un almfb&amp;r á punto de quebrado; se tienen ~s•
cogidas las fresas un poco enteras, lavadas Y bien
escurridas; se echan dentro del almtbar á que den
unos hervores; se apartan, se dejan enfriar Y se po·
nen en frascos de cristal. Es un dulce muy bueno.

UNA

41 y 42.-Andadorea.

Núms. 41 y 42.-Se ejecuten de cut! blanco tomando
doble!ª tela, y se proveen de grandes reso~tes· en· la
parte mfer~r se fija una.cinta elástica que se' abrocha por medio de una hebilla; los tirantes se unen por

la espalda.

E! segundo modelo se reduce á cintas provistas de
hebillas .Y en cnyo_s extremos se fijan pinzas destina-

das á sn1etar los tirantes al pantalón.

QUE LE

GUSTA

EL•••••

-1.ª Después de algún

tiempo de usarlo suele perjudicar.-2.ª Sf, se~ora:3.ª Sin saber la hechura que tiene no es posible lll·
dicarle el arreglo.-4.ª De-batista blanca, con incrus·
taciones de encaje y viso de color.-5.ª Con el motlo
trenzado en mitad de la cabeza y todo el cabello on•
dulado.-6.ª Consommé. Se hace un calrlo muy subs·
tancioso y, una vez hecho y frío, se clarifica del modo
siguiente: se pone en ·un cazo con unos trozos rle za•
nahoria, un vaso de 1vino blanco ó Jerez, un huevo
partido, yema, clara y cáscara, la sal necesaria Y un)a
rodaja de zanahoria muy frita (sin que amargue ,
para darle color. Se pone todo al fuego, si~ cesar d~
menearlo hasta que empiece á cocer. Se deJa de mo
ver y se retira á un lado de la hornilla, para que
cueza por un lado solamente y se vaya clariflc~ndo;
cuando se consiga esto, se pasa por una servilleta
mojada, ~in moverlo nada, porque volvería á ent~Ó°
biarse.-7.ª TuNón de almtndraR. Se ponen á clari •
car en un cazo 500 gramos de azúcar blanca en potro

y 500 de miel pura; se bate todo bien, junto, incorpo-

rando diez claras de huevos al azúcar y miel; al es•
taren su punto se le agrega un kilo de almendras pica•
das gordas y bien secas y 250 gramos de azúcar eo te•
rrón, á pedazos no muy grandes, echándole esencia
de limón ó naranja; se preparan unas cajas de papel
forradas de una oblea, se echa dentro la pasta1 se tapan con otra obJea y se Cl.eja enfriar.-8.ª Es asunto

que depende del gusto de cada cual.

SEÑORA QUE SUFRE.-1.ª Se prescinde por completo
de él, y se adorna con gasa.-2.ª Sin esos ingredien tes no es posible obtener el resultado. Pruebe la re•
Cf ta del agua de Colonia.-3. 8 Para suavizar y refrescar el cutis.-4.ª Depende de las fechas en que se depositan las cartas, en relación con las de las salidas
de los correos; pero como término medio se pueden
calcular diez dfas.
UNA ASTUR.IANA.-Si la enemistad es muy grande,
no tiene obligación de regalarle; pero si no, puede hacerle el regalo, y quizá esto haga que se vuelvan á
tratar, si es que usted lo desea. El luto no es inconve•
niente.

UNA MANCllEGA.-1.ª Con entredós de dibujo. El hilo

de encaje dela marca D. M.C. del núm ..30.-2.ª Póngase al acostarse compresas de pamplina de flor blanca, simiente que se da á los pájaros.-3,ª Creo que
grandes, pero no puede todavía asegurarse.
No ME OLVIDES.-1.ª Un ail.0.-2.• Compota de manwnaa. Se cortan las manzanas en cuatro cascos se
pelan, quitándoles las pepitas, y se ponen en peroi de
cobre con un poco de agua en el fondo; se Jes echa
azúcar blanca en polvo (La mitad de la cantidad de
manzanas) y un bastón de vainilla; se ponen á fuego
lento, moviéndolas de tiempo en tiempo, y cuando
están cocidas se saca la vainilJa y se pasan por el cedazo; se les vuelve á dar otro hervor para reducirlas
á fuego fuerte, moviéndolas con la espátula de mttdera para que no se agarren; se sacan y se ponen en
una vasija, perol ó un frasco de cristal.-3.ª Se parte
de delante, partida en corona, sujeta al lado izquierdo
con un lazo y cayendo en tirabuzón, toda la melena
formando tirabuzones.
PETUNIAS BLANCAS.-Siento muy de veras no poder
c~ntesta~ á ~us preguntas, por_ venir su carta desprovista de JUShficante que acredite que es suscriptora á
la 1.• ó 2.ª edición. Es requisito sin el cual no me está
permitido contestar. Pnede acreditarlo envjando una
faja del periódico ó un volante del corresponsal por
cuya mediación Jo reciba.
UNA DEVOTA DEL..... -1.ª Puede felicitarle por tarjeta. -2.ª Debe llevar velo negro, no manto. No hay
costumbre de que regale la novia á sus cuñados. Se
da parte de boda, pero con un luto tan reciente se in•
vita solamente á los más allegados.-3.ª Una botonadura, gemelos ó alftler.-4,ª Puede llevar solamente
la ropa de uso.-5.ª Se contesta al mes.-6.ª Sí, seño•
ra.-7.ª Pueden ir los dos de medio luto.
BIEN APARECIDA.-!.ª Tenga la bondad de pedirlo á
la Sección de encargos, dirigiendo la carta al seilor
Director. - 2.ª Cójale toda Ja melena en pequeílas
porciones, con cintas, humedeciéndoselo con quina.3.ª Puede tener una falda de cola.-4.8 Vea los gra.
bados .II y ill de la cubierta de LA MODA del 14 de
Noviembre.
PENSAMIENTOS AZULES. -El Anti-Bolbos es un producto especial y único para destruir los puntitos negros ó pecas en la frente, nariz y barba, sin irritar ni
enrojecer. Hay que pedirlo á la Perfumeri,a Exótica,

de Parls.

ADELA P.

CINCUENTENARIO DE "LA ILUSTRACIÓN"

es una narración que seduce, que encanta, que
conmueve y que pone lágrimas dulces en los t&gt;j os.
En ella vemos á la Humanidad á través de un
alma cristiana y buena, y esa visión confortadora es algo como una estrofa de cielo sobre la
prosa de la tierra.

Jlit final de la jorna6a
aparecerá á partir del 6 de Enero de 1908, formando J¡larte del texto de los números de esta
Revista.

GELLÉ FRÉRES
PAR.IS

LADY PRCTTY

Slemp;e, joven y bella. Pidase en las principales perrumerfas.
Deposito: Sres. Pérez, Martin, Ve lasco y C.• - Madrid.

Dient~s ~ar.rosos ni males dentarios se tienen jamás
usando a diario el gran antiséptico é inimitable Licor
del Polo, único dentífrico verdad.

POLVOS DE ARROZ AU LAIT DE VIOLETTES

Para poder servir en el acto los pedidos que
con frecuencia se nos dirigen del 1ratado d6
corte y confecci6n, de D.ª Mercedes Carbonen,
esta Sección tiene en depósito ejemplares encuadernados, que vende en Madrid al precio de
8 pesetas y remite por correo á las señoras suscriptoras de provincias, previo el pago c:!e 8,60
pesetas, sin certiflcar, ó 9 pesetas en paquete
certificado.

Para dar al rostro un aterciopehldo incomparablc,-Socie•
dad WgMntca, :iiS, ruede 1Uvoll.-Par18.

PELETERÍA GRANDA

Cas11 especial e,! :ihrlgüs do pi eles para señora y caballero.
Ultimas cre!l c1ones en corbatas y manguitos de fantasta.

NUESTROS SUPLEMENTOS.
Los que con el presente número recibirán nuestr11
euecriptoras son:

Calle del Carmen, núm. 7, Madrid,
~A FOSFATINA Jo,ALIERES esel mejor alimento para
mi'los desde la edad de 6 á. 7 meses, principalmente en el destete
y en el per_i~_o del ~reci~iento. ~'iene un gusto muy agradable
y es de facll1S1ma digestión. Pu.ns, 6, A t:enue Victorta.

VI oLET TE I DÉALE p::-:::·:1:::;:.:•i

Heultlran&amp;, Parla. perfumista, 19, Faubourg St Honoré.

Jabón á la Crema Simi&gt;n.
Este jabón, completamente puro, se
prepara siguiendo los más escrupulosos
dictados de 1a higiene y do la ciencia.
Posee en cierto grado todas las bienhecho•
ras cualidades y preservativos principios
d~ la Crema Simón. Recomiéndase espe•
cialmente el uso del Jabón d la Crema
Simóa á las seíloras y á los niños de cutiA
fino y delicado.

ca

ESTREÑIMIENTO
V

sue

PRIMERA EDICIÓN
CUllierta en papel •eouehé• (cuatro páginas)
reproduciendo magníficos grabados.
Labores de cLa llod:a Ele:-ante&gt;, doble hoja
compuesta de los grabartos siguientes: Tira festonPada para ropa blanca.-Festón para ropa blanca.-Encaje Renacimiento.-Objetos diversos para regalos.Continua~ión de abecedario á punto de cruz.-Al-

mohadón bordado.

Dieelo•arlo de •La llloda Eie.-ante,. (Vocabt&lt;lario d6 la s,.lud.1-Pliegos 1 á 9, correHpondien-

tes á las letras .A. y B.
La Florida, novela original de E. Marce!, traducida expresamente para LA MODA ELEGANTE, por Ara•
celi.-Pliego 18 encuadernable de esta obra.
Pia-uriÍt iluminado de tres preciosos trajes.

•

SEGUNDA EDICIÓN
La Florida, novela original de E. Mareel, tradu•
cida expresamente para LA MODA 'ELEGANTE, por Ara·
coli.-Pliego 18 encuadernable de esta obra.
Labores de e La Moda Elegante&gt;, cuyo con•
tenido queda detallado anteriormente.

CONl8KCUll:NCIA8 1

Jaqueca
malestar, Pe,adez Gastrlca, etc.
EXI J ASE LOS

VERDADEROS GRAMOS de SALUD

También recibirán con este número todas las seílo•
ras suscriptoras la Portacla é Indices generales corres•
pondientes al tomo segundo de LA MODA ELEGANTE

de 1907 (allo LXVII).

IMPORTANTE.

En el presente número termina la publicarión de la linda novela El puente.
Desde el número próximo comenzaremos la
inserción de la admirable novela que lleva por
título

JU final de la jornada

r-·m
Hermosura de los Dientes

LECTURAS DE "LA MODA"

En esta obra su autora, la insigne artista
M. Colomb, ha puesto todos los primores de su
pr ivilegiada fantasía para adornar un hermoso
cuadro de la vida real, para ofrecer un noble y
alto ejemplo de abnegación y de ternuras, tanto
más sublimes cuanto que se realizan en lamodestia del anónimo por una jovencita que cifra
su felicidad en labrar la dicha ajena.

El Vino tónico Pl~EDO es un reconstituyente poderoso
y bactericida.

Para ~alebrar ~us bodas de oro con el público, La
ll«stractón ERpanola y Americanri dedica por entero
su num. XL V:11 (verdadera~ente e~xtr!lordinario, pues
c_onsta_de t~e10ta y dos págmas) a historiar la labor
literaria, ~1en~íflca y artística ·que ha realizado durante medio siglo de existencia desde su fundación
hasta la actualidad.
'
Al interés histórico de la reseíla se une el encanto
de laprof~sión d~ retratos y de obras de arte que avaloran e~ citado nu!Ilero, haciendo de él un documento
tan curioso como mteresante en todo.s sus aspectos.

del D' FAANCK. la todas f&amp;mtiu.

Jlit fina( de la jornada.

287

francas de porte y de Aduana,
eon enviadas directamente A loa particuJares A domicilio.
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bao, y de color verdoso. Farmacias y perfumerías

Una vez más, y con el mayor encarecimiento,
suplicamos á nuestras señoras suscriptoras y corresponsales que se sirvan transmitirnos sus ór·
denes de renovación lo más pronto posible, pues,
á pesar de nuestro buen deseo y de todos nues•
tros esfuerzos, no podremos evitar que se cumplan con un retraso, tan lamentable para nuestras
favorecedoras como perturbador para la Administración, las órdenes que no recibamos hasta
los primeros días del próximo mes.
La A&lt;l,ministración agradecerá como especialisimo favor que su respetuosa súplica sea atendida.
Con el presente número de LA MODA ELEGAN·
TE quedará suspendido todo servicio cuya reno·
vación no se haya efectuado.
EL ADMINISTRADOR.

PETROLEO
PA HAGAL
EL PELO

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288

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«LA JOUVBNTINE»

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,,,ª PFortiflca las uñas y las da brillo y transp'treneia. No mtis j11bón, ni mis crema, nJ mil
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¡

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de ga.lón bordado y lazo de terciopelo negro.

DIRECCIONES PARA SU USO.

Tlr

PARIS

bros por varios estrec,=••- tul point d' esprit ó de gasa
gada ó fruncida; la del entredós
de Irlanda, por otro encaje ó
por una franja de tul con lentejuelas; los Valenciennes del
peto por encaje de oro ó plata,
ó de Chantilly; los tirantes de
galón, por otros de cinta estampada ó por galón de oro ó
plata sobre raso blanco.
Fácil es idear análogamente
cambios de elementos en los
otros dos modelos.

Remedio universal para el dolor de caderas (tan frecuente
entre las mujeres).
Proporcionan aHvio instantáneo
Donde quiera que se sienta dolor aplíquese un emp~to.

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EMPLASTOS POROSOS

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Á veces un adorno combi•
nado con gusto, salva un traje
algo ajado ó pasado de moda.
Siempre esos adornos permiten dará un solo traje diversos
aspectos. Los tres que ofrecemos hoy tienen la ventaja de
que son -sencillísimos de hacer.
Su precio dependerá de los
materiales que se empleen, y
es muy probable que dispongáis de elementos guardados
en otras ocasiones, con que
hacer ó imitar esos modelos sin
comprar nada.

Señoras, pedid el.Co.Wogo completo,.,rranco
VOmp.• 01.IIIPIA. r. Gallle■, 9, ea PAIUN.

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letra6 eelloa Correoa.-Fannaolai F, QARCERA .
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Para Jteumatlsmo 6 Dolor de Espal•
de los R.lione, 6 para la De• da, Codos, y otras pan e,¡ ó para Torcebllldad en las Caderas, el em• duras, Contusiones, Encumcclmlen10
plasto debed aplicarse como y Ples Doloridos, etc., el emplasto de·
1C vi arriba.
berá cortarse del tamaño y forma
Donde haya dolor pÓngase requeridas aplicándolo según se de·
wi emplasto de A.llcucll:.
muestra.

Pan el Mal de Garplta,
Tos, Brenqultls,parai-"111...
nu Dcbllltados, y para lu

pártes sensitivas y doloridu
del estómago, apllquete cea,

queda dicho.

Reumatismo, Resfriados, Tos, .
Dolor de Pecho, Debilidad de Caderas,
Lumbago, Ciática, etc., etc.

r

1,

TENGA PRESENTE-Que los Emplastos de Allcock,
se han vendido á millones durante más de 58 años. Com~ to_das las
c06as buenas, han sido imitados; pero sol~rnen_te en apanenc1~. Se
garantiza que no contienen Belladona, O/no, ,u vtneno de ninguna

especú.

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de esta preoarad~n. (Se ftJlide en uJ11, pua. la barba. y en 1/2 oaju p.ara el bifOl.e hJero). :::
tos brazos, emplees.e el .PJL.l J'U1'E. DVSSER, t , rueJ.-J.-Rouaseau, Pa

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2 Y 3. - Adorno de estilo japonés, de guipur grueso de hiro .r
Valenciennes, con borde y cinturón de terciopelo flexible.
cho con entredós de tul bordado
de terciopelo negro, lazo de Jo
Y broche antiguo en la espalda.

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La llustracl6n Española y Americana y de La Moda Elegantll'.
EN LA REPÚBLICA MEXICAN.A:

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(Propiedad de LA, ILUSTRACJÓN ESPA~OLA. Y AMERICANA.)

Por su blandura flexible, porque no se rruga,
porque se drapea fácilmente con gracia y crque
abriga perfectamente sin abrumar, es est é,eha,·pe sumamente práctica. Se compone de d partes: una franja ó fondo de 2,10 m. de largo 25
centímetros de ancho, hecho á punto de edia
muy calado con lana blanca, con otra de i
dimensiones, también á punto de media, .
00
~ lana rusa y puesta como viso ó forro
trimera, y un volante ancho de crochet co
h!anca sobre otro igual de lana rosa. Lijs'
an de ser diamantadas, muy finas, y las a

7. - Detalle de la écharpe.

•

de marfil ó de celuloide. Hechas las dos franjas
á punto de media, como indica el grabado 7, se
ponen una sobre 0tra y se embridan sus bordes
to
"'~-i:,r.
S bre tres de los lados se hace el volante de
n~bas de e, chet, de punto muy flojo, con la

lana blanca, y por la otra cara el de lana rosa con
las conchas encontradas respecto de las blancas.
La pegadura de los volantes se tapa con un piquillo rosa. Por el embridado, entre la franja y
volante, se pasan dos cintas que permiten recoger el vuelo. En el sitio conveniente para dejar
el largo del fichú separado de las caídas se re•
coge y aprieta toda la anchura por medio de un
lazo de dos cocas y cuatro caídas, hecho de Luisina blanca, para el cual se necesita una tira de
2 m. á 2,25 m. de largo y 14 cm. de ancho.
Esta éch¡,rpe es también muy bonita si se hace
con lana negra fina con forro de color claro, y
también haciéndola toda negra.

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LA MODA

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288

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1

1 :\ V.-Croquis de últimas modas pariaieneea.

!.-Traje de tul punto de espíritu. Cuerpo drapeado
y guarnecido eon entredoses; mangas de tul rosa, sobre las que se destacan bieses de pailo de plata; lazos
de Liberty color de rosa.
Volantitos con jaretas al borde de Liberty color de

rosa.

Il. -Toil8lle de terciopelo color bizcocho, adornada
con cebellina. Solapas de guipnr bordado y adornos
de bordado en los faldones y al borde del levitón.
IlI.-Traje de muselina de seda color celeste y
Alen&lt;;on teñido. Cuell1• de encaje blanco y cinturón

guarnecido al borde con Liberty.

VI.- Almohadón de linón bordado.

VI.-En un rectángulo de linón ó batista, de las dimensiones que se deseen se
bordan las flor..es con# un9: rueda en medio, cuyo nudeo se hace á festón con siete
barras, y los petalos a la mglesa, rellenando algo sus extremos en redondo Los
entrelazados son con cord~ncillo 6 soutachts1 6 se bordan á festón ó á cad~neta.
El recu,adro se forma con 01ales, por los que.se pasa una cinta, que cierra con lazo
en un angulo. Al borde se pone un volarrte. con festón y con una almendra á la
ingles'a en las ondas alternas. Se auna sobre un mullido de pluma con saco de seda
de co1or.

IV. - ToiltU. de raso Liberty color berenjena,
natla con bordados de oro. Mangas de mJl881iU
seda y terciopelo. Cuerpo cruz,ado y chorrera di\
blanca.
,_
V.- Traje de tul rosa, realzado col! rosas de
de oro y plata. Mangas drapeadas.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752064&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada, 1907, Año 66, No 48, Diciembre 30</text>
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                <text>Flores Arenas, Francisco, 1801-1877 </text>
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                <text>Siglo XIX</text>
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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                <text>Carlos, Abelardo de 1822-1885, Propietario</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>48

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aprenderse todH en ca11■ y de un ■ manera tan com•
plet■, que cualquiera puede ejecutar las co1111 mh
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loa pa1torea evan1élico1. adema, de haber expresado
su mis sincera ª"robación, Jo hao recomendado ge•
oerosameote.
81 vos deteála aprovecharo, del conocimiento que
contiene este libro, el cual estli e legantemente ilustrado con msgnfflcos trabados, escribid en e l idioma que quiera, pld[éndolo sencillamente por cartt
tranqueada con ~ céntimo• ó por ttrjet.a postal de
to cébtimoa, 4 The New•York lnatituta ol Sclence,
Depto. 141 P. Rocheeter, N. Y. (E. U. de A.), y se 01
enviará t vuelta. de correo patuilamen1e este libro
en espallol, ln¡lff, francéa, alemán, holandéa 6
italiano.

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MADRID 6 DE FEBRERO DE 1907•

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progre■lva.
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TE-Que los Emplutos de Alh:ock, se han vendido á
de 58 años. Como toda.e; !ns cosas buenas, han sido imitados:
rien~a. Se garantiza que no contienen &amp;/ladona, O ·

V. RIGAUD
1,

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O •

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faubourg St-Honoré.

PA~FuM

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...••••••••"'...•.•...•...lu;;.:,'.;º.,.'";:':;'':;_";:º;;•,.1 i tua.Udad. P.recladoa, 12, SAN BA.FA.EL.
pena·
Devósitos: ~:!8.&amp;.«;•~::=•íl.':'.C:
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«LA JOUVENTINE&gt;

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No basta eer bella: ea preclao tacar partido de
.
Las tú&gt;foaa que producen en la mu, ·
la belleza idealiúndola; la aldeana hermoaa tie- j
Jer ,una. ~cloea .redondas del buato .
ne au cutis ~ y ordinario. ¡QuéN1is OOl18e·
lin perjudicar la aa1ud ni engrosar el talle. Aproba; j
JlUir la belleu ldealf Uead loe polvoe de arroz
daa por· laa celebridades m6d.icaa. Fama univeraol.
J.A. •.JOITVE.NTLYE •. de perfume suave-, pe- IJ. RATlt, fanuo6ut10o, 5, PaaaJa Yerdeaa, Parl1, El
netrante, que Jdeallsa el rostro, le comwtica ex•
frasco eon inetrucoi6n, por correo, 1,50 peeetaa. ne- 1
Quiaita .f.reecura -, u.na blancura brillante,
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·,u RAICl!B d Vll!LLO dd ,..,,. d1 lu dom u (Bubo,
tte.),
P"rirro para el cstiL 10 .&amp;iio ■ de :ánto,Jmillam de teldlllOlllOlpraalilU la eltlda
de nu pre,aracion. (Se Te11de en NJu, para la buba, J l!D 1/2 oaju pan el bigote li(ero) Para
los br&amp;101. emoJéueel PJLJ J'Ull.E,, D"O'i!Ui5ER, l,rueJ.-J,.J\ouueau,Parla.
DiD¡rall

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fu::pllcacl6n de loe grabadoe,-Revlat.a parlalense, por V. de
Caatelftdo. - La prima Lucia, con•
tinUAci6n , novela traducid ■ por
Sylvia. -Anunchición, poesia, por
. D. H. R. Blanco-Belmonte.-Deada
mi celda: cartas de Londres, por
Lady Belgravia. - Corre1ponc1en•
cla particular, por D.• Adela P.Explloaci6n del llgur(n iluminado.
-Sueltoe,- Anuncioa.
Ga.u.u,os. - 1. Totktte de calle,2. Trajo de terclopelo.-3
Trajee de pueo para eell.ontaa.6. Traje para nffla. de 6 f 7 a.ll.01.6. Abrigo para nifl.a de 7 t 9 ailoe.
, -7 y 8. Pail.uelo■ guarnecldoa con
ff'iool.U 1 enea¡e de Br11;Ju.v. Blusa de enea e guarneeida con
pa!l.o.- 10. Traje para sefi.orlta.11. Traje para sen.ora convaleciente.-12. Bata elepnte.-13. Traje
guarnecido con patu.- a. Traje
de _pallo para eeilora joven.16. Tnje de terclopelo.-16. Traje
para eeñorlta.-17, Traje paranli'la
de u ¡ tS afl.oa. - 18. Traje para
nü'la de t i S dloa.-19. TraJe para
· adorita.-20. Traje Impeno p11ra
sefl.orlta.-11. Todet~ con paletó
de terciopelo. - 22. Traje eencil!o
de lana verde •ceituna.-23. Tra1e
de beehura Prinoesa.-2,. Capo ti~
guarnecida con bordado, propia
parabebé.-25. Blusadeterciopel?·
-26. Falda r1e pailo.-27, Blusa ae
franela Utlnia.-18 §. 30. Ropa blan•
ca para aeiiorlta.-31. Delantal
para nilla de ¿ , 6 allos. - 32 Y
38. Baberoe 2\l.lrtl&amp;Cldos ~on bor·
dado -, encaje.-3'. Tapeti~ parnecldo con encaje Renacimiento. 35,. Bluea auarnecida con entredoses de bolillos.

TEXTO, -

M.U&gt;RID.-Edt&amp;blecim.iento tlpolitogrnftco cSucesoree de Rivndene-,raa,
impre,;oret'I de ~ Real Oa.sn.
(Fropiodad de LA 1LUS1'UAC1ÓY E21&gt;.6.ROLA. Y A.ll:ERICA.NA.,)

11

'

ADMÓN.: CABALLERO DE GRAC~A;

1? Y 21.

11

SUMARIO.

Insista en obtener el de

LAS MEJORES TINTURAS Ir - - - - - - - - - - . - ~ ~ - - - - - - -11,
Mbtara B Ro u X lnotanthea.
NO MAS CANAS 1 ¡¡Fu E R·A . e ANA s 11
Agua B RO U X

, .AÑO LXVI.-NúM. 5.

~-···':;:~"

~~

-

-

.,~-.

REVISTA. PA.RISIKNSE.
SUMARIO,
Abrigos para la prlmavera..-Taletm
-, paiio con. terciopelo.-Guipur Y
encaje; paeamaneda y •ol'tacM,Traje11 de tafeLln,

Las clásicas chaquetas
largas, parecidas en su he1.•·
chura y en sus lineas á
prendas masculinas, es~
menos á la moda que el
año pasado. Se van reemplazando por chaquetas
· muy caprichosas y de for•
mas tan variadas, que es
fácil á cada cual acomodarlas á su silueta. Se ven,
entre ellas, las chaquetas
Imperio un poco sueltas
y ligeramente entallad1!5
por la espalda muy eno1•
ma de la cintura; las chaquetas Direotor.io, de
grandes solapas, y otras
chaquetas largas con .costuras que suben, colocando la tela en sentidos variados y poco usuales, con
lo cual se obtiene una caída de pliegues, de noyedad. En estas prendas, de
~úm. 1, -Nuestro modelo,
aspecto un poco severo,
de cachemir geranio, se
se suele poner en el ojal
guarnece con tiras bordadas.
una flor: orquídea, rosa,
La falda, con tres pailos fordalia doble 6 ramo de
ma Imperio en la parte de
violetas.
atrás, mide .f,50 m. de ancho;
Cuando se inauguraron
se coloca el bordado dibujanestas chaquetas en las cado grandes picos bajo botorreras del último otoño,
nes de plata; se frunce la parte de arriba y se monta.sobre
eran casi todas de paño 6
el mismo cinturón que el
de sarga verde; ahora se
fondo de falda, que es de tahacen de paños rayados,
fetán.
ya de dos matices de un
El cuerpo, formando plie·
mismo color y de medio
guecitos, se monta sobre un
centímetro de ancho, ya
canesú bordado, por cima
en negro y violeta 6 en
del cual se fijan las puntas
del bordado que sirve de
pardo y gris, rayados que
guarnición; el canesú 1J8 abre
se prestan á muy diversas
sobre un pechero, hecho, lo
disposiciones, huyendo de
mismo que las bocamangas
la vulgaridad. Se suele
de guipur crema. Gran cinmarcar el talle y cerrar el
turón de seda drapeada. El
abrigo con botones de
bordado ele las mangas terterciopelo 6 de crochet
__.mina sobre el canesú, bajo
un botón de plata.
del mismo color. Las esMateriales: 6 m. de cachepaldas son de varios pa. mir, de 1,10 ro. de ancho; 40
lios en sustitución de la
centfmetros de seda para el
espalda y costadillos hacinturón; 60 cm. de guipur,
1.-Toilette de calle.
2.-Traje de terciopelo.
bituales. Se hace que las
y 50 cm. de seda blanca.
rayas formen inglete ª.!1
Núm. 2. - La falda de este traje, de_terciopelo á ra- medio de botones sobre un gran cinturón de s~da li- medio de la espalda y dibujen una estola 6 ftch'!·
as color verde con rayas finas ptktnées, se cor.ta al berty· Ja espalda se diepone formando dos pliegues
Es difícil imaginar hasta qué ponto estas dihuo, excepto en loe pafios del delanter?; el ~&amp;JO se (véas~ el croquis); el cuerpo se abre sobre un ~to de recciones variadas de las rayas favorecen á l_as
guarnece con una tira de terciopelo al hilo, suJeta por gnipur fruncido, el cual se monta so~re un peq~eilo personas un poco gruesas. Generalmente la discanesú de guipur. Las mangas, de gwpur, se euJetan posición de la espalda se reproduce en el delan-delante bajo un botón.
Los delanteros del cuerpo, cortados de una sola por abajo valiéndose de ~os brazales de seda, y ter- tero, y como adorno se emplea la pasamaner!a
pieza, forman un pliegue en el talle y se abrochan por minan al borde con encaJe.

�LA MODA ELE G ANTE ILUSTRADA

51

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
otros modelos se forman óvalos ó rombos recuadrados con straps. También se hacen de tafet§n los corseletes, tirantes, collets, bulJones de las
mangas, pufios y solapas, colocando los pliegues
á 1~ largo, al bies ó atravesados, buscando gran
variedad de efectos.
. El tafetán y el terciopelo se hacen concurrencia cuando se trata de cuerpos combinados con
faldas de paño, y'°:º es raro que este paño ador-·
ne el cuerpo con tll'antes, correas ó pelerinas y
aun qu~ llegue á toma~ tal preponde!'llncia, qu&amp;
el terciopelo se conv10rta en un accesorio de
adorno. No así el tafetán, que siempre conserva
su p~epon~eranci~ en el cuerpo adornado con
enca¡es ant_1guos ligeros ó con rizaditos. Al tipo
de esos tra¡es de paño en que el terciopeloJnesólo el papel de adorno, pertenece el mo elo
e la figura 4, de paño de color de flor de cardo
adornado con straps pespunteados y con tercio:
pelo cortado del mismo color. Nótese en este modelo las formas de las mangas que recuerdan los
grabados del siglo xvm.
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Sin ser profeta se puede anunciar que el guipur Y e.l encaje ser§n los adornos preferidos en
e~ta primavera, ya en blanco ó en crema, ya teñi~os en el color del vestido. Se ven muchos enca¡es verdaderos de Irlanda, de Cluny y de gui:pn: d~ Craponne, y en encajes ligeros muchas
1mitac1ones y tules bordados con dibujos finos
moteados ó guirnaldas de estilo Luis XVI ó
pario, con relieve muy marcado. Las blusas de
encaje ó gu.ipur se llevan tanto como el año pasado; pero adornAndolas con la tela de la falda
que las deja medio ocultas bajo tirantes drapea:
dos en flchú, ó bajo un «bolero• corto. Los tirantes son amplios, fruncidos ó plegados si la
tela ~s ligera y flexi~le, y planos y pesp~nteados s1 es de las de estilo •sastre• ; pero siempre
cubren gran parte de la costura del hombro·
r.ara vez bajan del talle, y generalmente se de:
tienen sobre el corselete ó el cinturón, abrochados con un corchete bajo un botón de fantasía
una joya antigua ó una flor de tafetán.
'
Junto á esos encajes se ven muchas pasamane:fas teñidas del color de la tela, formando
gmrnaldas de flores gruesas, follajes ó racimos
recuadrados con un dibujo regular de trencill~
ancha ó rosáceas pequeñas en dos ó tres filas.
Algunos , boleros• y chaquetas cortas se cubren
completamente con estas pasamanerías del color

1m:

:1

rl
l"ig. 1.

en bellotas, soutaches, lunares y toda clase de dibujos, lo cual no produce efecto desagradable si
está cada cosa en su lugar y no sembradas á capricho, cosa difícil.
Cuando las chaquetas son de paño liso, se hac~n las solapas y chalecos de rayas ó cuadros, y
viceversa. Slrvaos de ejemplo el modelo de la
figura 1, traje sastre de tartán escocés verde
bro'!ce, si~ forro, y adornado con paño liso. La
particularidad de la chaqueta de este traje es
que la costura 9.ue sustituye á la pinza del pecho
arranca de la sisa y está oculta bajo elstraps. La
fi~ra 2 ofrece otro tipo de chaqueta larga, á pro~ósito para personas delgadas. Es casi un paletó
lige_ramente entallado, que llega por bajo de las
rod11las. Las costuras de la espalda suben hasta
el hombro, pero el paño del centro suele ser sin
costura. El modelo es de terciopelo inglés gris
fieltro adornado con entredoses de la misma
tela, plegados.
Se yen otras chaquetas largas, ajustadas y con
pelermas ó grandes solapas, cuyos adornos dibujan una chaquetita ó un «bolero, corto. El
efecto no es bonito sino con adornos de igual
color !J.Ue la tela, de la que sólo se distingue por
S1!, relieve y sus reflejos. Los vivos vistosos y las
hileras de botones de otro color producen un
efecto desastroso, y siempre vulgar, sobre el fondo de la tela.
Las mangas siguen siendo largas ó semilargas,
con carteras redondas ó acuchilladas, y con igual~s adornos que la chaqueta; el cuello puede ser
diferente.
Aunque algo prematuro, tal es el pronóstico
q ne se puede hacer respecto de los abrigos de
moda para esta primavera.

Fi¡. 2.

faldas enteras, divididas en paños estrechos en
cuyas costuras se disponen los pliegues á ingkle
como en el modelo de la figura 3, traje •sastre,;
que puede hacerse en pafio ó en tafetán. En

de la falda y estos abrigos tan caprichosos son
de extrem~da elegancia y, sin embargo 1 nada
llamativos si se elige un color poco vistoso,
eomo azul ó verde obscuros ó vino de Burdeos.
El fondo que apenas se ve, debe ser flexible, y
puede se; paño, tafetán ó terciopelo, !lº~ tal de
que no sea rígido, ya que lo es por s1 ~nsma la
pasamanería. Esta elección del !on~o tiene verdadera importancia. La complicación de estos
abrigos, tanto en dibujo como en co!or, impedirá que se vulgaricen, porque reqmeren todo
el buen gusto y seguridad de una gran casa de
eonfección.
De precio má• moderado que la pasamanería,
el soutache adorna bien todas las telas, y sus lineas, mates ó brillantes, producen siempre buen
efecto. Se emplea en dibujos ligeros y guirnaldas de líneas bastante precisas para que la vista
siga sin trabajo sus caprichosos arabescos, y tam·
bién en dibujos compactos, cuyo efecto de conjunto se aprecia sin darse cuenta de los detalles
de su disposición. El modelo de la figura 5 es un
traje de tarde, de pafio de color de tabaco, en
que el soutache del mismo color alterna en el
adorno con los plegados de la tela.
Un traje de tafetán no sustituirá J!Unca á uno
de pafio, y por eso, aunque su precio no es excesivo desde que hay tafetán muy ancho, son
muchas las personas que prescinden de él porque no pueden tener un ajuar numeroso. Por. el
contrario, para aquéllas qu!l pueden tener var10s
trajes, el tafetán es económico, porque puede servir para comidas de confianza, noches de teatro
ó ventas de caridad y otras reuniones, completándolo con una bonita blusa cubierta de espumosos encajes, con hombreras que caen sobre
las mangas ó con mangas japonesas, cortas ó semilargas, que están muy de moda actualmente.
De tafetán es el gracioso modelo de la figura 6,
muy á propósito para una muchachita, hecho en
un cuadriculado de tonos grises y adornado con
bieses y botones de terciopelo del mismo color
y un canesú de encaje de Irlanda. De tafetán ó
de faya azul re~io se puede hacer el traje representado en la figura 7, al que adornan entredoses de guipur tefiido en azul.
Finalmente, os presento el modelo de la figura 8, usado por una de nuestras actrices de moda
como traje de noche, de vuela de seda de color
de rosa, con un •bolero• de Venecia bordeado
con raso y un pechero y mangas de Alen~on.

•
••

Fi¡. fl.

Útil en todo tiempo, la Poudre des Prélats se
hace completamente indispensable cuando se
acentúa el frío. Este especifico blanquea instantáneamente las manos; de su legitimidad responden la Parfumerie Exotique, 36, rue du quatreSeptembre, en Parls; en Madrid, las de Urquiola,
Mayor, 1; del Molino, Carmen, 2; Sixto Romero,
Carrera de San Jerónimo, 3; Hijos de J. J. For-

FI¡. 8.

tis, Puerta del Sol, 2; Cal y c.•, Ferraz, 25; y en
Barcelona, las de Julia Comas, Cal!, 30; Salvador Banús, Jaime I, 18; Vicente Ferrer y Compafi.ia, Princesa, 1; Carlos Massip, Fernando, 55;
Jaime Forteza, Escudillers, 34, 1.0 , y Cayetano
Lledó, Rambla de Capuchinos, 17.

V,

DB

CABTBLPIDO.

Parta 2 de Febrero de 1907.

LA PRIMA LUCÍA.
Continuacl6n,

..
Indiscutiblemente sigue la moda favoreciendo
las combinaciones de paño y terciopelo y de
tafetán y paño. Esta última es especialme~te interesante, porque se acomoda á trajes de todas
las estaciones. El tafetán liso apenas se emplea
más que en franjas, cubiertas por otras de paño
pespunteadas, ó por volantes lisos. En el intervalo que separa estos adornos, se deja ver una
raya de seda brillante y flexible, cuyos reflejos
contrastan agradablemente con el mate del paño.
Casi siempre el tafetán está plegado de diversas
maneras para darle más sostén. Con él se hacen
PI¡. 6.

FJ¡.'1,

•

-¡Anal-exclamó Enrique con admiración.Jamás he pensado en ella, ni he podido pensar
en una persona con la que nada me liga; ni sus
gustos, ni su educación, ni .....
-¿Y si Ana hubiera entregado á usted sucorazón y tuviese cifradas en usted todas sus Ilusiones y todas sus esperanzas?-pre~tó Lucia,
haciendo un heroico esfuerzo.
-Quiero creer que nada de eso ha ocurrido;
pero, de cualquier modo, yo no me casaría nunca
tan sólo por un sentimiento de compasión con
una mujer á quien no amara.
-Pero yo no quiero, no debo originarla semejante pena-dijo Lucia, sumida en lágrimas.
-¿Qué pensarían de mi, qué dirían si fuera yo la
que arrebatase todas sus esperanzas, la que destrozara su corazón?
Enrique imploraba con la mirada la intervención de su tia.
- Lucia-dijo Amella, abrazando á la joven,es preciso no exagerar ningún sentimiento, por
noble que sea. Tú no has hecho nada para conquistar el afecto de Enrique, ni tampoco ha•
arrebatado su cariño á nadie, porque yo te aseguro que Enrique jamás ha querido á Ana sino
como se puede querer á una prima y á una com•
paftera de la nifiez á la cual no unen vínculos
de especial afecto, sino solamente los que han
creado el trato y la costumbre.
-De todas maneras, ellos me acusarlau.
-Admitamos que si, en efecto, han formado

�53

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

52

1

111

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

proyectos y concebido esperanzas, lo cual yo ig- do una escena desagradable, - y hemos estado
noro, se muestren hasta indignados en los pri- discurriendo acerca de mi porvenir.
-¡Ah! Y, naturalmente, se habrán alegrado de
meros momentos; pero esto no puede durar;
son en el fondo demasiado justos para que no tu suerte.
-Conocen bien á Marcelo Vallier-contestó
concluyan por reconocer su error.
-Pero yo no me perdonaría jamás haber co- la joven, tratando de hablar con calma;-y.....
rrespondido, siquiera sólo fuera con apariencias siento mucho decir á usted que no le tienen en
de ingratitud, á los beneficios que de ellos he buen concepto.
El rostro de la señora de Fontelay cambió súrecibido.
.!..._ ¿Y cree usted que después de haberme re- bitamente de expresión.
chazado estaré yo dispuesto á casarme con Ana?
-Según creo, las gentes provincianas son
-exclamó Enrique en el colmo de la desespe- poco caritativas y están siempre dispuestas á dar
ración.-Pues tenga la seguridad de que Ana no crédito á todo cuanto puede perjudicar al próserá nunca mi mujer.
jimo. Sin embargo, no es posible que en asunto
- Al menos, si sufre, que no sea por causa de tal importancia, en el que está interesado tu
mía- contestó la joven con forzada energía.
porvenir; tratándose de una inesperada proporLa hora que siguió á esta conferencia fué la ción que, casi con seguridad, ha de ser la única
más cruel que hasta entonces había pasado la que se te presente, no es posible, repito, que injoven.
fluyan en tu ánimo habladurías y consejos que
El concepto que tenía del honor y de la gra- estoy segura que sólo se inspiran en la envidia
titud era á la vez combatido por el hombre á y en ruines sentimientos.
quien amaba y por la amiga más sincera que
Lucía contuvo las lágrimas que la ahogaban.
existía en el mundo.
-Conozco muy bien á las personas á quienes
Y, sin embargo, luchó hasta el fin, y la única me refiero, y estoy cierta de que sólo desean
promesa que Enrique consiguió arrancarla fué mi felicidad.
la de escucharle de nuevo si Ana, perdidas to-¡,Y están en situación de asegurártela1-predas sus ilusiones, se decidiera á contraer otro guntó con frialdad la señora de Fontelay.
matrimonio.
Lucía no contestó. ¿Qué diría aquella señora
si supiera que momentos antes había rehusado
XIX.
lo que podía constituir la felicidad de toda su
vida, obedeciendo sólo á sentimientos de proAl separarse de Amelía y de Enrique, Lucia, funda lealtad y de exquisita delicadeza?
-Soy demasiado buena-dijo con aire de
sin prometer nada, les hizo abrigar la ilusión de
que se verían otra vez antes de salir de Paris; desprecio la señora de Fonte lay-al ocuparme de
así lo deseaba la joven, por triste que aquella ti y tratar de hacer en tu obsequio lo que tu verdespedida le pareciera; pero desde que llegó á dadera familia no quiere hacer; y lo que ocucasa de la señora de Fontelay comprendió que rre en este momento me prueba una vez más
era necesario apresurar su partida para poner que tú y yo no podriamos nunca entendernos.
término á las mortificaciones de que se le hacía Estas escenas sólo sirven para aumentar mis suvíctima, y que cualquier conversación con la fa- frimientos. Todavía te concedo algún tiempo
milia de Goasmeur sólo serviría para disminuir para reflexionar; pero si mañana no te encuenun valor que por momentos desfallecía, y del tro más razonable, lo mejor será que abandones
cual, sin embargo, tenía gran necesidad. Lucia esta casa. Sentiría mucho, en memoria de tu tío,
alimentaba vagas esperanzas de poder evitar no ser dueña de ocultarte la indignación que me
aquella noche una nueva entrevista con la se- produce tu conducta.
La seftora de Fontelay tiró con fuerza del corñora de Fontelay; pero era ésta una de esas naturalezas á las cuales cualquier pena, por justifi- dón de la campanilla. Lucía se levantó inmediacada que sea, parece carga insoportable, y que tamente.
instintivamente buscan la manera de arrojar el
-Partiré mañana, tía; siento muchísimo haber
peso que les abruma y de distraerse de ideas y disgustado á usted, y en cuanto á lo que se prode pensamientos que, á su juicio, concluirían por ponía hacer en mi obsequio .....
La entrada de la doncella no permitió á Lucía
enloquecerlas.
A esto se debía que la señora de Fontelay no terminar la frase.
dejara, ni por un momento, de ocuparse del ma-Comeré eñ mi cuarto-dijo la sellora de
trimonio de su sobrina, con un interés en ella Fontelay á la doncella.-Haga el favor de llevardesacostumbrado, y cuya razón no trataba de me ahora una taza de tila con azahar.
-En cuanto á lo que se proponía usted hacer
explicarse.
Jamás habfa profesado el menor afecto á Lu- en mi obsequio-prosiguió Lucía con afectada
cía; sin ser avara, le contrariaba la idea de te- tranquilidad, cuando de nuevo se encontraron
ner que ayudarla pecuniariamente; su irritante solas, - comprenderá que me sería muy penoso
egoísmo no admitía que una parienta tan próxi- aceptarlo. Soy joven y fuerte; puedo trabajar, y
ma de su marido, en el desamparo en que Lu- en lo sucesivo no seré gravosa á nadie.
-Eso es; echa ahora ese borrón sobre tu facia se encontraba, tuviera ciertos derechos morales á una parte de la fortuna que aquél había milia; era lo único que faltaba.
-El trabajo ni me deshonrará á mi ni deslegado por completo á su mujer, y se indignaba
al penssr en que Lucía fuera para ella una car- honrará á ninguno de los mios.
-Repito que eso es una locura, pero estoy sega, existiendo otros parientes más inmediatos de
gura de que tu tía Berry no permitirá que llela joven que deberían soportarla por entero.
Pero éste era sólo un aspecto del asunto. En gues á semejante extremo, y también oreo que
el casamiento de Lucía vela la señora de Fon- cuando vuelvas á Cosquer la señora de Vallier
telay un obligado motivo de distracción, y por sabrá vencer tus absurdos y rid.lculos escrúeso le daba una importancia que ciertamente no pulos.
Y la señora de Fontelay, sin di¡¡narse dirigir
le habría concedido dos meses antes. Se proponía ser genero~•, ofrecerá Lucia un equipo con- una mirada á su sobrina, salió ma¡estuosamente
veniente, ocuparse por 'si misma de todos los del gabinete.
Seria dificil analizar los extraños sentimiendetalles y hasta, si era preciso, visitar talleres y
almacenes. Trataba de persuadirse que al pro- tos que destrozaban el alma de la pobre Lucía.
ceder así se· imponía, dadas sus tristes circuns- Si las despreciativas é injuriosas palabras de la
tancias, un doloroso sacrificio; pero, en realidad, señora de Fontelay la hablan humillado, consila idea de salir de la soledad en que se encon- derábase realzada á sus propios ojos, por la retraba, de recorrer calles y tiendas, de romper solución de no accederá su casamiento con Maruna reclusión tan penosa para sus aficiones y celo; pero entre impresiones tan violentas, tan
costumbres, constituían para ella una esperanza confusas y hasta tan contradictorias, destacábase
de libertad que, por censurable que fuese, no la idea de un doloroso sacrificio. ¿Acaso no habla
rechazado al hombre á qu-ien, sin dudas ni vaciquerfa desaprovechar.
Lucía la encontró instalada en el gabinetito laciones, consideraba ya dueño de su corazón?
Lucía lloró con el desconsuelo con que en los
donde ya había recibido la visita de algunas
amigas, con las cuales se había ocupado del primeros años de la vida se lloran todas las pepróximo enlace de su sobrina y de la cruel ne- nas; después, algo más tranquila, empez6 á pencesidad en que se encontraba de consagrar su sar en la linea de conducta que le imponía ~u
atención á multitud de frivolidades y pequefie- delicadeza: salir, salir de aquella cass lo '?as
ces, tan poco en armonía con el abatimiento de pronto posible, cualquiera que fnese la acogida
que la esperara en Cosquer.
su espíritu.
Allí al menos reinaban principios de justicia,
La señora de Fontelay recibió á la joven casi
que jamás hubieran permitido pronunciar palaafectuosamente.
-¡Cuánto tiempo has estado fuera, querida! bras como las que la señora de Fontelay le ha¿Has hecho alguna visita, ó has curioseado los bía dirigido; allí eran duros en la forma, pero
no crueles en el fondo, y las mortificaciones que
escaparates, pensando en tus futuras compras?
-He visto, en efecto, á dos personas amigas la hacían sufrir no estaban inspiradas en malémlas-dijo Lucia con voz alterada y presintien- volas intenciones. Saldría, pues, al día siguiente

á primera hora; pero ¿qué haría hasta entonces?
Un deseo imperioso de ver al notario encargado de administrar la casita de Clamart se apoderó de Lucía; abrigaba la esperanza de conquistar, por fin, la anhelada independencia; de
vivir sola, aunque hubiera de alimentarse con
pan seco.
Todavía no eran las cuatro. Tenía que ir á la
calle de Grenelle; púsose precipitadamente el
sombrero y se dirigió al estudio del notario, que
aun no conocía, porque basta entonces los asuntos se habían tratado por mediación de su tío.
En el momento de entrar en el portal de la
casa empezó á faltarle el valor. Temía instintivamente encontrarse, joven y sola, expuesta á
las miradas y comentados de los dependientes,
y se detuvo un momento para dominar su timidez.
En aquel instante un hombre de unos sesenta
años de edad, de figura respetable y porte dis•
tinguido, bajaba la escalera; fijóse en Lucía, y
fuera que le llamase la atención su palidez y sus
ojos enrojecidos por el llanto, fuera que lacreyese repentinamente indispuesta, se detuvo, y
saludándola cortésmente, dijo:
-¿Busca usted á alguien, sellorita1 ¿Puedo
prestarle algún servicio?
Hay momentos en que las más vulgares manifestaciones de benevolencia resultan conmovedoras. De nuevo brotaron lágrimas de los ojos
de Lucía.
-Subia al despacho del notario Sr. Verger:
necesito hablarle.
El caballero la miró con atención, contenü¡ndo una ligera sonrisa.
-El despacho está en el primer piso; pero
el Sr. Verger..... acaba de sslir.
Tal impresión de contrariedad reflejó el rostro de Lucia, que el caballero empezó á subir
los escalones que había descendido, y continuó
en tono bondadoso:
-Sellorita, yo soy el Sr. Verger; pero como
no tengo el honor de conocerá usted, me pareció en el primer momento muy extraño que
sus parientes la permitan, á su edad, venir sola
á un sitio tan concurrido como el despacho de
un notario. Pero, veamos: ¿es muy urgente lo
que tiene que consultarme?
-SI, señor; porque necesito salir mallana
mismo de París.
:-Pnes bien; tenga la bondad de seguirme.
Todavía puedo dedicar á usted algunos minutos.

\

Núm. 3.-Traje de tarde, de !aya verde co~, adornado con bordado de sote.tache. En el cuello mcrus•
taciones de guipur ocre y canesú del mismo guipur.

Núm. 3 a. -Traje de jerga azul obscuro, adornado con incrustaciones de pana del mismo color.

Núm. 3 b. -Traje de tarde, de paño arrasado, de
color de violeta, adornado con trencillas de seda

recuadrada con slt-aps de palio, y blusa de AlenQon.

Continuará.

Ananeiaeión.
Salt1e Regina.

Cual evocando bíblica leyenda,
El Cielo os manda codiciada prenda,

Gala y orgullo de fecundo amor;

Y en un rayo de sol puro y brillante
Hace bajará vuestro hogar amante

•

Un ángel del Seiior.

Seiiora: baja el ángel desde el cielo
Y él os traerá la dicha y el consuelo

Que es posible gustar frente al dolor;
Al preparar un trono al inocente,
Ved que sois, por designio omnipotente,
La esclava del Seiior.

Ji

Pensad que las diademas brilladoras
Suelen guardar espinas punzadoras,
Cual flores de martirio y de dolor;

Pensad que el que desciende desde el CieloHa de ser bendición del patrio suelo,

J

Ya que viene cual ángel del Seiior.

Y en el rugir de tempestad bravía,
Y en el fiero bramar de la anarquía
Que manchada de sangre surge audaz,
Y en las olas de envidias y pasiones
Que batallan con odios y traiciones,

lf'¡
~

El ha de ser la Paz.

Y en la impiedad demoledora y ruda
Que siembra el pesimismo con la duda,
Y en ese pueblo que mustiarse ve
Laureles sacrosantos y memorias
De sublimes grandezas y de glorias .....

El ha de ser la Fe.

La Paz, la Fe, la Gloria, la Esperanza,.
Cuanto el anhelo á codiciar alcanza,
Debe estar en su pecho todo amor.
i.!Jendiga Dios al inocente niño!
vos aguardáis al ángel de cariño,
-La Patria ..... ¡ al Redentor?
M. R. BLANCO·BELMONIE-

Núm. 4.-Traje sastre, de paño de color de saal, adornado con terciopelo del mismo color.

Núm. 4 a.-Traje de visitas, de paño y terciopelo
verde mirto con adornos de trencilla de seda del
mismo color.

Núm. 4 b.-Traje sastre, de paño castaño dorado,
con adorno de terciopelo de cuadros del mismo
color, y chaleco de terciopelo esmeralda.

�52

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

proyectos y concebido esperanzas, lo cual yo ig- do una escena desagradable, -y hemos estado
noro, se muestren hasta indignados en los pri- discurriendo acerca de mi porvenir.
meros momentos; pero esto no puede durar;
-¡Ah! Y, naturalmente, se habrán alegrado de
son en el fondo demasiado justos para que no tu suerte.
concluyan por reconocer su error.
-Conocen bien á Marcelo Vallier - contestó
-Pero yo no me perdonaría jamás haber co- la joven, tratando de hablar con calma;-y.....
rrespondido, siquiera sólo fuera con apariencias siento mucho decir á usted que no le tienen en
de ingratitud, á los beneficios que de ellos he buen concepto.
recibido.
El rostro de la seflora de Fontelay cambió sú.!._ ¿Y cree usted que después de haberme re- bitamente de expresión.
chazado estaré yo dispuesto á casarme con Ana?
-Según creo, las gentes provincianas son
-exclamó Enrique en el colmo de la desespe- poco caritativas y están siempre dispuestas á dar
ración.-Pues tenga la seguridad de que Ana no crédito á todo cuanto puede perjudicar al próserá nunca mi mujer.
jimo. Sin embargo, no es posible que en asunto
- Al menos, si sufre, que no sea por causa de tal importancia, en el que está interesado tu
mía- contestó la joven con forzada energía.
porvenir; tratándose de una inesperada proporLa hora que siguió á esta conferencia fué la ción que, casi con seguridad, ha de ser la única
más cruel que hasta entonces había pasado la que se te presente, no es posible, repito, que injoven.
fluyan en tu ánimo habladurías y consejos que
El concepto que tenía del honor y de la gra- estoy segura que sólo se inspiran en la envidia
titud era á la vez combatido por el hombre á y en ruines sentimientos.
quien amaba y por la amiga más sincera que
Lucía contuvo las lágrimas que la ahogaban.
existía en el mundo.
-Conozco muy bien á las personas á quienes
Y, sin embargo, luchó hasta el fin, y la única me refiero, y estoy cierta de que sólo desean
promesa que Enrique consiguió arrancarla fué mi felicidad.
la de escucharle de nuevo si Ana, perdidas to-¿Y están en situación de asegurártela?-predas sus ilusiones, se decidiera á contraer otro guntó con frialdad la señora de Fontelay.
matrimonio.
Lucia no contestó. ¿Qué diría aquella seflora
si supiera que momentos antes había rehusado
XIX.
lo que podía constituir la felicidad de toda su
vida, obedeciendo sólo á sentimientos de proAl separarse de Amelía y de Enrique, Lucía, funda lealtad y de exquisita delicadeza?
sin prometer nada, les hizo abrigar la ilusión de
-Soy demasiado buena-dij o con aire de
que se verian otra vez antes de salir de París; desprecio la se flora de Fon te lay-al ocuparme de
así lo deseaba la joven, por triste que aquella ti y tratar de hacer en tu obsequio lo que tu verdespedida le pareciera; pero desde que llegó á dadera familia no quiere hacer; y lo que ocucasa de la seflora de Fontelay comprendió que rre en este momento me prueba una vez más
era necesario apresurar su partida para poner que tú y yo no podríamos nunca entendernos.
término á las mortificaciones de que se le hacía Estas escenas sólo sirven para aumentar mis suvíctima, y que cualquier conversación con la fa- frimientos. Todavía te concedo algún tiempo
milia de Goasmeur sólo serviría para disminuir para reflexionar; pero si mañana no te encuenun valor que por momentos desfallecía, y del tro más razonable, lo mejor será que abandones
cual, sin embargo, tenía gran necesidad. Lucia esta casa. Sentiría mucho, en memoria de tu tío,
alimentaba vagas esperanzas de poder evitar no ser duefla de ocultarte la indignación que me
aquella noche una nueva entrevista con la se- produce tu conducta.
ñora de Fontelay; pero era ésta una de esas naLa seflora de Fontelay tiró con fuerza del corturalezas á las cuales cualquier pena, por justifi- dón de la campanilla. Lucía se levantó inmediacada que sea, parece carga insoportable, y que tamente.
instintivamente buscan la manera de arrojar el
-Partiré maflana, tía; siento muchísimo haber
peso que les abruma y de distraerse de ideas y disgustado á usted, y en cuanto á lo que se prode pensamientos que, á su juicio, concluirían por ponía hacer en mi obsequio .....
enloquecerlas,
La entrada de la doncella no permitió á Lucía
A esto se debla que la seflora de Fontelay no terminar la frase.
dejara, ni por un momento, de ocuparse del ma-Comeré en mi enarto-dijo la seflora de
trimonio de su sobrina, con un interés en ella Fontelay á la doncella.-Haga el favor de llevardesacostumbrado, y cuya razón no trataba de me ahora una taza de tila con azahar.
explicarse.
-En cuanto á lo que se proponía usted hacer
Jamás había profesado el menor afecto á Lu- en mi obsequio-prosiguió Lucía con afectada
cía; sin ser avara, le contrariaba la idea de te- tranquilidad, cuando de nuevo se encontraron
ner que ayudarla pecuniariamente; su irritante solas,-comprenderá que me sería muy penoso
egoísmo no admitía que una parienta tan próxi- aceptarlo, Soy joven y fuerte; puedo trabajar, y
ma de su marido, en el desamparo en que Lu- en lo sucesivo no seré gravosa á nadie.
cia se encontraba, tuviera ciertos derechos mo-Eso es; echa ahora ese borrón sobre tu farales á una parte de la fortuna que aquél habla milia; era lo único que faltaba.
legado por completo á su mujer, y se indignaba
-El trabajo ni me deshonrará á mí ni desal pensar en que. Lucía fuera para ella una car- honrará á ninguno de los míos.
ga, existiendo otros parientes más inmediatos de
-Repito que eso es una locura, pero estoy sela joven que deberían soportarla por entero.
gura de que tu tía Berry no permitirá que llePero éste era sólo un aspecto del asunto. En gues á semejante extremo, y también oreo 9.ne
el casamiento de Lucia vela la señora de Fon- cuando vuelvas á Cosqner la seflora de Vallier
telay un obligado motivo de distracción, y por sabrá vencer tus absurdos y ridículos escrúeso le daba una importancia que ciertamente no pulos.
le habría concedido dos meses antes. Se propoY la señora de Fontelay, sin dig-narse dirigir
nía ser generol!R, ofrecer á Lucía un equipo con- una mirada á su sobrina, salió ma¡estuosamente
veniente, ocuparse por sí misma de todos los del gabinete.
detalles y hasta, si era preciso, visitar talleres y
Serla difícil analizar los extraflos sentimienalmacenes. Trataba de persuadirse que al pro- tos que destrozaban el alma de la pobre Lucia.
ceder así se· imponía, dadas sus tristes circuns- Si las despreciativas é injuriosas palabras de la
tancias, un doloroso sacrificio; pero, en realidad, señora de Fontelay la hablan humillado, consila idea de salir de la soledad en qne se encon- derábase realzada á sus propios ojos, por la retraba, de recorrer calles y tiendas, de romper solución de no accederá su casamiento con Maruna reclusión tan penosa para sus aficiones y celo; pero entre impresiones tan violentas, tan
costumbres, constituían para ella una esperanza confusas y hasta tan contradictorias, destacábase
de libertad que, por censurable que friese, no la idea deun doloroso sacrificio. tAcaso no habla
quería desaprovechar.
rechazado al hombre á quien, sin dudas ni vaciLucía la encontró instalada en el gabinetito laciones, consideraba ya dueño de su corazón?
donde ya había recibido la visita de algunas
Lucía lloró con el desconsuelo con que en los
amigas, con las cuales se habla ocupado del primeros años de la vida se lloran todas las pepróximo enlace de su sobrina y de la cruel ne- nas; después, algo más tranquila, empezó á pencesidad en que se encontraba de consagrar su sar en la línea de conducta que le imponía su
atención á multitud de frivolidades y pequefle- delicadeza: salir, salir de aquella casa lo ~ás
ces, tan poco en armonía con el abatimiento de pronto posible, cualquiera que fuese la acogida
su espíritu.
que la esperara en Cosquer.
La señora de Fontelay recibió á la joven casi
Ali! al menos reinaban principios de justicia,
afectuosamente.
que jamás hubieran permitido pronunciar pala- ¡Cuánto tiempo has estado fuera, querida! bras como las que la señora de Fontelay le ha¿Has hecho alguna visita, ó has curioseado los bía dirigido; alll eran duros en la forma, pero
escaparates, pensando en tus futuras compras?
no crueles en el fondo, y las mortificaciones que
-He visto, en efecto, á dos personas amigas la hacían sufrir no e~taban inspiradas en malé•
mías-dijo Lucia con voz alterada y presintien- volas intenciones. Saldría, pues, al dfa siguiente

á primera hora; pero ¿qué haría hasta entonces?
Un deseo imperioso de ver al notario encargado de admimstrar la casita de Clamart se apoderó de Lucía; abrigaba la esperanza de conquistar, por fin, la anhelada independencia; de
vivir sola, aunque hubiera de alimentarse con
pan seco.
,
Todavía no eran las cuatro. Tenía que ir á la
calle de Grenelle; púsose precipitadamente el
sombrero y se dirigió al estudio del notario, que
aun no conocía, porque hasta entonces los asuntos se habían tratado por mediación de su tlo.
En el momento de entrar en el portal de la
casa empezó á faltarle el valor. Temia instintivamente encontrarse, joven y sola, expuesta á
las miradas y comentarios de los dependientes,
y se detuvo un momento para dominar su timidez.
En aquel instante un hombre de unos sesenta
aflos de edad, de figura respetable y porte dis•
tinguido, bajaba la escalera; fijóse en Lucía, y
fuera que le llamase la atención su palidez y sus
ojos enrojecidos por el llanto, fuera que la creyese repentinamente indispuesta, se detuvo, y
saludándola cortésmente, dijo:
-tBnsca usted á alguien, seflorita? ¿Puedo
prestarle algún servicio?
Hay momentos en que las más vulgares manifestaciones de benevolencia resultan conmovedoras. De nuevo brotaron lágrimas de los ojo11
de Lucia.
-Subia al despacho del notario Sr. Verger:
necesito hablarle.
El caballero la miró con atención, oonteni,¡ndo una ligera sonrisa.
-El despacho está en el primer piso; pero
el Sr. Verger..... acaba de salir.
Tal impresión de contrariedad refiej ó el rostro de Lucia, que el caballero empezó á subir
los escalones que habla descendido, y continuó
en tono bondadoso:
-Seflorita, yo soy el Sr. Verger; pero como
no tengo el honor de conocer á usted, me pareció en el primer momento muy extrai'\o que
sus parientes la permitan, á su edad, venir sola
á un sitio tan concurrido como el despacho de
un notario. Pero, veamos: ¿es muy urgente lo
que tiene que consultarme?
-SI, señor; porque necesito salir maflana
mismo de París.
-Pnes bien; tenga la bondad de seguirme.
Todavía puedo dedicar á usted algunos minutos.

Núm. 3.-Traje de tarde, de raya verde col, ador•
nado con bordado de so,dachs. ~n el cuello in~rustaciones de gnipnr ocre y canesu del mismo grupur.

Núm. 3 a. -Traje de jerga azul obscuro, ador•
nado con incrustaciones de pana del mismo color.

53

Núm. 3 b. -Traje de tarde, de palio ~rasado, de
color de violeta, adornado con trencillas de seda

recuadrada con Blraps de palio, y blusa de AlenQon.

f

Continuará.

Anoneia.eión.
SalwRegina.

Cual evocando blbHca leyenda,
El Cielo os manda codiciada prenda,

Gala y orgullo de fecundo amor;
Y en un rayo de sol puro y brillante
Hace bajar á vuestro hogar amante

Un ángel del Sei!or.

Seilora: baja el ángel desde el cielo
Y él os traerá la dicha y el consuelo
Que es posible gustar frente al dolor;

Al preparar un trono al inocente,
·
Ved que sois, por designio omnipotente,
La esclava del Seilor.

Pensad que las diademas brilladoras
Suelen guardar espinas punzadoras,
Cual flores de martirio y de dolor;

Pensad que el que desciende desde el Ciel&lt;&gt;
Ha de ser bendición del patrio suelo,

Ya que viene cual ángel del Seilor.

Y en el rugir de tempestad bravía,

Y en el fiero bramar de la anarqnla

Que manchada de san~re surge audaz,
Y en ]as olas de envidias y pasiones
Que batallan con odios y traiciones,

El ha de ser la Paz.
Y en la impiedad demoledora y ruda

Que siembra el pesimismo con la. duda,
Y en ese pueblo que mustiarse ve
Laureles sacrosantos y memorias
De sublimes grandezas y de glorias .....

El ha de ser la Fe.

La Paz, la Fe, la Gloria, la Esperanza,_
Cuanto el anhelo á codiciar olcanza,
Debe estar en su pecho todo amor.
1.!3endiga Dios al ínocente nido!
vos aguardáis al ángel de carii'lo,
La Patria ..... ¡ al Redentor!
M. R.

BLANCO·BELMONIE..

Núm. 4.-Traje sastre, de paiio de color de sayal, adornado con terciopelo del mismo color.

Núm. 4 a.-Traje de visitas, de palio y terciopelo
verde mirto con adornos de trencilla de seda del
mismo color.

Núm. 4 b.-Traje sastre, de pai'lo castailo dorado,
con adorno de terciopelo de cuadros del mismo
color, y chaleco de terciopelo esmeralda.

�L A M OD A

54

EL E G A N T E 'I L U.S T R A D A

liA MODA ELEGA:NTE l •'L UST'R:A.DA

Espalda del dibujo 19.

5,-TraJe para niña de 5 á 7 año,.

&amp;.-Abrigo para niña de 7 6. 9 añoa.

Núm. 5.- Las flgs. 38 á 46 de la Hoja•Suplemento corresponden á este
grábado.
Este traje de lana á rayas blancas y encarnadas, se adorna con
cinta encarn'ada; el canesú y el cuello son de raso encarnado.
Núm. 6.-Este abrigo, de lana escocesa, tiene un canesú y un cuello
i-olapa de pafio liso; las patas del canesú se guarnecen con botones y
se abrochan al lado izquierdo. Las mangaR, formando pliegues en el
hombro se adornan con bieses de paño liso de 4 cm. de ancho. Los
delante;os del abrigo se disponen formando cuatro tablas; en la es~
palde se forman tres pliegues; los delan~teros se abrochan bajo el
pliegue hueco del medio, merced á unos botones de nácar. . ·
Núms. 7 y 8.-La flg. 73 de la Hoja·Suplemento corresponde á este
modelo.

Jl,-TraJt para 11ñora. _

12,- lata llqute.

Nuestros dos modelos miden unos
30 cm. de lado y son
de batista blanca.
El encaje de frivoli• té se ejecuta con algodón del número
80; para los ángulos
se unen los motivos
según convenga.
La flg. 73 representa el dibujo del encaje de
Brujes; se ejecuta con galones de distinta clase, unidos
entre sí por medio de trencilla de piquillos; la labor se
ejecuta como de ordinario,
hilvanando los motivos sobre papel•tela. Conclulda la
labor, se monta sobre el cuadrado de batista.
Núm. 9.-Esta blusa, de encaje crudo sobre fondo de
malla, se guarnece con bieses de pallo azul pálido, adornados al borde con cinta estrecha de raso y con botones
de bisutería; el encaje se coloca sobre muselina de seda;
los bieses se fijan sobre un
gran cinturón de seda drapeada. Se monta la blnsa al
borde de un canesú de encaje
de Valenciennes. Las mangas son semilargas, y se guarnecen con un volante de encaje.
Núm. 10,-Nuestro modelo
es de lana blanca muy fina;
la falda, que lleva debajo otra
interior de tafetán, se compone de siete pail.os y se dispone formando pliegues en
cada costura; el delantero se
prolonga por encima del cinturón--corpiiio, que se cubre
con bieses de tela. El cuerpo,
abrochado en la espalda , se
monta sobreuncanesú,compuesto de una parte de tela r
plissde y otra de seda borda•
da; la unión del cuerpo y del
canesú queda disimulada por
medio de patas, sobre las que
se destacan unos botoncitos.El cuello recto, de seda bordada, y las bocamangas son
de tela plissée, y se adornan
con.sardinetas.
Núm. 11.-Las flgs. 19 á 28
delaHoja-Suplemento corresponden á este grabado. 1
Este traje, de pano raso color azul obscuro, se adorna
con seda escocesa, bieses de
pail.o pespunteado, soutache y
botoncitos de oro.
Núm. 12.-De pallo color
rosa qiarchita, se abrocha
por delante, cr~ándose lige- ·
ramente los delanteros, y se
monta sobre un canesú de forro; los delanteros y la parte

55

Espalda del dibujo 20.

13,-Trl,le guarnecido oon patu.

14.- Trl,le de paño para aeñora Jovea.

15,-TraJe dt terolopelo.

16.- TraJt P!"• 11ñorlta.

de atrás se disponen
formando pliegues
planchados que se
pespuntean en una
longitud de 14 centímetros. La bata se
adorna con un gran
cuello de encaje,
que forma ondas y
9,-Bluaa de enoa¡e guarneolda oon paño.
10.-Traje para aeñorlta.
termina en unplissé
· ·
de seda; el cuello recto, de pan.o, se adorna mangas se guarnece con paño blanco bordado: cinturón
c~m entredoses, así como el pequeilo cane- de seda drapeada. La falda se frunce en el talle y se guarsu, que se guarnece alrededor con otro nece con un gran volante cortado con patas, qne se sujeplissé, sobre el cual se monta el cuello. Las tan á la falda por medio de botones; la tela que queda
mangas son semil11rgas, estén plissés y se entre las patas se frunce ligeramente.
complementan con bocamangas guarneNúm. 17.-Este traje es de cachemir azul marino, y se
cidas de entredoses y adornadas al borde
con plissés. El gran ]azo, que simula una completa con una blusa de lana escocesa al bies. La falda
forma pliegues huecos y mide 3,25 m. c.!e ancho: Jos delancorbata, es de tafetán.
teros, de cachemir plissé y adornados al borde con festoNúm. 13.- Traje de lana cuadriculada nes, quedan sujetos sobre los hombros por medio de bocon rayas b1ancas y negras: se corta la lana tones dorados. Las mangas, de hechura de farol, terminan
al bies, y la falda tiene un canesú cortado por grandes puílos, que se montan bajo un bies pespunen punta por delante, bajo el cual se mon- teado.
tan los pan.os fruncidos; éstos se fijan por
Núm. 18.-Para la explicación y patrones, véanse las
medio de un botón sobre la falda interior llgs.
47 á 53 de la Hoja•Suplemento.
de tafetán, á cuyo borde se nne el volante
de lana y cuya parte central se cubre con
el paño delantero. El cuerpo está fruncido
y se monta sobre un canesú cuadrado; ]os
delanteros se abren sobre un peto de pan.o
encarnado color coral: gran cinturón de
pan.o de la inisma clase. El cuerpo se
adorna con patas de 4 ½cm. de ancho, sujetas por medio de botones. La parte inferior de· las mangas se recorta en forma
de pataá, que se colocan sobre puilos de
pallo.
Núm. 14.-Las flgs. 1 á 10 de la Hoja -Su•
plemento corresponden á este grabado.
Este traje, de paño verde almendra, se
adorna con terciopelo de tono más obscuro; el pequeño peto es de guipur crema,
lo mismo que los volantes de las mangas;el traje se adcrna, además, con patas
de pail.o de 4 cm. de ancho, sujetas por
botones de nácar.
Núm.15.-El terciopelo es azulpekinécon
rayas brillantes: la falda mide 4 m. de ancho y se guarnece con piezas redondeadas
y superpuestas; estos trozos se cortan al
traves y se fijan bajo los pailos por me... dio de pespuntes; la parte de atrás de la
falda forma dos pliegues; el adorno de
ésta se repite en la chaqueta, que termina
en unos faldones cortos (véase el croquis
de la espalda). Los delanteros se guarnecen con solapas de pail.o blanco bordado
con soutachede plata, y se abren sobre un
peto da guipur crema; las bocamangas
son de paño verde y se adornan en su extremo con un bies de terciopelo azul; el
cuello vuelto es también de terciopelo; las
aldetas de la chaqueta se montan sobre un
cinturón de terciopelo; los delanteros se
adornan con dos botones de fantasía y
presillas de soutache.
.,
Núm.16.-De lana fantasfa color castaña
,,
claro, se g-uarnececon pano beige, realza~~~
do por medio de aplicaciones; el cuerpo,
;¿
,:2.,
~
fruncido, se monta sobre un canesú de
pan.o y se adorna con tirantes de lana pes"~:
punteada, que terminan á mitad de altura
w--~~bajo un botón; la parte inferior de las
17.-Tra,le para niña de II t 13 aifOI. 18.-Traje para nlila da I a 3 aiJOI.

�LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

56
Núm. 19.-Las llgs. 11 á 18 de la Hoja-Suple·
mento corresponden á este grabado.

'·

Nuestro modelo se ejecuta en lanilla color
gris perla; el cuerpo, ligeramente blusante,
se adorna con guipur, simulando «bolero&gt;;
las mangas terminan por puilos de guipur;
el cu8llo recto se realza con bordado: completa el traje un cinturón de terciopelo drapeado, de tono más obscuro que el del traje.

J

. \¡¡

Hi

Núm. 20. - Este traje, de lana azul en tono
medio, se guarnece con terciopelo obscuro y
con seda blanca; ésta se emplea también
para la ejecución del canesú plegado y para
la del cuello bordado que lo rodea. El traje
se :üie¡pone formando pliegues en el borde
dehcanesú y en el talle, de manera tal que
queden sujetos los tirantes, que se cortan á
la vez ·que la falda; ésta se monta al fl.lo del
cue17po, bajo una pata de terciopelo azul.
Otr.as tiras del mismo terciopelo cubrAn la
unión de los tirantes con el cuerpo y forman
los puños de las mangas, que son cortas; estas últimas se disimulan, en parte, por medio de mangas-pelerina, que se disponen de
manera que formen pliegues pequeños, y están adornadas con terciopelo.
Núm. 21.-Esta toilette se compone de falda
de paño color castaña y paletó recto de terciopelo, cuyo tono de color sea algo más obscurOLgue el de la falda. Esta tiene gran vuelo, N,.18e adorna al borde con una franja bor•
dada can soutache y ribeteada con trencilla;
se lr.uuce en la cintura y se forra con tafetán . .Ji]l¡paletó se completa con un chaleco de
pall:enn:astic, que se abrocha por medio de
botones de nácar; la parte superior se guarneoo«mn un bordado de soutache con bellotas
de¡p:aaa:manería al borde; el paletó se forra
canmaso blanco.
lLms mangas son amplias, y reducen su
vmilD (il-en tro de bocamangas adornadas también toon bellotas de pasamanería.
Materiales: 4. m. de pafio, de 1,20 m. de ancho;.¼&amp;: m. de terciopelo-pa-ra-el paletó¡ 4 metros de forro, y 60 CJll, de .pallo.

19,-TraJe para señorita,

20. -Traje Imperio para eeñorita.

Núm. 22. -La falda, compuesta de tres pafios se dispone formando plieguecitos en eL
tall~ y en el bajo, que se ,adorna alrede&lt;'.lor
con dos bieses de 6 cm.1 de ancho, cuya unión
queda disimulada por medio de un est:feclio
bies de seda escocesa: la parte de atrás y los
delanteros se disponen formando tres plie• )
gues ¡ guarnecen ~os de_lanteros unas pa~as
Rujetas por un botan y ribeteadas con terc10pelo. Los bullones de las mangas terminan
por grandes puños, adornad?s al borde con
terciopelo y realzados con bieses de se4a.
Materiales: 6 m. de tela, de 1,20 m. de ancho; 1,25 m. de seda; 60 cm. de terciopelo al
bies, y 6 botones.
Núm. 23.-Este traje, de lana azul de rey,
se ~arnece con bordado de so uta che azul:
con éste se adorna también el bajo de la falda y la berta que rodea el peto de encaje
marfil. La parte de atrás y la de delante forman tres pliegues á cada lado, á fin de simular delantal y peto. El cinturón, de seda azul
drapeada, termina por delante y en la es•
palda bajo los pliegues. Las mangas son buj
llanadas, y reducen su vuelo dentro de •P:U·
üosde lana, cuyo tiorde se adorna con encaJe
Materiales: 6,50 m. de tela, dP: 1,20 m. de
ancho; 50 cm. de seda, y 50 cm. de encaje.

'I
1\¡

25.- Bluaa de
terolopelo.

Núm. 24.-La.llg. 69
de la Hoja-Suplemento
corresponde á este modelo.
La capotita, de lana
blanca, tiene vuelto el borde de delante, el cual se adorna con un bordado hecho á punto de cruz con seda azul
de tres hebras. Se corta por la ftg. 69, y el bordado seejecuta sobre cañamazo, ateniéndose á las indicaciones
d.el grabado, que representa el detalle de la labor.
Concluido el bordado, se dispone la parte inferior de
manera que forme pliegues entre las •, en 10 centime•
tras de ancho; después se forra la capotita con semiseda,
de la que se necesita un trozo de 10 cm. de ancho por 38
de largo, y otro redondeado de 6 cm. de ancho
por 12 de largo; al unir las piezas es preciso te24.-Capotlta guarnecida con bordado,
propia para bebé,

26.-falda de paño.

ner cuidado de recoger ligeramente la parte.del
medio de la tira. Se cosen las bridas sobre los
pliegues en la parte inferior de la capotita, y
en la unión se fija á c;9.da lado un chou.
Núm. 25 - Para la explicación y patrones,
véanse las llgs. 29 á 34 de la Hoja-Suplemento.

'

21,- Toilette oon pal'et6 de terciopelo,

22,-Traje 11no1ll0 de lana verae aceituna.

Núms. 28 á
30.-Para la
explicación
y patrones,
véanse las figuras 54 á 62
28 i. 3D.-Ropa blanoa para aeñor1ta:
de la HojaSuplemento.
Núm. ~1.--Las llgs. 63 á 65 de la Hoja-SNple·
mento cort&lt;/\!Ponden á este grabado;
Delantal de madapolán á rayas encarnadas y
blancas, guarnecido con bordado y con una
trencilla lavable encarnada y blanca, que dibuja
un cbolero&gt;.

Espaldas de loa dlbuJoa 22 y 23.

'
23.-Traje de heohura Prlnona, propio para señora Joven,

111

11¡

31.-Detantal para nina de 4 i 6 ai'iot,

'

57

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

Núm. 26.-Las llgs. 35 á 37 de la Hoja-Suplemento correspo:qden á este grabado.
Esta falda, de pafio céfiro negro, se guarnece con bieses de tafetán negro pespunteado; estos bieses, que miden 2 cm. de ancho
por arriba y 3 ½ cm. por' abajo, rebasan el
volante en unos 4 cm., aproximadamente; la
extremidad de cada bies forma una punta;
se colocan abajo á 4 cm. de distancia por delante y á 6 cm. por atrás. Se corta la falda
guiándose por las flgs. 35 á 37 y se coloca
sobre un fondo de falda de tafetán negro.
Núm. 27.-La franela, á rayas blancas y
azules, se dispone formando delante un grupo de tres pliegues planchados; los costados
se guarnecen con piezas superpuestas que se
pliegan también, las cuales terminan por
arriba bajo patas. En la espalda se forman
tres grupos de pliegues; uno de ellos se compone de seis, los restantes sólo de tres. La .
blusa se monta sobre un canesú redondeado
y cubierto de tela al bies, que se realza con
una tira de pafio blanco bordadd; el cuello,
recto y los puños son de guipur y se adornan alrededor con bieses de pafio blanco; sobre el que se destaca un bordado de sed.a
azul. Las mangas, plegadas por arriba, se
disponen formando dos pliegues huecos, que
se abren por abajo y se recortan en forma de
sardinet~. La pata que guarnece la parte
de delante de Ja blusa se adorna con un graJ1
botón.

35.-Bluaa guarneolda con entredoses de bolluoa.

. '

Detalles del dibujo 35.

34.-Tapetito g11arnepldo con encaje Renacimiento.

.

Núms. 32 y 33.:....Las llgs. 71 y 72 de la HojaSuplem·ento corresponden á estos modelos.
Nuestros dofil modelos son de batista blanc9: ~obre,fond9 de piqué; en el modelo número_32,.éste se gua..rneQe alrededor con un
volante de batista de 3 .cm. de ancho y 1. metfo de largd Yal borde con Valenciennes;
la: parte de,encima se realza con el bordado,
hecho según las indicaciOnes de la flg. 71, y
con motivoli de encaje incru·stados; al escote
se une un .bies de~batista; el babero se abrocha por medio de un bo~oncito.
•
· El modelo nµmr 33 se adorna con cuadros
de encaje; e't bordlldo se ejecuta guiándose
por la llg. 72; e( fonc;lo se pespunté• y des, pués se adorna alrededor con un vOlante de
V8.lenciennes.
Núm. 34.-La llg. 70 de la Hoja-Suplemento
corresponde á este modelo.
El fondo del tapete es de moaré verde almendra, y mid8 30 cm. de lado; se adorna
alrededor con encaje de galón crema; el borde exterior se guarnece con piquiUos; los
puntos de epcaje se ejecut,an con algodón simi1izado ij. M. _E. núm. 3q. Las esquinas del
tapete· se guarnecen con una flor en relie:v:e,
heclla al crocijej; ,l a ft9r se.compone de cuatro v:ueltas, de cinco pétalos•cada una; se ej~cuta con el mismo algodón que el encaje.' El
dibujo (llg. 70) ha de plisarse, como de ordi_n ario; á un pap01-iela.
,_
,
, ljúm. 35.-Las.'llgs.'66Ji 68 de l,a R;oja:&amp;,.
ylemento c.orresponden á este moclelo.
Esta 'blusa, de pafio blanco muy fino, forma pliegues, y se guarnece con entredoses de
bolillos,·hechos con seda blanca, con los que
se dibuja. un •bolero&gt;; el intervalo se adorna con moti vos bordados de sedas de colo-

�59

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
58

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

res. LOS entredoses que ·guarnecen, tanto las mangas
como los puños y el cuello, se ejecutan con arreglo
á las indicaciones del grabado, que representa el detalle de la labor.
Para cada motivo hay que atenerse al grabado, que
representa UDD de ellos, empezando por el contorno,

á vuestra disposioión, con el mayor cariño, y
desde la cual reanuda sus conferencw.s.
Yo por mí, cuando una persona querida vive
lejos, lo primero que me gusta tener de ella es
la descripción completa y detallada del sitio que
que se ejecuta á punto llano con algodón perlado blan- habita: me parece que así la recuerdo mejor y
co· el centro se borda alternando el algodón azul cla- me doy más cuenta de su vida. Voy á enseliaros
ro' con el encarnado, con el verde y con el amarillo, mi casa, si me lo permitís. Cottage equivale en
rodeándolos de punto Renacimiento, hecho con algo- inglés á la palabra francesa chdlet, y ambas tiedón negro.
nen muy difícil traducción en castellano. Si conSe cortan los delanteros de la blusa según la figu- sultáis un Diccionario, os dirá:
ra 66 dejando 2 cm. para los plieguecitos; la espalda
«Cottage: cabaña, casucha.&gt;
se co~ta por la flg. 67; se forman los pliegues entre
las lineas, se dispone el delantero de la derecha de
-¡Qué
a-tro-ci-dadl-replico yo.
.
manera que forme un gran pliegue hueco y se apliCottage es en Inglaterra, como chdlet en Suiza
can los entredoses al aire. Después se forran las piezas (la espalda sólo hasta la cintura), se unen, super- y en Francia, una casita modesta, elegante y cópomendo Jos números iguales, y se pegan en el forro moda siempre, como es todo aquí, con su pecorchetes y bot_o nes en 1a tela de encima; se fruncen queño jardin delante y su huertecita detrás. En
los delanteros y la espalda hasta el talle y se montan este barrio de Kansington, alegre, sano y simpáal borde de una estrecha cinturilla.
tico, no lejos de la iglesia de los Carmelitas, tan
Las mangas ( flg. 68) se disponen formando dos . frecuentada por los espalioles, existen multipliegues, se guarnecen con entredoses, se forran, se
fruncen, y después se terminan por puilos compues~ tud de estos cottages, y este RosemanJ (romero),
tos de bieses de pafio y entredoses; de la misma ma- toma su nombre de unos macizos de esa arománera se ejecuta el cuello. Fin~lmente, se pegan en el tica planta que forman una guirnalda todo alrepliegue hueco botones forrados de seda.
dedor del jardin. La verja que lo cerca y el pórMateriales: 1,50 m. de palio, de 1,20 m. de ancho, tico de entrada están materialmente cubiertos
y 7,75 m. de entredós.
de madreselvas y rosas deté. Tenemos la idea en
España de que en Inglaterra se carece de flores;
en pocos sitios, no siendo Andalucía y Valencia,
se ven tan abundantes, tan hermosas y tan baraDESDE MI CELDA.
tas. Existe aquí una a:llción inmensa á las flores,
no se concibe casa, ni salón, ni mesa, ni boudoir
sin ellas: confesemos que el gusto de estos ingleCARTAS DE LONDRES.
ses es exquisito. Pero yo soy española, no puedo
negarlo. Charlando, me olvido que os tengo ante
Rosemary Cottage, Kensington.
el pórtico sin entrar, estamos en Enero y hace
London W.
frio. Pasad, os lo ruego. Un pequeño hall, con
dos puertas á cada lado. A la derecha salón, que
fiAcE ya algunos alios, en estas mismas colnm- comunica con el comedor. A la izquierda libranas y desde una celda muy análoga á ésta, se r!J, como aquí se dice, ó despacho de mi dueño y
dirigía á vosotras en amistosa y frecnente co- señor,y comunicándose con aquél, «mi celda», mi
rrespondencia una antigua amiga de muchas, querida celda, con ventana grande á la pequelia
compaliera de oolegío de varias, que á todas, huerta que hay detrás de la casa, desde donde
conocidas y desconocidas, os quería bien por lo lo mismo escribe vuestra Lady Belgravia sus
indulgentes y buenas que erais con sus crónicas: inspiradas cuartillas, que suma la cuenta de la
ya habréis adivinado á quién me refiero, á nues- cocina, y donde se ve muy á menudo al lado de
tra compatriota Lady Belgravia.
su escritorio un gran caballo de cartón, propie-1,Qué ha sido de ella? ¿Qué hace, dónde está, dad de su hijo, ó sobre un Diccionario la mupor qué no nos escribe? - oigo preguntar á va- lieca de su hija. ¡Horror de horrores, en lo que
rias de mis lectoras ....•
pára una escritora cuando el diablo se la lleva!
-Hijas mías, tengo que daros una mala noti- Pero esta celda es mi santosantorum (también
cia, y, la verdad, que no sé cómo decíroslo. En este latinajo pertenece á la paisanita aquella de
:fin, ánimo, y allá va: ¡A Lady Belgravia se la ha que os he hablado); desde ella os escribo, vigilo
llevado el diablo!..... Así como suena, queridas.
á mis hijos si juegan en la huerta, tengo cerca
-¡Pobrecilla!-dirán t.s más indulgentes.- el Ministerio del Interior (vulgo cocina), y como
¡Qué lástima! Era simpática y parecia buena.
las amas de casa modesta somos necesarias á cada
-¡Qué horrorl-exclamará un grupo de in- paso, estoy al alcance de todos, y no es raro que
transigentes.-Estas mujeres metidas á escrito- cuando me hallo en las nubes componiendo un
ras, son temibles; siempre acaban mal; más va- artículo sublime sobre •la vocación• ó dos idealiera que repasasen la ropa de .su casa y estu- les de la mujer• ó «el hombre estudiado de cervieran quietas en ella: el escribir es cosa de ca•, ó cualquiera otra cuestión (iba á decir awohombres.
cidad) por el estilo, se abra la puerta, asome una
-Era de suponer-dirá maliciosamente con cabecita rubia con grandes o¡os negros, llorodestemplada voz alguna caritativa prójima, de sos, y me diga:
esas que parecen vivir en guerra con el sexo en-Mammy, Pepito me hapegao.
.
tero. -'-t Cómo no se la había de llevar el diablo
Y otra cabeza rubia y otro par de ojos negros,
en Inglaterra, á ella, con sus costumbres inde- indignados, me miren desde un poco más alto y
pendientes, y en aquel país de libertades sin :fin? me griten:
Siempre dije yo que acabaría mal... ..
-No la oreas, mammy; ella ha empezado.
.!.... Y tan mal-le contesto yo,-amarga com¡Que los nilios y los hermanos, ingleses ó espaliera, y tan mal; pues si el diablo se la hubiera pañoles, se suelen pelear todos por el mismo
llevado siquiera en carretela, como vulgarmente procedimiento! ....•
se dice, ó de una manera romántica, ó siquiera
Me levanto, pongo paz entre rusos y japonemontada en una escoba por la chimenea; pero ses, y vuelvo al «estudio del hombre, .....
¡ lo ha hecho de una manera tan prosaica, tan
- Yf you please, ma' am.
pot-au-feu, como dicen nuestros vecinos! .....
Esta es la pér:llda de mi cocinera.
A Lády Belgravia, la sublime soñadora de su
-Con su permiso, seliora; ¿cuántos huevos le
celda, la filósofa, la escritora, ·se la ha llevado el echo al rmdding?
diablo como á cualquier simple mortal.. •.• Se ha
-Dos-contesto distraídamente, y sigo estucasado, amigas mías, también como mortal sim- diando al hombre.
ple, y ese acontecimiento de su vida y otros dos
-Con su permiso, seliora; me parece que el
acontecimientos más, en forma de bebés rubios y asado se está pasando.
sonrosados, á quien ella ha criado, cual vulgar
-¡Cielos!-exclama vuestra Lady Belgravia,
aldeana, y cuyos primeros años han embargado que ha estudiado ya al hombre lo suficiente para
todo su tiempo y su imaginación, tienen la culpa comprender que no le gustan los tostones, y tira
de que haya colgado su lira, ó su pluma, ó su la pluma y abandona el estudio para meterse en
musa (como diría un poeta muy cursi que cono- el horno y extraer cariñosamente el gran trozo
cemos todas), y que os haya dejado descansar, de carne, que es, acompañado de patatas y vercomo digo yo.
duras, el sencillo menu de la comida inglesa.
Pero Lady Belgravia era escritora de nativita- Mientras tanto, «el hombre•, mi marido, ha llete, según el decir de una criada andaluza que yo gado de su o:flcina, se ha sentado ante mis cuartuve, que, no contenta con degollar el castella- tillas, las está leyendo y riéndose de su autora.
no, se fabricaba un latín casero que valía un ¡Qué falta de respeto! Está poniendo notas cóimperio. Y llegó un día en que los bebés rubios micas al margen. Con este bosquejo oreo que os
le fueron dejando más tiempo libre, pues pasa- he dado una idea de lo que es hoy día «mi celron á manos de una intrépida miss, y my lady da». Subamos al piso segundo. En el landing,
sacó las cuartillas, tiró de pluma, y aquí la te- descanso de la escalera, un gran cuarto de baño
néis saludándoos á todas desde su nueva celda, con todas las comodidades de ducha, baño, lamenos austera, más mundana , más ruidosa que vabo, todo con agua caliente y fría; comodidad
la de Sion-House; pero que, como aquélla, pone que en Espaf\a sólo poseen un número determi-

nado de bienaventurados, pues allí parece que
no tienen derecho á ser limpios más que los que
pagan de 6.CXXl pesetas de casa en adelante; los
demás, que se laven como puedan ó no se laven,
que es lo que suele suceder, cuando el bañarse
signi:flca una lucha por el agua caliente y una
batalla campal por los cubos que hay que verter.
Pero no divaguemos: en el landing hay otra habitación aun de mayor intimidad que el cuarto
de balio, pero que en Inglaterra no puede nombrarse. Subamos un tramo más. En este tercer
piso, cuatro hermosas habitaciones. espaciosas,
alegres, ventiladisimas, pues cada una tiene una
gran ventana que ocupa casi todo el testero. Tres
de ellas son nuestros dormitorios, y la cuarta
schoolroom, cuarto de estudio. Más arriba, otras
cuatro grandes habitaciones, con otro cuarto de
baño para las criadas; ¡que aquí se bañan todas,
por lo menos dos veces en semana!!! .....
Abajo, en el fondo del hall (vestíbulo), hay
una gran puerta que comunica con la cocina y
sus dependencias, comedor de criados, despensas, lavadero, eto., etc. Ya veis, pues, que la cabaña ó casucha, como dice el Diccionario, es
aceptable, y yo, por lo que á mí se re:flere, le
doy por ella gracias á Dios todos los días.
En mí home (hogar) tengo, gracias mil á :f:1,
felicidad completísima, unión, salud, y si bien
vuestra Lady Belgravia no posee grandes bienes,
tampoco le falta lo necesario para el pan nuestro de cada día. ¡Dánosla siempre como hoy, Selior, y me doy por muy contenta! ¿Que tengo
· que ayudar un poco con mi pluma al aumento
de enwadas? Con amore lo hago. ¡Son tantas la•
salidas! 1,Habéis reparado, mis queridas lectoras
que tenéis hijos pequeños, que desde que éstos
sacuden el yugo de las botitas de lana, parecen
alimentarse exclusivamente de suelas de zapato
y rodillas, y otra cosa peor, de pantalones? Y
que lluevan las cuentas del zapatero, que esta
es buena señal, pues si ellas faltan, las reemplazan con seguridad cuentas del médico, que son
las más indigestas de todas.
¡,Que con quién me he casado, me preguntáis?
¡ Mujeres al :fin! ¡Qué curiosísimas sois! Pues me
lle casado con un alto empleado (mi marido tiene
gran estatura), hijo de un hombre tan ilustre
como bueno, á quien todas casi conocisteis, porque desempeñó importantes cargos públicos, y
de una noble y virtuosa dama escocesa, cuyo
talento y bondad corrían pareja. Y ahora adivinad «quién es éb, ya que muchas sabéis «quién
es ella..... •
¿Que muchas creíais que porque yo vivía en
uu convento me iba á meter monja, y se os
ha caído el alma á los pies al ver que me he casado? Os diré que jamás tuve, ni por un momento, la vocación religiosa, y eso que mucho se la
pedi al Selior; pero se hizo el sordo. Mi destino
estaba escrito: era el matrimonio y las letras.' La
cruz rodeada de laureles (esto lo escribo por si
lo lee mi marido). Después de muchos años de
casada, no me he arrepentido de mi elección de
estado, y sea porque á mí me ha ido muy bien, ó
sea por amor á la humanidad soltera, soy una
casamentera de primera fuerza. Hay quien llama
á mi casa da Vicaría•, y os advierto que tengo
buena mano para el asunto. Una agencia matrimonial haría mi fortuna, y es tal mi afición al
arte, que en cuanto veo una muchacha, digo
para mis adentros: «Ni buscada con candil para
Fulano.• Y si es un él, en seguida le busco compaliera, para que no ande solo por el áspero camino de la vida. Con que ya lo sabéis, y os ruego que lo digáis entre vuestras relaciones: Todas y todos se casan en mi agencia. Tengo jóvenes encantadoras, modestas, enemigas de los
placeres mundanos, amantes del campo y sus
placeres. Las tengo más wtranjerizadas, soñando
con chdteaux y habits rouges. Poseo caballeros
con rentas y sin ellas (más de estos últimos), con
car1'0ra y sin ella, espaf\oles, ingleses y españoles
con ingleses. Figuraos que yo, sin hermosura, sin
dinero, sin gracia de ninguna clase, supe pescar,
¿qué será si pongo en el anzuelo alguna :figurita
d~ esas que sueñan con vida campestre ó de
chdteau..... ?
En :fin, queridas, este es un deshilvanado artículo, una causerie de familia. Os prometo en
el próximo, si puedo, hablaros con más seriedad. Mucho, muchísimo tengo que contaros:
desde que no nós hablamos, vuestra Lady Belgravia ha viajado mucho, ha visto muchas cosas,
y cuando algo le gustaba 6 le chocaba, se decía: •
«Ya les contaré yo esto á mis lectoras algún día.•
Así, pues, poco á poco reanudaremos aquella
intimidad de antiguos tiempos, en que unas veces me preguntabais determinadas cosas, y yo
os contestaba; otras os refería lo que veía y llamaba mi atención, y otras, como decía el poeta

(no el cursi, no confundáis), «os contaba micorazón•. Y este final me parece tan bonito, tan
tierno, que, temblando que á mi musa no se le
oourra otro mejor, con el corazón se despide
hasta pronto vuestra siempre amiga

res y plantas,-20.ª El de violeta.

_

la falda. Banda de seda azul. col.este. Haciendoles
sombreros con la misma combmación de colores, les

quedará una toiletúi muy elegante.
SANTIAGO DE COMPOSTELA.-!.ª Póngale~ una tarjeta

eorrespon~encia parlicufar.
c. A.-

Tengo entendido que da muy buen resultado; pero no me atrevo á asegurarlo, por no haberlo experimentado.
Con el gusto de siempre contesto á usted, y me
pongo á su disposición para todo lo que desee.
ES PARA Mí.-1.ª Fróteles la nariz por la mañana
y j;;;~ la noche con unas gotas de la siguiente composición:
Agua de rosas .......•.... 100 gramos.
Glicerina neutra ......... . 25
UNA QUE LE GUSTAN LAS FLORES, R .

Tanino ••.••.••.••• • ••••••

ofreciéndoles la suya.-2.ª No es necesaria la contestación. -3.ª Las iniciales bor?adas en el ce~tro.4.ª Se hacen con jaretón. Las cifras se colocan. en las
servilletas, en medio, y en el mantel, en las ea~eceras.-5.ª Sí, señora.-&amp;.ª Fórrelo con raso del mismo
color y póngase alrededor un volante doble de seda

floja celeste rosa ó del color de la tela.-7.ª Vea la
receÍa que p'ide en la 1.ª contestación dada A una
devota ele ta Virgen ele los Dal-Ores en LA MODA de 2; de
Junio del alio pasado.-8.ª Platos y _bolsas.-9 .. Se

40

2,ª Use la receta siguiente:
Benjuí en lágrimas, pulverizado.
Alcohol á 80º centesimales.
Macérese durante diez días, agitándolo con frecuencia, y fíltrese.-3.ª El color verde manzana~ el rosa
asalmonado.-4.ª Sofá, butacas pequeñas, sillas volantes, una mesita, vitrina, etc.
ME OLVIDÉ ..... - l.ª La Sección de encargos ,enviará
á usted el especifico que desee, siempre .q~e a ,ella se
dirija. El tono rosa. -2.ª No comprendo a que clase

Suinario del núm. 4, correspondiente al 30 de Enero.
TEXTO-Crónica general, por D. José Fernández BretD;ón.Las manif~staciones católicas en Barcelo~a y en Bilbam
por ... -Crónica teatral, por D. Carlos Luts de Cuenca.Depre~ción á la nube, poes,ta, P~ D, :i~~dv:f~~~;-~ª;
ragoza, soneto, por D. Mar1ano 1gu
J
Pé
d
rendidos de la.reina María Luisa, ~r D. uan rez 8
guzmán.-Múeica italiana, por D. F~l~pe Sassonle.ELt
lada del invierno poesía por D. Em1ho Ferrar .- B u o
de las regiones p~lares, 'J)Or D, José Maryá Y M.ayer, coronel de Ingenieros.-Sueltos.-Informaciones.:, Anunc OfJl
GRABADOS.-Retratos del Excmo. Sr. D. José M~nía de Be.ráner Ruiz de Apodaca y de la ex emperatrui Eugen1a.larle1ona y Bilbao: Manifestaciones católica-a contra el
proyecto de Ley de Asociaciones.-Retrato del!Maestro Pm
rosi director de la Capilla Sixtina.-Medalla oonmecora'l"
uva'del mbnumento erJgido al_generalAn~ai:~~t
pos.-Retra.tos de Armida Pars1 y de
n.10
,
tas del teatro Real; del Excmo. Sr. D. Francisco ~~o, Ydel
Excmo. Sr. D. José Ferrándiz,-El terremoto dmKingstom
Arrabal y ·muelle. Arsenal, puerto d.e San _Antbnio. Hotel
del Parque. Mapa de la isla de Jamaica. Vista1 ?neral de
Kingston.-Expedición ártica de Wellmann: Trineos auto~
móviles ó moto-trineos y vista esquemática dffl globo.""'"i:
Ilustraciones del artícu\o Joyas y prendidos de\MartaLull
sa, y de la poes[a La balada del invierno. por Redrero.
0

vue,iacolor marron, C(!~
cuello de encaje grueso ó canesu y berta de enca~e,
talle largo y volante de la misma tela en el ~~rde e
CRISANTEMOS BLANCOS.-De

LADY BELGRAVIA.

La Ilustración Española y AmeriuaniiL_

ra.-14.ª Blancos ó de color c~e!o--;-15.ª No, sefio~a.16.ª Sí, señora.-17.ª Es más h1g1énu~o lo contrario.18.ª Con flores esparcida~ con gracia y e~trelazad3:s
con una cinta liberty.-19.ª Con muebl.es hgeros tapizados en colores claros. El adorno meJor son las flo-

~eJ83·

forra de pafio azul, verde, encarnado o blanco,
do alrededor y sobresaliendo del borde , una tll'a e
cuatro dedos 'de ancho, de este mismo ~afio, con la

orilla picada.-10.ª Mantilla.-11.ª Falda bsa y chaqu~ta ajustada de estilo sastre~12.• El nombre Y apelli-

:r

ar~is;

Se invita á toda la familia.
-2-ª Por tarjeta escrita por una persona de la casa.
_3°a Suelen ir todos á la iglesia y á la vuelta entrar

stempre f oven y bella. Pldase en las prlDolpales perfumerlu.

en ia casa.-4.ª Puede consistir en té, pastas, pasteles
al una tarta.-5.ª Con flores. No se ponen puestos
~ar~ados.-6.ª Eche en el agua de lavarse unas gotas
de la siguiente compósición.
Agua de Colonia.... . . . . . . 100 gramos.
de plato se refiere. - 3.ª Galletas finas. Se toman 15
Esencia de limón. . • . . . . . .
5
huevos, se separan las claras, que se ba_ten hasta que Después de secarse pásese un pañito mojado en esta
formen nieve tan firme como sea posible i ~e baten mixtura pura.-7.ª Efectivamente: es ,muy bue?o ese
iO'ualmente las yemas; después se añaden a estas 750 procedimiento.-8.ª No conozco nmgun remedio.
g'ramos de azúcar machacada, 375 gramos de manELEGANTESCA MADRILEib.-1.ª Centro. Transmito su
leca fresca y 625 de harina; se mezcla todo, Y despu~s
se añaden las clar~s; se engrasa una fuente ó una hoJa deseo á la -Administración.-2.ª Una petaca de pla!a
de palastro. Una cucharada de café de esta pasta es con las iniciales.- 3.ª Sábana de encima y de deba30
suficiente pira una galleta; se dispone, pues, la pasta y cuatro almohadas, ó almohadón largo .Y d4;&gt;~ cuaen pequeños montoncito~, no muy próximos, Y ~e m;- drados. Tres cuartas de. lado ...!..-4,ª La exphcac1-0n que
ten en el horno.-4.ª Majar blanco al maN"asqumo. e me da es muy bonita. Dos varas de largo y tres cna,rpelan 500 gramos de almendras dulces; se machacan . tas de ancho.-5.&amp; Las de color Champagne se.llevaran
en un mortero, humedeciéndolas de vez en cuando mucho. Las negras son más á propósito.-6. ~a ropa
.
con media cucharada de leche, á fin de que no se pon- de la casa y la alcoba y gabinete.
Efectivamente, he contestado á usted con grandísigan aceitosas. Cuando están bien ma&lt;;hacadas, se
echan, poco á poco, en un litro de l_eche azuc~ra~a mo gusto y deseando complacerla.
con 300 gramos de azúcar; es necesario que este hirROSA DE Al.EJANDRÍA. -Sf, seiiora; mi C!Pini6n es que
viendo la leche, á la que se incorporará perfectamente visite á los padres y hermana de la no~ia.
la pasta de almendras. Hecho est?,, se cuela por un_a
He contestado á usted con muchísimo gusto en
servilleta sobre un plato, retorciendola para ~xpri- cuanto he recibido su carta.
mir toda la leche de almendras. En esta leche se poUNA DONOSTIARRA.-1.ª Láveselo una vez al mes con
nen 40 gramos de cola de pescado disuel~a, colada Y agua
jabonosa terebintizada.-2.ª. Alto, co~ bucles altodavía tibia, y dos vasitos de marrasqu~no, se mez- rededor.-3.ª
Lea la 1.ª contestación dada a ..... es para
cla y se vierte todo en un molde; .despues se coloca . mí en este mismo
número.-4.ª Lávese los granos con
éste sobre hielo machacado cuando hace calor l Y al
jabón
sublimado.
balcón buenamente en este tiempo. Cuando esta cuaAUSENTE DE MI p ATRIA,-En Europa se da !ª p~efejado, s~ humedece eÍ molde en.agua tibia, y se vuelca
rencia á la &amp;ve Sourcili8re de la Parfumerae N1twn,
sobre un plato.
MANuELA..-1.ª No me está permitido citar_n?~bre~ cuya eficacia para repoblar las cejas y las pest~ñas
puede discutir. Dirfjas"e á la Parfumerie Nmon,
en esta sección; tendrá, por lo tanto, que dirigirse ~ nadie
en París, y desconfíe de.algunos. otrcos específicos que
la Sección de encargos, que con mucho gusto f:Om
placerá á usted.-2.ª Lea la receta que en este mismo se expenden con nombres parecidos.
número be dado para las pecas á ...... es_para ~í, en la
ADELA P.
2.ª contestación.-3.ª No hay inconveniente nmgnno.
MA.NOLITA, MANCHEGA. -1.• La explicación que me
pide es imposible de dar en las pocas lfnea.s de que
EXPLICACIÓN DEL FlGURIN ILUMINADO.
podría disponer en el periódico. Le aconseJO que se
proporcione un libro que trate de este asunto, Y con
las explicaciones y .. los dibujos qu~. suelen a~~or~paCorreaponde 6 Ju aeitoru 1111orlptoru i la edición de h1Jo
ñarlas, las ejecutara usted con facihdad. -.2. Bizcode fécula y se mezclan. En una cazuela barmzada se
echan sod gramos de azúcar molida, siendo una parte
aromatizada con vainilla; se añaden doce yemas Y un
huevo entero se trabaja todo con una cuchara de !ll,R·
dera basta q{ie la preparación esté espumosa. M10ntras Íanto, se baten las doce claras reservadas; cuan~o
están firmes 1 se añade la mitad de las yemas, despues
se mezcla la harina y la fécula, dejando caer ambas
cosas poco á poco desde un tamiz .. Se engrasa un
molde alto con manteca, se llena casi cop. l_a,pr~p~ración y se mete en el horno, hasta que este bien co01do

ROSA BLANCA.-!.ª El día del petitorio y después ~e
recibir la novia la pulse!'ª, ~ebe regalaif ésta ~l novio
una sortija con una ó mas piedras.-2. Use la receta
que dí en la 2.ª contestación á Dos ccquetas en LA
MODA del 22 de Diciembre próximo pasado.-3.ª Le
dará muy buen resultado la receta dada en la 3.ª con•
testación á Una que desea saber, en LA MODA del 14 de
Enero. He tenido mucho gusto en contestar á ·sus l?re-

Depósito: Sres. Pérez, Martín, Velasco y c.•·-Madrld.

Traje de hechura

•

tuosa.

r dib

·

con grandes pliegues y bieses pespupteados que se
cruzan y se sujetan con b~tones pequeños: Chaqueta
semilarga adornada del mismo modo y abierta .sobre
chaleco de terciopelo bordado. Cuello de terc10pelo
con vivo de paño blanco. Mangas con cartera de terciopelo. Sombrero campana de fieltro morado con
boina de terciopelo y•plumas de avestru~.
1

Materiales: 7 m. de paño, y 1 m. de terciopelo.
I,quierda ele! figurln.-Cbaqueta recta semiajustada

cerrada con grandes botones dorados. Cuello de terciopelo. Mangas anchas con cartera.
Derecha ele! figurin.-Chaqueta ajustada abierta so·
bre chaleco de terciopelo. Aldetas plegadas. Cuello Y

carteras de terciopelo. Mangas de ~arol con. volante
de pafio plegado y sardineta de terciopelo suJeta con
un botón.

cinal hace falta la ta.tela profesional del farmacéutico, :rr:ás el gusto de confección de perfumes. Ambas
cualidades tiénelas, cual ninguna, el &amp;gua de Colo-

l.ª Es pequeño, en toda clase de colores
UJOB.nia de Orive. Desde 3 reales frasco .
2.ª Tarjeta alargada ó cuadrada, en blanc~ o e~ colore~.
-3.ª Sí, señora.-4.ª Cuando la personaaqwen ~a din
2
Exquisito
rigida es de mucho cumplido.-5.ª Sí, se:lt?ra.-~. Las
.t"' 8 :tf 1 t1 ttl 8 J 8 cil. ..• perlume.
dos cosas.-7.8 Sí, señora.-8.ª Se deJa taqeta.- Doublgau,, perfumista. Parls, 19, Faubourp; St Honod.
9.ª Muy bonita y elegante.-lO.ª No creo que sea pe1;·
judieial.-11.ª Dése fr)cciones en_ la rafz con s~bl;· Remedio aoberano oontra 1a celda del

E1

mado al 2 por 1.000' o con agua ¡abonosa terebmtl-

zada.-12.ª Sin ningún inconveniente.-13.ª Sí, s_efio-

Abrigos de pieles desde 125 ptas.

Es ya tan conocido el Lieo1: t;tel Pol01, q~e no ne:cesita anunciarse para ser ~ohcitado, preftri~ndolo á
todos. Si anúnciase; es por mculcar ~á~ y mas en l_as
maSas populares las ventajas de la higiene dentaria.
&lt;n;ea en7u - • • • N
deben a la Naturaleza, Si.a

~H~up,MA
im• ICILMA
pol,os,ri;:!fuci!.'3.''~•;:::,
,1 abuso do loo

m:ravÜ\0110 y nna suavidad y lre&amp;cura esqni&amp;itas Sober:i:ua. contra_
101 ardores del sol y lu Irritaciones, conservando el cu\1~
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Los que con el presente número recibirá.u.nuestras
suscriptoras son:

PRIMERA ED IClÓN
Diccionario de ,La llloda Ele&amp;"ante•. (Vocabulario ele la sa!ud.)-Pliego47, contenie.nd? la defl-

ción, usos y explicación de las palabras, sigU1entes:

Cólera (esporádico ó nostras, morbo ó epidtmicn, é infantil).-Colerina.-Cólico (cerrada, hepático ó elel ltlgado,
miserere, nefrítico, ,wrvioso, PO! falta de alimen~, saturnino).-Colirio (argéntico, astringenúi).-Coloa,ón.-Col-Onia (Agua ele).-Cólquico.-Colutorio (astringente, calmanúi).-Coma.-Combinación.-Come,ón.-Compresa.
-Concenwado (Ácido y disolución).-Concreción.-O&gt;n·
densación.-Confección.-Congetación. -Conglufúo&lt;lnt.B.
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;J.

8Cl~EB. 332, ni, Salnt-Honorf, PARII

ALIAIAOUE
1907

2 ptas.

ªº
La Ilustracidn.

LA ILUSTRACION ESPAÑOLA
Y._ Rfl[E~I CRf4.R:
REVISTA DE BELLAS ARTES, LITERATURA Y ACTUALIDADES

di, puGfi.ia los ~ías 8, 18,

22 ,9

ao

~a cai§a mas.

. :~

Consta cada uno de sus números de· una cubierta y diez y seis páginas, varias de ellas con selectos grabados,
debidos al lápiz y al buril de los primeros artistas.
Consecuente con su título , que es al propio tiempo su prograq¡a, La Ilustración·Espafi.ola y Americana reproduce, por medio del grabado, del fotograbado y de otros procedimientos modernos, los sucesos importantes del mundo entero que atraen la atención general; cuadros y esculturas notables de todas las escuelas; monumentos arquitectónicos antiguos ó modernos; retratos de los personajes de reconocida notoriedad, etc.
La secéión literaria, confiada á los más distinguidos escritores, contribuye eficazmente á hacer de esta publicación una verdadera enciclopedia de nu~tra época. Cuando la abundancia ó el inter.és de los asuntos artísticos
y de actualidad lo reclama, se d_istribuyen Suplementos, gratis para los Sres. Subscriptores.
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AG.ENTES GENERALES
DB

La llustrac/6n Española y Americana y de La Moda Elegante

•

EN LA REPÚBLICA MEXICANA :

Sres. Herrero Hermanos. Sucesores. - Plaza de la Concepción, núm. 2, México.
'J.eeeTTaiiOI todos lOH dorcchoa tle propiednd artJin.1~ l literaria.

MADRID.-Esta.blecla:tiento tipol\togrúfl.co «Bucesoree de Rivadeneynu ,
impresores de lo. Rea.I Caae..
(Propiedad do Lá. lLUSTRAOIÓN ESP~OLA. Y AlamlOANA.)

1.-Traje de ~echura sastre.

Las explicaciones en la pf¡ina alguien te.

2,-Abrlgo para coche ó para viaje.

Y

21.

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                  <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752064&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                    <text>6·)

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

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TRAIDOR, INCONFESO Y MÁRTIR • EL ALCALDE
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Y._ Rfl[E~I CRf4.R:
REVISTA DE BELLAS ARTES, LITERATURA Y ACTUALIDADES

di, puGfi.ia los ~ías 8, 18,

22 ,9

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~a cai§a mas.

. :~

Consta cada uno de sus números de· una cubierta y diez y seis páginas, varias de ellas con selectos grabados,
debidos al lápiz y al buril de los primeros artistas.
Consecuente con su título , que es al propio tiempo su prograq¡a, La Ilustración·Espafi.ola y Americana reproduce, por medio del grabado, del fotograbado y de otros procedimientos modernos, los sucesos importantes del mundo entero que atraen la atención general; cuadros y esculturas notables de todas las escuelas; monumentos arquitectónicos antiguos ó modernos; retratos de los personajes de reconocida notoriedad, etc.
La secéión literaria, confiada á los más distinguidos escritores, contribuye eficazmente á hacer de esta publicación una verdadera enciclopedia de nu~tra época. Cuando la abundancia ó el inter.és de los asuntos artísticos
y de actualidad lo reclama, se d_istribuyen Suplementos, gratis para los Sres. Subscriptores.
A las personas que deseen conocer esta publicación se les facilitan números de muestra gratis en las principales librerías y por su
.. ,
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Administración: CABALLERO DE GRACIA, 19 Y 21, Madrid.
AG.ENTES GENERALES
DB

La llustrac/6n Española y Americana y de La Moda Elegante

•

EN LA REPÚBLICA MEXICANA :

Sres. Herrero Hermanos. Sucesores. - Plaza de la Concepción, núm. 2, México.
'J.eeeTTaiiOI todos lOH dorcchoa tle propiednd artJin.1~ l literaria.

MADRID.-Esta.blecla:tiento tipol\togrúfl.co «Bucesoree de Rivadeneynu ,
impresores de lo. Rea.I Caae..
(Propiedad do Lá. lLUSTRAOIÓN ESP~OLA. Y AlamlOANA.)

1.-Traje de ~echura sastre.

Las explicaciones en la pf¡ina alguien te.

2,-Abrlgo para coche ó para viaje.

Y

21.

�62

LA

SUMARIO.
TExTo.-Explloaci6n de loa grabados.- Revhta parisiense, por V. de
Caatelfldo.-Ln prima Lucfa, continuación, novela traducida por
Sylvia.---Crónica del bien, por R. de Córdoba.-Un perro grande.
-Correspondencia particular, por D.ª Adela P,- Explicación del
fl.gur[n iluminado. - Sueltoe.-Anuncloa.
GRABADOS. -1. Traje de hechura eastre.-2. Abrigo para coche 6
para viaje.-S. Traje de calle.-,. Toilette de boda.- 5. Toilette
de paiio raso.-6. Traje de hechura sastre con chaqueta corta,7. Toilette de ceremonias, propia para aei'l.ora joven.-8. Traje de
tafeU:n negro.- 9. Toilette para madre de despoeada.-10. Traje
con• bolero ~.-u. Tocado para despoeada.-12. Traje para seilorita de 15 ;i 17 a.fios.-18. Traje para seftorita de a á 16 ai'los.a. Colkt para nii'ia de 18 ai'.los.-15. Chaqueta de sport, propia
para señorita de 16 §. 17 aiioa.-16. Paletó corto para señorita.-17. Chaqueta para aeñorita.-18. Traje para nii'io de 2 §. 6 ailos.19. Traje con falda de siete paif.os.-20. Paletó de pall..o.-21. Traje
con •bolero~ para sei'iorita de 14 i Ui ailos.-22. Abrigo y gorra
para autom6vil.-23. Traje para ciclista.-24. Traje de amazona.- D. Sombrero y velo para autom6vil.-26. Traje para •port 6 para
viaje.-27 y 28. Trajes para nifl.os,

Núm. 1.- Propio para entretiempo, de pai'lo inglés
color gris ratón; cuello y puiios de terciopelo color
amaranto con vi vos de plata.
Núm. 2.-De pailo color nvellana; tiene hechura
acampanada y se compone sólo de dos paños unidos
por una costura en la espalda. Se guarnece con dos
pelerinas en forma, sujetas bajo el cuello liso de terciopelo color castaña. Sombrero ninicM de terciopelo
castada adornado con plumas.

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

MODA ELEGANTE ILUSTRADA

oro mate, etc., que producen efectos tan varia- dos como nuevos.
Ya os hablé de las armonías del gris en las
combinaciones de bordados de acero y seda lasa
sobre fondo de terciopelo ó de pana de ignal
color. La chinchilla ha ador,nado este invierno
muchas chaquetitas y paletós que ahora se adornan con encajes ó guipur de igual color que la
tela del fondo. Lo que más se ve es: el Valenciennes fino, cuyas flores destacan sobre tul de
mallas cuadradas regulares; el encaje de Craponne, un poco grosero de aspecto, pero cuyo
dibujo es muy decorativo, y el guipur de seda
en el género del de Cluny, tejido como las antiguas blondas, con flores bien abiertas, cuyos
pétalos se realzan con aplicaciones de terciopelo. Pero tcómo describir toda la infinita variedad de los tules-encajes, bordados con follajes,
flores, espigas, rayas ó motas simétricas?
Encajes y tules se combinan con el paño, la
muselina ó la vuela, tefiidos en gris, formando
trajes de una sola tonalidad delicada y discreta,
tan bonita como poética, porque avalora y deja
lucir el oro de una cabeza rubia, y el rosa de
una tez delicada.
Esta tonalidad única, adquiere todo su valor
de suprema elegancia, cuando en ella se silue-

63

mny empleado en los modelos de primavera ya
preparados.
Y por cierto que, al ver estos modelos, me ha
parecido la moda más ecléctica que nunca; no
impone ningún ·color ni ninguna tela; ventaja
grande para las qne tienen seguridad en sn buen
gusto, y escollo no menor para las irresolutas á
quienes gusta encontrar guía para su elección.
Como muestra, al menos, de esa variedad, y limitándome hoy á trajes de entretiempo, os
· ofrezco los de las figuras 4 y 5. El primero es un
traje «sastre•, de paño de color de petunia,
adornado con plegaditos de terciopelo del mismo color, y con un flchú cruzado de gasa rayada
con terciopelo.
También de hechura «sastre• es el de la figura 5, de paño verde gris, con plegados en el «bolero• y bajo de la falda, y adornado con botones
de sotana.

lo cual apenas se ve otra cosa qne una mezcla de
lazadas, dispuesta discretamente para que su
masa no resulte pesada, conserve la gracia y no
deforme la silueta. Un sombrero asi requiere
una estatura elevada: una persona baja quedaría
aplastada bajo esa masa de cinta, y si tiene pre•
ferencia por esta clase de adorno, debe adoptar
una toque menos voluminosa.
Apeuas se ven ya tapapeinetas, aparte algun?s
drapeados de tul del color del pelo. En camb10
se defienden las barras, que todavía levantan las
alas é inclinan el sombrero á uno ú otro lado,
equilibrándole y dándole el debido asiento.

•••
Aunque á partir de C•rnaval, y hasta Pascua,
apenas se baila, no huelga hablar un poco de los
vestidos que, al reanudarse las reuniones de noche, habran de llevar nuestras hijas.
Siguen en favor el tul point d'esprit, el tul
Chantilly y la gasa, con todos los recursos que.
en estas telas prestan los adornos espumosos,
como volantes dobles, rizados, volantes sencillos
combinados con cintas de raso, pliegues transparentes alternados con otros opacos. La gasa

•
••
Al pasar revista á éstos y otros modelos he
visto también preciosos trajes de casa. De crespón de seda, fino como la vuela y puesto hoy
muy de moda, es el de la figura 6, de color azul,

REVISTA PARISIENSE.
SUMARIO,

El color gl'is. - Sombreros grises y flores de guipur. - Sombreros·
boinas. - Trajes de baile. - Trajes de entretiempo y eclecücismo
de la moda. - Trajes de casa.

n

O hemos renunciado á las lllezclillas grises
que hacían nuestras delicias en el verano último; al contrario, esta primavera hay particular
predilección por el gris, se ve de todos los ma•
tices y con nombres adecuados; como gris-nube,
gris-humo, gris-topo, gris-elefante. Es toda una
gama nueva de grises, gama que antes parecía
reservada á los trajes «sastre• sencillos y de mañana, y que hoy hace competencia á los colores
más brillantes en vestidos de tarde y de noche,
de seda, de terciopelo, pana, vuela y muselina.
Se ven preciosos trajes de noche, de pana ó de
terciopelo grises con reflejos plateados; trajes
de gasa gris, vaporosos en extremo; trajes de
tul gris á que da luminosos reflejos un viso de
gasa plateada. Ningún color se presta mejor que
el gris á ser combinado con los demás,recibiendo su influencia por medio de visos de colores
rosa, violeta de Parma, azul pálido, plata, acero,

Fig. 3.

magistralmente moldeado entre los dedos de
hada de nna sombrerera hábil. Estas flores no
tienen nada de rígido ni de metálico, porque la
malla es muy ligera y calada. Apenas aparecidas, la moda las ha otorgado sus favores, cobijándolas por todas partes, en los rizados de tul
y en los drapeados de cinta, aunque ni unos ni
otros las avaloran tanto como las barbas aterciopeladas de las plumas. Con ellas se adornan
los sombreritos de teatro, y hasta se prenden directamente en el pelo, donde centellean alegremente reflejando las luces. Son flores para la
noche, y es posible, por lo tanto, que su furor
decaiga en los primeros días buenos de primavera, en los que nos han de agradar más, sin
duda alguna, las verdaderas rosas, los claveles y
los lirios de nuestros jardines.

Fig. fi.

la figura 2, es fácil sustituir la blusa de terciopelo
verde por una d.e encaje ó de tul bordado, medio
oculta bajo los tirantes, qne, con las hombreras
triples en esclavina, constituyen un verdadero
abrigo. De igual modo en la figura 3, que representa un traje de faya azul genciana con terciopelo del mismo color y plegaditos de faya, es
fácil sustituir el terciopelo que constituye el
fondo del «bolero » por franjas alternadas de
pafio y de guipur en pieza, que es un adorno

••

Flg.••

tan las lineas correctas de un bonito cuerpo
modelado por un corsé Léoty. Modelo de esa
elegante tonalidad gris, ofrece la figura 1, en un
traje de tarde, de paño gris ceniza, adornado
con terciopelo de igual color y con guipur también gris.
En algunos vestidos grises se añade nna nota
alegre de color franco y vivo, tal como un chaleco bordado de terciopelo rosa fresco, un cuello ó solapas orladas con terciopelo hoja de rosa.
El azul realzado con plata, desde el azul pastel
hasta el obscuro, armoniza mny bien con el
gris.
También le acompañan perfectamente los bordados de acero, oro y plata.

•••

Fig. 1

La nota gris aparece igualmente en los sombreros. Largas amazonas gris-ceniza, se desarrollan sobre cascos de pana del mismo color, cuyos reflejos brillantes contrastan con el aterciopelado de las plumas. Una sola flor alegra el
sombrero; pero no es ya la rosa gigante delicadamente matizada, ni la dalia de pétalos simétricos, ni la despeinada orquídea; es una flor de
ensueño, una rosa ó un lirio de guipur de plata

Aun estamos lejos de que la primavera nos
obligue á renunciar á los sombreros de terciopelo ó de fieltro, y ya se ven muchos de tafetán.
Todos derivan de las formas del siglo XVIII, y se
inspiran más ó menos en los grabados de aquel
tiempo. El casco es amplio, flexible, drapeado y
arrugado, formando boina, que cae á medias sobre alas más ó menos anchas, según la cabeza á
que están destinadas. Al principio, las alas de los
sombreros de esta clase se hacían uniformemente plegadas entre dos bieses de terciopelo; ahora
se abandona este adorno de invierno, y las alas
se hacen lisas, plegadas ó fruncidas, procurando
hacer valer los reflejos de la tela. Hay sombreros-boinas de todos colores, claros y obscuros,
azul regio ó azul marino, verde Rusia ó verde
mirto, vino de Burdeos ó amatista, etc.; de manera que se acomodan á todos los trajes y convienen á todas las edades.
Antes, los sombreros de tafetán estaban destinados exclusivamente á los niños pequeños y á
las muchachitas: ahora los llevan hasta las señoras de alguna edad, eligiéndolos de un color
obscuro y adornándolos con rosas violáceas ó
teñidas como las hojas de otoño. En estos sombreros se da la preferencia á las flores sobre las
plumas, de las que estamos ya un poco cansadas,
y que se combinan mejor con el tafetán, cuya
sequedad atenúan.
A menudo el color de las flores y follaje es el
mismo que el de la tela, ó en la misma gama,
aunque algo más claro ó más obscuro, con gradación de matices en los pétalos de seda ó terciopelo. En otros sombreros se emplea como
adorno la cinta ancha, en lazos que cubren casi
por completo el casco y caen sobre las alas, con

Fi_g. 7.

con larga estola de raso del mismo matiz y con
lacitos de terciopelo negro. Es de extremada y
ele¡¡ante sencille.z, con el cuerpo enjaretado en
la cmtura formando blusa, y tres grandes pliegues religiosa que forman una triple pelerina.
Este traje será bonito en todos los colores. En
blanco, ~ara una pe~sona muy joven; en gris,
para med10 luto; en v10leta ó negro, para personas de más edad. La estola es poco costosa y da
mucho carácter; pero, si disponéis de nn entredós de Irlanda, de Venecia, de Crapom,e ó de
malla, podéis utilizarlo en esa estola haciéndola
más rica, y rodearla con un bies de' raso que la
impedirá arrollarse.
·
Otro modelo de traje de casa está repre~entado en la figura 7. Es de tafetán muselina de color
de cuello de pichón, adornado con rizados de la
misma tela y con terciopelo negro. Ese tafetán,
co_mo todos los que al presente se emplean, lo
mismo en trajes de casa que en los de calle y en
los. de noche, es flexible como el crespón de la
Chma. El reinado de la flexibilidad perdura, por
fortuna.
Si queréis copiar este modelo más sencillamente, podéis hacer de tafetán únicamente el
frac, Y hacer la falda de vuela ó-de crespón. Este
sería un modo práctico de acabar u na falda
cuyo cuerpo se hubiera ajado ó pasado de moda

rayada con raso blanco, la vuela de seda y el
oresp?n d!3 la China son una mina inagotable de
com bmac10nes. Son muy bonitos los volantes
de gasa rayada con un bies de seda pespunteada
que los haga ondular graciosamente. Se hacen
con ellos franjas estrechas ó festones que rodean el escote ó cubren completamente el fondo de éste y las mangas, recurso muy adecuado
para personas muy delgadas.
También s~ hacen bonitos vestidos de crespón de !ª Chma bordados á la inglesa. Acaso se
les pudiera reprochar el parecido con ciertos
trajes de linón y prestarse poco á la novedad en - - - el adorno, pne~to que sólo admiten bien el •bolero• y el flchu; pero cuando se puede lucir un
talle esbelto y flexible, esos inconvenientes desaparecen _ante la línea armoniosa que se logra
en el con¡unto .

•
••
Durante la esta.ció°: media en que nos encontram_os¡ las combmaciones de paño y terciopelo
contlllu~n en uso, em¡,leando el palio para fondo
del vestido y el termopelo como accesorio de
a~orno que sea fáci( de sustituir por otro. Por
e¡emplo: en el tra¡e de paño amazona verde
musgo adornado con sotttaches, representado en

Flg. 6,

•••

�64

LA .MODA ELEGAN 'l'E ILUSTRADA
. ,
- Perfectamente. tNo se ha encontrado ni nificatíva, que no pasó inadvertida para Lncía.
Los elogios tributados á la hermosui:a y al cutis, siempre fresco, de aquella belfeza sm par !!a- comprador ni inquilino en condiciones acep-¿Hoy mismo, hace una hora? Ese joven es,
mada Ninon de Lenclos nos hubieran parecido tables?
sin duda, el señor de Goasmeur, y ha venido An-Con arreglo á las instrucciones del señor viado por su tía-dijo Lucía, sintiendo que sus
exagerados é hijos tan sólo de la fantasía, si hasta
nosotros no llegara el secreto, oculto por enton- de Fontelay, debíamos esperar sin impaciencia •mejillas se cubrían de rubor.
ces cuidadosamente en su tocador. No era otro, una oportunidad favorable. Se ha presentado un
- Está bien; muchas gracias-dijo el señor
como saben todas nuestras antiguas lect?ras, inquilino que ofrecía ochocientos francos, y dos Verger á su empleado;-mañana nos ocuparemos
que la Véritable Eau de Ninon, cuyo uso contmuo compradores, el uno por diez y seis mil y el otro de este asunto.
previene las arrugas, hace desapa~ecer wanos por diez y ocho mil francos; la propiedad vale
-Caballero-dijo la joven,- Ia señora de
y manchas rojizas y hermosea la ep1~erm1s, ~on- de veintiocho á treinta mil. Hemos dado noticia Goasmeur es nna excelente amiga mía que, por
servándole toda la frescura de los qumce abriles.
lo visto, quiere socorrerme de una manera delicada; pero estoy segura de que jamás habitará
V. DE CASTELFIDO.
la casita de Clamart, y, por razones especiaPañs 10 de Febrero de 1907.
les, todavía menos que de mis parientes podría aceptar de ella un socorro. Ruego á nsted
que no permita esta ofensa á mi dignidad, y que
trate de vender 6 alquilar la casa _á cualquier
precio. Confío en la bondad de usted. Hágase
cargo de mi situación; me encuentro entre mi
Continuacilin,
tia Fontelay, que me presta su ayuda, violentándose, mucho y sin ocultar su contrariedad, y mi
Lucia, balbuciendo palabra~ de gratitud, siguió
tía Berry, que tiene numerosa familia, y para
nl notario y entró en un gabrnete, cuya puerta
quien represento una pesada carga. No quieren
daba á la misma escalera. Aunque el aspecto de
que me dedique á dar lecciones; me falta un año
aquel despacho era poco atractivo, en las carpepara ser mayor de edad, y hasta entonces mi
ras verdes que cubrían sus paredes se leían los
vida va á ser intolerable.
títulos y apellidos más aristocráticos de ·FranHabía, más que en estas palabras, en el tono
cia, y allí se ventilaban á diario asuntos de grany el acento con que fueron pronnnciadas por
dísimo interés.
Lucía, tal angustia, que interesó vivamente al
El Sr. Verger acercó una butaca á Lucía, y
Notario.
dejó el sombrero sobre el escritorio.
-Y sin embargo, hija mía-dijo con cariñosa
-¿Á quién tengo el honor de hablar?-preexpresión ,-ni su tutor ni el consejo de familia
guntó con afabilidad.
.podrían autorizarme para proceder de esa ma-Mi nombre le será á usted desconocido, ó,
nera.
por lo menos, lo tendrá completamente olvida-Mi tutor no entiende absolutamente nada
do, porque los negocios míos que le están encode estos asuntos, y accederá á cnanto usted le
mendados son muy modestos. Soy la sobrina
proponga.
del señor de Fontelay, que acaba de morir.
El Sr. Verger reflexionó un instante.
- Y á quien yo, á pesar de todos mis esfuer-Escúcheme; es imposible vender por el
zos, no pude decidir á que modificara su testaprecio que nos ofrecen una propiedad que vale
mento. ¿Es de esto de lo que quiere usted hatreinta. mil francos, pero tal vez consigamos alblarme? En tal caso, temo que no haya ninguna
quilarla haciendo un contrato de corta duración.
esperanza.
Tocó el timbre, y de nuevo se presentó el emMientras pronunciaba estas palabras, su fisopleado.
nomía refle¡aba cierta expresión de desconfian-¿Quiere usted ver en qué fecha se nos ofreza, que, por fortuna, pasó inadvertida para
ció alquilar la villa en ochocientos francos?
·
Lucía.
- La oferta se nos hizo el mes último, y el in-¡Oh, no!-respondi6 candorosamente.-Aun
teresado nos dejó su tarjeta.
en la hipótesis de que yo tuviera derechos, que
-Muy bien; pues hágame el favor de escrino tengo, y pudiera conseguir la anulación de
birle mal!ana mismo, tratando de obtener mil 6,
su testamento, de ninguna manera lo intentaría,
por lo menos novecientos francos de alquiler.
por respeto á su última volnntad.
-Sería inútil, señor; declaró formalmente que
El rostro del notario recobró su aire de beneno daría más de los ochocientos francos ofrevolencia.
cidos.
-Entonces ¿de qué se trata?
- En tal caso, escriba al tutor de esta seño- Soy propietaria de una p~queña ~asa .en
rita explicándole todo lo ocurrido, y cuando
Clamart, que me legó un pariente, m1 me¡ or
tengamos las autorizaciones necesarias, procure
amigo; murió hace nueve meses; desde ~narreglarse con ese caballero, si no ha cambiado
tonces esa casa, que ni se alquila ni se vende manera de pensar, y reduzca todo lo posible
&lt;le, constituye mi única fortuna; mientras
la duración del contrato, limitándolo á un año,
no pueda disponer del precio de la venta
si á ello no se opusiese el interesado.
ó del importe del alquiler, tengo que vivir
El empleado saludó y salió del despacho.
al amparo de mi familia, y esta situa-¡Cuán agradecida estoy á usted!-dijo Lución ha llegado ya á ser insostenible.
cía. -Al fin voy á conquistar un poco de indeHablaba con aparente calma; pero,
pendencia.
á su pesar, hubo algo en el tono en
-Sin embargo, se trata de una suma muy moque pronunció las últimas palabras
desta; pero, puesto que se contenta con ella, á
que conmovió el corazón del notario,
falta de otra mejor solución, espero que pronto
permitiéndole adivinar uno de esos
conseguiremos alquilar la villa; y permítame
terribles dramas que se desarrollan
ponerme á sus órdenes para cualquier asunto
en el secreto de los hogares y ator- ,
en que yo pueda serle útil.
mentan á pobres seres aislados y des- ,
El Sr. Verger estrechó la mano que le tendía
validos.
Lucía, y la acompañó hasta la puerta.
-¿ Y estoy yo encargado de la ad-¡Desgraciada niñá!-murmur6 al verla baministración de esa casa?-pregunt6,
jar rápidamente la escalera. - ¡Desgraciados pamientras consultaba nn libro de apuntes.-No
3.-TraJe de calle.
rientes pobres!
extrañe usted la pregunta, porque la multitud de
Y moviendo la cabeza, como quien se da perNúm. 3.-La falda de este traje, de sarga color vio•
mis asuntos no me permiten recordarlos todos,
fectamente. cuenta de esos dramas, inadvertidos
leta,
se
dispone
formando
pliegues
en
la
parte
de
y tengo necesidad de abandonar á mis empleaatrás y se guarnece por abajo con trencilla negra, para la ,sociedad, pero con frecuencia espantodos, dentro de ciertos limites, la gestión de al- sobre
la que corre otra color violeta haciendo dibujo. sos, que se desarrollan en el seno de las famigunos de ellos.
,
El paletó es recto, se adorna del mismo modo y se lias; bajó á su vez con paso más lento.
-He ido ha_ce pocos días á Ciamart, y en el abre sobre un chaleco de pailo color naranja; tanto
Lucía comió sola, con gran satisfacción suya.
anuncio puesto en la casa se cita el nombre de el cuello, que es ancho, como las bocaman&amp;'as, se eje• Hizo preguntar á su tía si podría recibirla; pero
usted y el de otro notário de aquella localidad. cutan de estrakán. Completan la guarnición varios habiendo contestado la señora de Fontelay que
Además, sé que mi tío tenía á usted en gran moti vos de pasamanería.
tenía un gran dolor de cabeza, la joven se enceMateriales: 5 m. de sarga, de 1,20 m. de ancho; 15
aprecio, y he creído que no se negaría á darml)
centímetros de pailo; 13 m. de galón de pasamanería; rró en su cuarto, preparó su maleta y rogó á
un consejo.
7 m. de trencilla, de 1 cm. de ancho; 5 m. de trencilla, uno de los criados que avisara un coche para la
El Sr. Verger tocó un timbre, y á los pocos de
mañana siguiente.
3 cm., y 15 botones.
momentos entró en el despacho un empleado,
Durmió poco y mal. La forma en que iba á
sorprendido por encontrar allí á su jefe, á quien
salir de aquella casa, porque no había de intenmomentos antes había visto salir.
al tutor de la señorita Arte!, el cual contestó que tar despedirse de su tía á las seis de la ~añana,
-¿Quiere usted decirme lo que sepa de Villa procediéramos según las instrucciones del señor le parecía cruel y depresiva, y tampoco podría
Alegre, situada en Clamart, que consta (y mien- de Fontelay, y éste, á su vez, nos dió orden de fundar grandes esperanzas de consuelo en el
tras hablaba el notario iba consultando su libro no aceptar ninguna de esas .Proposiciones. Por recibimiento que le harían en Cosquer.
de apuntes) de una casa, un jardín de veinte último, hoy mismo, hace una hora, se ha presenSe levantó muy temprano; escribió á la señora
áreas, un patio.....
_ tado un joven solicitando alquilar la casa para de Fontelay una lacónica carta dándole gracias
-La cual villa pertenece á la señorita Lucía una se:iíora.
y anunciándole que esperaba poderse bastar á
Arte!, sobrina de nuestro difunto cliente el se-¿Ha ofrecido alguna garantía? ¿Cuál es su sí misma, en plazo breve, y bajó de su cuarto á
ñor de Fontelay-interrumpió el empleado, di- nombre?
las seis de la mañana, cuando la cocinera, de
rigiendo una mirada á Lucía.
El empleado dirigió á sn jefe una mir1da sig- muy mal humor, le enviaba una taza de choco-

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
late, frío y mal hecho, que le fné imposible tomar.
A las seis y media llegó á la estación de Montparnasse; aquello le pareció mucho más hospitalario que la casa donde había sufrido tantas
amarguras y pasado momentos tan crueles.
XX.

Durante aquel largo y monótono viaje tod~s
las pasadas penas se agolpaban en la memoria
de Lucía; el porvenir se le presenta_ba triste I y
.adivinaba lo difíciles que en lo sucesivo habrian
de ser sus relaciones con Enrique y con su tía
Amelia; pero á medida que el tren avanzaba, y
cuando, por último, vió en la estación el breack
-que había pedido por telégrafo y en el que na-die la esperaba, el recuerdo de E_lena se sobrepnso á todos los demás, y el vacío que iba á encontrar en Cosquer le parecía insoportable. La
imagen dulce y resignada de Elena no la abandonó al recorrer los caminos en que todo evo·caba su presencia, el encanto de aquella noble

LA PRIMA LUCÍA.

65

naturaleza, sus palabras llenas de inconsciente Paulina al pie de la escalera, mientras que Jorpoesía.
ge y sus hermanos se dirigían pausadamente haEl crepúsculo cubría ya de sombras las leja- cia el sitio donde se detuvo el coche.
nías de la avenida cuando Lucía llegó á Cosquer.
Bajó la joven y alargó la mano á sus primos,
En aquella penumbra el viejo caserón disimu- que se la estrecharon con indiferencia. Paulina
laba sus fealdades, y parecía sumido en una at- se apresuró á decirle que por su causa se había
mósfera de tranquilidad, que hubiera debido retardado la hora de cenar.
calmar las ansias de Lucía. Ciertamente habría
- ¡Vamos, ven pronto, Lucía- exclamó Vaagradado á la joven vivir allí, en medio de los lentina,-porque mamá está ya impaciente! ¡No,
añosos árboles y de las solitarias campiñas, á no subas á tu cuarto! ¡Quítate aquí el sombrero
condición de verse rodeada de afecto y de ca- y lávate las manos, si quieres, en la fuente! Mira,
riño; pero sabía muy bien que no inspiraba en ya empiezan á servir.
aquella casa tales sentimientos, y si la vulgar acPor mucho que se apresuró Lucía, y aunque
tividad de sus parientes parecía penosa á su fa- hubo de contentarse con imperfectas abluciones,
tigado espíritu, sufría todavía más pensando en entró en el comedor cuando todos acupaban ya
que su llegada no habría de despertar ninguna sus sitios y estaban tomando la sopa. Su tío, con
·alegría, y que la única criatura que alli la babia su habitual cortesía, se levantó para abrazarla;
amado no estaba ya para reclamar un poco de Ana le tendió la mano con marcada frialdad, y
esa ternura que Lucia hubiera querido prodigar la señora de Berry la hizo señal de que se acerá todos.
case á ella.
Abrióse la puerta de la verja, y cuando el
breaclc entró en el patio, Lucía vi6 á Valentina y
Ccmtinua,·á.

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4.-Tollette de boda.
5.-Tollette de paño raso.

~úm. 5:-La falda de este traje, de pailo azul de Francia, se dispone formando
plieguecitos, tanto en los lados como atrás; adornan el bajo varias tiras pespuni~adas, que se prolongan por delante hasta el talle. El &lt;bolero &gt; se guarnece con
ieses de p~o blanco bordado y con botones de fantasía; al escote se une un cuello de e~caJe. Las mangas son semilargas, y se realzan con tiras de pailo y con
botones, sobre las bocamangas se destaca una tira de Valenciennes fruncida.

•

�L A M O D A E L E G A N ·f E I L U S T R A D A

64

- Perfectamente. tNo se ha encontrado ni nificativa, que no pasó inadvertida para Lucía.
comprador ni inquilino en condiciones acep-¡,Hoy mismo, hace una hora? Ese joven es,
tables?
sin duda, el sellor de Goasmeur, y ha venido en-Con arreglo á las instrucciones del señor viado por su tia-dijo Lucía, sintiendo que sus
de Fontelay, debíamos esperar sin impaciencia •mejillas se cubrían de rubor.
una oportunidad favorable. Se ha presentado un
- Está bien; muchas gracias- dijo el sellor
inquilino que ofrecía ochocientos francos, y dos Verger á su empleado;-mañana nos ocuparemos
compradores, el uno por diez y seis mil y el otro de este asunto.
por diez y ocho mil francos; la propiedad vale
- Caballero-dijo la joven,- la señora de
de veintiocho á treinta mil. Hemos dado noticia Goasmeur es una excelente amiga mía que, por
lo visto, quiere socorrerme de una manera delicada; pero estoy segura de que jamás habitará
la casita de Clamart, y, por razones especiaV. DE CASTELFIDO.
les, todavía menos que de mis parientes poParla 10 de Febrero de 1907.
dría aceptar de ella un socorro. Ruego á usted
que no permita esta ofensa á mi dignidad, y que
trate de vender 6 alquilar la casa . á cualquier
precio. Confío en la bondad de usted. Hágase
cargo de mi situación; me encuentro entre mi
tia Fontelay, que me presta su ayuda, violentánContinuacifin,
dose. mucho y sin ocultar su contrariedad, y mi
tía Berry, que tiene numerosa familia, y para
Lucia, balbuciendo palabras de gratitud, siguió
quien represento una pesada carga. No quieren
al notario y entró en un gabinete, cuya puerta
que me dedique á dar lecciones; me falta un año
daba á la misma escalera. Aunque el aspecto de
para ser mayor de edad, y hasta entonces mi
11quel despacho era poco atractivo, en las carpe~
vida va á ser intolerable.
ras verdes que cubrían sus paredes se leían los
Había, más que en estas palabras, en el tono
títulos y apellidos más aristocráticos de ·Frany el acento con que fueron pronunciadas por
cia, y allí se ventilaban á diario asuntos de granLucía, tal angustia, que interesó vivamente al
dísimo interés.
.· -~
Notario.
El Sr. Verger acercó una butaca á Lucía, y
-Y sin embargo, hija mía-dijo con cariñosa
dej 6 el sombrero sobre el escritorio.
expresión ,-ni su tutor ni el consejo de familia
-¿Á quién tengo el honor de hablar?-prepodrían autorizarme para proceder de esa maguntó con afabilidad.
nera.
-Mi nombre le será á usted desconocido, 6,
-Mi tutor no entiende absolutamente nada
por lo menos, lo tendrá completamente olvidade estos asuntos, y accederá á cuanto usted le
do, porque los negocios míos que le están encoproponga.
mendados son muy modestos. Soy la sobrina
El Sr. Verger reflexionó un instante.
del señor de Fontelay, que acaba de morir.
-Escúcheme; es imposible vender por el
-Y á quien yo, á pesar de todos mis esfuerprecio que nos ofrecen una propiedad que vale
zos, no pude decidir á que modificara su testatreinta mil francos, pero tal vez consigamos almento. ¿Es de esto de lo que quiere usted haquilarla haciendo un contrato de corta duración.
hlarme? En tal caso, temo que no haya ninguna
Tocó el timbre, y de nuevo se presentó el emesperanza.
pleado.
Mientras pronunciaba estas palabras, su fiso-¡,Quiere usted ver en qué fecha se nos ofrenom!a refie¡aba cierta expresión de desconfianza, que, por fortuna, pasó inadvertida para
ció alquilar la villa en ochocientos francos?
- La oferta se nos hizo el mes último, y el inLucía.
-¡Oh, no!-respondió candorosamente.-Aun
teresado nos dej 6 su tarjeta.
.
-Muy bien; pues hágame el favor de escrien la hipótesis de que yo tuviera derechos, que
birle mallana mismo, tratando de obtener mil ó,
no tengo, y pudiera conseguir la anulación de
su testamento, de ninguna manera lo intentaría,
por lo menos novecientos francos de alquiler.
-Seria inútil, señor; declaró formalmente que
por respeto á sn última voluntad.
El rostro del notario recobró su aire de bene- .
no daría más de los ochocientos francos ofrecidos.
volencia.
- En tal caso, escriba al tutor de esta sello-Entonces ¿de qné se trata?
- Soy propietaria de una pequeña casa en
rita explicándole todo lo ocurrido, y cuando
Clamar\, que me legó un pariente, mi mejor
tengamos las autorizaciones necesarias, procure
amigo; murió hace nueve meses; desde enarreglarse con ese caballero, si no ha cambiado
tonces esa casa, que ni se alquila ni se vende manera de pensar, y reduzca todo lo posible
la duración del contrato, limitándolo á un año,
r\e, constituye mi única fortuna; mientras
no pueda disponer del precio de la venta
si á ello no se opusiese el interesado.
El empleado saludó y salió del despacho.
6 del importe del alquiler, tengo que vivir
al amparo de mi familia, y esta situa- ¡Cuán agradecida estoy á usted!-dijo Lucía.-Al fin voy á conquistar un poco de indeción ha llegado ya á ser insostenible.
pendencia.
Hablaba con aparente calma; pero,
-Sin embargo, se trata de una suma muy moá su -pesar, hubo algo en el tono en
desta; pero, puesto que se contenta con ella, 6.
que pronunció las últimas palabras
falta de otra mejor solución, espero que pronto
que conmovió el corazón del notario,
conseguiremos alquilar la villa; y permítame
permitiéndole adivinar nno de esos
ponerme á sus órdenes para cualquier asunto
terribles dramas que se desarrollan
en que yo pueda serle útil.
en el secreto de los ho¡¡ares y atorEl Sr. Verger estrechó la mano que le tendía
mentan á pobres seres aislados y desLucia, y la acompañó hasta la puerta.
validos.
-¡Desgraciada niñá!-murmuró al verla ba- ¿ Y estoy yo encargado de la adjar rápidamente la escalera.- ¡Desgraciados paministración de esa casa?-preguntó,
3.- Traje de calle.
rientes pobres!
mientras consultaba un libro de apuntes.-No
Y moviendo la cabeza, como quien se da perextrañe usted la pregunta, porque la multitud de
Núm. 3.-La falda de este traje, de sarga color vio• fectamente cuenta de esos dramas, inadvertidos
mis asuntos no me permiten recordarlos todos, leta
se
dispone
formando
pliegues
en
la
parte
de
y tengo necesidad de abandonar á mis emplea- atrásI y se guarnece por abajo con trencilla negra, para la ,sociedad, pero con frecuencia espantodos, dentro de ciertos limites, la gestión de al- sobre la que corre otra color violeta haciendo dibujo. sos, que se desarrollan en el seno de las famigunos de ellos.
El paletó es recto, se adorna del mismo modo y se lias, bajó á su vez con paso más lento.
Lucía comió sola, con gran satisfacción suya.
-He ido hace pocos días á C!amart, y en el abre sobre un chaleco de paño color naranja; tanto
anuncio ruesto en la casa se cita el nombre de el cuello, que es ancho, como las bocamangas, se eje- Hizo preguntar á su tía si podría recibirla; pero
usted y e de otro notario de aquella localidad. cutan de astrakán. Completan la guarnición var10s habiendo contestado la señora de Fontelay que
tenía un gran dolor de cabeza, la joven se enceAdemás, sé que mi tío tenía á usted en gran motivos de pasamanerfa.
Ma.teriales: 5 m. de sarga, de 1,20 m. de ancho; 15 rró en su cuarto, preparó su maleta y rogó á
aprecio, y he creído que no se negaría á darme
centímetros de paño; 13 m. de galón de pasamanería; uno de los criados que avisara un coche para la
un consejo.
7 m. de trencilla, de 1 cm. de ancho; 5 m. de trencilla,
mañana siguiente.
El Sr. Verger tocó un timbre, y á los pocos de 3 cm., y 15 botones.
Durmió poco y mal. La forma en que iba á
momentos entró en el despacho un empleado,
salir de aquella casa, porque no había de intensorprendido por encontrar allí á su jefe, á quien
momentos antes había visto salir.
al tutor de la señorita Arte!, el cual contestó que tar despedirse de su tía á las seis de la mañana,
-¡,Quiere usted decirme lo que sepa de Villa procediéramos según las instrucciones del señor le parecía cruel y depresiva, y tampoco podría
Alegre, situada en Clamart, que consta (y mien- de Fontelay, y éste, á su vez, nos dió orden de fundar grandes esperanzas de consuelo en el
tras hablaba el notario iba consultando su libro no aceptar ninguna de esas _proposiciones. Por recibimiento que le harían en Cosquer.
Se levantó muy temprano; escribió á la señora
de apuntes) de una casa, un jardín de veinte último, hoy mismo, hace una hora, se ha presenáreas, un patio.....
.
tado un joven solicitando alquilar la casa para de Fontelay una lacónica carta dándole gracias
-La cual villa pertenece á la señorita Lucía una señora.
y anunciándole que esperaba poderse bastar á
Arte!, sobrina de nuestro difunto cliente el se-tHa ofrecido alguna garantia? ¿Cuál es su sí misma, en plazo breve, y bajó de su cuarto á
las seis de la mañana, cuando la cocinera, de
ñor de Fontelay-interrumpió el empleado, di- nombre?
rigiendo una mirada 6. Lucía.
El empleado dirigió á su jefe una mir~da sig- muy mal humor, le enviaba una taza de choco-

Los elogios tributados á la hermosur_a y al cutis, siempre fresco, de aquella bel)eza sm par ]lamada Ninon de Lenclos, nos hubieran parecido
exagerados é hijos tan sólo de la fantasía, si hasta
nosotros no llegara el secreto, oculto por entonces cuidadosamente en su tocador. No era otro,
como saben todas nuestras antiguas lectoras,
que la Véritable Eau de Ninon, cuyo uso continuo
previene las arrugas, hace desapa~ecer granos
y manchas rojizas y hermosea la ep1derm1s, conservándole toda la frescura de los quince abriles.

LA PRIMA LUCÍA.

0/1

65

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
late, frío y mal hecho, que le fué imposible tomar.
A las seis y media llegó á la estación de Mon~paruasse; aquello le pareció m_ucho ":1ás hosp1talario que la casa donde babia sufrido tantas
amarguras y pasado momentos tan crueles.

XX.
Durante aquel largo y monótono viaje tod~s
las pasadas penas se agolpaban en la m~moria
de Lucía; el porvenir se le presenta_ba tr1ste 1 y
adivinaba lo difíciles que en lo ~uces1vo habr1~n
de ser sus relaciones con Enrique y con su tia
Amella; pero á i:nedida_ que el tren. avanzaba, y
cuando por último, v16 en la estación el breack
-que había pedido por telégrafo y en el que na-die la esperaba, el recuerdo de E_lena se sobrepuso á todos los demás, y el vacio que iba á encontrar en Cosquer Je parecía insoportable. La
imagen dulce y resignada de Elena no la abandonó al recorrer los caminos en que todo evocaba su presencia, el encanto de aquella noble

naturaleza, sus palabras llenas de inconsciente
poesía.
El crepúsculo cubría ya de sombras las lejanías de la avenida cuando Lucía llegó á Cosquer.
En aquella penumbra el viejo caserón disimulaba sus fealdades, y parecía sumido en una atmósfera de tranquilidad, que hubiera debido
calmar las ansias de Lucía. Ciertamente habría
agradado á la joven vivir allí, en medio de los
añosos árboles y de las solitarias campiñas, á
condición de verse rodeada de afecto y de cariño; pero sabia muy bien que no inspiraba en
aquella casa tales sentimientos, y si la vulgar actividad de sus parientes parecía penosa á su fatigado espíritu, sufría todavía más pensando im
que su llegada no habría de despertar ninguna
·alegría, y que la única criatura que al!i la habla
amado no estaba ya para reclamar un poco de
esa ternura que Lucía hubiera querido prodigar
á todos.
Abrióse la puerta de la verja, y cuando el
breacl&lt; entró en el patio, Lucía vió á Valentina y

Paulina al ple de la escalera, mientras que Jorge y sus hermanos se dirigían pausadamente hacia el sitio donde se detuvo el coche.
Bajó la joven y alargó la mano á sus primos,
que se la estrecharon con indiferencia. Paulina
se apresuró á decirle que por su causa se había
retardado la hora de cenar.
- ¡Vamos, ven pronto, Lucia- exclamó Valentina,-porque mamá está ya impaciente! ¡No,
no subas á tu cuarto! ¡Qui tate aquí el sombrero
y lávate las manos, si quieres, en la fuente! Mira,
ya empiezan á servir.
Por mucho que se apresuró Lucía, y aunque
hubo de contentarse con imperfectas abluciones,
entró en el comedor cuando todos acupaban ya
sus sitios y estaban tomando la sopa. Su tío, con
su habitual cortesía, se levantó para abrazarla;
Ana le tendió la mano con marcada frialdad, y
la señora de Berry la hizo señal de que se acercase á ella.
Continuará.

~{
,Y,

f's~

4,-Tollette de boda.

Núm. 4.-Esta _toilette, d~ seda liberty, guarnecida con encaje y entredoses cor~esponde al estilo Imperio. Se frunce la falda, y se monta, por delante y pof encima del talle, al borde de ~ cuerpo de forro, en tanto que la parte de atrás se
remonta para formar un pliegue Watteau. Completa el ba¡·o de la falda un bies
·superpuesto.

5.-Tollette de paño raso.

~úm. 5:-La falda de este traje, de palio azul de Francia, se dispone formando
plieguecitos, tanto en los lados como atrás; adornan el ba30 varias tiras pespunt~adas, que se prolongan por delante hasta el talle. El e bolero • se guarnece con
bieses de palio blanco bordado y con botones de fantasía· al escote se une un cue~
llo de encaje. Las mangas son semilargas, y se realzan ~on tiras de pafio y con
botones; sobre las bocamangas se destaca una tira de Valenoiennes fruncida.

�LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
disponen formando pliegues pespunteados sobre el palio delantero.
Completa el traje una blusa de tafetán.
Materiales: 6 m. de lana, de 1,20 m.; 25 cm. de palio; 35 centímetros de terciopelo al bies, y 12 botones.
Núm. 7.-De gasa Ninón color cchampagne, con cbolero,
de mangas, de seda pékinée blanca y verde agua.
La falda Imperio se cine .al talle bajo un cinturón de seda,
que termina á los lados del deJantero simulando estar sujeta
por botones de fantasía; el borde inferior se guarnece con un
gran entredós de gnipur de Irlanda, al que limita por los
dos lados un encaje fruncido.
·
El «bolero, de seda está sumamente abierto, dejando al
descubierto un canesú de guipur de Irlanda, al aire, realzado
con varios volantes de encaje; del mismo modo se adornan
las mangas con hechura de farol.
Materiales: 4,25 m. de gasa, de 1,20 m. de ancho; 2 m. de
seda pékinée¡ 40 cm. de seda para el cinturón; 30 m. de encaje, de 4 cm., y 4 botones.

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
buja una greca, y
con motivos de g11ipur.
La blusa, fruncida en los bordes superior é inferior,
se monta sobre un
canesú de muselina
de seda fruncida y
se cifie al cuerpo
por medio de un
cinturón de tercio•
pelo.
Las mangas tienen hechura de fa.
rol y terminan por
puños, compuestos
de entredoses y terciopelo, á cuyo bor•
de se une un volante fruncido.
La chaqueta de

encaje, que cubre
en parte la blusa,
nose ajusta al cuerpo; las costuras
quedan disimuladas por medio de
tiras de terciopelo;
unas hombrerasre•
dondeadas de guipur oomple(an ·a
chaqueta.
Materiales: 8 me-

tros de raso¡ 12,50 metros
de terciopelo; 1 m. de terciopelo al bies; 1,20 m. de
guipur; 1,75 m. de muse•
lins, de 1,20 m. de ancho
cada uno, y 11 motivos de
guipur.

70 cm. de la parte de delante, se forma un circulo de 1 m. de
diámetro, cuyos bordes se fruncen formando una pequefia ca•
becilla; el centro se dispone de manera que forme bulloncitos:
la diadema de llores de azahar se lija bajo el velo.
Este tocado requiere que se ondule mucho el pelo, y que, en
cambio, sea chato el moño: se complementa por medio de pequelios bucles.

Núm. 10.-Depalioverde
almendra: la falda, compuesta de cinco paños, se
adorna alrededor con
dos bieses de pafio pes•
punteado de 3 ½cm. de
ancho, á cuyo borde se
unen flecos cortados en
tiras de paño; tanto el
borde inferior del e bolero, como las mangas se
guarnecen con otros flecos iguales.
El «bolero, cruza por
delaate y se abrocha con
botones de plata oxidada;
el cuello vuelto, de pana
verde, se adorna al borde
con soutache y se realza
con medallones bordados
de seda verde: el peto es
de pana blanca con bordado de soutache de oro.
·/ Los bullones de J as
mangas terminan por
grandes pufios de pan.a
bordada.:
Materiales: 6 m. de
pailo, de 1,20 metro
de ancho; 1 metro
de pana; 7 m. de
soutache, y 3 botones.

Núm. 12.-Traje de paño negro, guarnecido ron encaje y ter•
ciopelo; la falda, colocada sobre otra interior de tafetán, se
compone de nueve paños, que se pespuntean unos sobre otros.
El delantero del cuerpo se dispone formando pliegues, que
terminan á mitad de altura; la parte inferior blusea sobre un
cinturón de terciopelo¡ tanto el canesú como los pufios de las
mangas son de guipur, guarnecido al borde con bieses de terciopelo.
Nlim. 13.-Trajede cheviotte azul marino; la falda se adorna
alrededor con cuatro bieses, que miden, respectivamente, 5, 6,
7 y 8 cm. de ancho.
El cuerpo no es ajustado y tiene un canesú de seda plissé, al
que rodea un volante de cheviotte de 6 cm. de ancho; el volante

Núm. 11.-El
velo de tul cae
por delante
hasta más
abajo del talle, y por de•
trás hasta el
borde de la
cola.
En el medio
del velo, y á

6.-Traje de hechura sastre oon chaqueta corta.

10.-Traje oon bolero.

Núm. 6.-Este traje, de lana gris á cuadros, tono sobre tono, se
guarnece con cuello y vueltas de pailo blanco adornado con terciopelo gris más obscuro que la tela.
La chaqueta tiene unos pequeños faldones que se montan bajo
un bies de tela¡ estos faldones terminan bajo los pliegues de los
delanteros, que se cortan á todo lo largo; la chaqueta se adorna
con dos filas de batanee.
La falda cubre otra interior de tafetán; los paños de los lados se

cada delantero se fija un bolsillo; las mangas termi•
nan por bocamangas pespunteadas.
Núm. 16.-De pa.ilo color arena, con forro de seda
blanca. Los delanteros se adornan con patas de pafio,
y los contornos se señalan por medio de pespuntes¡
el borde superior de los primeros de]anteros se dobla
para formar las solapas, que se prolongan, constitu•
yendo el cuello vuelto; este último se cubre con seda
azul turquesa; un motivo de seda de la misma clase

7.- Tollette da oeremonlas 1 propia para aeñora Joven.

11.-Tocado para detpoaada.

9.--Toilette para madre de d11po1ada.

Núm. 8.-La falda, compuesta de siete pa.ilos, se guarnece á lo largo de las costuras con dos líneas de cinta de
terciopelo¡ se monta, frunciéndola por detrás, sobre el
cuerpo de forro¡ el bajo se adorna alrededor con tres volantes al bies, guarnecidos con cinta¡ los paños de atrás y los
de los lados se adornan con seis volantes.
El e bolero, es de pana negra, guarnecida con lentejuelas;
el escote, cuadrado 1 se adorna al borde con un galón de lentejuelas y con encaJe blanco.
Las mangas se componen de dos bullones que terminan
por un volante.
Completa el traje una chorrera realzada con lentejuelas.
Materiales: 6 m. de tela, de 1,20 m. de ancho; 75 centímetro,
de pana; 75 cm. de encaje; 1,50 m. de galón con lentejuelas,
y 40 cm. de cinta de terciopelo.

superior se fija bajo una trencilla estrecha. Los
bullones de las mangas se fruncen de manera que
se forme un volante &lt;le 5 cm. de ancho en la parte
inferior¡ terminan en puños guarnecidos con bieses de seda.
Materiales: 6 m. de tela, de 1,10 m. de ancho; 75
centímetros de seda, y 75 cm. de trencilla.

Núm. 9. - Este elegante traje se compone de falda de
raso negro, blusa de muselina de seda color lila y chaqueta
de guipur crema.
La falda mide 4175 m. de ancho, se plie~a en el talle y
se adorna por abaJo
con una cinta de terciopelo, que di-

Núm. 15.- Se ejecuta de franela ten.nis, se guarnece con pespuntes y se abrocha por medio de 4
hotones; los delanteros se abren formando pequeitas solapas, á las que se une el cuello vuelto; en

Núm. 14. - La capucha no tiene forro, y se abrocha por medio de botones de asta; se abren los delanteros en una longitud de 25 cm., á 9 de distancia del borde, y se guarnecen estas aberturas con
bieses pespunteados; al escote se une un cuello
vuelto: el collet se completa con una capucha.
Materiales: 2,25 m. de tela, de 1,30 m. de ancho.

12.-TraJe para aeiorlta de 16 t 17 aiOI,

13.-TnJ• ,ara aeñorlta di 15 • 16 añoa.

15.- Chaqueta de ,port,
'propia
para 1&amp;ilorlta de 15 i 17 año,.

lil,-Collet para niña lle 13 añoa.

�69

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

68
Númá. 22.-El abrigo no tiene forro, y se ejecuta con
1ana cuadros de dos caras; se abrocha cruzándose
l~lelante_ros, c~n grandes botones de ~ácar; la es•
P
~ se cide baJo un cinturón, que se abrocha por
;•dio de botones (véase el croquis de la espalda).
ante el cuello vuelto como las solapas se adornan
al borde con pespuntes. Las mangas, formando plie•
gues en ~1 hombro, reducen su vuelo dentro de puiios
guarnecidos con sardinetas.
La gorra es de la misma tela que el abrigo· el casco
se compone de siete piezas, y la visera, refo~ada con
entretela, se monta sobre un borde de 2 cm. de an•
cho, en ~l que se monta también el casco de Ja gorra.
b Materiales: 5,75 m. de .. tela, de t,20 m. de ancho· 4
otones grandes, y 8 mas pequeiios.
'
Núm. 23.-De covert-coat gris, con cuello solapas

ferrada
bocamangas de terciopelo encarnado; la chaqueta
de tafetán, se abrocha por medio de botone~

de asta; ~l d~lantero de la derecha cruza por abajo
sobre el izqmer~o, con lo cual se consigue que la chaqueta pu~da abrirse por detrás; la espalda se coro one
&lt;le. tres piezas; los faldones se disponen formandfdos
pliegues; en los delanteros se fijan bolsillos. Algunos
pespuntes adornan la falda¡ completa el tra¡·e una
blusa de fantasfa.
.
Materia.les: 5,75 m. de tela, de 1,10 m de ancho· 40
centímetros de terciopelo i 3,50 m. de f~rro· 14 b¿tones pequefl.os, Y 7 botones grandes.
'

Elpaldal de loa dibujos 17, 19 y 20.

realza las bocamangas. Las mangas se montan
por medio de pliegues y se componen de dos
piezas, cuya unión se adorna á los lados con pes•
puntes. El paletó se abrocha con botones debajo
de la pata ,tel delantero, cruzando el delantero
de la derechn sobre el izquierdo.
Maleriales: 2 m. de pallo, de 1,20 m. de ancho, y 20
centímetros de seda al bies.
Núm. 17.-Para la explicación y patrones véanse
las flgs. 23 á 28 de la Hoja-Suplemento co~respon•
diente á nuestro próximo número.

16.-Paí8t6 oorto para aeñorltl,

t7.-Chaq11eta para nñorlta.

Núm.18.-Blusa larga de pedo castor, guarnecida.eon

c::~!~:n

con pliegues.
Núm. 19.-De lana de fantasía á rayas, se guarnece
con trencilla y con terciopelo¡ rodean el bajo de la

,p¡ /

Núm. 21. -La falda y el «bolero• pueden hacerse dE
jerga, cheviotte 6 alpaca; la blusa, de franela 6 de pai'io
,, Nuestro modelo es de color azul marino, con blusE
¾ blanca adornada por delante, en el cuello y en los pu•
!los, con un bordado de seda azul. Los delanteros del
•bolero•, cortados en dos partes, se pespuntean unoE
$. sobre
otros y se adornan con botones de plata.
La falda se compone de siete panos, tiene delante
un delantero liso y se dispone en el talle formando
plieguecitos; la parte inferior se adorna con patas de
tela terminadas en punta, sobre las que se destaca un
t botón.
@ Las mangas son semilargas y reducen su vuelo denw tro de pullos de terciopelo azul y pallo blanco bor•
darlo.
J El cinturón y la corbata son de terciopelo azul.
?
Materiales: 3,50 m. de cheviotta, de 1,10 m. de ancho,
60 cm. de terciopelo, y 26 botones.
Paro. lo. blU8o.: 2 m. de lana.

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~' ~26.- Tra¡e para aport 6 para viaje.

2metros
25
dele ancho ' y 10 b ot ones. - Paro. la clio.q11511 ,
' m. e palio, de 1,SO m. de anoho y 3 botones
.
ti·r:ú~~ :~-S~mbrero de fieltro gris: rodeado de ~a

JIJ,-'/4
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t9intbasfa. Eir~u:.1:1::~~v~:r::~~¡~~b~~~ !º~!¡·l!:a
som rero por medio de una cinta el, t·
d_e de .d~lante se forma una jareta á i;-8 ic;: ~a el borse P_asa na.a cinta de seda que se Sta baj~ at!fg~~al

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20.- Paletó de pailo.

19.-TraJe con falda de ,1ete pailo1,

falda dos bieses, el primero de los cuales termina á cada lado, en la costura del delantero,
bajo un botón de fantasía¡ la falda cae indepen•
diente de la de forro y s_e dispone en la parte
tle atrás formando dos pliegues planchados; los
palios de los lados se pespuntean sobre el delantal y se adornan sobre las caderas con grupos
de plieguecitos. El cinturón, de tela, si! corta en
forma y termina por un bies. .Los delanterc;,s y
la espalda del •bolero•, forrado con seda, se
cortan con piezas al bies superpuestas; el cuello, con solapas, y las bocamangas son de terciopelo y se adornan con trencilla de oro.
Materiales: 7 ro. de lana, de 1,10 m. de ancho¡ ·
50 cm. de terciopelo; 4,50 m. de trencilla, y 4 botones.
Núm. 20. - De pafio cuero negro guarnecido
con straps pespunteados; los faldones forman
pliegues (véase el croquis de Ja espalda); el paletó se abrocha por medio de grandes botones¡
el cuello y las bocamangas son de terciopelo
bordado¡ el forro es de seda negra.
Materiales: 4.,50 m. de pafio; 40 cm. de terciopelo al bies¡ 4 botones, y 8 m. de forro.

J~ªJ~,

:1

no"t1:~ 0 :~;;:~;f:~~~~p~!~e
de lana escocesa,
cuales se colocan por abajo un . te _palios, entre los
pliegues Ea. la part d t ..
aij piezas formando
el bajo de la falda ~icie\r:' ~ef~rm;n dos pliegues¡
tea á cm. de altura. EL cbol8ro•, ~in
·
bajouncintu'rónde
tela¡ se dispone por
delante y en la esp al da formando
pliegues huecos, y
se monta sobre 11.Íl
canesú ceft.ide. Bl
cuello vuelto y ¡08
puiios se adornan
con pespuntee, uf
como las patu que
terminan el canesú.
El e bolero, se abrocha por delante
bajo un pliegne
hueco y está fn.
rrado de sedL

i//1!;111//,

,

de loa dibujos 24, 22, 23 J 26•

!~,i\~l
·.¡w

Núm. 24.-Falda de pallo negro formando dos re
~ne!fui~ Ii,8lte de atrás, que se pespuntean en pu~~
e·
e cm.; patas con botones cierran las b
tura~ de los bolsillos; al borde de la falda se fa eruna Jareta de 6 cm.
orma
ro~!e
e~o~c~a ty de pdaiio
sus delante•
s·11
1
•
o ones e nsta: lleva dos bol
J~s o~ ende lado izquierdo y uno en el derecho. Tant~
or es como el cuello las sol
1
mangas se sefl.alan al borde' con vartfr/1~n!asª~eboca~~!e~nLpªet~e~S:~~f~~ee~~~e los delanteros deja
bata de seda. Completa la
cuello recto Y cor6
de fieltro negro.
un sombrero hongo
Materiales para lo. falda: 3,50 m. de pallo' de 1,40

18.-Traje para nlfto oe 2 i~S años.

straps pespunteados; canesú de terciopelo adornado

Espald ■ a

~~l~::it:fn~~

- Jlfalerto.lu: 6,50

metros de lana; de
1,10 m, de ancho
y 4 botones.
'
Núm. 27. -Taje

de terciopelo de caza, color gris ratón·
chaqueta cruzadaf
a~rochada por medio de dos hileras
de botones; cuello,
peto y pulioe de piqué blanco.

,,
21.-TraJa con bolero para 11ñorlta de 14 á 15 años.

Núm, 28. -Traje
ruso de terciQpelo
fi rayas negras; cal·
zón recto; blusa lisa cruzada poi" delante y abrocbada
al lado deroclto..
22.-Abrlgo J gorra para autom6vU.

23,-Traje para clcl11ta.

27 J 28,-Tr&amp;Jes para nlito 1•

�71

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

70

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA.
de macl6n o,en, (feUde, del

CRÓNICA DEL BIEN.

J!
RENTE á las negaciones del egoísmo pesimista
surgen, con hermosa frecuencia, altos y conso-

I'

ladores ejemplos de caridad: edelweis que florece
entre las nieves amontonadas por la indiferencia y por el pesimismo.
Cuando el frío, acompalíado del hambre, deja
sentir sus rigores en los hogares pobres, la piedad de las almas buenas se exalta y se multiplica
Plll;' ~rocnrar pah y abrigo á la miseria y al desvahmiento.
Y como no basta la caridad individual para el
remedio de tantas necesidades, se acude á la demanda del auxilio colectivo, tendiendo, para implorar socorro, la bandeja cincelada por el Arte.
Una función extraordinaria, organizada en el
teatro Espalíol, ha servido á la virtuosa condesa
de Agnilar de lnestrillas de medio para amparar
á los pobres de la parroquia de Santa Bárbara.
Dado el fin benéfico de la fiesta, y teniendo
presente las grandes y merecidas simpatías de
que goza la noble dama, el acto resultó brillante,
animadísimo.
Lo más selecto de la sociedad aristocrática
madrileña acudió al llamamiento de la ilustre
presidenta de la Junta protectora do los pobres
de la citada parroquia, y, demostrando que las
empresas caritativas encuentran eco simpático
en sus augustos pechos, honraron el acto con su
presencia SS. MM. los reyes D. Alfonso, D.ª Victoria y D.• María Cristina, y S. A. la infanta dolía
Isabel.
Maria Guerrero, Fernando Mendoza y los artistas de su compalíia interpretaron admirablemente la graciosa comedia La pasarela.
Y gracias á esa fiesta, organizada con dignísimo celo, los aplausos que sonaron en la sala
del clásico coliseo se trocarán, merced á la señora condesa de Aguilar de Inestrillas, en ropas
y alimentos para los desheredados de la fortuna:
para los hijos adoptivos de la Caridad.

•••
Como en alíos anteriores, S. M. la reina dolía
Maria Cristina venía costeando de su bolsillo
particular el reparto de •pucheritos• en el Asilo
de-Lavanderas.
Secundando 'tan generosa iniciativa, S. M. la
reina D.ª Victoria ha hecho repartir, desde el
m:es de Diciembre; abnndánte comida diaria á
los-pobres, en el Asilo de Santa Isabel.
·:Ahora, ante la crudeza del tiempó,-Ja augusta
madre y la egregia compalíera de D. Alfonso XIII
han ordenado que se continúe, durante todo el
mes actual, el reparto de socorros.
Y al anotar en esta crónica la caritativa disposié_ión de SS. MM., surge en los labios la misma
exclamación que centenares de familias proflec
ren al recibir el alimento que deben á las dos
Reinas: «¡Dios se lo pague!•

•
• •
Y al aumentar, con la nieve y con el frío, la
necesidad y la miseria, crece y se ensancha el
campo de acción de la caridad.
Por disposición del alcalde de Madrid, selíor
Dato, se han habilitado, en los asilos de noche,
camas y abrigos. Y con criterio amplísimo, verdaderamente cristiano, sin restricciones de ninguna especie, sin papeletas, pases, recomendaciones ni certificados de vecindad, sin traba alguna, á cualquiera hora de la noche, tendrán á
su disposición hogar y lumbre, lecho y abrigo,
todos los infelices que se presenten.
'· Para los hombres están abiertos los asilos del
Marqués de Tovar, del Norte y de la calle de
Ataulfo.
Para las mujeres, los establecidos en las calles
de·G~lileo y de Fernando el Católico.
.
Cll;llndo el Guadarrama sople, cuando la nieve
desCienda, Madrid no se entristecerá mirando
racimos de críaturas que se acurrucan buscando
lecho en los huecos de las puertas.
.
Parn todos hay ya hogar: se lo brinda la bendita Caridad.
R. DE CÓRDOBA.

UN PERRO GRANDE.
En lp más riguroso de la nevada que recientemente cubrió á Madrid, con velos de novicia
se registró un hecho digno de algo más que d~
la noticia escueta publicada por la Prensa diaria.
Una peqnelínela de corta edad jugaba, en los
desmontes
.inmediatos á la estación de las Pul-

gas, con un hermoso perro de Terranova. La
nilía lanzaba al perro bolas de nieve á la distancia que le permitfan sus escasas fuerzas, y el atilmal, dócilmente, oorria en busca de los proyectiles.
En mitad del juego, la niña resbaló, cayó rodando por el desmonte, y quedó sepultada en
una hondura donde la nieve tenía bastante espesor.
El Terranova corrió, venteó, buscó por todas
partes á su amita, se puso sobre la pista, logró
descubrir el sitio en que yacfa la ni!ía, y trabajando de firme, deshaciendo con las patas la
nieve amontonada, tirando de las ropas y luchando sin descanso, logró salvar de una muerte
cierta á la pobre criatura que, al cabo, se levantó, y auxiliada por algunas personas, pudo llegar á su casa, seguida de cerca por el fldelisimo can.
Acaso alguien tache de sensibleria la emoción
que se experimenta al leer el noble proceder
del Terranova.
Los que así lo entiendan, deténganse á reflexionar cómo acostumbran á tratar los hombres
á los perros, y después de hacer la cuenta de las
pedradas, golpes, punteras y palos que á diario
regala el «rey de la Creación• al humilde y sufrido can, vea si hay muchos seres de la especie
humana que sean capaces de pagar el dalío que
reciben con perrerias tan generosas, tan bellas y
tan abnegadas, cual la que ha realizado ese perro verdaderamente grande.

eorreapondencia particular.

ABSOLUTA aliento) por espec1ahsta gar·
SEGURIDAD
ganta, r¡,¡i.riz y ofdos, D. Alfredo GAiiego: Patente t.ª clase 138,

UNA QUE LE GUSTA ll!UCHO EL •SPORT•.-1.ª Tenga la
bondad de leer la 1.• contestación dada á Morena d8
ojos negros en LA MODA del 22 de Diciembre próximo

San Be11n11rilo~ 18 duplleado.-ll•drld.

·1En cuántas cosas inútiles tiramos nuestro dinero!
Y, sin embargo, desembolsando dos cén,timos e~~•cor del Polo, que dura dos meses, usandolo_d1arrnmente tendremos una dentadura hermosa, hbre de
toda d~Iencia. Farmacins principnles.

pasado.- 2.ª Pueden servirse de pie ó sen tados; pero
desde luego debe colocarse todo en la mesa, como
para sentarse. La seil.ora y las seiloritas.- 3.ª Sí, se-

llora.-4.ª El pelo flojo y ondulado, y el molio alto: de

éste salen unos bucles, que terminan sobre la peineta
de de~rás. Para _ondularlo, use las horquillas onduladorns.=-5.ª El gris berenjena, azul obscuro y verde.
-6.ª Sofá, butacas peqnefias, sillas volantes, mes8,
armario de espejo. Las macetas y flores son el mejor
adorno para un gabinete de sefiorita.-7.ª A la der·e-

Trajes borda_dos.
Vendemos el verdadero bordado su,~o para trajes de primavera y de verano, los generos 1;11ás
de moda para Trajes bordados, sobre batista
blanca á medio confeccionar, desde francos
32 50 h~sta 75 francos el traje completo, franco
d~ p¿rte y de derechos de Aduanas, entregados á domicilio.

cha del plato, los cubiertos; delante, las cepas (debe
ponerse la del agua y tantas como vinos haya); enci-

ma la servilleta, doblada en cuadro. Pueden ser,sln
bordar ó bordadas, con calado ó sin elloR¡ pero siempre se usa de hilo adamascado ó Iiso.-8.ª Consommé.
Salmón y toda clase de fiambres, medias noches, em•
paredados, té, helados, pastas y dulces.-9.ª Todas BE'.l
usan; pero las más bonitas y de más precio son las

perlas y los brillantes.

Pfdanse 1a11 muestras y los ,rrabado11.

Schweizer &amp; Co., Lucerna P 19 (Suiza).

.

Exportación de sederías.

NEVA.-1.ª Sí, seil.ora.-2.ª Tratándose de una lec•
cióo, puede empezarla á los seis meses.
V. DE B.-1.• Machacándolo muy bies hasta que se
convierta en polvo flnísimo.-2.ª Con volante de la
misma tela.-3.ª Empanadillas. Se toma la cantidad
de harina que se quiera, se pone sobre un tablero limpio, se. hace un hueco en el centro, y allí se echa la
cantidad necesaria de vino blanco, sal en proporción
de la harina, y si ésta llegase á una libra, se a~regará
un cuarterón de manteca de vacas. Se trabaJa muy
bien, y se extiende con el rodillo para hacer las empanadillas, rellenándolas con picadillo de carne y tomate.-4.ª No se ha recibido la carta á que usted se
reftere.-5.ª Queda hecho su encargo.-6.ª Tiene 80

Eau di Botot

sea saber el titulo y nombre del autor de alguno de

estos libros en particular, dirfjase á la Sección de encal'gos. Las tapas de piel, en todos los colores.
TnEs PRIMAS TONTAS-1.ª Vea el grabado 3 del pliego de labores de LA MODA del 30 de Diciembre pró-

ximo pasado.-2.ª Sí, sefiora.-3.ª Negro ó de color.

El de tafilete negro.-4.ª En los centros.-5.ª El grabado 9 de LA MODA del 22 de Enero es muy elegante.

-6.ª La receta que desea, ¿es de truchas? No se entiende bien en su carta, por estar aJgo borrada lapalabra. En el momento que aclare esta duda, le contestaré con mucho gusto.-7.ª Blanca 6 azul.-8.ª Todavía no se ha marcado la moda.
UN Ril[Q DE VIOLETAS.-1.ª sr, sefiora; de piqué, de
hilo y de batista.-2.ª De hilo bueno, se compone de
sábana de encima y otra de debajo y dos almohadas.
Puede hacerla con festón y guirna]da bordada en
blanco, y sobre ésta una cinta liberty de cuatro dedos, pasada por unas aberturas hechas á punto de
ojal. Puede sustituir el bordado con encaje.-3.ª De
crepé de hilo ó adamascada con calados y encaje ~ordo incrustado.-4.ª El justificante es imprescindible.

BRILLANTES ''BENICIA''
SON LA ÚNICA VERDADERA IMITACIÓN EN EL MUNDO
1Iace poco, una Casa, bajo el nombre de "MOHAWK of NEW YORK", 14 1
Puerta del Sol, empezó á hacernos competencia. Pero pronto han visto que nó
pueden hacer negocio, y nos han vendido las existencias y la inetal•ción.
Hemos puesto á la venta la existencia entera de 11 MOHAWK", tanto como la de
11 BENlClA", á la

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ANTES

Para ser hermosa no basta po-

seer un color fresco; es preciso cuidar
á diario del cutis del rostro y de las
manos. El mejor producto que puede
usarse con ese objeto es Ja Crema Simón,
cuyo valor higiénico hállase consagrado
por 40 años de brillantes éxitos. Con este
excelente producto no deben emplearse
otros polvos de arroz que los Polvos d8

Prélats ¡ comunica á las manos diáfana y aterciopela-

Por falta de espacio en este sitio,
continúa la CorrBSpOndencia parlic«lar
en la Hoja-Supl6msnw.

GRANDA

EXPLICACIÓN DEL FIGUR!N ILUMINADO.

15

fltl

Carmen, 7, Madrid.
AbriDo• de pieles desde 125 ptas.

Ahora

Traje tU muselina calor geranio.-Se

~narnece con felpilla formando dibn-

cada joya

¡os sobre una banda de tafetán más
claro. Canesú de tul bordado con moti vos grandes.

Las

PRIMERA EDICIÓN

Gran Snplemento de labores. que consta de

.I.Duneios.

SEGUNDA EDICIÓN
Fh;urin iluminado de un precioslsimo traje de

muselina color geranio.

Qran Suplemento delabores y literatura,
que consta de cuatro (frandespáginas, cuyo contenido

(grabados y texto) queda detallado anteriormente.
'Violeta, novela ori~inal de E. Marcel, traducida

exr,resamente para LA MODA ELEGANTE, por Aractl-i.Pl ego 15 encuadernable de esta obra.

Sedas Suizas
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y salón reservado
por la calle de la Victoria, 2

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de prtmaverft y de ver1111n para trajes y blusas:

Dleelonario de ,l,a llloda Ele:rante•. (Vo-

cuatro grandes páginas, conteniendo enlaces y adornos para bordado á punto de cruz y á realce, y texto
consistente en:
El arto d8 ser folie, por D. Rafael Ruiz López.
Correspondencia particular, con las contestaciones á Una desterrada, Una rosa de Als;"andría,
G. N. V., Una admiradora de su ..... , Amalita, Una morena risueña, Enamorada de ..... y Violeta azul.

7 ,50

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Los que con el presente número recibirán nuestras
suscriptoras son:

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nición, usos y explicación de las palabras siguientes:
Contraveneno.-Contusión.-Convalecencia.-Convul·
sioneR.-Coqueluche. - Goras,ón ( Enfermedades del).Cordiaks. - Corea. - Corlea. - Corpúsculos. - Garrobo•
rante.-Corrosivo (Suhlimado}.-Corsó.-Corladuras.Cosmético. - Costillas ( Rotura d8 ). - Costra ldctea.Coxalgia. - Crema.- Crémor. - Creolina. - Creosota.Creosotal.-Crepit,inte.-Creta.-Cretinismo. - Crisis.Crónica (Enfermedad).-Grótalo (Picadura del).-Croton (Aceite d8).-Group.-Grup.-Gu.-Guartana.-Guasia amarga.-Oucúrbita.-Cwmtagotas.-CM1antrillo.Gulebra (Mord8dura d8).-Gulebrilla.-Gúprico.-Gura.
'Violeta, novela original de E. Marcel, traducida
e~resamente para LA MODA ELEGANTE, por .A.raceli.Phego 15 encuadernable de esta obra.

Pesetas

Cada joya

ª"º' Simón á la violeta ó al heliotropo.

ADELA P~

vaca. Se sazonan con sal, pimienta y nitro molido, co-

locando esta pasta en una cazuela de barro y trabajándola fuertemente durante una hora, añadiendo un
poco de vino de Jerez y pimienta en grano, dejándolo
tapado con un pafio hasta el día siguiente, que se volverá á trabajar, y se llenarán intestinos de cerdo,
bien lavados y salados de antemano. Se aprietan bien,
á fin de que no queden flojos, y se pinchan con un alfiler para que no les quede aire dentro¡ se atan las
extremidades y se sujetan de arriba abajo fuertemente, con bramante, en anillos muy juntos. Se pondrán en salmuera, hecha con vino común y agua, con
algunas hierbas aromáticas, dejándolas en ella una
semana, al cabo de la cual se sacarán, escurrirán y
colgarán al aire, ahnmándolos después durante otra
semana. Se cuelgan luego en sitio ventilado, cubriéndolos con papel de estai'lo, y al cabo de dos meses se
pueden comer cro&lt;los.-3.ª Chorizos extremet1.os. Se toman partes iguales de carne magra de va~a y de cerdo, bien limpias de sus pieles y nervios, hasta la cantidad de ocho libras; se ai\aden cinco de tocino fresco
gordo, y se pican sobre un tajo con cuchillas bien afl.ladaB, hasta reducir estas carnes á pasta; entonces se
sazona con sal, pimienta en polvo, bastante pimiento
encarnado dulce y un poco de picante, orégano, cilantro y alcaravea, en poca cantidad, con dos ó tres dientes de ajo, todo molido. Se mezcla bien esta masa y
se deja en la vasija de barro hasta el día siguiente, en
paraje fresco, revolviéndolo de vez en cuando; se llenarán á distancia de unos ocho dedos en rastra ó cortados y atados con bramante largo por las dos puntas, para unir después estos cabos con un nudo de
dos en dos docenas, cuidando de dejarlos un poco
apretados de carne, y punzados para que no quede
dentro aire alguno. En esta disposición se cuelgan lo
más separados que se pueda, para ahumarlos hasta
que queden secos, que se pondrán en sitio fresco y
ventilado; se sirven cocidos.-4.ª El ron-quina es muy
bueno. Esa composición suele dar muy buenos resultados. - 5.ª Hay infinidad de devocionarios que contienen los principales ejercicios de piedad, y los encontrará usted en todas las librerías religiosas. Si de-

y con esto hemos demostrado que los

Siempre Joven y bella. Pldueen lu prinalpale1 perfumeriu.

da blancura. Sn principal depósito se halla en la Par•

quitamanchas, porque en casa no puede quedar bien.
-2.ª Salchichón d6 Vich. Se machacarán al mortero,
hasta reducirlas á pasta, unas ocho libras de cerdo,
tres de tocino fresco y cuatro de carne magra de

á n uestxos co:r.n:petido:res á :rend.i:r=!e~.

LADY PRETTY

cenlfmetros de alto, 90 de largo y 50 de ancho. .
DE VIAJE. - Nada tan práctico como la Poudro des

DEL CARMEN P.-1.ª Tendrá que mandarlo al

BtIOlaL.I.FiRJUBOTOT.En Ventaentoda'!t/Jartes

El Vf ■• Plll''EDO. tonificando el gran simp!ltico, cura
los disturbios de la nutrición.

fumerie Ea,otiqm.

lllAIÚA

~delaslmitaclonmy ~e 1os dellUfrio:a flfer!~.

HEMOS OBLIGADO

.. Eeh:l:z.en ", "Taffetn.N tu11trtP', "Loufslne "•
"llou111seltne"; de 120 centlmetN?sde ancho, desae 1,25
francos el metl"O, en negro, blanco, liso 6 labrado, asi como
las btmuua y t.raJe• de b11ttat11 bord11da.
Vendemoe nue11traa sedas garnntizAndolas como muy
consistentes, dtree"'JDf'lnte 4 lo• partf«!:ol11rea, y
tranco de porte y de derechos de aduana .6. domlolllo.

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•

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con medallas de oro en las Exposiciones de
Higiene de París y Londres. Desconflese de
las imitaciones.

PARA EL PELO

LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICA_NA.
Sumarlo del núm. 5, correspandlente al 8 de Febrero.
'Pz:rro.-Cr6nica general, por D. José Fernández Brem6n.Espafta vieja, por D. Angel Guerra.-Reacci6n favorable,
por D. SantiagoFuentes.-Cabeza blanca y cabeza rubia,
por D. Sebastián Gomila.-Voces de ayer, poesfa, por don
M. R. Blanco·Belmonte.-Desde Paria: Celebridades contemporáneas, Victorlen Sardou, por D. Carlos de Batlle.Joyas y prendidos de la reina Marta Luisa, conclusión, por
D. Juan Pérez de Guzmán.-El gato, conclusión, por don
Alejandro Larrublera.-Sueltos.-Informaciones, por•••.
GRABADOs.-Par[s: La BasHica del Sagrado Corazón y la ley
de separación de la Iglesia del Estado.-Retrato de Mr. Armio Muller, coronel del Ejército suizo.-Madrid: lnaugu·
r.a ción del monumento erigido en elRetlro al general Martinez de Campos.-Bellas Artes: Peate ttaelonol, dibujos de
Leal da Ca mara. Al baHe, cuadro dEJ C. Kiesel.-Retratos de
D. Nicolás de Ugarte y Gutiérrez. nn~vo académico de la
de Clencias Exactas, Físicas y Na rurales, y de Vlctorien
Sardou.-llustraciones del articulo Joyas y prendidos de la
reina Maria Luisa.
NUESTRO 8UPLEH'€NTO.-Bellas Artes: Elprimer1'8Btido de baile,
cuadro de J. da Costa.
. ,

AGENTES GENERALES
DE

La llustraal6n Española y Americana y de La Moda Elegante
EN LA REPÚBLICA MEXICANA:

Sres. Herrero Hermanos. Sucesores. -Plaza de la Concepción, núm. 2, México.

�72

LA MODA ELEGANTE

.Está regalando una fortunn.
Un acto de Filantropía hecho por el Dr. X. La Motte Sage,
:
Presidente de una Afamada Institución de Enseñanza.

X. LA. HOTI'E SAGE, A. M., PH, D., LL. D.

El Hombre que Está Regalando
una Fortuna en Libros.

r

El Dr. X. La Motte Sage, Presidente del Instituto de Ciencias, est:1 regalando una fortuna ei:i libros. Loa envta i todo el mundo eiri costo nlguno
ó inconveniencia para el que los ¡;&gt;ida, excepto la
peque!i.a molestia que podrla ocas1onarle al escrl•
bir. El Dr. SaJ?8 ha preparado y mandado :'i impri•
mir la obra más interesante que trata de Mftgne•
tismo personal é Hipnotismo y cómo alcrmzar éxi.o
en la vida, que hasta ahora se ha escrito, y contiene las más prácticas é intercs,ntes infor nacione1. Ea Justamente lo que todo joven neceait.n para
darle v gor, empuje y enerp;la en su primer esfuerzo de la vida; para hacerle magnético, de manera que pueda vencer cualquier obstáculo 6 difl·
cultad y alcanzar el éxito .. Es lo que todo hombre
de :nedfana edad necesita para hacer amistades y
retenerlas; para hacerse un cle:tder~ en su comu•
nidad, para influenciar y dirigir la mento de sus
asociados en negocios, y llegar 6. Ia altur11 que de•
see. Ea lo que todo padre y madre necesitan para
extirpar los malos 1t•mios 6 inclinaciones en sus
niña.; para fortalecerles 8119 facultades mentales,
cunrlee de enfermedades, y hacerles hombres y
eree de conformidad con los planes de Dios.
uatamente lo que torio pastor evanglilico ne•
ta para mantener firme la constancia en su fe,
y para ayudar f cambiar la mento de personas perTenal en morales, honradas, y en todo lo que sea
correcto, Ea lo que todo abogado necesita para
ayudarle , Influenciar los jura1os, dominar los
teaUgoa y presentar hechos de tnl nnturnleza, que
pueda CQnveneer ( loa oyentes. Es lo quo vos ne•
cealtlla, no importa quién aeüs ó hagáis, para que
~ alcanzar el éxito, el placer y la felicidad
que el Sabio Creador os ha concedido. Si no sois
afortunados, ea porque no conocéi~ el poder se•
e.reto que 2oblemn A la mente y pensamientos. del
hombre. Si toia afortunados, podréis alcanzar mayor 6xlto a6n al dominá.i.s las fuerzas ocultas que
os rodean. Aprended el cómo usar el &amp;eel'eto poder mi¡lco con el cual la Naturaleza os ha dotado.
'El libro del presidente Bago prueba el que todos
nácemo1 oon esto. poderosa fuerza sutil, y que todo
el mundo pnede fácilmente desarrollarla en casa
llin el conocimiento de sua amigos mfis lnilmos 6
uooladot y que puede UJl'o influenciar lilas gentes
7 baoerle~ realizar aua peneamientoa 6 ide?, sin

El

que se aperciban do ello en los mis mínimo. Verdaderamente es'una fuerza maravillosa, capaz de
un bien infinito. A continuación copiamos algunu
de las cartas de nuestro&amp; alumnos .
.. con el mayor placer me dedico en este momento
li·eS&lt;lribir estas lineas. Diré! ustedes con toda la
franqueza y sinceridad que me caracteriza, que su
curso ha sido para mI un tesoro incalculable. Sien•
to orgullo por tener mi nombre asociado á ln&amp;titu•
cló n tan ma2nn. Su discipu\o y S. S. Gilberto Cano.
C11lle de Hidalgo, 28, Burgos, Tampas, México.•
cMe pongo incondicionalmente á la disposición
do us:edes para decir A quien interese, lo m,ucho
que estas ciencias valen para el hombre, y lo fácil
que es su ePtudio por el procedimiento de su Curso. Considero iuiposible que una pt1rsoria que lo
lea, deje de estudiarlo. En él encuentra el estu•
dJante pnlabrl'.IS que despiertan la energía. moral,
cuando la fntiga material no • puedft sobrevenir,
quedando ésta dominada.-Juaia Lfopi, Sami. Rua
de Padnria, n(ím. 16, Lisboa, Portugal.&gt;
e He estudiado durante dos semanas, con profun•
da atención y or den, todas las instrucciones que
contiene el trntndo por correspondencia sobre
Mn¡r ietismo é lnfl.m.mcia personal, Hipnotismo, ter:ipéuticas sugestivas, etc., del Instituto de Cien•
cias de Nueva York en e sa ciudad. Me c~mplazco
en felicitar cor 1ialmente A todo el personal docente de ese mi\mo Instituto, envi:'inrlo 1i;i i la vez
mis 111a.nife11taciones sinceras de gratitud, por ha•
berma proporcionado la oportunld:id de eamblar
de una mun ~ra rarlical mi destino en In vida.-Carlo1 T. Cuéllar. Cinco de Mayo, letrn F., Monterrey, N. r.., México.~
Et presiJente Sage ha mandado imprimir velo•
te mil ejemplares de este nuevo libro para In dl11•
tribueión gratis. Estos fª están listos. Realzan al
libro magnlflc:is ilustraciones de grabt1dos finos, y
ser! para cualquier blblioíeca una gran adición. Si
vos rleseáis conocer todo lo que ee relaciona con
el Hipnotis.mo, la ciencia prodigios:i de la época
presente, Magnetismo personal, Poder de pansa•
miento, Curación magnética y otras ciencias alis•
das, escribid en seguida pidiendo una copia gratis
de e 3te interesante libro, el cual ae 01 enviará á su
dirección franco de porte. Os aatlsfará, deaconeertará y beneficiará más de lo que puede imagl•
narso. Jamás ae ha publicado una coaa igual. El
presirtente Sage regala estos libroa en beneficio
del público: él cree que de esta manera realiza ma•
yor bien que si les hiciera algún donativo f loa boa•
pitales, bibliotecas públicas ú otra casa de Igual
nnturalP:t:1. Os da un libro de mucho mis valor
para el joven que unn carrera; os lo da par:i vuea•
tro uso peM'ODIII, para que lo pongtls en vuestra
hibliotec11 ó lo llevéis eonsi~o. Debido á los mu•
chos gastos I\ºª la preparación é impresión de este
libro ha ocasionado, 1e suplica que eolamente ea•
criban aquellas personas que verdaderamente ea-tén Interesadas en mejorar su posición e:n la vida,
que realmente deseen hacer un u&amp;o práctico de
as informaciones que se dan en dicho libro. Si
vos desOOis adquirir un ejemplar gratis, escribid
inmediatamente,en el Mioma que quiera, una carta
franqueada con 2ó ciintlmos ó por tarjeta postal de
10 céntimos, al Dr. X. La Motte Sage, Dept.o. 1'1 R.
Rochester, N. Y. (E. U. de A.), y ee le enviará l
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DE FEBRERO DE

AÑO LXVI.-NúM. 7.

1907.
11

ADMÓN.: CABALLERO DE GRACIA, 19 Y 21.
11

SUMARIO.

Para 11:eumatlsmo ó Dolor de Es pal•
Pan dolores en la región
de los R.lilones 6 para la D~· da, Codos, y otras partes Opara Torce•
bllldad en las Caderas, el cm• duras. Contusiones, Entumecimiento
pbsto debed aplicarse. como y Pl_es Dolorldoa, cte., el emplaMo de•
~ cortarse del tam.a.ño y forma
1C ve arriba.
DondP. haya dolor póngase requeridas aplicándolo según 5C de·
muestra.
un emplasto de Allc:ocll.,

Para el Mal d.e Garganta,
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partes scnsitivu y doloridas
del estómago, apUquese como
queda dicho:

Reumatismo, Resfriados, Tos,
Dolor de Pecho, Debilidad de Caderas,
Lumbago, Ciática, etc., etc.
TENGA PRESENTE-Que los Emplastos de Allcock,
se han vendido á mii/ones durante más de 58 años. Com? to_das las
cosas buenas, han sido imitados; peró sol:1-men_te en apanenct~. Se
garantiza que no contienen Betladona., 0/Jto, m veneno de ninguna
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Cascelfl.do.- La prima Lucia, continuación, novela traducida por
Sylvia.-El vaso roto, poesla, por o. M. R. Blanco-Belmonte.-Correspondencia particular, por D.ª AdelaP.-Explicación del figurín
i .uminado.-Sueltos.-Anuncios.
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nada con terciopelo, propia para visitas.-4. l'raje de terciopelo.6. Traje de lana para seilorita de 1' A 16 años.-6. Paletó de entre•
tiempo.-7. Delantal de batlata guarnecido con encaje y con bordado.-8. Traje para visitaa.-·9 y 10. Trajes para niñas de 9 A U y
de 8 §. 6 ailoa.-11. Cinturón-jWltillo.-12. Traje•corpiilo con cbolero • plüaé. - 18. Traje elegante para señorita de 11&gt; á 17 ailos. a. Falda de paño y blusa de fantasia.-16. 7oilette de lana cbiné.16. Traje de paño para seilorita. - 17. Traje elegante para nlila de
4- ! 6 años.-18. ToiletUI para reuniones de conflanza.-19. Traje
de tarde.-20. Traje de primera comunión. - 21 A 23. Peinador y
enaguas para señorita.-2' á 27. Cubrecorsé y cuellos de novedad.
-28 y 29. Sachet guarnecido con bordado é incrustaciones de Venecia.-30 y 31. Camisas de vestir 1 de dormir par.1joven.-82. Pantal6n de lana y pantalón de shirhng para señorita.-83. Toiletts de
terciopelo. - 8'. Toilette de ta.fetá.n. - 86 y 86. Bolsa para teatro y
rldfoulo.-87 y 88. Bolsas para servilleta.a.-89. Bluaa de paiio blanco bordado.--f.0. Blusa para teatro.-41. Blusa guarnecida con gui•
pur.-4-2. Mantel y servilleta.a para t6 guarnecidos con bordado 6
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pespuntean bajo el trozo de arriba. Los faldones del
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según indica el grabado, y terminan bajo los delanteros; el «bolero&gt; se abrocha por medio de botones de
nácar; el cuello vuelto se guarnece con un pespunte, y
la manga, lisa, se frun·
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falda un grupo de pespuntes; en ésta se forman á cada lado del
EapaJda1 de 101 dlbuJos I y 2.
delantero tres pliegues pespunteados en 35 cm. de su longitud. El «bo·
lero», cortado en punta por delante, forma pliegues
que recuerdan el adorno de la falda; los delanteros se
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REVISTA PARISIENSE.
SU.MARIO.

Evolución de la moda. - Los adornos y_ el carácter del traje._ El
corte de lu faldas y su adorno. -Abngu.itos de fantasía
BI
de seda• de encaje, estampadas. -Tules !lu"vos y sus ·;uc:=
ne~. - Las blusas de franela. -A6n los lira.otea. - Sombre
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primavera.
ros e

VENDRÁ con las violetas y mimosas de la primavera al8'Ú;I' cambio radical en la hechura de
nuestros tra¡es y en la forma de nuestros som~rerosY No lo _creo: la moda no suele decidirse
a transformamon~s co1;11pletas y súbitas, precisamente porque es 1nftmtamente variada, porque

l. -Traje de calle.

2. - Traje de viaje.

�</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752064&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>72

LA MODA ELEGANTE

.Está regalando una fortunn.
Un acto de Filantropía hecho por el Dr. X. La Motte Sage,
:
Presidente de una Afamada Institución de Enseñanza.

X. LA. HOTI'E SAGE, A. M., PH, D., LL. D.

El Hombre que Está Regalando
una Fortuna en Libros.

r

El Dr. X. La Motte Sage, Presidente del Instituto de Ciencias, est:1 regalando una fortuna ei:i libros. Loa envta i todo el mundo eiri costo nlguno
ó inconveniencia para el que los ¡;&gt;ida, excepto la
peque!i.a molestia que podrla ocas1onarle al escrl•
bir. El Dr. SaJ?8 ha preparado y mandado :'i impri•
mir la obra más interesante que trata de Mftgne•
tismo personal é Hipnotismo y cómo alcrmzar éxi.o
en la vida, que hasta ahora se ha escrito, y contiene las más prácticas é intercs,ntes infor nacione1. Ea Justamente lo que todo joven neceait.n para
darle v gor, empuje y enerp;la en su primer esfuerzo de la vida; para hacerle magnético, de manera que pueda vencer cualquier obstáculo 6 difl·
cultad y alcanzar el éxito .. Es lo que todo hombre
de :nedfana edad necesita para hacer amistades y
retenerlas; para hacerse un cle:tder~ en su comu•
nidad, para influenciar y dirigir la mento de sus
asociados en negocios, y llegar 6. Ia altur11 que de•
see. Ea lo que todo padre y madre necesitan para
extirpar los malos 1t•mios 6 inclinaciones en sus
niña.; para fortalecerles 8119 facultades mentales,
cunrlee de enfermedades, y hacerles hombres y
eree de conformidad con los planes de Dios.
uatamente lo que torio pastor evanglilico ne•
ta para mantener firme la constancia en su fe,
y para ayudar f cambiar la mento de personas perTenal en morales, honradas, y en todo lo que sea
correcto, Ea lo que todo abogado necesita para
ayudarle , Influenciar los jura1os, dominar los
teaUgoa y presentar hechos de tnl nnturnleza, que
pueda CQnveneer ( loa oyentes. Es lo quo vos ne•
cealtlla, no importa quién aeüs ó hagáis, para que
~ alcanzar el éxito, el placer y la felicidad
que el Sabio Creador os ha concedido. Si no sois
afortunados, ea porque no conocéi~ el poder se•
e.reto que 2oblemn A la mente y pensamientos. del
hombre. Si toia afortunados, podréis alcanzar mayor 6xlto a6n al dominá.i.s las fuerzas ocultas que
os rodean. Aprended el cómo usar el &amp;eel'eto poder mi¡lco con el cual la Naturaleza os ha dotado.
'El libro del presidente Bago prueba el que todos
nácemo1 oon esto. poderosa fuerza sutil, y que todo
el mundo pnede fácilmente desarrollarla en casa
llin el conocimiento de sua amigos mfis lnilmos 6
uooladot y que puede UJl'o influenciar lilas gentes
7 baoerle~ realizar aua peneamientoa 6 ide?, sin

El

que se aperciban do ello en los mis mínimo. Verdaderamente es'una fuerza maravillosa, capaz de
un bien infinito. A continuación copiamos algunu
de las cartas de nuestro&amp; alumnos .
.. con el mayor placer me dedico en este momento
li·eS&lt;lribir estas lineas. Diré! ustedes con toda la
franqueza y sinceridad que me caracteriza, que su
curso ha sido para mI un tesoro incalculable. Sien•
to orgullo por tener mi nombre asociado á ln&amp;titu•
cló n tan ma2nn. Su discipu\o y S. S. Gilberto Cano.
C11lle de Hidalgo, 28, Burgos, Tampas, México.•
cMe pongo incondicionalmente á la disposición
do us:edes para decir A quien interese, lo m,ucho
que estas ciencias valen para el hombre, y lo fácil
que es su ePtudio por el procedimiento de su Curso. Considero iuiposible que una pt1rsoria que lo
lea, deje de estudiarlo. En él encuentra el estu•
dJante pnlabrl'.IS que despiertan la energía. moral,
cuando la fntiga material no • puedft sobrevenir,
quedando ésta dominada.-Juaia Lfopi, Sami. Rua
de Padnria, n(ím. 16, Lisboa, Portugal.&gt;
e He estudiado durante dos semanas, con profun•
da atención y or den, todas las instrucciones que
contiene el trntndo por correspondencia sobre
Mn¡r ietismo é lnfl.m.mcia personal, Hipnotismo, ter:ipéuticas sugestivas, etc., del Instituto de Cien•
cias de Nueva York en e sa ciudad. Me c~mplazco
en felicitar cor 1ialmente A todo el personal docente de ese mi\mo Instituto, envi:'inrlo 1i;i i la vez
mis 111a.nife11taciones sinceras de gratitud, por ha•
berma proporcionado la oportunld:id de eamblar
de una mun ~ra rarlical mi destino en In vida.-Carlo1 T. Cuéllar. Cinco de Mayo, letrn F., Monterrey, N. r.., México.~
Et presiJente Sage ha mandado imprimir velo•
te mil ejemplares de este nuevo libro para In dl11•
tribueión gratis. Estos fª están listos. Realzan al
libro magnlflc:is ilustraciones de grabt1dos finos, y
ser! para cualquier blblioíeca una gran adición. Si
vos rleseáis conocer todo lo que ee relaciona con
el Hipnotis.mo, la ciencia prodigios:i de la época
presente, Magnetismo personal, Poder de pansa•
miento, Curación magnética y otras ciencias alis•
das, escribid en seguida pidiendo una copia gratis
de e 3te interesante libro, el cual ae 01 enviará á su
dirección franco de porte. Os aatlsfará, deaconeertará y beneficiará más de lo que puede imagl•
narso. Jamás ae ha publicado una coaa igual. El
presirtente Sage regala estos libroa en beneficio
del público: él cree que de esta manera realiza ma•
yor bien que si les hiciera algún donativo f loa boa•
pitales, bibliotecas públicas ú otra casa de Igual
nnturalP:t:1. Os da un libro de mucho mis valor
para el joven que unn carrera; os lo da par:i vuea•
tro uso peM'ODIII, para que lo pongtls en vuestra
hibliotec11 ó lo llevéis eonsi~o. Debido á los mu•
chos gastos I\ºª la preparación é impresión de este
libro ha ocasionado, 1e suplica que eolamente ea•
criban aquellas personas que verdaderamente ea-tén Interesadas en mejorar su posición e:n la vida,
que realmente deseen hacer un u&amp;o práctico de
as informaciones que se dan en dicho libro. Si
vos desOOis adquirir un ejemplar gratis, escribid
inmediatamente,en el Mioma que quiera, una carta
franqueada con 2ó ciintlmos ó por tarjeta postal de
10 céntimos, al Dr. X. La Motte Sage, Dept.o. 1'1 R.
Rochester, N. Y. (E. U. de A.), y ee le enviará l
vuelta de correo este libro en eapañol 1 ln¡l61,
francés, alemán, holandés 6 italiano.

¡;

ILU~TRADA

C.ALLIFLOBE

FLOR DE BELLEZA

POLVOS ADHERENTES t INVISIBLES
FL'YVRA., PUREZA., PERFU:llE JDEA..L. Comunica al rostro una maravillosa y delicada
belleza, una blancura brillante y un aterciopelado Incomparable. Cuatro tonOB en cada uno de loa
colorea Roan y Raquel. Blanco de ti.na pureza absoluta. Son los polvos de arroz de las reinas y loa
re ee de los olvos de arroz.-AGNEL, ertond1ta; 1a, Avenue de t•Opfra, Pa:rts.

EMPLASTOS POROSOS

i\lle"ek

•

Remedio universal para el dolor de caderas (tan frecuente
entre las mujeres).
Proporcionan alivio instantáneo
Donde quiera que se sienta dolor aplíquese un emplasto.

PERIÓDICO ESPEC~L DE SEÑORAS YSEÑORITAS, INDISPENSABLE EN TODA CASA DE FAMILIA

DIRECCIONES PAR.A SU USO.
MADRID

22

DE FEBRERO DE

AÑO LXVI.-NúM. 7.

1907.
11

ADMÓN.: CABALLERO DE GRACIA, 19 Y 21.
11

SUMARIO.

Para 11:eumatlsmo ó Dolor de Es pal•
Pan dolores en la región
de los R.lilones 6 para la D~· da, Codos, y otras partes Opara Torce•
bllldad en las Caderas, el cm• duras. Contusiones, Entumecimiento
pbsto debed aplicarse. como y Pl_es Dolorldoa, cte., el emplaMo de•
~ cortarse del tam.a.ño y forma
1C ve arriba.
DondP. haya dolor póngase requeridas aplicándolo según 5C de·
muestra.
un emplasto de Allc:ocll.,

Para el Mal d.e Garganta,
Tos, Bronquitis, para Pulmones OeblHtadoa, y para las
partes scnsitivu y doloridas
del estómago, apUquese como
queda dicho:

Reumatismo, Resfriados, Tos,
Dolor de Pecho, Debilidad de Caderas,
Lumbago, Ciática, etc., etc.
TENGA PRESENTE-Que los Emplastos de Allcock,
se han vendido á mii/ones durante más de 58 años. Com? to_das las
cosas buenas, han sido imitados; peró sol:1-men_te en apanenct~. Se
garantiza que no contienen Betladona., 0/Jto, m veneno de ninguna
esf,ea'e.

Insista en obtener el de

PÍidoras de
Puramente Vegetales.

A(ICQCk

Siempre Eficaces.

Es una medlc{na que rrgula, purifica y fortale&lt;:e el sistema.

TEno.-Explicación de los grabados.-Revista parisiense, por V, de
Cascelfl.do.- La prima Lucia, continuación, novela traducida por
Sylvia.-El vaso roto, poesla, por o. M. R. Blanco-Belmonte.-Correspondencia particular, por D.ª AdelaP.-Explicación del figurín
i .uminado.-Sueltos.-Anuncios.
GRABADOS.- l. Traje de calle.-2. Traje de viaje. -3. Toilette ador•
nada con terciopelo, propia para visitas.-4. l'raje de terciopelo.6. Traje de lana para seilorita de 1' A 16 años.-6. Paletó de entre•
tiempo.-7. Delantal de batlata guarnecido con encaje y con bordado.-8. Traje para visitaa.-·9 y 10. Trajes para niñas de 9 A U y
de 8 §. 6 ailoa.-11. Cinturón-jWltillo.-12. Traje•corpiilo con cbolero • plüaé. - 18. Traje elegante para señorita de 11&gt; á 17 ailos. a. Falda de paño y blusa de fantasia.-16. 7oilette de lana cbiné.16. Traje de paño para seilorita. - 17. Traje elegante para nlila de
4- ! 6 años.-18. ToiletUI para reuniones de conflanza.-19. Traje
de tarde.-20. Traje de primera comunión. - 21 A 23. Peinador y
enaguas para señorita.-2' á 27. Cubrecorsé y cuellos de novedad.
-28 y 29. Sachet guarnecido con bordado é incrustaciones de Venecia.-30 y 31. Camisas de vestir 1 de dormir par.1joven.-82. Pantal6n de lana y pantalón de shirhng para señorita.-83. Toiletts de
terciopelo. - 8'. Toilette de ta.fetá.n. - 86 y 86. Bolsa para teatro y
rldfoulo.-87 y 88. Bolsas para servilleta.a.-89. Bluaa de paiio blanco bordado.--f.0. Blusa para teatro.-41. Blusa guarnecida con gui•
pur.-4-2. Mantel y servilleta.a para t6 guarnecidos con bordado 6
mcr119taciones.

Núm. l. - De paiio color caoba: los pailos de los lados se guarnecen con pliegues superpuestos que se
pespuntean bajo el trozo de arriba. Los faldones del
«bolero&gt;, que se forra con seda blanca, se pliegan,
según indica el grabado, y terminan bajo los delanteros; el «bolero&gt; se abrocha por medio de botones de
nácar; el cuello vuelto se guarnece con un pespunte, y
la manga, lisa, se frun·
ce en el hombro.
Materiales: 6,25 metros de paño, de 1,20
metro de ancho; 4 metros de forro para el
«bolero&gt;, y 4 botones.

DE VENTA EN IJ,S BOTICA8 DEL MUNDO ENTERO.

Apntes e~ Espaiia-J. URIACH &amp;. CA., Barcelona.

BELL~?:A mEAL

«LA JOUYÉNTINE&gt;
No huta rter bella: es preciso sacar partido de
la beller.a idealizfndola; la aldeana·bormosa tiene au cutis ~ y ordinario. ¿Quéreia oonse•
guir la belleza tdealt Usad los polvoe de arroz
LA. cJ"OtrVENTJNE, . de perfume su.ave y pe·
netrante, que idealiza "el rostro, le comunica exquisita fre&amp;eura y una blancura brillante.
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(NO CONFUNDIRLA CON

Es el más enérgico de los emenagogos que se conocen y el preferido por el cuerpo méd_ico. Regulariza ·el
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los dolores y · cólicos que suelen coincidir con. las épocas,
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Remltese correo certificado, por i ptas. Pae-o en
letra ó sellos Correos.-farmacla, f. OARCERÁ
Prfnclpe, 13, 11.&amp;.DRID.
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aiopa peligro para el calis. 10 Año• 4e :áslto, J millam de tesUmoniolprantiu;A la dacia
de esta preparaáoa. (Se ,ende en •JH, pan la barba, J e11 1/2 oaJu pan el bigote licero) Pvl
tos bnzos. em11léueel PILJ t'UllE. DVBBEIB, l,rueJ.-S.-Rouue&amp;U. Parla-

MADBID.-Esta.blecimiento tipolitográ.fl.co cSuce&amp;orea de Riva.deneyra,,
impresores de h! Real Casa..
(Propiedad de LA ILUSTRACIÓN ESPAR°OLA. y All:ERIOA.NA..)

Núm. 2.-Nuestro
modelo, ele lana beige
cuadriculada con rayas sumamente finas,
tono sobre tono, se
compone de falda lisa
y «bolero», tomando
siempre la tela al bies.
Rodea el bajo de la
falda un grupo de pespuntes; en ésta se forman á cada lado del
EapaJda1 de 101 dlbuJos I y 2.
delantero tres pliegues pespunteados en 35 cm. de su longitud. El «bo·
lero», cortado en punta por delante, forma pliegues
que recuerdan el adorno de la falda; los delanteros se
adornan al borde con un galón de fantasía que dibuja
un pequei'io chaleco. Tanto el cuello vuelto como las
bocamangas Be adornan con pespuntes de seda color
castai'ia._Completa el traje una blusa de fantasía.
Materiales: 6 _m. de tela, de 1,20 m. de ancho, y 1,60
metro de trencilla de 3 cm. de ancho.

REVISTA PARISIENSE.
SU.MARIO.

Evolución de la moda. - Los adornos y_ el carácter del traje._ El
corte de lu faldas y su adorno. -Abngu.itos de fantasía
BI
de seda• de encaje, estampadas. -Tules !lu"vos y sus ·;uc:=
ne~. - Las blusas de franela. -A6n los lira.otea. - Sombre
d
primavera.
ros e

VENDRÁ con las violetas y mimosas de la primavera al8'Ú;I' cambio radical en la hechura de
nuestros tra¡es y en la forma de nuestros som~rerosY No lo _creo: la moda no suele decidirse
a transformamon~s co1;11pletas y súbitas, precisamente porque es 1nftmtamente variada, porque

l. -Traje de calle.

2. - Traje de viaje.

�74

LA MODA F.LF.GANTE ILUSTRADA

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

campana tienen una costura al bies delante y
otra detr'ás, y suelen estar desprovistas de pliegues y frunces en la cintura y, si hacen falta
pinzas se cubren con un adorno, tal como correas pespunteadas ó soutaches unidos dos á &lt;!osy terminados ·en trébol, procurando, lo cual n_o
es dificil, que aparezcan naturales y no obhgados.
.
Cualquiera que sea la disposición de la parte
alta de la falda, la de abajo queda siempre amplia·, aunque no aparezca ese gran vuelo por su
mucha flexibilidad. En las faldas de paños estrechos es fácil obtener el vuelo gracias . á los bieses de las costuras. En las de dos paños no hay
este recurso, pero se amplifican por . medio de
volantes ó franjas en forma, con pegaduras invisibles.
· Franjas y volantes dan unas veces vuelta á la
falda como en la figura 1, ya citada, ó como en
las 2 'y 3, que representan dos trajes •sastre», el
primero de paño de seda verde, con straps pespunteados pasamanería del mismo color, y el
segundo de 8año liso gris plomo y paño de rayas negras. tras veces las franjas y volantes se
detienen en el delantal, como se ve en los tres
trajes de tarde representados en las figuras 4, 5
y 6: el primero, de paño verde higo, con plegaditos de tafetán de igual color y blusa de vuela
de seda estampada; el segundo, de raso mate
azul, adornado con bordados y encaje amarí-

hay mil maneras de renovarla, de rejuvenecerla
y de transformarla sin reconstituirla de pronto
radicalmente.

•
• •
Ved cómo, con los mismos elementos, se obtienen resultados muy diversos. ¿Se trata de un
traje de paño? Tenéis el paño obscuro, azul marino, verde obscuro, gris ceniza, ó ese rosa fresco que tan bien sienta á las rubias, ó bien el
paño blanco, crema ó champagne para los trajes
sastre de mañana ó de paseo en las tardes de sol.
El traje cambiará de carácter según los adornos
con q11e le completéis. Para la mañana, los bieses, straps, volantes lisos, galones ó trencillas de
seda negra que destacan apenas sobre las telas
obscuras. La disposición de esos adornos es muy
sencilla: una ancha trencilla ondula en el bajo
de la falda y sube á lo largo de cada costura para
terminar en punta; trencillas de anchuras desiguales se espacían tres á tr~s en el tercio inferior; anchos galones dibujan almenas ó grecas;
soutaches estrechos corren en varias filas, recuadrados con presillitas. La aparente sencillez de
estos adornos no impide que hayan de ser muy
bien estudi11dos para huir de la vulgaridad, y
porque influyen mucho en la silueta de conjun-

y

Para la mañana os aconsejo las blusas de seda
flexible, del mismo color que el vestido; para la
tarde las de encaje ó guipur, eligiendo á vuestro gusto entre el de Craponne, el de Irlanda,
las imitaciones de punto de Milán ó de Venecia,
ó la pieza de Valenciennes, realzada con cabecillas de encaje fruncido. Precisamente por lo cortos que son estos á)Jrigos, no consienten debajo de las blusas claras más que otras de encaje; pero pueden acompañarlos otras preciosas
blusas de vuela estampada, fina como una muselina, y otras de shungtung, también estampado,
con las que nos separamos de las sedas lisas. Tanto la vuela como el shungtung existen en los mismos colores que las lanillas y panos á que ban
de acompañar, viniendo á alegrarlas los varios
matices del estampado, de que puede servir
como ejemplo un salpicado de florecillas verdes, cruzadas por unas rayitas negras sobre fondo azul.

•
••
Se augura un gran éxito á las blusas de tul: ya
calado y con cintas cometa pasadas por él ingeniosamente, ya salpicado de florecillas ó moteado con diminutos ó grandes lunares, ya con rayas satinadas, ya de otras muchas clases, de que
hay inmensa variedad y gran novedad. Los hay
blancos, negros y de color, y con ellos se hacen
cuerpos muy adecuados para servir de complemento á los vestidos de primavera.
Hasta se están lanzando, por los grandes modistos, vestidos completos de estos tules, adornados con volantes de paño ó con anchos bieses
de faya, de moaré flexible ó de raso mate. Constituyen elegantes trajes de tarde, que pueden
muy bien servir para asistir á una boda ó pri. mera comunión, ó á un concierto ú otra fiesta
de tarde.

75

ciopelo ó por escalones de soutaches, como en la
figura 6, y se extienden más ó menos anchos, en
hombreras, sobre las mangas; otras veces los
forma una senéilla franja lisa, que adorna también las mangas, como .se ve en la figura 4. Vi el
otro día un precioso vestido de tirantes; era de
pano rosa suave y desvanecido, con una blusa
de encaje y un cuerpo de terciopelo de igual
color que el paño, y le adornaban tirantes que
se prolongaban en correas cuadradas sobre las
mangas, y cuyo borde rayaba una escala de paño
finamente plegado, de 2 cm. de ancho, recuadrado con diminutos ·straps. La apariencia era
de encantadora sencillez, y la tonalidad alegre
y delicadísima. Un estrecho terciopelo azul apagado, subrayado con plata, rodeaba el cuello,
produciendo una nota de contraste tan bien encontrada, que realzaba y avaloraba el traje. ··
Elegante y nuevo es también el modelo de la
figura 7, de faya de color de palo de rosa, con
bordados, y con chaleco y bullones de tul de
AlenQOn.

•
••
Más aún que los modistos, llevan adelantada
Ja estación las sombrereras, en cuyos talleres he

•

• •
Fig. 2.

El corte de las faldas es el mismo que hasta
aquí. Se usan las faldas de campana, lisas ó fruncidas por arriba, siempre que los frunces no
abulten para que no engruesen las caderas. También se verán mucho esta primavera las faldas de
paños estrechos, poniendo al bies las dos orillas
de los paños, de modo que el rayado de la tela
aparezca ingleteado eu las costuras. Algunas
faldas que derivan de las antiguas faldas de

Las blusas de franela blanca de hechura de
camisero, y las de franela rayada, tan cómodas
y de las q~e hay tan bonitos modelos, se reservan exclusivamente para los trajes «sastre», bajo
las _chaquetas largas Luis XV, redondas, tiradas
hacia atrás, ó bajo la chaquetita clásica ó los paletós graciosamente quebrados de talle. Complemento de esta combinación es el cuello almidonado, recto ó suelto.

voluminosa, que se anuda al costado y que se ha
de estudiar y modificar para cada persona, hasta
que acompañe bien á su cara y á su silueta.

•

• ••

••

Flg. 1.

liento en la blusa·y en la parte inferior de la falda y el tercero, de paño violado, con hombrera; y entredoses en la falda, de tafetán bordado,
y con blusa de Alen~on amarillo, combinado
con cintas estrechas de terciopelo.

to. Se escalonan á bastante altura para las personas altas, y se ponen más próximas entre sí para
las de corta estatura. Las trencillas, dispuestas
verticalmente, adelgazan, alargan la silueta, y,
por el contrario, las que rodean el vestido parecen amplificar y acortar.
Los trajes de tarde destinados á la calle, suelen ser de matiz neutro, como los de mañana;
pero consienten caprichosas combinaciones de
telas diferentes, sin perjuicio, por otra parte, de
los galones, straps ó bieses que recuadran ó enlazan los demás adornos. Ved, por ejemplo, las
hojas de trébol, hechas con terciopelo, del traje
de la figura 1, bordeadas con straps rayados por
galones flexibles. El traje es de cachemir gofrado gris ceniza, y en vez del terciopelo se podría emplear para el adorno un tafetán liso,
rayado con plieguecitos, ó uno tornasolado.
También se podría, y es combinación frecuente,
hacer de otra tela la franja que queda entre las
dos guirnaldas, por ej amplo, de luisina, piel de
seda ó tafetán, si las hojas son de terciopelo, ó
de gasa ó crespón de la China, si las aplicaciones
son de tafetán.

•••

•
••
No se sabe, en verdad, qué nombre dac á \os.
caprichosos abriguitos que completan los traJes
de esta primavera. ¿Son eboleros», paletós ó
chaquetas? La clasificación es más difícil que
nunca, porque tienen el vuelo de los paletós y
sus delanteros alargados, y las espaldas cortas
de las chaquetas y •boleros». Las figuras 1, 2 y 3
marcan tres nuevos modelos de esta clase de
prendas, señalando novedades inspiradas en las
modas del invierno: ya, como en la figura 2, prolongando las hombreras en correas redondas ó
cuadradas; ya, como en las 1 y~. modiflcan_do
las mangas japonesas cortas y caidas, que deJan
ver la manga interior de encaje ó de otra tela.
Agréganse á estos abrigos escotes lisos bordeados con bieses ó galones, ó solapas cortadas á
mayor ó menor altura, y se completan con blu. sas de todas clases.
Fig. 8.

•

No necesitan del recuerdo las antiguas suscriptoras á LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA' pero
las nuevas habrán de agradecerme les diga que
el Anti-Bolbos es un especifico de resultados eficaces para hacer que desaparezcan en poco tiempo los puntos negros de la frente, la nariz y la
barba. Establecido · el principal depósito en la
Parfumerie Exotique, 35, rue du Quatre-Septembre, Paris, expéndese también en Madrid, en las
de Urquiola, Mayor, 1; del Molino, Carmen, 2·
Sixto Homero, Carrera de San Jerónimo, 3; Hi~
jos de J. J. Fortis, Puerta del Sol, 2; Gal y Compañía, Ferraz, 25; y en Barcelona, las de Julia
C?mas, Call, 30; Salvador Banús, Jaime I, 18; .
Vicente Ferrer y C.ª, Princesa, 1; Carlos Massip
Fernando,55; Jaime Forteza,Escudillers, 34, 1.0 ;
y Cayetano Lledó, Rambla de Capuchinos, 17.

¡Siempre los tirantes! De hechura más ó menos complicada, y hechos con la misma tela que
la falda, adornan la mayor parte de las blusas de
~ncaje, de seda ó de terciopelo. Unas veces esos
tirantes son· dobles, unidos por cintitas de ter-

•••

1

''1·
,,
1.¡L

!,

'1.
,,
1

visto ya bastantes modelos nuevos, preparados
l(ara el momento en que reaparezca el buen
tiempo.
A_excepción de las plumas de avestruz largas,
flexibles, de plumón at~rciopelado, que adornan las capelinas de pa¡a y de crin, se abandona1;1 los penachos colgantes y las plumas de fan~sia de que, á la verdad, hemos abusado este invierno, y se nos invita, de un modo bien tentador, á adornarnos con flores. Muchas rosas y
ª¡l"rupadas de :un modo original, recubren, por
e¡emplo, la mitad del casco de un sombrero, en
mal!", apretadas unas contra otras, y las hojas se
extrnndeu sobre la otra mitad; ó bien sobre
tod(! el sombrero_ se ~xtiende un tapiz de hojas
matizadas, y á la izqmerda aparece un ramo de
rosas con algunos tallos de &lt;no me olvides&gt; y
uno ó dos pensamientos de color violeta obscuro.
Siguen los sombreros boinas, más ó menos
anchos, que se dejan rebasar por un ala estrecha
de paja ó de crin de otro color.
Sobre paja verdeó azul, se drapea tafetán tornasolad_o de dos ó tres matices, como verde. azul
Y albaricoque. A veces el ala del sombrero está
f&lt;;&gt;rrada con la misma tela, y una torzada de ter01'.IBelo negro la separa del casco.
• ay sombreros muy cómodos para viaje, que
estan adornados sencillamente con una torzada
de tafetán tornasolado y flexible, levantada y

V. DE CA.STELPIDO.
Parla 18 de Febrero de 1907.

LA PRIMA LUCÍA.
Con t inuaei6n.

-Estábamos todos ha~brientos; pero ya nos
al_canzarás, porque tu t10 come muy despacio.
Tienes muy mala cara; decididamente el aire de
París no _te_ conviene. ¡Ea! Siéntate, c~me y luego nos_diras por qué has vuelto tan pronto.
Las mterrumpidas conversaciones se reanu~aron, sin ocuparse para nada de Lucía. Valentma explicaba á su hermana menor que en el
mes de Octubre iba á entrar en el co~vento, los
u~os Y costumbres de la casa, las comidas de los
dia_s de fiesta y las horas de recreo; •Luciano y
Lms ensalza?an las ventajas de sus respectivas
ca':"reras; Gmllermo interrumpía á todos con voz
chillona, YJorge y Ana permanecían silenciosos.
Est~ confus! y desordenada gritería, que hacía
sonreirá la senora de Berry, contrariaba evidentemente á su marido, sin que nadie á excepción
de Lucía, advirtiera que aquéllo Íe fatigaba ó
tal vez hería sus íntimos recuerdos.
'
Cuando Lucía concluyó de tomar la sopa y

�76

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

dejó Ja cuchara sobre el pla~o, su ti!! impuso silencio, y dirigiéndose á la ¡oven, di¡o:.
-¡Ea! Explícanos Jas razones de tu mesger!do regreso, ouaudo te proponías pasar to aVIa
una semana en Paria.
f • d
Parecia muy violento á la joven re er1r olante de todos sus desagradables escenas co~
sedora de Fontelay, y sufrir el iut_e~rogator10
que no dejaría de someterla su tia, pero muy
ronto observó que los motivos de su r~greso
fnspiraban á sus primos igual indiferenma que
el regreso mismo, y mientr_as que las. convers~ciones momentáneamente mterrump1das, continuaba~ contestó á la se!lora de Berry:
- Mi 'tía se propone abandonar _por ahora París pasar algunas semanas en Smza.
_!Eso ya me lo has escrito; pero tno te ha propuesto que la aoompalles?
,
. . ,
-Seguramente no se le ha ocurrido s1qmera,
jamás le he sido simpAtica.
.
.
-La falta de simpatía no debe 1_i_npedir que
cada uno cumpla con su deber- d1¡0 la señora
de Berry.-Y..... tno ha ocurrido nada nuevo con
motivo de la herencia? tNo se ha encontrado al-

1:

gún testamento, algún codicilo2 que te asegure
un legado, por modesto que sea.
-¡No ninguno!
Ita
-¡Es~ es una infamia! -exclamó conexa oi6n la seflora de Berry.- La seflora de Fon:tela tenía una fortuna considerable, y su marido
1/deja, además, todos los bi~nes que proieteá
de tu familia de la tuya, Luma. Al menos, a r
do con ~splendidez tu viaje y tus luto~.
8
P gaA mi llegada á París me entregó dosc1ent~s
francos y esto ha sido todo- contestó Lucia v1siblem~nte contrariad11.
•d
-Pues no es gran cosa; si no hubi~ras ten\ o
ropa negra, ignoro cómo te ¡as habrias arr~g
do. ero supongo que contmuará abonan o
pe~f¡6n que te había asignad&amp; tu tío, t 00 es
cierto?
.
Lucía no pudo contener las lágrim•r¡ s·
_ Espero no tener necesidad dE; e •· 1 1
piera usted cuán penoso es para mi verme o gada á recibir ese socorro!
t
-Por desgracia querida - dijo brusoamen e
la se!lora de Berry,- es la única que se encuentra en condiciones de poderte ayudar.
La joven inclinó la cabeza;
después, haciendo un e_sfuerzo, miró á su tia con au-e suplicante.
- He-visto-dijo-al notario encargado de administrar la casa de Clamart. Piensa escribir á mi tio, consultándole respecto á . ciertas
proposiciones de alqmler. El
precio que ofrecen no es muy
elevado; pero yo creo que debe
aceptarlo, á falta de mejor proposición.
- ¿Cuánto ofrecen 1
_ Ochocientos francos.
\,
_ ¡Ochocientos francos! Es
ridículo, valiendo la casa de
veintiocho á treinta
mil.
-Sí, pero hace
cerca de un año que
nada produce, Y
creo preferible al
quilarla, aunque sea
en malas condicio ·
nes que esperar á
que'llegue elinvierno. Mi tío aceptará,
•no lo oree usted asi?
fsi supiera ~t~d qué
triste es ree1b1r socorro de una persona que con tan poca
delicadeza lo ofrece!
-¡Una mujer tan
rica! Es vergonzoso.
¡Veamos, Lucía! Yo
puedo tenerte aquí
4.-TraJe de terolopelo.
por cincuenta francos al mes; te quedarán todavía dos.
De cierto, la señora de Vallier espe!•. con imcientos para tus gast~ particulares· pero tu casa ex1g1rá algu- paciencia tu resolución. ¿Estás ya dec1d1da? .
Lucía encontró la mirada ardiente y curiosa
nas ~eparaciones, y sería muy
de
su prima.
.
d
justo.....
·
- ¡No! - balbució con voz débil. --;- No pue o
-Pero ¿á qué con~ucen todos esos cálculos1- mterr_um- aceptar como marido á Marce.lo Valher. . 2
-1.Esperas encontrar me¡or proporción. pí6 Ana.- 1.Acaso ha renunciado
,
Lucía á sus proyectos de casa- . regunt6 Ana en tono desdeñoso.
P
Tu
prima
no
ha
pronunciado
todavía
la
ulmiento?
-Es verdad. tEn qué esta- tima palabra.
'b' é á 1
- Sí-contestó Lucía.-Mañana escri •r. • •
ba yo pensando?-di_j_o la ~añora de Berry.-Hi¡a =, seflora de Vallier. No esp~ro reali~ar nmgun
no sé Jo que me ocurre: otro casamiento más venta¡oso, Ana, Y,• sé que
. ayer precisamente ha- las jóvenes sin dote no encuentran marido, p_ero
blábamos Ana y yo de ·amás me casaré con un hombre que no me ms~ire verdadera estimación y absoluta co~~anza.
este asunto.
-Lucía es dueña de sus acciones- d1!0 con
frialdad la se!lora de Berry.- Tien~ eda para
saber lo que hace y ha podid? ref1:ex10nar, y nos·
otros no debemos tratar de mflmr en asunto _tan
delicado. Volvamos• pues, á tu renta, queri~•·
Tal vez si al inquilino le ~sta la casa, esté dispuesto á paaar mayor alquiler.
- Asilo :spera mi notario; pero, además, yo
puedo dar lecciones.
.
- Te suplico que no hablemos de eso. Si tll:s
recursos son insuficientes, yo estoy en la obhgaci6n de evitar que la hija de mi h~rmano recurra á semejante extremo ..... ¡Qué cria~uras tan
alborotadoras! Y tu tio, que ha pe rd ,d? ya 1ª
costumbre, olvida que la juventud es srnmpre
alegre y bulliciosa.
•
, d
La conversación con Lucia hab1a termma o.
Después de la cena todos se fueron á la alaEepalda del dibujo 4.

t;

b~-

-

3.-Tollette adoraan ooa tarolopelo, ,ropla ,.,. vlaltal.

da, donde los hermanos se entretuvieron en
-Está bien; no puedo coartar tu libertad.
tstar á Valentina y á la pequefluela contán- Como en este casamiento veía yo ventajas é inles historias de fantasmas, fingiendo gran te- convenientes, no me habr!a atrevido nunca á
•r y lanzando gritos espantosos cada vez que aconsejarte en uno ni eu otro sentido. Ahora
,aban cerca de algún retorcido tronco 6 de hazme el favor de ir á mondar tres docenas de
,!quier macizo de arbustos de extra!la forma. patatas: los niños quieren merendar, y la cocinelna se acercó á Lucia.
ra está muy ocupada.
-tHas visto en París á los Gossmeur?-preLa vulgar y monótona vida de Lucia empe•
~t6 con. afectada naturalidad, y esforzándose zaba de nuevo.
ítilmeute en disimular sus celos.
?-SI; los encontré casualmente la víspera de
XXI.
salida.
1:-:tNo es una casualidad verdaderamente exTerminaron las vacaciones, y Lucía experi•
flª en una ciudad tan grande como París?- mentó algún consuelo. Sea que tuviese ideas y
º Ana con aparente candor.
gustos demasiado refinados, de los cuales no
-Efectivamente, fué muy extraña casualidad.
á la tía Amella en la iglesia de Nuestra Sera de las Victorias; se apoyó en mi brazo para
il su hotel, que está muy cerca, y mientras le
;la un rato de compañia llegó su sobrino.
~na no contestó. Se detuvo para esperar á sus
[manos, y se unió á ellos sin ocuparse más de
cia.
a joven experimentó gran consuelo cuando
permitíeron retirarse y se quedó sola en su
rto. Al apagar la luz, la luna brillaba en todo
esplendor, recordándole la última noche que
al lado de Elena, y al pensar en su prima
~ a amargo llanto.
'e hizo la ilusión de que Elena no estaba lejos
ella, y que seguía sus luchas y sus sufrimiencon tranquila y misteriosa piedad, á la vez
. funda y exenta de dolor.
~ Llega~ día en el que todo trabajo y toda
pa cesaran - murmuró, recordando las palais de la Imita&lt;Jión de Jesucristo, mientras apoen la almohada la fatigada cabeza.-Pero
largo es el camino! ¡Qué penosa la lucha!
[ é triste el aislamiento! Y ¡cuán difícil resiga á la indiferencia y á la inacción!
obre Lucia! En aquellos momentos, al aislanto y al sacrificio del amor que habla gerado en el fondo de su corazón, habria entrado preferible un fin como el de Elena
pusiera término á una vida sin alegrías y si¡{
~eranzas; pero no nos está permitido elegir la
que ha de acrisolar nuestra fe y nuestra reaci6n; es Dios quien nos la impone y nos da
rzas para llevarla.

r

.........................................

~ día si¡¡uiente, poco después de levantarse
ribi6 _Lucía álaseñora de Vallier. Fué tarea di~
1, _p_orque trataba de_ dulcificar su negativa y
mliar!a cou la gratitud que conservaba á la
dre y al hijo, con el agradable recuerdo de
horas pasadas en la Encina.
erminada la carta, buscó á su tía, que estaba
tada ante la mesa de despacho, consultando
s y apuntes.
.
.seflora de Berry leyó la carta con gran

siempre las deliciosas horas pasadas en aquel
simpátíco hogar.
·
El único consuelo de Lucía fué la noticia que
recibió de haber sido alquilada la casa de Clamart; y por cierto que la seflora de Fon telay
no se tomó la molestia de contestar á la carta
que con tal motivo le dirigió Lucía, manifestándola que podía ya prescindir de la pensión con
que la socorría, y reiterándole el testinlonio de
su profunda gratitud.
Las visitas de Enrique á Cosquer eran cadR
dia menos frecuentes; sin duda trataba de dar á
entender á Ana que no se ocupaba para nada de
ella, y que sus pasadas asiduidades eran debidas
al interés que le inspiraba la salud de la pobre
Elena. Respecto á Lucia, seguia una conducta de
gran reserva. Apreciaba mucho la tranquilidad
de la joven, para arriesgarse á tener con ella
atenciones y deferencias que hubieran podido
suscitar los celos de las personas que la rodeaban.
Un día, sin embargo, se encontró Enrique solo
con Lucía y abordó resueltamente el asunto que,
aunque en secreto, preocupaba hondamente al
uno y á la otra.
Continuará.

EL VASO ROTO.
(PENSAMIENTO DE SOLLY-PRUDHO&gt;\ME,)

I.
Brillante, limpio, claro, transparente,

Guardando ramillete floreciente

Formado con las galas de un rosal,
Como sonrisa dulce y perfumada
Descuella conquistando la mirada
Un vaso de cristal.
Miradle y admirad.le; su belleza
Es joyero de aromas de pureza,
Nacidos en la pompa del rosal;
Mas no toquéis al vaso diamantino,
Labrado por artista peregrino:
¡Está roto el cristal!

Cuando al cruzar la senda de la vida
Halléis un alma noble y bendecida
Que, ocultando dolor hondo.y fatál,
Brinda á todos ali vlos y consuelo

l

Y da flores de amor, flores de cielo,

Cual piadoso rosal.....

Miradla y admiradla en su hermosura
Grande, con la grandeza santa y pura

Del débil que devuelve bien por mal;

CIÓD,

Encuentro aqui una multitud de frases suuas; sin embargo, no hay inconveniente en
la envies á su destino, Se conoce que has
¡-ado mucho, y la verdad es que nadie te obliá que rehuses .....
f-- No,_tl~, no es eso; pero siempre resulta vioto origmar una pena, y, después de todo yo
!!'º que estar muy agradecida á la oariño;a y
wteresada conducta de los Vallier.
-Creo, en efecto, que Marcelo es desintere.o; pero su madre ..... sabe mucho, y puedes
er que no le parece ria ma I negocio ese casainto, cuando con tanta facilidad consentia
él.
-¡Un buen negocio!-dijo Lucía con amar·a.
-Sin .~uda ninguna. Empieza porque desea
1su h1¡0 se_ case, y, tratándose de Marcelo, no
1so ?lD fácil como parece: necesitaba hacer
lces10ues, y las ha hecho con gran habilidad
pués de p~rsua&lt;µrse de que fácilmente ha~
~ llegado a dommar á su hijo, y, por último,
ta gi:a1;1des esperanzas, y confieso que también
participaba de ellas, de que tu tio te hiciera
buen legado, 6, por lo menos que su mujer
J que sólo _fuera por respeto~ humanos au~
itara c~ms,derablemente tu dote,
'
·@h, t1a! - .balbuoi6 tristemente ¡8 joven.
·Tal vez mis ~•labras te arrancan una ilu; pero ¿qué qmeres? Es preciso apreciar las
s en su verdadero ~alor, y yo no me dej 0
tñar por las zal~mer1as y las frases melosas
, señora de Valher. Por lo demás, creo que
un~ buena.. suegra, á condición de que se
feliz á ~u h1¡0 y se le mantenga siempre en
~n cammo. Pero, en fin, ies cosa decidida?
10 resueltamente la carta?
!!, tía; se lo suplico.

77

Mas no toquéis á su amargura ignota:
Ese alma, toda amo'r, se encuentra rota .....
¡Como el luciente vaso de cristal!
Por la traduccl6n 1

M. R. BLANCO· BELMONTE,

5.-TraJt de lana para aeñorlta de 14 i 16 añot.

Núm. 3.-Toilette .elegante, de palio raso color verde aceituna, compuesta de falda-corpiilo y «bolero,
corto. La falda se adorna con dos bieses de terciopelo
verde aceituna, que encierran otros bieses de pafio
superpuestos; todo este adorno dibuja ondas; el pa.ilo

participaban sus primos; sea que cada uno de
éstos estuviera dominado por esa especie de de delante forma un gran pliegue, que disminuye de
egoísmo que, bajo el nombre de cariño de fa- tamalio
al acercarse al talle. El adorno de la falda se
milia, limita los afectos á un circulo inabor- repite sobre el •bolero,; los delanteros se abren sobre
dable, lo cierto es que ninguno de ellos babia una camiseta de ·muselina de seda blanca pliss~, que
simpatizado con Lucía.
. se adorna con motivos d8 guipllr.
Las mangas son semilargas, se fruncen en la parte
Jamás se les ocurría la idea de asociarla á sus
proyectos, ni de invitarla á que tomara parte en de encima y se adornan con terciopelo y con bieses
sus excursiones, y la presencia de la joven pare- de pailo; al borde se une un volante de encaje.
7,50 m. de palió, de 1,20 m. de ancho·
cí!! que estorbaba la expansión de su vulgar y · Mat.riaks:
m. de terciopelo; 30 cm. de muselina de seda· 2
rwdosa alegria. Jorge estaba preocupadísimo 1,50
metros d~ encaje, y 30 cm. de gu.ipur, de 50 cm. de
con su casamiento, que en aquellos días era tema ancho.
\
de &lt;!,i~cusi6n, y de ?D momento á otro podía ser
Núm. 4.-La falda de este traj~ de terciopelo pclkinée
demdido. Ana oontmuaba en su actitud hostil.
Ni siquiera quedaba á Lucía el consuelo de ir ~egr&lt;? Y blan~o, que mide 4,50 m. de ancho en el borde
á Langasnou. Nunca le ofrecían sitio en el co- mter1or, se dispone, excepto en el pailo del delantero, .
manera que forme pliegues huecos pespunteados· á
che, y era casi imposible escribir á Amella no de.
mitad de al~ura se sujetan con un bies de terciopeÍo,
sólo porque en Cosquer las cartas eran fiscaliza. de
manera tal que se abran por la parte inferior. El
das por todos y daban lugar á comentarios y ha- '"bolero_,, con faldones superpuestos bajo un cinturón
bladurías, sino porque la delicadeza impedía á ~e terc10pe!o negro, se guarnece por delante con una
Lu~fa desaho_gar sus I?enas con aquella excelente t!ra de terciopelo ~egro que ensancha en el escote y
am1¡¡-a; ha~ria paremdo un estimulo para reno- simula por delante un chaleco• se disimulan las cosvar mstanc1ss que la joven se hubiera visto obli- turas por medio de trencilla n~gra, y el «bolero. se
adorna alrededor c_on un bies, que recuerda el de la
gada á rechazar de nuevo.
el cual termma por delante bajo clwu:,; de terSu ais_lai_nient&lt;! era, pues, completo. Después f~da,
C!opelo.
La~ mangas terminan por bocamangas de ter•
de una ultima é mfructuosa tentativa la seflora 01opelo celiidas
al brazo. ·
de Vallier, disgustada y hasta ofendida abandonó con su hijo la Encina. Habían concl~fdo para
Núm. ~- -Para la explicación y patrones, véanse las
liga. 99 a 109 de la Hoja-SupletnM1to.

�76

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
gún testamento, algún codicilo2 que te asegure
un legado, por modesto que sea.
-·No ninguno!
-:Es¿ es una infamia! -exclamó con exalta•
ción la sefiora de Berry.- La sefiora de Fon:tela tenla una fortuna considerable' y su marido
1/deja, además, todos los bi!'nes que pro~eiei
de tu familia, de la ~uya, Luc!ª: Al menos, a r
a do con esplendidez tiJ v,a¡e y tus luto~.
P gaA mi llegada á Parls me entregó dosoient~s
francos y esto ha sido todo- contestó Lucia visiblem~nte oontrariada.
.
.
.
- Pues no es gran cosa; s1 no hub1!'ras temdo
ropa negra ignoro cómo te las habr1as arreglado• pero s~pongo que continuará abonando la
pe~sión que te había asignad@ tu tio, ¿no es
cierto?
.
Lucia no pudo contener las lágrimas.
.
-Espero no tener necesidad de ella. 1Si s'!piera usted cuán penoso es para mí verme obli- ,
gada á recibir ese socorro!
-Por desgracia, querida - dijo bruscamente
la sefiora de Berry,- es la única que se encuentra en condiciones de poderte ayudar.
La joven inclinó la cabeza;
después, haciendo un ~sfnerzo, miró á su tia oon aire suplicante.
- He -visto-dijo-al notario encargado de administrar la casa de Clamart. Piensa escribir á mi tío, consultándole respecto á . ciertas
proposiciones de alqruler. El
precio que ofrecen no es muy
elevado; pero yo creo q~e debe
aceptarlo, á falta de me¡or proposición.
- t Cuánto ofrecen 1
- Ochocientos francos.
- ¡Ochocientos francos! Es
ridículo, valiendo la casa de
veintiocho á treinta
mil.
-Sí, pero hace
cerca de un afio que
nada produce, Y
creo preferible al·
quilarla, aunque sea
en malas condicio·
nes que esperar á
que'llegue elinvierno. Mi tío aceptará,
¿no lo oree usted asi?
¡Si supiera u~te.d qué
triste es recibir socorro de una persona que con tan poca
delicadeza lo ofrece!
-¡Una mujer tan
ríoa! Es vergonzoso.
¡Veamos, Lucía! Yo
puedo tenerte aquí
por cincuenta fran4.-Traja de terclopalo,
cos al mes; te quedarán todavía dos.
De cierto, la señora de Va\lier espe:"ª. con imcientos para tus gastos partrnulares; pero ~ casa exigiryí algu- paciencia tu resolnción. tEstás ya .decidida? .
Lucia encontró la mirada ardiente y cur10sa
nas reparaciones, y seria muy
.
justo.....
. de su prima.
- ¡No! - balbució con voz déb1l.-;-No puedo
-Pero ¿á qué conducen todos esos cálcnlos1 - interrum- aceptar como marido á Marc~lo Valher. .
-tEsperas encontrar me¡or proporción.2pió Ana.- ¿Aoaso ha renunciado
.
preguntó
Ana en tono desdeñ'?so.
_
_
Lucia á sus proyectos de casa- Tu prima no ha pronunciado todav,a la ulmiento?
-Es verdad. tEn qué esta- tima palabra.
• •é á1
- Sí-contestó Lucía.-Mañana e~crib1r. _a
ba yo pensando1- dij o la señora de Berry.-Hija rola, sefiora de Vallier. No espero realizar nmgun
no sé lo que me ocurre: otro casamiento más ventajoso, Ana; Y.ª sé que
• ayer precisamente ha- las jóvenes sin dote no encuentran marido, P.ero
blábamos Ana y yo de jamás me casaré con un hombre que no me mspire verdadera estimación y ab~oluta co~~anza.
este asunto.
- Lucía es dueña de sus acmones-di¡o con
frialdad la sefiora de Ber'.y.- Tien~ edad para
saber lo que hace y ha podido reflexionar, Y nosotros no debemos tratar de influir en asunto .tan
delicado. Volvamos, pues, á tiJ renta, queri~a.
Tal vez si al inquilino le gusta la casa, esté dispuesto á pagar mayor alquiler.
- Así lo espera mi notario; pero, además, yo
puedo dar lecciones.
.
-Te suplico que no hablemos de eso. Si t~s
recursos son insuficientes, yo estoy en la obligación de evitar que la hija de mi h~rmano recurra á semejante extremo ..... ¡Qué or1a~as tan
alborotadoras! Y tu tío, que ha perd1d? ya la
costiJmbre, olvida que la juventl!d es siempre
alegre y bulliciosa.
•
.
La conversación con Lucia hab1a termmado.
Después de la cena todos se fueron á la alaEspalda del dibujo 4,
3,-Tollettfl adomada oaa tlr'Olopelo, ,ropla para vl1ftal,

dejó la cuchara sobre el pla~o, su ti_!! impuso silencio, y dirigiéndose á la ¡oven, di¡o:.
-¡Ea! E:xplfcanos las razones de tu mespe~do regreso, cuand? te proponlas pasar todav,a
una semana en Pans.
.
Pareola muy violento á la joven refenr delante de todos sus desagradable~ escenas co~ la
sell.ora de Fontelay, y sufrir el mterrogatorio á
que no dejarla de someterla su tia; pero muy
pronto observó que los ~otivo~ d~ su r~greso
inspiraban á sus primos igual mdiferencia que
el regreso mismo, y mientras que las. convers~ciones momentáneamente interrumpidas, continuaba~ contestó á la sefiora de Berry:
- Mi 'tia se propone abandonar .Pºr ahora París y pasar algunas semanas en Smza.
-Eso ya me lo has escrito; pero tno te ha propuesto que la aoompall.es1
. .
-Seguram.ente _no se. le ha ocurrido s1qruera;
jamás le he sido srmpátioa.
.
-La falta de simpatía no debe impedir que
cada uno cumpla con su deber- dijo la sell.ora
de Berry.-Y..... tno ha ocurrido nada nuevo con
motivo de la herencia? tNo se ha encontrado al-

meda, donde los hermanos se entretiJvieron en
asustar á Valentina y á la pequefinela contándoles historias de fantasmas, fingiendo gran terror y lanzando gritos espantosos cada vez que
pasaban cerca de algún retorcido tronco ó de
-0nalqnier macizo de arbustos de extrafia forma.
Ana se acercó á Lucía.
-tHas visto en Parls á los Goasmeur?-pre~tó con afectada n~tl!ralidad, y esforzándose
mútilmente en disimular sus celos.
-SI; los encontré casualmente la víspera de
mi salida.
-tNo es una casualidad verdaderamente extraña en una ciudad tan grande como París1dijo Ana con aparente candor.
-Efectivamente, fué muy extraña casualidad.
Vi á la tía Amelia en la iglesia de Nuestra Se.llora de las Victorias; se apoyó en mi brazo para
ir á su hotel, qne está muy cerca, y mientras le
hacia un rato de compañía llegó su sobrino.
Ana no contestó. Se detiJvo para esperar á sus
hermanos, y se unió á ellos sin ocuparse más de
Lucía.
La joven experimentó gran consuelo cuando
la permitieron retirarse y se quedó sola en su
enarto. Al apagar la luz, la luna brillaba en todo
su esplendor, recordándole la última noche que
pasó al lado de Elena, y al pensar en su prima
vertía amargo llanto.
Se hizo la ilusión de que Elena no estaba lejos
de ella, y que seguía sus luchas y sus sufrimientos con tranquila y misteriosa piedad, á la vez
profunda y exenta de dolor.
-Llegará día en el que todo trabajo y toda
pena cesarán - murmuró, recordando las palabras de la Imitación de Jesucristo, mientras apoyaba en la almohada la fatigada cabeza.-Pero
¡qué largo es el camino! ¡Qué penosa la lucha!
¡Qué triste el aislamiento! Y ¡cuán difícil resignarse á la indiferencia y á la inacción!
¡Pobre Lucia! En aquellos momentos, al aislamiento y al sacriflolo del amor que habfa germinado en el fondo de su corazón, habría encontrado preferible un fin como el de Elena,
que pusiera término á una vida sin alegrías y sin
esperanzas; pero no nos está permitido elegir la
cruz que ha de acrisolar nuestra fe y nuestra resignación; es Dios quien nos la impone y nos da
fuerzas para llevarla.

-Está bien; no puedo coartar tiJ libertad.
Como en este casamiento vela yo ventajas é inconvenientes, no me habría atrevido nunca á
aconsejarte en uno ni en otro sentido. Ahora
hazme el favor de ir á mondar tres docenas de
patatas: los niños quieren merendar, y la cocinera está muy ocupada.
La vulgar y monótona vida de Lucia empezaba de nuevo.

XXI.
Terminaron las vacaciones, y Lucía experimentó algún consuelo. Sea que tl!viese ideas y
gustos demasiado refinados, de los cuales no

siempre las deliciosas horas pasadas en aquel
simpático hogar.
·
El único consuelo de Lucía fné la noticia que
recibió de haber sido alquilada la casa de Clamart; y por cierto que la sefiora de Fontelay
no se tomó la molestia de contestar á la carta
que con tal motivo le dirigió Lucía, manifestándola que podla ya prescindir de la pensión con
que la socorría, y reiterándole el testimonio de
su profunda gratitl!d,
Las visitas de Enrique á Cosqner eran cada
día menos frecuentes; sin duda trataba de dar á
entender á Ana que no se ocupaba para nada de
ella, y que sus pasadas asiduidades eran debidas
al interás que le inspiraba la salud de la pobre
Elena. Respecto á Lucia, seguía una conducta de
gran reserva. Apreciaba mucho la tranquilidad
de la joven, para arriesgarse á tener con ella
atenciones y deferencias que hubieran podido
suscitar los celos de las personas que la rodeaban.
Un día, sin embargo, se encontró Enrique solo
con Lucia y abordó resueltamente el asunto que,
aunque en secreto, preocupaba hondamente al
uno y á la otra.

Continuará.

EL V ASO ROTO.
(PENSAMIENTO DE SULLY·PRUDHO~ME.)

L
Brillante, limpio, claro, transparente,
Guardando ramillete floreciente

Formado con las galas de un rosal,
Como sonrisa dulce y perfumada
Descuella conquistando la mirada
Un vaso de cristal.

Mirad.le y admirad.le; su belleza
Es joyero de aromas de pureza,
Nacidos en la pompa del rosal;
Mas no toquéis al vaso diamantino,

Labrado por artista peregrino:
¡Está roto el cristal!

............. ............... .. ........ .......
Al día si¡¡niente, poco después de levantarse,
escribió Lucia á la señora de Vallier. Fué tarea difioll, porque trataba de dulcificar su negativa y
conciliarla con la gratitiJd que conservaba á la
madre y al hijo, con el agradable recuerdo de
las horas pasadas en la Encina.
Terminada la carta, buscó á su tía, que estaba
sentada ante la mesa de despacho, consultando
notas y apuntes.
La se.llora de Berry leyó la carta con gran
atención.
-Encuentro aqui una multitl!d de frases superfluas; sin embargo, no hay inconveniente en
que la envíes á su destino. Se conoce que has
llorado mucho, y la verdad es que nadie te obliga á que rehuses .....
-No, tía, no es eso; pero siempre resulta violento originar una pena, y, de~pués de todo, yo
tengo que estar muy agradecida á la cariñosa y
desinteresada conducta de los Vallier.
-Creo, en efecto, que Marcelo es desinteresado; pero su madre ...:. sabe mucho, y puedes
cr_!ler que no le parecerrn mal negocio ese casamiento, cuando con tanta facilidad consentía
en;él.
-¡Un buen negocio!-dijo Lucía con amar-

gura.

-Sin .duda ninguna. Empieza porque desea
que su hijo se. case, y, tratándose de Marcelo, no
es eso ~n fácil como parece: necesitaba hacer
concesiones, y las ha hecho con gran habilidad
de~pués de persuadirse de que fácilmente ha~
br1!s llegado á dominará su hijo, y, por último,
tema gi:a';ldes esperanzas, y confieso que también
yo partimpaba de ellas, de que tu tio te hiciera
un buen legado, 6, por lo menos, que su mujer,
aunque sólo .fue.ra por respetos . humanos aumentara considerablemente tiJ dote.
'
-i9h, tía!-.balbució tristemente la joven.
. -Tal vez mis palabras te arrancan una ilusión; pero tqué quieres? Es preciso apreciar las
cosas en su verdadero valor, y yo no me dejo
engañar por las zalamerías y las frases melosas
de la señora de Vallier. Por lo demás oreo que
será un~ buena.. suegra, á condición' de que se
haga feliz á ~u hi¡o y se le mantenga siempre en
el bn!'n cammo. Pero, en fin, tes cosa decidida?
tEnv10 resueltamente la carta?
-Sí, tía; se lo suplico.

77

Cuando al cruzar la senda de la vida
Halléis nn alma noble y bendecida
Que, ocultando dolor hpodo.y fatal,
Brinda á todos alivios y consuelo
Y da flores de amor, flores de cielo,

Cual piadoso rosal .....

Miradla y admirad.la en su hermosura

Grande, con la grandeza sánta y pura
Del débil que devuelve bien por mal;
Mas no toquéis á su_amargura ignota:

Ese alma, toda amor, se encuentra rota .....
¡Como el luciente vaso de cristal!
Por la traducción,

M. R. BLANCO· BELMONTE.

5,-TraJe de lana para teñorlta de 14 t 16 años.

participaban sus primos; sea que cada uno de
éstos estl!viera dominado por esa especie de
egoísmo que, bajo el nombre de cariño de familia, limita los afectos á un circulo Inabordable, lo cierto es que ninguno de ellos había
simpatizado con Lucía.
Jamás se les ocurría la idea de asociarla á sus
proyectos, ni de invitarla á que tomara parte en
sus excursiones, y la presencia de lajovenparecía que estorbaba la expansión de su vulgar y ·
ruidosa alegría. Jorge estaba preocnpadisimo
con su casamiento, que en aquellos dfas era tema
de discusión, y de un momento á otro podía ser
decidido. Ana continuaba en su actitiJd hostil.
Ni siquiera quedaba á Lucía el consuelo de ir
á Langasnou. Nunca le ofrecían sitio en el coche, y era casi imposible escribirá Amelia, no
sólo porque en Cosquer las cartas eran fiscalizadas por todos y daban lugar á comentarios y habladurías, sino porque la delicadeza impedía á
Ln~!a desahogar sus .l?enas con aquella excelente
amiga; habría parecido un estímulo para renovar instancias que la joven se hubiera visto obligada á rechazar de nuevo.
Su aislamiento era, pues, completo. Después
de una última é infructuosa tentativa, la sell.ora
de Vallier, disgustada y hasta ofendida, abandonó con su hijo la Encina.Habían concluido para

Núm. 3.-Toilette _elegante, de pafio raso color verde aceituna, compuesta de falda-corpiilo y cbolero&gt;
corto. La falda se adorna con dos bieses de terciopelo
verde aceituna, que encierran otros bieses de pailo
superpuestos; todo ·este adorno dibuja ondas; el pafio

de delante forma un gran pliegue, que disminuye de
tamal!o al acercarse al talle. El adorno de la falda se
repite sobre el cbolero&gt;; los delanteros se abren sobre
una camiseta de ·muselin~ de ~eda blanca pliss~, que
. se adorna con motivos de guipur.
Las mangas son semilargas, se fruncen en la parte
de encima y se adornan con terciopelo y con bieses
de pafio; al borde se une un voJante de encaje.
M-les: 7,50 m. de pai!o, de 1,20 u¡. de ancho;
1,50 m. de terciopelo; 30 cm. de muselina de seda· 2
metros de encaje, y 30 cm. de gnipur, de 50 cm.

ancho.

\

de

Núm. 4.-La falda de este traj~ de terciopel,o pékinte
negro y blanco, que mide 4,50 m. de ancho en el borde
inferior, se dispone, excepto en el pafio del delantero
de, manera que forme _pliegues huecos pespunteados; Á
mitad de altura se snJetan con un bies de terciopelo
de manera tal que se abran por la parte inferior. EÍ
&lt;bolero&gt;, con faldones superpuestos bajo un cinturón
de terciopelo negro, se guarnece por delante con una
t!ra de terciopelo negro que ensancha en el escote y
simula por delante un chaleco· se disimulan las costuras por medio de trencilla n;gra y el e bolero&gt; se
adorna alrededor c_on un bies, que 'recuerda el de la

f~lda, el cual termma por delante bajo clww,; de ter,
c1opelo. Las mangas terminan por bocamangas de ter-

ciopelo cei!.idas al brazo. ·

Núm. 5. -Para la explicación y patrones véanse las
flgs, 99 á 109 de la Hoja•Suplemenw.
'

�Hoja-Suplementa pertenecen
á este grabado.

cho; 40 cm. de terciopelo al bies; 25 botones,
y 25 cm. de seda para el chaleco.

i'
1f;;,
',t

,,,,w,
·, ,W/J

Nuestro modelo, de tafetán negro, puede hacerse
también del mismo color
que el traje, á cuyo complemento se destine.
Se corta el cinturón por
las flgs. 52 A 54; para cada
mitad se cortan dos piezas,
según la flg. 53, uniendo bie•
ses dobles de tafetán de 1 ½
centímetro de ancho; se pespuntean de manera que se
solapen unos á otros.
Las dos partes se unen en
el medio, es decir, en el talle,
valiéndose de una estrecha
tira de 1 ½cm. de ancho y en
la espalda con una pieza vertical, ateniéndose á la figura 5t;la costura de atrás y
los bordes del delantero se
disimulan bajo una tira de
tafetán indicada en la figura 54 por la línea; guarnecen
el cinturón varios be. tones de

Núm. 9.-El traje, de lana, es de color verde
aceituna á rayas, tono sobre tono: la falda
requiere una pieza, cortada al hilo, de 53 cent!metros de ancho y 3,25 m. de longitud, en
cuyo borde se forma un dobladillo de 6 centímetros de ancho; en la falda se forman
pliegues huecos de 7 cm. de ancho por arriba y 9 en la parte interior.
Ei cuerpo, cortado al bies, forma delante
16 plieguecitos; se guarnece con bieses de
tela, que se prolongan por encima del cinturón de cuero color avellana, y que se
fijan sobre la falda por medio de botones.
Las mangas, cortadas al bies, se disponen
formando pliegues pequeños, á partir del
codo, á fin de simular puilos.
Completan el traje un gran cuello y unos
pnilos de batista bordada, guarnecidos al
borde con un plissé de seda.

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79

LA )!ODA ELEGANTE ILUSTRADA

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

78

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7.-Delantal da batl1t&amp; guarnecido con encaje y con bordado.

11,-Clnturón-JustUlo.
12.-TraJe-corplño con bolero pll11é.

6.-Pal1t6 de 1ntr1t11mpo.

Núm. 6. -De paño encarnado color Burdeos: el canesú y las bocamangas son de
palio recortado, en el que se trenza cinta de
terciopelo negro; rodea el canesú un cuello
compuesto de tres bieses pespunteados y
superpuestos.
El paletó se abrocha por delante bajo un
bandea« de cinta encarnada, sujeto por me•
dio de clwu:&gt;:: los delanteros y la espalda
forman pliegues.
Materiales: 3,25 m. de paño, de 1,20 m. de
ancho.
Núm. 7.-Las flgs. 55 y 56 de la Hoja-Su·
plemento corresponden á este modelo.
Este delantal, de batista blanca, mide 1
metro de longitud y se dispone en medio
formando un grupo de pliegues, para lo cual
se habrá tenido cuidado al cortarlo, por la
ftg. 55, de dejar la tela necesaria; la part~ de
delante se adorna con entredoses y motivos
bordados.
El borde del delantal se guarnece con UD
volante de batista y encaje, de 9 cm. de ancho
por 3,70 m. de longitud, cuya unión queda
oculta bajo un bies; el delantal se sujeta con
cintas de batista.
Los tirantes miden 75 cm. de longitud y 6
centímetros de ancho, y quedan, en parte,
cubiertos por la guarnición, flg. 56, hecha de
batista y entredoses, y adornada al borde
con encaje.
El escote se realza con un encaje estrecho.
Materiaks: 2 m. de batista; 6 m. de encaje;
2,25 m. de entredós; 1 m. de encaje estrecho,
y 6 moti vos bordados.
Núm. 8.-De paño azul pastel, guarnecido
con terciopelo de tono más obscuro.
La chaqueta se forra con seda blanca; loe
delanteros tienen solapas bordadas, cuyo
borde se ribetea con terciopelo, y se abren
sobré UD chaleco de seda bordada: el cuello
recto y las bocamangas se cubren cou guipur crudo; los faldones se guarnecen con
botones de terciopelo, y quedan sujetos por
patas de terc~opelo: este adorno se repite
sobre la doble falda, que cae sobre un vo•
!ante al bies.
Materiales: 7 m. de paño, de 1,20 m. de an-

a.-

bajo pliegues huecos y se adorna con un
cuello-pelerina realzado con pespuntes y
bordado; sus puntas se cruzan sobre el
pecho y quedan sujetas por medio de botones de bisutería: el cuello sa adorna con
solapas de terciopelo.
La blusa de encaje se guarnece con
cinta de terciopelo; las mangas son semi•
cortas y terminan por puños de paño
bordado y de terciopelo.
Materiales: 6,50 m. de pafio, de 1,20 metro de ancho, y 1,50 m. de encaje en pieza.

,ara vl1ltu.

Núm. 13.-Las flgs. 62 á 67 de la Hojapertenecen á este modelo.
Este traje, de éolientie color champagne,
se guarnece con motivos de guipur fino;
el peto y el cinturón se ejecutan con seda
liberty de color igual al del traje.

Suplemento

Núm. 14.-Las flgs. 1 á 15 de la Hoja-SuplemenW corresponde á este grabado.

13.-TraJa 1l1aant1 para 11ñorlta da 15 l 17 año,.

Núm. 10.':..:Las flgs. 42 á 51 de la
Hoja-SuplemBnlo pertenecen á este
grabado.
Este traje, de terciopelo color
castafio, tiene cuerpo de talle largo
y falda corta; ésta requiere una pieza de 25 cm. de ancho por 2,50 m. de
largo, la cual se dispone todo aire•
dedor de manera que forme, alternativamente, un doble pliegue hueco y un pliegue sencillo; la parte
del medio del delantero se cierra
bajo un pliegue sencillo, adornán•
dose con botones los pliegues de
los lados.
Los pliegues se aproximan en el
borde superior á fln de reducir el
vuelo al ancho necesario.

16.-TraJa da pa~o para 11ñorlta,

pasamanería. Se pegan delante los corchetes necesarios, y se colocan cinco patas cortadas en tela doble, según la flg. 52;
se adornan con botones y se abrochan, alternativamente, á la derecha y á la izquierda.
Materialts: 1,50 m. de tafetán y 27 botones.

15.-Tollatte dt lua olllné.

Núm. 11.-Las flgs. 52 á 54 de la

14,-Falda da paño y blu1a dt fantura.

Núm.12.-El traje es de paño ideal color
azul pastel, y se guarnece con una blusa
de encaje¡ la falda, compuesta de siete pafios, tiene un pliegue en cada costura; el
pafio delantero se guarnece con un bordado. El cbolero• es corto, forma en el

Nuestro modelo se compone de falda
de pai'io color cierva y de una blusa del
mismo color, pero cuadriculada, cuya hechura se presta tanto á las lanas como á
los tejidos de seda.
La blusa se guarnece con un canesú de
seda blaQca adornado con bieses de seda
de color y unido á un cuello de encaje;
los puños se ejecutan á semejanza del canesú.

Núm. 15.-Para la explicación y patrones, véanse las flgs. 16 á 22 de la ·Ho aSuplemento.
Núm. 16.-Esle traje, de paño azul marino, tiene un peto y grandes puiios, formados por entredoses de gnipur, unidos
por medio de galón calado. El cuerpo se
dispone A cada lado formando dos pliegues y se guarnece por delante con botoncitos; rodea el canesú un bies de terciopelo azul; el cuerpo queda sujeto por un
cinturón de terciopelo drapeado. La falda,
guarnecida con cinta de terciope~o, lleva
en cada costura pliegues superpuestos
unidos al cinturón.

�LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

80

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

Núm. 17. -Traje de muselina, guarnecido con entredoses de bordado
y con encaje: requiei-e un viso de seda de color. La falda, muy fruncida
en el talle, exige un trozo de 2,50 m. de largo po_r .25 cm. de ancho, el
cual se adorna con entredoses de bordado; éste sirve también para la
ejecución de los tirantes y para disimular la unión de las hombreras de
encaje que cubren las mangas, cortas y de hechura de bullón: el cuerpo,
escotado en cuadro, se adorna alrededor con encaje fruncido.
Cinturón de cinta, anudado en la espalda, en qonde forma dós cocas.
Materiales: 2 m. de muselina, de 80 cm.
Núm. 18.-La falda de esta toilette, de éOZienm color rosa marchita, se
guarnece con galón
pasamanería del mismo color, el cual seiiala el
cinturón del delantero y adorna alrededor el bajo de la
falda. Esta tiene hechura Imperio por detrás, y se monta
bajo un cinturón de terciopelo drapeado color fresa pasada. El cuerpo se abre por delante sobre un canesú de
encaje crema, que se prolonga formando un peto del
mismo encaje: guarnece el cuerpo un galón que r.odea el
borde del cuerpo pará dibujar un «bolero :.. Los faroles ,
de las mangas, hendidas por arriba y adornadas con .
galón, se abren sobre unas mangas ajustadas de ·encaje ·
al aire.

81

ae

24 á 27.-Cubrecoraé y cuellos de novedad.

Núm.19.-De lana gris clara cuadriculada, tono sobre
tono; la falda-justillo se compone de cinco pailas y se
guarnece en las costuras del delantero con bieses de tela
de 2½ cm. de ancho por arriba y 8 por abajo; estos bieses
se adornan con botones; á cada lado de los bieses se forEspalda
man dos tablas pespunteadas en una longitud de 50 cm,
del dibujo 18.
El «bolero&gt;, forrado con seda blanca, se guarnece con
un bies realzado por medio de botones de terciopelo negro; los delanteros se abren sobre un chaleco de paño, que termina con pequedas solapas; el chaleco deja al descubierto un peto de guipur crema. Las mangas
son sumamente amplias, á guisa de farol, y terminan por bocamangas
adornadas al borde con un volante de encaje.
Mareriales: 6,50 m. de tela; 15 cm. de palio; 40 cm. de guipur; 1 m. de
encaje, y 56 botones.

Ejecución del dibujo 28,

Núm. 20.-Para la explicación y patrones, véanse las flgs. 68 á 74 de la
Hoia-Suplement-0.

29.-Sachet guarneoldo oon bordado é lncrustaolonea de Veneola.

✓tr½;
28. - ■ otivo

de gulpurdel dlbuJo 29

fe'

á la mitad de su tamaño.

1-7 .-TraJe elegante para niña de 4 á 6 años.

Núms. 21 á 23.-Para la explicación y patrones, véanse las :flgs. 29 á 41 de la Hoja-

18.-Tollette para reunlonet de oonflanza.

Suplement-0.

Núm. 24.-Pera le explicación y patrones
véanse las flgs. 93 y 94de la Hoja-Supkmento:

/·.:.

1@(
&lt;·.~

.....,,.,

.-·.,"l
I
'

tornos sobre moleskine ó sobre papel-tela y
se borda á punto de festón y á punto de tallo
parte flojo y parte apretado. El grabado re'.
presenta el detalle de ejecución de la mitad
calada de una hoja.
Núms. 30 y 31.-Para la explicación y patrones, véanse las flgs. 86 á 92 de la HojaSuplemento.

Núm. 32.-Para la e'x:Plicación y patrones,
véa¡¡se las flgs. 83 á 85 de la Hoja-Suplement-0·

•

Espalda del dibujo 19.

;:s2.-Pantal6n de lana y pantalón de ahlrtlng para aeñorlta.
30 Y 31.-Camlsas de veatir y de dormir para Joven.

Núms. 25 á 27.-Para la explicación y patrones, véanse las flgs. 95 á 98 de la Hoja-

Suplement-0.
Núms. 28 Y 29.-La flg. 61 de la Boja-Suplemento corresponde á este modelo
Este Sacliet, 'de batista blanca bordada á la

19.-TraJe de taNle,

•

20.- Traje de primera comunión.

~gle,sa y al plumetis, se guarnece con un motivo mcrustad? de gnipur de Venecia, y se
coloca sobre viso de seda rosa; el borde se
guarnece co~ un estrecho encaje. Tanto la
p~te de encima del sacliet cdmo la de deb_aJo se forran con seda rosa; la cara exter10r de !ª parte que sirve de fondo se cubre
con batista no bardada; se interpone entre
las telas nata perfumada. Se pasa el dibujo
de la flg. 61, que.sirve á la vez para determinar la forma del sachet: las flores y los tallos
se bordan á punto llano y á punto de tallo·
los moti!os1~alados álainglesa, con algodó.r:
blanco s1m1hzado. El sachet se abrocha por
medio de lazos de cinta rosa.
El.moti va, ~de guipur de Venecia, se ejecuta
ateniéndose a los grabados; se calcan los con-

33,-Tollette de terolopelo.

34,-Tollette detaretán.

Núm. 33.-De terciopelo color mordorb: la
falda, ligeramente fruncida en el talle, se
gua,rnece al borde con un volante
de 4 m. de ancho, sobre el cual caen
los p~ilos, que terminan en onda, y
se adornan con dos líneas de cinta
de terciopelo mordoré de un cm. de
ancho. El cuerpo blusea ligeramente sobre un cinturón de seda drapeada, y se guarnece con un peto de
seda blanca plissé, al que rodea un
1
bies de terciopelo blanco, sobre el
que se destacan botoncitos y adornos de soutache de oro; al fllo se une
un galón de fantasía: el peto se adorna además con pequeños lazos de
seda mordoré. La guarnioión del
c~erpo se completa con tirantes de
cinta de raso, adornados al borde
con plissés de seda. Las mangas,
drapeadas, terminan por un adorno parecido al de los tirantes.
Núm. 34.-Para la explicación y
patrones, véanse las flgs. 75 á 86 de
la Hoja•Suplement-0.

�LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

82

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

eorrespondencia particular.

83

UNA DEVOTA DE SAN JOSÉ.-!.ª Después de lavarse lo mismo que las sedas, franoos de porte y de derechos de
pásese por la cara un pailito mojado en:
aduanas, á domiolllo.
Los muestrarios de nuestras novedades, de trajes y bluaas
Agua de Colonia. . . . . . . . . . 100 gramos.
bordadu á medio confeccionar, con grabados, se envían
Esencia de limón. . . . . . . . . . 5 francos de porte á quien los pida.
2. ª Bu1i-uelos de viento: En una cacerola se pondrán
los ingredientes siguientes: un litro de líquido (cuarta
parte de leche y tres cuartas partes de agua), 150 gramos de manteca de vacas, 50 de azúcar, un poco de
sal, un vaso de ron, unas gotas de agua de azahar, una
Sumarlo del núm. 6, correspondiente al 15 de Febrero.
barrita de vainilla y dos limones raspados nada más
que la corteza y muy superficialmente. Todo esto se TEXTo,-Crónica generalJ.por D. Josá Fernández ·nremón.El arte 88Cénico, por v. Eduardo Zamacois.-A.ctualidad
pone á cocer, y cuando está hirviendo, sin retirar la
permanente, por D. A.. Sáncbez Pérez.-La protesta de un
cacerola del fuego, se echa dentro una libra de harina
infante, por D. Carlos Luis de Cuenca.-Teatro Real: Moi.lú,
pasada por un cedazo, meneándolo bien con una espápor D. Antonio Garrldo.-La Exposici6n del Circulo de
tula de madera, y cociendo esta pasta al fuego por
Bellas Artes, por D. R. Balsa de la Vega.-Manuscritos de
unos cinco minutos, meneando flin cesar y sin que se
Luis XVI, por D. Juan Pérez de Guzmán.-La flor de lis,
por D. Jesus R. Coloma.-Sueltos.-Informaciones por•".
agarre. Retírese del fuego, y un cuarto de hora des•
-A.nuncios.
pU.és se le afiaden, de dos en dos, unos catorce huevos
enteros, trabajando bien la pasta cada vez que se in- GRABA.DOs.-El Carnaval en Madrid: Comparsa aragonesa,
dibufo de Pedrero.-Concurso de carrozas y carruajes:
corporen dos huevos. Quítese la barrita de vainilla, y
Camelias y violetas. Coche amarillo. Los gnomos. De pesca.
en una sartén con manteca de cerdo, no muy caliente,
Japonesas, s(, sí. La torre del Oro. El terror del Kan.zanase va echando con una cuchara un poco de esa pasta
res. cFora á morriña&gt;. Margaritas sin Fausto. El mundo
y se fríe, arrimando á fuego fuerte la sartén. Cuando
antiguo y el moderno. El último correo. Modas de París: lo
están hinchados y bien dorados, se sacan y espolvomás chio, El Arco Iris. Un palco en un baile. Segadores.
Odallscas.-Bellas Artes: .Deapué, del baile, dibujo de José
rean con azúcar glasa. -3.ª El blanco, azul, rosa y
García y Ramos. Interior, cuadro de E.M. Cubells Rulz. Ca,-paja.-4.• Sí, sedora.-s.• Las chaquetas y abrigos,
ttlffl, cuadro de Julio Romero de Torres.-El terremoto de
flojos.-&amp;.• Los hay para dobladillo, ¡arelas pliegues,
Kingston: Una de las oalles principales después de la caetcétera. Para precios, tenga la bondad de dirigirse á
tástrofe. Ruinas de un almaoen de víveres.
la Sección de encargos.-7.• No, seilora; debe llevarse
con correa.
Lo mejor para el paiiuelo, A.;-ua de C:olonfa de
16 SEPrlEMBRE.-Pnede hacerme cuantas preguntas Orive. Véndese desde 3 reales frasco.
desee, en la seguridad de que contesto siempre i ellas
con mucho gusto.
DE
l.• Le quedará muy bonito adornado como me in•
rece&amp;a pan Blanquear el Cufie, ua1, beolb. - Buta u,
dica. El entredós debe tener dos dedos de ancho y la [mportaata
,equeatdau caalWad paraadarareJ catil mu obacwo J dula la blanara sa.ue r
puntilla tres.-2.• De charol ó tafilete negro.
a;icuada dal marll.l. J . DVBBER, 1, Rue J••J. Rou11eau, PARIS
M. DE 0.-Mucho siento no poder contestar á su
carta por estar reservado el derecho de hacer consul•
Oomprad la■
tas á las seiioras suscriptoras á la 1.• 6 2.• edición.
JOSEFA y JOSEFINA.-El especifico á que aluden tie•
neéi en efecto, gran nombradía; pero, requerida por nsPedJd Ju muestras de nuestras Mdedu. NoYedadee
te es para dar mi opinión, no vacilo en asegurarles
de11primavera y de verano para trajes y bluau:
que aun me parece más eficaz, tanto para blanquear
Eehlzen", "Taffe&amp;ae la■tr4", 11 Loal•tne",
el cutis como para destruir las arrugas, el denomina"IIOUheUne "; de 120 cent.fmetro■ de anebo, desde 1,26
francos el metro, en negro, blanco, liso 6 Jabra do, u[ como
do Véritable Eau do Ninon de la Parfu-,.;, Ninon, de
lu blaau y bajes de bait ■ &amp;a bordada.
Parls.
Vendemoe nue1tru aedu pn.ntiú.ndolas como muy
ADELA P.
oonaistentes, df:ree&amp;ament.e • lo■ pa:rdeala:re., y

Curarus llOJAS.-1.• Sí, seiiora.-2.• Después de recibir el parte de boda y ofrecimiento de casa, debe ir
á visitarlos.-3.ª Los marcos de los retratos deben estar unidos con bisagras peq uefias, y la parte de detrás
cubierta con una tela de seda floja, fruncida en los
dos bordes con cabecilla y sujeta con unos clavillos
sumamente pequeiios.-4.ª La aplicación de la fotografía sobre cristal 6 porcelana requiere un gran
dominio de las manipulaciones de laboratorio, y es
dificil lograrla bien. Se emplea el llamado papel al
carbón; se sensibiliza á obscuras en un bailo de bicromato de potasa á 3 por 100, sumergiendo dos minutos y secando al aire, también á obscuras¡ se insola
en una prensa, calculando el tiempo por fotómetro; se
saca de ella á obscuras y se sumerge en agua fría, ~elatina hacia arriba (cinco á diez minutos); se aplica
contra un cristal talcado, sentado con rodillo; se sumerge en disolución ( ?O á 30 grados) de sulfocianuPO de amonium á 3 por 100 (diez minutos), hasta que
se separa el papel y queda la gelatina adherida al
cristal; se revela, se lava en agua fría y se pone á secar. Claro es que la imagen está invertida; pero se ve
al derecho mirándola al travelis del cristal. Si se trabaja en porcelana, es preciso, para tener la imagen
al derecho, pasarla del papel al carbón á otro llamado e doble transporte&gt;, y de éste á la porcelana. Para
ello se poae á remojo el papel doble transporte en
agua fría (cinco minutos), en agua á 30 grados (unos
segundos), y de nuevo en agua fria. Se aplica el papel
carbón ya impresionado, pero no revelado, al papel
doble transporte (ambos dentro del agua y sostenidos
por cristales), se retiran juntos y se dejan seoar, con
to cual la imagen queda en el papel doble transporte.
De éste se pasa á la porcelana, y retirando el papel,
queda allí adherida la gelatina y se revela y seca como
si estuviera sobre cristal. La fotominiatura requiere,
á su vez, práctica en el manejo de los colores. Se hace
pegando con goma adragante uoa positiva en papel
á un cristal lavado con alcohol. Después de bien seca
se frota con papel esmeril para adelgazar cuanto se
pueda el papel; se le da transparencia en un baiio de
paraflna, se limpia el exceso de ésta con ·un trapo
seco, y se deja secar. Después se va pintando por de•
trás, al óleo, pelo, cejas, ojos, boca, ventanas de la na•
riz, vestidos, flores, alhajas y fondo. Acabado, se pe•
gan trocitos de papel en los cuatro ángulos del cris•
franoo de porte y de dereohoa lle aduana, domlolllo.
tal, r sobre ellos se encola un segundo cristal en que
Schweizer &amp; Co., Lucerna Z 9 (Suiza).
se pinta la carnación. Por último, se pone detrás un
Jkpo,-taclón deuda.,.
cartón y se cubren los bordes pegando tiras de papel.
EXPLICACIÓN DEL FIGURIN ILUMINADO.
La investigación de estos procedimientos ha requerido tiempo y ha impedido contestar á usted tan pron•
to como hubiera yo deseado.
CorrNponde i lu 11ñora1 eutorfptoru i la tdlo16■ •• lujo,
y i lu de la 2.• tdlol611,
VIENDO NEVAR.-1.ª Me aseguran que poniendo el
A.GNEL, t.6, A-.. de l'Opera, PARIS.
café en grano, en una muliequita de trapo, se obtiene
Traje de vestir, hecho con krciopel&lt;&gt; .....,.alda.-Falda
el resultado deseado. Mucho le agradeceré que me Imperio plegada en el talle y abierta delante sobre
diga si le sale completamente bien.-2.• Plum•cake: un delantal de guipur de pieza, y que sube como he•
Se ponen en una vasija 500 gramos de manteca y se chora Princesa sobre el cuerpo, atravesado con dratrabaja con una espátula; se le ailaden entonces' cua- peados de terciopelo, formando e bolero&gt; en la parte
tro huevos enteros y cinco yemas, incorporándolos lle la espalda. Fichú en los hombros, sujeto por deuno á uno, y no cesando de trabajarlo. Ailádanse en- lante con pastillas de terciopelo y adornos de pasatonces 600 gramos de azúcar, á los diez minutos 500 manería. Mangas formadas por varios volantes pe• tu mista, 19, Faubourg St Honoré, Porú,
de harina y, por último, 200 gramos de pasas de Co- que.dos de encaje anudados con terciopelos, terminan.
rinto, 200 de Smyrna y 100 de frutas secas confitadas do con un pequeiio farol; toque de terciopelo drapeado
cortadas á cuadritos, y una copa grande de ron. s~ verde esmeralda, guarnecido á un lado con fantasías
El especffioo predilecto de lo3 neurasténicos es el Wlae
mantequearán uno ó más moldes, guarneciendo el que armonicen.
Plll'_EDO, por los resultados seguros: cura siempre.
fondo de éstos y su alrededor con tiras de papel manM~teriales: 14 m. de terciopelo , y 2,60 m. de guipur
tequeado, llenándolos hasta las tres cuartas partee de en pieza.
su altura. Se colocan sobre una placa de hierro y se
l•quierda del /igurin.-Traje corselete, de palio color
cuecen á un horno no muy fuerte.
tierra, plegado en el talle. cBolero&gt; de guipar con an- Siempre jonn y bella. Pldueen lu prlnolpaleo perlumerfu.
DESDE LA ARABIA,-Tengo el mayor gusto en con- cho bies de terciopelo verde, rodeando una blusa de
Dep6slto: Sres. Pérez, Martln, Velasco y C.ª-Madrld. .
tarla entre las seiloras suscriptoras que me honran paiio obscuro. Pechero de muselina de seda fruncido.
con sus consultas, y cteseo vivamente que quede sa
Mangas-pelerina adornadas con dos volantes de enCarmen, 7, Madrid.
tisfecha.
caje fruncido, que caen sobre una manga hueca de
Abrigos
de pieles desde 125 ptu.
l.ª Se pone un almohadón largo y delante dos alpaila, fruncido á su vez en una abrazadera de tercioUltimas novedades en collets y manguitos.
mohadas ó almohadones cuadrados. De raso encaje ó pelo verde.
seda brochada; las cortinas de raso seda br'ochada ó
Derecha del figurin.-Traje Princesa, de pallo verde
El mejor y más barato dentífrico es el l,icor del
terciopelo con dibujo. Se colocan cÓn dosel, forman. almendra, cruzado delante y con adornos de pasama.
do en medio pabellón y cayendo á los lados sujetando nerfa de terciopelo, sujetos con botones. Blusa inte- Polo. Primer premio en el IX Congreso de Higiene.
el vuelo co? o.na abrazadera del mismo ágremán ó rior de muselina de seda, atravesada con tiras de ter•
flec::o que ribetea la. cortina. Las cortinas de la habi• ciopelo y cubierta á medias con un guipur. Mangas•
t~eión deben hacer Juego con la sillería y con la cor- pelerina con un entredós ancho bordado y recuadrado
tma de la cama.-2.• Para las de seiiorita de batista con bieses de terciopelo. Mangas interiores de guipur
blanca ó de color con encaje incrustado· 'para e.aba. alargadas con un bullón de seda ligera.
'
!lero, de piqué ó de seda, si desea que re~ulte más luLos que con el presente número recibirán nuestras
Josa: Suelen h_aceree de un~ vara.-3.• De gasa blanca
suscriptoras son:
c~&gt;n mcrustac~ones de encaJe negro y adornos de ter•
Úldma•
.nollela•
de
........
-La
conocida
Casa
de
Exc1opelo del mISmo color. También le resultará muy
de sedas SchJtJriur '11 Compañia, Lucerna, Z 9 (Suiza),
PRIMERA EDICIÓN
bonito hecho con s~da floja en color malva 6 gris y Portación
nos envfa las siguientes comunicaciones:
adornado con enca1es.
Diccionario de •La llloda Elei:-ante,. (VoLos trajes de seda van siendo de ai'l.o en año los preteridos
UN_A LISBOETA,--.No conozco la obra á que se refie- para la calle. Las fábricas de sedas suizas están recargadas cabwario de la salud.)-Pliego 49, conteniendo la defire, m acerca de ella puedo darle ninguna noticia . .Mu- de trabajo, lo que no había ocurrido hace mucho tiempa y nición, usos y explicación de las palabras siguientes:
lo que demuestra claramente que, gracias á las combinacioChichón.-Chocolale.-Chofl1'L-D.- Daclilitis.- Dalc~o gusto tendré en complacerla en la primera oca• nes
y matices dispuestos con especial estudio, las sedas han
s160 que se presente, y crea que tengo un verdadero llegado
tonismo.- Debilidad.-Decantación.-Declárar. - IJ,cliá ocupar el primer lugar en el comercio y en la
sentimiento al no hacerlo ahora.
moda.
naoión.-Decocción.-Decoloracwn.-Decropitud.-Degenerar,-Delirio.-.Demacración.-Dem.encia.-Deng1'8.
Son particularmente preteridas las sedas ligeras, como:
UNA PEQudA ARTISTA.-1.ª El asunto á que se refle.
Echiun, Halndai, Louuine1 Orlpe de Chine, .Eolknne, Moi~moua-Dentición.-Dentlfricos.-Depauperado.-Depilatorio.
r~ pe;tenece á la Sección de encargos, y á ella debe aellne,
Ta{feta. lustr4, etc., lisas 6 con rayas, cuadros, escoce- • -Deprosi6t'--Deprimido.-Depurativos.-Dmvativo.&lt;l!,r1g1.rse.72.• Empanadas: Se toma una libra de ha- sas, estampadas
6 caladas.
Dermatol. - Dsrmatosis. - DBBarliculación. - Descamarma de trigo floreada y se pone sobre el tablero haLos dibujos pequeftos son preferidos. Lotmatlces de moda
c_iendo un ,hueco en medio, echándole dentro Inedia son: blanco, negro blanoo, gris blanco, y tambUin los tonos cwn.-Desfallecimiento.-Desinfección.
Piararin illllllinado de tres preciosos trajes.
libra de azucar y un cuarterón de manteca de cerdo
verdosos, azulados, encarnados, en un solo tono 6 mezclaoch~ huevos, dos con claras y seis sin ellas, un pocÓ dos. EL verano panará en boga el color blanco, que jugará un
Gran Roja de patrones de tamaño natlU"al.
de vmo y un poco de sal. Todo esto reunido se hace gran papel, especialmente en las telas bordadas.
Nuestra soberbia colecci6n comprenderá, además de las
la masa, hasta que quede bien lisa; esta mas~ se diviSEGUNDA EDICION
'!8das, un gran surtido de vestidos de batista bordados en
de en cuatro partes y se hace con cada una de ellas forma,
rectos, y blusas de batista bordadas, á medio confecFigurín
iluminado
de tres preciosos trajes.
una empanada. Si se quieren hacer más ó menos em- cionar, desde 13,50 francos hasta 75-cada blusa 6 vestido de
Gran Rola de patrones de tamaño natural.
panadas, se calculan las cantidades. Pueden rellenar. clase superior de bordados de Saint Gall.
se de carne, pescado ó dulce.
Las telas de muselina, siempre de moda, á 1,25 francos

La Ilnstracrnn Española y Americana.

Bor11ado, en tamaño algo reducido,
del dibujo 35,

Detalle del bordado del dibujo 36.

35 y 36.- BolH para t"tro y ridlculo.

CREMA

LA-'DIECA

Sedas Suizas

37 y 38.-Bolaaa para nrvllletu.

Detall, del bonlado del dibujo 42.

Núm. 39.-Para la explicación y pat~ones, véanse las flgs. 81 y 82 de la Ho¡a,

Nú11a. 35 y 36.-Las flgs. 59 y 60 de la
Hoia- Suplemenlo corresponden á estos
modelos.
.
d
Ambos modelos se eJecutan con se a
de tono claro y se guarnecen con lazos
de cinta y volantes de muselina de seda:
el primero, de reps marfll, se adorna con
una guirnalda bordada con cuentas de
oro y de acero y con cuentes de cera
blanca; realza el bordado un ador_no hecho con lentejuelas doradas; la cinta se
rellena con puntos de costu.r~ cruzados
de hilo de oro: la labor se e¡ecuta atenilíndose á Ja flg. 69 de la Hoja•Suplemen·
to Se cortan dos trozos de 20 cm. de ancho por 28 de alto, teniendo presen,te que
s6lo han de unirse en una extensión de
22 cm.¡ el saco se forra con raso marfil Y
las vueltas con reps. Se pespuntea la tela
á ftn de formar una jareta, á través_ de la
cual se desliza una cinta, y se termma la
parte superior guarneciéndola con volan-

teEl segundo modelo, de tafetán verde
almendra, mide 24 cm. de ancho Y 32 _de
alto. Se guarnece con un bordado de cmtas rococo, matizadas, hecho con arre~lo
á las indicaciones de la flg. 60 de la HoJaSKplemento¡ las flores se ~jecutan en rosa,
amarillo y lila; las hoJas, en
verde de dos tonos; se bordan
los tallos con seda verde, y el
corazón de las :flores se indica
por medio de lentejuelas de oro.
Una vez concluído, se arma, se
forra con raso blanco, y después
se desliza la cinta á través de
unas aniJias de metal.
Núms. 37 y 38. - Las flgs. 111
y 112 de la Hoja-Suplemenlo corresponden á estos modelos.
Para la ejecución de estas bolsas, adornadas con al~od6n per•
lado, se pueden utilizar restos
de tela; los retales habrán de
medir 30 cm. para el lado que se
dobla y 10 cm. enlaotradimensi6n; los dibujos son los indicados en las flgs. 111 y 112. El bordado del primer modelo se ejecuta con algodón perlado blanco, á punto de cordoncillo y á
punto de festón. L,s flores del
segundo modelo se ejecutan en
distintos matices del mismo color, á punto llano y á punto de
tallo, con algodón ó c'?n seda
lavable. Las piezas termman en
sus bordes con dobladillos: en
el primer modelo se festonea
todo el contorno.

Suplemento.
Núm. 40. -Esta elegante blnsa se compone de volantes de encaje de Alen9on Y

39.-BluH de pailo blanco bordado.

40.-BtuH pl?'a teatro.

41.- Blu11 guarnecida con guJpur.

volantes de crespón de la China color !'81m6n· unos y otros se montan, alternativa•
menÍe, sobre el forro de tafetán, dispo·
niéndolos de manera que formen grandes
ondas¡ el canesú, con cuello recto, es 40
tul plissé rodeado de volantes de encaJe
y drapeado de crespón de la China. Las
mangas son amplias, se ejecutan d_e la
misma manera que el cuerpo y terminan
por J?ull.Os de tul plissé, adornados co~
enca1e y con tiras de crespón de la Cht•
na. El cuerpo se abrocha en la espalda
por medio de corchetes.
Núm. 41. - La hechura de esta blusa es
tan propia para los tejidos de lana.c«;&gt;mo
para los de seda; se guarnece con gu1pur
de Irlanda y con terciopelo de tono más
obscuro que el de la tela; los delanteros,
dispuestos en plieguecitos pespuntead«;&gt;s
hasta mitad de altura, forman en medio
un gran pliegue hueco, que se guarnece
con botoncitos forrados de terciopelo..
El canesú de guipur, se adorna con t1•
ra~tes de terciopelo, colocados
sobre una tira de tela, los cuales
se pasan por las aberturas hechas en la blusa. Se fruncen las
mangas en las sisas, y la parte
de encima se dispone formando
dos pliegues huecos: los puiios
de ~ipur se montan bajo brazales de terciopelo. Un vivo de
terciopelo realza el borde del
cuello.
Maleriales: 1,50 m. de tela, de
1,10 m. de ancho, y 75 cm. de
terciopelo al bies.
Núm. 42.--Las flgs. 57 y 58 de
la Hoj"•Suplemento corresponden á este modelo.
Se ejecutan con tela de hilo
blanca y se adornan con rosáceas al crochet, incrustadas en
la tela; las del mantel, que mide
75 cm. de lado, son mayores q__ue
las de las servilletas, que solo
tienen 30 cm. de lado.
Completan la guarnición al•
gunos motivos calados, bordados á la inglesa y el borde se
termina con ondas festoneadas.

42.-lantel y aervllleta1 pl?'a_t6 guarneoldo1 oon bordado 6 lncru1taolonea.

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                  <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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DE

La Ilustración Española y Americana y de La Moda Elegante
EN LA REPÚBLICA MEXICANA:

Sres. Herrero Hermanos. Sucesores. - Plaza de la Concepción, núm. 2, México.
'3.eserYa.dos todos los derechos _d e propiedad .'.ll'll!RICll , literaria.

MADR!D.-Eat.a.blecimiento tipolitogrl.fl.co e Sucesores de Rivu.deneyra.•~
impresores de la Rea.l Casa.
(Propiedad de LA lLU::iTRAOIÓN ESPA8°0L.6.. Y .AMERICANA.)

1:-Tollette elegante para señora joven.

2.-Toilette para reuniones.

Lu exp)Jcaoionea en la pigina siguiente.

�SUMARIO.
TEXTO.-Explicaci6n de los grabados.-Revistaparisiense, por V. de
Castelfldo.-La guerra del silencio, fabulilla, por D. José RodRG.La prima Lucia, continuación, novela traducida por Sylvia,-Desde
mi celda, cartas de Londres, por Lady Belgravia.-Corresp~ndencia
particular, por n.• Adela P.-Explicaci6n del .Ogurln ilummado.Sueltoa.-Anuncios.
,
GB.ABA.D0B.-1. Toilette elegante para seilora joven.-2. Totlette para
reuniones - s. Toilette medio Imperio, de pai'i.o color caoba,4. Toilette' para seil.ora joven.-5. Toilette de tarde.-_6. Traje para
11ei1orita 6 seilora joven.-7. Traje de primera comuru6n.- 8. Bom•
brero de vestir, eropio para señorita.- 9. Sombrero elegante, propio para aeilora joven.-10. Traje para joven de 1' ( 16 años.11. Traje de lana eecocesa.-12. Abrigo de primavera.-13, Traje
guarnecido oon bieses de paiio.-14-. Traje de luto para seilora jo•
ven.-16. Traje elegante de terciopelo.-16. Traje para seilorita.17. Abrigo de pai'i.o.-18. Toilette de primavera para seilorita 6 se•
ñora joven.-19. Traje de hechura sastre para seil.ora joven 6 de
edad media.-20. Traje de novedad, hechura sastre.-21. Traje ele·
gante para señorita 6 para sei'l.ora joven.-22. Traje de hechura
sastre para entrfltiempd.-2S. Traje de hechura sastre.

otro adorno. Las rayas pueden formar inglete
delante y detrás en las faldas de dos costuras, y
los van formando encontrados en las costuras
de las de muchos paños. Es un trabajo de paciencia, que exige gran seguridad en ~¡ cor~e,
porque el menor retoque destruye la s1metrrn.

•

••

Las franjas y straps de telas rayadas, se suelen
poner al hilo· y no al bies como antes, y las rayas
ó cuadros se pueden disponer á lo largo ó atravesados.
De este último modo lo están en el modelo de
la figura 1, hecho de lienzo de lana rayado en
azul de lino y blanco, adornado co_n bieses ~e la
misma tela, y con un cuello _de ltenzo antiguo
bordado y un chaleco de terciopelo.
Núm. J.-Falda de radium color caramelo; blUBa de
También se adornan los vestidos de esas telas
guipur fino ocre guarnecida con entredoses de guipur rayadas con straps de telas lisas del mismo code Venecia gruesa; tirantes, parte inferior de las man• lor, como pall.o, terciopelo ó seda, y tan ·desvagas y cinturón, de terciopelo color granate claro. Toca necidos suelen ser á veces los cuadros ó las rade tul caramelo adornada con plumas blancas.
yas, que apenas se destacan de la tela lisa. La
Núm. 2,-Esta toiklU. es tan propia para señora jo- seda más empleada para estos adornos, es el taven como para señora de cierta edad; la falda, de mu- fetán flexible tornasolado, que está ahora tan de
selina blanca, sobre la que se destacan ramas de aca- moda, así para vestidos como para sombreros.
cia pintadas, lleva debajo un vivo de seda amarillo
Se adornan también muchos trajes de primapálido. El cuerpo se guarnece con una berta de punto vera con terciopelo que no haga muy duro conde aguja sujeta en el talle por medio de dos artísticos traste con la tela y no obscurezca demasiado el
botones. 'camisola de muselina de seda blanca, y prendidos en ella unos pequen.os lazos de terciopelo negro. conjunto.
Tanto el terciopelo como la seda, se emplean
mucho en franjas plegadas formando escala, con
las que se adornan las telas de lana. También las
he visto de paño de igual color que las lanas,
REVISTA PARISIENSE.
cortadas al bies y unidas dos á dos, de mo_do
que formen ingletes que recuerdan los nervios
regulares de ciertas hojas. Ese adorno separa los
SUMARIO.
paños de la tela y termina, en la parte inferior
Telas nuevas de rayas y cuadros.-Franjas al hilo, lieas, plegadas Y
de la falda, en una palma redondeada ó en puná inglete.-Los enrejados.-Muestras combinadas de las telas nuevas.-Tirantes, flchllil y chaquetas.-Combinacionesde dos telas.tas más ó menos agudas, que se extienden en dos
Pasam:meña, soutachea y galones.-Los sombreros de paja y de
filas por el borde del vestido. Reaparecen en el
taf'etán.-El tul y el ta!etá.n y el tul solo.
cuerpo, alrededor de un •bolero•, á cada lado
de un chaleco, al borde de una chaqueta; porque
parece sino que la austeridad cuaresmal al presente pide la moda que los adornos de la
viene ejerciendo su influencia en los colores de falda se repitan en el cuerpo que la acompall.a ó
nuestros trajes.
en el abrigo que la completa.
Van apareciendo los de primavera, y dominan
•
en ellos las telas obscuras, sobre todo los palios
••
lisos de anchas rayas con filetes en relieve que
las cortan á grandes intervalos. Las rayas más
Los enrejados son una forma de adorno muy
estrechas y los cuadros, se dividen el campo de usada hechos con soutaches rayados por straps
los trajes de mall.ana, compuestos de una falda pespuhteados, con cintas cometa de terciopelo,
plegada y un paletó corto. Para los trajes de ves- con bieses con encaje fruncido ó con entradotir más se suele emplear la chaqueta Imperio . ses estrech~s. Los fondos por ellos cubiertos no
larga; con delanteros apenas abiertos y talle siempre son de la tela del vestido, sino que puAcorto marcado, ya por la hechura misma de la den ser de luisina, de tafetán ó de gasa. A veces
prenda, ya por su adorno.
el enrejado de trencillas ó soutaches se forma
Las disposiciones diversas de las rayas bastan sobre una franja que recorre el borde de la falpara adornar estos trajes, que suelen no llevar da, de tela escocesa de matices muy fundidos, y
entonces el abrigo, amplio y suelto, que completa el traje puede ser de esa niisma lana escocesa cortad~ por franjas lisas de tela igual á la
de 1~ falda. Cascabeles de pasamanería, franjas
estrechas, botones grandes forrad?• ó bordados ú otros pequeños colocados en hileras, adorna¡{. los delanteros, el cuello y las carteras de las
mangas.

1

11
1

11

no

11

,

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

86

•••
Uno de los rasgos característicos de. las telas
de esta primavera es la mezcla de varios colores de tal manera fundidos que apenas se los
distingue desde lejos, pero muy visibles de cerca. Se suele ver el verde, el azul, el pardo. de ~arios tonos, que dan lugar á diversas combmaciones con el color de los adornos, formados con
franjas de terciopelo flexible ó de tafetán torna·solado· con soutaches retorcidos, de dos ó tres
colore; distintos, que producen muy bonito
efecto sobre los pafios claros, ó con entredoses
de guipur ó de· bordado, rodeados de terciopelo
estrecho, que precisa los contornos y que se emplea especialmente en los chalecos dobles, los
canesús y los pecheros.

••

•
Pi¡. 11

Continuamos siendo fieles en nuestros trajes
de vestir á los tirantes, flchús y chaquetas; pero
los tirantes se ensanchan, los flchús se drapean
muy bajos sobre los hombros, tapando la pegadura de las mangas, y las chaquetas recubren
con frecuencia blusas de encaje espumoso, de
graciosa ligereza, cuyos volantes parecen dispuestos expresamente para ser adivinados bajo
el abrigo, al cual levantan un poco.
.
Sirva de ejemplo de. flchús el del traJe representado en la figura 2, de faya violada, con lunares de pasamaneria y chaleco de guipur.

~
~"'
~

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
flores, un verde pálido, fresco, menos amarillo
que el de las hojas de los arbustos, menos azul
que el verde col, menos gris que el verde sauce,
un verde difícil de definir cuando no se ha visto, y que armoniza muy bien con los ramos de
lilas blancas y de lilas de Persia, con las rosas
. de todos colores y con las violetas. La mayor
parte de los cascos tienen, más ó menos acen-

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no puedo seguir viviendo sola en una casa tan
grande como ésta.
-En efecto, tía-dijo precipitadamente la sell.ora de Berry,- y si fuera para usted agradable
Continuaci6n.
la idea de vivir en Cosquer, donde disfrutaría
de absoluta tranquilidad, conservaría su inde-Espero-dijo, mirando fijamente á Lucía- pendencia y estaría constantemente acompaque no atribuirá usted á mi silencio ni á mi re- ñada .....
tuado, ese movimiento de campana que caracte- serva un origen distinto del que realmente los
-¿Salir yo de esta casa? No, querida; ya sé
riza ciertos sombreros del siglo XVIII. Esta for- motiva. Sufro mucho; pero también espero, y que tu ofrecimiento es cordial y sincero, pero
ma de alas se adapta al pelo sin aplastar sus on- no dndo, de que mi paciencia se verá algún día no puedo acomodarme á cambiar de jaula, y,
dulaciones, dejando ver los bucles al mismo recompensada.
Dios mediante, moriré donde he nacido, bajo el
tiempo que sombrea suavemente la parte alta
Lncía respondió, con lágrimas en los ojos:
techo que ha cobijado á mis padres.
de la cara.
- ¿Por qué ha de perder ustod años de felici-Si desea la compañía de una joven dulce y
Ya os he hablado de la moda de los sombreros dad? Valdría más que me olvidase, y que, si no tranquila-dijo Eugenia,-podría venir una de
de tafetán; cada dia aparecen otros nuevos; pero P?ede querer á Ana, buscara alguna otra que le mis huérfanas; está ya en edad de colocarse,
la disposición del ala cambia más que la del cas- d10ra .....
pero yo la reservaba para que me secundara en
co, casi siempre arrugado, drapeado en forma
-Lo que únicamente usted me puede dar- mis tareas, y estoy segura de que seria para usde boina más ó menos ancha.
interrumpió Enrique.- La paciencia, se lo re- ted una compall.era útil y agradable.
Las alas, en vez de estar uniformemente ple- pito, es una gran virtud: la tengo y esperaré;
-Eres una santa, Eugenia, y sólo te ocupas
gadas, como las de los primeros modelos, están pero crea usted que Ana es demasiado práctica de hacer bien á tus hijas adoptivas; pero si yo
bordeadas por un bies fruncido, y enjaretadas para alimentar durante mucho tiempo irrealiza- quisiera tomar á mi servicio una persona extraen sentidos diferentes.
bles ilusiones y para empeñarse en un imposi- ll.a, no dejarla de encontrarla aquí mismo.
ble. Estoy seguro de que ya empieza á com-Pues si lo que usted desea es tener cerca de
•
prenderlo así; usted no sabe todavía el fondo si una persona de la familia-dijo la señora de
Algunas combinaciones de tul y tafetán dan de energía y la fuerza de voluntad que tienen Berry,-haré gustosisima, en su obsequio, el salugar á sombreros de una extrema ligereza. El todos los individuos de esta familia. ¡Ah, si us- crificio de mi hija Ana. Ya sabe usted que es tlismás bonito de los que he visto estaba formado ted quisiera! ..... Mi tia, de cuya rectitud no puede puesta, activa, económica y de excelente carácpor uu ala de tafetán tornasolado, azul y verde usted dudar, encuentra que da usted mucho, á ter. Puede dirigir la casa, llevai las cuentas, cuimetálico, plegado menudito y tendido, y un cas- cambio de lo poco que recibe, y que lleva dema- dará usted cuando esté mala y distraerla cuando
co cubierto con una masa de tul plegado, azul siado lejos su sacrificio.
esté buena.
libélula. Al lado izquierdo tenia un grupo de ro-La lealtad y la delicadeza no pueden ir nunUna fina sonrisa se dibujó en los labios de la
sas azules.
ca demasiado lejos-contestó Lucia, enjugando anciana.
Para la mañana, es gracioso un sombrero con las lágrimas que hall.aban sus pálidas mejillas.
- Conozco perfectamente las cualidades de
el ala de paja azul viejo, y el casco en forma de
La llegada de la señora de Berry puso té~mino Ana, querida sobrina, y de ninguna manera
boina de tafetán negro, pespunteado por delan- á aquella conversación, que al mismo tiempo quiero arrebatártela y privarte de los buenos
te, llevando al lado izquierdo un lazo de tercio- causaba á la joven dulzura y sufrimiento.
servicios que presta en Cosquer.
pelo negro. El azul de la paja aclara la cara y
Al empezar el mes de Noviembre un suceso
-No importa; me impondría ese ·sacrificio con
señala en el sombrero una nota luminosa y dis- imprevisto llevó la intranquilidad á Cosquer.
la
mayor satisfacción.
creta.
La tia Auita había sufrido un ataque de pará- Yo no puedo aceptarlo, y menos todavía
Se hacen también muchos sombreros comple- lisis. La señora de Berry partió apenas recibió cuando
Paulina va á reunirse con su hermana
tamente de tul. Pero de ellos os hablaré más la primer noticia, y experimentó la contrarie- en el convento,
y después de haber desapareciadelante.
dad de hacer el viaje en compañía de su vieja do la pobre Elena, que tan gran vacio ha dejado
•
prima de Lang-asnou, y de encontrar en casa de en vuestra casa; pero hay en nuestra familia un
••
la
enferma á Enrique de Goasmeur, que fué al ave sin nido de quien nadie necesita, y que ta 1
Mucho se preocupa y debe preocuparse toda
vez no rehuse pasar aquí algunos meses, todo lo
señora en la elección de telas, hechuras y ador- primero á quien avisaron.
Durante dos días la tfa Anita luchó entre la más algunos, muy pocos all.os, á cambio de lo
nos :para sus trajes; pero, si cabe, aun tiene mayor importancia el determinar cuáles son los ar- ~ida y la muerte; pero era de esas naturalezas cual yo le aseguraría un modesto porvenir. La
tíc?los de tocador que puede admitir para el suyo que no se rinden fácilmente, y después de ha- hija de Luciano es la que me debe acompaliar,
quien se precie de elegante y distinguida: esta ber recobrado en parte el uso de sus miembros si en ello no tiene inconveniente.
consideración me mueve á indicar á nuestras manifestó la firme intención de no abandona;
Siguió á estas palabras un largo silencio, duamables suscriptoras, que los polvos de arroz de- tan pronto este mundo, y de arreglarse lo mejor rante el cual se nubló el semblante de las dos
nominados. Duvet de .Ninon de la Parfumerie Ni- posible para vivir todavía algún tiempo, á pesar primas. Cada. una de ellas apreció en el acto cuánon, de Par1s, reunen cuantas condiciones pudie- de la situación en que había quedado.
les eran las probables consecuencias de aquella
No pareció contrariada al ver á su alrededor resolución: la codiciada fortuna de la tia Anita
ra apetecer la señora más exigente tanto para
refrescar el cutis como para conserva'rle su trans- á todos sus parientes, y con ciega confianza se Iría á parar íntegra á manos de Lucía.
abandonó á los cuidados de Enrique.
parencia y blancura.
Ciertamente, Eugenia era desinteresada, pero
Pocos días después tomó de nuevo el gobierno su orfelinato constituía el único interés de su
V. DE CASTELFIDO.
de la casa, y desde el rincón de su cuarto estaba existencia, y siempre había acariciado la espeParla 24 de Febrero de 1907.
perfectamente enterada dEJ cuanto en ella ocurría. ranza de que una gran parte de aquella herencia
•
Al cabo de una semana pudo levantarse y ha bria de servir para asegurar la vida de un bea_m;1que todos sus movimientos eran torpes y 'di- néfico establecimiento que babia creado y sosLA GUERRA DEL SILENCIO.
f1ciles, se mostraba, muy satisfecha de lo que tenía á fuerza de sacrificios y privaciones.
consideraba como una resurrección, y empezó á
Y respecto á la señora de Berry, fácilmente se
ocuparse de organizar su nueva existencia.
FABULILLA.
adivina que en aquellos momentos pasaba reUna tarde, poco después de haberse acostado vista con la imaginación á todos sus hijos, uno
Uno de dos ruisei'i.ores,
y aproYechando la oportunidad de estar toda
por uno.
.
Que anidaban en un huerto
parentela alrededor de la cama abordó el asunto
Lleno ~e árboles y flores,
La tia Anita, á quien divertía grandemente el
con la tranquilidad y la resolu~ión que la carac- estudio de las expresivas fisonomías de sus soOrgamzó un gran concierto
terizaban.
De pajarillos cantores.
br_inas\ se g?ardó bien de interrumpir aquel có- ·
Dando á la fiesta esplendor
-He tenido hoy, amigas mías-dijo, dirigién- mico silencio.
Buscando el premio de honol
dose á sus primas,-una conversación seria con
Enrique, como persona á quien el asunto no
Cantaron preciosos coros
mi joven doctor; y, á petición mía, me ha ex- interesaba, se aproximó á la ventana, donde á .
Los pájaros mis canoros
puesto
claramente
su
opinión
respecto
al
estado
falta de otra distracción, miraba correr el agua
De aquel sitio encantador.
de mi salud.
por el vecino tejado.
.
Y cuando los dulces trinos
Todos los presentes cambiaron elocuentes miY los gorjeos divinos
La señora de Goulven comprendía perfectaradas; tal vez aquel preludio serviría para anun- mente lo que en aquel momento pensaban sus
De los cantantes se oyeron
ciarles sus disposiciones testamentarias é inte- s01?rinas: pero. le encantaba el misterio, y no
Al ruiseñor aplaudieron '
Los pájaros convecinos,
resaba "!ucho saber quién sería el favor~cido.
qmso pronunciar una palabra que descorriera
. Porque á fuerza de luchar
-Enrique no ha querido engañarme-conti- el velo de sus intenciones.
Sm descansar ni un instante'
nuó la anciana .e n tono flrme.--,-Además no igal cabo de bastante tiemConsiguió, al fin, realizar '
nora que si todos los de mi familia han' sabido po,-Veamos-continuó,
La idea de organizar
con aire de candidez:-tú no necesitas para
defender
su
vida
hasta
el
último
extremo
son
Aquel festival brillante.
nada á esa niña en Cosquer; no me negarás que
ta1:11bién capaces de escuchar la verdad, p¿r te- sólo la has recibido por cumplir un deber pero
Sólo el otro ruiseiior
rrible que sea, y de prepararse á la muerte sin sin el menor entusiasmo, y Ana me ha asegiu,ado
Compaiiero del autor '
flaquezas ni debilidades.
De la fiesta, no decía
jamás podrá acomodarse Lucia á vuestras
Nada en contra ni en favor
- Gracias á Dios, eso le ocurre á todos los que
costumbres, y que os hace á todos el efecto de
Del que aplausos recibfa.
bueno~ cristianos, querida tía-dijo dulcemente u~a
persona colocada fuera de su centro. No
Y es que, cual muchos pensaba
Eugema.
Que si al amigo elogiaba'
digo que la espere aquí una , vida muy alegre;
Sin
duda;
pero
las
gentes
de
mi
tiempo
esAun le hacía más famoso
pero la a~eg~ra:é una dote, y cuando yo muera
tabap. tal vez mejor templadas que las de hoy. no
Y que si le censuraba
'
le sera difícil encontrar un marido, y si no
Ep.~1que
no
_me
h·
~
oc_ultado
que,
si
bien
puedo
Resultaba un envidioso.
lo
encuentra
su gusto, podrá vivir modestav1v1r todav1a algun tiempo, ni recobraré lasa- mente de susá rentas.
No creo que ninguna de
lud p~rdida ni la libertad de mis movimientos.
Quien no sabe trabajar
vo~otr:as
~os
tenga
que
hacer ninguna objeción
Necesito
además,
según
me
ha
recomendado
Ni combatir, ni triunfar'
seria
a
mis
deseos,
y
es,
de otra parte, muy naLo mismo que el misen.o~
evitar todo _motivo de preocupación,y permití;
Adopte el medio mejor '
que otros eJecuten muchas de las cosas que yo tural que yo recurra y, llegado el momento,
procure favorecer á la persona más necesitada
Que es ver, oir y callar:
he. hecho por mí misma hasta ahora. Mi antigua de
mi familia.
crrnda
es
más
joven
que
yo,
pero
tampoco
sirve
JOSÉ RODAO,
Eugenia
inclinó la cabeza.
ya para gran cosa. En resumen, comprendo que
-Lucia Artel es también una huérfana, y su

LA PRIMA LUCÍA.

••

Fig, 2,

Sigue el talle corto por la espalda; pero si queréis que la silueta se conserve airosa, no vaciléis
en montar la falda sobre un corselete interior
de tafetán, ajustado por medio de ballenas, con
cordón, corchetes ó botones, según os agrade
más.

..
Las combinaciones de dos telas seguirán tan
de moda como este invierno, y acaso más, porque los fabricantes nos han evitado el trabajo
de buscar telas que armonicen bien, ofreciendo
muestrarios en que aparecen grupos de cuatro
telas del mismo color: una lana lisa, otra de rayas, una tercera de cuadros limpios, y la cuarta
de cuadros mezclados, entrecruzados y fundidos. En otras muestras encontraréis series de
cuadritos de tres dimensiones, con una tela lisa,
para elegir de las primeras, la que convenga á
vuestra estatura ó á la superficie de los adornos
que proyectéis.
En muchas prendas, las mangas son de distinta
tela que el cuerpo. Bajo la manga japonesa, amplia y corta, ,se pon~ una manga de ga~a, de, tafetán ó de luisina, o de seda ó lana lisa, si el
cuerpo es rayado ó de cuadros, y una de tela es. cocesa, si la blusa es de lana lisa.
La tela de estas segundas mangas sirve á veces también para adorl!-ar la f!lda. He visto, p~r
ejemplo un vestido muy bomto, de palío flexible pardo dorado, con anchas tablas espaciadas,
entre las cuales aparecía una tela de seda de rayas pardo dorado y azul pálido ligera!l'ente verdoso plegada muy finamente, con la raya clara
en l~s huecos de los pliegues y al exterior la de
igual color que el paño. Estos plegados, alt~rnando con las tablas de paño, arrancan de la cmtura y van ensanchando hasta unirse con los volantes lisos de paño, bordeados con pasamanería ligera, en que termina la falda.

•
••
Jamás tuvieron tanto éxito la pasamanería y
el soutache. Se emplea de mil maneras, y tanto
ellos como los encajes y guipures, se tiñen del.
color del vestido.
Muy sobriamente, y sólo en los •boleros» y
cuerpos se emplean también los galones bordados qu~ recuerdan el bordado japonés y el chino,'con colores más fundidos y más suaves.

•
••
La misma variedad de matices que en los trajes, aparece en los sombreros. Sin embargo, en
la paja parece dominar el verde, adornado con

87

1;

�88

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
LA M0DA ELEGANTE ILUSTRADA

1

1

suerte no debe interesarme menos que la de las
desgraciadas á quienes yo recojo.
-¡Ea! Ya cuento con la aprobación de Eugenia. Y tú, ¡,qué dices, querida?
Tras algunas luchas y vacilaciones, el espíritu de lealtad y de justicia de la señora de Berry concluyó por triunfar de su disculpable
egoísmo.
'- De ningún modo puedo oponerme á la resolución que tan ventajosa me parece para mi
sobrina-dijo con franqueza, no exenta de generosidad.-Le daré cuenta de las proposiciones
de usted, dejándola naturalmente en libertad de
aceptarlas ó de continuar viviendo con nosotros; pero yo ·prometo á usted que no he de
ocultarle las ventajas de la situación que se le
ofrece.
Enrique, que desde hacía algunos momentos
seguía con interés la conversación, se volvió rápidamente.
-O yo no conozco bien á la señorita de Arte!,
ó esa será la única manera de ofender su delicadeza y de impedir que acceda á los deseos de la
tía-dijo con tranquila sonrisa.
-Eres el personaje romántico de nuestra familia, y si fuera cierto lo que supones, Lucía
sería digna de ti - replicó la señora de Berry
con aspereza.-Sin embargo, yo no puedo ocultar á mi sobrina los ofrecimientos de la tia
Anita.,
-Indudablemente, usted no puede ocultárselos; pero debe in•sistir, más que en ellos, en el
servicio que se solicita de la abnegación de
Lncía.
La señora de Berry miró fijamente á Enrique,
que sostuvo con tranquilidad aquella mirada.
- No creo que Lucía haya sido desgraciada
en nuestra casa-replicó la señora de Berry con
involuntaria irritación. · •
-No, ciertamente; ni he dicho ni he pensado
semejante cosa; pero pienso y digo que tal vez
en esa casa se considera inútil, y esta idea la
hace sufrir. Lucía comprende muy bien que para
nada la necesita usted, y es muy joven y demasiado activa para no lamentar su inutilidad.
-¡No trato de coartar la libertad de Lucía!exclamó la señora de Berry.
-Pues bien-dijo la tía Anita,-de•
seo que me consagre esa libertad, y te
agradeceré mucho que la decidas á hacerlo así.
La anciana pronunció estas palabras
en el tono misterioso con que, en determinadas circunstancias, se dirigia á
sus presuntos herederos, y la señora de
Berry comprendió muy bien que, aun
prescindiendo del espíritu de lealtad y
de justicia en que debía inspirarse al
tratar de este asunto coll'su sobrina, estaba en su interés no contrariar los deseos de la tía Anita.
Al día siguiente regresó la señora de
Berry á Cosquer. Eran cerca de las siete
cuando llegó, y al entrar en el comedor
observó que sobraba un cubierto.
-¡,A quién se espera hoy aquí, Ana? -preguntó, mientras se qnitaba el sombrero.
En el rostro de Ana se -reflejó un sentimiento
de contrariedad.
-Creí que vendría Enrique. Como tiene que
pasar
aquí, supus_e que !lenaría con nosotros.
-Ennque estaba 1mpac10nte por volverá ver
á su tía, y no se ha querido detener.
La señora de Berry tomó asiento, y mientras
se servía la sopa, se dispuso á abordar el asunto
que tanto la preocupaba.
-Querida-dijo, dirigiéndose . á Lucía,-la
tía ~':'ita me ha encarga~o que te haga una proposición. No es necesario que contestes inmediatamente; tómate tiempo, reflexiona y mañana
me dirás lo que· has decidido.
.
Lucía escuchaba con gran atención.
-La tía Anita conserva todas sus facultades
Í':'telectuales, pero apenas puede _moverse, y Enrique no espera que alcance ya nrngnna mejoría
de importancia. Tal vez viva todavía algunos
ali.os, aunque esto no es probable, pero no resistirá un segundo ataque. En las condiciones en
que se encuentra, el aislamiento es para la pobre sefi.ora insoportable, y ha pensado que tú
podrías irte á vivir con ella.
-¡Yo!-exclamó la joven.
Lucía estaba verdaderamente emocionada; su
primera impresión fué agradable. ¡Por flu babia
alguien que la deseaba, á quien podría ser útil!
La señora de Berry continuó en tono tranqnilo:
-Ha pensado en ti porque eres libre y no·
tienes deberes que cumplir. Se propone recompensar tus servicios, y me ha anunciado formalmente que te asegurará una dote.

Pº:

. ,,;

3,-Tollette medio Imperio de paño color c«oba.

Núm. 3. -La falda es muy amplia por abajo, y forma grandes pliegues.

El «bolero•, de terciopelo del mismo color, pero
algo más obscuro, se corta, á la vez que las mangas,
de una sola pieza. Los delanteros están drapeados, y
se abren sobre una blusa de encaje blanco, guarnecida
con un galón de oro brochado con flores pompadour
y realzado al borde con un vivo de terciopelo del color ya indicade. Las mangas del e bolero&gt; descansan
sobre bullones de encaje.

-¡Oh tía!
Había'en esta exclamación un•sentimiento de
delicadeza que, ciertamente, no estaba al alcance de ninguna de las personas que la escuchaban.
-¿De qué te admiras? ¿No es natural que una
mujer rica recompense los servicios que se le
prestan? Tu vida será ali[ todavía menos alegre
qne aquí. Los viejos, sobre todo si están enfermos, son muy egoístas, y debes temer qne la tía
abuse de tus bondades y no te deje un solo momento libre. Tal vez esto dure muy poco, pero
también es posible que viva mucho tiempo, y
ten la seguridad de qne, á medida que éste transcurra, así sus achaques como sus exigencias irán
en aumento. ¿Qué tiene, pues, de particular que,
careciendo de todo derecho sobre ti, quiera recompensar los sacrificios qne en su obsequio te
impongas? Después de todo, tú apenas la conoces.
-Es cierto, la conozco muy poco; pero mi
vida está tan exenta de· deberes, qne yo me con-

sagraría sin vacilar á cualquiera que
me necesitase, si no me detuviera el
temor de que se me juzgue mal y se
atribuya á móviles mezquinos é interesados una conducta que, sin ese temor, seguiría yo gustosisima.
La señora de Berry hizo un gesto
desdeñoso; Ana no perfila palabra de
la conversación; Jorge la escuchaba
con indiferencia.
-Si tu tía te ha transmitido ese
ofrecimiento~dijo el Sr. Berry, trémulo y vacilante, - lo ha hecho, seguramente, en tn propio interés; pero
nosotros nos consideramos muy felices teniéndote en Cosquer, y de aquí
no saldrás sino en el caso de que así lo desees y
así creas que te conviene.
Y casi avergonzado de lo que había dicho, bajó
la cabeza y siguió comiendo.
-Lucía sabe muy bien que serla para nosotros una satisfacción que siguiera viviendo en
esta casa, y es tanto más libre para decidir lo
que guste, cuanto que el alquiler de su propiedad le asegura cierta independencia, y quedándose aquí no representa una carga para nosotros; pero yo debo hacer que considere las cosas tal cual son, y que no se deje arrastrar por la
vehemencia de sus sentimientos de delicadeza.
Repito una vez más que nunca había pensado
en que nos separáramos de ella; pero debo decir!&lt;! que si por puro desinterés rehusa lo que
se le propone, sn conducta, ó no será comprendida, ó será mal interpretada: todo el mundo
creerá que la existencia que le ofrece una anciana enferma no es de su agrado; ni más ni
menos. Y ahora hablemos de otra cosa: cuando
Lucía esté sola reflexionará acerca de cuanto
acaba de escuchar.
La conversación recayó en lo ocurrido durante los días que la sefi.ora de Berry había pasado al lado de su tía, y en los vúlgares sucesos
de Cosquer en ese tiempo.
Se separaron temprano, y cuando Lucía fué
á despedirse de la señora de Berry, ésta la detuvo un momento.
-Temo-dijo-que vas á pasar una mala noche. Considera todo desde su verdadero punto
de vista; consulta tus gustos, y haz lo que más te
agrade.
-Pero, el verdadero punto de vista en todo,
¡,no es el que nos impone el deber? Y ¡,acaso
Dios no me envía éste para someterá prueba mi
abnegación?
La señora de Berry miró á sn sobrina con verdadera extrañeza.
-Si hubieras sido educada por Amelia, no
hablarías de otro modo. Es preciso no exagerar
las cosas; no hay ningún deber que cumplir respecto á una parienta lejana, que puede perfecta• mente pagar los servicios que se le prestan; y,
por hermosos que sean el desinterés y la abne•
. gación, estos sentimientos no podrán impedir
qne el diñero, en cierta medida, sea cosa muy
codiciable.
-¿Usted desea ·que acepte, tía?-dijo Lucía,
haciendo un esfuerzo.
- ¡Yo! ¡,Y qué voy ganando en eilo?-exclamó la señora de Berry impaciente.-Tehe repetido cien veces que aquí no nos estorbas; por lo
demás, podría creerse con razón que al insistir
yo sobre las ventajas que tiene para ti irte á vi-·
vir con la tía Anita, contrarío y perjudico los
intereses de mis hijos.
La mirada de Lucía la interrogó con tan evidente sorpresa, que la sefi.ora de Berry continuó
bruscamente para ocultar sn confusión:
-¡Sí! La tía Anita, que pasa la vida haciendo
y deshaciendo testamentos, es muy capaz de encapricharse contigo y de dejarte la mayor parte
de la fortuna ó quizá toda entera.
,
- ¡Y usted tal vez me cree capaz de estimular
esa determinación!- exclamó Lucía, sin poder
ocultar sn pena.
-¡Ya vuelves á tus grandes frases! No.; no te
creo intrigante ni interesada; pero la tía es tan
duefi.a de sn dinero como de sus simpatías .....
¡Nada, no protestes! Son cinco las ramas que tienen fundadas en esa fortuna legítimas esperanzas, y tú r,epresentas una dé ellas, con iguales
derechos queyp represento otra. ¡Ea! ¡Abandona
ese aire de altivez! Estoy persuadida de quejamás tratarás de acaparar la herencia, y de que
si te fuera destinada por completo no te olvidarías de tus primos.
Abrázame, consulta tus gustos y tus fuerzas, y
no olvides dos cosas: que si continúas con nosotros, nos proporc'ionarás una gran satisfacción;
pero que, si por escrúpulos de delicadeza, rechazas lo que se te propone, nadie creerá ni sosp·e -

ará el verdadero motivo; por el contrario, te
usarán de debilidad y de egoísmo.
Dicho lo cual, la sefi.ora de Berry se despidió
Lucía, dejándola en libertad respecto al pro~ma que, efectivamente, sus sentimientos de
i!icadeza y hasta sus escrúpulos de conciencia
bían hecho corriplicadísimo.

89

La ·carta decía así:
«Estoy de tal manera persuadida, querida Lucía, de que la proposición de la tía Anita te tiene
perpleja é indecisa, que no P.Dedo resistir á la
tentación de procurar tranquilizarte, y de darte
un consejo muy meditado: el de qne aceptes lo
que se te propone.
•Enrique y yo nos hemos representado la escena que, indudablemente, se desarrolló ayer en
Cosqner. Tn tía, en la que reconozco un gran
fondo de bondad y una indiscutible rectitud, ha
debido, sin embargo, aunque de muy buena fe
decirte enormidades, herir tu delicadeza y plan~
tear e\ pro~lema en tales ~érminos que resulte
para ti tan rnaceptable la idea de continuar en
Cosquer, como la de separarte de tus tíos; te habrá colocado en un callejón sin salida.

XXII.

Lucía no se durmió hasta muy entrada la ma.na, y después de haber pedido á Dios fervosamente que le inspirara y mostrase el camino
10 debía seguir.
!Al despertar, recibió la inspiración, en forma
1 consejo. Había llegado á Cosqner una carta
1Langasnou dirigida á Lucía, y cuando le fué
ltregada y reconoció en el sobre la letra de
¡nelia de Goasmenr, la joven experimentó un
ntímiento de alegría y de consuelo.

Continuará.

4.-Tollette para Hñora Joven.

Núm. 4.

-La falda es de lana con rayas azules y

verdes dibujando cuadros, y se adorna con trencilla
de seda negra. El cuerpo, de paila ~zul, se abre sobre
un chaleco cerrado de pafio naranJa, cuyos delanteros se cruzan y se abrochan por medio de botones de
fantasfa; e_I cuello, vuelto y cruzado por delante, y los
pufios s~ ~Jecutan de pafio color naranja. Las costuras se d1s1mulan con galones de pasamanería; los delanteros y la espalda, cortados en pµ.nta se adornan
al borde con un motivo colgante de pasa:rianerfa.
Núm. 5.-Traje de tul AlenQon blanco crema bar•
dado con guirnaldas Imperio y guarnecido con rosas
de oro; transparente de ~eda color amarillo paja.
Núm. 6.-~ste traje, de pail~ azul faience, es propio
para entretiempo. Una gran tira de seda blanca borda~a con seda azul_ adorna los bordes del delantero,
, ~eJando al descubierto un pequeño chaleco de eneaJe; mangas con dobles volantes de muselina de seda.

5.-Tollette de tarde.
&amp;.-Traje para Hil'otlta 6 Hil'ora Joven.

�88

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
LA M0DA ELEGANTE ILUSTRADA

111

i

1

suerte no debe interesarme menos que la de las
desgraciadas á quienes yo recojo.
-¡Ea! Ya cuento con la aprobación de Eugenia. Y tú, tqné dices, qnerida1
Tras algunas luchas y vacilaciones, el espíritu de lealtad y de justicia de la señora de Berry concluyó por triunfar de sn disculpable
egoismo.
'-De ningún modo puedo oponerme á la resolución qne tan ventajosa me parece para mi
sobrina-dijo con franqueza, no exenta de generosidad.-Le daré cuenta de las proposiciones
de usted, dejándola naturalmente en libertad de
aceptarlas ó de continuar vi viendo con nosotros; pero yo ·p rometo á usted que no he de
ocultarle las ventajas de la situación qne se le
ofrece.
Enrique, qne desde hacía algunos momentos
seguía con interés la conversación, se volvió rápidamente.
-O yo no conozco bien á la señorita de Artel,
ó esa será la única manera de ofender su delicadeza y de impedir que acceda á los deseos de la
tía-dijo con tranquila sonrisa.
-Eres el personaje romántico de nuestra familia, y si fuera cierto Jo que supones, Lucía
sería digna de ti - replicó la señora de Berry
con aspereza.-Sin embargo, yo no puedo ocultar á mi sobrina los ofrecimientos de la tia
Anita ..
-Indudablemente, usted no puede ocultárselos; pero debe insistir, más qne en ellos, en el
servicio que se solicita de la abnegación de
Lucía.
La señora de Berry miró fijamente á Enrique,
que sostuvo con tranquilidad aquella .mirada.
-No creo que Lucía haya sido desgraciada
en nuestra casa-i;-eP.Iicó la señora de Berry con
involuntaria irritación. · .·
-No, ciertamente; ni he dicho ni he pensado
semejante cosa; pero pienso y digo que tal vez
en esa casa se considera inútil, y esta idea la
hace sufrir. Lucía comprende mny bien qne para
nada la necesita usted, y es mny joven y demasiado activ,¡ para no lamentar su inutilidad.
-¡No trato de coartar la libertad de Lucia!exclamó la señora de Berry.
-Pues bien-dijo la tía Anita,-deseo que me consagre esa libertad, y te
agradeceré mi;cho que la decidas á hacerlo así.
La anciana pronunció estas palabras
en el tono misterioso con qne, en determinadas circunstancias, se dirigía á
sus pi:esuntos herederos, y la señora de
Berry comprendió muy bien que, aun
prescindiendo del espíritu de lealtad y
de justicia en que debía inspirarse al
tratar de este asunto con su sobrina, estaba en sn interés no contrariar los deseos de la tia Anita.
Al día siguiente regresó la señora de
Berry á Cosquer. Eran cerca de las siete
cuando llegó, y al entrar en el comedor
observó que sobraba un cubierto.
-tA quién se espera hoy aquí, Ana1-preguntó, mientras se quitaba el sombrero.
En el rostro de Ana se reflejó un sentimiento
de contrariedad.
-Creí qne vendría Enrique. Como tiene que
pasar por aquí, supuse que cenaría con nosotros.
-Enrique estaba impaciente por volverá ver
á sn tía, y no se ha querido detener.
La señora de Berry tomó asiento, y mientras
se servía la sopa, se dispuso á abordar el asunto
que tanto la preocupaba.
-Querida-dijo, dirigiéndose -á Lucía -la
tía ~':'ita me ha encarga~o qne te haga una' propos101ón. No es necesario que contestes inmediatamente; tómate tiempo, reflexiona y mañana
me dirás lo que·has decidido.
Lucía escuchaba con gran atención.
-La tía Anita conserva todas sns facultades
ii:itelectuales, pero apenas puede moverse, y Enrique no espera que alcance ya ninguna mejoría
de importancia. 'I'al vez viva todavía algunos
años, aunque esto no es probable, pero no resistirá un segundo ataque. En las condiciones en
que se encuentra, el aislamiento es para la pobre señora insoportable, y ha pensado que tú
podrías irte á vivir con ella.
-¡Yo!-exclamó la joven.
Lucía estaba verdaderamente emocionada· su
primera impresión fné agradable. ¡Por fin h;bía
alguien que la deseaba, á quien podría ser útil!
La señora de Berry continuó en tono tranquilo:
-Ha pensado en ti porque eres libre y no·
tienes deberes que cumplir. Se propone recompensar tns servicios, y me ha anunciado formalmente que te asegurará una dote.
.

3.-Toiletta medio Imperio de paño color oaoba.

Núm. 3. -La falda es muy amplia por abajo, y forma grandes pliegues.
El «bolero&gt;, de terciopelo del mismo color, pero
algo más obscuro, se corta, á la vez que las mangas,
de una sola pieza. Los delanteros están drapeados, y
se abren sobre una blusa de encaje blanco, guarnecida
con un galón de oro brochado con flores pompadour
y realzado al borde con un vivo de terciopelo delcolor ya indica de. Las mangas del e bolero&gt; descansan
sobre bullones de encaje.

-¡Oh tía!
Había'en esta exclamación un,sentimiento de
delicadeza que, ciertamente, no estaba al alcance de ninguna de las personas que la: escuchaban.
-¿De qné te admiras? ¿No es natural que una
mnjer rica recompense los servicios que se Je
prestan? Tu vida será alli todavía menos alegre
que aquí. Los viejos, sobre todo si están enfermos, son muy egoístas, y debes temer qne la tía
abuse de tus bondades y no te deje nn solo momento libre. Tal vez esto dure muy poco, pero
también es posible que viva mucho tiempo, y
ten la seguridad de que, á medida que éste transcurra, así sus achaques como sus exigencias irán
en aumento. ¿Qné tiene, pues, de particular qne,
careciendo de todo derecho sobre ti, quiera recompensar los sacrificios qne en su obsequio te
impongas? Después de todo, tú apenas la conoces.
-Es cierto, la conozco mny poco; pero mi
vida está tan exenta de deberes, qne yo me con-

sagraria sin vacilará cualquiera que
me necesitase, si no me detuviera el
temor de que se me juzgue mal y se
atribuya á móviles mezquinos é interesados una conducta que, sin ese temor, seguiría yo gnstosísima.
La señora de Berry hizo un gesto
desdeñoso; Ana no perdía palabra de
la conversación; Jorge la escuchaba
con indiferencia.
-Si tu tía te ha transmitido ese
ofrecimiento-dijo el Sr. Berry, trémulo y vacilante, - Jo ha hecho, seguramente, en tn propio interés; pero
nosotros nos consideramos mny felices teniéndote en Cosquer, y de aquí
no saldrás sino en el caso de que así lo desees y
así creas que te conviene.
Y casi avergonzado de lo que había dicho, bajó
la cabeza y siguió comiendo.
-Lucía sabe muy bien que sería para nosotros una satisfacción que siguiera viviendo en
esta casa, y es tanto más libre para decidir lo
que guste, cuanto q ne el alquiler de su propiedad le asegura cierta independencia, y quedándose aquí no representa una carga para nosotros; pero yo debo hacer que considere las cosas tal cual son, y que no se deje arrastrar por la
vehemencia de sus sentimientos de delicadeza.
Repito una vez más qne nunca había pensado
en que nos· separáramos de ella; pero debo decirle que si por puro desinterés rehusa Jo que
se le propone, sn conducta, ó no será comprendida, ó será mal interpretada: todo el mundo
creerá que la existencia que Je ofrece una anciana enferma no es de sn agrado; ni más ni
menos. Y ahora hablemos de otra cosa: cuando
Lucía esté sola reflexionará acerca de cuanto
acaba de escuchar.
La conversación recayó en lo ocurrido durante los días qne la señora de Berry había pasado al lado de su tía, y en los vulgares sucesos
de Cosquer en ese tiempo.
Se separaron temprano, y cuando Lucía fné
á despedirse de la señora de Berry, ésta la detuvo un momento.
-Temo-dijo-que vas á pasar una mala noche. Considera todo desde sn verdadero punto
de vista; consulta tns gustos, y haz lo que más te
agrade.
-Pero, el verdadero punto de vista en todo,
¿no es el qne nos impone el deber1 Y ¿acaso
Dios no me envía éste para someterá prueba mi
abnegación?
La señora de Berry miró á su sobrina con verdadera extrañeza.
-Si hubieras sido educada por Amelia, no
hablarías de otro modo. Es preciso no exagerar
las cosas; no hay ningún deber qne cumplir respecto á nna parienta lejana, que puede perfecta• mente pagar los servicios que se le prestan; y,
por hermosos que sean el desinterés y la abne. gación, estos sentimientos no podrán impedir
que el dinero, en cierta medida, sea cosa muy
codiciable.
-¿Usted desea ·que acepte, tía?-dijo Lucía,
haciendo un esfuerzo.
.
-¡Yo! ¿Y qué voy ganando en ello?-exclamó la señora de Berry impaciente.-Te he repetido cien veces que aquí no nos estorbas; por lo
demás, podría creerse con razón que al insistir
yo sobre las ventajas que tiene para ti irte á vi-·
vir con la tía Anita, contrarío y perjudico los
intereses de mis hijos.
La mirada de Lucía la interrogó con tan evidente sorpresa, qne la señora de Berry continuó
bruscamente para ocultar su confusión:
-i Sí! La tía Anita, que pasa la vida haciendo
y deshaciendo testamentos, es muy capaz de encapricharse contigo y de dejarte la mayor parte
de la fortuna ó quizá toda entera.
-¡ Y usted tal vez me cree capaz de estimular
esa determinación!-exclamó Lucía, sin poder
ocultar su pena.
-¡Ya vuelves á tns grandes frases! No.; no te
creo intrigante ni interesada; pero la tía es tan
dueña de sn dinero como de sus simpatías .....
¡Nada, no protestes! Son cinco las ramas que tienen fundadas en esa fortuna legítimas esperanzas, y tú r,epresentas una dé ellas, con iguales
derechos queyp represento otra. ¡Ea! ¡Abandona
ese aire de altivez! Estoy persuadida de qne jamás tratarás de acaparar la herencia, y de que
si te fuera destinada por completo no te olvidarías de tns primos.
Abrázame, consulta tus gustos y tus fuerzas, y
no olvides dos cosas: que si continúas con nosotros, nos proporcionarás una gran satisfacción;
pero que, si por escrúpulos de delicadeza, rechazas lo que se te propone, nadie creerá ni sosp·

chará el verdadero motivo; por el contrario, te
acusarán de debilidad y de egoísmo.
Dicho lo cual, la señora de Berry se despidió
de Lucía, dejándola en libertad respecto al problema que, efectivamente, sus sentimientos de
delicadeza y hasta sns escrúpulos de conciencia
habían hecho coniplicadísimo.

89
La ·carta decía a~í:

«Estoy de tal manera persuadida, querida Lucía, de qne la proposición de la tía Anita te tiene
perpleja é indecisa, que no P.Uedo resistir á la
tentación de procurar tranquilizarte, y de darte
un consejo muy meditado: el de que aceptes lo
que se te propone.
»Enrique y yo nos hemos representado la escena que, indudablemente, se desarrolló ayer en
Cosqner. Tu tía, en la que reconozco un gran
fondo de bondad y una indiscutible rectitud, ha
debido, sin embargo, aunque de muy buena fe,
decirte enormidades, herir tu delicadeza y plantear el problema en tales términos que resulte
para ti tan inaceptable la idea de continuar en
Cosquer, como la de separarte de tns tíos; te habrá colocado en un callejón sin salida.

XXII.

Lucia no se durmió hasta muy entrada la mañana, y después de h~ber pedido á Dios feryorosamente que le inspirara y mostrase el cammo
que debla seguir.
Al despertar, recibió la inspiración, en forma
de consejo. Habla llegado á Cosqner una carta
de Langasnou dirigida á Lucía, y cuando le fné
entregada y reconoció en el sobre la letra de
Amelía de Goasmenr, la joven experimentó un
sentimiento de alegría y de consuelo.

Continuará.

4.- Toilette para señora Joven.

Núm. 4. -La falda es de lana con rayas azules y
verdes dibujando cuadros, y se adorna con trencilla
de seda negra. El cuerpo, de pafio azul, se abre sobre
un chaleco cerrado de pafio naranja, cuyos delanteros se cruzan y se abrochan por medio de botones de
fantasfa; el cuello, vuelto y cruzado por delante y los
pufios se ejecutan de pafio color naranja. Las ~osturas se disimulan con galones de pasamanería; los delanteros y la espalda, cortados en pµnta se adornan
al borde con un motivo colgante de pasa:n.anerfa.
Núm. 5.-Traje de tul AlenQon blanco crema bordado con guirnaldas Imperio y guarnecido con rosas
de oro; transparente de 13eda color amarillo paja.
Núm. 6.-Este traje, de pafio azul faience es propio
para entretiempo. Una gran tira de seda blanca bordada con seda azul adorna los bordes del delantero
~ejando al descubierto un pequefio chaleco de enea~
Je; mangas con dobles volantes de muselina de seda.

5,-Toll•tte de tarde.
6,-Trl,le para Hilorlta 6 Hilora Joven.

�LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

90

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

Núm. 7.-De lana blanca adornado con entredoses y motivos de gujpur forra•
dos con tafetán blanco; los motivos se recortan del entredós. La falda se compone
de dos pafios, cae independiente de la de forro y se adorna con pliegues. El cuerpo
forma pliegues, se adorna con entredoses y se monta sobre el canesú, compuesto
de entredoses y tiras de tela; la unión queda oculta por un cuello forrado de seda
y guarnecido con pespuntes á lo largo del borde, que dibuja ondfts. Las mangas
tienen hechura de farol, y reducen su vuelo dentro de puños que se ciñen al brazo
y se adornan con entredoses. El cinturón se compone de una tira de seda plissé.

91

Núm. 11.-De color gris, tono sobre tono: el cuello, las bocamangas y las
aplicaciones son de terciopelo de tono más obscuro y se adornan con
vivos de paila claro. La falda se dispone formando plieguecitos en el talle
y se guarnece con bieses pespunteados de diferentes anchos. La chaqueta
es lisa y ajustada al cuerpo¡ las mangas se adornan con bieses y con terciop~lo.

Num. 12.-De paila verde color aceitrna, adornado con bieses pespuntados; estos m-ismos bieses guarnecen el cuello, la pelerina y los puilos
de las mangas: cuello de raso negro bordado.

Núm. 8.-El ala, bastante ancha, de este sombrero estilo Directorio es de paja
gris sedosa, y se completa con una boina drapeada de tafetán color azul viejo: rodea la boina una guirnalda de rosas pompón, que se prolonga en una parte de
debajo del ala.
Núm. 9.-El modelo tiene cierta hechura de toca, y se compone de un casco drapel\do con tafetán crema y ala muy estrecha, cubierta en parte por terciopelo negro y en parte con tafetán bordado do lentejuelas plateadas.
El lado izquierdo, ligeramente vuelto, se guarnece con una aig,-ette de fantasía. 1

Núm. 13.-Nuestro modelo es de lana con rayas muy finas. La falda se
guarnece con bieses de paila de tono más claro que la tela. El cuerpo,
ligeramente blusante, tiene un cuello de pafio, realzado con vivo de terciopelo obscuro, y se abrocha por medio de un botón de fantasía: el canesú es de guipur crema. Completa el adorno una corbata de terciopelc,
Las mangas terminan por bocamangas de paila y de terciopelo. Gran
cinturón de terciopelo drapeado.

Núm. IO.-Este traje, de lana negra, se compone de pantalón largo, chaleco y
americana. El chaleco, con forro blanco á rayas, se abrocha con una fila de botones¡ los bolsillos de la americana se ejecutan en el forro¡ la parte de arriba de
ésta se dobla á ftn de formar las solapas; se abren los ojales después de reforzar
con entretela, y se refuerzan también del mismo modo el cuello y las bocamangas.
La americana se abrocha cruzándose los delanteros.
Materiales: 3, 75 m. de lana, de 1,20 m. de ancho, y 16 botones.

Núm. 14.-Este traj0, de cachemir negro, se compone de falda, formando pliegues, y de un pequeilo paletó de hechura de saco¡ aquélla se guarnece con un gran bies de crespón, que termina á los lados del delantero. El paletó se abre sobre un chaleco cruzado de cachemir: tanto su
rarteinferior como el cuello y las solapas se guarnecen con crespón; sobre
los hombros se colocan bieses de cachemir, cada uno de los cuales forma
dos pliegues; éstos tienen menos anchura por abajo, y terminan simu-

10.-Tr~J• para Joven de 14 i 16 añoa.

7.-Traje de primera oomunlón.

Espaldas de 101 dibujos 16 y 17.

"),

!ando quedar sujetos por medio de
un botón de crespón. El mismo
adorno se repite sobre las mangas,
que terminan por bocamangas de
crespón.

Núm. 15.-Traje do terciopelo fris•
son negro: rodean el bajo do la fal•
da tres lfneas do trencilla de seda
negra. El cuerpo tiene un pequell.o
canesú de guipur, rodeado de trencilla, el cual se adorna por delaIÍte
con dos filas de botones: el cuerpo
se realza además con trencilla dibujando un e.bolero•. Manga drapeada sobro bullón do guipur, y
terminada por un brazal de terciopelo, que se adorna al filo con un
doble volante de encaje.
Núm. 16.-Éste traje, de lana inglesa, tiene chaleco, y se adorna con
bieses de paño claro; el cuerpo termina por un cuello vuelto de t0Fciopelo obscuro, ribeteado con vivos
de paño; esta misma disposición se
adopta para la hechura de las bocamangas; los pailos del delantero de
la falda se adornan alrededor con
bieses de 5 cm., que simulan continuar la guarnición del cuerpo, que
es semiajnstado. Este se forra con
seda clara y tiene dos bolsillos. El
chh.leco se abrocha, cruzándose los
delanteros, por medio de botones
de nácar : mangas semilargtis.

Elpahlal dt 101 dlblljOI II i 15.
12,-Abrigo de primavera

13.-Traje guameoldo ooa ble111 de paño.

16.-Traje para 11ilorlta.

11.-Abrlgo di paño,

Núm. 17.-De pallo color cham•
pagne, guarnecido con pespuntes y
patas adornadas con botones de
nácar blancos; el cuello tiene una
vuelta de terciopelo color castaña:
el abdgo, excepto la-pelerina, se..
forra con seda blanca.

�92

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
guipur, cuyo color armonice con el del pafio; cuerpob_lusa con ~ombreras ~apeadas, guarnecido con motnos de gmpur; canesu de muselina de seda bordada;
cinturón en forma, cuyos bordes se recortan dibujando ondas festoneadas.
Núm. 22. - De pailo gris acero; falda campana lisa;
chaqueta larga adornada con alamares de pasamanería de seda; vivo de terciop~lo simulando chaleco;

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

DESDE MI CELDA.
CARTAS DE LONDRES.
Rosemary Cottage, Keesington.
London W,

Flores del país del sol. Con este poético letrero, escrito en una de sus esquinas, llegan á mis

manos, dos veces por semana, unas pequeñaE

•

cajas-cestas, llenas de violetas, claveles, garde•
nias, jazmines, etc., etc., del país del sol efectivamente, y de la alegrfa, y de la gracia, y de la
bendición del Señor ..... ¡Saludad, andaluzas, e,
el vuestro y ..... casi el mio también!.. ...
Un anciano matrimonio, amigo nuestro hu- ·
yendo de las nieblas y de los fríos, cual am¿rosa
pareja de golondrinas (jovencitas que me leéis,
cuidado con reiros de esta comparación, que lai
parejas de ancianos también resultan amorosas
cuando durante larga vida se entendieron bien)
se han instalado en abrigado nido de nuestr~
hermosa comarca para pasar los meses de in-

Núm. 18.-Traje de vuela con dibujo de
tablero de damas, cuyos cuadros son alternativamente, de color castaña y d~ color de arena; falda dispuesta de manera
que forme pliegues sueltos¡ cuerpo drapeado, á estilo de justillo, y e bolero» corto, cuyo borde seftala una cascada de linón; pequeiios tirantes de terciopelo co-lor ca$taña, sujetos por dos botones de
malaquita. Toca de crin verde-loro, adornada con tul color castaila claro y una

pluma mordoré,

·

aire y tiraros por la venÍana; os estudian primero,, forma u conocimiento c'on vosotros, y el dia
que os abren las ~úertas de su corazón es para
guardaros en él la vidá entera. Por eso mis queridos vielec'itós,- que nie han conocido joven,
soltera, ca:sada y madre de familia, me siguen
queriendo en todas las.fases de mi vida, y me lo
repiten con sus flores, cortadas por sus venerables manos,- empaquetadas por ellos mismo~, y
que dos veces en. semana vienen á decirme: &lt;No
te olvidan;.de lejos, como de cerca, te quieren,
te nombran, aprecian tus cualidades, disculpan
tus defectos, son amigos de oro de ley ..... »
-Quisiera yo saber--dice nuestra antigua
conocida Doiia Censura, que mientras más afios
va teniendo m§s intransigente se vuelve-á qué
nos dirá esto Lady Belgravia. ¡ Qué nos importa
á sus lectoras que á ella le regalen flores ó no!
-Amable señora- replico yo, - espérese un
poquito, que con tiempo y paciencia todo se explica en este mundo, ¡hasta lds' escritos de Lady
llelgravia !.....
· .., '
Esta mañana la antigua niñera de íniii hijos,
que por cariño á la casa desempeña ·hóy día'el

vierno. Durante el tiempo que residen en su lujosa mansión de Mayfair, vuestra Lady Belgravia lunches (almuerza) con ellos dos veces en
semana. Al emigrar, por consejo mio, en busca
de calor y de alegría, no han olvidado á la amiga que jueves y domingos se sienta á su mesa, y
domingos y jueves esta amiga recibe las mencionadas flores, que le traen, con los perfumes
de su querida patria, el aroma, á nada comparable, de la amistad inglesa, que es la reina de todas las amistades, y cuyo lema bien pudiera ser:
Une fois amis, wujours amis.
¡Qué hermoso!, ¿no es verdad? No es la amistad que os coge hoy porque sois jóvenes, mañana
porque sois ricas, al otro porque ocupáis alta
posición, y os deja de la misma manera el día
que os arrugáis, ó aquel en que perdéi~ vuestro
dinero, ó en el que la fortuna, d.e un empujoncito de esos que ella da, os sienta al pie del Calvario, y subís la cuesta, como Nuestro Señor,
perdiendo poco á poco los amigos ....
No; los amigos ingleses no os meten de golpe
en su corazón, para más tarde voltearos por el

21.-TraJe elegante para teñorl_ta ó para teñora Joven.

18.-Tollettt de primavera para señorita
ó aeilora Joven,

19,-TraJ• dt hechura ,aatre paraaeñoraJoven
ó de edad media.

Núm. 19.-De pailo color tabaco; falda campana lisa;

chaqueta _larga con chaleco de pafio fantasfa y boto-

nes de cristal. Sombrero de paja inglesa color caoba
cuya copa r~de~ un ~rapeado de raso de tono más cla~
ro, y cuyo lado 1zqwerdo adornan algunas plumas color de bronce.

Núm. 20.-Este traje _de primavera se compone de
falda campana guarnecida con grandes trencillas de
moaré negro y chaqueta de talle corto fruncida den•
tro de un cinturón de paño pespunteado. Faldones en
forma, y grandes solapas-chal, cuyo borde realza una
cinta de raso fruncida, á guisa de volante; este mismo
volante adorna las mangas, que son cortas y están

drapeadas.
Núm. 21.-De pafio color cardenal; falda montada á
pliegues pespunteados ó con incrustaciones de grueso

grandes botones de crochet. Sombrero de paja inglesa adornado con
plumas grises.
Núm. 23.-Traje de pafio raso color azul negro; falda en forma guarnecida con volantes pelerina y pequeños bieses de seda; cuerpo-blusa
sobre fondo de encaje crudo¡ incrustaciones de guipur en el borde
de los delanteros y en los puños;
corbata y cinturón de terciopelo;
señala el borde del cuerpo un cin.
turón, en el que se destacan las cabezas de clavitos de acero.
2

20.-TraJI'•• novedad heohura 1aatre.

z.-r...,. .. uobra)Qtre para entret1••••·

93

23,-Tr•J• de beoh11ra 1utre.

�94

1¡

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

Con tan maravillosos antecedentes, ie pris mon níaco. El cutis, que parecía lacio y marchito, se
cargo de h-Ouse maid (doncella), me ha presencourage
adeux mains, como dicen loá franceses, convirtió en fresca hoja de rosa, y aquella mutado en el momento que nos sentábamos á alchacha, con sus dientes limpios, sus manos tramor~ar una bandeja llena de cartas; todas traian y tomé á Susana, que así se llamaba el general.
iPodré
olvidar
mientras
viva
aquel
primer
bajadas,
pero como el oro, al poco tiempo de
el selld de Espalia: eran de mi familia, de _mis
amigas; muchas vuestras, lectoras ~las. Abrién- mes de aprendizaje? La que sabia asar un pollo estar en casa llamaba la atención de cuantos vedolas, leyendo su cariñoso co~ten~do, n?, he po- y guisar una cola de merluza y tantas cosas más, nían á verme.
-1.Te has traído también la cocinera de Londido menos de volverme hacm mi marido, que no sabía encender la lumbre de la cocina, y vadevoraba el Morning Post ( Con·eo de l!' Mañana, lían más las astillas y fósforos que desperdiciaba dres?-me preguntaban.
- No, es de aquí; la que tomé á mi llegada.
nombre del periódico que aqui eqmvale á La que lo que ella pesaba: planchó ropa una tarde,
mejor
dicho,
quemó
y
tostó
varias
prendas.
Lim-iQué
has hecho con ella?
Ep{)(x,, de Madrid), y decirle:
piando era una especialidad; agarraba unos zo- La he fregado.
-Toma flores del pais del sol.
- Chica, 1.nada más?
Porque ~uestras cartas son para mí tan simpá- rros (instrumento que aqu! no se conoce siquie- Ni más, ni menos.
ticas tan encantadoras como las flores que pe- ra), y Jo mismo la emprendía con una silla que
Si os dijera que sembré en terreno árido,
riód.Ícaniente recibo, y éstas, como aquéllas, me con la pantalla de la lámpara; repartía el polvo
de
un
sitio
para
otro,
y
se
quedaba
tan
satisfecha
mentiría.
Susana ó Sussy, como la confirmó mi
dicen que muchas, muchas sois las que me pa~
como si hubiera arreglado el cuarto. De sus gui- niñera para inglesarle (permítaseme la palabra)
gáis el verdadero caril\o que yo.is profeso.
Y ahora, satisfecha la curiosidad de Doña Cen- sos no quiero hablaros: era una envenenadora en el nombre, era lista, como somos todas las espasura, voy á ver cómo contesto una á una á vues- materias de cocina. ¡Cuando sobrevivimos á ñolas (y viva la modestia nacional). Adolecía de
aquella prueba, estoy convencida de que lo que Jo que adolecen las pobres españolas, y las espatras preguntas.
·
iQué diréis que he hecho? He puesto vuestras es de indigestión no se muere este matrimonio! fíolas pobres aun más: de que nadie se había
cartas p_o r orden alfabético de nombres, y así Para el cuidado de su persona, sospecho piado- ocupado de ensel\arla. A los seis meses justos de
samente que se tiraba de la cama, se sacudía como empezar el curso ya se podía comer, y muy á
empiezo por la que firma «Angela». .
. .
Me remites un suelto, cortado de un periódico los pollos, y ya estaba hecha su toilette. Los do- gusto, el diario que nos guisaba; planchaba muy
inglés,que: ~iaducido al pie de la letra,.~ice así: mingos, por extraordinario, y para santificar la bien la ropa lisa ,'y su limpieza de habitaciones
«Se ileces1tá un general, que sea sobrio, hon- fiesta, se lavaba la cara y se peinaba de peina- no era ya la batalla de Alcolea, con zorros y esrado, limpio, de buenas costumbres, activo, que dora. ¡ Qué horror! Y, según confesión propia, cobas como proyectiles, sino una limpieza esmeeste peinado, poniéndose de noche un pañuelo rada ei¡ todos sus detalles, sin heridas mortales
tenga buena estatura y buen carácter..... »
para los muebles. Y tal es la afición que se Je
No puedo menos al leer el suelto, tal cual tú apretado, le duraba ¡¡¡ocho días!!!
-¿Y por qué la aguantaba usted?-me diréis. despertó por el aseo personal, que no habiendo,
me Jo envías, mi querida Angela, de echarme á
Pues porque en aquella capital de provincia, como no hay, en nuestra tierra más cuarto de
reir y decirme: «1.Tanta falta hacen los Generales
donde,
por desdicha mía, me hallaba, no había bal\o que barrel\os, en uno grande de Talavera,
que hay que anunciarlos? iSucederá lo propio
en España L ... Pero dejemos la broma á un Jado 1 cosa mejor, y porque la muchacha era buena, que yo le puse en su cuarto, se zampaba cada
pues, según dice Doña Censura, la broma es m1 honradísima y Juiciosa á carta calial: era un bri- lunes y cada martes; el pelo la brillaba de limpecado favorito, y quiero corregirme de él. Ge- llante en bruto; y como cuando el diablo no tiene pio, los dientes eran perlas, y se puso tan guaneral en el anuncio que tú me envías, amiga que hacer con el rabo espanta moscas, decidí edu- písima, que al afio de estar en casa, y cuando nos
Angela, significa..... - icómo te lo diré, Dios car y ensefíar á aquella infeliz criatura, que á disponíamos á llevarla con nosotros á Inglatemio, pues va á ser, si no uua decepción g_eneral, los diez y ocho años no sabía dónde tenía la rra, porque la muchacha valla un mundo, el
una decepción para los Generales?-tLo digo L ... mano derecha. Sospechaba la pobre que había criado de mi primo Rafael, ex asistente suyo y,
General en este caso, significa en Inglaterra un Dios, porque, como El es tan grande, Jo ven como ingeniero, buen mozo, y, como malagueño,
criada para todo, y como en este i~ioma los ad- hasta los más cortos de vista; pero aqul paz y muy requetesalao, se enamoró de ella, y ella de
jetivos son neutros, por eso cámbialos todos al después gloria: era toda su religión. No había él, y como todo lo puede el amor, Sussy desisfemenino, y ya está explicada la broma de esta conocido padres; rodando desde pequeña, como tió de conocer lejanas tierras, y los casamos, mepícara Lady Belgravia, que no p11ede tener dos una pelota, primero en los caseríos, luego en las jor dicho, los casó el cura, pero nosotros pagacasas; de niñera á los diez años, de doncella á los mos el pato.
minutos de formalidad, y traduce:
·
Yo me quedé sin cocinera, renegué de los
«Se necesita una criada para todo, que sea quince, general á los diez y ocho, ¡qué carrera la
sobria (que no le guste el trinquilis fortis, cosa suya! ..... Y á pesar de esta vida, se habla conser- hombres una vez más, hice voto de no enseñar
bastante frecuente aquí), honrada, limpia, de vado inocente, y no tomaba lo que no era suyo, criadas en la vida, para que el diablo se las llebuenas costumbres, activa, de buena estatura y y no mentía, y cuando rompía una cosa (¡sólo vase, como me llevó á mí, y después de ocho
Dios sabe las que hizo cenizas en mi casa!) lo días de furia y de prometernos mi marido y yo
buen carácter.»
- i Y todo eso que el anuncio pide puede lo- confesaba, y era juiciosísima, aunque su físico, que no haríamos más obras de misericordia, cograrse en una pieza ?-preguntáis con asombro una vez limpio y arreglado, era tan agraciado gimos una tarde el caminilo de la vía férrea, y
que llamaba la atención. En fin, queridas mías, allí, en una casita muy linda, que seguramente
las amas de casa espal\olas.
que poniendo en un peso sus cualidades mora- conocéis las que veraneáis por el Norte, fuimos
-Todo eso y mucho mas; ya lo veréis.
iQué es un general en España? El conjunto de les y en el otro sus faltas de cultura, decidimos á despedirnos del general y de su asistente, que,
todos los males, sin mezcla de bien alguno. mi marido y yo ser víctimas de la moralidad y con los ahorritos de este último, habían tomado
Conste que me refiero á las criadas para todo, educarla. El mismo día que la pagué el mes, la una cantina, como ensayo para hacer fortuna.
no se le hinchen las narices á algún General eché, sobre poco más ó menos, el siguiente dis- Daban comidas y meriendas, muy bien dadas y
curso:
,limpias: ella guisaba (¡Señor, para eso la enseñé
amigo mío y me mande prender.
-Mira, Susana: aquí tienes tres duros que. tú yo!) y él servia, y todo el que allí tomaba algo
Durante una de mis cortas estancias en España, tuve, mejor dicho, eduqué una criada para debías darme á mí por haberle aguantado cuatro quedaba contento y satisfecho, incluso nosotros,
todo, y la recuerdo en sus principios QOn el mis- semanas. Si tú quieres seguir con nosotros, tie- que, al decirles adiós, pensábamos con alegría
mo terror que á un dolor de muelas. Parece nes que ser muy obediente y dejarle enseñar. Si que en aquel edificio de felicidad habíamos
que la estoy viendo el día que vino á pretender: no te conviene, te tendremos hasta que encuen- puesto la primera piedra.
Y hablando, hablando, como me pasa siempre
falda verde, blusa colorada, mantón azul y un tres casa, y si te quedas con nosotros, entre Nana
pañuelo de seda de todos colores; al pronto creí (la niñera inglesa de mis híjos) y yo te enseña- con vosotras, he llenado un montón de cuartique era un loro escapado de una jaula. ¡ Qué ca- remos. tTú ves á Nana cómo trabaja y entiende llas. Termino, pues, por hoy, y basta muy pronbeza! ¡Qué pelos! Si bien el peine no entraba con de todo? Pues es porque la han educado. No eres to, que os haré la descripción de lo que es un
facilidad, seguramente, las peinetas podían con- tonta eres joven, de ti depende seguir siendo general inglés. Hacen mejor carrera que en Estarse por medias docenas; todo parecía menos un z¿quete, como eres ahora, ó una criada útil paña, ya lo veréis.
.
Pero también, tá qué general se le ocurre cauna muchacha decente, y, sin embargo, lo era, y y fina, como es Nanas.
Después de este ·elocuente y claro discurso, la sarse con un ex asistente, tomar una cantina y
en ese sentido me la recomendaba una antigua
criada de mis padres. ¡Qué pal\uelito extrajo del pobre muchacha, toda emocionada, prometióme dejar sin cocinera á una familia honrada Y Espa•
fío! había de ser el general para hacer tal calabolsillo para limpiarse el sudor de la frente! obedecernos ciegamente y dejarse desasnar.
-Ya ve usted, sel\orita-me decía poco des- verada.
¡Qué luto en las uñas por lodos.los fieles difunVuestra siempre afectísima,
tos! ¡Qué aroma emanaba de toda su personal pués;-yo nunca habla visto tantas tiquet.as (etiMe faltaba el valor para apechugar con aquel quetas querría decir) como en su casa de usted.
LADY BELGRAVIA.
general, pero en vista de que todas las que se me Nadie se ha ocupado hasta la fecha en enseñarme
habían ido presentando eran, poco más ó menos, nada; pero ya verá cómo aprendo .....
Y la pobre cumplió su palabra.
lo mismo, y siquiera la hoja de servicios de ésta,
Empecé por encargarle á Nana, que es la limrespecto á la moralidad, era inmejorable, empieza
andando, que la fregara: no encuentr_o otr~
pecé mi interrogatorio.
nombre para explicar lo que con ella hizo m1
-1.Qué sabe usted hacer?
eorrespondencia parlicutar.
niñera pues sospecho que hubo de darle con
-De todo un poco, señorita.
arena estropajo de la cabeza á los pies. Tiré y
(¡Qué suerte!)
prohibí las peinetas, peinadora y adornos de ca- tDe guisar qué?
UNA ADMIRADORA DE, .... - l.ª La forma de la vitrina
-Asar uu pollo, guisar una cola de merluza, beza, y después, de su pelo, perfumado al agua y es elegantísima. Las s!ll~s deben esta~ pintadas. en el
un estofado, unos filetes empanados, en fin, lo jabón (que es el más hermoso de todos los pe,:- mismo color que 19: v1tr10a, y los asiento~ forrados
fumes) establecí de reglamento un moño senci- con seda, haciendo Juego, y bordand'? los mismo~ moque me pida.
6 poniendo solamente la seda hsa. La mesita Y
Fijaos, lectoras mías, que estos son los pla- llo y para casa un gorrito blanco á la inglesa. tivos
columnas
de esmalte color paja, y las flores salpicadas
Le'hicimos
dos
trajes
de
arabia
(percal
fuerte,
tos obligados de todas las que nada saben.
ó en guirnaldas.-2.ª Sofá y cuatro silloncitos, seis
muy
conocido
en
Cataluña
y
en
el
Norte
de
Es- Y de plancha, ¿qué tal anda usted?
una vitrina, una mesita 6 mueblecito de capripaña) y un traje negro para por la larde, y cue- sillas
- Menos camisolas, con lodo me atrevo.
cho Í,iano con banqueta hacia la pared, adornando
llos
blancos
y
puños:
obsequiamos
á
la
trapera
(¡Los generales deben ser valientes!)
el r~spaldo con un bastidor sujeto á él y forrado con
-Aquí no hay compra, se lo advierto á usted. con varios de los desechos de su ajuar, y os tela igual á la de los muebles, sobre !ª cual aparezaseguro que una vez limpia y vestida de perso- can varias repisas pequedas y colummllas sost~menMe lo traen todo á casa.
-Por eso no hemos de reñir, sefíorila. Des- na no de máscara como vino á mi casa, ni ella do tablitas en que ponga porcel~nas, caballetito~ y
pués de todo, hoy en día las sel\oras saben uste- mi;ma se conocía en el espejo. El pelo, que re• otras chucherfas bonitas y artísticas. Lo que meior
las paredes son los buenos cuadros al óleo. En
des los precios mejor que las muchachas, y nada sullaba negro á fuerza de basura, se volvió de adorna
un rincón puede poner una columna con maceta ó
un
precioso
castalio
dorado,
merced
á
las
nunca
puede hacerse.
bien ponderadas virtudes del jabón y el amo- un caballete con un buen cuadro.-3.ª Las cortinas
(¡Viva la franqueza!)

y

95

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA
póngalas de la misma tela.-4.ª Venden unos polvos
para ese objeto; pero si no los tiene ni puede proporcionárselos, pruebe el bicarbonato,._5,ª Póngase todas las noches glicerina.-6.ª Lisos, pero viselados y
de una pieza.
UNA DEVOTA DE SAN JosÉ.-1.ª y 2.ª Debe completarlo con un mantel.-3! Una vara.-4.8 Se pone sobre el mantel.-5! De color.-6.ª Con velo blanco.
IIEmnA EN EL ALMA.-1.ª Sí, señora¡ debe dar parte
de casa á todas sus amistades.-2.ª El crespón.
Mucho siento su desgracia; reciba mi más sentido
pésame. Su carta está bien dirigida.
MANOLITA MANCHEGA.-1! Tenga la bondad de dirigirse á la Sección de encargos, porque en ésta no me
está permitido citar nombres.-2.ª Me refería á la
fécula de patata. Se compra en los almacenes de harinas y en los ultramarinos.
UNA DEVOTA DE SAN JosÉ. F. G.-1.ª Los de tul 6 gasa
son más elegantes que los de seda. Se adornan con
terciopelo pegro é incrustaciones de encaje. Para la

hechura vea el grabado 11 de LA MODA del 22 de Ene•

ro, poniéndole el canesú y cuello de encaje negro.2. • En la «Revista parisiense , de LA MODA del 6 de
Febrero encontrará usted las noticias que desea.
ENRIQUETA.-Con un trapo mojado en agua fría se
frota, hasta que se quite la mancha.
J' AIME LA MUBIQUE.-1.8 En blanco.-2.ª Las de dormir pueden hacerse de algodón. Suelen ser iguales,
pero no es necesario.-3.ª Sí, señora.--4.8 En una esquina. Sin jaretón.-5.ª Depilatorio:
Cropimente.... . • . . . . • . 1 gramo.

•

Almidón...............

1

Cal............. . . . . . . 14
Mézclese y aplíquese una capa ligera.
Au FIL DE L'EAU. -De gasa azul pálido, rosa ó color paja. Blanca.
UNA DEVOTA DE LA VmGEN DE LOURDES. - Como no
indica señas, no puede la Sección de encargos contestar á usted; tenga la bondad de escribir directamente á esa Sección, enviando el justificante, si es
suscriptora directa, ó un volante del corresponsal
por cuya mediación reciba el periódico.
Dos GOLONDRCNAs.-Deduzco de su consulta que aun
no ha ensayado el específico de la ParfulH,(Jt'1,8 Exotique, de París, denotninado Anti-Bolbos, cuya eficacia
para destruir los puntos negros está reconocida y
comprobada por largos años de experiencia.

La nustraot~n Espano1a gJIIIIBrloana.
Sumarlo del núm. 7, correspondiente al 22 de Febrero.
T:Eno.-Cr6nica general, por D. José Fernlindez Brem6n.Cosas de antaño, por D. Francisco Flores Garcia.-La miniatura en la Exposición de Obras de Arte del siglo XVIII,
celebrada en la Biblioteca Nacional de Parfs, por D. J. Ezquerra del Bayo. -O Santo d'os Cróques, por D. R. Balsa
de la Vega.-Monumentos primitivos de Menorca, por don
Francisco Hernández Sanz, correspondiente de las Reales
Academias de la Historia y de San Fernando.-Cuatro cartas y varias poesías castellanas de Luisa Sigea, por D. Juan
Pérez de GU:zmán.-Cr6nica teatral, por D. Carlos Luis de
Cuenca.-¡Un invierno más!, poesía, por D. Antonio Casero.
-Implacable, poesía, por D.M. R. Blanco-Belmonte.-Sueltos.-Intormaciones, por ..•.-Anuncios.
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Viejo, del Asilo y El inejo del escapulario, cuadros de Angel
Zlirraga. Gitana, cuadro de Eduardo Chicharro. Retrato, por
Leandro Oroz.-Ilustraciones del artículo de D. J. Ezquerra del Bayo.-Monumentos primitivos de Menorca.-Ma·drid: Una sala del Hospital. Los médicos del Hospital.-La
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ci6n.-Destilada (Agua).-Destilar.- Desvarlo.- Desviaci6n.- Detergente.-Detersivo.- Deyecci6n. - Dúwetes.-,Diabético. - Diacodi6n. - Diaforesis. - Diaforético. Diagn6stico.-Diarrea. - Düintes. - Dieta.- Difteria.Difusible.- Digestivo.-Digital. - Digitalina. -Diluci6n.
-Diluyentes.-Dindmico.- Diplopla.-Dis--Dis·
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entredoses de guipur, rodeándolos de Í,legados de tafetán. La parte alta del traje se hace de entredoses y
de plegados marcados con bieses que se sujetan delante. con un nudo formando un «bolero&gt;, Canesú de
enCaJe,
. Gran sombrero de paja drapeado de raso y guarnecido con plumas.
Ma~ales: 6 m. de crespón de la China, y 5 meti-os

medio confeccionar, desde 32 francos 50,
hasta 75 francos el traje completo.
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EXPLICACIÓN DEL FIGURIN ILUMINADO.

Exíjase el Bálsamo antirreumático de Ori•
-ve con la inscripción Farmacia de Orlve, Bilbao, y de color verdoso. Farmacias y perfumerías.

SEGUNDA EDICIÓN
Gran Suplemento delallores y literatura
que consta de cuatro grandes páginas, cuyo contenid~
(grabados y texto) queda detallado anteriormente.
Violeta, novela original de E. Marce!, traducida
expresamente para LA MODA ELEGANTE, por Aractli.Phego 16 encnadernable de esta obra.

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Contiene su
en raiz;
el acto
fa caldaydel
pelo lay
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desinfecta
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cabeza disolviendo la caspa; perfuma y
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cuero cabelludo.

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Madrid, que acompafta á ·los frascos, garantiza que el Petróleo Gal es absolutamente
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Higiene de París y Londres. Desconflese de
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La Ilustración Española._y Americana_ y de La Moda Elegante
, EN LA REPÚBLICA MEXICANA:

Sres. Herrero Hermanos. Sucesores. - Plaza de la Concepción, núm. 2, México.

�L A M O D A E L E G A N 'i' E I L U S T R A D A

96

.f

CÓMO HIZO su FORTUNA
UN HIPNOTISTA
■

S~cretos por medio de los cuales el Dr. X. La Motte
. Saga, el gran hipnotista de la ~poca, produjo
. una tremenda sensac10n

1

&amp;

81
1N~INT~~SSINCl!~!

Incomparable para comunicar § las i:ianas BU
primitivo oolor. Higiénica, inofensiva. Empleo
mny fácil. 1Cuidado con lu fal81floaolones 1
En las p,inoipal" p,,,!umeña,, poDe ni' o' s1·1os•, luquerlas
y droguerias de Espaila.

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LAS
!Ui:x:tura B RO U X instant•nea.
Agua B RO U X progreshra,

}'erfumería
e.xfrafina
á base de

jamás se ha publieado.{)ur:mte.todo el tiempo que
el público conoce al Dr. Sage, é_ste s~ ha dedicado
al estudio del erecto que el H1pnot1smo produce
sobre la mente humana. Ha llegado á convencerse
de que esta misteriosa potencia pued~ ~er útil y
ventajosa á las mujeres y hombres amb1c1ososque
deseen mejorar su condición en la vida, r para de•
mostrar la exactitud de sus ideas, al retirarse A la
vida privada fundó un Co\e¡!,'ÍO donde se l)Uede en•
aei'i.ar el Hipnotismo personal, el Magnet1amo, Cu•
ración magnética, etc., siguiendo la rutina indica·
da por él. El resultado es que el Colegio es el ma•
yor del mundo. Miles de e~tudiantes en tod~s las
partes ' del mundo son testigos de su maravillosa
potencia y de los beneficios prácticos del método
del Dr. Sage. El Doctor ha escrito úllimamente un
libro titulado cFilosoUa de la Influencia personal&gt;,
en el que esclarece en lenguaje liso y llano cómo
116 adquiere el poder hipnótico y sus varios usos.
Entre las cosas interesantes que contiene, está la
manera de desarrollár el -poder bipnólieo é influir
, las gentes sin que se aperciba!\ de ello; el modo
de CW'llr \as malas c_ostumbrPB y las enfermedades
er6nlcas, cuando las medicina&amp; y todo lo demás
han fallado; cómo se implanta un mandato en la
mente de un individuo, que obedecerá fielmente
en todos sus detallesduranteun me_s ó u!I año, aun
cuando esté ó no est4 presente el lupnotts~; cómo
ae hipnotiza de lejos; su v~Jor en los nego~1os; enuyos cienUflcos y maravillosos para evitar que
otroa ejenan lnffujo aobre usted; trata del poder
hipnótico, más faacinador que la hermosura; del
uso del Hipnotismo enel desarrollo_ de las fac!11ta•
des mentales; del manejo de loe nüios; desviar ó

Pecho Ideal
Deaarrollo.-Belleza.-Flrmez~
del pecho en dÓs meses por las

BELLEZA mEAL

«LA JOUVENTINE &gt;
No has~ ser !'ella: es preciso sacar partido de
la belleza _1dealizindola; la aldeana hermosa üe•
ne su cutis vulgar y ordinario. ¿Quéreis conse•
gulr la belleza ideal? Usad los polvos de arroz
LA. •.JOIJ'V.ENTINE11. de perfume &amp;uave y pe•
netrante, que idealiza el rostro, le comunica e:x•
quisita frescura y una blancura brillante.
PRE&lt;JIO : 26 PESETA..8
Se rémiten pedidos á provincias..
,

MADRID 6 DE MARZO DE 1907,

11

AÑO LXVl,-NÚM. 9.

11

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impresores de la Real Casa..
(Propiedad de LA ILUSTRACIÓN ES:::"dOLA y AHERI0A.NA..)

1,-TraJe de calle para primavera.

2.-TraJe de hechura sastre.
Laa explioaoioaes en

la pl¡ina siguiente,

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Abrigo de paño</name>
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        <name>Traje de lujo para señora</name>
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                    <text>L A M O D A E L E G A N 'i' E I L U S T R A D A

96

.f

CÓMO HIZO su FORTUNA
UN HIPNOTISTA
■

S~cretos por medio de los cuales el Dr. X. La Motte
. Saga, el gran hipnotista de la ~poca, produjo
. una tremenda sensac10n

1

&amp;

81
1N~INT~~SSINCl!~!

Incomparable para comunicar § las i:ianas BU
primitivo oolor. Higiénica, inofensiva. Empleo
mny fácil. 1Cuidado con lu fal81floaolones 1
En las p,inoipal" p,,,!umeña,, poDe ni' o' s1·1os•, luquerlas
y droguerias de Espaila.

MEJORES TINTURAS
LAS
!Ui:x:tura B RO U X instant•nea.
Agua B RO U X progreshra,

}'erfumería
e.xfrafina
á base de

jamás se ha publieado.{)ur:mte.todo el tiempo que
el público conoce al Dr. Sage, é_ste s~ ha dedicado
al estudio del erecto que el H1pnot1smo produce
sobre la mente humana. Ha llegado á convencerse
de que esta misteriosa potencia pued~ ~er útil y
ventajosa á las mujeres y hombres amb1c1ososque
deseen mejorar su condición en la vida, r para de•
mostrar la exactitud de sus ideas, al retirarse A la
vida privada fundó un Co\e¡!,'ÍO donde se l)Uede en•
aei'i.ar el Hipnotismo personal, el Magnet1amo, Cu•
ración magnética, etc., siguiendo la rutina indica·
da por él. El resultado es que el Colegio es el ma•
yor del mundo. Miles de e~tudiantes en tod~s las
partes ' del mundo son testigos de su maravillosa
potencia y de los beneficios prácticos del método
del Dr. Sage. El Doctor ha escrito úllimamente un
libro titulado cFilosoUa de la Influencia personal&gt;,
en el que esclarece en lenguaje liso y llano cómo
116 adquiere el poder hipnótico y sus varios usos.
Entre las cosas interesantes que contiene, está la
manera de desarrollár el -poder bipnólieo é influir
, las gentes sin que se aperciba!\ de ello; el modo
de CW'llr \as malas c_ostumbrPB y las enfermedades
er6nlcas, cuando las medicina&amp; y todo lo demás
han fallado; cómo se implanta un mandato en la
mente de un individuo, que obedecerá fielmente
en todos sus detallesduranteun me_s ó u!I año, aun
cuando esté ó no est4 presente el lupnotts~; cómo
ae hipnotiza de lejos; su v~Jor en los nego~1os; enuyos cienUflcos y maravillosos para evitar que
otroa ejenan lnffujo aobre usted; trata del poder
hipnótico, más faacinador que la hermosura; del
uso del Hipnotismo enel desarrollo_ de las fac!11ta•
des mentales; del manejo de loe nüios; desviar ó

Pecho Ideal
Deaarrollo.-Belleza.-Flrmez~
del pecho en dÓs meses por las

BELLEZA mEAL

«LA JOUVENTINE &gt;
No has~ ser !'ella: es preciso sacar partido de
la belleza _1dealizindola; la aldeana hermosa üe•
ne su cutis vulgar y ordinario. ¿Quéreis conse•
gulr la belleza ideal? Usad los polvos de arroz
LA. •.JOIJ'V.ENTINE11. de perfume &amp;uave y pe•
netrante, que idealiza el rostro, le comunica e:x•
quisita frescura y una blancura brillante.
PRE&lt;JIO : 26 PESETA..8
Se rémiten pedidos á provincias..
,

MADRID 6 DE MARZO DE 1907,

11

AÑO LXVl,-NÚM. 9.

11

ADMÓN.: CABALLERO DE GRACIA, 19 Y 21.

PABIS, 10,

rue St.-Florentin.

Al■ aoén de ■IÍIIOI, El
■b comploto y barite.
baeer desaparecer loa sinsabores domésticos, etc.
El Colegio fundado por el Dr. Sage se propone CAI.RRIIRAI. D11 tllll.111
distríbuir ¡zratis por valor de 60.000 pesetas del referido tomo, h usta que se haya agotado la edición
especial. Cualquiera que eaté nalmente interesa- BHCAJE INGLÉS 7 de TEll'EBIFll
do, puede obtener un ejemplar. Este libro está Dibujos y materiales para hacer eetns 1aboree de acilustrado co n' hermosos grabados de medio tono. tualidad. P.reeladotJ, 12, SAN BA.J! A.EL.
Le dice cómo se ha usado el maravil!Óso poder del
hipnotismo para envolver á las gentes en aecreto
y misterioso hechizo, sin que lo sepan, y cómo, du•
rante meaes, y nun ai\os, han estado obedeciPndo
la real voluntad de otro. Le descubre el secreto de
lo que el senador Chauncey M. Depew denomina
Tinte ln11tant4neo y permanente.
•el microbiodel dinero•. No creau.stedque porque
UN SOLO FRASCO PARA RUBIO, CAST~iiO Y NEBRO
no tiene usted una fina educación y tl'abaja con
No mancha ni quema; evita la calda; aumenta
poco sueldo, que no podrá usted mejorar su condi•
su desarrollo¡ puede rizarse. Fraseo, 1 pesetas.
ción¡ ni t:impoco crea que porque ahora vive usRemfteee correo certificado, por 4, ptas. Paeo en
ted eon holgura y felicidad, éstas no pueden au•
Iet.ra ó &amp;ellos Correos.-farmaola, f. OARCERÁ
mentarse. El libro del Dr. Sage ha sido leido, y sus
doctrinas se h:in practicado por los hombres mAa
Prlnclpe, 13, MADRID.
ricos del mundo. Elloa conocen el valor de la in•
Dep61lto1: Farmaolu, Perfumerfaa y DroauerlH.
fluencia person"I, del poder hipnótico. Si le inte•
resa el asunto, hoy mismo pidiéndolo sencillamen•
te por carta franqueada con 26 céntimos, ó por
tarjeta postal de 10 céntimos, al •New-York Instl•
tute of Seience•, Dept Ul S. Rochester, NEW•
YORK (E. U. de A.), y se le enviará grat.is A vuelta
de correo el libro del Dr. Sage en espailol, inglés,
francés, alemán, holandés ó italiano. Esta es una
oportunid"ad que rara vez se presenta de aprender
los usos y posibilidades de la potencia mú asom•
brosa, maravillosa y misteriosa que el hombre ha
llegado á conocer. El volumen ha sido recibido eon
mucho entusiasmo por los hombres prominentes
de negocios, ministros del Evangelio, abogados y
facultativos . Debo oeupar un puesto especial en
todos los bogares, debe ser leido por todas las mu·
jeres y hombres del pala que deseen mejorar su
condición en eata vida, lograr mejor éxito \lecu•
niario, ganarse amigos, gratificar sus nmbic1ones
y hacer.que la vida rinda el placer y felicidad que
el Creador intentó habíamos de KOZar. Escriba coa
el idioma que quiera.

DOTE SI O

.nmó••·'"· ••

¡¡FUERA CAN AS!!

V. RIGAUD
1,

PAHIS
faubourg St-Honoré.

PARA

Mal de Garganta,
Tos, Resfriados,
Bronquitis,
Pulmones.
Debiles,
y para las partes sensitivas y doloridas del estÓ·
mago, el Emplasto de
Allcock deberá aplicarse
segun se vé en el grabado.

C&gt;BR..A.B

Insista ea olltener el de•

••

PI1noras ortentates. BlRJGO-BEtroDJTE

Las fu:tlcas que prod~een en la mu,
jer una graciosa redondez del bustq
ain perjudicar la salud ni eDgl'oaar el 1alle. Aproba•
daa por las celebridades médicas. Fama uni..-ersal.
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gratis un ejemplar á cualquiera que tenga interés en el asunto.

de11arrollo del poder del Magnetismo personal, que

CAMIA

BAYONAri!~!:.!=::!-PASAJES

Cree que el Hipnotismo es de beneficio general. Ha dado
50.000 pesetas para la distribución, GRATIS, de un
libro con hermosas láminas, que contiene su opinión y guía para adquirir este misterioso poder
y usarlo en los negocios, en la sociedad
y en casa.

El Dr. X. La Motte Sage hizo una fortuna del
hipnotismo. Probablemente sabe más que nadie
acerca de él. Su método difiere radicalmente de
todos los que se hnn presentado. Por su nuevo sistema ae hipnotiza á cualquiera iostantAneamente,
Le dice cómo se ejerce esta tremenda y silenciosa
influencia, sin hacer ningún gesto ni decir una pa•
labra. Da el único método prá~tico y real pnra el

PARFUM

Aves sin nido (poemas) ... Ptas. 2.00
La vida humilde (po.esias).. • 3,00
Almas de niños (cuentos).. • 0,75
De la tierra españo~a (_cuen-·
tos ilustrados). . . . . . .

l&gt;

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N TE-Que tos _Emplutoa de AJlcock, se han vendido á,
de 58 años. Como todas las cosas buenas, han sido imitados:
rien~ia. Se arantiza ue no contienen Belladona, Opio

ras ·de : Br

3,00

mente Veiietales. .

DB VENTA

.......'

Alleoek

.

Slem

na que regula, purifica y fortalece el siste
EN LAS BOTICAS DEL MUNDO, ltNTllHO.

A.dwlal•traelón de esta. Revl•ta•
• 1

CALLIFLORE

FLOR DE BELLEZA

POLVOS ADHERENTES É INVISIBL

FINURA., PlJREZA. , PERFIJJIE IDEAL. Comunica al rostro una maravillosa y delica
belleza, una blancura brillante y un ateroio elado incomparable. Cuatro tonos en cada uno de l
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·
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SSER .. . ,. . . .
PATE EPILATOIRE
'

f\e&amp;ervados todos loe derechoa de propiedad &amp;rtistica y lit.era.ria.

.

PAefoM ·

rl.9RAMYE.
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PA~S

"''°"· ...._,
.•

lu RAfCIES d VELLO del ..... de lu damu (lkrl&gt;a.
Di.agua peligro para el cutis. SO .a.ño• de Z:dio,ymillares de testimonio&amp;P!UUWI. la
de e,ta prepara.don. (Se Tende en ..Jaa, para l a ~ J. ea 1/2 oaJu para el bl(Ote llgm) Para
101 bruol. ei11Dléeleel i'lLi t'UllE. D'DSSER, l,rueJ•.J••Rouueau.,Pada-

MADBID.-Esta.blecimiento tipolitogra.flco «Sucesores de Rivo.deneyra&gt;,
impresores de la Real Casa..
(Propiedad de LA ILUSTRACIÓN ES:::"dOLA y AHERI0A.NA..)

1,-TraJe de calle para primavera.

2.-TraJe de hechura sastre.
Laa explioaoioaes en

la pl¡ina siguiente,

�98

LA MODA ELEGANTE ILUSTRA.DA
SUMARIO.

TE:xTo.-Explicaei6n de los grabados.-Revista parisiense, por V, de
Castelfldo.-La prima Lucía, continuación, novela traducida por
Sylvia.-Correspondencia particular, por D.ª Adela P.-lnconstancias del deseo, poes1a, por D. Rafael Ruiz L6pez.-Explicaci6n del
fl.gurtn iluminado.-Sueltos.-Anuncios.
GRABADOB.-1. Traje de calle para primavera.-2. Traje de hechura
sastre.-3. Traje de tarde para se!l.orita.-4.. Traje para reuniones
de con8anza.-5 y 6. Traje de hechura sastre, propio para prima-

vera.- 7 y 8. Traje de terciopelo guarnecido con guipur.-9 y
10. Traje de paño ideal, propio para seilorita.-11, Levita de pri•
mavera para seilora joven 6 señorita, -12, Totlette de tarde.-

13. Traje de cachemir pe.ta señorita.- H. Totlette de pailo raso para
seil.ora de edad.-15. Toilette de primavera, para aefl.orita 6 sefl.ora
joven.-16, Delantal para niña de 4 á 6 añoa.-17. Cuello y pufl.os
de guipur.-18. Traje elegante para niiia de 3 á 5 años.-19. Gabán
para niño.-20. Traje marinero para niño,-21. Blusa guarnecida
oon bordado.-22. Falda guarnecida con bleses.-23. Clasificador
de tarjetas postales.-24. Traje de primavera para niña de 12 á 14
ailos.-25. Traje para niña de 10 á 12 ailos,-26. Traje para nil!a de
7 á 9 ailos.-27. Delantal para seilorita de 14 á 16 afi.os.-28. Traje
de lana para sefl.orita.-29. Cuello y pufio de ¡ialón.-30. Camisón
de dormir con canes11 escotado.-31. Camisa de dormir.-32 y
33. Petos para •bolero&gt; y para traje de hechura sastre.-34. Almo•
hadilla de étaminti bordada.-36. Marco de retrato guarnecido con
bordado rococo.-36. Capota para sei'i.ora de edad.-37. Traje de
entretiempo para seilora Joven.--38. Sombrero de primavera para
seilorita.
'

Núm. 1,-De pallo ligero color gris claro. Falda redonda, con pliegues planchados, adornada con tren-

cillas de seda gris. Chaqueta ceilida á la espalda,

recta por delante, adornada al borde con trencilla, y
delante por medio de botones de nácar gris; el cuello
y las bocamangas se guarnecen al filo eon un plissé
de linón blanco. Sombrero de paja gris, adornado con
un lazo de terciopelo azul Nattier y una aigrette blanca.

Núm. 2.-Este traje, de paño, cuyo corte reviste novedad, tiene una falda campana, la cual se guarnece
con un gran dobladillo: ésta presenta en la parte de
arriba y todo alrededor unas grandes aberturas, se-

ñaladas al borde por medio de pespuntes. La chaqueta

es de faldones cortos, se ciñe á la espalda, cae recta
por delante y se guarnece e_n los hombros con pliegues
en forma; triple cuello-chal de raso; bocamangas de
rase; botones dorados y chaleco de pafio blanco, bordado con sedas verdes. Sombrero. de tafetán verdeclaro, adornado con cocas de faya negra.

REVISTA PARISIENSE.
SOMBREROS Y TRAJES DE PRIMAVERA.

nADA

más traidor que el sol de primavera, y
no por los catarros que adjudica, sino por el
efecto desastroso de su lnz indiscreta sobre los
trajes sombreros que llevamos hace tres meses. Mientras duran los días grises de invierno
no se sospecha el aspecto de ajadas que toman
las prendas que todavía nos parecían en muy
buen estado: es preciso refrescarlas en casa, si
nuestra doncella sabe hacerlo; acaso enviarlas

r

al tinte, y más probablemente ponerlas en segundo término, reservándolas para los días de
lluvia. Porque, no hay duda, á la lnz escudriñadora de un claro dia de primavera sólo debe ponerse un traje fresco, limpio, nuevo.
Y aquí de la indecisión. ¿Cómo elegir antes
de que los nuevos modelos hayan hecho su apariciónL ... A-esta pregunta os contestaré que este
año es fácil una solución práctica y de acuerdo
con la moda.

•
••
En los sombreros, sólo dos innovaciones, si
conviene este nombre á modas adoptadas hace
largo tiempo, y que no hacen más que sobrepo•
nerse en estos momentos á otras tendencias.
Esas dos novedades son: los sombreros de tul
y los de tafetán. Un sombrero de tul nuevo no
es, como se podría creer, una nube ó un soplo:
el tul ilusión apenas se emplea más que para los
adornos y tapapeinetas; lo nuevo es el tul grueso, casi tan grueso como el tul griego, pero más
ligero, más flexible, más sedoso; tul de seda, tul
de oro, tul de plata; cubren con su espuma el
casco de algunos sombreros; forman drapeados
de varios tonos, qne se velan y recubren mutuamente formando matices tornasolados. El tnl
Chantilly, el tul point d'sprit, el tul encaje, son
también muy solioitados, especialmente en negro, para sombreros serios que se pueden usar
en todo tiempo.
Drapeado sobre cascos invisibles, sostenido
por sólidos alambres, el tul se enjareta ó se
pliega sobre las alas del sombrero, siempre más
cortas por delante que por detrás, levantadas y
abolladas según conviene á cada fisonomía. El
casco se drapea formando boina voluminosa, y
sin embargo ligera, superponiendo á menudo
dos tules, tales como un tul negro sobre un tul
de plata, ó uno gris humo sobre otro azul, para
formar estos cascos drapeados. Todas las flores
de la primavera adornan estos sombreros de entretiempo, como narcisos, lilas y, sobre todo,
rosas: desde las rosas pequeñas, matizadas de
violeta ó de gris, hasta las grandes rosas, muy
abiertas, de colores vivos. Las sombrereras muestran predilección particular por las rosas azules,
ideal que no han logrado los horticultores. El
año pasado hicieron tímidamente su aparición,
y esta primavera lucen ya en muchos modelos,
y son muy voluminosas.
Algunos sombreros se hacen con volantes,
bordeados con terciopelo cometa. La originalidad está principalmente en el color, y en cada
una de las gamas se ha encontrado matices bonitos y de gran variedad, como el azul pastel, el
azul Sajonia, azul lienzo, azul lavanda y azul
pavo real; desde el verde tilo al verde mirto;

99

LA. MODA ELEGANTE ILUSTRA.DA

desde el rojo fresco á los matices Burdeos y
berenjena, añadiendo los malvas y lilas más
delicados, y toda una colección de grises más
explotada que todos los demás colores juntos,
porque el gris armoniza con todos los adornos
y todos los trajes.
He visto sombreros de tul azul lienzo, suave
y no vistoso, adornados con una sola rosa &lt;francia», muy abierta y acompañada de hojas verdes; sombreros de tnl malva, muy vaporoso, con
grupos de rosas pequeñas del mismo tono, prendidas aquí y allá para sujetar el drapeado; sombreros de tul humo, á los que adornaba únicamente un lazo de gasa de plata, una rosa «francia» ó una moña de terciopelo azul.
También hay muchos sombreros de paja ó de
crin, adornados con tul, que los cubre en sumayor parte dejando apenas visible la paja ó orin
en una ala estrecha. Todo lo demás del sombrero desaparece bajo los ligeros drapeados
del tul.
·
Algunas boinas de tul encaje obscuro, castaño
ó negro, se arman sobre gasa metálica de un
brillo discreto, que sirve de viso y avalora los
dibujos del tul.
Todas las barras y tapapeinetas que el sombrero deja lucir cuando es atrevidamente levantado, ó adivinar apenas bajo las alas de los sombreros campana, están cubiertas de moñas de
tul ó drapeados espumosos, casi siempre del
color de la paja, y á veces del matiz del pelo,
cuando el drapeado tiene tal forma y posición
que completa la masa y la línea del peinado.
Por la mañana se ven graciosas toques de paja
escocesa, de varios matices, con plumas cuchillos; su misión es completar los trajes • sastre»
de cuadros ó de rayas desvanecidas, que están
ya preparados para los primeros días de primavera.

• •
Ningún traje más cómodo que el traje «sastre»
para afrontar los caprichos del tiempo variable
de Marzo y de Abril. No hay que temer la vulgaridad, porque se puede elegir para el traje
entretelas muy v.ariadas , como el paño liso,
mezclado, rayado ó cuadriculado, y los modelos
más diversos, como chaquetas largas, cortas, Directorio, paletós, «boleros, y abrigos, con ó sin
cuello; todo esto sin contar el traje «sastre-modista» en que campea má~ la fantasía, y que tiene, por ello, muchas partidarias.
Hay muchas faldas compuestas de dos partes:
la superior al bies, cuidadosamente ajustada á
las caderas, y la inferior hecha de un volante en
forma que dé á la falda el gracioso vuelo que
tan bien acompaña al movimiento de la persona

¡,~

1

i

!
.

Fig. 4.

.· ..

'"

,. -....~-,·''
Flg. l.

con el de sus sueltos pliegues. Se suele unir el
volante á la falda por almenas, dientes ó festones que parecen prendidos con botones en número y de tamaño muy variados. Muy variadas
son también las disposiciones de las rayas ó cuadros, pero se evita generalmente ponerlos al
hilo delante y detrás.
'
Con las telas lisas se hacen faldas pelerinas
formando desde el talle á las rodillas una espe-

cie de túnioa recortada en ondas ó almenas, que
cae sobre un volante, uniéndose ambos con varios pespuntes ó con trencillas ó galones distanciados 12 á 15 centímetros.
Entre las verdaderas nove~ades he observado
la combinación de una tela de ctll!.dros con otra
de rayas siempre en matices obscuros y desvanecidos. Los cuadros cortados al bies forman el
fondo, y los adornos están hechos con franjas
rayádas que reemplazan á los sfraps lisos, bordeando los volantes los delanteros del paletó y
las mangas. Con frecuencia parten del escote,
pasan por la costura del hombro y se prolongan
hasta el codo, y esta disposición qne dibuja una

Flg. 6.

linea de hombros un poco caída, está muy de
moda. También lo están las mangas cortas japonesas y las grandes mangas drapeadas, en las
que se suelen ver cuatro ó cinco plíegues al bies
que se drapean cerca de la pegadura, ó bien una
franja en forma con vivo de terciopelo cubierta
de soutache ó con entredós de guipur al aire ó
de pasamanería en relieve, cuyos contornos quedan precisados por bieses de pana ó de tercio-

/~

..

1i/

•
¡ -$;,
... '

,

Flg. 1,

FI1. t.

Fig•••

Fig. 7.

Fig. 8.

'

�100

Después de haber rezado sus devociones, quizás con mayor fervor
que de costumbre, bajó al comedor.
No estaba allí su tía: Lucía la encontró en el jardín, donde, con un
pañuelo en la cabeza y recogida la
falda, asistía á la plantación de algunos árboles frutales.
.
-Positivamente, no has dorfilldo
esta noche; se te conoce en los
ojos-dijo al ver á su sobrin~, y
después dirigiéndose al jardmero :-Te~ga usted cuidado y mida
bien las distancias-le dijo.-Naturalmente hay que arrancar esas
plantas....'. Veamos, Lucía, ¿qué has
decidido Y
-Tía si usted no se opone, haré
lo que desea la tía Anita.
-Supongo que lo has reflexionado bien,yme pareceperfectam~nte.
Además, es cosa que te conviene.
-Tía-dijo Lucía ruborizada,rnego á usted que no crea que me
inspiro en ningún móvil interesado.
-¿Qué mal habría en ell?? Pero,
en fin, tranquilízate; estoy dispuesta

ro sin haberte deseado; que
ado cuenta de que entre tus
tus sentimientos y los de tus
es media un abismo; que no
eciado ni comprendido tus
os para identificarte con
ara colocarte á su nivel,
certe á la vez útil y agratas ilusiones de Ana han heavía más difícil la situación,
idente que si fueras mayor
, y tu vieras los rec1;1rsos nes para vivir con mdepentu tía te daría á entender,
inos muy amistosos, que es
ble que cada cual esté en su

,'~

acuerdo todo esto, no para
compadezcas de ti misma, lo
conduciría á ningún resuláctico, sino para que te perde que á la situación en que
entras se ofrece una buena

;,
:~~:¡u!(¡

r,,'ifl

n.

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l: ·¡i

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Fig. 10.

'

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~11 i,"!

//,

cometa de terciopelo y completado con una
blusa de AlenQon.
.
El traje «sastre• de la figura 9 es de sarga mglesa azul obscuro, y su adorno, terciopelo del
mismo color, recnadrado con straps.
La figura 10 representa uu traje de paño de
verano, gris, con blusa de vuela esca.cesa de dos
tonos grises, adornada con paño gris é Irlanda
blanco.
El de la figura 11 es de paño azul y está adornado con seda de dibujo de fantasía, con fondo
de igual color.
Representa la figura 12 un traje «sastre» de
sarga azul obscuro con chaleco de seda rayada
verde musgo.
.
Por último, un traje «sastre» de forma Prmcesa de paño verde musgo, está representado en
1a'f1gura 13, y como adorno tiene un cuello-chal
con seda bordada de soutache.

•
••
Las primeras s_em31nas. de primav~ra no nos
han de obligar aun a de¡ar las graciosas écharpes de pieles; pero al aproximarse el verano habremos de reemplazarlas por otras de plllillas
flexibles y ligeras, por pelerinas ó por chaqu~tas de mangas amplias, que se puedan llevar, sm
ajarlas, sobre los más ligeros tr!'jes. Entr~ estos
abrigos, fáciles de poner y qmtar, he v,sto .un
paletó corto de paño champagne, muy par~cido
al mastic de los paños de librea; pero sm el
g-rueso de éstos, antes al contrario, con la más
flexible ligereza. Bieses pespunteados tapaban
delante y detrás las costuras inevitables para
obtener una línea un poco quebrada, y que aparecfan sujetos por grandes botones de cobre. La
combinación del paño brillante y del paño ?laro
es siempre de buen efecto, sobre todo ba¡o un
cielo azul y un sol espléndido:
. .
He visto también otro abrigo de v,a¡e muy
resistente, y, sin embargo, muy elegante, de cuadros blancos y negros con anchos filetes ve!"d:ª
hoja, que dibujaban cuad:os grandes. ~ra oi:iginal, en medio de su sencillez, por la mgemosa
disposición de la tela: formaba una chaqueta
Imperio, corta por delante y por detrás, y la:ga
en los costados, cortada por completo al bies,
en tanto que el faldón del abrigo estaba al hilo
y con profundos pliegues. Bieses de paño verde
hoja parecidos á las rayas de la tela, adornaban
la chaqueta, dándole un aspecto agradable y
fresco de primavera.

•

••
¡Cuánto alivia las .molestias del fri&lt;? y pr~. viene sus consecuencias el uso de la Bnse Exotique! Empleada en agua ó en crema, hace desaparecer las arrugas, botones y man?has, y á 1~ vez
suaviza y blanquea el cutis y qmta á la epidermis la sequedad. '
Por eso debe formar parte del tocador de °:ºª
señora para emplearla cuando el sol y el aire
tienden á exacerbar en la piel esos ~efectos 4'11;8
empañan á veces la bel.leza. Para evitar las falsificaciones hay que pedirla á la Per{wmerfa Exótica, 35, rue du Qiiatre-Septembre, en Paris.

V.

ceros.

_

El de la figura 1 es un traje de tarde, de paño
ligero gris ratón, adornado con paño gris cuadriculado en dos matices.
De faya, cuyo color podéis elegir á vuestro
gusto, es el traje de la figura 2, adornado con entredoses de encaje de igual color, rodeados con
terciopelo.
La figura 3 representa un traje «sastre&gt;, de
paño rayado verde, adornado con paño blanco.
El de la figura 4 es de lana escocesa en tonos
rojizos y verdes, y está adornado con paño liso
pardo y un canesú de encaje.

DE CABTELFIDO.

París 2 de Marzo de 1907.

•
••
Encontraréis las tendencias de que os acabo
de hablar en los modelos nuevos que voy á ofre-

Ft¡¡. 12.

Fig. 11.

pelo. El inconveniente de estos adornos es el
volumen y la dificultad de alojarlos dentro de
un abrigo.

Fig. 1S.

101

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

LA PRIMA LUCÍA.

De cachemir ladrillo es el troj e de tarde de la
Continuación.
figura 5, con bordado y un cinturón de terciopelo negro.
·•
• Yo te suplico que olvides todo cuanto te haya
La figura 6 representa un traje «sastre», de
jerga azul obscuro, cuyo cuello ad?rnan unas dicho, y· que consideres lo que yo te. voy á recorreitas de terciopelo azul, con viso de raso cordar. Tú no has estado nunca satisfecha en
encarnado y lunares de soutache negro y encar- Cosquer; y no es que ese relativo des_tierro te
parezca penoso, ni que te hagan sufrir demanado.
De vuela azul Sevres, con bieses y v.olantes de siado las brusquedades y desatenciones de cuan. tos te rodean; mas no me negarás que desde el
seda azul, es el modelo de la figura 7.
.
El de la 8 es de vuela rayada de tonos grises, primer momento has comprendido que. en e~a
y está adornado con cascabeles de seda y cinta casa se te recibía como cediendo á una impo~1-·

uejabas de no tener deberes
mplir; pues bien, desde hoy
dedicar tu actividad y tu
ación al cuidado de una enTemes estorbar en casa de
ientes; hay una en la que se
a, en la que se solicita tu pretNo se diría qne la ProviÍ trata de colmar tus deseos?
embargo, no estás en manera
obligada á prestar
oso servicio. Antes
ptar una tarea como
se te propone, mide
s fuerzas. Considee, con frecuencia,
[ªª será muy dura y
o te verás estimulapor los vínculos de
!gre
ni por el cariño
1te profese. Aunque,
¡milmente, la vida
pobre tía no haya de
ngarse mucho, te es1 días muy penosos.
alo bien; pregúntate
satisfacción de ser
ompensará las condades que te indico,
sas contrariedades,
~das por cierta inde¡ncia y sostenidas
,s fnerzas que da el
ancimiento de q ne
criflcamos ·volunta-

son 6 no prefern~e,
á
1

las que habráa su-

Y habrías de contisufriendo en casa de

lora de Berry.

1conozco demasiado
no prever una oh~ que coartará tn Ji.
rt y que me hace
~tir algo que la 80_

á reconocer y á confesar cuantas ra-

zones sentimentales é inspiraciones
románticas te parezcan bien. Ya que
tu resolución está tomada, es .preciso ejecutarla sin pérdida de '°:ºmento. Mi tía deseaba una inmediata contestación; voy á dársela por
telégrafo, y te puedes ir en el tren
de las tres.
-¡Tan pronto!-murmuró Lucía,
á quien la indiferencia de la señora
de Berry hería profundamente.
-Lo que gustes; pero la tía e~~rá
impaciente, y ya que en ~efl.mtiva
has de marcharte, vale mas que no
te hagas esperar. Yo aprovecharé
la primera oportunidad que se
', presente para en vi arte tu ropa
') blanca, lavada y repasada.
¡Anda! Vé á hacer tu maleta, ·
pero antes redacta _el telegrama; precisamen-

3.-TraJ• de tarde para señorita.

Núm. 3.-Para la explicación y patrones, véanse las
flgs. 65 á 72 de la Hoja-Suplemento.

Núm. 4.-Se ejecuta de éolientl8 color gris plata y
seda con lunares del mismo tono. La falda se compone de dos paños; su bajo se adorna alrededor con dos

tiras de tatetán blanco bordado á la inglesa, el cual

puede ser snstitufdo por entredoses de guipur; la faida se adorna además con tres volantes de seda, cuyo

ancho disminuye gradualmente de abajo arriba .
El c~erpo es de éolienn~ y se guarnece á los lados
con phegues de seda postizos: se abre sobre un peto

~e Berry dijo delan\ Enrique; tenía el propósito de adverJealmente de las ventajas materiales y pe'rias que resultarían de tu permanencia en
le tu tia Anita. Es seguro que estas indicas, en la forma en que se te habrán hecho,
án alarmada tu susceptibilidad, dospertanti escrúpulos y sentimientos de exagerada
1deza; pero tú me crees buen juez en estas
fas, ¿no es cierto, querida? Hemos hablado
a intimidad necesaria para convencernos
e en este asunto, como en otros muchos,
mos de la misma manera; pues bien, no te
dominar por esos escrúpulos, ~ si rehusas,
o sea por el temor de que se te ¡uzgue mal;
, debilidad conceder demasiada importarilas opiniones ajenas, y debemos por el
1rio, prescindir de ellas en todos ~quellos
,s en que está interesada nuestra dignidad ó
,o porve,JJr; y aun las personas que quisietribuirte semejantes móviles, no por esto
m considerarse superiores á ti; sin buscar¡y lejos, tienes ahí á tu tía, que ha ofrecido
lja Ana para compañera de nuestra anciana

Ita.

amás, agregaré para tranquilizarte que la
fta ha hecho y anulado demasiados testapara que se deban fundar grandes es'as en la fijeza de sus ideas. Así,pues, á
el ofrecimiento que ha hecho, sin duda

r,

4.- Traje para reunlone&amp; da confianza.

de tafetán bordado ó de guipur; sobre los delanteros

se destacan presillas de soutache y botones de fantasía; el cuello grande con solapas, hecho de seda, cae
sobre los bullones de las mangas; estos últimos son de
tafetán bordado 6 de guipur, y se adornan con vivos
formados por bieses de éolienne; los puños, ceñidos al
brazo se disponen de manera que pudieran suprimir•
se. R~dea el talle un cinturón de pana gris.
Materiales: 4 m. de éolknne, de 1,10 m. de ancho;
5 m. de seda; 3 m. de tafetán, y 8 m. de entredós de

tafetán.

alguna con sinceridad, de asegurar tu porvenir,
muy bien podría suceder que se olvidara de
cumplirlo, y que para nada figure tu nombre en
las últimas disposiciones testamentarias que se
encuentren el día de su muerte.
,Concluyo esta larga carta con una noticia,
que tal vez influya en tu resolución. Cree Enrique que, aun viniendo mal las cosas, á pesar
de las exigencias de la enferma, y no obstante lo
intratable que es su antigua y vieja criada, todavía, si te decides á ir á vivir con la tía Anita, ganarás en el cambio; y creyéndolo así, Enrique
es quien ha pronunciado tu nombre cuando la
tía buscaba á su alrededor alguien á quien confiar el cuidado de su persona y de su casa.
»Te envio un cariñoso abrazo. Si sales de Cosquer, espero que nos veremos con gran frecuencia, sobre todo si nuestra anciana parienta se
encuentra en estado de pasar en Langasnou la
temporada de costumbre.»
Después de leer dos veces esta carta, la resolución de Lucía quedó adoptada, reconociendo
gustosa que los consejos de Amelia de Goasmeur eran los que la habían determinado, y sin
darse cuenta de que tal vez había influido también la intervención de Enrique, del hombre
que la amaba y había elegido para ella, aconsejado, sin duda, por sincero y profundo afecto,
esta tercera etapa de su vida de parienta pobre,

te tienen qne ir á
Langasnou para llevar unos sacos de patatas que he vendido
al notario.
Y la señora de Berry se volvió hacia
el jardinero, como
indicando que nada
tenía ya que decir á
su sobrina.
-Tenga cuidado
con las raíces, y no
economice el abono;

los arbolitos tienen
muy buena apariencia; me parece que
por esta vez no me
han engañado.
Lucía entró en la
casa, redactó el telegrama y empezó á
reunir sus vestidos sus libros y algunos objetos
de escaso valor, p¿ro que constituía~ preci?sos
recuerdos de los parientes que h!b1a perdido.
Si se la hubiera dicho algunos drns antes que
su corazón se angustiaría al salir de Cosqu~r,
ciertamente se habría mostrado incrédula, Y sm
embargo no podía en aquellos momentos contener las lágrimas.
No era únicamente el recuerdo de Elena el
que las arrancaba de sus ojos, ni tampoco la facilidad y la indiferencia con que su tía se separaba de ella: Lucía pensaba que era muy triste
no tener hogar, que estaba condenada á rodar
de casa en casa; y que desde la muerte de su
padrino no habla conseguido inspirar ningún
afecto verdadero.
Pero no; no se le ocultaba que existía una familia deseosa de recibirla en su seno, y que bastaría una palabra suya para asegurar su felicidad; y, sin embargo, el temor de pasar por ingrata y el de originar á su prima una gran pena,
le impedían pronunciar esa palabra.
¿Resolvería el .porvenir tan interesante problema? ¡,Renunciaría Ana, por fin, á sus ilusiones? ¿No se cansaría Enrique de esperar? ¿Concluiría, tal vez, por no creer en un afecto que
le imponía una espera indefl.nida 1
Continuará.

�LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

100

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Fig.10.

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cometa de terciopelo y complatado con una
blusa de Alen~on.
El traje «sastre• de la figura 9 es de sarga inglesa azul obscuro, y su adorno, terciopelo del
mismo color, recuadrado con straps.
La figura 10 representa un traje de paño de
verano, gris, con blusa de vuela escocesa de dos
tonos grises, adornada con paño gris é Irlanda
blanco.
El de la figura 11 es de paño azul y está adornado con seda de dibujo de fantasía, con fondo
de igual color.
Representa la figura 12 un traje «sastre» de
sarga azul obscuro con chaleco de seda rayada
verde musgo.
.
Por último, un traje «sastre» de formaPrmcesa, de pall.o verde musgo, está representado en
la figura 13, y como adorno tiene un cuello-chal
con seda bordada de soutache.

pelo. El inconveniente de estos adornos es el
volumen y la dificultad de alojarlos dentro de
un abrigo.

•
••
Las primeras semanas de primavera no nos
han de obligar aún á dejar las graciosas écharpes de pieles; pero al aproximarse el verano habremos de reemplazarlas por otras de plumas
flexibles y ligeras, por pelerinas ó por chaquetas de mangas amplias, que se puedan llevar, sin
ajarlas, sobre los más ligeros trajes. Entre estos
abrigos, fáciles de poner y quitar, he visto un
paletó corto de paño champagne, muy parecido
al mastic de los paños de librea; pero sin el
g-rueso de éstos, antes al contrario, con la más
flexible ligereza. Bieses pespunteados tapaban
delante y detrás las costuras inevitables para
obtener una línea un poco quebrada, y que aparecían sujetos por grandes botones de cobre. La
combinación del paño brillante y del palío claro
es siempre de buen efecto, sobre todo bajo un
cielo azul y un sol espléndido.
He visto también otro abrigo de viaje muy
resistente, y, sin embargo, muy elegante, de cuadros blancos y negros con anchos filetes verde
hoja, que dibujaban cuadros grandes. Era original, en medio de su sencillez, por la ingeniosa
disposición de la tela: formaba una chaqueta
Imperio, corta por delante y por detrás, y larga
en los costados, cortada por completo al bies,
en tanto que el faldón del abrigo estaba al hilo
y con profundos pliegues. Bieses de paño verde
hoja¡,parecidos á las rayas de la tela, adornaban
la c aqueta, dándole un aspecto agradable y
fresco de primavera.

•
••
¡Cuánto alivia las _molestias del frí? y prE:•
viene sus consecuencias el uso de la Br,se Exoti•
que! Empleada en agua ó en crema, hace desapa·
recer las arrugas, botones y manchas, y á la ve,
suaviza y blanquea el cutis y quita á la epider
mis la sequedad. '
Por eso debe formar parte del tocador de un
selíora para emplearla cuando el sol y el air
tienden á exacerbar en la piel esos defectos qu
empalian á veces la belleza. Para evitar las fals
flcaciones hay que pedirla á la Perfumeria Fa
tica, 35, rue du Q«atre-Septembre, en París.
V. DE CASTELPIDO.
Parl11 2 de Marzo de 1907.

•
••
Encontraréis las tendencias de que os acabo
de hablar en los modelos nuevos que voy á ofreceros. .
El de la figura 1 es nn traje de tarde, de palío
ligero gris ratón, adornado con palío gris cuadriculado en dos matices.
De faya, cuyo color podéis elegir á vuestro
gusto, es el traje de la figura 2, adornado con entredoses de encaje de igual color, rodeados con
terciopelo.
La figura 3 representa un traje «sastre», de
pall.o rayado verde, adornado con pall.o blanco.
El de la figura 4 es de lana escocesa en tonos
rojizos y verdes, y está adornado con pall.o liso
pardo y un canesú de encaje.

Fi¡, 12.

Fig. 11.

Fig.13.

De cachemir ladrillo es el traje de tarde de la
figura 5, con bordado y un cinturón de terciopelo negro.
·•
La figura 6 representa un traje «sastre», de
jerga azul obscuro, cuyo cuello ad?rnan unas
correitas de terciopelo azul, con viso de raso
encarnado y lunares de soutache negro y encarnado.
De vuela azul Sevres, con bieses y volantes de
seda azul, es el modelo de la figura 7.
.
El de la 8 es de vuela rayada de tonos grises,
y está adornado con cascabeles de seda y cinta

LA PRIMA LUCÍA.
Continuación.

»Yo te suplico que olvides todo cuanto te 1
dicho, y· que consideres lo que yo te voy i
cordar. Tú no has estado nunca satisfechl
Cosquer; y no es que ese relativo destier,
parezca penoso, ni que te hagan sufrir d
siado las brusquedades y desatenciones de &lt;
tos te rodean; mas no me negarás que des
primer momento has comprendido que e'
casa se te recibía como cediendo á una iill

101

Después de haber rezado sus deción, pero sin haberte deseado; que
vociones, quiziis con mayor fervor
te has dado cuenta de que entre tus
que de costumbre, bajó al comedor.
ideas y tus sentimientos y los de tus
No estaba allí su tía: Lucía la enparientes media un abismo; que no
contró
en el jardín, donde, con un
han apreciado ni comprendido tus
palíuelo
en la cabeza y recogida la
esfuerzos para identificarte con
falda,
asistía
á la plantación de alellos, para colocarte á su nivel,
gunos
árboles
frutales.
para hacerte á la vez útil y agra- Positivamente, no has dormido
dable.
esta noche; se te conoce en los
»Ciertas ilusiones de Ana han heojos-dijo al ver á su sobrina, y
cho todavía más difícil la situación,
después, dirigiéndose al jardiney es evidente que si fueras mayor
ro: -Tenga nsted cuidado y mida
de edad, y tuvieras los recursos nebien las distancias-le dijo.-Natucesarios para vivir con indepenralmente,
hay que arrancar esas
dencia, tu tía te daría á entender,
plantas..... Veamos, Lucía, 1, qué has
en términos muy amistosos, que es
decidido V
preferible que cada oual esté en su
-Tía, si usted no se opone, haré
casa.
lo
que desea la tía Anita.
&gt;Te recuerdo todo esto, no para
- Supongo que lo has reflexionaque te compadezcas de ti misma, lo
do bien,yme parece perfectamente.
cual no conduciría á ningún resulAdemás, es cosa que te conviene.
tado práctico, sino para que te per-Tía-dijo Lucía ruborizada,suadas de que á la situación en que
ruego
á usted que no crea que me
te encuentras se ofrece una buena
inspiro en ningún móvil interesado.
solución.
-1,Qné mal habría en ello? Pero,
»Te quejabas de no tener deberes
en fin, tranquilízate; estoy dispuesta
que cumplir; pues bien, desde hoy
á reconocer y á confesar cuantas rapuedes dedicar tu actividad y tu
zones sentimentales é inspiraciones
abnegación al cuidado de una enrománticas te parezcan bien. Ya que
ferma. Temes estorbar en casa de
tu resolución está tomada, es .pretus parientes; hay una en la que se
ciso ejecutarla sin pérdida de mote llama, en la que se solicita tu premento. Mi tia deseaba una inmedíasencia. tNo se diría que la Provita contestación; voy á dársela por
dencia trata de colmar tus deseos1
telégrafo, y te puedes ir en el tren
,Sin embargo, no estás en manera
de las tres.
alguna obligada á prestar
-¡Tan pronto!-murmuró Lucia,
tan penoso servicio. Antes
á quien la indiferencia de la selíora
de aceptar una tarea como
de Berry hería profundamente.
la que se te propone, mide
-Lo que gustes; pero la tía estará
bien tus fuerzas. Consideimpaciente, y ya que en definitiva
ra que, con frecuencia,
has de marcharte, vale más que no
esa tarea será muy dura y
. te hagas esperar. Yo aprovecharé
que no te verás estimula' ., la primera oportunidad que se
da ni por los vínculos de
·, presente para envi arte tu ropa
la sangre ni por el cariño
) blanca, lavada y repasada.
que se te profese. Aunque,
¡Anda! Vé á hacer tu maleta, ·
verosímilmente, la vi da
pero antes redacta _el telede la pobre tía no haya de
,
grama; prec1samenprolongarse mucho, te es.
te tienen que ir á
peran días muy penosos.
Langasnou para lleMedítalo bien; pregúntate
var unos sacos de pasi la satisfacción de ser
tatas que he vendido
útil compensará las conal notario.
trariedades que te indico,
Y la señora de Bey si esas contrariedades,
rry se volvió hacia
mitigadas por cierta independencia y sostenidas
el jardinero, como
indicando que nada
por las fuerzas que da el
3.- Traje de tarde para señorita.
4.- Traje para reunlonea de oonflanza.
tenía ya que decir á
eonvencimiento de que
nos sacrificamos ·voluntasu sobrina.
Núm. 3.-Para la explicación y patrones, véanse las de tafetán bordado ó de guipur; sobre los delanteros
riamente, son ó no prefe-Tenga cuidado
65 á 72 de la Hoja-Suplemento.
se destacan presillas de soutache y botones de fanta- con las raíces, y no
ribles á las que habrás su- liga.
Núm. 4.-Se ejecuta de éolienns color gris plata y sía; el cuello grande con solapas, hecho de seda, cae
frido y habrías de conti- seda
con lunares del mismo tono. La falda se compo- sobre los bullones de las mangas; estos últimos son de economice el abono;
nuar sufriendo en casa de ne de dos paños; su bajo se adorna alrededor con dos tafetán bordado ó de guipar, y se adornan con vivos los arbolitos tienen
la sell.ora de Berry.
tiras de tafetán blanco bordado á la inglesa, el cual formados por bieses de éolienne; los puños, ceñidos al muy buena aparien»Te conozco demasiado puede ser sustitufdo por entredoses de guipur; la fal- brazo, se disponen de manera que pudieran suprimir- cia; me parece que
para no prever una ob- da se adorna además con tres volantes de seda, cuyo se. Rodea el talle un cinturón de pana gris.
por esta vez no me
jeción que coartará tu li- ancho disminuye gradualmente de abajo arriba.
Materiales: 4 m. de éolienne, de 1,10 m. de ancho; han engañado .
El cuerpo es de éolienne y se guarnece á los lados 5 m. de seda; 3 m. de tafetán, y 8 m. de entredós de
bertad, y que me hace
Lucía entró en la
presentir algo que la se- con pliegues de seda postizos: se abre sobre un peto tafetán.
casa, redactó el telell.ora de Berry dijo delangrama y empezó á
te de Enrique; tenía el propósito de adver- alguna con sinceridad, de asegurar tu porvenir, reunir sus vestidos, sus libros y algunos objetos
tirt~ l~almente de las ventajas materiales y pe- muy bien podría suceder que se olvidara de de escaso valor, pero que constituía~ preci?sos
cun1ar1as que resultarían de tu permanencia en cumplirlo, y qnE! para nada figure tu nombre en recuerdos de los parientes que babia perdido.
c~sa de tu tia Anita. Es seguro que estas indica- las últimas disposiciones testamentarias que se
Si se la hubiera dicho algunos días antes que
mones, en la forma en que se te habrán hecho, encuentren el dia de su muerte.
su corazón se angustiaría al salir de Cosque_r,
tendrá!!- alar~ada tu susceptibilidad, despertan,Concluyo esta larga carta con una noticia, ciertamente se habría mostrado incrédula, y sm
do en ti escrupulos y sentimientos de exagerada que tal vez influya en tu resolución. Cree En- embargo no podía en aquellos momentos condelicadeza; pero tú me crees buen juez en estas rique qne, aun viniendo mal las cosas, á pesar tener las lágrimas.
materias, tno es cierto, querida1 Hemos hablado de las exigencias de la enferma, y no obstante lo
No era únicamente el recuerdo de Elena el
con la intimidad necesaria para convencernos intratable que es su antigua y vieja criada, toda- que las arrancaba de sus ojos, ni tampoco la fade que en este asunto, como en otros muchos vía, si te decides á irá vivir con la tía Anita, ga- cilidad y la indiferencia con que su tía se sepaopinamos de la misma manera; pues bien no t~ narás en el cambio; y creyéndolo así, Enrique raba de ella: Lucía pensaba que era muy triste
dejes dominar por esos escrúpulos,~ si r¿husas, es quien ha pronunciado tu nombre cuando la no tener hogar, que estaba condenada á rodar
que no sea _p_or el temor de qne se. te ¡uzgue mal; tia buscaba á su alrededor alguien á quien con- de casa en casa; y que desde la muerte de su
es.una debilidad conceder demasiada importan- fiar el cuidado de su persona y de su casa.
padrino no había conseguido inspirar ningún
cia á las opiniones ajenas, y debemos por el
»Te envío un carilíoso abrazo. Si sales de Cos- afecto verdadero.
contrario, prescindir de ellas en todos ~quellos quer, espero que nos veremos con gran frecuenPero no; no se le ocultaba que existía una faasuntos en que ~stá interesada nuestra dignidad ó cia, sobre todo si nuestra anciana parienta se milia deseosa de recibirla en su seno, y que basnuestro porve'JJI"; y aun las personas que quisie- encuentra en estado de pasar en Langasnou la taría una palabra suya para asegurar su feliciran atribuirte semejantes móviles, no por ésto temporada de costumbre.•
dad; y, sin embargo, el temor de pasar por inpodrían considerarse superiores á ti; sin buscarDespués de leer dos veces esta carta, la reso- grata y el de originar á su prima una gran pena,
las muy lejos, tienes ahí á tu tía, que ha ofrecido lución de Lucía quedó adoptada, reconociendo le impedían pronunciar esa palabra.
á su hija Ana para compalíera de nuestra anciana gustosa que los consejos de Amelia de Goas1,Resolvería el porvenir tan interesante proparienta.
meur eran los que la habían determinado, y sin blema11,Renunciaría Ana, por fin, á sus ilusio»Además, agregaré para tranquilizarte que la darse cuenta de que tal vez había influído tamtía Anita ha hecho y anulado demasiados testa- bién la intervención de Enrique, del hombre nes? 1,No se cansaría Enrique de esperar1 1,Conmentos, para que se deban fundar grandes es- que la amaba y había elegido para ella, aconse- cluiría, tal vez, por no creer en un afecto que
peranzas en la fijeza de sus ideas. Asi,pues, á jado, sin duda, por sincero y profundo afecto, le imponía una espera indefinida?
pesar del ofrecimiento que ha hecho, sin dnda esta tercera etapa de su vida de parienta pobre,
Continuará,

�LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

102

Eapaldas de loa dlbuJoa 13 y 14.

6 1 7 y 9,-Espaldaa de loa dibujos 5 1 8 y IO.

s.- Traje

de heohura aaatre,

103

propio para primavera.

11,- Levita de primavera para señora Joven ó Hitortta.

Nú11s. 5 y 6.-Este traje, de paño gris
color nube, se compone de falda campana y e bolero• corfo; le sirve de com-

Núms. 9 y 10,-Para la explicación y patrones, véanse
las flgs. 18 á 25 de la Hoja-SupZ.mento.

plemento un chaleco de patio blanco;
este último, cruzado á la izquierda, se

Núm. 11.-Para la explicación y patrones, véanse
las flgs. 26 á 32 de la Hoja-Suplememo.

abrocha por medio de botones dorados; otros de esta misma clase, pero
mayores sujetan el cbolero• por delante. EÍ c:bolero• está cortado de la
misma pieza que las mangas, y se forra con seda gris claro; el cuello, pro•
longado en forma de solapas, se cubre
con pana color rosa marchita. El cha-

Núm. 12,-Traje de paño azul Sevres con levitón bordado con soidache azul; solapas, bocamangas y chaleco de terciopelo.

leco puede reemplazarse por una blusa

plissés de tafetán gris y con terciopelo color de fresa;

Núm. 13. - De cachemir gris claro: se guarnece con

de fantasfa.

el escote queda cubierto por un pechero, con cuello
vuelto, de guipur crema. Los delanteros del cuerpo
se disponen formando tablas, y se guarnecen con
plissts en el borde de delante y en las sisas, que se
prolongan sobre las mangas; éstas se montan sólo sobre el forro, que se cubre con cachemir. El pechero
está unido á un cuello de terciopelo color de frese,
cuyo plissé se prolonga hasta el cinturón de terciopelo, que se abrocha delante por medio de dos botones
de sfraps.
_
La falda mide unos 4,25 m. de ancho, y cae sobre el
forro, formando por delante pliegues planchados; el
bajo se guarnece con un grupo de pespuntes; la falda
se abrocha atrás bajo un pliegue hueco.
Materiales: 6,50 m. de cachemir, de 1,10 m. de an ·
cho; 80 cm. de seda; 40 cm. de guipur, de 45 cm., y
75 cm. de terciopelo.

Materiales: 5 m. de paño, de 1,20
metro de ancho; 30 cm. de pana al bies;
60 cm. de paño para el chaleco, y 2,25

metros de forro.
Núms. 7 y 8.-De terciopelo á rayas
color castailo aceituna: el cuerpo tiene
un canesú de guipur crema, abrochado
al lado izquierdo por medio de corchetes y guarnecido con rouleautés de terciopelo: dos tirantes de terciopelo al
bies, ribeteados de tiras al hilo, pasan
por cima de los hombros. El cuerpo se
dispone formando pliegues pespunteados y se cierra por delante bajo un pliegue superpuesto de terciopelo; el cinturón drapeado, las bocamangas y los
rouZ&amp;J,dés se ejecutan de terciopelo
color castaíla, liso; las mangas se fruncen por arriba y se disponen formando en el bajo pequeños pliegues.
La falda, compuesta de nueve pailos,
mide 4 m. de ancho en el borde inferior.
Materiales: 13 m. de terciopelo á rayas de 55 cm. de longitud, y 60 centlmeÍros de terciopelo liso cortado al
bies, y 50 cm. de guipur, de 45 centlmetros de ancho.

Núm. 14.- Para la explicación y patrones, véanse las
flgs. 1 á 17 de la Hoja-SupZ.mento.

12.- Tollette de tarde.

13.-TraJ• de cachemir para aeiforlta.

1&amp;. - Toilette da primavera, para Hñorlta d Hilora Joven.

Núm. 15.-Traje de lanilla color gris platino; en el
cuerpo, canesú de guipur blanco y chaleco de pafio
azul y terciopelo negro; la parte de delante se guarnece con bridas de soutache gris y botones de hueso
gris. Sombrero de paja inglés, también gris, adornado alrededor de la copa con tafetán azul pálido y al
lado con plumas grises.

�17,-Cuello y puilos de gulpur-

16.-Dalantal para niña de 4 6. 6 años.

18.-Traje elegante para niña da 3 á 5 años.

-~/

Núm. 16.-Para la explicación y patrones, véanse las flgs, 56 á
59 de la Hoja-Suplemento.
, Núm. 17. -Las llgs. 60 á 62 de la Hoia-Suplemento corresponden
á este modelo.
La labor se ejecuta con sujeción á las indicacioneS de las figuras 60 á 62 de la Hoja-Suplemento, pasando los dibujos á un papeltela; se hilvana el tul, según indica el grabado, y se emplea galón
calado y galón ordinario, estrecho y ancho; los puntos de encaje
se ejecutan con algodón de mediano grueso; se guarnecen los con-

"'«

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g
0 ..

m:J'
0&gt;,

Núm. 23. -La flg. 63 de la Hoja-Suplemento corresponde á esta
labor.
Nuestro modelo mide 19 cm. de ancho por 11 de alto; se forra
con reps color verde almendra, y se adorna con un bordado hecho
con seda verde matizada de dos hebras. Se empieza por pasará la
tela el dibujo flg. 63; se bordan los nervios y los bordes de los tallos con hilillo de oro; las frutas se simulan con lentejuelas color
verde bronce, sujetas por medio de cuentecitas. Véase el grabado
que representa el detalle de la labor. Para armar el clasificador
cm;1.vendrá valerse de un encuadernador.

27.-Delantal para señorita de 14 á 16 Moa.

26.-TraJa para nlila de 7 ;. 9 años.

frunce por la espalda¡ la parte de atrás se monta eBtre las dos telas del canesú.
El gran cuello, de muselina bordada formando picos, se adorna al borde con un ellcaje fruncido; del
mismo modo se ejecutan las bocamangas; el escote se
guarnece por delante con un lazo de cinta de color.
Matet'iales: 3,75 m. de nansuc¡ 30 cm. de muselina,
de 1 m. de ancho cada uno; 3 m. de encaje, y 1,50 metros de cinta.

28,-- Traje de lana para señorita.

guarnece con un doble volante de seda pongie d~ 6
centlmetros de ancho y 2,60 m. de longitud, e1 cual
se frunce al exterior de modo tal que resulte una

Núni. 26.-Para la explicación y patrones, véanse las
llgs. 100 á 104 de la Hoja-Supl&lt;ttnento.
Nám. 27.-Para la explicación y patrones, véanse las
llgs. 105 á 108 de la Hoja-Suplemento.
Núm. 28.-Para la explicación y patrones, véanse las
flgs. 73 á 79 de la Hoja•Supi.m.nto.

19.- Oabi.n para niño,

105

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

104

ruclu1.
Núm. 35.-La llg. 125 de la Hoja-S11ple-.to corresponde á este modelo.
El marco se forra con moaré crema, y se adorna
con bordado rococo, hecho con cintas rosa y verde

21,- Blusa gu&amp;n1eclda

Detalle del dibujo 23,

con bordado.
30.-Camlaón da dormir oon oaneaú eaootado,

tornos con galón de encaje y ciertos motivos
con redondeles bordados.
Los motivos al crochet se ejecutan con algodón del núm. 50; las hojas, con algodón
del núm. 40.
Núm. 18.-Para la explicación ·y patrones,
véanse las llgs. 50 á 55 de la Hoja-Supl&lt;ttnento,
Núm. 19,-Para la explicación y patrones
véanse las llgs. 33 á 36 de la Hoja-Supl&lt;ttnento'.
Núm. 20.-Estetraje, compuesto de pantalón largo de jerga azul y de una blusa de
cheviotte blanca, se complementa con chaqueta de pallo azul obscuro. La blusa tiene
un canesu cortado en punta; se guarnece con
cintas azules y con botones; al escote se une
el cuello vuelto, adornado con cintas.
La chaqueta tiene cuello de terciopelo azul;
los bordes se seilalan por medio de un·pespunte; las mangas terminan en bocamangas
redondeadas. La gorra es de cheviotte blanca
y tiene borde azul adornado con un lazo. '
Materiales para el pantalón: 90 cm. de lela,
de 1,10 m. de ancho.
Para la blusa: 1 m. de tela, de 1,10 m. de
ancho, y.1,50 m. de cinta.
Para la chaqueta: 1,25 m. de paño, de 110
1
metros de ancho, y 15 cm. de terciopelo.

/

29,-Cuello y puño de pión.

22.-Falda guarneolda con blesea.

Núm. 24.-Para la explicación y patrones,
véanse las llgs. 92 á 99 de la Hoja-Supl&lt;ttnento.
Núm. 25.-Este traje, de lana color rojo
Burdeos, se guarnece con soutachs negra y
con botones de terciopelo negro con filete
de oro. Se dispone la falda formando pliegues huecos á intervalos regulares, y su bajo
se adorna con varias líneas de se-utache. El
delantero del cuerpo forma tres pliegues
huecos, de los cuales el del medio se prolonga por encima del canesú hasta el escote, en
tanto que los otros dos terminan bajo el canesú; éste concluye en punta y se prolonga
sobre los hombros, en donde queda sujeto

Núm. 29.- Las flgs. 123 y 124 de la Hoja-Supi.m.nto
corresponden á este modelo.
Se ejecuta con fa1ón fino y con galón de medallones, ateniéndose las llgs. 123 y 124 de la Hoja-Suple•
mento. Después de pasar los dibujos á un papel-tela,
se hilvanan los galones y se ejecuta la labor como de
ordinario, empleando hilo de encaje.
Núm. 30.-Para la explicación y patrones, véanse
las llgs. 114 y 115 de la Hoja-Suplemento.
Núm. 31.-Esta camisa, de nansuc blanco, se dispone
por delante formando grupos de plieguecitos y se

32 y 33.-Petoa para bolero y para traje de hechura aaatre.

matizadas; los tallos se bordan á punto de tallo con
seda de Argel verde de un solo c._bo; para cada pétalo
de las flores se ejecuta un punto con cinta. La :flg.125de
la Hoja-Supl&lt;ttnento representa el dibujo del bordado.
La parte trasera del cuadro se cubre con papel moaré
blanco: para sostener el m&amp;rco se pega á él un pie Ue
cartón, forrado de moaré crema con bordado.
Detalle del dibujo 29.

31.-Camlsa da dormir, '

Núms. 32 y 33.-Para la explicación y patrones véanse las flgs. 109 á 113 de la Hoja-Suplemento.
'
Núm. 34.-La llg. 122 de la Hoja-Supl&lt;ttnento corresponde á esta lflbor.
Nuestro modelo mide 34 cm. de largo por 26 de
ancho, y se forra con seda pongée color amarillo de
oro¡ la parte de encima se guarnece con étamim crema, adornada con bordado. Se copia el dibujo flg. 122,
y se simulan las flores con seda blanca de cuatro hebras, las hojas con seda azul obscuro y los tallos con
amarillo de oro. El contorno de la almohadilla se

Detalle da! dibujo 16.

23;-Clulfrcador de tarjetas postales.

Núm. 21.-Para la explicación y patrones,
véanse las flgs. 80 á 87 de la Hoja-Suplemento.
Núm. 22.-Pl!)'a la expli~cación y patrones,
véanse las llgs. 88 á 91 de la Hoja-Suplemento.

por medio de botones de terciopelo; el cuerpo y las mangas se adornan con líneas de
soutache. Completa el traje un cuello de tela
de hilo y una corbata.
Materiales: 3,50 m. de lana, de 1,10 m. de
ancho, y 18 m. de soutaclu1.
24.-TraJe de primavera para niña de 12 á 14 años.

25,-TraJepara niña de 10 á 12 años.

34,-Almohadllll de étamlne bonlada.

Detalla del bordado del dibujo 35.

35.- laroo da retrato guarnaoldo oon bordado rooooo.

�~

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

106

UN RAMO DE CAl'.IIELIAS. -1.ª En uno ponga vi oletas

De promesas dulces, de caricias suaves
De amor sacro~anto, de casto embeleso:
¡Mírame con fiJeza! Que nunca
Me falte ese fuego.
i~írame, aunque tus ojos abrasen
Hasta lo profundo mi amoroso pecho!
¡ Mírame! Nada importa que hagan
Tus ojos divinos un loco de un cuerdo.

Y en el o_tro margaritas de color rosa.-2.ª Debe col-

36.-Capota para señora de edad.

38,-Sombrero de primavera para aeñorltaa.

Núm. 36.-Esta capota, de terciopelo negro y muselina de
seda negra drapeados, puede
· elecutarse también con materiales de otros colores; el delantero se guarnece con un chou
de muselina, sujeto por una aigrett. del Paraíso y con dos alas
de fantasía puestas al lado. Las
bridas son de muselina de seda.

vara todo alrededor. Lo demás de madera encerada.
La cocina, de baldosín blanco. En el comedor ponga
muebles de nogal. En el despacho, de estilo inglés. La
sala, Luis XV. La alcoba principal en Imperio, y las
de las dos señoritas, muebles esmaltados en color azul,
rosa, paja 6 verde claro.-7.ª Empapelada.-8.ª Store
y brise-bise.No es necesario que sean iguales.-9.ª Palmeras,. rosales trepadores, enredaderas y geranios.ID.ª El primero es el recibimiento ó pórtico que sirve
como salón. El segundo es el despacho de señoras.
Se pronuncian: jol y b-uduar.-11.ª Deben pasarlas alrededor. -12.ª Póngase infusión de manzanilla. Para
ondularlo hay qne cogerlo por la noche, en pequeii.as
partes, con horquillas onduladoras. - 13.ª Con éter
sulfúrico.-14.ª No, sen.ora.
MANOLITA. MANCHEGA.-Lávese con tintura de ben•
ju!.
ÉLITE. -1.ª Cualquiera de las dos cosas. -2.ª Vea
los grabados 1 y 23 de LA MODA del 14 de Febrero;
cualquiera de los dos le quedará muy bien hecho de
lana inglesa, en color gris ó verde.
Reciba mi enhorabuena; mucho deseo que sea completamente feliz en su n u,evo estado.
TRES HERMAN:A.S.-1.ª Se planchan por el revés y al
aire, esto es, sosteniendo entre dos personas la prenda y pasando la plancha por el revés de ras costuras.
Al plancharlo se quitan las sedales. -2.ª Lavándolas
con un cepillo mojado en agua.-3.ª De perejil, tomillo, cantueso y laurel.- 4.8 Co~
blanco de España y espfritu de vino quedan
muy bien.-5.ª Es francés. Se escribe chauf·
feur. Se pronuncia s1wfer; la e muy cerrada.
UNA QUE NO LE GUSTA EL CAMPO.-No,
señora; no debe mandarle tarjeta, puesto que
tan poca es la amistad que con él tiene.

Núm. 37.-De lana rayada color castaña: la falda tiene un delantero compuesto de dos pliegues huecos; los paños de los lados se disponen formando tablas y se adornan, entre el delantal y el pliegue, con un gran
·
bies postizo. Los delanteros del paletó, forrado
con seda crema, se disponen de manera que for men plie~ues, los cuales se sujetan á mitad ·de
altura ba10 patas de terciopelo color castaña cla-

ro. El cuello, prolongado á guisa de solapas, se
cubre con terciopelo. El chaleco, de paño blan co, se adorna con soutache color castaña claro,
verde y oro.
Materiales: 7 m. de lana; 35 cm. de paño, de
1,20 metro de ancho cada uno, y 35 cm. de terciopelo al bies.
Núm. 38.-El ala de este sombrero, de paja
gris, se levanta por el lado izquierdo de modo
que áeje á la vista el drapeado de tul color azul
mate, á manera de cubrepeineta. La copa, de hechura de boina, es de tafetán azul. Completan
la guarnición una pluma de avestruz blanca y
una corona de rosas de color de rosa.

CORRESPOtiDENCU PARTICULA.R.
UNA ENAMORADA.-!.ª Para lo primero use la
receta dada á Una que quiere siempre ser hermo·
SIJ,1 en la 2.ª contestación del número del 28 de
Febrero. -2.ª No lo conozco.-3.ª Fróteselas
todas las noches con alcohol y después échese
una gotita de glicerina.-4.ª Se saluda á todos
los que se conoce, y se hace una inclinación de
cabeza á los desconocidos.-5.ª La persona de
m~nos respe!o ,es p_:esenJada primero á la de
me~, y despues esta a aquella.-6.ª Se pronuncia long·
ten.1s.
CLEMATIS.-1.ª El manto de merino y el velo de
gasa, ó todo él de gasa.-2.ª Nueve meses 6 un año.3.ª Sf, señora; es una combinación que resulta muy
elegante.
Sus preguntas no me han ocasionado molestia alguna; he tenido, por el contrario, mucho gusto en
complacerla.
VIOL~A. -1.ª Por uno de los lados solamente.2.• Sofa, butacas, silloncitos, sillas volantes mesa
vitrina, piano, espejo, cuadros, lámparas de c~ntro Y
laterales, y plantas.-3.ª, 5.ª y 6.ª Pásese por la cara
después de la verse, un paño mojado en
'
Agua de Colonia.......... 100 gramos.
Esencia de limón....... .
5
4.ª Se P?ne, entre el tablero y la tela, una capa de
magne~1a.
.
D. R. P.-Capuchinas. Se baten, durante media hora, veinticuatro yemas de huevos bien frescos y después se le añade una onza de polvo de almidó~ tami•
zado, y cuando se haya hecho bien la mezcla se echa
dentro del molde de hoja de lata, un poco aceitado
cociéndolo en el horno, bastante fuerte, durante me~
dia hora. El molde debe ser de forma de bandeja con
bordes de cuatro centímetros de alto. Cuando se haya

37 ,-Traje de entretiempo para señora Jov,en.

enfriado, se saca sobre un papel blanco, cortándolo
en pedacitos de la forma de un dado. Se hace un almíbar clarificado, dándole el punto de vela fuerte, y
cuando esté frío se introducen en él los pedazos, los
cuales estarán antes picados con un alfller, para que
penetre el azúcar más fácilmente. En esta disposición
se dejan durante doce horas, sacándolos, una vez
transcurrido este tiempo, con un tenedor y dejándolas sobre una rejilla de junco para que escurran bien
y no se deshagan.
UNA DEVOTA DE LA VmGES DE LOS DOLORES, - Sí,
también las usan las señortt.s, aunque no tanto como
las de cadena de oro.
MAR.1'A DEL CARMEN.-Una vez instalados, deben dar
parte de boda y esperar á que sus relaciones vayan
á verlos, devolviéndoles después la visita.
E. F. de F.-Los de tafilete negro resultan más ele•
gantes; deben ser, desde luego, escotados y adornados con una bonita hebilla de brillantitos ó dorada.
UNA FORASTERA EN FERROL, - l.ª Se sujetan los flecos con punto de vainica.!....2.ª Es de estamena gris
con cordón.-3.ª Las venden para ese objeto. Escudo
en el pecho.-4.ª No hay ninguna obligación que cumplir.-5.ª Con blanco de Espaiia y espfritu.-6.ª Las
habitaciones principales de madera encerada, poniendo en el centro un tamiz que deje un recuadro de una

UNA ASTURIANA.-Mucho me alegro de que
se haya decidido á consultarme, y tengo verdadero interés en complacerla.
l.ª Con un mantón de Manila, una tela antigua ó algún tapete de fantnsía.-2.ª De
sala y gabinete.-3.ª Sin cogido ninguno y
sujeta delante, un poco floja. -4.ª La parte
de delante hueca y sujeta con un moñito; la
de atrás con trenza recogirla sobre la nuca,
y lazo de terciopelo.-5.ª Un poco de bórax.
AZllCENA. -1.ª Vea el p:rabado 11 de LA
MODA del 30 de Enero. Hágalo como indica la explicación, prescindiendo, como es
natural del color.-2.ª Creo que le quedará más elegante haciéndolo todo en negro. - 3.8 Lisa.-4.ª He
oído hablar muy bien de la primera.-5.ª Le aconsejo que no haga nada, porque podría ser contraproducente.
NENA.-1.ª Hacen muy buen efecto.-2.ª Se usan
más de seda. El verde claro, rosa y paja. - 3.ª Agua
de Colonia.
Alcohol á 36°.. . • . . . . . . . . . . .
3 litros.
Esencia de romero fino.. . . .
1 gramo.
ldem de lavanda inglesa... .
2
Tintura de benjuí.. . . . . • . . . .
1
Déjense macerar estas substancias veinticuatro horas, y júntese después de este tiempo:
Esencia de corteza de limón. 100 gramos.
ldem !d. de naranja... . . . . . . 100
ldem !d. de cidra. . . . . . . . . . .
7
Neroli pétalo bigarade .. .. .•
6
Neroli petit-grain .. .........
6
Espíritu de geranio rosa ... . 100
Se agita fuertemente la mezcla de tiempo en tiempo;
á los diez 6 quince días se filtra y conserva en fras•
cos bien tapados.
·
UNA SUSCRIPTORA. - Se han usado tanto estos dos
veranos pasados, que no creo que para éste resulten
elegantes.

gar por igual.-3.ª Se llevan indistintamente de raso
moaré, terciopelo ó piel. En blanco son más bonita;
que en color, pueden hacerse pintadas ó bordadas con
lentejuelas. Tienen una cuarta de alto.-4.ª En las
lar~as.-5.ª Iniciales.-6.ª Falda de color.-7.ª Los
cubiertos á la derec~a del plato, las copas delante de
éste, en flla; la servilleta sobre el plato y encima el
pan.-8.8 Se cuecen hasta que estén muY blandas, se
pasan por el tamiz y se pesa la fruta. Se pone la mis•
ma cantidad de azúcar y de fruta en un perol y se
cuece poco á poco, moviéndolo de vez en cuando par·a
que no se pegue; cuando está bastante espeso se echa
en los moldes.-9.ª Las de madera. Se meten por dentro del larguero.-10.ª Se conservan entre paja.-11.ª A
una vara de distancia.-12.ª Sí, sen.ora; se usa con las
dos. Corbata de raso liberty.-13.ª Sf, seilora.-14.ª Se
cuece la merluza, y se hace aparte una salsa con acei•
te,.:vfn~gre, pedacitos de huevo duro y un poco de pereJil picado. Cuando se va á servir se la echa la salsa
por encima y se adorna con aceitunas y huevo duro.
-15. ª Con dosel sí, con colgaduras no.
ROSA 1.ª-1.8 y 2.ª Sí, señora.-3.8 Zapato de tafilete
negro.-4.ª Lávese el cabello con palo de jabón y
después espolvoréelo con polvos de patata.
'
C&gt;:3!REA :W:ADICOFF.-1.ª Ai!o y ~•dio de rigor, y
medio de ahvio.-2.ª Al año.-3.ª 81 desea algún especf!l--co, tiene q ne dirigirse á la Sección de encargos.
-4. Se pone en un perol una yema de huevo se bate
un poco y se le añade un azucarillo deshecho ó una
cucharada de azúcar; se sigue batiendo y cuando está
bien mezclado se echa otra yema y ¿tro azucarillo
continuando la operación hasta que se vea que haf
bastante cantidad. Después se bate mucho, hasta que
al c!er de un.a c~chara forme una cinta bien ligada.
-5. Se baten seis yemas con tres cucharadas de azú.
car, y cuando esté muy fino se le añade una copa de
ron. En e_l momento de .servirlo, se echa desde alto
un cuartillo de leche bien caliente. Debe moverse
hasta que se mezcle toda la leche, porque si no se cortarían las yemas.
. Yo t_a1;Jlbién tengo mucho gusto en ponerme á su
disposición para todo lo que se le ofrezca.
_TULIPÁN ROJO.-Los polvos de arroz que empleó
Nmon de Lenclos son el Duvet de Ninon. Blanquea y
transparenta la pi~l. M_atices: blanco, rosa, natural y
moreno. Perfumena Nmon, en París. Cuidado con los
falsos.

RAFAEL Rmz L6PEZ.

EXPLICACIÓN DEL FIGURIN ILUMINADO.
Corresponda á lu 18ñora1 1u1orlptora1 á la edlol6n de Jlljo
y á luda la 2.• y 3.• edlolón.

l. Traja de lana de fantasia blanco con rayas.-La

falda µeva delantal unidQ á una costura de delante
c~m bies de paño encarnado. Bies marcado con un
vivo. Pequeñ9; chaqueta con talle corto y delanteros
y espalda umdos formando canesú, que llega sobre
las mangas. Chaleco de paño encarnado. Mangas cortas, montadas á pliegues con carteras, de paño encarnado. Solapas de paño encarnado. Botones de pasa.
manería encarnada. Sombrero de crin gris con torzada y nudo verde y plumas grises.
Materiales: 6 m. de doble ancho.
2. Traje de paño de color muy pálido.-La falda, lisa,
cae en godets. Chaqueta larga &amp;J~stada, que cierra delante y se separa en la parte baJa. Bies todo alrede•
dor y ~dornado por delante con botones de oro. Bieses unidos tapan la costura de los hombros y marcan
el talle. Volante-pelerin~ sobre las mangas, que cae
hasta el codo. _Mangas lisas con pai:teras que Suben,
de paño y terc1opel~ negro. Cuello de terciopelo negro. Sombrero de crm color malva con torzada y cinta
malva. Pluma blanca que cae.
Ma-teriales: 7 metros.
3. TraJ6 de paño gris reseda.-Con costura en medio
y volante en forma. Chaqueta redonda y corta cerrando delante. Bieses de palio delante y detrás. Pequeiias
solap~s. Cuello de ,terciopelo negro realzado de pafio
amarillo. Man~as a trozos, móntadas á pliegues lisos
en la parte baJa Y. rematadas con carteras de terciopelo negro y paño a#marillq.. Sombrero de crin gris
con torzada de tafetan ama:r1llo rosas color miel y
plumas grises.
'

ADELA P.

INCONSTANCIAS DEL DESEO.
¡N~ me mires, por Dios, qne tus ojos
ArroJ ando van rayos de fuego!
¡No me mires, por Dios, que me ahogas
Que estás abrasando sin querer mi pecho'
Vas á hacerme caerá tos plantas
·
Rendido, y no quiero
Con la luz de tus ojos ceg'ándome
De tus ojo~ divinos que se me pr;sentan
Como realidades de mágico sneño.
Te aseguro que ya yo he ~tado
Los amores fervientes y tiernos·
Que mucho he sufrido·
'
Que llorando pasé muchas'noches
En mi triste lecho·
Que no es ~a sola la 4ue me ha dejado,
Después de Jnrarme que iba á ser eterno
El_ amor que sus labios mentían .....
Mira que es muy fácil que tus ojos hagan
Un loco de un cuerdo.
Cuando yo te mire, por piedad muchacha
No tenias abiertos
' ·
'
Tus ojos bnllante_s, rasgados, divinos
Alegres, traviesos
'
Cuyos rayos curiosos Pretenden
Penetr~r hasta el fondo del pecho.
Mantemendo tus ojos cerrados
Podré c~&gt;ntemplar~e tranquilo y sereno
Y extasiarme admirando tu cara
Tu car!!- divina g_ue tiene por mÚco
Esos rizos castaíios y crespos
Que parecen querer asomarse
Por gozar la vista de tu airoso cuerpo
Así, b~lla 1;1-~a; mantén muy cerrados·
Tus OJOS d1vmos, tus ojos traviesos
No los abras, por _Dios, que yo goce'
De un amor apacible y sereno
De un amor tr-anquilo, eomo lago oculto
Donde van las ninfas á bailar sus cuerpos.

e1

.. ¿p~·r· ~ ~é·~¿ ~~- ~~·s:¡¡p~~ ~~é de' i~~ -~- ~s
Ya no me deslumbran ardientes destellos~
Levanta la vista; mira que es mu¡, triste
N~ ver esas lla~as de abrasante uego.
FiJa en mf tu mITada parlera
Muchacha, que quiero '
Que los rayos brillantes penetren
A.braaando hasta el fondo del pecho·
Que me purifiquen
'
Esos ojos que son realidades
De mágico eneueilo.
Por Dios, no los cierres, alma de mi alma
Porque en ellos leo
'
Un poema de ardiente ternura ,

107

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porlumo ,
Medalla de Oro 1900.
R I S T E L E Nuno
K AA.GNEL,
t.6, A.Y, de l'Opcra, PA.KISCon el titulo de Una deliciosa merienda publica 01 periódico,
Le, Lectures .pour Tous, en su número de Febrero de este año,

la nota sigui.ente, sobre la que llamamos la atención:
•Hay golo11inas prohibidas, pero las hay también permiti~
d~s Y aun aconsejadas por los doctores. La golosina,y la MeUlctn:i _están. algunas veces de acuerdo. Este es el CfSo de laJ
exq1ns1ta F'.••fadna Falleres, tan agradable de paladar y1
tan reco~st1tuyente para todos: niños, jovencitas 4"elicadas,,
convalec~en.tes, débiles de todas edades y ancianos. Por su,
fosfato ~1m_1lable, este alimento lleva al organism,o una extrema v1tal1dad. Da nervios, músculos fortifica lo/J hueso11 y
asegura el buen equilibrio de la salud',
•~l peligro está en la imitación, porque con nombres casi
similares, se venden productos muy inferiores1 que no tienen
ninguna de las virtudes de la Foda&amp;lna Fall eres. Es preciso e~igir_esta marca perfecta. Su amable director, 6, Avenue _V1ctor1a, París, tendrá mucho gusto en ofrecer á quien
lo pida, un folletito muy útil sobre la alimentaci6n'rae1onal
de los niños.•

El colmo de la utilidad: Untar con Licor deL
Polo las muelas de un molino para que no se piquen.

c:lomprad las

Sedas Suizas
Pedid las muestras de nuestras eederlas. Novedades
de primavera y de verano para trajes y blusas:
""Eehtzen", 0 Taffe&amp;a.s lnstr4", "Lotdatne",
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                  <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752064&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Madrid, (España)</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Camisa para dormir</name>
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        <name>Capota para señora</name>
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        <name>Sombrero de primavera para señorita</name>
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        <name>Traje de calle para primavera</name>
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        <name>Traje de hechura sastre</name>
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1NDit~E GENERAL DEL TOMO L.-1891.

,

./

-

FONDO O. H l i ~
•

;

1
Artículos, crénicaa, ucvebs,

poesías, etc.
ADELA P.-Com~spondencia. particular, en too.os

los númel'os.

I

ARACELI.-Miscelé.nca doméstica, 512 y 548.

BERNAL y l'UoA·(D. L,).-Amordel alma, ]&gt;OC,..

sla,33.

hcrm:mas, 52ó.
lhtETÓ~ (D. Ricardo M. de).-¡ Viuda.!, 104;
Cuento de hadas/ 173; Un uentlrmon, 240;
Quien bien nma .... , 356; Hermana de la. Catidad, 404¡ Por seguirá. su novia, 4.77,
Bunnos (U. Luciano de).-Actriz y poeta, 197:
.El tocado amarillo, 237; Piimera escapatoria.,
260; Hamida., 273: Cada uno en. su casa.. .... ,
:iOS; ¡Tarde!, 345; Rosa de amor. leyenda, 401;
J.a huella. del pasado, 42S; La belfa Carmen,
452; Un drama ele amor, &amp;.O.
eAJIPOBLAXCO (Sra. Cbndcs.,. de).-La Abade;a
de Fontcvra.ult, 3J y 41; Tres votos, li!t; Sufri. miento (historia qoe consue'.a), 89; Visión m:i..ravillosa. 113; Un delirio, 213; Un drama, 2J3:
SorNatalia, 260; m mcda11ón, 297; La.máquina
de ooser, juguete representable. 332 y 341 ¡ Dos
coronA..&lt;1.1 365; GratittJd y caridad, 4.l3; El riro,
437; Al entrar el invierno, 509.
CAPELLA (D. Fnmcisco).-;?dadrigal, 572.
CASANOVA (D.º Sofla).-A un escél)tiCo, pocsio., 92.
CASAS (O.• Elisa).-Mi amor,JlOCSia., ól3.
CASTELFIDO (Sra. Vizcondesa c).-Uevist&amp; pa.lii:icn;;e ilustrnda con grabados, en tcxl.os los
nümeros.
CASTRORRUDIO (D.• Alicia).-Ln mujer del m\mero uno (recuerdos), 116 ,
CORUJO VALYlDAllEB (D. Angcl).-~{añrc del
Consuelo, soneto, 213¡ Lcale8 y traidores, pocsia, 513¡ La dicha y la muerte, ponía, 551,
CHEIX (D.• Jsabel).-El tiltimo baile, 20 y 29;
Costuwbrcs ¡)()pulares: La vuelta del li.ocio,
pocgia, 236; •'lor del nlOOt 281. 293, 305, 317,
1:J2S, 344,353,364,376, 389'y 401; El t\ngcl rlcl
Consuelo, poesía, 501; };n el álbum de madame
Fastcnrath, pocsfa, 513.
DÍAZ DE ESCOBAR (D. Na.rciso).-llenwnhcr~
poesfa, 81 ¡ Remembrnnzns, pocsfa, lU.
EMILIA DE s•••.-.F:I aria üuta JJiva, cuento,
(i.f; J::ntrcamigas, lOI; La mitología.de las palmas, 136¡ Huevos de Pascua, 161; Alrededor de
la na1iz1 224.¡ Pelucas bla.ncas1 272; El agua de
colonin., 284; Ticsucitada., memorias de una flor,
aGS; J uann. Wa¡:mer, 441; ltcales jnrdi neros,
464; in. Inmac11la.da Concepción en la prntura
espaftola., 6·15.
}:nABDO (D. Juli:in).-Las n.pariencias eogaflan, 393.
1-'LAVJO.-Libro de memOIÍa.9, novela, 1121 125,
137, 152, 164, 177, 186, 200, 212, ;;2-l y 13'.i;
Aprended, flores, de mL. .. 417; Hl pijo.ro clel
paml'IO, -149; Sobre la anemia (consejos á las
madres}. 464; Estufas y chimeneas, 4d8: Car•
mcn Sylva. 500; El vc..~tido ele invierno, 5.lli.
FLORES (D. K).-Hojasde pen81Lmiento, 3%.
FLORES Y CASAL (D. Elndio).-La novela. de un
piano, 93 y I OO.
OoszÁLEZ (D. Fnbriciano).-En el álbum de
J,uisn, poesin., 105; Del libro inédito J¿1u liras,
poesía, 321¡ .Ante la. cate:lra.l de Toledo1 soneto, 329.
JIERlllLL (D." A.).-'El hombre y la mujer, 3C!).
Jsfa B.-tahez..'l ó corazón, 5; Un misterio, i5
y 53; Historia :fntim~, 77; Oiga, 140 y H9¡ El
crmita.i1o gris, 377; Angel de paz, 560.
lTURIUBARlUA (D. l&lt;'.).-LnsicrvadeJesú, 303.
JACKSON Vl~YAX (D. J~).-Pocsías: LM dos
virtudes, 8; ¡Hn.sta. nunca!, 68; Vivir de la
nguja 92; Dos cartns, 101 ¡ En tu li11ro de misa,
llG; Notas n.1 airo (en dos o.banicm1) 1 153; las
dos facult.adec;, 188¡ El mejor adorno, 200; Antagonismo, 212; Uccuerdo, 225; Hojas suelta!ft,
249; N'otas al a.irc, 261; La cali1mnía., 284, :m7,
!\OS y 321; Mi opinión, :JñS¡ A lb.ria 1'u00.u,
ofreciéndola un rnmo de flores en su beneficio,
380; En mi abanico, 4.0i;; Diálogo de ~erano,
417; En el cu,mplcai\O!I de Amalia, Hl¡ Carta
intima, 453; A mi hija Beatriz, 465; J•:ntre amigas, U7; Dos sol~, 489; Nots&lt;1.. nl aire, srn;
.Economia doméstica, 537; Para &lt;:l álbum de la

nLANCO (D.• };milia).-Dos

FONDO DE HISTOfttA

,

$-ORA VILLA (D. JA.vier).-EI tocador de Celia,

niií.n rilnrcila ~1nrin, :ilS: Ln ecrm ¡,ol)rC, iH2.
JEROOLÍVICO.'1, 2,l, 0U. !Jj, l-l:J 1 l!Jl, :!J!J1 :!76 1 ;U 1,
347, 09, 409, 503 y 6:';l.
JOSÉ A.-Una aventura, cuento iu,crosimil, CS.
JULIA DE x•••.-Amalia, novela corta., 63G,
514, 657 y 568.
LECllUGA y MOXTALBO (D. Milagro).-Cn.nt:r

r;n.

VALD'P:LOKAR y l"ÁBREGta:s (D. Julio). - La
fiebre del pocte. 1 poesía, 81; Tr~ !ó'onctos, 10&amp;.
VALENTINA Al.-lioy por ti, rnailana })()l' m.l,

367.

VAl,LE-AL'EGRE (Sr, Marqués de).-Ct'OnicB de

Madrid, f, 28, 52, i6, 9S, 125,141', 172,196,218,
2-15, 26í:'t, 29"2', -U4, 460, 4S4, 509. ñ'IB y 500.
VlLA (D. Francisco).-A 01illo. del mar, pocsfa,
olj3; Niebla, poesía, 661.
ZARAGOZA (D. Antonio). - Huérfano , poesía,..
428; Amor funesto, 489.

res. 369.

LEXOTRE (M. G.).-An·cpcutimicnto,317.
J,EÓ:i' (0. A.).-}~u famihl\, 020 ;(..84U.

LÓPEZ DE P19EIRO (D. J.).- .b l que ooe:ante
no mira ...• , 416.
LLANOS (D • .Adolfo).-('onsulta, poesia, 345;

Máximas, .(17.

:r.!ARTÍNEZ DE Vl::LASCO (D. };uscbio).-Curiosil1ad de los niños a:29; El tercer ccutcn:uio de

tian Juan de In. Cniz, 521.
)fARTiNEZ y ÜllTl7, DE LA 'J',\BLA,

Contenido de la.a hojas do patrones
y dlb11jos.

(D.• 8olc-

dadJ.-A..._, ¡,ocsfo, ll6.

Nú1nrno J.-.A,crer,o: Trnje á In marinera para
niíla.s; vestido de terciopelo, tle crespón oc In.
China, de roso maravilloao, de ra.so Duquesa.
de piel de seda, de terciopelo y raso, y gu~mccido de •tiras de plumas¡ eha,quet...'\ ni crvchet;
l'Ombreros de teatro: vestido de b:Ulc pam sefioritas.-Rcrer,o: Abecedarios de mayú:teula..,
y minó.sculas, paTasábanas y almolmdas.-l'ágina.s 1 é. 11 del periódico.
Nú:u. I L-Pliego de dibujos pam labores, cuyn
explicación está.en In pág. 23 del pcriódu.:o.
NÓll. l l!,--A11ur1d: Trojes de paseo y de convite; vestido pnra jlivcncs; 8.'lhda de Uai!c; de,.
lantal de menaje¡ cuello de encnje ¡ cenefa
para cortinas.-Rercr"o: Vestido 1mm jo,·cncit.M; salida de baile y de teatro: traje de Yisita; delantal pnra. pintar; corpiño c-m peto y
cuello IJordadoe.-25 O. 34-.
:Nr'rll. IV.-Pliego de dibujos para bordados,
,,.,, ""ai:-ión esté. en la pdg. 47.
.., ~~ ,.. &lt;le l()irÍe; vC!:ltidos

MARTINI y roxzoA 1..D. Jnan).-)Jaria, S(lncto,

648.
MEDINA (D. E.). -J.a in,trucciln científica der

méstica., 440.

(D. J.).-Para la. Exposición de Cllicngo, HS.
MÚSICA (Piezas de).-E1t el 7/tal\ bal'C:\l'Ola, ¡&gt;Or
D. Zaba.17.a, para piano, repartida con el mimero XVlll.
NúREZ Y TOPETE (D.• falomé). -El beso de
hielo, 41; El primer amor, 112; Dos cuadros,
232, 2~5, 257 y 269; Maria, novela, 412, 4.?U,
437, H9, 461. 472, 4$6, 4!.17, 609 y ó:!4.
OMA'RA (U. Julián).-Un retrato alcnrbón, 3oS.
OPJS:'1i0 (D.• .A ntonia). -Jngnr por tnbtn, :!2;
Ncla, 18-:l¡ La Marclta de la.1t antorclia~, 892 y

MERINO DE FLORES

404.

ÜUTIZ DE CASJEI,LES'"(D~J~dtü:itdv;,

J,~1 tilli-

mo cigarro, 2(tJ.
Ú830RIO Y HEBNAUD (D. M.;. -

Alcgorias

_,.. Lo,-;

y

cuentos, 56.

(D.• Josefa).-Fili¡lpo
Lipi, 63; La vendedora de palmas, 128.
PÉRKZ DE JTÓRBIDE (D. José).-EI tio Camorra, 251.
PÉRE"¿ DERIVES (D, J.).-Corn7.ón de madre,
PUJOL DE ~OLLADO

76.

}&gt;ÉREZ DE VILC:lES (D. Juan).

- llombrcapro.,.J

vcchado..... , 261.

·

J&gt;imEZ DEL VILLAR (D. Edmmlo).-Pal.:i.b~

perdidas, 80.

PONTE (D. Julio de). -

Amor con .:i.:m.or se~•

2:! l.
RurALLO (D. Marinuo). - El Siabat

1.

, .. ,•:

p&lt;M:Sfl\, 128.
.
./.
R.uliREZ DE PONTJ:! ( D. 1.uis). -Dos pistolct:·,,,..-;
ZOH, UH,.
.
RAMIRO (D. Mariano).-Loirbesos, pocsla.. se
REYES (D. Ju:1.0 de).-¡Sola!, 332.
RODRÍGUEZ (D. L.). - Cenizas, t20.
Roo&amp;ÍGUEZ D.8 bj,LVÁ (O. Luis).-¡ Di-:1crcci01)

296.

RUIZ DE SALAS (D. J.).-

m sálndo ele glol'itl

140.

SAAVEJlRA (D. Jorget.lc'.- l)iez céntimos, 106.

Mi prima (recuerdos). 30~.
SAEZ DE AiELCAR (D.• li'austinal.-L'l roca de

búfalo, 8 y 16; J.n. madre de EstcOOn t ,
Grande, Gi&gt;; L'\ colina de Durcel, lió; A m
madre, 208 y 220; Dichns pel'didas, 369.
SALTOS DE CABALLO.- i'rcsentndos: J&gt;Or D. Ignacio J0&lt;;é ele loza, 35; ¡&gt;0r D. J. de ~foteo,
83; por D.ª C.:onsuclo Olmedo y Plan, 119; ¡,or
D." Aurora ('ns3,léiz, 167 ¡ por D. Juan de ~lnteo, 251; por U.ª N11.talia.y D."Juana.de l(f"he~arría. y Maisonnnvc, 345; por D.• Ho!cc:ltld
Ma1tín y Ortiz de la. Tabla, 3~5¡ por D.• María
Estévanez, 491.
RÁNCHEZ DE ROJAS (D. H..) -U1m madre,!).
s.lscHEZ PIREIRO (D. J.).-,Jaque-mate, 272;
Por un cabello, 2Sl.
SÁNCHEZ Y GARCÍA (D. Emilio). - Pc1dón
filial. 524.
SANIU.IlTÍN y AGUinRE (D.

Núll. XVI J.-.A,iur1ofl: Abri~o de viaje; vcsthlo
11nm. jovencitas; vesti1lo tlc mu!letina de lana y
de vigoña; vestidos para niñas y niño.&lt;1.: almt&gt;·
hadón para silla. de jal'din.-Jlecerto: Ab4..&gt;ecdn.rio de mayUsculas y minúscula!', }Jara sábanas y almohadas.
Nó11. XVII I.-J&gt;icz..'\ de müsicn: J;'nl'l mar, bar~arola para. piano, por D. Dáma.-w Znbnli..'\.
Nu11. XlX.-.A~rer,o: Trajo de e~c~u-sióu; traj,·
de playa; abrigo, cn.¡)()ta, vcshthto, babero)
capa de pano para. niños pcquei'los; troje rl,
ceremonia¡ troje de desposada¡ pnlctó de Jan;
ll~; vestido y paletó bordndos; delantal p.'\1
niñas; bata para seíl.oras.-Rerer1r1.- 'J"mje 11
lan:1t-ttm1'i&amp;; batns para niilos · enaguas· vef
tiditos y zapatos pam niños -ili á. 221;.'
Núll. X.X.-Pliego de dibujos p,tra bordailo
~uya. explicación está en la pi\g. 2J!).
NuM. XXl.-.,.!nttr,o: ycstido de chcviota pa1
'f'erano; fflntutie de lienzo¡ baUlS para niiios
ropa para niíl.os pequeños; cnma portátil y-cha~ brM¡ ~rra 1m ra fC:Cién nacidos; richú de
cn~Je_; b::&gt;t1q1:1fn de bolS1llo.-Rcrcr1v: Abrigo
de v111.Je; 11,ntmir de surah; enago!UI, cami-sns,
c~~mbras, gorras, baberos, p:iñales1 cte., ~ra
nmos pequeños; fichú de encaje¡ pape era;
ves~i~os de m1!selina. de lana y de crespón «le
la Chma; ~t1do co_n paletó filn mangas; tmje
para seí'!.ont.ns; matlllée de lanilla.-24.2 :1 ~óO.
NU'». XXII.- Pliego de dibujos pn.ra bonlail~
~ny&amp; ex Hcachín está en la pág. 263.
'
Nu11.XX l1.-A1ttcr1u: Vestido de lnnilla.· tra.jcs de bn.ño; trajes para niñas y niilos; babu~
cha 11am bafio.-llt-ner,o: Dibujos par ho
dados, cuya explicación "~ti\ cr, 1 NÚM:. XXIV. - Hoja-s1·
cuya ~plicación cst-'
1
NÓll. XXV.-.Anr1:
jovencitas; trr ·
y niilos; fllati
piño.-Rercr.
a con

J. 1".). - J.a nbue--

lita.¡ llOCSla, l i; La ooq11ct11,, soneto, 47.
Sn,ES (D. José de).-~¡Perdón!, 17; m talento
88; El collar de b1illantcs, 160; m ángel guar~
dían, 389; };! club de los solteros, H6; Un
episodio de Nochebuena., 569.
SILVA (D. Juo.n P. dc).-Un 100.l ensuci1o, 381.
Stsuts (D.• Mo.ria del Pil:1.r). - Ca.rta..ot &amp; nna
madre, 17, 64 1 200, !!t8, 2!,16, S-t 1, 401 y 4i2.

l.

Vutldo de baile.

1

.,,.

I

I

~

�---- -----

Nú.u. xxxrr. - rlieJo de dib,1jos p:i.rn lab.Jr~,
cuya cx plic:tción c1tJ. en b p:ig. 42!&gt;.
~ úlll . XXXVI L-,iliu,·.w: Vestido de ¡m,i"io l&gt;ord,~do de nccro; n.Urigo3 s p3lctós p:i.ra niñ:i.s y
ni iios: nlmohatlUn colgante; abrigo de sed:i. con
Cieln.i n:i.: sombrero de fic!tro.-RrrM·, ,_. Pn.-

Jctó con c.:.claviua; abrigo de lluvi:i; mantclc-

ac; de chcviot:i, de ~cda. .v ele terciopelo; chaqt1cta pin:i. niños: abrigo de vigofin -4;-J:! :i. 4H.

· ll. XX.X \' rlf .-Ab:igos de invicrno.-(Yfac;c

a cxylicnci,'in en fo. p!\g. 41jJ_)
X X.XI X.- .Antt·r111: Corpiiio de so l:i. pnrn
:i.~ro: vestidos de Jlni1o; trajes p.:un niñas y
lillo~.- Jlr1·,,,w: Vcslido de p:i.íto y lana: pactó bo:'!fa.do: paletó pnra niiios; lcritn. de laun.
'iz::vla; cann.still:1. ndom:lda; saquito p.:un ¡iamc!(1&lt;1.-4J7 á •l!i!l.
'n. XL.-Ahccc.lario1 de m:-iyú:-c:dns Y. m) - .
u;.scnla.'&gt;, JH\Taslbtnt\'I y n.!nu:ih:ub'!. ·
'31. XLI.-A11r..-rso: \'cs!i los úe tn.rtin, etc
):i,~ y ele la:ra rnyada; ali, i;p forrado de picc;: pa'ctó ¡iara jt~venC'J.- J/cre,·.111: T mjeclc estilo d&lt;J sastre; lc,ita p:i.ra. jn-:e::icita.,;; ve,tidos
y a b rig.:&gt;s para niifas; cnpclinns pnra niii.os recién nncido~.-481 á 4!10,
K Ú31. XL I_ L-Hoja-sup lcmcnlo con d1b·1jos pnra
laborc¡;i, euy:1. explicación cst.1. en In p&lt;lg. 50,1.
NÓ!!I. X Llll.-A tlr.:rRo: 'l'rnje tlc rcccpciGn;
t rnjc para niño1; mui'leca vc3tid:1, y abrigo, c:1.pclina, chnmbm, ,cstido y trnjc de mui1.ccn:
cepillo &lt;le bolsillo: cenicero; cana~tilla; biomho
de mui1cca.-R crrrso: Vc-'ilidos de ¡1.i.i'io y de
h:mg-:ilina¡ paletó J?ªm nil1os; cnpcliun-,; deln!1tn l pn.1·a m itas; botrnn p:un enc1m:i. de za1i:i.o
e;;cotado·: !impinpluru:\S en íor¡n:i. de gua:1tc:
Hávéro; vestido ele bna lis.'.l.; traje" de b.'.l.i!Éfpnra
•M .

!

i.cüt&gt;ritas.-5056. fil-[ ' ,,.-.. :.
· ·.-.,,
·
N für. XLl-V.~I)Hc,&amp;o ele dib:1jo3 par:1. bortl:1. los,
• CUJ:&amp;. exj)JicnciJn e-,t:\ eÍl fa. pig. li27. ' .. ,
Nú1.1. X LV.- Am·.·r.111: , ,..c.'l.~1tlo clC recepción¡
·. "bafa. de fm 11 cb.¡' qbri~Q '" vestido p:1.ra uiiins;
K'\lid':i ele bail.e .Y te_:1.tro;'b:ll~a, dtj l;bo)'.'~-::-1/e;

-r,'."'?: Cor pjiio d i:! tc:·clopel~ y ra..;;o; nbngo de
lnn:-i : trnjc p:ira ¡iiií()S: fich1í\' ycsticlo con cucr¡n

,

ni ('J"fl"ltet , para. uiíi.1.~;_ nlmoharlón : trnje de
jl:1.-:;co: Vc:itíUo de 1,&gt;aih li1:&gt;01 Y'b0rdado'.-ú2!1

,•. /1 ;'i 1 {.

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'N ú)r. :X.LVI.-Plicgo rle dibujo3 para bordados;
caya explic:i.ción esLi en la ¡üg. :iJL
·
N ú&amp;r. X[N l f. -.-l nrprso: \ 'csti~lo.:i pn:rn ni ñ~ Y.
· jóvenciblS: ve~titlo de baile: paletó con 80lapas
tl e J)ielcs: delantal dC
.t!mbhad61i 'doble¡
e.'lpotn. y nio.ng'uitó' de tcrciopclo:-Jl/l:'é-1:io:
--Vestidos para niiiai,: nbrigo' p3rn sei'toras de:
: cr.~l ; gorrn pnrn ni1i os pe:¡ueiios; ncerico; t(ll¡11c
· -y rn·:i.1rgllito: cillz;vl o p:1~0. señora-t.- 5ñ3 á 562.1
· 1" Ül1.X LV1fi.- Dilmjo de t ir~ de fapiecrfo el\
·, ·oolo rc&lt;1 1 pnm borcl.'.l.r con estnm bres· fi nos sobr~

·casa;-

c-:i.füima:w.

.¡

··

· · •··· ·,

Grabldcs de modas, eto.

•

AluJJhnllilla pnrn eo!-.tllm, :l~:?.
Al moh:uloncs bordados, y detalle~. GJ, !l9, 195,
11!1. aa:,, 4ii;\ y 5Hi.
,\nd:\., bonlaclo de oro, 31.i.
A randclns ele L&lt;\rupara, 3¡;, y 4 11.
llandcjito. de rinconera. l.;,
Unta parn. ni11a1 pC(.¡ueiia..c;, 2i.
Ba.tns pnr,l seíioras, WJ, 31!1, Jü l, 370, 3iR, -147 ~4U1i.
niomO('t y detalles, J9;;.
Blusa rusa, 4 1-L
BoJ.~a al ,·r(le/1ct, 219.
Rol,,:i colgante, 75.
Bordndos !'!Obro tul, l :i, y sobro lic:1Zo, 4H.
Eoliqufn ele bolsillo, 24:t.
Caballete aioruru:lo de b:indns, (i:l.
Cabeeems de butn,;:n, 2~ 1, 3:t7 y 4 7 1.
Cajn.yara cOrbnt~~,
Cnm1sn.s de dormir !).'.l.Q. sc:10 rns y seuoqta:--. _1o,
21, Si. !m, HJ, u ,, 1,;:1, n1 ,·1sJ. :w:1, H.i y 5W.
Caunstilln. para papeleH, 1~1;}.
Capn á. la veneciana. :i~ l.
Capa y acecsoiios de Lai:,15 de mar, 2!)1.
Capota (i1ftm1ú.-1, 4'1 1.

Guanln¡:oh-o, 338.
.fanlll ndornndn, Ho:J.
,IOJ'ft'i ele :unb:iche. :J L
l.aiubrequin do chimeuca, :l!l.
Lazo de cabczn., par:i. luto, 3Si.
l .ence1ia (grupo de), l:H.
Levita de entretiempo, rn:1.
1 c\'itn.s de invierno, 22, 002 y 574.
J.cvita. de primavera pnra. niiia.~, IJS.
i\Jang1,s. 2:!1 90! 171, iiO, :!81, ::IS:t, 47J, 01 !•, Jl3,
• 55Uy567.
Manguitos U.e piel y pasnm:inerin.. 534, r,35 y
662.

.

_ . _ _·

l-

Tr:1je..

Trajes a
3!0, 3
/j23y
':'rn.jcs d
l:127, 3H
'i'rnjcs de
Trajes de
6-1 1 y 64&amp;.
Trajes de Tia.
'J rajes de visit.'l'mjcs v bl usas
318. ;-JJ-l , 426 Xi..

. .

1

36 y

J

?~:.,

J7. - ,\brlgo Rafael. Dele:1tero y upa\da.

•

º!:

"7::.

523.

/

Manteles para mesa de te. y detalles, li l y 5J7.
Afanteleta. de verano. 253.
·
Manteletas y c,;icJnin~. 147. 2ú9. 2il. 28J. 294,
307, 3IO, 354, 367, 3;0, 410, &lt;ltG, 450, r,02 y
T1-:1je-; y vestidos ,
535.
.
'•
pam ;eñorns y '&gt;ci,•
Matltelillo p;i.ra K1.udejai,, .r dcl:llle&lt;&gt;, úl.
Y. HI. 42, IH.i, 7;i, !J l. 1 . 1
Mantilla de- crc.~J&gt;6n, :,a;;,
H~7, 6U5, 0 1 I, 51!1, 547 .
Marco bm·dado para. Cotogmfia.. 291.
l r:1.jcs y l'e:itidos para ni.
.lf tttinén, 15, 22, 27, SU, 2-1 21 267, 2!J5, :-J;JI ·" 49iL
82, !I~, 11 J, 127, 138, I G,
l í t'&lt;lias de color. 3S7.
214, 235, 2JS, 2U31 300, 31.
i\Iesa de jardín, con mantel, 1 il.
y otros muchos.
C'apob de teat1-o, J:J:1.
Mesita
cubierta.
de
hordado,
557.
Tr.!jes y ,cslidos para Heiior:\8 y ,
Capota. F,mc/16ii. 67tl.
Me3ifa.jardinera, 35 1.
lt7, l iS, 2 11, 2dV. 255,294, 307 1 ,,
CapotM y fflq1u•adetli..-enia5 f.&gt;:·ma~. 1:1, 27, t-~, Sü,
Pa!ehí-matinée, 45!J.
y otros m ucho¡;;.
1:&gt;1, 2:.!3, 241,447 y ñti2
Pantalones pam señor:tS. sr, 303 y 33 1.
\ cstido1'.le carrems, 300,
Cnpotn.1 y sombreros ele luto, 3!14 y 4H.
Pnntn.llas de chimenea, 27, y de mano, 3!l!l.
\'u,tido de ceremonia ¡mm. niifo.s, 4.911,
Casac:i. liurdada, ltit, y de cnc:-ije, 298.
l'n.i1.uelos
de
bolsillo
¡1nm
seíloras,
3HI.
C:isulla, 41 l.
\ \•stido de encaje negro, 375.
Papelera, y detalles, 135 y 242.
\'c,,tido de paseo, 40.
Cenefa de eucnfa&lt;¡ de oro y :i.z'.'lbache. 207.
Pema(lo á ·1a. gri~a, SS .Y 54!.I.
Vestido ele primavera, 109.
Cenefa pnra paiio de nltai:, y detalles, 111 .
Peinado pnra seíloritn·L y detalles, 231 y 42,l.
\'cMidos de luto, 4i4.
c~to p:ua leíia., -1 ::i!I.
Pellizns
parn niifas, 235 ,v ln!J.
· \ 'cstid06 de recepción y visita, 232, &lt;I J I, 4f3, r·
Cc31&lt;h y crrnastil!lls de }ubor, 1:11, rna, 3J!)¡ 4 11 t
Pel_iachos p:na sombreros. 5'..t:.?.
MJS, ñ4G y 6i0.
4.i!), 4!Jj y 51!1.
., 1 ·peoos·, 63, 79, !l67·y 3h-.
\'olantc boi-dnclri, R99.
Cifra para p.'\J.1,~cl~, aoa.
P9rtl)..'llmn.naq~e, 15.
·
Zo.µatilla bordada, 376.
Cin'fu rol\CS de 'V"lmia&lt;¡ Cfüsc.~. 2i, :?!H. l33 /1s3. l
l)ortapcriódicos~ ló y 435.
--·
Znpatos pa.rn n:ños pequeííos, 231.
· t'obé'rtúi' ¡11fra silla 11\tga-, 6:J7.
Pu
nto
ptm\
friñdo
de
tnpiccrln.
.
3!l!l,
Cofias, 34 y 6-l.
ll e_l~jcra bordada., 483.
'po r_rcclc mimbre,-con cobertor, 2ií.&gt;.
··nrnconcrn. , fl:i9 . ·
; b'otChns; y de tal tei,, :,!.I _y tU7.
... ~
f-aco de ei11tns, ó07.
Figu1•ines ilumin~d0s .
Cofifccciones·de verano~ 186. ISi " 2i4.
.
$neo ele fC.'\tro para pañuelos, 3_
!19.
. C6rb:iL'\ ril iii-ort1ét; fi67.
.- ~
•
1 Saco
pai-á mautóit de viaje , ~-12.
Corpiii9s., 4:!, 138, I G:!, rno, 219 (a l or111'111·1). 2i!ll
R'acO riclicuto: y detalles". 'i:h· 2t!I .
A btigo de pn."-&lt;X• . t.i!). .
.. 2~1i, 29J, 3IO, 321, 42J, t l7, 4G:!. HL 4!151 511
Halida.."' de b:i~fe y de t~atro, ·15, 21, 3 ! ~· 561,
· .,\brigo pa.m niñai, de seis aiios. J2!1.
y 51:\.
·• ·
· '
' •
Ha.quitos p.'.l.l'a p:i.ñuc!os, ó l'; 871 3 15'__v ~JD.
AlJri~os_y traje de inY~eruó, 4 ti.
Cor..ielillo parn traje claro, :)9J,
Sombrel'o l lrtrtJ.11rroj,4,, lH.
-.
· Ca¡r.i. ll\rga. de pniio, 419.
__C()r lina, y d etal les, 2::i5 .
Bombrcro
] fra gauza , 4HO.
Traje de J&gt;iol Je seda, 23:&gt;.
Cuello :i In rua ri ncr.'l, Hii l .
&amp;1niht&lt;frO llama'rt , 32i,. ~
Tmjé de visita, 453.
Cue: lo de m uselinn, 4i J.
.Hom~r~ro
D
i1·relol''ifl
.
li l i.
Traje de visitas cnmpestrC&lt;1 . Sl l.
Cuello 1"uur:ettr, t .7~.
· fi&lt;, mbrerO J&gt;,'frir.1t, 97. 1
T mJe para Eefioritn.s, 573 .
Cue llo F utura, 33ii.
Kombrero J {rrnú,, , 11 13.
Cue?lo para niiios,·21 !).
· ~ra¡cs de baile~ r¡!-e ~fliré~¡ 1 ' :
_
Som brero N in.a, 3Hl. ·
'cu·e11o_s de ·cn~il.jc; 27.
'F m1es dé cal le, .Jo, 9_;;9, 4 ,u, ú., I, 5G I .v ó/3.
Sombrero it.fmt!'or,ita, ;;2n.
Trnjcs
de
cal
le
y
de
ceremonin,
IS!).
·· Cháqu·ctná, 43: a~, !H, ll S, 1;F;:, l G2, 221, !?úS, 2i!\
'.Soui.bi-ews de d ivcrsa.'-1 fo-rmns; pam seiiót1Hf.
. V 2!JO, tU::1, ~1 5, l ,j J. 4_7l y i102. . ,.
•.
: .•
TraJes d e ca.lle y do rcccpcióo, iiO.
señorit~s . _l f, ~~.
l! \ rn_9, ' 164, I~;l, 17±~ • Tñijes de c8mino, 299.
Chorrera d e ga.,a de i:;cda~ 3!JI , r de crespón , 567,
J7S, ~-:,
23n, !~!~, . . o.,, 2d , 277! 2o!). 301 l
1,'r:i.Jes de carreras, 203, 263 y 2,ii.
Uel a ntalcs; para, t'ari06 usos, 'l'l, 30, H2, 87. lH t
SIO, 33,. Hh 7, 471 , :,.,., y otros muchos.
'l'raJes de cris.'l, 465.
·'-·12(;: IG¡I; 3/ 5, 37'1 y 417.
'
~nibreros
d
e
otoflo.
457.
·•
Tm:cs de ca.c;ino, 333.
" De!riiÍtcro de Canésil t&gt;ohl~: lo.1:Jiií.
' ··~o'mbf~ro!fd c verano, ISL
Tmjcs de e/1ateau, '106.
Delan tero de corpiiio, S.',!°.'
··
Sombreros
de
visita,
l
:J
y
;Ji.
'l'tajés de des1)0'ada . H 3 y 501.
Dc1.'1r,.billé1 d e surah, 32:! y 40:1.
Hom bréros ¡mm niii:i.&lt;1 )' niños pcq ne11.os, 3, 211 ;
Trajes de entretiem po , 5\1.
I!•l'N.3~lr,llt' l_)~ Í'I\ n iííos, 411 . _ •rr ,
__ _
303, 1S7 ,. 52G.
l
'l'rajcs
de cxcurs.Um, 3il, 39i'",.
Jilnq,;iJ~ nl rfoc/1ct, li7, l t I, 2a:l. -• .l. ,J03 y oJ.Jv.
Tnbürctes(k piano, J!lJ, 3:m y 3$7.
J
Tmjes de inl'ierrn:I, '1~9 v 5:l!J.
En,Oltnñi ele Calzado para vi njc-. 24:!. • •·
T:ipet es de VA-1fa&lt;¡ fo11na&lt;¡, y detallca. G3, 75, 111 ,
Trn1es de lana. 1 rosa. viejo y cscoces., 1 107.
J&lt;:ri voltiirn. pnrn'camis..'\S ele l'CS ir. 242.
13,), 15!1,"279, 339 y 4!1:i.
Trajes ele ml'l"'C:ira, 21.
·- En volhi."I\. para hue_vo~ O pntata.,. etc., 2a;.
T
ira
d
e
bordlldo
inglés
.v
p
l
umetli-,,
ll8$.
Trnjes d e niños , 6 15.
};9UipO-parA''"niiiO reciC n uncido, -123.
•
Tiras
pilro
corti
na,,
sillería,
etc,
159
y
.)
l!I~
T rajes de otoño . 41 7.,
EsclA-Vínn l f1t'riq 11e J l, 2;;. ·
T raje dr&gt; p· -~:.;~ ,11:¡.;-:-c--,
1':scJavin3s. ( Véns~ .ilrm t l'if'lo $.)
Trajes de pnseo, 47, 155,167,323. 3(7, 381, 42!) y
·
'r"r-ijC
ne
e.~tiló"clé'S.'\.~t
rc';
42
1.
573,
J,:$CJávlnri.ssemilargn.!r, 211.
'i'mie de estilo Luis X V,_ 230.
¡.~aldas y &lt;!nn.gUas;:.n , 42._ 17:t 1 0
Trajes ele playa, 3S9.
159
Tm~e· dC luto, 4:6!1.
·
,. y 463 . . ·
' ..
1'rnles d e primavera, 81.
'l'm.1cs de nmazon:'\. 4:04 y 4;'}1.
,-1" " '
TrnJes de recepción, 69 y 527.
1'r'tijes &lt;le tall e, 139, 2:J~ 2ii2. 403, :I.OG, -1.0!l, 4.1 8(
T rajes de recepción y el e visita. 131 y 56 1.
4,;a, n 1, 523 ,547, 559 y li i4 . •
T rnJes de UJirée, 71 y 11!1.
TmjC3 llé Campo·; 3ñ1. ";-JJ5 y 3(i6.
1't'1ljes
de vc111uo, 179 y 25 1.
Tr::ije de casino, ml4 y 361i.
Tra.jes de viaje, 275.
~
T1'ñJe3 de cnZ11, 391.
(iiuer-e) para niiias y nii:os , 22i .
TraJcs_dc rltatoau, 33 1.
1 ' trmjes
Vóstidr, d e cercnioni a., QO I.
'f rajci; d e Ceremonia., 90, 103, 130 1 162, ) Gli, l93j
Vcstidn de convite y te3tro pamse~oras jGrene3y
259, 2~. 427 y 471.
.
2M.
'l' rñJC3 ele cle~!)O!lnda, 11 8 .r 301.
Vestido parn. n iilfls de doce aí'io&lt;i, (;(11.
'rrn.jesflc
118, I C9 y 433.
, .......entretiempo,
.... ...
Y cstido paro n il'la.,; de ocbo aíiOR, 21~.

~m,.. _

•

•

. .

..
1

Í" N DICE

1

•
_,

FONDO Dt; HISTQ
,l.a

1'

,. l

Se varían los
infinito¡ los borda
en estos ad ornos.
Describiré un vestid
cido por de la nte con
sobre paño y guipur
rrado bajo el brazo , fo
con galones. Una alde
en el borde de los dela
la espalda , cuya aldeta
adornada con unos cord
tas de ac ero. La espalda
En el borde de las manga
de aceio (croquis núm. 1).
El paño sigue reinando
moda , y sus colores delica
sagran como el tejido elega
Se hacen vestidos de b
rosa, mezclado de museli
color de naranja, verde Ni
1.-- Vutido da ba ila.

�•
LA MODA ELE~ANTE, PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS.
¡ Cuántas ardientes ·radas le serán dirigidas á través
¿Sentiría e humillada por su pequeña Julia? ¿El calor
•de los gemelos!
\,
de la vergü~nu encendería su rostro?
¡Qué rico y elegante es su vestido! Causará seguraNo podem s contestar.
·mente lit. admiración en la mayoría de los hombres, y
¿ Quién es paz de sorprender los misterios de un
Clcl:i\·
envidia en todas las mujeres.
corazón de m ·er? ¿Quién á través de la máscara puede
l~tó/on ¡ Qué ricas y brillantes son h,s ~-edras que tiemblan y
ver las contrae iones de un rostro? ¿ Quién puede adi,~.is te ~itihin en la diadema adosada en s negra cabellera!
vinar el color '~on que tiñe un cielo á través de una
t1ucn1
·- y n compren de que a.
Vlr -¡Pobre c1·
e 1a.'E s muy nina,
nube de nácar y arrebol?
)al
medida que las joyas se aglomeran_ SQ_bre una cabeza
JAVIER SoRAVILLA,
Jh.,-1
femenil, va perdiendo la frente su v1rgmal transparencia; pues cargarla de joyas es ~argarla de malos_ pensamientas ..... Ignora que una mu1er cargada de bnllantes
~eslumbra, pero no ciega; y que siempre brillará más
EXPLICACIÓN DEL FIGURIN ILUMINADO.
~,;or' la modestia que el soberbio ~eritelleo de esas chispas
¡j•
de carbono á que llamamos diamantes.
Celia está satisfecha, sentada en un sillón muelle y
Núm. 48.
elegantísimo, estilo Pompadour, y tiende su linda mano
Corresponde á las Sras. Susoritoras de la 1.• edición de lujo.
con encantador abandono para tomar un libro, forrado
ilo ,., t en t;afiléte, de encima de un velador.
-.Dias de moda-lee, abriéndole al azar.-Me aburren
y
de un modo soberano estos escritorcillos moralistas .....
Sin embargo, es curioso este artículo ..... Leamos hasta
que llegue la hora de almorzar ..... ,.Cada prenda, cada
adorno, publica una página de la azarosa existencia de
esas pobres mujeres. El vestido representa, v. gr., el
rompimiento de un matrimonio; el aderezo, la bancade ...,,._.. ..._ota de un poderos(?, la perdición tal vez de una familnng:ilina; ... No podrían vivir sin el derroche de muchas fortu·
tal pal':\ niña c;in la ruina de muchos millonarios, sin la locura de
~o~:ido; .!iJ?P
hombres ..... ¿Puede usted ahora, mi virtuosa
· }l~vc~o; vestido
meditar en ese cuadro, preocuparse de aquescubritn"
-505 ó, 5
· ? 5· ¡
t
Nu"M XI 1.1·r ·· · p¡· · tes competencias. i a presen arse esas mu. cx\)licnciJil"'cst:I.
' .,ego ·:i.s d e mo d a en Ios espectácu 1?S pu'bl"1cos
· cuya.
Núi\t. XLV.-A,n·.•rs,1 :
ulentas y despuntan por el lujo, ¿nosenbata ele franefa:· q.brif!O v :ón irrevocal;&gt;le de distinguirse de ellas
1-a,lidh 'de bnil,e· '.v t'e_:ii~·o;'bo ncantadoí-a y esa modesta sobriedad
., . '1X_rlr 9?rpi_iiod~~tcyciop~l,~ ·enen C0 ).1 la elegancia verdadera, y
lann.fraJéparamqns;fichu, v_es en á la buena perspectiva? ¡Ah!
:1- 1 .tl'('.."(¡et,.r;mi úií'í,::i.."-; ,'alffioha
!e"#,es seres en las pompas y en
,p:v-co: vestido ·cte ,·,milo füó" 'y 'bol\ to
¡¡
b
-/i 5·1t ·'
,} · '- ·, ·,. ·n
· -. ,~ ll _. ..:ontraste con e os, es uscar
'Nú,11, XLVI-Pliego de dibujos pam b ~
.
. ~uyn. ~xpl1cnc1ón cst.i en h. p:1g 5Jl
~ n las t~tleltes, el embelleciN un. XL\rH -A1t1c1·so: ,·esti1,,\os pa;~a niñ, te distmguido y el trato
Jovc~citrts; Vcit1&lt;lo d~ .~:ufo; µalc,tó con solap'm acoger y adoptar, para
&lt;.le ptcles, d~lantal tle casa; :t!mohatlóri.doble esas aristócratas de la
-----...._
·
(:a pota Y manguito &lt;le terc1opclo:-.R.,:r&amp;:a/ -!optan sm agravio á
(Croquis del urln iluminado, visto por det1(.)
-..Vestidos para miíM; abrigo p:ira Sc'lorn.s de' ' fi
\
~
· é".b.·-l; gorra para nii'fos pe::¡_ucños; a.cerico: tf1r¡ 11c 'ci:nes.
.
.
:-,~~: _.
.
.
· •~ ru·:i~tgllito: cál?,¡ut 9 pa"~n señora.,r.::....55~ ·ú. 562_¡ ... cn~ez y 1~ modestia.
1. Tra;e de calle.-Vt.:., ..... o de 1
. ,.~armero&gt; bro~
·J\'UM. XLVIú.-.pilmjo de tir~ de tap~cerla eJ1' . ~"" 2!.I~ peligro de ~a-/
chada, con argollas negra~ afel_Pa clt .~u1etas con luna.., ·co~orc_s, pnm borcbr cou c3tambrcs·finos sobre Cliorí:e't_dad lleganan
res color crema. Este vestido tieQ~, 'Uorma de una po. c:i.n:1mazo. · '
' · .,,.. .. •-·· ·,
i Ue1a!1tíil'ii. ~ - - Ion esa ajustada con pinzas y r~g'ida en el lado iz·'
~!-·126,; JG.3, ~quí, . aes
quierdo con varios pliegues agr~ados sobre un pliegue
•n,_rñnte"í'Ocle . , muje~
hueco, donde va la aber~ura ge la polonesa, que se
~rab:J..dcs de modas, eto.
Dclant~rodel..e sino abrocha con botones de p~delanteros, que van
Dl·s.'ylilb,t~és dp ~• toda forrados de terciopelo dél mismo color de la lana I se
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al r-foo/wt,~::tsa- dobl~n para odrmdar unas s? apdas p edga a s so re unCpeto
• Ab:111rcas. 183, 387 y 555.
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también p!ega o e muse ma e se a co or crema. uehiil,{O °Obrnlf'?i, 5fl. ..
. J!;óvolfüia. }mra'eamrs,
llo de terciopeio. La falda de detrás, .que es poco an~Q..}..áftfl,." 5-1-3. · · .
,
·-Envoltü.·a par:i"hll.~vo'I
cha por arriba, va plegada en medio, y en los lados for~&lt;:ñorns, 47v y 5i4.
~ 1t.:qllipf¡;ia_1·alli_ii&lt;heti~u_i ..ma un pliegue echado. Manga ancha por arriba, y abro. .
'
1
Jfsclav!ºª Eli}: .que II, :fo. 'lada por abajo con botones de plata. El borde de la
11 8 1
. : Q 8::':Prn._
s. (\•~as~ Ma1ttl'lda, 10nesa va adornado con una tira de piel de Mongolia
J!:sclavmássem1largas-, ll-l-. ···
·
¡ d ¡ ·
¡
,~.
Faldas y ~n::i.&amp;-Uás•.:! 7 42 ._ 17~ l";,.-Capotlta de terc1ope o e mismo co or del
623.
;
•· y 463, · · º ·• ' • ' ·
,, adorna~a con un penacho de plumas y un lazo
..._ ___ ~
· · -de terc1opelo.
~
}..a saria: 5 metros 50 centímetros de tela de
metro 20 centímetros de ancho.
~ aseo.-Se hace este vestido de pañp "'ja'·\ fondo de falda de tafetán cae un vestido
" ado por detrás con varios botones de
Cruzado y abrochado también por deel dibujo. Un pliegue doble hecho
{'&lt;z,_rma la quilla, cuya parte superior
"'l,do. El lado derecho del vestido
~liegues. El lado se separa y se
la espalda. Cuello alto, abro,:a al sesgo, sin costura de
~ sólo va estrechada con
~ el contorno del vestido
"'mbrero de fieltro del
,
-~tas de terciopelo y
0

.

INDICE

tros de paño.
"S de vigoña «nítatro hileras de
entre sí por
½ierto sobre
", solapa de
en la es·tdos he~uiertu;n

"

Las consultas que se nos dirijan en carta ano'm'm-a
que vengan firmadas por personas que no demuestrer-.
debidamente ser suscritoras, no serán contestadas.

J

Á UNA !GNORANTE.-Para la niña estará mejor un pa-·
Jetó con esclavina, color beige ó gris, largo hasta el em.t
piece de la bota; y en cuanto á su hechura, tenga._la
bondad de revisar los últimos números de nuestro peJ
riódico, donde hemos pu blicatj.o variados y bonitos modelos.
Sombrero redondo de fieltro ó de_castor, de un color¡
que armonice con el abrigo ó el traje.
)
Para fortalecer las piernas á la niña, debe darle, po~
mañana y noche, fricciones de ron superior ó de aceit5
de hígado de bacalao, poniéndola después una venda
de franela amarilla bien caliente, y envolviéndole amba~
piernas; y tamhién, para mayor comodidad, en vez d
la venda, un calzón ajustado.
La aconsejo, sin embargo, que no deje de consultar
con un médico para que la recete algún tónico.
Si quiere conservar los polvos en el cutis, éstos se
adhieren dándose vaselisa ó co!d cream.
Puede usar los de Guerlain, Pinaud, Pi ver, Lubin, etc

·

·'

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11

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:.-Corresponde(·
-1 es con él.
la á su prom ·
·~ completo
) 'legún su ¡ ·,
..,,-, --:vctura .,:,
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l.,·•·•

Madrid,

6 de Ene..-o de 1891.

Año L.-Núm. 1.

SUMARIO .
TnTo.-Revista parisiense, por V. de Castclfido.-E.~plicación de
los grabados.-Cr6nica d~ Madrid, por el Marqués de Val\e-Alegre.-¿Cabeza 6 corazón? por D.ª Inés B.-L;u; dos virtudes, poesía, por D. José Jackson Veyan.-La Roca del Búfalo, por don.a
Faustina Sá(,z de Meigar.-Una madre, por R. Sánchez de Rojas.
-Correspondencia particular, por D.• Adela P.-Explieación
del figurín iluminado. - Sueltos.-Ad,·cnencia. -Anuncios,
GR.ABAOOS.-r. Vt'stido de baile.-2 á 6. Sombreros para niflas y
nin.os pequenos.-7. Sombrero Mistral.-8 y 9. Traje para ninas
de II á 13 allos.-10 y 11. Florero colgante.-1 z á 14. Camis:,s y
chambra para nin.as,-15 á 26. Trajes de baile para settoras y
sen.oritas.-27. Sombrt'ro de terciopelo negro.-28, Sombrero de
teatro para sen.ora~ de edad.-29. Sombrero de katro.-30. Traje
de calle.-31. Tr,.je marino para ninos de z á 4 anos.-32. Traje
marino para niftas de 9.ii ll anos.

REVISTA PARISIENSE.
SUMARIO,

Todo de astrakán.-La marta cibelina.-Los 1:ordados.-E! pafio t'n
l~s trajes de ceremonia.-Un vestido original.- Samsonnd, comt'd1a t'n tres actos, estrenada en el teatro de NoUVE:AUTÉs.-Sus

Á Da J. DE S.-He aquí la receta para hacer Puddiug
al 7erez, rico postre para estos días:
•
En una terrina de loza, que resista al fuegó, se ponen
pedacitos de pan tostado y empapado luego en Jerez
seco; se dejan así por espacio de doce ó veinte horas1
azucarándolos, y luego·se amasa hasta formar una pasta
bien compacta; se añade confitura de guindas, grosellas, fresas, pasas, etc., y un huevo entero bien batido;
se remueve todo, y se vierte en un molde bañado interiormente de caramelo, y se deja cocer al bJ.ño de
María, hasta que esté en punto, lo cual se conoce metiendo en la pasta una aguja larga de acero, y sacándola limpia y seca.
Este pudding se sirve frío .

toilett,s.

e:1~~.z-.,
•--..- ~- s en verdad un espectáculo curioso,
1'€\ ~ • y algunas veces divertido el entuITT \J~ · ')

~~
ffl"

siasmo, por no decir el atolondra-

~\~ miento, con que ciertas personas
1

siguen las modas. No reflexionan
en nada, no comparan ni raciociW
•
nan, no. escogei:i- el abrigo ó el vestido
~ ...
que me1or les sienta, smo que se dan
'
prisa á copiar lo que más han visto y lo que
y más nuevo les parece.
·
Así se explica que la chaqueta de astrakán haya venido á ser, en pocas semanas, el abrigo que más se lleva. No se puede dar un paso sin
tropezar con un número incalculable de estas
chaquetas. Legítimo ó imitado, bonito 6 feo, no
se ve otra cosa que astrakán, y si continúa esta
furia, no sabemos de dónde se sacarán las pieles
necesarias para satisfacerla.
Chaqueta, manguito, toque, todo -de astrakán 1
y hasta los cocheros llevan cuellos de astrakán.
\,,y~

•••
La única piel que rivaliza con el astrakán es
la marta cibelina, y se ha inventado un medio
ingenioso de emplearla: en tiritas de uno ó dos
centímetros I formando varías hileras en el borde
inferior de las faldas y en las esclavinas de los
abrigos. A un vestido de baile de terciopelo negro se le ponen dos tiras de esta preciosa piel
sobre la falda y en torno del escote. Los vestidos
de niños van adornados del mismo modo, sobre
terciopelo ó paño.

•

FONDO DE HISIOBIA

PERIODICO ESPECIAL DE SEÑORAS YSEÑORITAS, INDISPENSABLE EN TODA CASA DE FAMILIA
Administración: Alcalá, 23 1 Madrid.

-

1

FONDO DE HIST

I

---kí:f.'á AoELAIDA S. -Las manchas de vino en la ropa
blanca se quitan, después de bien lavada ésta, frotando
y exprimiendo sobre la mancha u,n. pedazo de limón, y
lu~go se deja recogida la ropa hasta el día siguiente, en
que se aclara y se tiende al sol.
La lec/te frita se hace así: en una cacerola se pone
un cuartillo de leche con azúcar y un palito de canela,
un pedazo de corteza de limón ó un trozo de vainilla;
poco á poco se va incorporando sémola fina ó fécula de
patata, hasta formar una masa clara; ésta se vierte después en una fuente, y cuando está bien fria, se corta en
pedazos y se fríen, rebozándolos con pan rayado y huevo. Se sirve espolvoreada de azúcar fina .

qur

.

/

AD.a SoFÍA M.-Las labores de malla se engoman,
antes de quitarlas del bastidor, cort agua muy clara de
goma arábiga¡ se ponen después al sol, y cuando están
secas se quitan del bastidor.
Tenga la bondad de revisar los números de nuestr
periódico, y encontrará, en los dibujo!:ó de encaje in
s
y bordado Richelieu, la explicación más clara . si ble
que puede darse por escrito; pero entienda gr:.iC especialmente el encaje inglés es c a ~ ~ í e Cjecutarlo
sin el auxilio de una R,t9i~~'-?,Ya.Aunque no c ~ o los resultados de esa medicina,
casi me atre~ á asegurar que será nociva.

Á MLLE. BEAUx YEux.-Para aclarar el color del cabello debe darse esa señorita, al tiempo de peinarse, con
té ó tila.
Para hacer crecer las pestañas no conozco otro me-dio que despuntarlas con cuidado en luna creciente.
Efectivamente, el mucho cabello es un inconveniente para hacerse el peinado á la griega. La manera de
ejecutarse es muy sencilla: se recoge todo el pelo despues de ondularlo en el centro de la cabeza. y se coloca en la forma que indica el grabado 31 de nuestro número del 14 de este mes.
Puede lavarse con agua templada, desliendo en ella
bicarbonato dP. sosa (próximamente, la cabida de una
peseta), y antes de lavarse ex1irpar las espinillas mayores con 1a llave de un reloj. Cuando se haya enjugado
bien la cara se frotan con agua de Colonia, y no hay
inconveniente en que después se dé polvos de arroz.
Los peines y cepillos quedan perfectamente limpios
frotándolos con agua caliente en la que s~brá desleído
un pedazo de potasa del tamaño de una f'
-- +lrándolos después en agua fría con una cuc!i
níaco.
"'
Sí¡ el color que dice está muy de r
de baile.
Basta con que esa señorita hj
cabeza y se ponga en pie.
El abrigo puede ser beige ó gr ·
favorece á las morenas.
~
Puede regalar á esa señora un
porcelana, dos .figuras, una lám
1.,erre d'eau, etc., etc.
;}
Es indispensable llevar algo d¡ 1 .: ~o hay inconveniente en
1'-,, puesto que no le favore
: l se el ofrecimiento de
J
1ombre de sus papás., .

/

I

Se varían bs adornos de los trajes hasta lo
infinito; los bordados ocupan un puesto principal
en estos adornos.
Describiré un vestido de paño Ofelia, guarnecido por delante con unos galones de bordado
sobre paño y guipur de acero. El corpiño, ce•
rrado bajo el brazo, forma una coraza adornada
con galones. Una aldeta larga de paño va añadida
en el borde de los delanteros y de los lados hasta
la espalda, cuya aldeta es de paño fruncido y va
adornada con unos cordoncillos largos de cuentas de acero. La espalda es completamente lisa.
En el b9rde de las mangas va un puño de guipur
de aceio (croquis núm. 1).
El paño sigue reinando como soberano de la
moda, y sus color~.s delicados y originales lo consagran como el teJtdo elegante por excelencia.
Se hacen vestidos de baile de paño color de
rosa, mezclado de muselina de seda · de paño
color de naranja, verde Nilo, blanco, ;te.
1.--Vestido de baile.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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                <text>Carlos, Abelardo de 1822-1885, Propietario</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Traje de calle</name>
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        <name>Vestido de baile</name>
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                    <text>INDICE GENERAE DEL
Novelas, poesías, crónicas de salones
· y teatros, artículos, etc.
A.-El año primero del siglo xx, 17.
A. FAIR YoUNG.-Los improvisados, 280.
ALEx.-Semana Santa, 161.
ARACELI.-El ridículo, 619; Buenos propósitos,
668.
BELLO ( D. Luis ).-La última hada, 40; En el
desván, 208; ¿Dónde está la dicha?, 292; Santa
María..... costurera, 400; Amor de niño, 473.
8LANC0-3ELMONTE (D. M. R.).-La amargura del
mar, 4; ¿ Es pecado?..... ( poesía), 20; Ejemplo
(poesía), 77 ; Violetas rojas , 136 ; ¡Quién fuera
Dios! ( poesía ), 184; Microscópicas ( poesía),
226; Sacrílega, 244; Microscópicas (poesía), 293;
¡ Dios de los cielos!, 368; Idilio, 400; Flor de
lis ( poesía), 425; S. M. la Reina de Italia, 644;
Cuentos de Navidad, 556.
CÁNOVAS y VALLEJO ( D. José).-La Venus boba, 353; El automóYi!, 412.
CASANOVA (D.ª Sofía ).-¡Óyeme!, 377; Vencidos
( poesía), 401.
DfAz DE EsCOVAR ( D. Narciso ).-Malagueñas
(poesía), 212; Cantares de mi barrio (poesía),
317; Victoriana (poesía ), 344; Escucha..... ( poesía), 413.
DR. A.- Á las madres, 161 ; Higiene de la tez,
328.
DR. R.-Botiquín de campo,532; Mordeduras, 568.
ESPINA DE Si,:RNA (D.ª Concha ).-Una pregunta (poesía), 173; ¡Madre! (poesía), 233.
FERNA.NDEZ y ESTEBAN ( D. Rafael).-Á los án~eles (poesía), 200; La vida en las edades
(poesía), 257; El sufrimiento (poesía), 304; Dos
gotas (poesía), 329; Dolores (poesía), i62; Sueño (poesía), 636; ¡ Esperanza! (poesía), 660.
GARCÍA LADEVESE (D. Ernesto).-Enlre hermanas, 100.
GIL (D. Juan).-La. flor de los Alpes, 172.
GBJLO (D. Antonio ) -La hija. del pueblo (poesía.), 290; Mis tres Magdalenas, 393.
HOLGUÍN (D. V.).--La rosa (poesía), 356.
LAGUNA (D. Pedro ). --Cantares (poesía.), 40 y
2i6.
LABRUBIERA (D. Alejandro). -Excma. Señora.
D.ª Carmen Romero Rubio de Díaz, 16 ; Su
Jlfa.jestad D.8 María Amelia. de Orleans y Borbón, 6'; La. Beina de Italia, 112; S.M. la. Emperatriz de Rusia, 160; S. M. l. y R. la. Emperatriz de Alemania, 208; La. fea del ocho, 256;
El cuento de la titiritera. 344; Cómo sueñan
las mujeres, 389; La. hija. del tamborilero, 448;
Aguja. de plata, 496.
LUNA (D. Adolfo).-Hombres y palomas , 18'.
MARQUESA DEL VALLE. - Notas de la. Exposición, 36'.
MÉLIDA (D. José Ra.món). -Siete veces feliz, 65,
76, 88, 101. 113, 126, 136, 149, 161, 173, 186,
196, 209, 221 y 232.
MENÉNDEZ AGUSTY (D. J.).-1\fonina, 488.
MONTE-CRJSTO.-Do casa y de fuera, 28, 53, 76,
100, 124, 148, 172, 1!l6, 2~0, 244, 268, 292, 316,
340, 36', 388, 412, 436, 460, 483, 608, 632 y ó66.
p_ (D.ª Adela).- Correspondencia particular en
todos los números.
PACO PINTO.-Ca.nla.rcs, 473.
PALACIO (D. Roberto de).-El estreno, 308; La
g11itarra., 316; Una. ca.sita en el campo..... , 376;
Los propios y los ajenos, 460.
PÉREZ NIEVA (D. Alfonso). - Cuentos del día.,
200, 304 y 389.
ROBERT DE MuÑOZ (D.ª Juana). - Primavera
(poesía), 140.
SANMARTÍN y AGUIRRE (D. J. F.).-La entrada.
en el gran mundo, 2ó7.
SILVIA. -Demasiado tarde, 4, 17, 29, 40 y 63;
Sistemanomanía, 220; Los altirns Montigna.c,
246, 266, 269, 281, 293, 306, 317, 328, 340, 361,
366, 377, 392, ,01, 416, 424, 436, 449, 461 y 471;
El último recurso, 484, 496, 608, 520, 633, 644,
ó67 y 672.
SORIANO (D. Manuel).-Amor (poesía), 488.
SouzA (D.ª Aurora. de).-Los grillos, 329.
V. DE CASTELFIDO.-ReYista. parisiense en todos
· los números.
X.- Ba.rómelro casero, 18'; Jn,.-entos útiles, 233;
Las Princesas y el Ejército, 436.

Contenido de las hojas de patrones
y dibujos.
NÚMER01.- Ativerso : Vestido Princesa. adornado
con aplicaciones; vestido a.dorna.do coi: b?rda.dos y piel · ·rnstido de baile para senorita.
jo,.-en, adornado con r osas sil'!"estre~; abrigo
para. señoritas de ca.torce á qumce a.nos; vestido para. niños de dos á lres años; cuerpoblusa de tafetán y raso ; Ye&amp;tido borda.do para.
niños pequeños. -Reverso (~nin de ta~~ ):
Bata. con pliegue Wa.!teau; Yestido par~-nrna.s
de trece á catorce a.nos; traJe para nmos de
cuatro á cinco años; adornos para. blusas;
pantalla. pintada.; cubretelera borda..d1;1-; Joyero
con fondos pinta.dos ó bordados; Y1s11lo para.
balcón; vestido con fa.Ida de novedad para. señoras de cierta. edad; almohadón bordado, estilo moderno.- Páp;s. 3 á 10.
NÚM. 11.-Pliego de dibujos para. bordados y labores, cuya. explicación está en la pág. 23. .
NúK. 111. - Aueerso : Cuerpos para teatros_; tr&amp;.Je
con fa.Ida. de novedad y • bolero:_ de te~ctopelo;
traje hechara sastre para. se1;1ora.s_ JÓYen~;
traje para. niñas de nueYe á diez a.nos; !r&amp;.J_e
para baile con fa.Ida. de novedad para. senor1ta.s • traje para nilias de dos á tres año~; b~sa.
de franela. para niños de cinco á se1_s a.nos;
borda.dos de las bolsas. - Reverso: Tra¡e de__la.
Edad Media.; trajo para baile; traje para. s~noritas · traje para. niños de och_o á nueYe ano_s;
traje ' para. niñas de seis á ~iete años; tra.¡e
para. niñas de tres A. cuatro anos; cuello recto,
con corbata escocesa; bordados para. la. cesta.
de labor, y cortina. adorna.da. con bordado.Páginas 27 á ~-

r ita.;
· M. XXXV.-Anverso: rrajo de otoño para seNÚM. IV.- Pliego de dibujos para. bordados y latra.j~
ñoras de ciorta edad; gran abr1~0 de otoñ_o;
bores, cuya explicación está en la. pág. 47.
cha.q
a brigo con doble esc~rina; a~rig.o de oto no
NúM. V.-A&gt;111erso : Traje do prima.vera.; tra,ie
que las
., a ara niñas de once i doce anos, c~~queta.
para. señoras jóvenes; abrigo de viaje; nstido
para. ni
Jornada con bordad. lraJO para. nma.s. ~e
con chaqueta. para.piñas de doce á trece años;
cu,: rpo de teatro~ T~d\iiones; capa para señocido; c
,- r.:J
al!.o á nueve años· traiC de casa. para nmo
blusa. r
f
fíeq ueiío; blusa rus~ pira n iño de dos á. tres
ritas; chaqueta para nii'íos de doce á trece
Págs. 21
años.-Reve,·so: Traje~n chaqueta.; traJ~ d?
años; paletó corto y sombrero para niñas de
NÚM. XX.
paseo; capa. para seño~ll de d&lt;:ce á l rcc~ ~nos,
cuatro á cinco años; delantal para. niñas de
labores, e
abrigo de otoño; abri;ode oton~pa.ra n~na. de
dos á tres años; bordado para el cuerpo con
Nfor.
XXI.
cinco
á seis años; traje para. runo de cinco á
•bolero• y canesú de encaje de Luxeuil, y para
traje para niñas e n
A • ij
seis a.ños.-Págs. 4111 1_18._
el ta.pele con ribete de cinta.. -Reverso: Abade baño para s~ñorilas; camiseta, cuello y
NÚM. XXXVI.--Pliego de!1buJos para. bord ados
nico de encaje Renacimiento; encaje de bolicorbata para senora; capa do paño adornada
y labores, cuya. explid 16n. está en la. pág. 43o.
llos para. adorno de vestidos ó cuerpos; dos
co~ soutache; abrigo de piqué y capo tita para.
NÚM. XXX VII.-A11verso:fra.Je &lt;;&lt;m solapas bo!·
encajes Renacimiento; bordado Richclleu para.
n!nas de uno á dos años; traje escotado para
dadas; traje para. seiiori- de cie~la edad; traJ e
sábanas, fundas de almohadas, ele. - Págimñas de dos á tres alios ; chaquetita de piqué
de invierno· abrigo m~JIO largo, t raJe _?On cha.nas 32 á 68.
para niñas de dos á tres años.-Reverso: Traje
quela. para 'señorita dedoce á trece a.nos; ~haNÚM. VI.-P!iego de dibujos para bordados y lapa.ra niñas do diez á once años ; traje sencillo
que ta. bordada para niñ03 de uno á &lt;!_os anos;
bores, cuya. explicación está en la. pág. 71.
para señorita.; traje con mangas mor~s , medio
trajes para niiia de trf.S. á cuatro ano_s.-ReNÚM.VII.-Anverso: Traje con túnica; trajede
la.rgas; trajes sencillos para niñas de uno á
eerso: Traje de casa; tri-¡e para. se~oritas do
luto para. señoritas; t raje de primavera. para.
dos y de dos á tres años; traje para niñas do
trece á catorce años;abngo d~ mvterno para.
· señor as de cierta edad; camisa de día y cuec1;12-tro á cinco años; delantal de na.nsuc para
niña. de once ádoce añOS; sa.itda de teatro ó
llos postizos para h ombre; traje pa ra jó,.-enes
muas de tres á cuatro años; cuellos de batista
baile; capa. para señ~ de cier ta. edad442
; chade q 11ince á diez y seis años; pantalones con
l piqué para. ni11os.-Págs. 246 á 250.
queta adornada con p11l.-!'á~s. 435 á
·
tira borda.da. para señorita.s.-Reverso: Traje
rd
NuM.
XXII.-Plicgo
de
dibujo
para
bordados
y
NÚM.
XXXVIII.-Pliegode
di~u¡os
para.
bo
&amp;de primera. comunión; traje de terciopelo para.
}abores,
cuya
explicación
eslá
en
la
pág.
~63.
dos
y
labores,
cuyacsplica.ción
CSlá
en
la.
pániñas de cinco á seis años; traje para niñas do
diez á once años; chaqueta. de primavera; ca.NuM. XXIIT.-A11verso: Traje para playa.; traje
gina.i62.
de 'l'ia.je con chaqueta; traje adornado con
NúM. XXXIX.-A11oerso: Chaqueta. Y sombrero
misas adornadas con bordados para señoritas;
pespuntes y capa; capa. para niña de nueYe á
de invierno; capa adoro&amp;&lt;!!!- con b.ordado para.
ca.misa de dormir para señoritas; cubrecorsé
diez años; muñeca con sombrilla y silla; t raje
señora. de cier ta. edad;1br.tgo medio ~a.r~o para
para señoritas; cuello y cor bata. adornados
para niñas de siete á ocho años-Revel'So: Traje
señora. de cierta. ·edad; 1raJe pllr~ _senontas de
con franj as, cuello con corbata larga. y bolsa
con blusa. y chaqueta.; blusa. para niño de
once á doce años; abrí.'° para. mna.~ do tres á
para. cepillos; enagua adornada con 'l'ola.ntcs.
nueve á diez años; traje-blusa para ni1'íos de
cuatro años; traje de 1amlla Y terciopelo con
- Páginas 76 á 82.
nueve á diez años; corsé y enagua para niñas
dibujos; blusa de panJ; enagua de seda:-ReNÚM. VIII.-Pliego de dibujos para bordados y lade cinco á seis años; ca.misa de dormir para
1&gt;erso: Matinée con solapas bord~~as; tra~e con
bores, cuya. explicación está en la p&amp;g. 95.
~iñ'.'de
n
ueve
á
diez
años;
pantalón
para.
sefalda de novedad; traje para. m.1!.ª8 de Sie~e á
NÚM. IX. -Anverso: Traje de ama.zona. con falda
n?!1ta. de trece á ca.torce años ; ca.misa. para
ocho a.1'íos; traje ing!íl para runas de .sets á
á la. inglesa; traje de gimnasia. para señoritas;
nma. de once á doce años ; pantalón para niñas
siete años; capa de tere: 0pelo gua.mecida de
traje de cicli&amp;la; polainas para. ciclista; traje
de siete á ocho años; camisa para n· 11a.s de
astrakán; enagua de pano adornada. con borde ciclista para jóvenes de trece á catorce
~ua.tro á cinco años.-Págs. 267 á 274.
dado; traje para scñortt~s; cu~rpo de_ seda.
años; traje de marineros para ni ños de siete á
adorna.do con tiras de pano; lraJe para ¡oven
ocho años; abrigo de primavera borda.do para Nu.M. XXIV. - P liego do dibujos para bordados y
Ja.bores, cuya explicación está en la pág. 287.
de diez á once años.-J&gt;ágs. 459 á 466.
niñas de uno á dos afaos; chaqueta para casa;
almohadón adornado con aplicaciones. - ·ReNur.i. XXV.-A&gt;1verso: Traje con blusa. de guipur;
NÚM. XL.- Pliego de dibujos para borda.dos] latraje para niñas de doce á catorce años; capa
bores, cuya explicación eS tá ~n la pág. 4,8.
verso: Abrigo de primavera. con capucha.; traje
de corte nuevo; cuerpo de seda. adornado con NÚM. XLI.-Anverso:Trajede_baile a.dor~a.docon
de primavera. con capa para. señoras de cierta.
galón h echo do crochet; cuerpo adornado con
aplicaciones de encaj~ tra.¡_e de reuruó!1 p_ara.
edad; traje de ciclista para. señor itas de doce
rosáceas de frivolité; mangas modernas; traje
señora de cierta. edad; abrigo para senori~as
á trece años; traje de primaYera con chaqueta
de piqué para. niñas de cinco á seis años.de t rece á ca.torce año!; chaq_~eta. guarnecida.
griega.; pantalón con cuerpo para señoritas de
~ everso: Tr~je con esclaYina. corta para. señocon astrakán; abrigopara mnos de ?uatro á
doce á trece años; traje para niñas de cuatro
ritas de quince á diez y siete años; traje de ,.-ecinco años; fichú adornado c~n enea.Je_R~naá cinco años; enagua para señoritas de trece
r a.no ; bata. de muselina do lana; camisetas
cimiento.- Reverso: ¡¡ala; t raJe para senorita.s
á quince años; corsé par a. la,v,.·te..nis , bicinuevas; traje para niñas do cuatro á cinco
de trece á ca.torce años; traje de ca.lle; traJe
cleta, etc.; tapete para velador; servilletas
años; cuello de batista adornado con bordado;
adorna.do con pa.sam&amp;Jl:ría.; ffajead~rna.do .con
para. té y canastilla bordada..-Págs. 99 á 10€.
corsé de verano; cofre adornado con bordapliegues para. niña detres anos; t raJesencillo;
NÚM. X. - Pliego de dibujos para. borda.dos y lados. - Págs. 291 á 298.
dela.nta.les para. diari~.-~ágs. 483 á 489.
bores, cuya. explicación está en la. pág. 119.
NÚM. XXVI.-Pliego de dibujos para bordados y
NÚM. XLII.-Plie¡:o dedibUJOS para borclados Y
NÚM. XI.-Am,erso: Traje de desposa.da; t raje
~abores, cuya. explicación está en la pág. 311.
labores, cuya. explica~ór_i está en_la pág. 503.
con chaleco y chaqueta; chaqueta. de prima.Tora; capa de pr imavera adornada con galoNuM. XXVII. - A&gt;1verso: Traj e para señora. de
NÚM. XLIII.- A1111erso:fraJe de pan~ ~domado
edad ; abrigo de viaje con esclavina movible;
con pespuntes; tra.jede pa_seo Y Yts1tas, con
nes; abrigo con cuello postizo para. niños de
enagua y cubrecorsé para señora. gruesa.; traje
falda-corselete; lrajede baile de ra~o Ymuseseis á siete años; a brigo de prima Yera. para
de sport para. joven de nue,.-e á diez años . calina. de seda; capa aiJornada. c~n tiras_; tra¡e
niñas de nue,.-e á diez años; traje para. niños
de cinco á seis a.ños.-Reverso: Traje Princesa;
miseta.s lava.bles para. señoritas de n ue;e á
para señorita de docel. trece an?s; tra..ie ~~ra
diez y de trece á catorce años; camisola. con
' niña. de tres á cuatro años; traJe para nmas
traje para señoras de edad; t raje de primavera.
pliegues; t raje aon blusa para. niñas de seis á
de diez á once años -11everso: Abrigo Imperio
con chaqueta.; tr aje para. niñas de seis á siete
siete años; traje de muselina. para. señoritas
a.dorna.do con bordados; traje para. señora.
años; chaqueta para niñas de tres á cuatro
de catorce á quince años.-Reve,..0 : Traje para
gruesa; traje ele paseo r_de patinar; cuerposaños; corsé de tamai'io gra.ndo; tetera. de tela
señoras do cierta edad; pantalón y enagua
blusas; a brigo para nmos de tre~ á cuatr?
y malla, y detalles de la misma; canastilla.
(~mbina_ción)
para
señora
gruesa;
capa
para
años;
t ra.jedepaseoador na.docon pieles; fichu
para. huevos y almohadón.-Págs.123 á 130.
sen_ora.s Jóvenes; trajo con chaqueta corla;
de muselina de seda.-Págs. 507 á 614.
NÚM. XII.-Pliego do dibujos para. bordados y lat raJe pa~a niño de cuatro á cinco años; trajes
NilM. XLIV.-Pliego dad_ibujos par a bordados
bores, cuya explicación está en la pág. 143.
sencillos para niños de uno á dos y de dos á
y labores, cuya. explicac~ón eslá en la pág. 62~.
NÚM. Xlll.-Ativerso: Traje de primanra para.
tres años; traje para niñas de tres á cuatro
NúM. XLV.-A11verso: rra.ie para. pa.tma.r; tra.Je
sei'iora de cierta edad; t raje con cuerpo ceaños¡ camisa. y pantalón para. señoras gr uecon •bolero. para seiíoril.~s de q~ince á diez
rrado al bies; traje para niños de uno á dos
sas.-Págs. 316 á 322.
y seis años; traje pira mna de siete á ocho
ai'ios; chaqueta de primuera. par a nilias de
NÚM. XXVIII.-Pliego do dibujos para bordados
años; traje para joven de doc2 á lre~e años;
trece á catorce años; abrigo para señoras de
y labores, cuya explicación está en la pág. 332.
traje para niño de dosáttes a.nos; traJe a.doredad; chaqueta con solapas pespunteadas;
NuM. XXIX. - Anverso: Traje inglés para. señora.
nado con pespuntes; corsé r1:_clo de f~rma
capa. con pespuntes.-Retlerso: Traje con corgruesa.; traje de gimnasia para niñas do ocho
nuen.-Reverso: Tr,je para senora de cierta
selete para señoras jórnnes ; traje de viaje y
á
nueve
años;
traje
de
gimnasia.
para
niño
de
edad;
traje hechura sastre;. _traJe ador~ado
de campo; abrigo para. Tia.je; traje y sombrero
siete á ocho años; traje para. mucha.cho do
con terciopelo; traje de r eumon para. senora.
para niñas do siete á ocho años; traje para.
diez·á once años; delantal para niña de tres á
jo,.-en; traje de baile 8:dornl':do co_n flores;
n iñas de dos á tres años; traje para niñas de
cuatro años; delantal pa ra niña.sde dos á tres
abrigo para niñas de!e,s á siete a.nos.; cha.tres á cuatro años; traje para. niños de cuatro
años; trajes bordados para niñas de uno á dos
queta do casa pa.ruenora grues:i,_; eqmpo de
á cinco a.ños.-Págs. 147 á 164.
años; camisa. de vestir y pantalón con volan•
muñer.a · corsé de maUa.-Págs. 031 á 538.
NÚM. XIV.-Pliego de dibujos para bordados y
tes borda.dos; camisas de vestir de novedad con
NÚM. X LVI.-P\iego dc~ibujos para. borda.dos Y
labores, cuya explicación está en la pág. 167.
cala.dos y bordados. -Reverso: Traje de piqué
labores cuya. explicación está en la. pág. 651.
NÚM. XV.-Ativerso: Traje para. señora Jonn;
para te,mis ; traje para. nilias de once á doce
Nú111. XLVII.-A&gt;1verso: Traje sencillo; traje con
abrigo para viaje ; traje para. señoritas de ca.años; traje para señora. de cierta edad; chamchaqueta; matinú adornado con pespun~es;
torce á quince años; abrigo y capa para niña
b~a bordada. con pliegues y bordado; traje para
blusa. de terciopelo f tafetán bla.1_1co; sah~a
de dos á tres años; trai e para. niño de seis á
mñas
de
tres
á
cua
tro
años;
camisa.
de
dormir
de
baile adornada conborda.do; saltda de baile
siete años; t raje de fular con cuerpo cerrado
adornada con pliegues; camisa. de dormir con
adornada con encaje; trajo de bai~e con fa.Ida.
al bies; bata. de muselina de la.na. lisa. y con
canesú; ca.misa. de vestir y pan ta.Ión adornaplegada. ; t raje de baile de mus~hna. de seda;
dibujo; traje de gra.nadina..-Reverso: Traje
para. viaje ; traje para niña. de uno á dos años;
?ºª con bordado y pliegues. -Págs. 339 á 346.
abrigo para niña dedos á tres ano~.- Re1&gt;erso:
Nmr. XXX.-Pliego de dibujos para. borda.:los y
Traje de terciopelo áC~adros; tra¡e con cha.chaqueta-bolero con solapas pespunteadas,
)a.bores, c11ya explicación está en la ,Jág. 359.
quela corla para señoritas; .t raJe con cue~;ioque se pueden llevar cerradas ó abiertas; traje
para. niña de cuatr o á cinco años; capa. para
Nu111. XXX.I.-Ativerso: Chambra para enfermo;
blusa; traje para ni»ª d? swte á ocho ~ños;
traje de vera.no para niños de seis á siete años;
capa. para señora. de .~1erta edad; traJe de
señora de cierta edad; traje con 'l'ola.nte de
novedad. - Págs. 171 á 178.
traje para niños de uno á dos años· ea.misa. de
fo!ma. Imperio para nma.s ~e ocho á .~ueve
NÚM. XVI.- Pliego de dihujos para borda.dos y
dia con manga. corta para niños ' de ocho á
ª?ºs; traje de forwa _Imperio ~~ra. mua. de
labores , cuya explicación está en la pág. 191.
nueve años; ea.misa do día para. jo,.-en de once
cmco á seis años· traJe para mna de dos &amp;
NÚM- XVII.-Antierso: Traje con fa.Ida de noveá doce años; cuerpo-corsé para. niño de seis
tres años; trajes p~ niños de uno á dos año¡¡.
dad ; traje para. joven de ca.torce á quince
á siete años. -Rll1Je,•so: Traje con cinturón-Págs. 555 á 662.
años; traje para niñas de nueve á diez años;
banda; bata. forma. Imperio; chaqueta para
abrigo con capucha para niña. de dos á tres
luto riguroso; traje para. señorita de ca.torce á
años; camisas de fular -Reverso: Traje con
qui~ce años; traje de lulo riguroso para. niñas
Grabados de labores, moda.s, etc.
blusa. y chaqueta para. señora. de cierta edad;
de diez á once años ; abrigo para niños de uno
traje para. paseo ó Yia.je; traje de céfiro á cuaá dos años; abrigo de otoño par a niño de dos
dros para. señorita. de doce á trece años; peiá tres años; cubrecorsé; camisas do dormir
nador de na.nsuc ; delantal para diario ; corsé
para. jóvenes de diez á once y de trece á caAbanicos: 7 ;-con país pintado, 403 ;-de enea.je
sencillo.-Págs. 198 á 202.
torce años; t raj e de noche para. niños.-PágiRenacimiento, 650.
ginas 363 á 370.
NÚM. XVIII.- Pliego de dibujos para bordados
Abrigos: con cuello postizo para niños, 130;- ?on
Y labores, cuya explicación está en la páNú111. XXXII.-P!iego do dibujos para bordados
capucha. para niña j98;-con doble escla.Tina,
gina. 215.
y labor es, cuya. explicación está en la pág. 383.
414;-dc breilsch,.:V,Z, 646 ;-de invierno, 440,
NÚM. XIX.-Anverso: Traje de alpaca.; traje de
Nu111.. XXXIIL-An1iet·so: Traje de desposada;
442 y 669·-de otoño para niñas, 3ti7 y i11 ;piqué; corsé y enaguas para niñas de uno á
traJe Inglés con falda. de novedad · capa. de
de otoño; 414 418 f 438;-de paño, 68;-de
-dos años; dos delantales con mangas para niotoño; traje para niñas de tres á cu~tro años·
prima.'l'era par'a niña!, 123;-de prima.Yera, 97
ñas de tres á cuatro y de cinco á seis años;
traje de comida. ó soirée; cuerpo a.dorna.do co~
y 150 ;-de primaYerJ para niños, 99 ;-de Yia.delantal de na.nsuc para. niñas de uno á dos
bordado; cubrecor sé; enagua de baile; camisa
je, 57 y 320;-forma 1JStre, 427 ;-Imperio para
años; chaqueta de franela. y ca.pota de gasa
de vestir , cuello postizo, puños y corbata. para
niñas, 406 ·-Imperio, 611 ;-largo, 39, 487 y
para. niñas pequeñas; traje escotado para. ni•
hombre; camisa. de dormir y ea.lzoncillo para
648;-la.rg~ para .niñas , 11~;- le'lita, 18; ñas de cinco á seis años; enagua para vera.no;
h ombre; chaleco adorna.do con bordado para
med\o la rgo para. señoras ~e cierta. edad, 46~;camisas para recié n nacidos; faldón para niño;
h ombre. - Reverso: Explicación de lo, dibujos
medio a.justa.do 39.-medio largo, 135 y 442·corsé, pantalón y enal(ua para niño. -Rll1lerso:
?e labores.-Págs. 387 á 394.
nuevo, i95·-p~ra'~ile Y teatro, 394;-p~ra
•Traje de paseo con a.ldetas pequeñas; matinée
NuM. XXXIV.-P!icgo de dibujos para. borda.dos
bebé, 118 471;- para n iña, 331, 467, 538 y
de na.nsuc; elegante matinée; traje para señoy labores, cuya. explicación está en la pág. 07.
668;-pa.ra niñas, 22, 70 J 117;-pa.ra niño,

El

y

�447, 483 y 647 ;-para niiios, 366, 463 y 611 ;para señoras de edad, 151 ;-para señoras jóvenes, 61;-para señoritas, 10 y 489;-para
Terano, 217;-para viaje, 147,171 y327;reeto, !!4;-saeo para niña, 524;-saco para
automóvil, 501 ;-saco de última novedad, 520¡
y capa para niña, 171 ;-y capo tita para niñas,
247 ;-y chaqueta para señoras jóvenes, 4\l ;y sombrero de invierno para señoritas. 447.
Acericos: 307, 322 y 414;-para tocador, 486.
Adornos: de cebellina, 547;-de sombrero, 22;)
para traje de visita, 15;-para blusas, 10. ,'
Almohadones: 130;-adornado con aplicaciones,
107;-bordado, 10;-con aplicaeiones,440 y637;
-doble, 561;- largo con bordado, 561.
Arreglo de medias, 465.
Baberos:214;-cn forma de cuello, 453;-dc piqué,
307;-adornado con bordado Richelieu, 334
Batas: 214, 355 y 487;-con pliegues, 177; - con
pliegue Valteau, a;-de lana,471;- de muselina
de lana, 177 y 2\)6;-dc seda, 142;-clegante, 21;
-forma Imperio, 36ti;- para señora jornn, 42;
-para señora joven, 369.
Block para nolas y relojera, 238.
Blusas: 282, 333y 354;-defranelapara niños, 34;
-de raso, 307;-de seda, 39; -dJ tafetán, 189;de terciopelo y tafetán, 555;-para niño, 273;para primavera, 138 y 139;-para teatro, 188;
-rusa para niño, 411;-sin mangas, 70.
Bolsas: para señoras, 27:-de paño blanco, 483;joyero para rincón, 250;-para cartas, 561;para cepillos, 82;-para servilletas, 483, 511,
558 y 559.
.
Boleros: de piel de nutria, 44;-y traje de invierno para se11orajoven, 525.
Bolita y zapatos para bebé, 94.
Bordados para almohadón, 178.
Brazaletes para bebé, 224.
Butaca de verano, 177.
Camas: de niño, 223;-portátil, ropa interior,
vestidos y capolas para niños pec1ueños, 225.
Caminos: de mesa, 514 y 562.
Camisas de día y cuellos postizos para hombres,
76;-para niños, 369;-para joven, 369;·-de
dormir y calzoncillo para hombro, 587;--para
jóvenes, 369, 429, 426, 427 y 346;-de batista,
210, 214 y 339;-de vestir, cuello y puños postizos y corbata para hombre, 387;-do fular,
198;-de señora, 261;-de vestir, 345;-para
niña, 273;-para señoritas, 75;-y pantalón
para niña, 267,-y pantalón para señoras gruesas, 321;-y pantalones de vestir, 342 y 343.
Camisetas: 321;-cue!Jo y corbata para se1'íoras,
250;-lavables para soñoritas, 321;-para Ye•
rano, 186;-nuevas, 291;-sonci'.las para señoritas, 186 y 187.
Canastillas: bordada, 107 ;-para huevos, 130.
Canesú para camisa, 224.
Capas: con aplioaciones, 477;-con pespuntes,
150;-con piel, 487;-de corte nuern, 291;de dos esclavinas, 547 ;-de invierno, 498 y 499;
- de otoño, 394;-de paño, 151 y 250;- do no•
Tedad, 500;-de primavera, 131;-do terciopelo, 465;-larga, hechura sastre, 210;-para
niña, 267 ; - para salida de teatro ó casino,
211;-para señoras de cierta edad, 178, 435,
463, 546 y 562 ;- para soñoras jóvenes, 214 y
322;-para señoritas, 58 y 418;- para visita 6
salida de teatro, 71;-pequeña, 402;-varias,
514.
·
Capita para bebé, 224.
Capota: Lucienno, 166;-11aría Stuart, 526;para bobé, 498 y 499;- para i¡.iñas, 567.
Carpeta, 463.
Cestas: con bordado, 177 ;- do labor, 27 ;-para
labor, 454 ;-para pan con servilleta bordada,
489 ;-para papeles, 4¡¡9 y 613.
Cestilla, 415.
Cestos : bordado para labor, 550·-para colgar,
250.
'
Cinco animales para juguetes de niño, 550.
Cinturón-corselete, 537.
Cinturón y cuello, 147.
Cofres: grabado, 435;- adornado con bordados,
298.
Colcha para cocheó cuna, 238.
C-Ollets: corto, 142 ;- de gran novedad, 90 ;-de
muselina, 377 ;- de paño, 546 ;-de primavera,
123 ;-de tul, 219 ;-pequoño, 223 y 402.
Combinación de cubrecorsé y enagua, 426.
Corbatas: con bordado y pintara, 484;-con caídas, 298 ;-do tul, 153 ;-de tul, 561 ;-para vestido de paseo, 16;-y cuellos rectos, 154;varias, 118 ;-y nudos, 498 y 499.
Corsés: de malla, 534 ;-para lawn-te11nis, biciclota, etc., 105; - sencillo, 202;- de tamaño grande, 128;-do verano, 297;-recto de hochura
nueva, 5¡¡6;- y enaguas para niñas, 267 y 490.
Cortinas: bordadas, 34 y 273.
·
Cubierta para libro, 559.
Cubrecorsé: 370 ;-para señoritas, 79;-y enagua
de baile, 391 ;-261.
Cubreteteras: bordada, 9 ;-260 ;-ó cafetera, 510.
Cuellos: corbata, 366;-con corbata larga, 5ó0;de balista, 297;- de visón, 546; de -encaje
para niño, 550;-Cuello de piel, 547 y 567;-do
tul, 202;-Manón, 675; Médicis, 547; ~ para
bebé, 453;-rocto con corbata, 32;- y nudo do
seda, 129 ;-y corbatas, 361; de piqué y -boctista para niños, 250;-elegantes, 307;-novedad, 153;-y corbatas, 78 y 79.
Cuerpos: 357;-adornado con frivolité, 294;-bla,nco con cintas, 3;-blusas, 46, 93, 142, 255, 306
327 y 507;-blusa de tafetán y raso, 3;-blusa;
para señoritas, 114;-bluea para trajes de campo, 310 ;-con bolero, 69; - con bordado, 147 y ·
403;-camiseta paraseñoraj, ven, 187;-con
pasamanería, 369 y 417; - con pliegues, 175 y
345;-con lcrciopclo, 222;-con trencillas, 57;
-ele batista, 318y 356;-decalle, 460;- de encaje, 394y 610;-de fular, 345;- de Jersey, 461;
de muselina, 207;-de nansuo. 207;-pana,'465;
-de raso, 15;-de seda, 291,333 y 463;-de tafetán, 171,267 y 354;- de teatro y reuniones,
M;-terciopelo, 16;-de v-eslir, 626;-cor'sf para
niño, 370;- elegante, 426; - elegante para señoritas, 378;-para calle, 306; - para ceremonia, 454;-para ciclistas y otros sport,,, 106;para de noche, 4.54;~ para paseo, 142;- para
teatro, 30, 31, 78, 93 y 333;-para teat ro y reu niones, 449;- para traje de calle, 626;-para
trajes de primavera, 126;-para TCStir, 307;p ar a vi~ita, 93 y 451.

1-p~ra
ada con
r al cr~Ttra mf nntes,
1,'Mora
!i;-de
i 213; ,rima,,era
-de tet1 verano,
: .,4;-me•

,- ..ra entre•
niñas, 117

e~ ..

J.

1.1..'" - ..iC Ül n erno, 4&amp;-4.
Chaquetita de piqué para niñas, 2GO.
Chausson y bolita para bobé, 94.

Chemi11 de table, 10.
Chemi11s de table y tetera de muselina, 262.

Delantales: de jardín, 427;-dc nansuc para niñas, 247;-para diario, 198 486 y 487;-para
lwich, 298 y 382; - para muiiecas, fi31; - para
niiías, 46, 52, 87, il07, 346, 399, 426 y 427;para niños, 199 y 471; para niíios pequeños,
39;- para servir el té, 334.
Doble almohadón, 418.
Dos muñecas, 637.
E legan te chaleco, 130.
Enaguas: con volantes, 82;-de batista, 423;de debajo, 310;-para bebé, 118;-para seño. ritas, 105 ;-para verano, 219 ;-varias, 166 y
466 ;-y cubrccor:;é para señora grues;, 319.
Encaje do guipur, 128.
Equipo para sm1orita, 549.
Estante bordado, 537.
Estore de , eda, 477.
Estuches: para abanicos, 501 ;-de &lt;llfstura, 273.
Faldas: Frégola, 405; -Micaela, 406; -de tafetán, 358;-varias, 190.
Faldones: para bautizo, 334;-para niño, 222.
Festones para ropa blanca, 346.
Figaros hechura sastre y de fantasía, 63.
Fichús : adornado con encaje, 487 ;-.María Anlo·
nieta, 550 ;- de muselina de seda, 511.
Fundas: de almohada y sábana para cuna, 370;
- de encaje Rcnacimionto para sombrillas,
202;- de plaid de viaje, 202.
Golas: 330;-con caídas, 363;-de muselina de
seda, 403 ;-do tafetán, 546.
Gorras para bebé, 94.
Grupos: de camisa, corsé, pantalón y enaguas
para niñas, 334;-de mangas nuevas, 262 ;de sombreros y toques, 33.
Guarnición para mesa de tocador, 489.
Interior para chaqueta, 130.
Joyero con fondos pintados 6 bordados, 3.
Ligas: de seda, 399;-de seda rosa, 15.
Mangas: 207,327, 525;-de novedad, 382;-para
trajes de calle, 477 ;-para fraje do ceremonia,
135 y 477 ;-para traje de comidas, 453; -para
traje de convite, 135 y 574;-para traje de paseo, 166, 186, 187 y 477 ;-para traje de sastre, 165;-para traje de visita, 453;-moder·
nas, 297 ;- varias, 231.
Mangos para sombrillas 6 paraguas, 332.
Manguito de torciopelo, 15;-dc piel de zorra, 567.
Manteles: de buffet, 394 y 322;-para mesa de té
y tetera, 273 ;-para té, 489.
Manteletas: de primavera, 150;-para verano,
283.
Marcos : con pintura y bordados, 510;-en piro•
grabado. ~37 ;-para fotografías, 440.
Matinées: 214,219 y ó74;-con pespuntes, 559;con solapas bordadas, 465 ;-de cr_espón, 93 ;de franela, 525 ; - de seda, 464.
Mesa y mantel para té, 274.
Muñeca con sombrilla y silla, 274.
Nudos: con chorrera, 3%;-de corbata,526 y 65.
Nueyo chemin de table, 346.
Objetos para tocador, 462.
Paletós: 4~8;- corto y sombrero para niñas, ó7;
-de primavera, 27 y 123.
Patalones: con cuerpo para señoritas, 105;-de
percal, 310;- de señora, 261;-del traje de amazonas, 105;- para señoritas, 82 y 274;-y enagua para señora gruesa, 319.
Panta!Jas: bordada, 417;-pintada, 9.
Pañuelos de novedad, 399.
Pechera de muselina de seda, 295 y 567.
Peinador de nansuc, 199
Peinados: 3ó8;-de novedad, 358;-para comidas
y bailes de cabeza, 45;- para niña, 335;-para
señoritas, 78;-para señoritas y señoras jóve·
nes, 7.
Pequeño tapete y almobadon, 406.
Pelos: con ramos pintados, 202;-cuellos y puños, 429.
Piel de visón , 546.
Pintura bordada para almohadón, 155.
Polainas para ciclistas, 102.
Portacepillos, 306.
Portacorbatas. 486.
Porta,ibros. ~73.
Portasombrillas y paraguas, 154.
Portaparaguas, 487.
Puntos de adorno para .ropa blanca, 411.
Repisa con bordado, 387.
Ropa interior, 405.
Saco de labor, 154.
Sachet para corbatas, 507;- para pañuelos, 514.
Salida de toatro, 37;- de baile con aplicaciones
de enca,;e, 566;-de teatro ó baile, 439;-de tea,.
·tro para seüorajovcn,457.
Sayas, 310.
.
Sor,il.etas para té, 105.
Sombrero 'Ba&gt;t et, 181. ·
Sembreros: 330;-de campo 6 de playa, 327;-de
fieltro, 91;-de gran no~edad, 186 y 187;-de
invierno, 437,439 y 1:07;- de primavera, 99;·de prima,-era para señoras de cierta edad, 9!J;
'- de primavera para señoras jóvenes, 126 y
127; de primavera y de· verano, 147;-de verano, 222,223,241, 291 y 316;-de teatro, 571;de vestir para señora joven, 213;- Dudlay, 193
y 229;- HA éne, 165;- Lamballe, 18;- Lamodciere, 397;-Leone, 42;-Lillane, 73;- Luisa,
213;-Manuela, 260;-Marga, 381;-Ninette, 1;
-para nü'ias, 117;- para niüos, 402;-para niñas J ni1ios, 22;-para señora joven, 162, 626
y 543;-para señoras jóvenes 6 señoritas, 92,

138, 163 y 1e5;-para señoritas, 139, 213, 491
y 643;-rcdondo, 178 y 213;-redondo para señora joven, 357;-redondo para señoritas, 477;
-Rubens, 417; toque para señorajoven, 531;varios, 258, 259. &lt;82 y 283; -Irma, 381.
Tapetes: bordado, 370;-cuadi-ado, 568;-para velador, 102;_:pequeños, 346;-redondo, 418;y agarrador para plancha, 466;-para mesa,442;
-para mesa de salón, 538.
Teteras: de tela y malla, 129;-6 tapete pequeño
de seda, 320;-6 tapete pequeño con bordado
y pintura, 297.
Tocador, 359.
Toalla con bordado, 478.
Toques: 283;-de terciopelo, 118;-Edmée, 66;Enrique II , 2Vl;-Frivoline, 461 ;-Goraldinc,
381;-Germaine, 450;-lfading, 67;-l'Aiglon,
366;- Margul, 43;-l\farcolle. 94;- Réjano, 90;
-Valentina, 121; - Zarina, 19;-para visitas y
teatro, 546.
Trajes: á cuadros, 439;-adornado con bordados,
14:8;-con .blusa de guipur, 291; - con blusa,
para nil1as, 315;-con blusa y chaqueta, 267;con blusa y chaqueta, para seiíoras de cierta
edad, 198;-con bolero, 147,174,175, 238y
423; -con bolero, para señoritas, 531;-con
bolero y camiseta, 295;--con bordado, 198;con cintas, 475; - con cinturón-banda, 367;con cinturón-corselete, 82 ;-con corselete, 207;
-con corselete, para señorasjó..-enes, 154;con corselete ·y chaqueta, 222; - con cu ello de
encaje, 438 y 534; - con cuenpo adornado con
encajes. 171 ;-con cuerpo al bies, 79; -con
cnerpo-blusa, para señoritas, 198, 435, 487 y
555;-con cuerpo cerrado al bies, 151;-con
encaje, 82;-con cuerpo-chaqueta, 126 y 378;
-con cuerpo plegado, para señoritas, 514;con cuerpo recto, 319;- con doble bolero, 318;
-con esclavina, para señoritas, 291;-con
falda elegante, 319;-con falda de novedad-y
bolero, 35 y 400;-con falda plegada y boloro,
82;-con fichú, para señorajoven, 249;-con galones, 418;-con chaqueta, 418 y 569;-con
chaqueta abierta, 151;-con chaqueta corta,
321 y 555;-con chaqueta de encaje, 462;-con
chaqueta, para niñas, 414;-con chaqueta,
para señorita, 440; - con chaqueta y cuello de
guipur, 318; - con chaleco y chaqueta, 126;con impermeable, 367;-con incrustt.ciones,
65;-con lentej111 •as, 439;-con mangas moras,
24c ;-con pasaTJ' ,neda, 486;- con pespuntes,
462 y 032;-con pliegues, 238;-con pliegues,
para niña, 483;-,Jon ribete de cinta, 68;-con
solapas, 438;-con sombrero, para niñas, 249;
-con torciope'.o, 535;-con terciopelo y soutache, 9;-con trencillas, 32;-con túnica, 80;con rnlante ancho, 463;-con volante de novedad, 175;-de amazona, 104;- de alpaca, 219;
-de baile, 9,54, 57,427,450,481, 553,558 y 659;
- de baile adornado con flores, 637; - de baile
con bolero de guipar, 562;-de baile 6 reunión,
471;-de baño, 307; - de baile, para señoritas,
58, 67, 81. 249 y 547;-da batista, para señoritas, 294, 295, 337 y 342;-de baile, para señoras
jó,oencs y señoritas, 510 y 511;-de baile, para
señoras jóvenes, 51, 52, 66 y 205;-de calle, 258,
298,306,445 y 483 ;-de calle, hechura sa~tre,
210 y 573;- de calle y de barco, 313;-de campo, 282 y 379;-de campo, para niñas, 286;-de
carreras, 236 y 271;-de carreras, pa,ra señoras
jóvenes ó señoritas, 187;-de casa, 440 y 629;de casa, do visita y de Exposición, para señoras jó,.enes ó señoritas, 235; -de casa, para
señoras jóvenes, 85, 222 y 223;-de casa, para
verano, 351;-de caza, para señora jovon,417;
-de céfiro, para señorita, 198;-de ceremonia,
210, 265, 333, 423 y 451 ;- de ceremonia, para
niña , 450;-de ciclista, 102 y 447;-de ciclista,
para jóvenes, 106;- de ciclista, para señoritas,
106;-de comida, para señoras jóvenes 6 señoritas, 87;-de comida y soirée, 390;-de convite, 129;- de convite, para seiíorajovcn, 545;de convite, para señoras jóvenes y señoritas,
498 y 499; -de crespón de la China, 387;-de
crespón, para señora joven, 538 ;-de desposada, 114, 333 y 391; - de encaje, 292 ;-de encajo Renacimiento, 29;-de entretiempo, para.
señora joven, 331; - de Exposición, para.
señoras jóvenes, 279; - de falda con tablas,
103;-defantasía, hechura sastre, 1&amp;2;-de
fular, 171,174,294,327,363 y 366; - de fular, para playa, 330; - de gimnasia pat·a.
niñas, 342; - de gimnasia para niños, 342;
- de gimnasia para señorita, 103;-de glasé,
153;-de granadina, 178;-de invierno, 435;
- de jerga, 163, U7 y 342;-de jerga, para
señoritas, 366 ;-de lana, 222 y 379;- de lana,
para paseo, 357; - de lanilla, 373;- do lanilla
y terciopelo, 462;-de linón, 289;-de luto, 379;
-de luto, para niñas, 367;- de lulo, para señoras jóvenes, 118, 426 y 427;-de luto, para señoritas, 80;-de marinero, para niños, 106;-de máscara, 27 y 362;-de m edio luto para
niñas. 367 y 379 ;-de musolina de lana, 319;de muselina para señoritas, 315;-de noche
para ni1'ios, 3ti9 ; -de otoño, 378,414,417, 43/l, .
447 y 461;-de otoño con bolero, 415;~de otoño
con chaqueta abierta. 415 ;-de otoño para se• .
ñora de cierta edad, 415;-de otoño paca señoras jóvenes, 453;- de otoño para señoritas,
366 y 406; - de paú.o, 18, 67, 90,135, 163, 166,
258, 426, 474 y 499 ;-de paseo, ó4, 70, 138, 159,
·16i, 211, 223. 303, 307, 310, 361, 386, 415, i74 y
555 ;-de pasoo con -pespuntes, 28;-de paño
con pespuntes, 513;- de paseo para niñas, 87 ,¡
•231; - de paseo para señora joven, 1H y 565;de paseo para señor as jóvenes y señoritas, 234 y
517 ;- de paseo para señoritas, 525 ;-do ~ aseo
para seTioritas.y señorasjó,-enes, 133,186, 187,
258,259 y 571;-do paseo y patinar, 609;-de
paseo y visitas¡ 66;-de paseo y visita, con
falda corselete, 607;-dc patinar para joven,
638;-de playa, · con fichú María Antonieta,
330;-de playa para niña, 295;-dc Pekín. 289;
,-do piqué,_219 y 246;-de piqué para niñas,
.291;-de piqué para tennis, 345;-de play11,
pata sefioras jóvenes y señoritas, 282 y 283 •de primavera, 65, 97,105,115,127,129,150,157
y 177;-de primavera, con capi para seiíoras
de cierta edad, 106;-do primavera con chaqueta, 126;-de primavera, .hechura sastre,
162; - de primuera para señoras de ciertll.·
edad, 78 y 161;- de primavera para señoras jó-

venes, 109,162 y 163;-de primavera para señoritas, 81, y 102;-de primavera y viaje, 97 y
171;-do r ecepción, 502;-de recepción 6 comida, 142 ;-de recepción para señora de cierta
edad, 247;-de reunión, 55 y 102;-de reunión
6 convite para señoras jóvenes, 42;-de reunión para señoras de cierta edad, 31 y 81 ;-de
reunión para soñora gruesa, 556; -de reuniones para señoras jóvenes, 459 y 638;-de reunión para señoritas, 522;--de soirée para señoras jóvenes ó señoritas, 66; - de sport para joven, 315; -de teatro, 421 y 451; -de teatro ó
reunión para seño'l'as de. cierta edad, 5J ;-de
teatro para señoi:as jóvenes, 43;-de terciopelo, 450, 478, 526, 550' y 555;-dc tul, 476;-de
verano, 246,253, 277 y 294;-de verano, con
cintas de terciopelo, 347 ;-de verano para niños, 369;-de vorano para niños pequeiíos, 183;
-de verano para reuniones, 378;-de vestir
para señoritas, 625;-de viaje y de campo, 154;
-de viaje, 268 y 270;-de visita, 32, 141, 153,
248, 301, 310, 430, 475 y 569; - de visitas ó de
recepción, 307;-de visita y degardm-party, 390;
-o~tilo sastre para paseo ó excu rsión, 3t9 ; estilo sastre para señoras, 91;--forma Imperio para niñas, 561; - hechura sastre, 69, 94,
116, 164,402,403, 631 y 535; - hechura sastre,
de paño, 3í8;~hechura sastre para el campo,
139;-hechura sastre para señoras jóvenes, 32
y 460;-inglés, 510 y 1l90; - inglés para señora
gruesa, 343;-para baile, 30, 31 42 y 43;-para
bebé, 224 y 501;-para cacería, 355;-para el.
campo, 237; -para carreras, 195; -para casa,
210, ~31, 306 y 399; - p~ra casino, 265;-para
casino y reuniones, 382 ;-para ceremonias, 90;
- para comida, 280,376, 387, 541 y 574;-pa,r'r
-comida 6 reunión de confianza, 304;-para comida para señora de cierta edad, 214 ;- para
comidas y para reuniones, 490;-para concierto, 421;-para convite, 103, 176 y 255;-para
cháteau, 354;-para establecimiento de baños,
285; - para excursiones, 249 ; - para gardeiiparty; 169;-para jóvenes, 75, 199,224,462 y
534 ;-para la,vn-tennis, 99 ;-para muchacho,
342 y 351;-para niñas , 34, 35, 79, 87, 103, 130,
175,210,224, 246, 247,274,296,297,303,321,
330,342,343,391,406,411,439,440, 44?., 453,
469, 471, 496, ó10, 512, 535 y 558;-para nfüos,
3, 34, 91, 126,127,150,151, 174,177,211, 224,
295, 310, 318, 322, 366. 411, 455, 635, 558 y 562;
-para paseo, 145, 199, 272,325, 357, 430, 495,
505 y 514;-para paseo 6 viaje, 202;-para paseo y visitas, 433;- para patinar, 493 '1 635;para playa, 243,270,354 y 355;-de primavera, 138;-de primavera para niñas, 136;- para
primera comunión, 75; - para recepciones, 52
y 613;-para recepciones y visitas, 78 y 79;para regatas, 199;-para reunión, 241,265,392,
421, 428, 489, 490, 498, 603 y 613;-para reunión adornado con encaje, 646;-para señora,
207; - para señoras de cierta. edad, 130, 249,
318, 321, 343, 438 y 534 ;-para señora gruesa,
513;-para señoras jóvenes, 54, 88, 94, 114, 135,
174, 518 y 570 ;-para señoras jóvenes ó señoritas, 43;-para señoras y señoritas, 201;para se1loritas, 35, 42, 66, 174,175, 219,366,
691, 442, 463, 486, 507 y 531; - para té, 469;para teatro, 441;-paratennis, 198 y 308;-para
verano, 381;-para viaje, 174 y 222;-para viaje 6 paseo, 379;-para viaje y Exposición, 340;
-para visita, 68,211,390, 409;-Princesa, 127,
255 y 563 ;-Princesa para señoras de cie:ta
edad, 102;-rosa, 303; - sastre, 183;-sencillo,
126, 183, 486, 507 y 558;-sencillos para expe•
diciones, 286 ;-sencillo para señoritas, 246;y abrigo de automóvil para joven 6 señora
joven, 601;-y abrigos de paseo, de reunión y
para casa, 523;- y abrigos de viaje para señoras jóvenes, 402 ;-y abrigo para otoño. 115;y capa de gardell·party, 382;-y capa de otofio,
474;-y delantales de verano para bebés, 309;
-y sombreros elegantes, 404;- y sombrero
para niñas, 150 y 535;-borclados para niñas,
335;-y capa y accesorios para baño, 284.
Varios modelos de sombreros, 46.
Velete de seda para butaca, 661.
Vestidos: adornad() con fleco, 171 ;-con bolero
9;-con canesú para niñas, 3;-con chaquet;
para niñas, 67;-de calle para niñas, 117 ·-de
baile para señoras jóvenes, 13 ;-de b;ile y
recepción para sefioras jóvepes y señoritas, 6
y 7 ;-de paseo, 11'7;-de paseo para niñas, 87;
-de paseo para señoras jóvenes 6 señoritas,
25 ;-de teatro 6 convite, 19 ;-de verano para
bebés, 380;-forma Princesa, 9;-hechura sas•
tre para paseo, 111 ; - hechura sastre para.
señorita, 90 y 91 ;-inglés para señoritas 9 ·marinero_para ni.ñas, 46 ;-para bebé, 39' y 46;
-para mnas, 10, 22, 67 y 87 ;-para niños 3
70, 99·y-334 ;- para señoras ióvenes, 18 y ú1;
- Pnnc.esa, 5.
Visillo para balcón, 3.

e-

ilse
te

ro
el

e¡s;
38
)B

·o
la

Je
ao:
11-

PERIÓDICOESPECIAL DE SEÑORAS YSEÑORITAS) INDISPENSABLE EN TODA CASA DEFAMILIA
Administraci6n, A.renal, 18, Madrid.

11

Madrid, 6 de Enero de 1900.

11

Año LIX. - liúm. l.

~e
!I·

l.s

Figurines ilumina.dos.
Blusas Y cuerpos de teatro para seüoritas y señoras jóvenes, 92.
li!erveilleuse Impe,·ío, 35.
Salida de baile y de teatro, 539.
Toilettes: de baile, 515, p24 y 575; - de balneario,
2?1;·-;-?e boda, 447 ;-do &lt;·ampo , 3_47; - dc casino, 332;- do castillo, 395· de chr1teau 263·de desposada, 431;-d , diario 311 -~de ~ntretiempo_. ~19 y 443; - de Exp~sició~, 215;d~_ Exp~s1c1ón para señoras jóvenes y para
!)¡nas, 2,5 y 871 ;-de prima ve a 156 ·- de rece~ción, 47~ L- de verano para ;cño;a joven,
,senor1ta y mno , 323;-de viaJe. 287;-de visi·
ta, 407 y 503;-para puerto de mar 299.
Trajes: d~. bocJa 1179; - de calle, 203' y 491;-de
campo, ¡¡ig y :381;-do ceremonia, 11 y 83;-de
~lle para senoras jovenes, sejíor_
i tas y niñas,
1?1 ;- de carreras, 119; - de carreras y conc1crto, 167; -de inte,ior ·hecho de terciopelo
negro y ra5?_Liberty rosa. viejo, 47;-de máscara para nmos., 69 ;~de paseo, 563; - de paseo, 2~7;-de paseo de paño verde sanee, 71;de .paseo p~ra sei¡orita , niña y señora joven,
222 ;-de primave1a, 143 ;-de visita, 23 y 107;
-de velo rosa_. cuerpo de encaje negro y corbata de muselina ~-e seda y encaje negro, 189;
-y abrigos p11.ra nmas J señoritas 455·-estiJo,
sastre, ó51.
'
'

:e
)B

(.- Sombrero Ninette.
Ním. !.-Sombrero de ñeltr&lt;&gt; !-igero azul pastel. Alrededor de la copo,
.una torzada .de cinta negra con ribete de seda. Se coloca la cinta con uw.11

pl umas negras al fado izquierdo. Debajo áel ala un lazo de cinta de donde
11ale una pluma negl'!I que ribetea el EOmbrer o por delante.
'

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752064&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada, Índíce, 1900, Tomo 59,  </text>
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                <text>Flores Arenas, Francisco, 1801-1877 </text>
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                <text>Siglo XIX</text>
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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                <text>Sucesores de Rivadeneyra</text>
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                <text>Carlos, Abelardo de 1822-1885, Propietario</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>INDICE GENERAT, DEJ_J TOMO LXI.-1902.
Jlovelas, poesías, crónicas de salones
y teatros, artículos, etc.

...

'

'

AnACl!LJ,-Lo bueno y lo mejor, 40; El aburrimienlo, 66; Razonos y pretextos, 88; Curanderas 112· Casamiento porinlerés , 124; Cortesía
raU:iliar', 136; Imprudencia temeraria, 160;
Viaje de. novios, 172, 184, 207, 220, 23i, 244,
267 y 272; Las presentaciones, 308; Distracciones, 332; Los observadores, 340; Cuidados y
descuidos, 362; El arte de agradltr, 389; La medianía, 449; Caracteres, ó08; Los serviciales,
317 · La curiosidad, 360; De mi guitarra ( poesía), cubierta núm. 2; La última hoJa, 668;
Marcia de Laubly, 14, Hi, 18, 20, 22, 24, 26,
28, 3(1, 32, 34, 36, 38, 40, 42, 44, 4.ti y 48.
BLANCO-Bl!LMONTI! (D. M. R.).-Cuento de Reyes, 4; La resurrección de Gayarre, 16; Mi escudo (poesía), 28; Sol y estrellas, 44; En el velódromo (poesía), 66; Una hazaña de Don Quijote 64; Epílogo (poesía), 77; El marido de mi
tía. 88; La venganza de «Comino•, 100; Pírriqui, 112; ¡ Que ~asa Di?s_! {poesía), 128; I:os nidos (poesía), 1ti4; Ind1v1s1ble, 212; El cigarro
de D. Juan, 264; Él primer beso, 292; La música
triste(poesía), 308; La virgen pálida(poesía),
332; El collar de la Princesa (poseía), 344; Las
perlas de Carlota, 362; El mejor negocio, 36cle;
El precio de la felicidad, 380; Como el Guadazar 388; Gota serena, 4.01; El mirlo blanco,
412'; Amor úni_co, 428; La herencia, 437; Los
maestros gorriones, 448; La razón de Justo,
464; La maestra de Prisco, 472; Deuda pagada,
484; Puerilidades, 600; La novia del artista,
609; Nielo de Don Quijote, 636; El mejor arquitecto, 320; El Salvador, 666; Primavera
(poesía), cubierta. núm. 12.
BACHES (D. Gratiniano).-Nostalgia (poesía), 209.
CÓRDOBA (D. R. de).-Notas de actualidad, 20 y
29 • Stella (poesía), 64; El último poeta (poesía.),
89; Charilas (poesía), 136; Adiós de Maria
Estuardo (poesía), 209; El cielo de cristal
(poesía), 284; El precio de una operación, 344;
La ,Nana• Rusa (poesía), 368; Hoja de mi álbum (poesía), 389; Canción o~oñal, 412; La
muerte de la cigarra (poesía), 437; Cuando tú
pasas..... (poesía), 466; La esperanza del poeta
(poesia), 4ti4; Microscópicas (poesía), 648; Olaf
(poesía), 660; Niñerías (poesía), cubierta nÚ•
mero 4; Llanto de in-rálido (poesía), 10; Microscópicas (poesía), 20.
DfAz DE EscovAR (D. Narciso).-Cantares (poesía), 11; Malagueñas (poesías). 101 y 148; Cantares (poesías), 245 y 269; Á Teresa la murciana (poesía), 359; Cantares (poesía), 428; ,n·
tima (poesía), 476; Cantares (poesías), 317, 601
620, 672 y cubierta núm. 46.
Da. R.*•*-Higiene doméstica, 317,371,413,461
y 612; Vocabulario de química doméstica, cubiertas números 4, 6, 8, 10, 12, 14, 16, 18, 20 22,
24, 26, 28, 30, 32, 34,.36, 40, 42; 46 y 48.
GEJ,!MA.-Piedras preciosas arliuciales, cubiertas
números 2 y 6; Perlas artificiales y falsas, 8;
Oro y plata, 10; El calzado, 12. .
JORRl!TO (D. Manuel).-Cantares (poesía), 116.
MAR (D. A.).-La Marquesa del Muni, ¡J04.
MONTE-CRISTO.-De casa y de fuera, 4, 28, 62, 76,
100, 124, 148, 172, 196, 220, 266, 280, 304, 328,
366, 376, 400, 424, 472, 494, 620, 644, 667 y 668.
P. (D.ª Adela).-Correspondenoia particular, en
todos los números.
RoMA'.NO (D. Luis).- Quej íos (poesia), 485; La casa
olvidada (poesía), 612.
SILVJA.-Annunziala, 6, 16, 29 y 39; La fortuna
de los llfontligné, 62, 65, 77, 89, 104, H3, 126,
137, 149, 160, 173, 188, 196, 208, 221, 233, 246,
260, 268, 280, 293 y 306; El marido de Nadalina, 316,228,340,363,466,377,389; 404,416,424,
436, 462, 460, 473, 484, 496, 508, 520, 532, 646,
667, M8 y 669.
.
V. DE CASTl!LFIDO--Revista parisiense, en todos
los números.
WHITE (D.111.j.-De mi guitarra (poesía), cubierta
núm. 6; Dos patios (poesía), cubierta núm. 8; En
el telar (poesía), 20; La colmena (poesía), 41;
Apólogo, 140; Hoja de mi álbum (poesía), 413.
X.-1\fodo de emplear los patrones, 41, 311 y cubierta del núm. 46
••.-Nobleza infantil, 209.

Contenido de las hojas de patrones
y dibujos.
NÚMERO !.-Anverso: Traje para paseo; traje
para patinar y paseo, de forma Princesa; traje
para señorita; traje de reunión para señorita;
traje para nrno de ocho á nueve años.,Reverso: Traje y adorno de cabeza para señora de
edad; pantalón y camisa para traie de baile;
enagua escocesa; enagua de paño; traje de patinar para niña de ocho á diez aiios; traie para
niño de tres á cuatro años; traje para niña de
dos á tres años. -Págs. 1 á 10.
~Úll. II.-Pliego de dibujos para bordados y la• pares, cuya explicación está en la cubierta.
Nu11. lll.-.Anverso: Traje de tejido de pelo; tra.¡e
de baile estilo Richelieu; traie adornado con
bordado para señorita de quince á diez y seis
años; traje para niño de uno á dos años.-Re11erso: Traje de tul y seda para baile; traje de
t~l para baile con cintas cometa; traje de marmero para niño de nueve á diez años; traje
escocés para niño de tres á cuatro años; traje
r~cto para niña de cinco á seis a.Jios; traje para
!Uña de dos á tres años.-Págs. 27 á 34.
Nu11. IV.-Pliego de dibujos para bordados y la.pares, cuya explicación está en la cnbierta.
Nu11. V.-Anverso: Traie de terciopelo adornado
con piel; traje Imperio con chaqueta; traj!l
para. niño de tres á cuatro años; cuerpo pará
cas8: con cuello de tela blanca; traje para niño
de siete á ocho años• capelina para de noche;
cu~llo recto con corbata.-Reve,·so: Traie para
senora delicada; traje de señorita de trece á
catorce años; polainas para niños de tres á
~uatro años; manga nueva.-Págs. 62 á 67.
VI.-Plicgo de dibujos para bordados y la•. res, cuya explicación está en la cubierta.
NuH. VII.-Anverso: Traje para señorita de quin-

NJ!·

ce á diez y seis años; traje para sei1orita de
diez y seis á diez y ocho años; chaqueta de
prima.Yera para seiiorita; cubrecorsé para señorita; camisa de dormir para señorita; corsé
de cintas para sei1orita.-Reverso: Traje adornado con costuras pespunteadas y cintas de
terciopelo; traje de primera comunión; traje
para niña de tres á cuatro años; traie de paño
para joven de catorce á quince años; camisas
de vestir para señorita; pantalones para señorita; enaguas para señoras y señoritas. - Páginas 75 á 82.
Nfor. VlII.- Pliego de dibujos para bordados y
labores, cuya explicación está en la cubierta.
:N'ú11r. 1X.-Anverso: Traje de desposada; camisa
cubrecorsé para baile; elegante enagua; amazona; abrigo para niño de doce á trece años;
traie bordado para niña de siete á ocho años;
polainas para amazona y ciclista; gorra de
sport.-Reverso: Traje con aldetas para señora
de cierta edad; traje de prima-rera con abrigo
corto; abrigo para viaje; traje para niño de
cinco á seis años; traje para niña de cinco á
seis años; delantal para clase para señorita de
once á catorce años.-Págs. 99 á 106.
NÚM. X-Pliego de dibujos para bordados y labores, cuya ex:,licación está en la cubierta.
Nú~,. XI.-Anve.-so: Traje con triple cuello; lraje
con volantes; abrigo de primavera de forma
china; abrigo de primavera para señora de
cierta edad; traje y abrigo para niña de nueve
á diez años; abrí go para niña de ocho á diez
años; chaqueta marinera para niña de cinco á
seis a.ños.-Reverso: Traje con falda nue,-a;
traie con cuerpo-blusa; bata senciIJa con pliegues Wateau; traje _para niña de seis á siete
años; abrigo y gorra para niño de siete á ocho
años; fichú de muselina de seda.-Págs. 121
á 130.
NúM. XII.-Pliego de dibujos para bordados y labores, cuya explicación está en la cubierta.
NÚM. XIII.-.dnterso: Traje de prima-rera; abrigos para niña de doce á trece años y para señorita de quince á diez y seis; traje para señora de cierta edad; traje para niño de diez á
once años; traie escocés para niña de cinco á
seis años; traje recto para niiia de tres años.
-Reverso: Traje de recepción; bbsas de -rerano; •bolero• de primavera para llevar abierto
ó cerrado; traje para viaje; traje te11nis; cuelloboa de muselina de seda.-Págs. 145 á 154.
Nú&amp;i XIV.-Pliego de dibujos para bordados y
labores, cuya explicación está en la cubierta.
NÚM. XV.-Anverso: Traje Princesa; traje de
sport; traje para señorita de trece á catorce
a.Jios; traje para niña de siete á ocho años;
chaqueta para niña de dos á tres años; paletó
para niña de cuatro á cinco años; camisa bordada para vestir; camisas de dormir para verano; enagua de verano.-Reverso: Traje de
casa para señora de edad; abrigo para naje ó
balneario; abrigo para niña de tres á cuatro
aJios; peinador; traje recto para niña de seis á
siete años; blusa de verano para niñas de cinco á seis años; cuellos marineros para niños;
traje con siete paños.-Págs. 169 á 178.
Nfü1. XVI.-Plicgo de dibujos para bordados y
labores, cuya explicación está en la cubierta.
NÚM. XVII.-A11verso: Traje de muselina con dibujos; ropa blanca para viaje; cubrepolvo?
mangas de novedad; camiseta de nansuc con
vivo; abrigo para niño de uno á dos años; traje
para niño de tres á cuatro años; lrai es de baño
para niñas de cinco á doce años; traje para niñas de cuatro á cinco años.-Reverso: Traje
con cuerpo-, bolero•; bata; blusa y camisa de
sport para joven; blusa de t.ela de seda; traje
de niño para baño; traje para nillo de uno á
dos años; chaqueta para niño de uno á dos
años; traje para nirio de dos á tres años; capa
para recién nacido.-Págs. 193 á 202.
Nú~r. XVIII.-Pliego de dibujos para bordados y
labores, cuya explicación está en la cubierta.
NÚM XIX.-.Anverso: Traje de fular con nueve
paños; traje para sport; capa de Eeda y encaje;
traje para nit1a do ocho á nueve años; cama
portátil y chaqueta para recién nacido; traje
para nüia de une. á dos años; varios objetos de
canastilla; delantal para niña de ocho&gt;\. nueve
años; delantal con mangas para niña de seis á
siete años; chaqueta para niño; zapatos para
niiio; trajes semilargos.-Reverso: Traje ador•
nado con un volante; capa de baño; capota
para niño; capa larga con pelerina postiza
para niños; camiseta para sport; traie para
nilia do cinco á seis años; traie semilargo para
niño; faldón largo y traje de noche para niño;
traje largo para niño; camiEa, chambra y brazaletes para r~cién nacido; pantalón paradormir; cuello recto con corbata.-Págs 219 á 226.
NÚM. XX.-Pliego de dibujos para bordados y
labores, cuya explicación está en la cubierta.
NÚM. XXI.-A11verso: Traje con falda nueva; traje
para viaje , blusa para señorita de trece á catorce años; traje de dril para niño de seis á
siete años; abrigo para niña de cuatro á cinco
años; traie para ni11a de seis á siete años;
delantal para niiios de seis á siete años; traje
para niño de uno á dos años; fichú adornado
con encaje Renacimiento; falda de verano.. Reverso: Traje con triple volante para señorita: traje con chaqueta para señora gruesa
de edad; camisa-pantalón; traje para se1iorita.
de diez á once años; camisetas de batista con
bordados; camisa de sport para joven de doce
á trece años; blusa para niña de siete á ocho
años; corsé para señorita de once á doce años.
-Págs. 243 á 250.
NÚM. XXII.-Pliego de dibujos para bordados y
labores, cuya explicación está en la cubierta.
NÚll. XXIIl.-Anverso: Blusa de seda lavable;
trajede ·.-uela; blusa de nansuc; blusa de muselina adornada con bordado; bluaa y delantal
para niño; traje recto para niña_~e cuatro á
cinco años; traje de percal para nma_de dos á
tres años; camisa y pantalón para mua de_ dos
á tres años; enagua con_ cuerpo y cam1són
para niña de dos á tres ~nos;_ gran cuello de
muselina de seda para senora ¡o-ren.-Reverso:
Traje con aldelas p~ra señora de cierta e&lt;l_~d;
traje de percal; tr3Je con volante para mua

de once á doce años; camiseta para niña de
catorce á quince &amp;.ños; traje para niña de
nueve á diez años; calzoncillo de noche para
niño de dos á tres años; calzoncillo con cuerpo
para ni 1'io de tres á cuatro años; corsé moderno ; cuello-manteleta de muselina de seda;
traje de fular para señora de edad. - Páginas 270 á 274.
Nú~1. XXIV.-Pliego de dibujos para bordados y
labores, cuya explicación está en la cubierta.
NÚM. XXV. -Anuerso: Traje sencillo con tres
paños; traje nuevo de cinco paños y cuerpo
drapeado; traje con cuerpo distinto para señorita de doce á trece años; traje de muselina,
batista ó fular para señorita; ca.pita para niña
de cuatro á cinco años; camiseta de batista.;
cuello de batista y tul; gorra de encaje para
señora de edad; cuello estola; camiseta para
chaqueta; cuello con chorrera; falda con volante para señorita de catorce á quince años.
-Reverso: Traje con chaqueta abierta ó cerrada; bata; traje de gimnasia para señorita
de catorce á quince años; traje escotado para
niña de tres á cuatro años; traje escotado para
niña de cinco á seis años; traje sencillo de
muselina con pintas ; blusa de franela para
ni.Jio de diez á once años; cami,a y pantalón
para niña de cuatro á cinco años; camisa para
dormir; cuerpo y enagua para niña de cuatro
á cinco años.-Págs. 291 á 298.
Núr.r. XXVI.-Pliego de dibujos para bordados y
labores, c11ya explicación está-en la cubierta.
NÚM. XXVII.-A,.verso: Traje recto para niña de
siete á ocho ai1os; traje sencillo para señorita;
traje para señorita de trece á catorce años;
paletó para viaje; traje plel?ado para niña de
dos á tres años; traje para niña de tres á cuatro años; delantal de trabajo; n1atinée con encaje; pantalón de gimnasia para nilia de ocho
á nueve añQS; cuello fichú; adorno para el
cuello núm. 30.-Reverso: Traje de muselina;
traje de hech11ra sastre para señorila de quince
á diez y seis años; blusa para niño de siete á
ocho años; camisa para niña de siete á doce
aiíos; pan talones para niña do siete á doce
años; corsé para niña de siete á ocho años;
enagua para niña de siete á ocho años; camisa
de dormir para niña de siete á ocho años; camisa de dormir para. niños de siete á doce
años; adorno para el cuello; traje con pequeños paños.-Págs. 315 á 322.
NÚM. XXVIII.-Pliego de dibujos para labores y
bordados cuya explicación está en la cubierta.
NÚM. XXlX.-A&gt;1verso: Traje de caza; traje de
luto riguroso; capa con capucha para niiío de
doce á trece años; traje estilo sastre para niña
de diez á once años; camisa de día para niña
de cinco á seis años; camisa de noche y calzoncillo para niño de cinco á seis años; vestido con escla-rina de la misma lela.-Reverso:
Vestido sencillo de piqué para señorita; vestido para señora joven delicada; paletó para
niña de siete á ocho años; -restido para niña
de tres á cuatro años; blusa rusa para niño
de dos á tres años; rn1tido escotado para ruña.
de cuatro á cinco años; camisas adornadas
con bordados; pan talones adornados con bordados; delantal para niña de doce á trece años.
-Págs. 339 á 346.
NÚM. XXX.-Pliego de dibujos para bordados y
labores, cuya explicación está en la cubierta.
NÚM. XXXI.-Anverso: Traje de amazona de gé•
nero inglés; traje de calle y falda para ciclista;
traje para niña de once á doce año,; camisa
con canesú para dormir; traje para niña de
u:i año; chaqueta de sport para señora; chaleco para traje de estilo saslre.-Reverso: Traje
con falda de dos paños; traje de otoño para
paseo; traje para señorita de trece á catorce
años; bala y chaqueta de casa para caballero;
traje para niña de ocho á nueve años; camisas de día y de dormir para joven de once á
doce años.-Págs. 366 á 370.
NÚM. XXXII.-Pliego de dibujos para bordados
y labores, cuya explicación está en la cubierta.
NÚM. XXXIII. - Anverso: Traje hechura sastre
con cuerpo que puede llevarse abierto ó ce•
rrado; traje de lana escocesa, hechura sastre;
traje de otoño; traje de otoño para niña de
nueve á diez años; traje para. niña de cuatro
á cinco ai1os; camisa de vestir; pechera y cuello para caballero; camisa de dormir con bolsillos para caballero; peinador; chambra con
canesú.-Reverso: Explicación de labores.Págs. 388 á 393.
NÚM. XX.XIV. - Pliego de dibujos para bordados y labores, cuya explicación está en la
cubierta.
NúM. XXXV.-Anverso: Traje para desposada;
traje de sport para señoritas; traje hechura
sastre para señorita de doce á trece años; traje
para niña de dos á tres años; abrigo semilargo
para señorita de trece á catorce años; blusa
de franela para casa; traje para niño de seis á
nuc-re ai1os; falda de se,:la.-Reverso: Traje de
otoño con chaqueta que puede lleYarse abierta ó cerrada; traje para reunión; traje sencillo
para señora de cierta edad; traje bordado para
niña de tres á cuatro años; abrigo recto para
otoño; abrigo y gorra para niño de cuatro á
cinco años; blusa de terciopelo adornada con
bordado.-Pá¡?s. 412 á 418.
NÚM. XXX\, !.-Pliego de dibujos para bordados
y labores, cuya explicación está en la cubicrta.
NÚM. XXXVII -Ant:erso: Traje sencillo con falda
redonda; traje para paseo; traje hechura sastr_e para ~eñorita d~- diez y seis á diez y siete
anos; abrigo para runa de cuatro á cinco años·
traje P~Eª niño de un año; traje de in viern¿
para nmo de ocho á nue-re a1ios.-Reverso:
Traje guarnecido con bieses de seda; abrigo
para de noche; traje sencillo para señorita de
catorce á quince años; abrigo de otoño y somb:,ero para señorita de quince á diez y seis
anos; blusa adornada con bordado japonés·
blusa de teatro con cinturón de seda drapeada:
chaqueta de invierno para niña de tres á cua'.
~ro años.-Págs. 435 á 442.
NuM. XXXVIII.-Pliego de dibujos para borda-

dos y labores, cuya explicación está en la cubierta
NÚM. XXXIX.-Anverso: Traje sencillo para señora de cierta edad; traje con falda de tres paños; traje hechura sastre para señorita de trece ácatorce años; abrigo para invierno; traje
para niña de ci neo á seis años.-Reverso: Traje
de estilo sastre con chaqueta; traje con fald:i.
de siete paños para visitas; traje para casa;
matinée; abrigo para niña de dos á tres años;
corsé para casa.-Págs. 467 á 4ó6.
NúM XL.-Pliego de dibujos para bordados r labores, cuya explicación está en la pág. 479.
Nú~,. LXI.-An11e1·so: Traje de baile de muselina
bordada para señorita; traje sencillo para
casa; abrigo y gorra para niño de cinco á seis
años; abrigo con aldetas; traje para niña de
once á doce años; traje para niño de un año;
camisa sencilla para señora gruesa -Reverso:
Traje con gran cuello; traje de invierno con
falda redonda; traje de terciopelo para patinar; traje con falda de tres paños; abrigo para
niñas de uno á dos años; traje marinero para
niño de cuatro á cinco años.-Págs. 481 á 489.
NÚM. XLIL- Pliego de dibujos para bordados y
lab.ores, cuya explicación está en la cubierta.
NúM. XLIII.-Anverso: Traje para reunión guarnecido con guipur; traje guarnecido con motivos de piel; abrigo con piel y capota para niña
de cinco á seis años; blusa de seda escocesa;
blusa para teatro; salida de baile con caídas;
traje con cuello de guipur para niña de tres á
cuatro años; manga semilarga -Reverso: Traje
con volante; traje con canesú de encaje para
señorita; traje sencillo para sei1orita de doce
á trece años; abrigo para señorita de doce á
trece años; abrigo para de noche con adorno
de piel; traje y gorra para niño de nueve á
once años.-Págs. 505 á 614.
NúM. XLIV.-Pliego de dibujos para bordados y
labores, cuya explicación está en la pág. 627.
NúM. XLV.-Anverso: Traje adornado con motivos de paño bordado; traje con falda de delantal; traje con blusa para niña de nue-re á diez
años; chaqueta y traje para niña de siete á
diez años; traje recto, delantal y enagua con
cuerpo para muñeca; traje marinero, capa,
boa y manguito de piel para muñeca.-Reverso: Traje de paño con piel; traje sencillo para
niña de cuatro á cinco años; abrigo para niño
de seis á siete años; traje para joven de diez á
once años; traje de piqué; traje sencillo, delantal y chaqueta para muñeca; cuello y cinturón de cinta de terciopelo.-Págs. 632 á 638.
NÚM. XLVI.-Pliegos de dibujos para bordados y
labores, cuya explicación está en la cubierta.
NÚM. XLVII.-Am,erso: Traje con gran cuello bordado para señorita; abrigo para de noche y
capelina de encaje; peinador de franela; traje
con falda de tres paños para paseo; traje marinero para niño de doce á trece años; blusa
bordada para señorita; traje para niña de uno
á dos años; delantales de batista para niiía de
ocho á nueve años.-R.,.,erso: Traje Imperio
para ffoe o'clok; abrigo largo adornado con petit-gris; traje para niña de once á doce años;
abrigo de invierno para niñas de ocho á nuen
años; trajo plegado para niña de dos á tres
años; fichú de tul y encaje; adorno de cabeza
para señora de edad y traje hechura sastre.
Páginas 556 á 662.
Nóbr. XLVIII.-Pliego de dibujos para bordados
y labores, cuya explicación está en la cubierta.

Grabados de labores, modas, ato.
Abanico de encaje Renacimiento, 382.
Abrigos: abierto ó cerrado, 351; - con pelerina,
463;-con pelerina para primavera, 117;-con
tiras de tafetán, 270; - corto, 546;- de entretiempo para niiia de ~inco á seis afios, 169; de invierno para joven de quince á diez y seis
alios, 487;- de in,·ierno para niño, 435;- de
merino para niña, 406;-de otoño para niña,
378;-dc otoño para señora de edad, 406; - de
paño, 450;-de pafio para primavera, 93; - de
seda, 300;-de tafetán para señora de cierta
edad, 162;-de tercio polo con piel , 448; - Gio·
verness, 399;-0detle de seda negra, 406;-para
niña de dos á ocho años, 625; - para niña de
diez á once años, 439;-para niiia de doce á
trece años, 18R;-para niñas de tres á siete
años y para niño de cuatro á ocho, 22; - para
niño, 63;•-para niño de tres á cinco años, 626;
-para otoño, 453;-para paseo. 498;-para señora de cierta edad, 487;-para señorajovenó
señorita, 646;-para señorita, 461;- para. viaje, 262;- para visitas, 103, 500; - para visita y
teatro, 622;-recto de paño,510;-rccto de paño
cebellina, 637;- recto y sombrero adornado
con seda, 219;-saco, 626;-saco semilargo,
187;-semiajustado, 647:- scmilargo, 266 379,
625;-semilargo con cuello movible, 448;- sernilar¡¡o para otoño, 400 ; - semi:argo para señora de cierta edad, 429; - semilargo para señora joven, 647;- y capelina para automóYil,
140;-y gorra para nitio de cuatro á cinco años,
411;-y sombrero de otoño para señora jo-ren,
387;-y traje de paseo para señoras jóYenes,
253;-para niña, 570.
Acericos: bordado, 569; - de encaje Renacimiento, 163.
Adornos: bordado, 646; - bordado para blusa.,
466;--de cabeza para señora de edad, 662;- de
encaje Renacimiento, 387;- de pasamanería y
bandas de seda para cuerpos, 387; -de piel,
460;-para trajes y blusas, 488;-para trajes y
cuellos, 274;-para cuerpos, 123;- para debajo
de co:mpoteras, 129;-para mesa de tocador,
394;-y cuellos, 102.
Agarrador para plancha, 490.
Almohadones: bordado, 367 y 418;- con aplicaciones, 3;-con aplicaciones de piel, 626;-con
encaje Renacimiento, 298;-con pintura hecho
con aguja, 466;--de pana, 116;- para los pies,
490;-para respaldo de butaca, 82;- para rea·
paldo de silla, 393;- para salón, 3ie; -y tapete
de terciopelo con pirograbado, 345.

.,

�I

Amazona, 105.
Angulo de aplicación de enea.je, 142.
Baberos bordados, 226.
•
Banda bordada para adornos de blusa, 614; para butaca de esterilla japonesa con aplicaciones, 1M.
Bandeja con senilleta bordada, 37(1.
Banqueta con respaldo bordado, 394.
Batas: 99 y 426;-elegante, 197;-para señora de
cierta ~dad, 462;- para señora de edad, 498.
Biombo p¡ra f¡¡t!)gratfas, 51.
~
Blusas: :fü'9;-de cintas y entredoses, 531;- de
franela 417·-dejer~ey, 450;-de nansuo, 272;
- de s~da j ~ponesa. 549; de teatro para señorita, 496¡-de tela de seda; 202;-deterciopelo,
522; - de terciopelo con bordados, 4~~¡- el~gante para señorita, 655;-rasa para mno, 346.
Boas: de tul, 18;-para baile, 46.
Bolero ds encaje, 309.
.
Bolsas: de piel con bordado sencillo. 490;-de tela
antigua, 223¡ - para cepillos de lámpara, 534;
- para guardar cubiertos de pla~, ó38;-:J?ªra
labores de malla, 489 ; - para panuelos, 33 ;para peines , 483 ;- para servilletas, 662; adornadas con pirograbado y pintura, 370.
Bordados: para cortinas, 177;- para tra¡es Y delantales de niño, ?86¡- para trajes de Terano,
262;-Bichelieu, º68. •
Bullones de muselina de seda para mangas, 43.
Butaca para terraza, 394.
Cabra de paño, 614.
Cama para muñeca, 550.
.
Camino de mesa con bordado do crnta, 154;- con
aplicaciones bordadas, 513;- con encaje, 322;
-con encaje Renacimiento, 442.
.
Cami~as: do batista, 70 y 571;- de doruur para
caballero 391· -de noche , 307;-pantalón,
249;-peq~eña; 70;-y pantalón para ruña de
dos á tres años, 271.
.
. ~
Camisetas: de seda, 322; - de tcrc10pelo, 141;para ch~qu_eta, 298;-;--para s~ñora j?Yei:, 189¡par a senor1ta de qumco á diez y seis anos, 189;
-para sport, 222¡-y pecheros para chaqueta,
174.
Capas: de piel, 16;- de tul con dibujo y enca~e
Renacimicn to, 198; - de Terano, 256; - gris
perla, 163;-para niño peqneño. 64;-para re·
cién nacido, 196;- para señora da cierta edad,
214.
Capelinas: para de noche,57;- para niña de ocho
á nueve años. 169;-para visitas, 670.
Capotas: para niño. 226;-para niñas de dos á
seis años, 622 y 623.
Cartón para música, 6;\8.
Cestas: bordada, 82 y 297;-con aplicaciones para
labor, 469¡-para labor, 34. 76 y 661.
Cesto de papeles con encaje Renacimiento, 417.
Cinturones: con plumas de paTo real bordado,
454;- de cinta de raso. 661;- peinetas y ador·
nos de fantasía para sombreros, 498.
Coche con borrico para muñeca, 626.
Cofre de estilo Imperio, 81.
Colcha para cama, 226.
CoUet de tul para señora de edad, 334.
Corbatas: con encaje Renacimiento, 405;-de
crochet para caballero, 262;-de muselina con
encaje, 462; - de tul , 9;-do tul con bordado, 34;-de t ul con malla, 368¡-nuova, 114.
Cortinas: adornada con encaje Renacimiento,
346; - pequeña, 636;- pequeña con pinturas y
aplicaciones, 466;-de tela crema, 153.
Cuadro bordado para pintmas ó fotogrlfías, 68.
Cubier tas: bordada para libro, 56; para libro,
668.
Cubrepo!To. 189,196,306.
Cuellos, 297;- boa, 82;-do muselina de seda,
154;-con chorrera, 87;-con volante, 260;corba.ta, 358;-de batista, 142;-de encaje Renacimiento, 286 "! 354;-do muselina para señora joTen , 274¡- de pasamanería, 405, 498
y 499 ;- de seda con encaje, 118;- de seda con
encaje Renacimiento, 399 ;-de tul, 129; - de
tal con pasamanería y encaje, 89;-estola, 294;
- ficbú, 319;-manteleta do muselina de seda,
271¡-para niño, 334;-para señoritas y niñas,
106¡-rPcto con corbata, 65;-recto con corbata, 22fi;-bordados estilo Renacimiento, 201;
-y cinturón de cinta de terciopelo, 538;- peq ueños, 64.
Cuerpos: bolero, 262;-bordado para teatro, 461;
-con gran cuello para señora joTen, 622;de batista, 310;-con cuello plegado, 646¡- de
fantasía, 399;-de telas ligeras para. nrano,
147; de terciopelo moteado, 17¡-para casa, 22
y 393;- para comida de confianza, 519;- para
reunión, 127;- para teatro, 391, 417 y 471;frac para traje de reunión, 523;- de raso, 673.
Chalecos: bordado para. hombres, 130;- de seda.
bor dada para caballero, 24il¡- para caballero,
243;- bordados, 130.
Chambras 70.
•
Chaquetas: con aldetas para señora JOTOn, 430;
de crochet para niño de un año, 234;-de otoño
para. señorita, 424 y 460;-de piel para señorita, 611.-de nrano, 353¡-larga para prima·
n ra, 187; -marinera para niña, 130;-para
prima vera, 118;- punto de media para niño de
un año, 235;-reeta para niña, 405; - recta para
otoño, 424;-de priminora para soñorita, 78.
Delantales, 189;-bordado,442;-con bolsillo para
labor, 298;-con mangas para niña de seis á
siete años, 22!i¡-de Viehy fino, 69;- para niña,
346 y 367;- para niña de nueTe á diez años, 82;
-para té, 367;-para trabajo, 87¡-para trabaiar, 174.
Disfraces para cabezas, 39;- para niños, 67.
Douillettes: de bengalina, 70¡-para baby, 186.
E legan tes: almohadón para sofá, 64;- bata, 472·
- guarniciones, 103;-sombreros, 174, 354, 365:
426, 427 y 556;-toilette pa, a señora joTen, 402·
- traje para visitas, 429; - trajes paTa señ01 i'.
tas y seño1asjóTones, 229;-trajesde señoritas
de diez á doce años. 369.
Encaje do bolillos, 342.
Entredós de guipur sobre malla para adornar
blusas. 626.
Enaguas de seda. 87.
Estrellas de encaje y guarnición nueva para.
adorno de cuerpos y trajes, 118.
Etagére pintado, 483.
Falda con siete paños, 169.
Faldones: de batista, 63;-de cristianar, 63;para. bautizo, 309.
Fichús: adornado con encaie Renacimiento, 247·
-de muselina de seda, 123;- de tul y enea.je'
668;-pequeño con caídas, 216.
'

Fondos: de platos pa·a dulces, 21;-para compo•
teras, 321¡-para fuentes y tapetes para. mesas
de té, 325 y 662¡-para platos, floreros ó botellas, 297.
Funda para almohadón de jardín, 321.
Galones: .ó47;-para ado1no, 321¡-bordado para
trajes, 310 y b73.
Gorras: de encaje para señora de edad, 297;-de
sport.103.
Gola de tul, 282,
Grupos: de abrigos y trajes para niña, 231 ;-de
camisetas de fa11tasía para señoritas, 162 y
163;-de sombreros, 474 y 476.
Guarnición de piel para señorita, 625.
Impermeable y sombrero para automó'fil, 140.
Lazos para. la cabeza, 76.
Letras bordadas al realce, 358.
Limosnero para niña, 346.
Mangas: 334; -y diferentes aspectos de las toi/Rt·
tes, 69;-para trajes de soiree y ceremonia, 185;
-de ve~tir, 662;-para traje de casa, fi74;para traje de calle, ó74.
Manguito de seda y piel, 34.
Manteles: para aparador, 40;-bordado para mesa
de té, 142.
Mantelillo para aparador, 381.
Marcos: de tres hojas ¡rara fotografías, 441;para fotografías, 418.
Matinées: 306; y 90;-de percal, 202¡-para señora
joven, 189.
Mesa para tocador de muñecas, 514.
Modelos de bordados para fondos de platee, 366.
Moisés de tul, 63.
Moti vos para ador nos de cuerpos, 68.
Muebles para muñecas, 614.
Muñeca Testida, ó50.
Musiquero, 99.
Nudo para peinado de baile, 1(12.
Nudos para. adornos de trajes, 18 y 19.
Paletó: adornado con chinchilla, 19 ;- de astra·
kán, 6 ;-de Terano para niña. 378;-recto para
señora jonn, 429;-semilargo, 7 y 186.
Pantalón y camisa para traje de baile, 9.
Pantalla, \l.
Pañuelos, 116.
Peto bordado á punto de cruz, 418.
Peinados: nuern, 6¡-para baile, 22¡-para desposada, 279,282, 283 y Mó;-para señorita. de
catorce á quince años, 78¡-y traje para despefada, 4&lt;1\J.
Portaperiódicos, 489.
Registro para tbro, 10.
Romana de la época imperial, 4:-4.
Rtcche con caídas plegadas, 318;-de muselina de
seda, 402;-de seda y piel, 42; - para traje de
baile, 477;-Pierrot, 403.
Saco bordado ó pintado, 78¡-para labor, 15-para
patines, 490;-para. plaid ele viaje, 202;- para
ropa blanca, 1b;-para t raje de baño, 2'.:!5;para Tiaje, 201.
Sachet, 130;-bordado, 538.
Senilletas: pa.ra compotera y mantelillo, 357 ;para platos, 10.
Smoking de surah, 63.
Sombreros: Alberta, 186¡-eon flores, 175;-de
jardín para niña, 189;- de otoño para señorita,
690;-de paja para niña de cuatro á cinco
años, 178·-de nrano , i34 y 260¡-Esclasmonde, 373·-Lecomte, 337 ;-para. ceremonias, 117;
-para'. inTierno, 602;-para señora. joven, 544;
- para. Tisitas, 6, 548 y 571 ;-de inTierno para
señoras y señoritas, ó:l2 y 623¡-de primaYera,
135 138 y 139 ;-de nrano, 213 ;-para señoritas'de nue'fe á catorce años, 126 y 127;-Y tra·
jes de Terano para señoras jóTenes, 238;- para
teatro, 570¡-de fieltro, 671.
Sombrilla. con aplicación de encaje Renacimiento, 201.
Store con tul bordado, 478.
Tapetes: adornado con encaje Renacimiento,
370 ; -bordado, 298; - bordado pa.ra mesa de
niños, 626;-bordado pa.ra teclado, 489¡-con
bordado y guipar sobre malla, 358; -de la
cesta para. 1abor, 76¡-para debajo de lárnpa.•
rasó nsos. 102·-para encima del piano, 106;
-para lámpar~ para tapete Renacimiento,
370¡--para mesa, 21, y 33 ¡-par~ mesa de. salón, 68;-pequeño, 3U;-pequeno con aplicaciones 61 ·- para mesa de trinchar, 322;-pequeño~ co~ bordado sencillo, 490.
Tetera, 201.
Toilettes: de campo, 382, 427 y 430;-de comida ó
recepción para. señora joTen, 39_9_;-de entretiempo, 426¡-de paseo pa.ra runa, 375;-de
Tisitas, 376 y 426;- elegante, 430¡- para. garden•party , 366.
Toques: Réja.ne, 326; - Y sombreros de vera.no,
210 y 211.
Trajes: adornado con bandas de seda, 121 ;adornado con costuras pespunteadas y cintas
de terciopelo, 78 ¡-adornado con paño bordado 636·-adornado con pespuntes, 235;-- adornado c~n piel, 69,493 y 63.!¡- á pliegue&amp; para
señorita ~23;-azul pastel, 331;-bretón, 44;con a.ld;tas, 270;-con aldetas para señora. de
cierta edad, 210 ;-con a ldetas y abrigo de doble esclaYina, 210;-con aplicaciones de terciopelo, 127 ;-con bolero de guipur para señora joven, 481;-con bolero para paseo, 466;con bolero para señoritas, 177;- con blasabolero, 246 y 447;-con camiseta de seda, 376;
-con cuello de encaje, 25;--con cuello de guipur para señorita de diez á once años, 534 ;con cuerpo blusado, 162;-con cuerpo-blusa,
187 y 334 ;-con cuerpo-bolero para señorita,
186·-con cuerpo-corselete, 210;- con cuerpo
de ¡!delas, 89;-con cuerpo distinto, 31;-cdn
cuerpo-frac, 390,440 y 611 ;-con cuerpo-hábi·
to, 69 y 145;-con chaleco distinto, 5ó8;-con
chaqueta ajustada, 241 ;- con chaqueta-bolero, 196;-con chaqaeta de atdetas, 186;- con
chaqueta. diferente , 51 ;- con chaqueta-frac,
351; - con chaqueta. larga. para señora de
edad, 169¡- con chaqueta Luis XV , 211 ¡con chaqueta para paseo, 42; -con chaqueta
para primavera, 91;-con doble bolero, 66; con delantal, 214; - con dob.e volante, 33; con falda• corselete, 90; - con falda - corselete
para señorita , 487;- con falda do delantal.
635;-con falda de dos paños, 369;- con falda
de Tolantes, 5F,O; - con falda de Tolantes para
señorita. 361 ;- con falda de volante para señorita de quince á diez y seis años, 366; - con
falda nueva, 246;- con falda redonda, 441;eon galón calado, 650;- con gran cuello, 261 y
607; - con guipar para reunión. 471;- con

nueve paiíos, 286;- ron pasamancrla, li17 y
634;-con pequeños paños, 318;-con piel, 80 y
666;-con piel para visitas, 16¡-con pliegaes,
270 y 294;-con pliegues para señora d,, cierta
edad, 349;- eon pliegues y bordados, 79; - con
pliegues J pespuntes, 117;-con trencillas par a
señorita, 439;-con tres paños, 293;-con triple
cuello. 2f&gt;ñ;-con triple 'fOlanle, 271;- con triple Tolanfe para señorita, 248; - con Tolante
en forma, 70;- con volar.te para baile, 43; con volantes para Terano, 174; - con volant e
plegado para señora y señori la, 439;- con TO·
Jau te y chaqueta larga, 106;- de astracán pa.ra
patinar y paseo, 16;- de baile con adorno de
chinchilla, 30;-de baile con corselete, 6;- de
baile de seda para señorita, 30;-de baile para
señorita, 505 y 623;-de baile para. señorita ó
señora joven, 433;-de batista, 247,262,277 y
283;- de batista. con entredoses bordados, 11ó;
-de batista para 8eñorita, 343;-de bengalina
para señorita., 377;- de calle, 330 y 496;- de
calle para señora. joven ó señorita, 450;- de
campo, 282;- de casa, 249;- de camino, 354 y
378;-de ceremonia para niña, 286; - de ceremonia para niña de siete á ocho años , 629; de ceremonia para señora, 174;-de ceremonia
para señorita, 285;-de clase para niña, 403;de clase para niño de nueve á once años,
· 27;- de oJase para niña de diez á once años,
82; - de clase para. niña de siete á ocho
años , 411; - de comida para señora jo'fen,
333;- de concierto para señora joven, 4ó2;
- de cc,rscrew brique , 382; - de crespón de
la China para baile, 31; - de crespón inglés
para luto, 624; - de desposada, 286; - Directorio, 54;-de dril para niño de ocho á nueTe años, 223¡- de encaje, 19;-de excursión,
318;-de étamine, 210;- de organd[ para señorita, 339;-de franela color de rosa. 67;-de fular. 114,234,274, 294 y 318¡-de fular con cuerpo-hábito, 165:-de fular con nueve paños, 217¡
-de fular para señorita, 342;-de garden-party, 39i;-de gasa, con cuerpo de guipur, 6n;de gasa. moteada. para baile, 67¡-de granadina
con encaie Renacimiento, 67;-de tul, 477;-de
homespun, 67;-de inrierno con falda redonda, 489;- de invierno para paseo, ó11;- de jerga azul, 66;- de lana, adornado con piel, ó3;de la.na para paseo, 166;-de lana y cuellos para
completa.rle, 66;-de lanilla, 282;-de lanilla
para. señorita, 246;-de Liseron, ó4;-de loui•
sine para reunión, 643;-de lulo, 345;-de h1to
para señora jo•en, 402; - de medio luto, 7!l y
123;-de muselina, 185, 193 y 313;--de muselina de seda para señorita, 649;-de muselina
para primera comunión, 7ó;-de muselina para
señorita, 318;-de muselina para Testir, 17ó;de noche pa.ra señora, 330;-de noche para señora joven, 310;-de otoño, 4-e!l y 478;-de otoño con chaqueta, 415:-de otoño para niña de
naeTe á diez a.ños, 385;-de otoño para paseo,
414;-de otoño para señora de cierta edad, 2«:1;
- de paño, 29,103, 423,496 y 617;-de pa.ño
adornado con terciopelo, 21;-de paño blanco,
22;-de paño bordado para reunión, 87;-de
paño con piel, 610;- de paño para paseo , 166;
-de paño para señora joven, 379;-de paseo,
163, ¡¡55, 3ó7, 376, 440 y 486;- de paseo con cintas, 535;-de piel pa.ra otoño, 447; - de piqué,
29h, 307 y 319;-de piqué para niña de seis á
ocho años, 169;-de playa, 330;- de primaTera,
142;-de primanracon chaqueta larga,68;~de
recepción , 78 y 459;-de recepción para. señora
jonn ó de cierta edad, 97;-de reunión, 457;de reunión pa.ra señorita, 378,390,452, 464, 523
• y 543;- dc re1.mión para se1iora de cierta edad,
19;-de reunión para señora joven, 406 y 433,
-de reunión para señorita de trece á catorce
años, 116, 390 y 623;-de reunión y comidas
para señoras jóvenes. fi; - de paseo para niña
de catorce á quince años, 236;- de paseo para
niña. de diez á once años, 385;-de paseo para
señora de cierta edad, 439;-de paseo pa.ra se·
ñora jo'fen, 647;-de paseo para señora joTen ó
de cierta edad, 97;- de paseo para señorita,
354;-de seda, 73;-de seda brochada, 45;-de
seda con cu·erpo-chaqueta, 69;-de seda libcr·
ty, 135;- de seda negra, guarnecido con encaje,
para señora de cierta edad, 22; - de seda para
señora de edad, 329;-de seda para señoraj oven,
378;-de seda y salida de teatro, 649;-dc spc,rt
para. señorita., 414;-de sport para señorita do
catorce á quince, años, 176;-de tejido de pelo,
33;- de tejido ligero, 2ó7;- de lela Jan ble, 294;
-de terciopelo, 160;-de·terciopelo con piel. 70;
- de terciopelo inglés con piel, 21 ;-de terciopelo negro, 112¡- do terciopelo para niña de
siete á ocho años, 634;-de terciopelo pora paseo ó para patinar, 634;-de terciopelo par11
patinar, 487 y 622;- de tul, 166 y 28:! ;-de tul
adornado con pintura, 18 ;-de tul con encaje Renacimiento, 199;-de tul con trencUlas
de seda, 549;- de nrano, 217, 281 y 302;-de
Terano para. señora delicada, 214;-de Testir,
449;-de nstir para bebé, 329;-de Tiaje, 189;de ,¡risitas , 423 y 451;- de visita para eeñora
joTen, 385;-de rucio, 283, 289 y 331;- elegante, 382;-elegante para niña de nueve á diez
años, 394;-elegante para TiEilae, 477;-estilo
sastre, 349 y 356;-guarnecido con piel, fi10;hechura Imperio y abrigo para de noche, 31;
- hechura sastre, 43, 316, 391, 469 y 663;Imperio, 27;- Imperio para niña de ocho á
nueTe aiíos, +2;- Imperio para niña de cuatro
á cinco años, 81;-Imperio para señora joven,
500;-inglés, 23;-largo, 70;- lavable, 310;marincro para niño, 4:02 ; - para baile, 6f;
y 499; - para baile adornado con nudos, 92;
-para baile de muselina de seda plegada, 42;
-para baile ó reunión, 49;-para calle, 406,
436 y 4M;-para campo, 367¡-para carreras,
279;- para casa, 69 y 403¡-para camino, 33U
y 481; • para ciclista, 105; - para comidas y reuniones, 90;- pa.ra convites, 461¡-para concierto y teatro, 79;-para entretiempo, 454; para inTierno, 4-98;- para madre de desposada, 285 y 529;-traie para niña, 3, 100, 295, 306,
414 y 459:- para niña de nueve á diez años,
27, 329;-para 11iña de seis á siete añoi, 53,
127 y 674¡- para. niña de once á doce años, ó6;
-para. mña de cinco á seis años, 67 y 4:66;para niña de doce á trece años, 11 4;-para
niña de siete á ocho años, 12ti y 519:- para
niña de uno á dos años, 222¡-para niña de un
año , 364;-para niña de seis á ocho 11iíos, 378;
para niña de cuatro á cinco años, 387;-para

niño, 100, 105, 171 y 4:59¡-para niño de tres
cuatro añoe, 66 y 381;-para. niño de cinco
seis años, 114 y 46!i;-para niño de cuatro
cinco años, 126;-para. niño de dos á tres añ
466; para niño de siete á ocho años, 625;-p
otoño, 429-y4M¡-para otoño, con falda nue
414;-para paeeo, 79,234, 334,392,393, 438,
478, 607 y 541¡-para paseo y Tisitas, 42;-p
paseo ó Ti aje, 198 y 207 ;-para. primaTera, 7
114 y 117;-para recepción, 85;-para reuni
37,414, 601 y 573;-de reunión, estilo Luis X
18;-para reuniones de tarde, 379¡-para
ñora de cierta edad, 502 y 607 ;-pa.ra seño
de edad, 411;- para señora joven, 102, 219, ·
333,450 463, 602 y 546;-para señora joven
de cierta edad, 646;-para señora joven ó
ñorita, 310 y 450¡-para señoritas, 46, 66,
79, 89, 283, 294, 31fi, 334, 430, 461, 453, 4
y 546;-para señorita de quince á diez y s
años , 76, 211, 243 y 465; - para señorita
once á doce años, 116 y 486;-para seño
ta de trece á catorce años, 174 y 611 ¡-p
señorita de doce á trece a1ios, 186; - p
señorita de diez á once años, 243, 602 y 6
- para señorita ó señora j oYen , 331 y ó
- para sport, 223;-para teatro, 497 y 498;
para teatro y comidas, 37 ;-para Terano, 2'
-para Yestir de corto, 63;-para Tisilas, 11
379,457 y 533;-para .-isitas y reuniones, 7;
Princesa , 166, 289 y 306 ;-Princesa con en
je, 165;-Princesa con guipur, 307¡-recto p
baby, 159;-recto para niña , 171 ;-con ¡:11
gaes, 294 y 195;-de baile, 471 ;-de bailar!
y d·e clo1t•11, 64;-de ceremonia, 118;-de ex
sieión, 109;-do medio luto para señora y a
ñorita, 90 y 91 ;-de otoño para señor as jó
nes, 397;-de paseo para niñas, 237;-de pa.1
para señoras jóTenes, 163;-de paseo y Tisit
para señoras jó\"enes y pa.ra ni.Jias , 46;
playa, 265;-de prima.era, 133 y 15·,;-de p
ma'fera para señoritas y sei'ioras jóvenes, 1:
- de- reunión , de visitas y de casa, para
ñoras jóvenes, 94 ¡ - de sotibrette para seli
rita, fi4 y fi!i;-de sport, 19il;-dc teatro pa
señoritas y señoras de cierta edad, 537;-d
ta l y encaje para baile, 18;-de Terano pa
casa, 162 y 163;-de .-estir para señoras j
Tenes, 181 ;-hechura sastre, 499; -hechura
sastre para señoras jóvenes, 162;-para bai
le, 66 y 67;-para comidas, 30, 31 y 61;pa.ra calle, 13;-para nifias de seis á diez añoa,
93;- para niñas de ocho á diez años, 186 J
187¡-para niños. y niñas, 198, 199, 273 y 291;para paseo, 20!i y 574;- para patinar ó pas
1;- para recepción y comidas, 421;- para señoras jóTenes, 306 y 307;-para señoritas, 1211¡
-para tennis, 161;-para 'fisita, 445;-sencillo¡
236, 319, 381 y 462; - sencillo adornado
soutache, 658¡- sencillo con bandas y cin
25;- sencillo para campo, 404;- sencillo p
comidas y reuniones, 8; - sencillo para loto
fi26;- sencilto para o~oño, 493; - sencillo pa
señora de cierta edad, 329 y 417;-senci
para señorita de trece á catorce años, 23';sencillo pa.ra señorita de doce á trece años,
246;- sencillo para señorita, 261;-y abrigo
para niña de nuen á diez alios, 128;-y abrí
para niños de tres á cinco años, 22;-y abri¡
de prim1nera para niños y niñas, 141;-y so
breros de paseo, 268 y 259;-y sombrero d
primuera y de nrano, 160 y 151 ;-para
midas y reuniones, 666;-para rnñora, 567;
para teatro, !iti7;-adornado ron pasamanería,
567;-con fa.Ida. de tres Tolantes, 567;-y so
brero para teatro, 570¡-para teatro y reuni
nes, 671;- con pliegues y cintas de terciopelo, 574.
Tres peinados para niñas, 90 y 91.
Varias blusas, 519.
Varias mangas, 354 y 356.
Varios cuellos, 186.
Varios sombreros, 402, 403, 438, 439, 450 y 451.
Velete de locador para colgar, 10.
Vestidos: con blusa-bolero, 351;-con esclavina,
343;- de crespón para señora joven, 343;paño, 354;-de reuniones para señorita, 426 J
573;-escotado, 406;-do siete paños, ~61;- dt
tela ligera para señorita, 339;-escotado pan.
niña, 34,6;- para nilia, 34.6.
Vide-poche para ga hinete, 153.
Volante: á punto de cr uz, 178; -- de tul malla,
178.
Zapatillas para niña de siete á ocho años, 637
Zapatito para floreros, 271.
Zapato de crochet. 23l-l.
Zapatos para niño, 341.

Figurines ilumin a.dos.
Abrigos: de paño rosa, 287; - para paseo en e
che, 143.
Blusas de Teslir, 276.
Cuerpo de crespón de la China, chaqueta. de pa
ño, abrigo recto, cuerpo de lanilla, 467.
Disfraces de nilios, 35.
E legante toilette de tarde, 603 y 675.
Elegante traie de noche de piel de c'sne celes
479.
Ramleh, 431.
Rialto , 359.
Rica y elegante toilette de ~eda. flexible, 551.
Toilettes: de otoño y de iln-ierno. 443;- de paseo
491;-de playa y de casino, y de casino, 3'7;
-de prima.vera para señoras jóvenes, 1í9;
de vorano, 2!i1; - para carreras de caballo
15!i;- para casino, 299;-para paseo, 191;-p
señora joven y señorita, 371¡-para teatro, 11
Trajes: «Adonis •, 215;- de amazona, 407;-d
amazona y de caza, 395;-dc baile, 71;-de ca
rreras, 311;- dc crespón de la China y de te
ciopelo, 4Hl ;-de ho»itspuu, 227 ; -de pas
47, 96, 128 y 383;- de paseo para señoras jó'f'
nes, 83¡-de playa, 335;-de primavera co
chaqueta Luis XV, 119;- de sastre, 167;-d
soirée, 59;- do verano, 203 y 239;-de ves
263; de visita, 515;-elegar.tc para casa y p
señorita, 107¡- para baile y comidas, 639;
rosa de desposada, 456 .
Vestale, 627.
Vestidos: de crespón
seo, 23.
•lsaure •, !i63.

~

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··~
-

.'FONOd DE HtSTPBIA

PERIÓDICOESPECIAL DESEÑORAS YSEÑORITAS, INOISPENSABL~ EN TODA CASA·DE FAMILIA
PUBLICA LAS ÚLTIMAS MODAS DE PARÍS EN EXCELENTES GRABADOS-ARTÍSTICOS FIGURINES ILUMINADOS-CONSIDERABLE NÚMERO DE PATRONES
TRAZADOS AL TAMAÑO, NATURAL-

MODELOS PARA ~ODA CLASE DE LABORES Y BORDADOS-CRÓNICAS-NOVELAS, ETC., ETC,

SE PUBLICA EN LOS DIAS 6 , 14 , 22 Y 30 DE CADA MES

Año LXI.- l\lúm. L

Madrid, 6 de Enero de 1902.

.Administración : .A.renal, 18, Madrid.
11

11

SUMA RIO.
TEXTO.-Explicaci6n de los grabados.Revista. parisiense. por v. de Casteltldo.- De casa, y de fuera, por MonteOrlsto.-Cuento de reyes. Lo que trajo
Melcbor, por D. M. R. Blanco -Belmonte.-Annunziata., continuación, por Sil·
via. - Pensamientos. - Cantares, por
Na.relso Diaz de Eecova.r.-~orr~spondencia particular. por D.• A~ela P.Explicación del tlgunn iluminado.Sueltos.- Anuncios.
GRABADOS.-1 y 4. Traje para patinar
ó para paseo. - 2. Traje de terciopelo
para patinar. - 3 y 5. Traje para patinar y paseo, de forma Princesa.-6.
Almohadón con aplicaciones hordadas.-7. Traje de patinar para niila. de
8 a 10 años.-8. Traje para niño de 8 á
9 años.- 9. Traje para niña de 7 á 8
años.- 10 á 12, Croquis de los dibujos
7 á 9.-13. Traje de reuniQn.-14. Traje
pará. niño de 3 á 4 años - lo. Paletó de
astrakán. - 16. Peinado nuevo. - 17 y
•2. Traje de baile con corselete.-18.
Sombrero para visitas. -19. Traje de
reunión para señorita..-20 y 43. Traje
para visitas y reunione•. - 21. Paletó
semilargo.- 22. Traje para. niña de 2 á
3 años.-23 y 24. Traja para señorita..25 y 26. Traiey a.domo de cabeza para
señora de eda&lt;l.- 27. Traje sencillo para
comidas y reuniones. -28 y 29. Pa.nta.lla. - 30 y 40. Traje para paseo.- 31.
Corbata de tul con bordado Luxeuil. 32 y S,'. Pantalón y camisa para traje
de baile. - 34. Velete de tocador para
colgar. - 35 y 36. Enagua escocesa y
enagua de paño.-37 y 3q_ cerviiletas
para pla tos.- 39. Servilleta. para platos
y fuentes - 41. Registro para libro.

Núms. 1 y 4.-De paño v er qe
g u&amp;rnecido con chinchilla. Falda
redonda muy ajustada, terminando con un volante en forma bordeado con una banda de chinch illa y r ematando con un bies pespunteado.
e:Bolero:t cor to en curvas. Cierra
delante cruzando. G ran cuello r edondo, y otro con solapas adornarlas con pespun tes y chinchilla.
Mangas que terminan con gFandes
vueltas. Camiseta de t e r c io pel o
verde.
Núm. 2. - De terciopelo encarnado guarnecido con skunks y tr encillas de oro. Cuerpo fl ojo disp:iesto
en pliej!,'ues. Cierra delante ~a¡o un
ancho pliegue hueco g u11mec1do con
trencilla.e y botones dorados, y recuadrado con dos pliegues h?e~os
del mismo modo y que contmuan
los pliegues de delante de la falda..
Mangas oon tiras adornadas con
botones. Puños aj astados. La falda,
plegad&amp;, va rodeada con una ban~a
de skunks que termina delante ba¡o
el delanW estrecho sujeto con botones.

Núms, 3 y 5. - Para la exp,licadón y 11atrones, véase el ~umero 3, figs, 15 á 26 de la HO')a-Su·
plemento.

1.- TraJs para patinar ó para paaeo.
Véase et dibujo 4.

2.- TraJe de terolopelo para patinar.

3.- TraJe para patinar y paseo, de forma Prlnoeaa.
Véase el dibujo 5.

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                  <text>La Moda Elegante Ilustrada</text>
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                  <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752064&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada, Índice, 1902, Tomo 61,  </text>
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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                <text>Carlos, Abelardo de 1822-1885, Propietario</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>LA

MODA ELEGANTE
ILUSTRADA

PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS

A~O LXIV DE SU' PUBLICACIÓN

AJ&gt;lllllQll'IUCldM:

CALLB DEL ARENAL, N0.11. 18

IIAORID

�lNDICE GENERAL DEL TOMO LXIV.-1905.
■alones

• OTelu, poeliaa, cr!llicaa de
y teatro■ , ~- .!icllloa, etc.

marinero para niño de 6 á. 6 aiios.-ReNr10:
Explicación do laborea -PA¡a. 66 á 67.

blanco para niña do 6 á 8 a1ioa; camisa de
Núar. XXX VII.-A••mo: Traje de cacbcmlr; traje
natir, pantalón J camisa de dormir para niño
de cachemir guarnecido con terciopelo; paletó
de 1 á i añoa; trajo para nfiío de 1 año; capa
bores, cuya explicación está en la cubierta.
aemlajustado de paño claro; bata; tnali11H para
de piqué para niifo de 1 á 2 años; enagua.a J
Nóir. Vll.-.Aneer,o: Traje de estilo eutre para
Crónica del bien, cubit'rla. núm. 28· Vcran~ d8
señora de edad; tr,je para niño de 6 á 7 año_a;
señorita; traje de corte sastre para maí'ianu;
corsé para nhfo de 1 i 2 aiíot¡ cubrepol•o; 'TOS•
Su ~anUdad, :iHS; lfuéapcdcs, robi~rtanúm. 4-2;
traje sencillo pua niiia do , á 6 años¡ trllje
lido adornado con bordadoingléa para ni1iado
camisola gparnecida con pliegues; traje de priFra,c, hechaa que deben dC!haccrse, 614· Acdo paseo; chambra para niño.-Ret:erao: Traje
3 á 6 1,1101 -R~trao: Traje de fular; camiseta
mera comunión; camisas de •eatir guarnecidas
cid, nles or Ja electric-idad, Ó'-'6• Las conquisde terciopelo para señora de cierta edad¡ traje
de batista adornada con bordado¡ traje de bacon bordados, propias para aoñor1ta1; panta•
tas do.Prú1pcro, cubi~rtas núm~. 2, .(. 6, 8, 10
sencillo adornado con trcncllla; falda rodonda;
tista para Beñorita do 1' á 16 años¡ para niña
Iones guamecJdos con bordado; traje para se1
J 12; ~-1 rincón de la d1oha, cubiertas núma.14bluaa escocesa; blusa sencilla¡ paletó para
de 3 á 6 a1ioa; plegado para nhio del á 2 aiiol'I;
ñorita de 16 á.16 añoa,-Retierao: Abrfgo para
16, 1R, 20, 22, 2-', 26, 28, 30, 32, 3-í, 36, 38,
niiia de 3 á. 6 años; salida do teatro¡ capucha
de percal para niña de 12 á U años; de 1port
Tiaje; trajo de paño raso; paletó recto para
,2, U, -111 J
adornada
con bordado¡ gorra do balista.-Páentretiempo; traje plegado para niilo de 1 á 3
para muchacho de 9 á 11 años; chaqueta. de
ginaa 437 A UO.
DALART (D. Federico). - Plegarla oo una niña
franela para. niño de 1 año,-Pága. 2it5 A 249.
años; camiaas de dormir para ■eñorita; enaguas
(poeaia¡, ó3.l.
Núu. XXXVIU.-Piiego de dibujo, para bordaNÚM. XXU.--,- Pliego de dibujo, para bordados y
para sei'Iorita; cubrocoraé adornado con encaje;
BLA~CO·BKLUONTF. (D. ~l. R.).-Reyes inmortado, T Jaborea, cara explicación est4 en Ja culabores, cuya explicación eatá. en la cubierta.
cubrecorsé propio para señorita; peinador;
bierta.
foa (poc•lal. ,, ~llcro,cópicaa (poeala), 21; La
Nó&gt;r. XXlll.-A""'"º' Traje bordado á realce
toikttl! de cachemir blanco propio para señorita.-Pága. 78 A 82.
TJda humilde (La macalra), 33; Un robo (poeNÚM. XXXIX -,Ancn-10: Trajo con chaqaeta separa señorita; viso ó traje interior para trajes
1(ai,cublcrla num. ♦; El talento de Ja mujer M·
miaju1lada para señora de edad; toiklU do
de tclu transparentes¡ tr~e de cuadritos; de
Nó11. Vlll.-PJ!ego do dibujos para bordados J
fü violín rolo (poeola), 63; La •Ida ham'ud~
hechura princesa con • boler,J &gt;; .. bolero•
hechura sastre para aeñorlta de 16 á. 17 años;
Jabores, cura explicación e,t4 en la cnbierta.
(Lo■ aprendlcc■J, Su; .\Jicro1cópica1 (poesía), .Xúu. IX.-Jt¡¡ver,o: Paletó ajustado para señode imitación á piel J propio para señorita;
camiseta de fular; blusa para rei'iorila; trajo
14-7; Como el cactus (poesía), 1ó9; .Mirando al
blusa sencilla de seJ11; cubrecorsé guarnecido
do lienzo para aport; cuello-estola de pafio ó
rita; traje sencillo de l&amp;na; traje de prima•era
cielo (poesía\ cubierta ntím. 16; Mi reloj (poeglasé; tra;e para niño de 3 á 6 años; falda de
con bordado f cubrecorsé de batista guarne•
para niila de 12 á 13 años; traje para niila de8
sía}, 279; La torre ~e la■ oractonca (poesía), 298;
alpaca para señorita de 1,, Jó años¡ cubrecid o con encaje; cuello J manggf to de piel para
á 9 aifos; traje para niño de 6 á. 7 año■; chaniña de i á 6 años; traje guarnecido con borCasa nue•a, por11a), 311; :Vidoa 'lacios (poesía),
corsé y enagaa para aeiforita de 13 á U años;
queta de primaTera para niña de,, 6 añoa.3t'l¡ Por los caminos ..... (pocsfa), cuhiert.a núdado para niña de 1 Ai años.-Ret:trao: Trajo
delantal ~ara clase y juego para niila de 7 á 9
Retitrao: ToikJü de entretiempo; paletó de ende diagonal; traje de pario guarnorido con Ya•
mero :!b; U.grimas (pocafa), 351: Crueldades de
años; abrigo para niña do 6 H. 7 allos.-Retier•
tretiempo; traje para joven de 16 á 16 años;
I• piedad (poes,a l, 3íl: 'H rincón (poe,fa), 396;
Jenciennes
; enagoa sencilla para in•lerno;
10: Toilette para señora de cierta edad; traje
camisas de T8!tfr T de noche para jo•en de 14;
Veraneo de la reina Alejandra 1 399; Veraneo
enagua de tafetán; chaqueta do peluche do
de lienzo sin forro; blusa do baUata para señoá. 16 aiios; paletó recto para señorita; blusa
seda; abrigo Imperio J capota para niña de 4
de la .Zarina, ,t3; ¡ Pobre abuelita t, cubierta
rita de 14 á 16 años; carrik para muchachita
sencilla de lana J propia para entretiempo.Piga. 97 A 103.
núm. 36; Penttamtentos extrañoa (poesía), «2
á 6 años; traje para niña de 6 l 7 Arloa: traje
de 1' á 16 aifos; paletó con capuchón para
para niño de 6 á 8 años; delantal para niila de
J ,ó6; \'enganza infc~nal (poe!!:ía), ,67; Huérmuchachita do 13 á. 1' añoa; traje para níi1a
NÚM. X.-PJiego de dibujos para bordados y lafanos con padre jpoes,a~, cubierta núm. ,o; El
10 á 12 años; traje de terciopelo adornado con
de 7 á. 9 aifoa; para muchachita de 10 á 12
bores, cuya explicación estA en Ja cubierta.
añoo.-Pág,. 27u á 272.
~rencilJa; traje estilo aastre.-Pip. 462, 4:66.
Hcriflclo de Venus (poesía}, 484-; Pensamientos
Nú11. Xl.-Antwr110: Traje de callo para 1eñora de
extrailo1, cubierta n1ím. U; Sin con11uelo (poeNw. XXJV.-Pliego de dibujos para bordadoa J Nuu. XL.- Pliego de dibujos para bordados y
edad,; abrigo de vl~e¡ abrigo de prima•era do
_Jabores, cuya explicación está en Ja cubierta.
aia), cubierta núm. 4-6; El aguinaldo del Niño
labores, cuya explicación está en Ja. cubierta.
parlo claro; abrigo para niña de 7 á. 8 ai'loa;
Núlf. XXV.-.Ant1er10: Traje do percal escocés;
NUJf. XLl.-A"veno: Traje con •bolero&gt; propio
Jesús (poesía~ 662; Bondad di Tina (poesía), cutraje para niña de 10 á 11 años; falda redonda
bierta núm. '8.
para señorita; traje para aeifora graesa; paletó
de Tiaje pua señora jonn ¡ de percal ea lampara traje de diario; traje de amazona.-Ret:erpara señora gruesa; blusa T laida para nlil.ll. d~
Cónoon, (D. H. DB).-Cuenteeillos (poesía), 39;
pado; blasa de1MJU'uc guarnecida con entredós;
ao: Traje princeaa con bolero corto; traje ex12
, 1' años; traje para niña de 6 á 8 años;
calzones J e&amp;mil'I&amp; de dfa para niño de , á 6
DIA!ora rpoeala), ú6; ',!icro,cópicaa (poesía, cutensible para señora jonn; bluea scnciUa para
años;justillo¡ coraé do descanso para señora
camisas T pantalones de baile; traje roa.mebierta núm. 6; El juicio de las ro111as (poesía),
señorita; abrigo de primanra para señorita
cido con apJicacionca.-Rttwao: Traje de boda;
graesa; delantal gaarnecido con bordado á
99; Q11icn sabe amar aabe morir (poesía), 2~;
de ló i 16 años; blusa elegante de luisina; pccamiseta de lana; trajo do· Juto; carrit para
punto de cruz para niña de 6 á 8 ailos.-Relorina para e1tar on casa; traje de prima..-era
La maje.rjaponesa, cubierta núm. 26; Los traseñorita de 15 á 17 años; paletó para niña do
t1erao: Traje de •Jaje para señorita; blanco para
bajadores !poesía), 328; Veraneo de la reina
para señorita; delantal para niil:a de ó á 6 años.
10 á 12 años; traje para •niño de 2
años;
aeñorita; blusa do seda; traje do Tisita..s; chaA melia, 3«, J 362¡ ~1 njeres arlisl&amp;a, 392; Cuesdelantal para mucbachllA de 13 A 15 ailas.P4ga. 126 A 130.
traje para señorita de 16 á 17 ·años; traje de
queta para niño de 2 á 4, años; traje recto para
tión de nombre, cubierta núm. 3'; Contra Jos
!nterior; cofia para aeilora do edad.-PAg. ,oo.
niña de 2 á 3 años; capota para •bebé• del á 2
Núlf. X.IJ,-Pliego de dibujos para bordados J lapiropos 1 , ~ : Como la sombrL .... (pocafa). cuNu,r. XLII.- Pliego de dibujoa para bordados y
años; capota de jardín para niña de 2 á 4 años;
bores. cuya explicación está en la cubierta.
bierta núm. 38: Lo mü,mo que tú .... (poesía),
labores, cuya explicación está on la cubierta.
traje de viaio; de piqué para mño de 1 á 2
cuhier: a núm . .ro; La nU(!'la Heina de Noruega,
Nú11. Xlll.-Anoer,o: Toilette de primuera para
NúM. XLIIL-Atite,..o: Trajo con falda de nue.-e
años; camisoJín de batista y peto de guipur.señora jo'len; paletó de entretiempo para aoh3i; Pensamientos extraños (poesía), cubierta
Pága.
m
A
297.
paños; traje de terciopelo; blaaa de lana ranúm. '6; E! pa,oa del poeta (poeaía), 657.
ñora; camiseta de franela J blusa de tela con
)ada; blusa adornada con pliegues pequeños;
Nó&gt;r. XXVI.-PJiegode dlbajos para bordado, J
orillo !ejido; chaqueta para nii1ade 3 á. f&gt; años;
Cul!;lc,.
Carlos Luis de). -CaboUos negros
(poesía , iWtl.
Muaa
de seda; traje recto para niña de 2 á 3
labores, cuya explicación está en Ja cubierta.
traje do noche, eatlJo Hstre, para niño de3 á. 6
años; delantales para casa¡ blusa bordada.Nú11. XXVII.-.Anterto: Trajo de lana ligera; de
aiioa; camisa J calzoncillo para niño de 5 , 7
DfAz DB EscovAR (D. Xarciso).-Cantares, 61',
RetJerao: Traje de rounionea pa.ra señorita;
Terano; peinador¡ blusa con canesú indepencubierta núm '6 J '8.
añoa; traje recto para niña de 1 á 2 años; falda
traje con cuerpo ceñido; traje de clase para
diente; manteleta de encaje; traje de pla7a
sencilla de paño negro; blusa adornada con
DR. R• ... -Conseios higiénieos, 20, T cubiertas
para niño do 6 á. 8 años; ropa bhrnca. para niña
niña de U 4 16 aiioa; blusa sencill:"t. para
bordado inglés, f blusa de tela antigua guarnúmero, 36 JU; Vulgarización científica, 80,
niña de 13 á 15 años; paletó 1emíajustado;
de 6 A 8 años.-Revn-so: Traje suaccpliblo de
necida con bordado al plumetis ......:.Ret:eno: ToiU2, 136, 2ón, '4-2 T óU8, r cubiertas núms. 1,,
blusa de •alenciennes: enaguas para niñas do
ensanche propio para señora jo•en; bata de
2,, 26 ,28, so, 32 y '8.
lel~ do tafetán con le.-itón; traje aa.atre con
12 á 16 años; matiltá plegada para señora conbatista estampada; traje con --bolero• corto;
falda de 9 paños; traje de casa con pliegue t:at•
FA:oun.-Cartaa de Parí~, 3M.
T&amp;leciente; traje con bJui-a para niño de 3 , 6
traje recto para nhia de 9 á 11 a11os; bordado
teau; manteleta de •erano para señora de edad;
FOLQUER (D.• Aurora).-Canlar.. , ,97 J 631.
años; traje para señorita Ue 16 á 17 año1.para niña de 11 á 13 años¡ camisa do •estir,
abri~o para niña de 9 á 1a años;• bolero. de
FRA~CO FB8'1ÁNDRZ ( D. Fernando). - Otoñal
Pág,.
6&lt;&gt;9 , 6li.
camisón J pantalones propJos para señora;
(poe,ia), 620.
tafetán; enagua.a senciUaa propias para nraNú,r XLIV.-PJJego de dibujos para bordados J
traje de organdí para niña de 13 á 15 arioj;
no; traje de gimnasia propio para señorita;
Gan.o (0. Anto■ io).-Tarjetu po,tales (poe,ía),
con falda de •olantes; peto guarnecido con ca_Jabores. caya explicación está en Ja cubierta.
lll.
.
chaqueta de batista borúada, propia para nii\a
de l A 2 ailos.-Págs. 1,6 á 162.
Nux. XLV.-A"etrao: Toiktle para aeiforita; pel•
Jados J peto para •boleros• y chaquetas; caJeueu C\faestro C.),-La pinturaaobre lcJi:1s, 92,
polita de piqu6 para niiia do 1 á 2 añolll.nador 1cncillo para señoritas; enagua para
NúJf. XIV.-PJiego de dibujos para bordados y
99,111, 1i,.1M, 166.171, 183,202, 2l9, 231,
Págs. 318 A 321.
niña de 10 á.12 años; chaqueta y delantal para
labore■, cuya expJicación está en la cgbierta..
J 2ó0; La pintara sobre terciopelo, 269 T 274;
Nú11.
XX
VIIl.-PJiego
de
dibujos
para
bordados
y
niña
de 1 á 2 años; chambra para niño de 1
Nú.v. XV.-AHt:er,o: Traje sencillo para señora
lmitacJón de tapices antiguos, 286. 810 J 316.
labores, cura expJlcación está en la cubierta.
año; lraje para niño de 1 á. 2 año■; manguito
de edad; traje scncilJo para señorita de 1' á16
La depilación elecLrolítlca., D3; Manera de Hcar
de fantasía de terciopelo; traje sencillo; • boNú11. XXIX,-Anuno: Traje de luto riguro~o
años; traje para Tiaje ó excursiones; traje do
patrones de nuestra hoja suplemento, 346.
p1'ra señora do cierta. edad; blu.•a para Juto do
lero• al et"O&lt;'"l1et pn.ra Beñora; traje guarnecido
Jana de fantasía; traje de batista para niiia de
La Dirección. - Corte y coníeccitm de prendas1
con bordado, punto de cruz para niño do 2 á.
ri~or; molitlk guarnecida con bordado ingléi-;
, i 6 años; traje de Jinón bordado para. nii'ia
128 J 1+3;-Yohiendo Ja boja1 ó68.
3 años; tnje bordado para ni11a de 3 á'- aiiol'I,
traje para niño de 2 á. 3 años; elegante para
do 2 á 8 años; dcla.n tal para nir"la de, á. 6 1 ños;
M&amp;Ol~A (D. Vicente).-¡ :\1adrccita mía!. .... (poenliia de 2 á, año~; de batista bordada para
cuya explicación J Jrabado so publicará en el
delantal para nido de ó á. 7 ai1os.-Rnerso:
sía), 136.
supl! mento del proximo mímero. - RttPr10:
niño de 2 A 3 años; falda de •port propia para
Cut.repol•o y abrigo de Yiaje; matiNie sencilla;
P. (D.ª Adela). -Corrcl!!pondencia parücular en
señorita de 13 á 16 añoa¡ para ~cñorila de 16
Traje de reunión propio para 1e1iorila; traje
blusa, a(lncillu de lanilla; bluaaparajonnde
todos loa número~.
para señorita; paletó y sombrero para niiia de
á 16 ulos; ca.misa de TC8lir, pantalón, camiso11 A 13 años; traje de dril para niño de, , 8
PiRBz lilBVA (D. Alfonac).-La caja de caudal ca,
8 á to años¡ paletó T gorra de piel para niño
lín T corsé para seliorila de 13 i tó años; traje
años; ., bolero• propio pua señoritas; d~lantal
cubierta mím. M.
para niña de 11 A 12 años.-Reur.o: Toilrt~
de 6 • 8 aiíos; trajo soncillo guarnecido con
de casa; b]usa de batista bordada, propia. para
Rnz LóPF.z (O. Harael~-:i'oro, poema, 668,
plieguea;
blu1a senciJJa de terciopelo; blusa do
con
chaqueta
Luis
XV;
manteleta
para
lulo
señorita; cubrecors6 adornado con bordado;
SYLVJA.--La irJandesita,,, 16 1 27, 39, 61, 68, 76,
rt,aroso; traje de lulo para niña de 13 á l6
seda para señorita do 16 A 17 años: trajo p&amp;ra
blusa adornada con bordado p&amp;ra niila de 12
ll6 126.136, ll8y160; Loa camino, dela
niña de 8 á lO años -Págs. 6;~ á 638.
años; blusa pa.ra ,port; traje de lpOf-t. para niña
á 1'- años; bhua guarnecida con bordado á.
Tick 112, 18', 1&amp;., 207, 220 1 232, 2,a, 266, iss,
de 13 á 16 años; marinero para orna de, á 6
Núu. XLVI.-Pllego de dibujo, para bordados y
punto de cruz para señorita do 13 á 1b añoa.2HO l91, 30ó, 316, 328, 340,313,363,376, 887,
Pip. 172 á 178.
años; chambra elegante para connJccicnto;
labores, cuya explicacion está. c.n Ja eubiertL
#6: -'12, 42i, 436, U7, ,so, ,n, '83, '95, 607,
camisa de 'lCSlir, camisón J pa.ntalón de nNÚM. XLVII.-A11ur10: Traje para patinar; falda
Nú11. XVl.-Pliego de dibujos para bordado, y
ól9, 6:l/1, 1"' J 665.
rano; enagua de batista guarnecida con borde paño; traje elegante para niña de 8 á 111 años;
labores, cuya explicación está en Ja c1i1blertL
TutADO y PALACIO (0. 4 P!iar).-!11! Virgen, 67,.
dado.-P,g,. 343 A 346.
traje de Tuela para niña de 7 á 8 años; abrigo
Nú11. XVH.-.Antterao: Traje para niña de 6, 9
V, ns CASTELFIOO.-HeTiata parisiense en todos
Nú,i. XXX.- Pliego de dibujos para bordado, J
para nii.io de 1 á. 2 ailos; lra.je para niña de 3
años; traje para paseo ó de 'liaje propio para
loa número■•
á.
4: a1los; traje de terciopelo para ni fía de 8 á
laborea, caya explicación e1tá en la cubierta.
señora de cierta edad; toiletl•de fular para ae•
Wa1r&amp;.-Polítioa infantil (pOe,fa), cubierta nú•
NúJC. XXXl.-At11,er,o; Traje propio para 1eño10 años; delantales para niños de, , 6 T do 7
ñora
jo•en;
traje
sencillo
para
señoril
a;
blusa
mero 26· Veraneo de una Reina, 827; Fruta del
rila; traje sencillo para niña de 1t A 13 adoa;
, 8 aiios; delantal para niña de 11 , 13 aiios;
Hncilla de lela de hilo; bJuaa de Jan a á. cuatiempo, 'cubierta ntím. -U; Piscicultura doméschaqueta de entretiempo para señorita; blusa
traje de reunión para señorita de 1h A 17 años;
dros· manteleta de encaje para señora de edad;
tica cubiertaanúm.2,,,61 8, 10,U-; :l6, l8y20.
para señorita de 14, á 16 años; ropa blanca
capa propia para acñorita do 16 á. 17 años;
cueÚo de seda y .encaje: guarnición para cuerpo
ZAHO;KRO (D. José).-Marca roja, 882 J 392.
para señora de edad; traje de hechura aaatre
cuellos J puños para 'niño1 de JU á 12 ai\os.de traje; enagua.a sencillas para •erano; traje
Retier,o: Traje para señorita. do 1' , 16 años;
para señorita de 1' á 16 añoa.-~,o: Traje
de bati1ta para niila de 6 á 7 años -:Reeer,o:
de Tiaje para señora de cierta edad; traje de
traje de paño guarnecido con trencilla; trajo
Traje con •bolero• corto; elegante lr&amp;,Je deba.Contenido de lu hoju de patronea
lana para señorita¡ blusa do franela lennil;
para ·seilora jonn algo gruesa; blusa para
tista, propio para !eñorila; C&amp;misa de natir,
traje de cJ1ecioUe bJanca para niña de 6 á 7 aifoa;
teatro; blasa elegante para 1eñorita; blusa de
7 dibujos.
camisón de noche J pantalón; paletó PI;?&amp; setrajo de nrano para niña de 2 á 4 años; ropa
tafetán; corbata de pieles J encaje; toquUJa
11ora jonn · traje de lela de hUo para mi'ia de
para
lcatro.-PA¡,. 663 A 661.
blanca para señora grue1a; enagua para señoU á 13 ail~a ¡ traje de batista bordado para
:'iú11eno 1.-Ant'cr,o: Tr~je do cachemir •~dorra gruesa; abrigo ligero de nrano.-PAgs. 366 Nw. XLVl!I.-PJlcgo de dibujos para bordados
niiia de 9, 11 años; traje de tela lavable para
á 370.
nado oon terciopelo; lr&amp;Je de baile para aenora
J Jaborea, cuya explicación eatá en la cu.bierta.
niño de 6 á. 8 años; cubrecors6 en forma de
jo•cn· toilffte de vial tu adornada con bordado;
Nú11. xxxn.- Pliego de dlbujoa para bordados
•bolero•; coraé do descanso; traje para bicicle•
hlnaa' para teatro; blusa de lana gu.arnecida
y
laborea,
cura
explicación
está
en
la
cu•
ta· chaleco bordado para caballeros; blusa
bierta.
Grabado■ de laborea, moda■, eto.
con bordado• traje de lana á cuadros guarnead~rnada con bordado á. punto de cruz.-PAgicirio con terrÍopelo; traje d~ paiio ~n bolero;
NúM'. XXXJil-ANter,o: Traje do paño guarnenaa 197 , 201.
Abanico de encaje do Bruja,, 9.
traje para lecciones de batle; tr&amp;Je de bailo
cido con terciopelo; falda para trajo de calle;
NÚM. X Vlll.-Pi!e¡o de dibujoa para bordados T
Adorno para blusa, J trajes, 272
para 1e1lorila; traje Jarro para Le!&gt;é; chaqueta
camisas de •eatir J de dormir para caballero¡
labores, cuya explicaci~n está. en la cubierta.
J rapota i,ara bebé; lr&amp;Je para ruño d~ ~ • ~
calzoncllloa para caballero; blusa de tercJopelo
Almohadones : con bordado1 9 J '-'1 ¡ - con borNÚM. XJX.-.Ancem&gt;: Tra.io de hechor&amp; sastre;
añoe· traje de Jana eacoceea para 1eñor1ta, ru
guarnecida con gw:ipur; abrigo para niño de 2
dado ínglés, 178;-·-de tafctA.n J tul, 68;-para.
do interior con n,atini~; blusa de tafetán; rusa
che de lul T muaelina de aeda.-Páp. 6 A 10.
, , años; traje con pequeño colld para el otoño;
cliaiae • l0t1!fU6, 272; - para respaldo de silla,
para niño de 2 á 8 año1; traje de balista para
.!'iú.ll. !!.-Pliego de dibajoa pa.ra hordadoa y la868;-para re,paido do ,i!la, 661.
trajo guarnecido con bordado para niño de 1
nlzla de 1 á. 2 años; abrigo de caaa, utilizable
bore, cura expllcación está en la cubierta. .
á 2 aiios; traje para niilo de 2 á., aiiol'I¡ cuerpo
Abrigoa: carrik, 166¡-de entretiempo, 181·-de
como u.Jida de baño; chaqueta para bebé; fal.Núv. IIÍ.-Anrer,o: Toilette de dcspoll;ld&amp;; lr&amp;J0
para señora de cierta edad.-Pigs. 390 i 393.
forma Directorio, ♦6';-de in Tierno, ♦7♦ j 4-76;
dón elegante J c~Jero•; cami■ón largo J •bodo calle· traje de 'liaje; enap-ua IUJO!I&amp; para
Nú&gt;r. XXXJV.-Pl!ego do dibujo, para bordadoa
-de noche, 171;-para 1eilorita1 J ntñae, M6 J
lero• sencillo¡ tr&amp;Je largo para beW; faldón J
IOiMt" d~ de,ponda: traje oon blw:aa Jarga para.
J Jaborea, cuya explicación está en la cu6'7¡-de noche1 '6:-de primanra, 126;-de
braguila para recién nacido; mantelela para
bierta.
niña deó á 7 aiios; dclaotalMdeclue para niterciopelo forrado de pieles, 62';-llgcro do •eseñora joven; traje de baño para niña de 10
~
de 7 á 9 al1oa; blusa elogaoto.-Reter10:
Núar.
XXXV.-Anccrao:
Trajo
con
falda-túnica¡
rano, 870i-dO nrano para niilos, 212, 213 T
, 12 años· de balista, guarnecido con bordado
traje
con
chaqueta.
aemilarga;
bluaa
de
toa.tro
r:jc princesa de ruo JibertJ; toiklle. do lulo
309;-de viaje, 78, 79,116,129,366 J 367;-para
lnglés.-Ret1er10: Traje con •bolero• pa~a 10para
señorita;
blusa
de
cebellina;
traje
recto
para señora Joven: diafr~z para 1eñ~r1ta ó seca.aa, 226¡ - para coche", ♦2; - para lhnia. ó
Jlorita· blusa de seda para aer"íorlta; lr&amp;Je de
para niila de 3 á 6 años; paletó do otoño para
ñora •onn· trl\je para ni nado 7 á 9 anos; blo~a
•iaje, ,o3;-para niña, 272;-para nii'la de 7, 8
tela dé hilo para niño de 3 , 6 años; blua~ do
nilia
de
6
á
8
años;
mitones
de
encaje
para
aencd!a p~ra señorita de 16 '16 años: lr~e
aifo",
127; - para niño1 160; - para señora de
ta.fet.án negro; traje para n~r"ía de 7 1\. 9 anos;
teatro, concierto, ele.¡ abrigo para niño de 2 á
marinero para niño de 13 á. 1' añoa.- Piga. 6
cflad, 2611¡-para señorita, 129¡-y capota para
de playa ó de jardín para niño do ~ á-': años¡
3 ailos; traje de otoño.-Reeer,o: Trajo do inntila de, á 6 años, l65;-J traje para niño do
capota para niño pequeño¡_ para mña _poque2 A, añoc,i, ,76.
,:u.IV.-P!lego rle d1l111Jos
· · para bo rda.dooylaterior para eeñora jonn con'lalccicnte; paletó
Nó11.
i1a· capa con capllcha¡ pelerma Juarncc1da con
Ba.bero
bordado, 68.
eemiajustado para el otoño; falda redonda de
bort'ls cuya explicllción está. en Ja culnerfa.
cu~aje; camisas para recién nacido¡_ cha.mbra
lana
fanta1fa;
lrale
para
nii"ía
do
9
A
11
ailoa;
Bata.a:
267;-de
batista, 320¡- de mañana, 22J ¡
Núll v'-...t,,cer,o: Traje con led~n¡ c!1alcco
T chaqueU ta para recién nacido; traJe de casa¡
- clcga.nto, 22;-poinador, 221.
traje para nil1o de 4.- A6 años; chaquetita para
pa~a iraje ustro; carrik p~ra sonora J0TOn¡
delantales para señorlta.-Piga. 22'J á 226.
Battn
para
caballero,
,02.
niño de 1 li 3 años¡ paletó con capucha para
falda aenrilla formando phegoea; enagua/e
Nó11. XX.-Pliego de dibujo• para bordado• J
niña
de
11
A
13
año1.-PAg1.
il0
A
418.
Bluoas
:
bordada,
343
y 610;-- con bordado ~
aeda· traje do pallo; traje de cl&amp;llle para n_na
laborea, huya explicación está en la cubl~rta.
Nú11. XXXVI.- Pliego de dibujos para bordados
punto de cruz, 200;-con bordado inalés, 24-1-(;
do ti A J:i años; traje de mal1ana para ni~o
~Ú»-. XXJ.-.Anf¡er,o: Traie de fular para sc1~ora
y labore,, cuya explicación estA en la cude I A 2 años; traje para nlño del a,1o; lr&amp;Je
-con bordado, para nfñaa de 13 á. 16 a1ioa,
joYen; de mañana; do cachemir; de ch.etiiotte
bierta.
171í;-con entredós al crod1et1 186;-con entro1
doaes J encaje, ,:?9¡-d.&gt; batista, 30~;-de conAnAcv.r.t.-Frala ~ tiempo, 87. cubiertas número~ 2, 22 J :!(.,(,Jrinco do la mujCr 39· Et sol
do la Jnfilnc1a-;i6; El problema del ,~Judo 322·

NóM. VI.-e llego de dlbujoa para bordados y la-

p.

,H.

,ro;

á,

\º·

,o,

�cierto '°5--de
hilo,·262¡-de_lana, 200 J866;
1
-do ti.n&amp;, 6¡--de lowllitM, 29;-de lo1d1ím pa.ra
señorita 1'8 f 1W7 ;-dl pañuelos de la lnd1a,
27.!¡ - d~ sed&amp;, 9, 79,172, o:!34, 2Jo f 612¡ -de
aed&amp; clibertf•, 17ó¡-de seda. para señorita de
tó , J. 7 años, 63'¡--de tafetin, Mó;--de terciopelo 390¡-de tero apelo J eneaJe, 624-¡ -de
,.ueÍ&amp;, 3ó8¡-elegaote3, 66, 67, 16.?1 16,, 193,
22.?, ::!23, 224, 2.1.ó, 26', 28ó, 2::16, 317, 318, 380,
4:1', 4:ló, 4:38, 4:39, 4,f&gt;t, 46d, 4:78,_ 4:86, '87, 600,
61U J 611¡-elegante para aeñor1la, 4:73¡-eaooc63&amp;i 32·-largas para niño, 332¡-negra para
sei\ora de eda.d, &amp;J\:)¡-para entretiempo, tu2;paraJonn de 13 N, 1' años, 177;-- para niñas,
de 7 é. H años, 213¡-para señora; 286 y '8!&gt;;para señora de cierta edad, 670¡-p&amp;ra seño ra
JOY«m, 4:90¡ - pa.ra señoritas, 12 ;, 127 1 370, 392
y ,12•-para,port, 346;-para teatro, 32; - rus_a
para 'niño, :!2 J; - sencil a para señoritas, '8.:&gt;,
-J lald&amp; para niña, '89.
Bole os: al Ct"OCMt para señoras, 637;-de astraké.n óOO¡-de Lafotá.n, lóa¡-imitación á piel
par~ señorita, '65¡-para señorita, 1:J.6¡ -de
taíotán, 600;-para teatro, 661.
Bordados: para reapaldo de banqueta, 33;-aobre
tul para ornamentos, faldón de bautizar, cu•
brecama, eto., 130.
BriH·bile ,tore, ,6.

Camino de mo,a, 129 T 178.
CamLaaa: J caboncUlo pata niño, 163;-de nsU!,
camisón y pantalón de nrano, 3"¡-de Testir
y de noche para jonn de 1' á 16 años 1 106¡con bordado, 296;-con bordado inglés, 176¡con pliegue:5, 78;-de franela, 160;-de fular,
270;-de lana., '88¡-de lienzo, 2'8 y 286;-de
punto para caballero, 22.
Capas: con capucha. J pelerina, 226¡-p&amp;r&amp; ca·
rru&amp;je, 673; - par&amp; primuera, 101.
Ca.potas: de Jardin para niña de 2 é., años, 296;
par" niñas, 212¡-pa.ra recién na.cido, 22,.
Capotita de piqué para nliia, 318.
..---Capucha. con borda.do, «1.
.
Carrik.a: para mucha.chita, 271;-para señora JO·
un, 67¡-para señorita, '88.
Cartera.a: para e1cr1bir, 106 ¡-guarnecida. con
bordado, f&gt;tiO.
Centro de mea&amp; con encaje de Brujas, .U1.
Cinturones: con bordado, 3'ó;-de aeda con piel,

"°·

Cofl .. para señora de edad, '89.
eou.t.: de astraké.n, ,28;-de nu.tria, 600;-de
tarde para señora jonn, 4:1';-J Loca de 'fi·
1ón, 606.
Corb&amp;t&amp;s: de batista, 163;-de batial&amp;, 210;-de
batista, 390;-con pan tu bord&amp;du, 137¡-J la·
zoa de noTedad, 609¡-de piel J encaje, 668.
Cortina y atore con aplicaciones, 273.
Cua.lro elegantes toilette,, 282.
Cubrecafetera, 89' J ó60.
Cubrecorsés: con c&amp;.nesá, 8;-con encaje, 82.
Cuellos: 29ó¡-bordado,3,6¡-canesó, 297¡-caneaó de tul, 201;-canesó para niña de 10 é.12
años, 637;-con bordado inglés, 9;-con bor·
dadoa para. señorita, 163;-con bordado J encaje, 202;-cborrera, 3b6;-de batista, ,18¡de hilo para señorita, 3'5¡-de no.edad, 212;de noTedad J corbat&amp;11 .03¡-de seda y encaje,
200;-de tul con encaje, 33;-catola, 270;-eatola de marabú, 390;-nonda.d, 320;-pa.ra
niño, 249;-para aeñorit&amp;, 82¡-Tuolto para se·
iíorila, 3"¡-J bocamangas bordadas, 106¡f cartera de guipurdelrlanda, 273;-y corbata
para señorita, V¡-J puños de enc&amp;je, 273¡J puños par&amp; niña.a de 10 é. 12 años, ó60.
Cuerpos: de guipur, 210;-para señora de cierta
edad, 392;-para teatro, 79.
Chalecos: bordado, ,~;-de nondad, 268, 269 J
262¡-para tr&amp;Je aaatre, 68.
Cha.mbraa: de dormir para señora, 22¡-elegante
para conTaleciente, 3U
Chaquetas: con grandes fa.ldonoa, 163¡ -de ha•
lista para niña, 100; -de entretiempo, 103;de entretiempo pa.ra señorita, 366;-de franela
pa.ra. niño de 1 año, 2,9;-de peluche de aeda,
,67¡-de piel, 467;-de piel con chaleco de
paño bordado, 6ó0;- de pieles, con faldón in•
dependiente, ,39 y 670;-de pr1maTera para. señorita, 126;-Luis XV, l.óU;-para niña de 2 á
, aiioa, 294:;-par&amp; ae1\orita, 473¡ - para traje
de Tia.je, 222¡-y sombrero para niña, 160,
Ch&amp;quetíta y capota para bebé, 8.
Chaquelit.&amp; &amp;I crochet, M.
CharloUe para niña 1 ~ 1
Delanta.es: con bordado inglés, 368: - con bor·
dados para niil.aa, 3ti9 y ,18; -de ba.tista bor•
dado, 322;-en dos piezas, 129¡-lu;oso, Ul¡para casa, 66 J 609;-pa &amp;Jardín, 4:62;-para
niiia, 130, 176 J 177;-para niña de 3 i , añoi,
299; -para nl11o, 176, 2{&gt;8 J 381¡ - para aeii.orl ta,, 70 J 380.
Dif"rentes modelos para cuellos, '87.
Eiegantei:5: abrigo para sei'l.ora jonn ó señorita,
646¡ - blusas, &amp;i2, 333, 8ó0, 613 y 637¡-doui·
Uette para nulas de 1 a , años, U.9;-petos, 82,
-toikt.te,1 629; - toildte, de in'fierno, ,98 J ,99;
- to#ette de tarde, 241; - toilette para ceremir
niaa, 87;-toilette par.e. nii\ae de 6 á 11 años,
'4..12;-toilette para soiiora. do cierta edad, 22J y
2aó; - toiJ.eUe para sellora Jvven, ~7;-toüetla
para señoras Jó,enes ó señoritas, 86¡-tóilett~,
JJara señora.a J señoritas, 73¡- toilette para
tarde, 138; - traje de batista para señorita,
198;-traje de tarde, 229;-traje para niña de
8 i 10 a.iios, 669.
Enaguaa: de batista, ~;-de aeda, 68;-de tafeté.n, ,t:12;-lujoea para desposada, 30; -para
niña, 637;-aencillAt 4:t:12;- &amp;cncillu pa.ra Te·
rano; 14:9;-sencillas para. .-erano, 200.
Faldaa: para niña de 11 á 13 ai'ios, ,oo; -para
tra.¡e de calle, 19;-pleg&amp;da, 269; -redondas,
'37 f '41;-y blusa paran iña de 1' á 16 a.ñoa
1YO; - J blusa para sei1orita 1 4:73; -de pañ~
con blesea J falda de 7 pail.oa, 660.
Faldón elegante J babero, 226.

F.Chúa: de tul, 369; - do tul para señorita!, 249¡
-pa.ra seil.ora de ed&amp;d, ::!4:ts.
Gorro de ballet&amp;, ül.
Gran cuello: con bordado, 198;-de aplicacioneaJ

809.
GuardapolTo, 260.
Guarniciones: de bordado inglés, 33 y 106;-de
tela de hilo con friootité, 8::!;-para e bolero•,
ehaq1.1eta, etc., 309;-para el cuello, t02 y ,86;
- para cuerpo de tr&amp;Je, 199.
Juego de cuello J puños, 130.
Lazos: de corbata, 6S¡-do fantasía, 68.
Mangaa de noToda.d, 308.
Manguito de fantasía, 70.
Manta pa.ra coche, chambra. J traje de niña, .Ul.
:Manteletas: de encaje, 318;-de pa.ño, .ill¡-de
seda negra, 262;-de nrano para sei\ora. de
edad, lóO,-para luto riguroso, 3U;-para 1e•
ñora de edad, 1::!~ J rol¡-p&amp;r&amp; ·señora JOTen,
226;-para verano, 373.
Marcos para retra.to, 176 J ,a1.
Matinée,: de batista, ::Jifü¡-para señora con Tale·
ciente, 367; -para señora de edad, "--0;-senciHa, 176.
Mitones: de encaje p&amp;ra teatro, ,18;-de mana,
429.
Muñecas: con su trouuea~, 6'9¡-nstida. con
tr&amp;Je marinero. ,12.
Nuevas toüd.tu de invierno, '86 J '87.
Nu8'fo peinado para sei'iorajonn, U2.
Oh.Jetos dheraos para niñoa, 476.
Pautota: ajustado para ent.ret.iempo, '30;-ajus•
tado para otoi'io, 381;-á. punto de media para
,port, 363;-con apllcacionea, 63';-con ca.pu·
cha para niña de 11 é.13 años, ,16;-con capuchón par&amp; muchachlta, 271¡-de entretiempo, 100 J 881;-de in'fierno para nlii&amp; de 12,
1, años, ó02 ¡-de luto para señora, 32¡-de
otoño pa.ra niiia, ,1';-de paño para entretiempo, 370;-de p ielea, 671 ¡-de prima nra. pa•
ra niña, 137¡-ealllo Direetorio, 386¡-lmperto
para niña de 13, 16 años, 611;-Impe,lo para
señora jo,en, '63; para entretiempo, 78¡-pa.r&amp;
niña, 4:Y, ,b7 y ,n¡-para niña de 3, 6 años,
4'0;- par&amp; nilla de 6 A. 7 años, 80;- para ni.Da
de 10 á. U años, '89;-para niño de• A6 años,
,n;-para aeñoraa J aeilorilaa, 102; -para
Tiaje, 16 y '°2;-plegado1 28';-recto, ,~;recto para niña de8 A 10 años,4í6¡-rccto para
señora jonn, 189 J 308;-recto pata señolita,
66 J 47::J;-semiajustado, :U0 J 4,¡jg;- J gorra
de piel para niño, 636¡-y sombrero para niña,

636.
PalllaUa con bordado inglés, 106.
Pa~uelos: con bordado &amp;I plumetia, 176;-con
bordado, 464:.
Pecheros: de ha.ti.ata, 297;-con incruataelonea
de crochet, 369.
Peinadores, 318.
Peinados: de baile, M-6;-de baile para señorita,
6¡-de múcara, 29¡-para señora jo.en, 20;p&amp;r&amp; señoril&amp;, &lt;W¡-para señorita ó señora jo•
' f8D,6ó,

Peinadores J trajes de interior para in'fierno,

62ó.
Pelerinaa: al crochet para señora conTaleciente,
4:64;-para eatar en casa, 130¡-y abrigos de
primanra, 167.
Petos, 819.
Ropa interior para niña de 9 á 11 años, 186.
Ruche de tul, 7.
Sibana, fondo de almohada para cun&amp; J m&amp;nt&amp;
de cochecito de niño, UO.
S&amp;lidao: de baile, 490 T óó-0;-de teatro,~ T 627;
-de teatro para aedoraJonn ó eeiiorita, 6'7.
Savt de lit1 '88.
SaJaa-pantalón, 377,
Senc11latoUette para señorita ó señora, 306¡-pro·
pia para reuniones, 667.
Senlllelitu: con bordado, 39,;-para bandejas,
368;-para cesta de p&amp;n, 393.
Sombreros: de in Tierno, 'a3 y 660;-de luto, 357;
-de otoño, W J ,29;-de otoño J de invierno, 4:60 y 461¡-de prima.Ter&amp; yde nrano, 142;
de t.a.feté.n para entretiempo, 93; -elegante
para nrano, 188;-para cortejo de boda, 61';
-para seil.ora Joven, 28 J 672;-para señora,
señoritas J niña.a, 186 y 187¡-p&amp;ra señoritas ó
aeñoras jónnea, 33i! y 62'¡-para aeñvritu y
niña.a, 466¡-para señoritaa J señora.a, '86;pua teatro, 19¡-para Tiaitu, M-6;-f tocas
para Terano, 162 y 163.
Tapetes: con apliéaciones, 33;-para mesa de la•
bor, 68;-para velador, 106.
TapeUtoo: 273;-bord&amp;do, 10ó;-con bordado á
punto de cruz, 10;-con bordado J pintura, ,38.
Tea-go,vn de crespón de la China, ,~¡-para Te•
rano, 188.
Tocas, 268 T 2ó9.
Tres tapetes pequeños, 67.
Toilette.: con.bordado, 0,;-con chaqueta Luia XV,
337;-con levitón, 11'¡-de baile, 17 y ,óO¡-de
baile ó comida. para señora de cierta edad, ,9::J·
-de baile ó reunión, "61;-de baile para aeil.o~
rita, 65 y 624;-de baile para seil.ora de cierta
edad, 6;-de banquete para ser1ora do cierta
edad, 461;-de baliata.1 211¡-de boda., ,93;-de
cuino, 326;-de cuino para señor1ta, at:9;-de
ceremonlai 139, 1'0 J 141;--de ceremonia para
seil.ora de cierta edad, 377;-de concierto, 23'·
-de desposada, 30;-de entretiempo, 102¡-d~
Exposición, 169;-de hechura. PrincesJ, 670;clegante, 283¡-elegante para aeñora jonn,
139¡-elegantes para aeii.oritas, b'8¡-do fular,
199 ¡-de gardffl--party, 238;-de lana, 210;-de
louiline 1 :&gt;.60;-de luto, 82;-de modio luto, 261;
ídem para ntiia, 672;-de noctle, 673;-de otoño, 897;-de paño, 109 y '69;-de pai'i.o con
leY"itón, 463;-de paño para señorita, 205 y
886;-de paaoo, 17, '°• 61, 70,103, 11::J, 138, 1881
209, 237, 298, 330, 331 J 6'5;-ldem p&amp;ra nlda,
672;-de pl&amp;J&amp;, 33' r 349;-de plumeti,, 308;de prima.Ter&amp;, 97, 116 J 117¡-de recepción 1
J 6416¡-de reunión, 1'1;-de reuniones ó 'de

bailes, 609 y 63';-de !reunione_a par~ señora
de cierta edad, ::!77; - de reuru~nee para H·
ñora jonn, '°2 y 671;-de reuruone■ para se•
ñoritaa, "8; -de aeda radium, 3::!o¡-ue tafelAn ,1, 6', lliO, 17ó, 211 l J10;-de tafetán T
en~e do ChantiHJ, 176¡-de tarde,,,, ,a, 18tS,
238 26U, iiOO, 007, 4.0ó, 617 y 62i;-de terciopelo
J '40·-de tarde para scñoraJO'f8n, ~~::J
y 4.62·-de t~J, ~8¡-de ,era.no, ::!dti, ..&gt;9.i, 3'2 J
36'/;_:de n.rano para senorita, Ud J 14-o;-de
Tisitas, 187, aoa, 3J7, &amp;s2 J M6¡-de Tuela, 11,
y 373;-de vuela para reunionts, ,21 ¡-pari.
baiJe y ,oirú, U;-para,carreras, ltH; -para ca·
aino, ¿&amp;ft J 3.17; - para ceremoruas, aJ,; -para
cutillo, 368;-p&amp;ra com.idait 6 reuniones, ,,a;
-para corte;o de boda, aüd¡-para desposada.
y señora.a del acompanamionto, 9u f 91¡-para
Exposiciones, 63 ;- para in~ ierno, '4,, ¡-para
paaeo, óOó;-para puertos de mar, J01 ¡-para
reuniones,'° J .U¡-para señora de edad, 111.i;
-para seilora Jonn, i,1¡-para si,ñonta, 67,
21J, 283, 331¡ -para. señoril&amp; ó aeñoraJOYcn,
3W J &amp;&amp;;-para nra.no, 2b3;-para Tisitu,
18, 19, 29, ,2, ,a,«, ,6, 61, 6tS, ts7, t&gt;tt, SM, lli!,
23d, 617, bl::!, 6::!.i, 668 y 673¡-para teatro ó
comida, ó23;-par&amp; teatro 6 reunionea, M2.
Tr&amp;Jea: abrigo J somi,rero para niño del i i! años,
,n;-bordado, 28'¡-bordado para aedorita,
266;-con aplicac1onea,'89; con blusa de seda
JiberlJ,7¡-con blusa pa.ra niño, 612¡-con blu•
11&amp; de distinta tela., ::UO;-con bolero, 319, V.,O y
óOl;-con bolero corto, 199¡-con bolero de pie•
lee, 63'-¡-con bolero de faldones, 211;-con
bolero para aeiiorita,100, 161, ::!;M,4:30,'8~J bó(J;
-con cuerpo ceñido, ó10¡-con cuerpo drapea•
do,4:M;-con chaqueta &amp;Justada, 6';-con fal•
da de 2 paños, 601;-con falda de 6 paños, ltH¡
-con falda de 7 paños, 9.!;-con fu.ida de TO·
lantes, 318;-con taldaplüaée, ::Jt:&gt;6¡-con falda
tónica, 4:09;-con Jofib., ~O;-con le,ilón, *9
J 635;-con paletó lmpelio para aeñorajonn,
bó9;-con paletó para señorllas, ,1d¡-con paletó recto, '6ó¡-con pequeño coUd para o tono,
391;-con pielea para aenorita, 601;-con pliegues, 636¡-con terciopelo, 672;-con túnica, 81
J litó¡ - con bieaea pespunteados, ,1a; -de
baile, '-6 y 6::!1¡-de buJe para señor1la, ::!5, 610
J óiU;-de batista, 009 y dlJ;-de b&amp;t11ta con
bordado inglé9i 18ó y .:!2ü¡-de ba.tiata par&amp;
niña.1 198, l vO J 221¡-de batista para señ.onta,
176 J 24:ti;-de boda, 4:&amp;&gt;¡-de cacbemu, 10, 6',
246, 201, t:33 1 ,37,467 J 464;-de caJ.Je, ao, 121,
136, 1'21 162,224,297,404, ,M J ~;-de ca.aa,
66, 223;-de caaa para nillo de, é. 6 años, iio9¡
-de el.u e para ruña, b? l 612 ;-de corte de
sastre, 319 J 4:37;-de eot:erl!•coat, «l::!¡-de cMfliothJ para niña, 2t6¡-de clietnatte para seño•
rita, 390;-de dril para niños, 16' J 177;-de
entretiempo, 1'0, ,1ts y ,11;-de caWo sastre,
117;-de étamttW1, ~-de excursión, 23ó;-de
fular, 2,1, 2'8 J 3'7¡-de hechura aaalre, 78 J
79·-de hilo 2l2 223 2[)3 272 294 317 T M~·
-de interi~r, 2:ffi J '88;-'de hi.teri~r con '"":
tinú, 2.!.:!; - de in Y"ierno, ,as; - de lana, 93,
177,238, ~., 289, l:118, 3ó7, 4:4JJ ,9U J 67u¡-de
lana blanca, 6:!,;-de lana á cuadros, 114¡de lana con aowtache, 200;-de Jana con sardinetas, 361¡-de lana con trencilla, 189;de lana hechura autre, 61,;-de lana negra,
329¡-de lana para niña de 16 á 16 años, .:!2¡
-:-de Jana para señorita, 310 J 4.77;-de lanilla, U7 J 281;-de lienzo, 26b, 271, 281, 286
J 4:88;-de linón para niño de 2 á 3 años,
17b¡-de luto1 2a4:;-de luto para señoras J ni·
ñaa, 34:3¡-de mañana, 2'8¡-de mil rayas para
seilori~ 2,7;-demuselina, 161;-de muselina
para senor1ta, 217¡-de noche para niña, 163;de nonda.d, ealilo autre, 1~¡-de noTia, WO
f 233¡-de organd(, ~U;-de otoño, ,a, ,16,
,2a, ,-n, U9 J '62;-de otoilo con paletó, 393¡
-de paño, 18, bb, 81, 116, 293, 390, ,ó3,
r
649;-de paño con bolero, 133¡-de paño con T&amp;·
len~ien~ea, '64:;-de paño ideal, 113;--de paño
para n11)a, 189;-de pa.ño para señorita, 613¡
-de paño rae.o, para el otoño, '°6 J '30¡-de
paseo, 4:H, 116, 1::!7, 133, 163, 189, 233,262,306,
i:ló6 J ,aliil;-de paseo, 661;-de paseo ó viaie,
196;-de paaeo pa.ra aedora de ed&amp;d, 217¡-de
perCB:-1, ~6 J 29ti;--de percal para niña, 294;de piel, 462¡-de piqué para. niña 322·de piqué para niño, 296; - de piqué Para Í&gt;•·
seo, 210; - de plaJa, 269¡ -de pl&amp;J&amp; ó jardín
para niiio, 226;-de play&amp; para señora de cierta
eda.d, 296; -de playa para señorita ó ■eñora
jo!en, 307¡-ue primanra, 10J, 126 J 1'0;-de
pnmanra pa.ra nlña 1 116¡ -de prima.Ter&amp;
para señorita, 121¡-de primera comunión 78
J 79;-de recepción, 601;-de reunión, 22 J i00;
-de_ reunión para niña, 63'¡-p&amp;ra señora
d~ cierta edad, 671¡-de reunión para señorita, 63'¡ -de reunión par&amp; señorita de 16 A
17 años, 6ó9;-de reunlones pa.ra niña de 9
á 11 añoa, *73; -de reunionea p&amp;ra señoras
J aeñoritaa, 602;-de ,port, 320¡-de,port ó de
'flAJe, 24:6¡- de aport para jonn, 34-::J¡-de ,port
p&amp;ra. niño, 249; - de ,port para seii.ortta, ::!71¡
-de tafctAn mueelina, 17'.;-dc tarde," J 68¡
-de tela de hilo, 009; -de tela de hilo para
nlila, 199; - de tela la,able para niño 100·de tela naclonal, 217¡-de te""", 286;~do ~nHil para señorita ó señora JOnn, 2.., 2¡-de ter·
ciopelo, 398 J (65;-de terciopelo con pieles
'81¡ -de terciopelo bel.hura Prínoe!a, 62ó·~
de terciopelo para niiio, 31 J 634¡-de tul, Í8¡
-de nrano, 188, 21,, 2 .&gt;8, 266 J 313; - de 1'8·
J ano para niiia, 207;-de vera.no para niño de
11 á 13 ail.oa, 186; - de Tara.no para seil.ora1
161;-de ~era.no para seil.orita., 23';-do ,iaje,
63, 296, 33a J 380; - de Ti&amp;1e para señorita,
~;-do Tisitaa, 297¡-de TUela, 177,198,281,
286, 301 J 313; - de Tuela de aeda, 3'1; - de
Tuela fruncida, 3 ió¡-de Tuela para niña de
13 á. 1, alloa, 3b7; -d11 ,uela para señorita
11, J 262; - delantal J gorro para muñeca:

,9

ólt;-di&amp;gon&amp;l,'.~--elegnte d l&amp; "
elegante, para nir¡ú de s á 13 aC:., :/" ; gantes para aeño_ru J bCil&lt;'rUu 36' ,~eleestilo sastre, 66, b¼ 1b2, 26(}, &lt;JJJ' ~ 1 ~'.guarnecido con r.,c
tr ·~ilia • 667·, - 'hocuura
1. J
,8&amp;1·
con bol
ero,
tn, ·-hechura aa.a•ro p
,tre, ·ta
,u.
.,,,
,,
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ara
seuon , 1wu, "' 0 J 9:1 , - tngl611 con bordad
--:-largo para_ bebé, 2i ·/• Jargo y capa ar o, b;
c1énnac1do, t&gt;ll;-ie,ua cyn doble~ :/e•
lnitónparaprima,era,93·-m&amp;rine' ,niño, h;,¡ - negro para aed~ra de edadro l~ra
otoilo, a-id y 379;-para balneario a8u-~ o,biclc!ela, l\IB; -para casa, 94:.¡ _ Í&gt;ua'cal'aª~:
~aipo, atW;-para com1d-, 67,;-pua interior
i'.S.!tJ'.:-Pªra JO'ftn de lb ci 16 años, 10t; -par~
lecc1ones de bau.e, ~;-para muchachita "- •
'l.71¡-paraniña, l.::!ó,la7,197 lll 2;¿;:s 3~2
4:~2, 4'&gt;U, tW, 637 y bó7;-Para 'ruu~ de á ,
anos, Hl7¡ - para runa de, á ti años ltiij «o
;-pa.ra nti'ia d,.,e 8 t 10 años, iU-;-pa~a rula.ad~
2 ~ 1, años, ,.17;- pa~a n1naa de 3 é. 13 años
164;-para nu'tu do 3 • 1, años Uti U?· •
-p•ra nióa.a de6 é.\f año■ 4:3i.r-Í,araJ°i.ñ
0
6 A.10 años, 2jij¡-para ~d~ de i , 14:
4:7ti;- para mña de 11 é. 1::! años 3'6·-ª os¡
ni~a de 16 á 11&gt; añ.01, 137;-par&amp;'niii~ J pi.ra
senoraJ.onn, 23l¡- para niñas J niño ::Ji)~~
pa~ niuo, 81, !97, 2bd1 .&gt;.71, '66, ,10, 771 12
Y b~7¡-pa.r~ niño do 1 año, 66;- para niño de
a 2 ailoa, 391;~para niño de 2 i ::J &amp;i1os, 3'6;
-par~ nulo do ::J á f&gt; añoa, 19u¡-par&amp; niño de
11 á 13 años, '77;- p&amp;ra niños de ::! á, año
~ - para n1 ños de 2 i 10 años, '88; _ par~
muo!' de.'- é. 16 años, 3'3;- para n111oa de 8 á
16 anos, a&amp;i; - para pueo, ~U J 29.:!¡ _ &amp;ra
reu.ruón, 1_;-para señora de cierta
-J:)ara aenora de edad, 7, M, 113 J 3.:!2;- para
aenor&amp;Jonn, 2'6¡ - para señorita 6 19 11'
149, 1b0, ::!9'- Y f&gt;3ó;- para señorita' d~ 13 á 16
años, 4-M J 6l::J;-para señorita de 15 é. 16
años, 7ts¡-para señorita de 16 á 17 años '88·
-para aeñ~ri~ de 1ti i 17 añoa, 64 J 1Ó1; ~
para aeñonta, ::J6~;:-para.atrée, 3';-para traveaiu por mar, 367;- para viaje ó excunio•
nes, 174:;-•patrón de barco• para niña de, A
8 _,!-ñoa, 190¡~ Pt'inoeaa, 127;- plegado para
mno, 81;-Pnnceaa para aeñoraJoTen ,2ó- recto para niña, 161¡-reeto para ni~ de 3 ,
ó años, ,1ó¡-aaatre, ,1, ,21 ,31 6ó 68 1,1 1'2
226, ::!it9, SJ3, ,b::J, ,18, '81 1 610 J 622•'- s~tr~
P.ara prunavera,_138 y 139¡-aaslre Para aeñont_a de 14: é. 16 anos, 370;- ~&amp;slre para Tia.je,
1~2;-aencillo, ~1, 101, 2", b13, 636 y 672¡-aen•
cilio oon. trenciJl&amp;¡ ~ .J 4-36¡-_aenciHo con pa•
samaner1a, 66,¡-sencillo de hilo, 210¡-senci•
llo de lana, 429 y '64; - sencillo para el campo
318;- aenciUo para niña de 12 é. 1, añoa 159'.
- s~ncillo par1:_ 1eñ~ra de edad. 161 y 1'Í3; ~
sencillo para aenora Jonn 221 ·-aencillo para
aeñ~rita, 6,,_81, 1~6 J 201;:_,e~cllloa para se•
ñor1taa ó aenoraa Jótenes, 426·-aencillos para
señorita y señora algo grue~u, 268 y 269;•l_l~ceptihJe de ensanche, 321;- J abrigo para
mno de 1 á 3 añoa, 2,9¡-J abrigos para niiíu
de 6 á 13 años, 21;-r bluaa, p•ra niños 602·
J capa de baño, 267¡- J paletó para s~iior~
gruesa, '89.
Varias bluu.a, 18, 19 y 70.
Varias faldas, 22'1 y 223.
Varioa sombreros, 11' y 116.
Veatidoe con bordado inglés para nili.a, 2'9 ¡ para niñoa, 333¡-para señorita, 268;-aencillo
para seiiorita ó aeñorajonn, 4-03.
Vtd6-poche 1 3".
Volantes para enquu con frtooliU J bordado
inglés, 178.
Zapalitoa al crocU para niños de 2 , 3 añoa,
661¡-con borbado rococó, 105.

L

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4 5

,L

PERIÓDICO ESPEC~L DE SEÑORAS YSEÑORITAS, INDISPENSABLE EN TODA CASA D:: FAMILIA

edad/309;

PUBLICA LAS ÚLTIMAS .MODAS DE PARÍS EN EXCELENTES GRABADOS-ARTÍSTICOS _FIGURINES lLUlIINADOS-CONSIDERABLE NÚ.l!ERO DE PATBO.ID8
TRAZADOS AL TA.l!A.'iO NATURAL-MODELOS PARA TODA CLASE DE LABORES Y BORDADOS-CRÓNICAS-NOVELAS, ETC,, ETC.

SE PUBLICA EN LOS DIAS 6, 14, 22 Y 30 DE CADA MES

Madrid 6 de Enero de 1905.

Año LXIV. - Núm. l.

bnstante vuelo en el bnjo, y se adorna
con entredoses ele guipur, dispuestol
de manera que forman grande8 dien•
tes ribetea,Ios ron terciopelo. El cuerpo tiene un canesú compuesto alterna·
tivnmente de entre&lt;loses y cintas de
ter&lt;'iopelo; se abre sobre un plastroD
de ~eda crema; ~e guarnecen los delanteros con pntns de tereiopelo; se ellCOla
ligeramente la parte superior del canesú, y se coloca delante un
de
terciopelo, a,lornado, lo mismo q•
las patas, con botones ele fantasla. Lu
mangas son muy bullonadas, e81An cosidas bajo el canesú, al borde 4'91 forro, y terminan por grandes pulloe 4e
guipur ribeteados con terciopele. Rodea el talle un cinturón de terciopelo.
llfnleriales: 12 m. de seda brochada¡
9 m. de entredós, de 4 cm. de ancho;
20 m. de cinta de terciopelo, de 3 eeJI•
tfmetros de ancho; 3ó cm. de 8eda crema; 30 cm. de guipur en pieza, y 6 bo·

SUMARIO.
TDTo.-ExpUeael6n de lo■ grabadoa.-Revleta
'PU'isleme, por V. de Cutelftrlo.-Reyee inmorialel, ~ por D.M. R. Blaneo-Belmonte.-·
La lrlmdetita, continuaei6n I nove~ traducida
por sum. -Corretp0ndene a fartieular, por
doBa AdeJa P.-Explieaclño de flgurln iluminado.-Sueltos.-Anuneioa.

oa.a.u,oa.-1 1._ i. Toikttu pan reunionet{. re-

e"°"

eepci6n.-S. Blusa para teatro. - ,. Tra e de
Jaaa , euadrol, guarnecido con terciopelo.• J' 8. muaa de lan&amp;, guarnecida con bordado.

-1. TTaje de lana eacoceaa para aeft.orita.-1-1 t
ti. Tnje lll2W.. ,uarneeldo con bordado.-11.
Jlaabe de tui y mt11elina de aeda.-12. Traje de
beDe , propio para ee~orita. -13. Toil.elt-e d~
bllle para eelon de 01erta edad.-1'. Traje de
We pan ■efton Joven.- 15. Peinado de baile,
~-para aelorlta.-16. Traje con bluaa de
Mida Liberly ,- 17. TOflelltt de viaitu, adornada
eoa bordado.-18. Traje de cachemir para ae•
llon de edad,-19. Cubrecorsé con canes(i de
eaeaje Renaclmlento.-20. Traje para leecionOI
de balle.-11. Chaquetita y capota para bebé.·
tL Traje de palo con • bolero ,.-23. Traje de
cachemir adornado con terclopelo.-2'- A 21l.
Bluu de~ adornada con bordado.-'27 y 2.K.

Almohadón, ~ i d o con bordado.·-29. Cue-

tones.

llo parneefdo c,on bordado inglés.---30. Aba•

,n

Figurines iluminadua.
Abrigos: de no,edad, .U3;-par&amp; aalld&amp; de teatro,

•

de encaje Renaclmiento.-~..St. Cu&lt;"llO y cor•
baU para 1ellorl&amp;a.-at y 33. Tapetltoa, ruarneeklol coa bordado i punto de cruz.

REVISTA PARISIENSE.

11.

Chaqueta hechUl'a autre, 191.
Da!utUllt, 69.
Eleganteo: blasu, ó39;-loii.tu de pueo, 203;bataa, ,66;-traje con bordado inglés J cuerpos, 276.
Frac sin ca.idas, 639.
'l'oUette para paseo, carreras de caballos ó gardtln-partyu J cuerpos, 216.
Trajes: docreapón de la China J cuerpos deruo,
663;-de t.&amp;fetAn ,erde, 669;-de gard&lt;n-party,
3ó9;-de gasa, 191;-de lanill&amp;, 1'3 J 1169;de linón con bordado inglés J cuerpos, 311;
-de muselina J cuerpo, 336¡-de p&amp;ño, 2:!;
-de paño flexible y cuerpos, 128¡-de paño
J cuerpos, 166;-de paseo, 669, 370,383 J 4:19;
-de ruo, 60::J¡-de recepción, 167;- autre,
de paño, 119¡-de aeda, color clwudron, 47;de tafetán, 261 J 2~9¡-de tarde, 107 ¡-de vea·
tir, 4,31¡-de vestir para señorajoTeOi '°7¡de TeaUr J cuerpos••boleros•, 89;-de Tuela,
~7;-de vuela y cuerpo de crespón, 173;-de
hechura sastre, 322¡-para calle, 627¡-para
comitiTa de boda. y cuerpos, ::J96;-pa.ra paseo,
3'7 J ,79;-para reunión, 11, ::!39 y 63'¡-para
Ter&amp;no, 263;-para Tiaitu, aó y 4:91¡-aaatre,
616;-tornasolado, 69¡-y cuerpos de pa.ño,
'67;-y cuerpos de terciopelo, 77¡-J cuerpos
de nrano, 227.

Viataa 7 retra.toa.

'°l.

Castillo de B&amp;lmoral,
Castillo de Windsor, '&lt;&gt;O.
La. nue,a Reina de Noruega, 632.
La.a fuentes del Parque de Peterhof, ,13,
Ofrenda nacional á la Virgen del Pilar, suple•
meo to al núm. 14.
Palacio Real de Osborne, 4::00.
Vista genera.l del Palacio de Petorhof, rosidench
Teraniega de loa Emperadores de Ruaia, '13.

Administración: Arenal, 18, Madrid,
11

Ni■, l.-· La fnltla ele esta tnile/1,, ,le
encaje negro, se cide á hts cndcras y ~e
corta en forma, de manera tnl que
mida 4 m. de ancho en el bor,le inferior· el bajo se recorta ateniénclo~e Nl
lo ¡,;.8lble á los dibujos ,!el enca¡e, y
88 guarnece al bor&lt;le ron un volante
fruncido de encaje estrecho; In fnll!n
libremente sobre el forro d~ tuíetin rosa, semirelado por una primera
falda de muselina de seda rosa.
El cuerpo escotado se hace ,le tafetén cubierto ,le muselinu ele seda frunelda, y por la espal,ln •e cubre con eneaje liso; los delanteros se recortan en
forma de , bolero,, y ~e ~,loman al
borde con un galón de p,qmllos; rodea
el escote un encaje, ancho sobre los
hombros y más estrecho por delante Y
en la espalda, sobre el cual caen,_clclante y en los hombros, r/.oi,x de cmtn
de raso negro formando grarnles coeu; e8tos choux se realzan &lt;;&lt;m botones
de BÚ'tJ8B. Las mangas, ce~ulas ni braso se colocan 8 ¡ aire; rodea el talle un
elÚturón de cinta negra drapeada, que
88 abrocha delante por medio de una
hebilla de bisutería.
.
.
Jlalttiales: ó m. de enca¡e en P,tezn,
de 1 ro m. de ancho; 6 m: de encn¡e. es:
trecho· 1 50 m. de cnra¡e más ancho,
t,IIO m'. d~ galón de piquillos; 4 m. do
elnta negra de 6 cm. de ancho; 70 centfmetros de' cinta, ,le 20 cm. el~ ancho;
12 botones de ,tra.ss, y una hebilla para
el cinturón.
Ni■ . 2,-Nuestro modelo, mu_y elcmmte, pe8&amp;1' de 811 senrlllez, se e¡ecutn
•- aeda brochada color tabaco: 8UK
seda
0008¡8ten en guipur
erema y cinta de terclope!o de tono
IÚI obacm'O~~e el del tra¡e.
La falda,
da 6 laa cadera8, tiene

SUMARIO.

Algunas notleiH aobre traje■ de calle.-PSelN.
Traje■ para calle y vialtu.

U

os trajes de noche fueron objoto de amplia información en
nuestra Revista do! número ID·
torior. Es justo volver hoy sobre
los de callo, en los que constantemente surgen modificaciones y
novodados.
A los trajes •sastre• de este verano, excesivamente adornadoe,
han venido á sucedor las últimu
creaciones do una sobriedad aouo
excesiva también, de los que ee
modelo ol que ho visto una de
estas maflanas en los alrededores
do la Magdalena, do una lanilla
dulco y flexible do un gris carbonoso, 9uo so componía ~ UI)&amp;
falda hsa, rodon.:, .. , cortada
bies, con un delantal al hilo, OU•
yns costurns ventan á terminar
unos slr«JJ8 anchos y onduladoe
quo sostenían In ¡&gt;nrto do abajo,_y
una larga levita quo cala tendida
hasta el bordo do In falda, enteramente a¡·ustada al talle, cruzada,
con dob o fila do botones plateados, con bolsillos on las caderas y
mangas muy levantadas en el hom
bro y ajustadas en el pu11o. El
único adorno era un cuello-ohal
de terciopelo negro bordado U'
colores brillantes, y una cor '
de encaje que 110 dejaba Tfl'

""q

:l.!rnoe

y

l. - Ttlletlll para

reualoHI.

2. -

Toilette de reoe,clóll.

lakharpede&amp;tMtlga.

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752064&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada, Índice, 1905, Tomo 64,  </text>
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                <text>Flores Arenas, Francisco, 1801-1877 </text>
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                <text>Siglo XIX</text>
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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                <text>Sucesores de Rivadeneyra</text>
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                <text>Carlos, Abelardo de 1822-1885, Propietario</text>
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                <text>Índice</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>(

LA

MODA ELEGANTE

•

ILUSTRADA

PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS

AÑO LXV DE SU PUBLICACIÓN

ADIIINJSTllACIÓN:

CALLE DEL CABALLERO DE GRACIA, NúMS. 11) y ~
MADRID

•

FONDO•
1

j

I
1
•

1

, .l,!J;

Ul.llu.."'1 4 •Q

�INDICE GENERAL DEL TOMO LXV.-f906.
Sipo■

convenciona.lea empleados
en este indice.

Los nitmcros gruesos representan los de los
números de LA MODA.
Los nt'auwros delgados son los que llevan
los ¡,-abados dentro de cada número del periódico.
Los miemos números delgados entre paréntesis, indican los de los grabados que tienen
patrones ó dibujos en loe Suplementos de pa•
tronee.
Los nitmeros de letTI\ b&amp;etardilla indican
los croquis de la Revi8ta Pari8iense.
ABREVIATURAS.
F. I.-Figurln iluminado.
R. - 'Revista.
S.-Suplemento de laboree.

INDICE DEL TEXTO

plemento); ¿Par~ qué?, 526 ; Piedad, 550;
L&amp; Nochebuena ideal, 557.
CóRDOBA (D. R. de).-Desamparo, núm. 4
(Suplemento); Amores extrafios, núm. 16
(Suplemento); Para los niños: Un consejo
Repl"!men~a, núm. 28 (Suplemento); Pro'.
verb1os chmos, 563.
Co:&amp;NCA (D. Carlos Luis de).- EI espejo de la
ciega, 29, 41, 53, 65 y 77.
ÜOQUER&amp;LLA (D. Félix). - La peor ausencia

358.

'

DAfz DE EscovAR (D. Narciso).-Cantaree,
203, 214, 407,
GoNZÁLEZ BLANOO (D. Andrés).-Á un abanico, 395.
ÜSBTB (D. Antonio).-Lo que nunca falta, número, 6 (Suplemento); Alborada, 179.
ROMANO (D. Luis).-Mi vecina, 369.
Rmz LóPEZ (D. Rafael). -Amar muriendo,
número 18 (Suplemento); Remembranzas,
número 44 (Suplemento).
VALLEJO (D. Mariano).-Vente conmigo, 340;
Loe gusanos de seda, 448.
WHIT:&amp; (D. ?ti.).-Guerracivil, núm. 2 (Suplemento); Vencidos, 40.

Revista parisiense.

CONTENIDO EN EST E TO M O
Corre■pondencia

particular.

ADELA P.-En todos los números y en los Su·
plementos correspondientes á los números
2, 4, 6, 8, 10, 12, 14, 16, 2:&gt;, 38, 42, 44, 46
y 48.

Costumbres y us os sociales.
A RAOBLI.-EI luto, 35!!.
NÁCAR (Concha de). - De lns maneras distinguidas, números 14 y 16 (Suplementos).
PÉREZ DK GuzdN (D. Juan). -El arte de
agradar, núm. 40 (Suplemento).
Snvu.-Las modernisto.s, nítm. 12 (Suple•
mento).

CABT:&amp;LFIDO (V. de).-En todos loe números
del 1 al 48.

Variedades.
AnACELI. - Bodas Reales, núm. 22 (Suple•
mento).
·
BLANCO-BELHONT:&amp; ( D. M. R. ).- S. A. R. la
Infanta D.• Maria Teresa, 17.
CÓRDOBA (D. R. de).-La limosna de una Misa,
número 4 (Suplemento).
DtBBCOIÓN (La}.-De un afio á otro, 574.
LAUBA.-Modas masculinas, 526.
PÉREZ DB GozMÁ.N (D. J.). - La boca de la
mujer, 406; Conee¡ae de Palacio, 538.

VISTAS , RETRATOS
• Y NOTAS DE ARTE.

Cuentos.
BLANCO-BKLKONTE (D.M. R).- El m r·jor ere•
yente, 262; El camino de la dicha, 274.
CÓRDOBA (D. !:l. de). - La ciencia de la vida,
número 2 (Suplemento); La curación de Bardaliso, núm. 26 (Suplemento); Contra pe•
reza ..... , 550.
Rmz LóPEZ (D. Rafael).-La ingratitud, número 38 (Suplemento).
VALLEJO (D. Mariano).-El paje del Rey de
Prusia, 3~2.

Enseñanzas útiles .

Bodas Reales: Regalos de la Real familia á la
reina Victoria (fotografías artlsticae de Mu!ioz de Baena), Suplemento al núm. 22.
El espejo de la cieg&amp; , dibujos de D. Mariano
Pedrero (ilustrando un poema de D. Carlos
Luis de Cuenca), 29, 41, 53, 65 y 77.
SS. AA. RR. la infanta D.• Maria Teres&amp; y su
esposo D. Fernando de Baviera: Suplemento de retratos distribuido con el núm. 2.

PATRONES CORTADOS.

- 37 · R. 5. - 3 8 · 13.-39 · (43. )4 4 - R. 1. - 4 6 - 2. - 48 - 1.

Adornes y accesorios personales.

5 • 14.- Cinturonee.-(18).-Peto y cuel'o.- 25 á 27.-Cuellos y guarnición.
7 • (16).-Cuello•estola.
8 -2ó á. 27.-Cuelloe.-35.-Cuello y pu•
ños.
9 • (16).- Cuello.-23 á 28.-Cuelloe, cor•
batas y mangas.
11 · 20.-Puños y cuello.- 21.- Cinturón. -22 -Cinturón. - 24..- Cuello y
chorrera.-(39) á («).-Mangas.
13 • (27) á (29).-Úuello, puños y cor·
bata.
1 5 • (20).-Manga.
19 • 53.-Puñoe.-(45).- Cinturón•faja.
20 • 7.-Cuello y pull.os.
21 · (24).-Cuello y pufioe.-(36) y (37).
- Corbatas.-(38).- Cuello.
2 5 • (4) y (5).-Gorras de sport.-(9).Peto.
~6 -17.- Gorra de sport.-21 á 36.Mangas.
27 • (28) y (29).-Cuellos.
~ 9 • (31) á 35.-Cuelloe y corbata.
3 1 · {17).-Corsé de gimnasia.-(28) y
29.-Corbatas.
3 &lt;1, • 20 á 23.-Cinturonee.
3 7 • (17).- Corbatas.-33.-Manguito y
· boa.-34.-Cinturón.
38 . 29 á 32.-Peto, puños y volante.
39 . (44) á (46).-Cuellos y puños.
41 · (30).-Cuello.-(32) y (33).-Cuelloe.-37 y 38.- Cuelloe y puños.
''
43 • (26).-Manta-eaco para cocbe.-{27)
á (29).-Cuelloe y puños.
4 7 • (33) á (35) y (37) á (40).-Cuellos.
Batas, o:matinéen y prendas exte•

riores para casa.
1 · (25).-Matinée.
· 3 . (9).-Delantal.- (10).-Bata.

5 • (31).- Delantal.
7 . (12).- Bata y delantal.- (21).-Delantal.- (29).- Idem.
9 -R. 7.-Uata.
10 • 5.-Matinée.
13 • (3).-Bata.
15 • (3).-Matinú.-(22).-Delantal.
17 • (8).-Bata.-( 10) y (11).- Delantales de cocina.
21 · 6.-Bata.- (19).-Delantal.-(20).
- Idem.- (21) y (22).-Idem.
23 • (15).-Bata.-(31).-Matinée.
27 • (32). -.Jfatinú.- (33).- Bata.
32 - 14.-Bata.-20.- Matinée.
41 · (17).-Bata.-(23).-Matinée.
4:3 • (42).-Delantal.
4 5 • (27).-Bata.-(28). Delantal.

(Suplementos distribuidos con los números 4, 'Blusas.
ARACELI.- Fruta del tiempo: Jaleas, núm. 28
8, 12, 16, 20, 24, 28, 32, 36, 40, 44 y 48.)
1 · 3, 9, (35), (36).-~ -12, 13, 21 , 22,
(Suplemento); Consejos prácticos, núm. 32 Abrigo para eelíora, grabado 'l, pág. 517.
23 , 24 , 25.-3 · (28), (29).-4 · 22.(Suplemento); Crisantemos, números 34 y Illusa para primavera, g r&amp;bado 3, pág. 184.
6 - 4, 5, 6, 7, 22,26.-7- (4), 13 , (l4),
36 (Suplementos).
15, 17.-9 · 31, 32. (33).-10 · 11, 12,
«Bolero», grabado 9, pág. 234.
CóBDOBA (D. R. de).-Vulgarización grama- «Bolero&gt; con faldones, grabado 22, pág. 572.
17, 19, 20.-11 · (23), (46).-12 -19,
tical, núm. 6 (SuplPmento); Nenúfares, nú- Chaqueta de novedad, grabados 31 y 32, pá·
20, 23, 24.- 1 3 · (8), (18), (19), (31),
mero 30 (Suplemento).
32,37.-14-14, F. I. 5figs.-15 •
g ina 142.
·
.
CUENCA (D. Carlos Luis de).-El abogado de Chnqueto. para señorita, grabado 20, pág. 46.
(33), (36), 44, 45, F. I. 3 figs.-1 6 · 3,
la familia , números 8, 10, 18 , 20, 24 , 30, Chaqueta-saco, grabado 24, pág. 429.
8 , 21, 27, 28.-17 · (36), (37).-1 8 34. 46 y 48 (Suplementos).
15, 18, 19.-19 - 14, 19, 20 , (21).Paletó de entretierupo, grabado 24-, pág. 382.
Wa1T&amp; (D. M.).-La floricultura en el Japón, Paletó para señorita, grabado 15, pág. 474.
20 · 14, 20, 21, 23.-2 1 · (23), (32) á
núméro 32 (Suplemento).
(34).- ~ 2 · 20.-~3 - (10), 11, (37),
Traje p&amp;ra niña, grabado 11, pág. 283.
VoOA!IULARtO USUAL y DE LA SALUD.-Pliegos Traje para niflo, grabado 16, pág. 333.
38.-~ 4. 20, 25 , 26, 27, 28.-25 · 7,
encuadernables distribuidos con los números Vestido para niña, grabado 13, páginas 90
8, 31, (32).-~6 · (7), 11, 20, 21.-27 •
del 7 al 48.
(22), 24, F. I. 3 figs.- 28 - 11.-29 · 3,
y 91.
6, (11 ), (12).-30 · 6.-31. · (15), (20).
Jligiene.
-32 · 6, 7, 21, 22.-34 · F. I. 6 ti~e.PRENDAS DE VESTIR
35 . (25), 26.-3 6 -5. -37 • (21).DcOTOR Rººº.-1\led icina doméstica: Sangui39 · 4, 5, 9, (21), 22.-40 · 8, 4, 5, 6
juelas, núm. 6 (Suplemento); Higiene de ~ b;i:igoa.
4 1 · (6), (8), (24).-4~ · 4, 5, F. I. 5
CABIZA Y CUELLO.
las comidas, 196,214,219 ,250,291,304,
figs.-43 • (40), (41).-44 • 4.- 4 5 ·
1 . 5.- Rebocillo para teatro.
346, 358, 382 y 424; Lat1 setas, núm. 42
(13), (14) , 18. - t:6-15. - 4 7 - 11,
i O• 15.-Gran cuello.
(Suplemento); Contra la obesidad, 562 y
(12), 13, 28, 29, (31).-48 · 7, 8, 28.
2 5 - (29).-Caello-eetola.
569.
«Boleros&gt; y cuerpos .
- PARA CALLE, PASl0 1 ETC.
.
1·4.-4-F. I. 2 fige. - 8 -F. I. 2 figs. . 2 -4, 20.-3 -R.1á4.-5 · R.tá.3 - 10.
Novelas.
11 · (30).-1~·F. I. 2 figs. - 1 3-(25).
- 6 . R. 6.-7 · 22, (23), 24.-8 · 1, 2,
MAROBL (!!:.).-La hija de mi wemigo, tra.lu- 1 8 ·F. I. 2 figs.- 20-F.I. 2 6.gs.9.-9 - (!l), (12), 36.-11.- 13, (27),
. cida por Araceli, números ?el 2 al :.4 (Su:
21·F. I. 2 fige.- ~ 4 -30.- ~5 (39).(34), 35, 36, (37), 38.- 13 · R. 2, 10,
plementos); Violeta, traducida por Araceli,
30-7, F. I. 2 figs.- 36 -7, 19, F. I. 3
(12).-14-4, 18, 19. - 16 · 9 á 16pliegos encuadernables distribuidos con los
liga.- 38 -F. l. 2 fige. - 39 · (34). 17 -13, 14 , 16.- 18·13.-~1 · R. 1.números del 24 al 48.
.
.
40-20. - t: t. . F. I. 2 fige. - 4 3 · (5),
~3·(28).-~4 · 19.- ~6 - 22.- ~"1 •
MARYAN (M.),-Una vrr,mesa, t raducida por
(15).-44-F. l. 2 figs.-47 · (10).3, (5),(34).-2 8 ·23.-31 • l, 21, (22),
Sylvia, 3, 15, 27. 39,-51, 63, 75.87, 99,112,
il,8-25, F. I. 2 figs ..
(23).- 32 . 2, 23, 24. - 33 · (25).1:.!4, 135, 148, 160, 172, 184, 196, 207, 220,
:15- (5), 6.- 36-12.- 3 7· R. 5, 14, Faldas.
231, 243, 2(&gt;6, 267, 280, 292, 304 y 31.6 ;
5 · (23) y (24).-10-31, 32.-1.5· (39),
F. l. 3 fige.- 38 -1, 2, 6, 7, 9, 10, 12,
44, 45.- ~1-(30) y (31) - 23·(43) y
La prima Lucía, traducida por Sylvia,
14.-39 · R. 3, 7, (19).-40 · R. 6, 19,
(44). - ~6-18, 19.-27-(23).- 3 5·
328, 340, 351, 363, 375, 388, 400, 412, 429,
30.-41 · l , (19), (21).-4~ - 2,19,21,
21 , (22). -41-(7). - 47 · (36). 436, 447, 460, 471, 483,496,508, 519, 532,
22.-43· 6,(16),-4&lt;1,-2 R.8, 3.-45 ·
-t:8-7, 8.
544, 555 y 567.
(5), 11, 12.-46· R. 1 á 5.-47 - l.Peinados.
,18 · 20, 23, 24.
Poesías.
-8, 10.- 3 -31.-9 -18. -26-26.- PARA NIRos y Nl~AS.
3 4· 5.-43 - 44.
3
.
(7).-5
·
(15).-8
•
33.9
•
(7).1
0
·
Dui.oo-BELMO~TE (D.M. R.).-Amparo, núPrendas exteriores par a hombres.
10-11
·(28),
(29).
1
4
-29,
30.mero 4 (Suplemento); Lazarillo, 64; Manos
11 • ( 31). - ChRleco.
15-(34).-16· 4, 5, 6.-17 · 6.-19 ·
blancas, núm. 8 (Snplemento); Madre obre2 3 - {27). - Chaqueta. -(29). -Chaleco.
8.-~
5
-(12).-~9-(20).-31
·
(14).
ra, núm. 10 (Suplemento); :El cavador, 172;
29 • (41).-Cinturón.
- 3 3 - (15).-35-(29), 30. - 3"1 ·
Cuesta abajo, 185; Canción de la limosna,
45 · (30).-Bata.
(11), 31.-38· 16. - 39 · (18), 36, 37.
226; La campana de la vida, núm. 22 (Su:Bopa b lanca de h ombre a.
-40
.
21,
23,
24.-43
·
8,
20,
21,
(30)
.
plemento) ; :11undo futuro, núm. 26 (Suple7 . (2ó) á (27) -Camisas.
"'
- 46 . 24.-&lt;1,7 · 14, 15.-il8 · 16.
mento) ; Es natural, 315 ; De lnrgo, 376;
~9 - (22) á (26).-Varios.- (37) á (40.)
Spes, núm. 38 (Suplemento) ; El saludo, - D B TEATRO, BlUNIONES, ETC.
-Camisas.
~ -1.- t:: 16, 23.-14 · 17.-:H · R. 3.
479; El guante, 483¡ Gusanito, núm. 42 (Su-

--=--ng

Niños 7 niilas.
7 -4' á 46. - Pantalones y cuerpos. - 47
á 62. - Idem, íd. y enagua~.
13 • (22). - Delantal.
1.5 • 23 á 29. -Juego completo.
1.9 • (30). -Cubrecorsé.
~ 1 - (27) á (29).- Camisas.
~3 • (25). - Peinador.
2 5- (33) á (38) -Juego.
27 -(2ó) á (27). - Juego. - (31 ). Corsé.
3 5 • ( 10). - Delantal.
37 • (18).-Delantal.
39 -38 á 41.-Juego.
43 • (38). -Delantal.

Ropa bl anca de señ ora, 7 saya.a.
l. • 21.-Euagua.-23. - Corsé. - (28).Enagua.
3 -(14) y (15). - Sayae.
5 · {11) y (12). - Cubrecorsés.
7 . (18).- Volantes, pantalón y enaguas.
-(33) á (43).-Variae prendas.
1.1 · (18). -Corsé.
15 -30 á 32. - Juego. -(37).- Saya.
17 • (21).-Saya.-(23). -Corsé.
1.9 • {28).- Cubrecorsé.
~l. - (25). - Peinador. - (26). - Enagua.
- ( 42). - Cubrecorsé.
22 • 24. - Sayll,
~ 3 • (30).-CRmiaa.
~ 7 · (30). - Cubrecorsé.
3 3 • (17) y (18).-Carnisa y pantalón. (22) y (23).- ldem y camisón.
35 • ( ll).- Delantal.-(31).-Enagua.
3 8 37 y 38. -Cuerpo y pantalón.
39 • (29). -Enagua. -(30). - Irlem.
4 5 -(10). -Enagua.-(31). - Uol"l!é. (32). -Cubrecorsé.
Sombreros y g orras para niño■.
·
5 -15 -1il,•25.- l.6•20.- 1 "1· (26), (35).
(38), (39).- 37-32. - • 2-8, 9, ~o; 11
- 45·(29).-48-18, 19.
,lgplbreros.
,
:,-5, 6.-3-2, 3.-t--24. - 6 -18 (luto). 8 -4, 5.- 9 -3.-1.1-4, 6.-1.~•18. 1.4 20, 21.-1.6-22.-17-3.-~0·6.~2-ó, 8.- 21-24. -26-4, 8, 9, 10,
15.- 27-10. -28·10, 14, 15.-.3 l ·8,
11. -32-13. - 36-3, 4, 22. - 37-9,
10.-40-9, 10, 11.
Trajea.
- DB MÁSCARAS.
2 -R. 1 á 9.- 3 -1, 19 á 24.- 4-11:-5F. I. 6 figs.
- PARA NIRAS HASTA 7 A!i!OS.
1. -(26), (27). - 2-19. - 3 17.- 4 -9. 5 ·(13), (21). -8-R . 13, 13, 18, 20, 23,
34, (21).-1.0-28, 29, 30, 36.-1.1.-(10).
- 12-13.- 13 (17).-14-9, 31,"32.15-(7), 41, 42. -1.6-19. - 17 (4),
(12). - 18 -7.-19·(31), (32), (34). ~0•8. - 21 ·(3). - 22 10. - 23 (5),
(6).-24 6. 8, 11. 27-4.- 3 l-(9).33 ·14.-35-t3), (23), (delantal).-37•
(19), (29).- 3 9 (11), (12), (25), (26).
- 40•13, 31, 32. - 41-(26). - 43(36).-4 4 7, 8, !l, 17, 18, 19.- •5•17.
- 4 7-8.-48 -10, 30.
- PAnA NIRAS o~ 7 HAiHA 14 Allos.
l.·(11), (24), (27). - 2 -28 á 30.-3 •(4),
18.-4-10.-5 -(19).- 6 •27.-7 -5.8•12, 21. - 9 -2, (8), (15). - 1.0-4. 11-9.-12-!3, 15, 21, 25, 29, 30.14-7, 10, 2!, 34, 36, 37.- 15·8. 17•( 17), 18.-1 8·6, S, 9.-1.9 (15).21-4, 5.-22 7, 9.- 23-(3).-~4-5,
12, 13. - 25-(17), (211). - ~7-(7).~8-17, 18, 19, 20, 21.- ~9-(15), 19.31-(4), 10.-s3.20.-st:-7, 8, 11.3 5 -(12), i24) (delantal).-36-6, 10, 11,
17.-37-(20).- 38-15, 18, 19, 20, 21,
27, 40, 41.- 39·3. -t:0-7, 31, 32. &lt;lcl.·(11), (16).-43 -19, 24.- 45-(8),
(17), (20).- 4~•7.- 47 •4 (delantal),
ó, 6, 44.- 48 2 27, 31.
- PARA ~11:RORITAS DI 14 Á 17 AROS.
3 -5.-5-3, 4.-6·3, 9.- 7 -10.- 8 •31,
32.- 10-24, 26. 35. - 1.1 (17). - 13·
(7).-1.4 5, 6, 22, 23, 26.-1.7 -(22).~ 1.-(9). - ~3•(23). - ~ "1-9, (11). 3 0 .11.- 31 -(24). - 3:J (2 t).- s • 10.-35•(7), (8).-38·2 his, 22, 23, 24,
25. -39-(31 ), (32). - 4 0 -14, 15. •s-19.-47-17 (18). - 48-3.
Bebés 6 niños pequeños.
PRICN DAS VARIAS.
5-15.-Calzado y medias.
1 2 · 27. - Delantal.
1 3 • (21 ). - Chaquetita.
14-8.-Gorra.
19 · (22) y (23).-Portabebé y chambra.
-(24). -Chaqueta.- (35 ). - Delantal.
(36) á (44).-Equipo.-(48) á (62).Juego.
23 -(7). - Delantal.-(41) y (42).- Veetirlos.
2-1: 7 y 9.-Delantales -10.-Veetido.
25 -10.-Delantnl.-(11 ).-Idem.-(13).
-Vestido.-(30). -Idem.
33 -(llj) bie.-Delautal.-(27).- Chambra.

�35 · (33). - Faldón.
•o-8. -Traje de mulleca.
43 · 9 á 14. - Ju ego para muil.ecas.
•s -21.-Traje de mu!Ieca.-24. - Idem
id.-(29). - Chaqueta.-(34). - Delantal.
46-9.-Faldóo.
47 - 9.- Delantal.
48 • 29. -Traje para mu lleca.

Trajes.

PARA NJ!fos y MUOHAOIIOS.

-

Trajea.
-

3-{6), (8). - li-(16), 20. - 7 -(6), 28. 8-R. 9 y 10, 17, 19, 22, 30. -l.l.-8.l.~-26,28.-l.4•27, 33, 35.-l.6 (35).
l. ';-7, (9). - l.9 7. - 21.-(7), (8). 22-6.-23-(8) .-26-(18). - 27 ·( 18),
(19), 20.-28-16.-33-11. 16.-36(28).-31-(13),35, 36.-38-17, 26.39-24.-40-12.-41.-10, (2:i).-43(25).-45•9.-41·(32), (41), 43.48-17.
-

D&amp; ;BAILE, GRANDES OOMlDAB, TUTBOS, DE
F.TJQUITA Y USOS ANÁLOGOS.

l.-16, 17, 18, 19, 20.-2-15, 16.-4-R.1
á 5, 14, 15, 16, 17, 18.-6-21.- 7 F. I.-9-4.-l.3-R. 5, 6.-l.5·R. 526-14.- 34-12, 13.-31•4, 5.-426, 7.-43-(43), 45 -44-R.1.-45R. 2.-46•1, 11, 12, 13, 14, 16, 17, 19,
F. T. 2 figa.-48-1, 12, 13, 14.
-

D&amp; OALLE1 PARA llllfANA 1 TlKNDAS, PASEO,
DB CAMPO Y USOS ANÁLOGOS.

l.· R. 4, (22). -3-(12), (34). -4-19, 20.
- 6-9.-9-(17).- l.O 33.-11.-25, 26.
-l.~·6.-l.5-(43), F. I.-16-18.17 -(1), (2), 5,(41¡.-l.8-3,4, 11.19-4, ( 5 ). - :i0-15, 24. - 21.-44. 22-15, 23.-24-1, 14 á 18.-26(22), (24),-26 6, 25.-32-19.-3328.-34-2.- 35 (4), 9, 42.-37-(22).
-40 25.-41·(9), (18), (40), (41)..-2-21.- 43-(18), (33), 34.--1:5-37.
-47-(2).
-

DB OALLB, PARA PAS&amp;OS DE TARDE, VISITAS
Y USOS ANÁLOGOS.

1 · 1, 2, R. 3, 5, (6), 7, 12, 13, 14, 15, 29,
(30), (33), (34), F. I.-2- 7, 8, 11,
17, 18, 26, 27 , F. I. 3 figs.·-3 - R. 6,
(13),, (16).-4 - l J. 2, 3 á 5, 6 á 8, 13,
21,l&lt;. I.-5-1,.t(,, 1á6,5,6, 7,(8),
(22).-6 -1, 2, R. 1 á 5, 8, 11, 14, 15,
17, 19, 24, 25, F. J.-'% - R. 1 á 6, 7, 8,
(9), 19, (20).-8 - 3, R.11, 14, 7, 8, 9, 16,
24, 28, 29, F. 1.-9- 1, R. 5, 6, 5, 10,
11, (13), 14, (20), (22), 34, 35, F. I.10 - 1 á 3, R . 1 á 6, 7, 8, 9, 14, 16, 18,
22, 23,25, 27, 34, F. I.-11-1, 2, R.1,
2,3, 5,6,(3), (5), 11, 12, 14, 15,16,
(32), (33).-12 - 1, 2, R. 1 á 6, 4, 5,
7, 9, 10, 11, 12, 14, 16, 17, 31, 32, F. I.
-13-1, (2), R. 1 á 4, 4, 5, 6, 10, ll ,
13, 14, ( 15), 16, (20), (23), (24), (26),
F. I. 2 fige. -l.4 - 1, 2, 3, R.1, 2, 4,
5, 11, 12, 13, 15, 16, 28.-l.5 · (!), 2,
R. 1, 2, (4), 5, ( ti), 9, 10, (11), 12, 13,
14.-16 - 1, 2, R. 1 á 4, 23, 24, 25, 26,
29, 30.-l.7-R.1á5,(15), 19,20,
(42), F. I.-l.fif - 1, 2, R.1 á 5, 10, 12,
14, 16, 17, 20, 2l, 22, 23, F. I.-19-1,
2, R. 1 á 5, 9, (10), 11, F. I. -20 · 1,
2, R. 1 á 5, 3, 4, 9, 10, 11 , 12, 13, 16,
11 19, 22, F. I. -2.1 · 1, 2, R. 2 á 10,
(1 6), 11, 12, 13, 14, (15), F. I.-~2 · 1,
2, R. 1 á 5, 3, 4, 11, 12, 13, 14, 17, 18,
19, 22, F. J. - ~3 - R . 1 á 5, (4), (9),
16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, F. I.-~4- 2,
R. 1 á 6, 3, 4, 21, 22, 23, 29, 31, F. I.25 - R.1, 2, 4, 5, 14, 15, 16, 19, 20, 21,
(25), 26, l&lt;'. I.-~6-l, 2, R.1 á 6, 3, ó,
12, 13, 23, 24. - ~1 -1, 2, R . 1 á 5, 6,
(8), 12, 13, 14, 16, F. 1.-~8 - 1, 2,
R.1 á 6, 7, 8, 9, 10, 3, 5, 6, 12, 13, 22,
24. - 29 · 1, 2, R. 1 á 6, 4, 13, (14),
(21), 1'' . I.- 30 -1, R. 1 á 6, 2, 5, 8,
9, (10), 11, 12, 14, 16, 18, 19, F. I.-31. 1, 2, R .1 é.6, (6), 13, 30, 31, 32, F. I.32 · R. 1 á 4, 3, 4, 5, 8, 9, 10, 11, 12,
15, 16, 17, 18, F. 1.- 33 · 1, (2), R.
1 á 5, 3i 4, 5, 6, 7, 8, 10, 1~, (25), 31,
32, F . . - 34-1, R. 4á6, 3, 4, 6, 9,
14, 15, 16, 17, 18, 19, 24. - 36 - 1, 2,
R.1 á 6, 15, 16, 171 18, 19, (20).-36 1, 2, R. 1 á 6, 8, 11, 13, 14, 15, 16, 18,
2-1, 25, 27, F. 1.-37 · (1), 2, 3, R.1 á
4, 7, 8, 12, 15, (23), (28), (30).-38 - 1,
2, ll. 1 á 5, 3, 4, 5, 8, 11, 28, F. l. 39 · 1, 2, R. 11 2, 4. 6, 8, 10, 13, 14, 17,
20, 27, (28), (o5), F. l. 2 fip:a. - -1:0 - 1,
2, R.1 á 3, 3, 6, 16, 17, 18, 26, 27, 28, 29,
F. 1.-41. -R. 2, 4, 2, 3, (4), 5, 12, 13,
14, 15, F. I.-t~-1, 2, R.1 á 8, 3, 12,
13, 14, 15, 16, 17, 18, 20, 22, 2~, 24, 25,
26, 27.-43 -1, 2, R. 1 á 11, 3, 4, (17),
21, (22), F. l. 3 figs.-tc4- l, R. 2 á 7,
5, 6, 10, 11, 13, 14, 16, 20, 23, 24, 25,
F. 1.-tcó · 1, R. 3 á 8, R, 4, 6, 7, (15),

16, 36, 'F. 1.-t.6 · R. 6 á 9, 3l 18, 20,
21, 22. - 47 -R. 1 á 8, 3, (16J, (19t
(20), 27, 42, ]&lt;'. 1.-48-R. 1 á 4, 6 y 7,
6, 6, 21, 22.

-

D&amp; DESPOSADAS Y PRIMERA COMUNIÓN,

3-(11), F. I.-7-(11).-8-R.1 á.10.13· 22. -14- R. 3.-.t.6-17, F. I.
- 32 -1.--33 -12.-35. F. I.- 48·

R.5.
JlE LUTO.

6- 20 -7-(1), (2),3.-29-5, (8),(9),
7.-41.. 36, 39.
-

PARA REUNIONES, COMIDAS, TlU.TBO Y USOS
ANÁLOGOS.

1-R. 1, 2.-2 -2 , 3, 9, 10, 14.-3R. 5.-4-12.-5 - 2.-6 -10, 12, 13,
16, 23.-8-lOy 11, 12, 14,15.-9R.1, 2, 3, 4, 6.-1.0-6, 13,21.-11·
R.4, F. I.-12 -3, 8.-1ó-R. 3, 4,
F. I.-1.6-R. 5.-18- 5.-1.9-12,
13.-20. 51 18, 25.-22 - 21.-25 - 1,
2.-26- F. J.- 28 - 4, 7, 8, 9, F. I.3O - 4, 3, 13, 15.-31. - 3, 5, (16), (19).
-32-R. 5.-33 -9, 13.- 3-l -R.1
á 3.-35 -13, 14, (39), 40.-36- 23,
26.-37 - (6), 16 -39 - 15, 16, 23.40 · R. 4, 5, 22 .-41 · R. 1, 3.-44 ·
12,.H&gt;, 21, 22.-46-2, R.1.-4610, 14, 23.-48 -4, 9, 11, 26, F. l.
Trajes y prendas.

16 · 7.-Pelerina.
19-56.-Colcha para cuna.
2O-S. 4.- Chaqueta bebé.-S, 8.- Zapatitos.
2tc -9 -Guarnición de pantalón.-14.Entredós.
32 -S. 10. - Canesú para camisa.- S. 11.
- Guarnición para pantalones.
33-26.-Refajo.
4O-S. 3.-Idem.-S.12.-Puntilla.
43 - 39.-Pelerina.
48 - S. 6. Gorra para bebé.-S. 8.-Pelerina.

..

Encajes,
4-S. 11 y 15.-Tenerife.
ó·S. 3, 6, 7,8.
·
8-S. 2.-Volante para sabanilla.-S. 8.-

Idem id.
1~-S. 8.-Berta Venecia.
13 - (9). - Puil.o•Brujas.
24- lÓ.-Puntilla de bolillos.
28-S. 2.-Entredós de id.
32- S. 18.-Puntilla de id.
40 · S. 18.-Idem do Id.
45-(23). - Puntilla.
48 · S. 1 y 2.-Cuadro de bolilloe.-5, 7.
-Puntilla para tapetes y cortinJs.
Guarniciones, orlas y adornos.
2-S. Nueve orlas á punto de cruz.
5 -S. !.-Guarnición Richelieu para eábanas.-S. 2.-Festón para idem.-S. 4.D~ VIAJE, O:SPORT&gt;1 AMAZONAS, BTO., Y BA!fO.
Idem para ángulo.-S. 5.-Angulo para
8 · (6).-Amazona.
pañuelo de realce.-S. 9. - Guarnioión
J 5 • (38).-Guardapolvo.
Richelieu par&amp; ropa blanca.-S. !O.16 - 31.-Viaje.
Volantes y entredoses, borda.doinglés.19 • (3).-Ciclista.-6.-Guardapolvo.
S. 11.-Idem id.-S. 12.-Idem id.
2 L -(39), ( 40), 41, 43.
6 -S. Varios adornos á punto de cruz.
22 · 1, 2,-Playa.
10 -S. Once orlas ídem Id.
24 -14 á 18.-Viaje, campo y playa.
1.4-S. Núeve idem id.
25· (3).-Viaje.-6.-AutomóviL
l.8- S. Trece ídem id.
26 -16.-Tra.je y guardapolvo.
22 •S. Trece ídem id.
21 · (11 ).- Lawn-tennis.
26-S. Once ídem id.
29 -16.-Abrigo.
3O-S. Nueve ídem id.
31.-7.-Amazona.-12.-Traje de caza.
3•-S. Nueve ídem id.
35 · (41).-Traje de viaje.
38-S. Siete ldem id.
38 (39).-Pantalón bombacho.
42 -S. Catorce ídem id.
45 · (25).-Traje para patinar. - 26.-16 -S. Ocho idem id.
Idem id.
Iniciales, cifras y abecedarios.
46 - 4, 5, 6.-Trajes para patinar.
2- S. Cifras de A y B, con todas las de4'% · 7:-Capa.
más, á punto de cruz.
48 · 15.-Paletó para automóvil.
6-S. Tdem C y D (cont. del núm. :l).
10- S. Idem E y F (id. id.) •
1•-S. Idem G y H (Id. id.)
LABORES.
1.8-S. Idem J y K (Id. id.)
22-S. Idem L y LL (id. id.)
Almohadones.
24-S. Námeros á punto de cruz.
1 ·(31).-3 -25 y(26).-4 • s. 1 y 4.-5•
26- S. Cifras M y N (cont. del núm. 2 ).
30 -S. Idem O y P (id. id.)
(17).-9-(19).-1~-S. 11 y 16.-15·
(16).-16-S. 2, (4).-17-(28) y (29).
34-S. Idem R y Q (id. id.)
38-S. Idem S y T (Id. id.)
-l.9-(55). -~0- S. 1.-2:1-16.42-S. Idem U y V (id. id.)
~ol - 13.-27 -(21).-29 - (28).-32S.6, 14 y 15. - 33- (30).- 36 -S. 7.
.f.6-S. Idem W y X (id. id.)
-40-S. l y 13.-44-S.14.-tc6•(22). Objetos de comedor.
Bolsas, cajas, estuches y cestas.
3 · (30).-Cubretetera
3 · (27).-Vaciabolaillos.-(32) y (33).8 • S. 1.- Volante de pantalla.
Dos limosneros.
27 • (17).-Cubretetera.
8 · S. 7.-Bolsa para labor.-S. 13.-Sa37 · (26). -ldem.-(27). - Bandeja con
bordado.
chet para. guantes y pafiuelos.
16 • S. 7.-Bolsillo.-S. 17. - Idem. 41. • (:28).-Funda para cubiertos.- (34).
S. 18.-Bole&amp; para camisa de dormir.
-Idem para huevos.
11 · (30) á (34). - Fundas pus objetos Objetos para el culto,
de vio.je.
8- S. 2.- Encaje_para sabanilla.-S. (8).
-Idem id.
20 -S. 3.-Cesta para lmevos.-S. 9.Saco de viaje.
3~ · S. 7. -Idem Id.
21. · (16) á (18).-Saco de viaje y fundas
tl0 - S. 5. -Bordado inglés para ídem.
de manto. y paraguae.-(35). -Idem Objetos de despacho.
para ropa de baño.
1- (37).-Cesto para papelee.
23 - (32).-Bolsa para teatro.
9 - (29).-Pa.pelera.
24- 17 - Portaparaguas.
r•
31 · (26). -Carpeta.
26 • (28).-Sachet.
35 - (36).-Papelera.
~8-.S. 15 y 16. -Bolsillos.
41 · (27). - Sujetapapeles.-29.-Cartera
29 • (18).- Bolsa para teatro.
para sellos.-(31).-Carpeta y forro de
32- S. 3.-Bolea para labor.-S. 17.- •
libro.
Yaciabolsillos.
43 · (31) y (32). -Relojera. y secante.
36 • S. 6.- Sachet.
Objetos de dormitorio.,- tocador.
37 -(25).-Bolsa para teatro.
1 • (32).-Acerico.
39 · (33),-ldem id.
l l -(19).-Guarnición para tocador.
40 · S. 6.-Limoenero.
u, 16- S. 5. -Acerico.
41. · (28).-Fundn para cubiertos.
23 · (36). - J dem.
46 -8.- Cesta para juguetes.
28 - S. l. - Fundas de paño para almo48-S. 3.-Bo1$a para labor.-S. 12.hadae.-S. 4 á 6.-Tapetitos para tocaCubierta de libro y sachet.
dor.
Cortinajes.
35 - (37). -Acerico.
4- S. 2.-Stor.
36 · S. 1.-Tapetitos para mesa de tol.2 · S. 2. - Cortina de étamine.
cador.
2-l-17.- Cortina para armario.
41 · (20). -Acerico.
28 -S. 20.-Brise-bise.
4.•· S. 19.-Colcha para cuna.
33-(24).-Portiere.
47 · (21).-Joyero.-(22) á (24).-Ce35- (34) y (35).-Cortina bordada.
pillos y_ cajas.-(25),- Carnet.-(26).
40- S. 17.-Idem id.
-Acerico.
44 · S. 3.-Brise-bise.
Prendas personales.
48 · S. 4.-Stor bordado.-S. 14.-Guar1 · (32)-Cuello y puños.
nición para cortinas.
4 • S. 5, 6 y 7 .-Chaleco de se!Iora.
Crochet.
S. 9 y 10.-«Bolerol) bordado.
4- S. 3.-Chaqueta.-S. 12 y 13.-Refajo.
'% - (31 ).-Cuello, -(30). -Tres canesúe
8- b. tO.-.Entredós.
para camisas,

..

8 - 8. 3.-Cuello.
9 • 87.-Chaleco bordado.
12 · S. l. -Cinturón. - S. 9. - Delantal
par&amp; niña.-S. (18).-Sombrilla.
l.3- (341.-Gorra d_e bebé.-(35) y (36).
-Bols11los para. mños.
16 · (15).-0uellos y cinturón .-(17) y
(18J. - Pañuelos. -(19).-Cuello. _
(21 .-Idem.
16 · . 3.-Rebocillo.
H · (24) y (25).-Cinturones.-(40).Cuello.
l.9 - (29).-Cuello y puño.
20 · S. 11. - Delantal. - S, 13. - Sombrilla.
23 · (26).-Peto. - (29). - Chaleco de
hombre.
24- 4.-«Bolero».-11.-Cuello.
28 · S. 11.-Echarpe. -S. 12.-Vestido
bebé.-13.-Gorra !dem.
29 · (27). - Cuello. - (29). - Puiios. (30).-Cuello y corba.ta.
33 - 26.-Refajo.
36 · S. 9 y 10.-Cinturones. -S. 12. Chal~co de 8port para caballero.
40 · S. 3. - Refajo. - S.-16. Camiseta
de sport.
4..t, · 26.-«Bolero, á punto de media,S. 6.-P11ehero.
4'% - (30).-Pañuelos,
-18 · S. 10.-Gorro para homj.)re.
Ropas de cama y mesa.
l. - (e8).-Mantelillo.
4 • $. H.-Cubrepiés.
ó - (29).-Mantel para té;
8 • S. 5.-Camino y centro de mesa.
9 • (30).-Camino de mesa.
11- (7).-Interior de bandeja, - (45).Mantel p11ra. té.
12 - 17.-Fondos de plato.
13 · (33).-Mantel para té.
l.6 · S. 9.-Camino de mesa.-S. 13.Mantel.
17 · (27).-Centro de mesa.
l.9 · (16) á (18).-Caminode meen y mantelillo. -(25) á (27).-Fondo de bandeja y servill ,ta.-(46) y (47).-Funda
de almohada y colcha para cuna.
20 - S. 5.-Mantel.
23 · ( 12) i,. (14 ). - Fondos de plato.(34) y 35.-Cnminoe de mesa.-(24).Fondo de almohadón,-(39) y40.Fondos de bandeja.
24 • 6 y 7.- Bolll&amp;l! para servilletas.
28 · S. 8 á 10.-Camino de meea, mantel
y cubreaparador. - S. 14. - Fondo de
fuente.
31- (18).-Servilleta para bandeja.
32 • S. 5.-Camino de mesa y mantelillo.
S. 12.-Interior de fuente.
33 · (29).-Servilleta para frutero y t&amp;petito para tabla de armario.-33.-Sáhana y funda de almohada.
35 - (27).-Servilleta para bandeja.
36 • S. 5.- Sábanae y fund.1 de almohada.
-S. 11.-Mantel.
37 • (24).-Camino de mesa.
40 - $. 7.-Mantel par&amp; té.
43 - (35).-Camino de mesa.
4fc • S. 8.-Mantel y servilleta para té.S. 10.-Idem id. para caza.
48 • S. 13. -Servilletas para frutero,S. 18. - Mantelillo.

Tapetes.
4 · S. 8.-6 · (28), (30).- 8 -S. 6-9.-U •
S.10 y 12. -16-S. l-12. -l.9-(54).

-~0-S. 7.-22 -16.-~4- 1, 3.26-~7). -~7-(16).-~8- s. 17.29- 10), (36).- 3] -(25), (27).3~ · . 1.-36 · s. 2 y 8.-39-(42) 40 - S. 10 y 20.-S. 21.-43-(37).
-44 -S. 7.-45-(33).-48 - S. 15.
Tapicería y muebles.
4 • S. 16 y 17 .-Diombo.
8 - S. 11.-Dosel para cama.
l.2 • S. 6.-Tapiz para pared.- S. 20.Pantalla de chimenea.
20 • S. 6.-Velete.
t,O • S. 8.-FranjR estilo sueco.
41 · (22).-Cubierta para banqueta.
44. S. 2.-Bordado para butaca. -S. 4.
-Velete.-S. 12.-Adorno para repisa
S. 13.- Banda para idem.-S. 16 y 17.
-Veletes.
U - (35).-Idem.
48. S. 16 y 17.-Tapices bordados.

,

PERIÓDICO ESPECIAL.DE srnORAS y srnORITAS, INOISPcNSABL~ EN TODA CASA DEFAMILIA
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TRAZADOS AL TAMAÑO NATURAL-MODELOS PARA TODA CLASE DE LABORES Y BORDADOS-CRÓNICAS-NOVELAS, ETC., ETC.

SE PUBLICA EN LOS DlAS 6, 14, 22 Y 30 DE CADA MES
MADRID 6 ~E ENERO DE

1906.

l

A ÑO

LXV. - NúM. 1.

l

ADMÓN.: CABALLERO DE GRACIA, 19 y 21.

SUMARIO .
TExTo.-Explicación de los grabados.- Revista parisiense,
por V. de Castelftdo.-Una promesa, novela traducida por
Sylvia.-Correspondencia particular, por D.ª Adela P.Explicación del figurín iluminado.-Sueltos.-Anuncios. ·
GRABA.Dos. -1. Traje de paño. - 2. Traje de recepción.s. Blusa de paño. - ,. • Bolero, de eacaje.-5. Rebocillos
para teatro.-6 y 7. Toilettes de tarde y para señora joven.
8. Peinado de baile.-9. Blusa de teatro.-10. Peinado de
baile.-11. Traje para niña de 10 á 12 años.- 12. Toilette de
paño con Jevit m.-13, Traje de terciopelo para señora jo•
ven.-14. Toilette para visitas.-16. Traje de paño con falda de novedad.-16. Toilette de baile, estilo Imperio.17. Traje de baile.-18. Toilette de baile para señorita.19 y 20. Toilette&amp; de baile.-21. Enagua con cubrecorsé.22. Traje de invierno.-2a. Corsé.- 24. Traje para niña de
8 á 9 años.-26. Matinée para señora joven.-26. Traje
para niña de 1 á 2 años.-27. Traje adornado con bordado
para niña de 6 á 8 años.-28. Enagua de balista.-29. Toilette de paño piel de Suecia.-so. Traje Imperio.-31. Almo•
hadón guarnecido con bordado de cuentas.-32. Guarnición
de tela de hilo adornada con bordado.-33. Traje de lana.
-s,. Traje adornado con trencilla.-36. Blusa guarnecida
con trencilla,-86. Blusa sencilla de lana.-37.Cestopara
papeles.-88. Mantelillo guarnecí lo con bordado.

Núm. 1.-La falda de este traje, de paño verde
musgo; se dispone formando delante un grupo

de seis pliegues ; rodea el bajo una ancha tira
de terciopelo verde obscuro, adornada con bieses de tela, y se montan bajo un pequeño pliegue. Los delanteros del cuerpo se fruncen y drapean en forma de «bolero•; se montan sobre un
canesú redondeado por la espalda, que se prolon~a en punta por delante h asta el talle, y que
se eiecuta en seda verde claro con aplicaciones
de terciopelo verde obscuro; este adorno puede
sustituirse por otro de pasamanería. El peto,
con cuello recto, es de encaje y se adorna con
lazos pequeños de terciopelo y con encaje de Valenciennes. Las mangas son sem.ilargas, se fruncen y terminan por bocamangas de terciopelo
realzadas con volantes de encaje.
Núm. 2.-Se ejecuta con paño color ciruela y
se guarnece con muselina y con bordado. La
falda , compuesta de cinco paños, cae suelta sobre la interior de tafetán; se dispone formando
pliegues huecos, excepto en el paño delantero,
que es liso; se pespuntea en el borde superior
de manera que simule canesú. El cuerpo se abre
con dos grandes solapas sujetas por medio de
botones antiguos, sobre un chaleco de paño color moda, igual al cuello vuelto; adornan el
chaleco bieses de tafetán lila, un galón de oro
y un bordado de cuentas. E l peto y el cuello
recto son de muselina plegada sobre viso de tafetán, y se adornan con entredoses y encaje de
Valenciennes. El cinturón-corpiño y las bocamangas se componen de tiras de paño; termina ·
las mangas una guarnición de muselina y encaje.

Varios.

16 . ( 40). -Funda de violln y cubrete•
ciado.
36 • (38).-Marco para retrato.
36. S. 3.-Funda para violin.- S. 4.Colcha para coche de nillo.-S.13.Cartera para música.
'11 • (35).-Marco para retratos.
t.3-1.-Moiréa pua mullecas,

SUMARIO,
Los sombreros y los vestidos en el teatro.- Bor dados con
o.ro.- Dos trajes de día. - Tres para calle. -Algo sobre
abrigos.-Un nuevo adorno.

l. - Traje de paño guarnecido con aplicaciones de terciopelo.
Cuestión eterna, la de los sombreros en
las butacas de los teatros, que viene renovándose en cada temporada y á la que se
da en cada lugar y en cada época solución dife- sivamente para tener la cabeza descubierta, podrán acaso imponer la prohibición ó sugerir la
rente y nunca definitiva.
Y, en verdad, no es fácil que la tenga, al me- voluntaria abstención del sombrero en las buta~os para todos los teatros. Aquellos en que se cas; pero los demás, aquellos á los que se lleva un
impone á las señoras un tocado especial, de no- traje de calle, siquiera sea de mayor riquPza ó más
&lt;1he, al que acompaña un peinado hecho exclu- claro que los usuales para el día; aquellos á los

2. - Traje de recepción.

que se decide ir á veces momentos antes de levantarse el telón, á los que se acude con el mismo traje del paseo de la tarde, con el que se ha
llevado á 11;na comida de intimidad, á los que, en
fin, se va sm una toilette especial, no podrán exigir nunca, si no es bajo el imperio absoluto, pero

•

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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          <name>Relación OPAC</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752064&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada, Índice, 1906, Tomo 65,  </text>
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                <text>Flores Arenas, Francisco, 1801-1877 </text>
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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                <text>Sucesores de Rivadeneyra</text>
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                <text>Carlos, Abelardo de 1822-1885, Propietario</text>
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                <text>Índice</text>
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                <text>Madrid, (España)</text>
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            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Correspondencia particular</name>
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                    <text>(

LA

MODA ELEGANTE

•

ILUSTRADA

PERIÓDICO DE LAS FAMILIAS

AÑO LXV DE SU PUBLICACIÓN

ADIIINJSTllACIÓN:

CALLE DEL CABALLERO DE GRACIA, NúMS. 11) y ~
MADRID

•

FONDO•
1

j

I
1
•

1

, .l,!J;

Ul.llu.."'1 4 •Q

�INDICE GENERAL DEL TOMO LXV.-f906.
Sipo■

convenciona.lea empleados
en este indice.

Los nitmcros gruesos representan los de los
números de LA MODA.
Los nt'auwros delgados son los que llevan
los ¡,-abados dentro de cada número del periódico.
Los miemos números delgados entre paréntesis, indican los de los grabados que tienen
patrones ó dibujos en loe Suplementos de pa•
tronee.
Los nitmeros de letTI\ b&amp;etardilla indican
los croquis de la Revi8ta Pari8iense.
ABREVIATURAS.
F. I.-Figurln iluminado.
R. - 'Revista.
S.-Suplemento de laboree.

INDICE DEL TEXTO

plemento); ¿Par~ qué?, 526 ; Piedad, 550;
L&amp; Nochebuena ideal, 557.
CóRDOBA (D. R. de).-Desamparo, núm. 4
(Suplemento); Amores extrafios, núm. 16
(Suplemento); Para los niños: Un consejo
Repl"!men~a, núm. 28 (Suplemento); Pro'.
verb1os chmos, 563.
Co:&amp;NCA (D. Carlos Luis de).- EI espejo de la
ciega, 29, 41, 53, 65 y 77.
ÜOQUER&amp;LLA (D. Félix). - La peor ausencia

358.

'

DAfz DE EscovAR (D. Narciso).-Cantaree,
203, 214, 407,
GoNZÁLEZ BLANOO (D. Andrés).-Á un abanico, 395.
ÜSBTB (D. Antonio).-Lo que nunca falta, número, 6 (Suplemento); Alborada, 179.
ROMANO (D. Luis).-Mi vecina, 369.
Rmz LóPEZ (D. Rafael). -Amar muriendo,
número 18 (Suplemento); Remembranzas,
número 44 (Suplemento).
VALLEJO (D. Mariano).-Vente conmigo, 340;
Loe gusanos de seda, 448.
WHIT:&amp; (D. ?ti.).-Guerracivil, núm. 2 (Suplemento); Vencidos, 40.

Revista parisiense.

CONTENIDO EN EST E TO M O
Corre■pondencia

particular.

ADELA P.-En todos los números y en los Su·
plementos correspondientes á los números
2, 4, 6, 8, 10, 12, 14, 16, 2:&gt;, 38, 42, 44, 46
y 48.

Costumbres y us os sociales.
A RAOBLI.-EI luto, 35!!.
NÁCAR (Concha de). - De lns maneras distinguidas, números 14 y 16 (Suplementos).
PÉREZ DK GuzdN (D. Juan). -El arte de
agradar, núm. 40 (Suplemento).
Snvu.-Las modernisto.s, nítm. 12 (Suple•
mento).

CABT:&amp;LFIDO (V. de).-En todos loe números
del 1 al 48.

Variedades.
AnACELI. - Bodas Reales, núm. 22 (Suple•
mento).
·
BLANCO-BELHONT:&amp; ( D. M. R. ).- S. A. R. la
Infanta D.• Maria Teresa, 17.
CÓRDOBA (D. R. de).-La limosna de una Misa,
número 4 (Suplemento).
DtBBCOIÓN (La}.-De un afio á otro, 574.
LAUBA.-Modas masculinas, 526.
PÉREZ DB GozMÁ.N (D. J.). - La boca de la
mujer, 406; Conee¡ae de Palacio, 538.

VISTAS , RETRATOS
• Y NOTAS DE ARTE.

Cuentos.
BLANCO-BKLKONTE (D.M. R).- El m r·jor ere•
yente, 262; El camino de la dicha, 274.
CÓRDOBA (D. !:l. de). - La ciencia de la vida,
número 2 (Suplemento); La curación de Bardaliso, núm. 26 (Suplemento); Contra pe•
reza ..... , 550.
Rmz LóPEZ (D. Rafael).-La ingratitud, número 38 (Suplemento).
VALLEJO (D. Mariano).-El paje del Rey de
Prusia, 3~2.

Enseñanzas útiles .

Bodas Reales: Regalos de la Real familia á la
reina Victoria (fotografías artlsticae de Mu!ioz de Baena), Suplemento al núm. 22.
El espejo de la cieg&amp; , dibujos de D. Mariano
Pedrero (ilustrando un poema de D. Carlos
Luis de Cuenca), 29, 41, 53, 65 y 77.
SS. AA. RR. la infanta D.• Maria Teres&amp; y su
esposo D. Fernando de Baviera: Suplemento de retratos distribuido con el núm. 2.

PATRONES CORTADOS.

- 37 · R. 5. - 3 8 · 13.-39 · (43. )4 4 - R. 1. - 4 6 - 2. - 48 - 1.

Adornes y accesorios personales.

5 • 14.- Cinturonee.-(18).-Peto y cuel'o.- 25 á 27.-Cuellos y guarnición.
7 • (16).-Cuello•estola.
8 -2ó á. 27.-Cuelloe.-35.-Cuello y pu•
ños.
9 • (16).- Cuello.-23 á 28.-Cuelloe, cor•
batas y mangas.
11 · 20.-Puños y cuello.- 21.- Cinturón. -22 -Cinturón. - 24..- Cuello y
chorrera.-(39) á («).-Mangas.
13 • (27) á (29).-Úuello, puños y cor·
bata.
1 5 • (20).-Manga.
19 • 53.-Puñoe.-(45).- Cinturón•faja.
20 • 7.-Cuello y pull.os.
21 · (24).-Cuello y pufioe.-(36) y (37).
- Corbatas.-(38).- Cuello.
2 5 • (4) y (5).-Gorras de sport.-(9).Peto.
~6 -17.- Gorra de sport.-21 á 36.Mangas.
27 • (28) y (29).-Cuellos.
~ 9 • (31) á 35.-Cuelloe y corbata.
3 1 · {17).-Corsé de gimnasia.-(28) y
29.-Corbatas.
3 &lt;1, • 20 á 23.-Cinturonee.
3 7 • (17).- Corbatas.-33.-Manguito y
· boa.-34.-Cinturón.
38 . 29 á 32.-Peto, puños y volante.
39 . (44) á (46).-Cuellos y puños.
41 · (30).-Cuello.-(32) y (33).-Cuelloe.-37 y 38.- Cuelloe y puños.
''
43 • (26).-Manta-eaco para cocbe.-{27)
á (29).-Cuelloe y puños.
4 7 • (33) á (35) y (37) á (40).-Cuellos.
Batas, o:matinéen y prendas exte•

riores para casa.
1 · (25).-Matinée.
· 3 . (9).-Delantal.- (10).-Bata.

5 • (31).- Delantal.
7 . (12).- Bata y delantal.- (21).-Delantal.- (29).- Idem.
9 -R. 7.-Uata.
10 • 5.-Matinée.
13 • (3).-Bata.
15 • (3).-Matinú.-(22).-Delantal.
17 • (8).-Bata.-( 10) y (11).- Delantales de cocina.
21 · 6.-Bata.- (19).-Delantal.-(20).
- Idem.- (21) y (22).-Idem.
23 • (15).-Bata.-(31).-Matinée.
27 • (32). -.Jfatinú.- (33).- Bata.
32 - 14.-Bata.-20.- Matinée.
41 · (17).-Bata.-(23).-Matinée.
4:3 • (42).-Delantal.
4 5 • (27).-Bata.-(28). Delantal.

(Suplementos distribuidos con los números 4, 'Blusas.
ARACELI.- Fruta del tiempo: Jaleas, núm. 28
8, 12, 16, 20, 24, 28, 32, 36, 40, 44 y 48.)
1 · 3, 9, (35), (36).-~ -12, 13, 21 , 22,
(Suplemento); Consejos prácticos, núm. 32 Abrigo para eelíora, grabado 'l, pág. 517.
23 , 24 , 25.-3 · (28), (29).-4 · 22.(Suplemento); Crisantemos, números 34 y Illusa para primavera, g r&amp;bado 3, pág. 184.
6 - 4, 5, 6, 7, 22,26.-7- (4), 13 , (l4),
36 (Suplementos).
15, 17.-9 · 31, 32. (33).-10 · 11, 12,
«Bolero», grabado 9, pág. 234.
CóBDOBA (D. R. de).-Vulgarización grama- «Bolero&gt; con faldones, grabado 22, pág. 572.
17, 19, 20.-11 · (23), (46).-12 -19,
tical, núm. 6 (SuplPmento); Nenúfares, nú- Chaqueta de novedad, grabados 31 y 32, pá·
20, 23, 24.- 1 3 · (8), (18), (19), (31),
mero 30 (Suplemento).
32,37.-14-14, F. I. 5figs.-15 •
g ina 142.
·
.
CUENCA (D. Carlos Luis de).-El abogado de Chnqueto. para señorita, grabado 20, pág. 46.
(33), (36), 44, 45, F. I. 3 figs.-1 6 · 3,
la familia , números 8, 10, 18 , 20, 24 , 30, Chaqueta-saco, grabado 24, pág. 429.
8 , 21, 27, 28.-17 · (36), (37).-1 8 34. 46 y 48 (Suplementos).
15, 18, 19.-19 - 14, 19, 20 , (21).Paletó de entretierupo, grabado 24-, pág. 382.
Wa1T&amp; (D. M.).-La floricultura en el Japón, Paletó para señorita, grabado 15, pág. 474.
20 · 14, 20, 21, 23.-2 1 · (23), (32) á
núméro 32 (Suplemento).
(34).- ~ 2 · 20.-~3 - (10), 11, (37),
Traje p&amp;ra niña, grabado 11, pág. 283.
VoOA!IULARtO USUAL y DE LA SALUD.-Pliegos Traje para niflo, grabado 16, pág. 333.
38.-~ 4. 20, 25 , 26, 27, 28.-25 · 7,
encuadernables distribuidos con los números Vestido para niña, grabado 13, páginas 90
8, 31, (32).-~6 · (7), 11, 20, 21.-27 •
del 7 al 48.
(22), 24, F. I. 3 figs.- 28 - 11.-29 · 3,
y 91.
6, (11 ), (12).-30 · 6.-31. · (15), (20).
Jligiene.
-32 · 6, 7, 21, 22.-34 · F. I. 6 ti~e.PRENDAS DE VESTIR
35 . (25), 26.-3 6 -5. -37 • (21).DcOTOR Rººº.-1\led icina doméstica: Sangui39 · 4, 5, 9, (21), 22.-40 · 8, 4, 5, 6
juelas, núm. 6 (Suplemento); Higiene de ~ b;i:igoa.
4 1 · (6), (8), (24).-4~ · 4, 5, F. I. 5
CABIZA Y CUELLO.
las comidas, 196,214,219 ,250,291,304,
figs.-43 • (40), (41).-44 • 4.- 4 5 ·
1 . 5.- Rebocillo para teatro.
346, 358, 382 y 424; Lat1 setas, núm. 42
(13), (14) , 18. - t:6-15. - 4 7 - 11,
i O• 15.-Gran cuello.
(Suplemento); Contra la obesidad, 562 y
(12), 13, 28, 29, (31).-48 · 7, 8, 28.
2 5 - (29).-Caello-eetola.
569.
«Boleros&gt; y cuerpos .
- PARA CALLE, PASl0 1 ETC.
.
1·4.-4-F. I. 2 fige. - 8 -F. I. 2 figs. . 2 -4, 20.-3 -R.1á4.-5 · R.tá.3 - 10.
Novelas.
11 · (30).-1~·F. I. 2 figs. - 1 3-(25).
- 6 . R. 6.-7 · 22, (23), 24.-8 · 1, 2,
MAROBL (!!:.).-La hija de mi wemigo, tra.lu- 1 8 ·F. I. 2 figs.- 20-F.I. 2 6.gs.9.-9 - (!l), (12), 36.-11.- 13, (27),
. cida por Araceli, números ?el 2 al :.4 (Su:
21·F. I. 2 fige.- ~ 4 -30.- ~5 (39).(34), 35, 36, (37), 38.- 13 · R. 2, 10,
plementos); Violeta, traducida por Araceli,
30-7, F. I. 2 figs.- 36 -7, 19, F. I. 3
(12).-14-4, 18, 19. - 16 · 9 á 16pliegos encuadernables distribuidos con los
liga.- 38 -F. l. 2 fige. - 39 · (34). 17 -13, 14 , 16.- 18·13.-~1 · R. 1.números del 24 al 48.
.
.
40-20. - t: t. . F. I. 2 fige. - 4 3 · (5),
~3·(28).-~4 · 19.- ~6 - 22.- ~"1 •
MARYAN (M.),-Una vrr,mesa, t raducida por
(15).-44-F. l. 2 figs.-47 · (10).3, (5),(34).-2 8 ·23.-31 • l, 21, (22),
Sylvia, 3, 15, 27. 39,-51, 63, 75.87, 99,112,
il,8-25, F. I. 2 figs ..
(23).- 32 . 2, 23, 24. - 33 · (25).1:.!4, 135, 148, 160, 172, 184, 196, 207, 220,
:15- (5), 6.- 36-12.- 3 7· R. 5, 14, Faldas.
231, 243, 2(&gt;6, 267, 280, 292, 304 y 31.6 ;
5 · (23) y (24).-10-31, 32.-1.5· (39),
F. l. 3 fige.- 38 -1, 2, 6, 7, 9, 10, 12,
44, 45.- ~1-(30) y (31) - 23·(43) y
La prima Lucía, traducida por Sylvia,
14.-39 · R. 3, 7, (19).-40 · R. 6, 19,
(44). - ~6-18, 19.-27-(23).- 3 5·
328, 340, 351, 363, 375, 388, 400, 412, 429,
30.-41 · l , (19), (21).-4~ - 2,19,21,
21 , (22). -41-(7). - 47 · (36). 436, 447, 460, 471, 483,496,508, 519, 532,
22.-43· 6,(16),-4&lt;1,-2 R.8, 3.-45 ·
-t:8-7, 8.
544, 555 y 567.
(5), 11, 12.-46· R. 1 á 5.-47 - l.Peinados.
,18 · 20, 23, 24.
Poesías.
-8, 10.- 3 -31.-9 -18. -26-26.- PARA NIRos y Nl~AS.
3 4· 5.-43 - 44.
3
.
(7).-5
·
(15).-8
•
33.9
•
(7).1
0
·
Dui.oo-BELMO~TE (D.M. R.).-Amparo, núPrendas exteriores par a hombres.
10-11
·(28),
(29).
1
4
-29,
30.mero 4 (Suplemento); Lazarillo, 64; Manos
11 • ( 31). - ChRleco.
15-(34).-16· 4, 5, 6.-17 · 6.-19 ·
blancas, núm. 8 (Snplemento); Madre obre2 3 - {27). - Chaqueta. -(29). -Chaleco.
8.-~
5
-(12).-~9-(20).-31
·
(14).
ra, núm. 10 (Suplemento); :El cavador, 172;
29 • (41).-Cinturón.
- 3 3 - (15).-35-(29), 30. - 3"1 ·
Cuesta abajo, 185; Canción de la limosna,
45 · (30).-Bata.
(11), 31.-38· 16. - 39 · (18), 36, 37.
226; La campana de la vida, núm. 22 (Su:Bopa b lanca de h ombre a.
-40
.
21,
23,
24.-43
·
8,
20,
21,
(30)
.
plemento) ; :11undo futuro, núm. 26 (Suple7 . (2ó) á (27) -Camisas.
"'
- 46 . 24.-&lt;1,7 · 14, 15.-il8 · 16.
mento) ; Es natural, 315 ; De lnrgo, 376;
~9 - (22) á (26).-Varios.- (37) á (40.)
Spes, núm. 38 (Suplemento) ; El saludo, - D B TEATRO, BlUNIONES, ETC.
-Camisas.
~ -1.- t:: 16, 23.-14 · 17.-:H · R. 3.
479; El guante, 483¡ Gusanito, núm. 42 (Su-

--=--ng

Niños 7 niilas.
7 -4' á 46. - Pantalones y cuerpos. - 47
á 62. - Idem, íd. y enagua~.
13 • (22). - Delantal.
1.5 • 23 á 29. -Juego completo.
1.9 • (30). -Cubrecorsé.
~ 1 - (27) á (29).- Camisas.
~3 • (25). - Peinador.
2 5- (33) á (38) -Juego.
27 -(2ó) á (27). - Juego. - (31 ). Corsé.
3 5 • ( 10). - Delantal.
37 • (18).-Delantal.
39 -38 á 41.-Juego.
43 • (38). -Delantal.

Ropa bl anca de señ ora, 7 saya.a.
l. • 21.-Euagua.-23. - Corsé. - (28).Enagua.
3 -(14) y (15). - Sayae.
5 · {11) y (12). - Cubrecorsés.
7 . (18).- Volantes, pantalón y enaguas.
-(33) á (43).-Variae prendas.
1.1 · (18). -Corsé.
15 -30 á 32. - Juego. -(37).- Saya.
17 • (21).-Saya.-(23). -Corsé.
1.9 • {28).- Cubrecorsé.
~l. - (25). - Peinador. - (26). - Enagua.
- ( 42). - Cubrecorsé.
22 • 24. - Sayll,
~ 3 • (30).-CRmiaa.
~ 7 · (30). - Cubrecorsé.
3 3 • (17) y (18).-Carnisa y pantalón. (22) y (23).- ldem y camisón.
35 • ( ll).- Delantal.-(31).-Enagua.
3 8 37 y 38. -Cuerpo y pantalón.
39 • (29). -Enagua. -(30). - Irlem.
4 5 -(10). -Enagua.-(31). - Uol"l!é. (32). -Cubrecorsé.
Sombreros y g orras para niño■.
·
5 -15 -1il,•25.- l.6•20.- 1 "1· (26), (35).
(38), (39).- 37-32. - • 2-8, 9, ~o; 11
- 45·(29).-48-18, 19.
,lgplbreros.
,
:,-5, 6.-3-2, 3.-t--24. - 6 -18 (luto). 8 -4, 5.- 9 -3.-1.1-4, 6.-1.~•18. 1.4 20, 21.-1.6-22.-17-3.-~0·6.~2-ó, 8.- 21-24. -26-4, 8, 9, 10,
15.- 27-10. -28·10, 14, 15.-.3 l ·8,
11. -32-13. - 36-3, 4, 22. - 37-9,
10.-40-9, 10, 11.
Trajea.
- DB MÁSCARAS.
2 -R. 1 á 9.- 3 -1, 19 á 24.- 4-11:-5F. I. 6 figs.
- PARA NIRAS HASTA 7 A!i!OS.
1. -(26), (27). - 2-19. - 3 17.- 4 -9. 5 ·(13), (21). -8-R . 13, 13, 18, 20, 23,
34, (21).-1.0-28, 29, 30, 36.-1.1.-(10).
- 12-13.- 13 (17).-14-9, 31,"32.15-(7), 41, 42. -1.6-19. - 17 (4),
(12). - 18 -7.-19·(31), (32), (34). ~0•8. - 21 ·(3). - 22 10. - 23 (5),
(6).-24 6. 8, 11. 27-4.- 3 l-(9).33 ·14.-35-t3), (23), (delantal).-37•
(19), (29).- 3 9 (11), (12), (25), (26).
- 40•13, 31, 32. - 41-(26). - 43(36).-4 4 7, 8, !l, 17, 18, 19.- •5•17.
- 4 7-8.-48 -10, 30.
- PAnA NIRAS o~ 7 HAiHA 14 Allos.
l.·(11), (24), (27). - 2 -28 á 30.-3 •(4),
18.-4-10.-5 -(19).- 6 •27.-7 -5.8•12, 21. - 9 -2, (8), (15). - 1.0-4. 11-9.-12-!3, 15, 21, 25, 29, 30.14-7, 10, 2!, 34, 36, 37.- 15·8. 17•( 17), 18.-1 8·6, S, 9.-1.9 (15).21-4, 5.-22 7, 9.- 23-(3).-~4-5,
12, 13. - 25-(17), (211). - ~7-(7).~8-17, 18, 19, 20, 21.- ~9-(15), 19.31-(4), 10.-s3.20.-st:-7, 8, 11.3 5 -(12), i24) (delantal).-36-6, 10, 11,
17.-37-(20).- 38-15, 18, 19, 20, 21,
27, 40, 41.- 39·3. -t:0-7, 31, 32. &lt;lcl.·(11), (16).-43 -19, 24.- 45-(8),
(17), (20).- 4~•7.- 47 •4 (delantal),
ó, 6, 44.- 48 2 27, 31.
- PARA ~11:RORITAS DI 14 Á 17 AROS.
3 -5.-5-3, 4.-6·3, 9.- 7 -10.- 8 •31,
32.- 10-24, 26. 35. - 1.1 (17). - 13·
(7).-1.4 5, 6, 22, 23, 26.-1.7 -(22).~ 1.-(9). - ~3•(23). - ~ "1-9, (11). 3 0 .11.- 31 -(24). - 3:J (2 t).- s • 10.-35•(7), (8).-38·2 his, 22, 23, 24,
25. -39-(31 ), (32). - 4 0 -14, 15. •s-19.-47-17 (18). - 48-3.
Bebés 6 niños pequeños.
PRICN DAS VARIAS.
5-15.-Calzado y medias.
1 2 · 27. - Delantal.
1 3 • (21 ). - Chaquetita.
14-8.-Gorra.
19 · (22) y (23).-Portabebé y chambra.
-(24). -Chaqueta.- (35 ). - Delantal.
(36) á (44).-Equipo.-(48) á (62).Juego.
23 -(7). - Delantal.-(41) y (42).- Veetirlos.
2-1: 7 y 9.-Delantales -10.-Veetido.
25 -10.-Delantnl.-(11 ).-Idem.-(13).
-Vestido.-(30). -Idem.
33 -(llj) bie.-Delautal.-(27).- Chambra.

�35 · (33). - Faldón.
•o-8. -Traje de mulleca.
43 · 9 á 14. - Ju ego para muil.ecas.
•s -21.-Traje de mu!Ieca.-24. - Idem
id.-(29). - Chaqueta.-(34). - Delantal.
46-9.-Faldóo.
47 - 9.- Delantal.
48 • 29. -Traje para mu lleca.

Trajes.

PARA NJ!fos y MUOHAOIIOS.

-

Trajea.
-

3-{6), (8). - li-(16), 20. - 7 -(6), 28. 8-R. 9 y 10, 17, 19, 22, 30. -l.l.-8.l.~-26,28.-l.4•27, 33, 35.-l.6 (35).
l. ';-7, (9). - l.9 7. - 21.-(7), (8). 22-6.-23-(8) .-26-(18). - 27 ·( 18),
(19), 20.-28-16.-33-11. 16.-36(28).-31-(13),35, 36.-38-17, 26.39-24.-40-12.-41.-10, (2:i).-43(25).-45•9.-41·(32), (41), 43.48-17.
-

D&amp; ;BAILE, GRANDES OOMlDAB, TUTBOS, DE
F.TJQUITA Y USOS ANÁLOGOS.

l.-16, 17, 18, 19, 20.-2-15, 16.-4-R.1
á 5, 14, 15, 16, 17, 18.-6-21.- 7 F. I.-9-4.-l.3-R. 5, 6.-l.5·R. 526-14.- 34-12, 13.-31•4, 5.-426, 7.-43-(43), 45 -44-R.1.-45R. 2.-46•1, 11, 12, 13, 14, 16, 17, 19,
F. T. 2 figa.-48-1, 12, 13, 14.
-

D&amp; OALLE1 PARA llllfANA 1 TlKNDAS, PASEO,
DB CAMPO Y USOS ANÁLOGOS.

l.· R. 4, (22). -3-(12), (34). -4-19, 20.
- 6-9.-9-(17).- l.O 33.-11.-25, 26.
-l.~·6.-l.5-(43), F. I.-16-18.17 -(1), (2), 5,(41¡.-l.8-3,4, 11.19-4, ( 5 ). - :i0-15, 24. - 21.-44. 22-15, 23.-24-1, 14 á 18.-26(22), (24),-26 6, 25.-32-19.-3328.-34-2.- 35 (4), 9, 42.-37-(22).
-40 25.-41·(9), (18), (40), (41)..-2-21.- 43-(18), (33), 34.--1:5-37.
-47-(2).
-

DB OALLB, PARA PAS&amp;OS DE TARDE, VISITAS
Y USOS ANÁLOGOS.

1 · 1, 2, R. 3, 5, (6), 7, 12, 13, 14, 15, 29,
(30), (33), (34), F. I.-2- 7, 8, 11,
17, 18, 26, 27 , F. I. 3 figs.·-3 - R. 6,
(13),, (16).-4 - l J. 2, 3 á 5, 6 á 8, 13,
21,l&lt;. I.-5-1,.t(,, 1á6,5,6, 7,(8),
(22).-6 -1, 2, R. 1 á 5, 8, 11, 14, 15,
17, 19, 24, 25, F. J.-'% - R. 1 á 6, 7, 8,
(9), 19, (20).-8 - 3, R.11, 14, 7, 8, 9, 16,
24, 28, 29, F. 1.-9- 1, R. 5, 6, 5, 10,
11, (13), 14, (20), (22), 34, 35, F. I.10 - 1 á 3, R . 1 á 6, 7, 8, 9, 14, 16, 18,
22, 23,25, 27, 34, F. I.-11-1, 2, R.1,
2,3, 5,6,(3), (5), 11, 12, 14, 15,16,
(32), (33).-12 - 1, 2, R. 1 á 6, 4, 5,
7, 9, 10, 11, 12, 14, 16, 17, 31, 32, F. I.
-13-1, (2), R. 1 á 4, 4, 5, 6, 10, ll ,
13, 14, ( 15), 16, (20), (23), (24), (26),
F. I. 2 fige. -l.4 - 1, 2, 3, R.1, 2, 4,
5, 11, 12, 13, 15, 16, 28.-l.5 · (!), 2,
R. 1, 2, (4), 5, ( ti), 9, 10, (11), 12, 13,
14.-16 - 1, 2, R. 1 á 4, 23, 24, 25, 26,
29, 30.-l.7-R.1á5,(15), 19,20,
(42), F. I.-l.fif - 1, 2, R.1 á 5, 10, 12,
14, 16, 17, 20, 2l, 22, 23, F. I.-19-1,
2, R. 1 á 5, 9, (10), 11, F. I. -20 · 1,
2, R. 1 á 5, 3, 4, 9, 10, 11 , 12, 13, 16,
11 19, 22, F. I. -2.1 · 1, 2, R. 2 á 10,
(1 6), 11, 12, 13, 14, (15), F. I.-~2 · 1,
2, R. 1 á 5, 3, 4, 11, 12, 13, 14, 17, 18,
19, 22, F. J. - ~3 - R . 1 á 5, (4), (9),
16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, F. I.-~4- 2,
R. 1 á 6, 3, 4, 21, 22, 23, 29, 31, F. I.25 - R.1, 2, 4, 5, 14, 15, 16, 19, 20, 21,
(25), 26, l&lt;'. I.-~6-l, 2, R.1 á 6, 3, ó,
12, 13, 23, 24. - ~1 -1, 2, R . 1 á 5, 6,
(8), 12, 13, 14, 16, F. 1.-~8 - 1, 2,
R.1 á 6, 7, 8, 9, 10, 3, 5, 6, 12, 13, 22,
24. - 29 · 1, 2, R. 1 á 6, 4, 13, (14),
(21), 1'' . I.- 30 -1, R. 1 á 6, 2, 5, 8,
9, (10), 11, 12, 14, 16, 18, 19, F. I.-31. 1, 2, R .1 é.6, (6), 13, 30, 31, 32, F. I.32 · R. 1 á 4, 3, 4, 5, 8, 9, 10, 11, 12,
15, 16, 17, 18, F. 1.- 33 · 1, (2), R.
1 á 5, 3i 4, 5, 6, 7, 8, 10, 1~, (25), 31,
32, F . . - 34-1, R. 4á6, 3, 4, 6, 9,
14, 15, 16, 17, 18, 19, 24. - 36 - 1, 2,
R.1 á 6, 15, 16, 171 18, 19, (20).-36 1, 2, R. 1 á 6, 8, 11, 13, 14, 15, 16, 18,
2-1, 25, 27, F. 1.-37 · (1), 2, 3, R.1 á
4, 7, 8, 12, 15, (23), (28), (30).-38 - 1,
2, ll. 1 á 5, 3, 4, 5, 8, 11, 28, F. l. 39 · 1, 2, R. 11 2, 4. 6, 8, 10, 13, 14, 17,
20, 27, (28), (o5), F. l. 2 fip:a. - -1:0 - 1,
2, R.1 á 3, 3, 6, 16, 17, 18, 26, 27, 28, 29,
F. 1.-41. -R. 2, 4, 2, 3, (4), 5, 12, 13,
14, 15, F. I.-t~-1, 2, R.1 á 8, 3, 12,
13, 14, 15, 16, 17, 18, 20, 22, 2~, 24, 25,
26, 27.-43 -1, 2, R. 1 á 11, 3, 4, (17),
21, (22), F. l. 3 figs.-tc4- l, R. 2 á 7,
5, 6, 10, 11, 13, 14, 16, 20, 23, 24, 25,
F. 1.-tcó · 1, R. 3 á 8, R, 4, 6, 7, (15),

16, 36, 'F. 1.-t.6 · R. 6 á 9, 3l 18, 20,
21, 22. - 47 -R. 1 á 8, 3, (16J, (19t
(20), 27, 42, ]&lt;'. 1.-48-R. 1 á 4, 6 y 7,
6, 6, 21, 22.

-

D&amp; DESPOSADAS Y PRIMERA COMUNIÓN,

3-(11), F. I.-7-(11).-8-R.1 á.10.13· 22. -14- R. 3.-.t.6-17, F. I.
- 32 -1.--33 -12.-35. F. I.- 48·

R.5.
JlE LUTO.

6- 20 -7-(1), (2),3.-29-5, (8),(9),
7.-41.. 36, 39.
-

PARA REUNIONES, COMIDAS, TlU.TBO Y USOS
ANÁLOGOS.

1-R. 1, 2.-2 -2 , 3, 9, 10, 14.-3R. 5.-4-12.-5 - 2.-6 -10, 12, 13,
16, 23.-8-lOy 11, 12, 14,15.-9R.1, 2, 3, 4, 6.-1.0-6, 13,21.-11·
R.4, F. I.-12 -3, 8.-1ó-R. 3, 4,
F. I.-1.6-R. 5.-18- 5.-1.9-12,
13.-20. 51 18, 25.-22 - 21.-25 - 1,
2.-26- F. J.- 28 - 4, 7, 8, 9, F. I.3O - 4, 3, 13, 15.-31. - 3, 5, (16), (19).
-32-R. 5.-33 -9, 13.- 3-l -R.1
á 3.-35 -13, 14, (39), 40.-36- 23,
26.-37 - (6), 16 -39 - 15, 16, 23.40 · R. 4, 5, 22 .-41 · R. 1, 3.-44 ·
12,.H&gt;, 21, 22.-46-2, R.1.-4610, 14, 23.-48 -4, 9, 11, 26, F. l.
Trajes y prendas.

16 · 7.-Pelerina.
19-56.-Colcha para cuna.
2O-S. 4.- Chaqueta bebé.-S, 8.- Zapatitos.
2tc -9 -Guarnición de pantalón.-14.Entredós.
32 -S. 10. - Canesú para camisa.- S. 11.
- Guarnición para pantalones.
33-26.-Refajo.
4O-S. 3.-Idem.-S.12.-Puntilla.
43 - 39.-Pelerina.
48 - S. 6. Gorra para bebé.-S. 8.-Pelerina.

..

Encajes,
4-S. 11 y 15.-Tenerife.
ó·S. 3, 6, 7,8.
·
8-S. 2.-Volante para sabanilla.-S. 8.-

Idem id.
1~-S. 8.-Berta Venecia.
13 - (9). - Puil.o•Brujas.
24- lÓ.-Puntilla de bolillos.
28-S. 2.-Entredós de id.
32- S. 18.-Puntilla de id.
40 · S. 18.-Idem do Id.
45-(23). - Puntilla.
48 · S. 1 y 2.-Cuadro de bolilloe.-5, 7.
-Puntilla para tapetes y cortinJs.
Guarniciones, orlas y adornos.
2-S. Nueve orlas á punto de cruz.
5 -S. !.-Guarnición Richelieu para eábanas.-S. 2.-Festón para idem.-S. 4.D~ VIAJE, O:SPORT&gt;1 AMAZONAS, BTO., Y BA!fO.
Idem para ángulo.-S. 5.-Angulo para
8 · (6).-Amazona.
pañuelo de realce.-S. 9. - Guarnioión
J 5 • (38).-Guardapolvo.
Richelieu par&amp; ropa blanca.-S. !O.16 - 31.-Viaje.
Volantes y entredoses, borda.doinglés.19 • (3).-Ciclista.-6.-Guardapolvo.
S. 11.-Idem id.-S. 12.-Idem id.
2 L -(39), ( 40), 41, 43.
6 -S. Varios adornos á punto de cruz.
22 · 1, 2,-Playa.
10 -S. Once orlas ídem Id.
24 -14 á 18.-Viaje, campo y playa.
1.4-S. Núeve idem id.
25· (3).-Viaje.-6.-AutomóviL
l.8- S. Trece ídem id.
26 -16.-Tra.je y guardapolvo.
22 •S. Trece ídem id.
21 · (11 ).- Lawn-tennis.
26-S. Once ídem id.
29 -16.-Abrigo.
3O-S. Nueve ídem id.
31.-7.-Amazona.-12.-Traje de caza.
3•-S. Nueve ídem id.
35 · (41).-Traje de viaje.
38-S. Siete ldem id.
38 (39).-Pantalón bombacho.
42 -S. Catorce ídem id.
45 · (25).-Traje para patinar. - 26.-16 -S. Ocho idem id.
Idem id.
Iniciales, cifras y abecedarios.
46 - 4, 5, 6.-Trajes para patinar.
2- S. Cifras de A y B, con todas las de4'% · 7:-Capa.
más, á punto de cruz.
48 · 15.-Paletó para automóvil.
6-S. Tdem C y D (cont. del núm. :l).
10- S. Idem E y F (id. id.) •
1•-S. Idem G y H (Id. id.)
LABORES.
1.8-S. Idem J y K (Id. id.)
22-S. Idem L y LL (id. id.)
Almohadones.
24-S. Námeros á punto de cruz.
1 ·(31).-3 -25 y(26).-4 • s. 1 y 4.-5•
26- S. Cifras M y N (cont. del núm. 2 ).
30 -S. Idem O y P (id. id.)
(17).-9-(19).-1~-S. 11 y 16.-15·
(16).-16-S. 2, (4).-17-(28) y (29).
34-S. Idem R y Q (id. id.)
38-S. Idem S y T (Id. id.)
-l.9-(55). -~0- S. 1.-2:1-16.42-S. Idem U y V (id. id.)
~ol - 13.-27 -(21).-29 - (28).-32S.6, 14 y 15. - 33- (30).- 36 -S. 7.
.f.6-S. Idem W y X (id. id.)
-40-S. l y 13.-44-S.14.-tc6•(22). Objetos de comedor.
Bolsas, cajas, estuches y cestas.
3 · (30).-Cubretetera
3 · (27).-Vaciabolaillos.-(32) y (33).8 • S. 1.- Volante de pantalla.
Dos limosneros.
27 • (17).-Cubretetera.
8 · S. 7.-Bolsa para labor.-S. 13.-Sa37 · (26). -ldem.-(27). - Bandeja con
bordado.
chet para. guantes y pafiuelos.
16 • S. 7.-Bolsillo.-S. 17. - Idem. 41. • (:28).-Funda para cubiertos.- (34).
S. 18.-Bole&amp; para camisa de dormir.
-Idem para huevos.
11 · (30) á (34). - Fundas pus objetos Objetos para el culto,
de vio.je.
8- S. 2.- Encaje_para sabanilla.-S. (8).
-Idem id.
20 -S. 3.-Cesta para lmevos.-S. 9.Saco de viaje.
3~ · S. 7. -Idem Id.
21. · (16) á (18).-Saco de viaje y fundas
tl0 - S. 5. -Bordado inglés para ídem.
de manto. y paraguae.-(35). -Idem Objetos de despacho.
para ropa de baño.
1- (37).-Cesto para papelee.
23 - (32).-Bolsa para teatro.
9 - (29).-Pa.pelera.
24- 17 - Portaparaguas.
r•
31 · (26). -Carpeta.
26 • (28).-Sachet.
35 - (36).-Papelera.
~8-.S. 15 y 16. -Bolsillos.
41 · (27). - Sujetapapeles.-29.-Cartera
29 • (18).- Bolsa para teatro.
para sellos.-(31).-Carpeta y forro de
32- S. 3.-Bolea para labor.-S. 17.- •
libro.
Yaciabolsillos.
43 · (31) y (32). -Relojera. y secante.
36 • S. 6.- Sachet.
Objetos de dormitorio.,- tocador.
37 -(25).-Bolsa para teatro.
1 • (32).-Acerico.
39 · (33),-ldem id.
l l -(19).-Guarnición para tocador.
40 · S. 6.-Limoenero.
u, 16- S. 5. -Acerico.
41. · (28).-Fundn para cubiertos.
23 · (36). - J dem.
46 -8.- Cesta para juguetes.
28 - S. l. - Fundas de paño para almo48-S. 3.-Bo1$a para labor.-S. 12.hadae.-S. 4 á 6.-Tapetitos para tocaCubierta de libro y sachet.
dor.
Cortinajes.
35 - (37). -Acerico.
4- S. 2.-Stor.
36 · S. 1.-Tapetitos para mesa de tol.2 · S. 2. - Cortina de étamine.
cador.
2-l-17.- Cortina para armario.
41 · (20). -Acerico.
28 -S. 20.-Brise-bise.
4.•· S. 19.-Colcha para cuna.
33-(24).-Portiere.
47 · (21).-Joyero.-(22) á (24).-Ce35- (34) y (35).-Cortina bordada.
pillos y_ cajas.-(25),- Carnet.-(26).
40- S. 17.-Idem id.
-Acerico.
44 · S. 3.-Brise-bise.
Prendas personales.
48 · S. 4.-Stor bordado.-S. 14.-Guar1 · (32)-Cuello y puños.
nición para cortinas.
4 • S. 5, 6 y 7 .-Chaleco de se!Iora.
Crochet.
S. 9 y 10.-«Bolerol) bordado.
4- S. 3.-Chaqueta.-S. 12 y 13.-Refajo.
'% - (31 ).-Cuello, -(30). -Tres canesúe
8- b. tO.-.Entredós.
para camisas,

..

8 - 8. 3.-Cuello.
9 • 87.-Chaleco bordado.
12 · S. l. -Cinturón. - S. 9. - Delantal
par&amp; niña.-S. (18).-Sombrilla.
l.3- (341.-Gorra d_e bebé.-(35) y (36).
-Bols11los para. mños.
16 · (15).-0uellos y cinturón .-(17) y
(18J. - Pañuelos. -(19).-Cuello. _
(21 .-Idem.
16 · . 3.-Rebocillo.
H · (24) y (25).-Cinturones.-(40).Cuello.
l.9 - (29).-Cuello y puño.
20 · S. 11. - Delantal. - S, 13. - Sombrilla.
23 · (26).-Peto. - (29). - Chaleco de
hombre.
24- 4.-«Bolero».-11.-Cuello.
28 · S. 11.-Echarpe. -S. 12.-Vestido
bebé.-13.-Gorra !dem.
29 · (27). - Cuello. - (29). - Puiios. (30).-Cuello y corba.ta.
33 - 26.-Refajo.
36 · S. 9 y 10.-Cinturones. -S. 12. Chal~co de 8port para caballero.
40 · S. 3. - Refajo. - S.-16. Camiseta
de sport.
4..t, · 26.-«Bolero, á punto de media,S. 6.-P11ehero.
4'% - (30).-Pañuelos,
-18 · S. 10.-Gorro para homj.)re.
Ropas de cama y mesa.
l. - (e8).-Mantelillo.
4 • $. H.-Cubrepiés.
ó - (29).-Mantel para té;
8 • S. 5.-Camino y centro de mesa.
9 • (30).-Camino de mesa.
11- (7).-Interior de bandeja, - (45).Mantel p11ra. té.
12 - 17.-Fondos de plato.
13 · (33).-Mantel para té.
l.6 · S. 9.-Camino de mesa.-S. 13.Mantel.
17 · (27).-Centro de mesa.
l.9 · (16) á (18).-Caminode meen y mantelillo. -(25) á (27).-Fondo de bandeja y servill ,ta.-(46) y (47).-Funda
de almohada y colcha para cuna.
20 - S. 5.-Mantel.
23 · ( 12) i,. (14 ). - Fondos de plato.(34) y 35.-Cnminoe de mesa.-(24).Fondo de almohadón,-(39) y40.Fondos de bandeja.
24 • 6 y 7.- Bolll&amp;l! para servilletas.
28 · S. 8 á 10.-Camino de meea, mantel
y cubreaparador. - S. 14. - Fondo de
fuente.
31- (18).-Servilleta para bandeja.
32 • S. 5.-Camino de mesa y mantelillo.
S. 12.-Interior de fuente.
33 · (29).-Servilleta para frutero y t&amp;petito para tabla de armario.-33.-Sáhana y funda de almohada.
35 - (27).-Servilleta para bandeja.
36 • S. 5.- Sábanae y fund.1 de almohada.
-S. 11.-Mantel.
37 • (24).-Camino de mesa.
40 - $. 7.-Mantel par&amp; té.
43 - (35).-Camino de mesa.
4fc • S. 8.-Mantel y servilleta para té.S. 10.-Idem id. para caza.
48 • S. 13. -Servilletas para frutero,S. 18. - Mantelillo.

Tapetes.
4 · S. 8.-6 · (28), (30).- 8 -S. 6-9.-U •
S.10 y 12. -16-S. l-12. -l.9-(54).

-~0-S. 7.-22 -16.-~4- 1, 3.26-~7). -~7-(16).-~8- s. 17.29- 10), (36).- 3] -(25), (27).3~ · . 1.-36 · s. 2 y 8.-39-(42) 40 - S. 10 y 20.-S. 21.-43-(37).
-44 -S. 7.-45-(33).-48 - S. 15.
Tapicería y muebles.
4 • S. 16 y 17 .-Diombo.
8 - S. 11.-Dosel para cama.
l.2 • S. 6.-Tapiz para pared.- S. 20.Pantalla de chimenea.
20 • S. 6.-Velete.
t,O • S. 8.-FranjR estilo sueco.
41 · (22).-Cubierta para banqueta.
44. S. 2.-Bordado para butaca. -S. 4.
-Velete.-S. 12.-Adorno para repisa
S. 13.- Banda para idem.-S. 16 y 17.
-Veletes.
U - (35).-Idem.
48. S. 16 y 17.-Tapices bordados.

,

PERIÓDICO ESPECIAL.DE srnORAS y srnORITAS, INOISPcNSABL~ EN TODA CASA DEFAMILIA
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SE PUBLICA EN LOS DlAS 6, 14, 22 Y 30 DE CADA MES
MADRID 6 ~E ENERO DE

1906.

l

A ÑO

LXV. - NúM. 1.

l

ADMÓN.: CABALLERO DE GRACIA, 19 y 21.

SUMARIO .
TExTo.-Explicación de los grabados.- Revista parisiense,
por V. de Castelftdo.-Una promesa, novela traducida por
Sylvia.-Correspondencia particular, por D.ª Adela P.Explicación del figurín iluminado.-Sueltos.-Anuncios. ·
GRABA.Dos. -1. Traje de paño. - 2. Traje de recepción.s. Blusa de paño. - ,. • Bolero, de eacaje.-5. Rebocillos
para teatro.-6 y 7. Toilettes de tarde y para señora joven.
8. Peinado de baile.-9. Blusa de teatro.-10. Peinado de
baile.-11. Traje para niña de 10 á 12 años.- 12. Toilette de
paño con Jevit m.-13, Traje de terciopelo para señora jo•
ven.-14. Toilette para visitas.-16. Traje de paño con falda de novedad.-16. Toilette de baile, estilo Imperio.17. Traje de baile.-18. Toilette de baile para señorita.19 y 20. Toilette&amp; de baile.-21. Enagua con cubrecorsé.22. Traje de invierno.-2a. Corsé.- 24. Traje para niña de
8 á 9 años.-26. Matinée para señora joven.-26. Traje
para niña de 1 á 2 años.-27. Traje adornado con bordado
para niña de 6 á 8 años.-28. Enagua de balista.-29. Toilette de paño piel de Suecia.-so. Traje Imperio.-31. Almo•
hadón guarnecido con bordado de cuentas.-32. Guarnición
de tela de hilo adornada con bordado.-33. Traje de lana.
-s,. Traje adornado con trencilla.-36. Blusa guarnecida
con trencilla,-86. Blusa sencilla de lana.-37.Cestopara
papeles.-88. Mantelillo guarnecí lo con bordado.

Núm. 1.-La falda de este traje, de paño verde
musgo; se dispone formando delante un grupo

de seis pliegues ; rodea el bajo una ancha tira
de terciopelo verde obscuro, adornada con bieses de tela, y se montan bajo un pequeño pliegue. Los delanteros del cuerpo se fruncen y drapean en forma de «bolero•; se montan sobre un
canesú redondeado por la espalda, que se prolon~a en punta por delante h asta el talle, y que
se eiecuta en seda verde claro con aplicaciones
de terciopelo verde obscuro; este adorno puede
sustituirse por otro de pasamanería. El peto,
con cuello recto, es de encaje y se adorna con
lazos pequeños de terciopelo y con encaje de Valenciennes. Las mangas son sem.ilargas, se fruncen y terminan por bocamangas de terciopelo
realzadas con volantes de encaje.
Núm. 2.-Se ejecuta con paño color ciruela y
se guarnece con muselina y con bordado. La
falda , compuesta de cinco paños, cae suelta sobre la interior de tafetán; se dispone formando
pliegues huecos, excepto en el paño delantero,
que es liso; se pespuntea en el borde superior
de manera que simule canesú. El cuerpo se abre
con dos grandes solapas sujetas por medio de
botones antiguos, sobre un chaleco de paño color moda, igual al cuello vuelto; adornan el
chaleco bieses de tafetán lila, un galón de oro
y un bordado de cuentas. E l peto y el cuello
recto son de muselina plegada sobre viso de tafetán, y se adornan con entredoses y encaje de
Valenciennes. El cinturón-corpiño y las bocamangas se componen de tiras de paño; termina ·
las mangas una guarnición de muselina y encaje.

Varios.

16 . ( 40). -Funda de violln y cubrete•
ciado.
36 • (38).-Marco para retrato.
36. S. 3.-Funda para violin.- S. 4.Colcha para coche de nillo.-S.13.Cartera para música.
'11 • (35).-Marco para retratos.
t.3-1.-Moiréa pua mullecas,

SUMARIO,
Los sombreros y los vestidos en el teatro.- Bor dados con
o.ro.- Dos trajes de día. - Tres para calle. -Algo sobre
abrigos.-Un nuevo adorno.

l. - Traje de paño guarnecido con aplicaciones de terciopelo.
Cuestión eterna, la de los sombreros en
las butacas de los teatros, que viene renovándose en cada temporada y á la que se
da en cada lugar y en cada época solución dife- sivamente para tener la cabeza descubierta, podrán acaso imponer la prohibición ó sugerir la
rente y nunca definitiva.
Y, en verdad, no es fácil que la tenga, al me- voluntaria abstención del sombrero en las buta~os para todos los teatros. Aquellos en que se cas; pero los demás, aquellos á los que se lleva un
impone á las señoras un tocado especial, de no- traje de calle, siquiera sea de mayor riquPza ó más
&lt;1he, al que acompaña un peinado hecho exclu- claro que los usuales para el día; aquellos á los

2. - Traje de recepción.

que se decide ir á veces momentos antes de levantarse el telón, á los que se acude con el mismo traje del paseo de la tarde, con el que se ha
llevado á 11;na comida de intimidad, á los que, en
fin, se va sm una toilette especial, no podrán exigir nunca, si no es bajo el imperio absoluto, pero

•

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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          <name>Relación OPAC</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752064&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada, Índice, 1907, Tomo 66,  </text>
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                <text>Flores Arenas, Francisco, 1801-1877 </text>
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                <text>Siglo XIX</text>
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                <text>España</text>
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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                <text>Carlos, Abelardo de 1822-1885, Propietario</text>
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                <text>Madrid, (España)</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>LA: ·MODA ELF.GANTE ILUS'fRADA

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HIGIENE de 1as SEÑO~a.s

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DILUIDO EN AGUA EL

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5 ·

1 CRYSTOL i

AÑO LXVI.

MADRID

30 DE

ABRIL DE

SUPLEMENTO AL NÚM. I 6.

1907.

~

Es el remedio soberano de las afecciones nterinas de todo ~
género. Cura en breve las flores blancas, las metritls y en 5
5ª== general todas las dolencias de lils oías uterinas. Su uso diario ª==
no ofrece peligro para los tejidos '.á los que asegura frescura,
tonicidad y firmeza incomparables. · Su delicado perfume lo hace
~ agradable para el tocador fntirrio de las damas.
~·
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il1111111111111111111111111111111111111111111111111i 1111m 11111111111111111111111111111m11111111111111111111111111ra

ª

Sematose
Reconstituyente de pñmer orden.

,~
Estimula en alto grado el apetito.
Se .,end,, en las boticas y droguerías.

u
..eeee•••••••&amp;
•poMADA MOULINffü}~s•,'~~tl

Espalda del dibujo 3.

Espalda del dibujo 2,

----·-------·

NOS, ■ ANCHAS, PRURITO , ECZEMA y HE-1
IORROIDES. Hace brotar el CABELLO y las
PESTAÑAS. -2,ao · e1 tarro, franco.
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1
.

Ningún cleaeubrlmionto ha llamado tanto la aten•
ci6n del munrlo cienliUco, como el del Sr, K. Leo
Minges, de Uoches1or, N. Y. El Sr. Minges ea para
las personas lmj:is lo que el ~r:m Ediaon ea para la
electricidad. Poseo miís tlalos relativos á loa huesos,
m6sculos y tendo-needcl cuerpo humano, que nlngíin
otro hombre viviCnlo. m hacer crecerá las personas
bajas ha sido duranto muchos _a.i'loe el trabajo favo-, •
rito do! Sr. Mingos, y los resultados que ha alcanza•
do son asombrosos en extremo. l'or medio de su mátodo, puede lodo hombro ó mujer que no pase de
loa cincuenta aiios, aumcnl.1r de dos á cinco pulga•
das en estatura, y hasta personas de mayor edad de
cineuent.a años podrfan uumenLar su estatura de una
manera percept.ib!e. El mélodo del Sr. Mingea ha recibido la aprob:ieión y recomendación de los grandes
médicos y de varias de lns lm1titucioncs principales
PARA HACER HIELO
de enseñun:ia, que lo hnn adoptado pnra el desarrollo
para casas particuffsico de aua nlumnoa. El que desee aunionlnr en ealares
é
Industriales.
500
gr.
á 16 k. en 10 minutos
tatura, deberta Icor su libro, el cual e:rpllca cómo
hit.o el Sr. Mingca su dcscubrimienlo y de quá m:i.- empleando una sal inofenaiva. (P,-ospecto11 (,-aMO.)
;J. SC:HA.LLEB. 332 1 r11e Saint-Honoré, PARl8
nera puede uno aumenL1r la eelatura. El libro es gra•
lis, no se os pide un solo céntimo, y si lo deaeiis, os .
lo enviaremos junto con las declaraciones de mucho■
que han aumentado do dos tí cinco pulgad:is en eatatura por medio de cele método. Los rcsull.ados se
obtienen en muy poco tiempo; muchos han logrado
crecer tres pulgadas en dos meses. No se requiere
el uso de drogas ó medicinas, ni necesita uno sufrir
operación ó molestia de ninguna especie. El método
esun procedimiento cientffico,j:li¡ziénico y completo;
, DB
puede usarse sin que nadie ae eatere. Todas las comunicaciones se enviarán en sobres sencillos, sin
membretes de ninguna especie, El libro cLoa Secietos de cómo alcanzar una Buena Estatura•, contiene
ciertas lluatraciones que interesadn i cmlqu.lera,
Propónese distribuir absolutamente gratis y francos
de portet, entre aquellas persona&amp; que loa pidan, mil
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ejemplarea de este libro. El que desee un ejemplar
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Núm. 1.-De paja gruesa de fantasía color bei.ge,
adornado con grandes ro•
sas de distintos matices.
Rodea el casco un drapeado de seda beige; por de•
trás, y bajo el ala, se destacan grandes lazos.

•

Núm. 2.-De vuela cua-

MA,QUINAS

SECCIÓN

ENCARGOS

.-.---

PRECIOS DE LOS PATRONES MÁS USUALES
CORTADOS .( LA ll.EOIDA
■ adrld.

Provincias.

Núm. 3.-De granadina
negra pékinA, sobre viso
de tafetán color salmón;
el delantero y la espalda
se disponen formando
pliegues huecos con una
abertura en el talle, por
la que se pasa el cinturón
drapeado de seda ligera.
La hechura de este traje
puede simplificarse haciendo por separado el
cuerpo, y uniendo el justillo á la falda; la unión
queda disimulada por medio del cinturón; los pliegues se fijan en la cintura
con grupos de botoncitos.
El canesú redondo y el
cuello recto son de linón
plissé; un cuello redondo
de linón, adornado con
bieses de raso liberty,
completa la guarnición
del cuerpo. Del mismo
modo se ejecutan los puños.
Materiales: 6 m. de tela,
de 1,20 m. de ancho; 1 metro de raso liberty, y 55
centfn:etros de linón bordado, de 80 cm. de ancho.

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destete y durante el. per10do del desarrollo. Facilita la dentuwn y aseg_':_ra
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2,50
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driculada con rayas azules y blancas; se guarnece con cinta de terciopelo
azul, que rodea dos veces
el bajo de la falda; ésta
cae independiente de la
interior de tafetán, y se
frunce en el talle. El cnerpo se dispone en ia espalda, lo mismo que por delante, y se guarnece con
un fichu cruzado en la cintura, al que ribetea una
cinta de terciopelo azul
de 3 cm. de ancho; este
adorno cae sobre las mangas y deja al descubierto
un peto de seda blanca
plissé, adornado con calados y patss de terciopelo.
Mangas semilargas, que
reducen su vuelo dentro
de puños de encaje adornados con terciopelo.

■ UERTEnBu.NAVAJAnaAFE~TAR
La J&lt;onvlllOH R,eoto Indio ...
DoctorALLAN-BHOSE,queae&amp;bcl
·de Introducirse en Franela, •lega
como por encanto la barba más rebelde.slnenrojeeerelcútls.A la ter~
ce'r a vez, desa!)R.rece para siempre.

e

"·ªº

~

~r:~i:n8!ii~1:~I:,i~~n~e::i:!:

del vello.Aflt/11/a L1bOr1torio llun/eio•I_: t•no contlenean!/Pnloo ·2•no tleneacctóncAustlcusobre la plel.PuCJo: 7 pce,ia pÍlqueña; 10 p'!' la caja (lohte. NoseenvlanmuestMIL
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La Ilustración Española y Americana y de L.a Moda Elegante
EN LA REPÚBLICA MEXICANA:

Sres. Herrero Hermanos, Sucesores. - Plaza de la Concepción, núm. 2, México.
!1eaervad011 todoe loe derechos de propiedad a.rt1mca) literaria,

KADRID.-Batablecimiento ttpolitográ.fl.co •Sucesores de Riva.deneyra•,
impresores de la. Real Casa.
(Propiod&amp;d de LA. ILUSTJU.OJÓN EBl'AilOLA. Y ilEBICANA.)

1.- Somb11e110 de Ve:tt'&amp;no
2. -

Ttteje de vuela.

pstta señott'&amp; joven.

3. - TJ&lt;aje pl'ineesa.

�II

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

30

ABRIL

1907

30

ABRIL

1907

LA MODA ELEGANTE ILUS'l'RADA

•
•

4 á 12. - VestidOS abrigos de novedad.
Núm. 4.-Manteleta con mangas en forma: de seda
negra guarnecida con ¡,lissés de la misma seda y bordado de soutache ; motivos de pasamanería en las puntas de los delanteros.

chatos, de paño. Chaqueta de talle corto, falda en forma y bolsillOE~ simulados; solapas pequeñas guarnecidas con seda azul ; chaleco y puños, de tussor crudo
guarnecidos con botones dorados. Forro de seda.

manteleta-e.bolero&gt; guarnecida con los mismos
La hechura del abrigo, hechura p~lerina, es mDJ
cuada para el verano.
Falda con forro de alpaca.

Núm. 5.-Traje hechura sastre: de pallo fino color
azul marino á rayas, tono sobre tono; falda campana,
con costura, adornada por medio de grandes botones

Núm. &amp;.-Traje, estilo sastre, de sarga azul obscuro;
traje propio para señorita ó señora joven: falda campana á pliegues guarnecida con bieses de tafetán;

Núm. 7.-Abrigo para coche durante el dia ó
de noche, de pafio de librea color blanco greda
guarnece con terciopelo color de fresa.

Núm. 8,-Abrigo de palio de verano, color gris níquel¡ s~ guarnece con soutache; chaleco y bocamang~s
d e terctopelo gris. Este es el abrigo campana proJ!lO
para todas las estaciones y para todas las edades. lior ro de ~da.

Núm. 9.-Abrigo para viaje: de paño inglés á cuaros mezclilla, gris, verde musgo y negro; se guar-

nece con pafio verde musgo realzado con soutache.
Núm. 10.- Chaqueta de talle corto: de paño negro,
fino guarnecida con trencilla; cuello de tafetán plissé.
Aun'que esta chaqueta se prest~ á ser usada ~o~ faldas
de distinto género, resulta mas elegante si sirve de
complemento á una del mismo paiio.
Núm. 11. -Traje de calle: de cheviotte inglés color azul

negro con raso, semientallado y provisto de bolsillos¡ cuello smoking de terciopelo azul.
Forro de seda.
Núm. 12 -Traje, estilo sastre, de lana á cuadros gri·Bes de dos distintos tono·s ; chaleco de moaré blanco
ribeteado con un pequeño galón bordado azul viejo;
el mismo galón adorna el cuello y las solapas.

III

�IV

LA MO;;-:- ELEGANTE ILUSTRADA

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PE!lÓllll1l ESPEIJ,\l 11: SEIIORAS y
MADRID

13.-Doulllete para bab6 da 2 A 4 añot.

DE

ABRIL

DE

H.- Traje elegante para niña de 3 l 5 dos.
1&amp;.-Bolero de tafetin.

15.-Chaqueta de paño de verano.

SUMARIO.

'
Núm. 13. -De ,!olietu1• color blanco marfll; se frunce varias veces la
parte superior, y se monta s~br~
un canesú guarnecido con gwpur,
el cuello vuelto se cubre con seda
blanca, lo mismo que las bocamangas, y se adorna al borde con un
pequeno plissé de seda; la parte ~uperior de las mangas forma pliegues.
La douilleUe se abrocha por medio de corchetes invisibles, y se
adorna con botones de fantasía.
Materiales: 1,30 m. de tela, de
l,lO m. de ancho; 35 cm. de guipur,
de 40 cm. de ancho' y 40 cenllmetros de seda al bies.

Núm. 16. - •Bolero• de tafet§n
negro, forrado con seda blanca
guarnecido con entredoses de gwpur negro; los delanteros formen
pliegues huecos, ocultos en parte
por entredoses que simulan tirantes;las puntas del «bolero, se cruzan
sobre el talle; el borde del ,bolero, se seiiala con un galón de fantasía; el bajo se guarnece con una

Núm. 14. -De seda Jiberty color
azul pálido con canesúplissé, a~ que
rodea una gran berta de enc&amp;Je.
El cuerpo blusea en el talle bajo
una banda de cinta azul pálido.
. La falda 88 guarnece con dos volantes adornados con entredós de
guipur de 3 cm. de ancho, puestos
al aire.
Las mangas se sujetan por los
puiios, adornados con entredoses.
Materiales: 4,25 m. de tela; 4,75
metros de entredós; 1,75 m. de encaje, y 2 m. de cinta para la
banda.

Núm.17.-Lamatimotieneun gran
cuello rodeado de entredós y un
volante adornado; se guarnece además con entredoses al aire. ~as
mangas, adornadas con tres pli~gues terminan por puílos guarnemdos ~l borde con un volante. La
matinú puede hacerse también de
lanilla. La falda se guarnece con
un volante' realzado á su vez por
un entredós.

Núm: l5.-Esta chaqueta, de
paño gris, tiene cuello
vuelto y bocamangas de
pai1o blanco, adornado
con pespuntes y bieses
de terciopelo. Los delanteros, mu y estrechos, se cortan de la
misma pieza que los
faldones. La chaqueta
se adorna con trencille'
dibujando varios motivos. Mangas semilargas montadas por medio de pliegues.

30

!

,....,.._

Las mangas-pelerina terminan
por otra ruche, y se adornan con
guipur.
Materiales: 5,25 m. de tafet§n,
de 50 cm. de ancho; 1 m. de galón,
y 2,50 m. de guipur.

,
17 .- ■aUnh

de linón y falda de Interior.

,:·

~~

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I

,

IS.-Pelnador elegante adornado con 1ncaJ1.

1/. i

'

.

·_;.,

(

_, ·-.•

Núm. 18.-Este peinador puede
ejecutarse con cualquier tela ligera' lana, seda libery' nansuc, etc.
La falda se monta sobre un canesú oculto por el cuello; éste se
compone de gui pur y de un trozo ~e
tela guarnecido con grupos de pheguecitos; se adorna alrededor con
un volante; el escote se guarnece
con un pequeiio encaje. La falda
termina por un volante de 30 cm. de
ancho y 8,50 m. de longitud; ~ste _se
guarnece con dos grupos de pliegues y se monta, ligeramente fruncido, sobre la falda por medio de
un entredós. Las mangas son semilargas y se adornan con un entredós realzado por un gran volante.

_ -ucaci6n de loe grab••·
T&amp;rrO. "' ..."'
.. ne,e porV. o
dos.-Revlsta parune , ntinua•
Cutelfldo.-El pue.nte,
lvia.
clón novela traducida po d YLon~ade mi celda: Cartae • Coor Lady Belgrav1a.dr es, !ciencia particular, por don.a
P.-Explicacl6n d~~ 6
do -Sueltos.-.ru,un
ilu min a • 1 l S Sombreros para
GUB.u&gt;OS.- ver~no -4, F•ldat de
primadvedra-~ A 8. Tr~Jes para nin.as
nove a •
e ·mavera.y nifto.-9. Palet.6 d P~ la China.
10, Traje de crespón de iones.11 7'oiletU de reun
j
Ü. Patet6 de prlmavera.-L18: Tr:.Ve
.aj
H Chaqueta UlB
•
de1;1y 18s'-So~breros para verano.
-17
18. Blusaa elegant~s.T~tte para !'eompall~de:~
•
8 bodL-20. Toilette de
~1 Traje de hechura aaatre.22" Traje da pailo de verano.T°'lttte de tarde.-U. Abrl¡o
p8ff nll1a de 4. te ail.oa.

ª:s

;:-::raº

11.

ti

~o'!

1007•

11

SENORITAS, INDISPENSABLE EN TODA CASA DE FAMILIA
11

.,,..,_,e-"" e-,

10 y 21.

AÑO LXVL - NúM. 16.

•
So brero para
soNum. 1.- m .
De ai·
,iorita ó set"íora JOVetlo ado~naUasson azul faienet~oe tonos
do con alas de va~1
.
y con lazo de terciopelo co
lor habana.
N. m 2 -Sombrero campa·
na!,;al~ onduladas. Depa•
. ft.na color verde mus~o,
1.~ornada con cocas de
del mismo color' rosae~doeo
cae y rosas blanco-V
.

:i~~

Núm. 3.-Toca para se,~:
·ov•t1 6 dlJ cierta edad. De
~olor caetail.a dorado con fd~
rro de tul verde; r:i!t':!tos
alelles dobles en f
nos del color lila orman
borde de la toca; s~r:
fondo un lazo de se
r
Jlantede color verde y cas·
talla.

!1

!~

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                  <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

132

Febñfugo
infantil

ª1111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111§

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Núm. l. - De lana gris
azul con rayas blancas y
negras; tirantes de la

misma tela ribeteados
con seda azul; cuello pe•

rullllllllll lll lll lllllll lll lll ll lllll lll 1111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111 ir.
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y el cuello-cha!.

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pislázuli; blusa de raso
del mismo color, adornada con un entredós plissée
de la misma seda y vivo
de terciopelo negro; canesú de encaje, guarne-

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née color ciruela y negro;

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LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA
Y Al'JIE~ICAfiA
REVISTA DE BELLAS ARTES, LITERATURA Y ACTUALIDADES

de

pu6fiea los días 8, 15, 22 9

ao

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de cada mas.

1.- Traje para niña de 10 á 12 años.

Consta cada uno de sus números de una cubierta y diez y seis páginas , varias de ellas con selectos grabados,
debidos al lápiz y al buril de los primeros artistas.
Consecuente con su título, que es al propio tiempo su programa, La Ilustración Española y Americana reproduce, por medio del grabado, del fotograbado y de otros procedimientos modernos, los sucesos importantes del mundo entero que atraen la atención general; ·cuadros y esculturas notables de todas las escuelas; monumentos arquitectónicos antiguos ó modernos; retratos de los personajes de reconocida notoriedad, etc.
sección literaria, confiad.a á los más distinguidos escritores, contribuye eficazmente á hacer de esta publicac1on una verdadera enciclopedia de nuestra época. Cuando la abundancia, ó el interés de los asuntos artísticos
Y de actualidad lo reclama, se distribuyen Suplemenfos, gratis para los Sres. Subscriptores.
A las personas que deseen conocer esta publicación se les facilitan números de muestra gratis en las principales librerías y por su

1:-~

ADMINISTRACIÓN: CALLE DE PRECIADOS, 46, MADRID.

AGENTES GENERALES
DE

La Ilustración Española y Americana y de La Moda Elegante
EN LA REPÚBLICA MEXICANA:

Sres. Herrero Hermanos. Sucesores. - Plaza de la Concepción, núm. 2, Méxic
Beeerva.dOB todoe loe derechos de propiedad o.rtistica. y liter&amp;rila

MAl)RID.-Esta.blecimient.o tJpolitogra.fico «Sucesores de Rivadeneyr&amp;, t ,
impresores de le. Real casa.
(Propiedacld&amp;W:.ILOSTRACIÓN ESP~OLJ. y Al(EmcANJ..)
2.- Traje sencillo.

3.-Abrlgo para señorita.

4.-Traje de hechura taatre.

36.

�30

7,-Traje y abrigo para muñeca.

SEPTIEMBRE

1907

MODA

8.-Traje para niña de 9 á II añaa.
10.-Traje para niña.
.de 8 á 10 año,.

5.-Traje para niño

de 6 á 7 años.

Núm. 5.-De lana inglesa col
curo; se compone de _pantal
blus,, sujeta por un cmturón
Núm. 6.-De clteviotte azul. La
mina por un cuello marinero
na color crema; se adorna co
seda y soutache azul; del mis
ejecutan el peto y la corbata.
Núm. 7.- Traje de clteviotte bl
necida con trencilla blanca i la
la falda con el cuerpo queda
por medio de una cinta blanOL
Paletó de imitación á as
forro de seda azul pálido i cu
mangas de seda blanca bord
cha por medio de alamares.
Sombrero de astrakán, gu
cinta y lazos de color azul P.
Camisa y pantalón de bat1s
dos con encajes de Valencienn
Polainas de paño blanco,
con botones de nácar.

Núm. s.-De lana escocesa,
con bieses de la misma tela;
pur crema forrado de tafetán;
terciopelo ptkinte. ·

14.-TraJ• de otoiiG.

LA

l5.-Trajll de calla.

Núm. 9.-De terciopelo mu
verde higo; blusa de pncaje de
·crudo.
Núm. 10.-De lana azul m ·
se guarnece con pespuntes dib
cos. El cnello recto del pal
con galón bordado. Las m
das por pliegues pespnnte
en puilos guarnecidos con

Completa el traje un gran lazo de seda
azul, que termina en borlas.
Núm.11.-Delanacolor beigeárayas, tono sobre tono; se adorna con~vivos de seda color castaña. Cuello vuelto de la
misma seda, guarnecido con dos líneas
de encaje crema; peto de encaje:
Núm. 12.-Traje recto de lana á cuadros
de color castaña y blancos; los bieses que
adornan la falda se ribetean con vivos de
seda color castaña. Completa el traje una
blusa de lanilla blanca.
Núm. 13.-La primera es de lana blanca
con forro de seda uatada: se adorna con
trencilla blanca.
La capota es de seda blanca formando
jaretitas: se adorna con lazos de cinta
blanca.
Núm. 14.-De paño color de corcho·con
rayas, muy finas, de color verde musgo;
se adorna con botones de la misma tela;
cuello y volantes de las mangas, de linón
bordado con cintas de raso musgo.
Núm. 15.-De lwmespun color de mostaza, ribeteado y guarnecido con trencillas ·
de moaré negro; chorrera y volantes, de
encaje.

Nú11. 16. -De paila amazona color malaquita; se adorna con soutache y madroos de seda, del mismo color; blusa de
muselina de seda verde y encaje de Iranda blanco.

Núm. 17. -De pallo colO"r berenjena,
dar nado con motivos de pasamanería
e seda negra.

11.-Traja para ñiña
de 6 á Baños •

ELEGANTE

lLUSTRAD_·t

III

�IV

LA MODA ELEGANTE ILUSTRADA

30 SEPTIEMBRE 1907

NTE
1

•

1

M.Í.DRID 30 DE SEPTIEMBRE DE 1907.

Ailo LXVI. - Nfud. 36.
11

19 .- Paletó para niño de 10 a 12 años.

ADMÓN.: CALLE DE PRECIADOS, 46.
11

20.- Palétó para niño de 6 a8 años.

21 .- 0abancito para niño de 2 á 4 años,

22.- Traje para s~ñorita de 15 á 17°ai01,

18.-Traje para señorita.

guarnece con bieses pespunteados .Y se
abrocha por medio de botones y trabillas;
cnello vuelto de terciopelo. P!'1[o• adornados con terciopelo y un bies pespun•
teado.

1

1

Espalda del dibujo 18.

1
1

Núm. 18, - Do lana á cuadros blancos y
azules. Se complementa con blusa de terciopelo azul. La falda se adorna con dos
bieses pespunteados y cubre otra interior de tafetán azul.
Blusa con canesú de encaje, entredoses
y calados y vivo de seda blanca. Las mangas terminan por puños de tafetán plissée,
Los tirantes, de lana plissés, se ribetean
con bieses de tafetán de 4 cm. de ancho:
rodea el talle un cinturón de tafetán
p!issée.

Núm. 19.-De lana negra con rayas grises; forro de lana escocesa: los bordes se
seilalan con pespuntes. Cuello · vuelto de
terciopelo negro.
Núm. 20. - De lana gris mezclilla. Se
abrocha, crnzándose los delanteros, por
medio de botones de asta; cuello vuelto
de terciopelo gris.
Núm. 21.-De paño azul obscuro, forrado
con lana clara. Se guarnece con dos filas
de botones¡ el cuello vuelto y los bÓrdes
se sedalan con pespuntes.
Núm. 22.-De lana inglesa color casta.
ña. El c:bolero» se guarnece al borde con
una tira de paño beige, bordada con sou•
tache; solapas de pallo bordado y chaleco
de pafio beige, guarnecido con trencilla
·color castaña. Rodea el talle un cinturón
de seda drapeada.
Núm. 23,-De pallo de seda ligero color
castada dorada; se adorna con straps de
pado del mismo tono; blusa dE; encaje.
Núm. 24.- La falda es de palio gris claro. Se adorna con pliegues religiosa.
Paletó de lana gris cuadriculada. Se

1 y 2. - Trajes para otoño.
23.- Tollette de tarde para señorita 6 señora.Joven.

. 24.- Falda '/ paletó para niña de 12 á 14 años,

Las uplioacionea en la pfgina 1i¡ulute.

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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752064&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada, Suplemento, 1907, Año 66, No 36, Septiembre 30</text>
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                <text>Flores Arenas, Francisco, 1801-1877 </text>
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                <text>Siglo XIX</text>
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                <text>La Moda Elegante Ilustrada. Esta revista tiene sus orígenes en 1842. Su antecedente fue un pequeño periódico femenino titulado La Moda que empezó a publicarse en Cádiz en 1841, de la mano de don Francisco Flores Arenas, escritor andaluz y periodista conservador de El Globo. Unos años más tarde, en 1849, el editor don Abelardo de Carlos Almansa compra este pequeño periódico de modas, entonces en crisis, y lo convierte en una publicación de gran éxito y con beneficios. Tuvo tanto éxito que se vendió por toda España. En 1861 cambió su formato y adoptó el nombre de La Moda elegante ilustrada y a partir de 1871 comienza a publicarse también en Madrid. La moda elegante es una de las publicaciones “femeninas” más longevas, pues continuó su larga vida hasta finales de 1927, sobreviviendo a De Carlos.</text>
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                <text>Sucesores de Rivadeneyra</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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B IBL1

6T E C A

ç f! NT~ ~1t§?

U. A. N. J...

PIRE QUE LA MORT 1
I
Bégonias serrés, mosatque écarlate, giroflées
mielleuses en touffes qui bourdonnent, chrysanthèmes invraisemblables, et la rose dont le nom
suffit, comme on dit : la beauté.
Toutes les fleurs appelées à l'aide, le ban, l'arrière-ban, selon la saison.
Toute l'armée des fleurs immobile, comme une
garde qui veille à l'entour d'un palais.
Sous les traits du soleil, sous les lances des
pluies, les vides aussitôt comblés.
Après celles-ci, d'autres encore et, après la disparition des dernières, le rempart des verdures et
des branches d'hiver.
Une défense de vieux arbres contre la curiosité
des passants.
Une barrière enchantée entre la vie et quelque
chose qui est pire que la mort.
Un rideau de couleurs vives devant la plus
noire des nuits.
D'un livre de po~mes Le Dtmus du Masqut, à paraître prochainement aux éditions d la Nou-wllt Rr-vut franraiu.
1

1
_

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Une conspiration de parfums, de clartés dans
les feuilles et de chants d'oiseaux, pour détourner
l'esprit d'une unique pensée.
Toute la grke du végétal, sa frakhe vue, sa
pure haleine, comme la seule consolation qui
demeure, comme une suprême pitié du monde au
seuil d'un asile interdit.

II
La cour d'honneur à l'italienne, à qui donc faitelle honneur ?
Elle est carrée, et, rectiligne, se ramasse l'ombre,
à midi.
L'ombre, en juillet, d'un bleu épais, tout empâtée d'odeurs trop douces comme une confiserie
d'Orient.
0 beau bleu de l'ombre chaude, surabondant,
chargé de vie, pourquoi ici nous accables-tu ?
Pourquoi faut-il que notre cœur s'écrie : " Eté
splendide, épargne-nous ? ,,
Sous un portique se dressent, dans l'intervalle
des piliers, des v~ses pleins de fleurs encore.
Des fleurs dans un vase, ce sont des fleurs
offertes, choisies, élevées au dessus de la terre,
comme avec les bras, dans le creux des mains. Mais
pour qui cette offrande?

PIRE QUE LA MORT

499
Dans une paix conventuelle les heures tournent
si lentement 1
Comme, à la promenade, des nonnes l'une der'
è
' pas.
ri re l'a~tre, voilées, pareilles et du même
Ou bien, plutôt, des recluses contraintes à quelque obédience, rêvant toujours d'évasion.
Si ce n'est point là un cloître, il n'est cloître en
nul couvent qui ait clôture plus forte.
Si ce n'est point une prison, nulle geôle n'a tant
de portes ni semblables froissements de clés.
La règle, c'est la bienveillance - rigoureuse de
tous les instants.
'
Ecoutez le son de la cloche qui tinte pour le
re~as I Oh l sentez tout ce qu'il y a, dans cette
clall'e sonnerie, de sollicitude inflexible l
La cour d'honneur à l'italienne, à qui donc faitelle honneur ?
A qui la pierre rend hommage les fleurs aussi
sont dédiées.
Le malheur ... il faut me comprendre, c'est ici le
&lt;:hâteau du plus grand des malheurs.

III
S1 vous croisez sous les arbres un serviteur
&lt;le ce château, il vous saluera d'un bonjour en
vérité singulier.

�PIRE QUE LA MORT

500

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Dans le geste nul faux empressement.
Dans la voix nulle note obséquieuse.
C'est une nuance imperceptible d'un respect qui
n'a point égard à la mise du visiteur.
Politesse de l'âme qui, usant du mot banal, le
relève le renforce d'un rapide regard vivant :
,
.
.
r.•
I"
"Frère je t'ai reconnu, Je te salue, mon 1rere .
Mai; en même temps, ce salut - à moins qu'il
ne vou~ dépasse - vous grandit, vous confère
un privilège écrasant.
Comme sur le passage d'un convoi funèbre, on
se découv~e dans les rues, devant la majesté de
la mort, qu; représentez-vous donc de triste et
d'éternel devant quoi l'on s'incline ?

IV
Le malheur - il faut me comprendre - c'est
le respect de ce malheur qui s'étend_jusqu'à vous,
jusqu'à moi, qui s'allonge sur mm comme une
ombre.
N'est-ce pas ainsi que la mort est présente dans
.
les larmes de ceux qm restent .
En leur personne vêtue de noir n'est-ce pas la
mort qu'on salue, mêlée à la douleur, comme
deux images superposées sur la même plaque
sensible, et tantôt c'est l'une et tantôt c'est l'autre
qui émerge du fond o~scur.

501

Mais ne dirait-on pas que cette mort en deuil,
qui regarde sans voir de ses pauvres yeux rouges,
est plus proche de nous, plus humaine que la mort
véritable, incompréhensible et déjà si distante avec
son étrange pâleur, ou légendaire et fantastique
avec ses orbites creuses ?
Mais la mort est la mort, on l'appelle par son
nom, car elle est commune, publique, affreusement
ouverte à tous : elle est le grand hall populaire, et
l'on voit de partout les ténèbres du porche où
s'engouffrent tous les chemins.
Ce malheur, non : il faut comprendre. Un couloir secret y conduit.
Et moi aussi je pleure un ami disparu, mais
avant le tombeau.
Vous qui révèrez dans la mort une pensée
éteinte, si faiblement .qu'elle ait brillé, dans quel
esprit d'humilité devez-vous approcher avec moi
d'une mort-vivante qui · est le vacillement même
de cette flamme sous un souffle inconnu 1

V

~

Le masque pâle, aigu, rasé,
Le balancement d'un funambule,
Je ne sais quel air d'être posé
Comme un oiseau sur une tuile,

�502

LA NOUVELLE REVUI FRANÇAIS.!

Toujours gonflant comme une bulle
Quelque espoir d'avenir tranquille;
Bons yeux de myope, bruns et doux,
Fourrés de malice par dessous;
Une lèvre qui s'offre et veut dire :
Cœur d'enfant, cœur étonné;
L'autre, moqueuse, qui retire
Ce que la première a donné ;
Tant6t un doigt levé, tranchant,
Fier d'un mot qu'il croit méchant,
Tantdt grave, lisant un livre
Comme un écolier sa leçon;
Chaque matin, enivré de vivre,
Ravi de siffler sa chanson.
Encore de toi n'ai-je tracé,
Mon ami, qu'un plat portrait
Au simple trait.
Ce qui fit ton charme a passé
Entre ces lignes.
Que reste-t-il ? un amas de signes
Eteints, du noir sur du blanc,
Au lieu du feu
Tremblant
Et bleu.
Mais, par delà le sens des mots,
J'aurais voulu que leur cadence

503

PIRE QUE LA MORT

Menàt comme ta vie une danse
Supérieure à tous tes maux.

J'aurais voulu, loin de décrire
La finesse de ton sourire,
Que mon vers léger sourît
Du même pli fin que ton esprit.

Mais seul, peut-être, un chant de flüte
Eüt pu, déchirant le voile noir
Derrière lequel ton âme lutte,
Tel que tu fus te faire voir.

VI
Il faut comprendre: songez aux passants solitaires que charrient les grandes villes.
Songez à vous-mêmes, à nous tous, ouvriers
que nous sommes, quel que soit notre emploi,
ouvriers de Paris, quand, à la débauchée, nous
aspirons l'air frais de la rue comme un souffle de
liberté.
Court répit entre deux batailles, étroit loisir
resserré entre la fatigue du jour et les tracas du
lendemain.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

L'âme qu1 étouffe se précipite à cette fente, à
cet interstice azuré.
Chacun de nos pas sur le pavé humide est une
reprise de possession, une conquête nouvelle de la
terre, pour une durée brève et précieuse.
Tous les espoirs tournoient avec les lumières.
Le vacarme assourdissant isole le marcheur
dans son rêve.
Peu à peu les contours des choses ont perdu leurs
arêtes ; rien n'oppose plus aux écarts de la pensée
de barrières précises; une cité fantastique étincelle
dans la brume; le monde de l'imagination s'installe,
profond et bleuâtre, en même temps que la nuit.
C'est bien alors qu'une cervelle humaine est
comme un bol de punch enflammé.
Où courent ces milliers d'ombres sous la pluie
qui les fouette ?
Que d'aiguillons divers emploie la nature, combien d'autres, empoisonnés, la civilisation invente,
pour exciter à vivre ces malheureux!
Des mirages, des mirages dans les glaces ruisselantes, dans les satins gris de la boue !
Le pauvre est riche et se dit: "Je ferai tant de
parts de ma fortune", car il s'accorde aussi le luxe
de se montrer généreux !
L'artiste obscur voit son nom qui flamboie; il
méprisait la gloire, il la dédaigne encore, mais cette
fois sans amertume, avec un fier sourire, comme
un royaume à lui.

PIRE QUE LA MORT

Le barbon galant renifle sans risque l'odeur du
fruit vert.
Le timide regarde en face, le lâche est un héros.
Que de belles actions en un clin d'œil accomplies ! Que de crimes surtout commis danS- le
secret des consciences par les plus honnêtes gens !
Tous les gêneurs décapités!
Et vous, bons vieux parents, assis là-bas, dans
vos provinces, au coin d'un feu économe, un petit
calcul de votre cher fils vous a, dans l'instant,
supprimés.
Mais, par dessus nos souhaits mesquins, Paris,
c'est ton noble vœu qui monte le plus haut dans
le ciel, car ta lueur est autre chose que le reflet
d'une ville quelconque dans les nuages errants !
Quel bureau de statistique fera le compte des
chimères que, depuis des siècles, à toute heure, tu
consommes sans calmer ta faim ?
Loin de te ralentir, le poids du passé te pousse
en avant la tête la première : ah ! tu vas tom ber 1
non, tu te relèves, la course est la loi de ton équilibre, et tes enjambées donnent le vertige.
La route s'allonge, mais derrière toi: tu n'en
suis aucune, mais tu traces la tienne de l'avancée
de ton front dans l'avenir inconnu.
La clarté de ma lampe autour de ce poème,
est-elle un atome de la nébuleuse ? quel sera mon
sort dans le tourbillon ? étincelle qui monte ou
cendre q uî glisse ?

�506

LA NOUVJ!LLE RBVUE PRANÇAISE

Capitale des enchantements, l'ami dont je parle
était dans ton rire une note acide: pourquoi l'as-tu
rejeté?
Nuls yeux plus que les siens ne brillaient de
plaisir au spectacle de tes féeries: pourquoi l'as-tu
égaré?
Nul ne sut mieux que cette àme railleuse· discerner dans les lignes de tes modes changeantes le
dessin éternel, pourquoi l'as-tu puni de t'avoir
tant aimée?

VII
Si la mort germe dans la vie, si la maladie est
dans la santé, chacun de nous peut se perdre
ainsi, comme on dit, dans les vieux contes, qu'un
enfant se perd dans les bois.
D'ordinaire à la 6n d'un songe, un choc nous
révèle que notre âme atterrit ; nous retrouvons,
deçus et pourtant rassurés, les Jabours plats de
l'existence, et notre avare lopin et l'antique char.rue : notre progéniture bruyante et le terme à
payer,
Car ceux qui ignorent ces réalités ne connaissent point la valeur du r!ve : la poésie vraie, qui
comprend tout l'homme, part de la prose, s'élève
au dessus d'elle, et puis y revient comme l'alouette
au sillon.

PIRE QUI LA MORT

L'oiseau lui-même tient du cerf-volant : l'instinct, comme un fil invisible, des hauteurs de l'air
le rattache à son nid.
L'esprit qui vagabonde tire sur la 6celle; la
raison en bas attend son retour; la mémoire cachee
se prépare dans l'ombre à le ressaisir : "Rappelletoi ton nom, ton âge, ton histoire, prends ma
main, voici ta maison. "
Mais il peut arriver, un soir, qu'on s'aventure
trop loin.
On était sorti comme de coutume : "Je reviens
tout à l'heure. "
Comme de coutume, sur le trottoir, nos rêveries
familières nous avaient aussitôt rejoints.
Comment aurions-nous remarqué le changement
de leurs visages, ces paupières baissées qui méditent un mauvais coup ?
Elles nous tenaient au cœur, eJJes nous étaient
si chères, si connues dans tous leurs recoins, dans
leurs sautes d'humeur et dans leurs bizarreries !
Nous les aimions, parbleu, autant que nousmêmes, avec une pudeur jalouse, une délicieuse
honte, comme un vice inavoué .
D'autres que nous se seraient moqué d'elles,
disant: " C'est absurde ! quelles billevesées ! "
Elles étaient cette intimité qu'on ne partage
avec personne, qu'à l'approche de son semblable
chacun renferme sous cent clés, les pensées fantasques de la solitude, celles qu'aux minutes les

�508

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS.X

plus imprudentes, dans le délire même de l'amour,
on laisse à peine entendre.
Oui, vraiment, je vous le demande, comment
nous serions-nous défiés !
Cependant, voyez la traîtrise, au lieu de nous
accompagner à la distance convenable, distraites,
amicales, parlant de temps à autre et parfois se
taisant J ce soir-là elles nous encadraient comme un
prisonnier.
Ainsi le condamné s'avance, livide, entre les
valets du bourreau.
.
Encore le condamné sait-il, dans le dur trajet,
que ceux-là qui le soutiennent l'ont renié comme
un de leurs frères.
Mais nos rêves ! Ah 1 nos idées, c'est entendu
qu'elles nous trompent I nous les trahissons bien
nous-mêmes selon le vent !
On forme avec elles de ces faux-ménages où
chacun triche à qui mieux mieux.
Végétations de surface, lentilles d'eau sur l'étang.
Et quand, par hasard, quand, par impossible,
ce qu'on nomme une idée est une chose à nous,
elle change de nature, croyez-moi, et devient un
rêve.
Mais nos rêves, nos rêves fidèles, eux, la flore
des profondeurs, eux qui plongent leurs racines
dans l'épaisseur du tissu, dans la moëlle et dans le
sang 1
Nos rêves dont les tiges frêles, ce frisson dans

PIRE QUE LA MORT

5o9

la brise, sont l'extrême aboutisse~ent, le tout
dernier foisonnement d'une plante disparue!
Nos rêves multipliés par boutures à travers
les siècles, de père en fils l
Quoi! les voilà qui, par sombre magie, prennent
un corps, un corps opaque, et font écran sur le
monde, et se substituent au monde 1
.
Les voilà tous qui nous cernent, nous empoignent nous entraînent!
Hélas ! c'en est fait de nous : on est un homme
escamoté.
A quel moment le sortilège a-t-il commencé ?
A quel moment encore, d'un brusque recul, et
des pieds et des poi'ngs, d'une révolte de tout
l'être, aurait-on pu se défendre, s'arracher de cette
étreinte, revenir sur ses pas ?
Trop tard. La frontière est franchie, Paris est
loin déjà ...
Ce ne sont plus les bonnes r~es où l,'on nav'.guait sans carte, c'est un labynn~e ou, de~uis
l'entrée, le sol descend, descend toujours ; mais la
pente d'abord est presque insensible.
Cela s'est très bien passé, pas de scènes, pas de
cris.

�510

LA NOUVELLE RJ!VUB FRANÇAISE

VIII
Pourquoi souris-tu ainsi de ce sourire délivré ?
D'habitude, notre sourire laisse voir par transparence comme des ombres sur le rideau d'une
fenêtre éclairée : silhouettes de pensées plus ou
moins definies, allant et venant dans le fond de la
chambre.
Les préoccupations ne manquent pas, dont les
contours sont nets, ni les doutes non plus b'urinés
dans l'esprit ou gravés à l'eau-forte, précis et
profonds, et d'un noir magnifique.
Mais ce peuvent être aussi les souvenirs flous
d'anciens plaisirs gàtés, d'anciens soirs de défaites :
ce qu'on appelle l'expérience, et dont la plus heureuse est une désillusion.
Ou, plus vague encore, cette humeur inquiète
qui va de l'impatience à l'angoisse, et qui, inséparable de notre destinée, n'est que la conscience
diffuse de la vie, le sentiment d'une question
posée à chaque sursaut du cœur, éternellement la
même, éternellement suspendue.
Mon ami, pourquoi souris-tu de ce sourire
sans ombres, oublieux, ravi en extase ?
Du présent difficile, et de toute mémoire, et du
triste sort commun ton sourire est si détaché!
Pourquoi, mon ami, ce sourire qui derrière lui

PIRE QUI LA MORT

SII

n'a plus rien, rien que la flamme d'une bougie
dans la chambre vide?
Tu n'es donc plus un des nôtres ! tu n'es
donc plus un de l'équipage sur la vieille coque
pourrie ?
Vois, à la barre du gouvernail, la grappe de
l'humanité, nos fronts soucieux, nos muscles tendus, et les jours et les nuits déferlant sur le pont?
Ton désintéressement est épouvantable.

IX
Mais ta gravité l'est-elle moins?
Un si grand sérieux est-il de ce monde ?
Quel brusque vieillissement I quel affaissement,
tout à coup, de ce qui, dans un visage, se redresse
avec quelque confiance, aspire tant soit peu au
bonheur, comme la feuille se hausse du côté du
soleil !
Tous les traits tirés vers le bas comme des
fils-à-plomb, le masque entier coulant à pic, absorbé, .englouti dans une méditation funèbre.
On croirait que tu viens d'apprendre, chuchotée
à ton oreille rapidement, en trois mots, une nouvelle si accablante que l'avenir par elle est soudain
barré.
Ou de découvrir un secret qui ruine ta dernière
espérance.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
PIRE QUE LA MORT

Une telle expression de tristesse condamne
toute la vie : s'il est vrai que la face de l'homme,
quand ce ne serait qu'une seule fois, peut réfléter
ce fond lugubre, quel optimisme de l'école prévaudra contre ce miroir ?

X
Mots à tout aller, mots de chaque jour,
Habits ripés jusqu'à la corde,
Pièces d'argent passant tour à tour
Des sacs des peines aux doigts de l'amour,
Les seuls mots pleins de miséricorde,
L'unique instrument qui s'accorde
Avec Je ton des camrs émus,
Encore une fois soyez promus
A la dignité la plus haute :
Celle d'accueillir comme un bon hôte
La douleur qui tremble et bégaie.
Vos douces figures sont fatiguées,
Depuis le temps que sur le pas de votre porte
Vous la relevez à moitié morte,
Et lui rendez chaleur et voix.
Ouvrez, bonnes gens, encore une fois
Elle a buté au seuil ce soir !
Que demande-t-elle ? un banc où s'asseoir,
Un coin dans la rougeur de l'âtre :
Or, c'est vous l'âtre et l'escabeau.

51 3

Va, mot cherché, va, mot trop beau
Va-t-en faire fortune au théàtre ! '
Prends, avec la complicité
D' un acteur qu ,on dit très moderne
Cet air contenu, brutal et terne
'
Qui joue à la simplicité !
'
Et toi, mot fat, sot comme une rime
Mot sonore, étincelant sublime
'
Poing au côté, chapea: de trave~s
Va, pousse ta note au bout d'un ;ers
Et toi, joli mot, mot d'esprit,
Reste au salon ! et retourne au livre ,
Mot bien écrit !

V~us seuls s~vez ce que c'est que de vivre,
Vieux mots limés du vieux langage,
Deven~s tran_sparents avec l'àge,
Mots d un cristal qui tient enclos
Le souvenir d'avoir pressé des fleurs.
Incolores ? eh ! quoi comme les pleurs.
Etouffés ? oui, comme les sang.lots.

V~~s, usés, chers vieux mots, que dis-je?
A,1-Je _oublié par quel prodige
.
L antique souffrance ne vieillit point ?
Ah l D"
.
ieu, l'ancienne, comme elle nous point 1
2

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

C'est vous, le premier cri qu'elle arrache,
Vous, le premier sang qu'un blessé crache.

Défrakhis, vous, routiers du sort,
Vous à qui chaque misère ajoute
Un sens de plus, un trait plus fort ?
Non, mais poudreux d'une très longue route.
Vous qui, sachant comme il en coMe
Au cœur fier d'avouer son deuil,
Rompez les sceaux, violez l'orgueil,
Vous, pâlis, effacés ? non, pâles
D'une mortelle pâleur, ah I peut-être.
On hésite, et c'est comme un râle,
On parle enfin, on va connattre,
Palper comme un corps évanoui,
Comme un cadavre percé d''-!ne lance,
Tout son mal jusqu'alors enfoui
Dans les caveaux sourds du silence.

Ce sont des mots comme on en dit,
Tout plats, sans rien d'abord qui frappe,
Mais où brusquement s'ouvre une trappe :
Des mots plats qu'on approfondit.

Ce sont de cornrnw1s mots terre-à-terre,
Qui ne font pas de bruit, marchant pieds-nus,

PIRE QUE LA MORT

515

Clairs pour tous et voilés de mystère,
Familiers et gros d'inconnu.

Drus, brefs, triés, passés au crible
Des grands chagrins,
Ce sont des mots pareils aux grains
D'un blé terrible ;

Durs grains de l'angoisse et du soupçon,
Faits d'une pensée
Où la douleur comme une moisson
Est condensée ;

La douleur de demain, toute une mer
D'affreux épis,
Des jours et des ans de pain amer,
De mal en pis.

Des mots espacés comme ces gouttes
Qui pleuvent des cieux noirs largement,
Quand, les nerfs tendus, on écoute,
Comme un lourd tombereau sous une voüteJ
Rouler l'orage dans l'éloignement.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB.

Ce sont des mots comme en voici :
" Qu'est-ce qu'il y a ? qu'as-tu ? réponds nous I "
Où toute la vie est comme à genoux,
Où toute l'àme se rend à merci.

Xl
Menus objets, pinceaux, crayons ...
Celui-ci vous range avec minutie, celui-là préfère
à l'ordre évident l'arrangement plus intime d'Ûn
désordre connu, combinaïson brouillée de chiffres
dont il possède seul les nombres.
Aquarelles dans les cartons, livres sur les
rayons ...
Ce qu'on sait caché à portée de la main, et ce
qui compose le léger décor indispensable à nos
aises : entourage choisi, cercle magnétique où l'âme
cesse de feindre et, le soir, se détend, installée
dans son propre reflet comme, au centre de son
halo, la lumière.
L'encre de Chine et le godet à leur place
assignée, et la gomme qui va et vient et qu'on
cherche toujours.
Petites choses soumises, esclaves de nos manies,
de nos méthodes puériles, de notre attachement à
des riens, ces riens eux-mêmes.
Douces choses muettes, humbles formes visibles
que prend le s"ence de la maison.

PJR.E QUE LA MORT

Le chevalet plein d'attente, plein de promesses
plein de reproches...
'
Et la guitare pendue au mur, comme un romanesque sentiment, qu'on cultive et dont on sourit.
Démons du foyer, dieux lares, amis, confidents,
témoins.
Témoins des discussions interminables dans les
fumées de l'esthétique et du tabac.
Témoin du travail, de ce profil à contre-jour
tant de fois penché, près de la fenêtre, sur la table
à dessin.
Témoin d'un bonheur disputé par la vie, nullement pareil à quelque paix armée, semblable plutôt
à un terrain piétiné, jamais perdu, conquis sans
cesse, un bonheur comme une suite de victoires
dans une guerre de montagnes où les forces
s'épuisent.
. Témoins de ce qu'à Paris il est dépensé chaque
Jour de trésors spirituels, de ce qu'il peut y avoir
d~ tenue, de crànerie, d'aristocratie vraie au purgatoire de la bohème.
Témoins, soyez-le aujourd'hui de ce drame
atroce : . votre maître qui s'en va, qu'on emmène
par trahison ; car nous l'avons trahi : tout à l'heure
il chantait !
Et maintenant, vous gisez là comme un bric-àbrac misérable, inanimés.

�518

LA NOUVELLE REVUE FRA, ÇAISE

XII
Amateurs cultivés, connaisseurs délicats,
Emportez. vos certificats
D'élégante et fine industrie,
Etlaissez-nous,mes chers messieurs,on vous en prie 1

Pour rendre à notre ami les respects qui sont dtîs
A l'artiste, à ses maux, à ses efforts perdus,
Quelques uns suffiront, ceux dont la vie étrange
Apparatt du dehors comme un désordre vain,
Mais dont l'œuvre est reliée à leurs jours, comme
[un vin
Aux soleils de l'année où môrit la vendange.
Ceux-là mes vers iront les chercher un par un,
Car, n'étant point des vers qui crient pour qu'on
[s'attroupe,
N'étant point marchands de drogue aux carrefours
[du commun,
Certes ils auront du mal à rassembler leur groupe.
Ils devront quelquefois entreprendre un voyage,
Passer les mers, pour joindre, à un sixième étage
Ou dans la paix des champs, un ou deux inconnus,
Pour tenir, comme on tient un oiseau qui palpite,

PJllE QUE LA

IORT

Et sentir battre un peu plus fort, un peu plus vite,
Un cœur ou deux serrés dans leurs doigts purs et
[nus.
Mais surtout ils viendront, visiteurs familiers,
Rêver, les jours d'automne, en ce coins d'ateliers
Où, quand la pluie et le vent font assaut sur le
[ verre,
La clarté des ciels gris est plus qu'ailleurs sévère.
A tous ceux dont l'orgueil est de sculpter ou pein[dre
Ils diront, mon ami, tes yeux qui n'ont su feindre
Que la gaité, parfois, quand ta verve était lasse,
Et ton martyre enfin, en pleurant, à voix basse.

XIII
Quand je songe à la lourde porte qui s'est
refermée sur toi, ce n'est pas une métaphore, une
vieille figure de langage que mon esprit fatigué
utilise encore une fois pour fixer ses tristes idées.
Je revois une odieuse porte épaisse et matelas~
sée, qui baille et où tu disparais, et qui paresseusement, comme une mâchoire, retombe sur ses
bourrelets.
Rien ensuite qu une surface unie, un hideux
rectangle de toile cirée, noir et lisse comme une
eau dormante affleurant les bords d'une fosse
profonde.

�520

LA NOUVELLE Rl!VU.E FRANÇAISE

Le silence et l'immobilité.
Ce qui s'est passé derrière cette porte, quand
soudain tu t'.es trouvé seul, cela, non, ne m'en
parlez pas, il ne faut pas en parler.
Mais j'ai beau secouer la tête en me bouchant
les oreilles, le démon est dans ma tête, comme un
souffleur dans sa botte.
A peine ai-je dit: "Je ne veux pas, je ne veux
pas y penser 1" qu'aussitôt il me chuchote:" Muré,
enterré vivant ! "
Nous étions là trois camarades qui, l'horrible
chose accomplie, avons regagné, tremblants, uqe
automobile au bord d'un trottoir.
L'heure était tardive, et l'endroit, désert; et ce
groupe hésitant, cette voiture arrêtée, tout cela
ressemblait à une louche aventure.
Comme si, mon ami, t'amusant d'un prétexte
trompeur, nous avions comploté de te conduire là,
pour, de nos mains, par derrière, te pousser à l'abime.
C'était aux approches du printemps : je sens
encore, appuyé sur ma bouche, le baiser mou de
cette inBme nuit.

XIV
Et voici bientôt toute une longue année que
je refais chaque semaine ce chemin où l'angoisse
augmente depuis le départ jusqu'au but.

PIRE QUE LA MORT

p.r

Voici déjà presque un an que je salue chaque
semaine le pont, la berge et le moulin.
Le moulin au bord du canal fait un tic-tac de
grosse horloge qui calculerait les saisons.
Un matin, sort de la terre comme une fine buée
qui enveloppe les arbres d'un nuage verdissant.
Quelques jours plus tard, c'est une vraie dissonance, une vivacité de tons excessive: toute feuille
a sa pointe d'ivresse, tout brin d'herbe hausse
la voix.
D'une multitude de petits cris se compose une
clameur douce qui remplit le ciel lavé.
Quelle naive explosion ! quel entrainement à la
légère 1 quel oubli incompréhensible des leçons
du passé l
Puis, toute cette allègre enfance mürit, prend
du corps, atteint son poids de beauté ; les frondaisons trouvent leurs lignes, ordonnent leurs
masses contre l'azur tendu ; la vie des feuilles,
comme la nôtre, projette une ombre sur le sol.
Puis vient la raideur, et puis la cassure et la
chute en tourbillons.
Et le moulin, pendant des mois, tourne sa roue
dans la brume.
Et, de nouveau, un jour, c'est la même poussée,
la même crise de joie, la même fugue soudaine, la
même absence de mémoire.
Chemin de printemps, d'été, d'autom11e, chemin
d'hiver, chemin de printemps....

�5'22

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

XV
Est-ce une consolation ou une dernière tristesse, que ce qui d'abord nous semblait la plus
insupportable horreur puisse à la longue prendre
à nos yeux une physionomie familière ?
Faut-il croire que c'est la surprise, l'émotion
d'une attaque imprévue qui rend la douleur
déchirante ?
Sans ce coup de fouet qui Ja redresse comme
une bête endormie, l'âme ne connaîtrait-elle qu'une
douleur résignée ?
Un brutal réveil l'oblige à se défendre ou, du
moins, la force à gémir, mais, l'étonnement passé,
comme elle accepte vite le deuil et l'injustice !
Dans le pire des sorts elle tro11:ve un coin où
camper.
Il n'est peine si profonde, infirmité si cruelle
qui ne finisse, avec le temps, par être une compagnie.
L'homme, au cours des âges, a-t-il tellement
souffert que notre cœur en conserve comme un
morne pli, et que notre œil, dès l'enfance, n'ait
déjà plus que des regards atones pour le malheur
d'autrui ?
Ou bien, au contraire, la pression de la vie estelle en nous si haute que son jet emporte tout ?

523

PIRE QUE LA MORT

Vivre, vivre, encore vivre, cela seul peut-être
est un tel bienfait qu'on prend tôt ou tard son
parti du reste !
Hé! sans doute on réclame, chaque fois qu'on
est frappé, mais bientôt c'est par raison, par besoin
entêté de logique, par un absurde souci d'universelle légalité : simple réserve de style au bas d'un
acte enregistré, qui s'en va rejoindre dans la poussière tous les vieux contrats iniques.
Je me suis, par exemple, demandé souvent :
" Qu'est-ce que les pauvres attendent, pour crier
qu'ils en ont assez ? " Cependant, la révolte est
rare, ils s'accommodent de leurs taudis.
Assurément il y a dans la lumière du soleil un
principe de réparation, de renaissance indéfinie,
une panacée éternelle.
La vie assimile nos maux à sa forte matière
comme le feu antique, sur l'autel des sacrifices, se
nourrissait chaque jour du sang répandu.

XVI
Ainsi, certains jours encore, quand je cause avec
toi, tous deux paisibles, renversés dans de profonds
fauteuils de cuir, il m'arrive par moments d'oublier
où nous sommes.
Ton esprit, revenu des am1ées en arrière, joue

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
524
distraitement dans un monde enfantin ; mais tes
récréations futiles, j'y prends goôt moi-même.
Ces idées sautillantes, ces lectures émerveillées,
ces étourderies et ces découvertes s'accordent en
moi à des choses anciennes, à toute une vie puérile
qui se continue dans mon cœur.
Rien d'extraordinaire et, surtout, rien d'effrayant; l'apparence, plutôt, d'une grande douceur:
deux amis qui se retrouvent de plain-pied, face
à face, dans une clarté innocente.
L'atmosphère est si limpide que les feuilles
d'un arbre voisin de ta fenêtre sont comme ciselées
dans l'or vert, et la substance du ciel sans tach~
ressemble à de l'émail appliqué sur la vitre.
Le regard d'un Créateur attendri baigne les
murs de sa lumière : satisfait de son œuvre, le
Seigneur la contemple et paternellement la bénit.
On aperçoit au loin, par delà les clôtures, aux
bords d'un vaste horizon, quelques cheminées
d'usine : ont-elles une autre réalité· que d'être un
détail minuscule dans uri tableau qui lui-même
ne parait exister que pour le délassement des
yeux?
Le calme, la pureté de l'air, cette délicieuse
sensation d'allègement et presque d'irnpondérabilité que procurent les lieux élevés, s'associent
aux souvenirs de mes longues stations dans des ·
monastères de Russie qui dominent de haut l'immense plaine étalée, et où l'on n'entend aucun

525

PIRE QUE LA MORT

bruit, sauf les continuels murmures de l'espace
et, parfois, des sons de cloches en querelle avec
le vent.
Et ici comme là, dupe d'une illusion, aspirant
,
le silence
comme une vapeur d'.
opmm : "N e
voilà-t-il pas, me dis-je, la retraite que j'ai si
souvent rêvée ?"

XVII
Une autre fois, c'était au jardin, tu mis sous
mes yeux des dessins terribles, rehaussés ,de rou~es
violent~ : les postures, les enlacements d une priapée maladive.
Hélas ! mon ami, de nous deux n'était-ce pas
moi le plus troublé ?
Quelle douloureuse obsession couve au fond
de notre cœur, toujours prête à se renflammer ?
Ainsi, pendant les chaleurs de la canicule, l'incendie dans les bois de pins, avant même qu'il
n'éclate, est déjà là qui semble attendre, dissimulé
dans les aiguilles sèches, dans l'écorce résineuse.
Pauvre décence, pauvres convenances, pauvre
enveloppe de paille !
Qui dira, qui enfin osera dire, comme on fait
l'aveu d'une chose grave, d'un mal secret qui
ravage la vie, jusqu'où va chez certains la hantise
de. la femme, dans quels tourments les jette l'idée

�526

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

se_ule de son corps, et comment ses approches
alimentent leur fièvre au lieu de l'apaiser ?
Là encore les voies de la raison croisent les chemins du délire : le banc où nous étions assis était
à l'un des carrefours.
Cependant, mon ami, ayant communié avec
toi dans le même égarement, je me levai, je partis :
devant moi les portes étaient grandes ouvertes,
nul ne songea à m'arrêter.
FRANÇOIS

PoRcHÉ.

DEUX LIVRES SUR
P. J. PROUDHON

1

Le théoriciens du syndicalisme révolutionnaire, les
radicaux soucieux de réformes sociales, les " morcellistes"
partisans du " bien de famille " inaliénable, et même les
doctrinaires de la Contre-Révolution, se réclament de
Proudhon, le citent à l'envi, s'efforçant moins à tirer au
clair sa pensée qu'à couvrir leurs opinions de son autorité
morale. Si l'on songe combien ces luttes de parti risquent
de déformer une illustre figure, on accueillera d'autant
mieux toute étude ne tendant qu'à nous présenter
Proudhon, tel qu'il fut, à faire revivre devant nous sa
personne, ses idées, son esprit.

I
Proudhon mérite bien une ample biographie à la
manière anglaise. Sainte-Beuve l'avait senti ; il n'a laissé
qu'un livre inachevé, mais c'est une des entreprises qui
font le plus d'honneur au grand critique : pour ce rude
combattant, alors honni ou méconnu, il a su retrouver en
sa vieillesse cette ouverture d'intelligence et de sympathie
La Sociologie de Proudhon, par C. Bouglé. (Armand Colin).
La Jru11esse de Proudhon, par D. Halévy. (Cahiers du Centre,
Figuière éditeur).
1

�528

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qui Jui manqua trop souvent à l'égard de ses contemporains. Avec les mêmes dispositions, M. Daniel Halévy
aborde la même tâche. Je ne m'étonne point qu'elle l'ait
attiré, sa Vie de Frédéric Nietzche l'ayant montré fort
sensible à certaine sorte de grandeur et de pathétique
intellectuel. Certes, le développement de Nietzsche ne
res emble guère à celui de Proudhon: Nietzsche,scholar surchargé de culture, doit remanier cette culture acquise et
renier ses premiers jugements pour creuser peu à peu jusqu'à ce qu'il croit être sa plus profonde sincérité; ses affirmations passionnées, il les dégage à force de critique et de conflits intérieurs ; et c'est ainsi qu'il crée sa tragédie. Rien
de tragique, dans la vie de Proudhon, que la résistance
des hommes et des choses ; nul besoin de conquérir sa
vraie personnalité.
le début assuré de sa force et de ses
convictions fondamentales, sans nul retour sur lui-même,
il marche droit en avant, avec la ferveur spontanée d'un
plébéien autodidacte. Il ne traverse aucun doute ; il se
complète, il se corrige, il ne se dément pas. D'après son
expérience intime, il s'est formé de la nature humaine
une notion simple, et qui semblera pauvre à quiconque
se plaît aux analyses d'Aurore et d' Humain, trop Humain :
fllt-il capable de les voir, il négligerait les motifs individuels dont la sommation ne se traduit pas en de puissants
facteurs sociaux.D'ailleurs son esthétique est simple autant
que sa psychologie. Mais comparée à celle de Nietzsche- et
pour parler comme Nietzsche lui-même - sa volonté
est, sans nul doute, d'un plus grand style, droite, inflexible,
toute appliquée à son objet. Ce style, qui vraiment " est
l'homme", fait, sans nulle invention d'art, tout le prix de
son éloquence. Les versets !.es plus lyriques de Zarathustrr,

Des

DEUX LIVRES SUR PROUDHON

restent l'exaltation d'un rêve sans prise sur le réel, et
l'exaltation du moi qui se glorifie d'avoir formé ce rêve.
Même quand Proudhon déclame et vaticine, ce qui nous
occupe avec lui, ce n'est pas lui, ce n'est pas la rareté de
ses goOts ou la hardiesse de ses idées, c'est vraiment le
destin des hommes, c'est le travail, la dignité et la justice.
En se détournant de Nietzsche, M. Halévy trouve donc
en Proudhon une âme non moins noble, mais plus forte
et plus saine, hantée par des problèmes plus urgents et
plus voisins de l'action efficace ; il la comprendra d'autant
mieux que ces problèmes l'intéressent lui-même depuis
longtemps (témoin son Histoire dt quatre am et ses études
sur le mouvement ouvrier). Oserai-je ajouter encore que
d'avoir été compagnon de Péguy, est une bonne condition pour comprendre Proudhon ?
" Mes ancêtres de père et de mère furent tous laboureurs francs, exempts de corvées et de main-mortes
.
'
depu1s
un temps immémorial. 0 Proudhon aime à rappeler
l'audace de son grand-père à contre-carrer les prétentions
des seigneurs, la probité naîve de son père vendant sa
bière presque au prix de revient : " Tant pour mes frais,
plus tant pour mon travail, voilà mon prix " ; les vertus
et les idées républicaines de sa mère : " Ce que c'est que
la noblesse de race ! Je suis noble, moi l" Il ne sort pas
du prolétariat des villes ; sa petite patrie, à Besançon, est
un faubourg sans usines, une sorte de liaison entre la
ville
. et la campagne ; sa famille, selon les travaux, les
saisons, est urbaine ou paysanne ; elle sait garder sa fierté
en face des cousins devenus bourgeois. Catholique par
tradition, tout en raillant les curés, elle ne se dérobe pas

3

�53°

LA NOUVELLE REVU! FRANÇAISE

aux obligations du culte (c'était au temps de la Restauration). Mais était-ce une race vraiment pieuse, assez
pieuse pour que la religion enseignée à Proudhon dès_ son
enfance ait marqué son !me à jamais ? De tout le livre,
voilà les pages qui prêtent le plus à discussion. Il semble
qu'involontairement l'auteur force le sens des textes.
Faute d'avoir éprouvé par lui-même ce qu'était naguère
encore, dans ces campagnes de l'Est, l'état d'esprit du
peuple catholique, il ne se doute pas à qu:1 point des
pratiques régulières pouvaient aller avec la tiédeur de la
foi. Certes, les propos narquois qu'il rapporte ne sont pas
signes d'impiété; mais d'autr~ part nul fait_ ne montre,
chez aucun membre de la fam1lle, une dévotion exaltée :
" Chez nous, déclare Proudhon, on avait la foi du charbonnier. On aimait mieux s'en rapporter à M. le Curé
que d'y aller voir. " Et le biographe aussit6t de traduire :
"Tout ce peuple dans sa masse et dans sa profondeur,
avait gardé la fidélité des vieux jours." - Il avait gardé
les vieilles coutumes; et, comme en bien d'autres cas, cette
préparation a uffi pour que Pierre-Joseph, vers sa
vingtième années après un temps d'indifférence, se portàt
d'un élan tout personnel vers une piété sincère et fervente .. ,
Sans parti-pris, la question vaut qu'on s'y arrête : Que la
raison de Proudhon ait travaillé sur un fonds indestructible de sentiment religieux ; que sa foi révolutionnaire soit
comme un détournement de son premier enthousiasme
chrétien -cette hypothèse intéressante n'est pas in vraisemblable en soi ; nous pourrions l'admettre sans rien préjuger
sur la valeur de l'une et de l'autre croyance. Mais Proudhon
lui-même est d'un autre avis. Son ouvrage principal, La
Justice dam la Rivolution et dans l'Eglise, affirme éner-

DEUX LIVRES SUR PROUDHON

53 1

giquement que la notion de justice est immanente à la
conscience humaine, se passe de toute révélation, et ne
peut être qu'obscurcie et faussée par la croyance en un
Dieu transcendant. Pour user d'un argument ad hominem,
pour retourner contre Proudhon sa propre expérience
intime (qu'il aurait donc singulièrement méconnue), il
faudrait des preuves décisives, que M. Halévy n'apporte
aucunement.
" Jusqu'à douze ans, ma vie s'est passée presque
toute aux champs, occupée tantôt à de petits travaux
rustiques, tant6t à garder les vaches... Quel plaisir
autrefois de me rouler dans les hautes herbes, que j'aurais
voulu brouter, comme mes vaches ; de courir pieds-nus
sur les sentiers unis, le long des haies; d'enfoncer mes
jambes dans la terre profonde et fraîche ! Plus d'une fois,
par les chaudes matinées de juin, il m'est arrivé de quitter
mes habits et de prendre sur la pelouse un bain de rosée...
Que d'ondées j'ai essuyées I que de fois, trempé jusqu'aux
os, j'ai séché mes habits sur mon corps, à la bise ou au
soleil ! Que de bains pris à toute heure, l'été dans la
rivière, l'hiver dans les sources l Je grimpais dans les
arbres ; je me fourrais dans les cavernes ; j'attrapais les
grenouilles à la course, les écrevisses dans leurs trous ;
puis je faisais sans désemparer griller ma chasse sur les
charbons. Il y a, de l'homme à la bête, à tout ce qui
existe, des sympathies et des haines secrètes dont la
civilisation ate le sentiment. J'aimais mes vaches - mais
d'une affection inégale ; j'avais des préférences pour une
poule, pour un arbre, pour un rocher ... Quel exil pour
moi, quand il fallut suivre les classes du collège !. .. "
Il les suit pourtant en bon travailleur; mal doué pour les

�53 2

LA NOUVELLE REVUE FllANÇAIS.E

mathématiques, il prend ses revanches avec le latin " ... A
quatorze ans, je lus (c'était un de ses prix) le Trait/ dt
l'txisttnu dt Dieu, de Fénelon ; depuis lors, je suis
métaphysicien. " Mieux vaudrait dire théoricien, philosophe, idéologue, car précisément la métaphysique
cartésienne le déroute et le déçoit : " Il me sembla, dès
lor , qu'il fallait suivre une autre route pour constituer
la philosophie en science." C'est vers ce temps-là qu'à la
Fête-Dieu, ayant assumé de bon cœur dans la
procession le r61c le plus humble et dont nul ne voulait
(porter la braise et les pincettes), il est payé de raillerie, et
frémit de rencontrer l'injustice dans la maison du Seigneur.
Vers ce temps encore, au bibliothécaire lui demandant :
" Mon petit ami, qu'est-ce que vous voulez faire de tous
ces livres? " il répond rudement : " Qu'est-cc que ça
vous fait ?" Les souvenirs de sa seizième année seront plus
tard traduits en une note qu'on pourrait croire de
Stendhal : '' 1 82 5. Mission de Besançon, grand
fracas, grande dévotion. Derniers soupirs de la religion en
Franche-Comté. A partir de cc moment, cc n'est plus
religion, c'est hypocrisie ou bêtise. " C'est alors que pour
des mois il s'éloigne de l'église. " Je poursuivis mes
humanités à travers les misères de ma famille, et tous les
dégodts dont peut ~tre abreuvé un jeune homme sensible
et du plus irritable amour-propre. Outre les maladies et
le mauvais état de sa santé, mon père poursuivait un
procès dont la perte devait compléter sa ruine. " Dans la
dernière année, il s'acharne, il s'épuise, pour échouer
cnnn au baccalauréat. Il faut que bien vite il gagne sa vie;
sa destinée est en suspens. L'instinct de préserver sa pensée
lui fait choisir cc métier d'imprimeur qui, du moins,
n'éloigne pas des livres.

DEUX LIVRES SUR PROUDHON

533

"Je me souviens encore avec délices de ce gr:and jour
où mon compostn1r devint pour moi le symbole et l'instrument de ma liberté. Non, vous n'avez pas l'idée de cette
volupté immense où nage le cœur d'un homme de vingt
ans, qui se dit lui-meme : J'ai un ltat ; jt peux alltr
partout. Jt n'ai httoin de ptrsonnt." Devenu vite correcteur, il lit,
l'imprimerie, les Pères de l'Eglise. Il vit
comblé d'une joie alaquelle contribuent ensemble le travail, la pensée, un chaste amour, la ferveur religieuse
conquise ou retrouvée. Il écrivait vingt ans plus tard :

a

a

" Je sais aujourd'hui ce qui rendait à vingt ans mon
Ame si pleine, si aimante, si ravie ; cc qui rendait pour
moi la femme si angélique, si divine; ce qui, dans mes
r~ves d'amour, me rendait si précieuse ma religion en
m'y intéressant d'une façon si douce, en me la faisant
aimer d'amour... J'étais chrétien parce qu'amoureux ;
amoureux parce que chrétien, je veux dire parce que religieux. La religion, en effet, c'est la foi à l'absolu, dans
tous les ordres de la connaissance et de la sensibilité. "

Se croyant appelé à devenir un apologiste du christianisme, il se mit à lire les livres de ses ennemis et de ses
défenseurs. A l'égard de Chateaubriand, sa réaction fut
nette autant que vive : " Ce n'est pas sans une colère
concentrée que j'ai lu, à vingt ans, les ouvrages de ce
phraseur sans conscience, sans philosophie, et dont toute
la dignité fut dans la faconde. Voilà donc, me disais-je,
avec quoi l'on mène les nations ! "Il estime au contraire,
il respecte Bonald ; mais, comme ce grand chrfoen est
moins préoccupé du salut personnel que de l'équilibre
social, comme il cherche en sa religion ce que les gens
de 89 croyaient trouver en leur Déclaration des Droits :

�534

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la loi même des sociétés, les éternels priJ1cipes d'un
ordre juste et stable, par lui Proudhon est ramené à
la recherche d'une justice humaine qu'il oppose bientôt
à la religion :
" Mais quoi ! me disais-je tous les jours en poussant mes
lignes, si par quelque moyen les producteurs pouvaient
s'accorder à vendre leurs produits et services à peu près
ce qu'ils cofttent, et par conséquent ce qu'ils valent, il y
aurait moins d'enrichis sans aucun doute, mais il y aurait
aussi moins de faillis ; et, tout étant à bon marché, on
verrait beaucoup moins d'indigence.
" Déception I me criait aussitôt l'Eglise •.. L'Evangile
nous enseigne que le paupérisme est indéfectible comme
le crime ..•
" Rien ne prouve, répondais-je, que le vice et le crime,
dont on fait le principe de la misère et de l'antagonisme,
n'aient pas préc~ment leur cause dans cette misère et
cet antagonisme, que la doctrine catholique représente
comme en étant le ch!t1ment. Toute la question est de
trouver un principe d'harmonie, de pondération, d'équilibre,
'' Or si, par hypothesc, un tel principe existait, si ... le
bien~tre devenait général, le vice et le crime diminuant
en méme proportion que le paupérisme, le christianisme
ne serait donc plus vrai ! Pour que le christianisme soit
vrai, H faut que la bascule, par suite la misère et le crime,
soient éternels... "
Lisant le Dictionnaire des Hlrlsies de l'abbé Pluquet,
Proudhon s'arrête, de lassitude, à la dernière de ces
doctrines, à celle des Sociniens qui, n'interprétant l'écriture que Pilt les lumières de la raison, rttrancMrmt du
christianisme tous les mysares. Il connaît ce qu'il appellera

DEUX LIVRES SUR PROUDHON

535

plus tard : " les déchirements de la conscience, lorsqu'elle
passe de l'état &lt;le foi à celui de justice philosophique."
Déchirements plus cruels, si Proudhon ne s'était alors
fait un ami : l'étudiant Gustave Fallot. Tous deux se
complétaient à merveille : " l'un tout bourgeois, délicat,
souple, douteur ; l'autre tout peuple, robuste et fonçant
droit, inapte au doute; l'un observateur lent et sô.r; l'autre
qui se fie à son instinct rapide. " Fallot enseigne à son
ami que le glnie, c'est l'attention. Fallot étudiait la linguistique ; Proudhon l'étudie à sa suite (Bonald l'y disposant
d'avance) ; et la lecture de la Bible en hébreu va devenir
un aliment de sa pensée.
Surviennent les journées de juillet ; d'abord il semble
que par elles bien peu de choses soient changées. Doit-on
dire que 1830 est la date d'une révolution bourgeoise, et
1848 la date d'une révolution socialiste?" Cette opinion
est fausse, dit fort justement M. Halévy. 1848 est la date
d'une crise douloureuse et vaine, d'une liquidation sanglante d~ espoirs. 1848 n'inventa rien. l830, au contraire, et les trois années qui suivirent, marque la vraie crise,
l'invention des idées, l'initiative des mouvements. Alors
le saint-simonisme, le fouriérisme et le blanquisme se
forment à Paris dans les cénacles et les clubs ; et le syndicalisme plante son drapeau noir sur la colline de la
Croix-Rousse ... Jamais la croyance révolutionnaire ne fut
si puissante qu'alors.". Or c'est dans l'atelier où travaille
Proudhon que Fourier fait imprimer sous ses yeux le
Nouveau Monde Industriel. Et Proudhon est fouriériste
pendant quelques jours ou quelques semaines. Ce qui
bient6t le détourne de ce système séduisant et nal'f, ce
sont ses répugnances morales plus encore que sa raison.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
536
La crise produite par la Révolution a contraint

Proudhon au cb6mage. Fallot, installé dans Paris, rêve de
l'y attirer : et sa confiance clairvoyante va jusqu'à la plus
audacieuse prophétie :
" Conservez cette lettre, relisez-la d'ici quinze ou
vingt ans, vingt-cinq peut-être, et si alors la prédiction
que je vais vous faire ne s'est pas accomplie, bn1lez-la
comme d'un fou, par charité et par respect pour ma
mémoire.
" Voici ma prédiction : vous serez, Proudhon, malgré
vous, inévitablement, par le fait de votre destinée, un
écrivain, un auteur ; vous serez un philosophe, vous
serez. une des lumières du siècle, et votre nom tiendra sa
place dans les fastes du XIXe Siècle, comme ceux de
Gassendi, de Descartes, de Malebranche, de Bacon dans
le XVIIe, comme ceux de Diderot, de Montesquieu,
d'Helvétius, de Locke, de Hume, de d'Holbach dans le
XVIIIe. Tel sera votre sort ! Maintenant, agissez à
votre guise, composez des caractères, élevez des bambins,
~ngraissez-vous dans une retraite profonde, recherchez
des villages obscurs et écartés, tous cela m'est égal ; vous
n'échapperez pas à votre destinée. "
.Puis, dans la lettre suivante, il l'exhorte à ne pas se
perdre en vaines hésil:::ltions : " La volonté, la volonté,
Proudhon ! c'est un levier dont vous ne connaissez pas la
puissance ... Tranchez, finissez-en ; si vous voulez quitter
l'imprimerie, si vous pouvez quitter Besançon, si vous
voulez arriver à ce but par la voie la plus courte, la
voici : venez à Paris, j'ai un lit
vous donner, j'ai un
revenu de 1500 li~res à partager avec vous ... " Cette
insistance laisse deviner les sentiments de Proudhon : ses

a

DEUX LIVRES SUR PROUDHON

537

forces inemployées le tourmentent, non le besoin de
quitter l'atelier, où il se sent dans son emploi et dans
son ordre; mais vivant alors au jour le jour, comment ne
serait-il pas tenté par une chance à courir ? Dans ce
Paris qui ne le séduit point, qu'il regarde avec méfiance,
il travaille fort, s'exalte et s'irrite, méprise avec son ami
les vaines déclamations. Mais ce mépris commun ne les
rapproche point ~ Fallot ne croyait pas au salut des
sociétés humaines, Proudhon y croyait naïvement et douloureusement, allait jusqu'à ce rêve de coaliser contre le
vice et le crime mille ou cent zélateurs du droit faisant
office de francs-juges ! Tous deux souffraient de leurs
disputes, de leur misere. Le choléra sévissait
Paris ·
.
'
Fallot fut atteint, et Proudhon le veillant, attendant
l'agonie, le vit se redresser, tendre les mains, lui dire :
" Si je meurs, jurez-moi que vous m'immortaliserez ! "

a

Fallot survécut. Mais la présence de Proudhon devenait une charge ; il partit chercher du travail en province:
"Lyon, Marseille, Draguignan, petit tour de France " ;
en juin 1832, pendant qu'on se bat
Paris, visite au
maire de Toulon, qu'il somme de lui fournir du travail.
De retour à Besançon, il poJ.1rrait devenir directeur de
journal. On l'a,ertit : " Naturellement vous ne direz
pas toutes vos pensées... - Et pourquoi non ? " par
exemple "pourquoi ne professerait-on pas publiquement
un pyrrhonisme absolu sur tous les ministères présents,
passés et futurs ? Pourquoi n'inviterait-on pas les populations
se rendre elles-mêmes capables de gérer leurs
affaires ... ? " On devine le succès d'un tel programme.
Proudhon sera-t-il du moins journaliste ? Son premier
article est écrit ; avisé qu'il y faut le mandat du préfet, il
jette au feu les pages toutes fraîches. Bientôt il rentre

a

a

�538

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

chez ses anciens patroI}s et vit là trois années heureuses.
Même travail qu'à ses débuts, même pureté dans ]'amour,
mais non plus mêmes croyances; deux grands ouvrages dont
il surveille l'édition : le Dictionnaire théologique de Bergier,
puis une Bible latine, nourrissent son esprit et toujours y
renforcent l'exigence d'une règle absolue des mœurs,
d'une loi qui s'impose aux hommes.
En I 836, il s'établit imprimeur à son compte, avec
deux associés. Fallot meurt ; et cette perte, provoquant
chez son ami une sorte d' "horreur divine", ravive le
souvenir de la promesse faite dans 1a veillée funèbre.
Fallot ne laissait après lui qu'un livre de linguistique ;
c'est aussi Sllr le langage que Proudhon, à vingt-six ans,
écrit son premier mémoire : une polémique contre les
grammairiens qui soutiennent que le mot premier est le
verbe être. Non, ce verbe tout abstrait n'est ni le plus
essentiel, ni le premier des mots. "Des que l'homme a
ouvert la bouche pour parler, il nous semble qu'il a dCt
dire : moi. " Ce qui est premier, absolu, c'est non pas
l'individu, mais la personne, sujet des mœurs. Ainsi ce
solitaire ardent s'inventer ~ne croyance prétend, par la
science des mots, surprendre le secret de l'univers : " Que
dirait-on, si je soutenais qu'un jour l'étude du langage et
de la philologie nous rapprochera tellement de Dieu,
que nous croirons le voir et le toucher ?...'-'
Cependant l'imprimerie périclite faute d'argent. Pour
élargir sa clientèle, Proudhon retourne à Paris, qui lui
répugne comme autrefois : "Mille causes me font
abhorrer le séjour de la capitale et m'inspirent pour sa
population désespérée une véritable pitié. Tout chante,
tout rit, tout s'agite autour de moi ; il semble que pour

a

DEUX LIVRES SUR PROUDHON

539

jouir on veuille entrer en convulsion. Les riches s'en
donnent jusqu'à épuisement; les pauvres travaillent et
épargnent pendant quatre semaines pour être heurrox
une nuit. " Aussi, postulant cette bourse d'étude qu'on
appelait la pension Suard, voudrait-il en profiter sans
sortir de son métier ni de sa province. "La Franche-Comté
peut devenir l'arche du genre humain." C'est en mai
1838 qu'il écrit sa lettre de candidature; il y résume
sa vie passée, et ses projets d'avenir : « Né et élévé au
sein de la classe ouvrière, lui appartenant encore par le
cœur et les affèctions, et surtout par la communauté des
souffrances et des vœux, ma plus grande joie, si je
réunissais vos suffi-ages, serait, n'en doutez pas, Messieurs,
de pouvoir désormais travailler sans relâche, par la science
et la philosophie, avec toute l'énergie de ma volonté et
toutes les puissances de mon esprit, à l'amélioration
morale et intellectuelle (Proudhon avait écrit d'abord :
à l'affranchissement complet) de ceux que je me plais à
nommer mes frères et mes compagnons."
A certa,ins des juges, cette déclaration parut dénoncer
une tête chaude, un fort mauvais coucheur. Mals l' Académie de Besançon ne se montra pas moins libérale que
ne l'avait été jadis celle de Dijon à l'égard de Rousseau.
Au scrutin du 23 aoCtt, Proudhon emporta sa pension.
Nulle fumée d'ambition ne lui monte alors à la tête ; il ne
songe qu'à sa mission : "Je suis opprimé des honteuses
exhortations de tous ceux qui m'environnent. Quelle
fureur du bien-être je vois partout l... Prouvons que nous
sommes sincères, que notre foi est ardente, et notre
exemple changera la face du monde. La foi est contagieuse ; or, on n'attend plus aujourd'hui qu'un symbole,
avec un homme qui le prêche et le croie, .,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

DEUX LIVRES SUR PROUDHON

Le biographe abandonne Proudhon au cours de sa
trentième année. Vraiment, il n'a rien négligé pour
montrer quelle concentration de forces obscures et quelle
accumulation de pens«s ont déterminé pour toujours le
sens de cette grande vie.

Il
M. Bouglé s'est proposé d'écrire non pas un récit biographique, mais un exposé de doctrines. Toutefois, par le
fait même qu'il ne retient de Proudhon que ses œuvres
destinées au public, il se trouve que cc livre commence à
peu près où l'autre finit. C'est comme la suite d'une
même histoire. Sans doute nous n'y voyons point toutes
les épreuves de Proudhon, les événements de sa vie personnelle et familiale, ses relations avec ses contemporains,
tout cc que nous révélera plus tard la confrontation des
lettres, des journaux intimes, des témoignages confidentiels. Mais attendre tout cela n'est pas ignorer l'essentiel
d'une période où l'existence de !'écrivain tend à se renfermer dans sa production.
Tout lecteur peut s'intéresser à la formation d'un
puissant caractère ; tout lecteur gagne à vérifier sur un
exemple que la vocation du réformateur social n'est pas
moins naturelle ni moins impérieuse que celle du poète
ou de l'artiste. Cet enseignement ne serait pas accru
par une esquisse trop brève, et nécessairement infidèle,
des théories de Proudhon. Pour rassembler en trois cents
pages la substance de -tant de volumes, depuis la Clllbration du Dimanche jusqu'à la Capacitl politique des classes

541

ou'IJrièm, M. Bouglé lui-même a dtl consentir maints
sacrifices. Je ne puis que renvoyer à son essai, mais non
sans prévenir une méprise qui empêcherait de l'apprécier
à sa valeur.

La Sociologie de Proudhon : tel est le titre de l'ouvrage,
Toutes thèses sociologiques impliquent, selon l'auteur,
ce postulat commun : La réunion des unitls individuelles
engendre une rlalitl tJriginale, qutlfjut chose de plus et quelque
chose d'autre que leur simple somme. La " métaphysique du
groupe " va-t-ellc donc nous être donnée pour le seul
fil conducteur qui relie les conceptions proudhoniennes ?
M. Bouglé s'est bien gardé de cette erreur. Son dessein
se borne à nous faire connaître et comprendre Proudhon.
Or il est trop aisé de le comprendre mal : maintes
contradictions apparentes surgissent, quand on oppose
directement des affirmations provisoires ou partielles, auxquelles on attribue à tort une signification absolue ; ces
contradictions se dissipent, dès qu'on rétablit les idées
intermédiaires. Si le point de vue sociologique doit être
enfin mis en pleine lumière, ce n'est pas qu'il absorbe
ou domine les autres; mais, bien qu'il soit partout présent,
la plupart des commentateurs l'ont négligé; et cette
omission est cause des plus graves malentendus.
" Pour le véritable économiste, la société est un être
vivant, doué d'une intelligence et d'une activité propres,
régi par des lois spéciales que l'observation seule découvre...
Et de là vient que le gouvernement des sociétés est
science, - c'est-à-dire étude de rapports naturels - et
non point art, c'est-à-dire bon plaisir et arbitraire, " " La morale, c'est une révélation que la société, le
collectif fait à l'homme, à l'individu ... " Des expressions

�54 2

LA NOUVELLE REVU.E l'RANÇAISE

aussi fortes dépassent le solidarisme, vont jusqu'à ce qu'on
peut appeler le " réalisme social. " Pourtant elles
n'effacent pas, - M. Bouglé le sait et le proclame, cet individualisme intransigeant qui nous frappe d'abord
chez Proudhon. Exigeant que chaque ftme humaine
puisse devenir " un rep,;:ésentant de l'humanité tout
entière" défendant avec énergie la personnalité " libre,
active, raisonneuse, insoumise, " toujours Proudhon
s'est proposé d' "insurger la raison des individus contre la
raison des autorités. ,,
Mais alors pourquoi ne rejoint-il pas l'anarchisme
de Stirner ? Au lieu de s'en tenir .à l' "égorsme
rationnel" et d'im;iter l'individu, l'Unique, à se prendre
pour centre et pour fin, pourquoi le convie-t-il, au
contraire, à s'unir à ses semblables dans l'égalité des
droits. Ce n'est pas inconséquence, timidité de pensée,
acceptation passive d'un préjugé moral, mais reconnaissance d'un fait ; " Ce que les uns nomment conscience,
les autres raison pratique, etc., est pour moi l' Essence
sociale, l'être collectif qui nous contient et nous pénètre,
et qui par son influence, sa révélation, achève la constitution de notre ime. '' - Non point que la masse
humaine porte en elle dès l'origine une claire intuition
de la Justice, 9u bien y soit acheminée par un progrès
rectiligne et fatal ; l'histoire économique et politique
prouve qu'il lui faut traverser toutes les formes d'injustice et d'erreur. Mais cette histoire est une dialectique
en action : au cours de ses expériences, l'être collectif,
peu à peu, dégage la notion de ces lois d'équilibre auxquelles l'individu, une fois averti, ne peut échapper sans
.déchoir. - Seulement, que faut-il entendre par cet "être

DEUX LIVRES SUR PROUDHON

543

collectif? " lei la distinction précise entre sociftf et communautf aide à fixer la pensée de Proudhon : Eglise, état,
famille, eorporation, ces diverses sortes de communauté
comportent toutes un haut degré de pre~sion ou de
contrainte. Or l'invention juridique et morale naît
justement dans les cas ou la transaction d'intérêts n'est
pas imposée par la force ou l'opinion, mais résulte, après
discussion, d'un contrat mutuel librement consenti :
" L'impersonnalité de la raison publique suppose pour
principe la plus grande contradiction, pour organe, la
~lus grande multiplicité possible, .• Lorsque deux: ou plusieurs hommes sont appelés à se prononcer contradictoirement sur une question, ... il résulte de l'élimination qu'ils
sont conduits, à faire réciproquement et respectivement
de leur subjectivité, c'est-à-dire de l'absolu que le moi
affirme et qu'il représente, une manière de voir commune
.
'
qui ne ressemble plus du tout, ni pour le fond, ni pour la
forme, à ce qu'aurait été, sans ce débat, leur façon de
penser individuelle. Cette manière de voir dans laquelle
il n'entre que des rapports purs, sans mél~ge d'élément
métaphysique ou absolutiste, constitue la raison collective
ou rl;!ison publique. " Cette raison, - et avec elle la
société dont elle est !'Ame, - cesserait de progresser, si
les co~tumes, les croyances, l'organisation du groupe
ét?uffa1ent la discussion. Proudhon le sociologue est donc
lotn de conclure au conformisme social.
Dans le détail, les difficultés d'interprétation sont trop
non_ihreuses pour que M. Bouglé les laisse toutes résolues.
Mais'. reportant chaque livre à sa date, l'expliquant par
les circonstances, et marquant ses rapports avec d'autres
doctrines du même temps, il nous fournit l'introduction

�544

LA NOtJVELLE REVUE FRANÇAISE

indispensable à toute lecture de Proudhon. Plus d'un
motif suscite le besoin d'un tel guide: Non seulement
Proudhon ne se relit jamais, trop fougueusement pressé
de mettre au jour des vérités nouvelles pour se retourner
vers la dche accomplie, et mettre ses découvertes en
accord avec ses jugements passés. Non seulement les faits
extérieurs _ transformations industrielles et financières,
projets de loi, campagnes de presse, révolution, coup d'état
_ le somment de se prononcer vite pour ne pas manquer
l'heure de l'action efficace. Mais en un même livre sa
pensée est toujours, comme le constate M. Bouglé, " une
pensée à feux tournants ou à facettes nombreuses, qu'elle
ne montre que l'une après l'autre. ., Il invente par contradiction; l'invention n'est ample et compréhensive que parce
qu'elle contredit tout ensemble à plusieurs erreurs différentes. Ainsi porté naturellement vers la méthode hégelienne,
Proudhon a longtemps cru qu'en chaque antinomie les
termes opposés peuvent être conciliés en une synthé e qui
les dépasse. Mais plus il vieillit, plus il marche vers " une
philosophie plus large, admettant œns un ~ystém_c . la
pluralité des principes, la lutte des éléments, 1oppos1t1on
des contraires. " - " L'antinomie ne se résoud pas.•.
Les deux termes dont elle se compose se balancent. • .
C'est de l'opposition de ces éléments que jaillit le mouvement politique, la vie sociale. '' Donc, "a.fin d'assurer la
paix ttnir les lntrgies sociales tn lutte perpltuelle. ., Cette
solu:ion paradoxale autant que sage, cet idéalisme viril
qui repousse la chimère d'un équilibre sans tension et sans
combat , n'est-cc point là ce qui, par dessus tout, assure
l'influence de Proudhon sur les hommes d'aujourd'hui ?
Faut-il donc ne lui demander que l'exemple d'une

DEUX LIVRES SUR PROUDHON

545

attitude énergique, ou, si l'on consulte son œuvre, n'y
chercher que des suggestions éparses? Mais l'empirisme,
le pragmati me, l'intuitionnisme, sont loin de l'esprit de
Proudhon : rationaliste convaincu, il n'a jamais cessé
d'admettre que toutes les vérités se tiennent, que les principes contraires et les forces hostiles ont leur place
marquée dans un ordre vivant. Ce n'est donc pas le trahir
que de compléter comme on peut les lignes d'un système
par lui-même ébauché.
Pourtant, la tentation est grande d'utiliser autrement ses
écrit . Aux partis mêmes dont il fut l'adversaire, aux fils
de ses ennemis, il tend des armes toutes prêtes : Voici des
invectives contre Rousseau, qui s'allient bien sur une
affiche à celles de Lemaître et de Maurras; voici, contre
la Réforme, un réquisitoire sévére et lucide; ailleurs, une
apologie de la guerre; une condamnation en règle de la
démocratie politique et du suffrage universel. S'équiper
dans cet arsenal est un acte de bonne guerre. La mauvaise
foi commence quand telle boutade de Proudhon, telle pièce
détachée de sa démonstration totale, est présentée simplement comme le dernier mot de sa réflexion, ou comme
l'arrêt sans appel de sa conscience révoltée.
MICHEL ARNAULD.

4

�JEAN BAR.OIS

547
MARC-ELIE LUCE:

JEAN BAROIS
(FRAGMENT) 1

•

JEAN BAROJS:

Soixante ans passés.
Des épaules larges, mais voûtées.
Une tête vigoureuse. Un front ca"é, dégarni.
Des cheveux gris, drus et durs. Entre les paupières courbes, plissées, un regard éteint, ou passent encore de brèves lueurs. Aux coins de la
moustache blanchie, qui voile r amertume des
lèvres, deux entailles profondes, par où les joues
semblent s'être vidées de leur chair.

De quelques années plus dgé que Darois.
Une tdte farte, mal proportionnée au corps.
Deux yeux clairs, étrangement enfoncés entre
un front immense et une barbe en éventail. Les
yeux sont d'un gris fin, caressants etjeunes. Le
front, bombé, nu, accapare le cr4ne. La barbe
est toute blanche•
li est l'auteur d'un ouvrage en dix volumes,
Le passé et l'avenir de la croyance, qui lui
a fait attribuer une chaire d'histoire religieuse
à la Sorbonne puis au Collège de France.

. . . . . .

.

. . . . .

UN APPARTEMENT MODESTE,
RUE DE PASSY
Luce, à sa table de travail.

Il a créé, puis dirigé pendant vingt ans de
lutte quotidienne, le Semeur, ancien organe du
dreyfusisme militant, transformé, depuis/' Affaire,
en une revue bi-mensuelle.
Cc chapitre est détaché d'un l'oman de Roger Martin du Gard,
Jean Barois, qui doit paraître ce mois-ci aux éditions de la Nou&lt;velle
Rl'Vut Française. L'épisode auquel nous empruntons ces pages est
intitulé: L'Age Critique.
1

Il retire Mtivement ses lunettes en voyant entrer
Barois, et va vers lui.
LUCE, -

s'est-il passé

Je suis bouleversé, mon cher ami ... Que

r

Barois, essoufflé par les trois étages, s'assied lourdement, le poing sur le cœur ; son sourire demande quelque répit,
LUCE (apr~s un instant). mot aucun motif plausible...

Je n'ai trouvé dans votre

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

BAROIS. - Je vous en prie, mon vieil ami, ne cherchez
pas à me convaincre. Ma décision est prise.
Luce fait un geste d'incompréhension, et va s'asseoir
à son bureau.

JEAN BAROIS

549

comme un vaincu, vous comprenez ? Un dernier numéro,
tout entier pour moi seul. Apres, je me tairai.
LUCE. -

Vous ne pourrez pas !

BAR0rs. - J'y pensais depuis longtemps, ce n'est pas un
coup de tête.

BAR0IS. - Pourquoi donc? Justement, les médecins me
prescrivent le repos ; ils veulent que je quitte Paris, que
je m'installe en banlieue, au grand air...

LUCE (attentif). Remettez-vous à un nouveau travail, Barois, et vous verrez, vous retrouverez vite l'équilibre !

Un homme comme vous ne se condamne pas
volontairement au silence !
LUCE. -

Oh si !... Il y a des stations, dans la vie, où
il faut savoir s'arrêter, se tour!}er sur soi-même et prendre
une détermination.
BAROis. -

BA.ROIS. - Je suis incapable de faire un projet. (Soucieux)
D'aÙleurs je vais avoir à m'absenter bient&amp;t ... Vous savez,
cette cérémonie en Belgique ... Ma fille prend le voile dans
quinze jours ...

(vivement). -

Ah ..• Eh bien, attendez, croyezmoi, ne prenez aucun parti avant votre retour.
LUCE

(penché). -

Supposez un instant que les r&amp;les
soient renversés; que je sois venu vous dire : "Je quitte
tout, je renonce vivre ... "
LUCE

a

Ah, vous, vous n'en auriez pas le droit!
Mais ce n'est pas la même chose.
BAROis. -

Barois devine sa pensée; il sourit péniblement.

BAROis. - Non, ce n'est pas ça ... Je ne suis plus, m
physiquement ni moralement, le chef qu'il faut au Semeur.
L'entrain n'y est plus. Le public s'en aperçoit bien. Et les
collaborateurs! En fait, la direction m'échappe de jour
en jour : ce sont les jeunes venus qui donnent le ton,
maintenant. (Sourire amer) Moi je suis le vieux, débordé
et suspect .••
Il tire de sa poche un manuscrit plié qu'il pose
sur le bureau.

BAR0is. - Tenez. J'ai voulu vous soumettre ça: une
sorte de confession, de testament... J'ai l'intention d'y
consacrer un numéro du Semeur. Pour ne pas m'en aller

LUCE. -

Je n'ai rien que vous n'ayez vous-même ...

BAROis. - Vous avez une sagesse qui accepte tout ce ;
qui arrive ... C'est la différence qu'il y a entre le bonheur
et le malheur.
LUCE (souriant). Il est si facile de ne chercher son
bonheur que dans les satisfactions de la raison !

BAR0IS {farouche). -

Elles ne me suffisent plus

!

Une pause.

.BA.ROIS. - J'en ai assez de me débattre dans une vie
dont le sens m'échappe...
Luce est assis, les bras croisés, les yeux à terre. Aux

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

55°

derniers mots de Baroia, il lève son regard pensif et
reste un instant avant de répondre.
Voila le point malade•. , Mais pourquoi vouloir
à tout prix porter un jugement définitif sur la vie ? Pourquoi toujours poser ces problemes insolubles ?
LUCE. -

Pourquoi i Mais parce que
si je disparais, moi, avant d'en avoir la clef, mon effort
n'aura abouti à rien ! Qu'est-ce que vous voulez que ça
me fasse, à moi, Barois, de penser que dans deux mille
ans, on en saura peut--être un peu plus que: nous ? Cette
énigme, c'est moi seul qu'elle oppresse l
BAROIS

(violtnu soudaine). -

LUCE. I1 faut se rappeler que Moîse n'est pas entré
en Terre promise...
BAROIS (avec une animositl involontaire). Ah, je ne
sais vraiment pas comment vous êtes fait ! On dirait que
vous ne vous êtes jamais trouvé en tête à têtë avec la
mort ! Vous avez eu des chagrins, pourtant, des deuils.
Après la mort de votre femme •..

Oui, à ce moment-là, j'ai désespéré de tout... Pendant plusieurs
semaines. (Relevant le front) Et puis, un matin, dans le
jardin, - nous habitions encore Auteuil, - je me souviens, j'ai. vu à nouveau les arbres, le soleil, les petits ...
Peu à peu, j'ai remonté la pente.
LUCR

(d'un, voix Jubitement voi/le). -

551

JEAN BAROIS

mordu là, qui m'attire par ce lambeau de chair malade,
qui m'attire, moi, mon œuvre, la joie que j'aurais à vivre...
Ab, je ne peux pas me résigner à ce néant !
Un silence.
LUCE. - Nous ne voyons pas les choses de même. Pour
moi, la vie et la mort se sont toujours confondues, C'est
la suite du même mystère. Et j'envisage ainsi le problème
depuis tant d'années, que je n'ai plus la moindre velléité
de révolte.
BAROIS. -

Votre consentement est au-dessus de mes

forces!

Je ne consens pas! Mais je ne m'insurge
pas non plus, Je me sens si peu de chose dans l'agencement
des lois universelles•.. Je me suis habitué à n'étrc: qu'une
parcelle d'univers qui accomplit sa destinée ; je me relie
au passé et à l'avenir; je me devine, par avance, prolongé
par ceux qui feront, après moi, la même œuvre que moi.
(Souriant) Je vous répète que les satisfactions de la raison
ont pour moi une extrême importance: ce que la mort
a de rationnel, quand on l'envisage ainsi, me la fait
accepter aussi naturellement que la naissance.
LUCE. -

BAR0IS. LUCE. -

Je vous envie.
Mais ce calme est à la portée de chacun !
Barois secoue la tête.

BAR0is. - Moi, voyez-vous, je n'ai plus une heure de
paix, depuis que je sens mon tour approcher ! Autrefois
je me disais : " Oui, elle viendra, elle me prendra, comme
les autres" ... (La main au cœur) Mais maintenant je sais
par o?J, et to1,1t est changé ! Je sens son crampon qui a

LUCE (ton de reproche). Je vous assure que si j'étais,
comme vous, paralysé par la mort, je me contraindrais
à réagir. Nous sommes un fragment de vie universelle,
- peut être le seul qui ait conscience de lui-même:

�55 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

cette conscience nous fait un devoir de tJivrt Je plus
po sible.
Vous, Barois, vous qui aimiez tant la vie !

(avec dJuspoir). -

Mais je l'aime plus que
jamais, mon ami, et c'est bien ce qui m'empêche d'accepter qu'elle puisse finir! Plus j'aime la vie, et moins je
me résigne aux condition dan lesquelles il faut vivre.
Pourquoi la conscience, si c'est pour contempler le néant?
BAROIS

Luce le regarde sans répondre.

Le néant... J'ai beau me raisonner, je ne peux plus
sortir de là l
LUCE. Vous vous lai ez dominer par votre moi.
C'est fréquent, lorsqu'on vieillit : la personnalité devient
plus précise, plus pesante ; on est moins sollicité par l'extérieur, on concentre ses facultés sur soi ... Il faut lutter
contre cette ankylose !

(s'abandonnant). -Ah, mon pauvre Luce, comment ne pas désespérer de tout ? V oyons! A quoi ont
abouti nos efforts ? Récapitulez nos déceptions, depuis

JEAN BAROIS

LUCJ! (très formt). - Non, je ne peux pas vous suivre,
je ne peux pas voir le monde si mauvai que vous le
faites ... Non ... Au contraire, je vois qu'en somme, malgré des écarts, qui me désespèrent autant que vous, c'est
tout de même l'ordre et le progrès qui finissent par
gagner, peu à peu ... Vue d'ensemble, l'humanité avance.
C'est incontestable. Aucun esprit de bonne foi ne pourra
le nier.

Barois se met à rire.

BAROIS

l' Affuire l Partout le mensonge, l'intérêt, l'injustice sociale,
comme avant I Où est-il le progrès ? Y a-t-il une seule
de nos certitudes qui se soit imposée, grâce à nous? Au
contraire, je constate plut6t un recul, puisque les jeunes
nous renient, et qu'ils ont pris le contrepied de tout
ce qui nous avait paru définitif l Quelle pitié! Voilà que
beaucoup d'entre eux se soumettent intégralement au
catholicisme ! Est-cc qu'ils ignorent nos attaques ? Non,
mais ils y ont trouvé des répon es en accord avec les
besoins de leurs tempéraments, et ils sont assurés, autant

553

que nous l'étions nous-mêmes! Ils ont même découvert
de subtils détours pour réhabiliter le libre arbitre, et pour
s'en faire une rai on d'agir! Ce sont des faits, mon cher ...
Nous aurons beau travailler à améliorer le sort des
autres, à les affranchir, toute la nature travaille contre
nous : toutes les injustices, toutes les erreurs renaissent
avec chaque couvée neuve, et c'est toujours la même
lutte, et toujours la même victoire du fort sur le faible,
du jeune sur le vieux, éternellement !

BAR01s. Avouez donc que la croyance au progrès
est un postulat optimiste qui est nécessaire à votre équilibre
personnel!

Le progrès ? L'outillage, les méthodes, oui, tout cc qui
dépend de l'observation et de l'exercice, a progre é .••
Mais dans le fond qu'y a-t-il de nouveau depuis les
philosophes grecs? Sur la vie, sur la mort, nous n'en
savons pas plus qu'eux ... Conjectures ! Impossible d'affirmer ni de nier avec certitude l'existence de l'âme, la
liberté...
C'est déja beaucoup d'avoir bien prouvé que
tout se passe comme si l'à.me et la liberté n'existaient pas.
LUCE. -

�554

LA NOUVELL.B REVUE FRANÇAIS!

BARors.
Ces acquisitions négatives et provisoires
ne me contentent plus !
Vous aussi, Barois,
atteint par la contagion? Ah, je reconnais que
à une époque bouleversée... Mais comment
vous pas que c'est l'avenir qui germe sous
rancc ! Tu enfanteras dans la douleur...
LUCE (tristtmmt). -

vous voilà
nous vivons
ne sentez..
cette souf-

Vous n'avez pas prononcé le cri du ralliement actuel,
mais il était déjà sur vos lèvres : lo faillite dt la scienu...
Formule commode ! Une classe ignorante la répète depuis
dix ans, et la jeune génération s'en est emparée, sans
révision ; car c'est plus facile à affirmer qu'à vérifier ...
(Avtc orgu,il) Pendant ce temps-là, clic travaille, la science
en faillite, et son apport s'accroît peu à peu : les théories
qu'elle avait provisoirement ébauchées, elle les retouche
quotidiennement, elle les consolide par de nouvelles découvertes ... Elle avance sans répondre, - et c'est elle qui
aura le dernier mot !
Il se lève et fait quelques pas, les mains derrière le
dos.
C'est w1e réaction inévitable .•. Stupidement,
on a voulu exiger de la science beaucoup plus qu'elle ne
pouvait donner à ses débuts, peut-être même plus
qu'elle n'est susceptible de donner jamais. On a cru tout
possible d'elle. Et maintenant il y a des esprits scientifiques,
comme vous, qui se laissent aveugler par leur point de
vue individuel : ils se disent naJvement, quand sonne leur
soixantaine : " Voilà trente ans que je travaille. En ces
trente années, mon existence à moi s'est chargée d'événements ... Eh bien, pendant ce temps, la science, qu'a.-t-elle
LUCE. -

JEAN BAROIS

555

fait? Je ne vois guère qu'elle ait progressé." (Elt'Vant la
voix) La faillit, de la uienu, mon ami, rlsultt tout simplemmt dt la disproportion 9ui existe tntrt la brièvetl d1 notre
flÎe a' hommts, et la lente lvolution dts connaissanm. Vous et
les autres, vous êtes le jouet d'une apparence : vous êtes
comme nos ancêtres qui ont affirmé pendant des siècles
l'inertie du monde minéral, parce qu'au cours de leur
rapide existence ils n'arrivaient pas à observer de modi_fication sensible dans la composition d'un caillou!
Barois l'écoute avec une incurable indifférence.
Oui ... autrefois ce genre de raisonnement
me satisfaisait. Maintenant non. J'y vois un agencement
logique : mais rien de tout ça ne m'atteint à l'endroit où
je souffre ...
BAltOIS. -

Un silence.
BARDIS

(les larmes aux ytux). -

Ah, c'est affreux de

vieillir...
LUCE

(vfotmmt). -

Mais vous êtes plus jeune que moi?

(grave). - Je me sens très vieux, mon cher.
suis une machine usée : les leviers n'obéissent plus. Le
cœur bat la breloque. J'ai là (il touche sa poitriru) comme
un soufflet percé.•. Le moindre refroidi ement me met
au lit, avec la fièvre ... Je suis fini, je me sens incapable
de fournir une étape nouvelle ...
BAROIS

Je

LUCE

(sans conviction). -

Vous traversez une période

de dépression qui passera ...
(avu rancune). - Mais vous ne sentez donc pas
la années, vous ! Le cerveau qui fléchit, les habitudes
BAROIS

�556

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qui se figent ... L'isolement, le vide sentimental, l'impossibilité de prendre quelque chose à cœur... Ah, sapristi,
je les sens bien, moi ! Ma vie est bloquée ; c'est une
impression atroce. Je suis incapable d'activité, je n'ai plus
qu'une mortelle envie d'avoir envie d'agir !
Et quand je me retourne vers le passé, qu'est-ce que
j'y trouve ? Qu'est-ce que j'ai fait?
Mouvement de Luce.
BARQIS (l'interrompant). - Evidemment, j'ai écrit, j'ai
aligné des mots, j'ai échafaudé des argumentations... Je
laisse des livres, des articles qui ont eu leur actualité ...
Mais croyez-vous que je sois dupe? que je m'illusionne
sur la pauvreté de tout ça ?

Vous méconnaissez votre vie, Barois, ce n'est
pas digne. Vous avez cherché ; vous avez trouvé des
parcelles de vérité ; vous les avez divulguées généreusement ; vous avez contribué à extirper quelques erreurs,
et à préserver quelques certitudes qui vacillaient ; vous
avez défendu la justice, avec une ferveur communicative,
qui a fait de vous, pendant quinze ans, l'Ame vivante d'un
parti ... (Simplement) Je trouve votre vie très belle.
LUCE. -

Une fierté dans les yeux de Barois. Il sourit et tend

la main.
Merci, mon ami ..• Autrefois, ces paroles-là
m'auraient fait plaisir.•. Je ne rêvais pas d'autre oraison
funèbre ... Mais maintenant ...
BAROIS. -

JEAN BAROIS

BAROIS (sombre). Mais je ne suis pas_ si sô.r que vous
d'avoir semé le bon grain ...

Luce le considère avec un découragement infini.

J'ai totalement changé d'attitude devant
l'univers. Je ne sais plus où j'en suis, voilà 1a vérité...
Certains jours, comme aujourd'hui, je ne peux plus accepter comme vrai ce que j'ai défendu jusqu'ici. Je sens bien
que je n'arriverais pas à me prouver logiquement l'inanité
de mes convictions passées ; mais, - je ne sais comment
dire, - c'est presque physiquement que je les repousse :
je les repousse parce qu'elles ne m'ont apporté que des
déceptions.
,,.
DAROIS. -

LUCE. -

Un silence.

LUCE. -

A quoi pensez-vous ?
Je viens d'avoir, en vous regard~nt, cette idée

Vous ne raisonnez plus ..•

Ah, on peut raisonner quand on a trente
ans, quand on a la vie devant soi pour changer d'opinion,
une sève qui bouillonne, du bonheur plein les veines !
BAROIS. -

BAROis. -

557

que beaucoup de ceux qui nous ont précédés ont dît
éprouver cette angoisse... Ces hommes, - à qui nous
sommes redevables de tout ce que nous avons pu faire
- ont dît avoir ce même désespoir, ont dei s'imaginer que
leur effort était inutile ... (Un temps) Allez, allez, Barois,
la vérité, c'est qu'il n'y a pas une bonne graine qui se
perde, pas une idée qui ne germe un jour, pas une
parcelle de conscience acquise, qui disparaisse. Savons-nous
si l'une des pensées que nous avons émises, vous ou moi,
ne sera pas le point de départ d'une découverte qui libèrera
davantage l'avenir ? Il suffit, pour avoir fait du bon ouvrage,
de s'être donné, humainement, toute sa vie. Quand on a
semé le mieux et le plus possible, on peut s'en . aller
en paix, et céder la place à d'autres....

�559

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Mais quand on se sent près du terme, on est tout petit
devant l'infini •••
(Tr~s lmtmunt, lts yeuJt perdu1) On a, par dessus tout,
un désir vague ... le désir d'on ne sait quoi •.. qui serait le
remede à toutes les transes... Un peu de paix, un peu
de confiance••• quelque chose sur quoi s'appuyer..• pour
n'être pas trop malheureux, pendant le temps qui reste
encore ..•

LE GRAND MEAULNES
TROISIEME PARTIE

Il redresse fa tête. Luce, qui souriait m~ancoliquement, rencontre son regard : son sourire s'évanouit.

CHAPITRE III
UNE APPARITION

Long silence.
Après un instant, Barois semble se ressaisir. Il tend
son manuscrit à Luce.
BAROIS, -

Tenez, lisez ça, voulez-vous ?
Vingt minutes passent.

Le jour décroît.
Luce s'est levé, pour s'approcher de la fenêtre. Une
symphonie de blancheurs : la vitre blême, le rideau de
mousseline, son front pale, sa barbe, les feu.illets...
Les coins de la chambre s'emplissent de grisaille.
Barois, les yeux fixes, attend.
Luce tourne la dernière page. Il la lit jusqu'au bout,
attentivement; la main qui tient le manuscrit s'abaisse;
il retire ses lunettes; ses paupières se plissent à chercher
Barois dans la pénombre.
LUCE. Mon pauvre ami, que voulez-vous que je vous
dise? Je ne peux plus rien pour vous, maintenant...
(Après une pause) Non ••. je ne peux plus rien pour
Yous, moj.,.

Je n'avais jamais fait de longue course à bicyclette.
Celle-ci était la première. Mais, depuis longtemps, malgré
mon mauvais genou, en cachette, Jasmin m'avait appris
à monter. Si déjà, pour un jeune homme ordinaire, la
bicyclette est un instrument bien amusant, que ne devaitelle pas sembler à un pauvre garçon comme moi qui
naguère encore traînais misérablement la jambe, trempé
de sueur, dès le quatrième kilomètre !. .. Du haut des
c&amp;tes, descendre et s'enfoncer dans le creux des paysages ;
d&amp;:ouvrir comme à coups d'ailes les lointains de la route
qui s'écartent et fleurissent à votre approche; traverser un
village dans l'espace d'un instant, et l'emporter tout entier
d'un coup d'œil... En rêve seulement j'avais connu jusquelà course aussi charmante, aussi légère. Les c6tes même
me trouvaient plein d'entrain. Car c'était, il faut le dire, le
chemin du pays de Meaulnes que je buvais ainsi ...
"Un peu avant l'entrée du bourg, me disait Meaulnes,
1

ROGER MARTlN DU GARD.

1

du

Voir la Nouvell, Rzvur Fra11çaise du
Septembre.

1•

1"

Juillet, du

1 ..

AoClt et

�LA NOUVELLE REVUR FRANÇAISE .

lorsque jadis il décrivait son village, on voit une grande
roue à palettes que le vent fait tourner... " Il ne savait pas
à quoi elle servait ou peut-être feignait-il de n'en rien
savoir pour piquer ma curiosité davantage.
C'est seulement au déclin de cette journée de fin
d'aoô.t que j'aperçus, tournant au vent dans une immense
prairie, la grande roue, qui devait monter l'eau pour une
métairie voisine. Derrière les peupliers du pré se découvraient déja les premiers faubourgs. A mesure que je
suivais Je grand détour que faisait la route pour contourner
le ruisseau, le paysage s'épanouissait et s'ouvrait ... Arrivé
sur le pont, je découvris enfin la grand'rue du village.
Des vaches paissaient, cachées dans les roseaux de la
prairie et j'entendais leurs doches, tandis qu_e, de~cendu de bicyclette, les deux mains sur mon guidon, Je
regardais le pays où j'allais por~er une si grave nouvelle.
Les maisons, où l'on entrait en passant sur un petit pont
de bois, étaient toutes alignées au bord d'un fossé qui
descendait la rue, comme autant de barques, voiles carguées, amarrées dans le calme du soir. C'était l'heure où
dans chaque cuisine on allume un feu.
Alors la crainte et je ne sais quel -obscur regret de
venir troubler tant de paix commencèrent à m'enlever
tout courage. A point pour aggraver ma soudaine faiblesse,
je me rappelai que la tante Moinel habitait là, sur une
petite place de la Ferté d' Angillon.
C'était une de mes grand'tantes. Tous ses enfants
étaient morts et j'avais bien connu Ernest, le dernier de
tous, un grand garçon qui allait être instituteur. Mon
grand oncle Moine!, le vieux greffier, l'avait s~i~i de pr~s.
Et ma tante était restée toute seule dans sa bizarre petite

LE GRAND MEAULNES

maison, où les tapis étaient taits d'échantillons cousus, les
tables couvertes de coqs, de poules et de chats en papier,
~ mais où les murs étaient tapissés de vieux dipl6mes, de
portraits de défunts, de médaillons en boucles de cheveux
morts.
Avec tant de regrets et de deuil, elle était la bizarrerie
et la bonne humeur même. Lorsque j'eus découvèrt la
petite place où se tenait sa maison, je l'appelai bien fort
par la porte entr'ouverte, et je l'entendis tout au bout des
trois pièces en enfilade pousser un petit cri suraigu :
- Eh là ! Mon Dieu !
Elle renversa son café dans le feu - à cette heure-là
comment pouvait-elle faire du café ? - et elJe apparut ...
Très cambrée en arrière, elle portait une sorte de chapeaucapote-capeline sur le faîte de la tête, tout en haut de
son front immense et cabossé, où il y avait de la femme
mongole et de la hottentote ; et elle riait à petits coups,
montrant le reste de ses dents très fines. Mais tandis que
je l'embrassais, elle me prit maladroitement, h!tivement,
une main que j'avais derrière le dos. Avec un mystère
parfaitement inutile puisque nous étions tous les deux
seuls, elle me glissa une petite pièce que je n'osai pas
regarder et qui devait être de un franc •.• Puis comme je
faisais mine de demander des explications ou de 1a remercier, elle me donna une bourrade en criant :
- Va donc! Ah ! je ~is bien ce que c'est!
Elle avait toujours été pauvre, toujours empruntant,
toujours dépensant.
- J'ai toujours été bête et toujours malheureuse,
disait-elle sans amertume, mais de sa voix de fausset.
Persuadée que les sous me préoccupaient comme -elle,

s

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la brave femme n'attendait pas que j'eusse soufflé, pour
me cacher dans la main ses très minces économies de la
journée. Et par la suite c'est toujours ainsi qu'elle
m'accueillit.
Le dîner fut aussi étrange - à la fois triste et bizarre
_ que l'avait été la réception. Toujours une bou?ie à
' de la main , tantôt elle l'enlevait,
me
portee
,
_ . laissant
dans l'ombre, et tantôt la posait sur là petite table
couverte de plats et de vases ébréchés ou fendus.
_ Celui-là, disait-elle, les Prussiens lui ont cassé les
anses, en 70, Parce qu'ils ne pouvaient pas l'emporter.
Je me rappelai, seulement alors, en ~evoya~t ce
grand vase a la tragique histoire, que nous avions dmé et
couché là jadis. Mon père m'emmenait dans l'Yonne,
chez un spécialiste, qui devait guérir mon genou. Il
fallait prendre un grand express gui passait av;mt le jour...
Je me souvins du triste dîner de jadis, de toutes les
histoires du vieux greffier accoudé devant sa bouteille de
boisson rose.
Et je me souvenais aussi de mes terreurs.:. A~rès le
dîner assise devant le feu, ma grand'tante avait pns mon
:
è à' part pour lui raconter une histoire . de revenants
pre
'
" Je me retourne ... Ah ! mon pauvre Louis, qu es~-ce que
je vois : une petite femme grise ... "_ Elle passait pour
voir la tête farcie de ces sornettes ternfiantes .••
a Et voici que ce soir-là, le dîner fini, lorsque, fatigué par
la bicyclette je fus couché dans la grande chambre, avec
une chemîs; de nuit à carreaux de l'oncle Moine!, elle
vint s'asseoir mon chevet et commença de sa voix la plus

a

mystérieuse et la plus pointue :
.
.
- Mon pauvre François, il faut que Je te raconte à toi
ce que je n'ai jamais dit à personne...

LE GRAND MEAULNES

Je pensai :
- Mon affaire est bonne, me voila terrorisé pour
toute la nuit, comme il y a dix ans !...
Et j'écoutai. Elle hochait la tête, regardant droit devant
soi, comme si elle se fftt racontée l'histoire a elle-même :
- Je revenais d'une fête avec Moine!. C'était le
premier mariage ou nous allions tous les deux, depuis la
mort de mon pauvre Ernest. Un vieil ami de Moine!, très
riche, l'avait invité à la noce de son fils, au domaine des
Sablonnières. Nous avions loué une voiture. Cela nous
avait coüté bien cher. Nous revenions sur la route vers
sept heures du matin, en plein hiver. Le soleil venait de
~ le~er. Il
avait absolument personne. Qu'est:..ce que
Je vois tout d un coup, devant nous, sur la route : un petit
homme, un petit jeüne homme arrêté, beau comme le
jour, qui ne bougeait pas, qui regardait vers nous. A
mesure que nous approchions, nous distinguions sa jolie
figure, si blanche, si jolie que cela faisait peur !...
"Je prends le bras de Moine! ; je tremblais comme la
feuille ; je croyais que c'était le Bon Dieu! Je lui dis :
" - Regarde ! C'est une apparition !
" Il me répond tout bas, furieux :
" - Je l'ai bien vu ! tais-toi donc, vieille bavarde ...
" Il ne savait que faire ; lorsque le cheval s'est arrêté ...
De près cela avait une figure pile, le front en sueur,
un béret sale, et un pantalon long. Nous entendîmes
sa voix douce, qui disait :
" - Je ne suis pas un homme, je suis une jeune fille.
Je me suis sauvée et je n'en puis plus. Voulez-vous bien
me prendre dans votre voiture, Monsieur et Madame ?
'' Auss1tut
. ~ nous l'avons fait monter. A peine assise, ellç

n'!

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISi

564

a perdu connaissance. Et devines-tu

à qui nous avions af-

. , C'était la fiancée du jeune homme des Sablonf:aue
1
•
"ès
nières, Frantz de Galais, chez qui nous étions mv1t

noces!

-

. .

aux

.

Mais alors, il n'y a pas eu de noces, dis-Je, puisque

la fiancée s'est sauvée ?
- Eh bien non, fit-elle toute penaude en me regardant. Il n'y a pas eu de noces. Puisque cett! pauvre folle
s'était mis dans la tête mille folies quelle . nous a
. ées. C'était une des filles d'un pauvre
expl1qu
. . tisserand.
•l
tlle était persuadée que tant de bonheur était 1mposs1b e;
·eune homme était trop jeune pour elle; que toutes
qu e le J
.
. .
les merveilles qu'il lui décrivait étaient imagt~a1res ~t
lorsqu'enfin Frantz est venu la chercher, Valentine a p~IS
peur. Il se promenait avec elle et sa sœur_dans le Jardm
de l' Archevêché à Bourges, malgré le froid ~t le grand
.
homme , par délicatesse
et
vent. Le Jeune
. certainement,
,
.
pour.
parce qu•·t
I ai.mait la cadette, était plem d attentions
.
l'atnéc. Alors ma folle s'est imaginé je ne sais ~uoi,
Ile a dit qu'elle allait chercher un fichu à la maison,
:t là, pour être plus sCtre de n'être pas s~ivie, elle a revêtu
des habits d'homme et s'est enfuie à pied sur la route de
Paris.
" Son fiancé a reçu d'elle une lettre où elle lui
déclarait qu'elle allait rejoindre un jeune homme qu'elle

aimait. Et ce n'était pas vrai...
" -

.
. .
Je suis plus heureuse de mon sacnfice, me d1sa1t-

~lle que si j'étais sa femme.
. , .
" Oui mon imbécile, mais en attendant, il n avait pas
du tout l!idée d'épouser sa sœur; il s'est tiré une, ~lie d_e
pistolet, on a vu du sang dans le bois, mais on n a Jamais
retrouvé son corps.

Li GR.AND MEAULNIS

- Et qu'avez-vous fait de cette malheureuse fille ?
- Nous lui avons fait boire une goutte, d'abord. Puis
nous lui avons donné à manger et clic a dormi auprès du
feu quand nous avons été de retour. Elle est restée chez
nous une bonne partie de l'hiver. Tout le jour, tant qu'il
faisait clair, elle taillait, cousait des robes, arrangeait des
chapeaux et nettoyait la maison avec rage. C'est elle
qui a recollé toute la tapisserie que tu vois là. Et depuis
son passage les hirondelles nichent dehors. Mais le soir, à
la tombée de la nuit, son ouvrage fini, elle trouvait
toujours un prétexte pour aller dans la cour, dans le
jardin, ou sur le devant de la porte, même quand il gelait
à pierre fendre. Et on la découvrait là, debout, pleurant
de tout son cœur...
" - Eh bien qu'avez-vous encore? Voyons 1
" - Rien, madame Moine! l
" et elle rentrait.
" Les voisins disaient :
" -

Vous avez bien trouvé une jolie petite bonne,

M'" Moine)!

" Malgré nos supplications, elle a voulu continuer son
chemin sur Paris, au mois de mars. Je lui ai donné des
robes qu'elle a retaillées ; Moinel lui a pris son billet à la
gare et donné un peu d'argent.
" Elle ne nous a pas oubliés; elle est couturicre à Paris
auprès de Notre-Dame ; elle nous écrit encore pour nous
demander si nous ne savons rien des Sablonnicrcs. Une
bonne fois, pour la délivrer de cette idée, je lui ai répondu
que le domaine était vendu, abattu, le jeune homme
disparu pour toujours, et la jeune fille mariée. Tout cela
doit être vrai, je pense. Depuis ce temps ma Valentine
écrit bien moins souvent...

�566

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ce n•était pas une histoire de revenants que racontait
la tante Moine! de sa petite voix stridente si bien faite
pour les raconter. J'étais cependant au comble èlu malaise.
C'est que nous avions juré à Frantz le bohémien de le
servir comme des freres et voici que l'occasion m'en était
donnée ...
Or, était-ce le moment de giter la joie que j'allais
porter à Meaulnes le lendemain matin, et de lui raconter ce
que je venais d'apprendre? A quoi bon le lancer dans une
entreprise mille fois impossible ? Nous avions en effet
l'adresse de la jeune fille ; mais où chercher le bohémien
qui courait le monde ?... Laissons les fous avec les fous,
pensai-je. Delouche et Boujardon n'avaient pas tort. Que
de mal nous a fait ce Frantz romanesque! Et je résolus
de ne rien dire tant que je n'aurais pas vu mariés
Augustin Meaulnes et Mademoiselle de Galais.
Cette résolution prise, il me restait encore l'impression
pénible d'un mauvais présage, - impression absurde que
je chassai bien vite.
La chandelle était presque au bout ; un moustique
vibrait ; mais ma tante Moine!, la tête penchée sous sa
capote de velours qu'elle ne quittait que pour dormir, les
coudes appuyés sur ses genoux, recommençait son histoire ..•
Par moments, elle relevait brusquement la tête et me
regardait pour connaître mes impressions, ou peut-être
pour voir si je ne m'endormais pas. A la fin, sournoisement,
la tête sur l'oreiller, je fermai les yeux, faisant semblant de
m'assoupir.
- Allons ! tu dors ... fit-elle d'un ton plus sourd et un
peu déçu.
J'eus pitié d'elle et je protestai :

LE GRAND MEAULNES

- Mais non, ma tante, je vous assure ..
- Mais si ! dit-elle. Je comprends bien d'ailleurs que
tou\cela ne t'intéresse guere. Je te parle là de gens que;
tu n as pas connus .•.
Et lâchement, cette fois, je ne répondis pas.

CHAPITRE IV
LA GRANDE NOUVELLE

Il :aisait, le lendemain matin, quand j'arrivai dans la
grand rue, un si beau temps de vacances, un si grand
calme~ et s~~ tout le bourg passaient des bruits si paisibles, s1 familiers, que j'avais retrouvé toute la joyeuse
assurance d'un porteur de bonne nouvelle ...
, Augustin et sa mère habitaient l'ancienne maison
d écol~. A la '.11ort de s~n pere, retraité depuis longtemps,
et' qu un héritage avait enrichi, Meaulnes avait voulu
qu on ache:it l'école ou le vieil instituteur avait enseigné
pendant vmt années, où lui-même avait appris à lire.
Non pas quelle fut d'aspect fort aimable : c'était une
grosse maison carrée comme une mairie qu'elle avait été
les .fenêt:es du rez-de-chaussée qui donnaient sur la ru;
étaient s1 hautes que personne n'y regardait 1·amais . et la
cou d d ·1
,
·
,
'
r e ernc::re, ou il n y avait pas un arbre et dont un
haut préau barrait la vue sur la campagne, était bien la
~l~ ~eche et la plus désolée cour d'école abandonnée que
J aie Jamais vue ...
. Dans le couloir compliqué ou s'ouvraient quatre portes
Je trouvai la mère de Meaulnes rapportant du jardin u~
gros paquet de linge, qu'elle avait dô mettre sécher dès la

�568

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

première heure de cette longue matinée de vacances. Ses
cheveux gris étaient à demi défaits ; des mèches lui
battaient la figure ; son visage régulier sous sa coiffure
ancienne était bouffi et fatigué, comme par une nuit de
veille ; et elle baissait tristement la tête d'un air songeur.
Mais, m'apercevant soudain, elle me reconnut et
sourit :
- Vous arrivez à temps, dit-elle. Voyez, je rentre le linge
que j'ai fait sécher pour le départ d'Augustin. J'ai passé la
nuit à régler ses comptes et à préparer ses affaires. Le train
part à cinq heures, mais nous arriverons à tout apprêter ...
On edt dit, tant elle montrait d'assurance, qu'ellemême avait pris cette décision. Or sans doute ignoraitelle même où Meaulnes devait aller.
- Montez, dit-elle. Vous le trouverez dans la Mairie
en train d'écrire.
En Mte je grimpai, ouvris la porte de droite où l'on
avait laissé l'écriteau Mairie, et me trouvai dans une
grande salle à quatre fcn~trcs, deux sur le bourg, deux
sur la campagne, ornée aux murs des portraits jaunis des
présidents Grévy et Carnot. Sur une longue estrade qùi
tenait tout le fond de la salle, il y avait encore, devant
une table à tapis vert, les chaises des conseillers municipaux. Au centre, assis sur un vieux fauteuil qui était
celui du maire Meaulnes écrivait, trempant sa plume au
fond d'un encrier de faïence démodé, en forme de cœur.
Dans ce lieu qui semblait fait pour quelque rentier de
village, Meaulnes se retirait, quand il ne_ battait pas la
contrée, durant les longues vacances...
Il se leva, dès qu'il m'eüt reconnu, mais non pas avec
la précipitation que j'avais imaginée :

LE GRAND MEAULNES

- Seurel ! dit-il seulement, d'un air de profond
étonnement.
C'était le même grand gars au visage osseux, à la tête
rasée. Une moustache inculte commençait à lui traîner
sur les lèvres. Toujours ce même regard loyal. .. Mais sur
l'ardeur des années passées on croyait voir comme un
voile de brume, que par instant sa grande passion de
jadis dissipait ...
Il paraissait très troublé de me voir. D'un bond j'étais
monté sur l'estrade. Mais, chose étrange à dire, il ne
songea pas même à me tendre la main. II s'était tourné
vers. moi,. les mains derrière le dos, appuyé contre la table,
renversé en arrière, et l'air profondément gêné. Déjà, me
regardant sans me voir, il était absorbé par ce qu'il allait
me dire. Comme autrefois et comme toujours, homme
lent à commencer de parler ainsi que sont les solitaires,
les chasseurs et les hommes d'aventures, il avait pris unedécision sans se soucier des mots qu'il faudrait pour l'expliquer. Et maintenant que j'étais devant lui, il commençait seulement à ruminer péniblement les paroles néces-

saires.
Cependant je lui racontais avec gaieté comment j'étais
venu, où j'avais passé la. nuit, et que j'avais été bien
surpris de voir Mme Meaulnes préparer le départ de son

fils .••
- Ah ! elle t'a dit ?••• demanda-t-il.
- Oui. Ce n'est pas, je pense, pour un long voyage?
- Si. Un très long voyage.
Un instant décontenancé, sentant que j'allais tout à
l'heure, d'un mot, réduire néant cette décision que je
ne comprenais pas, je n'osais plus rien dire et ne savais
par où commencer ma mission.

a

�57°

LA NOUVELLE .REVUE FRANÇAISE

Mais lui-même parla enfin comme quelqu'un qui veut se
justifier :
- Seure!, dit-il, tu sais ce qu'était pour moi mon
étrange aventure de Sainte-Agathe. C'était ma raison de
vivre et d'avoir de l'espoir. Cet espoir-là perdu, que
pourrais-je devenir ?... Comment vivre à la façon de tout
le monde?
" Eh [ bien, j'ai essayé de vivre, là-bas, à Paris, quand
j'ai vu que tout était fini et qu'il ne valait plus même la
peine de chercher le Domaine perdu ... Mais un homme
qui à fait une fois un bond dans le Paradis, comment
pourrait-il s'accommoder ensuite de la vie de tout le
monde ? Ce gui fait le bonheur des autres m'a paru dérision. Et lorsque sincèrement, délibérément, j'ai décidé un
jour de faire comme les autres, ce jour-là j'ai amassé du
remords pour longtemps...
Assis sur une chaise de l'estrade, la tête basse, l'écoutant
sans le regarder, je ne savais que penser de ces explications
obscures:
- Enfin, dis-je, Meaulnes, explique-toi mieux! Pourquoi ce long voyage? AHu quelque faute à réparer ? une
promesse à tenir ?
- Eh I bien, oui, répondit-il. Tu te souviens de cette
promesse que j'avais faite à Frantz
- Ah ! lis-je, soulagé, îl ne s'agit que de cela?...
- De cela. Et peut-être aussi d'une faute à réparer.
Les deux en même temps...
Suivit un silence, pendant ~equel je décidai de commencer à parler et préparai mes mots...
- Il n'y a •q u'une explication à laquelle je croie, dit-il
encore. Certes, j'aurais voulu revoir une fois Mu• de

r...

57 1

LE GRAND MEAULNES

Galais, seulement la revoir ... Mais, j'en suis persuadé
maintenant, lorsque j'avais découvert le Domaine sans
nom, j'étais à une hauteur, à un degré de perfection et de
pureté que je n'atteindrai jamais plus. Dans la mort
seulement, comme je te l'écrivais un jour, je retrouverai
peut-être la beauté de ce temps-là...
Il changea de ton pour reprendre avec une animation
étrange, en se rapprochant de moi :
- Mais, écoute, Seure! ! Cette intrigue nouvelle et
ce grand voyage, cette faute que j'ai commise et qu'il faut
réparer, c'est en un sens mon ancienne aventure qui se
poursuit ...
Un temps, pendant lequel, péniblement, il essaya de
ressaisir ses souvenirs. J'avais mapqué l'autre occasion. Je
ne voulais pour rien au monde laisser passer celle-ci ; et,
cette fois, je parlai - trop vite, car je regrettai amèrement,
plus tard, de n'avoir pas attendu ses aveux. Je prononçai
donc ma.phrase, qui était préparée pour l'instant précédent
mais qui n'allait plus maintenant. Je dis, sans un geste,
à peine en soulevant un peu la tête :
- Et si je venais te dire que tout espoir n'est pas

perdu?...
Il me regarda, puis, détournant brusquement les yeux,
rougit comme je n'ai jamais vu quelqu'un rougir : une·
montée de sang qui devait lui cogner grands coups dans
les tempes ...
- Que veux-tu dire r demanda-t-il enfin, à peine
distinctement.
Alors, tout d'un trait, je racontai ce que je savais, ce que
favais fait, et comment, la face des choses ayant tourné,
il semblait presque que ce f(lt Yvonne -de Galais qui
m'cnvoy!t vers lui.

a

�572

LE GRAND MEAULNES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il était maintenant affreusement pile.
Durant tout ce récit, qu'il écoutait en silence, la tête
un peu rentrée, dans l'attitude de quelqu'un qu'on a
surpris et qui ne sait comment se défendre, se cacher ou
s'enfuir, il ne m'interrompit, je me rappelle, qu'une seule
fois. Je lui racontais, en passant, que toutes les Sablonnières avaient été démolies et que le Domaine d'autrefois
n'existait plus :
- Ah ! dit-il, tu vois..• (comme s'il e1lt guetté une
occasion de justifier sa conduite et le désespoir où il avait
sombré) tu vois : il n'y a plus rien•..
Pour terminer, persuadé qu'enfin l'assurance de tant de
facilité emporterait le reste de sa peine, je lui racontai
qu' une partie de campagne était organisée par mon oncle
Florentin, que M 11• de Galais devait y venir à cheval et
que lui-même était invité... Mais il paraissait complétement désemparé et continuait à ne rien répondre...
- Il faut tout de suite décommander ton voyage,
dis-je avec impatience. Allons avertir ta mère.•.
Et comme nous descendions tous les deux :
- Cette partie de campagne ?••• me demanda-t-il avec
hésitation. Alors, vraiment, il faut que j'y aille ?•••
- Mais, voyons, répliquai-je, cela ne se demande pas.
Il avait l'air de quelqu'un qu'on pousse par les épaules.
,_En b~, Augustin avertit Mme Meaulnes que je
deJei1nerats avec eux, dînerais, coucherais là et que le
lendemain, lui-même louerait une bicyclette et 'me
~uivrait au Vieux-Nançay.
. - Ah ! très bien, fit-elle en hochant la tête, comme
s1 ces nouvelles eussent confirmé toutes ses prévisions.
Je m'assis dans la petite salle à manger, sous les

573

calendriers illustrés, les poignards ornementés et les o~tres
soudanaises qu'un frère de M. Meaulnes, ancien soldat
d'infanterie de marine, avait rapportés de ses lointains
voyages.
Augustin me laissa là un instant, avant le repas, et, dans
la chambre voisine, où sa mère ava~t préparé ses bagages,
je l'entendis qui lui disait, en baissant un peu la voix, de
ne pas défaire sa malle, car son voyage pouvait être
seulement retardé...
CHAPITRE V
LA PARTIE Dl PLAISIR

J'eus peine à suivre Augustin sur la route du VieuxNançay. Il allait comme un coureur. Il ne descendait
pas aux cates. A son inexplicable hésitation de la veille,
avait succédé une fièvre, une nervosité, un désir d'arriver
au plus vite, qui ne laissaient pas de m'effiayer un peu.
Chez mon oncle, il montra la même impatience, il parut
incapable de s'intéresser à rien jusqu'au moment où nous
fdmes tous installés en voiture, vers dix heures, le lendemain matin, et prêts à partir pour les bords de la rivière.
On était à la fin du mois d'aot\t, au déclin de l'été.
Déjà les fourreaux vides des châtaigniers jaunis commençaient à joncher les routes blanches. Le trajet n'était pas
long ; la ferme des Aubiers, près du Cher, où nous allions,
ne se trouvait guère qu'à deux kilomètres au-delà des
Sablonnières. De loin en loin, nous rencontrions d'autres
invités, en voiture, et même des jeunes gens à cheval,
que Florentin avait conviés audacieusement au nom de

�574

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

M. de Galais... On s'était efforcé comme jadis de mêler
riches et pauvres, châtelains et paysans. C'est ainsi que
nous vîmes arriver à bicyclette Jasmin Delouche, qui
grâce au garde Baladier avait fait naguère la connaissance
de mon oncle.
- Et voilà, dit Meaulnes en l'apercevant, celui qui
tenait la clef de tout, pendant que nous cherchions
jusqu'à Paris. C'est à désespérer !
Chaque fois qu'il le regardait, sa rancune en était
augmentée. L'autre, qui s'imaginait au contraire avoir
droit à toute notre reconnaissance, escorta notre voiture
très près, jusqu'au bout. On voyait qu'il avait fait, misérablement, sans grand résultat, des frais de toilette, et les
pans de sa jaquette limée battaient le garde-crotte de son
vélocipède...
Malgré la contrainte qu'il s'imposait pour être aimable,
sa figure vieillotte ne parvenait pas à plaire. Il m'inspirait
plut6t à moi une vague pitié. Mais de qui n'aurais-je pas
eu pitié durant cette journée-là ?...
Je ne me rappelle jamais cette partie de plaisir sans un
obscur regret, comme une sorte d'étouffement. Je m'étais
fait de ce jour tant de joie à l'avance. Tout paraissait si
parfaitement concerté pour que nous soyons heureux. Et
nous l'avons été si peu !...
Que les bords du Cher étaient beaux, pourtant ! Sur
la rive où l'on s'arrêta, le coteau venait finir en pente
douce et la terre se divisait en petits prés verts, en saulaies
séparées par des cl6tures, comme autant de jardins minuscules. De l'autre c6té de la rivière, les bords étaient
formés de collines grises, abruptes, rocheuses ; et sur

LE GRAND MEAULNES

575

les plus lointaines on découvrait, parmi les sapins, de
petits châteaux romantiques avec une tourelle. Au loin,
par instants, on entendait aboyer la meute du château de
Préveranges.
Nous étions arrivés en ce lieu par un dédale de petits
chemins, tant6t hérissés de cailloux blancs, tant6t remplis
de sable - chemins qu'aux abords de la rivière les sources
vives transformaient en ruisseaux. Au passage, les branches
des groseillers sauvages nous agrippaient par la manche.
Et tant6t nous étions plongés dans la fraîche obscurité
des fonds de ravins, tant6t au contraire, les haies interrompues, nous baignions dans la claire lumière de toute
la vallée. Au loin, sur l'autre rive, quand nous approchâmes, un homme accroché aux rocs, d'un geste lent,
tendait des cordes à poissons. Qu'il faisait beau mon
Dieu!
'
Nous nous installâmes sur une pelouse, dans le retrait
que formait un taillis de bouleaux. C'était une grande
pelouse rase, ou il semblait qu'il y et1t place pour des
jeux sans fin.

Les voitures furent dételées ; les chevaux conduits à la
ferme des Aubiers. On commença à déballer les provisions
dans le bois, et à dresser sur la pelouse de petites tables
pliantes que mon oncle avait apportées.

Il fallut à ce moment des gens de bonne volonté, pour
aller
l'entrée du grand chemin voisin, guetter les
derniers arrivants et leur indiquer ou nous étions. Je
m'offris aussit6t; Meaulnes me suivit, et nous allâmes nous
poster près du pont suspendu, au carrefour de plusieurs
sentiers et du chemin qui venait des Sablonnières. Marchant de long en large, parlant du passé, tâchant tant

a

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
LE GRAND MEAULNES

bien que mal de nous distraire, nous attendions. Il arriva
encore une voiture du Vieux-Nançay, des paysans inconnus avec une grande fille enrubannée. Puis plus rien. Si,
trois enfants dans une voiture à Ane, les enfants de
l'ancien jardinier des Sablonnières.
- Il me semble que je les reconnais, dit Meaulnes. Ce
sont eux, je crois bien, qui m'ont pris par la main, jadis,
le premier soir de la fête, et m'ont conduit au dîner...
Mais à ce moment, l'âne ne voulant plus marcher, les
enfants descendirent pour le piquer, le tirer, taper sur
lui tant qu'ils purent ; Meaulnes alors, déçu, prétendit
s'être trompé..•
Je leur demandai s'ils avaient rencontré sur la route
M. et M 11• de Galais. L'un d'eux répondit qu'il ne savait
pas; l'autre : Je pense que oui, Monsieur. Et nous ne
fl1mes pas plus avancés.
Ils descendirent enfin vers la pelouse, les uns tirant
l'ànon par la bride, les autres poussant derrière la voiture.
Nous reprîmes notre attente. Meaulnes regardait fixement
le détour du chemin des Sablonnières, guettant avec une
sorte d'effi-oi la venue de la jeune fille qu'il avait tant
cherchée jadis.Un énervement bizarre et presque comique,
qu'il passait sur Jasmin, s'était emparé de lui. Du petit
talus où nous étions grimpés pour voir au loin sur le
chemin, nous apercevions, sur la pelouse en contre-bas,
un groupe d'invités où Delouche essayait de faire bonne
figure :
- Regarde-le pérorer,cet imbécile,me disait Meaulnes.
Et je lui répondais :
- Mais laisse-le. Il fait ce qu'il peut, le pauvre
garçon.

577

Augustin ne désarmait pas, Là-bas un .
écureuil avait dll déboucher d'
r , é lrèvr~ ou un
un 1ourr . Jasmm po
assurer sa contenance fit . d 1
.
, ur
'
mme e e poursuivre ·
- Allons, bon .I Il court, mamtenant
•
·
•
.
... fit M eau1nes,
comme s1 vraiment cette audace-là dé
.
autres :
passait toutes les
Et cette fois je ne pus m'empê h
·
•
c er de rire. Meaulnes
aussi ; mais ce ne fut qu'un éclair.
Après un nouveau quart d'heure :
- Si elle ne venait pas ?... dit-il.
Je répondis :
;

Mais puisqu'elle a promis. Sois donc plus patient 1
su recommença de guetter. Mais, la fin, incapable d~
pporter plus longtemps cette attente intolérable .
- Ecoute
· d' ·1
•
.
:m01, IH . Je redescends avec les autres Je
ne sais ce qu'1J y a maintenant
•
contre moi . m . .• .

a

~este 1~, je sens qu'elle ne viendra J·amais ~ qau1~·1s1 Jet
impossible •
b
I es
.
qu au out de ce chemin tout à l'h
Il
apparaisse.
,
eure, e e

Et il s'en alla vers J
J
•
l
a pe ouse, me la1SSant tout seul Je
que que cent mètres sur la petite route
.
E
, pour passer
1e te
~ps. t au premier détour j'aperçus Yvonne d
Galais, montée en amazo
.
e
. fi .
ne sur son vieux cheval blanc
;~n:ngant ce, matin-là qu'elle était obligée de tirer sur le;
pénibl:our I emp~cher de trotter. A la tête du cheval,
ment, en silence, marchait M de G 1 . S
doute ·1
·
d
·
a ais. ans
de rôl i s avaient 1Î se relayer sur la route, chacun à tour
e se servant de la vieille monture.

fis

pr~::!:a

jeune fille me vit tout seul, elle sourit, sauta
..
terre, et confiant les rênes à
l
·
.
son pcre se
dingea ver
s moi qui accourais :

6

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Je suis bien heureuse, dit-elle, de vous trouver seul.
Car je ne veux montrer à personne qu'à vous le vieux
Bélisaire, ni le mettre avec les autres chevaux. Il est trop
laid et trop vieux d'abord ; puis je crains toujours qu'il
ne soit blessé par un autre. Or je n'ose monter que lui,
et quand il sera mort, je n'irai plus à cheval. ..
Chez MU• de Galais, comme chez Meaulnes, je sentais
sous cette animation charmante, sous cette grâce en
apparence si paisible, de l'impatience et presque de
l'anxiété. Elle parlait plus vite qu'à l'ordinaire. Malgré
ses joues et ses pommettes roses, il y avait autour de ses
yeux, à son front, par endroits, une pileur violente où se
lisait tout son trouble.
Nous convînmes d'attacher Bélisaire à un arbre dans
un petit bois, proche de la route. Le vieux M. de Galais,
sans mot dire, comme toujours, sortit le licol des fontes et
attacha la bête - un peu bas à ce qu'il me sembla. De
la ferme je promis d'envoyer tout à l'heure du foin, de
l'avoine, de la paille...
Et Mu• de Galais arriva sur la pelouse, comme jadis, je
l'imagine, elle descendait vers la berge du lac, lorsque
Meaulnes l'aperçut pour la première fois.
Donnant le bras à son père, écartant de sa main
gauche le pan du grand manteau léger qui l'enveloppait,
elle s'avançait vers les invités, de son air à la fois si sérieux
et si enfantin. Je marchais auprès d'elle. Tous les invités,
éparpillés, assis, ou jouant au loin, s'étaient dressés et
rassemblés pour l'accueillir ; il y eut un bref instant de
silence p~ndant lequel chacun la regarda s'approcher.
Meau~nes s'était mêlé au groupe des jeunes hommes et
rien ne pouvait le distinguer de ses compagnons sinon sa

L! GRAND MEAULNES

haute
S79
. taille .• encore y avait-il là d .
aussi grands que lui Il
L:
• es Jeunes gens presque
l'
·
·
ne lit nen · A
attention, pas un geste .
qui put le désigner à
ê
d
.
ni un pas e
v tu e gns, immobile re d
n avant. Je le voyais
1
' gar ant fi
'
es autres la si belle jeune fül
. xe~ent comme tous
tant d'
e qui venait A 1 L:
. , un mouvement inco .
.
a un, pourmam sur sa tête nue c
nsc1ent et gêné, il mit sa
, omme pour
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ses compagnons aux cheveux b. ca~ er, au milieu de
rasée de paysan.
ien peignés, sa rude tête
Puis
le groupe entoura MU• d G .
.
les Jeunes filles et les 1·e
e ala1s. On lui présenta
unes gens q ' Il
pas... L e tour allait ven. d
u e e ne connaissait
se ta·
.
ir e mon camp
n is aussi anxieux qu'il
. ,
agnon ; et je me
faire m01-même
·
pouvait I être J
,
cette prése t .
. e m apprêtais à

.
n at10n
' Mais avant que J.,eusse pu rie. d'
s avançait vers l .
n ire, la 1·eune L:11
u1 avec une dé . .
u e
prenantes :
c1s10n et une gravité sur- Je reconnais Augustin Mea
.
Et elle lui tendit l
.
ulnes, dit-elle.
a main.
CHAPITRE VI
LA PARTIE DE PLAISIR

(/in)

sa! De nouveaux-venus s ,approchère
uer Yvonne de Gala.
1
nt presque aussit!St pour

verent

é
IS et es deux .
s parés. Un m lh
Jeunes gens se troua eureux hasard
I
. nt point réunis pour le dé'eune '
vou ut qu'ils ne
Mais Meaulnes sembla1·t J . ra la même petite table
rag A
avoir rep ·
fi
•
e.
plusieurs reprises
n: con ance et couentre D elouche et M. de , Ga
comme
. isolé
. .Je me trouvais
lais, Je vis de lom
. mon

fusse

�LE GRAND MEAULNES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

580
compagnon qui me faisait de la main un signe d'amitié.
C'est vers la fin de la soirée seulement, lorsque les jeux,
la baignade, les conversations, les promenades en bateau
dans l'étang voisin se furent un peu partout organisés,
que Meaulnes de nouveau se trouva en présence de la
jeune fille. Nous étions à causer avec Delouche, assis sur
des chaises de jardin que nous avions apportées, lorsque,
quittant délibérément un groupe de jeunes gens où elle
_paraissait s'ennuyer, M 110 Yvonne de Galais s'approcha
de nous. Elle nous demanda, je me rappelle, pourquoi nous
ne canotions pas sur le lac des Aubiers, comme les autres.
Nous avons fait quelques tours cet après-midi,
répondis-je. Mais cela est bien monotone et nous avons
été vite fatigué$.
- Eh bien ! pourquoi n'iriez-vous pas sur la rivière?
dit-elle.

-

Le courant est trop fort, nous risquerions d'être

emportés.
- Il nous faudrait, dit Meaulnes, un canot à pétrole,
ou un bateau à vapeur comme celui d'autrefois.
- Nous ne l'avons plus, dit-elle presque à voix basse,
nous l'avons vendu.
Et il se fit un silence gêné.
Jasmin en profita pour annoncer qu'il allait rejoindre
M. de Galais.
- Je saurai bien, dit-il, où le retrouver.
Bizarrerie du hasard ! Ces deux êtres si parfaitement
dissemblables s'étaient plu et depuis le matin ne se quittaient guère. M. de!Galais m'avait pris à part, un instant,
au début de la soirée, pour me dire que j'avais là un ami
plein de tact, de déférence et de qualités. Peut-être même

581

avait-il
. . été jusqu'à lui confier le secret d J' ·
Bélisaire et le lieu de s
h
e existence de
a cac ette
Je pensai moi aussi à m'éloi. ner
..
deux jeunes gens si gê és . g . , mais Je sentais les
'
n , SI anxieux J'
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un en 1ace de
l autre, que J·e ;·ugeai prudem de ne pas 1, f;'
Tant d d' é .
e aire..•
e iscr t1on de la art de
.
caution de la mien
. p
Jasmin, tant de préne servirent à peu d h
sèrent. Mais invar1·abl
e c ose. Ils cauement avec
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ne se rendait certain
'
un ent temcnt dont il
ement pas corn t M
revenait touJ·ours à toutes Ies mcrve·u
P e, d eaulnes
. . en
chaque fois, la jeune fille
1· 1 es c Jadis. Et
que 'tout était d'
. 1 , ~u- supp ice, devait lui répéter
isparu . a VIe1lle dem
.é
compliquée, abattue . 1
d L
cure s1 trange et si
.
, e gran 1;tang assé hé
et dispersés les enfants
c , comblé ;
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- Ah ! faisait simplement M
...
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comme si chacune d
d' ca~ _nes avec désespoir et
.
e ces 1spant10 l · .11.
raison contre la J·eune fill
ns_ u1 eut donné
N
e ou contre mm
ous marchions c6te à c6te V . ...
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de faire diversion à la t ns. t esse qui
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trois. D'une question b
nous gagnait tous les
a rupte Meaul
d
cédait à son idée fixe Il d ,
.
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sur tout cc qu'il
.
renseignements
avait vu autrefois . I
.
conducteur de la vi ·u b I.
. es pet1 tes filles, le
e1 e er me, les poneys de la
- Les poneys sont vendus aussi ?Il n'y
I cdoursc.••
vaux au Domaine ?
a p us e cheElle répondit u'il n'
.
de Bélisaire.
q
y en avait
plus. Elle ne parla pas
Alors il évo
I b'
brcs ; la grand~ug~a:: ·ol Jet~ de sla chambre: les candéla, e vieux uth b . é Il '
e tout cela
ns ... s enquérait
d
, avec une pas ·
•
.
voulu se persuad
. s10n mso1ite, comme s'il eôt
er que nen ne subsistait de sa belle

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

aventure, que la jeune fille ne lui rapporterait pas une
épave, capable de prouver qu'ils n'avaient pas rhé tout
les deux, comme le plongeur rapporte du fond de l'eau
un caillou et des algues.••
M 11• de Galais et moi, nous ne pilmes nous emp!cher
de sourire tristement : elle se décida à lui expliquer :
- Vous ne reverrez pas le beau chiteau que nous
avions arrangé, M. de Galais et moi, pour le pauvre
Frantz.
" Nous passions notre vie à faire ce qu'il demandait.
C'était un être si étrange, si charmant ! Mais tout a disparu avec lui le soir de ses fiançailles manquées.
" Déjà M. de Galais était ruiné sans que nous le
sachions. Frantz avait fait des dettes et ses anciens
camarades - apprenant sa disparition - ont aussit6t
réclamé près de nous. Nous sommes devenus pauvres et
nous avons perdu tous nos amis en quelques jours.
" Que Frantz revienne, s'il n'est pas mort. Qu'il
retrouve ses amis et sa fiancée ; que la noce interrompue
se fasse et peut-être tout reviendra-t-il comme c'était
autrefois. Mais le passé peut-il renaître ?
- Qui sait ! dit Meaulnes pensif. Et il ne demanda
plus rien.
Sur l'herbe courte et légèrement jaunie déjà, nous
marchions tous les trois sans bruit. Augustin avait à sa
droite, près de lui, la jeune fille qu'il avait crue perdue
pour toujours. Lorsqu'il posait une de ces dures questions,
elle tournait vers lui lentement, pour lui répondre, son
charmant visage inquiet ; et une fois, en lui parlant, elle
avaît posé doucement sa main sur son bras, d'un geste
plein de confiance et de faiblesse. Pourquoi le grand

LE GRAND MEAULN.ES

Meaulnes était-il là comme un étranger, comme quelqu'un qui n'a pas trouvé ce qu'il cherchait et que rien
d'autre ne peut intéresser? Ce bonheur-là, trois ans plus
t6t, il n'etît pu le supporter sans effroi, sans folie, peutetre. D'où venait donc ce vide, cet éloignement, cette
impuissance à être heureux qu'il y avait en lui, à cette
heure ?
Nous approchions du petit bois où, le matin, M. de
Galais avait attaché Bélisaire ; le soleil vers son déclin
allongeait nos ombres sur l'herbe ; à l'autre bout de la.
pelouse, nous entendions, assourdis par l'éloignement,
comme un bourdonnement heureux, les voix des joueurs
et des fillettes - et nous restions silencieux dans ce
calme admirable, lorsque nous entendîmes chanter de
l'autre c6té du bois, dans la direction des Aubiers, la
ferme du bord de l'eau. C'était la voix jeune et lointaine
de quelqu'un qui mène ses bêtes à l'abreuvoir, un air
rythmé comme un air de danse, mais que l'homme étirait
et alanguissait comme une vieille ballade triste :

Mes souliers sont rouges...
ddieu, mes amours!
Mes souliers sont rouges•••
Adieu, sans retour!

Meaulnes avait levé la tête et écoutait. Ce n'était rien
qu'un de ces airs que chantaient les paysans attardés, au
Domaine sans nom, le dernier soir de la fête, quand
déjà tout s'était écroulé ... Rien qu'un souvenir - le
plus misérable - de ces beaux jours qui ne reviendraient
plus.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

-

Mais vous l'entendez? dit Meaulnes à mi-voix.

Oh ! Je vais aller voir qui c'est.
Et tout de suite, il s'engagea dans le petit bois. Presque
aussit6t la voix se tut ; on entendit encore une seconde
l'homme siffier ses bêtes en i'éloignant ; puis plus rien ..•
Je regardai la jeune fille. Pensive et accablée, elle avait
les yeux fixés sur le taillis où Meaulnes venait de disparaître. Que de fois, plus tard, elle devait regarder ainsi,
pensivement, le passage par où s'en irait à jamais le grand
Meaulnes !
Elle se retourna vers moi :
- Il n'est pas heureux, dit-elle douloureusement.
Elle ajouta :
- Et peut-être que je ne puis rien faire pour lui ?•••
J'hésitais à répondre, craignant que Meaulnes, qui
devait d'un saut avoir gagné la ferme et qui maintenant
revenait par le bois, ne surprit notre conversation. Mais
j'allais l'encourager cependant; lui dire de ne pas craindre
de brusquer le grand gars ; qu'un secret sans doute le
désespérait et que jamais de lui-même il ne se confierait
à elle ni à personne - lorsque soudain de l'autre c6té du
bois partit un cri, puis nous entendîmes un piétinement
comme d'un cheval qui pétarade et le bruit d'une dispute
à voix entrecoupées... Je compris tout de suite qu'il
était arrivé un accident au vieux Bélisaire et je courus
vers l'endroit d'où venait tout le tapage. Mu• de Galais me
suivit de loin. Du fond de la pelouse on avait dt'.l remarquer notre mouvement, car j'entendis, au moment où
j'entrais dans le taillis, les cris des gens qui accouraient.
Le vieux Bélisaire, attaché trop bas, s'était pris une
patte de devant dans sa longe ; il n'avait pas bougé

LE GRAND MBAULNES

jusqu'au moment où M. de Galais et Delouche, au cours
de _leur promenade, s'étaient approchés de lui ; effrayé,
excité par l'avoine insolite qu'on lui avait donnée, il
s'était débattu furieusement ; les deux hommes avaient
essayé de le délivrer, mais si maladroitement qu'ils avaient
réussi à l'empêtrer davantage, tout en risquant d'essuyer de
dangereux coups de sabots. C'est à ce moment que par
hasard Meaulnes, revenant des Aubiers, était tombé sur le
groupe. Furieux de tant de gaucherie, il avait bousculé les
deux hommes au risque de les envoyer rouler dans le buisson. Avec précaution mais en un tour de main il avait délivré
Bélisaire. Trop tard, car le mal était déjà fait ; le cheval
devait avoir un nerf foulé, quelque chose de brisé peutêtre, car il se tenait piteusement, la tête basse, sa selle à
demi dessanglée sur le dos, une patte repliée sous son
ventre et toute tremblante. Meaulnes penché, le tll.tait et
l'examinait sans rien dire.
Lorsqu'il releva la tête, presque tout le monde était là
rassemblé, mais il ne vit personne. Il était fkhé rouge.
- Je me demande, cria-t-il, qui a bien
de la sorte ! Et lui laisser sa selle sur le
journée l Et qui a eu l'audace de seller ce
bon tout au plus pour une carriole.
Delouche voulut dire quelque chose, sur lui.

pu l'attacher
dos toute la
vieux cheval,
tout prendre

- Tais-toi donc! c'est ta faute, encore. Je t'ai vu
tirer bêtement sur sa longe pour le dégager.
Et se baissant de nouveau, il se remit à frotter le jarret
du cheval avec le plat de sa main.
M. de Galais, qui n'avait rien dit encore, eut le tort
de vouloir sortir de sa réserve. II bégaya :

�586

LA . NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Les officiers de marine ont l'habitude... Mon
cheval...
- Ah il est à vous?... dit Meaulnes un peu calmé,
très rouge, en tournant la tête de côté, vers le vieillard.
Je crus qu'il allait changer de ton, faire des excuses. Il
souffla un instant. Et je vis alors qu'il prenait un plaisir
amer et désespéré à aggraver la situation, à tout briser à
jamais, en disant avec insolence :
- Eh ! bien, je ne vous fais pas mon compliment.
Quelqu'un suggéra :
- Peut-être que de l'eau fraîche... En le baignant
dans le gué ...
- Il faut, dit Meaulnes sans répondre, emmener tout
de suite ce vieux cheval, pendant qu'il peut encore marcher - et il n'y a pas de temps à perdre ! - le mettre à
l'écurie et ne jamais plus l'en sortir.
Plusieurs jeunes gens s'offrirent aussitôt. Mais M 11• de
Galais les remercia vivement. Le visage en feu, prête
à fondre en larmes, elle dit au revoir à tout le monde,
et même à Meaulnes, décontenancé, qui n'osa pas la
regarder. Elle prit la bête par les rênes, comme on
donne quelqu'un la main, plutôt pour s'approcher d'elle
davantage que pour la conduire... Le vent de cette fin
d'été était si tiede sur le chemin des Sablonnières qu'on
se serait cru au mois de Mai, et les feuilles des haies
tremblaient
la brise du Sud ... Nous la vîmes partir
ainsi sur le chemin, son bras à demi sorti du manteau,
tenant dans sa main étroite la grosse rêne de cuir. Son
pere marchait péniblement à côté d'elle ...
Triste fin de soirée ! Peu à peu, chacun ramassa ses
paquets, ses couverts ; on plia les chaises, on démonta les

a

a

LE GRAND MEAULNE$

587

tables ; u~e à une, les voitures chargées de bagages et de
gens, partirent, avec des chapeaux levés et des mouchoirs
agités. Les derniers, nous restimes sur le terrain avec mon
oncle Florentin, qui ruminait comme nous, sans nen
· d'1re,
ses regrets et sa grosse déception.
Nous aussi nous partîmes, emportés vivement dans
.
.
'
notre voiture bien suspendue, par notre beau cheval
alezan. La roue grinça au tournant dans le sable et bientôt
Meaulnes et moi, qui étions assis sur le siege de derrière'
A
d'isparattre, sur la petite route, l'entrée du'
nous _v1mes
che:'11m d~ traverse que le vieux Bélisaire et ses maîtres
avaient pns ...
Mais alors mon compagnon - l'être que je &amp;ache au
monde le plus incapable de pleurer - tourna soudain vers
moi son visage bouleversé par une irrésistible montée
de larmes.
-:- Arrêtez, voulez-vous ? dit-il en mettant la main
sur_! épa~le de Florentin. Ne vous occupez pas de moi. Je
rev1endra1 tout seul à pied.
Et d'un bond, la main au garde-boue de la voiture il
~uta par terre. A notre stupéfaction, rebroussant chem~n
il se prit _à courir --: et courut jusqu'au petit chemin qu;
no~s venions de passer, le chemin des Sablonnières. Il dut
ai:1~er_ a~ Domaine par cette allée de sapins qu'il avait
SUIV!e Jadis ; où il avait entendu, vagabond caché dans les
basses branches, la conversation mystérieuse des beaux
enfants inconnus...
~t c'est ce soir-là, avec des sanglots, qu'il demanda en
manage M 11e de Galais.

�588

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

CHAPITRE VII
LE. JOUR DES NOCES

C'est un jeudi, au début de février, un beau jeudi soir
glacé, où le grand vent souffle. li est trois heures et demie,
quatre heures... Sur les haies, aupres des bourgs, les
lessives sont étendues depuis midi et sèchent à la bourrasque. Dans chaque maison, le feu de la salle à manger
fait luire tout un reposoir de joujoux vernis. Fatigué de
jouer, l'enfam: s'est assis aupres de sa mère et il lui fait
raconter la journée de son mariage.
Pour celui qui ne veut pas être heureux, il n'a qu'à
monter dans son grenier et il entendra, jusqu'au soir,
siffier et gémir les naufrages; il n'a qu'à s'en aller dehors,
sur la route, et le vent lui rabattra son foulard sur la
bouche comme un chaud baiser soudain qui le fera
pleurer. Mais pour celui qui aime le bonheur, il y a, au
bord d'un chemin boueux, la maison des Sablonnières, où
mon ami Mcaulnes est rentré avec Yvonne de Galais,
qui est sa femme depuis midi.
Les fiançailles ont duré cinq mois. Elles ont été
paisibles, aussi paisibles que la première entrevue avait été
mouvementée. Meaulnes est venu tres souvent aux
Sablonnières, à bicyclette ou en voiture. Plus de deux fois
par semaine, cousant ou lisant pres de la grande fenêtre
qui donne sur la lande et les sapins, M 11e de Galais a vu
tout d'un coup sa haute silhouette rapide passer derrière
le rideau. Car il vient toujours par l'allée détournée qu'il
a prise autrefois. Mais c'est la seule allusion - tacite -

LE GRAND MEAULNBS

qu'il fasse au passé. Le bonheur semble avoir endormi son
étrange tourment.
De petits événements ont fait date pendant ces cinq
calmes mois. On m'a nommé instituteur au hameau de
Saint-Benoist des Champs. Saint-Benoist n'est pas un
village. Ce sont des fermes disséminées à travers la campagne, et la maison d'école est complétement isolée sur
une côte au bord de la route. Je mène une vie bien
solitaire ; mais en passant par les champs, il ne faut que
trois quarts d'heure de marche pour gagner les Sablonrueres ...
Delouche est maintenant chez son oncle, qui est entrepreneur de maçonnerie au Vieux-Nançay. Cc sera bientôt
lui le patron. Il vient souvent me voir. Meaulnes, sur la
prière de Mlle de Galais, est maintenant tres aimable avec
lui.
Et ceci explique comment nous sommes là, tous deux, à
r6der, vers quatre heures de l'après-midi, alors que les
gens de la noce sont déjà tous repartis.
Le mariage s'est fait à midi, avec le plus de silence possible, dans l'ancienne chapelle des Sablonnières, qu'on n'a
pas abattue et que les sapins cachent à moitié sur le versant de la c6te prochaine. Apres un déjetîner rapide, la
mère de Meaulnes, M. Seure! et Millie, Florentin et les
autres sont remontés en voiture. Il n'est resté que Jasmin
et moi.
Nous errons à la lisière des bois qui sont derrière la
maison des Sablonnières, au bord du grand terrain en
friche - emplacement ancien du Domaine aujourd'hui
abattu. Sans vouloir l'avouer et sans savoir pourquoi,
nous sommes remplis d'inquiétude. En vain nous essayons

�59°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de distraire nos pensées et de tromper notre angoisse en
nous montrant, au cours de notre promenade errante, les
bauges des lievres et les petits sillons de sable où les lapins
ont gratté fraîchement •.. un collet tendu... la trace d'un
braconnier ... Mais sans cesse nous revenons à ce bord du
taillis, où l'on découvre la maison silencieuse et fermée ..•
Au bas de la grande croisée qui donne sur les sapins, il
y a un balcon de bois, envahi par les herbes folles que
couche le vent. Une lueur comme d'un feu allumé se
reflete sur les carreaux de la fenêtre. De temps à autre,
une ombre passe. Tout autour, dans les champs environnants, dans le potager, dans la seule ferme qui reste des
anciennes dépendances, silence et solitude. Les métayers
sont partis au bourg pour fêter le bonheur de leurs maîtres.
De temps à autre, le vent chargé d'une buée qui est
presque de la pluie nous mouille la figure et nous apporte
la parole perdue d'un piano. Là-bas, dans la maison fermée,
quelqu'un joue. Je m'arrête un instant pour écouter en
silence. C'est d'abord comme une voix tremblante qui, de
tres loin, ose à peine chanter sa joie... C'est comme le
rire d'une petite fille qui, dans sa chambre, a été chercher
tous ses jouets et les répand devant son ami. Je pense
aussi à la joie, craintive encore, d'une femme qui a été
mettre une belle robe et qui vient la montrer et qui ne
sait pas si elle plaira... Cet air que je ne connais pas, c'est
aussi une priere, une supplication au bonheur de ne pas
être trop cruel, un salut et comme un agenouillement
devant le bonheur ...
Je pense : " Ils sont heureux enfin. Enfin le bonheur
s'est laissé conquérir. Il est là-bas près d'elle .... "
Et savoir cela, en être sfu-, suffit au contentement
parfait du brave enfant que je suis,

LE GRAND MEAULNES

59 1

A ce moment, tout absorbé, le visage mouillé par le
vent de la plaine comme par l'embrun de Ja mer, je sens
qu'on me touche l'épaule :
- Ecoute ! dit Jasmin tout bas.
Je le regarde. Il me fait signe de ne pas bouger ; et
lui-même, la tête inclinée, le sourcil froncé, il écoute ...

CHAPITRE VIII
L'APPEL DE FRANTZ

- Hou-ou!
Cette fois, j'ai entendu. C'est un signal, un appel sur
deux notes, haute et basse, que j'ai déjà entendu jadis...
Ah ! je me souviens: c'est le cri du grand comédien lorsqu'il hélait son jeune compagnon à la grille de l'école.
C'est l'appel à ·quoi Frantz nous avait fait jurer de nous
rendre, n'importe où et n'importe quand. Mais que
demande-t-il ici, aujourd'hui, celui-là ?
, ~ C_ela ~ient de la grande sapinière à gauche, dis-je
a m1-v01x. C est un braconnier, sans doute.

Jasmin secoue la tête :
- Tu sais bien que non.
Puis plus bas :
- Ils sont dans le pays, tous les deux, depuis ce
matin. J'ai urpris Ganache, à onze heures, en train de
guetter dans un champ aupres de la chapelle. Il a détalé
c~ m'apercevant. Ils sont venus de loin, peut-être à
bicyclette, car il était couvert de boue jusqu'au milieu du
dos...
-

Mais que cherchent-ils ?

�LJ! GRAND MEAULNES

59 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Je n'en sais rien. Mais à coup sCir, il faut que nous
les chassions. Il ne faut pas les laisser r6der aux alentours.
Ou bien toutes les folies vont recommencer ...
Je suis de cet avis, sans l'a.vouer.
. .
- Le mieux, dis-je, serait de les Joindre, de voir ce
qu'ils veulent et de leur faire entendre raison ...
Lentement, silencieusement, nous nous glissons donc
en nous baissant, à uavers le taillis, jusqu'à ~a grande
sapinière, d'où part à intervalles réguliers ce crt prolongé
u.i n'est pas en soi plus triste qu'autre chose, mais qui
q
d . .
e
nous semble à tous les deux e sinistre augur •
.
Il est difficile dans cette partie du bois de sapins,
où le regard s';nfonce entre les troncs régulièrement
L.
de surprendre quelqu'un et de s'avancer sans
l t i.::s,
pan
, l'
1
être vu. Nous n'essayons même pas. Je me poste a ange
de la sapinière. Jasmin va se placer à l'ang~e op~sé,
de f:açon à commander comme moi, de 1 extérieur,
• l'
deux des côtés du rectangle et à ne pas laisser fu,_r °,"
des bohémiens sans le héler. Ce dispositions ~nses, JC
commence à jouer mon raie d'éclaireur pacifique et
j'appelle :
- Frantz !...
" Frantz ! Ne craignez rien. C'est moi, Seure!; je
voudrais vous parler,..
.
,
.
Un instant de silence. Je vais me décider a crier
encore lorsque, du cœur même de la sapinière, où mon
regard, n'atteint pas tout à fait, une voix commande :
- Restez où vous êtes : il va venir vous trou,er.
Peu à peu, entre les grands sapins que l'éloigne~ent
fait paraîue serrés, je distingue la silhouette du Jeune
homme qui s'approche. Il paraît couvert de boue et mal

593

vetu ; des épingle de bicyclette serrent le bas de son
pantalon ; une vieille casquette à ancre est plaquée sur es
cheveux trop longs; je voi maintenant sa figure amaigrie ...
Il semble avoir pleuré.
S'approchant de moi, résolument:
- Que voulez-vous ? demande-t-il d'un air très
insolent.
- Et vous même, Frantz, que faites-vous ici ? Pourquoi venez-vous troubler ceux qui sont heureux ?
Qu'avez-vous à demander? Dites-le.
Ainsi interrogé directement, il rougit un peu, balbutie,
répond seulement :
-

Je suis malheureux, moi, je suis malheureux.

. Puis, la tete dans le bras, appuyé à w1 tronc d'arbre,
11 se prend à sangloter amèrement. Nous avons fait
quelques pas dans la sapinière. L'endroit est parfaitement
silencieux. Pas même la voix du vent que les grands
sapins de la li ière arrêtent. Entre les troncs réguliers se
riptte et s'éteint le bruit des sanglots étouffés du jeune
homme. J'attends que cette crise s'apai e et je dis, en lui
mettant la main sur l'épaule :
- Frantz, vous viendrez avec moi. Je vous mènerai
auprès d'eux. Ils vous accueilleront comme un enfant
perdu qu'on a retrouvé et tout sera fini.
Mai~ il ne voulait rien entendre. D'une voix assourdie
par les larmes, malheureux, entêté, colère, il reprenait :
-

Ainsi Meaulnes ne s'occupe plus de moi? Pourquoi
? Pourquoi ne tient-il
pas sa promesse ?
ne répond-il pas quand je l'appelle

- Voyons, Frantz, répondis-je, le temps des fantasmagories et des enfantillages est passé. Ne troublez pas

7

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

594

avec des folies le bonheur de ceux que vous aimez -

de

votre sceur et d'Augustin Meaulnes.
- Mais lui seul peut me sauver, vous le savez bien.
Lui seul est capable de retrouver la trace que je cherche.
Voilà bientôt trois ans que Ganache et moi nous battons
toute la France sans résultat. Je n'avais plus confiance
qu'en votre ami. Et voici qu'il ne répond plus. Il a
retrouvé son amour, lui. Pourquoi, maintenant, ne penset-il pas à moi. Il faut qu'il se mette en route. Yvonne le
laissera bien partir ... Elle ne m'a jamais rien refusé.
Il me montrait un visage où, dans la poussière et la
boue, les larmes avaient tracé des sillons sales - un
visage de vieux gamin épuisé et battu. Ses yeux étaient
cernés de tkhes de rousseur ; son menton, mal rasé ; ses
cheveux trop longs traînaient sur son col sale. Les mains
dans les poches, il grelottait. Ce n'était plus ce royal
enfant en guenilles des années passées. De cceur, sans
doute, il était plus enfant que jamais: impérieux, fantasque
et tout de suite désespéré. Mais que cet enfantillage était
pénible à supporter chez ce garçon déjà légèrement
vieilli ! Naguère, il y avait en lui tant d'orgueilleuse
jeunesse que toute folie au monde lui paraissait permise,
A, présent, on était d'abord tenté de le plaindre pour
n'avoir pas réussi sa vie ; puis de lui reprocher ce rôle
absurde de jeune héros romantique où je le voyais
s'entêter ... Et enfin je pensais malgré moi que notre beau
Frantz aux belles amours avait dô. se mettre à voler pour
vivre, tout comme son compagnon Ganache .•• 'fant
d'orgueil avait abouti à cela.
- Si je vous promets, dis-je enfin, après avoir réfléchi,
que dans quelques jours Meaulnes se mettra en campagne
pour vous, rien que pour vous ?...

LI GRAND MEAULNES

- Il réussi· ra, n •est-ce as ?
595
demanda-t-il en cl aquant desp dents
. Vous en êtes st1r .? me
- Je le pense. Tout dev1ent
.
· . 'bl
- Et comment le
. . poss1 e avec lui !
saurai-Je ? Q •
- Vous
·
· m me le dira?
reviendrez ici d
.
même heure . v
ans un an exactement à
.
· ous trouverez l .
, cette
aimez.
a Jeune fille que vous
Et, en disant ceci ' Je
. pensais
. n
no uveaux
époux, mais
. m ' enquér'
on pas troubl er Ies
et faire diligence m .
A
ir auprès de tante M . 1
01-mcme pour t
ome
L e bohémien m
rouver la jeune fille

'°''.nt! de confian,:

v:ra::::'.:•~s

les yeux avec ~ne

.avait encore et tout de A
m1rable. Quinze ans 1·1
.
mcme qu·
,
nous avions à Samte-Agathe
.
l mze . ans ! _ l'!ge que
1
,casses'.
quand nous fîmes to , l e s~1r du balayage des
-enfantin ·
us es trois ce terribl e serment

Le désespoir le re · 1
- Eh bien, nou/::to::squ'i_l fut obligé de dire :
Il regarda
..
partir.
, certamement avec un grand serrement d
.cœur
, tous ces bois d' l
qui•·1 allait de nouveaue
~uitter.
a entour
' - Nous serons dans tr . .
N
ois Jours, dit-il sur les
d .
. ous avons laissé
. '
routes
cpu1s trente heures
nos voitures au loin Et
pen .
' nous marchio
.
sions arriver à temps p
ns sans arrêt. Nous
1e mari
' our emmener M
l
h
age et chercher avec 1 .
eau nes avant
c erché les Sablonniè
u1 ma fiancée comme il
p .
res...
a
u1s,
repris
pa
- A
r sa terrible puérilité .
. ppelez votre Delou h
. . .
,que s1 je le rencontrais ce c e,_d1t-1l en s'en allant, parce
Peu a
' serait affreux 1
peu, entre les sapins' je vis isparaître sa sil,d Allemagne

d.

�l.A NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

houette grise. Je rappelai Jasmin et nous allàmes reprendre
notre faction. Mais presque aussitat, nous aperçClmes,
là-bas, Augustin qui fermait les volets de la maison, et
nous fümes frappés par l'étrangeté de son allure.

CHAPITRE IX
LES GENS HEUREUX

J'ai su, plus tard, par le menu détail, tout ce qui s'était
passé là-bas. Dans le salon des Sablonnières, Meaulnes et
Mil• de Galais, dès le début le l'après-midi, sont restés
complétement seuls. Tous les invités partis, le vieux
M. de Galais a ouvert la porte, laissant une seconde le grand
vent pénétrer dans la maison et gémir; puis il s'est dirigé
vers le Vieux- ançay et ne reviendra qu'à l'heure du diner
pour mettre tout à clef et donner des ordres à la ferme.
Aucun bruit du dehors n'arrive plus maintenant jusqu'aux
jeunes gens. Il y a tout juste une branche de rosier sans
feuilles qui cogne la vitre, du c6té de la grande lande.
Comme deux passagers dans un bateau à la dérive, ils
sont, dans le grand vent d'hiver, deux amants enfenn~
avec le bonheur.
- Le feu menace de s'éteindre, dit Mil• de Galais, et
elle voulut prendre une bCtche dans le coffre. Mais
Meaulnes se précipita et plaça lui-même le bois dans le
feu.
Puis il prit la main tendue de la jeune femme et ils
restèrent là, debout, l'un devant l'autre, étouffés comme
par une grande nouvelle qui ne pouvait pas se dire.
Le vent roulait avec le bruit d'une rivière débordée,

LI GRAND MEAULNES

De temps à autre une goutte d' eau diagonal
.

597

sur la portière d'un t •

. ,
ement, comme
.
ram, rayait la vitre.
Alors la Jeune fille s' écha a
.
couloir et disparut ave
pp.' Elle ouvnt la porte du
c un sourire mysté .
U
dans la demi-obscurité A
.
neux. n instant
doute: " Voici do
u~stin resta seul. Il songea sans
.
ne a maison tant che hé 1
jadis plein de chuchoteme t
d
rc e, e couloir
Le tic-tac d'une
.
n s et e passages étranges ... "
petite pendule fa' .
à manger de Sainte-Agathe...
1sa1t penser à la salle

I

. C'est alors qu'il dut entendre
"•
dit plus tard l'avoir ent d· , -: et M de Galais me
'
en u aussi
1
•
Fraatz, tout près de 1
.
- e premier cri de
La .
a maison.
Jeune femme &gt; alors, eut beau lui m
1es c hoses merveilleuses d
Il
ontrer toutes
de petite fille toutes onthe e était chargée : ses jouets
'
ses P otograph · d' r,
en cantinière elle et F
ies en,ants : elle
.
'
rantz sur les g
d
qui était si J'olie
.
enoux e leur mère
... PUIS tout ce q ·
•
'
petites robes d . d"
.
u1 restait de ses sages
e Ja IS : "Jusqu'à cell .
.
voyez, vers le temps où vou ail" b' e-c1 que Je portais,
oà vous arriviez J·e c .
s iez ient6t me connaître
u
,
rois, au cours d S .
,
.,eaulnes ne vo ai 1
•
e amte-Agathe... "
.
y t p us nen et n'entendait 1
.
Un instant pourtant .1
..
P us nen.
, parut ressa1s1 p la
son extraordinaire, in"imagina
. bl
ar
pensée de
e bonheur.
V
ous êtes là - d'it-1.1 sourdem ·t,
d' ire seulement donnait 1
.
en comme si le
de la table et votre mai e :ert1ge. - Vous passez auprès
Et encore •
n s y pose un instant ...
. -:- Ma mère lorsqu'elle était .
légèrement son bust
Je~ne femme, penchait
Et
d
e sur sa taille pour me
1
quan elle se mettait
.
par cr••.
Alors M11e
. au piano ...
de Gala1s proposa de JOUer
.
avant que la

aJllSI

�LA NOUV.ELLE. REVUE FRANÇAISE

nuit vînt. Mais il faisait sombre dans ce coin du salon et
l'on fut obligé d'allumer une bougie. L'abat-jour rose sur
le visage de la jeune fille augmentait ce rouge dont elle
était marquée aux pommettes et qui était le signe d'une
grande anxiété.
La-bas, à la lisiere du bois, je commençai d'entendre
cette chanson tremblante que nous apportait le vent,
coupée bientôt par le seeond cri des deux fous, qui
s'étaient rapprochés de nous dans 1es sapins.
Longtemps Meaulnes écouta le piano en regardant
silencieusement par une fenêtre. Plusieurs fois, il se
tourna vers le doux visage plein de faiblesse et d'angoisse. Puis il s'approcha d'Yvonne et, tres légerement,
mit sa main sur son épaule. Elle sentit doucement peser
aupres de son cou cette caresse a laquelle il aurait fallu
savQir répondre,
_ Le jour tombe, dit-il enfin. Je vais fermer les volets.
Mais ne cessez pas de jouer...
Que se passa-t-il alors dans ce cœur obscur et sauvage?
Je me le suis souvent demandé et je ne l'ai _su q~e
lbrsqu'il fut trop tard. Remords ignorés ? Regrets m~phcables? Peur de voir s'évanouir bienttit entre ses mams ce
bonheur inoui qu'il tenait si serré r Et alon; tentation
terrible de jeter irrémédiablement à terre, tout de suite,
cette merveille qu'il avait conquise? •..
Il sortit lentement, silencieusement, apres avoir regardé
la jeune femme une fois encore. Nous le vîmes, de la
lisière du bois, fermer d'abord avec hésitation un volet ;
puis regarder vaguement vers nous ; en fermer u_n au_tre,
et soudain s'enfuir à toutes jambes dans notre d1rect1on.
Il arriva prts de nous avant que nous eussions pu songer

LE GRAND M.EAUL~ ES

599

à nous dissimuler davantage. Il nous aperçut comme il
allait franchir une petite haie récemment pla~tée et ui
formait la limite d'un pré. Il fit un écart. Je me rapp~le
son allure hagarde, son air de bête traquée. Il fit mine de
revenir sur ses pas pour franchir la haie du côté du petit
ruisseau.
Je l'appelai :
- Meaulnes !... Augustin !...

Mais il ne tournait pas meme la tête, Alors, persuadé
que cela seulement pourrait le retenir ;
- Frantz est là, criai-je. Arrête !
Il s'arrêta enfin. Haletant et sans me laisser le temps
de préparer ce que je pourrais dire :
- Il est là! dit-il. Que réclame-t-il ?
- Il est malheureux, répondis-je. Il venait te demander
de l'aide, pour retrouver ce qu'il a perdu.
, -. Ah ! fit-il baissant la tête. Je m'en doutais bien.
J avais beau essayer d'endormir cette pensée-la ... Mais
où est-il ? Raconte vite.
Je dis que Frantz venait de pa~tir et que certainement on ne le rejoindrait plus maintenant. Ce fut pour
M~aulnes une grande déception. Il hésita ; _fü deux ou
trois pas ; s'arrêta. Il paraissait au comble de l'indécision
et du chagrin. Je lui racontai ce que j'avais promis en son
nom au jeune homme. Je dis que je lui avais donné
rendez-vous dans un an à la même place.
Augiistin, si calme en général, était ma~ntenant dans
un état de -nervosité et d'impatience extraordinaire :
- Ah! Pourquoi avoir fait cela! dit-il. Mais oui, sans
do~te, je puis le sauver. Mais il faut que -ce soit tout de
suite. Il faut que je le voie, que je lui parle, qu'il me

�600

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pardonne et que je répare tout ... Autrement je ne peux
plus me présenter, là-bas ...
Et il se tourna vers la maison des Sablonnières.
- Ainsi, dis-je, pour une promesse enfantine que tu
lui as faite, tu es en train de saccager ton bonheur.
- Ah ! si cc n'était que cette promesse, fit-il.
Et ainsi je connus qu'autre chose liait les deux jeunes
hommes, mais sans pouvoir deviner quoi.
- En tous cas, dis-je, il n'est plus temps de courir.
Ils sont maintenant en route pour l'Allemagne.
Il allait répondre lorsqu'une figure échevelée, déchirée,
hagarde, se dressa entre nous. C'était Yvonne de Galais.
Elle avait dO. courir, car elle avait le visage baigné de
sueur. Elle avait dO. tomber et se blesser, car elle avait le
front écorché au-dessus de l'ccil droit et du sang figé dans
les cheveux.
Il m'est arrivé, dans les quartiers pauvres de Paris, de
voir soudain, descendu dans la rue, séparé par des agents
intervenus dans la bataille, un ménage qu'on croyait heureux, uni, honnête. Le scandale a éclaté tout d'un coup,
n'importe quand, au moment de se mettre à table, le
dimanche avant de sortir, au moment de souhaiter la fête
du petit garçon ... - et maintenant tout est oublié, saccagé. L'homme et la femme, au milieu du tumulte, ne
sont plus que deux démons pitoyables, et les enfants en
larmes se jettent contre eux, les embrassent étroitement,
les supplient de se taire et de ne plus se battre.
Mue de Galais, quand elle arriva près de Meaulnes, me fit
penser à un de ces enfants-là, à un de ces pauvres enfants
affolés. Je crois que tous se amis, tout un village, tout un
monde l'cO.t regardée, qu'elle f&lt;lt accourue tout de même,

LE GRAND MEAULNES

601

qu'elle ftlt tombée de la ê
rante, salie.
m me façon, échevelée, pieuMais quand elle eO.t compris u M
. .
q e
eaulnes était bien
mo1ns I1 ne l'abando
.
die pa~ son bras sous 1 .
.
nnera1t pas, alors
e sien, puis elle ne
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de rire au milieu de se l
put s empêcher
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Il
duent rien ni l'
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eniant. s ne
un m autre Mai
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son mouchoir Meaul
l 1· . . , comme el e avait tiré
,
nes e u1 pnt douce
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Avec précaution et
l' .
.
ment es mains.
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app icat1on, il essuya le san
.
t la chevelure de la jeune fille.
g qui

U, que cette fois du

- Il faut rentrer, maintenant d1"t-"l
Et Je
· les laissai retourner tous' les 1d•
grand vent du soir d'h.
.
eux, dans le beau
Iu4 l'aidant d I
tv~r qui leur fouettait le visage
e a main aux passa
d 'tn ·1
souriant et se Mtant ges I c1 es ; elle,
vers leur demeure pour
.
aband onnée.
un instant
(à suitm)

•

ALAIN-FOURNIER.

�CHRONIQUE DE CAERDAL

602

CHRONIQUE DE CAËRDAL
XXIIl

.
603
passer outre, tant la fiction d 1
.
blesse souvent l'esp 't Ell e la tragédie française
.
n .
e e fore ' ' b
Jamais que le drame est
.
e a n ou lier
à la fin ce ne sont pl undJeu. Cet ét~rnel corridor,
us es êtres viva t
. ,
rencontrent mais des b
.
n s qu1 s y
courants d':ir qu·
ahstract10ns. 11 règne là des
i enr ument l'é
·
refroidissent tout.
motion, et qui

SHAKSPEAIŒ A PARLS

§
La représentation de Shakspeare en français
est une pierre de touche, et le grand piège de
l'art dramatique. Elle révèle l'or de l'interprétation
ou le titre misérable de l'esprit qui l'anime. Sauf
deux ou trois drames, Othe/l'o, Macbeth; peut être
Hamlet, peut être la Tempête, je ne crois plus
possible de donner Shakspeare tel quel, en respectant totalement le texte. Avant d'avoir vu Coriolan
et César, le Roi Lear et Roméo, je ne pensais pas
de la sorte. Au contraire, Britannicus n'a pas une
ride.
J'ai toujours senti ce que les changements
brusques, dans l'espace et dans le temps, ont
d'imparfait et même de très pénible. Ils rompent
l'intérêt. Ils substituent fatalement le spectacle au
drame. Je n'ai pas aimé l'œuvre ·de Shakspeare à
cause de ces changements, mais malgré ces changements. Ou le drame doit disparaitre, ou la part du
spectacle sera de plus en plus petite.
Pourtant, j'ai eu peut être l'illusion qu'on ptît

•

·
.Les unités· sont ad mirables
soient dans le sujet. Ou du
'. pourvu qu'elles
puisse n'y pas pe
L'
moins, pourvu qu'on
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comme les actions d 1 . e a ors se déroule
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celui du volume. C'es Ï•l
m~n e moderne est
t me qui le veut ainsi: Ja

�604

CHRONIQUE DE CAERDAL

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

peut plaire : il est divertissement ; parfois même
volupté, m,ais toujour_s inco~plète. (La musique a
passé par la ; et depuis, on 1 appelle sans cesse au
secours.) Le spectacle n'émeut jamais: il n'est point
de la passion : loin de là, fastueuse ou puérile, il
est la borne où elle achoppe. Enfin, où sont au
théâtre les grands spectacles de l'âme ? Dans le
dialogue, uniquement : le drame n'est fait que
pour ces moments suprêmes et les suprêmes aveux
des héros: Hamlet avec sa mère• Hamlet au
cimetière ; la seconde conversation d'Othello avec
lago; la dernière scène de Rodrigue et Chimène :
Si jamais je t'aimai ... le débat d'Antigone et de
Créo~ ; la fin de Rosmersholm, agonie de trois
consc1 ences.
Jeux de lumière, pompes, cortèges, meubles,
défroq_u:s de toute sorte et chinoises même, paysages, decors, que nous veulent tous ces prestiges,
quand ~e grands cœurs nous parlent ? La plus
accom_phe des apparences, qui réclame ie plus notre
attention, est alors la plus grossière.

vie interieure, qui est la troisième dimension. Le
temple grec est un visage : avant tout, la cathédrale
est un vaisseau.
La vérité des règles est dans Molière: là, on
s'y range sans presque s'en douter. On admire le
même heureux miracle dans Britannicus et dans
Bérénice. Ibsen est unique pour l'exemple qu'il
donne des unités au théitre moderne. Elles lui
sont aussi naturelles qu'aux Grecs, et il n'y sacrifie

nen.

Si la grande poésie pouvait s'enfermer dans le
1 cadre des unités, ce serai_t le chef d'œuvre. Les
' unités seules procurent cette harmonie parfaite et
la beauté des lignes qui font l'œuvre d'art achevée.
Je ne fais plus crédit de ma propre illusion à
Shakspeare, depuis que j'ai vu Roméo et 'jules César.
Je ne dis pas qu'un drame est fait pour être ~u;
mais enfin c'est le destin d'un drame qu'on pmsse
le voir. Les œuvres dramatiques vieillissent et
meurent par la scène : ce qui est du spectacle en
elles , est leur mottalité. Il est incroyable comme
j'aime le drame et combien je hais le spect~cle. J_e
voudrais savoir s'il y a eu d'autres poètes a sentir
cette contrariété, et au même degré. Tous les
spectacles du monde,je les donne pour trois lignes
d'un divin dialogue, comme j'en sais. Le spectacle

605

§
'

A la scène, rien ne me satisfait plus de
Shakspeare que ces hauts moments du drame
pleine eau après la marée, où les caractères étan;
donnés, et les passions aux prises, ils s'affrontent
enfi n e t s ' exp1·1quent. Partout ailleurs, on passe, on

�606

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

\ se rencontre, on se tue même : on se ne s'explique
pas. Les changements de scène conduisent, plus ou
l11

moins, à la pantomime.
Plus la scène est longue, dans Shakspeare, ou,
si l'on préfère, plus l'acte dure, plus en un mot
l'on est où l'on est, et plus le drame est admirable.
On finit par détester ce qui l'interrompt. Les longueurs sont de l'action, comme on appe~~ c~ttc
part du drame, qui en est l'anecdote ou l h1sto1re.
Tout ce qui n'est pas ce fond où je m'émeus,
m'irrite et m'ennuie, au lieu de me distraire. Je
ne veux pas être distrait. Je veux être possédé, et
enseveli dans la beauté qui me possède. Bon pour
les enfants qu'on les promène de distraction en
distraction. Et il est vrai que la plupart des
hommes sont des enfants mal doués : Au théâtre,
ils cherchent toujours le cirque. Ils ne peuvent
pas être fixés dans la profondeur de l'émotion.
~•on les effraie, qu'on les fasse rire, qu'on les
secoue : émus, ils ne veulent pas l'être. Après le
diner, ils ont peur pour leur digestion. Poètes et
public, il faut convenir qu'ils ont un pauvre
estomac. Mais quoi ? Bambins, ils n'ont été
nourris que de petit lait, de pâtes et de bouillie :
ils sont au biberon toute leur vie, et aux
marionnettes : trois petits tours et puis s'en 'Uont.

CHRONIQUE DE CAERDAL

§
, L'épreuve de la scène française est infaillible.
C ~st encore une vertu de la langue reine: car je
~raite de _la scène où l'on parle le français. Peu
importe s1 Shakspeare sans coupures fait bon effet
en allemand.
La langue parlée mesure toutes les convenances
de l'action. Rien n'est soustrait à cette lumière:
allumée au dedans, elle éclaire le monde de l'événement, toute la mimique et toute l'anecdote des
caractères. En français, l'expression juge les sentiments: tout ce qui est superflu, outré sans vérité
ou sans utilité à l'essence du drame, écÎate, à l'insu
du potte, ave~ une grossière indécence. Ici, il faut
montrer ses titres au sublime. Ce qui passe pour
pr~f~nd en allemand est confus en français, et ce
qui 5 Y donne po~ le fin du fin n'est plus qu'un
bavardage outrecuidant. Ce qui semble net et droit
en anglais para1t en français un jeu de mains sans
art, et moins un langage qu'un sec entretien de
~t~es. Certaine verve qui se croit éloquente en
italien est bouffonne en français. La langue parlée
sur la scène française, a une évidence sublime e~
cruelle.

. Yoilà ce qui rend le théâtre des romantiques si

~dieu.le. Tout Y est d'une absurde inconvenance.
es héros sont leurs propres bouffons sans le

�608

L.A NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

savoir. Ils sont bafoués par ce qu'ils disent. 11
ne reste déjà plus une ligne du père Dumas,
cet éléphant de l'emphase et de la ~iaiserie. L:s
bouffons de Victor Hugo sont, du moms, splendidement parés et curieusement sonores. Tou~,
d'ailleurs, pantins et poupées. De tel papegais
au plumage éclatant, qui jacassent, nous n'en
pouvons plus souffrir le grelo_t de marotte. l~s
seraient vrais à demi, ou pourraient quelques fms
le paraitre, s'ils étaient traduits en espagnol ou en
bavarois. Par un juste retour, les drames espa~nols
et les drames allemands n'ont point en français de
vérité vivante : la langue française ne les trahit
pas : elles les révèle à eux mêmes. En exprimant
les caractères, elle les efface du même coup par ~e
doute qu'elle en inspire, ou I'ironiq~e mépns
qu'elle nous invite à en faire. Le français révèle la
vérité des caractères, comme les acides font passer
du bleu ,au rouge la teinture de tournesol
§

L'unité de lieu n'est pas si essentielle que les
autres. Il suffit, dans le moindre temps possible,
qu'on ne se déplace pas au ~ours d'un acte. En
sorte que si le drame en c_mq acte~ se passe en
cinq endroits différents, l'umté ~e s01t pas ~om~ue
au cours d'une situation. Le heu est la situation

CHRONIQUE DE CAERDAL

609

de l'acte. Et par acte,j'entends un pas considérable
de l'action. Le point, c'est de laisser toute sa
plénitude à chaque moment capital de l'action. Un
tel souci commande le choix des moments.
, 0~ est dans l'émotion : il faut qu'on y reste.
L artiste seul en a les moyens. Shakspeare lui
même n'y réussit pas toujours. C'est, en son art,
la règle unique de Dostolevski : à quoi jamais il ne
manque. Sortir de l'émotion, quan_d on y est,
av~nt ~~ l'avoir ép~isée ou presque, voilà ce qui
rwne 1 intérêt de 1 œuvre, et qui nuit à toute
l'harmonie. Grand poète, celui qui renouvelle
l'émotion à mesure qu'il l'épuise. Dans Roméo à.
peine si l'on voit les deux amants ensemble: 1:ur
amour est perdu au milieu de Vérone et noyé
dans le spectacle des factions. Mais, quand Vérone
et les factions seraient très nécessaires au drame il
est clair
que le drame est des deux amants,
.
toute chose._Et même ne le fi.ît il pas, il faut qu'il
le soit : car il est seul tragique et seul émouvant
su~ la scène. Au théâtre, la foule n'est qu'un
épisode. Ce qui prend le spectateur par la nuque
l'arrache à lui même, ce qui le tire de la vie
commune et médiocre, pour le plonger dans la
passion héroYque, c'est le drame des individus • et
l ,
,
1 n y en a pas d'autre. Le héros est un individu.
~ar définition. Et sur le théâtre plus que partout:
il le serait contre la volonté du poète, supposé que
le poète pô.t penser autrement.
8

:ur

�6 IO

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!!

Moins le lieu change, plus le drame est fort et
l'émotion présente.
Changer de lieu mène nécessairement ~ chan~er
de temps. On s'espace en tous sens. On s/parpille
dans la durée, comme on se disperse dan~ 1étendue.
La même facilité entraine les mêmes faiblesses. Et
l'harmonie est vaincue.
La force tragique d'Ibsen se voit d'~b~r~ aux
unités qu'il respecte, et comme il y es~ a 1aise: 1~
ne se fait pas violence pour en user :. il les plie a
soi , il en est maitre.
§

Nous n'avons pas un auteur tragique. sans
a1· s notre théâtre nous a permis de
repro Che • M
.
.
'bl
concevoi·r la tragédie parfaite. Si elle est poss1
,
de,
c'est la forme française avec les gr~ndes sc~nes e
Shakspeare. Je voudrais dire mieux : . 1entendement français, avec la musique intérieure de
Shakspeare.
·
·
Quoi qu'en pensent nos Tnssotms,_
si im pertinents aujourd'hui, la tragédie de Racme es~ une
analyse du sentiment, bien plus qu'une musi_que.
Elle donne la vue et l'intelligence des émotions,
plus que les émotions mêmes. Moins l'être que le
signe.
d
Etant sans musique elle est sans profon e_ur.
Seule, l'émotion est profonde. La grande passion

CHRONIQUE DB CAl!RDAL

6II

aspire à l'émotion, sans relâche ; l'émotion d'un
sentiment en est la musique. Trissotin qui, pour
mieux juger de la musique, n'en daigne pas savoir
un seul mot, ignore ce que je veux dire, et le juge.
Qu'il s'y évertue. Il me lit. Et, c'en est fait, je
ne perds plus mon temps à le lire. Passons.
Dans Hermione, Roxane, ou Mithridate, on ne
trouve pas la pr?fonde résonnance de la jalousie,
qui rend le désespoir d'Othello si tragique. Il n'est
pas un héros de Shakspeare, Hamlet, Prospero,
Macbeth et dix autres, qui n'ait de ces cris ou de
ces murmures, de ces rêveries passionnées, où il
semble que dans un caractère résonne le destin
de toute l'espèce. Il n'y a jamais un seul de ces
traits dans Racine. L'univers est vraiment absent
de son œuvre. Mais, dans Shakspeare, ce ne sont
que des moments. Ils sont perdus dans le désordre
du spectacle. Tout spectacle est naturellement
épars. La loi de -Racine est toute contraire : il tend
à l'épure de géométrie sentimentale. Son ordre est
merveilleux : mais on le touche ; il est admirable :
mais il se fait admirer. Les héros de Shakspeare
ne se possèdent pas, enfin : d'autant plus,
~hakspeare les possède. Un héros qui se possède,
Je vois le poète et la peinture des passions, mais
non pas les créatures passionnées. Gœthe et
Stendhal n'en jugent pas autrement, il me semble.
Je prends donc mon parti de penser là dessus
comme eux.

�CHRONIQUE DE CAERDAL

612

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

§

1

1

L'art et l'ordonnance grecque sont l'ordonnance et l'art français depuis près de trois cents
ans. Mais les émotions de l'âme moderne ne sont
pas épuisées par la tragédie de Racine ni de
Sophocles. Il s'en faut de tout.
11 y a une puissance, une émotion et même une
tendresse dont ces beaux Athéniens ne se doutent
seulement pas. Doux Racine, mais non pas tendre.
La musique nous les a révélées: l'univers n'est
jamais absent de la grande ~usique. Pour moi,
j'ai toujours rêvé du poète qw les fera passer dans
le drame.
Là aussi, il faut réconcilier l'antique et le
moderne, la forme française et la musique.. C'est
la musique intérieure qui fait les moments incomparables de Shakspeare. Mais dix moments
passionnés, dix regards sublimes ne font pas un
drame.
§
11 semble odieux de couper dans le texte de
Shakspeare. Mais il est bien plus o~ieux ~e le
trahir. Certaine fidélité aveugle est la pire trahison.
Garder à l'objet de son amour les raisons qu'on a
de l'aimer, c'est lui rester très fidèle. Et l'infidelité
consiste à l'en depouiller.

613

Shakspeare est aujourd'hui de l'ordre suprême
des grands tragiques faits pour être lus. Ceux là
se~s comptent, sans doute ; et il faut toujours en
finir par là. Cependant il est terrible, il est insupportable que la représentation ne donne pas tort
con~e Shaks~~are à la clique des critiques et au
public. Or, J en conviens : trop souvent à la
scène, ~hak~peare est diffus ; il est morcelé ; il est
~s swtc; il e~nuie. Où l'on voudrait demeurer,
il abrège le séjour; et il revient, il s'installe où
l'on aurait souhaité de ne plus être. La loi de son
•~tacle I~ force à ne jamais se fixer. Il est long,
?ù il nous impo~te moins ; où il nous importe plus,
al est court. C est que notre plaisir mesure la
durée._ Pour brève qu'elle soit, une scène qui ne
no~s mtéresse pas, est toujours trop longue. Les
actions de Shakspeare sont concentriques. Le
monde entoure les héros et les passions du drame
comme les cercles décrits autour d'une pierr;
tombée dans la profondeur de l'eau. Mais si
nombreux ils sont, qu'à la scène le centre s'effac
~n ne distingue plus le point d'impact des pa:~
s1_ons, ~u même les héros, que de loin en loin. Ils
~•spara1ssent dans l'immense ébranlement des
Circonstances qui les entourent, et des ondes qu'ils
répandent.
, !e ne voulais pas le croire, tout en le craignant.
Jai vu, et je ne doute plus. La représentation
fidèle de Roméo est une trahison.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

§
Les planches et ces animaux de c?médiens
portent en eux, vices et vertus, une réalité matérielle qu'on ne peut ni prévoir, ni méconnaitre. 11
faut compter avec la réalité, car ses vengeances
sont cruelles.
La matière du théâtre s'impose à l'esprit de
l' œuvre : elle y incarne les forces et les faiblesses
de la réalité vivante. La scène n'est pas idéale
seulement : quand le rideau se lève, ce sont d~
hommes et des femmes qui s'avancent, en chair
et en os, si peu qu'ils le soient, d'ailleurs, à la
ville. Il y a là toute une part qui échappe au
poète tragique, et qui s'incorpore à ~on œuvre :
elle va vivre sans lui, et contre lui peut être.
Tantôt le drame en est augmenté; tantôt il en est
avili. Ce hasard est glorieux: il tente les poètes.
Ce que les moyens et la vie d'une_ ép?que
impliquent ou supportent, voilà ce qui fa~t la
matière du théàtre : ils renouvellent parfois le
dram,e ; mais souvent il périt avec eux. Plus les
œuvrcs prêtent au comédien et au spectacl:, plus
elles sont périssables. Le livre est la scène 1deale,
qui conserve les chefs d' œuvre.
Il y a du périssable dans Shakspeare, . et
beaucoup. L'·épreuve de la scène le montre, même
quand il s'agit d'œuvres immortelles. Le texte de

CHRONIQUE DE CAERDAL

615
Shakspeare, qui voudrait y porter la main ? Mais
le spectacle de Shakspeare, il faut qu'on y touche,
si l'on veut que l'admiration y reste fidèle, et que
le spectateur continue d'en garder l'émotion et le
respect.
Point de musiques. Point de cortèges. La plus
sobre décoration ; et moins pour voir où l'on est,
que pour inviter que l'on y rêve. Que les fresques
de Véronèse et les costumes de Sardanapale restent
dans les musées. Et les paysages, plus encore,
qu'on leur laisse la paix: qu'ils demeurent honnêtement où ils sont, dans la nature.
Je ne demande qu'une toile de fond, quelques
plans de pierre, d'eaux ou d'arbres, pour permettre
à la pensée de quitter la vie ordinaire, sans que le
sol lui manque. De la lumière ou de l'ombre, plus
ou moins, pour envelopper la tragédie dans la
trame du temps. Un cadre enfin. Et rien de plus.
C'est à la poésie d'habiller le texte. C'est aux
passions profondes d'effacer le misérable jeu de la
mode et des apparences. C'est au puissant amour,
et non au seul geste des corps; c'est à la musique
des idées, et non à un orchestre, quel qu'il soit,
d'ouvrir à l'émotion du spectateur les merveilleuses avenues d'un monde racheté de la vie
par la beauté.
Il n'est point d'autre liberté que celle de la vie
supérieure, que la beauté révèle; et même, il n'est
pas d'autre réalité.
ANDRÉ SUARÈS.

�NOTIS

NOTES
LA LITTÉRATURELE GÉNIE DE FLAUBERT, par Jules dt Gaultier (Mercure de France, 3 fr. 50).
On sait ce que M. Jules de Gaultier a nommé le Bovarysme;
c'est la faculté qu'a l'homme d.e se voir différent de ce qu'il est;
il en fait le principe de presque toutes nos actions, le dynamisme de notre vie morale. L'exemple-type de cette erreur
vitale il l'a trouvé dans le cas de Mme Bovary et, poussant plus
'
.
d
loin sa recherche, dans l'œuvre réaliste et romantique e
Flaubert il s'est aperçu que ce grand artiste avait, en toute
occasion: consciemment ou inconsciemment, peu importe, ob.éi
à la même loi. Bouvard et Pécuchet, Frédéric Moreau, Harnais,
Saint-Antoine ét même Salammbô, autant de cas particuliers,
réductibles à ce seul cas. Ainsi l'objectivisme de Flaubert et son
détachement d'artiste cacheraient une philosophie, qui, s;10s consentir à se formuler, l'art n'ayant cure de formules abstraites,
serait partout présente, partout latente, grande voix_ secrète et
irrésistible, qui, plus que la beauté des mots, ferait la force
de l'œuvre, son unité, sa génialité. Il ne nous déplait pas de
trouver ici les raisons, pour lesquelles Flaubert, comme Baude•
laire , nous semble dominer de si haut son époque. " Quelle
force intime, écrit M. Jules de Gaultier, détermina ce pur amoureux de la forme à composer des livres tels que Madame Bo'flary,
l'Education Sentimentale et Bouf!ard et Pécuclzet, tout pleins, tout
débordants de vérité humaine ? Nulle autre que la passion

même de son métier, le besoin d'écrire, le prurit du style.
Mais cette passion c:st combinée chez lui avc:c le don de vision
des réalités ambiantes, don auquel il ne pc:ut se soustraire .et
qu'il utilise à alimenter ses besoins littéraires. Or, il n'est pas,
comme Gautier, un homme pour qui le monde visible seul
existe ; il est un homme pour qui le monde visible, et aussi le
monde moral et psychologique existent. " Il possédait, dit
Maupassant, la faculté de pénétrer dans la pensée des autres. "
Et cette pensée des autres agit sur sa sensibilité d'écrivain à la
&amp;çon dont les objets visibles agissent sur la' rétine d'un peintre,
Ainsi, physiques ou morales, les images "se dressent devant son
esprit halluciné, implacables comme des fantômes, tenaces
comme des mendiantes, jusqu'à ce qu'elles soient chassées par
le style, jusqu'à ce qu'elles s'évanouissent, masquées par · la
justesse du mot, confondues dans l'identité de l'expression,
abeorbées tout entières dans la substance du terme et de la
phrase. " II ne s'agit donc pas ici d'un labeur volontaire,
entêté, héroi'.que, mais proprement d'une fatalité à laquelle on
n'échappe pas. -Qui pouvait en douter rce n'est n'est pas à froid
qu'un Flaubert choisit ses sujets et ses personnages ; il ne connait pas le jeu gratuit. Il ne sait pas ce que c'est que d'avoir
l'esprit libre , il pense et juge malgré lui ; et cependant il
croit être un jongleur, un tourneur de mots, un virtuose !... Allons plus loin. Le type du bovarysme, c'est moins encore
Emma Bovary que Flaubert lui-même, hypnotisé sur l'art et la
beauté, et pourtant " collé à la terre, comme par des semelles
de plomb". Son rêve insatisfait - ou satisfait à peine et à quel
• 1
pnx
· - 1·1 le transporte sur tous ses personnages, non comme
Wle philosQphie ou simplement une méthode mais comme
l'"unagc même des puissances
.
'
obscures qui bataillent
au fond
de 1u1.· Createur,
·
11· crée à sa ressemblance, et se mire en ses
~ures. Ce n'est pas la vie, mais sa vie qui leur prête quelque
unité· A d'1re vrai,· 1·1 1es tient
·
dans sa dépendance ; il ne sait
pas les laisser vivre comme font un Balzac, un Stendhal, un

�618

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Dostolevsky. Aussi est-il moins né romancier que poète et

1

s'il eut " la faculté de pénétrer dans la pensée des autres ",
je crois qu'il n'éprouvait de joie, qu'à y retrouver sa propre
pensée ou la justification de celle-ci. On pourra objecter que
tous ses personnages font faillite ; s'il s'en sauve, lui, c'est par
l'art. Chez lui, "l'erreur sur $0Ï" est salutaire, elle est m~me

1

tout ,on wut.

H.G.

•••

' I•

LA BATAILLE A SCUTARI D'ALBANIE, par
et Jt411 T"4rauJ (Emile-Paul).

1

1

Jtm11

Quelque part, dans sa Yie ,k Tolsto1, M. Romain Rolland cite
la prcmiùc des admirables &amp;bus du Siège de Séo{I.J/Opol comme
l'un des chcfs-d'œuvre du grand reportage de guerre. Depuis le
génial Russe, d'autres écrivains., Kipling notamment, et let
frères Tharaud cUI-mémes, dan&amp; Dingky l'i!/111/rt étriv_ain (rappelez-vous la chevauchée dans le Veld, à la suite des hussards
de Garland), nous ont donné des modèles achevés de cette
esthétique du correspondant de guerre, qui consiste essentiellement dans la notation simple, précise, brusque, sans littérature,
de faits minuscules, inattendus, insoupçonnables, qui ne peuvent
etre imaginés et qui demandent un témoin aus sens aiguiiés et
au subtil esprit critique, - cc délicat esprit de choix et d'omission, ce tact infaillible et affiné dont parle, daIJs l11tatiQ111, OSCM
Wilde. Ouvrant la Bat4illt i¼ S,11t;zri d' ..!JIJ1111i1 (un beau titre),
j'imaginais conçu et réalisé suivant cette technique cc dernier
livre des Tharaud consacré à une relation des événements de la
guerre des Balkans, d'abord dans le Monténégro, puis au mont
Athos. Et, sans doute, l'est-il en de nombreux passages : "Et
plus forte que la rumeur des torrents et que la lumière brillante,
one odeur plane, éteint tout: l'odeur des immondices partout
au hasard répandues, car le Turc ignore la feuillée : " " Tara-

NOTIS

bosch !... A la lorgnette, je ne distingue rien sur un grand
champ de neige que des zigzags noirs, comme un deS$in sur du
papiu... Autour de moi, quelques canons sont enterrés sous des
abris de terre et de feuillage; un peu en avant, à. deux cents
mètre,, des cadavres d'animau.x marquent la frontière de la
z6ne qu'on ne peut dépasser sans mourir. A la moindre chose
qui bouge le long déchirement d'un schrapnell... J'erre indéfiniment aoos l'averse allant de batterie en batterie, sous les
huttes de feuillage où s'abritent les canonniers et d'où s'exhale
ane terrible odeur de cuir et de laine mouillée, de poudre, de
fromage et d'oignons. Je me sèche un moment près d'un feu
pour repartir ensuite vers un autre refuge." " Sur le quai,
toute la colonne fait halte au pied du grand escalier. Alignés
111 bord de la route comme une longue file de miséreui devant
un uile de nuit, ils se reposent ... Leur premier geste à tous est
de chercher dans la doublure de Jeun poches quelques débris
de ce tabac qo'ils ripaient l'autre jour... " Je pourrais multiplier
let citations. Imaginez un livre tout entier tissé de notations
analogues à celles qu'on vient de lire, et vous aurez une idée de
que j'escomptais.

rœlm'e

Mais, à côté da reporter, il y a chez les Tharaud, le poète,
le penseur, l'historien et !'écrivain. A chaque page, les faits
lel'Yent de point de départ aux émotions du poète, aux nobles
méditations de philosophie naturelle et de philosophie historique. Un soir, on apprend que le plus jeune des treize prêtres
catholiques de la Primatie de Serbie vient de tomber frappé d'une
balle. Un Franciscain prononce avec un soupir: "Le pauvre !
mais il fallait cda. L'autre jour, lh ont eu un de leurs popes
bl*, Il fallait bien que nous ayons un mort..."" Que de sens,
que de passion dans cc mot ! s'écrient les Tharaud. Qu'il
aprime de riîalité, de concurrence, de haine sourde entre
Wres chrétiens ennemis! lh ce sont les Orthodoxes, - les
Onhodoxes qui vont rendre le Bal Iran à la chrétienté et rejeter
l'In6dèlc à l'Asie. Dans cette guerre de délivrance, les Catho-

�620

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

liques ne jouent qu'un rôle effacé, misérable : ils sont si peu
nombreux! Et que deviendront-ils lorsque les Orthodoxes feront
partout la loi l N'auront-ils pas souvent à regretter les Turcs!
Les nations hérétiques montreront-elles à leur égard la large
tolérance dont ils bénéficiaient sous la domination du Sultan!
Tout l'Orient catholique assiste avec angoisse à la débàcle
turque. Cet effroi de l'avenir, cette horreur de l'Orthodoxie,
cette immense inquiétude, c'est tout cela que révélait confu~
ment la réfiexion courageuse et natve du Frate Sicilien." Un
autre jour, au crépuscule, le muezzin de Dukigno dit la prière
du soir. Et les Tharaud écrivent cette page où vibre un écho
de leur Fêtt Arabe, de cette sympathie pour l'Orient et l'Islam
qu'ils partagent avec Loti : "Qu'elle est émouvante à cette
heure cette mince prière qui sort de la barbe argentée (du
muezzin) et se mêle à tous ces bruits de la nature! Dana ce
jour qui finit, elle exprime si bien la plainte de l'Islam, hautaine et résignée ! Elle dit : " Je suis le repos, le rêve, la
contemplation, l'humilité, la sagesse ; je suis les grandes éten•
dues, les roses de la Perse, les jardins dans les sables, les cyprà
dans les cours : je suis la vie dans la mort. Inventez, pour me
détruire, des machines meurtrières ! Vaincu sur votre petit coin
du monde, je refleuris ailleurs, dans la Chine innombrable, le,
Indes embrasées et dans la sombre Afrique. Vos religions à vous
ne s'épanouissent que dans les brumes. Mon domaine à moi es~
celui du soleil, et vous ne détruirez ni l'eau, ni les palmîen, n1
la fleur du rosier, ni l'ombre du cyprès ... " On voit comment
la pure observation des faits s'ép;rnouit chez les Tharaud en
émotions lyriques et en pensées graves. Perspicaces aussi : car,
écoutant à la veille de leur départ du mont Athos, un jeune
moine grec, dans une auberge, ils ne laissent pas de prévoir
cette mésentente des alliés Balkaniques qui est la triste vérité
d'aujourd'hui ... Quant au style, on a remarqué avec raison que
les Tharaud sont très sobres d'épithètes et qu'ils se contentent
le plus souvent de nommer les objets ; très sobres de mots

lfOTIS

621

également, mais sachant par la place qu'ils leur assignent et le
judicieux emploi qu'ils en font, leur donner leur maximum de
,aleur, de signification, de nuance.
En terminant, je ne puis me tenir de citer cette admirable
page où se trouvent condensées presque toutes les qualités
q,arses dans le livre. Le Mont Athos vient d'être délivré par les
Grecs de la tutelle ottomane :
" ... A toutes les églises, à toutes les chapelles, les cloches
IODnaÎent, des cloches argentines, grêles et d'un son trop aigu
qui, dans c~ jour finissant, faisaient songer à un troupeau qui
mitre. Mais dans la cloche en ~te, dans le plus gai carillon,
dm, le troupeau qui rentre, il y a toujours un accent de
tristesse, qu'à cette heure, sur cette montagne, j'étais bien s01d
à ~tir. Mélancolie de _la victoire! Ces grêles tintements, qui
all,1ent se mêler au bruit sourd de la vague, sonnaient l'enter~ent du passé, de quelque chose qui valait ce qu'il valait,
man qui enfin avait duré des siècles et qui était en ce moment
malheureux. Pauvre Kaîmakam ! 1 Que cda t'a mal réussi de
rouloir devenir un homme d'Occident ! Ta race est faite pour
Je dve, pour l'action rapide et violente, pour le loisir et la
paresse, pour toutes ces choses divines que, nous autres, gens
d'Europe, nous célébrons encore dans la prose et dans les vers
IID~ jamais bien les comprendre. Va, renonce à nous pour
toaJours ; tu es fait pour d'autres âges et pour d'autres climats.
Là-bas, dans les jardins d'Asie, va continuer ta vie indolente et
~ile. Et cela encore durera autant que cela pourra. Puis un
Jour, de nouveau, on interrompra ton rêve, on viendra troubler
ta paresse, nous te rejetterons plus loin, et cette fois je ne sais
plus où ... "
Nul doute que, ce jour, les Tharaud ne le souhaitent lointain!

C.V.
1

C'est le sous-prtfct ottoman, emmené pri1onnicr par les Grecs.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

NOTES

LE ROMAN

LA POÉSIE

CH~RLES BLANCHARD, par Charles-Louis Philippe, avec
ae preface de Lion-Paul Fargue (Nouvelle Revue Françai,e,

HEURES ET R°tVES par Gérard Mallet.

1

1

Ce volume reflète bien les préoccupations et les go(1ts des
jeunes gens qui entre 1895 et 1905 n'avaient pas subi l'influence du Symbolisme. La manière rude et tendue de Leconte
de Lisle n'y est plus sensible. La concision de H&amp;édia n'y est
rappelée que par quelques sonnets. C'est le prestige d'Henri de
Régnier qui triomphe ici, non pas celui de ses premières
œuvres, mais celui des Jell)t ruslÎ9ues et divins et des Mldailln
à'Argile. Nos néo-classiques ne peuvent se rendre compte
aujourd'hui de quel enthousiasme nous soulevait la poésie, im
de miel et de vin, de cc nouveau Ronsard. On ne songeait
point alors à Malherbe...
La plus grande part des poèmes de M. Guard Mallet est
historique: Egypte, Grèce, Rome; mais l'on y sent moins ce goflt
du bibelot, commun aujourd'hui, qu'une ferme connaissance de
l'histoire humaine. D'autres pièces sont familières et élégiaques,
d'une distinction un peu froide mais pourtant aisée:

De r argent tiède filtre aux souks retomôants.
Les femmes, dan, k1 paru, respirmt 1ur les bancs,
En tressaillant UJt peu, les senteurs reoenues.
SoJJJ k linon /Iger leurs poitrines sont nues,
Et la molk lueur rend tQut profil plus fin.
C'est JJ1I chudwument, un m11tère san1 fin.
Un vent plei11 dl soupiri erre dt poru ni porte,
Et le pas à regret se ditaurnt et oous porte
Ym l'ombre moins épaùse et om kt rue où luit
Jupiter, lpm,ier splmdidt de la nuit.

J.

S.

3 &amp;. 5o).
Un des poèmes du cycle épique que projetait Lamartine
cleYait s'appeler les Our,riers, et il voulait y mettre, écrit-il à un
ami, "le pathétique élémentaire par le pain et le sel." Probablement c'est le canevas en pro e de ce poème qu'il a publié
clam le Tailltur dt pierres tk Saint-Point. Les fragments ici réunis,
qae Charles-Louis Philippe laissait sur chantier pour le Charle1
Blatluzrd qu'il rêvait, me font penser à ces Ouorien, à ce pain
et à ce sel du pathétique élémentaire. Charks Blanchard allait
kre l'histoire d'un sabotier qui aurait eu une dizaine d'années
CD 18+9, le père meme de Philippe. Et, de très haut, le roman
du 9:1botier eftt ressemblé, dans son idée poétique et son essence
lllllllWC, au poème du tailleur de pierre. Il y a dans le roman
de Lamartine une admirable page, sentie et écrite, comme
r~lllmrn,t, de la colline où montent les bruits tranquillisés du
IDlr, u~e page sur tous les sons, toute l'harmonie en poudre et
Cil pluie que rendent les pierres quand le marteau du travailleur
la frappe. Lisez maintenant dans Charles Blanchard le fragment
lllr la MaisOII du Sabotier. "Le résultat d'un effort bien dirigé
àlccouronnc~cnt d e m ill e soins délicats, la récompense accordée'
_une consc~cnces aupuleusc étaient que deux sabots parfaits,
faisant la pall'e, entre ses mains venaient d'etre achevés. Il les
examinait sur leurs deux faces, il les cognait l'un contre l'autre
~ ren daient
. un son clair et plein, comparable au son que rend,
1111~ belle pièce d'argent ... Les sabots ont une première odeur
'illl _est celle de leur bois. La boutique avait cette odeur amère
et '1Yaec encore du bois fraîchement coupé que lui donnaient

�LA NOUVELLE RBVUE FRANÇAIS!

les sabots nouvellement fabriqués, mais elle avait aussi cette odeur
plus sage et comme résignée des sabots bien secs qui vous fait
penser que les arbres après leur mort gardent ce que l'on pourrait appeler une odeur de sainteté." Et toute une page encore
sut les odeurs de sabots neufs, qui se confondent avec cette
vérité dont la boutique était pleine, cette vérité qu' "oa y
pratiquait un métier parce qu'il faut pratiquer un métier. D
s'agissait ici d'un cas particulier : celui du métier de sabotier,
mais il sortait de la boutique un enseignement plus large... "
J'ai indiqué ce rapprochement, d'abord parce qu'un artiste
comme Charles-Louis Philippe mérite qu'à l'occasion de 11111
nom soit évoqué celui de• plus grands, puis parce qu'il Cil u
poète plus qu'un romancier, et enfin parce que dans Cwlts
BkZ11(/uJrd il voulait réaliser cc poème élémentaire et pathétiqac
du travailleur et du Travail, qui manque encore à notre littérature, et par lequel la génération qui l'eftt écrit et\t vraiment
présenté :1. la génération suivante ce pain et ce sel dont parle
Lamutine. Sur cette réussite suprême de l'épopée" humaine",
il semble qu'ait pesé la même fatalité poétique que sur le sujet
éminent de notre épopée nationale, Jeanne d'Arc. Sans doute
Philippe avait en, après avoir écrit ces fragments, une conscience
plus claire de la grandeur de sa matière et du développement
que pouvaient prendre encore ses forces d'écrivain. Il laissait
reposer ces fragments, les réservant à des années de mataritc
plus avancée, à cette gloire qui lui était promise, et dont
il escomptait tous les bénéfices, y compri, ceux de C(Olluigu/t,
Alors il eftt ouvert à nouveau, comme le Berger de la fable,
le coffre où il ent fait reconnattre les éléments de son meilleur
trésor.
Cette histoire du père de Philippe s'arrête à l'enfance de
Charles Blanchard, aux années oà il fait l'apprentissage de b
misère, et où il passe de la misère à la joie de l'apprentissage.
Comme l'indique Léon-Paul Fargue dans sa pénétrante préface,
ces fragments d'une histoire inachevée ne pouvaient s'incorpoNf

NOTES

625

cosemble à la même œuvre.' ce sont Ies amorces de v · d'
gentes, égaiement possibles entre 1
ell
..
oies iverNéa
· ·1
'
esqu es Philippe eOt h · ·
nm01ns
i
subsiste
de
Chd
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B'c om.
.
.
,: 1 mndJard de ses di
1rad1cto1res états, une image é é .
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.
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,i,aon vivante. Il voulait fai ,,
h
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re une c ose pauvre
h
plus en plus pauvre le L1'vre d P
'
'
u auvre Il
d'une• c .ose de
ment qui l'habitait de faire quel ue cho~ ' me. 1sa1t le touret désertique
Ph'J"
q
d horriblement aride
• ippe veut qu ' on y touche le fond de la
Misère... " ...
C'est bien ici le procédé inverse de L

.

i, form, et, plus généralement de amart1ne dans 1~ Tailkur

ch4telain de Saint-Point voit son ~ill to:t ]~ romantisme. Le
mienne et line où lui se
è eur e pierres de la colline
.
prom ne et rêve . a
IUISlcal, avec cette m·1-•-e d
.
.
• vec son marteau
&gt;ce
e sa VIC qui •
· à
le dcit qu'il en fait dans la piété 1· . s apaue la fois dans
.iu.J....
'
re 1g1eusedont elle
~~,., ainsi que d'ailes et dans l'att .
_est encadrée,
nni l'éc
.
'
entive compassion d
è
~- oute, qui le transcrit, qui l'idéali 1 .
u po te
la pauvreté et la douleur font
. ~ e tailleur de pierres,
pa
•
partie intégrante d'
,sage poétique, et c'est au poét
.
un grand
pourrait dire, lui aussi :
e assis sur sa colline qu'il
Dans flos ,ùux, au delà de la l"htrt d.
fi t/ _,
-r
li nues
ut
p u 1'"
fi cet
. abime immobile fi dorma111,
1
e~ -etre a1tt1-flo11s dts choses i11ton11ues
Ou la douleur de l'homme nitre CQfllme lllmmt.

;f

Bouuet
a disco uru sur l' Eminente
.
.
Ji itl d.
ftgliJt. Le romantisme à chanté d
ê'fll
et paurJrts dans
lll!mc creux de poitrine l'é . u m n_ie fonds oratoire, du
dans la société, dans la poé's,· mE1nentde dignité des Mirlral,/er
da
e. t pcn an t q Bo
cérémonies de la p 'd
ue ssuet, maître
JL
rov1 ence assignait au p
UCQ&gt;Utive dans l'h
.
. '.
auvre sa place
. . .
armonieu:r édifice de J'é r
1
ecnviat les dix lignes où ·1
l d
g JSC, a Bruyêre
plus volontaire et la plus :
u paysan, du pauvre, avec la
débordement du romantis;r:ure /:~uvreté.rC'est_ aussi en plein
urope 1ttéraue, que Gogol

P~~t

9

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

écrit ce Manteau, d'où tout le roman russe est sorti, et qui ~t
bien à Lamartine, à Hugo, à George Sand, ce que les dLI
' lignes de la Bruyère sont au sermon de Bo:suet.
Le procédé de Charlu Blanchard est rnve1~se du pr~:édé
romantique, mais il en diffère moins en tant qu mverse, qu il ne
lui ressemble en tant que procédé. L'accent est_ sur la ~o~'.11unauté du genre plus que sur la différence spéc1_fique. Ph1hppe
veut faire une chose pauvre, la chose 'pauvre, le livre du Pa_uvre,
parler du pauvre pauvrement. Et il est bien natur~l, il est
nécessaire que le livre d'un tel écrivain soit le contraire _d'un
pauvre livre, il en est le contraire trop évidem~ent, tr~p richement, j'allais dire ttop ~nsolemment. Il est a~tl-r~manuque trop
·
t (Et au•ourd'hui l'est-on pmais autrement 1)
romantiquemen .
~
.
.
. .
Je prends ici Philippe tel qu'il est, JC ne lui reproche ne~, JC
ne lui fais pas surtout ce reproche absurde d'être trop artiste.
Seulement voici: j'ai nommé le Manteau. Souvenez-:ous du
Manteau, et aussi d'Un c~ur Simple (où Flaube~t a cer~amement
pensé au Manteau) ce sont aussi des œuvres d art_ puissantes et
parfaites. Eh bien, faites lire _le Manteau à u~ vieux, h~m~le,
petit employé, qui ne connaisse que le Pettt_ ?ournal, fait~
l .ue uft,. Cœur Sim1ofe
r à une vieille servante sacrifice, à .un dem1. ,
siècle de servitude, qui n'ait jamais ch.er~hé la ~ettre un\rnnee
en dehors de son paroissien. Plus ou moins lucidement, l ~net
l'autre éprouveront devant l'œuvre qui les transpose à la vie de
l'art le sentiment d'une révélation, de la révélation d'e~x-mê~_es
à eux-mêmes, l'obscure idée qu'ils existent pour quelqu un, qu ils
possèdent dans un monde supérieur un double_ analo~ue à euxmêmes spiritualisé ; ai.nsi le jeune animal qui se v01t ~ourla
premi{re fois dans uri miroir, l'enfant qui s'aperçoit pns d~ns
une foule cinematographie, ainsi tous les échelons élémentaires
de la vie esthétique. Supposez maintenant que Charks Blanc~rJ
ait été achevé, que le père de Charles-Louis Philippe, 1~ ~1e~
sabotier de Cérilly, ait vécu assez pour le lire. Qu'aur~1t il p
'tr de lui· ? R'1en Pas même chez lui l'attendrissement
reconna1 e
•
·

NOTES

du bon Pétrarque,qui ne savait pas le grec,devant un texte d'Homère. Peut-être le sentiment obscur, d'ailleurs très" philippien"
d'une vaste mystification autour de lui, et de ceci, que la littérature n'est pas faite pour les pauvres, que l'histoire d'un sabotier
n'est pas plus faite pour un sabotier que les sabots ne sont faits
pour ceux qui ne les peuvent payer. Ou tout au plus quelque chose
d'analogue à ce qu'éprouve Charles Blanchard devant le salon de
madame Léon Bonnet, aperçu par la fenêtre : " Il en avait reçu
un coup. li avait été vraiment frappé à la face par des rideaux
de soie, par des tapis, par des sophas, par des vases à fleurs, par
des lampes à colonnes de cuivre qui semblaient être au nombre
d'au moins cinquante. Quand il voulait se vanter il disait : j'ai
vu le salon de madame Bonnet." Fargue nous apprend que le père
de Philippe ne voulait pas que son fils fît un livre sur lui. Peutêtre pressentait-il qu'il serait dépaysé dans cette richesse verbale, dans cette luxuriance symbolique. En tout cas CharltJ
Blanchard lui fût demeuré fermé. Et pourtant Charles Blanchard
achevé n'eût peut-être pas été inférieur à Un Cœur Simple et
au Manteau ; - Flaubert et Gogol n'avaient pas mis à leur
auje~ le q~art_ de l'a~our et de la piété qu'employait Philippe;
- ils n étaient pomt placés comme lui par leur naissance
et l~ur instinct au cœur de la pauvreté. Pourquoi et de quoi
ce livre du Pauvre nous paraît-il si riche r
Madame de l\faintenon, dans une b11truction aux demoiselles
~e Sa!~t-Cyr, leur prescrit, en termes très délicats, une parfaite
simplicité. Puis, dans une ln1tr(Kti011 suivante elles les gronde
d' exagérer, avec un dessein plut~t ironique ' cette simplicité
d' en mettre partout, de dire : Je vais jouer avec
' simplicité. - '
Je vais manger ces croquettes avec simplicité. - Cette dame
paraît très piquée que ses élèves traitent , ses instructions .à
pe~ près comme son premier époux avait traité Virgile. Mais
étaient~elles si coupables ? Il est trop facile d'être simple, il est
trop difficile de le devenir. Ceux qui sont devenus simples
l'Eglise les a canonisés comme des , miraculés de la grke. E~

�NOTES

d . .
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

quancl un artiste, qu'il s'appelle Titien, Racine ou Flaubert, a
réalisé la simplicité, l'humanité a vu dans cette simplicité
l'effort suprême de l'art et le miracle du génie. Dans Charles
Blanchard, la simplicité est répandue comme elle l'était dans la
classe de Saint-Cyr à laquelle la patronne adressait ses remontrances. Il semble que Philippe éteigne autour de Charles
Blanchard tous les feux extérieurs, tout ce qui projette une
destinée, tout ce qui fait une vie, tout ce qui noue des
points d'attache avec le monde, avec l'amour, qu'il éteigne
tous ces feux peur les rallumer un à un dans l'intérieur, pour
éclairer seulement le néant, la faim et le froid de cette petite
~me, qu'il nous émerveille, qu'il veuille nous émerveiller, avec
une coquetterie d'artiste consommé, de toutes ces valeun
négatives, de toutes ces absences dont la somme constitue le
trésor de la Pauvreté. Il y a là une invention analogue à celle
qu'avait réalisée Charles Blanchard lui-même : " Il mettait à
part de sa tranche de pain un tout petit morceau. Il se disait :
Voilà, ce sera ma pitance, ce sera ce que je mangerai avec mon
pain. Il donnait à pleines dents dans la tranche et prenait de
sa pitance une miette qu'il ajoutait à sa bouchée de pain. Tantôt il s'imaginait que c'était du saucisson, tantôt une moitié de
poire, tantôt de la confiture." Mais chez l'auteur de Crofuignole, c'est l'artifice poétique inverse, c'est-à-dire pareil : cc
sont tous ces trésors délicats, c'est cette pitance qu'il transforme
en pain de pauvre. Et la poésie est la même, car l'essentiel est
dans la transformation, dans le mouvement d'imagination
enfantine et géniale qui convertit soit la pauvreté en richesse,
soit la richesse en pauvreté.
Richesse, richesse débordante, indéfinie, c'est bien l'impression que laisse ce livre du Pauvre. Il est fait de quatre épisodes,
le Froia, le Pain, les Chevaux de Bois, la Maison du Sabotier.
Et l'on a la sensation que sans s'épuiser, sans épuiser son sujet,
Philippe aurait pu étendre ces quatre épisodes en quatre livres
pareils à celui-ci. Cette richesse est différente de la richesse

629

escnpuve qu'on trouve chez Balzac d l .
et pit~oresque qui frappe chez Di:ke e a richesse épisodique
contraire ; elle consiste d
ns, elle en est mêtne le
r .
ans une accumulai"
· é•
,01sonnement
de signifieat'wns, un d égagemention
un
.
. dmt
'fi .neure,
d
s1on et de vie. Mieux que de t
. m e m 'expresde Claudel et de Jammes S lout au~e artiste elle est proche
.
· eu ement 11 manque à
.
cc qui manque aussi à cell es d e la descr"pt"
cette richesse
h
1. 10n c ez Balzac, de
l'épisode
et du tic chez D'tc ken.s .• une raison
•
d , ê
ratSon d'avoir pour limite cette li ne
e s arr ter, une
ou en delà. C'est la r
d
g et non telle autre en deçà
ançon e son abondanc E .d
serait injuste de reprocher à Phili
:· _v1 emment il
n'est pas celui de Tourg
. ff dppe ce qm fait que son art
ueme et e Flaub t M .
tout cela, son roman devi t d
cr · ais enfin, de
un roman.
en avantage une poésie et moins
Certainement l'auteur de Bulm de
.
.
Cr~uignofe aurait, dans l'état d
·r !am Donadieu et de
discipliné cette matiè
d"tr. e mtl e Charles Blanchard,

'fi .

re muse condensé
b
poétique, donné à son rom
,
cette a ondance
fi
an, autant que cel l . ' .
gure, vie et puissance de roman L'" é
a u1 eta1t possible,
est précisément de
. mt rêt de Charles Blanchard
nous montrer à l'état le 1 1 .
plus spontané la sensibilité d Phil.
p us ynque et le
son mouvement d
e
ippe, de nous la révéler dans
, ans son passage à
é
Fargue, Philippe n'a eu b . d
un tat : " Jamais, dit
esom e tout d( d
pour me servir d'une expression mil' ~re, ,: tout sortir, et,
dans Charles Blanchard Il
r .
1ta1re, d mstaller comme
•,
• Y a 1a1m plus que J'
• d .
ntè totale et d'exactitud
e smcé.
e abso1ue' " C'e t ama1s,
. M .
dire est un besoin d'auteur h . . .
s vrai. ais si tout
Et comme le lecteur
'. c OlS!r es~ ~ne nécessité de lecteur.
. .
ne sait pas chomr comm l l
pnnc1pe ne sait rien c'est à l'
d , . e e ecteur en
·1·
'
auteur e choisir
l ·
c1 1er avec cette sincérité t Otal e ce choix
.
pour
'
·
, u1. Concharles Blanc/zard. plus d "ffi ·1
necessa1re, etait, pour
..
, d i . c1 e que pour 1es au t rcs œuvres de
Ph ihppe. C'est
une es raisons pour les Il il
.
un autre temps l'e , . d
que es avait remis à
xecution éfin"t' M ,
Charles Blanchard ' .
l ive.
ais tel que nous l'avons
n en occupe pa
· d
place qui est peut-être la
. 'è s moms ans son œuvre une
prem1 re.
A.T.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

** *

DANS LES RUES, par J. H. Rosny atné (Fasquelle,
3 fr. 50). - SÉPULCRES BLANCHIS, par J.H. Rosny jeune
(Calmann Lévy, 3 fr. 50).
.
Enfin, M. J. H. Rosny aîné conquiert la place que depms
longtemps il mérite. Tandis que s'usent et s'écroulent tant de
réputations usurpées, la sienne grandit chaque jour. On consent
à s'apercevoir de la force de caractère qu'il lui fallut pour
sauvegarder ses idées, sa conscience et ses meilleurs dons, parmi
les risques graves d'une surproduction constante. Peut-~tre les
nécessités du journalisme lui ont-elles fait perdre le souci d'une
condensation dont on put le croire capable et dont Daniel
J'algraive demeure le témoin? Mais c'est là tout. Condam~é.à
écrire vite, il a dft apprendre à écrire large et quant à moi, Je
ne regrette pas les minuties de style et d'observa~ion_ d~ ~a
première manière, ni cette contraction volontaire qm lui fa1sa1t
une langue trop rocailleuse et quelquefois même barbare. J_'ai
dit mon admiration pour Nell Horn ou ces défauts sont moms
sensibles. Je n'admire point tout à fait autant Dans les Ruts,
mais seulement dans ce sens, que ce n'est encore que la seconde
partie d'un tout, un grand roman bourgeois et populaire - et
qu'il serait prématuré de juger, d'après un morceau, de sa
portée, de son ampleur et de ses proportions. M. J.
Rosn! aîné
est peut-être le seul romancier de son époque qui ait _vraun~n~
de l'imagination. Je songe bien à M. Paul Adam, mais cel:11-~1

:I,.

l'a si confuse qu'il faut trop d'efforts pour le suivre ; au fa1~, il
n'a pas une imagination de romancier, mais d~ poète_-philosophe; elle s'empêtre de verbalisme et de vague 1déolog1e: elle
combine à la rigueu:r quelques péripéties, mais néglige les
sentiments; elle n'est pas directe, elle n'est pas émue; je me
demande encore à quel endroit secret, elle peut atteindre le
lecteur moyen. Chez M. J. H. Rosny aîné, je trouve bien_ les
mêmes soucis, le go1Ît des images vives et des généralisations

NOTES

631

philosophiques; comme M. Adam évoque " les élites", lui
dépeint l'animal humain et il rattache volontiers les glaci.s de
Montrouge aux forêts de la préhistoire. Mais il n'imagine pas
dans le vide, il n'édifie pas sur l'abstraction ; il ne se croit pas
quitte avec son temps, quand il a décrit l'aspect d'un faubourg
ou célébré l'aéroplane. Il ne fait appel à l'idée que pour
uniner la matière humaine de ses ouvrages ; à la rigueur ils
pourraient s'en passer ; ils sont pétris en pleine vie. Pesez-moi
le sujet de ce roman d'aventures et de mœurs. - Jacques, enfant
de bourgeois ruinés, fréquente trop la rue ; ses instincts antisociaux s'y réveillent; graine d'apache, il lève, il pousse - et
5CS parents, les réguliers, le voient avec effi-oi grandir. M. J.H.
Rosny ne poursuit pas le pittoresque ; il analyse avec une
précision singulière les sentiments du jeune garçon ; chaque
aventure - et l'enfant ne· vit que des aventures - est en lui
une occasion de conflit, entre la tradition familiale dont il reste
marqué quand même, son orgueil individuel, ses besoins et sa
fantaisie. Il a volé, tué, la police le guette, il se cache chez ses
~nts qui soupçonnent la vérité. Son frère, son honnête frère
l'~dcra à s'enfuir. Or, à ce moment précis où il rentre, - Dieu
~1t à quel point taré et peu chargé de repentir!- que dit-il à sa
Jeune sœur, dont il souçponne l'inconduite ? "Toi, faudra
prendre garde de marcher comme il faut. Tu me connais. "
Déshonoré, brouillé avec la notion d'honneur, il place encore
~e espèce de point d'honneur sur la petite et il lui refuse une
liberté qu'il veut tout entière pour lui. Un seul trait de ce
genre montre le caractère véridique de l'imagination de
M.J.H. Rosny aîné et la subtilité de sa psychologie. Ce trait n'est
pas unique, il importe encore de citer les dernières lignes du
roman. C'est lorsque Jacques est pris: son frère aîné et sa mère
i'étr_eignent; la mère dit : "Qu'avons-nous fait ? Oh ! pourquoi est-ce si injuste? Ce n'était pas la peine d'être honnêtes!"
Et le frère répond gravement : " Nous ne pouvions pas être
nwhonnêtes ! " L'auteur ajoute : "Il sentit là que se trouvait

�632

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

leur vérité profonde. Ils ne pouvaient pas ! C'était la vérité qui
dépasse tout - pour cette raison suprême, éblouissante ~t sans
réplique, 9,1elle est. Il ajouta encore :
nous aurait tués
de ne pas être honnêtes. " Par le ton_ de c~c1, on p~ut ~esurer
la distance qui sépare un semblable livre, s1 natu'.ah~te d aspect,
des meilleures œuvres du naturalisme et aussi bien de ces
épopées idéologiques avec lesque,lles il n:est pas sans ressemblance, mais qui ne répudient 1 observation terre à terre des
mœurs, que pour négliger par surcroît, derrière les mœurs, let

Ç:

caractères et les Ames.

•••
Je ne me hasarderai pas à rechercher quelle put être: dans
la collaboration passée des frères Rosny, la part respective de
l'un et de l'autre. Certes, le livre dont je viens de parler pourrait être signé de leurs deux noms. Mais est-~e ~ dir~ que le
cadet n'a rien apporté d'effectif dans une assoc1at1on si durable
et qu'on s'étonne de voir rompue si tardive~e~t 1 Je m: gar•
derai bien de l'insinuer. Tout au plus ai-Je le droit de
supposer que deux auteurs qui acceptent ainsi d'unir_lidèlement
leurs noms leurs efforts, leur fortune, ne sauraient guère
,
'
revêtir la succession de leurs ouvrages d une apparence
d'unité et d'harmonie - sans que l'un d'eux consente à le
céder à l'autre, sinon dans le détail, du moins dans les !randes
lignes de leur commune production. Une œuvre d art ne
souffre qu'un seul maître, comme une armée ne souffre qu'un
seul chef. - Que les œuvres des frères Rosny ~ortent su~tout
la marque de l'aîné, on le dit, j'incline à le croire ; que 1ainé
puisse se passer du cadet, nous le voyons. Mais celui-ci, dans_sa
seconde carrière, ne va-t-il pas nous révéler sa pers_onn_ahté
secrète 1 ou bien aura-t-il fait en vain ce geste d'émancipatt~n 1
_ Or, tandis que les nouveaux livres de l'aîné semblent naitre
des précédents, les continuent naturellement, les confirment,

NOTES

ceux du jeune s'en distinguent de plus en plus et le tout
dernier, Slpulcres Blanchis, n'a presque plus rien de commun
avec eux : c'est bien l'ouvrage d'un autre homme. Notez que
nous Y retrouvons le même souci idéologique et social la
curiosité des mêmes problèmes et une manière analogue de' les
aborder ou de les poser : on peut changer son art, mais non
pas aussi aisément sa pensée, quand si longtemps on a pensé a
deux. L'art change ici et la mise en œuvre et l'accent ; une
même pensée, y prend un autre timbre. II apparaît que M. J.H.
Rosny le jeune est moins poéte que son frère ; il est aussi moins
~ivain. Il ne recherche pas ce large balancement des images,
qw est un trait épique familier à l'aîné; quand il généralise,
c'est plutôt en savant et sur le mode abstrait. Ce que son récit
perd ainsi en atmosphère, en enveloppe, en musique, il le
regagne en fermeté ... - Pour nous sembler tout à fait magistral,
que manque-t-il donc à ce livre l Un peu plus de soin dans le
styl~, une pl~s exacte proportion entre les parties et la justification esthétique de certains développements. Mais c'est un
idéal auquel le romancier est bien capable un jour d'atteindre.
Quelle distance déjà entre l' Affaire Derive et les Slpulcm B/a11c/m ! J. H. Rosny aîné n'a jamais séparé, dans ses peintures, les
caractères des mœurs, les idées des milieux et des paysages. Je
~is que chez le jeune la psychologie primera ; elle gagnera à
pnmer ; chez lui, l'individu se dégagera de la foule et sans
doote, se suffira. L'Affeire Derive, roman de mœurs, s'embarrassait
de trop d'observations inutiles, de trop d'oiseuses descriptions;
le drame étouffait sous le document ; ni le document ni la
ICllsation ne sont l'affaire de M. Rosny jeune. II se trouve
mieux d'un certain degré de dénudement, voire même d'abstracti~n : l'abstraction a chez lui une sorte d'intrépidité
~tetzschéenne. Autant qu'il nous est permis de prévoir l'évolution_,a'un romancier arrivé à la maturité de son âge, j'imagine
et J espère qu'il évoluera dans ce sens. Du moins aura-t-il
peint dans les Sépulcre, Blanchi, trois figures vivantes, complètes,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

robustes et nul n'a-t-il encore traité avec autant d'ingéniosité
et de hardiesse l'éternel drame de la dépossession du faible
par le fort. Devrons-nous donc à ce divorce, que nous
déplorions tout d'abord, deux bons romanciers au lieu d'un ?
Le fait serait sans précédent.

H. G.

•••
VIE DE SAMUEL BELET, par C. F. Ramuz (Ollendorff,

3 fr. 50).
" Je suis né à Genève en I 74:z., dit Jean-Jacques au début
de ses Confissions, d'Isaac Rousseau, citoyen, et de Susanne
Bernard, citoyenne." "Je m'appelle Jean-Louis-Samuel Belet,
écrit celui-ci par la plume de Ramuz, né à Praz-Dessus, le
:z.4 Juillet 1840, d'Urbain Belet, agriculteur, et de Jenny
Gottret, sa femme. " Sont-ce des confessions ? Est-cc un
roman ? C'est - puisqu'il me faut employer une formule de
ce genre, - un "roman-confession. " Aveu non dissimulé,
moins du héros que de l'auteur. Ne cherchons pas à le nier:
ce qui nous intéresse aujourd'hui surtout, c'est la personnalité
de !'écrivain vue à travers ses personnages. Nous admettons que
leur activité humaine ne soit que fonction de l'activité intellectuelle de celui qui les crée. Il n'est plus question de les
emprunter à la réalité quotidienne à coups de notes prises sur
le vif, mais de leur donner droit de cité par d'authentiques
certificats de " bonne vie ", au bas desquels leur créateur ait la
force d'apposer lui-m~me son cachet. Ramuz est un de ceux-ci,
Samuel Belet un. de ceux-là. Comme Philippe passa du lyrisme
verbal du Père Perdrix au lyrisme d'atmosphère, en apparence plus dépouillé, de Charlts Blanchard, Ramuz est arrivé de
Jtan-Luc Persécuté à la Vie de Samuel Belet. Mais Samuel Belet
n'est ni un paysan, ni un ouvrier, ni un bourgeois, ni un
noble : c'est tout simplement un homme. Ramuz nous aide à

NOTES

nous défaire de cette conception rudimentaire du roman d
mœurs
rurales, de mœurs bourgeo1ses,
• etc. Les différents métierse
,
qu_ exer:e au gré des circonstances son héros ne le dé,.1
pomt ·• Jeune, I·1 quitte
· son pays pour y revenir hom orment
Courbe admirable dont les deux .
A
,
•
me m!l.r .
. . d
pomt extremes fimssent par s
reJom re_ pour former un cercle parfait. Belet est h
_el
souffre • il a de d
d
eureux et 1
Q d' R
s ~utes et es certitudes ; il déteste et il aime
uan
amuz
lUI
dan I li
· fait dire : "Il s'agit que 1es événements .
s es vres, s01ent comme des h .
.
,
endroit donné
.
c emms qui se coupent à un
' et il y a des carrefours où tout le m d
retrouve . .. M o1· Je
· , •
on e. se
. Les choses venaient
comme ell
l . n a1 pas su où J·•ail ais.
. voulu qu'elles
-rien
,,es vou aient' non pas comme J., aurais
. nent 'nous ne sommes pas dupes del' ffi
N
bien que c'est Ram
.
ar 1 ce. ous savons
. . à uz qui parle. Et nous nous rappelons ce que
Gœth d
e 1sa1t
Eckerm an n 1e I 8 avril. 1 8 z 7 . " L' ·
avec la nature dan
d bl
;
artiste est
eacl
s un ou e rapport : il est son maître et son
ave en même temps. ,, Rousseau fut a la fois da
Cnflssions 50
,
ns ses
,_ .
' n propre esc1ave et son propre mahre Ram
d
li Yu de Samuel B 1,
,
•
uz, ans
1
e,et, n est 'esclave de son héros qu'en tant
qa'il le c é . ·1
r e , 1 ne s attache à s
'a I
..
indiquer 1 h . à
es pas qu a cond1t1on de lui
e
c
emm
prendre
'
l'
d
.
hésit Il
1 .
, a en rott où Belet pourrait
lui crO. nle ~ suit que pour continuellement bondir devant
di · . u, p utot et en un mot, pour en revenir à ce que ·e
sais tout-à-l'heure, Samuel Belet c'est Ramuz lui-même. J

H. B.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

NOTES

Puis il fut question des candidatures. Pour la seconde fois on

parla d'Alice Meyne!!; mais sa nomination aurait eu l'apparence d'une concession faite aux suffragettes. Thomas Hardy

LETTRES AN GLAISES

qui est sans doute, depuis la mort de Tolstoï, le plus grand
nom de la littérature européenne, est justement trop européen
pour n'être que le poète-lauréat de l'Angleterre. Il y avait

WILLIAM ERNEST HENLEY, by L. Cope Cornfard
(London Constable). - LA SAISON 19i3.
.
W E Henley trop courte. Et le titre
Une courte étu de sur • ·
••
.,
de la collection dans laquelle elle est pu~he: ~ Mo~trtl
Biographies augmente notre déception. La partie b1ograph1quc
n'apprend rien ou presque rien de nouveau sur l'homme. ~t
.
..
é · ue trop gros pour valoir
la partie cnuque est un pan gynq
beaucoup. Mais tout ce qui touche à W. E .. ~enley no~s
intéresse et nous écouterons toujours avec pla1S1r c~ux qui,
'
Il
arlent de lui. Il fut
l'ayant connu personne ement, nous P
surtout une grande influence, un grand démol~sseur et _un
réformateur. Nul mieux que lui n'a contribué à briser
gran d
,
l
·n ent
\ les préjugés du public victorien, nul n a p us va1 amm
combattu l'influence détestable de la Jeune Personne et toute
la "Podsnappery" artistique de la fin du XIX• siècl_e. ~t nous
ne pouvons pas oublier que toute une partie de sa vie mtellcc-

~

tuelle était française.

•••
Il y a eu cette année, à côté de la Saison mondaine et
hippique, une sorte de Saison artistique (enfin!) d~nt 1~
. .
x événements ont été . le succès du Sacre du Prmttmp,
prmc1pau
·
. .
d'
eau
le succès de La Grande Ar1enture, la nommat1on un nouv
poète-lauréat, et la découverte de Francis Thompson par les
d
gens du monde.
'Alfred Austin, on parla e
Au lendemain de la mort d
supprimer la charge (bien inutile en effet) de poète-lauréat.

l{.ipling. Or la nomination du poète-lauréat a été faite, par le
gouvernement actuel, contre Kipling, c'est-à-dire contre
l'impérialisme. Le public anglais n'a pas manifesté beaucoup de
surprise ou d'indignation. L'impérialisme est depuis longtemps
mort. Peut-être même quelques personnes ont-elles été contentes
de voir l'impérialisme officiellement condamné. C'est qu'en effet
Pimpérialisme est le grand défaut de l'œuvre de Kipling. Le
patriotisme de Walt Whitman nous émeut, ses tambours et ses
clairons nous ébranlent de la tête aux pieds, et la vue de son
drapeau nous soulève d'enthousiasme. Au contraire, le patrioüsme de Kipling a quelque chose de brutal et de bas, dont tout
homme bien né s'écarte, et que la foule des grandes villes,
involontairement, par la seule for.ce de son mouvement, repousse
et rejette. La différence peut s'exprimer en disant que le
pati:iotisme de Whitman est guerrier, tandis que le patriotisme
de Kipling est militaire. Mais c'est la partie morte de son
œavre. Dans ses romans Kipling est un grand poète.
Une habitude veut, pour quelques années encore, qu'on
appelle particulièrement poète l'artiste qui écrit en vers. Le
gouvernement a profité de cette habitude pour avoir une fois
de plus raison contre Kipling romancier, et pour élire le plus
remarquable des poètes lyriques de la génération qui a succédé
a Tennyson et à Browning. C'est un grand aristocrate, de
naissance, de gotît et de talent; un ouv,ier consciencieux
tomme l'étaient nos Parnassiens; et un admirable musicien du
,ers. Et si la question suivante était posée : quels sont les trois
pins grands poètes anacréontiques qu'a produits l'Angleterre r on
pourrait répondre : Herrick, Lander et Robert Bridges.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI!

Il fut réjouissant d'assister à la découverte de Francis
Thompson par les gens da monde. Il était beau d'entendre le
snob parler de Francis Thompson (qu'il connaissait de la
veille) comme de son poète favori. Mais le snob avait-il
compris Daisy, The Poppy et les poèmes sur les enfants r Oui,
Eh bien ! le snob était absous de son snobisme.
Il y avait une bêtise à dire : " Francis Thompson était
catholique; donc il n'était pas bien-pensant. " Il a fallu que
cc soit la Rerme .Anglaise qui la dise. L'article de M . Austin
Harrison est pénible à lire. Aveuglé par son joug politique, le
critique se trompe presque constamment. Il commet des erreun
énormes, comme celle qui consiste à dire que F. Thompson est
un poète anti-scxuel; alors que toute son œavre est inspirée
par ce qui est au fond le sentiment sexuel pur, et alors que ses
comparaisons, ses allusions, son vocabulaire, sont presque
impudiquement sexuels. Pour lui, les mystères de sa religion ne
sont que d'autres formes d'un même amour. Il est pénible aussi
de voir citer en opposition avec le poème de Thompson :
"Cherchez-moi dans les chambres d'enfants du ciel ", une
Berceuse de Richard Middleton, sans doute pleine de bonnes intentions, mais qui ne fait pas grand honneur à l'auteur
du Yai11eau Fant8me.
Les autres sottises prévues : " anti-moderne, à l'écart de son
temps, sans contact avec la vie" ont été entendues à leur tour
au milieu du triomphe du poète. Mais justement le hasard a
fait que Francis Thompson est le seul poète moderne qui ait
connu et vécu la vie du peuple, et du peuple le plus déshérité.
Il a fait un stage de plusieurs années dans les dernières classes
dl! prolétariat ; il a été un sans-travail. C'est peut-être ponr
cela qu'il est si éloigné du socialisme des millionnaires de la
Revue Anglaise. C'est peut-être pour cela qu'on sent chez lui
cette résistance latente à ce qu'on nomme "l'ordre étatiste";
et la résolution de l'individu moderne à chercher sa justice et
son dieu sans tolérer d'intervention morale ; et la même poussée

NOTES

lente, grave, sans cris, mais insondablement révolutionnaire,

qui rejette l'impérialisme de Kipling. Il est fou de prétendre
que le mysticisme de Francis Thompson est un mensonge, ce
qu'on appellerait "un essai de conservation ou de reconstruction

sociale ". Il est trop évident qu'il était déclassé, et projeté
au-delà de toutes considérations économiques, politiques ou
morales. Et c'est par cette espèce d'anonymat- un homme de
la foule, avec son mystère, est toujours différent de ce qu'on
pensait - et cette façon d'être libre, et méfiant, et fermé, et
secret, d'être avant tout un homme intérieur, chercheur entêté
de son bien suprême et de sa réalisation complète, de sa
s4inteté, c'est par là qu'il est si moderne et si près de nous.
V.L.

*

* *
LE NAPOLÉON DE NOTTING HILL, par G. K.
Clilsterton, traduction de Jean Florence (Edition de la Nouvelle
Revue Française, 3 fr. 50).
Il sera curieux de voir si le succès en France de G. K. Chesterton répond décidément à la réussite chez nous de Kipling
il n'en était pas ainsi, voici peut-être
i quoi il faudrait réfléchir. Wells rencontrait de plain pied
un public français façonné par la lecture de Jules Verne. On
,rait intéressé de retrouver, transposées sur un plan littéraire
plus élevé, des émotions vieilles et jeunes. Rudyard Kipling
présentait au public étranger la figure de l'Angleterre qui
l'inquiétait, qui vivait le plus intensément pour nous : celle de
force, d'énergie, de conquête ; il nous rendait vivant ce que
nous avions intérêt à connaître de l' Anglais. Le cas de Chesterton est assez différent. Celui qui demande surtout à une œuvre
la composition plastique, la solidité, l'enchainement harmonieux:
dont est fait un tout organique, partout bien en chair, sans
parties molles ni mortes, celui-là mettra Chesterton bien
et de Wells. Si par hasard

�NOTES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

au-dessus de Wells et de Kipling. Par l'art de disposer l'intérêt,
de tenir le lecteur en haleine, ses romans égalent certei
Walter Sc.ott, Dickens et Stevenson. Et voilà, direz-vous, la
qualité qui doit, mieux que toute autre, le faire réus_sir. Attendez. Si Chesterton est aussi fort que Walter Scott, si le Nommi
Jeudi vaut, au point de vue que nous disons, ~ue11ti11. DurwarJ,
c'est-au sens où Sarcey disait que Sophocle était au.ssr fort que
1 d'Ennery, et qu'Œdipt Roi valait bion les Dtux Orpht_line'.,
Sophocle a tout de même quelque chose de plus, ~u1 fait
'il plaît moins aux admirateurs des Deux Orphdtnu, Et
qu
.
. d.
Chesterton, pour triompher près du pubhc franç_a1s, 01~
tourner ou franchir deux obstacles, qu'il porte en lui, et qut
sont lui : le premier d'être un maître de l'humour, et le second
d'être un maître de la plus subtile pensée. L'humour de Chesterton se montre, plus encore que celui de Dickens, entièrement,
strictement anglais. Et sa philosophie, bien qu'il répudie ailleurs
le pragmatisme se place au cœur de ce pragmatisme, si inhérent
aujourd'hui à ia pensée anglo-saxonne, et ~evant lequel l'intel, ligence française ou allemande (malgré Nietzsche et Bergson)
manque vraiment de surfaces de contact.
,.
.
Je parle ici d'humour et de philosophie comme sils pouvaient
chez Chesterton se séparer; mais l'essence de son humour est
de se manifester par une philosophie, et, dans le Napo!éon dt
Notting-Hill, l'humour se prend lui-même pour suJet . de
réflex.ion philosophique. Le livre est la réflex.ion .d'u~ humoriste
sur l'humour sur sa nécessité dans la nature humame, sur ses
limites et se: complémentaires : '' Nous sommes ici, déclare
celui de ses deux héros qui personnifie l'humour, nous sm~mes
ici en un lieu élevé, sous le ciel libre, c'est ici comme le p1c_de
la libre fantaisie le Sinaî de l'humour." Et la merveille
profonde du rom.a~, c'est que ce Sinal de l'humout e~t un Sina'i.
Des lois éternelles la loi éternelle, le Décalogue lu1-mêw.e en
'
.
'
.é ,
tant qu'il est gravé sur la pierre angulatre de 1~u'.11anit .' 5 Y
dromulguent. Le roman peut se paraphraser ainsi : Faisons

cette supposition, qui et\t ravi Renan dans une belle extase,

que le SinaI biblique ait été en réalité un SinaJ de l'humour
- que l'Eternel ce jour-là ait voulu se désennuyer et s'offrir'
un spectacle avec ses comédiens ordinaires d'alors, les Juifs, à
peu près comme le public parisien auquel ces messieurs fournissent aujourd'hui son thé~tre. Supposez qu'à la question du
chœur racinien ;

Sina1, Sina1, 9uelk nuit sur ta face !
Dis-nous pour911oi m flux et ces le/airs ••.

la montagne interpellée réponde '; " Pour le plaisir d'un artiste
b'allscendant. Il y a un humoriste Li-haut. Ces feux sont ceux
de la rampe et ces éclairs sont un divertissement de cinquième
acte. Moïse amuse l'Eternel. L'Eternel, qui a lu le Para"4xt 11tr
I, ComiJinz, s'étonne même que Moïse se prenne au sérieu.x,
qu'il ne voie pas l'envers du théltre, qu'il soit moins raisonnable
que ce peuple autour du veau d'or. L'Eternel qui, pour être
humoriste, n'en est pas moins un bon diable, a même pitié de
cet Hébreu, et lui laisse entendre qu'au fond tout cela
c'est pour rire. Mais Moîse, lui, ne rit pas, et le voici qui
répond à l'Eternel. " (Maintenant c'est Chesterton que je vais
citer) - qui, a cet avertissement : " Supposez que je suis
Dieu et qu'après avoir tout fait j'en ris ! " répond : "Supposez
que je suis un homme. Et supposez encore que je donne
une réponse qui brise jusqu'à votre rire. Supposez que je
ne ris pas de vous, que je ne blasphème ni ne maudis.
Mais supposez au contraire que, dressé sur le sol, de toutes les
.klrccs de mon être, je vous bénis pour le paradis des simple1
que vous avez fait. Supposez que je vous loue, avec toute la
do~eur de l'extase, pour la plaisanterie qui m'a procuré la joie
terrible que j'ai eue. Si en jouant ce jeu d'enfant nous lui avons
donné le sérieux d'une croisade, si nous avons arrosé votre ridicule jardinet du sang des martyrs, d'une nursery nous avons fait
10

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un temple. Et je vous demande, àu no~ du Ciel, qui y a

gagné 1"
Dieu dans le roman de Chesterton, c'est l'humoriste Auberon
Ouin, devenu roi, et le Moïse de Notting _Hill, qui est aussi le
Napoléon de Notting Hill, c'est le candide, le. narf, le héJ01
Adam Wayne. Ce n'est d'ai.lleurs pas un hasard s1 Wayne.po~e
ce prénom. Dans Adam Wayne Ches~erton . ~ personnifié
l'homme, l'homme qui est toujours neuf, 1mprévis'.ble, absolu à
chacun de ses instants vrais, à chaque heure où 11 est soul~é
par l'enthousi:tsme, la foi, 'Pane qui paraît proprement ~umain.
Mais Adam Wayne est, comme Adam sans Eve, l homme
incomplet. Savoir se détacher de soi, savoir jouer librement de
so.i-même, posséder cette mobil)té, ce rire des flots, cette couronne de roses riantes qu'est l'humour (souvenez-vous de
Zarathoustra}, cela aussi fait l'homme véritable, s'incorpore à
son métal sonore de Corinthe. Le génie de Chesterton, ~
dont il constitue, par une projection naturelle et nécessaire,
l'homme vrai c'est l'ironie et c'est la foi qui chacune à leur
' l'une l'autre et s'élèvent plus ha~t, c,est
'
1a fi~1.
tour se portent
dans l'humour alternant avec l'humour de la foi ; c est la ~1e
qui crève en riant comme des cerceaux de ,p_apier les c_atégones
logiques, les fausses et rectilignes prophettes, et qui par cc
mouvement même l'rouve qu'elle est la vie ; et le roman
s'achève par la conscience claire de cette vérité. Auber~n et
Wayne font les deux moitiés nécessaires du cerv~u humatn, les
dernier mots du livre fournissent à la fois la parodie et le ret~ur
de ce qui termine le Paradis perdu de Milton: "Dans la lumière
crue du matin, Auberon hésita un moment. Pnis il fit de sa hallebarde le salut réglementaire, et ils partirent tous deux vers le
monde inconnu."
Le Napo!lon de Notting Hill a, mieux encore que le Nqmllfi
Jeudi ce caractère des œuvres géniales, par lequel elles sont
placé:s à un carrefour de vérités en apparence divergentes et
sans contact, font toucher intuitivement dans ces vérités des

NOTES

formes, des traductions d'une m~me vérité, des attributs d'une
~me substance, qui est la découverte même, ou l'acte propre
du livre. De là on comprend parfaitement comment Chesterton, de même que Claudel, a été amené à s'installer dans
le catholicisme ainsi que dans la vérité centrale vivante
d'où tout le reste rayonne, pareil aux avenues de' .l'Arc de'
Triomphe, en branches d'étoile. Et le meilleur commentaire à
donner d'une telle œuvre, ce serait de la voir, comme entre
deu1 glaces, multipliée par les traductions qu'elle autorise et
qu'elle évoque.

Le philosophe qu'est Chesterton se trouve bien curieusement
ttansposer sur le plan du roman humoristique une des démarches
la plus abstraites et les plus audacieuses de la philosophie cartésienne. C'est l'hypothèse du Dieu trompeur que je veux dire.
Parmi toutes les raisons de douter qu'accumule· le doute hype.rbolique de Descartes, ·figwe celle-ci : Et si ce que je tiens pour
le plus assuré et le plus ferme m'était persuadé par un Dieu
trompeur qui aurait ses raisons pour m'abuser, ou plutôt qui
m'abuserait sans raisons, puisqu'étant Dieu ses raisons c'est son
action et rien d'autre 1Sit pro ratione voluntas. - Et l'on ~ait comment Descartes sort de là. Dieu peut me tromper, tnais en me
trompant, s'il me kompe il fait encore que c'est moi qui suis
tro mé, que je pense par le fait même que je suis trompé, que
je suis moi, que je suis. Le pouvoir d'un Dieu trompeur, quelles
qne soient les ressources infinies et la subtilité de sa tromperie,
n'a pas de prise sur le Cogito,
Et ce

fUÎ

brife un m011dt txpirt aux pied1 d'un komme /

C.C Dieu trompeur c'est le Roi Auberon Quin: "La mascarade
incongrue que sa malice railleuse avait enfantée le dépassait, le
~minait pour embrasser l'univers. Là était Je normal, là était le
lllD, là était la nature ; et lui-même avec toute sa raison, avec
to11t son détachement, avec sa redingote noire, il était l'exception à la règle, il était la contingence méprisable, il n'était
qu'un point noir perdu dans cet univers d'écarlate et d'or."

�644

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ainsi il est de l'essence du Dieu trompeur de ne pas ezister,
(comme, dans la preuve ontologique, il sera de l'essenc~ du
Dieu véridique d'exister). Il est de son essence de ne pas ex1st~,
puisqu'il ne peut pas tromper jusqu'au bout sa créature, \u11que, dans le moment même où il la trompe ~n tant qu elle
pense telle ou telle chose, il ne la trompe plus, il ne peut a~
lument la tromper en tant qu'elle sait, qu'ell~ p~nse. Et s'_1l y
a quelque chose qu'il ne peut absolument pas, il n _est pas Dieu,
C. Q, F. D. Et pourtant c'est l'hypothèse de ce Dieu trompeur
qui a déclenché la vérité, l'autorité du Cogito. C'est ~'elle que
naît ce Cogito d'où vont naîtr~ à leur tour par la p~tssan~~ de
la déduction toute la métaphysique et toute la physique, cet
univers d'écarlate et d'or". Le Dieu trompeur n'est pl~s c~mme
Auberon Quin qu'un point noir perdu dans un coi~ daal~tique de cet univers, le Dieu trompeur n'est !lus qu un Dieu
de la Triste Figure, isolé comme don Quichotte, dans 11D
monde qui n'est plus le sien. Il est exclu, semble-t-11, par les
nécessités mêmes de l'être. Et pourtant il n'est jamais exclu
complétement ; ayant été, il ne cesse pas d'être, de d~m~urer
malgré tout présent dans la- pensée, incorporé non à vrai dJrC à
l'être mais au mouvement de cette pensée.
C':st cela que déclare le . dernier chapitre du Naj&gt;Olion dt

Notting Hill. Sans cette hypothèse possible d~ Dieu .tr~mpeur,
le cartésien ne cesserait pas de penser, mais saura1t-1I, J:'°ur
l'avoir éprour1I, qu'il pense ? Quel exercice, quelle gym~ast1q~
autre que le doute, avec le Dieu trompeu,r du do~te, lUJ aurait
donné la conscience de la vérité dans 1acte qui la découvre,
d'une vérité non déposée automatiquement, mais trouvée, iu. et t en du e 1 "Où
ventée, acquise par toute la personne active
est-il, le jean-f... qui n'a jamais eu peur 1" disait Turenne.
Où est-il, l'ignorant qui n'a jamais douté 1 Où est-elle la ~rutc
qui n'a jamais ri 1 Que serait le courage sans la peur, la sc1eac:c
sans le doute, le sérieux de l'homme sans son rire 1 Rire est le
propre de l'homme, et ne pas rire aussi.

NOTES

Dans les Objections aux Méditations il est reproché à Descartes
d'avoir installé l'hypothèse de son Dieu trompeur avec une telle
force, que malgré tout il ne peut plus s'en débarrasser, et que
toute sa philosophie b~tie sur un sol meuble reste menacée d'un
scepticisme latent. Descartes se défend comme il peut, et tâche
de montrer que le Cogito, puis les preuves de l'existence de
Dieu, éliminent irrévocablement son hypothèse provisoire. Estce bien st1r 1 Et le Dieu des preuves logiques, plus clairvoyant
que son philosophe, ne l'entendons-nous pas qui, dans la
dernière page de Chesterton, parle a son collègue du doute
provisoire, au trompeur et à l'humoriste: Excusez-moi, lui a dit

celui-ci.

Exc111tz-moi, dit-il m lui parlant tout bas.
Je 1011pçonne entre nous ljUt flO/ls n'exùtez pas.

Et c'est le Dieu de la quatrième Méditation qui lui répond,
ce nom, qu'il a pris ici, d'Adam Wayne : "Dans les jours
10mbres et tristes, vous et moi, le pur fanatique, le pur satirique,
sommes nécessaires ... Nous avons élevé les cités modernes à la
hauteur de cette poésie que l'on sait, pour peu qu'on connaisse
l'homme, infiniment plus commune que même le lieu commun ...
Le rire et l'amour sont partout. Les cathédrales, bAties en un
temps où l'on aimait Dieu, sont pleines de blasphèmes grotesques. La mère ne cesse de rire de son enfant, l'amante ne cesse
de rire de l'amant, la femme du mari, et l'ami de l'ami.
Auberon Ouin, trop longtemps nous sommes restés séparés :
ffllcz, partons ensemble. Vous avez une hallebarde et moi une
épée, Partons pour nos voyages à travers le monde, puisque nous
CD sommes les éléments essentiels. "
IOUS

L'esthétique allemande de l'ironie, celle de Schlegel, Solger,

Ticck, à laquelle manquèrent seulement des œuvres géniales

.

avait reconnu un peu laborieusement dans le rire l'humour

p·

.

,

'

'

ironie, le doute, la négation, un ressort nécessaire de la
aéation et de la vie. Elle avait adopté et divinisé à l'excès Je
Méphisto de Fau1t. Chesterton reprend ces voies, en philosophe

�NOTES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

plus réfléchi, plus discipliné, en artiste plus nerveiu, plw
conscient, plus original. Ainsi les Allemands ont dans Jeun
traditions (et je n'ai rien dit de Heine) de quoi goOter un des
deux plus grands écrivains anglais vivants. En France cela est
peut-être pour la plupart un peu plus difficile. S'il en est
po.urtant qui ont coutume de choyer, comme un faisceau
d'œuvres rares, offertes (c'est la dédicace de l' Eve Future) .Aux
,-Jveurs, mix railleurs, ces quatre livres que sont l' Eve Future de
\ Villiers, Paludes (et joignez-y le Promùhée mal enchaîne) de Gide,
les Moralités Légendaim de Laforgue, le Jardin de Bérénice de
Barrès • s'ils considèrent comme les harmoniques égales d,une
'
.
même note délicate et pro(onde certaine rêverie et certaine
raillerie, je crois que ceux là ne dénieront pas à Chesterton,
dans un tel chœur, la place la plus cordiale etla plus fraternelle.

A.T.

• ••
CHARLES DICKENS, by Algernon Charles Swinhunu
(Chatto et Windus, London, I 91 3).
M. Henry Davray, dans un des derniers Mercure, a écri'.
sur ce Dickens posthume de Swinburne quelques lignes qui
me paraissent d'une excessive sévérité. De ces pages consa•
crées à la louange du grand romancier anglais, il ne veut
retenir que cette phrase : " Par le côté littéraire et sentimenul
de son œuvre, Dickens était un type de sa génération et de sa
classe ; par le côté comique et pathétique, tragique et créateur,
il n'était pas un homme de son époque, mais de tous 1~
temps." Je sais bien que cette phrase est à peu près la seule
où Swinburne, en authentique représentant du génie concret
d'une race a exprimé un jugement général ... Mais, précisémen~
'
..
j'aime que son Charlu Dickens soit, plus qu'une étude_ cnuqu~
un poème. Petit livre ésotérique, qui n'apprendra ne~ ~ ~ui,
déjà, n'aime Dickens "comme un enfant" - ce mot déhcieUJ

est de M. Abel Hermant - mais qu'à mes heures dickensiennes il me plaira d'ouvrir comme un bréviaire. De quelle
ardente et pathétique voix Swinburne élève son action de gdces
au dieu de la fiction anglaise. Il faudrait tout citer, - en anglais:
telle page sur Cruikshank, l'illustrateur, rival de Phiz, des
Sketches by Boz et d'Oliver Twist; telle autre sur Our Mutual
Friend et surtout sur l'un des principaux personnages de ce
livre, Rogue Riderhood, " cette nauséabonde et malsaine épave
des rebuts les plus pourris de la Tamise ; " telle autre encore
ou le génial poète accable de retentissantes invectives Matthew
Arnold, ce " Triton de goujons, " coupable de n'admirer pas
sans réserve Dickens, etc., etc... Pages animées d'une sorte de
ferveur violente ou de furie sacrée, d'un "dynamisme" extraordinaire, et dédaigneuses, certes, de toute abstraction, de tout
intellectualisme, mais riches de sens concret, et d'un style
~datant.
~lus équitable que M. Davray me paraît être M. de Wyzewa
qui, au cours d'un bel article, écrit : " On chercherait vainement, d'un bout à l'autre de la très intéressante étude de
Swinburne sur Charles Diclmu, le moindre essai d'une définit10n
totale du génie du romancier, ou même la moindre trace d'un
jugement d'ensemble sur son œuvre. Après nous avoir répété
. , de préambule, que Dickens sera toujours proclamé'
par mamere
premier Anglais de sa génération", - à quoi il ajoute
mamtenant son regret de ne pouvoir découvrir, dans cette
gé_nération, aucun génie de la trempe de Shakespeare ni de
Victor Hugo, - le critique improvisé se met aussitôt à exami~er tou~. à tour, suivant l'ordre de leurs dates, les principaux
l'~ctts de 1 illustre conteur. Encore les stations qu'il fait succesSIVement devant chacun de ces récits ne sont-elles jamais pour
les considérer d'un point de vue "objectif", ou, si l'on veut
" critique '' : Swinburne se contente de nous dire quels sont,
dans telle ou telle œuvre, les personnages qu'il préfère, et puis de
nous esquisser à sa façon les figures de ces personnages, avec une

"1:

�NOTES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

justesse de trait, une force de modelé, et, pa~ dessou_s tout cela,
une chaleur continue de tendresse ou de haine, qui suffisent à
racheter, - sinon peut-être à nous faire oublier, - les limites
trop étroites de son horizon."
.
Ce n'est pas un article que j'écris ici sur le Dickens de Swmburne. Je n'ai pas d'autre objet que de signaler ce livre à
l'attention des Dickensiens et d'inviter à le lire. On me permettra donc de me borner à traduire, pour terminer, quelques
pages qui donneront le ton de l'ouvra~e:
. , , .
.
"Dickens avait indubitablement raison, qm prefera1t DarJ1d
Copperjield à tous ses autres chefs-d'œuvr~. !l n'y a_ qùe les
imbéciles pour croire qu'un grand écrivain est mcapable
d'apprécier la supériorité de l'un de ses ouvrages sur les autres
et de discerner et préférer le plus beau et le plus riche produit
de son activité créatrice ; mais, quand nous avons prêté l'oreille
aux revendications de Martin Clzuzzlewit et procédé à leur
examen, il reste que, dans cet inégal et irrégulier chef-d'œ_uvre,
le génie comique et tragique de Dickens s'élève parfois au
dessus de tout. Ni fils d'Adam ni .fille d'Eve, sur cette terre de
de Dieu, pour parler comme M. Carlyle,_ n'aurait
~upposer
qu'il fut possible, oui, humainement possible, de rivaliser _avec
l'indicible perfection que présente l'éloquence de Mn Qu1ckly
dans ce qu'elle a de meilleur ... Cependan~, aucun lecteur dont
l'intelligence dépasse le niveau de ceux qui préfèrent à Shakespeare le Parisien Ibsen et le Norvégien Sardou ne peut _contester
cette inimaginable et triomphale
que M rs Gamp s'est élevée
.
suprématie.
"A la première entrevue qu'il nous est do~né d'avoir avec
l'adorable Sarah, sa nature si divinement altruiste et que nous
n'aurions su exprimer, s'épanche tout entière dans_ ces mo~
d'une simplicité savoureuse et sublime : "Si je pouvais ense~elu
t s mes chers semblables sans qu'il leur en cotith un sou, Jele
w
·y
ferais, tellement je les aime.,, Et nous pensons a~ petit ommy
Harris et au petit soulier de laine rouge qui l'étranglait; à cette

fU

a

circonstance où Mr Harris, son père, chercha silence et abri
dans une niche de chien vide ; à la réflexion mortellement
blessante que ce même M• Harris laissa échapper a la naissance
de son neuvième ; aux sentiments religieux, qui sont le tout de
la vie ; à M• Gamp et à sa jambe de bois, et au précieux petit
Gamp : aux calculs et aux constatations de Mrs Garnp touchant
la proportion des naissances et des décès; à ses vues sur l'urgence
des voyages en bateau, qui anticipent sur celles de Ruskin et
des derniers dissidents de l'évangile de la vitesse et de la religion
du mécanisme; à l'inventaire de la poche de M•s Harris; à
l'incroyable incrédulité de l'infidèle M 0 Prig ; nous pensons à
toutes ces choses et à beaucoup d'autres encore, et c'est avec un
rire inextinguible et une admiration débordante que nous
élevons une infinie action de grkes au plus grand poète ou
créateur comique qui ait jamais vécu pour illuminer la vie des
autres hommes et la rendre par sa féconde intervention plus
joyeuse et plus belle qu'il n'aurait été possible de la rêver...
" ... Quand à Dar;id Copperjield, nous ne pouvons pas ne pas
accueillir avec des applaudissements empreints de la plus ardente
gratitude le don le plus précieux: peut-être qui nous ait été
conféré par la splendide et inoubliable libéralité de Dickens.
Ce livre, du premier chapitre au dernier, est indubitablement,
aux yeux de tous ceux dont la perception dépasse celle d'une
taupe, l'un de ces chefs-d'œuvre à quoi le temps ne peut
qu'ajouter un nouveau charm&lt;; et un inestimable prix. La
composition en est aussi solide et harmonieuse que celle de Tom
J1J11t1, le modèle le plus parfait et certainement le plus inacce&amp;sible que l'on puisse trouver. J'avouerai même que le célèbre
chef-d'œuvre du rayonnant et tonique génie de Fielding, s'il
est supérieur sur certains points, ne l'emporte pas sur tous.
Tom est un type d'enfance brave et de généreuse et virile
jeunesse beaucoup plus complet et plus vivant que David. Mais
meme le lustre de Partridge est plle et lunaire au regard de la
gloire de plein midi de Micawber. Blifil est un venimeux

�NOTES
LA NOUVELLE REVU.E FRA "ÇAJSE

coquin plus vraisemblable que ne l'est Uriah; et Sophie Western
n'a d'égale qu' A.mélia, cette autre hérolne du même père littéraire... Mais, quelque vaste et fécond qu'il soit, le génie de
Fielding n'aurait jamais conçu ni une figure comparable à miss
Trotwood, ni un groupe tel que celui des Peggotty. Et aurait-il
aussi aisément imaginé et évoqué à nos yeux le magnifique décor
de David Copperjidd avec son premier plan de rues et de bords
de routes et son fond de mer tragique ?...
" L'histoire des Grandes Esplranm a droit à une place éminente à c6té de celle de Dat•id Cqpper}itbl. Ce sont les deux grands
chefs-d'œuvre jumeaux du maitre... Des deux petits garçons qui
se racontent, David Coppcrfield est le meilleur petit bout
d'homme, quoiqu'il ne soit pas le plus réel. Mais, de tous les
premiers chapitres, il n'y en a aucun qui puisse être mis en
balance par son mélange d'humour, de terreur, de pitié, de
fantaisie et de vérité avec celui qui confronte l'enfant et le
forçat dans les marais au crépuscule. Sans compter que l'histoire
est incomparablement la plus belle des deux ; il ne peut rien y
avoir de supérieur, s'il y a quelque chose d'égal, dans toute la
série de la fiction anglaise. Et, excepté dans la Foire aux Yanitis
et les Nttt1cqme, si même ces deux livres peuvent prétendre à
faire exception, il ne saurait être assurément montré un nombre
égal de figures vivantes et immortelles. La tragédie et la comédie,
le réalisme de la vie et sa rêverie se trouvent fondus avec une
vigueur et une habileté de main quasi-shakespeariennes. Avoir
créé Abel Magwitch, c'est être, en vérité, un dieu parmi les
créateurs de figures impérissables. Pumblechook est mieux réus,i
et plus drôle et plus vrai que Pecksniff. Joë Gargery est digne
de l'admiration et de l'amour et d'un Fielding et d'un Sterne.
M. Jaggers et ses clients, M. Wemmick et son père et sa fiancée
sont des figures telles qu'aurait pu les créer Shakespeare, si la
destinée l'avait fait vivre de notre temps. De quel autre homme
ou dieu les créatures peuvent-elles mériter un pareil êloge 1 "
C.V.

LETTRES ALLEMANDES
INFLUENCE DU THÉATRE FRA ÇAIS SUR LE
THÉATRE ALLEMAND DE 1870 A 1900, par Paul

FritJth (Paris, Jouve).
Il ~aut distinguer dans l'apport français en Allemagne entre
ce qui est de la culture et ce qui est de l'exportation. Paris a
toujours été le foW11isseur des plaisirs des capitales allemande,.
De sorte quel' "influence" du th~tre français sur le thé1tre
allemand se réduit pour une bonne part à une exploitation
adroite des pièces à succès du boulevard.
Dans la liste des pièces françaises jouées en Allemagne en
1878 - on n'en compte pas moins de 132 - Augier About
Balzac, Coppée, Dumas, Hugo, Meilhac et Halévy, Molière:
Murger, Sand, Sardou, Scribe, Sue, Verne, voisinent sur
l'atlicbe. A Be~lin en particulier le public avait jusqu'en I s4 8
~tendu régul1~ement d_eux fois par semaine une troupe
d acteurs français subventionnés. Puis vinrent jusqu'à la veille
de 1870 des tournées, subventionnées ellesaussi. La guerre jeta
an froid et ce n'est guère que vers 1876 que la consommation
allemande reprit, on saie dans quelles proportions. Brieux,
Donnay, Capus, Hervieu, Mirbeau, Prévost, Maeterlinck,
Rostand ont remplacé les anciens noms. Le public est demeuré
le m~me : il veut être amusé. Quelle que soit la véhémence des
attaques qui reviennent régulièrement dans la presse allemande
co~tre "la tyrannie française sur la scène allemande", quel que
IOI~ l'effort des écrivains nationaux épris de leur art, la "piquantenc" fr ança1se
· I' emporte et, à de certaines années le quart
des droits d'auteur versés en Allemagne a passé en F;ance. Le
malheur est que nous n'y gagnons rien. Les philistins qui se sont
ébaudis à la représentation retournent chez eux en se frottant

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

les mains : "So sind wir nicht ! Nous ne sommes pas comme
ça ! " Même les meilleun des critiques, les plus intelligents, un
Kerr par exemple, nous en jugent mal en tant que nation et
cherchent chez Donnay de quoi illustrer leur thèse d'une
France décadente, où les "Sp1itlateiner" sont représentés
comme des gens qui flageollent sur leurs jambes, sans force pour
le bien ni pour le mal, affaiblis et souriants, déplumés, byzantins, "enveloppés de l'insaisissable odeur que répandent les
fleurs ~tiolées des cultures mourantes... Mais il faut être capable
de goôter le pile charme de ces ligures, leur sublimation ; il
faut des organes qui sentent, gofttent, apprécient cet impondérable et fuyant parfum de cadavre - avant de les pouvoir
repousser." (Alfred Kerr, Das ntue Drama.)
Si quelques Français forcent leur estime - on ne saurait nier
sa dette tout entière -c'est qu'ils ont en eux ''den Willen zum
Germanischen ", la volonté d'être germaniques, "la force des
races neuves, non usées".
C'est là tout un .ispect de la question de l'influence française,
qu'il faut soigneusement d6nélcr de l'autre. C'est à ce renre
d'apport que M. Fritsch a consacré son étude. D'une part _il
relève les pièces à succès de 1870 à 1900. Nous ne le suivrons pas dans cette longue énumération. - D'autre part il
dresse la liste des habiles, des courtiers d'influences qui ont tout
à la fois entretenu Je "gollt '' allemand par leurs critiques et
leurs traductions, et exploité l'appétit de leu.rs compatriotes,
leur soif de mousseux.
Les années 1876 a 1884 furent leur belle époque. Le
parvenu allemand se ruait au plaisir. Après tout l'effort du
XJXe siècle une détente se produisait. Un peuple grisé de
l'ivresse grossière des triomphes politiques et économique,
clamait sa volonté de jouir. Il n'éuit momentanément plus de
place pour l'austère recherche, pour les artistes, pour les
écrivains de race. Paul Lindau, Oskar Blumenthal occupaient
la presse et la scène. Sous couleur d'art, avec la prétention

NOTl!S

d'introduire en Allemagne la comédie de mœurs, Paul Lindau
&amp;is.iit acclamer les Limmts P11wre1 d'Augicr au ResidenzTheatcr (où sur 336 représentations en 1877-78, 227 étaient
consacrées des pièces françaises). Puis lui-même fabriquait du
Dumn, du Sardou, du Scribe. Tout en se faisant le chevalier
de la mor.ilité française, il combattait l'Anommoir au meme
titre que des fuces ordurières, telle Nmid1e. Zola traduit et
accommodé à l'allemande était dénoncé au Reichstag comme
mettant en danger la moralité publique. Comme autrefois
lonqu'ils "débarhoui]laient ce polisson de Béranger, qui aimait
1e tralner dans l'ordure, alin de pouvoir le présenter au vertueux
public allemand : der gesitteten deutschen Lesewelt ", les
DOUYeaux Allemands ne toléraient le vice parisien que passé i
l'eau de Cologne, musqué et gazé.

a

Ajoutez quelques recettes de la cuisine dramatique, la chasse

à l'efiët, les calemholll'S équivoques, il n'en fallait pas plus pour
&amp;ire salle comble.

La réaction ne commença que vers 1884 avec les frères

Hart

qui dan, leurs Âuautr criti911t1 dénoncèrent moins
ils étaient acquis A la cause naturaliste
- que la désolante nullité des amuseurs publics, qu'ils fussent
allem.inds ou français. Ils prêchèrent le retour " au grand
lérieux ", se firent les apôtres d'un art moderne, social, qui
s'attaquerait aux graves problèmes que suscit.iit le nouvel état
politique et reflétant la vie contemporaine allemande aiderait à
b formation d'une culture nationale. Plus peut-être que leur
dort et celui de Bleibtren, de Conradi, de M. G. Conrad
qui tout en prônant les Français débitait sur eux de monumentales Aneries, la tournée du Théâtre-Libre d'Antoine à Berlin
CD 1887 favorisa les tentatives de Hauptmann. En 1890 grlce

PinBucnce française -

! Hardcn et à Otto Brah.rn le Théâtre-Libre de Berlin était
fondé. /T/Jf' Son,,maefg1111g lança Hauptmann qui jusqu'aux
'll'tk,- 6t triompher le naturalisme en Allemagne. A sa suite
Sudermann, le profiteur, avec un mélange d'eH"ets à la Dumas

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

655

NOTES

qu 'il avait pillé et de hardiesses naturalistes, monnayait les
nouvelles doctrines : Die Ehre, Sodoms Endè éblouissaient les
Allemands ; Magda revenait en France sans q~'on reconnüt
les modèles parisiens.
Mais vers 1893 déjà l'influence de Zola, des Goncourt, de
Becque commençait à baisser. La revue Freie Biilzne (plus
tard Neue Deuts,ke Rundschan, maintenant Neue Rundschau)
s'était dès sa fondation en 1890, déclarée" bien disposée pour
'
.
1 . ,,
le naturalisme, prête à faire un bout de chemin a~ec ~1 .'
sans cependant vouloir lier cause commune." De Pans arrivait
Herman Bahr. Il en rapportait le symbolisme. Hauptmann
devait bientôt faire jouer Hanntles Himmelfahrt, Die flmunkene
Glocke. Schlaf qui, en collaboration avec Holz, avait écrit Pa~
Ham/et le manifeste du "naturalisme conséquent", dénonçait
à son :our l'abus de réalisme. Nietzsche depuis I 890 avait fait
son chemin. L'impressionnisme allemand de physiologique
devenait psychologique. Les uns réagissaient av~c Za_rathustra
contre le " petit faitalisme " et la décadente 1mpu1ssance à
résister à une suggestion. Les autres s'abandonnaient à leun
sensations, cultivaient avec cette effrayante et na'ive
. ,conse.
quence qu'on ne trouve que dans le Nord, leur 1mpres~1onnabilité morbide. La place était prête pour Maeterlinck.
Hartleben qui avait oscillé entre Zola, Albert Giraud et
Murger, traduisit l'intruse en 1898. Un snobisme nouveau
était né. Hofmannsthal lui doit son snccès.
Ceux qui tiennent la scène maintenant ? Des éclectiques,
comme Schnitzler, auxquels nous prenons plaisir pour cc qu~
·
é
' d ·
e sats
nous retrouvons en eux de français agr mente e Je n
quel parfum exotique; munichois ou viennois.
Le véritable théhre allemand n'est pas là et n~us ne somm~
pas éloigné de partager l'opinion de_ M. Fntsch lor~~ il
conclut : " Au total l'influence française après 1870 na cté
d'auc\ln profit pour la comédie allemande ... " Mais il faut la
chercher

·n

ai

eurs.

F. B.

DIVERS
LE CHARTISME, par Edouard Do/léans (Floury

2

vol.).

Cet ouvrage est l'histoire du mouvement social qui, de r83o
à 18~8 travailla l' A~gleterre. Il nous intéresse parce que le
chartisme fut en partie la mise en œuvre de quelques idées nées
de notre Révolution, et parce que nous vivons aujourd'hui sur
des principes sociaux pour lesquels il a, pour la première fois
combattu. Par sa longueur et par le détail où s'attarde la documentation, ce livre intéresse surtout les économistes. Mais
quiconque est curieux de la psychologie d'un grand mouvement
populaire peut trouver ici une abondante source de renseignements. Les portraits des chefs, un Lovett, un Feargus O'Connor
un Bronterre O'Brien, sont bien dessinés, et· l'on discerne, dan:
ce mouvement général, l'apport de chacun parmi la grande
poussée populaire. Il appartient à d'autres d'examiner la valeur
technique de ce livre. D'un point de vue tout littéraire il nous
intéresse parce que c'est un ouvrage qui a si l'on p;ut dire
di
gué sa documentation. Aucune note au , bas des pages, pas'
d'a~eil critique à la fin du volume. Tout a passé dans le
récit. Un homme qui n'est pas spécialiste peut lire ces deux
,olumes. _C'est là, de la part de l'auteur, un effort de bon goût
et de politesse qui mérite qu'on le signale.
J. S.
THÉÂTRE DU

**
*
VIEUX COLOMBIER.

Depuis que nous avons exposé ici nos projets, des résultats
ont ét~ obtenus, dont il faut que tous nos amis soient instruits.

La VOIX qui s'élevait pour la défense et la rénovation de l'art
!reamatique françai~ à évcillé de nombreux échos. Nous pouvons
que, sur ce pomt, nos espérances ont été dépassées. Non

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

11

1

,,i
1

seulement la grande presse, sans qu'il ait été besoin de la solliciter, nous a marqué son approbation et sa sympathie, mais
encore plusieurs de ses représentants se sont mis spontanément
à notre disposition pour soutenir nos efforts durant la campagne
qui va s'ouvrir. Avant qu'aucune publicité proprement dite n'ait
été entreprise, nous avons eu la preuve que nous ne nous étions
pas illusionnés en faisant fonds sur ce premier contingent
d'amitiés qui devait appuyer notre marche en avant. Cliaqu
jour le courrier nous a apporté et nous apporte encore de, lettres
enthousiastes, des offres de coopération désintéressée, des renseignements propres à faciliter la diffusion de l'entreprise, des
demandes d'abonnements et de cartes permanentes. Ces lettres
ne viennent pas seulement de Paris. Elles arrivent de tous les
points de la France, et même de l'étranger. Quelques unes sont
signées de grands noms. La plupart - il en est qui nous ont
profondément émus - proviennent d'artistes obscurs, d'étudiants, de travailleurs pauvres qui parfois glissent sous l'enveloppe,
en s'excusant de ne pouvoir mieux témoigner leur zele, un
mandat de quelques francs ! Les noms de ces amis-là ne s'effaceront pas de notre souvenir. Que chacun deux trouve autour
de lui quelques partisans nouveaux, que ceux-ci en persuadent
d'autres à leur tour, et voilà le signal donné, la bonne nouvelle
proclamée ; voilà la force réveillée, qui, grandissant, se multipliant, nous assurera la victoire.
C'est le 15 octobre que le Thé~tre du Vieux Colombier
ouvrira ses portes. Le premier spectacle se composera d'Ure
femme tuée par la douceur de Thomas Heywood, contemporain
de Shakespeare, et de l'Amour Médecin de Molière.
Nos matinées :poétiques commenceront en novembre ; donnons-en dès maintenant le programme :
PREMÙR.I SfRlE
1°

XII• siècle : La Chanr1111 de Roland, le Roman de R.Mul dt
Cambrai, le Roman de Tri!tan, le Rr»nan de Lancelot, Cha,uo11t
pour la Croitadt; UN FRAGMENT DU MlSThE D'ADAM.

NOTES

XIII• siècle : Le Sacre de LouiJ le Débom,.aire ; Lais de Marie de
France ; Chansons de Thibaut ; Rutebœuf ; UNE SCÈNE DU Jiu
Dl ROBIN ET MARION.
3° XIV•siècle : Le Roman dt/a Rou ; le Roman du Renard; Fabliaux ;
ballades de Froissard ; Guillaume de Machault etc. ; UNE FARCE.
♦' XV• siècle : Eustache Deschamps ; Alain Chartier ; Charles
d'Orléans ; Villon ; LE FRANC ARCHER DE BAGNOLET.
f Lemaire de Belges, Marot, Ronsard et la Pléiade; UNE sctNE
D'UN! TRAGÉDIE Dl! JODELLE.
6' D'Aubigné, Mathurin Régnier, Malherbe ; les tragiques précoméliens env1sagés comme lyriques.
71 Théophile, Tristan, Racan, Corneille, les burlesques.
I' Racine, Boileau, La Fontaine, Molière ; UN! SCÈNE DB QurllAULT.
91 J. B. Rousseau, Voltaire, les poètes galants, André Chénier.
101 Lamartine, Vigny, Musset et les poet~ minores ; DesbordesValmore, Sainte-Beuve etc. ; UNE sdNit DE LA COUPE BT LES
2•

ÙVRES.

11• Victor Hugo.
n' Leconte de Lisle, Gautier, Banville Hérédia, Baudelaire.
DJ!UXIÈMI SfaIE
Mallarmé et Verlaine.
2° Rimbaud, Laforgue, Corbière, G. Kahn, Elskamp.
31 Verhaeren: UNE SCÈNE ou CLOÎTRE.
♦• Moréas, Tailhade, Samain, H. de Régnier, Van Lerberghe.
s' Vielé-Griffin : PHOCAS LI! JARDrNIER.
6' Claudel : LA CANTATE.
71 Jammes : LE PokTE ET SA FEMME j Péguy : UNE SCÈNE Dl!
JIANNE D'ARC,
a• Gide : BETHSABt.
91 Signoret, Valéry, Ch. Guérin, Mm• de Noailles, etc.
10•, 11°, 12° trois matinées consacrées aux œuvres poétiques les
plus récentes.
11

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

NOTES

•• •
Nous redonnons ici une dernière fois la liste des pièces que
nous projetons de mettre à la sdne pendant la saison 1913-1914.

PROGRAMME
THEATRE ANTIQUE:
,Jlgammemnon

Eschyle.
Euripide

Le, 'l::' ro.)lenne.s

THEATRE FRANÇAIS
JO Répertoire Classique:
Molière .
Don Juan
Molière .
L',Jl oare
Sganarelle
ou le Cocu lma1inaire
Molière .
L',Jlmour
:NC&amp;lecin
Molière.

Racine .

THEATRE ÉTRANGER (ancien et moderne)
William Shakespeare. • La :J,(_uit des 'R,o{s
traduction nonvdle de Théodore Lascaris
Thomu Heywood , · . Une femme (yée par la douceur
traduction inédite
Henrik Ibsen . . . , 'R,oamushalm
traduction nouvelle d'Agnès Thomsen
Stanislas Wyspianski. . Lea Jugea
traduction inédite d'Adam de Lada et Lucien M&amp;ury
G. Bernard Sb..w. . • Une Com&amp;lie
traduction d'Henriette et Augustin Hamon

Ces pièces alterneront sur l'affiche à raï.on d'an mom• trois par
-.ÎDcl.

:l3ritann(cu1

2° Pl~ces Moderne, - ,Jl. 'R,eprise,:

Alfred de

MD.1Set • , a:Jarber/ne

Prosper Mêrinée , • •
(Théâtre de Clara Gazai)
Henri Becque. . . .
Jules Renard , . . .
Georges de Porto-Riche
Tristan Bernard . . ,
Georges Courteline • .

L'Occas/on

La [1,{_arJelle
Le Pain Je .:Ménage

La Chance de Françoise
'Dais.li
La Peur des Coups

B. 'Premières Représentations :

Francis Vidé-Griffin,
Paul Claudel .
André Suarès .
Henri Ghéon ,
Jean Schlumberger
Alexandre Arnou:x
Jacques Copeau .

'Phoca3 le Jardinier
L'Echange
La 'l: rag&amp;lie d' Electre et Oreste
L'Eau de 'Vie
Les Fils Louoerné
Le Lien
la Maison Natale

MATINÉES POÉTIQUES :
A côté de cet apecllldes qui occuperont toutes les soirées et la
du Dimanche, le THEATRE DU VIEUX COLOMBIER
claim«a le jeudi après-midi. des matinées poétiques où une conférence
précêdcra des lecture,, des récitation• et, ai le sujet le comporte. dea
reprâenllltions d'œnvres lyriques. Le programme comprendra vingt-quatre
llalinéea, do1Ue C011sacrée1 an puaé, du XII• au XIX• 1iède, de la
Chanson Je Roland à Baudelaire ; et douze antres, alternant de semaine
• semaine avec les précédentes, consacrées â 111 poésie contemporaine,
de Mallarmé et Verlaine aux productions les pliu récentes.
llltÎllée

�661

LIS REVUES

660

œtte 11&gt;rte d'impuissance qui le condamnait à ne s'attacher à rien, à

LES REVUES
RJsVUES FRANÇAISES.

Nous lisons dans l'ÜPINION du 16 Juillet sous le titre suivant :
M. Anatole France et k prohlème de la culture des pages remarquables, encore qu'un peu tendancieuses, de M. Henri Massis.
Nous citons quelques lignes de sa conclusion :
Impuissant à embrasser tout l'homme dans son infinité, il en a
regardé et noté telle partie, puis telle autre, soulignant de son ironie
leurs différences et leurs oppositions, nourrissant son scepticisme de
leurs contradictions, pour en Jin de compte les tourner en ridicule.
Il y trouve à vrai dire " un copieux triomphe de briseur d'idoles,
mais il empoche peu de richesses réelles". Et c'est pour l'invention
un triste emploi que de simplifier, d'appauvrir les motifs des action•
humaines, au lieu de nous en rendre a variété et la conplication
plus intelligibles.
Ainsi cette intelligence même est-elle courte et n'embrassc-t-elle
que ce qui est visible au premier coup d'œil. Elle donne le change
par un air de pénétration pbjlosophique dont on retire tout de suite
de la satisfaction. Mais ne prenant point les choses à plein, elle ne
perçoit qu'une simple nomenclature d'occurences. Bientôt elle se
· trouve désolée et se fait fuyante et oblique. M. France a bien vu
dans quel cercle de solitude tombait l'homme qu'aucune pa 9sion,
qu'aucune vérité n'oriente. "On se lasse, dit-il, on ne se donne
plus. On se retire, on est trahi et ce qui est le plus cruel encore, on
trahit. C'est alors qu'on se sent envahi par un grand dégoôt de soi
et des autres. Mais l'intelligence reste debout sur la ruine des
passions. On ne s'attache plus qu'à comprendre et à expliquer. On
ne prend plus la parole que pour raconter en curieux, sans flamme
et sans trouble. ·•
D'aucuns se désespéreraient devant ce terme du scepticisme.
M. Anatole France en fait une distinction, une qualité très fine. A
propos d'Adolplze il écrit : " On a beaucoup reproché à notre héros

ac renvoyer ainsi qu'un miroir brisé, que des images mutilées; on
a fait peser sur lui, comme une disgrâce et une malédiction, cette
fatalité de son caractère. Mais est-on bien sôr qu'il n'y ait pas dans
cette disgrAce même, la preuve d'une distinction rare de l'esprit, qui
pmid en dégoôt les vulgarités, les sottisea, les misères triviales qui
t6t ou tard se trahissent ou éclatent en toute chose ... "
Ainsi cette intelligence trouve son dernier mot dans le déni. Loin
de voir là je ne $3ÎS quelle "excroissance démesurée de la faculté
compréhensive ", nous sommes bien plutôt disposés à n'y voir qu'une
sorte de rétrécissemment. C'est faire de l'intelligence un emploi
contre nature que d'en user seulement pour détruire et pour nier.
D'elle-même elle aspire à affirmer, c'est-à-dire à être. Elle nous est
donnée pour agir, pour éclairer nos sentiments et non point pour
let obscurcir et nous éloigner de la vie.
Pu plus que nous ne donnons le beau nom de culture à ce qui
tc11d à diuocier les liens humains, nous n'appelons intelligence, ce
jeu pervers qui se fait un plaisir de bouleverser et s'achève dans le
mépria. "Rien de ce qui est plaisir, disait Renan, le Renan de 1 840,
rien de ce qui C$t plaisir, n'est intc1lectuel ; il faut entièrement et
a'beolument bannir ce mot du domaine de l'intelligence. " C'est une
quation a111Si de savoir si l'art même peut s'en accommoder. Nul ne
aongera à contester le go1Ît de M. Anatole France et sa phrase
nmra toujours_le grammairien, l'ami de la rhétorique qui est au
fond de tout Français lettré. Ce n'est pas, certes, le moindre de
DOi étonnements éle voir son style si harmonieux et si joli, quand sa
pemée est ai contradictoire et si incertaine. Mais seules sont fortC$
et originales dans leur forme les œuvres qu'une conviction profonde

• impirées.
C'est peut-~tre là une des principales raisons pour lesquelles

M. France n'a jamais fait, à proprement parler, "œuvre d'art".
Mais Montaigne non plus et aussi bien Voltaire. Le scepticisme
est malgré tout la moitié du génie fran~ais.

• ••
Dans la

même revue, au numéro du 6 septembre, vo1c1

�662

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

comment M. Jean de Pierrefeu parle du nouveau livre de
M. Paul Adam:
Stéphanie, puisqu'il faut enfin parler d'elle, est un bloc nouveau
jeté par cet infatigable lanceur de blocs dans le marais des lettra.
Depuis qu'il écrit, c'est-à-dire depuis qu'il est né, si j'en juge par le
nombre de ses ouvrages, ce robuste écrivain a accumulé plus de
blocs qu'il n'en faut pour bâtir une ville. Or, par un sortilège étrange,
tant de matériaux accumulés ne forment qu'un vaste chantier. Pour
lier toutes ces pierres, les grouper en édifices, les aligner en avenues,
les disposer en places spacieuses, il lui e(h fallu la lyre harmonieuse
d' Amphion, le plus économe des architectes. Spectacle un peu décevant que ce paysage de chaos, vision d'une Exposition internationale
de tous les goftts modernes, destinée à n'être jamais achevée. Ici, un
amas de grosses pierres marque la place où devait s'élever un temple
de la richesse ; là le Palais des Colonies érige ses murs en terre
battue où gisent en vrac des collections exotiques ; plus loin, un
temple ; çà et là, au hasard, un temple byzantin, une chapelle
nietzschéenne, le pavillon de l'Empire, la maison du Peuple, le
Palais de !'Industrie, un vélodrome, un stade etc. etc.

Et selon M. de Pierrefeu, Paul Adam serait notre Balzac "1
l'image de notre époque brouillonne ".
Notre Balzac incohérent, scientiste et social, colonial, exotique
et cosmopolite, à la fois secondaire et primaire, et maintenant traditionnel, moraliste et bibeloteur.

•••

LIS JllVUES

et morte sous le rayon qui la colore, un iroupe de Camille Claudel
at toujours creux et rempli du souffle qui l'a "inspiré;" l'un

repouae la lumière ; l'autre dans le milieu de la pièce claire obscure
l'accueille comme un beau bouquet. Tant6t, avec la fantaisie la plus
amusante, la figure ajourée la découpe et la divise comme un vitrail.
Tantôt concave, par le concert profond des jours et des ombres encbea, elle acquiert une espèce de résonnance et de chant.

Critique littéraire :

•••

Spl,inx llpidopûm au vol variant
Tnr à tour ,oultur dt l'Ornéade
Des Panthals, dts Jrulcains tt dt /'Atropos
D• Morpho-Mènflas, dt la Dana1dt,
Dt /'Amaryllis et de la saturnie
Du Polyommate Dtspar ou du Papillon Flambl
'lo11t à ,oup il devient quelque immt#lriel Argus
()ki poudroie et mnble nimbtr d'idfal
Sts ailts d'un bltu 'Violet
Flammlts de '7,lert
Oal/fes d' otre
Et cernéts d'or.

Et voilà qu'au milieu des Elus, ses précurseurs,
Il tDurbi/lonne aimi qu'une immense fleur de punch
Dont s'fclairtrait la dernièrt et 'Verdâtre
Bombance d'un gargantuesque festin de rive
Au pays des BurgrQ!f.JeS.
Apollinaire tst un fastueux danuur.

Il faut feuilleter les nombreuses pages d'iconographie que le
numéro de juillet de l' ART DfrcoMTIF consacre à l'œuvre de
Camille Claudel. La vie, la nervosité, la souplesse qui caractérisent
la moindre de ses maquettes, assurent acet artiste une place de
premier rang dans la sculpture de ce t-emps. Son frère, Paul
Claudel, donne une nouvelle rédaction de l'article paru voici
une dizaine d'années dans la revue l'Oaidtnt. Il oppose l'art de
Camille Claudel à celui de Rodin.

C'est ainsi que M. Paul Napoléon Roinard rend compte des
poèmes de Guillaume Apollinaire dans la PHALANGE d'aot'it.
hi~umé~e numéro un artide-de Jean Florence,qui rapproche la
P 060p~1e de Bergson de celle de Renouvier, duquel M. Julien
Benda vient de s'avouer le disciple. De J'huile sur le feu. ..

Tandis qu'une ligure de celui que j'ai dit, demeure compacte

Pohn ET DRAME, atlas internatùmal des arts 111Qdernu, résume en

• ••

�665
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIU

qudques traits la physionomie des revues littéraires d'aujourd'hui.
A la Nouvtllt &amp;vue Française, écrit M. Banun, Claudel et
Mallarmé règnent non moins despotiquement. La loi de la mailoa
ne peut être transgressée, à mi-chemin d'une tradition néo-classique
mortelle et d'un néo-symbolisme chrétien que nous croyons iatoUrable à la majorité de notre génération.

La Ph4/ange, le Mercure de Frante ne sont pas mieux traita.
Comme on nous connaît mal !

•••

MEMENTO:

-

La Reflue Bleu (2 3 aot1t) : " Erik Gustav Geijer ", par

Lucien Maury.

- L'Oliflier: " Eugène Fromentin", par Bernard Barbery.
- La Rer1ue Critique des Idées et dei Liores : " 1'Actualité de
Descartes", par M. Gilbert Maire.
- La Renaiuance Contemporaine: "Les sources de l'expression
française", par Maurice Privat.
- Le Rer1ue de Paris : " Sophie et quelques autres", par
Jacques Boulenger. - " Galatée," par F. Vielé-Griffin.
- Le Dir1an: "Le Miroir de la Mer", par Joseph Conrad.
- L'Ocâdent (juillet) : "Histoire de la Vieille Maison
Moisie", par M. Léopold Chauveau.
REVUES ALLEMANDES :

•••

Le premier Salon d' Automne allemand, organisé par la revue
DER STURM, dont le directeur est Herwarth Walden, s'est
ouvert à Berlin le 20 Septembre et durera jusqu'au premier
Novembre. Soixante artistes, peintres et sculpteurs, y prennent
part. Ils représentent les pays les plus différents : Amérique,
Bohême, Allemagne, France, Hollande, Inde, Italie, Autriche,
Roumanie, Russie, Suisse, Espagne. Mais tous se rattachent
aux tendances artistiques les plus modernes.
LE GÉRANT : ANDRÉ RUYTERS.

lmp.

SAINTE CATHERINE,

Quai St-Pierre, 12, Bruges (Belgique)

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES
à

Jacques Rivière.

De tout temps les tribunaux ont exercé sur moi une
fascination irrésistible. En voyage, quatre choses surtout
m'attirent dans une ville : le jardin public, le marché, le
cimetiere et le Palais de Justice.
Mais à présent je sais par expérie»ce que c'est une
tout autre chose d'écouter rendre la justice, ou d'aider
à la rendre soi-même. Quand on est parmi le public on
peut y croire encore. Assis sur le banc des jurés, on se
redit la parole du Christ : Ne jugez point.
Et certes je ne me persuade point qu'une société puisse
se passer de tribunaux et de juges; mais à quel point la
justice humaine est chose douteuse et précaire, c'est ce
que, durant douze jours, j'ai pu sentir jusqu'à l'angoisse.
C'est ce qu··11 apparaitra
• peut-t:tre
A
encore un peu dans
ces notes.
Pourtant je tiens à dire ici, d'abord, pour temp~rer
quelque peu les critiques qui transparaissent dans mes
récits, que ce qui m'a peut-être le plus frappé au cours
de ces séances, c'est la conscience avec laquelle chacun 1
tant juges qu'avocats et jurés, s'acquittait de ses fonctions.
J'ai vraiment admiré, à plus d'une reprise, la présence
du Président et sa connaissance de chaque affaire•
rd'esprit
,
urgence de ses interrogatoires; la fermeté et la modération
I

�666

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

de l'accusation ; la densité des plaidoiries, et l'absence de
vaine éloquence; enfin l'attention des jurés. Tout cela
passait mon espérance, je l'avoue; mais rendait d'autant
plus affreux certains grince~ents de la machine.
Sans doute quelques réformes, peu à peu, pourront être
introduites, tant du c6té du juge et de l'interrogatoire,
que de celui des jurés•.. 1 Il ne m'appartient pas ici d'en
proposer.

I
Lundi.
On procède à l'appel des jurés. Un notaire, un
architecte, un instituteur retraité; tous les autres sont
recrutés parmi les commerçants, les boutiquiers, les
ouvriers, les cultivateurs, et les petits propriétaires; l'un
d'eux sait à peine écrire et sur ses bulletins de vote il sera
malaisé de distinguer le oui du non; mais à part deux
je-m'en-foutistes, qui du reste se feront constamment
récuser, chacun semble bien décidé à apporter là toute
sa conscience et toute son attention.
Les cultivateurs, de beaucoup les plus nombreux, sont
décidés à se montrer très sévères ; les exploits des bandits
tragiques, Bonnot, etc. viennent d'occuper l'opinion:
"Surtout pas d'indulgence", c'est le mot d'ordre, soufllé
par les journaux; ces Messieurs les jurés représentent la
Socilté et sont bien décidés à la défendre.
L'un des jurés manque à l'appel. On n'a reçu de lui
1 Voir à ce sujet l'enqu~te du Temps, N°' du 13 Octobre dernier,
du 14 et sqq. et !'Opinion, N " du 18 et du :t5 Octobre.

,

SOUVENIRS DE LA COUR D ASSISES

aucune lettre d'excuses; rien ne motive son absence.
Condamné l'amende réglementaire: trois cents francs,
si je ne me trompe. Déja l'on tire au sort les noms de
ceux qui sont désignés siéger dans la première affaire,
quand s'amène tout suant le juré défaillant; c'est un
pauvre vieux paysan sorti de la Cagnotte de Labiche. Il
soulève un grand rire général en expliquant qu'il tourne
depuis une demi-heure autour du Palais de Justice sans
pa"enir à trouver l'entrée. On leve l'amende.

a

a

Par absurde crainte de me faire remarquer, je n'ai pas
pris de notes sur la première affaire ; un attentat la
pudeur (nous aurons à en juger cinq). L'accusé est
acquitté; non qu'il reste sur sa culpabilité quelque doute,
mais bien parce que les jurés estiment qu'il n'y a pas
lieu de condamner pour si peu. Je ne suis pas du jury
pour cette affaire, mais dans la suspension de séance
j'entends parler ceux qui en furent ; certains s'indignent
qu'on occupe la Cour de vétilles comme il s'en commet,
disent-ils, chaque jour de tous les côtés.
Je ne sais comment ils s'y sont pris pour obtenir
l'acquittement tout en reconnaissant l'individu coupable
des actes reprochés. La majorité a donc dl1, contre toute
véritE, écrire "Non " sur la feuille de vote, en réponse à
la question": X ... est il coupable de ... etc." Nous retrouverons le cas plus d'une fois et j'attends pour m'y attarder,
telle autre affaire pour laquelle j'aurai fait partie du jury
et assisté à la gêne, l'angoisse même de certains jurés,
devant un questionnaire ainsi fait qu'il les force de voter
contre la vérité, pour obtenir ce qu'ils estiment la

a

a

justice.

�668

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIU

•••
La seconde affaire de cette même journée m'amène sur
le banc des jurés, et place en face de moi les accusa
Alphonse et Arthur.
Arthur est un jeune aigrefin à fines moustaches, au
front découvert, au regard un peu ahuri, l'air d'un Daumier. Il se dit garçon de magasin d'un sieur X... ; mais
l'information découvre que M. X ... n'a pas de magasin.
Alphonse est "représentant de commerce " ; vêtu d'un
pardessus noisette à larges revers de soie plus sombre;
cheveux plaqués, cMtain sombre ; teint rouge ; œil
liquoreux, grosses moustaches ; air fourbe et arrogant;
trente ans. Il vit au Havre avec la sœur d'Arthur; les
deux beaux-fn~res sont intimement liés depuis longtemps,
l'accusation pèse sur eux également.
L'affaire est assez embrouillée : il s'agit d'abord d'un
vol assez important de fourrures, puis d'un cambriolage
sans autre résultat, en plus du saccage, que la distraction
d'une blague à tabac de 3 francs, et d'un carnet de
chèques inutilisables. On ne parvient pas à recomposer le
premier vol et fes charges restent si vagues que l'acc~tioq se reporte plut~t sur le second ; mais .ici encore nen
de précis ; on rapproche de menus faits, on suppose, on
induit...
Dans le doute, l'accusation solidarise les deux accusés i
mais leur système de défense est différent. Alphonse porte
beau, a souci de son attitude, rit spirituellement à ccr•
taines remarques du président :
- - Vous fumiez de gros cigares.

SOUVENIRS DE LA COUR D' ASSISES

_ Oh ! fait-il dédaigneusement, des londrès à 25
centimes!
- Vous ne disiez pas tout à fait cela à l'instruction,
dit un peu plus tard le président. Pourquoi n'avez-vous
pas persisté dans vos négations ?
_ Parce que j'ai vu que ça allait m'attirer des ennuis,
rq,ond-il en riant.
D est parfaitement maître de lui et dose très habile.
Ses occupations
.
d
'"
ment Ses protestations.
e "p l
acter
restent des plus douteuses. On le dit " l'amant" d'une
vieille fille de 60 ans. Il proteste : " Pour moi, c'est ma

mere".
L'impression sur le jury est déplorable. S'en rend-il
compte ? Son front, peu à peu, devient luisant..•
Arthur n'est guère plus sympathique. L'opinion du
jury est que, après tout, s'il n'est pas bien certain qu'ils
aient commis ces vols-ci, ils ont d1l en commettre d'autres ;
ou qu'ils en commettront ; que, donc, ils sont bons à

coftrer.
Cependant c'est pour ce vol uniquement que nous

pouvons les condamner.
- Comment aurais-je pu le commettre ? dit Arthur,

je n'~tais pas au Havre ce jour-là.

Mais on a recueilli, dans la chambre de sa maîtresse
les morceaux d'une carte postale de son écriture, qui
porte le timbre du Havre du 30 octobre, jour où le vol
a~~ commis.
Or voici comment se défend Arthur :
- J'ai, dit-il en substance, envoyé ce jour-là à ma
maitresse non pas une carte, mais deux ; et comme les
photographies qu'elles portaient étaient "un peu lestes,,

�670

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

(elles représentaient en fait l'Adam et l'Ève de la cathédrale de Rouen), je les avais glissées, image contre image,
dans une seule enveloppe transparente, après y avoir mis
double adresse, les avoir affranchies toutes les deux et avoir
percé l'enveloppe aux endroits des timbres, pour en
permettre la double oblitération. Au départ, un seul des
timbres aura sans doute été oblitéré. A l'arrivée au
Havre l'employé de la poste a oblitéré l'autre ; c'est ainsi
qu'il porte la marque du Havre.
C'est du moins ce que j'arrivais à démêler au travers
de ses protestations confuses, bousculées par un Président
dont l'opinion est formée et qui paraît bien décidé à ne
rien écouter de neuf. J'ai le plus grand mal à comprendre,
à entendre même ce que dit Arthur, sans cesse interrompu et qui finit par bredouiller ; le jury, qu'il ne parvient pas intéresser, renonce à l'écouter.
Son système pourtant se tient d'autant mieux qu'il est
peu vraisemblable qu'un aigrefin aussi habile que semble être
Arthur, ait laissé derrière lui - que dis-je ? créé, le .
soir d'un crime, une telle pièce à conviction ? De plus, s'il
était au Havre lui-même, quel besoin avait-il d'écrire sa
maîtresse, au Havre, quand il pouvait aussi bien aller la
trouver?

a

a

Je sais que les jurés ont droit, sans précisément intervenir dans les débats, de s'adresser au Président pour le
prier de poser aux accusés ou aux témoins telle question
qu'ils jugent propre
éclairer les débats ou leur conviction personnelle, que toutefois ils ne doivent point lai~r
paraître... Vais-je oser user de ce droit ?.•• On n'imagine
pas ce que c'est troublant, de se lever et de prendre la
parole devant la Cour... S'il me faut jamais " déposer",

a

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

certainement je perdrai contenance ; et que serait-ce sur
le banc des prévenus ! Les débats vont être clos ; il ne
reste plus qu'un instant. Je fais appel à tout mon courage, sentant bien que, si je ne triomphe pas de ma
timidité cette fois-ci, c'en sera fait pour toute la durée de
)a session - et d'une voix trébuchante :
_ Monsieur le Président pourrait-il demander à l'employé de la poste qui était tout à l'heure à la barre, .si le
timbrage du départ est toujours différent de celui de
l'arrivée?
Car enfin, s'il é~ait possible de reconnaître que le timbre
~ bien été oblitéré à l'arrivée comme le prétend Arthur
et non au départ, comme le prétend l'accusation, que
resterait-il de celle-ci ?
Le Président, n'ayant pas suivi l'argumentation
embrouillée d'Arthur, ne comprend visiblement pas à
quoi rime ma question ; pourtant il rappelle obligeamment le témoin :
- Vous avez entendu la question de Monsieur le juré.
Veuillez y répondre.
L'employé se lance alors dans une profuse explication
qui tend à prouver que les heures des départs n'étant pas
les mêmes que les heures d'arrivée, il n'y a pas de confusion
possible; que du reste les lettres arrivantes et les lettres
partantes ne se timbrent même pas dans le même local, etc.
Cependant il ne répond pas à cela seul qui m'importe,
et nous ne savons pas plus qu ' auparavant s1. l'on· a pu
reconnaître sur le fragment de carte si le timbre est
elfectivement et sarement un timbre de départ et non
d'arrivée. Le témoin cependant a achevé son explication.
• l'. • ?
- Monsieur le juré, êtes-vous sat1S1a1t ....

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

SOUV.!NIRS DE LA COUR D'ASSISES

Je tkhe de formuler une question nouvelle plus
pressante que la première; puis-je dire pourtant que non,
que je ne suis pas satisfait ; que le témoin n'a pas du tout
répondu à ma question ; du reste, cette question, je sens
bien que, non plus que le président, aucun des jurés ne l'a
comprise; du moins aucun des jurés n'a compris pourquoi
je la posais. Aucun n'a pu suivre l'argumentation
d'Arthur, que moi-même je n'ai suivie qu'avec beaucoup de
peine. Il a une sale tête, un physique ingrat, une voix
déplaisante; il n'a pas su se faire écouter. L'opinion est
faite, et quand bien même on viendrait à découvrir à
présent que la carte n'est pas de lui ..•
- Les débats sont clos.

eu un mètre de large et deux de haut ! - Il s'agit ici du
premier vol, celui des fourrures.
Enfin, pour aigrefins qu'ils fussent, ce n'étaient tout de \
m!me pas des bandits ; je veux dire qu'ils profitaient de la
société, mais n'étaient pas insurgés contre elle. Ils cherchaient à se faire du bien, non à faire du mal à
autrui... etc. Voici ce que se disaient les jurés, désireux d'une
sévérité pondérée. Bref, ils se mirent d'accord pour condamner, mais sans excès ; pour reconnaître la culpabilité,
sans circonstances atténuantes, mais dépouillée également
des circonstances aggravantes. Celles-ci pendaient au bout
de ces questions : Le vol a-t-il été commis la nuit? ... à
p"'1ieurs ?... dam un Edifice habité ?... avec fausses-clefs ou

Un peu plus tard, dans la salle de délibération.
Les jurés sont unanimes ; résolument tournés contre
les deux accusés sans nuancer ni consentir à distinguer
l'un de l'autre : aigrefins à n'en pas douter èt malandrins
en espérance, qui 11'attendent qu'une occasion pour jouer
du révolver ou du casse-tête (trop distingués pour user du
couteau, peut-être). Néanmoins, pour les deux vols,
desquels ils avaient répondre, on n'était point parvenu
à prouver leur culpabilité mieux que par quelques rapprochements - qu'eux traitaient de coïncidences; et dans
le réquisitoire, rien d'absolument décisif n'emportait la
conviction des jurés. Coupables à n'en pas douter, mais
peut-être pas précisément de ces crimes. Était-il vraisemblable, admissible même, qu'Alphonse, à Trouville ou il
était fort connu, dans la rue de Paris si fréquentée, et à
une heure point tardive, ait pu, sans être remarqué de
personne, trimballer un ballot énorme qu'on estime avoir

,fraction ?
Et comme il était de toute évidence que le vol avait
été commis, et ne l'avait pu être autrement, les jurés,
tout naturellement, et malgré ce qu'ils s'ltaient promis, se
trouvèrent entraînés à répondre: oui à toutes les questions.
- Mais, Messieurs, disait un des jurés (le plus jeune
et qui paraissait seul avoir quelques rudiments de culture),
répondre non à ces questions ne veut point dire que vous'
croyez qu'il n'y a pas eu d'effraction, que cela ne se passait pas la nuit, etc. ; cela veut dire simplement que vous
ne voulez pas retenir ce chef d'accusation.
Le raisonnement les dépassait.
- Nous n'avons pas à entrer là-dedans, ripostait l'un.
Nous devons simplement répondre à la question. Monsieur
le chef du jury, veuillez la relire.
- "Le vol a-t-il été commis la nuit?"
- }'pouvons tout de même pas répondre
non,
disaient les autres.

a

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Et malgré que quelques : non furent trouvés dans l'urne,
l'affirmative l'emporta de beauconp.
De sorte que tous ceux qui s'étaient promis de voter
simplement : coupable, mais sans circonstances non plus
atténuantes qu'aggravantes, se trouverent entraînés
voter les ·" atténuantes " pour compenser l'excès des
" aggravantes ", que les questions les avaient contraints

a

d'accepter.
Et sitéit après, en chœur :
- Ah l nous avons fait de la jolie besogne ! C'est
honteux I On ne va pas les punir assez ! Circonstances
-atténuantes l S'il est possible ! Si seulement on nous avait
laissés voter coupables tout simplement l...
Au grand soulagement de chacun, le tribunal décida la
peine assez forte (6 ans de prison et rn ans d'interdiction
de séjour) en tenant le moins de compte possible de la

SOUVENIRS DE LA COUR

o' ASSISES ,

67S

d'Arthur, ou du moins, suivant ses dires, que si les deux
cartes accouplées portaient affranchissement des deux
catés de l'enveloppe, il suffisait que chacun des timbres
ft\t de cinq centimes ; et que, réciproquement, si le
timb~e sur le morceau de carte retrouvé était un timbre
de cmq centimes, il fallait qu'il ne fôt pas seul. Le
timbre de dix centimes ne prouverait peut~tre pas
qu'Arthur etît tort; car peut-être n'a-t-il mis sous même
en~eloppe les deux cartes qu'après les avoir affranchies ..•
mai~ le timbre de cinq centimes prouverait stîrement qu'il
a raison. Je me promets de demander demain au procureur géné1ral, q~e j'ai le bonheur de connaJtre, la permission d exammer dans le dossier d'Arthur le petit
morceau de papier.

***

décision des jurés.

Mardi.
J'ai noté avec quelque détail la perplexité, la gêne qui
règnent dans la salle du jury ; je les retrouverai bien a
peu pres les mêmes chaque délibération. Les questions
sont ainsi posées qu'elles laissent rarement le juré voter
comme il l'ellt VO\llu, et selon ce qu'il estimait juste. Je

a

reviendrai là-dessus.
Je sors peu ·satisfait de cette première séance. J'en suis
presque à me réjouir qu'Arthur me reste si peu sympa·
thique, sinon je ne pourrais m'endormir là-dessus,
N'importe ! il me paraît monstrueux qu'on n'ait pas prête
l'oreille à sa défense. Et plus j'y réfléchis, plus elle me
par;aît plausible ... C'est alors que me vint l'idée (comment
ne m'était-elle pas venue plut6t ?) que si la carte pastale

,Comme je passe devant la loge du concierge, celui-ci
~.arrête et me remet une lettre. Elle est datée de la
pnson. Elle est d'Arthur. Comment a-t-il eu mon nom?
Par son avocat sans doute.

_Cet~e q~estion. que j'ai posée au cours de l'interroga~
toire, la laissé croire sans doute que je m'intéressais à lui
que je doutais s'il était coupable que peut-être ·'

I'ai'dera1s. .••

)

JC

_Il me supplie d'user de mon droit, de demander à l'aller
VOlr dans sa cellule : il a d'importantes explications à me
donner, etc.

Je

regarderai d'abord son dossier; si le ·morceau de

�SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

carte postale est insuffisamment affranchi, je ferai part de
mon doute au Procureur. 1

II
La seconde journée ouvre elle aussi par une " affaire
de mœurs ". Le président ordonne le huis clos ; et pour
la première fois, appliquant une récente circulaire du
Garde des Sceaux, on fait sortir, à leur flagrant mécontentement, les soldats de service. Leur présence, dit cette
sage circulaire, ne semble point d'ailleurs le plus souvmt
indispensable (sic), car la salle est vide, et les gendarmes, en et

qui concerne l'accusé, font une garde suffisante.
Ah ! qu~ ne peut-on faire sortir aussi les enfants !
Hélas ! il faut bien qu'ils déposent : la fillette violée,
d'abord ; puis le frère de dix ans, quelques années de plus
que la petite. Par pitié, Monsieur le Président, abrégez un
peu les interrogatoires! Qu'avons-nous besoin d'insister 1
puisque les faits sont reconnus déjà, que le médecin a fait
les constatations nécessaires, et que _l'accusé a tout avoué.
Le malheureux I Il est là, vêtu de guenilles, laid, chétif,
la tête rasée, l'air déjà d'un galérien; il a vingt ans, mais
si malingre, à peîne s'il paraît pubère -; il tient un papier
à la main Ue croyais que c'était défendu), un papier cou-

J'ai pu voir, après la séance,

le dossier : la carte postale porte un
timbre de dix centimes. Je renonce.
Et pourtant je me dis aujourd'hui que, si chaque timbre avait
été de cinq centi~es, l'employé de la poste, au départ, les alll'lit
oblitérés tous les deux ; et que c'est, au contraire, dans le cas où
l'affranchissement d'un des côtés aurait été déjà par lui-même
suffisant, que ["autre timbre aurait pu lui échapper et n'être oblitéré
1

qu'à l'arrivée, ••

vert d'écritures, qu'il lit et relit avec angoisse; sans doute
il dche d'apprendre par cœur les · réponses que lui
suggéra l'avocat.
On a sur lui de déplorables renseignements; il fréquente
des repris de justice et hante les cabarets mal fimés. Son
casier : huit jours pour abus de confiance, et, peu après,
un mois pour vol. Il est accusé maintenant d'avoir "complètement violé'' la petite Y. D. ~géc de sept ans.

Le Président reprend, sans emphase, sur un ton de
réprimande presque douce, très apprécié des jurés :
- Eh bien! mon garçon, c'est pas bien ce que vous
avez fait la.
- Je !'vois bien moi-même.
-Avez-vous quelque chose à ajouter? Exprimez-vous
des regrets ?
- Non, M'sieur le Président.
Il est évident pour moi que l'accusé n'a pas compris
la seconde question, ou qu'il répond seulement à la
première. N'empêche qu'une rumeur d'indignation parcourt le banc des jurés et déborde jusqu'au banc des
avocats.
L'avocat de la défense fait demander à ce moment si
l'accusé n'a pas été interné à l'hospice général, il y a
onze ans ? Reconnu exact.
On appelle les témoins : la mère de la fillette d'abord;
mais elle n'a rien vu et tout ce qu'elle peut dire, c'est que,
lorsque rentrant du travail, elle a trouvé dans la rue sa
petite en train de pleurer, elle a commencé par lui allonger
deux taloches.

�67 8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

A présent c'est le tour de l'enfant. 1 Elle est propre et
gentille; mais on voit que l'appareil de la justice, ces
bancs, cette solennité, l'espèce de tdme où sont assis
ces trois vieux messieurs bizarrement vêtus, que tout cela
la terrifie.
- Voyons, n'ayez pas peur, mon enfant; approchez,
Et, comme hier déjà, on fait monter la petite sur une
chaise, afin qu'elle soit à la hauteur où la Cour est juchée,
et que le président puisse entendre ses réponses. Il les
répète aussit6t après à voix haute, pour l'édification des
jurés. Nous voyons de dos la petite; elle tremble; et
cette fois ce n'est plus le rire mais le sanglot qui la
secoue. Elle sort un mouchoir de la poche de son tablier.
Cet interrogatoire est atroce; moi aussi je sors mon
mouchoir; je n'en peux plus ... Et quelle inutile insistance
pour savoir ce que l'autre lui a fait; puisqu'on le sait
1 Hier déjà nous avions vu comparaitre une enfant; une fillette
.à peu près du même âge que celle-ci, et flanquée de sa mère également. Mais, certes, leur aspect plaidait en faveur de l'accusé et a
beaucoup contribué, je suppose, à son acquittement. La mère aYait
un air de maquerelle, et tandis que le coupable sanglotait de honte
:Sur le banc des accusés, la "victime" avançait très résolument vers la
Cour. Comme elle tournait le dos au public, je ne pouvais voir son
visage, mais les premiers mots que lui dit le Président, aprèt que,
pour l'avoir plus près de son oreille, il eOt fait monter la petite sur
une chaise : " Voyo_ns ! ne riez pas, mon enfant, " éclairèrent sufli:samment le jury.
Et encore :
- Vous avez crié?
- Non, Monsieur.
- Pourquoi, à l'instruction, avez-vous dit que vous aviez criél
- Parc' que j'm'étais trompée.

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

dl!ja, par le menu. La petite du reste ne peut pas répondre,
ou que par monosyllabes :
La voix de l'enfant est si faible que le Président, pour
l'entendre, se penche et met contre son oreille sa main en
cornet. Puis se redresse et tourné vers le jury :
L'avocat de cette triste cause a négligé de convoquer

à temps les témoins à décharge. En vertu du pouvoir
discrétionnaire

du Président

on

entend

néanmoins

Madame X. une pauvre marchande-des-quatre-saisons
qui a comme adopté ce malheureux être, parce que, ditelle, "sa sœur a eu un enfant de mon fils ".
Madame X. a le teint violacé, le cou large comme une
cuisse ; un chapeau cabriolet
brides sur des cheveux
tirés et lustrés ; le tour des oreilles est dégarni ; une barre
noire en travers du front ; sa main gauche en écharpe est
enroulée de chiffons. Elle pleure. D'une voix pathétique
elle supplie qu'on soit indulgent pour ce pauvre garçon
"qui n'a jamais connu le bonheur ". Elle le peint, fils
d'alcooliques, toujours battu chez lui ; " on le faisait
coucher dans les cabinets " ; il suffit de le regarder pour
voir qu'il est resté enfant ; il s'amuse avec des images,
joue aux billes, la toupie. Mais, déjà précédemment il
a tenté de "se coucher sur la petite", qui alors l'avait
mordu à l'oreille. De la prison il écrit à la marchande de
lqumes, des lettres incohérentes. La brave femme sort
de sa poche une liasse de papiers et sanglote.

a

a

L'interrogatoire est achevé. Le malheureux fait de
grands efforts pour suivre le réquisitoire de l'avocat géné-

�680

LA NOUVELLE REVUE {RANÇAIS!
SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

ral, dont on voit qu'il ne comprend de· ci de là que quelques phrases. Mais ce qu'il comprendra bien tout à l'heure,
c'est qu'il est condamné à huit ans de prison.
Entre temps le Président nous a appris que, de l'aveu
de l'accusé à l'instruction, '' c'est la première fois qu'il
avait des rapports sexuels". Voici donc tout ce qu'il aUrl
connu de " Pamour u !

***
La seconde affaire de cette seconde journée amène sur
le banc des accusés un garçon de vingt ans à I'air doux,
un peu morose et sans malice. Marceau a perdu sa m~rc
a, l'Aage de quatre ans, n ' a pas connu son père, a été élevé
à l'hospice. Dès avant seize ans il avait fait deux places
de mécanicien ; poursuivi -pour vol, le tribunal d'Yvctot
l'avait condamné à six mois de prison avec bénéfice de la
loi Béranger.
A la _suite de cette condamnation le mécanicien qui
l'employait le renvoie : depuis, il travaille encore, mais au
hasard et changeant souvent de patron, tour à tour valet
de ferme, débardeur, mécanicien, Ceux qui l'emploient
n'ont pas à se plaindre de lui ; simplement on lui trouve
" le caractère un peu sombre ''. Enhardi par ma question
de la veille, je . me hasarde à demander au Président ce
que le témoin entend par là.
Le témoin. - Je veux dire qu'il se tenait à l'écart
et n'allait jamais boire ou s'amuser avec les autres.
A cette époque de sa vie Marceau se trouve
devoir:

681

45 francs à un marchand de bicyclettes,
70 francs au blanchisseur,
7 francs au cordonnier.
Avec le peu qu'il gagne, comment pourrait-il s'en tirer,

sans voltrr ..
Son premier vol avait déja été commis "atec préméditation "; le dimanche précédent, apprend-on, il avait
acheté une bougie, puis, la veille du vol, emprunté à son
patron un tournevis, qui lui servit a ouvrir le tiroir où se
trouvaient les 35 francs qu'il avait pris.
Le crime qui nous occupe aujourd'hai demandait une
préparation plus savante. Ou du moins, une première
tentative, qui échoua, servit en quelque sorte de répétition
générale.
La nuit du 26 mars, Marceau pénétrait donc une
premiere fois dans la petite maison isolée qu'occupaient
à
la vieille Madame Prune, restauratrice, et sa
bonne. Il brisait, au rez-de-chaussée, un carreau de la
salle à manger, ouvrait la fenêtre et entrait dans la pièce.
Il espérait, a-t-il avoué, trouver de l'argent dans un
tiroir de la cuisine ; mais la porte de la cuisine était
fermée à clef; après quelques vains efforts pour Pouvrir,
il repartait en se promettant de revenir mieux outillé, le
lendemain.
Le 27 mars après-midi, doutant si le carreau brisé n'a:
pas jeté l'alarme, Marceau enfourchait sa bicyclette et
retournait à ***, lorsqu'il avisa un morceau de fer-àcheval sur la route ; il le ramassa, pensant qu'il pourrait
s'en servir. J'oubliais de dire que, la veille, il s'était muni
d'une bougie, qu'il avait été acheter à Grainville. Donc

***

2

�682

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Marceau s'en fut rbder autour de la maison, s'assura que
tout y était tranquille et, je ne sais trop comment, se
persuada qu'on n'avait rien suspecté - ce qui était vrai.
L'interrogatoire de l'accusé suffit à reconstituer le
crime. Marceau ne cherche pas à se défendre, pas même
à s'excuser ; il accepte d'avoir fait ce qu'il a fait, comme
s'il ne pouvait pas ne pas le faire. On dirait qu'il s'est
résigné d'avance à devenir ce criminel.
Le voici donc, dans la nuit du 2 7, à pareille heure,
qui se retrouve
La fenêtre est restée ouverte,
qu'il avait escaladée la veille, pa~ o~ il ~entre_ dans la
salle à manger. Mais comme ce sém-la ses mtenttons sont
sérieuses il prend soin de refermer derrière lui les volets.
.
'
n tient à, la main la lanterne de sa bicyclette
; c est une
lanterne sans pied, qu'il ne peut poser, qui le gêne et que
tout à l'heure, dans la cuisine, il va changer contre un
bougeoir. Avec son fer-a-cheval il a forcé la porte. Le
voici qui fouille les tiroirs : Onze sous ! Ça ne vaut pas
la peine qu'on s'arrête. Il les prendra tout à l'heure en
repassant. Il monte au premier.
Madame Prune et sa bonne occupent au premier les
deux chambres à droite; dans les deux chambres de
gauche, parfois on reçoit des voyageurs. Douce'.11ent
Marceau s'assure que ces dernières chambres sont vides:
il tient à la main un couteau à courte lame pointue,
qu'il a trouvé dans un tiroir de la cuisine.
Le Président. - Pourquoi aviez-vous pris ce couteau 1
Marceau. - Pour en ficher un coup à la bonne.
Cependant la porte de celle-ci est fermée au v~rrou i
Marceau s'efforce de l'ouvrir; mais entendant du bruit dans

a ***.

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

683

la chambre de la vieille, il court se cacher dans une
des chambres inoccupées. Il souffle la bougie, et comme il
se baisse pour poser le bougeoir à terre, le couteau, qu'il
a\lait glissé dans sa veste, par chance, tombe ; et dans le
noir, il ne peut plus le retrouver. Quand il ressort sur le
couloir, c'est désarmé qu'il se rencontre avec la vieille ;
heureusement pour elle, et pour lui.
Madame Prune vient déposer à son tour. C'est une
digne et frêle petite vieille de quatre-vingt-un ans ; elle
se tient à peine et demande une chaise, qu'on apporte
et où elle s'assied, près de la barre.
- J'entends donc craquer chez moi. Je me dis: Mon
Dieu! qu'est-ce que c'est : j'entends craquer. C'est-y la
grêle? Je me lève. J'ouvre la fenêtre sur le jardin ; je
ne vois rien. Je me recouche. V oil.à les craquements qui
reprennent. Je me relève encore. Plus rien. Je me
recouche ; il était minuit à ma pendule. Voila que je
vois de la lumière qui passe sous ma porte : Oh ! que je
me dis, c'est-il pas le feu? J'appelle ma bonne ; elle ne
vient pas. Tout de même, que je me dis, j'ftais plus
courageuse autrefois - et je suis sortie sur le couloir.
Je vais a la porte de la bonne : Y a des voleurs chez
moi, ma pauvre fille, ah ! mon Dieu ! Y a des voleurs
chez moi I Elle ne répondait rien ; sa porte était

fermée.
C'est alors que Marceau, revenant sur le couloir, s'est
jeté sur la vieille, qui ne fut pas difficile à tomber.
- Pourquoi avez-vous saisi Madame Pruné à la gorge?
- Poùr l'étrangler.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

Il dit cela sans forfanterie ni gêne, aussi naîvement que
le Président avait posé la question.
Un rire bruy.ant s'élève dans l'auditoire.
L'avocat général. - La tenue du public est inexplicable
et indécente.

Le Président. - Vous avez tout à fait raison. Songez,
Messieurs, que l'affaire que nous jugeons ici est des plus
graves et de nature à entraîner pour l'accusé la peine
capitale s'il n'y a pas reconnaissance de circonstances
atténuantes.
La bonne cependant appelait au secours, par la fenêtre.
Un voisin répondit : " On arrive ! on arrive ! " En entendant venir, le gars prit peur et se sauva, laissant
inachevé son crime.
La cour condamne Marceau à huit ans de travaux
forcés.

A plusieurs reprises j'ai remarqué chez Marceau un
singulier malaise lorsqu'il sentait que la recomposition de
son crime n'était pas parfaiteme'nt exacte - mais qu'il
ne pouvait ni remettre les choses au point, ni proftttr dt
l'inexactitude. C'est ce que cette affaire présenta pour moi
de plus curieux.

685

SOUVINIRS DE LA COUR D 0ASSISES

cacher le col qui est très sale. Il tient à la main une
casquette usée. Bernard n'a pas d'antécédents judiciaires.
Les renseignements fournis sur son compte ne sont pas
mauvais ; tout ce qu'on trouve à dire c'est que son
caractère est "sournois". On ne le voit jamais au
cabaret ; mais certains prétendent qu'il "boit chez lui " ;
néanmoins il jouit de ses facultés. Son père, gardechampêtre estimé, s'est, dit-on, " adonné à la boisson " ;
il a deux frères, " alcooliques fieffés. "
On reproche à Bernard quatre incendies. Le feu est
d'abord mis au pressoir de sa belle-sœur, veuve Bernard,
le 30 décembre 191 I.
Le Président. - Qui a mis le feu ?
L'accusé. - C'est moi, Monsieur le Président
Le Président. - Comment l'avez-vous mis ?
L'accusé. - Avec une allumette.
Le Président. - Pourquoi l'avez-vous mis ?
L'accusé. - J'avais pas de motifs.
Le Président. - Vous aviez bu ce soir-là ?
L'accusé. - Non, Monsieur le Président.
Le Président. - Est-ce que vous aviez eu des difficultés avec votre belle-sœur ?
L'accusé. - Jamais, mon Président. On s'entendait

bien.

1/2

Ce même jour nous avons à juger un incendiaire.
Bernard est un journalier de quarante ans, à l'air
gaillard, à la tête ronde : il est chauve, mais se rattrape
sur les moustaches. Il porte une chemise molle, a
rayures.; une cravate formant nœud droit cherche a

Le Président. - Rentré à 7 h.
de chez votre
patron, qu'est-ce que vous avez fait jusqu'à 9 h.
?
L'accusé. - J'ai lu le journal.

1/2

la Le_ premier janvier, c'-est=~dire deux jours plus tard,
IIlalson de la belle-sœur y passe.

Le Président veut que Bernard ai~ été ivre ce soir-là ;

�686

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

et insiste pour le lui faire avouer. Bernard proteste qu'il
était à jeun.
Le soir de ce premier janvier, jour de fête, les parents
se trouvent réunis, cousins, neveux, etc. Bernard refuse
de souper avec eux et repaTt à 6 h. 1/2. Au cours de la
conversation générale, comtne on parlait de l'incendie
de l'avant-veille, on se souvient de lui avoir entendu dire
qu'on en verrait d'autres bientbt.
Et quand cette même nuit le feu se déclare chez la
veuve Bernard et que les voisins l'appellent et crient:
"Au feu ! Au secours ! " lui, le plus proche voisin et
le plus proche parent, s'enferme et ne reparaît qu'un quart
d'heure après ... Du reste il ne nie rien. Le second incendie,
c'est lui qui en est l'auteur, ainsi que du premier et des
deux autres qui suivirent.
Le Président. - Alors vous ne voulez pas dire pourquoi
vous vous les avez allumés ?
L'accusé. - Mon Président, je vous dis que j'avais
aucun motif.
- C'est vraiment fkheux qu'il avait ce goô.t-la, dit la
veuve. Autrement on n'avait pas à se plaindre de son

travail.
Appelé à témoigner~ le médecin assermenté nous parle
de l'étrange soulagement, de la détente que Bernard lui a
dit avoir éprouvés après avoir bouté le .feu.
Il lui a avoué, du reste, n'avoir plus éprouvé la même
détente après les incendies suivants, "de sorte qu'il avait
regretté. "
·
J'eusse été curieux de savoir si cette étrange satisfac~on
du boute-feu et · cette détente n'avaient aucune relation

SOUVENIRS DE LA COUR D 1ASSISES

avec la jouissance sexuelle; mais malgré que je sois du
jury,je n'ose poser la question, craignant qu'elle ne paraisse
saugrenue.

III
Mercredi.
Encore un attentat à la pudeur ; commis sur la personne de sa fille par un journalier de Barentin, père de
cinq enfants dont l'aîné a douze ans. On demande le huis

clos.
Lorsque le public fut de nouveau admis dans la salle,
une rumeur d'indignation accueillit la décision du jury
et son désir de reconna1tre des circonstances atténuantes.
Je fus assez surpris pour ma part (et déjà je l'avais été
dans les précédentes affaires de cette nature) de voir la
modération qu'apportaient ici la plupart des jurés. L'on
fit valoir, dans la salle de délibération, que l'attentat avait
été commis sans violences ; enfin et surtout le grand
déiir que manifestait inconsciemment la femme de l'accusé
de se débarrasser de son mari, la passion qu'elle ne put
s'empêcher d'apporter dans sa dépasition, affaiblit grandement la portée de son témoignage; l'accusé bénéficia également du peu de sympathie que nous pouvions
accorder la victime. Mais c'est ce que le public, par
suite du huis clos, ne pouvait savoir. Même, à certains
jurés la condamnation à cinq ans de prison parut excessive. Par contre, tous approuvèrent la déchéance de puissance paternelle.
· L'accusé écouta sans sourciller la condamnation à cinq

a

�688

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

ans; mais, en entendant sa déchéance, il poussa une sorte
de grognement étrange, comme une protestation d'animal,
un cri fait de révolte, de honte et de douleur.

***
L'étrange affaire dont nous nous occupimes ensuite
amena devant nous un commis principal au bureau de
recettes des postes (bureau principal de Rouen).
C'est un gros homme rouge, épais, carré d'épaules, et
sans cou. Ses mains sont gourdes. Il porte un col bas,
une petite cravate grise ; les cheveux demi-ras sur un
front bas. Il a quarante-sept ans, a fait la campagne de
Madagascar où il a pris les fièvres paludéennes ; il boit
par accès et a été sujet à quelques hallucinations ; l'examen médical reconnaît sa responsabilité atténuée. Mais
depuis qu'il est au service des postes sa conduite est irrbprochable - et il était à jeun lorsque, le matin du 2 Avril,
il a soustrait du bureau une enveloppe contenant treize
mille francs. Il reconnaît les faits, s'en excuse et ne
cherche même pas à les expliquer. Tous les jours il était
appelé à manier des sommes considérables ; ce matin
même, à côté de l'enveloppe aux treize mille francs, u111

autre enveloppe en contenant quinze mille !tait là, fgalt111t1tt
à sa portfe, qu'il avait vue, qu'il n'a point p1·ise.

Mais cette enveloppe de treize mille francs, tout à coup,
il la met dans sa poche; il quitte la cabine de·s chargements en disant à son collègue qu'il va aux cabinets;
prend tranquillement son paletot et son chapeau, et comme
il est midi et demie, personne ne s'étonne de le voir sortir.
Dehors il ne se sauve pas, il ne se cache de personne; il

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

va dans un bordel voisin ; dépense 246 francs à régaler la
maisonnée ; puis se réveille tout penaud, pour rapporter
à la direction le reste de la somme et s'engager à rembourser la différence.
Le jury rapporte un verdict négatif; la cour acquitte.

IV
Jeudi.
La fille Rachel est accusée d'infanticide.
Elle s'avance craintivement jusqu'à la barre; elle porte
sur son corsage noir un chile de laine blanche. De la place
ou je suis, je distingue mal son visage ; sa voix est douce.
Elle est domestique à Saint Martin de B., dans la même
maison depuis l'ige de treize ans; elle en a dix-sept
aujourd'hui.
Elle était parvenue à dissimuler sa grossesse ; les
premieres douleurs la saisirent comme elle était en train
de traire les vaches. Elle rentra, coula le lait dans la
laiterie, nt le ménage ; mais les douleurs devinrent si fortes
qu'elle dut s'asseoir; elle était affreusement pile.
- Si tu es malade, monte te reposer dans ta chambrt',
dit sa maîtresse.
La chambre de Bertha Rachel était au premier, cêité
de celle des maîtres. Sitôt étendue sur sa paillasse, elle
accoucha d'une petite fille.
Elle avait" peur d'être grondée", et comme la petite
criait, par crainte que les patrons n'entendissent, Bertha
mit la main sur la bouche de la petite et l'y maintint jusqu'à ce que les cris aient cessé. Quand Bertha vit que
l'enfant ne respirait plus, elle prit une paire de ciseaux dans
sa jupe et en porta un petit coup à la gorge de l'enfant.

a

�690

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Il ressort de l'instruction qu'elle n'a donné le coup de
ciseaux qu'après que la petite était déjà morte étouffée.
Le ministère public cherchera à établir que c'est pour
constater que le sang avait cessé de couler. Je crois à plus
d'inconscience. Le Président presse Bertha de questions,
mais le r6le des ciseaux reste aussi peu clair.
Quand Bertha Rachel se fut assurée que son enfant avait
cessé de vivre, elle cacha le petit cadavre provisoirement
dans son seau de toilette, jeta le placenta par sa fenêtre
qui donnait précisément sur la fumière, puis tout aussit&amp;t
redescendit pour reprendre son travail.
Le lendemain, avec un louchet elle creusa un trou
derrière la grange, au bord du fossé; un petit trou, car
elle était sans forces; où elle enterra l'enfant.
La gendarmerie fut avertie peu de jours après par une
lettre anonyme ; et le cadavre de l'enfant fut retrouvé.
Le Président ne croit pas devoir insister sur cette lettre
anonyme, sur laquelle aucun renseignement n'est donné;
et comme je ne suis pas du jury pour cette affaire,
aucune question n'est posée à ce sujet; et l'on passe outre.
Le Président. - Votre patronne, durant le temps de
votre grossesse, ne se doutait de rien ?
L'accusée. - On voyait bien que je grossissais, mais
ma patronne ne voulait pas le dire. Elle ne m'en a pas
parlé du tout.
Puis, à voix plus basse et un peu confusément, tout à
coup:
- C'est !'fils du patron qui me l'a fait.
Le Président. - Vous n'avez pas dit cela d'abord. Puis se tournant vers le jury: -A l'instruction elle s'est
obstinément refusée à dire qui était le père de l'enfant.

SOUVENIRS DE LA COUR

o' ASSISES

691

La fille Rachel continuant sans écouter le Président :
- Il m'a conseillé de !'faire disparaître pour qu'on ne
sache pas que c'était de lui.
Le Président. - Le faire disparattre comment ?
- En !'mettant dans la terre.
Cela est dit sans intonation aucune ; la pauvre fille
paraît à peu près stupide.
Le Président. - Comme l'accusée n'a rien dit de tout
cela à l'instruction, on n'a pu appeler en témoignage celui
dont elle parle à présent. - A l'accusée : Vous pouvez

vous asseoir.
A ce moment l'avocat défenseur se lève:
- II est fkheux que l'accusée ne nous ait pas parlé ici,
ainsi qu'elle l'avait fait à l'instruction, des lectures du soir
qu'on faisait, dans la ferme, en famille. On lisait les
faits divers des journaux et les vieux parents qui faisaient
la lecture s'appesantissaient de préférence, disait-elle, sur
les infanticides.
Le Président. - Maître X, je ne vois pas trop l'intérêt
que ça peut avoir.
Tant pis ! Heureusemen_t les jurés, eux, le voient bien ;
et tout le drame s'éclaire quand s'avance à la barre la
patronne. C'est une vieille de plus de soixante ans, sèche
et solide, comme momifiée, aux traits durs, aux yeux
froids, aux lèvres serrées. Le visage est cerné par un
bonnet de dentelle noire, et le ruban qui l'attache
retombe sur un petit mantelet noir.
Le Président. - Vous aviez la fille Rachel à votre
service ? Etiez-vous contente d'elle?
La patronne, - Oh ! oui, j'étais bien contente. Pour
s11r je n'ai jamais eu à me plaindre d'elle.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Le Président. - Vous ne vous êtes jamais aperçue de
sa grossesse ?
La patronne. - Non, jamais. Si j'avais su son état, je
ne l'aurais pas gardée, c'est sür.
Le Président. - A l'instruction vous avez dit que vous
voyiez bien qu'elle devenait fameuse, mais que vous
croyiez que ça venait de l'estomac. La veille du jour de
l'accouchement vous avez vu du sang et de l'eau dans la
cuisine, à l'endroit où la fille s'était assise.
La patronne. - J'ai cru que c'était d'un poulet qu'on
venait de vider,
•
Et l'on sent encore dans la voix nette et sèche de la
vieille cette volonté de ne rien savoir, de ne rien avoir
vu, de ne rien voir,
L'instruction a établi que, dans cette ferme isolée, ne
venait jamais aucun homme et que la fille n'a pu voir
que le mari de la patronne, !gé de 7 5 ans, ou que le fils,
!gé de trente-deux ans, à l'une de ses rares et rapides
apparitions. La vieille nous apprend également qu'il
fallait passer par sa chambre pour entrer dans celle de la
servante, - ceci dit comme pour bien montrer que ça ne
peut pas être son fils qui ... etc ...
Et le Président visiblement désireux de ne pas laisser
dévier l'affaire et de limiter l'accusation, passe outre.
La déposition du docteur ne nous apprend rien de
nouveau; il explique tres longuement que l'enfant a
vécu, de sorte qu'on se trouve en présence d'un cas, non
d'avortement, mais d'infanticide ; pourtant le coup de
ciseaux, légèrement donné et comme avec précaution,
était plutiJt pour s'assurer que l'enfant était mort; mais il

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

a respiré car, dans la cuvette d'eau où il l'a mise, la

masse pulmonaire flottait,
Tandis que le jury délibère, une rumeur circule dans
)a salle : le fils de la patronne est dans la salle; on se le
montre, assis à c6té d'elle. Gêné par les regards hostiles,
il tient la tête basse, appuyée contre le pommeau de sa
canne et je ne parviens pas à le voir.
La fille Rachel, reconnue coupable mais comme ayant

agi sans discernement, est acquittée et rendue à ses parents.

•• •
On amène devant nous Prosper, surnommé Bouboule,
tailleur d'habits ; né à X ... en 86.
Extraordinaire tête de plumitif (il ressemble à s'y
méprendre, à Z ... ) vaste front bombé, longs cheveux
plats partagés sur le milieu de la tête ; épaisseur générale
du torse et des membres, petites mains larges et courtes ;
doigts auxquels semble manquer une phalange ; le vêtement de prison qu'il a gardé l'engonce et le grossit encore.
Le juré, mon voisin de droite, se penchant vers moi :
- Il n'a pas l'air intelligent !
Mon voisin de gauche, à demi-voix :
- II n'a pas l'air bête !
De dix à quatorze ans, il s'était fait condamner quatre
fois pour vol ; trois fois remis à ses parents, on l'envoyait
enfin à la maison de correction où il resta jusqu'à sa
majorité, soumis à une surveillance spéciale.
Depuis sa première libération il a été poursuivi cinq

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS.!!

fois. De vingt à vingt-quatre ans il travaille à D. ou il
retrouve Bègue, un ancien camarade de la colonie pénitentiaire ; c'est ensemble, toujours ensemble qu'ils vont
opérer. A chaque fois qu'ils cambriolent, on retrouve
dans la cuisine les restes d'un festin impromptu ; sur la
table, des bouteilles vides et deux verres ; et des étrons
sur le tapis du salon. A chaque fois, ils ne se contentent
pas de voler, mais font toujours le plus de dégâts possible ;
dans telle villa où ils n'ont pu trouver d'argent, ils laissent
en évidence un couvercle de boîte d'amidon, où ces mots,
de l'écriture du Bègue : " Bande de cochons, fallait
laisser de l'argent. "
Ce Bègue, six mois précisément avant le jour où nous
sommes, a été condamné aux travaux forcés à perpétuité,
pour avoir dévalisé plusieurs villas à N. et à P. "avec
des circonstances de violence donnant à l'affaire une
tournure particulierement grave ", dirent les journaux.
A ce moment un des accusés faisait défaut : c'est Prosper
qu'on arrêta trois mois apres à Y. où il s'était refugié
après de nombreuses pérégrinations en Espagne.
Begue avouait tout, paraît-il. Prosper nie tout, au contraire ; il se prétend victime d'une méprise, victime de sa
ressemblance avec Bouboule; car Bouboule, dit-il, ce n'est
pas lui. Cette déclaration soulève un grand rire dans la
salle.
Encore qu'elle ne me persuade pas, je voudrais pouvoir
suivre un peu mieux sa défense ; mais le Président la
bouscule et ne laisse pas Bouboule ou Prosper s'expliquer,
A quel point il appartient au Président de gêner ou de
faciliter une déposition (fut-ce inconsciemment), c'est ce
que je sens de nouveau, non sans angoisse, et combien il

SOUVENIRS DE LA COUR

o' ASSISES

est malaisé pour le juré de se faire une opinion propre, de
ne pas épouser celle du Président.

1

Prosper parle d'une voix sourde, qu'on a quelque mal

à entendre, et il semble avoir grande peine à s'exprimer.
Au cours de son interrogatoire, sentant les mailles du
filet, autour de lui, qui se resserrent, il dit que la fatalité
s'acharne contre lui, parle de "coalition ... " ; il devient
livide et de grosses gouttes de sueur commencent de
rouler de son front-.
Le gardien d'une des villas cambriolées, M. X., appelé
¼témoigner, fait une déposition très émouvante et très
belle. Son sang-froid, son courage, semblent avoir été admirables; admirable aussi la modestie de son attitude, de son
récit, que les journaux ont reproduit. Inutile d'y revenir.

Je note ce curieux trait, au cours de l'interrogatoire :
Immédiatement après le cambriolage à N., Bouboule
s'en revenant vers D., à minuit, rencontre sur la route
un ouvrier qu'il connaissait. Quel étrange besoin eut-il de
l'arrêter, quand il était si simple de passer outre ; de lui
demander une cigarette (a-t-il cru peut-être que cela
paraîtrait à l'autre plus naturel) et, après quelques minutes
de conversation, peut-être subitement pris de peur, de
dire à l'autre :
- Surtout ne dis pas tu m'as rencontré cette nuit.

Les jurés furent d'accord pour répondre affirmativement
à toutes les questions posées, et la Cour condamna
Prosper aux travaux forcés à perpétuité.
1
•

Je

crois volontiers que cette dernière remarque ne s'appliqueà celui de la Seine en
particulier.

l'llt

pas ~gaiement à tous les jurys -

1

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

n'obtient d'elle pas le moindre mot. On dirait qu'elle a

V
Encore un attentat à la pudeur ; le quatrième. Cette
fois la victime n'a pas six ans; c'est la fille de l'accusé...
Pour ce cas comme pour les autres, je voudrais savoir
quelle est la part de l'occasion ; le crime eilt-il été
commis si l'accusé avait eu le choix ... ? et faut-il y voir
préférence, ou simplement facilité plus grande, trompe119e
promesse d'impunité ?
Germain R. a souillé son enfant pendant que sa femme
était l'Mpital pour de nouvelles couches.
Il est petit, laid, de triste aspect ; sa tête est bestiale.
Il porte, sur une vareuse de cotonnade noir-jaunitre, un
épais cache-nez bleu-violet. TI nie obstinément, avec un
air buté, stupide. Les témoignages recueil1is sur lui sont
mauvais. " Il pense à lui plutlit qu'à sa famille."
La Président. - Il était souvent ivre ?
Le témoin. - En grande partie tous les jours.
Et un autre témoin : - l's'saoil.le et laisse ses enfants
crever d'faim.
Ils couchent tous, le père, la mère et les deux petits
de six et trois ans, dans la même p_ièce sans lit, sur la
paille. On prétend que déja précédemment il avait voulu
toucher la petite. Une fois il la fit _entrer avec lui dans
un sac; mais il avait coutume de coucher dans un sac,
et comme on était en hiver, il peut dire que c'était paur
se réchauffer. On ne sait. La petite ne veut ou ne peut
rien dire. Sur la chaise où on la fait monter, pour être
plus près de l'oreille du président, elle pleure silencieuse·
ment et par instant un gros sanglot la secoue. On

a

•

peur d'être punie elle aussi. (Elle est à l' Assistance Publique.Un homme en livrée, à gros boutons de cuivre, l'avait
amenée, qui reste assis sur un des bancs des témoins.)
Puis vient la femme R. épouse de l'accusé. Elle ne
serait point trop laide si sa face n'était si terriblement
boucanée. Elle a l'aspect d'une" femme de journée". Ses
cheveux sont tirés en arrière et lustrés ; un petit cMle de
laine noire tombe sur un tablier bleu.
Le Président. - Qu'est ce que vous avez fait pour
obvier à cet inconvénient ?
Le témoin. Il arrive plus d'une fois que le Président pose une
question en des termes complétement inintelligibles pour
le témoin ou le prévenu. C'est le cas.
On procède à l'interrogatoire de l'unique témoin: la
voisine:
Le Président. - Enfin vous n'avez rien vu !
Le témoin. - C'est que je suis entrée ou trop tat,
ou trop tard.
Et, comme apres tout, l'on ne sait à quoi s'en tenir,
si nous condamnons R., ce sera sur des présomptions
(comme bien souvent) et non point tant pour l'acte reproché, si douteux, mais bien pour sa conduite générale ; et
aussi pour en débarrasser sa famille.

m

Je

suis de nouveau chef du jury pour la dernière
affaire de ce jour.
Joseph Galmier, ~gé de vingt ans, fils d'Anaïse Alber-

3

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tine (quels noms on rencontre l Samedi dernier, la pauvre
femme X., dans l'affaire Z., où je n'ai trouvé rien de
curieux à relever, répondait aux noms d' Adélaîde-Hélorse !
Est-ce un sentiment poétique qui pousse les miséreux
à baptiser si étrangement leurs enfants ?) est accusé
d'avoir commis deux vols, avec les circonstances aggravantes : de nuit ; dans une maison habitée ; avec effraction ; avec complices.
Galmier est journalier au Havre ; tête point laide,
banale, rougeoyante; nez un peu trop pointu ; cheveux
ramenés sur le front ; moustache naissante ; l'air d'un
guerrier normand de Cormon. Bien bâti et de formes assez
élégantes; porte un jersey sous une veste déteinte.
Condamné précédemment à six mois.
Arrêté la nuit, porteur d'un pince-monseigneur, en
compagnie de rôdeurs munis de fausses clefs.
Dans une lettre au Procureur, il a fait des aveux
complets ; mais il dit à présent que, cette lettre, un repris
de justice l'a forcé à l'écrire. Et il nie tout.
Le Président. - Quel repris de justice ?
L',accusé. - Je n'ose pas le nommer. Il m'a menacé
d'un mauvais coup en sortant, si je parlais.
Le président reste sceptique.

Je transcris mes notes telles quelles. Toutes ne
s'appliquent peut-être pas à cette cause en particulier :
••. L'accusé qui parle le plus vite possible, par grande
peur que le Président ne lui coupe la parole (ce qu'il fait
du reste constamment) et qui cesse d'être clair - et qui
le sent ... le ~!heureux qui défend sa vie.

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

L'innocent sera-t-il plus éloquent, moins troublé que
le coupable? Allons donc! Des qu'il sent qu'on ne le croit
pas, il pourra se troubler d'autant plus qu'il est moins
coupable. Il outrera ses affirmations ; ses protestations
paraîtront de plus en plus déplaisantes ; il perdra pied.

Le caté chien du commissaire de police, dans ses
dépositions ; son ton rogue. Et l'air gibier que prend
aussitat le prévenu, L'art de lui donner l'air coupable.
Le malheureux qui se rend compte, mais seulement
au moment où il l'entreprend, que sa défense est insuffisante. Son effort maladroit pour la corser.

L'imprudence du malfaiteur et cette sorte de vertige
qui l'amène à dépenser aussitet la somme qu'il vient
de voler. Galmier achète un pardessus, un complet, des
chemises, bretelles, mouchoirs, cravates, etc. ; il donne
un franc de pourboire au commis qui lui apporte le
paquet (il loge à côté du magasin).

La joie des malfaiteurs professionnels, lorsqu'ils rencontrent un bleu, flottant et un peu niais, qui consentira
i prendre le crime à sa charge. (On lui a promis de lui
payer un avocat.)
La version la plus simple est celle qui toujours

a le

plus de chance de prévaloir ; c'est aussi celle qui a le

moins de chance d'être exacte.

�700

701

LA NOUVELLE REVUE F.RANÇAlSI

*

*

*

L'affaire suivante en amene cinq devant nous. Elle
devrait en amener six, mais l'un a pris la fuite. L'aîné
n'a que vingt-deux ans. C'est une bande de chapardeurs.
Huit vols sont relevés à leur charge. Ils avouent tout.
C'est Janvier qu'on a pincé d'abord; le plus jeune; il
refusait de nommer ses complices. Sans domicile depuis
huit jours, il couchait avec un autre de la même bande;
le 12 février dernier, il chipait une saucisse a un étalage;
coôt : •quinze jours, avec sursis.
Janvter sourit facilement, joliment ; il a du mal ne
pas sourire ; il est de belle humeur. Il ne plaisante
pas, mais on sent encore frémir dans ses réponses un
souvenir de l'amusement du vol, des parties de vol ou
l'on s'aventurait ensemble. On jouait à voler, à chaparder ... Cette joie va recevoir tout l'heure un fameux
coup de trique sur la tête.
Peut-on jamais se relever d'une condamnation ? Peuton s'en relever tout seµl ?...
" He can be saved now. Imprison him as a criminal,
and I a.ffirm to you that be will be lost. " 1

POÈMES 1
AMOUR

I

a

Dieu que j'aime à choisir dans l'aurore !
Haute montagne réveillée
Encore toute embrumée
Que le soleil levant adore ...

a

{A suivre.)

Piedsnus j'ai couru sur la mousse etj'ai bu à la source...
- Cette eau fraîche au parfum clair! Je tiens
Dieu dans le creux de mes mains ...

II

ANDRÉ GIDE.

Dieux inférieurs de mes douleurs.
Dieu supr!me de mon plaisir, de mon désir I
Mon Dieu Voluptueux ! ...
1

Ce sont les paroles que John Galsworthy prête à l'avocat d6fen·

seur dans son drame : Justice.

1

Extraits de Ditu /'Obscur.

�702

LA NOUVELLE R.EVUE}FRANÇAISE

POÈMES

III
Dieu que j'aime à sentir dans l'amour...
Dieu que j'ai cherché sur les terrasses !
- Ma divine amante... Elle attendait,
Dieu nocturne m'attendait
Situé dans l'espace
Où je passerais I
Elle était grande et souple et belle de contours.
Elle troublait les nuits comme une proie d'amour...
0 Dieu gu' avant d'étreindre je frissonne autour/
Son fard lui fait un masque orangé, affolant son regard...
Son corps étendu recommence un rythmique remous
De ses épaules aux genoux. Et la caresse
De ses lèvres me laisse un go-ût de rose et d'aloès ...
Je t'oublie~ Dieu si doux,
Dieu !'Obscur, quand je te savoure! ..

TÉNÈBRES

0 toi qui dans la nuit n'étais qu'une ombre
Venue par le hasard à ma rencontre,
De quels secrets accords nous frissonndmes
Pour l'amour de l'amour sous d'invisibles palmes...

J'ai touché tes longs yeux, j'ai rêvé leur regard
Selon ma caresse dans le noir
Guidée par le silence, entraînée par l'espoir ...

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

OASIS

POÈMES

ORGIE A LA POMPADOUR

A lady Rowna.

Non loin de la séghia
- Emotion d'eau vive - il y a
Une jonchée de chairs tranquilles
Aux morceaux de crépuscule splendide ...
je choisis la plus jeune nubile.
Douze printemps chauds
L'ont faite femme et l'on faite belle,
Je sens en elle
Le dégota fort de l'homme bMme !
- Ben Haouah ! je t'appelle...
Que ne t'ai-je appelé plus th ..
J'eusse aimé te l'offrir, 'tu l'aurais dévoré ce fruit
De ton pays,
Et sous ~es lèvres le fruit lui-même
Aurait joui...
Adieu, front malade
Entouré d'un linge sale,
Vieille femelle sauvage,
J'ai remis l'anneau noir, porte-plaisir usé,
A ta maigre main tatouée.

Elle avait réuni dans l'odorant boudoir
Cinq négrillons jaloux, du plus beau noir.
Ah 1 la plus jolie des Pompadour J
Pas de dentelle, aucun bijou. - Son adoré velours ...
Toute poudrée, et sur le ventre, et sous les bras,
Selon le gotu du jour" comme le Roy- voudra''.
Un négrillon au turban rose
Tua Benjamin au turban vert
Et les trois autres ricanèrent.
Pompadour provoquant l'amour
Déclarait la guerre ...
Armistice ! Armistice!
Chacun l' enfouillageait de pampre et de volubilis...
Et chacun à son tour
La houpette à la main pomponnait Pompadour...
Son petit singe, Pondichéry,
Haletait dans sa cage, étranglé par ses cris.
ANDRÉ BAINE.

�LI SACRE DU PRINTEMPS

Une telle musique ne peut rien exprimer que par allusion ;
elle n'atteint pas les choses ; elles les indique seulement ; elle

LE SACRE DU PRINTEMPS 1

La grande nouveauté du Sacre du Printemp1, c'est le renoncement à la " sauce". Voici une œuvre absolument pure. Aigre
et dure, si vous voulez ; mais dont aucun jus ne ternit l'éclat,
dont aucune cuisine n'arrange ni ne salit les contours. Ce n'est
pas une "œuvre d'art", avec tous les petits tripotages habituels.
Rien d'cstompé, rien de diminué par les ombres ; point de
voiles ni d'adoucissements poétiques; aucune trace d'atmosphère.
L'œuvre est entière et brute, les morceaux en restent tout crus;
ils nous sont livrés, sans rien qui en prépare la digestion ; tout
ici est franc, intact, limpide et grossier.
Le Sacre du Printemp, est le premier chef-d'œuvre que nous
puissions opposer à ceux de l'impressionnisme.

I
Considérons d'abord la musique. Elle est dépouillée de toute
vibration, elle a perdu cette auréole dont nous avons pris l'habitude de voir la musique d'orchestre environnée.
La symphonie de Debussy, c'est un foyer d'où s'échappent
de tremblants rayons ; il y a un noyau et tout autour un
frémissement vaporeux:, le flottement de mille incertaines harmoniques ; nous sommes au milieu de la fuite des sons ; ils nous
quittent et se dissipent dans tous les sens, formant aut~ur de
nous une buée délicate, sans cesse en train de s'évanouir. · 1 Ballet par Igor Stravinsky, Nicolas Rœrich et Ylasltl'fl Niji,uli.
Voir!&amp; Nouvelle Revue Fran;aiu du 1" Aol'.lt 1913, p. 139.

nous envoie vaguement vers elles ; elle les émeut sans les saisir.
Tout ce qu'elle exprime reste en dehors d'elle, n'est que retenu
dans ses environs ; elle n'enferme rien, mais il y a mille
présences indistinctes qu'elle s'annexe doucement et qu'elle
persuade de demeurer auprès d'elle. Le plaisir que nous goûtons à l'entendre, c'est justement celui de nous sentir adressés
vers nous ne savons pas bien quoi de tout proche, qui palpite
et se dérobe à moitié.
Sans violence, sans ingratitude, mais très nettement, StraYinsky se dégage du debussysme. Il a compris que ce halo
cU!icieux, au milieu duquel la musique de son maître apparaît
toujours noyée, chez un disciple, risquait de ne plus être que
de la sauce. Il enlève délibérément à sa symphonie toute
indécision, tout tremblement. Dans un article sur le Sacre du
Priltmp1 qu'il a publié dans Montjoie 1, parmi plusieurs naïvetés
qui ne font qu'encourager ma confiance, car elles sont d'un
ftritable créateur, je relève la phrase suivante : "J'ai exclu de
cette mélodie (celle du Prélude) les cordes trop évocatrices et
représentatives de la voix humaine, avec leurs crescendo et leurs
diminuendo - et j'ai mis au premier plan les boù, plus secs,
plus nets, moins riches d'expressions faciles, et par cela même
plus émouvants mon gré. " Dès le début, pour qui prêtait
bien l'oreille et savait entendre les différences, la musique de
Stravinsky rendait un son mat et défini qui lui appartenait en
propre. Elle ne se répandait pas, elle ne s'abandonnait
pas à son retentissement. Dans ses feux d'artifice, dans ses
bouquets, il y avait quelque chose de fixe, de fermé, d'entièrement déterminé. Ses plus éblouissants passages n'avaient
Dl~e pas l'humidité du scintillement. Elle semblait inspirée
par la sécheresse comme par une source ; elle jaillissait, s'ép2-

a

1 Numéro VIII, 29 mai 1913.

�i
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

nouissait et retombait avec une abondance à la fois éclatante et
éteinte. Mais où cette brièveté et cette contraction des soas
deviennent surtout frappantes, c'est dans le Sacre du Printemps:
dès les premières mesures, on les ressent ; aucun rayonnement,
aucune fuite ; la mélodie chemine étroitement ; elle se développe, elle dure sans la moindre effusion ; nous sommes saisis
d'un étouffement tout-puissant ; les sons meurent sans avoir
débordé l'espace qu'ils emplissaient en naissant ; rien ne
s'échappe, rien ne s'envole ; tout nous ramène et nous accable.
Jamais on n'entendit musique aussi magnifiquement bornée.
Ce n'est pas là simplement une nouveauté négative. Stravinsky
ne s'est pas simplement amusé à prendre le contre-pied de
Debussy. S'il a choisi des instruments qui ne frémissent pas, qui
ne disent rien de plus que ce qu'ils disent, dont le timbre est
sans expansion et qui sont comme des mots abstraits, c'est
parce qu'il veut tout énoncer directement, expressément,
nommément. Là est sa préoccupation principale. Là est son
innovation personnelle dans la musique contemporaine. Plus
d'écho, parce que plus rien ne doit être exprimé par simple
allusion. Dans le sujet qu'il se propose, il veut qu'il n'y ait
aucun détail qui soit atteint par la seule diffusion des ondes
sonores, qui soit seulement touché par les franges de l'orchestre.
Il s'interdit d'utiliser l'ébranlement. Il ne veut pas compter sar
ce que la-symphonie entraîne en passant, par une adhérence
fortuite et momenta_née. Mais il se tourne vers chaque chose et
la dit ; il va partout ; il parle partout où il faut, et de la façon
la plus exacte, la plus étroite, la plus textuelle. Sa voix se fait
.,Pareille à l'objet, elle le consomme, elle le remplace ; au lieu de
l'évoquer, dle le prononce. Il ne laisse rien en dehors; au
contraire il revient sur les choses : il les trouve, il les saisit, il
les ramène. Son mouvement n'est point d'appeler, ni de faire
un signe vers les régions extérieures, mais de prendre, et de
tenir, et de fixer. Par là Stravinsky opère en musique, avec un
éclat et une perfection inégalables, la même révolution qui est

1.1 SACRE DU PRINTEMPS

en train de s'accomplir, plus humblement et plus péniblement,
en littérature : il passe du chanté au parlé, de l'invocation au
discours, de la poésie au récit.
Tous les caractères de sa musique découlent de cette volonté
d'expression directe et textuelle.
Et d'abord ce qu'elle a de spacieux. Il y a en elle une sorte

de hauteur et d'aération ; elle est pleine de lacunes hardies,
de simplincations, de larges coupes. - Comme le musicien
a toujours plusieurs choses à dire à la fois et qu'il veut les dire

toutes là où elles sont, dans leur dispersion même, sa symphonie

cesse d'être une masse, un foyer compact, distribuant alentour
1t1

rayons. Il n'est plus au centre comme le poète, qui, sans

bonger, se répand en allusions ; mais comme un général, qui
presse vivement l'ennemi à la fois dans ses trois ou quatre positions les plus fortes, il attaque le sujet en tous ses points essentiels. Si diverses soient les directions qu'il faut prendre, il les
enfile toutes en même temps sans le moindre embarras ; il a
1IDC sorte d'ubiquité active qui lui permet de marcher en
même temps dans plusieurs sens opposés. Aussi perçoit-on nettement entre les différentes parties de sa symphonie je ne sais
qadle distance et quel jeu. On circule entre elles; elles ont
cliacune leur orientation; elles vont et viennent; elles se
aoisent, se rencontrent, s'accrochent ; il y a entre elles de
formidables collisions, mais de mélanges ni de fusions jamais.
Elles demeurent toujours bien détachées, bien largement
liégagécs. Cette grosse caisse, la voici laissée toute seule; d'aucun
~ois côtoiement sa rustique gaieté n'est pimentée. Même
a d'autres instruments parlent dans le même moment, ils
ciiaent autre chose, ils sont ailleurs et je me délecte, autant
,,•,à les entendre, à sentir les clairs et aucfacieux intervalles de
!car discours simultané. Tout vient sur moi en même temps,
lllaÎs non pas à l'état de bouffée, non pas comme une touffe

�710

LA NOUVELU: REVUE FRANÇAIS!

complexe et floue de parfums. C'est un système de mouve.
ments, ce sont des voix distinctes et décidées.
Non pas seulement l'harmonie, la mélodie elle-même reprend
diez Stravinsky une ampleur, une aisance et, si j'ose dire, une
. altitude à quoi nous n'étions plus accoutumés. En effet, chez
Debussy, comme elle ne servait qu'à suggérer les sentiments, elle
bougeait à peine ; elle semblait écrasée sous le poids de l'infini
où elle baignait ; elle rampait aplatie et, sans presque changer de
niveau, par de petites inflexions exquises, en se relevant ou en
s'abaissant d'un demi-ton, elle indiquait les choses. Mais Stravinsky veu,t les dire, les énoncer en toutes lettres ; aussi sa
phrase monte-t-elle jusqu'à les égaler ; elle se développe hardiment, elle s'élève, elle s'étage. La mélodie, dans son œuvre, a
comme une force intime d'ascension ; elle mord sur la hauteur
avec une facilité admirable ; elle la prend en elle à grosses
bouchées. On dirait qu'elle laisse entrer en elle J'espace qui
jusque-là pesait sur son dos. Rien de plus émouvant pour moi
que ses enjambées. Elle a perdu cette timidité et cette retenue
trop aristocratiques qui commençaient m'induire en impatience ; elle ne se tient plus à mi-côte, elle ne manœuvre plus,
avec une délicatesse infaillible, mais à la fin lassante, entre les
formes trop naturelles, trop carrées, trop justes où elle pourrait
tomber. Elle y tombe du premier coup, délibérément, avec
confiance. Dites, si vous voulez, qu'elle est grossière; mais pour
s'abandonner à une grossièreté aussi pure, il faut une miette de
plus de génie que pour s'en garder. Où je reconnais le mieux
la puissance de Stravinsky, c'est à la façon dont il se conduit en
face de la banalité. Il he cherche pas à la fuir ; mais quand il
la rencontre, il l'accepte, il parle avec sa voix, il se sert de tous
ses avantages, il va avec elle aussi loin qu'elle veut l'entraîner et,
sans y presque rien toucher, par l'aisance même qu'il garde en
sa compagnie, il la transfigure, il l'élève jusqu'au sublime. C'est 1
~ette_ fa~ulté de se ~ompr~mettre, de s'enga~er sans crainte_ ~s 1
1ord1narre et le facile, qui donne à sa mélodie cette tranquilhté, 1

LI SACRE DU PRINTEMPS

711

\ cette largeur, cet espace. Ah ! que j'aime son va-et-vient net et
&amp;milier, sa façon de poser les pieds partout où il le faut pour
que le sentiment soit exactement parcouru, la chose bien exprimée comme elle doit l'être ! Je songe à l'air de trompette de ....,
la Ballerine dans Petrouchka et à cette phr.i,se - si limpide, si
droite, si peu inquiète dans sa traversée aller et retour de tout
l'orchestre - qui souligne, au premier tableau du Sacre, les
glüsements latéraux des Adolescentes en rouge.

Le désir d'exprimer toute chose à la lettre explique un
1CCOnd caractère de la musique de Stravinsky : son caractère
acrobatique, que l'on a feint de prendre pour un elfet de
la simple virtuosité du musicien. - Il y aurait quelque
a!ectation à vouloir ignorer ce que cette musique a d'insolite
et PfCSqUe d'extravagant. Elle éclate sans cesse à des endroits
invraisemblables, théoriquement inaccessibles. Ainsi que
PctrouchL:a, tué par le Nègre, tout à coup reparaît au som~ de la baraque de toile, de même elle surgit à chaque
1mtmt là ou vraiment elle n'a pas le droit sans miracle de se
ber. Rien ne l'arrête; elle a une espèce de facilité formidable; tout obstacle lui cède du premier coup ;. elle ne cherchi.;
pas à le tourner, mais elle s'avance et tout s'arrange sous ses
pas; avant qu'on ait eu le temps de comprendre, elle a passé.
Elle se meut continuellement dans l'extraordinaire ; et c'est là
teulcment qu'elle se trouve à l'aise ; elle s'avance sans cesse sur
IIDe corniche; mais c'est une grand'route pour elle. Certes il
at naturel qu'avant tout autre suJet, Stravinsky ait choisi
d'~ un conte de fée. Sa musique est un tissu de tours et de
•tes magiques. Lui-même, je le vois au millieu de son
œuvre comme un enchanteur tout-puissant parmi sa cour
~e. Il lui suffit d'avoir une idée : si étrange, si capricieuse
llllt~e, comme les féroces séïdes de KostcheX domptés par
l'Oùeau de Feu, les sons se bo~culent, se culbutent, s'écrasent,

�712

LA NOUVELLE 1'.EVUE FRANÇAISI

mais ]a suivent. Il faut que ça marche ; il y a sans cesse dam
cette musique du malgré tout ; comme des enfants qu'on tÏJt
par la main, les instruments se présentent tout de guingois et
haletants ; ils ne s'acquittent de leur partie qu'en se défornunt
et en se dépassant ; ils sont happés par l'attraction souvcraiœ
de l'idée et ils s'avancent dans l'attitude où elle les a surprit,
sans avoir eu le temps de prendre leur équilibre normal. Tout
se passe comme dans un monde surnaturel, où_ le ~ouvoir_ de
l'esprit s·ur la matière deviendrait brusquement mfim. Quoi de
plus hétéroclite, de plus incompréhensible et. de plus pamlt
qu'à la fin du premier tableau du Sacre du Prt~temp1, ~ t
la course circulaire des Adolescentes, cette musique où 11 n y 1
plus ni mélodie, ni harmonie, ni jeu de timbres, mais seulement
une sorte de bourdonnement du rythme, d'animation tourt
pure, de tourbillon abstrait, entretenu et prolongé par la monotonie même de la terreur ?
De semblables prodiges toute la musique de Stravinsky est
tissée. Mais il faut en bien voir le sens. Ce ne sont pas des~
baties ordinaires, de simples réussites de métier. Au contram,
elles ne sont possibles que parce que leur a~teur n'est P~.P~
cupé premièrement du métier. Il ne v~1t &lt;iue ce_ qu1l ~
dire; il s'y met tout entier, il s'y perd, il s'y oubh~; e~~est
de ce dévouement 1 la chose que nait sa puissance 1rrésistiblc
·
et comme enchanteresse ; on est tOUJours
récornpensé d'1111
mouv.emen t de con:fi.ance; l'objet, lorsque nous ne voyons pl115 que
lui si difficile qu'il paraisse, finit toujours par inventer en nOIII
ce ~u'il faut pour l'exprimer et le manifester a-ux y~ux de to111.
- Je dis donc que les bizarreri_es dont use contmuellem.~
Stravinsky ne sont pas là pour qu'on les admire, ni pour quon
' mais
. au contraire
• pour nous mettre en contaet
s'en étonne,
.
direct en communication immédiate avec des choses ~dmirablcs
'
r. · re'B.éch_1r s111' uno.
et étonnantes.
Elles ne veulent pas nous ~aire
.
•
b
qm
difficulté vaincue, ma1.s elles viennent a o1·1r un e d111icolté
éet d2JIS
se trouvait sur notre rou.te. Elles ne cherchent pas à cr

LE SAC.RE DU PRINTEMPS

notre pensée une distance à parcourir, mais à en supprimer une,
! rapprocher de nous ce que nous n'eussions atteint qu'avec
d!"ort. Au lieu de solliciter notre émerveillement, elles tkhent
de nollS introduire de plain-pied au merveilleux et de nous
mettre à l'aise avec lui. Leur étrangeté vient de ce qu'elles assument tout ce qu'il y a d'impossible, d'inaccessible, de révoltant

dms les choses qu'elles veulent exprimer ; elles en absorbent
tout le mystère, afin de les en dépouiller pour nous. Presque
d'un bout à l'autre du Sacre du Printemps, les indications de
mesure changent à chaque mesure : cette anomalie, en apparence si gratuite, n'est que pour que nous soyons toujours en
accord avec le sentiment énoncé, pour que son rythme soit le
n6tre, pour que nous nous trouvions spontanément marcher à
IOD pas. Nous reconnaissons ici de nouveau le principe essentiel
de Stravinsky, celui de tout exprimer textuellement, Pour lui,
il n'y a rien qui ne doive être pris de front : l'objet a beau être
fantastique et éloigné de nous de mille lieues, il faut aller Ie
trouver, il faut en découvrir l'entrée et y pénétrer selon son
axe ; il sc charge de tout le voyage et, co~me le cheval volant,
en un instant il nous dépose au seuil. C'est une musique
acentrique, a-t-on dit. Oui, mais il faut prendre le mot à.. la
lettre : c'est une musique qui a abandonné le centre, pour se
présenter toujours normalement en face des chemins les plus
«anés, et qui a des sautes extravagantes, mais pour souffler
toujours droit. Aussi, quand elle s'élève, ce q u~ elle a de pl us
amprenant en définitive, ce qui nous saisit en elle du premier
coup, c'est sa facilité, c'est de sentir combien tout ce qu'elle
raconte sc pr~te aisément à l'intelligence,

Car il faut y revenir en finissant: sa plus grande beauté, c'est
qu'elle est toujours directe. Elle parle; on n'a qu'à l'écouter;

elle •icnt, elle sourd, elle jaillit et elle ne nous laisse rien à faire
que d'être la. Elle dévide son récit comme une grand'mère:
4

�714

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

Une araignée,
M'avait attadd par le poignet avec un fil et j'avafr de r IJer6t
ju,q,/au cou;
Et du milieu de sa toile, elle me racontait des histoires telle p'llllt
femme auise. 1
Parole qu'aucune étrangeté ne fatigue d'être naîve. Ce fais.
ceau de timbres bizarres, nous croyons qu'il va se contenter de
nous divertir par sa fantaisie ; mais le voici qui se fond en un
chant unique. Cette grosse chose complexe et embarrassée, dont
on ne sait comment elle pourra bien se mouvoir, voici qu'cllc
s'ébranle d'un seul mouvement; elle s'avance, elle s'approche,
elle se découvre une espèce de voix et elle s'adresse à nom,
nous explique son affaire, nous verse sa confidence ; elle IC
fabrique une éloquence une éloquence aussitôt toute
prochaine et intime, toute pressante, tout attachée à nous.
Déjà nous avons oublié sa composition hétéroclite: nous nous
taisons, nous attendons la suite; nous sommes suspendus à ce
langage prodigieux dont chaque mot est forgé à neuf et ~u~t
se fait entendre du premier coup. Joie de comprendre, JOIC de
recevoir des nouvelles, joie d'être mis au fait. L'extraordinaire
histoire nous est transmise ; nous la prenons par gros morcea.llI
faciles• comme à des sauvages assis en rond le plus ancien de la
tri bu débite avec évidence les aventures surnaturelles des diCIII,
ainsi nous écoutons entrer ~out droit dans nos oreilles_ tan~
d'énormes imaginations. Stravinsky, c'est avant tout celui ~w
parle, c'est le conteur. Par là, malgré la différence de, métier,
il est le seul de tous les musiciens russes qui ressemble a Moussorgsky. On n'a pas assez remarqué combien il était peu
persan. 2
1 Paul Claudel: L' Echange, dans L' Arbre, p. 170.
' Par la faute de Rimsky et de Balakirew, et aussi de ballets com~e
Schlhérazade et Thamar, nous avons fini par confondre la R~
avec la Perse. Je pense qu'il y a tout de même quelques peblCI

U SACRE DU PRINTEMPS

Rien d'exotique chez lui; point d'almées dans sa musique;
aucune espèce de pittoresque, Même dans l'Oiseau de F~u, dont
le sujet pourtant invitait au grand spectacle, pas une mesure de
simple description ; rien qui fasse décor, qui soit là simplement
poar l'effet; rien qui ne veuille d'abord être vrai. La musique
de Stravinsky c'est avant tout une voix: celle de la niania, que
presse une abondance intarissable, qui tantôt se dépêche et
tantôt s'attarde, qui s'interrompt et qui reprend, et qui renoue
us cesse le fil toujours brisé de son récit, ne sachant pas le
faire valoir autrement qu'en y ajoutant des péripéties nouvelles.
M~me égarée dans l'histoire des temps monstrueux, c'est encore
llOtre mère la Russie qui nous parle et dépense pour nous les
trésors de son innocence immémoriale.
II
Si nouvelle soit la musique du Sacre du Printemp1, cependant

Je rapprochement que nous en avons pu faire avec celle de
Moussorgsky, montre qu'elle garde avec nos habitudes certaines
ainités et que nous pouvons retrouver approximativement sa
filiation. Il n'en est pas de même de la chorégraphie. Elle n'a
plllS aucune espèce d'attaches avec la danse classique. Tout y est .
ffCOmmencé, tout y est repris à pied d'œuvre, tout y est réinventé. La nouveauté en est si brutale et si crue qu'il ne faut
point dénier au public le droit -dont il usa d'ailleurs trop conjcÎcncieuscment - de se cabrer devant elle. Tkhons, avec le

dilmnces entre ces deux pays. Le commun des Russes, s'il voyait
quelque habitant de Téhéran se promener en Russie, se demanderait
}ICllt-!tre avec la même stupéfaction que les Français de Montesquieu: "Comment peut-on faire pour être persan? " - Allons plus
loin: j'imagine que Schéhlrazade et Thamar ne doivent pas ressembler beaucoup pl us à la Perse véritable que Carmen à la véritable '

&amp;pagne.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

timide espoir de l'y acclimater, de définir un peu précuémeat
cette nouveauté.
C'est encore, selon moi, le renoncement à la "sauce ".

11 y a, dans la danse en général, si l'on peut dire, deux degré
de la sauce. - D'abord la Lote Fuller : jeux de lumière, floue.
ment de draperies, enveloppement du corps dans des voiles qui
l'illimitent, effacement de tons les contours : la danseuse chesdlt
avant tout à se perdre dans le milieu, à noyer ses mouvemeno
dans des mouvements plus vastes et moins définis, à cacher tom
forme précise dans une sorte d'effusion multicolore, dont die n'at
plus que le centre indistinct et mystérieux. C'est tout naturàlement qu'elle a été conduite à illustrer les Nuages de Dcbuy.
Contre cette première espèce de sauce, les Russes, des lt
début, se sont ouvertement déclarés. Ds ont fait reparaluc
le corps sous les voiles, ils l'ont retiré de cette atmospbàt
ondoyante où il baignait et n'ont plus voulu nous toucher
que par son mouvement propre et par la figure bien visiblt,
bien évidente que dessine le danseur avec ses bras et sa
jambes. Ils ont ramené dans la danse la netteté. Je me SOIIYÏcm
des premiers soirs ! C'était pour moi la révélation d'un nouvaa
monde. Ainsi Pon pouvait sortir de l'ombre, on pouvait Jaig
voir tous ses gestes, les écrire tout au long sur un fond Sdl
mystère, et cependant être profond et pathétique, et tenir apès
soi les spectateurs suspendus comme ils l'eussent été par les jcas
les plus confus et les plus énigmatiques. Je faisais dans l'art mie
découverte analogue à celle de la géométrie dans les sciences Cl
la joie que je sentais était pareille au contentement que domie
une démonstration parfaite. A chaque tourbillon de Nijimlit
au moment où il venait clore, en s'agenouillant et en croisant
les mains, la boucle qu'il avait ouverte en s'élançant c1JIII
l'espace, tout mon plaisir était de revoir par la pensée la 6gurc
entière de son mouvement, vive, pure, stricte, enlevée, etC()llldlt
arrachée d'un bloc et par un coup de force à fa masse indécile

LI SACRE DU PRINTEMPS

da poaiblc. Aucun doute, aucune bavure, rien qui ftt appel en
moi à l'hésitation ; mais j'étais fort et content comme un
homme qui embrasse d'un senl regard un système de proposiliom scrupuleusement isolé de l'erreur en tous ses points.
Pourtant, dans cette danse, qui nous pan.issait si rigoureuse,
N'tjinski, bien avant que nous ne nous en aperçussions nousmemcs,a su découvrir qu'il y avait encore une espèce de ''sauce"

de cette sauce il a entrepris de purger complétcment la choré~
pphie. A un certain malaise qu'il sentait en les exécutant, il a

d

nmnna que les créaùons de Fokine comportaient encore un
ja, an flottement, une sorte de vague intérieur, qu'il fallait
ialnire à tout prix. Cette netteté pouvait etre raffinée, cette

mctitude admetuit d'!tre portée plus loin ... Dès lors il n'a

pus cade repos

qu'il n'cüt lui-même donné ce tour de vis,

~

cc r_esserrement d'écrous dont la machine chorégraphique
mat baom pour atteindre à son fonctionnement le plus strict.

Ceu-là le comprendront que rien au monde n'incommode

dmntage ~ue la sensation du

Uche et de l'à peu pr~.
™tcmunons d'abord en quoi consiste cette deuxième espèce
de sauce. Qu'y a-t-il ici dont Je danseur, même après s'être
clébamssé de ses accessoires, soit encore envdoppé? - Son essor
meme, son passage, son vol à travers le temps l'arabesque
na'il
'
,
.décri t en se mouvant : "Il voyage sur un chemin
qu'il
~ l t à. mes~e. qu? y p.we ; il va le long d'un fil mysténem, qu, se fan inv1S1ble derrière lui ; avec ce geste d'écarter

nec ces mains
· q_u 'il p'.o~~ne en l,air,
.
doiaccm

avec ce corps qui tourne'
ent et mille fois, il a l'air d'un magicien occupé à effiicer
11 •trace ,• nous ne 1e samrons
··
pas ; nous n'arriverons pas à le
lcDIJ',
à
lui
appuy
J
b
cr es ras contre Ies h anches pour le regarder
1 loisi.
• r de haut en bas. " 1 Q uel que chose s'mterposc
.
entre lui

. 'Ce ~ge est pris d'une note que j'écrivais ici-meme, l'an de:rd' .a:Juillet
___ . 1 9 12 ), sur Fok.ine et dans laquelle j'avançais plus
Ille -ll~IIOD
• auJou:rd'hui
•
1JIDS.1c·1 me contratnt
Hait
à renier ~ue N...
non pas tout
lller (1•

1

dq,qé F-~'~ à dt!passer - comme lui-même, sana le renier,
""-WC.

�718

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

et nous ; et c'est son mouvement même; nous le voyons passct
dans un monde parallèle au nôtre, mais différent de lui ; il est
perdu dans son propre voyage et nous ne l'apercevons qu'a
travers une brume formée de tous ses gestes et de son inapaisa~~e v~-et-vient. -Précisons davantage: par les dix premien pas
qu d fait, le danseur ébauche une ligne, qui tout aussitôt tend
à le quitter, à s'échapper, à filer toute seule comme une
mélodie, lorsqu'on en a trouvé les premières not:s, se contim1e
d'elle-même, s'improvise à vide et 1init par s'imposer à la voir
qui lui ~ donné naissance. Il y a un ressort en elle qui l'écarte
de son siège. Une fois les premiers mouvements inventés par le
c~~s, c'est comme si, prenant conscience d'eux-mêmes, ils
d1sa1ent à leur auteur : " Assez maintenant ! Laisse-nous faire!''
Et les voilà qui se déchaînent ; par répétition, par redoublement, par variation, ils s' engendrent les uns les autre11 ils font
. d' eux-mêmes une abondance indéfinie. Le corps,
'
sortU"
qui
d'abord les dictait, n'est plus que leur soutien ; on ne lui
demande plus que de les recevoir et de les exécuter. Aussi
perd-il entre leurs mains sa forme et son articulation propres.
Ils l'arrangent, ils le corrigent, ils le retouchent ; ils
mettent des passages en lui là où il y avait des hiatus • ils
réunissent ses membres d'un trait _svelte et continu ; ils elf'a~nt
les angles, bouchent les trous, jettent des ponts. De la tête aim
pieds le corps prend je ne sais quoi de fluide et d'arrondi. Une
élégance supplémentaire, adventice descend sur lui et se pose.
Comme un acteur bien grimé, il n'est plus reconnaissable. Le
Spectre dt la Rost offre lemeilleurexemple de cette transfiguration.
Le corps de Nijinski y disparaît littéralement dans sa propre
danse.• De cet être musclé, aux traits si forts , si maMués,
on
""l
ne voit plus que des contours exquisement fuyants, que des
formes sans cesse évanescentes. Au lieu qu'il soit plongé dans
une_ at~osphère colorée, c'est dans une atmosphère dynamique.
Ma,~ il en reçoit presque autant d'imprécision que la Lok
Fuller de ses voiles lumineux. Si délicieux en soit le spectacle,

1.1 SACRE DU PRINTEMPS

il y a dans le Spectre de la Ro1t un certain manque intérieur de
,&amp;ité, dont je ne parviens plus à n'être pas gêné.
· La nouveauté du Sacre du Printemps, c'est le renoncement à
cette sauce dynamique, le retour au corps, l'effort pour serrer
do plus près ses démarches naturelles, pour n'écouter que ses
iudications les plus immédiates, les -plus radicales, les plus
étymologiques. Le mouvement y est réduit à l'obéissance; il est
sans cesse ramené au corps, rattaché à lui, rattrapé, tiré pa1 lui
en arrière, comme quelqu'un dont on a saisi les coudes et qu'on
cm~che ainsi de fuir. C'est du mouvement qui ne part pas,
aqui l'on interdit de chanter sa petite romance, du mouvement
qui revient prendre les ordres à chaque minute. Dans le corps
au repos, il y a mille directions latentes, tout un système de
lignes par lesquelles il penche vers la danse. Fokine les faisait
aboutir à un seul mouvement qui les rejoignait et les drainait
toutes; plut6t que chacune, c'est leur ensemble qu'il écoutait;
il les exprimait par substitution, en remplaçant leur multitude
divergente par une arabesque simple et continue. Dans le Sacre
a Pri1111mp1, au contraire, autant le corps offre de tendances et
d;occasions, autant de fois le mouvement s'interrompt et recommence; autant il sent en loi de points de départ possibles,
autant de fois le danseur reprend son essor. Il se ressaisit luimême à chaque instant, comme une source dont il faut épuiser
succesaivement tous les surgeons; il remonte en lui-même, et sa
danae est l'analyse, le dénombrement de toutes les inclinations
à bouger qu'il y découvre. - Nous surprenons ici chez Nijinski
la meme préoccupation que chez Stravinsky: aborder toute
chose selon son orientation propre. Quelque écart qu'il y ait
entre elles, il veut enfiler bien droit toutes les pentes pu corps
et ne descendre qu'avec elles au mouvement. Mais, comme
il ne peut les accompagner toutes à la fois, dès qu'il a
nùvi l'une d'elles un instant, il la quitte brusquement, il
rompt avec elle et retourne en chercher une autre. Danse

�720

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

à la fois fidèle et tronquée! Elle est pareille à notre corps;
tous les mouvements dont elle se compose, demeurent dam
une parfaite identité avec les membres qui les exécutent; ils
en ont le sens et en gardent la brièveté; ils leur restent join11
et comme organiquement liés. Et le danseur, lorsqu'on le revoit
par le souvenir, au lieu de s'dfacer derrière ses gestes, apparait
bien distinctement au milieu de leur foule, à la façon d'un
dieu hindou hérissé de ses mille bras.
Dans la manière dont Nijinski a traité les évolutions des
groupes, on retrouve le même effort pour épouser le détail,
pour découvrir et dégager les injonctions singulières. - Dam
les ballets de Fokine les groupes de danseurs se répondaient
exactement de chaque c6té de la scène ; ce n'était pas la
ridicule symétrie de )'Opéra ; mais il y avait une distribution
régulière des masses, un équilibre entre elles que l'œil n'avait
à chercher que juste le temps nécessaire pour avoir le plaisir de
le découvrir. Equilibre non pas seulement statique : il se poursuivait dans la danse, si enchevêtrée fO.t-elle ; une sorte de
balancement subsistait jusqu'au cœur du tumulte. Toute figure
était conçue sur le modèle d'un échange ou d'un va-et-vient :
les danseurs s'étant emparés d'un geste, se le jetaient les uns
aux autres, se le renvoyaient sans fin comme une balle.
Chaque groupe ne faisait jamais de mouvement qu'en réponse
au mouvement du groupe opposé ; ses avancées ou ses
reculades, ses fuites ou ses retours ne lui étaient dictés qae
par les démarches de son partenaire et ne tendaient qu'à leur
compensation. Aussi l'attention se détournait-die bien vite de
lui ; il disparaissait dans son dialogue avec les autres et l'on ne
voyait plus que le motif chorégraphique où il était pris ; sur la
scène il n'y avait plus qu'une certaine forme d'agitation, qu'1111
mode tout pur de mouvement, Et comme une telle .figure était
trop abstraite ponr pouvoir être renouvelée indéfiniment daiu
son essence, Fokine bientôt ne sut plus montrer son invention
qu'en en modifiant le prétexte et les accessoires. Mais aDI

LI SACRE DU PRINTEMPS

fruits d'or que se lançaient les tsarines de l'Oùtau Je Ft11, il
eut beau substituer des poignards dans Tl,amar, des piques dans
Dapluris 11 C/J/QI : c'était lutter contre l'impossible ; pour retrouver la source de la variété, il eOt fallu d'abord redescendre au
détail, reprendre contact avec l'individuel.
C'est ce qu'a bien compris Nijinski. Il s'est rapproché de
chaque groupe particulier; il a consulté ses indications et ses tendances ; il l'a observé comme un savant; il l'a vu se lever, frémir,
onduler, être déporté brusquement sous le coup de sa force
intime ; il a suivi sa formation moléculaire, il a surpris ses
instincts au moment qu'ils se déclaraient, il s'est fait le spectateur
ctl'historicn de ses moindres initiatives. La danse de chaque
groope, cc sont les mouvements qu'il couvait dans sa séparation
d'avec tous les autres, pareils aux éclats spontanés qui naissent
dans les meules de foin. - Il y a dans toute la chorégraphie du
S«rt une asymétrie profonde qui fait partie de l'essence de
l'œuvrc. Chaque groupe commence par soi; il ne fait aucun
geste qui soit suscité par le besoin de répondre, de compenser,
de r&amp;blir l'équilibre; il s'émeut et s'ébranle à l'écart, il glisse
de son côté et tire notre attention à sa suite. Nous finissons bien
par b lui reprendre, mais c'est parce qu'un autre s'en est
emparé et l'emporte avec lui. Non pas manque de composition ;
il y en a une au contraire, et des plus subtiles, dans les
rencontres, les affronts, les mélanges, les combats de ces étranges
bataillons. Mais elle ne précède pas le détail ; elle ne le
commande pas; elle s'arrange comme elle peut de sa diversité.
L'impression d'unité que nous ne cessons pas un instant de
ressentir, c'est celle qu'on éprouve à voir circuler, se croiser,
s'aborder et se séparer, selon leurs intentions particulières, à
la fois familiers et oublieux les uns des autres, les habitants d'un
lllblc monde.
Nous venons d'examiner dans quel sens Nijinski a réagi
contre Fo~nc, ce qu'il a rejeté, ce qu'il a détruit. Il nous faut

•

�722

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

maintenant comprendre l'aspect positif de son innovation. Quel
bénéfice a-t-il trouvé dant ce renoncement à la sauce l Pour
quelle fin a-t-il ainsi brisé le mouvement et rompu les ensembla
chorégraphiques l Quelle sorte de beauté se cache dans cette
danse réduite et étriquée! Sans tenir compte encore de Il
merveilleuse appropriation au sujet du Sacrt du Pri11ttmps, il me
semble facile d'apercevoir par où elle prend l'avantage sur la
danse de Fokine.
Celle-ci est foncièrement impropre à l'expression des sentiments ; on n'y peut lire autre chose qu'une joie vague, toute
physique et sans visage. En effet dans le mouvement liquide et
continu dont elle est faite, comme dans les grandes arabesques
des peintres renaissants, le pouvoir expressif du geste, son secret,
sa force intérieure se dissolvent et se délayent. Sur cette route
indéfinie où le danseur s'élance, ils trouvent une issue trop facile
et se répandent vainement. Au lieu que le sentiment soit l'objet
que le mouvement tftche à peindre et à rendre visible, il n'est
plus que le prétexte qui le déclenche et il est bien vite oublié
dans l'abondance dont il est la source; il se perd bientôt clans
les redoublements qu'il engendre. Le corps entraîne tout; u
liberté remonte jusqu'à l'ftme et en défait les replis, les ressources,
les réserves.
En brisant le mouvement, en le ramenant vers le simple
geste, Nijinski a fait rentrer l'expression dans la danse. Tous les
angles, toutes les cassures de sa chorégraphie empêchent le
sentiment de fuir. Le mouvement se referme sur lui, l'~te,
. 1c contient ; par son perpétuel changement de direction, il lui
enlève tout débouché ; il l'emprisonne par sa brièveté m!mc.
Le corps n'est plus pour l'ftme une voie d'évasion ; au contraile
il se rassemble, il se ramasse autour d'elle ; il réprime G
poussée, et, par l'effort même qu'il exerce contre die, il_ est
tout imprégné d'elle, il la trahit au dehors. De la contramt:
qu'il lui fait subir, il reçoit je ne sais quoi de spirituel qui
paraît dans toutes ses façons. Il y a quelque chose de profond

LI SACRE DU PRINTEMPS

et

72 3

de serré dans cette danse enchainée. Tout cc qu'dle perd

ea entrain, en allant, en caprice, elle le gagne en signification.

La danse de Fokine était si peu expressive que, pour faire
entendre aux spectateurs les changements de leur Ame, les
acœan avaient .besoin de recourir à une mimique du visage:

IOIIICils froncés ou bien sourire. Cda s'ajoutait à leurs gestes,
iy 111perposait et par là-même en dénotait l'impuissance. C'était
an renfort qu'on allait chercher, une ressource d'un autre ordre

qui subvenait à l'indigence du langage proprement choré-

graphique.
Mais, dans la danse de Nijinski, le visage ne joue plus un
r6le indépendant; il prolonge le corps; il n'en est que la fleur.
C'at le corps lui-même d'abord qui parle. Il ne bouge que
tout entier, il fait bloc, et sa parole est de bondir ltout à coup
aa btant bras et jambes, ou de s'en aller de côté, les genoux
Mchis, la tête tombée sur l'épaule. A première vue il para1t
moins adroit, moins divers, moins intelligent. Pourtant avec ses
déplacements compacts, ses brusque volte-faces, ses façons de
tomber en arrêt, puis de se secouer frénétiquement sur place,
il dit mille fois plus de choses que le causeur disert, rapide et
éWgant, animé par Fokine. Le langage de Nijinski est d'un
ditail perpétuel ; il ne laisse rien passer ; il rentre dans les
coins. Nul tour de phrase, nulle pirouette, nulle prétérition.
Le danseur n'est plus emporté par une inspiration légère et
indiférentc. Au lieu de les effleurer dans son vol, il retombe
aar la choses de tout son poids, il marque chacune de sa chute
barde et totale. Sur chaque sentiment qu'il rencontre et veut
aprimer, il saute à pieds joints ; d'un brusque bond il se tourne
Yen lui et le couvre et demeure un instant à l'imiter. Il oublie
loat pour se faire pareil à lui quelque temps ; il l'étouffe
q,ielque temps avec sa forme, il l'aveugle avec lui-même tout
eatier. Comme il n'est plus obligé de mettre du liant entre
• gestes successifs ni de penser sans cesse à la suite, il ne
\
ftleffc rien de lui-même pour la transition. Il cède complétc-

�LA l'lOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

ment à l'invitation de l'objet intérieur, il se rend unique
comme lui, il le nomme avec l'inertie momentanée de tout son
corps. Rappelons-nous Nijinski. danseur. Avec quelle éloquence
il s'arrondissait, ainsi qu'un chat, autour des sentiments !
Comme il les couvait étroitement ! Comme Ü savait bien disposer tous ses membres à leur image et trouver en lui-même
leur fidele effigie ! Inventeur, il est le même qu'interprète.
Tout ce qu'il brise, tout ce dont il dépouille la danse, c'est
pour arriver à une imitation matérielle, et pleine, et comme
opaque des émotions. Il prend ses danseurs, il leur arrange les
bras, il les leur tourne, il les leur casserait, s'il osait ; il tra•
vaille ces corps avec une brutalité impitoyable, comme des
choses ; il leur impose des mouvements impossibles, des attitudes
qui semblent contrefaites. Mais c'est pour leur arracher tout ce
qu'ils peuvent donner d'expression: Et en effet ils parlent à la
fin. De toutes ces formes bizarres et violentées s'élève je ne sais
quelle évidence ; elles figurent distinctement mille objets diffi.
ciles et secrets qu'il µ'y a plus qu'à regarder.
Oui, cela est clair et facile ; cela a pris les contours mêmes
de ce qui doit être compris. Voici le sentiment devant nous
désigné, fixé, représenté. Il est là comme une grande poupée
que le danseur laisse derrière lui; tandis qu'il continue. Rien
de plus émouvant que cette image physique des passions de
.l'âme. C'est bien autre chose que leur expression par le langage
articulé. Non pas profondeur plus grande, notation de détails
en elle.s et de finess~ que la parole ne pourrait atteindre. Mais
par cette figure sensible nous sommes conduits plus près d'elles,
nous sommes mis en leur présence d'une façon plus immédiate,
nous les contemplons avant l'atrivée du langage, avant que ne
s'empresse autour d'elles la foule innombrable et nuanc~
mais bavarde, des mots. Pas besoin de traduire ; ce n'est pomt
un signe d'où il faille passer à la chose. M-ais dans la nuit de
l'intelligence, nous assistons ; nous sommes là avec notre corps,

LI SACRE DU PRINTEMPS

72 5

...

et c'est lui qui comprend. Une certaine disposition, une
certaine reconnaissance par l'intérieur ... Chaque geste du
danseur est comme un mot qui me ressemblerait. Si quelquefois
il me paraît étrange, ce n'est qu'aux yeux de ma pensée;
car d'emblée il se rencontre avec mes membres, avec le fonds
de mon organisme dans une harmonie basse, pleine et parfaite.
De méme que la musique faisait entrer en nous son récit "par
gros morceaux faciles ", c'est ainsi que nous considérons cette
danse extravagante avec je ne sais quelle crédulité grossière et
dans une intimité qui "passe toute parole". Nous sommes
devant elle comme les enfants à Guignol : ils n'ont pas besoin
qu' "on leur explique " ; mais ils rient, ils tremb!ent, ils comprennent à mesure.

Nijinski a donné à la danse un pouvoir de signification, dont
elle était dépourvue. Mais son application à la rapprocher
dn corps, à la confondre avec ljétroite solidité de nos
membres, ne risquait-elle pas d'aboutir à la priver de sa fleur
et de sa grâce ? Et en effet où est la grke de ces gestes mesquins et maladroits, toujours captifs, toujours' brutalement
interrompus dès qu'ils sont sur le point·de s'élancer l Il semble
qu'il y ait dans la chorégraphie du Sacre du Printemp1 quelque
chose de cacophonique.
Pourtant la grke n'est pas la rondeur ; elle n'est pas incompatible avec un dessin anguleux. Il y a une grke ici - je le
prétends - et qui est plus profonde que celle du Spectre de la
R.oit, étant plus attachée. La grke n'est rien d'indépendant ;
elle ne vient pas se poser d'en haut sur les choses comme un
oiseau ; elle n'est que l'émanation au dehors d'une exacte nécessité, que l'effet d'un impeccable ajustage intérieur. Or, dans
la chorégraphie du Sacre du Printemp1, tout est mis au point
avec la dernière rigueur ; pour obtenir tels que nous les voyons,
les gestes dont elle se compose, Nijinski les a longtemps culti-

,.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

vés et développés ; il les a choisis au milieu du branchage
confus et divers de nos mouvements instinctifs, il les a présems
l contre les autres, il les a poussés légèrement et menés un peu
plus loin du corps qu'ils n'allaient d'eux-mêmes. En un mot,
il les a patiemment rendus à leur perfection singulière. Et de
cet achèvement natt une harmonie inédite. Si l'on veut biCR
cesser de confondre la gdce avec la symétrie et avec l'arabesque,
on la retrouvera à chaque page du Sacre du Printemps, dans œs
visages de profil sur les épaules de face, dans ces coudes attaches
à la taille, dans ces avant-bras horizontaux, dans ces maim
ouvertes et rigides, dans ce tremblement qui descend comme
une onde de la tête aux pieds des danseurs, dans la promenade
-obscure, éparse, préoccupée, des Adolescentes au Deuxième
Tableau. On la retrouvera même dans la danse de la Jeune
Fille Élue, dans les sursauts brefs et manqués qui l'agitent, dans
ses embarras, dans ses affreuses attentes, dans sa démarche
prisonnière et faussée et dans ce . bras levé au ciel qu'elle
promène tout droit au dessus de sa tête en signe d'appel, dt
menace et de protection.

III
Tout au long de l'analyse que je viens d'esquisser du s«rt
du Printemps, j'ai considéré les moyens employés par Stravinsiy
et par Nijinski comme s'ils avaient une valeur en eux-mêmes,
indépendamment du sujet auquel ils s'appliquent. Cette _sepa·
ration peut sembler artificielle et l'on a le droit de m'ohJedC'.
que je cherche à voir toute une technique nouvelle dans ce qlll
n'a été inventé et n'a de sens que pour une œuvre bien déter·
minée. Cette chorégraphie si anguleuse, me dira-t-on, n'est q~e
pour représenter la gesticulation encore informe et mal~roite
d'êtres primitifs. Cette musique si étouffée n'est que pour pcin~
l'épaisse angoisse du printemps. L'une et l'autre servent étroite-

LI SACRE DU PRINTEMPS

ment le thème choisi ; elles ne le dépassent pas, elles ne s'en

laissent pas distinguer.

Je répondrai que

le propre des chefs-d'œuvre est justement
de créer à leur usage une expression si complète, si habile et si
aeuve qu'elle devient tout naturellement une technique générale.
On n'invente rien de bon à part. Pour avoir des idées nouvelles
eta"une portée~ peu lointaine, il faut travailler à quelque
objtt très précis, il faut vouloir exprimer quelque chose de façon
à ce qu'on ne puisse le confondre avec rien d'autre. C'est tandis
qu'on fait effort vers le particulier, tandis qu'on ramène toutes
les facultés de l'esprit vers un même petit point, qu'éclatent \
IOlldain, comme sous une pression trop forte, les inventions
réellement expansives. C'est de l'extrême urgence que naît la
,muble fécondité. Stravinsky et Nijinski, parce qu'ils n'ont 1
voulu résoudre qu'un problème particulier, se trouvent avoir
découvert une solution générale. Et si, dans une tentative fort (
parente de la leur, les cubistes ont J.·usqu'ici échoué,. cela vient
de ce qu'ils ont élaboré d'abord dans l'abstrait une solution,
qu'ils n'ont cherché qu'ensuite à placer, intacte et absurde
'
'
dans des œuvres.
A ces considérations il faut ajouter que déjà Petrorlthka
contenait en germe la chorégraphie du Sacre du Printemps. Il
est certain que Nijinski, bien que son nom n'ait paru qu'une
fois sur l'affiche, a collaboré à la première comme à la seconde
de ces œuvres. Nous retrouvons sa manière dans la danse sur
place des trois pantins et dans la scène si pathétique de
Petrouchka emprisonné. C'est la même façon d'attacher les
gestes au corps, le même emploi de la saccade, le même souci
de conserver sans cesse au mouvement toute sa force expressive.
Et déjà ce parti~pris nous semblait d'une justesse, d'une
convenance, d'une appropriation merveilleuses. Déjà nous
n'imaguuons
"
pas qu'il pftt valoir pour quelque autre sujet.
Pourtant quel écart entre le thème de PetrotJChka et celui du
S4m ·' Les moyens qu1· l es ont s1· pertinemment
·
. l' un et
serns

f

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

l'autre, comment leur dénier une portée générale et pourquoi
serait-il interdit de les considérer en dehors de leur emploi 1
Cependant le moment est venu de ne plus nous occuper que
du · Sacre du Printempr, de nous placer bien en face de cette
œuvre terrible, de nous enfermer avec elle, afin de recevoir la
commotion particulière qu'elle est faite pour nous donner.
Demandons-nous ce qu'elle représente. Qu'avons-nous ici
devant les yeux? Que se passe-t-il ici? - L'œuvre est si riche
qu'on peut lui découvrir deux étages de signification, Elle a
d'abord un sens évident, officiel, avoué. Le Sacre du Pri111tmp1,
c'est un ballet sociologique. Extraordinaire vision d'un Age
qu'il nous fallait jusqu'ici reconstruire péniblement a l'aide de
documents scientifiques et que voici rendu sensible à notre
imagination.

Certer l'humanité antique était fltnut au def!ant de sa saur,
Et comme jadis au jour de la réparation, nous nous conridérions u
plain pied. 1
Nous assistons aux mouvements de l'homme au temps où il
n'existait pas encore comme individu. Les êtres se tiennent
encore ; ils vont par groupes, par colonies, par bancs; ils sont
pris dans l'affi-euse indifférence de la société; ils sont dévoués
au dieu qu'ils forment ensemble et dont ils n'ont pas su encore
se démêler. Rien d'individuel ne se peint sur leur visage. A
aucun instant de sa danse, la jeune fille élue ne trahit la terreur
personnelle dont son ame ·devrait être pleine. Elle accomplit
un rite, elle est absorbée par une fonction sociale et, sans donner
aucun signe de compréhension ni d'interprétation, elle s'agite
suivant les volontés et les secousses d'un être plus vaste qu'elle,
d'un monstre plein d'ignorance et d'appétits, de cruauté et de
ténèbres. Voici Moloch ramené vivant du fond des plus vieilles
époques. Il tressaille, il ouvre la gueule devant nous. Dieu bas
1

Paul Claudel, Tête d'Or d11ns l'.Arbre p. r31.

LI SACRE DU PRINTEMPS
et sans esprit ! Ses autels sont a son image : ce sont ces pierres
debout aux carrefours de la plaine informe, ces crânes d'animaux
mr des piquets. Dieu qui pèse au même niveau que les têtes,
comme le ciel de cuivre ! Dieu qui règne à quatre pattes et qui
cUvore ses enfants comme une vache pature ! L'homme est
dominé par ce qu'il y a de plus inerte en lui, de plus opaque,
de plus borné, sa société avec les autres.
Mais il y a dans !;-Sacre du Printemps quelque chose de plus
grave encore, un second sens, plus secret, plus hideux. Ce ballet
est un ballet biologique. Non pas seulement la da;;-de l'homme
le plus primitif; c'est e.12core la danse avant l'homme. Dans son
article de Monyoie, Stravinsky nous indique qu'il a voulu
peindre la montée du printemps. Mais il ne s'agit pas du
printemps auquel nous ont habitués les poètes, avec ses frémissements, ses musiques, son ciel tendre et ses verdures pales. Non,
rien que l'aigreur de la poussée, rien que la terreur "panique "
qui accompagne l'ascension de la sève, rien que le travail
horrible des cellules. Le printemps vu de l'intérieur, le printemps
dans son effort, dans son spasme, dans son partage. On croirait
assister a un drame du microscope; c'est l'histoire de la karyolinèse ; profonde besogne du noyau par quoi il se sépare de
!ni-même et se reproduit ; division de la naissance ; scissions et
retours de la matière inquiète jusque dans sa substance; larges
~ tournants de protoplasme; plaques germinatives; zônes,
ccr&amp;, placentas. Nous sommes plongé dans les royaumes inférieurs; nous assistons aux mouvements obtus, aux va-et-vient
stupides, tous les tourbillons fortuits par quoi la matière se
hausse peu à peu à la vie. Jamais plus belle illustration des
théories mécanistes. Il y a quelque chose de profondément aveugle dans cette danse. Il y a une énorme question~ portée
~ tous ces êtres qui se meuvent sous nos yeux. Elle n'est pas
différente d'eux-mêmes. Ils la promènent avec eux sans la comPl:11dre, comme un animal qui tourne dans sa cage et ne se
f.tttgue pas de venir toucher du front les barreaux. Ils n'ont pas

a

5

�730

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSI

d'a.utre organe que leur organisme tout entier et c'est avec lai
qu'ils cherchent. Ils vont de-ci de-là et s'arrêtent; ils se lancent
en avant comme un paquet, et attendent ... Rien qui les précède
et qu'ils soient obligés de rejoindre. Aucun idéal à regagner. On
est toujours au plus loin en restant avec eux. Comme le sang,
de l'intérieur, sans autre motif que sa poussée, frappe contre les
parois du crâne, c'est ainsi qu'ils demandent issue et avènement
Et peu à peu, par la patience et l'obstination brutes de lear
interrogation, une sorte de solution se forme, qui, elle non plw,
n'est pas différente d'eux-mêmes, qui, elle aussi, se confond avec
la masse de leur corps et qui est la vie.
Le soir de la première du Sacre du Printemps, il y avait,
comme de la lie, au fond de mon immense admiration, je 11e
sais quelle tristesse et quel accablement. J'avais sur le cœur la
lourdeur des choses physiquesJ une inertie minérale. Pour la
première fois je sentais aux doctrines évolutionnistes une sorte
de possibilité désespérante. Je retrouvais en moi les traces d'an
état misérable et gisant ; j'étais repris par l'étroitesse originelle;
il me semblait être né un jour de cette angoim dont je venais
d'avoir le prodigieux spectacle. Ah ! comme j'étais loin de
l'humanité ! Comme sa voix se faisait faible et lointaine à mes
oreilles ! - Il y a des œuvres toutes gonflées de plaintes, d'espoirs, d'encouragements. On y trouve à souffrir, à regretter, à
prendre conliance ; elles contiennent toutes les belles agitations
de l'âme ; on se livre à elles comme on écoute le conseil d'un
ami ; elles ont quelque chose de moral et participent toujoun
de la pitié. - Mais le Sacre du Printempr, c'est un morceau du
globe primitif, qui s'est conservé sans vieillir et qui continueà
respirer mystérieusement sous nos yeux, avec ses habitants et sa
il.ore. C'est une épave du passé, toute grouillante, toute rongée
d'une vie familière et monstrueuse. C'est une pierre pleine de
trous, d'où sortent des bêtes inconnues, occupées à des travaaJ
indéchiffiables et depuis longtemps dépassés.

73 I

LE GRAND MEAULNES 1
TROISIÈME PARTIE

CHAPITRE X
LA " MAISON DE FRANTZ "

Mal rassuré, en proie à une sourde inquiétude, que
l'heureux dénouement du tumulte de la veille n'avait pas
suffi à dissiper, il me fallut rester enfermé dans l'école
pendant toute la journée du lendemain. Sltôt après
l'heure d' "étude " qui suit la classe du soir, je pris le
chemin des Sablonnières. La nuit fombait quand
j'arrivai dans l'allée de sapins qui menait à 1~ maison.
Tous les volets étaient déjà clos. Je craignis d'être
importun, en me présentant à cette heure tardive,
le lendemain d'un mariage. Je restai fort tard à rader
sur la lisière du jardin et dans les terres avoisinantes,
e5(&gt;irant toujours voir sortir quelqu'un de la maison
fermée... Mais mon espoir fut déçu. Dans la métairie
voisine elle-même, rien ne bougeait. Et je dus rentrer

chez moi, hanté par les imaginations les plus sombres.

Le lendemain, samedi, mêmes incertitudes. Le soir 1·e
.
'
pns en Mte ma pèlerine, mon bâton, un morceau de
pain, pour manger en route, et j'arrivai, quand la nuit
1

JACQUES

Rmiu

Voir la Nouvtlle Revue Franfaiu du

1••

juillet au

1"

octobre.

�73 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tombait déjà, pour trouver tout fermé aux Sablonnicres,
comme la veille ... Un peu de lumière au premier étage;
mais aucun bruit ; pas un mouvemènt... Pourtant, de la
cour de la métairie, je vis cette fois la porte de la ferme
ouverte, le feu allumé dans la grande cuisine et j'entendis
le bruit habituel des voix et des pas à l'heure de la
soupe. Ceci me rassura sans me renseigner. Je ne pouvais
rien dire ni rien demander à ces gens. Et je retournai
guetter encore, attendre en vain, pensant toujours voir la
porte s'ouvrir et surgir enfin la haute silhouette d'Augustin.
C'est le dimanche seulement, dans l'apres-midi, que je
résolus de sonner à la porte des Sablonnières. Tandis que
je grimpais les coteaux dénudés, j'entendais sonner au loin
les vêpres du dimanche d'hiver. Je me sentais solitaire et
désolé. Je ne sais quel pressentiment triste m'envahissait.
Et je ne fus qu'à demi surpris lorsqu'à mon coup de
sonnette je vis M. de Galais tout seul paraître et me
parler presque à voix basse : M 11e de Galais était alitée,
avec une fièvre violente; Meaulnes avait dt1 partir des
vendredi matin pour un long voyage ; on ne savait quand

il reviendrait...
Et comme le vieillard, très embarrassé, très triste, ne
m'offrait pas d'entrer, je piis aussitêt congé de lui. La
porte refermée, je restai un instant sur le perron, le cœur
serré, dans un désarroi absolu, à regarder sans savoir Pour•
quoi une branche de glycine desséchée que le vent balançait tristement dans un rayon de soleil.
Ainsi ce remords secret que Meaulnes portait depuis
son séjour à Paris av.ait fini par être le plus fort. Il avait
fallu que mon grand compagnon échapp!t à la fin ason
bonheur tenace ...

LI GRAND MBAULNES

733

Chaque jeudi et chaque dimanche, je vins demander

des nouvelles d'Yvonne de Galais; jusqu'au soir où, convalescente enfin, elle me fit prier d'entrer. Je la trouvai,
assise auprès du feu, dans le salon dont la grande fenêtre

basse donnait sur la terre et les bois. Elle n'était point
p!le comme je l'avais imaginé, mais tout enfièvrée au
contraire, avec de vives taches rouges sous les yeux, et
dans un état d'agitation extrême. Bien qu'elle parô.t tres
faible encore, elle s'était habillée comme pour sortir.
Elle parlait-peu, mais elle disait chaque phrase avec une
animation extraordinaire, comme si elle eftt voulu se
persuader à elle-même que le bonheur n'était pas évanoui
encore... Je n'ai pas gardé le souvenir de ce que nous
avons dit. Je me rappelle seulement que j'en vins à
demander avec hésitation quand Meaulnes serait de retour:
- Je ne sais pas quand il reviendra, répondit-elle
vivement.
Il Y avait une supplication dans ses yeux et J·e me
gardai d'en demander davantao-e
,·
t&gt; •
Souvent je revins la voir. Souvent je causai avec elle
a~rès du feu, dans ce salon bas où la nuit venait plus
Vite que partout ailleurs. Jamais elle ne parlait d'el1emême ni de sa peine cachée. Mais elle ne se làSSait pas de
me faire conter par le détail notre existence d'écoliers de
Sainte-Agathe.
Elle
. écoutait gravement, tendrement, avec un intérêt
quast maternel, le récit de nos misères de grands enfants.
Elle ne paraissait jamais surprise, pas même de nos
enfantillages les plus audacieux, les plus dangereux. Cette
tendresse attentive qu'elle tenait de M. de Galais, les
aventures déplorables de son frère ne l'avaient point

�734

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

lassée. Le seul regret que lui inspiràt le passé, c'était, je
pense, de n'avoir point encore été pour son frère une
confidente assez intime, puisque, au moment de sa grande
débâcle, il n'avait rien osé lui dire, non plus qu'a personne, et s'était jugé perdu sans recours. Et c'était là,
quand j'y songe, une lourde tAche qu'avait assumée la
jeune femme, - tkhe périlleuse, de seconder un esprit
follement chimériqt1e, comme son frère; dche écrasante,
quand il s'agissait de lier partie avec ce cœur aventur~
qu'était mon ami le grand Meaulnes.
De cette foi qu'elle gardait dans les rêves enfantins de
son frère, de ce soin qu'elle apportait à lui conserver au
moins des bribes de ce rêve dans lequel il avait v&amp;:u
jusqu'à vingt ans, elJe me donna un jour la preuve la plus
~ucbante et je dirai presque la plus mystérieuse,
Ce fut par une soirée d'avril désolée comme une fin
d'automne. Depuis près d'un mois nous vivions dans un
doux printemps prématuré, et la jeune femme avait repris
en compagnie de M. de Galais les longues promenades
qu'elle aimait. Mais ce jour-là, le vieillard se trouvant
fatigué et moi-même libre, elle me demanda de l'accompagner malgré le temps menaçant. A plus d'une demilieue des Sablonnières, en longeant l'étang, l'orage, la
pluie, la grêle nous surprirent. Sous le hangar où nous
nous étions abrités contre l'averse interminable, le vent
nous glaçait, debout l'un près de l'autre, pensifs, devant le
paysage noirci. Je la revois, dans sa douce robe sévère,
toute p!lie, toute tourmentée,
- Il faut rentrer, disait-elle. Nous sommes partis
depuis si longtemps. Qu'a-t-il pu se passer ?

LI GRAND MEAULNES

735

Mais, à mon étonnement, lori.qu'il nous fut possible
enfin de quitter notre abri, la jeune femme, au lieu de
revenir vers les Sablonnières, continua son chemin et me
demanda de la suivre. Nous arrivimes, après avoir longtemps marché, devant une maison que je ne connaissais
pas, isolée au bord d'un chemin défoncé qui devait aller
vers Préveranges. C'était une petite maison bourgeoise,
couverte en ardoises, et que rien ne distinguait du type
US11el dans ce pays, sinon son éloignement et son isolement.
A voir Yvonne de Galais on et\t dit que cette maison
nous appartenait et que nous l'avions abandonnée durant
un long voyage. Elle ouvrit, en se penchant, une petite
grille, et se hàta d'inspecter avec inquiétude le lieu solitaire. Une grande cour herbeuse, où des enfants avaient dü
Ytnir jouer pendant les longues et lentes soirées de la fin
de l'hiver, était ravinée par l'orage. Un cerceau trempait
dam une flaque d'eau. Dans les jardinets, 011 les enfants
anient semé des fleurs et des pois, la grande pluie n'avait
laiS5é que des traînées de gravier blanc. Et enfin nous
cUcouvrtmes, blottie contre le seuil d'une des portes
mouillées, toute une couvée de poussins transpercée par
l'averse. Presque tous étaient morts sous les ailes raidies et
la plumes fripées de la mère.
A ce spectacle pitoyable, la jeune femme eut un cri
«ouffé, Elle se pencha et, sans souci de l'eau ni de la
boue, triant les pous ins vivants d'entre les morts, elle les
mit dans un pan de son manteau. Puis nous entrâmes
dans la maison dont elle avait la clef. Quatre portes
ouvraient sur un étroit couloir où le vent s'engouffra en
sifflant. Yvonne de Galais ouvrit la première à notre
droite et me fit pénétrer dans une chambre sombre, où je

�736

1

L

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

distinguai, après un moment d'hésitation, une grande glace
et un petit lit recouvert, à la mode campagnarde, d'un
édredon de soie rouge. Quant à elle, après avoir cherché
un instant dans le reste de l'appartement, elle revint,
portant la couvée malade dans une corbeille garnie de
duvet, qu'elle glissa précieusement sous l'édredon. Et,
tandis qu'un rayon de soleil languissant, le premier et le
dernier de la journée, faisait plus piles nos visages et plus
obscure la tombée de la nuit, nous étions là, debout,
glacés et tourmentés, dans la maison étrange !
D'instant en instant, elle allait regarder dans le nid
fiévreux, enlever un nouveau poussin mort pour l'emp~cher de faire mourir les autres. Et chaque fois il nous
semblait que quelque chose, comme un grand vent par
les carreaux cassés du grenier, comme un chagrin mystérieux d'enfants inconnus, se lamentait silencieusement.
- C'était ici, me dit enfin ma compagne, la maison
de Frantz quand il était petit. Il avait voulu une maison
pour lui tout seul, loin de tout le monde, dans laquelle
il ptlt aller jouer, s'amuser et vivre quand cela lui plairait.
Mon pere avait trouvé cette fantaisi~ si extraordinaire, si
drélle, qu'il ne lui avait pas refusé. Et quand cela lui plaisait,
un jeudi, un dimanche, n'importe quand, Frantz partait
pour habiter dans sa maison, comme un homme. Les enfants
des fermes d'alentour venaient jouer avec lui, l'aider à faire
son ménage, travailler dans le jardin. C'était un jeu
merveilleux ! Et le soir venu, il n'avait pas peur de coucher tout seul. Quant à nous, nous l'admirions tellement,
que nous ne songions pas même à être inquiets.
" Maintenant et depuis longtemps, poursuivit-elle avec
un soupir, la maison est vide. M. de Galais frappé par

LE GRAND MEAULNE$

737

!'Age et le chagrin n'a jamais rien fait pour retrouver ni
rappeler mon frère. Et que pourrait-il tenter ?
" Moi je passe ici bien souvent. Les petits paysans
des environs viennent jouer dans la cour comme autrefois.
Et je me plais à imaginer que ce sont les anciens amis de
Frantz; que lui-m~me est encore un enfant et qu'il va
revenir bientôt avec la fiancée qu'il s'était choisie.
" Ces enfants-là me connaissent bien.Je joue avec eux.
Cette couvée de ,petits poulets était à nous... "
Tout ce grand c:hagrin dont elle n'avait jamais rien dit,
ce grand regret d'avoir perdu son frère si fou, si charmant
et si admiré, il avait fallu cette averse et cette débkle
enfantine pour qu'elle me les confiit. Et je l'écoutais sans
rien répondre, le cœur tout gonflé de sanglots...
Les portes et la grille refermées, les poussins remis dans
la cabane en planches qu'il y avait derrière la maison, elle
reprit tristement mon bras et je la reconduisis ...
Des semaines, des mois passèrent. Epoque passée
Bonheur perdu l De celle qui avait été la fée, la princesse
et l'amour mystérieux de toute notre adolescence, c'est à
moi qu'il était échu de prendre le bras et de dire ce qu'il
fallait pour adoucir son chagrin, tandis que mon compagnon avait fui. De cette époque, de ces conversations,
le soir, après la classe que je faisais sur la côte de
' Saint-Benoist des Champs, de ces promenades où la seule
chose dont il eôt fallu parler était la seul~ sur laquelle
nous étions décidés à nous taire, que pourrais-je dire à
présent ? Je n'ai pas gardé d'autre souvenir que celui, à
demi effacé déjà, d'un beau visage amaigri, de deux yeux
dont les paupieres s'abaissent lentement tandis qu'ils me

�738

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

regardent, comme pour déjà ne plus voir qu'un monde
intérieur ...
Et je suis demeuré son compagnon fidèle - compagnon d'uhe attente dont nous ne parlions pas - durant
tout un printemps et tout un été comme il n'y en aura
jamais plus. Plusieurs fois, nous retournimes, l'après-midi,
à la maison de Frantz. Elle ouvrait les portes pour donner
de l'air, pour que rien ne ftît moisi quand le jeune ménage
reviendrait. Elle s'occupait de la volaille à demi sauvage
qui gîtait dans la basse-cour. Et, le jeudi ou le dimanche,
nous encouragions les jeux des petits campagnards d'alentour, dont les cris et les rires, dans le site solitaire,
faisaient paraître plus déserte et plus vide encore la petite
maison abandonnée,
CHAPITRE XI
CONVERSATION SOUS LA PLUIE

Le mois d'ao-ilt, époque des vacances, m'éloigna des
Sablonnières et de la jeune femme. Je dus aller passer
Sainte-Agathe mes deux mois de congé. Je revis la
grande cour sèche, le préau, la classe vide ... Tout parlait
du grand Meaulnes. Tout était rempli des souvenirs de
notre adolescence déjà finie. Pendant ces longues journées jaunies, je m'enfermais comme jadis, avant la venue
de Meaulnes, dans le Cabinet des Archives, dans les
classes désertes, Je lisais, j'écrivais, je me souvenais... Mon
père était à la pêche au loin. Millie, dans le salon,
cousait ou jouait du piano comme jadis... Et dans le
silence absolu de la classe, où les couronnes de papier vert

a

LE GRAND MEAULNES

739

déchirées, les enveloppes des livres de prix, les tableaux
q,ongés, tout disait que l'année était finie, les récompenses distribuées, tout attendait l'automne, la rentrée
d'octobre et le nouvel effort - je pensais de même que
notre jeunesse était finie et le bonheur manqué ; moi
aussi j'attendais la rentrée aux Sablonnières et le retour
d'Augustin qui peut-être ne reviendrait jamais...
Il y avait cependant une nouvelle heureuse que j'annonçai à Millie, lorsqu'elle se décida à m'interroger sur
la nouvelle mariée. Je redoutais ses questions, sa façon à
la fois très innocente et très maligne de vous plonger
soudain dans l'embarras en mettant le doigt sur votre
pensée la plus secrète.Je coupai court à tout, en annonçant
que la jeune femme de mon ami Meaulnes serait mère
au mois d'octobre.
A part moi, je me rappelai le jour où Y von ne de Galais
m'avait fait comprendre cette grande nouvelle. Il y avait
eu un silence; de ma part, un léger embarras, de jeune
homme. Et j'avais dit tout de suite, inconsidérément,
pour le dissiper - songeant trop tard à tout le drame
que je remuais ainsi :
- Vous devez être bien heureuse ?
Mais elle, sans arriere-pensée, sans regret, ni remords,
lli rancune, elle avait répondu avec un beau sourire de

bonheur :
-

Oui, bien heureuse.

Durant cette dernière semaine des vacances, qui est en
général la plus belle et la plus romantique, semaine de
grandes pluies, semaine où l'on commence à allumer les
feux, et que je passais d'ordinaire à chasser dans les sapins

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

noirs et mouillés du Vieux-Nançay, je fis mes préparatifs
pour rentrer directement à Saint-Benoist des Champs.
Firmin, ma tante Julie et mes cousines du Vieux-Nançay,
m'eussent posé trop de questions auxquelles je ne voulais
pas répondre, Je renonçai pour cette fois à mener durant
huit jours la vie enivrante de chasseur campagnard et je
regagnai ma maison d'école quatre jours avant la rentrée
des classes.
J'arrivai avant la nuit dans la cour déjà tapissée de
feuilles jaunies. Le voiturier parti, je déballai tristement
dans la salle à manger sonore et " renfermée ", le paquet
de provisions Gue m'avait fait maman ... Après un léger
repas du bout des dents, impatient, anxieux, je mis ma
pelerine et partis pour une fiévreuse promenade qui me
mena tout droit aux abords des Sablonnières.
Je ne voulus pas m'y introduire en intrus dès le
premier soir de mon arrivée. Cependant, plus hardi
qu'en février, après avoir tourné tout autour du Domaine
où brillait seule la fenêtre de la jeu.ne femme, je franchis,
derrière la ma,ison, la clôture du jardin et m'3$iS sur un
banc contre la haie, dans l'ombre commençante, heureux
simplement d'être là, tout près de ce qui me passionnait
et m'inquiétait le plus au monde.
La nuit venait. Une pluie fine commençait à tomber.
La tête basse, je regardais, sans y songer, mes souliers
se mouiller peu à peu et luire d'eau. L'ombre m'entourait lentement et la fraîcheur me gagnait sans troubler ma rêverie. Tendrement, tristement je rêvais aux
chemins boueux de Sainte-Agathe, par ce même soir
de fin septembre ; j'imaginais la place pleine de brume,
le garçon boucher qui siffle en allant à 1a pompe,

LE GRAND MEAULNES

74 1

le café illuminé, la joyeuse voiturée avec sa carapace
de parapluies ouverts qui arrivait avant la fin des
vacances, chez l'oncle Florentin •.• Et je me disais tristement : Qu'importe tout ce bonheur, puisque Meaulnes,
mon compagnon, ne peut pas y être, ni sa jeune
femme ...
C'est alors que, levant la tête, je la vis à deux pas de
moi. Ses souliers, dans le sable, faisaient un bruit léger que
j'avais confondu avec celui des gouttes d'eau de la haie.
Elle avait sur la tête et les épaules un grand fichu de
laine noire, et la pluie fine poudrait sur son front ses
cheveux, Sans doute de sa chambre m'avait-elle aperçu
par la fenêtre qui donnait sur le jardin. Et elle venait vers
moi. Ainsi ma mère, autrefois, s'inquiétait et me cherchait
pour me dire : "Il faut rentrer ... ,,, mais ayant pris gmlt à
cette promenade sous la pluie et dans la nuit, elle disait
seulement avec douceur : " Tu vas prendre froid l " et
restait en ma compagnie à causer longuement...
Yvonne de Galais me tendit une main bnllante, et,
renonçant à me faire entrer aux Sablonnières, elle s'assit
sur le banc moussu et vert-de-grisé, du côté le moins
mouillé, tandis que, debout, appuyé du genou à ce même
banc, je me penchais vers elle pour l'entendre.
Elle me gronda d'abord amicalement pour avoir ainsi
écourté mes vacances.
- Il fallait bien, répondis-je, que je vinsse au plus tôt
pour vous tenir compagnie.
- II est vrai, dit-elle presque tout bas avec un soupir,
je suis seule encore, Augustin n'est pas revenu ...
Prenant ce soupir pour un regret, un reproche étouffé,
je commençais à dire lentement :

�742

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

- Tant de folies dans une si noble tête I Peut-être le
gotît des aventures, plus fort que tout ...
Mais la jeune femme m'interrompit. Et ce fut en ce
lieu, ce soir-là, que pour la première et la dernière fois
elle me parla de Meaulnes.
- Ne parlez pas ains4 dit-elle doucement, François
Seure!, mon ami. Il n'y a que nous - il n'y a que moi
de coupable. Songez à ce que nous avons fait. .•
" Nous lui avons dit : voici le bonheur, voici ce que
tu as cherché pendant toute ta jeunesse, voici la jeune
fille qui était à la fin de tous tes rêves !
" Comment celui que nous poussions ainsi par les
épaules n'aurait-il pas été saisi d'hésitation, puis de crainte,
puis d'épouvante, et n'aurait-il pas cédé à la tentation de
s'enfuir!
- Yvonne, dis-je tout bas, vous saviez bien que vous
étiez ce bonheur-là, cette jeune fille-là ..•
- Ah l soupira-t-elle. Comment ai-je pu un instant
avoir cette pensée orgueilleuse ! C'est cette pensée-là qui
est cause de tout.
'' Je vous disais : " Peut-être que je ne puis rien faire
pour lui. " Et au fond de moi je pensais : " Puisqu'il m'a
tant cherchée et puisque je l'aime, il faudra bien que je
fasse son bonheur". Mais quand je l'ai vu près de moi, avec
toute sa fièvre, son inquiétude, son remords mystérieux,
j'ai compris que je n'étais qu'une pauvre femme comme
les autres...
" - Je ne suis pas digne de vous, répétait-il, quand
ce fut le petit jour et la fin de la nuit de nos noces.
" Et j'essayais de le consoler, de le rassurer. Rien ne
calmait son angoisse. Alors j'ai dit :

U

GRAND MEAULNES

743

'' - S'il faut que vous partiez ; si je suis venue vers
vous au moment où rien ne pouvait vous rend re heureux,
s'il faut que vous m'abandonniez un temps pour ensuite
revenir apaisé pres de moi, c'est moi qui vous demande
de partir ...
Dans l'ombre je vis qu'elle avait levé les yeux sur moi.
C'était comme une confession qu'elle m'avait faite, et
elle attendait de moi, anxieusement, que je l'approu ve ou
la condamne. Mais que pouvais-je dire ? Certes, au fond
de moi, je revoyais le grand Meaulnes de jadis, gauche et
sauvage, qui se faisait toujours punir plut6t que de
s'excuser ou de demander une permission qu'on lui eltt
certainement accordée. Sans doute aurait-il fallu
qu'Yvonne de Galais lui fît violence, et lui prenant la
tête entre ses mains, lui dit: " Qu'importe ce que vous
avez fait ; je vous aime ; tous les hommes ne sont-ils pas
des pécheurs?" Sans doute avait-elle eu grand tort, par
gEnérosité, par esprit de sacrifice, de le rejeter ainsi sur
la route des aventures.•• Mais comment aurais-je pu
d&amp;approuver tant de bonté, tant d'amour !..
Il y eut un long moment de silence, pendant lequel,
troublés jusqu'au fond du cœur, nous entendions la
pluie froide dégoutter dans les haies et sous les branches

des arbres.
- Il est donc parti au matin, poursuivit-elle. Plus rien
ne nous séparait désormais. Et il m'a embrassée simplement comme un mari qui laisse sa jeune femme, avant
un long voyage ...
Elle se levait. Je pris dans la mienne sa main fiévreuse
puis son bras et nous remontAmes l'allée dans l'obscurité
profonde.

�744

LA

NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

- Pourtant il ne vous a jamais écrit ? demandai-je.
- Jamais, répondit-elle.
Et alors, la pensée nous venant à tous deux de la vie
aventureuse qu'il menait à cette heure, sur les routes de
France ou d'Allemagne, nous commençimes à parler de
lui comme nous ne l'avions jamais fait. Détails oubliés,
impressions anciennes nous revenaient en mémoire, tandis que lentement nous regagnions la maison, faisant à
chaque pas de longues stations pour mieux échanger nos
souvenirs ... Longtemps - jusqu'aux barrieres du jardin
- dans l'ombre, j'entendis la précieuse voix basse de la
jeune femme ; et moi, repris par mon vieil enthousiasme,
je lui parlais sans me lasser, avec une amitié profonde, de
celui qui nous avait abandonnés...

CHAPITRE XII
LE FARDEAU

La classe devait recommencer le lundi. Le samedi soir,
vers cinq heures, une femme du Domaine entra dans la
cour de l'école ou j'étais occupé à scier du boi; pour
l'hiver. Elle venait m'annoncer qu'une petite füle était
née aux Sablonnieres. L'accouchement avait été difficile.
A neuf heures du soir il avait fallu demander la sagefemme de Préveranges. A minuit, on avait attelé de
nouveau pour aller chercher le médecin de Vierzon. Il
avait d(1 appl iquer les fers. La petite fille avait la tete
blessée et criait beaucoup, mais elle paraissait bien en 1•it.
Yvon ne de Galais était maintenant tres affaissée, mais elle
avait souffert et résisté avec une ,,ailJance extraordinaire.

L1! GRAND MEAULNES

745

Je laissai là mon travail, courus revêtir un autre paletot,
et co11tent, en somme, de ces nouvelles, je suivis la
bonne femme jusqu'aux Sablonnieres. Avec précaution,
de crainte que quelqu'un des deux blessés ne fôt endormi, je montai par l'étroit escalier de bois qui menait au
premier étage. Et là, M. de Galais, le visage fatigué
mais heureux, me fit entrer dans la chambre où l'on avait
provisoirement installé le berceau entouré de rideaux.
Je n'étais jamais entré dans une maison où f(lt né le
jour même un petit enfant. Que cela me paraissait bizarre
et mystérieux et bon ! Il faisait un soir si beau un
v6-itable soir d'été - que M. de Galais n'avait pas
craint d'ouvrir la fenêtre qui donnait sur la cour. Accoudé près de moi sur l'appui de la croisée, il me racontait,
avec épuisement et bonheur, le drame de la nuit ; et moi
qui l'écoutais, je sentais obscurément que quelqu'un
d'étranger était maintenant avec nous dans la chambre...
Sous les rideaux, cela se mit à crier, un petit cri aigre
et prolongé ... Alors M. de Galais me dit à demi-voix :
- C'est cettt blessure à la tête qui la fait crier.
Machinalement - on sentait qu'il faisait cela depuis
le matin et que déjà il en avait pris l'habitude - il se
mit à bercer le petit paquet de rideaux.
- Elle a ri déjà, dit-il, et elle prend le doigt. Mais
vous ne l'avez pas vue ?
Il ou1•rit les rideaux et je vis une rouge petite figure
bouffie, un petit crfoe allongé et déformé par les fers :
- Ce n'est rien, dit M. de Galais. Le médecin a dit
que tout cela s'arrangerait de soi-même... Donnez-lui
votre doigt, elle va le serrer.
Je découvrais là comme un monde ignoré. Je me sen6

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

LI GRAND MEAULNES

tais le cœur gonflé d'une joie étrange que je ne connaissais pas auparavant...
_
M. de Galais entr'ouvrit avec précaqt1on la porte de la
chambre de la jeune femme. Elle ne dormait pas.
_ Vous pouvez entrer, dit-il.
..
Elle était étendue, le visage enfiévré, au milieu de_ ses
cheveux blonds épars. Elle me tendit la main e~ souna~t
d'un air las. Je lui fis compliment de sa fille. Dune voix
un peu rauque, et avec une rudesse inaccoutumée - la
rudesse de quelqu'un qui revient du combat :
.
- Oui, mais on me l'a abîmée, dit-elle_ en souriant.
Il fallut bient6t partir, pour ne pas la fatiguer.

Le lendemain dimanche, dans l'après-midi, je me ren,
1 ., Afa
dis avec une hâte presque joyeuse aux Sab onmeres.
porte, un écriteau fixé avec des épingles arrêta le geste
que je faisais déjà :
Prière de ne pas sonner.

Je ne devinai pas de quoi il s'agissait. J'entendis a
.
des pas étouffés qui accouraient. Quelqu'un
1,.mt éneur
• d
que je ne connaissais pas - et qui était le médecin e
Vierzon - m' ouvrit :
_ Eh bien ! qu'y a-t-il ? fis-je vivement.
,.
_ Chut ! chut ! _ me répondit-il tout ~as, 1a~
Îkhé. - La petite fille a failli mourir cette nuit. Et
mère est très mal.
.
d
Complétement déconcerté je le suivis sur la pointe ~
. étage. L a petite
. fille endormie
pieds jusqu'au premier
dans son berceau était toute pile, toute blanche, comme
un petit enfant mort. Le médecin pensait la sauver,

a

747

Quant la mère, il n'affirmait rien ... Il me donna de
longues explications comme au seul ami de la famille. Il
parla de congestion pulmonaire, d'embolie. Il hésitait; il
n'était pas sür... M. de Galais entra, affieusement vieilli
en deux jours, hagard et tremblant.

Il m'emmena dans la chambre sans trop savoir cc
qu'il faisait :
-

TI faut, me dit-il tout bas, qu'elle ne soit pas
effi-ayée. Il faut, a ordonné le médecin, lui persuader que
cela va bien,
Tout le sang à la figure, Yvonne de Galais était
étendue, la tête renversée comme la veille. Les joues et
le front rouge sombre, les yeux par instants révulsés,
comme quelqu'un qui étouffe, elle se défendait contre la
mort avec un courage et une douceur indicibles.
Elle ne pouvait parler, mais elle me tendit sa main en
feu, avec tant d'amitié, que je faillis éclater en sanglots.
- Eh bien ! eh bien ! dit M. de Galais très fort, avec
un enjouement affi-eux, qui semblait de folie, vous voyez;
que pour une malade elle n'a pas trop mauvaise mine l
Et je ne savais que répondre, mais je gardais dans la
mienne la main horriblement chaude de la jeune femme
mourante ...
Elle voulut-faire un effort pour me dire quelque chose,

me demander je ne sais quoi ; elle tourna les yeux vers
moi, puis vers la fenêtre, comme pour me faire signe
d'aller dehors chercher quelqu'un... Mais alors une
afti-euse crise d'étouffement la saisit ; ses beaux yeux bleus
qui, un instant, m'avaient appelé si tragiquement, se
révulsèrent ; ses joues et son front noircirent, et elle se
débattit doucement, cherchant à contenir jusqu'a la fin

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

son épouvante et son désespoir. On se précipita - les
médecins et les femmes - avec un ballon d'oxygenc,
des serviettes, des flacons ; tandis que le vieillard penché
sur elle criait - criait comme si déja elle eüt été bien
loin de lui, de sa voix rude et tremblante :
- N'aie pas peur, Yvonne. Ce ne sera rien. Tu n'as
pas besoin d'avoir peur !
Puis la crise s'apaisa. Elle put souffier un peu, mais
elle continua à suffoquer à demi, les yeux blancs, la tête
renversée, luttant toujours, mais incapable, fM-ce un
instant, pour me regarder et me parler, de sortir du
gouffre où elle était déjà plongée.
... Et comme je n'étais utile à rien, je dus me
décider à partir. Sans doute, j'aurais pu rester un instant
encore ; et à cette pensée je me sens étreint :Par un
affieux regret. Mais quoi ? J'espérais encore. Je me per-

LE GRAND MEAULNES

749

heures, il y avait déjà. deux ou trois gamins dans la cour.
fhésitai longuement descendre, à me montrer. Et lorsque

a

je _parus e nfin, t~urnant la clef de la classe moisie, qui
1

était fermee depuis deux mois, ce que je redoutais le plus
au monde arriva : je vis le plus grand des écoliers se
détacher du groupe qui jouait sous le préau et s'approcher
de moi. Il venait me dire " gue la jeune dame des Sablonnieres était morte depuis hier à la tombée de la nuit".
Tout se mêle pour moi, tout se confond dans cette
d~ule~r. Il me semble maintenant gue jamais plus je
n aurai le courage de recommencer la classe. Rien que
traver~er la cour aride de l'école, c'est une fatigue qui va
me briser les genoux. Tout est pénible tout est amer
. '
,
'
pu1sgu elle est morte. Le monde est vide, les vacances
sont finies. Finies, les longues courses perdues en voiture .
6:1ie,_ la fête mystérieuse •.. Tout redevient la peine qu:
C était.

suadais que tout n'était pas si proche.
En arrivant à la lisière des sapins, derrière la maison,
songeant au regard de la jeune femme tourné vers la
fenêtre, j'examinai avec l'attention d'une sentinelle ou
d'un chasseur d'hommes la profondeur de ce bois par ou
Augustin était venu jadis et par où il avait fui l'hiver

ce matin. Ils s'en vont, par petits groupes, porter cette
~ouvelle aux autres à travers la campagne. Quant à moi,
Je ~ren~s mo~ ch~peau noir, une jaquette bordée que j'ai,
et Je m en vais misérablement vers les Sablonnières.,.

précédent. Hélas ! Rien ne bougea. Pas une ombre suspecte ; pas w1e branche qui remue. Mais, a la lon~e,
là-bas, vers l'allée qui venait de Préveranges, j'entendis le
son tres fin d'une clochette ; bient&amp;t parut au détour du
sentier un enfant avec une calotte rouge et une blouse
d'écolier que suivait un prêtre .•. Et je partis, dévorant

· · • Me voici devant la maison que nous avions tant
cherchée il y a trois ans ! C'est dans cette maison
qu'Yvonne de Galais, la femme d'Augustin Meaulnes,
est morte hier soir. Un étranger la prendrait pour
une chapelle, tant il s'est fait de silence depuis hier dans
ce lieu désolé.

mes larmes.
Le lendemain-étaitle jour de la rentrée des classes. A sept

J'ai dit aux enfants qu'il n'y aurait pas de classe

Voici donc ce que nous réservait ce beau matin de

rentrée, ce perfide soleil d'automne qui glisse sous les
branches. Comment lutterais-je contre cette affreuse

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

révolte, cette suffocante montée de larmes! Nous avions
retrouv~ la belle jeune fille. Nous l'avions conquise. Elle
était la femme de mon compagnon et moi je l'aimais de
cette amitié profonde et secrète qui ne se dit jamais. Je
la regardais et j'étais content, comme un petit enfant.
J'aurais un jour peut-être épousé une autre jeune fille,
et c'est à elle la première que j'aurais confié la grande
nouvelle secrète ...
Près de la sonnette, au coin de la porte, on a lai~
l'écriteau d'hier. On a déjà apporté le cercueil dans le
vestibule, en bas. Dans la chambre du premier, c'est la
nourrice de l'enfant qui m'accueille, qui me raconte la fin
et qui entr'ouvre doucement la porte ... La voici. Plus de
fièvre ni de combats. Plus de rougeur, ni d'attente ... Rien
que le silence, et, entouré d'ouate, un dur visage insensible et blanc, un front mort d'où sortent les cheveux
drus et durs.
M. de Galais, accroupi dans un coin, nous tournant le
dos, est en chaussettes, sans souliers, et il fouille avec une
terrible obstination dans des tiroirs èn désordre, arrachés
d'une armoire. Il en sort de temps à autre, avec une crise
de sanglots qui lui secoue les épaules comme une crise de
rire une photographie ancienne, déjà jaunie, de sa fille.
'
. la
L'enterrement
est pour midi. Le médecin craint
décomposition rapide, qui suit parfois les embolies. C'est
pourquoi le visage, comme tous le corps d'ailleurs, est
entouré d'ouate imbibée de phénol.
L'habillage terminé - on lui a mis son admirable
robe de velours bleu sombre, semée par endroits de
petites étoiles d'argent, mais il a fallu aplatir et friper les
belles manches à gigot maintenant démodées - au

LE GRAND MEAULNES

75 1

moment de faire monter le cercueil, on s'est aperçu
qu'il ne pourrait pas tourner dans le couloir trop étroit.
Il faudrait avec une corde le hisser du dehors par la
fenêtre et de la même façon le faire descendre ensuite ...
Mais M. de Galais, toujours penché sur de vieilles
choses parmi lesquelles il cherche on ne sait quels
souvenirs perdus, intervient alors avec une véhémence
terrible.
- Plutôt, dit-il d'une voix coupée par les larmes et la
colère, plutôt que de laisser faire une chose aussi affreuse,
c'est moi qui la prendrai et la descendrai dans mes bras ...
Et il ferait ainsi, au risque de tomber en faiblesse, à
mi-chemin, et de s'écrouler avec elle l
Mais alors je m'avance; je prends le seul parti possible:
avec l'aide du médecin et d'une femme, passant un bras
sous le dos de la morte étendue, l'autre sous ses jambes,
je la charge contre ma poitrine. Assise sur mon bras
gauche, les épaules appuyées contre mon bras droit, sa tête
retombante retournée sous mon menton, elle pese terriblement sur mon cœur. Je descends lentement, marche par
marche, le long escalier raide, tandis qu'en bas on apprête
tout.

J'ai bientôt les deux bras cassés par la fatigue. A
chaque marche, avec ce poids sur la poitrine, je suis un
peu plus essouffié. Agrippé au corps inerte et pesant, je
baisse la tête sur la tête de celle que j'emporte, je respire
fortement, et ses cheveux blonds aspirés m'entrent dans la
bouche - des cheveux morts qui ont un g01h de terre.
Ce got1t de terre et de mort, ce poids sur le cœur, c'est
tout ce qui reste pour moi de la grande aventure, et de
vous, Yvonne de Galais, jeune femme tant cherchée tant aimée...

�75 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

CHAPITRE XII
LE CAHIER DE DEVOIRS MENSUELS,

Dans la maison pleine de tristes souvenirs, oil. des
femmes, tout le jour, berçaient et consolaient un tout
petit enfant malade, le vieux M. de Galais ne tarda pas
à s'aliter. Aux premiers grand froids de l'hiver il s'éteignit
paisiblement et je ne pus me tenir de verser des larmes
au chevet de ce vieux homme charmant, dont la pensée
indulgente et la fantaisie alliée à celle de son fils avaient
été la cause de toute notre aventure. Il mourut, fort
heureusement, dans une incompréhension complète de
tout ce qui s'était passé et, d'ailleurs, dans un silence
presque absolu. Cornme il n'avait plus depuis longtemps
ni parents ni amis dans cette région de la France, il
m'institua par testament son légataire universel jusqu'au
retour de Meaulnes, qui je devais rendre compte de
tout, s'il revenait jamais... Et c'est aux Sablonnieres
désormais que j'habitai. Je n'allais plus à Saint-Benoist
que pour y faire la classe, partant le matin de bonne
heure, déjeunant à m idi d'un repas préparé au Domaine,
que je faisais chauffer sur le poêle, et rentrant le soi~
aussitôt après l'étude. Ainsi je pus garder près de moi
l'enfant que les servantes de la ferme soignaient. Surtout
j'augmentais mes chances de rencontrer Augustin, s'il

a

rentrait un jour aux Sablonnières.
Je ne désespérais pas, d'ailleurs, de découvrir à la
longue dans les meubles, dans les tiroirs de la maison,
quelque papier, quelque indice qui me permît de connaitre

LE GRAND MEAULNES

753

l'emploi de son temps, durant le long silence des année5
précédentes - et peut-être ainsi de saisir les raisons de sa
fuite ou tout au moins de retrouver sa trace ... J'avais
déja vainement inspecté je ne sais combien de placards
et d'armoires, ouvert, dans les cabinets de débarras, une
quantité d'anciens cartons de toutes formes, qui se
trouvaient tantôt remplis de liasses de vieilles lettres et de
photographies jaunies de la famille de Galais, tantôt
bondés de fleurs artificielles, de plumes, d'aigrettes et
d'oiseaux démodés. Il s'échappait de ces boîtes je ne sais
quelle odeur fanée, quel parfum éteint, qui, soudain,
réveillaient en moi pour tout un jour les souvenirs, les
regrets, et arrêtaient mes recherches ...
Un jour de congé, enfin, j'avisai au grenier une vieille
petite malle longue et basse, couverte de poils de porc à
demi rongés, et que je reconnus pour être la malle d'écolier
d'Augustin. Je me reprochai de n'avoir point commencé
par là mes recherches. J'en fis sauter facilement la serrure
rouillée. La malle était pleine jusqu'au bord des cahiers
et des livres de Sainte-Agathe. Arithmétiques, littératures,
cahiers de problèmes, que sais-je ?... Avec attendrissement
plutôt que par curiosité, je me mis à fouiller dans tollt cela,
relisant les dictées que je savais encore par cœur, ta.nt de
fois nous les avions recopiées!" L' Aqueduc" de Rousseau,
"Une aventure en Calabre" de P.-L. Courier, "Lettre
de George Sand à son fils " ...
Il y avait aussi un "Cahier de De voirs Mensuels".
J'en fus surpris, car ces cahiers restaient au Cours et les
élèves ne les emportaient jamais au dehors. C'était un
cahier vert tout j&lt;\uni sur les bords. Le nom de l'élève,
Augustin Meaulner, était écrit sur la couverture en ronde

�754

I

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

magnifique. Je l'ouvris. A la date des devoirs, avril x89 ... ,
je reconnus gue Meaulnes l'avait commencé peu de jours
avant de quitter Sainte-Agathe. Les premières pages
étaient tenues avec le soin religieux qui était de règle
lorsqu'on travaillait sur ce cahier de compositions, Mais il
n'y avait pas plus de trois pages écrites, le reste était blanc
et voila pourquoi Meaulnes l'avait emporté,
Tout en réfléchissant, agenouillé par terre, a ces coutumes, a ces règles puériles qui avaient tenu tant de place
dans notre adolescence, je faisais tourner sous mon pouce
le bord des pages du cahier inachevé. Et c'est ainsi que
je découvris de l'écriture sur d'autres feuillets. Après quatre
pages laissées en blanc on avait recommencé à écrire.
C'était encore l'écriture de Meaulnes, mais rapide, mal
tormée, à peine lisible ; de petits paragraphes de largeurs
inégales, séparés par des lignes blanches. Parfois ce n'était
qu'une phrase inachevée. Quelquefois une date. Dès la
première 11gne, je jugeai qu'il pouvait y avoir la des
renseignements sur la vie passée de Meaulnes à Paris, des
indices sur la piste que je cherchais, et je descendis dans
la salle à manger, pour parcourir à loisir, à la lumière du
jour, l'étrange document. Il faisait un jour d'hiver clair et
agité, Tant6t le soleil vif dessinait les croix des carreaux
sur les rideaux blancs de la fenêtre ; tantM un vent brusque
jetait aux vitres une averse glacée. Et c'est devant cette
fenêtre, auprès du feu, que je lus ces lignes qui m'expliquèrent tant de choses et dont voici la copie tres
exacte ...

LE GRAND MEAULNES

755

CHAPITRE XIV
LE SECRET

" Je suis passé une fois encore sous sa fenêtre. La vitre
est toujours poussiéreuse et blanchie par le double rideau
qui est derrière. Yvonne de Galais l'ouvrirait-elle que je
n'aurais rien à lui dire puisqu'elle est mariée ... Que faire,
maintenant ? Comment vivre ?...
Samedi I 3 février. - J'ai rencontré, sur le quai, cette
jeune fille qui m'avait renseigné au mois de juin, qui attendait comme moi devant la maison fermée ... Je lui ai parlé.
Tandis qu'elle marchait, je regardais de caté. les légers
défauts de son visage : une petite ride au coin des lèvres,
un peu d'affaissement aux joues, et de la poudre accumulée aux ailes du nez. Elle s'est retournée tout d'un coup
et me regardant bien en face, peut-être parce qu'elle es
plus belle de face que de profil, elle m'a dit d'une voix
brève :
- Vous m'amusez beaucoup. Vous me rappelez un
jeune homme qui me faisait la cour, autrefois, à Bourges.
Il était même mon fiancé ...
Cependant, à la nuit pleine, sur le trottoir désert et
mouillé qui reflète la lueur d'un bec de gaz, elle s'est
approchée de moi tout d'un coup, pour me demander de
l'emmener ce soir au théitre avec sa sœur. Je remarque
pour la première fois qu'elle est habillée de deuil, avec un
chapeau de dame trop vieux pour sa jeune figure, un

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

haut parapluie fin pareil a une canne. Et comme je suis
tout près d'elle, quand je fais un geste mes ongles griffent
le crêpe de son corsage ... Je fais des difficultés pour accorder ce qu'elle demande. Fkhée, elle veut partir tout de
suite. Et c'est moi, maintenant, qui la retiens et la prie,
Alors un ouvrier qui passe dans l'obscurité plaisante à
ml-VOIX:

N'y va pas, ma petite, il te ferait mal !
Et nous sommes restés, tous les deux, interdits.

LE GRAND MEAULNES

757

boulevard. Mais à son tour, elle m'a posé des questions
si gênantes que je n'ai su rien répondre. Je sens que
désormais nous serons, tous les deux, muets sur ce sujet.
Et pourtant je sais aussi que je la reverr-ai. A quoi bon ?
Et pourquoi ?... Suis-je condamné maintenant à suivre à
la trace tout être qui portera en soi le plus vague, le plus
lointain relent de mon aventure manquée? ...

-

Au théitre. - Les deux jeunes filles, mon amie qui
s'appelle Valentine Blondeau et sa sœur, sont arrivées avec
de pauvres écharpes.
Valentine est placée devant moi. A chaque instant elle
se retourne, inquiète, comme se demandant ce que je lui
veux. Et moi, je me sens, près d'elle, presque heureux;
je lui réponds chaque fois par un sourire.
Tout autour de nous, il y avait des femmes trop décolletées. Et nous plaisantions. Elle souriait d'abord, puis
elle a dit : " Il ne faut pas que je rie. Moi aussi je suis
trop décolletée. " Et elle s'est enveloppée dans son
écharpe. En effet, sous le carré de dentelle noire, on
voyait que, dans sa hAte à changer de toilette, elle avait
refoulé le haut de sa simple chemise montante.

A minuit, seul, dans la rue déserte, je me demande ce
que me veut cette nouvelle et bizarre histoire ? Je marche
le long des maisons pareilles a des boîtes en carton alignées
dans lesquelles tout un peuple dort. Et je me sou viens
tout à coup d'une décision que j'avais prise l'autre mois :
j'avais résolu d'aller la-bas en pleine nuit, vers une heure
du matin, de contourner l'h6tel, d'ouvrir la porte du jardin,
d'entrer comme un voleur et de chercher un indice quelconque qui me permît de retrouver le Domaine perdu,
pour la revoir, seulement la revoir ... Mais je suis fatigué.
fai faim. Moi aussi je me suis hâté de changer de costume, avant le théitre, et je n'ai pas dîné... Agité, inquiet
pourtant, je reste longtemps assis sur le bord de mon lit,
avant de me coucher, en proie à un vague remords.
Pourquoi?

Je
Il y a en elle je ne sais quoi de pauvre et de puéril;
il y a dans son regard je ne sais quel air souffrant et
hasardeux qui m'attire. Pres d'elle, le seul être au
monde qui ait pu me renseigner r.ur les gens du Domaine,
je ne cesse de penser à mon étrange aventure de jadis...
J'ai voulu l'interroger de nouveau sur le petit h6tel du

note encore ceci : Elles n'ont pas voulu ni que je

les reconduise, ni me dire où elles demeuraient. Mais je
les ai suivies aussi longtemps que j'ai pu. Je sais qu'elles
habitent une petite rue qui tourne aux environs de NotreDame. Mais à quel numéro ?... J'ai deviné qu'elles
Etaient couturieres ou modistes.
En se cachant de sa sœur, Valentine m'a donné

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

a

rendez-vous pour jeudi, quatre heures, devant le même
thé1tre où nous sommes allés.
- Si je n'étais pas là demain, a-t-elle dit, revenez
vendredi à la même heure, pu:is samedi, et ainsi de suite,
tous les jours.
Jeudi 18 février. - Je suis parti pour l'attendre dans
le grand vent qui charrie de la pluie. On se disait
chaque instant : Il va finir par pleuvoir...
_
Je marche dans la demi-obscurité des rues, un pol&lt;ls
sur le cœur. Il tombe une goutte d'eau. Je crains qu'il
ne pleuve : une averse peut l'empêcher de venir. Mais le
vent se reprend à souffler et la pluie ne tombe pas cetfe
fois encore. Là-haut, dans la grise apres-midi du ciel tant6t grise et tant6t éclatante - un grand nuage a dd
céder au vent. Et je suis ici terré dans w1e attente
misérable ...

a

Deva11t le théAtre. - Au bout d'un quart d'heure je
suis certain qu'elle ne viendra pas. Du quai où je suis, je
surveille au loin, sur le pont par l~quel elle aurait dd
venir le défilé des gens qui passent. J'accompagne du
'
. .
regard toutes les jeunes femmes en deuil que je v01s ven'.r
et je me sens presque de la reconnaissance pour celles qui,
le plus longtemps, le plus pres de moi, lui ont ressemblé
et m'ont fait espérer ...
Une heure d'attente, - Je suis las. A la tombée de la
nuit, un gardien de la pabc traîne au poste vo~si~ un
voyou qui lui jette d'une voix étouffé toutes .les m1ures,
toutes les ordures qu'il sait, L'agent est furieux, pile,

LE GRAND MEAULNES

759

muet... Dès le couloir il commence à cogner, puis il
referme sur eux la porte pour battre le misérable tout à
l'aise... Il me vient cette pensée affreuse que j'ai renoncé
au paradis et que je suis en train de piétiner aux portes
de l'enfer.
De guerre lasse, je quitte l'endroit et je gagne cette
rue étroite et basse, entre la Seine et Notre-Dame, où je
connais à peu près la place de leur maison. Tout seul, je
vais et viens. De temps à autre une bonne ou une ménagere sort sous la petite pluie pour faire avant Ja nuit
ses emplettes ... Il n'y a rien, ici, pour moi, et je m'en
vais... Je repasse, dans la pluie claire qui retarde la nuit,
sur la place où nous devions nous attendre. Il y a plus de
monde que tout à l'heure - une foule noire ...
Suppositions - Désespoir - Fatigue - Je me raccroche à cette pensée : demain. Demain, à la même
heure, en ce même endroit, je reviendrai l'attendre. Et
j'ai grand'bate que demain soit arrivé. Avec ennui
j'imagine la soirée d'aujourd'hui, puis la matinée du
lendemain, que je vais passer dans le désœuvrement.. ,
Mais déjà cette journée n'est-elle pas presque finie ?...
Rentré chez moi, pres du feu, f entends crier les journaux du soir. Sans doute, de sa maison perdue quelque
part dans la ville, auprès de Notre-Dame, elle les entend

aussi. ·
Elle... je veux dire : Valentine.
Cette soirée que j'avais voulu escamoter me pese
étrangement. Tandis que l'heure avance, que ce jour-là
va bientôt finir et que déjà je le voudrais fini, il y a des
hommes qui lui ont confié tout leur espoir, tout leur

�LI GRA~D MEAULNES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

· amour et leurs dernières forces. Il y a des hommes
mourants, d'autres qui attendent une échéance, et qui
voudraient que ce ne soit jamais demain. Il y en a
d'autres pour qui demain pointera comme un remords.
D'autres qui sont fatigués, et cette nuit n·e sera jamais
assez longue pour leur donner tout le repos qu'il faudrait.
Et moi, moi qui ai perdu ma journée, de quel droit est-ce
que j'ose appeler demain ?

1

1

Vendredi soir. - J'avais pensé écrire à la suite : "Je
ne l'ai pas rev-ue. " Et tout aurait été fini.
Mais en arrivant ce soir, à quatre heures, au coin du
théâtre : la voici. Fine et grave, vêtue de noir, mais avec
de la poudre au visage et une collerette qui lui donne
l'.air d'un pierrot coupable. Un air à la fois douloureux et
malicieux.
C'est pour me dire qu'elle veut me quitter tout de
suite, qu'elle ne viendra plus.
Et pourtant, à la tombée de la nuit, nous voici encore
tous les deux, marchant lentement, l'un près de l'autre,
sur le gravier des Tuileries. Elle me raconte son histoire
mais d'une façon si enveloppée que Je comprends mal.
Elle dit "mon amant " en parlant de ce fiancé qu'elle
n'a pas épousé. Elle le fait exprès, je pense, pour me
choquer et pour que je ne m'attache point à elle.

Il y a des phrases d'elle que je transcris de mauvaise
grâce :
" N'ayez aucune confiance en moi, dit-elle, je n'ai
jamais fait que des folies.

" J'ai couru les chemins, toute seule.
"J'ai désespéré mon fiancé. Je l'ai abandonné parce
qu'il m'admirait trop; il ne me voyait qu'en imagination
et non point telle que j'étais. Or je suis pleine de défauts.
Nous aurions été très malheureux. "
A chaque instant, je la surprends en train de se faire
plus mauvaise qu'elle n'est. Je pense qu'elle veut se
prouver ~ elle-même qu'elle a eu raison jadis de faire la
sottise dont elle parle, qu'elle n'a rien à regretter et n'était
pas digne du bonheur qui s'offiait à elle.
Une autre fois :
- Ce qui me plaît en vous, m'a-t-elle dit, en me regardant longuement, ce qui me plaît en vous, je ne puis

'
savoir pourquoi, ce sont mes souvenirs
...
Une autre fois:
- Je l'aime encore, disait-elle, plus que vous ne
pensez.
Et puis soudain,. brusquement, brutalement, tristement:
- Enfin, qu'est-ce que vous voulez? Est-ce que vous
m'aimez, vous aussi? Vous aussi, vous allez demander ma
main?..
J'ai balbutié. Je ne sais pas ce que j'ai répondu. Peut-

être ai-je dit: " oui. "
Cette espèce de journal s'interrompait là. Commençaient alors des brouillons de lettres, illisibles, informes,
raturés. Précaires fiançailles !.. La jeune fille, sur la
prière de Meaulnes, avait abandonné son métier. Lui,
s'était occupé des préparatifs du mariage. Mais sans

7

�LA NOUVELLE REVU.E FRANÇAISE

L..E GRAND MEAULNES

cesse repris par le désir de chercher encore, de partir
encore sur la trace de son amour perdu, il avait dt1, sans
doute, plusieurs fois dispara1tre; et, dans ces lettres, avec
un embarras tragique, il cherchait à se justifier devant
Valentine.
CHAPITRE XV
LE SECRET

(suite)

Puis le journal reprenait.
Il avait noté des souvenirs sur un séjour qu'ils avaient
fait tous deux à la campagne, je ne sais où. Mais, chose
étrange, à partir de cet instant, peut-être par un sentiment
de pudeur secrete, le journal était rédigé de façon si
hachée, si informe, griffonné si hâtivement aussi, que j'ai
dô. reprendre moi-même et reconstituer toute cette partie
de son histoire.
14 juin. - Lorsqu'il s'éveilla de grand matin dans la
chambre de l'auberge, le soleil avait allumé les dessins
rouges du rideau noir. Des ouvriers agricoles, dans~ sal_Ie
du bas, parlaient fort en prenant le café du matm: ils
s'indignaient, en phrases rudes et paisibles, contre un de
leurs patrons. Depuis longtemps sans doute Meaulnes
entendait, dans son sommeil, ce calme bruit. Car il n'y
prit point garde d'abord. Ce rideau semé de grappes
rougies par le soleil, ces voix matinales mo~tant
la
chambre silencieuse, tout cela se confondait dans l impression uniq-ue d'un réveil à la campagne au début de
délicieuses grandes vacances.

d.U:~

1

!

Il se leva, frappa doucement à la porte vo1Sme, sans
obtenir de réponse, et l'entr'ouvrit sans bruit. Il aperçut
alors Valentine et comprit d'où lui venait tant de paisible
bonheur. Elle dormait, absolument immobile et silencieuse, sans qu'on l'entendît respirer, comme un oiseau
doit dormir. Longtemps il regarda ce visage d'enfant aux
yeux fermés, ce visage si quiet qu'on eô.t souhaité ne
l'éveiller et ne le troubler jamais.
Elle ne fit pas d'autre mouvement pour montrer qu'elle
ne dormait plus que d'ouvrir les. yeux et de regarder.

Des qu'elle fut habillée, Meaulnes revint près de la
ieune fille.
- Nous sommes en retard, dit-elle.
Et ce fut aussitM comme une ménagère dans sa
demeure.
Elle mit de l'ordre dans les chambres, brossa les habits
que Meaulncs avait portés la veille et quand elle en vint
au pantalon se désola. Le bas des jambes était couven
d'une boue épaisse. Elle hésita, puis, soigneusement, avec
précaution, avant de le brosser, elle commença par dper
la première épaisseur de terre avec un couteau.
-

C'est ainsi, dit Meaulnes, que faisaient les gamins

de Sainte-Agathe quand ils s'étaient flanqués dans la
boue.
- Moi; c'est ma mère qui m'a enseigné cela, dit
Valentine.
... Et telle était bien la compagne que devait souhaiter,
son aventure mystérieuse, le chasseur et le paysan
qu'Etait le grand Meaulnes.
&amp;Yant

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇA[SI!
LE GRAND MEAULNES

I 5 JUm. - A ce dîner, à la ferme, où grâce à leurs
amis qui les avaient présentés comme mari et femme, ils
furent conviés, à leur grand ennui, elle se montra timide
comme une nouvelle mariée.
On avait allumé les bougies de deux candélabres, à
chaque bout de la table couverte de toile bla~che, comme
à une paisible noce de campagne. Les visages, des qu'ils
se penchaient, sous cette faible clarté, baignaient dans
ttombre.
R y avait à la droite de Patrice (le fils du fermier)
Valentine puis Meaulnes, qui demeura taciturne jusqu'au
bout, bien qu'on s'adressit presque toujours a lui, Depuis
qu'il avait résolu, dans cc village perdu, afin d'éviter les
commentaires, de faire passer Valentine pour sa femme,
un même regret, un même remords le désolaient. Et tandis que Patrice, à la façon d'un gentilhomme campagnard,
dirigeait le dîner :
" C'est moi, pensait Meaulnes, qui devrais, ce soir,
dans une sape basse comme celle-ci, une belle salle que
je connais bien, présider le repas de mes noces. "
Près de lui, Valentine refusait timidement tout ce
qu'on lui offiait, On etlt dit une jeune paysanne. A
chaque tentative nouvelle, elle regardait son ami et semblait vouloir se réfugier contre lui. Depuis longtemps,
Patrice insistait vainement pour qu'elle vidit son verrei
lorsque ennn Meaulnes se pencha vers elle et lui dit
doucement:
- Il faut boire, ma petite Valentine.
Alors, docilement, elle but. Et Patrice félicita en
souriant le jeune homme d'avoir une femme aussi obéissante.

Mais tous les deux, Valentine et Meaulnes, restaient
silencieux et pensifs. Ils étaient fatigués, d'·abord, leurs
pieds trempés par la boue de la promenade étaient glacés
sur les carreaux lavés de la cuisine. Et puis, de temps à
2utre, le jeune homme était obligé de dire :
- Ma femme, Valentine, ma femme ...
Et chaque fois, en prononçant sourdement ce mot,
devant ces paysans inconnus, dans cette salle obscure, il
avait l'impression de commettre une faute.
I 7 juin.

-

Uapres-midi de cc dernier jour commença

mal.
Patrice et sa femme les accompagnèrent à la promenade.
Peu à peu, sur la pente inégale couverte de bruyères, les
deux couples se trouvèrent séparés, Meaulnes et Valentine
s'assirent entre les genévriers, dans un petit taillis.
Le vent portait de9 gouttes de pluie et le temps était
bas. La soirée avait un g0t1t amer, semblait-il le goltt
d' un tel ennui que l'amour même ne le pouvait ,distraire.
Longtemps ils restèrent là, dans leur cachette, abrités
sous les branches, parlant peu, Puis le tetnps se leva. Il fit
beau. Ils crurent que, maintenant, tout irait bien.
. Et ils commencèrent parler d'amour. Valentine parlait, parlait. ..
- Voici, disait-elle, ce que me promettait mon fiancé,
comme un enfant qu'il était : tout de suite nous allrions
eu une maison, comme une chaumière perdue dans · la
ca~pagne. Elle était toute prête, disait-il. Nous y serions
arrivés comme au retour d'un grand voyage, le soir de
no~c mariage, vers cette heure-ci qui est proche de la
nuit. Et par les chemins, dans la cour, cachés dans les

a

�LA NOUVELLE R!VU! .FRANÇAIS!

bosquets, des enfants inconnus nous auraient fait f~te,
criant : " Vive la mariée ! " ... Quelles folies ! n'est-ce
pas?
Meaulnes, interdit, soucieux, l'écoutait. Il retrouvait,
dans tout cela, comme l'écho d'une voix déjà entendue.
Et il y avait aussi, dans le ton de la jeune füle, lorsqu'elle
contait cette histoire, un vague regret.
Mais elle eut peur de l'avoir blessé. Elle se tourna
vers lui, avec élan, avec douceur.
- A vous, dit-elle, je veux donner tout ce que j'ai ;
quelque chose qui ait été pour moi plus précieux que
tout ..• et vous le brillerez !
Alors, en Je regardant fucement, d'un air anxieux, elle
sortit de sa poche un petit paquet de lettres qu'elle lui
tendit, les lettres de son fiancé.
Ah ! tout de suite, il reconnut la fine écriture. Comment n'y avait-il jamais pensé plus t6t I C'était l'écriture
de Frantz Je bohémien qu'il avait vue jadis sur le billet
désespéré laissé dans la chambre du Domaine...
Ils marchaient maintenant sur une petite route étroite
entre les p!qucrettes et les foins éclairés obliquement par
le soleil de cinq heures. Si grande était sa stupeur que
Mcaulnes ne comprenait pas encore quelle déroute pour
lui tout cela signifiait. Il lisait parce qu'elle lui avait
demandé de lire. Des phrases enfantines, sentimen12les,
pathétiques ... Celle-ci, dans la dernière lettre :

" •.• Ah ! uous avez perdu le petit cœur, impardo1111abl1
petite Yalmtine. Que va-t~I nous arriver r E11ft11 jt nt s11is
pas superstitieux .•• "
Meaulnes lisait, à demi aveuglé de regret et de col~re,
le visage immobile, mais tout pile, avec des frémissements

U

GRAND MEAULNES

IOUS

les yeux, Valentine inquiète de le voir ainsi, regarda

où il en était, et cc qui le fàchait tant.
- C'est, cxpliqua-t-elle très vite, un bijou qu'il
m'avait donné en me faisant jurer de Je garder toujours.
C'é12ient la de ses idées folles.
Mais elle ne nt qu'exaspérer Meaulnes.
- Folles I dit-il en mettant les lettres dans sa poche.
Pourquoi répéter cc mot ? Pourquoi n'avoir jamais voulu
aoirc en lui ? Je l'ai connu, c'était le garçon le plus
merveilleux du monde 1

- Vous l'avez connu, dit-elle au comble de l'émoi,
,ous avez connu Frantz de Galais?
- C'était mon ami le meilleur, c'était mon frère
d'aventures, et voilà que je lui ai pris sa Jiancéc !
"Ah l poursuivit-il avec fureur, quel mal vous nous avez
&amp;it, vous qui n'avez voulu croire à rien. Vous êtes cause
de tout. C'est vous qui avez tout perdu ! tout perdu !... "
Elle voulut lui parler, lui prendre la main, mais il la
repoussa brutalement.
- Allez-vous-en. Laissez-moi.
- Eh bien, s'il en est ainsi, dit-elle, le visage en feu,
Wgayant et pleurant à demi, je partirai en effet. Je rentrerai à Bourges, chez nous, avec ma sœur. Et si vous
ne revenez pas me chercher, vous savez, n'est-ce pas? que
IIIOD pere est trop pauvre pour me garder ; eh bien, je
repartirai pour Paris, je battrai les chemins comme je l'ai
dqà fait une fois, je deviendrai certainement une nile
perdue, moi qui n'ai plus de métier...
Et elle s'en alJa chercher ses paquets pour prendre le
train, tandis que Meaulnes, sans même la regarder partir,
continuait à marcher au hasard.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Le journal s'interrompait de nouveau.
Suivaient encore des brouillons de lettres, lettres d'un
homme indécis, égaré. Rentré à la Ferté-d'Angillon,
Meaulnes écrivait à Valentine en apparence pour lui affirmer sa résolution de ne jamais la revoir et lui en donner
des raisons précises, mais en réalité, peut-être, pour qu'elle
lui répondît. Dans une de ces lettres, il lui demandait cc
que, dans son désarroi, il n'avait pas même songé d'abord
à lui demander : Savait-elle où se trouvait le Domaine
tant cherché?... Dans une autre, il ~a suppliait de se
réconcilier avec Frantz de Galais. Lui-même se chargeait
de le retrouver... Toutes les lettres dont je voyais les
brouillons, n'avaient pas dft être envoyées. Mais il avait
dt1 écrire deux ou trois fois, sans jamais obtenir de
réponse. Ç'avait été pour lui une période de combats
affreux et misérables dans un isolement absolu.
L'espoir de revoir jamais Yvonne de Galais s'étant
complètement évanoui, il avait peu à peu senti sa grande
résolution faiblir. Et d'après les pages qui vont suivre
- les dernières de son journal, - j'imagine qu'il dut, un
beau matin de vacances, louer une bicyclette pour aller à
Bourges, visiter la cathédrale... Il était parti à la premiere
heure, par la belle route droite entre les bois, inventant
en chemin mille prétextes à se présenter dignement, sans
demander une réconciliation, devant celle qu'il avait
chassée.
Les quatre dernières pages, que j'ai pu reconstituer,
racontaient ce voyage et cette dernière faute .••

LE GRAND MEAULNES

CHAPITRE XVI
LE SECRET

(fin)

25 amk - De l'autre c8té de Bourges, à l'extrémité
des nouveaux faubourgs, il découvrit, après avoir longtemps cherché, la maison de Valentine Blandeau. Une
femme - la mère de Valentine - sur le pas de la porte,
semblait l'attendre. C'était une bonne figure de ménagère, lourde, fripée, mais belle encore. Elle le regardait
venir avec curiosité et lorsqu'il lui demanda " si
M11" Blandeau étaient ici ", elle lui expliqua doucemen~
avec bienveillance, qu'elles étaient rentrées à Paris depuis
le 15 aoôt. " Elles m'ont défendu de dire où eUes
allaient, ajouta-t-elle, mais en écrivant à leur ancienne
adresse on fera suivre leurs lettres. "
En revenant sur ses pas, sa bicyclette à la main, à
travers le jardinet, il pensait :
- Elle est partie ... Tout est fini comme je l'ai voulu .••
C'est moi qui l'ai forcée à cela. " Je deviendrai certainement une fille perdue, " disait-elle. Et c'est moi qui l'ai
jetée là! C'est moi qui ai perdu la fiancée de Frantz !
Et tout bas il se répétait avec folie : "Tant mieux l
Tant mieux ! " avec la certitude que c'était bien " tant
pis " au contraire et que, sous les yeux de cette femme,
avant d'arriver à la grille, il allait buter des deux pieds et
tomber sur les genoux.
Il ne pensa pas à déjeuner et s'arrêta dans un café où
il écrivit longuement à Valentine, rien que pour crier,

�770

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pour se délivrer du cri désespéré qui l'étouffait. Sa lettre
répétait indéfiniment : " Vous avez pu !... Vous avez
pu !... Vous avez pu vous résigner à cela !... Vous avez pu
vous perdre ainsi !"

/

Près de lui des officiers buvaient. L'un d'eux racontait
bruyamment une histoire de femme qu'on entendait par
bribes: " ... Je lui ai dit .•. Vous devez bien me connaître••. Je fais la partie avec votre mari tous les soirs ! "
Les autres riaient et, détournant la tête, crachaient
derrière les banquettes, Hbe et poussiéreux, Meaulnes les
regardait comme un mendiant. Il les imagina tenant
Valentine sur leurs genoux.
Longtemps, à bicyclette, il erra autour de la cathédrale
en se disant obscurément: "En somme, c'est pour la
cathédrale que j'étais venu." Au bout de toutes les rues,
sur la place déserte, on la voyait monter énorme et
indifférente. Ces rues étaient étroites et souillées comme
les ruelles qui entourent les égÙses de village. Il y avait
çà et là l'enseigne d'une maison louche, une lanterne
rouge ... Meaulnes sentait sa douleur perdue, dans ce
quartier malpropre, vicieux, réfugié comme aux anciens
Ages, sous les arcs-boutants de la cathédrale. Il lui venait
une crainte de paysan, une répulsion pour cette église de
la ville, où tous les vices sont sculptés dans des cachettes,
qui est bâtie entre les mauvais lieux et qui n'a pas de
remede pour les plus pures douleurs d'amour.
Deux filles vinrent à passer, se tenant par la taille et le
regardant effrontément. Par dégollt ou par jeu, pour se
venger de son amour ou pour l'abîmer, Meaulnes les
suivit lentement à bicyclette et l'une d'elles, une misérable

L! GRAND MEA ULNES

771

fille dont les rares cheveux blonds étaient tirés en arrière
par un faux chignon, lui donna rendez-vous pour six
heures au Jardin de l'Archevêché, le jardin où Frantz
dans une de ses lettres donnait rendez-vous à la pauvre
Valentine.
Il ne dit pas non, sachant qu'à cette heure il aurait
depuis longtemps quitté la ville. Et de sa fenêtre basse,
dans la rue en pente, elle resta longtemps à lui faire des
signes vagues.
Il avait hàte de reprendre son chemin.
Avant de partir, il ne put résister au morne désir de
passer une dernière fois devant la maison de Valentine.
Il regarda de tous ses yeux et put faire provision de
tristesse. C'était une des dernières maisons du faubourg et
la rue devenait une route à partir de cet endroit ... En
face, une sorte de terrain vague formait comme une petite
place. Il n'y avait personne aux fenêtres, ni dans la cour,
nulle part. Seule, le long d'un mur, traînant deux gamins
en guenilles, une sale fille poudrée passa.
C'est là que l'enfance de Valentine s'était écoulée, là
qu'elle avait commencé à regarder le monde, de ses yeux
confiants et sages. Elle avait travaillé, cousu, derrière ces
fenêtres. Et Frantz était passé pour la voir, lui sourire,
dans cette rue de faubourg. Mais maintenant il n'y avait
plus rien, rien ... La triste soirée durait et Meaulnes savait
seulement que quelque part, perdue, durant ce même
apres-midi, Valentine regardait passer dans son souvenir
cette place morne où jamais elle ne viendrait plus.

Le long voyage qui lui restait à faire pour rentrer

�L! GRAND MEAULNES

772

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

devait être son dernier recours contre sa peine, sa derniere
distraction forcée avant de s'y enfoncer tout entier.
Il partit. Aux environs de la route, dans la vallée, de
délicieuses maisons-fermieres, entre les arbres, au bord de
l'eau, montraient leurs pignons pointus garnis de treillis
verts. Sans doute, là-bas, sur les pelouses, des jeunes filles
attentives parlaient de l'amour. On imaginait, là-bas, des
!mes, de belles imes ...
Mais, pour Meaulnes, à ce moment, il n'existait plus
qu'un seul amour, cet amour mal satisfait qu'on venait de
souffleter si cruellement, et la jeune fille entre toutes qu'il
eôt d0 protéger, sauvegarder, était justement celle-là qu'il
venait d'envoyer à sa perte.
Quelques lignes Mtives du journal m'apprenaient encore
qu'il avait formé le projet de retrouver Valentine cotlte
que coôte avant qu'il fat trop tard. Une date, dans un
coin de page, me faisait croire que c'était là ce long voyage
pour lequel Mme Meaulnes faisait des préparatifs, lorsque
j'étais venu à la Ferté-d'Angillon pour tout déranger.
Dans la mairie abandonnée, Meaulnes notait ses souvenirs
et ses projets par un beau matin de la fin du mois d'aotlt
- lorsque j'avais poussé la porte et lui avais apporté la
grande nouvelle qu'il n'attendait plus. Il avait été repris,
immobilisé, par son ancienne aventure, sans oser rien faire
ni rien avouer. Alors avaient commencé le remerds, le
regret et la peine, tant8t étouffés, tant6t triomphants,
jusqu'au jour des noces où le cri du bohémien dans les
sapins lui avait théitralement rappelé son premier serment
de jeune homme.

773

Sur ce même cahier de devoirs mensuels, il avait encore
griffonné quelques mots en Mte, à l'aube, avant de quitter
avec sa permission, - mais pour toujours - Yvonne de
Galais, son épouse depuis la veille :
" Je pars. Il faudra bien que je retrouve la piste des
deux bohémiens qui sont venus hier dans la sapiniere et
qui sont partis vers l'Est à bicyclette. Je ne reviendrai
pres d'Yvonne que si je puis ramener avec moi et installer
dans la " maison de Frantz " Frantz et Valentine

mariés.
" Ce manuscrit, que j'avais commencé comme un
journal secret et qui est devenu ma confession, sera, si je
ne reviens pas, la propriété de mon ami François Seurel."
Il avait dtl glisser le cahier en hite sous les autre~,
renfermer à clef son ancienne petite malle d'étudiant, et
disparaître.
ÉPILOGUE

Le temps passa. Je perdais l'espoir de revoir jamais
mon compagnon, et de mornes jours s'écoulaient dans
l'&amp;:ole paysanne, de tristes jours dans la maison déserte.
Frantz ne vint pas au rendez-vous que je lui avais fixé,
et d'ailleurs ma tante Moine! ne savait plus depuis longtemps où habitait Valentine.
La seule joie des Sablonnieres, ce fut bientê&gt;t la petite
fille qu'on avait pu sauver. A la fin de septembre, elle
s'annonçait même comme une solide et jolie petite fille.
Elle allait avoir un an. Cramponnée aux barreaux des

�774

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAID

chaises, elles les poussait toute seule, s'essayant à marcher
sans prendre garde aux chutes, et faisait un tintamarre
qui réveillait longuement les échos sourds de la demeure
abandonnée. Lorsque je la tenais dans mes bras, elle ne
souffrait jamais que je lui donne un baiser. Elle avait une
façon sauvage et charmante en même temps de frétiller
et de me repousser la figure avec sa petite main ouverte,
en riant aux éclats. De toute sa gaieté, de toute sa
violence enfantine, on e1lt dit qu'elle allait chasser le
chagrin qui pesait sur la maison depuis sa naissance. Je
me disais parfois : "Sans doute malgré cette sauvagerie,
sera-t-elle un peu mon enfant. " Mais une fois encore la
Providence en décida autrement.
Un dimanche matin de la fin de septembre, je m'étais
levé de fort bonne heure, avant même la paysanne qui
avait la garde de la petite fille. Je devais aller pêcher au
Cher avec deux hommes de Saint-Benoist et Jasmin
Delouche. Souvent ainsi les villageois d'alentour s'entendaient avec moi pour de grandes parties de braconnage:
pêches à la main, la nuit, pêches aux éperviers prohibés. ..
Tout le temps de l'été, nous partions, les jours de con~
des l'aube, et nous ne rentrions qu'à midi. C'était le
gagne-pain de presque tous ces hommes. Quant à mo4
c'était mon seul passe-temps, les seules aventures qui me
rappelassent les équipées de jadis. Et j'avais fini par
prendre go11t à ces randonnées, à ces longues pêches le
long de la rivière ou dans les roseaux de l'étang.
Ce matin-là, j'étais donc debout, à cinq heures et demie,
devant la maison, sous un petit hangar adossé au mur qui
séparait le jardin anglais des Sablonnières du jardin potager

LI GRAND MEAULNES

775

de la ferme. J'étais occupé à démêler mes filets que j'avais
jetés en tas, le jeudi d'avant.
Il ne faisait pas jour tout à fait; c'était le crépuscule
d'un ~eau matin de septembre; et le hangar où je
démêlais à la hàte mes engins se trouvait à demi plongé
dans la nuit.
J'étais là silencieux et affairé lorsque soudain j'entendis
la grille s'ouvrir, un pas crier sur le gravier.
- Oh ! Oh ! me dis-je, voici mes gens plus t6t que
je n'aurais cru. Et moi qui ne suis pas prêt!. ..
Mais l'homme qui entrait dans la cour m'était inconnu.
C'était, autant que je pus distinguer, un grand gaillard
barbu habillé comme un chasseur ou un braconnier. Au
lieu de venir me trouver là où les autres savaient que
j'&amp;ais toujours, à l'heure de nos rendez-vous, il gagna
directement la porte d'entrée,
.. ; c' est que1qu ' un de leurs amis qu'ils
- Bon .1 pensai-Je
auront convié sans me le dire et ils l'auront envoyé en
itlaireur.

L'homme fit jouer doucement, sans bruit, le loquet de
la porte. Mais je l'avais refermée, aussittt sorti. Il fit de
~me à l'entrée de la cuisine. Puis, hésitant un instant,
~ to1_1rna vers moi, éclairée par le demi-jour, sa figure
tnqwète. Et c'est alors seulement que je reconnus le
grand Meaulnes.

U~ long moment, je restai là, effrayé, désespéré, repris
IOUdam par toute la douleur qu'avait réveillée son retour.

Il avait disparu derriere la maison, en avait fait le tour,
il revenait, hésitant.
Alors je m'avançai vers lui, et sans rien dire je l'embrassai en sanglotant. Tout de suite, il comprit ;

et

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

_ Ah ! dit-il, d'une voix brève, elle est morte, n'estce pas?
Et il resta là, debout, sourd, immobile et terrible. Je
le pris par le bras et doucement je l'entraînai vers la maison. Il faisait jour maintenant. Tout de suite, pour que le
plus dur ftlt accompli, je lui fis monter l'escalier qui
menait vers la chambre de la morte. Sit6t entré, il tomba
à deux genoux devant le lit et, longtemps, resta la tête
enfouie dans ses deux bras.
Il se releva enfin, les yeux égarés, titubant, ne sachant
où il était. Et, toujours le guidant par le bras, j'ouvris la
porte qui faisait communiquer cette chambre avec celle
de la petite fille. Elle s'était éveillée toute seule - pendant
que sa nourrice était en bas - et, délibérément, s'était
assise dans son berceau. On voyait tout juste sa tête
étonnée, tournée vers nous.
- Voici ta fille, dis-je.
Il eut un sursaut et me regarda.
Puis il la saisit et l'enleva dans ses bras. Il ne put pas
bien la voir d'abord, parce qu'il pleurait. Alors, pour
détourner un peu ce grand attendrissement et ce flot de
larmes tout en la tenant très serrée contre lui, assise sur
' droit, il tourna vers moi sa tête baissée et me dit:
.
son bras
- Je les ai ramenés, les deux autres... Tu iras les voir
dans leur maison.
Et en effet, au début de la matinée, lorsque je m'en
allai, tout pensif et presque heureux, vers la maison de
Frantz qu'Yvonne de Galais m'avait jadis mont~ée
déserte j'aperçus de loin une manière de jeune ménagere
en colierette, qui balayait le pas de sa porte, objet de

LE GRAND MEAULNES

777

curiosité et d'enthousiasme pour plusieurs petits vachers
encümanchés qui s'en allaient à la messe...
Cependant la petite fille commençait à s'ennuyer d'être
serrée ainsi et, comme Augustin, la tête penchée de côté
pour cacher et arrêter ses larmes, continuait à ne pas
la regarder, elle lui flanqua une grande tape de sa petite
main sur sa bouche barbue et mouillée.
Cette fois le père leva bien haut sa fille la fit sauter
'
au bout de ses bras et la regarda avec une espèce de rire.
Satisfaite, elle battit des mains ...

.

Je m'étais légèrement reculé pour mieux les voir.
Un peu déçu et pourtant émerveillé je comprenais que la
petite fille avait enfin trouvé là Je compagnon qu'elle
attendait obscurément .. La seule joie que m'ellt lai~ée
le grand Meaulnes, je sentais bien qu'il était revenu pour
me la prendre. Et déjà je l'imaginais, la nuit, enveloppant
• fille dans un manteau, et partant avec elle pour de
nouvelles aventures.
ALAIN-FOURNIER.

FIN

�CHRONIQUE DE CAERDAL

779

En vérité, c'était une princesse.

CHRONIQUE DE CAERDAL

XXIV
MORT D'AMOUR
l
LA PRINCESSE ADIEU

En vérité, c'était une princesse. Elle ne croyait
pas au bonheur ; mais elle le voulait. Elle aimait
assez la vie, pour la quitter déserte. Elle avait
assez de cœur pour ne pas l'abaisser.
Elle était fière et libre ; non pas pour servir
les idoles peintes que les chambellans barbouillent
chaque jour de préjugés et de mensonges, à fin
d'en rafraichir les couleurs ; mais pour ne pas
renier le dieu qu'elle s'était donné. Et certes, son
dieu était l'amour. Sa religion n'était point un
manteau de cour, ni une singerie paîenne : c'était
bien l'amour qui jamais ne pardonne, et jamais
ne marchande, même s'il partage. Et ne f0t elle
point née dans un palais, sous la couronne, c~e
jeune fille avait la majesté des femmes : elle était
reine, puisqu'elle savait royalement aimer.

Ils ont parlé de sa folie, comme si toute grandeur n'était pas insensée au regard des médiocres.
Sur la hauteur, quelle beauté n'a point paru du
délire à l'horrible foule d'en bas? Les mouches
de la vallée bourdonnent contre Prométhée, •même
quand e1les vont loger leur vermine dans sa blessure. Vénus aussi délire, et Orphée. Et les sacristains de la morale ont oublié la folie de la croix.
La belle princesse était donc folle. Elle a porté
si haut sa chère vie, qu'elle n'a pas balancé à la
précipiter, le jour où on l'a contrainte de descendre.
Sans doute, l'incorruptible troupeau des valets,
hochant la tête et soupirant sous la livrée des
mœurs louables, bllme dans une si jeune princesse
le scandale de la mort volontaire ; et ils s'indignent
de la làcheté. Car ils ont, eux, tous les courages ;
et celui de vivre n'est encore rien près de celui
que je leur trouve de respirer ensemble, ou de cet
autre courage, encore plus héroYque, étant ce
qu'ils sont, chacun, de soi même se supporter.
Pour elle, la fiancée de Heidelberg, elle était si
bien née qu'elle n'a pas voulu vieillir avec eux,
ses sujets.
Que cette princesse morte me plait I Elle est
bien sage d'avoir été si folle. Son nom d'ailleurs
était Sagesse ; et je l'appelle aussi la P;incesse
Adieu.

�780

CHRONIQUE DE CAERDAL

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Elle tourne le dos à tous ces menteurs, et à
l'ennui sans bornes qu'ils exhalent. Qui ne mène,
à présent, dans la sottise du mensonge universel,
une vie d'accablant ennui ? Toutes les créatures
sont désormais soumises au même sort, réglé une
fois pour toutes. Les plus grandes et les plus
belles figures sont inscrites, dès la naissance, dans
le cercle rigoureux de la convention. Une grâce
radieuse, une forme souveraine en vain naîtrait
au monde : il lui faut passer par l'ignominie du
journal et du critique à un sou.
La princesse Adieu en a par dessus les yeux
d'une vie si mal faite, où le premier faquin venu
fait la loi au cœur d'une femme, pourvu qu'il ait
un titre de ministre ou une clef de chambellan.
En frac et en surplis, les voici qui la menacent
du ciel, comme s'ils en tenaient les foudres par
acte passé devant notaire, et qu'ils en fuss~nt }es
porte glaives, eux qui, même au fond de 1enter,
se retrouveront éternels porte-vases, porte-bourdes
et porte-queues comme devant. Plutôt que disputer avec ces docteurs vêtus en chiens savants, elle
choisit de mourir, la petite princesse.

781

de si grotesque ou de si risiblement lugubre que
cette plébaille de princes, tous lieutenants de la
Providence dans l'armée allemande, et tous en
uniforme ? Celui-ci, Guillaume des LancÎers ou.
Ruprecht de la Garde, ne s'indigne pas que la
pauvre petite reine soit morte par la faute des sots
de son espèce. Non. Soyez. en stîr, son indignation
est plus généreuse: elle vient de la vanité blessée.
Il est furieux que sa cousine n'ait pas pris son
avis pour aimer un homme de son choix. Et
qu'elle osât rêver de l'épouser contre le gré de
toute la maison ! Une fille de ce rang déchoir
jusqu'à chérir le fils d'une autre race, et quelle
race! Un tel affront aux mille Hohenschwein et
aux dix mille Gaensebourg ! à '' tous nos morts ",
et à tant de vivants qui n'en valent guère mieux!
Car cette race est assez. bonne pour leur donner
un Dieu, mais non pas un cousin ou un beau frère.
Tous les menteurs sont généalogistes, il me
semble. Et il n'est bon mensonge que de généalogie.

II
OPHÉLIE D:ÉSESPÈRll

C'est alors qu'un prince de la famille, certain
Guillaume de Hohenschwein xxxvt ou Ruprecht
xuv de Gaenseburg a cru bon d'entrer en_ scène
avec sa couronne fermée et son sabre de bois. Les
buses ont aussi la couronne fermée. Y a-t-il rien

Dans l'amour contrarié, une jeune femme prend
une vue désespérée du monde: elle s'y voit, enfin.
Tout lui manque à la fois, et elle même. Elle perd
sa raison de vivre. Comme une marée de la vase,

�782

CHRONIQUE DE CAERDAL

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

elle regarde, elle sent monter autour d'elle la foule
des intérêts sordides qu'on lui oppose. Ils sont
tous soulevés avec cette puanteur irrésistible des
bas fonds que l'on cache, à l'ordinaire, sous toute
sorte de corbeilles, de guirlandes et de parterres en
fleurs ; mais l'orage les découvre, et la vieille
ordure des lois, des préjugés et de toutes ces
morales crevées depuis des siècles fume en scandale : c'est l'encens de l'utilité sociale, encens d'une
suffocante odeur.
La jeune femme s'épouvante ; elle se révolte,
elle essaie de fuir. Un seul intérêt faisait pour elle
le droit de tous les autres et la beauté du monde.
Elle veut le sauver, et se sauver avec lui. Elle
prend sa course à travers la fumée, la punaisie des
chambellans et les clameurs des douairières ces
chaises percées du bon usage. Mais elle ne 'peut
~ller assez loin. On la poursuit et on l'arrête.
Epuisée, on la lie par son honneur, et on l'entrave
dans sa fierté même. On lui fait honte de sa chère
ivresse. Elle rentre dans la maison natale, qui est
la citadelle du marais, et toujours une prison, bâtie
sur les pilotis de la vanité et maçonnée de mensonges. Tous les ais sont pourris; et chacun le sait
bien dans la confrérie des ingénieurs politiques,
lesquels passent leur temps à tâter les fondations
de la baraque, et à les cimenter de leur grasse
salive. Mais ils tiennent encore par la force de la
coutume ; et la grande affaire est de ne pas les

ébranler d'un coup trop soudain ou trop rude. Le
corps d'une jeune princesse, qu'il serve du moins
à caler un pan de mur.
Elle pourtant, la jeune fille, le deuil de son
amour est le deuil de la vie. Un dégoô.t sans
limites enveloppe pour elle tout l'univers. Elle n'a
plus d'espérance. Une même vue lui révèle sa
propre misère et toutes les bassesses du monde.
Princesse, étiez vous déjà si femme de ne pas
vous sentir la force de régner là dessus par le
dédain? Vous étiez trop délicate. Et c'est dans le
bonheur seulement qu'une vraie femme est dédaigneuse.
Vous vous êtes laissée étrangler par la théorie et
les sermons des menteurs, de qui chaque imposture
se glorifie d'être une racine. lis ne vous ont pas.
fait peur : ils vous ont écœurée de leur rage et
de leurs mépris. Ils vous ont menacée de leur
conscience, cette pistole de Saint-Lazare. Et couvent pour couvent, vous avez choisi, entre les
deux fleuves du jour et de la nuit, la tranquille
abbaye de sous terre.

III
MORT D'AMOUR

r

La mort d'amour est certes la plus belle. Comment
mourrait on mieux que si l'on meurt d'amour?

�784

LA NOUVELLE REVUE

FRANÇAIS!

Le jour vient où il faut créer son univers, sous
peine de tout perdre. Et même alors la vue que
l'on a prise du néant emplit à ce point les yeux,
qu'ils se ferment. En cette agonie, la douleur
même parait sans raison.
Que rien, rien n'ait de prix, que rien n'ait ombre
d'importance, c'est bien le pis. Si du moins l'on
pouvait se promettre quelque féconde torture 1 Il
vaudrait la peine de souffrir. Mais que rien ne
serve à rien, qu'il ne vaille pas la peine de s'immoler, que rien de nous n'importe plus que son
contraire, pas même un divin sacrifiçe, c'est alors
qu'une ombre infinie se couche sur notre Ame; et
le mouvement même de notre suprême espérance
tourne en infinie nausée.
Cependant, l'amour qui nous perd est aussi
l'amour qui nous sauve. Dans cette profondeur de
dégoôt, rien d'ailé ne nous visite que cette sanglante palpitation de l'amour. Et c'est de ce souffle
qu'on ressuscite.
Mais le sauveur attendu ne sauve que les cœurs
capables d'être sauvés. Il faut être digne de son
amour. Il faut être digne de sa douleur.
Les Saints meurent d'amour, pour s'élever enfin
dans un paradis d'amour éternelle. Bienheureux
sont ils dits, et non à contre sens. Mais qu'on
n'abuse pas de leur bonheur contre nous. Et je
leur dirai un peu, comme le prince Muichkine au

CHRONIQUE DE CAERDAL

mourant qui le brave : "Passez le premier, et
pardonnez nous notre malheur. "
Dans la mort d'amour, quelle foi vive!
Cette mort, qui est partout et qui de toutes
parts nous assiège, la mort d'amour passionnément
la nie. Elle dit que sans amour c'est la vie qui est
la mort. Elle le dit, et elle le prouve.
L'amour a pris toute la créature. Elle n'est plus
elle même : elle est par delà son être, étant
uniquement ce qu'elle aime. Avec douleur, avec
désespoir sans doute. La mort est en fuite, pourtant : elle ne prend de cette femme qui se tue, que
ce qu'elle lui laisse ; mais le rêve de ce camr, la
foi le lui dérobe.
En vérité, ou vivre en Dieu, ou mourir d'amour.
Ceux qui sont morts d'amour valent mieux que
les autres. Rien n'est plus grand, si ce n'est de
subir, dans la vie, l'extrême douleur d'aimer; et
sans se plaindre. Mais il y faut, peut être, trop de
force.
Ils vont dire que j'invite les jeunes filles à se
tuer, et les jeunes femmes à sauter dans la rivière.
Je les retiens sur le bord, au contraire. Tant de
beauté doit faire horreur au plus grand nombre,
et donner du soupçon aux âmes vulgaires. Je ne
pousse que ceux qui sont déjà tombés. Je ne vante

�786

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pas la faiblesse de ceux qui meurent par amour ;
mais j'entends la plaindre et la caresser.
Cependant, la puissance d'un homme se mesure
à sa force pour la douleur, et pour vivre.

IV
SE TUER, ET NON

Se tuer, c'est avouer son néant. Or, on n'est
homme et on ne vit en homme, que pour ne
jamais faire cet horrible aveu.
,
..
Il peut être admirable de se tuer, a la cond1t1on
qu'on soit un être doux et faible, qui ne ré~i_ste
plus à un seul sentiment trop fort pour sa frag1hté,
et qui confesse sa douceur avec sa faiblesse. Il y a
là une sorte de sacrifice à une beauté trop forte.
Cette faiblesse s'immole à une grandeur inaccessible. Mais comme elle la connait ! Ha, chères
créatures capables de vous immoler.
Ainsi je ne vois point de plus belle mort que
de mourir d'amour, si en effet on ne peut pas
vivre. Mort très pure, pure de tout reproche, pure
de toute vengeance : pure de cette haine qui tient
si souvent toute la place de l'amour, et qui fait le
fond des jaloux: l'amour des jaloux est une haine:
car ils s'aiment eux mêmes avant tout et par dessus
tout. Et combien d'amants farouches ne se sont
tués que pour attacher leur furie vengeresse au

CHRONIQUE DE CAERDAL

cœur de ceux qu'ils laissent, et qu'ils aiment bien
moins, les aimant de la sorte, qu'ils ne les détestent
à perpétuité.
N'a-t-on pas la force de supporter le mal d'être
et la peine de vivre dans une passion malheureuse,
je consens qu'on se tue. Et mort pour mort, encore
un coup, il n'en est pas de plus belle. L'amour est
une patrie. Il est beau de n'y pas survivre.
Mais il est bien plus beau de souffrir pour elle,
et d'autant plus que plus profonde est la douleur.
Il est beau de porter sa passion : il est divin de
l'embrasser dans le supplice.
Je ne dis pas de la vaincre. Je ne crois pas à
cette sorte de . triomphes, sinon quand la passion
est trop émoussée ou trop faible pour n'être pas
déjà vaincue. Assis dans son rond de cuir, (c'est
son auréole), le docteur de Sorbonne abonde en
ces victoires, pour le compte de Corneille.
Non; il n'est pas question de vaincre sa douleur:
mais d'en être digne, de la charger tout entière, de
la nourrir, de vivre avec elle, d'en avoir au fond
de soi la force, le génie toujours vivace et l'aliment.
Enfin, celui qui connait la passion d'homme, sait
aussi ce qu'elle exige. Il lui faut être le Prométhée
qui ne demande pas grâce au milieu de ses plus
terribles cris. Plus il crie, plus il souffre, et plus il
est immortel. Il ne demeure pas immobile: le mal
lui tord les bras et lui fait bouillir le flanc. Or,
plus il se sent vivre dans la torture, plus il ouvre

,

�788

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

son foie au bec qui le déchire. Et toujours malgré
lui. Car il hait la douleur autant qu'il l'accueille ;
et il ne s'y dérobe pas plus qu'il ne ~•y résign~ .•
Que la beauté soit avec nous I C est la pnere
de la douleur.
V
n'uNE MORT VOLONTAIRE

Tombé sur les o-enoux, celui qui se laisse choir
contre terre ne v~ut pas mourir : il s'offre au
maître de la poussière et se fait égorger. La mort
volontaire est hideuse, si elle n'est en effet un
acte de volonté.
Pour la plupart, se tuer c'est succomber à la
tentation d'en bas. On se met à son rang. On se
juge. On se biffe du texte/ un _pauvre mot qui n'a
pas de sens. Ce delea.ur m effraie.
. .
Je vois une grandeur dans la mort volon~re •
mais c'est la grandeur des faibles. Ils veulent vme,
et ne peuvent pas être.

1

1

11 ne faut pas fermer soi même la route où Dieu
peut venir. Entre lui et nous, il ne f~ut p~s cre11ser cet abime de vide. S'il vole un JOUr a notre
rencontre faut il avoir eu l'affreuse faiblesse d'e~
•
cer nous ' mêmes nos traces sur le chemin
ou1 11
nous cherche, de sorte qu'il ne nous trouve plus?

CHRONIQUE DE CAERDAL

789

Dans la faiblesse, il est une séduisante tentation :
dépouiller enfin l'armure ; et se coucher tout de
son long sous le poids. Glisser au fleuve, et que
ces armes ne soient plus, enfin, que la plus lourde
pierre au cou.
Ah, parfois, on aimerait de se laisser aller. C'est
assez, c'est trop être soi même. C'est assez lutter
contre tout ce qui nous offense, et contre la femme
pleurante que nous tenons enchainée au fond de
nous. On est si tendre dans l'abandon de soi,
quand on est recru de ces ardeurs violentes, ou
brüle une bien plus haute, mais terrible tendresse!
Tomber à la rivière ! Que la cruelle coule avec
son babil au soleil ! Et que le courant nous porte
où il voudra, loin de vous, les hommes, et loin
de nous.
Mais c'est trop fléchir. La pensée que je cède
me brtlle au point que je ne puis plus goilter la
morne joie de céder,
Nous ne sommes tentés que pour ne pas succomber à la tentation.

VI
CŒUR INSATIABLE

Plus grand est l'amour de la vie, plus profonde

la connaissance de la mort.
C'est parce que j'aime infiniment la vie, que Je
suis à l'infini dans la mort.

�790

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

Connaître, c'est être. Et tout être à ce que l'on
connaît, y naitre sans cesse et y renaitre. Quel
courage ne faut il pas, pour aller à la vie par ces
voies toutes mortelles ? Quelle vertu pour ne pas
se soustraire au supplice et à l'effroi de ces morts
successives ? Mais ce qui réclame le plus de courage est ce qui me tente le plus.

CHRONIQUE DE CAERDAL

791
mort: c'est force alors de se tuer ; c'est vouloir
libre ; c'est charité. Je veux me restituer entier à
mon dieu, tel ~n enfant grandi, mais qui semble
toujours naitre : comme une feuille de mai, non
comme une branche pourrie.
Mais être las de sa peine, las de vivre, las de
souffrance et lassé de soi? Non. Que toutes occasions de combat nous soient occasions de victoire:
il s'agit de vaincre. Pour soi, non pour le monde.
Pour vous, mon àme, pour vous.

PART DU DESTIN

ANDRÉ SUARÈS.

Cependant Némésis est jalouse. Elle ne veut
pas qu'on se vante, même d'être docile aux dieux;
même de subir sans révolte leur . inconstance.
Némésis prétend être injuste contre les hommes,
et folle s'il lui plait. C est la part du destin, et je
la lui fais dans mon courage. Je réserve donc le
cas de la maladie, qui nous ampute de notre àme;
et du tyran, cette autre maladie, la plus vile de
toutes, quand il prétend nous asservir et nous
dégrader. Car s'il veut seulement me faire taire,
j'y souscris. Les tyrans m'ont rendu le silence plus
cher que toute parole. J'en ai fait dès longtemps
l'essai dans le mépris de cçux qui me diffament
et me méjugent.
L'abjecte maladie qui nous 6te à notre belle
guerre, et qui ne nous permet plus d'être maîtres
de nous mêmes, il faut lui échapper, füt ce par la

�NOTES

79 2

793

en y ~ettant surtout les entours et l'époque de Villon. Ce qui

NOTES
LA LITTÉRATURE
FRANÇOIS VILLON, SA VIE ET SON TEMPS, par
Pierre Champion (Honoré Champion).
M. Pierre Champion a donné dans les deux beaux volumes
de ce François Villon, un pendant a sa Yie de Charles d'Or/14111.
Le voici avec l'honneur d'avoir écrit sur les deux grands poètes
du XV• siècle les monographies copieuses, complètes, qui
manquaient, et que, d'ici longtemps, on ne refera pas. A un
biograph.e, a un érudit, les deux carrières où puiser ses deux
livres ont d-ti paraître bien singulièrement inégales, mais d'une
inégalité symétrique et compensée. Un des premiers princes
du sang, Charles d'Orléans, laisse dans l'histoire de son
temps, dans les archives de toutes sorte,, une trace assez large
pour que son historien ait aujourd'hui ses coudées franches,
pour qu'il puisse s'attabler devant une table bien servie,
une matière abondante, et que de tout cela ressorte un
portrait en pied, bien réel et bien vivant. C'est avec la vie
même de Charles d'Orléans que M. Champion avait pli
remplir son premier ouvrage. Il n'en est point de même pour
Villon : les pièces d'archives qui le concernent tiendraient
aujourd'hui dans une chemise aussi mince que celle où devait
grelotter l'hiver son maigre corps, et ne concernent que ses
dém~lés avec la justice, part, il est vrai, capitale de son existence.
C'est pourquoi M. Champion a dtî remplir les deux volumes
de son œuvre avec beaucoup de digressions pittoresques, l'étoffer

est curieux, c'est qu'au lendemain de la mort de Villon et de
Charles,
la destinée
des deux poètes, des deux œuvres, soit
·
.
.
précisément mverse de celle qui échut, tant dans le bruit de
le~r temps que dans nos armoires a documents, à Jeurs deux
existences. Charles d'Orléans reste ignoré jusqu'au XVIII• siècle,
~poque où son œuvre est révélée très obscuréme_nt et très
tncornpléternent
:. aujourd'hui encore, il n'y en a pas d'éd'1t1011
·
, ..
de~mtt~e (M. Pierre Champion nous l'a promise et nous la
don) ; 11 n'y en a aucune édition dans le commerce : et il ne
~e semble pas q_~e. le commerce doive la réclamer bien impéneusement, car J a1 eu, ces dernières années, à couper moimême, ~a~s deux bibliothèques d'Université française, les
pages relig1eusement intactes et empoussiérées de l'éd"t •
d'Hé ·
.
,
1100
ricault, mcorrecte sans doute, mais qui loge si bien dans
1
a poche, et pèse si peu, pour une promenade d'été, à un
veston léger. Au contraire, Villon fut de bonne heure tenu
pour un grand. poète (une foii mort, bien entendu), publié de
no~breuses fois, et par Clément Marot lui-même, cité par
Boileau, pour des raisons et en des termes d'ailleurs bizarres à,
l'ordre du jour de l'Art Poltù111e.
'

•
Villon sut le premier, en de1 siècles grossitn. ..
En:endez qu'il en fait une sorte de Malherbe spontané et
M. Pierre Champion aurait pu joindre cela, dans son cha;itre
sor la Lé~ende de Yi/km, aux Frandm Repue1 et aux anecdotes
de ;1ùbela1s ! Aujourd'hui Villon demeure sinon le plus lu, du
moms le plus édité actuellement, de nos poètes antérieurs au
XVII•
siècle. Lorsque le duc Charles et Villon , l'un prem1er
·
•
pnnc~ du sang, ~•autre criminel en rupture de ban, l'un
à ~a paternité d'un roi de France, l'autre aux prisons et
quest10n par l'eau du Châtelet, se rencontrèren~ à Blois si
une bohé mienne
·
· de clairvoyance
.
'
pleme
avait aux deux poètes

r~mu

9

�794

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

annoncé tout cet avenir, lequel des deux aurait cru à sa male
aventure, lequel des deux a sa bonne aventure ?_ •
•
J'ai dit que les documents dont il disposait unposatent à
M. Champion une rédaction différente de ses deux grands
ouvrages. Mais il y a une autre raison. Dans son Charlts
d'Orléans et dans son Villon, il s'est préoccupé du lecteur de ses
deux poètes plutôt que de son propre lecte~. Il_ a vou~u lui
mettre dans les mains un guide abondant et bien informe. Il a
écrit un commentaire biographique des poésies. Or ce commentaire biographique est, pour l'un et l'autre, nécessairement
différent. Les poésies du duc Charles, issues du Roman de 14
Rose, ont pour matière des abstractions, celles_ de Vill~n des
\
réalités hommes et choses. L'exégète n'éclairera pomt le
lecteur' sur Dangier et Merencolie comme il l'éclaire sur la
Belle Heaulmière et Thibault d' Aussigny. Pour que nous comprenions bien les Laiz et le Te1ta~ent, po~r que notre i~t~igence de Villon sorte un peu des cmq ou six balla~es t_rad1t1onnelles qu'il a pour Yaus bri1és, il faut qu'un historien_ nous
prenne par la main, nous conduise par ce ~édale adm1r~ble,
pittoresque, parfois malodorant ainsi que celu~ même ~u vieux
Paris quattrocentiste évoqué par M. Champ10n. Il n Y a pas
·
·
· ·
de la
d'autre commentaire possible
que celm-là.
A l' ongme
poésie française moderne, il semble alors que le duc Charles et
Villon marquent, comme deux ~atières un peu grêles, la plac:
qu'occupe en Italie le seul génie de Dante, que les Balladts e
les Rondeaux de !'Orléanais soient un peu notre Paradm, les
deux Testaments de Villon notre lnfirrro (étant bien ma'.nte_nue,
comme disait Paul-Louis, la distance qui sépare Tivoli de
Pontoise et Gonesse d' Albano). Eh bien ! il faut que le commentaire de Charles soit, co=e celui du Paradis, un comm~ntaire allégorique, le commentaire de Villon un com1:1enta1re
historique ainsi que celui de l' Enfer: Et j'imagme que
M. Pierre Champion a dO. hésiter, pour la rédaction_d\son
Villon, entre deux partis : celui qu'il a pris, et celui dune

NOTES

795

édition infiniment annotée et commentée, une édition analogue a celle que la même et bonne librairie nous donne, un
peu lentement, de Rabelais, et au fronton de laquelle le nom
de M. Pierre Champion eût faé encadré par ceux d' Auguste
Longuon et de Marcel Schwob. Même Rabelais et Stendhal
eussent-ils été, dans la maison, aussi royalement servis r
On ne saurait trop attirer l'attention sur le renouvellement
complet que depuis une vingtaine d'années des œuvres d'érudition comme celle-là ont apporté à la vertu suggestive et
esthétique de textes qui paraissaient avoir atteint leur point de
d'immobilité. Là est le travail véritable et durable, la vertu
propre de la critique contemporaine. Il y a une ou deux semaines
je parcourais, à peine en plus de temps que n'en avait mis
l'auteur à le penser et à l'écrire, un article de M. Faguet sur
Brunetière ; M. Faguet annonçant qu'il donnerait bientôt une
étude ample et approfondie sur son auteur, concluait mélancoliquement que tout cela, peut-être, n'empêcherait pas que
l'oubli ne vînt tôt recouvrir Brunetière, comme d'ailleurs,
ajoutait M. Faguet, moi-même et nous tous, les critiques,
excepté Sainte-Beuve. Or, si dans les coupes sombres d'un
avenir prochain sont comprises l'œuvre de Brunetière et celle
de M. Faguet, en est-il de même pour des travaux d'érudition
en apparence modestes, ingrats, de rayonnement faible, mais
qu'il devient désormais à peu près impossible d'écarter ? Ce
que M. Victor Bérard a fait pour le voyage d'Ulysse, ce que
M. Lefranc et ses compagnons de travail ont fait pour la
guerre picrocholine et pour les navigations de Pantagruel, ce
que M. Pierre Champion, héritier et disciple de Marcel
Schwob, fait aujourd'hui pour les Te1taments, cela n'est-il pas
incorporé pour bien longtemps aux noms d'Homère,de Rabelais,
de Villon r Celui qui apporte des faits historiques est toujours
le bienvenu. Quant aux jugements, il semble que nous en
ayons été fournis une bonne fois par Sainte-Beuve, qui, là où
il ne pouvait savoir, a presque toujours deviné juste. De sorte

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!!

qu'aujourd'hui l'on dirait que pour un érudit intelligent ~:rire
soit mettre une pierre sur des pierres, et que pour un critique
intelligent ce soit remettre de l'eau claire dans du vin déjà
mouillé.
Et la critique aurait bien tort de dédaigner comme lourdes
au nez et laides à voir les lunettes que lui polissent patiemment
des chercheurs comme M. Champion. En voici un exemple
amusant. U y a dans les LaÎi ces vers :

Por1res orphelins impourueus,
Tow deschalilsiez, tout despouroew,
Et denuez comme le r1er;
J'ordonne 'i,/ il; soient pouffltus,
,,1u moini pour pa11er ut yr1er:
Premièremmt, Colin Lauren;,
Girard Gossouyn et Je/Jan Marceau,
Dt1poUNJeUJ de biens, de parens,
Qui n'ont r1ail/ani l'anu d'un seau,
C!ta;tun de 11111 hitns ungfimau,
Ou fjUIZlre hlans, /ils l'ayment mieulx.
li mengeront maint bon morceau,
Lu enfans, 9uant je seray r1ieulx !
Théophile Gautier écrit sur ces vers: "Certainement Villon
n'était pas né pour être un coupe-bourse ; il avait un~ bell_c
âme, accessible à tous les bons sentiments ... Il soutenait trois
jeunes orphelins... Il leur recommande de travailler. " Or le
bon Théo répand ce jour-là des larmes sur le pauvre Holopherne. Car M. Pierre Champion nous prouve que_ ce .legs,
comme la plupart de ceux des deux Testaments, est u-omque,
doit être compris en antiphrase, et que Colin Laurens, Girart
Gossouyn et Jean Marceau; " ces trois petits enfançons
ditoyables sont trois riches et vieux usuriers, entre les plus

NOTES

797

riches de France ! " De sorte que les vers de Villon sortent de
la même veine que ceux de Banville :

l'autre jour, attendant r1ainement de l'argent
Qui me r1ient de Hanor1re,
Je pleuraii depltil dam la rue, en songeant
Combien Rotsd,ild est paur1rt !
Et je ne fais pas ce rapprochement pour le vain plaisir de
juxtaposer deux stances, mais je le trouve significatif, consolant
et beau; pour un poète du xve siècle ce n'est que par antiphrase
simple et par jeu que l'on peut parler de la pauvreté d'un usurier;
pour un poète du XIX&amp; siècle, cette pauvreté n'est pas ironie,
mais vérité, quand elle se compare a la riche~e de ce qui vaut
vraiment, l'exaltation et la liberté intérieures. De l'un à l'autre
texte, la ligne est la même, mais ascendante vers les sommets et
vers l'air pur.
Dans ces deux gros volumes, M. Pierre Champion n'a
prétendu qu'a un travail d'historien, et, tout en appréciant
sobrement le génie de Villon, il a laissé de côté la technique
et la place de sa poésie. C'était son droit ; il est bien de servir
non seulement de guide au lecteur actuel, mais de base nécessaire à un auteur futur, à un analyste que le Villon de Gaston
P1ris n'a nullement lieu de décourager. Cependant j'aimerais
que M. Champion ait été un peu plus loin dans la psychologie
de son poète. Je ne suis pas insensible an charme ni à la vérité
de la page qui ouvre le tome II, mais M. Champion se contente
d'y reconstituer son Villon sur le type général du jeune homme
que chacun peut retrouver en soi, et non sur le type particulier
du Poète. Il y avait pourtant un terme de comparaison intéresl saut. Je suis étonné que pas une seule fois M. Champion n'ait
prononcé le nom de Verlaine. Et cependant, de Villon à
Verlaine, l'analogie de la vie, l'analogie de la poésie, frappent
à première vue. Tous deux tirant, à une époque de poésie
artificielle, la poésie de l'âme la plus intérieure et de fonds

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

musicaux, bdilants, qu'avant eux on ne soupçonnait pas. Tous
deux débiles de volonté, épris de l'Amour, et le sentant mêlé
aux vibrations de leur génie, mais, par laideur physique ou par
timidité, voués à la Vénus des carrefours. Tous deux sans
défense contre leur temps, écrasés sous l'ordre et sous la loi.
Tous deux trouvant dans leur prison les sources de l'inspiration
chrétienne et la voix qui les rappelle à Dieu : à ce sujet
M. Champion écrit sur Villon une page que l'on peut transporter sans y rien changer à la prison de Mons et aux origines
de Sage,se. Et entre les hasards des événements, quelle concordance frappante 1 "Il y a parfois dans la vie, dit M. Champion,
un instant rapide dont les conséquences se feront sentir sur tout
le reste de notre existence ; une minute mystérieuse la domine,
un accident en modifie toute la suite. Il est un destin qui nous
ferme une route et en inaique irrévocablemeut une autre:
ainsi l'éprouva Villon quand il rencontra un prêtre amoureux
et colérique. " Suit l'aventure du 5 juin 145 5, la rixe de
Villon et du prêtre Philippe Sermoise, Villon blessé, tirant sa
dague, et frappant mortellement son adversaire. De là tous ses
malheurs. Lisez dans le Paul Fer/aine de Lepelletier le récit de
cette dispute armée avec Rimbaud qui valut au poète sa condamnation, puis une vie hors la loi. L'instant rapide, la minute
mystérieuse, le destin, sont les mêmes. 11 semble qu'à deux
moments de notre poésie le même ange soit passé, pour lui
marquer, d'un coup rude, et sans souci de la chair qu'il blessait,
sa route.
A.T.

A PROPOS DE DEUX LIVRES DE M. ANDRÉ
SUARÈS : IDÉES ET VISIONS (Emile Paul, 3 fr. 50). TROIS HOMMES (Nouvelle Revue française 3 fr. 50).
Quelque importance que nous nous plaisions à reconnaître
à ces deux ouvrages, ils ne nous donnent pas l'homme tout

NOTES

799

entier. Aussi bien ne seront-ils pas pour nous le prétexte d'une
étude d'ensemble, mais le sujet de quelques réflexions. Ils rassemblent les plus frappantes qualités de !'écrivain, du penseur, du
critique. Nous n'envisagerons ici l'œuvre complexe de M. Suarès
que sous ce triple rapport.
En un temps ou l'on n' "écrit" plus - ou plus guère - la
moindre page de M. Suarès, la moins bonne comme la meilleure,
étonne en ceci dès l'abord, qu'elle est "écrite''. M. Suarès dit
quelque part que tout auteur vraiment grand a un style et se
reconnaît à cela. Lui aussi veut avoir un style - il en a un. Il
ne joue pas avec le mot; le mot n'est pas pour lui chose légère ;
il ne peut pas souffrir qu'il s'émancipe dans la phnse; il tient
sur lui sa griffe; le sens qu'il veut qu'il ait, il le lui donne; il
le pres~e, le choque, l'éprouve et quand il le sait assez dur, sans
alliage, irréductible à aucun autre, alors il le rive :1 sa place,
forçant, au besoin, la syntaxe, pour l'y mi;ux river. Quand
M. Suarès dit style, il veut dire grand style et il ne conçoit pas
qu'on se puisse soucier d'un autre. Le grand style français !
il n'est pas tant pour lui dans Bossuet que dans Pascal; pas
tant un style d'apparat, qu'un style de passion et de souffrance,
qu'un style intérieur, et même quand il crie. li ne s'arrondit
pas, il épouse tous les àngles de la pensée ; sans la pensée "il
ne serait de rien". Appelons-le le style de l'homme solitaire.
C'est le vertige de -Ja solitude qui met en branle la pensée de
M. André Suarès.
Le solitaire pense en profondeur ; il n'a que faire des
constatations superficielles de nos sens, des déductions dont la
raison de tout homme est capable. La on commence le gouffre,
c'est là qu'il aime à se tenir. Plus il s'écarte du vulgaire - plus
il attache de prix à son originalité, plus il s'écoute, et plus il
parle. Plus il se sépare de l'homme social - plus il sent s'aiguiser
son appétit de l'absolu. Penser n'est plus pour lui la découverte de rapports nouveaux entre les faits et les idées, mais,
par delà l'expérience, par delà' la géométrie, c'est ausculter le

�800

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

cœur souterrain de la vie, poursuivre le secret qu'on n'atteint
point et le poursuivre d'autant plus furieusement qu'on sait
qu'aucun homme ne peut l'atteindre. Pour le penseur solitaire
il n'y a pas d'autre problème que celui de notre destin : art,
science, morale, politique, tout s'y rapporte. - Ainsi, M. André
Suarès recommence la tragédie de Pascal. Mais il ne semble
pas que la révélation pacifiante lui soit venue. Ou bien c'est
qu'il l'a repoussée. Il la repousserait encore, je le crois. Il craint
qu'elle ne fasse obstacle à cette vertu entêtée de recoignement,
de réaction, de rétraction sur soi-même qu'il cultive douloureusement. Autre part que dans cette lutte, ses facultés mal
activées ne rendraient pas leur effort maximum.
On me dirz que le solitaire d'autrefois ne se donnait pas en
spectacle au monde, que les cris de Pascal devaient s'éteindre
dans l'œuvre qu'il avait rêvée et qu'il n'eftt pas le loisir de
parfaire. Depuis Pascal, nous avons eu Rousseau, nous avoni eu le
romantisme l Les mœurs littéraires ont changé. Chacun se confesse tout haut, et même qui n'a pas à confesser grand' chose.
Voudrait-on que M. Suarès, si riche d'intimes méditations, fût
seul à garder Je silence 1 S'il nie le monde, il faut bien que le
monde apprenne de lui qu'il est nié] Soit qu'il prenne le masque
du condottière, soit qu'il anime le personnage de Lord Spleen,
c'est donc M. Suarès qui parle et on sait qu'il parle en son nom.
Lorsque je lis dans ldéu et Visions ces extraordinaires Rljltxil/1/S
.Jur la Décadence, ou le chapitre Art-style de Lord Spleen ttl
Cornouaille1, j'entends une voix de prophete sortir de la
caverne; elle me hait, elle me juge, elle me blesse; elle veut
pourtant me convaincre. Elle est si péremptoire et d'une
âpreté si singuliere que je voudrais qu'elle eût toujours
raison. Mais ce n'est pas impunément qu'on se grise sans cesse
de sa propre pensée, et ici - le plus grave obstacle à une
victoire totale sur le lecteur, la raison qui fait que M. Suarès
n'a pas encore la situation qu'il mérite, c'est qu'ayant
choisi le ton du sublime, il lui arrive parfois de rester en

NOTES

801

dessous. On lui saura moins de gré qu'on ne le devrait, de
ses plus hautes et de ses plus justes pensées, pour une pensée
moins haute ou moins juste, qu'il aura laissé passer dans l'élan
de la production. M. Suarès écrit dans son Portrait d' Ibsen " On
est rhéteur d'idées, comme on est rhéteur de phrases; comme
on bâtit sur de grands mots vides, on fait sur de hautes pensées ;
mais la fabrique, ici et là, n'est pas moins vaine." A ce moment,
sans en avoir une conscience claire, je sais qu'il songe à lui ; il
flaire le danger vers quoi l'abus de la pensée l'incline, lui comme
un autre, et comme les plus grands. Son lecteur le plus attaché,
tremble sans cesse qu'il n' "abuse".
Au fond, M. Suares est trop libre de sa pensée, de penser
ce qu'il veut et à ce qu'il veut. Il lui est devenu tout de suite
trop aisé de remplir une page ou un paragraphe de quelques
formules frappantes, durement nouées et qui vont loin. A mon
avis il ne donne toute sa mesure que quand son sujet se particularise, quand ce n'est plus l' "homme" mais "tel homme",
quand la figure d'un Ibsen, d'un Pascal rassemble à soi ses
idées erratiques, le force à les grouper, à les lier et à les
ordonner logiquement dans la continuité d'un ensemble. Nulle
part M. Suares n'est davantage lui-même et ne parle plus
éloquemment de lui-même, que là où il confronte involontairement leur solitude à la sienne. Alors les paragraphes s'enchaînent, se commandent, se poussent ; l'amas de cellules
vivantes consent à un échange et forme un organisme, un être...
Pour caractériser ces grands hommes qui lui ressemblent,
M. Suarès trouve des traits qu'il ne trouverait pas pour lui ; il
lit dans une œuvre et sur un visage tout ce que l'œuvre et le
visage ont tu, comme ferait le plus grand portraitiste. " Ces
yeux d'Ibsen, au milieu de sa vie, ont été tres beaux : bien
logés, ils regardent avec courage ; ils vont, au-devant de
l'attaque ; ils sont fermes ; ils ne vacillent point ; ils avaient
une certitude qu'ils ont perdue, depuis ... La face n'a jamais
été creusée, ni maigre, ni maladive, elle est d'une honnêteté

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

admirable. Un grand air de braver tranquillement l'opinion
d'autrui, la foi en sa valeur propre et en son droit ; un :irtiste
dont les puissances sont encore plus voisines de l'instinct que
des livres et qui n'ont pas encore usé leur passion, sous la lime
des mots." Pour que M. Suarès nous découvre toute sa valeur,
il fautqt1'il se retrouve hors de lui-même. C'est miracle de voir
comment ces yeux, qui nous semblaient tournés vers le dedans,
saisissent et fixent la vie. Il semble que dans son semblable il
trouve l'équilibre et le repos. Il n'y abdique rien de son
inquiétude ni de sa passion, mais la vie des autres les a filtrées.
On sait combien M. Suarès se montre injuste pour les Grecs;
son monde est celui de Pascal, de Beethoven et de Shakespeare;
il conçoit la sérénité comme un manque. J'espère, contre lui,
qu'il la rencontrera. Après ces pages fougueuses et amères, on
souhaite ardemment le spectacle d'un esprit délivré, "détaché",
espoir de Nietzsche, - détaché par le scepticisme ou b fo~
dans l'acceptation sans réticence de la vie, que ce soit un
paîen comme Sophocle, un pyrrhonien comme Montaigne ou
an catholique comme Paul Claudel. Et on lit avec joie les
pages descriptives que M. Suarès a consacrées
la Provence;
là il a consenti à regarder le monde, sans le juger; à n'y considérer que des couleurs et que des formes ; son style lui-même,
sans dessous, tout appliqué à copier, s'aère, s'éclaircit, sans rien
perdre de son beau suc. " Il a fait très chaud, Le ciel dur et
cru se lave d'ombre, il monte peu à peu comme une coupole
aérienne, dans une ascension insensible : et parce qu'il n'est
plus d'an seul bloc il se colore de nuances délicieuses, où l'or
rouge du feu domine, etc ... " Je cite dessein les plus simples
phrases.
H. G.

a

a

•
ETUDES DE PSYCHOLOGIE LITTÉRAIRE, par
Cazamian.

LQUÏ1

Puisque ce livre est extrait d'un des enseignements les plus

NOTES

substantiels qui soient donnés à la Nouvelle Sorbonne, cherchons d'abord dans le sixième essai : Histoire littéraire tt hiJtoire
sociale, le plan de travail proposé par l'auteur à ses étudiants en
lettres anglaises. Au programme de l'examen étaient inscrits ces
deux textes : le prologue des Ca"terbury Tak, et la Visio" de
Pierre le Laboureur ; et ce sujet général : la Vie sociale et la
Religion de l'Angleterre au XIV6 siècle. Le maître pouvait
partir des textes, les éclairer par l'histoire. Il préfère "se placer
delibérément sur le terrain historique, envisager successivement
les principaux aspects de la vie anglaise au XIV" siècle, et
illustrer chacun d'eux à l'aide des textes choisis. " Il v:iut la
peine de peser ses raisons.
D'abord "l'étude des langues et des littératures apparaît
désormais comme liée a celle des milieux sociaux, où se sont
élaborés les esprits nationaux ; où se sont développées les
institutions, les mœurs.,. et toutes les forces en un mot dont les
langues, d'une part, les œuvres littéraires, de l'autre, sont des
expressions. " S'agit-il, en particulier, des langues et littératures
modernes 1 Ici, "l'humanisme purement formel n'a pas jeté de
profondes racines " et ne gêne donc point un élargissement de
la méthode ; le rapport des littératures avec les milieux sociaux
est plus facilement et plus complétement saisissable. Et surtout
"les civilisations de l'antiquité sont mortes, et il n'y a plus
guère à les connaître qu'un intérêt scientilique et philosophique
(esthitirp1e a1111i, sans doute?). Au lieu que les civilisations
modernes - française, allemande, anglaise, italienne, américaine - s'imposent a nous comme les facteurs essentiels de la
destinée même du monde et de l'avenir humain. "
D'autre part, quel sera, dans les lrcées, le rôle des professeurs
d'anglais que l'Université prépare? "Ce n'est pas l'anglais
qu'ils enseignent, c'est l'Angleterre, l'Angleterre des choses et
des hommes, des hommes surtout." Ils doivent donner aux
élnes "le sens d'une de ces grandes énigmes historiques que
IOnt les nations modernes vis-a-vis de leurs voisines" et doivent

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

t

connaître le passé pour comprendre et faire comprendre le
présent.
L'autet1r ne se dissimule point que la notion même des
"lettres" se trouve ainsi modifiée : " Pour le progrès scientifique des intelligences, un sacrifice est nécessaire, et il se fera
probablement du côté de la sensibilité littéraire ; quelque chose
sera perdu sans doute, dans la moyenne, de l'affinement
aristocratique ou triomphait la vieille culture. - Quelque
chose, mais le moins possible .. . " D'aillews, comment l'éviterl
'' D~ux groupes d'études tendent à se constituer; l'un, qui
répond aux " lettres " embrasse à la fois l'homme moral et la
société ; et je n'ai pas besoin de vous montrer que dans ces
lettres nouvelles l'histoire fournit la méthode et la philosophie
de l'esprit; et quele vrai nom de ce groupe serait les "sciences
morales " ou plutôt les " sciences sociales", dans lesquelles
l'histoire littéraire n'est plus qu'une branche de l'histoire
totale, et la culture du gofit littéraire n'est plus qu'une branche
de la pédagogie; et d'autre part l'étude de la nature dans
laquelle rentre l'homme physique; et voilà ce qu'on appelait
proprement "les sciences. " - Et si l'un et l'autre groupe
doivent fournir à l'enseignement sa matiere, le premier restera
la meilleure discipline des intelligences, car !;étude de l'homme
moral est éducative en elle-même, et nul n'est complet s'il n'en
a éprouvé la vertu. Mais la culture de la sensibilité littéraire
n'y gardera sa place et son rôle qu'à condition de se subordonner à un ensemble dont elle est solidaire ... Car de plus en
plus nettement la lin véritable et suprême est : la connaissance
et l'intelligence de l'humanité. "
La méthode esquissée par M. Cazamian ne doit nullement
être confondue avec cette manie d'érudition, cet amour des
petits faits et cette horreur des idées où certains maîtres furent
conduits par une imitation étroite et fausse de la vraie science
germanique. Les plus dangereuses atteintes aux vieilles humanités ont été l'œuvre des philologues. Quand Renan, dans

NOTES

805

l'enthousiasme de sa jeunesse, vantait l'étude historique des
langues jusqu'à n'admettre, en dehors d'elle, nulle esthétique
valable et nulle psychologie, il se trompait assurément ; mais
l'erreur s'est aggravée en se traduisant dans le choix des procédés d'éducation. Notre auteur a sur ce point une ferme
opinion, que j'accueille avec joie : A.ses yeux "la philologie
n'est plus que l'auxiliaire, indispensable il est vrai, d'une étude
générale qui n'est pas celle des mots, mais celle des choses ...
Ce n'est pas assez de rattacher l'histoire des littératures à celle
des langues, si toutes deux n'entrent à leur tour dans l'histoire
des milieux humains ... La philologie n'a plus aucun droit a
dominer les sciences morales ;.. . son objet n'y forme plus
qu'une province dans un empire ... La philologie est la plus
abstraite de toutes les sciences de l'homme, .. Si elle plie
l'esprit admirablement au r\:spect scrupuleux des faits, elle
offre aux facultés de synthèse un champ moins vaste, sans cesse
rétréci par la bizarrerie, l'absurdité, l'exception ... Son étudé
~elève plutôt, dans son ensemble, de la mémoire que du
Jugement." Cette dernière phrase paraît d'abord passer le but.
Nul ne conteste l'acuité de jugement ni la puissance de
synthese qui distinguent un Bopp, un Burnouf, un Bréal, ou,
de nos jours, un Meillet. Mais c'est de nos étudiants qu'il
s'agit, de ceux qu'une vocation spéciale n'attire pas vers la
philologie
: Existe-t-il une autre science ou la compétence soit t
.
aussi tardive ; ou tant d'acquisitions doivent précéder le
moindre effort inventif; où l'activité de l'élève soit aussi
longtemps bornée à de timides et fragmentaires applications?
La philologie, pour l'étudiant moyen, devient simpl~ment... la
grammaire. Quoi qu'on ait dit, la mise en ordre de remarques
morphologiques et syntaxiques sur une page de vers ou de
prose n'est pas un des exercices qui permettent le plus sÎirement, soit de former, soit d'apprécier, les plus solides qualités
d'un esprit.
L'histoire mal entendue n'est pas non plus sans vertus

�806

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

dispersives. Mais M. Cazamian, si je le comprends bien,
n'accable pas ses élèYes sous de longues tkhes d'érudition. Leur
travail de première main ne porte que sur des textes restreints.
Et si, pour éclairer ces textes, ils doivent de toutes parts
étendre leur enquête, rarement ils vérifieront, à partir des
documents bruts, les assertions des historiens ; plus souvent,
sur des résultats partiellement élaborés, ils feront œuvre de
choix et de synthèse. Ils ne peuvent saisir la vie d'une époque,
sans la rassembler sous une idée; la Vie et l'Idée ensemble
suscitent la forme, et l'exigent. Tout défaut de composition ou
d'expression serait ici sanctionné par un sentiment pénible
d'embarras intellectuel.
Dès lors, pourquoi regretter qu'un tel enseignement ne soit
plus dominé par un souci de culture esthétique? Ceux qui reprochent aux maitres actuels de négliger la formation du godt
savent bien que, sous un autre régime, le goÎlt des jeunes gens
se réglait fort peu sur le goÎlt déclaré des maîtres, En cette
matière, un maître peut beaucoup; mais ce n'est point par ses
leçons, c'est par la liberté qu'il laisse et par les encouragements
qu'il sait à propos dispenser; c'est par sa façon de corriger un
travail, ou de noter les épreuves d'un examen. Il importe que
la science - histoire ou philologie - n'accapare point le
temps de l'élève -au point de tuer en lui l'amour des libres
lectures; il importe que les qualités de finesse, le sens du beau,
le soin du style, lui soient comptés autant que le savoir, et
n'influent pas moins sur ses chances d'avenir. Pour cette seule
raison, ne souhaitons pas un triomphe trop complet de l'école
scientifique. M. Cazamian use de Chaucer et de Langland Pout
"illustrer", chapitre après chapitre, l'histoire du XIVe siècle;
c'est fort bien, et cela vaut mieux que d'illustrer, au contraire,
chaque vers d'un beau poème par un commentaire de linguistique et d'histoire. Encore faut-il que dans une autre chaire
un autre maître puisse n'.employer l'histoire qu'à faire mieux
sentir les beautés de Chaucer ou de Shakespeare. La Sorbonne

NOT.ES

n'a .pas à rivaliser avec l'esthéticisme d'Oxford; mais que
surgisse chez nous un émule de Walter Pater, il serait fâcheux
que sa délicatesse et son attachement à l'ancien humanisme
pussent l'écarter du haut enseignement français.

A l'ombre de l'histoire sociale, M. Cazamian réserve une
place au talent, à la personnalité originale de !'écrivain. Peutêtre en trouverons-nous la preuve dans son Carlyle. Dans le
présent volume, le seul essai qui traite d'un homme et d'une
œuvre individuelle est le court chapitre sur La Cité de /4 Nnit
Tragirpte, de James Thomson. Tout y concourt à définir l'âme
du poete et l'atmosphère du poème. Mais le cas ne prête guere
à l'analyse psychologique : Autant que les citations permettent
d'en juger, jamais âme plus fortement concentrée sous une
émotion dominante ne fit plus sÎlrement converger vers cette
émo~ion unique toutes les ressources de son art, tout le pouvoir
des images, et des rythmes, et des mots. Cette Nuit épaissie de
brume, qui pèse sur la Cité, est moins tragique que sinistre
moins sinistre encore que morne; des éclairs de pathétique d;
Pfil es rayons de grâce funèbre, ne semblent la traverser 'que
pour réveiller nos yeux à son horreur grandîosement monotone.
Dans l'enfer du Dante à chaque cercle changent la nature des
tourments et l'attitude des damnés; dans l'enfer de Thomson
,
'
c est partout, semble-t-il, un même accablement sous un même
supplice, partout !'Angoisse aggravée par !'Ennui,
~es autres études portent sur des sujets plus généraux ; et
tro1~ d'entre elles offrent trop d'intérêt pour que nous quittions
ce hvre sans nous promettre d'y revenir bientôt.
M.A.

ROMAIN ROLLAND : L'HOMME ET L'ŒUVRE,
par Paul Seippel (Ollendorff).
La première étude d'ensemble consacrée à Romain Rolland

�808

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nous vient de Suisse. Elle est de M. Paul Seippel, dont le nom
était connu des lecteurs français, jusqu'ici, par les Deux Fra11m.
M. Seippcl rappelle d'ailleurs, et il parait en concevoir une
belle fierté, qu'il fut le tout premier, dans un article du Journal dt Genève paru le z juillet 1905, à parler de Jean-Christop!tt.
C'est donc à lui qu'il appartenait d'écrire ce livre. Et, quand
on l'a lu, on voit qu'aucun des "Amis de Jean-Christophe",
auxquels le livre , est dédié, n'était, pour nous l'adresser, en
meilleur état de grâce ; on Je voit, à cette idée seule, qui nous
paraît si naturelle maintenant qu'elle est trouvée, de leur avoir
précisément olfert son œuvre, comme le Pantagrutl aux buveurs,
pour l'esbattement des bons Christophistes et non aultres.
C'est en effet un groupe non compact, mais bien vivant,
que celui des "Amis de Jean Christophe" et voyez quelle
différence entre ce mot, qui nous vient si naturellement à la
pensée, et celui de " disciples de Romain Rolland" qu'il serait
impossible de prononcer de bonne foi. Je1111-Chris10plu a créé
une "amitié" dont je parle d'autant plus librement que, franchement, je crois bien rôder avec quelque timidité sur ses confins.
Pour se donner entièrement à elle, pour "en être", sans plus,
il faut, à ce qu'il me semble, et d'après ce qui ressort du livre
de M. Seippel, trois conditions.
" La première condition, en effet, dit M. Seippel, pour être
un digne membre de notre grande famille, est d'aimer par
dessus tout, la musique. " Je ne reviendrai pas sur ce qui est
aujourd'hui un Jieu commun, que Jean-Chris/Qjhe se dé6nit
comme le roman d'un musicien, écrit par un musicien, selon le
fil et les vertus de la musique. Mais il y a de bons esprits
.
" _et
qui se refusent à aimer " par dessus tout, 1a musique
qui bien plutôt l'aimeraient par dessous tout. Je veux dire
comme une chose élémentaire, comme un mouvement par
lequel tout doit commencer à vivre, mais aussi d'où tout ~oit
s'évader pour monter vers un monde de stabilité, de p~asuque
et de formes. Par la musique, les profondeurs deviennent

NOTES

sensibles, les racines de la vie bruissent et se dévoilent, mais
ces profondeurs sont un piédestal pour quelque chœe, idées
et formes, et ces racines alimentent le dôme de branches
-étendues ou retombantes. La musique c'est ce qui nous fait
vivre pour autre chose, aimer autre chose, penser à autre chose.
Comme Jean-Christophe lui-même elle est un instant de la vie,
elle est sacrifiée, elle meurt pour que d'elle s'exalte, pour que
d'elle subsiste, ce qui ne serait pis sans elle et ce qui vaut
mieux qu'elle, son œuvre. Elle est l'll,rnpov, matrice du voiii;,
et qui sait (Christophe le démentirait-il ?) si on ne lui reste pas
plus fidele en l'aimant par dessous tout, comme le terreau de
tout, qu'en l'aimant par dessus tout, comme la fleur de tout r
Dans le poème le plus "musical" de notre littérature, dans le
StuJrt de Victor Hugo, le faune, parmi l'explosion dernière du
lyrique et du vra.i, rejette la fltîte de Mercure et la lyre
d'Apollon, à cette heure brisée et dédaignée. Et à la musique
elle-même n'ai-je pas souvent entendu dire ce que Zarathoustra
enseigne à ses disciples : "C'est quand vous m'aurez renié que
YOus serez le plus près de moi." Mais aussi bien n'est-ce pas,
peut~tre, à ce moment où je crois m'éloigner le plus de l'auteur
de Jea11-CliriJ/Qphe et de l'auteur de ROt11ain Rolland, que je
reviens près d'eux et que nous pensons ensemble?
Une seconde condition - et je puis employer ici des
concepts plus précis - pour appartenir aux vrais amis de JeanChristophe, c'est, je crois bien, d'être anti-catholique? Certes
M. Seippel ne le dit pas formellement. Mais le génie de JeanCiristopht, et la fortune de Je11tt-Christophe, sont liés, en France
et en Europe, ·à 1:t vie profonde de 1'3me protestante. Je vais
m'expliquer. Même si Romain Rolland me le confirmait lui~me, j'hé.iterais à partager l'opinion de M. Seippel touchant
l'inftuence possible d'Empédocle sur Jean-Christophe. " Dans
son l}thme général, on discernerait l'alternance de ces deux
principes eternels de l'Amour et de la Haine qui tantôt se
~parent, et, par Jeurs luttes, engendsent la vie, tantôt se
10

�810

LA NOUVELLE REVUE FRA ÇAIS!

réunissent dans l'harmonie de la bienheureuse sphhc." Je voia
bien que Romain Rolland déclare s'!trc enivré des présocratiques, et que le p~emier dra~e qu'il écrf~it avait E~péd~
pour sujct,je ne crois pas à une mfluence d idées, de ph1losoph1e,
mai, à ceci : les fragments des premiers philorophes, dans leur
obscurité et leur incertitude, sont pour un penseur d'aujourd'hui
d'incomparables thèmes mu,icaw:, ils ont de la musique le
prestige mystérieux, les grands partis fluides, et, musique pure,
ils sont à l'ensemble des systèmes, à cette tragédie de la pensée
qui va de Socrate à Bergson, ce que l'ouverture du drame
musical est au drame, une graine avec un emboîtement de
germes. Le système d'Empédocle en particulier, avec ses COD•
traircs alternés, est pour nous le type même de cette œum
musicale. C'est cette musique retrouvée que Romain Rolland a
dti aimer dans Empédocle et dans les présocratiques. Le thème
de )' Amour et de la Haine, dans Jta11-Chrùtoplu, e~t un dép6t
direct de la musique ; je crois que techniquement il a peu i
voir avec le philosophe d' Agrigente. Tout ceci pour dire qae
Ja &lt;&lt;philosophie" de Jean-Christophe ne d~it pas se ch~~
dans des analogies :ivec les présocratiques, mm dans le prmape
vivant du protestantisme. Cette philosophie c'est la justification
par la foi, poussée à sa. ~imi_tc de"!i~e, purifi_ée de bibli..smc,
justification non par une JUstJce cxteneure, mai par la fo1 ea
)a justice, par la foi en soi, la foi en sa vie, la foi en sa mort.
Il est naturel que Romain Rolland se soit reconnu. dan1 la
philosophie typique du . protcst~n~isi:ne, cont~m.poram, ~
William James, et qu'il ait été, ccrit-il, 'stupéfait quelqucfots
par l'étroite parenté entre certaines idées du Bws0111 ~rdal et
celles de James." Et c'est quelques lignes plus bas qu 1_! formule
le Crtdo le plus absolument anti-catholiqu:' le plus log'.quemea;
protestant, le plus inacceptable_ pour qu1c~n~ue attri.bu~ ~
existence, un poids, à la Tradition : "Je n a1, pour a10 '. d~
plus ouvert un livre de philoso~hie~ depui~ le temps lo1ntain
où, à J' Ecole Torrnale, je m'en1vrau de Spinoza et des préso-

NOTES

8rr

cntiqucs. J'estime qu'un homme vigoureux et sain doit refaire
sa philosophie soi-même, comme il refait sa vie, son art, comme
il se décide dans l'action, et comme il aime .... " Je comprends
mal : en quoi est-on moins vigoureux et moins sain en faisant
appel, pour vivre, à Platon et à Descartes, qu'en s'alimentant à
Michel Ange et à Beethoven ? Romain Rolland maintiendra-til cet individualisme l aura-t-il, lui aussi, sa courbe barrésienne l
om verrons bien.
Troisième condition enfin : être de ceux-là que Niewche

appclJe les bons Européens, appartenir à cette Europe idéale
dont un Michelet du XX0 siècle, monté sur les Alpes comme

le nôtre sur le Jura, fera le tableau, ainsi que le nôtre a fait Je
Tdk4M de la France. Entre la France, l'Allemagne et l'Italie,
J11111-Chrotoplu étend la marche commune où les trois cnltures
se connaissent, s'affrontent, communient. Il était naturel que la
Suisse vît en lui son image, s'y reconnO.t et s'aimk Comme

Amie! l'cO.t goO.té ! Mais que d'inquiétudes et d'hé.sitations nous
~tent lorsque nous rêvons à cette" bonne Europe" de demain,
à cette patrie de Jean-Christophe! Ici j'aurais trop à en dire pour
les limites de cette note : je m'expliquerai a un antre moment.
Aussi ne m'inscrirai-je pas expressément parmi ces amis de
Jean-Christophe auxquels M. Seippel dédie son livre. Je me
tiens sur la réserve, je demeure un ami du dehors, comme il y
a pour l'Eglise des apologistes du dehors. Mais, à dffaut de
Jean-Christophe, quel génie appelle mieux aujourd'hui l'amitié
pleine et sans réserve que celui de Romain Rolland ? Et
Y.raimcnt il méritait un livre comme celui que nous donne
M. Seippcl,. un livre d'analyse saine, loyale, qui laisse l'itnpre.ion d'une étreinte entre deux mains honnêtes de bons
OUTricn : "C'est par la valeur de sa personnalité morale que
Romain Rolland est hors de pair, " dit en commençant
M. Seippel. C'est aussi dans une valeur morale, fleur et sant~
de sa valeur littéuire, que le livre de M. Seippcl trouve son
accent le meilleur et le plus franc.
A. T.

�812

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

NOTES

légendes, d'histoire, d'aventures et de beauté. Et sa voix sonne
toujours le regret et la mélancolie.
PORTRAITS ET SOUVENIRS, par M. Henri de Rlg,titr
(Mercure de France, 3 fr. 50).
M. Henri de Régnier s'excuse, dans sa préface, de réunir en
volume-des articles écrits pour le journal. Besogne Mtive et
improvisée, qui mérite bien peu souvent, en effet, d'être sauvée
de l'oubli. Mais parce qu'ils ne doivent à l'actualité que leur
point de départ, les articles de M. Henri de Régnier soutiennent
l'intérêt longtemps après leur première publication et valent
d'être conservés. Ils ne sont, en eifet, que des prétextes à des
souvenirs de lectures ou de voyages, à des récits de la vie littéraire, Un événement quelconque, un anniversaire remet-il eu
vedette le nom d'un écrivain mort qu'il a connu particulièrement, M. Henri de Régnier en profite pour nous conter cc
qu'il sait de lui, comment il l'a vu, et quelles paroles il lui
entendit prononcer. Les îréquentations de M. Henri de Régnier
étant toujours choisies, ses souvenirs sont de qualité.
S'il s'excuse d'une besogne hhive, c'est, apparemment, par
moqestie. Car depuis longtemps, les pages qu'il écrit en peu
d'instants, sont composées dans sa pensée et elles ont pris ainsi
ce caractère de perfection, qui donne la valeur et la durée.
M. Henri de Régnier nous trompe avec bonne grke. Ses
articles ne sont point tant du journalisme que, déjà, des
mémoires.
Il est vtai aussi que le bon écrivain le demeure en tout ce
qu'il écrit.
Toutes les œuvres en prose de M. Henri de Régnier ont,
d'ailleurs, cette allure de mémoires, moins peut-être par leurs
sujets que par la prédilection de l'auteur pour le passé.
M. Henri d-e Régnier est venu au monde trop tard, presque
de deux siècles. Il n'est pas de nos contemporains. Il ne vit pas
avec nous de la vie d'aujourd'hui, mais dans tln autrefois de

Si Théophile Gautier, nous dit-il, aima spontanément José-

Maria de Hérédia parce qu'il faisait des vers "qui se recourbent
comme des lambrequins héraldiques ", nous aimons, nous,
M. Henri de Régnier parce que son style déploie de belles
manières et observe une parfaite convenance - quoique un peu
hautaine. Ce petit-fils d'émigré - c'est lui qui nous l'avoue_
ne semble pas ·accepter que Victor Hugo ait mis un "bonnet
rouge au vieux dictionnaire" et "fait une tempête au fond de
l'encrier." Il croit encore à l'ancien régime et il écrit en grand
seigneur qui sait son rang et entend ne se montrer jamais en
désordre. Si, toutefois, M. Henri de Régnier emploie tous les
mots - ce dont je ne suis pas sftr - les mots nobles comme
les mots roturiers, il leur confère une égale distinction. Je ne
sais par quel pouvoir mystérieux - sam doute par son pouvoir
de poète.

M. Henri de Régnier fait partie de ces écrivains heureux
:nuquels une situation privilégiée permet de parcourir le monde.
Remercions-les tous qu'ils satisfassent par leurs ouvrages à notre
désir de connaître la grandeur de la terre. Mais il est bon de
remarquer qu'ils ne vont pas sur les même~ chemins.Tandis qu'un
André Gide, par exemple, n'explore les différentes contrées que
pour découvrir la pure et essentielle nature, la création dans
l'acte qui la crée - ce qui nous vaut l'admirable livre des
Nourritures terrntres - M. Henri. de Régnier s'enfonce dans
les pays où fut !'Histoire et ne s'arr~te que devant les images
célèbres la~ssées par l'homme. Les paysages qu'il aime sont ceux
oà des personnages illustres ont vécu, ont passé, sont mor~s. Et
c'est leur âme qu'il y respire.
D'où les sujets de son nouveau livre : Portraits et S011'1111ir1,

G. S.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

'
LA POESIE
PSYCHÉ, poème dramatique par Gahritl MourlJ (Mercure de France, 3 fr. 50).

M. Gabriel Mourey qui a su se montrer naguère moderne
et même moderniste dans les poèmes du Miroir, court aujourd'hui le double risque d'être raillé par les jeunes poètes
d'cxtreme-gauche et loué à l'excès par ceux d'extrême-droite
pour avoir mis en œuvre Je mythe de Psyché. On est moderne (
en tous les temps et dans tous les sujets quand on a l'étotle
d'un homme. Au reste, si on veut bien y prendre garde, il n'y
a pas de matiùe plus riche, plus neuve et si peu exploitée et pas même celle-là que nous propose le monde présent- que
la mythologie des Grecs. On s'étonne qu'après un siècle de
lyrisme elle demeure encore aussi vierge pour nolls et qu'un
Hugo qui a fait de tout sa pSture, ait quasiment dédaigné
celle-ci. Sans Francis Vielé-Griffin, le symbolisme l'c(\t presque
aussi complétement méconnue. Qu'on oppose à cela l'obsession
de l'hellénisme qui règne chez. Keats, Swinburne ou Shelley !
On ne peut dire, n'est-cep~ qu'elle ait desséché leur génie et cc
n'est pas l'abstraction classique que la source antique leur a versée.
Nul n'épuisera les trésors vivants du mythe de Thésée, d'Héraclès, d'Atalante ou de Perséphone ! - Sans doute, Moliùe et
Corneille ont déjà touché à Psyché. Mais c'est une raison de
plus de Jouer M. Gabriel Mourcy de son audace. A vrai d~e,
il reprend le mythe au point où ceux-ci l'ont laissé et la cun~
sité de Psyché n'est pas le thème principal de son poème. Si
Psyché ouvre la pyxide magique qu'elle rapporte des Enf~
c'est qu'elle veut reparaître belJe devant Eros et qu'elle croit
que la boîte recèle un talisman souverain de beauté ; c'est
l'amour qui la guide, non le désir de toucher le fond de

I

NOTES

815

l'amour, dl'.\t cela ruiner Pa.mou même. Le personnage du
Tieux Pan qui mourra de désir, élargit la signification de la
légende ; son règne prendra fin et voici le règne de l'ime.
Mais que l'on ne pense pas que ces symboles viennent au
premier plan et ~tent par une ennuyeuse idéologie la qualité
humaine de l'action. De ces héros fictifs, M. Mourey dche de
&amp;ire des êtres ; il leur prête des émotions délicates et nuancées;
même il les amollit un peu trop à mon gré, mais c'est au bénéfice de la poésie. Au fait, il s'agit d'un poème, non point d'un
drame et la ligne du chant, même aux détours les plus tragiques,
domine les soubresauts de l'action. Je vois à la rigueur Psyd,I
S1l1 une scène, mais enveloppée de musique. Le vers est souple,
peu chargé d'images, parfois classique, plus souvent varié de
rejets hardis ; entre Je vers libre de La Fontaine et notre
Tm libre il garde une sage distance.

- Elle n'entnulra plus les s1111terel/es
Baôiller ..•
- Elle ne r,,n-ra plus briller
La mtr ôleu4 à traflm la grappe des tmmtlles.
- Hl/as, nlltu, dafund de sa prisqn
Elle n'tntmdra plw à la ltme 1tlJllfltllt
Ro~oultr dans /es hauts cyprh lts tourltrtlles
- P,ur tllt il "'Y aura plUJ dt sais0111.
Aucune recherche de mots, mais de ces chutes délicates qui
ducnt ju~tc. C'est l'ouvrage d'un homme de goth qui ne force
pas son talent.
H.G.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LE ROMAN
L'APPEL DES ARMES, par Erntit Psichari (Oudin,

3 fr. 50).
Tout en écrivant un livre où. semblent abonder les éléments
autobiographiques, M. Ernest Psichari s'est donné l'air d'é&lt;:rirc
le roman théorique de sa génération. Son jeune héros, cc fils
d'instituteur élevé dans un débile rationalisme et qui par réaction contre tous les principes qui lui furent inculqués, s'éprend
du métier militaire et revient a la foi de ses anc!tres, cette
figure de jeune homme pourrait avoir été tracée en rapprochant
des traits épars fournis par les fameuses enquêtes sur les tendances de la jeunesse contemporaine. On nous les a tant
énumérées, ces tendances, on en a fait si grand tapage, que les
voici, quoi qu'on en ait, fixées et consacrées. Il ferait beau voir
qu'un garçon ne füt pas belliqueux ou qu'il eût encore du go0t
pour les livres ! Ceux qµi sont de ce vieux ,modèle n'ont qu'à
se tenir cois. Ils n'ont plus la parole; ils n'ont plus existence
légale.
Il est bien regrettable que parlant d'un état d'esprit qu'il ne
peint pas en littérateur, mais qui est chez lui conviction forte
et agissante, M. Ernest Psichari paraisse à ce point faire de la
littérature. Il n'est pas permis de donner à un sujet aussi
personnel apparence aussi convenue. Que tout cela paraît concerté ! Le jeune Vincent ne pouvait grandir que parmi ces
idéologies de primaires, responsables de tous les maux dont
nous souffrons ; mais il fallait aussi qu'il naquit en vieille terre
mérovingienne, de la souche la plus authentique - et non
pas ~ Meaux mais à Jouarre, car il convient que dans ce lieu où
une trop fameuse abbesse nous montra la fragilité de la morale,
prenne naissance un réveil d'énergie nationale.

NOTES

Les deux personnages qui interviennent dans la vie de
Vincent ne sont guère moins théoriques. La jeune fille qui
cherche à le retenir est une si pale figure que l'on regrette de
la voir encombrer ce livre de tant de médiocres épisodes.
Quant au capitaine Nangès qui par son courage et sa prestance
enthousiasme le fils de l'instituteur, c'est un type de militaire,
assurément vrai, mais qui manque terriblement d'accent et de
nouveauté. C'est l'officier aristocrate, élégant- riche, ça va sans
dire - peu philosophe, peu communicatif, droit, dévoué à son
métier auquel il se consacre avec une sorte de fatalisme un peu
triste, plus préoccupé de chasse et de chevaux que de la belle
maîtresse qu'il entretient et surtout passionné pour cette chasse
par excellence qu'est la vie militaire coloniale. C'est le seul
trait par lequel il touche .i notre époque, car, pour tout le
reste, il semble sorti d'un roman d'il y a trente ou quarante
ans, et il est, avec une naïveté un peu irritante, le contemporain
de ces hommes d11 monde, plus racés qu'intelligents, qu'on
rencontre dans les pièces d'Alexandre Dumas fils.
M. Ernest Psichari manque de ce don de romancier sans lequel
on ne saurait donner consistance et vie à une figure. S'il s'était
mieux connu lui-même, il aurait renoncé à la faible a/fabulation
de son livre pour nous apporter un simple carnet de notes,
intéressantes et meme émouvantes. Car il y a dans l'Appel
tks Armer quelques passages d'un récit de campagne au
Maroc qui sont d'une aqtre veine que le reste, et quelques
pages à la gloire de la guerre et du métier des armes qui
ne sont pas sans vigueur. " Heureux les jeunes gens qui de
nos jours ont mené la vie frugale, simple et chaste des guerriers." Et en conclusion : "La guerre est divine." C'est une
apologie du métier militaire opposé à l'esprit de l'armée
n~tionale : " On parlait un moment dè mélange avec la nation,
dit le capitaine Nangès. Nous restons moralement au-dessus
d'elle. La nation ne nous ressemble pas : elle roule dam le
progrès. Nous, notre rôle c'est de conserver un certain fonds

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

moral, tel que nous l'avons reçu ... Vous aurez beau me prêcher,
la nation n'est pas l'armée. Les principes qui valent pour l'une
ne valent pas pour l'autre. L'armée comporte en elle-même sa
morale, sa loi et sa mystique. Et ce n'est ni la morale ni la
mystique de la nation ..• Nous n'avons pas de conversions à
désirer ni de propagande à tenter. Au contraire. Comme,
pareillement, il serait hors de sens de vouloir que tous les
Français adoptassent la mystique du savant, ou bien encore
celle du prêtre. Le jour où nous perdrons nos belles folies, nous
ne vaudrons plus grand'chose et tout cc peuple souffrira de
notre déchéance particulière. " Ce qu'il peut y avoir de juste,
ou du moins de convaincu, dans de telles affirmations, pourquoi
le mettre dans la bouche d'un personnage de roman ?

,

J.

S.

NOTES

1

LE THEATRE
MADAME SUZANNE DESPRÈS DANS LE RÔLE
D'HAMLET (Théâtre Antoine).

J'ai vu Hamkt avec M. Mounet Sully dans la médiocre
traduction en vers qu'a adoptée la Comédie Française. J'ai vu
Ham/et avec Mme Sarah-Bernhardt dans l'admirable et fidèle
,ersion de Marcel Schwob. Je n'ai pas vu Ham/et avec M. de
Max - et le regrette; mais c'est une chose que j'imagine assez
bien : ces trois comédiens sont de la même race. J'avouerai
aujourd'hui qu' Ham/et ne m'a jamais semblé si haut, si pur et
si profond, jamais si vivant sur aucun théâtre, que sur la scène
du théâtre Antoine où Mme Suzanne Desprès vient d'incarner
le héros danois. Jamais il ne m'a tant ému. - Je consens que
la mise en scène y était bien pour quelque chose, et ce n'est pas
au moment où le théAtre que fondent nos amis, se prépare à
appliquer les mêmes principes dans la présentation des chefsd'œuvre, que je dénierai l'importance d'une absolue sirnplüication du décor. L'œuvre devra gagner en unité, en continuité
et en force quand l'attention du public se concentrera tout
entière sur la parole et l'action. Mais il convient de rendre à
Mme Suzanne Desprès ce qui lui revient et à quoi etît-il servi
que le praticable peint s'effaçât discrètement derrière elle, si
ellc-méme eilt détruit le recueillement de la salle, par des
gestes outrés forçant le sens de l'œuvre et désaxant l'orbe du
drame 1 On conçoit quelle tentation mortelle saisit le grand
acteur qui assume le rôle d'Hamlet. Dans Ham/et, Hamlet est le
centre, le tout du drame, bien plus que Macbeth dans Macbeth,
plus qu'Othello dans Othello. Il ne partage la respomabilité de
ses actes avec qui que ce soit. Macbeth a sa femme ; Othello,
Jago. Hamlet n'a avec lui qu'un spectre. Tout, autour de lui,

�820

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

vit par lui et le tissu de son indécise, fantaisiste et ,douloure~
pensée ramasse et traîne, comme ferait un filet, 1 âme du roi.
l'âme de la reine, l'âme d'Ophélie, l'âme du moindre courtisan.
Ah ! comme il a beau jeu pour se soulever sur ses pointes, pour
parader au premier plan, pour opposer aux masq~es s~ns ~omplexité des comparses, son œil ennuagé, son sourire ironique,
toute la philosophie du monde qui charge son front ! Quelle
occasion de romantisme et de triompher sur les autres ? Au
moment d'entrer dans un pareil rôle quel artiste ne sentirait se
déchainer tout son génie et refuserait à cc rôle tous ses moyens?
Aucun rôle, semble-t-il, n'en requiert davantage. Mais aucun
n'exige davantage de l'artiste qu'il ait une complète maîtrise
sur eux. Si le prince Hamlet s'émancipe, s'il crève l'étroite
sphère où il est condamné à vivre, le drame n'a plus li~u - ~e
héros entre dans le pur lyrisme ou dans le ciel des mctaphystciens; même quand il s'oppose, il faut qu'il garde le contact.
S'il ne demeure pas de plain-pied avec les autres personnages,
son jeu ne nous prend plus au cœur.Oui plus un rôle a de portée,
plus il dépasse la littéralité du texte, plus je saurai gré à l'acteur
de rester proche de moi. On peut jouer " romantiquement"
une pièce brillante et vide, de !'Hugo, du. Ros~nd. Du
Shakespeare, non point. Et aucune œuvre ou respirent des
êtres. - Voilà ce qu'à compris sans doute Mme Dcsprès, quand,
à l'étonnement du plus grand nombre, elle a songé à jouer
Ham/et. Elle a rêvé de lui restituer sa réalité humaine. On a
crié bien haut : "Ce n'est pas son emploi ! " Mais elle n'en a
pas ! elle est seule aujourd'hui, entre tant d'artistes célèbres, i
n'avoir pas d' "emploi". Il y a les Guitry, les Huguenet et
les Simone - emplois précis, une fois pour toutes fixés. Cet11·
U n'abdiquent rien de leur tempérament, et quelque cll'ort
qu'ils fassent pour diversifier leur personnage, ils sont etll·
mêmes et rien qu'eux-mêmes ; ils im~sent à leurs auteurs de
modeler d'avance le héros à leur ressemblance. L'emploi des
Suzanne Dcsprès n'existe pas encore et ne peut exister. Non que

821

NOTES

celle-ci ait moins d'originalité que les autres, mais son talent,
comme celui de Mme Bartet est fait de pudeur, de mesure, d'oubli
de soi et de respect du texte ; il ne se permet pas de passer la
limite que lui assigne le rôle donné. Certes M. Guitry ne compose pas avec un soin moins savant et moins appliqué; mais sa
,olonté personnelle de composition est trop visible; on sent que sa
sobriété même vient moins du rôle que de lui. Mme Suzanne
Desprès arrive souvent à cc miracle qu'on l'oublie, pour n'entendre, quand elle parle, que la voix de son personnage, que cc
soit pqiJ de Carollt ou Ham/et. Son Hamlet, dira-t-on, manque
d'envolée, il manque de langueur. Je l'aime mieux ainsi. C'est
an jeune homme qui lit trop, un étudiant curieux et soucieux,
sans dandysme, mais bien en vie. Or pour moi ses paroles n'ont
d'importance que s'il vit. - Il se peut que Mme Suzanne Dcsprès
n'emplisse pas complétcment cette grande figure! Je prMère le
moins au plus ! Je me résigne à rester, lorsque je l'entends, un
peu en deçà de Shakespeare, plutôt que d'être entraîné par delà
dans un cercle de fantaisie que le génie n'a point prévu.
A,cc elle j'entre dans le chef-d'œuvre - et les autres m'en
font sortir. Il faut de tels artistes pour les bonnes pièces. Mais
les mauvaises n'y résisteraient pa~.

H. G.

• ••
LES" FESTSPIELE" D'OCTOBRE, A HELLERAU.
Les" Fcstspicle" d'octobre, à Hellcrau, ont offert les 5, 1 1 et
19 Octobre, à un public nombreux venu de toute Allemagne et
de l'Autriche, l'Amwnce faite à Marit de Paul Claudel. On sait
combien sont appréciées en Allemagne les œuvres de Claudel: cet
hi,er l'Annonce faite à Marit sera jouée au "Deutsches Theater"
à Berlin ; au théâtre de Hellerau on se dispose à donner
chaque année, des représentations des drames de Claudel, sous
la forme de "festspicle ". On a d'ailleurs traduit en grande partie

�822

LA NOUVELLE REVU!! FRANÇAIS!

l'œuvrc de Claudel: M. J. Hegner, dont on a pu apprécier
l'excellente traduction de l'Â11111J1Ue faite à Marit, travaille
à Têtt d'qr et à Comtaiua11u dt l'Est; M. H. Alberti, qui a
donné dans le " Claudel-programmbuch ", édité au moment
de ces représentations, une traduction du Magnifitat, travaille
actuellement à la Gantait; on trouve, à la librairie de HeUerau
(ville de trois ans dont toutes les maisons sont l'œuvrc du meme
architecte) tous les ouvrages de Claudel.
Nos lecteurs connaissent déjà, par une note descriptive que
nons avons publiée tout récemment, les particularités de construction et d'éclairage qui distinguent le théatre de Hellcrau.
La lumière transforme avec l'action dramatique, enveloppe le jeu
des acteurs qui peut se déployer librement sur cette scène
qu'aucun objet réel n'encombre. L'absence de tous décors permet
de n'apercevoir que la ligne de la pièce, qui se déroule comme
une vaste mélodie dont on pourrait tracer la courbe.. On a
vraiment l'impression que l'on " voit" le rythme intérieur
de l'œuvre, que cette scène ne laisse paraître que la constrUction de la pièce, ses thèmes et leur cnchatnement.
L'insuUation matérielle de cette scène sur troi$ plans superposés permet au public de voir simultanément plusieur motifs
du drame : ainsi au quatrième acte, on voit en bas une cavité
sombre où se trouve le tombeau de Violaine ; au-dessus, sur
un second plan, sont Jacques Rury, Mara, Anne Vercors et
Pierre de Craon ; et au-dessus encore, sur un troisième plan,
on voit, à la fin, apparaître Violaine, vêtue d'or et voilée,
encadrée par une sorte d'ogive lumineuse.
La mise en scène a été réglée avec le plus grand soin par
Paul Claudel lui-même, aidé du D• Wolf Dohrn, qui est
si dévoué à toutes les manifestations artistiques de Hellerau.
L'interprétation a été excellente: on a particulièrement admiré
MU. Mary Dietrich, du "Dcutsches Thcater" de Berlin, qui a
joué Je rôle de Mara avec beaucoup de jeunesse et de spontanéité.
DARIUS MILHAUD.

NOTES

823

•••
No,u flflon1 rtfM du tftXttllf' B01r11ilJ1, gtlldrt dt Stlplumt M a1'4Nlll,
14 tltrt suit1ante :
Paris,

2

Octobre 19 I 3.

Cher Monsieur,
Retour de vacances, je vois aujourd'hui seulement la reproduction, dans le numéro d' Et! des Marges, d'un entrefilet de l 'lntertnltiiaire dis Chercheurs tl tfts Ct1rieux touchant les éditions de
Stéphane Mallarmé.
Je m'excuse de demander une fois encore l'hospitalité de la
Nowtllt &amp;t1ut Franraiu ; mais, en présence du singulier
concours où ks Margts, tel correspondant de f lnt.ermldiairt,
d'autres encore semblent, sous le couvert de protestations
d'amiration pour l'œuvre du Maître, s'efforcer de lancer le
discrédit, j'ignore dans quel but, sur la récente édition des
Poésies de Mallarmé à laquelle vous avez donné tant de soins,
je désire apporter de nouvelles précisions, afin d'éviter que
certains de ses admirateurs puissent être troublés par ces
querelles si faussement byzantines.
Mallarmé préparait au moment de sa mort une UitiQ11 cqurnte de ses poésies, et c'est d'apres des indications laisstcs par
lui, et des prlcldmts établis par lai également (ce dernier mot
pour ceux qui n'ont pas su voir), que nous avons pu mener à
bien l'édition que vous avez s1 heureuscment réalisée.
Quant à la phrase concernant les inldits, je ne :;ais cc qui
l'emporte, ¾ ce propos, du ridicule ou du déplacé : car, que
n'a-t-on songé au terrible et douloureux mystère que vient
jeter la Mort au travers de toute existence humaine, spéciale-ment de celle du Poëte l
J'ajoaterai que Slll' ce point encore, Mallarmé a lai$Sé des
indications, hfüs l in extremis.
A vous cordialement

D1 E. Bonniot.

�LES REVUES

LES REVUES
REVUES FRANÇAISES.

Les revues, les journaux sans distinction d'opinion ont salué
la naissance du Théhre du Vieux Colombier d'encouragements
unanimes.
M. Régis Gignoux, ayant fait un des premiers le voyage de la
Ferté-sous-Jouarre, décrit ainsi dans le FIGARO du 24 aodt
cette Chartreuu de Comédiem:
Aux premiers jours du mois de juillet, uoc troupe de comédiens
descendit à la gare de la Ferté-sous-Jouarre et ne s'inquiêta pas de
savoir où étaient le théâtre et son café. Elle ne daigna pas da,-antage entrer dans le bourg, mais prit délibérément un chemin très
montant et s'en fut jusqu'au hameau du Limon, d'où elle n'est pat
encore descendue. Comme aucune affiche ni le tambour de ,·illt
n'avaient annoncé une tournée extraordinaire, les voituriers et les
badauds ne regrettèrent pas d'être privés du "dernier grand succc!s
de l'année" et ils réservèrent toute leur attention aux pêcheurs à la
ligne, si merveilleusement armés de cannes, de paniers et de
harpons. Ainsi en arrive-t-il dans toutes les villes, petites et grande,,
o_ù il se passe quelque chose.
Car cette troupe de comédiens, installée au Limon, y donne uo
spectacle qu'on n'a jamais vu à Paris et qu'on a encore moins
imaginé. Sous la direction d'un écrivain, elle a fondé la première
chartreuse tb~trale, une école en plein air, à trente lcilomètra de
la retraite de Pont-aux-Dames, l'avenir si près du passé, - suifant
les paroles éloquentes que prononcera dans quelques années le so.uspréfet de Meaux, au nom de M. le Ministre de l'lnstrucuon
Publique et des Beawc-Ans.
Pas de frère portier à la Chartreuse. Au sommet du coteau, en

&amp;ce d'un paysage large et mesuré qui de la vallée étroite de la
~arne ~onte ~ar des champs fortifiés de grands arbres jusqu'au
ciel tOUJours animé de l'Ile-de-France, il y a un jardin qui se divise
CD deux parties : à gauche, une allée tracée par des capucines
conduit à la maison de M. Jacques Copeau ; à droite, cette allée
descend i une pièce d'eau sur les bords de laquelle une grange en
largement ouverte à travers des arbres. Une grange l Non, cc n'est
plus une grange. Avec les murs clairs, la table au fond et d
chai,a, les portes supprimées et toute la lumi~ qui y pénètres
comme reflétée par l'eau toute proche, c'est déjà une acl!ne d~
théAtre. D'ailleurs, un avis est épinglé dans un angle du m .
"ADJOUr
. d'h w,· 9 hcures, travai1: répétition pour mémoire; heures,
ur ·
3
lectlll'CI; 4 heures, culture physique; 5 heures, U11tfimm, mft par
ltz do"uur (au souffleur).

M. Georges Duhamel dans le Mucuu

Dl!

FRANC!

du

1• octobre, complète ainsi le tableau :

Il sera toujours temps de se retrouver dans la pénombre poussiéde la scène, awc heures des répétitions. Aujourd'hui on
tnn.ille en pleine clarté. Pas d'indiscret,, pas de témoin,.' On
attend derrière des portants d'un feuillage authentique ; on arpente
IID.e. allée e.n pesant une réplique; on discute, dans le petit bois
YOWn, de l opportunité d'un i:-este ou d'un sourire ; on entre en
lœlle pour y travailler sans hâte et sans ennui ... A certaines heures,
la troupe se divise : deux écoles se forment sous les arbres et de part
et _d'autre on _s'adonne à cette lecture à haute voix que Copeau
atune avec raison être une parfaite gymnastique de la bouche et
de l'esprit. Une légère émulation est le meilleur garant de l'efficacité
de telles épreuves : et c'est avec étonnement que l'on voit a'appliqaer à cette besogne des comédiens dont plusieurs ont acquis du
renom et la faveur du public parisien.
ffllle

~ue les sceptiques nient librement de semblables pratiques. C'est
tooJoun une attitude aisée que de prendre en pitié les essais les plus
tolarageux et les plus nobles.

11

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!
LIS REVUES

•••
M. Louis Nazzi a consacré déjà deui de ses feuilletons dans
CoMŒDIA à la nouvelle tentative et il en annonce un troisième.
Il écrit :
L'étude de M. Jacques Copeau, qui doit servir de thème à noe
réBexions, loin de donner dans le travers que je signale, est l'une
des plus pleines et des plus solides qu'on ait écrites, en ces dernicn
temps, sur le marasme du théâtre contemporain et sur les conditions
nécessaires d'une réforme dramatique. M. Jacques Copeau, qui at
un esprit réaliste, ne se plait guère aux développements oratoires. U
lui faut, avant tout, des raisons et des preuves : il se les sert à IOÏméme avant de nous les n:tourner sous une forme alerte et rigoureuse. Ce qu'il nous livre dans les quelques pages concia et
ramassées de La Nouvelle Revue Fra11faiu, est le fruit d'une curiosité jamais ralentie, qui embrasse les arts et les lettres, et qui a 111
s'assimiler le meilleur de quinu années d'essai• et de recherches
dramatiques.

Et plus haut :
Ce qu'André Antoine a fait pour sa génération, un écriYIÏJI
jeune, décidé, fort d'une culture étendue et profonde, impatient
d'affronter l'adversité pour une cause qui vaille qu'on endure pour
elle, se propose de l'entreprendre, pour le grand bien et la déli,ranœ
de la n6tre. Il réalise enfin un rêve longuement portt,
caressé, discuté, attendu. Il arrive à son heure, il le sait. Il ne doute
pas que le combat sera périlleux qu'il lui faudra livrer contn
l'indifférence et la paresse du public ; mais il a prévu toutes la
épreuves et toutes les menaces ; elles ne l'ébranleront point : tlles le
trouveront souriant, et prêt. Ce jeune artiste, qui n'h~ite pu à
tenter l'aventure, s'appelle M. Jacques Copeau, et le théâtre, qu'il
Yient de monter, d'équiper, et qui, dèi le mois prochain, mettra à la
voile, a pour titre : Tlzllltre du Yitux Colombier. Il se pourrait bien
que ce titre, de tradition à la fois moliéresque et shakespeariCDDt,
laissât une trace ineffaçable dan1 l'art dramatique de notre temps.

Il faut se réjouir que M. Jacques Copeau ait réussi à imposer ses
ici~ et sa volonté ; mais, plus encore, il est heureux que la bataille
mm par la jeunesse contre la production dramatique contemporaine, soit dirigée par cet homme-là. Il serait malséant, sans
doute, de chanter, dès maintenant, victoire. Il y a toujours quelque
choee de puéril et de maladroit à prétendre connattre ce qui sera,
alon que, le plus sou,·ent, nous sommes aveugles aux faits qui
s'encbaincnt et se délient devant nos yeux. Tout de même, on a le
droit, à défaut d'un bulletin de victoire dicté à l'nancc, de prévoir
que "l'affaire sera chaude".

M. Nazzi annonce quelques restrictions - nous ne manquerons pas de les relever - et de les discuter en bonne place.
Dans les DfJIATS M. Henry Bidou en formule aussi qÜel-

q11es-unes:
U y a, dit-i~ une opposition permanente entre les intérêts
d'une entreprise et la beauté du spectacle. C'est désolant, c'est

ab.urde, mai, il en a toujoun été ainsi. Quand Corneille eut donné
pi~es, honneur éternel de la scène, les comédiens furent désespérés. Une actrice exprimait l'avis commun : "Autrefois, on nous

1a1

fiiait des pièces en une nuit, que nous payions trois écus, et qui
rapportaient beaucoup d'argent. Les pièces de Corneille nous
co6tent fort cher et nous rapportent peu de chose. "
IIOIII

Mais

il ajoute :

Les organisateurs du nouveau théâtre savent tout cela, et n'en
sont pu découragés. Ils ont organisé leur entreprise avec beaucoup

de prudence et d'habileté ; ils la mèneront avec énergie. On
murmure le nom de quelques ouvrages qu'ils comptent donner, et

qui sont parmi ceux qu'on désire Ir plus voir à la scène. Remercio111-lca d'avance des belles soirées que nous leur devrons. Et
IDllbaitons un succèi qui, les aidant à tenir leurs promesses, serait
au nénement heureux pour les spectateurs, pour les dramaturges
lt pour l'an lui-même.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

•••
Dans le G1L Bus, M. Georges Pioch croit "réver ". LA

LIBERT! s'étonne que le reve se réalise :
On ac souvient d'avoir lu, ici même, la proclamation que
M. Copeau lançait sur Paris, en lui annonçant se, projets directoriaux.
On se aouvicnt, notamment, du passage où il était question du
"comédien-roi", où M. Copeau diaait son mépris pour ces interprètes qui tirent à eux toute l'affiche et s'imaginent que les oeuvra
commencent et finissent où commencent et finissent leun r6les.
" Pas de ces gens-là chez nous, disait en tubstance M. Copeau ;
rien que des artistes s'oubliant eux-mêmes pour ne songer qu'aux
beautés des oeuvres interprétées, faisant disparaître leur personnali!i
derrière celle de l'auteur ••• "
Nous avions cru que M. Copeau ne trouverait jamais ces
comédiens-là ; il faut croire que nous avions mal cru, puisque,
ainsi que nous le disons plu., haut, la jeune troupe déjà ré~tc ...
Mais attendons ...

•• •

LES REVUES

Mais ce n"est pas tout et ce qui a si bien commencé ne saurait
que finir très bien. M. Jacques Copeau prend sa meilleure plume de
directeur et d'auteur et il écrit une lettre aux journaux. Il déclare
tout net qu'Antoine a développé en lui ce grand amour du drame
qui commandera toute sa vie, que t•enseignement d•Antoine a été la
base sur laquelle se sont élevée, ses premières aspirations et ses
prelDÎères certitudes (sic). Il atteste noblement sa solidarité morale
avec Antoine. Certes, il ,•applique à une tentative esthétique diff"érmte de celle d'Antoine - est-elle si différente que cela t nous le
venons au jour le jour - mais s'il réussit, il a conscience qu'il
nllllÎra aculement puce qu'il aura montré des vertus pareilles à
ccUea qui tirent et qui font la force d'Antoine. Bref, il salue en lui
le maitre et le chef.
Si tons ceux A qui Antoine prodigua des en~gnements et des
exemples avaient la vaillante &amp;anchi,e de M. Jacques Copeau, on
pou.rra.it être lier d•étre Français, et de connaftre les gens de théitre
et de les fréquenter peu ou prou. Mais il ne faut pas trop réclamer
de la nature humaine. L'incident que je vous raconte est déjà
lllllisarnment joli et a.nez significatif. Bravo 1
Signalons aussi !'aimable article qu'il nous consacre dans
L'()plNION •

J.

M. Ernest Charles dans l'HoMME Lieu rappelle l'incident
Antoine. Pour lui, le ThéAtre du Vieux Colombier sera une sorte
de petit Odéon, non loin du grand Odéon. Pourtant :
Antoine ne s'attarde pa, à une coruidération de cette nature. Il
croit que M. Copeau et ses amis ont un beau programme, de
magnifiques intentions, un merveilleux entbouaiasme. Alon dans la
spirituelle et hardie conférence qu'il fait avant la représentation ~e
la pièce de Diderot : Est-il bo,r? Est-il mlclzant? il présente au public
le thMtre de ses jeunes concurrents. Je ne crois pas, dit-il, que ces
jeunes gens m'aiment beaucoup; mais ils sont inté:~"· ~e
manquez pas de suivre Jeun essais avec toute la cunosué qu ila
méritent. .. C'est généreux et c'est charmant. Et ai jamais on voua
demande de M. Antoine : Est-il bon ? Est-il méchant? vous pouves
répondre qu'en dépit des apparences, il est bon et meme très bon ..•

• ••
M. Claude Roger Marx dans CoMœorA lLLOSTltÉ répond par
arance à certaines critiques qu'on ne manquera pas de nous
adresser :
Qu'on n'ai!le pas imaginer le théAtre du Vieux Colombier

comme une tentative austère : ne dites point qu'on y jouera des
œuvra inaccessibles et dont la vie s'est retirée. Les joies profondes ne
IC go(ltent pas dans la paresse : l'œuvre d'art exige un effort qui
troo,e en soi sa récompense...
DURaNDAL, revue catholique, "applaudit de tout cœur à la
belle et noble initiative de ses confrères de Paris. "
Tout ce qui a pour but de régénérer l'art, de le purifier, de le

�830

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rdever, ne peut que nous plaire, à nous qui n'avons jamais eu d'autre
but nous-mêmes, dans l'apostolat artistique que nous exerçons depuis
vingt ans, que de ramener l'art contemporain à l'idéal.
LA REvuE CRITIQUE DEs loÉEs ET DES LivRES, par la plume de
M. André Du Fresnois nous approuve :
Tout ce que nous connaissions de M. Jacques Copeau no111
assurait, du reste, qu'il avait profondément réfléchi sur les conditions
de l'art dramatique et que l'on n'avait point à redouter chez lui cette
erreur de tant de directeurs de théâtre qui, dans le besoin dont il,
sont saisis par moments de "faire quelque chose pour la littérature",
"choisissent des œuvres informes, provoquent l'ennui ou la risée du
public, l'entretiennent dans sa routine et arrivent ainsi par un détour,
à consolider la vogue des auteurs les plus médiocres.
De toutes les entreprises auxquelles nous avons pu assister, celle
de M. Jacques Copeau est donc celle qui se présente avec les plus
grandes chances de réussite.

• ••
M. Albert Flament dans ExcELSIOR expose
justes idées :

a ce

propos

de

Le théâtre, n'est guère une école des mœurs, mais il réflète 10n
temps avec scrupule ; il subit les impulsions des idées et de la mode.
Nous devions donc voir s'établir pour un théâtre ce régime qui
prend depuis quelques années tant d'essor dans toutes les branches
de l'activité, de la pensée et de l'art et qui viendra certainement
aider un autre mouvement nouveau, celui de la décentralisation.
Les équipes de boy-scouts, commes les petits salons, comme les
revues, comme les groupements de toutes les nuances d'art, ne nous
ramènent-ils pas à ces unions primitives, ces confréries, ces communautés, ces collectivités, franches ou secrètes, que la religion qui sut
toujours comprendre les hommes s'adapta si bien, ces corporations
qui ont fait, à ses origines, l'un des moyens de la grandeur et de la
force du pays.

M. Maurice Verne de l'lNTRANSIGEANT a assisté a une répétition.

LES REVUES

831

Les acteurs de M. Copeau, écrit-il, sont étonnants d'humanité
spirituelle ou vulgaire ... Ce ne sont plus des acteurs, ils méritentle
baiser de dévotion. Ils nous préparent des joies pures et de bons
délires. Et plus tard ils iront prouver à l'étranger que le théâtre
n'est pas mort.

•••
M. Lucien Mary, M. Francis de Miomandre, M. DumontWilden soutiennent courageusement l'entreprise. Et je ne parle

pas des longs articles du THÉATRE, de la Vix, de la REVUE BLEUE,
du CouRRIER EuRoPÉEN etc.
Enfin M. Léon W erth dans le GIL BLAs du

12

Octobre,

oppose "le Monstre" au " Héros ". Le monstre c'est " le
théAtre ", le -héros " son directeur". Il rend hommage au
talent de Francis Jourdain quj a rajeuni la salle et la scène avec
un gotît siÎr et choisi et qui inventa les décors. Et il termine
sur cette boutade généreuse :
Ceux d'entre nous qui à vingt ans croyaient au théâtre voient
avec émotion le départ de Jacques Copeau. Nous nous souvenons
des contes de notre enfance. Nous aimions celui qui s'en allait,
armé de sa seule épée combattre la bête sanguinaire. Nous ne voulons pas que Jacques Copeau soit dévoré.
Nous n'avons pas cru pouvoir mieux reconnaître tant de
marques désintéressées de sympathie, qu'en en recueillant ici
quelques-unes.

• ••
I.EVIJE ALLEMANDES.

Dit Weiuen Blaetter.
Une nouvelle revue allemande qu'il nous plah de signaler

entre les autres. Au premier numéro (septembre) ont collaboré
Rudolf Borchardt, Franz Blei, Kurt Hi!ler, Carl Sternheim,
Herbert Eulenberg. Ces noms sont une garantie. Le manifeste

�832

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de la rédaction s'élève - modérément, avec une retenue
hautaine - contre la période précédente, contre le matérialisme bourgeois ou socialiste, contre le pathétique du néo'1" qui. n 'é.
'!",
romantisme, contre I' homme soc1a
tait que soc,a
pour qui les hauts-fourneaux et les aéroplanes a~aient _re~placé
les burgs en ruines et le lierre, contre la prétention sc1ent11iquc
qui avait tué la philosophie, contre la nouveauté des sujets, qui
faisait oublier la forme. "Du renoncement à la forme, par une
sorte de ressentiment de barbare, on s'était fait une sorte de
théorie qui annonçait l'amorphe comme "la forme spécifique"
de l'avenir"... Après trente années, beaucoup de livres, pas
une œuvre ! Bahr, Hauptmann, Wedekind, Dehmel, George
même ne peuvent dans l'esprit des nouveaux-venus tenir toute
la place. " Cette place, s'il faut nommer des noms, Flaubert,
Dostoi'evski Whitman ne la tiendraient-ils pas mieux r" Ils y
'
.
:ijoutent Hôlderlin, accusant ainsi leur désir d'une rénovatJOD
morale, religieuse ", en même temps que littéraire. Au fon~
c'est l'individualisme aristocratique de Stefan George qui
renatt avec moins de froideur ; l'ambition du cœur est plus
grand:, si celle de l'esprit est moindre : "la littérature à venir
sera plus modeste que celle d'hier, mais elle cherchera à se
subordonner à un ensemble plus vaste ; une débutante, sans
éloquence; elle ne sera pas sociale, mais chaudement humaine;
pas de rédemption : de la piété, au sens traditionnel ; elle ne
découvrira pas de nouveaux sujets qu'elle annonce avec
fanfares • elle sera nette et simple et ne s'agenouillera point
devant {es jmes compliquées ; elle adorera les merveilles de
}'!me simple ; la colère y sera la colère, sans nuances'. e~ la
haine, la haine ; et pourtant elle aura sa joie, celle qui vient
d'avoir la terre et le ciel par dessus ... Un monde nouveau se
dégage, du point de vue moral et religieux; c'est là que nous
cherchons notre place. "

?°

833

L'OFFRANDE LYRIQUE
(GITANJALI)
" Tagon 1st lt premier dt nos saints
qui nt u soit pas refùsl à la vit, mt dit
ut hindou, mais hitn ait attendu son
inspiration dt la vit mblu; tl c'est pour
ula prlcitlment qut nous l'aimons. "

W.B.

(Introduction au
Gitanjali).

YEATS

Il n'est sans doute }'lus besoin de présenter Rabindranath
Tagore. Ceux de nos lecteurs qui ne le connaissent pas encore,
peuvent se reporter à l'étude de M. Henry Davray (Mercure
il Frlln(t, n° du 19 aollt 1913), au cours de laquelle ont
6té cités, dans une traduction provisoire, nombre de poèmes
du Gitllnjali. La traduction complète, et seule autorisée, de
l'ouvrage par M. André Gide paraîtra très prochainement aux
éditions de la Nouvelle Rtfl114 Française. Cette traduction a été
&amp;ite d'après la version anglaise que l'auteur a donnée lui-meme
de ses poèmes hindous, originairement écrits en bengali.
1 l

La langueur pèse sur ton cœur, encore, et
l'assoupissement sur tes yeux.
1

Le poèmes que nous publions ici portent en anglais les num~ros

lllivaats : LV, LVI, LVII, LVIII, LIX, LXVII, LXVIII, LXIX.

LE GÉRANT :

ANDRÉ

RUYTERS.

Imp. SAINTE CATHERINE, Quai St-Pierre, 12, Bruges (Belgique).

LXX, LXXI, LXXII, LXXIII, LXXX, LXXXIV, LXXXVI,
XCI, XCII, XCIII, XCIV, XCV, XCVI, XCVII, IC, C.
I

�834

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

N'as-tu donc pas entendu dire que la fleur
règne en splendeur dans les êpines? Eveille!
Eveille-toi ! Et que l'heure ne passe pas
vaine ! A l'extrémité du sentier caillouteux,
au pays de l'intacte solitude, mon ami repose
solitaire. Ne déçois pas son attente ! Eveille!
Eveille-toi l Et si palpite et vibre l'azur par
l'ardeur du rayon de midi... Si le sable
brûlant étale son manteau de soif... Mais
ne sens-tu pas de joie dans le fond de ton
cœur ? A chaque pas que tu vas faire, la
harpe du sentier, d'une suave musique de
peine, ne saura-t-elle pas retentir ?
2

C'est arns1 que la joie que tu prends en
moi est si pleine. C'est ainsi que tu es descendu jusqu'à moi. 0 Seigneur, maître de
tous les cieux, si je n'existais pas où serait
ton amour?
Tu m'as pris comme associé de ton opulence. Dans mon cœur se joue le jeu sans fin
de tes délices. Par ma vie prend forme incessamment ton vouloir.

L10FFRANDE LYRIQUE

835
Et c'est pourquoi, toi, Roi des rois, tu t'es
revêtu de beauté afin de captiver mon cœur.
Et c'est pourquoi ton amour se résout luimême dans cet amour de ton amant ; et l'on
tt voit ici où l'union de deux est parfaite.

3
Lumière ! ma lumière ! lumière emplissant le monde, lumière baiser des yeux, douceur du cœur, lumière !
Ah ! la lumière danse au centre de ma
vie ! Bien-aimé, mon amour retentit sous la
- frappe de la lumière. Les cieux s'ouvrent ,•
le vent bondit ; un rire a parcouru la terre.
Sur l'océan de la lumière, mon bien-aimé,
le papillon ouvre son aile. La crête des vagues
de lumière brille de lys et de jasmins.
La lumière, ô mon bien-aimé, brésille l'or
sur les nuées ; elle éparpille profusion les
pierreries.
Une jubilation s'étend de feuille en feuille,
ô mon amour ! une aise sans mesure. Le
fleuve du ciel a noyé ses rives ; tout le flot
de joie est dehors.

a

�LA NOUVELLE REVUB FRANÇAISE

4
Que tous les accents de la joie se mêlent
dans mon chant suprême - la joie qui fait
la terre s'épancher dans l'intempérante profusion de l'herbe ; la joie qui sur le large
monde fait danser mort et vie jumelles; la
joie qui précipite la tempête - et alors un
rire éveille et secoue toute vie ; la joie éplorée qui repose quiète parmi les larmes dans
le rouge calice du lotus douleur ; et la joie
enfin qui jette dans la poussière tout ce
qu'elle a et ne sait rien.

5
Oui, je sais bien, ce n'est là rien que ton
amour, ô aimé de mon cœur - cette lumière
d'or qui danse sur les feuilles ; ces indolents
nuages qui voguent par le ciel, et cette brise
passagère qui laisse sa fraîcheur à mon front.
Mes yeux se sont lavés dans la lumière
matinale - et c'est ton --nessage à mon
cœur. Ta face, de très haut s'incline ; tes

L 10FFRANDE LYRIQUE

837

yeux ont plongé dans mes yeux et contre
tes pieds bat mon cœur.

6
Tu es le ciel et tu es le nid aussi bien.
0 toi plein de beauté ! ici, dans le nid
des couleurs, des sons et des parfums, c'est
ton amour qui enclôt l'âme.
Voici venir le Matin, avec une corbeille
d'or à la main droite, que charge la guirlande
de beauté dont il va sans ·bruit parer la
terre.

Et voici venir, par de vierges sentiers, le
Soir sur les pacages solitaires et qu'ont
désertés les troupeaux ; il apporte dans sa
cruche d'or le frais breuvage de la paix,
flot de l'océan du repos, pris à la rive occidentale.
~ais là, là où s'éploie le ciel infiniment
afin que l'âme s'y essore,
règne intacte
et blanche la splendeur. Il n'est plus là ni
nµit ni jour, ni formes ni couleurs, et ni
paroles, ni paroles.

la

�839

L'OJFRANDE LYRIQUE
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

7
Sur cette terre que j'habite ton rayon
descend bras ouverts et se tient' devant ma
porte tout le long du jour de ma vie pour
cueillir et ramener à tes pieds les nuées
faites de mes larmes, de mes soupirs et de
mes chants.
Avec un tendre délice, cet humide manteau de nuées tu en revêts ta poitrine étoilée,
l'enroulant, le plissant en formes sans nombre,
le diaprant de tons inconstants.
Il est si léger, si fluide, et mol et plein
de larmes, et noir, que c'est pourquoi tu
l'aimes, ô toi sans tâche, ô limpide ! Et c'est
pourquoi dessous son ombre pathétique tu
couvres ton auguste et blanche splendeur.

8
Le même fleuve de vie qm pousse à
travers mes veines nuit et Jour court a
travers le monde et danse en pulsations
rythmées.
•

1

C'est cette même vie qui pousse à travers
la poudre de la terre en innombrables brins
d'herbe, et éclate en fougueuses vagues de
feuilles et de fleurs.
C'est cette même vie que balance flux
et reflux dans l'océan-berceau de la naissance
et de la mort.
Je sens mes membres glorifiés au toucher
de cette vie universelle. Et je m'enorgueillis,
car le grand battement de la vie des âges,
c'est dans mon sang qu'il danse en ce moment.

9
T'appartient-il, Seigneur, de participer a
la félicité de ce rythme? d'être lancé, perdu,
brisé dans le tourbillon de cette formidable
joie?
Toute chose se précipite, sans arrêt, sans
regard en arrière, sans qu'aucun pouvoir
puisse rien retenir, toutes les choses se
, ..
prec1p1tent.
Emboîtant le pas au rythme de cette
musique inlassée, chaque saison accourt en
dansant, puis passe outre - couleurs, tons et

�LA NOUVELLE REVUE F.RANÇAISI

parfums déversent djinfinies cascades dans
cette surabondante joie qui s'éparpille et se
renonce et meurt à tout moment.
IO

Que f aie dû foisonner beaucoup et me
retourner en tous sens, projetant ainsi des
ombres bigarrées sur ta splendeur - telle est
ta maya.
Tu poses une barrière à même ton propre
être et, en myriades d'accents, disjoint de toi,
tu réponds à ton propre appel. C'est ainsi
qu'en moi ta départition a pris corps.
Ton chant poignant se reflète à travers les
cieux en larmes irisées et en sourires, en
frayeurs et en espérances ; des vagues se
dressent et s'écroulent, des songes se déchirent
et se reforment. En moi tu te mets toi-même
en déroute.
Cet écran que tu as dressé est diapré
d'innombrables images qu'y peignent le jour
et la nuit; derrière quoi ton siège est tissu
d 1 un prodigieux mystère de courbes, toute
brutale ligne droite exclue.
Cette grande parade de toi et de moi se

L'OFFRANDE LYRIQUE

déploie à travers Je ciel. De l'accord d_e toi
et de moi tout l'air vibre et la partie de
cache-cache engagée entre toi et moi se
poursuit à travers les âges.
I I

C'est lui ce très intime qui éveille mon
être à son profond toucher mystérieux.
C'est lui qui pose son enchantement sur
mes yeux et qui plein de gaîté joue sur la
h:irpe de mon cœur les changeantes cadences
de la plaisance et du chagrin.
C'est lui qui tisse cette maya aux teintes
évanescentes d'or et d'argent, de bleu, de
vert, et laisse apercevoir à travers les plis
du tissu son pied au toucher duquel je

défaille.
Viennent les jours, passent les âges; c'est
lui toujours qui mon cœur émeut à maint
nom et à mainte guise, à maint transport de
joie et de chagrin.
12

Délivrance n'est pas pour mo1 dans le

�8+2

LA NOUVELLE JlEVU:E FRANÇAISE

renoncement. Je sens l'étreinte de la liberté
dans un million de liens de délices.
Emplissant à rexcès ce calice d'argile, toi,
toujours tu verses pour moi le flot frais de
ton vin aux multiples couleurs et parfums.
Mon univers allumera ses cent diverses
lampes à ta flamme et devant l'autel de ton
temple les placera.
Non ! je ne vous fermerai jamais, portes
de mes sens! Les délices du voir, de l'ouïr et
du toucher comporteront ton délice.
Oui, mes illusions brûleront toutes en une
illumination de joie et mes désirs mûriront
tous en fruits d'amour.

13
Je me compare au lambeau de nuage qui
dans le ciel d'automne erre inutilement. 0
mon soleil éternellement glorieux ! A ton
toucher ne s'est pas encore dissous ma
brume de sorte que je ne fasse plus qu'un
avec ta lumière ; ainsi je vais, comptant les
mois et les années où je suis séparé de toi.
Si tel est ton désir et si tel est ton jeu,

L'OFFRANDE LYRIQUE

empare toi de mon inconsistance fugitive,
orne-la de couleurs, que l'or la dore, que sur
le vent lascif elle navigue, et s'épande en
miracles changeants.
Puis de nouveau, si tel est ton désir de
cesser ce jeu à la nuit, je fondrai, disparaîtrai
dans l'ombre ; ou peut-être dans un sourire
du matin blanc, dans la fraîcheur de cette
pureté transparente.

C'est l'angoisse de la séparation qui s'étend
par tout le monde et donne naissance à des
formes sans nombre dans le ciel infini.
C'est ce chagrin de la séparation qui
contemple en silence toute la nuit d'étoile en
étoile et qui éveille une lyre parmi les chuchotantes feuilles dans la pluvieuse obscurité
de juillet.
C'est cette envahissante peine qui s'épaissit
en amours et désirs, en souffrances et en joies
dans les demeures humaines, et, de mon
cœur de poète, c'est toujours elle, qui fond
et ruisselle en chansons.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

L'OFFRANDE LYRIQUE

Jour après jour j'ai veillé pour l'attendre;
pour toi j'ai supporté les joies et les angoisses
de la vie.
Mort, ta servante, est à ma porte. Elle a
franchi la mer inconnue ; elle m'apporte ton
appel.
La nuit est sombre et mon cœur est
peureux - pourtant je saisirai la lampe ;
j'ouvrirai les vantaux et j'inclinerai mon
accueil. Car c'est ta messagère qui se tient
devant ma porte.
Mains jointes, je l'honorerai de mes larmes.
Je répandrai le trésor de mon cœur à ses
pieds.
Et elle s'en retournera, son message accompli, laissant sur mon matin son ombre
sombre ; et dans la maison désolée, rien ne
restera plus, mon Seigneur, que moi-même
à t'offrir en suprême don.

16
0 toi, suprême accomplissement de la vie,
Mort, ô ma mort, accours et parle-moi tout
bas!

Tout ce que je suis, tout ce que j'ai, et
mon espoir et mon amour, tout a toujours
coulé vers toi dans le mystère. Un dernier
éclair de tes yeux et ma vie sera tienne à
Jamais.

On a tressé les fleurs et la couronne est
prête pour l'époux. Après les épousailles
l'épousée quittera sa demeure et, seule, ira
dans la nuit solitaire, à la rencontre de son
seigneur.

Je sais qu'un jour viendra où je perdrai
de vue cette terre ; la vie prendra congé
de moi en silence, après avoir tiré le suprême
rideau sur mes yeux.
Cependant les étoiles veilleront dans la
nuit, l'aurore surgira comme la veille et les
heures encore s'enfleront pareilles à des
vagues marines apportant plaisirs et chagrins.
Quand je pense à cet arrêt de mes instants&gt;

�846

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

-la digue des instants se brise ; soudain pour
moi s'éclaire à la lumière de la mort ton
univers avec ses trésors nonchalants. Exquise
en est la plus humble demeure; exquise y
est la vie la moins prisée.
Les biens que j'ai souhaités en vain et les
biens que j'ai possédés, qu'ils s'en aillent! Et
qu'à ces biens seuls en vérité je m'attache,
que j'ai toujours méprisés ou que je n'avais
pas voulu voir.

18
J'ai mon congé ! Souhaitez-moi bon
voyage, mes frères !Je vous tire ma révérence.
Voici, je mets mes clefs sur la porte ; je
résigne tous droits sur ma maison. Accordezmoi seulement au départ quelques bonnes
paroles.
Durant longtemps nous aurons été voisins,
et j'ai reçu de vous plus que je ne pouvais
vous donner. A présent le jour point ; la
lampe est consumée qui a éclairé mon coin
sombre. Un appel est venu et je suis prêt
pour le voyage.

L'OFFRANDI LYRIQUE

A cette heure du départ, souhaitez-moi
bonne chance, mes amis ! Le ciel est rougissant d'aurore ; le sentier s'ouvre merveilleux.
Ne me demandez pas ce que j'emporte.
Je pars en voyage les main vides et le cœur
plein d'attente.
Je mettrai ma couronne nuptiale. Je n'ai
pas revêtu la robe brune des pèlerins ; sans
crainte est mon esprit bien qu'il y ait des
dangers en route.
Au terme de mon voyage paraîtra l'étoile
du soir, et les plaintifs accents des chants de
la vesprée s'échapperont soudain de dessous
l'arche royale.
20

Je n'ai pas eu conscience du moment où&gt;
d'abord, j'ai franchi le seuil de cette vie.
Quel fut le pouvoir qui m'a fait éclore
1
'
a ce vaste mystere,
comme une fl eur s•ouvre
minuit dans la forêt ?
Lorsqu'au matin mes yeux se sont ouverts

a

�L'OFFRANDE LYRIQUE
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

à la lumière, f ai aussitôt senti que je n'étais
pas un étranger sur cette terre et que, sous
la forme de ma mère, l'inconnaissable sans
forme et sans nom m'embrassait.
Ainsi de même, dans la mort, le même
inconnu m'apparaîtra comme si je l'avais
connu toujours. Et parce que j'aime cette vie,
je sais que j'aimerai la mort aussi bien.
L'enfant gémit lorsque la mère le retire
de son sein droit, pour, un instant après,
trouver consolation dans le sein gauche.
21

Lorsque je m'en irai d'ici, que ceci soit
mon mot de partance : que ce que j'ai vu est
insurpassable.
J'ai goûté au miel secret de ce lotus qui
s'étale sur l'océan de lumière, et ainsi j'ai été
beni - que ce soit mon mot de partance.
J'ai joué dans ce palais des formes infinies
et là j'ai aperçu celui qui est sans formes.
Mes membres et mon corps entier ont tressailli au toucher de celui qui n'est pas tangible. Ah ! ·si la fin vient ici, qu'elle vienne!
- ceci soit mon mot de partance.

22

Quand nous jouions ensemble, jamais je
n'ai demandé qui tu étais. Je ne connaissais
ni timidité, ni frayeur ; ma vie était impétueuse.
Au petit matin, comme un franc camarade
tu m'appelais de mon sommeil et de clairière
en clairière tu m'entraînais en courant.
En ce temps-là je ne m'inquiétais pas de
connaître la signification des chansons que tu
me chantais. Ma voix simplement reprenait
les mélodies; mon cœur dansait a leur cadence.
Mais à présent que l'heure des jeux est
passée, quelle est cette vision soudaine ? L'univers et toutes les silencieuses étoiles se
tiennent, pleines de révérence, les regards
baissés vers tes pieds.

23
Je te couvrirai des t_rophées, des guirlandes
de ma défaite. Il n'est jamais en mon pou·voir de m'échapper de toi non vaincu.
2

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
L1OFFRANDE LYRIQUE

Certes je pressens la déroute de mon
orgueil; je sais que dans l'excès de la p~ine
ma vie crèvera ses limites ; mon cœur vide,
semblable au roseau creux exhalera de mélodieux sanglots et les cailloux fondront en
larmes.
Certes je sais que ne resteront pas clos à
jamais les cent pétales du lotus, mais _qu'ils
découvriront le trésor secret de leur miel.
Du haut du ciel un œil surveille qui va
me convoquer en silen~e. Ri~n ne ~e se:a
laissé, rien que ce s01t, et a tes pieds Je
recevrai la mort complète.

Quand je lâcherai le gouvernail, je connaîtrai que le temps est venu que tu le
prennes. Ce qu'il y aura à faire, aussitôt sera
fait. V aine est ma peine.
.
Alors résigne-toi, mon cœur ! sans brmt
consens à ta défaite, et tiens pour bonne
fortune de reposer et tout tranquille, là où
1 1
,
tu as ete
p1ace.
Ces lampes sans cesse s'éteignent au plus
petit souffie du vent ; dans l'effort de les

rallumer, sans cesse j'oublie tout le reste.
Mais cette fois je serai sage ; j'attendrai
dans le noir, étalant mon tapis sur le sol, et
quand il te plaira, mon Seigneur, approche
toi sans bruit, voici ta place !

25
Je plonge aux profondeurs de l'océan des
formes, dans l'espoir d'atteindre la perle
parfaite et sans forme.
Je ne navigue plus de havre en havre dans
cette barque battue par la tempête. Les jours
sont loin où je faisais mon jeu d'être secoué
par les flots.
Et maintenant j'aspire à mourir dans ce
qui est sans mort.
Dans la salle d'audience, près de l'abîme
sans fond d'où émane une musique sans notes,
je saisirai la harpe de ma vie.
Je t'accorderai selon le mode de l'éternel,
harpe ! et quand aura vibré ton suprême
sanglot, aux pieds du Silencieux, je te reposerai silencieuse.
RABINDRANATH TAGORE.

(Traduction André Gide.)

�SUR LE COMTE DE GOBINEAU

SUR LE COMTE DE GOBINEAU

C'est toujours une chose délicate que de· se prononcer
sur la valeur de ses contemporains. Beaucoup s'y trompent, et des plus ingénieux. On ne saurait donc en
vouloir aux Parisiens de la monarchie de Juillet d'avoir
considéré le Comte Arthur de Gobineau comme un homme
quasi insignifiant, et de lui reconnaître tout au plus de la
naissance et une grande culture.
Messieurs Chlendowski, Souverain et Tarride apprirent
à leurs dépens cet arrêt de l'opinion. Ces éditeurs s'étaient
avisés d'imprimer les premiers essais de Gobineau. Chlendowski publia le Pris1Jnnier Chanceux1, et Souverain
les Aventures de Nicolas Be/avoir '. Cc sont des romans
historiques dans le genre alors en vogue, dont raffolait
la clientèle des cabinets de lecture. Ces ouvrages sans
grande originalité témoignaient pourtant des connaissances
étendues de leur auteur, de son goCtt très vif pour le
passé, et surtout d'une verve et d'une spontanéité de vrai
conteur.
L'insuccès de ces publications fut complet. Les libraires
les mirent au pilon. Le même sort attendait Ttrnovt,
Paris, 1847, trois volumes in-8•.
s5 2, quatre volumes in-8°. Ce roman parut sous le pseudonyme
d'Ariel Dts Feux.
1

'

1

853

roman étrange et profond, le premier des écrits de Gobineau, dans lequel se révèle sa personnalité entière1.
Dans ce roman, les souvenirs de Louis de Gobineau,
officier de la garde royale, qui pendant les Centjours suivit les Bourbons à Gand, furent largement
utilisés par son fils. Mais Arthur de Gobineau y mit
beaucoup de son ime. On retrouve plus d'un trait de son
caractère dans cet Octave de Ternove, pauvre, fier et
sensible, plein de mépris pour le monde qui l'entoure, et
pourtant animé du désir de le dominer. Un profond sens
psychologique, une sorte d'avidité à montrer la nature
sans fard, voilà ce qui distingue ces pages et qui apparente
leur auteur à Stendhal. Octave de Ternove, ce paladin de
l'ancien régime, c'est en quelque façon un Lucien Leuwen
gentilhomme. Je ne sais si Gobineau a jamais connu
Stendhal. Mais le certain, c'est qu'il existe une réelle
affinité entre ces deux esprits. L'un comme l'autre, ils
plongent leurs racines dans le dix-huitième siècle. Et leur
existence même présente des ressemblances frappantes.
Tous deux, ils eurent une enfance triste, une adolescence

amère.
Les parents de Gobineau vivaient séparés. Le jeune
Arthur grandit sans connaître la douceur du foyer familial.
D vint à Paris en 1835, à l'igc de dix-neuf ans. Et
1 TmzO'IJt vit le jour dans le feuilleton du Journal des Débats.
Il fut édité en 1848. C'est un livre excessivement rare, bien qu'il
aemble qu'il ait eu deux éditions différente5, toutes les deux à
Bruxelles. On trouve cet ouvrage à la Bibliothèque Nationale avec
le titre : Artltur dt Gobineau. La Nouveautl Littlrairt. TernO'IJt.
Librairie dt Tarride, rue dt L'Ecuyer, 8. Trois volumes in-12°. Mon exemplaire est en deux volumes in-u 0, avec une vignette au
titre, imprimé par Meline, Cans et C1•.

�854

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pendant plus de dix ans, continuellement frustré dans son
espoir d'obtenir son indépendance par la littérature, il mena
l'existence pénible d'héritier sans fortune dans la maison
d'un vieil oncle bizarre.
Enfin, la vie finit par lui sourire. Il rencontra une
compagne et un ami. En I 846, il épousait Mademoiselle Clémence Monnerot. Quelques années auparavant,
il avait fait la connaissance d'Alexis de Tocqueville. Cet
homme éminent s'intéressa à lui, l'honora de son amitié,
et parvenu au ministère des Affaires Etrangères, en I 849,
il le choisit pour son chef de cabinet. Avant de quitter
le ministère, M. de Tocqueville ouvrit à son ami les
portes de la carrière. Gobineau débuta à Berne, il alla
ensuite en Hanovre et à Francfort, puis il représenta
la France à Téhéran, à Athènes, à Terre-Neuve, à Rio de
Janeiro, à Stockholm. Pendant sa jeunesse studieuse, il
avait acquis une érudition extraordinairement variée et
presque encyclopédique. Depuis, il avait parcouru une
grande partie de l'univers. Il avait vu de près, au hasard
de ses voyages, la haute société aussi bien que les mœurs
populaires des pays qu'il traversait. Il observait en artiste
et en philosophe toutes les manifestations de la vie depuis
les intrigues des cours jusqu'aux querelles des rues,. Peu
d'hommes éprouvèrent une curiosité égale à la sienne, et
bien peu eurent l'occasion, comme lui, de contempler le
monde sous tant de faces. Ajoutez à cela, que ce
grand curieux possédait au plus haut degré l'art d'exprimer ses impressions par la plume ou la parole.
Pourtant, il faut se garder de considérer Gobineau
comme un amateur, un gentilhomme lettré, qui se serait
contenté de répandre sa pensée en brillantes impro-

SUR LE COMTE DE GOBINEAU

855

visations. Il apportait au contraire à tout ce qui touchait ses
travaux la gravité d'un érudit. Et même on doit avouer
qu'il n'échappa point au défaut qu'ont souvent les grands
remueurs d'idées, à savoir de créer des systèmes et d'en
devenir esclaves. Esprit éminemment synthétique, Gobineau s'acharnait à trouver une formule pour expliquer les
phénomènes de la vie des peuples ; il prétendait mettre à
découvert, selon son expression, "la base encore inaperçue
de l'histoire".
Cette base, il crut la trouver dans la race. C'est la
race, selon lui, la raison suprême et fatale qui dirige
le sort des nations. Les Arians forment l'élite des races.
Tout le reste est négligeable. Ce sont les Arians qui ont
créé et maintenu la civilisation occidentale. Les mélanges
de races ont corrompu la pureté du sang de ces dominateurs. De là provient l'abaissement complet de notre
espèce, l'inévitable décadence de l'humanité.
L' Essai sur l' lnégalitl des Races Humaines\ dont la théorie
semble bien discutable, n'en est pas moins un livre admirable dans ses détails. La conviction la plus sincère l'anime.
Ce penseur, pour lequel les siècles les plus lointains
n'avaient plus de secret, qui avait fait le tour de toutes les
illusions humaines, s'attacha aux siennes avec passion. Il
leur assujettit toutes les expériences de son intelligence,
toutes les réalités de sa vie. C'est toujours cette même
idée qui se dégage de tous les ouvrages qu'il écrivit par la
suite. Il s'adonne à de longues et patientes recherches afin
de prouver sa descendance d'Ottar Jarl, pirate norvégien.
Il faisait peu de cas du vénérable hôtel de Bordeaux, où
1

Les cieux premiers volumes de cet ouvrage parurent en 18 53,

les deux derniers en x8 55.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

1

1

1.

des générations de Gobineau avaient vécu entourées d'une
estime Wliverselle. Mais un jour, en face d'un aride
rocher scandinave, il fut ébloui par la vision du cMteau
de ses aîeux.
L' Esrai sur /'Inégalité des Races n'eut qu'un médiocre
succès. Cette œuvre était trop élevée pour atteindre la foule.
Les intelligences faites pour la comprendre l'accueillirent
avec réserve. Mérimée, tout en rendant justice aux
grandes qualités de son ouvrage, écrivait à Gobineau, qu'à
son gré, quelques individus bien choisis suffisaient pour
relever une race entière, et l'invitait à s'en rendre compte
dans les villes où il y avait des cuirassiers en garnison.
M. de Tocqueville même, qui témoignait l'estime la plus
affectueuse pour l'auteur, ne manqua pas d'élever des
objections lucides et profondes contre l'œuvre 1• Cet échec
fut amer pour Gobineau. D'autres revers allaient l'accabler
encore. Sa hauteur de gentilhomme, son indifférence de
philosophe à l'égard des puissants du jour n'étaient pas de
nature a lui gagner les bonnes grkes des chancelleries.
Il éprouva des injustices dans sa carrière. Son insouciance
des affaires compromit la fortune qu'il avait héritée de son
oncle. La catastrophe de 1870 le bouleversa profondément. Enfin, à force d'étudier, d'observer, de méditer, de
creuser sa pensée, il avait fini par créer autour de lui une
véritable solitude,
Vers 1875, nous le voyons dans un modeste appartement d'une maison bourgeoise a Stockholm, isolé et
misanthrope. Pourtant, il honorait de son amitié son
valet de chambre syrien; il couvait de tendresse ses
Correspondance entre Alexis de Tocqutville et Arthur de Gobineau,
publiée par L. Schemann, Paris, 1909, p. 19 3.
1

SUR LE COMTE DE GOBINEAU

perruches. Juché sur un siège incommode, il laissait son
vieux chien Otthtllon sommeiller à l'aise dans son fauteuil
et interrompait de temps en temps son travail pour lui
jeter un regard bienveillant - peut-être au moment
même où il venait d'écrire: "Les hommes sont tous,
toujours et dans tous les temps d'assez méchantes bêtes,
et ce que l'Wl reproche à l'autre il l'a fait, ou le fera, ou
n'a pu 1. "
Cette année-la, le tendre misanthrope fit une rencontte
qui devait être décisive pour ses dernières années et pm-1r
sa gloire posthume. Il connut Wagner à Rome. Mais ce
n'est qu'en 1880, à Venise, que les deux hommes se lièrent
d'amitié. Gobineau, sur l'invitation de Wagner, alla lui
rendre visite à Bayreuth aux printemps de 1881 et 1882.
Les deux. vieillards étaient bien faits pour se comprendre. Tous les deux, ils avaient passé leur vie en lutte
avec leur temps. Tous les deux, il partagaient le goîtt
des grandes synthèses, L'un et l'autre s'étaient presque
entièrement détachés de la réalité et étaient arrivé au
plus haut degré d'une généreuse exaltation.
Certes, ils s'entendaient à merveille, Wagner et ce
Français familier de la Walhalla, qui, lui même, s'était
plu à élever un autel aux divinités germaniques. Mais le
Comte de Gobineau avait beau s'enorgueillir de son sang
arian, rechercher le château imaginaire de ses aYeux sur
un rocher scandinave, affirmer bien haut la supériorité de
la race germanique, il n'en restait pas moins profondément français. Et sans doute cette dernière qualité-là ne
contribua-t-elle pas peu à l'amitié des deux grands hommes.
1

Histoire d'Ottar Jarl, Pirate Nr,r,vlgien, et de sa Descendance,

Paris, Perrin, 1879, p.

22 .

�858

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Pour Wagner, Paris représentait la France, et "cette
Babel impure " apparaissait à ses yeux comme un cauchemar, qui lui rappelait les moments les plus pénibles de
sa vie.-En automne 1839, il quittait Riga et débarquait en
France, à Paris, dans un t&amp;tel garni de la rue de la Tonnellerie, près des Halles, apres avoir traversé les mers du Nord
sur un voilier russe. Les dangers du voyage, les rafales des
mers du Nord lui semblèrent bien peu de chose en comparais0n des misères qui l'attendaient dans cette ville. Il
essuya tous les revers, subit toutes les humiliations, endura
le plus terrible dénô.ment. Il en vint jusqu'a s'offrir a
entrer comme choriste dans un thé~tre du Boulevard. On
le refusa. Il se tint pour heureux, quand des travaux de
réduction pour piano lui assurèrent le pain quotidien.
Vingt ans apres, en 1859, nous retrouvons Wagner dans
un petit hôtel de la rue Newton. Cette fois, ce n'est plus
l'indigence qui le fait soufrrir, mais l'hostilité de l'opinion
contre son œuvre, les sifilets de chasse de ces messieurs
du parterre pendant la première de Tannha:user, Le lendemain de cette soirée, Janin conseillait à ces messieurs
d~adopter les armes suivantes: Un sifilet sur champ de
gueules hurlantes, et poiir exergue : Asinus ad Lyram.
Quant à Wagner, il retirait sa partition et quittait Paris.
Lors de son séjour en France, il n'avait connu que
l'atmosphère du monde théitral, de petites et de méchantes
gens, à peine quelques hommes de bien, rencontrés au
hasard, tel le douanier poète Edmond Roche, qui, lors de
l'arrivée de Wagner à Paris, le traita avec bonhomie à
l'occasion d'une visite de douane, et auquel le musicien
confia par la suite la traduction de plusieurs de ses livrets.
Quand Wagner vint pour la seconde fois -à Paris, les

SVR LE COMTE DE GOBINEAU

859

amis de Liszt et d'Emile Ollivier l'accueillirent à bras
ouverts. Il connut par eux et reçut rue Newton de nombreuses personnalités intéressantes, entre autres Baudelaire
et Champfleury. Cependant il se trouvait en ce momentdans une période de lutte, d'inquiétude constante.
Il n'était pas d'humeur à s'occuper du monde extérieur.
Il demeura indifférent aux gens qui l'entouraient.
Gobineau fut, en somme, le premier Français pour
lequel Wagner éprouva un réel intérêt. Etait-ce la
compréhension qu'avait Gobineau de sa musique, ou les
théories de race si flatteuses pour l'orgueil germanique
que professait son htite, qui gagnèrent le cœur de
. Wagner? Ou plutêît, quand ce petit homme frénétique,
qui vivait dans l'état d'ime que Nietzsche appelle
"la poitrine gonflée" cheminait pres de cet ami, grand,
mince et pâle, écoutait ses propos si fins, glissant
légèrement sur les choses et pourtant si pénétrants, ne
subissait-il pas l'attrait d'une intelligence toute française ?
Wagner n'était-il pas la dupe de son Mte? En croyant
aimer le descendant du guerrier scandinave, n'était-ce pas
le Français qui l'avait ensorcelé ?
Gobineau, dupe lui aussi, aurait été le premier à se
défendre d'une telle interprétation. Ce Germain imaginaire
méprisait à tel point les Tartufes du patriotisme, qu'il
éprouvait un réel plaisir à braver l'opinion. Mais cette
attitude factice n'a pas trompé ceux qui l'ont bien connu.
Voici le portrait qu'a laissé de lui Albert Sorel, qui fut de
ses amis dans les dernières annêes de sa vie :
" Sa conversation est certainement la plus éblouissante
que j'aie connue, en facettes, en étincelles, avec un je ne
sais quoi de caché, de mélancolique, de tendre que l'on

la

�860

LA NOUVELLE REVU.! FRANÇAISE

devinait sous la surface ; quelque chose comme les feux
d'artifice, dans les soirs d'été, sur le miroir des eaux de
V ~rsailles, Très moderne pour l'information, assez lointam pour le go(lt littéraire, un ton une délicatesse une
fierté mtellectuelle
.
'
'
d•homme du monde,
peu fréquents
chez les gens d'autant de lecture ; une ouverture d'esprit
plus étendue, avec plus de sorties, sur des frontières plus
larges, que "l'honnête homme " d'autrefois. De l'ironie
de la contradiction, du paradoxe, de la sensibilité tr~
aiguë et perçant tout à coup : un rien un mot un geste
'
q_u1. le touchaient, et ses beaux yeux bleus,
tout' à l'heure
SI x:ioqueurs, se tintaient d'un brouillard léger, et cette
mam nerveuse et blanche, toute moite, serrait la vôtre
d'une étreinte fugitive ; enfin un tempérament délicieux
d'aristocrate français 1 ".

a

Spectacle curieux et touchant
la fois cette amitié
de Gobineau et de Wagner. Voila que le ~énie français,
aupres duquel Wagner avait passé pendant des années en
France, sans l'aimer, sans même le reconnaître vient lui
faire _la révérence à W ahnfried et le conqui;rt dès le
premier abord.
D'ailleurs, cet attachement des deux hommes devait
être de courte durée. En octobre 1882 Gobineau de
l
•
•
'
'
passage a Turin, perdait connaissance dans l'omnibus
d'hôtel qui le conduisait à la gare, et mourait quelques
heures après.
~'ento~rage de Wagner, et, plus tard, l'Allemagne
~ntiere lui vouèrent un véritable culte. En France aussi,
il eut ses admirateurs et ses dévots. Mais ce ne sont pas
1

Albert Sorel, Le Comte de Gobineau. (Le Temps,

22

mars

19 0 4).

SUR LE COMTE DE GOBINEAU

861

les mêmes qualités que l'on gollte chez lui de l'un et de
l'autre c6té du Rhin.
Les Allemands apprécient avant tout son esprit systématique, sa persévérance dans son œuvre. Ils admirent
cette sorte de passsion d'alchimiste, avec laquelle il
s'acharnait à saisir l'essence même des peuples. Et cette
qualité de Gobineau rend particulièrement précieux à
leurs yeux l'engouement qu'il manifesta de tout temps
pour les choses de leur pays.
S.es compatriotes, au contraire, sont disposés à considérer
ses édifices théoriques comme des châteaux en Espagne.
Mais ceux qui l'ont approché font grand cas du courage
de ses opinions, du côté sobre, clair, aigu de son esprit,
de sa liberté et de sa fantaisie. Et ils ne restent pas insensibles au charme qui émane de cette haute figure de gentilhomme philosophe.
Mais les hommes que nous honorons ne sont-ils pas
comme des miroirs dans lesquels nous nous cherchons
nous mêmes? Il n'est que justice de retrouver les visages
les plus divers penchés sur la mémoire de ce penseur, qui
tenta de pénétrer d'un ferme regard le génie de toutes les
nations.

** *
Le Comte de Gobineau avait un go(lt vif pour les
histoires. Dans sa jeunesse, il s'amusait à inventer des
contes merveilleux pour sa sœur et pour ses amis. Ce
petit monde l'entourait, assis a l'orientale et revêtu de
costumes des Mille et Une Nuits.
Au cours de sa carrière mouvementée, il continuait

a

�SUR LE COMTE DE GOBINEAU

862

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

observer, à imaginer les vies d'autrui, et il se plaisait à
traduire ses impressions en des traits précis et vivants.
Quelques uns de ses contes, les Nouvelles Asiatiques, les
Souvenirs de 'Uoyages atteignent presqU:e la perfection.
D'autres ne sont que les rapides visions d'un artiste au
tempérament de grand seigneur. La laborieuse mise au
point n'était pas son affaire. Mais justement l'absence de
tout apprêt littéraire dans ces improvisations ne manque
pas de charme.
Tant6t, Gobineau crayonnait rapidement ces jolis
mélanges de fantaisie et de réalité. Tant6t, il se contentait d'en éblouir son auditoire.
Adossé à la cheminée, mince, élancé, les yeux bleus,
les paupières un peu tombantes, la bouche petite, tres en
avant, le menton court, les moustaches grisonnantes, il
contait. C'était un bonheur pour lui et pour les autres. Il
accompagnait son récit des gestes de sa belle main, faite
pour les manchettes de dentelle.
Ce n'était d'ailleurs que dans un cercle intime qu'il
laissait libre cours à sa verve de conteur. Les rares
personnes qui avaient le plaisir de l'écouter, conservent
aujourd'hui encore un souvenir délicieux de ces entretiens.
Un soir, le Comte de Gobineau faisait dans un salon
ami le récit d'une anecdote qui s'était passée, disait-il,
dans une cour allemande. Ses auditrices lui demandèrent
de rédiger cette histoire. Il se rendit à leurs vœux. Il
écrivit l'anecdote qu'il leur avait racontée, et leur remit
le manuscrit, tout en le recommandant leur discrétion,
car plusieurs des personnages qui figuraient dans son
récit, prétendait-il, étaient encore vivants.

a

C'était l'histoire d' Adllai'de, une rapide et hautaine
analyse des pires défaillances du cœur humain. Elle
dormait depuis longtemps parmi des reliques d'amit"é,
' été donné d'en avoir communication.
i
quan d J·1 ma
Monsieur le professeur Schemann président de 1
"S oc1'é té Gobineau ", auquel je fis part
' de cette bonnea
for~une, eut d'abord des scrupules à consentir à la publication de ce manuscrit1. Monsieur Schemann est un d
1
•
es
p us anciens disciples de Gobineau, un de ceux qui lui
ont. vo~é le culte le plus touchant et le plus efficace. Il
~ra1gna1t, selon sa propre expression, que ce conte " n'aJOUtit pas un nouveau fleuron à la couronne de Gobineau., " p_ourtant la renommée de œt esprit altier n'est
~lus a faire. Et il m'a semblé qu'il ne serait pas sans
intérêt
. . épour ses admirateurs de lire Adélaïde à tit re de
cunos1t littéraire. Monsieur Scheman a bien voulu se
rendre à ces raisons. Qu'il agrée, ici, mes remerciements
les plus sincères.
ANDRÉ DE HEVESY.

d 1 ~ · de Gobineau avait légué ses œuvres à l'amie dévouée de ses
ern1èr~s années, Madame la Comtesse de La Tour. Celle-ci céda
aes droits à la " Société Gobineau ., à Fn'bo urg-en- Bnsgau.
.

�ADÉLAÏDE

ADÉLAÏDE
(NOUVELLE INÉDITE)

Madame de Hautcastcl arrangea commodément sa jolie
tête sur le dossier de son fauteuil ; chacun fit silence et
le baron parla en ces termes :
L'année même où Frédéric Rothbanner sortit de
l'académie militaire pour entrer aux chevau-légers, Elisabeth Hermansburg le distingua. Ce fut une sorte de coup
de théitre. Rien n'avait préparé la société à une chose si
singulière, et, dans le premier moment, les clameurs
furent infinies. Le gros Maëlstrom, soupirant déclaré de
la comtesse depuis des années, et surtout Bernstein dont
les folies pour elle étaient si connues, folies qu'incontestablement elle avait encouragées, jetèrent feu et flammes,
et ne manquèrent pas de partisans. Le grand duc, luimême, se laissa toucher par l'indignation générale et
adressa à la coupable une épigramme si aiguë qu'elle
aurait d(l en être transpercée ; mais elle répondit vertement à Son Altesse Royale, et sous une couverture tellement respectueuse, que les rieurs passèrent de son c6té.
Bref, ce qui était fut et resta tel sans qu'on y pi1t rien
changer. Au bout de six mois tout le monde sauf les
deux transis évincés, en avait pris l'habitude, et il n'en
était plus question.

Cependant, en apparence du moins, rien de plus
absurde. Elisabeth avait trente-cinq ans et était dans
l'éclat parfait de sa beauté, avec une réputation d'esprit
grandissant tous les jours et qu'il était impossible de surfaire. De son côté Roth banner, pour faire admettre son
bonheur, n'exhibait que ses vingt-deux ans, une jolie
tournure et rien encore de cette valeur intrinsèque qu'on
lui a reconnue depuis. Ce joyau était alors caché dans sa
coquille. Pour déterminer ce qui était arrivé il avait fallu
cette profondeur de réflexion et cette sagacité d'égoïsme,
dons précieux de la comtesse, la plus accomplie des créatures en toutes choses et surtout cette sagesse des enfants
du siècle qui mène ceux qui la possèdent à n'avoir pas
volé la damnation éternelle. Elisabeth Hermansburg avait
pensé qu'au comble de sa gloire elle était bien voisine de
la pente qui allait la conduire à en descendre. Elle avait
monté dans les fleurs; il allait falloir bientôt revenir dans
les ronces. Pour savoir ce qu'une femme adorée devient
d'ordinaire, elle n'avait eu besoin que de jeter les yeux
autour d'elle, et les jardins d'Armide où elle régnait
lui avaient montré en foule leurs gazons verdoyants peuplés de vieilles cigales dont les voix prophétiques n'étaient
comprises de personne hormis d'elle-même. Elle examina
l'une après l'autre les destinées de ces tristes métamorphosées et elle crut pouvoir admettre que la cause de leur
malheur était à trouver dans l'insouciance avec laquelle
chac~ne avait lié son bonheur à un homme qui la dominait,
et qui, partant, la pouvait fuir aussitôt que son coeur à lui
conseillerait la désertion.
.
Elle se dit: Je ferai un heureux. J'aurai un esclave qui
me devra tout, et le premier succès, et le premier bonheur

3

�866

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

et la premiere gloire et la première expérience. Il
m'adorera ; et, si je l'adore, je ne le lui dirai pas comme
je le sens, et je règnerai sur lui. Je l'entrainerai où il me
plaira qu'il aille et je le connaîtrai à fond : tête et coeur,
bien et mal, vices et vertus. Des premiers je flatterai ceux
qui me serviront ; des secondes j'étouiferai celles qui
pourraient se dresser contre moi. Je l'aurai tout à moi ;
d'abord parce qu'il sera très jeune et se donnera sans
réserve, et je profiterai de ce moment pour le pétrir et le
repétrir de telle sorte que s'il songe jamais à se révolter, il
n'aura plus ni nerfs ni muscles pour servir son intention.
De cette façon-là je réaliserai une des plus belles fictions
des romans, j'aurai créé un de ces amours hypothétiques
qui durent toujours, et jusqu'à mon dernier soupir si cela
me plaît je serai servie, je serai aimée; du moins le monde,
et c'est l'essentiel, me croira telle. Enfin, en admettant que
ce soit là une chaîne propre à devenir pesante, moi et
non pas lui, ma volonté, non la sienne, décidera de la
rupture.
Quand elle vit Rothbanner pour la première fois, il lui
plut assez pour qu'elle le marquit dans sa pensée du signe
de sa possession. Elle prit juste le temps dé se convaincre
qu'il avait du cœur et tout fut fait ainsi qu'elle l'avait
décidé. 11 va sans dire que Rothbanner se trouva d'autant
plus heureux qu'il ne douta pas de l'avoir perdue.
Les choses marchèrent ainsi très bien pendant cinq ans
et chacun peut porter témoignage comme je le fais moimême, que pas une distraction, pas une marque d'ennui
ne fu,t surprise chez l'amant. Madame d'I-fermansburg
avait alors quarante années échues et les choses allaient
à merveille, quand, aussi sottement et mal à propos que

ADELAÎDE

tout ce qu'il avait fait dans sa vie, son man s'avisa de
mourir, ce qui fut le signal de la catastrophe, car il se
découvrit alors des mystères que personne n'aurait jamais
été soupçonner.
Au bout d'un an de deuil, la comtesse qui depuis dixhuit mois environ paraissait souvent préoccupée et d'une
gaieté un peu extrême, pressa Rothbanner de reconnaître
ce qu'elle avait fait pour lui, en mettant fin par un
mariage à l'irrégularité notoire de leur position. Rothbanner fut surpris, et, ce qui n'était pas adroitt il faut en
convenir, montrant plus de bonne foi que d'amour, il le
laissa voir. Du reste il y avait de quoi s'étonner : la
comtesse, de sa nature esprit fort, ne s'était jamais
beaucoup préoccupée des questions au-dessous d'elle. Son
rang dans le monde, son sang-froid, et, pour tout dire, son
audace, avaient toujours commandé et obtenu le respect, et
il était convenu qu'on lui pouvait et devait passer beaucoup
de choses. Rothbanner objecta à la fantaisie de la dame
que sa délicatesse s'opposait absolument à satisfaire le désir
exprimé ; il était pauvre et paraîtrait avoir abusé de son
influence pour des motifs peu honorables ; on le croirait
d'autant mieux qu'en définitive une fort grande diiférence
d'~ge existait entre lui et la comtesse, et les unions contractées malgré de pareils empêchements donnent toujours
à gloser. Ensuite, il était catholique, la comtesse protestante et, sa famille à lui, qui fermait aisément les yeux
sous le manteau de la cheminée, trouverait certainement
à redire, et tres fort, à une sorte de renonciation publique
à des principes héréditaires. Enfin, et c'était là son
suprême argument, il répéta à satiété qu'il ne voyait pas
pourquoi un bonheur si long, si soutenu, si exempt de

•

�868

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nuages serait troublé, évidemment troublé, par la manie
de changer le bien en mieux.
Tout cela fut bien dit, bien exposé ; cependant la comtesse demeura ferme dans sa proposition, et ne daignant
prendre au sérieux qu'une seule des objections, elle s'en
alla un matin , sans rien dire à Fréderic,. trouver l'Evêque
.
de B. Elle fit part au prélat de son désir de se convertir.
Le prélat qui n'y entendait pas malice, fut naturellement
touché et enchanté. La néophyte avait justement le genre
d'esprit qu'elle voulait avoir. Elle alla au devant de toutes
les instructions, étourdit les abbés qu'on lui donna pour
maîtres par la variété et l'orthodoxie de ses connaissances
théologiques, et, ma foi, par un beau dimanche, le troisième après Pâques, je crois, elle fit tranquillement son
abjuration dans la cathédrale de B. à la satisfaction profonde du public. Le lendemain elle revint à la charge
auprès de Rothbanner et le somma de l'épouser.
La conversation entre les deux contendants fut d'abord
affectueuse et parfaitement tendre ; puis elle devint un
peu seche, et quand la comtesse se fut bien conv~incue
que la victoire ne viendrait pas toute seule, elle pnt son
parti et mit le fer sur la gorge de l'antagoniste.
- Ainsi,\bien définitivement, lui dit-elle, en le regardant avec: des yeux dont il n'avait pas encore vu l'expression âpre ·etfdécidée, ainsi vous ne consentez pas?
- Je ne peux pas.
- Vous ne pouvez pas ?
- Je vous l'ai expliqué.
- Eh bien ! Donnez moi encore toutes vos raisons !
Il énuméra de nouveau, et non sans une nuance de
colere, ce qu'il avait déjà répété vingt fois.

ADÉLAIDE

- Ce sont là vos motifs?
- Vous le savez bien.
- Pourquoi ne me donnez-vous pas le seul véritable ?
- Qu'entendez-vous par là ?
- Je vous demande pourquoi vous ne me dites pas
franchement la raison sérieuse qui vous empêche de me
céder ?
- Je ne sais ce que vous entendez par là !
- J'entends votre liaison avec ma fille !
- Madame!
- Avec ma fille ! vous dis-je; nous voilà enfin en
pleine bonne foi, et, c'est arns1 que nous allons nous
expliquer.
On peut s'imaginer l'attitude des deux lutteurs, car
d'amants il n'en était pas question dans ce moment-là.
Elisabeth pâle de cette pâleur de l'homme de guerre
causée uniquement par la rage de vaincre ; Frédéric agité
du trouble de l'animal pris dans une piege dont il voit
peu de chances de se tirer.
- Monsieur, dit la comtesse, je ne vous ferai pas de
reproches ; calmez-vous, rassurez-vous. Ce n'est pas moi
qui puis être votre juge, j'en ai perdu le droit du moment
où j'ai abdiqué toute dignité. C'est moi qui vous ai introduit dans cette maison, qui vous y ai fait régner, qui en
vous accablant de tout pouvoir, vous ai donné toute
licence. Il est naturel que vous en ayez abusé jusqu'au
crime. Oh ! ne vous révoltez pas! au point où en sont les
choses, si je puis et dois vous épargner les reproches, il est
au moins naturel que vous consentiez à envisager la vérité
en face. Si elle n'est pas belle, convenez que sur ce point
du moins, ce n'est pas à moi qu'il faut s'en prendre. Vous

�870

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

avez trouvé une enfant toute jeune, incapable de rien
comprendre, de rien savoir, de rien prévoir. Mais laissons
le passé et songeons à l'avenir. Vous et moi avons donné
tant de scandales au monde que je vous avoue mon impuissance à en ajouter un nouveau. Peut-être auriez-vous
la condescendance d'épouser Mademoiselle d'Hermansburg si je vous en pressais ; mais notre relation a été si
publique que la pensée seule d'une pareille monstruosité
me fait horreur. Ce sont des arrangements, dit-on, assez
ordinaires, je ne l'ignore pas ; mais ils ne vont pas à mon
tempérament, et je ne vois qu'une chose à faire : régulariser notre position mutuelle d'abord ; éloigner Mademoiselle d'Hermansburg pour quelque temps et la marier.
De cette façon tout peut se réparer et je ne saurais
imaginer qu'il puisse vous entrer dans l'esprit de refuser
la seule réparation en votre pouvoir.
Dans ce que venait de dire Elisabeth, et qui ne coordonnait pas trop mal, il y avait du vrai, du douteux et du
faux; c'est ce que l'entrée subite d'Adélaïde Hermansburg
dans le boudoir de sa mère mit sous le jour le plus lumineux. Adélaïde venait d'atteindre ses dix-huit ans. Elle
était blonde extrêmement, blanche à éblouir; une taille
de reine, des bras admirables, rien d'une jeune fille, beaucoup d'une impératrice au grand, moins l'esprit de sa mere,
son audace et sa hauteur implacables, et en plus, ce qui
n'était pas à dédaigner, le sentiment parfaitement défini
qu'elle tenait le pas comme femme aimée vis-à-vis de
celle qui ne l'était plus et comme beauté dans sa fleur visà-vis de la rose plus qu'à demi effeuillée. Quant à une
notion quelconque des rapports de fille à mere, pas
l'ombre.

ADÉLAÎDE

Il faut avouer qu'entre ces deux olympiennes le pauvre
Frédéric Rothbanner, si doux, si poli, si affectueux toujours, si spirituel quand rien ne presse, ne faisait pas
grande mine et je me l'imagine assez, accoudé sur le
marbre de la cheminée, dans son attitude toujours élégante
et correcte, mais ne trouvant pas le plus petit mot à dire.
Elisabeth fut un peu surprise de l'apparition de sa fille,
et par son hésitation elle perdit l'avantage de l'attaque.
D'ailleurs elle ne savait pas ce que la jeune demoiselle
avait dans l'esprit.
- Madame, dit mademoiselle d'Hermansburg d'un
ton froid et léger, je vous demande pardon d'entrer ainsi
chez vous ; mais comme je suppose que monsieur vous a
déjà parlé, vous comprenez si la question m'intéresse et si
j'ai quelque sujet de me mêler de mes propres affaires.
Depuis quinze jours dejà M. de Rothbanner m'annonce
son intention de vous demander ma main; j'y ai consenti,
mais chaque matin et chaque soir il m'allegue quelque
raison pour n'avoir rien fait encore. Je désire la fin de
cette situation, etje tiens à savoir si monsieur vous a fait
connaître nos intentions. S'il n'a rien dit, il faut qu'enfin
il s'explique.
- Mademoiselle, répondit la comtesse, vous n'épouserez pas monsieur de Rorhbanner.
- Pourquoi, Madame ?
- Parce que M. de Rothbanner m'appartient et
m'épouse.
- Répondez, Frédéric ! dit Adélaïde en se tournant
d'un air hautain vers le jeune homme. Celui-ci se trouva
en face de deux paires d'yeux qui le tenaient en joue et
on ne peut assurer qu'il füt à son aise. Il cherchait à

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

condenser quelque chose de conciliant dans une phrase
qui ne déterminAt pas une explosion, quand la comtesse
prit la parole.
- Mon Dieu! je ne comprends pas tres bien ce débat;
il seraft ridicule, il faut en convenir, si votre inexpérience
ne l'excusait un peu. Rentrez chez vous et pensez à autre
chose.
- Madame, reprit violemment Adélaîde, en croisant
les bras sur sa poitrine et en portant alternativement sur
sa mere et sur Frédéric des regards où la tempête éclatait,
comme je n'ai rien à ménager, je réclame ce qui m'appartient; et vous, parlez ! dit-elle en frappant du pied ; vous
savez ce qu'il vous appartient de déclarer !
- Et moi encore mieux ! s'écria Elisabeth, Tenez
finissons-en et pas de mélodrame ! J'ai l'horreur des scenes
et du mauvais ton. Vous pouvez être assurés tous deux
que je ne me laisserai écraser ni par l'un ni par l'autre;
mais que je vous écraserai l'un et l'autre peut-être. Vous,
mademoiselle d'Hermansburg, vous n'êtes pas majeure et
je vous mettrai dans un couvent, en disant pourquoi ;
vous, M. de Rothbanner, vous vous débattrez avec l'opinion publique qui, peut-être, comprendra mal que dans
une maison, la mienne, vous vous soyez permis tant de
libertés, Je ne vous donne pas une heure pour choisir, je
vous donne wie minute. Ou moi, ou ce que j'ai dit !
Répondez!
Adélaïde prononça les mots suivants en serrant les dents,
mais d'une maniere fort distincte, et en même temps elle .
regardait le jeune homme en face :
- Le couvent, le déshonneur le plus complet, l'abandon
de votre part., tout, mais ne lui donnez pas le triomphe!

ADÉLAÎDE

La comtesse revint la minute achevée :
- Eh bien ? murmura-t-elle ?
Je ne dis pas que Frédéric joua ici un beau r&amp;lc ; mais
le sort ne donne pas toujours ce qu'on voudrait parmi les
personnages de la comédie de la vie. Choisir ! C'était là
fort mal aisé et je le donnerais en cent aux plus habiles :
il était clair qu'en obéissant à Adélaïde Frédéric n'avait
ni la personne de la jeune fille ni aucun des avantages de
l'amour; mais en désobéissant à la comtesse, il était déshonoré à tout jamais, perdu pour le monde, chassé
certainement de l'armée, obligé de s'expatrier et il
n'avait pas le sou, ce qui aggravait singulièrement la
situation, ne perdez pas ce point-là de vue. Aussi sa perplexité peut-elle n'être pas héroïque, elle n'en est pas
moins assez concevable.
Naturellement, ne sachant au monde quel parti
prendre, il prit celui de perdre contenance et son nez
rougit légèrement, ses yeux devinrent humides et il tira
son mouchoir de sa poche pour se moucher. Ces différents
sympttimes produisirent sur les deux femmes des effets
très contraires ; AMlarde sourit avec dédain et sortit de la
chambre ; la comtesse se plaça en face de Frédéric et lui
saisit les mains.
- En retour, lui dit-elle, je vous pardonne tout,
j'oublie tout, je ne vous retire rien du dévouement
aveugle que depuis tant d'années je vous porte et que vous
connaissez si bien ! Je ne suis ni une sotte ni une bourgeoise. Eh ! mon Dieu, Frédéric, à mon âge on ne se
sauve que par la bonté et l'indulgence. Vous êtes jeune...
vous avez été entraîné autant qu'entrainant... tout
s'oubliera.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Elle parla ainsi pendant une demi-heure sur le ton de
l'affection la plus maternelle. Tout autre genre de
tendresse n'ei1t pas été de mise a ce moment, et elle le
comprenait comme elle comprenait tout. N'admirez-vous
pas aussi avec quel art consommé elle avait supposé
d'abord partie gagnée et ville conquise? Frédéric eut bien
l'idée de le contester ; mais il perdit du temps a réfléchir
à la meilleure manière d'essayer son opposition, et il se
trouva au bout d'un quart d'heure si bien enguirlandé,
paqueté, emballé, cloué dans sa caisse, que ... ce n'est pas
qu'il n'ei1t par moments des spasmes et des soubresauts;
mais rien de plus inutile ! Cet ange d'Elisabeth comprenait tout, excusait tout, ce n'était plus une amante
irritée, ce n'était pas même une future épouse peu exigeante
sur la théorie de ses droits, ce n'était pas une Ariane
raccommodée avec Thésée par L'entremise de Bacchus,
c'était une sœur de charité! Enfin il n'y a qu'un mot qui
serve : Mademoiselle d'Hermansburg qui, notoirement
avait adoré son père, s'en alla passer trois mois chez une
de ses tantes à l'époque du mariage de sa mère avec
Rothbanner, mais comme il n'était pas moins notoire
qu'elle adorait sa mere autant que son pere, les trois mois
n'étaient pas écoulés qu'elle remuait ciel et terre pour
retourner auprès d'elle, ce qui, vu la résistance opposée à
son désir, détermina l'ouverture d'une campagne stratégique aupres de laquelle les plus savantes manœuvres des
généraux anciens et modernes ne sauraient que pâlir.
La comtesse disait à toutes ses bonnes amies ;
- Ma fille est un prodige de dévouement et d'abnégation ! Qu'elle n'ait pas de goltt pour son beau-père, je ne
saurais le trouver mauvais, et je lui en veux d'autant moins

ADÉLAIDE

que dans toutes les lettres qu'elle m'écrit elle est parfaite à
cet égard de convenance et de mesure ; mais il ne m'est
pas difficile de démêler sa pensée. Adélaïde est trop pure et
trop naîve pour savoir dissimuler. Si elle insiste tant pour
revenir aupres de moi, savez-vous la pensée qui la dirige ?
Elle s'imagine que mon jeune mari ne me rendra pas
heureuse ; et elle veut être là pour me consoler et me
soutenir. Elle a conçu ce roman dans sa petite tête et n'en
veut pas démordre jusqu'à présent ; mais cette fantaisie
passera et je tiens à ce qu'Adélaïde reste chez sa tante
Thérese jusqu'a l'époque de son mariage. Elle y est
parfaitement heureuse; et vous comprenez que même ce
qu'il y a de passion dans sa tendresse pour moi m'oblige à
un sacrifice, le plus grand que je puisse faire assurément !
celui de me séparer pour un temps d'une enfant si chère
et qui jusqu'à présent ne m'avait jamais quittée !
De son côté Adélaïde disait à qui voulait l'entendre : Ma mère sera certainement malheureuse avec M. Rothbanner; elle n'eô.t pas di1 se remarier ; mais ce n'est pas
à moi, sa fille, qu'il appartient de la blimer ; je ne pu.is
voir et je ne vois que ses périls ! C'est la meilleure des
meres : quoi qu'elle fasse, par un sentiment exagéré de
son affection, je sais que je lui suis indispensable. Je lui
sacrifierai mes goûts, ma vie ! Je ne veux qu'elle, je
n'aime qu'elle ! Je retournerai aupres d'elle et je ne me
marierai jamais !
Elle se mit en devoir de tenir parole. On lui présenta,
vous vous en souvenez peut-être, Philippe de Rubeck;
soixante-mille thalers de revenu en biens-fonds, beau nom,
trente-cinq ans, jolie figure, elle le refusa ! A la suite
comparurent deux ou trois autres prétendants qui n'étaient

�AD!LAÎDE

876

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

se décida à un changement de front, écrivit à Adélaïde

guère moins convenables. Ils furent évincés de même. La
grande duchesse s'en mêla et fit venir Adélaïde pour la
sermonner. Celle-ci pleura excessivement, demanda sa
mère, voulut sa mère, eut une attaque de nerfs, si bien
que notre excellente souveraine, n'y voyant que du feu,
se tourna tout entière au parti d'Adélaïde et dit à deux
o~ trois reprises que Madame Rothbanner n'avait pas
raison.
Celle-ci commença à se trouver dans un certain embarras; mais elle tomba bientêt dans une perplexité pire. Elle
avait l'habitude assez judicieuse d'aimer à se rendre
compte de tout. Les principes sont choses admirables;
malheureusement, dans l'état d'imperfection où s'agite la
nature humaine, ils nécessitent des applications rarement
irréprochables. II arrivait à Elisabeth d'exécuter des
visites domiciliaires chez son mari pendant que celui-ci
était dehors. Un beau jour elle tomba sur un billet
d'Adélaïde, et ·bien que le texte fut insignifiant, ou pour
mieux dire incompréhensible, il en résultait que ce billet
avait eu des frères aînés, et aurait certainement des cadets
en quantité inappréciable. Cette découverte conduisit
Madame Rothbanner à éclaircir de plus en plus près la
conduite de Frédéric ; elle ne fut pas tout à fait certaine
que, sous prétexte d'affaires de service, il s'absentait de la
ville, mais elle eut tout lieu de le soupçonner. Le fait est
que les chevaux du mari étaient surmenés. De sorte que
pressée de toutes parts, blimée par la grande duchesse,
tenant avant tout à conserver sa position de mère incomparable, clé de la manœuvre qu'elle suivait, se voyant
tournée par l'ennemi, que dis-je ! devinant cet ennemi
possesseur des plus belles intelligences dans la place, elle

que ses supplications l'avaient vaincue, l'alla chercher

elle-même chez la tante Thérese et la ramena en
triomphe. II n'en est pas moins vrai qu'ayant gagné la
première manche, elle venait de perdre la seconde, et elle
avait trop de sens pour chercher à se le dissimuler. Aussi
ne montra-t-elle aucune humeur ni en public, ni en particulier.
Mais je m'aperçois que, me laissant trop entrainer par
le courant des faits, je ne vous ai pas arrêtés assez longtemps sur la personne même d'Adélaïde. Il est cependant
essentiel de vous faire bien connaître cette rem~rquable
créature, et pour la juste appréciation que vous pouvez
désirer faire de ce que je viens d'avoir l'honneur de vous
exposer, et pour celle de ce qui va advenir. Très belle,
très intellig~nte, d'une intelligence aventureuse et sans
scrupule aucun, outrageusement gitée par son imbécile
de père, pour qui elle avait le plus souverain mépris,
absolument abandonnée, même ignorée par sa mere, que
des occupations de toute nature absorbaient, Adélaïde
avait eu pour unique guide dans la vie sa gouvernante
anglaise miss Dickson, tres sentimentale, très a.donnée
la philosophie nuageuse, aimant le sherry, ne détestant
pas le grog et se saturant en secret de romans français
capables de faire rougir des gendarmes, et qu'elle avait
grand soin de passer sa pupille.
Des 1'1ge de quatorze ans, Adélaïde avait su ce que
M. Rothbanner faisait dans la maison et comme miss
Dickson ne lui ménageait pas les commentaires sur ce
point, ce que sa jeune tête n'eat pu encore concevoir lui
était facilement élaboré et transmis dans sa réalité la plus

a

a

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

authentique par les connaissances supérieures de la demoiselle anglaise. Supposons un instant que le docteur Gall dit
pu interroger la tête charmante de mademoiselle d'Hermansburg, je ne fais pas de doute qu'il y e&lt;it reconnu à
un degré suprême l'organe de la combativité, et, en effet,
l'amour de la lutte dominait tous les autres penchants
d'Adélaïde, et pendant la vie entière de cette hérorne, ces
penchants étant, grke à Dieu, devenus des passions, avec
le temps l'amour de la bataille a chez elle prédominé sur
tous les autres genres d'amour. Elle s'imagina vers sa
seiz,ième année que ce serait la plus belle chose du monde
que de se jeter à la traverse des sentiments de sa mère,
et de détourner de son propre cêité, à son profit exclusif,
ce qui devait avoir tant de valeur puisqu'on paraissait y
tenir si fort. Outre ce qu'une conquête avait en ellemême de désirable et de glorieux, outre qu'il était à
regretter qu'à seize ans on n'ei1t pas encore pris garde à
elle, outre que le bien d'autrui est nécessairement plus
enviable que celui qui n'appartient à personne, comme sa
mère était en définitive l'être le plus puissant dont elle
etît la notion, elle ne conçut rien de si chevaleresque, de
si vaillant, de si hardi, de si digne d'admiration que
d'affronter sa mère et, si elle pouvait, de la battre et de la
dépouiller. Remplie d'un projet si généreux, elle ne perdit
pas une minute en poursuivre la réalisation, et, subitement, sans transition aucune, Fréderic Rothbanner se vit
l'objet des attentions passionnées et bient6t des déclarations bn11antes de ce petit monstre, la plus jolie, la plus
spirituelle; la plus séduisante des filles de la Résidence.
Il en éprouva d'abord l'étonnement le plus prodigieux.
Il refusa d'y croire. Il chercha à fuir l'enchanteresse, mais

a

ADÉLAÎDE

879
1a chose était difficile puisqu'il lui fallait passer sa vie dans
la ~a_ison. _Il ~urait dô. peut-être prévenir la comtesse;
mais tl ét~1t s1 d~ux, si poli, si éloigné de tout ce qui
ressemble a des v10lences, qu'il lui etlt été dans tous les
cas fort difficile d'aborder une pareille démarche dont les
conséquences l'épouvantaient. Epouvanté! II le fut bient8t plus encore I quand, aux attendrissements, aux regards
profonds succéderent des scènes pathétiques et des menaces
véhémentes de se tuer. Un soir, la comtesse qui avait dtl
rester tres tard à la cour à cause d'une réception de prince
voyageur, rentra sans défiance, et toutes les infortunes du
mond~ étaient consommées. Frédéric s'était indignement
conduit, son désespoir était sans bornes; il se condamnait
sans ,mé~agements ; il comprenait tres bien, trop bien que
ce n était pas une excuse que de mettre au défi tous les
patriar~hes de l'Ancien Testament, et notamment le plus
convenable de ~ous, d'avoir pu affronter une pareille
avent~re ; le fait est qu'il avait tort, impossible d'en
revenir, et la faute commise, le remords au lieu d'éto··œe
r
'
wur
amour, donna des forces à ce qui n'aurait presque pas
méme été un~ fantaisie~ et si bien qu'il devint passionnément épris de l'ange des ténebres dont la griffe tenait
son cœur.
Et e1le aussi, Adélaïde, devint éprise de lui à la rage.
Vous pensez que je n'ai nulle intention de vous faire
l'apologie de ce petit satan ; mais il ne faudrait pas être
111JUste non plus. Détestablement élevée, complétement
abandonnée dès sa petite enfance, n'ayant jamais trouvé
en sa mere que l'indifférence la plus glacée, et commen~t à sentir_que, ~ans la mesure o* sa beauté se développait, elle allait y faire naître la haine, douée, comme je l'ai

�880

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

dit, de la fureur des combats, fureur en soi admirable et,
qui n'est pas l'indice d'une âme vulgaire, elle n'avait rien
fait jusqu'alors qui ne fOt coupable sans doute, mais rien
non plus qui ftît de bas-lieu. Si on avait pu lui donner
Frédéric comme elle le voulait, certainement elle se serait
mise à l'aimer tout de bon, et je ne vois aucune raison
pour penser qu'elle n'eôt pu devenir une excellente et
digne femme, si peu qu'elle e1h été éloignée du milieu
déplorable où elle avait vécu jusqu'alors. J'ajouterai,
cependant, que la direction d'une main sage, ferme et
d'une Ame grande n'eOt pas été de trop pour ramener une
nature aussi véhémente, et je ne connais personne qui
j'eusse conseillé d'entreprendre une telle éducation. Cette
observation nécessaire pourrait bien, je le sens trop, réduire
à néant toute une théorie. Rothbanner, nous le connaissons, est assurément un homme distingué ; les gens spéciaux, les militaires, vous diront qu'il a introduit une
amélioration notable dans la construction de la culasse des
obusiers; il passe à bon droit pour bon administrateur; on
l'aime fort dans le monde où il ne porte que les meilleures
façons et le ton d'une bienveillance universelle. Mais avec
tout cela, il me fait exactement l'effet d'un chapeau de
Paris : c'est ravissant, bien chiffonné, d'un air exquis, ça
cotîte très cher, et quand on analyse le fait, ça ne vaut pas
quatre sous de bon argent. Les gens comme Rothbanner
sont comme les vélocipi:des: ils ne roulent que sur les trottoirs. Hors des trottoirs ça tombe. Moi, j'aime mieux les
gens qui sont gênés sur les trottoirs, mais qui peuvent
très bien marcher dans les bois.
Quoiqu'il en soit de ma digression, voilà Adélarde
revenue où elle voulait aller et installée au cœur de sa

a

ADELAIDE

881

conquete. Elisabeth n'eut pas même une heure devant
elle pour organiser les barricades. Aussitat qu'aux yeux
de toute la maison attendrie les deux femmes se furent
embrassées, AdélaJde suivit sa mère dans sa chambre,
poussa le loquet, s'assit et fit le discours suivant :
- Madame, puisqu'il vous a plu de faire le malheur
de ma vie, vous ne trouverez pas mauvais que j'use de
~me envers vous. Vous devez bien sentir que la partie
o'est pas égale entre nous !
- Vous etes la plus forte 1
-

Assurément, et je ne compte pas vous nen

c61er.
- Je m'y attendais et c'est pourquoi je vous cède
tout. M. Rothbanner est ici et je vais le faire appeler.
Le verrou ouvert, Elisabeth sonna, fit demander son
mari ; celui-ci se présenta. Elle sortit et le laissa seul avec
Adélarde. M. Rotbbanner prenant un air digne et froid
rendit à la jeune demoiselle les lettres qu'il en avait reçues
depuis le séjour chez la tante Thérèse et se jeta dans les
considérations les plus vraies, les plus incontestables sur
le présent et sur l'avenir. Il prouva sans peine que sa
conscience d'honnête homme était engagée à mettre
fin à une situation injustifiable à tous les égards; qu'il se
considérerait comme le dernier des misérables s'il avait la
&amp;iblesse de dévier de son devoir si clair, si naturel, si
néces.saire ; il peignit vi,,ement et avec sensibilité la reconnaissance dont lui, le cadet sans ressources, était et devait
~e pénétré pour une femme qui avait fait sa fortune ; il
se condamna pour ce qui avait eu lieu et supplia Adélaïde
de se marier. Il parla très bien, oh ! très bien ! et quand
il eut fini, il se leva et voyant qu'Adélaide ~cgardait

4

�ADÉLAÎDE

882

LA NOUV.ELLE REVUE FRANÇAISE

fixement devant elle et ne répondait pas un mot, il sortit.
Elle avait perdu la troisième manche.
Ma foi 1 huit jours n'étaient pas passés que Christian
Grünewald lui faisait la cour. Vous savez bien, ce petit
Christian, mon cousin, qui avait un si joli cheval provenant des haras du feu roi de Wurtemberg ? Vous ne vous
en souvenez pas ?... Enfin, cela importe peu ; ce qui est
certain, c'est qu'il se mit, comme je vous le disais, à lui faire
la cour, et il fut très bien accueilli par elle. On commença
à en parler partout. Chez Madame de Stein on dit même
que la corbeille avait été commandée à Paris. Madame
Rothbanner, discrètement interrogée, ne répondit pas
précisément, mais laissa entendre qu'on ne lui parlait pas
de choses impossibles. Ce que le monde voyait de la
façon la plus positive, c'est que la santé d'Elisabeth assez
chancelante depuis quelque temps se rétablissait à vue
d'œil, et l'air de félicité parfaite établi sur son visage était
de nature à pousser toutes les femmes d'un certain âge à
épouser des jouvenceaux. On était au plus fort de cette
affaire qui intéressait la société entière quand le ministre
de la guerre donna son grand bal annuel.
Quelques personnes remarquèrent de bonne heure que
Roth banner dans sa grande tenue d'aide de camp, qui, par
parenthèse, lui allait à merveille, ne sortait pas de
l'embrasure d'une porte où il était à moitié caché par un
rideau. Il était pile comme un mort. Vers une heure du
marin, Adélaïde, belle à tourner la tête à l'univers, d'une
gaieté étourdissante, ayant semé à droite et à gauche mille
mots charmants qu'on répétait, n'avait pas quitté une
minute le bras de Christian fou, ivre, délirant de bonheur
(le bonheur lui sortait par tous les porcs, au brave garçon,

883

à la boutonnière semblait le
respirer). Comme on venait de finir une valse, le couple
heureux . se pro~nant en tous sens, recueillant partout
des sounre:s, arnva à la porte où se tenait Rothbanner
adossé contre la boiserie. AdélaYde s'arr~ta devant cet
homme, qui de pile de\'Înt livide. Elle le considéra un
instant sans parler, puis d'une voix pénétrante, elle lui dit
e_~ le regardant dans le fond des yeux d'une façon singu-

et le camélia qu'il avait

here:
- V eux-tu que je le chasse ?
- Oui, répondit Frédéric.
l Mon, Dieu ! ce . n'est pas grand'chose qu'un Ou1,. pas
p us qu .un non, et il ne faut guère de temps pour énoncer
1
d
e paret s monosyllabes • Mais si vous voul-~" un peu vous
représenter
la
nature
moUe
et
pliante
de
Frédéne,
. et ce
,. .
qu il lut
avait
évidemment
fallu
de
tortures
pour
Ie har•
,, ,
.
.
rasser 1usqu a I expression st nette et si absolue d'un dés'
d'
•~
vous serez . avis que jamais parole humaine n'a contenu
plus de passion que ce oui-là.
Il était à peine prononcé que se tournant vers son
~rtner, et dégageant son bras du sien, mademoiselle
d Hermansburg s'écria :
- _Mon ch_er Christian ! comme vous me fatiguez!
Depuis un mois t~ut à l'heure, si je calcule bien, vous me
répétez, c~aque ~01r que Dieu fait, la meme chose ? Savezvous ce qui en resulte ? C'est, et je l'ai appris ce soir par
h~rd, qu'on prétend que je vous épouse ! Allons donc!
~a1tcs-moi l'amitié de me lai cr désormais tranquille et
Jusqu'à ce que ces bruits ineptes aient cessé tout à fait .
vous défends de me parler. Monsieur Rothban~eJre
donnez.-moi votre bras s'il vous plaît.
'

�LA NOUVELLE REVUE 1RANÇAISI

Georges de Zévort se trouvait là; il entendit ces propos
aussi distinctement que je vous les dis; il n'eut que le
temps tout juste d'étendre les bras pour~y recevoir le pauvre
Christian qui tomba comme foudroyé. On lui fit prendre un
verre d'eau, on l'emporta chez lui; il en fit une maladie, je
ne sais laquelle et on prétend même qu'il en a contracté un
tic nerveux incurable. Quand madame Rothbanner apprit
les nouvelles, elle demanda ensuite ce qu'était devenue sa
fille ; personne n'en savait rien. Seulement on l'avait vu
prendre le bras de Frédéric. Ils n'étaient plus au bal ni
l'un ni l'autre. Le temps de s'en assurer, le temps
d'appeler la voiture, de la faire avancer à travers une queue
interminable, tout cela dura, et il se passa bien deux heures
avant qu'Elisabeth exaspérée pôt rentrer chez elle. Il lui
fut impossible de savoir où était son mari, où était sa fille;
toutes les portes étaient fermées à dé excepté la sienne et
elle n'était pas femme à prendre ses domestiques pour
confidents. Maintenant je vous laisse vous la figurer, seule
dans sa chambre pendant cette nuit-là. Imaginez un peu
l'état de cette âme toute domination, toute puissance,
toute orgueil.., que de haine, n'est-ce pas?
Le lendemain s'ouvrit, pour les deux coupables, un
paradis d'enchantement. Toutes leurs passions satisfaites à
la fois ! Victoire, vengeance, amour, bien joué, tout cela
formait la part d'Adélaïde ; celle de Frédéric se composait
d'une jalousie détruite, d'une atroce souffrance aoolic,
d'une passion arrivée par la résistance au dernier degré
d'insanité et qui n'avait plus rien à souhaiter ! Nous ne
pouvons guère nous représenter, nous autres gens paisibles,
ce que peuvent être, ce que doivent être, ce que sont
nécessairement les transports de fous pareils. Pour peu que

ADÉLAIDE

885

les lois physiques s'appliquent à l'amour comme au reste
des choses de ce monde, il est clair que la force d'expansion est en raison des obstacles qu'elle fait sauter et que
la fille la plus aimante du roman bénin d'Augustc Lafontaine, le jour où eUe épouse par devant notaire le plus
candide, le plus adoré des commis de chancellerie, ne
saurait l'aimer comme une AdélaYde ! Reste à savoir si
l'amour d'une Adélaîde ne nous ferait pas nous-mêmes
éclater comme une machine à vapeur mal construite. Du
matin au soir, Frédéric et Adélarde ne se quittaient plus;
on les rencontrait dans les bois, pendus au bras l'un de
l'autre. Cette fille singulière avait du go{tt pour tout, du
talent pour tout. Elle lisait les vers comme personne,
chantait comme autrefois la Sontag, donnait à la musique
des sens que personne n'avait été chercher. De tout cela
après bien autre chose, elle grisait Frédéric et ils cueillaient
ensemble des pervenches et des germandrées l On rentrait
tard pour dîner, on ne s'imposait aucune contrainte devant
Elisabeth, et chacun sut par la ville que, décidément,
cette chère Adélaïde s'était habituée à son beau-père et lui
montrait beaucoup d'amitié. On félicita l'heureuse
madame Rothbanner, qui, fière comme le cacique indien
attaché par l'ennemi au poteau de torture, accueillait ces
compliments avec le plus doux sourire.
Au bout d'un mois, la scène changea; Frédéric se dit
à lui-même : je suis indigne de vivre !
Entre nous, je crois qu'il était la machine à vapeur
mal construite, pas trop capable de porter l'amour d'une
Adélatde. Il commença à devenir sombre. Peut-être avaitil dit à madame sa femme quelques mots offensants dans
les jours de sa félicité; il devint doux comme une fiUe.

�ADÉLAÎDE

886

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il trouva sa victime angélique et fut remercié avec larmes.
Adélaïde prit la chose de très haut et maltraita vivement
l'un et l'autre. Ce n' était pas une nature à concessions.
Ce que voyant, Frédéric formula quelques vérités morales
d'une grande portée, d'ou résulta une explication violente
dans la chambre d' Adélaîde. De paroles en paroles on
s'échauffa et ce matin-là Frédéric déje{l.na en tête à tête
avec Elisabeth. Il voulut, cependant, dans la journée monter chez mademoiselle d'Hermansburg pour lui faire apprécier un plan de conduite entièrement nouveau dont l'idée
lui était venue; mais il apprit que sa belle-fille était allée
passer la journée chez une de ses amies. Ce jeu-là continua
pendant quatre ou cinq jours. Frédéric devint troublé et
inquiet ; Elisabeth toujours résistant, toujours espérant,
toujours luttant du moins, mais se sentant cruellement
maltraitée par le sort qu'elle s'était fait, continua en y usant
les ressorts de sa volonté, à garder la couverture de mansuétude dans laquelle elle avait jugé indispensable de s'envelopper.
Le cinquième . jour, la mère de l'amie d'AdélaJde,
demanda à madame Rothbanner si elle agréerait la recherche que le Comte de Potz se proposait de faire de sa
chère fille. Depuis cinq jours les jeunes gens se voyaient
chez elle et paraissaient sympathiser. Elisabeth ne se trompa
pas une minq.te sur le sens de ce nouvel intermède et elle
eut le double courage et la prudence admirables, d'abord
de témoigner des doutes quant à l'acquiescement de sa
fille à un mariage, secondement de ne pas dire un mot à
son mari. De cette façon elle s'innocentait d'avance aux
yeux du monde des extravagances qu'Adélaïde pouvait
méditer et elle n'éveillait pas elle-même chez Frédéric

.

.

887

cett~ 3alous1e qu'elle avait appris à connattre et dont elle
savait
.
.
d les. conséquences. Il est c uneux
que 1es passions
de
ce ermer ordre-là, ont d'autant lus d'én
.
cruauté
.
P
erg1e et de
que ceux qm les éprouvent sont plus faibles.
Le
exact d e ce qui• s'é tait
. produit avec
. . pendant
.
C
M • de p 0 tz, c ,eSt à drre
. qu'Adélaïde
, hnst1an arnva avec
.
s attacha par les attentions les plus délicates à I .
absolument I tê
.)ourner
. a te et y r éuss1t. parfaitement. OnUI parla
de
I
eur
union
comme
d'
h
l'
.
une c ose assurée. Rothbanner
apprit et , pendant quelques jours sembl d'
é à
·
I
a ispos
y
Prêterd)es mams.
1 en plaisanta avec Adél aïd e eli e-mc:me
A
.
cepen ant les deux femmes intéressées à suivre les m '
vements
de son cœur le virent bientôt devenir sombre
ou.
.
mqwet, absorbé
.'. l' une et l' autre avec des sentiments à'
cou
.
p ~(Îrà bien d_1fférents, prévirent que sa maladie allait
bo
a utir une crise.
En effet, il entr-a un matin chez Adélaîde s'ass·1t ' ô é
d' lI
l · •
,
ac t
r. e_de et u1 pnt la main. Elle se laissa faire et le regarda
iro1 ement.

- Me comprends-tu ? dit-il avec une douceur doul

reuse.

"

ou-

d - Parfai~em~nt, répondit-elle; vous n'avez la force ni
e me vouloir m de renoncer à moi ?
- Puis-je te vouloir ?
- Assurément non.
- Puis-je renoncer à toi ?
- Je puis renoncer à vous et je l'ai fait.
- Tu l'as fait ?
- Je me marie.
- Et c'est à moi que tu oses ...
- D'abord vous savez qu'il ne m ' est pas si difficile

�888

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'oser ; vous ne savez pas vouloir, mais j'ai cette science.
là. Je me marie, vous dis-je un homme que j'estime,
un homme que j'aime ; et, tenez, au point où en sont les
choses, je ne sais pourquoi je ne serais pas sincere, à un
homme qui m'est plus cher que vous ne le fütes jamais.
Le mot est dit : je ne le retirerai pas.
En parlant ainsi, elle regarda -fixement Frédéric, car, le
connaissant comme elle faisait, elle savait quel poignard
elle lui enfonçait dans le plus profond du cœur. Ce couplà le rétablit soudain en parfait équilibre avec lui-même.
Jaloux, sa passion dominante excitée le fit nager en pleine
eau dans la volonté qu'elle suggérait et qu'il ne tirait
jamais d'ailleurs. Furieux, il saisit Adélaïde par le bras:
- Aime-le, ne l'aime pas ; si tu le revois, si tu le
regardes, je le soufflette et je le tue !
- S'il se laisse tuer; mais de toutes manieres il vaut
mieux que vous. Pas de ces façons-là, M. Rothbanner !
Que voulez-vous? Avez-vous la prétention de me faire
passer mon existence entière dans la position odieuse que
nous nous sommes créée, vous et moi r L'amour que j'ai
eu pour vous, vous accorde-t-il cette prérogative inouie
de me condamner au malheur et à l'isolement éternel ?
C'est là ce que vous appelez votre amour?
- Je n'ai rien a expliquer, rien a justifier ... Tiens,
Adélaïde, j'ai eu tort ; je n'aime, je n'aime que toi, je ne
peux pas, je ne veux pas te perdre. Impose-moi telle condition que tu voudras : j'y souscris et je te jure que je la
tiendrai!...
- Tu ne tiendras rien, je ne veux pas te tromper, je
t'ai menti ! je n'aime pas cet homme. Je n'aime que toi,
je n'aimerai que toi! Tant que je vivrai, tant que je respi-

a

a

ADÉLAIDE

rerai, il n'y aura que toi au monde pour moi l Mais je te
méprise, entends-tu bien, autant que je t'aime ! Tu me
trahiras, tu m'abandonneras, tu me vendras comme tu l'as
déjà fait et cela non pas pour un bien, non pas pour une
vertu, tu n'en as pas ! mais pour la peur honteuse de
quelques phrases dont tu ne crois pas le premier mot ! Il
te faut pourtant le savoir, j'aurai la triste et poignante joie
de te le dire une fois dans ma vie : tu m'as perdue et tu
as fait de moi ce que j'ai bien l'intelligence de connaître
que je suis; non pas pour m'avoir prise puisque c'est moi
qui t'ai pris, mais pour n'avoir pas su me garder. Tu vas
me reprendre et tu me rejetteras encore et tu me reprendras toujours et tu tne rejetteras sans cesse, tout cela pour
être honnête à tes propres yeux et lorsque tu n'es pas
assez aveugle pour croire jamais l'être devenu !
- Je te jure!
- Ne jure rien ou tout ce que tu voudras, tu n'es
qu'un liche, mais liche comme tu es, je t'aime ! je me
rends et me rendrai toujours !
Vous le devinez bien : la pauvre fille ne voyait que trop
juste, ne disait que trop vrai. Cette scène-là, ce raccommodement fut suivi de dix scènes en sens contraire qui en
amenèrent dix autres· contrastantes. La maison était un
enfer, bien que les apparences furent gardées toujours. On
se douta bien au dehors de quelque chose et je n'aurais pas
conseillé à des bourgeois de mener cette petite vie ; mais
comme il n'y eut pas d'éclat bien clair, la bonne compagnie protégea les siens et le grand Duc qui avait assez
aimé le feu comte de 11Hermansburg ne voulut jamais souffrir le moindre propos contre sa fille. Madame Rothbanner
fut sublime dans son genre : die céda ne pouvant mieux

�890

LA NOUVILLE REVUE FRANÇAISE

faire, et ne se découragea jamais. Il en résulta quelque
chose d'assez bizarre et qui aurait pu surprendre également
les deux femmes ; à force de lutter ensemble et de se
trouver également inépuisables en ressources, en haine, en
courage, elles prirent l'une pour l'autre cette estime secrète
que l'énergie inspire aux gens énergiques, meme le plus
ennemis et, en outre, un beau matin, elles se trouvèrent
absolument unies dans l'intensité du même mépris pour
cc pauvre Rothbanner. Je les ai tous connus dans un
temps où le malheureux n'osait plus venir à table, encore
bien moins paraître devant ses femmes à aucune heure du
jour, et, quand il n'était pas de service, par conséquent
forcé de passer le temps hor de chez lui, il s'arrangeait
de façon à dormir toute la sainte journée et à n'être sur
pieds que pendant que ces dames allaient dans le monde
ou reposaient dans leurs lits. Il devint comme une espèce
de spectre et c'est ainsi que les années de la jeunesse se
passèrent pour lui et pour Adélalde, absolument dégoût~
de son idole.
Si je vous détaillais un roman, je ferais tranquillement
ici mourir l'un et l'autre d'épuisement, de confu ion, de
douleur. Il y aurait de quoi. Mais pas du tout. Les choses
n'ont guère de ces conclusions dans la vie réelle. Quand
ce diable de Rothbanner eut attrapé quarante ans et un
ventre assez respectable, et que surtout il eut inventé sa
fameuse culasse à mortier, sa jalousie à l'endroit d' Adélaide était devenue fort traitable. Quant à l'amour, depuis
longtemps ce sentiment avait disparu pour lui comme
pour elle. En somme, madame Jtothbanner pouvait être
considérée comme victorieuse sur toute la ligne. Elle
possédait, sans nul partage, un époux qui, désormais, ne

ADÉLAIDE

valait ni plus ni moins qu'un autre. Je ne peux pas deviner par quelle fantaisie de vieille fille AdélaYde voulut
alors se marier. On lui fit épouser un chambellan ; mais
avant la fin de l'année elle planta là son mari et revint
vivre chez sa mère. Ces femmes avaient une telle habitude
de se détester et d'employer l'esprit que le ciel leur a
donné à aiguiser des mots sanglants l'une contre l'autre
et à torturer Rothbanner, dernière et comique marque
d'attention qu'elles ne lui ont pas retirée, qu'on les voit
décidément inséparables, et telles gens qui disent s'aimer
ne se tiennent pas de cette force.
J'ai dîné l'autre jour avec le colont:l Roth banner; la
raison en est qu'il désire passionnément la croix de Louis
le Pieux; je pense pouvoir la lui faire atteindre. C'est ce
' remis. toute cette histoire en mémoire ; n'ayant
qui. ma
rien de mieux à vous offrir, je vous l'ai racontée.

Pendant ce récit du baron, la ravissante madame de
Hautcastel avait, dans le fond de son fauteuil, pris une
ou deux fois, un air assez scandalisé ; elle poussa alors un
profond soupir et en mana:uvrant son écran dans sa
main divine, elle posa son petit pied sur le chenet, sans
dire un mot. Georges de Hamann, regardant la pendule,
s'aperçut qu'il était temps d'aller faire un tour chez la
princessse Ulrique-Maric, et après avoir donné un coup
d'a:il à sa cravate, il sortit discrètement.
Quant à Monsieur de Hautcastel, il avait dormi pendant presque tout le temps ; il se leva avec un effort

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

marqué et tira d'un trait la conclusion morale de ce
qu'on vient de lire :
.
- Ce satané baron est bien la plus mauvaise langue
que je connaisse ! Toutes ces balivernes n'empêchent pas
madame Rothbannêr d'être une personne charmante, et
elle joue au whist comme jamais femme n'y a joué !
CoMTl! DE GoBINEAU.

SOUVENIRS DE LACOUR D'ASSISES 1
VI
Nombre de jurés se font récuser ; aussi mon nom sorti! souvent de l'urne ; pour la neuvième fois, je fais donc
partie du jury. Dans la salle de délibération, les jurés insistent pour que j'accepte 1a présidence que M. X. me
prie de prendre à si place ; il paraît qu'il en a le droit.
Seul intellectuel, ou presque, parmi eux, je redoutais l'hostilité malgré les grands efforts que je faisais pour la prévenir. Aussi suis-je extrêmement sensible à ce témoignage
de considération. Il est vrai de dire qu'a quelques-unes
des affaires précédentes le chef des jurés s'était montré
bien fâcheusement incapable et que, par suite de ses
incompréhensions, de ses hésitations, de ses maladresses,
1a délibération et les votes avaient été d'une lenteur
exaspérante.
L'affaire ne présente pas grand intérêt en elle-même.
Elle nous revient de la correctionnelle dont elle ressortissait plutôt, mais où la cour s'est déclarée incompétente.
M. Granville, journalier, a été attaqué à une heure du
matin, rue du Barbot, à Roue.FI, par un malandrin qui lui
a pris les deux pièces de cent sous qu'il avait en poche. La
victime se déclare incapable de reconnaître son agresseur;
mais, à ses cris, Mme Ridel avait mis le nez à sa fenêtre
1

Voir la Nouvelle &amp;&lt;vue Fran;aist du

1""

Novembre 1913.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

marqué et tira d'un trait la conclusion morale de ce
qu'on vient de lire :
.
- Ce satané baron est bien la plus mauvaise langue
que je connaisse ! Toutes ces balivernes n'empêchent pas
madame Rothbannêr d'être une personne charmante, et
elle joue au whist comme jamais femme n'y a joué !
CoMTl! DE GoBINEAU.

SOUVENIRS DE LACOUR D'ASSISES 1
VI
Nombre de jurés se font récuser ; aussi mon nom sorti! souvent de l'urne ; pour la neuvième fois, je fais donc
partie du jury. Dans la salle de délibération, les jurés insistent pour que j'accepte 1a présidence que M. X. me
prie de prendre à si place ; il paraît qu'il en a le droit.
Seul intellectuel, ou presque, parmi eux, je redoutais l'hostilité malgré les grands efforts que je faisais pour la prévenir. Aussi suis-je extrêmement sensible à ce témoignage
de considération. Il est vrai de dire qu'a quelques-unes
des affaires précédentes le chef des jurés s'était montré
bien fâcheusement incapable et que, par suite de ses
incompréhensions, de ses hésitations, de ses maladresses,
1a délibération et les votes avaient été d'une lenteur
exaspérante.
L'affaire ne présente pas grand intérêt en elle-même.
Elle nous revient de la correctionnelle dont elle ressortissait plutôt, mais où la cour s'est déclarée incompétente.
M. Granville, journalier, a été attaqué à une heure du
matin, rue du Barbot, à Roue.FI, par un malandrin qui lui
a pris les deux pièces de cent sous qu'il avait en poche. La
victime se déclare incapable de reconnaître son agresseur;
mais, à ses cris, Mme Ridel avait mis le nez à sa fenêtre
1

Voir la Nouvelle &amp;&lt;vue Fran;aist du

1""

Novembre 1913.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

SOUVENJRS DE LA COUR D'ASSISES

et prétend avoir pu reconnaître en lui le sieur Valentin,
journalier, qui comparaît à présent devant nous.
Valentin nie éperdument et prétend être resté couché
chez lui toute la nuit. Et d'abord : comment Mm• Ride!
aurait-elle pu le reconnaître ? la nuit était sans lune et
la rue très mal éclairée.
Là-dessus proteste Mmo Ridcl: l'agression a eu lieu tout
près d'un bec de gaz.
.
.
.
On interroge le gendarme qui a aidé à instruire
l'affaire., on interroge d'autres témoins : L'un place
le
.
bec de gaz à cinq mètres; l'autre à 2 5. Un der mer va
jusqu'à soutenir qu'il n'y a pas de bec de gaz du tout à cet
endroit de la rue.
Mais Valentin a un méchant passé, une réputation
déplorable, et i le substitut du procureur, qui soutie~t
l'accusation, ne parvient pas à nous prouver que Valentin
est le coupable, l'avocat défenseur ne parvient pas à nous
persuader qu'il est innocent. Dan le doute, que fera le
juré ? Il votera la culpabilité - et du même coup. ~es
circonstances atténuantes, pour atténuer la responsabilité
du jury. Combien de fois (et dans l'affaire Dreyfus même)
ces "circon tances atténuantes., n'indiquent-elles que
l'immense perplexité du jury I Et dès qu'il y a indécision,
fdt-elle légère, le juré est enclin à les voter, _et d'au~t
plus que le crime est plus grave. Cela veut dire =. oui, le
crime est très grave, mais ~ous ne sommes pa~ bic~ certains que ce soit celui-ci qui l'ait commis. Po~rt~nt il_ faut
un châtiment : à tout hasard châtions celu1-c1, puisq~e
c'est lui que vous nous offrez comme victime ; mais,
dans le doute, ne le châtions tout de même pas par trop.

Dans plusieurs affaires que j'ai ~té appelé à juger, j'ai été
gêné, et tous les jurés qui jugeaient avec moi parleraient
de même, par la grande difficulté de se représenter le
théâtre du crime, le lieu de la scène, sur les simples dépositions des témoins et l'interrogatoire de l'accusé. Dans
certains cas, cela est de Ja plus haute importance. Il s'agit
par exemple ici de savoir à quelle distance d'w1 bec de
gaz une agression a été commise. Tel témoin, placé à tel
endroit précis, a-t-il pu reconnaître l'agresseur? Celui-ci
était-il suffisamment éclairé? - On sait la place exacte de
l'agression. Sur la distance où l'agresseur se trouvait du
bec de gaz, tolij les témoignages diffèrent : l'un dit cinq
mètres, l'autre vingt-cinq ... Il était pourtant bien facile de
faire relever par la gendarmerie un plan des lieux, dont
au début de la éance on eôt remis copie à chaque juré.
Je crois que dans de nombreux cas ce plan lui serait d'une
aide sérieuse.

•••
Ce même jour, une troisième affaire : Conrad, au cours
d'une dispute avec X. lui a flanqué des coups qui ont
entraîné la mort.
Je note, au cours de cette fin de séance, qui du reste
n'offre pas grand intérêt :
Combien il est rare qu'une affaire se présente par la
tht et simplement.
Combien il arrive que soit artilicielle la simplification
dans la représentation des faits du réquisitoire.
Combien il arrive facilement que l'accusé s'enferre sur

�SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

une déclaration de par à c6té, dont la gravité d'abord lui
échappe.
_ " Alors, fau de colère ... " dit Conrad au cours de son
récit (il s'agit du coup de couteau donné à sa maîtres.se
au moment que celle~ci voulait le tuer).
Et le Président tout aussit6t l'interrompant :
- Vous entendez, messieurs les jurés : fou de colère.
Et le ministère public s'emparera triomphalement de
cette phrase malencontreuse que le prévenu ne pourra plus
rétracter - tandis qu'il appert que ce n'est là qu'une
formule oratoire où Conrad, très soucieux du beau-parler,
s'est laissé entraîner pour faire phrase.

Ill

VII
Mardi.

1

•

Encore un attentat à la pudeur ; le dernier de ceux que
nous sommes appelés à juger. Celui-ci est particulièrement
pénible, car l'accusé, un jeune journalier de Maromme
était atteint de blennorrhagie et a contaminé la victime.
On a sur lui les plus mauvais renseignements: insolent,
ivrogne impatient au travail; déjà précédemment il a
'
.
vpulu entraîner dans un bois une fillette de dix ans à qui
il offrait des sous et des bonbons.
La petite qui comparaît devant nous, n'a que six ans et
demi. Il l'a attirée dans sa chambre en lui offrant "une
petite tabatière."
On la force à répéter devant nous, par le menu, ce
qu'elle a déjà dit à l'instruction, et que le coupable a
avoué, et que le médecin a constaté. Il semble qu'on
prenne à clche que cette petite se souvienne. Au reste elle

n'a pas été violée; il semble que l'accusé ait pris à son
égard certaines précautions, gr:ke auxquelles il espérait
peut-être ne pas la contaminer; gr:ke auxquelles il
bénéficie des circonstances atténuantes.

* **

j

L'affaire Charles que nous jugeons ensuite avait fait
quelque bruit dans les journaux. La salle est comble; c'est
une affaire "sensationnelle". L'assistance est très excitée.
On se redit de banc en banc le nombre des coups de
couteau dont a été frappée la victime: le médecin n'en a
pas compté moins de cent-dix !
La victime était la maîtresse de Charles. Juliette R.
n'avait que dix sept ans lorsqu'il la rencontra pour la
première fois, il y a de cela trois ans. Elle vivait avec un
amant dont Charles aussitôt prit la place, abandonnant
pour elle femme et enfants, après onze ans de mariage.
Charles a trente-quatre ans; il est cocher, a fait déjà
plusieurs places; mais les renseignements recueillis sur lui
par ses divers patrons sont bons. Sa femme non plus n'avait
pas à se plaindre de lui, malgré qu'il lui faisait parfois
"des scènes". Après qu'il se fut installé avec cette fille,
Madame Charles, à plusieurs reprises, tâcha de le ramener,
de le reprendre; mais rien n'y fit, et l'instruction dit qu'il
avait la fille "dans la peau, suiv:mt l'expression". Il
habite alors avec Juliette R., place de M., chez Madame
Gilet. Celle-ci parfois les entendait se disputer.
- C'est vrai. Juliette me reprochait d'envoyer à mes
enfants une partie de mes gages. Mais jamais je ne l'ai
menacée.

5

�LA NOUV.BLLE REVUE FRANÇAISE
SOUVENIRS DE LA COUR. D'ASSISES

Et Madame Gilet reconnait que les querelles n'étaient
ni fréquentes, ni prolong~.
La voix de Charles est grave; son aspect n'est pas
déplaisant; il est grand, fort, bien fait de sa personne, sans
pourtant rien de bellàtre ou de fat; il me semble que ,rien
qu'à le voir on eôt deviné qu'il était cocher; et non pas
cocher de fiacre : cocher de maison.
Il ne se défend pas, ne s'excuse pas même: on le sent
soucieux de présenter les faits tels qu'ils se sont passés et
sans chercher à influencer le jury en sa faveur. Pourquoi
le Président essaye-t-il de le faire se couper, se contredire?
Sans doute, en ancien juge d'instruction, par habitude
professionnelle.
- Vous avez quelque peu varié, lui dit-il, dans la
reconnaissance des mobiles du crime.
C'est aussi que Charte ne s'explique pas trop b'en à
Jui-m~me comment ni pourquoi il a tué. Il aimait éperdument cette femme; il avait besoin d'elle. Le soir du
12 mars, veille du crime, ils souperent ensemble.
_ Apres souper je me suis couché avec elle, comme
de coutume; mais elle s'est refusée. C'est comme ça que
ça a commencé.
_ Vous vous êtes alors disputé avec elle?
- A cause de cela, oui.
_ Voici le motif que vous donnez du crime. Vous
aviez d'abord donné une autre explication.
L'accusé ne proteste pas; son geste semble dire: c'est
possible.
- La nuit ensuite a été tranquille?
- Oui, Monsieur.
- Vous avez dit aussi que vous étiez jaloux; c'est

mbne là l'explication que vous aviez donnée d'abord.
Est-cc que vous lui connaissiez un amant?
- Elle n'en avait pas.
- Cependant elle était triste; au magasin des Abeilles
où elle travaillait, on a dit qu'elle était anxieuse; elle avait
peur de vous. Un jour elle a confisqué votre rasoir.
Craignait-elle de vous voir vous en servir contre elle?
- A ce moment j'étais malade. On lui avait dit de
me l'enlever pour que je ne m'en serve pas contre moi.
- Arrivons au treize mars.
- Nous nous sommes dit bonjour au matin; je suis
descendu chercher le journal.
- Vous n'avez pas bu?
- La veille, avant le souper, j'avais pris deux tasses
de café à B.; mais ce matin j'étais à jeun. En remontant
près d'elle, je lui ai de nouveau demandé ..• Elle a encore
refusé. Alors, comme elle ne voulait toujours pas, j'ai
perdu la tête. J'ai pris un couteau sur la table, près de
moi; je l'ai frappée au cou. Le couteau me collait da,u la
main.
- Elle était encore couchée ?
- Au premier coup, oui.
- A ce moment elle a cherché a se sauver; elle a
sauté du lit. Vous vous êtes jeté sur elle; elle est tombée.
- A la fin en effet je l'ai retrouvée à terre.
- A la fin? N'allons pas si vite! Nous ne sommes
encore qu'au commencement. Elle est tombée à terre,
disons-nous; et alors vous avez continué à la frapper, à la
frapper comme un forcené, criblant de coups de couteau
son cou, son \'isage et ses poignets.
- Je ne me souviens que du premier coup.

�900

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- C'est trop facile. Vous lui avez donné plus de
cent coups; d'après la déclaration d'un témoin, vous la
mainteniez à terre d'une main, et de l'autre vous frappiez
partout.
- Quand je me suis réveillé, Juliette était morte;
j'étais penché sur elle; il y avait du sang partout ... Je
n'avais pas vu venir Madame Gilet.
- Entendant les cris de la malheureuse, elle était venue
à son secours. Elle vous a vu la frapper avec une telle
violence et une telle rapidité que cela ressemblait, a-t-elle
dit, usant d'une image frappante, au timbrage des lettres
dans les bureaux de poste. Vous entendez, Messieurs les
jurés, au timbrage des lettres dans les bureaux de poste !
Et, là-dessus, le Président, joignant la mimique à la
parole, donne quelques grands coups de poing sur son
pupitre creux, éveillant un tel tonnerre qu'un rire peu
décent secoue l'auditoire. Certainement ça ne devait pas
faire ce bruit-là.
- Votre ma!tresse s'est écriée: "Ah ! Madame,
sauvez-moi I Il a un couteau!" Alors vous avez repo~
Madame Gilet, que votre contact a ensanglant&amp;.
"Retirez..vous; ça ne vous regarde pas", lui avez..vous
dit; puis, vous remettant à frapper la malheureuse, d'~
dernier coup vous lui avez tranché la cariatide (su~
(Madame Gilet dira tout à l'heure que le dernier coup
était " porté au front "). Qu'avez-vous à dire?
- Je ne me souviens pas de tout cela.
- Pourtant quand les agents, qu'avait été prévenir
Madame Gilet, sont arrivés, ils ont été étonnés par votre
sang-froid. Vous n'aviez même pas l'air ému, paraît-il. Le
couteau était sur la table. Vous vous êtes laissé saisir.

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

901

- J'étais abruti d'horreur.
- Non pas! Vous avez tranquillement dit: "Avertissez
ma femme", et comme les agents allaient vous emmener,
vous avez demandé la permission de vous laver les mains
avant de descendre dans la rue.
- Je me rappelle en effet avoir donné l'adresse de ma
femme, pour qu'on la prévienne.
- Ensuite, n'avez...vous pas voulu vous pendre?
-Jamais.
- On avait cru cela. On avait trouvé dans la chambre
un piton, de force à supporter un gros poids; on a retrouvé
~ement une lani~re. N'avez-vous pas parlé alors d'une
volonté de suicide?
- Je n'ai jamais parlé de ça.
- N'importe. En définitive vous reconnaissez tous les
faits; et vous donnez de votre crime cette explication :
que Juliette vous refusait ses avantages.
- J'ai vu passer devant moi quelque chose de terrible,
ce matin-là.
- Enfin ... elle est morte, la pauvre fille ! Si elle ne
voulait plus de vous, vous n'aviez qu'à retourner auprès
de votre femme et de vos enfants. Pourquoi la tuer?
- Je ne cherchais pas à la tuer. (Rumeur d'indignation
dans l'auditoire.)
- Allons donc ! Avec cent coups de couteau !
La majorité des jurés pense avec le Président qu'on
cherche plus à tuer quand on donne cent coup de couteau
que lorsqu'on en donne un seul. Pourtant l'examen
médical de la victime nous apprend que ces cent-dix
blessures dont on a pu relever la trace sur la face, sur le
cou, à la région supérieure du thorax, sur les mains, (sur

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

le cou les plus nombreuses), étaient régulières pour la
plupart, et, toutes, petites et peu pénétrantes. (En R~ie
on e~t vu là sans doute un "crime rituel".) Une seule
blessure avait atteint la carotide et déterminé une
hémorragie foudroyante.
N'étant pas du jury, je ne puis demander si, peut-être,
il dépendait de la forme et de la dimension de l'arme
qu'aucune des blessures ne fôt profonde. Mais il ne paraît
pas ; et le docteur dira tout à l'heure que Charles avait
frappé " d'une façon tremblante, ne faisant pas entrer son
arme et comme s'il voulait seulement mutiler".
Les doigts étaient tailladés; la victime avait dt\ essayer
de se protéger.
Madame Augustine, veuve Gilet, logeuse, appelée à
témoigner, dépose d'une voix monotone:
- Charles et la fille Juliette demeuraient chez moi.
Je n'avais pas à me plaindre d'eux. Le 13 mars au matin,
j'entendis des cris; j'entrai chez eux; elle était à terre et
je le vis qui la frappait. Je lui saisis le bras pour le retenir.
Il se retourna et me dit: "Retirez-vous." Juliette n'était
pas morte; quand elle me vit chercher à le retenir, elle
me dit : " Ah ! faites attention, il a un couteau! "
Alors il la frappa encore une fois; il retourna le couteau
dans la plaie; ça a fait : crrac ! (Mouvement d'horreur et
rumeurs dans la foule ; les jurés eux m~mes sont très
impressionnés par le récit de Madame Gilet, et particulièrement par ce dernier détail. Pourtant, sur une
demande de l'avocat défenseur, le docteur X. nous
dira tout à l'heure: "Aucune des blessures n'indique
que le couteau ait jamais été retourné dans la plaie ").

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

C'est comme si le couteau avait du mal à pénétrer,
J'étais stupéfiée. Il frappait vite, comme on timbre les
lettres. Il a peut-être porté vingt-cinq coups devant moi.
Quand j'ai voulu l'arrêter et qu'il s'est retourné, il m'a
ensanglantée; j'étais en peignoir; j'ai retrouvé du sang
par tout mon linge. J'avais si peur, que je ne remarquai
pas l'état de la chambre; ce n'est qu'ensuite que j'ai vu
que le lit était plein de sang. La veille au soir je n'avais
pas entendu de bruit. Il ne venait personne chez eux.
Juliette était tranquille et travaillait régulièrement. On
n'avait rien à lui reprocher. A lui non plus. Il se conduisait bien. Je ne l'ai jamais vu ivre.
- Est-ce tout ce que vous pouvez dire sur lui ?
- L'été dernier, à la suite d'une chute, il avait été
longtemps malade. Ma première idée, quand je l'ru vu
frapper Juliette, c'est qu'il était devenu fou. Il paraissait
l'aimer beaucoup. Ce n'est que quand Juliette m'a dit:
"Il a un couteau " que j'ai compris qu'il avait une arme.
Jusqu'à ce moment j'avais cru qu'il frappait avec le poing.
Charles. - Je n'ai pas vu Mm' Gilet. J'ai idée d'elle;
c'est tout.
Mme Gilet. - Après une pareille boucherie, je comprends qu'on perde la tête. Le dernier coup a di1 être
porté au front. Mais il ne faisait pas clair ; il était six
heures moins un quart; et je n'y voyais guère. Rien,
avant, dans la conduite de Charles, ne faisait pressentir ce
drame ; s'il y avait des discussions, ils se raccommodaient
à peine fichés.
Mademoiselle Gilet, appelée à son tour, dira :
- Ils chicanaient parfois, sauf à s'embrasser cinq
minutes après.

�904

LA

OUVILLE REVU! FRANÇAIS!

Après la déposition de la logeuse et de sa fille, nous
entendons celle des gardiens de la paix :
Le chef de poste M. :
- Quand nous avons voulu conduire au poste l'accusé,
il nous a dit : - "Donnez-moi au moins le temps de me
laver les mains. " Il ne paraissait ni solll, ni fou. Il était
plutôt calme.
Et M. V., commissaire de police :
- Au bureau central, j'ai vu Charles. Il était un peu
énervé ; mais pas ivre. Il m'a dit, apres quelques h~itations : "Je l'ai tuée parce qu'elle me faisait dépenser de
l'argent. Du reste j'allais me jeter à l'eau quand on m'a
arr~té. "
Le Pr~ident. - Eb bien ! vous voyez, Charles, vous
donniez d'abord du mobile du crime une explication qui
n'est pas celle d'aujourd'hui. Voyons, parlez.
L'accusé. - Que voulez-vous que je réponde? Je vous
ai dit la vérité.
M. V. - J'avais l'impression qu'il ne la disait pas
alors, et qu'il dissimulait le mobile du crime. En effet, il
donne d'autres raison aujourd'hui ... Tout cela me semblait si bizarre : je lui ai pris les mains, je lui ai relevé les
paupicres : il était ni ivre, ni fou.

Mme Charles vient à la barre, témoigner que, pendant
dix ans, c'est-à-dire ju qu'au moment où il rencontra la
fille Juliette, elle n'a ait rien eu à reprocher à son mari.
M. le Docteur X ... est appelé à parler de Charles;
il nous le présente d'abord comme un garçon sain et bien
portant ; aucune tare dan son atavisme. Mais il a six
doigts à une main ; il est sujet à des vertiges, à des pertes

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

de mémoire; il a de la difficulté à s'orienter, des défauts '
de prononciation G'avoue que je ne les ai pas remarqués),
l'appréhension de faire une chute dans la rue. Le Docteur
parle encore d'instabilité de jugement, d'indécision et
d'absence de volonté (et n'est-cc pas là ce qui permit
cette brusque transformation du désir insatisfait en
énergie?), puis conclut enfin en disant que, sans etre dans
un état de démence, dans le sens où l'entend l'article 64
du code pénal," l'examen psychi~trique et biologique, ainsi
que la nature d'impulsivité spéciale de son crime, indiquent
une anomalie mentale qui atténue sa responsabilité ".
"Son acte, avait-il dit quelques instants auparavant,
a été accompli sans que l'idée de tuer ait été bien précisée
dans son cerveau. On en trouve la preuve dans la distribution des coups de couteau que j'ai décrite".
Comment l'avocat défenseur lui-même n'ira-t-il pas
plus loin et ne dira-t-il pas que, non seulement Charles
ne wu/ait pas tuer, mais même qu'il tkhait obscurément,
tout en mutilant sa victime, de n, pas la tuer ; que, sans
doute, précisément pour ne pas la tuer, il a'//ait empoignl
lt ctJUttau à mbnt la lame, et que c'est seulement ainsi que
l'on peut expliquer que les coups fussent à la fois forts et
causant de blessures si peu profondes, et que Charles ei1t
des coupures aux doigts (rapport du médecin). Et n'est-ce
pas aussi pour cela que Mme Gilet ne voyait pas le couteau
et croyait qu'il frappait avec son poing?
Rien de tout cela n'e t dit par Me R., l'avocat
défenseur de la victime. Il s'appuie sur le rapport des
médecins pour demander aux jur~ de ne pas aller plus
loin que les experts et de reconnaître à l'accusé une
responsabilité atténuée.

�LA NOUVELLE R:IVOE FRANÇAISE

J'ai longuement insisté sur cc cas, car il lit éclater la
lamentable incompétence des jurés. Il ressortait avec
évidence de l'instruction, des témoignages, du rapport
des médecins, que l'idée de tuer n'était pas nettement
établie dans le cen1eau de Charles; qu'en tout cas l'on
n'avait pas affaire à un profe ionnel du crime, et plus
peut-être à un sadique qu'à un assassin, que si jamais, enfin,
crime pouvait être dit passionnel ...
Après une demi-heure de délibération, on le voit rentrer
dans la salle, congestionnés, les yeux hagards, comme
ébouillanté , furieux les uns contre les autres et chacun
contre soi-même. Ils rapportent un verdict affirmatif sur
la seule question de meurtre posée par la cour; quant aux
circonstances atténuantes qut dtmandait l' accusatim tlltm!mt, peu disposée pourtant à la clémence - ils les ont
refusées.
En conséquence de quoi Charles est condamné aux
travaux forcl-s à perpétuité.

De hideux applaudissements éclatent dans la salle; on
crie: "bravo! bravo!. ", c'est un délire. La femme de
Charles, restée dans la salle, se lève cependant, en proie à
l'angoi e la plus vive; elle crie: "C'est trop l ah! c'est
trop! " et s'évanouit. On l'emmène.
Mais, sit~t après la séance, les jurés, consternés du
résultat de leur vote (n'avaient-ils pas compris que de ne
pas voter l'affirmative pour la demande des circonstances
atténuantes, équivaut à voter la négative?) s'a emblaient
à nouveau et, précipités dans l'autre excès, signaient un
recours en grke à l'unanimité.
Sans doute auraient-ils voté tout bonnement d'abord

SOUVENIRS DE LA COUJl D'ASSISES

les circonstances atténuantes, si Madame Gilet n'avait pas
dit que le couteau, en se retournant dans la plaie, avait
fait : " Crrac ! "
Expliquerai-je un peu l'affolement des jurés si je dis
que, l'avant-veille, avait paru dans le Journal dt Rouen, en
tête, un article sur "Les jurés et la loi de sursis " ( 0 du
17 Mai 1912) que j'avais vu passer de main en main, de
.
Iu .~
sorte que tous mes collègues, ou presque, l ' avaient
Prenant prétexte d'une affaire qui venait de se juger à
Paris, où les réponses du jury avaient forcé la cour
d'acquitter trois précoces malandrins, cet article s'élevait
contre l'indulgence. On y lisait :
"Jamais lts jur{s pariiiens n'avaient donnl une tellt
prturut dt faiblmt qut dans I'ajfoirt flÙ, à la stuptjaction
ctnérale, ils viennent d'acquitter trois }tunes caml,rioltUrs con'Uaincus d' ®oir trntl dt pilltr un pavillon ...
Ctttt indu/gtnu outrét ,t absurdt s'txpliqu, f&gt;rut-hrt dans
/, cas particulitr par f attitudt txtraordinairt dt la plaignantt, qui avait demandl I' acquitttmmt de us agrtssturs tt
aurait mimt, paratt-il, manifistl l'intmtion d'adopter fun
d'nu . .. 1 Mais tst-il !JtSoin d, fairt remarqutr que les jurls
qui tUX doivmt atJoir la têtt solidt tl p1méd,r f t.'(ptrÎtnet dt
, ,
..
.
dt la vit, ne pouvaient suhir le mmu acûs dt maru Stnttmmtalitl (ce «niais" n'est pas très chrétien, Monsieur le
chroniqueur) tl qu'ils ont, par conrlqumt, manqué à ltur
dtVoir en refusant dt condamner dts coupahln avlrlr, tl que
rim nt ltur signalait comme partùulib-tment intlrtmrnts ?
1

Combien ne serait-il pu intfressant de connaitre le r~ultat

de cette rare exf)l'rience !

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Cet étrange verdict, que la presse a condamné de fafOII
unanime, etc.
En ce temps, où les crimes se multiplient, où l'audace et la
férocité des malfaiteurs dépassent toutes les bornes connues
(ô Flaubert !), où les jeunes gms même entrent si hardiment
dans la mauvaise voie, etc••. "
Qui dira la puissance de persuasion - ou d'intimidation - d'une feuille imprimée sur des cerveaux pas bien
armés pour la critique, et si consciencieux pour la plupart,
si désireux de bien faire !...
- Le Président m'a dit que jusqu'à présent nous avions
très bien jugé, répétait, il y a quelques jours, un des
jurés ; et ce satisfecit du Président courait de bouche en
bouche, et chacun des jurés s'épanouissait à le redire. Ils
en rabattirent bientôt.

VIII
Considérée d'abord comme un simple délit, l'affaire que
nous el1mes juger ce jour-là, avait déja passé devant
le tribunal correctionnel du Havre; l'un des accusés,
protestant contre sa condamnation à deux ans, fit appel.
C'est Yves Cordier, cordonnier; il comparaît en compagnie de C. Lepic et de Henri Goret, ses complices; des
deux filles Mélanie et Gabrielle. Ils sont accusés tous les
cinq d'avoir entraîné le marin Braz, après l'avoir soülé,
de l'avoir "passé tabac" et dépouillé de l'argent qu'il
portait sur lui. Ce marin, reparti en voyage, n'a pu
répondre a la citation, non plus qu'il n'avait pu comparaître,
lorsque l'affaire était passée en correctionnelle. Il avait
déposé sa plainte sitôt apres l'agression; puis, ayant recouvré

a

a

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

son argent, l'avait retirée peu de jours après, avant de se
rembarquer à nouveau. Si l'affaire suivait son cours c'était,
à proprement parler, malgré lui.
Cordier est un grand gars de dix-huit ans un peu
.
'
épais, blond, aux yeux bleus, au visage ouvert et qu'on
imagine volontiers souriant; on dirait un marin ; il a
gardé la grosse vareuse cachou de la prison ; il pleure
continfunent ; par moments, il se tamponne le visage avec
un mouchoir a carreaux qu'il roule en boule dans sa
main droite; la main gauche est enveloppée d'un linge.
Lepic est un journalier du Havre; son état-civil lui
donne vingt-cinq ans; il a ce qu'on appelle: une sale tête;
pommettes saillantes; énorme moustache, nez pointu ; on
n'est pas étonné d'apprendre qu'il a déjà été condamné
sept fois pour vol. Il tient une petite casquette entre ses
mains; d'affreuses mains, noueuses et, l'on dirait, mal
dessinées. Il n'a pas de linge; ou, s'il en a, ne le montre
pas. Pres de lui, Henri Goret paraît fourvoyé. Cette
espece de fils de famille, ne semble pas de la même cla~e
sociale que les autres ; il a du linge, lui, et même un
protège-col; une petite cravate à nœud droit; son
visage aux moustaches naissantes serait presque joli s'il
n'était avili, abruti; sa voix est frêle, fausse et Yoilée; il
ne sait que faire de ses grosses mains gourdes. Le pere de
Goret tient un débit de boissons et une sorte d'Mtel borgne
pres du grand bassin. Henri Gor~t n'a pas vingt ans; il a
épousé une putain qui s'est fait flanquer en prison peu de
temps après le mariage. - N'importe! Henri se présente
assez bien; certainement la décence, et j'allais dire la
distinction de sa tenue, prédispose en sa faveur les jurés;
die accuse la roture et Je dénuement des deux autres.

�910

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Passons au récit de " la scène de violences dont sont
impliqués ces individus", comme dit le Journal tk RMJt'lf

(16 Mai):
C'est le 4 octobre 1911, au soir, que Cordier fit la
connaissance de Lcpic. Ce dernier, sans doute, eut vite
fait•de comprendre à quel complaisant débonnaire il avait
affaire. Ensemble ils s'en vont aux Folies. La représentation finie, ils commencent à vadrouiller par les rues. lis
croisent deux marins, Braz et Crochu. Crochu est ivremort, difficile à traîner; Braz interpelle les deux autres et
leur demande s'ils ne connaissent pas un logement où l'on
puisse coucher le soô.lard. Tous trois emmènent Crochu
rue de la Girafe, chez Lcstocard. On le laisse là, et Braz,
reconnaissant de l'aide que lui ont prêtée Lepic et Cordier,
offre à ceux-ci une consommation.
lis ressortent, bras dessus, bras dessous de chez
Lestocard, et ne se quitteront pas de sitt.t. Place du Vieux
Marché, ils rencontrent deux femmes, les filles Gabrielle
et Mélanie; les emmènent. Il e:;t deux heures du matin.
Place Gambetta, c""est Cordier qui offre une consommation.
Puis ils retournent place du Vieux Marché; au café Fortin
Braz paye une nouvelle tournée. A cc moment se
joint à eux le jeune Goret. Il était là, dans le café, près
du comptoir; lui n'est pas ivre. Quand les autres sortent,
il sort aussi. J'admets que Braz, déja très ivre, ne l'ait pas
beaucoup remarqué.
Il est alors près de quatre heures du matin. Braz
voudrait bien aller se coucher, mais les autres l'entratnent.
lis errent au hasard tous les six et atteignent la rue Casimir
Delavigne. Braz n'en peut plus; il voudrait qu'on le

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

911

laissAt. "Il est temps de s'aller coucher maintenant" M .
.
l'
. ffi
Le pic
ne entend pas ainsi . il prétend l'ent •
h
la ville.
,
ramer ors
- "Viens-t'en _donc! J'ai un jardin là-haut, auprès
du fort de Tournev1lle. Nous cueillerons des roses. J'te vas
donner_ un bouquet que t'en garderas longtemps le
souvenir.~• {déposi_tion de la fille Gabrielle.)
En vam Gabrielle tire le marin par la manche. 11
d . 1
' e e
vou rait e retenir; mai il n'e t plus en état de rien
entendre, ou du moins d'entendre raison • Tous repartent
et commencent à monter la longue et.te.
Une fille se pen~e vers l'autre: - Ça ne va-t'y pas se
giter?... Pour st1r 11s vont lui faire son affaire.
- Non, répond l'autre; il y a toujours des soldats près
du fort.
Braz est entre Lepic et "celui qui a la main en éch
.,
··
arpe
(dé pos1t1on
de Braz). - Cette " main en écharpe ,, l'a
~ucoup frappé. - Les filles suivent, puis Goret à quelque
distance en arrière.
C'est à cinq heures, c'est-à-dire immédiatement avant
l'aube (5 octobre), qu'ils descendent dans le fossé du fort.
sous quel prétexte? je ne sais. Les deux filles resten:
en haut.
~ue ,se passc-t-il alors? Il est malai é de l'c:tablir. Le
mann n est plus là pour le raconter; de plus au moment
de,. l'a~r~ion, il était ivre et il est ~raisemblable
qu il_ n ait pu se rendre que V3t:&gt;O-Uement compte de la
mamère dont on l'attaquait et du r6le particulier de chacun
de ses agre~eurs. Nous n'aurons donc, pour nous éclairer,
que le témoignage des intéressés. Or, chacun des accusés
proteste de son innocence; du moin cherche-t-il à

�912

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSI

restreindre le plus possible sa part de responsabilité. (Lepic,
plus catégorique, niera même avoir été de la partie : on
s'est trompé; ça n'est pas lui.)
On procède à l'interrogatoire de Cordier:
C'est sans doute un bien méchant gars: il a déjà subi
trois condamnations pour vol; il n'avait que quatorze ans
Ja première fois; il est rendu à ses parents; il recommence;
de nouveau on le renvoie à sa famille; à la troisième fois
on le confie à une colonie disciplinaire. Mais il prend en
telle horreur ce régime, qu'il s'enfuit et retourne près de
sa mère. Madame Cordier est la veuve d'un marin; elle
tient une maison de blanchissage et emploie plusieurs
ouvrières, Yves Cordier est le dernier de cinq enfants, Le
puiné est au régiment; les autres sont placés, mariés, font
une honnête carrière ; toute la famille est honorablement
notée. Le cadet, celui qui nous occupe, semble particulièrement aimé; et non seulement de sa mère et de ses
frères, mais également par les voisins. Ses patrons donnent
de lui de bons témoignages; on nous Jit une lettre d'un
de ceux-ci, qui parle avec éloge de "sa conduite et sa
probité " et demande à le reprendre à son service. C'est
chez lui que Cordier reprenait déjà du travail deux jours
après sa première libération 1•
Il est à remarquer que la déposition de Cordier et celles
des dewc: filles concordent point par point. D'après leur
récit, Goret aurait brusquement sauté au cou du mar~
par derrière et aurait roulé à terre avec lui. Puis, tandis
que Lepic le baillonnait, Goret l'aurait fouillé et aurait
1 Je ne donne ici que le, renseignements qui nous furent fournis
par la Cour, et non ceux que je pus, de mon c6té, recueillir ensuite.

SOUVENIRS DE LA COUR D1ASSISES

passé à Cordier l'argent qu'il trouvait dans les poche .
Cet argent, Cordier le repassait presque aussitat après à
Lepic. Goret donnait encore au marin deux derniers coups
de pied sur la nuque, et l'on repartait,
Chacun allait de son c6té; mais rendez-vous était pris
pour se retrouver un peu plus tard, dans une charnbre, rue
du Petit Croissant, chez Goret même, et se partager
l'argent.
C'est là que la police, aussit6t prévenue par le marin,
les arrêta.

Le Président bouscule l'interrogatoire des deux 61les.

Il appert que les témoins" de moralité douteuse" ne jouissent pas d'un grand crédit dans son esprit; et cela est tout
naturel. Malheureusement, ici nous n'avons que ceux-ci
pour nous instruire. Gabrielle, pressée de questions, qui se
succèdent sans qu'elle ait le temps d'achever ses réponses, et
qui sent que le Président ne lui kit point crédit, se trouble.
Elle ne peut guère placer que des monosyllabes, répondre
que par oui ou par non. Elle veut dire (c'est du moins ce
qu'il me semble) que Cordier n'a pas participé à l'agression,
et n'a fait que recevoir l'argent que les autres lui passaient.
Si vous croyez que c'est facile!... Evidemment tout cela
a été déjà élucidé à l'instruction: cet interrogatoire, pour
le juge qui a étudié l'affaire, ne peut et ne Jqit apporter
rien de nouveau ; mais pour le juré, tout est neuf: il
cherche à se faire une opinion ; il s'inquiète et doute si
peut-être l'affaire n'a pas été bouclée trop vite, et l'opinion
que s'en est faite le Président.
Le Président. -Est-ce Cordier qui lui mettait 1a main
sur la bouche ?

6

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

La fille Gabrielle. - Non, mon Président.
Le Président. - Alors c'est lui qui a porté les coups.
La fille Gabrielle. - Non, mon Président.
Le Président. -Enfin, l'un frappait, l'autre baillonnait,
le troisième fouillait. Braz dit que c'est Cordier qui l'a
frappé; vous dites que c'est Cordier qui l'a fouillé. Il y a
eu sans doute quelque confusion dans la lutte et par
conséquent dans les témoignages aussi. Il ressort de tout
cela que la responsabilité des trois accusés a été engagée
au même degré, et c'est ce qui paraît évident. Fille
Gabrielle, vous pouvez vous rasseoir.
La fille Gabrielle est la derniere interrogée; on va
passer aux plaidoiries. Alors le Président, selon l'usage, se
tournant vers " celui qui a la main en écharpe " :
- Vous n'avez rien à ajouter au rapport du témoin ?
Cordier, qui sent que tout va finir, en sanglotant :
- Monsieur le Président, j'dis la vérité, j'l'ai pas
touché. - Puis dans un élan pathétique, du plus fâcheux
effet : - Je l'jure sur la tombe de mon pere ...
Le Président. - Mon enfant, laissez donc votre père
tranquille.
Cordier, éontinuant. - ... pas même du bout du doigt ...
Pour Cordier, non plus que pour les autres, aucun
témoin à décharge n 1a été cité. On a bien donné lecture
de la lettre d'un des patrons de Cordier; mais pourquoi
n'entendons-nous pas sa mere? -Parce que Yves Cordier
n'a pas voulu qu'elle fiît appelée; il s'est même refusé
donner son adresse.
Le Président.-Pourquoi n'avez-vous pas voulu donner
l'adresse de votre mère ?

a

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

Cordier ne répond pas.
Le Président. -Alors vous refusez de nous dire pourquoi vous n'avez pas voulu donner l'adresse de votre mère?
Hélas ! mon président, est-ce donc si difficile à comprendre ? ou n'admettez-vau~ pas que Cordier ait pu
vouloir épargner une honte à sa mère ? Si vous pouviez
voir la pauvre femme, comme j'ai fait ensuite, 1 sans
doute vous ne vous étonneriez plus.
Je suis consterné, épouvanté, de sentir que l'interrogatoire va se clore et que le cas particulier de Cordier va
demeurer si peu, si mal éclairé. Car je ne sais presque
rien de lui, mais il m'apparaît déjà que ce garçon n'a rien
de féroce, rien d'un bandit. Il ne me semble même pas
impossible qu'il ait accompagné le marin, poussé par une
sorte de sympathie vague ... Ne saurais-je inventer nulle
question, puisque, juré, j'ai le droit d'en poser, qui puisse
jeter ici quelque lueur, et m'éclairer moi-même - car
peut-être que je m'abuse et qu'Yves Cordier, après tout,
ne mérite point la pitié. Cette question, je n'aurai plus le
droit de la poser, des que les plaidoiries auront commencé.
Je n'ai plus qu'un instant, et déjà l'avocat de Cordier se
l~ve ... Alors, d'une voix étranglée, le cœur battant, je
lis ceci, que je viens d'écrire, craignant sinon de ne pouvoir trouver mes mots et achever ma phrase :
- Monsieur le Président, pouvons-nous savoir quelle
somme a été prise à la victime et dans quelle proportion
le partage s'est fait ensuite entre les accusés ?
1

"Je ne me refuse aucunement à vous donner l'adresse de ma
mère, m'écrivit peu de temps après Cordier, de la prison - car si
je ne l'ai donnée au juge, c'était pour ne pas qu'elle se présent/au
Palais."

�LA NOUVJ!LLE REVUE FRANÇAISE

Le Président procède à un court interrogatoire et nous
apprenons: que 92 francs ont été soustraits à Braz; - que,
sur cette somme, 5 francs ont été donnés à chacune des
deux femmes pour acheter leur silence ; - que Cordier
a reçu 10 francs, qu'il remettait aussitllt après aux agresseurs; et que, du reste de la somme, soit 72 francs, Lepic
et Goret ont gardé chacun la moitié.
Ah I s'il m'était permis de tirer des conclusions et,
d'après ces chiffi.-es précis, de chiff'rer précisément la part
de responsabilité de chacun!. .. L'avocat de Cordier, du
moins, le fera-t-il? - Non. Sa plaidoirie du reste est
solide, habile ; mais il ne peut faire que Cordier n'ait un
casier judiciaire déjà charg~. Il ne peut faire non plus que
Cordier, peu de temps après son arrestation, ou plus précisément, je crois : après la première instruction - n'ait
ttrit au Procureur la lettre la plus absurde, la plus folle :
"Je ne connais ni Lepic, ni Goret, y disait-il. Ils
n'étaient pas là. C'est moi seul qui ai fait le coup, avec
un de mes amis du port. Je ne regrette qu'une chose :
c'est de ne pas avoir achevé le marin. "
Lettre manifestement écrite sous la pression de Lepic,
dira l'avocat défenseur, et sans doute sous ses menaces.
(Lepic chercha également à intimider les deux femmes
en les menaçant de son couteau "catalan".) N'a-t-on
pas persuadé à Cordier que, en tant que mineur, il ne
risquait guère et ne pourrait être condamné sévèrement?
Cette lettre, du reste, l'accusation, tout en la relevant,
n'en tient pas grand compte. Il arrive parfois, souvent
même, que 'le Procureur reçoive de la prison semblables
" aveux ,, destinés parfois à éclairer la justice, parfois à
l'égarer ; lettres écrites, parfois même, sans but et sans

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

raison, dans le désccuvrement de la ge6le. N'importe !
cette lettre, dans l'esprit des jurés, est du plus déplorable
effet. J'ai moi-même le plus grand mal à me l'expliquer
par le peu que l'instruction m'a révél.é du caractère (et
de l'absence de caractère) de Cordier.
Après la première plaidoirie de la défense, le tribunal
demande une suspension de séance et nous allons dîner.
Quand, deux heures après, nous rentrons au Palais,
l'avocat de Cordier n'est plus là. Certes, je n'irai pas
jusqu'à dire que les avocats des deux autres accusés ont
f)rofitl de cette absence, mais pourtant, comme ce n'est
qu'en chargeant Cordier qu'ils pouvaient décharger leur
client, la présence du défenseur de Cordier n'aurait pas
été inutile. Cordier restait tout abandonné à la discrétion
des deux autres.
Et ce n'est pas seulement par là que Cordier eut à
p!tir de passer en jugement le premier. Sans doute, si elle
s'était d'abord déchargée sur Lepic, la sévérité des jurés
se serait montrée moins intransigeante. Ce fut Goret qui,
passant troisième, profita de la réaction ; du reste, son
linge, sa tenue, son air fourbe, avaient favorablement
impressionné le jury.
Nous ne fiimes pas plutôt dans la salle de délibération
qu'un long, maigre " primaire ,, à cheveux blancs, sortit
de sa poche un papier où il avait consigné toutes les
charges contre Cordier, et principalement ses condamnations précédentes. En vérité ce furent celles-ci qui
l'emporterent et dictèrent le nouveau jugement. Tant il
est difficile pour le juré de ne pas considérer une première
condamnation comme une charge et de juger le prévenu

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

en dehors Je l'ombre que cette première condamnation
porte sur lui.
En vain, un autre juré donna lecture de la lettre d'un
des autres patrons de Cordier, extrêmement favorable à
celui-ci - lettre qui n'avait pas été versée au dossier et que
je ne sais qui venait, je ne sais comment, de lui remettre
tandis que nous passions dans la salle de délibération ce que je croyais formellement interdit ...
- Tout ça, c'est des bandits, reprenait un autre juré.
Faut en débarrasser la société.
C'est ce qu'on fit dans la mesure du possible. Cordier
fut condamné à cinq ans de réclusion et dix ans d'interdiction de séjour. Goret, à l'heure où j'écris ces lignes, est
relilché depuis trois mois.
Cette nuit je ne puis pas dormir ; l'angoisse m'a pris
au cœur, et ne desserre pas son étreinte un instant. Je
resonge au récit que me fit jadis au Havre un rescapé de
la Bourgogne : Il était, lui, dans une barque avec je ne
sais plus combien d'autres ; certains d'entre ceux-ci
ramaient ; d'autres étaient très occupés tout autour de la
barque à Banquer de grands coups d'aviron sur la tete et
les mains de ceux, à demi noyés déjà, qui cherchaient à
s'ac~rocher à la barque et imploraient qu'on les reprît ;
ou bien, avec une petite hache, leur coupaient les poignets.
On les renfonçait dans l'eau, car en cherchant à les sauver
on eât fait chavirer la barque pleine .••
Oui ! le mieux c'est de ne pas tomber à l'eau. Après,
si le ciel ne vous aide, c'est le diable pour s'en tirer! Ce soir je prends en honte la barque, et de m'y sentir à
l'abri.

SOUVENIRS DE LA COUR D,ASSISES

Avant de rentrer me coucher, j'avais longtemps erré
dans ce triste quartier près du port, peuplé de tristes gens,
pour qui la prison semble une habitation naturelle noirs de charbon, ivres de mauvais vrn, ivres sans joie,
hideux. Et dans ces rues sordides, rôdaient de petits
enfants, M.ves et sans sourires, mal vêtus, mal nourris,
mal aimés .•..
Mais Cordier, lui, est fils d'une honnête famille ; il a eu
de bons exemples sous les yeux. Si on lui tend la perche,
peut-être qu'on pourrait le sauver.
Le lendemain matin, je m'en vais trouver son avocat
et lui soumets le projet de requête que voici (il s'agit, du
reste, d'une demande non de recours en grke, mais
simplement de diminution de peine) :
Attendu

Qut lt seul témoignagt contre f accusl Cordier est celui de
la victime, M. Braz, ivrt au moment où elle a ltl attaquée;
Que du reste M. Braz, marin, reparti en voyage, n'a pu
êirt atttint par la citation ti par comlquent être entendu à
faudimce;
Qu'il rmort néanmoins de sa première dlposition qu'il a
ltl attaqul par derrière et qu'il n'a pu voir I'agrmeu1·. ·D'autre part,
Attendu
Qut la dlposition de Cordier concorde entièrement av,c
telles des filles Gabrielle et M lianie, seuls tlmoim de I' agression, et qu'il ressort de leurs dires que Cordier n'a point pris
part à l'attaque, mais s'est content[ de recrooir l'argent de la
victime, que Goret et Lepic, les deux agresseurs ) lui tend .
aunt;

�920

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Qu'il ressort de us dépositions que Gor,t, beaucoup moins
ivre que les autres, n'ayant participé à aucune des prlcfdmtes
"tournéts ", suivait le groupe par derrière, à l'insu de Braz,
j'usqu' au moment où il a bondi sur lui ; que L,pic entratnait
le marin O'Utc une intention pr!cise; et qu'il semble qTM
Cordier, faible de caradèrt, presque incapa6/e de rlsister à
f entraÎru11Unt et de plus complltement ivre, n'ait fait que
ru,vre.
Que ceci troU"Pe, du reste, confirmation dans le fait que,
lors du partage, Goret et Lepic se r!renant la farte somm1,
,nt jugé slljfisant dt lui danntr l o .francs, comme ils Q)aient
remis 5 .francs à chacune du deux filles, pou,· prix du siltnu,
Attendu
Que la dldaration de Corditr renuillie au C4urs de
l'instruction, dont se sont unis ln a)ocats dlfmseurs des
autrtS accusls, et le ministère public : " C'est moi sml qui ai
fait /;! coup a)ec un autre camarade ; ni Ltpic, ni Goret
n'étaient l?J ;je ne regrette qu'une chose, c'est de ne pas l'a')oir
achné ", 1st manifestement inspirfe par la crainte de Ltpic,
dangereux repris dt justiu - qui, de mlmt, a cherché à
intimider les deux femmes - et qu'il n'y a pas litu par conséquent de tenir compte de cette dlclaration.
Âttendu
Que si Cordier !tait coupablt (du moins dans la mesure
qu'on l'a dit) il est hors dt "Vraisemblance qu'il dt clurchl à
rtporter son affeire drpant une autre juridictim, conmu il a
fait lorsque la Corrt.ctionnelle du Ha)re lui a injiigl un,
p,ine de deux ans.

L'avocat, obligeamment, m'indique telle modification de
forme qu'il croit devoir y apporter, insiste sur le rapport

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

921

du médecin légiste qui estime que Cordier est « d'une
intelligence au-dessous de la moyenne, qu'il s'exprime avec
une certaine difficulté, que sa mémoire lui fait parfois
défaut " et conclut à une responsabilité atténuée. Puis il
m'indique la marche à suivre pour la faire signer, approuver du Procureur général et envoyer à qui de droit.
Une sorte de timidité, la crainte aussi de ne rien obtenir en demandant trop, le sentiment de la justice - car
malgré tout je ne puis considérer Cordier comme innocent - me détournent de demander le recours en grkc
tout simple. Je me rends compte peu après que je ne
l'eusse pas plus malaisément obtenu. Plusieurs jurés en
effet ont médité sur cette affaire ; la nuit leur a porté
conseil ; ils sont prêts à approuver ma requête, et je n'ai
point de peine à recueil!ir les signatures de huit d'entre
eux. Un des autres, un énorme fermier rougeoyant, plein
de santé, de joie et d'ignorance, comme on parle devant
lui de la maladie d'un prisonnier et de l'absence de soins
par quoi sa maladie aurait empiré :
- S'il crève c'est autant de gagné pour la société. A
quoi bon les soigner? s'écrie-t-il. Faut leur dire ce que
répondait le médecin, à l'autre qui voulait se faire couper
son doigt pourri : - cc Pas la peine, mon garçon! tombera
bien tout seul. "
Je dois ajouter que cette boutade n'amène les rires que
de quelques-uns.
Les deux autres qui se refusèrent à signer donnèrent
cette raison : qu'ils avaient voté suivant leur conscience
et qu'on aurait par trop à faire s'il fallait revenir sur
chaque aftàire jugée.
Evidemment : mais j'eusse été tout de même curieux

�922

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

de connaître le do ier des deux précédentes condamnations de Cordier. S'il fut jugé alors comme nous l'avons
jugé hier ... 1
1 Awsit6t que j'eus un jour libre, j'allai au Havre et rendis visite
à la mère du condamné. J'eus quelque mal à la retrouver, car la
pauvre femme avait dû changer d'adresse pour fuir les propos et les
regards injurieux des voisins. Dès qu'elle comprit pourquoi je
venai,, elle m'entraina dans une petite pièce écartée où les ouvrières
qu'elle emploie ne pussent pas nous entendre.
Elle sanglote et peut à peine parler ; une de ses filles l'accompagne, qui complète les rècits de la mère :
- Ah ! Monsieur, me dit celle-ci, ça a été une grande misère
pour nous quand mon autre fils (le puîné) a été pris par le service.
Il était de bon conseil et Yves l'écoutait toujours. Quand il s'est
échappé de la colonie, il n'a plps osé habiter à la maison, par crainte
qu'on ne le reprenne. C'est alors que, sans domicile, il a commencé
de fréquenter les pires gens qui l'ont entraîné et perdu.
Tous les renseignements que je recueille ensuite sur Yves Cordier
- de sa mère, de sa sœur, de son dernier patron, de son frère que
je vais voir à la caserne - confirment entièrement l'opinion qui

commençait à se former en moi :
Yves Cordier est sans jugement ; de tête faible et déplorablement
facile à entralner. Bon à l'exces, disent-ils tous : c'est dire aussi :
tans résistance. Son désir d'obliger autrui va jusqu'à la manie,
jusqu'à la sottise. C'est pour un camarade "qui en avait besoin"
qu'Yves Cordier aurait volé une vieille paire de chaussures, son
premier vol.
Quand, à la colonie pénitentiaire, sa mère, utant de la permission,
lui apportait des friandises : "Si c'est pour lui que vous apportez ça,
Madame, lui disait le gardien, c'cat pas la peine; il donne tout aux
autres et ne gardera rien pour lui. "
A la colonie, sur les conseils d"un camarade, il se fit tatouer le
dos de la main gauche. Un autre camarade lui persuada, ausstt6t
après, qoe ce tatouage apparent pourrait le gêner dans la vie, et
Yves, docile a ce nouveau conaeil, appliqua sur le tatouage un

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

92 3

L Qu~lque temps _après j'obtins satisfaction de ma requête:
a pe1_ne de Cordier est réduite à trois ans de prison.
Mats hélas ! après la prison ce sera le bataillon d'Afi .
Et
· d
.
nque,
au sortir e ces six ans, qui sera-t-il?... que sera-t-il?...

IX
C On a ~dé pour la tin l'affaire la plus "conséquente,,

si

l elle qui ,nous occupe ce dernier jour menace d'être
ongue qu on nous convoque dès 9 heures du
t· L .
séa
d
.
ma in. a
nce
urera
Jusqu'à
plus
de
IO
heures
d
.
d
.
u soir, coupée ai_
eux reprises aux heures des repas Il 'aoit d
1
· •l
•
t:,·
es vo s
~~mm1s a a gare de dépôt de Sotteville sur les marchan1ses co~fiées à la Compagnie de l'Etat.
Depm_s le nouveau régime de cette compagnie, les
réclamations
surabondent et l'on se P1amt
• de toutes partS
d

I

e vos sans nombre, certains extremement importants
Un grand soupir
· de sou 1agement se nt entendre dans· la
presse et dan le public lorsqu'on apprit qu'une nombreuse
bande de voleurs et de recéleurs avait été pincée. On ne
nous en offre pas moins d
• , .
dès l déb
e seize a Juger ; le bruit court
ut de la séance que nous aurons à répondre à
1 e
P us de I oo questions.
La lecture de l'acte d'accusation ne va pas sans no

causer
quel que étonnement. On s'attendait à pl
.

usà

mieux; devant l'importance de certains détournem:ts

'

e:nplitre de ~I et _de vitriol qui lui mangea la chair jusqu'à l'os (et
c est pourquoi, le Jour du délit, il avait sa main en écharpe)
- Ce garçon avait seulement besoin d'etre dirigé
;,
6
son patro
d
.
.
, me wt en n
n cor onDJer, qui me parle de lui
demande qu'à le reprendre à son service...
en termes émus et ne

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

que les jurés se rappelaient l'un à l'autre avant l'ouverture
de la séance, les chaparderies reprochées aux prévenus
nous paraissent des peccadilles, et l'étonnement cède vite à
l'ennui, à la fatigue, et même, pour quelques-uns des jurés,
à l'agacement, à l'exaspération, au cours de l'interrogatoire.
Une interminable discussion s'engage pour savoir si
trois bouteilles et demi de Cointreau ont été volées par la
femme X., ou achetées par elle, ainsi qu'elle le soutient, à
la femme B. qui, elle, soutient que la femme X. ne lui a
jamais acheté de liqueurs. La femme X. porte un petit
poupon dans ses bras qui pleure et voudrait déposer lui
aussi.
X., époux de la prévenue, reconnaît s'être approprié
"un restant de bouteille de kirsch" ; mais il n'a jamais
donné cette paire de chaussettes à Y.; au contraire, il les
a reçues de ce dernier. Quant au service à découper,
c'est Z. qui, etc ...
X. est bon ouvrier; il gagne cent sous par jour, plus
une indemnité ; il est père de quatre enfants. Sa déposition
concorde avec celle de B. qui dit avoir reçu de N. de la
moutarde et de M. du café et du thé, du reste en quantités
dérisoires: par contre il n'a rien reçu de D. ni de E. Il
reconnaît avoir accompagné N. quand il a chipé le pot de
moutarde, mais lui-même il n'a rien pris. N. ne fait point
difficulté de reconnaître le vol du pot de moutarde.
M. est père de quatre enfants lui aussi; il avoue le
détournement de 5 kilos de riz et de quelques morceaux
de charbon ; c'est bien lui qui a donné à B. deux kilos de
café et de thé; mais il les avait lui-même reçus de R.
La femme M. n'a jamais voulu garder chez elle quoi
que ce soit de provenance douteuse.

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

Par contre, la femme W. mère de six enfants est
convaincue d'avoir recélé de la chicorée, du riz et un' pot
de peinture. Elle soutient que ces denrées lui étaient
fournies par M. seul.
T. nettoyeur au dép6t de Sotteville, père de trois
enfants, et dont la femme est mourante à l'h6pital, nous
persuade qu'il n'a jamais rien volé; sa déposition concorde
entièrement avec celle de M. Mais il ne parvient pas à se
laver de l'accusation de recel.
La femme Y. avoue le recel d'une paire de chaussettes
celle qu'Y. a donnée par la suite à X.
'
Un ipre dialogue se poursuit quelque temps entre la
femme O., une hideuse pouffiasse au teint de géranium, et la
femme P. qui sanglote et fait de grands efforts pour montrer
qu'elle est de rang supérieur; chacune des deux reproche à
l'autre de lui avoir apporté de l'huile et des harengs.
P., le mari de la dernière, n'est pas employé à la
compagnie. C'est un homme de cinquante ans, d'aspect
énergique, grisonnant et à fortes moustaches, pere de
famille; précédemment condamné pour coups et blessures;
il vit de ce que lui rapporte son jardin. Ce jardin ouvre
sur la voie, a quelques pas d'un viaduc. En passant sous
le viaduc on gagnait l'autre c6té de 1a voie. (Un plan, ici
encore, nous rendrait service.) Nul lieu ne pouvait être
mieux choisi pour les recels. P. reconnaît avoir recélé les
denrées apportées par O. et par X. Il reconnaît même
avoir fait le guet, une fois, " plut6t pour ma sécurité
personnelle ", ajoute-t-il.
O. fils, âgé de quinze ans, reconnaît avoir reçu de la
femme P. un paquet d'étoffe, mais soutient qu'il en
ignorait la provenance; etc. etc•••

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Durant la seconde suspension de la séance, les jurés en
allant dîner échangent leurs impressions. Pour la première
fois ils se tournent contre le ministère public; c'est un
revirement d'opinion tres net et des plus curieux à observer.

Ils se redisent, ce qui ressort des rapports, que ces
vieux employés étaient demeurés fidèles tout le temps
qu'ils avaient travaillé sous la direction de l'ancienne
compagnie ; si maintenant ils prêtaient la main à la gabegie générale, la nouvelle direction n'en était-elle pas
responsable ? " Quand tout à coup, dira l'un de leurs
avocats, ces hommes ont vu sur leur casquette, inscrit à
la place du mot Ouest, le mot Etat, chacun d'eux a pensé:
l'Etat c'est moi ! Quoi d'étonnant s'ils se sont donné
quelque licence ? " Sans doute on compte sur la condamnation de ceux-ci pour calmer l'opinion publique !
Désespérant de saisir les vrais coupables, ou, qui sait?
peut-être craignant de les saisir, on veut faire payer à leur
place les fauteurs de ces peccadilles ! Non ! non, les jurés
ne seront pas si naîfs et ne se prêteront pas à ce jeu ; ils
ne briseront pas la carriere de ces pères de famille, pour les
beaux yeux de l'accusation et de la noble Compagnie de
l'Etat. Certains déjà se réjouissent à penser à la tête que
fera tantôt le Président quand, sur les réponses des jurés,
qui, sur toute la ligne, se préparent à voter" non coupable",
force sera d'acquitter tous les prévenus. Quelle belle fin
de session ce sera. Les journaux vont en parler pour silr 1
Le Président sans doute a eu vent de ces dispositions ;
son front lorsqu'il réapparaît devant nous à la reprise de
séance, nous semble un tantinet rembruni. Nous écoutons
le réquisitoire ; nous écoutons les plaidoiries. Dans la

SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

crainte que quelqu'un de nous ne défaille, on a pris soin
de nommer deux jurés supplémentaires qui se tiennent
prêts à relayer. Et nous prenons grand'pitié d'eux durant
la délibération. Malgré que nous soyons d'accord et tous
décidés par avance, cette délibération durera plus d'une
heure et demie, le chef du jury se refusant obstinément
à sérier les questions et nous forçant à voter pour presque
chacune. Enfermés dans une petite salle à part, les jurés
supplémentaires doivent s'amuser ! Ont-ils au moins des
journaux et des cigarettes ? On prie le garde de service
d'aller s'en informer.
Un point reste assez délicat : nous ne voulons pas
condamner ces chapardeurs, c'est entendu ; mais, sur
le bout du banc, se tenait une vieille sorcière de recéleuse à la tignasse déteinte et à la voix éraillée, qui ne
mérite pas d'échapper. Comme disait l'avocat général,
citant un mot célèbre : le recéleur fait le voleur. Montrons que nous avons compris, et laissons retomber le
cMtiment sur le premier. Nous rentrons dans la grand'salle
tout amusés déjà, avec des sourires de sympathie pour les
pauvres jurés supplémentaires.
A son tour la Cour se retire. Elle revient au bout d'un
instant. Le Président en effet fait grise mine.
- Messieurs, dit-il, je suis désolé d'avoir à relever, sur
la feuille que vous m'avez remise, un illogisme qui rend
votre vote non valable, - une distraction évidemment et qui va me forcer, à mon grand regret, de vous prier de
retourner dans la salle de délibération pour mettre d'accord
vos réponses. Vous votez : oui pour le recel ; non, pour le
vol. Pour qu'il y ait recel, il faut qu'il y ait eu vol. On

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ne peut pas recéler le produit d'un vol qui n'a pas été
commis.
Evidemment; mais c'est cet illogisme apparent qui
précisément nous plaisait, Nous pensions être libres de
condamner qui nous voulions ; et, condamner le recéleur
en acquittant le voleur, n'était-ce pas sous-entendre que
nous estimions qu'il y avait eu recel de plus de marchandises
que les vols en question n'en avaient apportées, recel
d'autres denrées, du produit d'autres vols, dont le ministère
public n'avait pas saisi les auteurs. Décidément nous nous
surfaisions notre importance. Nous sommes rappelés au
sentiment de la limite de nos pouvoirs.
Nous rentrons en file dans la petite salle de délibération,
si penauds et la tête si basse que j'ai peine à retenir mon
rire. Les jurés supplémentaires eux aussi sont de nouveau
coffrés.
Nous modifions nos réponses dans la mesure de l'indispensable et aboutissons a je ne sais ph.is quel compromis.
ÉPILOGUE

Trois mois après.
La scène se passe en wagon, entre Narbonne où j'ai
laissé Alibert, et Nîmes.
Dans un compartiment de troisième classe: un petit
gars, de seize ans environ, point laid, l'air sans malice,
sourit à qui veut lui parler ; mais il comprend mal le
français, et je parle mal le languedocien. Une femme d'une
quarantaine d'années, en grand deuil, aux traits inexpressifs, au regard niais, aux pensées irrémédiablement
enfantines, coupe sur du pain une saucisse plate dont elle

SOUVENIRS DE LA COUR D 1 ASSISES

avale d'énormes bouchées. Elle se fait l'interprète du
jouvenceau et la conversation s'engage avec mon voisin
de droite, une épaisse citrouille qui sourit du haut de son
ventre aux choses, aux gens, à la vie.
En projetant beaucoup de nourriture autour d'elle la
'
femme explique que cet adolescent est appelé des environs
de Perpignan à Montpellier où il doit comparaître ce
même jour devant le tribunal; non point en accusé, mais
en victime : il y a quelques jours, des apaches de la campagne l'ont attaqué sur une route à minuit et laissé pour
mort dans un champ, après lui avoir pris le peu d'argent
qu'il avait sur lui.
On commence à parler des criminels:
- Ces gens-là, il faudrait les tuer, dit la femme.
- Vous leur donnez des vingt, des trente condamnations, explique mon voisin ; vous les entretenez aux frais
de l'Etat ; tout ça ne donne rien de bon. Qu'est-ce que
cela rapporte à la société ? je vous le demande un peu,
Monsieur, qu'est-ce que cela lui rapporte?
Un autre voyageur, qui semblait dormir dans un coin
du wagon:
. - D'abord ces gens-là, quand ils reviennent de la-bas,
ils ne peuvent plus trouver à se placer.
Le gros Monsieur. - Mais, Monsieur, vous comprenez
bien que personne n'en veut. On a raison; ces gens-là, au
bout de quelque temps, recommencent.
Et comme l'autre voyageur hasarde qu'il en est qui,
soutenus, aidés, feraient de passables et quelquefois de bons
travailleurs, le gros Monsieur, qui n'a pas écouté :
- Le meilleur moyen pour les forcer atravailler, c'est
de les mettre à pomper au fond d'une fosse qui s'emplit

7

�93°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'eau; l'eau monte quand ils s'arrêtent de pomper; comme
ça ils sont bien forcés.
La Dame en deuil. - Quelle horreur !
- J'aimerais mieux les tuer tout de suite, gémit une
autre dame.
Mais, comme la Dame en deuil l'approuve, celle qui
d'abord avait émis cette opinion, sans doute de cette sorte
de gens qui trouvent un cheveu à leur propre opinion des
qu'elle n'est plus exprimée par eux-mêmes :
_ Mon père, lui, qui Etait du jury, il avait coutume de
ne les condamner qu'à perpétuité. Il disait qu'on devait
leur laisser le temps de se repentir.
Le gros Monsieur hausse les épaules. Pour lui un
criminel, c'est un criminel; qu'on ne cherche pas à le
sortir de là.
La Dame qui n'a presque rien dit, émet timidement
cette pensée que la mauvaise éducation est souvent pour
beaucoup dans la formation du criminel, de sorte que
souvent les parents sont les premiers responsables.
Le gros Monsieur, lui, croit qu'après tout l'éducation
n'est pas toute-puissante et qu'il est des natures qui sont
vouées au mal comme d'autres sont vouées au bien.
Le Monsieur du coin se rapproche et parle d'hérédité:
_ La meilleure éducation ne triomphera jamais des
mauvaises dispositions d'un fils d'alcoolique, Les trois
quarts des assassins sont des enfants d'alcooliques.
L'alcoolisme ...
La Dame en deuil l'interrompt:
- Et puis aussi l'habitude des femmes, à Narbonne,
de porter un foulard noir sur la tête; un médecin a
découvert que ça leur chauffait le cerveau .•.

SOUVENIRS DE LA COUR

o' ASSISES

93 1

Mais elle croit pourtant qu'il y aurait moins de crimes
si les parents n'étaient pas si faibles.
- On en a jugé un, à Perpignan, continue-t-elle; il
avait commencé comme cela: tout petit enfant, un jour,
il a pris une petite pelote de fil dans le panier à ouvrage
de sa mère; sa mère l'a vu et ne l'a pas grondé; alors,
quand Penfant a vu qu'on ne le punissait pas, il a
continué: il a volé d'autres personnes et puis, vous
comprenez, il a fini par assassiner. On l'a condamné
à mort et voici ce qu'il a dit au pied de l'échafaud. Elle gonfle sa voix, et mon manteau se couvre de débris
de Ill'1ngeaille. Pèrres et mèrres de famille, j'ai
commencé par voler un peloton de fil, et si cette première
fois ma mère m'avait puni, vous ne me verriez pas sur
l'échafaud aujourd'hui! Voila ce qu'il a dit; et qu'il ne se
repentait de rien, sauf d'avoir étranglé dans un bercea1:1un petit ·enfant qui lui souriait.
· Le gros Monsieur, qui n'écoute pas plus la Dame que
celle-ci ne l'écoute, revient à son idée: On ne traite pas
assez sévèrement ces gens-là :
- On n'en fera jamais rien de bon; et du moment
qu'on les laisse vivre, il ne faut pourtant pas que ce soit
pour leur plaisir, n'est-ce pas ? Naturellement, ces criminels, ils se plaignent-toujours ; rien n'est assez bon pour
eux ... Je connais l'histoire d'un qui avait été condamné
par erreur ; au bout de vingt-sept ans, on l'a fait revenir,
parce que le vrai coupable, au moment de mourir, a fait
des aveux complets; alors le fils de celui qu'on avait
condamné par erreur a fait le voyage, il a ramené de
là-bas son père, et savez-vous ce que celui-ci a dit à son
retour ? - qu'il n'était pas trop mal la-bas. C'est-à--dire,

�93 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
SOUVENIRS DE LA COUR D'ASSISES

Monsieur, qu'il y a ,bien des honnêtes gens en France, qui
sont moins heureux qu'eux.
- Dieu i'aura puni, dit la grosse Dame en deuil apres
un silence méditatif.
- Qui ça?
- Eh ! le vrai criminel, pardine ! Dieu est bon, mais
il est juste, vous savez.
- Ça m'étonne tout de meme que le prêtre ait
raconté la confession, dit l'autre dame ; ils n'ont pas le
droit. Le secret de la confession, c'est sacré.
- Mais, Madame, ils éta_ient plusieurs qui ont entendu
cette confession; quand il s'est vu mourir, qu'est-ce qu'il
risquait? Il a demandé au contraire qu'on le répète. Il -y a
sept ans de cela. Vingt-sept ans après le crime. Vingt-sept
ans! pensez. Et personne ne s'en doutait; il avait continué
à vivre, considéré dans le pays.
- Quel crime avait-il donc commis, demande le
Monsieur du coin.
- Il avait assassiné une femme.
Moi. · - Il me semble, Monsieur, que cet exemple
contredit un peu ce que vous avanciez tout a l'heure.
Le gros Monsieur devient tout rouge:
- Alors vous ne croyez pas ce que je vous raconte ?!
- Mais si! mais si! vous ne me comprenez pas. Je dis
simplement que cet exemple prouve que quelquefois un
homme peut commettre un crime isolé et ne pas
s'enfoncer ensuite dans de nouveaux crimes. Voyez
celui-ci : après ce crime il a mené, dites-vous, vingt-sept
ans de vie honnête. Si vous l'aviez condamné, il y a
de grandes chances pour que vous l'ayez amené récidiver.

a

933

- Mais, Monsieur, la loi Béranger précisément ... commence l'autre dame. Cdle en deuil l'interrompt:
. - Alors vous n'appelez pas ça un crime, de laisser
vmgt-sept ans un innocent faire de la prison à sa place ?
Le second Monsieur hausse les épaules et se renfonce
dans son coin. La citrouille s'endort.
A Montpellier, le petit gars descend ; et sitM qu'il est
parti, la Dame en deuil, qui cependant a achevé son repas
et remet dans son panier le reste du saucisson et du pain :
- A voyager comme ça depuis le matin, il doit avoir
faim, cet enfant !
ANDRÉ GrnE.

�935

CHRONIQUE DE CAERDAL

934

CHRONIQUE DE CAËRDAL

XXV
LE PLUS BEAU TEMPS

I
ME, ME ADSUM

La beauté du temps où l'on vit, est celle de la
jeunesse. 0 le plus beau des temps, celui où il
m'est encore donné de vivre.
Vivre, c'est avoir le temps. Et mourir, c'est le
perdre. "En moi, la vie n'est toujours que
jeunesse". Je plains celui qµi ne peut pas se
rendte ce témoignage.
Les Dieux, qui semblent n'avoir jamais été
enfants, sont toujours jeunes. Les Muses se
meuvent dans le plein de la jeunesse immortelle.
Les enfants des hommes font pitié: On ne peut
les voir sans être s-ôrs qu'ils vieillissent. Tous, ils
précèdent leur âge, les pauvres petits. Comme ils
envient l'heure proche qui les menace ! Ils ne
veulent jamais être du temps où l'on vit, mais de

celui où l'on vivra. Quand il dort peu, qu'un
enfant s'ennuie! La plupart des hommes ont six
ans et demi, et presque toutes les femmes.
L'art et l'intelligence font cette vie ardente qui
possède le temps. En dépit de toute horreur, et de
la vie qui nous est faite, le plus beau temps est
celui où nous sommes, où je suis.
Il n'est qu'une douleur: Ja mort. Il n'est qu'un
mal : de vieillir. Mais qui meurt ? et qui vieillit?
Je suis mort, déjà, dans ce que j'aime et qui n'est
plus ; et je n'ai pas vieilli. Voilà que je ressuscite
encore; et mon amour doit vivre quelque part,
dans un temps que j'ignore et qui est fait de lui.
Une âme vivante ne peut pas se rendre. La vie est
la victoire : un triomphe de tous les instants.

§
Cette grande, cette immense, cette terrible
époque.
Tout est confondu, et tout est en question. Le
désordre est partout, et plus profond dans les
faiseurs d'ordre qu'en tous autres : car leur ordre
est mort, et ils offrent un cadavre à l'embrassement
des vivants. Ils ne l'ignorent pas toujours. La
parole aux plus indignes, et le silence à toutes les
grandes voix. Le règne des affranchis et des femmes criardes : comme si l'affranchi n'était pas un
esclave, qui montre encore le bracelet aux armes

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
936
de son mahre, et les marques du fouet jusques

sur le cou. Et les femmes portent les bracelets de
la nature, ces blessures qu'elle leur fait, que rien
ne saurait coudre. Enfin, l'anarchie de toutes les
valeurs, au milieu d'un trouble universel. Et
jamais époque ne fut plus belle, pourtant. Ici,
l'anarchie n'est pas le chaos. La confusion est le
bouillonnement d'un ordre inconnu. Les valeurs
ne sont mêlées qu'à la surface. La haine, la bassesse, la médiocrité générales n'empêchent pas
l'amour, la grandeur et la beauté d'être où il faut.
Plus on les méconnaît, et plus ces puissances
secrètes prennent de force et s'imposent au petit
nombre qui mène le monde, et qui en est la seule
raison d'être. Jamais l'art ni la science n'ont tendu
plus haut ; et que la foule en soit écartée une fois
pour toutes, c'en est la preuve. Le globe est conquis. L'énergie de l'homme s'est emparée de tous
les éléments ; la pensée entoure la planète d'un
réseau où elle est prise, et la pénètre. De plus en
plus, la matière est vaincue par l'esprit, lequel la
livre domptée à la multitude, qui est la matière
du genre humain. Et telle est la charité de l'esprit:
il fait fi de ce qu'il invente ; il ne garde rien pour
lui même, que le privilège de concevoir ce qu'il
dédaigne, peut être, aussitôt qu'il l'a créé.
Ainsi, la vilenie des politiques, les misères de
l'action, la haine et la méchanceté des partis, la
bassesse des idoles et l'ignominie des maitres, tant

CHRONIQUE DE CAERDAL

937

ceux qui le sont que ceux qui veulent l'être ; tout
ce qui nous indigne et nous fait tort ; tout ce qui
nous donne la nausée ou nous soulève de colère;
le poison et l'écume, toute la laideur enfin est
nécessaire : elle nous aide à connaître la magnifique
beauté de ce temps : elle nous aide à la sentir, et
à la tirer de nous. Sans doute, c'est au prix de
notre bonheur. Mais quoi, pense-t-on que la beauté
soit facile, et la grandeur commode ? Ce temps ne
serait pas le plus beau, s'il n'était pas celui qui
nous coô.te le plus ; et notre vie serait moins belle,
si elle n'était pas un si dur et si continuel exercice.
La grande, la misérable, la sublime époque.
Elle ferait croire à l'homme, en ceux qui sont
hommes.
Quand s'est on se~1ti vivre davantage, avec plus
d'espace, ou plus humainement ?Au second siècle?
au sixième ou au quinzième? On y est toujours
en danger. Il ne s'agit plus, comme en d'autres
temps plus brutes et plus anciens, de sauver sa
peau et de la dérober aux factions en armes. Il y
va de beaucoup plus. Le danger est de l'â.me. Les
plus cruelles discordes sont de la conscience. Je ne
voudrais pas de ces temps où l'homme est sans
partage au peu qu'il est. Je me croirais trop pauvre.
Je ne veux pas abdiquer une seule de mes cent
âmes, la grecque et la chrétienne, la russe et la
chinoise, l'italienne et la bretonne, la gothique et
l'hindoue. Il faut faire la paix entre toutes. Qu'on

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
938
me parle de cette unité ! Il est fatal que je l'accomplisse, ou que j'y succombe ; mais je n'envie pas
l'unité d'une pierre, ou de ces hommes d'un seul
tenant, menus cailloux dans la carrière d'une race.
Mon harmonie n'est pas dans l'unisson. Ma guerre
est plus vaste, et soumise à des hasards plus
redoutables. Assurément, nous ne courons plus le
risque des dissensions civiles et des meurtres,
porte à porte, sous le couteau d'un partisan. Quoi
qu'ils fassent à cet égard, le docteur de Sorbonne
et le critique de journal ne valent pas le sicaire ni
le sbire ; et en dépit du poison, la langue le cède
à la dague.
C'est notre cœur, chaque jour, qui lutte contre
les offenses du monde, et qu'elles ramènent à son
propre secret ; c'est lui qui est rendu sans relâche
aux combats plus cruels du fort intérieur. Il a ses
agonies, chaque jour, et ses immolations, d'où il
ressuscite. Jamais temps ne fut donc plus tragique,
en ceux qui ont la force de viv~e, ni plus beau que
celui-ci.

II
VOLONTÉ n'tTRE

Nous avons pris conscience de la nuit. Nous
veillons. Et nous voulons que la lumière soit. Nous
ne vivons que pour la faire naitre. Et voilà tout.

939

CHRONIQUE DE CAERDAL

Le devoir n'est pas de vivre. Ce n'est pas assez
d'une nécessité. Pour nous, le premier doute est là,
. d . ?
et la première agonie: vaut il donc 1a peme e vivre.
Car la peine est capitale. Elle est de fiel, elle est
terrible. Elle est une plongée continuelle dans la
mort, puisque nous avons pris conscience du né~nt.
Or, tel est présisément notre plus beau destm :
plus nous prenons connaissan~e d~ ce n~~t, plus
nous avons compassion de 11llus10n d1vme. Et
plus aussi nous avons l'amour de la vie, ce doux
visage changeant trempé d'innombrables larmes.
Comme Vesper au crépuscule, le sourire est la
plus longue des larmes, je vous ~e dis.
.
La plus belle aussi, parce quelle est sanctifiée
de pardon et d'exquise grâce.
Notre cœur a charge de ressusciter tout ce que
notre pensée anéantit.
Sans fin et sans répit, notre devoir est de nous
créer nous mêmes. Si elle n'est une œuvre de
beauté notre œuvre n'est pourtant rien. Rien ne
'
.
Ce
nous importe
si peu que de vivre pour v1v:e.
n'est pas la mort brute qui s'oppose à_ la vie : la
vie elle même n'est qu'une fleur souriante de la
mort. Mais à la mort l'œuvre belle s'oppose, qui
seule est la vie.

§
Si grand mal que soit la vie, elle est le bien
suprême. Dans les profondeurs de la peine, je

�940

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

t'app~lai toujours, et je t'appelle, vie, espoir, lieu
de triomphe, je dis lieu de souffrance cause de
bien, je veux dire occasion d'amour.' Et toute
l'amertume salutaire des larmes, à seule fin que,
retombant à la source du pardon elles tournent
en incorruptible douceur.
Rien ne m'attache plus à toute la vie que ma
compassion. De là, que la compassion m'est si
essentielle.
Jadis, dans ce vide universel, je m'indignais
que la loi de l'ascension me parlÎt plus certaine
que la vie même. Je l'éprouve, aujourd'hui.
Rien n'est : mais je suis. Il n'y a rien : mais je
m'élève. lllusion ou non, il faut être-soi, et
gagner de vivre, et gagner d'être-soi.
Le soleil est là haut, tout feu et toute flamme &gt;
ce soleil qui n'est jamais le même deux fois.

CHRONIQUE DE CAERDAL

94 1

Convulsion diabolique, si l'on veut. Mais qui croit
au diable, croit à Dieu. Et sans Dieu, le démon
n'a ni réalité ni empire. La Révolution est un
délire chrétien, mené par la raison. La raison
raisonnante, la logique dans l'ordre de la société et
du sentiment, est le diable en personne. Le démon
est ma1tre logicien.
Jamais hommes, nés pour l'art et pour l'action,
n'ont souffert comme nous, ceux de nous qui avions
droit à parler et à faire entendre notre voix, et qui
avons vécu dans le silence et toutes les persécutions
du siècle. Ainsi, nous avons payé rançon pour tout
ce que nous voulions accomplir, et qui s'accomplira
sans doute, si nous ne l'accomplissons : mais comme
ce sera de nous, on aura beau faire, ce n'aura pas
été sans nous.

lll
PAROLES DE PHOS

Le temps de douleur et de confusion, où nous
avons grandi, était l'épreuve de nos forces. Il est
vrai que la France aurait pu y succomber. Le
sentiment d'un péril extrême excuse la haine et les
injures en ceux qui n'ont trouvé ici que motifs
d'invectiver et raisons de haîr. Les plus ennemis
de la Révolution ne se doutent guère qu'elle est
la convulsion du moyen âge, se précipitant dans
l'ordre monarchique pour le renouveler ou le tuer.

Le divin vieillard, qui ne- doit pas mourir, Phos
m'appelle ce matin, près de la source où l'aurore
est d'émeraude ; et il m'enseigne. Il me lave les
yeux dans la fontaine; il me trempe la tête et les
cheveux. Je ruisselle de frakheur ; et si j'ai pleuré
cette nuit, je ne le sais plus.
. Le vieillard Phos, aux doux yeux de _tigre ascète,
me parle dans la clarté matinale ; et sur ses lèvres

�942

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

j'entends le chant de ses regards, qui font la
lumière.
La magie de la jeunesse est le grand art de
la vie.
La vie se reconnait au pouvoir d'être jeune,
comme l'année au printemps. Chaque avril, la
nature est plus féconde et plus belle. Quel espoir
en son sourire ! Elle se renouvelle ; elle va donner
sa fleur et ses fruits.
I.

La vieillesse n'est si affreuse que d'être la fin
de vivre. Elle ne croit plus au renouveau. Elle ne
sent plus percer la feuille. Elle frissonne en avril.
Elle a froid dans le tronc et les racines. ·
0 jeunes gens, ne soyez pas jeunes en vain.
2.

3. (Quand on pense aux pauvres morts). Ils
ont vécu ! et l'on s'attendrit.
L'ancienne vie est belle à la mesure qu'on la vit
et qu'on l'orne soi-même. L'imagination fait l'ornement.
La goutte d'eau trouvée à Pompéi, au nombril
d'une coupe. Le morceau de pain, à Thèbes, dans
un lit de momie. Ils ont mangé de ce pain ; ils ont
bu de cette eau ! Ils ont aimé. Ils ont souri.
4. Le temps où nous sommes : il a la beauté

que nous lui donnons. Plus je me plains de mon

CHRONIQUE DE CAERDAL

943
temps avec justice, plus je l'exalte: je lui réclame
une beauté que je porte.
Et le temps passé nous doit tout aussi, pour la
même raison : mais c'est, ici, un art d'imitation,
et là un art qui invente.

5. Le temps de vivre est le seul qui comporte
à la fois l'indifférence et la passion.
Passion et indifférence, celle ci comme bouclier
de celle là. Une indifférence violente, active, une
épée blanche et nue dans une main calme, qui ne
tremble pas.
La vie est si belle qu'on peut passer sur les
vivants.
6. AUGURES. - Stoique : c'est la réponse du
courage au désespoir.
Les stolques ont de la noblesse ; mais ils veulent
trop échapper au temps. Ils sont plus nobles que
généreux:.
Quand les Anciens ont ouvert les yeux, et que
le cœur a commencé de leur révéler la véritable
connaissance, ils n'ont plus eu que deux partis à
suivre, sur la route unique du désespoir : le parti
stoîque, de la solitude à la mort volontaire ; ou le
parti sceptique, de la raillerie universelle à la folie
du plaisir. Mais l'extrême parti du plaisir mène
aussi à la mort volontaire, pour peu que le cœur
parle. Et d'ailleurs, il est trop vulnérable aux

�94f

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

atteintes de l'âge. Le suicide est le dernier mot
des g:andes ~.mes à l'antique, quand elles ont
compris.
L'admirable Montaigne, plus on le croit dans
le temps passé, plus il est dans le présent. Il a le
sens de la vie à ce point, qu'il fait venir à lui tout
ce qu'il admire et tout ce qu'il aime. S'il est
stoique, c'est dans les jardins d'Épicure, comme il
n'est guère épicurien qu'à l'ombre du Portique.
Voilà par où Montaigne, qui est l'un des plus
grands entre les Anciens, l'est plus amplement que
jamais ils ne le furent.
Montaigne est un homme dans la force de son
âge. Les Anciens, pour héros qu'ils soient, ou
graves même, ne sont presque tous que des
adolescents. J'excepte ces profonds devins, qui
trempent dans l'Asie, et qui ont un air d'initiés et
de prêtres : Héraclite ou Platon.
7. Les femmes de notre temps sont toujours
celles que notre cœur préfère. Et même, nous les
aimons toujours plus jeunes que nous.
Elles sont la fleur du temps ; et leur grâce est
l'invitation à vivre.
La mode a le même prestige. Celle d'hier nous
choque. Nous sommes toujours pour celle qui
vient. C'est qu'elle porte la jeunesse, comme elle
l'orne. Et comme elle crée souvent le charme
nouveau de la beauté, elle en fait la promesse qui

945
presque seule nous importe. La mode est un art
de désir. Elle a charge de nos changeantes voluptés.
CHRONIQUE DE CAERDAL

8. Tristesse d'Achille, que tu m'es présente etbien chère. Dans la fumée du sang et des actes
magiques, tu passes, grande ombre vaine ; et tu
regrettes le temps où chaque jour voit une aurore
au sortir de la nuit.
Hélas, les ombres n'ont plus d'âge. Leur crépuscule sans pourpre est sans orage. Elles ne se
lèvent plus dans le temps, ni ne se couchent. Elles
ne souffrent plus, selon les heures, diversement.
Elles n'aiment plus.
Elles ne vieillissent même pas : elles sont vieillies, une fois pour toutes. Outre tombe, c'est
l'éternel novembre. Au Tartare ou aux Champs
Elysées, les ombres sont les feuilles de la forêt
transie, aux branches de brumaire.
9. L'homme qui vit avec force peut médire de
son siècle. Tout l'y peut blesser et méconnaître.
Mais c'est de goôter sa mort trop t6t, qu'il en
veut à son temps. Plus il s'en plaint, plus il en
est. Pour tant souffrir de la vie, combien ne faut il
pas l'aimer 1
Terrible amour de vivre, que tout déçoit présentement, que le présent seul peut contenter.
L'amour est insatiable de présence : il la crée.
8

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ro. Jouis au moins du mal que tu te donnes.
Sache goüter l'ivresse de ton ascension.
La beauté facile est une laideur qui nous fait
des avances. Elle nous abaisse, si elle se fait aimer.
Laisse-la à ces pauvres gens.
1 r. CANDEUR DES ANÉMONES. Tant la vraie
jeunesse possède le temps, que jamais elle ne le
compte. Et plus souvent, elle l'oublie. Les jeunes
gens sont inquiets, et volontiers mélancoliques :
ils cherchent où ils sont, les fous I Beaucoup de
jeunes hommes ne veulent pas croire que la plus
belle saison ne soit pas celle où ils courent, plutôt
que celle où ils sont.
Les jeunes filles sont plus sages, dans leur folie.
Balancées par l'espérance, sur la prairie, elles sourient à la brise.
Les jeunes filles savent bien qu'il n'y eut jamais
de femmes plus belles qu'elles.
Et le bonheur des jeunes femmes, c'est de le
croire aussi. Que leur fait Flora, la belle Romaine,
Archipiada ne Thaîs? Ni même la royne Blanche
comme lis, qui filt belle en l'an soixante-dix ?
Elles furent aimées l'autre semaine.

12. Il est bon de ne point se perdre dans cette
illusion, qu'un temps où nous ne fümes pas peut
avoir été plus beau que celui où nous sommes.
Quant à moi, je pense que mon siècle a la

CHRONIQUE DE CAERDAL

947
beauté que je lui donne Et sans doute, il est
dur qu'il n'en ait pas d'autre. (Je ne puis être
satisfait).
Un artiste prête à son temps la beauté propre
de sa vie et de sa force. Au fond, celle là seule
nous émeut. On ne l'éprouve jamais mieux qu'en
musique : on est du même temps que la musique
qu'on aime ; et l'on n'aime tout à fait que celle
,
,rt
qu on prerere.
Il vaut mieux vivre dans la plénitude d'une
beauté secrète, que de se perdre dans une beauté
moindre et publique. Mais surtout, il est affreux
de mentir à la vie, et d'aller si loin dans le mensonge qu'on préfère la mort du passé à sa propre
vie. Car à quelques miracles près le passé est mort.
Le passé nous doit tout, à l'heure présente où
nous sommes. Et quand nous ne serions que du
passé, ce passé n'est rien sans nous.
1•

13. Je ne dis pas qu'il faut aimer son temps
contre les temps révolus; Une telle prévention est
trop grossière. Mais je dis qu'il faut tenir son
temps pour seul aimable, parce qu'il est le seul
où l'on puisse mettre son amour, en dépit de tout:
le seul à qui l'on soit capable de se donner, en lui
trouvant, au fond de soi même, quelque~ raisons
vivantes d'être aimé. (Enfin, l'on souffre du, pré1

C'est un divin vieillard qui parle.

�LA NOUVELLE REVUE-,, FRANÇAISE

sent : et qui pourrait souffrir du passé, sans délire?)
Le reste n'est qu'illusion.

14. J'aime un vieillard qui croit à la vie.
Il est aussi beau qu'un jeune homme qui en
doute. Par tendresse, l'un et l'autre.

15.

à

Non,
Cléopâtre ne te vaut pas, jeune fille que je tremble
de toucher et de tenir sur mes genoux. Car je ne
la connaitrais pas sans toi. Ni Y seult, ni Hélène.
Et je n'envie pas une d'elles.
C'est toi qui es aimée: c'est toi qui aimes. Ni
Cléopâtre, la Grecque d'Egypte, ni la plus pure
ni la plus belle entre les belles même de France,
ni celles d'hier, ni celles de la veille, ni ces inconnues qui écloront demain, n'ont ta beauté présente.
La fleur est le moment unique. La passion n'est
jamais que la fleur du moment.
Le temps où l'on est, amour, est le seul temps
où l'on règne, dans son .propre sang. 0 palpitation
de la vie! Rouge gorge qu'on tient dans la main,
et qui chante !
CHAQUE FAUST

SA MARGUERITE. -

16. Je m'arrête à l'harmonie, comme à la seule
sagesse. Calomnierai-je la douleur ? Celui qui
chante son mal, l'enchante.
Je veux oublier que je souffre, et ne croire
qu'au chant.

CHRONIQUE ' DE ' CAERDAL

q.

ÉCHO PATHÉTIQUE. -

949
Il n'est qu'une dou-

leur : la mort.
- Aime pour ne point mourir.
- Il n'est qu'un mal : de vieillir.
- Cherche la beauté, pour ne jamais prendre
d'âge.
ANDRÉ SUARÈS.

�NOTES

95°

NOTES
LA LITTÉRATURE
ETUDES DE PSYCHOLOGIE LITTÉRAIRE, par Loufr

Cazamian.

I. "Il semble que, parmi les facteurs les plus généraux de
l'évolution littéraire, on n'ait point fait assez de place aux
conditions intérieures à l'esprit lui-même ... La psychologie
esthétique retrouve, sous les superficielles catégories littéraires,
des rapports souverains, dérivant de la constitution invariable
de la pensée; et ainsi ramenée a son plan véritable, l'histoire
de la littérature participe à celle des sociétés sans s'y fondre,
car dans le développement général des ~mes collectives, elle
représente une ligne particulière d'oscillation morale, obéissant
.èn même temps à l'impulsion de l'ensemble et à s.es possibilités
déterminées. On pourrait appeler cette ligne l'évol~tion intérieure du golÎt ... "
Voilà bien, à mon humble avis, comment on ne doit pas
écrire ; de telles lignes ont failli m'armer d'injustice contre
leur auteur et la Sorbonne entière. Pourtant cette premiere
Etude sur l'Efloluti011 intérieure du goftt, trop chargée d'abstractions, trop dépouillée d'exemples, mérite d'être résumée toute:
même les thèses les moins neuves y contribuent à préparer
d'intéressantes conclusions.
"L'alternance entre le plaisir de comprendre et celui de
sentir est probablement la loi 1a plus générale de l'évolution
littéraire••. "

95 1

'' Le fait qui domine toute interprétation génétique de
l'histoire littéraire, c'est l'usure progressive des effets, liée ellememe à la fatigu·e des activités spirituelles mises en jeu ... Tout
se passe, ajoute M. Cazamian, comme si une quantité limitée
d'énergie, épuisée par l'exercice de la sensibilité littéraire,
s'épuisait à la longue." - Non, tout ne se passe pas ainsi ;
l'usure des effets se remarque même quand l'énergie nerveuse
a tout le temps de se réparer dans l'intervalle de leur répétition.
La satiété du goüt dépend de la fatigue bien moins que de
l'accoutumance, qui précisément exclut la fatigue; ce n'est pas
l'effort qui augmente, mais la conscience qui diminue. Le
même art qui tout d'abord, déconcertant nos habitudes, exigeait
de nous un appel à de nouvelles activités, une collaboration
avec l'artiste, une transformation de notre être, rencontre plus
-tard en nous une attention tout adaptée; alors sa plus vive
secousse dérange à peine notre équilibre; vraiment il ne nous
imeut plus. Si l'effort apparaît ensuite c'est que l'habitude nous
porte à rechercher obstinément ces mêmes joies qu'elle no.us
empêche de golÎter. 1
1 M. Cazamian n'avait pas à nous dire de quelle sorte sont les
œuvres dont les effets s'usent le moins, ni comment persiste une
élite capable de les apprécier quand elles ne sont plus de mode : Le
mouvement collectif ne s'arrête pas pour si peu 1
D'ailleurs l'appétit du nouveau précède la satiété : Pour étendre
aes plaisirs, on attend, on réclame de~ œuvres différentes de celles
qu'on n'est pas encore las d'admirer.
Impatience des producteurs. Impatience des jeunes gens: Excédé
par l'art contemporain, l'homme mClr se retourne et va faire son
choix dans l'art de tous les temps; le jeune homme pousse en avant,
vers l'art futur.
Comte et Cournot l'ont bien vu, en tout changement social il
faut considérer ce fait, qu'une société humaine réunit trois générations. A la dernière génération, chacune des deux précédentes
transmet des traditions que l'autre a me.connues. La jeunesse en mal

�952

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

De là résulte "la loi de l'intensification progressive des
moyens à l'intérieur des écoles et des formules d'art. .... , le
mouvement qui entraîne les formes littéraires v·ers l'accentuation
et l'exagération de leurs principes.... Un secret vertige paraît
précipiter vers le suicide d'un excès insupportable les écoles
approchant de leur lin. La révolte du go(h n'est point, en
pareil cas, l'expression du jugement critique; ... c'est avant tout
la réaction naturelle d'une faculté de sentir incapable de se
prêter plus longtemps à la violence que !'écrivain lui demande,
et hors de laquelle il ne lui laisse comme alternative que
l'atonie de la sensation."
Qu'une même littérature passe d'une énergie toute neuve
" à une énergie moindre, consciente et savamment exploitée",
la loi d'intensification n'est pas pour cela démentie : car elle
comporte un progrès en raffinement plut6t qu'en vigueur.
Mais quelles sont les conditions qui permettent une restauration d'énergie, une véritable Renaissance? A se poser cette
question, l'auteur nous eftt mieux préparés à concevoir le r6le
important qu'il reconnaît à l'individualité nationale.
Cette nouvelle notion corrige l'hypothèse trop abstraite
d'une oscillation uniforme: Même si partout l'on constate une
sorte d'alternance, il convient, pour chaque peuple, de définir
diff'éremment les phases primaires et secondaires: "L'achèvement de l'unité nationale, par exemple, tend à fortifier, à
prolonger la période littéraire alors en cours, à lui prêter le
prestige durable d'une formule de vie collective qui s'affirme
par elle•.• On peut dire que le groupe de tendances auquel va
d'abord l'instinct de la nation qui se forme, autour duquel
s'élabore la premiére période nettement marquée de sa littérature, définit par avance l'élément le plus essentiel de son
d'invention prend, de cette doubl~ richesse, moins qu'on ne voudrait,
plus qu'elle ne croit, rien qu'elle ne transforme aussitôt avec la plus
heureuse ingratitude.

NOTES

953

tempérament moral; et que les réactions qui le ramèneront
à ce type auront l'enthousiasme particulier d'un retour à soimême.... Il n'est pas indifférent que l'unité française se soit
cristallisée définitivement sous Louis XIV, à une époque de vie
littéraire rationnelle, objective, hiérarchisée; que l'Angleterre
ait atteint sa pleine vigueur nationale et son épanouissement
imaginatif sous Elisabeth; ni quel' Allemagne ait pris conscience
d'elle-même en réaction à la fois contre l'esprit d'ordre logique
et contre les armes françaises. " - Voilà qui réduit le rôle des
influences étrangéres; car "le grain semé ne germe que lorsque
le terrain est préparé ... "
Le goftt évolue ; mais, comme toute réalité spirituelle, " il
est une mémoire, et, dans le présent, conserve le passé. "
Donc "le timbre d'une période est constitué par des résonnances
de plus en plus complexes, où l'oreille perçoit les harmoniques
des périodes précédentes... L'idée même de recommencement
est inadmissible dans cc domaine ... "
Mais alors, " si chaque moment contient quelque chose des
moments antérieurs, les sources de plaisir auxquelles il a recours
ne sont point pures... Le souvenir des moments analogues vient
subtilement paralyser l'impression de la nouveauté, en lui
donnant un arrière-fond de reconnaissance... La fécondité des
rajeunissements successifs va ainsi diminuant ; et il devient
nécessaire que ces oscillations se produisent à des intervalles
de plus en plus rapprochés ... Ainsi s'explique la prodigieuse
rapidité du rythme dans les littératures récentes de la France, de
l'Angleterre et de l'Allemagne, et l'état d'anarchie vers lequel
le goftt paraît tendre en ces trois pays."
Enfin, sans s'aventurer à prédire, soit l'épuisement prochain
de l'invention, soit le renouvellement de ses sources profondes,
M. Cazamian conclut par une réflexion dont la portée, je crois,
s'étend au delà de la littérature et même de l'art tout entier :
" Un fait, de toute façon, domine le présent, et détruit
l'autorité des exemples empruntés au passé : pour la première

�954

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

fois qu'il y a des hommes, et qui écrivent, la conscience claire
des réactions psychologiques par lesquel1es se traduit l'impression littéraire est aujourd'hui largement diffusée. Cause de
stérilité en un sens, la conscience et la possession de l'~me par
elle-même pourraient ouvrir d'autre part à l'avenir de l'esprit
des perspectives insoupçonnées ..• "
Oui, la conscience, la culture poussée à fond - ou bien, au
contraire " la volonté de barbarie" qu'affirmait un jour
Charles-Lou.is Philippe. Mais cette volonté même, à présent,
est-elle autre chose qu'une exaspération de la culture, une convulsion de l'esprit critique L
Il. Chacun a ses petites idées sur l'humour ; j'avais les
miennes aussi, qui ne s'étaient point formées d'après les sarcasmes de Swift ou les farces de Mark Twain. Voici, pensais-je,
des Allemands qui cherchent partout notre humour, et n'en
trouvent de faibles traces que chez Xavier- de Maistre, chez
Claude Tillier, ou dans Le Crime de SylveJtre Bonnard. Notre
comique les inquiète, notre ironie les offense ; ils se complaisent
plutôt dans une douce moquerie, dans un comique innocent,
qui ne fait pas de victimes. Il est bien vrai que notre rire, le
plus souvent, manque de tendresse, et même de pitié. Soit que
le groupe social affirme sa santé par un éclat de joie devant
toute raideur, toute manie, et toute grandeur méconnue, soit
que l'esprit, dédaigneux, s'amuse de la sottise, toute communion
d'~me est rompue entre le rteur et l'être qu'il raille : celui-ci
n'est plus notre frère, ni même notre cousin. Mais pour un
Sterne, pour un Jean-Paul Richter, l'attention attachée aux
dehors ridicules sait lire en eux les signes d'une bonté native et
d'une faiblesse humaine dont nou.s avons tous notre part ; alors
le rire ou le sourire stimule notre sympathie en la rendant plus
intime et plus chaudement familière ... Ainsi j'allais, égaré par
une mauvaise méthode, et confondant toujours plus l'essence
d'une forme littéraire avec son contenu partiel, avec une seule

955

NOTES

des conceptions de vie que cette forme, à l'occasion, met en
valeur. Connaissant mieux les écueils du sujet, M. Cazamian
s'avance avec prudence, avec patience, avec lenteur ; il n'entend
se satisfaire que d'une définition rigoureuse, et qui convienne
- selon le précepte scolastique - " à tout le défini, et rien
qu'au défini". Ce scrupule est récompensé; j'ose dire que
jamais conclusions ne me parurent mieux fondées, mieux
soustraites à toutes corrections futuies. Toute leur complexité se
rassemble (p. 150) dans une formule que je ne veux point
transcrire, car elle a l'air traduite d'un mauvais allemand. Au
risque de sacrifier une part de la pensée, mieux vaut citer des
phrases nettes qui portent en elles-mêmes tout leur sens.
"L'essence de l'humour, du point de vue scientifique, n'est
pas qu'il est de la plaisanterie, ni de la satire, ni de la morale,
ni du pathétique, ni de la philosophie ; mais qu'il est une
façon originale de faire naitre la plaisanterie, la satire, la morale,
Je pathétique, la philosophie. Même la recherche du comique
ne lui est pas essentielle ; sa forme est toujours comique, mais
la suggestion propre de la matière peut neutraliser celle de la
forme et toute trace de comique ainsi disparaître.
Les diverses espéces du comique, de la satire, du pathétique,
et tous les sentiments de !'~me prennent une valeur d'humour,
s'ils sont accompagnés chez !'écrivain qui les exprime d'une
sorte de retenue paradoxale, qui détruit dans leur expre$sÏon
les concordances et l'harmonie naturelles à chacun d'eux. On
peut dire que "ce rui rend un sentiment lzumoriJtique, c'est le refus
apparent, tout en l'éprouvant et en le Jaisant nattre, de le reconnattre

pour ce qu'il eit. "
Tel est du moins le mécanisme général, qui seul relève d'une
théorie psychologique. Mais "en fait, nul n'est humoriste s'il
n'est, à quelque degré, un inventeur de comique, ou de satire,
ou de pathétique, ou de philosophie, ou de tout cela ensemble."
La création de l'humour dépend donc, en chaque cas, d'une
originalité personnelle que la critique littéraire est seule appelée
à définir.

'

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

III. Pour éclairer le paNthéirme der romantùpm anglais, on
en pourrait retracer la préparation idéologique : " Il faudrait
voir ce qui revient à Spinoza, à Shaftesbury, à Swedenborg;
au déisme du XVIIIe siècle, aux formules de la théologie
anglicane, à ce qui reste de néoplatonisme dans la métaphysique
chrétienne ; à l'idéalisme de Berkeley, à l'idéalisme allemand,
au matérialisme de d'Ho1bach . " Mais toutes ces doctrines
ensemble n'expliqueraient pas l'intuition panthéiste. Si Wordsworth, Coleridge, Byron et Shelley sentent une Présence infuse
en l'univers, s'ils affirment l'existence d' "une puissance bienheureuse qui roule autour de nous, au dessus, au dessous de
.
nous " , cette perception
et cette croyance expriment, dans le
langage des sens et de l'entendement, une intense émotion de
ravissement et d'extase; les circonstances où naît cette émotion
montrent assez ce qu'elle doit à l'action· profonde des forces
naturelles sur l'organisme physique; cette action même, enfin,
est composée de mille influences subtiles dont le psychologue
tente l'analyse, en consultant à propos physiologistes et médecins.
Avec nos poètes, désertons les villes: plus de gênes sociales
ni d'effort imposé. Libre expansion de tout l'être; "maternel
accueil de l'espace, amitié des grandes forces"; prédominance
des impressions tranquilles, "dont le flot baigne l'~me et la
berce en silence" ; excitation joyeuse de l'esprit réveillé par
tous les sens à la fois; puis (plus sourdement perçues, mais non
pour cela moins puissantes) ivresse de marche et d'air pur,
influences du frais et du chaud, de la moiteur et de la sécheresse,
du vent marin, des hautes altitudes; toutes ces actions qui
souvent nous pénètrent de façon lente et continue, parfois
soulèvent en nous une brusque poussée d'énergie, d'enthousiasme et d'ineffable délice. Désormais, "réagissant sur l'ensemble
de notre expérience, parce qu'ils tranchent sur elle, ces rares
moments dilfusent à travers toutes nos sensations le souvenir
ou le pressentiment de l'extase mystique." Par leur intensité,
par leur soudaineté, de tels transports échappent à la terre:

NOTES

957

"visites du Saint Esprit" (Amie!), "suggestions d'immortalité" (Wordsworth), en eux l'homme croit sentir Dieu.
Illusion, ou vérité? - Un rêve peut rencontrer le vrai;
mais nulle vérité n'est prouvée par l'intensité d'un rêve. Quand
Wordsworth croit sentir la vie des choses, il ne sent que sa
propre vie à l'occasion des choses; et, mtme si les choses vivent,
not.re intuition de leur vie demeure encore illusoire. Coleridge
en fait le tardif aveu : "Oh ! William, tout ce que nous
recevons, nous l'avons donné, et dans notre vie seulement la
nature est vivante". - Telle est à peu près la conclusion de
M. Cazamian. Il ne se donne point pour mystique; mais sa
culture idéaliste le préserve du "matérialisme médical". Il
peut bien parler de céntrthérie, d'euphorie, et de ton vital, se plaire
à compter des globules, signaler les névroses des romantiques; ,
on trouverait beaucoup plus de physiologie et de pathologie chez
William James, qui pourtant affirme la valeur de l'expérience
religieuse. L'explication par des causes physiques semble exclure
la croyance en un Dieu immanent. "Mais elle n'en a pas le
droit, et, à vrai dire, elle ne le fait point. Elle pose seulement
un intermédiaire "matériel" et connaissable entre l'action de
l'univers infini et notre conscience où il se répercute. Elle ne
préjuge en rien de cet univers, ni de ses énergies".
C'est fort sagement parler. Enumérez au croyant les influences naturelles dont il soupçonne au moins une partie,
l'empêcherez-vous de les tenir toutes pour des moyens ou des
symboles, et de rapporter, malgré tout, son merveilleqx état de
grke à l'action d'un Esprit sur son esprit? Même il faut aller
plus loin : cette interprétation ajoutée à l'extase paraît en
augme_nter la force, la durée, les chances de retour, les vertus
bienfaisantes. On dirait que les impressions de la nature sur nos
sens ne convergent plus en un centre intérieur, ne se fondent
plus en une seule harmonie, quand notre pensée, s'arretant à la
diversité de leurs causes prochaines, cesse de croire qu'elles
émanent, hors de nous, d'un centre vivant. L'extase alors est

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

remplacée par une allégresse imparfaite, par le bien-être de la
santé, - à moins que l'âme, partagée entre des sensations trop
fortes, ne se disperse en l'univers et ne sach.e plus revenir de
son égarement. On connaît le désespoir de Byron, le déséquilibre final de Coleridge et de Shelley ; Wordsworth, seul, guéri
de sa "crise d'âme", a conservé jusqu'au bout ce qu'il nomme
« une humeur sereine et bénie". Certes, de ces quatre poètes,
Wordsworth dès le début était le moins malade; mais n'est-ce
pas chez lui seul aussi que le panthéisme, tempéré d'aspirations
morales, n'efface pas la croyance en un Dieu personnel? Lorsque des lyriques épris de la terre, oublieux du ciel, ne se
lassent pas d'appeler " Dieu " tout ce qui les enfièvn: et les
exalte, peut-être n'est-ce pas vaine rhétorique, mais obscur
besoin d'unité.
L'essai de M. Cazamian suggère l'idée d'une étude plus
complète. En y comprenant. nos romantiques français, il faudrait
tenir compte de ce déisme qui persiste chez Lamartine et chez
Hugo. Les cas les plus instructifs seraient sans doute ceux de
Gœthe et de Whitman. Le premier, au lieu de raviver à tout
prix les ravissements de sa jeunesse, en affermit, en élargit le
sens par le travail d'une calme pensée ; le second, si voisin du
pur naturalisme, si près de se perdre dans les choses, sans cesse
ressaisit son être et le simplifie par l'action. Goethe s'attache
à la culture humaine ; Whitman admire et les combats des
hommes, et leur grande Amitié. Chez l'un et l'autre, la puissance des émotions cosmiques a pour contrepoids la vigueur du
sentiment social. Le culte du Grand-Etre - dirais-je volontiers,
dans le jargon d' Auguste Comte - les sauve d'être écrasés par
le grand Fétiche, ou de se dissoudre dans le Grand Milieu.
M.A.

NOTES

959

LES LIVRES DU TEMPS, par Paul Souday (Perrin, 3 fr. 50).
M. Paul Souday est en train de faire oublier l'incompréhensible disgrâce, dont souffrit longtemps la littérature dans un
journal considérable, qui, sans marcher à l'avant-garde des
idées - ce n'est pas là son rôle - tient du moins à honneur
de présenter, d'examiner, de discuter les efforts les plus consciencieux de l'époque, dans tous les ordres de production. Qui dit
" feuilleton du Temp1" ne dit pas nécessairement audace,
mais certainement bonne foi, culture, compétence et réflexion.
On a pu plaisanter Sarcey ; mais en dépit de ses travers,
il représentait au total, de façon quasi symbolique, un état
d'esprit de son temps, celui de "l'o1,mateur de théitre" ; il
parlait de ce qu'il connaissait à fond et l'irritation qu'il nous
causait souvent, ne venait pas tant de ses admirations, que
du naîf refus d'admirer "autre chose " ; du moins convenait-il
de ses faiblesses et avant de juger, étudiait-il les pièces du
procès. M. Brisson qui a recueilli sa succession, 1a gere avec une
compréhension un peu plus large. La critique d'art est tenue
par M. Thiébauld-Sisson. Enfin, M. Pierre Lalo, dont je suis
pourtant loin de partager tous les enthousiasmes et toutes les
colères, nous donne chaque semaine la preuve d'une culture,
d'une autorité, d'une intelligence, d'un style, que peut lui
envier à juste titre le plus grand nombre des littérateurs. Seule
la critique littéraire est restée longtemps en des mains peu
dignes et si M. Remy de Gourmont n'eô.t apporté dans des
articles de "variétés", le goth, l'érudition et le talent qu'on
lui connaît, les belles lettres fussent demeurées sans défense. M. Paul Souday, ayant repris le feuilleton littéraire du Temps
s'est affirmé, comme leur ami compétent, sans préjugés, sans
parti-pris d'aucune sorte. Il nous suffit de feuilletet le volume
où il réunit ses articles, ou d'en parcourir seulement la table,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pour nous rendre compte que sérieusement, il y a quelque chose
de changé ici. Que M. Souday étudie Fréderic Masson, Loti,
Bourget, Barrès et France, voilà qui n'a rien d'étonnant ni de
mérîtoire. Mais qu'à côté du portrait de M. Lavisse, il trace
celui de Paul Claudel; que dans son livre, Huysmans coudoie
Jammes; que l'attention qu'il prête à Flaubert, à Mistral, même
à M. de Pomairols, ne le détourne pas de Bourges, de VieléGriffin, de Fort ou de Péguy; qu'il parle de J. &amp;hlumberger,
d'H. Franck, de C. Demange; qu'en fait, la part la plus grande
de sa recherche se porte sur les œuvres des nouvelles générations
littéraires, voilà plus qu'il n'en faut pour signaler son attitude
à la sympathie des lettrés. M. Souday ose parler à peu près de
tout ce qui vaut et jamais au nom d'une école. Il se tient
vraiment hors du jeu; il ne veut être qu'un "critique". Quand
un poète parle des poèmes, si impartial qu'il s'efforce d'être et
croie se montrer, il songe à ceux qu'il fait - ou voudrait faire
- et aussi bien en face d'un roman, le romancier. Mais M. Paul
Souday, pur critique, prêt à épouser toutes les tendances, n'accepte pas que devant lui on condamne celles-ci au nom de
celles-la; il n'accepte pas qu'on soit implacable pour les
derniers essais dramatiques de M. d'Annum:io et que l'excès
de leur esthétisme nous gêne. Il dénonce là-dessous " l'éternelle
haine du génie latin. " Il nous entend mal ... Mais avec chaque
auteur, M. Souday va aussi loin que celui-ci le mène. Il ne
s'inquiète pas de formuler une doctrine unique, solide et temperée. Il examine simplement si telle ou telle doctrine est
recevable et si elle a prnduit des fruits, dont il puisse aimer la
saveur et recomm,al_).der le délice aux autres. Son goüt est divers,
il s'avoue tout franc et c1est celui d'un .homme qui aime la
bonne littérature, füt-elle difficile ; mais il ne craint pas le
travail •.. Et tout ceci je mets d'autant moins d'hésitation à le
dire, qu'il m'a été quelque fois assez dur.

H.G.

NOTES

LA POESIE
INTRODUCTION AUX MATINÉES DE POÉSIE du
Théâtre du Vieux Colombier.
Le Thiâtre du Vieux Colombier a inauguré le 15 nwembre demier
,e, MATINÉES DE POÉSIE. Au début de ,a coeference, notre collaborateur
Hmri Ghlon, en a précisé le plan, le but et l'espr-it en w tcrtn.is:
On sait dans quel esprit a été fondé ce théâtre. Il veut servir
un art essentiellement dramatique, un art inconcevable sans la
scène et ne trouvant que sur la scène sa pleine réalisation. Si les
plu~ neuves tentatives des dernières générations n'ont pas
tou3ours obtenu au théâtre, même auprès d'un public d'élite, la
faveur que semblaient devoir leur assurer leurs qualités littéraires&gt;
c'est que pour la plupart elles n'étaient pas nées expressément
scéniques, c'est qu'elles manquaient aux lois organiques du
drame, c'est qu'elles faisaient passer avant les caractères le&amp;
symboles et les idées; avant le conflit des cœurs, le jeu gratuit
des images ; avant l'action la pure poésie. Et voilà contre quoi
nous voulons réagir. - Le drame n'est pas un poème dialogué
que l'on transporte au besoin sur les planches, mais un "être •~
tout différent du poème, fait pour s'émanciper de la tutelle de son
créateur et d'autant plus libre de cette tute!Je que son créateur
sera plus puissant. Dans le drame, le poète ne parle pas en son
nom ; il se retire du dialogue ; loin de chercher à paraitre, il se
cac;he; il laisse la logique des caractère$ aller son train. Au reste,
le lyrisme pur lui propose un champ assez vaste pour qu'il s'y
éploie tout a l'aise sans empiéter sur le terrain voisin. Il y a
la une confusion, un abus de pouvoir qu'on ne saurait plus lui
permettre.
On nous comprendrait mal pourtant, si on nous accusait de
9

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

vouloir délibérément bannir du théhre la poésie, alors que nous
reconnaissons en elle la source vive de toute émotion. Nous
exigeons tout "Simplement qu'elle se subordonne au drame - et,
si elle prétend s'épanouir en lui, qu'elle puise toute sa force dam
la. vertu intérieure, dans la vertu objective de l1actîon. Partout
ailleurs nous sommes prêts à lui accorder la prééminence, b-ien
mieux: à lai rendre le culte que notre vie lui a voué. De là, ces
matinées de poésie.
Certains m'objecteront contre elles, que le poème, tel que
nous l'a fait notre temps, subtil, pudique, recueilli, répugne en
principe à s'offrir à l'audiehce d'une assemblée, qu'il est comme
une essence délicate de fleurs imprégnant la page du livre, et
que l'on doit respirer en secret. "Consolation, exaltation des
imes graves et solitaires, que ne le laissez-vous dans le livre, me
dira-t-on. N'osez-vous pas aller au bout de vos principes r Vous
prêchez le divorce du poème pur d'avec le drame: est-œ pour
le traîner sur les planches aussitôt ? S'il faut au drame le
théatre, il faut au poème le livre : là, toute une foule, ici un
lecteur". - Le poeme, en effet, peut être chose intime et rien
qu'intime, la voix qui cherche un confident : c'en est la
sorte la plus précieuse, mais ce n'est pas la seule - et la plus
puissante non plus. Pourtant, a s'en tenir à elle (ce qui est
vrai pour elle le sera à plus forte raison pour les autres)
quand, autour du poème, nous faisons taire toute rumeur, ne
vous y trompez pas1 c'est afin de le mieux" entendre". Et
lorsque nous croyons que par le chemin de nos yeux, il pénètre
jusqu'au fond de nou.s ainsi qu'un fantôme muet, il n'est pas
un des mots qui le composent1 qui ne vibre physiquement dans
notre esprit. Nous lui rendons son accent et son timbre, et
cela malgré nous, si abstraitement que nous lisions. Sur le
dehors nos lèvres restent closes, mais on peut dire qu'elles nous
le récitent en dedans. Pour qu'il y ait poème enfin, il ne suffit
jamais qu'il y ait harmonie de sentiments, d'images et d'idées;
celle-ci est comme non avenue, s'il n'y a d'abord harmonie de

NOTES

sons. Le poeme le plus intime est encore chose sonore. Même
tO, il parle à l'oreille avant de parler à l'esprit.
Est-ce donc le trahir que de le chanter un jour à voix
haute? Non point. C'est lui restituer sa forme primitive et
naturelle, telle qu'elle naquit et se modela, aussi bien en Grèce
qu'en France, dans la voix des rhapsodes et des trouvères dont
tout poète est l'héritier. En vérité, dans notre chambre vide,
quelle que soit la force oratoire du poème que nous lisons, la
Chanson de Roland ou les Fbes galante1, la Légende de1 Siecle.s,
ou le Grand Testament, par la vertu même du rythme, nous
sommes, sans y prendre garde, notre propre trouvère à nous ..•
Mais combien d'amis de la poésie trouvent le temps de lire
et cette quiétude qui permet de lire tout bas? Notre meilleur trouvère, c'est nous-mêmes, je n'en disconviens pas : mais
la vie le fait rarement disponible et nous, rarement disposés.
Ces lectures publiques n'auront pas d'autre but que de réunir
dans la même salle ceux qui cherchent en vain une heure de
silence et de les contraindre au recueillement. Nous l'obtiendrons plus aisément de compagnie. Et loin que devant les
chefs-d'œuvre, notre émotion propre faiblisse, j'ose espérer
qu'elle s'accroîtra au contraire, pour chacun d'entre nous, de
l'émotion de tous. Les lectures publiques répondent à un
besoin de notre époque ; elles tendent à lutter contre le tumulte
ambiant. Qui sait si le poème, à force de rester reclus, ne
risque pas de perdre peu à peu cette vie authentique qu'il doit
à la parole humaine et qu'il retrouvera en elle, tant qu'elle ne
sera pas déshabituée de lui. Nous lisons trop avec nos yeux : en
délivrant la poésie du livre ne la rendrait-on pas à son véritable
destin r - Enfin, c'est une épreuve utile à la poésie nouvelle, où
tant d'innovations de sonorité et de rythme exigent du lecteur
un elfort personnel que, par paresse ou par routine, il ne consent pas toujours à fournir. Il faut lui faire entendre cette musique, qu'il n'entend pas encore tout seul.
Mais, j'y reviens, il ne s'agit ici que de lectures. Si elles ont

1.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

I

lieu sur une scène, c'est pour que la voix porte mieux. Il vous
faut oublier que vous êtes dans un thMtre. Vous vous trouvez
en société, vous faites cercle- et l'ùn de vous se lève, ouvre le
livre et lit. De même que nous demandons à l'art dramatique
de se suffire et de ne faire appel au costume, an décor, à
l'éclairage, à tout ce qui est machinerie, que pour donner un
minimum d'illusion et souligner le dessin de la pièce, de même
nous nous garderons bien d'esthétiser la poésie et de lui ajouter des agréments extérieurs ; c'est faire peu de fonds sur son
pouvoir évocateur que de l'égayer de jeux électriques, de
voiles nuancés et de tableaux vivants. Oh ! nous ne dédaignons
pas le spectacle - mais la poésie, non plus que le drame, n'a
selon nous, rien à faire avec lui. Nous vous offrons un texte nu
vivant dans une voix humaine. Une voix seule, ou deux, trois
et quatre voix alternées ; s'il y a lieu, un vrai concert de voix..•
Mais pas la moindre mise en scène - sinon quand il faudra
restituer tel ou tel morceau dramatique, complément obligé de
nos récitations. Rien donc ainsi ne viendra nous distraire des
mots et de leur mélodie. Ce seront les concerts de la grande
poésie française, de toute la poésie française depuis son premier cri jusqu'à sa dernière modulation. Elle a de quoi suffire
à notre joie.
Notre programme général, que vous avez entre les mains,
pourrait vous incliner à croire cependant, que nous poursu~vons
dans ces matinées un but non tout à fait exempt de dogmatisme.
II n'en est rien. Il nous a semblé que notre devoir, au cours
d'une première année, était d'éviter autant que possible les
rapprochements tendancieux et de borner notre intervention
au respect absolu de la chronologie. S'il y a là système, c'est le
temps qui nous l'a dicté. - Pour le passé, nous avons de bons
guides et nous sommes à peu près sllrs, en les suivant, de ne
rien oublier qui soit d'une importance capitale. Pour le présent,
il est plus facile d'errer. Aussi bien, en ce qui concerne les
poètes dernier-venus, auxquels nous voulons accorder la plus

NOTES

large place possible, nous avons fait appel directement à eux ;
eux-mêmes organiseront leurs séances. Sans doute ne pouvonsnous pas accueillir, dès cette saison, tous les groupes; seulement
quatre ou cinq d'entre eux ; mais les autres auront leur tour ;
nous comptons sur leur patience.
On sait que nous consacrerons une moitié de notre programme
à l'ensemble de la poésie française du passé, des origines à
Baudelaire ; et l'autre moitié tout entière, au mouvement
contemporain qui commence à Verlaine et à Mallarmé. Peutêtre quelques-uns, estimant que nous faisons trop de cas de
notre époque, railleront-ils cette inégalité' de traitement ?
Rassurons-les. Nous ne nous donnerons pas le ridicule de mettre
en balance neuf siècles de chefs-d'œuvre et quarante ans d'essaj,s,
sur lesquels on ne peut encore prononcer. Mais de même que
nous ambitionnons pour notre théâtre une existence en partie
double, riche de toute la tradition (nationale, antique et
européenne), mais faisant chaque jour ses preuves d&lt;1ns les
ouvrages les plus neufs, de meme nous nous refusons à laisser
écraser l'admirable renouveau de notre lyrisme, sous le poids
d'un passé d'autant plus cher à notre cœur que nous n'acceptons
pas de nous y laisser asservir. - D'ailleurs nous n'avons pas la
folle prétention d'épuiser la matière du Moyen-Age, de la
Renaissance, du Romantisme, les trois grandes époques du
lyrisme chez nous, en une douzaine de séances. Nous traçons
un tableau d'ensemble. Nous offrons des exemples dignes
d'admiration. Nous travaillons à nous remettre, comme l'écrivait
Jacques Copeau, "en état de sensibilité" devant les monuments qui témoignent de notre génie. Nous ne pouvons être
complets. Nous tkherons d'être vivants.
Aussi bien, les causeries, les conférences, les notices qui
précèderont nos lectures, n'auront en aucune façon le caractère
didactique d'un cours. Chacun y parlera de cc qu'il aime
et s'appliquera à le faire aimer.

H.G.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LE ROMAN
L'A VENTURE DE THÉRÈSE BEAUCHAMPS, par
Franâ1 de Miomandrt (Calmann Lévy, 3 fr. 50).

M. Francis de Mîomandre a derrière lui, déjà, une œuvre
délicate, gotitée des lettrés. C'est l'esprit poétique le plus souriant, le plus aimable et le plus inattendu, un Laforgue ensoleillé et de bonne santé. Les fines digressions d'autrefois font
place ici à un récit savant, bien conduit,de poids et de proportions
parfaites. Voilà le premier roman véritable de M. de Miomandre.
On est stupéfait du peu de matière, de l'imperceptible inclinaison dont il s'est contenté pour aller presque aux limites
du romanesque à la fois le plus libre et le plus sobre, le plus
expressif et le plus émouvant. C'est le type m~me du : peu de
matière et beaucoup d'art.
Le roman de M. de Miomandre est un roman d'aventures qui
ramène l'aventure à l'essentiel, à un schème, à un ressort. On
dirait que l'auteur a fait une gageure. Il a pris le sujet-type, le
sujet le plus rebattu et le plus ordinaire du roman français. Il a
demandé à son intrigue, aux habitudes du lecteur, ces fonds
m~mes de coutume et de passé que l'Iiahtlle d'André Gide,
un autre roman d'aventure pure dans la m~me note de sobriété
voulue, incorporait à son décor. Tout simplement la vieille
histoire de la jeune femme exquise et distinguée, mariée à un
nigaud balourd et touchant, à un professeur caricatural : elle le
trompe, en pensée avec un sentimental, en fait avec un roublard
qui a su préparer les terrains d'attaque et de chute. - Et après?
- C'est tout. - Et c'est un roman d'aventure 1- Délicieux.
C'est un roman d'aventure tout simplement parce que les
deux amoureux de la petite femme sont deux Chinois. Et cela
suffit. Toute la perspective se trouve changée ; le domaine

NOTES

de la réalité devient celui de la fantaisie, tout en gardant la
plus essentielle vérité. L'extraordinaire, le singulier, l'aventureux
ne viennent plus de l'extérieur, des événements, mais de l'intérieur, de l'amour tout logique, tout simple et nu, mais où il y
a des Chinois. C'est du romanesque racinien. Ou plutôt, puisque
les Chinois sont ici en jeu, cet extrême de romanesque enveloppé
dans cet extrême de banalité fait l'eff'et des glaçons que là-bas
on mange roulés dans des p~tes frites brOlantes. On trouvait
d'ailleurs dans les œuvres précédentes de M. de Miomandre un
humour tout particulier qui, lorsqu'on y réfléchit, menait après
tout fort naturellement à cette parfaite réussite de Thérhe

Beauchamps.
Les Beauchamps sont un petit ménage des Batignolles ; lui
Eugène, professeur à Rollin, timide, prétentieux, et pauvre,
bien pauvre sot ; elle, Thérèse, petite femme éprise d'élégance,
deluxe, d'un peu d'amour, et qui s'ennuie terriblement lorsqu'elle retrouve l'appartement, ouvert, plus ou moins, sur sa
cour sombre, A la table du ménage, deux figurants : un garnement de seize ans, Georges, apporté d'un premier mariage par
le professeur, affreux potache matiné de voyou batignollais, et
qui abonde particulièrement en calembours idiots Gustement
observé : qui m'expliquera pourquoi seize ans est porté avec
autant de fixité vers les plus bas calembours que vers les ardeurs
printanières ?) - et un pensionnaire, envoyé par une agence,
un étuwant chinois, M. Loung, d'une correction parfaite, mais
taciturne. Un jour M. Loung demande la permission de présenter un de ses compatriotes, de passage à Paris: M. Tchéou,
un banquier multi-millionnaire de Canton. M. de Miomandre,
dans sesœuvres précédentes, excellait à faite mouvoir ces types de
politesse absolument fine et lisse, lisse au point de refléter
autour d'elle, comme des bougies de salon, toutes les nnances
du sourire et de l'ironie. Vous savez combien les Chinois sont
ici nos maîtres (il y avait un beau type de ce genre dans la
Bataille de Claude Farrère), et vous pensez à quel point

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

M. de Miomandre se trouve à son article - et au nôtre pour nous peindre en touches caressées l'exquis M. Tchéou.
M. Tchéou tombe amoureux de Thérèse : modèle de cour
attentive, émue, délicate. L'urbanité poétique et douce, la
paradoxale distinction de M. Tchéou, les petites infortunes,
ncontées simplement, de sa vie sans joie, et aussi, aux yeux
d'une bourgeoise des Batignolles, le prestige d'un homme à qui
une fortune de banquier cantonais assurent des serviteurs sur
la terre entière, tout cela charme et prend Thérèse. M. Tchéou,
qui était si malheureux dam sa maison de Canton, retournera
en Chine püur liquider ses aflàires, réaliser sa fortune, et il
viendra mettre tout l'amour, toute la vie aux pieds d.e Thérèse:
C'est convenu. Il écrira. Thérèse l'attendra. Il part. Il n'écrit
pas. M. Loung, son ami, chargé de recevoir et de transmettre
ses lettres, ne parle jamais de rien. Voilà Thérèse abandonnée,
retombée a la vie morne qu'elle partage avec les deux tristes
~tres. Et M. Loung bientôt quitte ses hôtes pour s'établir dans
un appartement, au Quartier Latin. Un jour Thérèse n'y tient
plus, et va chez M. Loung lui demander si M. Tchéou n'a
toujours rien écrit. Non, M. Loung n'a rien reçu, mais Thérèse
dans sa désillusion et sa détresse finit par se raccrocher, puisque
M. Tchéou l'oublie, à celui des deux Chinois qui reste. Grâce
à l'habileté persévérante et enveloppante de M. Loung elle
devient sa maîtresse, tombe dans son piège. L'insupportable
potache, qui a à se venger de sa belle-mère, découvre son secret;
il avertit M. Beauchamps, qui acquiert la preuve de son infortune. Scène de ménage. "La femme d'un professeur!" s'exclame
M. Beauchamps. Et avec un Chinois! M. Beauchamps a lu dans
un livre qu'ils sentaient le cadavre ! Thérèse se refugiera-t-elle
près de M. Loung? Mais l'énigmatique et prudent céleste
glisse parmi les choses et les gens d'Occident, il n'appuie pas...
et quand l'affaire a si gravement tourné, il a filé a la chinoise,
pour toujours, dans son pays ... La pauvre Thérèse n~est qu'une
épave, elle n'a pas la force, vous pensez bien, de prêter a l'auteur

NOTES

une situation nouvelle à inventer, elle retourne, oui, chez sa
mère... C'est M. Beauchamps qui vient la chercher,
M. Beauchamps, Boubouroche de l'honneur qui lui demande
pardon. Charles Bovary, le patron d'Eugène Beauchamps, avait
dit un mot profond, dans sa vie, sur la fatalité ; Eugène
Beauchamps ne peut pas faire moins, il dit aussi un mot profond,
sur l'honneur. Que voulez-vous que devienne Thérèse 1 Elle
avait joué sa vie d'aventures sur des cartes chinoisés, elle a perdu,
elle est retombée; elle revient dans l'appartement des Batignolles. Et un soir qu'elle est seule, un jeune Chinois inconnu entre
qui lui remet une lettre de M. Tchéou, M. Tchéou avait écrit,
souvent, souvent et sans réponse, car M. Loung avait gardé
toutes les lettres, M. Loung avait intercepté la bonne fortune
de son ami, dressé subtilement ses rets pour amener, un jour,
Thérèse, de bien loin dans ses bras à lui. Etles dernières- lueurs
d'un jour d'hiver, qui lui viennent de la com triste, Thérèse,
à travers la buée des yeux, les use à lire la lettre désespérée de
M. Tchéou.
"Je ne vous reproche rien, madame Thérèse... Je n'aurais
pas dô partir. Il me semble que si j'étais resté, vous ne vous
seriez pas ainsi détachée de moi. Mais j'ai voulu trop bien faire,
j'ai voulu rendre libre toute ma vie pour vous l'offrir tout
entière. Je vous aimais trop. Et tout est fini maintenant ... Les
hommes d'argent sont pareils aux vers à soie. Ils se font à euxm~mes u.n cocon brillant qui les enferme. Seulement ils y
meurent parfois. Voilà ma vie, désormais... Je vous ai tant
aimée ... C'est fini, C'est la dernière fois que je parle en
français. Mais je ne puis pas arracher de mon cœur les souvenirs
qui le remplis sent : nos rencontres, nos promenades dans la
voiture de laque, les œillets, et cette dernière soirée où j'ai
baisé votre épaule ".
L'aventure autour de laquelle le roman se déroule, c'est
l'aventure qui aurait pu arriver, celle qui souvent ci'ltoie
notre vie sans que nous le sachions, et qui se dévoile à

�970

LA NOUVELLB .REVUE FRANÇAISE

NOTES

97 1

nous au moment où le lit est à sec, où il n'est plus temps.

LE THÉATRE

Je ne fliI !jll'elle était btlle
Qu'en sortant des grands bois sourds.
" Soit.' n'y pensons plus .' " dit-elle.
Depuù j'y peme toujour1.
Tout roman est une construction du possible : il semble
qu'il atteigne un point de paradoxale maturité quand ~ans ce
possible, le possible du lecteur, il enveloppe et réali~e son
possible à lui, le possible de ses personnages. Je ne sais plus
quelle revue ou quel journal avait autrefois demandé à ses
lecteurs de désigner la meilleure nouvelle de Maupassant. Il y
eut une forte majorité pour la Parure, qui répond assez à cette
formule. C'est bien naturel. Fermer un beau roman, qu'est-ce
sinon avoir fait un beau rêve 1 Nous aimons qu'aux dernières
pages soit incorporé cela même que nous gardons du roman,
cette consci~ncc du rêve qui entourait les personnages, cette
idée que leur vie, rêvée par nous, était déjà rêvée par eux.
A.T.

AU THÉATRE DU VIEUX COLOMBIER : Une
femme ttde par la douceur de Thomas Heywood. - L'Amour
Médecin de Molière. - Barberine d'Alfred de Musset. Les Fils Louverné de Jean Schlumberger.
Depuis sa soirée d'inauguration qui a eu lieu le zz novembre
dernier, le Théltre du Vieux Colombier a représenté qua.tre
pièces: Une Femme trde par la douceur de Thomas Heywood,
L'.Amour Médecin de Molière, Barberine d'Alfred de. Musset et
Les Fils Louverné de M. Jean Schlumberger. Lorsque ces lignes
paraîtront, l' Avare, la Peur dn Coups et le Pain de Ménage seront
entrés en outre dans son répertoire. Il a donc payé déjà son
tribut à notre art classique, au grand drame elisabethain, à la
comédie romantique et ,nu: essais contemporains. On n'attend
pas de nous que nous fassions ici son éloge. Mais il nous est
permis de constater sa réussite et c'est notre devoir de rétablir
ses intentions véritables, de donner les raisons qui ont dicté ses
choix et d'exprimer aussi dans quelle mesure, aux yeux de ceux
qui le dirigent, il est ce qu'il voulait être et tient ce qu'il
promettait.
N'osant dire : " Qu'est-ce que Heywood ? " on a dit :
" Pourquoi Heywood 1" et on a fait semblaht de le connaître.
Quand on a su, par le dictionnaire, qu'il ne s'agissait pas d'un
de ces écrivains de premier ordre, absolument consacrés par le
temps, qu'on doit comprendre et admirer, sous peine de passer
pour un imbécile ou pour un inculte, qu'il avait écrit deux
cents pièces et que la meilleure était celle-ci, on s'est mis sur
la défensive et on a résolu de ne point " couper là-dedans",
Les malheureuses gens qui ne savent pas s'abandonner à un
poète, et s'écrier " C'est beau ! '' quand ils ressentent la beauté,

�NOTES

97 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'où qu'elle vienne ! Ne doutez pas que si la pièce ei'.lt été
signée de Shakespeare, ils n'eussent proclamé la rare qualité
humaine de l'action. Mais elle était signée de Heywood ! On a
traité de haut ce D'Ennery anglais du XVII• siècle et tel critique, qui consacrera sans vergogne à la moindre fadaise contemporaine toute la façade et une partie des derrières du rez-dechaussée qu'il occupe dans son journal, n'a pas même daigné
analyser la pièce. Il lui faut cinq cents lignes pour démêler les
intentions raffinées de M. Kistemaeckers ou les ficelles d'un
vaudeville ; pour régler le compte d'Heywood vingt suffiront.
Je souhaite seulement à nombre de nos auteurs à la mode de
laisser après eux une pièce, une seule pièce, contenant une
scène, une seule scène, capable de revivre au bout de trois cents
ans devant un public d'une autre culture, de le tenir, de l'émouvoir, comme font aujourd'hui quatre ou cinq scènes de ce
" me'lodrame bAace
J, " . - Comme le tra ducteur qui. est Jacques
Copeau, avait loyalement et ingénument avoué avoir allégé
la pièce de l'action seconde qui complique inutilement presque
tous les drames de cette époque et qui n'apporte ici à l'action
première aucun élément d'intérêt (une histoire de chasse, en
l'espèce) on a parlé d'adaptation, d'arrangement à la moderne,
que dis-je? à la Claudel. Il importe de l'affirmer à nouveau.
Une Femme tuée par la douceur a été littéralement traduite (sauf
dans les parties que j'ai signalées) mot par mot et ligne après
ligne, sur l'édition anglaise de Wilson Verity, dans la collection "Mermaid Series ". On n'a pas inventé une scène, pas
une réplique ; et quant au style, comment quelqu'un a-t-il pu
n'y pas retrouver toutes les qualités et tous les défauts de la
rhétorique d'alors : ces images hardies et un peu contournées,
ces coups droits, cette plénitude qui tend quelquefois vers le
"gonflement " et cette crudité lyrique? Mais, dans le règne de
"l'absence de style", tout ce qui est écrit paraît" claudélien"
comme dans celui de " l'absence de pensée " tout ce qui est
pensé semble venir d'Ibsen ou de Dostoïevski. Qu'un produc-

973

teur de second ordre ait pu au temps d'Elisabeth se soucier de
la langue, de la force et de la poésie de la langue, voila
qui stupéfia les cacographes du jour. Il faut qu'ils s'y résignent,
même les plus belles scènes et les plus belles phrases sont de
Thomas Heywood et son traducteur lui en laisse tout le mérite
et tout l'honneur. -Avons-nous dit que ce drame füt un chefd'œuvre? Non. Mais nous savons bien qu'il est plus qu'une simple "curiosité ". Son principal défaut, il le partage avec toutes
les pièces du temps, y compris celles de Shakespeare: c'est l'ordre
successif, la fragme11:tation. Là réside peut-être la raison du
demi-succès de Shakespeare en France, où la tradition classique
dans ce qu'elle a de plus précieux, nous a accoutumés à des
scènes liées, déduites progressivement et portant l'émotion d'un
bout de l'acte à l'autre, dans un mouvement indiscontinu. Ce
défaut n'est pas plus frappant dans Une Femme Tuée que dans
Macbeth; même la ligne du développement y est plus simple
et satisfait peut-être davantage la logique de notre esprit.
L'action est pleine et complète ; elle peint tout ce qu'elle veut
peindre ; elle donne aux caractères toutes les occasions possibles
de jouer ; et les caractères sont grands, entiers, définitifs - je
ne dis pas sommaires, ou je le dis à la louange de l'auteur.
Car, ils ne possèdent pas cette complexité par quoi vivent
Hamlet et Cléopâtre. Aussi bien, quoi qu'on en ait, Heywood
ne se réduit pas à Shakespeare - pas plus qu'a Ford, à Webster
ou à Ben Johnson. Mais il aura, ne fût-ce qu'une fois, fait vivre
dans toute sa dureté la tragédie puritaine et bourgeoise, à une
époque où le théâtre était le foyer de la fantaisie, de la passion
déréglée, du plaisir lyrique. Et la grande scène de la" séduction"
unique par son accent fatal dans le théâtre de toutes les époques,
celle du "jugement devant les serviteurs", celle du " luth
retrouvé" et celle du" pardon ", sont à lui, sont de lui, ne pouvaient être d'aucun autre. - Cette réuss.ite fait-elle exception
dans son œuvre ? Il faudrait voir. Et quand cela serait ? quand
Heywood ne serait, au juste, qu'un auteur secondaire ? S'il a eu

�974

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un coup de génie l De génie, son temps en est plein. Comme
iu temps de 1a renaissance italienne ou du XI0 siècle français,
il est partout, il est chez tous. Si un Shakespeare le domine, le
tasse, le résume, les autres le laisseront éclater en eux, à l'heure
qu'il voudra choisir. Thomas Heywood ne serait venu l'autre
soir que pour faire la preuve d'une grande et puissante époque,
que cela suffirait à justifier notre choix.
On a dit : " Pourquoi Molière ? et pourquoi dans Molière
l'Amour Médecin qu'on entend même à !'Opéra-Cornique?"
Parce que nous pensons qu'on ne le joue pas encore assez,
qu'on ne jouera jamais trop Molière. Parce qu'il est selon nous
l'~me même de la scène et la meilleure école des comédiens et
des auteurs. Parce qu'on ne le joue plus ainsi qu'il mérite de
l'être, et que M. Vilbert détonne au milieu de ses partenaires
de l'Odéon, tandis que Bobino s'applique laborieusement à
singer une tradition sclérosée! Parce qu'on le joue partout sans
lyrisme, sans style, trop en " vrai " et sans unité. - D'abord,
nos scènes sont trop vastes pour Molière. Quand on a vu au
Chlteau de Chambord la galerie où fut donnée pour la première fois le Bourgeois gentilhomme en présence de Louis XIV, on
reste confondu de l'exiguïté de l'endroit. Puis, on comprend à
la réflexion, combien devait gagner une action si drue, si nettement dessinée et balancée si justement, à s'enfermer dans un
cadre réduit qui maintînt le contact entre les personnages et
s'opposat à la moindre dispersion. Tout est au premier plan
dans une comédie de Molière ; tout ce qui est en scène veut
être embrassé à la fois. Pas un écart, pas un coin d'ombre.
Tous les rouages visibles d'une mécanique en action. Car jamais
l'action n'y reste intérieure; chacun de ses moments se marque
par un signe clairement lisible, une entrée, un geste, un rapprochement. C'est le contraire d'un calcul mental : une
démonstration inscrite au tableau noir. - Ainsi Molière recherche et obtient le maximum de l'évidence. Comme son texte
s'envole du livre et devient aussitôt parole et mouvement !

NOTES

975

Molière hausse la vie d'un ton et se moque du réalisme. Qui
donc l'a traité de bourgeois l Par l'arabesque volontaire, la
transposition, l'exagération théhrale, il atteint au lyrisme du
"naturel." Il ne faut pas que l'on nous dissimule cette volonté
d'art et même d'artifice, qui coïncide ici avec la plus entraînante spontanéité. Plus le tréteau sera étroit et nu, plus elle
nous sera sensible. L' exiguité même du nouveau thé~tre dit sauvé
celui-ci de la tentation de dissimuler. Il ne se vante pas d'avoir
renouvelé Molière mais d'avoir traduit scéniquement, et de la
façon la plus littérale, les indications du texte. Qu'on en juge
par cet exemple. -Au lever du rideau, Sganarelle déplore devant
quatre de ses amis - M. Guillaume et M. Josse, une voisine et
une nièce - l'étrange maladie de sa ·fille et il leur demande
conseil. Chacun répond à tour de rôle par un avis intéressé. Alors
il se tourne vers eux et les prend à parti, d'abord en bloc puis
chacun après l'autre, dans l'ordre même selon lequel ils ont
parlé ; sur ses derniers mots, tous s'éclipsent, dans une commune fureur. Cette série de répliques et de tirades forme un
ensemble symétrique, construit ainsi que la façade des beaux
hôtels du temps, un fronton sur quatre colonnes. Comment
manifester cette construction ? On a simplement placé sur un
banc, en face de la salle, les cinq personnages : Sganarelle au
milieu, à ses côtés les femmes et les deux commerçants à chaque
bout. La question première part ainsi du centre ; les réponses
successives s'orientent vers le centre symétriquement. Alors
Sganardle se lève, les autres restant assis, les toise tous et doit
se pencher vers chacun, à droite, à gauche et de nouveau à droite,
à gauche, en disant à chacun son fait ; et à mesure chaque
personnage se lève, s'écarte, s'élimine - et toujours symétriquement ; c'est la vie même de la scène et son exact schéma
comique. Or, toute la pièce est écrite ainsi - et on a osé ainsi la
traduire. - Aussi donne-t-elle l'impression de '' l'œuvre d'art
scénique" à laquelle il n'est permis de rien changer : ce sont les
figures d'une danse de style et qui pourtant semble née d'une

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libre joie ; d'un bout à l'autre, un divertissement réglé, dont la
parole fixe le rythme - la parole dans toute sa vérité. Stylisation, exaltation du réel. Cette représentation n'eût-elle fait que
nous révéler en quoi Molière est un "artiste de la scène" en
même temps que et parce qu'il est un grand auteur comique,
elle aurait eu déjà sa raison d'être. Ne sait-on pas lire Molière
qu'on ne s'est pas avisé de faire cette preuve plus tôt 1
Je n'insisterai pas sur Barberine, une des plus variées, une
des plus charmantes comédies d'Alfred de Musset. Elle ne
semble pas composée. Elle se dévide capricieusement et pourtant
se noue - et elle trouve logiquetnent sa conclusion. Il fallait
donner place à cet art si fragile qui marie l'inspiration rom:tnesque des comédies shakespeariennes à l'esprit le plus français,
d'autant qu'il est le seul a représenter dignement, humainement
notre romantisme au théhre.
- Il me reste à parler de la pièce nouvelle. Faut-il que la
critique soit déshabituée de la concision et de la concentration
dramatiques pour faire reproche aux Fils Louverné d'obscurité
et de sévérité? Faut-il qu'elle ait perdu le sens de la tradition
classique pour y découvrir la marque d'Ibsen ou l'esprit de
Dostoievsky 1 Dans le processus psychologique certains ont
préféré reconnaître Stendhal! D'autres ont diagnostiqué dans
le caractère d'Alain une maladie de la volonté 1 Tout ce
qui est psychologie sera pour eux maladie, à ce compte :
aucun personnage n'y échappera ! D'autres n'ont pas supporté
que ces personnages ruraux eussent une vie intérieure. D'autres
ont objecté qu'ils s'exprimaient trop bien. On n'en finirait
pas. Mais l'important est que cette pièce" sévère"," obscure"
si l'on veut, ait touché cependant les ~mes; que l'ampleur des
deux premiers actes, que le raccourci du dernier, que le drame
tacite qui couve au dessous du drame apparent et qui l'éclipse,
aient convaincu le public de la vie des trois héros. Didier
celui qui prend, Alain celui qui renonce, Sylvie celle qui est
au plus fort. Il m'importe peu de pouvoir cerner d'une ligne

NOTES

977

immuable le caractère de chacun ; ils n'esquivent pas les confrontations nécessaires, les chocs directs, les explications ; au
moment voulu ils disent irrésistiblement ce qu'il faut dire ;
dans chaque mot, ils se présentent tout entiers, ou tels qu'ils
sont au total dans l'instant; mais j'ai l'impression, quand je les
quitte, qu'ils continuent de vivre indépendamment de l'auteur,
et que l'auteur lui-même, qui leur donna la vie, ne sait imaginer
tout ce qu'ils en feront. Voilà des personnages de théâtre.
Ils s'imposent à vous et on croit les connaître ; mais jamais
on ne les percera jusqu'au fond ; il répugnent à un examen
didactique. Qu'on appelle cela de l'ibsénisme, j'appelle cela
du théâtre tout court : un art qui satisfait et qui emplit sur
l'heure, mais qui laisse pendantes toutes les solutions. - Quant
à moi j'aime - et je peux bien dire que j'aime - comment
se mêle dans ce drame le concret à l'abstrait, comment le souci
moral est étayé sans cesse par l'esprit de la terre, et cela sans
littérature... Dans aucun de ses ouvrages Jean Schlumberger n'en
a mis encore aussi peu, à moins qu'on n'appelle littérature
la pureté et la force du style et qu'on veuille imposer au drame
le charabia grotesque de. notre conversation. Les Fils Louverné
commentent en somme la même éthique et ils procèdent de la
même esthétique que l'lnr1uiète Paternité; le goftt de la vie s'y
mêle krement au goOt des idées ; une force contrainte s'y
manifeste douloureusement. Et puisque je n'ai point tO ma
louange, je ne cacherai pas la principale critique qui me soit venue
à l'esprit. L'absence de développement du 3e acte nuit à l'effet
de la scène tragique du retour nocturne d'Alain ; il y a là excès
de resserrement et l'action semble moins se concentrer que se
dessécher dans cet acte. La brusquerie et la brièveté du dénouement eOt peut-être exigé jusque là des oscillations plus amples ;
faction se ramasse trop tôt ... Mais ce n'est qu'une impression.
- Il reste qu'en donnant la pièce de Jean Schlumberger, le
Vieux Colombier a donné l'exemple d'un art nullement révolutionnaire, qui a surpris pourtant autant qu'eOt fait une œuvre
10

�LA. NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

follement novatrice, a force de sérieux:, de conviction, de
loyauté et de pénétration humaine. Avec les res~urces courantes de nos dramaturges, des pires comme des meilleurs, dans
le même cadre, dans la même atmosphère, on peut donc faire
preuve de talent, de psychologie ? on peut no~lement émoqvoir? J'en sais beaucoup qui n'en reYiennent po~~t.
.
Je dirai un mot de la mise en scène et de 1interprétation.
_ On a joué Heywood dans des rideaux avec quelques acc_essoires, sous des effets de lumière variés ; Molière en pleme
rampe, sans décors et sans atmosphère; Musset dans _les ndea~
aussi mais .agrémentés de feuillages peints, et les Ftls Louverne
·
' é. C'est
dans' un intérieur vraisemblable, d'un réalisme
attenu
. l'absence de parti pris qui préside à la mise en scène. Le
d1re
da
ublic
curieux de l'innovation des rideaux, n'y songe éJ
P
'
.
plus. Toute l'attention est pour les artistes. Il y en a parmi
eux qui ont fait maintes fois leurs preuv~s ; MM. Roger Karl
et Dullin, Mme Barbieri, Mlle Albane - ils ne détonnent pas;
tous consentent à jouer d'ensemble. On en arrivera bientôt à
ne plus remarquer celui-ci, celui-là, et à ne voir plus que la
troupe : qui sera du " Vieux Colombier'' sera _quelqu'un: Je
citerai MMes Bing et Lory, MM. Jouvey, Talber et Canffa.
C'est dire que tous nos espoirs sont à peu près réalisés et
comme les 5pectateurs ne semblent nullement déçus, le Yieux
Cokimbier sent croître chaq·ue jour son courage et sa confiance :
il tiendra à honneur de ne jamais les décevoir.

H. G.

LE PHALÈNE, par He11ry Bataille (Vaudeville).
Il arrive à M. Bataille une aventure désastreuse. Dirons-nous
qu'il l'a méritée et qu'elle devait fatalement, ce jour-ci ou
l'autre, lui arriver 1.•• On se souvient du triomphal succès

NOTES

979

qui salua, l'année dernière, les F/4mbeaux. Maints critiques,
d'ordinaire plus avisés, prirent au sérieux le dessein de noblesse,
de grandeur, voire d'héro'lsme, conçu par un auteur qui lea
avait accoutumés à des émotions moins pures. Les plus lettrés
crièrent au chef-d'œuvre. Je ne puis croire qu'ils ne sentissent
point à quel excès ils s'abandonnaient en la circonstance.
Leur excuse, sans doute, fut dans l'étonnement ... De quoi
s'étonnaient-ils? Cette tragédie de laboratoire marquait-elle un
renouvellement si profond dans la manière de leur dramaturge ?
S'il peignait des savants au lieu de rastaquouères, cela suffisait-il
à changer la nature de son talent 1 Eh quoi! toutes les professions
de foi de M. Bataille, et il n'en est pas ménager, ne sont-elles
pas là pour nous rappeler orgueilleusement, qu'il ne s'écarte pas
du plan d'ensemble qu'il s'est une bonne fois tracé, un plan
aussi vaste à l'entendre que celui de Balzac, et que toujours,
pour chacun de ses drames, son vrai dessein fut le plus haut 1 Il
ne prétend, en somme, à rien moins qu'à ceci : analyser, épuiser
résumer les conHits les plus généraux:, les plus essentiels, les
plus symboliques de l'~me humaine. Est-ce sa faute si ce sont
des conflits d'amour ? Le milieu seul, en fait, distinguait 1~
Flambeaux des drames précédents. Ceux-ci n'aspiraient pas à un
moins bel idéalisme. Il y était moins apparent et, requis par
des grâces un peu plui frivoles ; nous n'y prenions pas garde,
voilà tout.
J'avoue que les meilleures pièces qu'ait écrites M. Bataille,
me semblent celles où cet ambitieux dessein demeure le moins
avoué. Contre l'Enclzantement, et peut-être la Marche Nuptiale,je
troquerais le reste de son œuvre en bloc, et en premier lieu les
Flambeaux. Je ne me plais à l'écouter que s'il me permet
d'oublier ses intentions de philosophe, son idéologie et &amp;Ci
symboles ; car la pensée n'est pas son fait. On improvise bien
une pièce, non des idées et ce n'est pas étendre la portée d'un
conflit que de le surcharger de digressions métaphysiques. Je
demande à des personnages de théâtre de l'ivre leurs idéCi et de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

me les exposer en les vivant. - Comment n'a-t-on pas signalé,
pour ue citer que cet exemple, l'inconcevable ridicule du
second acte des Flambeaux, où se place l'extraordinaire rencontre
du "plus grand écrivain " et du "plus grand savant" de notr~
époque, dans un jardin de fête illuminé? Les ~ropos ~ut
s'échangeaient là, tandis qu'un aria de Bach chantait au lom,
entre MM. Le Bargy et Jean Coquelin, qui avaient assumé les
rôles, dépassaient vraiment les bornes permises, tant par l'inco· · " , parti. de 1a " sensa t"10n " ,
hérence que par la naïvete., "L'·ecnvam
en passant par " les sentiments " était arrivé aux " idées ";
"le savant " à l'inverse, parti des " idées ", dégringolait vers la
" sensation ". Voilà ce que ces deux esprits supérieurs, après
dîner, osaient se dire! - Mais les grands mots ont du pouvoir
sur nous quels que soient les actes qu'ils couvrent. Les grands
mots fire~t le succès. Si gêné que l'on fût de voir l'émule de
Pasteur se présenter dès l'exposition dans une attitude douteu_se
_ 1l donnait simplement sa maîtresse pour femme il son me1lleur ami - on lui pardonna ses écarts en raison de tant d'él~quence et personne ne se tint plus d'aise quand il vint•~ mourir
en beauté'.' . Qui n'applaudit alors au suprême anoblissement
du talent de M. Bataille? Une fois de plus, on se laissa tromper.
M. Henry Bataille paie chèrement aujourd'hui cette tromperie. On l'a quitté sur les sommets, on le retr~uve "dan~ la
boue" _ ce n'est pas moi qui parle, mais ses anciens
admirateurs. On ne l'y suivra pas. Non, les grands mots ne
portent plus, ne prennent plus. ~l e~ _a mis 1encore dans le
Phalène, et plus qu'ailleurs ... -_ma:s vo1c1 ;.ne Ion _en conteste
la noblesse et la vérité. Cette f01s, 1acte qu ils magmfient - ou
qu'ils excusent, est jugé si laid, si cru, si gratuit,, que ri:n ne
peut donner le change. Ainsi condamne-t-on d un tr~it cet
t qu'on exaltait hier encore. - N'en doutez pas, c est le
:ême art. Mais trop s0.r de l'impunité, que dis-je? de la
victoire il ne garde plus de ménagements. Nous le voyons
soudain' poussé à bout, à bout d'audace dans l'ordre des faits, à

NOTES

bout de divagation dans l'ordre de la pensée; il se montre, il
s'exhibe à nu - le mot exhibition est ici le seul juste - et les
laudateurs de naguère n'ont plus assez de réprobation pour lui.
Le voile est levé : tout s'effondre.
Il y a en M. Bataille un homme de théatre, un psychologue
et un poète qui cherchent vainement l'accord. Lorsque le poète
de la Cnambre Blancl,e qui apportait sa note à lui, un peu
frêle, un peu fausse, mais d'un curieux modernisme, entreprit
de s'imposer à la foule, comme tant d'autres dramaturges si fort
goO.tés au boulevard et qui n'avaient pas son talent, il apprit le
"métier". Le ''métier", d'abord, lui fut salutaire. Grke au
"métier " il dompta peu à peu sa facilité poétique, il en
diversifia l'accent; il étendit aussi le champ de ses analyses
morales - et ces personnages mondains, si vagues et si vides
entre d'autres mains que les siennes, s'animèrent momentanément
d'une vie plus subtile, plus complexe, plus authentique. Ce fut
l'âge d'or de sa production. Mais le succès aidant, le
métier "abusa ", et, comme n'abdiquait pas la "poésie'' elle nourrissait au contraire de croissantes a)Ilbitions - on vit
le psychologue progressivement aveuglé, égaré, évincé, céder le
pas au couple singulier, que forment depuis lors l'homme de
théâtre et le poète - un homme de théâtre qui ne répugne à
aucun truc, un poète à aucun délire. Aux premiers temps de
cette union romantique, le couple put faire illusion, grâce à
un jeu savant de "préparations calculées" et de " coups de
théâtre retardés", mais décisifs, le tout agrémenté de joliesse11
littéraires et gonflé de symboles prétentieux. Mais l'auteur se
prit lui-même à ce jeu. Devant un applaudissement presque
unanime, qui lui semblait venir aussi bien des lettrés que du
grand public, il crut pouvoir tout se permettre, m~me de renoncer au métier ... Eh ! n'était-il pas parvenu à imposer sa poésie l
Désormais,ellesuffuait. -L'heure est venue pour lui de neplus
écouter que son H génie" et de ne plus connaître que l'état
d'inspiration. Non, il ne sera pas plus longtemps confondu uec

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

les fabricants de pièces, ses confrères ! Le poète enfin se délivre :
le " phalène " brise sa prison.
11 peut parattre étrange, en cette triste affaire, de nous Yoir
mettre en question la poésie. Mais, si l'on veut y regarder de
près, qu'est-ce donc que le Phalène sinon une idée de poème
qui s'est fourvoy.ée au théâtre, fourvoyée, dévoyée, avilie et
perdue i Traitée en cent beaux vers ou en cent pages débridées
d'une confession lyrique, cette idée pouvait fournir un chefd' œuvre : un être condamné qui brôle sa YÎe dans le plaisir.
Mais est-ce là matière dramatique? Comment M. Bataille, si
peu homme de théâtre qu'il consente à paraître encore, ne s'estil pas avisé de ceci, qu'on ne convertit pas en drame n'importe
quelle idée de poème ; moins que toute autre, l'histoire de
Thyra, telle qu'il avait résolu de la traiter. Celle-ci ne comportait
en soi aucune possibilité de conflit. d'enchaînement tragique,
d'alternatives passionnées, de progression, de "devenir" et, ce
qui est plus grave encore, aucune peinture possible de caractère.
- Cette Thyra de Marliew apprend par un subterfuge enfantin
"qu'elle n'en a plus que pour cinq ans" : elle brise sa dernière
ébauche et elle renonce à l' Art ; elle rend sa parole à Philippe
de Thyeste, soniiancé etellerenonceàl'Amour. Après quoi, elle
court au bal des Quat-z-Arts, en costume de Salomé, s'enivre,
danse et se livre au premier beau mâle venu. Voilà le drame et
tout le drame. Voilà le personnage et tout le personnage. Quand
elle a fait cela, elle a tout fait, tout dit. - Qu'elle révèle
ensuite à sa mère ou à son .fiancé les mauvaises "raisons " de
son acte, que nous importe, puisqu'elle y persiste ! Qu'elle ait
deux, trois ou quatre amants, qu'elle n'en ait même qu'un, et
justement son .fiancé, par une inconséquence inexplicable ...
qu'elle "vive sa vie" au Kamtchatka ou en Sicile, et qu'elle
meure dans un festin, d'une injection de cyanure... voilà qui
nous est bien égal ! Cela n'ajoute pas un trait à sa figure, pas une
péripétie au drame intérieur. Sa décision est prise dès le premier
acte, sans grandelutte,hélas ! - elle n'en changera point. - Mais

NOTES

ne sait-elle point qu'une seule chose pouvait nous intéresser dans
son "cas", et précisément cette lutte, le "comment "; le
"pourquoi", le "faut-il?", le "ne faut-il pas 1" - Un
"poète" ne s'attarde pas à ces vétilles l De sorte que la pièce
de M. Bataille commence juste au point où elle eClt dti finir.
Qu'il l'avoue donc ! Des dessous, des raisons humaines, du
suc même de l'événement, il n'a pas le moindre souci. Ce qui
l'intéresse, c'est le fait brut et le romantisme du fait, les dehors
de son personnage, ses gestes ·insolites, ses rires incongrus, ses
" phrases " vides et ses fausses audaces, toute sa poésie de
bazar. Névrosée l folle r Thyra est-elle même cela ? Du moins
M. Bataille en prend prétexte pour lui passer à peu près tout,
et même l'inexistence. C'est un fantoche qui s'agite parmi
d'autres fantoches ébahis. Que dire de la mère et du fiancé ?
Leur rôle est d'être "estomaqués" - on le serait à moins. Et
du sculpteur poncif qui dit "N. de D." et fume la pipe l Et de
cette cour falote de faux artistes et de rastaquouères mondains
auxquels ne craindra pas de se m~ler une reine de Hongrie l
M. Bataille ne pouvait refuser à une pauvre fille qui br!'lle sa
vie à la flamme, le luxe d'une reine déchue! Tout Ohnet, tout
Feuillet et tout Daudet y passeront, sans compter Francillon et la
Princme dt Bagdad... Quelle puissance de synthèse !
On me dira que s'il n'y a pas drame, il y a du moins poème,
que le personnage de Thyra, à défaut de caractère, a du moins de
la poésie, et que M. Bataille ici n'a voulu peindre qu'un symbole
~ternel. La poésie de Thyra? Hélas! elle n'est pas dans les moti
qui sont la plupart du temps médiocres et ternes, ou d'une
imagerie déplorablement usagée quand ils daignent se colorer.
La poésie de Thyra, ce sont ses gestes. C'est de s'habiller en
pauvresse pour aller consulter incognito à l'hôpital ! C'est de
briser en public le disque phonographique où fut enregistrée sa
voix ! C'est de se faire bercer par sa mère sur une tombe grecque
de Sicile! C'est de se montrer nue à ses meilleurs amis, puis de
mourir en pleine :Œte, sur le coup de minuit, avant" l'entrée des

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

masques blancs"! C'est d'exiger qu'après sa mort la fête pourtant
continue ! C'est de "poser" jusque par delà le tombeau ! '' La
poésie de Thyra, c'est son intérieur, composé par lribe. Et de
même, son " caractère", c'était d'éluder la seule question
dramatique que soulevAt le cas, la question de la mort. - Du
moins nous aura-t-elle rendu le service de nous montrer ce que
M. Bataille entend par "poésie", depuis que le théatre a
exalté sa voix. Friperie d'esthétisme et d'académisme mêlés,
esclaves noirs et roses rouges, symbolisme et paganisme de
primaires, plus, quelques accessoires très modernes, dont la
signification ne vous échappera pas. 0 lyrisme du téléphone !
0 tragique du phonographe ! M. Bataille qui accueiile tous les
poncifs \'eut cependant être moderne. Passons-lui la servante
hindoue, le p~tre sicilien, les pastéques et le reste. Accordonslui qu'il l'est - et finissons.
Dramatiquement parlant - au sens élevé du mot drame le Phalène n'exiite pas. Scéniquement r peut-être ; dans les deux
premiers actes; mais comme existe un mélodrame de Sardou.
Cette première moitié se soutient tant soit peu par l'énigme de
fait qu'elle pose. Dès qu'on sait la raison des gestes incohérents
de Thyra, l'intérêt, d'ordre tout vulgaire, tombe net. Sur la
seconde moitié, qui n'est que verbiage lyrique, j'en ai trop
dit: je n'y insiste pas. Quoi qu'on l'ait expurgée de quelques
erreurs vénielles de langue et d'érudition, qu'une par trop
insolente critique avait eu l'audace de relever, j'y ai trouvé
encore une formule dont le sens m'intrigue. Quand Thyra se
dévoile devant ses amis, le vieux sculpteur la remercie de "ce
geste collectif" (sic). Je réclame une explication.
Scandale, nous dit-on? Le scandale n'est pas, selon moi, dans
ce "geste collectif" : on nous en a fait voir bien d'autres.
Ni dans l'exaltation agressive d'un immoralisme intégral : il y
a en tout la manière. Ni dans l'exemple corrupteur d'une si
pitoyable fille, - qui la prendrait au sérieux, voyons? Il est
dans l'esthétique même de l'auteur et dans l'indignation tardive

NOTES

qu'elle suscite chez le public. Quoi r on s'aperçoit seulement que
cela n'est pas si haut, ni si profond, ni si pathétique qu'on
pouvait croire ? Que cela ne va pas plus loin que le chant d'un
orchestre de tziganes pendant un bon souper? Que, même, la
prétention en gAte trop souvent le charme ? Il a fallu ce coup
suprême de franchise - la seule chose ici dont nous devrions
lui savoir gré - pour que l'art dramatique de M. Bataille
découvrît sa tare profonde : le ferment d'une irrémédiable
fausseté. J'y trouve faux-fuyant,;, fausse passion, fausse pensée,
fausse poésie. Il n'y avait de "vrai " naguère que le " métier" :
il y renonce. - Le scandale, à nos yeux, c'est de voir tant de
dons, que nous n'aurons garde de lui dénier, dons de mots,
dons d'analyse et dons de vie, au lieu de gagner peu à peu en
force,en discipline,en simplicité et en harmonie, trouver,chez un
auteur qui n'a plus de succès à envier, une complaisance qui le:.
fausse, qui les gâte, qui les dissout, qui tourne toutes qualités
en défauts. Nul autant que M. Bataille n'avait besoin d' "économie". La forme logique du drame français, s'il eût consenti à
s'y enfermer, aurait pu le sauver d'une déliquescence, dont le
signe perçait même aux meilleures parties de ses ouvrages. Il a
voulu ses aises, toutes ses aises : il est sorti du drame sans réaliser
le poème. - Aura-t-il désormais la volonté et la force de
réagir ? Tous ceux qui l'admiraient ne l'espèrent plus guère.
La destinée d'Henry Bataille était peut-être que son excès de
" bataillisme " le perdît.

H.G.

•••
LES DEUX FORCES, pièce en quatre act~s, par P.

J.

Joutlt (Edition de !'Effort, z fr. 50).
J'ai dit mon sentiment sur les poèmes de M. P. J. JouYe.
Malgré maintes restrictions sur la forme, j'ai exprimé, alors,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la confiance que je plaçais en ses solides et personnelles
ressources. Le drame qu'il publie aujourd'hui me donne
raison ; je ne cacherai pas qu'il m'apparait comme le plus
intéressant essai, le plus nourri, le plus réalisé qu'il ait été
donné à la génération nouTelle de composer pour le théâtre.
J'y trouve des défauts, ce n'est pas un drame complet et
l'importance que j'y attache ne tient peut-être pas aux scènes
que son auteur y préfère ; je ne souhaite qu'à demi de le voir
représenté ; il annonce de plus fermes œuvres. Mais tel qu'il
est, les scènes qui m'y semblent réalisées le sont complétement,
ardemment et lucidement ; elles sont d'un homme pour qui
ses personnages existent, qui possède le sens inné des rapporti
intimes entre les êtres et sait les manifester visiblement dans l'action -et c'est presque le tout de l'art dramatique. Dans lesDtux
Forus, ce qui m'intéresse, ce n'est pas le motif central: l'amour
capable d'infuser à l'homme l'audace, la force et les vastes
ambitions ; mais justement l'audace, la force et les ambitions
qu'il détermine ; on peut enlever le motif, le drame à mes yeux
ne sera pas diminué ; nous y perdrons quelques scènes de
passion, d'allure un peu trop littéraire, où s'étale une sorte de
" claudelisme ", enTeloppé parfois du jargon unanimiste le plus
froid; nous y perdrons un conflit largement posé,qui n'est ni sans
beauté ni sans grandeur ; nous y perdrons l'unité de la pièce
qui se développe d'un seul rythme avec une indéfectible
rigueur•.. Mais quand j'aurai signalé des qualités de composition
qui déjà sont très remarquables, je n'aurai pas encore touché le
point essentiel. Le motif 6té, reste l'acte. Pour quelque raison
qu'il agisse, ce sont les actes d'ingénieur de l'ingénieur Sériès
qui m'émeuvent, soit qu'il se trouve en face de ses collaborateurs
intimes, soit de son conseil d'administration, soit des délégués
ouvriers. Voilà peut-~tre la première pièce moderne dans
laquelle un ingénieur vive, dans laquelle une grève ne soit pas un
concert de bruits de coulisse, dans laquelle le mot "chantier "
ne sonne pas abstraitement et dans laquelle il soit parlé

NOTES

d'affaires avec émotion et puissance. Les forces sont en présence,
elles se mesurent, elles s'affrontent, elles jonglent avec des
chiffres, des délais, des raisons grossières; mais il n'est pas de
matière grossière, en état de tension. L'ingénieur Sérièa
Taincra-t-il ou non ?- Avec cela M. P. Jouve a fait un drame,
tout au moins plusieurs scènes de drame. Elles appellent le
théitre. Elaguées de quelques images, elies y vivraient toutes
seules. Leur force intime, leur attaque directe, leur style
révèlent un dramaturge-né. Comme il est doublé d'un poète et
sait surmonter le poète, nous espérons beaucoup de lui.

H.G.

•

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LETTRES ALLEMANDES
WOHIN TREIBEN WIR? (OÙ ALLONS-NOUS?)
par Juli1t1 Meier-Gratjè (S. Fischer, Berlin, 1913).

•

Quand on écrira l'histoire des relations intellectuelles entre
la France et l'Allemagne à la fin du XIXe siècle, il est un
nom qui s'imposera : celui de Julius Meier-Graefe. Nul autant
que celui-ci n'aura servi la cause de la culture française auprès de
ses compatriotes. Depuis plus de vingt ans, sans fatigue, il joue
son rôle d'intermédiaire, de " Vermittler ". C'est MeierGraefe qui a, sinon découvert, du moins acclimaté les impressionnistes français en Allemagne. Tour à tour il a lutté pour
Manet, Monet, Degas, V an Gogh, Cézanne ; il leur a préparé
un public, trouvé des acheteurs, conquis une influence qui
excite encore mainte jalousie. Ce critique d'art auquel on
reproche son dilettantisme, cet esthéticien d'avant-garde dont on
raille parfois les annonciations périodiques, cet amateur de beauté
dont la gallophilie est suspecte à certains, n'a-t-il droit qu'à
notre seule reconnaissance ?
A y regarder d'un peu :près, c'est bien la culture allemande
qu'il entend servir. Qu'il parle de Versailles ou de Pqtsdam,
de Cézanne ou du Greco, qu'il vante Paris ou critique Berlin,
c'est à son peuple qu'il pense. Comme les grands Allemands
d'autrefois qui ne furent si durs pour leur pays que parce qu'ils
le voulaient plus un, plus libre, plus fort, Meier-Graefe n'est
si sévère pour la culture du Reich que parce qu'il la voudrait
digne d'hériter de notre passé et de s'imposer au reste de
l'Europe.
Cette culture, quels reproches lui fait-il? On parle trop d'elle:
" Si l'usage qu'on fait d'un mot était, dit-il, un sftr garant de
l'existence de la chose qu'il représente, notre culture serait

NOTES

colossale, comme nos gare!. " Mais il est à craindre que ta
notion ne perde en profondeur ce qu'elle gagne en étendue.
Il est des mots qui grandissent démesurément : le mot culture
finit par ressembler au chapeau haut de forme qu'on voit
dans la maison de Gœthe à Weimar : un petit bonhomme
s'amuse à le mettre, et il lui descend jusqu'aux épaules de sorte
qu'on ne voit plus rien de la tete.
Il semble, dit Graefe, que par toute l'Allemagne on obéisse
à ce mot d'ordre " Reste à tes affaires". La culture y est
devenue elle aussi une affaire. Le pauvre Michel, autrefois si
riche avec ses poches vides, répand dans tout le monde, " sous
la pression de ses canons, une civilisation empruntée à l' Amériqve, et il croit entreprendre une croisade". Ce qu'il prend
pour une chose sacrée, ce qu'il appelle sa culture, tient encore
presque tout entier dans les signes extérieurs de la civilisation :
livres bien imprimés, wagons-couloirs, meubles confortables,
chauffage central, fastes du cirque Reinhardt. Il y a plus, il
y a mieux si l'on veut : des universités parfaitement organisées,
où le travail se débite comme à la machine, des laboratoires
modèles, des sculpteurs qui savent le jeu des lignes, des peintres
qui ont le sens de la couleur, des architectes capables d'adapter
un grand magasin, une gare, un hôtel aux besoins du jour.
Formes, couleurs, matière, histoire, technique n'ont plus de
secrets. L'Allemagne enfante un monde prodigieux par la
richesse du détail, imposant par les effets d'ensemble : "Massenwirkungen ".
Tout cela pourtant ne constitue pas une culture. Selon
l'auteur, on 1ent la misère profonde de cet effort, quand, sortant
du Berlin moderne, on se promène à Potsdam, où " les choses
visibles, mystérieusement, évoquent mille choses invisibles auxquelles elles se rattachent. La beauté n'a pour nous de valeur
que lorsqu'en elle quelque chose dépasse la chose belle, l'œuvre
créée ; lorsque celle-ci nous révèle une volonté plus haute, un
infini par delà les choses finies."

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

C'est cette haute relation spirituelle entre les œones et les
hommes, cet idéal qui seul donne à la culture d'une nation
son unité, son harmonie, sa valeur impérissable, que cherche en
vain Graefe dans le nouvel empire. Tandis qu'en France on
rencontre encore " ce merveilleux instinct du jeu qui est français", tandis qu'on y voit des passionnés de l'esprit, des artistes
dont l'idéalisme ne recule point devant les conséquences extrêmes ; ruine et anéantissement d'une vie politique compromise,
en Allemagne les artistes eux-mêmes considèrent leur art du
point de vue des affaires, de l'intérêt personnel ou national, et
s'ils s'unissent pour protester (" Deutscher Künstlerprotest ")
contre l'achat d'un tableau français dans une ville hanséatique,
ce n'est point au nom d'un idéal esthétique, mais pour dea
gros sous.
Il faut dire que cette maladie d'industrialisation n'est pas
proprement allemande ; et aussi - Meier-Graefe le sait bien qu'il reste en Allemagne des idéalistes qui n'ont point manqué
de répondre à cette levée de boucliers - ou de caducées avec la fermeté qui convenait. Mais, et c'est ce que déplorent
nos voisins, les idéalistes chez eux demeurent isolés, sans contact avec leur peuple. Une nation qui était hier encore celle
des poètes et des penseurs se trouve tiraillée entre un idéalisme
qu'elle ne pouvait désapprendre et un matérialisme qui la grise.
On pourrait dire d'elle cc que dit Meier-Graefe de son empereur : " une personne de bonne volonté qui parle comme
Barberousse et tente d'agir comme un Américain ".
Est-il une conciliation possible entre ces forces anarchiques
au milieu desquelles on se débat ? Reviendra-t-on à cette conception qu'avait Gœthe de la culture, à cet "effort de toutes
les puissances humaines pour organiser le chaos ", à cet ordre,
à cette unité, à cette harmonie qui naît dans la richesse, et
malgré la richesse des relations nouvelles de l'homme avec
l'µnivers ?
Meier-Graefe ne croit cette ,ynthèse possible 9ue par un

NOTES

99 1

retour à l'idéalisme ancien, par un retour aussi à la tradition.
L'~eman~ d'aujourd'hui a .-olontaircment coupé les ponts
derrière lui. Il a cru que surgirait de son seul effort et de
toutes pièces, une " Deutschland-Athcne " si neuve, si ;rande,
que le passé en serait aboli. Or l'Allemagne est grande; elle est
riche, riche d'expériences, de découvertes, d'œuvres; mais à
cette richesse et à cette grandeur il manque le style, " die
mnere Form. " C'est dans l'exemple du passé qu'il lui faudra
retrouver "cette éneq~ie d'ordre purement spirituel", cette
"~spiration infinie ", cette volonté d'atteindre à l'impossible
qui firent grandes l'époque de Fréderic II et celle de Gœthe.
Tandis qu'en France se perpétue "l'apparence au moins de la
beauté", que les écrivains et les peintres s'y sentent les héritier,
d'une tradition dans laquelle ils se meuvent à l'aise que la
,
'
eu1ture n est point pour eux " chose d'église ", mais chose
~'instinct, que leur art a ses racines profondes dans les qualités
mnées de la race dont il est l'expression organique, art et culture en Allemagne continuent de ressembler au chapeau de
Gœthe trop grand pour la tête d'un enfant.

F. B.

�99 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

DIVERS
NICE, CAPITALE D'HIVER, par Rohtrt dt Stmza (BergcrLevrault, 7 fr. 50).
Voici un gros livre; le début probablement d'une série,
intitulée : " L'avenir de nos villes, études pratiques d'esthétique urbaine", et dont je ne parlerais probablement pas dans
cette revue s'il n'était écrit par M. Robert de Souza, et si
M. de Souza n'était l'auteur de ce petit livre, si plein de
choses, qui fut discuté ici même : Du Rythme en françaiJ.
M. C. Mairclair a écrit autrefois dans un recueil qui s'appelle,
je crois, Idées f!Îflantu, un article qui mérite d'être relu, sur
l'identité et la Fusion dts Arts. II y faisait ressortir l'autorité et
le poids que donne au critique qui s'occupe d'un art la
fréquentation et la pratique des autres arts, l'intelligence que
peut répandre tout à coup sur une beauté poétique le sentiment
ou l'idée de son analogie avec telle beauté picturale ou musicale.
En général la critique française ne s'est guère engagée dans
cette voie, elle s'est bornée assez exclusivement au fait littéraire, tandis que la critique littéraire anglaise ou allemande se
considérait davantage comme un chapitre de l'esthétique
générale. Il serait d'ailleurs possible de discuter les avantages
et les inconvénients de cette spécialisation, et les Anglais pourraient aussi bien regretter l'absence d'un Sainte-Beuve dans leur
XIXe siècle que nous pouvons déplorer dans le nôtre le manque
d'un Walter Pater.
Le cas de M. de Souza mérite en tous cas d'être signalé,
et il le mérite d'autant plus qu'après l'avoir loué de cette
diversité, il faut lui savoir gré d'une unité très volontaire et
très nette. Du Rythme en françaÏJ et Niu capitale d'Hifler sont
deux exemples techniques qui prennent place dans un même

NOTES

993

chapitre d'esthétique, un chapitre dont un livre ancien de M. de
Souza laissait, dans son titre seul, apercevoir déjà l'esprit, celui
qui s'appelait: La Poésie populaire et lt LyriJme sentimental. L'auteur
s'attache aux faits élémentaires, populaires, de la poésie, ou de
l'architecture, il les tient pour les bases indispensables des
formes supérieures et raffinées, il veut d'abord les élucider et
les ordonner. La disposition, la ligne spontanée que prennent
les valeurs rythmiques dans le langage, que prennent les valeurs
de végétation ou de pierre dans une cité qui vit et croît
normalement, voilà les éléments naturels qu'il faut en premier
lieu discerner. La poésie, l'architecture urbaine, se construisent,
en épousant leurs courbes, sur ces valeurs naturelles.M. de Souza,
dans Nice, capitale d'Hifler, nous montre, en s'appuyant sur des
exemples et une pratique qui ne nous sont guère venues encore
que de l'étranger, la nécessité, pour toute ville, d'un plan
régulateur pour son passé, d'un plan d'extension pour son
avenir. Peut-être pourrait-on reprocher à Du Rytlzmt t11
franrais un excès de plan régulateur et de plan d'extension
dans l'image qu'il présente de la poésie française, et, de l'architecture à la poésie, quelque manque de souplesse dans le
mutandis mutatis. Mais je n'écris pas une étude d'ensemble sur
son œuvre, et je m'en tiens à Nice.
Son livre d'esthétique urbaine su.r Nice ne saurait être q:u'une
série de lamentations, et M. de Souza donne du développement
matériel, édilitaire de Nice, un tableau tel que l'on se demande
si vraiment toute l'œuvre de bassesse et de laideur n'a pas
été irremédiablement consommée. On a un regret de voir
l'auteur dépenser tant de compétence, de travail et _de talent
pour une cause perdue. On se demande alors pourquoi la cause
est perdue et l'on est amené à certaines conclusions générales que
d'ailleurs, je le reconnais, M. de Souza, ayant écrit son livre
d'abord en articles pour un journal de Nice, ne pouvait guère
hasarder devant son public.
M. de Souza, espérant que ses études d'esthétique urbaine
11

�994

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

seront continuées, indique, comme livre, à faire, après Nice,

capitale d' Hiver: Mar1eilk, porte de l'Orient; Lyon, métropole du
travail; Nancy, la Ruche de l'Est; Paris, reine de l'Occident.
Acceptons ces titres, bien que le dernier, dans une série d'esthétique urbaine, sonne assez mal pour la capitale d'Europe qui,
avec Rome,s'enlaidit de la façon la plus inflexiblement progressive.
Ces quatre derniers titres n'en ont pas moins une signification
humaine : ils désignent des organismes de santé, de travail.
Mais Nice, capitale d'Hiver a-t-il un sens ? Cela ne signifie pas
capitale de l'hiver, titre qui s'entendrait assez bien de
Petersbourg. Cela ne veut pas dire non plus : capitale de la
France en hiver. Il faudrait entendre capitale des hivernants,
c'est-à-dire de deux catégories de gens : les maladei, les oisifs.
Laissons les malades de côté : ils viennent demoins en moins à
Nice, et ce ne sont pas eux qui imposent à une ville, en droit et
en fait, ses exigences édilitaires. Restent les oisifs, généralement
étrangers, issus d'Amérique et de Russie. Quel élément de beauté
l'esthétique, urbaine ou autre, peut-elle tirer de la .1 C'est
M. Barrès, je crois, qui dit que l'invasion de tous les rastaquouères de l'univers nous a• forcés à ne grouper sur la Côte
d'Azur que des idées communes (et d'abord ce nom ridicule
dft à M. Stéphen Liégeard). La même nécessité qui nous Y
fait placer des idées communes y fait -pousser des bâtisses
communes. Je prends les premières lignes du livre de M. de
Souza: " Nice est un de ces points du globe, célèbres, que
tout le monde connaît avant de les avoir vus. Les lignes,
les plans du paysage vous sont rendus familiers par les affiches
et les cartes postales. '' Soit. Mais, parmi ces lignes et ces plans,
toute ville célèbre, surtout sous le ciel clair de la Méditerranée,
impose d'abord un point dominant, un sjgne capital, u~ chef
vivant du paysage, Notre-Dame de la Garde à Marseille, le
Vésuve à Na pies, l' Acropole à Athènes, les cierges blancs des
minarets à Constantinople. A Nice ce chef ne manque pas,
qui occupe dans la baie la place de la Tour Eiffel dans

NOTES

995

l'horizon de Paris : c'est le Casino de la Jetée-Promenade.
Sur la mer de Nice il emplit, il hallucine le regard, et la baie
des Anges ne se voit pas plus sans lui que le golfe de Naples
sans son volcan. On ferait le tour de la Méditerranée et même
du monde sans rencontrer rien de plus cyniquement outrageant,
sans trouver l'analogue de cette énorme ordure, posée au milieu
des plus admirables lignes, gratuitement, pour être là, pour
railler, pour infecter, pour rappeler horriblement que ce ciel,
ces montagnes, et cette mer sont les sujets et les servants de ce
qui tient dans le mot et la chose d'un Casino. M. de Souza
a beau nous parler d'embellissements, de rénovation édilitaire,
tant que les Niçois n'auront pas détruit cette Bastille et purifié
leur baie, nous les mettrons dans le même cercle de l'enfer
esthétique que les accroupis de Vendôme.
Je ne ~ais d'ailleurs pourquoi j'ai l'air de m'en prendre ici
à M. de Souza : car lui-même donne d'autres exemples, aussi
énormes, du béotisme niçois. Il laisse l'impression que le mal
passé qui est fait, le mal futur qu'il est impossible d'empêcher,
rendent son livre aussi inutile comme action que lamentable
comme tableau. Mais les questions qu'il soulève dépassent
l'horizon niçois. La dernière partie de l'ouvrage est une description
des efforts faits à l'étranger pour donner la beauté aux villes ou
pour la leur conserver. M. de Souza remarque que presque
toutes les fois qu'une ville étrangère met au concours un plan
d'embellissement, d'organisation ou de création urbaine, c'est
le projet d'un architecte français qui est couronné. D'autre
part la France vient incontestablement bonne dernière en
matière d'édilité esthétique. M. de Souza estime que la faute
en incombe à l'administration et aux polytechniciens. Sont-ils
les seuls coupables 1 Renvoyé à M. Faguet pour " le règne de
l'incompétence" et à M. Maurras pour " l'omnipotence de
l'élection politique. "
A.T.

�997

NOTES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

•••
D1ux1kM1t LIST! DE souscJUPTEURS à l'édition monumentale
de Une Saison en E,1.ftr par Arthur Rimbaud.

Exemplaires surjapm, imptri4l à 100.frm,a: MM. H. Lamertin,
Bruxelles; E. Lemercier; Mme Georges Tamme.
Exemplairts sur r;ergé à la cwe Y an Gt/Jer Zo11e11 à 50 fra11u:
MM. Roger Audouin ; Jean d'AxenofF, Kief; René Barri.lion;
Ivar Campbell, Wa,hington; G. Centueroz.ewer, Varsovie;
François Coulon; Cuenod, Vevey; Joseph Desaymard;
F. Fraenkel, Berlin ; Edwin Frank.furter, Lausanne; Melle
Henriette Gespcrt, Bruxelles; MM. Marcel Groult ; Charles
Herbiet; Stuart Jcnk.ins; MMellea Gaby Kessel-Little; Lilli
Lieser, Vienne; M= Émile Mayrisch; M. A. Mollat;
Mme Hélène du Pasquier; MM. Yves Refoulé; Eugène
Rouart; Georges Roimcau, Odessa; Alfred-Jean Rumpelmeyer;
Jean Ryeul; Rémy Salvator; Henri Thuile, Le Mex (Égypte);
Téodor Toeplitz, Varso..-ie; Alfred Vailette; Henrique de
Vilhena, Lisbonne.

Les souscriptions à cet ouvrage de grand luxe, dont le but
premier est d'honorer la mémoire du grand poète, sont reçues
à Paris: chez l'imprimeur Pichon, :z 1, boulevard de Sébastopol;
à la Nouvelle Rlflue Fra11çaiu, 35, rue Madame, et au Mtmvt
de Fralllt, 1.6, rue de Condé. Le tirage, limité à 50 japon et
100

holb.nde, se fera prochainement.

•••
SouscRJPTlON

POUR L'!iu:cr10N o'UH MONUMENT

à EMMANllEL

SIGNORET.

Voici quelle était la liste des souscripteurs au
Edmond Théry
Henri Dagan

20

Novembre:

100

s

10

Edmond Pilon
100
Louis Giniès
Pierre Jourdan
5
40
Henri Bertin
10
Ch. Gatcau
Conférence Emile Sicard, à Salon
414.50
20
Paul Souchon
JO
Emile Sicard
Marcel Provence
5
Joseph d'Arband
5
Lucien Rolmer
5
Conférence Marcel Provence, à Lançon 53
JO
Emile Ripert
:zo
Jean de Pierrefeu
10
Aleundre Hérenger
JO
A Dragon
20
Edmond J alou:r
:zo
Léo Coren
Gabriel Boissy
5
10
E. Sansot
20
J. Gasquet
10.1.5
Schlesinger
90
Séance à Lançon
Ville de Lançon
126.85
Séance à Pelissanne

us

André Gide
Mercure de France
Nouvelle Revue Française

30

so
30

La souscription reste ouverte ; adresser les envois et la correspondance à M. Louis Giniès, 17, B'nrd Raspail à Paris.
" Est-il temps, peut-~tre, - nous écrit M. André Gide, en
nous envoyant sa cotisation - de rappeler aux admirateurs de

�LA NOUVELLE REVUB FRANÇAISE

Signoret, ou de leur faire connattre, que le poète qu'ils honorent
n'a pas laissé seulement des vers admirables, mais aussi une
veuve et trois enfants dans une situation bien voisine de la
misère.
Peut-être quelqu'un de vos lecteun est-il en position d'obtenir pour eux an secours."

•••
Un certain nombre de matinées littéraires sont organisées au
Salon d'Automne par M. Pierre Jaudon. La conférence d'ouverture a été faite par M. Jean Muller. Puis M.André Thévenin
a parlé de Paul Claudel. Et voici le programme des seances qui
n'ont pas encore eu lieu :
4 Décembre: Le, tmdanw actutlks dl kz pol1it en Allemagr,t.
Conférence de M. Félix Bertaux.
9 Décembre: Ler Caliitrr d'Aufaurd'liui.
Conférence de M. Léon Wcrth.
11 Décegibre : L' Œuvrt dl Ck. PlgMJ tt le, Caliin-1 dl 14

Quinz;aine.
Conférence de M. François Porché.
18

Décembre : Lt Comll dl Gobineau.
Conférence de M. Tancrède de Visan.

Prêteront Jeun Concoun :
Mmea Suzanne Despm, Madeleine Roch, Séphora Mossé,
Sylvette Fillacier, Marcelle Schmitt, Alice Tissot ;
MM. Lugné-Pol!, Jean Hervé, Jouvey, Armand Bernard,
Jacques Robert, Millet.

•••
C'est par erreur que le Théitre du Vieux Colombier a
annoncé à son programme paru dans la Nour,t//e R.tr,ut Française
du 1er septembre 1913 la représentation de L'Esfant g/JJ/ th,

999

NOTES

Mo11d1 Ouidtntal, "traduction inédite" da chcf-d'œuvre de

J. M. Synge.
La pi&amp;:c, sous le titre: Lt Baladin du Montk Orcidtntal, a
été traduite par M. Maurice Bourgeois et lui appartient exclusivement en tous droits de traduction, public.1tion et représentation française ; et c'est M. Lugné-Pol!, directeur du Thé~trc
subventionné de l'Œuvre, à qui M. Maurice Bourgeois avait,
depuis plusieurs mois, donné pleine autorisation de faire jouer
sa traduction, qui la représentera incessamment sur la scène du

ThéAtre-Antoine.

•••
Nous apprenons que le prix Nobel pour 191 3 vient d'être
décerné à Rabindranath Tagore, de qui nous publions dans cc
numéro une série de ~mes.

•••
Le Jeudi 4 Décembre, à 4 1/2 heures, M. André Gide fera
une conférence sur l'œuvre de Tagore au ThéAtre du Vieux
Colombier.

•

•

•

Au moment de mettre sous pre se, une très triste nouvelle
vient nous surprendre; on nous annonce la mort de Louis
Nazzi. Nous le savions depuis longtemps malade, mais rien ne
nous faisait prévoir sa fin prochaine. Tous ses amis de la
Nour:tlle Rtfl~ Fr1111çaist sont douloureusement affectés et adressent à ses. parents leurs condoléances sincères. Dans notre
prochain numéro Jacques Copeau lui rendra l'hommage que
son talent, sa force de vie et sa générosité lui ont mérité.

�LES REVUES

Rxvuis

1001

LES REVUES

1000

FRANÇAISES.

Il n'est pas trop tard pour citer quelques extrait! du fort
curieux article que Mme Simone a consacré dans le TEMPS au
théatre américain. Elle nous y signale une sorte de bouillonnement singulier qui présage peut-être une époque "élisabéthaine ".
On donne une " première". Il y a dans la salle les critiques qui,
entre les dix speetacles qui leur sont offerts ce soir-là, ont choisi,
bien entendu, celui qui leur était sympathique. Fort peu d'acteurs;
fort peu d'auteurs dramatiques ; quelques amis de l'auteur et des
acteurs ; et le public - tout simplement. Ici, pas de repétition
générale ; pas de " couturières " ; aussit6t que la pièce est sue
- quelquefois même avant, - on joue, on est dans la nécessité de
jouer.
La pièce commence; le public est extrbnement attentif I La proximité de la rue, si rassurante pour les gens qui craignent l'incendie,
et l'absence de portes pour séparer la salle des vestibules ont bien
quelques petits inconvénients : vous entendez les tramways passer,
les automobiles corner, Ica vendeurs de journaux crier les nouvelles,
le fracas du chemin de fer aérien quand il est voisin du théâtre. Au
cœur de l'hiver, quand les tuyaux dorés des calorifm:s sont lents à
s'échauffer, les terribles coups de marteau de la vapeur s'ajoutent,
sur la scène et dans la salle, à toua les bruits que je viens d'énumérer.
Rien ne trouble, rien ne dérange les Américains : ils sont habitu6,
me dit-on.
La pièce suit son coun. Dans les entr'actes, un orchestre joue des
airs réconfortants et des petits garçon• n~gres YOUS offrent de l'eau

glacée. Il y a en général, à un moment de la soirée, un nombre
suffisant de rappels pour permettre à l'auteur de prononcer un petit
diacours. Le directeur, qui va et vient entre aea différents thé.ltrcs,
ae mele aux groupes à la sortie, à moins qu'il ne soit au Canada, en
Louisiane ou en Californie. Les acteurs interrogent leurs amis. Tout
le monde attend la presse du lendemain.
Elle est rarelllcnt unanime. Elle est toujours fort claire: les manchettes portent : ImmtnJt sucû1. Pilet rtrVissantt... ou Chute si11istrt.
Pilet dlttstab/t ... Et les acteun sont traités de m!me : c'est un pays
ou l'on vous dit votre fait. li y a, parmi les critiques de New-York,
quelques hommes ffllinenu, spirituels et pleins de goClt, rarement
d'accord. Leurs jugements excellents ne sont guère plus enveloppé!
que ceux de critiques improvisés. Lorsqu'on a lu un journal, on sait
toujours à quoi s'en tenir. On n'est perplexe que si l'on a le malheur d'en lire dCWL

•••
M. Augustin Hamon, dans la revue

FLAMBERGE

étudie Clsar

et Cliopatre de Bernard Shaw. Il cite Shaw lui-meme.
"L'originalité, dit Shaw, donne à on homme un air de franchise, de générosité et de magnanimité, car son originalité lui
permet d'estimer la valeur de la vérité, de l'argent ou du succès,
sans tenir compte des conventions et de la morale habituelles ".
Aussi, César prodvit une impression de complet désintéressement
et de complète magnanimité et il n'agit qu'avec un entier égotsme.
" C'est dans ce seul sens qu'un homme est naturellement grand ;
c'en dans cc sens que j'ai représenté César comme grand. Ayant de
la vertu, il n'a pas besoin de bonté. Il n'est ni clément, ni franc, ni
généreux, car un homme qui est trop grand pour vouloir se venger
n'a rien à pardonner ; un homme qui dit des choses que craignent
de dire d'autres gens, n'a pas besoin d'être plus franc que ne l'était
"Bismarck. Et il n'y a aucune générosité à donner des choses dont
on n'a pas besoin, à de, gens dont on a l'intention de se servir".

�1002

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

TABLE DES MATIÈRES

•••
Faut-il attribuer à Racine le Triompl1t de Lulli aux Champ1Ely1!t1 qu'exhume l'abbé Bonnet et qu'il publie dans la REVuE
( 1 5 octobre). C'est une lettre mythologique mêlée de vers, qui
a l'aisance, le ton et le gonflement du grand siècle mais qui
n'ajoute rien i la gloire du poète de Blrhtiu. L'esprit en est
amusant mais facile :

Ctpmdant lt vitux mattht,
Aperttflnnt utte !Jme,
Mtt JO naulle a.flot
Et l'aborde en virtgt coups de rame.
Mais ooyant à son air
Que JOfl rorps n'tlflait pa, t1rcor la 1/pulture,
Il ne voulut poi11t la pamr;
Ce flll l'/Jme prit pour injure.

• ••
Signalons le num&amp;o d'octobre de /'Art et lu .Artistes consacré
par M. de Tressan a la Ptmtrm tn OrimJ et tn Extdme-Orient.
Entre cent reproductions curieuses, une planche en couleur
restitue pour nous one fresque du VIII• siècle japonais qui
orne le Temple Kond6 de Oryu-Ji. Elle nous semble digne
par sa grandeur, sa simplicité, sa sobre richesse d'!tre comparée
aux plus hauts chefHl'œuvre de l'art chinois ancien et aussi
bien de l'art des pré-renaissants d'Italie.

•••
La vaillante revue populaire de diffusion arti tique Note 1ur
lu Âr/1 que dirige M. Ro,noblet nous offre les résultats émouvants de la méthode directe de Mel1• Marchand, profes·eur de
musique i St Quentin. Ses pl:tites élèves pensent en musique et
elles écrivent des narrations musicales du plus vif intérêt. Avec
les sports, la gymnastique rythmique et "l'écriture musicale",
quelles générations nous prépare-t-on 1

CONTENUES DANS

LE TOME X

{JUILLET-DÉCEMBRE

1913)

FRA. ÇOIS-PAUL ALIBERT
15

(LV)

. 195

(LVI)

Le Puits et le Laurier . . . . . .
HENRI ALIÈS
Le Fruit plein de cendres.

.

.

.

.

.

MICHEL AR...~AULD
Deux livres sur Proudhon. . . . . . . . 527 (LVIII)
Etudes de psychologie litté-raire, par
Louis Cazamian . .

.

.

.

.

Etudes de psychologie litlé-raire, par
Louis Cazamian .

.

.

.

8o2

(LIX)

950

{LX)

HENRI BACHELIN
Philémon, vieux de la tJicille, par
Lucien Descaves .

.

.

150
(LV)
634 (LVIII)

.

Vie de Satnuel Belel, par Ramuz.
ANDRÉ BAINE
Poèmes . . . .

. . . . ...

.

.

701

(LIX)

t6o

(LV)

324

(LVI)

FÉLIX BERTAUX
Lettres allemandes : Frtitagskind, par
Otto Flake. . . . . . . .
Lettres allemandes : France et Alle•
magne : Littératures comparées, par
Aug. Dupouy. . . . . . . . .
Lettres allemandes : J nf11U11ce du théâtre
français sur le théâtre alle111and de
r870 à r900, par Paul Fritsch . . .
Lettres allemande : Wohin Treiben Wir1
par Jnlius Meïer-Graefe . . . . .

651 (LVlll)

988

(LX)

�1
1

1

j

1

j

1

-~.

RENÉ BICHET

1
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LOUIS DUMONT-WILDEN
Camille Lemonnier .

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EDOUARD DOLLÉANS
L'E,wers du Mu.sic-Hall et Prrou.
Poucette et quelques autres, pa;
Colette Willy . . . . . . .

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1

Sur quelques ballets de transition .
La Marchande de petits pains pour
les canards, par René Boylesve . 31 3
:Manuscrit trouvé dans une île, par
Luc Durtain
.
. .
Arl_, Chrétien, par Georges Desvalheres. . . . . . . . . .
Devant le monument de Catulle
Mendès.
Nouvelles .Asiatiques, par le Comte
de Gobineau
Laure, par Emile Clermont
A propos des Degas de la Galerie
Manzi. . . . .
Au Musée du Louvre
Le Génie de Flaubert, par Jules de
Gaultier . . . . . .
. . 616
Dans les Rues, par J.H. Rosny aîné et
Sépulcres blanchis, par J. H. Rosny
jeune. . . . . . . . . . 630
A propos de deux livres de l\.f.André
Suarès: Idées et Visions et Trois

(LVII)

16c]

JACQUES COPEAU
Dingo, par Octave Mirbeau
130
(LV)
Jfarie-Magdeleine, par Maurice
Maeterlinck. . , . . . . . 146
(LV)
Stanislas Wyspianski et le théâtre
polonais . . . . . . . . . 299
(LVI}
Un essai de rénovation dramatique; le Théâtre
du Vieox Colombier . . . . . . . .
337 {LVII)

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1

354

PAUL CLAUDEL

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Grand
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ALAIN-FOURNIER
.Meaulnes (I)
Meaulnes {II) .
Meaulnes (III) .
Meaulnes (IV) .
Meaulnes (fin) .

155

297

(LV)

Hommes.
Psycbl, par Gabriel Mourey . . .
Suzanne Desprès dans Hamlet . .
Introduction aux matinées de poésie
du Théâtre du Vieux Colombier.
Les Livres du Temps, par Paul
Souday . , . . . . • . ,
Les premiers spectacles du Théâtre
du Vieux Colombier .
Le Phalène, par Henry Bataille .
Les De11x Forw, par P.J. Jouve

(LVI)

78

(LV)
(LVI)
376 (LVII)
559 (LVIII}
731
(LIX)
213

HENRI GHÉON
A propos de PJnélope et de Boris
Godounov . . . . . . . . 133
711.lien devant un public "averti'' . 142
Riqud à la Houppe au Théâtre
Français. . . . . . . . . 147
!tf arihe et Marie, par Edouard
Dujardin. . . . . . . . . 149
Chronique de la Poésie: La Tapisserie de
Notre-Dame, par Charles Péguy. Alcools, par Guillaume Appollinaire.Le Page de la Vie, par Maurice
Rostand. - De Théophile Gautier
poète, etc.. . . . . . . . . '. 282

(LV)

{LVI)
(LVI)
(LVI)
(LVI)

Souvenirs de la Com d'Assises (I) .
Souvenirs de la Cour d' Assises (Il).

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ANDRÉ GIDE

(LV)
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(LV)

1

COMTE DE GOBINEAU

864

Adélaïde

(LX)
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ANDRÉ DE HEVESY

(LVI)

Sur le Comte de Gobineau. .

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852

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{LX)

1

�JEAN SCHLUMBERGER

VALERY LARBAUD
Lettres anglaises : Œuvres Complètes
de Francis Thompson. -Francis
Thampson, par S. Rooker.-Poems
parAliceMeynell. . . , . : 319 (LVI)
Lettres anglaises : William-Ernest
Henley, par L. Cope Cornford. La Saison 1913. . . . . .
636 (LVIII)

Le Mur . .

33

(LV)

. .

. .

(LV)
(LV)
(LVI)

459
louin
Les Vivants et les Morls, par la
f62
Comtesse de Noailles.

(LVII)
(LVII)

Petits Dialogues sur le théâtre et

ROGER MARTTN DU GARD
. .

{LV)

Essais de critique liltéraire et
philosophique, par René Gil-

LOUIS LEFEBVRE

Jean Barois (fragment)

Chronique du Théâtre: La Pisanelle,
126
par Gabriele d' Annunzio
La Gloire A mb11lanctère, par
Tristan Bernard. . . . . 148
Exposition Théo Van Ryssel158
berghe.
La Khovanchtchina, par Mous
sorgsky . . . . . . . 303

l'art dramatique, par Edmond

. • 546 (LVIII)

Sée. . . . . . . . . 473

(LVII)

Heures et Rêves, par Gérard
622 {LVIII)

Mallet .

DARIUS MILHAUD

Le Chartisme, par Edouard

Les " Festspiele '' d'Octobre à
Hellerau . . . . . . .
82 J

(LIX)

655 (LVlll)
Dolléans
l'Appel des Armes, par Ernest
816
(LIX)
Psichari

FRANÇOIS PORCHÉ
Pire que la mort .

497 (LVIII)
JULES RENARD

Lettres à l'amie (1) .
Lettres à l'amie (Il)

5
1 79

(LV)
(LVI)

JACQUES RIVIÈRE
Le Roman d'aventure (fin) • . . . .

.

{LV)

Le Sacre du Printemps, ballet
par Igor Stravinsky, Nicolas
Rœrich et Vlaslav Nijinski .

Le Sacre du Printemps . . . . . . . ,

(LVI)
(LIX)

ANDRÉ SUARÈS
Chronique de Caërdal : Contraires.
Chronique de Caërdal: Pèlerins de
Sion . . • . . . . . . .
Ch,ronique de Caërdal : Shakspeare
a Pans . . . . . . . . .
Chronique de Caërdal : Mort d'amour . . . . . . . . . .
Chronique de Caërdal : Le plus
beau temps . . . . . . .

271

{LVI)

441

(LVII)

6o2 (LVIII)

778

(LIX)

934

(LX)

833

(LX)

. 452

(LVI!)

RABINDRANATH TAGORE
L'Offrande Lyrique (Traduction d'André Gide)

GASTON SAUVEBOIS
JÉROME ET JEAN THARAUD

La Culture française en Belgique,
par Maurice Wilmotte . . 314
Portrailset Souvenirs, par Henri
de Régnier . . . . . . 812

(LVI)
(LIX)

La Disgrâce de Nicolas Machiavel,
par Lucas Dubreton.

. . ,

�ALBERT THIBAUDE'l'
Chronique de la littérature: La Prtface de Stéphanie, par Paul Adam
Les Copains, par Jules Romains. .
Un livre sur Ronsard . . . . . . . , .
Le Roman, par Jean Muller . . .
Charles Blanchard, par Ch. L. Philippe . . , . . . . . . .
Le Najoléon de Notting-Hill, par G.
K. Chesterton, trad. Jean Florence
François Villon, sa vie et son temps,
par Pierre Champion. . . , .
R,main Rolland: l'homme et f:œuvre,
par Paul Seippel . . . . . ,
L'Aventure de Tltérèse Beauchamps,
par Francis de Miomandre . .
Nice, capitale d'hiver, par Robert
de Souza. . . . . . . .

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461

~LV)
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(LVI)
(LVII)

623 (LVIII)
639 (LVIII)

792

(LIX)

807

(LIX)

966

(LX)

99 2

(LX)

CAMILLE VETTARD
La Bataüle à Scutari d'Albanie, par
J. J. Tharaud . . . . . . . 618 (LVIII)
Cltarlcs Dickens, par Algernon Charles Swinburne. . . . . . . 646 (LVIII)
XXX

Le Théâtre d' Hellerau. . . . .
Le Théâtre du Vieux Colombier .
L' Edition monumentale d' Une Saison en Enfer (Première liste de
souscripteurs
Théâtre du Vieux Colombier : programme des matinées poétiques.
L'Editioo monumentale d'Une Saison en Enfer (Deuxième liste de
souscripteurs) . . . . . . .
Souscription pour un monument à
Emmanuel Signoret . . . . .
Programme des matinées littéraires
du Salon d' Automne. . . . .

r. . . . . . .

474
483

(LVII)
(LVII)

487

(LVII)

655 (LVIII)
996

(LX)

996

(LX)

998

(LX)

LE GÉRANT : ANDRÉ RUYTERS.

Imp. SAINTE CATHERINE, Quai St-Pierre, I2, Bruges (Belgique).

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                    <text>�SÉJOUR DE STENDHAL A
BRUNSWICK
(FRAGMENT IN:BDIT' DU JOURNAL)

Après s'être convaincu, à Marseille, qu'il n'était pas né
pour faire un commerçant, Stendhal, gdce à la protection des
Daru, redevint fonctionnaire. Parti à la suite de Martial Daru
pour l'Allemagne, où l'on se battait, il est nommé, le 29 octobre
I 806, adj oint provisoire âux commissaires d_
es guerres. Il est
aussit6t désigné pour exercer ses fonctions à Brunswick, où il
artive le I 3 novembre. Il y resta deux ans, presque jour pour
jour. C'est pendant son séjour qu'il fut nommé, le I I juillet
I 807, adjoint titulaire aux commissaires des guerres.
La vie de Stendhal à Brunswick n'est connue, jusqu'a présent,
_que d'une manière très imparfaite. Beyle cependant tint un
journal assez régulier de son existence entre son arrivée à
Brunswick et le mois de novembre I 808. Ce journal était vraisemblablement divisé en deux parties : I 806-1807, et 18071808. Stryienski n'a connu ni l'une ni l'autre partie ; il pensait
détruits à la fois les cahiers de I 806 et I 807, que Stendhal
lui-même disait avoir perdus en Russie, et ceux de 1807 et
1808. (Cf. Journal de Stendhal, éd. Stryienski, p. 331 et 421,
notes.) Ce dernier fragment existait cependant; il a été la
propriété de Chéramy, puis a été acquis par M. Edouard
Champion.
Nous offrons aux lecteurs le seul fragment conservé du
I

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Journal de Stendhal pendant le séjour à Brunswick. Il ~t ex~ait
de l'édition intégrale, actuellement sous presse, qm paraitra
cette année même dans la collection des Œuvres Completts de
Stendhal, publiées sous la direction de M. Edouard Champion
(Librairie ancienne Honoré Champion).
HENRY DEBRAYE.

JOURNAL
DU I 7 JUIN 1 807 AU [ MOIS DE NOVEMBRE I 808]

Je commence ce cahier avec toute l'humilité qu'un
bon chrétien pourrait exiger de lui. L'aventure de M. 1
est une bataille perdue, cela m'apprendra le prix du temps.
Si elle ne m'a pas donné un moment sublime, comme
Adèle à Frascati, j'en ai tr-oüv( auprès d'elle de bien
délicieux.

Je ne veux en aimant que la douceur d'aimer.

Ce vers est presque vrai de mon ime, et non de mon
orgtJeil, c'est lui qui m'a donné de l'~umeur depuis Jeudi.
Je viens de prendre ma deuxième leçon de M. Denys
(44 francs pour douze leçons), j'en prends deux par
semaine, deux de M. Mancke, trois de M. Kœchy.
Je compte apprendre incessamment à monter à cheval.
Il p~raît que M. D [ aru] a trouvé de la suffisance à moi
à demander mon changement. Martial recommence à me
bien traiter, parce que je deviens flatteur. Je suis bien
Il s'agit très vraisemblablement de Wilhelmine de _Griesheim, fille du général-major de Griesheim. On sa~t que
Stendhal l'appelait Minette. Il en parle d'ailleurs plus lom.
1

SÉJOUR DE STENDHAL A BRUNSWICK

547

avec tous les Français; Brichard, avec qui je suis le plus
lié, met souvent de l'aigreur entre nous, il a une jalousie
excessivement susceptible, il est jaloux de tout et d'un rien.
Je viens de lire le Ld. (sic) avec fruit ; je suis en train
de lire Tracy (Logique), Biran et l'Homme d'Helvétius.
J'ai là mes pistolets, auxquels Rasch vient de changer
la sous-garde, j'ai tiré une dizaine de fois, sept à huit cents
coups au plus. Tout mon bien consiste en 71 francs et
50 louis.
Si, comme le dit Biran, l'on n'a de mémoire musicale
que par les sons que l'on peut reproduire, il faut appr:endre
à chanter pour se souvenir des beaux airs.

M. : " Je serais bien ingrate si je ne l'aimais pas, il y
a si longtemps qu'il m'aime ! "

17 juin.
J'ai couru un grand danger ce matin : Brichard a lu
le commencement de ce journal, heureusement pas
jusqu'au bas de la première page.
Je viens d'être très mouillé en allant chez Brandes avec
le prudent Reol ; il est prudent par excellence,
Hier, j'ai été sur le point d'être hors de moi par le
plaisir que je me figurais dans mon enfance d'après les
Baigneuses de M. Le Roy et la pêche de Corbeau 1•
1
Les Baigneuses sont un tableau de Le Roy, professeur de
dessin du jeune Beyle à Grenoble; quant à la "pêche de Corbeau", elle eut lieu dans le Guiers aux Echelles (Savoie),
où Beyle était allé voir, vers 1791, son oncle Gagnon. (Voir rie dt Henri Brulard, H. et E. Champion, éd., t. II,
p. 182.183 et p. 165.)

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Musique au Chasseur vert, en revenant d'acco°:1pagnc~
M 11e de T. qui m'a conté son histoire avec L1by, qut
doit me rem:ttre des lettres ce soir et à qui j'en ai écrit
une.
Minette était jolie par la physionomie.
Nous avons tiré trente coups de pistolet, Str [ ombeck]
et moi, moi
mal.
.
.
On peut feindre un mois, deux mois, mais on revient
à son vrai caractère. Je ne mets pas mon capital à avoir
des femmes. Martial a eu, de dix-huit à trente-et-un
ans vingt-deux femmes à peu près, dont douze véritableme~t après une intrigue. J'ai vingt-cinq ans, d~ns l~s di~
ans qui vont suivre j'en aurai probablement suc. J aurai
vingt chevaux d'ici à ce que l'Age m'empêche d.e
monter.

tres

Jeµgi 18juin.
Minette chez l'intendant : " Vous m'avez fait l'autre
jour des questions, je puis bien vous en faire ~ne à _mon
tour : ce que vous faites pour M 11e de T. est-il sérieux,
ou vous moquez-vous d'elle r
, .
_ Pour vous répondre, il faudrait que vous m eussiez
répondu autrement l'autre jour.
:ous ai_ aimée ép~rdument et je vous aime encore ; 11 n ·est pomt de sacnfice,
poin/ de folie, etc. etc ... (Une déclaration_ véhémente, et
qui fut écoutée avec plaisir de coquettene sans doute.~
Me recevrez-vous encore quand vous serez Mme de Heert.
_ Certainement, mais je ne le serai pas de long-

Je

temps.
.
.
Le futur arrivant ~ermina là notre entretien, qm me
' .
'
.l
prouve que je ne suis pas encore confondu parmi ey

SÉJOUR DE STENDHAL A BRUNSWICK

549

indifférents et que son sentiment pour H[eert] n'est pas
une passion.
J'eus beaucoup d'esprit au commencement de la soirée,
mais de l'esprit ridicule, à la Desmazure; le véritable
auraif tout au plus pu être senti par une Mme de Spiegel
(de Miroir), femme vraiment belle, mais qui dans huit
jours retourne à W eymar.
Mademoiselle de T. trouva encore un prétexte pour ne
me pas remettre les lettres de L. Elle lui parla avec feu;
il s'en alla vers les neuf heures, mais je m'aperçus que je
lui étais importun.
Minette et Philippine questionnèrent beaucoup M. de
Str[ ombeck J sur mon compte.
M [inerte] lui dit: "Je suis silre que Mina ne l'aime
pas, elle en a un autre dans le cœur. "
Phili[ppine] : "Dites-fl1oi: est-ce par hasard que vous
êtes venu l'autre jour au Chasseur vert?"
Str[ombeck] se met à lui conter qu'il n'en sait rien,
que je le suis venu chercher à cheval, etc.
Str[ombeck] à Mina, qui lisait une lettre allemande:
" Ah ! vous recevez des billets doux !
- Est-ce que Beyle vous aurait confié quelque chose r"
J'intéresse leur coquetterie. A dîner, j'ai beaucoup parlé
avec M. Empérius, qui a de l'esprit; mais en qui on sent le
manque d'âme (il n'a pas, dans la conversation, une étincelle de la chaleur de Corinne); il écrase entièrement
Str[ombeck]. Liby ne parle pas mal, il a quelque grâce,
mais il est loin de mys[ eif] 1 (ceci est mon histoire).

1

Moi-même.

�55°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Vendredi, 19 juin 1807.
A cinq heures, je vais prendre ma premiere leçon
d'équitation du maréchal des logis Lefaivre, tête étroite.
Je vais tirer à La Mache avec Münchhausen et M. de
Heert. Je tire assez mal. Cette société me fait mal.
M. de Heert ressemble en bien à M. David, professeur de mathématiques, au physique et au moral. Taille
basse, sans grâce ni force, quelque bon sens, parlant bien
plusieurs langues, mais, ce me semble, ne s'élevant pas
jusqu'à l'esprit. Ç'est peut-être ce qui l'aura empêché de
remarquer que ma plai~anterie était contrainte. · Ils ont
commencé par plaisanter assez librement sur Minette .et
Mina; il ne tenait qu'à moi de Je prendre sur ce ton, mais
j'étais affecté assez vivement et, une fois l'occasion passée,
elle ne s'est plus présentée.
Heert a dit à M. de Str[ombeck]: "Je suis charmé que
M. de B[eyle] 1 aille avec moi, il me plaît beaucoup, etc.
(C'est une traduction.) II me trouve tout à fait bon, ne me
traite point en rival. "
Fortifier cette opinion dans ma course de demain.
Je crois que mesdemoiselles de Gr [ iesheim] savent que
Liby a demandé à M. de Siestorpf comment il devait s'y
prendre pour obtenir la main de M 110 de T.
Celle-là est forte. Il est assez enfant pour parler sérieusement, je ne le crois pas assez hardiment scélérat .pour
employer ainsi publiquement cette ruse. J'en serai pour
ma lettre.

SÉJOUR DE STENDHAL A BRUNSWICK

Je me suis barbouillé,aux yeux:'de Mme de Str[ ombeck ],
en faisant un soir un peu le Valmont. Ce n'est pas la
premiere fois qu'il m'arrive de frapper trop fort.
·
M. de Lauingen m'a invité à dî_ner à Lauingen, ensuite Madame et Mesdemoiselles de G[ riesheim ], M. de
Heert, M. de Str[ ombeck]. Ces dame·s reviennent le soir,
Str[ ombeck] et moi allons à Grossen Twilpstedt.
Ce matin, à une heure, en revenant de La Mache de
passer deux heures avec MM. de Heert et Münchhausen, j'ai eu deux heures d'un dégm1t de tout au mo,nde,
même de l'Homme d'Helvétius, que je lisais alors, et qui
me semble le bon sens même. Je trouve plus dans un de
ses chapitres que dans des volumes des autres, et énoncé
plus clairement, et mieux prouvé.
Str[ombeck] convient ce soir avec moi que le défaut·
&lt;;les Allemands est d'être trop minutieux. Leur législation
les y porte sans doute. Que de recettes, que de caisses,
que d'emplois dans les finances de Brunswick! Quelle
complication dans la distribution de l'a justice !
Apres cela, je vais à la comédie. Le Direèteur, de Cimarosa 1, musique charmante. Je vois ces dem~iselles avec
un léger embarras. Je n'ai pas le sérieux convenable à
l'égard du commandant de la place.
23 juin 1807.

P'oyage à · Twilpstedt. ~ Je suis revenu hier soir de
Twilpstedt. Nous sommes partis samedi, ahuit heures et
L' Impresario in angustie, opéra de Cimarosa, fut représenté
en 1786, à Naples (Teatro Nuovo) et en 1789 ~ Paris
(Thé~tre Feydeau).
1

C'est à Brunswick que Beyle, pour la première fois, orna
son nom d'une particule.
1

55 I

�S52

LA .NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

demie, Str[ ombeck] et moi, Mesdames de Str[ ombeck ],
de Gr[iesheim]; Philippine et Minette étaient parties une
demi-heure auparavant, en voiture ; M. de Heert les
escortait à cheval.
Nous arrivAmes à Lauingen à onze heures et demie,
déjet\nimes bien, comme dirait un Allemand, avec dù
rhum, du bishop, du gâteau, ·du beurre et du chocolat ;
rien de chaud.
Je fus content de moi toute la journée, j'étais occupé
de ma situation avec M[inette] et M. de Heert.M[inette]
me rechercha constamment, je fus un peu timide jusqu'a
dîner, il produisit une révolution.
Apres diner, je vis clairement que M [ inette] avait une
extase amoureuse qui n'était pas de sentiment, mais au
contraire, ce qui indique un grand moyen de séduction.
Je finis par lui parler de mon amour tres bien, a mots
couverts mais clairs. De ce moment au départ, M. de
H[eertJ fut triste: il l'aime réellement.
C'est un homme de bon sens, ayant beaucoup de
ressemblance avec M. David, professeur de mathématiques. Je ne savais rien de la Hollande, il m'a donné les
premiers traits d'une description de sa position.
Pillés indignement. Les capitaux diminués de deux
tiers. Le roi a voulu saisir ceux de la banque, on lui a
laissé entrevoir la révolte, ruinant leur crédit : il les
ruinait. Véritable et fort esprit de liberté. Haine encore
nationale contre les Espagnols.
Toute la Hollande est généralement sous l'eau ; quelques endroits a soixante pieds. Caractere . hollandais aussi
peu aimable qu'il est solide. Paysans des environs d' Amsterdam qui ont huit cent mille francs, un million de bien.

sÉJOUR DE STENDHAL A BRUNSWICK

553

M. de Heert lui-même, Hollandais francisé, mais légerement. Le fonds de bon sens se sent toujours.
Il dit à Str[ ombeckJ de ne pas contribuer à marier
Philippine à M. de Lauingen, cela ne réussirait pas,
c'est-à-dire il serait cocu. Lui cependant aime profondément M [ inette J, il est constamment avec elle, il iui parle
sans cesse ; cela est absolument contre les mœurs françaises : cette préférence ouverte choque la société, la
rompt. Les Allemands, moins civilisés, songent bien
moins que nous à ce qui rompt la société.
Les maris caressent à tout moment leurs femmes, mais
d'un air flegmatique et froid.
Tous les Allemands de la connaissance de Str[ ombeck J
se sont mariés par amour, savoir : lui, Str[ ombeck] ;
M. de Mpnchhausen ; son frere Georges; M. de Bülow ;
M. de Lauingen.
Demander à Faure 1 une liste de vingt ou trente maris
français avec les causes de leur mariage : en général, les
convenances, ce qui a rapport à la vanité, passion habituelle des Français. Les Allemands que je connais ont ....
[ Le texte s'interrompt brusquement au bas d'une page; les
trois pages suivantes ont été laissées en blanc.]
Je relis l'Homme à mon entrée dans le monde en

l'an VIII, venant de Grenoble à Paris.
Quel a été mon état dans le monde ?
Mes maîtresses ?
Mes lectures ?
Réfléchir profondément à cela.

1

Félix Faure, camarade d'enfance de Stendhal.

�554

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

30 juin-[ I juillet].
Journée assez heureuse, le matin par l'argent de mon
père. Je vais au Chasseur vert à une heure, je tire trente
coups à vingt-cinq pas : deux dans le petit blanc. En
revenant, le premier beau temps de trot que je fasse cette
année. J'y retourne le soir avec Str[ ombeck]. Mesdemoiselles Gr[iesheim] et mademoiselle Œhnhausen y sont.
A souper, je rends celle-ci un peu amoureuse, à ce que je
puis deviner. Str[ ombeck] m'accompagne, nous regardons
les étoiles.
Ce matin, 1c' juillet 1807, j'ai chanté pour la première
fois avec M. Denys le duo : Se jiato in corpo avete.

3 juillet. ·
Journée heureuse. Nous allons à la montagne de l'Hasse,
mesdemoiselles de Gr[iesheim ], leur mère, madame de
Str[ ombeck ], mademoiselle d'Œhnhausen, M. de Heert,
Strombeck et moi.
Je vois par l'expérience une vérité dont ma paresse
m'éloigne. C'est combien il est utile de choisir les moments.
J'aurais eu besqin de pratiquer cette maxime auprès de
Pacé 1 et des femmes.
J'ai vu Philippine, la grosse Philippine, sensible ; on
aurait pu ce jour-la lui faire comprendre des choses
impossibles les autres jours,, hier, par exemple, chez
Madame de Lefzau.
Pseudonyme- donné fréquemment par Stendhal à Martial
Daru. Celui-ci était, en 1807, sous-inspecteur aux revues et
faisait fonctions d'intendant de la. province.
1

SÉJOUR DE STENDHAL A BRUNSWJCK

555

Nous nous perdons 1, elle, Minette, M. de Heert et
moi. Colere de madame de Griesheim, air contraint des
susceptibles Lauingen, amphytrion ; son détestable dîner.
J'ai été (autant que ma taille me le permet) bel homme
ce jour-là. Premier jour d'habit gris. J'ai cru remarquer
un peu de trouble sur la figure de &lt;Jlt.Ài1r1ri~wv, 2 le matin,
à huit heures et demie, quand j'entrai chez Str[ ombeck ].
Elle est ici pour quatre jours. Journée très heureuse.

4 [juillet] .
Chez madame de Lefzau. Ennui. Quelle mine faut-il
faire en société, quand on est ennuyé ou malade ?
On a bien raison de dire : audaces fartuna juvat; avec
du respect, quels détours pour pincer les cuisses à mademoiselle d'Œbnhausen ! Par ennui, je l'ai fait hier avec
suctiès. J'ai même touché l'endroit où l'ébene doit commencer à ombrager les lis. Mais je crains que madame de
Str[ ombeck ], faisant fonctions de_ mère, ne s'en soit
aperçue et fkhée.
Somme toute, comme dit Mirabeau, j'ai assez de
Brunswick.
Dimanch~, 5 [juillet].
Journée chaude. J'écris à la petite Italienne que je n'ai
jamais vue. Je tire soixante-dix coups de pistolet à La
Mache.
Je reçois une lettre de Faure peignant bie? ces moments
1 J'étais diablement et ridiculement romanesque, il y a dixhuit mois ! (Note de Stendhal, relisant son Journal à Paris, peu
après son retour de Brunswick).
2 Ce nom grec désigne Philippine de Griesheim.

�556

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de bonheur que le Théitre-Français m'a donnés quelquefois.
M. Réol part demain pour Berlin avec sept chevaux.
J'ai touché avant-hier 580 francs environ du gouvernement. J'ai 4 écus (3,877 x 4) par jour à compter du 24
mai. Voilà une de mes fautes : ma paresse et ma timidité
me ~~ô.-tent 30 fr-éd[ érics] et un écu par jour tant que je
serai 1c1.

M. D[~u] me parla de me faire donner un fr[ édéric] il
y a un mois.
Faire, avant que de partir, le relevé de mes fautes.
1° avoir écrit à M. D[aru] sur l'affaire des bougies; il
a raison, c'est suffisance.
Lundi 6 Juillet 1807.
Tres jolie partie à W olfenbuttel, donnée par Str [ ombeck]. Nous partons· à deux heures, madame et mademoiselle de Gri [ esheim J, mademoiselle d'Œhnhausen,
madame de Str[ombeck], Str[ombeck], M. de Heert
et moi. Je suis tres bien à cheval et vêtu avec élégance.
(Voici ce que j'entends et ce que je veux faire entendre :
on peut porter un vêtement de cinq cents louis et n'avoir
pas l'élégance, qui vient de la convenance de l'habit au
caractere du jour, à la différence avec celui qu'on a porté
la veille, etc., etc., chose importante pour un homme laid.)
La bonhomie de Heert. Ses anecdotes, qu'il raco~te
bien pour ce pays, font la conquête de Strombeck. Il est
bonnement
- et ouvertement amoureux de Minette, il la suit
partout et toujours, lui parle sans cesse, et tres souvent à
dix. pas des autres, le plus souvent en français , avec l'air
sérieux, pesant et sans grke. Il a une figure ignoble, un

SÉJOUR DE STENDHAL A BRUNSWICK

557

visage lourd, beaucoup plus pedt que moi. Nul esprit
(idées neuves, saillies, vivacité), mais du bon sens. Il
raconte avec netteté et assez de chaleur, mêle sans cesse
le hollandais avec l'allemand, ce qui fait grke.
Un âne, disait Lichtenberg, est un cheval, traduit en
hollandais. Le hollandais est le comble du ridicule pour
une oreille allemande.
J'ai eu le défaut, hier et aujourd'hui, d'assommer de
moi Strombeck. Je m'Me toute grâce en étant beaucoup
avec lui, d'une maniere qui l'ennuie peut-être souvent.
Actuellement, qu'il soupera seul avec sa femme, me
redonner de la grke en y allant plus rarement le soir.
La maniere ouverte dont M. de Heert fait la cour à
Minette serait le comble de l'indécence, du ridicule et de
la malhonnêteté en France.
Mais aussi Strombeck me disait en revenant que, de
toutes les femmes de sa famille (tres étendue), il ne
croyait pas qu'il y en et\t une qui eîtt fait son mari cocu.
S.a singuliere proposition à sa belle-sœur, madame de
Knisted, dont la famille va s'éteindre faute d'héritiers
mâles, et tous les biens retourner aux souverains, prise
avec froideur, mais "ne m'en reparlez jamais".
Il en indique quelque chose à 4&gt;.1 en termes tres
couverts; indignation non jouée, diminuée par les termes
au lieu d'être exagérée: "Vous n'avez donc plus d'estime
du tout pour notre sexe. Je crois, pour votre honneur,
que vous plaisantez ".
Dans un de ses voyages, &lt;l&gt;. s'appuyait sur son épaul~
1

Philippine de Griesheim, que Stendhal dénomme plus haut

4&gt;tÀt'IT7T10tOJI.

�558

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

en dormant ou faisant semblant de dormir ; un cahot la
jeta un peu sur lui, il la serra, elle se mit de l'autre côté
de la voiture. Il ne la croit pas inséductible, mais il croit
être s~r qu'elle se tuerait le lendemain de son crime.1
L'amour-propre lui fait peut-être croire cette suite, il l'a
aimée passionnément, si fa riamato, e non ./' ebbe 2•
Du c6té opposé, un homme marié convaincu d'adultère
peut être condamné par les tribunaux à dix ans de prison.
La loi est tombée en désuétude, mais empêche encore que
l'on traite ce point avec légèreté. Il est bien loin d'être,
comme en France, une qualité que l'on ne peut presquè
dénier en face à un mari sans finsulter.
Quelqu'un qui dirait à mon oncle, à Chiese, qu'ils
n'ont plus personne depuis leur mariage les insulterait,
je crois.
Il y a quelques années qu'une femme dit à son mari,
homme de la cour d'ici, qu'elle l'avait fait cocu ; il alla
le dire bêtement au duc, le cocufieur fut obligé de donner
sa démission de tous ses emplois et de quitter le pays dans
vingt-quatre heures, par la menace du duc de faire agir
les lois.
J'ai dit ailleurs que la, majeure partie des hommes se
mariait par amour. Ils ne sont pas cocus, mais quelles
femmes ! des pièces de bois, des masses dénuées de vie. Ce
n'est pas que je n'aime mieux cela que madame Pacé
jouant mal le rôle d'une Française, le jouant comme

Et Stendhal note en marge : "Si je meurs, je prie, au nom
d l'honneur, de brliler ce journal sans le lire. Au nom de
Fhonneur, Français ! ".
1 Il a été aimé en retour, et il ne l'a pas eue.
1

SÉJOUR DE STENDHAL A BRUNSWICK

559

une mauvaise débutante, et pas de flexibilité, pas de
progrès.
Pour en finir sur les femmes, leur dot. A peu près
nulle, à cause des fiefs: mademoiselle d'Œhnhausen, fille
d'un père qui a 30.000 livres de rente et qui fait valoir
ses terres, aura peut-être 7 .500 francs de dot (2.000 écus);
madame de Str[ ombeck J a eu 4.000 écus (4 X 3,877),
elle en aura encore 1.500 ou 2.000 à la mort de sa
mère. Le supplément de dot est payable en vanité à la
cour. " On trouverait dans la bourgeoisie, me disait
Str[ ombeck ], des partis de cent ou cent cinquante mille
écus, mais on ne peut plus être présenté à la cour, on
est séquestré de toute société où un prince ou une princesse se trouve ; c'est affreux. "
Une femme allemande qui aurait l'âme de «l&gt;tÀ1?T?Tt8wv,
beaucoup d'esprit, et la figure noble et sensible qu'elle
devait avoir à dix-sept ans (elle en a vingt-neuf ou trente),
étant honnête et naturelle par les mœurs du pays, n'ayant
par la même cause que la petite dose utile de religion,
rendrait sans doute son mari très heureux.
"Mais il était marié!" m'a-t-elle répondu ce matin
lorsque je blâmais les quatre ans de.silence de l'amant de
Corinne, lord ... 1
Elle a veillé jusqu'à trois heures pour lire Corinne, elle
la sent, et elle me répond : "Mais il était marié!" Voilà
une femme que le mariage lierait.
Aussi, sans être jolie, trouvée même prude, sèche, par
les petits esprits montés sur de petites âmes comme
1 Le nom de lord Nelvil a. été laissé en blanc dans le manuscrit.

�560

LA NOUVELLE REVUE :FRANÇAISE

Christian de Münchhausen 1, par exemple, m'a-t-elle
fait faire quatre grandes lieues ce matin. Je les ai accompagnés (à onze heures) jusqu'à Ordorf, à un grand mille,
suis revenu au Chasseur vert, ai tiré vingt coups à
yingt-huit pas, comme cela'····
J'apprends peu à peu mon métier. J'ai été levé ce matin de cinq à six heures pour un convoi de charpie.
J'ai vu hier u~ beau chien noir de neuf mois dont le
bourreau de Wolfenbuttel veut 2 fredérics (2 x 20 {. 80 c,)

10 juillet I 807-Acheté le chien noir, que je· nomme Brocken,
l'écu vaut 3 f. 877 centimes 3,

11

écus;

VOYAGE AU BROCKEN.

Lundi ... juillet 4, M. de Str[ ornheck] et moi sommes
partis pour le Brocken par un temps superbe. Nous étions
dans sa caleche, attelés de deux chevaux d'ar [mes] ; il
avait son domestique. Seidler, un ci-devant dragon de
Brunswick, actuellement soldat du train, nous conduisait.
Notre voyage a duré soixante-quatre heures et nous a
c.oÎlté à chacun ... 5
J'avais tort, c'est un bon enfant, un des hommes du meilleur ton qu'il y ait dans le pays, mais point d'esprit et une
sensibilité ordinaire. Octobre 1808. (Note de Stendhal.)
' Suit un dessin du carton.
3 "Volé quelques mois après", ajoute mélancoliquement
Stendhal dans un blanc, en bas de la page.
' Le quantième manque ; il s'agit du 13, du zo ou du
z 7 juillet.
5 Le prix a été laissé en blanc.
•
1

SEJOUR DE STENDHAL A BRU~SWICK

Nous sommes arrivés vers les neuf heures à V iddah.
La campagne prend de la physionomie en s'apprnchant du
Harz. A une heure, nous dînions dans l'auberge de La
Truite Rouge, à Ilsenburg. Nous y trouvons MM. de
Hamerstein, dont l'un a tué à Paris Gustave Knœring.
Nous nous mettons en marche pour le Brocken, à
quatre heures. En montant, nous voyons une batterie de
fer et une fabrique où l'on tire le fer en fil.
Nous arri~s au Brocken vers les huit heures, excessivement fatigués, M. de St[ rombeck] moins que moi
cependant. La petite vallée qui y conduit est très commune; les gens de ce pays l'admirent parce que c'est la
première montagne qu'ils voient. L'Ilsenstein, ou rocher
de l'Ilse, ne mérite aucune attention à mes yeux, et est
cependant célèbre. Sur le petit Brocken, demi-heure l
avant le véritable, il y a une maison abandonnée. Le
comte de W ernigerode, souverain de ce pays, a fait bâtit
sur le sommet du Broc-ken une maison, dont les murs ont
cinq pieds d'épaisseur. Elle est de granit, comme le ll)Ont
lui-même. La maison est exactement au sommet. Ce
sommet est couvert de gros blocs de granit, tout indique
une montagne qui tombe en ruin~. Cette maison est, je
crois, remarquable en ce qu'elle est peut-être la seule du
monde, à cette élévation 2, d'où la vue puisse s'étendre
de tous c&amp;tés. On voit aussi bien les plaines qui sont
adossé~ à la forêt de Thuringe, vers, Gotha et Weimar,
que celles de Brunswick et de Hameln. Le Brocken est
l'habitation la plus élevée de l'Allemagne. Nous y trou1 Stendhal n'a jamais pu se débarrasser entièrement du
dauphinisme " derni-heure ".
2 le Brocken a une altitude de 1. 14z mètres.

2

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

v1mes le froid et un vent d'une violence telle que je n'en
ai jamais senti de pareil ; il avait des redoublements
moins sensibles que dans les plaines.
J'étais anéanti. Apres avoir pris du rhum, de la bière
et du thé, nous fîmes le tour de la maison et mont!mes
sur la tour. Voici un croquis de la maison 1• J'ai un peu
exagéré la courbure du sommet, ainsi que la hauteur du
paratonnerre. A neuf heures, Strombeck et moi étions en
A. Le vent me semblait chaud à force de violence, il nous
semblait entendre quarante ou cinquante tambours
battant continuellement.Notre vue s'étendait à un quart de
lieue à peu prés, tous les gouffres qui nous environnaient
étaient rempli&amp; de nuages.
Nous fîmes un souper très passable pour le lieu. Les
chambres sont propres; sans la canaille de Gœttingue et de
Helmstedt, qui y abonde et qui brise tout, - ce sont des
étudiants pour la plupart, - le comte ferait arranger des
chambres beaucoup plus propres. L'hôte qu'il y tient y
est depuis cinq ou six ans ; trois de ses enfants sont nés
dans ce bout du monde ; il est séparé du reste de la terre
pendant trois mois ; il nous dit que ses enfants étaient
baptisés au retour de la belle saison.
Il nous montra de petits in-quarto dans lesquels chaque
étranger met ordinairement son nom et une platitude sur
le Brocken en forme de sentence. Ordinairement, on
admire, sans orthographe, la puissance de Dieu qui a tiré
le Brocken du néant. Le votume qui précède celui où
Suit ce croquis de la maison,
bure dont parle Stendhal est peu
point A est au sommet de la tour,
central. Le paratonnerre s'élève au
1

orientée vers !,est. La couraccentuée sur le dessin. Le
bâtie au centre du pavillon
centre de cette tour.

SÉJOUR DE STENDHAL A BR.UNSWICK

nous mîmes nos noms commence par : Friedrich Wilhelm I,
Louise, Kœnigin von Preussen (Frédéric-Guillaume, roi de
Prusse, et Louise, reine, etc.), écrit en caractères allemands.
Je fus êtonné du peu de noms étrangers: je rencontrai, en
feuilletant, deux inscriptions françaises et une italienne.
Je fus étonné de la platitude d'un tel recueil, elle n'a
pas empêché un libraire d'imprimer les quatre ou cinq
premiers volumes. C'est fort, mais il me ~mble qu'on
imprime plus en Allemagne qu'en France.
9 novembre 1807.
Il faut trop de paroles pour bien décrire. C'est ce qui
m'a fait interrompre ce journal dèpuis le commencement

de juillet. Il serait utile d'écrire les annales de ses dlsirs,
de son &amp;me; cela apprendrait à la corriger, mais aurait
peut-être l'inconvénient de rendre minutieux.
Depuis le mois de juillet j'ai renvoyé Jean, qui
m'excédait, et pris Romain, dont je suis content. Mon
cheval bai a pris le vertigo, j'en ai acheté en octobre un
gris 35 frédérics, léger, mais pas fort, joli cependant.
J'ai tué trois perdrix au vol, à mon grand étonnerpent.
Je suis allé plusieurs fois à !'Elme avec M. Daru. Il
m'a encore parlé de nos anciens différends avec une bonté
extrême.
Le grand maréchal de Mnnchhau~en fu'a entièrement
satisfait par des espèces d'excuses. Cette affaire est terminée et bonne à oublier. 1
1 C'est une affaire d'honneur, à laquelle Stendhal fait allusion
dans sa /Tie de Henri Brulard (Il, 154). Si Stendhal fut malad.roit,
Münchhausen " ne fut pas brave ce jour-là. "

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Je me suis guéri de mon amour pour Minette. Je
couche tous les trois ou quatre jours, pour les besoins
physiques, avec Charlotte K,nabelhuber, fille entretenue
par 'M. de Kutendvilde, riche hollandais. J'ai été content
de moi à ce sujet.
Madame Alexandrine D[aru] _a passé et m'a reçu
d'une manière qui avait la façon de l'amitié.
J'ai fait un voyage agréable à Hanovre. J'y ai eu
Jeannette. J'ai gagné 34 ou 35 napoléons à l'aimable
Digeon.
'
J'ai été huit jours moins quelques heures absent de
Brunswick avec Réol (du 26 octobre au 2 novembre).
Voyage agréable, dont je compte faire un journal à part:
Hier, bal animé chez madame de Marchhaltz, avec
qui B. passe sa vie d'une maniere frappante. Str[ ombeck J
était bien malheureux pendant que nous nous am~ions.
Il m'écrit ces propres mots: "Le soir d'hier était ,un des
plus terribles de ma vie: ma femme désolée, _et moi-même
hors d'état à la consoler.
"Toute la nuit, l'image de mon Charles m'était
devant les yeux. - Cela finira comme tout finit. "
Il a perdu son fils Charles du êroup. J'ai été souvent
chez lui le jour de la mort.
14

janvier 1808.

De toutes nos connaissances de Brunswick, le seul qui
ait réellement de l'esprit c'est Jacobsohn. Il joint à son
esprit toute la finesse d'un juif qu'il est, et deux millions.
' Beaucoup d'imagination dans le genre oriental; mais il
ne parle pas bien français, et sa vanité est trop à découvert.
Par vanité, en le flattant, aux bains d'Helmstedt on_ lui a

SÉJOUR DE STENDHAL A B~UNSWlCK

fait dépenser deux mille écus. En le tournant, on lui en
ferait dépenser dix, mais dans l'intérieur de son ménage
toujours cancre comme un juif.
Son mot de l'agio de la religion à la duchesse est joli.

M. de Siestorpf, grand veneur, n°

en esprit.
Homme de soixante ans, 80.000 francs de rente.
Physionomie exprimant finesse et méchanceté. Mauvais ,
cœur ; n'a jamais rendu de service d'argent. Il commande
un télescope à un jeune artiste pauvre de Brunswick
(M. de Siestorpf est très granâ amateur d'ouvrages de ce
genre), il doit donner 200 écus au pauvre jeune homme;
quand il e-st fait, il ne veut plus lui en donner que soixante.
On dit qu'il a été peu sensible à la mort de son fils
unique, mort à vingt-quatre ans, et dont il contrariait la
passion pour une fille naturelle du duc de Brunswick, je
crois, mais ayant le titre de comtesse, dame d'honneur,
reçue à la cour, etc. Homme dur, n'ayant aucune considération pour le malheur. Ressemblant assez à un
sanglier.
2

N° 3. MM. de Münchhausen, ambassadeur; de Strombeck:, conseiller.
Ces deux homm~ mêlés fetaient deux hommes charmants. Ils ont un mérite fort différent.M. de Münchhausen,
homme du grand monde, bavard impitoyable, raconte sans
cesse des anecdotes assez agréables. Se met un peu trop en
avant, voulant toujours rappeler indirectement qu'il était
présent, lorsque M. le prince Henri, M. de BouffiéÎ:s,
M. de Nivernais, etc., disait tel mot agréable. 36.000 frs
de rentes, viagères en majeure partie. Avare et sale au
dc;rnier point. Mettant tout son bonheur, toute son ex1s-

�566

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tence dans les croix, les cordons, les plaques, etc. Homme
de cœur par le fond du cœur.
Bon musicien, touchant bien de l'harmonica, du piano,
etc., ayant fait imprimer de la musique. Au total, le coup
d'œil d'un homme du grand monde (cinquante-cinq ans).
Ce qui est le contraire de M. de Strombeck, qui a l'air
d'un apothicaire. L'esprit lourd, pesant et lent ; des idées
cependant, ni nettes, ni justes, sur l'article de la vertu et
des gouvernements. Bon ami, père tres tendre, bon fils,
bon frère. Aimant les arts, sachant un peu d'astronomie,
tres instruit, mais manquant du levain philosophique, ne
réunissant point ses idées. His love far cf&gt;. fTrente-cinq
ans, et 12.000 francs de rente.
Sa femme est mère, rien de plus. Parfaite nullité, douceur, vertu, mais lenteur effroyable ; Allemande autant
que possible.
4. M. de Bothmer, grand chambellan. A soixante-six
ans. S'il n'en avait que quarante, nous l'aurions sans doute
mis au n° 1t•, Appétit dévorant, mangeant de la viande
comme trois hommes ordinaires. Sait six langues, a fait
de jolis proverbes allemands, a le goftt littéraire qui
régnait en Allemagne sous Frédéric le Grand. Adoration
du genre français, avec ses vices et ses vertus. Les grands
hommes allemands, Gœthe, Wieland, Klopstock, BUrger,
Herder, Schiller, ont changé cela. M. de Bothmer n'est
plus que l'ombre de ce que je crois qu'il fut autrefois. Il
n'a pour vivre que ses appointements, 6 à 7.000 francs;
il est commandeur de· la branche protestante de ]'Ordre
1

Son amour pour Philippine.

SÉJOUR DE STENDHAL A Bl!,UNSWTCK

Teutonique. Il est bon par philosophie, et je crois aussi
par tendresse de cœur; et, par calcul, il vante tout le
monde avec un air de franchise et en parlant à eux et
d'eux, cc qui fait que tout le monde en est enchanté.
Aime beaucoup madame de Marenholtz, sa fille, coquette
par excellence, qui captive entièrement Brichard.
Père d'un sauvage sans esprit, véritable militaire, excessivement fort, fait pour dégoüter un homme qui pense
du métier des armes. Ce fils, nommé Ferdinand, ne voulait pas que Bri [ chard] et moi l'appelassions ainsi.
Père de mademoiselle Caroline de Bothmer, l'amante
de M. de Haugwitz, qui s'est tué. Sa touchante histoire.
Son cœur n'est plus qu'un monceau de cendres; un peu
de vanité les anime de temps en temps.
M. de Bothmer n'a d'idées grandes et arrêtées sur rien.
C'est une petite philosophie médiocre et aimable. Jacobsohn, au contraire, est vraiment l'homme d'ici qui a le
plus d'esprit. Personne n'en d_outerait s'il savait le français
seulement passablement.
I7

[janvier].

Dîné chez le général Rivaud, commandant la division.
Un peu incommodé d'éblouissements depuis trois
jours ; M. Hacur, médecin raisonnable.
Martial est toujours à Cassel avec son frere, moi ici,
faisant quelquefois des chiteaux en Espagne et me voyant
commissaire des guerres dans trois mois et, qui plus est,
suivant M. Z. 1 en Portugal ou en Grece. Je serais
1 Stendhal désig~e très fréquemment Pierre Daru par cette
initiale.

�568

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS.!

enchanté de ce voyage. Au total, je suis content de ma
position et de mon état ; le climat seul me donne de
l'humeur de temps en temps. Je lis Sismondi avec plaisir.
U'ai soixante louis environ.)
Je dîne ce soir chez M. La Saulsaye 1, homme, je
crois, très aimable jadis, mais radotant un peu, à ce que
pense Réol.
20

SÉJOUR DE STENDHAL A Bl!,UNSWICK

jamais. I think that 1 shall have this in my caracter 1•
Je n'ai pas lu depuis huit mois une pièce de Corneille
ni de Racine. L'Ecole des Maris de Molière, Othello et
Jules César de Shakespeare.
Shakespeare m'ennuyait il y a trois mois, actuellement
je ne fais pas attention l'enflure et il m'intéresse. Othe/lo
m'a paru presque parfait.

a

26 janvier 1808.

janvier'·

Simplicité, Tragldie, Jules César.

Si des géants bitissaient un mur avec des quartiers de
roche, ils mettraient avec autant de facilité un rocher
gros comme un palais sur un autre rocher qu'un maçon
pose une pierre sur une autre pierre.
De même, de grandes imes faisant urie grande action :
Brutus, Régulus, etc., doivent avoir aussi peu de peine
(remords, sensibilité poétique à part) faire les actions par
lesquelles ils sont connus qu'un lieutenant d'infanterie à
faire faire feu à son peloton.
Voilà la noble simplicité, l'aimeté, . si l'on peut parler
ainsi, qu'il faut que les personnages tragiques aient. Cela
produit tout de suite le sublime, c'est presque le sine qud
non de la tragédie 3• Corneille l'a quelquefois, Voltaire

a

1 La Saulsaye, ordonnateur, était le supérieur direct d'Henri
Beyle.
' Stendhal a écrit dans la marge, au crayon : " Relu avec
plaisir, et trouvé la peinture véritable et utile. 24 juin 1815."
1 Stendhal note en marge, toujours en crayon, et probablement aussi le 24 juin 1815 : "Cette idée n'est pas trop
bonne."

Hier, je suis allé au thé!tre allemand, où j'ai eu un
peu de fièvre. Je suis revenu jouer au billard avec Lhoste
jusqu'a minuit. Nous sommes allés prendre les Mémoires
de Maurepas. Revenu chez moi, je les ai lus jusqu'à
deux heures, ils ne m'ont rien appris.
Ce matin, à dix heures, en me levant, j'ai lu la page
1 75 de la Logique de Tracy.
La comparaison des tuyaux de lunette qui sont renfermés les uns dans les autres et qu'on en tire successivement devient évidente pour moi en songeant à M. La
Saulsaye. C'est un ord [ onnateur J. C'est un homme de
. soixante-trois ans, qui a de l'amabilité, qui a été homme
femmes dans sa jeunesse, de ces têtes dont la force suit
cdle des c ...... , bien la vanité d'un homme du monde,
mais des restes de netteté dans l'esprit. Il a dll être fort
vif autrefois. (Le tuyau s'allonge à chaque nouvelle idée
que je vois dans le sujet des précédentes, dans l'homme
nommé La Saulsaye '.) Il radote un peu, (Nouvea~

a

Je crois que j'aurai cela dans mon caractère.
' Si c'était un raisonnement suivi, ce serait le même tuyau
qui serait allongé. (Note de Stendhal, à l'encre cette fois.)
1

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tuyau; mais puis-je le voir sortir du tuyau de ... (des restes
de nettetl dans l'esprit)? - Non. Il faut me figurer M. La
Saulsaye comme la tête de ces limaces dont les trompes
oculaires s'allongent, et se retirent ensuite quand elles ont
peur. Chaque idée nouvelle est comme une trompe
nouvelle qui sort de la tête. 1)
Mais, comme je l'ai dit, on ne se figure comme un
tuyau de lunette qui s'allonge que les idées formant un
raisonnement, comme: le grand juge est un homme qui
ne se connait pas lui-même, ou qui n'est susceptible que
des émotions que donne l'exercice d'une autorité quelconque.
Voilà le fait, la lunette rentrée dans elle-même, dont
je vais tirer les tuyaux.
Il a quarante-cinq ans, trente-six mille livres de rente;
il demande de l'emploi, ce n'est pas . pour gagner de
l'argent, ce n'est pas par amour de la patrie. Donc, le
grand juge, etc. C. Q. F. D.

28 janvier 1808.
Joli bal chez madame de Marenholtz. Je ne danse
qu'une fois.
Jolie idée de M. de Villefosse qu'il faut comparer tous
les états en Europe.
Les courtisans, presque semblables.
Les savants, idem.
Les négociants... Je l'arrête là : la froideur raisonnable
et fière d'un Anglais, la bassesse et l'astuce italiennes.

57 1

SÉJOUR Dl STENDHAL A BRUNSWICK

Les amants... Je l'arrête aussi: figurez-vous cette société
à Milan. La vivacité des Montferrines.
Tache de graisse avec le... 1 à propos de: Je crois que
vous nagez mieux que madame une telle. - La jambe
jusqu'à l'aisselle.
Ier

février.

Je reçois la lettre de M. Daru qui me charge des
Domaines. Je ne suis pas enthousiasmé de cette faveur ;
je ne sais pas encore le cas que j'en dois faire.
Le 5 ou 6 [février].
Réol me conte la conversation of two hrothers upon me 2•

18 [février].
Je dîne pour la deuxième fois chez le préfet. Br[ichard]
m'ennuie assez. Les habitants et moi n'avons pas beaucoup
d'inclination les uns pour les autres. J'ai acheté la Cène,
les portraits de Frédéric et de Raphaël, un beau paysage
du Lorrain et une vue du soleil à minuit à Torneo.
Je mettrai sous ces portraits et paysages: le Nord et
le Midi, tous deux grands; lequel fut le plus heureux?
I9

Je

[février J.

visite toute la chambre des Domaines. Chemin

faisant, j'apprends les mariages de M. l' hofrichter de
Un mot illisible.
Des deux frères à mon sujet. être Pierre et Martial Daru.
1

C'est exactement l'idée de Tracy, I 78, ligne 18. (Note de
Stendhal, écrite le même jour que la précédente.)
J

1

Ces deux frères sont peut-

�57 2

LA NOUVELLE Rl!VUE FRANÇAISE

M-nnchhausen avec mademoiselle de Praun; M. le comte
de Weltheim avec mademoiselle Frédérique de Bnlow.
Voilà deux maris qui auraient grand besoin d'un lieutenant. Si ces demoiselles sont bien pucelles, ils n'en viendront jamais à bout.
J'ai vu tuer hierau commandant Beteilledeux chevreuils
en deux coups.
Enfants meilleurs que des hommes faits. Beaucoup plus
de bonne volonté et moins de coquinerie.
Je vais demain chasser au lièvre. On part à six heures
et demie ; c'est à W olfenbüttel.
Je caracole toujours de temps en temps mademoiselle
Charlotte.
J'ai des velléités fortes et très passageres pour quelques
femmes. Du reste, la morale par moi décrite il y a un an
dans le cahier qui précède celui-ci est presque tournée en
habitude. J'ai gagné de ce c6té. La timidité s'en va aussi.
Si je servais sous un autre intendant général que
M. Daru, mon parent, •ce sentiment me serait presque
inconnu .aujourd'hui.
J'ai écrit, il y un mois, une lettre à Tracy dont Faure
n'est pas très content.
Tout le monde se marie: Adèle à M. Pétiet; mademoiselle Pétiet au colonel Girardin, qui b...... tres bien,
mais est fort laid ; de l'esprit, beaucoup, je crois; enfin,
!'empesé, l'important, l'ennuyeux Nougarede à madame ... 1
fille de Son Excellence M. Bigot de Préaméneu, ministre
des Cultes. Nougarède doit être plaisant.
J'ai fait la bonne connaissance de M- Héron de Ville1

Stendhal a laissé le nom en blanc.

573

sÉJOUR DE STENDHAL A BRUNSWICK..

fosse, homme d'esprit qui malheureusement a un peu de
ressemblance morale avec M. Nougarède.
11 faut que je corrige un peu de pédanterie dans mes
· manières, peut-être suite de timidité.

25 février.
Depuis lors, j'ai tué trois lièvres, les premiers quadrupèdes de ma vie, et le même jour dtné chez M. de Rodenberg, drossard (sic). M. Diodati, bon petit vieux.
Le vin et la musique me font plaisir.
Temps magnifique, gel et soleil depuis huit jours.
Le lendemain, dîner assez ennuyeux chez M. Bramerd.
Le Lendemain, je donne à dîner, pour la premiere fois, à
sept personnes (92 francs). Dtner demi-officiel, qui réussit.
Le lendemain, chasse aux canards. Nous ne tuons que
deux corbeaux.
Hier 24, j'étais chez M. de Praun, ennuyé de Brunswick, j'étais bien, ne sentais plus ma fièvre depuis quelques
jours, mais presque malheureux par ennui.
Le général Rivaud me conte la lettre bien jeune de Son
Excell.ence M. Morio, Il était outré pour lui, et cela
rejaillissait sur moi.

Déesse, venge-mus, nos causes sont pareilles !
Voici un de ces faits comme il m'en manque quando io
voglio dipingere un carattere 1•
La première page de la lettre finissait ainsi : " Sans la
considération que j'ai pour M. l'ordonnateur Morand, je
vous ordonnerais (le revers continuait :) de faire arrêter ",
etc.
1

Quand je vcui: dépeindre un caractère.

�574

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

Le général Rivaud : " Sans la consid!ration q,u j'ai pour
M./' ordonnateur M orand,je vous ordonnerais !... - De manière qu'il semble que c'est moi que ça regarde, et que s'il
ne m'ordonne pas, c'est par la considération qu'il a pour
M. Morand. "
Je suis st1r que si les trois dernières lignes de cette page
avaient été au commencement du revers, il aurait été
moins irrité.
Le mot ordonner le choquait d'ailleurs, et avec raison (si
on a jamais raison en ayant de la vanité), de la part d'un
homme qui n'est que colonel dans l'armée française, qui
a été dernièrement deux ans sous ses ordres en .:ette qualité, et qui, faisant souvent auprès de lui le service d'aide
de camp, " ... qui était auprès de moi avec •.. cc ... respect,
je puis dire ".
Cette communication, qui aurait fait le malheur d'un
autre, me donna un vif sentiment de plaisir.
J'observais le même effet le 5 mars 1807, lors de l'insulte de Martial.
Hier, mon bonheur se prolongea toute la soirée. Peutêtre serais-je presque constamment heureux si je vivais au
milieu de grands événements.
Celui-ci, qui n'est grand que pour moi, peut avoir des
conséquences bien diverses : probablement, faire gronder
ce jeune ministre; peut-être me faire quitter Brunswick
comme ayant cherché querelle, ou désagréable ici. Je m'en
fous, je voudrais presque quitter Brunswick, M. Z. est si
mal disposé pour moi et la conduite du ministre est si absurde, qu'il peut y croire quelque insulte particulière faite
par moi à quelqu'un, et cela me recule de plusieurs années.
Je m'en fiche, je suis sans enthousiasme.

575

sÉJOUR DB STENDHAL A BRUNSWICK.

Faisons notre devoir et laissons faire aux dieux.
Je viens de finir, avec cette même plume, une grande
lettre de quatre pages à M. D [ aru] qui montre, cc me
semble, l'absurdité du m(inistre] et mon innocence
comme deux et deux font quatre.
2

mars.

Je sors à onze heures de

chez M. de Siestorpf, après
avoir écrit avec cette plume, jusqu'à huit, une grande
lettre !'Intendant général.
J'en ai aussi écrit une grande à Lambert, où je dis ce
que je pense de ce pays-ci, c'est-à-dire pis que pendre.
Cela m'a disposé à la gaieté ce soir, et je l'ai été, point
timide.
J'ai perdu trois écus, il y a huit jours ro ; j'en avais
gagné I 2 ou I 5 il y a quinze jours.
La lettre de Lambert contient, sur la Calabre et sur la
musique de Naples, des choses qui confirment mes idées
au lieu de les modifier. Je trouverais l'homme presque
naturel en Calabre.
Mes yeux ont bien joui, ce soir, de la beauté de
mademoiselle de Klœsterlein.

a

3 [mars].
Société et pharaon ennuyeux chez le général Rivaud:
Madame a la fièvre. Saucerotte m'apprend à gagner en
observant la suite des cartes, parce qu'on ne mêle pas. Je
gagne de l'intimité avec madame Struve.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

4 [ mars].
J'ai reçu une lettre très aimable de Martial, qui me
parle de garde ; mais je ne crois pas qu'il soit de mon
intérêt d'y aller. Z. serait jaloux de la manière. Je suis à
un examen dont j'espère me bien tirer. Je ne serais plus
disponible, une fois dans la garde. Je vais être com[missair Je, à ce qui est probable. Cette intendance-ci peut
me mener à une véritable.

6 mars.
Le peuple de Brunswick prête serment. Laideur propre
au gothique du bâtiment où sont nichées les autorités.
L'ignoble des bourgeois dans les cérémonies me fait
toujours mal au cœur.
Le bourgmestre de Br [ unswick figure ridicule, a lu un
discours que personne n'a entendu. Il n'avait pas eu
l'esprit de faire dire a~ peuple quand il fallait lever la
main ; ce mouvement s'est fait partiellement, et tout le
monde a ri. Les allemands jurent en levant deux doigts
de la main 1•
Les cérémonies me font toujours mal, en me rappelant
l'ignoble de Gr [ enoble
Elles m'en feraient bien plus, si j'en voyais à Gr[ enoble]
même.

J,

J.

11

mars.

J'écris toutes mes lettres officielles aux pieds du portrait
de Raphaël, qui change de physionomie suivant les heures
du jour. Cette ·belle figure, qui tira le bonheur de son
Suit un croquis représentant une main d,i:oite, avec l'index
et le médius levés.
1

SÉJOUR DE STENDHAL A BRUNSWICK

577

cœur, m'empêche de me dessécher l'Ame entièrement.
J'ai aussi la Cène de Morghen, contrefaite par Rainaldi.
J'en suis fort content, surtout des figures qui sont à la
droite de Jésus.
J'ai aussi un beau paysage du Lorrain, le soleil vu à
minuit à Torneo, et le portrait de Frédéric Il.
Je veux mettre Frédéric à c6té de Raphaël, sous
Frédéric: Nord, sous Raphaël : Midi. Sous Lorrain :
Midi, Nord sous Torneo:
Cela rend un peu mes impressions.
Hier soir, à onze heures, on frappe à ma porte; je
revenais de chez Saucerotte.
C'était l'excellent général Mich[ aud] 1 et Durzy qui
étaient à l'Mtel d'Angleterre. Excellent accueil du général M[ichaud], bonté extrême. Comme il avait l'air
content, comme il m'embrassa en entrant et sortant,
comme il m'éclaira jusqu'à la dernière rampe !
J'étais content, en revenant à une heure, de cette joie
rare que donne le contentement des hommes.
Il rit avec moi du mariage d' Ad [ èle]. Dr6le de panégyrique de Pét[iet] ; il croit qu'il va devenir poitrinaire.
C'est, je crois, un Poco.
Ce soir, soirée chez le grand maréchal ; j'y arrive tard.
Tristesse de madame la grand-juge, air d'épuisement du
mari.
Je reçois une lettre de ma sœur; il y a un an d'expérience entre cette lettre et la dernière. L'agitation forme.
Elle est fort liée avec V.
Beyle avait été aide-de-camp du général Michaud en Italie,
alors qu'il était sous-lieutenant (1801).
1

3

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

VOYAGE.
Depuis le I 3 décembre I 806, jour de mon arrivée à
Brunswick:
Le 25 décembre, parti pour Paris, arrivé à Br [ unswick J
le 5 février.
Allé à Wolfenbüttel
A Hambourg
A Cassel.
A Hanovre.
A Blankenbourg
Au Brocken.
A Helmstedt
A Twilpstedt .
A Halberstadt
A la chasse à ]'Elme
A !'Hasse

Il y aura seize mois après-demain,
je suis à Brunswick.

9 fois.
I fois.
1 fois.
idem.
idem.
idem.
idem.
idtm.
2

fois.

7 fois.
2
I

fois.

3 mars 1 808, que

17 mars.
Je suis bien heureux que le hasard m'ait éloigné -de la
cour, où j'avais envie d'être placé i_l y a deux ans. Voilà
une grande erreur où j'ai été et qui doit me rendre
circonspect sur deux choses : le mariage, et la démission
de ma place.
Il est possible que ces deux envies me viennent, mais
il faut y réfléchir longtemps.
L'expérience d'un an que j'ai faite d'être attaché à une
personne et ce que je viens .de lire dans l'abbé Aunillon
me confirment dans l'idée que je suis absolument impropre à la cour. Une place indépendante et solitaire comme

SEJOUR DE STENDHAL A BRUNSWICK

579

celle que j'occupe aujourd'hui me convient beaucoup
mieux. Il est vrai que je m'ennuie infiniment.
Je n'ai pas monté à cheval pendant un grand mois.
Depuis six jours, je monte tous les matins. Strombeck est
à Cinbeck, Br[ichard] et moi nous ne nous plaisons pas,
c'est à peu près la même chose avec Lejeune, de manière
que je vis absolument seul, n'aimant personne et aimé
de personne, je crois.
J'ai fini il y a quelques jours Desolme. Cela m'a fait
naître le projet Jun. et Mira. Il y a une grande gloire à
acquérir. Je me suis amusé à dessiner une esquisse, mais
mon crayon ne valait rien ; la finesse de Mira veut
d'excellente mine de plomb.
Une idée m'a frappé, et je l'écris parce que je sens
qu'elle s'en va:
Il est excessivement nuisible que les auteurs qui parlent
pour la première fois à un homme d'un établissement
politique, comme le parlement de Paris, par exemple,
s'engagent dans l'historique de ce que ce corps a été, de
ce qu'il veut être. Sans le nommer, il devrait établir ce
qu'il est ; ce point bien éclairci, venir à l'historique et à
ses prétentions 1•
La méthode contraire, que les auteurs que j'ai lus ont
suivie, fait que j'arrive seulement à des idées frappantes
d'évidence sur plusieurs établissements politiques.
Je ne me méfie pas assez de la mémoire des sots, c'est
le côté par lequel ils réparent leur sottise. R- savait bien
raison.
1

Critique juste, applicable à la Logirpœ de Tracy. 18 I 5.
(Note de Stendhal, au crayon.)

�580

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Deux physionomies m'ont frappé: celle de P., lorsque
je lui dis, en uivant mon imagination (ce qui est un plaisir pour moi), que j• couchais presque chaque nuit avec
Mélanie, sur le boulevard, que cela me tenait plus près
de mes banquiers. Je l'avais assuré du contraire il y a un
an, il me fit répéter.
Celle de madame l'amie de la Major, hier, au Grosse
Jonferstii, la locataire principale de la chambre que j'ai
louée 48 francs par mois pour avoir une de ses filles,
lorsque je vins à parler de l'autre, de celle qui est en Saxe.
Au reste, j'ai de mon père 400 francs par mois, et je
dois encore 3.000 francs, malgré les bienfaits de M. de N.
Voilà ce que P. btlitve 1•

sÉJOOR DE STENDHAL A BRU SWICK

" ... Il s'imagine souvent que tous ceux qui lui parlent
sont emportés, et que c'est lui qui se modère. " (Caractère
du duc de Bourgogne, Histoire de Fénelon, tome 3,
page 144.)
Beau trait à développer, à montrer en action.

19 mars I 808.

Il y a un volume de cinq cents pages bien intéressant
à faire, c'est l'histoire de la religion catholique, de Jésus à
nos jours. On voit bien, quand je dis cinq cents pages,
que je suppose la plus parfaite impartialité et surtout
innniment peu de discussion savante et critique sur les
faits 1•
Ce serait bien là far suoi i temi gia prima trattati

18 mars 1808.
Je prends

une

excellente

leçon

d'anglais

chez

25 mars.

M. Empérius. J'explique Richard IIl,j'en suis fort touché.
Au lieu de renfermer mon imagination en moi-même,
j'ai la bêtise de la dissiper en lui contant deux belles
anecdotes. L'idée me vient de faire une t[ ragédie J de
l' UsurpattUr, auquel je donnerais une tournure de plaisanterie assez dans le genre de Nicom~de et telle que Richard
the third l'a, par exemple dans la scène qui précède la
venue de la reine Marguerite. Je vois nettement ce caractère un moment, et je suis stlr qu'il ferait un grand et bel
effet,
Sans ma maudite manie de bavarder, je verrais encore
ce grand caractère.
Excellent trait :

Pour moi.
Remède souverain contre l'amour : manger des pois.
Éprouvé aujourd'hui 25 mars, après une promenade très
agréable à cheval et un gotlt vif éprouvé pour la petite
voisine du palais Bcwern (?).
Quelle est la meilleure manière, pour ma personne de
tirer parti des moments de froideur et de maladie ?

27 mars.
Le Flatté, comédie assez plaisante de Goldoni. Ridiculiser un flatté par la manière dont ses flatteurs se moquent
de lui et par la manière dont ils le font aller, par sa vanité,
1

1

Voill ce que P. croit.

2•

Variante: "C'est l'admission de très peu de faits."
' Faire siens les themes déjà traités auparavant.

�LA: NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à laquelle ils donnent à propos de nouveaux aliments.
Tartaglia ne/ Angelino Belverde. Gozzi, tomo ITI, 263.
Brighella, pag. 26 L,
29 mars.
J'ai trouvé il y a tr01s Jours dans la Punizione ne/
Precipizio, comédie de Gozzi, que je lisais avec un
extrême plaisir, cette réponse (tome V, page 267) :

Alfonso.
••• ed ogni giorno, il giuro,
Tal tributo averai.
Elvira.
Ed io, fanciullo,
La tua pietà mai non potrà pagarti 1•
Cette réponse m'a semblé le sublime de la délicatesse,
mais il faut se mettre dans la situation.
Je lis depuis deux jours, avec le docte M. Empérius,
l'ouvrage de Colquhoun sur la police de Londres, que je
trouve diablement bavard.
Je lis les œuvres de Gozzi, qui me paraît avoir plus
d'esprit et un meilleur ton que Goldoni.
Je regrette et désire Charlotte depuis que je ne l'ai plus ' .
J'ai été charmé de la prise de Constantinople par les
croisés, racontée par Simon de Sismondi à la fin du
deuxième volume.
1

Alphonse: Et chaque jour, je le jure, je remplirai cette

obligation.

Elflire: Et moi, enfant, je ne pourrai te payer de ta peine.
' La franchise faisait son caractère. 1 8 I 5. (Note de Stendhal,
au crayon.)

583

SÎJOUR DE STENDHAL A BRUNSWICK

[2 avril].
Le 2 avril, rassasié de lecture, j'allai, à neuf heures du
matin, porter à M. Daudrillon une lettre de recommandation pour M. de Presle, de Blanckenbourg, où il allait le
jour même.
En déjeunant, M. Daudrillon, de Bothmer, K.ling,
l'architecte, et Valory formèrent le projet de passer par
Halberstadt. Je leur dis que je les accompagnerais. Je
voulais aller demander à M. Clarac les états des domaines
de l'Ildesheim. Rentrant pour monter à cheval à midi, je
les trouvai chez moi.
8 avril.
Grande inondation arrive à ma porte à une heure et
demie du matin le 8 avril.
Je lis la préface de Johnson à Shakespeare. Judicieuse
et à discuter.
Voici le titre d'un livre qui peut être bon : An
may towards Jining the true Standards of witt and humour,
raillery, satire and ridicule, etc., etc., by Corbyn Morris,
esq. Un vol. in-8°, 1744.
Shakespeare a écrit trente-cinq pièces.
II

avril.

Je reçois une lettre de Réol qui me dit que M. Z. est
appelé, que M [ artial] part pour l'Espagne.
J'écris à madame de B [ aure], à madame D [ aru] la
mère, pour demander d'aller en Espagne quand. mon
affaire ici sera finie.
J'écris à mon grand-père d'écrire à M. D [ aru ], Mar-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇ:AISE

tial et madame D [ aru J, pour le même objet. Cela fera
vibrer toutes les cordes et leur fera dire : "Espa~ne ".
'Je trouve dans le Tableau du Portugal, ouvrage où il y
six ou huit phrases charmantes, et de bon ton d'ailleurs
en général, cette phrase (p. 207) : " De nos jours, le juif
Antonio José a publié des comédies dans lesquelles on
trouve un génie particulier et beaucoup de vis comica, mais
il manque de correction ". Voir cela.

[23 avril.]
Le 23 avril, M. de Bothmer me répete qu'il n'y a pas
une bonne tragédie ni une bonne comédie en langue
allemande. Ce qui infirme un peu cette décision à mes
yeux, c'est que je trouve du mérite dans les quatre pic!:ces
de Schiller qui sont traduites en français.
M. de Bothmer me dit, à la même occasion, qu'il y
avait en hollandais une excellente tragédie, intitulée
Gisbert van Amsteal, par Van Vondel. " Mais un peu
trop dans le genre de Shakespeare ", ajouta-t-il.
Architecte du roi qui arrive de Rome et qui a de l'esprit
et du talent me dit qu'il y avait en allemand trois bonnes
comédies, dont voici les titres ... 1
[1etmai.J
Le 1er mai, je tombe par hasard dans une société, chez
le grand juge, ou tout le monde était invité, les Français
excepté. Je fais de bonnes observations tout en jouant au
pharaon. Madame de Marschall, quoique ayant une fille
1

Stendhal a négligé de donner les titres annoncés.

SÉJOUR DE STENDHAL A BRUNSWICK

à marier, me conviendrait; elle paraît avoir de l'esprit, et
pas de pruderie. Mais je me sens timide à son égard, et
d'ailleurs nulle occasion de nous ... (La page est inachevée.)

Le 3 mai I 808.
J'écris ceci à huit heures précises. J'ai lu tres facilement
jusqu'à ce moment la Vic de Johnson 1• Je ne crois pas
qu'on puisse lire dans ce moment a Marseille ou Madrid.
Voici ma vie d'aujourd'hui, qui me servira d' échantillon pour me rappeler celle que j'ai menée au printemps
1808 : a huit heures, le barbier m'a éveillé dans le grand
salon,• où j'ai couché pour la première fois, ce qui m'a
valu une promenade militaire à quatre heures du matin,
l'épée à la main. J'entendais du bruit dans les chambres
voisines, j'étais dans les rêves jusqu'au cou, et, dès que
mon imagination est éveillée, je suis timide. Je ne suis
brave que quand je suis bête, c'est qu'alors je ne perds pas
de vue la terre. Je parle de la vraie bravoure, mon imagination fortifie la bravoure qui vient des passions. Ma
colère est si forte qu'elle me donne mal à l'estomac pour
vingt-quatre he1Jres.
Après le barbier, j'ai lu quelques pages de la Vie de
Johnson, que M. Eschenbourg m'a prêtée. M. Koechi
arrive: leçon d'allemand, j'explique trois pages de l'histoire
des grosses Friedericlz. Ces trois mots, où il y a sans doute
trois fautes au moins, montrent mes progrès dans cette
langue, parlée par des ennuyeux, et qui a quelques moçs
expressifs. Après M. Kœchi, j'ai arrangé les procèsverbaux de versement et de partage d'une somme de
1

Ouvrage très remarquabJe de Bothwell.

�586

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

16.000 th [ al ers J, en or. J'ai pris une soupe de pain,
d'eau et de beurre.
· Je suis allé chez M. Emperius prendre ma leçon
d'anglais. Comme ma montre (l'ancienne) avançait, je
m'y suis trouvé un quart d'heure trop tôt. J'ai lu, dans
une piece voisine de celle où il était, un prologue de
Foote. II faut que je lise cet Aristophane moderne 1• Ces
quatre pages me font croire que son talent a quelque
chose de celui de Beaumarchais et de Moliere dans
l' Impromptu de //mailles.
M. Empérius m'a fait écrire en anglais un livre anglais
qu'il me lisait en français. J'ai ensuite expliqué les quatrième et cinquième scènes du premier acte de Macbeth.
J'ai eu un grand tort de ne pas prendre M. Empérius à
mon arrivée à Brunswick, je saurais l'anglais et le latin.
' Sans esprit, c'est un homme excellent pour .enseigner les
langues.
Apres une heure et demie passée chez lui, je suis revenu
chez moi, où j'ai lu jusqu'à trois heures la Vie de Johnson.
J'en ai lu en tout dans la journée cent pages in-octavo
avec plaisir, sans dictionnaire, car je n'en ai point.
A trois heures, j'ai travaillé trois quarts d'heure à mon
bureau, où Rhule m'a dit, dans son jargon d' Allemand
flatteur, qu'il allait me quitter pour passer chez M. Voigt,
commissaire des guerres westphalien. Ce gredin-là m'a
écrit ce soir une lettre qui répond à mes pensées sur son
procédé. J'ai répondu avec un mépris invisible pour un
Allemand, et dignité.

SÉJOUR DE STENDHAL A BRUNSWICK

A quatre heures moins un quart, j'ai dîné avec du
mouton grillé, des pommes de terre frites et de la salade.
Les deux premiers plats viennent de chez ]anaux et sont
payés 6 bongers piece (18 sous).
Après dmer, Johnson. Je monte à cheval à six heures
et rentre à sept heures un quart. Je passe devant la fille
du cordonnier qui sourit et rentre. Toute ma journée
d'hier a été animée et heureuse du rendez-vous qu'elle
m'avait donné et qui a été très original. J'ai ensuite à
neuf heures rencontré Charlotte, et nous avons promené
ensemble au clair de la lune. Mais la jolie petite fille que
je quittais m'avait glacé pour cette beauté de vingt-cinq
ans et demi qui en paraît trente-deux.
En rentrant aujourd'hui, à sept heures un quart, j'ai
pris du thé : trois tasses, pour m'amuser ce soir avec mon
esprit. J'ai lu jusqu'à huit heures et je finis d'écrire ceci
à huit heures trente-cinq minutes.
J'ai vu les premiers bourgeons le 15 avril I et la nature
en plein réveil le 26 avril. II manque une pluie chaude
au bonheur des plantes et à celui de mes nerfs.
4 mai, apres avoir lu Tom Jones.
Les idées de propriété et de danger sont rappelées
(soit pour elles-mêmes, soit pour en peindre d'autres), sont
rappelées beaucoup plus souvent dans un volume anglais
quelconque que dans un volume français sur un sujet
analogue'·
Je fais du feu le 22 septembre 1808. (Note de Stendhal.)
Très vrai. (N~te écrite au crayon, sans doute en 181 5,
par Stendhal.)
1

Foote (1720-1777) fut en effet surnommé par ses contemporains l' Aristophane anglais.
1

3

�588

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Voir si ce quelconque, qui généralise la remarque qui
me vient dans la tête, est fondé.
Ensuite, si cette remarque est juste et générale, chercher les idées rappelées le plus souvent dans les livres
italiens et français.
J'ai la mauvaise habitude de généraliser sur le champ
mes remarques ; cela vient de l'orgueil d'avoir fait une
remarque i~portante, et de la paresse, car il est beaucoup
plus aisé, au moyen d'un quelconque ou d'un en général,
de généraliser une remarque que d'examiner avec soin si
réellement on a très souvent occasion de la faire.
[8 mai.]
Le 15 avril, la nature s'est réveillée un peu ; le 26,
généralement ; le 5 mai, l'été est arrivé. J'écris ceci en
chemise 1e 8 mai I 80 8.
[ 20

septembre. J

J'écris aussi ceci le jour où j'ai fait rapporter mes livres
de Richmont, le 20 septembre I 808. Cependant, l'on
n'a pas froid, mais je perdais trop de temps à aller et venir.
20

septembre I 808.

Je sors de Cabale und Liehe, ou l'J.mour et !'Intrigue,
drame de Schiller.
Je trouve du vague dans la sensibilité, que l'auteur n'a
pas assez approfondi les grandes idées, enfin que ses
personnages n'ont pas assez d'esprit. A cela près et des
longueurs à la fin, c'est une bonne piece, mais cette
sensibilité appuyée sur des idées vagues et enAées, comme
celle de W erther, et qui me semble une suite du peu

SÉJOUR DE STENDHAL A BRUNSWICK

d'esprit et du peu de caractère de la nation, ne m'émeut
pas.
Le principal défaut des Allemands, à mes yeux, est de
manquer de caractère. Outre la nature, que j'observe
tous les jours, il me semble qu'on voit ça clairement dans
la différence du style allemand et du style espagnol,
même dans les traductions françaises. Qu'on lise les
nouvelles de Cervantes, les mémoires de don Philippe, et
deux ouvrages allemands analogues.
Ensuite leur gouvernement leur a donné l'esprit de
formalité, le génie jurisconsulte.
Ensuite, la lecture de Bible les a encore rendus niais
et enAés. Cette cause agit également sur le caractère
anglais. 1
La froideur des Allemands s'explique bien par leur nourriture : du pain noir, du beurre, du lait et de la bière ; du
café cependant, mais :il leur faudrait du vin, et du plus
généreux, pour donner de la vie à leurs muscles épais.
Ils ne peuvent pas vivre sans femme (le libraire de
M. Heyer), beaucoup d'enfants. Peu de cocus.
Bonne foi remarquable dans la nation. Preuve : les
nombreux envois d'argent par la poste.
Depuis un mois environ, les préjugés qui me cachaient
le caractère allemand tombent de toutes parts, et je commence à le voir nettement, je crois. Les plus grands
souverains du XVIII" siecle, Frédéric II et Catherine II,
étaient de cette nation. Mais je n'ai pas encore trouvé
que depuis qu'elle a dégénéré du caractère que lui donne
1

A deux reprises, Stendhal a écrit au crayon, en face de ce
paragraphe et des deux précédents, ce jugement : "Vrai ".

�59°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Tacite, elle ait produit des génies ardents, comme le
prince de Condé, par exemple.
23 septembre 1808.

Ministres. -

Il existe dans notre caractère français

actuel (comité de notre gouvernement) un assez grand
nombre d'hommes, tels que Maub. St Gero (sic), qui ont
assez d'orgueil pour mépriser les succès fondés sur les
petites choses, et un besoin, aussi indispensable pour eux
que celui du pain et de l'eau, des applaudissements continuels du public, c'est-à-dire pas assez d'orgueil pour les
mépriser. Ces hommes sont bilieux, peu sensibles dans le
sens ordinaire ; mais, très malheureux par leur insatiable
orgueil, ils reçoivent quelquefois les louanges, qui sont de
véritables consolations pour eux, avec une sensibilité
absolument semblable a la véritable. Heureux, ils sont la
dureté même ; du reste, bilieux, actifs et braves.
Ces hommes sont faits pour occuper les places que
donne le gouvernement, ils doivent faire d'excellents
ministres.

59 1

SÉJOUR DE STENDHAL A BRUNSWICK
[ 1•r

octobre.]

Je fais du feu pour la première fois le 22 septembre
1808. Il est indispensable le Ier octobre I 808. Je l'avais
cessé le ... 1
[Vers le

10

octobre.]

Foire incessamment (le 13 octobre, jour anniversaire
de mon départ de Paris).
L'examen de ma conscience: comme homme qui
cherche à se former le caractère, les manières, à s'instruire,
à s'amuser, à se former dans son métier.
Je ne sais si dans un an je penserai sur Wilhelm comme
aujourd'hui, mais il me semble que la seule élégance qui
lui convienne est celle du genre Buck : culotte de peau,
bottes à revers, linge frais, habits très neufs, belle montre,
étalage d'une grande commodité, qui suppose richesse ;
le maintien, la démarche. etc. d'un homme qui se fiche
de tout. (M. de B. me disait la même chose de lui, lorsqu'il prenait l'air petit-maitre.)
13 octobre 1808.

26 septembre I 808.
Voilà bientôt deux ans que je suis à Brunswick, sur
quoi je fais la réflexion suivante : j'ai pris les gens de ce
pays-ci en vrai jeune homme, en vrai Français, blftmant
devant eux, comme s'ils étaient des philosophes au-dessus
des préjugés, ce qui me semblait blâmable, et laissant
même entrevoir mon mépris pour leur lourde épaisseur.
Dans la première garnison que je ferai sur les bords de
l'Ebre ou sur ceux de l'Elbe, me déclarer en arrivant
enthousiaste du pays.

Style de }'Histoire.
La gravité, la gravité... Mon style aura un caractère
particulier en se moquant un peu de tout le monde, sera
juste, et n'endormira pas,
Pourquoi veut-on la gravité? - Pour changer les
hist[ ariens] en prédicateurs, pour corriger les vices. Qui
l'histoire veut-elle instruire? - Kings. Ils se foutent d'elle.
En ridiculisant leurs instruments, on rerrdra difficile,
1

La date a été laissée en blanc.

�59 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

impossible même pour eux, ce qu'on a tenté inutilement
de leur rendre odieux. Je m'abstiendrais d'enlever une
jolie femme à son mari, parce qu'un auteur estimé,
nommé Tacite, auteur sérieux, flétrit ce crime? La belle
raison! (Traduit de S. T. page 7 du Ier volume.)

14 octobre 1808.
Les souverains ont, en fait de goÎlt, un grand avantage:
c'est d'être entourés, en artistes, de l'élite de ceux qui
vivent de leurs jours. L'Empereur vient d'accorder une
audience à Gœthe, à Erfurt, et de parler avec lui de littérature allemande. Le poète aura probablement présenté
ses pensées mères. L'Empereur peut donc avoir des idées
beaucoup plus saines de cette littérature que le commun
des hommes. Et il en est ainsi pour tout.
Louis XIV conversait sur la poésie avec Boileau,
Molière et Racine.
19 octobre 1808.

La lumière qu'elle répandait était si sombre que nous
l'apercevions seulement sans en être éclairés.
•.. Un luth tout accordé. (Gil Blas, III, 269-270.)
Ces traits me frappent. Ne pas se donner mal à la tête
en louchant, après avoir pris du café. M. Kuster copie la
bataille d'Oudenarde.

SÉJOUR DE STENDHAL A BRUNSWICK

593

d'amour. La Bihlioth?que Britannique arrive enfin
fais mon premier theme allemand.

1.

Chaque homme est un paresseux : il met le bonheur
derriere l'événement le plus facile. Henri, par exemple,
dans les femmes comme madamt Gherardi, et il y
trouverait probablement l'ennui. Où il trouvera le bonheur, c'est dans le gr. (sic). Mais la paresse le retient.
Novembre

1 808.

Charmant voyage à Cassel. Parti le 13 avec l'ordre
d'aller à Paris dans la poche, de retour le 20.
Bonhomie parfaite et gaieté de Meurizet, Morand.
Ambition pateline de Héron de Villefosse.
Voyage tres agréable. Aller et retour avec le Hollandais
Mauvillon.

M. de Laf. et son aimable femme, Bonhomie. Quel
contraste avec l'habit brodé !
Il n'y a pas jusqu'à la petite Westphalen qui n'ait été
bonne, dans ce voyage.
II coîtte 120 francs environ.
STENDHAL.

Le 28 octobre 1808.
Le plus beau jour d'automne que j'aie remarqué ici.
J'écris ce qui est ci-contre 1• Charlotte jalouse et pénétrée
1

En face, Stendhal a noté quelques réflexions sur la guerre de
la succession d'Autriche, à laquelle il travaillait à cette époque.
1

Je

Beyle avait écrit, le 2 décembre r807, au libraire Paschoud,

po~ s'abonner à la partie littéraire de la Bibliothèque Britannique.

(Cormpondance, éd. Paupe et Chéramy,

t, II, p.

311-3u.)

4

�594

AET!RNAE MEMORIAi PATRIS

595

Ou touchée comme d'un coup sec du doigt de
Dieu sur ma cendre,

AETERNAE MEMORIAE PATRIS
Un seul ftre
esJ dipeupli...

t1011r

manque,

tl

tout

... Depuis, il y a toujours, suspendu dans mon
front et qui me fait mal,
Délavé, raidi de salpêtre et sô.ri, comme une
toile d'araignée qui pend dans une cave,
Un voile de larmes toujours prêt à tomber sur
mes yeux.
.
.
Je n'ose plus remuer la ~oue; ~e plus pettt
.mouvement convulsif, le moindre t!c
S'achève en larmes.
Si j'oublie un instant ma douleur,
Tout à coup, au milieu d'une avenue, dans le
souffle des arbres,
. .
A travers le grondement d'une rue, que sais-Je,
Ou dans W1e plainte lointaine,
.
A l'appel d'un sifilet qui répand du fr01d sous
des hangars,
.
Ou dans une odeur de cuisine, un sou-,
Qui rappelle un silence d'autrefois, à table Amenée par la moindre chosÇ.,

Elle ressuscite ! Et dégatne I Et me transperce
du coup mortel sorti de l'invisible bataille intérieure,
Aussi fort que la catastrophe crève le tunnel,
Aussi lourd que la lame de fond se pétrit d'une
mer étale,
Aussi sec que le volcan fend sa grenade lumineuse!
·
Je t'aurai donc laissé partir sans rien te rendre
De tout ce que tu m'avais mis de toi, dans le
cœur !
Et je t'avais lassé de moi, et tu m'as quitté,
Et il a bien fallu cette nuit d'été pour que je
comprenne •••
Pitié I Moi qui voulais ..• Je n'ai pas su ... Pardon, à genoux, pardon !
, Que je m'écroule enfin, pauvre ossuaire qui
s éboule, oh pauvre sac d'outils dont la vie se
débarrasse dans un ·coin ...
A~, je _vous vois mes aimés. Je te vois. Je te
verrai toujours étendu sur ton lit,
Juste et pur devant le Maître, comme au
temps de ta jeunesse,
Avec ton sourire mystérieux, contraint, à jamais
fixé, fier de ton secret, relevé de tout ton labeur

'

�59 6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.

En proie à toutes les mains des lumières droites
et durcies dans le plein jour,
Grisé pat l'odeur de martyr des cierges; .
Avec les fleurs qu'on avait coupées pour t01 sur
la terrasse,
.
Tandis qu'une chanson de pauvre pleurait pardessus le toit des ateliers dans une cour,
Que le bruit des pas pressés se heurtait et se
trompait de toutes parts,
Et que les tambours de la Mort ouvraient et
fermaient les portes !

**•
Je t'ai cherché, je t'ai porté ·
.
Partout. _ Dans un square désert au kiosque
vide où j'étais seul
Devant la grille du couchant qui sombr~' et
s'éteint, comme un vaisseau qui brtile, dernere
les arbres ..•
Un jour ..• da~s quelque ~ille_ de province aux
yeux mi-clos, qui tourne et s étemt
Devant la caresse hâtive des express.·•
Dans une boutique où bougent d'un air boudeur des figures de cendre ;
Sur la place vide où souffle l'oubli ;
Aux rides des rues, aux cris des voyages ...

AETERNAE MEMORIAE PATRIS

597

. A l'aube, hors barrière, dans un quartier d'usines,
•.. Au tournant d'un mur, une averse de charbons
lancée par des mains invisibles ;
Un tuyau qui fume en sanglotant...
Dans les faubourgs et les impasses où meuglent
les sirènes, où les scieries se plaignent, où les
pompiers sont surpris par un retour de flamme à
l'heure où les riches dorment...
'
Un soir, dans un bois, sous la foule attentive
des feuilles qui regardent là-haut filer les étoiles
comme un sillage,
·
Dans l'odeur des premiers matins et des cimetières,
Dans l'ombre où sont éteints les déjeuners sur
l'herbe,
Où les insectes ont déserté les métiers ...
Partout où je cherchais à surprendre Ia vie
Et le signe d'intelligence du mystère
J'ai cherché, j'ai cherché l'introuvable...
0 Vie, laisse-moi retomber, lâche mes mains !
Tu vois bien que ce n'est plus toi I C'est ton
souvenir, qui me soutient 1
LioN-PAUL FARGUE.

�PROTÉE

599

ACTE I

PROTÉE
DRAME SATYRIQUE EN DEUX ACTES

A la suite de l' Orestie, Eschyle avait compos~ un
drame satyrique dont il ne nous reste_ que le ~tire;
PROTÉE. C'est en rêvant sur ce tttre que ;e m
trouve avoir écrit la pièce suivante.
P. C.

L'tk de Naxos (JIii pour la commodité de l'actio11 on supposer•
placée entre la Crete et l'Égypte. On la voit tout mtière au milieu
de la scène comme un grand gateau dt mariage anglais e11 sucre
blallc ou comme le C()Uf)erde d'une soupière rococo. C'est un assemblage
assez prltentieux de rocailles pittf/rtJ&lt;juts phti6/ement termi11/ au
sommet par une espè.ce de boucle ou dt voluu. Le rivage est représmtl
par des /Qile, d'emballage bordù, pour écume d'une rucl,e /Jlancl,e
fronde et la mer par une grande /tendue de linol/um.
Le fond dt la scène est cach/ par des bandes d'ltojfe grise.

'
SCENE
I
LA NYMPHE BRINDOSIER

PERSONNAGES :
PROTÉE
MÉNÉLAS
HÉLÈNE
LA NYMPHE BRINDOSIER
LE SATYRE-MAJOR
SATYRES
PHOQUES

Satyres chèvre-pieds, triste brigade, écoutezmoi ! de ceux que Protée, le vieillard absurde de
dessous la vague,
A ramassés un par un comme on pique les
grains mtîrs d'une grappe,
Quand ils riboulaient de l'un de nos bateaux,
car ces bêtes n'ont pas le pied marin, et vous
pensez si nous nous amusions à les ramasser 1
Et ce n'est pas une fois ni deux que le Fils de
Zeus a traversé et retraversé avec furie d'un bord
à l'autre cette mer si bleue qu'il n'y a que le sang
qui soit plus rouge !
Soit qu'il se porte vers l'Inde, soit qu'il ait envie

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
600
de la Thessalie, car ce n'est pas la raison ni aU;cun
ordre qui conduit le dieu du vin !
Et quand le chef même titlJ.be,
A quel fil voulez-vous que se rattache un
pauvre Satyre, quand la mer et le bateau dansent
à qui mieux mieux,
· Et que tout au hasard monte et descend, et vous
direz. que c'est nous qui sommes ivres !
Et que la voilà quand elle s'apaise toute paonnante au soleil de grandes fleurs de pive dans le
grésillement de l''écume !
- M'entendez-vous, petits frères ?

faiblement derrière la scène
( Chœur polyphoni_que.)

LES SATYRES,

PROTÉE

601

Une fois qu'il a pris l'odeur de la terre, plus
forte que celle d'un lion ou de troupeauoc fumants,
Alors que c'est le matin, et que tout est libre
encore, et qu'il n'y a pas une Face-pile à voir, et
queJe monde est à nous !
Sus, durs paysans! que d'autres de vos frères
partent à la recherche des métaux sous la terre !
mais nous, c'est de son sang vivant que nous
voulons tâter !
A nous de reconnaitre la longue et brülante
colline sous les prunelliers pour y mettre la vigne
comme un fausset tortueux et le pépin de feu
entre les durs silex !
Ce soir nou~ serons partis, mes compagnons 1
LES SATYRES

Méééé !
BRINDOSIER

Quelle triste voix ! Mais je vous le dis, bient6t
vos douleurs prennent fin,
Et l'étroite prison de cette œuvre d'art que
Protée appelle son ile, et le régime absurde, et
l'esclavage du Vieillard !
Bientôt le vaste monde à nouveau nous est
ouvert! Ah, qu'il y fait bon mener son train alors
que tout est désert encore.
. .
Et qui reprocherait à un dieu dans sa J01e de
prendre la forme .d'une bête, s'il ne peut s'en
empêcher,

( Chœur polyphonique.)
Méééé I Méééé ! Méééé !
BRINDOSIE;R

M é é ! M.é é I Oui, vous pouvez. bêler ! bêtes à
laine ! bêtes à chagrin l demi-bêtes et demi-dieux !
Notre salut est proche!
Nous pillerons la grappe encore! Frais vallon,
~ous couperons d'un jus rouge encore l'eau rapide
et glacée de ton artère l
. ~t -je déterrerai pour vous ce pot que j'ai enfoui
Jadis entre les pieds du dieu Chronos, empli d'un
dur nectar qui est aussi brun que _la giroflée f

�602

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

A la fête des vendanges quand on flambe les
vieilles queues avec une mèche de soufre,
Vous me verrez danser encore pour vous
sur la tonne roulante, une torche dans chaque
main!
Aussi vrai que mon nom est Brindosier, et la
chèvre montagnarde qui m'a conçue
M'a nommée ainsi à cause de la manière dont
je sais prendre le poignet d'un homme et le
ficeler tout à coup comme une couleuvre,
Comme ces longs rubans que le vigneron porte
au cordon de son tablier 1
Et seul le vieillard Protée a sq. un jour me
prendre et me capturer, avec ses perles idiotes !
(mais je lui revaudrai ce tour.)
Car j'ai regardé dans ses phylactères prophétiques où lui-même ne comprend ,~ien, ar~hives du
Futur, et j'y ai vu des choses qu il ne sait pas.
Notre délivrance approche 1
Voici que le divin Ménélas, le fils d'Atrée, le
gendre de Jupiter,
Approche sur un navire aussi fou que son
maître,.Et à chaque vague le fier cheval à la crinière
de chevilles comme une contrebasse qui sans voile
et sans gouvernail entraine la nef cabriolant:
Pique du n,ez dans la plume et le relè:e 1?continent vers le ciel comme une cocotte qui b01t.
Il arrive l Il débarque 1

PROTÉE
LES SATYRES

( Chœur polyphonique -

interrompu.)

Méé!Méél

(Une flèche, puis une autre vole au travers de
la scène, faite éperdue des Satyres.)
MÉNÉLAS,

derrière la scè11e

Maintenant J'ai les deux pieds à terre":'et j~ défie
les dieux 1
•
BRINDOSIER

Il est sauf et, bien s-ôr, la première chose à;faire
est de blasphémer.

Elle se retire à I' lcart.
Entre MÉNÉLAS, l'arc au dos, tenant de la
main droite une épéè et de la main gauche
la main d'une femme ,uoilie, HÉLÈNE.

,

SCENE II
MÉNÉLAS

Dieux I ce n'est donc pas assez d'avoir déchaîné
tous les éléments ensemble contre moi
Et si ce coup de foudre par Je trav;rs de Syra
qui a fait de mon mât une écharde ne nous a pa;
coupés en deux, c'est pas la faute de cel{ii qui l'a
ajusté l
Il fal,lt encore vous moquer de moi 1
Ce matin voilà le -bateau contœ le vent sans

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rames ni gouvernail qui se met à marcher tout
seul comme quelqu'un qui sait où il va,
Et voilà la terre, c'est bien. Mais la première
chose que je vois sur _un rocher qui me regarde
avec ses gros yeux,
C'est un sauvage avec de grandes cornes de
bélier qui lui sortaient de la tête, qui me regardait
en me drant'la langue.
J'ajuste le monstre, je tire, il fuit,
.
Et fuyant à petits sauts il me montre des cwsses
et un derrière tout couverts de long poils comme
celui d'un bouc !
Que me veut cet être biscornu ? Alors, ce n'est
pas assez de me poursuivre, il faut encore m'insulter !
Car les choses que je ne comprends pas sont
pour moi comme une insulte personnelle.
Un homme avec un cul de bouc, j'en ai le
rouge au front !
C'est bien, je vous défie tous, là-haut, toute la
séquelle dans !'Ouranos l
Et toi-même, le beau-pète ! Qu'est-ce que tu
faisais pendant que Pâris m'enlevait ta fille?
C'est alors qu'il fallait brandir tes pétards et ta
machine à tonner ! ·
Mais c'est bien. Sans toi je suis allé la reprendre
où elle était,
Et je ramènerai à Sparte avec moi celle-ci que
j'ai épousée et qui est ma propriété.

PROTÉE

605
Que tu le veuilles ou non, malgré le vent et la
tempête, et toutes ces choses que l'on ne comprend pas.
L'épée du moins est une chose que l'on comprend et le bel Alexandre, là-bas, en a dté, ce cher
Pâris!
Viens, Hélène, tie.ns bien ma main, je ne te
lâcherai pas.
Et je ne puis dire que je tire de toi grand
plaisir.
Mais enfin, telle quelle, c'est toi, et je te tiens,
et tous te reconnaitront, et je te ramènerai dans
Sparte.
Entre BRINDOSIER.

Qui va là?

li la met en joue.
BRINDOSIER

Salut, héros !

'
SCENE
III
M,ÉNÉLAS

Qui es-tu?
BRINDOSIER

Salut, fils d'Atrée et gendre de Jupiter!
MÉNÉLAS

Comment me connais-tu ?

�606

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
BRINDOSIER

Qui ne connatt Ménélas et la vengeance qu'il a
tirée de Priam ?
Toute la mer, bleu-sur-bleu, est emplie de ta
gloire!
Abats cet arc.
MÉNÉLAS

PROTÉE

607

~a~s je n'ai peur de rien. Il n'est pas né, celui
qui m enlèvera celle que je tiens par la main 1
BRINDOSIER

Qui est-ce?
MÉNÉLAS

,

Ecoute. EUe te le dira elle-même.

Es-tu de la bande aussi de ces sauvages r
BRINDOSIER

Je ne suis qu'une pauvre Nymphe, et ma mère
m'appelait Brindosier,
A cause de mes mœurs rustiques et de .mon
simple langage.
MÉNÉLAS

Allons, une Nymphe à présent 1
Et ce sont des cornes que je vois sous tes
cheveux?
BRJNDOSIER

A peine. De tout petits cornichogs d'écaille
blonde, un simple ornement.
Et vous ne me ferez pas croire rqu'un homme
comme vous
N'ait jamais rencontré de nymphe dans sa vie?
Abats cet arc, héros, qui me fait frémir !

abaissant son arc et la main sur
son épée
Tout cela n'est pas clair.

HÉLÈNE

Je suis Hélène.

Elle se tait.
BRINDOSIER

Eh quoi, c'est la fameuse Hélène que vous
tenez par la main ?
MÉNÉLAS,

avec orgueil

Elle-même.
BRINDOSIER

Salut, Hélène.
MÉNÉLAS

Elle ne r~pondra pas. Depuis ce qui est arrivé,
Elle. est si tellement
pleine d' orgue1·1 qu ' on ne
.
peut nen en tirer
Hors " Je suis Hélène " !

MÉNÉLAS,

BRINDOSIER

Salut, fille de Jupiter !

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

608

PROTÉE

MÉNÉLA~

MÉNtLAS

Quel est cet air de doute et d'étonnement ?

le tirant à part
Monsieur, c'est que nous avons ici une autre
Hélène.

Voilà comme j'ai peur.

BRINDOSIER regarde HELÈNE et ne dit
rien.

BRINDOSIEJ½

Eh bien? Naturellement c'est le même visage?

MÉNÉLAS

Une autre Hélène?

levant le voile d'HÉLÈNE

BRINDOSIER

Oui.

BRINDOSIER

MÉNÉLAS

Il y a juste dix ans et le jour où tu ne la vis
plus dans ta maison.

J'attendais cela ! c'est encore un tour pour me
vexer!
Mais je suis un vieux chien dont on ne brouille
pas les voies si aisément.

MÉNÉLAS

J'ai eqtendu déjà cette bonne histoire
,D'une autre Hélène qui vit entre la Crète et
l'Egypte.
BRINDOSIER

Veux-tu la voir ?
MÉNÉLAS

Je n'y tiens pas le moins du monde.

BRINDOSJER

Qui donc, si pas elle, t'aurait décrit à moi si
justement que je te reconnus aussit~t ?
Ce teint coloré, ce front bas, ces petits yeux
défiants, et cet air de taureau ?
Et cette mèche_blanche qui le jour de ton mariage déjà se mêlait à tes boucles d'hyacinthe ?
Allons, lève ce casque.

BRINDOSIER

MÉNÉLAS,

Laisse-moi voir celle-ci.

se démasquant

C'est vrai.
MENÉLAS

A quoi bon?

BRI NDOSIER
BRINDOSIER

As-tu peur?

Veux-tu d'autres détails? Qui d'autre te connaitrait ainsi ?

5

�610

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

PROTÉE

611

MÉNÉLAS

Je sais que la véritable Hélène est celle que je
tiens par la main.

BRINDOSIER

L'appât des dieux qui voulaient détruire Priam
a été bon.

BRINDOSIER

Tu le sais?
MÉNÉLAS,

déclamant

MÉNÉLAS

Ne me mets pas en colère, tais-toi ! et dis-moi
quelle est cette ile.

Je le sais, je le vois, et j'en suis convaincu.
BRINDOSIER,

de même

Mais on n'est convaincu que quand on n'est
pas stîr.

BRINDOSIER

Naxos.
MÉNÉLAS

Naxos? D'après la carte elle est bien plus au
nord.

MÉNÉLAS

C'est Hélène.

BRINDOSIER

Elle est ici pour le moment~
BRINDOSIER

Quelles preuves en as-tu ?

MÉNÉLAS

Très bien. Et quel est le maître de Naxos?
MÉNÉJ,.AS

Quelles preuves? Je n'en veux d'autres que
Troie en cendre et deux cent mille hommes
égorgés·!
Et ces dix ans de patience forcenée, l'un après
l'autre, faits de jours que j'ai tous comptés.
Et ma nièce Iphigénie mise à mal, et l'attente
suprême dans le ventre du Cheval ·de bois 1
Et tu dis1que ce n'est pas Hélène !

BRINDOSIER

Le vieillard Protée, roi des Phoques et qe tous
les monstres amphibies.
MÉNÉLAS

Peut-il me donner un grand morceau de chêne
de 20 coudées pour faire un mât ? et un .autre de
10 coudées pour faire une antenne ? et 60 brasses
de funin, et 100 pieds carrés de bonne voile de

�612

LA NOUVELLE REVUE FRAN-ÇAISE

lin, et 40 paires d'avirons, et de l'étoupe, et trois
chaudières de goudron, et un peu de peinture ?
' 1

PROTÉE
BRINDOSIER

Il est poisson jusqu'à la ceinture.

BRINDOS1ER

MÉNÉLAS

Tout cela, il peut te le donner. Mais il est
avare.

Tout est donc à moitié dans. ce pays ! S'il y
avait des canaris je parie qu'ils seraient à moitié
goujons!

1

MÉNÉLAS

Je n'ai rien du tout pour le payer.
BRINDOSIER

BRINDOSIER

Tout de même un homme-poisson, c'est rare!

Tu peux te faire donner tout cela sans argent.

MÉNÉLAS

Est-ce tout ce qui te plaisait en lui ?
MENÉLAS

Comment?

BRII\IDOSIER
BRINDO_SIER

Par art et ruse, que moi, Brindosier, t'enseignerai.
MÉNÉLAS

I m'avait promis des perles.
MÉNÉLAS

Et moi, je n'ai pas de perles à vous promettre,
Mademoiselle, et je ne vous donnerai rien du tout.

Mais toi-même que fais-tu ici ?
BRIN DO SI ER

Bacchus notre ma1tre
M'oublia derrière lui quand il vint quérir Ariane

BRINDOSIER

Tu me ramèneras avec toi?
MÉNÉLAS

Cela, oui, ça peut se faire.

ICI,

( Baissant les yeux.) Le vieillard Protée m'avait
séduite.
·
MÉNÉLAS

Est-il si beau ?

BRINDOSIER

Jure!
MÉr:d1As

Je le jure ! par Zeus, par la terre, par le ciel,

�614

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

par le Chaos, par le Styx, par tous les dieux, par
tout "c"e que tu voudras l
BRINDOSIE:R

Moi, et ces tristes animaux ?

PROT:2E

615

On est slir de les trouver, quand le coq apparait à l'arrière avec ses seaux d'épluchures,
BRlNDOSlER

. Tout ce qui tombe à la mer appartient à Protée.

MENÉLAS
MÉNÉLAS

Quels animaux ?

Ouais ! il doit avoir des magasins bien garnis !
BRINDOSIER

Ces Satyres, mes compagnons.
MÉNÉLAS

Non, il§ empoisonneraient le bâtiment.
BRINDOSIER

Tu as besoin
d'un équipage.
1
•
MÉNÉLAS

C'est vrai. Mais qui donc a parqué ce trou,peau
de chèvres ici ?

BRIN.DOSIER

Tout cela est rangé et classé dans les profondes
soutes qui sont au dessous de cette ile avec un
ordre superbe.
Les avirons, les ancres perdues,
Les mâts suivant leur taille, et je ne sais •combien de rouleaux de cordages et de voiles avec
toutes les marques de la Méditerranée,
Marmites craquées, vieux couteaux, fanaux,
accordéons, astrolabes, épissoires, figures de proue.
Tout lui est bon, de tout cela il est amateur.

BRINDOSIER

N'as--tu jamais vu ces longs poissons µairs, qui
se jouent autour des navires et ne les quittent pas ?
Ce sont les coupants marsouins, ennemis d~s pêcheurs, terribles aux filets.
MÉNÉLAS

Ce sont les •amis du marin. Ils dansent et lui •
donnent la comédie; Eux · et les mouettes, leurs
commères criardes,

MÉNÉLAS

Bien, très bien ! tout cela

w1

me servir.

BRINDOSIER

Et le voilà, profitant du travail de Baëchus
notre ma1tre1 qui' a incessamment à courir d'un•
bout du monde à l'autre,
Et du Caucase jusqu'à Madère là-bas dans la
houle Atlantique,

�616

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Pour enguirlander toute l'Europe des doigts
entrelacés de ses sarments,
- Qui s'est mis à faire collection de Satyres 1

PROTÉE

617
MÉNÉLAS

Quels?
BRINDOSIER

MÉNELAS

Idée digne d'un phoque !
BRINDOSIER

C'est que tu ne les as jamais vu s'envoler et
traverser la fumée comme des projectiles à vingt
pieds en l'air au-dessus d'un grand feu de bois
sec l
L'antilope de Syrie qui des quatre pieds sans
aucun poids vient se poser sur la tête de son pâtre,
Qu'est-ce qu'elle est à c6té de nos grands
sauteurs?
C'est pourquoi Protée afin d'animer ces rocailles,
A commencé cette collection de demi-dieux.
MÉNÉLAS

J'ai failli en casser un tout-à-l'heure.

D'eau minérale et de lait concentré !
Ou de fromage de cachalot, quand on peut s'en
procurer de temps en temps.
Et l'eau de pluie que nous ramassons,
Il faut que nous en arrosions six plants de
tabac dont il est fier et qui ne paient rien à la
Douane.
Ah, nous serions tous morts sans cette amphore
parfumée de vin de Crète
Dont il nous reste un tesson
'
Et nous nous le passons à respirer
de temps en
temps.
MÉNÉLAS

Triste régime !
BRINDOSIER

Et pas un bon bourbier sentant fort la forêt
'
pour s y vautrer de temps en temps comme les
Satyres en ont besoin à la manière des sangliers
et des autres bêtes r
~tonne-toi qu'ils. aient le poil pendant et décolore comme 1a barbe d'un philosophe.
. Tout est s~c et .E:o_pre dans cet horrible endroit
mcessamment lavé et brossé et rebrossé par la mer
et par le vent.
)

BRINDOSIER

Ah, extermine-les tous de tes flèches !
Ah, cela vaudra mieux que de béquiller misérablement à cloche-pied sur ce vilain petit tas de
pierrailles,
Où le vieillard marin nous entretient de mets
absurdes.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

L'ail sauvage même, et les cçillets de sable, et
les farigoulettes,
N'y peuvent prendre racine.

PROTÉE

MÉNÉLAS,

faisant le geste

Comme cela?
BRINDOSIER

:MENELAS

Eh bien, je jure par Zeus de vous faire sortir
d'ici.
Dis-moi ce qu'il faut faire.

Ceinture-le par derrière et tiens bon ! et p.ç-ends
garde à ses coups de queue, le vieux requin !
MÉNÉLAS

N'aye pas peur, ma fille !
BRINDOSIER

/

Es-tu fort?

BRINDOSIER

Ne le lkhe pas quoi qu'il fasse J
MENELAS

fait jouer ses mains et ses bras

Ce sont de terribles pinces.
Qtrand je le tiendrai dedans, il saura quels
athlètes on fait à Sparte.
BRINDOSIER

Est-il vrai que tu as étouffé Pâris dans tes bras ?

MÉNÉLAS

Le bon vieux ne me fera rien du tout.
BRINDOSIER

Et même si tout-à-coup tu tiens un lion rugissant entre tes bras, ...
MÉNÉLAS

MENELAS

Il les ;.t trouvés moins frais que çeux de ma
femme, ho, ho !
Il n'y a pas de qùoi me vanter.
Il était gras et sans aucunes vertèbres comme
un haricot vert:
BRINDOSIER

Eh bien, dans ce cas, ceinture-arrière!

Un lion?
BRINDOSIER

N'as-tu jamais ouî parler des tours du Vieux-dela-Mer ? et qu'il devient à volonté un lion ?
Du feu?
·
De l'eau?
Un dragon?
Et un arbre fruitier ?

�620

LA NOUVELLE REVUE F.RANÇAISE
MENÉLAS

Pourquoi un arbre fruitier ?
BRINDOSIER

Je ne sais, c'est comme ça. Ne te laisse pas
étonner. C'est l'ordre invariable. Il n'a aucune
imagination. Rappelle-toi bien.
(Elle compte sur ses doigts.)
Un lion d'abord, puis un dragon, puis du feu,
puis de l'eau, puis un arbre f~uitier. Quand tu
verras l'arbre fruitier, c'est fim, et tu auras le
bonhomme à ta merci.

PROTÉE

621
C'est un batelier de Chersonèse qui nous l'avait
amené.
Il chantait en langage scythique et appelait à
grands cris son cher père et toute sa famille.
BRLNDOSIER

Quand il aura fini de faire l'arbre fruitier et
que tu lui auras pris ses lunettes,
Tu pourras lui demander tout ce que tu voudras.
MÉNÉLAS

Un mât, des voiles, du goudron ?

MÉNÉLAS

Un arbre fruitier, très bien ! Que de choses on
.
apprend quand on se met a' naviguer
•

'

BRJNDOSIER

N'oublie pas de lui prendre ses lunettes, c'est
d'elles qu'il tient son pouvoir surnaturel.

BRINDOSIER

Tu peux tout lui demander, ce qui se passe sur
la terre et sur la mer. Il sait tout, il a un abonnement.
MÉNÉLAS

Un abonnement-?

MÉNELAS
BRINDOSIER

Ses lunettes, très bien !
BRINDOSIER

Ne laisse pas le vieux phoque t'échapper car il
est glissant et tout huileux.
MENÉLAS

11

1

N'aie pas. ·peur, j'ai déjà vu un phoque qm
parlait.

Ne sais-tu pas qu'à tous les dieux de la mer et
de la terre suivant leur grade Jupiter sert un
abonnement ?
De -temps en temps il leur envoie
Un ruban étroit de papier transparent.
MÉNÉLAS

Eh bien?

�622

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
BRINDOSIER

Il suffit de le dérouler devant une lanterne et
l'on voit tout à la fois,
Le passé, le présent, et l'avenir.
Moi, je n'y comprends rien. Mais fu peux avoir
confiance en Protée.
MÉNÉLAS

Alors je ne serais pas fâché de savoir ce qu'est
devenu mon frère et ce que fait ma belle-sœur
Clotilde à Argos.

PROTÉE

623

Approche,toi
sans qq'il t'entende) et zou 1
•
1
presto ceinture-le par derrière !
- Qu'est-ce qui t'ennuie?
MÉNÉLAS

Brindosier 1
J'aimerais bien, ah, j'aimerais bien avoir un peu
plus de confiance en toi !
BRINDOSIER

Mon intérêt n'est-il pas le tien ?
MÉNÉLAS

BRINDOSIER

Clytemnestre, veux-tu dire ?

Ce sont ces cornicules sur ta tête qu1· m' ennment.
.
BRINDOSIER

MF.NÉLAS

Clytemnestre. Les pays chauds vous brouillent
la mémoire.
Il revenait de mauvais bruits de là-bas.
BRINDOSIER.

Crois-tu que je ne puisse te d
conseil
onner un bon
MÉNÉLAS

Quel bon conseil peut-il y avoir dans une tête
cornue?
·

Tu- peux tout lui demander.
BRINDOSIER
MÉNÉLAS

Allons ! où est le vieux ?

ha!:1-:~ seulement p_ourquoi ton bateau allait au
a~s que tu puisses le diriger?

BRINDOSIER

Tous les jours à midi il vient ici pour donner à
manger à son troupeau.
Laisse-moi causer un peu avec lui et quand je
lèverai la main,

MÉNÉLAS

Pourquoi?
BRINDOSIER

Regarde à la proue.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

MÉNÉLAS

Eh bien?

PJlOTÎI

SCENE IV
L! RIPAS DES PHOQUES

BRINDOSIER

Ne vois-tu pas que le pauvre gros bon œil est
tout effacé 1
MÉNÉLAS

C'est vrai, par Zeus 1
BRJNDOSIER

Comment donc veux-tu que le bateau puisse se
diriger sans son œil ?
MÉNÉLAS

Tu as raison. Je n'y avais pas pensé.
Par l'âne ! par le chien ! tu es une fille de bon
sens et j'ai confiance en toi.
BRINDOSIER

Cache-toi là-bas sous ces pierres et quand je
lèverai la main ...
MÉNÉLAS

Entendu ! Viens, Hélène !
Il son par le fond, emmenant HÉ1.ÈNE.
BRINDOSIER

Parle-lui donc de notre Hélène aussi 1
Elle sort par la droite.

(Musique)
Le platea1t tourne apportant un· autre site de
l'tle. On voil Protée tout nu dans 1t1te baig,,oire à fond convexe dans latp1elle il se
balance et dont le robinet est remplacé
par 1111 bouchon. li est très gros et
po~lu. Barbe blanche assez maigre, oreilles
po1111ues. Cr4ne luisant avec quelq11es rares
cht'Veux. Sur les yeux des luneltes d' automobiliste. Près de lui sont rangés six plants
de tabac dans des pots.
li J a dt'Uant lui une corbeille de joncs remplie
de poissons qu'iljet1e à ses phoques. 1
PROT!B

Cot', cot', cot' , cot' , cot•, 1 Ici mes moutons 1

Ici mes petits poulets I Cot', cot', cot', 1
Dès tltes rondes de phoques apparaissent ;à et
là dans la mer.
. Nou_s y sommes tous? Un, deux, trois, quatre,
six, huit, onze, douze,
Treize ! Le compte y est J
,'. A ~a sc_~oe poinooi et phoques peuvent être remplacés
par I tmagmation des spcctateun et par la musique.

6

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

A qui le cabillaud, à qui le congre, à qui les
,
C ,
,
, 1
rougets ? à qui le filet de fl etan . ot , cot , cot , .
à qui la belle alose ?
~

Tumulte, bataille, cirque, écume, bonds des
pho~ues qui se précipitent du haut des
rochers dans l'eau neige et turquoise, braie171ents, trompettes, coups de queues et de
nageoires. (Tout cela est exprimé par la
musique.)

Ici, Moust1tche ! hâle-toi sur tes défenses ! nous
ne sommes plus jeunes, mon gros. Tiens, prends
ce diable, tu n'en as pas peur !
_
Et toi, Otarys, ma mignonne, viens prendre
cette belle limande., marche voir un peu sur tes
nageoires de devant, comme sur de petits pantalons l
Elle lui prend le poisson dans la main.
A qui la friture ?
- Il sème à pleines m4ms de petits poissons.
Cirque.
A toi, Rhésus ! à toi, Gorgô ! et toi, le petit,
qu'est-ce que tu as à braire là-bas comme un âne?
Attrape, mon petit tonneau 1

Nouvelle distribution de poissons. Cirque.
Iou le panier est vide.
Et ~aintenant, aux choses sérieuses! au travail!
au travail!

PROTÉE

Moustache, quel est le quotie!lt de 0,00005
divisé par 123 ?
Tu n'~n sais rien? Tu me diras cela tout à
l'heure.
Et toi, Tambour, tu vas m'additionner 3.977
et 7.896.
Et toi, Gorg6, s'il te platt, tu m'extrairas la
racine cubique de 27.
Allez, vous avez de quoi vous amuser.

ll souffle dans une co11.q11è.
Brindosier ! Brindosier 1

SCÈNE IV
Entre BRINDOSIER.
On voit MÉNÉLAS qui se glisse derrière. les
rochers, tenant toujours HÉLÊNE par fa
main. Il l'attache avec une corde à un rocher
derrière lequel lui-mfme se dissimule.
BRINDOSIER

Que désire Monseigneur ?
PROTÉE

Oh, quelle polites~e aujourd,'hui ! c'est le langage des cours !
Apporte-moi ma cuvette pour ~e laver les
mams. ,

�628

LA NOUVE·LLE REVUE FRANÇAISE

Ma cuvette de Chine,. famille rose, celle qui a
des mao-pings !
Et que l'eau soit bien chaude.
Elle sort et revient rapportant une moitié dç
cuvette, gu' elie lui met sous le menton.
Protée souiftant et barbotant dans la cwvette.

PJlOTÉi
BRINDOSIER

Moi et les autres animaux à deux pieds, mes
compagnons.

clignant de l' œil
Et que devient Ménélas ?
PROTÉE,

BRINOOSIER

·Bou! Bou 1 Bou 1

Musique.
L'ennui, c'est que l'on ne peut avoir que des
serviettes dépareillées. Une par-ci, une a~tre parlà, jamais un service complet.
Il s'essuie.

Quel Ménélas ?

PROTÉE cligne de l'œil et désigne d'un
petit mou'Uement le rocher derrière lequel
MÉNÉLAS est caché.
BRINDOSI!R

Je ne sais ce que vous voulez dire.

BRINDOSIER

Une bonne femme de ménage vous serait plus
utile qu'une pauvre Satyresse.
· Elle vous rebroderait tout cela à votre chiffre.

s'examinant dans un miroir ébréché
qu'elle lui rie~t
Oui-dà ! Oui-dà ! Oui-dà !
PROTÉE,

PRoT!E, à mi-vo'ix

11 eS t là qui nous guette derrière ce rocher. '
BRINDOSIER,

se jetant à ses pieds
Seigneur, vous savez t out et l' on ne peut rien
vous cacher.
PROTÉE

BRJNDOSIER

Vous m'avez promis de me laisser aUer un jour
si je suis gentille.

Prends garde de casser ma cuvette. Elle a une
fente qui m'inquiète beaucoup.
BRINDOSIER

PROTEE

Oui-dà ! - Ote la brique.
Elle &amp;te la brique qui cale la baignoire. Il se
balance avec satisfaction.

•

Oui,je 'veux tout vous dire!

MÉNÉLAS sort la the, elle lui, fait signe
de se cacher.

�LA NOUVELLE
630
Mais tout d'abord ...

REVUE FRANÇAISE

Elle tire un peigne de sa ceinture et lui peigne
les bou~les.
Laissez-moi vous passer le peigne un peu, car
vous êtes à faire peur avec cette barbe emmêlée
et sablonneuse !
Oh, 'Vieux naufrageur !
Dites, il n'y a pas moyen de vous tenir à la
maison quand la-mer est ~n folie,
Et qu'elle dar1se empanachée dans le vent
Thrace avec toutes ses lanternes allumées !
(Ah, cela fait du bien après ces souffles étouffants du khamsin et l'on respire à pleins poumons!)
Il faut que ce soit vous, n'est-ce pas, que .les
pauvres diables qui vont au fond
Voient le dernier à la crête d'une vague, vieux
baigneur!
Dansant au milieu des épaves et des corposants,
aus~i insubmersible qu'une bouteille !
PROTÉE

PROTÉE

631
PROTÉE

Ça ne fait rien ! Ce bniit de fer autour de ma
tête me procure d'agréables illusions.
Tel, au mois de juin, le colporteur qui s'assoupit en écoutant le coup de la faux dans les prairies
épaisses.
BRINDosrnR,

agitant les ciseaux autour de sa

tête
Mon petit Protée, je vous aime beaucoup.
PROTÉE

Moi aussi.
BRINDOSIER,

de même

Vous ne me croyez pas, cela me fait de la peine.
PROTÉE

Je te crois, Brindosier.
BRINDOSIER

Ah, vous êtes si bon, si simple, si délicat !

Coupe-moi les cheveux..

PROTÉE

C'est vrai.
BRINDOSIER

Mais il n'y a pas de·cheveux ! à péine cinq ou
six filaments impalpables ! Ce sont des ciseaux de
brodeuse qu'il me faudrait!

BRINDOSlER

'--

Si curieux, si original ! Cette que~e de poisson
quelle idée !
'

�LA NOUVELLE REV!JE FRANÇAISE
PROTÊE

N'est-ce pas?
BRINDOSIER

Si riche !
PROTÉE

Oui.

PROTÉE

633

J'ai beau me transformer en lion et en dragon,
en eau, en feu et en arbre fruitier;
Aucun d'eux n'a peur et ne lâche prise et il me
faut lui donner ce qu'il demande.
Et c'est extrêmement lassant pour moi.
Sans parler de la perte de respectabilité pour
un homme de mon âge.

BRINDOSIER '
BRINDOSIER

Vous aimez tellement les beaux-arts I Cett~
collection que vou~ avez, il n'y en a pas deux
dans -toute la mer Egée !
PROTÉE!

Et c'est sur elle que compte Ménélas, n'est-ce
pas, pour répa:rer son petit bateau P
BRINDOSIER

Voulez-vous le garder ici ? J1 mettrait tout en
désordre dan-s cette petite ile si bien soignée.
Déjà il voulait ravager votre plantation. Depuis
qu'il a pris Troie il ne se connait plus. C'est un
sauvage, un vrai dévorant!

Laisse-moi donc partir.
PROTÉE

Bah, tu vois que ces malices ne t'ont pas réussi.
Aucun d'eux encore n'a tenu sa promesse avec
toi. Hi l Hi ! Hi !
?n ne me prend pas ainsi, ]e suis un trop vieux
poisson.
BRINDOSIER

Et savez-vous qui Ménélas amenait avec lui,

la.. tenant par la main ?
PROTÉE

PROTÉE

Ah , rus ée ..I pas vrai, c'es_t toi qm fas endoctr:iné ?
Il n'arrive jamais ici un frère-la-c6te sans que
tu lui indiques le moyen de venir à bout du vieux
Protée!

Qui?
BRIN!;&gt;QSIER

. Vous savez tout, Monseigneur, et je
rien vous apprendre.

ne .puis

�634

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
PROTÉE

T_u sais bien que je ne suis qu'un pauvre dieu
de sixième classe, et mon abonnement à la Destinée
est de la dernière main.
Rien que des petits tâbleaux ridiculement rognés
sur le ruban !
Aux endroits les plus intéressants, allons ! voilà
des gens dont il ne reste plus que la main, ou la
chaussure, ou bien c'est la tête qui manque, et tout
à coup plusieurs brasses vous font défaut. Allez
vous y reconnaitre l
Aussi ayez donc confiance et prenez une servante qui s'appelle Brindosier et qui_a des cor-0es
sur la tête!
BRINDOSIER
1
1

Vous en -êtes fier !

PROTÉE

Et puis cela m'amuse aussi de les voir sauter
de roc en roc. C'est pittoresque. Il me semble que
cela anime la localité I Quel dommage de ne pas
avoir un jet d'eau!
Ah ! je suis un fameux original et il n'y en a
pas deux comme moi.
BRINDOSIRR

Alors vous ne saurez pas qui est avec Ménélas.
PROTÉE

Alors il pourra se passer de mon bon filin de
Phénicie, et de mon bois de teck.
&lt;?uelle pitié ! Cela se dit matelot ! ça veut
naviguer, et ça n'est pas capable de traverser
l'Eurotas un jour de pluie dans un cuveau à
lessive !

,

BRINDOSIER,

PROTEE

Hé ! Hé ! Je ne dis pas 1 On irait loin pour
voir une de ces Nymphes dont on parle tant !
BRINDOSIER

Et de votre troupeau de Satyres aussi, n'est-ce
pas ? Ce n'est pas tout le monde qui a un pareil
cheptel?
PROTb

C'est dans leur intérêt que je les conserve. Je
veux leur apprendre l'hygiène et la morale.

à mi-voix

Hélène ...
PROTÉE

Hélène est avec lui ?

BRINDOSIER fait signe que oui.
Tu l'as vue?
BRINDOSIER

Je l'ai vue.
PROTEE

Aussi belle qu'on le dit?

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

PROTÉE

BRINDOSIER

Aussi belle. Ce sauvage l'entraine par la main.
PROTÉE,

rtueusement

Dix ans se sont passés depuis qu'à l'arrière du
bateau qui l'amenait vers Troie
J'ai vu flotter son voile couleur ,d'or.
BRINDOSIER

C'est toujours la même Hélène.

PROTÉE

Ah, ne me conseille pas de vîolence I Je suis trop
vieux. Mon tle est petite,
Mais il n'y a pas une cabine de vieux pilote où
tout- soit mieux arrimé et arrangé.
Que les grands dieux en fassent donc autant à
qui est toute la terre !
Je n'ai pas envie que ce bougre de sans-soin
aille foutre tout en l'air 1
BRINDOSIER

PROTÉE

Et ce grand feu -d'où on l'a retirée ne l'a point
roussie ni endommagée ?
BRINDOSIER

C'est toujours la même Hélène.
PROTÉE

Ah, je voudrais la voir.
BRINDOSI,ER

Vous voudriez l'avoir ?
PROTÉE

Je dis que je voudrais la regarder.
BRINDOSIER

Mais il ne tient qu'à vous, Seigneur, de l'avoir et
de la regarder tous les jours dè votre vie.

C'est une bien belle chose qu'Hélène.
PROTÉE

'Elie t'a parlé ?
BRINDOSIER

Elle est tellement remplie d'orgueil depuis ce
qui lui est arrivé
Qu'elle ne dit pas un mot hors : Je suis Hélène.
PROTÉE

Tranquille comme une statue et vivante pardessus le marché I Juste ce qu'il me faudrait.
Pas de scènes à craindre avec elle comme tu
m'en fais tout le temps, petite l
BRINDOSIER

J'ai touché un mot à notre Ménélas de cette
histoire idiote

�638

LA NOUVELLE REVUE PRANÇAlSI

Qu'on raconte dans toutes les Echelles depuis
Marseille jusqu'à Gallipoli:
Qu'il y a deux Hélènes et que celle de Troie
n'était pas la vr.aie.
PROTÉE

Ce n'est pas une histoire idiote, c'est moi qui
l'ai inventée, jamais je n'ai trouvé une meilleure
blague.
Elle vaut son pesant de sel marin.
BRINDOSIER

PllOTÉE

639
PROTÉE

Je ne t'ent-ends pas.
BRINDOSIER

Je n'ai pas tout dit à ce brutal, et que non
seulement vous pouvez vous couvrir de pommes
à cuire entre ses bras,
Mais que si vous le regardez sans vos lunettes,
vous pouvez lui faire croire ce que vous voudrez.
PROTÉE

C'est vrai.

J'ai dit à notre Ménélas
Que cette Hélène qu'il a retirée de Troie parla
main était fausse,
Et que la vraie était en notre possession.

Laissez-lui prendre vos lunettes. Faites-lui voir
que je suis Hélène.

PROTÉE

PROTÉE

Bravo ! Excellent ! allons tu deviens une vraie
fille de la mer.
BRINDOSIER

Mais il ne tient qu'à vous de faire de ce mensonge une vérité.

BRINDOSIER

Lui faire voir que tu es Hélène ?
Hou! Hou!
BRINDOSIER

Il m'emmènera avec lui.
PROTEE

Ho! Ho!
PROTÉE

Comment?

BRINDOSIER
BRINDOSIER

U·ne tient qu'à vous de garder la vraie, l'unique
Hélène.

Et il vous laissera la véritable Hélène.
PROTÉE

Hé! Hé!

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISJ!
BRINDOSIER

Et j'emm ènera1. tous les Satyres, mes frères,
avec moi!

PROTÉE
PROTÉE

Les Satyres tes chastes suivantes! Hou f Hou f
Et pourquoi pas mes phoques ?

PROTÉE

Diable ! Comme tu y vas !

BRINDOSIER
1

Dis que c'est au-dessus de ton pouvoir.

BRINDOSIER

Donnez~moi seulement sa figure.
• ne sui·s pas plus Hélène
Vous verrez s1 Je
qu'Hélène.
PROTEE

Mais il a dejà dti te promettre _quelque cho~e?
BRINDOSI_ER

Promesses d.e mar1·· n 1· Il J. ure trop. facilement.
Croyez-vous qu'un marin se soucie beaucoup
de prendre une bouche inutile
.
.
Par reconnaissance? Ariane et Médée,Je connais
leurs histoires.
La caisse à eau n'est pas gra nde..
- Et mes cornes ne lui disent rien.
PROTÉE

Crois-tu donc qu'il s'en va prendre avec lui
toute cette potée de Satyres à son ~ord ?
BRIN DOS IER

. que ce sont mes suivantes,
Tu lui feras croire
chaste escadron.

PROT,ÉE

Rien n'est au-dessus de mon pouvoir
Ni de la crédulité d'un imbécile.
BRINDOSIER

Soyez gentil, Monsieur !'Empereur-de-la-Mer
et Roi de tous les Menteurs l
PROTÉE

Mais je ne veux pas du tout perdre mes Satyres!
Jamais je ne poll!rai plus former une pareille
collection 1
Tous les dieux de la mer m'envient mon
cabinet 1
Il n'y a que Phorcus qui a ramassé quelques
méchants marins d'Ulysse,
.
Et ils se promènent toute la journée sur son
sable hyperboréen,
Avec leur longue-vue sous le bras et leur petit
chapeau de toile cirée.
Cela ne vaut pas un ensemble comme le mien!
Ils sont connus partout, de vrais fils de l'air !

7

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

PROTÉE

BRINDOSIER

De vieux moutons puants ! de vieux boucs
ataxiques !
.
.
Si vous les laissez encore un mois à boire de
l'eau minérale, ils ne seront plus bons que pour
l'Ecole des Beaux-Arts.
PROTÉE

Ta! Tal Ta!

PROTÉE

Deux cent mille hommes, dis-tu ?
BRINDOSIER

C'est le chiffre officiel.
PROTÉE

Deux cent mille hommes 1
Tais-toi I tu me mets l'eau à la bouche.

BRINDOSIER

BRINDOSIER

Mais Hélène, en revanche, quelle pièce unique!
. illesse .'
Quel honneur pour ta vie
Un pareil numéro, ça vaut bien tout un trou.
à demi. rogneux 1.
peau de mérinos
,

Quelle per.le pour ta collection !
Je sais que Jupiter la désire et· qu'il y a une
place pour elle au ciel entre les étoiles Dioscures.

PROTEE

Tu m'ennuies !

PROTÉE

Il ne l'aura pas !

brandissant les ciseaux
Non, il ne l'aura pas! C'est Protée tout de
même, c'est ce petit dieu de sixième classe qui sera
le plus malin !
BRINDOSIER,

BRINDOSIER,

avec enthousiasme

Hélène, dirait-on, la vraie, la seule Hélène ...
PROTÉE

Tais-toi, tu m'ennuies.
BRINPOSIER

La vraie, la seule Hélène ! celle que les hommes
et les dieux se disputent! celle dont on parle
partout!
Celle pour laquelle deux cent mille hommes
viennent de se couper la gorge ...

PROTÉE

Tu me fais rire ! Eh bien, il en sera comme tu
voudras!
BRINDOSlER,

levant la main

C'est promis.

MÉNÉLAS sort de la cachette et s'a'Vance en
rampant

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

PROTÉE

C'est promis!
d
Tout de même il m'en coôte de te per re,
Brindosier.

LES CAVES DU VA TI CAN

l

BRINDOSIER

Moi aussi, mon pauvre vieux.
LIVRE CINQUIÈME

Elle fait signe à MÉNÉLAS.

LAFCADIO

On s'entendait bien tout de même. On avait ses
habitudes, ensemble, quqi• 1·

(Suit, tt fin)

MÉNÉLAS se précipite el saisit Protée par
derrière. La baignoire se renverse. Tumulte.
En avant! hardi! c'est bien! comm_e ça, ceinture-le au-dessus des coudes l Bon 1 tiens ~on 1
tiens bon l que je dis! Ne le lâche p~, 1~
brigand l Attention au numéro II l N oublie p
C'est le lion qui va commencer .
.

v1::~

(L'ombre d'un lion se dessine sur la toile de
fond.)
RIDEAU

(A suivre.)

p AUL

CLAUDEL.

II
Fleurissoire ne poussa pas un cri. Sous la poussée de
Lafcadio et en face du gouffi-e brusquement ouvert
devant lui, il fit pour se retenir un grand geste, sa main
gauche agrippa le cadre lisse de la portière, tandis qu'à
demi-retourné il rejetait la droite loin en arrière par
dessus Lafcadio, envoyant rouler sous la banquette, à
l'autre extrémité du wagon, la seconde manchette qu'il
était au moment de passer.
Lafcadio sentit s'abattre sur sa nuque une griffe
affi-euse, baissa la tête et donna une seconde poussée plus
impatiente que la première ; les ongles lui raclèrent · le
col ; et Fleurissoire ne trouva plus où se raccrocher que
le chapeau de castor qu'il saisit désespérément et qu'il
emporta dans sa chute.
1
1"

Voir la Nouvelle Revue Franfaiu des
mars 1914.

1"

janvier,

1•

févri~r,

�646

LA NOUVELLE REVUE i FRANÇAISE

- A présent, du sang-froid, se dit Lafcadio. Ne
claquons pas la portière : on pourrait entendre à c~té.
Il tira la ·portière à lui, contre le vent, avec effort, puis
la referma doucement.
- Il m'a laissé son hideux chapeau plat ; qu'un peu
plus, d'un coup de pied, j'allais envoyer le rejoindre ;
mais il m'a pris le mien, qui lui suffit. Bonne précaution
qµe j'ai eue d'en enlever les initiales!... Mais, sur la coiffe,
reste la marque du chapelier, à qui l'on ne commande
pas des castors authentiques tous les jours... Tant pis,
c'est joué... Qu'on puisse croire à un accident ... ~on,
puisque j'ai refermé la portière ... Faire stopper le tram L.
Allons, allons ! Cadio, · pas de retouches : tout est comme
tu l'as voulu.
" Preuve que je me possède parfaitement : je vais
d'abord regarder tranquillement ce que représente cette
photographie que le vieux contemplait tout à l'heure...
Miramar ! Aucun désir d'aller voir ça... On manque
d'air ici.
Il ouvrit la fenêtre.
- L'animal m'a griffé. Je saigne ... Il m'a fait très
mal. Un peu d'eau là-dessus ; la toilette est au bout du
couloir, à gauche. Emportons un second mouchoir.
Il atteignit, dans le filet au-dessus de lui, sa valise et
l'ouvrit sur le coussin de la banquette, à l'endroit où il
était précédemment assis.
- Si je croise quelqu'un dans le couloir : du calme ...
Non mon cœur ne bat plus. Allons-y! ... Ah! sa veste;
'
.
aisément je la peux cacher sous la mienne. Des papiers
dans la poche : de quoi nous occuper pendant le reste
du trajet.

LES CAVES DU VATICAN

C'était un pauvre veston élimé, couleur réglisse, de
drap mince, rèche et vulgaire, et qui le dégoô.tait un peu,
que Lafcadio suspendit à une patère, dans l'étroit cabinettoilette où il s'enferma ; puis, penché sur le lavabo, il
commença de s'examiner dans le miroir.
Son cou, à deux endroits, était assez vilainement balafré;
une étroite traînée rouge partait de derrière la nuque et,
tournant vers la gauche, venait mourir au-dessous de
l'oreille ; une autre, plus courte, franche écorchure cellelà, deux centimètres au-dessus de la première, montaït
droit vers l'oreille dont elle avait atteint et un peu décollé
le _lobe. Cela saignait ; mais moins qu'il n'aurait pu
cramdre ; par contre, la douleur, qu'il n'avait pas sentie
d'abord, s'éveillait assez vive. Il trempa son mouchoir
dans la cuvette, étancha le sang, puis lava le mouchoir.
- Pas de quoi tacher un faux-col, pensa-t-il en se
rajustant ; tout va bien.
Il allait ressortir; à ce moment la locomotive siffla.
une file de lumières passa derrière la vitre dépolie d~
~!ose~. C'était Capoue. A cette station si proche de
l accident, descendre et courir dans là nuit se ressaisir
de son castor... cette pensée surgit éblouissante. Il regrettait beaucoup son chapeau souple, léger soyeux tiède et
frais
i "a' l a fois, infroissable, d'une élégance
'
si ' discrète.
Pourtant il n'écoutait jamais tout entier son désir et
n'aimait pas céder, fô.t-ce à lui-même. Mais par dessus
tout il a~ait l'indécision en horreur, et gardait depuis
n~mbre d années, comme un fétiche, le dé d'un jeu de
tnc-trac
que
dans le temps lui avait donné Baldi ,.· 1"l le
•
•
porta1_t touJours sur lui ; il l'avait là, dans le gousset d-e
son gilet :

�648

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Si j'amène six, se dit-il en sortant le dé, je descends !
11 amena cinq.
- Je descends quand même. Vite ! le veston du
sinistré !... A présent, ma valise ...
Il courut à son compartiment.
Ah ! combien, devant l'étrangeté d'un fait, l'exclamation semble inutile I Plus surprenant est l'événement, et
plus mon récit sera simple. Je dirai donc tout net ceci :
Quand Lafcadio rentra dans le compartiment pour Y
reprendre sa valise, la valise n'y était plus.
Il crut d'abord s'être trompé, ressortit sur le couloir ...
Si fait I c'est bien ici qu'il était tant&lt;Jt. Voici la vue de
Miramar ... mais alors?.•. Il bondi~ à la fenêtre et crut
rêver : sur le quai de la gare, non loin encore du wagon,
sa valise s'en allait !ranquillement, en compagnie d'un
grand gaillard qui l'emportait à petits
Lafcadio voulut s'élancer -; le geste qu il fit pour ouvnr
la portière laissa couler le veston réglisse à ses pieds.
- Diable ! diable ! Un peu plus et je m'enferrais !...
Tout de même le farceur s'en irait un peu plus vite s'il
pensait que je lui puisse courir apres. Aurait-il vu ?...
A ce moment, comme il restait penché en avant, une
-

P~:

.

goutte de sang ruissela le long de sa jo~e : . .
.
.
- Tant pis pour la valise ! Le dé l avait bien dit : JC
ne dois pas descendre ici.
Il referma la portière et se rassit.
- Pas de papiers dans la valise; et mon linge n'est
pas marqué; que risqué-je? •.. N'importe : m'embarq~er
le plus tat possible ; ce sera peut-être un peu moins
amusant; mais à coup stîr, beaucoup plus sage.
Le train cependant repartait.

LES CAVES DU VATICAN

- Ce n'est pas tant la valise que je regrette... mais
mon castor, que j'aurais bien voulu repêcher. N'y
pensons plus.
Il bourra une nouvelle pipette, l'alluma, puis plongeant
la main dans la poche intérieure de l'autre veston il en
sortit d'un coup une lettre d'Arnica, un carnet de
l'agence Cook et une enveloppe de papier bulle qu'il ouvrit.
- Trois, quatre, cinq, six billets de mille ! N'intéresse
pas les gens honnêtes.
Il remit les billets dans l'enveloppe et l'enveloppe dans
la poche du veston.
Mais quand ·un instant après il examina le carnet Cook,
Lafcadio eut un éblouissement. Sur la première feuille, le
nom Julius dt Baraglioul était inscrit,
- Est-ce que je deviens fou ? pensa-t-il. quel rapport
Julius •.• billet volé?..• non pas possible ! billet prêté sans
aucun doute... Diable ! diable ! J'ai peut-être fait du
gichis; ces vieillards sont mieux ramifiés qu'on ne croit .. ,
Puis, en tremblant d'interrogation il ouvrit la lettre
d' ~mica. L'événement apparaissait trop étrange; il avait
peme à fixer son attention ; sans doute il ne parvenait
pas_ bien à demêler quelle parenté ou quel: rapports entre
Jul~us et_ ce vieux, mais il saisit ceci du moins: que
Juhus était à Rome. Aussitat sa résolution fut prise: un
urgent désir de revoir son frère l'envahit une curiosité
débridée d'assister au retentissement de :ctte affaire sur
ce calme et logique esprit :
- C'est dit ! Ce soir je couche à Naples; je dégage
m~ malle et demain je retourne à Rome par le premier
tram. Ce sera sdrement beaucoup moins sage, mais peutêtre un peu plus amusant.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISJl

Ill
A Naples, Lafcadio descendit dans un Mtel vo1sm de
la gare ; il eut soin de prendre sa malle avec lui, parce que
sont suspects les voyageurs sans bagages et qu'il prenait
garde à n'attirer point sur lui l'attention ; puis courut se
procurer les quelques 9bjets de toilette qui lui manquaient
et un chapeau pour remplacer l'odieux canotier (et du reste
étroit à son front) que lui avait laissé Fleurissoire. Il
désirait également acheter un revolver, mais dut remettre
au lendemain cette emplette; déjà les magasins fermaient.
Le train qu'il voulait prendre le lendemain partait de
bonne heure ; on arrivait à Rome pour déjet1ner...
Son intention était de n'aborder Julius qu'apres que. les
journaux auraient parlé du "crime". Le crime! Ce mot
lui semblait plutôt bizarre ; et tout à fait impropre,
s'adressant à lui, celui de criminel. Il préférait celui
d'aventurier, mot aussi souple que son castor, et dont il
pouvait relever les bords à son gré.
Les journaux àu matin ne parlaient pas encore de
J'aventure. Il attendait impatiemment ceux du soir, pressé
de revoir Julius et de sentir s'engager la partie; comme
l'enfant à cligne-musette, qui eertes ne veut pas qu'on le
trouve, mais qui veut du' moins qu'on le èherche, en
attendant il s'ennuyait. C'était un vague état qu'il ne
connaissait pas encore ; et les gens qu'il coudoyait dans la
rue lui paraissaient particulièrement médiocres, désagréables et hicteux.
Quand vint le soir, il acheta le Corriere à un crieur sur
le Corso ; puis entra dans un restaurant, mais par une
sorte de défi et comme pour aviver son désir, il se força

LES CAVES DU VATICAN

65I

d'abord de diner, laissant le journal tout plié posé là

à caté de lui, sur la table ; puis ressortit, et dans \e Cors~
de nouveau, s'arrêtant à la clarté d'une devanture, il
déploya
. d' le journal et en seconde page, v1't ces mots, en
titre un des faits-divers:
CRIMl, SUICIDl ... OU ACCIDENT.

Puis lut ceci que je traduis :
En gare de Naples, les employés de la Compagnie ont
ram_assé dans le fill!t d'un compartiment de premiere classe du
tram ~enu_ de Rome, une veste de couleur sombre. Dans la
poche t~tér~eur~ de ce veston une enveloppe jaune tout ouverte
contenait su· billets de mille francs . aucun autre p ,.,, .
.
p
d' .
.
&gt;
arier qut
":mette ,1den~ijier le propriétaire du v'hement. S'il y a eu
crime, ~n s expl~que malaisémmt qu'une somme aussi impor~ndan:e att été laissée sur le vhement de la victime ; cela semble
t tquer tout
au moins que le crime
• n,aurait
. pas eu le vol
.
pour mobtle.
Aucune ~race de lutte n'a -pu lire relevée dans le cPmpartiment ; mats on a retrou v é., sous une banquette, une manchette
;~ec uàn dol'uble bouton qui figure deux thes de chat reliées
une
autre par . une chamette
"
d' argent doré et' taillées
dans
un quartz. semz-trans"'arent d't
.
h
rejle d I'
r
' 1 • agat e nébuleuse à
ts, e espèce que les bijoutiers appellent : pierre d 1
Des recherches sont faites activement le lonu
de la Vote.
e. une.
ô

L

afcadio froissa le journal.
- Quoi ! les boutons de caro
· 1a maintenant ! Ce
vieillard est un carrefour.
Il tourna la page et vit en dern·'
1ere heure:
RECENTISSIME.
UN CADAVRE LE LONG DE LA VOIE,

�6f1,

LA NOUVELLE REVVB FRANÇAISE

Sans lire plus avant, Lafcadio courut au Grand H6teL
11 mit dans une enveloppe sa carte où ces mots inscrits

sous son nom :
LAFCADIO Wumc.1

vimt voir si lt Comte 'Julius de Baraglioul n'a pas b1soi11
d'un secrétaire.

Puis fit passer.
Un laquais enfin vint le prendre dans le hall où il
patientait, le guida le long des couloirs, l'introduisit.
Au premier coup d'œil Lafcadio distingua, jeté dans
un coin de la chambre, le Corriere della Sera. Sur la
table, au milieu de la pièce, un grand flacon d'eau de
Cologne débouché répandait sa forte senteur. Julius
ouvrit les bras.
- Lafcadio 1 Mon ami ... que je suis donc heureux de
vous voir!
Ses cheveux soulevés flottaient et s'agitaient sur ses
tempes ; il semblait dilaté ; il tenait un mouchoir à pois
noirs à la main et s'éventait avec. - Vous êtes bien une
des personnes que j'attendais le moins ; mais celle au
monde avec qui je souhaitais le plus pouvoir causer
cc soir ... C'est Madame Car,ola qui vous a dit que
j'étais ici ?
- Quelle bizarre question !
- Ma foi comme je viens de la rencontrer ... Du reste
je ne suis pas sàr qu'elle m'ait vue.
- Carola ! Elle est à Rome ?
- Ne le saviez-vous pas?
- rarrive de Sicile à l'instant et vous êtes la première
personne que je vois ici. Je ne tiens pas à revoir l'autre.

LIS CAVES DU VATICAN

-

653

Elle m'a paru bien jolie.
Vous n'êtes pas difficile.
Je veux dire: bien mieux qu'à Paris.
C'est de l'exotisme; mais si vous êtes en appétit...
Lafcadio, de tels propos ne sont pas de mise entre

nous.
_Julius vo~lut prendre un air sévère, ne réussit qu'une
grunace, puts reprit :
- Vous me voyez très agité. Je suis à un tournant de
ma vie. J'ai la tête en feu et ressens à travers tout le
corps ~e ~~cc de vertige, comme si j'allais m'évaporer.
Depuis trolS Jours que je suis à Rome, appelé par un
congrès ~e sociologie, je cours de surprise en surprise.
Votre amvéc m'achève... Je ne me connais plus.
. ~ marchait à grands pas ; il s'arrêta devant la table,
sa1s1~ le flacon, versa sur son mouchoir un flot d'odeur,
appliqua sur son front la compresse, l'y laissa.
Mon
· vous permettez que je vous
. . 1·eune ami...
appelle ~si .... Je crois que je tiens mon nouveau livre l
La _mamèr,e, _encore qu'excessive, dont vous me parlàtes à
Parts, de 1Âir dis Ctm,s, me laisse supposer qu'à celui-ci
vous ne demeurerez pas insensible.
S_es pieds esquissèrent u~e sorte d'entrechat ; le mouchoir t~ba ~ terre! Lafcadio s'empressa pour le ramasser
et tandis qu tl était courbé, il sentit la main de Julius
doucement
se poser sur son épaul e comme avait fait
.
préc~~mcnt la main du vieux Juste-Agénor. Lafcadio
sounatt en se relevant.
~ V oi~ si peu de temps que je vous connais, dit
Julius; mais ce soir 1·e ne me retiens
·
pas de vous parler
comme à un ....

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LES CAVES DU VATICAN

1

Il s'arrêta.
- Je vous écoute comme un frère, Monsieur de
Baraglioul, reprit Lafcadio enhardi, puisque vous
voulez bien m'y inviter.
- V oyez-vous, Lafcadio, dans le milieu où. je vis
à Paris, parmi tous ceux que je fréquente: gens du monde,
gens d'Eglise, gens de lettres, atadémiciens, je ne trouv-e
à vrai dire personne à qui parler ; je veux dire : à qui
confier les nouvelles préoccupations qui m'agitent. Car je
dojs vous avouer que, depuis notre première rencontre,
mon point de vue a complétement changé.
- Tant mieux, dit impertinemment Lafcadio.
- Vous ne sauriez croire, vous qui n'êtes pas du
métier, combien une éthique erronée empêche le libre
développement de la faculté créatrice. Aussi rien n'est
plus éloigné de mes anciens romans, que celui que je
projette aujourd'hui. La logique, la conséquence, que
j'exigeais de mes personnages, pour la mieux assurer je
l'exio-eais
d'abord de moi-même ; et cela
n'était pas
b
,
naturel. Nous vivons contrefaits, plut8t que de ne pas
ressembler au portrait. que nous avons tracé de nous
d'abord: c'est absurde: ce faisant, nous risquons de fausser
le meilleur.
Lafcadio souriait toujours, attendant venir et s'amusant
à reconnaître l'effet lointain de ses premiers propos.
- Que vous dirais-je, Lafcadio? Pour la première fois
je vois devant moi le champ libre ... Comprenez-vous ce
que veulent dire ces mots: le champ libre? ..• Je me dis
qu'il l'était déjà; je me répète qu'il l'est toujours, et que
seules jusqu'à présent m'obligeaient d'impures considérations de carrière, de public, et de juges ingrats dont le

655

poète espère en vain récompense. Désormais je n'attends
plus rien que de moi. Désormais j'attends tout de moi ;
j'attends tout de l'homme sincère; et j'exige n'importe
quoi ; puisqu'aussi bien je pressens à présent les plus
étranges possibilités en moi-même. Puisque ce n'est que
sur le papier, j'ose leur donner cours. Nous verrons bien !
Il respirait profondément, rejetait l'épaule en arrière
soulevait l'omoplate à la manière presque d'une aile déj~
comme si l'étouffaient à demi de nouvelles perplexités.
Il poursuivait confusément, à voix plus basse :
- Et puisqu'ils ne veulent pas de moi, ces Messieurs de
l'Académie, je m'apprête à leur fournir de bonnes raisons
de ~c pas m'admettre; car ils n'en avaient pas. Ils n'en
avaient pas.
Sa voix devenait brusquement presque aiguë, scandant
ces derniers mots; il s'arrêtait, puis reprenait plus calme :
- Donc, voici ce que j'imagine.•• Vous m'écoutez?
- Jusque dans l'âme, dit en riant toujours Lafcadio.
- Et me suivez?
- Jusqu'en enfer.
Julius humecta de nouveau son mouchoir, s'assit dans
un fauteuil; en face de lui, Lafcadio se mit à fourchon
sur une chaise :
- Il s'agit d'un jeune homme dont je veux faire un .
criminel.
'
-

Je n'y vois pas difficulté.

- Eh l eh l fit Julius, qui prétendait à la difficulté
qui vous empêche~· et du m ornent
.
,- Mais,
.
. romancier,
,
qu on imagme, d imaginer tput à souhait.
- Plus ce que j'imagine est étrange, plus j'y dois
apporter de motif e~ d'explication.

�656

LA NOUVELLB R.EVlJI FllANÇAISI

- Il n'est pas malaisé de trouver des motifs de crime.
- Sans doute ... mais prttisément, je n'en veux point.
Je ne veux pas de motif au crime ; il me suffit de motiver
le criminel. Oui; je prétends l'amener à commettre
gratuitement le crime ; à désirer commettre un crime
parfaitement immotivt
Lafcadio commençait à prêter une oreille plus attentive.
- Prenons-le tout adolescent: je veux qu'à ceci ,c
reconnaisse l'élégance de sa nature, qu'il agisse surtout
par jeu, et qu'à son intérêt il prHère couramment son
plaisir.
- Ceci

n'est

pas

commun

peut-!tre... hasarda

Lafcadio.
- N'est-ce pas l dit Julius tout ravi. Ajoutons-y qu'il
prend plaisir à se contraindre...
- Jusqu'à la dissimulation.
- Inculquons-lui l'amour du risque.
- Bravo 1 6t Lafcadio toujours plus am.usé: - S'il
sait prêter l'oreille au démon de la curiosité, je crois que
votre élève est à point.
Ainsi tour à tour bondissant et dépassant, puis dép-6,
on eàt dit que l'un jouait à saute-mouton avec l'autre:
Julius. - Je le vois d'abord qui s'exerce; il excelle
aux menus larcins.
Lafcadio. - Je me suis maintes fois demandé commeld
il ne s'en commettait pas davantage. Il est vrai que la
occasions ne s'offrent d'ordinaire qu'à ceux-là seuls, l
l'abri du besoin, qui ne se laissent pas solliciter.
Julius. - A l'abri du besoin ; il est de ceux-là, je l'r
dit. Mais ces seules occa~ons le tentent qui exigent dl
lui quelque habileté, de la ruse...

US CAVES DU VATICAN

Lafcadio. - Et sans doute l'ex~nt un peu.
Julius. - Je disais qu'il se plaît au risque. Au demeurant il répugne à l'escroquerie ; il ne cherche point à
s'approprier, mais s'amuse à déplacer subrepticement tels
objets. Il y apporte un vrai talent d'escamoteur.
Lafcadio. - Puis l'impunité l'encourage...
Julius. - Mais elle le dépite à la fois. S'il n'est pas
pris, c'est qu'il se proposait jeu trop facile.
Lafcadio. - Il se provoque au plus risqué.
Julius. - Je le fais raisonner ainsi ...
Lafcadio. - ttcs-vous bien s0r qu'il raisonne ?
Julius, poursuivant. - C'est par le besoin qu'il avait
de le commettre que se livre l'auteur du crime.
Lafcadio. - Nous avons dit qu'il était très adroit.
!ulius. - Oui ; d'autant plus adroit qu'il agira la tête
fro1d_e. Songez donc : un crime que ni la passion, ni le
besoin ne motive. Sa raison de commettre le crime c'est
prttisément de le commettre sans raison.
'
- C'est vous qui raisonnez son cr1·me ,. 1u1,.
· Lafcadio.
1
s1mp ement, le commet.
raison pour supposer l'auteur d'
.Julius. -. Aucune
. ,
.
un
crime ce1u1 qui a commis le crime sans raison.
. t ou' vous
, Lafcadio. - Vous êtes trop subtil · Au pom
1avez)" porté, il est ce qu'on appelle : un homme l'b
1 re.
Ju ius. - A la merci de la première occasion
Lafcadio. - Il me tarde de le voir à l'œuvr~. Qu'allez-vous bien lui proposer ?
Julius. - Eh bien, j'hésitais encore. Oui . J·usqu'à c
soir, J''hés',tais...
·
E t tout a, coup ce soir le '.
e
d
JOUrnal , aux
ern1 _res nouvelles, m'apporte tout précisément l'exemple
souhaité. Une aventure providentielle ! C'est affi-eux :

·c

,

,

8

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

·
-figurez-vous qu'on vient d' assassiner
mon beau- f'
rere 1.
Lafcadio. - Quoi ! le petit vieux du wagon, c'est...
Julius. - C'était Amédée Fleurissoire, à qui j'av~is
prêté mon billet, que je venais de mettre dans le tram.
Une heure auparavant il avait pris six mille francs à ma
banque, et, comme il les portait sur lui, il ne me quittait
pas sans regrets ; il nourrissait des idées grises, des i~ées
noires, que sais-je ? des pressentiments. Or, dans le tram ...

Mais vous avez lu le journal.
Lafcadio. - Le titre simplement du "fait-divers".
Julius. - Ecoutez, que je vous le lise. (Il déploya le
Corriere devant lui.) Je traduis :
La police qui faisait d'actives recherches le long de la voie
ferrée, entre Rome et Naples, a découvert cet après-midi, dans
le Jit il sec du f/olturne, il cinq kilomètres de Capoue, le corps
de la vzcttme il laquelle appartenait sans doute la veste
retrouvée hier soir dans un wagon. C'est un homme d' appa. renct modeste, d'une cinquantaine d'années environ. (Il paraissait plus igé qu'il n'était.) On n'a trouvé sur lui aucun
papier qui permette d'établir son identité. (Cela me donne
heureusement le temps de respirer.) Il a apparemment étl
projeté du wagon, assez. violemment pour passer par dessus Je
parapet du pont, en réparation à cet endroit et remplacl
simplement par des poutres. (Quel style l) Le pont êst élevl
à plus de quinze mètres au-dessus de la rivière; la mort a dfJ
suivre la chute, car le corps ne porte pas la trace de blessures.
Jl est en bras de chemise ; au poignet droit, une manchette,
semblable il celle que l'on a retrouvée dans le wagon, mais à
laquelle le bouton manque... (Qu'avez-vous ?-Julius s'arrêta:

Lafcadio n'avait pu réprimer un sursaut, car l'idée traversa
son. esprit que le bouton avait été enlevé depuis le crime.

LES CAVES DU VATICAN

-

Julius reprit :) Sa main gauche est restée crisp!e sur un
chapeau de feutre mou ...

- De feutre mou ! Les rustres ! murmura Lafcadio.
Julius releva le nez de dessus le journal. - Qu'est-ce
qui vous étonne ?
- Rien, rien ! Continuez.
- De feutre mou, beaucoup trop large pour sa t&amp;e et qui
paratt hre plut6t celui de l'agresseur ; la marque de pr/J'Venance a été soigneusement découpée dans le cuir de la coi l1'e où
zl ma,., ·e un morceau dt la forme et de la dimmsion d'une
feuille de laurier ...

.

'JI.,

Lafcadio se leva, se pencha derrière Julius pour lire par
dessus son épaule et peut-être pour dissimuler sa pâleur.
Il n'en pouvait plus douter présent : le crime avait été
retouché ; quelqu'un avait passé par là-dessus ; avait
déc-?upé cette coiffe ; sans doute l'inconnu qui s'était
emparé de sa valise.
Julius cependant continuait :

a

-

Ce qui semble indiquer la préméditation de ce crime.

(Pourquoi précisément de ce crime ? Mon héros avait
peut-être pris ses précautions à tout hasard ... ) Sitat apr~s
les constatations policières, le cadavre a été transporté aNaples
pour permettre son identification. (Oui, je sais qu'ils ont

là-bas les moyens et l'habitude de conserver les corps très
longtemps .•. )
- Êtes-vous bien slÎr que ce soit lui? La voix de
Lafcadio tremblait un peu.
-

Parbleu ! je l'attendais ce soir pour dîner.
Vous avez renseigné la police?

' - Pas encore. _J'ai besoin d'abord de mettre un peu
d prdre dans mes idées. En deuil déjà, de ce côté du moins

�660

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

(j'entends : celui du vêtement), je suis tranquille ; mais
vous comprenez que, sitôt divulgué le nom de la victime,
il faudra que j'avertisse toute ma famille, que j'envoie de
dépêches, que j'écrive des lettres, que je m'occupe des
faire-part, de l'inhumation, que j'aille à Naples réclamer
le corps, que ... Oh ! mon cher Lafcadio, à cause de ce
congrès auquel je vais être tenu d'assister, accepterie7r
vous, par procuration, de . chercher le corps à ma
place?...
- Nous verrons cela tout à l'heure.
- Si toutefois cela ne vous impressionne pas trop. En
attendant j'épargne à ma pauvre belle-sœur des heures
cruelles ; d'après les vagues renseignements des journaux,
comment irait-elle supposer ... ? Je reviens à mon sujet:
Quand j'ai donc lu cc faits-divers, je me suis dit : cc
crime-ci, que j'imagine si bien, que je reconstitue, que je
vois - je connais, moi, je connais la raison qui l'a fait
commettre ; et sais que, s'il n'y eüt pas eu cet appat des
six mille francs, le crime n'dlt pas été commis.
- Mais supposons pourtant que.,.
- Oui, n'est-ce pas: supposons un instant qu'il n'y
ait pas eu ces ix mille francs, ou mieux : que le criminel
ne les ait pas pri : c'est mon homme.
Lafcadio cependant s'était levé ; il avait ramassé le
journal que Julius avait laissé tomber, et l'ouvrant à la
seconde page :
- Je vois que vous n'avez pas lu la d-ernière heure:
le ... criminel, précisément, n'a pas pris les six mille francs,
- dit-il du plus froid qu'il put. Tenez, lisez : '' Cela
semble indiquer tout au moins que le crime n'aurait pas eu lt

vol pour mobile. "

LES CAVES DU VATICAN

661

_Julius saisit _la feuille que Lafcadio lui tendait, lut
a:1d~ment _; puis se passa la main sur les yeux ; puis
s ~1t ; p~1s se releva brusquement, s'élança sur Lafcadio
et I empoignant par les deux bras :
' - Pas le vol pour mobile ! cria-t-il, et comme saisi
d un transport, il secouait Lafcadio furieusement. - Pas
le vol .pour, mobile I Mais alors·•• _ Il repoussait
. Laficad10,
.
courait à _l autre extrémité de la chambre, et s'éventait, et
se frappa1_t le. front, et se mouchait : - Alors je sais,
parbleu l·Je1 sais pourquoi ce bandit l'a tué... Ah •I ma lh eur:~ am~. ah ! pauvre Fleurissoire ! C'est donc qu'il
dISatt
. a1ors
'
évrai ! Et moi qui le croyais déJ'à fiou .... Mats
c est pouvantable.
s'étonnait, attendait la fin de 1a crise;
.
·1
,. Lafcadio
. .
1
s 1rnta1t un peu . il lui semblait
'
.
d'é h
. ., .
que n avait pas le droit
c apper ainsi Julius :
- Je croyais que précisément vous ...
- Taisez-vous!
vous ne save~ rien · Et mot. qui. perds
è
mon tem~ pr s de vous dans des échafaudements ridicules... V tte ! ma canne, mon chapeau
- Où courez-vous?
·
- Prévenir la police, parbleu !
Lafcadio_se mit en travers de la porte.
~ Exph~u~z-moi d'abord, dit-il impérativement. Ma
paro e, on dirait que vous devenez fi
C'
ou.
d e~t tout à l'heure que j'étais fou. Je me réveille
e ~a f~he... ~~ ! pauvre Fleurissoire ! ah ! malheureux
amt
h • .Samte
d ,.v1ct1me ! A temps sa mort m ,arrête sur le
c emm
è
Me I. irrespect, du blasphème. Son sacn'fi ce me
ram ne. 01 qui r;ais de lui !. ..
II avait recommencé de marcher., puis
. s ' am:tant
t.
net et

�662

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

posant sa canne et son chapeau auprès du flacon, sur la
table, il se campa devant Lafcadio :
- Vous voulez savoir pourquoi le bandit l'a tué ?
-

Je croyais que c'était sans motif.

Julius alors furieusement:
- D'abord il n'y a pas de crime sans motif. On s'est débarrassé de lui parce qu'il détenait un secret ... qu'il m'avait
confié, un secret considérable; et d'ailleurs beaucoup trop
important pour lui. On avait peur de lui, comprenez,.
vous? Voilà... Oh! cela vous est facile de rire, à vous qui
n'entendez rien aux choses de la foi. - Puis tout pile et
se redressant: - Le secret, c'est moi qui l'hérite.
- Méfiez-vous? c'est de vous qu'ils vont avoir peur
maintenant.
- Vous voyez bien qu'il faut que je prévienne
aussitêit la police.
- Encore une question, dit Lafcadio, l'arrêtant de
nouveau.
- Non. Laissez-.moi partir. Je suis horriblement
pressé: Cette surveillance continue, qui tant affolait mon
pauvre frère, vous pouvez tenir pour certain que c'est
contre moi qu'ils l'exercent; qu'ils l'exercent dès à
présent. Vous ne sauriez croire combien ces gens-là sont
habiles. Ces gens-là savent tout, je vous dis ... Il devient
plus opportun que jamais que vous alliez rechercher le
corps à ma place ... Surveillé comme je le suis à présent,
on ne sait pas ce qui pourrait bien m'advenir. Je vous
demande cela comme un service, Lafcadio, mon cher
ami. - Il joignait les mains, implorait. - Je n'ai pas la
tête à moi pour l'instant, mais je prendrai des informations
à la questure, de manière à vous munir d'une procu-

663

LES CAVES DU VATICAN

ration bien en règle. Où pourrai-Je vous l'adresser?
- Pour plus de commodité, je prendrai chambre à cet
Mtel. A demain. Courez vite.
Il laissa Julius s'éloigner. Un grand dégo(lt montait en
lui, et presque une espèce de haine contre lui-même et
contre Julius; contre tout. Il haussa les épaules, puis sortit
de sa poche le carnet Cook inscrit au nom de Baraglioul
qu'il avait pris dans le veston de Fleurissoire, le posa sur
la table, en évidence, accoté contre le flacon de parfum ;
éteignit la lumière, et sortit.

IV
Malgré toutes les précautions qu'il avait prises, malgré
l~s r~commandations à la questure, Julius de Baraglioul
~ avait pu empêcher les journaux ni de divulguer ses
liens de parenté avec la victime, ni même de désigner en
toutes lettres l'Mtcl où il était descendu.
Certes la veille au soir, il avait traversé des minutes de
rare angoisse, lorsque au retour de la questure vers minuit
il av~it trouvé dans sa chambre, exposé bien'en évidence:
le billet Cook inscrit à son nom et dont s'était servi
Fleurissoire. Il avait aussitêit sonné et, ressorti blême et
tremblant_ sur le couloir, avait prié le garçon de regarder
sous son lit; car il n'osait regarder lui-même. Une espèce
.d'enquête qu'il poussa séance tenante n'aboutit à aucun
résultat; mais comment se fier au personnel de grands
hôtels?... Pourtant, après une nuit de bon sommeil derrière
une porte solidement verrouillée, Julius s'était réveillé
plus à l'aise; la police à présent le protégeait. Il écrivit

,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nombre de lettres et de dépêches, qu'il alla porter luimême à la poste.
Comme il rentrai~ on le vint avertir qu'une dame était
venue le demander; elle n'avait pas dit son nom, attendait
dans le reading-room. Julius s'y rendit et ne fut pas peu
surpris de retrouver là Carola.
Non dans la premiere salle, mais dans une autre plus
retraite, plus petite et peu éclairée, elle s'était assise de
biais, au coin d'une table reculée, et, pour se prêter
contenance, feuilletait distraitement un album. En voyant
entrer Julius elle se leva, plus confuse que souriante. Le
manteau noir qui la recouvrait s'ouvrait sur un corsage
sombre, simple, presque de bon goô.t; par contre son
chapeau tumultueux quoique notr la signalait d'une
maniere désobligeante.
Vous allez me trouver bien osée, Monsieur le
Comte. Je ne sais pas comment j'ai trouvé le courage
d'entrer dans votre hôtel et de vous y demander; mais
vous m'avez saluée si gentiment hier... Et puis ce que j'ai
à vous dire est trop important.
Elle restait debout derriere la table; ce fut Julius qui
s'approcha; ·par dessus la table il lui tendit l&lt;i main sans
façons:
- Qu'est-ce qui me vaut le plaisir de votre visite?
Carola baissa le front :
- Je sais que vous venez d'être bien éprouvé.
Julius ne comprit pas d'abord; mais comme Carola
sortait un mouchoir et le passait devant ses yeux:
- Quoi! c'est une visite de condoléance?
- Je connaissais Monsieur Fleurissoire, reprit-elle.
-Bah!

LES CAVES OU VATICAN

665

- Oh! pas depuis bien longtemps. Mais je l'aimais
bien. Il était si gentil, si bon ... C'est même moi qui lui
avais donné ses boutons de manchettes; vous savez,. ceux
qu'on a lu leur description dans le journal; c'est ça qui
m'a permis de le reconnaître. Mais je ne savais pas que
c'était Monsieur votre beau-frere. J'ai été bien surprise,
et vous pensez si ça m'a fait plaisir... Oh! pardon; ça n'est
pas ça que je voulais dire.

-

Ne vous troublez pas, chere Mademoiselle, vous

voulez dire sans doute que vous êtes heureuse de cette
occasion de me revoir.
Sans répondre Carola enfouit son visage dans son
mouchoir; des sanglots la secouerent et Julius crut devoir
lui prendre la main :
- Moi aussi, disait-il d'un ton pénétré, moi aussi,
chere demoiselle, croyez bien que...
- Le matin même, avant qu'il ne parte, je lui disais
bien de se méfier. Mais ça n'était pas dans sa nature ...
Il était trop confiant, vous savez.
- Un sain~ Mademoiselle; c'était un saint, fit Julius
avec élan et sortant son mouchoir à son tour.
- C'est bien ça que j'avais compris, s'écria Carola. La
nuit, quand il croyait que je dormais, il se relevait, il se
mettait à genoux au pied du lit, et...
Cet inconscient aveu acheva de troubler Julius, il remit
son mouchoir en poche et, s'approchant encore :
- Otez donc votre chapeau, chere demoiselle.
- Merci; il ne me gêne pas.
- C'est moi qu'il gêne ... Permettez ...
Mais comme Carola se reculait sensiblement, il se
ressaisit.

�666

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

vous avez
Permettez-moi de vous demander
quel9ue raison particulière de craindre?
-Moi?
- Oui ; quand vous avez dit
mon beau-frère de se
méfier, je vous demande si vous aviez des raisons de
supposer ... Parlez cœur ouvert: il ne vient personne ici
le matin et l'on ne peut pas nous entendre. Vous soupçonnez quelqu'un?
Carola baissa la tête.
- Comprenez que cela m'intéresse particulièrement,
continua Julius volubile, et mettez-vous en face de ma
. situation. Hier soir, en rentrant de la ques~re où j'avais
été déposer, je trouve dans ma chambre, sur la table, au
beau milieu de ma table, le billet de chemin de fer avec
lequel ce pauvre Fleurissoire avait voyagé. Il était inscrit à
mon nom; ces billets circulaires sont strictement personnels, c'est entendu; j'avais eu tort de le prêter ; mais là
n'est pas la question ... Dans ce fait de me rapporter mon
billet, cyniquement, dans ma cham~re, en profitant d'un
instant où j'en suis sorti, je do is voir un défi, une fanfaronnade, et presque une insulte ... qui ne me troublerait
pas, cela va sans dire, si je n'avais de bonnes raisons de
me croire
mon tour visé, voici pourquoi : Ce pauvre
Fleurissoire, votre ami, était possesseur d'un secret... d'un
secret abominable ... d'un secret très dangereux; .. que je
ne lui demandais pas ... que je ne me souciais nullement
de savoir ... qu'il avait eu la plus Ucheuse imprudence de
me confier. 'Et maintenant, je vous le demande : celui
qui, pour étouffer ce secret n'a pas craint d'aller jusqu'au
crime ... vous savez qui c'est?
- Rassurez-vous, Monsieur
l'ai dénoncé à la police.

a

a

a

LES CAVES DU VATICAN

- Mademoiselle Carola, je n'attendais pas moins de
vous.
- Il m'avait promis de ne pas lui faire de mal ; il
n'avait qu'à tenir sa promesse, j'aurais tenu la mienne. A
présent j'en ai assez; il peut bien me faire ce qu'il voudra.
Carola s'exaltait, Julius passa derrière la table et s'approchant d'elle de nouveau:
- Nous serions peut-être mieux dans ma chambre
pour causer.
- Oh! monsieur, dit Carola,je vous ai dit maintenant
tout ce que j'avais à vous dire; je ne voudrais pas vous
retenir plus longtemps.
Comme elle s'écartait encore, elle acheva de contourner
la table et se retrouva pres de la sortie.
- Il vaut mieux que nous nous quittions à présent,
Mademoiselle, reprit dignement Julius qui, de cette
résistance, prétendait garder le mérite. Ah ! je voulais
dire encore : si apres demain, vous aviez l'idée de venir
à l'inhumation, il vaut mieux que vous ne me reconnaissiez pas.
C'est sur ces mots qu'ils se quittèrent, sans avoir prononcé le nom de l'insoupçonné Lafcadio.
V

Lafcadio ramenait de Naples la dépouille de Fleurissoire. Un fourgon mortuaire la contenait, qu'on avait
accroché en queue du train, mais dans lequel Lafcadio
n'avait pas cru indispe,!lsable de monter lui-même, Toutefois, par décence, il s'était installé dans le compartiment
non pas absolument le plus proche, car le dernier wagon

�668

LES CAY.ES DU VATICAN

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

était un wagon de seconde, du moins aussi près du corps
que les " premières" le permettaient. Parti le matin de
Rome, il devait y rentrer le soir du même jour. Il s'avouait
mal volontiers le sentiment nouveau qui bientôt envahit son
imc , car il ne tenait rien en si grand honte que l'ennui,
ce mal secret dont les beaux appétits insouciants de sa
jeunesse, puis la dure nécessité, l'avaient préservé jusqu'alors. Et quittant son compartiment, le cœur vide
d'espoir et de joie, d'un bout à l'autre du wagon-couloir
il rôdait, harcelé par une curiosité indécise et cherchant
douteusement il. ne savait quoi de neuf et d'absurde à
tenter. Tout paraissait insuffisant à son désir. Il ne songeait plus à s'embarquer, reconnaissait à contre-cœur que
Bornéo ne l'attirait guère ; non plus le reste de l'Italie :
même il se désintéressait des suites de son aventure ; elle
lui paraissait aujourd'hui compromettante et saugrenue.
Il en voulait à Fleurissoire de ne s'être pas mieux défendu;
· il protestait contre cette piteuse figure, edt voulu l'effacer
de son esprit.
Par contre il eîlt revu volontiers le gaillard qui s'était
emparé de sa valise ; un fameux farceur celui-là !... Et
comme s'il l'e{lt d{I retrouver, à la station de Capoue,
il se pencha à la portière, fouillant des yeux le quai
désert. Mais le reconnaîtrait-il seulement ? Il ne l'avait
vu que de dos, distant déjà et s'éloignant dans la p&amp;
nombre ... Il le suivait en imagination à travers la nuit,
regagnant le lit du Volturne, retrou vant le cadavre hideux,
le détroussant et, par une sorte de défi, découpant dans
la coiffe du chapeau, de son chapeau à lui, Lafcadio, ce
morceau de cuir " de la forme et de la dimension d'une
feuille de laurier" comme disait élégamment le journal.

Cette petite pièce à conviction où l'adresse de son fournisseur, Lafcadio, après tout, était fort reconnaissant à son
dévaliseur de l'avoir soustraite à la police. Sans doute, ce
détrousseur de morts avait tout intérêt lui-même à n'at.
.
'
tirer pomt ~ur soi l attention ; et s'il prétendait malgré
tout se servir de sa découpure, ma foi ! ça pourrait être
assez plaisant d'entrer en composition avec lui.
La nuit à présent était close. Un garçon de wagonrestaurant, circulant d'un bout à l'autre du train vint
avertir les voyageW:s de première et de seconde classe que
le dtner les attendait. Sans appétit, mais du moins sauvé
de_ son désœuvrement pour une heure, Lafcadio s'achemm~ à la suite de quelques autres et même assez loin
derrière eux. Le restaurant était en tête du train. Les
wagons au travers desquels Lafcadio passait étaient vides.
de ci d: là divers objets, sur les banquettes, indiquaient e:
réservaient
les places des dfoeurs .· châles, ore1·11ers, 1·ivres
.
Journaux. Une serviette d'avocat accrocha son re d,
Sil~ d'être le dernier, il s'arrêta devant le comparti!::t:
puis entra. Cette serviette au demeurant ne l' tt' .
è
a 1ra1t
gu _re ; ce fut proprement par acquit de conscience qu'il
foudJa.
Sur un soufflet intérieur, en d1'scrètes lettres d'or, la
serviette portait cette indication :
DEFOUQUEBLIZE

Faculté de droit de Bordeaux

. Elle contenait deux brochures sur le droit criminel et
numéros de la gazette des tribunaux.

SIX

- Encor~ qu~lque bétail pour le congrès. Pouah !
pensa Lafcad10 qu1 remit le tout à sa 1
P ace, puis se Mta

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de rejoindre la petite file des voyageurs qui se rendaient
au restaurant,
Une frêle fillette et sa mère fermaient la marche,
toutes deux en grand deuil ; les précédait immédiatement
un monsieur en redingote, coiffé d'un chapeau haut-deforme, à cheveux longs et plats et à favoris grisonnants ;
apparemment Monsieur Defouqueblize, le possesseur de la
serviette. On avançait lentement, en titubant aux cahots
du train. Au dernier coude du couloir, à l'instant que
le professeur s'allait élancer dans cette sorte d'accordéon
qui relie un wagon à l'~utre, une secousse plus forte le
chavira ; pour recouvrer son équilibre il fit un brusque
mouvement, qui précipita son pince-nez, toute attache
rompue, dans le coin de l'étroit vestibule que forme le
couloir devant la porte des commodités. Tandis qu'il se
courbait à la recherche de sa vue, la dame et la fillettepassèrent. Lafcadio, quelques instants se divertit à contempler les efforts du savant ; piteusement désemparé, il
lançait au hasard d'inquiètes mains à fleur de sol ; il
nageait dans l'abstrait ; on e"l1t dit la danse informe d'un
plantigrade, ou que, de retour en enfance, il jouit à.
" Savez-vous planter les choux ? " - Allons ! Lafcadio:
un bon mouvement ! Cède à ton cœur, qui n'est pas
corrompu. Viens en aide à l'infirme. Tends lui ce verre
indispensable ; il ne l'atteindra pas tout seul. Il y tourne
le dos. Un peu plus, il va l'écraser ... A ce moment un
nouveau cahot projeta le malheureux, tête baissée contre
la porte du closet ; le haut-de-forme amortit le choc,
en se défonçant à demi et s'enfonçant sur les oreilles.
Monsieur Defouqueblize fit un gémissement ; se redressa;
se découvrit. Lafcadio cependant, estimant que la farce

LES CAVES DU VATICAN

avait assez duré, ramassa le pince-nez, le déposa dans le
chapeau du quêteur, puis s'enfuit, éludant les remerciements.
Le repas était commencé. A c~té de la porte vitrée,
à droite du passage, Lafcadio s'assit à une table de deux
couverts ; la place en face de lui restait vide. A gauche
du passage, à même hauteur que lui, la veuve occupait,
avec sa fille, une table de quatre couverts dont deux
restaient inoccupés.
- Quel ennui règne dans ces lieux! se disait Lafcadio,
dont le regard indifférent glissait au-dessus des convives
sans trouver figure où poser. - Tout ce bétail s'acquitte
comme d'une corvée monotone de ce divertissement
qu'est la vie, à la bien prendre ... Qu'ils sont donc mal
vêtus ! Mais, nus, qu'ils seraient laids ! Je meurs avant le
dessert si je ne commande pas du champagne.
Entra le professeur. Apparemment il venait de se laver
les mains qu'avait souillées du bout sa recherche . il
. .
'
examinait ses ongles. En face de Lafcadio un garçon de
restaurant le fit asseoir. Le sommellier passait de table en
table. Lafcadio sans mot dire, indiqua sur la carte un
Mont~bello Grand-Crémant de vingt francs, tandis que
Monsieur Defouqueblize demandait une bouteille d'eau
d~ Saint-Galmier. A présent, tenant entre deux doigts son
pmce-nez, il haletait dessus doucement, puis, du coin de
sa serviette, il en clarifiait les verres. Lafcadio l'observait
"
. d
,
s eto~.na1t e s~s yeux de taupe clignotant sous d'épaisses
paupteres rougies.
-. Heureusement il ne sait pas que c'est moi qui viens
de lm rendre la vue ! S'il commence à me remercier •
p·
.
.
.
,a
mstant Je lm fausserai compagnie.

�672

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Le sommellier revint avec la Saint-Galmier et le champagne, qu'il déboucha d'abord et posa e~tre les deux
convives. Cette bouteille ne fut pas plus tot sur la table,
Defouqueblize s'en saisit, sans distinguer quelle elle était,
s'en versa un plein verre qu'il avala d'un trait... Le
sommellier déjà faisait un geste, que Lafcadio retint en
riant.
_ Oh ! qu'est-ce que je bois là? s'écria Defouqueblize avec une grimace affreuse.
_ Le Montebello de Monsieur votre voisin, dit le
sommellier dignement. La voilà, votre eau de SaintGalmier. Tenez.
Il posa la seconde bouteillle. .
,
. .
_ Mais je suis désolé, Monsieur ... J y vois s1 mal...
Absolument confus, croyez bien...
.
_ Quel plaisir vous me feriez, Monsieur, interrom_p1t
Lafcadio, en ne voùs excusant pas ; et même en acceptant un second verre, si ce premier-là vous a plu.
_ Hélas ! Monsieur, je vous avouerai que j'ai trouvé
cela détestable ; et je ne comprends pa~ comment~, da~s
ma distraction, j'ai pu en avaler un plem verre ; J avais
si soif... Dites-moi, Monsieur, je vous prie : é'est extrêmement fort ce vin-Ià ?... parce que, je m'en vais vous dire..•
je ne bois'jamais que de l'eau ... la moindre gout~e d'alcool
me porte infailliblement à la tête ... Mon Dieu! mo~
Dieu ! qu'est-ce que je vais deveuir ?.•• Si ~e retournais
tout de suite à mon compartiment?... Je ferais sans doute
bien de m'étendre.
Il fit geste de se lever.
_ Restez l restez donc, cher Monsieur, dit Lafcadio
· a' s' amuser. Vous reriez
bien de manger
qui commençait
11

LES CAVES DU VATICAN

au contraire, sans vous inquiéter de ce vin. Je vous
ramenerai tout à l'heure si vous avez besoin qu'on vous
soutienne ; mais n'ayez crainte : ce que vous en avez
bu ne griserait pas un enfant.
- J'en accepte l'augure. Mais, vraiment, je ~e sais
comment vous ... Vous offrirai-je un peu d'eau de SaintGalmier?
- Je vous remercie beaucoup ; mais permettez-moi
de préférer mon champagne.
- Ah ! vraiment, c'était du champagne ! Et .•. vous
allez boire tout cela ?
- Pour vous rassurer.
- Vous êtes trop aimable; mais, à votre place, je...
- Si vous mangiez un peu, interrompit Lafcadio,
mangeant lui-même, et que Defouqueblize embêtait. Son
attention à présent se portait sur _la veuve :
Certainement une italienne. Veuve d'officier sans doute.
Quelle décence dans son geste ! quelle tendresse dans son
regard ! Comme son front est pur ! Que ses mains sont
intelligentes ! Quelle élégance dans sa mise, pourtant si
simple ... Lafcadio, quand tu n'entendras plus en ton
cœur les harmoniques d'un tel accord, puisse ton cœur
avoir cessé de battre ! Sa fille lui ressemble ; et de quelle
noblesse déjà, un peu sérieuse et même presque triste, se
tempere l'excès de gdce de l'enfant! Vers elle avec
quelle sollicitude la mere se penche ! Ah ! devant de tels
êtres le démon céderait ; pour de tels êtres, Lafcadio, ton
cœur se dévouerait sans doute ...
A ce moment le garçon passa changer les assiettes.
Lafcadio laissa partir la sienne à demi-pleine, car ce qu'il
voyait à présent l'emplissait soudain de stupeur: la veuve,

9

�674

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la délicate veuve se courbait en dehors, vers le passage,
et, relevant lestement sa jupe, du mouvement le plus
naturel, découvrait un bas écarlate et le moJlet le mieux
formé.
Si inopinément cette note ardente éclatait dans cette
grave symphonie ... rêvait-il ? Cependant le garçon apportait un nouveau plat. Lafcadio s'allait servir ; ses yeux se
reportèrent sur son assiette, et ce qu'il vit alors l'acheva :
Là, devant lui, à découvert, au milieu de l'assiette
tombé l'on ne sait d'où, hideux et reconnaissable entre
mille... n'en doute pas, Lafcadio: c'est le bouton de
Carola ! Celui des deux boutons, qui manquait à la
seconde manchette de Fleurissoire. Voici qui tourne au
cauchemar... Mais le garçon se penche avec le plat. D'un
coup de main, Lafcadio nettoie l'assiette, faisant glisser
le vilain bijou sur la nappe ; il replace l'assiette pardessus, se sert abondamment, emplit son verre de
champagne, qu'il vide aussit&amp;t, pui remplit. Car maintenant si l'homme à jeun a déjà des visions ivres... Non,
ce n'était pas une hallucination : il entend le bouton
crisser sous l'assiette ; il soulève l'assiette, s'empare du
bouton ; le glisse à côté de sa montre dans le gousset de
son gilet ; tite encore, s'assure : le bouton est là, bien en
sl1reté... Mais qui dira comment il était venu dans l'assiette ? Qui l'y a mis?... Lafcadio regarde Defouqueblize:
le savant mange innocemment, le nez bas. Lafcadio veut
penser à autre chose : il regarde de nouveau la veuve ;
mais dans son geste et dans sa mise tout est redevenu
décent, banal ; il la trouve à présent moins jolie. Il tkhe
d'imaginer à neuf le geste provocant, le bas rouge ; il
ne peut pas. Il tkhe de revoir sur son assiette le bouton,

LES CAVES DU VATICAN

675

et s'il ne le sentait pas là, dans sa poche, certe~. ·1 d
. M.
-, 1 outera1~ ...,
_a,s, au fa~t, pourquoi l'a-t-il pris, ce bouton !...
qut n était pas à lUJ. Par ce geste instinctif, absurde, quel
ave~ ! quelle _reconnaissance ! Comme il se dési ne à
celui , quel qu '1t s01t,
· et de la police peut-être, qui gl'observe sans doute , le guett e... D ans ce p1'ège grossier
. il a
donné tout droit comme un sot. Il se sent blémir. Il se
retourne brusMqu~ment : derrière la porte vitrée du passage,
personne...
ais quelqu'un tout à l'h
A
l'
eure peut-1::tre
aura vu ! Il se force à manger encore ; mais de dépit ses
dents se serrent. Le malheureux 1 ce n'est
.
ffi''J
·
pas son crime
a eux qu, regrette, c'est ce geste malencontreIDC Q '
d
à és
... ua
one pr ent le professeur à lui sourire?...
Defou~ueblize avait achevé de manger. Il s'essuya les
lèvres, pms, les deux coudes sur la table et chiffonnant
nerveusement
sa serviette
.
.
, commença de regar der Laficad.
10 ; un bizarre rictus agitait ses lèvres . à l fi.
,
, a n, comme
n y tenant plus :
- Oserais-je, Monsieur, vous en redemander un petit
peu?
Il avança
son verre cramt1vement
· ·
.
vers la bouteille
presque vide.
Lafcadio, distrait de son inquiétude et tout h
d
l d'
•
.
eureux e
a ,version, IUI versa les dernières gouttes :
-:-- Je serais embarrassé de vous en donner beaucou
Mais voulez-vous que j'en redemande?
p.•.
- Alors je crois qu'une demi-bouteille suffirait
Def~uqueblize, déjà sensiblement éméché, avai; perdu
le sentu~ent des convenances. Lafcadio que n'effrayait
:éas le vin sec et que la naïveté de l'autre amusait fit
boucher un second Montebello. .

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Non ! non! ne m'en versez pas trop! disait Defouqueblize en levant son vacillant verre que Lafcadio
achevait de remplir. C'est curieux que cela m'ait paru si
mauvais d'abord. On se fait ainsi des monstres de bien
des choses, tant qu'on ne le connait pas. Simplement je
croyais boire de l'eau de Saint-Galmier ; alors je trouvais
que, pour de l'eau de Saint-Galmier, elle avait un drôle
de goôt, vous comprenez. C'e t comme, si l'on vous versait
de l'eau de Saint-Galmier quand vous croyez boire du
champagne, vous diriez, n'est-ce pas: pour du champagne,
je trouve qu'il a un dr6le de goôt !...
Il riait à ses propres paroles, puis se penchait par dessus
la table vers Lafcadio qui riait aussi, et à demi-voix :
- Je ne sais pas ce que j'ai à rire comme ça; c'est
certainement la faute à votre vin. Je le soupçonne tout
de même d'être un peu plus chaud que vous ne dites.
Eh I eh ! eh ! Mais vous me ramenez dans mon wagon,
c'est convenu, n'est-ce pas. Nous y serons seuls, et si je
suis indécent vous saurez pourquoi.
- En voyage, hasarda Lafcadio, cela ne tire pas à
conséquence,
- Ah! Monsieur, reprit l'autre aussit6t, tout ce qu'on•
ferait dans cette vie ! si seulement on pouvait être bien
certain que cela ne tire pas à conséquence, comme vous
dites si justement. Si seulement on était assuré que cela
n'engage à rien ... Tenez; rien que ça, que je vous dis là,
maintenant, et qui n'est pourtant qu'une pensée bien
naturelle, croye7,-vous que je l'oserais exprimer sans plus
de détours, si seulement nous étions à Bordeaux? Je dis
Bordeaux, parce que c'est Bordeaux que fbabite. J'y suis
connu, re pecté; bien que pas marié, j'y mène une petite

LES CAVES DU VATICAN

vie tranJuille, j'y exerce une profession considérée : professeur ~ la faculté de droit; oui: criminologie comparée;
une chal_re_ nouvelle ... Vous comprenez que, là, je n'ai pas
la perm1ss1on, ce qui s'appelle : la permi ion de m'enivrer, fat-ce un jour par hasard. Ma vie doit être respectable. Songez donc : un de mes élève me rencontrerait
soul d~ns ia,rue !... Respectable ; et sans que ça ait l'air
con~mt ; c est là le hic; il ne faut pas donner à penser:
~onsteur Defouqueblize (c'est mon nom) fait rudement
b:~n d~ se ret~nir !... li faut non seulement ne rien faire
d_ msoh_te, ~1s e~core persuader autrui qu'on ne pourrait
~en f~_•re d_ insolite, même avec toute licence ; qu'on n'a
rt~n d msol1te en soi, qui demanderait à sortir. Restet-11 encore un peu de vin ? Quelques gouttes seulement
mon . cher complice, quelques gouttes... Une pareill;
occasion ne se retrouve pas deux fois dans la vie. Demain,
à Ro~e, à ce congrès qui nous rassemble, je retrouverai
quantité de collègues, graves, apprivoisés, retenus aussi
compassés que je le redeviendrai moi-même dés que j'aurai
recouvré ma livrée. Des gens de la société, comme vous
ou moi, se doivent de vivre contrefaits.
Le repas cependant s'achevait ; un garçon passait,
récoltant, avec le dtl, les pourboires.
bli A mesure_ que la salle se vidait, la voix de Defouque. ze devenait plus so~ore; par instants, ses éclats inquiétaient un peu Lafcad10. li continuait :
- ~t quand il n'y aurait pas la société pour nous
contraindre, ce groupe y suffirait, de parents et d'amis
auxquels nous ne savons pas consentir à déplaire. lis opposent à notre sincérité incivile une image de nous, de
laquelle nous ne sommes qu'à demi-responsables, qui ne

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nous ressemble que fort peu, mais qu'il est indécent, je
vous dis de déborder. En ce moment, c'est un fait :
j'échapp; ma figure, je m'évade de m~i··: 0 vertigineuse
aventure ! e, périlleuse volupté !... Mais Je vous romps la
tête?
- Vous m'intéressez étrangement.
_ Je parle ! je parle ... Que voulez-vous ! même iv'.e
on reste professeur ; et le sujet me tient à cœur ..• M~1s,
si vous avez fini de manger, peut~tre voulez-vous bien
m'offrir votre bras pour m'aider à regagner mon compartiment tandis que je me soutiens encore. Je crains, si je
m'attarde un peu davantage de n'être plus en état de me
lever.
Defouqueblize, à ces mots, prit une sorte d'élan com_me
pour abandonner sa chaise, mais retombant tout auss1t6t
et s'affalant à demi sur la table desservie, le haut du
corps jeté vers Lafcadio, il reprit d'une voix adoucie et
quasi confidentielle.
,
.
_ Voici ma thèse : Savez-vous ce qu il faut pour faire
de l'honnête homme un gredin ? Il suffit d'un dépaysement d'un oubli ! Oui Monsieur, un trou dans la
,
. d'
mémoire, et la sincérité se fait jour !... La cessation une
continuité . une simple interruption de courant. Naturellement je 'ne dis pas cela dans mes cours ... Mais, entr~
nous, quel avantage pour le bitard ! Songez donc : celui
dont l'être même est le produit d'une incartade, d'un
crochet dans la droite ligne ...
La voix du professeur de nouveau s'était haussée ; il
fixait à présent sur Lafcadio des yeux bizarr~, don:_ le
regard tanttJt vague et tanttJt perçant commençait à. 1 mquiéter. Lafcadio se demandait à présent si la myopie de

LES CAVES DU VATICAN

cet homme n'était pas feinte, et, presque, il reconnaissait ce
regard. A la fin, plus gêné qu'il n'etlt voulu en convenir
'
11. se leva et, brusquement :
- Allons ! Prenez mon bras, Monsieur Defouqueblize,
dit-il. Levez-vous ! Assez bavardé.
Defouqueblize, fort incommodément, quitta sa chaise.
Tous deux s'acheminèrent, en titubant dans le couloir
vers le compartiment où la serviette du professeur était'
restée. Defouqueblize entra le premier ; Lafcadio l'installa, prit congé. Il avait déjà tourné le dos pour repartir
lorsque sur son épaule s'abattit une poigne puissante. II
fit volte-face aussittJt. Defouqueblize d'un bond s'était
dressé... mais était-ce encore Defouqueblize qui,
d'une voix à la fois moqueuse, autoritaire et jubilante,
s'écriait :
- Faudrait voir à ne pas abandonner si vite un ami,
Monsieur Lafcadio Lonnesaitpluski !. .. Alors quoi ! c'est
donc vrai ! on avait voulu s'évader ?
Du funambulesque professeur éméché de tout à l'heure
plus rien ne subsistait dans le grand gaillard vert et _dru,
en qui Lafcadio n'hésitait plus à reconnaître Protos.
Un Protos grandi, élargi, magnifié et qui s'annonçait
redoutable.
- Ah ! c'est vous, Protos, dit-il simplement. J'aime
mieux cela. Je n'en finissais pas de vous reconnaître.
Car, pour terrible qu'elle füt, Lafcadio préférait une
rlalitl au· saugrenu cauchemar dans lequel il se débattait
depuis une heure.
- J'étais pas mal grimé, hein?... Pour vous, je
m'étais mis en frais ... Mais, tout de même, c'est vous qui
devriez porter des lunettes, mon garçon; ça vous jouera de

�680

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

mauvais tours, si vous ne reconnaissez pas mieux que ça
les subtils.
Que de souvenirs mal endormis ce mot de subtil faisait
lever dans l'esprit de Cadio ! Un subtil, dans l'argot dont
Protos et lui se servaient du temps qu'ils étaient en
pension ensemble, un subtil, c'était un homme qui, pour
quelque raison que ce füt, ne présentait pas à tous ou en
tous lieux même visage. Il y avait, d'après leur classement,
maintes catégories de subtils, plus ou moins élégants et
louables, à quoi répondait et s'opposait l'unique grande
famille des crustacés, dont les représentants, du haut en
bas de l'échelle sociale, se carraient.
Nos copains tenaient pour admis ces axiomes : 1° Les
subtils se reconnaissent entre eux. '.? 0 Les crustacés ne
reconnaissent pas les subtils. - Lafcadio sè souvenait
maintenant de tout cela ; comme il et-ait de ces natures
qui se prêtent à tous les jeux, il sourit. Protos reprit :
- Tout de même, l'autre jour, heureux que je me
sois trouvé là, hein? ... Ça n'était peut-être pas tout à fait
par hasard. J'aime à surveiller les novices : c'est imaginatif, c'est entreprenant, c'est coquet ... Mais ça s'imagine
un peu trop facilement pouvoir se passer de conseils.
Votre travail avait fameusement besoin de retouches, mon
garçon !... A-t-on idée de se coiffer d'un galurin pareil
quand on se met à la besogne ? Avec l'adresse du fournisseur sur cette pièce à conviction, on vous coffrait avant
huit jours. Mais pour les vieux amis, moi j'ai du cœur ;
et je le prouve. Savez-vous que je vous ai beaucoup aimé,
Cadio? J'ai toujours pensé qu'on ferait quelque chose de
vous. ' Beau comme vous étiez, on aurait fait marcher
pour vous toutes les femmes, et chanter, qu'à cela ne

LES CAVES DU VATICAN

681

tienne, plus d'un homme par dessus le marché. Que j'ai
été heureux d'avoir enfin de vos nouvelles et d'apprendre
que vous veniez en Italie ! Ma parole ! il me tardait de
savoir ce que vous étiez devenu depuis le temps qu'on
fréquentait chez notre ancienne. Vous n'êtes pas mal
encore, savez-vous ! Ah ! elle ne se mouchait pas du
pied, Carola !
L'irritation de Lafcadio devenait toujours plus manifeste, et son effort pour la cacher ; tout cela amusait
grandement Protos, qui feignait de n'en rien voir. Il avait
tiré de la poche de son gilet une petite rondelle de cuir
et l'examinait.
- J'ai proprement découpé ça ? hein !
Lafcadio l'aurait étranglé ; il serrait les poings et
ses ongles entraient dans sa chair. L'autre continuait
gouailleur :
- Mince de service ! Ça vaut bien .les six billets de
mille ... que voulez-vous me dire p~urquoi vous n'avez pas
empochés?
Lafcadio sursauta :
- Me prenez-vous pour un voleur ?
- Ecoutez, mon petit, reprit tranquillement Protos
. '.
,
Je n aime pas beaucoup les amateurs,. mieux vaut que je
vous le dise tout de suite franchement. Et puis, avec moi,
v~us savez, il ne s'agit pas de faire le fanfaron, ni l'imbécile. Vous montrez des dispositions, c'est entendu, de brillantes dispositions, mais...
- Cessez de persifler, interrompit Lafcadio qui ne
retenait plus sa colère. - Où prétendez-vous en venir ?
fait ~n pas de clerc l'autre jour ; pensez-vous que
J aie besom qu'on me l'apprenne? Oui, vous avez une

T,~i

�682

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

arme contre moi ; je ne vais pas examiner s'il serait bien
prudent pour vous-même de vous en servir. Vous désirez
que je rachète ce petit bout de cuir. Allons, parlez !
Cessez de rire et de me dévisager ainsi. Vous voulez de
l'argent. Combien ?
Le ton était si décidé que Protos avait fait un petit
retrait en arrière ; il se ressaisit aussit6t.
- Tout beau ! tout beau ! dit-il, Que vous ai-je dit
de malhonnête? On discute entre amis, posément. Pas
de quoi s'emballer. Ma parole, vous avez rajeuni, Cadio !
Mais comme il lui caressait légèrement le bras, Lafcadio
se dégagea dans un sursaut.
- Asseyons-nous, reprit Protos ; nous serons mieux
pour causer.
Il se cala dans un coin, à côté de la portière du couloir,
et posa ses pieds sur l'autre banquette.
Lafcadio pensa qu'il prétendait barrer l'issue. Sans
doute Protos était armé. Lui, présentement, ne portait
aucune arme. Il réfléchit' que dans un corps-à-corps il
aurait stîrement le dessous. Puis, s'il avait un instant pu
souhaiter de fuir, la curiosité déjà l'emportait, cette
curiosité passionnée contre quoi rien, même sa sécurité
personnelle, n'avait pu jamais prévaloir. Il s'assit.
- De l'argent? Ah ! fi donc ! dit Protos. Il sortit un
cigare d'un étui, en offrit un à Lafcadio qui refusa.
- La fumée vous gêne peut-être? ... Eh bien, écoutezmoi. Il tira quelques bouffées de son cigare, puis, très
calme:
- Non, non, Lafcadio, mon ami, non ce n'est pas de
l'argent que j'attends de vous ; mais de l'obéissance.
Vous ne paraissez pas, mon garçon (excusez ma franchise),

LES CAVES DU VATICAN

vous rendre un compte bien exact de votre situation. Il
vous faut hardiment vous dresser en face d'elle; permettezmoi de vous y aider.
" Ainsi, de ces cadres sociaux qui nous enserrent un
adolescent a voulu s'échapper ; un adolescent symp:thique ; et même tout à fait comme je les aime : naîf et
gracieusement primesautier ; car il n'apportait à cela, je
présume, pas grand calcul ... Je me souviens Cadio
.
'
'
com b1en, dans le temps, vous étiez ferré sur les chiffres
.
'
mais, que, pour vos propres dépenses, jamais vous ne
consentiez à compter ..• Bref, le régime des crustacés vous
dégotlte ; je laisse quelqu'autre s'en étonner... Mais ce
qui m'étonne, moi, c'est que, intelligent comme vous
êtes, vous ayiez cru, Cadio, qu'on pouvait si simplement
que ça sortir d'une société, et sans tomber du même
coup dans une autre ; ou qu'une société pouvait se passer
de lois.
"Law1ess " , vous vous souvenez; nous avions lu cela
~uelque part. Two hawks in the air, two fishes swimming
in the ua not more lawless than wt ... Que c'est beau la
littérature ! Lafcadio ! mon ami, apprenez la loi des
subtils.
- Vous pourriez peut-être avancer.
- Pourquoi se presser ? Nous avons du temps devant
nous. Je ne descends qu'à Rome. Lafcadio mon ami il
arrive qu ' ~n cnme
·
échappe aux gendarmes;' je m'en vais
'
v~us expliquer pourquoi nous sommes plus malins qu'eux:
c est que nous, nous jouons notre vie. Où la polie~
thoue, nous réussi~ons quelquefois. Parbleu ! vous
avez voulu, Lafcad10 ; la chose est faite et vous ne
pouvez plus échapper. Je préférerais que vous m'obéissiez,

�684

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

parce que, voyez-vous, je serais vraiment ~ésolé de_ devo,Ïr
livrer un vieil ami comme vous à la pohce ; mais qu Y
faire ? Désormais vous dépendez d'elle - ou de nous.
_ Me livrer, c'est vous livrer vous-même ...
_ j'espérais que nous parlions sérieusement .. Comp:enez donc ceci, Lafcadio : La police coffi-e les msoumi_s ;
· en Ital'ie, volontiers elle compose avec les subtils.
mais,
.
"Compose", oui, je crois que c'est le mot. Je sms un
peu de la police, mon garçon. J'ai l'œil. J'aide au bon
ordre. Je n'agis pas : je fais agir.
.
. , .
"Allons! cessez de regimber, Cad10. Ma 101 na nen
d ' affi- eux . Vous vous faites des exagérations sur ,ces
choses . si naïf. et si spontané ! Pensez-vous que ce n est
pas déjà par o~éissance, et parce que je le voulais ainsi, que
vous avez repris sur l'assiette, à dtner, le bouton de
Mademoiselle Venitequa ? Ah ! geste imprévoyant ! geste
idyllique ·1 Mon pauvre Lafcadio ! Vous en êtes-v~us
assez voulu de ce petit geste, hein ? L'emmerdant, c est
que je n'ai pas été seul à le voir. Bah ! ne vous frappez
pas,. le garçon , la veuve et l'enfant sont. de mèche.
.
Charmants. Il tient a vous de vous en f;ure des amis.
Lafcadio, mon ami, soyez raisonnable ; vous soumettezvous?
Par excessif embarras peut-être, Lafcadio avait pris le
parti de ne rien dire. Il restait, le torse raidi, le~ lèvres
serrées, les yeux fixés droit devant lui. Protos repnt avec
un haussement d'épaules :
.
_ Drôle de corps ! Et, en réalité, si souple !... Mats
déja vous auriez acquiescé, peut-être, si j'avais d'abor~
dit ce que nous attendons de vous. Lafcadio, mon ami,
ôtez-moi d'un doute : Vous que j'avais quitté si pauvre,

LES CAVES DU VATICAN

ne pas ramasser six billets de mille que le hasard jette à
vos pieds, vous trouvez cela naturel ?... Monsieur de
Baraglioul père vint à mourir, m'a dit Mademoiselle
Venitequa, le lendemain du jour où le comte Juliu&amp;, son
digne fils, est venu vous faire visite ; et le soir de ce
jour vous plaquiez Ma,demoiselle Venitequa. Depuis, vos
relations avec le comte Julius sont devenues, ma foi,
bien intimes ; voudriez vous m'expliquer pourquoi ?...
Lafcadio, mon ami, dans le temps je vous avais connu
de nomoreux oncles; votre pedigree, depuis lors, me
paraît s'être un peu bien embaraglioullé !... Non ! ne vous
fichez pas; je plaisante. Mais que voulez-vous qu'on
suppose? ... à moins pourtant que vous ne deviez directement à Monsieur Julius votre présente fortune; ce qui,
(permettez-moi de vous le dire) séduisant comme vous
l'êtes, Lafcadio, me paraîtrait sensiblement pl~s scandaleux. D'une manière comme d'une autr.e, et quoique vous
nous laissiez supposer, Lafcadio, mon ami, l'affaire est
claire et votre devoir est tracé : vous ferez chanter Julius .
Ne vous rebiffez pas, voyons ! Le chantage est une saine
institution, nécessaire au maintien des mœurs. Eh ! quoi !
vous me quittez? ...
Lafcadio s'était levé.
- Ah ! laissez-moi passer, en.fin ! cria-t-il, enjambant
le corps de Protos; en travers ·du compartiment, étalé
de l'une a l'autre des deux banquettes, celui-ci ne fit
aucun geste pour le saisir. Lafcadio, étonné de ne se
sentir point retenu, ouvrit la porte du couloir et, s'écartant:
- Je ne me sauve pas, n'ayez crainte. Vous pouvez
me garder à vue ; mais tout, plut6t que de vous écouter

�LES CAVES DU VATICAN

686

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

plus longtemps ... Excuse7,-moi de vous préférer la police.
Allez l'avertir : je l'attends.

VI
Ce même jour, le train du soir amenait de Milan les
Antbime ; comme ils voyageaient en troisième, ils ne
virent qu'à l'arrivée la comtesse de Baraglioul et sa fille
aînée qu'amenait de Paris le sleeping-car du même train.
Peu d'heures avant la dépêche de deuil, la comtesse
avait reçu une lettre de son mari ; le comte y parlait
éloquemment de l'abondant plaisir apporté par la rencontre
inopinée de Lafcadio ; et sans doute aucune allusion n'y
flottait, à cette demi-fraternité qui, d'un si scabreux
attrait, ornait aux yeux de Julius le jeune homme Qulius,
fidèle à l'ordre de son père ne s'en était ouvertement
expliqué avec sa femme, pas plus qu'il n'avait fait avec
l'autre), mais certaines allusions, certaine réticences, avertissaient suffisamment la comtesse ; même je ne suis pas
bien stlr que Julius, à qui l'amusement manquait dans le
trantran de sa vie bourgeoi e, ne se ftt pas un jeu de
tourner autour du scandale et de s'y brtller le bout des
doigts. Je ne suis pas stlr non plus que la présence à Rome
de Lafcadio, l'espoir de le revoir, ne fOt pas pour quelque
chose, pour beaucoup, dans la décision que prit Geneviève
d'accompagner là-bas sa mère.
Julius était à leur rencontre à la gare. Il les emmena
rapidement au Grand H6tel, ayant quitté presque aussit6t
les Anthime qu'il devait retrouver parmi le funèbre cortège,
le lendemain. Ceux-ci regagnèrent, via di Bocca di Leone,
l'M rel oô. ils étaient descendus à leur premier séjour.

687

Marguerite apportait au romancier d'h eureuses nouvelles :. son élection ne faisait plu un pl·1 ; 1,avant-ve ille
1~ card_mal André l'avait officieusement avertie: le candida;
n aurait même plus à recommencer ses visites; d' Il
même l'Académie venait à lui portes
e el'attendait.
'
ouvertes ; on
- Tu vois bien I disait Marguerite Qu'est
.
te disais à Paris? Tout vient à point D.a
-ce qude J_el
,
·
ns ce mon e 1
suffit d attendre.
'
ul-:-Et de ne pas changer, reprenait componctueusement
ius ~n portant la main de son épouse à ses lèvr et
sans voir
le regard de sa fille &gt; fixé sur 1m,. se c harger
es, de
é .
m pris. - Fidèle à vous, à mes pensées, à mes pnncrpe
. . .
L
J

pe'.sé:éra_nce _est la plus indispensable vertu.
Déjà
s élo1gna1ent de lui le souvenir de sa l
b dé
P us récente
em ar e, et toute autre pensée qu'orthodoxe t
autre
·
dé
, e tout
proJet que cent. A présent renseigné i'l s
.
sissa·
ffi
,
e ressa11t 5:1°s e ort. li admirait cette conséquence subtile
par quor son e, prit s'était un instant dérouté• L ur. n ,avait
.
h
pas c angé: c était le pape.
-d' Quelle
.
· ·1 constance de ma pensée, tout a u contraire
se _•5:i1t-1 ; ~uelle logique! Le difficile, c'est de savoir
quor sen temr. Ce pauvre Fleurissoire en est mort d'av .
~étrdé les coulisses. Le plus simple, quand on es; simp~:r
ctué
est e 'en tenir à
· Ce hideux secret l'a'
L
.
ce qu •on sait.
a

à

a connaissance ne fortifie jamais que les forts
N ,.'import
1•
• h
...
r
e . Je suis eureux que Carola ait pu prévenir la
: :e; ça ~e per~et de méditer plus librement... Tout
ême, sri savart que ce n'est pas au VRAI S . Pè
u•·1 d ·
atnt- re
qpourt Aort sodn infortune et son exi~ quelle consolation
rman -Dubois 1. que} encouragement dans sa foi !

�688

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

quel soulas !... Demain, après la cérémonie funèbre, je
ferais bien de lui parler;
' .
rande affluence. Trois
Cette cérémonie n attira pas g
l
·t Dans la
. .
le corbillard. Il p euvat .
voitures suivaient
nait amicalement
.,
.
Blafaphas accompag
prem1ere v01ture
.
. fi il l'épousera sans
. (dè
le deml aura pns n,
Armca
s que
. d P u l'avant-veille (abant
s
deux partis e a
d
)
d
nul oute ; ou
. l 1 . r seule entrepren re
chagrin
a
a1sse
donner la veuve à son
'
·
la pensée ·
Bl f; h
'en supportait pas
'
ce long voyage, a ap asp n
ntre pas de la famille, il
tf
ême
1
our
n
1:
d
et quan
ien m_
. . I d ·1 . quel parent valait un
.
ns pns e em '
n'en avait pas_ m01.
' R e depuis quelques heures à
tel ami ?) mais arnvés a om .
. d'
ratage de tram.
peine, par suite un
.
't pr1·s place Madame
·
,
vmture ava1
Dans la dermere
fille . dans la
nd-Dubois avec la comtesse et sa
.'
Arma
vec Anthime Armand-Dubois.
seconde le comte a
. .
1 rie fut fait aucune
d
S I tombe de Fleunsso1re, 1
ur
· au retour u
. aà
alchanceuse aventure. Mais,
allusion sa m
l de nouveau seul avec
cimetière, Julius de Barag iou ,

r

Anthime comme~ça : . d'intercéder pour vous près du
- Je vous avais promis
Saint-Père.
.
.
vous en avais pas prié.
- Dieu m'est témom que Je ne
b don_ Il est vrai. .. ou tré du dénuement où vous a an
. 'É 1· . 'avais écouté que mon cœur.
.
nait l g ise, Je n
.
.
me plaignais pomt.
D'
'est témom que Je ne
ieu_~ J
·s 1 M'avez-vous assez agacé avec
_ Je sais.... e sai ....
.
m'invitez à Y
.
1 Et même pmsque vous
votre rési gnation .
. ,
h Anthime, que je
. .
us avouerai, mon c er
revenir, . Je . vol'
. d
. t té que d'orgueil et que
reconna1ssa1s a moms e sam e

LES CAVES DU VATICAN

l'excès de cette résignation, la dernière fois que je vous
vis à Milan, m'avait paru beaucoup plus près de la
révolte que de la véritable piété, et m'avait grandement
incommodé dans ma foi. Dieu ne vous en demandait pas
tant, que diable! Parlons franc : votre attitude m'avait
choqué .
- La vMre, je puis donc aussi vous l'avouer, m'avait
attristé, mon cher frère. N'est-ce pas vous, précisément,
qui m'incitiez à la révolte, et...
Julius qui s'échauffait l'interrompit :
- J'avais suffisamment éprouvé par moi-même, et
donné à entendre aux autres dans tout le cours de ma
carrière, qu'on peut être parfait chrétien sans pourtant
faire fi des légitimes avantages que nous offre le rang
où Dieu a trouvé sage de nous placer. Ce que je reprochais à votre attitude, c'était précisément, par son affectation, de sembler -prendre avantage sur la mienne.
- Dieu m'est témoin que ...
-

Ah

! ne protestez pas toujours ! interrompit de

nouveau Julius. - Dieu n'a que faire ici. Je vous explique
précisément, quand je dis que votre attitude était tout
près de la révolte ... j'entends : de ma révolte à moi ; et
c'est là précisément ce que je vous reproche : c'est, en
acceptant l'injustice, de laisser autrui se révolter pour
vous. Car je n'admettais pas, moi, que l'Église fClt dans
son tort; et votre attitude, sans avoir l'air d'y toucher, l'y
mettait. J'avais donc résolu de me plaindre à votre place.
Vous allez voir bientat combien j'avais raison de m'in-

digner.
Julius dont le front s'emperlait posa sur sês genoux son

haut-de-forme.
10

�690

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.

Voulez-vous que je donne un peu d'air? et Anth1mc,
Plaisamment baissa la vitre de son côté.
corn
'
.
.
Il' · · d
une
- Sitf&gt;t à Rome, reprit Julius, Je so ic1ta.1 one
.
J e fu s re çu. Un étrange succès devait couronner
audience.

LES CAVES DU VATICAN

-

ma démarche .. •
_ Ah ! fit indifféremment Antbime.
.
.
on
ami
Car
si
J·e
n'obtins
en
l'espèce
nen
de
- 0 mm
.
. d
ce que j'étais venu réclamer, je remportai du . mo1nsè :
..
ne assurance qui mettait notre Saint-P re
ma v1s1te u
...
. . .
ue nous
l'abri de toutes les suppositions tnJuneuses q
formions à son endroit.
' . .
. .
formulé
- Dieu m'est témoin que je n at pma1s ncn
. . ux à l'endroit de notre Saint-Père.
d,.IOJUCle
• lésé
.
- Je formulais pour vous. Je vous voyais
; Je
m'indignais.
il
- Arrivez au fait, Julius: vous avez vu le pape.
- Eh bien, non ! je n'ai pas vu le pape, éclata enfin
Julius - mais je me uis saisi d'un secret; ecret douteux
d'abord mais qui bientôt, par la mort de ~otre cher
.c.
t'1on soudaine •' secret
Amédé' devait trouver une connrma
.
ffioya:lc déconcertant, mais où votre foi, cher Anth1~e,
esaura puiser
' du réconfort. C ar sac h ez que de
. cc déni de
justice dont vous fut~ vic~ime, le pape e t innocent ...
_ Eh ! je n'en ai Jamais douté.
- Anthime, écoutez bien: Je n'ai P:"5 v~ le pape
arec que personne ne peut le voir; cclm ~u1 .présente~cnt est assis sur le trône pontifical et que 1tgh~ écout~
.
et qui promulgue;
cc Iu1. qut. m , a par lé, le pape qu on voit
·• ' vu N'EST PAS LE VRAI,
au Vatican, le pape que J a1
d'ê
é tout
Anthimc, à ces mots, commença
tre secou
entier d'un gros rire.

-

Riez I riez! reprit Julius piqué. Moi aussi Je nais

d'abord. Eussé-je un peu moins ri, on n'etlt pas assassiné
Fleurissoire. Ah ! saint ami ! tendre victime!... Sa voix
expira dans les sanglots.
-

Dites donc : c'est sérieux ce que vous nous baillez

là?... Ah mais!... Ah mais!... Ah mais !. .. fit ArmandDubois que le pathos de Julius inquiétait. tout de meme il faudrait savoir...

C'est que

-

C'est pour avoir voulu savoir qu'il est mort.
Parce qu'enfin, si j'ai fait bon marché de mes biens,
de ma situation, de ma science, si j'ai consenti qu'on me
jou!t... continuait Anthime qui peu à peu à son tour se
montait.

- Je vous

le dis : de tout cela lt 'Vrai n'est en rien
responsable;• celui qui vous jouait, c'est un suppat du
Quirinal ...
-

Dois-je croire à ce que vous dites?

-

Si vous ne me croyez pas, croyez-en ce pauvre

martyr.
Tous deux demeurèrent quelques instants silencieux.
Il avait cessé de pleuvoir; un rayon écartait la nue. La
voiture avec de lents cahots rentrait dans Rome.
- Dans ce cas, je sais ce qui me reste à faire, reprit
Anthime, de sa voix la mieux décidée: Je vends la mèche.
Julius sursauta.
-

Mon ami, vous m'épouvantez. Stlr, vous allez vous

faire excommunier.

- Par qui? Si c'est par un faux pape, on s'en fout.
- Dieu m'est témoin que je pensais vous aider à
godtcr dans ce secret quelque vertu consolative reprit
Julius consterné.
,

�LBS CAVES DU VATICAN
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

. t ? Et qui me dira si Fleurissoire
_ Vous pla1san ez....
6
.
P d' n'y Mcouvre pas tout de mcme
en arrivant au ara is
.
que son bon Dieu non plus n'est pas le vrat ?
C
- V oyons ! mon cher Anthime, vous divaguez .. omme
.
. deux I comme s'il pouvait y en
s'il pouvait y en avoir
.
avoir UN AUTRE.
à
Non mais vraiment vous en parlez trop
votr~
.' . 'avez pour lui rien délaissé; vous à qui,
aise, vous qui n
fit
Ah I tenez, j'ai besoin de
vrai ou faux, tout pro e...
.
m'aérer.
. , 1 toucha du bout de sa cann e
Penché sur 1a port1ere i
. '
ê .
l'épaule du cocher et fit arrêter la voiture. Julius s appr tait

à descendre avec lui.

d .
.
. J' sais assez pour me con uue.
- Non! la1ssez-mo1. en
. ., ..
un roman. Pour moi, J écns au
Gardez le reste pour
. .
rand Maître de l'Ordre ce soir même, et dès d:mam Je
g
h . s scientifiques c)e la Dépeche. On
reprends mes c romque
rira bien.
·
· d le voir de
- Quoi! vous boitez, dit Julius, surpns e
nouveau clopiner.
.ours, mes douleurs m' ont
- Oui, depuis quel ques J
repris.
1
'
direz tant 1 fit Julius qui, sans le
-Ah. vous men ·
·
.
regarder s'éloigner, se rencogna dans la voiture. •

VII
. ·1 dans l'intention de livrer Lafcadio à
Protos était-1
· • l'évé.
. . ''l l'en avait menacé ? Je ne sais .
l pohce amsi qu t
•
•
.
a
, .
d reste qu'il ne comptait pomt, parui1
nement prouva u
. C
ci
.
d la police rien que des amis. eux- ,
ces messieurs e
,

prévenus la veille par Carola, avaient dressé, vicolo dei
Vecchierelli, leur souricière ; ils connaissaient de longue
date la maison et savaient qu'elle offrait, à l'étage supérieur, de faciles communications avec la maison voisine,
dont ils gardèrent également les issues.
Protos ne craignait point les argousins ; l'accusation
ne lui faisait point peur, ni l'appareil de la justice; i-1 se
savait peu facile à saisir, coupable en réalité d'aucun
crime, et rien que de délits si menus qu'ils échapperaient
à la prise. Donc il ne s'effiaya pas à l'excès lorsqu'il
comprit qu'il était cerné, et c'est ce qu'il comprit très
vite, ayant un flair particulier pour reconnaître, sous
n'importe quel déguisement, ces messieurs.
A peine un peu perplexe, il s'enferma d'abord dans
la chambre de Carola, attendant le retour de celle-ci
qu'il n'avait pas revue depuis l'assassinat de Fleurissoire ;
il était désireux de lui demander conseil et laisser
quelques indications, au cas probable où il ferait du bloc.
Carola cependant, déférant aux volontés de Julius,
n'avait point paru au cimetière ; nul ne sut que, cachée
derrière un mausolée et sous un parapluie, elle assistait de
loin à la triste cérémonie. Elle attendit patiemment,
humblement, qu'aient été désertés les abords de la tombe
fraîche; elle v:it se reformer le cortège, Julius remonter
avec Anthime, et les voitures, sous la pluie fine, s'éloigner.
Alors elle s'approcha de la tombe à son tour, sortit de
dessous son fichu un gros bouquet d'asters qu'elle posa,
loin à l'écart des couronnes de la. famille : puis resta
longuement sous la pluie, ne regardant rien, ne pensant à
rien, et pleurant faute de prières.
Lorsqu'elle revint, vicolo dei Vecchierelli, elle distin-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISF.

gua bien, sur le seuil, deux figures insolites ; ne ~ompr~t
point pourtant que la maison était gardée. Il lm tardait
de rejoindre Protos ; ne doutant point que ce ne füt
lui l'assassin elle le haîssait à présent ...
. à ses
Quelques' instants plus tard la police accqura1t
cris ; trop tard, hélas ! .Exaspéré de se savoir livré par
elle Protos venait d'étrangler Carola.
'
. en
Ceci
se passait vers midi. Les journaux du s01r
publiaient déjà la nouvelle, et comme on avait trouvé
sur ProtOi la découpure de la coiffe du chapeàu, sa double
culpabilité ne laissait de doute pour personne.
Lafcadio cependant avait vécu jusqu'au soir dans une
attente ou une crainte vague, _non point peut-être de l_a
police dont l'avait menacé Protos, mais de :rotos lmmême ou de je ne sais quoi dont il ne cherchai~ plus à s_e
défendre. · Une incompréhensible torpeur pesait sur lm,
qui n'était peut-être que de la ~atigue ,= il ~enonçait.
La veille il n'avait revu Julius qu un instant, lorsque
celui-ci, à l'arrivée du train de Naples, était allé prendre
livraison du cadavre ; puis il · avait longtemps marché au
travers de la ville, au hasard, pour user cett-e exaspératio~
que lui laissait, après la conversation du wagon, le sentiment de sa dépendance.
Et pourtant la nouvelle de l'arrestation ~e Protos
n'apporta pas à Lafcadio le soulagement qu 11 el1t pu
croire. On etit dit qu'il' était déçu. Bizarre être ! D'auta~t
qu'il avait plus délibérément repoussé tout profit matériel
du crime il ne se dessaisissait .volontiers d'aucun des
risques de' la partie. Il n'admettait pas qu'elle ftit aussit&amp;t
finie. Volontiers, comme il faisait naguère aux échecs,

LES CAVES DU VATICAN

il eth donné la tour à l'adversaire, et, comme si l'événement tout à coup lui faisait le gain trop facile et désin_téressait tout son jeu, il sentait qu'il n'aurait de cesse qu'il
n'et1t poussé plus loin le défi.
' Il dtna dans une trattoria voisine, pour n'avoir pas à
se mettre en habit. Sit&amp;t après, rentrant à l'hôtel, il aperçut, à travers la porte vitrée du restaurant, le comte
Julius, attablé en compagnie de sa femme et de sa fille.
Il fut frappé par la beauté de Geneviève qu'il n'avait pas
revue depuis sa première visite. Il s'attardait dans le
fumoir, attendant la fin du repas, lorsqu'on vint l'avertir
que le comte était remonté dans sa chambre et l'attendait.

Il entra. Julius de_Bar,!glioul était seul; il s'était remis
en veston.
- Eh bien ! l'assassin est coffré, dit-il aussit&amp;t en lui
tendant la main.

Mais Lafcadio ne la prit pas. Il restait dans l'embrasure
de la porte.
- Quel assassin ? demanda-t-il.
- L'assassin de _mon beau-frère, parbleu 1
- L'assassin de votre beau-frère, c'est moi.
Il dit cela sans trembler, sans changer de ton, sans
baisser la voix, sans un geste, et d'une voix si naturelle
que Julius d'abord ne comprit pas. Lafcadio dut se
répéter:
- On n'a pas arrêté, vous dis-je, l'assassin de Monsieur
votre beau-frère, pour cette raison que l'assassin de
Monsieur votre beau-frère, c'est moi.
Lafcadio aurait été d'aspect farouçhe, que peut-être
Julius aurait pris peur ; mais son air était enfantin. Même

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

il paraissait plus jeune encore que la première fois que
l'avait rencontré Julius; son regard était aussi limpide,
sa voix aussi claire. Il avait refermé la porte, mais restait
accoté contre elle. Julius, près de la table, s'affala dans un
fauteuil.
- Mon pauvre ènfant ! dit-il d'abord, parlez plus
bas !... Qu'est-ce qui vous a pris? Comment auriez-vous
fait cela?
Lafcadio baissa la tête, déjà regrettant d'avoir parlé.
- Est-ce qu'on sait ? J'ai fait ça très vite, pendant
que j'avais envie de le faire.
- Qu'aviez-v~us contre Fleurissoire, ce digne homme
si plein de vertus?
- Je ne sais pas. Il n'avait pas l'air heureux ... Comment voulez-vous que je vous explique ce que je ne puis
m'expliquer à moi-même.
Un pénible silence croissait entre eux, que leurs paroles
rompaient par saccades, puis qui se refermait plus profond;
on entendait alors les vagues d'une banale musique napolitaine monter du grand hall de l'h6tel. Julius grattait du
bout de l'ongle de son petit doigt, qu'il portait en pointe
et fort long, une petite tache de bougie, sur le tapis de la
table. Soudain il s'aperçut que ce bel ongle était cassé.
C'était une froissure transversale qui ternissait dans toute
sa largeur le ton carné du cabochon. Comment avait-il
fait cela? Et comment ne s'en était-il pas aussit&amp;t aperçu?
Quoiqu'il en füt, le mal était irréparable ; Julius n'avait
plus rien à faire qu'à couper. Il en éprouva une contrariété très vive, car il prenait grand soin de ses mains et
de cet ongle en particulier qu'il avait lentement formé et
qui faisait valoir le doigt dont il accusait l'élégance. Les

LES CAVES DU VATICAN

ciseaux étaient dans le tiroir de la table de toilette et
Julius allait se lever pour les prendre, mais il eM fallu
passer devant Lafcadio ; plein de tact, il remit à plus tard
la délicate opération.
- Et..• qu'est-ce que vous comptez faire à présent?
dit-il.
-

Je ne sais pas. Peut-être me livrer. Je me donne

la nuit pour réfléchir.
Julius laissa retomber son bras contre le fauteuil . il
contempla quelques instants Lafcadio, puis, sur un ;on
tout découragé, soupira:
- Et moi qui commençais de vous aimer !. ..
C'~tait dit sans méchante intent_ion. Lafcadio ne s'y
pouvait méprendre. Mais, pour inconsciente, cette phrase
n'en était pas moins cruelle, et l'atteignit au cœur. li
r,elev~ la. tête, raidi contre l'angoisse qui brusquem,e nt
l étre1gna1t. Il regarda Julius: - Est-ce là vraiment
celui dont hier je me sentais presque le frère ? se disait-il.
Il promena ses regards dans cette piece où, l'avant-veille
malgré son crime, il avait pu causer si joyeusement ; l;
flacon de parfum était encore sur la table, presque vide .. ,
- Ecoutez Lafcadio, reprit Julius : votre situation ne
me paraît pas absolument désespérée. L'auteur présumé
de ce crime ...
- Oui, je sais qu'on vient de l'arrêter interrompit
Lafcadio sechement : Allez-vous me conseiÎler de laisser
accuser a ma place un innocent ?
. - Celui que vous appelez: un innocent, vient d'assasstner une femme ; et même que vous connaissiez ...
- Cela me met à l'aise, n'est-ce pas?
- Je ne dis pas précisément cela, mais ...

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

-

Ajoutons qu'il est le seul précisément qui pouvait

me dénoncer.
- Tout n'e t pas sans espoir, vous voye'L bien.
Juliu se leva, se dirigea ver la fenêtre, rectifia les plis
du rideau, revint sur ses pas, puis, penché en avant, les
bras croisés sur le dos du fauteuil qu'il venait de quitter :
- Lafcadio, je ne voudrais pas vous laisser partir sans
un con eil : Il ne tient qu'à vous, j'en suis convaincu, de
redevenir un honnête homme, et de prendre rang dans la
société, autant du moins que votre naissance le permet ...
L'Église est là pour vous aider. Allons ! mon garçon: un
peu de courage : allez vous confesser.
Lafcadio ne put réprimer un sourire :
- Je vais réfléchir à vos obligeantes paroles. - Il fit
un pas en avant, puis : - Sans doute préférez-vous ne
pas toucher une main d'assassin. Je voudrais pourtant
vous remercier de votre ...
- C'est bien ! c'est bien, fit Julius, avec un geste
cordial et distant. - Adieu, mon garçon. Je n'ose vous
dire : au revoir. Pourtant, si, dans la suite, vous ...
- Pour le moment, vous ne voyez plu rien à me dire ?
- Plus rien pour le moment.
- Adieu, Monsieur.
Lafcadio salua gravement et sortit.

11 regagna sa chambre, à l'étage au-dessus. Il se
dévêtit à demi, se jeta sur son lit. La fin du jour avait
été très chaude ; la nuit n'avait pas -app0rté de fraîcheur.
Sa fenêtre était large ouverte, mais aucun souffle n'agitait
l'air ; les lointains globes électriques de la place des
Thermes, dont le séparaient les jardins, emplissaient sa

LIS CAVES DU VATICAN

699

chambre d'une bleuâtre et diffuse clarté qu'on eAt
. d la
u cru
vcmr c
lune. Il voulait réfléchir, mais une torpeur
étrange. engourdissait
désespérément sa pensée . .1
.à
, 1 ne
songeait
m
son
crime,
nj aux moyens de s'éch apper,. 1·1
.
essayait seulement de ne plus entendre ces mots atroc
de, , Julius
: " Je• commençais de vous aimer " ... 1 l~
.
UI
n ai~1t pas_Jul1us, ces mot méritaient-ils ses larmes?
?
La nuit
.
éEtait-ce
· · vraiment pour cela qu'il pleurait ....
:1t s1 douce, il lui ~mblait qu'il n'aurait eu qu'à se
sscr aller pour mourir. Il atteignit une carafe d'
ptts de ~n ~it, _tr~mpa un mouchoir et l'appliqua sur
cœur qui lu, fa1sa1t mal.

s·

=~

- _Nulle boisson de cc monde ne rafraîchira plus dé~r~1s cc cœur sec! se disait-il, laissant couler ses larmes
Jusqu à ses levres ~ur en savourer l'amertume. Des vers
chantent à son oreille, lus il ne sait où, dont il ne savait
pas se souvenir :

My heart aches ; a drowsy numbness pains
My senses...

Il s'assoupit.
!~vc-t-'.l ? ~•a~t-il pas entendu frapper à sa porte? La
q~e puna1s il ne ferme la nuit, doucement s'ouvre,
pour la1~r une frêle forme blanche avancer. Il entend
appeler faiblement :

po

-

Lafcadio ... Êtes-vous ici, Lafcadio?
A travers son demi -so mmei·1, L a fccad'10 reconnaît pourtant cette
· doute-t-il encore de la réalité d'une
. . voix
. •M
. ais
ap~1t1on s1 pla1santc? Craint-il qu'un mot qu'un geste
ne mette en fuite? ... Il se tait.
'
Geneviève de B arag1·,ou'
1 dont la chambre était à c~té

�700

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de celle de son père, avait tout entendu, malgré elle, de la
conversation entre son père et Lafcadio. Une into~ér~ble
angoisse l'avait poussée jusqu'à la chambre de celui-ci, et
puisqu'à présent son appel restait sans réponse, persuadée
que Lafcadio venait de se tuer, elle se jeta vers le chevet
du lit et tomba à genoux sanglotante.
Comme elle restait ainsi, Lafcadio se souleva, se
pencha tout entier rassemblé vers elle, sans pourtant oser
encore ' poser ses lèvres sur le beau firont que dans l'ombre
il voyait luire. Geneviève de Baragli?ul sentit alors tou~e
sa volonté se défaire; rejetant en amère cc front que dé;à
l'haleine de Lafcadio caressait, et ne sachant plus en
appeler contre lui, qu'à lui-même : .
- Ayez pitié de moi, mon ami, dit-elle.
Lafcadio se ressaisit aussitôt, et s'écartant d'elle et la
repoussant à la fois :
.
.
- Relevez-vous, Mademoiselle de Baragltoul ! Re~1rezvous! Je ne suis pas ... je ne peux plus être votre.~- '
Geneviève se releva, mais ne s'écarta pas du lit ou
restait à demi couché celui qu'elle avait cru. mort et,
touchant tendrement le front brtllant de Lafcad10 comme
pour s'assurer qu'il vivait :
- Mais, mon ami, j'ai tout entendu de ce que vous
avez dit ce soir à mon père. Ne comprenez-vous pas que
c'est pour cela que je viens?
Lafcadio, se redressant à demi, la regarda. S~ cheve~
dénoués retombaient autour d'elle; tout son visage état
dans l'ombre de sorte qu'il ne distinguait pas ses yeux,
,
.
'1 '
mais sentait l'envelopper son regard. Comme s L n en
pouvait supporter la douceur, cachant sa face dans ses
mains:

LES CAVES DU VATICAN

701

- Ah! pourquoi vous ai-je rencontrée si tard? gémit-il.
Qu'ai-je fait pour que vous m'aimiez ? Pourquoi me
parlez-vous ainsi, quand déjà je ne suis plus libre et plus
digne de vous aimer.
Elle protesta tristement :
- C'est vers vous que je viens, Lafcadio, non vers un
autre. C'est ver vous criminel. Lafcadio ! que de fois j'ai
soupiré votre nom, depuis ce premier jour où vous m'êtes
apparu en héros, et même un peu trop téméraire ... Il
faut que vous le sachiez maintenant : en secret je m'étais
promise à vous dès l'instant où je vous ai vu vous dévouer
d'une manière si magnanime. Que s'est-il donc passé
depuis? Se peut-il que vous ayez tué? Que vous êtes-vous
laissé devenir?

Et comme Lafcadio sans répondre secouait la tête :
-

N'ai-je pas entendu mon père dire qu'un autre était

arrêté? reprit-elle; un bandit qui venait de tuer .. Lafcadio !
tandis qu'il en est temps encore, sauvez-vous; dès cette
nuit, partez ! Partez.
Alors Lafcadio :
- Je ne peux plus, murmura-t-il. Et comme les
cheveux défaits de Geneviève touchaient ses main &gt; il les
saisit&gt; les pressa passionnément sur ses yeux, sur ses
lèvres: - Fuir! est-ce là ce que vous me conseillez?
Mais où voulez-vous maintenant que je fuie? Quand bien
même j'échapperais à la police, je n'échapperais pas à moimême, .. Et puis vous me mépriseriez d'échapper.
- Moi ! vous mépriser, mon ami ...
- Je vivais inconscient; j'ai tué comme dans un
rêve ; un cauchemar où, depuis, je me débats ...
- Dont je veux vous arracher, cria-t-elle.

•

�702

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

-

Pourquoi me réveiller? si c'est pour me réveiller
Ne comprenez-vous pas
cnmme .
·1 à fai
.,
.
l'
"mpunité
en
horreur?
Que
me rcste-t-1
re
que J a1 1
1.
L? smon,
•
quand le J·our paraîtra, me 1vrer.
à prQent.
- C'est à Dieu qu'il faut vous livrer, non aux ho~~es.
Si mon pere ne vous l'avait point dit, je vous le _d1ra1s à
c d"
présent : L a,ca
io, l'Église est là pour vous prescrire
là votre
peine et pour vous aider à retrouver la paix, par-de votre

. . l Il lui saisit le bras: -

repentir.
, .
.
Geneviève a raison; et certes Lafcadio n a nen de mieux
à faire qu'une commode soumission; il l'éprouvera t6t ::
tard, et que les autres issues sont ~uc~~-.. Fk~eux q
ce s01.t cette an doui"Ile de Julius qui lm ait conseillé cela
d'abord!
. .
.
- Quelle leçon me récitez-vous là, dit-il hostilement.

. .?

Est-ce vous qui me par1ez ams1 .
.
.
TI laisse aller le bras qu'il retenait, le. repo~e ' et
tandis que Geneviève s'écarte, il sent grandtr en lm~ avec
·e ne sais quelle rancune contre Julius, le besom de
~étourner Geneviève de son père, de l'ame~er ~l~s bas,
plus près de lui ; comme il baisse les yeux, tl distingue,
chaussés de petites mules de soie, ses pieds nus.
ds
- Ne comprenez-vous pas que cc n'est pas le remor
que je crains, mais...
la
Il a quitté son lit ; il se détourne _d'elle ; il va vers_
fenêtre ouvertt ; il étouffe ; il appme son front à la v1tr;
brillantes sur le fer glacé du balcon ; l
et ses pau mes
• 11
. oubl"er
qu'elle est P·-, qu'il est près de • e•••
VOU drait
I
- Mademoiselle de Baraglioul, vous avez fait ~our un
·
fill e de bonne famille peut
criminel tout ce qu,une Jeune
.
tenter ; même presque un peu plus .' J·e vov.' en remercie

LES CAVBS DU VATICAN

7o3

de tout mon cceur. Il vaut mieux que vous me laissiez à
présent. Retournez à votre père, à vos coutumes, à vos
devoirs... Adieu. Qui sait si je vous reverrai? Songez que
c'est pour être un peu moins indigne de l'affection que
vous me témoignez, que j'irai me livrer demain. Songez
que... Non I ne m'approchez pas... Pensez-vous qu'une
poignée de main me suffirait?..•
Geneviève braverait le courroux de son père, Popinion
du monde et ses mépris, mais devant ce ton glacé de
Lafcadio, le cceur lui manque. N'a-t-il donc pas compris
que pour venir ainsi, la nuit, lui parler, lui faire ainsi
l'aveu de son amour, eile non plus n'est pas sans résolution ni courage et que son amour vaut peut-être mieux
qu'un merci?... Mais comment lui dirait-elle qu'elle aussi,
jusqu'à ce jour, s'agitait comme dans un rêve - un rêve
dont elle n'échappait par instants qu'à l'Mpital où, parmi
les pauvres enfants et pansant leurs plaies véritables, il lui
semblait prendre parfois contact, enfin, avec quelque
rQJit~ - un médiocre rêve où s'agitaient à ses c6tés ses
parents et se dressaient toutes les conventions saugrenues
de leur monde, et qu'elle ne parvenait pas à prendre leurs
gestes non plus que leurs opinions, leurs ambitions, leurs
principes, non plus que leur personne même, au sérieux.
Quoi d'étonnant si Lafcadio n'avait pas pris au sérieux
Fleurissoire !... Se peut-il qu'ils se séparent ainsi? L'amour
la pousse, l'élance vers lui. Lafcadio la saisit, la presse,
couvre son p!le front de baisers ...

Ici commence un nouveau livre.
0 vmté palpable du désir! tu repousses dans la pénombre les fant6mes de mon esprit.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

704
.
deux amants à cette heure du
Nous qmtterons nos
la vie vont
d
où la couleur, la chaleur et
chant u coq
. L fcadio au-dessus de Genetriompher enfin de la nmt. a . , n'est pas le beau
d
.
soulève mais ce
viève en orm1e, se
fi, _ t que trempe une moiteur,
.
d son amante ce ron
visage e
'
lè
chaudes entr'ouvertes,
ces paupières nacrées, cesb vresl non ce n'est rien de
.
rfaits, ces mem res as,
,
ces sems
pa
.
r
la fenêtre grande
1 contemple - mais, pa · d'
tout cela qu •·1
l' b ù frissonne un arbre du Jar m.
. .
ouverte, au e o
G
"ève le quitte; mais il
b. tek temps que eneVl
Il sera ien
1 é t pench é sur e11 e, à travers son
attend encore ; i cou e,
d 1 ville qui déjà secoue
la vague rumeur e a
lé
souffie ger,
le clairon chante.
A 1 . dans 1es casernes,
sa torpeur. u om,
, .
? et pour l'estime de
·1 noncer a vivre .
Quoi .' va-t-1 re
•
d uis qu'elle
Geneviève, qu'il estime un peu moms . ep ?
l'aime
.
un peu plus, songe-t-il encore à se hvrer .

FIN
ANDRÉ GIDE.

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

LA GRANDE PITIÉ DES ÉGLISES DE "FRANCE, par
Maurice B4rrès (Emile-Paul, 3 fr. 50).
La Grt111de Pitii des Eg/im de France est à la fois un acte et
un livre. Un acte, très simple en principe, qui défend la civilisation contre la barbarie, et l'intelligence contre l'animalité.
M. Barrès député a essayé de recueillir des voix parlementaires
pour une loi d'hygiène esthétiqu_e et morale, et il a échoué,
provisoirement. Mais il reste que l'incantatidn de l'artiste a
recueilli dans le pays et dans les paysages français les voix
authentiques et pures de notre terre et de no~re passé, qu'il les
a accordées en un Qeau chœur, et qu'à défaut d'une loi écrite,
il a fait descendre dans son œuvre la plus pure des lois non
écrites qui donnent à la vie d'une race sa dignité, sa résonnance
et son poids.
•
O

Beaucoup ont prononcé le nom de Chateaubriand et ont
proclamé ce livre un nouveau Génie du Clzristia11isme. Mais il est
remarquable que ce nom du précurseur ne se rencontre pas une
fois dans la Grande Pitié. Et pourtant il est exact que M. Barrès
rejoint par tous les côtés la sensibilité de Chateaubriand. Les
deux cloches sonnent à l'unisson. Dans ses charmants croquis
de la vie parlementaire, M. Barres nous apprend, ce qui ne
uurait nous étonner, que de jeunes collègues, surpris parfois
de son :tèle d'incroyant pour la cause des églises, "non seulement pour leur beauté, mais encore d'un point de vue moral
et spirituel", se croient biens .6ns en dis,a nt: "C'est pour les
II

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

704
.
deux amants à cette heure du
Nous qmtterons nos
la vie vont
d
où la couleur, la chaleur et
chant u coq
. L fcadio au-dessus de Genetriompher enfin de la nmt. a . , n'est pas le beau
d
.
soulève mais ce
viève en orm1e, se
fi, _ t que trempe une moiteur,
.
d son amante ce ron
visage e
'
lè
chaudes entr'ouvertes,
ces paupières nacrées, cesb vresl non ce n'est rien de
.
rfaits, ces mem res as,
,
ces sems
pa
.
r
la fenêtre grande
1 contemple - mais, pa · d'
tout cela qu •·1
l' b ù frissonne un arbre du Jar m.
. .
ouverte, au e o
G
"ève le quitte; mais il
b. tek temps que eneVl
Il sera ien
1 é t pench é sur e11 e, à travers son
attend encore ; i cou e,
d 1 ville qui déjà secoue
la vague rumeur e a
lé
souffie ger,
le clairon chante.
A 1 . dans 1es casernes,
sa torpeur. u om,
, .
? et pour l'estime de
·1 noncer a vivre .
Quoi .' va-t-1 re
•
d uis qu'elle
Geneviève, qu'il estime un peu moms . ep ?
l'aime
.
un peu plus, songe-t-il encore à se hvrer .

FIN
ANDRÉ GIDE.

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

LA GRANDE PITIÉ DES ÉGLISES DE "FRANCE, par
Maurice B4rrès (Emile-Paul, 3 fr. 50).
La Grt111de Pitii des Eg/im de France est à la fois un acte et
un livre. Un acte, très simple en principe, qui défend la civilisation contre la barbarie, et l'intelligence contre l'animalité.
M. Barrès député a essayé de recueillir des voix parlementaires
pour une loi d'hygiène esthétiqu_e et morale, et il a échoué,
provisoirement. Mais il reste que l'incantatidn de l'artiste a
recueilli dans le pays et dans les paysages français les voix
authentiques et pures de notre terre et de no~re passé, qu'il les
a accordées en un Qeau chœur, et qu'à défaut d'une loi écrite,
il a fait descendre dans son œuvre la plus pure des lois non
écrites qui donnent à la vie d'une race sa dignité, sa résonnance
et son poids.
•
O

Beaucoup ont prononcé le nom de Chateaubriand et ont
proclamé ce livre un nouveau Génie du Clzristia11isme. Mais il est
remarquable que ce nom du précurseur ne se rencontre pas une
fois dans la Grande Pitié. Et pourtant il est exact que M. Barrès
rejoint par tous les côtés la sensibilité de Chateaubriand. Les
deux cloches sonnent à l'unisson. Dans ses charmants croquis
de la vie parlementaire, M. Barres nous apprend, ce qui ne
uurait nous étonner, que de jeunes collègues, surpris parfois
de son :tèle d'incroyant pour la cause des églises, "non seulement pour leur beauté, mais encore d'un point de vue moral
et spirituel", se croient biens .6ns en dis,a nt: "C'est pour les
II

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉR

autres, n'est-ce pas?" Ainsi, en 1802, des Voltairiens pensaient
comprendre et daignaient approuver M. de Chateaubriand, en
estimant que lui aussi, comme leur grand homme, et comme le
Premier Consul, voulait une religion pour le peuple. Et la
réponse de Chateaubriand ne devait pas différer de celle, très
franche et très vraie, de M. Barrès : "Ah ! non, par exemple !
Non! J'ai horreur de cette conception sèche d'une religion pour
le peuple. Je ne suis pas de ceux qui aiment dans le catholicisme une gendarmerie spirituelle ! C'est pour moi-même que je
me bat1." Nul n'en a jamais douté, et la Grande Pitié se relie
au Culte du Moi par les mêmes fils que le Génie à René. Deux
enfants d'une \fieille terre et d'une longue culture, comme ce
Breton et ce Lorrain, ne se conçoivent pas, ne se veulent pas,
sans le capital le plus riche, sans la totalité de leur héritage moral.
Dans cet. héritage la sensibilité catholique figure l'inappréciable coffret des joyaux maternels. Et ce sont ces joyaux qui
s'enroulent à leurs doigts et s'écoulent dans le chant des phrases.
Les deux livres naissent, comme des mouvements nécessaires de
réaction nationale, l'un après la Révolution, l'autre après la
séparation. Tous deux sont des actes politiques, émanés d'écrivains qui se veulent politiques. Peut-êtte Chateaubriand en
1802 envisageait-il comme prochain et probable ce poste
diplomatique romain, pour lequel son livre le désignait, et qui
allait lui échoir quelques années plus_tard. On imagine sans
répugnance une République consulaire et athénienne, ou une
monarchie française, mandant avec élégance Maurice Barrès à
Rome pour négocier le prochain Concordat.
Mais si le nom de Chateaubriand est absent, si M. Barrè!
ne met pas visiblement ses pas dans ces pas, il n'est pas défendu,
sinon d'en chercher les raisons (ce serait bien chimérique), du
moins de rêver un peu là dessus. Le Génie du ChristianiI111t est
la grande ouverture musicale du romantisme et il convint à
M. Maurras de montrer que le romantisme c'était ce "génie"
même du christianisme, se dépouillant une nouvelle fois de la

. . .

ATURE

'lO

d1sc1plme latine et catholi ue . "
7
de la pourpre de Rom "qA' _·. Un protestant honteux v~tu
e
ms1
défi
·
·
·
1
C
cette défi · ·
• . ·,
mssait-I hateaubriand
mt10n, a1gu1see ar d
h .
.
' et
loin. M. Barrès s'est garcié ave es ames perspicaces, porte
récentes fureurs anti-r
.
c un bon_ sens prudent, des
rait pas
omant1ques. Néanmoms il ne lt.ü dépl ._
que son œuvre port:1t
l'h .
a1
contre les suivants et l
contre
éntage romantique
es tenants d u " mus1c1en
· ·
Ce n'est p
l
extravagant" '
as seu ement politi
.
.
parti. C'est aussi ·e
. ' que, tactique, et conscience de
·
.
' J crois, I effet nécessaire d
.
tique et mtellectue!Je.
e sa nature art1s-

Il sem bic, en effet
'1
.
.
moitiés d'~me étra
' qu I y ait touJours eu chez lui deux
de réalisme maté ~gle~ent et pittoresquement associées : l'une
ne , vigoureux
d
à la Stendhal et a I M' . ' sec, en ten ons et en nerfs
opulente b d
a
enmée, et l'autre une ~me de poés' '
, a an onnée et d 'f. •
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Ames s'ha
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. e a1te, tournoyante et vague. ces d
rmomsant moms , 11
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�llÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE
LA NOUVELLE. REVUE FRANÇAISE

faire enfler une toile mesurée, calculée, méthodiquement tendue,
un projet de loi parant à certaines nécessités présentes et précises.
Il introduit contre le romantisme sensualiste de Chateaubriand une volonté de discipline non morale, mais sociale :
"J'ai trouvé, dit-il ailleurs, une discipline dans les cimetières,
où nos prédécesseurs divaguaient." C'est la même discipline
qu'il demande aux églises: et il tire de là, pour lui et pour ses
collègues, une psychologie, une éthique, du législateur vrai.
Voilà un progrès très net, dans le sens d'une saine discipline,
sur le romantisme. Mais, sur cette voie, toutes les disciplines
ne marchent point du même pas. Si du point de vue de
l'homme, nous passons au point de vue de l'artiste, si en
face des deux livres nous regardons (et cela est d'un prix égal
au prix de n'importe quoi) comment ils sont écrits, le Glnie d•
Ckri1tianiJ111e apparaîtra comme un type d'écriture classique,
disciplinée, membrée et méthodique, qui mène à sa fleur l'art
de Massillon et de Rousseau, et la Grande Pitié, en ses parties
lyriques, comme un exemple d'écriture romantique, fluente,
toujour, pr!te à partir sur un thème incertain et pénétrant de.
musique, à abandonner celui-ci pour épouser cet autre, à
enchevêtrer l'un et l'autre en une symphonie plus subtile, à
enrichir d'éclatantes draperies le mode tournoyant et trépidant
de Michelet. Les belles pages lyriques de M. Barrès sont, à la
lecture, un enchantement, mais à chaque lecture un enchantement toujours neuf, parce qu'il n'est rien resté de la lecture
précédente. Musique très analogue à celle des vers libres, qui ne
peuvent jamais s'installer dans la mémoire. Cela se ploie, se
replie, comme une rivière de plaine, en une incertaine molles,e,
et le charme serait presque le même, si l'ordre des phrases
était dérangé. Je lis dans la Grande Pitil ce mot significatif qui
s'appliquerait si bien à l'œuvre de M . Barrès et qui nous mènerait si loin en elle : " Je ne vois pas dans la nature les dieux
tout formés des anciens, mais elle est pleine pour moi de dieux

à demi défaits. "

Mais, avec cette juxtaposition savoureuse et excitante des
contraires q~e nous retrouvons partout chez lui, M. Barrès
dans les parties de son œuvre qui ne sont point lyriques, éclate,
avec robustesse, de toutes les qualités opposées. Alors il a de
to~~cs les façons et sur tous les registres, le don de la figure
samssante qui fait masse, groupe, durée, des tableaux et des
scènes tout formés, comme les dieux des anciens. Dans la
Grllflli: Pitil, !'entretien avec M. Briand, la peinture des
cowo1n, sont d un relief et d'un rendu inoubliables comme la
Journée de l' Accusateur dans Le11r1 Fi[llres ou la ré~nion de la
Salles Chaynes dans les Scènes et Doctrines du Nationalisme. Les
~ages de c~t ordre sont d'~rdinaire semées des plus pittoresques
unages, qui font au contraire presque toujours défaut dans les
pages de musique. M. Barrès a noté à la Chambre " ces !trcs
~s lu~ière dont le gros œil méfiant et très vite irrité ne sait
nen voir au delà de l'abreuvoir du yillage" et l'on év
l
bell
1 .
.
oque a
e zoo og1e de Leurs Figures, la grenouille qui annonce en
rcm~tant sur son bocal, que le beau temps est revenu, le ;and
é~1er sur u~ étang gla~é, et d'autres... Car un chapitre
d~ lr~re _nous revéle que, s1 cet habitant de Neuilly va méditer
d ordinaire ~ans le p:trc de Saint-James ou vers les pins du
boul~ard R1chard-Wallace, il doit, pour préparer congrliment
ses _d1scoun_ parlementaires, se transporter à l'autre bout de
parmi l~s _hôtes d~ Jardin des Plantes: utilisation méthoq c, compos1t1on de lteu, qui suscite nos vieux souvenirs de
l'Hommt
• - On a d'ailleurs la
. Libre, JerscY, H arou é, y emse.
sensation que M. Barrès ne fait qu'cntr'ouvrir, dms son livre
son
·
l carnet d'O bservauons
parlementaires, ne nous donne qu'une'
~~e esquisse de l'arche de Noé où, en vue d'événements qui
ien~ pleuvoir sur le temple au point d'amener le déluge, il
a eLn:egtstré et classé les spécimens de la faune arrondissementiére
un e_t I' autre val ant par des beautés fort différentes les'
d
.
'
. eux
é . motifs' cdu·1 d e batai·ue extérieure
et celui de rêverie
int neure s'enchaîn en t d e f:açon adroite,
,
et leur alternance

~ar:s,

�710

LA

NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

donne une composition rythmique, assez analogue à cell~ du
YfJJage de Sparte. L'un est le motif de guerre, l'autre _le ~otif de
paix, et le nœud du livre se trouve placé d'une main JUSte en
son milieu même dans les dix pages de Pax aut Bellum.
M. Barrès s'est p;u souvent, et avec une gran~e justesse; à
comparer son développement et la logique de sa vie à ceux d ~n
arbre qui croît : ces dix pages marquent exactement le point
où la branche qui paraît aujourd'hui prend conta~t avec le
tronc. Pour nous éclairer par une autre comparaison, ~lles
forment le banc de repos placé dans la perspective où un livre
et une œuvre mouvementés, riches, et d'apparence hasardeuse,
sont saisis dan l'acte et l'unité d'un paysage équilibrés. "Pax
tJut Bellum .' m'a dit le solitaire de Monte O)iveto. J'ai répondu:
Bel/um / Aujourd'hui je connais la stérilité de ces lutt~···. Après
trente années la voix du vieil homme s'est fait accueillir : les
cordes qu'elle devait frapper se sont mises à vibrer, et l'enthousiasme qui me disposait à une vie dangereuse se résout en une
nostalgique aspiration à l' harmonie." C'était le Bel/um de La
Hllme emf"lt tout, celui qu'on lisait à chaque page de Du S~ng,
la guerre pour clle-m~me, pour sa beauté, son ivresse, sa passion.
Dans la Grande Pitil les images de guerre sont enchaînées au
char de la paix. Sauf dans l'épisode des Accroupis de Vendôme,
' de, à l' ". ami. t"1é • "
cette guerre tend à la diplomatie, à la mansuetu
En des pages délicieuses M. Félix Bouffandeau e~t incorporé'.
bon gré mal gré, à une "amitié française." Et peut-être, q~1
sait? M. Barrès etît-il étendu cette indulgence sur les Accroupis
eux-mêmes si l'académicien avait eu les coudées aussi franches
que le député des H~lles, et s'était souvenu qu'il reçut sous la
Coupole, en un discours flatteur, l'auteur des Blaiphemu dans
les vers duquel l'adjoint Leguay a pu puiser le food et la forme
de ses actes et de ses propos.
.
.
Sans doute penscra-t-on qu' il y aurait, sur un su1et si
pressant, sur une question qui intéresse toutes les formes d~ la
culture, d autres matières .i réflexion pratique que l'évolution

RÉFLEXIONS SU.R. LA LITTÉRATURE

7II

de )'écrivain et la technique de son art. Mais précisément le
fond et la forme constituent deWI'. ordres que ce livre ne
permet pas de séparer. Le Pax qui lui sert de place centrale,
il semble que les puissances de la Grande Pitil, laissées à ellesmêmes, le prolongeraient plus loin que l'auteur ne l'a conduit,
et moins encore vers une absolution ot\ personne, même les
Accroupis, ne serait coupable, que vers un examen de conscience
qui ne permettrait à personne de s'absoudre à bon compte du
péché qu'il dénonce et condamne chez autrui .
" Moi-même, dit M. Barrès, j'ai prêché cette grande thèse
triste : Laissons aller à la mort ce qui veut mourir. Mais il
s'agissait de Venise et de favoriser le plaisir des esthètes. Quand
nous parlons des églises de France, c'est leur esprit, la réalité
qu'elles protègent, le contenu et Je contenant que nous voulons
maintenir. " Bien. Nous entendons que M. Barrès se garde ici,
avec d'intelligentes précautions, de draper sa défense des églises
dans le manteau funèbre de Chateaubriand, d'aimer en elles
une beauté passée qui ferait cortege à sa vie descendante, et,
comme les femmes d'un roi barbare, l'accompagnerait dans la
mort. Pourtant qui sait si autour de lui un peu du manteau ne
se discerne pas encore i' L'auteur de la Mort dt Yenùe respirait
sur la lagune tous les bouquets défaits de Chateaubriand, et
c'est au nom de la beauté, du "plaisir des esthètes", qu'il défend
de toucher à la misère, à la décomposition et à la lièvre de
Venise. Comme tous ceux qui exigent qu'une ville croupisse
dans son ordure pittoresque, il parle en étranger qui passe, non
en Vénitien qui demeure, et c'et son droit. Disons donc qu'il
s'agit de Venise, et de favoriser le plaisir des étrangers, du
peuple d'esthètes que gouverne le conseil des dix établi par
M. Barrès. Au contraire, quand les églises françaises sont en
jeu il s'agit de favoriser le plaisir, la culture, la civilisation des
Français, qui, du plus humble au plus grand, y trouvent nécessairement, en tant que Français, les conditions et la figure de
leur accord avec le passé et de leur conliance Jans l'avenir.

�7r2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Mais il convient toujours de favoriser un plaisir, une ém{Jtion,
qui ne différent que par une plus grande richesse, une plus
grande complexité du plaisir et de l'émotion que l'esthète
trouve à Venise. Il est l,,ien entendu qu'il ne s'agit pas pour
M. Barrès de la religion des autres, mais de sa propre religion
telle qu'il la sent et la conçoit : " C'est pour moi-même que
je me bats." C'est pour lui-même qu'il se bat en France contre
éeu.ir .qui ne veulent pa~ arrêter la- destruction, comme c'est
pour lui-mtme qu'il se bat à Venise contreoeeux q.1ü voudraient
l'arrêter. Seulement voilà : dans le monde moral et 1nême 1ans
le monde matériel, les choses se conserven~ par le jeu des
même$ forces qui le.s ont c~,éées ; la conservation, comme le dit
'Descartes, est une création' continuée. Les églises, créées par la
foi, ont été entretenues et roainteuues par la foi. La symp.2thie
pour la foi est-elle capable de tc_p.ir ici la place de la foi ?
M. Barrès exposant les raisons très justes pour lesquelles
l'Etat a aujourd'hui le devoir d'aider largement les catholiques
à entretenir dés églises dont on a attribué la propriété aux
communes, et défendant non moins justement le clergé contre
une sortie de M. Briand, écrit que le devoir des prêtres est de
" courir d'abord aux âmes. Pour nous autr!!s laïques, qµe œ
souci n'absorbe pas, veillons à protéger dès pierres qui intéressent
la nation autant que la religion. "Mais, comn;ie cela est rappelé
dans l'hymne admirable de la consécration, cité au chapitre IV,
les âmes impliquent les pierres, ou plutôt, ainsi que dirait uit
scolastique, les piertes sont conteuues émin.emment, non formellement, da.os les âmes. Les pierres ne peuvent être protégéç:s,
entretenues, continuées, que par des âmes, par l'homme en
tant que chrétien. C'est par un côté artiste et ,artificiel de sa
nature que le laïque, s'il n'est pas ch.rétien, s'intéressera à cette
durée. Je crois même que M . Barrès se rend compte parfois de
sa pos1t10n un peu délicate entre le point de vue chrétien du
fidèle pour qui l'église est la maison de Dieu, et le point de
vue humaiu de l' incroyant pour qui l'église' n' adc valeur et

RÉFLEXlONS SUR LA LITTÉRATURE

d,.m t'erêt qu ' en tant qu ' œuvre d' art. " Füt-elle dédaignée, la
moindre église rurale enrichit la vie locale et constitue, pour
ceux-!~' mê~es _qui la re~ardent du dehors, une valeur spirituelle. Mais s1 cette églm.: est sans fidèles, que devient cette
valeur spirituelle, _distincte de sa valeur esthétique, et par quel
paradoxe ceux qui la regardent du dehors, ceux qui ne sont
pas les flÎv,r lapides employées à sa constructÎ'on, peuvent-ils
arriver à la maintenir ?
_Essayant de serrer de plus près la question, je dirais que le
grand danger qui subsiste encore, à l'intérieur des sentiments .
de M. Barrès, contre les églises, c'est que, pour lui comme
pour les adversaires qu'il combat, les églises constituent d'abord
des objets de propriété humaine, et ensuite (qu'on me passe le
mot) des objets de cons.ommation : tels sont les deux visages de
leur grande pitié.
Des objets de propriété humaine. J'ai été très frappé d'apprendr~, en lisant le livre de M. Barrès, qu'après la Séparation,
la Cou_r de Cass~ion eut t se demander à qui appartènaient
les églises sous l'ancien régime, et qu'on dut répondre, sans
doute avec quelque embarras et quelque surprise : A Personne !
E~ ~- ~arrès conclut : " II résultait de là non pas une propnéte d Etat, non pas une prqpriété communale, mais une
chose publique, commune à tous, hots du commerce, alfectée à
perpétuité au culte divin. Les églises, dans l'ancien droit, ce
sont des choses sacrées, la propriété de -ceux qui sont morts et
de ceux qui naîtront, un domaine spirituel le domaine de
n·1e_u. ,, _Le domame
. de Dieu,
. c'est, historiquement,
'
très juste,
Mais Dieu, pour M. Barrè~, c'est la continuité-humaine; pour
la Cour d~ Ca:sation, interprète le plus haut de la loi, et pour
toute la 101, Dieu porte bien le nom que Polyphème croit le
nom d'Ulysse. Il s'appelle Personne. La loi. française n'a, commt:
le cyclope
·1 l' œ1·1 maténel.
_ • Elle 1gn0re
.
. , qu' un œ1,
le spirituel.
Ce qui ~t " hors du commerce '' est hors la loi, et la formule
de la Io, de 1902 sur les droits "qui ne sont pas dans fe

�714

LA

CUVELLE REVUE FRANÇAISE

commerce" est typique. Ce mot : le domaine de Dieu, même
pris au sens large, renanien et social, où l'entend M. Barrè., n'a
aucun sens dans la France juridique. Et cela, pour bien des
raisons dont la plus réelle et la plus profonde est que, dans un
pays de petits propriétaires, c'est-à-dire de propriétaires !pres et
stricts, la propriété individuelle gouverne tout, s'étend sur tout;
la propriété communale, la propriété de l'État, ont une tendance
à se modeler sur elle, à en épouser les formes. Non seulement le
domaine de Dieu, mais le domaine non individualisé d'une
continuité historique, paraissent des non-sens. Le jour même
où j'écris ces lignes, les journaux nous apprennent que la
Chambre des députés a fait cadeau d'une pièce importante du
musée national à un souverain étr:inger. Ainsi le Parlement,
dont M. Barrès, député du premier 'arrondissement de Paris,
est comme un chef de file, se reconna1t un droit de propriété
sur les œuvres d'art qui constituent le domaine intellectuel
de la France; la Vénus de Milo n'est le bien de la communauté française que précairement et tant qu'il n'a pas plu au
Parlement de la vendre, de la mettre en gage, de la donner,
ou d'en faire de la chaux : elle appartient comme le chanfrein
de Philippe Il à cette génération, que dis-je ? à cette législature.
Notre propriété va de plus en plus à la forme individuelle et
viagère, et les Egli es de France sont prises dans cette logique.
Le 'domaine spirituel", Je" domaine de Dieu", ces termes sont,
par la nécessité même qui les a dépoui11és de leur sens ancien,
pourchassés par nos légistes jusque dans les signifi cations les
plus souples et les régions les plus générales où M. Barrès les
idéalise.
Des objets de consommation. Avec sa logique intérieure et
vivante d'arbre, M. Barrè · était conduit par tout son sujet à
son dernier chapitre, qui s'appelle : Lu églisu de France ont
besoin de uzinlJ. Ayant convoqué tontes les bonnesvolontés, toutes
les parcelles de divin qui pouvaient s'élancer à la rescousse pour
défendre les pierres du passé, le pas é Je pierres et d"lmes,

llÉFLEXJONS SUR LA LITTÉRATURE

M. Barrès s'écrie : " Que vaudraient ces puissants concour
ces armée dn dehors si, dans la citadelle menacée l'lme vcnai;
à défaillir L. Ne ménageons pas notre peine ; no:s en sommes
abondamment dédommagés par l'honneur de servir une telle
cause, mais faisons des vœui pour que chaque église trouve un
~tre exemplaire..... Devant ces églises, çà et là demi-désertées
demi-écroulées, je me surprends à murmurer la grande vérit/
le mot décisif: les églises de France ont besoin de saints. "
n'~t pas un des sentiments de M. Barrès que je ne partage,
qu 11_ ne rende en moi plus intense et qu'il ne m'aide à faire
fleurir. Mais au dessus de ces sentiments il y a certaines loi
logi ques qu ··1I est peut-être nécessaire de discerner. Les ligness
que je viens de citer nous amènent à nous demander si les deux
états hostil~ de la sensibili~é française actuelle en face des églises
~um_bl~ qui meurent, celui de leurs amis, celui de leurs ennemis
(1nd1fférents parlementaires, épiciers sauvages, accroupis), ne
remontent pas à une même cause, s'il ne sont pas les attitudes
de ~rançais inégaux en culture et en noblesse, mais arrivés
parei~lement, des. mêmes origines et des mêmes lointains, à
~slttuer une société de consommation plutôt que de production. Les églises de France sont un capital entre les ma1·ns
d'h'~rm_ers
· · ;u1,· en dehors des fidèles proprement dits, entendent
en JOUIT, 1 exploiter, non le continuer et l'accroître. Il est dès
lor~ a~l~ent nécessaire que, des deux façons et des deux
main•, il soit dépensé et dissipé. Au plus bas degré des ennemis
les Accr~upi~ ~eprésentent la figure la plus laide de la bête: 1~
Ac~oup1s utilisent le clocher de Saint-Martin selon leur nature
lui cS t basse, qui les amène à terre, ils en font, comme ils
d sent, un "_temple au dieu de la digestion ". Au plus haut
da.cgré des amis, la sensibili té de M. Barrès serait personnifiée
os la figure délicate de l' Ange musicien (je pense à la girou-

1i

:~~/u ~ude dont le moulage est au Trocadero) : cette sensi1 e ut1 se les églises de France, a une pointe extri:me du
temps, comme jadis elle éprouvait "à la pointe extrême d'Eu-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rope " la vibration la plus fine de la plus vieille culture. Cela
est bien, cela est beau, mais je demande si cette consommation
engendre une production, si c'est là un moyen de faire durer les
églises, de les prolonger, ou si ce n'est pas une des nuances
reconnaissables qui attirent un "esthète " sur Venise, la phosphorescence magnifique d'une décomposition 1 Aussi M. Barrès
a-t-il peu de confiance, malgré tout, dans les moyens qui sont
les siens, dans la bataille qu'il livre et dans la chanson qu'il
chante, et il finit par dire : " Les églises de France ont besoin
de saints." Les églises ont besoin non de musiciens mais d'architectes, non d'esthètes mais de chrétiens. Et c'est toujours pour
lui-même qu'il se bat. C'est lui qui, ayant besoin de ces églises,
a besoin de ces chréti~ns. Ah ! le Jardin dl Blrénict ! Si le
christianisme devait périr bientôt (et ce n'est pas vrai), comme
il serait, pour une intelligence éprise du parfait et du logiqu~
encadré entre ce commencement qui produit et cette fin qui
consomme : les chrétiens, les saints d'autrefois qui ont besoin
d'églises et qui les font, les églises d'aujourd'hui qui ont besoin
de chrétiens, de saints. Ceux dont M. Barrès est le chef de
chœur cherchent à l'église la sainteté, mais la sainteté des autre,,
et dès lors rien ne s'édific en pierre, tout coule en sable, en eau.
Il y a quelque temps une société de distillation, ayant trouv~
une formule de liqueur agréable au go(h, en fit ingénieusement
le "coin du quai" de la Chartreuse, la dénomma Bénédictine,
et installa son usine à Fécamp : ses affaires et sa réclame s'étendant elle se construisit des ateliers et des entrepôts en forme
de monastère médiéval (tous les touristes les ont visités) . Et
ce n'est pas tout. Les Bénédictins étaient encore en France,
et la société, devenue fort riche, leur offrit dans ses beaux b1timents un séjour confortable pour le nombre de moines qui
leur plairait, sans autre fonction que d'être là et de montrer
leur robe. Il ne répondirent mêne pas, mais j'imagine que le
président du conseil d'admjnistration, quand il conçut ce
projet, dut se fonder sur cette raison : " La Bénédictine a

llÎrLEXlONS SUR LA LITTÉRATURE

besoin de Bénédictins. " La culture, la pensée, les livres de

~- Barr~, sont pour la France, aujourd'hui, sa précieuse
liqueur d or, et dans la mesure où nous autres, du chœur
obscur, nous y participons, nous souhaitons avec lui des
~
g 1scs po~ nous, des sainta pour ces églises, toute l'intégrité,
en ~ettc liqueur, de ses substances, de sa saveur et de son feu.
MaIS _les vot\tes et les voix du bel édince qui sert d'écrin à ces
al~b1cs sont-elles bien celles qui préparent et qui imposent des
saints ?

r

,

,

ALBERT THIBAUD!T.

�NOTES

reaaisir avec plus de force. Mais quelle lucidité, q•uelle certitude,
qund clic se fixe sur un livre ou sur un auteur ! - J'aime
turtout M. de Gourmont quand il lit ; je l'aime plus complé-

NOTES

LA LITTÉRATURE
PROMENADES LITIÉRAIRES (Vme Série), par Rt•J
de Go11rmtJ11t (Mercure de France, 3 fr. 50).
Le tour paradoxal que dans ses Epikgues, ~ans ~ dialo~ucs,
dans )es brèves chroniques où il opinait sur les faits du Jour,
se plut souvent à prendre M. Rem_y de Gourmont, aun ptl
quelque temps, indisposer contre lut des lecteurs fidèles. Il 7
cultivait une irrévérence tantôt légère, tantôt un peu trop
appuyée, parfois juste et parfois moins juste. ~I me sem~le que
dans une forme limitée par le seul caprice, 11 se sentait trop
libre, trop à )'aise ; rien n'y bridait jamais les sautes brusques
de son jugement et même sa raison devait sans ccss~ ~tre
tentée d'abuser du plaisir divin d'avoir raison. _Alch1mtSte
naguère et fort curieux alchimiste, il ne nous cachait pas a$$CI
uel contentement et quel orgueil il ressentait à n'être plas
;ien qu'un chimiHc, et renonçant à la pierre ~hilosop~l~ à
hilfrer des formules ou peser des atomes... Mais quel ch1mtste
ccaprtCICUX
••
,. Il y a en M . de Gourmont à la fois du savant
. . et
du dilettante, du sceptique et du partisan ... C'cs~ cc qui fa,t 11
valeur et son charme. li y a surtout chez lui une extrême
curiosité idéologique. Elle ravit et clic comble ; il arrive ~u~cllc
déçoive, mais peu de temps. Elle est la clef de ses contradtcttODI
apparentes. Son érudition s'accomi,agnc de pétulance, et même
d'une sorte d'ébriété. Elle s'amuse à quitter son objet pour le

tcment que quand il observe la vie... On n'a pas eu, depuis
Sainte-Beuve, pareille passion du livre. Exalté par 1:t ch01e
«rite, son esprit double d'acuité et il redouble d'aisance. Il voit
clair, il voit profond ; il va droit, sans en avoir l'air, à l'essentiel, à cc qui e0t dQ, scmble-t-il, crever les yeux à tous les
aaucs, s'ils n'eussent été des aveugles. Son don de mise au point
est peut~trc encore plus admirable que son don de discerne-'
ment et de découverte. Dans cette nouvelle série de PfT)fflnl4IÛJ
Ültir6irts (la cinquième) menée. au jour le jour, au hasard de
l'actualité, chaque détour nous offre une perspective imprévue.
Et comme on sait gré à l'auteur d'insi,ter si discrètement sur ses
tro11vailles ! Nul moins que lui n'est un rhétoriqueur. " Je ne
suis point appelé, écrit-il, tel un docte professeur de bclleslcttres, à dire cc qu'il faut penser d'une œuvre ou d'un homme,
mais cc que j'en pense au moment où j'écris... " C'est le moyen
de toucher juste. A propo. du ven de Vigny :

J'aime la ma}tsté du

SOUFFRANCES HUMAINES

il dira: "Cc qui le touche (Vigny) c'est qu'elles sont majcstupour son esprit: cc n'est pas qu'elles soient des souffrances
pour son cœur. Et ainsi jusque dans sa pitié, il y a de la froideur
et une belle ordonnance csthétiq uc... Alfred de Vigny est l'homme
qui n'a jamais ri. Le rire vient de la conscience d'une supériorité
momenunéc, tellement évidente qu'elle se déploie joyeusement.
Vigny à tou; les momcnti, en toutes les circonstances, se sent
tellement supérieur au reste du monde qu'il ne s'en étonne
jamais. Rien ne peut altérer sa sérénité et comme il domine sa
joie, il domine sa tristesse qui, du premier coup et tout naturellement, atteint au majestueux." Voila qui paraît évident;
mais qui a formulé cela avcc41nc telle plénitude l Je ne résiste
pas au plaiiir de citer encore cette page sur "lt rarMttrt Je La
CIIICS

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

720

. • e I Voilà qui l'intéresse bien plus que
F,
· " •• " Lui mem ·
· Je tabl eau
011ta111e
d
a voulu voir
.
é é 1 de la wciété ont on
.
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la saure g n ra e
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r bl
L Fontaine n'eut 1ama1s,
1 galerie de ses ra es. a
.
d
critique ans a
.
' t récisément parce qu'il ne
je crois, de si vastes .dessemls,.ellt c_ es ~e les avoir 'réalisés. Cet
.
•·1 donne l usion
les avait p~s ~111
,
.
our s'intéresser de si près aux
homme était bien trop egoïste, p r bl si dure, si hautaine,
t la morale de ses 1a es,
.
d
autres homm~ e
_
·' il 'a nulle intention e
.
ell
e prouve bien qu n
. L
si cru e m me,
.
li
t t la peint telle qu'il .ui
d la vie comme e e es e
Il
réforme.
pren
l . t indifférent'! C'est une
on sent que ça ui es
M .
voit. ais comme
. r.
de La Fontaine un
è de VOU1oir raire
idée bien smgu i re
.
l mal que dans leurs rapports
.
Il
&lt;"'.Oit le bien et e
moraliste. ne per T
d l'
mme de l'autre et au
. •
Il s'amuse e un co
nfl"
avec lui-m1:me.
é à méditer sur les co 1ts
moment qu'on le croit le plus ~cutp d S· peuples il prépare le
a.nds des rois. e e
'
d
des petits et es gr
' .
.F.
La Fontaine est d'une
.1 é · le Diable en en.ier.
~ e Si par hasard
Papier où 1 va cnre
ïi.
Il est la nature mcm .
inconscience magm que.
. . ,
" bonhomie" je n'y
. ·
, n e1Ît insiste sur sa
.,
c'était en _ce sens quo_
C
d t il faut définir le$ mots.
· ·
à redire. epen an
·
•
trouverais nen
.
h" de l'égoïsme ingénu. Traduisez
Son œuvre est la phtl~sop ie 1
.s sachez du moins ce
1 ot s1 vous vou ez, mai
cela par un seu m '
, d Gourmont ne sera jamais dupe
·1
. t " M Remy e
. de
qu'i cont1en •
·
.
, thét"ciens. Son souci
1
, mplment nos es
/ des mots v~gues qu e
S . . Be ve . de fixer des valeurs
critique est celui-même de amte- u .
• . -. et il se trompe rarement.
prec1ses

. r

H. G.

LA

POÉSIE

ONDE par Paul Castiaux. (Mercure
LUM IÈ RES Du M
'
de France, 3 fr. 5o.)
•
On connaît avantageusement M. Paul Castiaux par SOII

NOTBS

721

second recueil de vers: la Joie P-agabonde. Celui-ci, Lumières du
M011tle est plus libre et plus personnel. Il est écrit en vers libres
presque toujours blancs, mais rythmés avec tant de diversité et
soutenus si à propos par de discrètes assonnances , quand le
rythme devient monotone ou défaillant, q-u'ils donnent à mon
oreille une satisfaction complète. Au fait, ce que j'ai pu reprocher à certains tenants du vers non rimé, ce n'est pas tant le
défaut d'assonnances ou de rimes dans leurs poèmes, que
l'absence voulue de compensations rythmiques et la coïncidence

j

désastreuse d: l'in~nor!té totale avec fa pauvreté ~éC::ni~ue

des coupes. Ici la vie résidé dans le rydu~e. Pourquoi 1exigerai-je par .surcroît dans l'écho wnore r -A peine reprocherais-

je à M. Paul Castiaux d'abuser quelquefois des touches séparées
et de .sacrifier la ligne générale du mouvement à !'.harmonie
partielle des strophes et même aussi, ce qui est plus grave, des
vers. Mais son livre possède tant d'autres qualit.és et il est si
précisément composé dans un esprit de "succession lyrique"
que le reproche doi; tomber. - M. Castiaux se pose ici résolument en po~te de sensations et d'images. On peut découvrir
un sens idéal dans l'économie de son livre ; mais il n'en aurait
pas, qu'il n'y perdrait pour ainsi dire rien. Il vaut par le
chant, par l'ivresse, par la justesse de l'impression pittoresque,
par la variété de la métaphore. Il peint le lumineux essaim des
souvenirs autour d'une ~me qui s'abandonne à son plaisir.
Voici le calme de la petite ville de province :

L'ombre est partout comme de l'ouate ;
Entre les murs et les hagts arbres
Passe, sournois et.froid, un liumide silesce,
Et l'on r,oudrait paifois &lt;pl une goutte de bruit
S'en rlint tomber, pour I' émouooir,
Sur l'eau malade de ce calme.
Voici, du haut de la colline, le pays autour de Florence où

u

�LA NOUVELLE RBVUE FRANÇAISE

722

•• •

fts calmts maisms hlandus
Sommeil/antes brebis
Paissent le reposoir w,dre du crlpuscult.

u11

L - ruuviflcondant l'encensoir.
c aroun
.,.
"

Voici la mer à Ploumanac'h'. le sirocco à Porquerolles... Et
voici simplement une harpe, qui

TenJ sa proue arrondie où hrillt un éclair d'or
lts gréements dt ses cordes..
Serait-ce A rgo t1oulant cingltr
yers ffutl trésor et sous ffutl ciel r ...

Âfltc

. a•
J•s .,'"ands
et beaux départs l,autai11s
...Je me souviens
·.
naflires,
fjuand
lts
t1otlures
0
Se gonflent, fécondées par lt fient a,nqureux,
Glissant fiers l'horizon, sous lt béant ~zur
At1ec transport, comme des lyres Jrémmantes.
.
Mais c'est dans la délicatesse
que M . Paul Castiauxt trollll
ea Ill
ses inflexions les plus personnelles. On go(1te souven ,
lisant
., 11• et nonckalant de la chanson
Le c arme neae
"
Fr8/ant
exfjuisement lt paresseux instant
D'un doux plumage hruissant.

••

petl!IO'
I l n'a plus à mon sens qu'à se débarrasser de quelq~esym

.
t du plus mauvais s
manies syntaxiques qui lui. _v1cnnen
.
e
comme
l'emploi
abusif
du
mot
en
11sm ,

( La t1ilk

l!N

72 3

CENDRES, par Edouard Ducoté (Occident).

Et le soleil descend et il emplit le ciel d'un encens d'or,

Comme

NOTIS

reposoir keureux de sieste)

•
de son métier et de son art et nous don
pour être maitre
des œuvres accomplies.

H. G.

Les vers d'Edouard Ducoté ont toujours été ceux d'un sage.
La forme en est toujours pure, simple et discrète, l'accent
lyrique modéré, l'esprit, l'intention calmement didactiques.
L'ode est moins son fait que l'épitre, l'élégie amoureuse, la
fable. En ce sens, il descend directement de nos poètes classiques. II n'a guère participé en fait au mouvement symboliste.
Il a trouvé dans le vers libre moderne une sorte d'abandon et
certaine musique qui rajeunissent le vers libre ancien, et sans
trop quitter celui-ci, il a su profiter des conquêtes de celui-là.
Son dernier recueil est peut-être, à mon sens, le meilleur de tous.
Cette attitude de noble résignation en face des biens et des
maux de la Yie que résument ses nouveaux Yers, n'est pas neuve
pour lui ; elle a pris simplement plus d'assiette, plus de poids,
plus de maturité; elle est plus légitime à l'été de l'age qu'à son
printemps ; elle est beaucoup plus émouvante ; elle sait mieux
se ramasser. C'est dire qu'aux grands poèmes dialogués la
Nm,,/k Épouse et la Mort d'Héraclts, même au joli récit de
Pt1t1&lt;°'4 où M. Ducoté nous rappelle qu'il sait conter, je
préfùe les courtes pièces où il exprime directement la précoce sagesse de ses quarante ans. N'y cherchez pas d'images
imprmcs, de sensations singulières, de hardiesses ni de fureurs.
Le dépouillement est total ; il ne faut pas plus de métaphores à
Ducoté que n'en eut besoin Moréas; il ne lui faut même pas
cette tension oratoire qui donne aux Stanus leur force dure. Une
main qui se tend, une ceinture qui se dénoue, la simple retombée
d'DD geste humain... A défaut d'un poème qu'il faudrait citer
en entier, voici une pure épigramme sur l'automne :

La tristesse de l'automne
N'a plus pour moi dt douceur :
Q114114 ks hois st découronnent
Jt sais trop hien f/lll j'en meurs.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Et à celle-là répond œlle-ci ;

NOTIS

L'ombre élèt1e un pa,:fum de tilleul et de fraise,
Mltonymie, antonomase, catadzrese,
Et &lt;'m sur ses stcrets que je me penche. Elle est
Sn, la tonnelle, une tulipe au bracelet
Et
un brin de buis plein de sèves amères.
Et Je la -cois sourire aux marges des grammaires.

Seras-tu, cœur trop sensible,
A la mtrci des saisons l
Réserr;e-œi, brmne cibk ;
Il est d'autres trahisons.
L'amour, l'art et l'amitié
Te blessmmt sans pitié ;
Et,fol, tu tt mets en deuil
Pour peu que tombent les feuilles.

"!°'d

Go6tez maintenant cette petite allégorie :
Mon esplrance était tombée
Sur le dos comme qn rcarable .••

C'est le même homme qui, penché sur les yeux de son jeune

Mais tu parus sur le chemin
Rieuse une ombrelle à la main.

enfant, s'écrie:

Tu m'es étranger déjà
Ainsi que les autres lwmmes.
Mon fils, tu n'es que cela:
'fout le reste je l'ignore.

Tu retournas l'insecte .fr2/e
Âr;ec la pointe de l'ombrelle.

Cet homme souffre et ne cache point qu'il souffre, et pour
exprimer sa douleur choisit le plus humble langage. En ce
temps de virtuoses et d'équilibristes, voilà qui sonne humain
et franc.

H.G.

Et soudain l'insecte au delà
Des soleils calmes, s'enr;o/a.
Mon esplrance !tait œmbée
Sur le dos comme un scarabée ...

Faites chanter aussi cc joli rythme :
A

LA FLUTE FLEURIE, par Tristan Der2f!'l, (Collectioa
des Cinq).
Le Poème de la Pipe et de l' Escargot annonçait la f/btt f/nril.
Mais il n'e&lt;u pas suffi à nous faire présager de qudle abondance,
de quelle variété la veine ironique et lyrique de M. D ~
était capable. Ce poète facile est un poète charmant. ll 6c:rit
des épitres comme Boileau, mais avec la _plu_s cocasse impertl·
nence et la plus folle imagination. C'est une sorte de Jammes
qui accepterait ·une fois pour toutes d'être plaisant, de n'être
qu'un adroit artiste et qui reculerait délibérément les bornet
jusqu'ici permises de la fantaisie littéraire. Exemple :

Dans le calme; la bar11ue se balance
comme un fiers que je dis;
Dors mon amour, aux t1agues de silence
des go!fes attiédis.

don~~~ vous~ure:r. idée des ressources de métier et de sentiment

se m~S::r ..

_Derlême. Mais il n'a pas besoin pour plaire et
t"fi ces comiques
·
dign d R ongma • d'user d' 3.!...!_
tout au plus
es e ostand et · , ·
.tique de sa poésie : qui n ajoutent nen â l'humour authen-

Ce~i qui partira. loin de la flille, QU'IL LB
ou non, pleurera ton flisage tranquille.

flt#Îl/e

�LA NOUVELLE REVUE FRANCrAISE

11 a assez d'esprit inné pour n'en pas chercher dans le jeu
des rimes. Depuis Banville, nous avons eu Mendes hélas ! et
Bergerat, les Rostand pere et fils... - ce sont des souvenin
pénibles qu'il ne peut étre avantageux a M. Deréme de réveiller.

H. G.

•• •
L'ÁME DU PURGATOIRE, par Pierre Nothomb (Lamertin,
Bruxelles).
J'ai parlé élogieusement ici, l'autre année, d'un poeme de
M. Pierre Nothomb. L'Ame du Purgatoire confirme l'impression
que m'avait donnée Notre-Dame du Matin er je répéterais a son
propos les memes choses. Blancheur, candeur, musique ; un
sens exquis de l'immatériel, de plus en plus voisin de celui que
nous admirons chez Van Lerberghe ... Je transcrirai l'ascension
vers la Lumiere de l'ame délivrée de ses tortures purificatrices.

tiOTIS

Je suis une ltin,elie
Dan, la clartl.
Je reconnais des f!Ífage1,
J'entend1 dts moti wrtigineux,
Je ne 1aiJ plu1, mon Dieu, mon Dieu !
Je 1uis fait de soujfle et de fiu ..•
Et je sens r¡ue tout en moi change
Et r¡111 je m'a.ffranchi1 des formes et du temps
Et r¡ue dans un instant
Cet ange
Qui m'emporte a traflers le grand cíe/ lclatant,
Ya ouf!rir ses deux bras dans l'espace supreme
Et r¡ue de mon propre llan
Je f!ais aller léger, tremblant,
"Yiflre en Dieu meme ".

H. G.

JI bondit !
JI est la ! il tst ,omme un édair !
Et sur lamer

Son ombre de fau mplendit :
Jl déchire le ,iel
D'un f!OÍ surnalurel,
JI ment a moi tout droit,
JI est la Joie !

Je ne respire plus,
JI m'enlefle

Je ne flOÍs plus, je n'entends plus, je ne sais plu, !
Je suis atome dans Je refle,
Je suis un cri dans J'in,onnu !
Je flois battre des ailes,
J'entendJ ,hanter,

LE ROMAN
L'ENQUtTE, par Pirrre Hamp (Editions de la Nouvelle
RCVlle fran?ise, 3 fr. 50).

Ceux qui pensaient etre descendus, avec les romans de Zola,
au ca:ur meme de la vie ouvriere, ceux-la seront assez surpris,
OUYrant un l_ivre de Pierre Hamp, de constater la distance qui
tépare le pomt de vue d'un bourgeois, et1t-il !'esprit ouvert et
la sympathie éveillée, du point de vue d'un homme qui a vécu
de la vie
· ouvr1cre.
·1
L'un voit du dehors l'autre du dedans • et
'
'
11. 1
e premier, ayant l'reil plus frais, peut conserver l'avantage
tant qu'il s'ag1't de sa1S1r
· · ¡e plttoresque
·
de la vi.e populaire,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISl!

NOTES

Le style de l' Enqtdte est de la même veine, sobre et forte, que
celui de Marit fra2ck ou de Yin dt Champagne. On avait pu
•'inquiéter de voir, dans le Rail, un excessif souci de concision
violenter les phrases, les tronquer, les écraser l'une dans l'autre.
Ce livre était mal accueillant, hérissé à plaisir; il fallait relire
deu fois des passages qui n'impliquaient en eux-mêmes aucune
difficulté d'intelligence. Avec l'En{uate on est de nouveau dans
la clarté, aussi loia des concessions au désir de plaire, que des
sacrifices au maniérisme de la sauvagerie.

l'autre seul a le droit d'ouvrir la bouche s'il s'agit d'en atteindre
l'Ame.

Ce qui perd ceux qui pourraient valablement nous parler de
la "peine des hommes", c'est d'abord qu'ils n'ont pas eu le
loisir de se créer un outil littér,aire à la mesure de ce qu'ils
ont à dire; c'est, ensuite et surtout, que les problèmes et les
' conflits qu'ils étudient pèsent sur eux trop directement, trop
brutalement, leur causent trop êl'angoisse et d'indignation.
Leur voix tremble. Ils croiènt décrire, alors qu'ils plaident ; ils
croient fournir des documents, alors qu'ils n'apportent que
thèses et pamphlets. Non qu'il faille faire l'injure à Pierre Hamp
de lui attribuer un sang-froid inhumain ; il est aussi passionné,
aussi révolté qu'on l'attend de lui, mais il tient tête à sa passion.
_
Il sait qu'il y a un temps pour juger, un autre pour combattre
et qu'une plume n'est pas un gant de boxe. Il n'est enrôlé dans
aucun parti, ne reçoit aucun mot d'ordre et ne doit à personne
de ménagements. Aussi le suit-on avec confiance. Si, dans la
peinture des milieux bourgeois, son coup d'œil manque quelquefois de subtilité, ce n'est qu'en ce qui concerne les habitudes et
les mœurs ou, si l'~n veut, l'histoire intérieure de cette classe;
mais l'histoire extérieure, œlle des· conflits du travail, il la
connaît parfaitement. Il la.connaît indépendamment des théories,
par la fréquentation des hommes, de leurs maiso~s et d: l_eun
chantiers. Impartialité en face des deux camps et 1mpart1ahté à
l'égard de la vi~. Quelque noirs que soient les aspects qu'il no~
en retrace, il le fait sans esprit de dénigrement. Quelle que soit
la déchéance humaine, jamais elle n'arrachera à Pierre Hamp
un aveu de découragement; et ~•est la beauté de son livre que
de respirer une foi si robuste malgré si peu d'illusions.
Sous prétexte d'une enquête sur les dépenses alimentaires des
familles ouvrières, Pierre Hamp parcourt usines et taudis, et
~ns ralentir ni refroidir un récit qui reste sans cesse émouvan~
il l'étaie de chiffres et de documents. Ce n'est ni du roman nt
de l'économie politique. C'est le .pathétique vrai du travail.

J. S.
LE THÉATRE

MIGUEL MANARA, mystère en six tableaux par
0.-H'. Milosz (Représentation du Théâtre Idéaliste).
Une courageuse petite troupe, désireuse de monter des chefsd'œuvre, mais dépourvue de ressources, a eu la paradoxale et
heure~ idée d'offi-ir des spectacles gratuits. Donnant l'exemple
du dé11utéressement, elle a su l'encourager autour d'elle, et
chacun sait qu'avec un tel levier on déplace des montagnes. Le
'r~tre Idéaliste qui a déjà trouvé moyen de monter du
Gr1ffin et du Jammes, vient de: représenter Miguel Mafiara de
0.-W. Milosz. On se rappelle cette œuvre noble et passionnée
qui parut ici même en 1912.
..

~uand on songe aux difficultés que représente la mise au
point d'un pareil ouvrage dans un théâtre régulier, avec une
troupe entrainée et qu'aucun autre souci ne distrait on admire
,
'
qn avec des moyens de fortune on arrive à en réaliser même
une ébauche. La représentation du Théâtre Idéaliste n'est pas
davantage, mais pas moins
· non pus.
1 On y a pressenti. quelle

�73°

LA NOUVELLE REVUE FRAN~AISE

NOTES

figure pourrait faire :l. la scene cette ceuvre ipre et sévere dont
la chaleur et l'éclat semblent s'échapper par les déchirures d'un
cceur tourmenté.
,,
M. Milosz a raison de nommer " tableaux" et non " actcs
les six grandes scenes qui composent son mystere, vu que
.é
t l' " action" en est absente. Ce sont six points de
préc1s men
.
a1·
repere dans une vie accidentée, six étapes, s1x courts P iers.
Point de mouvement ni de crise dans le courant d'une de ces
scenes. L'attaque en est forte, dramatique et s~rprenante; la
suite du tableau ne fait que développer ces p~em1ers,_acco~ds. Et
ce n'est pas !:l. un reproche, car il semble bien qu ¡J so1t dans
··
!'esprit du "mystere "' par oppos1t1on
au "drame" ' de ne
traiter des sentiments que dans leur généralité, sans entrer dan~
ces nuances particulieres ni dans ce détail .de circonstances qui
appartiennent aux conflits purement humams.
Si Miguel Mafiara représente la légende originaire ou plut~t
le récit historique d'ou est sortie la légende de Don Juan, il
faut avouer que la matiere en est riche et belle, et que la
tradition a eu grand tort d'en laisser tomber la plus grande
partie. L'aventure de ce débauch~ qui s'éprend. d'une tou~e
jeune filie, l'épouse, la perd pr~5'.lue aussitót et :u1 de désespoll'
se jette dans la pénitence rehg1euse, portant 1 outrance d~ la
vertu aussi loin qu'il avait poussé l'exces des sens, ~e ré~1t
quelque chose de logique, une vérit~ profonde qui sat1sfa1t
pleinement !'esprit - mieux que ne fa1t le gouffre_ de fla~mes
\
ou ne sachant comment se débarrasser de son admirable hbcrtin, Moliere prend le partí de le précipiter.
La l~ue de M. Milosz a de la force, de la générosité, de
l'accent. Ces six tableaux sont pathétiques et l'on y s~nt, ce
qui est si rare un don de poésie, non verbale, non suraJOUt~
. p1
• ·11·1e d u' cceur méme des personnages, jaillie de la vér1té
1ma1s
le
des sentiments et non du commentaire qui les entoure. Tel
récit de la petite Girolama :l. Miguel amoureux, telle encore
l'exhortation de l'abbé au débauché pénitent. ll y a la de la

73 I

grandeur et de l'émotion. Souhaitons de voir Miguel Mafiara
sur la sctne du Vieux Colombier.

J. s.

•••
LES PORTES DE MADAME SARAH-BERNHARDT.
Madame Sarah-Bemhardt est enfin décorée. Elle avait mérité
d'obtenir plus tót cette distinction. C'est, comme on dit, une
tr~ "grande artiste ". - Or "ses poetes " résolurent de la
f!ter : les poetes sont reconnaissants. L'apothéose eut lieu
l'Université des Annales. La, on les vit défiler en bon ordre sur
une scéne préparée, puis se grouper "en un superbe ensemble"
autour de leur "géniale interprete". On lut des vers, toutes sortes
de vers, ni plus ni moins mauvais que vers de circonstance.
M. Edmond Rostand, ayant composé une fois pour toutes, en
une occasion précédente, le sonnet d'hommage définitif, s'avisa
d'en distribuer les quatorze vers, voire les vingt-huit hémistiches,
:l. une troupe d'interpretes chargés de symboliser les différentes
" créations" qui firent la gloire de Mme Sarah ; il y joignit
méme un chceur, un chceur de voix simultanées, qui déclamaient
le m~e vers :l. l'unisson. Au dernier vers, Hamlet s'inclinait
vers la tragédienne et déposait le baiser de Shakespeare " aux
bagues de ses doigts ". - C'eClt été fort bien, sans Shakespeare.
Shakcspearc ne sernble pas :l. sa place, ni :l. son aise entre
MM. Rostand et Jean Aicard, entre MM. Augustc Dorchain
et Miguel ZamacoYs ! Vrairnent ces messieurs eurent tort de le
prier acettc fetc. Quand il parut, on sentit toute leur misere,
toutc la misere de la poésie qu'a scrvie Madame Sarah. ~es, elle a droit a toute la reconnaissance de MM. Rostand,
Aicard, Dorchain et Zamacois. Elle les a tirés de l'ombre. Elle
1
tn:été ~n talent, son génie :l. leurs médiocres productions.
Mars qu a-t-clle fait pour Shakespeare ? Elle a joué Hamltt ;
c'cst tout ; et moins, je le crains bien, par dévotion shakespea

a

.ª

1

�NOTES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

73 2

rienne que par amour du travesti. Au cours de sa longue
carrière elle a obstinément ignoré Desdémone, Juliette,
Cordélia. De même, à peine a-t-elle joué Racine .•. Et cette
"princesse du geste", n'aura pas fait l'aumône d'un seul de
ses gestes aux tragiques grecs ! Elle a vécu au tem~ d'Ibsen et
s'est éprise &lt;le Sudermann et de Sardou... Oui ! plus
j'admire son talent, plus je me sens prêt à lui rendre hommage,
plus je mesùre l'étendue de son prestige sur le public du monde
entier, - plus je me sens impitoyable, lorsque je considère
l'emploi qu'elle en a fait. Etant tout à fait libre d'imposer
au monde la poésie la plus pure, la littérature la plus haute,
elle a attelé à son char quelques faiseurs de mélodrame et q uclq ues
poètes disgraciés, qui certes ne la valàicnt pas, mais sur lesquels
elle pouvait dominer encore ... Son souvenir restera lié étroitement à celui de Sardou, de Rostand, de Mendès - et ce sera
la vengeance de Shakespeare.

H.G.

LES EXPOSITIONS

PETITES EXPOSITIONS: CH. CAMOIN (chezDruet);
L'ART DÉCORATIF (chez Manzi); PICASSO (à la Peau
de l'Ours).
On peint trop, on expose trop ; les salons n'y suffisent pas.
Nous renonçons à rendre compte des incessantes marufestationa
de nos peintres. Ils sont en train de devenir les journalistes du
pinceau. Laissons les faire. - Nous nous contenterons de noter
au passage l'émotion neuve ou ravivée que tel ou tel tableau
saura nous procurer encore et de le signaler ici.

733

On dispena, le mois dernier, aux enchères publiques une
collection singulière, dite
de la Peau de l'Ours • On n ,.imagine
' ·
.
~ en~mble plus disparate, plus évidemment inégal. J'en
~1terai la nomenclature fastidieuse. Des noms connus aimés
.. . . .
'
'
y vomncraicnt IDJUStement avec d'autres noms qui jouissent à
mon sens d'une célébrité indue. Personne n'y est très. bie
n
rc~ré s
nt_es1éce, 'n_,est Picasso. Et c'e~t l'occasion de déplorer
qu un pemtre aussi doué, dont on retrouve avec tant de plaisir
apr~ des années les premiers ouvrages et dont la manière
anc1~ne m_e sembl~ aller ~ers une solide consécration, adoptant
la fohe du JOU~, peigne aujourd'hui - . si on peut dire peindre
:-- avec des timbre-poste, des enveloppes et des en-tête de
JO~UX ! L'homme qui a cerné d'un trait un peu dur mais
hardi et ferme, ses curieuses silhouettes de baladins et in~od 't
da
. d'
. .
UI
ns ~ essais_ ~co~atifs Je ne sais quelle spiritualité troublante
d?nt~e ne vois -l exemple nulle part ailleurs, et pas mêm,; l'ind1cat'.on, ~onsentant, aujourd'hui aux excentricités niaises .du
futunsme • quelle dechéance ! quelle misère ! Au milieu d
novato~rs d'hier, sa personnalité domine - et il renonce c~
celle-a. Passons.
Ca mom
. n,est pas Marquet. Son trait a moins de décision et
ses valeurs mo,ms
· d C Justesse:.
·
Mais dans le grand nombre
études exposees à la galerie Druet, quelques unes, - des
~ar~ucs sur l'eau trouble d'un port - marquent une vigueur
h~c::c. ~mme beaucoup do ses émules, il's'en remet trop au
qui n'est pas l'inspiration.
d La ~ouche de Vuillard peut sembler hasardeuse. Non. Ou
u moms la collaboration du hasard il la limito à l'exéc t'
des dé ·1 Le
'
u 10n
. ta1 s.
~asard de la main raffine sur l'effet d'ensemble
quit est. volontairement obtenu. La grande décoration qu'on
ieu 1vo~-~hcz Manzi est le morceau le plus diapré, le plus un
Pus 1 re que nous connaissions de cc peintre L'obiet es;
partout
.
. respect'
.
e et cependant le pemtre
n'abdique · nulleJ part
P
ap1cr pemt, d'ira-t-on. 5o·it: nous avons le papier peint comme·

a•

�734

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

les anciens avaient la frCl&lt;Jue.- Des Degas magistraux, de toutes
les époques, deux Roussel complets, absolus_'. où a~cun_e forme
n'est esquivée - c'est chose rare - où l 1mprov1satom garde
pourtant sa fleur ; de lyriques Monet qui, par la fau~e des
empâtements, vieillissent mal, il faut le dire ; des dessms d~
Toulouse-Lautrec... voilà les merveilles nouvelles que M. Manz1
nous découvre. Puvis veille sur la grande salle avec les cartons
un peu froids de la décoration de Boston. Mais quelle grandeur
sous l'académisme hérité, dans le camaîeu à l'huile de son
Pégase ! Et je voudrais que les jeunes peintres d'aujourd'hu~
en quête du trait incorrect qui serait la mar_que visible de l~ur
1
génie, vinssent prendre une leçon de modestie_ devant I_ esquisse
à la gouache de l' Inspiration Chrétienne'. c,elu1-la trava1ll~ po~
lui ; il n'a pas souci d' " épater " ; m d épater le pub~1c '. nt
de s'épater lui-même. Son esquisse r un ouv~~ de bon ecohe~,
on y sent une naïveté qui sait oublier la sc1,ence. - Un d~1n
de Rodin semble toujours un dessin d homme de gerue.
Homme de génie, Rodin l'est, mais aussi veut l'être. Puvis le
sera, mais sans le vouloir. Voilà la nuance. Et quant à DOi
plus jeunes peintres, ils veulent l'être, ils feignent de l'être, et
ne le sont en aucune façon.
1

H.G.

NOTES

735

piété et un rare bonheur le rythme, les images, les paroles de
Claudel. Mais quoique le consentement de l'auteur nous en ôte
presque le droit, nous ne pouvons nous empêcher de protester
contre les transformations qu'a subies !'Annonce faite à Marie
Non que nous voyions dans le changement de Pierre dè
Craon en Peter von Ulm, et du royaume délivré en un vague
empire germanique, autre chose qu'un hommage : Cette
annexion témoigne d'une certaine admiration nietzschéenne
pour l'individualisme aristocratique du XVIIe siècle français et
la violence que faisaient aux anciens Corneille ou Racine. Mais
la transposition gâte par ailleurs l'œuvre française. Il est dans
le drame de Claudel des choses qu'on ne peut rendre, d'autres
qu'~n ne peut supprimer. Que signifie "Warurn quakt {1) denn
mein Herzchen 1 Warum quakt denn mein Schatzchen 1"
auprès du " Quoi qu'i gnia, ma joie r Quoi qu'i gnia mon
.
trésor 1"dont Mara accueille
la résurrection de son 'enfant
(devenue en allemand Obane ! !) ? Et dans la bouche des petits
paysans:

Josef, lieber Josef mein
au lieu de

Marguerite de Paris!
Prhe-moi tes souliers gris !
Pour aller en paradis !
Non seulement l'allemand est impuissant - comme le français
à donner ce qui n'est que de
notre race et en particulier le parler où les gens de l'Est mêlent
à leur rudesse un accent si tendre ; mais il est un autre accent
de !'Ame celui-là, qui va se perdant à Hellerau.
,

le serait pour le Volkslied -

LETTRES ALLEMANDES

VERKUNDIGUNG (L'Annonce faite à Marie), par P4/J
Claudel. Traduction de Jakob Hegner (Hellerauer Verlag).
Il con,-iendrait, si l'on n'envisageait que le détail d e : ~
sion, de louer M. Hegner. Il a rendu avec une int igenUI

,. Je n'avais jamais si bien senti que dans le drame de

Claudel

1im~rtance de l'atmosphère et ce lien mystérieux dont nos
~1nces so~t l'.ées à leur terre, à leur soleil, à leurs moissons.
Il n est pas mddférent au progrès de l'action que celle-ci se

passe à Salhof ou à Combernon, qu'Anne Vercors parte du

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

royaume où " tout est ému et dérangé de sa place", où il n'y
a plus de roi, plus que

deux enfants.
L'un, I' Anglais, d4fls son Ue
Et J'autre, si petit qu'on ne k r1oit plus, entre les roseaux de '4

Loire.
ou bien qu'il évoque à son départ l'aigle germanique
.
. et les
.
brigands noirs du Rhin. Andreas Gradherz peu~ lui aussi te~tr
son fief de Saint Remy de Reims et de Geneviève de Pans :
son imc ne saurait être celle d'un Vcrcors. La Souabe a sa
craie ses cathédrales ; leurs cloches ne sonnent pas comme à
ReiU:s. Faute cFavoir entendu le carillon de Monsanvie1?e la
Violaine allemande n'est plus Violaine. "Violane" redit la
paroles de l'héroïne lorraine, mais elles ~•ont pas de sens dam
la bouche de celle qui n'a entendu au heu du nom de Jeanne
d'Arc que celui de Hans, Hans à la peau de mouton, dont le
peuple se gausse, "votre Hans, la m_ère, qui conduit ~:empereiu
Charlemagne au sacre, avec son casque et son Mton.

F. B.

DIVERS

UN " INSTITUT DE CULTURE FRANÇAISE" A
BRUXELLES.

Il faut que nous sachions qu'on lutte passionném~nt poar
noùs au delà de nos frontières. Le péril le plus grand qui menace
notre langue et notre culture est, après le germanisme dans ICI
pays annexés, Je flamingantisme dans les pays ~elges. ~ ~
même façon que la Rer1ue Als11Cienne, que les Cahiers A/s«UIS

NOTES

737

Strasbourg, l'Institut de Culture Franfaise qui vient de se fonder à
Bruzelles, se dévoue à notre génie. Il se dresse expressément
contre la routine et les tendances flamingantes de l'enseignement officiel. Mlle Marie Closset que nos lecteurs connaissent
bien sous le nom du charmant poète Jean Dominique, a été
l'instigatrice, on peut dire la fondatrice de l'Institut. Son dessein
est d'imprimer dans l'esprit des jeunes filles et des jeunes femmes
qui seront appelées à instruire les nouvelles générations, le souci
de la plus haute liberté intellectuelle. Dans sa leçon inaugurale
elle définit ainsi ce qu'elle attend de son public. " La dignité
consiste à ne pas se leurrer, à ne jamais tromper les autres.
Vous ne vous tromperez pas vous-mêmes, c'est à dire que vous
vous respecterez, si ayant sincèrement reconnu votre ignorance,
vous vous appliquez sérieusement et quotidiennement à en diminuer l'étendue... J'attends que, dès ce moment, vous vous
sentiez entre ses murs, comme obligées par le titre d'élèves de
l'l,rstitut de Culture Françaùe, à découvrir chaque jour dans votre
esprit de nouvelles occasions d'admirer, de nouvelles et impérieuses nécessités de comprendre... " Tu ne jugeras point. " La
sollicitation des examens et des dip16mes, le raccourci des
~rogrammes_ d'une part, et, d'autre part, le point de vue pratiq~e exclusivement utilitaire sous lequel on envisage volontiers
la vie, ont incliné les je~mes gens à une sorte de rapidité désinvol~e. dans l'énoncé de leurs jugements critiques et d'arrogance
positive dans les questions même le~ plus éloignées de leur
compétence. Trancher de tout a toujours été synonyme de ne
savoir rien de rien. Chercher à s'éclairer sur toutes choses ·au
.
'
contraire et se reconnaître, devant la plupart, incapable de faire
figure,. sinon de spectateur et d' " enquêreur " comme dit
M~ntai_gne : voilà la marque d'un esprit conscient de soi-même
qui déjà a fructifié sur quelque point. " Mll• Marie Closset
~~e de ses élèves tout de suite et tous les jours, "un acte
1
~ petit et invisible soit-il, à la glorification d'une idée pou;
l'amour dé·sm,téressé d'une idée, " une séparation volontaire
'

13

�LES REVUES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

d'avec ce qui est médiocre", conditions essentielles d'un ensci.
gnement suirérieur: Voilà de nobles et fermes paroles ; voilà la
belle attitude de l'intellectuel français. Dans le rapport, pr6senté au congrès de Gand par M 11• Closset, sur " la culture
française dans l'éducation féminine, n~us lisons encore :, "
langue française devrait être en Belgique la base de 1 enset.gnement général. Cela est d'autant plus importan~
let
femmes que leur programme scolaire excluant le latin, etude
continuelle et approfondie du français peut seule devenir pour
elles l'instrument de cette logique, de ce clair enchatnemcnt
des idées, de cette faculté de détacher l'essentiel du détail qui
ne nous est point innée et que. nous avons, en raison de notre
nature, tant de peine à acquérir ... La connaissance de la langte
française et des chefs-d 1œuvre écrits dans cette langue est poat
notre pays l'instrument de la véritable libération de l'i~telligene$
et de son développement. " Et parlant enfin de la nat10n bell'I,
Mil• Closset déplore d'y voir " alliée à tant de beaux et pu•
sants instincts, une si arrogante vanité de l'intelligence", quanil
elle refuse " par obstination et vantardise, de boire à la coapc
toute proche que lui tend la plus généreuse de ses sœun. "

1:'

po:!~

H. G.

739

dentale); Henri Gans; A.-J. Gonon; Charles Henrion;
}.f!Pe Hillel-Erlanger ; MM. Paul Istel ; Keller ; René Kieffer ;

Per Lamm et Ce; Jules Laroche; Jean Lœw; Maurice
Maeterlinck; M"' 8 Matsa; MM. J. Maurice; A. Messein
(2 ex.); O. W. Milosz; Léo H. Myers, Londres; D• Philippe
Nec!; J. Parnin; P.-P. Plan; Joseph Reinach; A.-C. Salomon;
Maurice de Schlumberger, Scribner's sons, New-York; Erich
Steinthal, Berlin ; Charles Vandeputte, Bruxelles; Dr G.
Vitoux; Mmea Eva Wollmann, Berlin, J. Wilmart-Urban,
Bruxelles.

Les souscriptions sont reçues à Paris : chez l'imprimeur
Pichon, 21, boulevard de Sébastopol ; à la Nouvelle kertue Fran(llÏst, 35, rue Madame, et au Mercure de France, z6, rue de
Condé.
Le tirage est achevé ; on peut le voir chez M. Pichon.
L'ouvrage broché sera livré aux souscripteurs dans quelques
jours.

A la page 499 (ligne 7) de notre dernier numéro, dans la
aote consacrée par Paul Claudel à Wolf Dohrn, au lieu de:

ÎllcMJrttnabk, il faut lire : incrmcertable.

•••
TROISIÈME LISTE DE souscRIPTEURs à l'édition monumenta
d'Unt Saison en Enfer par Arthur Rimbaud.

LES REVYES

Exemplaires sur Japon impérial à H&gt;O francs: MM: Gabriele
d' Annunzio ; Brentano's ; Henri Church ; The Times

Book

REVUES FRANÇAJSES :

Club, Londres.

Exemplaires 1ur vergé à la ,uve Yan Gelder-ZfJ1le~ à So fr_111,1:
MM. Asher et CI•, Berlin (:z ex.) ; M•U~ Germame Aud1net;

MM. André Bertaut ; René Boylesve ; Ernest de Crauzat •
Henri Delorme! ; A. Dragon ; Dominique Durandy ; J~
Duriau, Santos (B~ésil) ; E. Fouque, Sedhiou (Afrique

oca-

La REVUE BuuE du 7 mars publie quelques Lettm Jn!t/ites
de Montesquieu, qui sont d'un tour charmant et d'une profondeur aisée. Il écrit à Jean-Jacques Bel, en date du 29 septembre
17z6, à propos d'un ouvrage de l'abbé Dubos :

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Vous me demandez de vous expliquer mon sentiment, voici ma
première idée : je prendrais un système moyen, et je crois que l'on
juge par sentiment et par discussion. Deux critiques ont une mesure
égale d'esprit, celui qui a le plus de sentiment et de goilt est le plua
fia. Dans un même ouvrage, il y a des choses qui sont du reseort
de l'un, il y en a qui sont du ressort de l'autre. Ce n'est pas par la.
discussion que vous jugez de bien des beautés de Théocrite, 4c
Virgile, d'Ovide. M . l'abbé Dubos a tort - et vous l'avez biea
remarqué - de distinguer les manières de juger par de certainCII
classes d'hommes ou professions. Un savant, un poète, un orateur,
un homme du monde ne sont de bons ni de mauvais critiquef,
comme un roi n'est ni heureux ni malheureux, et une femme de
qualité n'est ni belle ni laide.
L'expérience est contre l'abbé Dubos. Le sort des ouvra,d'esprit n'est guère fixé que par les gens du métier, qui ont de li
discussion et, outre cela, du sentiment. Ces gens-là touchent, poar
ainsi dire, la corde .dès organes des gens du monde et les avertiaentf;
on voit cela bien clair dans les chansons de la Comédie.
Les gens du monde jugent ordinairement mal ; c'est qu'il• Dt
prennent aucun intérêt aux choses dont ils jugent, n'allant point•
théâtre pour écouter et ne lisant point pour s'instruire. On peot
les partager en deux classes de gens, qui n'osent hasarder ie.
suffrage, ou qui Je hasardent témérairement ... Je barbouille 4'
papier et j'écris sur une chose qui demande beaucoup de réflexiollll
Quelle stireté et quelle modestie !

LE TEMPS du 26 février contenait d'admirables page(
extraites d'une conférence prononcée par Rudyard Kipling l
la Société royale de géographie de Londres. Ce grand voyagear
y traite, en particulier "le sujet illimité, le sujet fascinant del
odeurs dans leurs rapports avec le voyageur". Il faut citer:
Avez-vous remarqué que partout où quelques voyageurs se 1~
vent réunis, l'un deux ne manque jamais de dire : "Vous souv~1
vous de l'odeur qui régnait à tel ou tel endroit ? " Puis il se JlC"'

LIS REVUES

741

que, poursuivant son discours, il se mette

a parler

du chameau -

du pur chameau - dont l'odeur est si profondément évocatrice de
l•Arabie, ou de l'odeur d'œufs pourris de Hitt sur !'Euphrate où
Noé ee procura le goudron destiné à l'arche ; ou encore de l'odeur
dégagée par le poisson qu'on fait sécher à Burma.
Alon, chacun se met à se trémousser à la façon des chats se
roulant sur la valériane, et comme on dit dans les livres, la conversation devient générale.
Je crois, pour ma part, jusqu'à plus ample informé, qu'il existe
eeulement deux odeurs fondamentales capables de produire une
impression sur tous les êtres humains : l'odeur du combustible
en train de brtiler et l'odeur de la graisse fondante, c'est-à-dire ce
tur quoi l'homme fait cuire ses aliments et ce dans quoi il les fait
cuire.
Et plus loin :
Il existe une petite mixture de cinq notes qui vous bouleverse le
coeur : cheval, vieille sellerie, café, lard frit et tabac (qui va du
tabac en carotte à la cigarette enveloppée d'une feuille de mals} et
qui peut faire descendre un homme des camps élevés et secs des
Selkirks ou des camps humides de l'Orégon toujours plus bas, à
traven la poussière rouge et épicée ou la poussière blanche, à
t~vers les émanations parfumées de la sauge et le parfum poivré de
1euphorbe, plus bas jusqu'au sud torride où fiotte une odeur de
chèvre, où il laissera les haricots frits, l'encens et l'abominable
odeur cuivrée de la pulqur, arrivera aux rivages couverts d'une
végétation désolée de manglièrs avec les odeurs fétides de la fièvre
jaune jusqu'à ce qu'il laisse son cheval sur le rivage et que les
tropiques rafraîchissent son cœur avec la rape ~ine de l'odeur du
corail brtilé de soleil et celle du poisson séché.

• ••
Lu dans la LIBERTÉ du samedi 14 mars (compte-rendu d'une
conférence sur Vigny prononcée au Foyer par M . J ean Aicard).

de li s:amuse_ à proposer une énigme à son auditoire,
qui, de Vigny ou de Hugo, sont ces douze v.ers :

a lui demander

�742

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

La ttrrt ltait riar,te tt dans sa fi,ur prttnièrt :
Lt jour a'Vait encor ctltt mAmt lumièrt
Qui du citl tmbtlli couronna les hauteurs
QJJand Dieu la fit tomber dt m doigts crlatturs•••
Rien n'a'Vait dar1s sa formt a/tiré la naturt
Tout sui'Vait sa loi Jouet et son premier penchant.••
La pritrt semblait à la clartl mé/11 ;
Et sur ctftt natur, 1ncor1 immacu/lt
Qui du 'Vtrbt lten11/ a'Vait gardl r accent,
Sttr ce ,nondt clltstt, anglliqut, inn,ctnt,
Le matin, murmurant un, sainte parolt,
Souriait, - et I'aurore /tait ur,e aurlolt•••

LES REVUES

Mais n'y a-t-il qu'un maître du style et qu'un style? multiplicité du style français nous répond.

Et la btautl du mondt atttstait son enfance,
Et rim n'/tait petit quoique tout fût enfant ?

" Le premier vers est d'Alfred de Vigny et le second de Victor
Hugo. Seulement le premier est de 1823 ; le second de ces ven Cil
dans La Llgendt du sitclts, première série, publiée en 18 59. "
Voilà donc les jeux poétiques de ce poète !

,

• •
Dans l'ÜPINION du 14 févrie,r M. André du Fresnois parle
de Flaubert à seiu am - et il prêche contre la contrainte :
Son talent est fait en grande putie de contrainte : il en est de
même de son style. La preuve est éclatante désormais - elle l'a éti
du jour où ton a commencé du publier ses inédits - de la fécondité de Flaubert. Livré à sa verve, l'homme qui s'est peint lui-m~me,
auant et geignant sur les phrases, écrivait d'abondance : il a apprit
à écrire difficilement. On lui fait gçnéralement un mérite de cett.e

La

•••

,I

Eh bien ! les six premiel'I sont de Viiny (Le Dllugt) et Ica aiir
derniers de Hugo (Le Sacre de la Femmt).
"Et maintenant, a continué M. Jean Aicard, à qui attribueron1
nous le distique suivant :

743

diacipline. Certains critiques, cependant, en indiquent les inconYénients. La phrase de Flaubert manque d'aisance et de souplesse .
elle entrave les libces mouvements de la vie ; elle crée la monotonie~
Je n'ai pu entendu la conférence où M. Pierre Lasserre a traité du
style de Renan, mais je me range à son avis, s'il a dit que le grand
maitre en l'art d'écrire ce n'est pas Flaubert, mais Renan.

M!MP.NTO:

- Les Cahiers d'Aujourd'hui (Décembre) : "Dostoievslcy"
par Néel Doff; "Colette", par Régis Gignoux.
- La Rer,ue de Paris ( 15 Février) : La suite du remarquable
essai de M. Léon Blum sur "Stendhal", dont nous aurçms
l'occasion de reparler.

- Le Mercure de France (15 Mars) : "Toulop et la flotte",
par Maurice de Faramond.
- S. I. M. (1"' Mars):" Quelques mots sur l'orchestration"
par Rimsky-Kcmakov (traduction Calvocoressi).
'
. - La Phalange (20 Janvier) paraît sous une couverture
Jaune ; elle publie une pièce en vers de M. Gabriel Mourey •
" Guillaume d'Orange. "

-

•

L'E.ffort Libre (Février): " L'artiste dans la société

future", par Roger Fry.

1

. - Le Dir,an (Février) : " François Perché", par Henri Martineau.

";- _La Rwut Cri~ifue_ des Idées et dei Lir,m (2 5 Février) :
mile Faguet," h1Stor_1en _de la littérature française ", par
le Bois Vierge" poème de F. P. Alibert.
-Les Ecrits Fran,ais: d'amusantes " Variétés" par M.André
Salmon.

J. M. Bernard ;

�RavuEs

745

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

7:44

• ••
ALLEMANDES.

Toutes sont pleines de noms français, de choses françaises.
La génération que l'on découvre est jugée avec une faveur
qu'elle ne mérite point, peut-être, dans son ensemble. Du
moins Charles-Louis Philippe, Claudel, Suarès y gagnent-ile
d'être lus en Allemagne aussi.
Des poètes allemands dont on a fêté le jubilé ne retenom
qne Dehmel. Le nombre de ses admirateurs grandit - et il
s'en trouve d'intelligents, tel Emil Ludwig. Celui-ci, dans la
NEul! RuNOSCHAU essaie de ramener à l'unité les contrastes
dont est pleine l'ime de Dehmel, le dualisme du poète qui se
débat " entre Dieu et Lucifer, ego et rtligio, conscience et
extase".
La synthèse c'est dans l'amour qu'Emil Ludwig la veat
trouver : l'amour universel, fervent, religieux, est seul capabk
de nous porter plus avant : " nur eine Inbrunst ll!st ~1ch tre
entragen zur ganzen WelL"
Nous ne sommes pas très sftrs que cette ardeur dont 1a
flamme court vraiment à travers l'œuvre de Dehmcl ait fonda,
comme le pense Ludwig, tout ce qu'il e!Ît été nécessaire cl,t
fondre. Il semble bien que l'exaltation de l'instinct, des puitsances dionysiennes, la volonté de faire servir à la vie la ·
tout entière, se mêlent à trop de réflexion, de théorie, et 411
d'une façon générale toute l'inspiration de Dehmel ait quelque chose de pénible.
Sa poésie, malgré toute l'ivresse, manque de cette spontaditâ
que nous promettent des poètes moins grands peut-être mail
plus heureux, comme Franz Werfel dont les vers (Nt~ RtlllJ.
sdiau, Wtium BliJtttr) ont, dans leur force juvénile, je ne 11Î1

quel abandon qui attire.
LE

GÉRANT :

A NDRÉ RUYTERS.

Jmp. SAJNTE CATHERINE, Quai St-Pierre, 1.2, Bruges (Belgique),

RACHEL FRUTIGER

Autrefois, quand ma Mère me par1ait
. d e ses
années de classe, à Genève, et de ses amies d'al
Pé_nélope Craigie et Rachel Frutiger, je ne sa:~;;
voir que ma Mère, telle que J·e la co nna1s,
. se
~romenant avec d'autres dames sous les arbres de
1tle Jean-Jacques, entre les deux grands p t
blancs et !'eau ~leue. Ce ne fut que beaucoup :~.:
~d, un Jo_ur d été et de jeâne cantona~ comme
J~ ~rav~rsa1s Plainpalais, que je compris u 'il
s agissait de petites filles. Et je les vi pareillqe ,
celles que J·'avais
· vues, d'autres jours leur ca tabl
sa
au
dos
et
d
'
r
alla
eux nattes par dessus leur cartablee
nt par deux et par trois et par quatre et s;
d
onnant
le bras. p our t raverser les rues encom'
bé

,!e

r_ es.
sus qui étaient "ces deux petites Françaises : les deux nattes brunes ma Mè . 1
deux nattes blon d es, ma Tante Jane
'
Et ., re
. , . es
.

vers I

·
J a1 su1v1
e centre de la viJle
h .
.
'
être celui de leur école ' ~n c. emrn qui devait
Ell ,
.
. Mais ex1ste-t-elle encore ?
e A.s appelait : les Cours du Bo n P asteur ou.
pe ut-ctre même . des b
p
,
ment 'é .
.
ons asteurs.
aturellec tait " ce q u •·1
. de mieux " , et
i y avait
I

�746

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

madame la directrice disait, en parlant de mon
Grand-père :
.
- C'est bien l'orgueil de ces Français : a-_t-on
idée d'envoyer ses filles à la rension la plus ar1sto. ue de la ville, alors qu on ne peut même pas
cra t1q
1. é 1
payer régulièrement les mensua 1t s • •
·
1
Comme cette pension devait être anstocr~tique.
Sürement elle a dü dispara1tre, ~vec tant _d aut~es
choses aristocratiques. 11 y venait une vrai~ petite
.
e allemande ., et des petites
très
pnncess
. , Anglaises
.
1
. .
J..
et très laides , qui s appe aient,
d 1stmguces
E ilpar
exemp1e .• l'Honorable Mildred Taylor.
- t1a· Y
avait trois sœurs à chevelures ro_usses, qUt par ient
un langage barbare, se donnaient des coups_ de
pied sous leur banc pendant la classe, et portaient
les accomau cou de grandes croix d'or. Un valet
0
1
pagnait et montait la garde devant a porte. n
les appelait "les sœurs Prok ". ~u cours, qu~
elles ne se battaient pas, elles suçaient le~rs croix
d' r au lieu de prendre des notes. Un JOUr une
0
'
•
des croix
se détacha et tomba sur . le .plancher ; on
•
•
1·
s
qu'elle
était
creuse:
un
liquide
en sortait.
vit a or
)a
La surveillante la ramassa, et, se tournant vers
maitresse, elle cria :
_ Madame, c'est de l'éther!
.
Les sœurs Prok étaient devenues aussi rou~
que leurs cheveux, et les deu~ fen:imes se regar
dèrent un bon moment sans rien dire....
..
J'essaie de voir Pénélope Craigie. Mais la moitié

RACHEL FRUTIGER

747

de son nom est un bas-relief de marbre : Pénélope
assise devant son métier, et près d'elle est une
petite lampe plate, à trois pointes, et allumée,
pour montrer qu'il fait nuit. Craigie me fait penser
aux montagnes hyperboréennes. Mais c'est parce
que je sais qu'elle était la fille du ministre de la
chapelle écossaise de Reykiawick, en Islande. La
petite Craigie devait être blonde et nerveuse, avec
une tête ronde grosse comme le poing, deux yeux
gris clair et d'énormes rubans cerise au bout de
ses deux nattes pâles. Même en hiver elle avait
les pieds nus dans des sandales de cuir trop larges.
Et pour tout cela, .et parce qu'elle venait de si
loin, et qu'elle devait se sentir bien dépaysée, et
qu'elle avait une voix lente, et que toutes sortes
d'accidents délicieux arrivaient à sa prononciation,
une des deux petites Françaises, dans le secret de
son cœur, l'aimait.
~achel Frutiger était 1a fille d'un banquier qui
avait une grande maison sur le quai des Bergues.
EJie était une petite Genevoise comme les autres,
avec l'accent, et jurait par: Ah mon père!
Quelques jours avant Noël, à la fin du cours,
M~dame la directrice appela d'un signe les deux
petites Françaises :
- Voilà quinze jours que votre papa m'a écrit
qu'il allait m'envoyer l'argent des deux mois
pa~sés. Vous lui direz de rna part que cette note
doit être réglée avant Noël, dernier délai.

�748

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Mon Grand-père descendait d'une famille ancienne : il avait des plats et des couverts d'argent
marqués à ses armes, et un jeu de tric-trac fabuleux, incrusté de plusieurs matières précieuses. Il
avait aussi des opinions politiques, et à cause
d'elles il avait été deshérité par son père, puis
emprisonné par les Commissions Mixtes, et enfin
exilé par le gouvernement du Prince-Président. Et
ainsi il vivait à Genève, au milieu des autres
exilés. C'étaient des victimes et des vaincus ; mais
c'étaient aussi les hommes d'une grande génération. En bien ou en mal ils avaient fait des choses
extraordinaires, dont l'Europe retentissait enc?re.
Des gens qu'ils ne connaissaient pas s'occup~ient
d'eux les admiraient et les aimaient. Les amis de
mon ,Grand-père étaient surtout Monsieur Sue et
Monsieur Barbès. Une fois, M. Sue, en revenant
de Bath avait dû montrer son passeport à une des
douane; allemandes, et le douanier lui avait dit:
· - Euchêne Zue ? oui ? le Chuif-Errant ! la
Chouette ! le Chourineur !
Et M. Barbès, un jour qu'il était allé "voir la.
France" du poteau-frontière de la_ ro~te de,_Gex~
était revenu tout ému, avec une histoire qu 11 lui
fallait dire. Il avait rencontré un train de tombereaux chargés de pierre, venant du Jura. Devant
lui un des tombereaux s'était embourbé et le
train restait immobilisé. Le charretier criait, les
chevaux tiraient, rien ne bougeait. Enfin, s'adres-

RACHEL FRUTIGER

749
sant au cheval de tête, et lui touchant tendrement
les naseaux, le charretier avait dit :
- Allons, mon vieux Barbès, un coup de collier !
Et il y avait les sauveurs de l'humanité qui
partaient fonder des phalanstères en Amérique.
Et les rêveurs aux cheveux négligés, derniers
Sain~-S!moniens et premiers communistes, qui
décrivaient les beautés de la société future d'une
voix si douce, et si longuement, qu'on n'osait pas
leur prêter moins de vingt francs. Et ces pauvres
réfugiés polonais. Et les conspirateurs italiens qui
ne demandent que de quoi pouvoir acheter un
poignard!
Cette fois encore mon Grand-père dit que
Madame la directrice pouvait bien attendre · et
l'
,
~ue argent de France arriverait dans les premiers
Jours du mois suivant. Et aussitôt après il alla
~e~dre à un antiquaire son jeu de tric-trac, pour
inviter quelques amis au repas de Noël, et faire un
don magnifique à la Caisse des Proscrits.
Le jour d'avant Noël, à la fin du cours, toutes
les élèves allèrent poser sur le bureau de Madame
la directrice, _avec un petit bouquet, les enveloppes
que le~r avaient coJ.1fiées leurs parents. Les petites
Françaises auraient bien voulu rester les dernières·
mais_ Rachel Frutiger n'en finissait pas de range;
ses livres et ses cahiers.
- Eh bien, voyons, Mesdemoiselles .. , dit
Madame la directrice.

�750

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Les deux petites françaises parlèrent à la fois :
- Papa a dit qu'il recevrait l'argent de France
le mois prochain. 11 a dit . . •
- Enfin, vous n'apportez rien? Eh bien, tant
que les honoraires d-ûs n'auront pas été payés, vous
ne pourrez pas assister aux cours. Dites-le de ma
part à votre papa.
Ce fut alors que Rachel Frutiger s'approcha :
- Moi non plus, Madame, dit-elle, je ne vous
apporte rien.
- Comment,. vous, Mademoiselle Frutiger ?
- Non, Madame. Papa vous enverra l'argent
après Noël. Vous venez, les Françaises_?
Dehors, Rachel fut saisie par surprise, adossée
à un arbre, immobilisée.
. l'argent .'
- Tu as fait ça pour nous. T u avais
- Mais non, je vous jure.
Elle se débattit, et son cartable s'ouvrit, et il en
tomba avec des cahiers, une enveloppe qui sonna
en to~chant le pavé. Rachel Frutiger cria : Ah
mon père ! ramassa ses cahiers et son enveloppe,
et sans rien écouter, et sans dire au revoir, elle
partit en courant.
Après la rentrée, l'argent de France n'étan~ pas
venu, et comme il ne fallait pas faire de la pem~à
papa, on fit semblant d'aller aux cours. 0~ partait,
le cartable au dos. On passait une heure a consolider le bonhomme de neige dressé sur la place de
Plainpalais. Mais après, que faire? On n'osait pas

llACHEL FRUTIOER

75 1

se promener dans le centre de la ville, de peur
d'être vues par quelque élève des cours. Un jour
on essaya d'aller, par des rues détournées, jusqu'à
la rue du Rhône, pour y contempler loisir le
Couteau-à-vingt-cinq-lames exposé à une devanture. Mais Pénélope demeurait justement tout
près de la boutique du coutelier. Et après une
longue marche dans les ruelles, le cœur manqua
aux petites Françaises.
On ne pouvait pas non plus rester
Plainpalais : on risquait
tout instant de rencontrer
papa ou maman. Alors on se rabattit sur les
faubourgs, on suivit de longues rues tristes, le
long de l'Arve, ou dans la direction de Carouge.
On se tenait par la: main. La fatigue venait vite.
E~ o_n sentait qu'on était entouré de dangers. On
fa1sa1t des rencontres terrifiantes. Parfois un ouvrier
plein de bière trouvait un équilibre momentané
au milieu de la chaussée. Il se risquait étendre
les b~as~ et, voyant qu'il ne tombait pas, il se
mettait a discourir, d'une voix grave, avec chaleur.
Les_ femmes passaient en détournant les yeux.
Mats les petites Françaises; pour qui c'était une
nouveauté, s'arrêtaient et le regardaient. Alors il
s'adressait à elles directement, menaçait de s'appr~her; et sa voix les suivait longtemps, les
dési~nant à l'attention des passants. Plus loin des
gami~s leur faisaient peur en criant quand elles
passaient près d'eux. D'autres venaient leur parler.

a

a

a

a

�752

LA NOUVE.LLE REVUE FRANÇAIS!

Un d'eux osa même tirer une des nattes blondes,
comme on tire une sonnette. Cela lui valut une
gifle. Moment de triomphe hie~ court: la f~ite
recommença aussitôt ; une retraite sous la neige,
comme la retraite de Russie. La surprise et le
soupçon accompagnaient ces écolières qu'on voyait
dans les rues aux heures où toutes les autres
étaient en classe. Et un soir la bonne dit à
Maman:
- C'est drôle comme ces demoiselles se salissent, depuis quelques jours, à la pe~sion.
.
Maintenant on était habitué à V1Vre des JOurnées sans leçons ni devoirs ; les cours étaient déjà
oubliés ; autre chose avait commencé. Le cartable
qu'on portait sur les épaules n'avait plus de sens,
n'était plus qu'un poids ajouté à la fatigue, une
dérision ajoutée au sentiment d'une déchéanc~
On marchait devant soi sans voir. L'heure restait
la seule pensée nette dans les esprits engourdis:
rentrer à l'heure juste, comme si on revenait de
la pension.
Une fois, au fond d'une impasse, elles découvrirent une espèce de portail, entr'ouvert. Elles
traversèrent une cour entre des bâtiments ahan·
donnés, et se trouvèrent en face d'une porte
immense, à deux battants, qui batllait sur l'ombre.
.
Elles entrèrent. C'était une salle de dimensions
prodigieuses. Une sorte de quai, comme ceu~ des
ports, régnait sur tout le fond. On y montait par

RACHEL FRUTIGER

quelques marches, et à une des extrémités on en
descendait par un plan incliné. On s'y sentait à
l'abri, comme dans une forteresse placée sur une
hauteur, d'où on domine une plaine ou la mer. En
renversant la tête en arrière, on pouvait voir les
poutres et les autres pièces de la charpente, qui
s'entrecroisaient dans l'ombre où tremblaient des
toiles d'araignées. Dès qu'elles osèrent parler tout
haut, les enfants se mirent à explorer le domaine
qu'elles venaient de découvrir ; et elles eurent
peur, parce que, soudain, entre des caisses et des
to~neaux, près_ du sol, elles trouvèrent deux yeux
qw les regardaient fixement. C'était un chat, et il
eut peur à son tour quand elles battirent des
mains.
~Ues mirent longtemps à s'apercevoir qu'il y
avait une petite chambre au-dessus de la porte
d'entrée, et qu'une échelle de meunier partant
d'un bout de quai, conduisait à la porte 'de cette
chambre. Il leur sembla que cette échelle avait été
apportée et dressée là depuis leur entrée dans la
salle, tant elles furent étonnées de ne l'avoir pas
vue plus tôt. Après un moment d'hésitation elles
ne résistèrent pas à l'envie de voir ce qu'il ; avait
~ns cette ch~mbre,_ et elle~ commencèrent à gravir
echelle. Mais le vide, qu elles voyaient entre les
échelons, leur donnait le vertige, et elles avaient
peur, secrètement, de la chambre abandonnée
Elles n'étaient pas arrivées à la moitié de l'échell~

'

�754

•

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

qu'elles s'aperçurent que la. nuit, venait ; ~llct
redescendirent, et coururent Jusqu aux premières
rues de Plainpalais.
Pendant deux jours e11es cherchèrent l'impasse
et la grande porte. C'était un endroit où l'on pouvait se cacher et se reposer; c'était aussi un bel
emplacement pour des jeux de courses oude guerre.
Et cette chambre inconnue, au dessus de la salle,
comme est le ciel au-dessus de la terre ... Le troi-sième jour elles reconnurent l'impasse. Mais Ja,
grande porte était fermée, et elles lurent un
écriteau : A louer; s'adresser... Et elles recommencèrent à marcher à travers les faubourgs. La
neige fondait en boue. Des odeurs écœurantcs;
froides et viles, montaient des tas de balayures el
des ruisseaux, et s'insinuaient en elles. Elles pre,.
saient le pas et ne disaient plus rien. Depuis CODM
bien de mois cette existence durait-elle ? Exacto,.
ment : depuis onze jours.
Au bout desquels Monsieur Sue revint
une fois d'Angleterre. Il lui arrivait de venir ai
sur le Continent ; mais il laissait de lui tant
choses en Angleterre, qu'on sentait bien qu
n'était que de passage ailleurs. M. Sue avait, c
son tailleur de Londres, un mannequin modeli
sur son corps mème ; il avait, chez son b~ttier dl.
Londres, un moulage de chacun de ses pieds ; •
il avait, chez son chapelier de Londres, une chOllll
sans nom, qui était la forme de sa tête. M. Sui

RACHEL FRUTIGER

755

arriva comme il avait dô partir: avec ses cheveux
bien frisés et le jabot de sa chemise bien plissé. Il
s'asseyait, un peu voôté, et croisait ses belles
mains sur ses genoux croisés. Il était timide et
parlait peu. 11 était triste. Mais ce n'était pas
d'~voir été jadis expulsé du Jockey-Club, ni de
voir ses romans aux mains de petits bourgeois
a_vec lesquels il n'avait rien de commun. C'était,
simplement, de vieillir, et de jeter sur le trottoir de Pail Mail une ombre moins svelte
qu'autrefois.
Séparé du monde comme il l'était par son éducation princière et par une politesse dont le secret
~t à jamais perdu, on s'étonnait que M. Sue
s mt~res~t aux petites choses de tous les jours.
Or, 11 vit tout de suite que les enfants étaient
malheureuses ; il les emmena au jardin et leur fit
tout raconter. Le lendemain on revit les petites
Françaises aux Cours des excellents Pasteurs.
_Enfance propre et blanche, aux cheveux bien
peignés,. petits.pieds nus dans les sandales, douceur
genevoise, petites âmes toutes parfumées des vertus_ évangéliques, souvent j'ai pensé à vous en
feu1ll~tant la Sainte-Bible de ma Mère et son
recueil des Cantiques, dans la reliure noire desquels est !mprimée la croix fédérale. Souvent j'ai
songé à dire de vous ce que je viens d'écrire. Je
suppo
" votre vie
• la plus profonde les Can.
se qua
tiques et leur triste musique se mêlèrent secrète-

�6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇ

757

7ment.
5 R ac hel Frutiger, qui aimiez
vout
. l'amour,
d
•
deviez préférer celui qui chante s1 ten rement.

'Plus près, mo11 Dieu, plus près •.•
Mais le plus beau Je to~s les cantiques, c'est
qui a ce vers pour refram :

ccl

PARSIFAL

Reste avec nous, Set;uneur
o
, resre avec nous.
VALERY LARBAUD.

Le propre des grandes ccuvres et le signe de leur autoritt, c'est de nous obliger à les considérer sous un jour
particulier, de suspendre, pour ainsi dire, à leur endroit
les questions de principe. Même si l'on y trouve à reprendre, c'est avec elles seules qu'il faut s'en expliquer,
et non pas a\'ec )'Esthétique. Nous voilà donc tout naturellement placés en tête à tête avec Parnfal, oubliant le
brouhaha des marchands de valeurs, qui pour un instant
s'est Bevé autour de sa sereine immortalité et dont
M. Blanche nous a donné l'écho.

Parsifal est un chef-d'ccuvre : la mode seule peut en
faire douter. Mais il reste à déterminer de quelle espèce ?
Wagner - c'est une chO)e que Parsifal justement met
en lumière - n'est pas avant tout un musicien dramatique. Je veux dire qu'il ne s'entend pas particulièrement à
exprimer les brièvetés de l'action et la consommation des
événements, ni à peindre la rencontre, la dispute, la
mutuelle réplique des sentiments. Sans doute, dans son
œune immense on découvrirait plus d'une scène dont le
mouvement emporte l'auditeur, plus d'un dialogue ou les
PfflOnnages se répondent avec la plus frappante justesse.
Mais dans l'ensemble - il faut le reconnaître - c'est à
quoi Wagner a prétendu exceller qu'il se trouve avoir

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

le moins réussi ; et c'est justement l'instrument qu'il
a forgé pour servir son dessein qui s'est retourné
contre lui et l'a fait échouer. En effet il n'a inventé la
continuité musicale que pour se rapprocher le plus possible de la vraisemblance dramatique. Il pensait qu'il était
contre nature d'enfermer un sentiment dans un air, que
c'était le priver de son initiative, de sa liberté, paralyser
son développement. Toutes ses innovations techniques
ont tendu vers une expression aussi souple, aussi suivie
que possible des péripéties tant intérieures qu'extérieures.
Mais lorsqu'il s'est trouvé aux prises avec les changements de l'âme, avec ses volte-faces, ou plutôt lorsqu'il lui
a fallu passer brusquement d'une âme à l'autre, atteindre
en un éclair le sentiment opposé à celui qu'il venait
d'énoncer - ce qui est l'essence de la contestation dramatique - il a senti une résistance, quelque chose qui
l'empêchait d'aller assez vite, quelque chose à bri;er ; des
mains étroites et stlres le tenaient auxquelles il etlt fallu
échapper sur le champ ; il s'est vu empêtré dans la continuité même de sa musique. Rien de plus curieux que de
l'épier quand il aborde un dialogue ; à mesure que le
mouvement se précipite, que les répliques se rapprochent,
son malaise devient de plus en plus sensible; tout furieux,
il se débat ·contre quel(!·1e chost; d'invisible qui n'est rien
d'autre que la suite et la conséquence qu'il à lui-m!me
établies. Il s'en tire en rompant brusquement avec elles,
en bousculant tout ce qu'il a si merveilleusement ména~
jusque-là. Il s'en prend aux voix, les secoue frénétiquement, les disloque, les pousse à des éclats inharmonieux.
La plupart des dialogues de Wagner sont beaucoup plus
-agités que les sentiments qu'ils expriment; ils ont quelque

PARSIFAL

759

chose de spasmodique ; ils sont faits de cris de
travaillés par l'exces et par I d,
colere,
,. 1 .
a emesure. II peut
.
qu I s soient admirables lorsque l
.
arriver
.
,
e
SUJet
corn
d
Trutan, est justement l'exces et I dé '
me ans
1
•
a
mesure (Q · d
p us pmgnant que les hurlement . fi
. . uo1 e
d'Isold
s m ormes de T nstan et
e au moment de leur rencontre d d
.
Mais ils peu Vent être aussi tres froidsu e~1e~e acte ,r&gt;
pauvres. (Exemple : une
d
. , tres vides, tres
·1
gran e partie de la se'
d
deuxu:me
acte ,entre Kundry et P ars11a
·r. 1 ) L
. ene ué
.
a
vraie
de W agner est dans 1
pauvret
es moments de dram M"
l' orchestre y prend souvent
.
.
e.
cme
d'embarrassé (Que l'
Je ne sais quoi de sec et
.
..
on songe par constraste aux
d'
gtcux souLgnements du d'ia1ogue dans Boris
pro
d •Pt/lias !) Le musicien est
et ans
.
comme arraché à
élé
t1 respire mal . 1 ffc
.
son
ment ·
'
' 1 su oque et fait des geste
. '
L heureux et fécond d'
,
.
s convulsifs.
s est interrompu . il n'y a
Plus a• entendre que laiscours
rage d
é
'
de stérilité.
e ce g ant brutal, en mal
. .
. Si Wagner n'est pas pnnc1palement
un én' d
tique, ou donc est son é . ?
.
g_ ie ramachef-d'œuvre ?
P g_ me . En quoi Parsifal est-il un
· arm1 toutes l
· ·
•
·
(lue M BI
h
. .
es opimons inconsidérées
,
· anc e a recueillies
scandaleuse ue 1
. . , aucune ne me paraît plus
de couper le rôl
. d
Gurnemanz q Il at propos1t1on
d
e e11t1er e
· es e tous le l fi . ·
sans doute ce
.l .
p us ourn1 en récits ; c'est
qui u1 vaut d'être
·
superficielle M .
proscrit par une critique
.
. ais comment ne voit-on
est Justement l'h
d , .
pas que Wagner
omme u rec1t? C ·
hasard que les ex . .
. ro1t-on que ce soit par
pos1t1ons de ses d
.
compliquées si 1
..
rames sont tou1ours si
héros si souv,ent o::gues et s1 belles ? par hasard que ses
s rnterrompe t d' ·
passé, pour " ra
. " n
agir pour se rappeler Je
mentevo1r leurs exploits ou leurs mal...-

�1.A

CUVELLE REVUE FRANÇAIS!!

760

' . besoin de la forme
? Au fond Wagner n avait
.
heurs . .
d
des
occasions
de
récit
.
pour se onner
dramatique que
t de récit . il importe
bien sur ce mo
'
d
Enten ons-nous
r. .
ous ne voulons
,.
rête à aucune con1us1on. qu il . ne p w agner exceIl e dans la musique à programme;
d
pas ire que
à l' d.tI ur . ses développements
· ·
rendre
au e '
il ne sait nen app
. .
aucun accident, aucune
ne description,
ne comportent aucu
sans cesse dans le poemes
me on en trouve
h (
catastrop e corn
.
K koff par exemple). Avec
.
de R1m ky- orsa
symphoniques
, .
• à se deman dcr s1. c'est bien la princesse
lui, on na Jamais
.
violons, si c'est bien le
.
. de mourir aux
1
qui est en train
.
C'est coujours de a
.f .
frage aux cmvres.
navire qui ait nau
' ll s'oppose à la musique
musique pure, au sens ou e e
pittoresque.
alement de comprendre que Wagner
Il faut se garder ég
. ' d nt le po ède par exemple
de
d écit à la mamere o
a le don u _r '
, d.
l don de faire un conte,
c
est-a1re
e
r.
•
gsk
Moussor ,,
1
s et les choses, de iatre
.
édiatement es cre
susciter 1mm
comme feraient les per' ·
parler 1es sons
s'élever, s agiter,
R' de moins direct que
.
ts eux-même . ien
sonnages v1van
Eli est presque toujours comme
.
de Wagner.
e
Il 'est
la musique
à I' b·et qu'elle signifie ; e e n
transposée par rapport
o ~
. lie le représente. Le
.
b. t lui-même, mais e
jamais cet o 1e . l hè e distinct du personnage et
.
' t dire e t m
W
leit-mot,v, ce - dà
besoin profond de
agner,
le symbolisant, correspon
u~
.
dans cette idée, à
- le même peut-être qui s expnme
, s du héros
.
.
ns cesse dans ses poeme '
.
laquelle il revient sa .
h é d
qui vient faire
. .
u1 e t c arg
e ... ,
q ui a une m1ss10n, q
d
C'est sans doute
t à la place e .. ·
quelque chose pou~ e.
W aoner a plu tellement
o
par ce caractère indirect que
aux symbolistes.

e

a

PAJlSIFAL

Pourtant il est bien le mus1c1cn du récit, et vo1c1,

me scmble-t-il, en quel sens : étant donné un certain
nombre de faits, de personnages, de sentiments connus de
l'auditeur, il excelle à les lui présenter à nouveau dans
l'ordre de la plus grande émotion. Si son œuvre a suscité
tant de commentaires et de guides, c'est qu'elle demande
essentiellement à être connue à l'avance ; il importe que,
meme à la première audition, on ait l'impre ion de la
nentendre et que notre seule attente en fa~e d'elle oit
de savoir comment "tout ça" va bien pouvoir nous être
raconté. Car le génie de Wagner, plut6t que d'instruire,
c'est d'introduire ce que l'on sait déjà ; sa musique est
une perpétuelle amenée. Sans doute il est un inventeur
tout-puissant de mélodies. Mais encore mieux qu'à le
trouver, il s'entend à leur préparer l'avenement le plus
juste, le plus frappant. Il les retient jusqu'au moment où
leur sens U'entends leur sens musical, le rapport de leur
notes composantes aux notes précédentes) est devenu si
fort, si séduisant, si propice aux larmes qu'il ne leur reste
plus qu'à paraître ; il attend pour les pousser dan
l'orchestre le point de leur extrême urgence. Tous se

effets sont de croissance, de progre ive nourriture et
d'«latement au moment le plus lourd, le plus saturé.

Nous avons constaté tout à l'heure qu'il lui était
impossible de rien exprimer directement : tout dans sa
musique est un peu tardif; tout a l'air de se succéder à
soi-même ; le sentiment n'est pas énoncé au moment de
son apparition; le thème qui le signifie est un peu plus loin.
Mais nous voyons maintenant ce qu'il y a de positif dans
cette apparente impuissance. Si le theme est ainsi reculé,
c'est parce qu'il ne doit fixer le sentiment qu'au moment
2

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSI

7~'2

. . s,étant arraché au trouble de la naissan~e, ayant
ou celw-c1,
.
'étant rassemblé lui-même,
é toutes ses raisons et s
1
retrouv
. s1gm
. ïication , son poids le p .us
.
lus parfaite
atteint sa p
~
ersonnalité la plus noume.
décisif, le plus entrainant, sadp
la plénitude de la désid Wagner est ans ·
.
bl .
Le su 1me e
dire
.
S rythine est lent, parce qu'il ne peut rien
. ,
gnauon.
. on·
létement préparé la place .' plus 1I s atsans lut avoir comp
• l'é 'd nce de ce qu'il manifeste.
ffi t lus s'accroit vt e
.
tarde en_c e 'p
'
1 . ue nouvelle, purement mus1I1 est l'mventeur d une ogiq
doute les
.
· profondes que sans
cale, et dont les lots sont St
. t les démêler. li faut
.
êmes ne saura1en
techniciens eux-m
c
d
vec son système apparent
.
der de la con1on re a
. ~
bien se gar
théories sur le leit-motiv ; appltqu
et avoué et avec se~ .
'
nt J·amais donné qu'une
theones n eusse
. .
à la lettre, ces
.
Il l' même dont ses d1S(1.
t
et
facoce
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ea
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musique a trat e
'
d'exemples. Mais chez
nt offert que trop
'
ples ne nous o
.
d' 'mparfaites formules d une
11
'étaient que 1
Wagner e es n. . é
. onduisait secrètement son
'1
t mn c et qui c
science qu t ava1
d langage plus irréfutable que
. . .
Il n'est pas e
b'
msp1rat1on.
.
. 1 d'un raisonnement ,en
.
, t l'éqmvalent mus1ca
le sien ; c es
éd .
forme, disposé en colonne
'bl
é T t le passé r u1t en
men . ou
. arfaitement que poss1 e
h • t combler aussi P
.
pour enva tr e
la mémoire contenatt
retour de tout ce que
'à
le présent; un
.
é, dans un ordr e s1• serré qu'il ne reste qu
à l'état .d,spersWagner cons1'dè re l'histoire qu'il raconte
être vaincu.
c d ·1 ne cherche pas à la retnsenal . au ion t
comme un
. ' • et avec les matériaux qu'il y trouve,
. 1ar pmse
cer; mais , y
'd'énorme cortège qui s'avance vers
il reforme une sorte d
d passage nous occupe et
l e nous eman e
'
.
nous, nous sa u ,
b'
J. e lui préfère Truta",
En ce sen ' ien que
nous submerge.
1 hef-d'œuvre de Wagner,
Parsifal est sans doute e c

PA.RSJFAL

je veux dire l'œuvre où son génie trouve son emploi
Je pJus plein, le plus complet. Ce n'est point un drame,
mais d'un bout à l'autre une immense et impérieuse
salutation musicale. Et, comme par chaque vague le
mouvement d'ensemble de la mer, le rythme en est donné
par la révérence inflexible que dessine chacun des thèmes
de l'ouvrage.
Nous comprenons maintenant le véritable sens de

la continuité wagnérienne. J'imagine assez bien quel
dut être jadis l'étonnement de Debussy en face de Wagner:
il voyait l'inventeur de la continuité musicale négliger de
s'en servir pour la seule fin qui lui semblât, a lui, naturelle:
l'expression dramatique. Que l'on songe à l'impatience
que devaient donner à quelqu'un qui déjà sentait en lui
l'admirable "parlé ", tout immédiat et erré, de P1ll!a1,
les phrases toujours difficiles, toujours lointaines et
inappliquées de la déclamation wagnérienne. Et n'est-il
pas bizarre en effet de voir combien Wagner, ce grand
tenant de la conséquence, a peu respecté les échelJes de la
voix, les passages et les enchatnements mélodiques, tout
cc qui fait l'accent ? Mais il faut se rendre compte qu'il
ne cherchait pas l'accent. Sa continuité est surtout orchestrale ; et elle n'a d'autre fin que de lui laisser la
faculté de choisir lui-même le moment de ses introductions et de lui réserver tous les soins qu'elles nécessitent.
Un air est une forme fixe, qui détermine à l'avance
les endroits où pourront se produire des entrées et la
manière dont elles se produiront ; il rend inutile la
préparation de ces entrées, puisqu'il les implique et les
justifie par lui-même. C'est ce que Wagner n'a pu
accepter. Il a voulu être tout seul avec ses thèmes, avoir

�PARSIFAL

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

seul le devnir et le plaisir de leur donner naissance, de les
amener, de les greffer sur son orchestre. - Ils sont tous
en contact immédiat les uns avec les autres ; pas de
charpente entre eux ; ils forment eux-mêmes, par leur
seule foule, la masse où ils sont compris; ils n'ont de position que relative et ne prennent leur élan que les uns sur
les autres. Aussi sont-ils dans une perpétuelle préparation
mutuelle. Comme l'acier en fusion découvre peu à peu en
bouillonnant chaque partie de son cœur éblouissant, l'orchestre s'entr'ouvre pour révéler tour tour chacun d'eux;
il le dissimule aussi longtemps qu'il en est besoin, il le
porte et le nourrit, et, quand le moment est venu, étant
tout plastique et sans résistance, il ne retarde pas d'un
instant son apparition. C'est uniquement pour obtenir
cette lenteur de la gestation et cette promptitude dans la
production des themes que Wagner les a versés tous
ensemble et a répudié les formes fixes par quoi tous leurs

a

mouvements eussent été prescrits.
Toutes les critiques que l'on peut adresser Wagner,
tombent, sit6t qu'on a compris qu'il n'est pas d'abord un
musicien dramatique. Ainsi, lorsqu'on lui reproche son
déchaînement et son paroxysme, la surabondance de sa
pite, l'exagération de ses moyens, on veut dire qu'il y a
une disproportion entre ceux-ci et l'effet dramatique qu'il
en obtient. Mais si l'on cesse d'admettre qu'il a cherché un
effet dramatique, sil' on consent à le considérer simplement
comme le musicien de la désignation, ;i.u contraire on ne
pourra manquer d'être frappé par son économie. Économie
au double sens du mot : nous avons déjà insisté sur sa
profonde science de la disposition ; mais la justesse de
cette disposition produit du même coup je ne sais quelle

a

765

sublime maigreur, quelle discrétion dans l'utilisation des
themes,
tout classique des m
. d'1cat1ons
.
'1
·quel raffinement
.
qu I est· impossible
de ne pas sentir• L e gout
,,.. de W agner
•
est
aussi mcontestable que son
.
ü
l'orchestre de nos m . .
mauvais go t. Aupres de
us1c1ens contemporains d
là
m~mes
· é d
, e ceuxqui
pr
ten
ent
réagir
contre
la
h
ri
b"
,
sure arge wagnéenne, corn ien 1orchestre du maître all
d
encombré ! On a parlé de Ri char d. Strausseman
peu
commeestd'un
sorte de Wagner multiplié par IO. ce qui
.
adm tt
l
•
revenait a
e re que a - superposition des themes était l'essence
m~me de . Wagner. Il n'y a pas d' erreur plus flagrante
1
S
trauss,
. d d om de
. l'amplifier' n'a fait que prend re le contre-•
•
W agner n'a
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Jamais c erché l'amoncellement pour lui mA
·1
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s. propos e faire marcher ensemble le lus d
choses possible ; il savait bien
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n'avaient d'. té ê
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ne pouvaient amuser que l'intell"
0
.
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de capti~er notre Ame entiere. Tou~g:~c:~em:s l~o~!Vatt
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immédiat, il est vrai ' nous l' avons d'1t ; mais
. en
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pas pour se monter mutuellement sur le d . .
s écraser les uns le
·•
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.
s autres ; c est au contraire pour que
. _un p_msse se dégager à son tour avec le maximum d
s1gmficat1on,
. e
no
ffr l ainsi que nous l'avons exp 1·iqué· - Parsifal
Tus o e e plus bel exempîe de l'économie wagnérienne
out y est étroit et indispensable précis nu é J. •
urgent. C'est un
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'
,
, s vcre,
' é.
corps g1issant et parfait l'athlete d
I asc t1sme.
&gt;
e

~

Il nous reste à, examiner
·
le caractere religieux de
Parsifal
, ou plutôt a chercher par quelles raisons Wagner

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

a été conduit à écrire un tel ouvrage. Car une chose est
bien certaine : c'est que ce n'est pas un ouvrage religieux. La religion est d'abord une certaine humilité
du cœur ou tout au moins de l'intelligence, un certain
manque, un certain besoin, - de la faim et de la soif. Sans
doute il n'y a religion que si ces appétits sont comblés, et
par une doctrine très précise et très définie ; mais il faut
qu'ils préexistent. Or ils font complétement défaut dans
Parsifal. L'âme orgueilleuse de Wagner, jusque dans
sa vieillesse, reste pleine ; elle n'a reçu aucune fêlure ; les
échecs les humiliations n'ont fait que la nourrir et la
hausser' ; ils n'ont pas été jusqu'a lui apprendre a se sentir
dépendante et à demander. Jamais homme ne fut moins
habile à la prière que Wagner. ·
Pourquoi donc a-t-il voulu écrire une œuvre religieuse ? Il semble que ce soit pour des raisons purement
techniques. L'objet le plus naturel de sa manière, telle
que nous l'avons définie, n'est-il pas en effetla solennité?
La solennité, c'est la transposition : un événement ordinaire est supprimé, confisqué au profit de sa représentation; on l'élargit, on le ~alentit, on le décompose en
plusieurs temps; on y introduit de l'espace ; on ne
l'exprime qu'avec un certain retard intentionnel et délibéré sur lui-même. Tout devient préparation, attente ;
les avènements ne se font qu'en pleine maturité. C'est
le règne de l'indirect et du second mouvement. Voilà justement pour Wagner la matière privilégiée.
Déja il avait exprimé la solennité héroîquc dans l' Ânnta",
la solennité bourgeoise dans les M aùres Chanteurs, la
solennité de l'amour dans Tristan. Il lui restait à chanter
la solennité religieuse, - la plus élevée, la plus parfaite,

PARSIFAL

la pl~s frappa_n~e. C'est pourquoi il écrivit Parsifal.
Mais en cho1s1ssant un tel sujet, peut-être obéissait-il

en même temps a une ruse de son génie. Tout artiste a
dans sa carrière une grande épreuve à surmonter : c'est
la disparition, qui se produit t6t ou tard, mais inévitablement, de sa sensualité ; la plupart du temps il ne réussit
pas à Y. survivre ; tout ce qu'il crée ensuite naît flétri.
Quelque~ uns seulement en réchappent, que l'élan de
leur géme et la culture qu'ils n'ont cessé de faire de
leurs vertus proprement intellectuelles emportent audelà de ce passage dangereux. Ceux-là produisent souvent leurs chefs-d'œuvre en pleine vieillesse. Ce ne
peut pourtant pas être sans prendre avec eux-mêmes
certaines précautions, sans biaiser un peu avec leurs
dons. - Sans doute Wagner conçut assez t6t l'idée
d'un drame religieux. Mais qu'il y soit revenu dans ses
dernières_années de préférence a maints autres projets qui
se pressaient dans son esprit, cela ne veut-il point dire
qu'il ~ tr~u_vait quelque chose de spécialement approprié
aux d1spos1t1ons créatrices où il se sentait alors ? Et
en effet il semble bien qu'il ait reconnu - sans doute
inconsciemment - dans Parsifal un sujet qui lui demandait aussi peu que possible de cette sensualité qu'il avait
presque toute perdue, un ordre de séduction ou il ne lui
faudrait ~éplo~er que les grâces abstraites et épurées qui
seules lui restaient. Je ne dis pas que l'œuvre trahisse le
moi~s du monde la décrépitude. Mais justement sa force
consiste en ce qu'elle a su ne la point trahir ; elle est
tempérée de sagesse et de cette sorte de calcul infiniment
sub~il et profond, qui est comme la fleur :uprême du
génie. Calcul perspicace dans l'occasion. Car n'est-il pas

�LA NOUVELLE RE-VUE FRANÇAIS!

remarquable qu'en écoutant Parsifai, on ne sache jamais
si le dépouillement si sensible de cette œuvre par rapport
aùx précédentes est positif ou négatif, c'est-à-dire s'il a
été simplement imposé au musicien par le sujet choisi,
ou si peut-être il n'est pas l'effet de cet affaiblissement
des sens, par quoi l'esprit créateur, à son instant dernier,
devient pareil à un sommet découronné par les eaux ?
Quelles que soient les raisons qui aient poussé Wagner
à · écrire Parsifal, il est certain en tous cas qu'elles ne
provenaient pas d'un mouvement mystique de son âme.
Aussi la solennité de l'œuvre demeure-t-elle tout extérieure. La véritable solennité religieuse n'est pas ici, mais
dans Bach, dans Moussorgski, dans César Franck. On ne
dira jamais assez combien Franck doit à Wagner, et surtout à Parsifal, au point de vue technique. (Tous ses
thèmes sont contenus en puissance dans le seul thème du
Yendredi-Saint.) Mais il y a une chose que Franck a
ajoutée à Wagner: c'est le sentiment religieux. - Parsifal est l'œuvre la plus contradictoire en principe qui se
soit jamais vue. Sous un certain rapport en effet elle est
purement formelle, vide du sujet même qu'elle se propose
de traiter, radicalement ignorante des sentiments qu'elle
prétend mettre en jeu ; tout semble la condamner à n'être
qu'un froid exercice. Pourtant elle existe, elle vit, elle
palpite ; elle a même une formidable réalité. Combien
d'œuvres plus sincères auprès d'elle paraîtraient pâles et
factices ! Cette réussite contre nature nous fait apercevoir
un trait du génie de Wagner qui n'est pas le moins
étonnant : la prodigieuse efficace de la yolonté chez lui.
Tout ce qu'il entreprend pour de bon, il le réalise; pareil
aux héros et aux demi-dieux qu'il a chantés, il maîtrise

PAR.SIFAL

l'impossible et le réduit en servitude. Il n'a pas besoin de
cette espèce d'humanité préalable de la matière dont certains grands créateurs n'ont pas pu se passer. On dirait
qu'il fait exprès de s'attaquer aux sujets les plus faux, les
plus conceptuels, pour montrer que rien ne saurait résister
à son pouvoir de matérialisation. Wagner réunit en lui
les caractères extrêmes du génie allemand. D'une part il
est plein de rhes ; l'imagination en lui est molle, féconde
et indéfinie, comme il arrive toujours quand elle est
inspirée par le sentiment ; il n'est rien de si nuageux et
de si artificiel qu'il ne puisse aller concevoir. Mais d'autre
part, pour servir ces divagations, il a une force indomptable, cette longueur de vue, cette patience inflexible,
cette science des réalités qùi fait les grands hommes
d'état. Je ne pense pas être le premier à le comparer à
Bismarck. Parsifal, c'est une province annexée. Et celle-làdu moins ne boùgera plus. Car elle est tenue par quelque
chose de plus fort qu'une forte administration. Wagner en
effet a réussi ce que les Allemands n'ont pas su faire en
Alsace : à sa captive il a insufflé son ftme. Parsifai a beau
être complétement privé de la religion qu'il déclare et
magnifie : quelque chose est au centre de l'œuvre qui
l' .
,
amme. Une dose aussi formidable de pouvoir créateur
que celle qu'y a dépensée Wagner, laisse d'autres traces
que la perfection toute formelle des contours ; une sorte
d~ noya~ obscur est demeuré au plein milieu, mysténeux résidu de la déflagration du génie, produit immédiat
et sans nom de sa toute-puissance, lambeau de l'âme
d_ure et munificente, despotique ,et sentimentale, chiménque et positive de ce grand démiurge.
JACQUES RIVIÈRE.

�JOURNAL DE VOYAGE (CANADA)

770

77I

l'air d'avoir avalé leur canne. Quelques jours de gros

JOURNAL DE VOYAGE
(CANADA)

San Francisco. Pendredi 3 janvier.
Je suis ici depuis lundi, attendant le départ du steamer
" Moana" qui doit me conduire à Tahiti. Je profite de
ces quelques jours pour revoir les notes prises durant mon
voyage, avant que de nouveaux souvenirs ne fassent
oublier ceux que je laisse derrière moi.
En juin 1912, j'ai quitté Paris pour le Canada, avec
l'idée de m'y occuper d'agriculture ou plutôt d'élevage.
J'espérais rencontrer là-bas une jeune fille ayant _les
mêmes gotits que moi et lui proposer de nous associer.
Nous aurions commencé notre ranch modestement, avec
quelques bœufs, puis l'aurions agrandi. C'était un rêve
naturellement.
Partie sur l' "Empress of lreland ", de la ligne du
Canadian Pacifie (C. P. R.), peu de temps après la cata-strophe du "Titanic". Dans ma cabine une vi~ille_ dame
nerveuse m'envoie la nuit sur le pont pour voir st nous
sommes menacés par un iceberg. Près du Cap Race,
arrêt de dix-huit heures à cause du brouillard, coups de
sirène toutes les deux minutes. C'est sinistre.
Mes compagnons de voyage ne sont pas très amusants.
Tandis qu'en troisième classe les émigrants dansent eJ
organisent des jeux, les passagers de première ont tous

temps, le mal de mer les ont un peu apprivoisés ; sur le
pont on cause avec ses voisins de fauteuil.
Le sixième jour après avoir quitté Liverpool, nous
arrivons, à l'heure du coucher du soleil, à Rimouski sur le
Saint-Laurent. Ici se fait la visite douanière. Les rives de
ce beau fleuve m'ont un peu déçue. On me dit qu'il faut
les voir en automne quand le feuillage des érables est
d'un rouge ardent.

Qulbec, 8 juin.
Procession dans les rues en l'honneur de la Fête-Dieu.

Les Canadiens français que je vois ont quelque chose
d'aigu, d'indien, dans le regard ; leur langage d'un autre

siecle est difficile à comprendre. Les maisons à pignon et
poutres apparentes me font penser à la Normandie.
Québec est vieux, beau et fort sale. Une lettre de

Mme B., femme du Consul général de France au Canada,
ne m'ayant pas été remise à temps par le Commissaire de

l' "Empress of Ireland ", je manque le rendez-vous
qu'elle me donnait en vue d'un voyage à Terre-Neuve.
Partie pour Montréal; de là pour Toronto. Je traverse

le lac Ontario et passe une journée spleenétique au
Niagara, parmi une foule de touristes américains. Les
chutes sont plus impressionnantes encore que je ne l'avais
pensé, mais la réclame bruyante qui les entoure attriste
malgré tout.
Retour à Toronto, puis voyage de trois jours sur les
grands lacs pour aller à Fort William, et de là à Winnipeg. Sur le lac Huron, une infinité d'îlôts boisés ; on
regrette le temps des Indiens et des pirogues. Deux bonnes

�772

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

sœurs rencontrées à bord proposent de m'engager pour
enseigner le français dans leur école. Je fais de nombreux
tours de pont, habitude prise sur le bateau anglais. J'ai le
champ libre, les Américains n'aimant guère la marche.
On a peine à comprendre qu'en deux ou trois générations, le Anglais a~ longue figures fines puissent se
transformer en des gens aux pommettes saillantes, aux
fortes mkhoires, aux épaules carrées. Leur tenue aUS1Î
n'a plus rien de britannique. Les Canadiens ont les
vêtement trop grand , à la mode américaine ; leun
cheveux rasés sur la nuque m'ont fait croire, les premiers
jours, qu'ils portaient tous perruque. Les chaussures de
foot ball, jaune canard, ont la vogue. C'est peut-être
confortable, mai pas élégant. Un chapeau de forme œuf
poché couronne l'édifice. Le femmes que je vois en
bateau et dans les trains me parai ent en général peu
intéressante et assez frivoles, mais j'ai peine à les juger,
les connais ant si superficiellement.
A Fort William, mauvaise correspondance. Je passe
dix heures dan la salle d'attente, par la pluie, à amuser
les enfant , compagnons de misère, dont le père à type
de clown, me dit tenir à Vancouver un hôtel à l'enseigne
de " La Balançoire. "
Trajet ans intérêt jusqu'à Winnipeg, pays pauvre, un
fouillis de rochers sans grandeur et d'arbres rabougris.
J'apprécie les charmes du Pullmann car. Autour d'un
couloir central, longues rangées de couchettes superposœs
deux par deux. J'admire l'adresse du grand nègre qui fait
le service. En quelques minutes, il tran forme le compartiment de jour en compartiment de nuit. Stupéfaction, le
matin, - j'étais dans la couchette de dessous - en sentant

':1:.AL DE VOYAGE (CANADA)

773

pie-~s se p~er à côté de moi, suivis peu après par la
sou~e d un petit curé français,fort sale, qui s'était trompé
~ étai~ descendu par l'intérieur du rideau vert au lieu de
1extérieur. Au wagon-restaurant mon vis-à-vis un Anglais
qui a beaucoup voyagé, me parle de Paris et des Français.
Il l_cs a trouvés pas hy~crites. C'est une qualité négative,
mais pourtant un~ qualité, et ce jugement me fait plaisir.
A~êt de deux Jours à Winnipeg, capitale du Manitoba,
provmce du blé par excellence. Winnipeg est une ville
toute neuve, géométriquement dessinée. Les rues sont
larges, il y s~~e le plus souvent un vent désagréable.
Je trouve qu 1c1 on se réconcilie très bien avec l'architecture des husintss blocks, et les quelques petits gratte-ciels
que j'ai vus jusqu'à présent ne m'ont pas horrifiée.
Départ pour Calgary. Assise dans l'ohstruation car
dcr~ier compartiment du train, terminé par une terr~
à ciel ouvert, je vois très bien le pays traversé. La saison
est e~ retard, et le blé sort à peine de terre. Les champs
sont immenses: le sol de couleur brun-rouge, le plus riche
du Canada. C est la plaine à perte de vue, pas un arbre.
Apres le Manitoba vient le Saskatchewan, pays en partie
de blé, en partie aussi de pâturages. Entre Maple-Creek
et Medicine Hat, ce grand paysage vallonné à l'herbe
rase, où paissent des troupeaux de bœufs et de chevaux
me donne l'illusion d'un pâturage alpestre immense. Pa:
la couleur générale et la qualité de l'herbe, on se croirait
trans~rté dans cette région intermédiaire entre les forêts
de sapms et la neige.
. ~ar ci, par là, le train passe en vue d'une réserve

indienne: qudques tentes pointues groupées dans la plaine

De temps en temps nous voyons galoper un cow-boy:

�774

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Indien ou Blanc. Des deux ct&gt;tés de la voie, d'innombrables petites bêtes, de la famille des fouines,sortent de
leur trou et nous font des révérences.
Nous traversons des baraquements de pionniers formés
de cubes en bois peints en couleurs tendres. La premiere
Mtisse est naturellement celle du real estate man, spéculateur en terrains. Une table, une chaise, une machine
à écrire, voilà tout son mobilier, facilement transportable.
En bien des endroits de l'Ouest, l'indiscrétion de ces
individus, arrêtant les passants dans les rues pour leur
proposer une affaire, est devenue si insupportable, que la
police a dü intervenir. Du train, je lis sur une de ces
baraques, écrit en grosses lettres : "The man who sells
the Earth" (l'homme qui vend l'Univers). Avec la petite
maison du real estate man, celle du forgeron et le bar
forment le commencement d'une future grande cité.
Du Saskatchewan nous passons dans l' Alberta : toujours
la Prairie. Dans cette province, le gouvernement favorise
une agriculture mixte : cultures variées et élevage. Le
C. P. R. a installé partout des fermes toutes préparées;
le pionnier, à l'arrivée, trouve la maison construite et les
semailles faites.
En traversant l'Atlantique j'avais fait la connaissance
d'un jeune Écossais Mr. Mac Phearson. Il pilotait une
cinquantaine de fermiers qui allaient s'installer avec leurs
familles sur des terres du duc d' Aberdeen. Celui-ci a des
méthodes de colonisation analogues à celles du C. P. R.
A Calgary je revois Mr. Mac Phearson, auquel j'avais
fait part de mes projets. Il me donne une lettre d'introduction pour une dame anglaise fixée dans le Dominion
depuis dix-huit mois. Elle exploite elle-même une de ces

JOURNAL DE VOYAGE (CANADA)

775

fermes du C. P. R. Tout ce qu'on me dit de Miss Ma
de son espnt
. d' entrepnse
· et de son originalité me donne
h
très envie de. la connaître. Un matin, je quitte Calgary
pour Sedgew1ck, dans la direction du nord. C'est un
voyage de douze heures, la correspondance étant mauvaise.
Je pars avec l'espoir que Miss May aura une petite
place_ pou: m~i sur son ranch. Ce n'est st'.lrement pas le
~vail .~u1 doit ma~quer chez elle et je suis impatiente de
f.&amp;1re n importe quoi. Tout le monde travaille au Canada
et les touristes ne s'y sentent vraiment pas à leur pl ace.
Qui sait si Miss May ne serait pas justement une personne avec laquelle je pourrais m'associer? De toute façon
avant •de m'installer pour mon compte, il me faut bie~
connaitre le pays et ses conditions de vie.
Arrivée à Sedgewick, petit groupement de baraques
carrées toutes neuves. Il a fait terriblement chaud dans
les tr~ins tout le jour. Je loge à l'h6tel "des Pionniers",
endroit amusant et bien nommé. Ici on a tout à fait des
sensations de Far West.
Le lendemain matin départ de bonne heure dans le
" n~
. " d'un_ fiermier
· qm· conduit à travers champs pendant
plu~1eurs milles. De distance en distance nous voyons une
petite ferme du C. P. R., maisonnette d'un étage, domin_ée par le moulinet qui fait monter l'eau. C'est la Praine a perte de vue, plantée de ci de là d'un bouquet d'ar~res _rabougris. Mon conducteur, un Américain à figure
•~telhgente, me parle des avantages de la combinaison de
1Elc~age avec la culture. Il me raconte les déboires d'une
ferm,ere des environs, qui l'année, derniere ayant semé
tou_t son domaine en lin, a perdu toute sa ré;olte. En vrai
business man, il essaye de me vendre un terrain. Après une

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

heure de course dans ce véhicule cabotant, j'aperçois
devant une ferme un drôle de petit être aux cheveux
rasés, vêtu d'une blouse et d'un pantalon de toile, un brdlegueule entre les dents : "C'est Miss May", dit l' Américain. Je saute de voiture et me présente. Une lettre de
Mr. Mac Phearson lui a déjà fait prévoir ma visite. Je suis
bien obligée de croire que le drôle de petit être est Miss
May, mais vraiment elle a tout à fait l'air d'un homme,
et même d'un nègre, tant sa figure est noire. Accueil bon
garçon ; Miss May me gardera pour la journée, regrette
de ne pouvoir me loger attendant des visites. Vite elle
reprend sa fourche, après m'avoir présentée à Jack, jeune
fille de dix-huit ans, son sosie en plus jeune et plus jol~
et à Miss S. qui s'occupe du ménage.
Je m'empare d'une deuxième fourche et j'aide Miss
May à changer la litière des chevaux et des vaches. P •
le reste de la matinée avec Jack à traire, écrémer, faire
différents travaux autour de la maison. Tout en travaillant Jack me raconte que son père est officier au Transvaal. Elle a toujours aimé l'agriculture, les bêtes. Arrivée

depuis quelques semaines au Canada, elle veut se placer
chez les autres, jusqu'à ce qu'elle ait gagné suffisamment
pour s'établir sur une ferme à elle. Au fond son ambition
serait d'être cow-boy. Son frère, me dit-elle, est modiste à
Londres. Dr6le de famille ! Jack a un beau regard franc et
courageux. Nous continuons à causer, ou plutôt c'est elle
qui parle, me racontant quelle remarquable femme est
Miss May. Jusqu'à l'arrivée de Jack, elle était seule pour
faire tous les travaux de la ferme, labourage etc. Aux
moments de presse, elle prenait bien un ouvrier agricole
pendant quelques semaines, mais généralement celui-ci

JOURNAL DE VOYAGE (CANADA)

777

partait, trouvant la place tro

nord, où la saison est si co!tdu~e1.rEt, dans le Canada du
.
e, 1 1aut se presse
deux Jours de retard pour 1
'Il
. r ; un ou
'l
é
es semai es et l é l
ann e sera compromise. L'étable aux
a r cote de
cochons ont été constru't
M' vaches et celle aux
.
1 es par
155 M
Mamtenant
elles emploi t l
ay et par Jack.
en eurs moments
d
creuser une cave sous 1a maisonnette
.
per us à
Apres avoir déjeuné et fu é
·.
cigarette
aJI
à travers champs, en cab . 1m une
.
, nous ons
rio et voir l'éta d

ferme a un demi-mille
é 'd
t es cultures. La
carr
e supe fi . J'
chevaux ; le bétail auss·
i
r c1e. admire les
i est tres beau .
de race Holstein, grosses bêtes à ela , ce ~nt des vaches
Le soir, après le thé .
p ge noir et blanc.
.
,Je repars. Jack, ay
d
SJons à faire à Sed
• Je,
ant es commisgew1c me rame
route elle descend po
. . ne en voiture. En
ur me cue1lhr un b
sauvages. Je tiens le cheval
d
ouquet
de lis
r .
1es cheveux chez Je b b' penL ant qu'ell
.
e se ,ait couper
ar 1er. a nuit n'
tombée. Devant le p.
rr
est pas encore
1onntrs n.ottl
l
grand feutre fument 1 .
1
, que ques hommes à
a pipe; e blanchi
h' .
pend son linge à sécher D
l
sseur c mots susété
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cro, és par le riu d'
I .
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un nd1en à l' ·
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fcmme porte une longu
b
air mis rable. Sa
e ro e rose en
al
volan ts, et un chAle vert Il
l'
perc e, ornée de
• s sont un t l'
assez dégénéré M .
.
e autre de type
·
amtenant il
·
baraque du forgeron.
s stauonnent devant la

., J'ai fait mes adieux à Jack Elle m'
J espère l'engager à ve .
. . .
est sympathique et
01 r me reJotnd
,,
··
J avais une ferme à . J
.
re, s1 Jamais plus tard
mo,. e vais cns ·t
p·
retrouver ma chamb

d l

Ul

e au

ronners Hotel

le train qui passe à d re he a nuit dernière, en attendant
~~x. ~mdu
· L a chaleur est
SUuocante
et les
.
matin.

moustiques mtolérables• J e ne parviens
.

3

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pas à dormir et pense à Miss May avec admiration, tout
en n'ayant aucun désir de l'imiter.
De Sedgewick je retourne à Calgary, La chaleur est si
forte que les pieds sont cuits à travers les semelles sur les
pavés br1ilants. Fait la connaissance de plusieurs femmes
dactylographes, institutrices, couturières ; quelques unes
font du colportage, d'autres sont agents pour des ventes
de terrains. Certaines réussissent très bien. Cependant je
me rends compte que les brochures répandues en Europe,
encourageant l'émigration au Canada, sont d'un optimisme un peu exagéré, cachant de parti-pris toutes les
difficultés avec lesquelles le nouvel arrivé est aux prises.
" L'Ouest n'est pas un endroit pour une femme
blanche, " me disait une jeune Anglaise, très énergique
cependant, qui, arrivée au Canada comme jardinière,
trompée par son associée, avait ensuite ouvert un tea room,
fiasco complet, et fini par trouver une place de groom.
Mais on exigeait d'elle un travail si dur qu'elle était
tombée malade et avait dil. retourner en Angleterre.
Celles qui viennent au Canada sans posséder un métier
bien défini, les intellectuelles, les artistes, trouvent difficilement à s'employer. En revanche une cuisinière ou
une couturière est s1'.lre d'un bon accueil et d'un travail
bien rétribué.
Je m'étais toujours figuré l'Ouest canadien comme
étant. très sauvage. Il n'est pas sauvage, mais rude, et cette
"civilisation barbare" n'est pas sympathique. On s'y senÜ
la fois repoussé et attiré ; repoussé par la rudesse des
gens, attiré par leur jeunesse, leur énergie. On perd vite
la notion de l'impossible dans ce pays où se voient tant
de miracles. Si la vie du moment est difficile, on a

JOURNAL DE VOYAGE (CANADA)

779

toujours la
.
1 ou mo·
. presque certitude d'arnver
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à une meilleure situation Il
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ms vite
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serait amusant d'interroger
sur sa. vie p us un homme à fi gure voIonta1re
. rencontré
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en am ou en bateau.
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Le beau temps. du ranchin g, dont C algary était le centre
est b1·en fi ru. mamtenant
· ont tro
· · Les terrains
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p augment
bonne affaire Je f: . 1
e~, _pour que l'élevage soit une
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h fil
du général. II me raconte q ue v01c1
.. douze ans
• roc•·1 u, s
Canada. Avant de
éd
qu 1 est au
poss er un ranch 11 ' é. .
comme cow-boy L
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. es autres cow-boys se
.
lui, parce qu'il n'était 1
.
moquaient de
était F
.
. . p us tout Jeune et aussi parce qu'il
rança1s, mais il est par
t
•
d'eux et
.
venu a se faue respecter
, mamtenant son nom a été d
é '
ville de l'Alb t
onn a une petite
er a.

Q

. ,

20

juin.

. u1tte Calgary pour Ed monton C
•
nvales, chacune voul
. es deux villes sont
ant ~tre celle qui s'accroît le 1 .
Ed monton e t
.
P us vite.
fort des Roc:eu:onstr~1te sur un terrain vallonné, contrechez des amis
passe quelques jours très agréables
ais.
En quittant Edmonton, je retourne Cal a
'
arrêter et pars pour l'île de V
g ry sans m y
Montagnes Roch
ancouver en traversant les
euses.

irl:/.Y

a

Sooke, près Pictoria 12 ..,,,
A
.
,
JU1 tel.
u départ il pleuvait, et c'est s
la
.
., .
cette traversée des M
ous plme que J a1 fait
tant é' .
ontagnes Rocheuses dont J·e m'ét .
r JOUie. Je descen'ds a L
ais
train du lendemain 1 .
aggan pour 1 attendre le
et a1sser aux nuages le temps de se

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

disperser ; mais le lendemain n'a pas été plus beau que la
veille ; un brouillard épais courait le long de la vallée,
cachant les cimes neigeuses. La traversée des montagnes
dure à peu près 24 heures. On ne voit ni pâturages, ni
chalets comme dans les paysages alpestres : rien que des
arb~es sombres et des rochers. A un moment donné, nous
passons cependant près d'un petit village nommé Edelweiss, construit pour les guides suisses importés par le
C. p. R. Mais ce village tout neuf a un air artificiel de
décor de théâtre. A Glacier, trois de cès guides stationnent
sur le quai de la gare. Je saute du train et engage la
conversation en patois bernois. Ils ne comprenµent pas un
mot de ce que je leur dis, par la raison qu'ils sont Anglais.
Le Dimanche matin, 6 juillet, le temps était clair pour
la dernière partie du voyage et -1e pays tr,!.versé tout à fait
beau. Je voyais la forêt vi~ge pour l~ première foi~. La
voie courait entre des arbres géants, del espèce des épicéas,
les plus grands que j'aie jamais vus. Le versant ouest des
Rocheuses forme un contraste absolu avec le versant est.
Là il y avait vraiment trop peu d'arbres, ici il y en a
presque trop; le déboisement est difficile et coil.teUX. No~s
longeons des lacs très beaux, puis la rivière Fraser. Qu01que ce soit dimanche, les gens travaillent sur la ligne, dans
les scieries et partout ; les ouvriers sont pour la plupart
des Chinois et des Hindous en turban. A IO heures, nous
arrivons à Vancouver. La baie est vraiment splendide, la
ville assez semblable aux autres villes américaines, à ce
qu'il m'a semblé. J'en ai remis la visite à un autr~ jour
et suis aussitbt montée sur le bateau. Bordant la baie du
cbté sud est Stanley Park, réserve de forêt vierge, conservée
telle quelle, av:ec le fouillis des sous-bois et des arbres géants,

JOURNAL DE VOYAGE (CANADA)

La traversée de Vancouver à Victoria est une chose
exquise, surtout par un aussi beau temps. Puget Sound est
semé d'îlbts boisés. Les Canadiens de l'est m'avaient bien
dit que pour eux la Colombie br.itannique était le lieu de
vacances où ils venaient se reposer apres leur vie de travail
A trois heures nous arrivons à Victoria. C'est une vill~
plus anglaise qu'américaine, habitée par des gens riches,
pour la plupart; beaucoup de familles d'officiers de l'armée
des Indes. Les maisons en bois, entourées de verdure sont
. é
,
temt es en brun, en gris perle, ou encore en couleur
beurre frais avec l'encadrement des fenêtres blanc. C'est
net comme apparence et tres coquet. Le port est assez
étroit et insuffisant. Il est encombré par les steamers du
C. P. R. faisant le trajet Victoria-Vancouver et VictoriaSeattle et par une quantité de petits bateaux à naphte.
Les grands vapeurs qui vont en Chine et au Japon n'en~ent P~ dans la rade. La ville donne, dès l'arrivée, une
impression de prospérité. On y remarque le Palais du
Parleme_n t et la masse monumentale de l'Empress Hotel.
Je suis heureuse d'être ici; c'est un changeD)ent complet apres la Prairie monotone et br{llante. Je trouve à me
loger dans ~ne pension de famille recommandée au départ
par des amis français qui sont à la tête de fa C° FrancoCanadienne. Un de leurs agents Mr. Carmichaël et sa
fem~e, dont j'avais fait la connaissance à Londres en mars
dermer, me reçoivent aimablement.
_Visité la -Yil!e. Sur les conseils de Mr. Carmichaël je vais
voir le Député-Ministre de l'agriculture. A cette période
de mon voyage, l'ambition agricole qui me dévorait au
départ s'est un peu calm!e, Des bœufs, je suis prête à me
rabattre sur les poulets • L es œu1s,
r. para1t-1l,
• • se vendent très

�JOURNAL DE VOYAGE -(CANADA)

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

cher à Victoria. Mr. S. le Député-Ministre consulté, me
conseille d'aller voir Mr. Miller Higgs, un Anglais qui
élève de la volaille dans son petit ranch de Sooke, à dixsept milles de Victoria. Je prends l'auto publique, traversant un pays boisé, qui me rappelle tantôt la Suisse et tant6t
le Midi. Le temps est beau ; il fait une chaleur agréable.
Par moments, dans une éclaircie à travers les arbres,
j'aperçois la mer et les montagnes de !'Olympie Range.
La plus grande partie du trajet se fait en forêt. De temps
en temps nous passons à côté d'un groupe de quelques
tentes. Elles sont habitées par des hommes occupés à
déboiser, travail de géant. Mr. Higgs n'est pas chez lui;
je ne trouve que son ouvrier, tout à fait gentleman, mais
idiot et très sale. Je laisse un mot sur ma carte et retourne

à Victoria.
.
Le lendemain matin, jeudi

juillet, répondu à deux
annonces parues dans le journal sous la rubrique Help
wanted Jemale, réclamant des agents féminins. Je vais aux
renseignements. La première situation consiste à aller
tourmenter les gens chez eux: pour les engager faire
agrandir leur photographie. C'est hideux. J'hésite à
refuser, car la commission est assez forte. La deuxième
annonce est celle d'un médecin, qui offre des soins contre
abonnement. L'affaire est plus profitable encore que celle
du photographe, mais j'apprends le jour même qu'elle est
Ier

a

frauduleuse.
Sur ces entrefaites, arrive Mr. Higgs, en ville pour la
journée. C'est un Anglais d'une quarantaine d'années,
tiré à quatre épingles. Il m'invite à prendre le thé à
l'Empress Hotel. Je lui parle de mon idée de poulets, Il
propose de m'emmener passer quelques jours sur sa

ferme; me dit que sa femme m'attend. J'accepte de suite.
Vite j'empile quelques vêtements dans une valise et nous
partons dans le buggey. Après cinq minutes de conversation, nous découvrons, à no.tre amusement
tous deux:
que nous avons en Europe des connaissances communes.'
Sur la route, Mr. Higgs parle tout le monde, interpellant
les ~ens par leur nom. Le matin, à l'aller, des voisins lui
avaient donné des commissions ; l'un d'eux, cuisinier
d'un camp de bûcherons, l'avait même supplié de lui
rapporter une bouteille de whisky, en lui disant : " Vous
promettez
. de n'en rien dire à ma femme 1"
. Mr . H'1ggs

a

a

t&lt;

\ pro~1s tout c~ qu~on a voulu, mais a fait exprès
d oublier la bouteille, nen que pour voir la figure désappointé~ de. l'autre. La route s'allonge et j'ai faim. Je
voudrais voir les veaux: que nous croisons sur le chemin
transformés en côtelettes. La nuit est tombée et les
tentes éclairées
l'intérieur · font penser à des cartes

a

de Noël.
. A onze heures nous arrivons enfin. Mrs. Higgs est une
Jeune femme de mon i ge, à l'air pratique et tres décidé.
Nous prenom, un thé tardif. Je l'aide à préparer ma
chambre. Le lendemain nous nous levons de bonne

a

heure. J'apprends faire le déjetlner des poules. Quand
la volaille a m_angé, nous nous occupons de notre déjel1ner
à nous. Pour toute aide, les Higgs ont l'idiot qui sert à
porter le bois et l'eau. Aux repas, on met un grand
bouquet de fleurs en face de lui pour le cacher car sa
tenu~ à table laisse à désirer, et il est horriblem:nt ·sale.
_Des le premier jour, je me suis sentie installée chez les
Higgs comme chez moi. Nous avons été très occupés à
préparer des sujets pour l'exposition d'aviculture de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Vancouver, à laquelle doit assister S. A. R. le duc de
Connaught. Les plus belles volailles de Mr. Higgs sont
les Cornish Game, oiseaux de table, blancs, hauts sur
pattes, très batailleurs. Il faut leur laver les pattes à l'eau
-et au savon, manicurer leurs ongles et les passer au bleu,
Derrière la maison est une terrasse sur laquelle nous
a-elavons la vaisselle, préparons les légumes et faisons la
Jessive. Nous vivons dehors. Les Higgs aiment beaucoup
ies fleurs; leur jardin est ravissant 'avec sa pergola couverte
,de rosiers grimpants et les pois de senteur si chers à tout
cœur anglais.
" Cela ne paie pas, " disent les voisins utilitaires, en
parlant du jardin. " Cela ne paie pas, " disent-ils aussi
quand, le soir, les Higgs, le travail fini, partent pour de
longues randonnées en vqiture dans la campagne. Bientf&gt;t
je connais tous les ranchs des environs et leurs habitan~.
Parmi eux sont plusieurs fils de famille ayant un conseil
_judiciaire. Lorsqu'ils reçoivent, deux fois l'an, la pension
1paternelle, ils vont se terrer dans une auberge du voisi1J1age. Quand tout l'argent est bu, ils retournent travailler.
J'aime beaucoup les jours de semaine à Sooke mais pas
du tout le dimanche, lorsqu'après un sermon interminable
du pasteur méthodiste, il faut retourner le soir à une
réunion de prière. Au bout de quelques jours, je rentre à
Victoria les Higgs quittant leurs poules, qu'ils confient à
.
'
des voisins, pour aller à Vancouver. Cette expérience
ma
montré que je n'aime pas suffisamment les poulets ~ur
leur consacrer ma vie. D'autre part, je me rends très bien
compte que je n'ai nul désir de m'expatrier définitivement en achetant de la terre et en me fixant au Canada.
Mon intention est d'y séjourner quelques années, si j'y

'

JOURNAL DE VOYAGE (CANADA)

trouve une situation quelconque et je consulte la page
,d'annonces du Victoria Colonist.
Voici de nouveau tous mes projets changés. Cela a été
-si rapide que j'ai peine à y croire moi-même. En quittant
les Higgs et leurs poulets, j'ai passé à Victoria quelques
journées mélancoliques, cherchant en vain une occupation ; ce n'est pas du tout si facile à trouver qu'on le
croit. Je répondais aux annonces les plus variées et
toujours sans succès.
Dans ma pension est une grande Anglaise, d'une
'juarantaine d'années, un peu originale et bohême Miss
. ; elle donne des leçons d'anglais à une Indienne,
'
Pame
femme d'un Américain, exploiteur de forêts. Hier elle
me dit que cette squaw l'invite à camper au nord de l'île
parmi les gens de sa tribu, et l'autorise à emmener avec
~Ile une amie. Cette Indienne, Mrs. Donahoo, était
veuve d'un chef dont la tribu habitait le long du fjord de
Kyuquot, au nord de l'île de Vancouver. Il y a quelques
2.nnées, une barque contenant trois jeunes blancs chavirait
-sur la rive. Deux d'entre eux se noyèrent ; le troisième
qui était demeuré toute une nuit cramponné à l'épave'
fut recueilli par les Indiens et soigné par la veuve d~
chef. En reconnaissance il l'épousa, et depuis lors ils partagent leur temps entre Victoria et Kyuquot. L'Indienne,
demeurée sauvage, refuse d'habiter une maison, préférant
amper Victoria sur sa gazoline dans la baie d'Esquimalt,
à quelques milles de la ville.

a

Miss Paine semblait un peu ennuyée à l'idée d'aller
seu~e. chez les Indiens; elle a accepté avec plaisir ma proposition de l'accompagner. Il fallait que je sois présentée

�786

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à Mrs. Donahoo, ce qui est fait aussit&amp;t. C'est une femme
d'une quarantaine d'années, habillée a l'européenne, toute
petite, le type de sa race très accentué : une grosse tête,
les pommettes saillantes, le nez épaté, le crhie pointu, ce
qui chez les Indiens est l'idéal de la beauté féminine. Ce
résultat est obtenu par un savant bandage de la tête des
nouveau-nés. Miss Paine ayant fait la présentation, je
suis invitée sur le champ. Le départ est fixé au lendemain. Mrs. Donahoo ne parle que quelques mots d'anglais;
elle rit continuellement d'un rire grimaçant qui la fait
ressembler à un vieux masque japonais.
Nous quittons Victoria le 20 juillet au soir pour Kyu·
L e "T ees " , sur
quot. C'est un voyage de quatre Jours.
lequel nous nous embarquons, m'a été dépeint par
Mr. Carmichael, comme ét;mt très sale et inconfortable.
Je m'aperçois vite que cette opinion n'est pas exagérée;.
mais je passerais par dessus tout, tant je me réjouis de
cette expédition. Ce bateau d'environ quatre cents tonneaux servait à l'origine pour le transport des bestiaux; il
est indigne d'un autre usage. MaLntenant il prend du
cargo, et les quelques passagers, Indiens ou pionniers, sur
la c&amp;te ouest de l'ile.
Jamais je n'oublierai ce départ. Pour arriver à notre
cabine il fallait enjamber des paquets de cordage, des
planches, des tas de charbon, contourner adroitement des
vaches et des gens couchés un peu partout, plusieurs ayant
bu. Miss Paine avait envie de s'en retourner quand nous
avons rencontré Mr. Donahoo, le mari de la squaw, qui
lui a redonné courage.
Nous partageons, Miss Paine et moi, la même cabine.
Elle s'ouvre sur la salle à manger, qui est transformée en,

JOURNAL DE VOYAGE (CANADA)

dortoir pendant la nuit, et je soupçonne les nappes d'y
tenir lieu de draps.
Heureusement le temps est très beau durant les quatre
jours du voyage, que nous passons sur le pont, assis sur les.
planches et les cordages. Nous ne voyons guère !'Indienne
qui reste presque tout le temps enfermée dans sa c~bine.
Nous suivons la c8te, entrant dans tous les fjords. Je n'ai
jamais vu la Norvège, mais je me figure que l'île de
Vancouver doit lui ressembler.
A chaque arrêt, toute la population est là pour nous
recevoir. Le bateau ne passant que deux fois par mois,
c'est le grand événement. La population est composée
d'indiens, de Chinois, de quelques Japonais et de Blancs,
concessionnaires de terrains ou b-ô.cherons. Quelques
jeunes ingénieurs, nouvellement arrivés d'Angleterre, font
de l'arpentage et de la cartographie.
Dans ces endroits neufs, les femmes blanches sont rares.
Sur le bateau, une institutrice qui va rejoindre son poste
tout au nord de l'île, au cap Scott, me raconte que la
personne qu'elle va remplacer avait été demandée vingtdeux fois en mariage en six mois. Elle en était devenue·
presque neurasthénique et avait obtenu d'être envoyée
ailleurs.
Les Indiens de la Colombie britannique m'ont beaucoup déçue. Ils n'ont pas le beau type de ceux de la
Prairie, mais sont pe~its et gros, ressemblant aux Esquimaux et aux Japonais. Ils ont la vie facile, se nourrissant
de poisson. Ils tressent des paniers très fins et fabriquent
des canots à l'arrière allongé, terminés par une tête de
cerf ou une tête d'oiseau sculptées. Les femmes et le!.
petites filles portent de longues jupes de percale volants,,

a

�JOURNAL DE VOYAGE ( CANADA)
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

des châles de couleurs vives. Les hommes sont vêtus
comme des trappeurs quelconques. Ils ont beaucoup perdu
le sentiment de l'honneur et de la parole donnée et contrastent en cela avec leurs frères de l'Est.
A chaque arrêt du bateau, tous ces gens sur les passerelles: Indiens, Chinois, Japonais, btkherons aux chemises
jaunes ou vertes, font des taches de couleurs gaies.
C'est la limite extrême du Far West. Les touristes
même ne dépassent guère Victoria. Les passagers sont des
habitants du pays, ceux vus sur les débarcadères.
Quand Mrs. Donahoo se promène sur le quai, elle est
tout de suite entourée de femmes lui padant en indien,
très vite , touchant ses vêtements avec des sourires admiratifs. Dès les premiers jours, on voit que Miss Paine ne
lui est pas sympathique. Elle a di1 ne l'inviter que par
caprice. Pour moi, jusqu'à présent, elle semble avoir une
grande affection, que je n'arrive pas à lui rendre. Je la
~ens vraiment trop différente et trop peu si1re.
22

juillet.

Nous stoppons devant une mise en bohe de saumons
et avons la chance d'arriver en même temps qu'un bateau
rempli de ces poissons qui brillent au soleil. Les hommes
les soulèvent avec des crochets, et les jettent sur une
planche qui s'élève à la manière d'un tapis roulant. Les
pôissons sont retenus par des planchettes fixées à espaces
réguliers. Ce monte-charge les transporte dans un ~nd
hangar, où ils sont grattés, nettoyés, coupés et mis en
boîtes. Dix mille saumons par jour sont ainsi préparés.
Le lendemain, vers le soir, le "Tees" s'arrête devant
une station baleinière. Trois baleines sont là, sur un grand

plan incliné; des Chinois les dépècent. Tout ce qui n'est
pas huile et fanons est brt\lé pour faire de l'engrais.
L'odeur qui s'échappe de ces fourneaux et cheminées est
une chose épouvantable, dont on ne peut se faire idée.
Elle pénetre dans la peau et dans les vêtements, et suffit
à donner le mal de mer. C'est affreux de penser que des
gens peuvent vivre dans un endroit pareil. On me dit
qu'en peu de temps ils s'y habituent, et même engraissent
rapidement. Au dessus des carcasses, tourne un vol de
corbeaux. Des loups, attirés par les débris, hurlent dans la
forêt. Nous les entendons du bateau. L'odeur de baleine
brt\lée que le vent nous apporte devient intolérable. Je
vais supplier le capitaine de nous faire reyartir. Il est au
milieu d'une partie de cartes et ne veut rien entendre.
Nous nous enfermons alors dans une cabine, Mr. et
Mrs. Donahoo, Miss Paine, deux jeunes Américains, deux
petites filles et moi. Nous fermons les hublots et fumons
force cigarettes jusqu'au départ. Il paraît que les baleines
diminuent beaucoup sur la cé)te. Quelques heures plus tard
nous passons devant une autre station baleinière. C'est la
nuit. Nous sommes réveillés par l'odeur.

Mercredi, 24 juillet.
Au matin nous arrivons devant Kyuquot, village indien,
but de notre voyage. Une barque menée par deux indigènes vient nous chercher à quelques milles en mer. Ici
nous trouvons Mr. et Mrs. Ellis, le beau-frère et la sœur
de Mrs. Donahoo, qui tiennent une petite boutique, à la
fois mercerie, épicerie et quincaillerie.
A Kyuquot, il y a une véritable plage. C'est une rareté,
car, depuis Victoria, la rive a été plus ou moins monta-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

gneuse; mais toujours les arbres, épicéas d'essences diverses,
descendaient jusqu'à la mer, ce qui est tres beau, qùoique
assez froid et monotone, D'autres endroits, en revanche,
sont entièrement dénudés. Jusqu'à ces dernières années,
les concessionnaires de terrains n'hésitaient pas à mettre
le feu aux forêts. Maintenant une réglementation sévère
interdit ce mode trop radical de déboisement.
Toute la jeunesse indienne est a la pêche pour l'été
ou travaille dans les mises en boîte de saumons. Il ne
reste au village que les vieillards. · Village est un nom
pompeux pour ce groupe de quelques cabanes. Parmi _les
Indiens la coutume est que, lorsque le chef de famille
'
.
meurt tous ses biens soient mis sur sa tombe et sa maison
brtîlée.' Vingt-cinq chefs de famille ont péri dans un
naufrage, il y a quelques années, et cela devait être un
curieux spectacle de voir, _au bord de la mer, sur une
-étendue d'un demi-mille, un alignement de chaises,
tables, commodes, gramophones, ayant appartenu aux
naufragés. Il ne reste plus rien de ces objets, mais, sur la
tombe d'un chasseur mort il y a quelques mois, on aperçoit encore sa grande pirogue, son fusil et des planchettes
piquées verticalement sur la pirogue, chaque planchette
représentant une loutre de mer tuée par lui.
L'héritage n'existe pas parmi les Indiens. Les jeunes
ge s sont aidés par les dons du Potlatch. De temps en
temps un ou plusieurs membres de la tribu font un don
'
. aux
à ..quelques
garçons choisis par eux. Ce don revient
enfants des donateurs et se transmet de génération en
génération. Mais aujourd'hui, les jeunes indiens élevés
-dans les écoles et revenant dans leurs villages avec tous
les défauts des blancs, sans aucune de leurs qualités,

JOURNAL DE VOYAGE ( CANADA)

79 1

acceptent souvent le don du Potlatch sans le rendre aux
enfants du donateur.
A Kyuquot, nous entrons dans la maison de Moîse,
neveu de tnon h&amp;tesse squaw. C'est un jeune homme
très Sàle et mal tenu, habillé à l'européenne. Il est marié
depuis quelques semaines. Sa femme est une jeune blonde,
qui n'a pas du tout le type i~dien. Elle a l'air d'un
ruminant; sa figure ne change pas d'expression pendant
tout le temps que nous passons chez elle. La maison est
meublée à l'européenne : des chromos au mur, le portrait
du pape et un Reynold reproduits en teintes criardes, un
affreux gramophone, ce qui paraît être pour les Indiens
l'idéal de l'élégance.
Après déjeuner nous partons pour le bungalow des
Donahoo, situé à quelques milles de Kyuquot, sur un bras
de mer. Nous montons dans un bateau à naphte, auquel
sont attachées plusieurs pirogues portant le bagage, les
tentes, les armes, etc.
Quant aux membres de l'expédition, ils-sont une quinzaine, Indiens et Blancs :
1° M. Donahoo, l' Américain, notre chef d'équipe.
C'est un homme de trente-huit ans, toujours de bonne
humeur, ce qui est important dans un camp ; tres énergique,
une belle tête, et, par extraordinaire, pas du tout commun.
Il a vécu tout jeune une vie d'aventures; a fait naufrage
plusieurs fois, travaillé dans les mines d'or, mené au Japon
des convois de chevaux de course.
Il connaît la forêt comme un trappeur. Au reste, il l'a
été. Il est plut&amp;t silencieux, comme le sont les gens habitués à la solitude, mais, quand on arrive à le faire parler
·1
,
1 est très intéressant.

�79 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS~

Mrs. Donaboo, l'Indienne, les cheveux huileux, le
é até, a une haute opinion de sa beauté, et passe des.
nez p
.
. •
, li
h cures à se Coiffer devant mon petit m1ro1r qu e .e
accroc he à un arbre. Boudeuse et capricieu. e, elle
. est ,déjà
Il
.
aimable
avec
moi
et
odieuse
avec
Miss
Pame,
moms
. qu e .e
traite en esclave. Les premiers jours, elle voulait que JC
décide ma famille à me céder à elle, désirant me garder
définitivement, à titre de fille adoptive et ~e da":e de
· Je m'aperçois bientôt que je serais aussi procompagme.
fesseur de danse et relaveuse de vaisselle.
Le plus grand tort de Mrs. Donahoo, c'est de' ne pas
consentir à rester tout simplement la sauvage qu elle ne
2o

peut s'empêcher d'être.
. .
30 Harry Donahoo, cousin de Mr. Donahoo, 1\méncatn
de vingt ans, genre très Chicago. Bon garçon, mais crac~e
trop sou ven t ; porte un mackintosh par le plus beau soleil.
40 Harry Lane, jeune homme du même !ge, sale et
mal élevé.
50 Bec Lane, soeur de Harry, fillette de dix ans, très
attachante, toujours en punition, parce qu'elle a trop de
fantaisie, ce qui déplaît à Mrs. Donahoo.
60 Hatchkett, petite Indienne du même â~e que Bee,
adoptée par les Donahoo, très pratique, mats menteuse
et rapporteuse.
., .
.
70 Un Indien de seize ans, dont J a1 ~ubhé le nom.
go Marks, l' Américain auquel apparaent le bateau à
hte Il vit avec sa femme et son bébé dans une cabane
nap .
1
.
'il
en bois qu'il a construite lui-même sur a conces_s10n qu
tient du gouvernement. Il donn~ des cou_ps de pied à son
chien et paraît avoir une mauvaise conscience . .
90 Mrs. Marks, jeune Californienne ravissante et

JOURNAL DE VOYAGE (CANADA)

793

blonde. Elle s'ennuie à mort dans cet endroit solitaire.
10• Le bébé Marks, pauvre petit être de six mois qui
en paraît deux.
11• Mr. Ellis, bcau-frere des Donahoo; tient la boutique
à Kyuquot, commun, gros, mais inoffensif et sans malice.
12• Mrs. Ellis, Indienne, sœur de Mrs. Donahoo, mais
toute différente : grande, jolie taille, très enfantine, mais
charmante.
13• Mis Paine, l'Anglaise qui m'a présentée aux
Donahoo, bohême, désordre, sentimentale, bien élevée et
très malheureu e dans ce milieu.
14° Moi-même. Sweater sang de bccuf, jupe courte à
carreaux noirs et verts - le sweater et l'étoffe viennent
du bazar indien de Kyuquot - grand feutre gris avec
une plume d'aigle, la per onne et les habits déchirés et
très sales.

Le bungalow des Donahoo est itué dans un endroit
spler.dide. C'est la solitude ab olue. Pour y arriver, nous
longeons la rive du fjord. Les aigles perchent sur les
grands arbres au bord de l'eau. La maisonnette est entourée
d'un jardin abandonné, devenu prairie. Nou y passons
trois jours, dévorés par les moustiques.
Mrs. Donahoo, maintenant que nous avons quitté le
"Tees" protecteur, se montre de plus en plu autoritaire
et capricieuse. Elle est orgueilleuse 'd'avoir chez elle des
femmes blanches, plus orgueilleuse encore de les sentir à
• merci, de pouvoir leur commander.
Le meilleur souvenir de ces journées est la capture
d'un gros saumon. Nous étions en pirogue, Mrs. Donahoo
tt moi. Je pagayais san bruit; elle pêchait, assise à
l'arriêre, déroulant la longue ligne terminée par la cuiller
4

�795

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

794

de cuivre et l'hameçon, auquel est attaché un chiffon
rouge, à la mode indienne. Je m'amusais à compter les
grosses méduses jaunes d'or. Tout à coup la ligne se
tend ; un saumon a mordu. La squaw pousse un cri
sauvage, elle saute dans la pirogue au risque de la fairt
chavirer. La ligne se détend ; le saumon est parti, emportant l'hameçon ; Mrs. Donahoo pleure et hurle de rage
en indien. Elle est effrayante à voir. Mais le poisson
mourant revient à la surface ; elle l'achève à coups de
pagaie. Alors c'est un chant de triompi1e et nous rentrons.
De tous les points du fjord arrivent des Indiens en
pirogue, qui viennent rendre visite
notre h~tesse. Elle
est ici dans son élément. Les repas se prennent dehors l
on mange du riz, des haies, du poisson. Mrs. Donahoo et
ses amis forment un groupe a part. Accroupis par terre,
ils grimacent et parlent tres ' vite une langue gutturale.
On les sent bien loin de soi, et l'on n'éprouve pas à leur
égard la sympathie qu'on ressent pour certains paysaDS
et pour les vrais sauvages. On emporte d'eux une impretsion de laideur et de saleté. Les trappeurs de !'Hudson
Bay c• ont forgé une langue : le chinouk, sorte
ranto, qui est généralement employé dans les rapport,

a

d'•

entre Blancs et Indie•ns.
Miss Paine est devenue l'esclave de l'6xpédition. C'elt
elle qui veille au feu, cuit les repas, lave la vaisselle.
L'indienne la rudoie et se moque d'elle. Cette pauvlt
Anglaise me fait vraiment grand'pitié et j'essaie de
l'aider. Le soir nous faisons des feux d'herbes humides

PROTEE

DRAME SATYRIQUE EN DEUX ACTES

ACTE II
·J
11-.
.Même. tableau
.
,&lt;JU' à l'acte précédent• Quand le rtaeau
se IÇtle,

CÉLINE

Rorr.

1111

mt MENELAS etendu sur le ri'{.lage et dormant tenant d.
16
1111Jin
u:uche sur ,e,ans
• la main d'HÉLÈNE '{.loilée et assfre• A o·
pro1u111um

appuyé sur une canne à bout de caoutchouc ,e tient le
A l'orchu~e

BATTRE-MAJOR, écoutant l'orchestre. -

BACCHANALE NOCTURNE

pianfoir110.
LE SATYRE-MAJOR

à l'orchestre

Tout beau, Messieurs ! tout doux ! Plus bas !
Plus bas ! Plus bas !
S'il s'agissait de faire du bruit nous n'aurions
pas besoin de musique.
'
C'est le silenc~ qu'il s'agit de faire entendre
Chhh!

•

Il b~t la mesure. La musir1ue, déjà faible, devient presque imperceptible.

pour chasser les moustiques.

(A suivre.)

1

1

V.
o1r 1a Nouvtile Rwut Française du x"' Avril.

�LA 'NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

PROTÉE

Ça va mieux 1 Sss ! plus bas encore! que diable l
ce n'est pas pour des chaudronniers que vous jouezl
Mais pour des demi-dieux dont l'orçille farouche
se termine en une pointe aussi fine qu'un seul poil.
Et vous allez réveiller ce brave homme qui a
pris Troie et terrassé un phoque et qui est bien
fatigué.
Et Hélène même peut-être. Plus bas!

L' orcftestre joue à vide, les violons retournés,
les cymbales disjointes, les cuivres bouchés.
Très bien 1 Vous m'avez compris! voilà. la musique comme je l'aime.
Le ronflement des tambours, le claquement des
mains, la grêle des crotales, nous
Parviennent comme de l'autre côté de la lune.
Le torrent des sabots 'et des pieq.s nus qui
suivent Bacchus
N'arrive pas plus à l'oreille que le grouillement
au fond d'un fleuve des écrevisses cuirassees.
Ces cris desesperés
Ne sont pas plus pour nous que la froide archerie de Diane,
Quand par un radieux minuit dans les campagnes du Rhône elle prend un large mûrier pour
cible !
Et la trompette elle-même quand elle sonne,
aussi faible qu'un sifilet de verre.

Faible 1riusique.

797

La nuit est aux dieux.
Coups très doucement sur la grosse caisse.
N'est-ce pas! Elle est trop belle ! c'est trop
beau, ce milieu de l'année ! .
C'est pour cela que Bacchus est venu,
Afin de délivrer les campagnes et les déserts et
les énormes replis de la terre tout remplis de
fotêts
. J?e cette ~~rche en triomphe et de ce pas irrés1st1ble au milieu des cris de désespoir imposant
le délice et la terreur !
'
Malheur à celui qui sur les feuilles mouillées à
minuit
Verra le reflet du dieu blanc, pareil à un soleil
de lait!
Malheur au cerf qui parmi ses biches inquiètes
exhaussant sa tête arborescente,
Regarde l'étrange armée cependant qu'elle passe
le gué montagnard en tumulte parmi les pierres
roulantes.
Et le dieu déjà n'est plus là et l~s précède
ct fo n ne v01t
· qu ' un gros
. homme ivre sur son'

Ane 1

Nul à cet appel n'est plus un homme tout-à-fait!
Car l'homme pour bondir prend les jarrets

d'une chèvre,

. Et la chèvre pour happer
vigne qu'on lui tend
·

raigre

poignée .de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

799

PROTÉE
J

MENELAS

Se met debout et devient une fille au front
cornu!
Silence!

La musique cesse peu à peu.

'

Quoi, n'y avait-il pas ici tout à l'heure,
Un de ces vilains Satyres encore qui me tirait
la langue?
LE SATYRE-MAJOR

Salut, Ménélas!

Silence.

Il dort! ce n'est pas en vain qu'il a regardé
dans les prunelles du dieu de la Mer !
Tout pour lui est changé et je vais lui appa..
raitre comme la plus adorable des Nymphes.
Salut, libérateur 1
MÉNÉLAS ouvre les yeux sans se réveiller.
- Le sATrRE-MAJOR lui fait d'horribles
grimaces. - MÉNÉLAS le regarde avec
hébétement et imite !CS gr:imaces. - Puis
d'un bond il se r~lève et saute sur s011
arc, mais peu à peu comme frappé d' étonnement il le laisse se débander.

'
SCENE
I

Il n'y a que moi ici, Seigneur, pour vous servir.
MÉNÉLAS,

se passe la main sur le front.

Qu'y a-t-il ? Monseigneur semble inquiet et
troublé.
' '
MENELAS

Ah, je suis las de toutes ces diableries !
LE SATYRE-MAJOR,

minaudant

Ce n'est pas moi au moins qui vous fais pe.ur ?
M!NÉLAS

Toi, ça va bien. Je t'aime. Tu es jolie. Ah, cela
fait plaisir de regarder une gentille figure.
LE SATYRE-MAJOR,

avec une révérence

Monseigneur !
LE SATYRE-MAJOR

Salut, Ménélas l
MENÉLAS

Qui me parle ?
LE SATYRE-MAJOR

C'est moi, Seigneur, qui vous parle.

MÉNÉLAS

Qu'une longue boucle blonde fait bien le long
de la délicieuse amande d'un jeune visage !
Et quel teint éclatant, aussi pur qu'une fleur de

bégonia!
·Qui es-tu ?

�800

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

PaOTil

LE SATYRE-MAJOR

La servante du seigneur Protée.
MÉNÉLAS

Tu as un bien vilain maitre.
LE SATYRE-MAJOR

Naxos (le plus souvent),
Est une ile au milieu de cette mer qui se trouve
entre les trois Continents,
Et c'est elle qui recueille toutes les épaves des
tempêtes et des courants.

801
MÉNÉLAS

Ça ne fait rien ! ça lui est tellement égal 1 "Je
suis Hélène ".
Veux-tu l je t'emmène I je te donnerai une place
à la lingerie.
Mais dis moi d'abord comment ton mattre se
ressent de la friction que je lui ai administrée.
LE SATYRE-MAJOR

Merci, il va bien et vous demande ses lunettes.
MÉNÉLAS

Un moment l qu'il vienne les chercher.
MÉNÉLAS
LB SATYRE-MAJOR

Tu es une de ces épaves toi-même ?

II n'ose vous affi-onter de nouveau.
LE SATYRE-MAJOR

J'étais abandonnée sur la mer dans un petit
bateau,
Et c'est le vieillard Protée qui recueillit ma
faiblesse et mon innocence.
, ,

MÉNÉLAS

J'ai bien cru que j'allais licher prise 1
Le lion et tout le reste, ça m'est égal! Mais
c'est le numéro de l'octopode que je n'attendais

pas l

MENELAS

Quand je me suis vu tout-à-coup au milieu de

Comme elle a bien dit ça !
Écoute, tu es adorable !

ces lanières flottantes,
Face à face avec ce bec de perroquet et ce crâne
cylindrique, pareil à un énorme cornichon décoloré, plein d'une épouvantable sagesse,

LE SATYRE-MAJOR

Tout beau, Seigneur!
N'est-ce pas là votre dame qui est avec vous?

Et ces yeux sans prunelles où flotte une lumière,
comme une lampe derrière une boule pleine d'eau,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

802

J'ai pensé rendre l'âme de dégoô.t ! Heureusement que la vision n'a pas duré,
Et qu'aussitôt j'ai tenu entre mes mains cet arbre
gluant qui produit des pots de confiture,
Tout mangé par le milieu d'un cancer rose,
pareil à un pis de vache.
Pouah!
LE

SATYRE-MAJOR,joigttant les mains

Vous êtes un Mros !
MÉNELAS

Eh bien! Qu'est-ce qu'il demande encore, le
vieux collectionneur ?

PllOTÉE

Quand les phoques voient ses lunettes, ils sont
frappés de respect et de terreur.
C'est ainsi qu'il les oblige à quêter pour lui et
à apprendre l'arithmétique.
MÉNÉLAS

En voilà encore une invention ! C'est comme
ces rubans qu'il m'a montrés !
Je voulais savoir un peu ce qui se passe à Argos,
car il court de mauvais bruits sur la famille.
Bon! La première chose que je vois, c'est ma
belle-sœur Clotilde à qui un jeune homme inconnu
se mettait en devoir de retirer de son ventre une
grande épée à deux tranchants.
LE SATYRE-MAJOR

LE SATYRE-M;AJOR

Il demande ses lunettes.

Ciel!
MÉNÉLAS

MÉNÉLAS

(il les met sur son nez.)

On ne voit rien avec.

Eh bien! Elle ne souffrait aucunement de cette
familiarité. On la voyait se relever et sortir à
reculons en arrangeant sa coiff~re.

LE SATYRE-MAJOR

Naturellement; elles ne sont pas faites pour voir.

LE SATYRE-MAJOR

Prodige!
MÉNÉLAS
MENÉLAS

Alors?
LE SATYRE-MAJOR

C'est le signe de son autorité.

Aussitôt se présentait un homme, Je crâne fendu
en deux, et Clotilde, - Clytemnestre, veux-je dire,
- qui se tenait à côté de lui, la hache à la main.

�PROTÉE

805

LA NOUVELLE REVlJE FRANÇAISI
LB SATYRE-MAJOR

Grands dieux ! vous me faites peur 1

- Là dessus je n'en pouvais plus et je me suis
endormi,
Tenant ferme la main de cette femme et dans
l'autre les lunettes.

MÉNÉLAS

Le crâne se recollait et mon frère Agamemnon
sortait de la baignoire parfaitement intact et sec.
Et ainsi de suite. Et cela a fini confusément
par une épouvantable fricassée où tout était confondu, le sacrifice de ma nièce et la cuisine qu'on
a faite de mes petits cousins !
J'en ai mal aux yeux.
Si au moins je reconnaissais les gens I Mais
tout tremble et ondule comme les figures qu'on
voit au-dessus d'un feu I et aux endroits les plus
intéressants il y a des grands trous blancs. Car ces
rubans ne sont pas de première main.
LE SATYRE-MAJOR

Les oracles sont toujours obscurs.
M.É NÉLAS

En somme tous ces massacrés qui se raccommodent, c'est un symbole, quoi! et le sens est plutM
consolant.
J'en conclus que tout s'arrange,
Comme le prouve ma propre histoire.
- Mais si j'avais seulement cent brasses de ces
rubans, quelle concurrence pour Delphes !

LJ! SATYRE-MAJOR

Rendez-les moi 1
MÉNÉLAS

Minute! est-ce que ma barque est réparée?
LE SATYRE-MAJOR

Elle est prête et vous attend.
MÉNÉLAS

L'œil du bateau est repeint ?
LE SATYRE-MAJOR

Il est repeint. Vous n'avez plus que la prunelle

à y poser.
Vous avez une voile de lin et une autre de
jute, quinze avirons de la première bordée et
vingt-huit de la seconde,
_Et un beau gouvernail presque neuf qui a été
pour l'Administration des Pompes funèbres
Egyptiennes.

f:ut

MÉ ÉLAS

Je lui

rendrai les lunettes quand je partirai.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

806

PP.OTÉE

I

MÉNÉLAS

LE SATYRE-MAJOR

,

Ecoutez donc! Vous pouvez lui demander
autre chose 1
MÉNÉLAS

Qui êtes-vous ?

lC'Ue son voile.
regarde en silence.

BRINDOSIER

Quoi?

MÉNÉLAS

la

MÉNÉLAS

Regarde, Hélène 1

LE SATYRE-MAJOR

Ne savez-vous pas que la fameuse Hélène
habite depuis dix ans cette île ?
MENÉLAS,

HÉLÈNE,

se dévoilant indolemment

Qui êtes vous, Madame ?

prenant son arc
BRINDOSIER

File, ou je te tue !

Réponds-lui, Ménélas. Dis-lui qui je suis. Cette
voix, ce visage qui se tourne vers le tien, cette
femme devant toi qui t'accueille, cela, ne les reconnais-tu pas ?

LE SATYRE-MAJOR,/uyant

Regardez derrière vous ! ,
SCÈNE II

Entre

BRENDOSIER,

MENÉLAS,

voilée.

à voix basse

Hélène, c'est Hélène.
HELÈNE

BRINDOSIER

Il n'y a ici d'autre Hélène que moi.

Salut, ô mon époux, je te retrouve enfin.
MÉNELAS

MENÉLAS,

se retournant

Quoi?
BRINDOSIER

Salut, ô mon époux, je te retrouve enfin.

Ah, le cœur me bat étrangement ! Voici avec
moi deux Hélènes, celle du passé et l'autre que
Pàris m'a rendue.
Si je ne tenais ta main, ah, je dirais que celle-ci

�808

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

est la vraie. C'est la voix, c'est la taille, c'est le
V1sage,
Plus jeune seulement, plus pur peut-être.
Regarde toi-même.
HÉLÈNE

Je n'ai pas besoin de regarder.

fllOflK
HÉLÈNE

Tu ne l'es mie.
BRINDOSIER

Toujours fidèle, toujours aimante, la même,
Et qui n'ai pas d'autre époux que le mien.
MÈNÉLAS

MÉNÉLAS

Regarde, te dis-je !
HÉLÈNE,

Comment êtes-vous ici, Madame, en cette présente tle de Naxos ?

tournant lentement les yeux vers lui

Cette femme me ressemble comme je ressemble
à Andromaque.

BRINDOSIER

Je dormais.
MÉNÉLAS

MÉNÉLAS

Tais-toi, tu n'y entends rien ! je me souVJens
mieux que toi 1
HÉLÈNE

Il n'y a ici d'autre Hélène qu'Hélène de Troie,
Qui fut enlevée par Alexandre autrement Pâris.
Comme on le sait dans le monde entier depuis
Gadès jusqu'à la Colchide,
Et comme en témoignent ces grands tas de
briques noircies, qu'on voit en face de Ténédos.

Vous dormiez ?
BRINDOSIER

Hermès,
Hermès m'avait flagellé le visage
De ce rameau trempé dans le fleuve Léthéon.
MÉNÉLAS

Vous do:miez. 1 et moi pendant ce temps, casque
en tête et 1épée au poing,
J'assiégeais Troie là-bas où vous étiez.

DRINDOSIER

Je ne sais. Quant à moi, je suis Hélène de
Sparte.

BRINDOSIER

Non pas moi.

s

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

810

MÉNÉLAS

Non pas vous ?

je dormais, c'est moi qui l' àÎ rasée comme avec la
faux, pendant que je n'étais troublée d'aucun

songe 1
BRINDOSIER

Celle-ci, non pas moi !
MÉNÉLAS

Mon corps est-il si puissant que sa seule image
suffise à la volonté d'un dieu ?
Mon âme est-elle si puissante qu'elle suffi.se à
faire vivre deux corps ?

Vous dites bien, car celle-ci est Hélène.
BRINDOSIER

Salut donc, Hélène.

HÉLÈNE

Ce sont des paroles qu'il est difficile de supporter.
BRINDOSIER

MÉNÉLAS

La reconnaissez-vous ?
BRINDOSIER

Salut, Hélène.
MÉNÉLAS

Maintenant, sœur Hélène, ô mon image,
Maintenant que votre tâche est faite,
Maintenant que je suis éveillée et qu'il fait jour,
Il est temps que vous me cédiez ma place et
mon époux 1
Ayez la bonté de disparaître, je vous en prie.

C'est Hélène que je tiens par la main?
MÉNÉLAS

BRINDOSIER

Qui d'autre ?
N'est-ce point mon visage? N'est-ce point mon
corps? N'est-ce point mon sein que soulève ce
souffle indigné ?
.
.
Qu'as-tu fait, pendant que je dormais, 6 _1m~
de moi-même I et quel usage les 'dieux ont-ils fait
de mon sommeil ?
C'est moi pour qui Troie a br{ilé pendant que

Souffie dessus un peu po.u r voir si elle va disparaître
Comme la vapeur de l'eau qui commence à

bouillir.
BRINDOSIER

Mais toi, Ménélas, qu'attends-tu pour m'ouvrir
tes bras après ces dix années,
Et ce cœur qui m'appartient?

�.,

812

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAill

813

PROTÉE

MÉNÉLAS

Quelle preuve as-tu que tu es Hélène ?

BRINDOSIER

Une seule suffit.
MÉNÉLAS

BRINDOSIER

Nulle que la vérité.

Tu dis bien! Il n'y a qu'une Hélène pour moi.
BRINDOSIER

MÉNÉLAS

Je sens je ne sais quel doute en moi.

Une seule, la même.
MÉNÉLAS

HÉLÈNE

Ménélas, j'ai déjà supporté de vous- beaucoup
de choses et j'ai beaucoup souffert par vous :
toutefois ne me poussez pas à bout.
Et il est bien vrai que je suis une femme et en
votre possession : non point tant cependant que
vous le croyez.
Mais je proteste que si vous avez le malheur
de me faire cette injure et de lâcher seulement ma

Tu dis bien, la même pour moi à jamais.
BRINDOSIER

Une seule Hélène, celle qui te fut donnée jadis.
MÉNÉLAS

Je me souviens l
BRINDOSIER

La fille de Léda et de Jupiter •••

main,

Vous ne ramènerez plus Hélène une seconde
fois,
Et ni dans cette vie ni dans l'autre
Vous ne retrouverez ces doigts si longtemps
des vôtres disjoints.
MÉNÉLAS

Je suis le maitre de tout ce qu'il y a d'Hélènes
au monde.

MÉNÉLAS

... La femme du Roi de Sparte.
BRINDOSIER

•·• Jupiter qui tonne dans les nuées,
Ouand les nuages pareils à de grandes montagnes blanches accumulées
S'accroissent peu à peu dans le ciel pur,

�814

LA NOUVELLE REVUE JRANÇAISI

815

Pl.OTÉE
MÉNÉLAS

Au-dessus de ce petit temple rouge bien connu
des bergers dont le fronton n'a pas plus de trois
colonnes.

Que ses eaux étaient claires et quel bruit triste
elles faisaient parmi les pierres roulantes !

MÉNÉLAS

BRINDOSIER

BRINDOSIER

Avant qu'elles n'entrent dans la vaste conque
de Juin.

Tu te souviens ?
Là est une prairie ombragée de peupliers.
HÉLÈNE

Mais il n'y avait pas de peupliers l

MÉNÉLAS

Avant que par mille vannes et coupures,
elles ne soient distribuées à tout le riche herbage.
BRINDOSIER

MÉNÉLAS

Là sont trois chênes consacrés à mon père.

Si, tais-toi, il y en avait l
HÉLÈNE
BRINDOSIER

Là est une prairie ombragée de peupliers.
MÉNÉLAS

Il y avait des peupliers,je me souviens à mesure
qu'elle parle.

Bon, voilà que ce sont des chênes à présent l
MÉNÉLAS

Elle a raison,je me souviens, ce sont des chênes.
BRINDOSIER

Ce grand arbre dont la feuille est la plus tardive.

BRINDOSIER

Là où le ruisseau rapide .•• Il fuit !
MBNÉLAS

Là où le ruisseau rapide •••
BRINDOSIER

Que ses eaux étaient claires 1

MÉNÉLAS

En ce mois de juin QÙ tu me dis que tu m'aimais, à ces hauteurs où nous étions montés.
C'est à peine si elles étaient encore poussées.
BRINDOSIER

Leur couleur est celle de l'or.

I

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

JtllOTÉ.B

MÉNÉLAS

BRINDOSIER

Non point l'or de la vieillesse, mais le jeune
rameau qui commence !
Avant que Jupiter ne leur ait donné
Cette puissante couleur de vert où ses yeux se
complaisent.

••• N'est-il pas convenable qu'on se purifie
,comme pour les Mystères,
Quand on va épouser la fille d'un dieu?

BRINDOSIER

Leur couleur est celle de l'or l
MÉNELAS

Non point du temps qui passe, mais de celui
qui vient de commencer.

MÉNÉLAS

Quant on tient entre ses bras l'enfant divin
.dont les yeux immobiles entre les paupières
Vous regardent avec indifférence.
Et tu étais vierge entre mes bras comme la
Victoire, et la harpe pour l'aveugle,
Et comme ce jeune fô.t de marbre blanc au seuil
de la patrie que l'exilé saisit religieusement de ses
deux mains!

BRINDOSIER
BRINDOSIER

Leur couleur est celle de l'or.

Au-dessus de nous s'élevaient ces longs rubans
MÉNÉLAS

dé murs l'un sur l'autre, et cette citadelle dans le

Non point leur couleur, 6 bien aimée!
Mais celle de ce grand feu que j'avais allum6
un peu plus bas et dont l'éclat les enveloppait
tout entiers.

cid avec ses tours déchiquetées,
Et ces longues forêts de chênes toutes plates
sur les terrasses, pareilles à la mousse qui pousse
entre les interstices,
Et ces cascades silencieuses et immobiles,
Et ce lieu d'avance aménagé par la mam des
Titans sur l'ordre de mon père,
Pour être son temple àvec nous.

BRINDOSIER

N'est-il point convenable que l'on se purifie
par le silence et par le jeône .••

MÉNÉLAS

MÉNÉUS

Oui, cela est convenable.

Je me souviens.

�LA NOUVELLE REV\îE FRANÇAISK

PllOTII
BRINDOSIER

BRINDOSIER

Et que tu étais beau alors, Ménélas, le plus
fort entre tous ceux de ton âge et le plus habile
aux jeux!

Je dormais entre tes bras.
MÉNÉLAS

Dis seulement une chose, fille de Zeus l

MÉNÉLAS
BRIN DO SI ER

Tu es la même toujours.
BRINDOSIER

Oui, je veux te la dire.

La même, c'est toi qui le dis, tu en es stir?
MÉNÉLAS

Hélène: îl n'y a pas d'autre femme au monde.

MÉNÉLAS

Comment moi qui entre les chefs grecs. n'étais
pas ni le premier ni le secpnd,
Ai-je trouvé faveur à tes yeux ?

BRINDOSIER
BRINDOSIER

Dis, t\1.i-je bien fait souffrir ?

N'avais-tu rien pour la mériter?

MÉNÉLAS
MÉNÉLAS

Pas à la mesure de mon amour.

Rien quand je te regarde et que je me souviens f
BRINDOSIER

Était-ce dur d'être séparé de moi ?
MÉNÉLAS

Mon désir ne t'a point quittée.
BRINDOSIER

Ni moi je ne t'ai quitté.

BRINDOSIER

Et qui donc m'aurait tenue ainsi entre ses bras
et ne m'aurait point lâchée?
Ces dix ans qui ne furent qu'une seule heure
de nuit,
Pendant que je dormais.
MÉNÉLAS

MÉNÉLAS

Tu ne m'as point quittée ?

La nuit est finie.

�LA NOUVELLE REVUE

FRANÇAIU

BRINDOSIER

Elle est finie et je suis réveillée !
MÉNELAS

Elle est finie et je vois de nouveau ces yeux
pleins d'indifférence qui me regardent.
BRINDOSIER

Qu'attends-tu donc pour venir entre mes bras?

Il fait le geste d'aller vers elle.
HÉLÈNE

Ménélas.
MÉNÉLAS

Hélène l
HÉLÈNE

Que fais..:tu? Vas-tu me laisser, une fois encore?
BRINDOSIER

N'écoute point ce qu'elle dit 1 N'écoute pas
cette ombre façonnée par les pouvoirs envieux i
mon image et qui veut te décevoir encore 1

.

821

Est-ce en songe que tu as pris Troie ? Est-ce
en songe que tu m'as retirée du sombre Gynécée
asiatique,
Cette nuit où l'on voyait clair, bien qu'il n'y
ait aucune lampe allumée?
Est-ce qu'il est trompeur, le visage que tu as
reconnu à la flamme d'une telle lumière?
BRINDOSJER

Tout est un songe&gt; excepté ces jours de jadis
qui n'ont pas cessé.
HÉLÈNE

Et dis si c'était un songe aussi à cette heure de
midi cet énorme dos de la mer entre l'Europe et
l'Asie qui s'est levé pour nous prendre comme
l'échine d'un taureau,
Et qui, d'un seul coup m'emportant avec le
Ravisseur en un seul jour
Nous a laissés à sec là-bas I près d'un phare
fumant dans le point du jour qui s'éteignait.
BRINDOSIER

Tout ~st un songe excepté ce visage vers toi et
ces yeux pleins d'ignorance vers les tiens comme
ceux des animaux.

HÉLÈNE

Te décevoir l Réponds lui I Est-ce en songe
que tu as souffert?

HÉLÈNE

Tout est un songe, excepté cette main de nou-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

v:eau dans la tienne et ce corps de nouveau solide
entre tes bras.

Pli.OTÉE

.
BRINDOSIER

Je fus fidèle.
HÉLÈNE

BRINDOSIER

Ah, les fleuves de la terre au mois de Juin,
quand les troupeaux épars remontent l'herbe
difficile et que le pitre écarte du genou ce torrent
qui descend vers lui de la vie verte et rose et
toute luisante, pleine de fleurs, d'abeilles et de
papillons!
Ah, le miel que je fus à tes lèvres et cette t!te
tout-à-coup que j'ai versée sur ton épaule !
HÉLÈNE

Tu caresses et j'ai frappé.

Fidélité dormante.
BRINDOSIER

Fidèle cependant.
HÉLÈNE

Joyau de peu de prix qui ne fut pas perdu et
qui n'est pas disputé 1
BRINDOSIER

_Toujours la même.
HÉLÈNE

BRINDOSIBR

J'ai gagné ton cœur.

Et moi aussi, ne suis-je pas toujours la même ?
Et de plus une autre.

HÉLÈNE

Tu ne l'as point percé.

BRINDOSIER

Femme d'un seul.

BRINDOSIER
HÉLÈNE

Souviens-toi de ces nuits de ma jeunesse où je
dormais à ton c6té 1
HÉLÈNE

Souviens-toi de ces nuits où tu étais seule, et
moi entre les bras du Ravisseur.

Et moi donc, n'étais-je pas ta femme entre les
bras du Ravisseur ?
Quand du haut de la grande tour de Troie
Je voyais autour de cette ville bien défendue
Au Nord, au Sud, au Levant, au Couchant,

�824

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

Pl.OTÉE

Ta patience et ton désir chaque soir autour de

1

SCENE III

m01

Se rallumer avec les cent mille feux de ton
armée campante 1
BRINDOSIER

Silence.
BRINDOSIER

Naturellement, è'est vrai, je l'avoue, c'est vous
~ui êtes Hélène.

Tais-toi, illusion !

HÉLÈNE
HÉLÈNE

Je vous rends grâces.

Tais-toi, imposture 1
BRINDOSIER
MÉNÉLAS

Avouez que l'on pourrait s'y tromper.

Que faire?

HÉLÈNE

Je ne sais. Je ne vous ai pas regardée.

BRINDOSIER

Me croiras-tu si cette création d'un dieu malin
Avoue son imposture et que c'est moi Hélène?
HÉLÈNE

BRINDOSIER

Regardez-moi donc.
HÉLÈNE,

Certes en ce cas il faudra toutes deux nous
croire.

la regardant

Il fau~ que Ménélas soit encore plus fou que je
ne croyais.
BRINDOSIER

BRINDOSJER

Laisse-moi donc seule a:vec elle.

Sort MÉNÉUS.

C'est Protée qui a fait ce prestige.

Silence.
C'est le seigneur Protée qui a fait ce prestige
étonnant.
Silence.

6

�1

1

.
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

C'est lui qui a mis l'illusion dans ses yeux.
N'êtes-vous pas curieuse de savoir qui est le
seigneur Protée ?

Pli.OTÉE
BRINDOSIER

Certes et bien digne de Protée.
HÉLÈNE

HÉLÈNE

Vous m'excuserez de ne pas être de votre avis.

Non.
BRINDOSIER

BRINDOSIER

C'est l'intendant de cette mer ivre et folle où
Médée dispersa les membres de son grand-père,
Dont le fond est troublé par des soupirs sulfureux,
Et dont la surface incessamment est battue et
barattée par les rames d'expéditions extravagantes,
Arg6, Trota,
Tous ces aventuriers au grand nez, au petit
front stupide, glabres comme des acteurs, ramant
de bon courage !
Et là-bas cet anneau d'écume, est-ce un phoque
qui respire ?
Nullement c'est une vache.
C'est Jupiter à la nage sous la forme d'une
bête à cornes couronnée de marguerites qui amuse
une petite fille !

Que vous êtes belle, Hélène, et que j'aime ces
beaux yeux, dépourvus de toute expression,
Que vous tordez lentement vers moi !
HÉLÈNE

Oui, c'est moi qui suis la belle Hélène.
BRINDOSIER

Ah, il n'y a pas de Protét; qui tienne!
. Je le jure, Ménélas est un sot de ne pas faire la
düfërence entre nous deux 1
HÉLÈNE

Il est vrai.
BRINDOSIER

C'est un balourd et un sot.

HÉLÈNE

Dois-je comprendre que vous considérez comme
une démence
Cet honorable effort de toute la Grèce pour me
récupérer ?

HÉLÈNE

Il est vrai.
BRINDOSIER

Un brutal, un méchant!

�PROTÉE

82.8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ah j'en suis slÎre ! ce n'est pas une fois seulement 'qu'il vous a caressé l'échine avec le bois de
son arc.
HÉdNE

Tous les hommes sont de même.
BRINDOSIER

1
·1

Eh quoi, Pàris aussi ...

BRINDOSIER

On ne peut rien vous apprendre.
Laissez-moi vous regarder encore, non pas
comme font les hommes qui n'y connaissent rien,
mais avec l'œil d'une femme.
Grands dieux ! (Soupir.)
Ah, dieux, que vous êtes belle! il n'y a rien à
reprendre en vous.
Ariane même, à qui cette ile doit sa gloire,
N'était qu'une grasse Crétoise auprès de vous.

HÉLÈNE

Non. C'était un homme agréable et qui savait
faire avec les femmes.

HÉLÈNE

Quelque fraicheur, dit-on ?
BRJNDOSIER

JIRINDOSIER

Oui. -

Mais d'où vient cette robe?

Mais il est mort, n'est-ce pas ?
HÉLÈNE
IJÉLÈNE

Il ne faut plus y penser.
BRINDOSIER

N'y pensons donc plus et é~ito~s c;tte ride du
front verticale qui est la plus d1ffic1le a effacer.
11 faut se la masser chaque soir avec le pouce.

Vous ne l'aimez pas? C'était la dernière mode
de Troie pourtant.
BRINDOSIER

Oui.
Et Troie était séparée du reste de la terre
depuis dix ans.
HÉLÈNE,

HÉLÈNE

Avec le pouce et un peu de suint de mouton
raffiné.

la voix tremblante

Qu'y pms-Je faire? C'est la faute de ce vilain
Ménélas.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSI

831

PROT:h

suite je lui ai dit d'aller piller chez mes belles-

BRINDOSIER

Ce vert si curieux... Ah, je ne l'avais pas revu
depuis longtemps. Ma grand-mère aimait tellement cette couleur !
Et ces grands animaux brodés, que c'est étrange l
cette chaussure Phrygienne, cette agrafe vraiment
Cimmérique ...

sœurs.
Il y en avait cinquante et je connaissais leurs
armoires.
Nous sommes partis avec cinq bateaux remplis
de malles.
Tout cela a péri dans la tourmente!
BRINDOSIER

HÉLÈNE

Ah, c'est un coup bien dur !

Ce n'est pas ma faute !

Elle I' enlace.

Elle pleure.
HÉLÈNE,

BRINDOSIER

Qu'ai-je fait, ma chérie? ne pleurez pas, ne
gàtez pas ces beaux yeux !
Ecoutez! Savez-vous ce que Je pense? C est
vous qui êtes à la mode et moi qui ne le suis
plus déjà.
Ce butin qui se ·disperse de tous côtés ...
Tout, cet hiver, va se porter à la Troyenne.
1

•

HÉLÈNE,

palpant l'étoffe de sa robe

Ma chère, quelle est l'étoffe dont votre robe est
faite? Je n'en ai jamais vu de pareille.

'

larmoyant

Ah, ah 1

BRINDOSIER

C'est du pongé de Chine qui est fait avec de la
soie de chêne.
HÉLÈNE

Et cela peut se laver ?
BRINDOSIER

BRINDOSlER

N'êtes vous pas contente ?

Le navire qui nous l'a apporté était sous la mer
depuis trois semaines. C'était la première consignation pour l'Europe.

HÉLÈNE

Ah, vous me percez le cœur !
Quand ce vilain Ménélas est arrivé, tout de

HÉLÈNE

Oue vous êtes heureuse I

�832

LA NOUVELLE REVUE PR.ANÇAISI
BRINDOSIER

Et que diriez-vous de cette étoffe plus brillante
que la soie, plus frakhe que le lin,
Qui est faite avec de l'ortie ?
HÉLÈNE

Vous en avez beaucoup ?
\1

BRINDOSIER

Quarante caisses bien repêrées au large de
Pharos. Ah, je n'ai jamais rien qui me manque!
Pas une tempête d'équinoxe qui ne nous apporte
les dernières nouveautés.
Pas une maison de Tyr ou de Thèbes Hécatompyles,
Qui ne nous soit bien introduite.
Et quelle pourpre nous avons l
Aussi fraiche que le sang ! Regardez! c'est le
dernier genre de Tyr. On l'appelle" La Troyenne".
Et cette autre est « l'Hélénide ".
Vous rougissez? avouez que c'est flatteur.
HÉLÈNE

Ah, que l'on est heureux d'avoir tant de ~
quentations.
BRINDOSIER

Oui. C'est l'avantage de ce petit port de mer,

833

PROTÉE
HÉLÈNE

Moi, je m'en vais à Sparte.
BRINOOSIER

C'est une ville bien honorable et les mœurs y
sont bonnes.
HÉLÈNE

Simples, mais bonnes.
BRINDOSI.BR

Quelles orgies de fidélité vous pourrez y faire
avec Ménélas 1
HÉLÈNE

La forme des chapeaux y est réglée par la loi
sous la peine capitale.
BRINDOSIER

Mais la nature y est belle.
Que c'est solennel le milieu de ces longs J. ours
d'été,
Quand parmi l'aboiement des cigales interrompues dans la lumière qui fait tout disparaître,
On entend comme le bruit d'un dieu qui aiguise
son épée 1
_Et que le Taygète au soir après l'orage r6tit en
ruisselant devant le soleil

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
834
Comµie une pièce de bœuf devant un grand
feu de bois!
HÉLÈNE

Ce qu'il y a de mieux à faire à Sparte est de
dormir. Je déteste la campagne.
BRINDOSIER

Les femmes y sont belles.

PROTÉE
BRIN DO SI ER

Où est cette fameuse Hélène ? dira-t-on.
Elle est à Sparte et elle coud des poches à sel
pour des pâtres.
C'est elle avec ses femmes qui fabrique ces
biscuits locaux si renommés
'
Que l'on casse avec une masse
de plomb et où
J'on trouve de noires momies de raisins secs.
HÉLÈNE

HÉLÈNE

Elles font le pain, elles traient les vaches et
dansent comme des bêtes.

Vous aussi, votre vie doit être bien monotone.
BRINDOSIER

BRINDOSIER

Les hommes sont de bons compagnons.

Ma chère, que dites-vous? Tout passe ici! C'est

le centre des trois mondes ,
Sans parler de ce ciel au-dessus de nous qui est

HÉLÈNE

On ne me permet que les pères de famille audessus de quarante ans et je ne suis invitée qu'au
dessert.
· et l'on
Alors on craque ensemble des n01x
s'exerce à parler d'une manière Laconique.
BRINDOSIER

Pauvre Hélène ! ah, que vous allez souffrir,
vous qui avez eu des expériences si intéressantes 1

Je quatrième.

Pas de jour qu'un dieu n'en descende. Ah votre
~ m'est bien connu!
'
P~ un héros dont nous n'ayons la visite.
~en ne tombe à l'eau que je n'en aie aussitôt le
meilleur.
HÉLÈNE

Eh bien, vous êtes heureuse !
BRINDOSIER

HÉLÈNE

J'aime mieux ne pas y penser.

Non. Je suis une femme de foyer.
Tranquille, modeste. ·

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

Une vie simple et tout unie, voilà ce qu'il me
faut.
Ah, ce serait une position pour VOl.IS l
HÉLÈNE

Ne me tentez pas.
BRINDOSIER

Hélène de Naxos après Hélène de Troie!
HHène-du-milieu-des-mers !
On armerait de tous les ports du monde pour
venir vous voir,
Comme on s'en va à Délos vers l'autel d'Apollon et de Latone !
H'.ELÈNE

Et si Ménélas vient me prendre ?
BRINDOSIER

Fiez-vous à moi. Fiez-vous au seigneur Prot6e.

PROTÉE

837
BRINDOSIER

Vous en ferez ce que vous voudrez.
C'est un original qui à deux jambes préfère une
grande queue de poisson.
·
Il est aussi inoffensif qu'un cul-de-jatte.
HÉLÈNE

Bien sôr, ce n'est pas un peu mort à Naxos?
BRINDOSIER

Mort ? La mer est comme un grand journal où
tout ce qui se passe vient s'inscrire.
Et si Naxos vous ennuie ici,
Rien n'empêche de la mettre ailleurs.
C'est une roche légère et qui flotte comme un
échaudé et comme un blanc d'œuf battu.
Et si vous voulez vous en aller, vous êtes libre.
Allons, votre carrière n'est pas finie ! Il n'y a
pas qu'une Troie au monde.

HÉLÈNE
HÉLÈNE

Qui est Protée ?

En quoi est ce bracelet à votre bras gauche ?
BRINDOSIER

Le plus riche de tous les demi-dieux.
Il a le contrat pour toute la mer jusqu'à Tarente.
Parlez-moi de votre Priam !
HÉLÈNE

Personnellement ?

BRINDOSIER

Il est d'une matière merveilleuse et sans prix
qui s'appelle Cellulorde.
HÉLÈNE

On dirait de l'ivoire mais c'est cent fois plus
beau!

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

Comment lui a-t-on donné cette couleur rose?
Il semble un ruban de soie et l'on voit la boucle
et les trois trous, pour l'ardillon imités avec un
art merveilleux.
Ah, quel gotît exquis !

PROTÉE

839
HELÈNE

Par derrière ! par la Bonne Déesse ! un corsage
qui se ferme par derrière !
BRINDOSIER

Voyez-vous ces boutons? Il n'y a qu'à pousser
dessus, et clac !

BRINDOSIER

Je vous le donne.

Elle le lui donne.
HELÈNE

Et vous dites qu'il vous reste encore trois
pièces de ce pongé ?
BRINDOSIER

Trois pièces,je compte les prendre avec moi.
HELÈNE

Hélène, ... pardon, ma chère, je ne sais comment
vous appeler....
Laissez-les moi.

HÉLÈNE

Que c'est ingénieux ! laissez-moi essayer moimême. Clic je tire. Clac je pousse. Clic, clac, clic,
clac!
BRINDOSIER

On appelle cela des boutons à pression.
HÉLÈNE

Que vous êtes heureuse ! Je rougis de mes
agrafes scythiques.
BRINDOSIER

BRINDOSIER

C'est un grand sacrifice.
HELÈNE

Et comment fixez-vous votre corsage?
BRINDOSIER

Par derrière, naturellement.

C'est un voyageur de Jérusalem, la tête en bas
.
'
qw nous les a apportés l'autre jour, en route vers
le fond de la mer.
Nous en avons trois cartons.
HÉLÈNE

Hélène, ma petite Hélène !

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

j

PROTÉE
BRINDOSIER

BRINDOSIER

Il n'y a qu'une Hélène, qui te fut toujours
fidèle.
L'autre s'est dissipée comme un songe.

Eh bien, Hélène ?
HÉLÈNE

Musique à l'orchestre exprimant la solitude
de la mer.

Laisse-moi avoir ces boutons !
BRINDOSIER

MÉNÉLAS

Et vous resterez à Naxos?

Je te crois. Pour moi seul tu seras !'Hélène
que j'ai aimée. La même, toujours fidèle.

HÉLÈNE

J'y consens.

BRINDOSIER

L'autre s'est dissipée comme un songe.

BRINDOSIER

Merci, Hélène.

MÉNÉLAS

Mais, grands dieux l que personne autre ne le
sache l

HÉLÈNE

Adieu, Hélène.

BRINDOSIER

BRINDOSIER

Que personne autre ne le sache ?

Adieu!
HÉLÈNE

s'en va.

MÉNÉLAS

11 faut que tout chacun te croie cette Hélène
que le Ravisseur entraina.

SCÈNE IV

Rentre MÉNÉLAS.
MÉNÉLAS

Hélène, où est cette autre H c1lène qui estvenue
m'inquiéter?

BRINDOSIER

Pourquoi?

•

MÉNÉLAS

Mon honneur y est intéressé.

7

�NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

842
LA
. •
.
.t
la
mienne
?
Et
que
diraient
Quelle g101re serai
qui sont tombés sur
1es m ères de tant de braves
~
les rives du Scamandre .

PJlOTfa

MÉNÉLAS

C'est vrai, je l'ai juré, mais le bateau n'est pas
assez grand.

SCÈNE V
•
,,,.,,,.,,..0 che Il est garni de Satyres
Le navire
arr''
·
ui le poussent avec leurs rames; Et pour
;zus de commodité il est monte sur des
roulettes.

MENELAS

Et quelles sont ces be11 es n~mf hes aux bras
blancs qui conduisent notre esqmf .
BRINDOSIER

Les servantes qui dormaient avec mm. . .
t elles qui nous serviront de manmers.
C
e son
l ·
us fera
Le favorable Auster souffle et e JOUr no
.
voir les rivages blanchissants de 1~ Grèce.

On pose une planche pour l embarquement.
MENELAS

Monte, Hélène.
BRINDOSIER

BRINDOSIER

Il faut tenir son serment.
MÉNÉLAS

J'ai juré par Zeus, mon beau-père.
Cela n'a pas d'importance. Entre parents on n'y
regarde pas de si près.
Mais il me reste le dernier rite à accomplir.

On lui apporte un pot de peinture et du bout
du pinceau il pose la prunelle au milieu de
l'œil du bateau.
Reste ouvert, œil vigilant! Jour et nuit, soir et
matin,
Vers les feux, vers les étoiles, vers les amers,
Guide-nous, gros œil patient de la nef surchargée qui nous contient,
Submergée jusqu'aux épaules au sein nerveux
de ces mers que notre éperon laboure.

Tous deux montent à bord; on retire la planche.

Mais, dis-moi, n ' as-tu pas promis à cette

CHŒUR DES SATYRES

hissant la voile.

Hé-hho !
Nymphe
et à ses Satyres de les emmener
Brindosier
avec toi?

Hé - hhé Hé hho !

hé éhhé -

hé hho !

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

844

PROTÉE

Hé hho !
Hé hho !
MÉNÉLAS

Nous ne bougeons pas.
LE SATYRE-MAJOR,

845
de l'admiration générale. L'île en s'enlevant
découvre PROTÉE qui est assis sur une
chaise, en proie à un grand abattement.
La nef reste seule au milieu d'une vaste étendue de linoléum.

au gouvernail
BRINDOSIER

Nous sommes ensablés!
Merveille!
HÉLÈNE

MÉNÉLAS

Ménélas, rends les lunettes à Protée.
Merci, Jupiter !
MÉNÉLAS

Jamais! Ce que j'ai pris par la force, je ne le
rends que par la force.

LE SATYRE-MAJOR

La mer est libre !
AUTRES SATYRES

LE SATYRE-MAJOR

Libre ! Libre ! Libre ! Libre !

Faites la souille.

On fait la souille inutilement.
MENÉLAS

A l'aide, Jupiter !
Coup de tonnerre. IRlS, toute garnie de plaqu~
d'or et de clochettes, en un costume tJIU
rappelle assez celui des danseuses Siamoises,
tombe du ciel au bout d'une ficelle. Elle
attache le crochet auquel elle est suspendue
au crochet correspondant de l'île, et le /QUI
monte au ciel en tourbillonnant au milie#

MÉNÉLAS,

se portant à l'avant

Barre à bâbord, cinq points !
LE SATYRE-MAJOR

Barre à bàbord, cinq points !
LES SATYRES

On bouge ! On bouge ! On part ! On part !
MÉNÉLAS

La brise n'est pas assez forte! Toutes les rames

à la mer!

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!
LE SATYRE-MAJOR

Toutes les rames à la mer! (Coup de sifflet.)
Attention!
Souquez!
Une, deux ! Une, deux 1
LES SATYRES

PROTÉE

847

Les pieds contre la muraille
Et le bec sous le robin.
S'il en tombe quelques gouttes,
Ça sera pour me rafraîchir.
Et si le tonneau défonce ;
J'en boirai à mon plaisir.

chantant à gorge déployée

Marguerite, elle est malade I
Il lui faut le médecin I
Marguerite, elle est mala a de,
Il lui faut aut aut, il lui faut aut aut,
Il lui faut le médecin I

}bis.
}bis.

}bis.

MÉNÉLAS

leve la main.

LE SATYRE-MAJOR

Rentrez les rames !
Ou allons-nous, les enfants ?
UN SATYRE

MÉNÉLAS

En France!

0 Nymphes, quelles voix célestes 1 quelle délicieuse mélodie 1
LE SATYRE-MAJOR

UN AUTRE

A Bordeaux!

Sciez, les enfants !
LES SATYRES

Le médecin qui la visite
Lui a défendu le vin.
Médecin, va-t-en au diable,
Si tu me défends le vin.
]' en ai bu toute ma vie,
J'en boirai jusqu'à la fin.
je meurs, qu'on m'enterre,
Dans la cave où est le vin.

s;

LE SATYRE-MAJOR

de même

}bis.
} bis.
}bis.
} bis.

En Bourgogne! Une fois que nous nous serons
débarrassés de cet imbécile.
Entendez le vent qui ronfle dans la toile! C'est
Bacchus lui-même qui nous reprend et nous fait

signer
CHŒUR DES SATYRES

En Bourgogne ! En Bourgogne ! Vive le vm
Bourguignon !

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

PllOTÉE

LE SATYRE-MAJOR

Allons planter le vin de Beaune !

LE SATYRE-MAJOR

Sifflez pour la brise.

Ils si.fftent.

MÉNÉLAS

Barre à bâbord, deux points!
LE SATYRE-MAJOR

Barre à Mbord, deux points.
UN SATYRE

LE CHŒUR

Une terre sèche et grumeleuse comme du lait
caillé, et pleine de petits cailloux calcaires
Qui gardent la chaleur comme des briques
Afin que la grappe lourde et dormante cuise
des deux côtés.
LE SATYRE-MAJOR

Je ne m'arrête pas avant Châlons!

Quelle est la terre la meilleure, les enfants ?
UN AUTRE
LE CHŒUR

J'ai soif à mettre la mer à sec !
LE SATYRE-MAJOR

Quel est le vin le meilleur, les enfants ?
LE CHŒUR

C'est celui de la Côte qui est entre Beaune et
Dijon l
LE SATYRE-MAJOR

Quelle est la terre la meilleure, les enfants? La
plus noire, la plus grasse, la mieux fumée ?
MÉNÉLAS

La brise faiblit.

Une terre maigre dont l'os saillit
Comme les vaches qui sont bonnes laitières
dont saillit l'os de la hanche.
MÉNÉLAS

Le vent mollit.
PHoouEs, surgissant autour de la nef
Floue ! floue !
L'île de Naxos a été enlevée au ciel, il y a du
bon pour des phoques !
Floue! floue !
· Une de moins ! moins y a d'iles, mieux cela
vaut pour les phoques. Hourra !
Floue ! floue !
CHŒuR DES

�850

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

Le vieux Protée a perdu ses lunettes, hourra 1
nous n'extrairons plus de racines carrées, hourra 1
Floue ! floue !
La mer est libre ! la mer est libre ! Elle est
libre et nous sommes dedans!
La sentez-vous frémir et frissonner ? Sentezvous ce coup de reins qui nous envoie à huit
pieds dans l'air !
Hourra ! Hourra !
Quel bond ! quelle detente !
Elle est libre et nous sommes dedans ! elle est
infinie et nous sommes dedans ! il y a plus ici à
boire ·qu'un coup de vin 1 Y oup, youp, youp,
hourra ! Youp, youp, youp, hourra !
La nef disparaît sui'Uie des Phoques.
PROTEE

seul au milieu de la scène

Et vous trouvez cela raisonnable ?
Quelle folie dans tout cela! quelle derision des
choses serieuses ! quelle farce stupide!
Voilà Jupiter qui a besoin de son Hélène pour
en faire une etoile,
Et c'est vrai qu'il y a une place vide au ciel
qui ne fait pas bien entre les Dioscures.
.
Est-ce qu'il pense une seconde à mes droits
sacrés de proprietaire ?
.
Ou du moins est-ce qu'il va se donner la peine
de piquer la pécore au milieu de mon petit jardin,
où elle est cependant bien visible ?

\

Point. Comme une servante sans attention,
comme une hirondelle sans souci qui pour une
mouche enlève toute la toile d'araignee,
Voilà Iris, on lui a dit Hélène, et c'est toute
ma propriété au ciel qu'elle emporte!
Elle est au ciel maintenant, ma jolie petite île
de Naxos, avec toutes ses collections et ses six plants
de tabac!
Allez donc l'y chercher !
Elle est au ciel et les vagues de l'azur blanchissent contre ses recifs.
Pour moi me voilà seul, ruiné et sans lunettes.
C'est bien je m'en vais, je quitte la surface, on
ne me verra plus !
Je plonge, nunc est bibendum !
Je prends ma retraite à l'etage au-dessous l dans
un monde plus tranquille,j'habite un ~
palais
de bulles d'air au milieu des coraux, des éponges
et des holoturies !
Adieu, Menélas, bon vent! bon voyage, navigateur!
C'est pour cela qu'il a pris Troie !
Pour débarquer sur la rive de Laconie cette
chèvre camuse et ce ·plein chargement de bêtes à
cornes!
Où est le bon sens dans tout cela ? Je vous le
demande. Où est la justice? Où est le bon ordre
et le bon tempérament ? '
Et dire qu'il en sera toujours ainsi tant que le

�'

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

monde sera gouverné par les poètes ! Ah, ça n'est
pas près de finir !
Quel malheur l Quel malheur!

CHRONIQUE DE CAERDAL

Il s'abîme.
XXVII

RIDEAU
ET

' STENDHAL
D'APRES

FIN

Protée est comédien : il prend toute sorte de
figures, et n'en a aucune. Il est d'argile, que pétrit
le jeu de la lumière et de l'ombre. Il n'a point de
squelette, ni os ni échine.
Il n'en va pas ainsi des grands poètes : ils sont
profondément ce qu'ils sont, et bien plus encore
ce qu'ils veulent être. Pour eux, être soi-même,
c'est presque toujours garder son plus rare secret
moment où l'on révèle ses divers mystères. Ils
sont femme et ils sont homme, et cent fois pour
une. La figure qu'ils montrent n'est pas d'emprunt,
mais l'une de celles qu'ils ont, et plus souvent
encore celle qu'ils veulent avoir, sans oser la
prendre dans l'action, ou sans en trouver les
moyens. On n'a pas toujours le temps d'être
hérotque. Le crime est en eux, et toutes les vertus.
Leurs plus fameux exploits sont dans leurs livres.
Et moins l'amour, leurs œuvres sont toute leur
vie, et leur fatale aventure.

PAUL CLAUDEL.

En Allemagne, 1913.

au

�LA NOUVELLE REVU&amp; FRANÇAISI

Dostotevski n'est pas, tour à tour, tous les
Possédés ni tous les saints Innocents de sa tragédie
divine. Mais tous les Karamazov et tous les
Muichkine tiennent de Dostotevski, plus ou moins.
Sonia et Raskolnikov ont de lui, comme Marmbladov et Lébédev, Rogojine et Svidrigatlov euxmêmes. Dans ]a vie quotidienne, Dostotevski n~a
pu vivre qu'une fois avec une petite fille ; mais
dans le monde de ses livres, il a connu toutes les
formes de l'excès et de la négation. S'il n,y succombe, plus l'artiste est vaincu selon le siècle, et
plus il doit remporter d'étonnantes victoires dans
le silence br(llant de la création. Stendhal est un de
ces magnifiques vaincus. Cézanne en est un autre.
On se venge ainsi de toutes les contraintes, de
toutes les défaites, de toutes les humiliations. L'art
est bien le monde où le poète est roi. Qu'on lui
conteste ici son règne et son triomphe. L'œuvre
est toujours une confession ; mais quand il s'agit
de Shakspeare, de Cervantès, de Stendhal, de
Dostotevski, on frémit de joie et d'orgueil à contempler l'insolence de leurs conquêtes, la grandeur
de leur domination,et l'étendue de leurs royaumes.
Ah, chiens couronnés, chiens légitimes, chiens de
ministres, chiens politiques, chiens en possession l
Comme on rit de vous, quand on n'a même pas
besoin d'usurper l'empire I mais on se taille un
royaume, on se le constitue de toutes pièces, ~
on se le donne. Et s'il vous est seulement penmt

855

CHRONIQUE DB CAERDAL

d'y pénétrer, vous êtes contraints d'y entrer à
genoux. Certes, il n'est pas d'ironie qui vaille
celle-là: un roi d'Europe, une espèce de sergent à
cent galons, qui bâille à la lecture de Rouge et Noir ;
un tsar trop faible d'esprit pour achever l' Idiot.
Reste à la porte, esclave. Va plut6t ouvrir le bal
des épiciers, ou bénir la Néva, imbécile.
L'artiste est dangereux. Il est sô.r que le souverain-poète abolit, pour son compte, toutes les
coutumes, tous les préjugés et toutes les lois. Il
&amp;it la loi, selon soi-même ; et il substitue à votre
misérable cité un monde où il vous force, bon gré
mal gré, à ne prendre connaissance que de lui. Et
que vous ne vous en doutiez même pas, c'est le
plus divin de ses plaisirs, peut-être. Un Dieu
noble doit jouir de ses athées : échapper enfin à
l'adoration des coquins et des habiles 1
Le monde de Stendhal est moins varié et moins
étrange que l'univers de Shakspeare ou de
Dostotevsky ; mais il n'en porte pas moins la
ressemblance de son mattre. Et pensant aux héros
~u'il a modelés d'une main si impérieuse, quand
JC veux les peindre, je ne peins que lui.
§

Les livres de Stendhal sont les poèmes de
l'action : l'amour étant l'action de la femme et du
jeune homme. L'homme en passion est toujours
Jeune.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAUI

Ces chefs-d'œuvre sont capables de gouverner
u~e vie. La force y arme un génie tendre et ne
l'étouffe pas.

I
TOUJOURS NAPOLÉON

Si La Chartreuse de Parme est le plus beau livre
de Stendhal, Julien Sorel est pourtant son chefd' œuvre. Entre tous les héros qu'il a formés de
sa lumière et animés de son esprit, celui-là a le
plus de portée et le plus de puissance. C'est le
jeune homme de génie, pour tous les temps et
pour tous les peuples à culture. Les merveille~
jeunes gens de Dostoïevski sont_ tous des frèr~
plus sensibles de Julien. Enfin, 1~ y a désormais
de Julien Sorel dans tous les heros adole~cent.s,
comme il y a de Bonaparte dans tous les Jeunes
hommes qui rêvent de l'empire.
Peut-être, faut-il un homme pour comprendre
Julien Sorel ; et un homme à la Bonaparte, pour
l'aimer sincèrement. Les Bonaparte secrets sont
moins rares qu'on ne pense. Ils ne sont pas tous à
l'armée d'Italie, ni consuls: d'où vient qu'on les
ignore. Ils sont moins nombreux aussi qu'on ne le
dit. Les Bonaparte en chambre sont des hér~s sans
matière. Il ne leur a manqué que l'arg1l?e d~
hommes, le four et les feux de l'occasion. Soit,
mais tant pis.

CHRONIQUE DE CAERbAL

Les femmes ne comprennent pas Julien ; ou,
l'ayant compris, l'aiment peu. Il leur semble trop
ingrat. Il leur serait plus facile de l'aimer sans le
comprendre, que de ne pas le haîr en. le comprenant. Madame de Rénal en est seule capable : par
ce qu'on se passe tout à fait de connaître un amant,
quand on l'adore.
Elle l'aime au point qu'elle le veut toujours
enfant, comme dans le premier âge de la passion,
quand tous les baisers d'une femme se confondent,
ceux de la mère et ceux de la maitresse, ceux de
la sœur ainée et ceux de l'amante. Passionnée et
craintive, il était alors l'adolescent qu'une femme
chérit, et rien de plus: c'est-à-dire tout pour elle,
la nature en amour, le monde découvert dans la
~esse, l'univers qu'elle tient dans ses bras. Sa
petite ville lui est toute l-'histoire, et sa maison
toute la terte. Quel Napoléon peut valoir ce jeune
homme pour la femme amoureuse qu'il comble ?
S'il se détache d'elle, fi1t ce pour devenir l'empereur
des siècles, la pauvre Rénal se désespère : son seul
vœu, c'est qu'il abdique. Elle déteste un triomphe
où elle n'est pas. Elle est jalouse de ce vainqueur
qui l'oublie, et qu'elle ne désire même pas comprendre, tant il lui suffit d'en être possédée. Elle
ne peut se défendre de le méconnaitre : pour le
r;n-ouver, elle attend qu'il se démente. Et elle
1adore à mourir, dès qu'il se dément. Au fond, il
faut toujours mourir dans sa fleur, quand on aime.
8

�CHRONIQUE DE CAERDAL

8 58

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIU

Les nigauds appellent cette passion là une passion
romantique. Julien n'est pas plus romantique que
Phèdre ou Hamlet. Il n'y a de romantique, il me
semble, que l'art sans conscience : être intérieur,
être vrai avec soi même, ne pas être dupe, c'est
assez de vertu, et la plus classique.
Napoléon est pourtant le hasard, la guerre, la
matière toujours brutale, quoi qu'on fasse, et la
victoire. Julien Sorel est la volonté de la toute
puissance qui se change, à l'apogée, en volonti
d'amour; et cette force si belle court à la seule
beauté qu'elle püt envier encore : à une sublime
défaite. Elle s'y précipite avec ivresse. Julien Sorel
veut être Napoléon. Mais depuis Stendhal, qui•
conque, à vingt ans, veut être Napoléon, rêve de
Julien Sorel.

Il
HOMME QUI NE DATE PAS

Dans son marais de Civita Vecchia, derrière une
triple clôture de bassesse, de mauvais air et
d'eanui, Stendhal est pris au piège; et paur se
mieux moquer de lui, la fortune a voulu que les
rêts fussent italiens. Que va-t-il faire dans sa cage
à cafards et à moustiques ? 11 ne peut plus viff'e
que pour l'an 1880 et l'an 1940. Point d'autre
parti : qu'il le veuille ou non, c'est pour être .•
jour le grand Stendhal, que le petit consul resprc,

859

0~ ne se p~opose jamais de vivre pour le tem s
où _1 on ne vivra plus, quand on a la tête clair:.
mais .onà peut
fort
1
. bien s'y trouver fioreé ; on est,
éd
r mt a gloire' malgré soi · Se 1a promet on ~
N
l' on, sans. doute ,: ce serait la preuve qu ,on ne.
a~ra point et qu on ne la mérite pas. Mais on s'y
é
r signe.
.
• On
, ne vit donc pas po ur l'an deux mille
ce ~ui n a_ pas de sens. On soupçonne seulemen;
~~ on y vivra. On en accepte la condamnation et
1irréparable
'.
'ê
. louange' comme 1e pauvre Achille
d
tre
un
s1
grand
héros
parmi
les
b
Ad
fi .
am res.
eux ois vingt-neuf ans comme ·1 d' .
Stendhal savait fort bien à quoi s'e n t emr
. l sur1sa1t,
son
rro~re compte; et quand personne ne lui eüt rendu
Justice, ayant mesuré les illustres du t
il
devait
sentir
que
pas
un
ne
1
.
à
pe~ps,
1
. à
e va ait
aris Son
nre
Balzac
marque
la
gaité
d
l'h
' t d
e
omme. qui.
sen
en
nommer
enfin
par
son
·
.
nom et par' son
1
tt~el: i ne trahit pas le sot contentement de soi
m a plus sotte madest1e.
· D'ailleurs
•
Stendh 1
comme Baudelaire jug~ avec supériori;é tous
;:ec:r~:utes le~ renommées, toutes les couronnes,
teaubriand, füt ce Racine On
1.
conte pas U
li
·
ne Ut en
d'
. . ne te e assurance dans la sévérité
t
~ne certitude infaillible et cachée
.
par
le Juge.
, qui concerne

1:s

Pouret tenir
bagne
la fiè bon au bor d d u marécage, entre le
les Chr . vre_ q~arte, Stendhal fit société avec
oniques italiennes et Saint Simon. Ces

�860

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

œuvres si vives, qu'elles sont des siècles vivants,
personne ne les a go-ôtées comme lui. Il les a
pratiquées mieux que personne. Là, s'est achevée
sa puissance. Là il est né, vers cinquante ans, pour
les temps à venir.
Est ce trop dire ? Au XIXe siècle, personne
selo11; moi n'est plus assuré du temps que Stendhal
et Dostoievski.
Flaubert a sa date, comme l'huile la plus pure
qui finit toujours par rancir. Tolstoî, tout de même.
Pour plus des deux tiers, Balzac n'est déjà qu'un
docµment d'histoire. Stendhal est immortel, comme
un esprit. Dostoïevski est éternel, comme un
Evangile. Stendhal est une intelligence de la vie,
parmi toutes les intelligences. Dostolevski est une
passion et une connaissance.
L'un et l'autre ne passeront pas plus que
l'Evangile ou que l'esprit d'Athènes. Car, le jour
où on ne les lira plus, ils seront entrés, à tout
jamais, dans la conscience humaine.

III
SIR FIASCO, ESQ.

La sincérité de Stendhal va bien loin dans l'aveu
de toutes ses faiblesses. Il est comme un prince
qui peut se mettre nu devant ses gens.
On se cherche, on se connait soi même, et l'on

CHRONIQUE DE CAERDAL

861

ne se donne pas pour autre que l'on est. On ne
daigne pas mentir, ni à soi ni aux autres. Y etît
on intérêt, on ne le peut pas. Que l'orgueil est
donc sincère! C'est ce qu'il a de beau. Enfin, si
l'on est menteur de nature, on . ment avec
sincérité.
La sincérité consiste à ne pas feindre un rôle,
quand on est fait pour en jouer un autre. Il se
peut, après tout, que tous les hommes jouent
un rôle.
Il est difficile qu'un sot soit jamais sincère.
On peut être intelligent et mentir. Mais on est
sincère dans le mensonge, si l'on ne se ment pas
àsoi même. La plupart des hommes mentent moins
aux autres, qu'ils ne se mentent, chacun à soi. Il
est clair qu'il y a infiniment plus de sots dans le
monde que de vrais fourbes. Mais il y a plus de
fourbes encore que d'esprits sincères.
.
La sincérité n'est pas l'intelligence: elle en est
l'usage viril. Le véritable orgueil l'exige. '

§
Tolstol, qui a tant appris de Stendhal et d'abord

à peindre
.
' idée du
la guerre, lui a pris aussi son

mensonge universel, qui est la vanité de chaque
homme, et le commun ressort de la vie sociale.
La sincérité est l'antidote du vain amour propre.
La vanité est l'univer-selle faiblesse. La modestie

�CHRONIQUE DE CAERDAL
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

est la sincérité des petites gens. Les grandes âmes
n'ont pas besoin d'être modestes : elles so~t
sincères ; et cette vertu suffit.
Stendhal avoue ce que non pas la pudeur, mais
la vanité arrête sur les lèvres d'un homme. 11 est
bien trop aristocrate pour avoir souci d'être
moqué. Je soupçonne qu'il s'en amuse.
Voilà ce fameux. dragon, qui veut qu'on prenne
toute femme au galop et à la charge, dès la
seconde entrevue. Pas un rdtre comme lu~ ni
mieux monté, ni cavalier d'équitation plus vite,
pur sang sur pur sang ; et pas un qui aime mieux
la course, qui se préoccupe plus assidtîrnent de la
chevauchée. Or, illui arrive sans cesse de manquer
la coche et de rester au relais. Quand il y va de
la gloire et de cet honneur amoureux qui est la
vie même, il perd l'étrier : une ombre le démonte,
une idée le désarçonne, un souffle, un cri. Et
le dragon de Marengo n'est même plus un
fantassin : il a mal aux pieds. Loin de br0ler trois
postes ou quatre, il a l'entorse ; et il lui faut
dormir sur place.
Telle est son admirable sincérité, qu'il confesse
raccident, et presque l'infirmité, tant elle lui _est
propre. Il se punit ainsi d'y être sujet. Ow ~
saurait sans lui ? Qui pourrait en rire, s'il n'avait
pas voulu qu'on en rtt?
Je ne ris pas de Stendhal en sa disgrâce. Je l'en
admire davantage. Il n'est jamais grossier, là où

863

tant d'autres hommes ne se défendent pas de
l'être. Il est vrai qu'à mon sens, le fat passe tous
les hommes en grossièreté. Le muletier est un fat,
avec son célèbre quart d'heure.
Puis, c'est le véritable amour qui jette l'amant
dans les faux pas, et qui le fait glisser. La vraie
passion de la guerre est sujette à des défaites, que
les guerrilles ne connaissent pas. L'appétit est
toujours prêt, et non pas la grande soif que rien
n'apaise. Elle fuit peut-être l'apaisement?
L'amant trébuche, où le galant ne bronche pas.
L'amant est le pur sang que le combat épuise, et
le galant est le mulet. Ils ne l'entendent pas ainsi :
mais les amants parlent de l'âme ; et c'est elle qui
qui manque aux mulets. Pour tout le reste, on leur
rend les honneurs du sentier en montagne et du
sabot infaillible au bord des précipices.
Tout est abime pour les amants, et pour les
mulets rien ne l'est. Entre eux, c'est l'immense
vallée de l'imagination. L'ardent Stendhal, cet
amant qui 'Veut toujours l'être, son imagination le
joue; elle le lie, elle l'entrave. L'imagination est
la dame jalouse qui noue l'aiguillette. Et telle est
l'ironique destin de Stendhal, qu'entre tant de
personnages qu'il a joués et dont il a pris le nom,
il n'a jamais été plus lui-même qu'en amant muet,
sous les traits et l'habit de Sir Fiasco, esquire.

�LA NOUVELLE

REVUE FRANÇAISI

IV
ENFIN, JULIEN SE LAISSE VIVRE

Une femme, qui m'est bien chère, ayant fini de
lire Le Rouge et le Noir, me dit : "Ah, je n'aurais
pas voulu que Julien tire le pistolet contre sa
douce amie! C'est bien assez qu'il en soit capable.
Quel affreux courage l Julien traite Madame de
Rénal comme un homme : voilà ce que je lui
reproche." Idée de femme,et vraiment charmante:
un homme ne doit jamais user de sa force contre
une femme, que pour l'aimer. Il doit tout lui
pardonner ; et d'abord, ce qu'une femme ne
lui pardonnerait jamais. Elles sentent ainsi, quand
elles aiment. Puis, elles se perdent, elles se font
tuer, elles vont à la mort plut6t que de rester
dans la tombe de l'absence, et de condamner leur
amour à l'oubli. N'eussent elles pas pitié de l'amant,
elles ont soif et compassion de l'amour en lui.
Rien de plus vrai : Julien traite en homme sa
tendre ma1tresse, parce que l'ambition est l'ennemie
de l'amour. Julien est toujours tout ce qu'il est.
Le dernier feu de sa volonté est un coup de
foudre. Mais cet éclair lui révèle le monde de
la tendresse ; et il n'y entre que pour n'en sortir
jamais. 11 ne retrouve pas Madame de Rénal dans
l'église de Verrières, mais sur le seuil du bonheur.

CHRONIQUE DE CAERDAL

865
Il lui envoie la balle que tous les hommes du
livre et de la vie méritent, pour toute la haine et
l'envie qu'ils exercent contre les jeunes héros.
Admirez, belle amoureuse, que pour le vrai
héros, à vingt-cinq ans et peut-être à cinquante, il
n'y a ni homme ni femme : il n'est que des alliés
ou des ennemis. La preuve en est que l'adorable
Rénal, si chère à tous les cœurs passionnés, s'est
laissée manier elle-même comme une marionnette
par son jésuite. Mille fois plus touchante d'être
aussi victime, elle se perd en perdant son ami. La
pensée de Stendhal est là toute vive, avec son
culte de l'amour: pour gotiter enfin la vie d'amour,
ils se perdent tous deux joyeusement. Jusque là,
tout le reste n'a été que roman, un vain passetemps, un prélude, une attente. Dès le premier
regard, le petit jeune homme en veste de ratine,
et l'honnête femme vêtue d'ignorance et de tranquillité, Julien et l'adorable Rénal, quoi qu;ils
fissent, étruent voués à la même vie et à la même
mort d'amour : l'amour est leur fatalité.
Pour être tout à son amour, il se sépare de la
vie. Il tue son ambition, pour se rendre sans partage à sa maitresse. Tout le passé lui semble une
ridicule erreur. Plus d'ennui, plus de vide. Voici
sonner les heures pleines, les heures inimitables.
Trente de ces jours passionnés et de ces nuits
valent trente fois trente années de vie déserte.
Il fallait donc que Sorel abdiquât tout désir

�866

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISJ.

médiocre, et que sa volonté tyrannique ne lui n\t
plus de rien, pour qu'il se connllt lui-même, et
pour posséder l'unique bien qui nous comble le
cœur. En se rendant l'amour, il se restitue à soimême. Comme Fabrice n'est heureux que dans sa
prison, Julien n'a de cœur et ne gollte le bonheur
de la vie que dans son cachot, aux viles portes de
la mort. La même fable porte le même symbole ;
et il est si beau que Stendhal n'en cherche pas un
autre. C'est tout gagner, que de tout perdre en
trouvant l'amour. Et peut-être y faut-il la prison,
qui est la rupture du lien avec les hommes.
En Julien Sorel, l'ambition n'était que le masque
de la passion, et le moindre usage d'une nature
conquérante. Ce sentiment me rend le fier jeune
homme plus vrai et plus beau que Bonaparte, son
idole. Et quelle liberté dans ce donjon gardé par
le bourreau et la légitime stupidité des lois. Enfin
la séparation d'avec les hommes rend libre celui
·qui tient l'objet de sa passion: mais il faut qu'il le
tienne, je l'avoue.

§
Voir le monde comme il est : mot qui ne veut
rien dire, précepte de morale à la Carlyle et l
l'allemande: une prophétie concernant l'événement
accompli.
On voit le monde comme on est, quand on a

CHRONIQUE DE CAERDAL

des yeux. On voit comme l'on crée. Le héros est
l'homme_ qui ose l'e plus être soi-même, et qui le
pe~t. Point. de h~ros' sans puissance égoîste, et
pomt de saint moins 1 amour de Dieu.
Personne n'~ du héros une idée plus saine que
Ste.ndhal. Il na pas connu la sainteté ; mais il
était capable de deviner qu'elle lui manque.
Stendhal
a un .esprit qui fait une telle lum1ere,.
•,
,
1
qu e le en éclaire pour lui-même les lacunes et le
•
J:
•
s
tmpenections.
Stendhal est la moitié d'un Gœthe et même un
peu plus. Sa part est autrement aisée et naturelle.
Il suffit de comparer l'Italie de l'un à l'Italie de
!'autr~. L'It~ie de Gœthe est une bourgeoise fort
tnstrwte et bien nourrie, qui porte partout aveC'
elle les .menus de Weimar et les caquets de sa
Germanie; elle ne vit que dans les musées et dans
les ca.binets de province ; avec un contentement
~e sot presque ridicule, elle note toutes ses digesbons d'esprit, elle --minaude, elle rougit d'avoir
passé q~elques bonnes nuits aux bras d'un modèle
académique : elle n'en revient pas de sa folle
audace, et se persuade, décidément, qu'elle a
ren.ouvelé, dans sa chambre d'auberge, tous lesdél1:es de la fable, de l'lda et des dieux. Que de
bruit pour. marier cette vieille Iphigénie de cinqm:nte-tr01s ans avec le pauvre Tasse ! Et tenir~~tre .de leurs moindres soupirs, sur la paillasse
gehca Kaufmann, c'en est trop ; tant de vul-

�868

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

gaire importance appelle un châtiment : ce grand
homme a souvent l'air d'un Polonius, ministre de
}'Olympe.
Sans le moindre effort, Stendhal est un Ancien.
Et non pas un Romain, mais un Grec à Rome.
Pour être juste, après avoir ri, je suis toujours
plus frappé du Romain dans Gœthe. L'antiquité
&lt;le Gœthe est romaine. Le palen de Gœthe est
romain. Tout son esprit est romain, et toute sa
réussite. Plus il veut être Grec, et moins il l'est:
mais toujours le poète lauréat de la Rome impériale, au temps d' Adrien. Il parle sans cesse de
Phidias et de Sophocle ; mais sa muse est la solide
et froide tête de la Junon Ludovisi.
V
POLITIQUE

CHRONIQUE DE CAERDAL

L'argent seul a toute industrie et tout droit : il
n'a donc pas besoin de la violence.
J ulicn Sorel lui même, ce héros plus grand que
Bonaparte, étant bien plus beau et capable de s'accomplir contre lui-même par amour, le siècle le
destine au supplice : à tout coin de rue, la vie
sociale cherche à l'écraser. Enfin elle l'écrase. Les
yeux sur le visage bien aimé de sa maîtresse, il
n'y prend seulement pas garde. Décapité, il sourit.
La grande âme triomphe donc toujours. Mais
à quel prix. Julien Sorel me montre Stendhal,
clans sa petite chambre d'h~tel, à cinquante ans
déjà. Au moment où Julien Sorel porte sa belle
tête sur l'échafaud, Stendhal charge ses pistolets
par dégot\t d'une- vie trop misérable. Et de quoi
s'en est il fallu, qu'il Ht sauter de l'écrin cette
magnifique cervelle, la charnière enfoncée d'une
balle?

§

Ceux que j'appelais naguère les tigres grossien,

il y a mille ans, plus ou moins, au temps où toute
la vallée de la Seine était à feu et à sang, ces gens
là eussent fait souche de grands barons.
Nos siècles sont d'une terrible hypocrisie. On
n'y peut même pas devenir baron sur sa terre, par
le droit du plus fort. Même pas se venger d'un
ennemi, guetté pendant cent mois : même pas
écraser une blatte d'auteur, qui calomnie. La ruse,
second âge de la force, n'est guère plus libre.

Il est profondément aristocrate, par ce qu'il est
républicain de la bonne manière. Tel à quinze ans,
tel à cinquante. Républicain d'esprit et de volonté
.
'
anstocrate de mœurs ; et prince en presque tous
ses got1ts: et d'abord, en cette passion de la vérité,
q~1 est celle de n'avoir point de maître, sinon la
raison. Un prince régnant, dans un monde où il
serait seul roi, parmi tous ces journalistes et

.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

lecteurs de journal, peut seul aussi se payer le
luxe et l'insolence de la vérité.
Là encore, Stendhal me rappelle Montaigne.
Stendhal est un Montaigne qui a l'Italie du moyen
:âge pour antiquité; que l'amour occupe par vocation plus que l'amitié; et à qui les œuvres d'art
tiennent lieu de morale.
Ce qui trompe sur les goüts de Stendhal, c'est
la gêne du petit consul, et les manies du vieux
garçon. Je ne sais pour quoi, les princes semblent
toujours mariés chez les modernes ; et chez les
.anciens on ne pense jamais_qu'ils aient pu l'être.
La fo~me est le plus beau luxe de l'homme,
,depuis quinze cents ans : voilà sans doute la
·raison.
Mérimée voyait ainsi cet ami redoutable: original en toutes choses, dit il, et au fond de l'àme
,aristocrate achevé." J'abhorre la canaille, en même
temps que sous le nom de peuple je désire ~
·sionnément son bonheur. J'ai horreur de ce qw est
-sale ; or, le peuple est toujours sale à mes ye~"
Qu'on leur accorde la Charte, en attendant qu ils
-soient dignes de la République.
Le pouvoir absolu aux mains du meilleur,. telle
est la politique de l'art. La dictaturç du gém_e est
selon le cœur de l'artiste, et le seul ordre raisonnable. La religion sacre la monarchie légiti~e, et
elle seule. Les rois ont perdu toute autorité, là
où l'Église vivante ne la leur confère plus. O'm

CHRONIQUE DE CAERDAL

,

dirais autant de l'héritage.) L'Eglise ne vit, politiquement, que dans la volonté unanime et la foi
du peuple. Il faut aux rois la Sainte Ampoule :
Faute de quoi, non seulement ils ne guérissent
pas les écrouelles de l'État, mais on voit trop à
leur pauvre tête qu'elles suppurent.

( A suivre.)

ANDRÉ SUARÈS.

�&amp;iFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

872

REFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

ANTHOLOGIEDESAVOCATSFRANÇAISCONTEM-

PORAINS, par Fernand Payen. (Bernard Grisset).
Réunir une Anthologie des avocats d'aujourd'hui n'était pa&amp;
une mauvaise idée. M. Payen, qui consacre aux maitres qu'il
a cités des notices élégantes, parfois assez fines, et qui, exception faite pour Waldeck Rousseau et pour Barboux, se limite
hiérarchiquement aux batonniers de l'ordre, a dft choisir, je
n'en doute pas, les meilleures plaidoiries contemporaines. Les
uocats, représentés par leurs chefs élus, plaident,. ici, deva~t le
public et la critique, et pour eux-mêmes, Ils pla1~en~ :u.ss1, et
~- Payen avec eux, pour l'art de l'éloquenc~ JUd1~1a_1re, e~
nous sommes mis en demeure de décider, sur pièces ecr1tes, s1
oui ou non il est raisonnable de laisser, comme on le fait
d'ordinaire, cette forme d'art oratoire sur la rive obscure, hors
du monde esthétique et des genres littéraires. Montons donc,
tel Ubu, sùr notre tribunal, et, nous étant assuré que la trappe
fonctionne, jugeons.
.
Tout à l'heure peut-être nous allons découvrir des merveilles
jusqu'ici ignorées, ou limitées du moins à l'enceinte du tribunal et à la Reflue des Grands Procès. Mais si nous nous en tenons
au tableau consacré des valeurs littéraires, au canon que l'école
nous enseigne, nous nous expliquons d'abord mal ce fait singulier : dans les 'deux littératures da~siques anciennes, l'éloquence
judiciaire paraît tenir une place d'honneur, et même, par sa continuité et son autorité, la première place parmi les genres en

prose comme le théàtre parmi les genres en vers. Dans les temps
modernes, néant ou à peu près. L'éloquence politique chez
nous, n'a pas trop démérité, et depuis ·1e XIVe siècle, on
citerait plus de cent discours qui méritent d'être relus et
admirés ; l'éloquence démonstrative s'est enrichie d'un genre
authentiquement français, le discours académique (dont l'étude
technique, dans une continuité de trois siècles, serait bien
fructueuse pour le critique qui l'entreprendrait). L'éloquence
de la chaire tient pareillement, depuis longtemps la place la
plus éminente. Pourquoi donc cet effondrement apparent de
l'avocat? Faut-il croire ces lignes de Renan que cite M. Payen
"Heureux les classiques venus à l'époque où l'individualité
littéraire était si puissante J Tel discours de nos Parlements
vaut assurément les meilleures harangues de Démosthène ; tel
plaidoyer de Chaix d'Est-Ange est comparable aux invectives
de Cicéron. Et pourtant Cicéron et Démosthène continueront
d'être publiés, admirés, commentés en classiques, tandis que le
discours de M. Guizot, de M. Lamartine, de M. Chaix d'EstAnge ne sortira pas des colonnes du journal du lendemain. "
Laissons de côté Guizot et Lamartine, laissons de côté les
discours politiques de Démosthène et de Cicéron. Ne comparons que le semblable au semblable, les avocats aux avocats. Le
seul procès dont il s'agisse ici, le seul dont nous ayons à discuter la revision, est celui de Chaix d'Est-Ange et de ses confrères,
qu'ils soient Berryer, Henri-Robert ou Poincaré.
Il importe d'abord de remarquer .que Démosthène et Cicéron
ne sont de vrais avocats que par un côté, le plus petit peut-être,
de leur génie. Sans tenir compte ici des reflets passionnants
dont les luttes politiques illuminent et trempent leur éloquence,
,oyez qu'ils n'ont obtenu; devant la postérité, leurs grands
triomphes oratoires que lorsqu'ils attaquaient, non lorsqu'ils
défendaient, que lorsqu'ils faisaient fonction d'accusateurs, analogues, si l'on veut, à ce que sont chez nous les avocats de la
partie civile. Le seul des plaidoyers civils de Démosthène qui

9

�LA NOUVELLK REVUE l'RA!I.ÇAISI

'élève à la hauteur de es discours politiqu~, la Midit1111t, est
:ne attaque. Il en est de même d'Eschi~e, avec l_e Discms
milrt Timarrut. Pour Cicéron, le Pro Atihnt. est b1e~ plut6t
un ]t, Ckdium, et les plaidoyers proprement dits para1SSent en
· ' J, sau f peut -être le Prt1 Murtna, a sez .faibles.
Et, surtout,.
genera
.
ces grands discours sont assez mêlés à la politique, assez no~rru
lie pour nous apparaître comme les précurseurs de I élopare ,
. d' ..
quence parlementaire plutôt que de l'éloquence JU_ 1c1a1re.
Le plaidoyer a pourtant atteint une fois au °:~ms sa pe~fcction chez les anciens, et il a eu, mieux que la poestc dramatique
et que Je dialogue platonicien, l'h~nneur d~ fo_u~ir le modèle
le plus authentique et le plus délicat de 1 amc1sme. Je vem
parler de l'art des logographes et de Lysias. Lysias, étrangement
ignoré des honnêtes gens, est ~ez nous complét~men~ abandonné aux hcllénis~es de profession. Il est même s1~guher que
des trente plaidoyers environ qui nous restent_ de lui, quatre oa
cinq seulement, et pas les plus intéressa_nts,~ aient été, au coon
de nos quatre siccles, traduit en frança1 ·. Et pourtant, co~
cette langue transparente et fine, à mi-chemin entre Volt~re
et Paul-Louis Courier, récompenserait un traducteur avilé,
ayant Je go0t de son humble et délicat méti~ ! ~a belle 6~ ~
carrière pour un magistrat lettré d'autrefois, qui_ s_e fût a1~
avec de l'ambroisie, débarbouillé de toutes les nd1cules ~
doiries subies à l'audience ! Comparés aux morceaux qu 1
recueillis M. Payen, les plaidoyers de Lysias parais_·ent les plm
jeunes ! Sur eux, pas de poussière, mais au contraire un ~u,et
qui persiste. Et le plus grand plai ir qu'ils donnent, ou, _mie:
le plaisir suprême dont ils sont couronnés, est que_ la ra110?
leur valeur unique, comparée à ce qui les a suivis et q~1 la
· h'Jt d e 1Og1que ••
suit encore se conçoit clairement et nous ennc
'
.
louée soit l'Ant!tolagit de M. Payen, qui nous perme t ~ ~ m
distinguer le médiocre et le bon, de connaître l'un et l'autre
par leurs causes.
f4
L'art de l'avocat produit des œuvres éphémères, sans orme

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE
et sans écho ; l'art do logographe non seulement nous a laissé
des œuvres durables, nuis il a formé le cœur de l'attici me,
qui est le cœur du classique, qui est le cœur de la beauté.
Pourquoi ? Rien de plus artificid et de plus bÎZ.lrre, semble-t-il,
que les conditions imposées au logographe. La loi athénienne
ignore les avocats ; die impose à l'accusé de se défendre luimême : tout au plus lui tolère-t-elle un aide, parent ou ami,
dont l'assistance est d'ailleurs exceptionnelle. L'homme de l'art
n'intervient qu'en lui fournissant une défense écrite, qu'il apprend par cœur, et récite. On ne saurait imaginer pour le professionnel de la défense une situation plus discrète et même
plus humiliée. L'avocat d'aujourd'hui, déployé dans l'ampleur
toamoyante de ses manches et le fracas glorieux de sa renommée,
considérerait le logographe comme un méprisable hère. Et
pourtant ce sont les lois immanentes de l'art, qui, selon leur coutume, élèvent ici le plus humble et déposent le superbe. L'art
du logographe est avant tout l'art de se faire oublier, de disparaitre dans son personnage, de tout disposer en sorte que les
juges puissent croire sincèrement entendre l'accusé lui-même
et lui seul. De fait, un discours de Lysias nou donne au naturel,
comme le creux de la cendre à Pompéi, la ligure du bonhomme
qu'il fait parler. Du logographe à l'avocat d'aujourd'hui, il y a
aactcment la distance de l'auteur dramatique au comédien.
L'auteur dramatique crée des personnages, s'effii.ce en eux, leur
donne sa place de vivant. Le comédien fait son per.onnage, vit
de lui, tire sa gloire de lui.

Comme l'art du comédien, l'art de l'avocat est un art du
momentané. Il ne vise qu'à un effet momentané, portant sur
un moment décisif. C'est seulement par un détour, par llll
biais, que l'éloquence parlée est élevée à une valeur littéraire
et durable. Ou plutôt, et pour dire net, il n'y a pas de littérature parlée, improvisée, il n'y a que de la littérature écrite.
Les discours de Démosthène et de Cicéron sont des œurres
bites refaites en vue de la publication. Les sermons de Bossuet

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

sont ceux qu'il écrivait avant de monter en chaire, non ceux
qu'il prononçait. Les sermons de Bourdaloue (dont l'art rappelle
par bien des points celui de Lysias) étaient écrits, appris par
cœur, récités mot pour mot. Voyez la différence entre la
discoun parlementaires improvisés de Lamartine, recueillis par
les sténographes, et le discours sur le drapeau rouge, qui figure
dans son H iJtoire de la RépuoliiUl de I 848 et fut rédigé par
lui, comme le Pro Mi/one, à loisir. Une improvisation peut
itre une action foudroyante, décisive, elle ne constitue jamais
une œuvre qui dure. Si le mouvement de la parole se retroun
dans une œuvre écrite, si le style du XVlle siècle est souvent
un style parlé, comme l'a montré Brunetière, il s'agit là d'une
parole transposée, disciplinée, dont est présente l'image,
ou l'idée, beaucoup plus que la réalité. Observez que le
style artificiel par excellence, le style oratoire, a son origine
dans la parole même, dans les poumons robustes de l'orateur
antique, dans les nécessités de l'inspiration et de l'expiration,
dans un jeu d'orgues naturelles ; mais si le principe de ses
mesures est dans la nature, ces mesures ne se développent que
par réflexion et composition. Tandis que l'art de l'avocat qui
· improvise est une logolalie, ou une logomachie, l'art de Lysias
est rigoureusement une logographie. Le logographe écrit des
rôles pour ses clients avec le même soin que Racine en écrivait
pour la Champmeslé. Loin de lui cette Commttlia de/farte où
l'avocat est à la fois acteur et auteur. Mais tout en écrivant,
tout en pesant ses mots, en disposant ses raisons, en composant
ses discours, il faut qu'il ne laisse apparaître nul signe d'artifice,
nulle écriture visible, que tout son art soit tendu a recréer une
nature, à épouser Je naturel.
Si l'improvisation n'a pas de style, elle n'a pas davantage de
méthode. Un discours invertébré, sans ordre, sans plan, peut
frapper, émouvoir, atteindre sur les auditeurs au plus han~ de
l'effet oratoire, il ne se laisse pas lire, et l'écriture ne le livre
qu'informe, affaissé et flasque. Si je mange en automne des

aÎFLEXJONS SUR LA LITTÉRATURE

pommes fraîches, il m'importe peu qu'elles soient entassées dana
un panier ou disposées soigneusement sur des rayons. Mais si Je
il faut qu'elles soient rangées en ordre,
elles pourriraient dans leur tas. Ainsi du discours. Ou trouve
souvent scolastique et artificielle la division, au XVIIe siècle,
du sermon en trois points. En réalité elle lui est aussi nécessaire,
aussi consubstantielle, que les cinq actes le sont au poème
dramatique. Il n'est pas de plaidoyer antique qui ne comporte,
plus ou moins apparentes, les divisions rationnelles inventées,
ou plutôt découvertes, par la rhétorique sicilienne. Elles appanissent chez Lysias dans une détente et un natUJ'els parfaits,
aui nécessaires, aussi peu imposées du dehors, que quatre
membres et une tête à un corps humain. Aujourd'hui, bien
entendu, pas plus qu'autrefois, un avocat ne parle sans un plan,
qu'il modifiera d'ailleurs en cours d'audience. Mais, si j'en juge
par I' Ântho/ogie de M. Paycn, ce plan est généralement théorique
et vague : rien, à la lecture, de plus invertébré, de plus
gélatineux que ces méduses, délaissées sur le rivage, hors du flot
sonore où elles vivaient. C'est que le plan, dans un discours,
indique la plénitude, la densité, la volonté réfléchie, il implique,
comme l'habitude, dont il est une figure artificielle, la dissociation de mouvements synergiques, leur recomposition selon
la loi du moindre effort. Toutes qualités opposées à celles de
l'avocat d'aujourd'hui, marchand de paroles qui donne au
client des paroles pour son argent, et dont l'idéal paraît étre
la facilité, qui étourdit, dissout, rend mol et stupide le juge
ou le juré sous le flot de l'abondance dialectique ou verbale.
Dans ces plaidoiries, que nous fait lire M. Payen, que de
quantité, quel déchet! C'est évidemment la somme de tout ce
q~i répugne à l'atticisme, et l'on dirait que la loi athénienne, gardienne attentive de cet atticisme, ait veillé par
llne sage disposition à ce que la tentation de bavarder f0t
interdite au logographe, et qu'il f0t obligé de dire le plus de
chose en le moins de temps : la clepsydre était là, qui, sauf
YCDX les conserver l'hiver,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

exception pour de. grandes circonstances, ne permettait pas à
l'accusé de garder la parole plus d'une demi-heure environ.
C'est dans ce court laps qu'il fallait expliquer aux jurés une
affaire parfois compliquée. Le seul moyen de faire tenir beaucoup
de choses en ce peu de temps était de les disposer -en un
ordre rigoureux, comme dans le vaisseau phénicien dont parle
Xénophon et qui tenait de cette maniere un nombre incroyable
d'objets. Bien entendu un avocat d'aujourd'hui gémirait sur
cette loi, s'il devait la subir, comme un dramaturge romantique
sur la loi des trois unités. Le plaidoyer d'un Lysias est
aussi a l'aise sous la clepsydre qu'une tragédie de Racine entre
les trois règles. Il semble qu'il convertisse cette nécessité
extérieure de la loi en une nécessité intérieure de sa nature. Si
tout a dû se dire en peu de temps, c'est que tout pouvait se
dire en peu de temps.
Mais pôur tout dire en peu de temps, il ne faut dire que
l'essentiel, et l'essentiel, dans une plaidoirie, ce sont les faits et
les raisons. Ce qui devra dès lors être sacrifié, c'est l'appel aux
sentiments, c'e~t l'éloquence démonstrative, c'est le pain quotidien de l'avocat, trempé du sang de l'orphelin, des larmes de
la veuve et des sueurs du peuple. Si Lysias est pour les gens de
go(H le seul maître de l'éloquence judiciaire, c'est qu'il est
(avec des disciples immédiats tels qu'Isée), le plus pur, le seul
pur de tout ce battage, si fastidieusement retentissant mê~e
chez un Démosthène, un Eschine, un Cicéron ! " Il n'y a rien
de plus parfait que Lysias, dit Quintilien, si le rôle de l'orateur
1 e borne à instruire." Éloge qui n'est pas sans restriction chez
ce professeur de rhétorique latine, mais qui, pris en soi, identifie
la parole de Lysias a une perfection aussi transparente que l'eau
dans la clepsydre qui la mesure. Observez que cette eloquence
qui se borne à instruire, qui dédaigne tout moyen de pathétique
grossier, s'adresse à un tribunal de six cents à mille jures, gens
du peuple, petits artisans. Voyez avec quelle sobriété, dans le
premier discours qui ouvre les œuvres de Lysias, parle à l'intd-

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

ligence et à la raison de ses juges Eratosthène, traduit en justice
pour avoir tué l'amant de sa femme qu'il a pris en flagrant délit.
Un avocat, aujourd'hui, ferait acquitter son client en plaidant
la passion, en se passionnant lui même avec le tremolo que vous
savez. Lysias; lui, s'attache, avec la plus subtile habileté) à
purifier l'affaire de tout élément passionné. Eratosthène raconte
de la manière qui sera la plus plaisante pour les autres, à la
façon d'un fabliau ou d'un conte de Boccace, les ruses de sa
femme, q1û couche avec lui au premier étage, la servante complice qui est en bas, avec l'enfant, et qui le pince pour le faire
crier, le mari qui envoie la mère lui donner le sein pour le faire
taire, celle-ci qui feint de résister parce qu'elle a peur que son
époux ne lutine, pendant qu'elle n'y sera pas, la petite servante,
et qui, l'enfant criant toujours, finit par descendre retrouver en
bas l'amant qui l'attend. Puis, quand la servante a tout découvert
à Eratosthène, le flagrant délit, les voisins convoqués comme
témoins, et l'amant (qui, dans l'usage athénien, en était
généralement quitte avec la cendre chaude et le raifort) mis à
mort, très posément, par le mari. Devant ces cinq ou six cents
héliastes, le bon système de défense consiste à ne rien dramatiser,
à peindre 1a réalité fine, dépouillée, nue. C'est de cette façon
d'ailleurs que Lysias gagnait, paraît-il, tous ses procès. Transportons-nous maintenant dans l' Anthologie de M. Payen. Voici
une plaidoirie, au cours d'un proces en séparation de corps, pour
Mme C ... , plaidoirie qui "était considérée par son auteur luimême, comme l'une des meilleures qu'il dit prononcées".
L'auteur est Waldeck-Rousseau, qui poussait assez loin, je
crois, la maîtrise de soi et le mépris des hommes. Il ne s'adresse
pas a une foule de six cents jurés, mais a trois docteurs en
droit, aussi blasés sans doute qu'il l'est lui-même. Voici son
langage ;
" Tout mari est, à un moment déterminé, son propre
arbitre; il peut étouffer les explosions de sa colère, il peut se
taire, il peut s'imposer le silence, et alors si quelqu'un laisse

�880

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

tomber un de ces propos qui flétrissent l'honneur d'une femme,
sa main l'écrasera sur la bouche du diffamateur. Celui-li, je le
salue et je l'admire.
" Il peut aussi, plus humain, plus près de la nature, céder
à son ressentiment, chasser la femme indigne et, prenant
l'enfant, l'emporter au loin. Et celui-là qui, pour disparaitre
avec sa douleur, renonce à la fortune, je le salue encore et je
l'estime. Mais outrager une femme, lui prodiguer les accusations
les plus infamantes, la trainer dans la rue dans la détresse et
comme la nudité de l'adultère jusque sous les yeux d'une foule
avide de scandales ... Pois vouloir la reprendre, toute frémissante
encore des injures de la rue, c'est là un excès de bassesse auquel
il est donné à peu de personnes de descendre, et auquel
M. C ... ose cependant prétendre.
"Vous comprenez maintenant ce que j'ai à vous dire.
11 Nous sommes en présence de l'irréparable. Entre sa femme
et lui M. C... a fait couler un ·fleuve de boue que pas 011
homme n'oserait, que pas une juridiction ne pourrait la
contraindre à franchir. "
Dans toutes ces plaidoiries il est difficile de trouver autre
chose que la plus stérile et la plus vaine abondance, une sorte
de gageure professionnelle, qui consiste à dire en le plus de
temps le moins de choses, exactement toutes les puissances
déchaînées de la langue, contre lesquelles la loi athénienne,
élevant une sage barrière, obtenait en récompense un Lysias.
Mais comme les mêmes caractères se retrouvent dans toutes ICI
plaidoiries choisies des b~tonniers que fait défiler devant noUI
M. Payen, et cela malgré toutes ]es di.fférences de tempérament
qu'il nous explique en d'agréables et louangeuses notices, nolll
devons croire que ce genre s'impose nécessairement à l'avocat,
et qu'au barreau la concision c'est l'ennemi. "Nous payons
tous, dit M. Poincaré dans sa plaidoirie pour l'Académie
Goncourt, notre tribut aux exigences de notre profession! Le
médecin est souvent tenté de mettre les borues du monde aaz

aiFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

881

portes de sa clinique; l'homme politique place l'univers dans le
cercle étroit où. mugissent les passions parlementaires; l'avocat ...
mais pourquoi, Messieurs, multiplier les exemples?" Pourquoi,
Maître, ne pas les multiplier ici précisément? C'est que celui-ci
s'exhale clairement de toutes les plaidoiries que collige M. Payen.
La profession de l'avocat exige qu'il emporte un jugement comme
l'orateur parlementaire emporte un vote: en laissant le moins
possible à l'auditoire ou à l'auditeur le temps de se reconnaître,
en étant le plus fort, par tous les moyens, selon les lois de la
guerre, à un moment donné. Voyez la différence entre la
plaidoirie d'un avocat d'assises et celle d'un avocat d'affiiires.
A égalité de réputation, et en considérant des têtes de .file,
comme M. Henri-Robert et M. Poincaré, une plaidoirie du
second tient beaucoup mieux la lecture qu'une plaidoirie du
premier. En matière d'affaires le jugement n'est pas immédiat, il
intervient parfois assez longtemps après la plaidoirie, et il retient
des raisons, des preuves, des appels à la loi, plus que des états
d'émotion ou de passion. C'est d'ailleurs là un principe, non
un fait. "Ce n'est pas à dire, écrit M. Payen, qu'on ne fasse
plus appel à la sensibilité des auditeurs. La Cour de Cassation
elle-même, disait quelqu'un qui la connaît bien, juge presque
toujours en fait. Et qu'est-ce que juger en fait, si ce n'est
laisser fléchir la rigueur des principes sous le poids de raisons
que la stricte raison juridique ne comprend pas i" Il n'en est
pas moins vrai qu'il y a là un ordre de beauté qui suit l'ordre
de vérité, qui à son plus haut point non dans la stricte raison,
mais dans la saine raison juridique, son point inférieur dans
l'appel à la sensibilité animale. "Il ne faut, dit M. Payen,
même aux assises, toucher le clavier des sentiments qu'avec une
enrême prudence. A plus forte raison devant les tribunaux
civils : débordés ·par les affiiires, les juges sont pressés de juger,
Ils demandent des faits et des arguments, et je dirais qu'ils se
passent volontiers d'éloquence, si l'éloquence n'était précisément
et avant toutes choses l'art d'exposer les faits et de développer

�882

LA NOUVELLE .REVUE FRANÇAISE

]es arguments en disant tout ce qui convient et rien que ce qui
convient." Félicitons M. Payen de mettre en lumière et en
honneur ce vieux principe de l'éloquence attique ; mais
regrettons que ce débordement et cette hâte de juger, favorables
un peu à l'éclosion de nouveaux Lysias, ne nous les ait pas
donnés, et mesurons combien Ieste loin de cet idéal la brochette
de bAtonniers alignée dans l' A11thologie.
Une dernière remarque. Je n'étonnerai personne en disant
que cette anthologie est dédiée à M. Poincaré, commence par
M. Poincaré, et je suis trop ami de la saine hiérarchie pour ne
pas approuver: " Ce serait, écrit M. Payen, peu de dire qu'il
a des clartés de tout. Sa pensée est un phare puissant, qu'il
peut projeter sans fatigue sur les objets les plus divers. Chacun
d'eux tour à tour en est illuminé sur toutes ses faces, dans tous
ses coins et recoins et jusqu'en sa profondeur... Il ne faudrait
à M. P.oincaré que deux heures de préparation pour se mettre
en état de disserter une heure durant sur la politique étrangère,
]a physique, la médecine, la stratégie, la peinture ou l'histoire,
et cette énumération, comme on dit au Palais, n'est pas limitative." Evidemment l'expression fait un peu sourire et l'auteur de
ce buste présidentiel sculpte le large front dans un pavé d'ours.
Il n'en. est pas moins vrai que la culture générale est un bien
prêcieux, et que M. Poincaré, sans avoir pour cela transféré à
l'Elysée le "phare puissant" d'une tour Eiffel de la pensée,
possède abondamment cette culture : ce n'e5t pas tout à fait sa
faute si son panégyriste la confond avec la faconde. Seulement,
il n'est pas besoin de longs discours pour voir dans ces lignes
de M. Payen, qui expriment si clairement et si candidement
l'idéal réalisé de l'avocat professionnel, les raisons pour lesquelles,
dans un régime parlementaire, l'avocat est roi. Dans un régime
parlementaire, c'est-à-dire dans un régime où, comme l'arbre à
pain chez les sauvages, la parole, montée sur un tréteau, est
tout, sert de tout, sert à tout, il ne faut que deux heures de
préparation non seulement à M. Poincaré, mais au moindre

JlÉFLEXIONS SU.R LA LITTÉRATURE

883

sous-produit d'arrondissement, non seulement pour parler de
tout cela, mais pour diriger deux ans durant la politique étrangère, la physique, la médecine, la stratégie, la peinture ou
l'histoire de la France. Le métier politique, éçhappant seul à
la loi de spécialisation croissante qui régit tous les autres, s'est
identifié à celui de l'avocat, qui se charge d'un portefeuille
exactement comme il se charge d'un dossier. L'avocat, ou plus
largement, l'esprit, la profession, les mœurs de l'avocat, sont
nos maîtres. Et je songe que Lysias, .fils d'étranger domicilié,
n'était pas même citoyen. Il fallait décidément que l'avocat
professionnel connô.t toutes les humiliations pour atteindre la
perfection. Berger devenu roi, il serait beau pour lui, en relisant
le vieux logographe, de reprendre contact avec sa houlette.
Il était donc bien naturel que M. Payen nous donn.9.t cette
.JslMlogit, et nous ne nous étonnerons par des accents lyriques
qu'il emploie pour célébrer l'éminence de ses b~tonniers.
L'honneur est à ceux qui parlent, non à ceux qui font, et il
n'est pas moins naturel que nul Payen du siège n'ait l'idée,
l'exorbitante audace, de nous donner une .Anthf!!ogie de la
magistrature assise. Ce n'est pas, j'espère, que celle-ci soit trop
occupée à rendre de bons services pour avoir le loisir de polir
de beaux arrêts. C'est qu'elle n'imagine pas qu'un arrêt, un
jugement motivé puisse avoir la valeur littéraire, extra-judiciaire,
à llquelle prétend une plaidoirie. Une exception, je crois,
a été faite par le président Magnaud, ou en sa faveur :
M. Henri Leyret à publié un recueil, commenté, des Jugemen/J
de ce magistrat populaire. Mais l'exception confirme hautement
la règle ; ces jugements sont généralement des plaidoiries
contre la société; la cour d'Amiens les mettait d'ordinaire en
morceaux, et le bon juge avait suffisamment l'étoffe d'un avocat
pour que des électeurs aient pu y tailler un député. II me
souvient pourtant d'avoir lu assez fréquemment des arrêts qui
&amp;aient des chefs-d'œuvre d'analyse, de clarté, de raison, d'équité
et de style. Tout esprit qui a le goôt de l'intelligence et de la

�885

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

mesure les préfère, du simple point de vue de la beauté, à des
plaidoiries tumultueuses, artificielles, et grossièrement passionnées. Ils sont, pris en eux-mêmes, d'un genre supérieur, et je
songe maintenant qu'un des mérites principaux, dans un
plaidoyer de Lysias, est précisément que ce plaidoyer, par aon
calme, sa lucidité, son intelligence, est donné dans le mouvement même qui va condenser ses raisons en un arrêt, les imposer
d'elles-mêmes, de leur intérieur et de leur vie, au magistrat,
dont elles deviennent la raison.

NOTES

1

LA LITTERATURE

ALBERT THIBAVDIT.

UNE PHILOSOPHIE PATHÉTIQUE, par Julien Benda
(Cahien de la Quinzaine).
Sur le caractère, les intentions, et la portée de ce libelle, un
&amp;Yeu de l'auteur nous renseigne suffisamment : " La guerre des.

mots, dit M. Benda, c'est en réalité la guerre des valeurs pour
l'occupation de ces places fortes qu'on appelle les mots. ,.
M. Benda sait le prestige de ces " t1erbes sacrls ", aussi le confisque-t-il à son profit : il utilise la puissance maléfique des.
mots contre la philosophie bcrgsonienne ; il affuble cette
philosophie d'ornements postiches, et se prépare une attaque
facile, mais une victoire illusoire. Grâce à des définitions fabriquées de tO'Utes pièces, M. Benda combat non une véridique
image du bergsonisme, mais un fantoche de paille auquel
ensuite il es't: aisé de mettre le feu ; et, pour donner à sa thèse
one apparence de vraisemblance, il a soin d'emmêler ces définitions arbitraires, citant tantôt des phrases de ]'Évolution Créatrice,
plus souvent encore des formules empruntées à des bergsoniens.
ou à des écrivains auxquels il confère d'autorité l'ordination
bergsonienne : ces quelques phrases, découpées de ci de là et
isolées du contexte, se prêtent à toutes les inductions. Pour
6tayer la chancelante fragilité des plus fantaisistes interprétations, M. Benda appelle à son aide Mme de Noailles et

�886

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Mm• Colette, dont la simple franchise avouerait qu'elle ignore
M. Bergson.
Cette mixture savamment préparée égarera peut-être le
lecteur pris de " cette douce ébriété " que communiquent les
fumées des mots : l'auteur de la Philo1ophie Pathétique espère
lui faire ainsi accepter la thèse essentielle de ce petit livre. Le
succès du bergsonisme s'expliquerait par "sa cqrrespqndanct"
supposée avec le goût du public ; cette philosophie répondrait
à "des passions de ce temps " : elle serait venue dire "aux
mondains ce qu'ils voulaient entendre, donner expression à
leurs désirs les plus profonds. " M. Benda feint d'ignorer les
préjugés qu'a rencontrés, les résistances qu'a eu à vaincre la philosophie nouvelle, lorsqu'il y a vingt-cinq ans (l' Essai sur les données
immédiates de la conscience est de 1888), elle a lutté contre le
mécanisme et le déterminisme alors à la mode parmi les scientiliques et parmi les mondains. Parmi les mondains ..... tout le
monde sait que, dans le sens où M. Benda entend parler de
mondains, ceux-ci se font les dociles suiveurs des philosophies
les plus opposées ; mais ces engouements à bascule n'ont rien
de commun avec les sympathies intellectuelles de bon aloi qu'a
suscitées le bergsonisme : la plus forte preuve de sa vertu
inspiratrice n'est-elle pas l'accord qui existe entre les tendances
générales de cette philosophie et les recherches poursuivies
dans des domaines très divers par des hommes que ne rapprochent ni le même milieu, ni la même formation, ni le même
tempérament ?
M. Benda réduit le bergsonisme à n'être qu'une philosophio du "pur sentir'', une philosophie du sentiment. Or, pas
une seule fois, dans tout ce qu'il a écrit, M. Bergson n'a fait
appel au sentiment. L'appel " au pur sentiment" est une
invention de M. Benda. Quand M. Bergson a employé le mot
"sympathie", il a expliqué, il a précisé tout au moins par le
contexte que ce mot était pris au sens étymologique pour
désigner une espèce de corncidence de l'esprit avec son objet.

NOTES

887

Il s'agit donc d'un acte de pensée. L'intuition, telle que la
comprend M. Bergson, est, non du sentiment, mais de la
pensée, quoique ce ne soit pas de l'intelligence. L'épithète de
"pathétique" ne se justifie pas : au contraire, toute la doctrine
est un effort pour donner à la philosophie plus de précision,
pour la rapprocher de l'expérience soit extérieure, soit
interne.
M. Benda prête à l'auteur de l' Et1olution Créatrice des
intentions gratuitement faussées, en lui supposant "la haine de
1,.1~ te11·1ge_nce " . Aucun 1ecteur n ' apercevra cette haine irnagînarre proJetant son ombre sur les éclatants développements des
thèses bergsoniennes. Est-ce déclarer la guerre à l'intelligence que
d'affirmer que celle-ci a son domaine propre, qu'à côté d'elle,
la volonté peut être la source d'une philosophie ? La volonté
qui connaît directement, immédiatement, nous offre une façon
de connaître plus profonde : la volonté, s'insérant dans l'intel~igenc_e, ne p~urrait-elle satisfaire la pensée mieux que la seule
intelligence livrée à elle-même ne la satisfait ? La volonté appaquelque chose de plus essentiel que l'intelligence, parce
qu avec de la volonté, on peut faire de l'intelligence, tandis
qu'avec de l'intel1igence on ne peut pas faire de la volonté. "
L'action
. et l'expérience sont souvent, pour les hommes, maîtres
plus subtils de culture ·et d'originalité que l'apprentissage de
l'école.

rat: "

Il Y a une certaine hardiesse à présenter le bergsonisme
comme la philosophie de l'abandon " au pur det1enir" une
philosop~ie de mollesse et d'extase sensuelles, alors qu'à t~avers
tous les livres de M. Bergson retentit un énergique et pressant
appel à la volonté et au caractère. Dès les premières pages de
l'Et1olution Créatrice se rencontrent des formules significatives:

"Nous sommes les artisans de notre flit, chacun de ses m,ments est
ne espèce dt création ...... La durée réelle est celle qui mord sur
le, choses et y laisse l'empreinte de sa dent." Cette création de
soi par soi n'est pas le mol abandon d'une vie qui à va

�888

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

la dérive de 5cs instincts ; elle est toute semée de passionnants
obstacles à surmonter, parfois même d'impérieuses résistances 1
briser : dans le domaine moral comme dans le domaine an.
tique, création est effort persévérant et continu.
M. Benda assimile mobilité et mol/me, alors que tout mounmcnt suppose une tension des muscles, si so~~les soient-ils, si~
soit-elle. C'est vers une paresseuse immobilité que se réfugient
)es êtres passifs moralement, nonchalants physiquement. La
"fixité" de l'âme n'implique pas plus sa force et sa constance
que la mobilité n'implique l'instabilité de la conscience ; ~~
fixité est souvent signe de faiblesse. Une heureuse actmté
su pose un équilibre, mais la stabilité se concilie parfaitc~ent
av~c le mouvement : il n'y a pas que l'immobilité des éd1ficca
qui soit stable. Est-il nécessaire de rappeler_ à ~- Benda
la signification de certains mots sur lesquels 11 se livre à des
faux-sens singuliers? M. Bergson dit que nous nous créons
nous-mêmes par un effort de volonté sans cesse renouvelé ; et
M. Benda traduit (p. 8 1) : "Est-il besoin de dire ...... si elle
exulte cette société qui, toujours toute femelle, ne sait que le
changement de direction du sentir, repousse toute organisation
de l'âme et se salue en Mélisande, si elle trépigne quand un
philosophe vient lui dire que l'instabilité de la conscience en
est la forme supérieure ? "
•,
Tout au long de son petit livre, M. Benda semble poursuivi
par des préoccupations aussi étrangères à la philosophie b:Cgsonienne qu'aux sympathies suscitées par elle. L'auteur de 1 Orin. de "1nssons
r. ·
'' et de " spa smes" ··
nation affectionne les expressions
parlant des bergsoniens, il leur attri bue les plaisirs les ~lus
particuliers " de pâmoison, de communion pâmée, d'adhésion
pâmée au plus secret de leur être". Un passage de~- Le~
Jui suggère "l'extraordin aire bonheur de se hu~er so1~m~me. ;
et aon esprit s'exalte : Quelle joie ! Quel vertige, s'ecne-t-il •
Cet " envahissement sexuel", comme il le nomme, ne hante du
.
. .
Il est p1quan
.
t de voir M · Benda
reste que sa seule 1magmat10n.

NOTES

se complaire à l'évocation de ces plaisirs pames : "On devine,
déclarc-t-il, l'extase d'une société, dont un des désirs manifestes
est précisément de se toucher en ces exquises régions .... Concevez ici le délire d'une société qui, toute femelle, n'a de religion
que pour cc qui se sent." Il est non moins comique d'entendre
M. Benda parler des littérateurs suspects à ses yeux d'hérésie
bergsonienne, "des purs littérateurs, de tant de gens de lettres
fournisseurs de pathétique". M. Benda voit en l'œuvre
d'André Gide l'exemple d'une littérature dont la pensée
"jamais ne se fige en idée nette". De telles formules jouent de
malechance.
Il est pardonnable de nourrir des haines, et même de se
tromper radicalement sur les idées contre lesquelles on entre en
lutte, mais non de déformer celles-ci systématiquement.
M. Benda imagine être plus assuré en prenant un ton impertinent; mais à une désinvolte impertinence en vain cherche-t-il
à atteindre, et sa gaucherie s'essaie à des mots que n'éclaire
même pas une lueur d'esprit : "Nos gens trépignent d'aise ......
le client de la durée, .... l'âme des petites bonnes, .... le bafoueur
du relativisme, le moderne prometteur d'absolu, l'aventure
bergsonienne, le plaisir de bafouer la science, le philosophe
charlatanesque ..... " Que voilà de médiocres inventions, et qui
mesurent une critique dont l'impatiente mauvaise humeur, en
éclatant, trahit la faiblesse!
Le style, qui étonne dans un Cahiet de la Quinzaine, reste
celui d'un pamphlétaire sans envergure. Dès les premières
pages, le lecteur est mis en défiance par l'allure d'une pensée
couleur de politique. Comment ne nous apparaîtrait pas
suspecte une attaque qui cherche à troubler l'esprit du lecteur
par le mauvais ferment de ces louches passions l Tout au début
le bergsonisme est défini " un boulangisme intellectuel, une
aventure semblable à celle du beau général à barbe blonde", et
le petit livre s'achève comme il a commencé. Afin que tous les
appétits de rancune soient éveillés, des dé/initions de la démo-

10

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAl!I

cratie et de l'aristocratie permettent à M. Benda de conclure:
"Toutes ces passions reviennent à une seule : éprouver un état
des sens ou du cœur par la spéculation philosophique, refuser
tout état d'esprit ..... Si l'on appelle démocratie une société en
quête du seul se~tir, qu'elle cherche aux _voies l~s pl~s étrange.,
le bergsonisme est rjgoureusement la ph1losoph1e d une démocratie. ''
Ce " rigoureusement " est admirable et concluant. Les
définitions proposées pourraient être inverties : il serait aussi
facile de démontrer que la démocratie a sa source dans une
philosophie purement rationaliste, et c'est même la conception
la plus généralement acceptée. M. Be~da sacrifie t~o~ aisément
à ce " figarisme philosophique " qu'1l reproche st vivement à
Georges Sorel, escomptant une polémique à laquelle l'ap6tre
syndicaliste ne s'est pas laissé entraîner.
.
Faut-il voir dans cette P!tilosop!tie Pathétiqut une manifestation du mouvement récent qu'a provoqué la philosophie bergsonienne et dont Charles Péguy a exprimé le mobile secret
en cette belle formule: ,c Ce qu'on ne pardonne pas à Bergsot1,
c'est d'avoir brisé nos fars?" Même pas. En lisant des phrases
comme celles-ci : " Bien que cette volonté d'une communion
p~mée avec l'essence des choses ait existé de tout temps chez
les sociétés élégantes, je veux dire chez ces groupes de per~nnes
oisives et bien nourries qui viennent satisfaire aux produits de
l'imagination un pléthorique besoin de sentir ... " - le lecte~
se demande si l'auteur ne se moque pas de lui, mais il sourit
de voir M. Benda lui croire tant de na'iveté ; il compare instinctivement ce petit livre à l'acte de ces pauvres hères qui vont
dans les musées esquisser un geste contre une œuvre de maître
afin d'attirer sur leur dénuement l'attention publique.

E. D.

NOTES

JEANNE D'ARC A-T-ELLE ABJURÉ? étude critique,
précédée de: JEANNE o'ARc ET SES voix; - JEANNE o'ARc ET
sis FÉEs, par Marcel Hébert (Nourry, 1914).
Le livre de M. Marcel Hébert présente la "question Jeanne

d'A rc " sous
· un Jour
.
nouveau, et c•est· ce qm· vaut à ce livre
d'être retenu. A première vue, ce n'est pourtant qu'une étude
critique : Jeanne a-t-elle abjuré? Voici les témoignages, les
dépositions contradictoires, les documents certains; voici le
procès de condamnation, dont 1_. minute reproduit les expressions mêmes de l'accusée, et en évoque, d'une façon vivante, la
personnalité. M. Hébert, qui n'écrit pas une vie de Jeanne
d'Arc, qui se propose seulement de dissiper quelques malentendus récents, commente et rapproche ces pièces authentiques,
avec une curiosité attentive et sans parti-pris. Mais ce n'est pas
là qu'est l'intérêt spécial de son travail.
M. Marcel Hébert n'est pas uniquement un érudit ; c'est
un philosophe, que de douloureux débats de conscience ont de
longue date, spécialisé dans les controverses exégétiques. 'Et,
tout en faisant œuvre d'historien, l'angle où il se place, de
lui-même et comme malgré lui, est extrêmement instructif.
Il ne nous laisse pas longtemps penchés sur les textes; dès qu'il
a éclairci les points d'histoire demeurés obscurs, il nous ouvre
(le plus vastes horizons. Très renseigné sur les choses de Rome
·1
'
1 appelle notre attention sur ce qui se passe, autour de nous.
Or nous assistons, sans trop nous en douter, à la formatien
~•~~ mythe ; nous sommes les contemporains d'une des phases
1mt1ales de l'évolution du mythe de Jeanne d'Arc. En effet, la
représentation de Jeanne évolue, d'une manière très sensible, sous
~os yeux, dans les cerveaux populaires : elle s'idéalise progressivement. Et il n'est pas moins curieux de suivre le mouvement
par~lèle que cette progression impose aux interprétations
-0ffic1elles de l'Église.

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRAiilÇAISE

Rappelons les faits. La question précise est celle-ci : Jeanne
d'Arc, conduite, le 24 mai 1431, sur l'échafaud du cimetià-e
de St Ouen, y fut pressée de signer une cédule d'abjuration ;
cédant à la peur du bftcher, elle y apposa une croix ; " pour
sauver sa vie, " avoua-t-elle avec contrition quatre jours plus
tard. Or, depuis le XV 0 siècle jusqu'à nos jours, personne n'a
songé à interpréter autrement les événements, non plus qu'à en
dissimuler une partie ; il n'était venu à l'esprit de personne
qu'une si légitime et d'ailleurs si brève défaillance chez cette
enfant de dix-neuf ans pftt entacher sa mémoire.
Mais, depuis une quinzaine d'années, voici que le point de
vue change. Peu à peu, les historiens officiels de l'Église
s'émeuvent; ne pouvant nier les faits, il les dénaturent, ils
en atténuent la portée. Ils ergotent à l'infini : ils s'appliquent
d'abord à distinguer l'abjuration de Jeanne des véritables
abjurations canoniques ; puis, allant plus loin, ils ne craignent
pas de soutenir ce paradoxe inattendu, que l'abjuration de
Jeanne est " un acte admirable de prudence, de force morale,
de foi ... "
L'explication de cette nouvelle attitude?
A Rome se poursuit Je procès de béatification et de canonisation de la Pucelle...
Le membre de phrase précédemment cité est emprunté au
chanoine Dunand, dans son livre : L'abjuration du Cimttièrt dt
st Oum, d'aprù les texte1. (Paris, Poussielgue, 1901.) Or, il ne
faut pas oublier que le chanoine Dunand est l'auteur d'une
Histoire complète de Jeanne d'Arc, dont les trois forts volumes
font autorité dans l'Église; et que c'est lui, qui fut chargé par
l'évêque d'Orléans, d'écrire un rapport sur l'abjuration de
Jeanne, rapport de deux cents pages, d'abord soumis à la Commission diocésaine d'Orléans, puis, à Rome, aux Consulteurs de
la Sacrée Congrégation des Rites, lesquels adoptèrent officiellement les conclusions du chanoine.

Ainsi, ceux d'entre nous qui savent et qui veulent voir, ont

la bonne fortune de saisir sur le vif, par un exemple contemporain, le travail parallèle des cerveaux populaires et des théologiens autour d'un fait historique. Ils peuvent voir s'opérer
sensiblement devant eux une de ces mutations de l'histoire en
mythe, par ce phénomène d'idéalisation progressive, qui est le
grand agent de l'évolution des dogmes.
M. Marcel Hébert vient d'ajouter là une illustration, et
comme un appendice, saisissant par son actualité, à l' Er;o/utiqn
dt la Foi et au Dir;in 1, ses deux maîtres livres, ceux dont on ne
dira jamais assez fermement qu'ils résument, avec une 'étonnante
perspicacité phychologique et une équité scrupuleuse, tout le
problème religieux de notre temps.
RoGER MARTIN DU GARD.

LE ROMAN
MENGEATTE, roman par Raymond Schwab (Bernard
Grasset, 3 fr. 50).
Pour aimer un peu l'église de Saint-Nicolas-du-Port, en
Lorraine, sans doute faut-il l'avoir vue par une soirée du
5 Décembre, quand sous la grande voftte obscure des centaines
d'enfants tournaient en procession, chacun tenant un cierge
d'une main, de l'autre une petite bannière rose ou bleue. De
jour, la nef est nue et désolée, n'ayant rien gardé des trésors
apportés par les pèlerins ; les piliers baignent dans une clarté
froide, car les ogives, dans leurs pâles verrières, n'encadrent
plus que de rares débris d'anciens vitraux : un démon au mufle
de bête, un cruel guerrier cuirassé ... Au dehors, c'est de loin
que l'on voit s'ériger sur la vallée de la Meurthe les deux tours
massivc;s et grises " double peuplier ébranché issu d'un seul
1

z

vol. in-8°, Alcan, 1905-1907.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

tronc" ; deux toms sans flèches, coiffées de toits bulbeux. Je
me souviens comme nous levions le nez, dans la cour de
l'école, pour regarder les couvreurs travaillant sur leurs minces
planches suspendues. Au matin d'un 13 juillet, d'entre les
ardoises éclatant au soleil soudain jaillit une vive flamme
rouge; et, même après que se furent déployés le blanc et le
bleu du long drapeau, il nous semblait revivre encore le grand
désastre : l'incendie de l'église par les Suédois. Ce désastre
dont l'image restait si vague dans mes rêves d'enfant, j'y crois
assister moi-même aujourd'hui, puisque Mengeatte l'a regardé.
Habitant tout contre l'église, dans la rue des Trois-Pucelles, elle
n'a rien perdu de cette horreur. Elle a vu les hérétiques du
Nord graisser la toiture, et bondir avec leurs torches dans la
nef bourrée de paille et de bois :
" Tout d'un coup, la nef s'illumina entièrement, les vitraux
devinrent rouges, des flèches de feu sautèrent très haut entre
les tours, les soldats sortirent en courant et disparurent, et il
n'y eut plus dans la nuit que le grand vaisseau de pierres, crevé
partout de flammes que la bise tordait ....
"Et le grand vaisseau précieux br1ila six jours et six nuits;
et, pendant six jours, les corneilles volèrent autour des clochers
sans se poser; et les maisons, trop pressées autour de l'église,
éclatèrent comme des coques d'œufs pourris ; et les cloches,
fondues, coulèrent dans l'intérieur en pluie de bronze, pois
suivirent jusqu'à la Meurthe le chemin du sang ; et les
murailles demeurèrent sauves au milieu de J'incendie, rouges
comme braise. Et la grande flamme, pendant six jours et six
nuits, nous déssécha la gorge ".
Or Mengeatte est faite paur souffrir plus qu'une autre de
cette "grande pitié qui est au duché de Lorraine. " Elle a
même prié si fort, à l'heure où Niels Eriks'on tentait d'abattre
la statue de Saint Nicolas, que le chef du saint a frappé la tête
de l'homme, en lui crevant les deux yeux. Pourtant Mengeattc
n'est pas née pour la haine ; elle médité la parole : " Per1onnt 11'"

HOTES
1111 pl/1.1

grdnd dmour _9ue de d011ner J(Z ttie pour m amis. " Elle a
devant elle l'exemple de Jeanne : "Si j'avais été Jeanne d'Arc,
je n'aurais rien dit à personne. J'aurais sauvé le royaume, mais
on n'aurait pas su que c'était moi, on ne m'aurait pas aimée,
et je serais morte avec mon secret ... Il n'y a sur terre que deux
sortes de gens : il y a ceux qui échangent, et ceux qui donnent.
Ceux qui donnent !... " Seulement, Jeanne était toute simple,
Mengeatte est naïvement compliquée. Nulle voix céleste ne laguidant, il faut qu'elle cherche sa mission à ses risques, parmi
les hésitations, les scrupules, les tentations de l'orgueil. Parce
que Charles de Lorraine l'a reçue avec un sourire, elle se flatte
de Je conduire, en héroine, à la victoire ; mais le prince léger
n'a voulu que prendre d'elle son plaisir. Toujours pure, pourtant déchue, voici qu'elle revient vers les siens et reprend ses
habits de femme ; pour prix de son vain sacrifice, elle ne voit
autour d'elle que passion, défiance et fureur du meurtre; si
bien que la petite sainte s'en ira vaguer pur les routes avec le
troupeau des excommuniées....
La première partie de l'aventure nous est contée par Antoine
Coliche, vieil ami de Mengeatte ; la seconde partie par Mangcatte elle-même, sans pastiche d'ancien langage, mais sans
qu'aussi nulle expression choque par sa modernité. C'est dire à
quel point l'auteur a choisi son jeu difficile, afin de le rendre
plus beau. Il y porte l'aisance la plus savante, la simplicité la
plus raffinée : ce n'est point par la seule ressemblance des noms
que Raymond Schwab nous fait sooger à Marcel Schwob.
Moins harmonieusement parfaite que la Croisade du Enfant1,
l'histoire de Mengeatte a plus de mouvement, de chaleur et de
,ie. La merveille ~erait qu'e!Je sût nous imposer une émotion
ingénue. Mais plus l'art se fait délicat, mieux il accu.se la
distance entre les motifs des personnages et la subtile arrièrepensée de !'écrivain ; aussi, comme devant les pages où Renan
parle des saints, notre tendresse admirative se nuance-t-elle
d'ironie.
M. A.

�LA NOUVELLE Rl!VUE FRANÇAISE

• ••
LES HASARDS DE LA GUERRE, par Jean Yariot
(Georges Crès).
Une concurrence obstinée empêcha ce roman de remporter
dernièrement le grand prix de littérature dont l'Académie
dispose chaque année, depuis trois ans, pour récompenser une
œuvre d'importance. La distinction ne lui en demeure pas
moins acquise, moralement, puisqu'il fut proposé, avec beaucoup
d'éloges, par la commission chargée de discuter et d'évaluer
le mérite des candidats. N'ayons donc point scrupule de le
juger avec sévérité. Son auteur, qui y défend les privilèges
d'une classe supérieure, ne saurait d'ailleurs contester que les
hautes dignités n'entraînent de grandes servitudes.
La première fois, le grand prix de littérature fut décerné à
M. André Lafon pour son roman l' Eltvt Gilles dont le principal
mérite se trouvait, en effet, d'être l'ouvrage d'un bon élève. Je
crains que celui-ci ne soit pas d'une autre qualité, bien qu'il
manifeste un tempérament plus fort et plus volontaire que
celui de M. André Lafon. Mais, alors que ce dernier ne paraissait guère qu'un bon élève1 en morale spiritualiste, M. Jean
Variot serait plutôt un excellent élève en politique nationaliste.
Puisqu'il nous parle (page 155) de l'obéissance due à la
Personne Royale, puisqu'il fait de cette obéissance une des
vertus héréditaires de son héros, il nous faut bien, si nous ne
voulons pas ignorer une des principales composantes de l'esprit
qui anime son livre, le compter parmi les hommes d'un parti
que nous connaissons. D'ailleurs, cela, que nous constatons sans
vouloir ici en juger, explique bien des côtés de la réussite
jusqu'où s'éleva ce roman.
Il importe même de signaler cette positio11 poli-tique de
l'auteur parce que vraiment, a;u point de vue littéraire le plus
strict, elle domine et commande son livre. Celui-ci n'est que le
roman d'une idée, d'une idée de M. Jean Variot - à savoir,

NOTES

d'une façon générale, que certaines vieiltes familles constituent
une "classe exemplaire", nécessaire à la société et ne doivent
jamais abdiquer le privilège du commandement ni accepter une
place moins haute que celle où elles sont nées; et, particulièrement, que ces hobereaux campagnards, s'ils sont de l'Alsace
annexée, doivent se vouer au métier des armes pour l'heure
attendue de la revanche, ou tout au moins conserver nationalement, par l'exercice de leurs vertus, le sol et la race qui
n'appartiennent plus à la France. Et toutes les parties du livre
concourent expressément à imposer cette idée au lecteur.
Certes, voilà qui assure une grande unité au roman de
M. Jean Variot ; mais c'est aussi ce qui en fait l'étroitesse et
la faiblesse.
Nous n'aimons pas les livres sans organisation intérieure,
"ceux épars et privés d'architecture", selon l'expression de
Stéphane Mallarmé; mais il ne nous convient pas davantage
que, sous prétexte de "composition", on nous donne de la .
mécanique littéraire, de petits moteurs qui marchent à l'essence
intellectualiste ou autre.
En soi, l'idée de M. Jean Variot est une idée de théoricien
et non une émanation générale de la vie, qui a plus de
diversité, de profondeur et d'incertitude. Son héros échappe
avec trop de parti-pris, à la ressemblance avec les autres
hommes. D'un bout à l'autre du roman il est le sujet
d'un unique sentiment et nous ne voyons point qu'il en
puisse souffrir d'autres, ni se conduire comme tous les jeunes
gens. Une pensée 6xe l'anime continuellement et il n'existe que
pour elle. Dans cet être qu'on nous présente "en fonction "
d'une thèse, il ne nous est pas possible de voir un vivant.
Notez, en outre, que le même sentiment, plus ou moins
fort, se retrouve également, et presque seul, chez les autres
personnages des Ha1ard1 de la Guerre et vous comprendrez tout
ce que l'art de M. Jean Variot comporte d'artificiel et de trop
voulu.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

Composé en vue d'un résultat à atteindre, son ouvrage
manque de profondeur, de conscience de soi, d'une vie propre,
enfin, qui lui permette de rester toujours identique à luimame, et d'affi:onter sans perdre aucune de ses qualités la suite
changeante des temps. Que le vent tourne, que les générations
s'orientent vers d'autres horizons politiques, il se trouvera non
seulement abandonné par la faveur qui l'entoure aujourd'hu~
mais dépouillé de toute vertu. On n'en verra plus que 15
artifices. M. Jean Variot n'a-t-il pas de plus hautes ambitions l
Enfin, ,nous savons trop à quel maître un tel écrivain se doiL
Ainsi, lorsque son héros entreprend, pour retrouver sa pcnonnalité égarée ou indécise, le pèlerinage de l'épopée de la
Grande Armée à travers l'Europe, nous ne pouvons point oc
pas penser au exercices spirituels de l'auteur d'Un Homlfll /art.
Que passant à Rome, Andréas Hermann Ulrich s'écrie : "IJ,
plus que p:u-tout ailleurs, le peu que je suis se montrait à moi,
et surtout je sentais que cette ville, parsemée de temples
antiques, n'est éternelle que par la puissance invincible qai
règne au Vatican, cette puissance qui alors m'effi:aya, parce
que j'avais osé vivre, pendant plusieurs années, sourd à !CS
commandements" ; et que pris de la tentation de voguer
vers la Grèce, il y renonce en se disant : " que la Grèce serait
encore pour moi une source d'amertume et que très certainement je ne la comprendrais pas", cette attitude ne lui serait
point possible si M. Jean Variot n'avait lu le Yoyage tk Sparlt,
Mais M. Jean Variot est encore pour beaucoup plu:l l'élève de
M. Maurice Barrès à qui il emprunte ses procédés de style
avec une facilité étonnante.
Je n'entends pas dire, toutefois, que les Hasards dt 14 GtllTf't
soient une œuvre dépo11rvuc de tout mérite. M. Jean Variot est
capable d'une grande application. Il sait, avec quelques mots trà
simples, très ordinaires, ramasser et renforcer un récit, et
surtout placer au bon endroit des épisodes qui excitent l'intér~
Il imagine, d'ailleurs, assez fortement, encore que ses moyens

NOT.ES

paraissent, dans ce livre, manquer d'en'l'Ugure. Son style a de
~euses qualités et on lui reconnaîtra le mérite de le bien

aoigner.
Mais qu'il se méfie de son application. Ce roman de jeune
homme réalise une trop évidente perfection. Une si grande
assurance le dessert. Serré, un peu étroit, on le sent trop bien
fait, trop habilement monté. On aimerait y voir quelques-une
de ces incertitudes qui montrent une âme inquiète de se conquérir et qui sont un des plus stlrs mérites de !'écrivain, parce
que, dans la découverte du monde et de lui-même, c'est ce qu'il
ne connaît pas encore qui doit le plus l'intéresser.

G. S.

•• •
L'HÉRITAGE, roman par Hmri Badulin (Bernard Grasset,

J fr. 50.)
L'effort de Henri Bachelin s'applique trop consciencieusement au réel pour que son style, en chaque livre, ne prenne
point la couleur du sujet. Dans J11/i1tlt la Jolie, - nos lecteurs s'en souviennent, - les scènes d'existence villageoise se
relevaient de verdeur et de fraîcheu_r. Mais unc teinte morne
et grise convenait seule à l'Hiritage; ce tableau d'une ambition
impuissante, ce récit d'une vie manquée, m'a rappelé tels
romans de Gissing - la Ran(IJ1J d'Eve, la Rra des Mturt-tkfà - où la misère des grandes villes, écrasant peu à peu des
lmes délicates, les contraint à renier tous leu_rs espoirs.
Le fils d'un artisan étudie au collège; après quatre ans de
régiment, employé dans sa petite ville, il fait des projets littéraires, il les emporte à Paris, dans les bureaux de la banque où
il lui faut gagner son pain. Mais le manque d'argent arrête ses
mais de poésie comme ses essais de libre amour ; le mariage, la
paternité l'enfoncent de force en son métier ; au jour des
lilnérailles de son père, il se résoud amèrement à l'abdicatiou :

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

"Je suis de ceux pour qui la résignation est un devoir, qli
doivent accepter la vie telle que le destin la leur a faite. Ces
conseils d'accroissement, de développement, ils ne sont bou
que pour les riches, que pour les forts !... Ici j'aurais été dans
mon milieu ... Je n'aurais pas d~ aller à Paris ..... Hélas ! je n'ai
pas de doctrines à annoncer, pas de gestes à faire sur les
foules ... Je n'ai rien en moi. "
Vraiment, n'avait-il rien en lui ? Si nous étions forcés d'ea
douter seulement, si sa vocation d'artiste se traduisait, à d~lll
d'œuvres, au moins par la qualité de ses rêves et par l'accent
de ~a révolte, sa médiocre destinée aussitôt nous émouvrait plm
que ces milliers et ces millions d'autres que pressent des liens
non moins étroits. Mais comme il semble peu hanté par la
vision d'une beauté nouvelle ! Combien peu contribue à ta
souffrance le tourment de ne pouvoir dire ce qu'à sa place nal
autre ne dira ! On croirait que l'art n'entre point dans la aabstance de sa vie, qu'il va cesser même de lire et d'admirer, da
moment qu'il cesse d'écrire et d'espérer le succès: comme ai
l'œuvre des autres n'existait que pour stimuler ou rabattre IDII
orgueil. Oui, sa seule marque d'élection, c'est que son envie ne
mord ni banquiers, ni chefs d'usine, mais seulement des écrivains riches, ni pires ni meilleurs que lui, non responsables de
son sort .... Cc sentiment, j'en conviens, est naturel et sincà'c;
il ne fallait pas le voiler ; et, si nous n'y reconnaissons poiat,
comme dans les romans de Ch. L. Philippe, la protesutioD
d'une classe entière, mais les prétentions de l'individu que 90ll
bonheur seul intéresse, cet égoisme même peut n'être aiasi
dépeint que par scrupule de vérité. Mais alors je supparte mal
les quelques pages où l'auteur ne se distingue plus de ~
personnage, et juge par sa bouche les contemporains.... On~
bien qu'ici l'invention s'est greffée sur un fonds d'autobiographie, et que, pour ne point limiter la portée de son étude.
M. Bachelin a réprimé sévèrement toute confidence pcnoanelle ; mais, ne donnant à son '' héros " ni son talent, ni•

901

NOTES

coarage, il eOt mieux fait de ne point lui prêter ses indigna-

tion, ni son mépris.
M. A.

LE THEATRE
MIDSUMMER NIGHT'S DREAM au Stlfloy Tluatn.
Après avoir représenté Twt!ftli Niglit de façon si ingénieuse
et 1i charmante, M. Granville Barker a monté Midsummtr-niglil s
Drtam. Même goOt dans la simplilication des décors, même
fantaisie dans le dessin des costumes, imprévus et fort
beaux, mais un peu trop fignolés. Cette œuvre aérienne a
enfin trouvé une réali ation scénique qui ne la flétrit point.
"Le génie lui-même, dit M. Granville Barker, peut-il réussir
à porter sur la scène le monde des fées l Les pieux commentateurs affirment que non. On cite délibérément cette pièce-ci et
les parties les plus sublimes du Roi Lear comme irréalisables au
thiltre ; et raisonnant ainsi, on fait par contre-coup tomber le
bllme sur le thHtre. Je ne puis suivre cet argumentation. Si une
pièce écrite pour la scène ne peut y être portée, c'est que
fauteur, quel qu'il soit, s'est, semble-t-il, mépris. Est-cc le cas
de Shakespeare, ou n'est-ce pas le metteur en scène qui, de son
c6té, aurait besoin d'un peu de gfoie l Le monde des fées est
b pierre de touche du metteur en scène, et si c'est surtout mon
amour pour cette pièce qui m'a poussé, j'avoue que l'espoir de
triompher de cette épreuve est pour quelque chose dans la
présente tentative." Dans le Songt d'une nuit d'été, le peuple
des fées est sans cesse mêlé à celui des hommes, mais sans
jamais se confondre avec lui. Souvent Obéron, Titania, ou
Puck sont en scène, visibles pour le seul spectateur. Afin de
maintenir de la vraisemblance jusque dans cette convention

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

poétique, il fallait que tout ce qui touche aux fées dt ane
apparence d'irréalité, eC!t l'air composé d'une autre substance
que ce qui est humain. Avec beaucoup de bonheur, M. Gnaville Barlcer s'en est tiré en dorant de la tête aux piedt
ses personnages féeriques : vêtements tissus d'or, cheveu
dorés, mains et visages couverts de poudre d'or. Ce parti-pris
tout extérieur ne compromet en rien l:t vérité poétique ai
l'émotion de ces scènes - comme ferait par exemple l'ezpédicnt de confier à des enfants les raies surnaturels, ce qui avait
peut~tre lieu du temps de Shakespeare. Je ne veux pas dire
que l'invention de M. Granville Barker soit d'ordre général et
qu'à tout jamais la dorure nous donne une commode recette
pour la représentation des féeries ; non, l'élégance même de
cette solution en restreint l'usage, mais l'exemple d'une telle
réu.site indique assez dans quelle direction peuvent porter llOf
recherches.
D'étroites draperies plissées et verticales, vaguement peintes
en façon de verdures et disposées en hémicycle, c'était aaez
pour évoquer la clairière magique. Parfois, dans les attitudes,
quelque souvenir discret de Burne-Jones ou de Rosetti, souvenir opportun, car où le pré-raphaélisme a excellé c'est dans les
mythes précieux et raffinés comme celui-ci, non dans les partiel
âpres et populaires de la légende. Et combien, délivrée ainai
de surcharge, réduite à la seule poésie, cette comédie ailée parait
satisfaisante et, dans son incohérence même, divinement d-.
" Quelle excuse trouver aux trente-cinq vers de Titania sur le
mauvais temps, en dehors de leur seule beauté l dit encore
M. Granville Barker. Mais où trouver meilleure excuse l Partout même excès dans le r6le d'Obéron. Shakespeare est si désespérément heureux quand il écrit de tels vers, qu'il n'hésite pal
à couper la querelle des quatre amants par un charmant discoan
d'Héléna, long de trente-sept vers ... Il met tout son cœur dam
ces passages poétiques et il faut y chercher le cœur m!me de
l'œuvre. Le secret de la piéce, celui devant lequel tombent

OTES
toutes les critiques dogmatiques, c'est que de tels passages ont

beau pécher sans cesse contre la lettre des lois dramatiques, ils
en observent l'esprit intime, car ils sont dramatiques par euxm!mes. Malgré lui, Shakespeare était dramaturge dès le premier
jour. Même lorsqu'il ~emble sacrifier le drame au poème, il
parvient, instinctivement ou non, ;\ rendre le potme plus
dramatique que le drame même qu'il lui sacrifie." C'est en
voulant en escamoter les parties poétiques qu'on fait paraltre
de telles pièces trainantes et diffuses. Une représentation
comme celle du Savoy Theatre nous fait, une fois de plus,
constater le miraculeux instinct dramatique dont Shakespeare
fait preuve dès les pièces de ·a jeunesse. Puisons-y une nouvelle
colère contre les dépeceurs de pièces et apprêtons-nous à saluer
comme il convient le Macbeth de la Comédie Française où sans
doute M. Richepin aura remplacé les "longueurs" par des
beautés d'un vivacité plus méridionale.

J.

S.

LETTRES ANGLAISES
U E CONFÉRENCE SUR KIPLING POÈTE.

Madame Geneviève Ruxton nous a présenté l'autre jour,
dans une belle conférence, le Kipling poète de l'Empire, qui
est si populaire dans les pays de langue anglaise, et à peu prts
inconnu chez nous où, seules, les Chansons de la Jungle ont été
traduites. Madame Ruxton s'est bornée à résumer le contenu
des cinq livres de vers de Kipling. Elle s'est défendue de vouloir
analyser le génie et la technique du poète. C'est dommage.
Kipling offre cette heureuse singularité d'être le chantre de
l'q,opée moderne - tout au moins de l'épopée moderne an-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

glaise - avec des sens et une imagination de primitif. Il voit
les Tommy et les Blue-Jacket " nourris de cinq repas de
viande", il voit la mer " ce chemin des Anglais jusqu'aux
confins du monde", les baleiniers de Dundee, les "clippen"
qui, toutes voiles dehors, ramènent les laines du Sud, les steamers et les destroyers pouseés par leurs 20.000 chevaux, il voit
les machines, la vapeur, les valves, les boulons, les plaques
d'acier, les grandes villes de marchés et d'échanges et leurs offices
et les noires cités industrielles, il voit tout cela non pas avec des
yeux de moderne, ma.is avec des yeux aussi jeunes, aussi frais,
aussi natfs que s'il vivait à l'aurore du monde. Il ne voit pas
des taches, des taches de couleur, comme nos impressionnistes,
mais le tout de l'objet, avec son relief, ses trois dimensions, ses
profondeurs, son volume et, en même temps, sa coloration,
bref ses q,ualités premières et secondes, et ses dépendances et
"les alentours où il se prolonge et qui se prolongent en lui".
Il voit avec des yeux " bibliques. " Et il parle un langage
adéquat, véritable comprimé d'images, chant tout secoué de
pulsations et de saccades, où il y a de l'argot du c()(kney, mais
aussi parfois le sublime prophétique. Ce n'est pas d'ailleun
que tous les caractères que je viens d'énumérer ne puissent
définir, dans une certaine mesure, l'imagination anglaise. Mais
il y a là une question de degré. A son degré d'amplitude et de
fra.tcheur l'imagination de Kipling est plus qu'anglaise; elle est
" primitive". On songe à ces tribus perdues d'Israël de qui
une tradition fait descendre nos voisins d'Outre-Manchc, ou,

si l'on préfère, aux Wikings.
Si M""' Ruxton ne s'est pas souciée de pénétrer dans les
arcanes du génie poétique de Kipling, elle a fait mieux: elle a
orné sa conférence de citations admirablement choisies et
traduites avec beaucoup d'exactitude et un grand sens da
rythme. Elle nous dit elle-même I que "lorsque cela lui a para
possible" elle a "conservé une allure rythmique à la traduction."
1

Voir la Revue Htbdomadairt du 7 mars 190+.

NOTES

"Ailleurs, ajoute-t-elle, je me suis contentée de rendre en la
condensant la substance de la stance ou de la ligne traduite,
tentant de prendre pour modèle la méthode de Taine dans ses
admirables
citations de la Littérature n"ncr'-,,
'
"
.
,,w.,,1 ou,
sans ctre
Jamais sacrilège, il se préoccupe cependant de donner avant
tout à 1:esprit français qui le suit "le sens divin et abstrait de
la =;.,
· " Je voudrais donner quelques unes
l"""',e " qu ,·1
J trad u1t.
de ces. traductions
de
Mme
Ruxton · En voici une, emprunt ée
.
aux c1tat1ons des Ba"ack Room Ba/lads (Les Ballades de la
Chambrée). Un parfum d'eucalyptus en fleur réveille ch
.
A
.
~M
Jeune ustrahen le souvenir de son pays :

C'était rAustralie, toute /'.Australie
Tout ce fjt/$ j'y ai trowé et perdu,
'
Tous ks dsages 9ui me donnent la falie du retqur,
Toutes les /tmmes 9ue j'y ai embrasrées.
Et J'ai t1u Sidney, oui, Sidney,
Ses pi911t-nÏtjue et ses muiiques;
Et la petite maison s11r la rivière,
Et mts Jt11nes vignes ttndant leurs r4tlleaux.
Et tout cela, /Qui cela venait à moi
Dans l'odeur des arbres enjltur à Lichtenberg
Où nous entrionr à ,lzeval sous plrûe.
'

'4

Et _voici, dans une autre note, des visions du Veld où
apparaissent ~ ~lusieurs reprises, " rare apparition dans les
~ e s de K:pltng, des visages de femme, mais elles sont à
1h~nneur_ et c est sur le champ de bataille qu'il les a rencontrées,
les infirmières des trains de la Croix-Rouge."

Qui ,e sollfJient du crépuscule et des tentes alignées
( D'"!s le cristal du soir les âmes des montagnes lointaines?)
LI ht1Umtnt &lt;ÙJ 14Ises tÙ far et le noble rire pitoyable
Et ks flÎsarres
, pquss'"e
: L couvrant leurs
'
o· tk nos saurs et ,a
d1et1eux?

11

�90 6

LA NOUVELLE REVU~ FRANÇAISE

Qui rk nous se souflient des matin.r' où le train suifl~Ît le~ r,wines
( Au fll1fUJ de la plaine déserte dans un petit nuage eclatatent les obus),
Et les wagons de la Croix-Rouge, bdJ/h de soleil, avancent lentement,
[le long de la ligne aux ponts gardis,

Et les !lisages de nos sœurs, penchées anxieuses au« porlierts?

.
Qui se souvient des midis et des conf!ois à travers le march~ .
( Pauvres corp1 roulés dans une couverture' sans drapeau, suwts par les
[mouches),

, , n d'honneur tralnant les pieds, et la poussièt·e, et la puanteur,
Et ,e, pe,o,o
[ /, if,
etaroz ,
Et le viJage de nos sœurs et la gloire brillant Jans leun yeux?
J
t l't'1sue de1 bat4il/es' libres et vénérées dam les camps,
Braves attenaan
.
p . t prudentes etjoyeum dans les flilles assiigées, dans les oz/les
atten -es,
[inft1tées,

Celles-ci ont tout enduré, jusqu'a l'heure où sonna le repos, '
Pauvres petits corps ravagés, ah! si légers à mettre en terre.
C.V.

LETTRES ITALlENNES
ŒUVRES de Carlo Dossi, 4 vol. (Ed. Treves. Milan

NOTES

vulgaire tient pour obscur et alambiqué, et qui est le plus
subtil et le plus raffiné des prosateurs italiens modernes.
Le nom de Carlo Dossi (pseudonyme d' Alberto Pisani
Dossi 1) est à peu pres inconnu en France t ; son œuvrc est
ignorée de la plupart en Italie. De son vivant, Dossi a tout fait
pour rester dans l'ombre. Surtout, son art est de l'espece qui
décourage les paresseux. Dossi a méprisé le suffrage de la foule
"En art, écrivait-il, je suis un aristocrate." Il ne veut relever
que de ses pairs. Il a la nausée du banal et du facile, de tout
ce qu'il appelle vigoureusement le " ruffianisme littéraire".
Plein de respect pour les maîtres (il s'est affirmé souvent le
continuateur de Manzoni), c'est toutefois un moderne à
outrance. Les classiques, dit-il à peu près, ont pressé la vendange et fait le vin. A nous de distiller l'eau de vie, aforce
d'alambics. Aussi réclame-t-il de son lecteur un savoureux elfort
d'interprétation, un second labeur de création.
Ses deux premiers ouvrages Af!ant-hier 3 et la Pie d' Alberto
Pisani 4 déchaînèrent une temp~te. On discutait alors sur cette
fameuse question de la langue, qui a fait perdre tant de temps
et d'encre. Les "toscanisants" triomphaient; Manzoni n'avaitil pas reécrit--en pur toscan les Fiancés ? Dossi se souciait bien
des puristes ! L'essentiel était de modekr sa phrase sur les
plus délicats reliefs de sa pensée, d'enregistrer dans sa prose,
parfois hachée, rapide, le plus souvent harmonieuse comme un
vers nombreux, les plus subtiles variations de l'idée ou du
sentiment. ÜDc donna du barbare, voire du fou à l'outre-cuidant.

1910-

Né en Lombardie en 1849, diplomate, collaborateur de Crispi,
mort en 191 o.
1 Edouard Rod lui a pourtant consacré quelques pages dans les
ltudes sur le XIX• silcle, 1888.
• L'Altr' ieri, 1" édition. 1868 (hors commerce). Ed. Trèves,
1910, tome 1.
' 1" édition : Milan, Perelli, 1870. (30 exemplaires seulement
furent mii; en vente).
1

1913).
lancés par un grand éditeur, quatre volumes. de
' de réim1, œuvre de Carlo Dossi. Trois sont composesbl'é ' t . age
·1ons d'ouvrages publiés hors commerce ou pu i s ~ ir .
presS
• , d.
Desorma1s
. t . un autre est un recueil de notes me ites.
restrem ,
. .
h'
Le prétexte
le Dossi n'est plus une rareté b1bho~rap ique.
ue le
manque aux critiques pour passer sous silence un auteur q
Voici

'

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRA ÇAISE

Ces deux petits livres sont deux autobiographies, qui se
complètent : l'enfant, l'adolescent.
Autobiographies, mais seulement entre les lignes. L' ÂtHJnthitr est une rêverie sur des souvenirs d'enfance; la Yit d'Al/Jtrll
Pisani, un roman de fantaisie et d'analyse tout ensemble (les
ouvrages de Dossi échappent tous à la classification). Curieux
mélange d'humour et de sentimentalité. Historiquement Alberto
Pisani est un type : le jeune italien, cultivé et sensible, entre
1859 et 1870, c'est à dire à l'avant-dernière étape de la conquête, lorsque la main savoyarde commence à peser sur les
provinces annexées (n'oublions pas que Dossi est Milanais),
lorsque le "veto " napoléonien sur Rome décourage les espérances des patriotes. C'est une époque de malaise moral et un
renouveau de "mal du siècle". " Byron, dit un jeune poète
milanais de ce moment, est le seul poète possible en lcalie."
On oscille entre la pensée et l'action. Un profond déséquilibre
des !mes sous la tranquillité apparente. Il y a même des jeunes
qui se tuent, dévorés d'enthousiasmes inutiles, désespérés de voir
se substituer à la poésie des odes guerrières "la sale arithmétique
du fait qui tue l'homme."
Tel est le "moment" d' Alberto Pisani, jeune aristocrate
milanais, timide à l'excès et gauche dans le monde - corps
maladif, inhabile aux exercices physiques - tourmenté du
besoin d'amour, mais répugnant à sa réalisation. "L'amour
parfait lui paraissait une gerbe de très ardents désirs dont on
fuirait la satisfaction. " Le voici penché sur cette admirable
Yita 11Uf/fJa qui est son livre préféré : "On y entend des harmonies bi2;arres; d'étranges clartés s'allument, lueurs de miroirs et
reflets d'eau." Le voici doucement surpris par cette mélancolie
érotique sous laquelle l'adolescent Alighieri se courbait, angoissé,
en larmes, "corne un pargoletto battuto ". Il ne se complaît que
1
dans "un étrange royaume spiritud ", un artificiel Paradis

qu'à l'image du jeune Dante il peuple de Beatrice : "L'admirable Beatrice fut-elle vraie, et toute vraie 1 Ou bien Dant
l' umquc,
.
e,
.con d amné à ne pas trouver d'autre être qui sentît
co~~e lu'. la fo~a-~-i~, l'accomplit-il dans sa haute imagination;
puis illusionné, JOu1t-1l et souffi-it-il de son ombre ? " Alberto
se regarde avec ce pessimisme grossissant des jeunes ; il se laisse
pre~dre aux illusoires déformations de son miroir ; il se juge
"laid et méchant".
Au fond, il y trouve un âcre plaisir ; de sa méchanceté
" a_• 4i01ts uhits
., ,, , •·1 n ' est pas sans attendre quelque levain. Voici
qui fait de lui quelque chose de plus qu'un Werthcr ou un
Jacopo Ortis_ d'arrière-saison. Aussi ne s'épargne-t-il pas. Tout
a~ ~ong du livre, Ego apparaît (comme dans cette exquise fantalSI~ de la ",rinmst dt Pimpirimpara, tohu-bohu d'images,
marionnettes d extravagante bouffonnerie, que je ne puis comparer pour sa complexité humoristique et sentimentale comme
pour l'efficacité du style infiniment souple, qu'à certains
pa»ages des Moralités Ligendairts) - Ego, qui nous montre
dans ;es juvéniles dé espoirs, dans ses enthousiasmes dans
ses affections, toute la petite misère du conventio:alisme
des larmes forcées, des transactions quotidiennes, ' son insen~
sibilité devant les vraies souffi-anccs ", ses apitoiements imaginaires.
Pour connaître Dossi il faut insister sur la Yit d'Al/Jerto
Pisani, car ce livre contient toute l'œuvre future, et le Dossi à
double face : le romantique impénitent, r~veur, sentimental ~t l'hu~oristc spirituel, endiablé. Do si a obéi .l. deux grandes
1mpuls1ons : sa tendresse, sa généro,ité foncières qui ont donné
les Amori' galerie de souvenirs et de rêves, images "d'ogniBaudelaire. " Mon admiration est mêlée à la douleur de voir
qu'un~ partie ~c mes projeu littéraires a été réalisée par lui d'une
façon maccess1blcment splendide. "
l

1

Dossi admirait plus tard profondément les Ponrus en /roSI de

9o9

1887.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

910
gcntilezza ", la Colonie luumut 1 et le Royaumt dt1 cieux• oà
l'auteur veut démontrer la bonté de la nature humaine et
l'utilité de la charité; - et d'autre part, une sombre mauvai1e
humeur contre ses semblables, contre-coup de cette tendrcae
placée en face de la réalité brutale, et d'où sont sortis les

Portraitr humai,rs. Lui-même a divisé son œuvre en " roman de
la bonté" et" roman de la méchanceté".
Le roman dt la borrtl reflète assez bien un moment italien de
positivisme enthousiaste, de foi dans Je progrès continu de
l'humanité. Dossi railla lui-même plus tard cette utopie de la
Colonie heureuse. (Des criminels sont déportés dans une Ue
féconde ; ils cèdent d'abord à leurs habitudes mauvaises, et la
discorde les conduit à la misère. Mais peu à peu la nature,
foncièrement bonne, se découvre en eux. Ils s'unissent, promulguent des lois, poussés par le besoin de vivre. L'amour achève de
cimenter l'œuvre, et la colonie devient florissante.) "Rousseau
marié à de Maistre, le SyllabUJ aux Droitr de I' hommt" écrivait-il
de ses idéologies ...

"La Colonie hturturt, disait pourtant Carducci, est la plus ample

et vigoureuse conception de roman que l'on ait eue en Italie
depuis bien des années". Aujourd'hui, ce livre nous paraît trop
plein d'abstractions.
. _
.
La méchanceté humaine a plus heureusement rnsp1ré J)osa1.
Les silhouettes féminines de la Dirincnce tn A sont tracées
toujours avec verve et parfois avec vigueur. On pourrait
épigrapher le livre :

Je nt la fair par à la port
Je suis la Femme: o,r mt conna1t.
On y trouve de l'ironie philosophico-sentimentale à la Laforgue,
comme aussi un certain tour de Heine et des Goncourt à la
fois. li y a méme quelques éclats de grosse gaieté ; mais cette
1 187 ♦ .
1

1871.

NOTES

911

gros:,ièreté cH toujours voulue et du bout des lèvres ; car
l'homme du monde, l'aristocrate, Dossi ne le dépouille· jamais
complétemcnt. Pensionnats aristocratiques, mères de famille,
casant leurs filles auprès de vieillards très fatigués ; silhouettes
d'entremetteuses, de bigotes, de nobles dames qui tiennent des
tripots : tout cela dans de courts essais, très travaillés, fignolés,
et d'un remarquable "fini".
Des essais toujours, car Dossi n'est qu'un essayiste. Peut-être
eClt-il désiré être autre chose ; peut-être le souvenir de Balzac
le hantait-il, quand il entreprenait les Portraits kumainr. Mais
il a le souffle court et le gotlt, surtout, du "morceau 11 •
Au fond Dossi est un grand seigneur vagabond. Il s'est
promené somptueusement dans bien des domaines de la fantaisie
et du sentiment. Ses utopies sociales, ses satires, son misogynisme, tout cela, il ne l'a pas bien pris au sérieux. Et je ne
veux abwlument pas dire qu'il est insincère : c'est au contraire
une 1me très vibrante et d'une foncière bonté. Mais il ne
s'est jamais plongé dans la vie. Il ne nous apporte nulle vision
nouvelle de la vie, nulle attitude originale en face d'elle.
Une traduction française de Dossi n'est peut-être pas trop
à souhaiter. Cette œuvre est par trop aile de papillon. Dans la
traduction la plus soignée, elle perd Je meilleur d'elle-même,
cette coloration charmante, diaprée, qu'un souffie brouille. Il
faut lire Dossi dans le texte, uniquement dans le texte. Alors
on constate qu'il est un styliste " exceptionnel". li a un don
merveilleux pour refaire une virginité aux locutions les plus
communes. Un rien lui suffit : un terme régional, une expression archarque, un jeu de mots, un féminin au lieu d'un
masculin . Il lui faut le piment du vieux mot peuple, " cet ail
et ces oignons gr1ce auxquels les paroles de nos a'!eux latins
"optumc olebant ".

L. C.

�91 3

NOTULES

912

Baudelaire est le plus puissant, et le plus un, par conséquent,

des penseurs désespérés de ce misérable siècle. Il frappe, il est
vivant, il voit ! Tant pis pour ceux qui ne voient pas."

H. G.

•••

NOTULES

Mfrnnu 01v1Ns, par Jean de Bosschèrt (Occident).
Cette tension du style et de la métaphore que l'auteur doit

à Suarès, semble se relkher ici. Ici, M. Jean de Bosschère se
CHEZ

us

PASSANTS,

par Villiers de J'ltle-Adam. (Georges Crés,

3 fr. 50.)

Ce volume n'ajoute pas gr:md'chose à l'œuvre ni à la gloire
de Villiers de l'Isle-Adam. Il est composé d'articles de journaux, qui ont perdu leur raison d'être et presque tout leur
intérêt avec leur actualité ; de fantaisies humoristiques qui sont
fort inférieures à Tribulat Bonhomet ; d'un morceau de grand
style, comme Villiers en savait composer, Hypermnestra; de
quelques vers pleins et sonores :

F/Qtta, âcres smtturs de l'herbe après l'orage.
Mais aujourd'hui "Sigtftoid l'impertincnt, extase moderne,
étude de style dans le goClt du jour," nous laisse froids. On
connaissait par la Nouvelle Rtflut les Lettres à Baudelaire écrites en
1861 et 1861. qui complètent le recueil; mais on e·t heureus
de les y retrouver. " Quand j'ouvre votre volume le soir, écrit
Villiers, et que je relis vos magnifiques vers dont tous les mots
sont autant de railleries ardentes, plus je les relis, plus je trouve
à reconstruire. Comme c'est beau ce que vous faites! ... C'est
royal, voyez-vous, tout cela. Il faudra bien que tôt ou tard on
en reconnaisse l'humanité et la grandeur, absolument." Et plus
haut : "Quand je pense que je n'ai pas répondu l'autre soir à
M. R .... lorsqu'il me demandait ce que vous aviez créé:
Qu'entendez-vous par créer? Qui est-ce qui crée ou ne crée
pas ? Que signi&amp;e cette chanson et ce refrain d'avant le délugel

rapproche davantage de son autre maître, Max Elskamp. Il
célèbre les métiers avec moins de naiveté que l'admirable
poète d'Anvers ; il surcharge ses descriptions de considérations
symboliques parfois inutiles. Mais la vision est souvent émouvante, en dépit de sa dureté, et j'aime quand l'esprit l'égaie,
comme il arrive dans ce petit morceau :
"Puisqu'ils ont mis une dure carapace de granit à la route,
l'ingénieux maréchal-ferrant cloue une semelle de fer à l'âne et

au cheval.
Il s'éloignent en sonnant des bottines, qui lancent des
paillettes d'or ; et le dompteur du fer rentre dans l'enfer noir

et rouge, dans la nue kre et la fumée de corne rôtie."

H. G.
Dt

•••
BYllOlll A FRANCIS THoMPsoN,

librairie Fayot,

par Flarù De'4ttre (Paris,

191 3).

Ce livre contient, avec des études très remarquables sur
Dickens et Francis Thompson, un essai sur l'Orien/4/isme dans
'4 littérature ang'4ist où l'intéressant problème est traité avec
acience et intelligence. Le Yathelt de Beckford est enfin mis
à sa vraie place, comme l'inspirateur de tout l'orientalisme des
romantiques anglais. Son influence est rendue évidente chez
Southey et chez Byron. Peut-être aurait-il fallu faire une place
plus grande à l'étude du Gebir de W. S. Landor, rejetée dans

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

NOTULES

une note ala fin du volume. De Yatluk, l'auteur die : "Noua
avons montré ce qu'il y avait d'oriental dans l'intrigue, les personnages et la mise en scène ; mais nous n'avons point parlé de
l'ironie qui domine tout le livre, et rappelle Zadig, où l'on
devi11e le persiflage du capricieux millionnaire ; nous avons
négligé ces descriptions lyriques qui annoncent les Martyr1."
L'article Dickcm et Daudet conclut définitivement et réhabilite
- s'il en est besoin - Daudet.

&amp;]aises du Devon et dans les vallées du Sotnerset. Les souvenirs
d'histoire évoqués au sujet de chaque localité sont fort propres
à faire mieux connaître la psychologie du peuple anglais et à
indiquer les différences de caractère et d'esprit qui distinguent
ces corn tés voisins.

•

Ce livre commence par un récit hagiographique : Lu Surpim de la For2t, où Saint-Dié, ennemi du paganisme, reçoit

V. L.

41

LA

CHINE

•

EN RÉvoLllTION 1 par Edmond Rottach (Perrin,

3 fr. 50).
Voici, résumées par un homme qui a longuement vécu en
Chine, les principales phases de la grande crise que vient de
traverser l'Empire du Milieu. C'est plll'.l qu'un manuel d'histoire
politique. On trouve dans ce livre de bien curieuses indications
sur l'esprit chinois et l'on comprend mieux, après l'avoir lu,
ces révolutions et contre-révolutions lentes, où les assemblées
sont plus décisives que les batailles, et dont le principal objectif
semble être d'éviter l'effusion du sang. "On se bat avec courage,
mais rarement. On s'applique plus à la temporisation. On ne
détruit pas la ligne ferrée, tout au plus la rend-on inutilisable
l'espace de quelques rails enfanti11ement déboulonnés et placés
sagement le long des traverses mêmes. On ne coupe pas les
ponts, on ne recourt pas aux moyens héroïques. On laisse aller.
Point d'obstination ni de nervosité; peu de ces atrocités
coutumières en Europe dans des situations que nous estimons

. graves.
moins

"

•••

CR0Qu1s o'ouTRE-MANCHE, par Jacfjues Bardoux (Hachette,
3 fr. 50).
Un bon guide sur les plateaux de Cornouailles, le long des

•• •
CoNTEs ET Rfo1TS V oSGIENS, par Fernand Baldennt (Les
Marches de l'Est).

malgré lui les bienfaits des ;;egipans et des fées. Apres d'autres
épisodes des temps barbares, nous voyons l'esprit de la Renaissance, avec Vautrin Lud et Waldesmuller, se glisser jusque
dans les vallons de la montagne. Puis c'est Cagliostro qui vient
visiter, au village de Ban-de-la-Roche, le vénérable Oberlin.
Dans les douze derniers contes n'apparaissent que des paysans,
des montagnards d'aujourd'hui. L'expression ne cesse pas de se
modeler sur ses divers objets avec beaucoup de nattuel et de
souplesse. Pour tenter ainsi de ".fixer, a divers instants de son
histoire, quelques aspects choisis d'une petite patrie, comme on
les peut entrevoir au hasard d'une rencontre, d'une lecture ou
d'un séjour aux champs", l'auteur n'est point parti d'un
dessein préconçu_ Mais il connaît .bien le double danger du
"régionalisme littéraire" : faire de la province un bibelot et
un objet d'étagère; donner l'impression que "le bon vieux
temps est une toile immuable et monochrome, et que toute
l'impatience du présent, l'humeur de changement, est réservée
au siéclc actuel". En suivant jusqu'au fond d'un pays écarté
les contre-coups immédiats des grands mouvements de la culture européenne, il nous rappelle à propos que" la plus tenace
des survivances a été d'abord, à son heure, une nouveauté et
pcut-!tre une audace".

M. A.

�,,.
LES REVUES

LES REVUES

REVUES FRANÇAISES.

On sait que la rédaction de la Revue Critique des Idées et dts
Livres élargissant son point de vue a rompu avec le dogmatisme
intégral de l'Action Française. On sait que d'autre part la rédaction des Marges a pris position contre le clauicisme de M. Clouard
et la littérature bien pensante et moralisante sans distinction
d'étiage. D'oi\ polémique. Voici en quels termes M. Clouard
répond à M. Eugène Monfort dans la Revu E CRITIQUI

(z 5 mars) :
Puisqu'il s'est trouvé des niais pour mêler le néo-classicisme à je
ne sais quelle littérature bassement bourgeoise et "bien pensante",
je tiens à rappeler que j'ai dénoncé, avant les M argts, - il y a
deux ans ! - la tendance fâcheuse que les Marges se donnent l'air
d'avoir découverte.
Dans son numéro du 25 avril 1912, sous le tiu·e "La vague de
vertu", la Revue Critique a publié la chronique suivante, que les
circonstances me font une nécessité de publier à nouveau :
Un congr~s s'est tenu récemment, soiis la présidence l1onorairt d,
sénateur Bérenger, un congrès ( on le dt-vine) anti-pornographiqut. La
t4che des congressistes menace d'hre difficile, à peu près autant qu
celle des académiciens qui ont à distribuer des prix dt vertu. - "lis
sont trup," murmurera l'Académie, l'an prochain, et elle tn oubliera.
Huges Rtbell disait a'ViC pittoresque , " Un honnête hommt n'a pas
dt conscienct." Il voulait dire que l'honnêteté a le jet naturel d,.
uns droit. Dt ce point de vut, et qui nous doit inquiéter, c'est J'attittult
dt Ja jeunesse in,tellectuelle, qui est prlte à pardonner aux artistes, a1IX

lcrivains, leurs pires erreurs d'art, dès l'instant que leurs caractères ne
sont pas méprisables ... Un exemple. Tout sépare, n'est-et pas, cette jeunesse
de feu Ferdi11and Brunetière? Mais Brunetière avait une "conscimce";
d'où de grandes acclamations. Quel dommage pour '!Joire mémoire
fùture, Monsieur Emile Faguet, que vous Sl!Je&lt;Z resté si bohème !
En attendant dt voir brûlés en cérénwnie les plus beaux livres de
la tradition de Candide, 011 entend d 'excellents Français s'étonner que
des notiom élémentaires se trou'!Jent prises ainsi l'une pou,· l'autre. En
effet, la '!Jtrtu a un contraire (qu'il n'est pas très aisé de nommer d'un
uul mot), mais l'absence dt son contraire ne constitue pas précisément la
vertu; exige un peu plus, vraiment; tt les Latins dans ce mot que
nous ttnons d'eux, avaient imprimé l'idée de farce.
Elle suppose des mœurs, la '!Jertu. Si les mœurs affichées sur notre
tlilâtrt sont J'image exacte de celles de la ville, nos jeunes gem tt nos
"Vieux académiciem espèrmt-ils les réformer ? Sur quel patron ? Il nt
faudrait rien moins qu'une religion nouvelle/ Au moins conviendrait-il
de jeter les yeux du c6té des institutiom ••• Assurément nous sommes t3us
Jas d'un théâtre veule, d'une presse impudente, d'une l1umanité insipide et laide : il n'en est que plus flicheux que l '011 rlclame pour nous,
au lieu de vin, du sirop. Le jeu, l'amour, la nature se voient mis en
q•arantaim, et pour rien.

Et M. Clouard résume ironiquement la pensée de M. Montfort.
Si je dis que notre tradition est celle de Rabelais, de La Fontaine,
de Diderot et de Stendhal, il faut s'entendre. J'oppose ces grands
hommes à un Bossuet, à un La Rochefoucauld, à uh Racine, lesquels
badinent rarement. Mais Stendhal, Diderot, La Fontaine, Rabelais,
sacrifient trop à l'intelligence. Rêvons d'une exquise légèreté de
cervelle. Courons les petites Muses. Nous sommes les sous-offs des
lettres.

En se gardant de renier personne, ni Bossuet, ni Rabelais,
ni nos auteurs légers, comme il serait facile de s'entendre ! Nous
possédons une tradition " totale " : conservons-la.
Les S01RÉl!s

DI! PARIS

du

•15•mars
•

contiennent de curieuses

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

lettres de Jarry adressées au docteur Saltas, des reproductions de
Picabia et de curieuses réflexions sur Nick Carter données par
un américain M. Harrison Reeves.
Je ne me rappelle jamais avoir vu un exemplaire de Nick Cartw
avi:.s: nom d'auteur.
Dans le cas où l'une quelconque de ces épopées populaires 1e
trouvait signée, le nom employé était une sorte de nom passe-partout
choisi par !"éditeur et destiné à rester dans l'oreille du public. Ce
n'était, évidemment, pas le nom réel de l'auteur. Je n'ai jamais cra
qu'un seul homme eô.t écrit seul la quantité très considérable des
fascicules de la série de Nick Carter ou des autres importantes sériea
épiques. Il y en avait trop pour un seul homme, qui n'aurait pas
pu faire même ce qui paraissait en quelques mois.
Nick Carter a paru pendant dix ans, sans répétition d'incidents et,
sans doute, cette publication paraissait déjà avant que je ne fuuc
d'âge de la lire.
Mon père m' a souvent dit qu'il avait l'habitude de lire "cette
sorte d'ordure " (comme il disait), quand il était soldat, aa
commencement de la guerre civile, à l'âge de dix-sept ans, en 1861,
et d'après ce qu'il m'en a dit, il passait ainsi ses journées, quand il
n'était pas de garde, devant Vicksburg, ou durant les dimanchea
pluvieux, pendant la marche de Sherman, d'Atlanta jusqu'à la mer,
J'ai compris que ce qu'il lisait alors avait le même caractère épique
que les Nick Carter de mon temps.
Mon idée a toujours été que quelque obscur homme de génie,
dans le monde des affaires d'édition, a simplement donné les idéel
et le style épique à des écrivains à gages, qui ont fabriqué del
milliers de mots par semaine à tant par mille, en se tenant à c6tt
des presses dans quelque grand.e imprimerie de Chicago.
Le tout avait toujours le même style général et la même valeur,
Quelques-uns de ces contes étaient mieux que les autres pour
l'exécution, mais tous étaient également épiques pour la conception.
Le public américain n'a jamais reconnu Nick Carter, ni les autret
épopées populaires comme étant de la littérature.
OÙ m'a touj9urs défendu de lire ces "sales choses", sur l'autoritt
des gouvernantes et des bonnes les plus ignorantes qui avait entend11

LES REVUES

leurs rnahres dire que toute cette "saleté à un penny", comme on
l'a~pelait ~•après le prix de Chicago, d'un penny par exemplaire,
étut un p01son pour l'esprit des enfants,
Quand on m'attrapait en train de lire Nick Carter, on me disait
que j'étais tombé au niveau social des petits télégraphistes et des
voyous des courses.
Je m~ r~ppelle q~e fréquemment j'empruntais des exemplaires
(q~and_ Je n en pouvais acheter) d'un drôle de jeune homme spirituel,
qui était opérateur télégraphiste dans une tour a signaux sur un des
grands réseaux transcontinentaux, passant auprès d'une ville des
plaines dans le South-Dakota, que ma famille habitait.
Il pass~it ses nuits à lire les épopées qu'il recevait d'un employé
des chemms de fer sympathique, qui allait de Chicago à la côte du
P~ciJique et qui passait tard dans la nuit. Souvent j'ai veillé avec
lui, en attend~nt ce train qui apportait un tas de Nick Carter, pendant
que ma famille croyait que j'étais chez un de mes camarades
é~udi~t _le latin p~ur mes exame,ns préparatoires. Les gens de I~
ville d1sa1ent que I opérateur télégraphique était un jeune homme
dégénéré, qui lisait des "saletés à un penny", et ainsi de suite.
Et j_e ~uis s!lr que si on avait su qu'il donnait des exemplaires de
cette lmerature défendue à de jeunes garçons, les chefs du personnel
de la ligne lui _auraient ôté son emploi sur la plainte des citoyens
vertueux de la ville parce qu'il corrompait la jeunesse.
Et M. Harrison Reeves signale " cette sorte d'embarras et
de honte_ à propos de foriginalité" dont souffiit plus tard
Walt Whitman, et " qui a été une des causes les plus considérables parmi celles qui ont retardé le développement intellectuel

du Nouveau-Monde. "
MEMENTO:

- La Revue Bleue (28 Mars): "L'arc d'Ulysse de Gerhardt
Hauptmann ", par A. Bossert.
-

L_es Marches de l'Est (Mars) : ~• La question des langues
en _Belgique", enquête dirigée par Gcôrges Ducrocq et DumontWi!den.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

920

-

921

La Renaissance Contemporaine (24 Mars): "Les Rubriques

littéraires", par Fernand Divoire.
- La Revue de Pari1: "Les Amours perdues", roman, par
Edmond Jaloux.

-

L'Opini(lfl: "André Antoine", par André du Fresnois.
•

•

A LA RECHERCHE

DU TEMPS PERDU

;11:

1

REVUES ANGLAISES :

Le numéro de février de THE ENGqSH REVIEW est particulièrement intéressant. Il contient le texte anglais du Carnet de
Voltaire récemment retrouvé à St Petersbourg. Les phrases sont
tout à fait voltairiennes, mais leurs incorrections leur donnent
un son enfantin et bégayant, qui n'est pas sans charme. La
matière n'est pas neuve, ni la pensée profonde; mais il y a dans
ce carnet certaines qualités que nous aimons chez Voltaire: un
sens du "pittoresque", quand il est à sa portée, un goftt des
choses pour elles-mêmes. Ainsi, il est évident que c'est le plaisir,
la volupté presque physique d'écrire dans une langue étrangère
(surtout puisque rien ne l'obligeait à l'écrire correctement) qui
l'a poussé à réd.iger ces notes en anglais. Et il a su donner la
raison de son plaisir: " Langue anglaise, stérile et barbare à &amp;0n
origine, est maintenant abondante et douce, comme un jardin
rempli de plantes exotiques." - Dans le \même numéro la
suite du nouveau roman de H. G. Wells. - Une esquisse de
vie parisienne par R. B. Cunninghame Graham: El Tngo
Argentino. - Un extrait du prochain livre de George Moore
sur Yeats, Lady Gregory et Synge (la vie solitaire de Synge à
Paris, puis sa mort prématurée, sont racontées avec beaucoup de
force). - Enfin un essai moral et politique de R. A. Scott·
James, The real decadent.
Dans le numéro de -mars de la même revue, un curieux
poème de Gilbert Franken: Tid'apa.
LE GÉRANT : ANDRÉ RUYTERS.

Imp. SAINTE CATHERINE, Quai St-Pierre, 12, Bruges (Belgique~

~a mèr_e qui m'envoyait avec ma grand'mère à Bal bec,
mats restait
seule . à Paris ' comprit quel dé sespo1r
. c'é tait
.
.
pour mm de la quitter; aussi décida-t-elle de nous d"1re
ad'
teu sur le quai longtemps d'avance et de né pas attendre
cette heure du départ où, dissimulée auparavant dans des
allée~ _et venues et d~s préparatifs qui n'engagent pas
défi~1t1v~ment, une séparation apparaît brusquement impossible a souffrir alors qu'elle ne l'est déjà plus à éviter
concentrée tout entière dans un instant immense de l . ,
~é ·
uc~
tt impuissante et suprême. Elle entra avec nous dans
la~re, dans ce lieu tragique et merveilleux où il fallait
a d~nner toute espérance de rentrer tout à l'heure à
la àmaison ' mais au s51· 0 ù un miracle
•
. s'
devait
accomp 1·ir
gr ce auquel les lieux où ;·e vivrais b1'ento't seraient
.
là
ceux-

:êmes :u_i n'avaient encore d'existence que dans ma

pc sée. D ailleurs la contemplation de Ba lbec ne me
sembl .
~1t

P:15

moins désirable parce qu'il fallait l'acheter

au
pnx d un
. . au contraire la réalité
d l''
. mal qm· sym bo11sa1t
e impression que j'allais chercher, impressioR qu'aucun
~es fragments sont extraits du deuxième volume de A la
du te'!'ps perdu, intitulé Le c6tl de Guermantes, qui doit
re prochamement chez l'éditeur Bernard Grasset.

:ai/kt

I

�922

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISJ

spectaele équivalent, aucune vue stéréoscopique qui ~
m'eussent pas empêché de rentrer coucher chez mot~
n'auraient pu remplacer. Je sentais déja que ceux qui
aiment et ceux qui ont du plaisir ne sont pas les mêm~
et qûe quelle que fut la chose que j'aimerais, elle ne serait
jamais placée qu"'au terme d'une p~~rs~ite d~uloureuse où
j'aurais d'abord à sacrifier mon plaisir a ce bien S\lprême,
au lieu de l'y chercher.
.
,
Sans doute aujourd'hui, ce serait en automobile qu on
f.erait ce voya~e et on penserait le rendre :ainsi p_lus agréable
et plus vrai, suivant de plus pres les diverses ~
dations selon lesquelles change la face de la terre._ Mats
le plaisir spécifique du voyage ·n'est pas de po~vmr ~escendre en route et de s'arrêter quand on est fatigué, c est
de rendre la différence entre le départ et l'arrivée non pas
aussi insensible, mais aussi profonde qu'on peut, de la
Conserver entière, intacte, telle qu'elle était en nous
· du 1eu oi\
quand notre imagination nous portait

r

nous v1v1ons jusqu'au cœur d'un lieu désir~~ en un ~n~
qui nous semblait moins miraculeux parce qu il f~a~ch1~1t
ne distance que parce qu'il unissait deux indlVlduaht&amp;
u
. d'
à un
distinctes de la terre, qu'il nous menait un nom
autre nom; différence que schématisait (mieux qu'~ne
promenade toute réelle où, comme on débarque où l_on
veut, il n'y a pour ainsi dire plus d'arrivée) ~ette opér~tlOJl
mystérieuse qui s'accomplissait dans ces heux spéc1a~,
.
les gares qui ne font presque
pas par fte de la ville
mais con:iennent l'essence de sa personnalité de mê_me
que sur un écriteau elles portent son ~on:, laborato'.res
fumeux antres empestés mais où on acceda1t ~u ~ysterc:,
grands ~teliers vitrés, comme celui où j'entrat ce Jour-là,_

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

92 3

cherchant le train de Balbec, et qui déployait au-dessus
de la ville éventrée un de ces immenses ciels crus et
tragiques, comme certains ciels, d'une modernité presque
parisienne, de Mantegna ou de Véronese, et sous lequel
ne pouvait s'accomplir que quelque acte terrible et
solennel, comme un départ en chemin de fer ou l'érection
de la Croix.
On nous apprit que l'église de Balbec était à Balbec-levieux, assez loin de Bal bec-plage où nous de11ions habiter.
Il fut convenu que j'irais seul la visiter. Je retrouverais
ma grand'mère dans le petit chemin de fer d'intérêt local
qui menait à Balbec-plage et nous arriverions ensemble à
l'Mtel.
La mer que j'avais imaginée venant mourir au pied de
l'église, était à plus de cinq lieues de distance, et à cêté
de la coupole, ce clocher que, - parce que j'avais lu qu'il
était lui-même une âpre falaise normande où s'amassaient
les grains, où tournoyaient les oiseaux, -je m'étais toujours
représenté comme recevant à sa base la derniere écume
des vagues soulevées, il se dressait sur une place où
s'embranchaient deux lignes de tramway, en face d'un
café qui portait, écrit en lettres d'or, le mot: " Billard ,.
et sur un fond de maisons aux cheminées desquelles ne se
mêlait aucun mk Et I' église,-entrant dans mon attention
avec le café, le passant à qui il fallut demander mon
chemin, la gare où j'allais retourner, - faisait un avec
tout le reste, semblait un accident, un produit de cette
fin _d'apn':~-midi, où sa coupole moelleuse et gonflée sur
le _ciel. était comme un fruit dont la même lumiere qui
baignait les cheminées des maisons, milrissait .la peau rose,
dorée et fondante. Mais je ne voulus plus penser qu'à 1~

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

signification éternelle des sculptures ~uand j'eus reconnu les
Apôtres dont j'avais vu les statues moulées au musée du
Trocadéro et qui, des deux côtés de la Vierge, devant
la baie profonde du porche, m'attendaient comme pour
me faire honneur. La figure bienveillante et douce, le dos
vot1té, ils semblaient s'avancer d'un air de bienvenue, en
chantant l'alleluia d'un beau jour. Mais on s'apercevait
que leur expression était immuable et ne se modifiait
que si on se déplaçait, comme il arrive quand on
tourne autour d'un chien mort. Et je me disais : "C'est
ici, c'est l'église de Balbec. Cette place qui a l'air de
savoir sa gloire est le seul lieu du monde qui possède
l'église de Balbec. Ce que j'ai vu jusqu'ici c'était des
photographies de cette église, et, de ces Ap6tres, de cette
Vierge du porche si célèbres, des moulages dans un musée.
Maintenant c'est l'église elle-même, c'est la statue elle.
l ''
même, elles, les umques
: c ' est b'1en pus.
C'était moins aussi peut-être. Comme un jeune homme
un jour d'examen ou de duel trouve la date qu'on
lui a demandée, la balle qu'il a tirée, bien peu de
chose, quand il pense aux réserves de science et de
courage dont il aurait voulu faire preuve, de même mon
esprit qui avait dressé la statue de la Vierg~ hors _des
reproductions que j'en avais eues sous les yeux, 10access1bl~
aux vicissitudes qui pouvaient menacer celles-ci, intacte 51
on les déchirait si on les brisait, idéale, ayant une valeur
'
universelle, s'étonnait
de voir la statue qu'il avait mi11e
fois sculptée réduite maintenant à sa propre apparence de
pierre, occupant par· rapport à la portée de mon bras une
place où elle avait pour rivales une affiche électorale et la
pointe de ma canne, enchaînée a la Place, inséparable du

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

débouché de la grand'rue, ne pouvant fuir les regards
du ca~é. et du bureau d'omnibus, recevant sur son visage
la m01t1é du rayon de soleil couchant - et bient6t dans
quelques heures, de la clarté du reverbère-dont le bureau
du Comptoir d'Escompte recevait l'autre moitié, gagnée en
mêm~ t~mps que l~i par le relent des cuisines du pitissier,
soumise a la tyran~1e du Particulier au point que, si j'avais
voulu tracer ma signature sur cette pierre, c'est elle la
Vierge illustre que jusque-là j'avais douée d'une existe~ce
~én~rale et d'u_ne intangible beauté, la Vierge de Balbec,
1umque (ce qui, hélas, voulait dire la seule), qui, sur son
corps encrassé de la même suie que les maisons voisines
•
&gt;
aurait, sans pouvoir s'en défaire, montré à tous les
admirateurs venus la pour la contempler la trace de ma
.
craie et les lettres de mon nom, et c'était elle enfin
.
.I'œuvre d'
. art, immortelle
et si longtemps désirée, que'
Je trouvais metamorphosée ainsi avec l'église elle-même
en une petite vieille de pierre dont je pouvais mesurer l;
hauteur et compter les rides. L'heure passait il fallait
' 1
,
r~tourner a a gare. N'accusant de ma déception que des
~trc~nstances ~articulières, la mauvaise disposition où
~/tais, _ma fatigue, mon incapacité de savoir regarder,
J ~saya1s de me consoler en pensant qu'il restait d'autres
villes encore intactes pour moi, que je pourrais, prochainement peut-être, pénétrer comme au milieu d'une pluie de
perl_es dans le frais gazouillis des égouttements de
Quimperlé, traverser le reflet ve1dissant et rose qui baignai
~ont:Aven ; mais pour Balbec dès que j'y étais entré
ç avait é_té comme si j'avais entrouvert un nom qu'il eîtt
fallu _temr hermétiquement clos et où, profitant de l'issue
que Je leur avais imprudemment offerte, en chassant

'

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

toutes les images qui y vivaient jusque-là, un tramway,
un café, les gens qui passaient sur la place, la succursale du
Comptoir d'Escompte, irrésistiblement poussées par une
pression extérieure, par une force pneumatique, s'étaient
engouffrées à l'intérieur des syllabes qui, refermées sur
eux les laissaient maintenant encadrer le porche de
' persane et ne cesseraient plus de les contenir.
l'église
Je retrouvai ma grand'mère dans le petit chemin de
fer. Ma déception m'occupait moins au fur et à mesure
que se rapprochait le lieu auquel mon corps allait avoir à
s'accoutumer. Au bout de ma pensée je cherchais à imaginer le directeur de l'h6tel de Balbec pour qui j'étais
encore inexistant, et j'aurais voulu me présenter à lui
dans une compagnie plus prestigieuse que celle de ma
grand'mère qui allait certainement lui demander des rabais.
Il m'apparaissait d'une morgue certaine, mais tres vague
de contours. Ce n'était pas encore Balbec-Plage; à tout
moment le petit chemin de fer nous arrêtait a l'une des
stations qui précédaient, et dont les noms même (Criqueville, Equemauville, Couliville) me semblaient étranges,
alors que lus dans un livre ils auraient quelque rapport
avec les noms de certaines localités qui étaient près de
Combray. Mais à l'oreille d'un musicien deux motifs,
matériellement composés de plusieurs des mêmes notes
peuvent ne présenter aucune ressemblance, s'ils diffèrent
par la couleur de l'harmonie et de l'orchestration. De
même, rien ne me faisait moins penser que ces tristes
noms faits de sable, d'espace trop aéré et vide, et de sel,
à Roussainville, à Martinville, à ces noms qui parce que
je les avais entendu prononcer si souvent par ma gran~
tante à table, dans la "salle", avaient acquis un certalA

.

A

LA RE~HERCHE DU TEMPS PERDU

charme sombre où s'étaient peut-être mélangés des extraits
du got1t des confitures, de l'odeur du feu de bois et du
papier d'un livre de Bergotte, de la couleur de grès de la
maison d'en face, et qui, aujourd'hui encore, quand ils
remontent du fond de ma mémoire comme une bulle
gazeuse, conservent leur vertu spécifique au milieu des
couches superposées de milieux différents . qu'ils ont à
traverser avant d'arriver jusqu'à la surface.
C'étaient - dominant la mer lointaine du haut de
leur dune, ou s'accommodant déjà pour la nuit au pied
de collines d'un vert cru et d'une forme désobligeante,
comme celles du canapé d'une chambre d'hôtel où l'on
,ient d'arriver - composées de quelques villas que prolongeait un terrain de tennis et quelquefois un casino dont le
drapeau claquait au vent fraîchissant , évidé et anxieux ,
de petites stations qui me montraient pour la première
fois, habituels mais par leur dehors, des joueurs de tennis
en casquette blanche, le chef de gare vivant là, près de
5CS tamaris et de ses roses, une dame qui, décrivant le
tracé quotidien d'une vie que je ne connaîtrais jamais,
rappelait son levrier qui s'attardait et rentr~it dans son
cMlet où la lampe était déjà allumée, et blessaient cruellement de ces images étrangement usuelles et dédaigneusement familières, mes regards inconnus et mon cœur
dépaysé. Mais combien ma souffrance s'aggrava quand
nous eümes débarqué dans le hall du grand hôtel de
Balbec, en face de l'escalier monumental qui imitait le
lllarbre, et pendant que ma grand'mère, sans souci d'acaoître l'hostilité et le mépris des étrangers au milieu
desquels nous allions vivre, discutait les " conditions "
avec le directeur, sorte de poussah en smoking, à la figure

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

1'

et à la voix pleines des cicatrices qu'avait laissées l'extirpation sur l'une, de nombreux boutons, sur l'autre des
divers accents dus à des origines lointaines et à une enfance
cosmopolite. Tandis que j'entendais ma grand'mère
dire sur une intonation artificielle : "Et quels sont...
vos prix ?... Ob ! beaucoup trop élevés pour mon petit
budget",. attendant sur une banquette, je me réfugiais
au plus profond de moi-même, je m'efforçais d'émigrer
dans des pensées éternelles, de ne laisser rien de moi,
rien de vivant, à la surface de mon corps insensibilisée
comme l'est celle des animaux qui par inhibition font
les morts quand on les blesse, afin ne ne pas trop
souffrir dans ce lieu où mon manque total d'habitude
m'était rendu plus sensible encore par la vue de celle que
semblait en avoir au même moment, une dame élégante à
qui le directeur témoignait son respect en prenant des
familiarités avec son petit chien, le jeune gandin qui, la
plume au chapeau, rentrait en sifflotant et demandait
ses lettres, tous ces gens pour qui c'était regagner leur
home que de gravir le faux marbre du grand escalier.
Ma grand'mère sortit faire des courses, je me décidai à
monter l'attendre dans notre appartement, le directeur
vint lui-même pousser un bouton : et un personnage
encore inconnu de moi, qu'on appelait "lift", (et qui au
point le plus haut de l'hôtel, la où serait le lanternon
d'une église normande, était installé comme un photographe derrière son vitrage ou plutôt comm~ un orr~i~te
dans sa chambre) se mit à descendre vers mot avec I agihté
,
p'
d'un écureuil domestique, industrieux et captif. uis en
glissant de nouveau le long d'un pilier il m'entraîn_a ~ sa
suite vers le dôme de la nef commerciale. Pour diSStper

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

l'angoisse mortelle que j'éprouvais à traverser en silence
le mystère de ce clair-obscur sans poésie, éclairé d'une
seule rangée verticale de verrières que faisait l'un'ique
water~closet ~e chaque étage, j'adressai la parole au jeune
orga~1.ste, artisan de mon voyage et compagnon de ma
captlVlté, lequel continuait à tirer les registres de son
instrument et à pousser les tuyaux. Je m'excusai de tenir
autant de place, de lui donner si grande peine et lui
demandai si je ne le gênais pas dans l'exercice d:un art
. duquel, pour flatter le virtuose, je fis plus que'
a' l'e.n dro1t
mamfester de la curiosité, je confessai ma prédilection.
Mais il ne me répondit pas, soit étonnement de mes
paroles, attention à son travail, souci de l'étiquette, dureté
d~ son. ouîe, respect du lieu, crainte du danger, paresse
d mtelhgence ou consigne du directeur.
Il n'est peut-être rien qui dorme plus l'impression de
la réali~é de ce qui nous est extérieur, - de l'objectivité
de la vie, - que le changement de la position, par rapport à nous, d'une personne même insignifiante avant
'
,
que nous l ayons connue, et après. J'étais le même homme
qui avais pris a la fin de l'après-midi le petit chemin de
fer de Balbec, je portais en moi la même ime. Mais dans
cette
ime, a l'endroit où, à six heures, il y avait une
.
impossibilité à imaginer le directeur, l'h&amp;tel, son personnel, et une attente vague et craintive du moment où
., . . '
Jarnvera1s, a cette même place se trouvaient maintenant les boutons extirpés dans la figure du directeur,
son geste pour sonner le lift, le lift lui même toute une
ri· d
'
rise e ~ersonnages semblables à des personnages de guignol sortis de cette boîte de Pandore indéniables inamo'bl
,
,
" es et stérilisants comme tout fait accompli mais qui du

'

�930

LA NOUVELLE REVUB FRANÇAISE

ce changement dans lequel je n'étais pas
moins, par
.
, 1 s'était passé quelque chose
intervenu me prouvaient qu 1
.fi
"'éta'
.
. - et d'ailleurs d'insigm ant ; j
,s
01
d'extérieur à m ,
.
soleil devant lui
1
ur qui ayant eu e
l
comme e voyage
t que les heures
ne course consta e
en commençant u
. d 'è lui J'étais brisé de
d 1 le voit ern re
.
é
ont pass quan 1 '
·e me serais couché, mais je
•
·•
·s la fievre J
f~ng~e, ~ ava1
u'il , fallait pour cela. J'aurais voul~
n avais nen de ce q
.
1 l't mais à quoi
. m'étendre un instant sur e i ,
à
au moins
.
,
.
faire trouver de repos
bon _puisque Je n aurai~ pu Y_ st pour chacun de nous
cet ensemble de sensations qm e
tériel et pµisque
. t s·non son corps ma
'
son corps consc1en , i .
. 1 . t en le forçant à
.
qm l'encerc a1en ,
les objets inconnus
.
nt d'une
.
r le pied permane
mettre ses_ ~erceptions_ su maintenu mes regards, mon
défensive v1g1lante, aur~1ent si ·•avais allongé mes jambesh
ouïe, tous mes sens, (m. méed _J t incommode que celle
..
aussi r mte e
dans une position
ll. 1
pouvait
. l L Balue dans la cage o I ne
.
du cardma
a
. ,
. C'est notre attention qui
ni se tenir debout Ill s asseoh1r. b
t l'habitude qui les
.
d
une c am re e
met des objets ansf; . d la plac/ De la placer il n'y en
en retire, et nous _Y ait e h b de Bal bec qui n'était
.
m01 dans ma c am re
.
av~1t pas pour
ar elle était pleine de choses qui ne
mienne que de nom, c
.
1
d'œil méfiant
. .
me rendirent e coup
me conna1ssa1ent pas,
.
. te de mon
.
• . et sans temr aucun camp
.
que Je leur Jet~1 '
ue ·e dérangeais le train-tram
existence, témo1gnerent q l J " la maison je n'entendule - a ors qu a
L
de la leur. a pen
d
ar semaine, seule.
.
uelques secon es P
dais la mienne que q
r d
méditation tais d'une prmon e
d .
ment quan Je sor
. tant à tenir dans une
'"nterrompre un ms
continua sans s ,
. d . t être désobligeant$
langue inconnue des propos qui eva1en

A LA RECHERCHE DU TEMPS Pl!RDU

93 I

pour moi, car les grands rideaux violets l'écoutaient sans
répondre mais dans une attitude analogue acelle des gens
qui haussent les épaules pour montrer que la vue d'un
tiers les irrite. J'étais tourmenté par la présence de petites
bibliothèques a vitrines, qui couraient le long des murs
mais surtout par une grande glace a pieds, arrêtée en
travers de la pièce et avant le départ de laquelle je sentais
qu'il n'y aurait pas pour moi de détente possible. Je '
levais a tout moment mes regards, - dont les objets de
ma chambre de Paris ne gênaient pas plus l'expansion que
ne faisaient mes propres prunelles, car ils n'étaient plus
que des annexes de mes organes, un agrandissement de
moi-même, - vers le plafond surélevé de ce belvédère
étroit situé au sommet de l'Mtel et que ma grand'mère
avait choisi pour moi ; et, jusque dans cette région plus
intime que celle où nous voyons et où nous entendons,
dans cette région ou nous éprouvof\s la qualité des odeurs,
c'était presque l'intérieur de mon moi que celle du
vétiver venait pousser dans mes derniers retranchements
son offensive, a laquelle j'opposais non sans fatigue 1a
rispote inutile et incessante d'un reniflement alarmé.
N'ayant plus d'univers, plus de chambre, plus de corps
que menacé par les ennemis qui m'entouraient, qu'envahi
jusque dans les os par la fièvre, j'étais seul, j'avais envie
de mourir. Alors ma grand'mère entra; et à l'expansion
de mon cœur refoulé s'ouvrirent aussitôt des espaces
infinis.

a

Je savais quand j'étais avec ma grand'mère, si grand
chagrin qu'il y etît en moi, qu'il y serait reçu dans une
pitié plus vaste encore ; que tout ce qui était mien, mes
soucis, mon vouloir, y serait étayé sur un désir de conser-

�93 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAID

vation et d'accroissement de ma propre vie autre.ment
fort que celui que j'avais moi-m~me ; et m~s .pensees se
prolongeaient en elle sans subir de ~év1at1on parce
qu'elles passaient de mon esprit dans le sien ,sans c~anger
de milieu, de personne. Et comme quelqu un qui veut
nouer sa cravate devant une glace sans comprendre que
le bout qu'il voit n'est pas placé par ra~port ~ lui d~
caté où il dirige sa main, ou comme un chien qui poursuit
,
l'
à terre l'ombre dansante d'un insecte, trompe par apparence des corps comme on l'est dans ce monde où nous
ne percevons pas directement les i~es, je. me jetai da~
ses bras, et je suspendis mes l~vres a ses J,oues c~mme ."
. . . a' ce cœur immense quelle mouvrait.
J.,ace éd ais
ainsi
.
Quand j'avais ainsi ma bouche collée à ses J~ues, à so~
front, j'y puisais quelque chose de si bienfa1s~~t, de SI
nourncier, que je gardais l'immobilité, le seneux, ~
tranquille avidité d'un enfant qui tette. Et je regarda11
ensuite sans me lasser son grand visage découpé comme u~
beau nuage ardent et calme, derrière lequel on sentait
rayonner la tendresse. "Surtout, me dit-elle, ne manque pas
de frapper au mur si tu as besoin de ~uelque c~ose ~ette
nuit, mon lit est adossé au tien, la cloison est tres mine~.
D'ici un moment quand tu seras couché fais-le, pour voir

. "
si nous nous comprenons b1en.
Et en effet ce soir-là je frappai trois coups - que un~
semaine plus tard quand je fus souffrant je renouvelai
pendant quelques jours tous les matins parce que ma
grand'mère voulait me donner du lait de bonne heure. Alors
quand je croyais entendre qu'elle était réveillée - pour
qu'elle n'attendît pas et ptit, tout de suite après, s~ rendor•
mir,- je risquais trois petits coups,timiderr,ent,fa1bleroent,

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

933

distinctement malgré tout, car si je craignais d'interrompre ~e sommeil de ma grand'mere dans le cas où je
me serais trompé et où elle e{tt dormi, je n'aurais pas
•oulu non plus qu'elle continuât d'épier un appel qu'elle
n'aurait pas distingué d'abord et que je n'oserais pas
renouve~er. ~t à peine j'avais frappé mes coups que j'en
entendais trots autres, d'une intonation différente ceux-là
.
d' une ca1me autorité, répétés à deux reprises'
empreints
pour plus de clarté et qui disaient : " Ne t'agite pas, j'ai
entendu ; dans quelques instants je serai la '' ; et bienrôt
ma grand'mere arrivait. Je lui disais que j'avais eu peur
qu'elle ne m'entendît pas ou crt1t que c'était un voisin
qui avait frappé; elle riait:
- Confondre les coups de mon pauvre loup avec d'autres, mais entre mille sa grand'mere les reconnaîtrait !
Cro'.s-tu donc qu'il y en ait d'autres au monde qui soient
aussi bêt~s, aussi fébriles, aussi partagés entre la peur de
me reve1ller et de ne pas être compris. Mais quand ~ême
elle se contenterait d'un grattement, on reconnattrait
to~t de suite sa petite souris, surtout quand elle est aussi
umq~e et a plaindre que la mienne. Je l'entendais déjà
de~w~ ~n moment qui hésitait, qui se remuait dans le lit,
qui fa1sa1t tous ses manèges.
1

. E!le e_n:r'ouvrait les volets; à l'annexe de l'hôtel qui
faisait sa11l1e, le soleil était déjà installé sur les toits comme
~ couvr~ur ma~inal qui commence tat son ouvrage et
1accomplit en silence pour ne pas réveiller la vi!le qui
do~t encore et de laquelle l'immobilité le fait paraître plus
agile. Elle me disait l'heure, le temps qu'il ferait que ce
~ .
,
n ~it pas la peine que j'allasse jusqu'à la fenêtre, qu'il y
&amp;Vllt de la brume sur la mer, si la boulangerie était déjà

�934

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ouverte : tout ce négligeable " introît " du jour auquel
personne n'assiste, petit morceau de vie qui n'était qu'l
nous deux ; doux instant matinal qui s'ouvrait comme
une symphonie par le dialogue rythmé de mes trois coups
auquel La cloison pénétrée de tendresse et de joie, devenue
harmonieuse, immatérielle, chantant comme les anges,
répondait par trois autres coups, ardemment attendus,
deux fois répétés, et où elle savait transporter )'!me de
ma grand'mère tout entière et la promesse de sa venue,
avec une allégresse d'annonciation et une fidélité musicale.
Mais cette première nuit d'arrivée, quand ma grand'mère
m'e11t quitté, je recommençai à souffrir, comme j'avais
déjà souffert à Paris quand j'avais compris qu'en partant
pour Balbec je disais adieu à ma chambre. Peut-être cet
effioi que j'avais - qu'ont tant d'autres - de coucher
dans une chambre inconnue, peut-être cet effroi n'est-il
que la forme la plus humble, obscure, organique, presque
inconsciente, de ce grand refus désespéré qu'opposent les
choses qui constituent le meilleur de notre vie présente 1
ce que nous revêtions mentalement de notre acceptation
la formule d'un avenir oô elles ne figurent pas ; refus qui
était au fond de l'horreur que me faisait éprouver la
pensée que mes parents mourraient un jour, que les
nécessités de la vie pourraient m'obliger à vivre loin de
Gilberte , ou simplement à me fixer définitivement dans.
un pays où je ne verrais plus jamais mes amis ; refus qu~
était encore au fond de la difficulté que j'avais à penser a
ma propre mort ou à une survie comme Bergotte la
promettait aux hommes dans ses livres, dans laquelle je ne
pourrais emporter mes souvenirs, mes défauts, mon caractère qui ne se résignaient pas à l'idée de ne plus être et

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

935

· é ou•
.ne voulaient
. pour moi ni du néant, ni' d'u ne étermt
ils ne seraient plus.
Quand Swann m'avait dit à Paris un 1·our que ''ét .
. l'è
J ais
parttcu I rement souffrant .· "Vous dev nez
· partir
. pour
ces délicieuses tles de l'Océanie. vous verrez que vous
n'en reviendrez Plus " , J·•aurais
· voulu lui répondre .
" .Mais
alors je ne verrai plus votre fille , J. e v1vra1
. . au.
.
milieu de choses et de gens qu'elle n'a jamais vus.,, Et
~urtan~ ma raison me disait : "Qu'est-ce que cela peut
faire pwsque tu n'en seras pas afHigé? Quand M S
d'
. wann
te it que tu ne reviendras pas, il entend par là que tu ne
voudras pas revenir, et puisque tu ne le voudras pas, c'est
que tu seras heureux là-bas. " Car ma raison savait que
l'habitude
· assumer matntenant
.
1 e qut· a Il ait
,
. - l'hab'tud
1entreprise de me faire aimer ce logis inconnu, de changer
la place de la glace, la nuance des rideaux, d'arrêter la
pendule, - se charge aussi bien de nous rendre chers
les compagnons qui nous ont déplu d'abord, de donner
une a~tre for~e aux visages, de rendre sympathique le
son d une voix, de modifier l'inclination des cœurs
Certes des amitiés nouvelles pour des lieux et des gen~
o~t pour trame l'oubli des anciennes; mais justement ma
nuson p_ensait que . je pouvais envisager sans terreur la
pe~ctive d'~ne vie où je serais à jamais séparé d'êtres
~nt Je perdrais le souvenir, et, c'est comme une consolation , .q~•eIl e offiait
· à mon cœur une promesse d'oubli qui
ne fa1sa1t au contraire qu'affoler son désespoir. Ce n'est
qu~ notre cœur ne doive éprouver, lui aussi, quand la

!;5

l'bi::;n1on sera_ ~onsommée, les effets analgésiques de
. tude ; mais Jusque-là il continuera de souffrir. Et la
crainte d'un avenir où nous seront enlevés la vue et

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

936

rentretien de ceux que nous aimons et d'où nous tiron5
aujourd'hui notre plus chere joie, cette crainte, loin de se
dissiper, s'accroît, si à la douleur d'une telle privation
nous pensons que s'ajoutera ce qui pour nous semble
actuellement plus cruel encore : ne pas la ressentir comme
une douleur, y rester indifférent ; car alors notre moi serait
changé, ce ne serait plus seulement le charme de nos
parents, de notre mattresse, de nos amis qui ne seraient
plus autour de nous ; notre affection pour eux
aurait été si parfaitement arrachée de notre cœur dont
elle est aujourd'hui une notable part, que nous pourrions
nous plaire à cette vie séparée d'eux dont la pensée nous
fait horreur aujourd'hui ; ce serait donc une vraie mort
de nous-mêmes, mort suivie, il est vrai, de résurrection,
mais en un moi différent et jusqu'à l'amour duquel ne
peuvent s'élever les parties de l'ancien moi condamnés
à mourir. Ce sont elles, même les plus chétives, même les
obscurs attachements aux dimensions, à l'atmospbere
d'une chambre, - qui s'effarent et refusent en des rébellions qui ne sont que la forme secrète, partielle, tangible
et vraie de la résistance à la mort, de la longue résistance
désespérée et quotidienne à la mort fragmentaire et successive telle qu'elle s'insère dans toute la durée de notre
vie détachant de nous à tout moment des lambeaux de
nous-mêmes sur la mortification desquels des cellules
nouvelles multiplieront. Et pour une nature nerveuse
comme était la mienne, c'est-à-dire chez qui les intermédl.aires, les nerfs ne remplissent pas leurs fonctions,
.
- n'arrêtent pas dans sa route vers la conscience mais Y
laissent au contraire parvenir, distincte, épuisante, innombrable et douloureuse, la plainte des plus humble5

'

'

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

937

éléments du moi qui vont disparaître, -l'anxieuse alarme
que j'éprouvais sous ce plafond inconnu et trop haut
. que la protestation d'une amitié qui survivait en,
n'était
moi, pour un plafond familier et bas. Sans doute cette
amitié disparaîtrait, une autre ayant pris sa place (alors
la mort, puis une nouvelle vie auraient, sous le nom
d'Habitude, accompli leur œuvre double); mais, jusqu'a
son anéantissement, chaque soir elle souffrirait et ce
. s01r-là
.
premier
surtout, mise en présence d'un avenir déjà
réalisé où il n'y avait plus de place pour elle, elle se
révoltait, elle me torturait du cri de ses lamentations
chaque fois que mes regards, ne pouvant se détourner de
ce qui les blessait, essayaient de se poser au plafond
inaccessible.

' '

Mais le lendemain matin I quelle joie, pensant déja
au plaisir du déjeuner et de la promenade, de voir dans

la fenêtre et dans toutes les vitrines des bibliothèques
comme dans les hublots d'une cabine de navire la
mer nue, sans ombrages, et pourtant à l'ombre sur une
moitié de son étendue que délimitait une ligne mince
et mobile, et de suivre des yeux les Rots qui s'élançaient
l'un après l'autre comme des sauteurs sur un tremplin.
A tous moments, tenant à la main la serviette raide
et empesée où était écrit le nom de !'Hôtel et avec
laquelle je faisais d'inutiles efforts pour me sécher
.
'
Je retournais près de la fenêtre jeter encore un regard
sur ce vaste cirque éblouissant et montagneux et sur
les sommets neigeux de ces vagues en pierre d'émeraude
~ et là polie et translucide, lesquels avec une placide
violence et un froncement léonin laissaient s'accomplir et
dévaler l'écroulement de leurs pentes auxquelles le soleil

'

.

2

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE.

ajoutait un sourire sans visage. Fenêtre à laquelle je devais
ensuite me mettre chaque matin comme au carreau d'une
diligence dans laquelle on a dormi, pour voir• si pen~am
la nuit s'est rapprochée ou éloignée une chaine désirée,
_ ici ces collines de la mer qui avant de revenir vers nous
', .
en dansant, peuvent reculer si loin que souvent ce n eta1t
qu'après une longue plaine sablo~neuse que rapercevais à
une grande distance leurs premieres ondulat10ns, dans un
lointain transparent, vaporeux et bleuâtre c~~~e ces
glaciers qu'on voit au fond des t~bleaux _des pnm1tt~s t~cans. D'autres fois c'était tout pres. de m01 que le soleil nalt
sur ces flots d'un vert aussi tendre que celui que conserve
aux prairies alpestres (dans ces montagnes o~ le s_oleil s'étale
çà et comme un géant qui en descendrait gaiement, par
bonds inégaux, les pentes) moins l'humidité du sol q~e la
liquide mobilité dt la lumière, Au reste, d_a~1s cette breche
que la plage et les flots pratiquent au milieu du reste du
monde pour y faire passer,pour y accumuler la lumiè~e,c'e:t
elle surtout selon la direction d'oà elle vient et que suit notre
œil, c'est elle qui déplace et situe les .vallonne~ent: d~ la
mer.La diversité de l'éclairage ne modifie pas rn01ns 1one.titation d'un lieu, ne dresse pas moins devant nous de nouveaux buts qu'il nous donne le désir d'atteindre, que ne
ferait un trajet longuement et effectivement parcouru_ eu
voyage. Q uand le matin la luinière venait
. de. Jemère
, .
l'h6tel découvrant devant moi les grèves 1llum10ees JUSqu'aW: premiers contreforts de la mer, elle semblait m'en
· surla
montrer un autre versant et m'engager a poursmvre,
.
·
mobile
et vané
route tournante de ses rayons, un voyage 1m
à travers les plus beaux sites du paysage accidenté des heures.
· au 1om d'un
Et dès ce premier matin le soleil me montrait

la

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

939

doigt souriant ces cimes bleues de la mer qui n'ont de
nom sur aucune carte géographique, jusqu'a ce qu'étourdi
de sa sublime promenade à la surface retentissante et
chaotique de leurs crêtes et de leurs avalanches, il vint se
mettre à l'abri du vent dans ma chambre, se prélassant
sur le lit défait et égrenant ses richesses sur le lavabo
mouillé, dans la malle ouverte, oà, par sa splendeur même
et son l.uxe déplacé, il ajoutait encore à l'impression dü
désordre. Hélas, le vent de mer, une heure plus tard,
dans la grande salle à manger, - tandis que nous déjeunions et que nous répandions, de la gourde de cuir d'un
citron, quelques gouttes d'or sur deux soles qui bientôt
laissèrent dans nos assiettes le panache de leurs arêtes,
frisé comme une plume et sonore comme une cithare - ,
il parut cruel à ma grand'mère de n'en pas sentir le souffie
,,ivifiant
cause du chassis transparent mais clos gui,
comme une vitrine, nous séparait de la plage, tout en nous
la laissant entièrement voir, et dans lequel le ciel entrait si
complétement que son az.ur avait l'air d'être la couleur
des fenêtres et ses nuages blancs un défaut du verre. Me
persuadant que j'étais '' assis sur le môle" où au fond du
"boudoir" je me demandais si le " soleil rayonnant sur
la mer" de Baudelaire, ce n'était pas - bien différent
du rayon · du soir, simple et superficiel comme un trait
doré et tremblant - celui qui en ce moment brûlait la
mer comme une topaze, la faisait fermenter, devenir
blonde et laiteuse comme de la bière, écumante comme
du lait, tandis que par moments s'y promenaient ça et là
de grandes ombres bleues, que quelque géant semblait
s'amuser déplacer, en bougeant un miroir dans le ciel.
Mais ma grand'mère ne pouvant supporter l'idée que

a

a

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

je perdisse le bénéfice d'une heure d'air, ouvrit ,ubrepticement un carreau et fit envoler du même coup menus,
journaux, voiles et casquettes de toutes les personnes qui
étaient en train de déjeuner ; clic-même, soutenue par le
souffle , céleste, restait calme et souriante comme sainte
Blandine, au milieu des invectives qui, augmentant mon
impression d'isolement et de tristesse, réunissaient contre
nous les touristes méprisants, décoiffés et furieux.
Pour une certaine partie - cc qui, à Bal bec donnait à
la population, d'ordinaire banalement riche et cosmopolite
de ces sortes d'h6tcls de grand luxe, un caractère régional
assez accentué ils se composaient de personnalités
éminentes des principaux départements de cette partie de
la France, d'un premier président de Caen, d'un b!tonn ·er de Cherbourg, d'un grand notaire du Mans, qui à
l'époque des vacances, partant des points sur lesquels toute
l'année ils étaient disséminés en urailleurs ou comme des
pions au jeu de dames, venaient se concentrer dans cet
h6tel. Ils y avaient toujours les mêmes chambres, et, avec
leun,fcmmcs qui avaient des prétentions à l'aristocratie, formaient un petit groupe auquel s'étaient adjoints un grand
avocat et un grand médecin de Paris qui le jour du départ
leur disaient :
- Ah ! c'est vrai, vous ne prenez pas le même train
que nous, \OUS êtes privilt\,iés, vous serez rendus pour

le déjeuner.
-

Comment, privilégiés? Vous qui habitez la c.1pitale,
Paris la grand'villc, tandis que j'habite un pauvre cheflieu de cent mille !mes, il est vrai cent deux mille au
dernier recensement ; mais qu'est-ce à côté de vous qui
en comptez deux millio'ls cinq cent mille ?

A LA RECHERCHE OU Tl!MPS PERDU

Ils le disaient avec un roulement d'r paysan, sans
y mettre d'aigreur car c'étaient des lumières de leur
provinces qui auraient pu comme d'autres venir à Paris
- on avait plusieurs fois offert au premier président
de Caen de venir à la Cour de cassation - mais avaient
préféré rester sur place, par amour de leur ville ou
de l'obscurité, ou de la ~loire, ou parce qu'ils é~icnt
réactionnaires, et pour l'agrément des relations de voisinage avec les ch!tcaux. Plusieurs d'ailleurs ne regagnaient
pas tout de suite leur chef-lieu.
Car, - comme la baie de Balbec était un petit univers
à part au milieu du grand, une corbeille des saisons oô.
étaient rassemblés en cercle les jours variés et les mois
su~ccssifs, si bien que, non seulement quand on apercevait
R1v~bellc, ce qu_i était signe d'orage, on y distinguait du
soleil
. sur les maisons pendant qu'il faisait noir à Balbec,
mais encore que quand les froids avaient gagné Balbec
on était certain de trouver encore sur cette autre rive
deux ou trois mois de chaleur - ceux de ces habitués
de l'b6tel dont les vacances commen~ient tard ou duraient
longtemps, quand les pluies et les brumes arrivaient
faisaient charger leurs malles sur une barque, à l'approch;
de l'automne, et trav~icnt rejoindre l'été à Costcdor ou
à Rivebelle. Tout ce petit groupe de l'Mtel de Balbec
regardait d'un air méfiant chaque nouveau venu et tout
. de ne pas s'intéresser à lui, interrogeait
'
en ayant I'air
sur
10n compte leur ami le maître d'h6tel. Car c'était le
même - Aimé - qui revenait tous les ans faire la saison
et leur gardait leurs tables ; et mesdames leurs épouses,
sachant que sa femme attendait un bébé, travaillaient
après les repas chacune à une pièce du trousseau, tout en

�942

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nous toisant avec leur face à main, ma grand'mère et
moi, parce que nous mangions des œufs durs dans la
salade ce qui était réputé commun et ne se faisait pas
dans la bonne société de Nantes. Ils affectaient une attitude de méprisante ironie à l'égard d'un Français qu'on
appelait Majesté et qui s'était en effet proclamé lui-même
roi d'un petit îlot de l'Océanie peuplé seulement par
quelques sauvages. Il habitait l'h&amp;tel avec sa jolie maîtresse,
sur le passage de qui quand elle allait se _baigner, les
gamins criaient : "Vive la reine " parce qu'elle leur
jetait des pièces de cinquante centimes. Le premier président et le bàtonnier ne voulaient même pas avoir l'air de
voir les " déguisés" et déclaraient que c'était "à quitter
la France".
Les jours o~ nous allions faire une grande promenade
en voiture avec Madame de Villeparisis, je devais, sur
l'ordre du médecin, rester couché jusqu'au déjeôner et à
cause de la trop grande lumière garder fermés le plus
longtemps possible les grands rideaux violets qui m'avaient
témoigné tant d'hostilité le premier soir. Mais comme
malgré les épingles avec lesquelles, pour que le jour ne
p:'lssit pas, Françoise les attachait chaque soir, et qu'~lle
seule savait défaire, malgré les couvertures, les étoffes prises
ici ou là, le tapis en cretonne rouge de la table, qu'elle Y
ajustait, elle n'arrivait pas à les faire joindre exactement, ils laissaient se répandre sur le tapis comme. un
écarlate effeuillement d'anémones parmi lesquelles Je ne
pouvais m'empêcher de venir un instantposer mes pie~s
nus. Et sur le mur qui leur faisait face et qui se trouvait
partiellement éclairé un cylindre d'or que rien ne soutenait
était verticalement posé et se déplaçait lentement comme

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

943

la colonne lumineuse qui précédait les Hébreux dans le
désert. Je me récouchais; obligé de golÎter, sans bouger,
J&gt;ar l'imagination seulement, et tous à la fois, les plaisirs
du jeu, du bain, de la promenade, auxquels la matinée
invitait, la joie faisait battre bruyamment mon cœur
comme une machine en pleine action mais immobile et
qui est obligée de décharger sa vitesse sur place en tournant sur elle-même. Parfois c'était l'heure de la pleine
mer. J'entendais du haut de mon belvédère le bruit du flot
qui déferlait doucement, ponctué par les appels des
baigneurs, des marchands de journaux, des enfants qui
jouaient, comme par des cris d'oiseaux de mer. Soudain à
dix heures le concert symphonique éclatait sous mes fenêtres. Entre les intervalles des instruments reprenait coulé et
continu, le glissement de l'eau d'une vague qui semblait
envelopper les traits du violon dans ses volutes de cristal et
faire jaillir son écume au-dessus des échos intermittents
d'une musique sous-marine. Puis dans la brèche de silence
qui s'échancrait un instant, entre les arches successives des
petites vagues aux rinceaux d'azur, la musique s'élevait
de nouveau, comme les anges luthiers au portail écumant
et bleu de la cathédrale italienne. Pour voir si Françoise ne
venait pas défaire les rideaux et m'apporter mes affaires, car l'heure dû déjeôner approchait, - je courais jusqu'à
la chambre de ma grand'mère. Elle ne donnait pas directement sur la plage com~e la mienne mais prenait jour de
trois côtés différents : sur un coin de la digue, sur la campagne, et sur une courette aux quatre murs d'une blancheur mauresque, au dessus desquels, et enfermé dans leur
carré, on voyait le ciel aux flots moelleux, glissants et
superposés, comme une piscine située sur une terrasse.

I

�944

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Cette chambre de ma grand'mère était meublée autrement
que la mienne, avec des fauteuils brodés de filigranes métalliques et de fleurs roses d'ou semblait émaner l'agréable et
fraîche odeµr qu'on trouvait en entrant. Et à cette heure
où des rayons venus d'expositions et comme d'heures différentes brisaient les angles du mur, changeaient la forme de
la chambre, à côté d'un reflet de la plage mettaient sur la
commode un reposoir diapré comme les fleurs du sentier,
suspendaient à la paroi les ailes repliées, tremblantes et
tièdes d'une clarté prête à reprendre son vol, chauffaient
comme un- bain un carré de tapis provincial devant la
fenêtre de la courette que le sole il festonnait comme une
vigne, ajoutaient encore au charme et à la complexité
de la décoration mobilière en sembfant exfolier la soie
fleurie des fauteuils et détacher leur passementerie, cette
chambre que je traversais un moment avant de m'habiller
pour la promenade, avait l'air d'w1 prisme ou se décomposaient les couleurs de la lumière du dehors, d'une ruche
où les sucs de la journée que j'allais gmlter étaient
dissociés, épars, enivrants et visibles, d'un j,ardin de
l'espérance qui se dissolvait en une palpitation de rayons
d'argent et de pétales de rose. Je rentrais dans ma
chambre : Françoise entrait pour me donner du jour et je
me soulevais dans l'impatience de savoir quelle était la
Mer qui jouait ce matin-là au bord du rivage comme une
néréide. Car chacune de ces Mers ne restait jamais plus
d'un jour. Le lendemain j'en voyais une autre qui parfois
lui ressemblait. Mais je ne vis jamais deux fois la même.
Il y en avait qui étaient f une beauté si rare qu'en les
ap~rcevant mon plaisir était encore accru par a surprise,
comme devant uµ miracle. Par quel privilège, un matin

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

945

plut6t qu'un autre, la fenêtre en s'ouvrant découvrit-elle
a mes yeux émerveillés la nymphe Glaukonome, dont la
beauté paresseuse et qui respirait mollement, avait la transparence d'une vaporeuse émeraude à travers laquelle je
voyais affiuer les éléments pondérables qui la coloraient?
Elle faisait jouer le soleil avec un sourire alangui par une
brume. invisible qui n'était qu'un espace vide réservé
autour de sa surface translucide rendue ainsi plus abrégée
et plus saisissante, comme ces déesses que le sculpteur
détache sur le reste du bloc qu'il ne daigne pas dégrossir.
Telle, dans sa couleur unique, elle nous invitait
la
promenade sur ces routes grossières et terriennes ) d'où ,
de la caleche de Mme de Villeparisis, nous apercevrions
tout le jour et sans jamais l'atteindre la fraîcheur de sa
molle palpitation. Mais d'autr~s fois il n'y avait pas cette
opposition si grande entre une promenade agreste et ce
but inaccessible, ce voisinage fluide et mythologique. Car,
certains jour, la mer semblait rurale elle-même, et la
chaleur y avait tracé comme à travers champs une route
poussiereuse et bJanche derrière laquelle la fine pointe d'un
bateau de pêche dépassait comme un clocher villageois. Un
remorqueur dont on ne voyait que la cheminée fumait au
loin comme une usine écartée, tandis que, seul à l'horizon,
un carré blanc et bombé, peint sans doute par une voile
mais qui semblait compact et calcaire, faisait penser
à l'angle ensoleillé de quelque bitiment isolé, Mpital ou
école. Et les nuages et le vent, quand il s'en ajoutait au
soleil, parachevaient sinon l'erreur du jugement, du moins
l'i-llusion du premier regard, la suggestion ,qu'il -éveille
dans l'îmagination. Car, l'alternance d'espaces aux couleurs
nettement tranchées comme celles qui résultent, dans la

a

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

campagne, de la contigurté de cultures différentes, le
réseau de la lumière ou de l'ombre qui uniformisait tout
ce qu'il contenait dans ses réseaux et supprimait toute
démarcation entre la mer et le ciel assimilés que l'œil
hésitant faisait, tour à tour, empiéter l'un sur l'autre, les
inégalités âpres, jaunes, et comme boueuses, de la surface
marine, les levées, les talus qui dérobaient à la vue la barque
où une ~quipe d'agiles matelots semblait moissonner, tout
cela, par les jours orageux, faisait de l'océan quelque chose
d'aussi varié, d'aussi consistant, d'aussi accidenté, d'aussi
populeux, d'aussi civilisé que la tene carossable d'où, en
voiture avec Mme de Villeparisis, nous le regarderions.
Mais parfois aussi, et pendant des semaines de suite, dans ce Batbec que j'avais tant désiré parce que je ne l'imaginais que battu par la tempête et perdu dans les brumes,le beau temps fut si éclatant et si fixe que quand Françoise
venait ouvrir la fenêtre, j'étais sâr de trouver le même
pan de soleil plié a l'angle du mur extérieur, et d'une
couleur immuable qui n'était plus émouvante comme une
révélation de l'été, mais morne comme celle d'un émail
inerte et factice. Et tandis que Françoise ôtait les épingles
des impostes, détachait les étoff~s, tirait les rideaux, le
jour d'été qu'elle découvrait semblait aussi mort, aussi
immémorial qu'une somptueuse et millénaire momie que
notre.. vieille servante n'eût fait que précautionneusement
désemmail.]oter de tous ses. linges, avant de la faire apparaître, embaumée dans sa robe d'or.
La voiture de M'"" de Villeparisis nous emmenai.t.
Parfois comme la voiture gravissait une route montante
entre des terres labourées, je voyais - rendant les champs
plus réels, les prolongeant jusque dans le passé, - quelques

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

947

a

bleuets hésitants, pareils ceux de Combray, qui, sur le
talus, suivaient notre voiture. Bientôt nos chevaux les
distançaient, mais apres quelques pas, nous en apercevions
un autre qui en nous attendant avait piqué devant nous
dans l'herbe son étoile bleue; d'autres s'enhardissaient
jusqu'à venir se poser au bord de la route et c'était
toute une nébuleuse qui se formait avec mes souvenirs
lointains et les fleurs apprivoisées.
Nous redescendions la côte; alors nous cro1swns, la
montant à pied, à bicyclette, en carriole ou en voiture
'
,
quelqu w1e Ùe ces créatures, fleurs de la belle journée, mais
qui ne sont pas comme les fleurs des champs, - car
chacune recele quelque chose qui n'est pas dans une autre
et qui empêchera que nous puissions contenter avec ses
pareilles le désir qu'elle a fait naitre en nous, - quelque
paysanne poussant sa vache ou à demi-couchée sur. une
chanette, qtielque fille de boutiquier en promenade,
quelque élégante demoiselle assise sur le strapontin d'un
landau, en face de ses parents. Certes Bloch, autant qu'un
grand savant ou un fondateur de religion, m'avait ouvert
une ere nouvelle et avait changé pour moi la valeur de la
vie et du bonheur, le jour où il m'avait appris que les
r~ves que j'avais promenés solitairement du c6té de
Méséglise quand je squhaitais que passAt une paysanne
que je prendrais dans mes bras, n'étaient pas une chimere
qui ne correspondait à rien d'extérieur à moi, mais que
toutes les filles qu'on rencontrait, villageoises ou demoisell~s, ne songeaient guère qu'à faire l'amour. Et dusse-je,
mamtenant que j'étais souffrant et ne sortais pas seul
. .
ne _Jamais pouvoir le faire avec elles, j'étais tout de même
heureux comme un enfant né dans une prison ou dans

'

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un Mpital et qui ayant cru longtemps que l'organisme
humain ne peut di-gérer que du pain sec et des médicaments, a appris tout d'un coup que les pêches, les abricots, le raisin, ne sont pas une simple parure de la campagne, mais des aliments délicieux et- assimilables. Même
si son geblier ou son garde-malade ne lui permettent pas
de cueillir ces beaux fruits, le monde cependant lui parait
meilleur, et la vie plus clémente. Car un désir nous parait
plus beau, nous nous appuyons à lui avec plus de confiance quand nous savons qu'en dehors de nous la réalité
s'y conforme, m~me si pour nous il n'est pas réalisable.
Et nous pensons avec plus de joie à une vie qui est capable de l'assouvir, à une vie où, - à condition que nous
écartions pour un instant de notre pensée le petit obstacle
accidentel et particulier qui nous emp~che personnellement de le faire, - nous pouvons nous imaginer l'assouvissant. Pour les belles filles qui passaient, du jour où
j'avais su que leurs joues pouvaient êrre embrassées, j'étais
devenu curieux de leur âme. Et l'univers m'avait paru
plus int;éressant.
La voiture de Mm• de Villeparisis allait vite. A peine
avais-je le temps de voir la fillette qui venait dans notre
dir&lt;:ction; et pourtant - comme la beauté des êtres n'est
pas comme celle des choses, et que nous sentons que c'est
celle d'une créature unique, consciente et volontaire - à
peine l'individualité de la fille qui s'approchait, Ame
vague, volonté inconnue de moi, se peignait-elle, en une
petite image prodigieusement réduite, embryonnaire mais
compl~te, au fond de mon regard distrait, aussitôt - a
mystérieuse réplique des pollens tout préparés pour les
pistils - je sentais saillir en moi l'embryon aussi vague,

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

949

aussi minuscule et aussi entier, du désir de ne pas laisser
passer cette fille, sans que sa pensée prît conscience
de ma personne, sans que j'empêchasse ses désirs d'aller à
quelqu'un d'autre, sans que je vinsse me fixer dans sa
rêverie et saisir son cœur. Cependant notre voiture s'éloignait, la belle fille était déjà derriere nous et comme elle
ne possédait de moi aucune des notions qui constituent
une personne, ses yeux qui m'avaieM à peine vu, m'avaient
déjà oublié.
Etait-ce à cause du passage si rapide que je l'avais trouvée
si belle? Si j'avais pu descendre, lui parler, aurais-je été
déconcerté -par quelque défaut de sa peau que de la
voiture je n'avais pas distingué! peut-être un seul mot
qu'elle edt dit, un sourire, m'e(it fourni une clef, un chiffre
inattendus, pour lire l'expression de son visage et de sa
démarche, qui seraient aussitôt devenues banales? C'est
possible, car je n'ai jamais rencontré dans la vie de filles
aussi désirables que les jours où j'étais avec quelque grave
personne que je ne pouvais quitter, malgré les mille
prétextes que j'inventais. En attenda~t je me disais que le
monde est beau qui fait ainsi crohre sur les routes
campagnardes ces fleurs à la fois uniques et communes,
trésors fugitifs de la journée, aubaines de la promenade,
dont des circonstances contingentes qui ne se reproduiraient peut-être pas toujours m'avaient seules empêché
de profiter, et qui donnent un go11t nouveau à la vie.
Mais peut-être, en espérant qu'un jour, plus libre, je
pourrais faire sur d'autres routes de semblables rencontres,
je commençais déjà à mentir à ce qu'a d'exclusivement
individuel le désir de vivre aupres d'une femme qu'on a
trouvé jolie, et du seul fait que j'admettais la possibilité

�95°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de faire naître ce désir artificiellement, j'en avais implicitement reconnu l'illusion.
Mme de Villeparisis nous mena une fois à Carquevilleoù
était une église couverte de lierre dont elle nous avait
parlé. Bâtie sur un tertre, elle dominait le village, la
rivière qui le traversait et qui gardait son petit pont du
moyen îtge. Ma grand'mère, pensant que je serais content
d'être seul pour regarder l'église, proposa à Mm• de Villeparisis d'aller goi1ter chez le pàtissier, sur la place qu'on
apercevait distinctement et qui sous sa patine dorée était
comme une autre partie d'un objet tout entier ancien.
Il fut convenu que j'irais les y retrouver. Dans le bloc de
verdure devant lequel on me laissa, il fallait pour reconnaître une église faire un effort qui me fit serrer de plus
près l'idée d'église; en effet, comme il arrive aux élèves
qui saisissent plus complétement le sens d'une phrase
quand on les force par la version ou par le thème à la
dévêtir des formes auxquelles ils sont accoutumés, cette
idée d'église dont je n'avais gucre besoin d'habitude
devant des clochers qui se faisaient reconnaître d'euxmêmes, j'étais obligé d'y faire perpétuellement appel pour
ne pas oublier ici que le cintre de cette touffe de lierre
était celui d'une verrière ogivale, là que la saillie
des feui lles était d-ô.e au relief d'un chapiteau. Mais alors
un peu de vent soufflait, faisait frémir le porche mobile
que parcouraient des remous propagés et tremblants
comme une clarté; les feuilles déferlaient les unes contre
les autres; et frissonnante, la façade végétale entraînait
avec elle les piliers onduleux, caressés et fuyants.
Comme je quittais l'église, je vis Jevant le vieux pont
les filles du village qui comme c'était un dimanche se

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

95 1

tenaient attifées, interpellant les garçons qui passaient.
Moins bien vêtue que les autres, mais semblant les
dominer par quelque ascendant, - car elle répondait
à peine à ce qu'elles lui disaient, - l'air plus grave
et plus volontaire, il y en avait une grande qui assise
à-demi sur le rebord du pont, laissant pendre ses jambes,
avait devant elle un petit pot plein de poissons qu'elle
venait sans doute de pêcher. Elle avait un teint bruni,
des yeux doux mais un regard dédaigneux de ce qui
l'entourait, un nez surtout d'une forme petite, fine et
charmante. Mes regards se posaient sur sa peau et mes
lèvres
la rigueur pouvaient croire qu'elles avaient suivi
mes regards. Mais ce n'est pas seulement son corps que
j'aurais voulu atteindre, c'était aussi la personne qui vivait
en lui, et avec laquelle il n'est qu'une sorte d'attouchement qui est de frapper son attention, qu'une sorte de
pénétration, y éveiller une idée.
Et cette personne intérieure de la belle pêcheuse,
semblait m'être close encore, je doutais si j'y étais entré,
même après que j'eus aperçu ma propre image se refléter
furtivement dans le miroir de son regard suivant un
indice de réfraction qui m'était aussi inconnu que si je
me fusse placé dans le champ visuel d'une biche. Mais de
même qu'il ne m'eût pas suffi que mes lèvres prissent
du plaisir sur les siennes mais leur en donnassent, de
même j'aurais voulu que l'idée de moi qui était en elle
. '
,
qui s y accrocherait, n'amenit pas
moi seulement son
attention, mais son admiration, son désir, et me gardit
son souvenir jusqu'au jour ou je pourrais la retrouver.
Cependant, j'apercevais à quelques pas la place ou devait
m'attendre la voiture de Mme de Villep;i.risis. Je n'avais

a

a

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

qu'un instant; et déjà je sentais que les filles commençaient
à rire de me voir ainsi arrêté. J'avais cinq francs dans
ma poche. Je les en sortis, et avant d'expliquer à la belle
fille la commission dont je la chargeais, pour avoir plus
de chance qu'elle m'écoutit, je tins un instant la pièce
devant ses yeux :
- Puisque vous avez l'air d'être du pays, dis-je à la
pêcheuse, est-ce que vous auriez la bonté de faire une
petite course pour moi ! Il faudrait aller devant un pâtissier qui est, paraît-il, sur une place, mais je ne sais pas oil
c'est, et où une voiture m'attend. Attendez !... pour ne
pas confondre vous demanderez si c'est la voiture de la
marquise de Villeparisis. Du reste vous verrez bien, elle a
deux chevaux.
C'était cela que je voulais qu'elle sO.t pour prendre une
grande idée de moi, Mais quand j' eu prononcé les mots
" marquise " et « deux chevaux", soudain un grand
apaisement se fit en moi. Je sentis qu'elle se souviendrait
de moi et se dissiper avec mon effroi de ne pouvoir la
retrouver, une partie de mon désir de la retrouver. li me
semblait que je venais de toucher sa personne avec des
lèvres invisibles et que je lui avai plu. Et cette prise de
force de on esprit, cette possession immatérielle, lui avait
ôté de son mystère autant que fait la posses~ion physique.
ous revenions par une route qui traver ait la foret.
L'invisibilité des innombrables oi eaux qui s'y répondaient
tout à c6té de nous dans les arbres donnait la meme
impression de repos qu'on a les yeux ferml"S. Enchafoé
sur mon strapontin comme Prométhl c sur son rocher,
j'écoutais mes Océanides. Et quand par ha ard j'apercevais l'un de ces oiseaux qui pa sait d'une feuille sous

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

953

une autre, il y avait si peu de lien apparent entre lui et
ces chants, que je ne croyais pas voir la cause de ceuxci dans cc petit corps sautillant, étonné et sans regard.
Cette route était pareille à bien d'autres de ce genre
qu'on rencontre en France, montant en pente assez raide
puis redescendant sur une assez grande longueur. A~
moment même, je ne lui trouvais pas un grand char
~ .
m~
J Etais seulement content de rentrer. Mais elle devint
pour moi dans la suite une cause de joies en restant
dans ma mémoire comme une amorce où toutes les routes
semblables sur lesquelles je passerais plus tard au cours
d'une promenade ou d'un voyage s'embrancheraient
-it~t sans solution de continuité et pourraient grAce à
elle, communiquer immédiatement avec mon cœur. Car
dès que la voiture ou l'automobile s'engagerait dans une
de ces routes qui auraient l'air d'être la continuation de
celle ~ue je suivais avec M- de Villeparisis, ce à quoi ma
conscience actuelle se trouverait immédiatement appuyée
comme à mon passé le plus récent, cc serait (toutes les
ann~s i~termédiaires se trouvant abolies) les impressions
que J avais eues par ces fins d'après-midi-là, en promenade
pr~ de Balbec,quand les feuilles sentaient bon que la brume
'B .
,
,
1 evatt et qu au delà du prochain village, on apercevait
entre les arbres le coucher de soleil comme s'il avait été
~lque localité suivante, forestière, distante et qu'on n'attet~dra pas le soir même. Raccordées à celles que j'éprouvais
~ntenant dans un autre pays, sur une route semblable,
1 entourant de toutes les sensations accessoires de libre
~iration, de curiosité, d'indolence, d'appétit, de gaieté
~m leu~ étaient communes, excluant toutes les autres, ces
IIDpfCSStons se renforceraient, prendraient la consistance

3

�954

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'un type particulier de plaisir, et presque d'un cadre
d'existence que j'avais d'ailleurs rarement l'occasion de
retrouver, mais dans lequel le réveil des souvenirs mettait
au milieu de la réalité matériellement perçue une part
assez grande de réalité évoquée, songée, irretrouvable,
pour me faire éprouver, au milieu de ces · régions où je
passais, plus qu'un sentiment esthétique, un désir fugitif
mais exalté, d'y vivre désormais pour toujours.
Je rent(ais de bonne heure à l'hôtel les soirs où j'allais
avec Saint-Loup dîner au restaurant de R,ivebelle. A
chaque étage une lueur d'or reflétée sur le tapis annonçait
le coucher du soleil et la fenêtre des cabinets. Arrivé au
dernier étage, au lieu d'entrer chez moi je m'engageais plus
avant dans le couloir, car à cette heure-là le valet de
chambre quoiqu'il craîgnit les courants d'air avait ouvert la
fenêtre du bout laquelle regardait le côté de la colline et de
la vallée mais ne les laissait jamais voir, car ses vitres, d'un
verre opaque, étaient le plm, souvent fermées. Je m'arrêtais
devant elle en une courte station et le temps de faire mes
dévotion à la " vue " que pour une fois elle découvrait au
delà de la colline à laquelle était adossé l'hôtel, et qui ne
contenait qu'une maison posée à quelque distance mais à
laqu'elle la perspective et la lumière du soir en lui conservant son volume donnait une ciselure précieuse et un
écrin de velours comme à une de ces architectures en
miniature, petit temple ou petite chapelle d'orfhrerie et
d'émaux qui ser;ent de reliquaires et qu'on n'expose qu'à
de rares jours à la vénération des fidèles. Mais cet instant
d'adoration avait déjà trop duré, car le valet de chambre
qui tenait d'une main un trousseau de clefs et de fautre
me saluait en touchant sa calotte de sacristain mais sans

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

955

la soulever à cause de Pair pur et frais du soir, venait
refermer comme ceux d'une cMsse les deux battants de
la croisée et dérobait à mon adoration le monument réduit
et· la relique d'or. J'entrais dans ma chambre. La vue
d'un vaisseau qui s'éloignait comme un voyageur de nuit
me donnait cette même impression que j'avais eue en
wagon, d'être affianchi des nécessités du sommeil et de la
claustration dans une chambre. D'ailleurs je ne me sentais
pas emprisonné dans celle où j'étais puisque dans une
heure j'allais la quitter pour monter en voiture. Je me
jetais sur mon lit. Et, comme si j'avais été sur la couchette
d'un des bateaux que je voyais assez près de moi et que
la nuit on s'étonnerait de voir se déplacer lentement dans
l'obscurité, comme des cygnes assombris et silencieux
mais qui ne dorment pas, j'étais de tous c~tés entouré des
images de la mer.
Mais bien souvent ce n'était en effet que des images,
tant ma pensée, habitant à ces moments-là la surface de
mon corps que j'allais habiller pour tâcher de paraître le
plus plaisant possible aux regards féminins qui me dévisageraient dans le restaurant illuminé de Rivebelle, était
incapable de mettre de la profondeur derrière la couleur
des choses. Et si, sous ma fenêtre, le vol inlassable et doux
des martinets et des hirondelles n'avait pas monté comme
un jet d'eau, comme un feu d'artifice de vie, unissant
l'intervalle de ses hautes fusées par la filée immobile ét
blanche de longs sillages horizontaux, sans le miracle
charmant de ce phénomène naturel et local qui rattachait à la réalité les paysages que j'avais devant les
yeux, j'aurais pu croire qu'ils n'étaient qu'un choix,
chaque jour renouvelé de peintures qu'on montrait arbi-

�A

LA NOUVELLE KEVUE FRANÇAISI

traitement dans l'endroit où je me trouvais et sans qu'ella
eussent de rapport nécessaire avec lui. J'avais pourtant cla
plaisir les soirs où un navire absorbé et fluidifié par
l'horizon apparaissait tellement de la meme couleur que
lui, ainsi que dans une toile impressionniste, qu'il semblait
aussi de la même matière, comme si on n'e(lt fait que
découper sa coque, et les cordages en lesquels elle s'était
amincie et filigranée, dans le bleu vaporeux du ciel. Parfois
l'océan emplissait presque toute ma fenêtre, surélevœ
qu'elle était par une bande de ciel bordée en haut seulement d'une ligne qui était du même bleu que celui de la
mer, mais qu'à cause de cela je croyais être de la mer
encore et ne devant sa couleur différente qu'à un eftèt
d'éclairage. Un autre jour la mer n'était peinte que dans
la partie basse de la fenêtre dont tout le reste était rempli de
tant de nuages poussés les uns contre les autres par bandes
horizontales que les carreaux avaient l'air par une préméditation ou une spécialité de l'artiste, de présenter une
"étude de nuages", cependant que les différentes vitrines
de la bibliothèque montrant des nuages semblables mais
dans une autre partie de l'horizon et diversement colons
par la lumière, semblait offrir comme la répétition, chère l
certains maîtres contemporains, d'un seul et meme effet,
pris toujours à des heures différentes mais qui maintenant
dans l'immobilité de l'art pouvaient être tous vus ensemble
dans une même pièce, exécutés au pastel et mis sous verre.
Et parfois sur le ciel et la mer uniformément gris, un
peu de rose s'ajoutait avec un raffinement exquis, cependant qu'un petit papillon qui s'était endormi au ba
de la fenêtre semblait apposer avec ses ailes au bas de
cette " harmonie gris et rose ' dans le goClt de celles de

LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

9S7

Whistler, la signature favorite du maître. Le rose même
disparaissait, il n'y avait plus rien à voir. Je me mettais
debout un instant et avant de m'étendre de nouveau
je fermais les grands rideaux. Au-dessus d'eux je voyais
de mon lit la raie de clarté qui y restait encore, s'assombrissant, s'amincissant progressivement, mais c'est sans
m'attrister et sans lui donner de regrets que je laissais ainsi
mourir au haut des rideaux l'heure où d'habitude j'étais
à table, car je savais que ce jour-ci n'était pas de la même
sor~e ~ue les autres, plus long comme ceux du ~le que la
nutt interrompt seulement quelques minutes ; je savais
que de la chrysalide de ce crépuscule se préparait à sortir
par une radieuse métamorphose, la lumière éclatante d~
restaurant de Rivebelle.
Mais autant à Balbec, dans le courant ordinaire de la
vie, j'exerçais sur moi-même un contrale minutieux et
~onst:in~, su~rdonnant tous les plaisirs au but, que je
Jugeais innmment plus important qu'eux, de devenir assez
fort pour pouvoir réaliser l'œuvre que je portais peut-être
en moi, en revanche dès que nous arrivions à Rivebelle
dans l'excitation du plaisir nouveau, comme s'il ne devai:
plus jamais y avoir de lendemain, ni de fins élevées à
réal~r, disparaissait tout ce mécanisme précis de prudente
hygiène. Tandis qu'un valet de pied me demandait mon
paletot, Saint-Loup me disait :
- Tu n'auras pas froid? tu ferais peut-être mieux de
le garder, il ne fait pas très chaud.
-: Je répondais : " Non, non ", et peut-être je ne
sentais pas le froid, mais en tout cas j'avais oublié la peur
de tomber malade, la nécessité de ne pas mourir, l'importance de travailler. Je donnais mon paletot ; nous entrions

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

dans la salle du restaurant aux sons de quelque marche
guerrière jouée par les Tziganes, nous nous avancions
entre les rangées des tables servies comme dans un facile
chemin de gloire, et, sentant l'ardeur joyeuse imprimée à
notre corps par les rythmes de l'orchestre qui nous décernait ses honneurs militaires et ce triomphe immérité,
nous la dissimulions sous une mine grave et glacée, sous
une démarche pleine de lassitude, pour ne pas imiter ces
gommeuses de café-concert qui, venant de chanter sur un
air belliqueux un couplet grivois, entrent en courant sur
la scène avec la contenance martiale d'un général vainqueur.
Même pendant le trajet de Balbec à Rivebelle, le choc
possible avec une voiture venant en séns inverse dans ces
sentiers ou il n'y avait de place que pour une seule et où
il faisait nuit noire, l'instabilité du sol souvent éboulé de
la falaise, la proximité de son versant à pic sur la mer,
rien de tout cela ne trouvait en moi le petit effort qui
et\t été nécessaire pour amener la crainte de ce danger
jusqu'à ma raison. Je ne faisais en somme que concentrer
dans une soirée la paresse qui pour les autres hommes
est diluée dans leur existence entière où journellement
ils affrontent sans nécessité le risque d'un voyage en
mer, d'une promenade en aéroplane ou en automobile
quand les attend à la maison l'être dont leur mort
briserait la vie, ou quand est encore liée à la fragilité de
leur cerveau l'œuvre .dont la prochaine mise au jour est
leur seule raison d'être. Et de même dans le restaurant
de Rivebelle, les soirs où nous y restions, si quelqu'un
était venu pour me tuer, comme je ne voyais plus que
dans un lointain sans réalité ma grand'mère, ma vie

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

959

à venir, mes livres à composer, comme j'adhérais tout
entier à l'odeur de la femme qui était à la table voisine,
à la politesse des maîtres d'h6tel, au contour de la valse
qu'on jouait, et que j'étais collé à la sensation présente,
n'ayant pas plus d'extension qu'elle ni d'autre but que
de ne pas être séparé d'elle, je serais mort contre elle,
je me serais laissé massacrer sans offrir de défense, sans
bouger, abeille engourdie par la fumée du tabac et qui
n'a plus le souci de préserver la provision de ses efforts
accumulés et l'espoir de sa ruche.

•••
Un matin comme je passais devant le casino en rentrant
de l'Mtel j'eus la sensation d'être regardé par quelqu'un
qui n'était pas loin de moi. Je tournai la tête et j'aperçus
un homme d'une quarantaine d'années, tres grand et
assez gros, avec des moustaches très noires, et qui, tout en
frappant nerveusement son pantalon avec une badine,
fixait sur moi des yeux dilatés par l'attention. Par moment
des regards d'une extrême activité les parcouraient en
tous sens comme en ont seuls devant une personne qu'ils
ne connaissent pas des hommes à qui, pour une raison
quelconque, elle inspire des pensées qui ne viendraient
pas aux autres, par exemple un fou ou un espion. Il lança
sur moi une suprême œillade à la fois hardie, prudente,
rapide et profonde, comme un dernier coup que l'on tire
au moment de prendre la fuite, et aprcs avoir regardé
tout autour de lui, prenant soudain un air distrait
et hautain, par un brusque revirement de toute sa
personne il se tourna vers une affiche dans la lecture de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

laquelle il s'absorba, en fredonnant un air et en arrangeant
la rose mousseuse qui pendait à sa boutonnière. Il tira de
sa poche un calepin sur lequel il eut l'air de prendre en
note le titre du spectacle annoncé, tira deux ou trois fois sa
montre, abaissa sur ses yeux un canotier de paille noire
dont il prolongea le rebord avec sa main mise en visière
comme pour voir si quelqu'un n'arrivait pas, fit le geste
de mécontentement par lequel on croit faire voir qu'on a
assez d'attendre, mais qu'on ne fait jamais quand on attend
réellement quelqu'un, puis rejetant en ~rière son chapeau
et laissant voir une brosse coupée ras qui admettait
cependant de chaque c6té d'assez longues ailes de pigeon
onduléçs, il exhala le souffle bruyant des personnes qui ont
non pas trop chaud mais le désir de montrer qu'elles ont
trop chaud, J'eus l'idée d'un escroc d'Mtel qui, nous
ayant peut-être déjà remarqués les jours précédents ma
grand'mère et moi, et préparant quelque mauvais coup,
venait de s'apercevoir que je l'avais surpris pendant qu'il
m'épiait ; pour me donner le change il cherchait peut-être
seulçment par sa nouvelle attitude à exprimer l'indifférence et le détachement, mais c'était avec une exagération
si agressive que son but semblait au moins autant que de
dissiper les soupçons que j'avais dt\ avoir, de venger une
humiliation qu'à mon insu je lui eusse infligée, de me
donner l'idée non pas tant qu'il ne m'avait pas vu, que
celle que j'étais un objet de trop petite importru:Jce pour
attirer son attention. Il cambrait sa taille d'un air de
bravade, pinçait les lèvres, relevait ses moustaches et dans
son regard ajustait quelque chose d'indifférent, de dur, de
presque in~ultant, Si bien que la singularité de son
expression me te faisait prendre tantbt pour un voleur, et

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

tantôt pour un fou. Pourtant sa mise extrêmement soignée
était beaucoup plus grave et beaucoup plu\&gt; simple que
celles de tous 1~ baigneurs que je voyais à Balbec, et
rassurante pour mon veston si souvent humilié par la
blancheur éclatante et banale de leurs costumes de plage.
Mais ma grand'mère venait à ma · rencontre, nous flmes
un tour ensemble et je l'attendais une heure après devant
PMtel où elle était allée chercher quelque chose, quand
je vis sortir Mme de Villeparisis avec Robert de Saint Loup
et l'inconnu qui m'avait regardé si fixement devant le
casino. Avec la rapidité d'un éclair son regard me traversa
comme au moment où je l'avais aperçu et revint, comme
s'il ne m'avait pas vu se ranger un peu bas devant ses yeux,
émoussé, comme le regard neutre qui feint de ne rien
voir au dehors et n'est capable de rien lire au dedans, le
regard qui exprime seulement la satisfaction de sentir
autour de soi les cils qu'il écarte de sa rondeur béate, le
regard dévot et confit qu'ont certains hypocrites, le regard
fat qu'ont certains sots. Je vis qu'il avait changé de costume.
Celui qu'il portait était encore plus sombre ; et sans doute
c'est que la véritable élégance intimide moins, est moins
loin de la simplicité que la fausse; mais ce n'était pas que
cela: d'un peu près on sentait que si la couleur était
presque entièrement absente de ces vêtements ce n'était
pas parce que celui qui l'en avait bannje y était indifférent,
mais plutbt parce que pour une raison quelconque il se
l'interdisait. Et la sobriété qu'ils lai~ient paraître sem-.
blait de celles qui viennent de l'obéissance à un régime,
plut6t que du manque de gourmandise. Dans le tissu du
pantalon un filet de vert sombre s'harmonisait à la rayure
des chaussettes av~c un raffinement qui décelait la vivacité

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

d'un godt mâté partout ailleurs et à qui cette seule
concession avait été faite par tolérance, tandis qu'une tache
rouge sur la cravate était imperceptible comme une liberté
qu'on n'ose prendre.
- Comment allez-vous, je vous présente mon neveu,
le baron de Guermantes, me dit Mme de Villeparisis,
pendant que l'inconnu, sans me regarder, grommelant un
vague " charmé " qu'il fit suivre de : heue, heue, heue,
pour donner à son amabilité quelque chose de forcé, et
repliant le petit doigt, l'index et le pouce, me tendait
le troisième doigt et l'annulaire que je serrai sous son
gant de suède; puis sans avoir levé les yeux sur moi, il se
détourna vers Mm• de Villeparisis.
- Mon Dieu, est-ce que je perds la tête, dit celle-ci,
en riant, voilà que je t'appelle le baron de Guermantes.
Je vous présente le baron de Charlus. Après tout l'erreur
n'est pas si grande, ajouta-t-elle, tu es bien un Guermantes, tout de même.
Cependant ma grand'mère sortait, nous fîmes route
ensemble. L'oncle de Saint Loup ne m'honora non seulement pas d'une parole mais même d'un regard. S'il
dévisageait les gevs qu'il ne connaissait pas (et pendant
cette courte promenade il lança deux ou trois fois son
terrible et profond regard en coup de sonde sur des gens
insignifiants et de la plus modeste extraction qui passaient),
en revanche il ne regardait à aucun moment, si j'en
jugeais par moi, les personnes qu'il connaissait, - comme
un policier en mission secrète mais qui tient ses amis en
dehors de sa surveillance professionnelle.
Quand Mme de Villeparisis en rentrant de sa promenade
nous fit demander à la fin de la journée de venir prendre

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

le thé avec son neveu, je pensai que s'étant peut-être
aperçue de l'impolitesse qu'il avait marquée à mon égard
elle avait voulu lui donner l'occasion de la réparer. Mais
quand dans le petit salon de l'appartement où elle nous
reçut je voulus saluer M. de Charlus, j'eus beau tourner
autour de lui qui d'une voix aiguë, narrait une histoire à
Mme de Villeparisis, je ne pus pas attraper son regard; je
me décidai à lui dire bonjour et assez fort, pour l'avertir
de ma présence, mais je compris qu'il l'avait remarquée,
car avant même qu'aucun mot ne füt sorti de mes lèvres,
au moment où je m'inclinais je vis ses deux doigts tendus
pour que je les serrasse, sans qu'il eM tourné les yeux ou
interrompu la conversation. Il m'avait évidemment vu,.
sans le laisser paraître, et je m'aperçus alors que ses yeux
qui n'étaient jamais fixés sur l'interlocuteur, se promenaient perpétuellement dans toutes les directions, comme
ceux de certains animaux effrayés, ou ceux de ces
marchands en plein air qui tandis qu'ils débitent leur
boniment et montrent leur marchandise illicite, scrutent,
sans cependant tourner la tête, les différents points de
l'horizon par où pourrait venir la police. Sans doute s'il
n'y avait pas eu ces yeux, le visage de M. de Charlus
était semblable celui de beaucoup de beaux hommes.
Mais ce visage, auquel une légère couche de poudre donnait un peu l'aspect d'un visage de théâtre, M. de Charlus
avait beau en fermer hermétiquement l'expression, les
yeux étaient comme une lézarde, comme une meurtriere que seule il n'avait pu boucher et par laquelle,
selon le point où on était placé par rapport lui, on se
sentait brusquement croisé du reflet de quelque engin
intérieur qui semblait n'avoir rien de rassurant, même

a

a

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

pour celui qui, sans en être absolument maître, le portait
en soi, l'état d'équilibre instable et toujours sur le point
d'éclater; etl'expression circonspecte, incessante et inquiète
de ces yeux, avec toute la fatigue qui, autour d'eux, jusqu'à
un cerne descendu très bas, en résultait pour le visage, si
bien composé et arrangé qu'il füt, faisait penser à quelque
incognito, à quelque déguisement d'un homme puissant
en danger, ou seulement d'un individu dangereux, mais
tt:agique. J'aurais voulu deviner quel était ce secret que
ne portaient pas en eux les autres hommes et qui m'avait
déjà rendusi énigmatique le regard de M. d.e Charlus quand
je l'avais vu le matin près du c;_isino. Mais avec ce que je
savais maintenant de sa parenté, je ne pouvais plus croire
que ce fiît celui d'un voleur, nf, d'après ce que j'entendais de sa conversation, que ce füt celui d'un fou, S'il
était si froid avec moi, alors qu'il était extrêmement
aimable avec ma grand'mère, cela ne tenait peut-être pas
à une antipathie personnelle contre moi, car d'une manière
générale, autant il était bienveillant pour les femmes, des
défauts de qui il parlait sans jamais se départir d'une grande
indulgence, autant il avait à l'égard des hommes, et particulièrement des jeunes gens, une haine d'une violence qui
rappelait celle de certains misogynes pour les femmes. De
deux ou trois" gigolos" qui étaient de la famille ou de l'intimité de Saint-Loup et dont celui-ci cita par hasard le nom,
M. de Charlus dit avec une ex11ression presque féroce qui
tranchait sur sa froideur habituelle: " ce sont de petites
canailles." Je compris que ce qu'il reprochait surtout aux
jeunes gens d'aujourd'hui, c'était d'être trop effémi~és. "Ce
sont de vraies femmes ", disait-il avec mépris. Mais quelle
vie n'etl.t semblé efféminée auprès de celle qu'il voulait que

a

A LA RBCHERCHX DU TEMPS PERDU

menAt un homme et qu'il ne trouvait jamais assez énergique et virile ?- (Lui-même dans ses longs voyages à
pied, après des heures de course, disait se jetet brillant
dans des rivières glacées.) Il n'admettait pas qu'un
homme port!t une bague. Et je remarquai que même
autour de cet annulaire qu'il m'avait tendu il n'y en
avait aucune. Mais ce parti-pris de virilité ne l'empêchait
pas d'avoir des qualités de sensibilité des plus fines. A
Mme de Villeparisis qui le priait de décrite pour ma
grand'mère un cMteau où avait séjourné Mme de Sévigné,
ajoutant qu'elle voyait un peu de littérature dans ce
d~poir d'être séparée de cette ennuyeuse Mme de
Grignan:
- Rien au contraire, répondit-il, ne me semble plus
vrai. C'était du reste une époque où ces sentiments-là
étaient bien compris. 1 'habitant du Monomopata de
Lafontaine courant chez son ami qui lui est apparu un
peu triste pendant son sommeil, le pigeon trouvant que le
plus grand des maux est l'absence de l'autre pigeon, vous
semblent peut-être, ma tante, aussi exagérés que Mme de
Sévigné ne pouvant pas attendre le moment où elle sera
seule avec sa fille.
- Mais une fois seule avec elle, elle n'avait probablement rien à lui dire.
- Certainement si; fdt-ce de ce qu'elle appelait
"choses si légères qu'il n'y a que vous et moi qui les
remarquions". Et même si elle n'avait rie!l à lui dire, elle
était du moins près d'elle. Et La Bruyère nous dit que
c'est tout: "1ttre près des gens qu'on aime, leur parler,
. ; c ' est
ne 1eur parler point, tout est éga1• " - Il a raison
le seul bonheur, ajouta M. de Charlus d'une voix mélan-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

colique ; et ce bonheur-là, hélas, la vie est si mal arrangée
,qu'on le got1te bien rarement; Mme de Sévigné a été en
somme moins à plaindre que d'autres. Elle a passé une
grande partie de sa vie auprès de ce qu'elle aimait.
- Tu oublies que ce n'était pas de l'amour, c'était de
:Sa fille qu'il s'agissait.
- Mais l'important dans la vie n'est pas ce qu'on
aime, reprit-il d'un ton plus péremptoire et presque
tranchant, c'est d'aimer. Ce que ressentait Mme de Sévigné
pour sa fille peut prétendre beaucoup plus justement
cessembler à la passion que Racine a dépeinte dans
Andromaque ou dans Phèdre, que les banales relations que
le jeune Sévigné avait avec ses maîtresses. De même
J'amour de tel mystique pour son Dieu. Les démarcations
trop étroites que nous traçons autour de l'amour viennent
-seulement de notre grande ignorance de la vie.
Dans ces réflexions sur la tristesse qu'il y a à vivre loin
&lt;le ce qu'on aime M. de Charlus ne laissait pas seulement
paraître une délicatesse de pensée que montrent rarement
les hommes et surtout les homme de club, comme il était;
,sa voix elle-même, pareille à certaines voix de contralto
en qui on n'a pas assez cultivé le médium et dont le chant
semble le duo alterné d'un jeune homme et d'une femme,
se posait au moment où il parlait de ces sentiments si
délicats sur des notes hautes, prenait une douceur imprévue
et semblait contenir des chœurs de sœurs, de mères, de
fiancées, qui répandaient leur tendresse. Mais la nich~
-de jeunes filles que M. de Charlus, avec son horreur de
tout efféminement, aurait été si navré, d'avoir l'air
d'abriter ainsi dans sa voix, ne s'y bornait pas à l'interprb.tation, à la modulation des morceaux de sentiment.

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

Souvent tandis que causait M. de Charlus, on entendait
leur rire aigu et frais de pensionnaires ou de coquettes
ajuster leur prochain avec des malices de bonnes langues
et de fines mouches.
Cependant ma grand'mère m'avait fait signe de monter
me coucher, malgré les prières de Saint~Loup qui, à ma
grande honte, avait fait allusion devant M. de Charlus
à la tristesse que j'éprouvais souvent le soir avant de
m'endormir. Je fus bien étonné quand ayant entendu
frapper à ma porte de ma chambre et ayant demandé qui
était là, j'entendis la voix de M. de Charlus qui disait
d'un ton sec :
- C'est Charlus. Puis-je entrer, monsieur ? Monsieur
mon neveu racontait tout à l'heure que vous étiez un peu
ennuyé avant de vous endormir, et d'autre part que vous
admiriez les livres de Bergotte. Comme j'en ai un dans
ma malle que vous ne connaissez probablement pas, je
vous l'apporte pour vous aider à passer ces moments où
vous ne vous sentez pas heureux.
Je remerciai M. de Charlus avec émotion et lui dis
que j'avais au contraire eu peur que ce que Saint-Loup lui
avait dit de mon malaise à l'approche de la nuit, m'eilt
fait paraître à ses yeux plus sfüpide encore.
- Mais non, répondit-il d'un ton plus doux. Vous n'avez
peut-être pas de mérite personnel, je n'en sais rien, si peu
d'êtres en ont ! Mais pour un temps du moins vous avez la
jew1esse et c'est toujours une séduction. D'ailleurs, Monsieur, la plus grande des sottises c'est de trouver ridicules ou
bl!mables les sentiments qu'on n'éprouve pas. J'aime la
nuit et vous me dites que vous la redoutez ; j'aime sentir
les roses et j'ai un ami à qui leur odeur donne la fièvre •

�LA NOUVELLE REVUE 'FRANÇAIS!

Croyez-vous que je pense pour cela qu'il vaut moins que
moi. Je m'efforce de tout comprendre et je me garde de
rien condamner. En somme ne vous plaignez pas trop, je
ne dirai pas que ces tristesses ne sont pas cruelles, je sais
ce qu'on peut souffrir pour des choses que les autres ne
comprendraient pas. Mais du moins vous avez bien placé
votre affection dans votre gtand'mère. Vous la voyes
beaucoup. Et puis c'est une tendresse permise, je veux
dire une tendresse payée de retour. Il y en a tant dont on
ne peut pas dire cela.
Il marchait de long en large dans la chambre, regardant un objet, en soulevant un a~tre. J'avais l'impression
qu'il avait quelque chose à m'annoncer et ne trouvait pas
en quels termes le faire. Quelques minutes se passèrent
ainsi, puis, de sa voix redevenue cinglante, il me jeta :
" bonsoir monsieur " et partit. Apres tous les sentiments élevés que je lui avais entendu exprimer,
le lendemain matin, qui était le jour de son départ,
sur la plage, au moment où j'allais prendre mon bain,
comme M. de Charlus s'était approché de moi pour •
m'avertir que ma grand'mère m'attendait aussit6t que je
serais sorti de l'eau, je fus bien étonné de l'entendre me
dire, en me pinçant le cou, avec une familiarité et un
rire vulgaires :
- Mais on s'en fiche bien de sa vieille grand'mère,
hein ? petite fripouille ?
- Comment, monsieur, je l'adore !...
- Monsieur, me dit-il en s'éloignant d'un pas, et avec
un air glacial, vous êtes encore jeune, vous devriez en
profiter pour apprendre deux choses, la première c'est de
vous abstenir d'exprimer des sentiments trop naturels

A LA RECHERCHE

DU TEMPS PERDU

pour n'être pas sous-entendus ; la seconde c'est de ne pas
partir en guerre pour répondre aux choses qu'on vous dit
avant d'avoir pénétré leur signification. Si vous aviez pris
cette précaution il y a un instant, vous vous seriez évité
d'avoir l'air de parler à tort et à travers comme un sourd
et d'ajouter par là un second ridicule à celui d'avoir des
ancres brodées sur votre costume de bain. Vous me faites
apercevoir que je vous ai parlé trop t6t hier soir des
séductions de la jeunesse, je vous aurais rendu meilleur
service en vous signalant son étourderie, ses inconséquences et son incompréhension. J'espère, monsieur, que
cette petite douche ne vous sera pas moins salutaire que
,otre bain. Mais ne restez pas ainsi immobile car vous
pourriez prendre froid. Bonsoir, monsieur.

( A suivre.)

MARCEL PllOUST.

�iLÉOIES

I

I

ELEGIES
à Raymond dt la Taill,Jû

Vois, simulant la discorde
De l'univers trop vivant,
Les rameaux comme. ils se tordent
Sous les étreintes du vent.

97 1
Nos chairs se sont enchaînées
Pour fondre un amout' commun,
Nos lèvres entrebaisées
Respirent un seul parfum,
Mais quand règlem le silence
Nos soujfles à l'unisson,
Nous peuplons la terre immense
Du cri des désunions !

***

L'amour ainsi que la haine
Parmi les corps affrontés
Des sombres choses terraines
Roule la diversité:

Je ne sais ce que ftr9
L'avenir de ton visage
Ni quelle sera l'image
Qui mes songes poursuivra :

Une loi vindicative
Plie à des combats pareils
Ceux-là satisfaits qui vivent
Du tumultueux soleil.

Sera-ce ta claire épaule
Qui vaut le jour le plus beau,
Tes cheveux semblant les saules
Qu' automne mire en ses eaux P

Pour nous ce n'est pas rancune
Qu'ici-bas nous échangeons
Quand cette clarté de lune
Attendrit le bois profond :

Est-ce ta tête inclinée
Ou l'orgueil droit de ton front
Qu'un soir me ramèneront
Les regrets, fils des années P

�iLÉGIES

97 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

La guirlande de tes bras
Qui passe les roses claires ?
Sur la route familière
Bellement tressés nos pas ?
Mais que le temps ne transmette
De tes yeux la fixité
Ni de ta bouche inquiète
La tremblante humidité,
De peur que de nos étreintes
Ne se üvent à présent
Et l'espérance et la crainte
De ton souvenir naissant.

Craintive, voici l'ombrage
De la pluvieuse nuit
Où l'approche de l'orage
Eveille un humide bruit:
Comme .tremblent sur nos têtes
Les feuilles, voilà-t-il pas
Ta beaute trop inquiète
Pour se complaire à mes bras ?

973

Vers l'avenir si trop vite
Il bat, ton précieux cœur,
Et le mien qu'il précipite,
De tard mourir ont-ils peur ?
Même l'instant solitaire
Que dans l'ombre nous vivons,
L'étreinte que nous avons
Liée à la vaste terre,
Et la nuit qui nous entend,
Plus que nous sont périssables ;
Ecoute donc comme un sable
Notre amour muet coulant.

***
Sur un mode qui ne se lamente
D'excès de peine ni de ga1té,
Changeant comme vos larmes changeantes,
Et par de rares lyres tenté,
Je veux, Aminte, atendresse absente,
Sur moi vos tristesses irriter.
Que n' hes-vous pour l'heure propice
Sur la terrasse cherchant nos pas
Et déplorant comme s'alanguissent
D'être libres de mes bras, vos bras !
Pliante sous le poids du ciel chaud
Comme sous les yeux qui vous désirent,

�974

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISJ

Plus lasse que les mouvants rameaux
Que délaisse l'oublieux zéphyre,
Mais toujours brillante du sourire
Qui vaincra _l'horreur de mon tombeau •..
A l'instant qui bat semblablement
Dans nos cœurs séparés de l'espace,
Sans doute, Aminte, sur les terrasses
Vous croisez vos vestiges charmants ;
Et de la plaine à vos pieds soumise
Et des rives du fleuve grondant
Le cri des chiens rompt le soir mortel;
Les trains, dans la paix qui les méprise,
Halètent en vain ; et le 'ciel
Et le lac se varient de nuages
Et de feux navigants ; et ton âge
Fuit, Aminte, sans que le cruel
Destin, rapprochant nos deux visages
Fasse joindre nos regards charnels.

***
Par les prés, les forêts, les buissons,
Quand elle poursuivait Proserpine,
Courait la déesse des moissons
Dont le char fleurissait les épines.
Quittant parfais ses chevaux lassés,
Cette souveraine des montagnes
D'un pas divin défie, accompagne
La course agile des flots pressés,

!L.iGIES
Soit qu'elle descende les rivières
Lumineuses, soit qu'aux doux ruisseaux
Elle jette courbés les roseaux
Sous le poids de sa tristesse fière.
Et seule en certe hâte la suit
L'odeur des bois que le soir soulève,
Ou le vent qui d'une haleine brève
Porte aux corps les frissons de la nuit.
En vain pour la déesse fuyante
Sous le feuillage on fait retentir
Le bel éclat des fêtes dansantes :
Elle passe au loin sans les ouïr;
Car ce qu'elle poursuit, sa tristesse,
Lui tend infatigable ses bras.
Et moi tout semblable à la déesse,
C'est ma douleur secrète sans cesse
Qui commande et détourne mes pas.
Et je cours dans cette obscure vie
En vain, pour dans le sol retrouver
Ta forme à mes étreintes ravie,
Ton image que sut enlever
Le dieu jaloux des chairs enfouies.
***
Il en est qui disent sombres
Les instants déjà vécus,
Comme si la mort et l'ombre
Prenaient ce qu'ils ne sont plus.

975

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

977

Bien plut8t, c'est la présente
Heure que le rude amour
Revh de nuit, mais la pente
De l'oubli brille au vrai jour.

JOURNAL DE VOYAGE
(CANADA)

Et par-delà la mémoire
De ces soucis trop humains
S'allume la pure gloire
Des regrets magiciens,

(Suite)

1

Samedi,

Tant que, si l'heure est en peine
De faire oublier le sort,
C'est le passé m;n domaine,
Où vit l'odeur de ton corps.
ANDRÉ THÉRIV!.

2

7 juillet.

Nous nous embarquons, personnes et bagages, dans le
bateau à naphte et partons pour camper, chasser et
pêcher. Bient6t le fjord bifurque en trois bras. Nous
entrons dans le bras de droite, qui est assez étroit. Sur
les deux rives sont des montagnes couvertes d'une forêt
touffue.
Aussit6t arrivés, les hommes taillent des piquets, montent
les tentes. Sous l'œil de la squaw, le feu du camp est
préparé, les vivres déballés. Nous allons dans la forêt
chercher des baies pour le repas du soir : on s'assied par
terre, tirant à soi les branches des arbustes que l'on trait
à la maniere d'une vache. Les fruits et les feuilles tombent
sur les genoux. On souffie sur les feuilles pour les
faire envoler.
Nous avons, Miss Paine et moi, une tente que nous
partageons avec Hatchkett, la petite Indienne. Les Marks
et leur bébé habitent le bateau à naphte-; les Ellis ont une
tente ; les Donahoo ont la plus grande avec les deux
garçons et Bee. Une biche recouvre ce qui devient la
1

Voir la Nouvelle Revue Française du

1"

Mai.

�978

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

salle à manger. Nous nous sommes faits des lits avec des
branchages de sapin. Miss Paine a même fabriqué une
sorte de moustiquaire. Nous souffions du froid ; par une
erreur d'enregistrement, nos couvertures et mon sac de
couchage ne nous ont pas suivis.
Nous passons huit jours dans ce camp. Les hommes
partent pour la chasse et la pêche de bon matin. Ils
rapportent des biches et des truites. Les femmes cherchent
le bois, l'eau, cuisent et relavent la vaisselle. Mrs. Donahoo
montre toujours plus les côtés désagréables de son caractere. Elle ne parle plus de m'adopter; maintenant elle
m'ignore ou me jette le même regard haineux qu'à
Miss Paine. Hatchkett, notr~ petite compagne de tente,
lui rapporte en les dénaturant les conversations que nous
avons le soir avant de dormir. Nous ne pouvons partir; le
"Tees'' ne revient que dans quinze jours. Il n'y a pas
une demeure de blanc à plus de cinquante milles.
J'arrive cependant à m'échapper un jour avec les
jeunes gens de notre camp pour grimper sur une montagne de l'autre côté de la baie. La brousse est très
épaisse, et j'en sors couverte d'égratignures et de grands
accrocs dans la jupe verte et noire dont j'étais si fiere.
Les arbres sont, pour la plupart, très vieux et pourris; on
risque toujours de partir avec la racine à laquelle on
s'accroche. Près d'un petit étang, mes compagnons me
font remarquer des pistes d'élans et de biches.
Un autre jour, je me baignais dans le bras de mer.
A cent mètres, sur un rocher, j'aperçois un être que je
prends pour un homme; un Indien seul aurait pu s'égarer
dans ce lieu solitaire. Tout à coup mon Indien part à
quatre pattes; c'était un ours.

JOURNAL DE VOYAGE ( CANADA)

979

Au bout d'une semaine, le poisson étant décidément
trop rare, nous changeons de camp par un jour de pluie.
Notre nouvelle installation est au fond d'un autre bras du
fjord. Les arbres sont moins touffus que dans l'endroit
précédent, mais c'est tout aussi beau. Les moustiques
malheureusement sont toujours insupportables, et le poisson difficile à capturer. Un jour, nous apercevons un
phoque pres de la pirogue ; il a dd se perdre en entrant
dans le bras de mer. C'est lui qui aura mangé ou effrayé
tous les saumons.
Il pleut. Les hommes ne vont plus à la chasse. Ils ont
fait du feu dans une vieille hutte de trappeur, dans laquelle
il n'y a pas d'orifice pour la fumée. On s'assied sur fa
terre battue autour du feu pour avoir chaud. Donahoo et
sa femme préparent des peaux de martres, les grattant et
les tirant sur des cadres de bois. Donahoo, peu causant
d'habitude, raconte des histoires de sa vie, si intéressantes
qu'on croirait lire le plus beau roman d'aventures. J'apprends plus tard qu'il est le héros d'un livre de S.E. Whyte,
très populaire en Amérique: The Blazed Trail.
Un jour, pêchant avec des Indiens, longeant la rive de
très près, nous entendons un bruit de branches cassées et
distinguons entre les arbres un élan immense. Nous
retournons au camp chercher des fusils, descendons de
pirogue, l'élan est encore là. Malheureusement nous faisons du bruit en marchant dans la brousse; il nous entend
et se dérobe.
Le lendemain, dans la forêt avec Mr. Donahoo et les
Indiens, nous trouvons le crlne d'un élan en parfait état;
le bois a trois metres d'envergure; les cornes sont enfoncées dans la terre comme s'il y avait eu lutte.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
JOURNAL DE VOYAGE (CANADA)

Un jour que les hommes sont à la chasse, je pars en
pirogue avec Miss Paine et la sqaw pour chercher du
bois de flottaison sur un ilot à cinq milles du camp. Notre
hôtesse est devenue intolérable ; depuis plusieurs jours je
n'enlève plus mon feutre, de crainte que, voyant mon
crine, il ne lui vienne l'idée de me scalper. Elle connaît
mal les devoirs de l'hospitalité, et ne nous parle que pour
dire : "Je n'aime pas être avec des imbéciles". Quand
nous descendons sur l'îlot pour ramasser du bois, il me
vient un sauvage désir de l'assommer avec une vieille
poutre. J'essaie de l'atteindre à la tête, mais je vise mal.
Mrs. Donahoo a de grandes ambitions artistiques. Elle
se fait donner des leçons de peinture par Miss Paine. Mon
r6le consiste à tenir sa boîte en chassant les moustiques
de ma main libre. L'œuvre la plus remarquable de notre
h6tesse est le portrait de son mari avec son fusil. Miss
Paine a reçu l'ordre d'en faire le pendant, représentant
Mrs. Donahoo debout à c6té d'une pirogue, et tenant un
gros saumon.
Si Miss Paine est professeur de peinture, je suis, moi,
professeur de danse. Ces festivités se passent le soir devant
le feu du camp. L'orchestre est composé d'Indiens. Les
instruments, peu variés, sont des peignes recouverts de
papier, que l'on promène le long de la bouche, à la manière d'un harmonica.
Apres dix jours passés dans ce deuxième camp, nous
sommes partis par la pluie pour Kyuquot. Le vieux "Tees"
m'emmenera au nord de l'île, car je désire prolonger le
voyage et revenir par la c6te est. Il prendra à son retour
à Kyuquot les Donahoo, Miss Paine et les autres invités
qu'il ramènera à V îctoria.

Je n'oublie pas cette derniere soirée passée chez les
Ellis. La gramophone joue des airs de danse jusque tard
dans la soirée. Vers minuit, dans le silence de la nuit ,
j'entends des hurlements partant d'une hutte voisine.
J'apprends le lendemain qu'une femme est morte, et que
toujours les Indiens poussent ces hurlements quand meurt
un des leurs.
passée à
L e "T ees " est en retar d ; encore une Journée
·
l'attendre. Nous voyons débarquer d'une grande baleinière
plusieurs familles indiennes qui reviennent de la pêche en
mer. Ces gens campent sur la rive avant d'aller plus loin.
Je tente de photographier un tout petit bébé lacé dans un
berceau, mais la mère, craignant que je ne veuille lui lancer un mauvais sort, m'en empêche.
4

Aoat.

Ce matin, à cinq heures, j'ai été réveillée par le sifflet
du "Tees" dans la baie. Kyuquot était splendide dans
cette lumiere si gaie. La marée était basse; j'ai pataugé
jusqu'à la pirogue, entourée de merveilleuses anémones
de mer. Mr. Donahoo m'a qienée jusqu'au "Tees". J'ai
abordé sur ce vieux bateau, acceuillie amicalement
par le capitaine, un brave homme plein d'entrain.
Mon étape de ce soir est Quatsino, une des dernières
stations de la c6te ouest. J'y passerai la nuit et ferai
demain à pied les dix-sept milles qui menent à Port Hardy
A
)
sur la cote est. A Port Hardy, on m'assure que je trouverai
un steamer qui me ramènera à Victoria, via Vancouver.
Sit6t arrivée sur le "Tees", le capitaine m'a invitée
à monter sur la passerelle. C'est de là que je vous écris.
D'un c6té sont mes bottines, mouillées par le " patau-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

geage" de tout à l'heure, qui sèchent au soleil; de l'autre
un jeune Anglais, qui fait aussi sa correspondance et
s'interrompt pour me raconter ses expériences canadiennes.
Il appartient à une équipe d'arpenteurs, envoyée au nord
de l'île par un rtal estait man de Victoria. Leur séjour
dans ces forêts encore sauvages durera quatre ou cinq
mois. Mr. W. me dit être parti d'Angleterre sans avoir
de place en vue. Ses débuts ont été curieux. Il a balayé
les rues de Victoria pendant quelques semaines, à raison
de deux dollars et demi par jour.
Cette côte ouest de l'île de Vancouver devient de plus
en plus sauvage, à mesure qu'on monte vers le nord. Les
montagnes sont plus hautes ; des tlots rocheux sortent de
l'océan; sur l'un d'eux sont couchés des phoques.
Au soir nous stoppons à Quatsino. Je prête au jeune
Anglais mon sac de couchage, enfin retrouvé, et fais mes
adieux au "Tees."
Quatsino, situé au fond d'une baie abritée, est un des
espoirs des spéculateurs de terrains. A l'heure actuelle,
quelques pionniers blancs, des Indiens, sont les seuls
habitants de ce Liverpool de l'avenir. Au point de vue
purement pittoresque, la situation de Quatsino est certainement moins attrayante que celle de Kyuquot. Un Lord
anglais, très original, et sa famille habitent ces solitudes.
Ils sont venus attendre le courrier en bateau. Le père
porte une casquette d'officier de mari"ne; les enfants, filles
et garçons, manœuvrent leur barque comme la vedette
d'un cuirassé. Le spectacle est vraiment inattendu, tant
la moindre vision d'élégance paraît étrange dans cet
entourage rude d'Indiens et de Blancs mal dégrossis.
Je passe la nuit dans un petit hôtel neuf, très propre.

JOURNAL DE VOYAGE (CANADA)

Pour me faire honneur, le tenancier fait jouer à son
gramophone la Marseillaise, avec une persistance un peu
fatigante. Mes sentiments patriotiques sont touchés; mais
l'instrument est bien enroué. Je finis par m'échapper
dans la forêt.
Le lendemain, à l'aube, je quitte Quatsino dans la
gazoline d'un pionnier suédois; trois Anglais qui m'ont
été présentés sur le "Tees", font le même trajet. Nous
entrons plus profondément dans le fjord. Le paysage est
attristé par des incendies de forêt assez récents. La matinée
est fraîche et le temps clair.
En moins d'une heure, nous sommes arrivés au fond
de Coal Harbor. Après avoir pris congé du Suédois, nous
nous engageons dans un sentier ravissant en plein bois.
Mon bagage n'est pas compliqué. Je le porte dans un
havresac assez lourd, il est vrai. N'étaient mes trois
compagnons peu sportifs et gémissants, qui, non seulement
me laissent porter mon sac, mais voudraient encore me
charger d'une de leurs valises, cette course à travers la
forêt, parmi les grands arbres, serait exquise. Le sous-bois
est très vert et moussu. On me dit qu'ici la pluie tombe
sans arrêt pendant la moitié de l'année.
Les Indiens m'ont appris à connaître les baies; j'en
cueille de plusieurs espèces. Mes compagnons refusent
d'y gotlter. Plutôt que de se pencher sur les ruisseaux
pour boire, ils préfèrent souffrir de la soif. A plusieurs
reprises, nous entendons des craquements de branches.
Est-ce un élan, une biche ? L'animal demeure invisible.
En pleine forêt je suis très surprise de lire sur des
arbres l'indication de rues qui n'existent pas encore : Dixseptièmè rue est, douzième avenue nord. Les real estate

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

men n'ont pas perdu leur temps. Au cours de l'après-midi,
nous nous trouvons devant la baie de Fort Rupert. Un
phoque se chauffe au soleil et les saumons sautent par
milliers. Nous traversons la baie en pirogue, contournons
une pointe et débarq,uons à Port Hardy. Ici on n'a même
pas l'illusion d'une ville future. Une pet;te boutiqueauberge tenue par une Indienne, un semblant de whart
pour accueillir le steamer à sa visite hi-mensuelle, voila
tout Port Hardy. La ligne de chemin!de fer, qui desservita
le nbrd de l'île, doit avoir comme point terminus soit
Fort Rupert, soit Port Hardy; d'où réclame folle autour
de ces villes problématiques.
En débarquant à Port Hardy, j'apprends que le vapeur
attendu n'arrivera peut-être que le lendemain. De toutes
les concessions voisine~, des hommes sont venus pour
chercher leur courrier. Le centre de ralliement est la
petite auberge au bord de l'eau. Ces hommes jouent aux
quilles pour passer le temps. Assis sur le wharf, mes trois
compagnons font une partie de cartes. Quand je suis
fatiguée de regarder sauter les saumons, je pars en pirogue
pour pêcher avec deux fillettes indiennes ; nous revenons
bredouilles. A côté de la boutique, sur- le mur d'un petit
hangar où l'on fume les saumons, sont clouées des peaux
d'ours fraîches. Des hommes ;u-rivent en bateau à naphte
avec un plein chargement de poissons. Ils viennent de
tuer un loup tout pt'~ d'ici. Maintenant, assis sur le bord
de reau, ils l'écorchent. Je fais la connaissance d'un vieux
sang-mêlé, qui se trouve être un érudit sur toutes les
questions indiennes. Il me décrit des danses où les exécutants paraissent couverts de duvet d'aigle. Je l'écoute
longtemps, assise ~ur le ponton. Il fait froid. La nuit

JOURNAL DE VOYAGE (CANADA)

tombe ; je perds tout espoir de voir arriver le steamer. Les
trois Anglais veulent me dissuader d'aller m'asseoir dans
la petite boutique chaude, sous prétexte que j'y entendrai
un langage grossier. Cette sollicitude tardive arrive mal à
propos, car je suis à moitié morte de froid, et, sans les
écouter, j'entre pour me chauffer. Plusieurs trappeurs et
bôcherons sont réunis autour d'un feu. On se sent en
plein Far West. Ces hommes, dont la vie est si rude et si
difficile, n'ont pas la prétention d'être &lt;les gentlemen
comme mes co agnons de route, mais ils ont une courtoisie instincti e, et, s'ils ne soignent pas leur langage
entre eux, jamais ils ne se permettraient en face d'une
femme une parole grossiere. Un peu plus tard, sur ma
demande, !'Indienne me donne une chambre. Je n'en ai
certainement jamais vue de plus sale. Mais au moins y
suis-je à l'abri du froid.

Ce matin est arrivé le steamer, si longtemps attendu ;
il est coquet, comparé au vieux "Tees"; mais je préfère
décidément la c&amp;te ouest celle-ci et l'Océan à ce canal
souvent assez étroit, resserré entre des îles. A Albert Bay,
où nous passons une demi-heure, nous pouvons admirer
de nombreux poteaux totémiques, peints en couleurs
vives. Tout à l'heure, nous avons stoppé à cause de la
marée dans une importante station forestière. Les btîcherons avaient interrompu leur travail; ils étaient tous venus
sur le quai. Je fais une promenade en for~t avec une
vieille demoiselle anglaise rencontrée sur le bateau, Élevée
à Versailles, elle parle tres bien notre langue.

a

5

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

7 aoÎJt.
Nous avons atteint ce matin Vancouver. J'ai visité la
ville et passé une journée tout à fait charmante, grftce à
des amis français qui n'ont pas été effrayés par le désordre
de mon accoutrement. Maintenant c'est la nuit; le steamer
est en route pour Victoria. Les petites lumières des
bateaux de pêche dans l'estuaire de la rivière Fraser font
penser à des étoiles qui seraient tombées sur l'eau.

8

août.

En arrivant à Victoria, j'ai la surprise de trouver mon
boarding house déménagé et la ma_ison démolie. Cela
m'ennuie de retourner à la, vie civilisée, et je songe à
camper sur les ruines; mais la nuit est frakhe; d'autre part
je n'ai nulle envie de sonner à l'h&amp;tel aux petites heures
du matin. La rue est déserte; mais je finis par trouver un
balayeur qui m'indique la nouvelle adresse de l'Aberdun
boarding house.
Me voici de nouveau à la recherche d'une occupation
quelconque. Je consulte une fois de plus la page d'annonces du Victoria Colonist. Au Département de l' Agriculture, où je m'étais déjà adressée, on me parle de conférences sur des sujets de laiterie. Il faudrait que je les
fasse dans différentes parties de l'île, devant un auditoire de
fermiers; cela me tenterait beaucoup; malheureusement ce
n'est encore qu' un projet et 91ême un projet très vague.

Victoria, 2 7 aot2t.
Enfin je puis vous annoncer que j'ai trouvé une occupation tout à fait intéressante, ou plutôt un ami français
me l'a trouvée. A cent milles d'ici vers le nord, est une

JOURNAL DE VOYAGE (CANADA)

petite ville naissante de 1000 habitants, Port Alberni, qui
a tout ce qu'il faut pour devenir, d'ici quelques années, l'un
des ports les plus importants de la Colombie britannique ;
car il est sérieusement question de relier l'île de Vancouver au continent. Le sol de la ville et celui des faubourgs
de l'avenir appartiennent à une société anglaise : l' A lberni
Land C 0 • Celle-ci se propose de construire une laiterie
modèle sur ses terres, à c&amp;té d'une ferme qui existe déjà.
On m'offre la direction de la laiterie. Nous vendrons du
lait aux pionniers et il faudra inventer un fromage inédit
qui rendra Alberni célebre. C'est la premiere entreprise
de ce genre faite dans l'île. J'espere qu'elle sera couronnée
de succès. Le Département de l' Agriculture donner;1 des
conseils pratiques pour la construction des bâtiments et
l'achat du bétail.
En Amérique on ne réussit que par l'aplomb, et d'être
modeste " cela ne paie pas " : mon ami me présente au
Ministre de !'Agriculture, comme un prodige sachant
faire trente especes de fromages différents et une seule
espece de beurre : la meilleure.

A lherni, I 7 septembre.
J'étais venue ici pour y passer deux jours, et voila que
je ne puis plus m'arracher à cet endroit ravissant. J'étais
arrivée avec le Député-Ministre, M. Scott, le " Chef çe
bureau du bétail," et M. Carmichael, agent de l'Alherni
Land C0 , choisir l'emplacement de la laiterie modèle dont
je vous ai parlé. Il a été vite trouvé. C'est un endroit
splendide à l'ombre de grands arbres, au bord d'une
riviere. Un wagonnet sur rails transportera le lait de
l'étable ·à la laiterie. On commencera la construction

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

dans quelques jours. La laiterie sera à cinq milles de
Port Alberni. C'est par eau que je circulerai le plus
facilement, ou encore à cheval.
Quant à la ville de Port Alberni, elle est magnifiquement située au fond d'un bras de mer extraordinairement
profond, tres poissonneux, égayé par unè quantité d'indiens et de pirogues. La ville n'existe pas encore au sens
strict du _mot. Les 1000 habitants qui la composent
campent pour la plupart sur leurs terrains, dans des baraques ou sous la tente. Mais les rues et les avenues ~ont
déjà dessinées suivant la mode américaine, perpendiculaires les unes aux autres. Les arbres ont été abattus et de
grands feux en détruisent les racines. L'embrasement du
ciel au-dessus de ces incendies, le soir, a quelque chose de
grandiose et rappelle certains décors des opér~s de W ~gner.
On peut dire que Port Alberni appartient vra1me~t
aux spéculateurs de terrains. Le train qui arrive tr~1s
fois par semaine amene, comme une marée, une quant1~é
d'hommes dans le petit Mtel où j'habite ; le lendemain
matin le même train les ramène à Victoria, où il en prend
d'autres.
J'ai fait la connaissance du colonel Rogers ; c'e~t un
beau vieillard de 82 ans. Il est venu passer quelques Jours
ici avec sa fille et son gendre pour faire du sport. Ce qui
est assez amusant, c'est que j'avais rencontré à Paris son
fils et sa belle-fille avant mon départ pour le Canada. La
passion de la pêche au saumon nous a vite rapprochés, le
colonel et moi.
Nous partons tous les matins à quatre heures et demie.
Il fait nuit. Je me glisse dans l'office pour y prendre
quelques biscuits. La pirogue qu'on m'a prêtée est vingt

a

JOURNAL DE VOYAGE (CANADA)

minutes de l'Mtel. Pour aller la chercher, il faut suivre la
voie du chemin de fer. La marche sur les traverses est
rendue difficile par le fait que l'espace compris entre
chacune d'elles ne correspçmd point exactement à un pas.
Nous pêchons et ramons à tour de r6le, mon compagnon
et moi. Jusqu'ici la chance nous favorise. Nous croisons
des Indiens dans leurs pirogues et les saluons en chinouk.
J'ai fait la connaissance d'un Américain, expert en pêche.
Il me donne de bons tuyaux, en échange desquels j'aide sa
femme à rajeunir ses vieux chapeaux.
25

septembre.

Mon vieil ami le colonel Rogers est parti hélas; je suis
seule à pêcher maintenant. Afin d'avoir les mains libres,
je passe une boucle de la ligne autour de ma cheville
pour bien sentir mordre le poisson. Parfois le saumon est
si gros et si vif qu'il fait tout son possible pour m'entraîner
dans l'eau à sa suite. Il faut le fatiguer longtemps, puis le
tirer dans la pirogue d'un coup sec.
Maintenant je me suis établie marchande de saumons.
Je vends mon poisson à la "mîse en boîtes", qui envoie
chaque matin son bateau jusqu'à une réserve indienne
toute proche, pour recueillir la pêche. A neuf heures, un
coup de sifilet se fait entendre dans la baie. C'est le
bateau de la " mise en boîte. " Alors nous arrivons, le~
Indiens et moi, nos pirogues plus ou moins chargées.
Nous allons à tour de r6le le long du bord, tendons nos
saumons au capitaine, qui les pèse et inscrit notre compte
sur un carnet, qui nous sera réglé a la fin de la saison. Ce
n'est pas le Pérou: I fr. 25 par poisson de moins de
20 livres; 2 fr. 50 pour tout ce qui dépasse ce poids. Jus-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'ici ma meilleure journée a été 'de un dollar et demi

(7 fr. 50).

.

Quant à la laiterie, on me dit qu'elle sortira de terre
un de ces jours. Je suis allée à Victoria, la semaine passée
pour m'entendre avec le département agricole au sujet
des plans. M. Carmichaël m'a assuré que les bitiments
seraient terminés à la fin de l'année. Il désire que je reste
à Alberni pour surveiller la construction. Nous aurons les
plus belles vaches de l'île, des Ayrshires et des Holstein
pure race, les Jersey ne s'acclimatant pas très bien ici.
Comme personnel, on me promet un Anglais qui traira
les vaches; plus la moitié d'un Chinois, l'autre moitié
étant à la disposition de la femme du fermic:r. Encore
cette moitié de Chinois est-elle problématique. Mieux
vaut commencer modestement. Je prendrai sans doute
mes repas chez les fermiers.
A Victoria, dans la rue, j'ai été étonnée de rencontrer
la squaw, si peu aimable, qui fut mon hbtesse il y a quelques semaines. Elle est revenue à de meilleurs sentiments
et m'a embrassée à trois reprises. Je suis réntrée ici par le
"Tees". rétais heureuse de retrouver Port Alberni et
de reprendre ma vie sur l'eau, L'aut9mne est merveilleusement beau. Il y a dans l'air quelque chose qui rend
heureux et léger.
J'ai fait la connaissance d'une jeune Anglaise de mon
âge, Miss Maclaverty. Elle est fine et charmante. Arrivée
à Alberni depuis quelques mois, elle y a acheté des terrains
et campe sur ses lots, en attendant leur augmentation de
val eut. Elle a, comme installation, une tente accolée à une
minuscule bar;ique en bois. Des amis lui ont faic cadeau
de peaux de cerfs en guise de tapis. Je lui dis que sa tente

JOURNAL DE VOY AGE (CANADA)

99 1

fait penser à l'installation d'un trappeur, ce qui la fiche
toujours. Avec tout son esprit d'aventure, elle ne .tuerait
pas une mouche. Malheureusement elle n'a pas le pied
marin et je n'ai jamais pu la décider à partir avec moi
pour la pêche à la baleine. Ensuite j'ai voulu l'engager à
traverser à pied l'île dans sa plus grande largeur ; on me
dit qu'il existe une piste entre Nootk:a et Campbell river;
mais ma compagne ne peut se décider à quitter Port Alberni
et sa petite tente. Moi aussi, je m'attache à cet endroit; le
paysage un peu monotone en été, malgré sa beauté, prend
de la gaieté, et les arbustes qui poussent au bord du fjord
devant les grands sapins ont toutes les teintes de l'or et
du cuivre, L'amphithéitre de verdure, qui sera la ville
future, est dominé par une montagne à cime neigeuse.

28 octobre.
Hélas, voici la saison des pluies commencée, une pluie
dont vous ne pouvez vous faire idée, des seaux d'eau qui
tombent du ciel, jour et nuit. On ne songe même pas à
compter sur une éclaircie. Dans cette ville, qui n'existe
pas encore, les rues naturellement ne sont pas pavées; ce
ne sont pas des flaques, mais des mares qu'il faut traverser
chaque fois que l'on sort.
On n'a pu encore commencer la laiterie, et, la triste
chose, c'est que les saumons refusent de mordre. Ils
remontent tous ces temps-ci dans la rivière Somass pour
frayer. La plupart d'entre eùx y périssent. Ceux qui ont
la force de nager jusqu'à !'Océan reviennent à la vie, me
dit-on. Ici il n'y a plus que des saumo~s malades ; la
cuiller brillante ne les attire pas. Leurs cabrioles ne sont
pas de joie; ils cherchent à se débarrasser d'un parasite

�99 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qui les tourmente. Hier soir, l'un d'eux a sauté sur mon
bras, mais il n'a pas eu la gentillesse de retomber dans la
pirogue.
A propos de pêche, il y a quelques semaines, j'étais sur
l'eau. C'était un matin de brouillard. Tout à coup, dans
le silence, j'entends comme un appel au secours. Je rame
dans cette direction et trouve un Indien poussant des cris,
simplement pour éloigner les mauvais esprits. Voyant que
j'avais pris deux poissons, son sens commercial s'est
réveillé aussitbt. Il a voulu les acheter. J'ai eu la simplicité d'y consentir. Il ne m'a jamais payée. Ce personnage
est connu sous le nom de Cultus Bob, ce qui veut dire
en chinouk : canaille de Bob.
La mort des saumons et la pluie diluvienne ne m'empêchent pas de continuer à vivre sur l'eau. Je suis équipée
comme un marin, avec des bottes, un ciré et un suroît.
Le fjord est maintenant e~vahi par les canards. Il y en a
au moins de cinq ou six variétés. Des vols d'oies passent
tres haut dans le ciel. Je vois parfois un vieux chasseur,
qui me dit avoir tué trente ours, ce qui m'en impose
beaucoup. Je n'avais jamais tenu un fusil avant d'être
venue au Canada. Il me prête son Winchester. Nous
allons nous exercer sur des troncs, à la limite de la zône
déboisée. Je tire sur les q,nards avec une arme, mi-revolver, mi-carabine, qui porte très loin : pour des débuts,
c'est un peu dangereux. J'apprends incidemment que
hier une panthere a étranglé un chien en pleine rue
d'Alberni et que des enfants, allant à l'école, ont croisé
deux ours.
Dans la ville, je ne connais que très peu de monde :
une jeune Irlandaise, son frere et son fiancé. Miss Macla-

993

JOURNAL DE VOYAGE ( CANADA)

verty, ma gentille amie, est la personne que je vois le plus
souvent. Elle habite à vingt minutes de mon Mtel. Je
vais souvent chez elle, le soir après diner, avec ou sans
lanterne, par des chemins affreux, en pataugeant dans
des mares et en enjambant des troncs renversés. Nous
allons chercher du bois pour son feu parmi les débris de
poutres et de planches de l'h6pital en construction, tout
près de chez elle. L'autre jour, après une bourrasque, sa
tente, tres ébranlée, a failli tomber. Les petits scouts et
leur chef d'équipe sont venus la remettre d'aplomb. Miss
Maclaverty possède un terrain à quelques milles de la
ville, au bord d'un lac. Elle désire le vendre et croit qu'il
augmenterait de valeur, s'il était déboisé. Les arbres ne
sont pas bien gros. Elle a acheté une grande scie et me
convie l'aider dans son travail de b4cheron.
D'une manière générale, il ne se trouve ici qu'une tres
faible proportion de gens un peu cultivés; sans doute
parce que Port Alberni est une ville si jeune. On en
rencontre quelquefois parmi les ouvriers, les Anglais de
bonne famille se mettant facilement à n'importe quel
travail, quand ils arrivent aux colonies. Miss Maclaverty
a même reconnu dans un des charpentiers qui travaillent
à l'h6pital un de ses voisins de campagne d'Angleterre.
Les femmes sont peu nombreuses à l'Mtel ; je suis en ce
moment la seule pensionnaire. Le gérant et la gouvernante
sont de braves gens, qui me forcent à mettre mes bottes
de caoutchouc quand il pleut et à me couvrir chaudement
quand il gèle. Du reste, je ne suis guère l'hôtel qµ'aux
repas, ma vie se passant sur l'eau et dans la tente de
mon amie.

a

a

�994

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Alberni,

10

novembre.

a

Je suis toujours ici. La pluie continue tomber et les
saumons à mourir. Maintenant leurs cadavres flottent en
grand nombre sur le fjord. La personne qui aurait le
courage de les recueillir et de les vendre comme engrais
ferait, je crois, une bonne afiàire. C'est triste et laid, et
cela ne sent pas bon. Enfin je ne dois pas trop médire
des saumons morts, car ils m'ont valu un ami. C'est un
affreux gamin de quatorze ans, qui a perdu ses dents de
devant en se battant avec un camarade. Je l'ai découvert
en train de harponner des saumons morts, du haut d'un
pont, et quand il a su que j'avais un bateau et une carabine,
il a déclaré sans broncher qu'il sortirait avec moi chaque
fois qu'il aurait congé (il est employé chez un boulang("r).
C'est ainsi que, dimanche dernier, amusé par ses manières
de tyranneau, j'ai passé la journée sur l'eau par une pluie
battante. Il aurait voulu monopoliser ma carabine, tandis
que je ramerais. A la fin je lui ai dit tout net que s'il ne
s'enrôlait pas parmi les "boy scouts", c'en était fini de
son .amitié avec la "girl française".
Miss Maclaverty, chassée par le froid se décide à quitter
sa tente. Elle cherche une situation ; on lui offre une
place de jardiniere et de groom, qu'elle va sans doute
accepter.

A lberni,

I2

novembre.

L'autre soir, bal de charité à Alberni. J'y suis allée
par curiosité. La fête se passait dans une salle de réunion,
décorée de drapeaux. Il était venu quelques jeunes filles
en toilette de soirée, beaucoup d'hommes en chemise de
flanelle et sou liers à c!ous. Des femmes avaient amené

JOURNAL DE VOYAGE (CANADA)

995

leurs bébés. J'ai songé au livre américain The Virginian
dans lequel on voit un cow-boy, après un bal, qui devait
ressembler à celui-ci, s'amuser à " mélanger " les bébés.
Le c;tmp des hommes et celui des femmes étaient nettement distincts. Pas l'ombre de conversation entre les
danses. Comme musique le " rag time " américain et les
airs rabkhés par tous les phonographes. Tres rude et très
Far West.
Hier,j'étaisâ l'hôtel, assise sur le palier, en train d'écrire
des lettres, quand un Anglais, auquel je n'avais jamais parlé,
s'arrtte devant moi et me dit à brûle-pourpoint : "Êtesvous la dame française qui a été facteur en Suisse, dans
les Alpes?" Le plus drble, c'est qu'il disait vrai. A Lauenen
dans !'Oberland bernois, un hiver, pour rendre service à
la buraliste postale, j'ai fait pendant quelques semaines,
en skis, le service du facteur malade. Mais comment le
savait-il ? Je découvre qu'il connaît mon existence et
tous les détails de ma vie dans les Alpes, étant en relations
avec mes amis du College d'agriculture de Reading.
C'est par hasard que Mr. H. m'a identifiée, quand il a su
qu'une jeune Française, s'occupant d'agriculture, était à
Alberni. De suite, il a pensé que ce ne pouvait être que
celle dont il avait entendu parler.
Mr. Hodgson est ingénieur de la province de Colombie
britannique à Alberni. Sa femme et ses enfants sont
momentanément à Victoria. C'est lâ que j'ai le plaisir de
faire leur connaisance, peu de jours apres avoir été abordée
d'une façon si inattendue par le chef de la famille. Je me
suis décidée en effet à quitter Alberni, où rien ne me
retient plus: ni la construction de la laiterie, ni mon amie
anglaise, partie de la. veille, ni les saumons. Le jour même

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

de mon arrivée à Victoria, Mrs. Hogdson me demande
de prendre soin de ses trois bébés pendant qu'elle va à
Alberni rejoindre son mari et installer une maison. Cette
preuve de confiance me flatte beaucoup et j'accepte
aussittlt, Au bout de quinze jours, j'ai la satisfaction de
rendre à leur mère les trois bébés sains et saufs ; la plus
grande joie de l'aîné, Agé de trois ans, n'était-elle pas de
caresser les tramways en marche ?
En quittant les Hogdson, je suis allée passer quelques
jours sur le continent, envoyée par Mr. Carmicbaël pour
visiter diverses étables et laiteries modèles dans les environs de Vancouver, causer avec des fermiers, prendre des
croquis et des idées. Le soir, je retrouvais avec plaisir mes
amis français, très occupés eux aussi.

Noël 1913.
Après avoir joui pendant quelques jours de la gracieuse
hospitalité des Carmichaël, admiré leur nouveau bébé, et
confectionné dans leur cuisine un certain nombre de puddings, sans lesquels Noël ne serait pas Noël, je suis partie
pour Alberni, ou m'invitaient les Hogdson. Il pleuvait
lorsque j'avais quitté cette ville, quelques semaines auparavant. Il pleut encore quand je la retrouve aujourd'hui. Je
passe à l'Mtel pour enfiler le ciré et les indispensables
bottes de caoutchouc. Quatre kilomètres me séparent de
la demeure de mes amis. Je longe le fjord bien connu et
la rivière Somass. Quelques enfants indiens, avec des arcs
et des flèches de leur fabrication, s'amusent à tirer sur les
carcasses de saumons dont on voit partout les nageoires
sortir de l'eau.
La fête de Noël fut tout à fait originale et charmante,

JOURNAL DE VOYAGE ( CANADA)

997

la cuisinière ayant choisi ce jour-là pour s'enivrer. Nous
avons préparé nous-mêmes, un superbe festin pour les isolés

d'Alberni, et leur en avons fait les honneurs, le soir.
Le lendemain je retourne à Victoria. Là, j'ai une
conversation d'affaires avec Mr. Carmichaël au sujet de
la laiterie d' Alberni. Il m'explique que la mauvaise saison
retardera de plusieurs mois la constructi~n. Il est sérieusement question que je passe un examen me donnant le
titre d'ingénieur de quatrième classe (en français: chauffeur
mécanicien), et me permettant de faire fonctionner la
grosse chaudière de la laiterie. Mais, renseignements pris&gt;
il me faudrait '' chauffer" sans interruption pendant un an
pour avoir droit au dipl6me. Le projet tombe de lui-même.
C'est alors que me vient l'idée de voyager pendant quelques mois, puis de revenir en Colombie britannique pour
y prendre mon poste, quand la laiterie sera prête à me
recevoir. J'ai une nostalgie de soleil, de vie sur l'eau, de
pays lointains.
Tout me pousse à m'embarquer pour Tahiti : la lecture d'un livre de R. L. Stevenson, le souvenir de tableaux
de Gauguin, le grand désir de me sentir de nouveau en
pays français. Je cède bien vite à cette impulsion irrésistible.
CÉLINE RoTT.

�CHRONlQUE DE CAERDAL

CHRONIQUE DE CAËRDAL

XXVII
D'APRÈS STENDHAL 1

(Suite)

2

VI
L'ÉTINCELLE, FLEUR QUI DURE

Le propre du génie, en France, est de ne pas
manquer d'esprit. Une fois de plus sur ce point,
j'admire la rencontre des Français et des Russes ;
et si je savais mieux l'Espagne, je dirais des
Espagnols aussi. Cervantès, qui vaut Homère,
écrit comme Flaubert et a dè l'esprit, comme
Aristophane, en chaq~e mot,
1 Voir la Nouvelle Revue Française du 1" mai.
' Sauf le Journal, publié par Stryiensk.i chez Fasquelle, 1 vol.
in-18, Paris 1899; et la Correspondance, 3 vol. gr. in-8°, Charles
Bosse, Paris 1908, tous les passages cités le sont d'après l'ordre des
chapitres, pour qu'on puisse mieux les retrouver dans les éditions
diverses, en attendant la belle et bonne -édition qui est en cours
chez Champion, seule digne de Stendhal, at qui promet d'être a
fois l'édition originale et la définitive. Pour Henri Brltlard, cf. la
nouvelle édition, 1 vol. in-18, chez Emile Paul, Paris r 9 12, qui est
la plus correcte et la plus commode.

999

A Paris ou en Attique, l'esprit qui ne suffit à
rien, ajoute une grâce suprême à tout. L'esprit est
une aile. Il y a des peuples qui prennent leur
lourdeur pour une vertu. Peuples obèses. Ils n'ont
pas assez de gravité, s'ils n'ont le ventre dans les
genoux. Il faut qu'ils sentent leur panse sur l'eau,
pour être sûrs qu'ils flottent. Mais flotter n'est
pas voler.
La grâce divine est souvent aussi légère qu'elle
peut être dévorante. Elle est comme le feu qui
toujours vole, toujours s'élancè. La flamme, cette
parole du soleil sur la terre, ce verbe brtîlant que
j'adore, est du souffle q1Ji a pris corps ; et comme
il va, il ard. Toujours la flamme est en forme
d'aile et d'alouette qui s'élève, de flèche qui fi.le
droit vers le ciel, de feuille et de victoire que son
bond lance sur la route du zén-ith, ou le père
Soleil l'appelle.
Le génie ne saurait être pesant ni bête, en
France non plus qu'en Ionie. Je sais des épithètes
dans Eschyle, où le sublime le dispute à l'éblouissante clarté de l'esprit. Cette grâce est infinie,
quand elle porte la douleur. La peine de Prométhée a les rayons d'un triomphe. Que dire de
l'ironie dans Sophocle et dans Platon ? Pour un
Grec, n'avoir pas d'esprit, c'est ne pas avoir de
cervelle. La vertu qui fait penser et comprendre
ne se sépare pas du plaisir qu'on met à être
compris.

�1000

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

La deesse enfin ne se révèle pas seulement à sa
force, mais à son charme, à ses lèvres, à toute sa
démarche. Le coup de foudre n'est pas plus le
trait des dieux que l'éclair avec le rire tragique de
l'étincelle.

CHRONIQUE DE CAERDAL

1001

Chateaubriand lui même a de l'esprit, au
moins dans la cruelle invective. Tant il est impossible à un Français de la grande espèce, même
quand il n'est pas naturellement spirituel, d'être
toujours sans esprit.

§

L'esprit est l'adorable étincelle de la pensée.
La vérité seule, comme une veuve, peut être
lourde et frappante. Mais qu:and elle sourit, et
qu'elle étincelle en sa rapidité, elle ~ tout~ la
grâce de la jeunesse : elle a les séductions d une
amoureuse erreur. Ainsi l'esprit semble le privilège d'une jeunesse éternelle. Des peuples spirituels, on dirait qu'ils ne vieillissent pas. Et la
pensée, pour profonde ou sublime qu'elle puisse
être, n'est toujours jeune qu'à la mesure où elle
reste spirituelle.
Les pauvres Barbares ne sont pas dignes de ce
luxe divin. C'est trop pour eux de toutes les
beautés en une. Ils ne veulent pas de la fleur avec
le fruit : ils ne le croient plus assez nourrissant.
Par ce qu'ils ont le fruit assez souvent, et qu'il
leur emplit la bouche, ils ne sont pas capables de
sentir la fleur sur l'oranger, si elle y est, comme
il arrive, avec l'orange. Ils la méprisent ; ils n'ont
pas d'yeux pour elle. Ou s'i~s la cueillent, sur
l'arbre ils ne voient plus le fruit.

Entre tous les grands écrivains, avec le cardinal
de Retz et Montaigne, Stendhal a e_u le plus
d'esprit.
Montaigne est plus latin d'Espagne, à la
Sénèque ; et Stendhal, plus attique. La conversation de Montaigne avec les hommes est un miracle d'humanité. A travers les âges, ce sourire nous
console : Montaigne nous sourit entre les blichers
de Philippe II et les massacres d'Allemagne.
Quand toute l'antiquité serait abimée dans l'éternel oubli, les bons esprits- en jouiraient toujours
dans l'entretien de Montaigne. Le goüt de Montaigne est l'épreuve des intelligences et des caractères. Les fanatiques ne l'aimeront jamais ; et
jamais les cervelles étroites ne le goûtent tout à
fait. Pour Montaigne, il ne faut pas être de parti ;
mais au contraire, il faut pouvoir penser contre
soi même, et prendre au besoin parti contre tout
ce qu'on est. Cet homme est si humain, qu'il y a
chez lui pour tous les hommes ; et comme il
invente perpétuellement son expression, presque

6

�1002

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

tous les poètes y trouvent leur compte. Shakspeare
le savait, lui qui a toutes les voix, et presque tous
les dons de poésie.
Stendhal, qui invente prodigieusement dans
l'ordre des caractères, n'invente pas dans le style.
Plein de génie dans la découverte des hommes, il
en manque à découvrir les mots, à ré_v~ler les
couleurs et les rhythmes. C'est pourquoi 11 parait
décharné aux poètes orateurs. Ceux là sont du
Nord ou de l'Est; mais jamais un Athénien ne
pourra rester insensible à tant_ d'inventio_n spirituelle. Pour moi, si je m'imagme Montaigne sous
Louis Philippe, écrivant des romans, c'est à Stendhal que je pense. Il est du tiers, plus que l'autre;
moins juriste que Montaigne, et plus soldat. Tous
deux, les esprits les plus libres, et le plus dans la
vie. Ils sont le remède souverain à toute abstraction • mais si forts que, pour prendre utilement
cette 1 admirable médecine, il fatlt avoir la fibre
saine et pouvoir être guéri. La plupart des
malades, la cure les empire : ils ne peuvent pas
~tre guéris.

VII
SOUS LE PONT D 1 AVIGNON

Où ai je lu l'anecdote de Stendhal sur le Rh6ne,
quand il rencontre George Sand et Musset, ayant

CHRONIQUE DE CAERDAL

1003

pris à · Lyon, comme lui, le coche d'eau ? Tous
trois allaient en Italie ; ils le croyaient du moins.
Comme si cette fatale Io, pleine de lait, de fromage
social et de meuglements avait jamais quitté son
pâturage I Et commè si le charmant Musset
n'avait pas été le mouton parisien, offert en victime à la sœur de Pasiphaé.
En Avignon, je crois, où Stendhal était déjà
chez lui, comme l'Italie même y commence, dans
le plus rare équilibre de l'âme romaine avec
l'esprit français, Brlllard, le baron Taquin et
H. C. G. Bombet s'amusèrent à scandaliser l'intarissable Muse et son petit bélier. Ils étaient là,
tous deux, d'un sérieux à faire avaler sa langue à
la Tarasque, lui, cherchant la passion, elle, la
portant comme une enseigne, et d'ailleurs fumant
la pipe : l'un et l'autre en quête du pays où la
lune est de miel, et où le gtand amour doit fleurir
coll te que coll te : on entre, à Venise, où il n'y a
pas un arbre ; et le bois d'Eros se charge aussitôt
d'oranges d'or.
Le gros Stendhal, comme l'appelaient ces graves
possédés, avait alors cinquante cinq ans. Il dut
leur paraitre un homme sans mœurs et d'âme
grossière, un soldat suranné qui n'a pas même fait
fortune, un demi solde d'Apollon et de la gloire.
Nul génie, nulle emphase : un quart de siècle
plus jeune que René, et en retard sur son éloquence
de cent ans, en vérité voilà un pauvre homme.

�1004

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Tirant sur sa pipe, brune et culottée plus que le
fourneau d'écume, déjà lourde de lymphe jaune et
de trois cents volumes, 1o voulait bien être le
rendez vous à tous les dieux de l'Europe ; mais il
les lui fallait en corps de ballet et d'Académie:
elle entendait mener ce petit trôupeau, comme
Circé fait tourner le sien autour du mât, gravement, s'il vous platt, en célébrant l'office, en
invoquant les principes, en Muse pour tout dire
d'un mot. Elle méditait déjà ses révdlutions de
nourrice et ses gruyères de morale. Car, au retour
d'âge, ou bien le lait d'Io s'aigrit en haine de
l'homme, ou il m1irit en mol amour de tout le
genre humain. Il ne faut pas moins de l'humanité
pour remplacer Jupiter au flanc de la bonne
Europe. Quelle tête I quels tétons !
Le ridicule et l'ennui sacerdotal de ces deux
amants irrita l'ironie de Stendhal jusqu'à la folie.
Pour mieux rire d'eux, il les fit rire. Sur le pont
du navire, il se mit à faire le fou. Lâchant sa
verve, il déchira les poètes et les auteurs à la
mode. Il joua le méchant, comme il savait si bien
faire. La bonne Io eu pleurait dans son tabac
d'Orient. Tant de cruauté lui cailla le lait dans les
veines. Je hais le lait : plus il est doux, plus il est
tiède, et plus il me dégoilte.
C'est par haine du lait, je. gage, que le gros
Stendhal se jeta sur les bouteilles, ce jour là. Il se
mit à danser et à boire. Aux yeux de ces bouffons

CHRONIQUE DE ÇAERDAL

1005

tristes, il parut le bouffon le plus cruel. Le même
rire l'a dtî prendre, qu'il avouait plus tard à
Balzac. Dans cette feinte ivresse, il s'est comparé
à ces deux illustres, bien plus admirables à leur
propre jugement qu'ils n'étaient déjà célèbres dans
le monde. Lui, l'homme de Rouge et Noir, et qui
rentrait à Civita Vecchia pour finir la Chartreuse
de Parme, n'était pour ce ménage de coquebins
sublimes que le gros Belle, ou le spirituel Stendhal,
un bourgeois un peu ridicule, une méchante
langue, peut être un envieux, incapable de comprendre les grandes passions, la femme à pipe et
les poètes. Et de boire, et de rire I Car, sans ·
peser lui-même son propre génie, il savait bien
pourtant que, pour faire équilibre à sa puissante
intelligence, à l'ardeur de sa vie, à la réalité de ses
émotions, à la plus vaste expérience des faits et
des individ_us, à l'immortelle vigueur de son
invention, à sa profondeur vive, ce n'est pas ce
pauvre couple d'amants partant pour l~s travaux
forcés de Venise, qu'il eilt fallu placer dans la
balance : trois cents Io et dix petits béliers ne font
pas encore une nature d'homme.
Quoi? Il y a dix ou onze livres, tous les cent
ans, qui sont assurés de la durée : en son siècle,
deux pour le moins sont de Stendhal. Voilà de
quoi la Muse de l'herbage, Indiana, Consuelo,
Consuela, OIJ. de quelque nom qu'on la nomme,
n'a pas la moindre idée. Devant le Cha.teau des

�1006

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Papes, elle fume sa pipe pour se mieux couronner
de nuages, et le gentil Musset bêle, bêle. Ils ont
l'air indulgent, dédaigneux toutefois, de la supériorité. Et le gros homme de faire le méchant, de
déchirer les gloires à la mode, et de boire, de
rire et de danser. "Je n'estime que d'être réimprimé en I 900, 1 " pensait cet homme admirable.
Il l'est, et le sera en 2000.
Sous le pont d'Avignon, symbole de l'aventure
éternelle. Et combien plus aujourd'hui que
jamais ! ' Voyez moi passer tous ces glorieux dans
leur armée de sacristains, toutes ces idoles nègres,
avec leur peuple de fidèles intempérants ! Et ils
se moquent de quelque autre, qui rit d'eux peut
être. Mais pour rire, il n'a pas besoin de boire et
de danser : il n'a qu'à les regarder.

CHRONIQUE DE CAERDAL

1007

p. 189.

les menteurs d'habitude le soupçonnent de mentir:
le monde poli aime à croire que le cynique ment.
Tout de même, Stendhal semble sec, parce qu'il
n'étale jamais son émotion. Mais il est partout
ému, et souvent de l'émotion la plus fine. Son
émotion n'est pas d'un poète lyrique, mais d'un
géomètre qui découvre et qui dessine. Il n'a pas
moins de force, que de subtile réserve. Sa défense,
c'est l'esprit. Jamais l'esprit n'a mieux été le
masque du cœur.
Il ne se confesse même pas. Il se parle à soimême : il se souvient. Il raconte moins ses souvenirs, qu'il ne se regarde. Il se met devant un
inaltérable miroir, et il se cherche.
Il vit pour le bonheur. Ce n'est pas qu'il l'ait,
ni peut être qu'il y croie: c'est qu'il le veut.
D'ailleurs, il l'a connu. Le bonheur est d'aimer
avec passion : être jeune, sans doute, et le rester ;
avoir une âme ardente, prompte à toutes les intempéries du gériie : il y a du génie dans la passion.
On a vécu en passion pour quatre ou cinq
formes chéries, trois rêves qu'on emporte dans la
tombe. 1 Là dessus, deux ou trois femmes qu'on
adorait, et qu'on n'a pas eues, les adorant d'autant
plus. Et une au moins vous a trompé jusqu'à la
suprême ironie du suprême ridicule : en vous

' Sous le pont d'Avignon, pour le Carna.val de la gloire, rien ne
m3,Jlque aux cortèges de 1914. Nous avons notre Maistre et notre
Bonald, notre Chateaubriand et notre Victor Hugo, prodige dct
prodiges, notre George Sa.nd et cent Louise Collet pour une.

1 Correspondance, II, 137. Cf. fa notice de Mérimée: "Je ne l'ai
vu qu'amoureux, ou croyant l'être ; mais il avait eu deux amounpuaions, dont il n'avait jama.i• pu guérir. "

VIII
TROP ORIGINAL POUR SEMBLER NATUREL

La seule affectation de Stendhal est la haine de
toute affectation. A force de naturel, il paraît
forcer sa nature. 11 est si loin du mensonge, que
1

Souvenirs d' Égotisme, ch. vu. "Être lu en 19 35. "H tnri Brtdard,

�1008

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

aimant. C'est bien assez pour avoir été homme.
On a eu le bonheur de vivre, et la fatale peine.
On voudrait l'avoir toujours. On consentirait à
dix, à cent autres vies, à dix mille, pourvu qu'on
eût l'amour, qu'on fût jeune encore et qu'on püt
donner l'illusion de l'être. Nous passerons donc
au noir nos cheveux et notre collier de barbe.
Ha, ne nous laissons pas faire par la vieillesse, ce
vil exempt de la prison commune. Pardieu, la vie
est là, tant qu'elle y est. Et le bonheur, qui est
une conquête. Et l'amour, qui est l'illusion
d'avoir tout conquis dans une seule proie et seule
désirée, et qui vous rit.

IX

CHRONIQUE DE CAERDAL

manifeste pas moins que la mélancolie, ni mieux
peut-être. La vie enseigne à Stendhal le bonheur
d'aimer, qui est fait le plus souvent d'une si
constante infortune; et plus ce bonheur lui manque,
plus la musique le lui rend.
Il n'entend pas gotîter la musique pour elle
même ; il ne la connait pas et ne parait pas la
comprendre. A l'ordinaire de ceux qui ignorent la
musique, il l'appelle savante et mathématique,
partout où elle est un art. Il préfère à tout les
airs charmants et tendres qui font au sentiment la
réponse souhaitée. Et plus on est réduit au silence,
plus la réponse parait exquise. La musique est
ainsi le colloque d'un amant malheureux ou pensif
avec soi même.

§

CIMAROSA

Stendhal croit aimer la musique. Il n'aime que
l'amour.
Le chant est pour lui l'invitation au voyage du
sentiment. Parce qu'il est passionné, la musique
lui parle, et il cherche sa passion en elle. La
musique est la réponse du rêve aux passions malheureuses.
Une musique ne plait à Stendhal que si elle est
heureuse et tendre. L'amour passionné, tel qu'il
l'envie et tel qu'il le connait, est un sentiment
tendre qui occupe toute l'àme, et que le plaisir ne

"Je ne trouve parfaitement beaux, que les
chants de ces deux seuls auteurs : Cimarosa et
Mozart; et l'on me pendrait plutôt que de me
faire dire avec sincérité lequel je préfère à
l'autre. " 1
"Je n'ai aucun goüt pour la musique purement
instrumentale. " '
" La seule mélodie vocale me semble le produit
du génie. " 3
Quel Français de Marseille et même du boule11 '

Hmri BrlJ/ard, chap.

XXVII.

�1010

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

vard ! Ils sont dix mille juges imperturbables, à
Paris, qui portent toujours le même arrêt. Sourds,
ils n'en ont que plus d'assurance. C'est d'ailleurs
tout ce qu'ils ont de Stendhal, ces ânes coiffés du
bonnet d'Aristote, brayant de omni re.
On se flatte d'être musicien, parce qu'on adore
le refrain, qu'on nomme la mélodie. Le refrain,
que les pères ont siffié dans la clef du bon gotît,
est celui que les fils siffient d'une bouche enthousiaste, barytonnant de leur raison et dodelinant
d'une tête entendue.
§

Il adore la jeunesse, comme la musique. Tous
ses héros ont moins de trente ans, et ils ont tous
un air de Mozart ou de Cimarosa dans la tête.
Cet homme si vrai, qui fait tout aveu, ne dit pas
qu'il a cinquante-cinq ans, mais vingt-sept multipliés par deux. Que vous voilà bien, mon cher
duc de Stendhal en Espagne! Q'importe le toupet
de faux cheveux sur ce front éclatant et ces yeux
de feu. N 'ayez pas l'air, vous même, d'y trop
prendre garde,je vous prie: ils sont du plus beau
noir et l'un de vos titres au gouvernement de
Jouvence.
Enfant rempli d'esprit, jeune homme fou de
conquête, homme toujours ardent à vivre : plus
que mtîr, il est l'admirable comte Mosca, qui ne

CHRONIQUE DE CAERDAL

IOII

saurait vieillir. Les années doublent et triplent la
jeunesse. Elles décuplent l'ardeur spirituelle.
Fermez un peu les yeux; ayez cette complaisance :
dans l'obscurité, c'est toujours un maître, et peut
être un amant.

X
ÉGOÏSTE PAR PASSION

Il est passionné en tout. De là son horreur de
la vie banale. Il porte ce dégotît jusque dans les
plus violents appétits. L'amour facile n'est pas
l'amour pour lui. Si l'âme n'y est pas, l'amour
n'y peut pas être. Et pourtant il est le dragon qui
se moque des puceaux, et qui trouve la chasteté
si ridicule. Il est aussi le cavalier robuste, qui a
longtemps eu de grosses fringales. Mais il ne sent
rien pour les conquêtes sous la main, et il les.
manque toujours à l'heure du berger. Bourgeoises
ou femmes de métier, comme il n'a presque pas
eu de ces belles là, il peut dire à cinquante-cinq
ans: "Je ne suis pas blasé le moins du monde. •~
Somme toute, il n'a eu, compte-t-il, que six
femmes de douze ou treize qu'il a aimées. Ce
n'est déjà pas si mal. Avec les mœurs qu'on nous
a faites, et l'infâme morale du Nord, Stendhal
a mérité cinq fois la mort pour haute trahison.
Il est vrai que des six femmes tant aimées, quatre

��1or4

,,

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

Il est tout à son objet, et on le croit abîmé dans
-soi même. Pourtant, la passion est égoiste avec
une générosité que le plus entier sacrifice égale à
peine. Surtout, la passion non satisfaite.
Il est clair que Stendhal s'est beaucoup vanté,
en apparence. Il n'a pas été des plus heureux en
femmes ; il s'en prête qu'il n'a pas eues, on le
devine ; et celles qui lui ont été le plus fidèles,
&lt;On soupçonne qu'elles lui ont rendu chichement
l'amour qu'il leur a prodigué. On se plait, d'ailleurs, toujours à supposer cet échec dans les
.grands hommes. On n'aime pas qu'un héros ait
été plus heureux en amour, que le commun des
mortels, dont le bonheur est si médiocre. (Les
.amours heureuses sont celles dont on ne voudrait
pas.)
Ici, du moins, on a l'assurance de cette flat·teuse infortune. Stendhal avait trop d'esprit : il
devait être gênant, surtout en Italie ; il était aisément ridicule. Les passions très vives, à Paris,
·sont presque toujours déçues : en amour, l'esprit
.d'un homme est une arme contre lui.
On est donc égoiste, parce qu'on n'a pas de
.bonheur. Cet égoiste de Stendhal ne peut même
pas feindre le plaisir : s'il n'éprouve le bonheur
,de sa maîtresse, il ne sent plus le sien. A l'amour,
il demande toute joie, et il n'y trouve le plus
.souvent que mélancolie, faute de certitude. Quel
.egoiste 1

CHRONIQUE Dl CAERDAL

1015

XI
L'ENNUI DE CIVITA VECCHIA

Je vois Stendhal dans l'ennui sinistre de Civita
Vecchia. Il ne peut même plus laisser ce trou à
rats, pour se promener à Rome, comme on ferait
de Corbeil à Paris. Car il ne passe plus inconnu
entre le Vatican et la place du Peuple. A Civita
Vecchia, il est le consul de France en disgrâce,
l'athée, le républicain dont M. de Metternich n'a
pas voulu à Trieste, et qu'on n'a peut-être pas été
B.ché d'éloigner de Paris: enfin le jacobin au bagne.
Il n'a pas, comme M. Ingres, l'étoffe d'un bourgeois sublime. Il ne vivra jamais à l'aise dans
l'habit de la considération ; le drap inusable d'une
classe qui possède, et qui s'estime de posséder, lui
tient moins chaud qu'il ne l'étouffe ; il crève là
dedans ; il en a une malaâie de peau. Il ne peut
pas représenter au naturel le plus faquin des rois.
ll ne représente que lui-même, ou à la rigueur,
Bonaparte et tous les crimes de la Révolution .
L'horizon de Civita Vecchia est à vomir la vie,
pour un homme qui ne peut toujours vivre dans
sa cellule. Les moines mêmes n'ont pas choisi ce
lieu morne, pour y fonder un couvent. C'est une
des seules villes, en Italie, où il n'y ait rien eu, et
où il n'y a rien. La laideur même y est plate. En
1840, Civita Vecchia était le bagne des Etats Pon1

•

�1016

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tificaux. Encore si Stendhal avait pu fréquenter
chez les forçats. A la bonne heure dîner avec tel
assassin au tromblon, prier chez soi tels birbes de
grand cru et de la bonne année : car pour les
crimes comme pour les vins, il y a des saisons
heureuses : il y faut le terroir, et la comète aussi.
M.ais, non. D'affreux prêtres, que le Saint-Siège
envoie purger dans l'oubli une infamie secrète•
de petits coquins ou de sales fripons qui
pénitence ; mais la contrition n'y est pas. Et les
ignobles commis de la police, argousins, ge~liers,
tous espions de la Consulta et de l'Autriche. Ils ne
prennent pas un bain tous les dix-neuf ans • et
.
'
leurs Joues mal rasées, où la suéur groui1le, semblent deux fromages de Roquefort.
Stendhal a été banni des capitales italiennes par
la volonté de l'Autriche: il a eu l'exclusive. Cet
honneur là était bien d-ô. à un homme de sa force :
d'autant plus souverain, qu'on le lui a rendu sans
trop savoir à qui.
Pour le dire e.n passant, que ce soit en I 840 ou
en 1910, comment se peut-il qu'il y ait encore
une Autriche? Se peut-il, véritablement, qu'on
n'ait pas compris que la paix du monde doit se
faire aux frais de l'Autriche ? Elle seule peut
gôrger les Allemands en Europe. Et, du moins,
après le premier engourdissement de la digestion,
y a-t-il des chances qu'ils se dévorent entre eux.
Mais, moi aussi, je m'égare.

fon;

CHRONIQUE DE CAERDAL

1017

§
Port mal famé, entre le maquis et les marais;
une terre plate et basse ; des dunes battues du
sirocco, l'été, et du libeccio en d'autres temps : le
vent porte le sable dans les rues qui sentent l'évier,
et promène dans les chambres la puanteur des
mares. Un trou de ville à maisons grises, barbouillées de jaune ; et les façades ont toutes les couleurs
du bran. Un nid à moustiques, une garenne à
rats, où sévit la fièvre ; où le choléra, il y a quatre
vingts ans, avait trouvé une de ses plus riches
réserves à gibier d'eau. Un peuple jaune et vert,
comme le caca d'oie ; une canaille morne )· de sales
petits bourgeois, gens de boutique, avec leurs
femelles mal lavées, courtes et pataudes. Le port
même a l'air malade: couché dans la torpeur d'un
sommeil malsain, il croupit entre une petite ile et
deux tours fortifiées à la Vauban, lourdes et sottes
au soleil comme la double oraison funèbre d'un
concierge, sans grandeur étant sans emploi ni
raison: deux tours de geôle plut6t que de citadelle.
Ce port n'est pas une place de guerre, mais une
prison.
Sortir de chez soi ? Que ferait Stendhal dans la
rue? Pour rencontrer quelques prêtres à l'œil faux
et trois femmes puantes, ce n'est pas la peine de
quitter la chambre. Aux portes de la ville, le limon

7

�IOI 8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

et le désert. Le maquis fume au soleil. Rien ne
passe sur la Voie Aurélienne, sinon, de loin en
loin, quelque lent chariot, ou des paysans qui
sentent le mouton, la sueur et la poussière. Parfois,
un troupeau de vieux agneaux et de brebis aux
boucles jaunes. Çà et là, un fiévreux coin d'eau,
où les moustiques pétillent. Et sur l'horizon sulfureux, la Taifa, une colline hargneuse et plombée,
phare de la malaria.
A la maison, Stendhal, l'homme d'action,
s'épaissit sur sa chaise. C'est là que son sang violent
devient plus lourd de saison en saison, et que sa
mort prend mesure de l'homme. Le tailleur l'attend, à quelques mois de là, rue de Richelieu. Lui,
cependant, il ne vit plus que pour recevoir les
journaux et les livres de France. Vers la fin, il a
goô.té la seule joie d'amour propre qui l'ait sans
doute contenté : l'hommage de Balzac, unique
dans sa vie et, peut-être, dans l'histoire des lettres :
l'homme qui triomphe, rendant les armes au génie
méconnu. Alors, comme il a ri puissamment,
pensant au dépit de ses amis !
Après tout, c'est à Civita Vecchia que Stendhal
a connu le prix de la France. L'amour à Milan, et
tout le reste à Paris.
Quand le temps de l'amour est passé, l'esprit
est une plus belle carrière que l'ambition. On y
règne plus absolument et sans conteste. Bel empire
que l'on soumet sans avoir besoin de soldats, on

CHRONIQUE DE CAERDAL

1019

s'empare de ce pouvoir contre le gré de ceux
mêmes sur qui on l'exerce. Il ne faut qu'une occasion à la conquête spirituelle : Stendhal l'avait à
Paris, et ne l'avait pas à Rome. Il ne l'eüt pas
trouvée davantage dans sa chère ville de Milan,
capitale du ballet et de l'opéra bouffe. Au déclin
de ses jours, je m'assure que la passion de Stendhal
pour l'Italie était de pure imagination. Il vivait
dans l'Italie tragique du moyen-âge, et dans l'Italie
amoureuse de sa jeunesse. L'une et l'autre ne sont
plus que des souvenirs. L'Italie se faisait déjà
aussi niaise et morale que l'ennuyeux Manzoni.
Dès lors, Stendhal n'etit pas été fâché de passer à
Paris cinq mois sur douze. Là, on pense. Là, on
fait la grande guerre de l'esprit. Là, le combat des
idées et de l'art ne finit jamais. Voilà le dernier
effort, les formes toujours jeunes de l'immortelle
passion, et la vie héroïque quand on n'a plus
trente ans ni cinquante.

XII
CENT NOMS ET UN SEUL HOMME

Comme il s'est connu, ce Stendhal! A
quelle profotideur n'a-t-il pas vu son propre
mystère, en acceptant de ne pas l'expliquer ? Et
d'ailleurs, il mesure ses propres richesses à la
misère d'autrui. Il ne se vante de rien ; mais il est
1.

�1020

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

une aiguille toujours acérée à percer la vanité des
autres. Il ne dit pas son prix ; mais il le connaît.
Tant d'énergie à être vrai avec soi-même marque
sa force. Contrairement à l'opinion des malins et
des roués, le génie du mensonge ne va pas loin :
le mensonge est bientôt dupe du mensonge.
Témoin, la rhétorique. La recherche du vrai est
seule sans limites. La quête de soi ne finit jamais.
En vérité, ai-je dirigé ma · vie le moins du
monde? se demande ce Montaigne de la Révolution. " Qu'ai-je éte ? Que suis-je ? Je serais bien
embarrassé de le dire. 1 "
"Je passe pour un homme de beaucoup d'esprit
et fort insensible, - et je vois que j'ai été constamment occupé par des amours malheureuses. 1 "
Il a le tempérament mélancolique décrit par
Cabanis : "J'ai eu très peu de succès. 2 " Et il
remarque : "La rêverie a été ce que j'ai préféré à
tout. 2 " Il finit par conclure : "Aurais-je donc un
carat:tère triste ? 1 "

§
Il se faisait appeler Bombet, marquis de
Curzay, et Robert frères ; Domenico Vismara,
ingénieur à Novara, et De La Palice Xaintrailles
atné; comte du Tonneau et baron Raisinet; Cor2.

1
.1

Henri Brâlard, chap.
Ibid., chap. u.

1.

CHRONIQUE DE CAERDAL

1021

nichon, colonel Favier, Jules Pardessus et S. Alt.
le Prince de Villers; chevalier de Cutendre et
Horace Smith : enfin, il a pris et porté deux cents
noms. Il se donnait tantôt pour le duc de Stendhal,
tantôt pour un voyageur en ferrailles. Ce goüt du
masque est-il ]'instinct de la comédie ? le plaisir de
tromper? Ou comment l'accorder avec la fureur
de vérité, ce besoin qui ne se distingue pas, dans
Stendhal, d'avec l'élan de vivre?
Vivre les passions et les connaitre, c'est s'y livrer
deux fois, et les renouveler toutes, la vie n'étant
que le premier temps de l'intelligence : les actions
sont la matière des livres, soit qu'on l'emprunte,
soit qu'on la fournisse. N'y a-t-il pas du mensonge
dans le jeu de mystifier, si l'on s'y plait? Je
répondrai qu'il en est ainsi dans le comédien, et
point du tout dans l'artiste. Le masque de l'interprète n'est pas celui du poète comique.
C'est par imagination que le poète mystifie. Il
fait un nouveau personnage, chaque fois qu'il se
sent l'être. Mais d'abord il l'est. Il ne dupe pas
les autres : il se satisfait lui-même ; quand il s'est
répondu, il leur répond : loin de les abuser, il se
révèle. Il bouffonne au besoin : pour se donner
lieu de rire.
J'ai su quelqu'un, naguère, qui prenait ainsi
toute sorte de noms, par ·un attrait irrésistible :
il bnilait d'être un peu, dans le monde, tous les
hommes qu'il est en secret. Cet homme là, entre

�1022

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

autres manies, ne date jamais ses lettres du jour
où il les écrit ; mais du jour où il y répond dans
sa tête, et fort souvent du lieu où il rêve qu'il est,
où il est en effet, infiniment plus présent que là
où on le croit être. On ne se dérobe jamais mieux
aux autres qu'en se restituant à soi-même.

3. Les femmes de Stendhal sont d'une beauté
ravissante : elles sont dans l'amour, comme le
chant du violon dans la musique. Tout le génie
d'aimer; et le reste est de surcroit. Madame Bovary
exceptée, il n'y a point de femmes dans Flaubert.
Quoi de plus beau ou de plus ardent que Madame
de Rénal, Mademoiselle de la M6le, la Sanseverina
et Clelia Conti ? Il me faut penser à Shakspearc.
Mais Julien Sorel ?
Julien et Fabrice sont le même homme, l'un
en France, l'autre en Italie ; l'.un, contraint de
faire sa fortune; l'autre, la trouvant faite. Fabrice,
c'est Julien Sorel moins la tragédie. De ces deux
princes enfin, Julien est le Bonaparte qui doit
conquérir l'empire; et Fabrice, le cadet d'une
maison royale, qui pourrait régner à la place du dauphin. Julien ne peut sans doute pas être populaire;
mais s'il l'eîit été, on verrait déjà qu'il passe de
bien loin Don Juan.
La misérable postérité de Chateaubriand accuse

CHRONIQUE DE CAERDAL

I02J

Stendhal d'être sans cœur. Stendhal enveloppe la
passion de nudité, si je puis dire : elle est si
éclatante, qu'on ne la distingue plus de sa propre
lumière : elle est comme une ligne de rochers
attiques sur la mer, dans le soleil blanc de midi.
Il y a plus de cœur, en telle page de Stendhal,
que dans tous les romans français pris ensemble :
mais ce cœur est tout action. Ce cœur se livre à
l'esprit : il se fait moins sentir que comprendre.
Qui l'a compris d'ailleurs, est pénétré pour jamais
du sentiment que cette lumière enveloppe. Julien
Sorel est le Don Juan des cœurs vaillants et des
àmes puissantes, et non pas seulement le prince
des grands seigneurs méchants hommes et des
grandeurs oisives. Il est avec Fabrice l'éternel
modèle du jeune homme qui doit vaincre·; mais
si bien né qu'il doit, refuser la victoire, et y
préférer un jour, ne ftit-ce qu'un seul jour, la
sublime issue de la passion.
Comme telle, la passion c'est toujours la mort.
Ou, pour mieux dire, un état si pur et si parfait
de l'âme, que la mort, la vie, rien ne s'y distingue
plus.
§
4. Généreux Stendhal ! Quand il se dit Espa-

gnol, on ne peut s'empêcher de l'aimer ; et ce
gros garçon, eüt-il trois fois plus de ventre et les

�1024

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

joues rouges, son Espagne est celle du sublime
Don Quichotte, et jamais Barataria. En lui et
dans les autres, il appelle espagnol l'instinct
héroïque : une nature rebelle à toute platitude, à
toute bassesse, enfin à tout ce qui nous entoure.
Une àme origin;ùe, non soumise à la règle. Mais
être original, dans la maison commune, c'est être
fou, comme c'est être criminel que d'être pauvre.
" Je devais être un singulier problème dans la
famille Daru ; la réponse devait varier entre :
c'est un fou et c'est un imbécile. " 1
L'indignation a mené sa vie : "Elle m'a créé,
dit-il, le caractère que j'ai. " 2 Le conte espagnol
le plus ordinaire-, s'il y a de la générosité, lui fait
venir les larmes aux yeux. Il détourne ses regards
de tout ce qui est bas. C'est ce qui l'empêche
toujours d'avoir le génie comique. La conversation
du vrai bourgeois le rend hypocondre. Il a une
égale horreur de la vie plate et de la vie commune.
Il ne peut pas s'expliquer à lui-même "la disposition au malheur que lui donne le dimanche ";
point d'autre raison que celle-ci : le dimanche est
le jour du plaisir pour le troupeau. Il est clair que
Stendhal n'ira pas en paradis avec les autres : et
c'est ce qu'il demande. Qu'est-c~ qu'un paradis où
il faudrait retrouver toute cette canaille ? Depuis
que Potachon de la Mirandole admire Parsifal, il
1 1 Henri Brlt/ard, chap.
pour un fou, etc.

XXIX.

Et encore, ch. xvm : Je pasae

1025

CHRONIQUE DE CAERDAL

me semble que je n'aime plus la musique. Cependant, une idée me rassure: Potachon fait semblant.
Demain, il n'y pensera plus : il sera rendu tout
naturellement par son beau génie à Louise, la
sainte arpette, et à Samson le tondu. Car l'Apollon
de cette espèce-là est un Arlequin mi-parti Sor...
bonne, et mi-parti Montmartre.
§

5. " La découverte de Don Quichotte est peutêtre la plus grande époque de ma vie." 1
" L' Arioste forma mon caractère. " 2
" Quel océan de sensations violentes j'ai eu. " 3
Le moins lyrique des hommes, et pourtant des
plus poètes : il est toujours ému. Il ne peut pas,
tête à tête, douter de son génie, même s'il sourit
en le confessant. Sa sensibilité est trop vive : ce
qui ne fait qu'effieurer les autres, le blesse jusqu'au
sang. Telle est son unité:" Tel j'étais en 1799,
tel je suis encore en r 836, mais j'ai appris à
cacher tout cela sous de l'ironie imperceptible au
vulgaire. " 4
Henri Brlt/ard, ch. vm ; ch. xx.
Ibid., ch . vm ; ch. XI .
1 Ibid., ch . xx1x.
' Ibid., ch. XXVI : Les affections et les tendresses de sa vie
sont écrasantes et disproportionnées ; ses enthousiasmes excessifs
l"égarent ; ses sympathies sont trop vives, ceux qu'il plaint souffrent
IJIOÎn1 que lui.
1

1

�1026

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Artiste donc, autant qu'on peut l'être : puisque
c'est le pis aller de l'amant. Mais on peut dire
aussi le contraire du grand homme: amant, le pis
aller de l'artiste. Entre les deux, il y a l'âge : on
finit par l'art, on commence par l'amour. Ha 1
pourquoi l'amour ne finit-il pas ce que l'amour
commence ! Mais si l'amour accompagnait toute
la vie, on n'aurait pas besoin de l'œuvre. On
cherche un divin alibi. Puissance de l'art: on crée
une religion, et on la donne aux autres. Et souvent
ils en vivent, qu'on a cessé soi-même d'y croire.
On donne la foi, et on ne l'a pas. Car il faudrait
avoir le bonheur: et quel dieu l'aura, qui s'est
fait de soi-même ? quel dieu croirait assez à
l'œuvre de ses mains ?

6. Un tel homme ne pouvait rien être dans
l'État, ni dans les bureaux, ni dans les assemblées.
Enfant même, il était de trop dans la famille.
La famille veut qu'on porte en commun des
sentiments ou des intérêts bas. 1 De toutes les
vertus qu'exige la famille, (l'Académie, les cercles,
les coteries de tout ordre) la première est un
Souvenirs d'Égotismt, Journal, Htnri Br4/ard, partout ; mais
d'abord, ch. 1v, v1, vu, v111, x.
1

1027

CHRONIQUE DE CAERDAL

/

estomac robuste : il s'agit d'avaler le linge sale de
la maison, en mesure, et sans s'y prendre à deux
fois. L'indignation est le grand péché contre la
famille. On appelle respect la solidité de l'estomac.
Jamais de nausée, je vous prie, et pas d'indignation. Si le bol est par trop répugnant, ouvre la
bouche et ferme les yeux. Ainsi, jeune coquin,
quand votre père, l'imperturbable rentier de
l'imposture, enseigne l'honneur, la constance
romaine et le sublime désintéressement.
Est-ce qu'il est permis d'être généreux en
famille? Malheureux, c'est trahir la maison. Quant
à être vrai, il n'y a pas de pire forfaiture : c'est
trahir sans plus. La raison d'état n'est rien de
plus que la raison de famille, multipliée un ou
deux millions de fois. L'honneur couvre le mensonge utile. Le plus vil intérêt, la jalousie entre
autres, a toute sorte de beaux noms ; mais 1a
vérité généreuse est la trahison. Le monde est
plein de politiques à puantes racines, qui sont
docteurs en cette théologie. Et moins ils sont
chrétiens, plus ils se fondent sur l'Église. Je les
reconnais là.
§

7. Cruel, oui, à ce qu'il méprise.
Mais comme il aime 1

�1028

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

§

8. Il est musicien de lettres, à sa manière, qui
est celle d'un géomètre, comme Flaubert cherche
sa musique à la façon d'un peintre et d'un orfèvre.
Stendhal disait : "Souvent, je réfléchis un quart
d'he9re pour placer un adjectif avant ou après son
substantif. 1 "
Quelle langue pourtant, quelles ressources pour
le génie, et quelle étendue, celle où en moins de
cinquante ans on a pu lire, usant enfin des mêmes
mots, Stendhal, les Mémoires d'Outre Tombe,
Flaubert et Verlaine.
On sourit du mépris rieur quel' on voit à Stendhal
pour Chateaubriand, se moquant du style moderne.
Dans son antipathie, Stendhal quelque part semble
avoir prévu Verlaine. 2 Il n'est rien de si contraire
à Verlaine que Stendhal. Lequel est le plus d'ici ?
Et Stendhal croit aimer la musique ! Mais quoi,
la France qui a tant méconnu Stendhal, ne sait pas
encore le prix de Verlaine. Or, depuis Dante, c'est
le plus poète des poètes, le plus vrai, le plus pur,
étant toujours en Dieu, et le plus musicien.
§

9. " Mes amis, -

ils auraient fait sans doute

1 Lettre à Balzac, du 30 octobre t 840.
• "Il ntigt dans mon cœur," dit-il en se moquant. Mlmoirts d'u11
Touriste, II, t 8 1 .

CHRONIQUE DE CAERDAL

1029

des démarches actives pour me tirer d'un grand
danger ; mais, lorsque je sortais avec un habit
neuf, ils auraient donné vingt francs, pour qu'on
me jetât un verre d'eau sale... Je n'ai guère eu, en
toute ma vie, que des amis de cette espèce. 1 "
Le Condottière disait un jour, faisant allusion
au goüt patient et à l'indulgence d'un sien ami
pour un Achate outré et ridicule :
Nous aimons à avoir des bouffons, nous autres
rois.
Des Triboulets qui nous chérissent ne sont plus
difformes à nos yeux : ne les chérissons nous pas ?
Et plus sincèrement peut être qu'ils ne nous le
rendent. Témoin Stendhal avec Colomb, son
Romain de Grenoble. Là est le lien entre eux et
nous.
Chérir un homme, c'est lui trouver parfois une
secrète ressemblance avec nous mêmes. Du moins,
nous le croyons ; et nous voulons le croire, si
notre sentiment s'en mêle. Un magnifique bouffon
doit, il me semble, nous présenter la caricature
d'une face au moins de notre propre caractère ; et
moins visible elle est en nous, plus la bouffonnerie
a de saveur dans notre ilote familier. D'ailleurs,
le plus beau bouffon est le moins volontaire. Il y
faut premièrement le don de nature ; puis le
talent, qui l'étend et le justifie. Que le bouffon,
1

Henri Brlilard, chap. II.

�JOJO

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

d'abord, ne veuille pas l'être; puis, qu'il s'efforce
de bouffonner parfaitement pour nous plaire. C'est
le fond de l'amitié, en beaucoup d'amis. Ainsi
Bouvard et Pécuchet, le Pylade et l'Oreste des
siècles plats, avec la Science pour maitresse, autrement dit pour Erinnye.

XIII
EUROPÉEN

C'est le destin du génie français de ne pas être
assez français, s'il n'est aussi européen.
Goethe et Stendhal sont les premiers européens
depuis la fin du moyen-âge. Car au temps de la
chrétienté, les grands chrétiens furent hommes de
l'Europe, si Europe il y avait : saint Bernard, je
suppose. Chaque pays pourra continuer d'avoir ses
bons serviteurs, qu'il appelle ses grands hommes;
mais il n'y aura plus, en art ni en poésie, de grand
homme qui ne soit européen. Il faut désormais
porter l'esprit de l'Europe dans l'œuvre même où
triomphe le génie d'un peuple ou d'une race.
Etre européen, ce n'est pas lire et parler cinq
langues, ptlt on écrire avec talent dans toutes. Ni
passer la vie à errer de pays en pays, être connu à
Londres, avoir des amis à Berlin, la gloire à
Genève et un lit à Rome. Ni paraitre enfin sujet
de toutes les nations, plus que citoyen de sa

CHRONIQUE DE CAERDAL

1031

propre patrie. Il s'agit d'être libre citoyen de
toutes, en esprit.
Je ne sais qu'une façoh d'être bon européen :
avoir puissamment l'âme de sa nation, et la nourrir
avec puissance de tout ce qu'il y a d'unique dans
l'àme des autres nations, amies ou ennemies. Les
phis ennemies nous sont amies en ce qu'elles ont
de grand ; et si nous sommes à la beauté, leurs
plus belles œuvres sont à nous. Il n'y a que des
amitiés pour un vaste esprit.
Etre européen : être allemand avec Goethe et
Wagner ; italien avec Dante et Michel Ange ;
anglais avec Shakspeare ; scandinave avec Ibsen ;
russe avec Dostoievski: prendre à soi toutes ces
puissances, et ne point se perdre à force de s'y
répandre. Mais d'abord, se rendre maitre du trésor,
et n'en pas être le gardien asservi ; en posséder
les magies diverses et contraires, au lieu de s'y
éparpiller au hasard : en un mot, y faire l'ordre.
Voilà ce que j'appelle être européen; et c'est à quoi,
de tous, l'homme de France est le plus propre.
Car, s'il a le génie de sa langue, qui est un art,
comme l'art même il est un ordre, et fait un ordre.
Il n'y aura point d'Europe, si l'esprit Français n'y
préside. Ce ne serait pas la peine d'une Europe, si
elle ne se constituait en mère et protectrice du
genre humain. Il reste bien plus de l' Allemand
dans Goethe et de sa province, que de Paris et de
Grenoble dans Stendhal. Et combien notre Stendhal

�IOJ2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

est plus libre, moins docteur, moins timoré, plus
homme enfin. Il ose à tout coup, et jamais il ne
s'émerveille de son audace, comme font les Barbares. Les peuples moraux n'atteignent pas à la
virilité. Ils passent de l'enfance niaise à la violence.
Stendhal est bien l'homme de la Révolution et
l'artiste de la Grande Armée. Son œuvre est la
chronique de l'intelligence française en Europe.
Comme la Grande Armée elle même, il promène
sa pensée de Cadix à Moscou~ et de l'Écosse en
Sicile. On la trouve en Italie plus souvent qu'ailleurs, parce que Stendhal y a ses quartiers d'amour.
Ce grand capitaine a conquis l' ltalie passionné~J la
musique, l'art et les mœurs étrangères; et .il a
offert ces conquêtes à la prose française.
Comme il a voyagé dans toute l'Europe en
voluptueux, il a goüté, sous tous les climats, à tous
les fruits de la nature et de l'histoire. Il n'a jamais
été plus lui même, qu'en faisant cet immens~
butin. Le don de voir et 1de sentir était égal en lui
au don de comprendre. Toutes .ses erreurs sont
passionnées : il y a de la vie dans toutes. Ses sens
l'ont enrichi de mille sentiments divers. Il n'a
jamais repoussé un plaisir du cœur ni de l'intelligence. Il a pris sa volupté et sa peine partout. Et
ce grand amoureux: de la vie s'est sa~si ,.des â~es
étrangères, sans rien ôter à la force et a l mgénu1té
de la sienne.
Plus il semblait sacrifier la France et le caractère

CHRONIQUE DE CAERDAL

1033

français aux passions étrangères, plus il réussissait
à se les asservir. C'est l'amour qui fait les vraies
conquêtes. On est maitre le plus de ce que plus
l'on aime. Je parle de l'esprit et de ces belles
guerres, où le vainqueur cède amoureusement les
armes au vaincu. Avec la bonté du terroir, et
pareille au sol même de la France, la pensée
de Stendhal s'est fécondée de tout l'Occident; les
plants du nord et du midi y purent croitre en
qualité, portant des parfums et des bouquets nouveaux à l'antique culture et au commun vignoble.
Voltaire et Rousseau avaient été des Français
pour- toute l'Europe. Stendhal le premier, depuis
Montaigne, fut un Européen de France. Et lui
seul, avec Goethe, jusqu'ici Pa été.

XIV
ASSEZ HAUT POUR NI! PAS hRE DUPE

Tout pa'ien, et pourtant de sensibilité très
catholique, il se garde, il rirait de méconnaitre la
chair : les barbares qui la violentent, d'ailleurs, la
servent à leur insu plus grossièrement que les
autres. Stendhal, plus il donne aux sens, plus il
les cultive, et moins il s'y limite. La recherche de
la volupté, qui est toute sa morale, ne le porte,
comme Montaigne, qu'à distinguer plus finement
entre les plaisirs. Et comme Montaigne préfère le
8

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSI
1034
bel entretien d'un livre ou d'un poète à toutes les
jouissances vulgaires; Stehdhal est ·toujours prêt à
trouver une volupté suprême dans la gloire, dans
l'honneur, dans l'action héroique, en toutes ces
( fleurs de l'âme qu'on ne peut cueillir, le plus
/ souvent, qu'en tranchant la tige de la vie.
Le plus réaliste des hommes par l'esprit, il ne
respire que pour les èauses idéales ; et c'est la
raison même qui lui en révèle la réalité, comme
elle lui en fait connaitre le prix. Il ne tient si
fortement à la terre, que pour bondir au dessus
de la boue, des fossés et des plats chemins. Il est
toujours à cheval, et toujours au galop sur la
plaine. Les partis les plus beaux sont pour lui les
plus vrais. Le héros et les amants passionnés lui
semblent les plus raisonnables entre les hommes :
seuls, ils ont fait de la vie un emploi qui vaut la
peine de vivre.
Rien ne lui plait que les choix ·généreux du
sentiment. Il ne croit qu'à l'amour sans calcul et
aux œuvres héroïques : voilà tout ce qui compte
dans la vie ; et dans la mort, il croit passionnément
à la gloire.
Enfin, je trouve en lui, plus qu'en personne, le
goüt divin de la France pour l'immortalité.

ANDRÉ SuARÈs.

Avril r9II.

IOJS

,
,
REFLEXIDNS SUR LA LITTERATURE
.

LA NOUVELLE C~OISADE DES ENFANTS, par
Henry Bordeaux (Flammarion).
"Je l'écris avec certitude: le Kantisme est un poison pour
l'intelligence française. Il l'engourdit et la paralyse. Tout pète
de chez nous, soucieux de transmettre le flambeau de sa race,
devra en préserver ses fils. Il ·ne le leur laissera pas ignorer.
mais il leur montrera son venin. " Ainsi parle M. Léon Daudet
dans ses nerveux, savoureux, endiablés Fantômes et Yioa:,,IJ~
J'ignore comment les péres de famill~ s'accommoderont de ces
hauts devoirs, et de quelles mains subtiles ils démonteront la
Dialectique transcendentale afin d'y r~ndre palpable à leur géniture, et claire sous le flambeau de leur race, la poche à venin.
Ce_ que,. je s~is bien, c'est_ que M. Henry Bordeaux n'expose
pomt I inteil1gence française aux poisons dont la menace le
Kantisme. Au contraire .de la Critique de la Raiion Pure, lea
œuvres de M. Henry Bordeaux, et singulièrement la Nour;t/le
Crofrade des Eefants, se présentent aux " pères de chez nolU "
sous le visage le plus souriant, le moins offensif. Un de ses
admirateurs lui a consacré un livre qui s'appelle : Le RomtJncitr
û la famille Jra1tfaise : " Quelles canailles que ces pères de
fa~ille ! " disait Talleyrand. Qtiels subtils et quels révolutionnaires que ces romanciers de famille ! me disais-je en lisant la
NO#Velk Croisade. Car ce livre se compose d'une préface cc
~'un roman, et la préface et le roman (oui, Monsieur !) m'ont.
mtéressé comme des œuvres de futurisme très authentique.

�RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

1036

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Croyez bien que je ne fais pas concurrence à Mon1ieur
·Mézigue, et laissez-moi vous citer un précédent grke auquel
vous accueillerez mieux mes dires. J'avoue que je n'ai jamais
lu de romans de Luigi Capuana, professeur à l'Université de
Catane. Mais il y a quelques années je me trouvais en Sicile,
au moment où se célébraient les fêtes de son jubilé, et où il
rec1,vait un porte-plume en or que lui offraient les écoliers et
écolières de l'Italie. Les journaux siciliens abondaient en
articles qui l'étudiaient ; il y était généralement exalté comme
un romancier de santé morale, propre éminemment à la cure
de printemps dans les familles italiennes, et même comparé
plusieurs fois, s'il me souvient bien, à M. Henry Bordeaux
lui-même. Quelques mois après, comme je me trouvais encore
en Italie, les journaux retentissaient de comptes-rendus d'un
procès intenté- à Marinetti, à d'autres futuristes aussi peut~tre, pour _outrages à je ne sais plu11 quoi, les mœurs je crois.
Or un éV,énement du procès fut une léttre de Capuana, qui
non seulement défendait les futuristes, mais se déclarait, en
termes itali;missimement enthousiastes~ lui-tnême, futuriste. Et le
journal de l'école paraissait avec cette grande manchette:
Luigi CapUt1na futuriita ! L'auteur du Monoplan du Pape avait
fait là une grande conversion ! Il y a dans la Nouvelle Croiiade
des Enfants un monoplan et un pape, tous deux en considérable
posture. Mais _il est des raisons plus sérieuses pour nous faire
pressentir, dans les conditions naturelles du roman de la famille,
italien ou français, les pentes qui le conduisent vers l'esthétique
.de F. T. Marinetti. Et je pense bien que celui-ci a l'esprit assez
large pour faire siennes ces paroles du duc d'Orléans : "Je ne
redoute aucun concours, de quelque point de l'horizon qu'il
me vien~e. "
La préface de M. Henry Bordeaux s'appelle TroiI Petitts
Mario1me1tes. M. Bordeaux1 afin de remercier ses lecteurs qui
l'ont introduit si souvent dans leur famille, nous conduit à son
tour dans la sienne, et nous présente ses trois fillettes, discrète-

37

10

ment, mais assez pour que nous les jugions charmantes. Je ne
crois pas que le roman de M. Bordeaux dé~ourage ses imitateurs U'en connais !), mais la préface de fyl. Bordeaux, ou plutôt,
dans cette préface, les propos de son aînée, mademoiselle
Paulette, décourageront tous ses critiques, qui ne pounont
jamais qu'ajouter du grossier et du lourd aux deux aphorismes
décisifs dont cette malicieuse petite personne a décoré soil auteur.
Voici le premier. Elle est entrée dans le cabinet de travail
de papa. Elle est entrée là comme on entre chez le marchand
de sucres d'orge. Elle n'a point senti cette aura qui souffle dans
les lieux inspirés. Mais simplement "la voilà qui vient et qui
me pose sa petite main sur le front. - Paulette, ma mie, ·que
me veux-tu ? - Mais, papa, ton front n'est pas mouillé.
- Pourquoi, diable, mon front serait-il mouillé? - Tu ne
gagnes pas ton pain à la sueur de ton front. Elle avait lu dans
son Histoire Sainte, etc. " Cela est profond. Il se voit que
M. Henry Bordeaux n'écrit pas à la sueur de son front, que
son travail est facile et paisible, lisse et-sec. Victor Hugo, ainsi
admonesté par Georges ou Jeanne, aurait peut-être crié, comme
le Colosse de Rhodes dans la Légende des Siècles :
La goutte de l'orage ut ma .seule sueur !

M. Henry Bordeaux, lui, n'avait pas d'orage romantique ni
d'inspiration panique à évoquer, et il est resté coi. - Vous
avez raison, Paulette. Il y a ceux qui gagnent à la sueur de
leur front le pain de leur pensée, et il y a les autres. Quand la
carafe est en sueur, c'est que son eau est fraîche.
Et le second. A :la veille du premier janvier, Paulette et
son papa ont été faire un tour de promenade aux ChampsElysées, mais, comme c'est le moment des étrennes, que la
maison est déjà encombrée de cadeaux, sa mère ,. défendu
qu'on achetât rien à Paulette. Et M. Henry Bordeaux, qui ·
est un jeune papa, tient compte de cette recommandation à
peu près comme ferait un vieux grand-père. Il achète ·ce qu'on

�RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

1038

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

lui demande. Il achète un seau de bois : un seau trouve
toujours pour l'acheter, celui que dirait Willy...
•• Après le seau une pelle la tenta ... J'offris la pelle. Qu'estce, en effet, qu'un seau sans une pelle pour le remplir de
sable ? Il y a entre les deux instruments un rapport étroit, un
lien nécessaire qu'un papa n'aperçoit pas immédiatement, mais
qu'un enfant discerne tout de suite. Puis ce , fut une balle.
A vrai dire, la balle ne se rattache à rien. De même la corde i
sauter qui me fut aussi réclamée. J'offris la balle, j'offris la
corde à sauter. Mais j'avais une raison, une raison supérieure,
que tous les parents, soucieux de l'éducation de leurs enfants,
comprendront : je voulais savoir jusqu'où iraient les appétits de
Paulette. Vous conviendrez que c'était là une expérience intéyessante. Alors elle désigna une poupée d'un air tendre et me
la montra sans rien dire. Je vis le point d'or qui court dans sca
y~ux se fixer. Elle souriait, elle était jolie à cro~uer, elle ne
demandait rien. J'offris la poupée.
·
,, Savez-vous comment elle me remercia ? Non, vous ne le
devineriez jamais. Les deux mains pleines, elle me considéra
gravement et me dît enfin :
,, - Comme tu es faible, papa ! "
Aucun critique de M. Henry Bordeaux n'est allé plus loin,
ne s'est exprimé sur son compte avec cette autorité, sévère et
juste. Il est vrai que M. Bordeaux est, en bien des points, un
auteur faible, et j'ai cité cette page afin que l'on vh qu'il est un
auteur faible dans le moment, en la mesure et pour les raisons
qui en font un papa faible. Il est faible, dans les deux cas, par
défaut de volonté, de discernement, de discipline, non par
défaut de moyens naturels, d'invention et d'observation. Que
faudrait-il pour rendre cette page exquise? Cela i:µême qui eOt
fait juger à Paulette que son papa était fort : p.e la décision,
du sacrifice, - rayer, barrer. Supprimez, sans rien ajouter, tout
le remplissage fadasse, toute la sauce à la farine, et il vous reste
ceci :

1039

"Après le seau une pelle : j'offris la pelle. Puis ce fut une
balle. La balle ne se rattache à rien : j'olfris (donc) la corde à
sauter. Je voulais savoir jusqu'où .iraient les appétits de Paulette.
Elle désigna une poupée, d'un air tendre, elle souriait, elle ne
demandait rien : j'offris la poupée.
" (Alors) les deux mains pleines, elle me considéra et me
dit : Comme tu es faible, papa ! "
Je n'ai fait qu'ajouter un donc pour une clarté peut-être
superflue, et bien qu'il fasse pléonasme avec la ponctuation, et
que transposer un alors. La page de M. Bordeaux, mise au
régime des viandes grillées, et fondue, dégraissée, rajeunie, vous
prend tout de suite un petit air piquant et savoureux de
Jules Renard. Je voudrais que ce Renard, en puissance chez
lui, servît un peu à M. Bordeaux de conscience littéraire, de
remords vivant, ainsi que celui du jeune Spartiate, et quitte
peut-être à mouiller son front d'un peu de sueur. Mais que
d'obstacles ! Faiblesse de M. Bordeaux à l'égard de lui-même :
tout cc qui tombe de sa plume, il le garde, et voilà ses pages
qui cheminent, chargées, elles aussi, de seaux, de pelles, de
cordes à saute.r et de poupées, qu'il n'a pas eu la force de
refuser, à mesure que les plus faciles boutiques les lui proposaient. Faiblesse de M. Bordeaux à l'égard des familles, des
éternelles et fortes familles ! A la renommée de Carpentras
contribuent, avec ses berlingots, les inscriptions placées jadis
sur les sièges de la promenade: Bancs pour s'asseoir. M. Bordeaux,
plus soucieux que Mallarmé d'être intelligible, tient excessivement à ne laisser pour les familles, même carpentrassiennes,
aucune obscurité dans ses propos. Il ne dira pas : "Qu'est-cc
qu'un seau sans une pelle?", mais ~îen : "Qu'est-ce qu'un
seau sans une pelle pour le :remplir de sable. " Au moins la
grand'mère, qui est dure d'oreilles, a compris. Les jésuites
mettaient des coussins sous les coudes des pécheurs, M. Bordeaux met des cornets acoustiques dans les oreilles de ses
lecteurs. Mais le style vrai ce n'est pas cela, le style v:rai ce n'est

�1040

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pas le style jésuite, c'est même tout le contraire. Et voilà ce
que mademoiselle Paulette nous a fait, d'un mot, saisir.
Maintenant que nous avons la clef, nous pourrions analyser
de même toutes les pages de M. Bordeaux, arriver aux mêmes
conclusions, et nous convaincre qu'il y a dans la Noufle/Jt
Croùade des Eefants une étoffe où l'on taillerait, avec des
ciseau:s:, un conte fort aimable. Mais l'étoffe telle qu'elle est,
dans son entier, dans son superflu, si elle ne nous donne pas
cela, nous donne pourtant quelque chose de plus curieux qu'on
ne croirait. C'est le moment de s'expliquer sur le futurisme de
M. Bordeaux, qui consiste, en gros, je le dis tout de suite,
dans la création d'un type nouveau de roman : le roman-film.
Je rappelle que le futurisme, tant littéraire que pictural, n'est
guère sorti, jusqu'aujourd'hui,,de l'Italie, qui est la terre nationale du cinéma. Et le futurisme, en effet, figure bien' le principe
du cinéma, appliqué de façon inattendue, parfois curieuse, au
arts. Une toile futuriste invite l'œil à la cinématographier,
comme une toile impressionniste invite l'œil à la recomposer
avec des taches; mais l'œil, si j'ose dire, n'en fait qu'à sa tête:
s'il est jusqu'ici (je parle du mien) consentant aux invites de
/ l'impressionniste, il ne veut rien savoir devant celles du futuriste, et il a beau tourner sa manivelle, le cinéma ne marche pas.
Quoiqu'il en soit, M. Bordeaux, qui s'est dépeint, dans sa
préface, comme le père le plus complaisant, doit conduire fort
souvent ses fillettes au cinéma. Ecrivant, dans la Nowellt
Croisade, un conte pour ses enfants et pour ceux des autres,
soucieux de les captiver ainsi que les captive Rigadin, il a, sana
doute, malgré lui, inséré, comme un futuriste, le plus possible
de cinéma dans son roman. Et je vous assure, que vu sous cet
angle, son livre devient très curieux. Vous sayez que la plupart
des romans populaires passent aujourd'hui au cinéma, de
Roger li: Honte à Quo YadiJ, et il y a quelques semaines Ica
journaux nous annonçaient que M. Paul Bourget avait trait6
avec une maison italienne pour la mise en film de Co1mopolis.

llÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

Mais jusqu'ici il fallait que l'adaptateur désarticuUt le roman
pour le projeter sur l'écran. Cette fois il n'aura qu'à prendre
tel quel le roman-scénario de M. Bordeaux pour en tirer le
plus joli film que puissent voir les petits et les grands enfants
d'Europe.
Quand le cinéma sera sorti de sa phase empirique, que son
esthétique propre se dégagera, et que des artistes vrais essayeront
d'en faire autre chose que le pot-pourri assez discordant et
saugrenu qu'il est généralement aujourd'hui, on comprendra
sans doute qu'un film c'est un mouvement, que tout doit y
~tre sacrifié au mouvement, construit ou plutôt orienté en vue
d'un mouvement. La course folle, en boule de neige, la poursuite
des sergents de ville, des étalagistes renversés, des petits pâtissiers, qui fait normalement le fond inchangé d'un épisode
comique, demeurent très caractéristiques : car, bien qu'hérités
du vaudeville, ils sont nécessités par le genre cinématographique,
ils lui sont incorporés comme la 1r6µ:1r71 à l'ancienne comédie
attique. Ils constituent le schéma que doit s'attacher à développer l'art du cinéma. Cela d'un côté, le futurisme milanais
de l'autre, voilà peut-être deux extrêmes encore grossiers qui
aideraient notre imagination à évoquer cet art de mouvement,
cette danse du monde sur l'écran d'une salle, an vrai, complet,
cherchant ses moyens dans son principe et dans son centre, tel
que le courant du siècle le verra certainement s'épanouir.
La Nouvelle Croitade c'est la forme la plus ingénieuse et la
plus délicate qu'ait prise jusqu'ici l'idée de cette course folle,
rythme élémentaire, respiration et vie de tout le roman, et
par laquelle sont aspirés, définis, tous les personnage.\ de
M. Bordeaux. Le titre d'un chapitre : Et la pouriuite c011ti1111t •••
pourrait former le sous-titre du roman, jusqu'au moment où la
poursuite se termine dans la communion des enfants.
Cette course, c'est le départ des enfants d'un village savoisien,
qui, ayant entendu en classe l'instituteur raconter la Croisade
des enfants, celle du XIIIe siècle, sont amenés par un des leurs,

�1042

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

le petit Philibert, à se croiser eux aussi, à s'en aller à Rome
pour voir le pape et communier de sa main. Une fois qu'ila
~ont fartis, les pare~ts courent après eux à travers la montagne,
jusqu au mont Cems, conduits par le curé et l'instituteur dont
les discussions servent d'intermèdes comiques et ne ~dront
rie~ à d~v:nir des gestes sur l'écran ; les parents les rattrapent,
~ais Philibert et sa sœur Annette, eux, vont toujours, vont
Jusqu'à Turin, jusqu'à Rome, poursuivis par les parents, par
l'oncle Thomas, le curé tot?jours et l'instituteur encore, et il y
a des chemins de fer, et il y a un aéroplane qui a une panne
au mont Cenis, et qui va à Rome, et qui ptend l'oncle
Thomas, et ils retrouvent enfin Annette et Philibert, à la
chapelle Sixtine, avec le pèlerinage des petits communiants
français, que le pape vient de recevoir. M. Bordeaux a même
mis assez d'art à ne pas ralentir le mouvement de la course, à
( ne jamais l'immobiliser en tableaux plastiques a la façon du
Chatelet.
Elle ne commence, cette course, qu'au sixième chapitre;
mais les cinq premiers y préluderaient par cinq morceaux fait1
à souhait, eux aussi, pour le cinéma, et ménagés comme les
cinq parties d'une ouverture. Voici le Miracle de la N~l, les
jouets que l'oncle Thomas avec du bois et des couteaux
fabrique la nuit de Noël pour les sabots de ses neveux, ces
jouets qui se feraient si joliment, sur l'écran, devant les spectateurs, - le Songe de l'oncle Thomas endormi dans la chapelle
abandonnée, l'oncle Thomas à la porte du Paradis, rudoyé par
Saint Pierre et renvoyé sur la terre par le Seigneur Jésus, l'ancienne Croisade des Enfants, racontée en classe par l'instituteur, et qui passerait sur la toile à la manière du Rh,
de Detaille.
Tout cela est si bien appelé par le cinéma que sOrement, cet
été, dès la fonte des neiges, la croisade des Enfants va être
suivie, en pays savoisien et italien, de la croisade Pathé ou de
p croisade Gaumont. Les opérateurs, ayant transporté I em

JlÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

1043

matériel en quelque Avrieux, suivront, vers la mi-juin, par le
Mont-Cenis, la trace des petits croisés. Certainement on ne
sera pas embarrassé pour la figuration, sauf en un point :
Verrons-nous Pie X sur le film 1 La Chapelle Sixtine s'ouvrirat-elle è Et la communion des enfants par le pape, l'apothéose
de la croisade, terminera-t-elle dignement, sur un point final
de stabilité, d'éternité, ce poème oculaire de mouvements ?
Qqel beau problème à agiter dans une assemblée de cardinaux !
Le cardinal Mathieu n'aurait pas vu là de grande difficulté, lui
qui, lorsqu'il entrait pour Vêpres, en grand apparat, dans le
chœur de sa cathédrale, permettait, dit-on, que l'organiste attaquAt : Tiens, voilà Mathieu! Il ne manque pas de curés qui font
servir leur église à des projections cinématographiques, Jérusalem
ou scènes de la Passion. Les journaux nous donnaient récemment
le texte de la lettre fort aimable que Pie X a écrite à
M. Bordeaux pour le féliciter de sa Nouflelle Croisade, et le
pape a collaboré avec l'auteur, puisque les paroles que celui-ci
met dans sa bou.che, à la scène finale, "sont directement
inspirées du discours adressé par le Souverain Pontife, le
1,1- avril I 9 I 2, à la chapelle Sixtine, au pèlerinage des petits
communiants français". Le Pape n'a jamais vu aucun inconvénient à poser devant l'objectif, en une quarantaine au moins
d'attitudes, bénédiction ou même prière intime : la photographie animée ne diffère de la photographie immobile que par un
perfectionnement technique, et Guillaume II ne dédaigne
point de s'y prêter libéralement. Je suis bien certain que tous
les petits •et les grands enfants qui vont au cinéma seraient
reconnaissants à Pie X d'accorder jusqu'au bout son appui au
talent cinématographique de M. Henry Bordeaux.
. C'est là tout le futurisme de M. Bordeaux, et je suis très
disposé à avouer qu'il est beaucoup plus sain que celui de
M. Marinetti. Son roman m'a donc intéressé par la pente
fleurie qui le conduit au cinéma, et parce qu'il fournissait une
donnée aux questions que je me posais ici il y a quelques

�1044

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

années : je me demandais si le meilleur du roman n'allait pas
se déposer dans le théatre; voilà qu'il brlile singulièrement lei
étapes. Mais je reconnais qu'à côté du scénario cinématographique, qui nous donnera tout ce que peut avoir le plus beau
film du monde, la Croisade des Eefant1 a des pages ingénieuses,
spirituelles, d'un esprit parfois un peu préparé et compassé
comme l'était celui de la Petite Mademoiselle. M. Henry Bordeaux sait construire avec habileté un roman, et je me souvieus
même que toute la seconde moitié de la Maison était des
meilleures. Ce qui lui fait défaut c'est, bien entendu, l~s.!}'!e, f
Je n'ai aucun préjugé contre ces sortes d'œuvres, je ne suis pas
assez sot pour leur reprocher leur succès, et je garde assez de
sang-froid pour les mettre à leur rang moyen. Il est exact que
les poètes n'ont pas, en tant que poètes, le droit d'être
médiocres ; ils sont bons ou mauvais. Mais le théitre, le
roman, l'histoire, la peinture, la sculpture, la musique, (tout
en somme sauf la poésie) vivent quotidiennement, normalement, sainement, de talents moyens, ou, simplement, de talents.
Il en est en littérature comme en politique, où la continuité, la
résistance et la santé ordinaires d'un pays résident dans ses classes
moyennes. C'est le terreau qui permet la floraison, c'est le normal
couronné et violenté par l'exception géniale qui lui fournit u
raison d'être, c'est la vie littéraire courante qui apporte, à l'élite,
appui et résistance, et au-delà de laquelle s'épanouissent les moments privilégiés d'amour, c'est le système de rapports sans lequel
il n'y aurait pas d'absolu, c'est l'ordre des appelés hors desquels
sont tirés les élus, mais sans lesquels il n'y aurait pas d'élus. Il
n'est pas besoin de mobiliser toute la pensée de Leibnitz pour
comprendre que notre monde littéraire est, après tout, le meilleur des mondes littéraires possibles. Ne partage pas cet avis
M. Paul Stapfer qui a écrit plusieurs volumes afin de montrer que
les réputations littéraires, passées et présentes, constituent la plus
hasardeuse et la plus incohérente loterie. Il n'en prenait A
témoin, d'ailleurs, que son goO.t personnel, ce qui était peu.

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

1045

Il se plaignait d'avoir vainement consacré un livre entier à
prouver qu'Adolphe Monod était un prédicateur aussi grand
que Bossuet : ce qui d'ailleurs m'a fait lire Adolphe Monod,
et m'aurait conduit à penser que M. Stapfer était un mauvais
plaisant, si Adolphe Monod n'avait été précisément son parent.
Le jugement de la postérité sur Bossuet et Monod est bon.
Le jugement favorable des classes moyennes sur M. Bordeaux
s'explique par les qualités de M. Bordeaux, qui est un ouvrier
de romans très expert comme MM. de Flers et Caillavet sont
des ouvriers habiles de pièces. Cela n'empêche point la hiérarchie, mais la permet, la dévoile, la consacre. Villiers de l'IsleAdam fait remarquer avec bon sens que le bourgeois préfère
évidemment la •lecture de Scribe à la lecture de Milton, mais
qu'au seul prononcé du nom de Milton, et bien que le bourgeois ne l'ait jamais lu, ce nom implique pour l'intelligence du
bourgeois une lumière de gloire qu'il ne songerait jamais à
placer autour du nom de Scribe, et que la seule comparaison
entre Milton et Scribe lui paraîtrait un parallèle entre un
sceptre et une paire de pantoufles, quelque argent qu'ait gagné
Scribe, quelque pauvre que soit mort Milton. Le succès est
nécessaire, et la gloire est nécessaire, et quand l'homme èle
lettres a distingué avec clarté ces deux ordres, quand il a
compris de plus que la gloire n'est pas l'ordre premier et qu'an
delà il en est encore un autre, qui est à la gloire ce que la
gloire est au succès, ce que le succès est à la réclame, alors il
possède la paix de l'ame, ou du moins il a réalisé l'une de ses
conditions. Charles XII en campagne voulait envoyer une de
IC8 bottes gouverner la Suède à sa place : la littérature d'une
ipoque a ses pantoufles de famille, bienfaisantes et nécessaires ;
le danger ne commence qu'au moment où elle prétendrait les
Bever comme un sceptre.
Ai.BERT THIBAUDIT.

�NOTES

NOTES
,
l.A LITTERATURE
NICOLAS GOGOL, par Louîs Llgtr (Bloud).

M. Louis Uger, qui est professeur de langue et de littérature
russes au Collège de France et qui a formé d'éminents spécialistes au premier rang desquels je me plairai à citer M. Boyer,
vient de publier un Nicolas Gogol dans la collection des Ecritl4ÎIIJ
éh:angm de Bloud.
La biographie de Gogol que nous donne M. Léger ne pouvait être, dans les limites trop étroites assignées à l'ouvrage, 11ne
de ces biographies totales, exhaustives, à l'anglaise, telles que
celle de Thackeray par sa sœur, de Die.kens par Forster ou par
Gissing, de Charles d'Orléans ou de Villon par Pierre Champion.
M. Léger ne devait, dès lor$, nous parler de l'homme et du
roman de sa vie que dans la mesure où cela pouvait servir pour
définir, expliquer et caractériser l'œuvre. De ce point de vue il
n'était pas très nécessaire de nous révéler qu'écolier, Gogol
" dans la même journée fut mis deux fois au piquet pour pro' " Sans ctre
¼
"talruen
··
"ou
. pos grossiers et pour malproprete.
"tainiste ", il fallait surtout parlet de l'Ukraine, cette Provence
russe et du tour d'esprit à b fois moqueur et sentimental,
ironi~ue et humoristique de ses habitants. Il fallait parler des
récits du grand-père, sur les genoux duquel Gogol faisa~t son
apprentissage littéraire, continué (rapp~ez-vous celui de
Balzac chez M8 Passez s:t M8 Guyonnet Meiville) dans 11D

I047

bureau du ministère des apanages o/i le futur auteur du MatJteau rencontra sans doute, en chair et en .os, son immortd
héros, l'humble tchin0'01lik Akakii Akakiévitch. Enfin il n'aurait
peut-être pas été inutile de noter que Gogol s'était fait remarquer d~ le collège pour son aptitude à saisir et reproduire " au
naturel non seulement l'apparence extérieure mais le caractère
de toute personne qu'il troùvait sur soh chemin. " Songez à
Becque qui, travaillant devant sa glace, cherchait jusqu'aux
gestes des personnages et attendait que le mot juste, la phrase
exacte yinssent sur ses lèvres. Songez à Dickens qui faisait également devant un miroir les contorsions et les grimaces qu'il
voulait prêter à ses héros. Songez maintenant à la théorie de
) l'émotion de William James, au mot de Pascal sur la machine,
l'automate. Celui qui prie joint les mains et ploie le genou,
mais, réciproquemçnt, celui qui joint les mains et ploie le genou
se sent prédisposé à la prière et au recueillement. En vertu de
cette correspondance, un romancier, par l'intermédiaire de son.
corps, peut pénétrer dans I'ame d'autrui, s'y tran~fuser pour
ainsi _dire. C'est le don d'avatar dont on a souvent parlé sans
trop l'expliquer, une sorte de faculté dt mimrtismt (non sans
rapport avec l'intuition bergsonienne) qui, on le voit, s'était
manifestée de très bonne heure et à un très haut point chez
Nicolas V assiliévitch.
M. Léger consacre tout un chapitre à ce qu'on est convenu
d'appeler le mysticisme de Gogol. On sait que, vers la fin de sa
vie, Gogol - le "Pascal de la steppe", - se ''convertit"
comme devait le faire Tolstoï. Il se tourna vers " Celui qui est
la source de la vie" et, dégoftté du réalisme, se prit à rêver
d'un art ou le cœur aurait plus de place que l'esprit. Le ton çle
M. Léger est ici d'un esprit fort. M. Léger, dans des pages fort
!~gères à la vérité, ne redoute pas de traiter Gogol, ainsi d'ailleurs
que Tolstoï, d'excentrique, d'exalté, de détraqué. J'ose croire
qu'il aurait mieux valu chercher à comprendre, - à l'exemple,
notamment, de M. Merejkowski, dans l'étude si aiguë, si fouit-

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

lée, qu'il a consacrée à la psy~hologie de Tolstoî et où il conclut au conflit d'une conscience chrétienne d'une part, et d'une
physiologie et d'une subconscience pa'iennes d'autre part. Il
n'était pas défendu non plus de discuter - oh! je ne dis paa
d'admettre - les hypothèses imbues de matérialisme médical
de M. Ossip Lourié, 1 encore que de telles hypothèses, depuia
la publication de l'ouvrage de William James, The Jrarieties ,;
religious experitnce, et à une époque travaillée d'orientations
pascaliennes, ne soient plus de mise que dans la pharmacie
d'Yonville-1,' Abbaye, et, sans doute, chez les accroupis de V end6me. Mais surtout il n'aurait pas fallu oublier les pages admirables du Roman Rum dans lesquelles M. de Voguë explique
pourquoi Gogol - qu'il tient pour un janséniste - fut si
facilement convaincu par ses contemporains de mysticisme et
même de folie. Il aurait fallu songer également aux belles pages
où M. Pypine ' cherche le motif de la " conversion " de
Gogol dans l'opposition constante qui existait entre les rêves et
les moyens du génial écrivain, dans l'impossibilité où il se trou,.
vait de mettre son œuvre d'accord avec les aspirations de son
cœur, de faire servir son talent de réaliste et d'humoriste à la
réalisation de cette mission de moraliste et de prophète inspiré
qu'il se croyait appelé à remplir.
Après ce chapitre sur le mysticisme de Gogol, M. Léger
passe à l'étude des œuvres. Maïs il se contentera le plus souvent
d'analyser les plus importantes et d'en traduire, d'ailleun très
exactement, quelques extraits. En ce qui concerne Tarau BouiolJ
- qui ne ~enchante pas plus qu'il ne fait Melchior de Vogul!
- j'eusse aimé que M. Léger me montrât par le menu dans
quelles limites s'est exercée sur Gogol l'influence de Walter
Scott et de ces deux livres &amp; Pouchkine : La Fille du Capitamt
et 'Le Nègre de Pierre le Grand. Et il ne suffit pas qu'on me dise
1 PsyclzolofJÎt des grands romanciers russes.
' Le Messager d"Europe.

1049

que " ce qui fait le grand charme de Tarll!s Boulba ce sont les
paysages, les descriptions, les tableaux de genre." Je voudrais
savoir ce qui distingue le paysage de Gogol du paysage de
Tourguéniev, de Tolstoï, de Dostoïevski. Autant que des
lectur.es plus ou moins lointaines et rapides me permette-nt d'en
juger, il me semble qu'il y a plus de minutie, une plus grande
aptitude à voir le détail plutôt que l'ensemble chez Gogol, plus
de largeur, de coloris et aussi de sensation pure (entendez: non
traduite en sentiments ou en notions) chez Tourguéniev. Chez
Tolstoï, i1 y a un naturisme plus ardent, celui d'un païen qui
étreint la nature et qui se fond en elle encore plus qu'il ne la
voit. Dostoïevski enfin, dans ses paysages, au demeurant si rares,
spiritualise la nature, en donne une image toute pénétrée
d'ime et de pensée, à la Vinci. Si, au surplus, on ne se borne
pas à Tarau Boulba, on peut remarquer que Gogol, comme
Dickens, dotera quelquefois les choses d'un langage (voyez dans
l'admirable Ménage d'autrefois la chanson des portes qui n'est
pas sans rappeler le délicieux trio du grillon, du coucou et de
la bouilloire dans Criclcet on the Hearth) et que, comme Dickens
encore, il s'attachera de préférence à la description des mobilien et des costumes (c'est également le cas de Walter Scott et
de Balzac) et tendra dans les portraits à la caricature. Il -n'est
pas inintéressant de signaler à ce propos que Gogol avait dessiné
à la plume (ces dessins ont été reproduits dans une édition
nisse qu'il m'a été donné autrefois de feuilleter) les dernières
scènes de son Rt11isor avec un évident parti-pris de grossissement
qui rappelle Phiz ou Cruikshank, les illustrateurs de Dickens.
M. Léger proclame une tendresse particulière pour le
M1111t1au. Elle aura.it bien dft refouler dans son encrier les
lignes suivantes : "Après avoir lu et médité le Manttau, qui est
1lll chef-cl' œuvre incontestable, j'engage les curieux à se reporter
au œuvres trop oubliées aujourd'hui de Champfleury. Des
récits tels que les Souffrances du Profmeur Deltheil et Chitn Caillou
Ile redoutent la comparaison ni avec Gogol ni avec Dostoïevski,

9

�1050

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

et, s'ils nous étaient revenus il y a quelques années, traduits ou

travestis du russe, nul doute qu'ils n'eussent obtenu un suc~
colossal auprès des snobs et des caillettes." Je renonce à traduire
la stupéfaction où ces quelques lignes m'ont plongé. Elles
révèlent avec une candeur vraiment désarmante à quel point
un philologue peut~trc dépourvu de goO.t et de sens littéraire.
Je sais bien que Champfleury a parfois raconté les souffrances
de pauvres diables, par exemple dans une nouvelle intitul~
Quinfuet, avec une sympathie qui plaide pour sa personne.
Mais enfin l'auteur des Bourgem de Mo/ind111rd ne fut qu'un
piètre romancier, un observateur assez patient, mais dépourvu
de toute espèce de style, et qui, lourdement, prosarquemcnt,
racontait des scènes vues (qu'il n'aurait pu imaginer) avec un
art qui ne dépasse pas l'étiage ordinaire des contes du Jo,mu/
ou autres papiers. Que nous sommes loin, avec cc grimaud, de
Gogol ! Au lieu de rapprocher de Cllitn Caillou, le Manflo
(dont s'inspirera Flaubert dans Un azur simple) il importai_t, aa
contraire, de montrer combien une telle œuvre est umqae,
irréductible à quoi que ce soit d'antérieur dans la fiction. Le
Manflau ne ressemble à rien, il apparaît, dans sa facture
terriblement stricte, " en plein débordement du romantisme
sur l'Europe littéraire", et cc ne sont évidemment pas les
proses d'allure voltairienne de Pouchkine qui en ont fourni ~e
patron. Il semble qu'il soit sorti uniquement de cc do~ p~tlculicr que l'auteur de Born Godoun(Jfl et Biélinslcy r~on~alSSa!ent
à Gogol "d'exposer vivement les misères de la vie, d esquisser
d'un trait ferme le néant d'un homme de rien et cela de façon
que cent riens qui échappent aux yeux des gens distraits ont
chez lai un relief extraordinaire." C'est bien cette "vertu de
miscroscope " - comme disait Gogol lui-même - qui a produit
cette histoire d'un petit scribe, d'un humble expéditionnaire
qui sc prive pour avoir un manteau, et que le vol de c~ man•
teau, lorsqu'il l'a enfin, frappe à mort. Et la m~e1lle, la
marque de grand art, c'est tout ce que ces trente petites pages

NOTES

1051

recèlent de portée symbolique, de verto suggestive. Derrière
le petit tdlùt0fl1lik Akakii Alcakiévitch nous apercevons les innombrables "créatures que personne ne protège, qui ne sont chères
à personne et n'intéressent personne, les créatures passives qui
supportent les lardons d'une chancellerie puis s'en vont au
tombeau sans aucun événement notable", et, en regard de ces
pauvres choses chétives et courbées, nom voyons se dresser
comme un sphinx ce monstre qui n'a ni .figure humaine, ni
cœur, ni entrailles : la Direction générale.
"Le Manteau occupe une place à part dans l'œuvrc de
Gogol. Il annonce l'œuvre de Dostotevslci ... N'eOt-il écrit que
le Manteau, Gogol aurait marqué dans la littérature rt1S!C une
empreinte ineffaçable." Voilà tout ce que M. Uger trouve à
dire sur l'influence exercée par cet incomparable chef-d'œuvrc.
On avouera que c'est peu. On connaît cc mot qui devrait
servir d'épigraphe à tous ceux qui écrivent sur Nicolas
Vassiliévitch et que Melchior de Voguë tenait d'un écrivain
russe: " ous sommes tous sortis du M1111uau de Gogol." En
qud sens et dans quelles limites il est vrai que le Manuau
renfermait dans ses plis toute la fiction russe, que là, en ce
point unique, à cette date (1842), sc trouvait le précieux gisement aurifère d'où divergeraient les filons qui allaient contribuer à la richesse de la littérature slave, c'est ce que l'on
dém~le à peu près clairement une fois qu'on a su lire comme
il convient ces trente pages. Mais on aimerait que cela fut
établi une fois pou.r toutes avec une méthode et une précision
rigoureuses. Et, d'autre part, on eO.t souhaité que M. Uger
îndiqu~t, non pas, puisque la chose a été faite dans le Ro11t1111
R111se, la divergence radicale du réalisme russe et du réalisme
français, mais la divergence moins sensible du réalisme russe et
du réalisme anglais. Et par là on était en bonne voie pour
définir cet humour de Gogol qui n'est pas le rire innombrable
de Dickens, ni cette jubilation de l'esprit qui comprend que
nous rencontrons chez Chesterton, ni le sourire sarcastique qui

�1052

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

erre sur les lèvres de Swift. Faut-il songer à Cervantès, comme
le veut de Voguë r Ou ne sommes-nous pas plutôt en présence
de quelque chose de spécifiquement, de strictement russe ?
Passons avec M. Léger à l'étude des Ames mortes, Mèrtrryid
do/Jchi. Le titre complet est ainsi conçu : Les Aventures tl,
Tchitchikov ou les Ames Mortes. M. Léger déclare que de tel1
doubles titres, à la mode aux environs des années quarante,
nous sembleraient tout à fait bizarres aujourd'hui. Je pense
bien que quelque jeune romancier doit se préparer actuellement
à faire mentir cette assertion. Un peu plus haut, M. Léger
donne une leçon de technique romanesque à Gogol : "Gogol,
dit-il, a négligé au début de nous dire ce qu'était Tchitchikov
et d'où il venait. " Et il estime que ces explications préliminaires, cette présentation, étaient absolument nécessaires. Ordre
logique, dirai-je, qui peut être cher 'à un philologue, à an
abstracteur, mais non pas forcément ordre esthétique. Gogol
observe, en SOIIlllle, le précepte classique d'entrer, tout de
suite, in medias rts, dans le vif du sujet, dès le début du roman.
Et toute l'école naturaliste ne procèdera pas autrement, attendant, pour raconter le passé d'un personnage pris dans le
mouvement d'une action, qu'un rien devienne un prétexte 1
cette évocation. M. Léger s'étonne encore que Gogol ait
commencé à écrire ses Ames Mortes sans se rendre compte des
proportions définitives de l'œuvre. Mais c'est le proc~é
commun à presque tous les romanciers d'aventures. Voyez
Smollett, voyez Sterne, et rappelez-vous cette phrase du ROfflllll
Comique : " Et pendant que les bêtes mangèrent, l'auteur se
reposa quelque temps et se mit à songer à ce qu'il dirait dans
le second chapitre. " M. Léger se demande enfin pourquoi
Gogol a sous-intitulé son livre Poème, et voici sa réponse:
"Par ce sous-titre Poème, l'auteur voulait .évidemment indiquer
qu'il ne fallait pas tout prendre au sérieux dans son récit et
qu'il y faisait une belle part à l'imagination." Ah! la plaisante
explication. Et je ne sais évidemment pas le motif exact, la

NOTES

10 53

pensée secrète qui a pu inciter Gogol à choisir cette étiquette.
Mais quand je sors d'une lecture de son livre, lorsque j'ai vu
se substituer peu à peu dans mon esprit, à mesure que je
tournais les pages, au héros principal Tchitchikov, et à cette
multitude de comparses, si fortement individualisés, à Manilov,
à la dame Korobotchka, à Sobakiévitch, à Nozdrev, au prodigieux Pluchkine, à tant d'autres, l'image de la Russie, de la
Sainte-Russie chargée de maux, de souffrances et d'iniquités, et
qui, pourtant, telle que la britchka de Tchitchikov, brt\le
l'espace, dépassant tout ce qu'il y a sur la terre, devant les
autres peuples et les autres empires effacés pour lui livrer
passage", quand il me semble entendre s'élever de ces pages
les voix, la voix qui chante dans le prélude de Borfr Godounoo
de Moussorgski, alors je comprends que Gogol ait appelé son
livre un poème. Au même titre que Don Quichotte, que le
Moulin sur la Flou, que Madame Booary, que Guerre et Paix,
les Ames Mortes sont une des plus belles rivières épiques de la
littérature.

Le meilleur chapitre du livre de M. Léger, celui pour lequel
son auteur était incontestablement Je mieux préparé, est intitnlé
Gogol et Mérimée. L'auteur de la Chronique de Charles IX
avait appris, parait-il, la langue russe à la même école qu'un
ami de M. Léger, qui, au fameux restaurant de !'Ermitage, à
Moscou, était bien empêché de commander une demi-bouteille

de CMteau-Yquem, parce qu'il avait complétement " oublié"
comment on dit demi en russe. M. Léger relève des bévues

assez amusantes dans la traduction du Revisor que nous devons
à Mérimée. Celui-ci prend un bateau à vapeur pour un train
(en 1836, en Russie!), un bœuf pour un veau, des harengs
salés pour des couleuvres, la Tour de Babel pour l'organisation
d'un dîner et, lorsque Gogol écrit : " Il est arrivé à la SaintBasile !'Egyptien " (c'est-,à~dire le 19 février), il traduit : " Il
est descendu chez Vassili Eghiptianine ". Je ne serais pas fkhé
pour ma part que le théitre du Vieux-Colombier donn!t un

�1054

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

, jour cette comédie du Ret1ist11r qui est très scénique, tr~
amusante, et dont la facture n'a rien de russe. Biélinsky, le
Sainte-Beuve russe, la déclarait supérieure à tout ce qu'a écrit
Molière. M. Léger n'hésite pas à la mettre au même rang que
le Tartuffe et le Misanthrope. L'éloge est peut-être forcé. Mais,
quoi qu'il en soit, et si jamais le RerJùeur était porté à la
scène, on voit qu'une révision sévère de la traduction de
Mérimée s'imposerait.
C.V.

•••
LE SEUIL INVISIBLE (I. La Grke, pièce en cinq actes.
- II. Le Palais de Sable, pièce en quatre actes) par Gabriel
Marcel (Bernard Grasset).
Ce sont deux drames d'idées, sans allégorie ni. symbole.
L'auteur n'y veut rien montrer qu'une "tragédie de pensée",
mais en situant le conflit dans des milieux réels, tout
semblables au nôtre ; en choisissant des personnages "qui ne se
distinguent de la moyenne que par u11e clairvoyance intérieure
plus aiguë". Le lyrisme tragique auquel il tend est un lyrisme
de la conscience claire, qui dédaigne d'exploiter simplement la
surprise inquiète en fac~ du mystère, l'angoisse au seuil de
l'inexprimé. Et le livre, enfin, s'adresse aux esprits religieux et
à eux seuls: "Car la religion considérée dans son essence n'est
pas un credo objectif, portant sur des réalités transcendantes,
pas plus qu'elle n'est un code de préceptes moraux : elle est la
foi dans la valeur absolue de la vie, non pas la divinisation
d'un phénomène naturel, mais l'affirmation qu'il n'y a de
réalité véritable que de l'esprit, et que le reste n'est pas."
Je ne voudrais pas que ce programme abstrait décourageAt
un seul lecteur : ces drames ne sont pas vaine idéologie ; ils
vivent d'une vie intense, ils remuent l'¾me, ils y soulèvent une
exaltation singulière. Mais comment les résumer sans en appauvrir, sans en fausser rnéme la signification ?

NOTES

1055

I. Françoise Thouret ose affirmer : "Quelles que soient les
surprises que l'avenir me réserve, il n'y aura rien dans mon
destin que ma nature n'explique et que ma raison ne justifie."
Sa raison, c'est le déterminisme scientifique ; sa nature, c'est la
passion sensuelle. Vainement son .fiancé Gérard lui apprend
qu'il est atteint de phtisie ; Françoise ne veut pas attendre,
force Gérard de l'épouser. Lui, croit qu'elle s'est sacrifiée ; et,
parce qu'il se sent indigne d'une si haute charité, il a honte de
ses caresses, de ses désirs, aspire à renier sa vie charnelle, et
s'engage dans les voies de la perfection mystique. Aux yeux de
Françoise, cette saintet~ qui endort et paralyse n'est que
l'œuvre de la maladie. Or, elle a beau crier l'aveu des convoitises auxquelles elle a résolument cédé ; Gérard ne voit plus
en elle, qui crut vouloir, qu'une enfant irresponsable, chargée
par Dieu d'une tkhe obscure - la tkhe de son salut.
Françoise l'entend sans être convertie, mais non sans que son
désarroi la détache de cette vaine science à qui l'individu reste
un mystère : ainsi la raison n'éçlaire plus, ne borne plus ses
désirs ; elle prend pour amant son ancien maître ; et quand
Gérard, ramené sur la terre par l'aveu de sa femme, lui offre et
lui redemande le même amour qu'autrefois, elle choisit d'avouer
encore, plutôt que de se partager. Gérard rentre en lui-même,
et proclame sa foi : Passion impure, sacrifice mensonger, trahison
vile, pour Françoise, ne sont rien qu'effets de forces naturelles,
mais sont, pour Gérard, signes et moyens d'élection, mystérieux
instruments de la Gdce. Il meQrt en disant : " Dieu est
libre."
II. Moirans est le champion éloquent de la. cause catholique.
Croit-il lui-même à cette religion qu'il défend î Oui sans doute,
si la croyance n'est rien que l'affirmation même; si croire, c'est
adhérer avec amour à un beau rêve qu'on sait n'être qu'un
rêve, et s'en servir pour mettre en fuite les rêves ignobles ou
médiocres qui font déchoir l'humanité. "Qu'est ce que la
vérité d'une croyance ? Pensez-vous donc qu'on croie à Dieu

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

et à l'immortalité comme on croit à l'existence des habitants
de Mars 1 pensez-vous qu'au regard privilégié de la foi les
portes du ciel visible s'entr'ouvrent L. Pour les humbles, oui,
pour les simples, peut-être est-ce cela ... Mais sur les sommets
ardus nulle vision ne fleurit. La foi véritable surmonte l'illusion
de l'objet ; elle sait qu'il n'est pas de roc tangible auquel les
hautes pensées se heurtent ... Au delà d'une liberté qui s'exerce
dans l'absolu, il n'y a plus que le vide. 11
Ainsi la vie spirituelle de Moirans n'est "qu'une danse sur
la corde tendue, avec le vertige de tous c6tés, le vertige de la
liberté toujours en péril." Il lui faudra durement apprendre que
la solitude morale est impossible, et que " nos idées sont des
actions aussi, qui travaillent hors de nous. " Dans ce qu'il
nomme sa foi, il puise bien le droit d'interdire le divorce à sa fille
aînée, qu'il n'aime point; mais non la force d'accepter que sa
préférée, Clarisse, entre au couvent. Pour la retenir, nul argument ne lui coüte, il ne recule pas devant l'aveu de sa phu
secrète pensée : "Rien ne vaut que la ferveur ; qu'importent
-les images qui la traduisent pour nous... L'amour même
ne poursuit qu'un fant6me, et que lui-même a créé. 11 Sa
fille l'a trop bien compris : "Tes paroles ne sont pas d'un
chrétien... Père, qui donc es-tu ?. .. . . . Père, tu me fais
horreur ! " Clarisse, dès lors, n'a plus qu'un dessein : arracher
son père à cette vie de mensonge, obtenir qu'il renonce à
ces luttes publiques où l'on perd la conscience de ce que
l'on est et de ce que l'on croit. " Je ne pourrai, lui dit
Moirans, renoncer à cette existence que si tu restes. " Et
Clarisse, après avoir demandé vainement au prêtre si la vocation
du cloître ne peut pas être une tentation, cède au chantage
monstrueux... Mais, par les joies du voyage, que son père
ensuite ne se flatte pas de l'avoir reconquise au monde ! Bien
qu'elle •ait senti parfois " palpiter en elle une âme inconnue,
une âme facile à contenter, et qui ne demandait qu'à vivre",
elle se refusè au mariage, elle ne voudra pas, ayant repoussé la

NOTES

1057

tentation la plus haute, accueillir la tentation du bonheur·
C'est donc "entre ciel et terre" qu'elle attendra l'heure de la
mort, car maintenant, comme à son père, le ciel des humbles
lui est fermé : "Tu as fait naître dans mon âme l'idée qu'au
delà de ma foi il y avait en moi une autre pensée, un autre
désir, et qui en rendait raison ... L'esprit d'orgueil était mon
maître ... Je connais maintenant cette ivresse des cimes ... ; je
sais ce qu'est cette ferveur abstraite qui monte dans le vide et
que n'exalte la vision d'aucun Dieu. " Mais Moirans n'admet
même plus que cette ferveur, qui fut la sienne, justifie aucun
sacrifice : "Si ma vie était à recommencer, je ne chercherais
plus à l'édifier sur le plan de l'absolu; Mtir sur l'absolu, c'est
bàtir sur le sable. " Et Clarisse de lui répondre, comme il eût
fait autrefois : " Nos pensées doivent savoir se suffire à ellesmêmes" ; mais en ajoutant ceci, qu'il n'a pas eu le courage de
croire : "Il suffit que la pensée de l'ordre soit en nous, pour
que nous puissions affirmer qu'il est." Ainsi leurs routes pour
jamais se séparent ; c'est de cette façon que Moirans expie.
Nous ne sommes pas loin des jours où un public de thHtre
applaudit, contre toute attente, cette pièce d'idées qu'étaient
les Affranchis, de M 11e Lenéru. Mis à la scène, les drames de
M. Marcel obtiendraient-ils même succès 1 ne doit-on redouter
pour eux rien autre chose que la frivolité des auditeurs ? Franchement, je ne le pense point. Ces drames vibrants de jeunesse
n'ont point la forte concision des Affranchis : trois actes suffiraient au sujet de la Grace ; même le Palais de Sable, œuvre
d'une beauté plus accomplie, gagnerait à s'alléger peut-être de
quelques scènes, st1rement de maintes répliques. Le problème
moral, dans les Affranchis, était ou du moins semblait être
moins transcendant, plus simplement humain. Et surtout, le
combat s'y livrait tout entier sur un même plan, où se trouvaient placés ensemble les personnages et l'auteur. En est-il de
même ici? L'auteur a défini la religion (dans sa préface) en
termes métaphysiques ; dans les "milieux réels" où le combat

�1058

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

se livre, la Religion, c'est une tradition positive, une institution
sociale, un dogme révélé d'un mot, le catholicisme.
J'admets volontiers que la conception de la grke garde un sens
dans l'idéalisme absolu, et qu'ainsi le premier drame conserve
la valeur d'un symbole adéquat. Mais le second sujet, quelle en
est exactement la portée, si "la religion dans son essence n'est
pas un credo objectif"? Si, dans le Palais de Sable, les paroles
de Clarisse : "Il suffit que la pensée de l'ordre soit en nous... "
font écho, comme il me semble, aux convictions de l'auteur,
où donc situerons-nous exactement, dans l'existence de Moirans,
ce que Gœthe appellerait la faute tragirue, l'erreur fatale qui
précipite la Destinée ? Moirans est-il surtout coupable de ne
pas croire à la façon des humbles ? ou d'encourager chez les
humbles, et chez sa fille elle-même, cette croyance littérale
dont il a l'illusion de retenir l'esprit ? ou de ne point_consentir,
pour la gloire de l'esprit, le dur sacrifice que la lettre seule lui
paraît exiger 1 de peser sur la liberté de Clarisse ? de l'aveugler
de lumière brutale, après l'avoir tenue dans l'ombre? Où
trouver le point d'inflexion où la responsabilité commence, où
la nécessité s'efface devant le choix L. Moirans et Clarisse ne
répondraient pas de même ; il plaît à l'auteur que nous hésitions, que notre doute dure encore, après la lecture achevée.
J'ose, pour sortir de ce doute, risquer une conjecture : - Le
péché de Moirans, sa faute originelle, c'est . de n'avoir jamais
eu qu'une confiance incomplète en /'Esprit; c'est de n'avoir
pas été stir que la pensée de l'ordre, en nous, et notre volonté
de l'ordre sont la m2me chose que son existence absolue. Traiter
de rêves les idées qu'il choisissait, c'était regretter pour elles le
manque d'un objet, d'une réalité supérieure à l'esprit même;
c'était se tenir prêt à renier l'esprit, dès que parlerait la nature.
Issue fatale, pour qui d'abord suspend l'esprit à des idées, à des
images, qui participent en effet de la nature et du rêve. -:
Mais cette interprétation n'a plus rien de catholique ; et SI
nous l'admettons, Clarisse, en qui l'esprit règne sans compromit,

NOTES

1059

n'est pas véritablement dépouillée : car elle ne pourra longtemps:
s'arrêter, comme son père, à l'illusion que cet esprit, qui en
elle exige et commande, n'est rien de plus que son esprit, son
rêve tout individuel... Toutes ces questions abstruses, je le sais,
ne surgiraient pas au théhre dans la pensée d'un spectateur;
mais, sans franchir le seuil de la conscience claire, il est probable
qu'elles se traduiraient par un sentiment de malaise confus.

M. A.

•••
LE JAPON, par Lafiadio Hearn, traduit de l'anglais par
Marc Logé (Mercure de France, 3 fr. 50).
On sait que Lafcadio Hearn, fils d'un père anglais et d'une
mère hellène, artiste formé par les lettres françaises, mais très
curieux d'exotisme et de légendes étranges, quitta les EtatsUnis pour se fixer comme professeur au Japon, et dès lors.
n'écrivit plus que pour révéler aux Occidentaux les charmes et
les vertus de sa nouvelle patrie. Comme il en parla fort bien,
on le copie beaucoup sans le nommer. A lui seul sont empruntées maintes variations sur le " sourire japonais " ; et c'est
d'après lui qu'on caractérise le grand dessein de l'aristocratie
nippone : l'effort pour sauver l'ftme d'une culture antique en
empruntant non les mœurs, mais l'outillage matériel d'une
civilisation plus fortement armée.
Lt Japon rassemble des conférences destinées à l'Université
de Cornell ; Hearn corrigea les épreuves du livre peu de temps.
avant sa mort. 11 n'y faut donc pas chercher, comme dans les
œuvres précédemment traduites, l'enchantement de ses premières surprises, mais les résultats d'une expérience de quatorze
ans, complétée par des recherches érudites ; c'est une œuvre
didactique de sociologie et d'histoire. La moitié - plus d~
deux cents pages - étudie la famille, le culte domestique, les
croyances et les rites du shintoîsme et du bouddhisme ; car on

�1060

LA NOUVELLE REVUE FRANÇ!ISI

ne peut comprendre ce pays - ni ses mœlll's, ni ses institu.
tions, ni son art - tant qu'on n'en connait point la religion.
En la dérivant toute du culte des ancêtres, l'auteur prend à la
fois pour guides Herbert Spencer et Fustel de Coulanges ; je
\ crois qu'il leur fait trop de confiance ; mais les idées qu'il leur
doit rassemblent bien les faits sans les dénaturer. Les faits eux.
mêmes nous montrent une étroite communauté de famille, de
classe, de tribu, de village, qui de toutes parts contraint et
façonne l'individu. Ce régime patriarcal, ni le pouvoir impérial, ni l'usurpation militaire, ni Ia propagande jésuite, ni la
féodalité ne l'ont modifié gravement jusqu'à l'époque du Meiji;
la vie industrielle, le parlementarisme, sont trop récents pour
en avoir effacé les coutumes. L'esprit des morts continue de
gouverner les vivants : "L'homme demeure soumis à trois
sortes de pouvoirs : la volonté de ses supérieurs le prive de sa
liberté morale ; la volonté commune de ses égaux lui refuse le
droit à la libre concurrence ; la surveillance des inférieurs le
contraint, tout en dirigeant les actions d'autrui, à s'abstenir
d'innovations bienfaisantes ... " Dans la vie scolaire aussi, c'est
toujours la masse qui soumet l'individu : " Dans ce monde
froid, tranquille, ordonné, il n'y a place ni pour la joie, ni pour
la jeuuesse, ni pour la sympathie ".
Cette froideur, cette rigueur cachées sous des dehors tendres
et délicats, on prétend que Hearn lui-même en pâtit, après
que, pour fonder une famille au Japon, il eut renoncé son titre
de citoyen américain. Il est certain que, s'il admire encore, le
ton de ses louanges a changé. Sans doute il voit disparaître 1
regret les résultats merveilleux " des innombrables tyrannies
qui pesèrent jadis sux ce monde de fées : la simplicité de la
coutume antique, l'amabilité des manières, le raffinement des
mœurs, le tact délicat qui se montre dans l'art de faire plaisir
à autrui, l'étrange pouvoir de ne montrer au dehors que les
aspects les meillelll's et les plus gais de son caractère. " Il estime
encore que le Vieux Japon "s'est rapproché de l'idéal moral le

1061

NOlES

plus haut, plus que nos sociétés ne s'en rapprocheront en
plusieurs siècles " ; mais il est prêt à mieux comprendre " ce
aalutaire individualisme, sans quoi aucune nation moderne ne
saurait s'enrichir et prospérer". Ses conclusions laissent entendre
qu'en croyant aimer le Japon réel, il aima surtout son rêve, le
symbole d'un avenir possible, l'illusion " d'un monde plus
Bevé de sympathie parfaite ".

M. A.

• ••
ESSAIS CRITIQUES, par Eugene Péte,jy, traduits du
hongrois par Reni Richet et Robert Stiegelmar (Fontemoing et cie,
3 fr. 50).

Les romanciers nous font connaitre les peuples, ces combinaisons de la race humaine avec les contrées terrestres et ils
doivent être di1férents les uns des autres pour comprendre
toutes les variétés de cette immense histoire naturelle en incessante transformation. Les critiques, eux, de quelque pays qu'ils
$Oient, se .-essemblent tous et nous ramènent toujours aux principes des choses, c'est-à-dire :\ l'homme. D'abord, parce qu'euxmêmes nous montrent, en tout temps et en tous lieux, l'identité
de l'esprit et des opérations du jugement et ensuite piarce qll'ils
opposent aux imaginations, aux enthousiasmes et aux procédés
des romanciers les règles de l'éternelle et immuable raison.
Comprendre, pour eux, même avec amour, c'est réduire les
œuvres à quelques constatations essentielles.
Peut-être, pour cela, sont-ils plus près de la vérité du monde
qu'on ne le croit ordinairement - car on ne les estime guère.
Et peut-être sont-ils aussi les meilleurs ouvriers de cette unité
de conscience intellectuelle dont l'Europe, aujourd'hui, a de
nouveau besoin.
Eugène Péterfy, critique hongrois dont René Bichet et
Robert Stiegelmar ont traduit qudques-uns des meilleurs essais,

�1062

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

confirme pleinement ces vues. Dans une langue qui " manque
presque complétement de toutes attaches d'affinité avec les
idiomes du reste de l'Europe", il exprimait des idées qui noua
sont familières et des sentiments qui sont les mêmes que les
nôtres. C'était un excellent esprit qu.i se servait des proc&amp;Ua
,critiques de l'école, aTec une pénétration remarquable. Ses
-connaissances nous prouvent qu'aucun pays de l'Europe, filt-il
lui-même sans grande littérature, ne se désintéresse de l'elrort
intellectuel des hautes nations.
Dans une carrière relativement courte, qu'il termina par le
•suicide, Eugène Péterfy (1850-1900) a traduit des ouvrages
français, allemands et anglais. " Godfried Keller, nous disent
.ses tradu_cteurs, et Gœthe parmi les poètes, en philosophie
Hegel, Kuno Fischer et l'esthéticien Vischer, en histoire
Ranke - mais avant tout Shakespeare - étaient ses auteun
favoris. Taine et Sainte- Beuve dont il s'est beaucoup occupé,
ont fait moins d'impression sur son esprit, Parmi les anciens,
.sans parler d'Homère et d'Hésiode, les pères de la poésie, et
des tragiques grecs, c'est Platon qu'il aimait le plus."
Son étude sur la tragédie, insérée dans ce volume, est, certes,
,une de ses plus pénétrantes. Il y examine pourquoi ce genre
dramatique est tombé en décadence et les raisons qu'il en
donne sont parfaitement justes. Il ne laisse pas cependant de
-croire à son renouvellement. Prenant le cas de ce petit greffier
que nous présente Gogol, et dont le rêve est de s'acheter un
manteau neuf avec lequel il cessera d'avoir l'air d'un mendiant,
mais à qui des voleurs ravissent ce manteau aussitôt qu'il l'a
acquis avec ses économies longuement amassées et qui en meurt
.de désespoir, Eugène Péterfy écrit:" ... Que faut-il penser d'un
·tel thème ? Un grec n'etlt pas trouvé plus absurde de voir un
ilote ~ur la scène tragique. Shakespeare etlt fait du bureau- .
crate un grotesque, silhouette d'imbécile, plaisanteries de
bouffon. Chez Stern ou Smollett, il etlt tourné au maniaque ;
loin d'emprunter à l'ame du. héros, il n'aurait servi que de

NOTES

,

mannequin à ses réflexions morales et à des paradoxes. Seul
!'écrivain moderne, déposant en cet humble un symbole de
notre sort commun, sait, en dépit de son ironie, illuminer
d'une lueur tragique l'histoire du misérable. Des cas comme
cdui-ci, pour le dire en passant, nous découvrent les terres
vierges de la psychologie ... "
Par "sagesse de critique " Eugène Péterfy se gardait de
prédire " à quelles transformations est réservée maintenant la
tragédie". Il sentait juste, cependant, et il ne faut pas beaucoup
de ces divinations pour faire un bon critique.

G. S.

• ••
MIRAGES D'EXIL, par Jean Rettaud (Bernard Grasset).
Tous ceux qui doivent, par la lecture, tromper leur soif de
voyages, et que ne satisfont point les notations de touristes
Mtifs, attendent beaucoup des expatriés à qui les " terres
étranges" sont devenues lentement familières. Ne décourageons
pas d'écrire nos colons, ni nos officiers des colonies ; ne décourageons pas le lieutenant Jean Renaud. Son dernier livre Lei
Emmts - écrit à la gloire des héros obscurs - le montrait
à ~e qu'1I me semble, un peu gêné dans la fiction ; j'aime bien'
mieux ces Mirages d' Exil, chargés de couleu.r et de songe, qui
nous mènent à travers 1'Annam et le Laos avec le gouverneur
Sarraut. D'un volume à l'autre, l'art s'est fait plus sftr; l'écri~
,~in a conquis ses moyens d'expression ; _sans les souhaiter plus
riches, on regrette que par endroits il se dispense d'en user :
Qu'il veuille nous communiquer son enthousiasme pour ses
compagnons d'armes, ses frémissements de joie ou ses frissons
d'horreur secrète, jamais - qu'il en soit convaincu ! _ l'aveu
direct d'une émotion, jamais les mots qui la nomment, l'exclamation qui la souligne, ne tiendront lieu des faits des obiets
d .
'
J
,
es images propres à la suggérer ... Sans doute, une description

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIII

déçoit, qui ne s'achève pas en rberie ; quand chaque année je
relis le Dlstrl, comment reprocherais-je à Loti de prolonger a
rision distincte par des sensations flottantes et des impressioa
indécises l Mais d'abord il pose nettement les grands traÏla
significatifs. Puis, sa manière ne convient pas également à toit
sujets. Le visiteur de l'Egypte ou de l'Inde, qui veut qu'oa
l'aide à retrouver, non l'atmosphère du pays, mais les lignes
d'un paysage unique, la figure d'un monument, la face et
l'allure des divers types humains, préfère aux phrases un pel
Boues de Loti cette prose patiente, appliquée et précise qa
Taine apprit à Chevrillon.De meme,après que Jean Renaud m'a
conduit devant les temples et les tombeaux d'Annam, je demande à les revoir de plus près, à suivre leurs contours de l'œil
et de la main. Mais je n'attends pas qu'on puisse mieux évoquer
le mystère de la foret laotienne on les aspects du " Par
Inconnu".

M.A.

LE ROMAN
DIDIER HOMME DU PEUPLE, par Maurice
(Payot).

B,,,,,,.

M. Bonneff écrit à l'Humanité des articles très utiles et intéressants sur l'apprentissage et les métien. Il était naturel que
son contact quotidien avec la vie ouvrière le conduisît ~ ~
poser dans un roman son abondante ex~ériance. Anw ~ liomme du pt11pk frappe-t-il par une vérité non dramat1q0u~
nuis naturelle, nécessaire, et, puisque tons les lecteun d 1111
journal populaire en suivent le feuilleton, l'Humnit~ ~6t ét6
mieux inspirée en publiant à son rez-de-chaussée D1J11r ~ae
N4114, tout indiquée, n'est-ce pas l pour servir à l'édncatlOII
populaire. Bien entendu le roman de M. Bonneff, comme la

NOTES

1065

plupart des romans analogues, juxtapose deux éléments qui ne
se mélangent jamais et entre lesquels on suit facilement, sur la
meme page, b ligne qui les sépare. D'abord tout ce qui est
ob!ervation précise et vivante, et ensuite tout ce qui est théorie,

,ie intellectuelle de Didier, vie politique où il est melé : il
était bien difficile de faire vivre cette seconde partie, et
M. Bonnelf n'y a guère réussi. Voici des exemples. Le petit
Didier a perdu son père, et il devenu lui-meme un enfant
perdu, un vagabond. Pour un moment il a trouvé du travail
dans une briqueterie, et un jour viennent se promener de ce
cbté quelques camarades de classe, du temps où Didier avait un
père et allait à l'école. "Le briquetier demande des nouveJles
de l'école : C'est CJépin qui est le pre? - Où c'est qu' vous
en aces en histoire 1 - Didier prend la gibecière du camarade,
il feuiUette les cahiers, parcourt les livres. Car il a quitté an
moment que l'histoire était émouvante : les Anglais étaient
maltres du pays. " Ces traits lins abondent dans la première
partie. La seconde partie, ceJle qui nous montre Didier grandi,
militant ouvrier et secrétaire du syndicat des terrassiers,
s'étend presque entière en espaces morts. Cc que désigne cc
mot: le Parti, ne vibre à aucun moment comme une corde d'art.
Cela devient de la berquinade socialiste. Pourquoi M. Bonnelf,
ici, ne s'est-il pas mis en pleine réalité humaine è On trouve là
un certain Dranis, type très conventionnel et vide de militant
10eialiste arrivé, qui devient ministre, président du conseil.
L'auteur s'est contenté d'nn mannequin. A sa place, j'aurais
animé bravement mon roman, en laissant de c6té cette image
de carton, en introduisant dans mon histoire Aristide Briand
•, lu'.-m~me, dont la psychologie, assez savoureuse, n'est pas compliquée à l'excès, et qui ellt fort bien été en place, à c6té du
militant Didier. M. Barrès, dans le R~rna11 dt I' Energie Nationale,
s'eat essayé avec un succès suffisant à ce mélange de personnages
riicls et de types imaginaires. Excellente ressource pour ceux-là
qui, ainsi que lui et M. Bonnelf, ne sont pas des romanciers-nés,
JO

�1066

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

\ le deviennent du dehors et par artifice d'intelligence. Si je
devais indiquer d'un mot l'ensemble et la raison des quelques
défauts que je reproche à Didier, je dirais qu'il reste dans le
livre trop de convention bourgeoise. Le roman de l'homme du
peuple a été fait par Charles-Louis Philippe, comme le roman
du bachelier pauvre par Vallès. Mais le roman du peuple n'eat
jamais le roman populaire, et il en est un peu des socialistes
comme des catholiques, étonnés et stupides devant Hello, pleins
d'aise et d'enthousiasme devant M. Bolo, un Hello du riche,
bien pire en soi que ne serait un Hello du pauvre. Ce n'est pu
pour M. Bonneff, bien entendu, que je dis cela : j'ai rendu
justice à ce qu'il y a de franc et de juste dans son roman;
lui-même nous donne l' Insurgé comme l'un des livres où son
Didier fait son éducation de militant. J'essaye seulement de
mettre un écriteau devant les mauvaises pentes et les tournants
dangereux du genre qu'il pratique avec conscience et assez de
goût.
A.T.

•••
CONTES D'ITALIE, par Maxime Gorki, trad. de Serg,

Persky (Payot, 3 fr. 50).
Le malentendu commence à se dissiper. Un volume comme
celui-ci démontre avec évidence combien la force de Gorki
résidait dans sa vie et dans son milieu, combien réduit au
seules ressources de l' écrivain, il avait courte haleine. Le succès
de ses premiers livres tint de la frénésie. La sympathie qui
s'attache à toute vie aventureuse y était pour beaucoup; la sure:1citation politique lit le reste. On répandait alors une photographie représentant Gorki se promenant à côté de Tols~oJ, dans
le parc de Yasna Poliana ; et la vogue qu'eut ce portrait pr~uve
bien que les admirateurs de l'ancien chemineau y voyaient

NOTES

autre chose qu'un amusant cliché d'amateur. Des gens qui
n'avaient jamais songé à lire ni la Mort d' lrlan Ilitch ni l'idiot
découvraient la sainte Russie dans Cain et Artheme ou dans les
Yagabonds. Des fanatiques ne reculaient devant aucun rapprochement ...
Qu'il fallth hausser les épaules devant ce~ ovations blasphématoires, c'est évident ; mais qu'il fallOt ranger Gorki bien
après un Tchékhov ou un Chtchédrine, voilà ce qu'aujourd'hui
personne n'osera plus guère contester. Les Contes d'Italie
portent en épigraphe ce mot d'Andersen: "II n'y a pas de
contes plus beaux que ceux que la vie elle-même a composés".
Il faudrait ajouter : "à condition qu'un œil lucide sache les
déchiffrer". Or celui de Gorki n'est pas très pénétrant. Cet
homme a connu, dans sa vie errante, les types les plus curieux;
il en a dessiné quelques uns avec force ; mais il ne les connaît
que comme peut connaître un passant. Ses nouvelles sont des
récits de rencontres, souvent belles, pittoresques et émouvantes;
mais "Pierre qui roule ... " dit le proverbe. Les contes "composés
par la vie elle-même", il faut les chercher dans des régions
plus secrètes. L'aventurier possède cet avantage de n'être pas
aveuglé par les préjugés et les idées toutes faites : c'est quelque
chose. Mais le bon observateur a surtout besoin d'attention. Il
y a une fixité du regard qui manque à Gorki.
Quant à ces Contes d'Italie, ce ne sont pas du tout des
•• contes " , mais
. des artlc
·1es parus sans doute dans quelque
journal russe. Il y a des croquis de grève, des anecdotes, des
"contes" à la façon de ceux que publient nos journaux. En
somme, le carnet d'un reporter qui n'a pas eu la chance de
voir grand'chose et qui n'a guère pu faire causer les gens qu'un
dictionnaire à la main.

J.

S.

�1068

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

LA MUSIQUE
DEUX ŒUVRES RÉCENTES DE CLAUDE DEBUSSY.
S'il ne fallait juger de la valeur et de l'importance d'une
œuvre de musique que par ses dimensions et par le bruit qu'elle
fait, on pourrait se dispenser de parler de Trois Poèmts dt
Stéphane Mallarmé, pour chant et piano, et de la Botte à joujoux.
Ce sont deux petits ouvrages ; non point courts, seulement,
mais de sonorité menue, de fine sensibilité, d'un sentiment qui
ne se gonfle pas pour paraître davantage, mais semble au contraire se modérer volontairement afin de s'énoncer avec plus
de précision. Mais pour cette raison même, au milieu de la
rumeur causée en ce moment par les œuvres plus bruyantes,
plus ostensiblement originales, de M. Strawinsky, il me parait
opportun de signaler ces deux compositions d'un go1Ît pl118
discret, dans lesquelles un tempérament artistique d'une
qualité rare, pour s'affirmer avec plus de délicate réserve, n'en
apparait qu'avec une plus incontestable et vivante intégrité.
-Cette musique se présente sans détours comme aussi san$
fanfaronnade. Dans quelque subtil · raffinement qu'elle se
plaise parfois - ainsi dans le troisième des Poèmes, dont la
manière est la plus " nouvelle" et rejoint certains passages du
Saint-Sébastien ou encore de la seconde série des Préludts jamais on n'éprouve cependant, à la lire, ce fkheux sentiment
d'être dupe que nous donne une musique artificielle ou
contrefaite. Authentique, celle-ci le paraît être jusque dans
ses précieux excès. Toutefois, malgré l'exquise délicatesse du
sentiment, léger comme un souffle, qui donne tant de charme
à la troisième pièce de ce recueil, peut-être préféré-je les deux
autres, plus simples - est-ce bien "simples" qu'il faut dire?
car la complication apparente de Eventail me paraît l'effet, au

NOTES

contraire, d'une extrême simplification et d'une minutieuse
analy~e qui ne retient, de l'idée inspiratrice, que ce qui en est
la qumtessence irréductible - peut-être, dis-je, préféré-je tout
de même la seconde, Placet futile, émue et spirituelle à la fois
comme un madrigal du XVIe siècle et dont l'expression musicale, si claire et si précise pourtant, s'enveloppe d'une atmosphère vaporeuse ; et plus encore la première, Soupir, admirable
la so~re puret: de ses lignes, par l'exacte mesure des moyens
d expr~ss10n, 1:ar I absence de tout effort inutile. Et ce qui en fait
le mérite ce n est pas seulement le go/Jt, si délicat et si excellent
qu'il soit, mais, associée à une émotion réelle, cette autre qualité,
plus rare, le style qui confère une souveraine dignité aux ouvrages
en apparence les plus légers. Ajoutons qu'il est difficile d'imaginer communion plus intime entre la pensée du poète et celle
du musicien. M. Debussy, apparemment, aime pour eux-mêmes
les vers dont il a fait un choix si heureux. Il leur laisse leu;
pleine autonomie. La musique qu'il écrit pour eux semble
n'être que, dégagée et enfin délivrée, la musique qui dans ces
Yers était latente.

p:r

Quant à la Boîtt à joujoux, un ballet d'enfants, c'est une
charmante et plaisante fantaisie ; il n'y aurait peut-être pas lieu
de s'y arrêter, si les sujets les plus frivoles ne pouvaient être
traités avec beaucoup d'art et sans frivolité, et si l'on ne retrounit ici: appliquée,s à un tout autre objet, les qualités qui font
le mérite des Potmes. Aucune affectation, aucun effort de la
pa~~ de _l'auteu~ pour paraître faire autre chose et plus que ce
qu il fait ; mais aussi, il aime ces histoires d'enfants, et les
enfants à qui elles sont destinées, et l'on retrouve, dans la Bo1tt
Ajoujoux cette sensibilité charmante, moitié rieuse, moitié émue
~ont Children's Corner avait déjà donné un exemple. Sans doute:
il Y a de " bonnes blagues" dans ce ballet, mais il y a aussi de
l'émotion, une émotion qui se dégage souvent (voyez le tableau
~e la Bataille) des traits en apparence les plus plaisants : tant
il est vrai que la musique, quand elle est vraiment muûr;ut, est

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

moins propre à amuser qu'à émouvoir. Celle de la Boîte à joujou
est d'une sonorité délicieuse que l'on pare instinctivement des
couleurs de l'orchestre auquel il semble, en mains endroits, que
l'auteur lui-même ait pensé.
Sans doute, on peut trouver regrettable, non pas que
M. Debussy ait écrit ces deux charmants ouvrages, mais qu'il
ne nous donne pas aussi le grand ouvrage sur lequel nous
comptons depuis que nous connaissons Pel/las et au sujet
duquel le Saint-Sébastien semblait nous faire les plus belles
promesses. Toutefois il faut se réjouir, croyons-nous, de l'exemple
de probité, de fidélité à soi-même et à son art, que donne leur
auteur même dans de petites choses. Et, au moment où tant
d'amateurs des deux sexes, fort préoccupés par ailleurs d'évoquer
en terre française le génie latin et l' " éminemment français,,
- Anne, ma sœur Anne, ne vois-tu rien venir ?... - célèbrent
avec enthousiasme le mystère des Printemps préhistoriques aux
sons d'une musique savamment barbare, il n'était pas superflu,
'peut-être, d'attirer l'attention sur des œuvres qui peuvent prétendre à représenter quelques-unes des qualités du génie français.
A tout le moins sont-elles, dans leur petit cadre, l'œuvre d'un
grand artiste.
WrttY ScHMID,

LES EXPOSITIONS
EXPOSITION P. JOUVE (Galerie Hauamann).
Depuis longtemps les statues et les dessins d'animaux qu'expose M. Jouve frappent par leur grand caractère et par leur
sens de la synthèse architecturale et décorative. Le souvenir
qu'on en garde est celui d'un art ferme et probe. Il semble que
l'artiste qui s'attache à l'étude de ces fauves ou rustiques
modèles, doive échapper aux modes et au factice des a,teliers;

NOTES

une prévention d'honnêteté existe en sa faveur; l'exposition

de M. Jouve ne la déçoit pas.
Les animaux apportent presque toujours un malin plaisir à
ne pas tenir la pose, ils ne livrent à leurs interprètes que la

matière de notes et de croquis. Mais nul tempérament n'est
. moins apte que celui de M. Jouve à se contenter d'impressions
et d'instantanés. Il a le golÎt du travail large et achevé. Son
coup de crayon ou de pinceau a beau être rapide, il ne s'en
tient pas ades indications ; il lui faut des volumes arrêtés, des
masses de clairs et de sombres qui se balancent. Aussi ne nous
donne-t-il que çà et là l'impression du premier jet ; presque
toujours ses figures semblent le résultat d'études accumulées et
corrigées les unes par les autres.
Une panthère dessinée par lui n'est pas telle panthère
apparue tel jour sous telle lumière particulière ; c'est la
panthère dans l'affirmation la plus forte de tous ses caractères
de race. Aussi n'y aurait-il pas à pousser beaucoup ces études
dans le sens de la simplification, pour qu'elles pussent être
transposées en musique ou taillées dans le granit.
J'avoue pourtant éprouver quelque gêne devant des dessins
d'animaux que complète un grand paysage et qui forment
tableau véritable. Je sais bien qu'il y a les admirables aquarelles
de Barye ; mais elles sont de petite dimension, ce qui les sauve
de toute arrière-pensée d'académisme. Il y a une sorte de
contradiction entre la mobilité de l'animal et l'immobilité du
paysage. Si mon attention tendue a pu surprendre l'attitude
d'un cheval au galop, elle n'a pu, dans le même moment,
remarquer au loin les prés et les arbres. Si, pour parler le
langage de la photographie, l'œil était "au point" quand il
regardait les replis de ce boa, il devait voir " flou " tout
l'entourage. Et ma gêne est peut-être encore plus morale que
logique : je devrais éprouver une si forte émotion à la vue de
ce reptile, être si fasciné par lui, que je ne serais plus en état
de rien apercevoir d'autre.

�1072

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Aussi ma préférence va-t-elle aux dessins qui ne se donnent
pas pour autre chose que ce qu'ils sont réellement, c'est-à-dire
des études d'animaux - d'animaux tout nus, si je pais dire,
sans entourage ni décor, tels qu'en vérité on peut les étudier
cùns une basse-cour ou une ménagerie. Ces dessins-là ont de
l'accent et de la grandeur, simplement parce qu'ils sont vrais.
Nous n'avons pas besoin des bambous de la jungle pour évoquer
la vie du tigre ou du singe; nous l'avons ici, toute frémissante,
grâce à l'exacte observation du jeu des os, des mascles et de la
peau. Et notre imagination en est bien autrement stimulée.

J. S.
LETTRES ANGLAISES
THE ' FLYING INN, by G. K. Clusterto11. (Edition
Tauchnitz, 1 volwne. 1914.)
Le mot de roman ne saurait désigner les fantaisies en prose
que publie de temps en temps G. K. Chesterton. Ce sont
pourtant bien des récits d'événements, et on y trouve aussi des
personnages; mais cela ne suffit pas à constituer un roman. Ce
qu'il y a de plus mauvais comme fiction, même les feuilletons
des journaux populaires, même les romans mondains, méritent
le nom de roman; mais les fantaisies en prose de G. K. Chesterton
échappent à cette classification. Le nom qui leur conviendrait le
mieux serait : récits allégoriques; et peut-être pourrait-on
trouver leurs ancêtres véritables parmi les contes philosophiques
et libertins du XVIII8 siècle. Nous ne disons pas cela pour
dénigrer les récits allégoriques de G. K. Chesterton : qui ne
les préférerait, d'ailleurs, à tous les romans mondains! Simplement, nous constatons que ces récits n'ont pas leur base dans
l'intuition, mais qu'ils sont le produit d'une inspiration purement logique. Us ne contiennent rien qui soit décrit ou peint
d'après nature. Et en réalité, ils tiennent de très près aux deux

NOTES

ro73

grands ouvrages philosophiques de Chesterton ; HérlfifUet et
Ortlwdoxie; et de plus près encore aux articles également
philosophiques recueillis dans les volumes intitulés: Tremendous
Trijle,, What is wrong wiJh the Wor/d, Ali thingi eon1ideretf. Dans
ces livres, dans ces articles, G. K. Chesterton, à l'appui de ses
propositions logiques, offre toujours un ou deux exemples pria
n'importe où pour les besoins de la démonstration. Ainsi, aprèi
aYoir posé l'incompétencedes physiologues en matière de religion,
il fournit l'exemple suivant : "C'est comme si le plombier voue
disait : votre piai:o n'a pas besoin d'~tre arrangé." Peu à peu,
le philosophe s'est ainsi créé une sorte d'algèbre, ou plutôt, un
système hiéroglyphique: Histoire
peuple
cabaret. Science
aristocratie
Lord Bois-de-lierre. D'où l'antinomie : Lord
Bois-de-lierre contre les cabarets. Ainsi ses récits ont été
construits entièrement avec ces signes. Ce sont les exemples de
ses articles philosophiques, isolés du contexte et coordonnés en
une sorte d'action tout artificielle. Ce sont des recueils d'exemples; un tableau noir couvert de figures représentant les
différentes phases de la démonstration d'un théorème, mais
l'énoncé du théorème a été elfacé. De là cette fantasmagorie,
cc manque de vraisemblance, cette expression schématique des
situations qui fait que la représentation qui se détache de la
page écrite est tantôt une caricature politique dans le genre de
celles du classique Punch, tantôt une entrée de clowns (tout le
livre semblant avoir pour sol et pour cadre le tapis rond du
cirque~ couleur de sable, et le sentier de velours de la barrière)
tout cela voulu, se disant et se proclamant voulu.
Dans le dernier venu de ces récits, Thejlying in11 (L'auhtrge
f!Olante), nous suivons les péripéties de la lutte de Lord Ivywood
contre les cabarets. L'aristocrate anglais n'est pas mauvais au
fond, mais c'est un pur intellectuel, et par cela même tout prêt
à se laisser influencer, par les faiseurs de systèmes, les habiles
hérétiques, secrètement ennemis de l'Angleterre et de la
Chrétienté : Sémites, Mahométans. Donc, sous l'influence

=

=

=

=

�1074

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'un prophète oriental, le grand seigneur anglais fait passer une
loi qui ferme tous les cabarets. Mécontentement du peuple. Un
noble Irlandais, ex-roi d'lthaque, où il a tenu tête jusqu'au
bout aux armées turques et aux diplomates des grandes puissances durant la guerre des Balkans, Patrick Dalroy, se fait le
défenseur des vieilles tavernes anglaises. Et lorsque la dernière
est détruite par ordre de Lord Ivywood, il en prend l'enseigne,
avec un tonneau de rhum et un grand fromage de Cheddar, et,
suivi du dernier cabaretier anglais, il va de comté en comté,
ounant une taverne partout où il s'arrête. La loi dit que la
présence de l'enseigne rend légale la vente des liqueurs spiritueuses. Ils planteront donc l'enseigne à la porte même de la
salle où le prophète oriental expose ses doctrines ; dans un
village modèle où les exploiteurs de la Vie Simple prétendent
ne boire que du lait; à la porte d'une exposition post-futuriste
où toute l'élite est réunie pour admirer des tableaux qu'elle ne
comprend pas. Lord lvywood modifie sa loi : il faudra désormais
que l'alcool ait été emmagasiné depuis trois jours : c'est la fin
de l'Auberge Volante. Mais non: Patrick Dalroy remarque
combien le nombre des pharmacies a grandi depuis que la loi
contre les cabarets a été mise en vigueur; et il plante son
enseigne devant la grande P.harmacie où les amis de Lord
Ivywood viennent, avec une ordonnance de leur médecin, boire
légalement du whisky et du porto. Le peuple en fureur marche
vers la résidence de Lord lvywood, et la police se joint aux
révoltés, Patrick Dalroy dirigeant tout ce monde. Mais c'est
contre le château où le vieil ennemi du roi d'lthaque, Oman
Pacha, a installé une véritable forteresse turque, que Patrick
conduit le peuple. Combat singulier entre Oman Pacha et
Patrick Dalroy. Le Turc est tué; les infidèles sont exterminé.
par le peuple anglais; Lord Ivywood, qui s'était fait le complice
des orientaux, perd la raison, et Patrick Dalroy épouse Lad!
Joan, la jeune femme qu'il aimait et que Lord Ivywood avait
voulu lui enlever.

NOTES

1075

On voit bien de quoi ce livre est fait. Patrick Dalroy est le
personnage chestertonien que nous avons déjà vu sous le nom
de Jeudi dans Lt 11ommi Jeudi, et il est aussi, par certain! côtés,
le Juan del Fuego, président du Nicaragua, que nous avons vu
dans le Napolion dt Notting Hill. Mais il est surtout la personnification de la doctrine chestertonienne, le champion de la
démocratie, du bon sens, du bien.
Mais la doctrine chestertonienne s'est un peu modifiée depuis
Ortftodoxit. Le développement de la politique parlementaire en
Angleterre, le rôle joué par la diplomatie européenne dans les
guerres d'Orient, ennn et surtout la courageuse campagne
entreprise par Cecil Chesterton et les gens du New Witnm, au
moment de l'affaire Marconi, tout cela n'a pas été sans influencer
G. K. Chesterton. "Le Christianisme et la Révolution sont de
plus en plus proches alliés", dit-il dans f Auberge Yolante. Et en
ell'ct, ce que nous trouvons dans ce livre, les vrais personnages
de ce livre, c'est la Croix et le drapeau rouge alliés contre le
Croissant. Christianisme, syndicalisme révolutionnaire, avec un
peu de mort-aux-métèques et beaucoup d'antisémitisme importé
de France, voilà les éléments irréductibles de ce livre, qui sont
aussi les principes directeurs du Ntw Witnm et de sa politique.
Cette transposition d'une doctrine en récit n'est pas sans
inconvénients. D'abord, pour comprendre tout le récit, il faut
connaître la doctrine philosophique et politique de l'auteur.
L'allégorie n'est pas toujours claire. Le lecteur qui ne connaît
rien d'autre de G. K. Chesterton ne verra guère dans Tht
Jying Inn qu'une Alice au Pays du Meroeillu pour grandes
personnes. Mais il y a quelque chose de plus grave. Le
démonstrateur, en choisissant, pour ses exemples, certains
objets, ne considère habituellement qu'une propriété de ces
objets; en réalité, c'est telle propriété qu'il considère, et du
reste de l'objet, il ne parle pas. Un professeur de mathématiques
définit la sphère. Puis il dit à ses élèves: " Pour vous en faire une
KUe, regardez ce globe terrestre ". Or le globe terrestre est en

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

lui-même bien autre chose qu'une sphere : il est une représentation de la terre, il est coloré, etc. (Le professeur a raison,
d'ailleW"s : il n'a jamais dit que le globe terrestre était la sphère
idéale.) Ainsi il arrive qu'en prenant un peu au hasard ses
exemples, G. K. Chesterton manque son but. Il y a en ce
moment toute une correspondance, dans le New Witnei1, proyoquée par l'Auberge Po/ante: des gens nient avec indignation
que Peuple=Cabaret. En langage chestertonien cabaret signi6c
exactement plaisir, superflu, c'est-à-dire ce qu'il y a de plus
nécessaire - pour le peuple. Mais pour un certain nombre de
gens, et pour beaucoup de femmes d'ouvriers sans doute,
cabaret signifie ruine, maladie, perdition - pour le peuple. 11
est vrai que l'auteur a pris soin de s'expliquer là-dessus (p. 235
et ailleurs) : c'est à l'ancien cabaret anglais qu'il ·a pensé, et non
à l'assommoir moderne. N'empêche que l'exemple choisi pretait
à équivoque. Et nous-mêmes, ne sommes-nous pas souvent un pea
agacés, au milieu de toutes ces abstractions, de tous ces symboles,
de cette nature transformée en plaisanteries chilfrées r
Mais enfin c'est G. K. Chesterton. Il y a la vieille vigueur
de l'auteur d'Hérétir;uts, et le style. Et quelquefois même det
choses comme ceci : "Lady lvywood ressemblait à tous 111
patents des intellectuels. Il y a quelque chose de plus triste à
yoir que la figure d'un enfant abandonné; c'est la figure d'une
mère abandonnée. ''

V.L.

ZI

~

LETTRES, de George Meredith (Londres, Constable,
sh.)

2

,ol,,

Publiée à la lin de 191 z, la correspondance de George
Meredith n'est pas une révélation comparable à celle de Ro_bert
Louis Stevenson. Caractere moins primesautier que l'enthousiaste
et vaillant infirme de Skerryvore, Meredith fut avant tout

NOTES

gouverné par son cerveau. II écrit à son fils : " Mon dessein, et
j'espère le vôtre, est de ne jamais demander conseil à mes
,cnsations, mais à mon intelligence. Je laisse franc jeu am;
premieres, mais je leur nie le droit d'influencer ma décision. "
Or ce n'est pas dans le genre épistolaire que les qualités de
l'intelligence ont leur meilleur renaement. On retrouve pour
ainsi dire tout Stevenson dans sa correspondance, une partie
\ seulement de Meredith dans la sienne.
Tous ceux qui aiment et admirent Meredith regretteront
l'absence presque complete de lettres ayant trait à la
période qui va de 1849 à 1860, c'est-à-dire du mariage
irréfléchi et prématuré avec Mrs. Nicholls jusqu'à la mort de
cdle-ci. Ce furent les années tragiques de !'écrivain : celles du
long désaccord conjugal, suivi de séparation, dont un certain
écho s'est perpétué dans Richard Feverel et dans Modern Love.
Nous aurions voulu, sinon saisir, du moins mieux deviner dans
leur genese ces deux fictions profondément humaines.
Sous ces réserves, la volumineuse correspondance de Meredith
est pleine d'intérêt, et nous présente une vivante image de
l'auteur à partir de sa trente-troisième année ( I 86 l ).
Nous le voyons, d'abord seul et pauvre en compagnie de son
fils orphelin, se créer une nouvelle famille par son heureuse
union avec une Française, M•lle Vulliamy,en 1864. Veuf de
nouveau en 188 5, il est déjà contraint lui-même, par la maladie,
al'inactivité physique qui durera jusqu'à sa mort. Alors seulement la célébrité lui vient. Jusqu'alors il était bien résigné à ce
que la nuit totale se fît rapidement sur ses romans et sur ses
,ers. "Vittoria glisse vers les limbes où repose le reste de mes
ouvrages," écrit-il paisiblement à Swinburne en 1867.
Les trois enfants de Meredith recevaient de lui des pages
afrectueuses et charmantes. Mélancolique physionomie que celle
d'Arthur Meredith, seul né du premier mariage! Sur le lit de
cet enfant, le père a dtî se pencher presque avec les sentiments
de Sir Austin Feverel voyant dormir Richard, les circonstances

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

étant si singulièrement analogues. Plus tard la nature "réservée
et hautaine" du fils amena une séparation et un silence qui
durèrent des années. Pendant ce tem~ Arthur Meredith vécut
à l'étranger, sur de maigres ressources. En 1881, mortellement
malade de la poitrine, il revint vers la maison et l'a.ffection
paternelles.
Bien que nous n'ayons pas une ligne de leurs réponses,
plusieurs autres correspondants de Meredith se dessinent dans
notre esprit en traits d'une fermeté remarquable. Tout d'abord
le capitaine, puis contre-amiral, Frederick Augustus Maxse
(1833-1900), l'original de Nevil Beauchaip.p. Comme le héroe
du roman, il nous apparaît follement brave, impulsif, génére111,
francophile ; comme lui il devint subitement radical dans une
famille conservatrice et n'hésita point, par conviction, à sacrifier
un avenir qui lui permettait toutes les espérances. La campagne
électorale de Nevil à Bevisham, si amplement décrite dam
Beauchamp, est celle de Maxse à Southampton en 1867;
Meredith le seconda de sa personne.
La deuxième place, parmi les amis de Meredith) revient à
Sir William Hardrnan, qui mourut éditeur du Morning Post
en 1890. Son torysme, son assurance, ses lunettes et sa carrure
trapue sont ceux de Blackburn Tuckham dans Btauchafllj.
Compagnon de ses longues marches, Meredith ne le désignait
que sous le surnom familier de Tuck. Sous sa signature ont
paru en 1 894 de très précieux souvenirs posth urnes sur la
jeunesse de Meredith.
Les lettres .l. Stevenson, qui fut dès I 878 un familier de
Box Hill, sont relativement rares. Celles .l. John Morley, au
contraire, abondent: très expansives. Elles renferment quelques
vers inédits et fort beaux. On peut dire sans témérité que la
fréquentation de Meredith a largement contribué à former la
haute personnalité du Vicomte Morley actuel, Lord président
du conseil privé.
Meredith sème au courant de la. plume de nombreux juge-

NOTES

1079

ments littéraires, en particulier sur ses propres ouvrages. Voici
par exemple un fragment d'une lettre envoyéele 9 novembre 1906
au docteur Anders, Allemand : " Mieux que mes autres livres,
l' Egol,te approche le degré voulu de plénitude, de parachèvement. Mes critiques avouent que dans Diana of th~ CrouwayJ
respire une femme véritable, et je la sentais vraiment en moi
quand j'écrivais. Certaines pe.rsonnes aiment Rhoda Fleming;
moi peu. Richard Feverd fut conçu sérieusement, et divers
passages méritent la réflexion. Beauchamp n'atteint pas à la même
profondeur, mais le travail superficiel y vaut mieux. " Au sujet
de Diana, il faut lire encore une longue lettre à Lady Ulrica
Baring, en date du 9 avril 1902.
Les remarques de Meredith sur notre pays surprennent à
l'occasion. M. Clémenceau a trop d'esprit pour ne pas trouver
celle-ci exagérée : " Clémenceau est le seul politique français
notoire, chez les contemporains, que j'estime mentalement,
moralement et cordialement. " (A l'amiral Maxse, 18 février
1884.) En 1870, entre le 15 juillet et les premières batailles,
Meredith se montre beaucoup plus francophile que si;s compatriotes. Les mois suivants, il évolue nettement vers l'Allemagne,
et dans les longues discussions qu'il eut à ce sujet avec le capitaine Maxse, il semble avoir eu quelque peine à convaincre son
interlocuteur.
Plus souvent gai que grave, le style de toute cette correspondance n'échappe pas entièrement a une recherche quelquefois
excessive, mais dans l'ensemble la concision s'y accorde avec
une clarté parfaite.

M. William Meredith mérite les remerciements de tous les
lettrés. Les deux volumes dont il a groupé pour nous les matériaux précisent fortement la figure jusqu'alors vague de son
pere ver-s le milieu de l'âge. Ils nous aident à mieux comprendre
toute une fiction dont beaucoup de personnages, selon l'expression de Stevenson, sont de pures découvertes.
GÉRARD MALLET,

�NOTULES

1080

NOTULES

LE DEssous ou MASQUE, poèmes par François Porcli (Edition
de la Nouvelle Revue Française, 3 fr. 50).
Un très beau livre et dont nous eussions aimé parler longuement si les principaux chapitres n'en avaient été publiés
d'abord dans cette revue. Un livre auquel on ne donnera peutêtre pas l'attention qu'il mérite, tant la qualité en est secrète.
François Porché ne s'est pas créé un royaume poétique l part;
pour le suivre iJ n'est pas besoin de s.e dépayser. Il r_ep~e.nd les
objets les plus ordinaires, les événements les plus mev1tablcs
de la vie humaine ; il les reprend avec son ime et elle leur
impose une douce correction, un perfectionnement tout voisin,
un approfondissement sur place par quoi ils nous sont rendus
comme une seconde fois intérieurs. La seule intervention du poète
ici est non pas de développer ni d'agrandir, mais simplement de
remarquer avec plm de lenteur et de respect que nous. ne
saurions faire les choses mêmes que nous avons entre les mams,
les passiohs qui nous sont communes avec lui. Il y a dan~ cc
livre, sur l'amour et sur le plaisir, des poèmes d'une hardiesse
qui, tant elle demeure proche des émotions normales, ressemble
à la plus sévère pudeur. Et cette observance de la n~rmale
persiste jusqu.e dans l'analyse des états les plus égarés, Jusque
dans cette suite a,dmirable intitulée Pire qtte la mort, où le poète
revit l'histoire d'un de ses amis devenu fou. Rien de plus
poignant que la fa~on dont il retrouve la santé au sein même
du délire : il en ranime les traces, il la reconstitue et, par une

1081

audacieuse communion avec le dément, en l'aidant de son
propre équilibre, il le rapproche de nous, il le rachète. - Bien
que son métier ne rappelle que de fort loin celui des Fleurs ,/11
94/ et qu'il n'en ait pas la perf~ction, c'est à Baudelaire que
François Porché s'apparente le plus intimement. C'est le même
pathétique : les passions les plus simples, les plus quotidiennes
de l'Ame, relevées comme des mendiantes au coin des rues,
qu'on lave et qu'on rhabille, et de toutes choses la purification
par la sympathie, - Ce livre ne laisse pas au cœur de la joie,
mais un austère réconfort, car il donne l'impression qu'il peut
y avoir une grande richesse et une grande originalité à sentir
comme tout le monde, à être un homme comme les autres.

•••
PouR

LA

MUSIQUE, poèmes par Léon-Paul Fargru (Edition de

la Nouvelle Revue Française)De même qu'il n'a voulu mettre dans cette délicate plaquettè
que quelques poèmes, de même Fargue en chacun d'eux n'a
déposé que la quintessence de son impression. Quelques touches
rares et distinctes, les mots n'atteignant, ne reconnaissant le
paysage qu'aux deux ou trois endroits nécessaires pour l'animer.
Tout l'art du poète est dans l'extrême raffinement du choix ;
tant il est sftr de son a1Faire, il s'amuse parfois à n'élire que ce
qui peut sembler le moins ~mpo~tant ; mais cette coquetterie
demeure si habile, que l'évocation réussit quand même, et bien
plus délicieuse d'être plus détournée. - Si la poésie est la culture
du souvenir, voici l'un de ses plus subtils jardiniers, l'inventeur
des "variétés " les plus précieuses et les plus fragiles.

•• •
D1oaaoT, LES PLUs

ll.lQ.ES PAGIS (Mercure de

France, 3 fr. 50).

L'œu.vrc énorme et inégale de Diderot se pr~te, entre tout~
au choix et à l'élagage, mais on ne saurait en cnfèrmer l'essentiel
II

�I082

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

dans un volume à 3 fr. 50. Toujo,urs ce lit de Procuste où il
faut que Stendhal ou Diderot n'occupent pas plus de place que
Chamfort ou Rivarol. On trouve dans le choix de M. Jacques
Morland, des fragµients qu'il n'est pas toujours facile de
dénicher parmi les œuvres complètes. Mais pourquoi insister
tant sur la Religieuse et si peu sur Jacques le Fataliste qui est
pourtant si étourdissant de verve? Un épisode comme l'histoire
de Madame de la Pommeraie compte parmi les meilleurs récits
du XVIIIe siècle.

• ••
Puvis Dl! CHAVANNl!s, par René Jean (A1can, 3 fr. 50,.
L'œuvre de Puvis, si simple, si droite, si dépourvue de
dessous compliqués, de crises et d'à-coups, se passe parfaitement
de commentaires. De bonnes reproductions, c'est tout ce qu'on
demande. Qu'on y joigne, pour être complet, deux pages de
chiffres et de dates. Mais puisque les grandes personnes sont
devenues tellement raisonnables qu'il leur faut du texte pour
les aider à regarder les images, nous acceptons volontiers celui
de M. René Jean qui est composé avec soin et respect.

•••
L'ÉPICrBR,

par Jean-Jacfjues Bernard (Ollendorff, 3 fr. 50).

Il paraît que le journal professionnel de l'épicerie s'est ému
de ce livre." Depuis quatre-vingts ans, dit-il, qu'on nous bafoue,
nous avons le droit de nous montrer susceptibles." Evidemment!
Une chanson, un dicton, un jeu de mots peut peser sur une
profession aussi lourdement qu'un tarif douanier ou qu'une
crise de main d'œuvre, et M. Jean-Jacques Bernard aurait pu,
par esprit de justice, faire de son pitoyable héros un marchand
de couleurs ou un herboriste. Mais ajoutons que l'ironie du
livre est si discrète, si mêlée de délicatesse et de bonté que

NOTULES

1083

vraiment il faut en considérer le titre comme une gentillesse
plut6t que comme une offense.
Des trois nouvelles qui forment ce volume, l'impress1on
. qut.·
d
se égage est celle d'une charmante qualité d'ame. Bonté,
~rup~le, .~ b~nté portée jusqu'à la faiblesse, scrupule poussé
Jusqu a 1 ~mpu1ssance. On ne manquera pas d'établir une
p~enté filiale entre _les ligures qui peuplent ce livre et celles
qu on trouve en mamt roman de Ttistan Bernard L'É · ·
tl é , . é d'
.
ptcur
e t te s1gn
un autre nom, qu'on n'eth pas stlrement fait le
rapprochement. La maniere de M. Jean-Jacques Bernard est
plus :.om~ue, plus timide; la sensibilité est plus inquiète, l'objet
de 11ron'.e esr, pl_us près du cœur. Ce qui manque encore,
se~ble-t-1_1,_ à d év1~entes qualités d'observation, c'est un sujet
qui l~s utilise, a~ heu que jusqu'ici ce sont elles qui se servent
du sujet pour se mettre elles-mêmes en valeur. L'affabulation
manque de force et de singularité, C'est le propre d'un tel
humour que de ne pas nous prendre aux entrailles • du moins
faudrait-il qu'il ne laissat point de repos à notre i'ntérêt et a
notre curiosité.

• ••
CoNTES

RUSTIQUES,

par Henri Dag@ (Félix Carbonnel, 4 fr.) •

~e sont des contes de deux ou trois pages, dans l'esprit de nos
fabliaux ou des aventures de Till Eulenspiegel : bonnes farces
mys~ifications, franches lippées, exploits de sympathiques fri~
~utiles et de curés en ribotte. C'est un recueil de toutes les
Joyeuses histoires qu'on se raconte autour de la petite ville
d'~pt, laquelle possédait déjà notre sympathie, grke à cette
:eu11le hebdomadaire qui fut pendant trois ans le modèle d'un
Journal de province satirique et littéraire : la Petite Gautte

./ptlsimne.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

•••
SoUV!NIRS suR

LA

REINE AMÉLIE DB PoRTOGAL, par Lutin

Corptchot (Pierre Laflite, 3 fr. 50).

Ce n'est pas une hagiographie, mais c'est un livre écrit avec
piété; ce n'est pas un livre d'histoire, parce qu'envers une
femme détrônée qu'ont frappée deux révolutions, personne ne
se soucie de jouer le r6le des Minos et des Rhadamante, mais
ce sera un document pour les historiens ; on y trouve d~
maintenant des vues intéressantes sur le Portugal, et avec une
élégance un peu barrésienne, le récit vivant et ému d'événements dramatiques.

• ••
LEs CHEMINOTS, DRAMES DB

LA

VOIE

FERRÉE,

par C. F. dl 14

Bernaiu (Basset, 3 fr. 50).
De bonnes intentions; de la familiarité avec la technique du
Rail; mais l'auteur n'a cherché dans le métier, qu'un cadre où
placer de bien gros mélodrames. C'est faire injure à P'.erre
Hamp que de dire qu'un tel livre fait mesurer la portée des siens.

LA Dkouv111t.TB DE L'AVl!NfR

ET

LE GRAND ÉTAT,

NOTULES

vie comporte de miracle et de mystère ? Les conclusions de
Wells sont exactement celles du Com=-place Book: "Toute
chose qui existe est singulière. Si les hommes n'avaient pas pris
les mots pour les choses ils n'auraient jamais pensé à des idées
abstraites. "
Mais, dans les études qui suivent, la DétOUfltrte de l' Aflmir,
le Grand Etat, nous retrouvons le Wells qui nous est familier.
Ici, le censeur des institutions britanniques, le Wells de TonoBungay et du New Machiaflelli, dont la critique acerbe fait
songer, dans l'ordre littéraire, à un Bernard Shaw ou à un
Masterm:m, dans l'ordre politique, à un Winston Churchill ou
à un Lloyd George. Là, le Wells déterministe d' Anticipati1J11s et
de Tht Time Machine, qui se souvient de ses études du Royal
College of Science et qui - ce sont ses propres expressions " à force de regarder toujours en avant a cessé d'être tout à fait
sensible à la beauté des choses immédiates". Si l'on aime les
contrastes, il faut, en fermant ce livre, relire telle page de la
Couronne d'olit1ier sauvage ou de Jusqu'à ce dernier de Ruskin
et, swtout, l'admirable Napoléon dt Notting Hill de Chesterton ;
Et tandis. que des pldants now faisaient oburoer

Tel éflénement 9ui, froidement, mécani1uemen1,
Dtt1ai1 arriver, no1 âme, murmuraient dans l'ombre_.
"Possible, mais il ne man9ue pas de chom plu, probables. "

I"'

H. G. Wells, traduit par H. Davray (Mercure de Fr4"'t,
.3 fr. io).
On ne s'attendait pas à trouver, dans les premières pages de
ce livre, un Wells bergsonien ou berkeleyen. Comm_ent l~
,, scientifique " qui a célébré " le soleil de la généralisation qui
se lève sur les faits ", en arrive-t-il, dans sa Rtdétouoerte dl
J'unifut, à proclamer l'irréductibilité des phénomènes les uns
aux autres, et l'action maléfique des idées générales et du
nombre qui nous frappent de cécité à l'égard de tout ce que la

C.V.

•••
et

LB PAYS DES AVEocus, par H. G. Wells, traduit par H. Davray
B. Kozakiewicz. (Mercure de France, 3 fr. 50.)

En suivant Wells au pays des aveugles ou au royaume des
fourmis et en écoutant tel de ses héros à qui je ne sais quel
sens anormal offrait à certaines heures de l'existence sous
image d'une porte verte dans un mur blanc, une issue, un

r

'

�1086

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

passage secret dans un monde infiniment plus beau que le nôtre,
je· songeais à ces quelques lignes autrefo~s lues dan1 _la R'!'tll
Blanche: "Wells fait de vous ce qu'il lui platt. Son 1ma.gmation abstraite s'il en fut, se projette aussitôt sous une apparence
con~ète, sans effort, naturellement. Les sensations font corps
avec le récit; aucune n'en est détachable ; on se fait de l'événement qu'il raconte une représentation c~ntinue. Ce _n'est
plus, à la manière d'Edgal' Poe, Panalyse de ~ état du pa~1ent;
mais une objectivité si précise qu'elle s'oppose et vraiment
semble empléter sur nous. "
Certes, je souscris entièrement à ce jug_ement. Mais, quel
que soit l'intérêt que nous prenions aux moindres productions
du Wells'' première manière", pourquoi tant différ~r la présentation au public français des gr.ands romans écrits sur le
type de ce roman " divers, total, agressif" que l'auteur d' Â~
Yeronica définissait dans son manifeste de 1912 ? Pourquoi
laisser plus longtemps intraduites des œuvres aussi significatives
que Kipps, the story of a simple soul, Tr1110-Bungay, The Ntfll
Mdc!tiavtlli et Marriage ?
C.V.

NOTVL.ES

ro87

voluptueux, dans le Plrilostrate, la Tlzétlide et surtout dans cette
Fiammttta où Pon a voulu voir le premier essai de roman psychologique et qui est simplement, selon le mot de Boccace, une
"élégie" mais subtile et passionnée, écho de la Vit4 NuO!la de
Dante. Le livre de M. Hauvette est dédié à la " Parisienne
inconnue qui donna le jour à l'auteur du Décaméro,z ".
On s'étonne que le stîr érudit qu'est M. Hauvette ait au
cours de son livre si lprement attaqué le grand critique italien
que fut De Sanctis, et qu'il méconnaisse à un tel point c~
maître de synthèse littéraire. A son propos il fait sonner comme
un injure les mots de "critique esthétique" ! Ces lignes ont
été violemment relevées daps les journaux italiens et particulierement par M. Benedetto Croce.

L. C.

• ••
UNE LETTRE DE

M.

JuuitN BENDA.

Paris, 6 mai 19 1

+·

Monsieur le directeur,
Dans l'article de votre collaborateur sur ma Pllilo10pkie
acôté de vociférations dont je prends mon parti, se
trouvent certilines déformations de ma pensée que vous me
permettrez de rectifier.

pathétique,
BocCACE, par Henri Hauf.lef!e (A. Colin, Paris 1914).
Ce livre est la contribution la plus complète que l'on ait
fournie jusqu'ici à l'histoire de la vie et des œuvres de ~occace.
Il manquait un livre d'ensemble sur l'auteur du Decamlr,,,.
C'est un Français qui en a le mérite. M. Hauvette s'est préoccupé d'élucider dans la mesure du possible les nombreux pro-blèmes d'érudition que soulève la biographie de Boccace, et de
nous offrir une analyse et un commentaire serré de ses œuvres.
Il a dégagé des écrits qui précèdent le Dlcamérr111 tous_ les
germes qui s'y épanouiront plus tard : descripti~ns exquues,
vigueur et finesse à la fois de la touche psychologique, charme

Votre collaborateur cite cette phrase de M. Bergson :
"Nous nous créons nous-mêmes par un effort de volonté sans
cesse renouvelé"; et il ajoute : "M. Benda traduit (p. 81):
Est-il besoin de dire ... si elle exulte cette société qui, toujours
toute femelle, ne sait que le changement de direction du sentir,
repousse toute organisation de l'âme et se salue en Mélisande,
si elle trépigne quand an philosophe vient lui dire que l'instabilité de la conscience en est la forme supérieure ? " Ce mien
passage ne prétend, tout lecteur qui voudra bien s'y
reporter le constatera, .:..._ à aucune espèce de rapport avec la.

�1088

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pensée précité~ de M. Bergson ; laissei-moi admirer l'habileté
qu'on apporte à le présenter comme en voulant être une
''traduction". - Au surplus, je n'ai point du tout néglig~
comme on l'affirme, d'observer que la thèse bergsonienne de la
"mobilité", si elle pose le primat de l'imtabilité, pose en même
temps (et par une contradiction que j'ai fait ressortir) le primat
de l' actitm et de la ooltmté, et n'ai point laissé de montrer que,
sous cet autre aspect, cil~ contente un autre besoin de
pathétique.
Votre collaborateur me fait dire que le Bergsonisme est une
phiiosophie du pur sentir, du pur untiment. J'ai dit, et uniquement : "du pur 1mtir ". La nuance n'échappera à personne :
la philosophie du pur untir est celle de Schopenhauer, à laquelle
I/ j'ai assimilé, en ce sens, celle de M. Bergson ; votre collabora~ teur s'arrange à faire croire que je l'ai assimilée à celle de d'Urfé.
Votre collaborateur me fait diro : " Si l'on appelle démocratie une société en quête du seul sentir, qu'elle cherche aux
ToÎes les plus étranges, le bergsonisme est rigoureusement la
philosophie d'une démocratie." Il ajoute : " Ce rigoureustmmt
est admirable et concluant. Les définitions proposées pourraient
être inverties : il serait aussi facile de démontrer que la
démocratie a sa source dans une philosophie purement rationaliste et que c'est même la conception la plus généralement
adoptée. " Permettez-moi de mettre sous les yeux de vos
lecteurs mon texte intégral, en y rétablissant certains mots dont
tout le monde comprendra combien votre collaborateur, pour
~e faire la leçon qu'il me fait, avait besoin de les supprimer :
" Si l'on appelle, suivant une dénomination évidemmml ab111it1e
ma.is généralement reçue, démocratie etc .... " (On voit qu'il ne
s'agit de rien dim(J1lfrer.) - Quant à ce que ce sens du mot
dén;i.ocratie, - société toute sensuelle, - soit adopté aujourd'hui par tout _un monde nombreux et import;mt (géniralemmt
ne veut pas dire unitlmel/ement); c'est ce que les milieux littéJ"aires seront certainement les derniers à me contester.

NOTULES

Enfin votre collaborateur dénonce, - comme un manquement de ma part, - qu'au lieu de considérer le Bergsonisme
m lui-m2me je l'ai considéré sous son aspect mondain. Laissezmoi apprendre à vos lecteurs que c'était là précisément mon
s~jet en cet opuscule, que je l'y ai déclaré dès la première
ligne, r~ppela~t en maint endroit que, pour ce qui est de
cette ph1Iosoph1e m elle-m2me, j'en ai traité dans d'autres écrits.
Aussi bien trouveront-ils en ces autres écrits {notamment dans
un tra;ail paru au Mercu~e de France sous le nom de RlptJ11st
aux défenseurs du Bergsonume, 181' et 16 ju'illet 1913 ) une
réponse aux attaques de votre collaborateur contre mon interpritation de cette philosophie, notamment de la doctrine de
1' " intuition " ; car ces attaque.s sont, à la forme près, ceJlcs
qu'on m'a toujours faites. Ils pourront juger à ce propos la
vale~ de son assertion, suivant quoi les idées que je combats
seraient par moi "déformées systématiquement''.
Veuillez agréer, Monsieur le directeur, l'expression de mon
entière considération.
juLil!N B111DA.

•••
La. Société d'Encouragement aux Beaux-Arts de Liége a
orgamsé, sur l'initiative de son président M. A. de Neuville,
une exposition de l'œuvre lithographié d'Honoré Daumier a11
Palais des Beaux.Arts, du 16 Mai au zr Juin.

�LES REVUES

LES REVUES
REVUES

FRANÇAISES.

Dans la REVUE BLEUE du I 8 et du 2 5 Avril

M. Louis Thomas

annonce qu'il entreprend la publication de la Correspondance
générale de Benjamin Constant et donne la primeur d'un
certain nombre de lettres de !'écrivain à sa famille. Elles
nous révèlent un Benjamin Constant plein de tendresse et
d'attention pour les siens. On voit pourtant apparaître en
certaines ce mélange de tourment et d'indolence dont son
lme était composée. Pour le bien saisir, il suffit de rapprocher
les deux passages suivants:
Je suis le seul peut-être de qui l'existence n'ait pas été bouleversée
par les circonstances publiques. Cela tient à ce que la destinée, ayant
mis en moi-même de quoi remplacer outre mesure tous les bouleversements extérieurs, n'a pas voulu faire un double emploi, et s'en
est fixée à moi du mal qu'elle m'avait réservé.
Il faut laisser aller les jugements qu'on porte sur moi. Je ne
tl'Ouve pas qu'on ait tort de les porter, quoiqu'ils soient faux. Il ne
vaut pas la peine de les réfuter d'avance.

Le même douloureux désintéressement de soi-même se fait
sentir dans ce compte-rendu de sa vie quotidienne, qui se termine par une allusion à ses relations avec Mm• de Staël:
Vous me reprochez de ne pas vous donner sur moi-même &amp;SKI
de détails, et je vous remercie de ce reproche qui est une preuve
d'intérêt. Ma vie est si uniforme qu'elle ne vaut guère la peine
d'être décrite. Cependant, si vous en voulez l'histoire, la voici en
quatre mots. Je me lève assez tard, et toujours avec le regret de ne

pu m'être levé plus tek Je travaille jusqu'à 6 heures à peu près, à
moins que des visites ne m'interrompent, ce qui m'arrive plus que
je ne le voudrais. Je vais dtner alors dans le monde, je fais cinq ou
six visites jusqu'à minuit, puis je me couche. La société m'est
devenue plus nécessaire qu'elle ne me l'était autrefois, ce qui est une
preuve que je vieillis, et comme le seul moyen de voir du monde est
de dîner chez les gens, j'ai pris ce parti. Voilà de compte fait vingtljU~tre jours de suite que j'accepte des invitations. Les lampes me
fauguent, et les dîners me font mal. Mais ce sont des inconvénients
. illléparables de la vie de Paris. La conversation est restreinte, et tant
soit peu gênée. Cependant on s'en tire, et cc bruit de la société
chauc l'espèce de mélancolie qui s'empare de moi quand je passe
tout un jour dans la solitude. J'achève mon histoire des religions
anciennes, ou pour parler plus exactement, je l'avance, car je ne
sais encore bien précisément quand elle sera achevée. Mon temps
le passe vite, et le présent serait tolérable, s'il n'y avait pas d'avenir
- je ne désespère cependant pas de l'avenir, comme vous en déses~ez pour moi, et comme je n'en exige pas grand chose je ne serai
peut-être pas trompé. J'ai un besoin de repos et de vie domestique,
qui me donnera la force de l'atteindre avant que le moment soit
puaé. C'est sans pouvoir me juger complétement qu'on m'accuse de
faiblesse. Il faudrait avoir été dans mes circonstances pour savoir ce
qu'on aurait fait, et je le dis dans la plus profonde conviction, je
crois que pour faire mieux, il aurait fallu valoir moins.
·

•••

LES LETTRES consacrent leur numéro du J 5 Avril tout entier

à une étude de M. René Johannet sur l' Evolution dt Georges
Sorel. En voici la conclusion :
Esprit bizarre et carré, lourd et subtil à la fois, dur et capiteux,
plus qu'indigène, né de la terre, q_ue vous êtes rare et insoupçonnable!
Cette SoliditlU impassible que Gœthe saluait dans les anciens, revit
en vous, mais passionnée et nébuleuse, suspendue entre ciel et terre
et pleine de chants, comme la Cité des oiseaux. Par tous vos mouvementa vous éludez nos tristes pièges et tout ce que vous touchez se
transforme. Là où vous êtes passé l'atmosphère prend une teinte
plus riche et la matière s'enorgueillit, comme d'être soudain jetée

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

au creuset de Nicolas Flame~ alchimiste et bon Français. Rénovation, don magistral qui vous '' suit et trace" comme une eau de
jouvence qu'on n'épuise pas. Non, il n'avait pas tort ce sympathique
abbé de province, qui louant Péguy, l'autre jour, d'avoir révélé pu
mal de jeunes, comme on dit, vous citait - et en bonne place ! parmi les jeunes révélations·. Un peu de lecture l'écartera de cette
idée, mais beaucoup l'y ramènera.
Et c'est sur ce trait que je termine. M. Sorel est un jeune, enven
et malgré tout, et il est un professeur de Jeunesse.

LES REVUES

1093

chose, où le symbole renoue à la réalité. Je réintègre un état de
choses antérieur à l'aventure artiste, un état de l'objet avant que
l'imagination s'y mette et le décompose, avant que l'atmosphère le
dissolve et le digère, avant que le poète y passe. Et cela aussi ctt
une délectation. L'aboutissement logique de cette peinture est la
n~gation de l'art dans l'imitation absolue. Peut-être.
Mais ne serait-ce pas aussi un joie rare et vierge de voir s'éteindre
le vieux flambeau de la beauté, de dessiner avec ses cendres les atêtes
d'un cube parfait et d'y ioscrire : Tout est hébétude et constance ,

•••
Le de11irième CAJUl!R VAuoo1s (20 Avril 1914) conti;nt une
étude inégale, parfois obscure, et d'un style tourmenté, maia
dans l'ensemble très intéressante de M. Paul Budry sur Fé/iJt
Yallotton ou le Retour à l'impauible. Citons-en quelques passages:
Vallotton pein-t comme on fait des sabots ; on pré'nd mesure,
et en avant l'outil. On dirait qu'il copie un tableau qui préexiste.
Sans hasard, sans boutades, sans inconnue. Aussi ne dépend-il pu
d'une réussite.
Et plus loin :
Attrait de l'absurde ! Plus j'enfonce dans les gris corridors que
m'ouvrent ses tableaux, plus je me sens éloigner de mon temps, et
de ce· par quoi je tien, à mon temps, des fins de mon désir, dea
voies actuellës de ma volupté. Et j'en éprouve un cruel contentemenL
A chaque seuil nouveau, je me défais d:une fo;ulté de jo'uiasance,
d'une notion de bien-être. Ici les délices de l'air, ici les floraisona
trompeuses de la lumière, les couleurs et leurs chants inno~ brablea,
la suavité charnelle des créatures, l'ivresse végétale des saisons. Je
m'exerce à la saveur pauvre de l'incotore, je me sèvre et me retranche.
Je m'enseigne à jeàner de tout ce qui est mouvement, pensivité et
illusion. Tout cela n'était-il pas énervement, surchauffement de
cellules ... ? L'art ne serait-il pas de resserrer sa vue jusqu'au1dn6mea
limites où la forme devient certitude 1 Hors des bestîalitéa c:t dea
sentimentalités, hors des lyrismes et d~ curiosités affolé~ de voir
et qui n'est pas, ici j'ai ce fort sentiment de toucher enfin à quelque

La REVUE DES FRANÇAIS du ro Avril insctit au dessous d'une
des photographies dont elle a l'habitude de récompenser ses
lecteurs, cette légende :
Le Prince Albert de Monaco dans son laboratoire, dont on va
œlébrer le :15• anniversaire de son règne.

•••
MEMENTO:

- La Revue de Paris (15 Avril) : "Une étude sur la
passion'', par la Comtesse de Noailles, - "Un petit monde",
roman, par Emile Clermont.
- La Rer1ue Bleue (z et 9 Mai) : "La Quittance du diable",
pièce inédite en 3 tableaux mêlés de chant, par Alfred de
Musset.

-

La Revue Hebdomadaire (z5 Avril et N 09 suivants) :

"Enquête sur les témoignages de- l'expérience".

- La Yie des Lettres (Avril 1914) : "Verlai.n e et Mallarmé'',
tene de la conférence prononcée par André Gide au Thé~tre
du Vieux-Colombier. - Poèmes du poète russe contemporain
Balmont : le premier est consacré a Iarovit ou Iarito, le
dieu auquel s'adressent les rites du "Sacre du Printemps".
-

Les Ecrits Françafr (5 Avril) : "Les Nations d'après leun

journaux", par Gabriel Arbouin.

-

Les Cahiers d'A11jourd'h11i (Février) : " Fragmehts'

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

1094

d'Octave Mirbeau. - "La Flandre", extrait d'une conférence
d'Emile Verhaeren. - "Veillée de Noël", par Marguerite
Audou)I'.. - •• Propos d'un Normand", par Alain. - L'Opinion (1 J Avril et N° 8 suivants) : '' L'an prochain, à
Jérusalem", roman par J. Tharaud.
- L'OlifJier (Avril) : Deux poèmes de Mistral.
- Le Feu (Avril) : Réédition de l'étude de Lamartine sur

J.

Mistral.

-

La RçtJue Criti911e de; Idée1 et des Liflm ( 1 o Avril) :
Hommage à Mistral.

•••
REVUES ALLEMANDES :

-

Die G/Jldenkammer, Mars 1914:

Sous la signature de Hans Franck un article sur le "drame
de ityle ". Ce n'est pas d' aujourd'hui que date l'effort des
Allemands pour atteindre à ce style dont ils ne cessent de
déplorer l'absence. Dans tous les domaines de l'art et des lettres
Stefan George, Karl Scheffl.er, Adolf Hildebrandt, Van de
Velde, Georg Hermann, Paul Ernst ont tâché à sortir du
chaos. 11 semble qu'aujourd'hui dans la "lutte pour le style"
on s'attache surtout à r~former, à re-former le drame allemand.
Sophocle ou Shakespeare ? Déjà Paul Ernst et Georg von
Lukàcs se posaient la question. D'une manière qui n'est point
pertinente, pense Hans Franck, D'accord avec ses devancien
pour proclamer que " drame naturaliste " est une antiphrase,
il estime néanmoins qu'il faut désormais tenir compte dca
conquêtes récentes : celles du réalisme qui s'est assimilé le
monde sensible, celles du néo-romantisme, qui s'est appliqué à
l'analyse des réactions de l'âme. Mais ilJaut renoncer aussi bien
au symbolisme facile de l'un qu'au pittoresque superfici~ de
l'autre. Il faut apprendre à "laisser tomber" tout ce qui ~e
concourt point à rendre l'idée et l'essence des choses ; se tcnll'
à égale distanc:e de Sophocle et de Shakespeare, tous deux trop

I

LES REVUES

1095

parfaits pour qu'il puisse être encore intéressant de rec~mmencer
ce qu'ils firent. C'est à Henri de ~.leist qui tent., à son heure,
une synthèse du classique et du moderne qu'il faut revenir.
Unir la perfection de ceux qui surent étJ09uer la réalité à la
perfection de ceux qui surent l'interpréter, "l'essence à l'être
l'idée à l'incarnation, le métaphysique au réel ", telle est, conclu;
Franck, l'œuvre à laquelle doivent s'atteler les écrivains
allemands.
Ces considérations sont caractéristiques. De jour en jour
s'accuse en Allemagne cette tendance néo-classique qui, après
s'~trc affirmée d'abord dans le lyrisme d'un George, d'un Vollmoeller, d'un Stucken, ou dans la prose d'un Thomas MannJ
d'an Emil Ludwig, se fait jour aussi ap théâtr~ : " Nous avons
trop oublié, disait Thomas Mann dans un article récent, que le
style, la mesure, le rythme, la forme - voire même un certain
formalisme, une certaine convention cérémonieu.se sont inséparables de l'essence même du drame ... Richard Wagner, qui avait
i un si haut point le sens du "théâtral", l'.vait bien compris :
d'où Par1ifal. Toute son œuvre l'y conduisait logiquement".

•••
REVUES ANGLAISES.

- Poetry and Drama, (Londres) Mars 1914, paraît sous une
couverture bleu clair qui la fait ressembler un peu à la Eng/û!,
Rn,iew, Poésies de Maurice Hewlett,_ Ezra Pound, Godfrey
Elton et James Elroy Flecker. De bons comptes-rendus.
L'excellente chronique française de F. S. Flint.
-:-The Romanic Ref).few, (New-York) Octobre-Décembre 1913,
contient une longue étude sur le thème de la " Mort Arth.ur "
dans le roman médiéval, par J. Douglas Bruce ; et une étude
sur "les Sources du Roman de la Violette", par D, L. Buffum.
- The New Witnm, (Londres) 16 Avril: Article de F. Y.
Eccles : "France and th.e new royalists ".
- The New Weekly (Londres) est un nouveau journal hebdo-

�TABLE DES MATIÈRES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

madaire, indépendant en politique, et qui est, par ses ·tendances,
le choix de ses collaborateurs, la plus moderne et la plus litt6raire des publications hebdomadaires anglaises.

CONTENUES DANS

LE TOME XI

•••

(JANVIER-JUIN

1914)

RIVUES !TALil!NNES,

- li Marzocco (Florence) 22 mars : une étude d'Alfredo
Understeiner sur le compositeur Riccardo Zandonai. - No du
29 mars : articles sur Mistrai; sur les drames élizabéthains récemment traduits en italien, par G. S. Gargano. - Les Praemarginiilia et les Marginalia.
- La Yoce (Florence) z8 mars : n° pleins d'intéressants
comptes-rendus de livres récents, notamment de " Quelquca
Juifs" d'André Spire(par FeliceManigliano), d'une "Geschichte
der Spanischen Malerei" de A. L. Meyer (par Roberto Langhi).
- France-Italie (Florence et Paris) 1er mars : poèmes en
prose, de Carlo Linati, traduits par L. C.-" L'Opinion française
et l'Italie vers I 840 ", par B. Crémieux. - Les excellentes
chroniques.

•• •
REVUES EsPAGNOLl!S.

- Rt'llista de Américi; (Paris) 10 avril : Supplément "La
Actualidad " contenant des traductions d'André Gide,
d'Alexandre Mercereau, une série de sonnets de José Eustaaio
Rivera. -A l'intérieur de la revue " Mi doctrina y el pema•
miento de mi raza ", par Diego Ruiz. - Poésies d'un jeune écrivain équatorien, W. Pareja.

- Re'llue 111d-américai11e (Paris) avril : Deux poésiea de
Ramon del Valle-Inclan (avec traductio!! française de Jacqaes
Chaumié). Un article d'ethnographie américaine, par
Rey de Castro (qui discute l'existence de l'Atlantide).
- Cuba contemporanea (La Havane) mars : Fin des Lettret
d'amour de la poétesse cubaine Gertrudis Gémez de Avellaneda

FRANÇOIS-PAUL AUBERT

Une Visite à Jean-Dominique Ingres.

185

(LXII)

. . . 336

(LXII)

MICHEL ARNAULD

fJ:'elques juifs, par André Spire
I

C es~ la vie, par Jean Gaurrtent et Camille

See . . . . . . . . . . . • 344 (LXII)
Notule_s_: La Fïlle de l'lunnme, par
Maurice Qu1llot. - Kaligouça le
Cœur-Fidèle, par André Lichtenbe:ger. - Essais de critique liftéra_ire ~t philosophique, par René
G1lloum. - Etudes et,Reche,rches
par Albert de Bersaucourt. Trésor du tourisme ·: L'Italie
Sep~entrionale. - La Sculpture
vénitumne, par Pierre de Bouchaud. - Le~ Mœurs du Temps,
par Alfred Capus, - Maximes
morales et immorales, par Etienne
Re~ .. - L~s petites choses qui font
Platstr, qui vexent, qui flattent .par
~mile Berr. - Ai, hasard de la
'lfte, par Edouard Lockroy. Ombres françaises et visions a11glaises, par le C'• d' Haussonville .
361 (LXII)
M,en~e&lt;:,tte, par Raymond Schwab . . 893 (LXV)
L Heritage, par Henri Bachelin . . . 899 (LXV)
Notule: Contes et Récits Vosgiens, par
Fernand Baldenne
91 5 (LX~~
Le Seul Invisible, par Gabriei Mar~el · • 1054 (LXVI
Le_ lapon, par Lafcadio Hearn.
• 1059 (LXVI}
Mirages d'exil, par Jean ,Renaud
• 1o63 (LXVI)

t.,;

�FÉLIX BERTAUX
Das Hermann-Bahr Buch . • , • • 357
Frau Beate und ihr sohn, par Arthur

(LXII)

Schnitzler . . . . . , . • • • 359

(LXII)

Verkündiging(L'Annoncefaite à Marie),

par Paul Claudel, trad, de Jakob
Hegner . . . •
. . . , , • 734 (LXIV)
JACQUES-ÉMILE BLANCHE
422

Autour de Parsifal . . . . . . . , .

(LXIII)

LOUIS CHADOURNE

Le Tragique quolidim, Le Pil~te av~u!le,
Un homme fini, par Giovanm Pap1m . 172
Notule : L'Italie Moderne, par le

(LXI)

Prince Giovanni Borghèse . , 534 (LXIII)
Œuvres de Carlo Dossi . . . . , • 900 (LXV)
Notule: Boccace, par Henri Hauvette 1087 (LXVI)
PAUL CLAUDEL
498 (LXIII)
598 (LXIVJ
795 (LXV)

Wolf Dohrn.
Protée (Acte I) . ,
Protée (Acte II).
LOUIS DEMONTS
Poèmes en prose

. 212

. . . . . , . ,

(LXII)

EDOUARD DOLLÉANS
341 (LXII)
Le vieux Garain, par Gaston Roupnel
L' Entrave, par Colette Willy . . . . 510 (LXIII)
Une philosophie pathétique, par Julien
Benda . . . • . , . • • •

885

(LXV)

LÉON-PAUL FARGUE
Au Salon d' Automne .
lEternae memoriae p;itris . • . . .

165 (LXI)
594 (LXIV)

139
143
161

(LXI)
(LXI)
(LXI)

16&lt;)
346

(LXI)
(LXII)

348

(LXII)

513 (LXIII)
518 (LXIII)

521 (LXUI)
530 (LXIII)
718
720
723
724
726

(LXIV)
(LXIV)
(LXIV)
(LXIV)
(LXIV)

731 (LXIV)
73-i (LXIV)
736 (LXIV)
912

(LXV)

ANDRÉ GIDE
Les Caves du Vatican (I). . , . .
5 (LXI)
Les Caves du Vatican (II) . . . .
220 (LXII)
Les Caves du Vatican (III) . , . . . . . 438 (LXIII)
Les Heures Bénédictines. par Edouard
Schneider . . . . . . . , .
50-S (LXIII)
Les Caves du Vatican (fin) . . . . . .
645 (LXIV)
P. G. LA CHESNAIS .

HENRI FRANCK
Lettres . . . . . . . . , , . •

HENRI GHEON
Du côté de chez Swann, par Marcel
Proust .
Les choses Voient, par Edouard Estaunié
L' lrréguliére, par Edmond Sée . . .
Ail musée Jacquemart. André, aux galeries Druet, Bernheim, Malpel etc.
Le chèvrefeuille, par Gabriele d' Annunzio
L'ingénu, par Charles Méré et Régis
Gignoux, d'après Voltaire . . . .
La Danse deva11t le miroir, par François
de Curel
Le Baladin du Monde Occidental, par
J. M. Synge . . . . • . . . .
Au Théâtre du Vieux Colombier: l' Avare
de Molière, l' Echange de Paul Claudel,
le Testament du Père Leleu,de R.Martin
du Gard.
Notule : Exposition Jacques-E.
Blanche. . . . . . . . .
Promenades Littéraires (V• série), par
Remy de Gourmont . . . . . .
Lumières du monde, par Paul Castiaux
Cendres, par Edouard Ducoté .
La Flûte Fleurie, par Tristan Derême
L' Am11 duPurgatoire,par Pierre Nothomb
Les poètes de Madame Sarah Bernhardt
Petites expositions : Ch. Camoin, l' Art
Décoratif, Picasso etc.
.
Un Institut de culture française à
Bruxelles .
Notules : Chez les passants, par
Villiers de l'Isle-Adam. - Métiers
divins, par Jean de Bosschère

. . 369 (LXIII)

La Jeunesse d'Ibsen

74

(LXI}

�JEAN SCHLUMBERGER

PIERRE DE LANUX
Journée de Tsoushima.

. . . . . . . . 416 (LXIII)

VALERY LARBAUD

(LXB

par F. Baldensperger . . . • . . 135
353 (LXII
527 (LXIII

Louis Nazzi . . . . • . . .
. •
Miguel Maiiara, par O. W. Milosz

Exposition P. Jouve . . . • .

(LXI)

STENDHAL
Journal: Séjour à Brunswick, 1807-1808. . . 545 (LXIV)

ROGER MARTIN DU GARD

Jeanne d'Arc a-t-elle abjuré 1 par Marcel
. . . . . 891

CÉLINE ROTT
Journal de voyage (Canada) (I) . . . .
Journal de voyage (Canada) (II) . . .

(LXIV)
(LXV)
(LXVI)
(LXVI)

WILLY SCHMID

Lettres de Georges Meredith. . . . . 1076 (LXVI)

JACQUES RIVIÈRE
Exposition Cézanne . . . . .
Parsifal. . . . . . . . . . . .

(LXIV)

Deux œuvres récentes de Claude Debussy . . . . . . . . . . . 1068 (LXVI)

GÉRARD MALLET

MARCEL PROUST
A la recherche du temps perdu. . . .

727
729
901
1o66
1070

Midsummer niglit's dream • . •
Contes d'Italie, par Maxime Gorki.

913 (LXV)
1072 (LXVI)

THÉODORE LASCARIS
De la bibliographie dramatique et de la
nécessité d'une bibliothèque théâtrale 156

Hébert . . . . . .

(LXI)
{LXI)
315 (LXII)

L' Enquête, par Pierre Hamp

La Littérature, création, succès, durée,
Here are ladies, par James Stephens. .
Chance, par Joseph Conrad . . . . .
Notule: De Byron à Francis Thompson, par Floris Delattre. . .
The jlying inn, par G. K. Chesterton . .

'jean Barois, par Roger Martin du Gard 147
La Maison Blanche, par Léon Werth
151

(LXV)

. 921 (LXVI)

351
757

ANDRÉ SUARÈS
Chronique de Caërdal: Ham let, première
partie . . . . . . . . . . .
Chronique de Caërdal: Hamiet, deuxième
partie . • . . . • . . . . .
Chronique de Caërdal : Ardente sérénit.é
Chronique de Caërdal: D'après Stendhal,
première partie . . . . . . . .
Chroni9.ue de Caërdal: D'après Stendhal,
deuxieme partie . . . . . . . .

(LXII)
(LXV)

GASTON SAUVEBOIS
La Vie et l'Amour, par Abel Bonnard
153 (LXI)
Notules: Portraits de sentiment, par
Edmond Pilon. - Figures et quesiio11s de ce temps, par Paul Flat . 532 (LXIII)
Les Hasards de la Guerre, par Jean Variot 8()6 (LXV)
Essais critiqttes, par Eugène Peterfy. . 1061 (LXVI)

(LXI)

305 (LXII)
486 (LXIII)

853

(LXV)

998 {LXVI)

ANDRÉ THÉRIVE
Elégies. . .

770 (LXV)
977 (LXVI)

125

........

, 970 (LXVI)

ALBERT THIBAUDET
Le Cinquantenaire d'Alfred de Vigny. .
Un poète et la poésie provençale. . .
Notule: King Harald, par Luc
Durtajn . . . . , . .
La Bataille Réaliste, par Emile
Bouvier . . . . . . .
Le Père, par Georges Valois •
Sueur de sang, par Léon Bloy

105

{LXI)

319 (LXII)
166

(LXII)

500 (LXIII)
502 (LXIII)
509 {LXIII)

�(

Réflexions sur la littérature : La Grande
pitié des Eglises de France, par Maurice
Barrès . . . . . . . . . . ,
Réflexions sur la littérature: Anthologie
des avocats français contemporains par
Fernand Payen . . . . . . . .
Réflexions sur la littérature : La Nouvelle
Croisade des enfants, par Henry Bordeaux . . . . . .
. .
Didier, homme du peuple, par
Maurice Bonneff. . . . . .

Diderot, les plus belles pages. Puvis de Chavannes, par René
Jean. - L'Epicier, par Jean-Jacques Bernard.-Contes Rustiques,
par Henri Dagan. - Souvenirs
sur la Reine Amélie de Portugal,
par Lucien Corpechot. - Les
Cheminots, drames de la voie
ferrée, par C. F. de la Bernaisc 108o (LVXI)
Une lettre de M. Julien Benda . . . 1087 (LXVI)

705 (LXIV)
87:2

(LXV)

1035 (LXVI)
1o64 (LXVI)

EMILE VERHAEREN

397 (LXIII)

Poèmes . .
FRANCIS VIELÉ-GRIFFIN

Les Noces d'argent. . . . . . . . .

204 (LXII)

.

CHARLES VILDRAC

. 98

Poèmes . . . .

(LXI)

CAMILLE VETTARD

Les Fêtes du Muscle, par Georges Rozet 505
Une conférence sur K~plin~ poète . . 903
Nicolas Gogol, par Lows Leger. . . . 1046
Notules: La Découverte de l'Avenir
et le Grand Etat, par H. G. Wells.
- Le Pays des Aveugles, par
H. G. Wells. . . . . . . . 1085

(LXIII)
(LXV)
(LXVI)

(LXVI)

XXX

Notule : La Voie Sacrée, par Jules
Laroche .
. . . . . .
Notule : Tu es femme, par Hari or .
Troisième liste de souscription à l'édition
monumentale d' Une Saison en enfer .
Notules: La Chine en révolution, par
Edmond Rottacb. - Croquis
d'Outre-Manche, par Jacques Bardoux . . . . • . . . . .
Notules: Le Dessous du Masque, par
François Porché. - Pour la
Musique, par Léon-Paul Fargue.

368 (LXII)
531 (LXIII)

738 (LXIV)

914

(LXV)
LE GÉRANT : ANDRÉ RUYTERS.
lmp.

SAINTE CATHERINE, Quai St-Pierre, 12, Bruges {Belgique).

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                  <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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        <name>Alain-Fournier</name>
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                    <text>�II ~

LA NOUVELLE

REVUE FRANÇAISE

�ilSLlbî!OA CENTRAL
U.A.N.1-

LA NOUVELLE

REVUE FRANÇAISE
REVUE

MENSUELLE

DE LITTÉRATURE ET DE CRITIQUE

.

35 &amp; 37,

PARIS
RUE MADAME,

1914

35 &amp; 37

�TABLE DES MATIERES
CONllNVES DANS

LE TOME · XII

(JUILLET-ÂOUT

1914)

MICHEL ARNAULD
L'abdicatibn llu ~te, par Maurice
Barres. • . . . . . . . 310 (LXVIII)
L, Monarque, par Pierre Mille. . • 325 (LXVIII)
Btmlthi li Silentieu~, el autres contes
juifs, par I. L. Peretz, traduits par
Ch. Bolz. . . . . . . . 326 (LXVIII)

ANDIŒBAINE

Poèmes .

.

.

• 203 (LXVIII)
FÉLIX BERTAUX

Anthologie des poètes lYt"iques allemands depuis Nietzsche, par Henri
Guilbeaux. - Das Poetisch, Berlin,
par Heinrich Spiero. - Ged&amp;nkengut aus meinen W anderfahren, par
Max Dauthendey . . . . . 162 (LXVII)
Dw Tod in Venedig, par Thomas
Mann . . . . . . . . . 338 (LXVIII)
Semmering 1912, par Peter Altenberg 343 (LXVIII)
ANDRÉ FERNET

L'Otage de Paul Claudel au théâtre
de l'Œuvre .

.

.

.

.

•

• 146 (LXVII)

�I
HENRIGHÉON

Dans le Cloaque, par Maurice Barrès. 134 (LXVII)
Un cabinet tle portraits, par Ernest
Tissecand. . . . • • • . 136 (LXVII)
Un film sensationnel de-M. d' Annunzio à Rome. . . . .
169 (LXVII)
A propos de quelques Lautrec . . . 328 (LXVIII)
A l'Opéra•Comique : reprises du Rlue
et
la Péri . • • . . . . 332 (LXVIII)

ae

ANDRÉ GIDE

La Marche turque .

177 (LXVIII)

COMTE DE GOBINEAU
Mademoiselle !mois (I) avec ùn avant-propos
de Tancrède de Visan. • . • . . 24&amp; (LXVIII)
VALERY LARBAUD
L,te,ary Taste, par' Arnold Bennett.

335 {LXVIII)

FRANÇOIS PORCHÉ
Comment1'amour colore le temps .

58 (LXVII)

MARCEL PROUST
A la recherche du temps perdu (fragments)(II)

72 (LXVII)

JEANSCHLUMBERGER
Au Vieux Colombier : l'Eau-de-Vk
par Henri Ghéon. - La Nuit de~
Rois de Shakespeare, traduite par
Th. Lascaris. . . .
137 {LXVII)
La Collection Camondo .
331 (LXVIII)

ALBERT THIBAUDET
Réflexions sur la littérature : La
Vieillesse d'Hélène, par Jules
Lem~tre • • . . . . • •
Réflexions sur la littérature : Les
P.-emières Œuflt'es de Flaubert. .
Fantdmes et viuants, ~r Uon Daudet
Voyage du Condotlièt'e, par André
Suarès . . . . . . . • •
La Genèse du XIXe siècle, par Houston-St~ward Chamberlain (édit.
française par Robert Godet) .
Essais choisis par Georges Brandes'
traduits par S. Garling.
'

125 {LXVII)
294 (LXVIII)
315 (LXVIII)

319 (LXVIII)
320 {LXVIII)
323 (LXVIII)

ARTHUR RIMBAUD
Trois lettres inédites (avec une notice de Pa49 (LXVII)
terne Berrichon) .
•
231 (LXVIII)
Ebauches d'Une Saison en Enfer.
JACQUES RIVIÈ RE
5 (LXVII)
Rimbaud (1) . . . . . . . . . .
La saison russe : le Rossi gnol d'Igor
Stravinsky. - L e Coq d'Or de Rims·
ky Korsakov. - La Légende de
150 (LXVII)
Joseph de Richard Strauss.
209 (LXVIII)
Rimbaud (II} .

FONTENAY•AUX- R0SES. -

I MP. L. BELLENAND. -

:a8.374.

�5

RIMBAUD

1

PREMitRE PARTIE
" Apprlcions sans 'lltrtige f lt1ndu1
dt mon innocence. "
A.R.

I
Rimbaud commence par la colère et par l'injure. De
son ime, c'est ce qui vient d'abord à notre rencontre.
C'est ce qu'il nous faut essuyer d'abord, si nous voulons
nous approcher de lui. Impossible de le comprendre si
l'on hésite devant ce flot d'insultes, si l'on tâche de le
tourner. Car, ainsi qu'un grand fleuve s'annonce jusqu'en
pleine mer par de la boue, Rimbaud est naturellement
précédé par cet immense salissement.
Rimbaud n'était pas seulement irritable; il n'y avait
pas seulement à craindre de lui donner quelque motif
1

La longueur de cette étude noua oblige à ne pas la donner ici
dans son intégriü. On la trouvera complète dans le volume de
lettres et d'ébauche, inédites de Rimbaud que les éditions de la
Nouvelle Re&lt;uue Fran;aist se proposent de publier prochainement.
Elle lui servira de préface.

�RIMBAUD

6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'emportement. Il ne vous attendait pas; il prenai_t les
devants, il se ruait sur vous d'abord et sans daigner
s'expliquer. L'injure lui venait si spontanément à la
bouche qu'il ne savait pas résister à sa montée. Elle était
comme une fonction en lui, avec sa volupté spécifique. Il
en possédait toutes les ressources, tous les secrets ; il en
avait le tour, les façons de commencer, les vocatifs ; elle
était chez lui à l'état jaillissant.Bien que, pour ce qui touche
à Rimbaud, l'autorité d'Edmond Lepelletier soit des plus
suspectes, nous pouvons cependant lui emprunter ici_ ~ne
anecdote. Il raconte qu'un jour, " pour faire plaisir à
Verlaine ", il invita Rimbaud chez lui : " D'abord il ne
desserra pas les dents pendant toute la première partie du
repas, n'ouvrant la bouche que pour demander du pain ou à
boire, d'un ton sec, comme à une table d'hf&gt;te ; puis, à la ·
fin sous l'influence d'un bourgogne énergique, dont Verlai~e lui versait largement, il devint agressif. Il lança des
paradoxes provocateurs et émit des apophtegmes des~inés à
appeler la contradiction. Il voulut notamment me plaisanter
·en m'appelant "salueur de morts", parce qu'il m'avait
aperçu soulevant mon .chapeau sur le passage d'un convoi.
Comme je venais de perdre ma mère, deux mois aup_aravant, je lui imposai silence sur ce sujet, et le regardai d:
certaine façon qu'il prit en assez mauvaise part, car 11
voulut se lever et s'avancer, menaçant de mon c6té. Il
avait pris nerveusement et sottement sur la table un
couteau à dessert, comme une arme sans doute. Je lui
collai la main à l'épaule et le forçai à se rasseoir, en lui
disant que je sortais de faire la guerre, etc. " 1 Il est
1

pp.

Paul Perlaine, par Edmond Lepelletier, Mercure de France,
260-262.

7

inutile de citer la suite de c~ passage, où la dignité, 1a
bravoure et le désintéressement de M. Lepelletier s'expriment de la façon la plus comique. Retenons-en simplement
que plus tard Rimbaud ne parlait jamais de son hôte qu'en
l'appelant : "salueur de morts, ancien troubade, pisseur
de copie."
Mais ce n'était là de sa part qu'amusement. Son inspiration injurieuse avait un fonds plus tragique. Les lettres qu'il
écrivait à son ami Delahaye nous laissent sentir de quelle
profondeur en lui surgissaient les paroles ordurières, quel
affreux plaisir il y golitait, avec quelle plénitude, quelle
dilection, quel profit il les crachait : " Ce qu'il y a de
certain, c'est merde à Perrin. Et au Comptoir de l'Univers, qu'il soit en face du square ou non." 1 "N'oublie
pas de chier sur la Renaissance, journal littéraire et
artistique, si tu le rencontres. " 2 Il y a davantage ici que
la grossièreté de l'adolescence. Le ton est plus grave et
plus furieux ; les mots tiennent plus fortement à l'~tre de
celui qui les prononce ; ils le secouent davantage en
s'échappant de lui. C'est presque le transport d'une satisfaction organique. Quelle anormale compéten~e dans la
façon dont il encanaille les mots les plus bénins en leur
forgeant des désinences incongrues ! 3 On dirait qu'il leur
1 Lettre de juin 1872 à E. Delahaye, dans la Nou&lt;velle Re&lt;vue
Franfaist du 1" octobre 1912, numéro XLVI, p. 579.
1 Ibidem, p. 580. Il faut noter que cette Renaissance venait de
publier les Corbeaux. C'est donc à lui-même que Rimbaud adresse
ici ses injures.
1 Voir ibidem: Juimphe, Parmerde, absompiu, tra&lt;vaince, carolopolmerdis, au lieu de : Juin, Paris, absinthe, trtz'Vaille, carolopolitain,
- et dans une autre lettre à Delahaye (p. 53 du présent numéro) :
contemplostate, au lieu de : C()llttmplatjon.

�8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

rend la forme qu'ils doivent avoir pour lui, qu'il les
rétablit dans leur indignité originelle. Jamais homme n'eut
plus naturelle la faculté de travestir, de défigurer, de
souiller.
Mais il n'est pas horrible seulement par ses paroles.
Son àme se tient der~ière ses injures, pareille à elles, plus
effray_ante encore, s'il est possible. Et d'abord, il est d'une
insensibilité incroyable. C'est un monstre. Il est incapable
d'éprouver aucun des sentiments normaux de l'humanité.
Il ne reconnaît rien pour respectable ; il est absolument
dépourvu d'égards, c'est-à-dire qu'il ne trouve rien vers
quoi l'on ait quelque raison de se tourner. Toutes les
habitudes sociales de notre cœur lui sont incompréhensibles. Point de tradition pour lui, point de liens forgés
par les siècles. Son âme est seule dans le temps ; elle est
traversée par le soufll.e désert de la totale liberté. A la
place des innombrables ménagements qui emplis.sent la
netre, il y a en elle comme un vide, mais un vide brt1lant,
féroce, une sorte de flamme négative. Il signe une de ses
lettres~ "ce sans-cœur de Rimbaud." 1 Même s'il l'a
voulu ironique, il faut prendre le mot à la lettre. Il est
privé de ce lieu "intérieur où les sentiments naissent,
fleurissent, s'entretiennent, se développent, de cette petite
maison de la conscience avec ses habitants qui vont et
viennent, entrent et sortent, font Jeur petit redlue-ménage
1 Lettre à M. bambard, publiée dans le Jean-Arthur Rimbaud, le
polte de M. Paterne Berrichon (Librairie du Mercure de France),
p. 9:i. Compare,: le mot que cite Ernest Dclahaye dans son Ri111baMd
(Revue Littéraire de Paris et de Champagire, 190:r), p. 30: "Ce
qui fait ma supériorit~ c'est que je n'ai pas de cO!ur. "

RIMBAUD

9

plein de mesure et de civilité. Pas de terrain moral dans
cette !me; les semences qui y tombent, ne rencontrent
rien qu'une dévorante absence par quoi tout de suite
elles sont volatilisées.
Rimbaud parle de sa mère non pas grossièrement, mais
avec une sécheresse brutale, avec une aridité impitoyable :
"La mother m'a mis là dans un triste trou." 1 "La mère
Rimb (sic) retournera à Charlestown, etc. " ' Elle ne lui
est rien et son indifférence pour elle semble tranquille, complète, sans restrictions intimes, sans remords. Il refuse de
tenir compte de ses volontés, et de cette insoumission, il
ne pense même pas à s'expliquer avec elle. C'est à un étranger qu'il écrit : " ... J'ai fini par provoquer d'a~oces résolutions d'une mère aussi inflexible que soixante-treize
administrations à casquettes de plomb. - Elle a voulu
m'imposer le travail perpétuel, à Charleville (Ardennes) l
Une place pour tel jour, dirait-elle, ou la porte. - Je
refusai cette vie ; sans donner mes raisons : c'etît été
pitoyable. " 3
Même indifférence à" l'égard de la patrie: "Quelle
horreur, que cette campagne française! " ' Au moment où
les Allemands pénètrent en France, il se plaint, avec une
amertume qu'il ne soupçonne nullement d'être déplacée,
que Paris n'envoie plus de livres aux libraires de Charleville. Et voici sous quelles couleurs lui apparaît l'héroYsme
de ses concitoyens :
1 Lettre de mai d73 à E. Delahaye, p. s:i du présent num~ro.
' Ibidem, p. 53 du présent numéro.
1 Lettre -d'aoOt 1871, publiée par M. Paterne Berrichon dans le

Mercure dt Franu du 16 déc. 1911, p. 730.
' Lettre à Delabaye de mai 187 3, p. 53 du préseiit numéro.

�IO

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
RIMBAUD

"Charlèville, 25 aotlt 1870.
Monsieur,
Vous êtes heureux, vous, de ne plus habiter Charleville !
- Ma ville natale est supérieurement idiote entre les
petites villes de province. Sur cela, voyez-vous, je n'ai
plus d'illusions. Parce qu'elle est à côté de Mézières une ville qu'on ne trouve pas - parce qu'elle voit pérégriner dans ses rues deux ou trois cents de pioupious,
cette benoîte population gesticule prudhommesquement
spadassine, bien autrement que les assiégés de Metz et de
Strasl:&gt;ourg ! C'est effrayant, les épiciers retraités qui
revêtent l'uniforme ! C'est épatant comme ça a du chien,
les notaires, les vitriers, les percepteurs, les menuisiers et
tous les ventres, qui, chassepot au cœur, font du patrouillotisme aux portes de Mézières ; ma patrie se lève !. .. Moi,
j'aime mieux la voir assise ; ne remuez pas les bottes !
c'·est mon principe. " 1
Il est visible qu'il ne comprend pas. Ce qui se passe
so~s ses yeux n'a pas de sens pour lui ; il ne perçoit pas
le motif de cette agitation ; elle lui apparaît comme vidée
du sentiment qui la prov'oque ; car de ce sentiment il ne
peut se faire aucune image, son àme ne_lui en fournissant
pas d'équivalent. A la place des humbles mouvements du
patriotisme, il ne trouve en lui qu'un affreux désintéressement plein de rire.

Bien mieux : de la haine. Il n'est pas seulement
insensible : il y a en lui une véritable fureur, un profond
besoin de vengeance. Il est tourné contre nous ; il nous
abhorre de toutes ses forces, de tout son cœur : " La
chaleur n'est pas très constante, mais de voir que le beau
temps est dans les intérêts de chacun et que chacun est
un porc, je hais l'été qui me tue quand il se manifeste un
peu. " 1 Il considère tout etre comme quelqu'un d'abord
dont il faut se venger. Il s'approche, il met la main sur
lui, il a un droit sur lui, il vient lui faire payer sa dette.
Et comme il voit qu'on n'en peut rien tirer, il l'accable
de sarcasmes et de malédictions.
Aucun moyen ne lui paraît trop bas pour satisfaire son
grief. II faut parler sans crainte de l'hypocrisie et de la
. làcheté de Rimbaud. &amp;ournois, oui, puisque cela peut être
une arme. Darzens raconte que, dans un dîner de littérateurs où Verlaine l'avait introduit, Rimbaud, légerement
pris de vin, se mit à rythmer d'un mot malsonnant les
vers que récitait un poète. Carjat, après une vive altercation, l'ayant mis à la porte, Rimbaud attendit la fin du
repas et, lorsque son adversaire sortit, se précipita sur lui
avec une canne à épée, dont il lui fit une blessure heureusement peu grave. 2 Certains ont prétendu cette anecdote controuvée et il est important d'indiquer ici que
Verlaine en tous cas en donne une version toute difféLettre à Delahaye de juin 1872, Nou'!Je/le Revue Française du
oct. 1912, p. 578.
1 Voir le Reliquaire d'Arthur Rimbaud, Genonceaux éditeur.
L'anecdote se trouve dans la Préface de Rodolphe Darzens,
p. XXVI. Elle est reproduite, avec quelques variantes, dans le
Paul /Ter/aine d'E. Lepelletier.
1

Lettre à M. lzambard, publiée par M. Paterne Berrichon dans
la Nou'Vel/e Rl!'Vu11 Française du 1" janvier 1912, pp. 24-25. Comparez l'anecdote racontée par Ernest Delahaye à la page 2 7 de son
Rimbaud.
'
1

II

1er

�12

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rente. Pourtant, telle que la rapporte Darzens, elle ne
me paraît pas absolument invraisemblable. Quels scrupules
pouvait-il y avoir pour une colère aussi fondamentale
que celle de Rimbaud ? Les convenances, la mesure
et l'espèce de dignité que nous avons l'habitude de
garder jusque dans l'assouvissement de nos rancunes,
c'est parce que celles-ci sont toujours particulières, limitées, définies : pour les satisfaire nous ne sortons qu'un
instant de l'état de paix; nous savons bien que nous y
rentrerons tout à l'heure; aussi essayons-nous d'en conserver le plus possible les grandes lignes, d'en respecter les
exigences autant que nous le permet notre crime. Mais
chez Rimbaud la haine est totale, absolue, infinie ; c'est
elle qui pose toutes les lois, qui donne sa direction et sa
forme à toute la'conduite; il n'y a pas d'autre voix que
la sienne ; le seul devoir est de la contenter à tout prix ;
ainsi toute !Acheté est permise, pourvu qu'elle soit efficace,
1

1 " Rimbaud eut le tort incontestable de protester d'abord entre
haut et bas contre la prolongation d'à la lin abusives récitations.
Sur quoi M. Etienne Carjat, le photographe-poète de qui le
'récitateur était l'ami littérairè et artistique, s'interposa trop vite et
trop vivement à mon gré, traitant l'interrupteur de gamin. Rimbaud
qui ne savait supporter la bojsson, e~ que l'on avait contracté, dans
ces '' agapes " plut6t modérées, la mauvaise habitude d!! gâter au
point de vue du vin et des liqueurs, - Rimbaud qui se trouvait
gris, prit mal la chose, se saiiiit d'une canne à épée à moi qui était
derrière nous, voisins immédiats, et, par dessus la table large de près
de deux mètres, dirigea vers M. Carjat qui se trouvait en face ou
tout comme, la lame dégainée qui ne fit pas heureusement de très
grands ravages, puisque le sympatlùquc ex-directeur du BoultVard
ne reçut, si j'en crois ma mémoire qui est excellente dans cc cas,
qu'une éraflure très légère à une main. " _(Préface aux Polsies
Complètts d'Arthur Rimbaud, éditio.n Vanier.)

RIMBAU·D

13

pourvu qu'elle aide un peu à calmer cette immense soif.
Rimbaud est toujours en état de légitime offense. Tant
pis pour nous si nous sommes en repos ! Lui est en
guerre. Nous sommes ses ennemis, même si nous ne le
voulons pas. Nous avons beau tourner vers lui le visage le
plus bienveillant : il cherche pendant ce temps comment
il pourra nous faire du mal. Si par hasard il nous trouve
en proie à quelque tourment, c'est toujours autant de pris!
Il s'en félicite avec un transport cruel. Regardez-le qui
exulte affreusement ! En pleine occupation allemande
il écrit : " J'ai été avant-hier voir les Prussmans à
Vouziers... Ça m'a ragaillardi. " 1 Et . il ne pense pas
à retenir ce cri épouvantable et sublime : "Je souhaite
tres fort que l'Ardenne soit occupée et pressur6e de plus
en plus immodérément." 2 Sa haine à des ressorts d'a,cier.
Il ne se fatigue pas de se lever contre nous. I~,est toujours
prêt à porter son accusation, avec la même grande joie
impitoyable, toujours prêt à poursuivre et à condamner.
D'autant plus d'occasions on lui en offre, d'autant plus il
se réjouit. Inépuisablement en lui surgit le rire qui déteste.
Encore ! s'écrie-t-il avec triomphe; Vous voyez, je suis
toujours là; vous pouvez y aller, je ne vous manquerai
point.
Sa fureur est telle qu'elle le tient jusque dans le plaisir.
Il faut entendre le son rageur, siffiant, ironique, indigné
que prend le mot " délicieux " chez Rimbaud. Il semble
dire : "Voilà ce que vous avez trouvé, c'est bien ! je le
prends ; mais ne pensez pas que je vous pardonne davan1 Lettre

à Delahaye de mai 1873 (p. 53 du présenLnuméro.)

1 Lettre à Delahaye de juin 18°72, Nouvelle Revue Française du
1er

octobre 1912, p. 579.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
RIMBAUD

tage cette volupté que le reste. Toute ma colere y demeure
co~tractée. Je vous ferai payer ça."
Pour bien comprendre la haine de Rimbaud, il faut y
noter un caractere singulier : c'est qu'elle ne s'occupe pas
de son ~bjet. Elle. se complique d'une indifférence transcendante pour les êtres auxquels elle s'attaque : elle ne
fait entre eux aucune distinction, elle ne les connaît pas ;
elle ne sait rien que se précipiter.

Ses strophes bondiront : Poilà, voilà, bandits l

1

Rimbaud se rue au hasard, il frappe à tort et à travers,
stir que ses coups, où qu'ils portent, seront toujours
mérités. Dans Paris se repeuple, le voici parti pour une
sorte d'apologie de la Commune et de furieuse diatribe
contre les Versaillais. Mais au bout de la première
strophe, il ne voit plus de différences; il ne sait plus à qui
il en a; c'est à tout le monde; sa haine saute en lui dans
tous les sens, elle est comme une boussole affolée. L'esprit
de vengeance chez lui, c'est en même temps l'esprit de
vertige. Des qu'il entre dans sa colère, tout se met à
chanceler et à tour~oyer autour de lui :

Qu'est-ce pour nous, mon cœur, que ces nappes de sang
Et de braise, et mille meurtres, et les longs cris
De rage, sanglots de tout mfir renversant
Tout ordre; et l' Aquilon encor sur les débris;
Et toute vengeance r - Rien!•.• Mais si, toute encore,
Nous la voulons! Industriels, princes, sénats :
1 PariJ ,e repeuple, Œuvrts d'Arthur Rimbaud, édition définitiYe,
librairie du Mercure de France, p. 5!1.

Périssez ! Puissance, justice, histoire : à bas!
Ça_nous est da. Le sang ! le sang! la flamme d'or !
Tout à la guerre, à la vengeance, à la terreur.
Mon esprit! tournons dans la morsure : Ah! passez,
Rfpubliques de ce monde ! Des empereurs,
Des rfgiments, des colons, des peuples: assez! 1
Cette impartialité de la fureur, cette égalité de la rage
trahissent l'étrange détachement où est Rimbaud des
objets qu'il harcèle avec le plus d'acharnement. Il les
déteste, il les attaque, mais en même temps, il les maintient à distance, il leur impose un espace d'avec lui où
viennent s'égaliser toutes leurs petites différences, se
perdre les nuances et les degrés de leur ignominie. Il nous
poursuit, il s'attache à chacun de nous, mais en même
temps il recule, il se sépare de nous tous, il se tient à
l'écart dans un étonnement scandalisé. Il y a je ne sais
quel silence et quel retranchement au fond de ses injures.
Nous n'avons même pas l'idée de nous justifier devant
lui, tellement nous sentons que "ce n'est pas pour ça"
qu'il nous en veut. Au fond il n'a rien à débrouiller avec
nous. Nous ne sommes là que pour recevoir sa haine. Il
ne sait pas qui nous sommes ; qui croirait l'avoir offensé,
lui donnerait à rire. Il a toujours l'air de ne vouloir s'expliquer qu'avec quêlqu'un que nous ne voyons pas. C'est
vers ce spectateur invisible qu'il se tourne sans cesse ; il
nous montre à lui simplement, il nous présente et ça
suffit.
L'ironie de Rimbaud n'a rien à faire avec l'esprit.
1

Les Illuminations: Ycrtige, dans les Œuvres, p.

111.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

'C 'est une certaine façon pleine d'arrière-pensée de
nommer les choses, le choix indifférent de l'une d'entre
elles pour l'énoncer, un air de dire : "Voyez-moi ça,
hein ! ", un silence sur ui; mot, une façon d'en appeler
aux dieux, de les prendre à témoins en se taisant sur
quelque chose. Comme le plus parfait éloge est quelquefois
de ne rien dire, ainsi la moquerie de Rimbaud est de
cueillir au hasard n'import·e quoi et de l'entourer de sa
réticence. Le ton de sa voix indique assez tout le scandale
qu'il trouve dans l'objet choisi: s'il vous plaît de regarder,
vous verrez du joli ; mais ça serait la même chose, si nous
avions pris ,à c&amp;té; on ne comprend vraiment pas pourquoi l'on se plaindrait, puisque tout est de la même qualité
que ça, voyez donc ! "Je n'ai rien de plus à te dire, la
contemplostate de la nature m'absorculant tout entier :
je suis à toi, ê'J Nature, ê'J ma mèrè ! " 1
Nous apercevons maintenant quelle est la véritable
essence de la haine de Rimbaud. C'est une révolte non
pas d'ordre social, mais d'ordre métaphysique.
Il faut se garder de prendre Rimbaud pour un bohème;
il ne faut pas le croire lorsqu'il se peint lui-même dans ses
premiers. vers "débraillé' comme un étµdiant ;, 2 ; il est
bien autre chos·e qu'un voyou. Le visage ébouriffé et
désordonné que lui prête Fantin-Latour, s'il n'est pas sans
vraisemblance, cependant risque de suggérer une fausse
interprétation de sa révolte. La bohême est une protestation contre la société et ses usages, contre la hiérar-chie
l Lettre à Delahaye de Mai 1873 (p. 53 du présent numéro).
3

A la musique, Œuvrea, p. 370.

RIMBAUD

des classes, contre l'organisation que les hommes se sont
eux-même.s imposée ; elle prétend renverser tout ce qu'il
y a d'artificiel dans la vie, tout ce qui est surajouté à la
simple nature. Mais elle accepte certains commencements
les fondations dé l'édifice et tout au moins l'existence'
ici-bas. Rimbaud refuse tout en bloc : c'est contre la
condition humaine qu'il s'élève, bien mieux contr~ la
condition physique et astronomique de l'Univers. Là est
l'insupportable : dans tout. Etre vivant : voila l'horreur !
Etre là, subir, admettre, durer : voilà ce qui ne se peut
faire sans honte, sans exécration, sans vengeance ! Il y a
quelque chose qui vous tient à la gorge, qui vous étouffe.
Il y a u.ne impossibilité positive et comme agressive à
"être au monde" 1• La colère de Rimbaud c'est une
intolérance, au sens médical du mot, Il ne' peut rien
" ga_rd er " , tout son organisme
.
est en défense et dans un
état de malaise et . de rejet prim.itif, fondamental,
permanent. Il suffoque, il se tourne et se retouriie indéfiniment ; en vain toujours. Ses fugues continuelles sont
les sursauts de cette intolérance métaphysiq~e. L'endroit
où il se ~~ouve a pour lui quelque chose de br!tlant, la
place qu 11 occupe le chasse comme avec une main . 11
'
b .
,
n a pas esom, pour n'y pouvoir rester, de la méchanceté
des hommes ; le seul fait d'y être situé, la simple station
en ce point sont en eux-mêmes assez épouvantables pour
l'obliger à fuir.
D'un bout à l'autre de cette lettre à Delahaye dont nous
avons déjà cité plusieurs passages, on sent bien l'espèce de
1 "

Nous ne sommes pas au monde. " Une Saison m enfer :
Délire, I: f'ierge Folle, dans les Œuvres, p. ,. 77 .

2

�18

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

folie que la présence en un lieu donne à Rimbaud, on
sent peser cette masse invisible qui, partout où il se tient,
l'écrase, cohtre laquelle il n'a pas trop de toute sa fureur:
" Mais ce lieu-ci ; distillation, composition, tout étroitesses ... " 1 " En ce moment j'ai une chambre jolie sur une
cour sans fond, _mais de trois mètres carrés. - La rue
Victor Cousin fait coin sur la place de la Sorbonne par
le café du Bas-Rhin et donne sur la rue Soufflot à l'autre
extrémité, - Là, je bois de l'eau toute la nuit, je ne vois
pas le matin, je ne dors pas, j'étouffe. Et voilà." 2 Le
monde est sur lui comme sur sa chambre l'énormité des
étages supérieurs. Il est occupé à le subir. Voyez-le attelé
à son mal comme à une besogne. Il est là dans sa chambre
à ne rien faire, à peiner, à écouler silencieusement sa
haine. Courbé, grimaçant, abruti, il crache, il dit non, il
boude monstrueusement.
Ce n'est encore qu'un enfant, mais un grand martyre
lui a été confié: "fai avalé une fameuse gorgée de
poison. -Trois fois béni soit le conseil qui m'est arrivé!
- Les entrailles me bnllent La violence du venin tord
mes membres, me rend diffontte, me terrasse. Je meurs
de soif, j'étouffe, je ne puis crier," 3 C'est maintenant
que nous entendons bien le ton de sa voix: non pas
seulement rauque et crapuleux, mais le soulèvement de
tout son être y a, passé ; c'est quelqu'un de travaillé
jusque dans ses profondeuts. qui parle ; et par une souffrance absolument unique et solitaire. Ses cris n'ont aucun
Lettre à Delahaye de Juin 1 872, dans la Nou,vtlle &amp;vue Fran•
du 1 "' Oct. 19n, p. 578 .
1 lbidtm, p. 5 80.
s Une Saison m e11fir: Nuit dt l'En/er, Œuvres p. 27 0.
l

faÎst

I

RIMBAUD

rapport avec la plainte et la revendication. "Toujours
même geinte, quoi ! " 1 s'écrie-t-îl sans doute. Mais en
même temps il ne songe qu'à s'aliéner tous ceux qui
pourraient être tentés de lui porter secours. Il les chasse,
il les bafoue, il se fait aussi repoussant que possible pour
que leur pitié n'aille pas s'égarer vers lui. Il veut être
seul : " Peut-être que tu aurais raison de beaucoup
marcher et lire. Raison en tous cas de ne pas te confiner
dans les bureaux et maisons de famille. Les abrutissements
doivent s'exécuter loin de ces lieux-là." 2 Il s'établit
délibérément hors de toute consolation, de toute sympathie
humaine. Car - et voici que nous touchons au secret de
Rimbaud - le mal dont il souffre, ce n'est pas une
injustice dont il puisse souhaiter la réparation ; c'est un
tourment personnel, réservé, qui lui a été donné en partage
comme un mystérieux privilege.

II
Pour bien c~mprendre la nature de ce privilège, il
nous faut_ considérer cette ime de plus pres, il faut
la débrouiller plus profondément que nous n'avons su
faire jusqu'ici. Tkhons d'atteindre en elle le caractère
qui nous donnera 1a clef de ses humeurs et de son génie.

Et d'abord remarquons un second visage de Rimbaud
que le premier ne doit pas nous cacher. Ce n'est p~
seulement ce sale gamin. Il y a aussi l'enfant irréprochable.
1
1

Lettre: à Delabaye, p. 579 _
Ibidem, p. 57 9.

�20

LA NOUVELLE REVVE FRANÇAISE

Il y a le beau visage derrière la figure chiffonnée. Cela
n'apparaît que si l'on fait attentîon, que si l'on sait prendre
patience quelques instants. On dirait une de ces gravures
qui découvrent un second aspect pour peu que le regard
veuille y mettre quelque insistance. Oui, à seconde vu_e,
Rimbaud se révèle d'une beauté extraordinaite : ses traits,
lorsqu'ils ne sont pas plissés par la haine, ont une harmonie, une justesse et une netteté incomparables. On
trouve rarement une aussi pure, aussi pleine et inflexible
adolescence.
Ne négligeons aucune des apparences revêtues par cet
être étrange. II y a le mendiant qui, de la mansarde que
lui avait offerte Théodore de Banville, lançait par la
fenêtre dans la cour ses haillons pleins de vermine. Mais
il y a aussi, et en mime temps, le bon élève, le lycéen bien
noté, honneur du collège de Charleville. C'est Rimbaud
qui conquiert le prix de vers latins au concours académique
de 1869. Et nous voyons, à cette occa~ion, le principal
du collège le traiter avec cette faveur à la fois paternelle
et légèrement intimidée que les maîtres témoignent aux
élèves de premier ordre. 1 Au reste Rimbaud était en
excellents termes avec ses professeurs : ils lui prêtaient
des livres et lui~ se plaisait en leur compagnie. Il ne
semble pas avoir jamais appartenu à l'espèce des "chahuteurs ". Il avait même le léger brin de pédantisme, si
caractéristique du bon élève : un certain penchant à la
citation, une prédilection pour les mots savants. 2 Ses juge1 Voir 'jean-Arthur Rimbaud, le poète, par Paterne Berrichon
(Libr. du Mercure de France) PP· 37-41.
t Il emploie sans cesse : carolopolitain pour : haiJitant de Char/e-

~ille.

I

RIMBAUD

21

ments littéraires, même les moins perspicaces, ont un ton
d'assurance un peu doctorale ; il écrit, parlant de Louisa
Siefert (?) : " J'ai là une pièce très émue et fort belle :
Marguerite." Et l'ayant citée (hélas!), il ajoute: "C'est
aussi beau que les plaintes d' Antigone àvuµ&lt;f,11 dans
Sophocle. " 1
Je le vois, au milieu de ses camarades, vêtu sans
élégance, mais soigneusement, avec une veste confortable
et un petit col blanc, - l'un de ceux qui portent au
collège l'odeur de la maison. Il y a, malgré tout, en lui
quelque chose de l'enfant sage. Dans une lettre à
M. Izambard, Madame Rimbaud écrira: "Est-il possible
de comprendre la sottise de cet enfant, lui si sage et si
tranquille · ordinairemmt ~ " 2 On ne voit pas qu'il ait
jamais été bruyant, Il était de ceux qui disparaissent avec
un livre pour toute la journée et dont les parents se
demandent tout à coup : " Mais où est-il donc i " On
pourrait presque dire qu'il était timide.
Même dans ses effusions les plus ordurières, je crois
reconnaître l'enfant bien élevé qui dit des " gros mots"
par insatisfaction. Sa crapule, si réelle, si profonde soitelle, n'est que l'expression au dehors de sa hauteur et de
sa distinction. Il est l'élève le plus mal embouché de tout
le collège, mais c'est parce qu'il est le meilleur, le plus
complet, le plus hardi, celui dont les sentiments ont le
plus d'élan, de liberté, d'exigence. Derrière l'enfant
courbé de colère et d'injure, il faut voir l'enfant droit,
1

Lettre à M. lzambard du 25 Aoôt 1870, dans la Nouvtll,
Rwue Française du 1" Janvier 1912, pp. 26-27.
2 Lettre citée par M. Paterne Berrichon dans Jean-Arthur Rimbaud, le poète, p. 79.

/

�21

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

vierge, inentamé, "n'ayant jamais aimé de femmes, quoique plein de sang. " 1
La virginité de Rimbaud. Peu nous importe après tout
le problème de sa chasteté physique ! L'âme en tous cas
qui vivait dans ce corps, était vierge. Mais en accueillant
ce mot, gardons-nous de le laisser évoquer, comme il en
a Phabitude, des images tendres et fragiles ; il faut au
contraire lui donner son sens le plus dur, le plus terrible.
L'àme de Rimbaud, c'est une âme qui n'a pas subi
l'humiliation de l'étreinte, qui n'est alourdie, ralentie par
aucun souvenir honteux, forte de toutes ses forces, violente,
injurieuse, armée. La virginité en elle est pareille à la
guerre. " Apprécions sans vertige l'étendue de mon
innocence ! " 2 Rimbaud, c'est l'être innocent entre ceux
à qui on peut faire reproche: "Je n'ai point fait le mal.
Les jours vont m'être légers. Le repentir me sera épargné. " 1
Osez slonc venir témoigner contre lui. Mais c'est lui au
contraire qui s'avance sur vous. Il porte sur son visage
l'éclat de son privilège; son regard tombe ici et là,
étincelant, sauvage. Monstre de pureté et de perfection !
Son épouvantabte jeunesse.,
enfance-prodige ne sont
point un accident en lui, un moment, un passage, mais
son àme même. Il a été construit pour demeurer un
enfant à travers la vie, - un enfant avec son cœur intact
et méchant, avec son .innocence et sa tyrannie.
On peut le dire presque sans métaphore : Rimbaud
c'est l'être exempt du péché originel. Dieu l'a la~

cette

1 Les Dlstrts dt l'Amo11r, avertissement, dans les Œuvres, p. 102.
'Une SaisDTr lfl ,,if": Mauvais Sang, dans les Œuvres, p. 167.
• lhidnn, p. 265.

lllMBAOD

23

s'échapper de ses mains sans l'avoir fléchi, faussé, blessé,
sans l'avoir préparé par les mutilations nécessaires aux
conditions de la vie terrestre ; il a oublié de lui ater
quelque chose dans l'âme. Rimbaud est venu entier,
parfait, c'est-à-dire fait complétement, de tous les c6tés,
sur toutes les faces, - parfait, non pas dans l'ordre du
bien, mais dans celui de l'être. L'ange l'emporte sur
l'homme par autre chose que la pureté et la sages e :
il contient une dose plus forte de réalité, une plus grande
quantité d'existence. A cet égard Rimbaud est un ange.
Un ange furieux. Il n'a pas été touché, il porte intacte
la ressemblance de Dieu, il conserve toute la dépense que
Dieu a faite en lui. Quelque chose de débordant, encore
que d'invisible, émane de tout son être. Il y a dans son
apparition ce je ne sais quoi de flamboyant et de saturé
qui décèle les personnes surnaturelles. Il est le messager
terrible qui descend dans Péclair, tout debout, l'exécuteur
d'une parole inflexible, le porte-glaive.
Si l'on consent à reconnaître ici l'image véritable de
Rimbaud, tout devient clair dans son attitude. Et d'abord
son intolérance, l'impossibilité à " être au monde" dont
il souffi-e. Car il n'est pas fait pour demeurer ici-bas; il
n'est pas au niveau de notre vie ; il n'est pas disposé pour
ses questions, il ne les entend pas et celles qu'il pose n'ont
pas de réponses en elles. - N'allons pas nous le représenter comme un incompris, que froisse la grossièreté
d'ici-bas et qui rêve d'un paradis où sa délicatesse sera it
respectée ; mais au contraire il ne peut s'accoutumer à la
bénignité de nos mœurs terrestres. Il ne s'en va pas
de la poitrine; il n'est pas au-dessous de la vie; mais au

�24

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

contraire il 1a déborde, il ne peut s'y réduire, y rentrer,
s'y tasser. Ça ne s'arrange pas : les deux pièces n'ont pas
été faites l'une pour l'autre : "Je suis dépaysé, malade,
furieux, bête, renversé. " 1 Il se débat à la renverse dans
ce cloaque où s'il pouvait du moins disparaître! Mais non !
il surnage irrémédiablement, il n'arrive pas à enfoncer.
Et commè elle fait son tourment, sa merveilleuse
innoçence fait aussi son indifférence pour l'humanité
entière, sa colère et sa haine. En effet, comment cet être
intact et despotique ne serait-il pas mortellement dégotlté
par notre aptitude à la misère, par notre amitié avec la
douleur, par cette sorte de basse aisance à vivre,. d'acceptation à l'avance de çela même qui va nous désoler ? Joie
ou malheur, nous sommes ceux pour qui ça fonctionne
bien. Le bonheur, après tout, n'est pour nous que _supplémentaire; 2 ce n'çst que par acquit de conscience que
nous nous plaignons de ne le pas obtenir ; la proportion
si infime pour laquelle il entre dans la vie, au fond est
justement caleulée. En d'autres termes, nous sommes
dans une harmonie profonde aveo cette vie ; nous nous
arrangeons toujours avec elle, quelque tour qu'elle nous
joue; nous lui s.ommes complices. Voilà ce que Rimbaud
exècre en nous, lui qui de tout son être est en malaise
1 Lettre à M. Izambard du 25 AolÎt 1870, Nou&lt;velle Revue
Française du 1., Janvier 1912, p. 25.
' "Je vis que tous les êtres ont une fatalité de bonheur", dira
Rimbaud dans la Saison en enfer (Délires 11: Alchimie du Yerhe,
Œuvres, p. 294) ; c'est-à-dire : je vis que les hommes sont toujoun
heureux, et quoi qu'il le11r arri&lt;ve, d'une sorte de bonheur médiocre,
fixe, constant, qui n'a pas besoin d'aliment. Autrement dit : ils ne
tiennent pas au vrai bonheur, à celui qui leur serait apporté du
dehors comme un message, une récompense, une vérité.

RIMBAUD

avec elle, lui qui, du fait même qu'il respire, la condamne
et la rejette, lui pour qui - joie ou malheur - elle est
toujours offensante. Du même mouvement dont il repousse
la vie, il est tourné contre nous qui l'acceptons. Nous
.faisons partie de ce vaste systeme du tant bien que mal
où il est pris, nous sommes le peuple des " infâmes infirmes ". 1 Il nous hait sans mesure, il a pour nous la
férocité distante et impitoyable d'un être d'une autre
race, voué à des vertus et à des exigences différentes.
Quelle excuse pourrait-il accepter ? Il ne peut pas entrer
avec nous dans des considérations. Tant pis pour nous !
II ne fallait pas fléchir. Il ne nous connaît pas. Tout a
été décidé dans le principe. Qu'est-ce que ça peut lui
faire, maintenant, ce qui nous arrive ? - Il est séparé de
nous d'une manière constitutionnelle. Vraiment, de lui à
nous, il n'y a que la haine qui puisse passer. Comment
échangerait-il normalement ses sentiments avec les nôtres?
Ce n'est pas la même monnaie. Nous avons la reconnaissance, la pitié, l'amour, tout ce qui se partage, tout
ce qu'on éprouve dans une ignoble communauté. Mais
lui~ il a l'innocence avec ce qu'elle a d'acide, de brillant
et de privé ; elle le divise d'avec nous ; elle entretient sa
colère, comme une flamme qui ne dépense pas, dans une
constante intensité; elle nourrit cette prodigieuse solitude,
d'où sans trêve il lance sur nous les éclairs de son insulte.

III
N&lt;;?us tenons maintenant le secret de Rimbaud et du
même coup la clef de sa poésie. Il ne nous reste qu'a
Poème liminaire de la Saison m enfer, Œuvtes, p. 2 5 1.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nous en servir, c'est-à-dire à poursuivre et à reconnaître
dans toutes les parties de son œuvre l'idée 'd'innocençe,
Mais disons d'abord, pour éviter toute méprise, sous
quelle forme nous devons nous attendre à trouver cette
idée exprimée, de quelle façon il importe d'interroger,
d'ausculter l'œuvre qui la contient et à quelle sorte de
confession il faut l'amener, - Rimbaud n'a rien d'un
philosophe ; il est absolument impropre à .la réflexion
abstraite ; il ne sait pas isoler ses pensées les unes des
autres, ni les exposer dans l'ordre où elles s'enchaînent
véritablement : "Moi je ne puis pas plus m'expliquer que
le mendiant avec ses continuels Pater et Ave Maria. lt
ne sais plus parler

!" 1

Rien de ce qu'il pense n'aboutit à la distinction ; pas
de développement, d'épanouissement, d'explication ; tout
rl!Ste non pas vague, mais immédiat et enveloppé. Lorsque
Rimbaud entreprend d'exposer ses théories esthétiques, 2
il ne peut le faire que par des déclarations ·subites et
entières, que par une série d'explosions idéologiques ; il
attend qu'une certaine quantité de pensée se soit accumulée en lui, pour la lkher d'un seul coup ; ses formules
ne résument pas,-elles chassent, elles produisent ; au lieu
de servir au rassemblement de la pensée, c'est à sa projection.
ne faut donc pas demander aux poèmes de
Rimbaud de nous livrer un système ·philosophique, tout
abouti et avoué, ni même une description abstraite de
l'idée d'innocence. Cette idée n'est pas dans l'œuvre, si
on l'y cherche, si on veut l'en extraire, Mais il faut la

,1

1

1

1

Il

1 Une Saison en enfer: Matin, Œuvres, p. 304.
, Voir Lettre du 15 mai 1871, dans la Nouvelle
.
du 1"' oct. 1912, p. 570.

Re&lt;.J111
~

Française

RIMBAUD

sentir simplement, la toucher comme un vaste corps
présent; ses membres se confondent avec ceux de l'œuvre
elle-même ; ou plutat l'œuvre tout entière n'est que son
incarnation.
Au fond ce que dit Rimbaud n'a pas de sens; je veux
dire : de sens vers nous. Son but est prochain, immédiat,
égorste. En écrivant il ne travaille !qu'à se débarrasser
de son innocence. Elle l'étouffe; l'imperfection de ce
mond,e la maintenant en lui comprimée, elle pese contre les
parois de son âme. Pour échapper au supplice .de ce continuel effort intérieur, il dche de la dégager, de lui trouver
une issue, de lui rendre de l'espace, au moins en imagination. Son œuvre est ainsi comme une région plus vaste qu'il
ouvre à sa -propre innocence, comme une habitation à sa
taille qu'il lui construit, comme un corps glorieux qu'il
lui fournit. Elle n'a pas d'autre raison d'être que d'offrir
une matière à son âme irréprochable, que de la recevoir,
de la revêtir et de la soutenir. Tout y est calculé, non
pas pour satisfaire le plus complétement possible l'intelligence du lecteur, mais pour arrêter, fixer, absorber le
plus possible de cette innommable perfection qui emplit le
cœur du poète.
Il est clair qu'une telle œuvre ne peut ni ne doit être
étudiée suivant les méthodes habituelles de la critique. Il
convient non pas de l'analyser, mais_ de la palper, de la
constater pour ainsi ·dire dans toutes ses parties. Pas
d'opération à lui faire subir, pas d'extraction à tenter.
Tâchons seulement d'y reconnaître partout l'innocence.
- Elle est composée de motifs semblables à des thèmes
musicaux, de .groupes d'images qui reviennent de temps
en temps et se chassent les uns les autres. Essayons seule-

�RIMBAUD

•

28

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ment en regardant chacun d'eux tour à tour avec une
attention u,n peu insistante, de le faire apparahre
comme un des visages de cette innocence immanénte ·à
l'œuvre entiere.
A vrai dire ce procédé tout modeste et respectueux ne
pourra convenir jusqu'au bàut à notre étude qu'en s'en.
hardissant un peu vers la · fin. Car d'une représentation
toute poétiq1,1e et figurative, nous verrons Rimbaud passer
peu à peu à une expression de plus en plus précise et
textuelle de son innocence, et les derniers poèmes de la
Saison en Enfer nous obligeront à une analyse détaillée
et abstraite.

***
Il est un motif qui revient sans cesse dans l'œuvre de
Rimbaud ; c'est le motif de l'être solitaire, d'une autre
race, sans parenté, sans fonction, sans aucune attache
avec !'.humanité ; " A vendre les corps sans prix, hors de
toute race, de tout monde, de tout sexe, de toute descendance ! " 1
Dans /'Avertissement des Dlserts de l'.dmoitt, Rimbaud
déjà se présentait lui-même comme un être absolument
retranché et absent de notre vie : " Ces écritures-ci sont
d'un jeune, tout je111:e homme, dont la vie s'est développée
n'importe où ; sans mère, sans pays, insoucieux de tout
ce qu'on connaît, fuyant toute force morale... " 2
Les étranges habitants qui peuplent les Illuminations ne
Les Illuminations: Solde, p. 246.
• Les Diserts de l'Amour: Avertimment; p.

1

101.

sont assignés à au&lt;;une patrie, ne sont astreints à aucun
lieu ni à aucun temps. Il faut noter le perpétuel emploi
du mot tout dans ces poèmes. C'est l'adjectif indéfini ;
il indique la complète absence de bornes, de restrictions,
de détermination : " Enfant, certains ciels ont affiné mon
optique ; tous les caractères nuancèrent ma physionomie ... " 1 "Toutes les possibilités harmoniques et architurales s'émouvront autour de ton siège ... '' 2 Le .poète,
sans cesse, nous apparaît placé en un point mystérieux où
il est au niveau à la fois de · tout ce qui existe, où son_âme
devient égale à toutes les époques, à tous les mondes et
circule, avec une prodigieuse aisance, à travers les civilisations : " Exilé ici, j'ai eu une scène où jouer les chefsd'œuvre dramatiques de toutes les littératures. " 3 "Dans
un grenier où je fus enfermé à douze ans, j'ai conhu le
monde, j'ai illustré la comédie humaine. Dans un cellier
j'ai appris l'histoire. A quelque fête de nuit, dans une.
cité du Nord, j'ai rencontré toutes les femmes des anciens
·peintres." 4 Il est en tout, parce qu'il n'est en rien ; il ne
s'épanouit qu'en dehors de nos limites : "J'ai horreur de
la patrie. " ~
Dans la Saison en Enfer le thème de la solitude entre
les hommes reprend une foree nouvelle ; il devient le
motif du paien et du ·nègre : " Si j'avais des antécédents
à un point quelconque de l'histoire de France ! - Mais
non, rien. - Il m'est bien évident que j'ai toujours été de
1 Les Illuminations: Jeunesse, p. :135.
' Lts Illuminations: Veillées, p. 195.
1 Les Illuminations ,: Vies, p. 236.
4 Jbid~m, p. 238.
5 Une Saison en rnfer: Mauvais Sang, p. 261.

�30

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

race- inférieure." 1 "Je n'en finirais pas de me revoir dans
ce passé. Mais toujours seul ; sans famille ; même, quelle
langue parlais-je ? " 2 " Le sang paien revient. " 3 " Oui,
j'ai les yeux fermésà votre lumière. Je suis une bête, un
nègre."'
Par tant d'insistance sur son isolement, qu'est-ce donc
enfin que Rimbaud prétend insinuer ? - Qu'il est séparé
de nous d'une façon constitutionnelle, qu'il n'est pas
construit sur le même modèle que nous..Sous une forme
plus claire, plus avouée que dans tous les thèmes précédents, c'est la perpétuelle idée de son innocence que nous
voyons ici reparaître, une fois de plus. Paren, c'est-à-dire
antérieur à la rédemption 5, c'est-à-dire èncore antérieur
au péché. Il veut dire q-6.'il n'a pas subi cette déchéance
que nous passons notre vie à essayer de rattraper. L'abîme
entre lui et nous, c'est ~u'il n'a pas besoin d'être racheté;
le baptême n'a pas de sens avec lui ; il l'a reçu quand
même ; on le lui a imposé sans comprendre que c'était un
poison pour lui : " Je suis esclave de mon baptême.
Parents, vous avez fait mon malheur et vous avez fait le
vt&gt;tre. Pauvre innocent ! " 6 - Même ainsi enr6lé de
force, il ne peut pas suivre notre sort. Il demeure indlfféi:ent à nos inquiétudes et à nos occupations. S'adressant à
cette innocence qu'il porte en lui comme une personne
Une Saison en enfir: Mau'Vais Sang, p. 258.
• Ibidem, p. 259.
1 Ibidem, p. 260.
' Ibidem, p. 264.
~ C'est le sens du: "Je n',ai jamais été chrétien," que nous
trouverons plus loin.
6 Une Saison en enfir: Nuit de l'enfer, p. 271.
1

\

•
•

31
différente de sa personne humaine, il lui dit : " Ma
camarade, mendiante, enfant monstre ! comme ça t'est égal,
RIMBAUD

ces malheureuses et ces manceuvres, et mes em barras. " 1
Dans toutes nos démarches il trouve quelque chose
d'empêtré et d'infirme : "Et l'embarras des pauvres et
des faibles sur ces plans stupides ! " 2 Il passe auprès de
nous, seul, distrait, railleur, plein d'un épouvantable
loisir : " Mais qui a fait ma langue perfide tellement
qu'elle ait guidé et sauvegardé jusqu'ici ma paresse? Sans
me servir pour vivre même de mon corps, et plus oisif
que le crapaud, j'ai vécu partout. " 8 Il nous regarde,
co~rbés sur la besogne, en proie au travail, qui justemertt
est la punition du péché origine_! et dont, ainsi, de par son
exemption merveilleuse, il se trouve dispensé ; il nous
regarde et il rit : "J'ai horreur de tous les métiers.
Maitres et ouvriers, tous paysans, ignobles. La main à
plume vaut la main à charrue. - Quel siècle à mains ! Je n'aurai jamais ma main." 4 Il rit: "Jamais je ne
travaillerai. " • Et tout à coup il nous aperçoit mieux ; il
nous découvre rangés en cercle autour de lui, et il a peur :
il est pris ; que lui veulent tous ces visages incompréhensibles ? " Prêtres, professeurs, maîtres, vous vous trompez
en me livrant à la justice. Je n'ai jamais été de ce peupleci ; je n'ai jamais été chrétien ; je suis de la raEe qui
1 Les Illuminations: Phrases, p. 18 8.
' Les Illuminations ; Soir historique, p. 2. 1 8.
1 Une Saison en enfer: M au'llais Sang, p. 2 5 8.
4 Ibidem, p .. 257.
6 Une Saison en mfer: Délires I: Yierge folle, p. 278. Cf. même
poème, p. 281 : "Il ne travaillera jamais," et clans les Illuminations: Yertige, p. 112 : "Jamais nous ne travaillerons."

�32

/

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

chantait dans le supplice ; je ne comprends pas les lois ;
je n'ai pas le sens moral, je suis une brute : vous vous
trompez." 1 Il recule avec son regard flamboyant ; soudàin transfiguré, il est l'ange aux abois ; il refuse,- il se
retranche, il interdit qu'on s'approche. Comment s'expliquerait-il ? Il ne peut rien plaider ; il n'a rien à montrer
que sa forme intacte ; il est devant nous sans armes et
scandaleux.
Nous voiJ'à maintenant presque au corps à corps avec
l'innocence de Rimbaud. Dans la Saison en Enfer elle
ne prend plus de symboles pour se manifester. Elle se
montre elle-même, elle s'explique suivant une logique
capricieuse, mais parfaitement définie, et qu'il nous faut
essayer de déchiffrer.
Comment ne pas la reconnaître d'abord dans le motif
de l'Enfer? Une saison en enfer: c'est-à-dire le temps
que l'être sans péché demeure avec nous. L'enfer de
Rimbaud n'est pas ailleurs qu'ici-bas. "J'avais entrevu la
conversion au bien et au bonheur, le salut... Et c'est
encore la vie ! " 1 " Je me crois en enfer, donc j'y
suis." 3 " Ciel ! sommes-nous assez de damnés ici-bas ! "'
"La théologie est sérieuse, l'enfer est certainement
en bas." 5 L''enfer est simplement d'être maintenu en ce
monde par la pesanteur, d'être engagé au milieu de nous.
II est immédiat, présent, tangible. Pas besoin de voyage
Une Saison
Une Saison
3 Ihidem, p.
4 Une Sais'(tl
' Une Saison
1

2

en enfer: Mauvais Sang, p. 264.
en enfer , !f,uit de r enfer, p. 270-271.
27 I .

en enfer.- !'Impossible, p. ::i98.
en enfer~ Nuit dt fenfir, p. 272.

RIMBAUD

33

pour s'y trouver ; il n'est pas le lieu de la punition du
péché, mais au contraire l'horreur d'être plongé innocent
au sein du péché : " Et dire que je tiens la vérité, que je
vois la justice : j'ai un jugement sain et arrêté, je suis
prêt pour la perfection. " 1 Voilà justement la source du
supplice qu'endure Rimbaud : il la porte avec lui ; elle
est sur place. Une chose d'ailleurs prouve que cet enfer
se confond avec la vie, c'est qu'il n'est pas définitif;
on peut en sortir, comme jadis sortirent des limbes
les âmes délivrées par Jésus : "Pourtant aujourd'hui,
je crois avoir fini la relation de mon enfer. C'était bien
l'enfer ; l'ancien, celui dont le fils de Phomme ouvrit les
portes." 2
De plus, la nature même des souffrances qu'on y subit
nous indique quel il est et où il le faut situer. D'un bout
à l'autre la Saison m Enfer est le poeme du malaise et de
l'intolérance. Cela ne paraît pas seule~ent à ce qui s'y
trouve exprimé. La seule disposition des phrases, leur
allure entrecoupée, leur interrogation dans tous les sens,
la variété des tournures qu'elles essaient, et leur piétinement, leur perpétuel faux départ, tout en elles évoque les
cltonnements de quelqu'un qui cherche une attitude où
se reposer et ne la trouve pas. L'être parfait clche à se
faire une place, à se caser au milieu de nous ; il s'adresse
partout et partout il se sent repoussé : " A qui me
louer ? Quelle bête faut-il adorer? Quelle sainte image
attaque-t-on ? Quels cœurs briserai-je ? Quel mensonge
dois-je tenir ? - Dans quel sang marGher ? " 3 " Bah !
1 Uitt Saison en enfer : Nuit de r enfer, p.
-' Une Saison 111 enfer.- Matin, p. 304.
s Une Saison en enfer: Mau'tlais Sa11g, p.

2 7 1.

262.

3

�34

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

faisons toutes les grimaces imaginables. ,. 1 Il a beau
s'offrir à tout, se jeter dans tous les sens ; il ne peut pas;
il ne sait pas ; et d'ailleurs on n'a pas besoin de lui ; il se
retrouve vacant et brisé, seul avec son mal, qui est d'être
intact : " Ah ! je suis tellement délaissé que j'offre à
n'importe quelle divine im~ge des élans vers la perfection. "·' Pour ne pas souffi-ir il faudrait qu'il püt se tenir
un peu au dessus de la vie, dans un état d'imperceptible
légèreté. Mais mystérieusement toujours quelque chose
vient le renfoncer. Il a beau vouloir s'évader : "On ne
part pas.." a De nouveau il est en proie aux mille morsures de l'imperfection, aux cruelles atteintes de la
médiocrité terrestre : " C'est l'enfer, l'éternelle peine ! "•
Et de nouveau la brülure du contact avec la vie le
réveille, le fait sursauter : "C'est le feu qui se relève
avec son damné ! " 5
Si nous demandons par quoi la vie est ainsi corrosive
pour cette :lme, voici la réponse : comment sa dureté
" intraitable '' 6 ne sentirait-elle pas comme du feu la
rencontre avec ce monde fléchi, entamé, plein d'usure et
d'ancienneté? La flamme qui la brille, c'est la facilité,
l'arrangement, le tant bien que mal de 'toutes choses :
" Pour lé corps et pour l':lme - _le viatique - on a la
' Une Saison en tnfir: Nuit de fenfer, p. 274.
' Une Saison ,n enfer: Mau'Uais Sang, p. 262 .
3 Ibidem~ p. 261 .
• Une Saison en enfer: Nuit dt l'enfer, p. 270.
i Ibidem, p. 274.
.
' Cf. " Encore tout enfant, j'admirais le forçat intraitable sur qw
se referme toujours le bagne," (Une Saison tn enfer: Mauvi;1is Sang,

p. 263.)

RIMBAUD

35

médecine et la philosophie, - les remèdes de bonne
femme et les chansons populaires arrangées. " 1 Tout
ici-bas est coutume et institution. L'institution est un
compromis avec l'imparfait, une réparation à l'édifice
croulant du monde au moyen d'habitudes accumulées.
Elle pousse sur des ruines et ne se soutient que par sa
complication infinie. Il ne faut pas y aller trop fort avec
elle ; il faut prendre sa pente, épouser sa rampe glissante
et .polie, se laisser conduire à son antiquité. Voilà les
ménagements dont l'obligation saisit Rimbaud d'impatience et de folie : " Les blancs débarquent. Le canon !
Il faut se soumettre au baptême, s'habfüer, travailler. ,, '
Tout ce qui nous donne aisance et douceur, tout ce qui nous
facilite la vie, c'est là justement le poison qui l'attaque et
le dévore : "Quant au bonheur établi, domestique ou non ..•
Non, je ne peux pas." a En tout ce qu'il touche, il
trouve je ne sais quoi de bénin et de malade qui le fait
hurler : " Nous mangeons la fièvre avec nos légumes
aqueux. Et l'ivrognerie ! et le tabac ! et l'ignorance ! et
les dévouements ! " 4 " Ce peuple est inspiré par la fièvre
et le cancer. Infirmes et vieillards sont tellement respectables qu'ils demandent à être bouillis. " 5 De là ce perpétuel effort pour s'échapper de la civilisation, pour
quitter l'Europe : " Me voici sur la plage armoricaine.
Que les villes s'allument dans le soir. Ma journée est
faite ; je quitte l'Europe. L'air marin brtîlera mes
Une Saison en enfer: Mauvais Sang, p. 260 .
' Ibidem, p. 265.
s Ibidem, p. 267-68.
1

' Une Saison m enfer: L'Impossihü, p. 299 .
5
Une Saison en enfer: Ma11Vais Sang, p. 264-65.

I

�LA NOUVELLE REVUE · FRANÇAISI

poumons ; les climats perdus me tanneront. Nager,
broyer l'herbe, chasser, fumer surtout ; boire des liqucfil\
fortes comme du métal bouillant, - comme faisaient ces
chers ancêtres autour des feux. " 1 Cette imagination,
c'est une issue à l'enfer ; elle s'élève devant les yeux du
poète comme un moyen de calmer son âme en refaisant
autour d'elle le climat inflexible dont -elle a besoin.
Mais Rimbaud va nous montrer maintenant d'une
façon plus précise et plus complète la délivrance de l'être
intact, ou plut6t, d'abord, sa légèreté parmi nous, l'espèce
de détachement comme métaphysique de toutes ses dé-m,trches. Tandis que tout à l'heure il nous le pr~sentait
dans son contact intolérable avec le monde, il nous le fait
entrevoir à présent qui surnage à la surface ,de la vie, qui
ne s'y laisse pas réduire, ni tasser : " La vie fleurit par
le travail, vieille vérité : moi, ma vie n'est pas assez
pesante, elle s'envole et flotte loin au dessus de l'action,
ce cher point du monde."' Dans le poème intitulé Vierg,
Folle, c'est l'innocent qui reparait sous les traits de cet
être savarit, cruel, inemployé, qui erœ ,comme une ombrt
et comme un démon, avec ses reproches, ses promesses,
ses confidences incompréhensibles, trop élastique pout
cette vie, retenu en elle par à peine on ne sa.it , quel
monstrueux petit oubli. On le voit passer sans bruit ; â
a repris son mystérieux volume et ce développement qut
notre voisinage lui rendait impossible ; il tient à peine l
nous ; il ne peut rester une minute en repos ; on dirait
1

Unt Saison en enfer: Mau&lt;Uais Sang,

' Ibidem,

p. 268.

p. 260-61 .

RIMBAUD

37

qu'il n'y a plus de place pour lui en ce monde qu'à la
condition qu'il ne demeure pas un instant au même endroit. Il se cache, il bondit, il disparaît : "Les nuits,
souvent, ivre, il se poste dans les rues ou dans des maisons)
pour m'épouvanter mortellement." 1 Son génie intérieur
le chasse de partout. Il a cette intolérance du lieu que
nous avons remarquée chez Rimbaud. Même, il a communiqué à sa compagne un peu de son absence d'ici-bas:
"Quelle vie ! la vraie vie est absente. Nous ne sommes
pas au monde." 2 " Avec ses baisers et ses étreintes
amies, c'était bien un ciel, un sombre ciel où j'entrais... " 3
S'il ne nous a pas encore quittés complétement c'est
qu'il a une mission. Celle qui s'est égarée avec' lui se
demande : "Seules, sa bonté et sa charité lui donneraient~lles ~roit ,dans le monde réel ? " 4 Et lui : "Il faut que
J en aide d autres : c'est mon devoir. Quoique ce ne soit
guère ragoütant, chère âme. " 5 Cette charité dont il parle
si souvent 6, cette espèce de sollicitude maternelle qui se
mêle à ~ cruauté 1, elles sont d'une espèce étrange, sans
U~e Saison tn enfer: D{lires I: Yierge folle, p. 278.
Ibzdem, p. 277.
3 Ibidem, p. 280.
' Ibidem, p. 2 8 1.
5 Ibidem, p. 280-2 8 1 .
1

1

• "c·est. notre sort,

s·

à nous• cœurs chan·tables • .. ("
une arson en
enfer : D_a,res I : Yierge folle, p. 2 8 2.) Cf. " 0 mon abnégation, &amp;
ma cha~ité merveilleuse I ici-bas, pourtant ! " ( Une Saison en enfer :
Mauvais Sang, p. 2 6 2 .)
•
7 "Ses délicatesses mystérieuses m'avaient séduite.,. (Yierge folle
P· 2 77-) "Il avait la pitié d'une mère méchante pour les peti~
enfants.•• (Ibidem ' p · 278 ·) "Ses mani.è res de Jeune
.
mère de sœu
ainée." (lbidnn, p. 2 g2 ,)
'

�38

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS.Il

rien de moral, toutes métaphysiques. Sa mission est
purement de désorientation. Le secours qu'il vient noua
apporter, c'est de nous rendre le séjour ici-bas impossible
Il a é~é envoyé simplement pour se montrer à nous, pour
passer au milieu de nous avec sa perfection insoutenable,
pour nous faire sentir notre abjecti~n et nous la reprocher
sans paroles, par sa seule présence : " Et que me voulait~
il avec mon existence terne et l&amp;cbe ? Il ne me rendait
pas meilleure, s'il ne me faisait pas mourir." 1 Il est venu
priver de sens et de vertu tout ce q_ui nous entoure, restituer aux perfections de ce monde leur originelle infirmité:
" Il m'attaque, il passe des heures à me faire honte de
tout ce qui m'a pu toucher au monde, et s'indigne si je
pleure. " 2 Il n'explique pas ses violences, ses paroles
jamais ne découvrent les raisons de ses insultes ; mais il
est là, il vit à c6té de nous, il palpite différemment
comme un être cbt\ d'une autre planète. Nous assistons à
son tourment énigmatique et sacré ; il souffie sous nos
yeux de la maladie sans nom qui s'attaque aux prodiges:
et nous. recevons les éclaboussures de son martyre. C'est
là tout l'avertissement qu'il nous donne ; c'est là le seul
présent de sa charité. En effet, devant cette angoisse solitaire et méprisante qui. l'agite, une interrogation peu à peu
se forme en nous qui est le commencement de l'impossibilité au monàe : "A c6té de son ,cher corps endormi, que
d'heures des nuits j'ai veillé, cherchant pourquoi il voulait
tant s'évader de la réalité. " 1 Çela ne s'apaisera plus. Le
sentiment de 'quelque chose de perdu s'est mêlé à notre
1 Une Saison en enfer: Délires I: Yiergefolle, p.
'Ibidtm, p. 282.
'Ibidem, p. 279 .

210.

39

RIMBAUD

sang : "Ce poison va rester dans toutes nos veines." Et
en pleine obscurité, au plus profond de la plus épaisse
ignorance, voici que nous ne pensons plus qu'à une chose,
qui serait d'en être délivrés : " Un jour peut-être il disparaîtra merveilleusement; mais il faut que je sache s'il
doit remonter à un ciel, que je vois un peu l'assomption
de mon petit ami ! " 2
1

L'étrange messager n'aura pas tiré en vain sur les faibles
liens qui l'attachent encore parmi nous, il finira bien par
retrouver complète cette indépendance qu'il a abdiquée à
moitié pour nous venir en aide. Ainsi apparaît l'idée
de la restitution à un état primitif, du retour à l'innocence.
Elle se montre déjà dans les Illuminations, mais encore
enveloppée et symbolique ; elle n'est encore que l'idée
d'un rétablissement d'ordre social, d'un bouleversement
des mœurs. Il y a pour l'humanité une espèce de lueur
en avant, un avenir, quelque chose qui s'ouvrira un jour,
non pas un plus grand bonheur, mais un plus grand
espace, un élargissement de l'existence : "Le travail
humain! c'est l'explosion qui éclaire mon abîme de temps
en temps. " 3 " 0 monde ! et le chant clair des malheurs
nouveaux."• Un moment plus vaste, plus limpide, plus
aigre montera sur l'horizon de l'histoire ; une révolution
changera les conditions de la vie : "Il a peut-être des
secrets pour changer la vie ? " 5 Mais déjà Rimbaud
Lts 1/luminatiom: Matinlt d'ivresse, p. 183.
Unt Sauon m mfer: Dl/im 1: Yitrgt fallt, p. 283 .
'Une Sais11n tn mfer: L'Eclair, p. 302.
• Les Illuminations : Glnit, p. 1 71.
' Un, Saison m enfer: Délires / : Yi,rgt folle, p. 279. Bien que
1
l

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nous indique le sens secret de ces évocations confuses;
nous le voyons se demander : " Se peut-il... que les
accidents de féerie scientifique et des mouvements de fraternitl humaine soient chéris comme restitution progressive
de la franchise première ? " 1 Et tout naturellement, dans
Royautl, à l'image d'une de ces transformations de la vie
sociale, il mêle des sensations claires, pures, rafrakhissantes,
une sorte de candeur physique qui trahissent l'objet dont
obscurément est préoccupé son esprit et qu'il tkhe à
signifier: l'avènement de l'innocence:
"Un beau matin, chez un peuple fort doux, un
homme et une femme superbes criaient sur la place
publîque : "Mes amis, je veux qu'elle soit reine ! " "Je
veux être reine ! " Elle riait et tremblait. Il parlait aux
amis de révélation, d'épreuve terminée. lis se p!maient
l'un contre l'autre.
"Et en effet ils furent rois toute une matinée, où les
tentures carminées se relevèrent sur les maisons, et tout
l'après-midi où ils s'avancèrent du côté des jardins de
palmes. 'l 1
A la nn, dans les Illuminations mêmes, le J,llotif de la
restitution se précise, se rapproche de son sens textuel :
'' J'avais en effet, en toute sincérité d'esprit, pris l'engagel'atmospMre en soit toute différente, il faut rapprocher cette vision:
"Et, une heure, je suis descendu dans le mouvement d'un boulevard
de Bagdad où des co~pagnies on.t chanté la joie du travail nouveau,
sous une brise épaisse, circulant sans pouvoir éluder les fabuleux
fant6mcs des monts où l'on a dtl se retrouver. " (Les 1/luminations:
Yillts I, p. 206.)
1 Les Illuminations : Angoisu, p. 181.
• Les Illumi,ratitms : Royauté, p. z:z-4-

RIMBAUD

ment de le rendre à son état primitif de füs du Soleil, ,et nous errions, nourris du vin des cavernes et du biscuit
de la route, moi pressé de trouver le lieu et la formule. " 1
Mais il n'éclate sous sa forme vraiment explicite que
dans la Saison en Enfer. On le voit se développer à
mesure qu'on avance dans le poème. Il se dégage du
motif de l'enfer, il passe au travers de l'oppressante atmosphère du début et peu à peu, en grandissant, il la dissipe.
La composition de l'ouvrage est essentiellement dramatique ; il s'y passe quelque chose en effet ; il y a une
action, qui est la recherche par l'~me d'un état où l'innocence soit de nouveau possible. La façon dont l'image de
cet état peu à peu se détermine, se fixe, impose sa
véritable nature : voilà ce qu'il nous faut maintenant
raconter.
Elle est devant les yeux de Rimbaud au moment
même où il étouffe le plus sérieusement. Il ne sait pas
d'abord si c'est l'image d'une réalité, ou seulement un
fant6me consolateur. Simplement il la voit et il y trouve
apaisement.
Mais il ne peut s'empêcher de la presser, de vouloir la
comprendre. Et sa première erreur (f Impossible) est de
croire qu'elle n'est que le souvenir d'un état passé, d'une
sagesse oubliée : "Je vois que mes malaises viennent de
ne m'~tre pas figuré assez tat que nous sommes à l'occident." 2 "Je retournais à l'Orient et à la sagesse première
et éternelle. ,. 3 Mais tout de suite il s'aperçoit que sa
vision est de quelque chose de plus ancien que l'histoire,
1 Lts IJJuminations: Yagabonds, p. 241.
' Une Saison en enfer: L'Im;osrible, p. 298.
s Ibidem, p. 2 99 .

�42

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de plus profond que l'Orient, de plus éternel que le
passé: "C'est vrai ; c'est à l'Eden que je songeais!
Qu'est-ce que c'est pour mon rêve, cette pureté des
races antiques l " 1 Et déjà il ne peut plus admettre,
comme les philosophes le lui suggèrent, que sa vision
n'est qu'une idée confortable et sans réalité. Il en sent au
contraire maintenant l'objet tout prochain et qui dure
encore. Un petit effort suffirait - lui semble-t-il - pour
l'amener en contact avec ce règne de l'innocence qu'il a
cru un moment perdu au fond des siècles. Vn peu plus
de vivacité dans l'esprit, un regard plus luci.de, •.
" - Mais je m'aperçois que mon esprit dort. S'il était
bien éveillé toujours à partir de ce moment, nous serions
bientôt à la vérité, q~i peut-être nous entoure avec ses.
anges pleurant !... " 2
A la fin, son attention, pendant quelques secondes,
semble récompensée :
" 0 pureté ! pureté !
C'est cette minute d'éveil qui m'a donné la vision de
la puret~ ! " 3
Une chose du moins, à la fin de ce poème, est acquise
pour l'Ame : c'est qu'une demeure pour l'innocence
existe encore quelque part.
Dans l' Eclair Rimbaud l'entrevoit à ~ouveau ; mais il
pense ne pas pouvoir l'atteinpre : "Ah ! vite, vite un
peu ; là-bas, par delà la nuit, ces récompenses futures,

RIMBAUD

éternelles... les échapperons-nous ?... " 1 Quelque chose
l~i manque ; les moyens sont trop simples ou trop 4ifficiles ;
il a gàché ses forces : " Ma vie est usée " 2 Il ne saura
plus s'en servir que pour s'amuser, que pour "quereller
les apparences du monde. " 1
"Alors, - oh 1 - chère pauvre âme, l'éternité seraitelle pas perdue pour nous ! " 4
Pourtant il se rassure (Matin). Car de nouveau la
vision vient se placer devant lui, dans l'avenir. Bien qu'il
ne puisse pas évaluer avec exactitude à quelle distance, il
~it du moins qu'il n'y a besoin que d'avancer pour la
rencontrer, pour s'emp~rer du bonheur qu'elle promet. Il
la voit enfin se fixer et l'attendre :
" Du même désert, à la même nuit toujours mes yeux
las se réveillent à l'étoile d'argent, toujours, sans que
s'émeuvent les Rois de la vie, les trois mages, le cœur,
l'àme, l'esprit. Quand irons-nous, par delà les grèves et
les monts, saluer -la naissance du travail nouveau, la
sagesse nouvelle, la fuite des tyrans et -des démons, la fin
de la superstition, adorer - les premiers ! - Noël sur
la terre ?
" Le chant des cieux, la ~arche des peuples ! Esclaves,
ne maudissons pas la vie. " 6
La certitude du poète désormais est parfaite, Il sait que
l'image qui le hantait est celle d'une réalité future.
Une Saison en enfer : L' Eclair, p. 302.
Ibidem, p. 303.
3 Ibidem, p. 303.
• Ibidem, p. 303.
$ Une Saison en 1nfir: Matin, p. 305.
1

1

1

Une Saison en tn}tr : L~Împossible,
Ibidem, p. 300.
1 Ibidem, p. 301.

11

p. 300.

43

�44

1.

RIMBAUD

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il faut pourtant que cette image subisse une dernière
purification, achève de se dépouiller de tout élément
sym.!.&gt;olique. La vision du retour à l'innocence, telle que
nous. venons de la considérer, est encore mélangée avec
l'idée d'une transformation sociale ; le mouvement qui
nous rapproche de notre délivrance èst le même que " la
marche des peuples." Dans P.Adieu qui ferme la Saison en
Enfer, Rimbaud comprend enfin que l'objet où tend son
ime ne peut être atteint par aucun progrès terrestre, que
l'état de pureté auquel il aspire comme à une dignité
perdue, c'est tout simplement l'état de paradis, et ce qui
l'en sépare, simplement ce qui lui reste à vivre :
"L'automne déjà ! - Mais pourquoi regretter un
éternel soleil, si nous sommes engagés à la découverte de
la clarté divine, - loin des gens qui meurent sur les
saisons. " 1
C'est maintenant tout droit dans le Paradis, qu'aux
moments de lucidité, pénètre son regard ;
" - Quelquefois je vois au ciel des plages sans fin
couvertes de blanches nations en joie. Un grand vaisseau
d'or, au-dessus de moi, agite ses pavillons mult-icolores
sous les brises du matin. " 2
En même temps que la réalité de ce qu'it a si longtemps imaginé, et sous des formes si diverses, lui apparatt
enfin évidente, inévitable et paisible, le poète prend
conscience de la vanité de ses inventions : "J'ai essayé
d'inventer de nouvelles fleurs, de nouveaux astres, de
nouvelles chairs, de nouvelles langues." 1 Tout cela
Cl.nt Saison en enfer: Aditu, p. 306.
Ibidtm, p. 307 .
s Ibidtm, p. 307.

45

n'était qu'en attendant, que comme substitut. Ou pluttJt
tout cela n'était que la plus stricte réalité ; rien de poétique, c'est-à-dire de créé, dans toutes ces images ; voici
qu'elles se confondent tout à coup avec ce paradis enfin
contemplé face à face : " J'ai cru acquérir des pouvoirs
surnaturels. Eh bien I je dois enterrer mon imagination
et mes sôuvenirs ! Une belle gloire d'artiste et de conteur
emportéè ! " 1 Il ne reste plus qu'une chose à faire : vivre,
suivre le même chemin que tout le monde, mener son
devoir jusqu'au bout, passer dans le travail ce temps
encore qu'il y a jusqu'à mourir : "Moi ! moi qui me suis
dit mage ou ange, dispensé de toute morale, je suis rendu
au sol avec un devoir à -chercher et la réalité rugueuse à
' I Paysan ! " 2
étreindre
D'ailleurs la certitude de la ,1s1on que Rimbaud
contemple suffit maintenant à apaiser le martyre qu'il
souffrait ici-bas. Puisqu'il sait que son innocence trouvera
sans faute un jour le climat dont elle a besoin, il cesse de
sentir la violence qui lui est faite en ce monde : " Les
grincements de dents, les sifHements de feu, les soupirs
empestés se modèrent. Tous les souvenirs immondes
s'effacent. " 3 Dès maintenant, .après le terrible "combat
spirituel " 4, il est en communication directe avec son
bonheur futur et le soufHe déjà en parvient par instants
jusqu'à lui : "Cependant, c'est la veille. Recevons tous
les influx de ..-igueur et de tendresse réelle. Et, al'aurore,
armés d'une ardente patience, nous entrerons aux splen1
1

1

1

1

4

Une Saison en enfer: Adieu, p. 307.
Ibidem, p. 307 .
Ibidem, p. 308.
Ibidem, p. 308.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.

dides villes. " 1 L'être innocent connaît mai_ntenant son
avenir ; la patience descend
en lui et l'endurcit• il ren.
ferme soigneusement ses cris et ses sursauts ; il a asse~ de
savoir. Son occupation désormais, c'est uniquement d'attendre " son Jour
·
" 2, - 1e JOUr
·
ou' 1·1 pourra reprendre
toute la place dont il a besoin, où, pour contenir son ftme
intacte, un corps intact et glorieux lui sera donné: "Et
il me sera loisible de posséder la vérité dans une Jme et un
corps. " 3 (;'est sur l'apaisement de " cette promesse
surhumaine faite à son corps et à son ftme créés " 4 que
se termine la Saison en Enfer.
L'idée d'innocence explique, comme nous venons de le ·
voir, toute l'œuvre de Rimbaud. Elle explique même
davantage: le renoncement de Rimbaud à poursuivre
cette œuvre, son étrange et soùdaine mort poétique. Il y
a dans le brusque silence de ce génie de dix-neuf ans un
mystère qu'on .a tenté d'éclaircir par les hypothèses les
plus diverses. Je · ne pense pas qu'on puisse en venir à
bout par la seule considération de la biographie du poète.
C'est · dans la nature même de son œuvre qu'il faut
c,hercher les raisons pour quoi il ne l'a point continuée.
Ecrire ne fut jamais pour lui qu'un moyen, - le moyen
de se débarrasser de son ftme, de projeter hors de lui le
mal merveilleux dont il était atteint. Les Illuminations le
fixèrent à la façon dont certains corps fixent les gaz, en
s'en .imprégnant. Dans la Saison en enfer, Rimbaud voulut
Une Saison en enfer: Adieu, p. 308.
Les Illuminations : Glnie, p. 1 70.
• Une Saison en enfer : Adieu, p. 309.
' Les Illuminations: Matinle d'i'llrtsse, p. 18 3.
1

1

RIMBAUD

47

le fixer en un autre sens, ainsi qu'un médecin fait pour
une maladie: par l'exploration; il comptait bien découvrir,
en même temps que sa véritable essence, le remède qui
l'en guérirait à jamais. Nous avons vu qu'il y réussit;
nous avons vu naître et se développer sous son regard la
vision du paradis. Lorsqu'il l'eut enfin conquise dans
toute son évidence, il ne lui resta plus qu'à en attendre
l'accomplissement. Auprès de cette formidable espérance,
quel sens pouvait garder à ses yeux la littérature? Sit6t la
Saison en Enfer publiée, il en détruisit l'édition, comme on
jette un instrument dont on ne se servira plus. Et qu'avaitil besoin qu'elle fM lue? Il lui suffisait de l'avoir écrite.
Par elle, il sav~ît maintenant tout ce qu'il avait voulu
savoir. Par elle, il avait saisi, en figure, le bien que toute
son ftme désirait. Cette promesse contre son visage 1, c'était"
assez désormais pour lui. Tant il l'avait bien comprise, il
pouvait même l'oublier. Elle avait passé dans son sang;
il n'avait plus que faire des phrases et des mots qui
l'avaient découverte et portée jusqu'en lui.

Si cette explication d'un silence si extraordinaire paraît
insuffisante, qu'on veuille bien prendre patience. Nous
tacherons de la compléter à la fin de cette étude. La
certitude de sa délivrance future n'est assurément pas la
seule raison du renoncement poétique de Rimbaud, parce
1

Comparez: "La douceur fleurie des étoiles, et du ciel, et du

reste descend en face du talus, comme un panier, contre notre

face, et fait l'abîme fleurant et bleu là-dessous." (Les Illuminations:
Mystique, p. 1 73.)

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

que l'idée d'innocence n'est pas le seul contenll de ses
poèmes. Son œuvre est tout de même autre chose que le
réceptacle de son intraitable perfection, autre chose qu'un
corps pour son Ame. Si nous nous sommes bornés jusqu'ici
· à cette façon de la considérer, c'était pour éviter toute
distraction dans notre analyse. Il convient maintenant de
reprendre l'étude de Rimbaud à un nouveau point de vue,
Nous avons examiné ce qui de lui-même avait passé dans
son œuvre ; il faut voir maintenant ce que celle-ci contient
du monde, ce qu'elle a, si l'on peut dire, avalé non plus du
sujet, mais de l'objet. - C'est en même temps changer
d'attitude à son égard: au lieu de nous dévouer à l'éclaircir,
à en rendre compte, à faire apparaître son unité, nous
allons y chercher notre bien, l'exploiter à notre usage, la
mettre en coupe. Devenons résolument égoYstes: cc n'est
plus à servir Rimbaud que nous nou, engageons maintenant, mais à le rançonner.
(à suivre.)

] ACQUES RIVIÈRE,

' ,

49

TROIS LETTRES INEDITES
DE RIMBAUD

Elles sont, de divers lieux, adressées à M . Ernest Delahaye, son
ami d'enfance ; et, de même que celles parues dans le numéro de
la Nouvtlle Revue Française d'octobre 1912, elles nous ont été
communiquées par M. Henri Salfrey, bibliophile. Le ton de familiarité bouffonne qui y est employé pourra, à d'aucuns, paraître grossier, cynique, voire méchant. Nous le tenons, nous, pour très délicat,
pour mieux délicat que des civilités, que des mondanités, le plus
souvent hypocrites. Car, outre qu'il est de complaisance, ce ton
cache à peine, sous le masque sarcastique, truculent et irrité, des
résonnances très profondes d'angoisse, çà et là se trahissant, et l'écho
de cette charité, de cette bonté, de cet esprit de sacrifice dont ceux
qui ont bien connu Arthur Rimbaud de son vivant ont apporté
le témoignage : le destinataire de ces trois lettres-ci, en particulier

La première, mai 1873, est datée de Roche (Ardennes), où la
famille Rimbaud, savons-nous, surveillait à ce moment-là la reconstruction des bâtiments d'exploitation agricole détruits, quelques
années auparavant, par un incendie. Arthur a dix-huit ans. Le
" livre palen ", ou "livre nègre", dont il parle n'est autre que la
Saison en Enfer; et point n'est besoin de réfléchir beaucoup pour se
rendre compte que la partie du livre à laquelle il travaille est le
consisérable chapitre intitulé Mauvais Sang. Le présent document
approuve donc ce que, à une époque où il n'était pas encore tombé
sous nos yeux, nous avons écrit à ce sujet dans Jean-Arthur Rimbaud,
lt Poète. Est-il nécessaire de faire remarquer que la façon badine dont
Rimbaud parle de son travail est démentie par ces mots du premier
post-scriptum : " Mon sort dépend de ce livre " ?

4

�50

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSI

Dans cette lettre, on verra jusqu'à quel point l'auteur de la Sais111
e,,. .Enfer s'iatéressait au1' &amp;mances sans Parolts de Verlaine, 1 - car
c'e5t des Romances sans Paroles qu'il s'agit au troisième alinéa, - et
que, non content, selon le propre aveu du Pauvre Lélian, de l'avoir
" poussé beaucoup à les faire ", il s'occupait, avec Ernest Delahaye,
de leur trouver un imprimeur à Charleville.
L'on constatera aussi, toujours à propos de Verlaine, que Rimbaud
n'accepta pas sans hésitation li: rendez-vous à Bouillon, en suite
duquel rendez-vous, eut lieu, le z 5 mai, le dernier départ des deus
amis pour l'Angleterre, départ précédant d'un mois et demi le drame
de Bruxelles.
fl

La deuxième lettre. février 18 75, a été écrite de Stuttgart.
Rimbaud, après des séjours en diverses villes et surtout à Londrel.
où sa mère et l'une de ses sœurs avaient demeuré un certain tempt
avec lui, se trouvait en Allemagne depuis le 13 de ce mois dt
février. Ce serait donc de la seconde quinzaine du mois qu'il
faudrait au juste dater la lettre, et la date du 1 5 mentionnée en SOI
cours se rapporte évidemment au mois de mars. Cela, d'ailleurs, •
,,éri.fie tant par la première des Lettres publiées en volume au.Mtrcur,
dt Franu que par des documents conservés par la famille.
On sait que Verlaine, peu après sa sortie de la prison de Mom,
chercha à joindre Rimbaud. Le sachant à Stuttgart, il y couru~
sans avis préalable, pensant sans doute causer à son ancien camarade
une heureuse surprise. Il l'imaginait de manières invariées, et c'Clt
pourquoi - nous tenons ces détails de Verlaine lui-m~e - _il•
présenta à lui sous un accoutrement plutôt romantique. Mais li
Bateau ivrt's'était plus assagi que Sagesse. Rimbaud, très correct el
Ja pension de famille qu'on lui a,,ait choisie, accueillit ~erlaint
froidement ; et si, sur les instances larmoyantes de ce derruer, 3'1
,d'avoir la paix, il consentit à une excursion hors de la ville, ~~ far
pour gagner la Forêt-Noire et lui infliger là ce que, par déÜoClll
euphémisme, il appelle une '' remonstration " .
.
Une phrase, dans cette lettre, est trooblante. C'est celle où Ruabaud dit n'avoir plus qu'une semaine de Wagner et regretter 111

TROIS LETTRES INÉDITES DE RIMBAUD

argent payant de fa haine, ainsi que le temps employé à rien. En
marge, parmi des dessins, on lit c:es mots : W AG!&gt;HR. VHR.DA,MMT IN
Ew1cKE1T (Wagner damné pour l'étemité) 1 S'agit-il do grand
musicien, ou tout simplement d'un habitant de Stuttgart avec
lequel Rimbaud est en rapports ? Le lecteur interprètera comme il
l'entendra. Nous lisons là, nous, entre autres choses, !"opinion
exprimée beaucoup plus tard par Nietzsche sur l'auteur de Parsifal.
Au reste, Rimbaud, qui, selon la juste: et forte expression de Paul
Claudel, n'était pas de ce monde, devait nécessairement, vivant en
France, détester les Français, et, vivant en Allemagne, hair les
Allemands.
Enlin, n'oublions pas qu'en 1875 il a vingt ans. Le rapprochement de cette lettre avec la partie de Jeunesse intitulée /Tingt ans
(page 234 de l'éclition nouvelle des Œu'Vrts) et aussi avec la
partie intitulée Guerre, qui suit, devient, sous un certain rapport,
suggestif. Faudrait-il en conclure qu'en réalité q:rtaines illuminations sont postérieures à la Saison en Enfer ?
La troisième lettre, 14 octobre 187 5, a été envoyée de Charleville.
A cette date, le destinataire, M. Ernest Delahaye, était, croyons-nous,
professeur au collège Notre-Dame à Rethe~ où Verlaine, qui lui
succéda, devait, un peu plus tard, colliger Sagesu. Dans cette lettre,
l'initiale V. désigne Verlaine; le "Loyola", c'est Verlaine aussi, etle
mot "grossièl'etés" se rapporte, sans nul doute, à des vers réguliers
de Ctllulairement. Il y au rait certes lieu de s'étonner de l'appréciation,
si l'on ne savait l'horreur nourrie pu Rimbaud, après 1873, à l'endroit de ce genre de littérature, horreor qu'il conserva jusqu'à la fin,
à ce point que le seul aspect typographique de vers réguliers le mettait en colère. Néanmoins, malgré sa réprobation des vers et sa
volonté, manifestée ailleurs, de ne pl us revoir Verlaine, i I aimait à
recevoir - on le constatera - les comm unications de celui qu'il
avait autrefois, avant même de le connaître personnellement, qualifié
de vrai poète.

Il n'a plus, dit-il c6té de la littérature.

est-ce à regret ? -

d'activité à dépenser du
PATERNE BERRICHON.

1

Cf. PmJ J/er/aine, par Edm. Lepelletier, p. 325,

�52

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

,I
LaYtou, (Roche) (canton d'Attigny) Mai 73.
Cher ami, tu vois mon existence actuelle dans l'aquarelle ci-dessous.
0 Nature! é') ma•mère !
DESSIN A LA PLUMI! :

[Dans le ciel, un petit bonhomme avec une bêche en ostensoir et ces mots lui sortant de la bouche : "6 nature 6 ma
sœur ! " - Par terre, un bonhomme plus grand, en sabots,
une pelle à la main, coiffé d'un bonnet de coton, dans un
paysage de fleurs, d'.herbes, d'arbres. Dans l'herbe, une oie avecces mots lui sortant du bec : " 6 nature ô ma tante ! "]

Quelle chierie 1 et quels monstres d'innocince (sic), ces
paysans. Il faut, le soir, faire deux lieues, et plus, pour
boire un peu. La ;11other m'a mis là dans un triste troll:•

TROIS LETTRES INÉDITES DE RIMBAUD

53

Verlaine doit t'avoir donné la malheureuse commission
de parlementer avec le sieur Devih, imprimeux (sic) du
N6ress 1• Je crois que ce Devin pourrait faire le livre de
Verlaine assez bon compte et presque proprement, (S'il
n'emploie pas les caractères emmerdés du N6ress 1 • Il
serait capable d'en coller un cliché, une annonce !)
Je n'ai rien de plus à te dire, la contemplostate de la
Nature m'absorculant tout entier: Je• suis a toi, t) Nature,
t) ma mère!

a

Je te serre les mains, dans l'espoir d'un revoir que
j'active autant que je puis.

R.
Je rouvre ma lettre. Verlaine doit t'avoir proposé un
rendez-voL.au dimanche 18, à Bouillon. Moi je ne puis
Y aller. Si tu y vas, il te chargera probablement de
quelques fraguements (sic) en prose de moi ou de lui, à me
retourner.

DESSIN A LA PLUME :

La mère Rimb. retournera a Charlestown dans le
courant de Juin. C'est sô.r, et je tâcherai de rester dans
cette jolie ville quelque temps.

[Le hameau de Roche, vu de la maison où a été écrite la
Saison en Enfer et où les exemplaires de la brochure livrés par
l'imprimeur ont été détruits. En bas du dessin, ces mots :
"Laïtou, mon village. "]

Le soleil est accablant et il gèle le matin. J'ai été
avant-hier voir les Prussmans à Vouziers, une sous-préfecture de 10.000 Ames, à sept kilom. d'ici. Ça m'a ragaillardi.

Je ne sais comment en sortir : j'en sortirai pourtant. Je
regrette cet atroce Charlestown, l'Univers, la Bibliothè.,
etc ... Je travaille pourtant assez régulièrement ; je fais des
petites histoires ·en prose, titre général : Livre pa'ien, ou
Livre nègre. C'est bête et innocent. 0 innocence ! innocence ; innocence, innoc ... fléau !

Je suis abominablement gêné. Pas un livre. Pas un
cabaret à portée de moi, pas un incident dans la rue.
Quelle horreur que cette campagne française. Mon sort
dépend de ce livre, pour lequel une demi-douzaine d'histoires atroces sont encore a inventer. Comment inventer
1

Le N11rd-Est, journal de Charleville.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

54

des atrocités ici? Je ne t'envoie pas d'histoires, quoique
j'en aie déjà trois, fa crnJte tant ! Enfin voilà 1
bon revoir, tu verras ça,
RIMB.

Prochainement je t'enverrai des timbres pour m'acheter
et m'envoyer -le Faust de Gœthe, biblioth. populaire. Ça
doit coll.ter un sou de transport.
Dis-moi s'il n'y a pas de traduction de Shakespeare
dans les nouveaux livres de cette biblioth ..
Si même tu peux m'en envoyer le catalogue le plus
nouveau, envoie.

R.

Il
Février

75.

Verlaine est arrivé ici l'autre jour, un chapelet aux
pinces ... Trois heures apres on avait renié son dieu et
fait saigner les 98 plaies de N. S. Il est resté deux joW1
et demi, fort raisonnable et sur ma remonstration s'en
est retourné à Paris, pour, de suite, aller finir d'étudier
là has dam l'Ue. 1
Je n'ai plus qu'une semaine de Wagner et je regrette
cette argent (sic) payant de la haine, tout ce temps foutu
à rien. Le 15 j'aurai une Ein freundliches Zimmer 1
n'importe où, et je fouaille la langue avec frénésie, tant
et tant que j'aurai fini dans deux mois au plus.
1
1

Rimbaud veut dire sans doute : en Angleterre.
Une chambre agréable.

TROIS LETTRES INÉDITES DE RIMBAUD

55

Tout est assez inférieur ici- j'excèpe (sic) un: Riessling,
dont j'en vite un ferre en vke des g6deaux gui l'onh fu
naîdre, à ta sandé imperbédueuse. Il soleille et gèle, c'est
tannant.
(Après le I 5, Poste restante Stuttgart)
A toi
DESSIN A LA PLUME :

[En haut de la lettre, à gauche, une maison de quatre étages
protégée par une clôture et entourée d'arbustes ; une voiture,
d'où sort un petit bonhomme empressé, arrêtée devant; sous le
tout, en biais, ces mots : Wagner f!erdammt in Ewigkeit ! expectorés par un personnage fantastique occupant toute la marge de
gauche.

Au bas de la lettre un paysage de ville où se voient, à gauche,
des pieux et des bouteilles formant oriflammes, sur lesquels sont
&amp;:rits ces mots Rimling, Fliegende Natter; et, de gauche à droite,
une espèce de cirque avec, en dessous, des sortes de montagnes
et, encore en dessous, ces mots : flieille flille; puis des maisons
avec des squares, des arbres, un tramwày qui roule vers le haut
et en tournant, et, encore plus haut, des étoiles et un croissant
noir. Tout ce fouillis parsemé, de Riess, Rimling en lettres
capitales.]

III

Cher Ami,

Reçu le Postcard et la lettre de V. il y a huit jours.
Pour tout s1mp
· l"fi
·•ru· d'1t a' 1a Poste d'envoyer ses res1 er, J
tantes chez moi de sorte que tu peux écrire ici, si encore

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

rien aux restantes. Je ne commente pas les dernières
grossièretés du Loyola, et je n'ai plus d'activité
me
donner de ce ctité-la a présent, comme il paraît que la
2e" portion " du "contingent" de la "classe" 74 va-t•
être appelée le trois novembre suivnt ou prochain : la
chambrée de nuit :

a

"1tfvE"

1

1

On a faim dans la chambrlt C'est vrai .•....
Emanations, explosions,
Un génie: ]e suis le gruère !
Leflbvrt : Ktller !
Le génie :
]e suis le Brie!
Les soldats coupent sur leur. pain :
C'est la Vie !
Lt génie : - Je suis le Roquefort !
- Ça s' ra not' mort ...
- ] e suis le gru~re
Et le brie..... ttc.
VALSE

TROIS LETTRES INÉDITES DE RIMBAUD

57

procurer des livres employés dans ton collège par ex.
pour ce Bachot à moins que ça ne change aux diverses
universités: en tous cas de professeurs où d'élèves compétents, t'informer à ce point de vue que je te donne. Je
tiens surtout à des choses précises, comme il s'agirait de
l'achat de ces livres prochainement. lnstruct militaire et
"Bachot", tu vois, me feraient deux ou trois agréables
saisons! Au diable d'ailleurs ce "gentil labeur." Seulement sois assez bon pour m'indiquer le plus mieux possible
la façon comment on s'y met.
Ici rien de rien.
- J'aime à penser que le Petdeloup et les gluants
pleins d'haricots patriotiques ou non ne te donnent pas
plus de distraction qu'il ne t'en faut. Au moins ça ne
"chlingue pas la neige, comme ici.
A toi "dans la mesure de mes faibles forces. "
Tu écris:

A. RIMBAUD
31, rue Saint-Barthélemy
Charleville (Ardennes) va sans dire.
,

'

On nous a joints, Lefrore et moi ... etc.
De telles préoccupations ne permettent que de s'y absor•
bere. Cependant renvoyer obligeamment selon les occases
les " Loyolas " ~ui rappliqueraient.
Un petit service : veux-tu me dire précisément et
concis - en quoi consiste le " bachot" ès-sciences actuel,
partie classique, et mathém., etc. - Tu me dirais le point
de chaque partie que l'on doit atteindre : mathèm., ph}'!,
chim, etc. et alors des titres immédiats, et le moyen de 1C

P. S. - La corresp : "en passepoil" arrive

a ceci que

le "Némery" avait confié les journaux du Loyola à un
agent de police pour me les porter !

�COMMENT L'AMOUR COLORE LE TEMPS

COMMENT L'AMOUR
COLORE LE TEMPS

59

Ils nous parlent de haut dans un langage clair
Qui, le mdme pour tous, n'est donc vrai pour personne:
Pourquoi la chose écrite a-t-elle toujours l'air
D'une femme sans cœur qui discute et raisonne?
III

I
Je sais que tout ceci n'est qu'un prdt usuraire :
Le charme du secret et du lit défendu,
L' 4pre ardeur d'un baiser rapide et téméraire,
Et l'adieu d'un beau corps à mon cou suspendu.
Ainsi je vais tdchant à divertir l'attente
Du créancier fatal qui peut venir demain,
Et mon toit chaque nuit est pareil à la tente
Qu'on déploie et reploie au bord du grand _chemin.

II
J'ai vainement cherché du secours dans les livres.
Qu'ils sont p4les ! qu'ils sont auprès de ma douleur
Privés de sang, si loin de l'obscure chaleur
Qu'entretient sous la peau la tristme de vivre I

La paix, mais c'est le bruit qui nous en faiJ l' aumbne I
Fracas assourdissants, feux du soir, où choisir
Un asile plus sfir pour rdver à loisir
Que dans votre incendie et dans votre cyclone?

Sans le pavé qui prend toute peine à merci,
Où pourrions-nous creuser à notre aise un souci,
Et divaguer tout haut, et dans la brume étreindre
Le bonheur attendu qui semble toujours poindre ?

Appuyée à mon bras ma douleur m'accompagne,
Lorsque sur le trottoir je rencontre un ami
Qui me vante un tableau qu'il a vu en Espagne.
Elle discrètement se détourne à demi.
Mais je sens que son œil en dessous me surveille,
Et quand déjà mon cœur franchit les cols là-bas,
Elle se penche et glisse un mot dans mon oreille ...
Nous revoici marchant tous deux du même pas.

�6,o

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

/7

Tout bouillonnant de bruit et de lumiere crue,
Comme un vase dos, plein d'un liquide qui bout,
Le petit café bar où je m'endors debout
Toujours semble au moment d'éclater dans la rue.
Ma vie aussi concourt à créer cet air chaud :
Sur la mousse fumante, à chaque instant, mon rêve
Gonfle une bulle d'or qui resplendit et crève,
Et mon cœur à Paris ajoute un SO!Jbresaut.

COMMENT L1AMOUR COLORE LE TEMPS

6r

Quel souci hier encor me voilait la lumière,
Comme un souffle ternit l'eau pure d'un miroir?
0 soleil, amiracle I il m'est donné de voir
Le jour, et cette fois est comme la première I

VIII
Mon sang n'avait qu'un cri: "Délivré, délivré!"
Et je marchais..• La nuit cependant est venue,
Brusquant sous une a'Verse au fond d'une avenue
Le départ du rayon qui m'avait enivré.

VI
Comme un gland détaché retourne au sol immense,
Au noir humus profond qui nourrit la forêt,
Mon dme en s'endormant s'enfonce et disparaît
Dans la grande misère et la grande démence.
Paris dans son giron berce alors mon sommeil,
Son dpre suc répare obscurément ma force,
Et la graine, au matin, déchirant son écorce,
Un nouvel arbre natt qui verdit au soleil.

YII
Un matin je m'éveille, ah I je suis libre, seul!
Et sous l'arche du pont le saphir étincelle,
Et dans mon sein ma vie est plus chaude que celle
Qui bourdonne en été dans les fleurs du tilleul !

C'est un frisson pareil au retour de la fièvre,
L'heure où Paris rallume à la hdte au travers
Des arbres dépouillés ses feux tremblant} d'hiver,
Et tout l'ancien dégoût me remonte à la lèvre.

IX
Pous diter, mes amis : "François sait rire. " Eh ! oui,
Je ris, et vous pensez que ma plume exagère.
Ne devinez-vous pas sous la mousse légère
Comme un trésor de peine à chaque heure enfoui ?
Ne comprenez-vous pas la grande politesse
Qui met mon dme au ton de vos propos joyeux?
Mais au seuil de mes vers la mascarade cesse,
Et mon visage alors est nu pour tous les yeux.

�LA NOUVELLE REVUE F.RANÇAlSB

X

Ah! du moins, mon amour, épuisons l'amertume,
Gofuons dans cet excès comme une autre douceur,
Plions à nos plaisirs le mal qui nous consume,
Et dans notre tourment cherchons notre bonheur.
Regarde cette rose: elle est d'un sombre rouge,
Et le parfum qui brll.le en son creuset profond
Est si fort qu'on croirait le voir soudain qui bouge
Et s'échappe en fumée et se brise au plâfond.

XI
Flambe donc, ô douleur, et renais de ta cendre,
Grandfeu dans la grand' salle, honneur de mon château/
N'arrêtez pas, ôjours, de monter, de descendre
Avec le battement régulier d'un marteau,
Pour que mon cttur frappé qui bondit et qui souffre,
Mêlant les cris de l'âme aux soupirs de la chair,
Résonne chaque soir sur l'enclume de fer,
Et dans l'obscurité darde un long jet de soufre.

XII
Lorsque dans le brouillard les onze coups tardifs
S'envolent lourdement de la tour la plus proche,
Onze fois étonné, mon esprit se raccroche
Onze fois au dernier de nos instants furtifs.

63

COMMENT L'AMOUR COLORE LE TEMPS

Tout veut me retenir, tout m'implore et me touche:
Le silence, un reflet du foyer, la pâleur
Du drap défait dam l'ombre et la molle chaleur
Et ce pli du sommeil dans le coin de ta bouche '

'

XIII
Mais quelquefois, pareil au chardon qui frissonne,
Murmure sous mon front un désir irrité
De me lever, de fair avant que l'heure sonne
Pour détourner le cours de la fatalité.
'
Dénouant en secret tous mes liens d'esclave,
Dans tes bras, au milieu d'un long baiser souvent,
le songe ai, pur contact qui rafraîchit et lave,
A l'azur de fa nuit, à l'eau du ciel, au vent...

XIV
l'ai pour_voisin,jai!li des vapeurs de la berge,
Un peuplter droit comme un mdt robuste et.fin
'
QUt. devant ma maison se balance' sans fin
Et dédie à la lune un amour clair et vierge.
Rien ne peut en .aidir son rive gracieux
On dirait que l'hiver le rend même plu: vaste
Et sa légereté demeure grave et chaste
'
Rarce qu 'elle est sans cesse un élan vers' les cieux.

�LA NOUVELLE Rl!VUl! FRANÇAISI

XV
J'ai pour conseil -encore et pour tuteur bizarre
Un vieux bateau pensif dont le plat-bord reluit
Juste sous ma fenêtre et que j'entends la nuit
Respirer en tirant un peu sur son amarre.
Sa coque tout bas chante et dit dans sa chanson
La douceur de l'ennui, le repos dans l'épreuve,
Au point qu'en le voyant si calme sur le fleuve
Je me sens tour confus comme un jeune garçon.

XVI
- Eh/ quoi, me dira-t-on, voilà qu'une péniche
Après un peuplier vous occupe à son Jour /
Quelle part l'une et f autre ont-ils dans votre amour
Et dans cette douleur dont vous !tes si riche?
- Rien que la part du rêve et d'un rfue assez fou :
Dépouiller l'homme enfin, mais garder de la vie
La sève ou le reflet, ce qui fait qu'on envie
Et l'arbre et le bateau,jusqu'à l'humble caillou.

XVII
Ah 1 s'évader un soir de notre chair brAlante,
Pour s'en aller quher le silence et la paix
Dans une autre enveloppe où l' 4me obtuse est lente
Comme un jour endormi derrière un verre épais I

COMMENT L'AMOUR COLORE LE TEMPS

65

ursque,
. tard dans la nuit, seul avec les fiantOmes,
le l,s pour détourner mon ctcur de trop souffrir,
Ne plus sentir ce front qui bat entre mes paumes,
Ne plMs penser, et cependant ne pas mourir /

XVIII
Las de suivre les jeux de la flamme dans l' 4tre
rai passé mon habit - pourquoi pas Jaire hon~eur
A mes ennuis autant qu'un autre à son bonkur?Et, cravaté de blanc,je m'en Jus au th!4tre.
C'était dans le plus vaste et le plus décoré :
Les stucs et les velours semblaient d'une voix bite
Jurer du haut en bas : " La vie est une fête/ "
Q1te/ cauchemar 1 le pire : un cauchemar doré.

XIX
S'il est un lieu d'exil, c'est pendant un entr' acte
Un foyer d' Opéra somptueux etfiané
O'u pend du plafond roux un lustre suranné
'
Clair symbole du temps qui croule en catara:te.
LA mort là comme ailleurs n'accorde aucun sursis
Mais, l' eJJ
,1r· 'l'',e, elle y fait la coquette '
,oyable vw
Et, tout du long des murs, ranrrés sur la banqu:lte
Â
.li"
0
,
u "" tell des vivants des spectres sont assis.

5

�66

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISB

XX
L' dme exilée ici l'est moins que la musique.
Pauvre musique en pleurs dans un vide éternel,
Qui persiste en dehors de toute loi physique,
Lorsque la :aile est comble - absurde et solennel!
0 musique captive, ô musique vendue
.1
A ces barbares Turcs comme une esclave, tot .
Toi la grande vestale et la fille du roi,
'
.J
'
Pareille
sous le rouge à la fiemme peraue.

COMMENT L'AMOUR COLORE LE TEMPS

L'heure la plus navrante est l'heure où l'on s'amuse.
Nos pères l'ont bien su, qui gravaient dans le bois,
Ayant posé sa faulx pour jouer du hautbois,
Sous un toquet à plume une horrible camuse.

XXIII
Loin de m'emprisonner dans une tour d'ivoire
'
L'amour et la douleur mainte fois m'ont conduit
Dans ces déserts où seuls les astres de la nuit
Contemplent la cité du pauvre, énorme et noire.

XXI
" Chacun de vos huitains semble un flot qui déferle,
Dira l'un on ne sait comment les relier."
L'autre : :, Ton vers eût-il la belle eau d'une perle,
Il faut encore un fil pour bdtir un collier ! "
_

0 trop logique esprit, que ton discours me peine!

De sa voix, de ses yeux, de son tendre profil,
Ariane .a formé préâsément un fil
Qui partout où je vais se dérotfle et m'enchaine.

XXII
Entrer dans un café, Miller à l' Opéra,
Prendre un morne intérit à quelque assaut de boxe,
Tout cela c'est douleur d' amour, ,sans paradoxe,
Car en des soirs pareils mon cœur souvent 1Jleura.

Tout tremblant je passais les portes derrière eux,
Et longtemps nous errions par la ville interdite.
L'amou~ me disait: "Vois", et la douleur:" Médite",
Et depttzs ces soirs-là j'ai pitié des heureux.
XXIV
Une pitié de prince, orgueilleuse et tranquille,
Sac~an: que·~e b~n~eur n'apprend rien en effet,
Qu tl n est pire tndtgent qu'un itre satisfait,
Et qu'une joie égale est sotte ou puérile.
Si nous,pèsions nos jours dans nos deux poings fermés,
Dans l ttn mettant le rire et dans l'autre les larmes
De 9.uel côté seraient les souvmirs aimés
'
Ceu~ qui devant la mort sont nos derniè;es armes ?

�68

LA NOUVELLE RBVUE FJlANÇ/J

XXV
0 pauvre, 8 roi des rois, comment les murs d'un Loum
Pourraient-ils contenir le trane où tu t'assieds ?
Les mondes sont couchés entre ses quatre pieds,
De sorte que, le soir, sa grande ombre les couvre.
D'autres peuvent singer ton f arouche appareil
En négligeant leur barbe ou se drapant de bure,
Je t'offre une souffrance, hélas l à ma mesure,
Qui ne va pas plus haut, Seigneur, que ton orteil.

XXVI
Rien que cela : poser ma t2te sur ton sein,
Mon amour, c'est mon doux, c'est mon cruel parllll,
Ma joie et mon remords, et c'est bien davantage :
Le toucher qui m'inspire ou tro14ble mon dessein.
La chaleur de ce corps que mes lèvres chérissent,
Ce parfum qui m'accueille et, lorsque je m'en vais,
Me suit, ce Jeu jaloux, sombre, inquiet, mauvais,
Voilà tout le climat où mes songes .fleurissent.

XXVII
Lorsque j'avais quinze ans, je ne comprenais poilll
Pourquoi le bien-aimé dit à la bien-aimée :
"Ta gr4ce est redoutable à l'égal d'une armée."
Mais ces mots entraînaient ma rfuerie au loin ...

COMMENT L'AMOUR COLORE LE TEMPS

69

Depuis il m'a paru que l'ardente hyperbole
N'exprimait pas assez combien l'amour est fart
Combien sous son regard la chair est IJche et faÎle
Et je dis : " Redoutable à l'égal de la mort. " '

XXVIII
Redoutable minute, a minute de joie
Où le silence ému semble avoir tressailli
'
Lorsque, dans ~a lueur d'un tison qui rougeoie,
Hors de ses voiles, nue, Ariane a jailli /
Ah ! m_es esprits peureux prennent déjà la fuite /
Et maintenant ma chair est seule et tremble un peu
De voir, de bas en haut coloré par le Jeu
Ton corps d'un rose ardent comme une te'rre cuite.

XXIX
Mieux qu'aucun texte grec, la rougeur d'une braise
La beauté d'une femme et l'élan du désir
'
D~ns Paris pluvieux, en l'an mil-neuf-ce~t-treize,
M ont révélé ton sens antique, 8 dur plaisir/
'Pour 'lue l'instinct sacré parl4t dans ce poème
Je n'ai point déterré le satyre cornu
,
Mais àfor,ce d' amourJ·• at• rqotnt,
. . j'ai
' tenu
Dans mes bras un moment Aphrodite elle-même.

�COMMENT L'AMOUR COLORE LE TEMPS
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

XXX
C'est un soir, un éclair ouvrant son aile énorme
Comme un grand oiseau bleu redressé sur son nid,
La terre à sa clarté parut vieille et difforme,
Et voici qu' effrayé notre cheval hennit.
Il n'a plus reconnu sous ce manteau livide
Le chemin qu'il faisait chaque jour plusieurs fais,
Le vent se tut, la feuille eut peur au bord du vide,
Puis un rire terrible éclata sur les bois.
XXXI

Orage de l'été, ton souvenir m'enseigne
Que mon dme est la sœur de ce pauvre animal,
Mais plus mystérieux, plus profond est mon mal,
Et plus caché l'éclair dont la pdleur me baigne.
Tout a changé, la route et le calme horizon.
Mes devoirs les plus doux, mes plus chères Ïdées
Prennent en un clin d'teil des figures ridées.
Est-ce que Dieu veut rire aussi sur ma maison ?

XXXll
- Permettez, interrompt une voix ironique,
Vous nous parliez tant6t avec farce chaleur
Des conseils de l'amour, des leçons du malheur,
Maintenant tout n'est plus que tonnerre et panique.

71

- Eh I bien oui, la pensée est vive sous le fouet.
Le ~en~ souffle, mon cœur comme une feuille y plonge,
Mats c est dans l'ouragan une feuille qui songe,
A la fais du destin l'élève et le jouet.
XXXIII
0 couleurs, sons, odeurs, hors de votre atmosphère

Nos passions mourraient dans un vide glacé
'
Et c'est vous que le temps amalgame pour faire
Nos souvenirs d'amour quand l'amour a passé.
Thésaurisez, mes yeux, dans votre chambre noire!
Allez, mes sens, allez, faites votre moisson,
'Pour les jours de disette et la froide saison
Où mon cœur sans désirs vivra sur ma mémoire !
XXXIV

Accueille l'humble image et le bruit familier :
Peut-être un jour n'auras-tu pas d'autre fortune
Que d'évoquer ce pas furtif dans l'escalier
Ou cet angle du toit éclairé par la lune.
Rends grdce au dieu caché dans le plus bref instant,
Garde pour lui ton dme inclinée et ravie
plus longue vertu ne pèse pas autant;
C eSt cela ton amour et c'est cela ta vie.

1";

FRANÇOIS PoRCHÉ.

�A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

A LA RECHERCHE
DU TEMPS PERDU 1
(FRAGMENTS)

Dans la cour de l'immeuble où nous avions loué un
appartement, M. et Mme de Guermantes avaient une
demeure formant hôtel sûr laquelle j'acquis assez vite des
renseignements, grke à Françoise. Car les Guermantes
qu'elle désignait souvent, par les mots de en dessous, en bas,
étaient sa constante préoccupation, depuis le matin où,
jetant, pendant qu'elle coiffait maman, un coup d'œil
défendu, irrésistible et furtif dans la cour, elle disait:
-"" Tiens, deux bonnes sœurs; cela va surement
en dessous "
ou " Oh ! les beaux faisans à la fenêtre de la cuisine, il n'y
a pas besoin de demander d'où qu'il deviennent, le Duc
aura-t-été à la chasse", jusqu'au soir, où entendant un
bruit de piano, un écho de chansonnette, elle tirait cette
conclusion:" Ils ont du monde en bas, c'est à la gaieté l"
Mais le moment de la vie des Guermantes qui excitait
le plus vivement l'intérêt de Françoise, lui donnait le
plus de satisfaction et lui faisait aussi le plus de mal,
était celui où, la porte cochère s'ouvrant à deux
battants, Mme de Guermantes montait dans sa calèche.
C'était habituellement peu de temps après que . nos
domestiques avaient fini de célébrer cette sorte de Pique
1

Voir la Nouvelle Re&lt;y_ue Française du

Ier

Juin 1914.

73

solennelle que nul ne doit interrompre, appelée leur
déjeuner, et pendant laquelle ils étaient tellement "tabous"
que mon père lui-même ne se serait pas permis de les
sonner, sachant d'ailleurs qu'aucun ne se serait pas plus
dérangé au cinquième coup qu'au premier et qu'il aurait
ainsi commis cette inconvenance en pure perte, mais non
pas sans dommage pour lui. Car Françoise (qui depuis
qu'elle était une très vieille femme, se fai,ait, à tout propos,
cc qu'on appelle . une tête de circonstance) n'eat pas
manqué de lui présenter toute la journée une figure
couverte de petites marques cunéiformes et rollges qui
déployaient au dehors mais d'une façon peu déchilfrable
le long grimoire de ses doléances, les raisons profondes de
son mécontentement.
Les derniers rires du festin sacré une fois achevés,
Françoise qui était à la fois, comme dans l'église primitive,
le célébrant et l'un des fidèles, se versait un dernier verre,
détachait de son cou la serviette, la pliait en essuyant à
ses lèvres un reste d'eau rougie et de café, la passait dans
un rond, remerciait d'un œil dolent " son " jeune valet
de pied (qui, pour faire du zèle, lui disait: " Voyons,
madame encore un peu de raisin") et allait aussitôt ouvrir
la fenêtre sous le prétexte qu'il faisait trop chaud " dans
cette misérable cuisine". En jetant avec dextérité dans
le même temps qu'elle tournait la poignée de la croisée et
prenait l'air, un coup d'œil désintéressé sur le fond de la
cour, elle y dérobait furtivement la certitude que la
duchesse n'était pas encore prête, et couvait un instant
de ses regards passionnés et dédaigneux la voiture attelée.
Puis, cet instant d'attention une fois donné aux choses
de la terre, elle levait les yeux au ciel dont elle avait

�74

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

d'avance deviné la pureté en sentant la douceur de l'air
qui venait d'entrer par la fenêtre et regardait ~ l'angl~ du
toit la place où des pigeons, pareils à ceux qm décoraient
le faîte de sa cuisine, ·à Combray, venaient faire leur nid
au dessus de la cheminée de ma chambre et dont, à
chaque printemps, je retrouvais, soudain éclos, le roucoulement matinal, comme un cocorico adouci, transposé et
mauve.
- Ah! Combray! Combray I s'écriait Françoise,
quand est-ce que je te reverrai, pauvre terre ! Quand
est-ce que je pourrai passer toute la sainte journée sous
tes aubépines et nos pauvres lilas en écoutant les gorgerouges au lieu d'entendre cette misérable sonnette de
'
.
notre jeune maître qui me fait tout le temps counr
le long de cc satané couloir. Hélas, pauvre Combray ! peutêtre que je ne te reverrai que morte, quand on me jettera
comme une pierre dans le trou de la tombe. Alors je ne
les sentirai plus tes belles aubépines toutes blanches. Mais
dans le sommeil de la mort je crois que j'entendrai encore
ces trois coups de son~ette qui m'auront damnée d'avance
dans ma vie.
Mais elle était interrompue par les appels de Jupien, le
giletier, celui qui avait tant plu autrefois à ma gran~'~ère
le jour où elle était allée voir M me de Villcpans1~ et
n'occupait pas un rang moins élevé dans la sympathie d_e
Françoise, et qui, ayant levé la tête en entendant ou~
la fenêtre cherchait déjà depuis un moment à atarer
,
.
La
l'attention de sa voisine pour lui dir~ bonJour.
coquetterie de la jeùne fille qu'avait été Françoise affinait
alors pour un instant le visage ronchonneur de notre
• vieille cuisinière alourdie par l'~ge, la mauvaise humeur

A LA RECHERCHE DU TEMPS PER.DU

75

et la chaleur du fourneau et c'est avec un mélange

charmant de réserve, de familiarité et de pudeur, qu'elle
adressait au giletier un gracieux salut mais sans lui
répondre de la voix, car si elle enfreignait les recommandations de maman en regardant dans la cour, elle n'eClt
pas osé les braver jusqu'à causer par la fenêtre. Elle lui
montrait la calèche attelée, en ayant l'air de dire: " Des
beaux chevaux, hein", mais en réalité parce qu'elle savait
qu'il allait lui répondre, en mettant la main devant la
bouche:
- Vous aussi vous pourriez en avoir si vous vouliez,
et même peut-être plus qu'eux, mais vous n'aimez pas
pas tout cela.
Et Françoise après un signe modeste, évasif et ravi qui
pouvait signifier : " Chacun son genre, ici c'est à la simplicité", refermait la fenêtre de peur que m:tman n'arrivât. Ces "vous" qui eussent pu avoir plus de chevaux
que la Duchesse de Guermantes s'ils avaient voulu, c'était
nous, mais Jupien avait raison de dire "vous" car comme ces plantes qu'un animal à qui elles sont entièrement unies nourrit d'aliments qu'il attrape, mange, digere
pour elles et qu'il leur offre dans son dernier et tout
assimilable résidu, - Françoise vivait en symbiose avec
nous; c'est nous qui avec nos vertus, notre fortune, notre
train de vie, notre situation, devions nous charger d'élaborer les petites satisfactions d'amour-propre dont était
formée - en y ajoutant avec le droit reconnu d'exercer
librement le culte du déjeuner suivant la coutume ancienne,
la petite gorgée d'air à la fenêtre quand il était fini,
quelque flànerie dans la rue en allant faire ses emplettes
et une sortie le dimanche pour aller voir son neveu - la

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

part de contentement indispensable à sa vie. Aussi notre
départ d'un immeuble que nous avions longtemps habité
(et "où on était si bien estimé de partout"), l'installation
dans une nouvelle maison où les premiers jours, le concierge ne nous connaissant pas, Françoise avait cessé
momentanément de recevoir les marques de considération
nécessaires à sa bonne nutrition morale, l'avaient jetée dans
un état de dépérissement pendant la durée duquel elle
faisait continuellement entendre des lamentations." C'est
l'ennui 1 " disait-elle quand on l'interrogeait sur son mal,
et elle donnait au mot ennui ce sens si fort qu'il garde
dans les tragédies de Corneille et dans les lettres des
soldats qui se suicident par regret de leur fiancée, de leur
village, par " ennui ". Mais elle se releva rapidement
du sien, car Jupien (" De bien bon monde ces Jupien, de
bien braves• gens et ils le portent bien sur la figure ")
lui procura un plaisir, aussi vif et plus raffiné que celui
qu'elle aurait eu si nous avions pris une voiture, en
sachant tout de suite comprendre et enseigner dans toute
la maison que si nous n~en avions pas, d'équipage, c'est
que nous ne voulions pas.
Et quand un fournisseur ou un domestique venait nous
apporter quel.que paquet, tout en ayant l'air de ne pas
s'occuper de lui, et en lui désignant seulement d'un air
détaché une chaise, pendant qu'elle continuait son ouvrage,
Françoise mettait si habilement à profit les quelque5
instantS qu'il passait dans la cuisine, à attendre la
réponse de maman, qu'il était bien rare qu'il repartît sans
avoir indestructiblement gravée en lui la certitude que
"si nous n'en avions pas, c'est que nous ne voulions pas",
'Si elle tenait tant d'ailleurs a ce qu'on nous stlt riches, ce

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

77

n'est pas que la richesse sans plus, la richesse sans la vertu,
fllt aux yeux de Françoise le bien suprême. Mais la vertu
sans la richesse n'était pas non plus son idéal. La richesse,
selon Françoise, était pour la vertu comme une condition
nécessaire, à défaut de laquelle la vertu serait sans mérite et
sans charme. Françoise les séparait si peu qu'elle avait fini
par prêter à chacune les qualités de l'autre, à exiger quelque
confortable dans la vertu, à reconnaître quelque chose
d'édifiant à la richesse.
Une fois la fenêtre refermée elle commençait en soupirant à ranger la table de la cuisine.
- Il y a des Guermantes qui restent rue de la Chaise
disait le valet de chambre, j'avais un ami qui y avait
travaillé ; il était second cocher chez eux. Et je connais
que)qu'un, pas mon copain alors, mais son beau-frère, qui
avait fait son temps au régiment avec un piqueur du
Baron de Guermantes.
- La duchesse doit être alliancée avec tout ça, c'est de
la même parenthèse, disait Françoise. C'est une grande
famille que les Guermantes! ajout.ait-elle avec respect,
fondant la grandeur de cette famille à la fois sur le nombre de ses membres et l'éclat de son illustration, comme
Pascal, la vérité de la Religion sur la Raison et sur
l'autorité des Ecritures. Car n'ayant que ce seul mot de
"grand'' pour les deux choses, il lui semblait qu'elles
r
.
n,en 1orma1ent
qu ' une seul e, et son vocabulaire avait
ainsi par endroits un défaut qui projetait de l'obscurité
jusque dans la pensée. - Je voulais demander à leur
maître d'hôtel si c'est eux qui ont leur ch!teau à dix
lieues de Combray, mais c'est un vrai seigneur, un grand
pédant, qui ne cause pas, on dirait qu'on lui a coupé la

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

langue. Ah ! si c'était à moi le cMteau de Guermantes,
on ne me verrait pas souvent à Paris. Faut-il tout de
même que des maîtr~ de personnes qui ont de quoi
comme Monsieur et Madame, en aient des idées pour
rester dans cette misérable ville quand ils seraient libres
d'aller à Combray. Qu'est-ce qu'il attendent pour prendre leur retraite puisqu'ils ne manquent de rien; d'être
morts ? Ah I si j'avais seulement du pain sec à manger et
du bois pour me chauffer l'hiver, il y a longtemps que je
erais dans la pauvre maison de mon frère à Combray.
Là-bas on se sent vivre au moins, on n'a pas toutes
ces maisons devant soi, il y a si peu de bruit que
la nuit on entend les grenouilles chanter à plus de
deux lieues.
- Ça doit être vraiment beau, madame, s'écriait le
jeune valet de pied avec enthousiame comme si ce dernier
trait avait été aussi particulier à Combray que la vie en
gondole à Venise.
- Au moins on sai.t dans quelle saison qu'on vit. Ce
n'est pas comme ici qu'il n'y aura pas plus un méchant
bouton d'or à Piques qu'à la oël, et que je n'ai pas
seulement un petit angelus quand je lève ma vieille carcasse. Là-bas on entend chaque heure, ce n'est qu'une
pauvre cloche qui sonne, mais tu te dis, voilà mon
qui rentre des champs, tu vois le jour qui baisse, tu as le
temps de te retourner avant d'allumer la lampe. Ici il fait
jour, il fait nuit, on va se coucher qu'on ne pourrait seulement pas plus dire que les bêtes ce qu'on a fait.
- Il paraît que Méséglise aussi c'est bien joli, madame,
interrompait le jeune valet de pied au gré de qui la con·
versation prenait un tour un peu abstrait et qui se souve-

frcrc

A LA RECHERCHE OU TEMPS PERDU

79

nait par hasard de nous avoir entendu parler, à table, de
Méséglise.
-Oh I Méséglise, disait Françoise avec le large sourire
. touJours
.
qu'on amenait
sur ses lèvres quand on prononçait
ces noms de Méséglisc, de Combray, de Roussainville: ils
faisaient tellement partie de sa propre existence qu'elle
éprouvait à les rencontrer au dehors, à les entendre dans
une conversation, une gaieté a~ez voisine de celle qu'un
professeur excite dans sa da e en faisant allusion à tel
personnage contemporain dont ses élèves n'auraient pas
cru que le nom put jamais tomber du haut de la chaire.
Son plaisir venait aussi de sentir que ces pays-là étaient
pour elle quelque chose qu'ils n'étaient pas pour les autres,
de vieux camarades avec qui on a fait bien des parties ;
et elle leur souriait comme si elle leur trouvait de l'esprit,
parce qu'elle retrouvait en eux beaucoup d'elle-même.
. - Oui tu peux le dire, mon fils, c'est assez joli Méséghse, reprenait-elle en riant finement; mais comment que
t'en as entendu causer, toi, de Méséglise ?
~ ~~ent que j'ai entendu causer de Méséglise ?
mais c est bien connu; on m'en a causé et même souvent,
répondait-il avec cette criminelle inexactitude des informateurs qui chaque fois que nous cherchons à nous rendre
compte objectivement de l'importance que peut avoir pour
les autres une chose qui nous concerne nous met dans
l'impossibilité d'y réussir.
'
- Ah ! je te promets qu'il fait meilleur là sous les
poiriers que près du fourneau.
- Mais c'est à Combray même, chez une cousine de
Madame, que vous étiez placée, alors ?
- Oui chez Mme Octave, ab l une bien sainte femme, •

�80

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAÙI

mes pauvres enfants, et où il y avait toujours de quoï.
et du beau et du bon, que vous pouviez arriver diner l
cinq, à six, ce n'était pas la viande qui manquait et de
premièrcqualitéencere, et du porto blanc, et du porto rouge,
tout ce qu'il fallait. Comme nous disait M. le curé, 1'i
y a une femme qui est sô.re d'aller près du bon Dieu c'est
bien celle-là. Pauvre Madame, je l'entends encore qui
me disait de sa petite voix : " Françoise, vous savez, mai
je ne mange pas, mais je veux que ce soit aussi bon poar
tout le monde que si je mangeais ".
Elle leur parlait aussi d'Eulalie comme d'une bis
bonne personne ; depuis qu'Eulalie était morte, elle anit
en effet complétcment oublié qu'elle l'avait peu ai!MI
durant sa vie.
Mais déjà depuis un quart d'heure maman disait:
- Mais qu'est-ce qu'ils peuvent faire! Voilà plus â
deux heures qu'ils sont à table.
Et elle sonnait timidement trois ou quatre foi.
Françoise, son valet de pied, le maître d'Mtel cntendaieil
les coups de sonnette non pas comme un appel, et sam
songer à venir, mais pourtant comme les premiers d
des instruments qui s'accordent quand un concert 11
bientôt reprendre et qu'on sent qu'il n'y aura plus qlJ
quelques minutes d'cntr'acte. Aussi quand les coups COll-mençaient à se répéter et à devenir plus impatients, •
domestiques se mettaient à y prendre garde et, estimait
qu'ils n'avaient plus beaucoup de temps devant eux avdt
la reprise du travail, à un tintement de sonncil
un peu plus sonore que les autres, ils poussaient
soupir et prenant leur parti, le valet de pied dcsc~
fumer une cigarette devant la porte, Françoise monai

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

Sr

ranger ses affaires dans son sixième, et le maître d'hôtel
ayant été chercher du papier à lettres dans une chambre
expédiait rapidement sa correspondance préparée.
Malgré la morgue de leur maître d'hôtel, Françoise
avait pu dès les premiers jours m'apprendre que les Guermantes n'habitaient pa leur hôtel en vertu d'un droit
immémorial mais d'une location assez récente, et que le
jardin sur lequel il donnait, du côté que je ne connaissais
pas, était assez petit et semblable à tous les jardins contigus; et je sus enfin qu'on n'y voyait ni gibet seigneurial
ni moulin fortifié, ni sauvoir, ni colombier à piliers ni
four banal, ni grange à nef, ni châtelet, ni ponts fixe: ou
levis, voire volants, non plus que péagers, ni aiguilles,
ch~cs murales, ou montjoies. Mais un ami de mon père
avait rendu quelque individualité cette demeure déchue
en nous disant un jour de Madame de Guermantes : " Elle
a la plus grande situation dans le faubourg Saint-Germain
elle a la première maison du faubourg Saint-Germain. ,:
Sans doute le premier salon, la première maison du Faubourg Saint-Germain, c'était bien peu de chose auprès
des autres demeures que j'avais successivement rêvées
D'ailleurs mon esprit était embarrassé par cerU:ines
~iflic~ltés, et la présence du corps de Jésus--Christ dans
1hostie ~e me semblait pas un mystère plus obscur que
c~ premier salon du faubourg Saint-Germain situé sur la
nvc droite et dont je pouvais de ma chambre entendre
ba~e les meubles le matin. Mais la ligne de démarcation
qui me séparait du faubourg Saint-Germain pour être
seul ~e~t I'déale, ne m'en semblait que plus' réelle ; je
sentais bien que c'était déjà le faubourg Saint-Germain
le paillasson des Guermantes étendu de l'autre ct&gt;té d;

a

6

�LA NOUVELLE REVUE PRANÇAISI
A LA llECHERCHE DU TEMPS PERDU

,

cet Equateur et dont ma mère avait osé dire, l'ayant
aperçu comme moi un jour que leur porte était ouverte,
qu'il était en bien mauvais état. Au reste, comment leur
salle à manger, leur galerie obscure, aux meubles de
peluche rouge, que 3e pouvais apercevoir quelquefois par.
la fenêtre de notre cuisine, ne m'auraient-ils pas sembW
posséder le charme mystérieux du faubourg Saint-Germaïa.
en faire partie d'une façon essentielle, y être géographiquement situés, puisque, avoir dîné dans cette salle l
manger, c'était être allé dans le faubourg Saint-Germain,
en avoir respiré l'atmosphère, puisque ceux qui, avant
d'aller à table, s'asseyaient à c6té de Mme de Guermantcl
sur le canapé de cuir de la galerie, étaient tous du faubourg
Saint-Germain. Sans doute ailleurs que dans le faubourg
Saint-Germain, à certaines soirées, on pouvait voir parfait
tr6nant majestueusement au milieu du peuple vulgairl
des élégants, l'un de ces hommes qui ne sont que da
noms et qui prennent tour à tour pour les personnes qui
ne les connaissent pas, quand elles cherchent à se les ~
présenter, l'aspect d'~ tournoi et d'une forêt domaniale.
Mais ici, dans le premier salon du faubourg Saint-Germait,
dans la galerie obscure, il n'y avait qu'eux. Ils étaient, Cl
une matière précieuse, les colonnes qui soutenaient la
temple. Même pour les réunions familières ce n'était q•
parmi eux que Mme de Guermantes pouvait choisir •
convives, et dans les dîners de douze, assemblés autour dl
la nappe servie, ils étaient comme les statues d'or d&amp;I
aptitres de la Sainte-Chapelle, pilier symboliques et CO!lt
sécrateurs, devant la Sainte Table. Quant au petit boit
de jardin qui s'étendait entre de hautes murailles, dermll
l'Mtel, et où l'été Mme de Guermantes faisait après diner

83

servir
les liqueurs
et l'orangeade, comment n' aurais-Je
. . pas
__
,
•
1
pcDK
que
s
asseoir
entre
neuf
et
onze
heures
du
so·
chaises
1r, sur
ses
du fer, ~ douées d'un aussi grand pouvoir
que le canapé. de cuir, - sans respirer du même coup,
1 b.
es .r1ses
au faubourg Saint- G ermain,
. é taJt
.
. particulières
.
a~•. impossible que de faire la sieste dans l'oasis de
F1gu1g, sans être par cela même en Afrique Et ·1 '
r·
. .
•
1 n y a
que imagmatton et la croyance qui peuvent différencier
des autres certains obiets
certains êtres, e t crccr
L_
J
'
une
atmosphère.
Hélas ces sites pittoresques, ces acc1'dents
turc
na
1s, c~ curiosités locales, ces ouvrages d'art du
faubourg Saint-Germain, il ne me serait sans doute jamais
de_ ~cr mes pas parmi eux. Et je me contentais
e tressa1ll1r en apercevant, de la haute mer (et
· d' ·
.
,
sans
espoir y Jamais aborder) comme un minaret avancé
comme
·
al
,
l'ind ~n premier p mier, comme le commencement de
_ustne ou de la végétation exotiques, le paillasson usé
d
u rivage.

:onné

' laMais si l'hôtel de Guermantes commençait pour moi
a
portebcade son vesti bul e, ses dé pen dances de\·aient
s'ét dr
en e
ucoup plus loin au jugement du Duc qui
tenant tous. les Iocata·ires pour fermiers, manants, ac uére7- d~ bl1ens nationaux, dont l'opinion ne compte ~as,
se a1sait a barbe le matin en chemise de nuit à sa r A
tre, dcscenda· à l
iencch d
tt a cour, selon qu'il avait plus ou moins
d au , en bras de chemise, en pyjama, en veston écossais
e couleur rare, à l ongs po11s, en petits paletots clairs
plus
de col~ que son veston, et faisait trotter en main
vant ut
·
. par un de ses piqueurs
quelque nouveau cheval
qu'il
&amp;Vlllt acheté Tout l
. d
jusqu'à de
.
. e quartier u reste - et cela
grandes distances ne paraissait au duc

I

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

qu'un prolongement de sa cour, une piste plus étendue
pour ses chevaux. Après avoir vu comment un nouveau
cheval trottait seul, il le faisait atteler, traverser toutes les
rues avoisinantes ; le piqueur courait le long de la voiture
en tenant les guides, la faisait passer et repasser devant le
Duc, arrêté sur le trottoir, debout, immense, habillé de
clair, le cigare à la bouche, la tête en l'air, le monocle
curieux, jusqu'au moment où il sautait sur le siège, menait
la bête lui-même pour l'essayer, et partait avec le nouvel
attelage retrouver sa maîtresse aux Champs-Elysées. M. de
Guermantes disait bonjour dans la cour à deux couples qui
tenaient plus ou moins à son monde : un ménage de
cousi:1s à lui, qui, comme les ménages d'ouvriers, n'était
jamais à la maison pour soigner les enfants car dès le
matin la femme partait à la " Schola " apprendre le
contre-point et la fugue, et lé mari à son atelier faire de
la sculpture sur bois et des cuirs repoussés ; puis. le baron
et la baronne de Norpois, habillés toujours en noir, la
femme en loueuse de chaises et le mari en croque-mort,
qui sortaient plusieurs fois p~r jour pour aller l'église.
Un jour que M. de Guermantes avait eu besoin d'un
renseignement qui se rattachait à la profession de mon
père, il s'était présenté lui-même avec beaucoup de gr!cc.
Depuis il avait souvent quelque service de · voisin à lui
demander, et dès qu'il apercevait mon père en train de
descendre l'escalier en songeant à quelque travail, et dési•
reux d'éviter toute rencontre, le Duc quittait ses hommes
.d'écuries,venait à lui dans la cour, lui arrangeait le col
de son pardessus, avec la servîabilité héritée des anciens
valets de chambre d~ Roi, lui prenait la main, et la rete•
nant dans la sienne, la lui caressant même pour lui

a

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

prouver, avec une impudeur de courtisane, qu'il ne lui
marchandait pas le contact de sa chair précieuse, il le
menait en laisse, fort ennuyé et ne pensant qu'à s'échapper, jusqu'au delà de la porte cochère.

** *
Un jeune poète lyrique comme Bloch, s'il a pris un
fa~teuil pour entendre la Berma ne pense qu'à ne pas
sahr ses gan:s, à ne pas gêner, à se concilier le voisin que
le hasard lm a donné, à poursuivre d'un sourire intermittent le regard fugace, à fuir d'un air impoli le regard
rencontré, d'une personne de connaissance qu'il a découverte dans la salle et qu'après mille perplexités il se décide
à aller saluer au moment où les trois coups en retentissant
avant qu'il soit arrivé jusqu'à elle, le forçent à s'enfuir
comme ses Peres les Hébreux dans la mer Rouge entre
les flots houleux des spectateurs qu'il fait lever. Au
contraire c~était parce que les gens du monde - à ce
gala de !'Opéra-Comique pour lequel j'avais eu une
place - étaient dans leurs loges (derrièi:e le balcon en
terrasse), comme dans de petits salons suspendus dont une
cloison eàt été enlevée, ou dans des petits cafés où l'on va
prendre une bavaroise sans être intimidé par les glaces
encadrées d'or-et les sièges rouges de l'établissement c'est
parce qu'ils posaient une main indifférente sur les ftîts' dorés
des colonne~ qui soutenaient ce temple de l'art lyrique
c'est parce qu'11 s n 'é ta1ent
· - pas émus des honneurs· excessifs'
que ~mblaient leur rendre deux figures sculptées qui
~enda1ent vers les loges des palmes et des lauriers, que seuls
ils auraient eu l'esprirlibre pour écouter la pièce si seule-

�86

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

ment ils avaient eu de l'esprit. On n'avait mis en vente
que les fauteuils et la Princesse de Parme avait placé, parmi
ses amies, toutes les loges.
S'élevant à peu de hauteur au-dessus de l'orchestre, où
"'étais
les baignoires ne montraient d'abord que ces
j
'
. d' un coup comme
ténèbres parmi lesquelles on rencontrait
le rayon d'une pierre précieuse qu'on ne voit pas, la
phosphorescence de deux yeux célèbres, ou comme un
médaitlon d'Henri IV détaché sur un fond noir le profil
incliné du Duc d' Aumale. Mais presque partout, les
blanches déités qui habitaient ces sombres séjours, s'étaient
réfugiées contre les parois obscures et restaient invisibles.
Cependant au fur et à mesure que le spectacl~ s'avançait
leurs formes vaguement humaines se détachaient mollement l'une après l'autre des profondeurs de la nuit qu'elles
tapissaient et s'élevant vers le jour, laissaient é~erger ~eurs
corps demi-nus, et venaient s'arrêter à la l'.nute ver~cale
et à la surface clair-obscure où leurs brillants visages
apparai_ssaient derrière le déferlement rieur, écumeux et
léger de leurs éventails de plumes, sous l_eurs ~hevelures
de pourpre emmêlées de perlés que semblait avoir cour~
l'ondulation d'un flux ; après, commençaient les fauteuils
d'orchestre, le séjour des mortels à jamais séparé du son_ibre
et transparent royaume auquel çà et là servait d~ fro_nt1ère,
dans leur surface liquide et plane, les yeux ltmp1des et
réfléchissants des déesses des eaux. Car les strapontins de la
rive les formes des monstres de l'orchestre, pouvaient tout
au ~lus s'y peindre suivant les seules lois de l'optique et
selon leur angle d'incidence comme il arrive pour ces ?eux
parties de la réalité extérieure auxquelles, sachant qu elles
ne possèdent pas, si rudimentaire soit-elle, d'àme analogue à

A LA Rl!CHERCHE DU TEMPS PERDU

la n&amp;tre, nous nous jugerions insensés d'adresser un sourire
ou un regard : les minéraux et les personnes avec qui
nous ne sommes pas en relations. En deçà, au contraire,
de la limite de leur domaine, les radieuses filles de la mer
se retournaient à tout moment en souriant vers des tritons
barbus pendus aux anfractuosités de l'abîme ou vers quelque
demi-dieu aquatique ayant pour crâne un galet poli
sur lequel le flot avait ramené une algue lisse et pour
regard un disque en cristal de roche. Elle se penchaient
vers eux, elles leurs offraient des bonbons ; parfois le flot
s'entr'ouvrait devant une nouvelle néréide qui tardive,
souriante et confuse venait de s'épanouir du fond de
l'ombre ; puis l'acte fini n'espérartt plus entendre les
rumeurs mélodieuses de la terre qui les avaient attirées
à la surface, plongeant toutes à la fois, les divines soeurs
disparaissaient dans la nuit. Mais de toutes ces retraites
au seuil desquelles le souci léger d'apercevoir les oeuvres
des hommes amenait les déesses curieuses qui ne se
laissent pas approcher, la plus célèbre était le bloc de
demi-obscurité connu sous le nom de baignoire de la
princesse de Guermantes.
Comme une grartde déesse qui préside de loin aux
jeux des divinités inférieures, la Princesse était restée
volontairement un peu au fond sur un canapé latéral,
rouge comme un bartc de corail, à c8té d'une large réverbération vitreuse qui était probablement une glace et
faisait penser à quelque section qu'un rayon aurait pratiquœ, obscure et perpendiculaire, dans le cristal ébloui
des eaux ..... . Et quand je portais mes yeux sur cette
baignoire, bien plus qu'au plafond du théitre où étaient
peintes de froides allégories, c'était comme si j'avais

�88

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

aperçu, grke au déchirement miraculeux des nuées coutumières, l'as embl~ des Dieux en train de considérer
le spectacle des hommes, sous un velum rouge, dans une
éclaircie lumineuse, entre deux piliers du Ciel. Tandis
que je contemplais cette apothéose momentanée avec un
trouble que mélangeait de paix le sentiment d'être ignor~
de ces Immortels, la Duchesse, qui m'avait vu une fois
avec son mari, mais avait dtl oublier mon visage et mon
nom, se trouvait par la place qu'elle occupait dans la
baignoire, regarder les Madrépores anonymes et collectifs
du public de l'orchestre dans lequel je sentais heureusement mon moi dissous ; mais au moment où, en vertu
des lois de la réfraction, avait dfi venir se peindre dans le
courant impassible et bleu de ses yeux, la forme confuse du
protozoaire dépourvu d'existence individuelle que j'étais,
je vis une clarté les illuminer : la Duchesse, de déesse
devenue femme et me semblant tout d'un coup mille fôis
plus belle, leva vers moi la main gantée de blanc qu'elle
tenait appuyée sur le rebord de la loge, l'agita en signe
d'amitié; mes regards se sentirent croisés par l'incandescence involontaire et les feûx des yeux de la Princesse
qui les avait fait entrer à son insu en con8agration en les
bougeant pour chercher à voir à qui sa cousine venait de
dire bonjour, et celle-ci qui m'avait reconnu, fit pleuvoir
sur moi l'averse étincelante et bleue de son sourire.

Maintenant tous les matins, bien avant l'heure où elle
sortait, j'allais par un long détour me poster à l'angle de
la rue qu'elle descendait d'habitude et quand le moment

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

de son passage me semblait proche, je remontais d'un air
distrait, regardant dans une direction opposée et levais les
yeux vers clic quand j'arrivais à sa hauteur mais comme
si je ne m'étais nullement attendu à la voir.
Mais je n'aurais pu dire à quoi je reconnaissais Madame
de Guermantes, car chaque jour dans l'ensemble de sa
personne, la figure était autre comme la robe et le chapeau.
Pourquoi tel jour voyant s'avancer de face sous une
capote mauve, une douce et lisse figure aux charmes
distribu~ avec symétrie autour de deux yeux bleus et
dans laquelle la ligne du nez semblait r~orbée, apprenaisje par une commotion joyeuse que je ne rentrerais pas
sans avoir aperçu M me de Guermantes? pourquoi ressentais-je le même trouble, affectais-je la même indifférence,
d~ournais-je les yeux de la même façon distraite que la
veille à l'apparition de profil, dans une rue de traverse et
sous un toquet bleu marine, d'un nez en bec d'oiseau, le
long d'une joue rouge, sous un œil perçant, rappelant
quelque divinité égyptienne? Tel jour, je venais de me
promener de long en large dans la rue pendant des heures
sans l'apercevoir, quand tout d'un coup, au fond d'une
boutique de crémier cachée entre deux hetels dans ce
quartier aristocratique et populaire, se détachait le visage
confus et nouveau d'une femme élégante qui était en train
clc
se faire montrer des " petits suisses" et , avant que
~
J eusse eu le temps de la distinguer venait me frapper
comme un éclair qui aurait mis moins de temps à
m'atteindre que le reste de l'image, le regard de Madame
de Guermantes ; une autre fois ne l'ayant pas rencontr~c
et entendant sonner midi je me disais que cc n'était
plus la peine de rester à attendre ; je reprenais tristement

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

le chemin de la maison ; et, absorbé dans ma déception,
regardant sans la voir une voiture qui s'éloignait, je
comprenais tout d'un coup que le mouvement de tête
qu'une dame avait fait de la portière était pour moi et
que cette dame dont les traits dénoués et piles ou au
contraire contendus et vifs, composaient sous un chapeau
rond, ou au bas d'une haute aigrette, le visage d'une étrangère que j'avais cru ne pas connaître, était Mme de Guermantes par qui je m'étais laissé saluer sans même lui
répondre. Et à cause de ces apparitions successives de
visages différents occupant une étendue relative et variée,
tant~t étroite, tant&amp;t vaste, dans l'ensemble de sa toilette,
mon amour n'était pas attaché à telle ou telle de ces
parties changeantes de chair et d'étoffe qui prenaient
selon les jours la place des autres et qu'elle pouvait
modifier. et renouveler presque entièrement sans altérer
mon trouble pourvu qu'à travers elles, à travers le nouveau
collet et la joue inconnue, je sentisse que c'était toujours
Mme de Guermantes. Ce que j'aimais c'était la personne
invisible qui mettait en mouvement tout cela, c'était elle,
dont l'hostilité me chagrinait, dont fapproche me bouleversait, dont j'aurais voulu captér la vie et exterminer les
amis! Qu'elle arbodt une plume bleue, qu'elle montrât
un teint enflammé, ses actions avaient toujours pour
moi la même importance. Même le visage que, avant de
m'endormir, je me représentais clair et blond étant le plus
souvent quand le matin je le voyais de près, rouge et
sombre, bient~t le désir qui chaque soir me déddait de ne
pas manquer de sortir le lendemain, ce ne fut plus celui de
retrouver une tête d'or mais de revoir une peau couperosée.
Je n'aurais pas senti moi-même que Madame de

À

LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

91

Guermantes était excédée de me rencontrer chaque
jour que je l'aurais indirectement appris du visage plein de
froideur, de réprobation et de pitié, qui était celui de
Françoise quand elle m'aidait à m'apprêter pour ces
sorti~ 1!1atinales. Dès que je lui demandais mes affaires je
vcya1s s élever un vent contraire dans les traits rétractés
et battus de sa figure. Elle avait, pour savoir immédiatement
tout ce qui pouvait nous arriver de désagréable, un pouvoir
dont la nature m'est toujours restée obscure. Peut-être
n'était-il pas surnaturel et aurait-il pu s'expliquer par des
moyens d'informations qui lui était spéciaux; c'est ainsi que
~es pe~plades sauvages apprennent certaines nouvelles plusieurs Jours avant que la poste les aient apportées à la
colonie européenne, et qui leur ont été en réalité transmises, non par télépathie, mais de colline en colline à
l'aide de feux allumés. Ainsi dans le cas particulier de mes
promenades, peut-être les domestiques de Mme de Guer~tes avaient-ils entendu leur maîtresse exprimer sa
lassitude de me trouver inévitablement sur son chemin
et avaient-ils répété ses propos à Françoise.
Mais plus probablement la crainte, l'attention et la ruse
avaient fini par donner de nous à notre servante, cette
sorte de connaissance intuitive et presque divinatoire que
le matelot a de la mer, le gibier du chasseur et le malade
de la maladie. Je n'ai jamais dans ma vie éprouvé une
humiliation secrète sans avoir trouvé d'avance sur le
vi~e de Françoise, des condoléances toutes préparées ;
et 51, dans ma colère d'être plaint par elle, je tentais de
prétendre avoir au contraire remporté un succès, mes
mensonges venaient inutilement se briser à son incrédulité
respectueuse mais visible et à la conscience qu'elle avait

�92

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

de son infaillibilité. Car elle savait la vérité; elle la taisait
et faisait seulement un petit mouvement des lèvres, comme
si elle avait encore la bouche pleine et finissait un bon
morceau. Elle la taisait? du moins je l'ai cru longtemps,
car à cette époque-là je me figurais encore que c'est _au
moyen de paroles qu'on apprend aux ~utres_ la_ vénté.
Même les paroles qu'on me disait déposaient s1 bien le~r
signification inaltérable dans mon esp:it sen~ibl~ q~e J_e
ne croyais pas plus possible que quelqu un qui m avait d'.t
m'aimer ne m'aimât pas, que Françoise elle-même avait
.
1
de peine à douter, quand elle l'avait lu "sur " 1e JOurna,
qu'un prêtre ou un monsieur quelconque püt,_ contre une
- demande adressée par la poste, envoyer gratuitement un
remède infaillible contre toutes les maladies ou un mo!en
de faire rapporter cinquante pour cent sur tout cap1t~.
Mais, la première, Françoise me donna l'exem~le (que Je
ne devais comprendre que plus tard quand il me fut
donné de nouveau et plus douloureusement, comme on
le verra dans le dernier volume de cet ouvrage, par une
personne qui me fut plus chère), que la vérité n'a pas
besoin d'être dite pour êue manifestée et qu'on peut peutêtre la recueillir plus s1Îrement; sans attendre les paroles
et sans même tenir ensuite aucun compte d'elles, dans
mille signes extérieurs, même dans certains phénomènes
invisibles, analogues dans le monde des caractères à ce
que sont, dans la nature physique, les changeme~ts
atmosphériques. J'aurais peut-être pu m'en douter, puisque à moi-même, dans ce temps-l_à, il m'arrivait souv~nt
de dire des choses où je ne mettais nullement la v~nté,
tandis que je la manifestais par tant de confiden~es _involontaires de mon corps et de mes actions, fo'.t bien inter-

A LA R.ECHERCHB DU TEMPS PERDU

93

prétées par Françoise. Mais pour cela il eüt fallu que j'eusse
su que j'étais alors quelquefois menteur et fourbe. Or
le mensonge et la fourberie étaient chez moi, - comme
chez tout le monde - commandées d'une façon si immédiate et contingente, et pour sa défensive, - par un intérêt
particulier, que mon esprit, fixé sur un bel idéal, laissait
mon caractère accomplir dans l'ombre, ces besognes
urgentes et chétives.
Quand Françoise, le soir, était gentille avec moi, me
demandait la permission de s'asseoir dans ma chambre, il
me semblait que son visage devenait transparent et que
j'apercevais en elle la bonté et la franchise. Mais Jupien
révéla depuis qu'elle disait que je ne valais pas la corde
pour me pendre et que j'avais cherché à lui faire tout le
mal possible. Le pensait-elle vraiment? L'avait-elle dit
seulement pour brouiller Jupien avec moi, peut-être afin
qu'on ne prît pas la fille de Jupien pour la remplacer.
Toujours est-il que je compris l'impossibilité de savoir
d'une maniere directe et certaine si Françoise m'aimait
ou me détestait. Et ainsi ce fut elle qui me donna l'idée
qu'une autre personne n'est pas devant nous immobile et
visible, avec ses qualités, ses défauts, ses projets, ses intentions à notre égard, comme un jardin avec toutes ses
plates-bandes au delà d'une grille, mais que d'elle, il
n'existe pas pour nous de connaissance directe, et tout au
plus une inductive et d'ailleurs fort trompeuse, les paroles
et même les actions ne nous donnant que des renseignements insuffisants et généralement contradictoires sur
cette ombre à jamais mystérieuse où nous ne pouvons pas
pénétrer et où nous imaginons tour à tour avec autant de
vraisemblance que brillent la haine et l'amour.

�94

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

J'aimais vraiment Mme de Guermantes ; le plus grand
bonheur que j'eusse pu demander Dieu ellt été de faire
fondre sur elle toutes les calamités, et que ruinée, déconsidérée, dépouillée de tous les privilèges. qui me séparaient
d'elle, n'ayant plus de maison où habiter ni de gens qui
consentissent à la saluer, elle vînt me demander asile.
J'imaginais qu'elle le faisait. Que de fois je me suis
raconté cette histoire ! Mme de Guermantes m'y disait des
choses si tendres que je ne pouvais pas cesser de lui
savoir gré même une fois que j'avais fini de lire, que
j'avais refermé, mon roman intérieur, d'ailleurs purement
d'aventures, stérile et sans vérité. Dans le jugement
général que, une fois l'illusion dissipée, je portais sur le
caractère de Madame de Guermantes, je faisais entrer en
ligne de compte la douceur des mots que, dans ma rêverie,
je lui avais fait prononcer.

a

J'étais -allé retrouver Saint-Loup dans la ville où il était
en garnison. C'était, dans le nord, une de ces petites cités
aristocratiques et militaires entourées d'une campagne
étendue où par les beaux jours flott1: dans le lointain une
sorte de buée intermittente et sonore qui ~évèle les changements de place 4'un régiment à la manœuvre comme
un rideau de peupliers par ses sinuosités dessine le cours
d'une rivière qu'on ne voit pas. Et l'atmosphère, (même
dans les rues, les avenues et les places) finit par y contracter
une sorte de perpétuelle vibratilité musicale et guerrière ;
le bruit le plus grossier de chariot ou dé tramway s'y
prolonge en vagues appels de clairon indéfiniment ressassés, aux oreilles hallucinées, par l~ silence.

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

95

Un souvenir, un chagrin, sont choses mobiles. Un
moment on ne les apercevait plus, aussitoAt ·1
.
.
1 s reviennent
d 1
e ongtemps ils ne vous quittent plus Il
. d . '
ù•
.
• y avait es Jours
o Je ne pensais plus à Mme de Gu
~ M .
.
.
ermantes. ais certains
soirs en traversant la ville pour al!
.
.
er vers 1e restaurant où
dfna1t Samt-Loup j'avais peine ,
h
. ,
.
'
a marc er, on aurait dit
qu une partie de ma poitrine avait été section11é
· h b1
e par un
andatomiste a _
1 e, enlevée, et remplacée par une partie égale
e souffrance immatérielle par un 1,.,.., • l
d
d'
'
"'lu1va ent e nostalgie
amou'.. Et les points de suture ont beau avoir été bien
its, on _vit assez ~alaisément quand le regret d'un être
est substitué aux VJSCeres il sembl
•·1 .
l
'
'
e qu i tienne plus de
p ace qu eux, on le sent perpétuellement et
.
Il
ambiguïté d'être obligé de penser une partie depms que e
SeuJement i·i semble qu'on va·u d
son corps.
b.
.
'
1 e avantage. A la moindre
r1se o~ soupire d oppression mais aussi de la..n
regardais Je ciel. S'il était clair, je me disais. peu~~:ur. IJ!e
est à la cam
•
- re e e
11
. .
~agne, e e regarde les mêmes étoiles et qui
~t s1 en arrivant au restaurant Robert ne
'
d1r . " U
b
'
va pas me
e.
ne onne nouvelle, ma tante m'
.
voudrait te vo · li
. . .
a écnt, elle
ir, e e va venir 1c1. "
Tout en m' h ·
cc D
ac e~mant vers le restaurant je me disais :
y a quatorze Jours que J·e n'ai vu Mme d G
mantes• " Et aussitôt
•
e uer'é · 1
et la b .
. .
ce n tait p us seulement les étoiles
• rt~ mais Jusqu'aux divisions arithmétiques dut
qui prenarent qu 1
h
emps
. . " eEll
que c ose de douloureux et de poét'
Je me disais.
,
1que.
tem
• . e n attendra peut-être pas plus longps pour venir à rési i
Q
long. ,, E .
. p scence. uatorze jours, c'est
et que t Je ne songeais pas qu'elle, elle n'attendait pas
ces quatorze 1·ours de é
.
.
'
travers 1
.
s parat1on, immenses à
e microscope de mon regret qui m'avait permis

=·

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'en compter chaque dixième de seconde, étaient infimes,
peut~tre pur néant, et re teraient tels, même quand
à eux se seraient ajoutés cent fois quatorze jours, pour
M111e de Guermantes qui pendant toùt ce temps n'avait
pas pensé, ne penserait pas une seule fois à moi. Chaque
jour était maintenant comme la crête mobile d'une colline
incertaine, d'un caté de laquelle je me sentais descendre
vers l'oubli, tandis que de l'autre je pouvais, si j'y
retombais, être entraîné par le besoin de revoir Mme Guermantes. Un jour je me dis : " Il y aura peut être une
lettre ce soir" et en arrivant dîner j'eus l&lt;.- courage de
dire à Saint-Loup:
- Tu n'as pas par hasard des nouvelles de Paris.
- Si, me répondit-il, d'un air sombre, elles 50nt
mauvaises.
Je respirai quand je compris que ce n'était que lui
qui avait du chagrin et que les nouvelles étaient celles
de sa maîtresse. ·
J'appris peu à peu qu'une querelle avait éclaté entre
lui et elle, soit par elles, soit qu'elle fiu:' venue un matin
le voir entre deux trains et sans que je l'eusse su.
En tous cas maintenant c'est par correspondance que
leur différend se poursuivait. Elle lui déclarait qu'elle
allait le quitter. Il lui écrivait à tout moment. Il avait
beau savoir qu'elle ne lui avait jamais rien livré de ses
pensées, qu'il ne la connaissait pas, que s'il pouvait
essayer d'induire ce qu'elle désirait, ce qu'elle voulait,
c'était seulement de ses actions et jamais de ses dires qui
n'étaient même pas asse'L uniformément mensongers pour
qu'il suffit d'en prendre le contrepied, malgré cela a
attachait à eux une importance extraordinaire. Au!IÎ

A LA
. RECHERCHE DU TEM PS PERDU
qu~1que persuadé qu'il avait fait
97
Etait possible, dans un m
pour elle tout ce qui
i......,
L
oment comme 1 . .
~t mcchantc avec I . ·1 é
. ce u1-c1 où elle
d
d
m, 1 prouvait I be •
cman er, de la supplier de 1 . éc .
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som de lui
avoir
. à 1u1. reprocher et • u1
nre cc qu ' e11 e pouvait
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s1 en effet elle fin . .
m cr un reproche imméd'
1ssa1t par forde longues pages 'à
é iatcment, il se mettait durant
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11 cessa d'é . à
'
e re ter. Pourtant
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s points et crut d .
c rement, soit par feint
evou soit sin!
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con itions. Et même s'l 1 . é .
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l
J•ugea1t-1
cette inBcxibil 'té é
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croyait qu'elle avait
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'
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amt- oup en tourbillons
il
.
1 cette atmosph 1
aurait peut-être fin .
cre oppressante
l'état de veille de c~par vivre. Mais parfois il avai;
en donne P .
courts répits comme le sornm ·1
. u1s tout d'un cou R
et
nouveau en lui, il venait t
h p obert apercevait de
ro·is, cette idée qu'il éta' bouc . er comme pour 1a premiere
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lt rouillé avec
•
. it découvrir cette idée 1 la
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trois semaines pend t 1 , 1
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pouvaient erre en effet '
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et trop en contradic;i~;:11 r ve calr elle était trop cruelle
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avec e ouven. d
pour qu'il et1t réuss· dé'
ir es années
à en supporter la so ffi
• Jà pendant trois semaines
lité. p ourtant cette idé
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1
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c restait bien en l . à l
-, 1 s éloignait d' Il
.
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a même
c e, y revenait, étoufiàît en lui-

a

y

7

�99

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

même, aurait voulu s'échapper hors de son corps, hors
de la vie.
Il ne dormait plus un instant la .nuit. Une fois il
s'assoupit chez moi, vaincu par la fatigue. Mais, tout d'un
coup il commença à parler, il voulait courir, empêcher
quelque chose, il disait: "je l'entends, vous ne, vous ne ... "
Il s'éveilla. Il venait de rêver, me dit-il peu après, qu'il
était à la campagne chez le maréchal des logis chef. Il
avait remarqué que celui-ci avait tkhé de l'écarter d'une
certaine partie de la maison. Il avait deviné que le
maréchal des logis avait chez lui un lieutenànt très riche
et très vicieux que Robert savait désirer beaucoup son
amie. Et tout à coup dans son rêve il a-vait distinctement
entendu les petit cris que sa maîtresse avait l'habitude de
pousser à certains moments voluptueux. Il avait voulu
forcer le maréchal des logis de le mener aans la chambre.
Et celui-ci le maintenait pour l'empêcher d'y aller, tout
en ayant un air digne, froissé de cette indiscrétion et que
Robert me dit qu'il ne pourrait jamais oublier.
- Mon rêve est idiot, ajouta-t-il, encore tout essoufllé.
Mais je vis bien que pendant l'heure qui suivit il fut
plusieurs fois sur le point de télégraphier à sa maitresse
que la réconciliation était faite. Puis son rêve s'effaça un
peu de son esprit. Il ne savait rien d'elle, il avait beau à
chaque instant attendre une lettre, son ordonnance ne lui
en apportait plus jamais. Restant sans aucune nouvelle,
Robert formait toutes les suppositions. On a dit que le
silence était une force, dans un tout autre sens il en est
une terrible aussi aux mains de ceux qui sont aimés,
Il accroit l'anxiété de celui qui attend. Rien n'invite
tant à s'approcher d'un être que ce qui sépare de lui, or ·

quelle
barrière que 1e s1·1 ence r' On
d. plus
. infranchissable
.
a it aussi que le silence était un supplice
t
bl
de le rendre fou - pour celui q .
é
~
e . capa e
1
.
.'
m Y tait astreint dans
Mais quel supplice' - plus gran d que de garder
1es prisons.
1
e s1 ence, - de l'endurer de ce qu'on aime I R b
disait : "Que fait-elle donc ' pour qu •e11 e se taise
. . o ainsi
ert se1
II
S d
ans
·
. oute e e me trompe avec d'autres. " Et il l'
sait. Et il se disait encore . " Q ' . . d
. aceu' 11
.
.
. . u ai-Je one fait pour
qu e. e se" taise. ainsi . Elle me hait
• peut-être, et pour
t
ou1ours.
Et. il s'acc
efti
t
. usai·t. A'ms1. 1e silence l'affolait en
e
,
par
la
plous1e
et par le remords . ai·11eurs, p1us
c 1
I .
q~• ce u1 des prisons, ce silence-là est prison lui. me. est une cl6ture immatérielle sans doute mais
impénétrable, cett~ tranche interposée d'atmosphère vide
que
les rayons
visuels de l'abando nn é ne peuvent que
tr
E
avcrser.
st-il un plus terrible éc~~~ek~~ce
1.
.
.
qu\~e nous montre pas une absente mais mille et chacune
se
. , dans une
b !Vrantdé à quelque autre trahison . p-_c
auo1s

~;c

n•

rusqueà ,.tente, ce silence, Robert croyait qu'il ail 't
cesser . l .instant
. venir. Il la voyait
a1
. , que 1a lettre a11ait
Il
cil e arnva1t.' il épia·t
. il était déjà désaltéré,
1 chaque bru1t,
murmurait : " La lettre ! La lettre 1 " P .
è
.,
entrevu
• .
. .
·
uis apr s avoir
piéf
cette oasis 1magma1re de tendresse il se retrouvait
san:~n~t avec désespoir dans le désert réel du silence
· sav01r
. 1.1 me semblait impossible
uePour
I moi
• , sans ne~
qa.tmt a1trLess~ de Saint-Loup eîtt réellement l'intention
u1 er. m- même . ne savait
. qu' en penser. Il souffrait
d'avance
sans en oublier une, toutes les douleurs d'
rupture q 'à d'
une
comme u
autr~ moments il croyait pouvoir éviter
les gens qui préparent toutes leurs affaires en vu;

t

�100

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'un départ qui ne s'effectuera pas, et dont la p~nsé~, ~ui
ne sait plus où elle devra se situer le Je~demam, ~ agite
momentanément, désincarnée, détachée d eux, pareille au
cœur qu'on enlève à un malade et qui continue à battre.
.
En tout cas c'est sans doute l'espérance d'une prochame
réconciliation qui lui donnait le courage de persévér~r
dans la rupture, comme la croyance qu'on pourra revenir
vivant du combat aide à affronter la mort. Et com~e
l'habitude est de toutes les plantes humaines celle qm a
le moins besoin de sol nourricier pour vivre et qui apparaît la première sur le roc en apparence le plus désol~, il
aurait peut-être en pratiquant d'abord la rupture par ~emt_e
fini par s'y accoutumer sincèrement. Tous les_ matin~ '.l
venait chez moi l'œil distrait et fixe et ces Jours ou 11
souffrit tant, l'un ap;ès l'autre, dessinèrent dans mon esprit
comme la courbe magnjfique et dure de quelque rami&gt;«:
en fer forgé .d 'où Robert restait à sonder ce mystère qm
l'avait toujours préoccupé, ce que pensait réellement sa
maîtresse, ce qu'elle . était, mais qui était maintena?,t
devenu autrement urgent et douloureux puisque ce qu il
fallait déchiffrer ce n'était plus seulement ce qu'elle pensait,
mais ce qu'elle voulait, ce qu'elle avait résolu, puisque c_e
qu'elle était au fopd, et particulièrement ce_ qu'elle était
par rapport à lui, - son amie pour toujours ou son
esclave haineuse, - n'était plus seulement une essen~e
intime sur laquelle on pouvait disserter, mais alla-it devemr
une réalité effective traduite en actes.
.
Enfin il reçut cette lettre de réconciliation q~'il ava'.t
bien, je pense, imaginée plusieur,; ~illiers d_e. fois, malS
c'était la première que la lettre n était pas sulVJe du doute
si elle viendrait jamais; doute. si anxieux qu'il avait tou-

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

IOI

jours obligé Robert à interrompre une seconde sa pensée
et par là faisait que cette idée de réconciliation possible ou
de rupture peut-être définitive, Robert l'avait à tout
moment abandonnée et ressaisie, plut6t qu'elle n'était
restée en lui immobile. En tous cas, se rapprochant en
un sens du monde de l'esprit, puisque elle était une idée,
par son caractère de perpétuelle présence, par le nombre
prodigieux de fois qu'elle s'était présentée chaque jour
à Robert, elle tenait plutôt de la vie corporelle, organique,
elle avait la fréquence et l'inlassable renouvellement des
mouvements de !_a respiration et des battements du cœur.
Et peut-être seule la souffrance, comme elle lui avait donné
son rythme en y introduisant des interrruttences, l'avaitelle rendue consciente comme ces sensations vitales et
profondes que nous ne remarquons que si elles deviennent
douloureuses.

Il reçut cette lettre où son amie lui demandait s'il
consentirait à pardonner. Aussitôt qu'il sut la rupture
évitée, il vit les inconvénients d'une réconciliation. D'ailleurs il souffrait déja moins et avait presque accepté une
douleur dont il se disait maintenant qu'il lui faudrait
peut-être dans quelques mois _retrouver la morsure. Pourtant il n'hésita pas longtemps. Et peut-être n'hésita-t-il
que parce qu'il était certain maintenant de pouvoir
reprendre sa maîtresse : de le pouvoir, donc de le faire.

Je revins à Paris pour me délivrer de ce fantôme
insoupçonné jusque-là (que m'avait évoqué ma conversation avec elle par le téléphone) d'une grand'mère

�103

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

102

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

vieillie (elle qui pour moi n'avait jamais eu aucun
âge), résignée à ne pas me v?ir, attendant une lettre
·de moi dans l'appartement vide. Hélas, ce fant6me-là,
ce fut lui que j'aperçus, quand entré au sal~n, sans qu~
ma grand'mère f(\t avertie de m~n retour, _Je
t~ouva1
en train de tire. J'étais la, mais plut6t Je n étais pas
encore là puisqu'elle ne le savait pas; et, comme une
femme qu'on surprend en train de faire un ouvrage
qu'elle cachera si on entre, elle était li:rée à des. pensées
qu'elle n'avait jamais eues devant m01. De m01, par ce
. .
pnv1lège
qm. ne d ure qu•un 1·nstant, au moment du

1:

retour, d'assister brusquement à notre propre absence, il n'y avait là que le témoin, l'observateur, en chapeau
et manteau de voyage, l'étranger qui n'est pa~ de la
maison, le photographe qui vient prendr~ un cliché d~
lieux qu'on ne reverra plus. Hélas ce qm se fit, mécam.t .,
ma
quement, dans mes . yeux, au moment ou . J aperçus
grand'mère, ce fut bien une photographie. Nous. ne
voyons jamais _les êtres chéris que dans le ·système ammé,
le mouvement perpétuel de notre incessant amour, lequel
avant de laisser les images que nous présentent. leur
visage arriver jusqu'à nous, les prend dans son tourb1~lon,
les rejette, les applique, sur l'idée que nous nous faisons
d'eux, depuis toujours.
,
Comment puisque les joues, les épaules de ma gr~nd
mère J·e leur faisais signifier ce qu'il y avait de plus déhcat
· _co_mmen t n 'en
et de plus permanent dans son espnt,
eussé-je pas omis ce qui en elle avait pu épa1ss1r et changer,
alors que même dans les spectacles les plus indiff~rents d_e
la vie notre ccil, chargé de pensée, néglige, comme ferait
une t;agédie classique, toutes les images qui_ne concourent

a

pas l'action, et ne retient que celle qui peut en rendre
intelligible le but. Mais qu'au lieu de notre œil ce soit
un objectif purement matériel, une plaque photographique,
qui ait regardé, alors ce que nous verrons dans la cour de
l'Institut au lieu de la sortie d'un académicien qui veut
appeler un fiacre, ce sera sa titubation, ses précautions
pour ne pas tomber en arrière, la parabole de sa chute,
comme s'il était ivre ou que le sol füt couvert de verglas.
Il en est de même quand quelque ruse du hasard empêche
notre intelligente et pieuse tendresse d'accourir comme
elle fait d'habitude pour nous cacher ce que nous ne
devons jamais contempler, quand elle est devancée par nos
regards, qui arrivés les premiers sur place et laissés euxmêmes, fonctionnent mécaniquement
la façon d'un
appareil photographique, et nous montrent au lieu de
l'être chéri qui n'existe plus depuis longtemps mais dont
elle n'avait jamais voulu que la mort nous ft1t révélée,
l'être nouveau que cent fois par jour elle revêtait d'une
chère et menteuse ressemblance. Et, - comme un malade
qui ne s'étant pas regardé depuis longtemps, et composant
à tout moment le visage qu'il ne voit pas, d'apres l'image
idéale qu'il porte de son moi dans sa pensée, recule en
apercevant dans la glace, au milieu d'une figure aride et
déserte, l'exhaussement oblique et rose d'un nez gigantesque comme une pyramide d'Egypte,-moi pour qui ma
grand'mère c'était encore moi-même, moi qui ne l'avais
jamais regardée que dans mon âme, toujours à la même
place du passé, à travers la transparence des souvenirs
contigus, tout d'un coup, dans notre salon qui faisait
partie d'un monde nouveau, celui du temps, celui où
vivent les étrangers dont on dit " il vieillit bien ", les

a

a

�104

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

personnages de roman dont les dernières années sont
isolées et attendrissent, pour la première fois, et seulement
pour un instant car elle disparut bien vite, j'aperçus sous
la lampe, sur le canapé, rouge, lourde et·vulgaire, malade,
rêvassant, promenant au-dessus d'un livre des yeux un
peu fous, une vieille femme accablée que je ne connaissais pas.

** •
Ayant laissé à Paris, malgré le printemps commençant, les arbres des boulevards à peine pourvus de leurs
premières feuilles, quand le train de ceinture nous arr_ê~
Saint-Loup et moi dans le village de banlieue où hab1ta1t
sa maîtresse ce fut un émerveillement de voir chaque
jardinet pavoisé par les immenses reposoirs blancs des
arbres fruitiers en fleurs. C'était comme une de ces fêtes
singulières, poétiqu~, éphémères et locales qu'on vient de
très loin contempler à époques fixes, mais une fête donnée,
celle-là, par la nature. Les fleurs des éerisiers sont si
étroitement collées aux branches, comme un blanc
fourreau, que de loin, parmi les arbres qui n'étaient
presque ni fleuris, ni feuillus, on aurait pu croire, par ce
jour ensoleillé mais encore si froid, que c'était de la n~ige,
fondue ailleurs, qui était restée après les arbustes. Mais les
grands poiriers enveloppaient chaque maison, chaque
modeste cour d'une blancheur plus vaste, plus unie, plus
certaine, comme si tous les logis, tous les enclos du
village fussent en train de faire, à la même date, leur
première communion.
Jamais Robert ne me parla plus tendrement de son

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

105

amie que pendant ce trajet. Je sentais ce qu'elle était pour
lui, et je me rendis même compte que lui dont les
sentiments étaient pourtant d'habitude si délicats envisageait la possibilité de faire un brillant mariage, rien que
pour avoir des sommes d'argent énormes et que vaincue
par une richesse pareille, elle renon~t à l'idée de le quitter.
Seule elle avait des racines en lui ; l'avenir qu'il
avait dans l'armée, sa situation mondaine, sa fortune per90nnelle, sa famille même, tout cela qui ne lui était certes
pas indifférent comptait pour rien auprès des moindres
choses qui concernaient sa maîtresse. C'était à elle qu'il
pensait sans cesse. C'était de là que lui venaient toutes ses
inquiétudes et par moments une ineffable douceur. Seul,
ce '.111i avait rapport à elle avait pour lui du prestige, à
kl1pser non seulement les Guermantes mais tous les rois
de la terre. Je ne sais pas s'il se formulait à lui-même
qu'elle était d'une essence supérieure à tout, mais il n'avait
de considération, de souci, il ne pouvait éprouver de
v&amp;itable fièvre que pour ce qui la touchait. Par elle, il
&amp;ait capable de souffrir un martyre, de connaître des
dBices, peut-être de commettre un crime. Il n'y avait
d'intéressant, de passionnant pour lui que ce que pensait
11 maîtresse, que ce qui était dissimulé, discernable
tout. au plus par des expressions fugitives, - dans l'espace
~01~ de son visage et sous son front privilégié. Si on
s itatt demandé à quel prix il l'estimait, je crois qu'on
n'cdt jamais pu imaginer un prix assez élevé. Car pour la
garder il eO.t certainement sacrifié avec joie n'importe
quelle fortune et tout ce que la fortune sert seulement et
'
peut ne pas suffire, à procurer, comme par exemple une
grande situation mondaine. S'il ne l'épousait pas, c~était

�106

LA NOUV.1!.LLE REVUE FRANÇAISE

pour la garder, pour la retenir chaque jour ~a~ l'~ttente
du lendemain. Il savait en effet qu'elle ne 1 a1ma1t pas.
Sans doute l'amour, semblable, malgré quelques diversités,
chez tous les hommes, le forçait bie~ par moments,
.
c'est une des manifestations morbides les
plus
puisque
1, . .
essentielles à ce mal, à croire que sa maîtresse _a11~a1t.
Mais pratiquement il sentait que cet amour pour lm n empêchait pas qu'elle ne resdt avec lui qu'à ,caus~ de l'ar~ent
qu'il lui donnait et que le jour où elle n a~a1t ~lus _n~n à
attendre de lui elle le quitterait ou du moms v1vra1t a sa
guise.
Pour gagner la maison qu'elle habitait, ~ous ~ongdmes
un petit jardin, sans doute vide et inhabité hier encor~
comme une propriété qu'on n'a pas loué, mais rempli
maintenant par la floraison récente des branches des
cerisiers et des poiriers ; et l'on ne pouvait s'empêcher de
regarder avec curiosité ces nouvelles venues p~r lesquelles
il était peuplé et .embelli et dont à travers la gnlle on apercevait les belles robes blanches arrêtées au coin des allées.
- Ecoute, puisque je voi que tu . regardes tou~ cel~
reste-là, me dit Robert, mon amie habite tout près, Je vais
aller la chercher.
En l'attendant je fis quelques pas ; je passai devant
·
l · ·
là, à la
d'autres modeste jardins. Je voyais en p em air,.,.. et
hauteur d'un petit étage, suspendues dans les feuillages,
souples et légères dans leur fra:ch~ toilette mauve,
de jeunes touffes de lilas, qui se la1ssa1ent balancer_ par ~
brise sans s'occuper du passant qui levait les yeux Jusqu
· pas mes yeux
leur entresol de verdure. Mais ce n'é tait
seuls qui les regardaient. Car j'avais reconnq en elles les
pelotons violets disposés à l'entrée clu parc de M. Swann,

r,.

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

derriere la petite barriere blanche, pour les chauds apresmidi de printemps, et, pour moi, cette ravissante tapisserie
provinciale n'appartenait pas seulement au monde que
nous observons froidement avec nos yeux. Elle en faisait
commencer un autre dont nous sentons que la vision,
- seule chose ici-bas qui nous enrichit, nous donne le
sentiment de la plénitude intérieure et de la joie, s'~tend aussi dans notre cœur.
Je revins aupres des poiriers. Saint-Loup n'était pas
encore là. Tout à l'heure devant les lilas j'avais pensé à
Combray et dans ce jardin-ci c'était bien aussi les Reurs de
Combray, - les Heurs qui avaient fait rêver mon enfance
de tels enchantements que je ne croyais plus que, dans ce
monde médiocre, elles réellement existassent, c'était bien
ces fleurs-là - de poiriers, de cerisiers, que je voyais
attachées aux arbres au dessus de l'ombre propice à la
sieste, à la lecture, à la pêche.
Tout à coup Robert parut, accompaghé de sa maîtresse,
et alors, dans cette femme qui était pour lui tout l'amour,
toutes les douceurs possibles de la vie, dont la personnalité
plus mystérieu ement enfermée dans un corps humain que
le Saint des Saints dans le Tabernacle était l'objet inconnu
sur lequel l'imagination de mon ami travaillait sans cesse
avec le désespoir de l'appréhender jamais, en soi-même,
derricre le voile des regards et de la chair, - dans cette
femme je reconnus à l'instant celle que, dans la maison
de passe où je n'avais jamais voulu d'elle, j'avais surnommœ " Rachel quand du Seigneur" et qui disait à la
maquerelle :
- Alors, demain soir, si vous avez besoin de moi pour
quelqu'un, vous me ferez chercher.

I

�108

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

La pitié que j'aurais dô. éprouver pour Robert ne fut
pas le sentiment qui m'envahit alors. Non, si les larmes
me vinrent aux yeux, ce fut plut&amp;~ par l'excès de la joio.
que me donna l'apparition au fond de moi d'une sorte de
vérité confuse encore, mais qui dépassait Robert et son
amie.
Je me rendais compte de tout ce que nous pouvons
ajouter au petit visage d'une femme si c'est avec l'aide de
notre imagination que nous l'avons connue d.'abord; et
inversement à quels éléments matériels, misérables et
dénués de prix peut se réduire pour un autre homme, ce
qui est pour nous le but de tant d'élans, l'objet de tant de
rêveries. Je comprenais que la femme qui dans la maison
de passe m'a:vait été offerte pour vingt francs sans me
paraître les valoir ni être qu'une prostituée quelconque
désireuse de les gagner, poùvait représenter pour Robert
plus que des millions, plus que le Jockey, plus qu'une
belle carrière, s'il avait commencé par chercher en cette
femme un être difficile à saisir, à garder. Ce qui m'avait
été offert en quelque sorte au départ, ce visage consentant,
ç'avait été pour Robert un point d'arrivée vers lequel il
s'était dirigé à travers combien d'espoirs, de doutes, de
rêves.
Il les avait à jamais agglutinés, pour en faire quelque
chose d'unique, d'indivisible, d'indestructiblement précieux,
à ce visage qui me semblait à moi interchangeable avec
tant d'autres, et sous lequel je n'aurais pas eu la curiositE
de chercher une personne, ces regards, à ces sourires, à
ces mouvements de lèvres, pour moi seulement significatifs
d'un acte général et d'une habitude professidnnelle.
Nous voudr.ions aller dans d'autres planètes, dans

a

)

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

ro9

d'autr~s m~ndes. Mais ces autres mondes existent près de
n~ mfimment différents, et pourtant voisins ou même
misant occuper une seule place à leurs orbes immenses
Sans doute c'était le même mince et étroit visage de cett~
femme que nous voyions en ce moment, Robert t
.
M•
e m01.
ai~ nous ne le voyions pas dans la même monde. S'il eô.t
appns le peu qu'elle était pour les habitants d'un autre
monde, et ~ue chacun pouvait l'avoir, il eô.t cruellement
~er~ m~1s elle n'aurait pas perdu pour lui de son prix,
car il n était pas en son pouvoir de sortir du monde où il
la _vo!ait ~t qui mettait devant elle un voile de caresses,
lui_ a1outa1t ~ne substructure de soupçons. Nous étions
amv~ à ce visage par deux routes différentes qui ne commu~1quer~nt Jamais et hors desquelles on ne peut se
proJeter so1-meme. Comme une mince feuille soumise aux
colos5:1Ies pressions de deux athmosphères, ce visage était
]~ point de rencontre de deux infinis. Nous ne le regardions pas, Robert et moi, du même c&amp;té du Mystere. Et
ces.
' ·1
!°urs o~ i avait tant souffert, ne sachant pas si elle
allait le quitter, ces jours qui avaient dessiné devant moi
comme une courbe magnifique, métallique et dure au
d~ de laquelle Saint-Loup se penchait vers !'Inconnu
maintenant (tant il était probable que pendant ces jours~
là Cette femme n'avait voulu que se rire de lui ou se
l'atta
'
l . chcr davantage, à moins qu'une fortune si inespérée
_u1 ~dt tourné la têtè) il me semblait en voir se profiler
ironiquement l' om bre mcons1stante
·
·
et exactement inverse
Robert vit que j'avais l'air ému. Je détournai les yeu~
,ers I
··
.•
I
es pomers et les censiers du jardin d'en face. Et
eur beauté me touchait aussi. Ces arbustes que J''avais
VUs dans 1 · d·
e Jar m, en les prenant pour de charmantes

�IIO

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

étrangères ne m'étais-je pas trompé comme Madeleine
quand dans un autre jardin elle vit une forme et " crut
que c'était le jardinier". Gardiens des souvenirs de l'àge
d'or, garants de la promesse que dans la réalité même
la splendeur de la poésie et de l'inn_ocence peuvent
resplendir et être la récompense que nous nous efforcerons
de mériter, les grandes créatures blanches merveilleusement penchées au-dessus de l'ombre, n'était-ce pas plutôt
des anges? Nous traversàme-s le village. Les maisons en
étaie(l.t sordides. Mais à c6té des plus misérables, de celles
qui avaient l'air d'avoir été br{llées par une pluie de salpêtre,
un mystérieux voyageur, arrêté pour un jour dans la cit~
maudite, un ange resplendissant se tenait debout, étendant
largement sur elle l'éblouissante protection de ses ailes
d'innocence chargées de fleurs.

***
C'est dans la maladie que nous nous rendons compte
que nous ne vivons pas seuls mais enchaînés à un être
d'un règne différent, dont des abîmes nous séparent, qui
ne nous connaît pas et duquel il est impossible de nous
faire comprendre : notre corps. Sur quelque brigand que
nous tombions au coin d'un bois, peut-être pourrons-nous
arriver à le rendre sensible sinon à notre malheur, du
moins à son intérêt. Mais demander pitié à notre corps,
c'est discourir devant une pieuvre, pour qui nos paroles
peuvent avoir autant de sens que le bruit de l'eau, et
avec laquelle nous serions épouvantés d'être condamnés
.à vivre. Les malaises de ma grand'mère,, passaient souvent
inaperçus à son attention, toujours détournée vers nous,

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

III

Qua~d elle .en souffrait trop, pour tâcher de les guérir,
elles efforça1,t en vain de les comprendre. Mais si les phénomènes morbides dont son corps éta1't le thé a6 t re restaient
·
obscurs
et
insaissisables
à
la
pensée
de
ma
grand'
è
, .
.
m re, 1.1s
eta1ent clairs et intellio-ibles
pour
des
êtr
t,·
es appartenant
au m~me règne physique qu'eux et de ceux à qui l'esprit
humain a fini par s'adresser pour comprendre ce
que lui dit son corps, comme devant les réponses d'un
étranger on va chercher quelqu'un du même pays q ·
. d''
' Eux peuvent causer avec notre corps,
Ul
servira
. mterprete.
nous due si sa colère est grave ou s'apaisera bient6t,
Cottard que, contre mon désir on avait appelé aupres
de ma grand'mère, ordonna - un jour où du reste elle
ne se. trouvait. pas plus mal
. pl us1eurs
.
· qu'elle n'éta1"t de puis
semames déJà • sa température. Dans
qu ' on pnt
presque toute sa hauteur, le tube du thermomètre qu'on
alla
était vide de mercure . A peine
.
. . chercher
.
s1. l' on
distmguai:, tapie au fond de sa petite cuve, la salamandre d argent. Elle semblait morte. On plaça le chalu~eau de verre dans la bouche de ma grand'mère. Nous
n e~es pas besoin de l'y laisser longtemps . la petite
sorc1ère n' avait
· pas tardé à tirer son horoscope.
'
Nous
la
trouvâ
·
b'l
' mes immo I e, perchée à mi-hauteur de sa tour
et n .en bougeant P1us, nous montrent avec exactitùde
1
e ch1~e que nous lui avions demandé et que toutes les
réllex1ons qu'e{lt pu faire sur elle-même l'âme de ma
pauvr~ grand'mère eussent été bien incapables de lui
fournir·' 3 , 3 · p our 1a prem1ere
.,
. nous ressentîmes
f01s
quelque inquiét ude, N ous secouames
tt
bien
fort le thermotn~tre pour effacer le signe fatidique, comme si nous
avions par
.
pu a ba1sser
la fièvre de ma grand'mère

s

la

�A LA RECHERCHE DU TEMPS PEB.DU

I I2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

en même temps que la température marquée. Hélas il
fut bien clair que la petite sibylle dépouvue d'!mc
n'avait pas donné arbitrairement cette réponse, car le
lendemain, à peine le thermomètre fut-il replacé entre
les lèvres de ma grand'mère que presque aussit6t,
comme d'un seul bond, belle de certitude et de l'intuition
d'un fait pour nou in"isible, la petite prophétesse était
venue s'arrêter, au même point, en une immobilité implacable, et nous montrant encore ce chiffre 38, 3, de sa
verge étincelante. Elle ne disait rien d'autre mais nous
avions eu beau désirer, vouloir, prier, elle ne semblait
pas nous attendre et que ce ftît son dernier mot avertisseur et menaçant.
Alors pour tâcher de la contraindre à nou donner une
autre réponse, nous nous adressâmes à une autre créature
du même règne, mais plus puissante, qui ne se contente
pas d'interroger le corp, mais peut lui commander, la
quinine. Nous n'avions pas fait baisser le thermomètre
au-delà de 37 1/2 dans l'e poir · qu'il n'au_rait pas l
remonter au-dessus. Nous ftmes prendre de la quinine à ma
grand'mère et remîmes alors le thermomhre. Comme un
gardien implacable à qui on montre l'ordre d'un supérieur
auprès de qui on a fait jouer une protection, et qui
le trouvant en règle répond : " c'est bien je n'ai rien
à dire du moment que c'est comme ça, passez.", la vigilante
tourière ne bougea pas cette fois. Mais morose elle
emblait dire : à quoi cela vous avance-t-il? Puisque vous
connaissez la quinine, elle me donnera l'ordre de ne pas
bouger, une fois, dix fois, vingt fois. Et puis elle se lassera,
je la connais, allez. Cela ne durera pas toujours. Alors
vous serez bien avancé. Mais, en attendant, comme une

IIJ

parque montanément vaincue, elle tint immobile son

~ u d'argent. Hélas d'autres créatures inférieures, que
1h~e à dressées à la chas e des ces gibiers mystérieux
qu il ne peut pas poursuivre au fond de lui-même nous
.
'
apportaient tous les jours avec une cruauté involontaire
un ~hiftre d'albumine faible mais assez fixe pour que lui
aussi ~rtît en . rapport avec quelque état persi tant que
nous n apercevions pas.

•••
Le ~oc~eW: du Boulbon ayant déclaré que ma grand'

mcre n avait rien, devait "prendre sur elle"

et mener la
Yic de tout le monde, je la décidai, sur les instances de ma
mere, à faire avec moi une première sortie. Comme nous
venions d'arriver aux Champs Ely ées je la vi qui sans me
parler se dirigeait vers le petit pavillon ancien, grillagé de
Vert, semblable aux bureaux d'action du vieux Paris et
dans lequel avaient été in tallés des Water Clo~ts
F~çoise s'y arrêtait souvent, au temps où je jouais ave~
Gilberte. La tenancière de l'établissement, vieille dame à
perruque rousse et à joues plâtrées que Françoise assurait
Atre une marquise tombée dans la misère avait alors
l'habitude de m'ouvrir un cabinet, en me disant: "Vous
ne voulez. pas entrer? En voici un tout propre pour vous
œse~a gratis
.,,, peut-être tout simplement 'comme les
demoiselles d~ ch~ Boi ier ou de chez Gouache, quand
maman entrait faire une commande, me faisaient l'offre
"pour nen
. ,, d' un des bonbons qu'elles avaient sur le
~ptoir sous des cloches de verre, (ce qui ne me caulllt d'ailleurs que des regrets, car maman me défendait

8

�114

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

d'accepter) ; ou peut-être moins innocemment comme telle
vieille fleuriste qui voulait toujours me donner une rose et
me faisait les yeux doux. En tous cas si la marquise avait
du goàt pour les garçons très je~nes, en leur ouvrant la
porte de ces cubes souterrains comme les hypogées égyptiennes et où les hommes sont accroupis comme dessphinxs,
elle devait chercher dans ses générosités moins l'espérance de nous corrompre, que le plaisir de se montrer
vainement prodigue envers ce qu'on aime, car je n'avais
jamais vu d'autre visiteur auprès d'elle qu'un vieux garde
forestier du jardin. Cc fut encore lui que je retrouvai
quand, suivant ma grand'mère qui la main devant sa
bouche, avait probablement une nausée, je montai les
degrés du petit théitre rustique, édifié au milieu des
jardin . Au contr6le, comme dans ces cirques forains oi\
le clown, prêt à entrer en scène et tout enfariné, reçoit
lui-même à la porte le prix des places, la " Marquise",
percevant les entrées, était toujours là avec son museau
énorme et irrégulier enduit de plitre grossier, et son
petit bonnet de fleurs rouges et. de dentelle noire sur•
montant sa perruque rousse. Mais je ne crois pas qu'elle
me reconnut. Le garde délaissant la surveillance des
verdures à la couleur desquelles était son uniforme,
causait, assis à c6té d'elle. " Alors, disait-il, vous êteS
toujours là. Vous ne pensez pas à vous retirer." "Et
pourquoi que je me retirerais Monsieur. Voulez-vous me
dire où je serais mieux qu'ici où j'aurais plus mes aises et
plus de confortable. Et puis toujours du va-et-vient, de la
distraction; c'est cc que j'appelle mon petit Paris l mes
clients me tiennent au courant de ce qui se passe. Tcnci,
Monsieur, il y a en un qui est sorti il n'y a pas plus de

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

115

cinq minutes, c'est un magistrat tout ce qu'il y a de plus
haut placé. Eh bien, Monsieur, s'écria-t-elle avec ardeur
comme prête à soutenir cette assertion par la violence si
l'agent de l'autorité avait fait mine d'en contester l'exa~titude, depuis huit ans, tous les jours que Dieu a faits
. hcures sonnent, il est ici, toujours poli, jamais'
comme trots
un mot plus haut que l'autre, il reste plus d'une demiheure pour lire ses journaux en faisant ses petits besoins.
U~ seul jour il n'est pas venu. Sur le moment je ne m'en
su'.s P~ atr~ue. Mais le soir quand tout d'un coup je me
SlllS. dit:
Tiens mais ce monsieur n'est pas venu. Il faut
. mort. ,, ça m'a fait quelque chose parce que je
q~'1t soit
mattache quand le monde est bien. Aussi j'ai été bien
contente quand je l'ai revu le lendemain 1·e lui ai dit.
"M
. il. ne vous était rien arrivé hier.,,
' Alors il m'a.
. onsteur
dit comme ça qu'il ne lui était rien arrivé à lui que
, si
c'étatt. sa ficmme qui était morte et qu'il avait été
~urné qu'il n'avait pas pu venir. Hé bien il avait l'air
tnstc assurément, mais il avait l'air content tout de même
de rev~nir. 0~ sentait qu'il avait été tout dérangé dans
~ petites habitudes. C'est tel que je vous le dis Monsieur
l.JOUta-t-clle d'un ton plus doux en consta~nt que l;
protccte~ des massifs et des pelouses l'écoutait avec
bonhomie sans songer à la contredire, gardant inoffensive
dans 50~ fourreau une épée qui avait plut6t l'air de
quel~ue mstrument de jardinage ou de quelque attribut
rustique.
Et pu i·s, Je
· ch o1s1s
· · mes c1icnts, je ne reçois pas tout le
monde dans cc que j'appelle mon salon.
Enfin ma grand'mère sortit et songeant qu'elle ne
chercherait pas à effi.cer par un pourboire l'indiscrétion

�u6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

qu'elle avait montrée en restant si longtemps, je battis en
retraite pour ne pas avoir une part du dédain que lui
témoignerait sans doute la marquise et je m'engageai dans
l'allée mais lentement pour que ma grand'mère p1Ît facilement me rejoindre et contînuer avec moi. C'est ce
qui arriva bient6t. Je pensais que ma grand'mère allait
IJle dire : "Je t'ai fait bien attendre, j'espère que tu ne
manqueras tout de même pas tes amis, " mais elle ne
prononça pas une seule parole si bien qu'un peu déçu je ne
voulus pas lui parler le premier; enfin levant les yeux vers
elle, je vis que tout en marchant auprès de moi, elle
tenai,t la tête tournée de l'autre c6té. Je craignis qu'elle
n'etît encore mal au cœur, Je la regardai mieux et fus
frappé de sa démarche saccadée. Son chapeau était de
travers, son manteau sale, elle avait l'aspect désordonné et
mécontent, rouge et préoccupé d'une personne qui vient
d'être bousculée par une voiture ou qu'on a retirée d'wi
fossé. "J'ai eu peur que tu aies eu une naµsée, grand'mère;
te sens-tu mieœc: ? lui dis-je. " Sans doute pensa-t-dle
qu'il lui était impossible, sans m'inquiéter, de ne pas me
répondre. " J'ai entendu toute · la conversation entre la
marquise et le garde me dit-elle. C'était on ne peut plllS
Guermantes et petit noyau Verdurin. Dieu qu'en termes
galants ces choses là étaient mises. " Voilà le propœ
qu'elle me tint et où elle avait mis toute sa finesse, son
goM des citations, sa mémoire des classiques, un peu plus
même qu'elle n'e(tt fait d'habitude et comme pour
montrer qu'elle gardait bien tout cela en sa possessio~,
Mais cette phrase je la devinai plut&amp;t que je ne l'entendis,
tant elle la prononça d'une voix ronchonnante et en ser•
rant les dents plus que ne pouvait l'expliquer la peur de

1. LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

II7

vomir. "Allons, lui dis-je assez légèrement pour n'avoir
pas l'air de prendre trop au sérieux son malaise, puisque
tu as un peu mal au cœur, si tu veux bien nous allons
rentrer, je ne veux pas promener aux Champs Elysées une
grand'mère qui a une indigestion. " "Je n'osais pas te le
proposer, me répondit-elle. Mais ce sera plus sage. Pauvre
chéri à qui je fais manquer ses rendez-vous." J'eus peur
qu'elle ne remarqu!t la façon dont elle prononç;ût
les mots : " Voyons, lui dis-je bn.isquement, ne te fatigue
donc pas à parler, puisque tu as mal au cœur c'est
absurde. Attends au moins que nous soyions rentrés. "
Elle me sourit tristement et me serra la main. Elle comprenait que je m'étais aperçu qu'elle venait d'avoir une
petite attaque.
Nous retraversAmes l' Avenue Gabriel, au milieu de la
foule des promeneurs. Je la fis asseoir sur un fauteuil et
j'allai chercher un fiacre. Elle au cœur de qui je me
plaçais toujours pour juger la plus insignifiante des peraonnes qui passaient, elle m'était maintenant fermée, elle
était elle-même devenue une partie du monde extérieur,
plus qu'à ces passants j'étais forcé de lui taire ce que je
pensais de son état, mon inquiétude. Je ne pouvais pas lui
en parler avec confiance. Elle venait de me restituer les
pensées, les chagrins, que depuis mon enfance je lui avais
confiés pour toujours. Elle n'était pas morte encore. J'étais
déjà seul. Elle était déja une étrangère. Et même ces
allusions qu'elle avait faites aux Guermantes, à Molière,
à nos conversations sur le petit noyau, prenaient un air
sans appui, sans cause, fantastique, parce qu'elles sortaient
du néant de ce ·même être qui demain peut-être n'existerait plus, pour qui elles n'auraient plus aucun sens, de ce

�118

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

néant incapable de les concevoir que ma grand'mère serait
bient6t.
Nous di ons bien que l'heure de la mort est incertaine
mais quand nous disons cela nous nous représen~ons_ cette
incertitude comme un espace vague et assez lomtam, et
nous ne pensons pas qu'elle ait un rapport quelconque avec
la journée déjà commencée et puisse signifier que la mort
- ou sa première prise de posse ion partielle de nous,
après laquelle elle ne nous lkhera plus jusqu'à -:- po~
se produire dans cet après-midi même, si peu mcertun,
avec l'emploi de toutes ses heures réglé d'avance. On
tient à sa promenade pour avoir dans un mois le total
de bon air nécessaire, on a hésité sur le choix d'un
manteau à emporter, du cocher à qui faire signe, on est
en fiacre, la journée est tout entière devant vous, courte,
parce qu'on veut être rentré à temps pour une amie; on
voudrait qu'il fît aussi beau le lendemain ; et on
ne se doute pas que la mort qui cheminait en vous
dans un autre plan, au milieu d'une impénétrable obscurité a choisi précisément ce jo·ur là pour entrer en scène,
da~s quelques minutes, à peu près à l'instant où la
voiture atteindra les Champs-Elysées. Peut-être ceux que
hante d'habitude l'effroi de la singularité particulière à la
mort, trouveront-ils quelque chose de rassurant à ce genre
de mort là-à ce genre de premier contact avec la mort-:parce qu'elle y revêt une apparence connue, familière,qu~
dienne. Un bon déjeuner l'a précédé et la même 5'.1rt1C
que font des gens bien portants. Un retour en vo,~
découverte se superpose à sa première atteinte, et •
malade que fut ma grand'mère, en somme plusieurs per·
sonnes auraient pu dire qu'à 6 heures, quand nous

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

Il9

revtnmes des Champs-Ely ées elles l'avaient saluée, passant

en voiture découverte, par un temps superbe. Même
Legrandin nous donna un coup de chapeau, en s'arrêtant,
l'air étonné. Moi qui n'étais pas encore détaché de la
rie, je demandai à ma grand'mère si elle lui avait
rlpondu, lui rappelant qu'il était susceptible. Ma grand'
mère me trouvant sans doute bien léger, leva sa main en
l'air comme pour dire: "Qu'est-ce que cela fait? cela
n'a aucune importance ! "
Oui, on aurait pu dire tout à l'heure que, pendant que
je cherchais le fiacre ma grand'mère était assise sur un
banc, avenue Gabriel, qu'un peu après elle avait passé en
,oiture découverte. Mai etît-ce été bien vrai ? Le banc,
lu4 pour qu'il se tienne dan une avenue, - bien qu'il
soit soumis aussi d'ailleurs à certaines conditions d'équilibre,
- n'a pas be oin de vie. Mais pour qu'un être vivant se
tienne, même appuyé, même en s'appuyant sur un banc
ou dans une voiture, il faut une tension de forces que
nous ne percevons pas d'habitude plus que la pression
atmosphérique, parce qu'elle s'excerce dans tous Jes sens.
Mais peut-être si on faisait le vide en nous et qu'on
nous laissât supporter la pression de l'air, sentirions-nous
pendant l'instant qui précéderait notre destruction, le poids
terrible auquel rien ne ferait plus équilibre. De même, quand
les abimes de la maladie et de la mort s'ouvrent en nous
et que nous n'avons plus rien à opposer au tumulte
avec lequel le monde et notre propre corps se rue sur nous,
alors soutenir même la pesée de nos muscles, même le
frisson qui dévaste nos moëlles, nous tenir immobile dans
une situation stable que nous croyons d'habitude n'être
rien que la simple position négative d'une chose, mais

�120

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISJ

qui, si l'on veut que la tête reste droite et le regard
calme, exige une véritable énergie vitale, cela devient
l'objet d'une lutte aussi épuisante, aussi désespérée, que
de se tenir accroché par le petit doigt au balustre d'un
balcon, au-dessus du vide.
Et si Legrandin nous avait regardé de cet air étonné,
c'est qu'à lui comme à ceux qui passaient alors, dans le
fiacre où ma grand'mère semblait assise sur la banquette
qui ne pouvait arrêter son corps précipité, elle apparut
sombrant, glissant à l'abîme, se retenant désespérément
aux coussins qui ne pouvaient arrêter son corps précipit~
les cheveux en désordre, l'œil égaré, incapable de plus
faire face à l'assaut des images que ne pouvait plus porter
sa prunelle. Elle apparut, bien qu'à côté de moi, plong6e
dans ce monde inconnu au sein duquel elle avait déjà
reçu. les coups dont elle portait les traces quand je l'avais
vue tout à l'hem-e aux Champs-Elysées, son chapeau, iOR
visage, son manteau dérangés par la main de l'ange
invisible avec lequel elle avait lutté.
Le soleil déclinait ; il enflammait un interminable mur
que notre fiacre avait à longer avant d'arri ver à notre rue
et sur lequel l'ombre, projetée par le couchant, du cheval
et de la voiture, se détachait en noir sur le fond rougeâtre,
comme un char funèbre dans une terre cuite de PompeL
Enfin nous arrivâmes. Je fis asseoir ma grand'mère en bas
de l'escalier dans le vestibule, et je montai prévenir ma
mère. Je lui dis que ma grand'mère rentrait un peu
souffrante, ayant eu un étourdissement. A mes .premiers
mots, le visage de ma mère atteignit a un désespoir
imm_ense et déja. si résigné, que je compris que depuis
bien des années elle le tenait tout prh en elle pour un

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

121

jour incertain et fatal. Elle ne me demanda rien ; il semblait, de même que la méchanceté aime à exagérer les
souffrances des autres, que par tendresse elle ne voultît pas
admettre que sa mère fô.t très malade, surtout d'une
maladie qui peut affaiblir l'intelligence. Ma mère tremblait, son visage pleurait sans larmes, elle courut dire
qu'on allât chercher le médecin, mais comme Françoise
demandait qui était malade, elle ne put répondre, sa voix
s'arrêta dans sa gorge. Elle descendit en courant avec
moi, effaçant de sa figure le sanglot qui la plissait. Ma
grand'mère attendait en bas sur le canapé du vestibule,
mais dès qu'elle nous entendit, se redressa, se tint debout,
fit à maman des signes gais de la main. Je lui avais enveloppé ademi la tête avec sa mantille en dentelle blanche
lui disant que c'était pour qu'elle n'etît pas froid dans
l'esc.alier. Je ne voulais pas que ma mère remarquit trop
l'altération du visage, la déviation de la bouche ; ma précaution était inutile : ma mère s'approcha de grand'mère,
embrassa sa main comme celle de son Dieu, la soutint,
la souleva jusqu'a l'ascenseur, avec des précautions infinies
oà il y avait, avec la peur d'être maladroite et de lui
&amp;ire mal, l'humilité de qui se sent indigne de toucher
à ce qu'il connaît de plus précieux, mais pas une fois
elle ne leva les yeux, et ne regarda pas le visage de la
malade. Peut-être fut-ce pour que celle-ci ne pt'lt pas
s'attrister en pensant que sa vue avait pu inquiéter sa
fille. Peut-être par crainte d'une douleur trop forte qu'elle
t
n osa pas affronter. Peut-être par respect, parce qu'elle ne
croyait pas qu'il lui fdt permis sans impiété de constater
la trace de quelque affaiblissement de l'esprit dans le
visage vénéré. Peut-être pour mieux garder plus tard

�122

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

intacte l'image du vrai visage de sa mère, rayonnant
d'esprit et de bonté. Ainsi montèrent-elles l'une à
cMé de l'autre, - scandalisant presque, par leur froideur,
Françoise qui eüt voulu qu'elles se jetassent en pleurant
dans les bras l'une de l'autre, - ma grand'mère cachée
dans sa mantille blanche, ma mère détournant les yeux.
.. . Maintenant ma grand'mère sentant qu'on ne la
comprenait plus, renonçait à dire un seul mot et restait
immobile. Quand elle m'apercevait elle avait une sorte
de sursaut, comme ceux qui tout d'un coup manquent
d'air; elle voulait me parler, mais n'articulait que des sons
inintelligibles. Alors domptée par son impuissance même,
elle laissait retomber sa tête, elle s'allongeait à plat sur le
lit, le . visage grave, de marbre, les mains immobiles sur
le drap, ou s'occupant d'une action toute matérielle comme
de s'essuyer la main avec son mouchoir. Elle ne voulait
· pas penser. Puis elle commença à avoir une agitation
constan_te. Elle voulut sans cesse se lever. Mais on l'empêchait de le faire de peur qu'elle ne se rendît compte
de sa paralysie. Un jour qu'on l'avait laissée un instant
seule, je la trouvai debout en chemise de nuit qui essayait
d'ouvrir la fenêtre. Peut-être mue par l'un de ces pressentiments, que nous lisons parfois dans le mystère de notre
vie organique si obscure et où pourtant il semble que se
reflète obstinément l'avenir, elle m'avait dit à Balbec le
jour qu'on avait sauvé malgré elle une veuve qui s'était
jetée à l'eau, qu'elle ne connaissait pas cruauté pareille à
celle d'arracher une désespérée à la mort qu'elle a voulue
et de la rendre à son martyre. Nous n'eümes que le temps
de saisir ma grand'mère, elle soutint contre ma mère une
lutte presque brutale, puis vaincue, rassise de force dans son

A LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU

123

fauteuil, elle cessa de vouloir, de regretter, son visage
redevint impassible et elle se mit à enlever soigneusement
les poils de fourrure qu'avait laissés sur sa chemise de nuit
un manteau qu'on avait jeté sur elle quand elle s'était
livrée.
Son regard changea tout à fait, souvent inquiet, gémissant, hagard, ce n'était plus d'autrefois son regard, c'était
le regard maussade d'une vieille femme qui radote.
A force de demander à ma grand'mère si elle ne désirait
pas qu'elle la coiffât, Françoise finit par se persuader que
ma grand'mère lui avait demandé de le faire. Elle apporta
des brosses, des peignes, de l'eau de Cologne, un peignoir.
Elle disait : " Cela ne peut pas fatiguer Madame Amédée
que je la peigne, si faible qu'on soit on peut toujours être
peignée." C'est-à-dire on n'est jamais trop faible pour
qu'une autre personne ne puisse, en ce qui la concerne,
vous peigner. Mais quand j'entrai dans la chambre, je
vis entre les mains cruelles de Françoise ravie comme si
elle était en train de rendre la santé à ma grand'mère,
l'éplorement d'une vieille chevelure qui n'avait pas la force
de supporter le contact du peigne, et cette tête - pour qui
garder une seconde la pose qu'on lui donnait eüt demandé
un effort surhumain, - qui s'écroulait dans un tourbillon
incessant d'épuisement et de douleur. Je sentis que le
moment où Françoise allait avoir terminé s'approchait et
je n'osai pas la hâter en lui disant:" C'est assez", de peur
qu'elle me désobéît. Mais en revanche je me précipitai,
quand, pour que ma grand'mère süt si elle se trouvait
bien coiffée, Françoise, innocemment féroce, approcha une
glace. Je fus d'abord heureux d'avoir pu l'arracher à.
temps de ses mains, avant que ma grand'mere, de qui

�125
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

on avait jusqae là soigneusement éloigné tout miroir,
n'aperç&lt;it par mégarde une image d'elle-même qu'elle ne
pouvait se figurer. Mais hélas, quand un instant après je
me penchai sur elle pour baiser ce beau front qu'on avait
tant fatigué, elle me regarda d'un air étonné, méfiant,
scandalisé : elle ne m'avait pas reconnu.
MARCEL PROUST.

,

1

REFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

LA VIElLLESSE
(Calmann-Levy).

D'HÉLÈNE,

par

Jules Lemattre

M. Jules Lemaître a loué, dans les Lettres à un Ami, les
vieux bonapartistes, ceux qui menèrent et go1Îtèrent la vie
puisienne avant 1870, des anecdotes qu'ils savent raconter, et
des années enviables dont ils demeurent les témoins. Le temps
n'est pas très éloigné, où des vieillards aussi plaisants, contant,
dans les cercles, à des jeunes gens le Paris de leur ige m1Îr,
celui du XIX0 siècle à sa fin, rappelleront avec complaisance
qu'en leur temps, le dimanche soir, un Parisien ne se couchait
pas sans avoir lu les douze colonnes du Sarcey sur papier blanc
et le, douze du Lemaître sur papier rose. La semaine parisienne
n'eüt pas été une table complète sans cette salière, sel de
cuisine d'un côté, sel fin de l'autre. Gros sel et sel blanc,
sachant qu'ils se complétaient, vivaient en bons termes, et
M. Lemaitre ne désignait le Francisque devenu alors une
institution nationale qu'en l'appelant du nom que donnait
Jacques Tournebroche à l'abbé Coignard: "Mon bon maître."
Un jour, un lecteur écrivit aux Débats pour se déclarer agacé
et indigné de mots qu'il jugeait une ironie sournoise.
M. Lemaitre se défendit dans un feuilleton que nous conservent
les Impressions de Théture, protesta de son âffection pour
Sarcey, et termina en disant qu'il n'était pas peu fier d'avoir
été salué par le bon maître, un soir, comme son héritier
présomptif, en ces termes savoureux : " Allez, allez, après
moi c'est vous qui serez la vieille bête ! "

�126

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSI

Cette ancienne page des Jmprmiqns me revenait à la mémoire
en relisant dans la Vieil/me d'Hllbte, une autre ancienne page
des mêmes Imprmions, écrite il y a bien un quart de siècle,
En marge de r ..db/mse de Jouarre, et que, non sans un subtil
et mélancolique dessein,
Lemaître a voulu replacer dam
son livre d'aujourd'hui.
" li y avait autrefois, dans une ville de l'Inde, un vieillard
très saint, nommé Touriri, qui dès son adolescence s'ét~it
appliqué à dompter sa chair afin d'entrer v:vant dans la pa~
du NirvAna. Mais un jour, ayant lu des hvres étrangers, il
reconnut la vanité de son entreprise et cessa de croire à cc
qu'enseigne le Bouddha. Même il écrivit des ouvages où ~
démontrait que le Bouddha n'avait point fait de miracles et qu'il
n'était pas Dieu. Mais, en même temps, il professait une sag~
si haute et si sereine, et ses écrits avaient tant de gdce, qu'il
se fit, dans la ville et dans tout le royaume, un grand nombre
de disciples et d'admirateurs.
" Cependant, Touri_ri continu~it, à vi:re dans. l~ chast~~
afin que nul ne pflt dire que c'était 1 a~tr:ut des plamrs gro~1cn
ui ]';ivait fait renoncer à ses prenuères croyances. Ma1S, à
qmesure qu'il avançait en Age, ·il para1ssa1t
· · auner
·
beaucou~ les
femmes, et il parlait d'elles satis nécessité dans tous ~es li~~
comme si elles l'eussent préoccupé très vivement: ~t. il écr1va1t
elles des choses si douces, si caressantes et s1 délicates, que
sur
lés .
'
tous ceux qui le Lisaient en étaient charmés et troub Jusqu au

M:

fond de leu_r cœur.
,,
" Or, un jou_r, une veuve de trente ans ...
Cc Touriri, qui avait vers 1889 la figu_re d'Ernest Renan,
voici que, pareil à ce portrait de l'artiste que les sculpte~
allemands mettaient au pied d'une chaire à prêcher quand ils
l'avaient achevée, M. Jules Lemaître, le plaçant à la fin de la
Yiei/kue d' Hl/ene, nous y laisse cette fois reconnaître sa. figure
à lui. Il paraît d'abo_rd au lecteu_r que l'auteu_r a t~ut simplement continué à donner des Cqntes en Marge, à exploiter comme

UrLIXIONS SUR LA LITTÉRATURE

127

La Fontaine un genre qui est devenu son modique, mais délicat
et parfa.it domaine. Et cependant, si l'art reste le même, cette
troùimie gerbe n'est pas faite du même blé que les deux autres.
Sarcey avait prédit à M. Lemaître qu'il serait un jour " la
tieille bête " : entendons cela en tout bien tout honneur.
Comme ce pauvre diable qui était si malheu_rcux qu'il en
dmnt Polonais, M. Lemaître doit convenir qu'il a réaJisé la
prédiction de Sarcey, au point qu'il en est devenu royaliste, la
dernière chose évidemment que Sarcey eflt prévue. Je ne sais
pu si, aprcs ce petit conte de Touriri, Renan lui a écrit :
"Ouand vous aurez mon !ge, vous ferez votre ..dblmse de Jouarre,
i ~té de laquelle la mienne ne paraitra plus qu'une très petite
.œm converse." En tout cas la Yieillme d'Hllefle, vieillesse de
l'Hélme intime et spirituelle qui fut l'ame de M. Lemaître,
c'est, comme lui-même nous l'indique imperceptiblement du
doigt par cc retour de Tomiri, son .Abbme de Jouarre.
Il est d'ailleurs très cmieux et très élégant de voir chacune
des trois séries de Marges, pou_r la fantaisie apparente, dessiner
ane figu_re qui n'appartient qu'à dle, et qui marque, dans la
D8Clle du conteur trois nonchalants étages. Au vrai, la première série seule rend le son clair de la vraie sagesse, et chacun
preaque de ses contes est composé, comme une eau très pure,
transparente et sou_riante, de ces deux éléments fluides, la
clainoyance et l'indulgence. Il y a beaucoup de mal dans le
monde, les belles chimères ne font qu'ajouter à ce mal ou du
moim n'en diminuent rien, et, pour alléger un peu son poids,
pour obtenir un peu de bien, vaut seulement une sagesse usuelle,
faite de bon sens et de mesure, humble de cœur et industrieuse
des mains. C'est la leçon de Thtrsite, du Premier Mouvemmt, de
ûs Rois, de la Seconde Yie des Sept Dormants, de presque
tou les autres contes aussi. Dans l'J,,,,ocmte diplomatie d'Hllbte,
la Tyndaride, qui n'est pas encore la vieille Hélène, s'assortit à
œ chœur par les plus françaises des fines et bonnes manières.
Et tout le recueil se placerait sous l'invocation de Sainte Martht :

l'W

�128

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS&amp;

u On ~ait que cette sainte si raisonnable et si modérée devint,

par la suite, la patronne la plus populaire des Méridionauz.
Ainsi le voulut l'indulgente ironie divine. " N' ou.blions pas q1IC
la plupart de ces contes sont contemporains de l'excursion de
Jules Lemattre dans la .politique, alors qu'avec de c;mdidea
artifices, il avait r~vé de faire de la Patrie Franfnise une sainte
Marthe, qui, après avoir tué la Tarasque, fftt deven1.1e la
patronne des Méridionaux et de nous. Espérons qu'il nous
donner.a un jour les Mémoires de sa vie sur ces temps et sur
d'autres: en tout cas voilà dans ces premieres Marges les
mémoitcs de son imagination.
La seconde série contient bien, avec l'Enfant Jésus et le Bo,
Maç{/11, un souvenir de la période des bonnets à poil et des
bonnes élections. Mais, dans son ensemble, elle réalise av«
indépendance et souplesse toutes les significations du titre: elle
s'ouvre, en guise de préface, par la lecture académique S111' lll
Yieux Liores, et, cette. fais, M. Lemaître s'efforce de donner
à .ses contes un tour historique., objectif, de nous faire penser
aux .livres m~mes à l'occasion desquels il les écrit. En marge il
Y-,l/elzardoi11 met en présence, simplement, rnme occidentale
sérieuse, simple et forte, l'âme grecque passionnée de subtilité
et mère des hérésies. Le R,mégat ne vise qu'à évoquer la figure
de Saint-Loui.s. PanuPge marié et Dulcinée mènent le D11
Quichotte et le PantagrUt"l à la conscience cl;iire, à l'intelligence
désabusée et tranquille qui les achève comme la fumée da
soir sur le toit d'une maison humaine. Mère etfille, La F/lllfll#ll
chez !.es Voleurs, le Journal du duc- de Bourgog,ne nous fOJlt
pénétrer aussi délicatement dans le r;:ceur de Madame de
Sévigné, de La Fontaine, de Fénélon. Cette seconde série est
du temps où M. Jules Lemaître, passé des conférences politiques
aux conférences littéraires, étudrait, un peu pour eux-mêmes,
Racine, Fénélon, Chateaubriand. Il cherche, dans les vielll
livres, l'âme de ces vieux livres : il ne leur demande pas, 01
leur demande moins, de nous .révéler, la sienne.

a:ÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

Mais des vingt-trois contes de 1a Vieillesse d'Hélène une
vingtaine redisent à. peu pùs la même sagesse : qu'il n'; a de
mu que l'amour, que tout revient à l'amou:i;, que ne pas faire
.
blement faire des bêtises, et que faire
I' amour c' est 1mmanqua
l'amo'ur c'est peut-être bien, c'est même stîrernent, faire une
~tise encore, mais que c'est au moins faire la bêtise suprême, et
que c'est d'être la suprême qu'elle se révèle admirable et devient
la sagesse. Touriri I "parlait des femmes sans nécessité dans tous
ses livres, comme si elles l'eussent préoccupé tres vivement".
Touriri II, Touriri fils de Touriri, lit des livres qui n'en
~.arlent pas t~ujours; qui, à son avis, n'en parlent pas assez, et
11 l_es condmt rloucement .l. en parler, il s'appuie sur leurs
lict10ns pour les solliciter et les achever dans le sens qui par~
~ess~ tout l'occupe. Les marges des vie11x livres, dans lesquelles
il écnt, r~ssemblent alors .l. celles des livres neufs qu'achètent
les collég1 erls : les premières feuilles de leurs Géorgifuti portent
dans les blancs les notes attentives dont les peuplent Ja bonne
volonté _d'octobre et les oracles rendus par le professeur sur la
grammaire -~u la prosodie; m~is le_ quatrième chant, expliqué
dans les mois chauds de l'annee qm finit, ne reçoit plus sur ses
pages que des profüs de minois tendres, et des nez retroussés
sous des chignons vastes ...

La vieillesse est misérable, parce qu_e sont assis, qui la tourmentent, à ses côtés, les fantômes décharnés de l'Amour, -et
~eme, comme deux Dioscures noirs, ses fantômes alternés et
Jumeaux, l'un qui flétrit Hélene et l'autre qui empoisonne
Pén~o~. " Hélène de Sparte, fille du Cygne et de Léda, était
depuis cmquante ans la belle Hélène. " Elle est " pleine d
so~vemrs
'"d'amour, elle a été aimée des hommes, c'est ellee
ma_mtenant qui veut aimer, et qui, repoussée avec mépris
traitée
de " v1e1
· ·11 e enragée " par un beau capitaine des gardes'
"
e6t_ donné toute sa gloire. pour n'être qu'une .fille de quinze
ans, simplement gentille. " Des artifiees de toilette I'obscurit,
doubl d
,
'
e
e u crepuscule et d'un grand chapeau, lui font ses quinze
9

�130

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSI

an.s pour un petit pâtre qui l'aimeainsi,qui la voulantvoir de pds
la poursuit et va la saisir. " Alors l'héroïque fille du Cygne et
de Uda, tirant un poignard de sa ceinture, le plongea tout
entier dans son cœur avant d'~tre touchée par les mains de
l'enfant et pour qu'il _ne conn*t pas sa vieillesse." - Puis
void, à 1rautre bout d'Homère, la vertueuse gardienne de Il
foi, assise au foyer d'Ulysse. Quand son époux rev~nu tu~ tom
les prétendants, elle commençait à aimer le der:mer arrivé, le
seul modeste et bien élevé d'eux tous, Aristonoos. Certes
"elle s'enorgueillit d'être demeurée fidèle", mais aussi, contln uant d'~tre la sage Pénélope, " comme elle était encore. pl111
triste qu'avant le .r etour d'Ulysse, on croyait que cette tnstCSIC
lui venait de sa piété et qu'elle était convenable à sa vertu. "
Ingres, dans l'Apothéo,e qui entoure le vieillard aux yeux
vides, ayant assis, à ses pieds, l'Iliade rouge entre des armes et
la verte Odyuée sur une rame, groupe à ses c~tés les génies
humains qui lui tendent leur œuvre. Les derruers Contes C1I
Marge mettent sur son tr6ne fragile la vieillesse au cœur
desséché, entre cette trop m!\re Hélène qui se tue et cette
Pénélope d'espoirs morts, de taciturne deuil. Et le conteur
veut que toutes les vieillesses humaines, et celles-la surtoot
du génie, s'approchent du fantôme pour lui porter la même
confidence, pour que ieur vie à eux aussi s'exhale, . ~•
un peu de cette amertume. Voici Racine aux. répetttlODI
d'Esther, qui ne fait et qui ne dit et ~ui n'ente?d avec~
petites filles que les sottises que vous devmez, et qui désonnais,
pour être stlr de lui, n'ira à Sa~t-Cf". qu'avec _M. Despréau.
Voici La Fontaine, tout à fait déreglé, à w1xante-sept ~s
occupé par des jeannetons, par des fillettes qui n'é~aient poi~t
de Saint Cyr, et qui "se disait que l'amour --: et _il entendait
Par là l'amour physique - était de beaucoup la meilleure ~hO!C
. .fi .
'11 CIi
qu'on dH dans cette vie dépourvue d e s.1gn1 cation; ~u .
était plus sth en vieillissant et en se souvenant,'' - mais qui ne
T po!Il
peut supporter que Madame de La Sablière mette un c11cli!

UPLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

131

faite pénitence à sa place, et qui aime mieux faire pénitence
lui-même. Voici Bossuet en personne, qui, ainsi que Socrate
dans ses derniers jours traduisant en vers sur l'ordre du dieu
les fables d'Esope, s'est mis à traduire le CantÏîue des Ca111ifues
"parce que la méditation du Ca"tique des Cantiques, c'est la
,olupté permise aux saints. Et il intitulait sa traduction le
S4it,t Âf11fJur. " Un petit neveu de douze ans, met la main sur
ces vers dans le bureau de son oncle, et, comme il les trouve
trà tendres, il les envoie à Marie de Pécouel, qui a quatorze
ans, et qu'il aime bien, et la fillette, très effrayée, très troublée,
demande à Monsieur de Meaux de la confesser, lui remet les
vcn. "M. de Meaux ne continua pas sa traduction du Ca11tiqu
ûsCantiqus ..." Voici Renan, Touriri et les marges de l'Abbeue ..•
Dans cette anthologie des vieillesses illustres, toutes ces vieillesses
ne sont pourtant pas tendues pareillement du même côté : pour
la vieillesse de Corneille, M. Lemaître a donné à son anecdote
un tour généreux et délicat, ne se permet pas d'oublier que
Corneille est Corneille.
Ce sont les contes d'une soirée d'automne dans la vallée du
Loir. Ils sont en finesse et en réticences ; derrière ces brumes
transparentes tremble une conscience quelque peu troublée, et,
comme sous leur hasard apparent, les trois gerbes sont fort
adroitement composées, il semble que les deux derniers des
nouveaux contes, la /Tierge SarrafÏne et les Grands Soulier,
répondent en fin du livre à ce que sont au début, dans les
deux marges de l'Ody,sle, Hélene et Pénélope. Une statue de
Vierge, sculptée avec le souvenir d'une femme d;Orient par un
imagier qui avait rapporté de la croisade une concubine
naahométane, est habitée par un démon, et cette statue fait
tomber sur ceux qui la prient tous les malheurs mêmes qu'ils
lui demandent de détourner. Elle est désensorcelée un jour
qu'elle est priée par une jeune fille tout innocente, et que la
vision de la jeune fille a purifié l'imagier de ses mauvaises
ardeurs. Puis c'est le conte de la petite fille à qui l'ange de

�132

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

Noël n'apporte rien parce qu'elle a mis au pied du poële, non
des souliers à elle (qui d'ailleurs n'en a pas), mais d'énormes
souliets de charretier (que d'ailleurs elle a volés), et qui
trouve le bonheur quand elle a rendu les gros souliers. De sorte
que le livre se termine, ·en somme, par de la sagesse authentique
tout de même, une sagesse qu'on n'osait plus espérer. La
vieillesse d'Hélène et celle de Pénélope se sont évanouies pour
laisser la place à la fraîcheur et aux sources de jeunesse : un
regard bleu exorcise les fant&amp;mes luxurieux d'Orient, - et
Célesrine nous indique la vraie science du bonheur et du
malheur : la vie triste et manquée est celle qui a demandé au
sort qu'il jette ses dons en les plus disproportionnées chaussures,
les hommes avides et sans goftt lui tendent à remplir des soulien
trop grands qui ne sont pas les leurs.
Dans Panurge marié, M. Jules Lemaître faisait boire à Panurge
" ce vin blanc de Vouvray qui sent jusqu'à la dernière goutte
le pressoir et la vendange, et qui continue, même en bouteilles,
à vivre sa vie propre et à subir l'influence des saisons, tour à
tour sec et sucré, pétillant ou paisible, suivant que là-haut, sur
le sol pierreux, la vigne sa mère porte des fleurs ou des grappes."
Les deux dernières bouteilles, je veux dire les deux demien
contes, sont! du sucré et- du paisible, et de fait il y a, tout de
même, souvent, dans certaines de ces bouteilles, un excès de sucre
qui doit plaire aux vieilles dames gourmandes; mais les vrais
amateurs, j lesf fins buveurs, savent aussi où trouver leur part.
Remarquez que le vin de M. Lemaitre, si docile "_dans sa
transparente prison de verre", aux influences des saisons, ~
comporte beaucoup moins bien en tonneaux : il m'arrive parfois
de relire quelques Contemporainr, et je retrouve à chaque
bouteille débouchée la plénitude de leur corps et la fraîcheur
de leur bouquet,; mais le Rousrean, le Racine, le ChateaubrianJ.
ii j'en tire une page dans ma tasse d'argent, me paraissen_t tout
de suite d'une année inférieure (outre que, pour les besoms de
la conférence, le jus!de la grappe y est quelque peu chaptalisé),

llÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

1 33

Pareillement si le tiers au moins des Contes ont toute la savoureuse substance des vins de 1906 et de 191 r, si les deux autres
tiers sont encore, à des degrés divers, fort agréables, la seule
fiction que M. Jules Lemaître nous ait donnée en cercles, son
roman des Rois ne nous a offert, quand nous l'avons gofttée,
qu'un jus fade et douteux. Ne souhaitons donc plus qu'ajouter
à ces rangées de V ouvray encore des bouteilles neuves qui
deviendront de vieilles bouteilles. Après tout, cette sagesse en
bouteilles ne diffère pas en nature de la sagesse des énormes
foudres rabelaisiens, et le Panurge marié où Pantagruel démontre
délicatement a Panurge qu' "il est donné à tous maris d'être
cocus, mais non pas à tous d'être trompés; cela n'est donné qu'à
ceux qui avaient droit de compter que leur femme leur serait
fidèle," a pour dernier mot le même qui couronne le " Panurge
à marier" du grand François: Buvons !
ALBERT THIBAUDl!T.

�'NOTES

1 34

1 35

Le député en mal de portefeuille, qu'il ait à le défendre ou à le
conquérir, n'a pas souci, hélas ! de la postérité ; cynique au
rire lourd, à courte vue, abêti par ses convoitises, il vit dans le

· NOTES

LA LITTÉRATURE
DANS LE CLOAQUE, par Maurice Barrès (Emile Paul,
2.

fr.).

Que M. Maurice Barrès soit déplacé au Parlement, la chose
est slire et il le sait mieux que personne. Je ne jurerais pas
' qu'il n'en souffre point quelquefois. Son got'lt de l'action ou si
l'on aime mieux de la pensée active, essaie cependant de s'y
satisfaire: oh ! il s'y satisfait de peu. Sa qualité d'opposant ne
permet pas au romancier de l' Energie Nationale d'assumer un
r6le plus intéressant et moins vain que celui de protestataire...
Si médiocre pourtant que soit condamnée à demeurer là son
influence effective, on ne' regrette pas toujours de l'y voir s'être
fourvoyé. Malgré la suspicion, la " distance", dont pour son
talent même il est dans ce milieu l'objet1 de temps en temps
il élève la voix et ose monter la question à son véritable étiage.
On ne le suit pas ; on l'écoute - et certaines bonnes consciences de parlementaires moins jacobins puisent dans ses
interventions inutiles une sorte \le rassérénement. Au fait, il
n'est pas à la Chambre pour agir ; ni même pour parler : il
est présent, il enregistre ; c'est le " témoin " de nos mauvaises
mœurs. N'ayant droit à aucune ambition - gouvernementale, il
se sent libre de ses mouvements et de ses jugements ; il n'abdique jamais sa supériorité intellectuelle et naturellement se
place "sub specie a:ternitatis ". C'est le délégué de !'Histoire.

Jdsent. Tout de même, je ne suis pas sôr qu'au dernier de ses
joun, ayant pris honorablement sa retraite, il considère avec indül'ércnce le portrait sans ménagements qu'aura tracé de lui un
krivain de race et qui, autant qu'on peut prédire l'éternité
à aucune œuvre, le déshonore à tout jamais. J'aime à me figurer
. moments de séance où sa bassesse passe l'excès,
qu'à certams
il se dit : " Il est là" et réprime un petit frisson en rencontrant
l'implacable regard du juge. - Voilà "Qne tkhe enviable et
M. Barrès, croyez- le, l'a assumée sans répugnance. Il entre, avec
un haut-le-cœur" dans le cloaque", mais il aime son haut-le-cœur.
Au fond, la même attraction morbide qu'exercent sur lui Venise
et Tolède, les villes mortes, sanglantes et pourries, l'a conduit au
Palais-Bourbon et il savoure le spectacle honteux d'une" grande
~nec", comme il ferait celui d'une course de taureaux. Mais
le dégoôt auquel il se complaît, au lieu de susciter quelque
rêverie poétique au rythme prenant et flexible qui déforme
parfois l'objet, réveille en lui le don de la froide invective,
~e et dure comme un constat. Une des principales qualités
de son tal~nt, c'est la stlreté du coup d'œil, la prise directe sur
les ch~es visibles, qu'il s'agisse d'un paysage ou d'un homme,
quand 11 consent à l'objectivité. Nulle part elle ne remplit mieux
et plus complétement son rôle que dans les tableaux politiques ;
ils sont presque toujours puissants et magistraux : on se
IOUVÏent de Leurs Figures, des Scènes du Nati()11a/isme ... - Mais
~encore on jugeait trop sensible la passion du partisan. Boulangiste, anti-panamiste, nationaliste, anti-dreyfusard, M. Barrès
~vain perd à se m~ler à la lutte. C'est autre chose, cette fois.
Dt1111 lt c~111e, l'impuissance de son parti le place hors du jeu,
en nn détachement supérieur qui laisse aux faits toute leur
force, qui les présente à point et les laisse parler tous seuls. La
commission d'enquête de 1914 n'aura pas été une ridicule

�136

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSI

parade, puisqu'elle nous aura valu à tout le moins des morceaU1
comme celui-ci:" Nous n'assistons pas là à des chocs de systèmes,
mais à des luttes de personnalités. Je regarde MM. Caillaui,
Briand et Barthou. Pourquoi se battent-ils ? Us sont si bîen faita
pour collaborer l Ce·sont des intelligences capables de s'engrener
les unes dans les autres comme les roues d'une montre. Il ne
manque que l'horloger pour monter, ajuster l'instrument. Nous
vivons en parlementarisme et la règle du jeu, c'est la bataille,
etc." Je citerais tout le chapitre. Et qui oubliera, l'ayant la,
le portrait de M. Monis, lequel " semble caché dans un sac de
pommes de terre " ?

H. G.

LE ROMAN
UN CABINET DE PORTRAITS par Ernest Tiutrm
(Nouvelle Revue Française, 3 fr. 50).
On a pu lire ici, signés de M. Ernest Tisserand, une suite
de curieux morceaux· qui ont pris place dans son Cabinet d4
Portraits ; ils nous donnent une idée juste sinon complète de
l'ouvrage et me retirent le droit et le plaisir d'en parler moins
brièvement. - Le mot " portraits " ne me satisfait ;as. Il peut
induire en erreur le public. "Portraits imaginair~ ' aurait à
mon gré plus d'exactitude. Je ne conteste nullementlesqualités
d'observation aiguës et variées dont M. Tisserand dès son début
fait preuve. li possède un répertoire d'images puisées directement dans la vie que pourraient lui envier bien .des écrivains
plus mftrs. Mais la pleine objectivité n'est pas de son âge ; il Y
parviendra quelque jour. En attendant je ne Euis considérer~
personnages comme des êtres qu'il a coudoyés et sui: lesquels il
aurait mis la main, mais comme des reflets de lui-même. C'est

l}

NOTES

1 37

le jeu, tout le jeu, étalé au grand jour, des possibilités qu'il
sent au fond de soi, contradictoires et étranges. Il donne une

forme visible, mouvante, humaine, fortement synthétique à
chacune de ses inclinations, de ses tentations, de ses folies. Il a
un cerveau de romancier, avide de dédoublement et il _faut
avouer que sa collection de types, conçus à peu près tous a priori, ,
est d'une assez étonnante variété. Tous sont nés invinciblement d'un sentiment poussé à bout : An,elme, ou l'insatisfait,
qui a tout et toujours "espère" ; le médecin "perturbateur"
qui renverse l'ordre du monde ; Sulpi~ ou le faux-criminel,
que sa mauvaise conscience fait s'accuser d'un crime dont il
u'est que capable ; et celui- que l'horreur du laid pousse à
tuer ; et le chaste que l'amour obsède, etc., etc ... Le procédé l
est peut-être facile et à la longue fatigant. Mais M. Tisserand
ea.it le diversifier ; il y incorpore aisément toute la gamme
des émotions humaines,. de la terreur à la mélancolie ; il
arrive même qu'il y échappe, en des morceaux souples et
authentiques qui sentent la réalité. Il a de l'ironie et de la poésie.
En mO:rissant il perdra cette outrance, cette continue cruauté à 1
la Mirbeau, qui parfois nous offusque. Nous avons confiance en
son arenir.

H. G.

,

LE THEATRE
AU VIEUX COLOMBIER: L'EAU DE VIE, par Henri
GAion. - LA NUIT DES ROIS de Shakespeare, traduite par
TA. LascariJ.
Comme le Pain joué naguère au Théâtre des Arts était une
tragtdie populaire, l' Eau de rie porte en sous-titre : tragédie
riutifut. Ces mots ne tendent point ici à quelque classification

�138

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

scolaire, mais définissent, dans son inspiiation même, la pièce
de Henri Ghéon. Mais il faut s'entendre sur le sens du terme
tragédie." On confond lrop souvent, écrivait quelque part Henri
Gheon, l'art 'Sa~ré, total, populaire, l'art de "plein air" des
Grecs, avec l'art créé-par Racine, art nuancé, discret, subtil, art
en dedans qui ne s'adresse qu'à l'élite." C'est bien ici d'un art
de plein air qu'il s'agit ; et "populaire" ou "rustique" ne
désignent pas tant le faubourg et la ferme où l'action se passe,
qu·'ils ne cherchent à déterminer le genre même de la peinture,
la tonalité générale de la fresque. Jules Renard a dessiné des
figures de paysans, il a écrit des histoires naturelles qui sont le contraire de "rustiques" ; il a fait preuve d'un art menu, net,
intelligent et contenu. L'art de !'Eau de Yie veut être tout
l'opposé : large3 simple, emporté dans un grand mouvement;
il ne fait appel qu'aux éléments psychologiques les plus courants,
les plus faciles à reconnaître, les moins cérébraux ; il peut se
passer de cette attention aiguë, rapide qu'on demande d'une
élite' intellectuellement entraînée. Le Pain a été joué de faubourg
en faubourg au cours d'une tournée électorale ; r Eau de Yie
. -pourrait être représentée sur quelque "Théâtre du peuple", et
là seulement, cet effort de réaction contre ce que notre thHtrc
a de trop .fignolé, de· trop savant, de trop mondain, cette
protestation contre - si j'osais dire - le "théâtre de chevalet"
prendrait tout son sens et sa portée.
Tragédie, !'Eau de Vie l'est par son sujet, par cette fatalit~
de l'hérédité et du vice, plus forte que les volontés individuelles et qui entratne une famille vers son anéantissement. D
y a là un équivalent du Destin antique, une force aveugle qui
donne le sentiment de la faiblesse de l'homme et qui finit par
le broyer. Cette pièce est encore tragédie parce qu'elle est, avant
tout, lyrique. Elle marque une étape de ce grand mouvement
qui s'efforce depuis vingt ans à trouver un terrain d 'entente, à
amener une réconciliation entre le réalisme scénique et la poésie.
Écrite il y a déjà quinze ans (deux actes en parurent dès 1900

ROTIS

1 39

dans }'Ermitage) la pièce d'Henri Ghéon était un des premiers
appels vers un art qui serait une '' exaltation du réel." Lyrisme
de l'action, lyrisme de la forme. Un rythme indiscontinu
emporte les scènes, commande le mouvement des mots et des

rq,liqucs entrecroisées, les soulève dans une croissante ivresse.
L'E• de Vie est entièrement écrite en vers irréguliers, soutenus

de rimes et d'assonnances, groupés en strophes. Le spectateur a
pu, distrait par la couleur et Je mouvement du spectacle, ne pas
percevoir ce délicat travail prosodique ; mais il y a été sensible
laJIJ le savoir. Ce frémissement, ce dialogue serré, dru, sans
matière morte, tout nerfs et muscles, ce bondissement des
r6pliquea : tout cela n'appartient pas à la prose. Là où le dialogue est par trop coupé, cet effet musical est perdu pour
l'oreille. N'en est-il pas de même avec l'alexandrin, chaque
fois qu'il est brisé en courtes répliques ? Mais dans un cas
comme dans l'autre, l'obscur travail de versification garde une
raûon d'être, puisqu'il ménage les transitions et permet aux
morceaux plus amples et plus proprement lyriques de prendre
WIS à-coup leur essor. On ne saurait trop admirer le tact avec
lequel les rythmes larges se dégagent des rythmes confus, et le
lyrisme libre, du parler quotidien, pour s'y perdre à nouveau
l'instant d'après. Dès que les vers peuvent s'éployer, leur
martellement, leur balan est irrésistible. "Misère .' crie le père
F089al'd en désignant son fils infirme,
Et dire i;ue {a a flécu
- Par 9uel abUJ .'
Quand on a des mains 1ui ne peufltnt pas prendre
li n'est pas permis de les tendre !
Quand on a des jambes de laine
Comme ses bas,
On ne marche pas !
Quand on a de l'eau dans IN fleines
En fait de sang,

�140

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISl

Au premiers froids
On casse comme la pierre gélive !
Et quand on n'est pas fait pour viflre,
On ne vit pas !
Simpleme11t.
Ceux qui l'ont entendu n'oublieront jamais · l'accent dQ
Dullin prononçant ces mots, ni la carrure épique que prenait
son personnage dans ces moments puissants,
L' Eau de Vie est en quelque sorte une tentative de drame
choral. Si l'on en excepte l'infirme Lucas contre qui se déchatne
la catastrophe, la robuste famille du vieux Fossard ne forme
' qu'un bloc. Les individus n'y sont qu'?i peine différenciés. Ce
qui compte c'est cette forte vie collective, cette rude promis,.
cuité autour d'une seule femme. Il n'y avait pas place pour dct
récits ou des explications ; ce qu'il s' agissait de rendre, c'est le
bourdonnement de cette ruche sauvage et rien ne s'y prêtait
comme ces haletantes répliques dont on n'aurait su distinguer,
le plus souvent, de quelles bouches elles étaient parties. L'effet
s'est trouvé si violent qu'il a, plus d'une fois, dépassé ce que
l'auteur voulait nous infliger d'angoisse, et que tous nos nerfs
se crispaient blessés par une trépidation intolérable. C'était
dépasser la mesure de ce que le public peut supporter d'horreur
et d'énervement.
Quel curieux déplacement la réalisation scénique fait subir
au centre de gravité d'une pièce ! Il y a du vrai dans ce que
rabâchent les pères Sarcey de l'indispensable habitude des
planches. Certains éléments, discrets et subordonnés dans le
livre, font les importants sur la scène et tirent à eux toute
l'attention. Il en est ainsi de tout facteur réaliste. Nous avons
vu le Testament du Père Le/eu, avec sop vieillard qui mourait sur
la scène, prendre des airs de drame beaucoup plus noir que
l'auteur ne l'avait pensé, et de même, dans l' Eau de Vie, le
dosage du réel et du lyrisme s'est trouvé faussé aux dépens de

NOTES

la ~ie. Il suffisait du patoisement pour que la beauté verbale
ftt comme couverte d'un voile, et en regard de la précision que
prenaient matériellement certaines figures, le mouvement dionysiaque n'était plus assez fort pour motiver leurs gestes. C'est
ainsi que le rôle du petit Lucas, qui est la partie faible de
l'œuvre, perdait sa consistance et n'offrait plus à l'action un
assez ferme point d'appui. Sa révolte contre les siens paraissait
toute en paroles et ne répondait plus à ce que le reste de la
pièce avait pris de réalité.
L'Eau de Vie, après quinze ans, reste une hardie tentative
pour mettre en œuvre de nouveaux moyens d'expression
dramatique. Déjà dans un ancien article sur la Noblesse de la
Tme de M. de Faramond, Henri Ghéon louait l'auteur d'avoir
introduit dans sa pièce le chœur parlé. Il a tenté lui-même
l'expérience avec un parti-pris plus résolu. Quant au vers libre
"qui commande le geste, qui crée le mouvement, qui est par
essence dynamisme, action, drame", sa cause n'est plus à
plaider. L'Eau de Vie, dans ses parties amples, en montre les
ressources de force et d'accent. Plwcas le Jardinier fera voir, l'an
prochain, quel fluide et racinien dialogue un poète commè
Francis Vielé-Griffin peut en tirer.

Le ThéAtre du Vieux Colombier a clos sa première saison
aur un triomphe. Il est réconfortant de penser que c'est avec
une comédie de Shakespeare, c'est-à-dire une pièce de répertoire à la disposition de qui veut la prendre, que c'est en
jouant cette œuvre, sans luxe de décors, sans tapage ni "clou"
d'aucune sorte, que le Vieux Colombier a remporté son plus
beau succès. Voici démenti, une fois de plus, le préjugé routinier qui écartait de nos programmes quelques unes des plus
belles œuvres dramatiques, sous prétexte qu'elles n'étaient pas
du "théâtre" et que le public n'y prendrait pas d'intérêt. Le

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

public peut être injuste à l'égard de drames noirs ; il ne l'est
jamais en face des chefs-d'œuvre souriants. Mais il faut que la
jeunesse de ces chefs-d'œuvre ne soit pas affublée du morne apparat des scènes officielles, ni glacée par le jeu de vieux messiean
et de vieilles dames qui en détiennent les rôles comme des
viagers ou des bureaux de tabac.
Quand on n'a lu la Nuit des Rois que dans les traductions courmtes, dans la raboteuse version de François Victor-Hugo ou dam
les molles paraphrases de Montaigu ou de Guizot, on est tout
étonné de découvrir l'adorable poésie, la vie qui frémît d'un boat
à l'autre de cette pièce. La folle fantaisie y reste toujours coMrente, la préciosité y demeure émue. Il y a parmi la libre
trame des images, de brusques ouvertures sur les profondeun
de la passion, mais si rapides, si discrètes, qu'on hésite à
vraiment il faut donner aux paroles légères le sens qu'on a
entr'aperçu ; et sans cesse on se demande, tant Shakespeare
semble attacher peu de prix à ses trouvailles, si ce n'est pas
nous qui prêtons trop de signification à de fortuites rencontres
de syllabes. Il en résulte une sorte de plaisir anxieux et
délicat, une allégresse exquise, aussi près du fou rire que
des larmes.
Les représentations du Vieux Colombier avaient lieu WII
coupures. Des scènes comiques qu'on présente comme intraduisibles, pas une n'était sautée; pas une réplique même ne man•
quait. Tant il est vrai que les mots, que les calemboun de
Shakespeare jaillissent le plus souvent des caractères mêmes, et
qu'à côté d' une certaine drôlerie qui peut difficilement passer
d'une langue à l'autre, il subsiste dans les plaisanteries et les
coq-à-l'~ne un fond éternel de comique et de vérité. L'action
pas un instant n'a paru traînante ou confuse. Bien que cette
folle comédie garde toutes les marques de l'invention la plus
libre et presque de l'improvisation, elle est dessinée avec un si
juste instinct, toutes les parties se balancent si parfaitement,
l'émotion et le rire alternent avec un tact si sür, que bien des

NOTES

1 43

pi«es plus laborieusement composées n'approchent pas de cette
perfection.
Ajoutons que décors et costumes étaient admirablement
propres à diriger l'esprit du spectateur vers ce qui est le centre
l'essence, l'!me ailée de la pièce. Je disais ici même le plaisi;
que m'avait causé une représentation de la Nuit des Rois au
Savoy Theatre de Londres; mais combien l'interprétation et
les costumes en eussent parus ternes et conventionnels en regard
de ce qu'on a pu voir au Vieux Colombier ! Là, la fantaisie de
M. Duncan Grant avait composé des costumes où se mêlaient
t~utes les contrées et tous les siècles : ceci faisait penser à
Pisanello, cela au temps de Cromwell; on apercevait une femme
enveloppée dans le voile rose d'une Tanagra près d'un duc à
couronne d'or qui semblait emprunté aux figures d'un jeu de
cartes. Et le tout se fondait si heureusement, excluait si francheme~t tout souci d'érudition et de ré~ité géographique, que le
fragile quiproquo de l'intrigue ne venait buter contre aucune
pdoccupation de vraisemblance et qu'on se laissait tout naturellement transporter dans le royaume de la passion et de la
poésie.
"~ Nuit des Rois, écrivait M. Léon Daudet, appartient au
dernier cycle du génie shakespearien·. Composée vraisemblablement peu d'années avant la mort du poète, elle correspond à
cette conception féerique et a.mère de l'existence qui paraît

etrc le pins haut point de sa philosophie. Il se fit à ce moment
dans son esprit capable de tout embrasser, une sorte de fusio~
entre le rêve et le réel, fusion à la fois sensible et volontaire
qui lui permet de se jouer au des~us de la passion, de la douleu;
et du destin, dans une sorte d'atmosphère mélancolique, dans
une griserie
· · 1uc1'd e. Alors 11
· se complait
• aux travestissements
a1IJC superc h enes
. de sexe et de costume,
.
aux rencontres impré-•
vu~ dans des contrées imaginaires, de tempéraments disparates
qui, par leurs conflits ou leur juxtaposition, composent une
trame brillante et troublante. Il s'amuse a justifier les règles

�LA

144

OUVELLE REVUE FRANÇAlSI

de la morale par les hallucinations de la joie ou du simple
plaisir, à mettre la sagesse dans le vin et la malice dans la
folie. Il avive d'une parole ailée, rapide comme un regard
d'amante, la souplesse délicate de ses hérolnes ; car nul n•a
exprimé comme lui•ce qu'il y a de diapré, de mouvant et de
sous-entendu dans l'esprit féminin, qui participe de l'eau et
du feu, et la caressante fantaisie de ces cœun instables, s'ils ne
sont éperdument fixés. La tigrerie des lil~es de _Shakes~
forcément voilée chez les victimes telles qu Ophélie, Cordél11t
ou Dcsdémone, apparait clairement dans les féerie!, où ~"
peuvent s'en donner à cœur joie, être. elles-me~~ co:m,
bondir, rire et pleurer à leur aise, parmi la complicité d une
nature peuplée de lutins et de sylphes, d'épisodes mutins et
railleurs à leur ressemblance. Manifestement, ce qui plait •
Shakespeare, à ce moment frénétique de sa courte vie, c'est_non
plus le caractère fixe et rigide, mais le type ondoyant et d1nn
comme messire André, le fantoche en lisière du tragique,_ l'~
construit de diverses possibilités. Il accumule les pén~tlel
d'apparence inextricable pour avoir le plaisir de les débrou'.ller,
non plus par la mort et le sang, mais par le rire et les bai~
Il enchevêtre les problèmes du cœur jusqu'au moment où il 1C
fondent, s'évanouissent dans une solution très simple, à laquelle
•
personne saufl m,. n 1avait
song é. "
_ Il ~t amusant de rapprocher cette page parue dans l'ÂclÎIII
Fr411faÏle, des jugements prononcés presque au même moment,
sous les auspices du plus grand éditeur d'auteurs étrangers, par
M. Georges Pellissier. 1 On lit dans sa préface :
"Ayons le courage de le dire, ce dieu du th~tre est ~n !RI
mauvais dramatiste. Nous montrerons qu'il taille ses pi~es l
coups de hache, que l'invention lui manque, que son pathetiqoe
rdève en général du mélodrame et son comique d~ la f~
qu'il n'observe le plus souvent ni la vérité matérielle, nt la
1

Slraktiptare tl la s11pmtition shakttptaritnnt (Hachette, 3 fr. so).

145

OTIS

ririté morale, qu'il ne sait pas composer un personnage, qu'il
111bstituc des effets de scène ou des déclamations ampoulées
l l'malyse psychologique, qu'il prend enfin la place de ses
ICte1ln pour parler lui-même par leur bouche." Rien que cda !
lt au long de 303 pages, M. Georges Pellissier démontre. Le
mieux qu'on pourrait faire à l'égard d'un tel livre, c'est de le
paei- sous silence. On pardonne à Tolstol ses bizarres pamphlets sur Wagner et Shakespeare ; on peut bien pardonner
quelque chose à M. Georges Pellissier. Mais vraiment il apporte
à IOD réquisitoire une obstination, une lourdeur, un appareil
ICOlaire qui empêchent qu'on le fasse bénéficier d'une indulgence acquise aux généreuses boutades. Avec un ricanement de
triomphe, M. Georges Pellissicr dénonce les grands coups de
pic à côté des petites négligences. Il divise les caractères de
Shakespeare en personnages incohérents, personnages mal repré1a1tâ, traîtres "abominablement pervers et invraisemblablement
nalfs ", enfin femmes, parmi lesquelles, trouvent seules grkc à
tes yeux Portia "dont Plutarque a d'ailleurs fourni tous les
traits", Mm• Ford et Mme Page, et encore la nourrice de
Juliette. On ne devrait que sourire; mais quand vous lisez que,
tout le long de son rôle, Desdémone "montre une niaiserie et
1111eincrtie vraiment incroyables", vous ne pouvez pas empêcher
clc sentir le sang vous monter à la ligure.
Rt à quoi rime cc déchaînement d'un homme pacifique è
Faut-il y chercher une querelle de boutique, et cet emportement contre le plus grand poète n'est-il que le coup de boutoir
d'an défenseur du latin aux abois è Cc serait une bien maladroite tactique ; car si jamais il fallait choisir entre Shakespeare
et tous les auteurs latins mis bout à bout - eux qui ont si
peu de mol!llc à nous faire gol\ter et dont les traductions
pellTcnt nous donner une image suffisamment fidèle je sais
bien, dis-je, s'il fallait à toute force choisir, de qui je ne me
laisserais pas priver.

J.

S.

10

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

L'OTAGE de Paul Claudel au Théâtre de l'Œuvre.
La représentation de l'.Annonce faiu à Marie, celle de
1' Echange, nous avaient déjà fait constater quel accent profond
et péremptoire rendent à la scène les drames de Paul Cliudel.
C'est aussi qu'il s'agit d'œuvres si nourries de vie, si chargées
d'humanité, et portées par une force lyrique si sensible, que
l'épreuve scénique ne fait qu'accuser en elles la vie, l'humanil4
la beauté lyrique.
Cette impression n'a pu être que confirmée par la représentation de I'Ot4ge qu'a réalisée avec beaucoup de bonheur le
Th~tre de l'Œuvre. Une action serrée, et solidement fondée
sur des contingences historiques et matérielles, destinait d'aillean
tout particulièrement l'Otage au théatre. Trois actes, formés
chacun de deux scènes, révèlent une simple et sévère ordonnance,
une construction évidente comme celle des trois porches de la
cathédrale gothique, chacun divisé par le meneau de pierre. Le
poète a systématiquement rejeté ce faux mouvement dramatique,
basé sur l'accumulation des scènes, sur la complication volon•
taire de l'action et de la péripétie. L'événement extérieur agit
comme une pierre jetée dans une eau dormante : l'onde
circulaire s'élargit et'se propage jusque dans les régions les pins
lointaines. Chaque. scène s'approfondit en elle-même, elle est
menée jusqu'à son dernier terme, jusqu'à sa dernière conséquence.
Ainsi le mouvement dramatique est-il assuré par le développe·
ment pathétique des sentiments ; c'est eux qui constituent
l'armature vivante du drame, qui le portent, qui l'abreuvent
comme d'une eau souterraine; nous entendons d'abord la
phrase prononcée, mais il semble qu'un concert de résonnances
nous révèle, par delà la signification immédiate, tout le monde
imprécis des pensées informulées, des hésitations, des doutes
qui se résolvent dans l'affirmation ou dans le refos. Ce n'est pas
un personnage vivant à cet instant précis qui nous parle, c'est
l'être qui a déjà vécu toute une vie de joies et de douleurs,

NOTES

)'~chargé de toutes ses expériences, et qui les concentre dans
une parole actuelle. Il n'est besoin que de citer la scène des
ûnçailles héroïques, et celle, atroce et sublime, où le Curé
Badilon _conduit Sygne à vouloir de sa propre volonté le plus
dur sacrifice; de tout son effort, le vieux prêtre l'assure que
nulle obligation ne la contraint, et que seul son propos délibéré
ft la mener à l'acceptation ; dès qu'elle s'en approche, il l'en
cUtournerait presque, il l'aiderait à hésiter; mais elle s'avance
encore et ne résiste pl us.

Comme dans la cathédrale française, la simplicité, la nudité

de li construction s'allie à la surabondance du détail lyrique,
au foisonnement des images. Le poète appelle à son aide toutes
les similitudes que lui présente le monde et qui viendront ainsi

fortüier le drame psychologique; comme Antée, il trouve des
forces nouvelles en foulant la vieille terre. II faut insister sur le
caractè1'e sensible, sensuel, de l'image poétique chez Claudel; le
monde est pour lui un .spectacle toujours nouveau dont il
confronte les divers aspects. L'image est choisie voisine et
prochaine; elle est empruntée à l'ordre des saisons, à la culture
de la terre, à tout un passé légendaire et traditionnel • elle est
visible, familière, et facile à situer dans son cadre nat:rel : de
là cet accent français, champenois même que l'on reconnaît si
nettement dans l'Otage, comme dans l'Annoncefaite à Marie.
_La représentation de l'Œuvre tirait un intérêt particulier du
fait que Paul Claudel avait à cette intention modifié le dénouement ~e s~n drame. Il semble bien n'avoir pas été conduit par
le souci d augmenter la valeur purement scénique du dernier
acte. Et l'on doit regarder le motif qui l'a décidé comme
1'8lf:ùtement noble. Nous n'avons plus entendu le Curé
Badilon exhorter en vain Sygne au pardon, et se heurter sans
œtse à ce mouvement nerveux qui la force de répondre: Non,
à toutes les paroles du vieux pr~tre. Scène troublante dans
laquelle il semblait que Sygne, ayant épuisé la ceu;e des
douleurs, en eftt conservé la soif, et l'impossibilité même

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

d'espérer. Son sacrifice accompli était trop grand pour qu'elle
pftt s'en affranchir et le dominer. Mais comment pouvait-elle
répondre : Non, à l'abbé Badilon ? comment pouvait-elle
mourir pardonnée, Euisqu' elle n'avait point pardonné à son mari l
La nouvelle version nous présente une scène étrange et
douloureuse entre Sygne et Turelure. Georges est tu~, et Sygne
va mourir. Turelure, qui retrouve dans son passé de moinillon
des exhortations pieuses et des citations sacrées, impose à Sygne,
comme dernière torture, l'obligation de lui pardonner. Mais,
de tout son visage douloureux, elle répond : Non. Le complet
renoncement est encore trop lourd pour elle. Mais il insiste&gt;
avec une froide cruauté :
TuRELURE, - Tu tiens bon, Sygne. Mais tu ne peux me
cacher ces larmes qui coulent de tes yeux.

NOTES

149

Alors, par une admirable invention, où se mAfent le tragique
le bouffon, Turelure, héritier du nom et des biens des
CoAfontaine, parle au nom de la vieille race; c'est lui maintenant, à demi-dupe de lui-même, qui crie : Coftfontaine, adsum.
Et Sygne ne peut résister à l'appel; elle ne voit plus quel est
c:dui qui le profère, elle se lève pour obéir au cri de guerre.
et

TuRELURE. -

... Coftfontaine ! Coftfontaine ! M'entends-tu?

Eh quoi ! tu refuses ! tu trahis !
Lève-toi, quand tu serais déjà morte ! c'est ton suzerain qui

t'appelle ! Eh bien, tu fais défection ?
Lève-toi, Sygne ! lève-toi, soldat de Dieu ! et donne-lui ton
gant,
Comme Roland sur le champ de bataille, quand il remit son

poing à l' Archange Saint Michel.
Lève-toi et crie: ADSUM. Sygne ! Sygne !

(Silence. Elle pleure.)
Croyez-vous que je ne vous comprenne pas r

(Enorme et railleur au-dmus d'elle)

(Silence.)

COÛFONTAINE, ADSUM ! COÛFONTAINE, AD-

Vous ne voulez pas me pardonner. Vous ne voulez pas que
ce prêtre vous impos~ le pardon.
.
, .
Vous voulez bien me donner votre vie, la mort eta1t une
chose trop bonne pour me la laisser,
..
Mais non point me pardonner. Et pourtant c'est la cond1t1on
nécessaire de votre salut.

(Silence.)
Tt1RELURE, lentement, comme s'il /pelait sur ses levres. n'en puis plus, dites-vous?

Je

(Silence.)
TuRELURE, de m2me. - "Tout - est- épuisé- jusqu'au fond.
Tout - est - exprimé- jusqu'à - la - dernière-goutte." Non, cela
n'est pas.
Le devoir ·reste.

SUM !
(Elle fait un effort désespéré comme pour se
lever et remmbe).
TuuLURE, plus bas et comme ejfrayé. -

COÛFONTAINE,

ADSUM.
(Silence.
Il prend le flambeau et fait passer la lumiere
devant les yeux ljUÎ restent immobiles et
fixes.
Le rideau tombe.)
Cette fin nouvelle, on le voit, s'accorde mieux avec le
caractère de Sygne, "soldat de Dieu". Et dès lors il ne convient
pas de rechercher, si elle est plus ou moins favorable que la

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI
première à l'intérêt scénique. Mais pourquoi avoir suppri~ la
scène finale, cette étonnante entrée du Roi de France, da
corps de l'Etat, des Rois de l'Europe, qui venaient se groupe,
en une vivante image d'Epinal aux couleurs brutales et natvet,
et cachaient comme un bruyant rideau les corps de Sygne etde
Georges de Collfontaine, et tout le drame? Cette scène eàt-elle
été comprise par le public éminemment raisonnable que
constituent les Parisiens? Je ne sais; elle atteste pourtant, dans
une œuvre comme l'Otage, l'admirable liberté du génie 4C
Paul Claudel.
Il convient d'ajouter que le rôle de Sygne de CoOfontainea
trouvé dans Melle Eve Francis une interprète émouvante. Les
autre, rôles étaient tenus par MM. Lugné-Poe, Savoy, Barbier
et Froment.
ANDRÉ Fu.NET,

LA MUSIQUE
LA SAISON RUSSE: LE ROSSIGNOL, opéra en troia
tableaux d'Igor Strat1insky, d'après le conte d'Andersen. -LE
COQ D'OR, opéra en trois tableaux de Rimsky-Korsalcqœ. LA LÉGENDE DE JOSEPH, ballet en un acte de Rituri
Strauss sur un livret de Hugo f!On Hoffmansthal et du Comte Hm,
Kesskr (Opéra).
Il arrive à Stravinsky une assez étrange aventure. Après a,oir
écrit une œuvre qui était la réalisation magnifique d'une CJthétique jusque là embryonnaire et confuse, voici qu'il en ~
une autre pour démontrer cette esthétique, et pour la démon·
trer mot à mot, minutieusement, petitement, avec une application qui rappelle la façon écolière et indigente dont on la
manifestait avant lui. Il me fait penser à un général qui aurait
oublié complétement qu'il vient de remporter une grande vie-

NOTES

151

toire, et qui prendrait les dispositions les plus savantes, les plus
détaillées et les plus privées de génie pour s'assurer l'avantage
mr un ennemi disparu. - En réalité, nous sommes, je crois, en
présence d'un cas de reconnaissance, mais d'une reconnaissance
que je ne puis m'empêcher de trouver des plus intempestives,
D est incontestable que certains des principes sur lesquels le
S«re du Printemps était fondé, avaient été esquissés d'abord par
les cubistes et les futuristes. Stravinsky semble s'en être aperçu
après coup et, tout _ému de cette coïncidence, que l'unité de
tendances d'une même génération suffit à expliquer, il s'est cru
obligé de revenir v.ers ces précurseurs impotents, d'écouter leurs
petits conseils, d'accepter leurs petits axiomes, de recueillir leurs
petites découvertes et, pour les remercier, d'écrire le Rossignol.
Trop de dévouement! C'est à Messieurs les Futuristes de rattraper Stravinsky, s'ils le penvent, non pas à Stravinsky de les
attendre.
Est-ce à dire que le Rossignol ne vaille pas plus cher que les
B~cubrations des disciples de :tylarinetti ? J'aurais honte de le
lalSSCr croire, füt-ce un instant. Un artiste du rang de Stravinsky,
même s'il y travaille, ne réussira jamais à se ravaler si bas :
même acharné à se rendre médiocre, il ne peut que faire semblant. Dans le Rossignol le génie ressort par toutes les coupures,
comme l'eau d'un sol saturé ; l'œuvre abonde en trouvailles
incomparables. Il n'en est pas main vrai que dans son esse1;1ce
elle est assimilable_ aux œuvres cubistes et futuristes : d'abord,
comme elles, elle insiste avant tout sur ses intentions elle
montre au dehors les principes qui devraient être cachés' dans
ICI fondations, elle affirme ce qu'elle veut être au lieu de laisser
paraitre ce qu'elle est. De plus ces intentions et ces principes,
ce sont ceux du cubisme le plus strict, du futurisme le plus

orthodoxe.
. One Stravinsky ait voulu faire du Rossignol une démonstration, nous en trouvons l'indice dans la manière dont il l'écrivit.

�l5'2

LA NOUVELLE REVUE FN.ANÇAISI

Il en commença la composition vers 1909; mais après avoir achm
le premier acte, il abandonna son ouvrage ; c'est seulement
cette année qu'il l'a repris et terminé. Sujet abandonné : je
crains bien que cela ne veuille dire ici : sujet qui ne s'impouit
pas par lui-m~me, avec une suffisante exigence, à l'esprit du
musicien. Sujet repris voudrait dire alors : sujet dans lequel le
musicien a vu, après coup, à un moment où il avait cessé complétement d'en subir l'attraction, un moyen de faire connaître
ses nouvelles préoccupations, un véhicule pour les découverte
d'ordre technique qu'il pensait avoir réalisées dans l'intervalle.
Quoiqu'il en soit de ces inductions, il est visible en tous cas
que le sujet, ici, est indifférent à l'auteur ; il demeure passif au
sein de son imagination, il n'élève aucune prétention, il ne
cherche pas à se faire reconnaître et accepter pour lui-même.
Nous voilà bien loin de la pesée particulière, autonome, nominale, de l'appel étroit et fixe que le Sacre du Printemp1 a d6
exercer sur Stravinsky ! Le Rouignol se tient inerte dans sa
main. Et en effet le conte d'Andersen a si "peu réclamé" que le
voici devenu à peu près méconnaissable ; dans la traduction que
nous en donne le musicien, je ne retrouve ni sa naïveté ailée,
ni s~ gentille ironie ; il est traité avec le même despotisme
désinvolte dont Nijinski fit ·preuve naguère envers la musique
de Debussy.
A vrai dire, ce n'est pas proprement d'avoir déformé le conte
d'Andersen, que je fais grief à Stravinsky. - Il arrive ~
souvent qu'un grand artiste aperçoit dans l'œuvre déjà connue,
classée, bien explorée d'un prédécesseur, à moitié engagé dans
ses contours, et pourtant différent d'elle, pareil à quelque mon&amp;trueux parasite, un nouveau sujet. N'est-ce pas de cette façon
par exemple que Wagner a distingué dans le Roman de Tris/411,
et qu'il en a extirpé, son Tristan et Isolde? Le conte d' And~
eût très bien pu ne faire que recéler pour Stravinsky un sujet
inédit, qui l'eût attendu comme son libérateur et qui, à peine
démêlé de ses liens, lui eût sauté dessus. Et en effet, en deUJ

NOTES

1 53

ou trois endroits du Rouignol, on touve l'indication d'une
œovre noire, horrible et mesquine comme les entrailles de la
Chine. Si elle se fût développée et épanouie, nous eussions bien
facilement accepté les infidélités faites au conte. Mais elle reste
à l'état de simple possible.
Pourtant, même sans avoir découvert dans le conte d' Anderaen un nouveau sujet, Stravinsky, à la rigueur, dlt encore eu la
permission de le déformer, si c'eût été pour les besoins d'une
recherche personnelle, pour sa propre édification, pour fixer un
point de technique encore obscur à ses propres yeux. - Je
n'en veux nullement à Nijinski de ses deux coups d'état contre
la musique de Debussy; au moment où il les perpétrait, il était
en pleine période d'expériences ; il travaillait à la conquête
d'une nouvelle manière chorégraphique ; il était dans la situation difficile de celui qui va trouver et ne pouvait voir, dans
tout ce qui lui tombait sous la main, que des moyens. Le parti
qu'il a pris d'ignorer les suggestions de la musique et de con,stuire son ballet pour ainsi dire à part, était un renoncement
héroïque à la réussite immédiate, pour rendre possible dans
l'avenir une réussite plus haute. - Mais Stravinsky est dans
un cas tout différent : au moment où il écrit le Rouignol, il est en
pleine possession de sa manière ; il l'a déja portée à sa perfection.
L'autorité qu'il prend sur son sujet est donc tout arbitraire ;
elle ne lui est inspirée que par le plaisir de faire voir tout purs
et comme à vide les procédés qu'il a en main et qu'il préconise.
Ce que je lui reproche expressément, c'est d'avoir considéré son
sujet comme un moyen non pas de s'instruire, mais de nous
instruire, comme une chaire où nous faire la leçon. Leçon,
bien entendu, la plus subtile, la plus élégante et raffinée qui
ae puisse imaginer. (Et même on voit le professeur sourire à
l'avance de ce que la plupart n'y comprendront rien.) Leçon
tout de même. Le RoJJignol est écrit contre le public ; ce qui
en somme est une façon d'être écrit pour le public. On était
trois au moment où l'œuvre s'élaborait ; en plus de l'auteur et

�r54

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

du sujet, il y avait nous autres les futurs auditeur~, et nom
jouions notre rôle, à notre insu, dès ce moment-là. Uautcur
pensait à la relati?n de l'œuvre avec nous et il déclinait insensiblement à la rendre aussi imprévue, aussi piquante que possible ; il calculait, il êscomptait notre réaction, et son action,
c'est-à-dire sa musique oubliait peu à peu d'être tout à f~it
elle-même pour devenir celle que nous n'attendions pas ; il
devinait tous les points sur lesquels nous nous préparions à
l'accueillir et il s'efforçait de passer à côté. C'est une grande
tentation pour tout artiste intelligent que de s'amuser un peu
avec ceux dont il se sait suivi et guetté. Stravinsky n'a pas su y
résister. Le Rossignol n'est pas à proprement parler une œuvre;
c'est, à la façon des toiles cubistes, un petit code esthétique,
excessivement malin, et même profond par endroits, plein de
déclarations capitales et imperceptibles, et de professipns de fois
d'u~e précision imperturbable, destinées sans doute à nous faire
réfléchir, mais d'abord à nous âéconcerter.
Refusons de nous laisser déconcerter et puisqu'il y a leçon,
arrangeons-nous pour la bien comprendre. Le principe que Stravinsky prétend insinuer, est c~lui-là même que cubistes et futuristes proclament d'un commun accord : il faut renoncer à
:flatter la sensibilité ; l'art nouveau doit être intellectualiste, ne
s'adresser en nous qu'à la faculté de représentation. La musique
doit donc cesser d'être pathétique. Et pourquoi ne serait-elle
qu'une perpétuelle invitation aux débauches du cœur 1 Elle a
de mauvaises manières : elle s'approche trop près de nous pour
nous parler, elle nous tutoie trop facilement, elle fait trop
souvent appel à nos sentiments, elle met trop d'insistance i
~ous entraîner, à nous conduire aux égarements sacrés. Beethoven est le dieu de la passion, c'est entendu. Mais il est entre
tous le modèle à ne pas suivre. Laissons-le en proie à sa gran~c
àme. Pourquoi s'imagi~er que la musique doive forcément _avoir,
comme chez lui, un caractère moral 1 Pourquoi ne serait-elle

WOTES

155

pas, au moins pour un temps, aussi inerte et aussi brute que
les voix de la nature ? Il ne s'agit pas de la rendre descriptive
ni pittoresque, mais simplement, au lieu d'humaine, minérale.
Il faut éviter d'émouvoir : tel est le principe. En voici les
conséquences ;
D'abord le musicien devra renoncer à la répétition des
thèmes. En effet la répétition est un moyen d'attenter à la sen11oilité. Lorsqu'une mélodie revient pour la seconde fois, elle
trouve en nous des chemins plus profonds qui se sont préparés
pour elle en son absence ; elle devient plus intime, plus inéluctable ; l'habitude affaiblissant notre résistance, elle coule tout
de suite au plus bas de notre lime, dans la région où nous ne
sommes que trouble et frémissement. - Pour éviter ces atteintes
indiscrètes, chaque objet ne sera donc nommé, autant que possible, qu'une fois ; il n'y aura pas de rentrée des thèmes. Le
musicien s'interdira avant tout de profiter du temps et des effets
qu'il nourrit ; il proscrira ces suspensions et ces retours, ces
oublis et ces rappels, ces apaisements et ces crises qui sont les
mouvements mêmes du pathétique.
De plus chaque objet sera énoncé à part de tous les autres
et comme environné de blanc. Il ne s'agit pas d'émouvoir,
mais de signifier. C'est un mot que nous dit le musicien, et il
111pprime la phrase qui le ferait entrer en nous, qui le porterait
jusqu'à notre lime. Il montre simplement ; il prend tour à tour
chacune de ses idées et nous la présente un instant : sitôt que
nous avons eu le temps matériel, ou· plutôt légal, de la comprendre, il la retire; il n'en donne qùe juste ce qu'il faut pour
CJ.Ue l'intelligence puisse dépister ce qu'il veut dire ; tout de
suite il coupe le courant, pour qu'il n'aille pas, plus loin que
l'esprit, mettre en danse nos facultés d'émotion. De là vient le
caractère abrégé de sa musique : à la ressemblance des toiles
cubistes et futuristes, elle a l'air -d'un recueil d'échantillons. Il
faut la feuilleter plutôt que la sentir ; il faut examiner ce
qu'elle contient et tourner soi-même la page, lorsqu'on a vu.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

Nous ne devons pas nous attendre à partir avec elle. Elle at
immobile et refu e de nous porter. Elle manque complétemeat
de pente, de vitesse, de branle. Rien n'y est disposé pour
permettre le passage. Entr~ deux objets différents, même s'il,
sont à c6té l'un de l'autre, pourquoi, demande Stravinsky,
vouloir créer un lien factice ? Cela n'aurait de sens que si je
voulais toucher mon auditeur, ménager son émotion, en garder
un peu pour la suite, utiliser le trop"'Plein de son Ame, en llll
mot l'entretenir dans un état sentimental où je l'eu e d'abord
placé. Mais mon dessein est tout contraire. Je laisserai doac
chaque chose où elle est ; je la ferai parattre à son tour, et m
son lieu , sans la faire entrer dans aucun ensemble, sans la
rattaclier ni à ce qui précède, ni à ce qui suit. Je procèderu
par articles.
.
.
Et en effet la musique du R.DIJignol fait penser tout ent1ére
à ces lanternes du deuxième acte, si soigneusement posées A
terre, les unes à c6té des autres, à intervalles bien égaux, et bim
exactement isolées: elle a quelque chose de "posé là", de "sur
place", de " pas plus loin que ça ''. Nulle part elle ne se répand;
en tous ses points clle est comme retenue au cantonnemen~
L'économie y est poussé jusqu'à l'insulte. Rien de plus adJni.
rable à la fois et de plus exaspérant que son perpétuel minimum.
Au fond, c'est le chant d'un rossignol qui s'étrangle. Sitôt q111
sa voix va s'élancer, le musicien lui tord un peu le cou : ICI
roulades sont ainsi proférées dans un état de transe, dont il esi
impossible que son bourreau ne se soit pas, à part lui,_ considérablement amusé. - Il me semble d'ailleurs apercevoir que la
raisons pour lesquelles Stravinsky à repris le ujet du _Ros~,-l
sont exactement les raisons contraires de celles que le lui avaien~
fait choisir d'abord. Si nous en croyons le premier acte, q~
représente la conception primitive de l'œuvre, il avait été sédwt
naguère par les invitations à l'épanouissement et aux_ arabetqa~
mélodiques que lui proposait le personnage du_ro~s•g~ol. Malt
lorsqu'il revient à son sujet, c'est pour refuser ces mv1tat1ons, pour

.

lfOTIS

1 57
• prouver à lui-même, et surtout pour prouver aux autres, qu'il
faut les refuser. La démonstration, pense-t-il, sera d'autant plus
frappante que le titre de l'ouvrage fait davantage attendre improrisation, essor et caprice. 1 Tenons notre rossignol en laisse,
cmpkhons-le de s'évader vers l'ampleur et vers le pathétique
et nous marquerons ainsi, avec une évidence décisive, l'av~nement de l'art nouveau qui doit être un art sec, net, étroit et
mbnique.

Telle est la leçon du Rouignol. Et j'avoue d'abord qu'elle me
nrit; les principes ici proposés me sont tout particulièrement
sympathiques; même, comme bon tour joué à ceux qui leur sont
hoatiles, l'œuvre de Stravin~ky m'amuse infiniment. Rien de
plm drôle que la monstrueuse brièveté du dernier acte! Tandis
CJUe le rideau se ferme lentement dix minutes au moins plus
t6t qu'on ne s'y attendait, on voit les spectateurs entrer dans
DD ibahisscment d'autant plus comique qu'ils n'osent pas se
l'avouer. Comme théoricien, je me sens tout réjoui de cette
malice et je ne puis m'empêcher de penser : " Ça leur apprendra!'' - Mais enfin c'est une bien courte joie, et qui ne compense pas celle que m'eClt donnée une œuvre véritable. De
mbie je crains que le plaisir que goClte Stravinsky à la déception de ses auditeurs ne puisse remplacer la satisfaction qu'il
e6t 4'rouvée s'il eClt créé quelque chose. A la révolution qu'il
}ritend opérer je ne trouve rien à redire ; mais je lui reproche
de l'avoir opérée en négatif, alors qu'il pouvait le faire en posi1
D ffl curieux de conatatcr que,pour la deuxième fois avec le Rouig,,o4 StraYinaky entreprend de traiter l'envera d'un sujet. Mais pour le Printempa, cet
tlllffl oistait, était quelque chose de positif, qu'il suffisait d'apercevoir. Id

il •'aiatc paa, ou seulement par un décret tout arbitraire de l'auteur. Un
lllllicnol qiù a peur de s'écorcher le gosier : cela peut se trouver dana la

llltan, mai, cela n'est pas par aoi-meme un sujet; et le musicien ne peut
Yl'l'oir pensé que pour noua exprimer par cc moyen les principes auxquels

il tient.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

tif. Au lieu de vouloir indiquer les nouvelles valeurs par la
négation des anciennes, que ne les a-t-il directement proposées!
Au lieu de vouloir priver la musique de pathétique, que n'a-t-il
tout simplement écrit une.musique non-pathétique? Il est tout
naturel qu'un pauvre cubiste qui n'a que l'idée de ce qu'il faut
faire et qui ne peut rien tirer de lui pour servir de matière à
ses innovations, s'acharne à mutiler celle que lui fournit le
passé et pense inventer à force de suppressions. Mais Stravinsky
dispose de ressources extraordinaires. Il est dans la musique
contemporaine, par excellence, le créateur. Sous la seule application de son esprit, l'impossible s'éveille à l'existence ; là où il
pense, aussitôt se forme un nœud confus, pareil à l'embryon
d'un monde, et qui bientôt sera un être musical nouveau.
Même dans le Rouignol, on voit de temps en temps émerger de
l'orchestre des monstres sonores, entiers, vivants, armés de tOIIS
le~rs membres, et d'origine insoupçonnable. Pourquoi donc le
musicien ne s'en est-il pas remis à son invention, comme il
avait déjà fait dans le Sacre, du soin de changer les valeun l
Justement ce qu'il trouve de lui-même, c'est quelque chose
d'absolument privé d'expression, de vibration, de tremolo, c'est
de l'admirable mécanique rp.usicalc ; cda rend un son brut,
matériel et borné. Ah ! il n'a pas à craindre de se laisser aller au
pathétique. A l'heure actuelle son inspiration est aussi naturellement inhumaine qne celle de Moussorgsky était naturellcm~t
humaine. Qu'il cède, sans calcul, à son formidable pouvotr
créateur ! Et nous entendrons monter de l'ombre un étrange
tumulte physique qui fera une bien plus belle démonstration
que toutes les petites proscriptions du Rosûgnol ! .
Lorsque Stravinsky consentira de nouveau à ~aire us~ge de
son génie, du même coup, qu'il le veuille ou non, il redeviendra
émouvant. Car, lorsqu'il prétend s'interdire de toucher ses
auditeurs, c'est qu'il manque à faire une distinction capitale. ll
•
· mais
· 1·1 a t ort de chera raison de ne pas cherch er a, emouvo1r,
cher à ne pas émouvoir. Il a raison de refuser les caresses que

NOTES

1 59

la musique adresse ordinairement à notre sensibilité, mais tort

de s'appliquer à rebuter celle-ci par tous les moyens. En effet il
y a une émotion qu'un artiste, même s'il ne veut pas éveiller
les grandes passions humaines qui sommeillent dans notre cœur,
ne peut renoncer ;l inspirer, sous peine de se nier pour ainsi

dire lui-même. Toute création positive déclenche dans notre ame
une certaine émotion immédiate, aveugle, presque automatique.

C'est un choc tout pur, sans aucun rapport de qualité avec le
oontenu de l'œuvre; c'est de l'admiration, au sens étymologique
du mot ; c'est le sentiment brusque et neuf qui nous saisit
lorsque nous nous trouvons en face de quoi que ce soit de tiré du
nwit; c'est une part de l'émerveillement que dut éprouver le
premier homme lorsqu'il contempla pour la première fois l'œuvre
du Créateur. Il y entre de l'étonnement, de la reconnaissance et
de la joie. Cette émotion-là, plus que personne aujourd'hui
Stravinsky est désigné pour nous la faire éprouver ; il n'a pas le
droit de nous en frustrer. - Mais je sais qu'il ne nous en
frmtrcra pas. Et si le Rossignol ne m'a pas donné tout le contentement que j'en attendais, du moins il n'a pas diminué ma
confiance: c'est tout de même de Stravinsky que, dans l'état
actuel de la musique, nous pouvons espérer avec le plus de raison
les plus belles surprises.

•••
Au point de vue proprement chorégraphique, la Saison

Russe n'a présenté, cette année, qu'un intérêt très médiocre.
L'absence de Nijinski s'est révélée plus grave encore que je ne
m'y attendais : elle a creusé un vide énorme. Il faut le dire
hautement : Le ballet russe, c'était Nijinski ; lui seul animait
toute la troupe ; il en était l'inspirateur, au sens propre, même
lorsqu'il se bornait au rôle d'interprète : maintenant qu'il se
retire, tout se dégonfle ; la Karsavina, sans lui, n'est qu'une
danseuse agréable ; elle ne retrouve pas, seule, cet esprit, cet

�160

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

accent, ce pathétique que nous lui avons connus. - Nijinski
était plus que l'inspirateur de cette troupe ; il en était le
remords. C'est lui qui forçait les autres à n'être pas contents 1
moitié, lui qui les empêchait de profiter de leur succès, de
retomber dans les voies ouvertes, de se jeter dans les bras du
public. C'est lui qui les obligeait à la recherche et, si j'ose dire,
,à la gaffe : l'an dernier, déjà, la lutte était évidente entre la
tendance de certains membres de la troupe - lesquels ? je ne
sais - à " faire du ballet russe " et la ferme volonté qu'a,ait
Nijinski de ne plus "en faire. " Le frein ôté, et Fokine revenu,
l'entreprise a versé tout entière dans le sens du plus facile.
J'ai fait naguère un grand éloge de Fokine ; j'ai même parlé
de son génie. Hélas ! je me trompais. Comme danseur, il est
agile et adroit ; mais il manque complétement d'expression. D
s'est lui-même soumis, cette année, à une épreuve redoutable,
et dont il n'a pas su se tirer à son avantage: il a joué Petrouchta.
Ah ! combien la scène de la prison, où Nijinski mettait un
tragique si profond, avec Fokine devient pile et vacante ! Son
interprétation du chef-d'œuvre de Stravinsky, c'est comme si
l'o~ enlevait les paroles d'une mélodie : l'air y est toujours,
mais ça ne dit plus rien.
Quant à Fokine inventeur de danses, son importance m'appa·
raît aujourd'hui considérablement diminuée. Au fond il ne sait
pas faire naître la danse de la musique ; dans ses ballets, on se
promène sur la musique, on marche dessus, on la piétine presque au hasard ; on ne la reçoit pas par en dessous, elle ne passe
pas dans le corps, elle ne le conduit pas, ni ne l'inspire. Elle
est pour Fokine un prétexte plutôt qu'une loi. 11 l'écoute, elle
lui donne Je ton ; et dans sa tête il invente, avec des éléments
déjà trouvés, un tableau de mouvements, qui lui correspondra,
qui produira une impression symétrique. Il la traduit d'ensem•
ble, en une seule fois, et ne cherche à lui être fidèle que par le
dehors, qu'en conservant à sa chorégraphie la même couleur. En réalité Fokine est surtout un très habile metteur en scène.

NOTES

161

D s'entend beaucoup plus à éblouir qu'a émouvoir. Ce qu'il
excelle acomposer c'est un spectacle.
C'est pourquoi sa réussite la moins contestable cette
é
éél C ,
,
ann e,
a t e Of d
qui n'était ni un opéra, ni un ballet, mais
an spectacle. Bien que la présentation qu'il en a faite pftt "t
'dér' à
.
c re
c:"1s1 e~ certains . ég:U:ds comme un travestissement de
1œuvre,
. J avoue _y avoll' pris un plaisir extrême • Et d' a1·11 eurs
la m~1~ue de R~msky-Korsakow ne donnait-elle pas toutes les
FC:"111ss1ons? Facile ~t _heureus~ {il est vraiment étonnant que ce
soit une œuvre de vieillesse) a deux doigts de la b 1. é
.
,
. '
ana 1t , mais
~éscrvée d y _tomber par Je ne sais quelle ingénuité charmante,
c est une musique de bnne humeur et qui moins sourc"ll
1 hé • •
,
1 euse
qu: es ~1t1ers du maître, n'a fait que sourire aux libertés
quo? a_ prises avec elle. Sans doute le parti adopté par Fokine
de
chaque rôle en double, à la fco1·s à un ch anteur
. d1str1buer
.

?r,

unmobile et à un danseur plein de gestes, avait dans le fond
q~~ue chose d'un peu lourd et ambitieux. Et en effet la dispos1t1on des chanteurs habillés de vêtements somptueux et
IDalsés sur deux estrades latérales qui formaient comme deux
nwges solennelles autour du texte animé, donnait peut-être
: _aspect _un peu _trop monumental à cette œuvre fragile. et ~s com~ien la mise en scène centrale était spirituelle, naïve
Joyeuse• Et avec quelle intelligence les décors de Mlle Nathalie
Gon~ova accusaient le caractère émerveillé et enfantin de
la m1mque !

HéJa_s ! c'est sans doute à la platitude, à la vulgarité terne et
entieuse de la musique de Richard Strauss qu'il faut attriuer l'
·
do ennui_ que ~égageait la Lége11de de Joseph. Fokine sans
prétb

ute en était aussi responsable, car il déploya ici sans mesure
volont
· d'
a
·
'
'
ficette
u
. e art tout prix, cette recherche des effets magni1~ _es qui perçaient dans le Coq d'Or sans réussir à le gâter
••uu à ses mauvais pe ne han ts, c' est qu •·1
fi.
1 ne rencontrait cette•
ou, aucun obst J n·
•
'
N
.
ac e. 1en au contraire tout les encourageait.
ous lui avons reconnu le don de bien sentir et de traduire

11

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

avec exactitude la couleur de la musique qui lui est confiée.
Si dans la Légende de Joseph, sa mise en scène et sa chorégraphie
étaient d.' une couleur si laide,la faute originelle en est donc bien
à Strauss. C'est en lui qù'a pris sa source le mauvais goût dont
l'œuvre était ruisselante et qui empêcha de goûter comme il
e1h fallu le décor de M. Sert et de bien distinguer les hautes
intentions que le Comte de Kessler avait mises dans son livret.
Deux autres spectacles complétaient la série des "créations":
Papillon; ne fut qu'une assez morne parodie du CarnaflaJ.
Je n'ai pas vu Mida;.

J.

R.

LETTRES ALLEMANDES
ANTHOLOGIE DES POÈTES LYRIQUES ALLE·
MANDS DEPUIS NIETZSCHE, par Henri Gui&amp;IIIX
(Figuière).
DAS POETISCHE B~RLIN, par Heinrich Spiero (Georg
Mt1ller, München, 2 vol).
GEDANKENGUT AUSMEINENWANDERJAHREN,
par Max Da11thtndey (Albert Langen, München, 2 vol.)
L'ouvrage de M. Henri Guilbeaux n'est pas seulement une
anthologie, c'est encore un manifeste. A ssez d'd.
e a1gnenxdcs
.
qualités" universitaires", de la recherche patiente e~ méthodique,
du contrôle des faits, des synthèses lentement elabor~es, peu
enclin à la minutie du philologue et auxraffinementsdel ~~
ou simplement de l'homme de goCit, l'auteur se contente d a'JOU
du tempérament. Il veut agir, et tout lui parait préférable l
. d ynam1que
·
" , voilà des mots
l'inertie : " dynamisme ", " po és1e
qu'il répète avec une satisfaction visible. Il se démène, se
. à gauche, pour a1.der au t n·omphe des
débat, frappe à droite,

lfOTIS

Allemands qu'il aime. Quelques Français déjà se sont mis à les
aimer à travers lui: c'est un hommage que nous tenons à lui
midre, le plus beau, le seul.
M. Guilbeaux en effet nous choque par plus d'un côté.
Prmupé d'abattre les frontières, il abuse de la grosse artillerie.
Certes, nous sommes en France trop délicats. Les goCits et les

d•àts que nous entr~tenons témoignent souvent d'une suffisance qui nous paralyse. L'accueil que nous faisons aux poètes
"barbares" est trop poli, d'une politesse qui tient à distance.
Avon1-nous cependant commis envers les Allemands un déni
de justice aussi monstrueux que M. Guil beaux le laisse entendre? Ignorons-nous aucun de leurs grands nomsl Avons-nous
tardé i accueillir aucune des manifestations essentielles de leur
pentéc l Du naturalisme allemand il n'y avait que Hauptmann
à retenir. Or il ne commença de percer qu'en 1889, de
triompher qu'en I 892, et dès I 893 Antoine jouait ses drames.
D faut relire dans la Freit Bahne de 1893 les articles où des
krivains encore si discutés chez eux se réjouissaient de trouver
en France une intelligente sympathie. Dès l'apparition du
Mldmttr Muunalmanach auf das Jahr I 893, Henri Albert
introduisait auprès des lecteurs du Mercure: Bierbaum,
Dehmel, Hartleben, Holz, Liliencron, Schlaf, Scheerbart,
c'est-à-dire avec les modernes de la première heure les repréaentants d'un lyrisme qui allait prendre le pas sur la littérature
IOCÏale et la prose naturaliste. Nietzsche qui jusqu'en 1890
&amp;ait demeuré inconnu de ses compatriotes au point de songer
à ne publier plus qu'en français, allait nous apporter des
llpirations allemandes une synthèse si éclatante et si totale
qu'aujourd'hui encore n'ignorant rien de lui nous ignorerions
àpeine quelque chose de l'Allemagne.
Sur ce point on ne nous apporte pas de révélation. Reste le
gros de la troupe. Nous le connaissons mal, encore que nombre
de ~tes aient fait l'objet d'études remarquables comme celle
que M. Andler a consacrée à Liliencron. Mais l'ensemble

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI
continue de nous échapper et c'est lui qui importe ici plu
peut-être que les individus. S'il n'y a pour nous que demi-~
à ignorer tel ou tel des _littérateurs allemands, nous ne saun0111
nous désintéresser de la littérature allemande. Elle est actuellement plus que la nôtre l'expression de l'esprit public. Sa
représentants, qu'ils le veuillent ou non, d'instinct se subordonnent à une tendance collective. Ils travaillent à une œum
commune, très une malgré l'apparente anarchie. Sur des chemina
divers tous ils se sont mis en quête du "Neuland ". Chacun
à sa façon tkhe à cet idéal d'une commune culture qui rendnit
à l'Europe, fondues au creuset germanique, toutes les richCSlel
anciennes. La " Kulturpolitik" qui entraine dans un même élan
penseurs, poètes, artistes, artisans, commence de faire sentir
chez nous, presque à notre insu, des effets dont l'importance
historique nous étonnera un jour. Ce mouvement nous avons le
devoir de le connaître.
M. Guil beaux n'en dit pas un mot. Il se défend d'avoir
cherché à introduire dans son travail un ordre fictif. Les poètes,
il nous les présente par ordre alphabétique: ce classement
semble s'être imposé impérieusement à son esprit, et pour des
raisons autres encore que ·celle d'objectivité, car M. Guil~
n'a point de l'impartialité un souci exagér~. Les tendances 1~
importent à lui aussi, mais ce sont les siennes propres qu il
poursuit, et non celles qu'un labeur calme pourrait. a_ïder 1
découvrir chez les poètes dont il s'agit. Homme de parti 111~
pour son parti, et si généreux que soit son rêve de fraternit6
sociale et politique, il lui met sur les yeux un bandeau. ,
On croirait à l'entendre que les poètes allemands n ont ell
d'autre idéal que celui du socialisme et celui de Whitmaa OIi
de Verhaeren. Or le mouvement social qui-entraînait un H_olz,
un Schlaf, un Mackay, un Paul Ernst, Hauptmann à ' :
ans, ne se prolongea guère au delà de 1890, date où app .
l'individuaHsme aristocratique dont Dehmel même a subi )J
.
profonde mfluence.
Pour Whi tman ce n,est qu' en 1892. que

NOTES

165

commença la diffusion de ses œuvres et les Allemands y
cherchèrent surtout, selon la propre expression de Schlaf, " le
.
. .
'
sentiment mt1me et exultant d être relié au tout", une
nouvelle "religion ", une nouvelle possibilité de cette synthèse
que la science demeurait impuissante à faire. C'est la même
religiosité panthéistique qui tout récemment les rapprocha de
Verhaeren en qui ils retrouvèrent une source d'inspiration à
laquelle s'est toujours abreuvée la poésie germanique. Il ne faut
donc point nous faire un devoir politique de rendre accueil
pour accueil. Il est douteux que le torrent d'amour universel
dont .~n nous pa:le soit ~e nature à_ rompre toutes les digues,
quel 1vresse poétique devienne aussi une ivresse politique et
fasse de chaque panthéiste un bon Européen. Il est tant de
manières d'être Européen, outre celle qui consiste à penser
"l'Europe c'est moi!" Sans doute il vient parfois de l'autre
c6té du Rhin un appel comme celui du FestspieJ de Hauptmann
auquel nous ne pouvons rester sourds. Sans doute un Dehmel,
un George, un Rilke brôlent-ils d'une ardeur qui est la nôtre
•~i. Mais en nous tendant les mains il faut que nous sachions
bien, que nous sachions tout.
Or M. Guilbeaux sait ou du moins renseigne mal. Nous lui
reprochons moins de prendre les Moderne Dichtercharaktere une
simple anthologie, pour une galerie de portraits, de dat:r de
i898 les Bliitter far die Kunst qui sont de 1 892, d'abandonner
George à la "compagnie d'un excessif maniérisme dans son
~is isolé" où "personne ne songe à interrompre ses méditations extra-huma1nes
· " , et de comparer sa poésie
· à un "manchon
de .bec Auer " , que d' avoir
· une naturelle répugnance pour cc
qui est profond, une secrète horreur de ce qui ne livre pas son
or ~u conquistador qui passe. Il n'est point le guide que nous
a11nons vo_ulu. La sérénité, le loisir, le labeur lui ont manqué
pour. étudier les détours de la sylve germanique où de plus
avertis se sont égarés. Encore qu'il ne se trouble pas il nous
troubl e, et il· nous trompe en se trompant.
'

�166

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

Même alors qu'il croit traduire il trahit. S'en tenant à IJlle
puérile substitution des mots aux mots sous prétexte de
littéralité, il défigure l'lmage, déforme le vers, fausse l'idée. ll
est dupe d'une fidélité superficielle qui lui fait traduire "Wcin
her" : " du vin ici"; " es war eine, die" : "il était une qui",
comme si l'on s'attachait à dire: Nicole, apportez-moi ma
pantoufles : "herbringen mir meine Pantoffel ", alors que la
bonne adaptation irait droit aux représentations - et non plat
aux mots - et les "traduisant" une seconde fois, susciterait en
nous, avec des tournures de notre langue, des états identiqua
à ceux qu'y déterminerait l'original si nous le pouvions lire.
Point n'est besoin pour cela de donner au français une saveur
d'étrangeté qui n'est point dans le texte allemand, ni de &amp;ire
fi des rapports grammaticaux qui sont là non pour la joie des
grimauds mais pour répondre à des nécessités internes. Un
accusatif de mouvement par exemple met entre les mou
allemands une relation qui tient au mouvement de la pem&amp;
elle-même, et traduire " Mein Sohn, in deinen Wiegentra11111
zomlacht der Sturm " par " mon fils, dans ton rêve du berceaa
(in deinem ... ) la temp~te rit en courroux", ce n'est point
rendre cet élan, si caractéristique chez Dehmel, de la tempête
qui jette l'éclat de son rire et de sa fureur dans le rbe de
l'enfant au herceau. Ainsi le mot à mot, outre qu'il fait violente
aux deux langues, détruit le rythme que M. Guilbeaux pourtant
se flatte d'avoir rendu. Souvent il fait violence à la pem&amp;
même comme dans cette traduction de Hofmannsthal, oil tous
•
. do
les mots de l'original se retrouvent, mais le sens r Il s'agit

lfOTIS

Er flog mit Schweigen
Durch flüsternde Zirnrner
Und lôschte irn Neigen
Der Ampel Schimmer

11 a volé dans le silence
Par la chambre murmurante
11 a éteint en s'inclinant
La lueur de la lampe.

Pour terminer signalons Da, poetirche Berlin de Heinrich

Spiero, le second volume surtout. Il oriente nettement le lecteur
dans l'histoire intellectuelle de Berlin depuis 1866. En un

résumé succinct l'auteur a su évoquer fidèlement les luttes du
naturalisme et du symbolisme dans la capitale, c'est-à-dire
presque toute l'histoire des lettres allemandes depuis 40 ans.
Gtdankengut atll meinen Wanderjahren de Dauthendey
complète le tableau de cette évolution. Ici c'est un poète qui
raconte ses souvenirs, sa vie tantôt en Suède tantôt à Münich
,
,
m, Pa~is. Avec beaucoup de couleur, de bonhomie,
d'humour, 11 évoque la bohème littéraire et les artistes qu'il
fréquenta depuis 1892. C'est moins la foire sur la place que
~es figures isolées, saillantes, caractéristiques, qui revivent ici :
ehmel, Stefan George, Przybyszewski, et aussi les peintres,
qu'une solidarité étroite unissait aux écrivains d'alors. Dauthendcy lui-même est tout entier dans ce roman de l'histoire, avec
sa &amp;atcheu~. d'"1mpress1ons,
·
·
son pittoresque
sans apprêt, sa poésie,
sa apontaneité.

~-

DIVERS

vent de printeJnpS :

ln zerrüttetes Haar

... Il s'est courbé
Dans des. cheveux en

Und Kühlte die Glieder
Die atmend glühten

Et a fraîchi les membres
Quis' enflammaient enrespiraat

[Er] bat sich geschmiegt

désordre

...

. ..

LE FILM DE L'EXPÉDITION SCOIT (Thé~tre
Réjane).

Le film de l'expédition Scott est d'une beauté si grave il
donne au c1· n éma une s1. p1eme
. et s1. h aute raison
.
,
d'être, qu'il

�168
1

i

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISI

ne s'agit plus d'y chercher un amusement, mais une émotioa
humaine entre les plus grandes.
Déjà les "chasses aux grands fauves" qu'on nous avait
montrées l'an passé au Casino de Paris, dépassaient de beaucoup
par leur ensemble, leur authenticité et par leur intérêt
documentaire ce que l'on a coutume de voir au cinéma. Mais
le voyage polaire a, par lui-même, une noblesse dont est
dépourvu le voyage équatorial. Est-ce là un préjugé puritain!
Il est évident que l'exploration dans les glaces est, sinon plus
difficile, du moins plus 1pre, plus sévère, plus dépourvue de
toute récompense sensuelle. Mais il y a plus. Les difficultés
vaincues sont d'un autre ordre. Elles ressortissent davantage du
calcul et de la prévision. L'aventurier qui subsiste en tout
voyageur, cède le pas à l'homme de science. Scott ne lutte pas
parmi des intrigues de clans nègres, des moustiques et des
miasmes; il n'a contre lui que les forces loyales de la nature; il
n'a besoin de s'appuyer que sur des camarades. Le jeu ne se
joue qu'entre blancs - et entre blancs d'élite. On peut s'y
montrer sublimes comme dans une tragédie et beaux joucun
comme dans le match le plus chevaleresque.
L'opérateur de l'expédition s'est surtout consacré à 1'étude
de la faune polaire. Quand des cinématographies nous permettent d'approcher de si près la vie des animaux, on ne se dHend
pas d'une sorte d'émotion religieuse, comme devant la célébration de mystères vénérables. On n'oubliera jamais le glissement
du phoque s'enfonçant dans son trou de glace, ni la nafre
sociabilité du petit peuple des pingouins. Mais il y a peut-êue
plus beau encore : ce sont les vu~ montrant la banquise craquant
et se disloquant sous les coups de proue du Terra NOfJa, et les
blocs de glace rebondissant le long des flancs du navire. Et les
simples vues d'icebergs, les simples portraits de ces hoJllllleB
héroïques, dans leurs tentes ou parmi leurs chiens, devaient
suffire à attirer tous ceux qui ont le got'.lt du courage et de la
grandeur. - Un jeune conférencier faisait, pour expliquer

NOTES

ces projections, d'extraordinaires dépenses d'esprit et d'accent
anglais. Il n'arrivait pas à nous empêcher d'être émus presque
jusqu'aux larmes.
J. S.

•••
UN FILM SENSATIONNEL DE M. D'ANNUNZIO
A ROME.
Las de jouer les Coriolan, M. Gabriele d' Annunzio vient de
consentir à rentrer dans son ingrate patrie. Il y rentre triomphalement, mais à vrai dire tacitement, par le cinématographe.
D'énormes affiches à ses couleurs pavoisent Rome, et l'on y lit:
CIJbiria. Si ce titre ne vous dit rien, sachez que tel est le nom
d'une suivante de Sophonisbe, prétexte gracieux et " anacréontique" comme l'apothéose qui termine le film, à nous montrer
Rome et Carthage, Annibal passant les Alpes, Massinissa dans
son camp, des forteresses magnifiques dont la toile clouée, cependant, tremble au vent, des guerres et des machines de guerre,
des cort~ges, des meurtres et des évasions. Sauf la palpitation
de la toile, c'est d'une magnificence inutile, incohérente et sans
beauté. Quelque Bakst de cinéma aura présidé à la mise en
acène, bien que M. d' Annunzio en réclame sur le programme
to~~e ~a responsabilité et tout l'honneur. On ne peut croire
q~ 11 ait apporté tant de soins à une si pauvre chose et que la
misère du libretto conçu par lui ne l'ait pas découragé radicalement. Du moins la partition spéciale arrangée pour accompagner l'action, a d1i rasséréner son âme • à son service au
service de Cabiria, on a mis presque tout Wagner ; à col:sse,
colosse et demi - et quand les consuls romains délibèrent
l'orchestre fait entendre le chant d'épreuve de Walther au
premier acte des Meistersi11ger; le contraste est irrésistible. On
~ e Cabiria sur la scène du Châtelet, en dialecte carthaginois, pour la prochaine saison de Paris. - Et cependant les
~o~aux ne tarissent pas d'éloges sur le compte du grand poète
1~en, créateur du "film artistique ... " On dit que M. Bataille
suivra.
H. G.

�170

LIS REVUES

Voili pour les passions observées dans les autres. Avant-hier me

prouva qu'il en était absolument de même pour les passions que
DOUi ressentons. Pour peindre un ambitieux, il faut supposer qu'il
raaüierait tout à sa passion. Eh l bien, j'ai honte de le dire, samedi
IOir j'étais comme cela. 1 did tltink to sp,sar "!Y old &lt;Vicina par lt(l'Vinz
I" tnt il credito dei suoi brotlters, je me sentais capable des plus
grands crimes et des plus grandes infamies. Rien ne me cofttait
plua. Ma passion me dévorait, elle me fouettait en avant, je périssais
de rage de ne rien faire à l'heure même pour mon avancement,
j'aurais eu plaisir à battre M[élanie), avec qui j'étais. Le lendemain,
la passion diminua, le deuxième jour elle devint raisonnable. J'y
pense encore aujourd'hui 9 janvier ; j'ai beau lire Saint-Simon pour
voir (au perfectionnement près) à quoi je me soumettrais en deveunt auditeur au Conseil d'Etat, je ne le désire pas moins au fond
du cœur.

LES REVUES

Il paraît un peu partout des fragments inédits de Stendhal et.
le moindre a de l'intérêt ; mais il en est peu d'aussi lourds de
sens que celui que publie la REVUE BLEUE du 6 juin. Il est da~
du 7 janvier I 806.
Samedi soir 4 janvier, j'ai peut-être eu le plus fort accès de pauioa
que j'aie jamais éprouvé. Il était si fort et me laissait si peu la
-iberté d'être attentif que, quoiqu'il n'y ait que trois jours, je l'ai
presque oublié.
La passion mise en jeu était l'ambition. Une lettre de mon
grand-père, reçue la veille ou l'avant-veille, la réveilla. Ici le mot
est propre: je relisais l'Avare, j'avais parfaitement senti les premien
actes ; la lettre arrive, je la lis comme par manière d'acquit ; je
reprends ensuite ma lecture, mais je n'étais plus attentif, j'étais 1
me liîurt:r le bonheur que /éprouverais si j'étais auditeur au Conseil
d'Etat ou tout autre chose.
Ces sentiments roulèrent dans mon ~e. Enfin, le samedi soir,
dînant par extraordinaire avec M[élanie ], je devais être le pllll
heureux des hommes par l'amour ; il me sembla entièrement éteÎIII,
et peu à peu je devins d'une ambition forcenée et presque furieuse.
J'ai honte d'y penser, je me trouvais de plain-pied avec les actiom
les plus ambitieuses que je connaisse.
A Grenoble., entendant my great fatlter speakjng of my sisttr
Pauline's possible death, je vis que les caractères étaient bien aie&amp; à
peindre, qu'il fallait tout bonnement se supposer désirable ou haJJsable ce que cc personnage désire ou hait, et raisonner sainement
sa.os jamais reculer devant les résultats étranges ou outrés en apparence auxquels un raisonnement juste pourrait conduire. J'6aÏVÏI
cela sur mon Molière.

Nous lisons d'autre part dans le DIVAN de mai (Deuxième
~our de Stendhal à Paris, I 804) :

1

Le bonheur de la passion de la gloire gagne à la solitude, mais
tootea les autres passions s'y perdent, leur bonheur devient bien

plus difficile.

•••
La rédaction des ECRITS FRANÇAIS a posé a quelques écrivains
inégalement notoires cette indiscrète question : "Votez-vous
ou bien vous abstenez-vous ? Et pour quelles raisons ? "
M. Remy de Gourmont écrit à ce sujet dans la FRANCE
(9 mars).
Il serait pourtant curieux de savoir s'il y a une majorité d'abstentionnistes parmi la jeunesse littéraire d'aujourd'hui, comme je suis
l peu près sür qu'il y en avait et qu'il y en a toujours une parmi
la litt«ateurs de mon âge. C'est là un état d'esprit qui n'a pas d(I
beaucoup changer et que, pour ma part, je m'explique assez bien.
C'est presque un aveu. Oui, je le reconnais : quoique je sois fort
dat/11 à un régime qui,jusqu'ici, a garanti ma liberté d'homm~ et
1141 libtrté d'écri&lt;Vain, ce dont je lui suis très reconnaissant, je n'ai

�LA NOUVELLE RRVUR FRANÇAISE

jamais voté. Mais il est probable que je nt me serais pas abstenu
sous un régime qui les tût menacles ou mime discutles. Baudelaire s'est
vanté, peut-être mensongèrement, d'être descendu dans la rue et
d'avoir fait le coup de feu en 1848. J'ai senti parfois que j'aurais
au moins de telles velléités contre un régime destructeur de la
liberté. Mais le vote m'a toujours paru une opération beaucoup
plus grave : comment choisir entre Dupont et Durand 1
Ce sont là raisons égo'istes. Nous nous plaisions à croire cet
état d'esprit disparu.

LES REVUES

173

et Cézanne se mit à taper comme un sourd sur une table, - com
ment peut-il oser dire qu'un peintre se tue parce qu'il a fait un
mauvais tableau I Quand un tableau n'est pas réalisé, on le f... au
feu, et on en recommence un autre 1
Pendant qu'il parlait, Cézanne allait et venait dans l'atelier
comme une bête en cage. Tout à coup il s'arrêta, et, saisissant un
portrait d'après lui-même, qu'il avait enlevé du cMssis pour agrandir la toile, il essaya de le déchirer ; mais comme ses doigts
tremblaient et qu'il n'avait pas sous la main le couteau à palette si
précieux pour ce genre d'exécutions, il fit un rouleau de la toile, le
cassa sur son genou et le jeta dans la cheminée !

Cézanne dit encore: "Zola n'était pas un méchant homme,
L'OccIDENT publie d'amusants souvenirs de M. Ambroise

Vollard sur Zola et Cézanne. Nous transcrivons cette anecdote
parue au numéro de mai:
Un jour que Cézanne me montrait une petite étude qu'il avait
faite de Zola pendant sa jeunesse, vers x 8 60, je lui demandai à
partir de quel moment Zola et lui s'étaient brouillés. " Il n'y a
jamais eu de fâcherie entre nous, me dit-il : c'est moi qui ai cessé,
le premier, d'aller voir Zola. Je n'étais plus à mon aise chez lui
avec les tapis par terre, les domestiques, et l'autre qui travaillait
maintenant sur un bureau en bois sculpté. Cela avait fini par me
donner l'impression, quand j'allais chez mon ami, que je rendais
visite à un ministre. Il était devenu, (excusez un peu, M. Vollard,
je ne le dis pas en mauvaise part !) " un sale bourgeois".
Il reprit : Je n'allais donc plus que ra~ement chez Zola, - car
cela me faisait bien peine de le voir devenu si gnollt, - quand, un
jour, le domestique me dit que son maitre n'y était pour personne.
Je ne crois pas que la consigne me concernât spécialement ; mais
j'espaçai encore davantage mes visites ... Et ensuite, Zola fit paraitre
l'Œuvre.
Cézanne resta un moment sans parler, ressaisi par le passé ; puis

il continua :
- On ne peut pas exiger d'un homme qui ne sait pas, qu'il dise
des choses raisonnables sur l'art de peindre : mais, nom de D ... , -

mais il vivait sous l'influence des événements ! " Et par ce /
mot, il se peint tout entier, lui, son labeur et sa sagesse.

•••
La revue méditerranéenne l'AI.ol!s promet d'~tre savoureuse
si elle répond à la présentation qu'en a faite Francis Jammes
dans ce curieux morceau :
Un de mes oncles habita le Mexique au temps où les fleurs de
feu éclataient dans la forêt vierge.
Il y escortait des convois d'or qu'il défendait des Indiens qui
parlementaient solennellement, des plumes bariolées au sommet de
la tète et d'autres dressées comme des arêtes le long de l'épine
dorsale et les chevaux trépignant auprès d'eux.
Quand le soleil baissait les gens du convoi que commandait mon
oncle apercevaient l'exploitation, la maison longue et basse si triste
dans l'isolement, île déserte entourée de terre de tous côtés.
La large hospitalité faisait un geste. I.e vieux colon aux cheveux
de coton prononçait : "Cavaliers, soyez les bienvenus 1 "
Et la jeune créole assise sur le banc ne parlait poin., mais ses
yeux plus noirs qu'elle n'était pàle semblaient glisser de haut en bas.
On mangeait des patates, des haricots noirs de la Vera-Cruz, du
canard au chocolat. On fumait après chaque plat. Le rhum circulait.
A l'aube repartaient les gens de l'escorte coiffés du feutre gris,
large, rond, dur, où s'enroulait un serpent d'or. Les vestes étaient

,.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de cuir comme les visages. Les pantalons s•ouvraient comme des
éventails à l'envers sur les bottes, au dessus d'étriers monstrueux.
Cette fille avait reçu un coup de poignard à la face. On avait
envoyé a Mexico, préparée dans l'huile bouillante, la tête d'un
malfaiteur. Le ·cuisinier lisait Virgile. On pissait dans des pots de
chambre d'argent massif.
Mon oncle avait rapporté du Mexique un album que j'ai feuilleté,
tout fait de plumes de colibris disposées en tableaux. L'un de ces
tableaux représentait un Indien a genoux recueillant à l'aide d'un
tuyau le suc d'une plante dont les feuilles ressemblaient à des
poignards glauques et dentelés.
Mon oncle nie disait : "L'lndien extrait de cette sorte d'artichaut
géant une boisson incomparable. C'est le vin de l' A.Loks."

• ••
MEMENTO:

- La Re'llut de Parù (15 mars et1 6 ' juin): "L'illusion
héro'ique de Tite Bassi ", par M. Henri de Régnier; la suite
.,, du " Stendhal " de M. Léon Blum.
- 3me Cahier Yaudois: "Tell", drame en 4 actes de
M. René Morax..
- Le Temps Prisent (1er juin) : "Lettres inMites de Beau) 'marchais " à son père et à s.i sœm Julia ( I 746- I 765).
Il - Le Feu: "Hommage à Mistral".
- Le Mercure de France (1 •r juin) : "Les Noces d'Atalante",
\ par Francis Vielé-Griffin.
- La Phalange (:20 mars) : "Lettres philosophiques" de
Henri Franck.
- Yers et Prost Ganvier-mars) : Des lettres de Ch. van
Lerberghe, les " Nocturnes" de Paul Fort, et la réédition des
'' Chants de Maldoror 1'.
- Les Marches de l'Est (mai): "Hommage au Danemark:
Ogîer le Danois", un conte d'Andersen.
- La Renaimmce Contemporaine (10 mai): "Le Sacre du
Printemps", par Jean Huré.

LES REVUES

1 75

- L'Effort Libre (mai)
•· " Gens" , par p·1erre H amp.
.
- Le MaJtJtte (sérte III) : De curieux dessins de James Ensor.
- .Les Lettres
(15 mai): ,, Des conditi ons d' une 1·1tt érature
,,
h1
cat o ique ' par Philippe Rambaud.

I

REVUES ANGLAISES :

- Tite ~nfish Rl!fliew (Londres). - Avril : Poèmes de:
Georges G1ssmg (posthume) Stephen Philr
H T
B li Id
'
.
ips,
·
· W.
ous e 'etc. Une nouvelle de Grant Watson: "An O d'
Corpse . " - M a1. : "The ve1ls
. of Isis, " par Frank Harris
r mary
et
la fin du roma.n de H. G . Wells.
'
I
- The N~w Weekly. - 30 Mai: une nouvelle de W L
George
: "The little Brown Slave" · Cr1·t1·q ue d es 1·ivres •par•
E
. M. Forster, J. B. Mauson, Edward Garnett . du th 'ât
(la derniere pièce d'Israel Zangwill) par R• A. S·cott' J amcse. re

•••
REVUES lTALil!NNES :

- Rassegna contemporanea (Rome). - 10 Avril : "Il fantasma", nouvelle de Francesco Chiesa.
- La Yoce (Florence). - 13 Avril .• étude. sur 1es rrammentt
,,.
.
li . .
trtc1
de
Clemente
Rébora
publiés
a
la
1·b
.
.
d
1
V
g
. . ,
'
.1 raine e a
oce. _
2 avr1~,: mteressants articles de Guiseppe Prezzolini, notamment : Collaborazione al Mondo ".
- France-Italie (Florence et Paris) · _ 1 er Avn·1 : une étudc
d Lo · C
c
uis hadourne sur Carlo Dossî.

•••
Rl!VUES ESPAGNOLES :

-

N_osotros (Buenos-Ayres). -

Avril : fragment d'un roman

de
Mar10 Bravo ; "la leyenda del Kacuy" p 0 è
.
tr ·
d
•
me tragique en
ois actes, e Carlos Schafer Gallo.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

176

177

Cuba contemporanea (La Havane). -

Avril : Etudes~:
Eu enio Maria de Hostos, par R. Blanco-Fombona. - _Mai .
pré~ace pour une anthologie de poètes cubains, par Ricardo
del Monte.

•••
REVUES ALLEMANDES,

Il nous faut regretter la mort prématurée d'Henry Bauer. Le
jeune savant auquel M. Henri Lichtenberger adresse un regret
. un e e'tude ·. "Nietzsche et Pascal" dont
la
ému pr éparait
.
REv:iE GERMANIQUE publie un fragment. En Pascal N1_etzsche
. t
é à la fois l'ami et l'adversaire idéal, le Juge et
avait rouv
d · h 1 ,,
l'antagoniste de sa propre pensée : "Pascal un ic : le
P ascaI, d 1·t Henry Bauer' pose dans toute sa• netteté tragique fit
roblème de l'instinct et de la raison ... et il le résout au pr~
l'instinct. .. Mais l'instinct pour lequel opte Pasc,al n est
int celui de l' Artiste : "Dans l' Art, dit Nietzsche, 1 homm_e
·t de lui-même comme d'un être parfait. Il est perm~s
JOUI
.
• ·
é "fiquement anud'imaginer un état contraire, un mstmct sp ~1 .
. . .
ière
d'être
qui
appauvr1ra1t,
ammc1ra1t,
man
art1st1que, une
.
•
d
anémierait toutes choses... C'est le cas du vrai c_hréuen, c
·
d' avoir corrompu
l " " Le christianisme a sur 1a conscience
P
asca ·
p
1
" " Lourdauds,
d'hommes entiers par exemple asca •
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eaucoup
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.
• "é, u'avez
h 1 d uds que vous êtes avec votre prétentieuse p1t1 q. . o our a
.
· 1 V 01c1 que
r 't là ? Etait-ce un travail pour vos mams . 1"
vous 1a1
vous m'avez mutilé et gâché mon plus beau marbre . 'd lb
- Trois jeunes revues : Die Argonauten' à He1 e erg,
r
à Münich Die Kleine Reflue, à Strasbourg, ont
Da, .arum,
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G
e la
commencé de paraître. La première rappelle Stefan eorg ' .
. K',etne
• R er;ue peut ddevenir
seconde invoque Flaubert. Die
.
•
·
h
l'organe du jeune mouvement est ettque qm· scmble se e'5mer

t

!'°

en Alsace.
LE GÉRANT : ANDRÉ RUYTERS,

Jmp. SAINTE CATHERINE, Quai St-Pierre, 12, Bruges (Belgique).

LA MARCHE TURQUE
à M. A. G.

Pour vous j'arrache à mon carnet de route et je
copie, en postscriptum aux insuffisantes lettres que je vous
adressais de là-bas, -ces feuilles plus insuffisantes
encore. Je me proposais de les compléter, de les parachever; je ne puis. On note au jour le jour, en voyage,
avec l'espoir, une fais de retour de recomposer à
loisir les récits, de retracer soigneusement les paysages;
puis on s'aperçoit que tout l'art qu'on y met ne parvient
qu'à diluer l'émotion première, dont l'expression
la plus naïve restera toujours la meilleure. Je transcris
donc ces notes telles quelles et sans en adoucir la
verdeur. Hélas ! les jours les mieux remplis et par les
émotions les plus vives sont aussi ceux dont rien ne
reste sur ce carnet, ceux où je n'eus temps que de vivre.
A contempler l'aridité du sol, l'immense terrain vague
entre Andrinople et Tchataldja, on s'étonne moins que les
Turcs ne l'aient pas plus iprement défendu. Des lieues
et des lieues se déroulent sans une habitation, sans
une ime. Le train accepte tous les détours que lui
proposent les méandres d'un petit cours d'eau, et ces
courbes continuelles l'obligent à une extrême lenteur.
I

�q8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Pas un tunnel, pas un pont, pas même un remblai. Un
ingénieur qui voyage avec nous, m'explique que le baron
Hirsch chargé de l'entreprise, était payé à tant le kilomètre~ Une fortune !
Des chiens errants accourent de loin vers le train ; on
leur jette, du wagon restaurant, les restes du repas dans des
sacs de papier qu'ils déchirent.
Entre les touffes d'iris sans fleurs et de roseaux, sur les
bords d'un fossé demi-plein d'une eau grise, collées contre
la vase, des tortues, des familles de tortues, des hordes
de tortues, plates, couleur de boue ; on dirait des
punaises d'eau.
Joie de revoir enfin des cigognes. Voici même
quelques chameaux. De-ci, de-là, de flam,boyantes touffes
de pivoines sauvages - que notre voisine, une riche
Arménienne de Brousse s'obstine à prendre pour des
coquelicots.
Mon compagnon entre en conversation avec un jeune
turc, fils de pacha, qui revient de Lausanne où_il "apprenait la peinture" ; voici sept mois qu'il a quitté pour la
première fois sa famille ; il y rentre avec un volume de
Zola sous son bras : Nana, qu'il dit '' beaucoup aimer"
aînsi que "les livres de Madame Gyp. " 11 se déclare
"jeune Turc" de tout son cœur, et croit à l'avenir de
la, Turquie; mais cela me retient d'y croire.
Ier

mai.

Constantinople justifie toutes mes préventions et
rejoint dans l'enfer de mon cœur Venise. Admire-t-on
quelque architecture, quelque revêtement de m0$quée, on

LA MARCHE TURQUE

1 79

apprend, (et l'on s'en doutait) qu'elle est albanaise ou
persane. Tout est venu ici, comme à Venise, plus
qu'à Venise, à coup de force, à coup d'argent. Rien n'est
jailli du sol ; rien d'autochtone ne se retrouve au dessous
de cette écume épaisse que fait le frottement et le heurt
de tant de races, d'histoires, de croyances et de civilisations.
Le costume turc est ce qu'on peut imaginer de plus
laid ; et la race, vraiment, le mérite.
0 Corne d'or, Bosphore, rive de Scutari, cyprès d,Eyoub !
au plus beau paysage du monde je ne saurais pr~ter mon
cœur, que je n'y puisse aimer le peuple qui l'habite.
2

mai.

Joie de quitter Constantinople, qu'il appartient à
d'autres de louer. Riante mer où les dauphins exultent.
Aménité des rives de l'Asie ; grands arbres proches, où
viennent s'ombrager les troupeaux.
Samedi, Brousse.
Jardin de la Mosquée de Mourad 1er où je me suis
assis, non au bord de cette vasque ruisselante, centre de
la terrasse en balcon, mais tout à gauche de la terrasse,
sur la margelle de marbre d'une autre vasque plus petite ,
qu'abrite un kiosque de bois peint. Une simple ouverture
ronde, du cœur profond et. frais du bassin, pousse un
gonflement d'eau qui palpite, silencieuse éclosion de la
source -au dessus de laquelle longuement je reste penché.
Au fond du bassin également, mais sur le c&amp;té, une autre
boyche exacte boit. Dans ce plateau de marbre, où l'eau

�180

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

se repose un instant, de minuscules sang-sues se promènent.
Sur le mlll' blanc de la mosquée s'agite l'ombre d'un
platane. A la manière de Sienne, mais selon ~ tout
autre esprit, un arceau simple et presque sans relief sw:monte et fiance deux plus jeunes arceaux. Dans le cet.rait
du relief. les nids d'un peuple d'hirondelles. A mes pieds
le vert S~hel de Brousse, où s'étend la paix lumineuse.
Il fait tranquille. L'air est ineffablement limpide; le ciel,
clair comme ma pensée.
Ah ! ah I recommencer à neuf, et sur de nouveaux
frais ! Éprouver avec ravissement cette tendr~sse exquise
des cellules où filtre l'émotion comme un lait... Brousse
aux épais jardins, rose de pureté, r~s~ ind~lente à l'ombre
des latanes, se peut-il que ne t ait point connue ma
jeun~? Déjà ? Est-ce un souvenir ~ue j'habite ? Est-cc
bien moj qui suis assis dans cette petite cour ~e mosquée,
. et mo1· qui t'aime ? ou rêvé-Je seulement.
mo1. qui. respire,
de t'aimer?.. Si bien réellement j'étais, aurait-elle volé s1
près de moi, cette hirondelle ?
Dimanche. Brousse.
Dès que j'aime un pays, c'est pour so~aiter d'y ,vivre.
Mais ici je ne ferais point d'amis. Ma solitude ne s afparente qu'aux arbres, qu'au bruit des eaux courantes, qu aux
ombres que tressent les treilles au dessus des ru~ _d~
marché. Le peuple est laid ; c'est l'écume que les cmhsations ont laissée.
1
Cinq petits juifs nous accompagnent aujourd'hui de a
M quée Verte 1·usqu'au bazar et à l'hôtel. Chacun d'eux
œ
semble
de race différente, et de deux se ulemcn too

1A MARCHE TURQUE

181

devinerait qu'ils sont juifs. Ce sont des juifs d'Espagne,
ainsi que tous les juifs de Brousse. Ils fréquentent l'école
française et parlent notre langue avec une déconcertante
abondance. lis demandent à notre compagne : - "C'est
vrai, Madame, que dans la France chaque chien possède
un maître?., - et encore: - "Dans la France, n'est-ce
pas, l'eau n'est pas bonne et on ne peut boire que du
vin?"
Chacun d'eux se propose de gagner Paris dans deux
ans, après un premier examen, puis, là-bas, de pousser plus
loin ses études à l'école juive orientale d' Auteuil, pour
enfin devenir Monsieur.
Mardi.
Le premier jour je n'achetai qu'une petite coupe de
porcelaine, vieille et qu'on edt cru venir d'un Orient
plus lointain. Elle est grande à tenir dans la main. Des
dessins b]euitres couvrent un fond de jaunitre blanc
craquelé.
Rien de plus décevant d'abord que ce bazar où nous
fîmes ce premier jour une promenade désenchantée. Au
dessus des boutiques banalisées, les écharpes de soie uniformément bariolées nous faisaient fuir. Mais le second
jour nous entr~es dans les boutiques...
Ce second jour j'achetai trois robes ; l'une verte et
l'autre amarante ; chacune striée de fils d'or. La verte a
des reflets violets; elle convient aux jours de méditation et
d'étude. L'amarante a des reflets d'argent ; j'en ai besoin
pour écrire un drame. La troisieme est couleur de feu ;
je la revêtirai les jours de doute, et pour aider l'inspiration.

�LA MARCHE TURQUE

I

8J

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

182

Ces robes obligèrent l'achat de chemises orientales,
aux larges manches non boutonnées ; puis des souliers
turcs à semelle concave, ol) le pied se sent étranger.
Comme je m'en revenais du bazar, je vis, ce matin-là,
dans l'étroite rue qui fuit au loin vers la montagne, deux
mulets chargés de neige ; elle avait été recueillie sur
l'Olympe; une étoffe de laine l'enveloppait à demi, la
soutenait et la préservait du contact pénétrant des cordages ; de chaque c6té du mulet on aurait dit un bloc de
marbre.

J'ai découvert, un peu au dessus de la ville, un lieu
de repos délectable ; l'herbe où s'étendre est fraîche ;
un rideau de hauts peupliers y répand une ombre légère.
Devant moi se déploie la ville ; à mes pieds le torrent
qui la traverse et que tant6t je remontai, loin, m'enfonçant dans ce ravinement dernier de l'Olympe, aride et
laid, mais qui me promettait un peu plus haut, aperçu de
très loin, un troupeau de chèvres que paissait sans doute
un berger. Ah! que d'heures ainsi je perdis, sur les pentes
de l' Apennin ou de l' Aurès, à suivre les brebis ou les
chèvres, auprès des pâtres, pâtre moi-même, écoutant le
chant de leur rustique flt1te murmurer à mon cœur :

Utinam ex vobis unus...
Brousse. La Mosquée Verte.
Lieu de repos, de clarté, d'équilibre. Az.ur sacré; azur
sans rides ; santé parfaite de l'esprit ...
Un dieu exquis t'habite, 6 mosquée. C'est lui qui

con cille et permet la suspension spirituelle, au milieu de
l'ogive et, la rompant, de cette pierre plate, là, précisément _là ou devraient se rencontrer les deux courbes, à cet
endroit secret, actif, qui prennent aise, à ce lieu de cotncidence et d'amour, qui font trève et s'offrent à se
reposer. 0 sourire ubtil ! Jeu dans la liberté précise !
Que tu en prends donc à ton aise, délicatesse de mon
• 1
esprit
..•.

_Longtemps j'ai médité dans ce saint lieu, et j'ai compns enfin que c'est ici le dieu de la critique qui attend
nos dévotions, et que c'est à l'épuration qu'il invite.
Brousse. Mercredi.
Cette nuit une étrange, incompréhensible rumeur nous
a réveillés ; sorti du plus profond sommeil j'ai d'abord cru

aux préparatifs de mes voisins qui devaient partir vers
6, he~res ; mais, regardant ma montre, j'ai constaté qu'il
n était que 3 heures du matin. Non ; le bruit venait du
dehors ; des gens couraient, poussaient des cris, et à
travers ces cris distincts on percevait une grande clameur
continue faite d'une masse d'appels et de lamentations •
puis des détonations sourdes, d'autres plus claires, cou~
de feu d'autant plus inquiétants qu'ils partaient à la fois
de différents quartiers de la ville. Un instant j'ai pu croire
à, une émeute, un massacre (à quoi l'on peut toujours
5 ~ttendre dans ce pays), une S;iint-Barthélemy d' Arméniens, de Grecs, de juifs... ou d'étrangers. J'ai couru
à ma fenêtre: une grande lueur inégale et rouge éclairait
tragiquement
.
les hauts arbres ; ces coups de feu étaient
un tocsin d'incendie.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Le foyer semblait tout proche ; je ~e suis habillé en
hàte. A quelque cent mètres de l'htltel, c'était une
distillerie et un débit de boissons qui br-dlaient. Le feu,
quand je suis arrivé, battait son plein ; la foule s'empressait dans un désordre indicible, avec des vociférations, des
hurlements que je ne sais s'ils devaient exprimer la terreur
ou exciter à l'ouvrage ceux qui couraient portant de l'eau
dans de misérables bidons de zinc à demi-crevés. D'autres
maisons étaient proches, en bois pour la plupart, et le
souvenir des derniers incendies de Stamboul hante encore
les esprits... J'eus une demi-heure durant, un spectacle
rare ; puis les pompes sont arrivées ; non point une ou
deux, mais, presque à la fois, huit ou dix, répondant
à l'appel des coups de feu, de tous les postes de la ville.
Et, comme ici l'eau surabonde, l'incendie a vite été circonscrit puis maté. L'aurore paraissait quand je suis
retourné dormir.
9 mai. En route pour Nicée.

J'aurais quitté Brousse avec moins de regrets il y a
quelques jours ; cette petite ville est d'un charme, d'une
beauté très mystérieusement captÎvé\nte. Tout d'abord j'y
recherchais trop mes souvenirs d'Algérie et je me désolais
de n'y trouver ni musiques, ni vêtements blancs, et rien
que de hid~ux visages ... Mais comment oublier désormais
cette promenade du soir, hier, à l'heure des muezzins, et
prolongée jusque dans la nuit, par ces ruelles silencieuses,
coupées de cimetières en jardin ; et cette vue enfin sur la
ville entière, baignant, flottant dans une fumée bleue que
perçaient les hauts minarets.•.

LA MARCHE TURQUE

Nous avons quitté Brousse dès cinq heures. Le temps
était couvert ; une brume assez épaisse voilait les derniers

plans, comme ce rideau de tulle gris qu'on fait tomber
dans les fécries pour changer la toile de fond. Les arbres
au bord de la route en paraissent plus énormes encore.
Au dessous de ces grands arbres qui surgissent du brouillard par instants, une culture continue de petits m11riers
nains occupe en rangs serrés les environs immédiats de
Brousse. ~lus loin ce sont des champs, puis d'assez vastes
espaces vides. La route enfin s'élève lentement et les espaces
labourés se font plus rares. Les Grecs, les Arméniens
cultivent ces champs; presque jamais les Turcs; de sorte
que, sans l'immigration, resterait à peu près à l'abandon la
terre. C'est du moins ce que nous affirme notre drogman,
juif de Buenos-Ayres, qui parle toutes les langues excepté
l'hébreu, sujet du sultan, italien d'origine malgré son
nom allemand, si difficile à prononcer qu'il a dt1 prendre
un nom de guerre.
Nicolas porte un costume de globbe-trotter : nickerbocker, guètres de cuir verni. Son fez est doublé d'une
coiffe ; il le soulève souvent pour s'éponger, car il a la
sueur facile, et découvre un chef rond et ras. C'est sur
les conseils d'un médecin de ses amis qu'il se rase : au
Caire il avait mal aux yeux, à cause des mouches et du
sable ; alors ce médecin lui a dit : rasez-vous et, tous les
matins, trempez-vous les yeux dans du jus de citron.
Depuis ce jour il est toujours rasé et n'a plus jamais mal
aux yeux.
Il porte beau, se rengorge, est familier avec les autorités
du pays, obséquieux avec les étrangers, hautain avec les
inférieurs, fort de tout l'argent des touristes qu'il accom-

�186

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pagne. Sur quoi que ce soit qu'on l'interroge, il a réponse
prête et continue de répondre longtemps après qu'on ne le
questionne plus.
Comme la montée se fait plus rude, nous descendons
de voiture. Nicolas accoste les gens sur la route. Ici c'est
un berger ; plus loin un bi1cheron qui plie sous un fagot
et sourit en nous voyant passer. Nicolas pointant du
doigt vers son visage ;
- Regardez ses dents ! Et jamais il ne les lave.
Charmant jeune homme ! Extra-extra ! Sont tous comme
ça dans ce pays. J'en ai jamais vu un pareil. Regardez
ce qu'ils sont contents de voir des étrangers. Ça est
intéressant. Rien que ça vaut le voyage. Etc.
A propos de tout et de n'importe quoi il répétera ces
formules.
Émotion de découvrir dans la montagne le daphné
buissoneux de Cuverville, tout en fleurs. La flore n'est
pas très dépaysante : je retrouve les cistes de l'Ésterel,
mêlés aux églantiers de Normandie. Mais chaque plante
ici paraît plus robuste et plus pleine, étalant un feuillage
intact. Sans doute ces plantes doivent leur parfaite santé
à la grande abondance d'oiseaux qui les débarrassent des
insectes.
Que d'oiseaux ! chaque arbre en est peuplé ; le brouillard pénétré de leurs chants mélancoliques. Les Turcs
religieusement les protègent. A .Brousse s~ la place du
marché circulent tranquillement deux vieux vautours
pelés et quatre cigognes blessées. On en voit partout, des
cigognes; elle m'amusent comme au premier jour et me
consolent un peu de l'absence des chameaux.

LA MARCHE TURQUE

_Vers neuf heures le brouillard s'est levé, puis entr'ouvert
après que nous ei1mes doublé la montagne et nous avons
pu voir derrière nous tout le massif neigeux de !'Olympe.
D'abondantes pluies ont défoncé la route. Certes elle
est pavée par endroits, à la manière des routes du Roi ;
mais les pavés alors sont si inégaux, si énormes, si mal
enfoncés, que le mieux est de quitter la route et de faire
sa piste à côté. On a confié la réfection d'une partie de
cette route à un Français que nous avons rencontré tout
à l'heure. Il était à cheval et nous a escortés quelque
teipps ; puis il nous a laissés à l'extrémité de sa concession, nous prévenant que la route allait " devenir
mauvaise ".
Elle côtoyait d'abord une immense étendue marécageuse, naguère cultivée paraît-il, mais au milieu de laquelle,
il y a quatre ans, des sources inopinément ont jailli couvrant les culturCJi d'une eau sans écoulement, d'une eau
morte, où les roseaux ont remplacé les céréales et les
grenouilles les moineaux. Elles font d'un bord a l'autre
de l'horizon un extraordipaire vacarme ; et nous nous
demandons si les faucons qui planent au-dessus des bords
du marais s'en nourrissent, car il ne semble pas qu'il y ait
là pour eux rien d'autre à chasser. Parfois pourtant s'envole
une poule d'eau ou une sarcelle. Sans doute dans le
milieu du marais hante un plus étrange gibier ; des
pélicans, dit-on ; et mes regards obstinément fouillent
l'épaisseur des joncs, des roseaux dont les hampes seches
et les aigrettes fanées de l'an passé suspendent une sorte
de nuage roux au-dessus des fraîches lances vertes.
A Yeni Cheir cependant nous retrouvons une route

�188

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

meilleure ; mais nous avons perdu tant de temps que nous
n'arriverons à Nicée qu'à la nuit.
Oh! que la lumière était belle! quand, ayant franchi
le col, je découvris l'autre versant ... J'avais laissé mes
compagnons regagner les voitures et continué seul à pied
la montée, biaisant, pressant le pas, désireux d'arriver
avant eux au col et de- m'y attarder un instant ; mais il
se reculait sans cesse, comme il advient dans les montagnes
où la hauteur qui paraît la dernière en cache une autre
plus lointaine, d'où se découvre encore une nouvelle
élévation. C'était l'heure où les troupeaux rentrent qui
animent les pentes du mont, et je marchais depuis longtemps dans l'ombre où chantaient avant de s'endormir
les oiseaux.
Sur l'autre flanc tout était d'or. Le soleil se couchait
par dela le lac de Nicée vers lequel nous allions descendre,
qu'éblouissait l'horizontal rayon. On distinguait, à demicaché par la verdure, le petit village d'lsnic, trop au large
dans les murs de l'antique cité. Pressées par l'heure, nos
voitures sans frein dévalèrent d'un train de chute, dédaignant les lacets, coupant court au gré de périlleux
raccourcis. Je ne comprends plus bien ce qui fait verser
les voitures, puisque les n6tres n'ont pas versé.•• Au pied
du mont, les chevaux se sont arrêtés pour souffler ; une
source était là, et je crois qu'on les a fait boire. Nous
étions repartis de l'avant. L'air était étrangement tiède;
des nuées d'éphémères dansaient dans la dorure du couchant. A notre droite, bien que le ciel fflt déjà sombre,
on ne voyait pas une étoile ; et nous nous étonnions que
p'Ô.t briller déjà si fort Vénus, unique, au dessus de l'em-

LA MARCHE TURQUE

brasement du ciel. Comme nous allions franchir la porte
~'Hadrien, la lune a commencé de paraître par dessus
1épaule du mont, la pleine lune, énorme, subite et
sur~renante comme un dieu. Et depuis ma première
amvée à Touggourt, je ne crois pas avoir gotlté d'émotion
p~us ~trange que cett~ _entrée de nuit dans le petit village
d Ismc, honteux, mo1S1, décomposé de misère et de fièvre
blotti dans ses décombres solennels et dans son tro;
énorme passé.
Après un bref repas fait des provisions que nous avions
emportées de Brousse, nous sommes ressortis dans la nuit.
Le clair de lune était doux et splendide. Fondrières au
sortir de l'auberge; le sol semble pourri. Devant la porte
un enfant immobile, appuyé contre le mur• son visage est
' au hasard.
rongé d' un chancre. Nous nous aventurons
A l'extrémité d'une rue défoncée l'espace s'ouvre; devant
nou~ de larges_ fleurs piles, dont on n'aperçoit pas la tige,
de-c1 de-là faiblement se balancent et semblent flotter•
c'est un champ de pavots. Non loin une chouette pleur~
sur la ruine d'une mosquée; l'oiseau s'envole à notre
approc_he ... Nous retournons vers le mystérieux village
assoupi ; pas un feu ; pas un bruit; tout semble mort.

10

mai.

~n vo'.ture jusqu'à Mekedje; puis en wagon jusqu'à

Eski Che1r. Plaine immense et sans agréments, où règne
en toute stîreté la lumière. Parfois un grand troupeau de
ces buffles noirs que déjà nous admirions à Constanti-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nople ; des cigognes. Mon œil g011te inlassablement
l'inépuisable attrait de l'espace.
12

1

l\'1

l
11

l111
111

1

mai.

A 5 h. du matin départ d'Eski Cheir où nous 1avons
passé la journée de la veille. Le train s'engage dans la passe
mystérieuse que l'on distinguait au sud-ouest de la ~ille.
Vallée étroite entre des monts de terre rouge effritée;
monts point très hauts, et de hauteur partout égale,
comme passés à la toise, qui s'achèvent en table; sans
végétation aucune. Noblesse étrange de cette vallée sous
ce ciel admirablement pur.
Bient6t les collines, aux deux côtés de la rivière,
s'abaissent encore; le sommet des collines s'argente;
quelques pins font une moucheture à leurs flancs. On
entre enfin dans une sorte de plaine semée de singulières
efflorescences rocheuses. De loin en loin quelques villages,
chacun d'èux doublé d'un cimetière planté de menhirs.
Puis de nouveau le pays change. Le sol perd sa rougeur.
Une mince rivière que bordent de petites berges abruptes,
hésite en maints détours entre les larges plis du terrain.
De grands labours s'étendent, jusqu'au pied de ces étranges
sursauts rocheux, qui, de loin en loin,' crèvent· la terre
par surprise, sortes de citadelles grises, baroques, que
verdit un peu le lichen et que tapisse aux endroits plans
un gazon ras. La terre est cultivée, mais où sont les
cultivateurs? Aussi loin qu'on peut voir, et depuis assez
longtemps, plus un être, plus un village, plus même une
tente isolée.

LA MARCHE TURQUE

Afioun Kara Hissar.
"Le cM.teau noir de !'Opium". Empire du morne e
de la férocité. Alentour de la ville, de grands champs de
céréales, mais pas trace des champs de pavots dont parle
Joanne et qui sont, prétend-il, si beaux au mois de mai.
Notre train rapatrie grande quantité de soldats. Ceux
que nous avons trouvés dans le train en montant à Eski
Cheir viennent d~ Constantinople ; ils ont fait la guerre
des Balkans, et sortent enfin à· présent des h6pitaux ou
des prisons. Ceux qui montent à Afioun Kara Hissar
reviennent par Smyrne du Yemen, apres avoir réduit une
insurrection des Arabes. Terriblement réduits eux-mêmes.
La plupart sont loqueteux, sordides ; quelques uns semblent moribonds. Nicolas nous appelle pour nous en
montrer un qui n'a plus qu'une guêtre et, à l'autre jambe,
qu'un soulier; qui n'est plus vêtu que de' hardes. Son
pantalon de toile, déchiré, retombe sur la jambe sans
guetre. Sa maigreur est hideuse et sa faiblesse telle qu'on
a d-ô. le hisser dans le train. Sur le quai de la station
d'Afioun, d'abord, il restait assis sur un sac; un camarade
était penché vers lui, et sans doute lui proposait quelque
nourriture, à qui le moribond répondait en balançant la
tête; son regard me rappelait celui d'un chameau abando~né le long de la piste entre M'reyer et Touggourt
qui, un instant, souleva la tête pour regarder passer
notre voiture, puis qui la laissa retomber ; à la fin il
accepte un peu d'eau, ou je ne sais quoi, que l'autre soldat
lui. fait boire, et pour remercier il essaie un sourire,
grimace affreuse qui découvre toutes ses dents.
- Madame a vu comme il est vêtu, dit Nicolas. Sont

�192

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tous comme ça dans l'armée turque. J'en ai jamais vu un
pareil!
A une petite station après Aki Cheir, nous le vîmes
descendre. Il semblait n'être pas s1lr de devoir descendre là.
Etait-ce bien son pays ? On ei1t dit qu'il ne le reconnaissait pas. II n'était reconnu par personne. ~l fit le_salut
militaire en passant près d'un chef, qui ne lUJ rendit pas
son salut. Une grande quantité de gens était _ven~e du
village, distant de plusieurs kilomètres. Le tram s -arrê~
quelque temps et nous vfuies • tout ce monde repartJT
joyeusement dans des voitures, em~enant les nouv~aux
arrivés. Nous nous attendions à le v01r monter dans lune
d'elles. mais non, et quand aux abords de la station ne
resta pÎus personne, de notre train qui s'éloignait no~
le vîmes faire quelques pas en avant sur la route, puis
demeurer la, tout droit, tout seul sous le soleil.

la

La voie s'élève assez rapidement jusqu'aux hauteurs d'où
l'on domine la plaine immense qui s'étend vers le nord
jusqu'a Angora. Le soleil se couche tandis que nous franchissons la passe qui mène dans l'autre plaine, ~elle ~e
Koniah qui s'étendra jusqu'au Taurus. L'ombre l emplit
déja. Quand on arrive à Koniah il est nuit close.

Koniah.
Madame M. de S. est ici la seule femme, comme nous
sommes les seuls touristes. Les gens qui prennent leur
repas près de nous sont ici pour affaires ; de toutes les

LA MARCHE TURQUE

nationalités; mais rien qu'à les voir on comprend qu'ils ne
viennent pas à Koniah pour des prunes.
L'hôtel est à côté de la gare et la gare est loin de la
ville; un petit train y mène à travers la plus morne banlieue•.• Mais avant de parler de Koniah, je dois dire à quel
point je m'étais monté l'imagination sur cette ville. C'est
aussi que je croyais encore (et j'ai du mal à ne pas croire)
que plus on va loin plus le pays devient étrange. II n'y a
pas tres longtemps que le chemin de fer permet d'aller
presque aisément à Koniah. Avant de partir, j'avais vu 1a
p~otograp~ie d'admirables.restes de monuments seldjouc1des que Je devais trouver ici. D'apres eux je construisais
toute la ville, somptueuse et orientale à souhait. Je savais
enfin que c'était la ville des derviches, quelque chose
comme un Kairouan turc...
Et sitôt après le dîner, l'esprit affarné de merveilles et
prêts à toutes les stupéfactions, G. et moi nous étions sortis
dans la nuit; nous ne savions pas que la ville était si
distante et la solitude autour de l'hôtel nous surprit.
Quelques lumières aux côtés d'une large avenue étaient
celles de médiocres cafés et de quelques échopes sans
caractere ; puis un espace béant plein de nuit. A quelques
~ntaines de metres pourtant une clarté beaucoup plus
vive nous attira ; quelque casino, pensions-nous• non .
, .
'
,
c étaient les lanternes-phares d'une auto - celle d'EnverBey, apprîmes-nous le lendemain, qui va de ville en ville
s'assurer des forces dont dispose encore la Turquie. Malgré toutes les promesses qu'il put faire de ne reprendre
point la guerre avant cinq ans, ce voyage ne nous dit rien
qui vaille et nous entendons circuler, depuis que nous
sommes en Anatolie, les bruits les plus inquiétants.
2

�LA MARCHE TURQUE
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

1 94

Nous rentrames ce premier soir fort déconfits de notre
exploration nocturne. Le lendemain, levé dès avant cinq
heures, je pris le premier train pour la ville.
Il faut bien finir par avouer que Koniah· est de beaucoup ce que j'ai vu de plus hybride, de plus vulgaire et
de plus laid, depuis que je suis en Turquie, comme il faut
avouer enfin que le pays, le peuple tout entier dépasse
en infirmité, en informité l'appréhension ou l'espérance.
Fallait-il venir ici pour savoir combien tout ce que vis en
Afrique était pur et particulier ? Ici tout est sali, gauchi,
terni, adultéré. Certes Koniah se banalise un peu plus
chaque année,surtout depuis que l'atteint le BaghdadBahn;
surtout depuis qu'un décret de police vient d'ordonner,
pour des raisons de salubrité, la démolition de toutes les
maisons à toit plat et leur reconstruction selon un modèle
à toit de tuiles; mais il faudrait, je suppose, remonter, non
pas de vingt ou de cinquante ans en arri~re, mais bien de
quelques siècles pour retrouver à Koniah quelque authentique et particulière saveur. Pour ajouter à sa disgrke, (je
devrais dire plut~t: à sa défaveur dans mon esprit) Koniah
par sa position par rapport à la montagne voisine et à la
plaine, rappelle irrésistiblement Biskra. Mais combien ces
montagnes sont moins belles, et de couleur et de formes, que
les monts de l'Hamar Khadou; combien moins b.elle que le
1
désert, cette plaine; moins beaux ces arbres que les palmiers, et que les Arabes ces Turcs.
Dans tout le vaste pays parcouru, à peine avons-nous
rencontré de-ci, de-là, quelque costume ou quelque figure
sur qui le regard e1Ît plaisir à poser, de quelque Tzigane,
ou Kurde, ou Albanais amené jusqu'-ici on ne sait par
quelle aventure. Pour les autres, tant Turcs que Juifs, tant

Arméniens que Grecs ou ue Bul
I 95
de fez me paraissent é l q
~es, tous ces porteurs
ga ement laids . et h
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'
c acune de ces
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J'ai grand amusement à retrouver
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•
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pas encore 6 heures. Je le soupçon
orna • n est
f,
pour la première fo1's . .t ·1
ne ort de venir ici
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Al
nous ne soyons levés.
son ro e avant que
Enver Bey quitte Koniah ce m .
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. atm à onze heures. Un
m ne. ous assistons à
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nous laisse pénétrer sans d'ffi 1 é
_son part. On
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ou éJa sont rassemblés mamts
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�196

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.
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ment écartés. on distingue a a roi
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défilent successivement des boys s
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déjà prêts à se f:aire
tuer pour " a cause.
repartira ~onte~t.
t la députation des derviches. CeuxIl reçoit mamtenan
. bl , l
és sont reconnaissa es a a
.
deux landaus ont amen ,
d'
ci que
fé . les coiffe . certains sont assez ignes,
bombe au ca qui
dé are~aient point la cérémonie du
d'aspect noble, et ne p
1 es uns d'entre eux
.
ns même que que qu
BourgeotS ; avouo .
Il .
nt s'incliner devant
. bl visage s vienne
ont un admira e
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. . tre et protester sans o
ce nouveau m:1;eur fidélité ; leur grand chef escortera
dévouement et e
Afi
les généraux et les
Enver Bey jusqu'à
oun, avec
journalistes.
.
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L diverses députations se rangen
.
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L'heure a sonné. Enver monte en wagon'
quai de a ~are, .
. . t de démarche très assurée; on
il est de taille bien pnse_ e . d c6té Liman suit, très
sent qu'il ne regarde 1ama1s e trop. gras, les cheveux
trop rose un peu
l
grand, un peu
'
·s derrière eux la fou e
.
·s bel homme; put
gnsonnants, mai
J crois assister à une scène de
des notables se presse... e
cinématograph~.
l' E ver Bey reparait à la fenêtre
Le wagon s est emp i. n

LA MARCHE TURQUE

1 97

et commence une série de petits saluts de la main tandis
que le train s'ébranle lentement aux sons de la polka des
roses exécutée par des instruments de cuivre avec une
bouffonne profusion de couacs.
Cet après-midi nous allons à la Mosquée des Derviches.
Un jardin clos l'entoure; faisant face à l'entrée de la
Mosquée, une suite de petites salles, qui sont je crois les
chambres des derviches célibataires, ouvrent sur le jardin,
qu'elles enclosent. D'autres salles plus grandes et de plus
bel aspect sont réservées aux dignitaires. Avec une courtoisie exquise l'un de ceux-ci, au nom du chef des derviches, nous invite à nous asseoir un instant. Nous entrons
dans une sorte de kiosque, largement ouvert de deux
côtés sur le jardin, à l'extrémité du bàtiment où sont les
logements des derviches.
Aucun meuble ; point d'autres sièges que ces bancs
latéraux où nous nous asseyons. Ah l combien volontiers,
déchaussé, je m'accroupirais sur ces nattes, à la manière
orientale, ainsi que je faisais dans la Mosquée Verte !...
On nous offre le café. A travers le drogman j'exprime
nos regrets de n'être point à Koniah le jour qu'il eüt
fallu pour assister à une de leurs cérémonies hi-mensuelles.
C'est, plus encore que leur danse au tournoiement monotone et que avions pu voir à Brousse, leur musique que
je regrette. Je voudrais connaître l'age de cette musique,
et si dans tous les couvents de derviches elle est la même ?
Quels sont leurs instruments? ... Pour répondre à mon
insistance, l'un des derviches va chercher deux longues
fl6tes de bambou, à embouchure terminale, et un carnet
assez volumineux qu'ils me tendent, où, récemment,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ils ont transcrit selon la notation classique le répertoire
complet de leurs airs. Je doute si le dessin de leurs subtiles
arabesques mélodiques n'a pas beaucoup souffert de cette
notation et s'ils n'ont pas dô, pour le clouer sur notre
gamme, souvent détériorer la mélodie. Est-ce d'après
cette transcription qu'ils vont jouer de leurs instruments
ou chanter désormais? ...
Sur ma prière, aimablement ils commencent à souffier
dans leurs roseaux ; mais l'une des flCltes est trop sèche
et s'anime mal; l'autre, qu'elle suivait à l'unisson, s'essouffie ; et bientôt prend fin cc concert de complaisance,
au demeurant fort ordinaire.
ous ressortons dans le jardin. Il est plein du parfum
des fleurs et des rires discrets d'un jet d'eau. En regagnant
la mosquée nous passons non loin des autres salons des
derviches ; ils forment baie sur le jardin ; ce n'est qu'un
large alvéole, recueil d'ombre et de méditation. Dans
plusieurs de ces alcoves nous voyons assemblés des
derviches, assis à la mode persane, comme dans une
miniature.
Ce sont s1'.lrement de tres saintes gens, ces derviches,
mais au grand calme de ce lieu si peu d'austérité est
mêlée, ce jet d'eau conseille si peu la prière, qu'on ne
s'étonnerait pas beaucoup si le miniaturiste avait pris
fantaisie çà et là d'ajouter quelques bayadères.
Dans la mosquée, une salle vaste et claire est consacrée
aux tournoyantes pratiques de ces Messieurs. Tout à
c6té s'ouvre une salle non moins vaste, mais plus obscure,
que les tombeaux de saints illustres sanctifient. D'ignobles
tapis modernes couvrent le sol. Du plafond pend un
nombre incroyable de lanternes et lustres de toutes sortes;

LA MARCHE TURQUE

t~us outrageusement neufs et du plus abominable goôt.
S1 peut~tre pourtant Je
· m,approc he d, une suspension
de cuivre qui me paraît d'art byzantin, je m'aperçois
p~~q~e aussitôt qu'elle est moderne, de vulgaire travail et
d ~nd1scret éclat. Le derviche qui nous accompagne m'explique alo~ ;ue la, vraie lampe est partie en Amérique
et que ceci n est qu une copie que le collège des derviches
a accepté à la place. Il dit cela comme une chose toute
naturelle, sans gêne aucune, et prêt je pense à accepter
quelque nouveau troc de ce genre - si seulement restait
e~core dans ce lieu vénérable quoi que ce soit qui valut
d être convoîté.
De Koniah à Onchak.
Al
· de S...... on entasse dans les wagons de
.. a station
tro1s1ème de notre train quantité de recrues, insoumis ou
déserteurs. Des mères sanglotent sur le quai. Eux affectent
une grande insouciance, et le wagon s'emplit de rires et
de chants joyeux. Ils ont gardé pour la plupart leur
cos~me de la campagne, divers, mais de couleurs chaudes
~t vives et faisant à travers le bariolage, d'un bout à
l autre du wagon, une plaisante et riche harmonie.
A la station qui précède Ak-Cheir montent deux
russ es, IDOUJI··1cs dont 1a mise, le visage, dont tout l'aspect
surprend étrangement ici. Le bas de leur visage est noyé
dans une barbe épaisse ; un chapeau de feutre mou est
ra~attu sur leurs yeux ; de grandes vareuses les couvrent,
qui tombent ur leur culottes brunes, presque jusqu'à leurs
bottes couvertes de boue. Ils sont beaucoup plus grands
et plus forts que tous ces Turcs mais l'expres ion de leur

�200

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

regard est timide, enfantine presque, et d'une douceur telle
que lorsqu'il se pose sur vous on voudrait leur ouvrir son
cœur. Ce sont, nous dit le drogman, des pêcheurs du
poissonneux Akchéhr-Gheul, l'étang que nous venons de
longer. La voiture qui les amenait au train a été attaquée, et le cocher, qu'on hisse à présent dans le wagon, a
reçu une charge de pistolet ou de fusil dans la figure. Il
semble moribond. Nous nous approchons de lui, G. et
moi ; traversant la pouilleuse foule qui encombre le couloir. Il est tout affalé par terre, la tête appuyée à la
hauteur de la banquette, penché en avant comme pour
vomir • il rend le sang assez abondamment par la bouche
'
•
1
ou le nez, on ne sait trop, car son mouchoir, attache en
bandeau , lui cache le bas du
. visage. A peine si les Turcs
du wagon l'ont regardé, bie!1 qu'il soit Turc lui-même.
A la station d' Ak-Cheir, on le descend, inerte, sans
connaissance, mort peut-être, couvrant de sang l'épaule
du débardeur qui l'emporte.
A partir d' Afioun Kara Hissar nous quittons la ligne
par où nous étions venus, et nous nous dirigeons ve~s la
côte occidentale. Le pays bientôt semble s'humamser;
c'est-à-dire que les plis du terrain sont moins vastes et les
terres plus cultivées...
Je ne prends plus plaisir a ces notes et délaisse bientôt
complétement mon carnet. Je ne l'ai repris ni a Ephèse,
ni à Smyrne où nous nous attardimes encore quelques
jours ; après quoi je fus précipité vers la Grèc~, d~ toute
la force même de mon aversion pour la Turquie. Si là-bas
je recommence à écrire, ce sera sur un autre carnet.

LA MARCHE TURQUE

201

C'est de Turquie qu'il est bon de venir, et non de
F~ance ou d'Italie pour admirer autant qu'il sied le
miracle que fut la Grèce - avoir été "sur ces terres désespérées longtemps coutumier d'errer, le défait et le las voyageur" des Stances a Hélène qui se sent ramené comme
chez lui "vers la gloire que fut la Grèce".
L'instruction même que je tire de ce voyage est en
proportion de mon dégoô.t_ pour ce pays. Je suis heureux
de ne point l'aimer davantage. Lorsque j'aurai besoin
d'air du désert, de parfums violents et sauvages, c'est au
Sahara de nouveau que je m'en irai les chercher. Dans
cette malheureuse Anatolie l'humanité est non point
fruste, mais abîtnée.
Fallait-il aller plus loin ? Jusqu'à !'Euphrate?_ Jusqu'à
Bagdad? - Non; je n'en ai plus le désir. L'obsession
de_ ces pays, qui me tourmentait depuis si longtemps, est
vamcue ; cette atroce curiosité. Quel repos d'avoir élargi
sur la carte les espaces où l'on n'a plus souci d'aller voir !
Trop longtemps j'ai pensé, par amour de l'exotisme, par
méfiance de l'infatuation chauvine et peut-être par modestie, trop longtemps j'ai cru qu'il y avait plus d'une
civilisation, plus d'une culture qui pftt prétendre à notre
amour et méritit qu'on s'en éprît ... A présent je sais que
notre civilisation occidentale (j'allais dire : française) est
non point seulement la plus belle; je crois, je sais qu'elle
est la seule - oui, celle-même de la Grèce, dont nous
sommes les seuls héritiers.
"M'ônt ramené comme chez moi vers la gloire que
fut la Grèce". - Sur le bateau qui nous mène au Pirée
déja je me redis ces vers des Stances à Héhne. Mon cœu;

�202

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

203

s'emplit de paix, de rire et de sérénité. Craignant l'admiration bruyante de mon compagnon, je sors de ma valise
un petit livre anglais et j'abrite mon émotion derrière une
demi-lecture. Pourquoi me mettre en frais? Ma joie n'a
rien d'aigu. Je suis si peu surpris d'être ici ! Tout m'y
paratt si familier ! Je m'y parais si naturel! J'habite
éperd(lment ce paysage non étrange ; je reconnais tout ;
je suis "comme chez moi'' : c'est la Grèce.

POËMES 1

29 Mai.

CHANT D 1ADONIS

En mer adriatique.

Réveillé sur le sable bn1!ant par les flots
Dont j'adore l'odeur
'
Et dont ma chair savoure avec lenteur
Les écumeux sanglots ...

Calme voluptueux de la chair, tranquille autant que
cette mer sans rides. Equilibre parfait de l'esprit. Souple,
égal, hardi, voluptueux, 'tel le vol à travers l'azur brillant
de ces mouettes, l'essor libre de mes pensées.

30 Mai.
Entre Vérone et Milan.
A quel point peut influer sur le plaisir que nous y
prenons la position géographique des pays - pour nous
faire trouver, suivant la disposition de notre esprit, plus
beau le plus lointain, ou au contraire le plus-proche ...
Pour être de si facile accès vais-je aimer moins ces souriants
abords du lac Majeur? où l'eau surabondante semble céder
à regret à la terre. Débordée, elle suintait et scintillait à
travers l'herbe ; le ciel était chargé d'humeur, et, comme
nous traversions l'averse, au dessus de ce printemps éploré,
au dessus de l'ivresse des feuilles, d'un bout à l'autre de
mon ciel, la belle écharpe d'lris s'est posée.
ANDRÉ

GrnE.

En ~ain 'l.}OUs étincelez,Jlux et reflux du rivage'
Car;enevousregardepas ! Mapenséevei!!eaularge
A l'horizon des mers
Où parmi' ses oiseaux et dans ses brumes di~phanes
l'attends qu'elle gonfle et s'lc!aire
La plus lointaine, la plus nouvelle et plus belle
Vague! ...
En vain votre souffee fidèle,
D'une saveur amère
'
Rafraîchit mon visage ;
1

Extraits de Ditu l'Ohscur.

�204

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

En vain pour me séduire ,flots émouvants sur le sable,
Elancés de rochers en rochers
Vous m'avez avouévotre désir, sans espérer ...
Elle apparaît, rieuse, au large
La plus lointaine, la plus nouvelle et plus belle
Vague ... - Une autre
Vague!
Absorbez-moi·, reposez-mot~jlots sacrés du rivage,
Exultez, si je le veux !
Jusqu'à vous soulever à marée haute,
Me recouvrant, avec un grondement
De tonnerre heureux !

_ . Ne redoute jamais l'harmonieux ri'vage
Ni la chaleur de son soleil
Dont tu serais moins belle,
Vague nouvelle
Vague lointaine!

POÈMES

205

LA VÉRANDAH

Une grande végétale émeraude en vérandah,
De sa pénombre embaumée de mourantes aç~kas
Je contemple les _cieux
Dont l'azur est blanchi par le Jeu,
Et ce gouffre compact et mouvant de cobalt,
Pur enfer,
Le soleil du tropique à midi sur la mer,
Le mouvement de la lumière !
Oh! je sais la fin du jour, l'absence
Du soir, la sublime ùnpatience
De toutes les étoiles! ...
Tous les gros diamants des nuits équatoriales...
Rien ne distrai"t le calme,
Qu'une ondulation de palmes...
Elle se propage
A l'injim~ sur les rivages,
J'en recueille l'écho silencieux.

�Il

206

1

PO:f;MES

207

Ah J qu'une ancienne amertume
Imprègne ma solitude,
Je m'enfonce
Dehors, dans l'au-dehors! pour me me1er au songe
Des gigantesques ombres ...

111

1!

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

1
Il

L'ANGOISSE

Et reviens en chantant tendrement
Les plus belles voyelles,
Et courant sous les palmes
.., J I
f
Vers l'immense clatrtere ae ,a mer.•··

Il

1

1

.

il Il 1i1
1

A vingt ans! Et tu n'as que vingt ans ...
Tu t'épanouis dans le plus éphémère printemps! ...
Sais-tu qu'en ce grave moment,
Amour, je sens que le printemps lui-mime
A sa jeunesse et son printemps! Sur ta bouche que j'aime
Goltterai-je
Le printemps du prùztemps !

1

AvrtÏ,Avril! Pour toi', l'heure estfragile ...
-

•

Ce visage limpide aussi' nu que ton corps!
J'ai peur de ta beauté qui vient d'éclore,
Avriï, et qui" palpite encore ...
Rien n'est plus beau que ton corps!

�208

209
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Oh ! je saurais humer la lumière
De sa première fleur ouverte,
Humanité
Parfaite
Qu'une rosée
Humecte!
Amour, voici la dernière heure
Où le parfum de la fraicheur
Couvre encore le parfum de ton cœur ! .. •

RIMBAUD

1

DEUXIEME PARTIE
FRAGMENTS

" Ct nt peut itre que la fin du
monde en avançant. "
A.R.

I

ANDRÉ BAINE.

Il convient d'abord de nous familiariser avec l'aspect
objectif que nous venons de découvrir à l'œuvre de
Rimbaud, Jusqu'ici elle nous est apparue comme le produit immédiat de son àme, comme une sorte de dépôt
psychologique. Mais il suffit de la regarder sous un angle
un peu différent pour y voir un recueil d'expériences, un
document sur le monde extérieur.
Et même un document brut, uniquement orienté vers
l'objet. Elle ne s'occupe pas de nous, elle nous tourne
nettement le dos. De même que son auteur, elle est
complétement dépourvue d'égards, c'est-à-dire qu'en aucun
point elle ne s'incline, elle ne se dérange vers nous. Aucun
effort pour faire passer dans notre esprit les spectacles
qu'elle représente, aucune relation avec nous ; ces poemes
sont écrits au mépris de toute sociabilité ; ils sont le contraire même de la conversation. Ce n'est pas seulement
1

Voir la Nouvelle Revue Française du

1 cr

Juillet.

3

�'210

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

parce que Rimbaud, comme nous l'avons déjà remarqué,
poursuit en eux des fins égoi'.stes. C'est surtout parce
qu'ils regardent vers un objet difficile et ne s'occupent
qu'à l'imiter aussi textuellement que possible. On y sent
quelque chose de fidèle à on ne sait quoi. Ce sont des
témoins. Ils sont disposés comme des bornes qui auraient
servi à quelque repérage astronomique. Il faut prendre le
petit livre des Illuminations comme un carnet qu'un savant
aurait laissé tomber de sa poche et qu'on trouverait
plein de notations mystérieuses sur un ordre de phénomènes inconnu. Nous n'étions pas là. Nous passons par
hasard. Nous ramassons ces reliques inestimables qui ne
nous étaient pas destinées.
. Et comi:.nent Rimbaud songerait-il à s'adresser à nous
alors qu'il ne sait pas ce qu'il dit? On croirait par instants
qu'il raconte n'importe quoi. Ses mots défilent devant
nous dans une espèce de hasard ; on ne reconnaît nulle
part cette intention bien méditée, cette volonté d'écrire
ceci et non point cela, qui paraissent dans tous les ouvrages
de l'esprit, même dans les plus médiocres. A cet égard la
Saison en Enfer peut,
première vue, être considérée
comme un insignifiant et insupportable bavardage: les
phrases y semblent nahre les unes à caté des autres suivant les prétextes les plus fortuits, selon le caprice le plus
vain. - La vérité est non pas que Rimbaud ne sait
ce qu'il dit, mais qu'il ne sait ce que c'est qu'il dit.
L'incohérence de son langage n'est que le reflet de l'ignorance où il est de quelle est l'espèce de chose dont il
parle. Il lui est impossible de nous viser, de préparer pour
nous ce qu'il va dire, parce qu'il ne le tient pas à l'avance,
parce qu'il ne l'apprend qu'au moment oil il le profère.

a

RIMBAUD

2II

Ses paroles naissent
·
trop pr.1de son es ·
•
ci,
puisse les entendre avant de les
. pnt pour qu'il
assiste à ce qu'il expr·
·11
. avoir prononcées. Il
ime; 1 e voit a
•
mais pas plus que no ·1
ppara1tre devant lui
us I ne reconnaît d' ù I .
,
ce que c'est . " C J
o ce a vient, ni
.
ar e est un aut
.l
clairon, il n'y a .
d
re ; si e cuivre s'éveille
., .
nen e sa faute C 1
'
.
J assiste à l'éclosion d,
• e a m est évident :
l'é
e ma pensée . . l
coute ; je lance u
,
, Je a regarde, je
n coup d archet • I
h .
son remuement dans l
c:
• a symp ome fait
es pro1ondeurs
·
,
sur la scène 1 ,, Il
, on vient d un bond
. est au bord de ce q •·1 l . f:
mer, non pas au
.
u J u1 aut expricentre . il le tou h 1 l
provoque. Et cela répo
c e, i e tente, il le
par des révélations spon: épar des sursauts imprévisibles,

d

R.

n es.

ne possede pas son obiet
· imbaud
•
l'
mais simplement 1•·
J
, ne
entoure pas,
mterroge:

Tout notre embrassement n'est qu' une questzon
. '
.
.
a s1 peu en main qu'il n' d'
trouver que de l'att d
a autre moyen de le
en re · " Quel b
belle heure me rend
.
. s ons bras, quelle
ront cette région d' ' .
sommeils et mes
. d
ou viennent mes
fond
'1
mom res mouvements ? s" C'
qu I est par rapport à ce
,.
.·.
est au
état de sommeil L
d
qu tl voit Justement en
.
. e gran ange échap é
d
mams de Dieu
h
. .
p sans éfauts des
,
sa
c
ute
ici-bas
,
C et " esprit " 1 .
pourtant l a stupéfié
ummeux, en prenant
•
émoussé et ·assombri.
1
un corps, s'est
da I
' 1 est entré dans un d .
ns e bourdonnement éto ffé
.
. e em1-surdité,
u
et impuissant du rêve :

II l'

1

Lettre du 15 ma,• 1 871,dans la N,
p. 571.
ouvelle Re-vue Française du

1•r oct. 1912,

Les Sœurs de Charitl. Œ
st L
.
,
uvres, p. 70.
es Illuminations : /Tilles I , Œ uvres, p.

20 5_

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

212

" Je m'aperçois que mon esprit dort... S'il avait été
éveillé jusqu'à cc moment-ci, c'est que je n'aurais pas
cédé aux instincts délétères, à une époque immémoriale 1• "
Il est pareil à l'

Aveugle irrlveiJ/le aux immenses prunelles'·
" Il eut son !me et son cœur, toute sa force, élevés en
des erreurs étranges et tristes... Sc rappellera-t-on le
sommeil continu des Mahométans légendaires, - braves
pourtant et circoncis ! 1 " Sa mémoire a été frappée ;
on dirait qu'elle a été privée d'un de ses hémisphères ;
le contact avec la matière lui a fait perdre non pas ses
images, mais la conscience du monde auquel elles appartiennent : " N'eus-je pas une fais une jeunesse aimable,
héroYque, fabuleuse, à écrire sur des feuilles d'or, trop de
chance ! Par quel crime, par quelle erreur ai-je mérité
ma faiblesse actuelle ? Vous qui prétendez que des bêtes
poussent des sanglots de chagrin, que des malades désespèrent, que des morts rêvent mal, tichez de raconter
ma chute et mon sommeil • ".
Il a l!ché prise et maintenant il ne retrouve plus qu'à
travers je ne sais quel engourdissement le royaume d'où
il a été divisé. Des spectacles qu'il lui arrive encore de
contempler, il n'est pas plus mattre que d'une chose qui
se passerait à distance. Souvent, en même temps qu'il
les note, il indique l'intervalle qui les sépare de lui :
" Il y a une troupe de petits comédiens en costume,
' U,u Saison tn Enftr: L'lmpouiblt, p. 300.
' Lts Sœurs de Cliaritl, Œuvres, p. 70.
• Les Diserts dt r Amour, avertissement, Œuvres, p.
' Unt Saison en Enftr: Matin, p. 304.

102.

RIMBAUD

213

aperçus sur la route à travers la lisière du bois i _ " Ses
v1s_1ons sont pour lui comme un événement latéral : "Je
baISSe les feux du lustre, je me jette sur le lit et tourné
du côté de l'ombre, je vous vois, mes filles! me~ reines! , ,,
Elles sont au bout de son atteinte. Couché sur le flanc, de
deux bras tend~, il parvient tout juste à les toucher.
C est un reflet qw passe et que nen
•
n ,empéchera de
'é
.
"D
s vanomr :
ans les villes la boue m'apparaissait soudain_ement rouge et noire, comme une glace quand la lampe
circule
dans la chambre voisine •• ,, C e manque de prise
. et
,

se:

d em~rasse~c~t n'est nulle part mieux exprimé que dans
le. p~e~e intitulé Aube. On y voit, d'une façon sensible
f~r 1ob3~t ~nsnomdont le poète tâche de s'emparer. Pour:
suite vertigineuse et vaine, effort, sans cesse déçu
t
1•· . .
, pour conour~er i~sa1s1ssable, et qui ne s'achève que par cette
demi- réussite : "En haut de la route près d'un b . d
1 ·
• l' .
,
01s e
auner ' Je a1 entourée avec ses vo1·1es amasse:;,
Let j'ai
senti un peu son immense corps•. ,,
apercevons
maintenant&gt; d'une 1r.açon
b"1en c Iau-e,
•
à JNous
•
,
•
a ~ois que l œuvre de Rimbaud contient quelque chose
de différent de son Ame&gt; un élément extérieur,
.
et que
nous. ne devons pas compter sur Run" bau d pour nous
expliquer ce que c'est. Il ne peut l'exprimer que tel quel
et tout juste; il le possède d'une façon trop précaire pour
1 Lts Illuminations: Enfa 11u, p. zor.
: Les lliu:"inations: Phrases, P· 190 .
1am Une Satson en .,nfer: Mau'flais Sancr
,., p• 2 6 3· Cemparez : ,, La
. ~e d~ la fam1Ue rougissait l'une après l'autre les chll.lllbre,
voisines. (Les Dls"ts de r Amour Œuvr- p
' L
•
~·, . io4. )
es Illuminations: Aubt, p. ,86.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pouvoir y ajouter des renseignements. ,.C'e,st déjà bien
beau qu'il le retienne pour nous, qu il 1empêche ~~
passer. _ A nous donc de déchiffrer le do_cument ! V 01c1
qu'il nous est remis tout brut entre les mains. Regardonsle scrutons-le sur toutes ses faces. Il y a là-dedans quelque
'
chose
dont, à force de patience et d' adresse, 1·1 no~s .sera
peut-être loisible de prendre connaissance. Il Y a 1c1 un
message obscur dont il faut tâcher de n_ous em~arcr. Plus
simplement essayons de déterminer, pmsque R1mb~ud ne
le sait pas lui-même, ce que c'est qu'il voit et qu'il nous
montre.

II
Il faut saisir les plus minces indications.
" A gauche le terreau de l'arête est piétiné par tous
les homicides ~t toutes les batailles ... Derrière l'arête de
droite la ligne des orients, des progrès 1 ". On trouve
souve~t, dans les Illuminations, ce souci de diviser le
spectacle, de le distribuer, de le démembrer 2• Et en effet
tout ce qui nous est présenté ici, est à l'état rompu et
dans un commencement de dissociation ; ce sont les
débris de quelque chose que voici devant nous _: " So~t-ce
des airs populaires, des bouts de concerts se1gneunaux,
. ? s,,
des r~tants d'hymnes pu bl 1cs .
Les Illuminations : Mystique, p. 17 2.
• •
2 Comparez : " L'ancienne Comédie poursuit ses accords et d~vise
ses idylles." (Les Illuminations: Scènes, p. 165.) "L'opér_a-com_ique
se divise sur notre scène à l'arête d'intersection de ~ cl~1sons
dressées de la galerie aux feux." (Ibid. p. i 66.) ,, A droite I aube
d'été, etc ... (Les Illuminations ,,Ornières, p. 17-4.)
1 Les Illuminations •• poème sans titre, p. 2 2 8.
1

RIMBAUD

215

Quand les objets apparaissent encore dans leur ordre
naturel, les uns à côté des autres, cependant déjà ils ne se
regardent plus; ils nous sont montrés au moment où ils
perdent contact, où chacun, sans avoir bougé, rentre en
solitude : " Assez connu. Les arrêts de la vie. 0 Rumeurs et Visions ! 1 "
Plus souvent encore nous les apercevons déplacés et, si
j'ose dire, déménagés. Ils ne sont plus à leurs niveaux
respectifs ; on les a changés d'étagère : " Des fêtes
amoureuses sonnent sur les canaux pendus derrière les
chalets 2 ". "Au dessus du niveau des plus hautes crêtes,
une mer troublée par la naissance éternelle de Vénus ... 3 "
Rimbaud est hanté par l'idée des différences de hauteur :
"Qu'on me loue enfin ce tombeau, blanchi à la chaux,
avec les lignes du ciment en relief, - très loin sous terre ..•
A une distance énorme au dessus de mon salon souterrain
les maisons s'implantent, les brumes s'assemblent ... Moins'
haut sont des égouts. Aux côtés rien que l'épaisseur du
globe 4 ". "Sur quelques points des passerelles de cuivre,
des plates-formes, des escaliers qui contournent les halles
et les piliers, j'ai cru pouvoir juger la profondeur de la
ville ! C'est le prodige dont je n'ai pu me rendre compte:
Quels sont les niveaux des autres quartiers sur ou sous
l'acropole ? 5 " Les étages se multiplient et toute corresLts Illuminations : Départ, p. 2 3,
Lts Illuminations: /Tilles 1, p. 204
1 Les Illuminations : Yi/les I, p. z o 5
' Les Illuminations: Enfance, pp. 202 et 203.
h Les Illuminations: f/illts II, p. 212.
Comparez : "Et leurs
railways flanquent, creusent, surplombent les dispositions de cet
hôtel... " (Lts Illuminations.- Promontoire, p. :t 17 .) "A sa vision
esclave, l'Allemagne s' échafaude vers des lunes." {Soir historiquep.2 1 9).
1

1

�216

pondance cesse. La dislocation en hauteur du paysage fait
que ses éléments ne s'abouchent plus ensemble : "La
encore, les maisons ne se suivent pas 1 • "
Un hiatus se forme, un vide mystérieux et sournois
coule entre les choses et vient les détromper d'être
ensemble. Il y a dans Rin:i.baud un motif qu'on pourrait
appeler de la lézarde ou de la brèche. Dans un coin du
tableau tout à coup il se produit quelque chose qui attente
à sa solidité, une infraction imperceptible qui rampe,
descend et s'agrandit, une déchirure qui s'ouvre et se
propage, C'est toujours par en-haut que l' image est
envahie : " Pourquoi une apparence de soupirail blêmiraitelle au coin de la voüte ? 2 " Déjà, dans ses premiers
poèmes, 'Rimbaud aimait à noter la pénétration de l'air
ou du jour dans l'épaisseur des choses :

Sous un golfè de jour pendant du toit 3 •
Pers la chandelle, aux trous du toit coulait l'air blanc 4,
Dans les Illuminatiom, "l'inévitable descente du ciel 6 "
devient plus fréquente encore.

Je sais que c'est Toi qui dans ces lierres
Miles ton bleu presque de Sahara 6•
On trouve sans cesse dans la vision et, la plupart du
temps, vers le sommet, un bras de mer ou quelque gouffre
1
1

i
4·
i
6

RIMBAUD

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Lts Illuminati~ns: Villes ll, p. 11 3.
Les Illuminations : Enfance, p. 203.
Les Po~tes de stpt ans, Œuvres, p. 64.
Les Premières Communions, Œuvres, p. 80.
Lts Illuminations, Jeunesse, p. z 32.
Lts Illuminations : Bruxelles, p. 147.

1

217

d'espace : " Le haut quartier a des parties inexplicables :
un bras de mer sans bateaux roule sa nappe de g'.ésil bleu
entre des quais chargés de candélabres géants 1• " " Peutêtre des gouffies d'azur, des puits de feu? 2 " Ces abîmes
d'en-haut, ce sont les manifestations du vide dont souffre
le spectacle, dont il est secretement atteint, - et qui
finira par le dévorer ; car cet étrange mal ne reste pas
inactif: il travaille au contraire à désorganiser toute la
région où il s'est pris : "Un souffle ouvre des breches
opéradiques dans les cloisons, - brouille le pivotement des
toits rongés, - disperse les limites des foyers, - éclipse
les croisées 3 • " Et les objets qui tout à l'heure
nous semblaient si bien tenir ensemble, se détachent,
se désagregent : " La muraille en face du veilleur est
une succession psychologique de coupes, de frises, de
bandes atmosphériques et d'accidents géologiques• . "
Si vous pouvions attendre jusqu'au bout, de tout ce
monde familier qui nous entoure, il ne resterait plus rien:
"Un rayon blanc, tombant du haut du ciel, anéantit
cette comédie ~. "
Dispersion, désagrégation, chaos mystérieux. Pourtant
les morceaux de ce quelque chose qui nous est montré
brisé, nous les reconnaissons : "C'est, certes, la même
campagne, La même maison rustique de mes parents : la
1 Les Illuminations, Yilüs Il, p. :i: 12. Comparez : "L'eau est
grise et bleue, large comme un bras de mer. " (Les Illuminations ,.
poème sans titre, p. 228).

' Les Illuminations: Enfance, p. 203.
Les Illuminations: Nocturne 'llulgaire, p. 191.
' Lts IJluminations : f/tillles, p. 1 94.
~ Les Illuminations: poème sans titre, p. :u8.
3

�218

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

salle même où les dessus de portes sont des bergeries
roussies avec des armes et des lions 1 ". Tout ce qui passe
sous nos yeux nous l'avons déjà vu, nous pouvons le
nommer. D'où vient donc l'étrange désordre où nous le
retrouvons et quel est le spectacle enfin dont les Illuminations nous ouvrent l'acces ? Quel est l'objet que nous
montre Rimbaud?
Non pas un autre monde, mais celui-ci en tant que
l'autre le désorganise. Non pas une contrée inconnue,
mais nos alentours les plus immédiats, saisis d'incohérence
par le voisinage formidable de l'au-delà. Les meubles
d'une chambre, les arbres que l'on aperçoit par la fenêtre:
mais ils nous apparaissent un peu plus loin que nous
n'avons' l'habitude de les voir, pris déjà dans la z6ne
d'attraction du surnaturel. Comme une comète, en entrant
dans les parages d'un grand astre, se raréfie, se lézarde,
se déchire et rend au néant, les éléments dont elle est
faite, c'est ainsi que les /lluminatiom surprennent notre
monde en train de céder à l'autre ; c'est à sa panique,
à sa débâcle qu'elles nous font assister. Les précautions
que nous avions prises pour boucher tous les interstices,
brusquement se révèlent inutiles. Le foyer s'est approché
par derrière ; la resplendissante face invisible est là tout
pres, qui laisse filtrer ses rayons. Tout chancelle et faiblit.
Nous n'avons pas bougé, mais l'irrésistible gravitation
fait son a:uvre autour de nous.

RIMBAUD

219

Sans cesse le paysage ordinaire, celui où nous étions
enfermés, comme miné par quelque immense flot souterrain, doucement s'effrite, s'effondre, passe à autre chose:
"Puis, 6 désespoir, la cloison devint vaguement l'ombre
des arbres, et je me suis abîmé sous la tristesse amoureuse
de 1a nui't 1 " . 0 n s' aperçoit
· tout al. coup que là où on allait
mettre le pied, il y a quelque chose qui bouge et clapote,
une transparence indéfinie :
Eh ! l'humide carreau tend ses bouillons limpides J
l'eau meuble d'or pâle et sans fond les couches prbes.
Les robes vertes et déteintes des fillettes
font les saules, d'où sautent les oiseaux sans brider

2•

Tout endroit devient un lieu pour autre chose.
Boulevard sans mouvement ni commerce,
Muet, tout drame et toute comédie
'
Réunion des sûnes infinies 3,

Se placer en un point, c'est au bout d'un moment ne
plus y être, " puisqu'il a fait la maison ouverte à l'hiver
écumeux et à la rumeur de l'été'". Regarder un obiet
, l
. '
.
J
,
c est e VOIT s ouvnr, se creuser, disparaître devant cc qu'il
cachait : " La plaque du foyer noir, de réels soleils des
grèves : ah ! puits des magies ; seule vue d'aurore cette
fois G "•
A vrai dire, nous ne sortons pas tout à fait ; nous

Mille citations pourraient être alléguées ici, attestant
que cet évanouissement du monde naturel devant l'autre,
est bien le drame que nous dépeignent les Illuminations.
1

Les Diserts de r Amour, Œuvres,, p. 1 o S.

Lts Diserts dt l'Amour, Œuvres, p. 107.
Les Illuminations,. Mémoire, p. 1 35.
1 Les Illuminations,. Bruxelles, p. 149.
• Les Illuminations,. Génie, p. 169.
6 Les Illuminations,. ?eil/tes, p.
195 .
1

1

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

220

n'allons pas réellement jusqu'à l'autre monde. Mais nous
quittons le premier état des choses : " Quant au n;i.onde,
quand tu sortiras, que sera-t-il devenu ? En tous cas rien
des apparences actuelles 1 . " Nous faisons un pas et, au
lieu de tomber sur la suite, quelque chose s'est mis là
dont ce n'était pas la place, quelque çhose avec quoi la
transition est à la fois facile et absurde : " Le long de la
vigne, m'étant appuyé du pied à une gargouille, - je
suis descendu dans ce carrosse dont l'époque est assez
indiquée par les glaces convexes, les panneaux bombés et
les sophas contournés 2 . " En somme, des objets habituels,
par je ne sais quelle mystérieuse déception, nous glissons
sans cesse à leur désordre.
Ce désordre, on le voit se ranimer, derrière le voile de
la réalité immédiate, comme s'il était quelque chose de
plus ancien et de plus vrai que ses éléments: "C'est elle,
la petite morte, derrière les rosiers. - La jeune maman
trépassée descend le perron. - La calèche du cousin crie
sur le sable. - Le petit frère (il est aux Indes !) là,
·devant le couchant, sur le pré d'œillets. - Les vieux
3"
. fié es.
qu'on a enterrés tout droits dans le rempart aux g1ro
.
Cela remonte tout seul, comme se dressent "1es vieux
qu'on a enterrés.'' Le monde retrouve sa vieille incohérence fondamentale ; il échappe aux catégories ; les choses
ne sont plus tout à fait astreintes à elles-mêmes ; elles
Lts Illuminations : Veil/les, p. 196.
Les Illuminations : Nocturne f'ulgaire, p. 191 . Comparez : "Un
pont conduit à une poterne immédiatement sous le dôme de la
Sainte-Chapelle." (Les Illuminations: Yilles II, p. :1.12.)
s Les Illuminations: Enfance, PP· 19&amp;-99.
1
1

RIMBAUD

221

renaissent à l'énormité confuse de la pure existence, celle
que l'esprit n'a point encore distinguée ni construite. Je
ne sais quoi de double se fait jour en elles : " Les lampes
et les tapis de la veillée font le bruit des vagues, la nuit,
le long de la coque et autour du steerage, 1 " Elles
reprennent d'étranges coutumes qu'il y avait entre elles
et qui n'étaient pas faites pour être regardées par nous.
Elles s'accouplent selon des modes parfaitement gratuits :
Les chars d'argent et de cuivre,
Les proues d'acier et d'argent
Battent l'écume,
Soulevent les souches des ronces, etc 2•

Elles reparaissent avec toutes les franchises monstrueuses
dont elles jouissaient du temps de leur inutilité. Cessant
d'être déterminées à telle ou telle fin, elles reviennent
toutes mélangées de possibles qui leur font comme une
seconde et inexplicable nature : "A chaque être plusieurs
autres vies me semblaient dues. Ce Monsieur ne sait ce
qu'il fait : il est un ange. Cette famille est une nichée de
chiens 3. "
Le retour au chaos. Nulle part mieux que dans Enfance
n'en sont exprimées les approches et, si l'on peut dire, les
affres. Nulle part on n'assiste d'une façon plus sa!Slssante
à la crise de notre monde sous l'appel de l'autre. On le
voit pris de malaise et comme de pauvreté ; il se vide, il
devient désert :
1 Les Illuminations : Yeil/les, p. 1 94.
' Les Illuminations: Marine, p. 159.
3 Une Saison tn Enfer : Dl/ires II: Alchimie du f'trbt, p. ~94-·

�222

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

"On suit la route rouge pour arriver à l'auberge vide.
Le cM.teau est à vendre ; les persiennes sont détachées.
- Le curé aura emporté la clef de l'église. - Autour
du parc, les loges des gardes sont inhabitées. Les palissades
sont si hautes qu'on ne voit que les cimes bruissantes.
D'ailleurs, il n'y a rien à voir là-dedans.
Les prés remontent aux hameaux sans coqs, sans enclumes. L'écluse est levée. 0 les calvaires et les moulins
du désert, les iles et les meules ! 1 "
Une sorte de silence se fait autour de nous, à la fois
pesant et vide ; tout se recueille sur place ; tout se sépare
de la vie et de ses rumeurs. Nous voici "bien après les
jours et les saisons, et les êtres et les pays 2 ". Une attente
plane, une aspiration surnaturelle absorbe tous les bruits.
Le paysage devient ingrat, et si maigre, si diaphane qu'on
le sent tout prêt à être distribué ; il est en proie à
l'extrémité : 3 " Les sentiers sont ~pres. Les monticules
se couvrent de genêts. L'air est immobile. Que les oiseaux
et les sources sont loin ! Ce ne peut être que la fin du
monde en avançant 4 ".
"La fin du monde, en avançant" : tel est bien l'objet
mystérieux sur lequel portent les observations de Rimbaud
Les Illuminations : Enfance, p. 199.
Les Illuminations : Barbare, p. 1 6 7.
3 L'idée d'extrémité ou de confins se retrouve sans cesse dans
Rimbaud : "Ces derniers potagers ... " (Les Illuminations: Mttro_politain, p. :u 5). "Ces parfums pourpres du soleil des pôles." (Ibid.)
"Par une route de dangers, ma faiblesse me menait aux confins du
monde et de la Cimmérie, patrie de l'ombre et des tourbillons."
1

1

~Une Saison en Enfer : Délires II: Alchimie du Yerbe, p. 294).
' Les Illuminations: Enfance, p. 202 .

RIMBAUD

2-23

et q~e fixent et retiennent les notes de son carnet. Tel
est bien le spectacle que, sous mille formes diverses, nous
trouvons représenté dans les Illuminations.

Ill
(Cependant on peut contester qu'il y ait vraiment co t
I l" • •
, n enu
ans. es. . uummattom, un objet réel , extérieur • - I n t erpretat1on
, .
b
su 1ect1v1ste de l'œuvre de Rimbaud .• les v1s1ons
•.
d u poè te ne
d

so~t qu_e des produits artificiels, obtenus par un surmenage
method1que
. cette
•
, . de son cerveau. - Textes sur lesquels s'app u1e
mterpretat1on. - Discussion de ces textes
Ils t, .
.
·em01gnent
au contrarre en faveur de !-'objectivité des visions.]

IV
[Preuves directes de l'objectivité des vmons. - Première
preu~e: Nous les r~co~naissons. - Deuxième preuve: Le style
de mbaud est oriente vers un obiet,
suppose un terme, une
J
réaI1té extérieure.]
Ri_

Ce n'est
le style tout fait qu1· té mo1gne
.
. pas seulement
..
d
e la réalité des v1s1ons de Rimbaud ,. c'est en core, c,est
surtout le style en travail, l'opération par laquelle il se
form: et se détermine. Par une heureuse chance, les
brou11lons de deux des principaux chapitres de la Saison
en_ Enfer nous ont été conservés. On les trouvera à l
suite de cette étude. En les comparant au texte définiti;
que nous av~ns eu soin de placer en face, on en compren~ra du premier regard, et sans presque avoir besoin de les
hre, la leçon. Les blancs dont la page de droite est
parsemée, ne se trouvent pas en réalité dans l'édition des
Œuvres; nous avons d(t les introduire pour maintenir la

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

224
.
C'est dire combien,
d deux versions.
é
correspondance es
de Rimbaud est plus serr ,
.
d ·è le texte
sous sa forme erm re,
boutir à sa perfection,
plus étroit, plus conden~é ; po:;; sur deux. Et à l'intéil se dépouille presque d une ~ travail de réduction se
rieur de chaque p hrase le mcme

l .

Poursuit.

RIMBAUD

Tais-toi, c'est l'orgueil!

à présent 1•
Ah ! mon Dien ! Mon
Dieu. J'ai peur, pitié 2•

Orgueil.

Pitié
peur.

Seigneur, j'ai

. . quelques excmp es .
En vo1c1
ÉBAUCHE

"Général, roi, disai~je,
si tu as encore un vie~
canon S'·r
,,.. tes remparts qui
l
dégringo1ent, bombarde es
hommes avec des morceaux
de terre sèche ... l "

Je r éfléchis au

bonheur
·11
t.
des b ctes
,• les chem es
étaient les foules sans nom,
les petits corps blancs des
limbes ... [Deux lignes sans
équivalent dan S le texte
définitif.] Heureuse la
taupe, sommeil de toute
la virginité

du
'-34 du
p. 241 du

p.

, P·
1

2.32

" Général, s'il reste un
.
vieux canon sur tes rem•
bombardeparts en rumes,
nous avec des blocs de
terre sèche. "

J'enviais la félicité d~
bêtes - les chenilles qm
re~r~entent l'innocence
des limbes, les ta~p~s, le
sommet·1 de la vir01mté.
0-

2•

Mais il ne faut pas considérer ces transformations de la
phrase au seul point de vue de la quantité. Dans le texte
définitif il n'y a pas seulement moins de mots que dans
l'ébauche ; il y a aussi une allure nouvelle de ces mots,
une rigueur, qui jusque-là n'était pas sensible, de leur
groupement. - Nous avons trop insisté sur l'absence de
toute cadence lyrique dans la période de Rimbaud pour
qu'il ne soit pas nécessaire de revenir maintenant sur cette
remarque et de la corriger. Il est vrai que son style ignore
l'amplitude poétique, le déroulement verbal à longue
échéance. Mais gardons-nous d'en conclure qu'il est
amorphe. De même que sa musicalité est intérieure aux
mots et comme prise dans leurs syllabes, de méme la
phrase, si courte soit-elle, est possédée par un rythme qui
la tient et la commande comme un démon secret. C'est
un de ces "rythmes instinctifs ", avec lesquels Rimbaud
se flattait de parler à tous nos sens et que la comparaison
du brouillon au texte définitif met en pleine lumière. En
passant de l'un l'autre en effet, nous les voyons naître,
s'accuser peu à peu et partout à la fois. Au sein de la
masse verbale, vague et lentement tournoyante, que nous
présentent les ébauches, une mesure entreprend de se
faire sentir, une démarche brève s'empare des phrases sans

a

... M'avertissait avec le
chant du coq a•
1

TEXTE DÉFINITIF

Présent numéro.
présent n,uméro.
présent numéro.

... M'avcrtissaitau chant
du coq.

1

p. 246 du présent numéro.

1

p. 246 du présent numéro.

4

�LA NOUVELL E REVUE FRANÇAISE

é

226

.é

. ·té immédiate
direction : une v1vac1
. &gt; une sorte de n cess1t
sur place:
L'action n'est pas la vie,
L'action n'était qu'une
mais une fàçon de gkher
façon démonstrative _de
quelque
force, un énervegkher une activité _de ~te:
ment.
seulement, moi,je lazssais en

tdchant, au hasard sinistre
et doux, un énervement,
déviation erreur 1•

'amas des mots s'est réduit, mais en
on seulement l
fi
t
. ,
r anisé articulé, mis en orme, e ,
même temps il s est o g
, . Au désordre et à la
. l'
t dire mis en tram.
.
s1 on peu
,
l balancement incantatoire
dispersion succèdent no_n pas e dence nette et bien formée,
de la poésie lyrique, mats une ca
é 11é La définition
d'
ordinairement r ve1 .
quelque chose extra .
'
r de la phrase et elles
et l'activité ont pénétré JUSqufia~ clœuythme s'en présente à
• b. que par 01s e r
l'imprègnent s1 ten
. ns les mots
ém .re bien avant que nous ne retrouv10
notre m , ot
,
de cette façon du moins que, pour
qui la composent. C est
.
d R' baud. Le début
. subis l'obsession e
tm
'
ma part, Je
.
'il revient me tenter et m appeler,
d' Enfance,à chaque fots qu
.
mble de syllabes
d'
mystén eux ense
c'est sous la forme un d-~ tion complexe, mais bien
é
mme une mo mca
.
compt es, co
. " Cette idole, yeux noirs et crin
déterminée, du tem~ .
l
oble que la fable, mexi.
arents nt cour, p us n
. l
Jaune, sans p
d
.
zur et verdure mso ents,
fi
de . son omame a
.
caine et aman '
ée
des vagues sans va1sd plages nomm , par
, ,,
court sur es
slaves celtiques •
,
seaux, de noms férocement grecs,
• P· 236 du présent numéro.
' LtJ I/lumitllltions: Enfarret, p. 197.

RIMBAUD

Faut-il voir dan l'évolution du style de Rimbaud vers
la brièveté une simple mise au point technique? N'e t-ce
que pour rendre sa phrase plus harmonieuse que le poète
s'est appliqué :\ la resserrer ? Je pense que c'est pour la
rendre plus \'raie. Oui, l'espèce d'élaboration qu'il lui fait
subir, nous le montre aux prises avec un objet qu'il veut
saisir, dont il se rapproche peu à peu. D'autres écrivains
ont procédé par condensation ; mais non pas d'une façon
continue ; tantôt ils ramassaient, mais tantôt aussi ils
développaient les donnée premières de leur inspiration.
Rimbaud, pas une seule fois, n'ajoute une ligne à ses
ébauches. Son mouvement est toujours le même : il
revient, il regagne le plus de terrain pos ible sur ce qu'il
a d'abord énoncé. C'est qu'il cherche, c'est qu'il y a
quelque chose, là, au milieu même de toutes ces paroles
émises, qu'il veut trouver.
S'il avait forgé ses visions de toutes pièces, il et'.lt
recouru certainement à l'amplification ; nous l'aurions
surpris en train d'étendre et d'enrichir ses "idées"; nous
aurions assisté à ses trucs de production ; ses brouillons
nous seraient apparu comme en deçà du t exte définitif,
ils en auraient indiqué les linéaments, ils en auraient
formé le squelette. Mais au con traire, tels que les voici
sous nos yeux, leur pauvreté - d'ailleurs incontestable con iste, bien plutôt que dans leur maigreur, dans leur
abondance, dans le surcroît et la foison des phrases; il y a
en eux comme une faible e d'ensemble; on sent que
quelque chose est dissous dans tous ces mots, qu'il va
falloir faire cristalliser.
Plus précisément, le travail du poete, tel que nous le
découvrons ici, n'est pas pour faire naître quoi que ce

�RIMBAUD

228

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

soit, mais pour empêcher quelque chose de passer. Cette
masse confuse des brouillons, cette dépense de phrases
soudaine et désordoanée, c'est le réseau qu'il jett~ tout de
suite sur l'objet entr'aperçu pour l'entrav~r ",_importe
comment et d'abord le retenir. Mais une ~~1s ~u tl_a ~ré~
autour de lui une région d'embarras et qu il la mis ams1
en réserve, à l'abri de la fuite, son effort n'est plus que
pour le rejoindre. L'approche commence, - une approche
de partout à la fois, une précision croissante sur t~us les
points, une marche de concentration, un app~l à _d1stan~e
des mots les uns par les autres, une détermmatJ~n réciproque et convergente des éléments les plus éloignés de
1a p hrase. C'est alors que nous voyons. tomber toutes
, b' les
propositions qui n'intéressent pas véritablement I_ o 1et:
Nous sentons celui-ci au bout de toutes les économies qui
s'accomplissent presque automatiquement sou~ ,nos_ ,yeux;
son pouvoir immobile s'exerce sur les mots qui 1 ass1egent;
ü les décime sans bouger. Et ceux qui succombent
, .
t de sa présence avec la même évidence que
temo1gnen
ceux qui restent.
.
L'apparition du rythme dans la phrase coînc1de avec
l'instant où elle touche l'objet. Nous avons re~arqué que
le rythme, chez Rimbaud se faisait jour intérieurement;
au lieu de s'élancer d'un jet comme une plante folle et
d chercher au dehors les mots qui le soutiendront, nous
voyons sourdre par places entre les mots d~jà assemblés;
il n'est rien qu'une sorte de disposition immédiate que prend
la phrase et qui manifeste au dehors l'état profond où elle
entre au m c"'me moment • Cette allure morcelée,
• ces.
accents si nettement, i strictement marqués, ce ~eu s1
serré des temps forts et des temps faibles, ne sont-ils pas

1:

dans une secrcte, mais évidente correspondance avec les
accidents et, si l'on peut dire, le relief d'un objet? Le
rythme est ici la répercussion au dehors du choc intérieur
des mots heurtant enfin la chose qu'ils enTeloppaient. Il
remonte avertir le lecteur que la rencontre vient de se
produire, que la phrase vient d'obtenir sa vérité.

V
(NouveUe explication du renoncement poétique de Rimbaud:
il était soumis à l'instabilité de la connaissance directe, de
l'intuition pure; de même qu'il était abordé sans avertissement
par ses vi5ions, de même il en pouvait être abandonné.]

Cette union foudroyante et fortuite avec les choses,
qui à certains égards est une infériorité puisqu'elle le met
dans la dépendance de l'extérieur, est pourtant la raison
de l'éminente dignité de Rimbaud. C'est par là qu'il est
un prodige sans équivalent dans l'histoire des littératures;
ou plutôt par là qu'il est hors de toute littérature. Avec
lui, pour la premicre fois, on est sorti des mots, pour la
première fois on a dépassé les constructions de la pensée.
Lui-même, avec une lucidité parfaite, a su définir la
nouveauté de son intervention : "L'intelligence universelle a toujour jeté ses idées naturellement; les hommes
ramassaient une partie de ces fruits du cerveau : on
agissait par, on en écrivait des livres: telle allait la marche,
l'homme ne se travaillant pas, n'étant pas encore éveillé,
ou pas encore dans la plénitude du grand songe. Des
fonctionnaires, des écrivains. Auteur, créateur, poète, cet

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

homme n'a jamais existé 1• " Il y a d'un cêlté les "fruits
du cerveau", les "livres" auxquels aboutit le fonctionnement autonome de l'esprit.La littérature est un ensemble de
résultats naturels, obtenus par une bonne surveillance de
notre intelligence. Pour "en faire ", il suffit d'observer
la correction dans les passages et les enchatnements
auxquels nous inclinons spontanément, qui sont en nous
comme formés à l'avance. Ainsi nous élevons-nous peu à
peu à une œuvre, et qui peut être très haute. - Mais en
face de ces travaux et de ces réussites, tout seul de son
cêlté, il y a Rimbaud : "auteur, créateur, poète", cet
homme a existé. Quelqu'un nous a menés hors de l'esprit,
nous a fait faire quelques pas menacés au delà de nos
abris naturels. Que m'importe après tout la beauté de ce
Ïivre ! Que m'importe ce qu'on y peut trouver à louer ou
à reprendre! Pour moi, il n'est qu'un événement, un
accident prodigieux survenu à l'humanité. Je ne le choisis
pas dans ma bibliothèque pour passer le temps, ni pour
m'émouvoir, ni pour ranimer de chères heures oubliées.
Mais je vais le chercher comme un péril dont j'ai pris
l'habitude, je le connais, à sa place, comme une porte
basse et sournoise, par où m'échapper dangereusement.
A chaque fois je m'aventure en lui un peu plus loin; je
n'y rencontre point d'obstacle, en effet, qui, quelque jour,
tout à coup, silencieusement, ne cède et ne se délie. Et
s'ouvre alors un horizon nouveau. J'ai dépassé l'impossible.
Si bien que parfois la peur me vient de m'en aller par là.
JACQUES RIVIÈRE.
1 Lettre du 15 mai 1871, Nou'IJe/le Rnlue Française du
1912, p. 571 .

...

1.,

octobre

231

ÉBAUCHES
D'UNE SAISON EN ENFER
D'ARTHUR RIMBAUD

Ces ébauches nous ont été communiquées par M. F. A.
Cazals, qui les tient de Yer/aine. Cette provenance indique
qu'elles ont été rédigées pendant le séjour que fit Rimbaud
avec Fer/aine à Londres, c'est-à-dire en Juin ou Juillet I 873.
Elles sont écrites sur deux feuilles séparées : le brouillon de
l' Alchimie du Verbe occupe le recto et le verso de la
première; celui de Nuit de l'Enfer (qui portt le titre de
Fausse Conversion) simplement le _recto de la seconde. Le
verso de celle-ci porte - titre aux pieds - le texte original
du poème: Cette saison, la piscine des cinq galeries était
un point d'ennui. Ce détail semble indiquer que ce poème
!tait bitn destiné à Jaire partie de la Saison en enfer et
peut-être à en former le prélude.

�232
2

ÉBAUCHES

33

TEXTE DÉFINITIF

DÉLIRES II : ALCHIMIE DU VERBE

DÉLIRES II. ALCHIMIE DU VERBE

Enfin mon esprit devint .
de Londres ou de Pékin ou 2
qui disparurent pourris du .
de réjouissance populaire. Voilà
des petits a comme des . . . . .
J'aurais voulu le désert crayeux.
J'adorai les boissons tièdes, les boutiques fanées, les
vergers br11lés. Je restais de longues heures la langue pendante, comme les bêtes harassées : je me traînais dans les
ruelles puantes, et les yeux fermés, je m'offrais au 4 soleil
Dieu de feu, qu'il me renvers1t : '' Général, roi, disais--je,
si tu as encore un vieux canon sur tes remparts qui
dégringolent, bombarde les hommes avec des morceaux
de terre sèche. Aux glaces des magasins splendides ! Dans
les salons frais ! Que les araignles à la . . . . • Fais
manger sa poussière
la ville ! Oxyde les gargouilles.
A l'heure . . . . du• sable de rubis les

J'aimai 1 le désert, les vergers brtîlés, les boutiques
fanées, les boissons tièdies. Je me traînais dans les ruelles
puantes et, les yeux fermés, je m'offrais au soleil, dieu
de feu.
"Généra4 s'il reste un vieux canon sur tes remparts
en ruines, bombarde-nous avec des blocs de terre sèche.
Aux glaces des magasins splendides ! dans les salons !
Fais manger sa poussiere à la ville. Oxyde les gargouilles.
Emplis les boudoirs de poudre de rubis bnîlante.-.. "

a

Déchirure. Les points indiquent que les lignes continuaient.
Mots barrés sur le brouillon. Dans la suite tous les mots en
italiques représentent des mots barrés.
1 Au dessus de la ligne : fourmille.
• Mots ajoutés au dessus de la ligne, puis barrés : priais le.
6 Au dessus de la ligne : boudoirs br11lants. Au dessous de
la ligne : emplis.
1

1

1

Page 190 des Œuvrés, Merc1're dt France, 19u.

�2 34

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

lt portais des vêttments de toile. Je me corrodais du
plAtre 2 juillet 3 cassait des pierres sur les routes balayées
1

toujours. Le Soleil souverain descendait 4 vers une merde,
dans la vallée au centre de la terre, le 5 moucheron
enivré à la pissotière de l'auberge isolée, amoureux de la
bourrache, et qui se dissout au rayon 6

UNE SAISON EN ENFBR

a

* FAIM 7
Je s réfléchis au bonheur des bêtes ; les chenilles
étaient les foules sans nom, les petits corps blancs des
limbes : l'araignée romantique 9 l'ombre romantique envahie
par l'aube opale ; la punaise, brune personne, attendait
sa passionne 10 • Heureuse la taupe 11, sommeil de toute la
virginité !
. . .
Je m'éloignais du contact. Etonnante vtrgtmté, paraissait 12 rire avec une espèce de romance

Mot douteux, presque illisible sur le brouillon.
Mot douteux. Au dessus de la ligne : poitrine.
.
1 Mot barré. Au dessius de la ligne, mot non barré : allais.
• Au dessus de la ligne : daignait.
5 Au dessus de la ligne : son.
6 Au dessus de la ligne : soleil.
1 La présence de ce titre précédé d'une étoile indique q~e. les vers
le portant (page 2 90 des Œuvres) devaient prendre place 1c1.
s Au dessus de la ligne : ai.
' Au dessus de la ligne, non barré : faisait.
10 Mot douteux.
11 Au dessus de la ligne : lesours.
11 Mot douteux, pfesque illisible dans le manuscrit.

2 35

Oh ! le moucheron enivré la pissotière de l'auberge,
amoureux de la bourrache, et que dissout• un rayon !

FAIM

. . . • • . • . . j'enviais 1 la félicité des bêtes, - les
chenilles, qui représentent l'innocence des limbes, les
taupes, le sommeil de la virginité !

Mon caractère 2 s'aigrissait. Je disais adieu au monde
dans d'espcces de romances :

1

1

1
1

Page 1.88 des Œuvres.
Suite du texte précédent, p. 1.88.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
UNE SAISON EN ENFER
*CHANSON DE LA PLUS HAUTE TOUR. 1

Je crus avoir trouvé raison et bonheur. J'écartais le'
ciel, l'azur, qui est du noir, et je vivais étincelle d'or de
la lumière NATURE, C'était très sérieux. J'exprimais
le plus bêtement
*ÉTERNITÉ a

CHANSON DE LA PLOS HAUTE TOUR 1

~nfin ', a bonheur, a raison, j'écartai du ciel l'az.
qui est du ~~ir,. et je vécus, étincelle d'or de la lumi:;
nature. De J01e, Je prenais une expression bouffonne et
égarée au possible :
Elle est retrouvée !
Quoi ? )'Eternité .... etc.

Et pour comble De joie, je devins un opéra fabuleux
• ÂGE

Je devins 3 un opéra fabuleux :

o'oa 4

Â attt plriodt, c'ltait c'était ma vie éternelle, non
écrite, non chantée, - quelque chose comme la Providence à laquelle I on croit I et qui ne chante pas.
Apres ces nobles minutes., stupidité complète. Je vis
une fatalité de bonheur dans tous les êtres : l'action
n'était qu'une façon 1 démonstrative de ~cher une
activité 8 de vie : seulnnent, moi, je laiuais en tôchant, au
hasard sinistre et doux, un énervement, ~iation erreur.
La morale était la faiblesse de la cervelle .
• • • • • • • 9 êtres et toutes choses m'apparaissaient
. • . . . . . d'autres vies autour d'elles. Ce monsieur
1 La présence de ce titre piicédé d'une étoile indique que les
ven le pcrtant, pages 114 des Œuvres, devaient prendre place ici.

1
je vis• que tous
es êtres. ont u~e fatalité de bonheur : l'action n'est
pas 1a vie, mais une façon de gâcher quelque force
un énervement. La morale est la faiblessse de I,
cervelle.
a
d A chaque ~tre •, plusieurs autres vies me semblaient
ues. Ce monsieur ne sait ce qu'il fait •. 1·1 est un ange.

t Au dessus de la ligne : du.
1 Ici devaient prendre place les vers qui figurent pages 1+~ el 141,

des Œuvres.
' Voir pages 1 53, 154,
1 Au dessus de ta ligne
• Au dessus de la ligne
7 Au dessu, de la ligne
1 Au dessus de la ligne
• D~cbirure.

1

ss des Œuvrcs.

:
:
:
:

les lois du monde.
le silence.
pas la vie mais une.
sa vie.

P. 289.
P. 282.
a P. 29+.
1

1

• Suite du texte p~cédent.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un ange. Cette famille n'est pas
. n sa vie. Avec plusieurs hommes
re moment d'une de leurs autres vies
visoire plus de principes. - Pas un des
sophismes que . . . . la plus informée, et bien d'autres,
et d'autres 1
Je ne pouvais plus rien. Les hallucinations étaient
tourhillonnaient trop. Mais maintenant je n'essaierais 2 pas
de me faire écouter. Un mois de cet exercice : ma santé 1
s'ébranla 4 • J'avais bien autre chose à faire que de vivre.
Les hallucinations étaient plus vives, plus épouvantes la
terreur venait! 5 Je faisais des sommeils de plusieurs jours,
et, levé continuais les rêves partout 6

UNE SAISON EN ENFER

2 39

Cette famille est une nichée de chiens • Devant p1us1eurs
.
hommes, je causai tout haut avec un moment d'une de
leurs autres vies. - Ainsi j'ai aimé un porc.
Aucun des sophismes de la folie , - la fio1·1e qu ' on
enferme, - n'a été oublié par moi : je pourrais les
redire tous, je tiens le système.

Ma santé i fut menacée. La terreur venait. Je tombais
dan~ des sommeils de plusieurs jours, et, levé, je continuais les rêves les plus tristes.

* MîMOIRE 1
Je me trouvais mlir pour la mort 8, et ma faiblesse me
tirais jusqu'aux confins du monde et de la vie, va le
tourbillon dans la Cimmérie noire, parmi 9 des morts, ou

J'étais. 1 mt1r

pour le trépas,
et par une route de dangers ma faiblesse me menait aux
confins du :11onde et de la Cimmérie, patrie de l'ombre
et des tourb1Ilons.

1 Au dessus de la ligne, avec un signe indiquant qu'ils doivent
entrer entre : informée et : et bien d'autres, on lit les mots
suivants : Je pourrais les redire tous et d'autres. Au dessous
de la ligne on lit : Je sais le système.
' Au dessus de la ligne : ne voudrais.
s Au dessus de la ligne : je crus.
' Au dessus de la ligne : fut ébranlée.
6 Au dessous de la ligne : plus.
6 Au dessus de la ligne : les pl us tristes les plus égarés.
7 Ici devaient prendre place les vers qui figurent sous ce titre

à la page 134 des Œuvres.
8

9

Au dessus de la ligne : le trépas.
Au dessus de la ligne : patrie.

1

Suite du texte précédent, p. i 94 .

�UNE SA'ISON .EN .ENFER
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

241

un grand va près 1 une route apercevais dangers laissé
presque toute l'âme aux 2 emb1khes 3 épouvantes

* CONF

DU MARCH l

Je voyageai un peu. J'allai au nord. Je rappelai 6 mon
cerveau à toutes mes odeurs féodales, bergères, sources
sauvages. Je voulus connaître 6 la mer anneau magique 7
sous 8 l'eau lumineuse 9, comme si elle dtît me laver d'une
pour me laver dt ces ab,rrations souillure, je voyais la croix
consolante. J'avais été damné par l'arc-en-ciel et les
magies 10 religieuses ; et par le Bonheur, ma fatalité n,
mon ver, et qui

Je dus voyager 1, distraire les enchantements assemblés
dans mon cerveau. Sur la mer, que j'aimais comme si elle
eC1t_dt1 me laver d'une souillure, je voyais se lever la
cron, consolatrice. J'avais été damné par l'arc-en-ciel. Le
Bonheur était ma fatalité, mon remords, mon ver :

1 Mot douteux, presque illisible. Au dessus de la ligne : cap.
Sans doute il faut réunir les deux mots et lire : cyprès.
1 Au dessus ·de la ligne : chez une.
' Au dessus de la ligne , sur un.
4 Ce titre, illisible et qu•on pourrait aussi bien transcrire :
conform du march, indique que devait s'intercaler à cette
place un poème qui jusqu'ici n'aurait pas été retrouvé; à moins que,
Rimbaud changeant volontiers ses titres, les vers en wi:ent ceux
intitulés Michel et Christine, qui figurent aux pages 122, 123
et 124 des Œuvres et qui présentent en effet un caractère
d'orageuse migration pour finir sur une vision de calme mystique,
de paix religieuse.
~ Au dessus de la ligne : fermai mon.
6 Au dessus de la ligne: j'aimais la mer.
7 Au dessus de la ligne et bané: bonhol[lie de l'or.
8 Au dessus de la ligne : dans et au dessus de ce mot : isoler les

principes.
Au dessus de la ligne : Eclairée.
Au dessus de la ligne : féeries.
11 Au dessus de la ligne : mon remort/s.

9

10

1

Suite du texte précédent, p. 29 S·

5

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAl9!

Quoique li monde me parut très nouveau, à moi qui avais
r2'ué toutes les impressions possibles 1 : faisais ma vie trop
immense pour aimer bien réellement 2 la force et la beauté.
Dans les plus grandes villes, à l'aube, à matines 3,
q1'and pour les hommes farts le Christ vient', sa dent, douce
à la mort, m'avertissait avec le chant du coq

* BCONV 6
Si faible, je ne me crus plus supportable dans la société,
qu'en force de 6 quel malheur 1 ! Quel cloître possible
pour ce beau dégollt ?
Ça se disp 8 cela s'est passé peu à peu.
Je hais maintenant les élans mystiques et les bizarreries

UN! SAISON EN ENFER

ma vie 1 ser 't
.
pour être dévouée à la force et ~1 I tobuJours trop immense
a a eauté.

Le Bonheur ! Sa dent d
à Ia mort
'
·
au c hant du coq _ d ' ouce
.
, m avertissait
dans les plus
'b a . matutmum, au Christus vmit, som res villes :
0 saisons, 6 chAteaux 2 !

Cela 3 s'est passé. J e sais
. auJourd'h
.
u1, sa1uer la beauté,

de style.
Maintenant je puis dire que l'art est une sottise.
Les grands 9 poètes est aussi facile, l'a • . • 10 est une
sottise.
Salut à la beau.
' Au dessus de la ligne : énervais mime apr?s que me disais.
1 Au dessous de la ligne : sincèrement.
s Au dessus de la ligne : ad matutinum.
• Au dessus de la ligne : au Christus venit.
5 Ce titre, aux brouillons, avait d'abord été par Rimbaud écrit :
conv (pour convenion, sans doute). Une surcharge remplaça le C
par un B. li faudrait donc lire : Bonheur, et le poème ainsi
désigné est évidemment celui qui commence par O Saisons,
8 châteaux, pages 151 et 1 s~ des Œuvres.
• Au dessus de la ligne, avec un signe indiquant qu'il faut le
placer après : de, on lit le mot : bienveillance.
7 Au dessus de la ligne : pitié.
8 Sic. Sans doute : dissipe.
9 Au dessus de la ligne : chants.
10 Illisible.
0

t Suite du texte précédent p
' V .
' . 295.
01r page 295 .

s ~- 296. Ces mots qui viennent i
.di
0 saisons, 4 dz6teaux ! forment la n r;ml~ ate.m~nt après le poème:
n e Alclmme du fTtrbt,

�FAUSSE CONVERSION
NUIT DE L'ENFER
Jour de malheur l J'ai avalé un fameux verre l de
poison. La rage du désespoir m'emporte contre tout, la
nature, les objets, moi, que je veux déchirer. Trois fois
béni soit le conseil qui m'est arrivé. Les entrailles me
brillent la violence du venin tord mes membres, me rend
' Je meurs de soif. J'étouffe. Je ne puis crier.
difforme.
C'est l'enfer, l'éternité de la peine. Voilà comme le feu
se relève. Va, démon, va, diable, va, Satan, attise le. Je
brille bien 2• C'est un bel et bon enfer.
J'avais entrevu le salut la conversion, le bien, le bonheur,
le salut. Puis-je décrire la vision : on n'est pas poète en
enfer. Dès qui tait l'apparition des milliers de formes 1
charmantes, un admirable concert spirituel, la force et la
paix, les nobles ambitions, que sais-je !
Ah ! les nobles ambitions! ma haine. Je les•.. 4 l'existence enragée; la colère dans le sang, la vie bestiale,
l'abêtissement du malheur des autres, qui m'importe le plus
Je malheur, car mon malheur, et c'est encore la vie : Si la
damnation est éternelle. C'est encore la vie encore. C'est
l'exécution des lois religieuses. Pourquoi a-t-on semé une
foi pareille dans mon esprit. On les 5 parents ont fait mon
1
1
1
4
5

Au dessus de la ligne : gorgée.
Au dessus de la ligne : comme
Au dessus de la ligne : d'àmes.
Mot illisible.
Au dessus de la ligne, mes.

.
il faut.

J'ai avalé une fameuse gorgée de poison 1• Trois fois' béni soit le conseil qui m'est arrivé!- Les
entrailles me brltlent. La violence du venin tord mes
m~m-~res, me _rend difforme, me terrasse. Je meurs de
soif, J étouffe, Je ne puis crier. C'est l'enfer l'éternelle
• 1V
,
peine• oyez comme le feu se relève! Je brille comme il
faut. Va, démon l

J'avais. entrevu

2

la conversion au bien et au bonheur le
salut. Puis-je décrire la vision? l'air de l'enfer ne souffre
pas les hymnes ! C'étaient des millions de créatures
charmantes, un suave concert spirituel, la force et la paix
les nobles ambitions, que sais-je?
'
Les nobles ambitions !

Et c'est s encore la vie! Si la damnation est éternelle!
Un homme qui veut se mutiler est bien damné, n'est-ce
pas? Je me crois en enfer, donc j'y suis. C'est l'exécution
du catéchisme. Je suis esclave de mon bapt~me. Parents,

1
2

3

p.

270 des Œuvres.
Suite du texte précédent.
Suite du texte précédent, p. 2 7 1 .

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

malheur, et le leur, ce qui m'importe peu. On a abusé
de mon innocence. Ob! l'idée du baptême. Il y en a qui
ont vécu mal, qui vivent mal, et qui ne sentent rien !
C'est mon baptême et ma faiblesse dont je suis esclave.
C'est la vie encore! Plus tard les délices de la damnation
seront plus profondes. Je reconnais bien la damnation.
Un homme qui veut se mutiler est bien damné n'est-ce
pas? Je me crois en enfer donc j'y suis. Un crime, vite,
que je tombe au néant, par la loi des hommes.
Tais-toi. Mais tais-toi! C'est la honte et le reproche à
côté de moi; c'est Satan qui me dit que son feu est
ignoble, idiot; et que ma colère est affreusement laide.
Assez. Tais-toi ! Ce sont des eneurs qu'on me souffle à
l'oreille, les magies, les alchimies, les mysticismes, les
parfums maudits 1, les musiques naîves. C'est Satan qui se
charge de cela. Alors les poètes sont damnés. Non, ce
n'est pas cela.
Et dire que je tiens la vérité, Que j'ai un jugement
sain et arrêté sur toute chose. Que je suis tout prêt pour la
perfection. Tais-toi, c'est l'orgueil! a présent. Je ne suis
qu'un bonhomme en bois, la peau de ma tête se ,dessèche.
Ah! mon Dieu! Mon Dieu. J'ai peur, pitié. Ah! j'ai
soif. 0 mon enfance, mon village, les prés, le lac sur
la grève, les clairs de lune q1.J.and le clocher sonnait
douze. Satan 2 est au clocher... que je deviens bête. 0
Marie, Sainte Vierge. Faux sentiment, fausse prière.

1 Au dessus de la ligne : faux.
' Au dessus de la ligne : le diable.

UNE SAISON EN ENFER

vous av~z fait mon malheur et vous avez fait le vatre,
Pauvre innocent! - L'enfer ne peut attaquer les pa,ens.
•
est la vie encore ! Plus tard, les délices de la damnation
seront plus profondes. Un crime, vite, que je tombe au
néant, de par la loi humaine.

c·

.

Tais.t~i&lt; mais tais-toi! C'est la honte, le reproche, ici:
Satan qm dit que le feu est ignoble, que ma colère est
affreusement. sotte • _ Assez ...
!
• D es erreurs qu ,on me
souffle, magies, parfums faux, musiques puériles. -

., _Et d!re I que je _tiens la vérité, que je vois la justice :
J _ai un Jugement sam et arrêté, je suis prêt pour la petfect1~n ... Orgueil. - La peau de ma tête se dessèche. Pitié !
~e1gneur, j'ai péur. J'ai soif, si soif! Ah ! l'enfance
1herbe, la plui~, le lac sur les pierres, le clair de lune quan;
le clocher sonnatt douze ... Le diable est au clocher à cette
heure. Marie ! Sainte-Vierge !. .. - Horreur de
bêtise'.

m;

1 Suite du texte précédent.
' Le poème continue.

�MADEMOISELLE IRNOIS

les Aflentures de Nicolas Belafloir, celles de Jean de la Tour
Miracle, l' Âbbaye de Typltaine, - autant d'œuvres où une

MADEMOISELLE IRNOIS

A V ANT-PROPOS
Cette nouvelle du Comte de Gobineau que nous publions
aujourd'hui, parut en feuilleton dans _le N~tion~I, durant les
mois de janvier et de février I 847. Mais qui fewllette ~ncore
le National? Il eO.t été vraiment dommage de ne pas tirer de
l'oubli cette œuvre alerte et vivante qui appartient à l'époque
la plus laborieuse de l'existence de notre aut_e~r.
. .
On peut en effet, sans trop d'arbitraire, dLV1ser la :1e intellectuelle de Gobineau, en trois périodes : la première et la
dernière plus spécialement littéraires; la seconde, presque excl~sivement consacrée aux travaux d'ethnologie et d anthropologie.
Une tragédie, des vers, de nombreux romans illustrent les deux
périodes qui vont de 1844 à 1853 et de 1876 à 1877. E~tre
185 3 et 1876 s'insèrent l' Essai sur l'in~galité d~s races h~~atnes,
la Lecture des textes cunéiformes, le Traite des émtures cuneiformts,
les Religions et les Philosophies dans l' Arie centrale, Trois anr li
Asie, l' Hiswire des Perses, - bref tous ou presque tous les
ouvrages scientifiques de Gobineau.
Ces dates ont leur enseignement et, mieux que de long,
commentaires dévoilent tout un pan de la psychologie de
.
d' enl'auteur de l'' Essai. Voici un jeune homme frémissant
thousiasme d'une prodigieuse activité littéraire, dont la
,
é ,
belle fièvre ne s'apaise et ne se satisfait que dans la cr atton
intellectuelle. Et c'est !'Alexandre, le Pris()11nier chanceux, TernOfle, la Chronique rimée de Jean Chouan, les Adieux de Don Juan,

observation singulièrement perspicace se mêle à une fantaisie
toute de verve et de premier j-et. Ce sont là plus que des
~ammes et des exercices de style. A parcourir ces ouvrages de
Jeunesse nous avons conscience de pénétrer une des personnalités les plus originales du XIXe siècle, et de peser au moins
deux chefs-d'œuvre.
Et voilà l'admirable : Gobineau ne s'est pas cherché. Des sês
débuts, il se trouve et se réalise selon sa loi. Son mode d'expression . seul se transforme avec l'~ge ; car dans Ternofle et dans
l' Abbaye de Typltaine, par exemple, nous découvrons en substance
les. idées de l' Essai et tout le système ethnologique de notre
~1ologue. Le fond persiste si la forme change. Au plan littéraire se superpose le plan scientifique, et pour un temps, l'artiste
cède la parole au savant. A partir de 1876, Gobineau revient à
sa forme préférée, celle du conte et du roman. Dans les
Nouflelles Asiati'iues, les Souflenirs de floyage, les Pllïades, la
Renaissance et Amadis il condense sa longue expérience d'observateur en perpétuel éveil et de psychologue désabusé.
Ainsi donc, à suivre de près notre auteur, à l'écouter vivre
et ~ le comparer avec lui-même, on s'aperçoit que le savant
a fait la plus grande place à la forme imaginative et a toujours
préféré, pour se réaliser, la nouvelle et le roman à l'œuvre
didactique.C'est de quoi on commence à se convaincre, grkea nos
efforts persévérants. Beaucoup découvrent un écrivain délicat
un conteur exquis, un psychologue raffiné où ils s'attendaient'
à ne trouver qu'un professeur, voire un savant doublé d'un
diplomate. On se rend compte que Gobineau est plus près
d'un Stendhal et surtout d'un Mérimée que d'un Fustel de
Coulanges ou d'un Tocqueville. Le spectre d'un Gobineau
penché, entre deux rapports d'ambassadeur, sur de gros livres
d'érudition, consumant sa vie
déchiffrer des hiéroglyphes
comme un enfant des rébus, balayant la poussière des biblio-

a

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

thèques pour la secouer ensuite autour de lui, - commence
à rentrer dans l'ombre, comme d'ailleurs la légende d'un
Gobineau amateur et dilettante, ami des paradoxes et s'amusant
à mystifier ses contemporains. La vérité est plus souriante à la
fois et plus belle. Qu'on cede enfin la place à la vraie physionomie morale d'un artiste extrêment avide de science, mais sans
raideur, d'un lettré doué d'une magnifique culture, grand
voyageur, causeur aimable, pessimiste parce qu 1observateur et
quand même idéaliste parce qu'ami de la Beauté. Dur2nt sa
longue carrière de diplomate - de diplomate par accident Gobineau s'est reposé de travaux officiels, de rapports ministériels, de mémoires fastidieux, en composant des œuvres pleines
de vie, d'humour et de psychologie. Comme tout homme
de génie il eut - qu'on me passe l'expression - deux ou
trois bateaux. Ceux-ci même ne sont dénués ni de style ni
d'élégance et, s'ils prennent Feau, aujourd'hui, par quelques
fissures, encore voyons-nous combien peu il faudrait pour les
rendre imperméables, et comme ils gardent fière allure !
Du moins, dans Mademoiselle Irnpis, il serait difficile, je crois,
de trouver le mauvais Gobineau, j'entends le systématique et
l'homme à thèse. Voici une œuvre exclusivement littéraire.
Cette nouvelle appartient à la première période de la vie de
Gobineau, celle où, désireux de gagner son pain et la gloire
-avec sa plume, le futur auteur des Pléiades, sans chercher plus
loin, collabore aux journ~ux, inonde les périodiques de ses
productions, contes, nouvelles, romans en prose ou en vers, et
ne se fie qu'à sa fantaisie, guidée 4éjà par un sûr instinct
d'observateur. Elle met en lumière les deux qualités maîtresses
de notre écrivain : le don de psychologie et cette froide et
terrible ironie dont il ne se dépàrtira jamais, étant juste le
contraire d'un moraliste.
TANCRÈDE DE VISAN.

251

MADEMOISELLE IRNOIS

CHAPITRE I
Monsieur Pierre-André Irnois fut un d
h d
.
es marc an 5
argent qui, sous la République firent le m'
J
ffi ·
'
.1eux eurs
aO aires. Sans arriver aux splendeurs quasi fabuleuses des
uvrard ' M• Irno·is devmt
· tres
, opulent et
d. ·
, , ce qm· le
istingua surtout de ses COJ1freres, c'est qu'il eut le talent
de co~server, son bien. En.fin, il n'imita pas Annibal : il
sut vaincre. d abord, puis conserver sa victoire • sa race si
elle eô.t duré, et'lt pu le comparer à Auguste. '
,
d'

Dans sa sphere, son élévation avait été plus étonnante
encore que celle de l'adopté de César M I
. é .
t' ·
•
• • rno1s tait
~a t1 de nen. Ce n'est pas là .ce nui m'émerveille .
.
J • •
,
•
, mais
1 n avai-t p~ I pmbr~ de talent ; il n'avait pas l'ombre
non plus d astuce ; il n'était que médiocrement coquin
Quan; à _se fa~filer _aupres des grands ou des petits, ~
capter d utiles b1enve1llances, il n'y avait J·ama·
é
éta b"
1s song ,
. n~ ren trop brutal, ce qui remplaçait chez 1 . 1
d1gmté M I b11 •
.
u1 a
. a at1, grand, maigre• sec, 1·aune, pourvu d' une
é
nor~e bouche mal meublée, et dont la mâchoire massive
aur~1t été une arme terrible dans une main comme celle
del Hercule hébreu, i1 n'avait dans sa personne rien qui
par ~a séduction, fîtt de nature à faire oublier les défec~
tuos1tés de son caractere et celles de son intelligence.

�MADEMOISELLE IRNOIS

25'2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ainsi matériellement et moralement, M . Pierre-André
lrnois ~e possédait aucun moyen de faire comprendre
comment il avait pu réaliser une énorme fortune et se
placer au rang des puissants et des_ heureux. Et p~urtant,
il était arri,é à avoir ix hôtel à Pans, des terres bàttes ~s
l'Anjou, le Poitou, le Languedoc, la Flandre, le Dauphiné
et la Bourgogne, deux fabriques en Alsace et des coupons
de toutes les rentes publiques, le tout ~ouro~né. par ~
immense crédit. L'origine de tant de biens n était explicable que par le étranges caprices de la destinée.
M. !mois, ai-je dit, avait eu son berceau fort bas; tout
le monde du moins le croyait, et lui comme tout l_e
monde. Mais, par le fait, on n'en savait rien ; il ne s'était
jamais connu ni père ni mère et avait co~encé, sa
carrière sous la livrée de marmiton, dans les cu1s1~es d_un
bon bourgeois de Paris. De là, chassé pour avoir lai~
brôler une rôtie confiée à ses soins un jour de gala, il
avait erré quelque temps, soumis aux tristes fluctuations du
vagabondage. Le pauvre diable s'était ensuite ~accroché à
un emploi de laquais chez un procureur, et, b1ent~t co~gédié comme trop insolent et un peu voleur, il aYa1t
manqué mourir de faim, une nuit fatale que 1~ _guet le
ramassa, expirant d'inanition sous un des piliers des
H alies, où il s'était traîné après avoir en vain cherché,
"bl
dans les bourriers d'alentour, quelque honteux comestt e.
On voulut l'envoyer aux Iles. Il s'échappa, se cacha
dans le jardin d'une dame philosophe et philanthrope, et,
découvert, raconta son histoire. Par bonheur, cett~ d~me
avait ce jour-là autour d'elle plusieurs personnes invitées
à dîner, et parmi ces convive , M. Diderot, M. Rousseau
de Genève et M. Grimm.

2 53

Le récit du vagabond déguenillé ervit de texte heureux
à différentes considérations trop justes, hélas ! sur l'ordre
social. M . Rou eau de Genève embrassa publiquement
lrnois en l'appelant son frère ; M. Diderot l'appela au i
son frère, mais il ne l'embrassa pas ; quant à M. Grimm
qui était baron, il se contenta de lui faire de la main un
geste sympathique en l'assurant qu'il voyait en lui l'homme,
le chef-d'œuvre de la Nature.
L'expression de cette grande vérité, reconnue par toute

la compagnie, ne suffisait pas au pauvre diable. Par le
plus étonnant des hasards, en le renvoyant, on pensa à lui
faire donner une soupe et un lit. Le lendemain matin, la
maîtres.se de maison l'avait déjà oublié et, certainement,
aurait donné ordre de le mettre dehors si on lui eCtt
rappelé le chef-d'œuvre de la création, l'homme que la
veiJle elle avait si philosophiquement accueilli. Mais une
vieille intendante lui trouva les épaules suffisamment
plates pour y mettre des charges de bois, et les bras assez
longs pour scier des bQcbes. Il gagna ainsi sa vie jusqu'au
jour où il redevint laquais. C'était une fortune ; c'était de
là qu'enfin l'aigle devait prendre son vol.
En peu de temps, Irnois passa du service de la dame
philosophe à celui d'un comte dévot, puis d'une marquise
intrigante, puis d'un turcaret ; le turcaret, le ,,oyant
suffisamment inepte, le jugea digne de recevoir les droits
à la porte d'une petite ville. Voilà !mois commis ; c'était
une belle position pour le malheureux. Il ne sut pas la
garder, il tint mal ses comptes, il fut chassé. Alors il
voulut revenir à Paris, et dans le trajet il lui arriva une
aventure qui semblera peu probable, mais qui n'en est
pas moins véritable. Qu'on se souvienne en la lisant

�MADEMOISELLE IRNOIS

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'Irnois était destiné à devenir le favori de la fortune.
Comme il avait gagné quelque petit argent dans sa
gestion, il avait acheté un pauvre cheval gris dont il
comptait se défaire à l'arrivée.
Un matin qu'il était parti de fort bonne heure de sa
couchée, il arriva au rond-point d'un grand bois vers le
moment où l'aube commençait à poindre. C'était au mois
d'Octobre ; le temps était brumeux, le jour fort terne, et,
enveloppé dans sa cape, son chapeau sur les yeux, Irnois
était loin d'avoir chaud. Par conséquent, son ime, peu
virile d'ordinaire n'avait pas grande fermeté.
Que devint donc l'ex-commis, parvenu au débouché
du rond-point, lorsqu'il vit à l'entrée de l'avenue qui lui
faisait face, et par laquelle il devait absolument passer, un
groupe d'hommes à cheval !
Irnois n'hésita pas en sa pensée, il les reconnut pour
voleurs, et qui plus est, voleurs de grand chemin. Il songea
à fuir ; mais s'il tournait les talons, ces misérables allaient
sans doute mettre d'horribles mousquets en état et le
cribler de balles l II frisonna d'horreur et resta planté sur
sa selle, son cheval retenu fermement.
Les cavaliers placés de l'autre caté du rond-point, le
voyant ainsi immobile, attendirent quelque temps, en
l'observant, mais comme il ne bougeait pas, (il n'aurait pas
remué pour un empire) ils prirent leur parti après un colloque animé, et un d'entre eux s'avança vers Irnois. Celui-ci
se crut à sa dernière heure et allait tirer sa bourse pour
la donner, lorsque le cavalier mettànt son chapeau à la
main lui dit avec une 'extrême politesse : - " Monsieur,
ce bois n'est pas ce que vous croyez; on vous aura fait
quelque faux rapport, veuillez en être convaincu ; mais

255

dans notre désir de vous être ao-réables
-0ffr ·
·
'Il
o
, nous vous
irons cmq m'. e livres, c'est en conscience tout ce que
nous pouvons faire. "
Ir~ois, à_ cet étrange discours, pensa que les bri ands
voulaient aJouter la raillerie à 1 fé . é
g.
d l'é
.
a rocit et se proposaient
e gorger en nant. Sa peur redoubla, et s'il ne se ftlt
cramponné des deux mains à l'arçon de sa sel! ·1
.
·
e, 1 serait
certainement tombé de cheval L
1·
1
.
• e cava 1er, e voyant
muet, ne commit aucune violence, salua au contraire et
retourna vers ses compagnons.
'
Irnois, dont les dents claquaient s'aperçut b' •
deux h
dé
'
1entot que
ommes se tachaient de nouveau d
d' · ·
u groupe et se
mgea1ent vers lui. Il5 l'aborderent non m .
1·
,
• r .
oms po 1ment
qu avait ia1t le premier et l'un d'e
. l
'
ux pnt a parole :
' -_"Allons, Monsieur, dit-il, vous avez décidément
l espnt préve~u ; ne parlons plus de cinq mille livres .
mettons en dix et concluons. ,,
•
l'é- "Oh ! les scélérats ! se disait Irnois au comble de
pouvante ; les scélérats ! "
Pourtant, cette fois encore il ne I .
.
L
.
,
u1 arriva aucun mal
'es ~vahers, apres avoir attendu inutilement sa réponse.
s éloignèrent, et la conférence recommença entre eux e:
leurs compagnons. Enfin toute la bande se dt' .
Ir · •
ngea vers
no'.s qui, pour le coup, se tint assuré d'être arrivé à sa
dern1_ère h~ure_- Mais quelle fut sa stupéfaction, quand le
cavalier qm lm avait parlé d'abord lui dit .
- ." Monsieur, vous êtes au momen. t d'avoir une
mauvaise affaire ! "

-

"Ah I M
·
. . .
ons1e~r, répondit Irnois d'un air !amen' que Je vous aurais de reconnaissance si vous
1·
bie
,
.
,
vou 1ez
n m en temr quitte ! "

table

�LA NOUVELLE REVU E FRANÇAISE

Le cavalier se mit à rire.
- "Je vois, Monsieur, que vous êtes plaisant, et
savez la valeur des choses. Mes associés et moi, nous
voulons agir rondement avec vous. Voici, ajouta-t-il, en
tirant un portefeuille de sa poche, vingt mille livres ; ne
nous en demandez pas plus. Cette coupe de bois est une
bonne spéculation sans doute ; mais elle deviendrait détestable si votre désistement nous co~tait davantage."
Irnois, malgré l'épaisseur de sa judiciaire, comprit alors
que ces affreux scélérats étaient des marchands de bois
qui voyaient en lui un adjudicataire rival. En effet, on leur
en avait annoncé un. Il s'empressa de prendre les vingt
mille livres, plus sa part d'un excellent déje~ner, et il
renonça de grand cœur tout ce qu'on voulut.
Ces vingt mille livres se comporterent vaillamment
dans ses mains. Le gouffre de l'agiotage ne lui engloutit
pas le plus mince écu ; il e(lt beau allèr de l'avànt avec
l'imperturbable témérité de la sottise, tout lui réussit ; et
si bel et si bien, qu'il fît douter plusieurs fois certains
vétérans de la ferme générale s'il n'était pas un génie
financier de premier ordre. Heureusement pour lui
qu'avec ses succes il n'était encore que petit compagnon
lorsque la Révolution arriva. Son humble tête n'appela
pas la foudre dont il e1'.it peut-être mérité les éclats ; il se
cacha et avec lui ses pistoles, et il ne sortit de son trou
pour friponner la République, que lorsque le fort de la
tourmente fut passé. Il réussit assez dans le tripotage des
assignats. Pourtant ses triomphes dans ce genre ne furent
rien, comparés à ses exploits dans les fournitures de
souliers. Il avait eu le bon esprit, par couardise, de se
mettre l'abri derri ère quelques esprits aventureux, aux-

a

a

MADEMOISELLE IRNOIS

2 57
quels il se contentait de prêter de I'
ag· .
I
argent et qui
1ssa1ent en eur propre et . é
, eux,
pnv nom aupres d
nement. II vit arriver des m
d'
u gouveronts or dans s
·
au comble de l' .
es caisses; et
emvrement, Bonapart é . dé.
,
vie, qu'il se cons1"dé 't
e tait Jà. consul à.
rai encore co
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homme du siècle.
mme e plus grand

Un beau jour il prit femme . La compagne •·1 h ..
pour perpétuer sa race était la fille ,
qu I c o1s1t
comme lui M elle M . l
d un spéculateur
,
aigre ut ; et ce ne fu
I
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faveur de son étoile
d 1 .
. t pas a momdre
que e a lui avoir d
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sotte et ennemie du faste et d
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de quoi tremper la soup
a1sa1t a e dire,
e pour tout le mond
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peu les assemblées les . .
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visites, es plaisirs m d ·
sentant que la capacité de l' espnt
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Madame Irnois se h
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le dispensait de sortir de C hez IUI..
soc1 t , ce qui
sol~~/tait M. Irnois, telles étaient les compagnes de sa

à la vie qu'il menait 1 f
MQuant
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, 1 aut en parler ici.

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, ses gran ds biens
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que ce a ne l'amusait p . t Il h
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une maison sise d
l
.
Lombards. On sait ce
ans e quartier des
que sont les demeures humames
.

6

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

dans ce coin de Paris. Toutes les chambres étaient
uniformément carrelées de rouge, hors le salon parqueté ;
toutes les chambres étaient uniformément sombres, hors les
chambres à coucher plus sombres que tout le reste, parce
qu'elles donnaient sur la cour.
Les meubles étaient d'acajou dans les grands appartements, de noyer dans les petits ; le velours d'Utrecht
jaune règnait partout en maître, et quelques pendules
dorées, représentant Flore et Zéphyre ou l'Amour attrapant un papillon, sous verre, étaient les dernières limites
de la magnificenœ Irnois. D'objets d'art, il n'y en avait
pas d'autres que le portrait à l'huile du maître du logis,
épouvantable création de quelque barbouilleur d'enseignes.
Le domestique se composait d'une cuisinière, d'une grosse
femme de confiance et d'un petit garçon mal vêtu et
jamais peigné qui cumulait des emplois d'importance très
diverse, tantt&gt;t fendeur de bois, tantt&gt;t commissionnaire,
tantôt secrétaire intime, tantôt laquais. Voilà l'organisation de ce ménage où M. Irnois ne trouvait rien à
changer, oil il trtinait en despote, parlant fort, grondant
fort, ou rechignant du matin au soir.
Mais ainsi que dans ces vallées étroites, stériles,
affreuses, que la nuit couvre d'ombres épaisses, et où le
voyageur marche d'un pas chancelant et effrayé, il finit
toujours par apparaître quelque clarté lointaine qui vous
rend la joie, ainsi, dans l'antre de M. Irnois, il y avait
une clarté ; clarté faible et douteuse, il est vrai, mais
charmante cependant pour les yeux qu'elle éclairait et qui
n'avaient pas besoin d'un grand jour.
Dans cet appartement obscur et maussade, peuplé de
gens désagréables, il y avait comme dans toutes les choses

MADEMOISELLE IRNOIS

humaines un bonheur ù l . '
2 59
és' d
' o a lait s échauffer le
d
po ie e ces grossières cervelles un
peu e
fondaient toutes les ffi .
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bonheur où se cona ect1ons.
Quel lien commun
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de leur vie ? Le cent d rno1s
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volonté du monde c ,
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• mmelrna,
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de confiance, à son sor~i/: la grosse Jeanne, la femme
L
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n'était pas identi ue d onn tes gens pour l'être chéri
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. M. Irnois faisait peu de bruit d
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Jamais que J. e sache
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e so~ affection, n,en parlait
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us v1~ement, plus
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sans trop le
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, savoir
.
vie, n avait réfléch. .
.
,
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e
à lui-même ?
t m aux choses, m aux hommes, ni
. Sa fille ne pouvait l'empêcher d't.tr
t: e maus-

�260

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sade, mais elle pouvait le rendre vingt fois
qu'il n'était d'ordinaire, et cela, par le
matin, il n'aurait pas été réveillé par un
sant sur l'état de santé d'Emmelina :

MADEMOISELLE IRNOIS

plus désagréable
seul fait que le
rapport satisfaiBref il l'aimait

passionnément.
Madame Irnois, de tempérament calme, que dis-je ?
glacial, et n'ayant de sa vie éprouvé la moindre sensation
vive (sans quoi elle n'eüt jamais voulu entendre parler
d'épouser Monsieur son mari), Mme Irnois passait une
grande partie du jour à tenir sa fille sur ses genoux, à
l'embrasser, à la caresser, à lui dire tous les riens que lui
présentait son imagination. Ces riens n'étaient pas jolis,
ils n'étaient pas variés, surtout ils n'avaient rien de spirituel. Mme !mois était aussi complétement nulle que peut
l'être une bourgeoise vieille, laide et ignorante ; mais
elle faisait de son mieux pour amuser sa chère enfant ;
elle sentait son cœur se fondre quand elle la regardait et
ne pouvait pas la regarder sans l'embrasser.
Sous ce rapport, sa tendresse ressemblait beaucoup à
celle de Mues Maigrelut, tantes maternelles d'Emmelina,
seulement un peu plus jaseuses que leur sœur mariée.
Mues Maigrelut étaient tout ce qu'on peut désirer de plus
parfait comme types de vieilles filles. On les eÎlt lkhées
l'une et l'autre au milieu d'une ville de province, qu'elles
eussent développé avec une puissance inouïe une méchanceté de tigre et de vipère. Mais leur séjour constant au
sein de la solitude, dans une claustration presque absolue,
avait mité ces natures dangereuses, et toute leur ardeur
s'était tournée en dévouement servile et convaincu pour
Emmelina.
Ainsi aimée, ainsi adorée et servie, Mue Irnois atteignit

261

sa, dix-septième année ; c'est le moment où commence
l
anec dote que j'ai à raconter.
Elle avait donc ce b I i d .
porte dorée de l . I~ ge e Jeunesse qui est comme la
et d l
a vie. est temps de dire ce qu'elle était
. e a m~ntrer entourée de sa cour, à savoir de son •
maigre et Jaune de sa mè
pere
'
re grosse et corn
d
tantes sèches, effilées et bavardes et d
mune, e. ses
valent pas l'h
d'
' . e ses servantes qui ne
,
onneur une description.
On s attend sans dout à
d
de p fi .
.
e enten re un récit merveilleux
er ect1ons mouïes à co t
1
par l fé d
'
n emp er une jeune fille douée
es
li
es
e
~ous
les
charmes
de la beauté et de l'esprit
N
ous a ons v01r !
···

CHAPITRE II
Emmelina.' cet ange, ce tte d"1vm1té,
.. cet obiet de t t
de vœux était,
à dix-se
J
an
taille d'une fille d d" pt ans, un~ pauvre créature de la
e ix ans, et qu un sang
.
.
privée tout à la fi • d
.
mauvais avait
liere de fi
ois e croissance, de conformation régu'
orce et de santé Sans être é . é
elle avait la taille déjeté~ et
c1s ~ent bossue,
était
·
, en P us, sa Jambe droite
comm:o~:~ gra;de que sa jambe gauche. Sa poitrine était
de sa taille o;; e1'· et_ sa têt_e, penchée de c6té par le vice
, ne ma1t aussi en avant
Avait-elle au moin
· r . .
.
.
'
s un JO I visage pour contrebalancer
quelque peu d aussi grands défauts ? Hélas n I b
n'était
b" .. •
·
on• sa ouche
. pas ten ialte ; ses lèvres trop grosses lui d
.
un air boudeur . sa il
.
onna1ent
Se 1
' p eur maladive ne lui seyait pas bien.
to: :ment ses grands yeux bleus étaient assez beaux et
c ants et sa chevelure, blonde comme celle d'une

tr

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

fée, était incomparable. Aussi dan la maison parlait-on
souvent de ses magnifiques cheveux. Les cheveux d'Emmclina étaient le point de comparaison favori auquel on
aimait à rapporter ce qu'on voulait louer le plus.
La pauvre fille, ainsi maltraitée par la nature, avait
grand peine à marcher et à changer de place; elle était
un peu comme un roseau, toujours pliée et affaissée sur
elle-même; et la vieille Jeanne, sa bonne, qui l'avait
portée enfant, la portait encore toute grande demoiselle
qu'elle était.
Elle n'aimait pas à marcher, elle
peine et de fatigue ; puis elle ne s'y
tumée; de telle sorte que lorsqu'il
d'une chambre dans une autre, où

y trouvait trop de
était jamais accous'agissait de passer
entendait la petite

voix douce d'Emmelina:
- "Jeanne! porte moi!"
Et Jeanne la portait.
On pourrait croire que se voyant ainsi adorée, adulée
et obéie, Emmelina était gàtée, très volontaire, capricieuse et toujours en dépense de fantaisies et de volontés.
Mais point. Elle passait à peu près tout le jour dans
le silence et sans rien faire. Sa mère aurait aimé à la
voir s'occuper, mais jamais on n'avait pu obtenir cela
d'elle. La broderie, la tapisserie ne la séduisaient pas ;
l'éclat des laines et de la soie lui importait peu; clic
n'avait aucun gollt de toilette; elle ne songeait jamais
à la parure, et jamais elle ne s'était demandé si sa figure
était belle ou laide. Son tempérament était apathique ;
jamais elle ne voulait ni ne désirait rien; elle ne paraissait pas s'ennuyer, mais elle ne s'amusait pas non plus.Une
fois, on l'avait conduite à !'Opéra, l'événement avait fait

MADEMOISELLE IRNOJS

263

époque dans la maison, M. Irnois, sa femme, ses deux
belles:sœurs et Jeanne avaient été très frappés de la
magnificence
du spectacle.' Emmelina seule n ' avait
. rien
.
.
témo1gn~ et n'en parla point dans la suite. Véritablement
e~le ~va1t peu de part à la vie, et, dans ses grand jours
d activité elle prenait un ourlet touJ'ours le mA
D'é
,
cme.
' . ducation intellectuelle, elle n'en avait reçu aucune;
d a1lle~s, personne autour d'elle ne l'avait même jugé
nécessaire. Seulement la tante Julie Ma'1grel ut qui. de
temps en temps, feuilletait assez volontiers un roman de
~- Du_cray-Duménil, ou de Mm de Bournon-Malarme,
lui avait appris à lire, et elle se servait de cette science
pour prendre quelquefois Peau d'Ane ou le Chat Botté
dans le v~lu~e d~ Perrault. Elle avait commencé par là
avec son mst1tutnce, et elle ne s'était jamais risquée seule
à' aller plus loin. A dix-sept ans encore, elle prenait Peau
d Ane ou le. Chat Botté, et passait toute une journée dans
sa _compagr11e. Elle n'y rencontrait pas grand charme,
mais non plus grande fatigue, et il ne lui en fallait pas
davantage.
Tous les jours, à huit heures, Jeanne qui couchait
dan . sa chambre auprès de son lit, s'en approchait pour
savoir comment elle avait dormi, demande quotidienne
à laquelle Emmelina répondait quotidiennement :
- " Bien, Jeanne."
~ais son teint plus ou moins pile, ses yeux plus ou
~oms ba~u , étaient les véritables témoin que Jeanne
interrogeait. La consultation terminée, Jeanne se rendait
tout courant chez M. et Mme Irnois, où elle communiquait ses sentiments, où elle déclarait combien de fois
Emmelina avait bu pendant la nuit. Si le bulletin était

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

mauvais, M. Irnois devenait plus loup que de coutume, et
sa voix furibonde allait porter la terreur jusqu'au fond de
la cuisine. M 11" 1 Maigrelut savaient alors à quoi s'en tenir
sur la marche de toute la journée, et venaient par leurs
glapissements prendre part à la désolation générale.
Si au contraire les déclarations de Jeanne étaient favorables, si Emmelina n'avait demandé à boire que deux
fois, M. Irnois était plus économe de jurons et d'invectives, et chacun se ressentait de cette bénignité.
Alors Jeanne retournait habiller la jeune fille ; ce
n'était pas une toilette charmante comme celle des
Grices; on lui mettait quelque robe de mérinos en
hiver ou de toile en été, avec un bonnet qui tenait ses
beaux cheveux enfouis, et l'affaire était faite jusqu'au
moment de se coucher.
Habillée, Emmelina recevait dans son fauteuil les bonjours et les mamours. de toute la famille, et la brusque
accolade de son père ; après déjeuner, il était assez dans
ses habitudes de dire à sa mère :
- " Maman, je vais m'asseoir sur tes genoux. "
- " Viens mon cher ange ! " répondait Madame
lrnois. La pauvre enfant malade se couchait sur le giron
de sa mère, et souvent s'y endormait, ou veillait sans rien
dire en se laissant couvrir de baisers qu'elle ne rendait
pas.
On ne viendra sans doute pas demander maintenant si
Emmelina avait de l'esprit. Non, certe,s ! elle n'en avait
pas, la malheureuse fille ! ni rien qui ressemblât à
}'qgitation de l'intelligence. Qu'est-ce que l'esprit, sinon
de savoir deviner et exprimer les rapports réels ou factices
qui existent entre les choses? L'esprit ne saurait se ,déve-

MADEMOISELLE IRNOIS

lopper au millieu de la solitude, ni avec la compagnie d~
imbéciles, et il n'était personne, daas la maison de
M. Irnois, dont le contact pl'.lt permettre à Emmelina
d'avoir de l'esprit. Puis, comme on ne lui avait rien
appris, elle n'avait nulle matière a exercer son intelli~
gence ; partant sa conversation, si, par 11asard, quelqu'un
filt venu la solliciter, n'aurait eu rien que de très
vulgaire.
Voici donc mon héroïne : Contrefaite, point jolie de
visage, sans esprit, et la plupart du temps silencieuse ;
maladive, et trouvant son plus grand bien-être a se tenir
couchée sur le sein maternel, comme un enfant de quatre
ans. Il n'y a rien dans une telle peinture qui ·séduise
beaucoup.
Mais le portrait n'est pas achevé tout à fait, puisqu'il
n'a rien été dit de cette disposition rêveuse qui faisait le
désespoir de toute la maison Irnois, et qui, non seulement
formait le trait principal du caractere d'Emmelina, mais
était même tout son caractère.
La pauvre fille, sans avoir ni la conscience ni le regret
de ses imperfections physiques, était, comme tous les
êtres mal conformés, vouée a une profonde et incurable
tristesse, en apparence sans cause, mais que la réaction du
physique sur le moral explique trop complètement. De
cette tristesse irréfléchie qui ne faisait que jeter un voile
sombre sur l'existence de M 11e Irnois, il ne s'exhalait
jamais aucune plainte.
Mais lorsque dix-sept ans étaient artivés, et avec cet
Age les développements mystérieux de l'être, tout l'essaim
de pensées printanières qui, à cette époque de la vie
s'élancent et accourent autour de l'âme, Emmelina jeun;

�266

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

fille était devenue plus silencieuse encore qu'Emmclina
enfant.
Bien qu'elle ne connClt pas le travail intérieur de son
être, qu'elle mt très loin de pouvoir l'.anal!ser, elle en
restait malheureuse ; elle aspirait à ce bien inconnu que
les dieux de la jeunesse, le blond Vertumne et ~a _fraîche
Pomone dispensent en souriant ; mais elle y aspirait av~c
Souffrance , et volontiers aurait éprouvé le désir
. de mourir,
si elle eClt su se poser à elle-même une quesaon.
Néanmoins sa tristesse devenait tous les jours plus profonde. Une cause extérieure était venue donner à cette
âme déshéritée plus de souffrance avec plus de vie. Tout
à I heure nous en parlerons en détail.
Emmelina avait renoncé à chercher protection sur les
genoux maternels ; elle préférait maintenant passer sa
journée à une fenêtre de sa chambre qui donnait sur la
cour, et ne voulait plus guère aller dans le salon. Par une
singularité qui étonnait tout le monde, elle sembla ~ndant quelque temps avoir plus de force et de santé qu on
ne lui en avait jamais vu.
Ses joues avaient même eu pendant 9uelques jours une
teinte rosée qui avait paru aux yeux charmés de toute la
maison réaliser l'idéal des doigts de l' Aurore. Pourtant
elle ne voulait plus sortir de sa chambre, et, dans sa
chambre, n'aimait que le coin de la fenêtre ch~isie.
La si douce Emmelina bientôt alla plus loin encore ;
chose inouYe ! elle eut une volonté ; elle prétendit rester
seule ; elle renvoya mère, ~nnc, ~ntes sans piti;: et ~
jour, qu'inquiète d'innovations si étranges, ~ Irn_OJs
essayait quelques observations timides, Emmehna, prodige
effrayant I Emmelina frappa du pied et fondit en larmes.

MADEMOISELLE JRNOIS

Toute la famille fut consternée pendant deux jours;
mais M. Irnois défendit de la manière la plus sévère
qu'on osât se permettre de contrarier sa fille. L'arrêt était
rendu en termes véritablement terribles, mais le juge
était redoutable ; et comme personne ne contestait la
justice du fait, on se mit à obéir avec une ardeur rare
chez ceux qui obéissent. Ainsi Emmelina re ta libre de
passer de longues journées seule dans sa chambre, assi e
dans un fauteuil, à l'angle de sa fenêtre, y faisant ...
personne ne savait quoi.
Cependant elle avait dix-sept ans. M. lrnois s'était
marié, si j'ai bonne mémoire vers Juillet ou Aoôt 1794.
Ce n'était pas trop une époque convenable pour songer
au mariage ni à aucune joie ; mais le brave capitaliste
n'avait pas l'âme très sensible aux dangers de la patrie, et
il s'était uni sans remords à M elle Maigrelut. A l'époque
où je prends mon histoire, on était donc en 1811, et si
l'ancien fournisseur vivait très retiré, son existence n'était
pas pour cela inconnue. L'éclat de l'or est tout aussi
évident que celui du soleil, et un coffi-e-fort bien rempli
ne saurait se dérober à la connaissance, à l'admiration et
à la convoiti e des citoyens d'un grand Etat. En vain
M. Irnois habitait le quartier des Lombards, en vain sa
porte, soigneusement fermée aux hommes graves comme
aux freluquets, ne s'ouvrait presque pour personne, on
savait de point en point combien il y avait d'écus dans
la maison numéro tant, on était pleinement édiJié sur les
habitudes du logis, et l'on avait une parfaite connaissance
de l'existence de M elle lrnois, laquelle, en sa qualité
d'unique héritière des gro biens paternels, tenait attachées
au bout de sa ceinture virginale les clefs de la caisse. Or

�268

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

quel serait l'heureux mortel vainqueur du dragon (le père
!mois) et possesseur des pommes d'or (la grosse fortune) ?
C'était une question que l'on s'adressait volontiers dans
quelques cercles des plus élevés de ce temps-là.
L'époque actuelle a la réputation mauvaise, on lui
reproche d'aimer l'argent avec excès. Mais pour ne pas
être injuste envers elle, il faut avouer que la passion du
pécule a dévoré bien des hommes avant que notre génération appartît sur la scène du monde, et que, sous
l'Empire, on pouvait trouver sans peine des personnages
qui, tranchant par leurs convoitises sur les passions
guerrières du temps, s'abandonnaient au gotît des capitaux,
avec autant de verve que nos hommes de bourse les plus
acharnés.
Dans ce temps-là, certains grands messieurs, spéculant
sur la gloire nationale, aimaient à mettre la main dans les
caisses de l'étranger. Il y en eut aussi d'autres qui mirent
leurs espérances de fortune dans la conclusion de riches
mariages, ni plus ni moins que les illustres roués de la
Régence, et, par une circonstance toute particulière à cet
ige, ces gens-la surent détourner souvent à leur profit
l'action de la puissance impériale, en faisant intervenir la
volonté du maître dans des unions qui, sans ce secours
quasi divin, n'auraient jamais pu se conclure. Sans doute
je ne prétends pas dire que Napoléon se soit fait de gaîté
de cœur le soutien d'ambitions aussi basses ; mais il
voulait, en principe, que les grandes fortunes revinssent
aux grands emplois, et, comme il ar~ive fréquemment sur
cette terre,
Où les plus belles choses
Ont le pire destin,

MADEMOISELLE IRNOIS

2 69

que _les ~lus beaux principes y ont aussi quelquefois des
apphcattons fkheuses, plus d~une avidité subalterne profita
des sentiments de !'Empereur, et se faufila, par leur
moyen, dans des familles qui ne voulaient pas l'accueillir.
Il Y avait en 1811, au Conseil d'Etat, un certain.
C~mte. Cabarot dont les services étaient fort appréciés et
qm était en effet un homme de mérite. Petit avocat avant
la Révolution ~ je ne sais quelle cour souveraine, il avait
~ucé avec le lait, dans la famille de basoche dont il était
issu, une érudition judiciaire vraiment profonde. Dès son
plus bas âge, Cabarot avait entendu parler chicane . les
coutumes, la loi romaine, toutes les lois imaginables
lor~bardes, bourguignonnes, franques, et jusqu'à la
salique avaient été les constantes occupations données à
son cerveau par l'auteur de ses jours. Petite merveille
donc, s'il s'était trouvé à trente ans dans le barreau un
des .hommes les mieux instruits. Envoyé à la Convention ,
m~1s orateur peu disert et trembleur parfait, il s'était
reJeté dans la pratique silencieuse des affuires. Sous le
Directoire, le citoyen Cabarot s'était fait remarquer
dans les bureaux des ministères. On l'avait employé avec
succès à toutes sortes de besognes ; dans ce temps-là les
gens de plume devaient être un peu des Michel Morin.
_Ca_barot avait été ministre plénipotentiaire, puis commissaire de je ne sais quoi, puis chef de division à la
Justice, pui~ beaucoup d'autres choses, Bref, Bonaparte,
le voyant s1 expert, le prit et le mit dans le Conseil
d'Etat, où sa vaste érudition en matière légale acheva de
le rendre agréable au maître. On l'avait faite Comte.
Encore une fois, Cabarot était ... je veux dire le Comte
Cabarot était un homme érudit et distingué par ses con-

foi

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

naissances pratiques. Mais il était aussi perdu de mœurs
,que savant et habile. Je ne puis, ni n'en ai la moindre
-envie, entrer dans les détails de son existence intérieure.
Il me suffira de dire que la société qu'il voyait, réunion de
généraux, d'hommes de son métier, de diplomates, tous
gens peu bégueules, riaient volontiers de ses habitudes, et
&lt;jUe le prince Cambacérès lui accordait une part dans ses
confidences.
Le Comte Cabarot avec tant de mérites et la faveur
.de César, n'était pas riche pourtant. Tout . au plus
.
,comptait-il trente mille francs de revenu, qui auraient
bien semblé une montagne d'or à son père, le pauvre
homme ! mais qui ne lui suffisaient pas. Ajoutez à ce
chiffre vingt mille francs de dettes par an environ, et vous
-conviendrez que ce n'était pas assez.
Le comte Cabarot, un jour qu'il travaillait avec sa
Majesté Impériale et Royale, osa lui toucher respectu-eusement quelques mots de sa profonde détresse.
Le souverain des mondes, pour me servir d'une ex'pression orientale, ne répondit à cette plainte touchante
,que par des reproches, peut-être mérités, sur les horribles
voleries de M. le Comte.
M. le Comte s'excusa de son mieux et revint a la
-charge, si bien qu'il lui fut demandé ce qu'il voulait.
_ "La main de Melle Irnois mettrait le comble à mes
yœux " répondit le conseiller d'Etat en s'inclinant:
Là-d:ssus explication sur ce qu'était Melle Irnois;
comme quoi, atl physique, elle était probablement peu
jolie (il était loin de le savoir au juste!) mais im~i co~me
,quoi, au moral, elle avait quatre ou cinq ~ent m1U~ ~ivres
-&lt;le rentes, et qu'une telle union comblerait de féhc1té le

MADEMOISELLE IRNOIS

plus humblè et dévoué sujet de sa Majesté Impériale et
Royale, etc, etc,
Par bonheur le comte Cabarot, en homme d'esprit, et
parfaitement informé, s'était pressé d'agir. Il savait vaguement que la fiUe avait dix-sept ans et qu'avec les vertus
qu'il se plaisait lui-même a signaler en elle, il ne se
pouvait pas qu'avant un mois, l'attention de bien d'autres
céladons de son genre ne se fût éveillée aussi. En effet,
on y pensait déja, mais on ne se Mta pas assez : le comte
Cabarot fut plus alerte.
La puissance auguste qu'il implorait se montra de son
c~té bénévole. Cabarot ne quitta le cabinet qu'en emportant un ordre adressé à M. l'aide de camp de service,
ou tel autre personnage qui alors transmettait les volontés
impériales, de commander a M. Pierre-André Irnois de
se présenter a trois jours de là devant son souverain.
Le comte Cabarot se vit tr~nsporté au septième ciel ;
jamais il n'avait été aussi heureux depuis le jugement de
Tallien qui l'avait regardé de travers.

CHAPITRE III
Le comte Cabarot était un trop fin diplomate pour
faire prématurément confidence à ses meilleurs amis de
l'espoir charmant qu'il avait conçu. Il gardait au contraire
la réserve la plus complète le soir de ce beau jour où
!'Empereur lui avait daigné promettre d'intervenir en sa
faveur. Mais, malgré cette discrétion, un si complet
épanouissement dilatait son laid visage, élargissait sa face
plate, que le prince archi-chancelier, non moins que

�271.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

M. d' Aigrefeuille et autres, ne purent s'empêcher d'~n
faire la remarque. - "Faites-moi le plaisir de me dire
ce qui clnrme si fort Cabarot ce soir ? ,, se disait-o_n.
C'était bien simple : le tendre Cabarot pensait à sa
prochaine union avec Melle Irnois.
Ici, quelque lecteur s'imaginera peut-être que le_ comt~
n'ayant jamais vu sa belle ni entendu parler de ses infirmités, se préparait à lui-même une douloureuse ~eculade. On
croira peut-être qu'il n'aurait pas voulu d'une Jeune femme
dans l'état de la pauvre Emmelina: Qu'on se détrompe 1
Il faut ici conn~tre le comte Cabarot tout entier. Pour
ix cent mille livres de rente, et même pour beaucoup
moins il aurait sans hésiter donné sa main à Carabosse
avec t~us les travers de taille et les monstruosités d'humeur
de cette fée célèbre. Le comte Cabarot était un homme
positif.
.
Je dis donc que ce soir-là, dans le salon du Prince
Cambacérès, il fut adorable d'esprit et de g~té. Lorsque,
la foule s'étant retirée, il n'y eut plus autour de la
cheminée qu'un petit nombre d'intimes, il se mit à
raconter une foule d'aventures plus ou moins risquées
avec un gollt, un tact,_ un mord~t ~ui lui va!urent des
applaudissements unammes. Il était s1 heureux .
.
Dans la maison de la rue des Lombards, la sensation
ne fiu t Pas absolument la même. Lorsque la missive
.
impériale avait été remise à M. Irnoi, M. Irnois avait
ressenti une profonde terreur. L'idée de ~ar~tre d_evant
son souverain n'avait pas fait n~tre en lut ce sent1me_nt
d'orgueil qui gonfle aujourd'hui la poitrine de_ tout o~c1cr
de la garde civique, enlevé pour la prem1è~e fois au
tonneau obscur où croupit son résiné, pour briller, astre

MADEMOISELLE IRNOJS

nouveau, dans les régions lumineuses d'un bal de la
cour.

M. Irnois était comme tous les gens à argent de cc
temps-là ; il n'aimait pas le contact du pouvoir; le mot
gouvernement le faisait frissonner. Il ne voyait dans les
hommes dépositaires de l'autorité que des ennemis nés
de sa caisse, des harpies toujours en quête de spoliations.
Il manqua tomber de son haut lorsqu'un gendarme lui
remit le hatti-schérif qui le mandait au palais.
Il arriva pile et la figure renversée dans son salon où
bavardaient sa femme et ses bell~sœurs, et bien que ce
ftît cho e assez rare chez lui que de parler de ses aflàires
ou de demander con eil, il se planta au milieu de l'aréopage féminin, et, tendant sa lettre d'un air désespéré,
il s'écria:
- "Mille noms d'un diable! regardez quel pavé me
tombe sur la tête ! "

Six yeux s'illuminèrent de curiosité, six bras s'étendirent, six mains, armées en tout de trente doigts crochus,
voulurent se saisir de l'épître qui bouleversait à tel point
le maître du logis.

Mue Julie Maigrelut fut la plus agile; elle s'empara
de la lettre et la lut rapidement tout haut, puis elle se
laissa tomber dans son fauteuil en s'écriant:
- " Ah mon Dieu ! "
Mue Catherine Maigrelut saisit au vol le précieux
papier tombé des doigts de sa sœur et s'écria de même
après l'avoir lu tout haut :
- " Ah mon Dieu ! ''
Mme lrnois, ne pouvant croire ce qu'elle avait entendu
deux fois déjà, récita ainsi que. ses sœurs le contenu de
7

�.

274

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la lettre, et donna comme elles des témoignages évidents
de sa désolation profonde.
.
Les trois femmes pensèrent un instant qu'il ne s'ag1ssait de rien moins que de faire un très mauvais parti à

à M . !mois.
L'ancien fournisseur fut cependant plus brave que ses
compagnes et les assura que suivant toutes proba~ilités
les choses n'en viendraient pas Là. D'ailleurs ce serait par
trop inique. Jamais il n'avait mal parlé d'aucun gouvernement et de celui de l'Empereur moins que de tout autre ;
ses co~tributions avaient toujours été régulièrement payées.
Sans doute il y avait eu jadis quelque peu à redire dans
Mais toutes
1a man,·ère dont il avait chaussé les régiments.
.
d' 1
ces peccadilles étaient passées depms longtemps,_ et ai leurs il n'avait jamais été en nom dans les fourmtures.
Décidément !'Empereur ne pouvait lui vouloir le
moindre mal. Que lui voulait-il donc?
.
.
Mlle Julie Maigrelut fut la première ~ ou:nr un aVlS
important sur cette question nouvelle ; Je dis n~u:elle
parce que du noir on était passé au rose. Elle_ msmua
que l'Empereur mandant son frère, son frère mnocent
comme un agneau, il fallait absolument que ce füt pour

.?

le récompenser, mais récompe.nser de ,;uo1.
.
_ " De son immense fortune,
répondit aussitôt
Mlle Catherine Maigrelut.
_ " Elle a raison," dit M 11e Julie.
- " Elle a cent fois raison, " murmura Mme Irnois.
- " Me récompenser? s'écria le richard; de qu_elle
manière ? On ferait mieux de me laisser tranqmlle,
ventrebleu !
" Je ne serais pas étonnée, mon frère, reprit

z7 S

MADEMOISELLE IRNOIS

Mlle Julie, que sa Majesté Impériale voulô.t vous faire
duc ou maréchal de l'Empire ! Vraiment! un homme si
riche que vous ! il n'y aurait rien de surprenant!
. sottes.1 cna
.
- " V ous eAtes tr01s
M. Irnois d'une voix
tonnante. Pour devenir maréchal, il faut avoir été soldat.
il me nommera plutôt baron. Enfin n'importe ! Je ve~
que la peste m'étouffe si je suis bien amusé d'aller parader
dans ces Tuileries. Comment faudra-t-il m'habiller ?
Ce fut encore une délicate question. On ouvrit et l'on
re~oussa beaucoup d'avis ; enfin on se rangea au seul
raisonnable, qui fut d'appeler le tailleur et de le consulter.
On n'avait que trois jours devant soi; la précipitation ne
pouvait être trop grande.
L~ désol_ation de M. Irnois fut sans borne, lorsqu'il
appnt le s01r même qu'à toute force, il lui fallait endosser
habit brodé, culotte de casimir, bas de soie blancs souliers
à boucles, chapeau à claque, et se faire friser,' et s'embrocher d'u,ne épée, et mettre des gants!
Cependant il se soumit; et to1.1t en jurant et en se
démenant comme w1e mécanique, il s'abandonna aux
soins du malheureux, du trnp malheureux artisan chargé
de donner des grâces à sa personne.
La maison était sens dessus dessous, et cependant
Emmelina ne prenait pas la moindre part aux terribles
événements déchaînés autour d'elle. Lorsque la lettre du
cMteau avait été montrée par son père à sa mere et à ses
tante~, elle était seule dans sa chambre suivant son usage;
le soir elle entendit parler autour d'elle de ce qui allait
advenir ; on lui dit même (ce fut M 11• Catherine) :
- " T~ ne sais pas Emmelina? Ton pere qui va
après-demain à la cour... c'est joli, ça, ma petite! "
;

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Emmelina sourit doucement en regardant qui lui
parlait ; mais elle ne répondit pas, et ne parut même
avoir compris que médiocrement ce qui lui avait été dit :
Sa mère la coptempla avec anxiété, puis leva les yeux
au ciel en soupirant profondement, Dans ce moment,
Mme !mois )Je fut plus la grosse et sotte bourgeoise que
nous connaissons, mais une espèce de ]'Iiobé, tant il y
avait de vraie et profonde douleur dans ce regard lancé
vers les régions où. l'on va si souvent en vain demander
soulagement.
..
Emmelina devenait de jour en jour plus absorbée. Elle
n'était pas plus triste, mais elle parlait encore moins, et ne
s'intéressait plus à rien absolument ; ni le .bavardage de
ses tantes, ni les caresses de Jeanne, ni Peau d' ;\ne, ni
l'ourlet ne pouvaient plus rien sur elle, les tendresses
mêmes de sa mère ne semblaient plus lui tenir à cœur;
autrefois du moins, elle les cherchait ; maintenant elle
paraissait pluteit les éviter, car elle les recevait ayec indifférence ou montrait même en être impatientée. Et cependant, était-elle malheureuse? Ce n'était pas croyable, car
elle avait parfois sur la bouche et dans les yeux comme
un fin sourire, ,comme une flamme subtile qui dénotait
un bien-être infini. Quand on la regardait à la dérobée,
on la voyait ·plongée dans une sorte d'extase qui semblait
l'enivrer des plus ardentes délices. Elle ressemblait alors
à une des saintes du Moyen-Age, et si les gens de son
entourage eussent su ce que c'est que rintelligence, ils en
auraient vu la plus sublime expression sur cette figure
inspirée.
Il fallait que cette puissance de l'exaltation f-Ctt pourtant bien vive, car Jeanne tombait quelquefois dans des

MADEMOISELLE IRNOIS

277

contemplations muettes devant sa maîtresse et
.
,
,
restait
é
partag, e entre
. 1admiration et une secrète terreur. Q uan d
II
e e s arrachait à cet état si étrange pour elle II
.
, e e sortait
~e la ch~mbre sur le bout du pied, sans faire de bruit et
sen allait dans sa cuisine s'écrier :
- "Jésus! Jésus! que Mademoiselle
ressemble à la Sainte Vierge! "

Emmelina

L~ grande crise qui avait lieu autour de la jeune
~xtat~qu~ ne produisit donc aucune impression sur cette
1magmat1on perdue dans une autre sphère et M I .
d
,
. rno1s
ut se p~sser, dans ses hautes préoccupations, des sollicitudes filiales. Du reste, il n'en sentit pas le v·d . ·1
•
•
1 e, 1 ne
pouvait être exigeant, et il était d'ailleurs si absorbé
suspendu en~re la crainte et l'espérance, écoutant, tour
tour, les ~on~ectures de son conseil privé et les importantes
commun1cat1ons de son tailleur qu'i1 n'ava·t
I
d
,
1 pas e temps
,e chercher à diviser ses pensées entre sa présentation à
1Empereur et la tranquillité trop complète de sa fill . 1
lui eüt ~té d'ailleurs impossible de rêver à la fois à ::u:
choses différentes.

à

Enfin, il arri~a le grand jour où, aux yeux émerveillés
de toute la maison, dont les locataires avertis s'éta'
ameutés sur les différents paliers M Pierre And é I ie~t
. l
.
' ·
r rno1s
fi
ranch It e sem1 de sa porte en grand cost
d
• .
. . .
ume e cour
su1v1 du secrétaire mt1me qui laquais ce1'our-là d
.,
l'
1·
.
'
, escenda1t
esca ter en se laissant glisser le long d I
.
.
e a rampe pour
arriver plus vite à la voiture de louag
.
.
i
e et ouvnr la
por t 11:re.
~- Irn_ois, le riche capitaliste, était d'autant plus laid
et d1sgrac1é de la nature en cette circonstance mé
bl
·1
é •
mora e
que sa toi ette tait plus somptueuse et ét 1 . d
a ait avantage

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la prétention de faire ressortir des avantages physiques.
Je ne puis m'empêcher de jeter en courant un coup d'œil
détracteur sur ces pauvres bas réduits à envelopper ... ce
qu'ils enveloppaient, sur cette pauvre culotte de casimir,
flottant en plis mal gracieux autour de ces cuisses qu'on
devinait décharnées, sur ce maigre corps orné d'un jabot
et d'un habit marron brodé d'argent, sur cette pauvre et
déplorable épée !
La voiture roula comme elle put, car elle était fort
antique et délabrée, et atteignit les abords du Carrousel.
En ce temps-là, on aimait fort le luxe, et le souverain,
qui voulait ra_nimer le commerce, en ordonnait l'étalage.
M. Irnois ne fut pas autorisé à faire rouler son équipage
sur la noble poussière de la cour impériale ; il mit pied à
terre, et, sa lettre d'audience à la main, gagna, non sans
quelque risque, à travers les voitures et les chevaux
l'escalier d'honneur.
Il y avait grande réception. A côté de l'aide de camp
de service qui appelait le nom de tous les présentés, se
trouvait un homme d'une quarantaine d'années, assez
laid, mais portant physionomie fine, madrée et spirituelle.
C'était le comte Cabarot, fort inquiet de l'arrivée de son
futur beau-père. L'aide de camp ayant jeté les yeux sur
la lettre d'invitation et sur le personnage qui l'avait remise,
lança un regard significatif au conseiller d'État. Celui-ci
toisa fixement son futur beau-père .....
Mais au lieu d'assister ainsi à une réception impériale,
ce qui est un bien trop grand honneur' pour ce petit récit,
mieux vauf nous en retourner dans la sphère plus humble
du salon de Mm• Irnois.
Là, plus de splendeurs, assez de magnificences, plus de

MADEMOISELLE IRNOIS

2 79

cette pompe un peu théitrale comme on l'entendait sous
l'Empire. Une lampe br~le assez tristement sur un
~éridon au milieu de l'appartement. La tante Julie
tncote, la tante Catherine tricote, et M!h• Irnois tricote
aussi. Emmelina est auprès du feu dans son fauteuil, et,
les yeux fixés sur les charbons, considère, probablement
en Y plaçant l'acte qui se joue lentement dans sa tête le
monde igné dont la flamme change à chaque instant' les
formes.
L?nquiétude est à son comble, tout le monde parle à
la fois. Jeanne a servi longtemps de messager entre les
terreurs du salon et celles de la cuisine; mais les émotions
sont trop vives, la cuisine monte au salon, et à entendre
parler roi, empereur, maréchal, baron, duc, prison et
mort, on se croirait dans une réunion politique.
Enfin un violent coup de sonnette se fait entendre. Le
cri de oh! très prolongé s'échappe de toutes les bouches
la cuisinière court ouvrir. M. lrnois se précipite dans
salon, pâle, non, blême! les yeux flamboyant~, et jurant
co~_tre toutes les divinités de· !'Olympe à part le Styx
qu 11 ne peut nommer, ne le connaissant pas.. Certes,
depuis le jour où le bourgeois, le comte, le procureur, la
dame philantrope, ses anciens maîtres, lui donnèrent son
congé, il n'avait pas été plus démonstratif dans sa colère et
dans son dépit, mais, aux emportements de son langage, se
mêlait un sentiment de frayeur qui n'échappa à aucun
des témoins de cette scène émouvante.

I;

Enfin, M. Irnois, ayant beaucoup juré, lança son
chapeau à claque à la tête du secrétaire intime, s'assit
brusquement devant le feu, et, ayant mis à la porte par un
dernier éclat de voix, tous les échappés de la cuisine, il

�280

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

commença à satisfaire la curiosité trop surexcitée de sa
famille.
"Au nom de tous les Saints! s'écriaient les trois
femmes, dites-nous ce qui vous est arrivé ! "
- "Je suis un homme perdu, ruiné par d'affreux
scélérats, s'écria M• lrnois; voilà ce qui m'est arrivé,
mille noms d'un .... ! Ah ! mon Dieu! dans quelle affreuse
position je suis ! Vous ne savez pas ce qui se passe ?
Eh bien donc l j'entre dans Les Tuileries: une cohue,
un bruit, une chaleur dont on ne se fait pas l'idée 1J'étais
pressé de voir !'Empereur pour savoir ce qu'il me voulait
et m'en retourner. J'arrive dans un dernier salon; on
m'avait 6té ma lettre des mains, je ne sais qui, je ne sais
comment: j'étâis ahuri l Un grand homme tout brodé,
avec des épaulettes et un grand ruban rouge en travers,
me pousse par l'épaule, car, ennuyé de tout ce fracas, je
ne bougeais pas plus qu'un terme. Je ne voyais plus rien!
et je me trouve nez à nez avec l'Empereur ! "
- "Avec !'Empereur!" répéta l'assistance, à l'exception d'Emmelina qui n'écoutait point.
- " Silence donc l bavardes infernales que vous êtes !
s'écria M. Irnois, en donnant un grand coup de pied
dans les b1khes, violence qui fit tressaillir, puis soupirer
sa fille. Silence donc! Oui l'Empereur ! Et il me dit,
cet Empereur, en me montrant du . doigt un homme
placé derrière lui : " Préparez-vous à marier votre fille à
M. le Comte Cabarot; je le fais ambassadeur ! '' Ma foi !
dans le premier moment, sans trop savoir ce que je disais,
je m'écriai: "Donner Emmelina à ce ... Je n'allai pas
plus loin, car !'Empereur me jeta un regard! oh I quel
regard! Il me sembla que la terre s'enfonçait sous moi;

MADEMOISELLE IRNOIS

que j'allais être emprisonné, fusillé, égorgé, massacrt ! Je
me trouvai près de m'évanouir, et il paraît même que je
m'affaissai, car je fus soutenu dans les bras d'un
misérable!... C'était, le croiriez-vous? le misérable auquel
l'Empereur veut que je donne Emmelina, qui osait
m'empêcher de tomber! Je le regardai d'une façon!...
Comme !'Empereur m'avait regardé; mais cela ne lui
produisit pas le même effet. Au contraire, il me fit une
grimace en façon de sourire, et me dit: « Mon cher
M. Irnois, notre connaissance arrive un peu brusquement,
mais n'en soyez pas moins stlr de mes respects; nous
avons des amis communs! - Je ne crois pas, lui.répondisje, avec ce ton que vous meconnaissez1 je n'ai pas d'amis!"
Il ne fut pas étonné, et il me dit en me saluant: "J'irai
présenter mes hommages respectueux à Mnie Irnois
demain, sans faute. Je serai sorti I m'écriai-je. L'Empereur vous ordonne de rester chez vous, toutes les
fois que je vous en avertirai ", me répliqua-t-il en me
regardant dans les yeux. J'eus peur et je m'en revins.
Concevez-vous une pareille position ? "
- "C'est monstrueux I" s'écrièrent les femmes.
- "Il vient demain, le monstre?" demanda Mademoiselle Julie.
- " Demain !" dit Irnois.
- "Eh bien! je suis d'avis, poursuivit la vieille fille,
qu'on lui dise son fait en trois mots: "Vous n'aurez pas
Em.mdina ! Vous ne l'aurez pas! ah damer "
- " Sotte que vous êtes ! hurla M. Irnois; il ira
chercher la gendarmerie et je serai tratné en prison ! "
- " Aimez-vous mieux la mort d'Emmelina? '' dit la
mère.

�282

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

MADEMOISELLE IRNOJS

m'en aller avec lui. "
Chacun se regarda ; mais plus on faisait d'efforts pour
comprendre, moins on y parvenait. Il ne semblait pas.
possible qu'Emmelina, toujours enfermée dans la maison,
ne sortant jamais, ellt pu connaître l'époux que la volonté

- "Ne la contrariez pas, dit la tante Julie ; clic aura
sans doute rêvé quelque chose, et demain, vous la verrez
plus raisonnable ; car elle est pleine d'esprit, cette petite
Emmelina. N'est-ce pas, mon bijou, que tu seras demain
plus raisonnable ? "
- "Je veux bien m'en aller avec lui, reprit Emmelina... Quand est-ce que je partirai ? "
- " Ah ! mon Dieu ! dit W 0 !mois, élevez donc les
enfants pour qu'ils soient aussi ingrats! Cette petite qui
est adorée ici, et qui ne songe qu'à suivre le premier
malotru !... Emmelina, vous nous faites beaucoup de peine 1
Emmelina resta fort insensible à cette plainte ; elle
souriait, elle riait, elle frappait ses mains l'une contre
l'autre ; elle était en proie à une agitation nerveuse telle
que jamais on ne lui en avait vu une pareille. Tout le
monde autour d'elle était confondu.
M. Irnois ne savait que penser, et était tout prêt à
lancer des volcans de jurons. Sans y avoir beaucoup songé,
il se croyait sür de l'éternel attachement de sa fille ;
il avait construit sur la mauvaise santé de cette enfant
tout un édifice d'espérances que le moment présent faisait
crouler. La garder constamment auprès de lui avait été le
bonheur sur lequel il avait le plus fermement compté.
L'heure présente était bien cruelle.
Il se promenait de long en large dans l'appartement,
mais il ne disait rien, il était trop affecté pour pouvoir
parler.

impériale imposait à ses parents.
- "Mais, dit Madame lrnois, où l'as-tu vu?"
- "Ah ! ah ! répondit Emmelina fixement ... et puis.
elle s'arrêta, réfléchit et reprit: "je ne veux pas le dire. ,,.

Les deux tantes et la mère pleuraient à chaudes larmes.
La jeune fille n'y faisait pas la moindre attention.
Cc fut ainsi que la soirée finit dans une consternation
profonde d'un c6té, de l'autre dans une joie qui ne cher-

" on, répondit M. lrnois ; mais quand je serais
coffré cela n'emp!cherait pas le mariage."
- "Que faire donc?" dit Mel1• Catherine.
- "Emmelina, dit la mère d'une voix pleine de
larmes et en se mettant à genoux devant sa fille,
Emmelina, on veut te marier! Emmelina, on veut t'emmener d'ici, mon cher amour I réponds-moi, que veux-tu
que je fasse ?"

CHAPITRE IV
Tout le monde fut consterné, lorsqu'à la question de

sa mère, on vit Emmelina soulever doucement la tête de
caté, et dire avec un sourire ineffable de douceur et des
regards brillants :
- "Oui, Maman, je veux bien m'en aller."
- " Comment ! dit M. Irnois, tu veux bien t'en aller ?
Qu'est-ce que cela signifie?... Tu veux nous quitter
. pas.~ "
pour suivre ce Cabarot que tu ne connais
- "Si fait bien, répondit la pauvre fille en secouant
la tête d'un air joyeux ; si, je le connais !.. . Je veux

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
MADEMOISELLE IRNOIS

chait pas à se contenir. Jamais on n'avait entendu chanter
Emmelina. Quand Jeanne vint la prendre dans ses bras
pour l'emmener coucher, on l'entendit gazouiller des
notes confuses aussi gaies que l'oi eau puisse en conter
aux arbres des bois.
. A peinc' Emmelina sortie, la bombe éclata: _M. ~:nois
tomba dans un accès de colère et de désespoir qu 11 ne
chercha plus à contenir ; et les femmes, bien que f~isant
chorus avec lui, ne purent esquiver une bonne partie de
ses reproches. Il les accusa d'avoir reç~ Cabaro; en ~on
absence d'avoir souffert que Cabarot lui enlevAt 1 affection
de sa fille d'avoir par sottise féminine monté la tête à
1
•
une enfant innocente ; il les accusa, bref, de son mieux,
et elles se défendirent autant qu'elles purent. Au fond,
elles se croyaient ensorcelées, comme aussi leur fille et
nièce, car jamais de leur vie elles n'avaient aperçu l'ombre
d'un homme qui s'appelit Cabarot, et deux heures auparavant elles auraient encore juré qu'Emmelina ne le
connaissait pas plus qu'elles.
Mais maintenant elles ne savaient plus à quoi s'arrêter.
C'était donc une d~olation générale mêlée de curiosité i
car enfin, il devait y avoir un mot à l'énigmti et le temps,
certes, le ferait connaître.
.
Le lendemain à midi, le secrétaire intime, remplissant
'
les fonctions d'introducteur,
annonça dans le salon qu' un
Monsieur demandait à voir Mme lmois.
- " Comment s'appelle-t-il ton Monsieur ? "
- "11 dit qu'il s'appelle le comte Cabarot. "
_ "Ah l grands dieux du Ciel ! " s'écria toute l'as-semblée ; M. lrnois fajtes entrer ce Monsieur. 0
•
M. Irnois alla en rechignant, mais poussé par la sainte

terreur de l'autorité impériale, au devant de son futur
gendre; il le trouva dans l'antichambre, se débarrassant
de son carrick.
Le comte Cabarot avait fait une toilette de fiancé, il
avait pensé que la parure la plus soignée semblerait¼ la
famille dans laquelle il s'introduisait une preuve d'égards.
Comme il les savait fort bourgeois, il avait aussi étalé ses
ordres et ses croix sur sa poitrine, dans le but de les
éblouir quelque peu.
- "Ma façon de m'introduire auprès de leur fille,
s'était-il dit, est un peu vive ; maintenant que nous
sommes entré au moyen d'un coup d'éclat, c'est d'une
bonne politique que d'atténuer l'elfet produit, par des
procédés convenables. "
Il mit tout à la fois en œuvre ce système de conduite,
aussit~t que la longue figure de M. Irnois se présenta à
lui. Le train du corps penché en avant, la tête rejetée en
arrière, les yeux, les joues, la bouche tout souriant, les
deux mains a.lfectueusement tendues.
- "Eh ! bonjour donc, Monsieur I s'écria-t-il; permettez-moi l'indiscrétion de venir vous troubler si vite !
Je n'ai fait que vous entrevoir hier au ch!teau, et, je
l'avoue, j'avais le désir le plus vif de vous serrer la main 1
Voulez.vous bien me conduire auprès de votre charmante
famille? Je b~le de lui ~tre présenté.••
- "Monsieur, dit l'ancien fournisseur, vous pouvez
me suivre si vous vouJez. Madame Irnois, et vous,
Mesdemoiselles Maigrelut, voilà le Comte Cabarot dont
!'Empereur m'a parlé. "
Le conseiller d'Etat salua plus bas qu'il n'avait fait
pour le maître du logis, et en agitant sa main droite d'une

�286

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

manière tout à fait galante et respectueuse. Quand il
releva les yeux, il chercha à deviner laquelle de ces trois
personnes était la proie qu'il convoitait ; mais il comprit
bientelt que la tante Julie, la plus jeune des trois sœurs,
n'avait pas un profil de seize ans. Il se résolut à patienter,
puis il engagea l'entretien.
- "Mon Dieu, Mesdames, dit-il d'une voix doucereuse, vous voyez en moi un homme tout rond, tout
d'une pièce, qui vous demande la permission d'être à son
aise au milieu d'une famille qu'il estime. Sa Majesté
}'Empereur, dont la sagesse et la haute bonté égalent la
puissance, a daigné penser que je pourrais, par ma position,
mon caractère, mes principes, assurer le bonheur de
Mademoiselle votre fille, qui, par son esprit et par ses
grâces est digne de tout respect. Ne pensez-vous pas que
cette auguste approbation, en me comblant de reconnaissance, vous donne en même temps des garanties
certaines de ce que je suis ! Non, !'Empereur, notre
glorieux maître, ne voudrait pas sacrifier le bonheur d'une
personne aussi intéressante que M elle Irnois. Veuillez me
considérer, Madame, comme un fils respectueux et dévoué; et bien que notre connaissance soit un peu nouvelle,
agissez-en avec moi comme vous feriez envers un ancien
serviteur.
" Voila, se dit-il en lui-même, après avoir débité ce
discours, qui ne peut manquer de plaire à ces pleutres.
Je leur mets la bride sur le cou, nous allons devenir
compères et compagnons."
Quelques seigneurs de la Cour Impériale avaient une
très forte tendance à se poser en très véritables magnats
devant les autres classes de la nation.

MADEMOISELLE IRNOIS

Mme Irnois salua légèrement le comte et lui répondit :
- " Vous êtes bien bon, je ne désirais pas marier ma
fille, "
- " Ah ! mon Dieu ! pourquoi, chère dame ? Elle a
seize ans, elle doit avoir seize ans ; n'est-ce pas l'âge
le cœur commence à .•.... "

ou

-

"V ous ignorez
.
peut-être dans quel état de santé

est notre Emmelina?"
rr
.
- " J' a1. ou1" d'1re, en erret,
que vous aviez
conçu
quelques inquiétudes sur sa poitrine, continua Cabarot de
l'air doucereux qui, pensait-il, lui réussissait si bien. Sans
doute une croissance bitive, le développement précoce de
l'intelligence ... Il ne faut pas trop vous inquiéter, chère et
bonne dame ; vous ne devez pas douter du soin avec lequel
je soignerai cette belle fleur ! "
Toute la famille regardait le comte d'un air effaré.
Evidemment il ne connaissait pas Emmelina; il ne Pavait
ni vue, ni entendue, et c'était la vérité: Cabarot avait
bien su que, de par le monde, il existait un richard nommé
Irnois, et que ce richard avait une fille, mais il s'en était
tenu à ce renseignement, et il ne s'était nullement enquis
du caractère, de la santé, de la beauté que pouvait avoir
le femme &lt;lont il convoîtait la dot. Mais alors, comment
Emmelina pouvait-elle être tombée amoureuse folle d'un
homme qui parlait si aveuglément de sa croissance trop
Mtive et du développement précoce de son intelligence ?
Voilà ce que M. !mois et les trois femmes se demandaient avidement des yeux.
- Monsieur, reprit Mme Irnois, vous n'êtes pas, je
crois, bien informé de ce qui touche notre paune enfant.
Elle est contrefaite, je dois vous le dire. "

�28'8

LA NOUVELLE REVU:E FRANÇAISE

- " Ah l Madame, quel blasphème proférez-vous là ?
s'écria Cabarot qui vit se peindre dans son imagination le
profil d'une bosse. Je suis bien certain que vous exagérez
quelque léger défaut tout à fait insi,gnifiant. D'ailleurs,
serait-il vrai que Mademoiselle votre fille ptît manquer
absolument de beauté, que sont les fragiles avantages des
charmes physiques dans la vie de ménage ? Ses grâces et
son esprit...... "
- " Sans doute, dit M. Irnois, mais elle ne dit jamais
mot. "
- " Les vertus dont elle èSt douée, reprit le Comte
avec un redoublement d~enthousiasme, oui, ses vertus,
voilà ce qui m'attache à etle ! Croyez-moi, je n'ai j~ais
ambitionné qu'une épouse vertueuse et sage ! Mais ne
pourra:is-je voir la belle et touchante Emmelina ? Ne me
sera-t-il pas permis de déposer à ses pieds mêmes l'hommage
. .
,,
de mon cœur ? Vous comprenez mon 1mpat1ence et ...
Une crainte subite vint serrer le cœur de M"'• Irnois :
- "Je vous avertirai d'une chose, dit-elle.
_ " Et de laquelle? s'écria le comté prêt à souscrire
à tout, à ne se laisser' arrêter pas aucune difficulté, à accepter toutes les conditions au moins provisoirement.
_ "Je vous prie de· remarquer que ma fille est une
enfant, et qu'il ne faut pas supposer mal des manières
qu'~lle pourra avoir avec vous. Elle sera peut-être un peu
plus affectueuse qu ''l
I n ' es~ d' usage. "
_ " Pestè ! songea Cabarot, il paraît que .c'est une
égrillarde ! On y veillera."
Il ajouta tout haut :
- " Caractère franc et sans façon: c'est un gage de
bonheur à ajouter à tant d'autres. "

MADE~OJSELLE IRNOIS

2 89

- " Je vous avt;rtis, poursuivit M''" Irnois, qu'elle est
prévenue en votre faveur, et cela je ne sais comment car
~lie ~e sort jamais, et je ne sache pas qu'elle vou: ait
Jamais vu. "

,, C'

rr

est un erret de la sympathie, s'écria Cabarot en
riant; mais encore, ne pourrai-je la voir ? Nous causerons
de tout cela fort à loisir. Je brille de lui être présenté."
- " Catherine, dit Mme Irnois, va je te prie dire à
Jeanne de l'apporter. "
Ce mot l'apporter donna un frisson au comte Cabarot.
Il pensa qu'on venait de lui parler de difformité. II se
figura _les choses au pire. De quelque philosophie qu'il ft1t
doué, 11 eut ~ moment d'hésitation. Il fut sur le point
de se poser lm-même son mariage comme une question et
d'admettre des causes de rupture; heureusement cette
crise ne dura pas. Il se rappela sur le champ qu'une
auguste volonté' avait été compromise par lui dans cette
affair~, et _que reculer c'était en quelque façon faire mépris
des b1enfa1ts du maître; que d'ailleurs il épousait fort peu
1a fille et beaucoup la dot; qu'avec une fortune comme
celle dont il aurait la jouissance, il aurait la pleine liberté
de loger sa femme aussi loin de lui qu'il voudrait, et même
de la reléguer à la campagne, si le séjour dans- un même
hôtel venait à lui déplaire.
Le comte Cabaret avait à peu près terminé les réflexions
que l'on vient de voir plus haut, quand la porte s'ouvrit et
la tante Catherine reparut.
- " Voici Emmelina ", dit-elle en reprenant sa chaise
et son tricot.
En effet, derrière elle entra Jeanne, portant la jeune
fille dans ses bras. Ce fut une scène singuliere.
8

�290

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Au moment où l'on vit la vieille domestique et son
vivant fardeau, la pauvre malade parut ro~ge comme une
cerise, les yeux pleins d'une ivresse angélique, belle, trè
belle ! tant elle avait d'émotion et d'amour répandus sur
tous ses tra .its • Mme Irnois avait bien fait de prévenir le
comte, car le premier mot d'Emmelina fut de s'écrier:
_ Où est-il ? Ou est-il ?
Et elle étendait ses deux bras, et elle e penchait en
avant avec W1e passion indicible.
.
_"Vrai Dieu! dit le Comte Cabarot, elle est horrible
.
. 1"
cette malheureuse éclopée, et funeusement
vive
.
Et comme il avait bien réfléchi ainsi qu'on l'a vu, et
qu'il s'était cuirassé contre les dégo0ts probables de
l'aventure, il se précipita bravement au devan~ de sa
fiancée et voulut lui prendre les mains pour les baiser avec
autant de feu qu'il en était capable.
.
"Mais Emmelina ne le regarda seulement pas, et retirant
ses mains comme on fait à un importun, s'écria :
_ " Où est-il donc ? "
_ Mais devant toi, dit sa mère; voilà M. Cabarot
avec qui tu veux t'en aller." Emmelina se jeta, en arrière
dans les bras de Jeanne, en pol.1$ant un cri d horreur et
d'effroi 1

,

_ "Je ne le connais pas, dit-elle en pleurant. Ce n est

pas lui ! Jeanne ce n,est pas 1ut. 1. "
Elle se mit à sangloter. Son père la prit dans ses bras,
elle le repoussa. " Laissez-moi ", dit elle.
On la plaça dans son fauteuil, et elle continua à pleure~
sans vouloir lever la tête, ni regarder son fiancé, ~u•
maintenait toujours avec soin sur ses lèvres son sourire
courtois et soumis.

MADEMOISELLE IRNOIS

Au fond du cœur, le Comte Cabarot était impatienté
outre mesure.
- " Quoi ! pensait-il, ce n'est pas assez d'avoir une
femme bâtie comme celle que voilà? il faut, qu'outre
toutes ses difformités, je lui découvre encore une affection
pour quelque fat ! J'aurai bien à faire avec cette petite
personne si je veux lui redresser l'entendement. Mais
patience ! j'en viendrai à bout. "
Le salon de Mme Irnois était cependant une vraie tour
de Babel; on ne savait plus qu'y devenir. Après quelques
sanglots, après s'être tordu les mains, Emmelina, le visage
noyé de larmes abondantes, était devenue pâle, pâle comme
la mort, ses yeux s'étaient subitement ternis, elle était
tombée à la renverse dans le fauteuil et s'était évanouie.
- " Voilà ma fille qui se meurt ! " s'écria Mme Irnois.
- "Mille tonnerres ! " hurla le fournisseur. Les deux
tantes imitèrent les parents en accourant a,·ec précipitation
autour de la malade. Cabarot ne fut pas moins leste. Cette
scène douloureuse rentrait pour lui dan les choses prévues.
Il ne s'était pas attendu à en ~tre quitte à moins, car il
avait trop d'esprit pour supposer que l'afiàire de son
mariage, déterminée si brusquement par une volonté d'en
haut, se pourrait conclure sans quelque récri du caté de
l'indépendance violentée.
Il offrit gracieusement son flacon pour faire revenir à
elle son adorable Emmelina, comme il lui plut de
s'exprimer. Mais le flacon n'y faisait rien : Emmelina
restait sans connaissance.
- "Mon Dieu! dit Mme Irnois en levant les épaules
et en regardant Cabarot en face; tout ce monde qui est
là autour d'elle lui fait plus de mal que de bien. "

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Cabarot ne crut pas devoir jouer la sourde oreille; il
pensa en avoir assez fait pour un premier jour.
- "Ah! Madame, s'écria-t-il d'un ton soumis, que je
suis malheureux de ne pouvoir encore revendiquer un
droit à prodiguer ici mes soins. Mais je comprends du
moins vos inquiétudes maternelles, et je me retire. Adieu,
Madame; adieu, Mesdemoiselles, à demain. Recevez mes
profonds respects. "
Il saisit la main de M"'e Irnois et la baisa avec effusion ;
il fit la même faveur aux mains sèches et tannées des
deux vieilles filles; il glissa un napoléon dans les doigts de
Jeanne. Puis, se retournant, il prit M. Irnois par le bras
et l'entraîna avec lui vers la porte ... Bien lui prit de le
tenir ferme, car s'il n'eftt dépendu que de sa volonté, le
futur beau-père n'aurait pas suivi son futur gendre.
- "Que me voulez-vous? dit M. Irnois, arrivé dans
l'antichambre à la remorque, ne voyez-vous pas qu'il faut
soigner ma fille?"
M. Cabarot prit un ton mitoyen entre la débonnaireté
et la raideur impérieuse.
- "Mon cher Monsieur, j'ai vu Mademoiselle votre
fille, et elle me convient sous tous les rapports. J'obéirai
très aisément à !'Empereur. A quand fixons-nous la signature du contrat?"
- " Diable I vous allez vite! "
- "C'est mon usage. Et d'ailleurs l'Empercur le
veut. "
- " Mais !'Empereur ne sait pas que ma fille est
malade?"
- "Nous la soignerons. Il faut en finir. L'Empereur
n'aime pas les résolutions qui traînent. "

MADEMOISELLE IRNOIS

-

" Mais si Emmelina ne veut pas de vous? "

- " Ce sont là des caprices de jeunes filles auxquels
des hommes sages tels que vous et moi ne doivent pas
s'arrêter. Comme pere, il doit vous suffire d'avoir une
confiance entiere dans ma probité. "
..;c ne vous connais pas ! "
- "Mais
- "Et comme sujet, reprit Cabarot d'une voix haute
et grave, vous devez obéissance à !'Empereur."
Irnois sentit passer dans ses membres un frisson d'épouvante. Il se trouva si fort à la discrétion de Cabarot, qu'il
fut sur le point de tomber à ses pieds et de lui demander
pardon,
- "Eh bien! à quand le contrat? reprit l'impassible
épouseur ".
- " Quand vous voudrez. "
- "Je vais donc passer sur le champ chez mon
notaire et lui donner ordre de s'entendre avec le v6tre.
Nous serons aisément d'accord. Vous n•avez pas d'autre
héritier que la future comtesse Cabarot? C'est très bien!
Adieu donc et à demain l "
- "Je voudrais, s'écria Irnois, quand le conseiller
d:Etat ne fut plus à portée de l'entendre, que tous les
diables pussent te tordre le cou dans la nuit ! ,,

( A suivre).

COMTE DE GOBINEAU.

�RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

PREMIÈRES ŒUVRES, par Gustaue Flaubert, tomes

1

et

2

(Fasqucllc).
Voici deux volumes compacts remplis par tous les manuscrits
que Flaubert entassa dans ses tiroirs jusqu'en 1842. lis ne nous
apportent sur l'homme et son ~én~c aucune ~évélatio~. Ils
confirment simplement, sans l'enrichir, le portrait assez simple
qui ressort des romans et de la CorreJ/&gt;!11dance. R~na_n, assez
malin, lorsqu'il voulut publier, de son vivant la prmc1pal~ de
ses œuvres de jeunesse, 1'.Aoeair de '4 Sât11ce, l'appela son vieux
Pourana. Les Premitres Œuures de Flaubert, c'est son vieux
Pourana romantique. Elles constituent une contribution, qui
c(it été déjà fort banale dès cette époque, à la physiologie d'un
jeune homme atteint d'encéphalite ro_man~ique entre 1836 et
1842. Et tout ce Flaubert-là se trouvatt déJà dans les Jeu,mFranu de Gautier. Tel drame en cinq actes, Loys XI, est un
grilfonnage de collège : il sert au moins à nous montrer ~ue la
passion malheureuse de Flaubert pour le th~tre, celle qm nous
a valu le Camlidat et le Clibteau des Caurs, remontait à son
enfance, à son goC:lt pour les cartonnages et les actrices du ~~tre
de Rouen. Marrli, qui est de 1839, est un informe champignon
poussé au pied de Faust, mais aussi u~e pre!11ièrc ébau~c de la
Tentation de Saint-.A11toine. Les Mlmotres d un Fou et Nwem~re
forment deux esquisses de la m~me œuvre, un roman autobiographique, ou simplement un roman de la puberté, for,teme~t
inspiré de la C011ftssion d'un Enfant du Siede. On n Y vmt
Flaubert qu'à l'état érotique, colérique ou dégo0té. Presque

2 95

dans la même page il écrit à trente lignes d'intervalles:" J'aimais
pourtant la vie, mais la vie apansive, radieuse, rayonnante; je
l'aimais dans le galop furieux des coursier~ dans le mouvement
des vagues qui courent vers le rivage; je l'aimais dans le battement des belles poitrines nues, dans le tremblement des regards
amoureux ... , dans le soleil couchant, qni dore les vitres et fait
penser aux balcons de Babylone où les reines se tenaient accoudées en regardant l'Asie," et ensuite: "Je suis né avec le désir
de mourir. Rien ne me paraissait plus sot que la vie et plus
honteux que d'y tenir. " Il n'y a pas là de contradiction, mais
toujours les deux versants du génie de Flaubert, son être d'imagination, son être de réalité. Dans ces deux courts romans, il
est successivement, et sans illusion de sa part, Emma Bovary,
Frédéric Moreau, Bouvard et Pécuchct : personnages peu compliqués. L'homme ne se modifiera plus, ne s'enrichira guère.
Il n'en est pas de même de !'écrivain. L'essentiel de Flaubert,
sa goutte de pourpre, c'est son style : Je reste, un coquillage qui
se sentait broyé par la vie pour servir à cette œuvre de choix !
A ce point de vue, ces deux volumes deviennent intéressants.
lis nous font connaître, dans ses racines et ses origines, ce style.
Ils nous font toucher la nature primitive de laquelle et contre
laquelle Flaubert l'a construit.
On peut en obtenir une clarté sur une que tion que M. Remy
de Gourmont a posée et traitée autrefois dans un de ses livres
les plus aigus : le Probllme du Styk, - et qu'il appelle, à cause
de l'occasion qui la soulève, la question Taine. Il s'agissait du
style de Taine, et de certains aphorismes tranchants émis par
M. Faguet dans l'une de ses Histoires de la littérature ftanraise
(elles ne sont pas encore numérotées). "Le style: de Taine,
disait M. Faguet, est un miracle de volonté. Il est tout artificiel.
On sent que non seulement il n'est pas l'homme, mais qu'il est
le contraire de l'homme. Ce logicien, qui a vécu dans l'abstraction, a voulu se faire un style plastique, coloré et sculptural,
tout en relief et en images, et il y a réussi. Et c'est pour cela

t

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

que Taine est un modèle; car, puisque le style naturel ne
s'apprend pas, il reste que c'est dans Taine et dans les écrivains
qui lui ressemblent que l'on apprendra le style qui se peut
apprendre. "
La "question Taine" est donc celle de savoir si un style peut
nattrc de la volonté. Mai$, entre parenthèses, et avant d'aborder
cette question formelle, je dirai que, sur la question matérielle,
celle de Taine lui-m!me, je ne suis ni de l'avis de M. Faguet,
qui est aux antipodes de la vérité, ni tout à fait de celui de M.
Gourmont. Volontaire et artificiel, ou non, le style de Taine n'est
point d'abord on style plastique, tout en relief et en images, mais
avant tout un style oratoire. "Taine, dit M. de Gourmont, est
nettement un écrivain sensoriel. " Oui, mais il l'est secondairement, et son écriture sensorielle ne figure jamais qu'on moyen,
au service d'une lin oratoire. In hilmria oraœr, le mot dont il
épigraphie son Tite-Liot s'applique à lui. Pour que son style
mobilise, déploie, exploite toutes ses richesses, il faut que ces
richesses soient disposées en vue d'un ordre logique, en vue
d'une preuve. Quand on y regarde dç près, c'est la même éducation classique, celle de Cicéron et du COTU-ion11, qui produit
Cousin et Taine, la forme oratoire vide et la forme oratoire
pleine : la b.iudruchc et le marbre ont ici des lignes pareilles.
Tout chez Taine est orienté vers la preuve, vers la thèse;
homme complet, sensitif éveillé, qui enregistre facilement dans
cc qu'il écrit l'apport abondant de sa mémoire émotive, il
n'admet cet apport sensuel que pour le faire passer en maçonnerie, en architecture. Lorsqu'il peint pour peindre, dans
Grainr/Qrge, dans le Yoyage en Italie, le dessin de sa phrase reste
le même, mais rien ne vit, rien ne chante, le livre devient
pesant, artiliciel, il ennuie. Taine ne donne sa mesure, il n'est
lui-même, que dans cc qu'il appelle un palais d'idées, et seul
de son temps il a réussi à construire de ces palais très amples,
très équilibrés, dans le goO.t de la Renaissance : artiste complet
il en est à la fois l'architecte et le décorateur; dans les substruc•

tions visibles, l'appareil à bos,ages avec ces petits faits entassés
et distincts, rappelle le Palais Pitti, et fa peinture puissante
des plafonds est d'un Bolonais qui se voudrait Vénitien. Mais
toute la décoration est subordonnée à l'architecture, à une
architecture logique, oratoire et probante. Quand t;CS images ne
prennent pas place dans un ordre, c'est de l'or qui devient
charbon. Le "logicien qui vit dans l'abstraction", qui aurait
pour contraire son "style pl:istique, coloré et sculptural, tout
en reliefs et en images'', n'existe, comme M. de Gourmont
nous le montre, que dans l'imagination de M. Faguet, et
d'ailleurs, depuis Parménide et Platon, il n'y a pas eu de plus
grands créateurs d'images que les logiciens de génie vivant dans
l'abstraction, ayant comme le cMne de la fable, la tête voisine
du ciel et les pieds vers l'empire des morts. Seulement, le
"visuel" et le "sensoriel" que M. de Gourmont voit dans
Taine, ne fournissent i ce style que le sang en mouvement dans
un corps vigoureux, pondéré, puissant et dont l'essence est de
disposer des preuves, de faire agréer des raisons. Aussi un tel style,
où le visuel et le se~oriel sont subordonnés, semble par là, en
tant même que style, fort différent d'un style où le visuel et le
$ensoriel sont le primordial et l'essentiel, celui d'un Hugo
dans sa prose (comparez les C~ts Y,m aux Carnel, de Yoyage),
d'un Michelet (comparez les Origilles et !'Histoire dt la Rivo/11tion), d'un Gautier (comparez les deux Voyages en Italie, celui
de Gautier qui a conservé ses couleurs, comme un tableau
vénitien, celui de Taine qui a poussé au noir). Les Origines dt
la France cmtt111porai11e, si opposées à Michelet, n'ont qu'un
pendant, qu'un analogue, dans la littérature française, c'est
l'autre chef-d'œuvrc de l'histoire oratoire, !'Histoire des Yariations. Si Bossuet avait conservé dans son Histoire toute la H:unme
imagée de ses premiers Sermons, si cette flamme avait fait partie
de sa bonne conscience, s'il l'avait cultivée et développée, les
deux livres se ressembleraient bien davantage.
Venons à la question générale qui est, en somme, une discus-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sion du mot célèbre de Bufron. M. Faguet admet que le style
peut être, ainsi que chez Taine, le contraire même de l'homme.
M. Remy de Gourmont n'a pas de peine à relever, en ce qui
concerne Taine, la légèreté de ces affirmations, qui ont pour
source une phrase de Sarcey, à montrer aTec quelle naJveté
pataugea dans cette source douteuse un M. Albalat, qui,
" ébloui, suit des yeux" M. Faguet, "le boit " et, auteur de
l' Art d' étrire enseigné en oingt lero111, de la Formation du styk par
I' assimilation tks auùurs, nous assure que "Taine, d'abord
écrivain abstrait,avait plus tard coloré son style artificiellement."
Comme il enseigne, dans ces deux livres, à colorer ainsi un
style quelconque, l'exemple de Taine sert, à point, de
réclame (vingt mille lettres d'attestation) à notre marchand de
poudres colorantes. M. de Gourmont, lui, dit avec beaucoup de
bon sens: "Bufron faisait de la science. Le style est l'homme
même est un propos de naturaliste, qui sait que le chant des
oiseaux est déterminé par la forme de leur bec, l'attache de leur
langue, le diamètre de leur gorge; la capacité de leurs poumon, ... Il y a bien deux sortes de style ; elles répondent à ces
deux grandes classes d'hommes, les visuels et les émotifs." Le
style, pour lui., est donné, comme d'ailleurs tout l'homme, dans
la nature sensible de l'homme, il est secrété par une sensibilité.
On sait que M. de Gourmont représente chez nous, très singulièrement, un délégué du XVlll" siècle, comme Brunetière
tenait jadis la place d'un delégué du XVIl6• Son sensualisme
est dérivé des mêmes sources que celui de Taine lui-même.
L'explication d'un style, ou même de quoi que ce soit, par une
volonté autonome, lui paralt le comble du non-sens. Louant
M. Victor Giraud d'avoir, dans son livre sur Taine, jugé
" irrecevable" l'opinion de M. Faguet, M. de Gourmont
écrit : "La raillerie de M. Giraud est presque muette, mais
elle est profonde. Il appartient à une génération qui n'ignore
plus (comme celle de M. Faguet) le mécanisme physiologique
de la pensée et qui sait que la volonté n'est pas autre chose

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

l

2

99

qu'un état ~~ tension nerveuse, parfaitement involontaire." Les
ass°:an~es 1c1 ~e M. de Gourmont, mises au compte de la
génerauon entière où B.orit M. Giraud, ne seront sans doute
pas par~gées par les philosophes ; le contraste entre ces termes
d~gmauques et le fond de la phrase qui indique un pur aveu
d'ignorance~ un~ dém:~ion de la psychologie, leur paraîtra
peu_t-ê~e singulier. S il est excellent, comme le fait à bon
droit 1 1ntell!gcnce de M. de Gourmont, de relier la critique à
la psychologie, en~ore ne faut-il pas fournir à la critique précisément co~me certitudes les incertitudes de la psychologie. Que la
.volonté libre, capable de créer, soit une illusion ou soit une vérité
que l'état de tension nerveuse soit la volonté elle-même O
'il'
l'
.
.
, n qu
accompagne, tOUJours est-11 que, pratiquement, certain style
nous a_pparaît, plus que certain autre, impliquer une volonté
réfiéch1e, une ri(l(/Îon contre l'luz/Jitwle. La nature de certains
ho~es suppose une assez grande facilité à réagir contre leurs
ha~itudes, ou, si l'on veut (ce qui d'ailleurs ne serait pas la
meme chose), à contracter des habitudes nouvelles rapides
, : 1es anciens
.
momentan_ees
louaient Alcibiade, le plus 'Athénien'
des Athéniens, d'être vite devenu très Spartiate à Lacédémo
è A· ·
ne,
tr s s1at1q ue chez les Perses. Or la littérature nous offre de tels
ex~mples. Il. est des écrivains qui n'ont qu'un style, il en est
qui_ ont plUSJeurs styles, tantôt espèces d'un même genre, tantôt
véritablement des genres différents. Et il en est chez qui telle
forme de style appartient à la mauvaise conscience leur figure
' lequel ils'
comme l' accent de leur pays natal, un ennemi contre
luttent. Complexité que je voudrais signaler, mais que je ne me
flatte pas de débrouiller.
, M. de Gourmont nous dit, avec Buffon, que le style c'est
1 homme, et l'homme élémentaire, sensitif, que Je propos de
Buffon est le propos d'un naturaliste. Et M. de Gourmont a
pleinement raison en tout ce qu'il affirme, m:iis il :i tort en une
part de cc qu'il nie, tant sur Buffon que sur le style. Buffon est
un naturaliste, mais il parle sur le style en humaniste classique.

�.,

300

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

Le Di1cours sur le 1ty~ est un discours de réception à l'Académie,
et il a recueilli, dit-il courtoisement à ses trente-neuf auditeurs,
ses observations en lisant leurs ouvrages. Entendez en lisant les
bons auteurs français, la dignité del' Académie venant, ainsi que
le disait Mallarmé, de ce qu'elle repr6ente, dans le présent, à
la façon d'une cavalcade historique, le cortège de nos grands
mattres. Ses observations sur les écrivains, sur les hommes, il ne
les expose point comme il fait de ses observations sur les oiseaux
ou les quadrupèdes. Le style c'est l'homme, non l'animal, c'est
l'homme non seulement en tant que sensibilité, mais en tant
que contrcsensibilité, c'est à dire en tant qu'intelligence et que
volonté. Buffon ne pense point comme La Mettrie. Le sensualiste pur qu'est M. de Gourmont niait tout à l'heure, tr~s
péremptoire, toute volonté. Et voici ce qu'il écrit de l'intelligence (tout ce que je cite dans ces pages est tiré du ProMème
du Style) : " Le raisonnement au moyen d'images sensorielles est
beaucoup plus sCtr que le raisonnement par idées .... La logique
de l'œil et la logique de chacun des autres sens suffisent à guider
l'esprit.... La philosophie, qui passe vulgairement pour le
domaine des idées pures (ces chimères!) n'est lucide que conçue
et rédigée par des écrivains sensoriels ... Qu'est-ce qu'une doctrine, sinon la traduction verbale d'une physiologie ? " (Une
doctrine n'est qu'une physiologie, dit M. de Gourmont; un
arbre, disait Hegel, croît par syllogismes : ces deux contraires
paradoxaux disent à peu près la même chose.) En tout cas,
!orque Buffon écrit que le style c'est l'homme, il entend, naturellement, l'homme volonté consciente, :iutant que l'homme
sensibilité spontanée, l'homme tel qu'il se pense comme fin, tel
qu'il se formule à lui-même comme idéal.

Ce 'l,l;J nollS Jau/ à nou1, c'est aux lueurs des lampt1
La uimce confuise et If travail dompté,
C1est le ft1J11t dans les main, du r1itux Faust des e1tampe1,
C'est I' ~bstinalim et c'est la t1olonté.

RÉFLEXIONS SUR LA L1TTÉRATURE

301

Évidemment, il n'existe pas de style qui soit "un miracle
de volonté", qui soit "tout artificiel", qui soit le "contraire
de l'homme". Mais il n'est pas de style non plus où n'intervienne une volonté, un artüice. une réaction de l'homme contre
lui-même. En d'autres termes, sans poser ici des absolus, il est
po. sible de fixer, par des exemples, deux limites, l'une qui figure
l'eitrême de naturel et de spontané dont le style soit capable,
l'autre qui pose son extrême possible de volonté et d'artifice.
Mais ne nous fions pas aux apparences pour dire d'un style
qu'il est naturel ou artificiel : le style des Prwinciale, paraît plus
naturel, plus immédiat que celui des Pensle1, et pourtant les
Prot·incùzks ont été extrêmement travaillées, chacune récrite
plusieurs foi s, tandis que les P1!11sée1 sont génénlement des
notations rapide.•, sans artifice littéraire. Le style de Renan
semble jeté dans la fraicheur et le négligé d'une nature fraîche;
je le crois plus artificiel et laborieux que celui de Taine, qui
donne précisément (et nous aYons vu comme cette apparence a
trompé) l'idée de l'artiiiciel et du laborieux. Pour faire, à beaucoup près, dans un style la part du spontané et du volontaire,
voici, je crois, de quelle pierre de touche il faut user. Si le style
des œuvres littéraires est le même que celui des lettres ou écrits
analogues, le style sera dit plus naturel ; et plus grand sera
l'écart entre les unes et les autres, plus le style sera dit artificiel.
Or le style de Taine dans sa Correl}ond011ce et surtout dans ses
Cart1e/1 de J/oj'agt en France, notes jetées sans ratures sur ses
calepins, écrites pour lui-même, ne diffère pas en nature
de celui de l'lntelligmce et des Origines. Mais il manque la
tension oratoire, élément d'ailleurs capital chez lui. Ce
qui est artificiel chez Taine, c'est le style de telle œuvre
scolaire, telle que sa these sur la Fable (à peu près rien du
La Fontaine) " écrite, dit M. de Gourmont, avec le souci de ne
pas déplaire à M. Géruzez. " De ce point de vue le type du
style naturel, nous pourrons le voir dans la prose de Voltaire,
qui est exactement la même, qui a exactement la même

�302

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

perfection, dans l' Emri sur ks Ma,m et dans n'importe laquelle
de se1 lettres. Et le type du style artüiciel, on le verra dans
Guez de Balzac, incapable d'écrire le moindre. b~e~ sans e~
rra 1re
.
pour la postérité une œuvre péniblement. htterai.re.
.
.Mais
il n'existe pas de style absolument naturel, puisque Jamais ~n
n'écrit tel quel ce qu'on voit, ce qu'on smt, cc ~u'on sait,
puisque le style est cela même qui, en nous, rédwt, par u~e
opération plus ou moins longue, toutes les fractions de la réalité
à un dénominateur commun. Il n'existe pas non plus ~e- style
absolument artificiel parce que le style a toujours so~ ong~ne et
ses éléments dans une sensibilité de l'œil et de l'ore1lle. L ~cart
entre le style littéraire, que l'on écrit, et le style mécaniqu~
que l'on rédige, une fois mesuré pour chaque prosate~r, et ~se
comme son équation personnelle, donnerait lieu à des m_ductt~ns
.
Voyez Mallarmé
et Rimbaud. Le style de D1vagat1Pns
curieuses.
•
est infiniment plus spontané qu'on ne croit : les lettres de
Mallarmé, ses premières chroniques, toute son œuvre ~n apparence exotérique, est écrite dans ce même style précieux, aux
ponctuations et aux coupes originales, qu'il ne peut s'empêcher
de mettre dans ses moindres billets et dont on retrouve to~s
les tours jusque dans un livre de classe, les Mots Angla11.
De Dit-agations à ces documents, le style ne ~~e, comme o~
l'a vu pour Taine, qu'en tension, et le prmc1pal du travail
. te, c0 mmc le confessait délicieusement l'auteur, à y
COUSIS
\ "remettre de l'obscurité." De Rimbaud, nous avons un vol~e
entier de lettres: rien, absolument rien, dans ces notations
èches, pas m~me une tache de couleur ou une coupe de
11
L
se ne rappelle la. moindre chose des llluminations ou d'Une
prrra ,
f; •
C'
c
SaiJon en Enfer. La cloison étanche est par atte. . ~st qu
R . baud la brute de génie la plus étonnante qui soit d~s
im
' • •
êm · é mau
aucune littérature, n'a jamais je ne dua1 pas m_ e a1m '
connu que lui : le reste des hommes, sans exception,_ sont devant
l . mme des nègres. Écrit-on à des nègres I Écnt-on même
Ut CO
L' "dé '
pour des nègres I Publier c'est écrire pour les autres. 1 e n en

l

RÉFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

3o3

pouvait même venir à Rimbaud. Madame Aurel a dit :\ peu près
que le métier littéraire appartient de droit awc femmes (comme
tout le reste!) parce que l'œuvre littéraire n'est qu'une variante
de la lettre d'amour, et que, pour la lettre d'amour, à elles la
cocarde! Eh bien, personne ne fut moins femme que Rimbaud
(de même qu'aucun homme ne fut plus femme que Verlaine) /
et la seule idée d'adresser son œuvre, comme une lettre d'amour,
au public, ainsi que le fait chacun sur le trottoir littéraire, lui
paraissait la plus inepte bouffonnerie. Il ne pouvait " écrire "
une lettre quelle qu'elle füt. Aussi on œuvre, écrite pour lui
seul, sans idée d'un public quelconque, est-el!~ la plus
sincère, la plus chimiquement pure de toute pro titution, qui
existe. Aucun style n'est plus naturel que so11 st}:le di~ect,
brôlant, tout en lumière. Ainsi l'écart entre deux natures
d'écrits, très faible chez Mallarmé, presque infini chez Rimbaud,
témoigne, chez l'un et l'autre, d'une égale, d'une paradoxale
sincérité: mais l'une tournée en partie vers autrui, l'autre
réservée exclusivement à soi, concentrée sur soi.
En principe tout écrivain possède donc deux styles, qui
tant6t figurent dewc espèces assez rapprochées d'un même
genre, tant6t, exceptionnellement, foot deux genres düférents.
Et même, quand on dit que l'un est plus naturel que l'autre, il
faut s'entendre sur le sens du mot naturel, ou plut6t distinguer
ses deux sens très différents, même opposés. On peut appeler
naturel le style qui vient naturellement, c'est-à-dire sans eff"ort,
presque sans réflexion, qui est incorporé à une habitude. On
peut appeler au contraire naturel le style qui exprime la vraie
et profonde nature de l'homme, et qui implique parfois, pour
être ramené à la lumière, un effort complexe, un forage difficile.
Le style c'est tantôt l'homme automate fait d'habitudes, tantôt
l'homme social fait d'i.nBuences, tantôt l'homme individuel fait
de conscience et de volonté. Le premier côtoie le péril du
procédé et du gaufrier, où tombe un Zola, le deuxième court
le risque du cliché où se complaît délicieusement toue médiocre,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

le dernier effieure l'obscur ou l'ultra-violet d'un Mallarmé et
d'un Rimbaud. L'incapacité d'écrire en clichés est aussi congénitale, aussi naturelle chez Mallarmé, que la nécessité d'écrire
en clichés l'est chez la plupart des scribes, et le besoin d'en lire
chez la presque totalité des lecteurs.
Mais si en principe tout écrivain possède deux styles, il arrive
aussi qu'il en possède plw de deux. Afin de ne pas compliquer
la question, je ne fais pas intervenir ici le style de la poésie. Il
faut noter pourtant que, lorsqu'un bon auteur écrit en prose et
en vers, son style de prose peut etre le contraire même de son
style poétique. Ainsi pour Voltaire. On dira peut-être que sa
prose exprime sa nature, et que dans ses tragédies il rédige un
devoir scolaire, on le dira à tort. Voltaire adorait le th~tre,
pleurait aux pièces des autres, à ses propres pièces, s'y donnait
plus, corps et Ame, qu'à sa correspondance. Alors r M. de
Gourmont, sans songer d'ailleurs à Voltaire, nous fait comprendre cela très finement : "Dans un début de roman aus i
vulgaire que: C'itait par 111u radùuse mati"le de pri"temps, il peut
y avoir une émotion vraie. Cela affirme, sans aucune contradiction possible, que l'auteur n'est pas un visuel, n'est pas un
artiste, mais non pas qu'il soit dépourvu de sensibilité; au contraire, il est par excellence un émotif ! Seulement, incapable
d'incorporer cette sensibilité personnelle en des formes stylistiques de formation originale, il choisit des phrases qui, l'ayant
ému lui-même, doivent encore, croit-il, émouvoir ses lecteurs.
Il est même inutile de supposer un calcul là où il n'y a, en
réalité, que l'association ingénue d'un mot et d'un sentiment...
Tout mot, toute locution, les proverbes mêmes, les clichés, vont
devenir pour )'écrivain émotif des noyau.x de cristallisation
sentimentale." Voilà exactement ce qui se passe chez Voltaire
poète tragique, précisément parce qu'il est un émotif, quand il
fait des tragédies, alors qu'il est le contraire quand il écrit l' Essai
sur lts Mœurs ou Canditk. Le style poétique de Victor Hugo et
son style de prose ne diffèrent pas moins, l'un et l'autre restant

RÉFLEXIO S SUR LA LITTÉRATURE

des styles de génie, et Cltom /Tues réalisant dans son genre Ja
même perfection que le Satyre. De m~me Musset. Lamartine
au contraire.
. Par là nous arrivons au cas de Flaubert, qui e t très complexe.
S1 _Flaubert a vécu tout entier pour son style, nous pouvons
croue que ce style Jui demeurait un peu extérieur, qu'il allait
ve~s ce style, l'incorporait à lui, plus qu'il ne Je dégageait de
lui. La part de volonté y paraît plus grande que d'ordinaire et
c'_est pourquoi dans Flaubert nous reconnaissons des styles iort
d11rérents. J'en distinguerai au moins trois : celui des premières
œuvres jusqu'à Madame Bwary, tel que nous le montrent Jes
M~moirtJ d'1J1t. ~ou, NOf/embre, la première Tentatio", style très
facile, peu ongmal, abondant en clichés, d'un rondouillard
i~termédiaire entre le Chateaubriand de 1 802 et la Coefmio,,
d 1,n E11fimt du Siècle; - le style des grands romans, de Madame
BOflary à Bo~ard, discipliné et savant, le vrai style de Flaubert;
- le style de la Corre.rp011rûmu, plein de fantaisie, tout en
ve~deur et en exubérance, l'éto.ffe riche où il coupait en
ge1g_nant les v_étements de ses personnages. S'il s'était épanoui
en li~erté au lieu de se restreindre en profondeur, il e0t trouvé
sa_ ~oie, ou du moins sa joie, dans une résurrection du style rabela1s1en, dans un Pa"tagruel du XIX• siècle, où ce géant normand
eOt englou_ti 5:s bonshommes de la Bwary et de I'ÉducatiQ11, ses
ombres chmo1ses de Salammbô et de la Tt"latitm, comme Gargantua fait des six pèlerins avec sa salade, les arrosant d'un
horrible traict de vin pineau. Il y a dans la Co"es"""da"ce
1
.
7v••
une
ettrc en langage de Rabelais, où l'on trouve une autre succulence qae dans les p~les CoMes Drôlatirues de Balzac!
Le style définitif et vrai de Flaubert est évidemment le
deuxième, et pour celui qui aime en ses secrets, en son ame la
lang~e française, il n'est p:u d'étude plus passionnante qu/ de
le voir se dégager des .deux autres. Mais est-ce lui qui se dégage,
ou est-ce Flaubert qui le dégage l Nous en revenons toujours à
la meme question, en laquelle il ne faut pas vou·
une pore

9

�306

LA NOUVELLE .REVUE FRA ÇAISE

.
. "Comme tous les écrivains de so~ _temps,
question de mots .
bert a subi l'influence imtLale de
dit M. de Gourmont, ~lau . m·1raculeux ni très important.
b · d 1 • cela n est nt
Cha~cau nan •
Flaubert füt pareillement devenu ce
Sorti de tonte antre école, .
dé uillement. Le but de
.
. 1 • ! e La v1e est u.n po
.
qn'1l était, u1-m m .
d nettoyer sa personnalité,
. .
d'un homme est e
.
d
l'act1V1té propre
.1
'y déposa l'éducation, e
de la laver de toutes les souil ~res qu , l issèrent nos admirala dégager de toutes les empre1n_tes quùyl amédaille décapée est
U e heure vient o a
tions adolescentes. n
I é al Mais selon une autre
·u
d son scu m t .
'
nette et bri ante e
.
d
· qui délivré de ses
.
dé uillement u vin
•
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po .
fi é de ses fausses couleurs,
.
bl d ses vaines uro es,
parties trou es, e
.
lce fier de toute sa
el ue •our g:u de toute sa gr ,
se retrouve, qu q J . • . • 'une rose nouvelle ... Il faut
• "d t sounant ainsi qu
.
,
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B
l' Éducation stntimenta,e,
.
t Madame
wary,
lire succemvemen
d
e dernier livre que
lzt
n'est que ans c
Boward et Pieu, t; ce
• . d l'homme paraît dans toute
ue le gente e
é
l'œuvre est ac hev e, q
1 descriptions de
u'est-ce que es
beauté transparente... Q
· à · d brèvet
sa
,
b.rases cadencées s v1s- -vis es
.
Salammbo et leurs longues p
d t p1,uc1ztt ce livre qui
• és de B1J1war e e,
,
notations et des resum
Q . /, ,, ., ., Je vois dans le dévelop'à Don use o1,-e T
bl
n'est compara e qu ,
t de Flaubert beaucoup
e, d l'enveloppemen
Pement, ou plut t ans
'
d t M de Gourmont. Je ne
•
que n en a me
·
.
plus de contingence
. é é donné dans sa nature. Sans lui
crois pas que ce style ait t
fran ise de i8+o à 1850, époque de
, Est-ce exact de la prose
ça à 1 Chateaubriand je ne la
a
'
1 b ? La prose
la formation de F au ert
.
.
de deuxième ordre, et
Il d Lamartine, q u1 est
l
vois que dans ce e e .
d
tn"ème En ces années.là e
·
1
Q · t qui est c qua
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Mlmoirts

Chateaubriand, chez_ FI~~~~~~ vrai style est précisément de r~_mprc
, Le caractère pnncil""'
h
cadencée C'est déJa t~
avec l'assen·issement à la longue p rase
.
visible dans Salammb4.

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

3o7

appliquer les lignes légères que M. Faguet a commises sur le
style de Taine, sans faire de son style sa contre-nature, il est
visible qu'il l'a ei:trait de sa nature par un effort de discipline
et par un acte de volonté. Il est visible aussi qu'il pouvait !tre
autre. Faible, incertain, capricieux, mais capable d'amitié solide
et d'admiration dévouée, Flaubert était fait pour déférer au
jugement d'un ami qui lui etlt imposé l'autorité de son gotk
Il chercha cet ami sans le trouver, n'eOt :l sa place qu'un Louis
Bouilhet, qui était un médiocre honnête, et Maxime du Camp,
que ses Sowmirs Littérlliru nous montrent sous la ligure d'un
sot prétentie1U, imposé à la timidité tr~s réelle de Flaubert par
sa suffisance et sa désinvolture vulgaires d'homme du monde.
L'influence d'un ami aurait pu fort bien le déto!U'ner vers
l'exubérance, vers l'exploitation intégrale de ses richesses. Je
l'imagine sous la figure de son Saint-Antoine, tenté par toutes
les formes de la matière verbale : '' Je voudrais avoir des ailes,
une carapace, une écorce, souffier de la fumée, porter une
trompe, tordre mon corps, me diviser partout, être en tout,
m'émaner avec les odeurs, me développer comme les plantes....
descendre jusqu'au fond de la matière, - être la matière."
Mais après la tentation revient la figure de l'art choisi, concentré, dépouillé, qui réclame le travail de minutie et de
ferveur : "Dans le disque même du soleil, rayonne la face de
Jésus-Christ. Antoine fait le signe de la croix et se remet en
prières."
Chaque phrase de ce style implique une tension et un choii:.
a son ensemble, comme sa
clef de vol'.lte et son explication dernière, cette idée de tension
et de choiJ:, de mouvement et de volonté. Ce qu'il y a sans doute,
dans le style de Flaubert, de plus intéressant, c'est la courbe
qui le conduit des premières œuvres aux dernières, courbe
logique certainement, mais vivante, contingente, imprévisible,
et qui nous apparaît élue entre d'autres cou.rbes également
' possibles. Le "dépouillement" dont parle M. de Gourmont,

li n'est pas absurde de transposer

�308

LA

OUVBLLE REVUE FRANÇAISE

et qui va de NOrJemhre à Bouvard, ne dépasse-t-il point, d'ailleurs,
le but r Après qu'il est devenu " limpide et souriant ainsi
qu'une rose nouvelle", le Bourgogne tourne à la transparente
pelure d'ognon, puis il s'affaiblit, passe et meurt. Je ne partage
pas l'enthousiasme de M. de Gourmont pour le livre qu'il
appelle "la pièce d'archives où la postérité lira clairement
les espoirs et les déboires d'un siècle". Flaubert disait qu'il
aurait voulu que son livre donnât l'impression d'avoir été écrit
par un crétin, inutile de dire qu'il n'y est pas non plus arrivé.
Mais, dans ce pendant moderne à la TentatitJt1, je ne vois qu'un
inventaire, rédigé par un notaire méphistophélique, dans le
style éteint qui convient, et qui paraît, comme certaines pages
de Stendhal, la démission lucide et désabusée du style. C'est
Madame BDflary, ce n'est pas Bouflard, qui fournit dans son
fond et dans sa forme, le Dan Quichotte de Flaubert.
J'ai parlé d'un Flaubert rabelaisien. Les Premières Œui-res
nous offrent un fragment de Flaubert sur Rabelais, qui se
termine ainsi: "Vienne donc maintenant un homme comme
Rabelais ! Qu'il puisse se dépouiller de toute colère, de toute
haine, de toute douleur ! De quoi vivra-t-il 1 Ce ne sera ni des
rois, il n'y en a plus; ni de Dieu, quoiqu'on n'y croie pas, cela
fait peur; ni des jésuites, c'est déjà vieux. Mais de quoi donc?
Le monde matériel est pour le mieux, ou du moins il est sur
la voie. Mais l'autre? Il aurait beau jeu. Et si le paète pouvait
cacher ses larmes et se mettre à rire, je vous assure que son livre
serait le plus sublime et le plus terrible qu'on ait fait." Voilit,
peut-!tre, l'idée primitive de Bou~•ard, mais d'un Bouflard
qui eflt été en expansion et en romantisme ce que le vrai
Boui-ard est en dépouillement et en sécheresse.
Je ne me dissimule pas ce qu'a d'un peu artificiel et vain un
débat qui roule, en somme, sur le problëme de la nécessité ou
de la contingence du style et qui ne saurait s'abmaircdu problème
général de la nécessité et de la conting:nce, sur lequel on
dissertera indéfiniment. M. de Gourmont, dans son livre déjà

-

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

ancien, a levé un lièvre qui n'a

,
.
.
pas cesse de courir. Il m'a
que sa solution mécaniste était
sensualisme et son dét
. .
un peu courte, son
ermm1sme un peu 50
•
L
Taine dépasse de bea
T .
mmaires. a question
ucoup aine ou plutôt ,. ,
médiocrement Taine C T .
,
.
n tntercssc que
.
d e matière vivante et de arfi ame ne . fa1t qu'un avec son style
elle, est dilférente Il
, orme oratoire. La question Flaubert,
.
·
ma paru que beaucoup d
h
passaient chez Flaubert comme s1. 1e choix
. vol
e. c .oses
. se
principe de son style M .
onta1re etatt le
· ais mon rôle s'est borné à · a·
M. de Gourmont, une
.
in 1quer, après
entre I'
.
question encore fraîche, mito enne
csthérique, la psychologie et la méta h .
y
où il serait utile de cre
p ys1que, une plilce
user encore.

s~bJé

ALBERT TH!BAUDET

�NOTES

310

JII

grand poéte." Un des convives, M. Jean des Cognets, prononce
le nom de Dargaud - " un philosophe, celui-là, un ami des
Quinet, des Michelet. "
"Dargaud ! Nous y voiJà ! s'écrie M. Caplain, C'est
l'homme malfaisant qui a constamment agi pour dénaturer l'Sme
de M. de Lamartine. Il le faisait sortir de sa voie naturelle. [l
essayait d'en faire un radical ....

NOTES

LA LITTÉRATURE
L'ABDICATION

DU POÈTE, par Maurice Barrès

(Georges Crès).

N" 1 décomposition de Venise, ni le délabrement des églises
de F~a:ce ne surpassent en pathétique la vieillesse d~lé~ d'un
Lamartine ; et l'on ne s'étonne point que M. Barrès ait mterrogé le mystère de cette grande Ame, longtemps arde~te,. où les
flammes du lyrisme et du génie oratoire semblent, en s éteignant,
, .
6 lai'ssé qu'un peu de fumée et de cendre amère.
n avoir en n
•
M 'd'
Huit recueils de vers se sont succédés des premières t
'"·
·
(l 8 39) '.
. les chants des
tiotrs (1820) aux Rtcuewr:ments
poét19ues
tr t dernières années ne remplissent qu'un maigre v~lume de
en e
• d
8 8 bien avant
.
p, i . JnUitts. Bien avant la Révolution e I 4 '
~n
·
dl~~~
I'Histoire des Girondins, Lammme se détourne ~- a p
.
tend vers l'action. Selon ses id~ chacun jugera s il a_ com~s
ur politique et si ce pur aristocrate a trahi sa vrai_e
une erre
'
. D
·
fut il
nature en s'orientant vers la démocratie. u mo1n~ y
rté par une exigence tout intérieur_e ; on .fausser~t le sens
pode sa vie
. en n e voyantlà qu'une vocation factice suscitée par les

,ta-

id~~esdu&amp;hmL
. ~
La plaquette de M. Barrès débute par le souvenir un
"d'' wier lamartinien ". Le maître de la maison est M. Jules
eJe
.
·
tit-fils de ce
Caplain "un ancien officier, excellent patriote et pe
.d
'
· · d e campa gne et l'ami u
M. Duboi1
de Cluny qui fut le voisin

- Enfin, Caplain, répond Barrès, il faut reconnattre que
Lamartine ne répugnait pas tant que ça à l'endoctrinement
de Dargaud : il l'a écouté toute sa vie.
- .... Croyez-moi, reprenait Caplain, Dargaud était un
délégué de la secte. Le bonhomme avait pour mission de conquérir à la maçonnerie le génie et l'in11uence de Lamartine. Je
ne sais pas si on raconte cela dans vos livres de critique, mais
c'est la vérité. Le cas de Dargaud chez Lamartine, c'est un cas
de tous les jours .... "
Ce qne fut exactement Dargaud, et jusqu'où s'étendit son
action sur Lamartine, - je l'ignore, et n'ai nulles clarté, sur
l'influence de la maçonnerie. Lamartine, à nos yeux, demeure
un poète catholique; s'il sort maintes fois de l'orthodoxie, c'est
de bonne heure, et c'est naïvement ; sa propre nature et les
courants d'idées contemporains expliquent assez ses écarts, sans
qu'il faille encore supposer je ne sais quelles manœuvres
secrètes. M. Henry Cochin donne, au sens de Barrès, un plusjnste
point de vue : "Lamartine désirait le succès politique, et, dans
ce temps-là comme aujourd'hui, pour obtenir une place au
pouvoir il fallait laisser de c6té toutes les idées religieuses".
Mais cela encore n'est vrai qu'à demi ; Barrès lui-même dira
plus loin que rneme dans la politique Lamartine prétend
"réintroduire Dieu ''. - Quant aux origines de sa politique
(et c'est elle ici qui compte avant tout, car c'est par elle qu'il a
troublé les lmes, non par un doute irreligieux), n'oublion s pas
que le désir du succès et l'ambition de la gloire ont travaillé
dans le sen d'une conviction spontanée et très lentement

�I

, J I2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

mtlrie ; "Nous partons de deux principes opposés. Tu dis :
"La Révolution de 89 est le mal sans mélange." Je dis: "Les
grands principes de la Révolution de 89 sont vrais, beaux et
bons, l'exécution seule a été atroce, inique, inflime, dégotltante."
Pour que 89 fftt si mal, il fallait que ce que 89 détruisait ftlt
beau; or,je trouve 88 hideux.... La Révolution principe est une
des grandes et fécondes idées qui renouvellent de temps en
temps la forme de la société humaine ; et, si tu veux raisonner
sans passion ,ivec toi-m~me, tu verras que l'idée de liberté et
d'égalité légales est autant au-dessus de la pensée aristocratique
ou féodale que le christianisme est au-dessus de l'esclavage
ancien." Cette lettre à Aymon de Virieu est datée de 1830.
Cinq ans après, revenant de l'Orient - ou. D.argaud, je ~uppose, ne l'avait pas suivi, - Lamartine écnvart .= "~e deviens
de jour en jour plus intimement et plus consc1enc1eusement
révolutionnaire .... Je médite sans cesse, et à genoux, et devant
Dieu, et je crois qu'il faut que nous et ce temps-ci nous servions
courageusement la loi de rénovation .... Je ne me prononce pas
cependant encore tout à fait. J'y mets temps, religion, examen,
prudence. Puis, une fois le parti pris, j'irai très loin . "
Aussi bien cette controverse, que je soulève en passant, n'est
elle pas le sujet choisi par M. Barrès. Le point d~ départ d~ ses
réllexions est ce billet du 26 mars 1863 1 ou Lamartine,
"étranglé entre deux portes.... , véhémentement menacé de la
vente totale de tous ses biens", déclare à son ami, M. Dubois:

,, .. . J'aurai! voulu 1auver Saint-Point pour ma femme, pour
Valentine.
" Quant à la politirue, je m'en fiche et je suiJ à peu près comme le
pays. Je pense à moi et à ceux ~ui vivent de moi."
" Nihilisme pofüique, - dit Barrès - effondrement financier, mystère sentimental, ce papier léger contient tout ... On Y
respire ses grandes et belles qualités, son amour de la terre, son
respect de la famille, et puis cet attrait qu'il exerça jusqu'à la

NOTES

3 13
mort sur la sensibilité féminine .... Comment nous expliquer
qu'à l'âge où l'esprit tire ses conclusions sur la vie il ex.hale une
plainte si désabusée, le plus grand poète idéaliste de notre
race L. Quel portrait à tracer que celui d'un jeune cavalier
heureux, infatué, divin, qui se transforme en un vieillard
abandonné de Dieu, des autres et de soi-même ! " La grande
affaire, c'est de comprendre que "dans sa détresse subsistent et
agis.sent les dispositions morales qui firent sa grandeur. L'âme
an~1enne demeure dans la tour ruinée. Voilà le mystere, voila ce
qui est beau, complexe et déchirant."
".Quel beau. mystère ! Un cygne au plumage éblouissant,
pareil à un sentiment pur, nageait dans un beau lac . on l'a
chass~, obligé de marcher- dans les terres boueuses où boîte
se sotl.ille, s'épuise. Que d'autres rient ou le plaignent ! Nou:
songeons aux passions tristes ou grandes qu'éprouve ce vieux
musicien taciturne .... Comment un si clair génie tout ailé et
tout en lumière est-il devenu cet astre noir ? ,,

:1

Pour l'expliquer, il faut songer d'abord à quel point l'amour
de la vie dangereuse touche de près, chez Lamartine, aux
sources mê~e de son inspiration : " Lamartine attendait de la
démocratie un plaisir sublime, la joie de se faire porter sur un
élém~nt capable de l'engloutir.... Plaisir du risque, plaisir du
ca_vaher, dii nageur, du joueur. " Mais en même temps il obéissait aux plus hautes parties de son génie : " En présence de
tout grand phénomene, Lamartine reçoit une émotion et répond
par un acte d'adoration . Les foules lui ont donné un ébranlement, il y réplique par un hymne... Comment résister à ]'Esprit
ou qu'il souffle l"
·
Voici maintenant ce "vaincu de Pharsale" délaissé de la
foule ~t de ses amis, aux prises avec Ja pauvreté, réfugié dans
ses trots. châteaux dont chacun devient " une usine à copie. "
Pourquoi cette succession d'entreprises engloutissant millions
après mill'.ons ~ pourquoi ce refus, cette indignation, quand
M. Dubois lui propose une combinaison qui sauverait son

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

repos l " Les embarras de Lamartine s'expliquent par une cause
psychologique con&amp;tante : Il est un joueur... Il prenait les
réalités du présent, leur joignait les promesses de l'avenir, les
escomptait et poussait l'optimisme jusqu'à la pr6omption .... Sa
femme fait cette remarque saisissante : "Pout lui, la réalité
disparalt toujoun sous les pcnpectives idéales, et lorsque la
vtaie situation se révèle, c'est un éclair qui précède à peine la
foudre ... " Lamartine aimait sa détrme ; il y trouvait les émotions
du risque. Le risque, la lotte avec le hasard, l'appel à la chance
(je crois qu'il aurait dit la sollicitation de Dieu), bref, l'obéis-sance à son inspiration, voilà le secret profond de son être, voilà
le démon intérieur que nul traitement ne peut dompter."
"A travers ces faits pitoyables, l'hne de Lamartine reste
charmante, rapide, difficile à saisir, comme un cerf à travers les
arbres de la forêt dénudée par l'hiver. " Les images de la
jeunesse et de l'amour ne l'ont pas toutes abandonné. Près de
lai veille sa nièce, "Valentine de Ccssiat, 6gure noble et un
peu mystérieuse", fidèle à la rêverie qu'elle a commencée tout
enfant. "Valentine accompagnait le poète dans ses courses à
travers la campagne, le suivait dans son cabinet de travail,
infatigablement promeneuse et copiste, et le soir lui faisait la
lecture. Il aimait les récits de voyage, surtout dans les grandes
solitudes monotones et désespérées, les voyages vers Tombouctou
où l'on n'arrivait jamais, les expéditions toujours déçues au P6le
Nord. Durant des heures entières, il écoutait ces longs récits....
Tous autour de lui mouraient de froideur et d'ennui. A la 6n,
- dit le secrétaire, - quand arrivait un ours bl.inc, tous poussaient un cri d'intérêt ... "
Mais enfin, pourquoi, - malgré des échappées sublimes,
preuves d'un génie toujours présent (Il Désert, la Yigne et la
Maison), - pourquoi ce reploie.ment d'ailes, ce reniement d'une
mission sacrée, cc mutisme douloureux r Je crois que M. Barrès
rapporte bien à sa vraie cause cette maladie du désespoir :
"C'est un arbre planté sur le bord des eaux vives de l'Espé-

NOTES

31 5

rance et dont le feuillage se déssèche et tombe d~· l'"
'ell J •
, "" instant
qu es_ u1 .manquent. L'Espérance a tari dans cette grande
ime qu1 avait ttop abusé d'elle...

. est un génie primitif dans lequel notre civilisa. "Lamart,.ne
t1on, les alfa1res, la politique, viennent de verser leurs détritus...
Il n~ veut plus, ne peut plus ch.inter... Nul poète plus que
celui-là n'a aimé à aimer. Sa tendresse d'imagiMtion est divine
Ce monde, disait-il, est un océan de sympathies dont n
.
buv
,
ous ne
ons qu une go~tte, quand nous pourrions en absorber des
torrents.,.. Il avait des relations et des am1t1a
· · ,_ par toute la
nature .... Quand ces rapports furent rompus et qu'il n'eut pins
devant les yeux un accueil de J. oie et d'adm. t'
11 'ch·
IJ'a 10n, son cœur
d~ tt~ cessa de vouloir porter sa destinée... Il est incapable
expnmer des sensations, des pen ées mal accordées avec la
n~ture de son âme, et la vie ne lui apporte plus que ces impretons ... Il a la générosité, la vertu de se taire. Il était né pour
me à la _nat~re un perpétuel commentaire d'admiration.
Quand
la vie lui a révélé le mal ' lui a sugge'ré ce qui. décourage
il ,
s _est tu .... Il s'est tu quand ses paroles n'étaient plus dispen~
s.itnces
, . de . bonheur .... 11 s,est re fiusé aux œuvres de colère ....
Il n a Jamais blasphémé. "

M.A.

• ••
ET VJVAN TS, souvenirs des milieux litté.FANTÔMES
..
rall'es, politiques, artistiques et médicaux de 1880 à r
'è é .
9°5,
rem, re s ne, par Um Da11det (Nouvelle Librairie ationale).

p

v "J
. ~.co~ence, avec ce volume, la publication de mes soul enirs , da M. L~n Daudet, et il nous donne les raisons pour
~uelles, au contralJ'e de l'usage, il livre "au public de émoires
I
sm
avant es portes de la vieillesse et de la décrépitude." A
proprement parler ce ne sont pas là des mém .
. .
d é .
01res su1vn, ce sont
es p1sodes et des portraits, d'un plan tout à fait analogue aux

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Souvenirs d'u,1 homme de lettres d'Alphonse Daudet. Évidemment
de vrais mémoires écrits par M. Léoµ Daùdet, et qui porteraient
sur sa vie intérieure autant qu'extérieure, seraient des plus intéressants. Mais on comprend fort bien qu'il ne les ait pas
écrits. Si quelqu'un est à l'antipode d'un Amie!, c'est bien lui.
Homme de spontanéité et d'action, il est parfaitement étranger,
pour le moment du moins, a la culture et à l'analyse du scrupule intérieur. Il s'accepte et s'aime tel qu'il est, il ne porte
pas - ou ne porte que fort peu - les yeux sur lui, il les tourne
extérieurement, vigoureusement, il les assène sur autrui. De
sorte que les mémoires de M. Léon Daudet sont une galerie de
portraits où il ne manque que celui en vue duquel on écrit
généralement des mémoires, je veux dire le sien. Qui, de ses
amis ou de ses ennemis, nous le donnera à sa placer Ne nous
plaignons d'ailleurs de rien : quel que soit le parti-pris du
livre, il est d'un relief, d'une couleur, d'une verve étonnantes.
L'œuvre de M. Léon Daudet est déjà très complexe et très
mêlée, et ce n'est pas ici le moment de chercher pourquoi ses
romans, sauf le rayage de Shakespeare, demeurent toujours par
quelque côté des romans d'intellectuel, où le cordon ômbilical,
comme disait Taine, n'est pas coupé. Mais ses deux qualités
mattresses, la vigueur de la langue saine et imagée, le mouvement à la fois passionné et discipliné des idées, n'ont jamais
mieux trouvé leur emploi que dans ce livre de Souf.lenirs. C'est
le type de livre qui se fait lire, qui, ouvert, exige qu'on aille
sans débrider jusqu'au bout. Les qualités du romancier, du
critique, du pamphlétaire, s'y combinent ~n une proportion fort
juste, excluant à peu près -tout ce qui, des trois personnages
pris isolement, peut faire broncher les délicats. Ce genre des
Hommes Y1t1, analogue à celui des Choses Yues par Victor Hugo,
était, on s'en rend maintenant compte, celui ou M. Léon
Daudet pouvait donner toute sa pleine et parfaite mesure
artistique.
Il faudra que l'histoire littéraire jette les yeux sur ces por-

NOTES

3 17
traits, 'il faudra aussi qu'elle ne soit pas plus dupe de l'art de
~." Le~n Daudet que l'histoire politique n'est dupe de l'art de
arnt-~1mon. M. Daudet par exemple a été un familier de
la maison de Victor Hugo . il ne semble p
,. c:
.
'
as q u 11 1asse un
effort bien généreux pour r-estituer, par dela l'image alourdie
et emp.1tée des derniers jours, par delà l'homme qu'1'] a fr,
' 1
equente, a figure vraie du grand poète Racontant
'è
·
·
sa, prenu re
e~t~evue avec Victor Hugo, M. Daudet écrit : " II articula
d1stmctement ces mots : "La terre m'appeJl ,,
.
.
.
e , qui me parurent
avoir une grande portée, un sens mystérieux. Il ajouta, en me
mettant sur le front une main douce et belle o , d'
.
.
, rnee une
bague que Je vois encore et qui me rappela la conlirmat" .
" Il f: t b.
·11
ion .
. au ien trava1 er et aimer tous ceux qui travaillent. ,, Il y
avart, dans son attitude, une noblesse assez émouvante J·o1· t
•
.
, ne,
Je ne sais encore pourquoi, à quelque chose de b l
"
En tout cas ces propos du Poète n'ont rien de b m~~
1
,
. .
ur esque, et
c est a1ns1, exactement, avec ce tour à la Lou. XIV
'
18
.
.
, qu un
V
ictor Hugo doit parler a un jeune collégien Et si M D d
à t,
d
é ,
·
. au et
. ce age tei:i re, a te sensible au burlesque d'un Victor H
il faut en conclure qu'il n'avait point la vocation du
ugo,
C 1·
respect.
e u1 que M. Daudet appelle le Vieux donne surtout d
r I'"
.
ans son
i:re, 1mpress10n d'un monstre d'indestructible santé "I'b·d meux " qui· " eut Jusqu
·
,au bout toutes ses cordes"' d'1 1
vora
· "
· d
, un
ce qui mangeait, e ses cent-vingt-huit dents int t
ave
1
.
ac es,
c une g outonner1e tranquille" - et d'un
r ·
'
pariait avare
M D
. audet oublie peut-être que cet avare se lai
.
.
1
d'E
ssa rumer par
e coup
tat et par l'exil, et fut obligé, pour se rer . d
'é .
,aire es
ressources, d cnre le feuilleton des Misérabk1 v· t H
,
•
A
•
1c or ugo
etait peut-c:tre avare, il n'était pas avide. Il a mis sur 1
·11
.b ·
a pa1 e
ses 1i ra1res belges, soit. Au moins n'a-t-11 p
.
as~ comme le
magmtique et généreux Lamartine, laissé mettre sa poésie à sec
P,ar les_ commandes de ses libraires, et pour
1essentiel.
nous c'est
Vous pensez bien que M. Léon Daudet s'avance dans son

�318

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

livre le casse-tête à la main, et jonche ses pages de victimes.
Ce sont les Châtiments d'un pamphlétaire, et je ne songerais qu'à
en admirer le verbe si Fauteur n'expliquait ainsi ses haines:
" Certains de ceux que je nommerai ont fait beaucoup de mal
à la France. Morts ou vifs, je tiens à les marquer sans miséricorde." M. Daudet ne confond-il pas un peu ses amitiés et ses
haines personnelles avec le bien et le mal qu'on a pu faire à la
France r Tel poète d'Académie est en effet " marqué sans miséricorde. " Quel mal ce barde a-t-il bien fait à la France par
ses mauvais vers ? D'autre part M. Daudet écrit des pages
toutes de sympathie et d'admiration pour Henri Rochefort.
L'homme privé, chez Rochefort, était en elfet très sympathique
et très noble, serviable et généreux à l'égard d'adversaires.
Tout cela n'empêcbe pas que peu d'hommes aient fait après
1871 plus de mal au pays que ce ~émolisseur étroit, qui n'eut
jamais une idée dans la tête, et qui pendant trente ans intoxiqua, abrutit les Parisiens, en leur faisant prendre des pitreries
de vieil enfant pour de la pensée politique. On écrira peut-être
un jour l'histoire, encore mystérieuse, des causes qui effritèrent,
ruinèrent, effacèrent, durant ces trente ans, le Paris moral et
politique du XIX0 siècle : il faudra faire une place, dans cette
histoire, aux microbes pernicieux et clownesques que furent
les premiers-Paris de I' lntransige4nt.
M. Daudet offre son livre à la jeunesse d'aujourd'hui, éclairée "par la vérité politique, par la vérité royale, qui précède et
commande la quadruple santé militaire, littéraire, scientifique et
artistique d'un splendide pays tel que le nôtre." Je ne combats
point, en tant qu'elle est pureme"(lt politique, la vérité dont
parle M. Daudet ; mais ces lignes, ou plutôt ce que je lis entre
ces lignes, ne laisse pas de me paraître énorme. Lorsqu'une délégation de l'Académie se présenta, en 18 30, à Charles X, le priant
qu'il épargnat à la Comédie Française· la profanation romantique id' Hernani, la pensée de ces messieurs était exactement celle
qu'exprime M. Daudet, sauf qu'ils l'eussent moins bien formu-

NOTES

lée. Charles X, si la vérité royale lui paraissait commander la
santé militaire de la France, ne prétendait pas qu'elle command~t r'.en de littéraire, et il répondit aux hommes verts qu'il
n avait que sa place au parterre. S'il avait montré cinq mois
plus tard autant de bon sens, la France aurait conservé probablement sa famille de rois. Guillaume II n'a rien ajouté à la
santé de l'Allemagne lorsqu'il a mis, à plusieurs reprises, l'épée
du Hohenzollern dans le plateau des valeurs littéraires. La politique n'a en littérature que sa place au parterre comme
la littérature n'a en politique que sa place au paradis.'

A.T.

•• •
VOY AGE DU CONDOTTIÈRE, par Andrl Suarh
(Emile Paul).
Le Yoyage du Con@t1ière que les lettrés chérissaient depuis
plusieurs années dans un volume de fortune, paraît enfin dans
~ne édition convenable. Aucun Voyage en Italie n'est plus
Jeune, plus héroîque, plus sensuel. A la terre de la beauté
~- Suarès "n 'a ~oulu ap~orter que de la beauté, il en a créé, versé,
fait tournoyer a profusion, et, comme un prince de la Renaissance, il ne vit ici que dans les fêtes flamboyantes du style. Il
Y a des phrases où l'on mord comme dans des fruits, des
phrases d'or, de parfums, de cr;stal... Mais ces phrases vives ne
sont \oint v'.des, un cœur ardent les alimente. "Je n'ai pas
mange depuis trente heures. La lumière nourrit." C'est cela,
la phrase boit à torrents une nourriture qui lui verse la vie et
qui ne l'alourdit jamais. Mais précisément parce que c:tte
lumière vibre sur des paysages vrais, sur des fonds substantiels
elle ne cesse jamais de donner l'impression de la réalité. Ell~
est contrainte, comme un fleuve, entre deux rives dures, celle du
pays, celle du voyageur. "Un homme voyage pour sentir et
pour vivre. A mesure qu'il voit du pays, c'est lui-même qui

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

20

NOTES

3

. ch aque JO
· ur plus riche de
.
1 peine d'être vu. Il se fait
vaut mieux,.1ad,
e " Aussi. avan t d'entrer dans le voyage,
tout ce qu 1 • ~couvr . . d ' oyageur. Ainsi procédait Tain·e,
M. Suarès fait-il le portrait . u v;e en Italie. Il est bon en effet
lui aussi, au début de ~on Viloyal&amp; t humaine p·ar laquelle il
1
nna1sse a unet e .
.
que le ecteur co
.
tou1·ours été en passion,
d
"C'est un homme qui a
.
regar :era. d 1 d 1 . même Et c,est par là qu'on l'a s1 peu
écrit Caër a e Ul•
~.
d l'Italie ardente du
. " C'est par là qui 1 compren
'il
compm.
.
,
ar là u'il comprend, qu
Nord celle de la Renaissance, c est P
q
. d l'It;lie
. • '1 laisse couler d ans son sang la passion e,. . ,
revit, qu l
.
'
ar là u'il comprend et qu il aime
l'Italie de la pass10n. C est p
q
L h die ') qui
' d . bl chapitre sur Stendhal en om ar t •
Stendhal (1 a mira e .
.
t la passion sur tous les
.
. é la passion qm, voyan
.
a compris et aun .
''
I
r
plus italienne cent fois
d l'Italie " a crée une ta ie
visages e
avons sous l es yeux. ,, (Éloge? ironie ?1) Et
que celle que nous.
f; 't d'essences, est plus italienne
l'Italie du Collndodtt1è;:;1;::~ ;;u: italienne des musiques, des
encore que ce e e
'
.
couleurs, et des parfums qu'elle y ajoute.
A. T.

LA GENÈSE DU XIXe SIÈCLE, par Houston-Steward
. (éd'it1on
.
firanraise
Chamberlattt
,
' par Robert Godet) 2 vol.
(Payot).

.

è

. d''à
.
de H -S. Cham ber1am,
eJ ancien ' a eu un , suce s
Le livre
.
allemands et anglo-saxons. C est un
prodigieux dans les pa~s
. s suggestif et plus fragile
'dé ble bien que rnom
ouvrage cons1 ra , .
l h f-d'œuvre de l'auteur. Il
,1
I Kant qui reste e c e
.
que 1 .mmanue
,
genre fort d'1scre'd't'
1 e chez nous, mais qui reste
appartient
un les pays d u nor d .. la philosophie générale de
assez goîtté a dans

32r
l'histoire, ou, .plutôt, de Ia culture. Genre qui consiste, en
somme, à systématiser le superficiel, mais enfin un genre vaut
ce que vaut fauteur qui le traite. La pensée de Chamberlain, par
sa subtilité et sa richesse, paru ne souplesse plus ingénieuse que probante, rappellera peut-être au lecteur français les livres de Cournot
et certains livres de Tarde tels que 1a Logi9ue Sociale et les
I
Trans.fannations
du Pouvoir. Mais elle est bien germanique par un
désordre qui n'épargne point notre peine, et aussi par son idée
centrale, l'idée de la race, de sa noblesse et de sa pureté. On
comprend en lisant Chamberlain les raisons qui on,t fait de
Gobineau un grand homme en Allemagne et de ]'Inlgalité des
races humaines un des grands livres français pour un lecteur
d'Outre-Rhin. Chamberlain n'est d'ailleurs pas un disciple de
Gobineau : pour lui une race se crée par une série de croisements
favorables, tres complexes, elle n'est pas donnée dès l'origine.
C'est ainsi que la supériorité des insulaires Anglais et Japonais
consiste non dans la pureté originelle de la race, mais dans la
constance de cette pureté de 1a race une fois formée. Chambe.rlain ne prononce jamais le nom de M. Quinton, et doit l'ignorer. Cependant sa théorie ressemble beaucoup à une sorte de
Quintonisme social, tres intéressant.
Le germanisme est pour l'auteur non "ilne doctrine, mais une
religion. L'apothéose du Germain, dans le type duquel rentrent
d'ailleurs les meilleurs éléments des nations dites latines, se
dresse au tournant de toutes ses idées, et sous des formes parfois
bien comiques. Ainsi : "Le Maure s'imprègne si abondamment
de sang gothique qu'aujourd'hui encore une partie de l'aristocratie du Maroc peut faire remonter sa généalogie à des arenx
germaniques.'' (p. 5u) Aucune référence pour cette extraordinaire allégation, qui a dît naître autrefois dans le sillage de
Guillaume II à Tanger ; mais il n'en faut pas davantage, il en
faut même moins, à un bon pangermaniste pour que le Maroc
lui apparaisse au même titre que la Champagne une terre
authentiquement allemande détenue avec injustice et provisoire-

10

�LA NOUVEi.LE REVUE FRANÇAISE

322
ment par l'ennemi héréditaire. - Ce n'est pas un hasard, estil exposé à la page 637, si le grand principe du christianisme,
la justification par la foi, que retrouvera le Germain Luther,
est formulé par Saint-Paul dans l'Epitre aux Galates, qui sont
des Gaulois, c'est-à-dire des Germains ! - Les Amorrhéens de
la Bible, qui furent exterminés par les peuples voisins, sont
canonisés parents des Germains, représentants en Asie de l'Homo
europ,:eus. Et l'auteur de s'écrier : " 0 Homo europ.eu1, comment
pouv:üs-tu t'égarer en pareille compagnie? Oui, tu m'émeus
comme un regard ouvert sur quelque divin au-delà. Et j.e voudrais qu'il füt encore temps de crie~ : ne suis pas le conseil des
savants anthropologues, ne te commets pas avec ce ramassis, ne
te mêle pas à cette plèbe asiatique, obéis au grand poète de ta
race (Gœthe), reste fidèle à toi-même !... Mais j'arrive trois
mille ans trop tard. Le Hittite demeura, l' Amorrhéen disparut.''
(p. 509). - Chamberlain n'aime pas les Grecs, il leur dénie
une bonne part de leur originalité, et c'est tout juste s'il ne
fait pas des Perses les vrais vainqueurs des guerres médiques, à
la suite, d'ailleurs, de Gobineau, dont il cite l'ultra-fantaisiste
Histoire des Perses comme un ouvrage scientifique. " On sait
aujourd'hui que la pensée hindoue exerça une influence à certains égards déterminante sur la pensée grecque ... Pour Pythagore notamment la preuve est acquise d'une intime familiarité
avec les doctrines hindoues". (p. 1 80.) Voilà à quelles vieilleries s'en tient, sur la pensée grecque, l'auteur d'Immanuel Kant!
Mais la philosophie de l'histoire donne sans doute des lumières
auxquelles n'atteint pas l'histoire tout court ; car celle-ci est
bien étonnée d'apprendre de son ainée que dans la Commune
de 1871 "tout homme clairvoyant a reconnu, dès le début,
une machination judéo-napoléonienne" (p. 45 3).
Toutes ces bizarreries n'empêchent pas la Genèse du XIXe
siècle d'être un livre fort curieux, où les idées originales sourdent
abondamment, mais troubles et qu'il faut filtrer. La théorie
centrale sur les races pures et le chaos ethnique, contient sans

NOTES

32 3

doute
. , et mérite en tout
. une part d e vérite,
cas les discussions
passionnées auxquelles elle a don ne, 1·1eu.

A.T.

• ••
Nous publierons dans notre pro h .
note sur l'ouvrage de H S Ch bcla'.n numéro une seconde
· ·
am er am.

•••
ESSAIS CHOISIS, par Georges B dè
.
Jing, (Mercure de France).
ran s, traduit par S. GarLes essais traduits dans ce volume 1
donnent au lecteur fr
.
. va ent surtout en ce qu'ils
ança1s une idée assez com lè d
d e M. Georges Brandè
L
p te u talent
s. eur contenu est i , al L d
morceaux sur Renan et T . d'.à
.
neg • es eux
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de chose sur les deux pe
' ous apprennent peu
.
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mrs personnels intéressants, entre autres u' n y it es .souveR enan et de M Br dè l
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. gue e ,aire 1 acquisiz ,erature nglazse l
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même un professeur aussi libéral
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qu'étudier les ouvrages de T . q~e. M. Brochner considérait
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d'études qui citerait en Sorbo::ee
un tnd1~at au diplôme
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Tq. ne poussent pomt sous leurs
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longtemps que M. Brochner et M. Aulard SeureTr ~n pe~ . plus
· ur ame v01c1 une

i:.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

note, perspicace, et qui le met bien à sa place européenne, de
M. Brandès: " Pour remédier au caractère trop personnel de la
critique littéraire, il a travaillé à lui procurer un fondement
inébranlable grke aux méthodes empruntées aux sciences naturelles. C'est le contraire des tentatives des Allemands au temps
des Schelling et des Hegel, qui eux avaient tenté d'appliquer
les méthodes des sciences morales à l'étude de la nature.''
Les deux meilleurs morceaux du volume sont l'étude sur
Nietzsche et l'étude sur Ibsen. M. Brandès a été le premier à
faire connaitre Nietzsche au grand public, et son étude reste
sinon une des plus profondes, du moins une des plus correctes et
des plus claires qu'on lui ait consacrées. Il a beaucoup pratiqué et
bien connu Ibsen, il en fait un portrait extrêmement vivant,
plein de curieuses anecdotes sur ce puissant et singulier bonhomme. Le récit d'un banquet offert au dramaturge par quel- .
ques touristes lettrés est fort amusant. Il se termine ainsi :
" Un journaliste, qui était le voisin de table de la belle et
excellente actrice Constance Brunn, se leva 1:t dit : " Ma charmante voisine me prie de transmettre à M. Ibsen les remerciements des actrices du Thé1tre de Christiania, et de lui dire
qu'il n'existe pas de rôles qu'elles aiment mieux jouer et desquels
elles aient plus à apprendre que ceux de M. Ibsen. - Ibsen :
A ce propos, je ferai cette observation que, d'une façon générale, je n'écris pas de rôles, je décris des hommes, et jamais de
la vie il ne m'est arrivé d'avoir un acteur ou une actrice en vue
en élaborant une pièce." Ce n'est que la moindre de ses
boutades, mais il ne vous en faut pas davantage, n'est ce pas?
pour vous rappeler ce que vous saviez déjà, qu'Ibsen ne fut
jamais un dramaturge bien parisien.
A.T.

NOTES

LE ROMAN
LE MON~RQUE, par Pierre Mille (Calmann-Levy).
Une attention touJ·ours e n eve1
, ·1 un esprit
é"
une sympathie exempte d
.
.,
sans pr ~ugés,
e partis pn
··
.
de la vie, telles sont les qualités -de tune_ v1s1on libre et franche
ne tend qu'à 1
. Pierre Mille ; son style
es mettre en valeur
N
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plaisir que me donnait L .
·agu re, en disant le
ouue et Barnar,au ·• •
éloges un petit reproche d
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quoi auteur a
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expliqué : C'est en v 1
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n'y trouver point cette co . i
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que ses réflexions ne 5,- l
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son r cit. Et dans le
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onheur des images et le juste choix d
o o1r que le
au rythme de la ph
. d .
_es mots se subordonnent
rase, qui oit smv
. fidèl
possible le déroulement des r •
d re aussi
ement que
1a1ts et es pensée 1
même de la vie!
s, e mouvement
Tout de même, le Monar911e me sembl 1
.
que les mêmes critiques ,
. e p us parfait, parce
p
n Y trouveraient plus où se
d
our être moins surchargées de c
l' .
pren re.
. .
omp etives ou d'incid
pour imiter moins souvent les détours d'
.
entes,
n'y ont pas un tour
.
une causeries, les phrases
moms naturel et ne sug è
vivement le geste ou le jeu de h '.
.
g rent pas moins
les souligner. Les aventures du pJs1onom1e qui convient pour
peu de chose . l'
,
.
onarque sont en elles-mêmes
, . art n y perd nen ; dans ce livre alerte et 1 •
neux on resp1re bien l'air de I P
um1.
a rovence et l'~me de ses

�NOTES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

habitants ; par instants il m'a fait songer aux dialogues de
M. de Miomandre,- car la route n'est pas longue, de l'Espélunque aux montagnes de Grasse. Mais un Parisien de race
doit comprendre ceux d" Nord aussi bien que ceux du Midi;
M. Mille prend à merveille l'allure et le ton de la Flandre. Au total, et sans rien grossir, il faut accorder à l'auteur que son
ouvrage est " un peu plus sérieux qu'il n'en a l'air."
M.A .

•••
BO TCHÉ LE SILENCIEUX, ET AUTRES CO TES
JUIFS, par 1.-L. Ptrtlz, traduits par Git. Bolz, avec une préface de Pierre Mille.
Isaac Leibusch Peretz est né en 18 5 1, à Zamoszc, dans la
Pologne russe ; il a rççu d'abord une éducation toute rabbinique; il a partagé la vie que mènent en son pays six millions
d'Israëlitcs. Mais la culture européenne l'a pénétré: " Son
horizon, nous di:t M. Pierre Mille, a dépassé celui de cette
" patrie" juive. Je ne crois pas qu'il ait jamais lu Anatole
France, mais il a beaucoup pratiqué Henri Heine. Ce n'est
plus un croyant, il est au-dessus de la mentalité de ses coreligionnaires de Pologne, il ne partage pas leur foi ; il les considère,
si l'on peut dire, de }'extérieur, et son ironie ne les épargnerait
pas, s'il n'avait d'eux tant de pitié, toute la pitié que mérite
leur malheureux sort. Et enfin c'est un artiste, un très grand
artiste, maitre de sa langue et de sa composition ... Nous pénétrons avec lui dans ce monde inconnu de nous - et magique :
il nous montre !'Israélite polonais sur place, dans les fourmilières d'où il essaime pour se répandre sur le reste du monde. "
- Six millions d'hommes, groupés en tribus très denses, fixés
par la loi sur un sol qu'ils n'ont pas droit de posséder. Ils ne
peuvent pas être tous commerçants ; en immense majorité ils
sont donc ouvriers d'usine, depuis l'ère industrielle, ou perte-

faix, charretiers, commissionnaires bl'l h
32 7
ralement misérables. " Il b .
, c erons même - et génédé
•
s a.ignent dans u
ment mtcllectuclle s· t
ne atmosphère profon• l
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ne sont pas théologiens t
n pas almudistes, si tous
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T a1mud et théologie
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, ous es Jours, discuter
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' voient couper les ch
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a1gu1~é, de génération en gé é .
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re n est pas triste. c'est u
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1 .
me optimiste, où Je
pagne de " cette idée b
dans c triomphe d'Israël, s'accom"èr
.
' asc u Klumidùm
,
en~ ement dans les mains de Dieu. "
e, que I homme est
ne telle croyance est féconde
être humble et naif.
en vertus : par elles un
, comme k commissionrrair, Schm .
et supporte le plus dur destin .
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ar1é1 accepte
comme celle du maître
. '. par elle, une âme méditative
_r.
prunarre Ioha
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connance et son espoir
.
nan, gar e intacts sa
.
mystiques parmi 1 ,
Jour: Celui yui dfJ1lnt la . .,
es epreuves de chaque
h· ·
vu a:01111e aussi d.
- .
1sto1rc de maître J h
.
e yu01 vwre cette
o anan, doit assu é
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aux contes religieux de T I
r ment quelque chose
d'
o stol et s'égal
entre eux. _ Mai 1
,.
'
e aux plus beaux
.
.s a mt:me croyanc .
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r és1stance au mal et J é .
.
e inspire aussi 1a non'
a r s1gnatton tu "d
tout supporté en silence, s'é illa is pt e : Bontché, qui a
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ve nt " la gl · d
saura rien demander que " t
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avec d u bcune frais" Ell
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sacri6ce que la coutume
conse1 er maint répugnant
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n con,ronte l'histoire
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Dans le Sous-sol. où 1
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pre,n pas le parti de la tr d" .
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que1qucs-uns ne peuvent attend I
un etat SOéial où
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mit publique.
ur que une calaPeretz nous laisse beaucoup à d evrner
.
; les émotions, les nctes

�328

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'il décrit, résultent d'une éducation et d'une mentalité
collectives trop connues de lui et de ses premiers lecteurs pour
qu'il ait été tenté de les décrire tout au long. Aussi n'ai-je ~ien
compris son livre qu'après avoir suivi, de semaine en semame,
la précise et patiente étude des frères Tharaud : L'An prochain
à Jérusalem. Ces deux œuvres se complètent et s'éclairent l'une
l'autre ; quoiqu'elles ne nous entrainent point hors de l'Europe,
je les range au rayon des livres exotiques. La nouveauté des
lointains paysages peut renouveler à propos notre puissance de
sentir; mais plus précieuse amon gré, plus mystérieuse et plus
émouvante est la diversité des ~mes étrangères.

M.A.

LES EXPOSITIONS
A PROPOS DE
Manzi).

QUELQUES LAUTREC (Galerie

Que va devenir la peinture? Ce n'est pas là la moindre
inquiétude de notre temps. Taure évolutio~ .pr~gressiv: et
rationnelle semble momentanément arrétée. Fm1s, 1mpress1onnisme et" cé:z:annisme "et" gauguinisme !" On rompt brusquement avec eux. et on exige une révolution. Comme si l'art
n'était encore point né, on pose à nouveau le premier problème:
le problème de la forme, ni plus ni moins. Ceux-ci le résolvent
par la négative (il n'y a pas de forme), ceux là par des équat.ions ... L'étude du cas Toulouse-Lautrec leur serait à tous tant
qu'ils sont, d'un inestimable profit. Mais n'attend~z pas d':ux
qµ'ils l'examinent. Au fait, Lautrec propose à la meme que~uo_n
une solution empirique et individuelle ; et l'horreur de _l'1~d'.vidualisme, voilà le trait de caractère principal de ces mdlVldualistes forcenés qui abdiquent l'humain dans la géométrie.

NOTES

1

\

_U n excentrique, tant qu'on veut et plus excentrique que
~mconque, cet admirable Toulouse-Lautrec. Comment se faitil donc que son excentricité à lui soit durable et continue a
nous toucher ? Il ne laisse pas une toile "faite ". Il préconise
un art d'affiche qu!nd c'est l'opposé que nous souhaitons. Il
soumet à l'actualité son génie, et à ce que l'actualité nous offi-c
de plus fugitif. Que nous sommes loin du Moulin-Rouge du
quadrille des C1odoches, de la Goulue et de la reprise' de
Chilpéric.' Mais quoi, plantés devant son œuvre, espérons-nous
échapper à l'objet? Fôt-ce une minute, quelle folie! Lautrec
est là po~: no~s l'imposer, ~u n'est point. Ce n'est pas de son
talent qu 11 fait parade, mars de son plaisir même en ces lieux
de plais!r. Tant pis pour nous, si nous ne le partageons pas;
nous ne saurions nous plaire à sa peinture: car elle ne s'en
distingue point. - D'où vient donc que si docilement si
enthousiastes, nous rentrions aujourd'hui à sa suite dans ce siècle
si démodé ? Quel est son secret? Tout humain. Un grand amour
un fort métier. La volonté et le pouvoir de dire tout sur
qu'il aime - quoi qu'il aime. C'est ce qui fait le créateur. _
Que Lautrec ait adapté l'objet à son génie ou bien son génie
à l'objet, peu nous importe, si l'adaptation est parfaite la
corn pénétration totale. Ah ! on les compte même au cours d':ne
grande époque, ces minutes de communion entre l'artiste et le
réel ! Celle-ci, une des plus singulieres, n'aura pas été la moins
admirable, car Toulouse-Lautrec, derriere le spectacle, derriere
l'~pp~rence, poursuit toujours l'être secret. Nul n'a poussé plus
lom 1 audace dans le sens de la déformation plastique, nul n'a
serré du même coup la réalité de plus près. Il ne tend pas
seulement à lui donner un sosie figuré, il veut qu'elle parle.
Pour aucun artiste et en aucun temps, ni pour Giotto, ni pour
Degas, le dessin n'a été plus délibérement un ,ig11e, un langage
révélateur ... On peut s'extasier sur la virtuosité du trait sur la
plénitude des formes, sur l'imprévn et l'harmonie de l'ar:besque
dans un tableau comtne le Cirrue ou le Mouli11 de /4 Galette.

c:

�LA

33°

OUVELI.E REVUE FRANÇAISE

Mais ce ne sont là que moyens. Ils ne se suffisent pas plus que
l'élégant tracé des versets du Coran dont on ~écore les mosquées:
ils ont un sens intérieur dont vous ne les viderez pas. Lauuec
en use librement comme d'une écriture symbolique_; ~ n'~!
pas au petit bonheur ou pour la raison que "c~la fait ~•e~x
qu'il amplifie ceci ou rétrécit cela, qu'il . esq~1ve ~n deta1l et
s'attache à tel autre, qu'il passe de la s1mphfi~uon la pins
hardie à la minutie locale la plus aigu!!. Si ce cotn de tabl~u
est v1 e, rc•••~é
..... • , il le fallait pour mettre en valeur ce sourire
auquel le peintre a appliqué l'effort pre_squ: ~otal de sa recherche ; là un tracé synthétique et sans rcl1~.C 1c1 le ,modelé le. plus
strict et le plus subtil. li jette sur l'objet un reseau de lignes
savantes d'où l'objet ne peut s'échapper. Cons'.dérez seul:e~
l' Etude """r un portrait tk Marcelle (collecuon de M
r·
,r_ " . l
Comtesse de T . L.). Le casque de cheveux, une toum:: . a a
chi en ,, sur le front , l'attitude basse du corps, la vulg:mté
.
. du

·a

visage, l'ensemble enfin est enlevé en quelques tra'.ts, nus e~
place grosso ,notk, capté dans un geste s0r e~ r~~1de ; :au
l'artiste s'est attardé curieusement au regard, a l aile du ez;
à l'angle de la bouche, notant là de si déli~atcs d:couvcrtes q~e
les éléments de l'esquisse, subitement h1érarch1sés, reconstituent exactement, authentiquement le modèle: un. être. -~t
voici que noue plaisir esthétique s'accroit_ de l'émotlon spmtuclle que nous fait ressentir un portrait de Latour. Nous
trouvons là bien autre chœe qu'une image et pour Marccl~e nous
oublions même le peintre. - Lautrec, remarquons-le, s1 généralisateur qu'il p0t être, n'aura pas tant représen~é "la ~ile,,
que " des .filles,,. Sa manière symbolique, synthétique,
,
.
. decora,
tive, comme il vous plaira qu'on l'appelle, n est 1a~a•~ ~u un
moyen de sauvegarder le style dans la recherche de J 1~dJV1duel,
la forme et la beauté dans la recherche du caractère qui est pour
lui en omrne l'essentiel. Oui ! un peintre de mœun et d'ames !
Quel prodige en un temps oil l'ime ni les mœurs n'intér~nt
plus que ceux qui ne savent pas peindre, ou pas assez, du moins,

NOTES

33 1

pour exprimer par la forme l'esprit de la forme .. ! Car il faut
pour cela la maîtrise de son métier.

H . G.

•••
LA COLLECTIO

CA.iv1O DO.

Des Channe, des Degas, des Lautrec sont entr&amp; au Louvre !
Expliquons-nous. Des Cézanne, des Degas, des Lautrec sont
entrés au Louvre à la suite de commodes et de canapés que
nos conservateurs n'eussent refusés pour rien au monde et dont
le testament ne souffrait pas que les tableaux fussent séparés. Ces pièces de mobilier sont d'ailleurs de celles qui atteignent
des prix énormes dans les ventes, mais qui, fort riches et fort
surchargées, satisfont mal notre go0t, donnent une idée très
médiocre de la fameuse sobriété française et ne peuvent que
pernicieusement inspirer les décorateurs modernes. Autant les
meubles du XVIII• siècle étaient souvent parfaits d'appropriation et d'élégance quand ils répondaient aux besoins des classes
moyennes, autant il leur arrivait d'être contestables quand ils
étaient destinés aux princes ou aux fermiers généraux. - On
s'est donc résigné, pour l'amour des commodes et des fauteuils,
à fermer les yeux sur les hardiesses des tableaux. Par dessus
quoi ne passe-t-on pas quand on est possédé par le go0t du
bibelot de prix ! Dommage que la statue de Maillol qu'a refusée
le Luiembourg, n'ait pas été accompagnée d'une table ou d'un
pouf - disons d'un Carolus-Duran ou d'un Dagnan-Bouveret !
La série des Degas forme l'ensemble Je plus important des
salles Camondo ; c'est l'apport le plus significatif aux collections
de nos musées. On y trouve des œuvres d'époques très variées,
depuis les premières toiles aux tons argentés, d'un fini à la
Holbein et d'un naturalisme minutieux, jusqu'aux larges pastels
des dernières années oil ne chantent plus que quelques notes
puissantes et dont le dessin atteint à une beauté sombre et

�33 2

LA NOUVELLE REVUE FRA ' ÇAISE

comme fantastique. On regrette que la première période soit
représentée beaucoup plus abondamment _que l'autre, mais on
mesure bien le chemin parcouru par le pemtre. Quel approfondissement, quelle absorption progressive du "suje~ •: p~ la
peinture ! Que l'on passe du Pédirore :\ la Ftm~e (jta s mu!t la
t1Ufue : c'est la seconde qui offusque le bourgeois alo~ quelle
est revêtue d'une admirable majesté ; c'est la première, au
contraire qui malgré l'adorable délicatesse des tons, décourage
' ' tant l'anecdote en est mesquine, sour1gnée et
notre admiration,
offensante.
Un très beau Lautrec. Un des plus fermes paysages de
Cézanne, un de ceux, en tout cas, qui donnent la clef d'œuvrcs
plus libres. De grandioses Monet de la série des Cathldraks.
Parmi les toiles de Manet, voici l'une des plus fortes, non pas cette
sèche Lola mais le Jeu.ne fifre, à côté d'études qui ne valent que
'
.
. ,
par )a signature ... Somme toute, d'admirables pièces, mats ~ere
de pièces uniques ; un ensemble qui témoigne d'on goO.t JUstc,
mais pas d'un goO.t très personnel, et qui ne donne de nul
artiste une définitive révélation.
On remercie quand meme le testateur!
.

J.

S.

LA MUSIQUE
A L'OPÉRA-COMIQUE: Reprises du Rht et de la Péri.
La reprise du Rhlt à !'Opéra-Comique, quelque vingt années
après la première, nous incite à ré.fléchir sur Je cas de M. B:un~au.
Il ne lui est pas personnel. C'est celui de b~u~oup_ ~ artistes
q u•c leur excès de conscience et peut-être aussi d amb1t1on,
. leur
malhabilcté à distinguer dans leur talent naissant cc qu1 vaut
comme neuf et cc qui leur est propre et à en tirer désormais to~t
le profit possible, au sens le meilleur et le pire du mot, condu1-

NOTES

333
sent à des tâches au-dessus de leurs forces et peut-étre étrangères à
leur nature. On s'accorde généralement à reconnaîue dans les
milieux compétents que l'opéra le Rêr1t, par lequel M. Bruneau
débuta dans la carrière musicale, nous apportait certaines nouvelles façons d'écrire et cc qui est mieux de sentir; comme chez
les Russes, le germe de certaines formes harmoniques qui ont fait
fortune depuis, et même de cette "poésie" qui devait s'épanouir
en M. Claude Debussy. Je ne dis pas que ces acèords nouveaux
donnaient toute satisfaction à l'oreille ; ils étaient rudes, souvent gauches, mais ils suffisaient déjà A créer la nue atmosphil:re
où allaient respirer mieux à l'aise les personnages de Pellias.
~ Tout autre, meilleur critique de soi-même ou bien utilisateur plus roué, se ftît appliqué aussitôt A faire fructifier a 11
mieux cc petit trésor personnel, soit en l'épurant peu à peu en
des œuvres de proportions modestes, des lieds, des pièces d'orchestre, des tableaux, soit en le monnayant en vulgaire billion,
pour le plaisir de cette foule qui réclame de ses auteurs Je ressassement des mêmes joies. Massenet, qui était le plus adroit des
hommes, ayant découvert le secret de plaire avec certaine
inflexion de mélodie, voua à celle-ci tout son talent, que dis-je,
toute son existence et se garda de jamais refuser à ses admirateurs
la fameuse "phrase à la Massenet" attendue; les plus vastes
sujets lyriques ne furent pour lui qu'occasions d'en préparer la
"rentrée". Et on sait d'autre part comment M. Fauré jusqu'à
ces derniers temps, avait protégé son talent exquis du danger
des amplifications faciles par un intimisme obstiné. - M. Alfred
Bruneau prit le parti intermédiaire; ni il ne consentit à etre
un auteur rare, ni un auteur vulgaire ; il renonça de quelque
façon que ce fflt à profiter de ce qu'il avait découvert. Il
changea de terrain, il dressa des plans gigantesques; il s'efforça
vers un gonflement oratoire qui était proprement à l'opposé de
son talent. L'011ragan, Mmidor ne sont pas œuvres méprisables.
lt Rêttt, avec ses gaucheries, vaut mieux, A tout jamais sa
carriere était faussée ; il était sorti de son naturel : il avait ren-

�334

LA NOUVELLE REVUE FRA ÇAlSE

contré Zola. - On a réentendu avec plaisir cette jolie partition du Rét1e qui souleva à son époque autant de colères ou
presque que le Sacre du Prinlemp1. Elle ne paraît plus s~gulière'.
mais elle sait toucher encore, par le ton absolument Juste qu1
fait sa durable valeur ; c'est là le co=un caractère aux
hardiesses de bon aloi, que, cessant d'être hardies, elles ne
cessent pourtant pas d'être ...
Dans le même temps l'Opéra-Comique a remis à la scène
la Péri. Voilà un de ces ouvrages qu'il devrait toujours nous être
loisible d'entendre et dont nous sommes trop sevrés. On les
admire dès l'abord; on n'en fait pas en une fois le tour. Ils
sont d'impression mais ils sont aussi de raison. Quand on en a
'
.
oô.té l'éclat, ils veulent encore qu'on en éprouve la sctence et
solidité. M. Dukas qui est un musicien pur, bien plutôt
qu'un musicien de théitre, semble avoir entrepris la tkhe
difficile d'incorporer toutes les innovations de son siècle à la
tradition symphonique léguée par Beethoven et Wagner. Il
entend que la symphonie ou le poème symphoniqu~ ~emeure
le genre "monumental" qu'il était, fortement et VlSlbl~ment
charpenté, étroitement ajusté dans la moindre de ses parties, et
tous les accidents pittoresques qu'il y accueille, il n'a de cesse
qu'ils ne se fondent dans la pâte commun~, dans le mortier qui va
durcir. II y a en lui du Saint-Saëns, mais avec une telle ouverture d'esprit sur son temps, une telle curiosité de l'aventure
moderne une telle soif de rajeunissement! Il cultive de la per'
.
fection une idée traditionnelle, mais n'imagine pas que nen en
puisse jamais être exclu. Il ne la nourrit pas de poncifs et de
formules usagées, il l'abouche avec le présent, avec le con~et,
même avec l'informe ; il la surnourrit de réalité. Parmi les
œuvres de recherche exotique dont la mode nous vient des
Russes et des ballets russes, la Péri nous apparaît comme une
'
.
de ces toiles de soie mêlée d'or, à plis cassés, épaisses, opaques,
telles qu'on en vend en Orient, aux bazars de Brous e_ou de
Smyrne ; épaisse, elle ne pèse point ; opaque, son cMto1ement

fa

NOTES

335

lui donne comme
la regarder, de la
enchante. Tel est
reflet d'un autre;
est bien à lui.

une transparence ... On ne peut se lasser de
toucher, de la froisser ; sans se dérober, elle
l'art de M . Dukas, empruntant parfois le
mais le miracle de sa forte et subtile texture

H . G.

LETTRES ANGLAISES
LITERARY TASTE,par Arnold Bennttt. Neuvième édition,
Londres 19 14.
Tout le monde connaît la Bomb-1/zop, dans Charing-Cross
Road. Elle est, avec la Poetry boolu!zop, cc qu'ont été, chez
nous, la boutique de Léon Vanier et celle de la Plume: ces
chères et charmantes boutiques où on entrait le cœur battant,
en pensant que Verlaine peut-être, ou Moréas, venait d'en
sortir (on n'osait même pas songer à une rencontre, à une
présentation). On y trouvait parfois un livre avec leur nom,
écrit de leur main, sur la première page ; ou mieux encore,
leur photographie. La Bomb-slzop est un peu cela, ce genre de
boutique divine ; on la voudrait peut-être un peu moins visible,
un peu plus à l'écart, moins bien tenue, d'apparence un peu
plus provinciale. (C'est bien vrai qu'elle ressemble assez aux
petites librairies à journaux des plus petites villes de comté.)
Enfin, on s'y sent tout de suite dans le milieu littérature
d'avant-garde dont on aimait respirer l'air, chez Vanier et à
l'ancienne Plume. (On a beau voir bien des nullités et des
mensonges, et des soi-disant livres d'avant-garde, sur les rayons
- c'est si facile, de paraître "avant-garde" - il y a là,
malgré tout, l'air des grandes choses, l'atmosphère et la température favorables au développement de l'art.) II y a surtout les
photographies : Wells, Chesterton, Shaw, Bennett. Il est vrai

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'il y a aussi Keir Hardie et Mrs. Pankhurst, mais sans doute
cela fait "partie du mouvement". Curieux mouvement : la
politique en retard de cinquante ans sur la littérature, le
scientisme et le socialisme bourgeois qui s'attardent auprès du
néo-christianisme et du syndicalisme révolutionnaire marchant
la main dans la main ; les vieilles idées habillées de neuf, les
vieilles doctrines fraîchement repeintes. Drôle de mouvement.
Enfin il faut se persuader qu'on avance, malgré tout. Et on
produit. Ou du moins on travaille, ce qui n'est pas forcément
produire. On fait ce qu'on peut. On traduit beaucoup : tout
Strindberg, théfttre, roman, autobiographie ; une invasion
suédoise du domaine intellectuel anglais. On traduit Nietzsche
et Théophile Gautier (belle édition de bibliothèque) et Dostoiewsky dans une édition monumentale digne de lui et de
l'Angleterre. Et le Lys rouge d' Anatole France, à un shilling.
Peu de livres anglais. Et même parmi ceux-ci, la plupart,
(par exemple dans les séries à bon· marché qui s'appellent
Modern Biographies et Philosophies, ancicnt and modern) sont
comacrés à des étrangers. Un Tolstoï, un Verlaine, un Lafcadio
Hearn, un Paul Bourget {par l'abbé Ernest Dimnet, ce
remarquable interprète de la littérature française en Angleterre,
qui parle de Claudel et de Jammes aux lecteurs de la Fortnightly
Review) un Bergson, un Swedenborg, un Auguste Comte, etc.
1
La littérature anglaise est surtout représentée, à la Bomb-shop,
par Bernard Shaw, Chesterton, Conrad, Wells, Bennett et
quelques nouveaux poètes de la Poetry bookshQp. Voici une nouvvelle édition à bon marché de Erewkn de Samuel Butler, et le
dernier roman de Bernard Shaw An umodal socia/ist, enfin, sous
un uniforme simple et sobre de toile bleu foncé, les " petits
manuels philosophiques'' d' Arnold Bennett, parmi lesquels nous
distinguerons celui qui concerne particulièrement la littérature.
Villiers de l'Isle-Adam, écrivant au milieu des ténèbres du
Naturalisme, dédiait un de ses livres : "Aux chers indifférents."
Nous voilà sortis des ténèbres, ou du moins nous croyons en

NOTES

337

être sortis parce que l'idéalisme est, de nouveau, et pour combien
de temps ? à la mode. Et Arnold Bennett en profite pour
essayer d'expliquer, sérieusement, sans arrière-pensée, et simplement, comme il aborderait un passant comme on parlera't •
"d
'
1aun
vmsm e table, c~ que c'est que la littérature, aux chers indifférents. Il leur dit que la littérature n'est pas un passe-temps
comme le g~Jf ou la marche ; et qu'elle n'est pas non plus une
forme supé~ieure âu_ luxe, la suprême chose que s'offie un parven.u, quand 11 a réum autour de lui tous les signes extérieurs de la
richesse. Et pour développer le go0t des lettres chez les gens du
monde, _il indique deux bons moyens : commencer par l'étude
des classiques et comparer, mêler sans cesse leurs œuvres à la ·
·d·
vie
quotl 1enne. Il se donne la peine d'indiquer les
· d
éd" ·
pnx es
, 1t1ons courantes des classiques anglais, et dresse une liste
d o~vrze.s,~orm~t une bibliothèque anglaise assez complète, qui
rev1en ait a trois ou quatre cents francs seulement. Enfin il
recommande la lecture d'ouvrages philosophiques fondamentaux,
et a ce mot heureux : "L'assimilation d'un système équivaut
souvent, pour un homme littérairement aveugle, à l'opération
de la cataracte." En bon Anglais il recommande la lecture des
Premiel's Principes d'Herbert Spencer. Et, en passant tous
l~s problèmes les plus intéressants et les plus difficiles de l:esthétiq~e sont abordés, et parfois très justement et efficacement
traités (par exemple le problème du Style, où Arnold Bennett
se rencontre avec Benedetto Croce).
Ce petit livre est en même temps un document ass
.
,
.
ez
cuneu:x sur I état d'esprit du public et particulièrement d
public ~nglais contemporain. "La nation poétique par exce~
lence, dit Bennett, est précisément celle où la poésie est, actuelle:ent'. le_ p~us en défaveur." Et le dernier chapitre sur la
cap1tahsat1on mentale'' nous fait comprendre le mécanisme
psychologique de cette éxtraordinaire déperdition intellectuelle
qui nous étonne souvent chez les Anglais, qui lisent beaucoup
chez les Allemands, qui -li.sent davantage encore, et en général
l
11
u

,'t
'J'

�338

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

chez tous les peuples du Nord : ils séparent les livres de la vie;
ne savent pas voir que c'est la mÎ111e c/Jose.
C'e.;t ce qu' Arnold Bennett a essayé de leur faire comprendre,
dans ce petit manud. Mais, même s'ils comprennent, les
" chers indifférents " seront-ils convertis 1 Bennett commence
par dire que le don d'aimer les livres est le fondement de toute
culture littéraire ; et que c'est un " petit nombre de gens
p:issionnês" qui font et entretiennent les grandes réputation~.
"The passionate few." Combien peu, hélas ! Et comme vraiment l'art, et surtout la littérature est bien la chose d'une
aristocratie. (C'est du reste la seule façon possible d'être
vraiment populaire.)

V.L.

LETIRES ALLEMANDES
DER TOD IN VENEDIG par Tlwmas Mann (S. Fischer,
Berlin).
Cent cinquante pages; peu ou point d 1action. La Mor/ à
Ytnbt n'est que l'histoire d'un écrivain pris d'une nostalgie
sans nom sans but. Aschenbach fuit sa ville, sa maison, les
choses ran:ilières. Il fuit pour fuir, pour échapper à ses habitudes,
à sa règle, pour s'évader de lui-même. L'idéal qu'il s'était fait
l'emprisonne : il étouffe et part, à l'aventure. Echoué dans la
ville des lagunes, perdu dans la foule, la solitude, le rêve, !1 se
prend à la beauté d'un enfant blond, un Polonais de quinze
ans qu'il entrevoit à table d'hôte. La mort ~nlève Aschenbach
avant q,u'il ait échangé une parole avec Tadzio.
Plus encore que les Buddenbrooh et K/Jnigliche Hoheit ce
man est ciselé comme une coupe où mille arabesques s'enlacent
ro se dénouent sans jamais aboutir, creusent et r ~ u1sent
.
1a
et
précieuse matière qui prend une vie fabuleuse. Thomas Mann

NOTES

•

339

est en même temps qu'un des fouilleurs d'!me les plus raffinés,
un des rares stylistes de l'Allemagne contemporaine. Nulle
notation ne lui échappe, nulle ne le satisfait. Il s'est libéré de
cc mécanisme de l'habitude qui nous fait reconnaître dans
chaque objet un type, le classer d'un coup dans sa catégorie,
le qualifier d'instinct, d'un mot ... et passer. Thomas Mann ne
reconnaît pas : il découvre; au lieu de passer il s'arrête, appuie
son regard, longuement. Un visage des choses ne lui apparalt
point sans qu'aussitôt en surgisse un autre, qui contredit et
complète le premier. Tout être, toute attitude, tout mouvement, tout moment a sa qualité singulière, unique. L'observateur pour la traduire multiplie les adjectifs. C'est moins
l'épithète rare qu'il poursuit, que l'épithète juste. Elle lai
échappe au moment où il la croyait tenir : il se repent, se
reprend, jusqu'à ce qu'un qualificatif en modifie un autre, le
contrôle, le contrebalance. Venise " wundersame Stadt" ne
suffit point : c'est "wunderlich-wundersam" qu'il faut dire.
L'éther n'y est pas seulement bleu, mais "von einer silbrigflirrenden Blaue " mêlé au "weisslich-seidiger Glanz " du
lointain. Tous les mouvements de l'ime, toutes les nuances de
la passion tiennent en un geste muet, secret, qui les suggère
comme un symbole : "es war eine bereitwillig will lcommen
hcissende, gelassen aufnehmende Gebllrde ". L'oisiveté de la
vie de plage n'a pas seulement la grace légère du plaisir après
l'elfort : c'est un loisir ordonné, une détente où l'on sent aussi
le bienfait de la règle qui continue d'y régner doucement :
"eine leicht geordnete Musse."
Si le style est tel, ce n'est pas seulement parce que Flaubert
sans doute a passé par là, et Goethe, ou non plus parce qae
l'auteur croit, au rebours de ses compatriotes, que c'est un
métier de faire un livre comme de faire une pendule. Le
rythme du verbe n'est autre ici que celui de la pensée,
l'alternance de la passion et de l'anti-plssion, du flux et du
reflux. Sous les traits d' Aschenbach nous découvrons l'auteur et

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sa double nature; l'énigmatique conflit est celui des forces
d'expansion, sans cesse réprimées, avec les forces de rétention,
sans cesse entraînées. Thomas Mann aurait, dit-on, une goutte
de sang créole : quelque chose d'étrange en tout cas met dans
l'œuvre de cet Allemand une flamme singulièrement chaude,
une passion inusitée de la beauté sensuelle et plastique.
Il nous présente son héros comme le type de l'écrivain qui
met à écrire la rigoureuse probité qu'apportaient ses ancêtres à
remplir leurs fonctions d'administrateurs. Aschenbach discipline
son talent selon une tradition austère, avec la raideur de l'aristocrate prussien. Imagination, sensibilité sont tenues en lisière,
étroitement, pour les faire servir. Mais son héroïsme, tout
moderne, est celui de la faiblesse. Une génération amenuisée,
affaiblie par l'excès de culture et de pensée, ne peut compter
pour triompher sur les coups éclatants du génie. Elle se défie
de s~ impulsions, tient de ses forces un compte avare, et
s'astreint à une hygiène qui défend tout gaspillage, calcule
tout élan. Son symbole n'est plus le Laocoon puissant encore et
superbe de Lessing, mais le St Sébastien qu'on nous montre
transpercé de flèches, contenu lui aussi et viril, d'une virilité adolescente pans la douleur. Sa royauté, toute spirituelle,
est celle des surmenés, des accablés d'aujourd'hui qui à la
limite de l'épuisement se maintiennent debout; son énergie,
sans rien de dru ni de puissant, est celle des nerveux "capables
par l'exaltation de leur volonté et une sage économie de leurs
moyens, de tirer d'eux, un temps, les effets de la grandeur."
Un jour vient où la trépidante et frêle machine sous le
bouillonnement intérieur éclate. Les forces obscures dont la
puissance explosive décuple d'avoir été contenue, se font jour
dans un tumulte dionysien. Raison, volonté, s'abandonnent,
digues brisées, au torrent de _la passion, au flot trouble du
rêve. Aschenbach touche à cette heure indécise de la quarantaine où il faut que l'être se renouvelle ou se réduise. Un rien
détermine la crise. C'est pour avoir entrevu un étranger dont

NOT.ES

341

la figure évoque l'idée d'inconnu, de vie toute neuve et jamais
vécue, qu'un soir de lassitude il fuit, comme Tolstoï comme
autrefois Goethe. La chimère désormais le maîtrise. L'homme
ne s'appartient plus. Etranger à son propre destin il va dans
une demi-fièvre. La réalité qu'il servait autrefois avec une
h~milité ,relevée de to_ute sa fervente acceptation, il continue
bien de 1accepter. Mais entre cette réalité et lui il n'est plus
de lien que celui du rêve. Lucide, la conscie:ce enregistre
encore les sensations; mais entre celles-ci plus de subordination
plus de hiérarchie : elles s'imposent anarchiques et fatales.
faut les parfums du parc, la ronde des astres, le murmure de la
~er et de la nuit ~our donner un sens au désir du poète, qui
n est plus son désir, pour "commenter son âme", qui n'est
plus son âme.

1i

Non que le réel se perde pour Aschenbach dans une fantasmagorie falote. Les détails au contraire s'accusent avec une
netteté presque douloureuse, comme pour l'œil d'un malade.
La grimace d'une ruine d'homme, déguisé, fardé, mêlé aux
adolescents en fête dont il mime les jeux, le poursuit jusqu'à
!'obsession. Le tragique ici est plus grand que nature, ou plutôt
il est hors nature. L'apparition, plastique et vraie jusqu'à l'exas~ration, gar~e tous les attributs du réel, et pourtant par un
Incompréhensible dédoublement, par une insensible déformation
des proportions, elle participe d'un monde imaginaire où la
matière se joue des lois pltysiques. C'est le fantastique de
Hoffinann, l'hallucination en plein midi. Il n'est plus dès lors
pour l'œil qui regarde de réalité banale. Le gondolier farouche
qui refuse d'aborder est grand comme le destin. Venise,
l1Mtel, la plage n'apparaissent que sous leurs aspects les moins
" ar t·1st es, " 1es p1us nécessa1res,
·
·
en brèves notations,
et pourtant
leur réalité la plus vulgaire laisse à deviner. Quelque chose
P!~ne. ~ans le silence, dans le bruit des fêtes, quelque chose
d 1nsamssable comme l'odeur fade de la mort qui passe dans
l'air salé, comme la peste (_{Ui rôde dans les rues éclatantes et

�342

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sordides. Dans la ville, dans le printemps inquiet, dans le cœur
d' Aschenbach, vie et mort se melent, mystérieusement. Avec
son col marin, son ruban écarlate, ses pieds nus qu'il pose dans
le sable, aussi gracieux qu'Eros, Tadzio c'est la beauté, dont
l'univers s'est servi pour traduire la vie spirituelle, et c'est
aussi l'infini de l'aspiration décevante. Il est la forme dont l'esprit
avait besoin pour se révéler aux regards et atteindre à sa
perfection ; mais il représente aussi quelque chose par delà la
perfection : la " Sehnsucht, " le désir inapaisé, inapaisable,
la soif que l'on a de sa soif: Aschenbach meurt en tendant les
bras vers l'évocation si proche et si lointaine.
La beauté à laquelle Aschenbach aspire, tout l'art de Thomas
Mann lui-meme y · tend : " N'est-ce pas la meme volonté
obscure et familière qui du fond de l'univers a fait jaillir à la
lumière la forme plastique de Tadzio, et, de la pesanteur marmoréenne du langage, l'œuvre de }'écrivain ?... " La beauté est
divine, enseigne Socrate à Phaidros, car elle seule achemine à
la pensée. EJJe en est la forme unique, la seule que les sens
puissent saisir, la seule que l'esprit puisse concevoir et retenir.
" La pensée qui se résout toute en sentiment, le sentiment
tout entier devenu pensée, n'est-ce pas la fortune idéale de
]'écrivain 1" Ainsi s'affirme l'effort de l'auteur pour surmonter
le romantisme de l'inspiration et atteindre au style. Mais son
classicisme ne saurait s'accommoder des formes toutes faites.
C'est s(Jfl harmonie, c'est S(Jfl équilibre, chaque jour atteint et
chaque jour rompu, que recherche le poète " condamné à la
folle aventure de son cœur." Le livre se ferme sur un doute
et un espoir : "Il semblait à Aschenbach que le pile et gracieux
psychagogue lui eftt fait signe, l'eftt précédé, avec un sourire, la
main tendue vers le lointain plein de promesse et de démesure... "
Y faut-il voir le destin de Thomas Ma_nn, plus encore celui de
l'Allemagne littéraire actuelle? Quelque voie qu'elle suive,
Thomas Mann y aura marqué durablement son empreinte.

F. B.

NOTES

• ••
SEMMERING

191 z,

343

de Peter Altmberg. (S. Fischer, Berlin.)

Un livre de Peter Altenberg n'est pas un livre. On
songe involontairement quand on parcourt ces recettes de
"l'art de vivre
. " , aux Journaux
·
de modes. Peter Altenberg
entretient ses lectrices, au jour le jour, de ses nerfs, de son
régime, de SCll cravates. Ou plutôt il en a entretenu les hôtes
du sanatorium d'hiver au Semmering. A 1000 m. d'altitude
ses soins se sont partagés entre les élégantes, les jeunes filles
de quinze ans, quelques hommes aussi qui l'ont sacré l'arbitre
du bon got1t. Le gant de crin idéal, l'usage du tamar indien
grillon, de l'eau froide et de l'eau chaude, la façon d'offrir du
champagne, des fleurs, et de les accepter, l'attitude à garder
quand on est jolie et qu'on traverse les Alpes en chemin de fer
en compagnie d'un poète viennois, les relations esthétiques entre
les fourrures et le teint de la peau, entre la nuance du loden
que l'on porte et le gris des roches ou des brumes, tout cela
Peter Altenberg l'enseigne en brefs dialogues, par aphorismes.
On lui a fait en Allemagne la réputation du plus raffiné des
esthètes,de celui qui sait voir les valeurs précieuses,donner Je ton
sans pédanterie. A cinquante-trois ans il n'est pas hors de page. Il
demeure l'enfant gâté, impertinent et cllin, qui raffole de la
femme, des roses, des poses ; le gourmet de qui on apprend à
savourer la vie, par petites gouttes, délicatement, sans danger.
Il jouerait en France un personnage difficile. Les esquisses
d'une page, de dix lignes, où il prétend faire tenir la vie en sa
quintessence perdraient à la traduction tout leur charme subtil.
En allemand eJles se lisent. On les aime pour leur grâce puérile,
pour cette légèreté qui repose de la métaphysique ordinaire. De
la "Welt- und Lebensanschauung" qu'on n'évite ni dans Je
moindre roman, ni dans la plus petite réforme de couturière il
reste ici tout juste de quoi amuser le lecteur qui retrouve,
ingénieusement cachées dans la trame, des idées chères à Nietsche.

�344

LA NOUVELLE REVUE FRANÇATSE

Ils reposent des surhommes, ces lointains disciples dont l'aristocratisme s'ingénie à régler les menues choses de la table, de la
toilette, de la promenade, de la conversation. On sait la sensibilité exaspérée du Maître qui ne souffrait ni les lits de plume
saxons ni les boulettes allemandes. Il liait les petites causes aux
grands' effets. Les aspirants à la culture ne s'attachent qu'aux
petits effets. Mais ils se sont, en bons Allemands, trouvé une
doctrine, une exégèse qui les dispense de la doctrine, et en Peter
Altenberg une illustration vivante, qui les dispense de l'exégèse.

F. B.

345

LES REVUES

Le bruit court que Beethoven perd du crédit auprès des
jeunes musiciens. M. Alfredo Casella, dans un article sans
ménagements paru au numéro de Juillet de la REvux SuoAMÉRICAINE nous expose le cas :
Alors qu'il y a seulement dix ans, écrit-il, tous les mus1c1ens et
dilettanti étaient prosternés sans exception devant le Dieu formi-

dable et intangible, voici qu'aujourd'hui un certain nombre de
jeunes esthètes osent dire tout haut que Beethoven n'était pas le
stul tt unique musicien, et même qu'une bonne partie de ses œuvres
est de qualité musicale inférieure, et que leur beauté n'apparait plus
distinctement à ceux qui n'ont pas la foi de charbonnier de leurs
pères. Inutile d'ajouter que ces jeunes esprits (auxquels je m'honore
d'appartenir) voient leurs idées accueillies avec une parfaite mauvaise
grice par les critiques et le public.

Quelles sont les raisons de cette rétractation ? La première,
selon M. Alfredo Casella,. est l'abus qu'on a fait un peu
partout, dans ces dernières années, des œuvres beethoveniennes.
Ce sont surtout, dit-il, des œuvres "populaires·".
La solidité et la clarté de la construction, la force et la richesse
de la rythmique, la simplicité et la carrure du ml/os, et enfin l'indigence de l'harmonie expliquent aisément qu'une telle musique
animée souvent par le souffle tout-puissant du génie, soit si accessible
aux foules.

Et aussi bien Beethoven serait "aimé pour ses. défauts bien
plus que pour ses qualités". M. Casella "a acquis peu a peu cette ·
conviction en observant l'attitude des différents publics devant
les œuvres de Beethoven".

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il pla1t aux foules surtout par sa fréquente vulgarité, sa mélodie
d'essence parfois triviale et invariablement symétrique, et par sa
pauvreté harmonique. C'est ainsi que 1a Pasklrale, œuvre dont la
seconde moitié est absolument ratée, est beaucoup plus populaire
que l'adagio de l'op. 106 ou que l'arioso de l'op. 110, qui sont
cependant deux des points culminants de la musique. C'est ainsi
que le public aime sensiblement moins que d'autres symphonies la
septième, qui est pourtant la plus parfaitement belle. C'est ainsi
qu'il préfère (sans oser l'avouer) l'insipide Pathétigut aux extraordinaires dernières Son a tes. etc. etc.

Si Beethoven qui ne vieillit point" pour le grand public",
aurait vieilli pour les artistes, ce serait que :
De tous les éléments qui composent une· œuvre d'art, le dernier
à vieillir est la part de beauté puremmt artistique que contient tette
œune, et non point son sentiment. Celui-ci, reflet toujours d'une
époque, est irrémédiablement condamné, par l'évolution des hommes
et des choses, à perdre peu à peu son action, tandis que la fantaisie
inventive de l'artiste créateur possède une durabilité qui varie en
raison directe de sa richesse.
Or, déciare M. Casella, Beethoven ne fot pas un très grand
musicien. Certes, il n'est pas facile d'assigner des bQrnes à la musique;
mais il est indiscutable que la beauté beethovenienne est d'ordre
extra-musical. Avant Beethoven, les musiciens ne cherchaient qu'à
écrire de la musique, aussi belle que possible, sans exiger d'elle autre
chose que de la sonorité. Avec Beethoven, la pensée philosophique
commence à s'introduire dans l'art des sons. De gros nuages noirs
obscurcissent le ciel paisible et serein de Haydn et de Mozart. Et la
douleur, qui devait prédominer dans toute la pensée humaine du
x1x:e siècle, remplace la douce et enfantine joie du siècle de Louis XV.
S1 Weber et Schubert, génies de moindre envergµre que Beethoven,
mais combien plus musiciens et artistes, continuent à se préoccuper
davantage de musique que de philosophie, on ne les écoute pas...
Il fut un grand penseur, bien plus qu'un grand musicien, et dans
notre époque qlli réagit si violemment contre le romantisme disparu,
nous écartons un sentiment mort pour nous, afin de n'admirer que

LES REVUES

347

la beauté artistique, laquelle, chez Beethoven, est malheureusement
de beaucoup inférieure à l'intention philosophique.

M. Alfredo Casella conclut en ces termes :
Que Beethoven ait été doué d'un puissant génie, nul ne songe à
le contester. Qu'il ait infiniment élargi les possibilités musicales,
cela est non moins certain, Et on peut ajouter que sa venue était
nécessaire pour réagir contre l'esprit irritant, étriqué et frivole qui
aurait, sans aucun doute, continué l'œuvre de Mozart.
Mais surtout, il faut déplorer la surdité de cc grand homme, qui
atrophia en lui toute sensualité sonore et nous priva cruellement de
l'évolution technique que l'on pouvait attendre d'un musicien de
sa trempe.
Ne confondons donc plus l'homme et l'artiste. L'hoinme fut
incomparablement grand et il sera toujours un des plus admirables ,
exemples de ce que peut la volonté humaine contre la destinée.
Mais que la valeur morale de l'homme ne masque pins à nos yeux
les défauts de l'artiste ; n'oublions pas qu'il fut un génie fort inégaL

Nous n'avons pas qualité pour discuter techniquement la
thèse de M. Alfredo Casella, encore que nous la jugions
excessive. Mais comme nous avons reproduit s• arguments,
nous accueillerons la réplique que ne manquera pas de leur
opposer quelque musicien " beethovenien " - s'il en reste.

•••
Encore la tradition : M. Raoul Narsy étudiant le dernier
livre de M. Anatole France, la R.évolte des Anges, relèye une
singulière contradiction entre le classicisme de la forme ·et
l'anarchie romantique du fond (l'OccIDEN'.I', N° de Juin) ;
On ne peut se retenir de faire ici une réflexion. Il est constant
que, parmi les écrivains contemporains, l'auteur de Thals est l'un
de ceux qui rendent témoignage pour la culture classique, qui lui
doivent le plus et qui lui demeurent le plus fidèlement attachés.
C'est sa méthode, sa tradition, le commerce de ses maîtres qui ont

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

modelé l'intelligence de M. Anatole France, formé son jugement et
son goût. Pourtant, ni cette initiation, ni cette di~cipline, ni ces
modèles n'ont empêché qu'il ne donnit dans ces subvers'.~ns d~nt
on fait le propre du délire romantique. Alors. même. qu ~l collige
son r~rgilius nauticus, M. Bergeret montre déJà ce libertinage de
l'esprit, ce criticisme corrosif qui n'épargnent encore croyance~
institutions ordonnances sociales, que par l'effet d'une moquerie
supérieure 'et d'une indulgence dédaigneuse. Il y avait déj~. de
l"anarchiste dans ce dilettante souriant ; et c'est, en définmve,
l'anarchiste qui a prévalu. Dès lors le censeur des lois est devenu
l'ennemi des lois . l'ironiste détaché, un attiseur de discordes, le
prêtre fervent des Muses, un agresseur plein de violence et d'invectives. Je l'ai dit naguère ici même : M. Anatole France est un
sceptique qui s'achève en sectaire. Il a simplement tour~é cont~_e
son passé, contre sa tradition, contre son ordre, les qualités .qu 11
tient d'eux. La culture classique contredit ici l'ordonnance classique.
Elle n'évite donc pas automatiquement de verser dans l'anarchie.
Et il arrive qu'elle la serve au lieu de la combattre.
Les courtes réflexions de M. de Gourmont que nous trouvons
au numéro de Juin des

MARGES

remettront au point la question.

Nous en transcrirons quelques unes :
La tradition est une longue chaîne aux anneaux alternés d'or et
de plomb. Vous n'acceptez pas toute la tradition ? ~a tra~ition .est
donc un choix et non un fait. Considérée comme fa1t, ce n est qu un
amas de tendances contradictoires.
Dès que l'on choisit, on fait un acte de critique arbitraire.
On est toujours tenté d'imiter qui l'on aime,. quand on n'aime
pas assez. Pousser l'amour jusqu'à l'admiration : l'admiration
décourage.
Au fond, tout est vain en littérature, hormis le plaisir littéraire,
mais le plaisir littéraire dépend de la qualité de la _sensibilité. ~o~~es
les discussions viennent mourir contre ce mur qui est la sens1bihté
personnelle et qui, chair du côté intérieur, est un vrai mur de pierre

LES REVUES

349
du côté extérieur. Il y a un moyen de le tourner, mais vous ne
connaissez pas le secret.
Nous avions mis l'art au-dessus de tout et il faut qu'il y reste,
malgré ceux qui voudraient le remplacer par des opinions. Je mets
dans mon sac Candide et Reni. Emportez dans le vôtre la blague de
Voltaire et la foi de Chateaubriand : je n'en ai que faire.
C'est bien cela. Nous ne prétendons rester étrangers à rien,
mais nous ne remplacerons pas l'art par des opinions.

•••
Nous empruntons à un article important publié par M. Paul
Claudel dans le FIGARO du 14 juillet, ces considérations " sur les
rapports possibles de la religion catholique et du théâtre" :
L'attitnde communément attribuée à l'autorité ecclésiastique sur
cette question est celle dont on voit les raisons, d'ailleurs fortes,
dans la fameuse et admirable lettre de Bossuet au P. Caffaro.
Oserai-je dire cependant que, malgré les textes imposants sur lesquels l'évêque de Meaux appuie son opinion, j'y vois une manifestation particulière de cet esprit défensif de retranchement et de
retrait qui fut celui de notre gallicanisme ? L'idée vraiment catholique, c'est-à-dire universelle, c'est que l'homme, tel qu'il est sorti
des mains de son auteur est bon (la Genèse dit même très bon),
qu'aucune de ses facultés, et pas plus l'imagination et la sensibilité
que les autres, n'est en elle-même mauvaise. Ce qui est mauvais,
c'est le trouble et le dérèglement qui, à la suite du péché originel,
se sont introduits dans ces mêmes facultés. L'hérétique est toujours
l'homme qui porte atteinte à l'intégrité de la nature humaine, qui
tantôt nie la liberté et tantôt la grâce, tantôt la chasteté et tantôt le
mariage, tantôt le droit et tantôt l'autorité, et toujours nous appauvrit de quelque chose. Quand Pascal, par exemple, à la suite de
Montaigne, calon;mie la raison humaine, condamne dans leur
racine des sentiments inhérents à notre nature et aussi justes que la
reconnaissance des bienfaits reçus, il parle en hérétique. L'esprit de

�35°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'Eglise n'est pas un esprit de défensive, c'est un esprit de conquête,
Rien de ce qui est humain ne lui est étranger, pas plus l'art que le
reste, et pas plus l'art dramaùque que les autres. Elle est venue,
suivant la devise du grand Pape qui nous gouverne, pour instaurare
omnia in Christo. Non pas pour rien détruire (que le mal), mais pour
tout porter à son dernier point de perfection.

•••
La CRITIQUE INDÉPENDANTE du 1er juin publie un judicieux
article de M. Gaston Sauvebois sur le cas d'un jeune théàtre
qui pensait pouvoir compter sur l'appui des grands journaux.
On sait quelle réponse il reçut :
"Certes, notre critique dramaùque est absolument libre de parler
des œuvre,, comme il lui convient. Nous respectons trop la critique
et ses droits pour lui imposer aucune opinion. Mais il faut qu'un
journal vive. Or, aujourd'hui, un journal coClte cher. Quoi que vous
disiez et malgré vos excellentes intentions, votre théâtre n'est pour
nous qu'une entreprise commerciale. Vous cherchez à gagner de
l'argent avec, peu ou beaucoup, qu'importe ! Si nous parlons de
vous, nous vous faisons de la réclame, et d'autant plus que nous
serons obligés d'en dire du bien. Il est juste que nous vous faisions
payer ce que cette réclame nous coCltera. Sachez bien que nous
remplissons toujours notre journal. Les arùcles payés ou les annonces
ne nous manquent pas. Vous favoriser en vous accordant une place
gratuite dans notre journal, ce serait donc nous priver d'un gain
dont nous avons besoin. Car, je le répète, un journal coClte cher.
Vous méritez, certes, tous les encouragements, vous méritez qu'on
vous soutienne et croyez bien que si... Mais nous ne pouvons pas.
D'ailleurs tous les théâtres ont compris... et ils en passent par là.
Notre critique dramaùque ne se rendra à vos premières que si vous
avez conclu avec nous certain engagement... certain abonnement..."
Le directeur du jeune théâtre avait compris, même avant de venir.
M . Sauvebois conclut ainsi :
Eh bien, nous posons ce cas, et devant le public et devant les

t

LES REVUES

35 1

diverses associations de la critique, aussi bien dramatique que littéraire et qu'artistique, car ce sont partout les mêmes procédés, les
mêmes affaires.
Pour le public, rien de douteux ! L'assemblage des propositions
édifié par le directeur du journal ne ùent pas debout. Le contrat est
violé. Le public achète son journal pour être renseigné. Il doit être
renseigné.
Quant à la critique, c'est de son existence même qu'il s'agit. On
se doute bien qu'un journa~ payé par un théâtre, ne peut pas dire
ce qu'il pense des œuvres jouées sur ce théâtre. Sa conscience est au
tarif. Et quelle liberté est celle de son art, puisque le jeune théâtre
dont nous parlons, jouant un chef-d'œuvre, èt ça lui est peut-être
arrivé dans la saison qui se termine - il lui est interdit, à lui
éritique, d'en avertir le public ?
Il y a certes de la narveté, aujourd'hui, à s'étonner cle ces mœurs.
Nous nous en étonnons cependant. Et nous posons le cas devant
toutes les associations de critiques.
Créées et organisées pour la défense des droits de la Critique et

des intérêts professionnels, elle, ne peuvent pas ne pas s'émouvoir.

•• •
MKMINTO:

- Lu Ecrits Français (5 juin) : "Le roman comique d'un
converti", par Léon Bloy.
- Lu Marches de l'Est (juin): "La vieillesse de M. France",
par André du Fresnois.

-

Le Jardin Fleuri (avril):" Bernard Combette", par Pierre

Mille.

-

La _Revue Fra11co-Wallonne (juin) : " François Millet",

par Romam Rolland.

- La Revue Critifue des Idées et du Livres (10 juin) : "Les
poètes et le néo-classicisme", conférence faite au Théitre du
Vieux-Colombier, par M. Henri Clouard.
- La Revue Bleue (20 juin) : "Le Greco, ses yeux, son
automatisme graphique", par le Dr Philippe Tissée.

�352
-

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Lts Cahiers Yaudois (5• Cahier)

1

"La République de

Genève ", par Alexandre Cingria.
- Poème et Drame: "La musique poly-harmonique et Alfred
Casella", par Emile Vuillermoz.

-

Les Cahiers d'Aujourd'h1ti: "Un lied", de Schonberg.

LE GÉRANT : ANDRÉ RUYTERS.

Imp. SALNTl&gt; CATHERINE, Quai St-Pierre, 12 1 Bruges (Belgique).

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                  <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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                    <text>�j

LA NOUVELLE
REVUE FRANÇAISE
La Nouvelle Revue Française rompt aujourd'hui le
long silence auquel la guerre, en dispersant dès le premier
jour ses collaborateurs, l'a forcée.
Ce silence, bien qu'elle ne s'y soit pas délibérément
obligée, bien qu'il n'ait pas été de sa part une attitude,
elle ne le regrette pas. Entre autres avantages, il aura eu
celui de lui permettre un examen de conscience approfondi
et une compréhension plus nette des fins qu'elle avait
jusque-là poursuivies peut-être un peu à tâtons.
. La Nouvelle Revue Française a été fondée au début de
1909 par un groupe de sept écrivains : André Gide,
Michel Arnauld, Jacques Copeau, Henri Ghéon, André
Ruyters et Jean Schlumberger, qu'unissaient, en même
temps qu'une étroite amitié, de communes préoccupations
. esthétiques. A vrai dire, ce ne fut pour annoncer aucun
évangile littéraire ni pour proclamer l'avènement d'aucune nouvelle école qu'ils sentirent le besoin de se rapprocher et de créer une revue. Ils avaient passé l'âge
des enthousiasmes absolus, et d'ailleurs leur tempérament ne les disposait guère à jamais croire que le Beau se
pût enfermer dans une formule exclusive, ni qu'il en pût
automatiquement découler. La Nouvelle Revue Française,
I

�r _______u_._A~. N. L
BIBLIOTECA

z

CENTRAL-

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

dans leur esprit, devait être sùrtout un terrain propice
à la création, qu'une critique intelligente maintiendrait
constamment ameubli. Plutôt qu'à poser des axiomes
et au'à prescrire des règles, ils songeaient à écarter les
broussailles de toute sorte, j'entends les préoccupations
d'ordre utilitaire, théorique ou moral, qui pouvaient
gêner ou déformer la végétation spontanée du génie
ou du talent. Si l'on préfère, ils rêvaient d'établir, dans le
royaume de la littérature et des arts, un climat rigoureusement pur, qui permît l'éclosion d'œuvres parfaitement ingénues.
C'est le même programme que se propose aujourd'hui
1e groupe considérablement grossi, mais toujours pareillement inspiré, des collaborateurs de la Nouvelle Revue

7-A

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Française.
La guerre est venue, la guerre a pass_é. Elle a profondé-

ment bouleversé toute chose, et en particuliernos esprits.
Elle a remis chacun de nous au creuset et a recomposé à
plusieurs d'entre nous une âme véritablelllt!nt nouvelle.
Plus d'un osera hri rester à jamais recoJD1aissant de
l'avoir ainsi comme recommencé sur un nouveau et plus
parfait modèle.
Et pourtant, malgré cette refonte morale et psychologique qu'elle nous a fait à tous subir, nous revenons, plus
délibérément si c'est possible qu'autrefois, à notre
premier dessein. NO'tlS voulons refaire une revue
désintéressée, une revue où l'on continuera de juger
et de créer en toute liberté d'esprit, non pas cc comme
si rien ne s'était passé», mais en continuant de n'obéir,
dans chaque ordre, qu'à des principes spécifiques.
Si '.l'on nous demande ce qui peut bien nous encou•

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

3
rager dans une intention que certains trouveront peutêtre déplacée, c'est, dirons-nous franchement, qu'une telle
revue nous apparait autant que jamais indispensable,
c'est que la guerre a pu changer bien des choses, mais
pas celle-ci, que la littérature est la littérature, que l'art
est l'art. Elle a pu peut-être - c'est à vok -diminuer
encore leur importance dans les préoccupations des
hommes ; elle n'a pas pu modifier leur essence. Aujourd'hui comme hier, et malgré des millions de morts, il
reste vrai qu'une œuvre est belle pour des raisons absolument intrinsèques, qu'on ne peut démêler que par une
étude directe, que par une sorte de corps à corps avec
elle. Aujourd'hui comme hier, et malgré des monceaux
de ruines, il reste vrai que la création artistique est un
acte original, que créer c'est peut-être avant tout ne rien
sentir, ne rien vouloir d'autre que ce qu'on fait.
Aujourd'hui, par conséquent, comme hier, et malgré les
scrupules qu'on serait tenté d'éprouver, il reste nécessaire de purifier et de maintenir exempte de toute
influence étr!lllgère, l'atmosphère esthétique.

Et après tout, est-ce bien là une entreprise aussi intempestive qu'il peut sembler au premier abord ? Est-elle
dans un antagonisme aussi net qu'on pourrait le croire
avec les nécessités et les convenances de notre époque ?
Je me demande si l'âge où nous entrons n'a pas besoin
au contraire, d'abord, d'une certaine gratuité.
A côté de son action régénératrice, il ne faut pas
en effet oublier les méfaits immenses de la guerre.
Un des plus graves est peut-être d'avoir préoccupé
les esprits ; elle s'est mise à leur dicter toutes leurs

'

f

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

4
pensées; ils n'ont plus rien trouvé tout seuls; ils ont
cessé de pouvoir même regarder un objet devant eux;
non pas ce qu'il était, mais ce qu'il devait être : voilà
seulement ce qu'ils ont vu.
Tous ont subi ce que Maurras appelle, dans un autre
plan, la« mon-archie » de la guerre. Bien plus terriblement
que par l'amour, toutes leurs idées ont été tournées dans
un seul sens: celui où il fallait s'avancer pour vaincre.
L'instinct de création lui-même, qui est pourtant abrité
au plus épais, au plus résistant de l'esprit, a reçu je ne
sais quelle obscure déviation ; toutes ses inventions pendant cinq ans ont été viciées dans leur germe. Qui
pourrait citer une seule œuvre vraiment ingénue, une
seule tige qui soit montée bien droit ?
Notre dessein est de travailler dans la mesure de nos
moyens à faire cesser cette contrainte que la gu~rre exerce
encore sur les intelligences, et dont elles ont tant de mal
à se débarrasser toutes seules.
Notre tempérament tout d'abord nous y pousse.
Dans l'ensemble nous ne sommes pas gens d'action ;
nous ne nous entendons pas principalement à vouloir
et à obtenir. Si nous sommes doués pour quelque chose,
c'est bien plutôt pour penser, pour sentir avec justesse,
pour créer avec sincérité. Nous avons traversé la guerre
avec un minimum d'ambitions et d'illusions. Nous n'avons
jamais été de ceux qui arrangeaient les événements par
l'esprit.
Loin de nous la tentation de nous en vanter. Mais nous
penso:qs qu'une telle disposition peut devenir précieuse
aujourd'hui qu'il s'agit non plus de vaincre, mais de rendre

5

à la pensée sa spontanéité et sa pertinence et de reconstruire la vérité. On voit en tout cas comment elle nous
dévoue fatalement à lutter contre ce qui subsiste de l'exigence de la guerre sur les esprits.

Mais si notre naturel même ne nous encourageait pas
à cette œuvre de redressement des idées, je prétends que

le plus étroit patriotisme nous en ferait un devoir. Oui
je le dis parce que je le crois, c'est la France elle-mêm;
qui appelle de tous ses vœux, qui réclame, qui nous imp_os_e comme premier devoir la détente de l'obligation
c1v1que d:3-11s l'~rdre de la pensée. Elle ne veut plus que
son prestige soit la seule raison de toutes les idées que
nous formons. Elle ne le veut plus, pour sauvegarder justement son prestige.
Car de quoi a-t-il toujours dépendu si ce n'est de sa
faculté de penser et de créer avec désintéressement ?
Par quoi_ la F~ance a-t-elle été grande jusqu'ici dans le
monde, si ce n est par son inégalable, par son invraisemblable, par sa paradoxale sincérité ?
Nous sommes le peuple le plus vrai qu'il y ait sur la
terre. On peut nous trouver durs et batailleurs, on peut
nous :eproche: notre humeur souvent méprisante ou
agr~ss1ve. Mais nous restons insurpassables pour la
vént~ du sentiment et pour la promptitude de l'expression. Les Russes peut-être ont dit des choses plus
basses, plus secrètes que nous n'avons osé; mais toujours
amalgamées avec du mensonge, tout au moins avec
du rêve. Notre littérature est la plus pur l
1
d'
e, a pus
ecantée de toute hypocrisie qu'aucune nation puisse
produire.

�6

LA NOUVELLE REVUE FfuiliÇAISE

C'est pourquoi le joug de la guerre, qui, pour tous les
peuples fut pesant à porter, n'en a tout de même écrasé
et déformé aucun an même degré que nous. Aucun n'a
été par la guerre aussi loin détourné de son génie que
nous. Et s'il est vrai qu'on ne prend toute sa grandeur
qu'en obéissant à son gérue et qu'en épanouissant ses
vertus naturelles, il est pressant, pour la plus grande
gloire de la France, que nous recommencions à ne plus
penser uniquement · à cette gloire, que nous ne nous
laissions plus obséder par elle et que nous dirigions de
nouveau sur le monde un regard parfaitement dépouillé.
Pour achever notre triomphe, il importe que nous nous
montrions de nouveau capables de nous écouter nousmêmes, au lieu de tout ce bruit qui se fait hors de nous,
et dont le rythme voudrait régler encore celui de nos
pensées.
La Nouvelle Revue Française veut devenir l'organe
spéculatif, au sens le plus général.du mot, dont la France
a plus que jamais besoin. Elle se propose avant tout,
d'attendre et d'accueillir les produits naturels de notre
inspiration. On trouvera dans ses pages, le minimum de
volonté et d'intention, le maximum de réalité et d'évidence.

***
Et pourtant il ne faut pas non plus que, par trop
d'insistance sur ce point, j'aille faire croire qu'elle répudie
toute règle de pensée et qu'elle entend s'interdire
toute conception définie et toute prédilection. Des
idées spontanées ne sont pas forcément des idées vagues.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

7

L'effort pour ne pas se laisser gouverner par des exigences
extérieures n'est pas le l'enoncement à toute tendance.
Au cootraire, dirais-je même. Si nous voulons n&lt;1as
axracher à l'esclavage intellectuel où les événements
tendraient à nous réduire, c'est essentiellement pour pouvoir manifester des convictions, des aspirations précises.
Rien ne nous est plus étranger que cette indifférence
qu'on voit à tant de recueils, qui se contentent de recevoir
la copie, comme une citerne reçoit la pluie.
Déjà dans le passé, ce qu'on aimait dans la Nouvelle
Revue Française, c'est qu'à côté d'une parfaite ouverture
d'esprit elle savait montrer du goût et des préférences.
On lui devinait des opinions. Elle avait des idées de derrière
la tête. En même temps qu'elle savait se rendre sensible
comme un microphone aux moindres bruissements de
la Beauté, tout de même elle la cherchait dans la direction
d'où elle devait venir.
Aujourd'hui, plus que jamais, nous avons l'intention de
faire œuvre critique, c'est-à-dire de discèrner, de choisir,
de recommander. Tout an moins en ce qui concerne l'art
et la littérature, nos idées sont parfaitement déterminées,
Nous pensons apercevoir une direction où l'instinct
créateur de notre race, aussi neuf et aussi hardi que
jamais, est en train de s'engager.
·
Nous tâcherons de définir cette direction. Ce ne sera
pas l'œuvre d'un jour, car, comme font ce qui participe
réellement de la vie, elle est fort complexe et ne peut
être précisée que -par touches successives.
Nous essaierons de -faire sentir au lecteur que l'âge
esthétique qui a commencé avec le Romantisme est aujourd'hui, en faît, et malgré certaines survivances, corn-

�8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

plètement révolu. Nous ferons apparaître le Symbolisme
et tous ses dérivés comme de simples moyens, désormais
impuissants, de multiplier in extremis les chances de vie
du Romantisme et de lui procurer encore quelque temps
une sorte de respiration artificielle.
Plus simplement, nous tâcherons de déceler ce qu'il y
a de périmé dans la culture des moyens d'expression pour
eux-mêmes, indépendamment de leur valeur signifiante,
dans les recherches purement musicales en poésie, dans la
présentation lyrique des faits, dans la fixation directe
des états de la sensibilité, dans la manière, sil'on peut dire,
globale d'exprimer la réalité psychologique.
Nous dirons tout ce qui nous semble faire prévoir une
renaissance classique, non pas textuelle et de pure imitation, comme les disciples de Moréas et les écrivains de
la Revue Critique l'entendaient et la définissaient avant
la guerre, mais profonde et intérieure. Nous accueillerons
la revendication de l'intelligence qui cherche visiblement
aujourd'hui à reprendre ses droits en art ; non pas pour
supplanter entièrement la sensibilité, mais pour la pénétrer, pour l'analyser et pour régner sur elle. Quand on
songe au raffinement prodigieux que le Romantisme et
le Symbolisme ont introduit dans nos sensations,
quand on réfléchit à tout ce dont ils ont ·enrichi le cœur,
et quand on imagine l'intelligence venant inventorier ces
richesses et leur communiquer sa forme, quand on se
représente l'énorme amas d'impressions et d'émotions
accumulé par l'âge précédent peu à peu soumis à la pensée
claire, on obtient, nous semble-t-il, une vue vraiment
exaltante de l'avenir qui s'offre à nous. Nous le favoriserons de notre attente, nous lui donnerons notre foi et nous

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

9

l'aiderons par tous les moyens en notre pouvoir à se
changer peu à peu en réalité.

*• •
Une dernière indication.
Non seulement en littérature notre libéralisme n'aura
rien de commun avec l'indifférence, mais non plus en matière politique notre neutralité ne devra être confondue
avec un détachement et un dilettantisme que n~
sommes aujourd'hui unanimes à détester du fond du
cœur. Notre attitude sur ce point, parce qu'elle sort un
peu de l'ordinaire, a besoin d'être précisée en quelques
mots,
On voit des gens qui semblent persuadés que l'énormité
et l'atrocité des événements que nous venons de traverser
rendent désormais scandaleuse et impossible toute
position purement spéculative et obligent à ne plus se
proposer que des fins pratiques. On en voit d'autres au
contraire, plus rares, il est vrai-mais on trouverait parmi
eux plus d'un ancien combattant ....: qui, par timidité,
par répugnance pour les partis-pris, par lassitude souvent,
ou par héroïque dédain de ce qu'ils ont fait de plus admirable, affectent de ne plus attacher d'importance qu'aux
jeux de l'esprit et déclarent ouvertement se désintéresser
des affaires publiques.
Nous n'appartenons ni à l'une ni à l'autre de ces deux
catégories. J'ai assez dit plus haut le prix que conservait
pour nous l'indépendance de la pensée et des arts. Je
tiens maintenant à nous désolidariser formellement de
tous ceux qui considèrent que la guerre étant finie, il n'y

...

�IO

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

a qu'à n'y plus penser, et qui croient qu'on peut limiter
de nouveau le champ de ses préoccupations à la seule
esthétique. Non seulement un tel désintéressement
nous indigne ; mais encore il nous est impraticable. Pas
de tour d'ivoire. Et d'abord pour cette bonne et élémentaire raison que nous serions absolument incapables de
nous en construire une. Une force qui dépasse infiniment
nos forces nous tient rivés à l'actualité, nous inspire
même également à tous le besoin de contribuer personnellement à la solution des grands problèmes posés par
la guerre. Aucun de nous qttl ne sente une ardente envie
de travailler dans la mesure de ses moyens à la reconstitution de la patrie ; certa:ins même, je le sais, brulent
de mettre leur bonne volonté directement au serviee de
l'humanité convalescente.
Simplement nous prétendons ne pas tout mélanger. La
vigueur d'un esprit se mesure peut-être à sa capacité de
maintenir entre ses idées l'écartement qu'il y a entre les
choses qu'elles représentent. Nous avons l'ambition de
nourrir à la fois, conjomtes mais séparées, des opinions
littéraires et des croyances politiques parfaitement définies. Le seul point que nous nous défendions, c'est de
laisser les unes déteindre sur les autres, pensant que ce
ne pourrait arriver qu:à leur mutuel désavantage. La
seule faute que prévoie. notre programme serait de
consentir à leur contamination: mais nous n'y tomberons
pas.
Et si l'on objecte que nous nous assignons ainsi une
tâche surhumaine, impossible, on verra bien. Qu'on nous
fasse seulement crédit quelque temps. On verra bien si
l'esprit français est incapable aujourd'hui de ces dis-

LA NOUVELLE REVUE FRAXÇAISE

II

jonctions par lesquelles il a toujours manifesté sa force.
On verra bien si nous n'avons pas la ressource nécessaire
pour rester à la fois des écrivains sans politique et des
citoyens sans littérature.
Peut-être même essaierons-nous de donner dans la
revue la preuve de notre double indépendance d'esprit.
Je sais que plusieurs d'entre nous retiendront difficilement
leurs réflexions sur les événements actuels, sur le cours
qu'ils pensent leur voir prendre, sur le sens de la guerre.
Ce ne seront jamais tout à fait des professions de foi politiques: plutôt une sorte de critique et d'interprétation de
l'histoire contemporaine, mais à travers lesquelles forcément s'entreverra une couleur politique.
Si je refuse de la définir ici, comme j'ai défini tout à
l'heure notre couleur littéraire, c'est, il faut l'avouer
franchement, parce que je crains qu'elle ne soit plus indécise, ou si l'on veut, moins uniforme. Les accidents de la
guerre nous ont assez différemment modifiés et nous ont
persuadés, dans l'ordre dont il s'agit, de vérités assez
diverses. Nous ne savons pas encore si elles sont convergentes, ou même simplement conciliables. Nous avons
toutefois l'espoir qu'elles se complètent et qu'au fur et
à mesure que nous les exposerons ici, elles s'organiseront
entre elles, comme déjà s'organisent nos idées littéraires.
A supposer le pire, on trouvera dans la Nouvelle Revue
Française plusieurs points de vue sur la politique qui
pourront se combattre, mais qui garderont entre eux ce
lien et cette ressemblance d'être tous également réfléchis
et sincères et de n'entraîner entre ceux qui les défendront
ni haine, ni intolérance.

�12

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

r3
A la rencontre de l'avenir, àla fois avec le plus de liberté

et le plus de raisonnement possible, à la rencontre de
l'avenir, d'une âme nette de tout préjugé, mais attentive
aux moindres signes émis par la réalité, et les analysant,
et les interprétant : telle pourrait être notre devise. Si
elle ne se laisse pas résumer en une formule plus brève et
plus saisissante, ce n'est le fait d'aucune timidité en nous,
mais plutôt d'une grande ambition : celle de ne rien
laisser échapper de la nouveauté infiniment riche et
complexe que la France, à peine remise de son terrible
émoi, déjà, dans le secret, nous en sommes sürs, compose
et prémédite.
JACQUES RIVIÈRE

LA MESSE LA-BAS
FRAGMENTS

INTROÏT
Une fois de plus l'exil, l'âme toute seule une fois de
plus qui remonte à son château,
Et le premier rayon du soleil sur la corne du
Corcovado !
Tant de pays derrière moi commencés sans que
jamais aucune demeure s'y achève !
Mon mariage est en deça de la mer, une femme et
ces enfants que j'ai eus en rêve.
Tous ces yeux où j'ai lu un instant qu'ils me connaissaient, tous ces gens, comme s'ils étaient vivants,
que j'ai fréquentés,
Tout cela est pareil une fois de plus à ces choses qui
n'ont jamais été.
Ici je n'ai plus comme compagnie que cette augmentation de la lumière,
La montagne qui fait un fond noir éternel et ces
palmiers dessinés comme sur du verre.

�14

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LA MESSE LA-BAS

15

Et quand la Création après le jour sans heures se
condense une fois de plus du néant,
Fidèle à l'immense quai chaque soir je vais revisiter l'Océan :

Est-ce que je verrai quelque chose pour moi dans
le ciel se dédoubler comme les feux qui marquent
l'entrée d'un port,
Ou cette étoile près de la Croix-du-Sud qu'on appelle Alpha du Centaure ? 1

La mer et ce grand campement tout autour avec
un million de feux qui s'allument,
L'Amérique avec toutes ses montagnes dans le
vent du soir comme des Nymphes couronnées de
plumes!

Vous aurez beau m'avoir mis près de Vous pour
toujours d'une manière qui est au-dessus du sens
'
Je ne serai pas plus sûr de Vous, mon Dieu, que je
ne le suis à présent.

L'Océan qui arrive par cette porte là-bas et qui
tape contre la berge haute,
Sous le ciel chargé de pluie de toutes parts ces chandelles de cinquante pieds qui sautent !

En cette heure vide, où je suis avec Vous, d'autre
chose que de sa durée,
Toutes choses dont on dit qu'elles passent, je
stùs Votre témoin qu'elles ont passé.

:\Ion esprit n'a pas plus de repos que la mer, c'est
la même douleur démente !
La même grande tache de soleil au milieu sans
rien ! et cette voix qui raconte et qui se lamente !

Sans doute elles ne passent pas inutiles, elles
épuisent jusqu'à la dernière strophe le Poème,
Jusqu'à ces palmes dans le vent du soir ! le
spectacle de ce qui est autre chose que Vousmême.

Voici la contagion de la nuit qui gagne tout le
ciel peu à peu,
Le jour après six jours qui fait sept et pas un qui
ne me rapproche de Dieu.
Quand mes pieds connaîtront le repos, quand mon
cœur aura fait alliance avec la nuit,
Qu'est-ce qui commencera pour toujours aussitôt
que tout sera fini ?

Ce chaos de feuilles et de fougères dans le soleil,
ee séjour de ma cinquantième année,
Ce ne serait pas plus difficile, rien qu'à l'œil en se
fermant, de l'abolir, que ce ne fut de la patrie où je
suis né.
1. Omnia duplicia, unum contra i;num, tt non fecit quidqucm
deesse. (ECCLES., XLII, 25).

�r6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

r7

LA l,lESSE LA-BAS

Ce serait ce visage jadis aimé quand naissait ce
charmant sourire,
Que ce ne serait pas plus difficile aux yeux en se
fermant d'en faire pour toujours un souvenir.

Elles existent pour un moment, mais tout de
même c'était beau!
Il faut ignorer son art pour trouver au Vôtre quelque
défaut.

Qu'est-ce qu'elles feraient, mon Dieu, toutes ces
pauvres choses qui ne subsistent pas,
Sinon, par leur nature qui est de naître et de cesser,
témoigner que Vous êtes ici et là ?

N'avoir écrit une phrase jamais, l'art pour deux
mots ensemble en une seule image de s'éteindre,
Pour ignorer que c'est bien, ce papillon sur la rose
tout-à-coup, muet comme le pinceau du peintre !

Dommage qu'elles ne puissent cesser aux yeux sans
qu'elles déchirent le cœur.
Mais pour ce qui est de les voir mourir on est aussi
bien ici qu'ailleurs.

C'est un mot qu'on nous propos~ nécessaire et qui
de lui-même sur la lèvre vient se placer.
Comment les choses auraient-elles un sens si leur
sens n'était de passer ?

Là-bas dans le pays que j'ai quitté, l'Europe, on
trouve que les choses n'allaient pas assez vite.
Cette ·espèce de grande Exposition Universelle
dont ils étaient si fiers, tapageante, point de cesse
pour eux qu'ils ne l'aient détruite.

Comment seraient-elles complètes, si leur sort
n'était de commencer et de finir ?
Et moi-même, qui parle, qu'est-ce qui parle, sinon
ce qui est immortel en nous et qui demande à
mourir?

Cette vie de soixante minutes, c'était trop long et
trop ennuyeux !
A nous cette grande Coopérative, la guerre, pour
détruire toute autre chose que Dieu !

Sinon ce qui se meurt d'ennui au milieu de ces
choses si belles 1
· Si le monde ne parlait tant de Vous, mon ennui ne
Rerait pas tel.

Ici je n'entends plus rien, je suis seul, il n'y a que
ces palmes qui se balancent,
Ce jardin mystérieux à Votre image et ces choses
qui existent en silence.

Si leur voix n'était si touchante, si elles ne parlaient
si bien d'autre chose
'
Les créat_ures n'auraient pas de question pour nous
et nous serions en paix avec la rose.
2

�18

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LA MESSE f.A-.BAS

19

Mais les mots, s'ils ne servent à parler, à quoi estce qu'ils peuvent servir ?
Et s'ils ne vous restituent ce qui est en eux, à quoi
servent le rossignol et le saphir ?

A l'heure où les grands palmiers se réveillent, tout
ruisselants de la rosée matinale,
Et l'on voit une raie d'or, la mer au bout de la
chaussée coloniale.

Pour trouver ce q11i avait besoin d'être dit, pour
nous expliquer de nous-mêmes avec Vous en ce mot
que nous ~wons découvert,
Ce n'est pas trop de fournager la mer et le ciel et
d'aller- jusqu'au bout de la terre.

De ce qui n'était que beauté pour passer à ce qui
est amour,
Il faut profiter de cet appel qui précède celui du
jour.

Où est-il, ce mot essentiel enfin, plus précieux que le
diamant,
Cette goutte d'eau pour qu'elle se fonde en Vous,
notre âme, comme l'amante en son amant ?
Ce mot qui est comme le consentement à la mort,
Votre présence au delà de toutes les images !
Ce n'est pas payer trop cher de mourir, mon Dieu,
afin que Vous existiez davantage!

Le mal que ce serait d'être seul, le bonheur que
Vous soyez là,
Si je n'étais !à pour Vous le dire, peut-être que Vous
ne le sauriez pas.
Pour m'expliquer ce qui fera tout-à-l'heure cette
beauté profane et visible,
Il y a quelqu'un là-bas qui m'attend avec une
suavité indicible.

Mon Dieu, pourquoi m'avez-vous repoussé? Mon
âme, pourquoi êtes-vous triste ?
Que me veut cet ennemi en moi qui s'attarde et qui
résiste ?

C'est · peu de Vous connaître si je ne Vous vois,
peu de Vous voir si je ne Vous touche,
C'est peu de m'ouvrir les yeux si je ne Vous ouvre
ma bouche.

Debout ! de ce lieu où j'étais pour aller à celui où je
ne suis pas encore,
Quand la lampe du ciel pâlit, c'est pour cela que je
me suis levé avec °l'aurore :

Comme le poisson d&lt;;1ns l'eau vive qui avale et
remonte à contre-courant,
Celui qui est attaché à Vous remonte au rebours
du temps.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

20

LA MESSE LA-BAS

21

Les choses me quittent peu à peu, et moi, je les
quitte à mon tour.
On ne peut entrer que nu dans les conseils de
l'Amour.
La cloche sonne. Le prêtre est là. La vie est loin.
C'est la messe.
a]' entrerai à l'autel de Dieu, vers le Dieu qui réjouit

ma jeunesse.,

"

CREDO
Celui qui dégageant des choses temporelles ses sens
et sa pensée peu à peu,
Refait entre ses puissances l'unité et se met en présence de Dieu,
Il est comme le commandant d'un bateau de
guerre qui a pris son poste dans le blockhaus,
Il écoute et tous ses moyens sous lui sont autour
de lui qui l'attendent, lui-même qui est énergie et
cause.
Car, comme l'existence de l'oreille est d'entendre
et comme celle de l'intelligence est de savoir,
La fonction de tout être, qui dans une autre volonté
que la sienne se connaît créature, est de croire.
Au delà de toute sensation comme au delà de toute
connaissance,
L'homme fait remise de lui-même totale à la chose
dont il a reçu naissance.
Qui nous attaque, c'est clair! mais ce n'est pas être
attaqué que d'être envahi!
Et quand on a horreur de la mort, comment faire
pour se défendre contre la vie ?

�22

LA NOUVELLE REVUE. FRANÇAISE

Toutes ces choses que nous aimons tant et qui dans
le fond nous dégoûtent,
Quelle joie de s'entendre dire enfin qu'il nous faut
les abandonner toutes !
Puisqu'elles ne nous permettaient pas de passer
outre et voici la vérité qui est tellement autre et mieux,
La joie de les avoir, jadis, ne vaudra jamais celle
que nous avons à leur dire adieu !
Autre ? mais ce que nous aimons précisément,
c'est cet air de parenté sublime,
De sorte qu'habitants des vallées, cependant nous
ne sommes pas dépaysés sur la cime !
A travers les Articles éternels tout cela qui nous
est révélé,
Il nous semble que nous l'avions toujours.su, tellament c'est humain et familier.
Et si gour: tout nous expliquer on ne nous apporte
que des mystères,
Ce sont mystères comme entre. les époux et comme
entre l'en.fa.nt et la mère,
Réels, ceux qu'il nous fallait, source d~intérêt
dévorant, et de joie poignante, et de vie !
La Foi donne- leur dignité pour toujot11ls à ces
choses qui seront éternellement comme- ici.
Pas de ces inveniion(blêmes -pour nous.etles mots
faits de main d'homme de- la philosophie!
De quoi est-ce-que le catéchisme nous, parle et, de
quoi sont faites nos prières ?

LA MESSE LA-BAS

23

Un père de qui sont complètement ses fils, des enfants qui sont complètement à leur père,
Des frères sous le même toit ensemble, une mère
admirable et charmante,
(Et comment parlerai-je de Maiie jamais sans que
des larmes montent à ma face pénitente ?)
Du pain qui est vraiment du pain et qui nourrit,
De l'eau véritablement qui lave, du feu véritablement qui échauffe, qui éclaire et qui détruit,
Des fautes qui sont vraiment péchés et dont nous
sommes un peu là pour répondre,
Un Dieu qui s'est fait un homme pour nous et qui
est capable d'écouter et de répondre,
Toutes les possibilités du cœur entre L ui et
nous,
Vivant, Celui qui nous a aimés plus que lui-même,
Sauveur, ami, médecin, conseiller, enfant, frère, père,
époux!
Et bien que ce soit tellement beau, et que ce soit
vrai, et que le Paradis
Soit autour de nous à cette heure même avec toutes
ses forêts attentives comme un grand orchestre
invisiblement qui adore et qui supplie,
Toute cette invention de l'Univers avec ses notes
vertigineusement dans l'abîme une par une par où le
prodige de nos dimensions est écrit,
Cette préparation à travers tous les siècles d'u corps
et du sang de Jésus-Christ,

�24

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ce Dieu qui a réussi enfin à se faire homme et le
Verbe à se faire entendre,
Ce cri d'entre les quatre membres écartelés qui
jaillit, ce cœur sur la croix qui se brise dans un suprême effort pour se faire comprendre,
Tout cela pour nous, aux pieds de notre Néant,
qui lui demande h permission d'exister,
.
S'arrêterait devant notre refus et notre mauva1se
volonté.
Et de même toute la science et toute l'histoire et
toute l'exégèse,
.
La machine de la controverse et l'énorme appareil
de la catéchèse,
L'âme comme par des mains exquises débridée
et dessinée devant nos yeux fibre à fibre,
L'enfer et le ciel, tous les deux éternels, et parfaitement nets, et livrés au seul choix de l'esprit clairvoyant et libre,
.
.
Tous ces chemins étranges et bérus,com1cbes, ponts,
défilés, tunnels, et qui mènent tous à Rome,
Ne sont là que pour aboutir à notre consentement
gratuit comme la grâce, tel qu'un pacte conclu
d'homme à homme.
Je n'ai pas besoin d'aucune preuve, et l'oreille
tendue à ce que le prêtre récite,
Je crois cela, Seigneur, simplement parce que c'est
Vous qui le dites.

LA MESSE LA-BAS

OFFERTOIRE
Le Curé, (dans cette église de Paris que je sais),
après qu'il a chanté le Credo, quand il dit : Dominus

vobiscum,
Se retourne vers l'assistance qui est de femmes et
d'enfants et il y a encore pas mal d'hommes,
Tout cela tout de même qui est là pour dire la messe
avec lui et qui est son petit troupeau.
L'un fait semblant de lire dans un livre et l'autre
est bien embarrassé de son chapeau.
Ce n'est pas que ce soit intéressant, et ce n'est
pas positivement que l'on s'ennuie,
Chacun sait simplement qu'on est là pour attendre
que ce soit fini,
Et regarde vaguement le prêtre à l'autel qui trafique on ne sait pas trop quoi.

« Le Seigneur est avec vous, mes frères I Mes frères,
êtes-vous avec moi ?

Ce n'est pas seulement la patène, ce n'est pas
seulement le calice avec le vin,_

�26

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

C'est toi, mon petit peuple, tout entier, que je
voudrais tenir et soulever entre mes mains,
Ces mains, indigne que je suis, dont il dit qu'elles
sont saintes et vénérables !
Voici le plateau qu'on tend, n'as-tu rien que ce
sou misérable !
Cette pièce sans nom sous la crasse à m'offrir,
et le seul porte-monnaie qui s'ouvre ?
Rien de plus ? quoi, n'y a-t-il personne ici qui
souffre?
Vraiment, quand je me retourne vers vous, ô mes
frères et mes sœurs,
Il n'y a pas d'affligés parnù vous ? C'est vrai, il n'y
a pas de péché et pas de douleur ?
Point de mère qui ait perdu son enfant ? pas de
failli sans que ce soit sa faute ?
Point de jeune fille que son fiancé a lâchée parce
que le frère a mangé sa dot ?
Point de malade que le médecin. a jugé et qui sait
qu'il n'y a plus d'espoir ?
Pourquoi donc frustrer votre Dieu de ce qui est
son propre et son avoir ?
Vos larmes et votre foi, votre sang avec le Sien dans
le calice,
C'est cela comme le vin et l'eau qui est la matière
de Son sacrifice !
C'est cela qui rachète le mc.nde avec Lui, c'est cela
dont Il a soif et faim,

LA MESSE LA-BAS

27

Ces larmes, comme de l'argent jeté à l'eau, grand
Dieu, tant de souffrances en vain !
Ayez pitié de Lui qui n'a eu que trente-trois ans
à souffrir!
Joignez votre Passion à la sienne puisqu'on ne peut
qu'une fois mourir !
Et ne l'entendez-vous pas tout bas qui vous parle
et qui vous dit :
«Prœbe mihi cor tuum». Donne-moi ton cœur, ô mon
-fils! »

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LA MESSE LA-BAS

29

Il y a ces_larmes solennelles qui coulent, il y a
cette face qw se tourne passionnément vers l'Aurore !
Il y a ces bras qui suffisent à peine à soulever cet
immense vêtement d'or.
PRÉFACE
Les deux pieds solidement assurés sur la base inébranlable de la Foi,
Les deux bras de foute leur longueur étendus jusqu'à la mesure de la Croix,
Le Pontife, au nom de tout ce peuple derrière lui
qui le députe, lui-même à son offrande réuni,
L'œil avec tranquillité levé sur Dieu, confesse,
chante et défi.nit.
Le Ciel et la Terre font silence pour écouter cette
voix grêle
Qui dit les choses l'une après l'autre qu'elle sait et
Dieu à la portée de notre main devant nous qui est
réel.
Et si la Foi encore ne suffit pas à libérer ce corps
déjà ?ltéré d'une autre balance,
Si, cette gloire qui emplit l'âme, la chair opaque
encore suffit à lui opposer résistance,
Il y a l'esprit trois fois libre déjà qui répète le mot
trois fois saint,
Il y a, à tous les Anges mêlée, la voix qui chante
Alleluia dans le matin,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LE PAIN BÉNIT
L'endroit de la messe en France que les petits
garçons aiment le mieux,
C'est quand l'enfant de chœur à la fin se détache
de l'autel et vient vers eux
Avec une grande corbeille pleine de morceaux de
pain où il n'y a qu'à prendre.
C'est dimanche, quelqu'un déjà ouvre la porte pour
sortir, il y a des masses d'oiseaux qui crient et la
terre est grande !
Mais précisément au moment où lui aussi va plonger
la main dans le panier,
Avant que, comme Adam dans le Paradis Terrestre, il ait mis ce fruit qu'on lui apporte solennellement dans sa bouche et l'ait mangé,
Qui dira s'il n'est pas un de ces enfants à qui d'un
seul coup d'avance vient d'être communiquée toute
la vie,
Et qui connaît pour la première fois cet étrange
sentiment fait d'expérience préalable et de langueur
et d'ennui,

LA MESSE LA·BAS

3r

L'idée de quelque chose de meilleur, et de poignant,
et de seul désirable,
Dont il sent que toutes les choses autour de lui
sont essentiellement incapables ?
C'est cela que ce qu'on appelle l'amour, ou tout
simplement le plaisir,
Se charge chez la plupart, de transformer, et de
faire semblant de satisfaire, et de détruire.
Mais lui, (pendant qu'il serre ce morceau de pain
dans sa main et ne songe pas à le porter à sa bouche),
Sent qu'il est regardé avec attention par quelqu'un
qui est peut-être prêt à s'avancer, mais encore fr•.rouche.
Il sait seulement que celle-ci, parmi les autres. présences, est là, et rien ne servirait de lever les yeux
trop tôt.
Mais dans son cœur déjà se réunit et se prépare tout
ce qu'il faut
Pour accueillir, pendant que les gens déjà se lèvent
en tumulte et que l'alouette chante éperdument dans
la plaine,
La main impérieuse pour un autre chemin dans la
sienne et le sourire de cette sœur soudaine !

�32

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

IN PRINCI,PIO ERAT VERBUM
L'Océan, comme la Vallée en mouvement de la
Mort, parcouru par les suçoirs des trombes,
A vu jadis cet homme qui portait le Christ et qui
avait le nom de la Colombe,
Quand il tirait à coups de canon sur les noires colonnes d'eau qui le pressaient comme des géants,
Et pacifiait la Création déchaînée en lui faisant du
haut de la poupe lecture de l'Evangile de saint
Jean.
Et plus tard pour les navigateurs qui revenaient
de Mozambique et de Timor,
Le fait, au-dessus des vapeurs de la ~uisine, et des
armes qu'on astique, et des faibles conversations du
bord,
Etait le craquement d'une poulie ou de l'autre làhaut, toutes voiles travaillantes dans le grand
souffle régulier,
Jour et nuit qui, du Pôle jusqu'à la Ligne, prend
toute la largeur de la Mer.
Moi de même aujourd'hui je suis là, et pendant que

LA MESSE LA-BAS

33
la plume à la main, je transforme les sacs de sucre
et de café en milrcis et que je dépouille la Bible,
Je lève de temps en temps la tête et j'écoute, et
dans les palmes j'entends le même souffle irrésistible,
Celui, le même, qui jadis précéda le sommeil de
l' Auteur du genre humain dans le Paradis,
Avant qu'Ève lui fût tirée du flanc, sous les
ombrages de l'Arbre de la Vie.
Pendant que je dors, ou que je marche, ou que
j'écris, la Mer ne cesse pas d'être à mon côté,
Et je ne puis rejoindre la Patrie là-bas de nouveau
sans que j'aie à la traverser ;
Là où la terre n'existe plus, là d'où vient ce mouvement sur la forêt,
D'une rive du monde jusqu'à l'autre il n'y a de
chemin pour moi qu'à travers la Paix,
Cette Paix que le vent sans jamais en émouvoir la
source ne cesse d'interroger avec mystère ou avec
furie!
Sur les choses qu'il a créées ne cesse pas l'interrogation de !'Esprit.
La mer des hommes et des feuilles, il ne cesse de
la brasser et de la remuer, la mer des peuples et des
eaux!
C'est de lui qu'il est écrit : ]'ai cherché en toutes
choses le repos.
Et pourtant, ce souffle impatient du monde il y a
quelqu'un qui a su l'emprisonner.
3

�34

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

35

Il a suffi naïvement pour le prendre de cette Vierge
qui lui dit : Mon bien-aimé !
Un enfant dort sur son sein et la joue contre sa
joue.
.
.
.
.
« Et le Verbe s'est fait chair et il a habité parmi
nous. i&gt;
PAUL CLAUDEL

Rio de Janeiro Mai-Dkembre 19r7

RÉFLEXIONS
SUR L'ALLEMAGNE
Après avoir lu le livre de Jacques Rivière sur !'Allemand,

il
1

'

1,i

i'eus la curiosité de rechercher dans mes cahiers du temps
de gue"e les quelques rares pages ayant trait à nos ennemis.
Je les donne sans y rien changer, bien que certaines des pensées que f y exprime aient perdu cet air de nouveauté qu'elles
avaient au temps où je les écrivais ; bien que certaines
autres ne soient pas encore assez admises pou,r avoir cessé
de paraître choquantes. Les considérations d'opportunité
qui me retinrent de les publier plus t6t sont celles même
qui me poussent à les publier aujourd'hui.

•••
Il y a ce que l'on espère; et il y a ce que l'on craint.
Il y a ce que l'on voudrait qu'il arrive, ~t il y a ce que l'on
croit qui sera. Mais depuis la guerre une confusion s'établit de l'un à l'autre. Il est certain que la valeur d'une armée dépend de sa confiance en la victoire ; il est certain
que l'exigence de cette guerre a tout enrôlé dans l'armée.
Dès lors on n'admet plus d'autre vérité qu'opportune;

�36

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

car il n'est pas de pire erreur qu'une vérité susceptible
d'affaiblir le bras qui combat.
A la faveur de cet aphorisme, nous en a-t-on fait voir !
Comme si notre cause, pour paraître bonne, avait besoin
d'être fardée! Comme si la vérité n'était pas plus encourageante, plus probante, plus bienfaisante que tous les
mensonges! Mais pour peu qu'elle paraisse gênante, on
la contourne; et ce faisant on se l'aliène, tandis qu:elle
venait à nous comme une amie qu'il eût suffi de mieux
comprendre.
Et comment ne comprenez-vous pas, vous qui voulez
rejeter tout de l'Allemagne, qu'en rejetant tout de l'Allemagne vous travaillez à son unité ?
Quoi ! nous avions un Gœthe en otage, et vous le leur
rendez!
Quoi! Nietzsche s'engage dans notre légion étrangère,
et c'est sur lui que vous tirez!
Quoi ! vous escamotez les textes oq Wagner marque
son admiration pour la France ; vous trouvez plus avantageux de prouver qu'il nous insultait !
Nous n'avons nul besoin, dites-vous, des applaudissements &lt;l'outre-Rhin.
Comment ne comprenez-vous pas qu'il ne s'agit pas
de ce que ceux-ci nous apportent, mais bien de ce qu~
1
ceux-ci leur enlèvent. Et cela n'est pas peu de chose, s1
c'est l'élite du pays.
Cela n'est pas peu de chose, - tandis que le meilleur
de la pensée de la France, que toute la pensée de la France
travaille et lutte avec la France, - que le meilleur de la
pensée allemande s'élève contre la Prusse qui mène
l'Allemagne au combat.

RÉFLEXIONS SUR L'ALLEMAGNE

37

*

**
Nous avons dans notre jeu les atouts les plus admirables, mais nous ne savons pas nous en servir.
Rien ne peut être plus démoralisant pour la jeunesse
allemande pensante (et tout de même il y en a) que de ne
pas sentir Gœthe avec soi - (ou Leibniz, ou Nietzsche).
- On se rend mal compte en France, où nos grands écrivains sont si nombreux et où nous les honorons si mal,
de ce que peut être Gœthe pour l'Allemagne. Rien ne
peut lui faire plus de plaisir, à l'Allemagne, qu'une thèse
comme celle de M. B... qui déjà découvre dans le Faust
l'invitation à la guerre actuelle. Ce qu'il y a de rassurant
pour nous dans cette thèse, c'est qu'elle est absurde. Ce
qui peut, au contraire, désoler la jeune Allemagne pensante, c'est de sentir que cette guerre monstrueuse où on
l'entraîne, Gœthe ne l'aurait pas approuvée, non plus
qu'aucun des écrivains d'hier qu'elle admire. Il est sans
doute flatteur, capiteux même, de se dire et de s'entendre
sans cesse répéter que le peuple dont on fait partie est
désigné pour gouverner la terre ; mai.s si ce sophisme est
par avance dénoncé par les plus sages de ce peuple même,
est-il adroit de notre part de traiter ces sages de brigands,
d'imposteurs ou de fous ?
L'écrasement de l'Allemagne l ]'admire si quelque
esprit sérieux peut le souhaiter, fût-ce sans y croire.
Mais diviser l'Allemagne, mais morceler sa masse
énorme, c'est, je crois, le projet qui rallie les plus 1
raisonnables, c'est-à-dire les plus Français d'entre
nous. Il n'importe pas de l'empêcher d'exister (au

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

contraire : il importe, et même pour nous, qu'elle
existe}, il importe de l'empêcher de nuire, c'est-à-dire
de nous manger ... Diviser l'Allemagne; et pour la diviser,
la première chose à faire, c'est de ne pas mettre tous
les Allemands dans le même sac (et si vous affirmez
qu'au fond tous se valent, faites attention qu'alors c'est
que vous croyez le départ entre eux impossible, et qu'ils
n'accepteront pas, eux, si vraiment ils sont si semblables,
cette division que vous voudriez leur imposer). Combien
ne sont-ils pas plus habiles ceux qui, dès aujourd'hui,
démêlant parmi l'Allemagne moderne l'idée prussienne
comme un virus empoisonneur, excitent contre cet
élément prussien l'Allemagne même et, au lieu de
chercher dans Gœthe des armes contre nous, lisent
ceci par exemple (l'a-t-on déjà cité ? je ne sais) dans ses
Mémoires:
« Au milieu de ces objets, si propres à développer le
sentiment de l'art (il visite Dresde}, je fus attristé plus
d'une fois par les traces récentes du bombardement.
Une des rues principales n'était qu'un amas de décombres
et dans chaque autre rue on voyait des maisons écroulées. La tour massive de l'église de la Croix était crevassée ; et quand, du haut de la coupole de l'église de
Notre-Dame, je contemplais ces ruines, le sacristain
, me disait avec une fureur concentrée:« C'est le Prussien
qui a fait cela. »
Gœthe et Nietzsche (et à de moindres degrés plusieurs
autres) sont nos otages. Je tiens que la dépréciation
des otages est une des plue; grandes maladresses à quoi
excelle notre pays.

RÉFLEXIONS SUR L'ALLEMAGNE

39

Oui, vous l'avez bien dit : les Germains sont de piètres
psychologues ; et leurs plus remarquables erreurs dans
cette guerre révélatrice sont des erreurs de psychologie.
Mais il ne suffit pas de constater c~ci ; il faudrait expliquer pourquoi.
Leur puissance au contraire, et ce qu'on pourrait
appeler leur vertu, vient d'une extraordinaire difficulté
pour l'individu de leur race à se détacher du commun,
de la masse, disons le mot : à s'individualiser. Il ne s'oppose à rien, n'a pour ainsi dire pas de forme propre, ou 1
si l'on préfère, il attend du cadre sa forme; de là sa
soumission à la méthode, aux règles, à toutes les vénérations; il ne trouve pas d'intérêt à désobéir et n'en
éprouve pas le besoin. Il croit que c'est parce que sa
règle est parfaite; mais c'est aussi bien parce que lui, 1
sans règle, est imparfait.
En littérature, leur impuissance à créer des figures
est remarquable. Ils n'ont ni dramaturges, ni romanciers. Le peuple d'alentour ne leur présente pas de figures;
en présenterait-il, eux ne sauraient point les dessiner ;
ils ne savent pas se dessiner eux-mêmes ; et plus absolument ils ne savent pas dessiner.
C'est là. que fait faillite leur culture. Le grand instrument de culture, c'est le dessin, non la musique. Celle-ci
déséprend chacun de soi-même; elle l'épanouit vaguemen~. Le dessin, au contraire, exalte le particulier, il
1 précise ; par lui triomphe la critique. La critique est à. la
• base de tout art.

�40

RÉFLEXIONS SUR L'ALLEMAGNE

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ordination. Les éléments désordonnés, plus nombreux
ils sont, plus confuse et plus vulnérable est la masse.
Nous nous sommes blousés avec l'informité de l'Allemagne. Parce qu'en France tout ce qui vit prend aussitôt contour, l'absence de profil des masses &lt;l'outre-Rhin..
nous a fait croire à de l'incohésion. L'absence de forme
propre permettait à cette matière allemande élastique
d'être versée dans tous les trous. En temps de paix déjà
nous avions vu comme elle pénétrait les spongieux pays
d'alentour. Précisément elle doit, l'Allemagne, à son
défaut de contours, sa force d'expansion prodigieuse.
Elle est de la famille des ficus et comparable au banian
sans tronc principal, sans définition, sans axe, mais dont
la moindre ramille (et même détachée du tronc) pousse
au plus vite, où que ce soit, en haut des bras, en bas des
racines, et vit, croît, prospère, s'élargit et devient à ~on
tour forêt. L'Allemagne se passe des théories de Barrès ;
elle s'en rit. J'ai toujours dit qu'il était bien fâcheux
que Barrès ait contre lui la botanique.

*

* *

Vous allez criant que les Allemands nous détestent,
et faites votre possible pour le mériter, sans comprendre
que tout au contraire leur secrète faiblesse c'est de ne pas
pouvoir nous détester.
Comment ne comprenez-vous pas que toutes les armes
que vous enlevez à l'Allemagne c'est à la France que vous
les donnez et que contre l'Allemagne nous ne serons
jamais trop armés.
Il ne s'agit pas seulement de se battre, il s'agit d'être
victorieux. Tâchez tout de même de ne pas préférer à
1la victoire le combat.
*

**
« Nous aurions été moins éprouvés si nous avions été
plus nombreux.» C'est ce què je lis au début d'un article
sur la diminution de la natalité.
Cette diminution de la natalité française est la preuve
et non la cause de la décadence de notre pays. Que cette
, dépopulation progressive soit déplorable, il va sans dire,
et qu'il faille tenter le possible et l'impossible pour
l'enrayer ... Mais l'erreur est de penser que le nombre
eût suffi là où la qualité manque ; ou que la qualité suffise
sans l'ordre et la raisonnable disposition. Une semblable
erreur nous a d'abord fait crier victoire, à l'entrée en
scène de la Roumanie. Avec un allié de plus, le triomphe
était assuré ! Il fallut bien se convaincre tout de même
que le nombre ne fait pas la force ; du moins pas sans

41

*

**

C.

Jacques Rivière, lorsque je vais le voir en Suisse, où
il achève son temps de captivité, me parle, à propos du
livre qu'il se propose d'écrire, de l'extraordinaire volonté allemande ... Il me semble que c'est déprécier quelque 1
peu ce mot: volonté, et que ténacité suffirait. Je sais bien
que les exemples qu'il me donne tendent à prouver surtout que l'Allemand se donne « à volonté » les sentiments
qu'il estime opportun d'avoir. Mais pour le reste, je veux
dire : cette obstination de bœuf qui lui permet de venir

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à bout de formidables besognes et d'écrire des livres si
épais - je me souviens du mot de S... que j'allais voir à

Zurich deux ans avant la guerre (nous ne parlâmes que
de la guerre, qu'il prévoyait fatale ; oh I qu'il connaissait
bien les Allemands!). Ils sont, me disait-il,« incomparablement plus bêtes, plus informes, plus inexistants que le
Français ne peut les croire. Mais, et à cause de cela même,
ils ne sont jamais distraits. Songez à tout ce qui se passe
dans la tête d'un Français, en travers de son travail,
1quel que soit ce travail. L'Allemand, lui, ne songe à rien;
il n'a pas d'existence personnelle ; il est tout à sa tâche.
Il est capable certains ~;oirs de faire une noce à tout casser,
de se saouler comme une brute ; mais le lendemain matin
il se retrouvera devant son comptoir, ou dans son bureau
comme si de rien n'était.»
Ils ne sont famais distraits. Que de fois je me suis souvenu de ce mot. Il me paraît qu'on n'a jamais dit sur
l'Allemand rien de plus juste. Et quelle explication,
pour nous Français, qui sans cesse nous laissons distraire
par délicatesse, par sensibilité, curiosité du cœur, de la
chair et de l'esprit, et par cette générosité native, irrérressible qui prend le pas sur nos intérêts.

•••
Dans un fauteuil, auprès de moi, ma vieille chatte
allaite les deux petits bâtards qu'on lui a laissés.
Quand tout serait remis en question (et tout est remis
en question) mon esprit se reposerait encore oans la
contemplation des plantes et des animaux. Je ne veux
plus connaître rien que de naturel. Une voiture de maraî-

RÉFLEXIONS SUR ~,' ALLEMAGNE

43

cher charrie plus de vérité que les plus belles périodes de
Cicéron. La France est perdue par la rhétorique ; peuple
oratoire habile à se payer de mots, habile à prendre les
mots pour des choses et prompt à mettre des formules
au-devant :de la réalité. Pour averti que je sois, je
n'échappe pas à cela et reste, encore q_ue le dénonçant,
oratoire...
La question se posait avant la guerre : une civilisation, une culture peut-elle prétendre à se prolonger indéfiniment et selon une trajectoire directe ininterrompue ?
Et comme la réponse est nécessairement négative, cette "
seconde question vient aussitôt en corollaire de la première : notre civilisation, notre culture est-elle encore
prolongeable ?
Ce monde neuf où nous entrons fait-il suite au précédent? Est-ce que nous continuons le ·passé ? Mais si
nous entrons dans une ère nouvelle, qui donc saura
prétendre que ce chapitre premier du nouveau livre n'est
pas un chapitre français et d'un nouveau livre français.
Tout ce qui représente la tradition est appelé à être
bousculé et ce n'est que longtemps après que l'on pourra
reconnaître, à travers les bouleversements, la continuité
malgré tout de notre tempérament, de notre histoire.
C'est à ce qui n'a pas eu de voix jusqu'alors à parler.
C'est une lâche erreur de croire que nous ne pouvons
lutter contre l'Allemagne qu'en nous retranchant dans
notre passé : Rimbaud, Debussy, Cézanne même, peuvent
ne ressembler en rien au passé de n_o tre tradition sans
cesser pour cela d'être Français; ils peuvent différer de
tout ce qui a représenté la France jusqu'aujourd'hui
et exprimer encore la France. Si la France n'est plus

�44

1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

capable de nouveauté, pour quoi serait-ce qu'elle lutte?
L'artiste qui, lorsqu'il crée, se préoccupe d'être Français et de faire œuvre u bien française », se condamne à la
non-valeur. Il ne s'agit plus de ce que nous étions, il
s'agit de ce que nous sommes.
A dire vrai, cette culture nouvelle promettait d'être
non tant spécialementfrançaisequ'européenne, il semblait
qu'elle ne pût pas se passer plus longtemps de la collaboration de l'Allemagne. Et par certains côtés, cette guerre
tend à le prouver. Nos plus beaux dons, peut-être avionsnous besoin de l'Allemagne pour les mettre en œuvre,
comme elle avait besoin de notre levain pour faire lever
sa pâte épaisse.
*

* *

C'est une absurdité que de rejeter quoi que ce soit
du concert européen. C'est une absurdité que_de se figurer
qu'on peut supprimer quoi que ce soit de ce concert. Je
parle sans aucun mysticisme : l'Allemagne a suffisamment
prouvé en quoi elle pouvait être utile et nous avons suffisamment démontré ce qui nous manquait. L'important
c'est d'empêcher qu'elle domine; on ne peut laisser cet
instrument de cuivre dominer. Mais il est mystique de
prétendre que, suppriméè, sa voix ne ferait pas défaut
dans l'orchestre; mystique de croire que l'on ferait
mieux de s'en passer -et, par mystique, j'entends: pas
pratique du tout (c'est vous, je crois,Barrès qui, parlant
de Michelet, donniez à ce mot-là ce sens.) Mais : doit
être asservi tout ce qui prétendait asservir.

RÉFLEXIONS SUR L'ALLEMAGNE

45

Vous vous êtes gaussé de ce que nous appelions notre
culture européenne, et faute d'entendre ce que nous entendions par là, vous avez laissé croire et fait croire, et
cru vous-même ou feint de croire, que nous prétendions
dénationaliser les littératures, lorsque, au contraire, nous
ne reconnaissions de valeur qu'aux œuvres les plus profondément 1évélatrices du sol et de la race qui les portait.
L'étrange c'est que cette accusation venait de vous
qui nous reprochiez d'autre part nos tendances individualistes et prétendiez dégonfler l'individu pour le plus grand
profit de l'État. Nous avons soutenu, tout au contraire,
que l'œuvre d'art la plus accomplie sera tout aussi bien
la plus personnelle, et qu'il n'est d'aucun profit pour
l'artiste de chercher à se résorber dans le flot; nous
avons toujours soutenu que ce n'est pas en se banalisant,
mais en s'individualisant, si l'on peut dire, que l'individu
sert l'État; et de même c'est en se nationalisant qu'une
littérature prend place dans l'humanité et signification
dans le concert. La méprise vient de ceci que - convaincu
de la profonde vérité contenue dans l'enseignement du
Christ : quiconque veut sauver sa vie la perdra, mais
quiconque donnera sa vie la rendra vraiment vivante nous avons cru que le sommet de l'individualisme est
dans le sacrifice (mais volontaire) de l'individu ; que
l'œuvre la plus personnelle est celle qui comporte le plus
d'abnégation, et de même la plus profondément nationale, la plus particulière, ethniquement parlant, est aussi
bien la plus humaine et celle qui peut toucher le plus
les peuples les plus étrangers. Quoi de plus espagnol que ,
Cervantès, de plus anglais que Shakespeare, de plus
italien que Dante, de plus français que Voltaire ou Mon-

�47

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

taigne, que Descartes ou que Pascal, quoi de plus russe
que Dostoïewsky ; et quoi de plus universellement
humain que ceux-là ? Je n'ose dire, il est vrai, quoi de
plus allemand que Gœthe ? Car à l'endroit de l'Allemagne, la Prusse est responsable d'un terrible malentendu. La Prusse a si bien asservi l'Allemagne qu'elle
nous a forcés de penser : Gœthe était le moins allemand
des Allemands.

PALME

***
i

1

S'il me fall3:it indiquer, de toute la littérature française,
le livre dont le génie allemand se montrait le plus incapable, je crois bien que je choisirais les Caractères de La
Bruyère 1 • Il me paraît que rien n'est plus français, moins
allemand, que ce que j'appellerai: l'esprit de discrimination. N'étant jamais particulier lui-même, !'Allemand ne
sent Ja particularité d'aucun être ni d'aucune chose; il
n'a jamais su dessiner. La France est la grande école
de dessin de l'Europe et du monde entier.
ANDRÉ GIDE
I, Comme aussi, de toute notre littérature, il me sembl~ que
le livre que l'on s'imaginerait le plus facilement écrit en Allemagne
c'est Jean Christophe et de là sans doute son succès d'outre-Rhin.
C'est une profonde erreur de croire que i'on travaille à la culture
européenne avec des œuvres dénationalisées ; tout au contraire,
plus particulière est l'œuvre, plus utile elle devient dans le concert.
Il importe de le répéter sans cesse, car une confusion tend à s'établir entre cultur, eu,oplentu et dénationalisation. De même que
l'écrivain le plus individualisé est aussi celui qui présente l'intérêt
le plus humainement général, l'œuvre la plus digne d'occuper la
culture européenne est d'abord celle qui représente le plus spécialement son pays d'origine.

A ]EANNJE:

De sa grâce redoutable
Voilant à peine l'éclat,
Un ange met sur ma table
Le pain tendre, le lait plat
Il me fait de la paupière
Le signe d'une prière
Qui parle à ma vision :
-

Calme, calme, reste calme I

Connais le poids d'une palme
Portant sa profusion I

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

49

PALMES

Pour autant qu'elle se plie

L'or léger qu'elle murmure

A l'abondance des biens,

Sonne au simple doigt de l'air,

Sa figure est accomplie,

Et d'une soyeuse armure

Ses fruits lourds sont ses liens.

Charge l'âme du désert.

Admire comme elle vibre,

Une voix impérissable

Et comme une lente fibre

Qu'elle rend au vent de sable

Qui divise le moment,

Qui l'arrose de ses grains,

Départage sans myst~re

A soi-même sert d'oracle,

L'attirance de la terre

Et se '{latte du miracle,

Et le poids du firmament I

Que se chantent les chagrins.

Ce bel arbitre mobile

Cependant qu'elle s'ignore

Entre l'ombre et le soleil

Entre le sable et le ciel,

Simule d'une sibylle

Chaque jour qui luit encore

La sagesse et le sommeil.

Lui compose un peu de miel.

Autour d'une même place

Sa douceur est mesurée

L'ample palme ne se lasse

Par la divine durée

Des appels ni des adieux...

Qui ne compte pas les jours,

Qu'elle est noble, qu'elle est tendre/

Mais bien qui les dissimule

Qu'elle est digne de s'attendre

Dans un suc où s'accumule

A la seule main des dieux I

Tout l' arorne des amours ..

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

51

PALMES

Parfois si l'on désespère,

Patience, patience,

Si l'adorable rigueur

Patience dans l'azur !

Mal gré tes larmes n'opère

Chaq_ue atome de silence

Que sous ombre de langueur,

Est la chance d'un fruit mûr !

N'accuse pas d'être avare

Viendra l'heureuse surprise:

Une Sage qui prépare

Une colombe, la brise,

Tant d'or et d'autorité :

L'ébranlement le plus doux,

Par la sève solennelle

Une femme qui s'appuie,

Une espérance éternelle

Feront tomber cette pluie

Monte à la maturité !

Où l'on se jette à genoux !

Ces jours qui te semblent vides

Qu'un peuple à présent s'écroule,

Et perdus pour l'univers

Palme ! ... irrésistiblement !

Ont des racines avides

Dans la poudre qu'il se roule

Qui travaillent les déserts.

Sur les fruits du firmament !

La substance chevelue

Tu n'as pas perdu ces heures,

Par les ténèbres élue

Si légère tu demeures

Ne peut s'arrêter jamais

Après ces beaux abandons;

Jusqu'aux entrailles du monde

Pareille à celui qui pense

De poursuivre l'eau profonde

Et dont l'âme se dépense

Que demandent les sommets.

A s'accroître de ses dons /
PAUL VALÉRY

�VIEUX MONDE

VIEUX MONDE
(EXTRAIT DE JEUNESSE)
A

VALERY LARBAUD

In Snefjels Yoculis craterem kem
delibat umbra Scartaris Julii intra
calendas descende, audas viator, et
terrestre centrum attinges. Kod feci.
(Parchemin d' Arne Saknussem.)

... Dans l'immense toupie nébuleuse, d'où la Trimourti
sortira sa grosse tête de Cerbère aimable, au centre d'un
grand coquemar cerclé de lumière et d'ombre, le plasma
cosmique se condense pour secréter cette sueur noire :
les Hommes.
Les hommes emportés d'étage en étage par la cataracte
des périodes vers la Mort, depuis la première aventure
des Mondes.
Puis, les totons tournèrent moins fort. Les poings de
ténèbres se détendirent, las de brasser l'or et le bitume.
La musique des Sphères leva sa main blanche. A l'appel
d'une voix insensée et pure, la vapeur retint sa fusée
terrible. Les fantômes se groupèrent, les figures écoutèrent, et, sur un ordre argentin, les soleils qui jouaient
aux grâces avec la Mort gagnèrent d'un bond radieux leur
ordre de bataille le long des courbes célestes.
Dans l'ombre où s'espaçaient les voix, l'on entendit
sourdement éclore, l'un après l'autre, les archipels. La
Terre entr'ouvrit sa grenade ignivome. Les volcans saignèrent dans l'eau crissante. Et de toutes parts tonnèrent
les marteaux-pilons de l'invisible chantier des dieux.
Puis quand la douceur se fu.t ipsinuée peu à peu,

53

comme une femme fait entendre une raison spécieuse,
alors les mers siluriennes cessèrent de valser, s'étendirent,
et commencèrent leur sombre grossesse.
Un énorme soleil minium tremblotait dans un ciel
de plomb. La pluie, la pluie. Des museaux de roc affleuraient. Les premiers songes de la Terre bruissaient. Des
lampes muqueuses s'allumèrent et commencèrent leurs
voyages. Des vagins de poix, de houille et de jade
s'entr'ouvrirent. Des pterichtys pointèrent dans les basfonds de gélatine. Les terrains, les forêts sortaient. Un
crapaud géant sonna du cor dans le crépuscule des marécages. De longues fumées de fougères montèrent à
perte de vue, comme un geyser d'étoiles vertes. Les
sigillaires haussaient leurs strobiles de poils. Et des
arbres prodigieux cloisonnaient le ciel. dans leurs serres,
comme une verrière enivrée de lumière et de silence.
... Bientôt les mers se peuplèrent d'une fabuleuse vermine, car les eaux parfaisaient les fruits de la chaleur.
De grands sauriens où s'imbriquaient des émaux crasseux,
sautant comme des marsupiaux battus par l'orage, avec
deux mille dents et des pieds d'oiseaux, se battirent dans
les grottes sonores en ouvrant d'immenses bouches déplaisantes. Les pterodactyles, oiseaux du lac Stymphale et
vampires du Kansa&lt;;, plantés sur les rocs comme des
haches molles ou fendant le ciel d'un geste croche, frappaient l'air des coups secs de leurs becs de fer. Le gouliphon carnassier courait pataudement dans les forêts
solitaires. L'iguanodon l'attendait sans rire, dans quelque
carrefour, dressé sur la lumière pâle, espérant le découdre
avec son terrible pouce de corne. Des bêtes étranges,
couvertes d'une racaille populeuse, écorçaient les arbres

�54

55

LA }&lt;OUVELLE REVUE FRANÇAISE

en y grattant leur dos hérissé d'alfanges. Le grand serpent
de mer venait promener son interminable mélancolie dans
le tiède bassin de la Seine. Et la Lune et Mars étaient
habités ...
Et puis, le ciel devint plus doux. Les pâturages bleuirent.
Le mastodonte apparut lentement le long des mamelons,
comme un immense vaisseau de cuir, secouant dans le
soleil ses oreilles toutes sonores de parasites. Des potassons, des dépotames et des dilépothèses sortirent des
fleuves en ouvrant des mâchoires d'orgue. L'hipparion
bondit sur un pré, boulu comme un cheval antique, et les
singes commencèrent à se dévider le long des arbres...
Et j'étais averti par mes sens d'enfant, tâtonnant à
travers la nuit des époques, et je pressentais que la
main des dieux modelait sournoisement quelque tremblante merveille au milieu des fanons et des grimaces,
et ferait sortir quelque jour, pour mes plaisirs, d'une
vague vermeille, pure comme une amande qui sort de
sa cosse, sous le dais d'une aurore qui ferait du Monde
une chambre d'amour, et comme une chose si parfaite
qu'elle fait pleurer nerveusement et vous donne envie
de l'adorer ou de la souiller ... oh ! la battre et l'embrasser - Vénus Anadyomène !
Quelles scènes se sont passées, à la place où tu as ta
chambre, où tu as songé sous la lampe et trempé ton
front dans tes mains ... Un monstre y ronflait sous la mer ...
Et dans ces rues, et sur ces places, tu passes au bras d'un
ami, vos voix résonnent dans la nuit, et vous rebâtissez
le monde - et le regard des astres morts ne nous
arrive qu'aujourd'hui...
LÉON-PAUL FARGUE

LE

MIRACLE

C'est peut-être aujourd'hui que le miracle aura lieu.
Comme c'est long, mon Dieu! Comme il faut attendre
longtemps pour obtenir cette souffrance sans laquelle on
devra rester à tout jamais privé d'un vrai visage humain !
Et ils attendent.
A la vérité, ils se défendent contre de telles pensées :
ils sont fiers, ils ont l'air calme et détaché. Ils affectent
d'espérer la venue du vaguemestre, la distribution de la
soupe ou le passage de l'infirmier. Mais tout, en eux,
trahit une attenté infinie, obstinée. Ils attendent le miracle qui se produira sûrement dès que l'on voudra
bien s'occuper d'eux.
Et pourquoi le miracle ne viendrait-il pas, dites-moi ?
Vous avez connu Perdrizet: il n'avait que la moitié d'une
figure ; son masque s'arrêtait au nez, et, plus bas, il
n'existait plus que de vagues peaux, avec un orifice
haveur et bafouilleur. Maintenant Perdrizet a une vraie
tête; il a une mâchoire et de la barbe. A le voir de loin,
on dirait un garçon comme les autres.
Et vous avez connu Louba ! Son visage s'ouvrait
comme une fleur horrible ; au fond, on apercevait la
langue, qui ressemblait à une bête vivante, et de ces
choses rouges qui demeurent toujours cachées au regard

�56

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

des hommes. Maintenant, Louba peut se montrer dans
la rue sans effrayer les enfants : il a une drôle de petite
figure plate et rose, et des appareils en métal à la place
des dents.
Ceux-là, ils ont été favorisés du miracle. Pourquoi n'y
aurait-il qu'eux ? Ce n'est pas le courage qui manque,
ni la patience. La chair est bonne et le sang vigoureux.
Et s'il faut subir un long supplice, eh bien ! eh bien ! on
le subira 1

***
La salle est une grande salle à colonnettes qu'afflige un
badigeon plombé. C'est une chose dont on ne peut blâmer personne: si vous aviez à peindre de tels murs, vous
seriez vous-mêmes fort embarrassés. Ce n'est pas triste,
et ce n'est pas souriant non plus; c'est variable comme
l'attente et comme l'espoir. La fraîche clarté de Mars
n'y peut rien : elle n'est là que pour compter les jours.
Elle vient témoigner avec une sorte d'indifférence. Les
hommes tirent de leur poche un bout de miroir, et, furtivement, apprécient l'injuste laideur qui s'est abattue
sur leur face.
Pourtant, ils ne sont pas laids. Moi qui les connai~, je
dis qu'ils ne sont pas laids. Ils le savent aussi, et quand
ils murmurent, avec une voix qui n'a presque plus rien
pour s'exprimer : « Je suis bien moche», ils ne font pas
allusion à ce que nous appelions la laideur, avant la
guerre.
I!s sont au delà de toute laideur et de toute beauté.
Ils appartiennent à un monde exceptionnel. Pour la

LE MIRACLE

57

plupart, ils ne peuvent plus être laids, car ils n'ont plus
assez de visage.
Les gens qui possèdent un nez, une bouche, des mâchoires, des yeux, des oreilles, peuvent en faire un usage
indigne, ou soufirir d'un arrangement malheureux de ces
choses précieuses. Ils peuvent avoir des pensées ridicules
ou déshonorantes et les laisser paraître. Mais les hommes
d'ici sont terriblement délivrés de cette servitude : leur
mutilation les affranchit de la laideur humaine. Parfois,
cependant, elle leur laisse l'inexplicable et laborieuse
splendeur du sourire, car, pour manifester sa pureté, il
faut à l'âme un moindre appareil que pour traduire ses
faiblesses.
Presque tous les hommes sont debout. Certains demeurent couchés parce qu'ils furent frappés non seuleinent
à la tête, mais en outre aux jambes ou au ventre. Les
autres marchent, écrivent, lisent, se groupent autour
d'un jeu. Il y en a qui fument, et ils enfoncent le tuyau
de leur pipe dans une cavité dont on ne 'peut pas toujours
dire qu'elle est une bouche.
Les heureux, les miraculés, on ne 1~ voit plus souvent
dans ce pavillon; ils ont été reprendre leur place dans la
vie. Ils reviennent de temps en temps, poussés par la
gratitude, ou parce qu'un point de la mystérieuse broderie réclame les délicates retouches du thaumaturge.

Ceux que voici ont encore tout ou presque tout à
attendre de l'homme surnaturel qui sculpte dans la chair
et s'applique aux besognes de Dieu.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LE MIRACLE

59

***

***

La salle est grande, mais elle est encombrée. Les
lits s'y pressent et y forment plusieurs rangées. Chaque
lit est une petite patrie dans cette cohue. Chaque lit
porte une charge de bibelots, de souvenirs, de menus
t résors. C'est au pied du lit que l'on reçoit ses visites.
C'est sur le lit qu'on rêve à la figure qu'on pourrait avoir
plus tard. Il est bon de posséder cette patrie minuscule,
ear, en général, on séjourne ici de longs mois : il faut
beaucoup de temps et d'ingéniosité pour mystifier le
malheur et lui faire lâcher pied.
La porte de la salle s'ouvre ; un grand jeune homme
apparaît. Il a l'air affable et soucieux. Il est escorté
d'autres personnes vêtues, comme lui, de toile écrue.
Est-ce un homme comme les autres ? En vérité, non !
Il n'est pas semblable aux autres : c'est lui qui fait les
miracles.
Il se hâte pour traverser la salle. Il semble que toutes
les pensées et tous les corps qui remuent dans cette
enceinte soient brusquement orientés, comme la limaille
par un pôle d'aimant. Ceux qui gisent sur leur lit, empaquetés dans les pansements, tendent brusquement leur
regard et leur volonté. Les autres se pressent dans l'allée
centrale. Beaucoup contemplent sans rien dire celui
qui doit les sauver; d'autres l'abordent et lui font, à voix
basse, ooe petite confidence qui ressemble toujours à
une supplication.
Il écoute, il répond, il promet, il passe. Il voudrait
dire: « Allez, et que votre visage d'autrefois vous soit
rendu! »

Ce n'est plus ainsi qu'on fait les miracles. Si la confiance
était suffisante, comme dans les temps anciens, tous ces
pauvres gens seraient, dans la même seconde, satisfaits,
guéris, sauvés. Malheureusement l'époque est dure et les
hommes sont trop savants. Le miracle se produit
encore, mais il est aride, il est ingrat. Il ne cède plu.c; au
simple !!Ourire de l'élu. Il faut le poursuivre à travers
toutes sortes de souffrances et de délibérations. Il n'éclate
plus : il vient à nous en rampant.
Le patient monte sur la table avec_une espèce de peur
enthousiaste. Il s'étend, il tremble un peu, bien qu'il soit
résolu et semble parfois transporté. Depuis si longtemps
il attendait son tour ! Il redoute et chérit cette minute.
C'est que les « mutilés de la face » ne sont pas comme
les autres. Ce qui leur fut ravi, ce n'est pas une jambe,
un bras, ce n'est pas une de ces choses si précieuses et, malgré tout, un peu étrangères ; c'est
l'aspect même de leur âme, c'est leur ressemblance
à la divinité.
C'est donc cette ressemblance qu'il nous faut recouvrer
à tout prix. Dix fois déjà nous avons été attachés sur
cette table qui ressemble à l'autel d'une idole farouche·
s'il le faut, nous nous offrirons dix fois encore. La pa~
tience de l'homme savant sera usée avant la nôtre. Nous
sommes pressés, mais bien davantage résolus. Allez-y,
Monsieur, et n'ayez pas peur ! Faites tout ce qu'il faut !
Et si je viens à crier, des fois, prêtez pas attention, surtout ! Continuez, continuez !

�60

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

***
On ne peut pas toujours faire respirer le bon sommeil
libérateur : c'est dans le nez, c'est dans la bouche qu'il
va falloir travailler. On se contente donc d'endormir
un peu la place où s'évertue l'adroit petit couteau.
L'homme est lié par les poignets. C'est préférable,
car avec la meilleure volonté du monde, on peut avoir
des mouvements nerveux. Les poignets sont attachés,
mais les doigts libres. Ils étreignent les bords de la table
de fer, et s'il y a des·moments où les ongles grattent le
métal, c'est qu'il n'est pas toujours facile de se bien
contenir.
Les gens qui ont un os du pied gâté par la carie ne
sont pas toujours persévérants. Ils voudraient bien guérir, retrouver la marche alerte et cette gracieuse agilité
de jadis. Mais, s'ils souffrent trop, ils ressentent vite à
l'égard de leur pied une rancune mêlée de découragement ; ils disent : « Ah ! non ! Tant pis ! laissez cela !
j'aime encore mieux mon mal.»
L'homme dont on sculpte le visage détruit est, lui,
animé d'une grande constance. Il gémit à petits coups ;
il se donne beaucoup de mal pour avaler ou cracher le
sang qui lui remplit la gorge. Comme il a peur que le
chirurgien ne s'arrête avant d'avoir parfait sa tâche, il le
rassure, il le console, dirait-on. Il murmure: «Ça ne me fait
pas trop mal. Je dois vous embêter, n'est-ce pas? Ce
n'est pas ma faute si je... haa... haa... si je gémis comme
ça. C'est idiot, mais c'est plus fort que moi. Excusez-moi,

6I

LE MIRACLE

monsieur I Sftrement, ce n'est pas commode pour vous
de travailler ... »
Parfois, il faut absolument que le faiseur de miracles
demeure seul en face de l'argile sanglante. Il faut que le
patient se livre sans conditions et se retire dans les profondeurs. Alors on lui enfonce dans le cou un petit tube
courbe qui ressemble à un poignard. C'est par là que le
sommeil lui sera dispensé.
Il râle un peu, cède et s'efface. Il tombe dans un profond oubli du présent. Il retourne à des rêves obsédants.

***
Comme elles sont belles, les femmes d'aujourd'hui 1
Comme elles sont plus gracieuses, plus hardies, plus désirables que toutes les femmes de jadis !
Moi aussi, j'avais une fine moustache audacieuse, et
je disais de ces choses qu'on peut dire quand on a une
bouche agréable et de belles dents bien soignées. Moi aussi
j'ai reçu des baisers. Moi aussi je regardais les femmes
dans les yeux, et cela me gonflait le cœur d'une joie sau•
vage, que je ne sentirai peut-être plus jamais.
Je ne suis pas un aveugle. Il me reste un œil pour voir
cette chose difforme et monstrueuse qu'est devenue ma
figure.
J'ai connu, il y a deux mois, une petite putain. Elle
sortait avec moi sur le boulevard. Je nouais un triangle
de drap noir sur mes cicatrices. J'étais fier de ma blessure
et aussi de ce bout de ruban qu'on m'a donné.
La femme n'avait pas assez d'orgueil pour se plaire
avec moi longtemps.

�62

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Et puis, ce n'est pas cela, pas cela que je veux. Ni
Berthe, la dactylographe, avec qui je devais me marier
autrefois ... Ah ! je ne sais pas, je ne sais plus. Et maintenant, il va falloir vieillir avec ça.
Pourvu seulement qu'il réussisse ! Pourvu seulement
qu'il puisse faire quelque chose!
*

**

1 1
1

Pendant ce temps, le faiseur de miracles travaille. Il
ne ressemble pas à un Dieu, mais à un homme, car il
« cherche en gémissant ».
Parfois, il est incertain, défiant, mécontent de luimême, mécontent de cette vie qu'il lui faut invoquer
sans cesse. Tout son effort est une lutte contre d'ironiques
fatalités.
Parfois, il est joyeux; il se sent maître de l'avenir ;
il a l'air inspiré. Les décisions lui sont légères; il est
l'heureux ouvrier du destin; rien ne lui sera refusé.
Tout le corps de l'homme s'offre humblement. Tout le
corps veut concourir à restaurer cette face outragée.
Tout le peuple du corps est là pour réparer l'insulte,
pour obtenir justice.
C'est bon! Tout le corps sera donc convié. Les jambes
donneront un peu d'os, la poitrine un petit fragment de
côte, comme dans l'histoire de notre mère Ève. On
cherchera de la peau au bras, au sein, partout où elle est
douce, blanche et souple. La graisse aussi forme de précieux petits coussins ; on la prélève, toute chaude, sur
les cuisses, et on la porte au fond des plaies qu'il faut
combler.

LE MIRACLE

Nous ne sommes pins accueillants comme les arbres.
Nous sommes trop détachés de la commune terre maternelle. Nous poussons, nous vieillissons dans une solitude
farouche. Même notre cœur débordant n'empêchera pas
la vie corporelle d'être un exil sans retour. La chair de
nos propres enfants s'est à jamais séparée de la vieille
souche. La pourrait-on maintenant enter sur notre chair
qui obéit, toute seule, à ses rudes lois ?
Mais ce qui vient de moi est bon pour moi. Si la peau
de mon pied est transplantée sur mon front, elle y retrouvera les coutumes du pays natal, elle acceptera peut-être
d'y subsister, d'y prospérer.
Tout le corps veut rendre service ; la tête doit
assumer la plus grande part de besogne. Elle est
gonflée d'un sang riche et puissant; ses tissus sont d'une
étoffe ample et vivace. C'est elle qui doit payer la plus
lourde contribution. Et puis, il y a des matières rares
qu'on ne saurait trouver que là.
Travaillons ! Travaillons ! L'obus, d'un seul coup, a
fait un vide immense. Pour le combler, il faut réunir
beaucoup de petits morceaux pleins de vie et de bonne
volonté.
*

**
Un sourcil, c'est bien utile pour celui qui travaille à de
rudes travaux. Un sourcil, ce n'est pas seulement un
radieux coup de pinceau sur votre visage, ô madone !
To~t, dans l'apparence de l'homme, est un ornement,
mais tout est de grand usage. Pouvez-vous l'oublier
âme ingrate ? _
'

�L:\ NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

64

Le faiseur de miracles va prendre un peu de cuir à
notre tempe et l'étaler.comme ferait un peintre,au-dessus
de notre œil. Cela nous rendra un sourcil bien marqué,
bien dru. Oh! ce n'est pas une chose futile : dans notre
m~tier on transpire abondamment, et les sourcils doivent
être Jà pour empêcher la sueur de glisser_ dans les yeux.
La moustache! oui, je sais, vous,mons1eur, vous ne la
portez pas. C'est que vous avez une bouche hie~ dessinée.
Et puis, vous, vous savez que faire de vos mams ~uand
vous parlez aux femmes. Nous, mon Dieu! nous aimons
tirer sur une moustache quand nous sommes embarrassés,
ou quand l'heure de la liberté tarde trop à tomber de la
pendule du bureau. D'ailleurs, un ~u ~e moustache est
nécessaire pour cacher toutes ces cicatrices.
.
Alors le faiseur de miracles cherche,'furette de-c1,de-là,
puis, discrètement, il dérobe au menton ou ~u. so~met
de la tête assez de peau velue pour faire un Joli bnn de
1

moustache.
_ Attendez seulement trois semaines, et vous pourrez déjà tirer dessus, mon garçon 1

•

**
Il y a dans Paris, une grande léproserie. Elle est
comme une citadelle de désolation au cœur même de
la ville oublieuse. Là, végètent des malheureux dont les
maladies hideuses dévorent le visage. Ils ont presque
renoncé au monde de tous pour vivre dans leur monde
à eux, où il y a des arbres, des rues, des places ~ubliques
et des bâtisses vieilles de trois siècles. Ils se manent entre
eux; ils ont des enfants qui sont parfois misérables et

LE \IIRACLE

parfois beaux, parce que la vie a d'imprévisibles sursauts.
Pour nous, nous ne sommes pas des malades. Tout est
sain, dans notre substance, et c'est justement pourquoi
nous fûmes choisis, c'est pourquoi nous fûmes frappés.
Il ne faut pas désespérer de notre corps : il y a quelque
chose à faire avec lui.
Nous, nous ne voulons pas demeurer, toute une vie,
cloîtrés entre ces grands murs, avec notre tourment. Le
monde nous connaît encore, et il nous attend. Dépêchezvous ! Dépêchez-vous ! Il ne faut pas laisser au monde
le temps de nous oublier. La guerre est .finie pour tous ;
faites, faites, monsieur, que pour nous aussi elle se termine un jour.

***
Et l'homme est reporté dans son lit. Ses rêveE s'épuisent
en balbutiements et en chansons gémissantes. Il va se
réveiller dans son nouvel aspect, dans sa peau bien tirée,
bien tendue, cousue de toutes parts comme une pelote
de tennis.
Voilà notre projet! Voilà notre vœu ! Maintenant il
faut que ça colle ! Il faut que le sang recommence à
passer dans les petits lambeaux déracinés. Il faut que
toutes les cellules de la vie s'emparent du morceau d'os
ou de cartilage et le colonisent, le séduisent, le persuadent.
Après-demain, on enlèvera le pansement. Le faiseur de
miracles aura sa figure inquiète, sérieuse des grands jours.
C'est qu'au fond de lui-même, il n'est sûr de rien : trop
de forces indisciplinées travaillent de concert avec lui.
N'en doutons pas, nous verrons sa longue bouche
5

�66

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

affectueuse se fendre pour un sourire content; toutes les
petites pièces de la mosaïque seront roses et ~ien
vivantes; elles auront reçu leurs lettres de naturalisation.
Nous patienterons quelques jours encore, et le jeune
maître, un matin, recouvrira de plâtre notre visage
nouveau. Nous resterons attentifs et immobiles jusqu'à
ce que, avec des délicatesses de mouleur, il détache de
notre chair une empreinte fidèle, irrécusable, plus constante mille fois que notre propre souvenir.

•••
Il y a, dans cette grande maison du miracle, un petit
cabinet où tous le!' moulages de plâtre pendent, accrochés par centaines au mur glacé.
C'est dans cette pièce minuscule et terrible que les
maîtres de l'univers auraient dû venir discuter les choses
de la paix.
Blanches, inhumainement pâles, ombrées à rebours
par la poussière des années, une multitude de têtes en
plâtre immobilisent, pour l'éternité, des grimaces que
l'on ne pourrait pas, que l'on ne saurait pas imaginer.
Une sérénité désolée tombe de ces murs. Parfois, toutes
ces douleurs difformes semblent se résumer en une expression unique : le divin sourire de la mort.
Il ne faut pas demeurer là si l'on tient à garder son
espoir dans le monde.

67

LE MIRACLE

•••
Mais ils sont peu nombreux, ceux qui doivent pénétrer
dans le cabi_net des masques. Bientôt, ces témoignages
s'endormiront dans la poussière, plus puissante que
toute mémoire humaine.
La pieuse besogne se poursuit et le miracle s'accomplit chaque jour.
Chaque jour, la sollicitude de quelques hommes remporte
de petites victoires, et beaucoup de petites victoires
vaudront un peu de soulagement et d'oubli. Le temps
saura sanctifier ces travaux. Rien, dans les œuvres de vie,
ne se réalise sans le temps ; il a des bienveillances qui
font songer à Dieu.
Presque tous les pauvres gens qui sont ici s'en iront,
un par un, pour rechercher leur ancienne route et pour y
persévérer. Ils regarderont le monde avec un visage
schématique et tout neuf, où presque rien de leur ancien
visage n'aura persisté.
C'est ainsi qu'ils auront été visités par le miracle.
Peut-être pourrons-nous les regarder sans trop de honte.
GEORGES DUHAMEL

�68

. PRitRE POUR UN AVIATEUR

Il se disait assez payé
De ce néant par sa jeunesse,·
Pourtant, dans sa païenne ivresse,
Il tenait son verre haut levé.

PRIÈRE POUR
UN AVlATEUR
A la mémoire de mon camarade
de guerre, Pierre GOUTIER.

Son âme appelait, malgré elle,
Votre ruissellement divin ,·
Seigneur, il lui fallait des ailes, .
Comme aux Anges et comme aux Saints.

Seigneur, le soir est plein d'abeilles ;
Ces beaux avions murmurants
Dans ma fidélité réveillent
L'image d'un de vos enfants.

Mais, tout vain du peu que nous sommes
Il avait placé son désir
A ~ssi haut que l'aile de l'homme
Sur le vent se peut soutenir,

Il était gai, pensif et tendre,
Insouciant et généreux;
Il feignait de ne pas entendre
La secr~te invite de Dieu.

Pas plus I et, lavé de la boue
Où s'humiliaient ses espoirs,
Dans l'azur que fendait sa proue,
Il vous cherchait sans le savoir...

Hélas / il aimait trop la vie,
Celle où sont les tentations,
La science, la poésie,
La volupté, l'ambition.

Quitte à retomber, jeune Icare,
Dans un globe de feu cruel,
Pour avoir effleuré le phare
De votre inaccessible ciel!

Il prenait à deux mains la terre;
Elle était son contentement :
Il s'y voyait déjà, couchant
Pris de son corps, son dme -fi,lre.

- Seigneur, l'héroïque envolée
De cet enfant vers l'idéal
Finit-elle dans la fitmée
D'un destin précoce et brutal?

�70

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Seigneur, ne tiendrez-vous pas compte
De son inconscient amour,
Et la mort vide qu'il affronte
Sera-t-elle vide toujours ?
Seigneur, vous voyez ce qu'il quitte:
Tout son bien I rien n'est excepté;
Comparez aux siens nos mérites ?
Nous mourons - pour ressusciter.

Mais, Seigneur/ tandis que la terre
Tirait à soi le pauvre corps,
L'âme priait et la prière
Est bond, soulèvement, essor.
Au plus haut point de son poème
La ravissant entre vos mains,
Vous l'avez surprise en chemin
Dans le don par/ait d'elle-même.
HENRI GHÉON'

Devant Hangard, 5 mai 1918.

JI

LÉGERE ESQUISSE
DU CHAGRIN QUE CAUSE UNE
SÉPARATION ET DES PROGRÈS
IRRÉGULIERS DE L,OUBLI1
J'allais passer par une de ces conjonctures difficiles en
face desquelles il arrive généralement qu'on se trouve à
plusieurs reprises dans la vie et auxquelles, bien qu'on
n'ait pas changé de caractère, de nature- notre nature
qui crée elle-même nos amours, et presque les femmes que
nous aimons, et jusqu'à leurs fautes - on ne fait pas face
de la même manière à chaque fois, c'est-à-dire à tout âge.
A ces moments-là notre vie est divisée, et comme distribuée
dans une balance en deux plateaux opposés où elle tient
tout entière. Dans l'un, il y a notre désir de ne pas déplaire,
de ne pas paraître trop humble, à l'être que nous aimons
sans parvenir à le comprendre, mais que nous trouvons
plus habile de laisser un peu de côté pour qu'il n'ait pas
ce sentiment de se croire indispensable qui le fatiguerait
de nous; de l'autre côté, il y a une souffrance - non pas
~- Fragment du Tome II de A la recherche du Temps perdu
qw parattra, dans la première semune de Juin, a ux édition~
de la N°:'velle Revue Française, sous le titre de A l'ombre des
Jeunes Filles en fleurs. en même temps qu'un volume de Pastiches
et Mllan,:es et que la réimpression de Du c6té de chez Swann.

�72

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

une souffrance localisée et partielle - qui ne pourrait au
contraire être apaisée que si, renonçant à plaire à cette
femme et à lui faire croire que nous pouvons nous passer
d'elle, nous allions la retrouver. Qu'on retire du plateau
où est la fierté une petite quantité de volonté qu'on a eu
la faiblesse de laisser s'user avec l'âge, qu'on ajoute dans
le plateau où est le chagrin une souffrance physique
acquise et à qui on a permis de s'aggraver, au lieu de la
solution courageuse qui l'aurait emporté à vingt ans,
c'est l'autre, devenue trop lourde et sans contre-poids
suffisant, qui nous abaisse à cinquante. D'autant plus que
les situations, tout en se répétant, changent, et qu'il y a
chance pour qu'au milieu ou à la fin de la vie on ait eu
pour soi-même la funeste complaisance de compliquer
l'amour d'une part d'habitude que l'adolescence, r~tenue
par trop d'autres devoirs, moins libre de soi-même, ne
connaît pas.
Après avoir écrit à Gilberte une lettre où je laissais
tonner ma fureur, non sans pourtant jeter la bouée
de quelques mots placés comme au hasard, et où
mon amie pourrait accrocher une réconciliation, le
vent ayant tourné, c'était des phrases tendres que je
lui adressais pour la douceur de certaines expressions
désolées, de tels « jamais plus », si attendrissants pour
ceux qui les emploient, si fastidieux pour celle qui les
lira, soit qu'elle les croit mensongers et traduise « jamais
plus » par &lt;&lt; ce soir-même, si vous voulez bien de moi »,
ou qu'elle les croit vrais et lui annonçant alors une de ces
séparations définitives qui nous sont si parfaitement
égales dans la vie quand il s'agit d'êtres dont nous ne
sommes pas épris. Mais puisque nous sommes incapables,

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATlON ET L'OUBLI

73
tandis que nous aimons, d'agir en dignes prédécesseurs de
l'être prochain que nous serons et qui n'aimera plus, comment pourrions-nous tout à fait imaginer l'état d'esprit
d'une femme à qui, même si nous savions que nous lui
sommes indifférents, nous avons perpétuellement fait
tenir dans nos rêveries, pour nous bercer d'un beau songe
ou nous consoler d'un gros chagrin, les mêmes propos que
si elle nous aimait. Devant les pensées, les actions d'une
femme que nous aimons, nous sommes aussi désorientés
que le pouvaient être devant les phénomènes de la nature,
les premiers physiciens (avant que la science fût constituée
et eût mis un peu de lumière dans l'inconnu). Ou pis
encore comme un être pour l'esprit de qlti le principe de
causalité existerait à peine, un être quine serait pas capable d'établir un lien entre un phénomène et un autre et
devant qui le spectacle du monde serait incertain comme
un rêve. Certes je m'efforçais de sortir de cette incohérence,
de trouver des causes. Je tâchais même d'être« objectif»
et pour cela de bien tenir compte de la disproportion qui
existait entre l'importance qu'avait pour moi Gilberte
et celle non seulement que j'avais pour elle, mais qu'ellemême avait pour les autres êtres que moi, disproportion
qui, si je l'eusse omise, eût risqué de me faire prendre une
simple a.µJ.abilité de mon amie pour un aveu passionné,
une démarche grotesque et avilissante de ma part pour
le naturel et gracieux mouvement qui vous dirige vers de
beaux yeux. Mais je craignais aussi de tomber dans
l'excès contraire, où j'aurais vu dans l'arrivée inexacte
de Gilberte à un rendez-vous, un mouvement de mauvaise humeur, une hostilité irrémédiable. Je tâchais de
trouver entre ces deux optiques également déformantes

,..

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

74
celle qui me donnerait la vision juste des choses ; les calculs
qu'il me fallait faire pour cela me distrayaient un peu de
ma souffrance ; et soit par obéissance à la réponse des
nombres, soit que je leur eusse fait dire ce que je désirais,
je me décidai le lendemain à aller chez les Swann, heureux,
mais de la même façon que ceux qui s'étant tourmentés
longtemps à cause d'un voyage qu'ils ne voulaient pas
faire, ne vont pas plus loin que la gare, et rentrent c~ez
eux défaire leur malle. Et, comme, pendant qu'on hésite,
la seule idée d'une résolution possible (à moins d'avoir
rendu cette idée inerte en décidant qu'on ne prendra pas
la résolution) développe, comme une graine vivace, les
linéaments, tout le détail des émotions qui naîtraient de
l'acte exécuté, je me dis que j'avais été bien absurde de
me faire, en projetant de ne plus voir Gilberte, autant
de mal que si j'eusse dû réaliser ce projet, et que, puisque au
contraire c'était pour finir par retourner chez elle, j'aurais
pu faire l'économie de tant de velléités et d:accep~ati~~s
douloureuses. Mais cette reprise des relations d amitiéne dura que le temps d'aller jusque chez les Swann; non
pas parce que leur maître d'hôtel, lequel m'aimait beaucoup, me dit que Gilberte était sortie (je sus e~ :ffet_dès
le soir même, que c'était vrai, par des gens qui 1 avaient
rencontrée), mais à cause de la façon dont il me le dit :
« Monsieur mademoiselle est sortie, je peux affirmer à
monsieur q~e je ne mens pas. Si monsieur veut se renseigner, je peux faire venir la femme de chambre. Monsieu~
pense bien que je ferais tout ce que je pourrais pour 1~
faire plaisir et que si mademoiselle était là, je mènerais
tout de suite monsieur auprès d'elle.» Ces paroles, de la
sorte qui est la seule importante, involontaires, nous don-

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

75

nant la radiographie au moins sommaire de la réalité
insoupçonnable que cacherait un discours étudié, prouvaient que dans l'entourage de Gilberte on avait l'impression que je lui étais importun ; aussi, à peine le maître
d'hôtel les eut-il prononcées, qu'elles engendrèrent chez moi
de la haine à laquelle je préférai donner comme objet au lieu
de Gilberte le maître d'hôtel ; il concentra sur lui tous les
sentiments de colère que j'avais pu avoirenversmonamie;
débarrassé d'eux grâce à ces paroles, mon amour subsista
seul ; mais elles m'avaient montré en même temps que
je devais pendant quelque temps ne pas chercher à voir
Gilberte. Elle allait certainement m'écrire pour s'excuser.
Malgré cela, je ne retournerais pas tout de suite la voir,
afin de lui prouver que je pouvais vivre sans elle. D'ailleurs, une fois quej'aurais reçu salettre, fréquenter Gilberte
serait une chose dont je pourrais plus aisément me priver
pendant quelque temps, parce que je serais sûr de la
retrouver dès que je le voudrais. Ce qu'il me fallait
pour supporter moins tristement l'absence volontaire
c'était sentir mon cœur débarrassé de la terrible incertitud~
si nous n'étions pas brouillés pour toujours, si elle n'était
pas fiancée, partie, enlevée. Les jours qui suivirent ressemblèrent à ceux de cette ancienne semaine du jour
de l'an que j'avais dû passer sans Gilberte. Mais cette
semaine-là finie, jadis, d'une part mon amie reviendrait
aux Champs-Elysées, je la reverrais comme auparavant;
j'en étais sûr; et, d'autre part, je savais avec non moins
de certitude que tant que dureraient les vacances du jow:
de l'an, ce n'était pas la peine d'aller aux Champs-Elysées.
De sorte que durant cette triste semaine déjà lointaine
j'avais supporté ma tristesse avec calme parce qu'ell;

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

n'était mêlée ni de crainte ni d'espérance. Maintenant, au
con.traire, c'était ce èemier sentiment qui presque autant
que la crainte rendait ma souffrance intolérable. N'ayant
pas eu de lettre de Gilberte le soir même, j'avais fait la
part de sa négligence, de ses occupations, je ne doutais
pas d'en trouver une d'elle dans le courrier du matin.
11 fut attendu par moi, chaque jour, avec des palpitations
de cœur auxquelles succédaitun état d'abattement quand
je n'y avais trouvé que des lettres de personnes qui
n'étaient pas Gilberte, ou bien rien, ce qui n'était pas
pire, les preuves d'amitié d'une autre me rendant plus
cruelles celles de son indifférence. Je me remettais à
espérer pour le courrier de l'après-midi. Même entre les
heures des levées des lettres je n'osais pas sortir, car elle
eût pu faire porter la sienne. Puis le moment finissait par
arriver où ni facteur, ni valet de pied des Swann ne pouvant plus venir, il fallait remettre au lendemain matin
l'espoir d'être rassuré, et ainsi parce que je croyais que
ma souffrance ne durerait pas, j'étais obligé pour ainsi
dire de la renouveler sans cesse. Le chagrin était peutêtre le même, mais au lieu de ne faire, comme autrefois,
que prolonger uniformément une émotion initiale, recommençait plusieurs fois par jour en débutant par une
émotion si fréquemment renouvelée qu'elle finissait elle, état tout physique, si momentané-par se stabiliser,
si bien que les troubles causés par l'attente ayant à peine
le temps de se calmer avant qu'une nouvelle raison d'attendre survînt, il n'y avait plus une seule minute par jour
où je ne fusse dans cette anxiété qu'il est pourtant si
difficile de supporter pendant une heure. Ainsi ma souffrance était infiniment plus cruelle qu'au temps de cet

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

77

11

ancien I janvier parce que cette fois il y avait en moi au
lieu de l'acceptation pure et simple de cette souffrance,
l'espoir, à chaque instant, de la voir cesser. A cette
acceptation, je finis pourtant par arriver; alors je compris
qu'elle devait être définitive et je renonçai pour toujours
à Gilberte, dans l'intérêt même de mon amour, et parce
que je souhaitais avant tout qu'elle ne conservât pas de
moi un souvenir dédaigneux. Même, à partir de ce momentlà, et pour qu'elle ne pt1t croire à une sorte de dépit
amoureux de ma part, j'acceptai souvent ses rendez-vous,
et, au dernier moment, je lui écrivais que je ne poqvais
pas venir, mais en protestant que j'en étais désolé, comme
j'aurais fait avec quelqu'un que je n'aurais pas désiré
revoir. Ces expressions de regret qu'on réserve d'ordinaire
aux indifférents, persuaderaient mieux Gilberte de mon
indifférence, me semblait-il, que ne ferait le ton d'indifférence qu'on affecte seulement envers celle qu'on aime.
Quand mieux qu'avec des paroles, par des actions indéfiniment répétées, je lui aurais prouvé que je n'avais pas de
goQt à la voir, peut-être en retrouverait-elle pour moi.
H~ 1 ce serait en vain : chercher en ne la voyant plus
à ~ e r en.elle ce goût de me voir, c'était la perdre pour
touiours ; d abord parce que, quand il commencerait à
renaître, si je voulais qu'il durât, il ne faudrait pas y
céd«:1' tout de suite; d'ailleurs, les heures les plus cruelles
~r~ent passées ; c'était en ce moment qu'elle m'était
1
~dispensable et j'aurais voulu pouvoir l'avertir que
bientôt elle ne calmerait, en me revoyant, qu'une douleur
tellement dimi'nuée qu'elle ne serait
• plus comme elle
l'eQt été encore en ce moment même, et ~ur y mettre
fin, un motif de capitulation, de se réconcilier et de se

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

revoir. Et enfin plus tard quand je pourrais enfin avouer
sans péril à Gilberte, tant son goût pour moi aurait repris
de force, le mien pour elle, celui-ci n'aurait pu résister
à une si longue absence et n'existerait plus; Gilberte me
serait devenue indifférente. Je le savais, mais je ne pouvais
pas le lui dire; elle aurait cru que si je prétendais que je
cesserais de l'aimer en restant trop longtemps sans la
voir, c'était à seule fin qu'elle me dît de revenir vite
auprès d'elle. En attendant ce qui me rendait plus aisé
deme con ·amner à cette séparation, c'est que (afin qu'elle
se rendît bien compte que malgré mes affirmations contraires c'était ma volonté et non un empêchement, non
mon é;at de santé, qui me privaient de la voir) toutes les
fois où je savais d'avance que Gilberte ne serait pas chez
ses parents, devait sortir avec une amie et ne rentrerait
pas dîner, j'allais voir Mme Swann (laquelle était redevenue pour moi ce qu'elle était au temps où je voyais
si difficilement sa fille, et où les jours où celle-ci ne venait
pas aux Champs-Elysées, j'allais me promener avenue
des Acacias). De cette façon, j'entendrais parler de
Gilberte, j'étais sûr qu'elle entendrait ensuite parler de
moi et d'une façon qui lui montrerait que je ne tenais
pas à elle. Et je trouvais, comme tous ceux qui souffrent,
que ma triste situation aurait pu être pire. Car ayant
libre entrée dans la clemeure où habitait Gilberte, je me
disais toujours, bien que décidé à ne pas user de cette
faculté, que si jamais ma douleur était trop vive, je pourrais la faire cesser. Je n'étais malheureux qu'au jour
le jour. Et c'est trop dire encore. Combien de_ fo~s P~
heure (mais maintenant sansl'anxieuseattenteqwm avait
étreint les premières semaines après notre brouille, avant

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

79

d'être retourné chez les Swann) ne me récitais-je pas la
lettre que Gilberte m'enverrait bien un jour, m'apporterait peut-être elle-même. La constante vision de ce
bonheur imaginaire m'aidait à supporter la destruction
du bonheur réel. Pour les femmes qui ne nous aiment pas,
comme pour les «disparus», savoir qu'on n'a plus rien à
espérer n'empêche pas de continuer à attendre. On vit
aux aguets, aux écoutes ; des mères dont le fils est parti
en mer pour une exploration dangereuse se figurent à
toute minute et alors que la certitude qu'il a péri est
acquise depuis longtemps, qu'il va entrer miraculeusement sauvé, et bien portant. Et cette attente, selon la
force du souvenir et la résistance des organes, ou bien les
aide à traverser les années au bout desquelles elles supporteront que leur fils ne soit plus, d'oublier peu à peu
et de survivre - ou bien les fait mourir.
,. D'autr~ part, ~on chagrin était un peu consolé par
li~~ qu 11 profitait à mon amour. Chaque visite que je
faJSais à Mme Swann, sans voir Gilberte m'était cruelle
mais je sentais qu'elle améliorait d'a~tant l'idée qu;
Gilberte avait de moi.
D'ailleurs, si je m'arrangeais toujours, avant d'aller
chez Mme Swann, à être certain de l'absence de sa fille
cela tenait peut-être autant qu'à ma résolution d'êtr;
brouillé avec elle, à cet espoir de réconciliation qui se
superposait à ma volonté de renoncement (bien peu sont
absolus, au moins d'une façon continue dans cette âme
humaine d~nt ~e des lois, fortifiée par l~s afflux inopinés
de ~uvemrs différents, est l'intermittence) et me masq~t ce qu'elle avait de trop cruel. Cet espoir je savais
b1encequ'1
· de chimérique.
·
I avait
J'étais comme un pauvre

�80

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qui mêle moins de larmes à son pain sec s'il se dit que tout
à l'heure peut-être un riche étranger va lui laisser toute sa
fortune. Nous sommes tous obligés pour rendre la réalité
supportable d'entretenir en nous quelques petites folies.
Or mon espérance restait plus intacte - tout en même
temps que la séparation s'effectuait mieux - si je n·e
rencontrais pas Gilberte. Si je m'étais trouvé face à face
avec elle chez sa mère, nous aurions peut-être échangé
des paroles irréparables qui eussent rendu définitive notre
brouille, tué mon espérance et d'autre part en créant une
anxiété nouvelle, réveillé mon amour et rendu plus difficile ma résignation.
Depuis bien longtemps et fort avant ma brouille avec
sa fille, Mme Swann m'avait dit: «C'est très bien de venir
voir Gilberte, mais j'aimerais aussi que vous veniez quelquefois pour moi, pas à mon Choufleury où vous vous
ennuieriez parce que j'ai trop de monde, mais les autres
jours où vous me trouverez toujours un peu tard. »
j'avais donc l'air, en allant la voir de n'obéir que longtemps après à un désir anciennement exprimé par elle.
Et très tara, déjà dans la nuit, presque au moment où mes
parents se mettaient à table, je partais faire à Mme Swann
une visite pendant laquelle je savais que je ne verrais
pas Gilberte et où pourtant je ne penserais qu'à elle.
Dans ce quartier, considéré alors comme éloigné, d'un
Paris plus sombre qu'aujourd'hui, et qui, même dans le
centre, n'avait pas d'électricité sur la voie publique et
bien peu dans les maisons, les 1ampes d'un salon situé
au rez-de-chaussée ou à un entresol très bas (tel qu'était
celui de ses appartements où recevait habituellement
Mme Swann), suffisaient à illuminer la rue et à faire lever

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

8r

les yeux au passant qui rattachait à leur clarté comme à
sa cause apparente et voilée la présence devant la porte
de quelques coupés bien attelés. Le passant croyait, et
non sans un certain émoi, à une modification survenue
dans cette cause mystérieuse, quand il voyait l'un de ces
coupés se mettre en mouvement; mais c'était seulement
un cocher qui, craignant que ses bêtes ne prissent froid
leur faisait faire de temps à autre des allées et venues
d'aut~t plusimpressionnantesquelesrouescaoutchoutées
donnaient au pas des chevaux un fond de silence sur
lequel il se détachait plus distinct et plus explicite.
Le cr jardin d'hiver », que dans ces années-là le passant
apercev~t ~•ordinaire, quelle que fût la rue, si l'appartement _n était pas à un niveau trop élevé au-dessus du
trottorr, ne se voit plus que dans les héliogravur d
rivres d'étrennes de P.-J. Stahl où, en contraste avec
es es
les
rares ornements floraux des salons Louis XVI d'
. d'h .
auJO~ w - une rose ou un iris du Japon dans un vase de
cnstal à lo~g col qui ne pourrait pas contenir une fleur
d~ plus - li semble, à cause de la profusion des plantes
d app~~ent qu'on avait alors, et du manque absolu
de stylisation dans leur arrangement, avoir dû chez les
maîtr~s de maison, répondre plutôt à quelqu~ vivante
et déliCieuse passion pour la botanique qu'à un froid souci
de morte décoration. Il faisait penser en plus grand dans
les hôtels d'al_ors, à ces serres mmuscules
.
'
et portatives
posées au matin du premier janvier sous la lampe allumée
-fi .les enfants n 'ayant pas eu la patience d'attendre qu'il
t Jour - parmi les autres cadeaux du 1·our de l'an m .
le plus bea d'
, ais
v
. u e~tre eux, consolant avec les plantes qu'on
a pouvorr cultiver, de la nudité de l'hiver ; plus encore
6

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇâISE
82

qu'à ces senes.-là. elles.mêmes, ces jardins &lt;tbiver res,semblaient à celle qu'on voyait tout auprès-d'elles, figurée dans un beau livre, autre cadeau de jour de 1:an,
et qui bien qu'elle fût donnée non aux enfants, mais· à
Mlle Lili l'héroïne de l'ouvrage, les enchantait à. tel
point q~ devenus maintenant presque vieillards, ils SR
demande~t si dans ces années fortunées, l'bi:el' ~•ét~~ pas
la plus belle des saisons. Enfin au fond de ce !ardin ~ hiver,
· à travers les- arborescences d'espèces vanées ~m de la
rue faisaient ressembler la fenêtre éclairée au vitrage de
ces serres d'enfants, dessinées ou réelles, le- passant. se
hissant sur ses pointes, apercevait généralement un
homme en redingote, un gardénia ou un œillet à la boutonnière, debout devant une femme assise, tous deux
vagues., comme deux intailles dans une topaze, au. f~d
de l'atmosphère du salon, ambrée par le samovax: - importation récente alo.rs ~ d~ vap~ ~ui s'en écha~pe~t
peut-être encore a.ujourd hm, ma1s qu à caus~ de 1 habitude personM ne voit plus. Mme S~~n. ten_ait beaucoup
à ce « thé n ; elle croyait montrer de l ongmalité et dégager
du charme, en. disant à un homme: «Vous me trouverez
tous les jours un peu tard, venez prendre le thé »,. de sorte
qu'elle accompagnait d'un sourire fin et doux œs mots:
prononcés par elle avec un accent anglais. momentané. et
desq_uels son inte,docutew: prenait bonne note en salua.nt
d'un. air grave, comme s'ils av.aient été quelque cllt&gt;s.e
d'im{&gt;Ortant et de singulier qui commandât la déférence
et exigeât de l'attention. Il y avait une- autre raison que
cellesdo.nnées.plush;nitetpourlaquellelesfleursn'avaient
pas un c.ara.ctère d'ornement dans le salon de ~ e Swa.n:11
et cette ra.ison..J.à ne tenait pas à.1'époque, mais en partie

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

83

à l'existence qu'avait menée jadis Odette. Une grande
coootte, comme elle avait été, vit beaucoup pour ses
amants, c'est-à-dire chez elle, ce qui peut la conduire à
vivr:e:pour elle. Les choses que chez une honnête femme
on voit et qui certes peuvent lui paraître, à elle aussi,
avoir de rimportance, sont celles, en tous cas, qui pour
la cocotte en ont le plus. Le point culminant de sa journée
est celui non pas où elle s'habille pour le monde mais où
' ,
elle se d.éshabfüe pour un homme. Il lui faut être aussi
élégante en robe de chambre, en chemise de nuit, qu'en
toilette de ville. D'autres femmes montrent leurs bijoux,
elle, elle vit dans l'intimité de ses perles. Odette avait
du reste l'air bien plus jeune que vingt ans plus tôt,
car, arrivée au milieu de la vie, Odette s'était enfin
découvert ou inventé une physionomie personnelle, un
« canctère » immuable, un genre de beauté, et, sur ses
traits décousus qui pendant si longtemps livr.és aux
caprices hasardewf et impuissants de la chair, prenant
à Ja moindre fatigue, pour un instant, des années, une
sorte de vieillesse passagère lui avaient composé tant
bien que mal, selon son humeur et selon sa mine un
visage épais, journalier, informe et charmant, a.~ait.
appliqué ce type fixe, comme une jeunesse immortelle,

Les jours oà Mme Swann n'était pas sortie du tout on
la trouvait dans une robe de chambre de crêpe de Chine
blaadie ,.n....-•
.
.
,
~ une première neige, parfois aussi dans un
de ces longs tuyautages de mousseline de soie, qui ne
semblent q.trune jonchée. de pétales roses ou blancs et
qu•~ 1!romrerait aujourd'hui peu appropriés à l'hiver,
et bien à· tort. Car ce!:! étoffes légères- et ces, couleurs-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
LE CHAGRIN DE LA StPARATION ET L'OUBLI

1·

tendres donnaient à la femme - dans la grande chaleur
des salons d'alors fermés de portières et desquels ce que
les romanciers mondains de l'époque trouvaient à dire
de plus élégant, c'est qu'ils étaient « douillettement
capitonnés» -le même air frileux qu'aux roses qui pouvaient y rester à côté d'elle, malgré l'hiver, dans l'incarnat
de leur nudité, comme au printemps. A cause de cet
étouffement des sons par les tapis et de sa retraite dans
des enfoncements, la maîtresse de la maison n'étant pas
avertie de votre entrée comme aujourd'hui, continuait
à lire pendant que vous étiez déjà presque devant elle,
ce qui ajoutait encore à cette impression de romanesque,
à ce charme d'une sorte de secret surpris, que nous
retrouvons aujourd'hui dans le souvenir de ces robes déjà
démodées alors, que Mme Swann était peut-être la seule
à ne pas avoir encore abandonnées et qui nous donnent
l'idée que la femme qui les portait devait être une héroïne
de roman parce que nous, pour la plupart, ne les avons
guère vues que dans certains romans d'Henry Gréville.
- On ne peut pas s'en aller de cette maison, disait
Mme Bontemps à Mme Swann tandis que Mme Cottard,
dans sa surprise d'entendre exprimer sa propre impre.c;sion,
s'écriait: « C'est ce que je me dis toujours, avec ma petite
jugeote, dans mon for intérieur ! » approuvée par
des messieurs du Jockey qui s'étaient confondus en
saluts, et comme comblés par tant d'honneur, quand
Mme Swann les avait présentés à cette petite bourgeoise
peu aimable, qui restait devant les brillants amis d'Odette
sur la réserve sinon sur ce qu'elle appelait la« défensive»,
car elle employait toujours un langage noble pour

85

les choses le~ plus simples. « Voilà trois mercredis que
vous me fa1tes faux bond », disait Mme Swann à
Mme Co~tard. « ~'est vrai, Odette, il y a des siècles,
~nités que Je ne_ v?us ai vue. Vous voyez que
J~ pla1?e cou~able, ma1s il faut vous dire, ajoutait-elle
d un ~r pudi?°nd et vague, car quoique femme de
médec1~ elle n aurait pas osé parler sans périphrases de
rhumat'.sme o~ de coliques néphrétiques, que j'ai eu bien
des petites
misères. Chacun a les siennes· Et pw's J.,a1. eu
.
une case dans ma domesticité mâle. Sans être plus
qu'une autre très imbue de mon autorité ., . dû
f .
' J aI
' pour
~e un exemple' renvoyer mon Vatel qui, je crois, cherchait
d ~eurs une place plus lucrative. Mais son départ a
fa11li entraîner la démission de tout le ministère. Ma femme
de chambre ~e voulait pas rester non plus, il y a eu des
scèn~ hom~nques. Malgré tout, j'ai tenu ferme le gouvernad, etc est une véritable leçon de choses qui n'aura
pas été ~erdue pour moi. Je vous ennuie avec ces histoires
de serviteurs, mais vous savez comme moi quel tracas
c'est d'être obligée de procéder à des remaniements dans
son personnel. »
- ? Mais vous me semblez b"ien .beIle ? Red/ern
/ecit

'!'5

-thN?tn, vous savez que je suis une fervente de

R au m z· Du reste, c' est un retapage

- Eh bien I cela a un chic !
·
Combien
croyez-vous
)
N
h
chiffre.
. ... on, c angez le premier
m'-

Comment
· c,est pour rien, c'est donné On
. .
, ma1s
ava1t dit trois fois autant » « Voilà
. .
l'ff t ·
·
comme on écnt
is o1re, concluait la femme du docteur• Et mon t rant

�86

LA NOUVELLE REVUE J,RANÇAISE

à Mme Swann un tom- de cou dont celle-ci lui avait fait

présent:
- Regardez, Odette. Vous reconnaissez?
- Qui cultivez,vous, Odette, pour avoir de si belles
fleurs? Lemaître? J'avoue qu'il y avait l'autre jour
devant chez Lemaître un grand arbuste rose qui m'a
fait faù:e une folie,
_ Non, je -n'ai de fleuriste attitré que Debac.
.
~ Moi aussi, disait M.me Collard, mais j'avoue que 1e
lui-fais des infidélités avec Laaha\l1lle.
_ Ah! vous le trompez avec Lachaume, je le lui
dirai, répondait Ocktte qui s'efforçait de « conduir.e la
conversation », comme de &lt;c savoir réunir », de « mettre
en valeur», de -s'effacer», de « servir de trait d'union n,
tous ces arts de la maitresse de maison qui J;o.nt, à vrai
dire, les arts du néant.
Cependant MmeBontemps qui avait dit cent fois qu'elle
ne voulait pas aller chez les Verdurin, ravie d'être invitée
aux merctedis, était en train de calculer comment elle
pourrait s'y rendre le plus de fois possible. Elle ignorait
que Mme Verdurin souhaitait qu'on n'en manquât
aucun; d'autre part elle était de ces personnes peu
recherchées, qui, quand elles sont conviées à des «séries»
par une maîtresse de maison, ne vont pas chez elle comme
ceux qui savent faire toujours plaisir, quand ils ont un
moment et le désir de sortir ; elles, au contraire, se privent
par exemple de la première soirée et de la troisième,
s'imaginant que leur absence sera remarquée et se réservent pour la deuxième et la quatrième; à moins que
leurs informations ne leur ayant appris que la troisième

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

87

sera particulièrement brillante, elles ne suivent un ordre
iniverse, alléguant que « malheureusement la dernière
fois ~ n 1ét~en~ J&gt;as libres». Telle Mme Bontemps.
su.pputmt comlnen 11 polIVait y avoir encore de mercredis
a.va.nt Pâques et de quelle façon elle arriverait à en avoir
unde plus, sans pourtant paraître s'imposer. Elle comptait
sur .Mme ~ottard, ~vec laquelle elle allait revenir (elle
était to~aurs ravie de trouver une amie secourable
~~é~t un « aotomédon ») pour lui donner quelques
indications.. u Oh I madame Bontemps, je vois. que
voas v®:' leva;, c'estirès mal de donner ainsi le signal
d~ la. :fisi:te. Vous_ m~ devez mre compensation pour
n être pas venue Jeudi dernier... Allons, rasseyez-vous
~-.mœnent. Vous ne ferez tout de même plus d'autre
vis,,te av.a.nt Je dîner. Vraiment vous ne vous laissez pas
tenter, ajoutait Mme Swann et tout en tendant une
assiette de gât~aux: vous savez que ce n'est pas mauvais
du tout ces petites saletés-là. Ça ne paye pasdemine,mais
goûtez-en, vous m'en direz des nouvelles''·&lt;&lt; Au contraire
ça a l'air délicieux, répondait Mme Cottard; chez vous
Odette, on n'est jamais à cotrrt de victuailles. Je n'ai
P8:5 besoin de ~ous demander la marque de fabrique, je
S8lS que vous faites tout venir de chez Rebattet. »

Le 1er janvier me fut particulièrement douloureux cette
ann~là. Tout l'est, sans doute, qui fait date et anniversaire, quand on est malheureux. Mais si c'est par
exemple, d'avoir perdu un être cher, la souffrance co~siste
9eUiement d8111S une compara1son
·
. avec le passé
plus vive
Ils'y a1ontart
·
· dans mon cas l'espoir informulé que Gil-·
berte, ayant vonlu me laisser l'initiative des premiers pas

�88

"

1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

et constatant que je ne les avais pas faits, n'avait attendu
que le prétexte du 1er janvier, pour m'écrire : &lt;&lt; Enfin,
qu'y a-t-il, je suis folle de vous, venez que nous nous
expliquions franchement, je ne peux pas vivre sans vous
voir. » Dès les derniers jours de l'année cette lettre me
parut probable. Elle ne l'était peut-être pas, mais, pour
que nous la croyions telle, le désir, le besoin que ~ous e~
avons, suffit. Le soldat est persuadé qu'un certam délai
indéfiniment prolongeable lui sera accordé avant qu'il
soit tué le voleur avant qu'il soit pris, les hommes en
général 'avant qu'ils aient à mourir. C'est là l'amulette
qui préserve les individus - et parfois les peupl~s - non
du danger mais de la peur du danger, en réalité de la
croyance au danger, ce qui dans certains cas permet de
les braver sans qu'il soit besoin d'être brave. Une confiance
de ce genre, et aussi peu fondée, soutient l'amoureux qui
compte sur une réconciliation, sur une lettre. Pour que
je n'eusse pas attendu celle-là, il eût suffi que j'eusse
cessé de la souhaiter. Si indifférent qu'on sache que
l'on est à celle qu'on aime encore, on lui prête une série de
pensées - fussent-elles d'indifférence - ~e _int:~tion
de les manifester, une complication de vie mteneure
où l'on est l'objet peut-être d'une antipathie, mais aussi
d'une attention permanentes. Pour imaginer au contraire ce qui se passait en Gilberte, il eût fallu que je
pusse tout simplement anticiper dès ce 1er j~vier-là ce
que j'eusse ressenti celui d'une des années smvant~s, et
où l'attention, ou le silence, ou la tendresse ou la fr01deur
de Gilberte eussent passé à peu près inaperçus à mes
yeux et où je n'eusse pas songé, pas _même_ pu songer à
chercher la solution de problèmes qw auraient cessé de

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

89

se poser pour moi. Quand on aime, l'amour est trop grand
pour pouvoir être contenu tout entier en nous ; il irradie
vers la personne aimée rencontre en elle une surface qui
l'arrête, le force à revenir vers son point de départ et
c'est ce choc en retour de notre propre tendresse que
nous appelons les sentiments del' autre et qui nous charme
plus qu'à l'aller, parce que nous ne reconnaissons pas
qu'elle vient de nous. Le 1er janvier sonna toutes ses
heures sans qu'arrivât cette lettre de Gilberte. Et comme
j'en reçus quelques-unes de vœux tardifs ou retardés par
l'encombrement des courriers à ces dates-là, le 3 et le
4 janvier j'espérais encore, de moins en moins pourtant.
Les jours qui suivirent, je pleurai beaucoup. Certes cela
tenait à ce qu'ayant été moins·sincère que je ne l'avais
cru ~u~d j'avais renonté à Gilberte, j'avais gardé cet
espoir dune lettre d'elle pour la nouvelle année. Et le
voy~t épuisé avant que j'eusse eu le temps de me précautionner d'un autre, je souffrais comme un malade
qui a vidé sa fiole de morphine sans en avoir sous la main
un~ second~. Mais peut-être en moi - et ces deux explica~ion~ ne s excluent pas, car un seul sentiment est quelquefms fait de contraires -l'espérance que j'avais de recevoir
e~fin une lettre avait-elle rapproché de moi l'image de
Gilberte, recréé les émotions que l'attente de me trouver
près d '~Ile, sa vue, sa manière d'être avec moi, me causaient
aut~efois. La possibilité immédiate d)me réconciliation
avait supprimé cette chose de l'énormité de laquelle
nous ne no~s rendons pas compte - la résignation. Les
neurasthém~~es ne peuvent croire les gens qui leur
~surent qu ils seront peu à peu calmés en restant au
lit sans recevoir de lettres, sans lire de journaux. Ils se

�LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

90

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

figurent que ce régime neJera qu'exaspérer leor nervosité.
De même leli amoureux, le considérant du sein d'un état
contraire, n'ayant pas commencé de l'expérimenter, ne
peuvent croire à la puissance bienfaisante du renonce-

l ,

ment.
A cause de la violence de mes battements de cœur on
me fit diminuer la caféine, ils cessèrent. Alors je me
demandai si ce n'était pas un peu à elle qu'était due o&amp;te
angoisse que j'avais éprouvée quand je m'étais à peu près
brouillé avec Gilberte, et que j'avais attribuée chaque
fois qu'elle se renouvelait à la souffrance de ne plus voir
mon amie ou de risquer de ne la voir qu'en proie à lamême
mauvaise, humeur. Mais si ce médicament avait été à
l'origine des souffrances que mon imagination eût alo~s
faussement interprétées (ce qui n'aurait rien d'extraordinaire, les plus cruelles peines morales ayant somrent c~~z
les amants l'habitude physique de la femme avec qui ils
vivent), c'était à la façon du philtre qui longtemps après
avoir été absorbé continue à lier Tristan à Yseult. Car
l'amélioration physique que la diminution de la caféine
amena presque immédiatement chez moi n'~êta P~
l'évolution de chagrin que l'absorption du to.x1que avait
peut-être sinon créé, du moins su ren~e pl~ ai~.
Seulement, quand le milieu du m01s de 1anvier approcha une fois déçues mes espérances d'une lettre pour
1
le jour de l'an et la douleur supplémentaire qui avait
accompagné leur déception une fois calmée, ce fut ~on
chagrin d'avant, les Fêtes» qui recommenç~. Ce qu ~~ Y
avait peut-être encore en lui de plus cruel, ces~
J e~
fusse moi-même l'artisan conscient, volonta1re, lDlpttoyable et patient. La seule chose à laquelle je tinsse,

qu:

91

mes relations avec Gilberte, c'est moi qui travaillais à les
rendre impossibles en créant peu à peu, par la séparation
prolongée d'avec mon amie, non pas son indifférence,
mais ce qui reviendrait finalemen! au même, la mienne.
C'était à un long et cruel suicide du moi qui en moi-même
aimait Gilberte que je m'acharnais avec continuité avec
Ja clairvoyanoe non seulement de ce que je faisais dans le
p~t, mais de oe qui en résulterait pour l'avenir : je
~~ n~n pas ~ement que dans un certain temps je
n a.unerais plus Gilberte, mais encore qu'elle-même le
regrett~rait, ~ que les tentatives qu'elle ferait alors pour
me voir, serru.ent aussi vaines que celles d'aujourd'hui,
~ ~ parce_ que je l'aimerais trop, mais parce que
J ~ certamement une autre femme que je resterais
à ~ • ~ attendre, pendant des heures dont je n'oserais
pas distrarre Wle parœlle pour Gilberte qui ne me serait
~lus ~en. Et sans doute en ce moment même, où (puisque
J étm résolu à ne plus la voir, à moins d'une demande
formelle d'explications, d'une complète déclaration d'amour de sa part, lesquelles n'avaient plus aucune chance
de venir), j'avais déjà perdu Gilberte, et l'aimais davan~e, je sentais tout ce qu'elle était pour moi, mieux que
année précédente quand, passant tous mes après-midi
avec el~e, selon que je voulais, je croyais que rien ne
~açatt n~e amitié, sans doute en ce moment l'idée que
Jéprouven.1s un jour les mêmes sentiments pour une
a~tre m'était odieuse, car cette idée m'enlevait outre
Gilberte, mon amour et ma souffrance. Mon amour
ma souffrance, où en pleurant j'essayais de saisir juste~
ment ce qu'était Gilberte, et desquels il me fallait reconnaître qu'ils ne lui appartenaient pas spécialement et

�LE CHAGRIN DE LA SÉPARATIO~ ET L'OUBLI

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

92

seraient, tôt ou tard, le lot de telle ou telle femme. De
sorte_ c'était du moins alors ma manière de penser qu'on est toujours détaché des êtres; quand on aime, on
sent que cet amour ne porte pas leur nom, pourra d_:ins
l'avenir renaître, aurait même pu, dans le passé, naitr~
pour une autre et non pour celle-là. _Et d~s le temps ou
l'on n'aime pas, si l'on prend philosophiquement son
arti de ce qu'il y a de contradictoire dans l'amour,
~.est que cet amour dont on parle à son aise on n~ l'éprouve
pas alors, donc on ne le connaît pas, la co~na1ssance en
ces matières étant intermittente et ne sur_viv:n_t P".'5 _à la
présence effective du sentiment. Cet avenu ou Je n ai~erais plus Gilberte et que ma souffrance m'aidait à devmer
sans que mon imagination pût encore se le' repr~ent~r
clairement, certes il eût été temps encore d avertir G~berte qu'il se formerait peu à peu, que sa_ venue était
'nente, du moins inéluctable, s1 elle-même,
smon
..
Gilberte, ne venait pas à mon aide et ne dét~sait p~s
dans son germe ma future indifférence. Cornb1~n de f~1s
ne fus-je pas sur le point d'écrire, ou d'aller ~ire à Gilberte : « Prenez garde, j'en ai pris la résolution, la d~marche que je fais est une démarche suprêm~. Je v~us vois
pour la dernière fois. Bientôt je ne vous aimerai ~lus. »
A quoi bon ? De quel droit eussé-je reproché à Gilberte
une indifférence que, sans me croire coupable pour c~la,
.
anifestais à tout ce qui n'était pas elle? La dernière
Je m
d''
fois ! A moi, cela me paraissait quelque chose, t~ense,
parce que j'aimais Gilberte. A elle cela lui eut fait s~s
doute autant d'impression que ces lettres où des ~s
demandent à nous faire une visite avant de s'expatner,
visite que, comme aux ennuyeuses femmes qui nous
•

unnu·

93
aiment, nous leur refusons parce que nous avons des
plaisirs devant nous. Le temps dont nous disposons chaque
jour est élastique ; les passions que nous ressentons le
dilatent, celles que nous inspirons le rétrécissent, et
l'habitude le remplit.
D'ailleurs, j'aurais eu beau parler à Gilberte, elle ne
m'aurait 'pas entendu. Nous nous imaginons toujours
quand nous parlons, que ce sont nos oreilles, notre esprit
qui écoutent. Mes paroles ne seraient parvenues à Gilberte que déviées, comme si elles avaient eu à traverser
le rideau mouvant d'une cataracte avant d'arriver à
mon amie, méconnaissables, rendant un son ridicule
n'ayant plus aucune espèce de sens. La vérité qu'on me~
dans les mots ne se fraye pas son chemin directement
n'est pas douée d'une évidence irrésistible. Il faut qu'asse~
de temps passe pour qu'une vérité de même ordre ait
pu se former en eux. Alors l'adversaire politique qui,
malgré tous les raisonnements et toutes les preuves, tenait
le sectateur de la doctrine opposée pour un traître,
partage lui-même la conviction détestée à laquelle celui
qui cherchait inutilement à la répandre ne tient plus.
~o~ le chef-d'œuvre qui pour les admirateurs qui le
lisaient haut semblait montrer en soi les preuves de
~on ex~ellence et n'offrait à ceux qui écoutaient qu'une
image insane ou médiocre, sera par eux proclamé chefd'œ~vre, trop tard pour que l'auteur puisse l'apprendre.
Pareillement en amour les barrières, quoi qu'on fasse,
ne peuvent être brisées du dehors par celui qu'elles désespèrent ; et c'est quand il ne se souciera plus d'elles,
que, tout à coup, par l'effet du travail venu d'un autre
côté, accompli à l'intérieur de celle qui n'aimait pas,

�LA ::souVELLE REVUE FRANÇAISE

94
ces barrières, attaquées jadis sans succès, tomberont sans
utilité. Si j'étais venu annoncer à Gilberte mon indifférence future et le moyen de la prévenir, elle aurait induit
de cette démarche que mon amour pour elle, le besoin
que j'avais d'elle, étaient entore plus grands qu'elle n'avai.t
cru, et son ennui de me voir en eût été augmenté. Et 11
est bien vrai, du reste, que c'est cet amour qui m'aidait,
par les états d'esprits disparates qu'jl faisait se succéder en
moi, à prévoir, IIIieux qu'elle, la fin de cet amour. Pourtant, un tel avertissement, je l'eusse peut-être adressé,
par lettre ou de vive voix, à Gilberte, quand assez de
temps eut passé, me la rendant ainsi, il est vrai, moins
indispensable, mais aussi ayant pu lui prouver qu'elle _ne
me fétait pas. Malheureusement, certaines personnes b1e~
ou mal intentionnées lui parlèrent de moi d'une façon qm
dut lui laisser croire qu'elles le faisaient à ma prière.
Chaque fois que j'appris ainsi que Cottard, ma mère ellemême, et jusqu'à. M. de Norpois, avaient, par de
droites paroles, rendu inutile tout le sacrifice que je venais
d'accomplir, gâché tout le résultat de ma réserve en me
donnant faussement l'air d'en être sorti, j'avais un double
ennui. D'abord je ne pouvais plus faire dater que de ce
jour-là ma pénible et fructueuse abstention que ces
fâcheux avaient à mon insu interrompue et par conséquent
annihilée. Mais, de plus, j'eusse eu moins de plaisir à voir
Gilberte qui me croyait maintenant non plus dignement
résigné, mais manœuvrant dans l'ombre pour une e~tr~vue qu'elle avait dédaigné de m'accorder. Je maudissais
ces vains bavardages de gens qui souvent, sans même
l'intention de nuire ou de rendre service, pour rien, pour
parler, quelquefois parce que nous n'avons pas pu not11!

mal:-

LE CHAGRIN DE LA StPARATION ET L'OUBLI

95

empêcher de le faire devant eux et qu'ils sont indiscrets
(comme nous), nOtlS causent, à point nommé, tant de
mal. Il est vrai. que dans la funeste besogne accomplie
poar 1a destruct10n de notre amour, ils sont loin de jouer
un rôle- égal à. deux personnes qui ont pour habitude
l'une par excès de bonté et l'autre de méchanceté de tout
défaire au moment que tout allait s'arranger. Mais ces
~personnes-là nous ne leur en voulons pas comme aux
mop~s Cottard, car la dernière c'est la personne qoe
nous aunons et la première, c'est nous-même.
•
~cpendant, comme presque chaque fois que j'allais la
VOU', Mme Swann m'invitait à venir goûter avec sa fi.Il
et me disait~ répondre directement à celle-ci, j'écrivai:
50~~t ~ Gilberte, et dans cette correspondance je ne
chomssa1s pas les phrases qui eussent pu, me semblait-il
la persuad~, je cherchais seulement à frayer le lit le ph~
do1a: ~ rmssellement de mes pleurs. Car le regret comme
le désir ne cherche pas à s'analyser, mais à se satisfaire .
~don c?mmence d'aimer, on passe le temps non
sa"l'Oœ ce qu est son amour, mais à préparer les possibilités
des, renderrvous du lendemain. Quand on r~nonce on
~herche n~ à connaître son chagrin, mais à offrir d~ lui
a celle qm •~ cause l'expression qui nous paraît la plus
tendre. On dit des choses qu'on éprouve le besoin de di
et.que l'autre ne comprendra pas, on ne parle que p re
sc»mêm
. : • J'avais cru que ce ne serait our
. e. J'écrivais
pas
possible.
Hélas!
je
vois
que
ce
n'est
pas
s1·
d'ffi
·1
disais
. .
1 c1 e. » J e
. ~ 1 • Je_ ne vous verrai probablement plus •, je
1e disais en_continuant à me garder d'une froideur qu'elle
e~t ~u cr01re affectée, et ces mots, en les écrivant me
faisatent pleurer parce que Je
• ~entais
. qu'ils exprimaient
'

à

�FRANÇAISE

LA NOUVELLE REVUE
6
9
. mrus
. ce qui arriverait en
.,
.
ulu croire,
non ce que 1 aurrus vo.
e de rendez-vous qu'elle
réalité. Car à la prochrune ~emand
mme cette fois le
.
·, urrus encore co
.
me ferrut adresser, 1 a
f
refus 1"'arriverrus
éd et de re us en
,
courage de ne pas c er , force de ne plus l'avoir ~e
peu à peu au moment où_ à
leurais mais je trouvrus
je ne désirerais pas la voir. Je Pd
de sacrifier le
.
aissais la ouceur,
le courage, 1e conn ,
1 ossibilité de lui paraître
bonheur d'être aupr~ d elle_à
I lui paraître agréable
agréable un jo':11', un 1our,ou, thèse même, pourtant si
me serait indifférent. L hypo
e elle l'avait
1
'en ce moment, comm
peu vraisemblab e, qu .
. ·t ue 1· e lui avais faite,
t la dernière visi e q
.
•
prétendu pend an
.
ais pour l'ennui qu on
elle m'aimât, que ce que Je pdrent n est las ne fût dû
!qu'un on o
•
éprouve auprès d e que
,
e feinte d'indifféqu'à une susceptibilité_ jalouse, ~ ~ t que rendre ma
à la mienne, ne rus
1
al
rence an o~e
semblaitalorsque,dansque résolution moms cruelle. Ilme
.
oubliés l'un
ès ue nous nous senons
ques années, apr q .
ti'vement lui dire que
d · ourrrus rétrospec
.
l'autre, quan 1e p
t ''étais en train de lui écore
• n ce momen J
.
cette lettre que
.
11 me répondrrut : c Cornn'avait été nullement, s'.n~èr\ es~ vous saviez comme je
us m auruez.
ment, vous, vo
., spérais un rendez-vous,
l'attendais, cette lettre, commLeJ e sée pendant que je
fit pleurer. » a pen '
., •
11
comme e e me .
tré de chez sa mère, que J étrus
lui écrivais, aussitôt ren
écisément ce malenpeut-être en train deéconso7ae:!:tesse même, par le
tendu-là, cette pens ~. p~ . é de Gilberte, me pousplaisir d'imaginer que J étais rum
sait à continuer ma lettre.

~ias

Quand Gilberte qui d'habitud e donnait ses goûters

97

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATI0:-1' ET L'OUBLI

Jc jour où recevait sa mère, devait au contraire être
absente et qu'à cause de cela je pouvais aller au « Choufleury » de Mme Swann, je la trouvais vêtue de quelque
belle robe, certaines en taffetas, d'autres en faille, ou en
velours, ou en crêpe de Chine, ou en satin, ou en soie,
et qui, non point lâches commes les déshabillés qu'elle
revêtait ordinairement à la maison, mais combinées,
comme pour la sortie au dehors, donnaient cet aprèsmidi-là à son oisiveté chez elle quelque chose d'alerte
et d'agissant.
Dans la confusion du salon, venant de reconduire une
visite, ou prenant une assiette de gâteaux pour les offrir
à une autre, Mme Swann en passant près de moi me prenait une seconde à part : « Je suis spécialement chargée
par Gilberte de vous inviter à déjeuner pour après-demain.
Comme je n'étais pas certaine de vous voir, j'allais
vous écrire si vous n'étiez pas venu. » Je continuais à
résister. Et cette résistance me coûtait de moins en moins,
parce qu'on a beau aimer le poison qui vous fait du mal,
quand on en est privé par quelque nécessité, depuis déjà
un certain temps, on ne peut pas ne pas attacher quelque
prix au repos qu'on ne connaissait plus, à l'absence
d'émotions et de souffrances. Si l'on n'est pas tout à fait
sincère en se disant qu'on ne voudra jamais revoir celle
qu'on aime, on ne le serait pas non plus en disant qu'on
veut la revoir. Car, sans doute, on ne peut supporter son
absence qu'en se la promettant courte, en pensant au
jour où on se retrouvera, mais d'autre part, on sent à
quel point ces rêves quotidiens d'une réunion prochaine
et sans cesse ajournée sont moins douloureux que ne
serait une entrevue qui pourrait être suivie de jalousie,
7

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

98
de sorte que la nouvelle qu'on va revoir celle qu'on
aime donnerait une commotion peu agréable. Ce qu'on
recule maintenant de jour en jour, ce n'est plus la fin
de l'intolérable anxiété causée par la séparation c'est
le recommencement redouté d'émotions sans issue. Comme
à une telle entrevue on préfère le souvenir docile qu'on
complète à son gré de rêveries où celle qui, dans la réalité,
ne vous aime pas, vous fait au contraire des déclarations,
quand vous êtes tout seul; ce souvenir qu'on peut arriver
en y mêlant peu à peu beaucoup de ce qu'on désire à
rendre aussi doux qu'on veut, comme on le préfère à
l'entretien ajourné où on aurait affaire à un être à qui
on ne dicterait plus à son gré les paroles qu'on désire,
mais dont on subirait les nouvelles froideurs, les violences
inattendues. Nous savons tous quand nous n'aimons plus,
que l'oubli, même le souvenir vague ne causent pas tant
de souffrances que l'amour malheureux. C'est d'un tel
oubli anticipé que je préférais, sans me l'avouer, la reposante douceur.
D'ailleurs, ce qu'une telle cure de détachement psychique et d'isolement peut avoir de pénible, le devient de
moins en moins pour une autre raison, c'est qu'elle affaiblit, en attendant de la guérir, cette idée fixe qu'est un
amour. Le mien était encore assez fort pour que je tinsse
à reconquérir tout mon prestige aux yeux de Gilberte,
lequel, par ma séparation volontaire devait, me semblait-il, grandir progressivement, de sorte que chacune de
ces calmes et tristes journées où je ne la voyais pas,
venant l'une aprè.c; l'autre, sans interruption, sans
prescription (quand un fâcheux ne se mêlait pas de mes
affaires}, était une journée non pas perdue, mais gagnée.

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

99

Inuti1d'_emlarent gagnée peut-être, car bientôt on pourra1·t
me ec- er guen'·. La rc:,ignation,
,_ ·
• modalité de l'hab·t d
permet à certaines f
'
i u e,
Celles .. fun
de s accroître indéfiniment.
, SI m
es que J ava.is pour
le premier soir de ma brouille sup~rter mon chagrin,
portées depm·s lors à
. avec ~Ilberte, avaient été
une pwssance mcalcul bl
ment la tendance
de tout ce qm. existe
. à sea e. 1Seule.
est parfois coupée de b
.
.
pro onger,
rusques unpulsmns aux il
nous nous concédons avec d'autant
. d
que es
de nous laisser aller ue
moms e scrupules
de .
q nous savons pendant c b'
Jours, de mois, noos avons
.
om ien
nous priver. Et souvent , t pu, nous poumons encore,

.?1"~

épargne va être pleine q~'o:7a_ J~~!u~\?ourse où ~'on
sans attendre le résultat d tr .
un coup, c est
on s'est habitué à 1 .
,u a1tement et quand déjà
Mme
w, qu on le cesse Et
.
Swann me redisait ses h b·t
.
un Jour où
plaisir que Gilberte aur .t à a i u_elles paroles sur le
bonheur dont J·e me ~ . me voir, mettant ainsi le
pnvais déjà d
· •
comme à la portée d
.
epws si longtemps
e ma main 1· fus b
prenant qu'il ét ·t
, e
ouleversé en cornai encore poss'bl d
peine à attendre le lend
. i . e e le goûter ; et j'eus
emain ; Je venai d
,
Gilb
s e me resoudre
à aller surprendre
.
.
erte avant son dîner
à pat·ienter tout l'espace ·d'
f tCe qw m'aida
.
.
u un proJet que fe fis D
une Journée
que j'étais r.(.-nc·lié . u moment que tout était oublié
""' 1
avec Gilberte, Je
· ne voulais plus la•
voir qu'en amo
ureux. Tous les ·
moi les plus belles fleurs .
Jours, elle recevrait de
bien qu'elle n'e't
l q~ fussent. Et si Mme Swann
u pas e dr01t d'êt
'
ne me permett ·t
re une mère trop sévère
ai pas des envo · d fi
trouverais des cadeaux plus _is_ e eurs quotidiens, je
Mes patents ne
..a-- . precieux et moins fréquents.
me =ruaient pas assez d'argent pour

�IOO

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

achete~ des choses chères. Je songeai à une grande po~iche
de vieux Chine qui me venait de ma tante ~éome ~t
dont maman prédisait chaque jour que Fr~?ç~ise allait
. en lU1' d1'sant .· « A s'est décollée ii et qu il n en restevemr
rait rien. Dans ces conditions n'était-il pas plus sa5e. ~e
de la vendre pour pouvoir faire. tout le. plaisir
lavendre,
que je voudrais à Gilberte. Il me semblait que Je p~urrais bien en tirer mille francs. Je la fis envelopper, 1 habitude m'avait empêché de jamais la voir; ~•en s~parer
eut au moins un avantage qui fut de me faire faire sa
.
ce. Je l'emportai avec moi avant d'aller
connaissan
.
chez les Swann, et en donnant leur adresse au coc~er, Je
lui dis de prendre, par les Champs-Elysées, au ~01~ d~sait le magasin d'un grand marchand de chino1senes
que1s ét
. ·1 ' ff .t
que connaissait mon père. A ma grande surp:1se, 1 m_ o r_1
séance tenante de la potiche, non pas mille, mais dix
mille francs. Je pris ces billets avec ravissem~nt; p~ndant
toute une année, je pourrais combler chaque Jour Gll~erte
de roses et de lilas. Quand je fus remonté dans la voiture
en quittant le marchand, le cocher, tout n~turellement,
e les Swann demeuraient près du B01s, se trouva,
cornm
l'
d
lieu du chemin habituel, descendre avenue es
~:amps-Elysées. 11 avait déjà dépassé le coin de la rue de
très
Bem,. quand , dans le crépuscule, je crus reconnaître,
d. f
e
la
maison
des
Swann
mais
allant
dans
la
irec
10n
près d
.
. 1 t
t
inverse et s'en éloignant, Gilberte qui marchait en emen
quoique d'un pas délibéré à côté d'un je~ne homme_ avec
qui elle causait et duquel je ne pus d1stmgue~ le vis:3-ge.
Je me soulevai dans la voiture, voulant faire arreter,
puis j'hésitai. Les deux promeneurs étaient déjà ~ peu
loin et les deux lignes douces et parallèles que traçait leur

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

IOI

lente promenade allaient s'estompant dans l'ombre
élyséenne. Bientôt, j'arrivai devant la maison de Gilberte.
Je fus reçu par Mme Swann : « Oh I elle va être désolée,
me dit-elle, je ne sais pas comment elle n'est pas là. Elle
a eu très chaud tantôt à un cours, elle m'a dit qu'elle voulait aller prendre un peu l'air avec une de ses amies. i&gt;
«Je crois que je l'ai aperçue avenue des Champs-Elysées. ii
« Je ne pense pas que ce fût elle. En tous cas ne le dites
pas à son père, il n'aime pas qu'elle sorte à ces heures-là.
Good evening i&gt;. Je partis, dis au cocher de reprendre
le même chemin, mais ne retrouvai pas les deux promeneurs. Où avaient-ils été ? Que se disaient-ils dans le soir
de cet air confidentiel ?
Je rentrai, tenant avec désespoir les dix mille francs
inespérés qui avaient dû me permettre de faire tant
de petits plaisirs à cette Gilberte que, maintenant, j'étais
décidé à ne plus revoir. Sans doute, cet arrêt chez le
marchand de chinoiseries m'avait réjoui en me faisant
espérer que je ne verrais plus jamais mon amie que
contente de moi et reconnaissante. Mais si je n'avais pas
fait cet arrêt, si la voiture n'avait pas pris par l'avenue
des Champs-Elysées, je n'eusse pas rencontré Gilberte
et ce jeune homme. Ainsi un même fait porte des
rameaux opposites et le malheur qu'il engendre annule
le bonheur qu'il avait causé. Il m'était arrivé le contraire
de ce qui se produit si fréquemment. On désire une joie,
et le moyen matériel de l'atteindre fait défaut. « Il est
triste, a dit LaBruyère, d'aimer sans une grande fortune».
Il ne reste plus qu'à essayer d'anéantir peu à peu le désir
de ~ette joie. Pour moi, au contraire le moyen matériel
avait été obtenu, mais, au même moment, sinon par un

�102

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

effet logique, du moins par une conséquence fortuite de
cettè réussite première, la joie avait été dérobée. Il semble,
d'ailleurs, qu'elle doive nous l'être toujours. D'ordinaire,
il est vrai, pas dans la même soirée où nous avons acquis
ce qui la rend possible. Le plus souvent nous continuons
de nous évertuer et d'espérer quelque temps. Mais le
bonheur ne peut jamais avoir lieu. Si les circonstances
arrivent à être surmontées, la nature transporte la
lutte du dehors au dedans et fait peu à peu changer
assez notre cœur pour qu'il désire autre chose que ce qu'il
va posséder. Et si la péripétie a été si rapide que notre
cœur n'a pas eu le temps de changer, la nature ne désespère pas pour cela de nous vaincre, d'une manière plus
tardive il est vrai, plus subtile, mais aussi efficace. C'est
alors à la dernière seconde que la possession du bonheur
nous est enlevée, ou plutôt c'est cette possession même
que par une ruse diabolique la nature charge de détruire
le bonheur. Ayant échoué dans tout ce qui était du
domaine des faits et de la vie, c'est une impossibilité dernière, l'impossibilité psychologique du bonheur que la
nature crée. Le phénomène du bonheur ne se produit
pas ou donne lieu aux réactions les plus amères.
Je serrai les dix mille francs. Mais ils ne me servaient
plus à rien. Je les dépensai du reste encore plus vite que
si j'eusse envoyé tous les jours des fleurs à Gilberte, car
quand le soir venait, j'étais si malheureux que je ne pouvais rester chez moi et allais pleurer dans les bras de
femmes que je n'aimais pas. Quant à chercher à faire un
plaisir quelconque à Gilberte, je ne le souhaitais plus ;
maintenant retourner dans la maison de Gilberte n'eftt •
pu que me faire souffrir. Même revoir Gilberte qui m'eût

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

103

été si délicieux la veille ne m'eût plus suffi. Car j'aurais
été inquiet tout le temps où je n'aurais pas été près d'elle.
C'est oe q1lÏ lait qu'une femme par toute nouvelle souffrance qu'elle nous inflige, souvent sans le savoir, augmente son pouvoir sur nous, mais aussi nos exigences
envers elle. Par ce mal qu'elle nous a fait, la femme nous
cerne de plus en plus, redouble nos chaînes, mais aussi
celles dont il nous aurait jusque-là semblé suffisant de
la garrotter pour que nous nous sentions tranquilles. La
veille encore, si je n'avais pas cru ennuyer Gilberte, je
me serais contenté de réclamer de rares entrevues, lesquelles maintenant ne m'eussent plus contenté et que
j'eusse remplacé par bien d'autres conditions. Car en
-amour, au contraire de ce qui se passe après les combat!,,
on les fait plus dures, on ne cesse de les aggraver, plus on
est vaincu, si toutefois on est en situation de les imposer.
Ce n'était pas mon cas à l'égard de Gilberte. Aussi je
préférai d'abord ne pas retourner chez sa mère. Je conti~uais bien à me dire que Gilberte ne m'aimait pas, que
Je le savais depuis assez longtemps, que je pouvais la
revoir si je voulais, et, si je ne le voulais pas, l'oublier à
la longue. Mais_ c.es idées, comme un remède qui n'agit
pas contr~ certames affections, étaient sans aucune espèce
~e pouvo1~ efficace contre ces deux Hgnes parallèles que
Je revoyais de temps à autre, de Gilberte et du jeune
homme s'e?,fo~çant à petits pas dans l'avenue des Champs~lysées. ,c e~ait un mal nouveau qui lui aussi finirait par
5 user, c était une image qui un jour se présenterait à
m~n esprit ~ntièrement décantée de tout ce qu'elle contena1t de nocd,comme ces poisons mortelsqu'onmaniesans
danger, comme un peu de dynamite à quoi on peut allumer

�104

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sa cigarette sans crainte d'explosion. En attendant,
il y avait en moi une autre force qui luttait de toute sa
puissance, contre cette force malsaine qui me représentait
sans changement la promenade de Gilberte dans le
crépuscule : pour briser les assauts renouvelés de ma
mémoire, travaillait utilement en sens inverse mon imagination. La première de ces deux forces, certes, continuait
à me montrer ces deux promeneurs de l'avenue des
Champs-Elysées, et m'offrait d'autres images désagréables
tirées du passé, par exemple Gilberte haussant les épaules
quand sa mère lui demandait de rester avec moi. Mais la
seconde force travaillant sur le canevas de mes espérances,
dessinait un avenir bien plus complaisamment développé
que ce pauvre passé en somme si restreint. Pour une
minute où je revoyais Gilberte maussade, combien n'y
en avait-il pas où je combinais une démarche qu'elle
ferait faire pour notre réconciliatiQn, pour nos fiançailles
peut-être. Il est vrai que cette force que l'imagination
dirigeait vers l'avenir, elle la puisait malgré tout dans le
passé. Au fur et à mesure que s'effacerait mon ennui que
Gilberte eût haussé les épaules, diminuerait aussi le
souvenir de son charme, souvenir qui me faisait souhaiter
qu'elle revînt vers moi. Mais j'étais encore bien loin de
cette mort du passé. J'aimais toujours celle qu'il est vrai
que je croyais détester. Mais chaque fois qu'on me trouvait
bien coiffé, ayant bonne mine, j'aurais voulu qu'elle fût
là. j'étais irrité du désir que beaucoup de gens manifestèrent à cette époque de me recevoir et chez lesquels·
je refusai d'aller. Il y eut une scène à la maison parce que
je n'accompagnai pas mon père à un dîner officiel où il
devait y avoir les Bontemps avec leur nièce Albertine,

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

105

petite jeune fille presque encore enfant. Les différentes
périodes de notre vie se chevauchent ainsi l'une l'autre.
On refuse dédaigneusement à cause de ce qu'on aime et
qui vous sera un jour si égal, de voir ce qui vous est égal
aujourd'hui, qu'on aimera demain, qu'on aurait peutêtre pu, si on avait consenti à le voir, aimer plus tôt, et
qui eût ainsi abrégé vos souffrances actuelles, pour les
remplacer il est vrai par d'autres. Les miennes allaient
se modifiant. J'avais l'étonnement d'apercevoir au fond
de moi-même, un jour un sentiment, le jour suivant un
autre, généralement inspirés par telle espérance ou telle
craint~ relatives à Gilberte. A la Gilberte que je portais
en m01. J'aurais dû me dire que l'autre, la réelle, était
peut-être entièrement différente de celle-là, ignorait tous
les regrets que je lui prêtais, pensait probablement beau~oup moin_s à_ moi non seulement que moi à elle, mais que
Je ne la faisais elle-même penser à moi quand j'étais seul
en têt~ à tête avec ma Gilberte fictive, cherchais quelles
~u~ate~t ~tre ses vraies intentions à mon égard et l'imagtnais ainsi, son attention toujours tournée vers moi.
. Pendant ~ _période~ où, tout en s'affaiblissant, pers15te le chagnn, tl faut distinguer entre celui que nous cause
la pens~e constante de la personne elle-même, et celui
q~e raniment certains souvenirs, telle phrase méchante
dite, tel verbe employé dans une lettre qu'on a reçue.
En réservant de décrire à l'occasion d'un amour ultérieur
les form~s diverses du chagrin, disons que de ces deux-là,
la pre~mère est infiniment moins cruelle que la seconde.
Cel~ tient à ce que notre notion de la personne vivant
tou1ours en nous, y est embellie de l'auréole que nous ne
tardons pas à lui rendre, et s'empreint sinon des douceurs

�I06

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

fréquentes de l'espoir, tout au moins du calme d'une
tristesse permanente. (D'ailleurs, il est à ren:iar~uer que
l'image d'une personne qui nous fait souffnr tient FE:u
de place, dans ces complications qui aggravent ~n chagnn
d'amour, le prolongent et l'empêchent de guérir, co~e
-dans certaines maladies la cause est hors de proportions
avec la fièvre consécutive et la lenteur à entrer en convalescence.) Mais si l'idée de la personne que nons ~ons
t
reçoit le reflet d'une intelligence généralement_ op~imtS e,
il n'en est pas de même de ces souvenirs particuliers, de
ces propos méchants, de cette lettre hostile (j~ n_'en reçus
qu'une seule qui le fût, de Gilberte), on dirait qne la
personne elle-même réside dans ces fragments p~urta~t
si restreints et portée à une puissance qu'elle est bien ~om
&lt;l'avoir dans l'idée habituelle que nous formons delle
tout entière. C'est que la lettre nous ne l'avons pas comme
l'image de l'être aimé, contemplé dans le calme !I1élancolique du regret ; nou~ l'avons lue, dévorée, _dans l'angoisse affreuse dont nous étreignait un malheur mattend_u.
La formation de cette sorte de chagrins est autre ; 11s
nous viennent du dehors et c'est par le chemin de la plus
-cruelle souffrance qu'ils sont allés jusqu'à notre cœur.
L'image de notre amie que nous croyons ancienne, authentique, a été en réalité refaite par nous bien des fois.
Le souvenir cruel lui, n'est pas contemporain de cette
image restaurée, il est d'un autre âge, il est un des rares
témoins d'un monstrueux passé. Mais comme ce passé
continue à exister, sauf en nous à qui il a plu de lui substituer un merveilleux âge d'or, un paradis où tout le monde
sera réconcilié, ces souvenirs, ces lettres. sont un rappel à
la réalité et devraient nous faire sentir par le brusque mal

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

I07

qu'ils nous font, combien nous nous sommes éloignés
d'elle dans les fulles espérances de notre attente quotidienne. Ce n'est pas que cette réalité doive toujours
rester la même, bien que cela arrive parfois. II y a dans
notre vie bien des femmes que nous n avons jamais
cherché à revoir et qui ont tout naturellement répondu à
notre silence nullement voulu par un silence pareil.
Seulement celles-là, comme nous ne les aimions pas, nous
n'avons pas compté les années passées loin d'elles, et cet
exemple qui l'infirmerait est négligé par nous quand
nous raisonnons sur l'efficacité de l'isolement, comme le
sont, par ceux qui croient aux pressentiments, tous les
cas où les leurs ne furent pas vérifiés,
Mais enfin l'éloignement peut être efficace. Le désir
l'appétit dé nous revoir, finissent par renaître dans l;
cœur qui actuellement nous méconnaît. Seulement il y
faut du temps. Or, nos exigences en ce qui concerne le
temps ne sont pas moins exorbitantes que celles réclamées
par lec,œurpour changer. D'abord,du temps,c'est précisément ce que nous accordons le moins aisément, car notre
souffrance est cruelle et nous sommes pressés de la voir
finir. Ensuite, ce temps dont l'autre cœur aura besoin
pour changer, le nôtre s'en servira pour changer lui aussi
de ~rte que quand le but que nous nous proposions
deVJendra accessible, il aura cessé d'être un but pour nous
D'ailleurs, l''d'
1 ee même qu'il sera accessible, qu'il n'est.
pas de bonheur que, lorsqu'il ne sera plus un bonheur
pour nous, nous ne finissions par atteindre, èette idée
comporte une part, mais une part seulement de vérité.
Il nous échoit quand Dous Y sommes devenus indifférents
Mais précisément cette indifférence nous a rendus moin~

�.I '
I'

108

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

exigeants et nous permet de croire rétrospectivement
qu'il nous eût ravis à une époque où il nous eût peut-être
semblé fort incomplet. On n'est pas très difficile ni très
bon juge sur ce dont on ne se soucie point. L'amabilité
d'un être que nous n'aimons plus et qui semble encore
excessive à notre indifférence eût peut-être été bien loin
de suffire à notre amour. Ces tendres paroles, cette offre
d'un rendez-vous, nous pensons au plaisir qu'elles nous
auraient causé, non à toutes celles dont nous les aurions
voulu voir immédiatement suivies et que par cette
avidité nous aurions peut-être empêché de se produire.
De sorte qu'il n'est pas certain que le bonheur survenu
trop tard, quand Qn ne peut plu.c; en jouir, quand on
n'aime plus, soit tout à fait ce même bonheur dont le
manque nous rendit jadis si malheureux. Une seule personne pourrait en décider, notre moi d'alors ; il n'est plus
là ; et sans doute suffirait-il qu'il revînt, pour que, identique ou non, le bonheur s'évanouît.
Ainsi, autant que (il y avait quelque temps), de croire
que j'étais tranquillement installé dans le bonheur,
j'avais été insensé, maintenant que j'avais renoncé à
être heureux, de tenir pour assuré que du moins j'étais
devenu, je pourrais rester calme. Car tant que notre
cœur enferme d'une façon permanente l'image d'un autre
être, ce n'est pas seulement notre bonheur, qui peut à
tout moment être détruit ; quand ce bonheur est évanoui,
quand nous avons souffert, puis, que nous avons réussi
à endormir notre souffrance, ce qui est aussi trompeur
et précaire qu'avait été le bonheur même, c'est le calme.
Le mien finit par revenir, car ce qui, modifiant notre

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

109

état moral, nos désirs, est entré, à la faveur d'un rêve,
dans notre esprit, cela aussi peu à peu se dissipe, la permanence et la durée ne sont promises à rien, pas même à
la douleur. D'ailleurs, ceux qui souffrent par l'amour
sont, comme on dit de certains malades, leur propre médecin. Comme il ne peut leur venir de consolation que de
l'être qui cause leur douleur et que cette douleur est une
émanation de lui, c'est en elle qu'ils finissent par trouver
un remède. Elle le leur découvre elle-même à un moment
donné, car au fur et à mesure qu'ils la retournent en eux
cette douleur leur montre un autre aspect de la personn:
regrettée, tantôt si haïssable qu'on n'a même plus le désir
de la revoir par~e qu'avant de se plaire avec elle il faudrait
la faire souffrir, tantôt si douce que la douceur qu'on lui
prête on lui en fait un mérite et on en tire une raison
d'espérer. Mais la souffrance qui s'était renouvelée en
moi eut beau finir pars'apaiser, je ne voulus plus retourner
que rarement ~hez .Mme Swann. C'est d'abord que chez
ceux qui aiment et sont abandonnés, le sentiment d'att:nte - même d'attente inavouée - dans lequel ils
~1ven_t se tr~sforme de lui-même, et bien qu'en apparence
identique, fait succéder à un premier état, un second exac~e~ent contraire. Le premier était la suite, le reflet des
mcidents douloureux qui nous avaient bouleversés. L'attente de ce qui pourrait se produire est mêlée d' ff ·
d'
e roi,
autant plus que nous désirons à ce moment-là, si rien
de_nouveau ne nous vient du côté de celle que nous aimons
aei
•
o r nous-meme,
et nous ne savons trop quel sera le'
s:.iccès d'une démarche après laquelle il ne sera peut-être
plus possible d'en entamer d'autre. .Mais bientôt, sans
que nous nous en rendions compte, notre attente qui

�IIO

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

continue est déterminée, nous l'avons vu, non plus par
le souvenir du passé que nous avons subi, mais par l'espérance d'un avenir imaginaire. Dès lors, elle est presque
agréable. Puis la première en durant un peu, nous a
habitués à vivre dans l'expectative. La souffrance que
nous avons éprouvée, durant nos derniers rendez-vous,
survit encore en nous, mais déjà ensommeillée. Nous ne
sommes pas trop pressés de la renouveler, d'autant ~lus
que nous ne voyons pas bien ce q~e nous demandenons
maintenant. La possession d'un peu plus de la femme que
nous aimons ne ferait que nous rendre plus nécessaire ce
que nous ne possédons pas, et qui resterait malgré tout,
nos besoins naissant de nos satisfactions, quelque chose

tt

d'irréductible.
Enfin une dernière raison s'ajouta plus tard à celle-ci
pour me faire cesser complètement mes visites à
Mme Swann. Cette raison, plus tardive, n'était pas que
j'eusse encore oublié Gilberte, mais de tâcher de l'oublier
plus vite. Sans doute, depuis que ma grande souffrance
était fi.nie, mes visites chez Mme Swann étaient redevenues
pour ce qui me restait de tristesse, le calmant et la _distraction qui m'avaient été si précieux au début. Mais la
raison del'efficacité du premier faisait aussi l'inconvénient
de la seconde, à savoir qu'à ces visites le souvenir de Gilberte était intimement mêlr. La distraction ne m'eût été
utile que si elle eût mis en lutte avec un sentiment que la
présence de Gilberte n'alimentait plus, des pensées, des
intérêts, des passions où Gilberte ne fût entrée pour rien.
Ces états de conscience auxquels l'être qu'on aime reste
étranger occupent alors une place qui, si petite qu'elle
soit d'abord,est autant de retranché à l'amour qui occupait

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

III

l'âme tout entière. Il faut chercher à nourrir, à faire

croître ces pensées, cependant que décline le sentiment
qui n'est plus qu'un souvenir, de façon que les éléments
nouveaux introduits dans l'esprit, lui disputent, lui
arrachent une part de plus en plus grande de l'âme, et
finalement la lui dérobent toute. Je ·me rendais compte
que c'était la seule manière de tuer un amour et j'étais
encore assez jeune, assez courageux pour entreprendre
de le faire, pour assumer la plus cruelle des douleurs qui
naît de la certitude, que, quelque temps qu'on doive y
mettre, on réussira. La raison que je donnais maintenant
dans mes lettres à Gilberte, de mon refus de la voir,
c'était wie allusion à quelque mystérieux malentendu, parfaitement fictif, qu'il y aurait eu entre elle et moi et sur
lequel j'avais espéré d'abord que Gilberte me demanderait
des explications. Mais, en fait, jamais, même dans les
relations les plus insignifiantes de la vie, un éclaircissement n'est sollicité par un correspondant qui sait qu'une
phrase obscure, mensongère, incriminatrice, est mise à
cwssein pour qu'il proteste, et qui est trop heureux de
seatir par là qu'il possède - et de garder - la maîtrise
et l'initiative des opérations. A plus forte raison en est-il
de même dans des relations plus tendres, où l'amour a
tant d'éloquence, l'indifférence siJpeu de curiosité. Gilberte n'ayant pas mis en doute ni cherché à connaître
ce malentendu, il devint pour moi:quelque chose de réel
a~I je_ me référais dans chaque lettre. Et il y a dans
ces situations prises à fau..'C, dans l'affectation de la froideur,
un sortilège que vous y fait persévérer. A force d'écrire :
&lt;t Depuis que nos cœurs sont désunis (pour que Gilberte
me r~ndît: « Mais ils ne le sont pas, expliquons-nous»,

�11 ·,

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111

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111: '[:
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111

1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

j'avais fini par me persuader qu'ils l'étaient. En répétant
toujours:&lt;( La vie a pu changer pour nous, elle n'effacera
pas le sentiment que nous eûmes», par désir de m'entendre
dire enfin : « Mais il n'y a rien de changé, ce sentiment est
plus fort que jamais», je vivais avec l'idée que la vie avait
changé en effet, que nous garderions le souvenir du sentiment qui n'était plus, comme certains nerveux pour
avoir simulé une maladie finissent par rester toujours
malades. Maintenant chaque fois que j'avais à écrire à
Gilberte, je me reportais à ce changement imaginé et
dont l'existence désormais tacitement reconnue par le
silence qu'elle gardait à ce sujet dans ses réponses,
subsisterait entre nous. Puis Gilberte cessa de s'en tenir
à la prétérition. Elle-même adopta mon point de vue ; et,
· comme dans les toasts officiels, où le chef d'Etat qui est
reçu reprend à peu près les mêmes expressions dont vient
d'user le chef d'Etat qui le reçoit, chaque fois que j'écrivais
à Gilberte : « La vie a pu nous séparer, le souvenir du
temps où nous nous connûmes durera», elle ne manqua
pas de répondre : «Lavie a pu nous séparer, elle ne pourra
nous faire oublier les bonnes heures qui nous seront toujours chères » (nous aurions été bien embarrassés de dire
pourquoi « la vie » nous avait séparés, quel changement
s'était produit). Je ne souffrais plus trop. Pourtant un
jour où je lui disais dans une lettre que j'avais appris
la mort de notre vieille marchande de sucre d'orge des
Champs-Elysées, comme je venais d'écrire ces mots :
u J'ai pensé que cela vous a fait de la peine, en moi cela
a remué bien des souvenirs», je ne pus m'empêcher de
fondre en larmes en voyant que je parlais au passé, et
comme s'il s'agissait d'un mort déjà presque oublié, de

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

II3

cet amour auquel malgré moi je n'avais jamais cessé de
penser comme étant vivant, pouvant du moins renaître.
Rien de plus tendre que cette correspondance entre amis
qui ne voulaient plus se voir. Les lettres de Gilberte
avaient la délicatesse de celles que j'écrivais aux indifférents et me donnaient les mêmes marques apparentes
d'affection si douces pour moi à recevoir d'elle.
D'ailleurs peu à peu chaque refus de la voir me fit
moins de peine. Et comme elle me devenait moins chère
mes souvenirs douloureux n'avaient plus assez de fore;
pour détruire dans leur retour incessant la formation du
pf~sir que j'avais à penser à Florence, à Venise. Je regrettais à ces moments-là d'avoir renoncé à entrer dans la
diplomatie et de m'être fait une existence sédentaire
pour ne pas m'éloigner d'une jeune fille que je ne verrai~
p~us et que j'avais déjà presque oubliée. On construit sa
vie pour une person~e et quand enfin on peut l'y recevoir,
~tte _pers~nne ne Vient pas, puis meurt pour nous et on
Vltpnsonruer,dans ce qui n'étaitdestinéqu'àelle.Si Venise
se~b~ai,t à_ mes parents bien lointain et bien .fiévreux pour
moi, il etait du moins facile d'aller sans fatigue s'installer
à Balbe~..Mais pour cela il eût fallu quitter Paris, renoncer
~ ces VIs~tes, grâce auxquelles, si rares qu'elles fussent,
J entendais quelquefois Mme Swann me parler de sa .fille
J~ comme?çai~ du reste à Y trouver tel ou tel plaisir 0 ~
Gilberte n était pour rien.
Quand le printemps approcha ramenant le froid au
te~ps des Saints de glace et des giboulées de la Sem~ine
SaJDte, c~mme Mme Swann trouvait qu'on gelait
chez elle, il m 'arnvait
· · souvent de la voir recevant dans
des fourrures' ses mains
· et ses épaules fnleuses
.
disparais&amp;

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

II4
sant sous le blanc et brillant tapis d'un immense manchon
plat et d'un collet, tous deux d'hermine, qu'elle n'avait
pas quittés en rentrant et qui avaient l'air des derniers
carrés des neiges de l'hiver plus persistants que les autres
et que la chaleur du feu ni le progrès de la saison n'avaient
réussi à fondre. Et la vérité totale de ces semaines glaciales mais déjà fleurissantes était suggérée pour moi dans
ce salon, où bientôt je n'irais plus, par d'autres blancheurs
plus enivrantes, celles, par exemple, des «boules de neige•
assemblant au sommet de leurs hautes tiges nues comme
les arbustes linéaires des préraphaélites, leurs globes
parcellés mais unis, blancs comme des anges annonciateurs
et qu'entourait une odeur de citron. Car la châtelaine
de Tansonville savait qu'avril, même glacé, n'est pas
dépourvu de fleurs, que l'hiver, le printemps, l'été, ne sont
pas séparés par des cloisons aussi hermétiques que tend
à le croire le boulevardier qui jusqu'aux premières chaleurs s'imagine le monde comme renfermant seulement des
maisons nues sous la pluie. Que Mme Swann se contentât
des envois que lui faisait son jardinier de Combray, et
que par l'intermédiaire de sa fleuriste «attitrée» elle ne
comblât pas les lacunes d'une insuffisante évocation à
l'aide d'emprunts faits à la précocité méditerranéenne,
je suis loin de le prétendre et je ne m'en souciais pas.
Il me suffisait pour avoir la nostalgie de la campagne,
qu'à côté des névés du manchon que tenait Mme Swann,
les boules de neige (qui n'avaient peut-être dans la pensée
de la maîtresse de maison d'autre but que de faire, sur
les conseils de Bergotte, « symphonie en blanc majeur •
avec son ameublement et sa toilette) me rappelassent
que !'Enchantement du vendredi saint figure un miracle

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

II5

naturel auquel on pourrait assister tous les ans si l'on
était plœ ,sage, et aidées du parfum acide et capiteux de
~ d ~utres espèces dont j'ignorais les noms et qui
m avait fait rester tant de fois en arrêt dans mes prome~~ de Com~y. rendit le salon de Mme Swann aussi
vtrgtnal, aussi candidement fleuri sans aucune feuille
a~ surchargé d'odeurs authentiques, que le petit rai~
dillon de Tansonville.
Mais c'était encore trop que celui-ci me f(}t r
lé
Son
· ·
· ,
appe •
souvenir nsquait d entretenir le peu qui subsistait
d~ mon amour pour Gilberte. Aussi, bien que je ne souffnsse plus du tout durant ces visites à Mme Sw
.
les
•
ann, Je
espaçai encore et cherchai à la voir le moins possible.
Tout au plus, comme je continuais à ne pas quitter Paris
me
· certaines
·
. concédai
. -Je
promenades avec elle. Les beaux'
Jours
. savais
.
, étaient enfin revenus• et la chaleur• Commc Je
qu avant le déjeuner Mme Swann sortait pend t
~ e~ allait f~e quelques pas avenue du
de 1E~le et ~e 1endroit qu'on appelait alors, à cause des
g~s qw venaient regarder les riches qu'ils ne connaissaient que de nom, Je• Club des Pannés » - j'obtins de
mes p~nts que le dimanche, - car je n'étais pas libre
en ~ne à cette heure-là, - je pourrais ne dé'
que bien
ès
Jeuner
apr eux, à une heure un quart et aller f .
un tour a
,
aire
.
uparavant. Je n'y manquai jamais pendant ce
mo~s de mai, Gilberte étant allée à la campagne h d
anues J' • .
c ez es
. amvais à !-Arc-de-Triomphe vers midi J f . .
le guet à l'
é
,
• e a1sa1s
. d I entr e de l avenue, ne perdant pas des yeux le
com e a petite rue par où Mme Swann qui n'avait ue
à franchir, venait de t hez elle. Co~e
J
eure où beaucoup de promeneurs rentraient

Bo:, :~

;.~;~::.:~.:es

�u6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

déjeuner, ceux qui restaient étaient peu nombreux et
pour la plus grande part, des gens élégants. Tout d'un
coup, sur le sable de l'allée, tardive, alentie et luxuriante
comme la plus belle fleur et qui ne s'ouvrirait qu'à midi,
Mme Swann apparaissait, épanouissant autour d'elle une
toilette toujours différente mais que je me rappelle surtout mauve ; puis elle bissait et déployait sur un long
pédoncule, au moment de sa plus complète irradiation,
le pavillon de soie d'une large ombrelle de la même
nuance que l'effeuillaison des pétales de sa robe.
Mme Swann se tournait vers moi : " Alors, me disaitelle, c'est fini ? Vous ne viendrez plus jamais voir Gilberte? Je suis contente d'être exceptée et que vous
ne me" dropiez, pas tout à fait. J'aime vous voir, mais
j'aimais aussi l'influence que vous aviez sur ma fille.
Je crois qu'elle le regrette beaucoup aussi. Enfin, je ne
veux pas vous tyranniser parce que vous n'auriez qu'à
ne plus vouloir me voir non plus 1, • Odette, Sagan qui
vous dit bonjour ,, faisait remarquer Swann à sa femme.
Et, en effet le prince faisant comme dans une apothéose
de théâtre, de cirque, ou dans un tableau ancien,
faire front à son cheval, adressait à Odette un grand
salut théâtral et comme allégorique où s'amplifiait
toute la chevaleresque courtoisie du grand seigneur
inclinant son respect devant la Femme, fût-elle incarnée en une femme que sa mère ou sa sœur ne
pourraient pas fréquenter. D'ailleurs à tout moment,
reconnue au fond de la transparence liquide et du vernis
lumineux de l'ombre que versait sur elle son ombrelle,
Mme Swann était saluée par les derniers cavaliers attar·

LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

IIJ

dés, comme cinématographiés au galop sur l'ensoleillenent blanc de l'avenue, hommes de cercle dont les noms
.:élèbres pour le public - Antoine de Castellane, Adal~
bert de Montmorency et tant d'autres - étaient pour
Mme Swann des noms familiers d'amis. Et, comme la
durée moyenne de la vie, - la longévité relative, - est
beaucoup plus grande pour les souvenirs des sensations
~tiques que pour ceux des souffrances du cœur-, depuis
s1 longtemps que se sont évanouis les chagrins que j'avais
~ors à cause de Gilberte, il leur a survécu le plaisir que
J éprouve, chaque fois que je veux lire, en une sorte de
cadran solaire les minutes qu'il y a entre midi un quart
et une heure, au mois de mai, à me revoir causant ainsi
avec Mme Swann, sous son ombrelle, comme sous le
reflet d'un berceau de glycines.
J'étais arrivé à une presque complète indifférence à
l'égard de Gilberte, quand deux ans plus tard je partis
avec ma grand'mère pour Balbec. Quand je subissais le
charme d'un visage nouveau, quand c'était à l'aide d'une
autr~ jeune fille que j'espérais connaître les cathédrales
g~tbiques, les palais et les jardins de l'Italie, je me disais
~stement _que notre amour, en tant qu'il est l'amour
d un~ certame créature, n'est peut-être pas quelque chose
bien rée]• puisque si des associations de rêveries agréaes ou douloureuses peuvent le lier pendant quelque
~em~ à une femme jusqu'à nous faire penser qu'il a été
msprré par elle d'une façon nécessaire, en revanche si
nous nous dégageons volontairement ou à notre insu de
ces associations,
· ·
cet amour comme s'il était au contraire
spontané et venait de nous seuls, renaît pour se donner
à une autre femme. Pourtant au moment de ce départ

!~

�LE CHAGRIN DE LA SÉPARATION ET L'OUBLI

n8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pour Balbec et pendant les premiers temps de mon séjour
mon indifférence n'était encore qu'intermittente. Souvent (notre vie étant si peu chronologique, interférant
tant d'anachronismes dans la suite des jours), je vivais
dans ceux, plus anciens que la veille ou l'avant-veille,
où j'aimais Gilberte. Alors ne plus la voir m'était soudain douloureux, comme c'eût été dans ce temps-là. Le
moi qui l'avait aimée remplacé déjà presque entièrement
par un autre, resurgissait, et il m'était rendu beaucoup
plus fréquemment par une chose futile que par une chose
importante. Par exemple, pour anticiper sur mon séjour
en Normandie j'entendis à Balbec un inconnu que je
croisai sur la digue dire : « La famille du directeur du
ministère des Postes. » Or (comme je ne savais pas alors
l'influence que cette famille devait avoir sur ma vie},ce
propos aurait dû me paraître oiseux, mais il me causa une
vive souffrance, celle qu'éprouvait un moi, aboli pour une
grande part depuis longtemps, à être séparé de Gilberte.
C'est que jamais je n'avais repensé à une conversation
que Gilberte avait eue devant moi avec son père, relativement à la famille du ci directeur du ministère des Postes ».
Or, les souvenirs d'amour ne font pas exception aux lois
générales de la mémoire, elles-mêmes régies par les lois
plus générales de l'habitude. Comme celle-ci affaiblit
tout, ce qui nous rappelle le mieux un être, c'est justement ce que nous avions oublié (parce que c'était insignifiant et que nous lui avions ainsi laissé toute sa force).
C'est pourquoi la meilleure part de notre mémoire est
hors de nous, dans un souffle pluvieux, dans l'odeur de
renfermé d'une chambre ou dans l'odeur d'une première
flambée, partout où nous retrouvons de nous-mêmes ce

•1

A

II9

que ·notre intelligence, n'en ayant pas l'emP101,. ava.it
.
déd
. rugné, la dernière réserve du passé, la meilleure, celle
fqm· quand toutes nos larmes semblent taries, sa.i·t nous
aire pleurer encore. Hors de nous ? En nous pour .
d"
. dé
mieux
ire, mais . robée à nos propres regards, dans un oubli
plus ou moms prolongé. C'est grâce à cet oubli seul que
n~us pouvons de temps à autre retrouver l'être que nous
f~:5• nous _placer vis-à-vis des choses comme cet être
1était, souffrir à nouveau, parce que nous ne sommes 1
nous
. 1 . t ,. . .
p us
. . ' mais m, e qu il a.tma.it ce qui nous est maintenant
'.nd1fférent. Au grand jour de la mémoire habituelle les
17age~ du ~assé pâlissent peu à peu, s'effacent, il ne ;este
p us nen d elles, nous ne le retrouverons plus. Ou plutôt
no~ ne le retrouverions plus, si quelques mots (comme
• directeur au mirus
· tère d es Postes ») n'avaient été soigne~m~nt enfermés dans l'oubli, de même qu'on dépose
à la B1bhothèque nationale un exemplaire d'un li
.
sans c 1 ·
•
vre qw
.e a nsquerait de devenir introuvable.
Mais cette souffrance et ce regain d'amour pour Gilberte
ne furent
. pas plus 1ongs que ceux qu'on a en rêve, et
~tte fois au contraire parce qu'à Balbec l'H b"t d
c1enne 'ét ·t 1
,
a I u e ande ' n . ai p us là pour les faire durer. Et si ces effets
bé"l Hab1tud~ semblent contradictoires, c'est qu'elle
:n 1t à d~s l~1s multiples. A Paris j'étais devenu de plus
plus md1fférent à Gilberte, grâce à !'Habitude L
chanégement d'habitude, c'est-à-dire la cessation mom.en~
t an
uane de
. l'H~b.itude paracheva l'œuvre de !'Habitude
\
d Je partis pour Balbec. Elle affaiblit mais stabilise
e e amène la désagrégation mais la fait durer indéfini~
ment.
Chaque 1· our depms
. d es années je calquais tant
.
bien que mal mon état d"ame sur celui de la veille. A

�120

Balbec un lit nouveau à côté duquel on m'apport~t le
matin un petit déjellijer différent de celui de Par~s, ne
devait plus soutenir les pensées dont s'était ~oum m~n
amour pour Gilberte: il y a des cas (assez rare: il est vrai),
où la sédentarité immobilisant les jours, -le meilleur moyen
de gagner du temps, c'est de changer de place. Mon voyage
à Balbec fut comme la première sortie d'un convalescent
qui n'attendait plus qu'elle pour s'apercevoir qu'il est
guéri.

I2I

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

MARCEL PROUST.

LETTRES OUVERTES
l

A JACQUES RIVIÈRE
Mon cher Rivière,
Je me réjouis que tant de lecteurs aient pu trouver
contentement parfait dans votre livre. Je comprends
de reste le soulagement qu'il leur donne après les imprécations pathétiques et incohérentes auxquelles l'état
de guerre nous avait accoutumés. J'y retrouve avec
émotion les qualités exquises de votre critique, vos scrupules, votre pertinence et votre subtilité ; mais, de même
que vous écriviez ce livre, ainsi que l'annonce votre préface, pour le plus grand soulagement de votre esprit,
de même, c'est pour soulager le mien que je vous écris
à mon tour, car, il faut que je vous l'avoue: votre livre
m'a laissé mal à l'aise.
Vous y présentez plus d'un fait que notre presse préférait laisser de côté, passer sous silence, ou nier, _parce
qu'il lui semblait de nature à tempérer le sentiment de
haine contre nos ennemis, sentiment que l'on estime
indispensable à la victoire.

�122

,, ,
1

j

1

tl

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Cet extrême malaise que nous causait la constatation
de certaines manifestations d'apparentes vertus chez
ceux que nous devions et que nous voulions haïr, vous
l'avez pourtant ressenti. Désireux de retrouver
comme vous dites ,, l'aisance de votre souffie et le bon
fonctionnement de votre cerveau ll, vous avez cherché et
vous avez trouvé une explication, une interprétation de
ces faits qui les ren@: d'autant plus haïssables qu'ils
risquaient de nous apparaître, au premier abord, plus
dignes d'estime. Certains esprits vous en sauront le plus
grand gré. Mais il advient parfois, tant votre explication
des faits est subtile, que l'esprit l'oublie peu de temps
après la lecture, pour ne plus se souvenir que des faits
eux-mêmes. C'est parce que nous risquons d'en être dupes
que vous faites bien de nous avertir. Mais vous ne nierez
point que votre interprétation ne -vous ait coûté parfois
quelque gêne. A vrai dire je ne suis même pas sûr que
vous ayez toujours raison, et l'extrême intérêt qùe l'on
prend à vous lire,· vient, sans doute, de ce que, souvent,
en peignant l'Allemand et en vous opposant à lui, vous
vous peignez du même coup vous-même. Ce n'est point
seulement de l' Allemand qu'il s'agit dans votre livre,
c'est aussi de la réaction française. Vous y motivez
admirablement nos raisons d'inadmission en face des
vertus allemandes.
Me permettrez-vous au surplus de vous dire que votre
connaissance du peuple allemand est peut-être encore
un peu jeune? Non point que je pense que le nombre
des années doive vous inviter à la modifier beaucoup
par la suite; mais sans doute serez-vous amené à retrouver
chez d'autres peuples, que vous ne connaissez encore

LETTRES OUVERTES

123

qu'imparfait:ment, certains de ces traits que vous marquez
dans votre bvre comme particuliers à la race allemand 1
~t dont il suffirait sans doute de dire qu'ils sont particu~
lièrement
étrangers aux races latines et a' 1a f rançruse.
.
. .
Votct ce ~ue_ m'écrit_ à ce sujet un Anglais de grande
culture qw vient de lire votre livre :
Cette incapacité d'objectivité que signale J acques
Ri" 'è
VJ re, ne me paraît point particulièrement propre à la
race allemande ; sous une forme ou sous une autre nous
retrouvons ,ce défaut, ce malaise dans toutes les nations
du Nor~. Jose affirmer que l'on peut le retrouver égale1
men~: bien que sous une tout autre forme, en Amérique
e~ s tl ne vous apparaît pas d'abord en Angleterre,
c est peut-être seulement grâce à cette infime minorité
de gens qui m~nent la civilisation anglaise, mais qui
. demeurent en violente réaction contre les sentiments et
. l'attitude de la masse de leurs contemporains».
. Il m'arriva dans la seconde année de cette guerre de
lireàun
· .f ranc?phile
· de mes amies, une page de
. e Dano1:e
mon Journal, qw, Je crois, vous intéressera.
La voici:
Raine,- Maria Rilke est venu, hier matin (2 6 janvier
1 914) me soumettre quelques passages de sa traduction de
~ ~nfant ~r?digue qui ne le laissaient pas satisfait.
as eu plaisir à revoir sa délicate figure. Je sais lire à
present,_ ~ _travers l'insignifiance des traits, la pureté et
la_ s~nssbilité de son âme. Heureux de trouver dans ma
:•~liot~è,que le grand dictionnaire de Grimm, il l'ouvrit
,1 ~rtscle Hand et se flongea dans une patiente recherche
ou 1e l'abandonnai quelque temps. S'amusant à traduire
quelques sonnets de Michel-Ange, il m'a raconté son em-

?

�124

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

. barras devant le mot palma et sa surprise de s'apercevoir
que la langue allemande avait bien un mot pour désigner
le dos de la main, mais nul mot pour en désigner l'intérieur.
- Tout au plus, peut-on dire Handflaechen: la plaine
de la main. L'intérieur de la main, une plaine I s'écria-t-il.
Par contre, Handruecken est d'emploi constant. Ainsi, ce
qu'ils considèrent c'est le dos de la main, cette surface sans
intérêt, sans personnalité, sans sensualité, sans douceur,
cette st"face qui s'oppose, de préférence à la paume tiède,
caressante, douce, où se raconte tout le mystère del' individu 1
A force de fouiller dans le Grimm, il découvrit enfin le
mot : Handteller, avec quelques exemples empruntés au
xv18 siècle.
- Mais, disait-il, c'est la pamne d'une main qui se
tend pot" qi,êter, pottr mendier, qt,i fait office de sébile.
Quel avet, dans cette insi,tfisance de notre langue !

1

Il,\.,!

Une fois de plus, je pouvais constater l'irritation si
1révélatrice d'un écrivain allemand contre sa propre langue;
irritation que j'ai déjà notée par ailleurs et que je ne sache
pas qu'aucun écrivain d'aucun autre pays ait jamais
connue. (Il est bon de noter ici que Rainer Maria Rilke,
un des plus grands poètes de l'Allemagne actuelle, est
de race tchèque.)
- Mais, s'écria mon amie danoise, après que je lui eus
donné lecture de cette page, mais nous non plus, hélas 1
nous n'avons pas de mot... mais dans aucune des langues
scandinaves il n'existe de mot spécial pour désigner la
paume de la main. Les remarques philologiques de
Rilke que vous rapportez, sont en effet révélatrices, mais
faites attention que les conclusions que vous en tirez,
débordent la race allemande et que si vous prétendez en

LETTRES OUVERTES

125

faire une arme, celle-ci blessera du même coup nombre de
vos amis véritables.

Fouillant d'anciens carnets, j'ai ressorti pour vous
quelques notes sur l'Allemagne (v. page 35) où les lec~
teurs de notre
revue puissent voir combien ma pensée,
d
a~ _cours e ~tte guerre, avoisina souvent la vôtre. Je
n ai certes_~mt la_ prétention d'y aboutir à aucune formule définitive, mais me tiendrai pour satisfait si, par elles
et p~ cett~ lettre ouverte que j'y joins, j'invite d'autres
espnts,_ q~ _se sont tus jusqu'aujourd'hui, à donner enfin
le~ a~, let même ou ailleurs, sur des questions urgentes
qw méntent, entre toutes, de nous occuper aujourd'hui.

Il

A JEAN COCTEAU
Mon cher Cocteau

Je vous ai

'

déjà dit ,le plaisir que j'avais pris à lire
le Cap de Bonne-Espérance ; celui plus vif encore à vous
l'en~endre ~e, car vous le lisez avec un talent prestigieux.
. J at_tendais le Coq et l'Arlequin avec une extrême
impahen~, où se mêlait, il faut bien que je vous l'avoue,
une sensible appréhension. Je pressentais que j'allais
~ouver la clef, non de votre talent, car le talent est « de
1homme!11ême», mais de votre esthétique et l'explication
?e ce qw en vous me déconcerte, précisément parce que
~e le ~ens concerté. Ce n'est point que je ne reconnaisse, et .
epws lon~emps, la justesse de vos maximes, mais ccr-

�1
1
111

126

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

taines d'entre elles me paraissent bien moins en rapport
avec celui que vous êtes, qu'avec celui que vous voudriez
qu'on vous cnît. Je me dis bien qu'en vou~ écrivant _ceci
je vais soulever chez vous une protestati_on très VIVe ;
pourtant je ne crois pas me tromper. Et Je ne prétends
pas que vos aphorismes ne soient pas sincères - non mais que très sincèrement vous vous trompez sur
vous-même.
Je crois, par exemple, que vous n'avez rien à gagn~r
à chercher à peindre avec peu de couleurs. Les plus plaisantes lignes de vous sont, au contraire, celles où
vous vous abandonnez au charmant démon des analogies,
qui me semble particulièrement votre ;don poétique•.
1 . Par exemple : Cette exquise description d'une danse modern_e
que je ne puis me retenir de citer, bien que vous ~yez cru devou
la reléguer en note, par raffinement de coquetterie peut-être, ou
plutôt, j'en ai peur, parce que vous craigniez de laisser paralt~e
avec trop d'évidence vos dons les plus réels et c'est là ce que 1e
vous reproche précisément :
« Voilà comment était cette danse :
• Le band américain l'accompagnait sur les banjos et d_ans ~e
grosses pipes de nickel. A droite de la petite troupe en habit nou,
il y avait un barman de bruits sous une pergola dorée, chargée de
grelots, de tringles, de planches, de tromp~ de motocyclette.
Il en fabriquait des cocktails, mettant parfois un zeste de cymbale, se levant, se dandinant et souriant aux anges.
» M. Pilcer, en frac, maigre et maquillé de rouge et Mlle
Gaby Deslys, grande poupée ventriloque, la figure de po:celaine les cheveux de maïs, la robe en plumes d'autruche, dansaient
sur ~et ouragan de rythmes et de tambour une sorte de catastrophe apprivoisée qui les laissait t_out ivres et myopes sous une
douche de six projecteurs contre avions. .
La salle applaudissait debout, dérac~ée. de sa mollesse par
1
cet extraordinaire numéro qui est à la Folie d Offenbach ce que le
tank peut être à une calèche de 70. •

LETTRES OUVERTES

127

De même, lorsque vous dites qu'un artiste ne doit
point« sauter des marches», que prétendez-vous et qu'avez-vous jamais fait que cela? Je vous l'ai dit souvent :
chaque fois que je parle avec vous, je songe au dialogue
entre l'ours et l'écureuil. Où je me traîne, vous bondissez.
Certes, je ne vous reproche pas de bondir ; mais de vouloir nous persuader et d'être persuadé vous-même que .
vous êtes un logicien. Je vous reproche de sacrifier vos
qualités les plus charmantes et les plus brillantes au
profit d'autres plus pesantes que, peut-être, vous n'avez
point.
II faut enfin que je vous avoue la gêne que j'éprouve
à lire votre « défense » de Parade. En général, il ne me
paraît ni bien séant ni bien adroit pour un artiste d'expliquer son œuvre; d'abord, parce qu'il la limite du même
coup, et que, lorsque cette œuvre est profondément
sincère, elle déborde la signification que l'auteur lui-même 1
en peut donner; et puis je tiens que la meilleure explication d'une œuvre ce doit être l'œuvre suivante. Dans ce
cas particulier de Parade, ma gêne est augmentée par le
fait que le lecteur de vos explications ne peut se reporter
à la pièce, de sorte que le plus courtois que l'on peut
faire c'est de l'acquitter par défaut.
Mais si le public et les critiques ont fait à Parade
l'accueil contre lequel vous protestez, je voudrais être
plus assuré que c'est à cause de leur sottise; les commentaires que vous en donnez me paraissent justifier moins
votre pièce, que leur incompréhension. Pouviez-vous
raisonnablement espérer qu'ils comprissent, ces spectateurs, que le vrai spectacle n'était point celui que vous
leur présentiez ?... Et même il me paraît que votre erreur

�128

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

129

n'estpointseulementdansla mise en vale_ur d'une ionn:eà
mais dans cette donnée même : le vrai spectac e es
l'intérieur.
.
t vrai de
C
. selon l'opinion des mystiques, ce1a es
.
arons~e apparent et de toute la comédie huma.1~~•
m
Ce
{
·
d'être preci,
d'art par contre n'a d'autre ra.ison
1 œuvre
,
'
tt
arade
sément et d'autre but que de révéler, de ~e re en p ..
.
èt éalité et n'y manque pomt sans fa.illite.
secr e r
'
·
ins
' cette
Mais, sans doute, cette gêne même que Je vous pe . ,
. . 1
d amusement que je prends à votre pebt
aigwse e gran
' t qu'on
livre et puisque « le pire sort d'une œuvre ~ es
· · que vous le dites, Je m'assure
ne lui' reproche rien», ainsi
.
.
que vous prendrez ces qu~lques remarques aussi amicalement que je vous les écris.
1

i

ANDRÉ GIDE.

REFLEXIONS
SUR
LA LITTÉRATURE
ROMANS PENDANT LA GUERRE
A l'époque d'Agadir je crois, Charles Péguy mettait l'un
de ses cahiers sous l'invocation de Saint Louis de Gonzague
en souvenir d'un mot qui lui est attribré. Il jcuait à la
balle dans une cour de séminaire et quelqu'un demanda :
• Si nous apprenions que c'est maintenant le jugement
dernier, que ferions-nous ? - Moi, dit Louis de Gonzague,
je continuerais à jouer à la balle. • En ce temps-là, chacun
se demandait: • Et si c'était la guerre ? • Et Péguy répondait:
«Moi, si c'était la guerre, je continuerais àfaire les Cahie,-s, •
Evidemment Péguy, en ce qui le concernait, n'était pas
prophète; quand il y eut la guerre, le lieutenant Péguy quitta
les Cahiers, et se fit bravement tuer. C'est qu'aucune imagination humaine ne peut égaler cette œuvre de la nature, la
courbe d'une destinée vivante. Le Saint Louis de Péguy
m'évoque le sort d'un journaliste sportif qui, avant 1914, avait
appelé la guerre • une pâle image du rugby•· Il fut blessé au
genou dans l'une des premières batailles, soigné dans un hôpital
par un médecin qui adapta à sa blessure un drain particulièrement ingénieux. Trop ingénieux, car ce major, soucieux
d'en obtenir la gloire et le galon, découvrait devant tout
venant et particulièrement devant les huiles le malade et
l'appareil auxquels il avait donné tous ses soins : le sports9

�130

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
· ,
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, . mais,
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explique à des officiers cons1dera es,
dont il mourut.
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Aujourd'hui cependant, sous u~ il est permis peut-être
dans le premier printemps de lad~aJX, s remords : il y avait
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de le voir sans nuag
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. ,
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quelques têtes, e se .
.
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il ne faut pas ro ire
elle-même. Joffre
supérieures de la guerre
, •
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.
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n'avait pas peu . .
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p . il continua les grandeS
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Louis de Gonzague e
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francese firent le
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Peut-être aussi vaut-il mieux, pou
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ce qu'Aristote met au prmc1pe des c ~ ' tinue un jeu
lm libre et maîtresse d'elle-même qui con
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commenc~, et comme
c
sable fragile les figures. d'une
ville persiste à tracer sur un
géométrie éternelle.

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

I3I

Nous avons vu. ces cinq ans, la littérature (puisque c'est
eBe qui est en jeu en ces lignes) suivre l'une ou l'autre des
deux directions esquissées dans ce vieux cahier prophétique
de Péguy: ou bien continuer à jouer à la balle, ou bien dema.uder, tantôt réellement et tantôt plus métaphoriquement, de la poudre et d'autres balles. Je crois que dans
son ensemble elle a confirmé le mot de Péguy et la table
des valeurs à laquelle j'ai fait allusion.
Evidemment, il ne faut pas exagérer. Si nous regardons
la poésie, nous voyons que MM. de Régnier et Viélé-Griffin
s'étant à peu prês tus et le poète inattendu sur lequel quelques-uns comptaient n'ayant point jailli de la guerre,
trois poètes ont ajouté considérablement, sinon en volume
du moins en poids, à une œuvre déjà estimée: Claudel,
Gasquet, Valéry. (Je n'oublie pas le charmant Paul Fort;
mais il est moins un poète que la poésie diffuse de ce
temps: comme la roue du moulin on l'entendrait s'arrêter
mieux qu'on ne l'entend tourner, il se fond dans l'élément,
l'air, le paysage.) Toustroisontreçu, en deux sens différents,
leur impulsion de la guerre. Tandis que Claudel et Gasquet
ont écrit des poêmes de guerre dignes de ce qu'ils avaient
dé_jà fait de plus beau, Valéry a été pou&amp;é par la guerre
même à rêver au son du canon un Divan oriental-occidental,
pris dans le cercle et les froides pierreries de l'Hérodiademallarméenne, une épure étoilée de poésie essentielle. Et quand
on se réfêre au passé de la poésie lyrique, cette dernière direction est peut-être, en ces circonstances, la plus normale :
un soleil d'Austerlitz reste unique dans le ciel, où il n'y a
point place pour deux soleils, mais il suscite comme une
image alternée et rivale le clair de lune de Chateaubriand,
dont nous n'avons pas fini d'exploiter l'héritage et de reproduire les attitudes.
Hors de la poésie on trouverait encore l'occasion de
rendre diverses sortes d'hommages à la littérature de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

132

1 •

..

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

a

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ait eu surtout une valeur pragm guerre. Il semble quelle
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par les services qu'elle
taire. Pragma ique
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a rendus. Les article q
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chefs de file, MM. Barrès et au ffi '. ou d'un bon soldat
• d'
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furent comme celui . un .
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· 1oumalier e m
de l'excellent service
.
• .
• ils n'appartiennent
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force de joum
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pas comme le Jardin de Bir, ice ol~t (On tirerait pourtant,
es que 1 on re i •
au monde des œuvr
. p dont la guerre, une antho. d l'AmeFrançaise en
avec du soin, e
t sentir a5&gt;ez bien la marge
logie admirable.) Ils nous f~n t l monde de l'écrit, les
de de l'action e e
qui sépare le mon .
_ nt l'un et l'autre. Des romans
lois différentes qui r é ~ d
ême ordre ou d'un autre
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.
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.
t rendu plus supporta. e,
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après les affaires de_ Champagn~s
à lire une sorte de
du soldat : il a obligé les ~ efficaces et plus salutaires
cahiers _du poilu en ~o::;:c~~ue; il a travaillé pour sa
que le 1eu de la vo e
,. propre aux joues vert"10n de cette armce
,
.
,.
l'armée du roi
P art à la .forma . t mieux abreuvce,
.
rneilles, bien nourr~e e d 1
dans les bras de qui, en
p ;nard et de la reine Ma e on, .
C'est ainsi que
. . t' les .Alsaciennes.
novembre, se 1eta1en
.
~~
pierre à Dieu.
b diable po,.,... sa
.
. . .
o us prcsrnns pas
t . e aussi MalS ici ne n
Valeur docurncn arr
.
.
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documentaire e
et ne confondons pas
.
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l'écart enorme
avons déjà pu mesurer
bl.,. t les carnets ou les cor•
, t
pour être pu 1" e
d
écrit par l au eur
.
di 1 és après la mort e
1 familles ont vu gu
. d
respondnnces que es
'Amédée Guiard, le recueil e
celui qui les nota. Le carne\d
réfacées M. André Che•
lettres sans n o~1 qu'a pubhees et p

::efs

r33

vrillon dépassent de beaucoup en accent et en sincérité,
toutes les œuvres c anthumes • (j'exhume ce mot d'Alphonse
Allais, fort inattendu ici, voilà un cas où l'on s'aperçoit
que le mot manquait en effet à la langue). Mais les œuvres
de notre génération n'ont pas encore beaucoup d'années à
demeurer anthumes. La vraie physionomie morale de la
guerre ne se dégagera que dans un demi-siècle, lorsque se
liront, se publieront, se compareront, avec la masse et le
recul nécessaires, les milliers de carnets et de correspondances
conservées dans les familles, les liasses subsistantes des
cinq ou six millions de lettres quotidiennes envoyées du front
ou au front et d'où sortirontprobablementdeschefs-d'œuvre.
Alors, pourra se dresser dans son ampleur, en dehors de tout
aouci d'apologétique et d'action, la vraie carte des Familles
spirituell~s de la France.

La vraie littérature de la guerre, on ne la lira elle aussi que
danscinquanteou cent ans..La grande guerre ne se conçoit que
comme un fait historique, et un fait n'est historique vraiment
que s'il a un avant et un après, s'il possède ses trois dimensions. Laissez-lui le temps d'acquérir la troisième et ce n'est
pas seulement l'histoire, c'est le rêve, c'est l'art, c'est la
création esthétique qui pourront s'installer dans leur domaine,
se sentir les coudées franches, respirer à pleins poumons,
créer dans l'espace avec les matériaux d'un chantier intégral.

•••
Aussi, et sauf quelques exceptions qui confirment la règle,
la littérature normale - et la meilleure - fut-elle, ces cinq
ans, du côté de ceux qui continuèrent à jouer à la balle. j'ai
déjà noté la logique avec laquelle M. Paul Valéry fut conduit
par l'atmosphère même de ces années à reprendre dans une
mine obscure le filon d'or de la poésie mallarméenne. Ainsi
l'on peut dire très vigoureusement et il semble qu'on pouvait

�134

LA NOU\'ELLE REVUE FRANÇAISE

prévoir a p,iori que la vraie littérature de guerre serait celle
de la vie intérieure. Un Homme libre est évidemment une
lecture mieux appropriée à la vie de tranchée que l' Uni01S
s11e,,, ou la C,oix de c;ue,,e, et je sais bien que dans toute
ma vie militaire je n'ai fait volontiers que des lectures de
cet ordre. On lit pour sortir de soi ; mais quand on mène une
vie dont l'essence est de vous sortir de vous, on lit pour
rentrer en soi. Il y a peut-être un peu d'intempérance et
pas assez de paix véritable dans cette capitale Possession
du MOflde qui fourmille d'admirables pages, mais M. Duhamel
dont l'œuvre et le nom vont grandir beaucoup a écrit
vraiment en ce beau livre de vie intérieure une œuvre que
lui imposait son temps.
Parmi ces livres de la vie intérieure, meubles d'art propres
à une époque de guerre, je ne veux retenir aujourd'hui que
les romans. D'ailleurs le roman seul entre dans la vie intérieure avec tout le recul, l'indépendance et les moyens d'animation nécessaires pour la disposer sur le plan complet et
vivant d'une œuvre d'art. Quelle marge n'y a-t-il pas entre
la Nouvelle HAloise et les Rêveries d'un p,ome11C1W solitair,
et même les C01tfessionsl J'ai retenu, dans la production
récente, trois œuvres caractéristiques, de premier ordre
toutes trois, et dont les auteurs ont atteint un point de perfection qui ne leur était pas habituel. (Mais à qui la
perfection est-elle habituelle ?) C'est le Jt'5ticier de
M. Paul Bourget, Solitudes de M. Edouard Estaunié, et
Fumées dans la campagne de M. Edmond Jaloux.
Lorsque je lus le]i'5ticie,, j'avoue que je ne l'attendais pas.
Dès le début, M. Bourget comme journaliste (c'était son
devoir) et comme romancier (c'était son droit) s'était mis en
plein dans la littérature de guerre. Il était même, je crois,
arrivé bon premier pour publier un roman sur la guerre : le
S,ns de la Morl, roman à thèse très artificiel selon une de ses
vieilles formules; il avait continué par Lazarine et N,mésis,

UfLEXIOXS SUR LA LITTÉRATURE

135

ce demier simpl~ent curieux, d'une imagination épaisse
et ~al ~ue. _Mais du Justiâw l'éioge le plus haut et le plus
vrai qu Oil pwsse en faire, c'est qu'il nous donne une autre
Ec'ltltmu, cette Echla,zu qui frappa 1·ustement Bru ti....
d' dmir ·
ne s::re
. a
a~on, . d'~e admiration dont parJant à quelqu'un
il co~cluait amsa les raisons : • Cac vraiment on ne peut
~vo~ la mesure d'un romancier que locsqu'il a écrit une
histo~e sans amour, tout aussi bien que l'on ne saurait
obtenir celle d'un en·t·ique tant qu'il ne s'est pas expliqué
sur le xvu• siècle. • Si M. Bourget nous donne une troisième
nouvelle de la même v aleur, l eur recu eil en un volume
demeurera classique.
8tSL'~en~ r~ource, chez M. Bourget, c'est que, derriére
. partis pns rigides et les manies après tout un peu extéde son. ~ogmatisme ~troit, il demeure une tête parfai~ment équilibrée et toujours intelligente, un travailleur
~visé, méth~ique et sage, qui jusqu'ici n'a donné aucun
~ e ~ déclin : lorsqu'il publie un roman médiocre ou mau~ • il ne tarde pas à en écrire un bon. Le publie ne peut
d'ailleurs Jamais
·
· compter sur la critique pour le guider dans
ce~e production mêlée: tout ce qu'on pourrait faire, ce serait
écrire_ un petit indicateur, une sorte de Baedeker qui désignerait les endroits où l'on est sûr de trouver, après chaque
rom~ ~ ou mauvais de M. Bourget, l'article de lancement
et I_article_ de dénigrement systématique. Pourtant rien ne
serait plus mtéressant que de marquer de façon désintéressée
Jes réussites et les échecs d'un grand travailleur, rot ustement doué, qui occupe aujourd'hui la place centrale du
roman français.
A qu_ïconque est sensible au plaisir de l'ouvrage bien fait
et porte à l'estime de l'artiste qui sait son métier, Je Justicier
~ e une_ satisfaction telle qu'on ne voit pas comment il
~ ~ble, dans cet ordre, d'aller plus Join. Le procédé
ordmaire de M. Bourget y apparatt à plein : trois enveloppes

ni:ures

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
1

'

concentriques, moulées l'une sur l'autre et qui ne font qu'un
seul être vivant, et qui sont une histoire habilement posée
et savamment nouée, un drame individuel de conscience, une
question sociale. C'estla construction du Disciple, del' Etape, de
!'Echéance. On aurait profit à démonterl'œuvredeM.Bourget
en se plaçant à chacun des trois points de vue successifs. Dans
le Justicier le demier élément occupe en étendue le moins
de place, mais vraiment en qualité il domine et c'est lui
qui donne à tout le récit son allure et son sens, c'est lui qui
eût mérité à ce morceau une place de choix dans la bibliothèque positiviste de Comte. Cette question sociale, cette
thèse est simple. M. Bourget y renouvelle en somme la doctrine de l'Etape, selon laquelle la famille, et non l'individu,
constitue la réalité sociale, M. Bourget reprend même un
type de l'Etape, le vieux professeur républicain et stoïcien,
entre deux fils dont l'un se construit au delà de lui et dont
l'autre se défait, se dégrade en deça, et l'Etape n'était pas
du tout un mauvais roman, mais la courte nouvelle du Justicier dépasse de beaucoup l'Etape, d'abord parce que la
réussite de métier est meilleure, et ensuite, et surtout pour
deux raisons qu'il importe d'indiquer.
La première est que, dans son travail probe et persévérant
pour enrichir son métier et pour nourrir son œuvre, M. Bourget a fait récemment une découverte. Je ne veux pas dire
que tout soit toujours bon dans les contributions que M. Bourget demande incessamment à son carnet de notes, à ce que
le Dorsenne de Cosmopolis appelle son crachoir; dans
son beau Dlmon de midi n'avait-il pas l'idée de verser tout un
dictionnaire étymologique des noms propres ramassts on
ne sait où, et fort déplacé? Ce que M. Bourget parait avoir
récemment acquis, de beaucoup plus solide et plus fructueux,
c'est le goût et le sens du symbole. Il semble avoir été frappé
au cours de la guerre par le rapport des événements actuels
avec certains mythes antiques, avec les éléments fondamen-

.RtFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

1 37

taux de la tragédie grecque. Il en a tiré sa Nünlsis, œuvre
assez curieuse, mais où l'architecture symbolique s'édifie
bien laborieuse et bien bizarre, et dont les côtés fâcheux
m'ont rappelé parfois le Phalène. Il a remis ensuite son symbolisme sur le métier, et le Justicier est né. Au milieu du
Justicier se pose, comme sa figure principale, son personnage
le plus vrai, de la façon à la fois la plus simple et la plus profonde, un tombeau, celui où le• justicier, finit par faire porter
ses deux fils, et dans lequel se réconcilie, s'éclaire et se définit la pleine et grave réalité d'une famille humaine. On a
prononcé à ce propos le nom de Fustel de Coulanges et
rappelé la Citl antique : c'est très juste. Le tombeau du
Justicier m'évoque l'église de !'Annonce faite à Marie
et le symbolisme de M. Bourget me paraît ici, par sa source
traditionnelle comme par le sens même de son art, assez
parent de celui de Claudel.
En second lieu, la conclusion de M. Bourget, d'une si
large, abondante et grave générosité, contraste heureusement
avec le caractère un peu étroitement agressif de ses romans
analogues qui, malgré leurs tendances très positives, sont
en somme écrits surtout contre quelque chose ou contre
quelqu'un. L'esprit, lancé sur cette ligne, ne s'arrête plus,
et quand nous avons fermé un livre qui nous laisse tant
de profondes pensées, nous allons sur sa pente plus loin qu'il
ne va et nous nous retoumons comme pour voir si M. Bourget ne va pas prendre la même route. Puisque cette haine
du père s'est apaisée après la mort dans l'intelligence
puisque l'homme de colère a déposé devant la vérité pos~
thurne son injurieux fardeau, puisque le même tombeau#
par une loi supérieure à l'individu, doit réunir ceux que
l'erreur de la vie sépara, ce qui est vrai d'une famille
n 'est-il pas vrai d'une nation, ce qui est vrai d 'une nation
n'est-il pas vrai de l'humanité? Il est nécessaire peut-être de
se croire justicier devant un homme comme devant un

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

peuple comme il était nécessaire que l'abbesse de Jo~e
gardât à la société la chasteté qu'elle lui avait promise:
mais l'homme doit-il se coucher dans le tombeau en serrant
encore sur son visage, comme les morts de Mycènes, ces
masques d'or? Rien ne vaut dans la nouvelle de M. Bourget
la r~onnance infinie qu'elle laisse après elle, et, dans notre
nuit actuelle, la durable phosphorescence de son symbol~.
Comme M. Bourget, M. Edouard Estaunié me paraît avoir
écrit dans les trois nouvelles, reliées par le même fil, de
Solit~des, son chef-d'œuvre. Le cas de M. Estaunié est .f~rt
intéressant. Ingénieur, il n'a cessé de pratiquer son m~er
et il est aujourd'hui, je crois, directeur général des !eléphones; il figure dans ces deux ou trois cents c~efs ~echnique~
de services, signalés par la parabole saint-sunon1enne, qui
font marcher la machine matérielle de la France. Ses
premiers romans, à caractère autobiographiq~e, sur ~'-éducation des collèges de Jésuites et sur les déborres de 11_11~énieur pauvre, paraissaient l'orienter vers une transposition
· il I
tardé à.
littéraire de sa vie professionnelle, mais n a pas
suivre la direction inverse et à fair.e de son œuvre littéraire
son alibi sa seconde nature. Il semble, au premier abord,
bien biza~e que le même personnage qui _chasse à ~oup de
sonneries la solitude des maisons et la pane des cabmets de
travail nous ait donné cette analyse parfaite et prof?nde
de la ~litude. Mais, en ces pages minutieuses et triStes,
· ille de glace et de diamant qui fouille si loin,
en cette a1gu
c'est encore l'analyse et l'instrument scientifiq_u~ qu~ ~ous
reconnaissons, et ce roman de M. Estaunié reiomt a.ms1 de
façon frappante la poésie de Sully-Prudhomme.
M. Estaunié n 'a pas écrit- là une œuvre d'~nalyse pers~nnelle, il n'a point tiré de lui-même, comme V1gn~, pour sen
plaindre ou s'y plaire, sa propre solitude. Il ~ f~t, en technicien, en psychologue, en connaisseur mmutieux de ce
réseau téléphonique qu'est le système nerveux, une étude

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

1 39

objective, admirable de science et de détail. Je ne veux pas
résumer ses trois nouvelles, d'une lecture passionnante et
d'un art supérieur, mais je puis en résumer le schème théorique. Le malheur de l'homme est d'être seul. Va soli /
Mais la vraie solitude n'est point l'absence de société humaine. Un être peut vivre heureux et occupé dans une solitude matérielle complète qu'il peuplera à sa guise : telle
solitude d'enfant, de vieille fille, de moine, d'artiste, est
une solitudeanimée, bruissante de choses et d'êtres, peut-être
sur terre la figure la plus juste du bonheur égal et constant.
c:ette solitude, M. Estaunié la reconnait de loin, mais ne
s'en occupe pas. Elle n'intéresserait pas son goût d'analyse
a ~ et cruelle, pas pins qu'un avare pur, vivant seul avec
son or, n'intéresserait la comédie de Molière. La solitude
dramatique, pour M. Estaunié, ne commence qu'avec la
présence d'autrui. La vraie, l'horrible solitude, démon
torturant de l'humanité, ne s'installe ni chez celui qu'on
pourrait appeler le solitaire professionnel qui, l'ayaBt prise
comme vaccin, est immunisé contre son mal, ni chez l'homme
des sociétés et des foules. Elle s'établit dans une maison, entre
deux êtres qu'elle repousse chacun en lui-même et qu'elle
crucifie. C'est, à proprement parler, une maladie de l'amour,
comme la jalousie, une maladie qui d'on ne sait quel fond
obscur peut apparaitre tout à coup en plein bonheur. Un
Iago invisible s'établit à côté de l'Othello envahi par ce
supplice do la solitude et lui peint désormais Desdémone à
sa fantaisie. Ce démon de la solitude tel que le suscite M. Estaunié, nous pouvons aussi le comparer au démon de la
perversité d'Edgar Pce : nous sommes sur les mêmes terres
mystérieuses de la nature humaine. Et l'on n'en sort que
par la mort, le crime ou le suicide. M. Estaunié, en réalisant
ce démon, en lui faisant dévorer lentement ses victimes a
jeté dans les abtmes de la vie intérieure un coup de sonde
saisissant.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Fumées dans la campagne,de M. Edmond Jaloux, n'a rien
d'un coup de sonde et parait venir au monde dans un
paysage harmonieux, attendri et doucement triste de Provence. M. Jaloux, jusqu'ici, demeurait l'auteur de ce beau
récit intérieur, frémissant et plein, Le ,este est silence, auquel
Fumées dans la campagne, après dix ans, donne un admirable
pendant. De l'un à l'autre, M. Jaloux, semble-t-il, a perdu et
gagné : on ne retrouve pas toujours dans Fumées ce nombre
grave, cette musique extérieure autour d'une intériorité
lourde, comme un bruissement d'abeilles autour du poids
de miel, que l'on aimait dans Le ,este est silence. Fumées,
plus étendu, plus détendu, comporte au contraire quelques
espaces trainants et quelques négligences, mais il l'emporte
par le détail, l'exactitude et surtout l'intelligence aiguë de
l'analyse. Celui qui sait goûter les pures qualités classiques,
le vrai travail bien fait, le roman construit, la savante composition dans une lumière bien comprise, aimera ce livre et le
relira. L'art de M. Jaloux, dans Fumées, me rappelle d'assez
près celui de Tourgueneff, injustement oublié aujourd'hui,
dont Taine apparentait l'art à celui des Grecs. Ce n'est pas
un hasard si le titre de Fumées, le motif de vie et d'art auquel
il correspond se retrouvent dans un roman de Tourgueneff,
dont le sujet est d'ailleurs tout à fait différent de celui de
M. Jaloux.
c Il regardait les fumées bleues qui montaient, montaient
sans fin dans l'air lourd : -; On dirait vraiment, dit-il,
qu'elles sont alimentées par un brasier énorme. Et pourtant,
si nous nous approchions de ces feux, si nous soulevions
les feuilles encore intactes, nous verrions qu'il n'y a, au fond,
qu'un foyer bien pauvre, à demi éteint, qui consume lentement les dernières fibres sèches. Il en est ainsi de presque
toutes les destinées humaines. Considérées à distance, elles
font un certain effet. On croirait presque, à notre éclat,
qu'il y a en nous une belle flamme dévorante, qui brûle

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

notre vie et fait flamber nos passions et, dessous, on ne
trouverait rien qu'une cendre à peine chaude, qui nourrit
mal nos pauvres désirs, tout le reste s'évapore en fumée... ~
Hiéroglyphe bleu, motif musical sur lequel chacun peut
déployer le roman de ses destinées et des destinées du groupe
auquel l'a associé la vie! M. Jaloux a fait monter ses fumées
dans le ciel mélancolique et noble de la campagne aixoise·
il y a construit minutieusement, et avec une science achevé;
des plans, du relief et de la vie, les petites marionnettes humaines qui Y font quelques tours et s'en vont. Comme d'ordinaire, dans tout roman qui s'énonce à la première personne,
le personnage le plus vivant n'est pas celui qui raconte,
Ra~ond. Et ~ourtant... Plutôt, il nous parait le personnage le
moms construit, parce qu'il a pour fonction, dans la texture du
roman, non de se construire, mais de construire les autres •
il n'y re~résente pas le vivant, mais la vie; il n 'est pas pouss~
volontairement en lumière, mais il fait corps avec l'organisation, la respiration même du récit, il nous figure exactement le tas de bois qui s'échauffe et brûle de l'intérieur. L~
p~us belle fumée du livre, c'est ce Provençal traité posément,
d1SCrètement, dans le mode mineur, avec une mesure
et une minutie discrète auxque!les un connaisseur sourit de
plaisir, Maurice de Cordouan. Les personnages de M. Jaloux
témoignent d'une belle et pleine valeur humaine, mais ils
paraissent garder aussi toute la valeur de documents exacts
sur leur milieu local.

•••
J'ai voulu tirer de la production de ces dernières années
trois romans (on n'en doublerait pas facilement le nombre)
que l'on met à part pour les relire, et dont on découvrira
mieux, à chaque lecture, la solidité. On ne saurait rien imaginer, en apparence, de plus différent que la concentration

�1 43

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

laborieuse et magistrale de M. Bourget; la percée méthodique,
aiguë, impitoyable, de M. Estaunié; le récit appliq~é'. spacieux, égal et plein de M. Jaloux. Et pourtant, S1 Je ~~
reporte d'un coup d 'œil aux épithètes qui sont venues 1c1
sous ma plume, je vois qu'elles ont un trait commun et qu'u~e
même racine, sous des synonymes, se retrouve en les trois
écrivains. C'est de l'art volontairement construit et charpenté, de l'art équilibré et prévu, et en somme et surtout
intelligent. Quelles que soient, dans tous les ordr~, les
valeurs que ces années tragiques ont pu promouvoll' à la
lumière, on n'en voit pas de supérieures à cette intelligence
ordonnatrice, substance de toute qualité humaine. Je ne
veux pas dire que le problème de l'intelligence, de so~
primat ici ou là, soit résolu, ni surtout qu'il soit simple. Mais
cela c'est une autre histoire, et je n'ai pas à sortir
aujourd'hui du court secteur où j'ai essayé, sans vouloir
conclure trop avant, de repérer quelques points.
ALBERT THIBAUDET

NOTES
La Nouvelle Revue Française ne prétend pas embrasser
par sa critique l'ensemble de la production contemporaine.
Elle y fait un choix très réfléchi et ne s'impose aucun compte
rendu de pure courtoisie. Ses notes ont toujours pour but
soit de définir et de classer brièvement une œuvre que l'actua:
lité ou sa propre valeur mettent au premier plan, soit de
marquer, à propos d'un livre ou d'une manüestation artistique, qui peuvent être parfois de second ordre, un point
de vue ou une idée dont ses collaborateurs sont pénétrés.
~eaucoup deproductionsrelativement importantes peuvent
évidemment de cette façon échapper à sa prise. Mais pour
remédier dans la mesure du possible aux inconvénients d'un
tel système et pour mieux documenter son lecteur, la Nouvelù Revue Française se propose de publier dans chacun de
ses numéros un court « mémento critique •• dans lequel
seront signalés tous les ouvrages offrant un titre sérieux à
l'attention.
Peut-être même entreprendra-t-elle de mentionner, au
fur et à mesure de ses découvertes rétrospectives, tous ceux
des ouvrages parus pendant la guerre qui lui sembleront
mériter d'y survivre.

***
NOS MORTS: ÉMILE VERHAEREN.

Emile Verhaeren est mortle 27novembre 1916. Par l'ardeur
de son âme, le don total de son être et la puissance de son
verbe, à lui seul il sut représenter, durant cette formidable
guerre, tout son pays.

�144

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

En reprenant sa tâche, la Nouvelle Revue Française, qui
eut l'honneur de le compter au nombre des siens, tient à
rendre un pieux hommage à cette admirable figure d'un
grand artiste qui sut être en même temps un grand cœur.

**•
CHARLES PÉGUY, ALAIN FOURNIER.
La Nouvelle Revue Française donnera bientôt des fragments de la Note sur Descartes, à laquelle Péguy travaillait
d'arrache-pied au moment de la mobilisation et qu'il destinait à notre numéro de septembre 1914. Il est probable
aussi qu'elle publiera un peu plus tard des fragments du
roman et de la pièce qu'Alain Fournier venait de mettre sur
le métier, quand la guerre le prit.
Ainsi s'offrira une occasion toute naturelle de parler de
nos deux disparus. Nous l'attendrons; car seule elle nous
permettra de pénétrer dans l'intimité de leur talent et de
faire revivre avec précision leur mémoire.
Mais nous ne pouvons reprendre aujourd'hui notre tâche
d'écrivains sans méditer un instant sur leur sacrifice, sans nous
le représenter par le dedans, sans comprendre avec le désespoir
qu'il faut, combien toute récompense que nous y pourrons
imaginer restera à jamais lointaine, impuissante, dérisoire.
« Morts pour la France •· Il faut ôter à ce titre splendide
ce qu'il a pris, pour avoir été mérité, hélas I par trop de
gens, de trop courant, de trop naturel. L'ingratitude du cœur
humain est si profonde et si active qu'elle a bien vite rendu
ces quatre mots synonymes des plus ordinaires: on ne réalise
plus ce qu'ils contiennent ; on a mis sous eux une de ces
c idées toutes faites • que Péguy détestait plus que tout au
monde ; on s'en sert même, dans bien des cas, pour expédier
plus vite et plus commodément les mémoires qu'on n'a pas
la force de soutenir.
On ne se représente plus assez, déjà, ce que c'est que de

NOTES

1 45

.

• mounr pour la France» ce q
, t
et de la chois·
'
ue c es que de choisir la mort
rr n?n pas par dépression, ni désespoir, mais dans
un moment où 1 on est en pleine possession de ses fac
on les sent à leur place• prêtes à s ' exercer encore On
ultés, où
représente pas ce que c'est que de choisir la m0 rt .
ne se
public et avec la perspective d' "
, non pas en
co· d' b .
.
unmenses suffrages mais au
tn un ois, lotn des siens entouré de
l
'
qui ne vous verront peut-être, mê
que ques hommes
ront rien redire u
me pas tomber, qui ne sau'il
q e peut-être : • Le lieutenant, j'crois bie
~u
est resté •• - de la choisir avec l'idée que
n
1ama1S ne comprendra rien à
.
personne
l'idée q 1
votre dermère heure, avec
ue es gens se rassureront sur ce
en gloire~ etc dans la furie du combat Pq~e vous êtes c mort
pas ce que c'est que de m
.
. n ne se représente
.
ourir «pour la France• c' t à d •
s1 chère soit-elle et si vivante ta t
. • es - - rre,
entité malgré tout et qui p t êtn que nous vivons, pour une
'
eu - re chez certains
où ils auraient le plus besoin d ,
.
'au moment
cerveau ,
.
e son assistance, parce que le
laisse se:is~t plus libre, se dérobe, se fait hypothétique, les

!

fa On
t ne se représen t e pas... E t pourtant c'est tout cela qu'il

u nous représenter, si nous voulons vraiment c
ce que nos héros ont f ·t
omprendre
pr ue
a1 pour nous et mesurer à quel trésor
d ~ monstrueux d'abnégation nous sommes redevables
e vivre encore de penser d .
,
cela qu'il ne fau;
, e Ju~er, de jouir. C'est tout
v
.
pas que nous perdions un seul instant d
ue si nous voulons rendre à Péguy et à Al .
e
le véritable ho
ain Fournier
mmage que nous leur devons.
JACQUES RIVIÈRE

*
* *
ADRIEN MITHOUARD.
L'occasion
. se représentera de trac l
figure d'Ad . M"
er a noble et douce
rendr
n~n ithouard et de fixer la place qu'il doit
p
e parmi les conducteurs de la pensée française, de la
10

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

146
'
fran is avant cette guerre qu'il
fierté française, de l art
ça • t le point de vue de
..L...
On montrera commen
avait prcv ue.
.
'
rasser le champ le plus vaste,
Mithouard
d emb
,. tentait
··t dans
son c,•.,-ssicisme
..
....,..,_______ ' la cathédrale, Nicolas
soit qu il mana •
.
'il étendtt la terre natale et son
Poussin et Renoir, soit qu
h de l'Occident. Catholl . squ'aux marc es
amour pour e e JU
d toute la France, de toutes ses
• il f t l'homme e
.
tique romain, u
t il s'efforça de fan-e de
époques et de tout son rayonnemenl •Chrétienté.Il semblait
d l'Europe et de a
sa cause la cause e
é reuves pour la représenter
entre tous désigné, durant nos p . de Paris• Il le fut. A
d
qualité de c maire
.
devant le mon e, en
tig et la force d'âme. Par sa
défaut du titre, il en eut ~e pres fr e . A une époque où
p • parla. vraunent ançais.
d
bouche, . ans
•
. s de se montrer, telle e ses
l'éloquence eut tant d occasion belles tout à côté de celles
lace parmi les plus
,
d
harangues se p
ilitaires des ordres du jour e
de nos grands chefs m . d, l'àllocution immortelle
F h et de Pétain, e
Joffre, de oc
ha ts notables de Mayence.
du général Fayoll~ a~étaitu as de parler ; il parlait
C'est que son métier n
p la
:....:on de l'acte.
. .
agir dans
conv......
comme il écrivait,. pour hos, de plus près et qu'il les
'il voyait les c es
C'est ( qu
iril'té et de tendresse que ne le pourra
étrcignaitavecplusdev I
t r "e métier - je ne
li · · ou un ora eu "
)· amais faire un po ticien.
d _,._..é les vertus privées
. •
La.issant e =•
dis pas un politique. .
.._._ts que les amis de l'art
réciêes ses amis et les \,&amp;KU
'
•
qu'ont a.pp
.
. t de saluer aujourd bill sa
regrettent, j'estime qu'il convten 'il tint '-'1u'à la mort.
1 rôle civique qu
,--i
d
mémoire ans e
di e de la France, quand justed' 'té
Adrien Mithouacdsemontra gn .
1 •
1
ment elle atteignait au plus h aut point de gnHENRI
GHÉON

•••
Essai sur l'esthétique de la pré;;ente
BELPHÉGOR (
. Benda (Emile-Paul, 1918).
société française) par Julien
. .
M Benda.
.
été tendres ici pour .
Nous n'avons pas touJours

NOTES

1 47

Peut-être même avons-nous fait preuve envers lui de quelque
injustice. Pour un peu son dernier livre me donnerait des
remords de la façon par trop fraîche dont nous avons accueilli
les précédents.
On ne peut pourtant pas dire que son aspect soit beaucoup
plus avenant. M. Benda, pas plus cette fois que les alitres,
ne vient au lecteur le sourire aux lèvres. Il reste résolument
rechigné et s'occupe de se montrer sans cesse aussi désoblig-eant que possible. Il a trop peu de violence pour faire un
satirique : il y a quelque chose en lui de trop confortable ;
pour rien au monde il ne se donnerait la peine de rugir.
Et non plus il n'a pas la fibre morale assez sensible pour
s'élever jusqu' àla véritable indignation. Simplement il n'aime
pas ses contemporains et il s'applique méthodiquement à le •
leurfairevoir. Unepetiterancunebienlogéehabitesoncerveau
et lui dicte un tasdejugements désagréables sur lem compte.
Il leur revaut en détail et avec précision tout cc que le siècle
lui a fait. Je ne puis m 'empêcher d 'apercevoir à la racine de
toute sa critique ce ·• ressentiment • que Nietzsche, en une
généralisation peut-être un peu h'isardeuse, dénonce comme
la passion fondamentale de l 'âme juive.
Mais, si déplaisante que puisse être une telle inspiration,
il n'en faut pas méconnaître la valeur: elle met M. Benda
sur la voie de plus d'une vérité que la bienveillance ne lui
eût sans doute jamais enseignée. • La haine donne du génie••
écrit-il dans BelpMgo,-. Et la mauvaise humeur donne de la '
perspicacité. A force d'en vouloir à son époque, M. Benda
arrive à distinguer ses tares réelles. Activée et comme ventilée par sa rancune, son intelligence pénètre fortement jusqu'à l'essence de notre présente mentalité esthétique et en )
saisit d'emblée le défaut.

11 est certain que la part faite à la sensibilité, aussi bien
dans la perception que dans l'élaboration artistique, est
devenue aujourd'hui exorbitante. D 'une part le lecteur,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'auditeur, le spectateur ont pris l'habitude de ne présenter
à l'œuvre d'art que la surface la plus susceptible à la fois et
la plus informe de leur âme, de ne tendre vers elle que leurs
antennes les plus instinctives et de ne la saisir que par un
quelque chose qui n'est même plus l'esprit de finesse, mais
une intuition à peine distincte de la volupté. On étonnerait
beaucoup l'élite du public contemporain si on lui disait qu'il
peut y avoir en face de l'œuvre d'art une autre attitude que
de frémir à son contact, que de la deviner, que d'aller la
chercher à tâtons, et dans un enivrant à peu près, par le
cœur et par les sens.
Mais on étonnerait encore bien davantage sans doute le
créateur, si on lui disait qu'il a à tenir compte d'autres indications que de celles que lui fournit sa sensibilité. Il en est
venu peu à peu à penser que tout son génie consistait dans la
qualité plus ou moins originale de ses sensations ou de ses
.impressions. La façon dont sont tressées les fibres de son
nerf optique, ou le rythme inédit des battements de son cœur:
voilà ce qui forme à son avis non pas seulement l'essentiel, mais
le tout de ses dons. Quand il compose, il croit devoir n'écouter
que cette voix raffinée, capricieuse, incohérente, qui monte
des entrailles de son esprit: les harmonies éloignées, difficiles,
problématiques parfois, à tout prix nouvelles qu'elle lui
dicte, s'il parvient à les noter, il est content. Suivre son
instinct jusqu'où il voudra bien le conduire, obéir plus loin
qu'on n'a. su faire jusqu'à lui à son système nerveux, se rendre
sensible à des rapports qui avaient jusque là défié l'aperception : voilà toute sa tâche, c'est à quoi s'applique et se
borne toute son ambition.
Entendons-nous bien. Il ne s'agit pas de nier que l'art ait
son origine et sa fin principales dans notre sensibilité. Malgré
tout c'est bien dans« le charme de sentir t qu'il prend naissance et c'est bien« le charme de sentir t qu'il doit première• ment nous faire éprouver. M. Benda va trop loin quand il

NOTES

affirme que « l'émotion esth't·
149
àb
.
e1queestletyped l''
.
ase mtellectuelle &amp;. Il va tr
.
.
e emotion
plus ou moins ouvertement c:! l~1n aussi q~an~ il introduit '
d'abord une intelligence (P
e Idée que I artiste doit être
· eut-être est ce
nelle qu'il plaide ici secrètement
,. - . sa c~us~ personce point q
et n ms1ste-t-ll SI fort sur
ue pour se prouver à lui- ,
.
sante sensibilité do t il
meme que son msuffi, n
ne peut manquer d'
.
ne l'empêche pas d'êt
.
avoir conscience
re un artiste.)
'
En tous cas, même s'il mêle à sa th
M. Benda a raison quand il
èse ~ uelque exagération,
aujourd'hui courante que rar:;st:ca~da~e de _cette opinion
avec le plus d'intensité possible et a nen à farre qu'à sentir
de plus que le prolongement l'é que_ son œuvre n'est rien
.
Il
• panomssement de
é
touche vraiment le
.
.
son mot ion.
capital de tout notre
tè pomt sensible et le défaut
sys me esthétiq
t
nous reproche de
ue ac uel quand il
nous montrer persuadé
exercice &amp; de l'émoti
s « que le c pur
on en est aussi l'int li t·
argument écrit-il
, .
e ec ion ~ : « Leur
•
'
' en ce des1r que la , Il .
.
d un sentiment soit prol
ree e mtelllgence
c'est que - hJS.t .
ongement du sentiment lui-même
onquement - ceux
.
'
tel sentiment humain
qm montrèrent, sur
' 1es vues les plus prof d
. ,
on es sont des
êtres qui ont éprouvé ce sentim
le fait. Mais la vraie
. ~n:, qm l ont vécu. Admettons
1
il .
question, 1c1, est celle-ci . l'act· "té
aque e ils formèrent ces v
.
1v1 par
est-elle de même nature q uesllprofondes sur un état du cœur
ue ce e par laq 11 1 1
à l'
ue e I s e vécurent ?
P eut-on passer de l'
.
une
autre par « dil t t·
a a ion t, c'est-àd ire par continuité ? 0 u b"ien y a-t-il entre
11 d
ma)gré que la première re .
e es eux, et
antécédent nécessaire qUière p~ut-être la seconde comme
,
, une dualité d'ori ·
.
c_ est là de ces questions qu'il suffi , gme, un hiatus ?
resolve. J'admets qu'un L
. t qu on pose pour qu'on les
fonde sur un mouvemen: h esp~asse trouve cette vue pron'ont pas besoin d'êt
. ~main : « La plupart des femmes
re atrnees . elles ve l t
préférées ~, parce qu'ell
'
u en seulement être
e a vécu le tourment d'a.1mer sans

�'

1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

retour ; je ne crois pourtant pas qu'elle la t~u:e par u~
pur p,,okmgement de son action de souffrir, maJS bien en faisant appel à une tout autre fonction, qui est une faculté
singulièrement aiguë de former des concepts et de les lier
entre eux; j'ose croire (qu'on me pardonne cette lèse-démocratie) que la petite ouvrière sans culture, qui n'a pour elle
que sa douleur, pourra la « dilater • jusqu'à la fin de ses
jours sans trouver jamais rien de pareil. » (Pages 94-95 ,)
Un peu plus loin M.Bendaremarque la «haine♦ des esthètes
d'aujourd'hui « pour la transcendance de l'aute~ par rapp~rt
à son sujet ; haine toujours vive, quelque su1et que traite
l'artiste, parce que toute transcendance impliq~e j~~ement
et liberté d'esprit ; mais qui s'exaspère tout particulierement
quand ce sujet est le cœur humain. C'est ce qui apparait .~n
toute lumière dans leurs sorties contre l'analyse, qu ils
n'aiment déjà guère quand elle s'applique au monde inanimé, mais qu'ils poursuivent de leur furie, quand elle
s'attaque à l'âme humaine. » (Page 99.)
Ici M. Benda nous rend un signalé seryice en énonçant,
dans son langage on peu raide mais au moins précis de philosophe, le préjugé qui embarrasse toute la créa~n contemporaine et qu'il nous faut au plus tôt secouer, si nous voulons qu'elle se développe harmonieusement dans de nouvelles
voies.C'est le préjugé de l'immanence de l'auteur à son œnvr~.
C'est un fait, que depuis le romantisme, les artistes et les écnvains ont travaillé à se rapprocher de plus en plus de la chose
qu'ils avaient à exprimer et à se confondre de plus_ en plus
avec elle. Ils ont compté comme un progrès chaque mtermédiaire intellectuel qu'ils ont cru pouvoir supprimer entre e~x
et elle. En particulier, quand cette chose était le cœur humain,
, au lieu d'en entreprendre l'étude, comme eût dit Stendhal,
ils se sont appliqués uniquement à l'épouser avec le plus
d'étroitesse et d'aveuglement possible. Leur idéal cons~nt
a été non pas de comprendre et de décrire de mieux en mieux

NOTES

151

les passions, mais de les subir et de les mimer de plus en plus
près. Le lyrisme a presque partout remplacé l'analyse. Il 1
est devenu la forme normale de l'expression psychologique.
Nous avons fait du chemin depuis Stendhal. Le langage
n'est plus le moyen d'élucider et de fixer les différents aspects
de la sensibilité. Il n'est plus un moyen du tout ; il est un ,
effet. Il résulte directement des mouvements émotionnels
auxquels toute la fonction de !'écrivain consiste désormais
uniquement à se prêter. Il ne les traduit plus qu'en les imitant. Pour le perfectionner, on cherche non pas à le rendre
plus clair, plus explicite, plus logique, mais au contraire à
l'appliquer plus étroitement sur la chose qu'il a à exprimer
et~ le faire adhérer plus complètement à son essence particulière. Le rêve, c'est qu'il se fasse aussi obscur qu'elle. On
attend, on désire qu'il perde toute sa vertu d'abstraction et
~u•~ dev_ienn~ sourd et brut comme elle. C'est pourquoi, à la
limite, il n est même plus nécessaire d'employer des
mots formés, reconnaissables : des bruits, des cris suffisent ;
ou cette • onomatopée abstraite t que Marinetti définit
• l'expression sonore et inconsciente des mouvements plus
complexes et mystérieux de notre sensibilité , et dont il
donne cet exemple savoureux : ~ Dans mon poème Dunes,
l'onomatopée abstraite ran ran ran ne correspond à aucun
bruit de la nature ou du machinisme, mais exprime un état
d'âme. &gt;) Le futurisme dans ses pires extravagances reste
parfaitement conséquent avec la tendance générale de l'art
contemporain.

Il est bien évident que nous somn:es perdus si nous ne
~e~~s pas un terme à cette tendance, si nous ne cessons pas

11nmed1atement de vouloir identifier la parole avec la chose 1
qu'elle a à traduire, si nous ne dégageons pas l'auteur de
cette sorte d'ensevelissement dans sa matière où il est
tombé. Il faut que le créateur fasse appel de nouveau à cette
iaculté de &lt;1 former des concepts et de les lier entre eux •&gt;,

�1

1'
1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

que M. Benda a raison de croire seule capable de nous fournir
une haute littérature psychologique. Il faut, au moment où
les plus belles qualités françaises semblent se réveiller, que
nous retrouvions le secret de la transcendance et le goût de
l'analyse.
Mais justement je suis persuadé que ce renouveau est
déjà commencé et je reproche vivement à M. Benda d'y
fermer les yeux. C'est ici que sa misanthropie, après l'avoir
serv:i, le perd. Il a trop de désir de nous surprendre en faute
pour s'apercevoir du moment où nous n'y sommes plus. Il
est visible qu'il ignore, ou qu'il comprend mal, le rôle que
tous les jeunes artistes s'accordent aujourd'hui pour attribuer à l'intelligence dans la composition de l'œuvre d'art.
Et je ne dis pas d'ailleurs que l'emploi qu'ils lui réservent soit
tout à fait approprié. (Il y aura bien des choses à dire là-dessus.)
Mais enfin c'est un signe.
C'était un signe aussi, et que M. Benda n'aurait pas dO.
méconnaître, que l'application qu'a toujours montrée la
Nouvelle Retme Française, dès avant la guerre, à défendre
1 et à faire valoir les vertus intellectuelles en art. Sans oser
nous inculper formellement, par plusieurs passages empruntés
à des collaborateurs importants de notre recueil, M. Benda
semble insinuer que nous sommes tous ici de purs« émotivistes ~- C'est un point que je ne lui accorderai jamais. Sans
doute nous n'avons jamais eu une doctrine d'ensemble
qui fût parfaitement cohérente. Nous avons même refusé d'en
avoir une. Mais enfin si quelqu'un a travaillé à désembourber
la littérature du Symbolisme, à la faire sortir du lyrisme pur
et inarticulé, à rendre de la faveur aux genres qui exigent
du raisonnement, de la composition et de l'artifice, c'est
bien nous. On verra peu à peu l'importance de ce que nous
avons réalisé dans ce sens. Quand l'art intellectualiste,
aujourd'hui en bouton, se sera complètement épanoui, on
s'apercevra que nous en avons été les précurseurs véritables

NOTES

1 53

et on reconnaîtra en part' r
.,
tion d'un Andre' G, 'd
icu ter, J en suis sûr, dans l'évolu1 e, un des plus c ·
efforts qui aient 1·amais 'té t
uneux et des plus savants
e
entés par u , · •
discipliner sa sensibilité et 1 . f .
. n ecnvam pour
l'intelligence des f ·t d ut aire prodmre, sous l'action de
cap:ible.
'
rut s ont elle ne semblait pas d'abord
JACQUES

RIVIÈRE

EXPOSITION BRAQUE (Galene
. Léonce Rosenberg).
Aucune œuvre mieux que celle de M B
comprendre à la fois 1•·
. raque ne permet de
que le cubisme nous a importance et l'insuffisance de ce
Picasso une sorte de pporte. Elle constitue, avec celle de
,
'
&lt;&lt; rappel à l'ordre ♦ et to t
.
1 analysant' doit sentir, s''l
. . q 'il 1u · pemtre,
en
t e,·t smcere
f
trouver son salut, t emr
. compte tout •a u ut
aut,
pour
.
certaine mesure, des recherches
u mo~s dans une
elle est le résultat.
ont elle témoigne et dont

d

L'atmosphère de la galerie L. Rosenber '
celle d'une crèche où s'éb tt
g n est pas encore
a ent des naiss
rose et pesante comme celle d'un h
é ances ; e~Ie est moment à la mort de quelq
h
ypog e. On assISte réelleue c ose et on p rt · ·
.
gr and recueillement qui précède 1~ é 1 . a ic1pe aussi à ce
spirituelles y sont certes
. affi c os10ns. Les promesses
moins
rmées q 1
ments • « J
·
ue es renonce. e ne sais pas encore ce qu'il fa t f .
.
! 'un des principaux cubist
. .
u aire, dit souvent
qu'il ne faut pas faire •' Les, mba~s Je commence à savoir ce
· ' e eu ISme est c
formules de transition, autant destructif 'u::me tou~es les
Qu'est-ce que les cubistes et
. q. onstructif.
détruit et d
, ~n part1cuher M. Braque, ont
'
ans quelle mesure ce qu'il
.
haïssable? L'amat
.
sont supprimé était-il
.
eur, qui a dans l'œil les
Impressionnistes et pcst im . .
.
gammes colorées
lâchée et chanceuse si f -rt preshs10nmstes;ainsi que lafacture
0
en onneur de O ·
quera pas d'être révolté fi
,
n s_ Jours, ne manaustère qu'est M Braq ' ~ _usqlue par les toiles du peintre
.
ue. c1, p us de ces subtils rapproche-

�154

NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

155

~b~, dont on ne peut rien retirer ni à quoi l'on ne peut

ments de toos faux, acides, de ces déliquescences colorées,
cultivées avec tant de talent par les •fauves ♦ dont le m~tre
est Matisse. M. Braque réalise des harmonies saines, pleines,
par tons rompus, il se sert d'accords-types, emprun_tés d'ail
. _. des peintres
·
leurs au répertoire
en b'•~a\,.U.Uent , d~~•=
.....-~ hen-

tiers de la tradition picturale, disent les cubistes. En _effet,
ces artisans, mieux que les peintres de l'Ecole, _connaissent
les formules, les procédés élémentaires de la pemture._ L~ur
demander les moyens de réintégrer celle-ci dans ses limite~
propres est un acte d'humilité qui commande le respect, si
on considère que M. Braque possède une habileti qui eût
pu lui permettre d'être un puissant et charmant peintre
c baroque t.
.
.
.
Mais où la révolte de l'amateur impress10nniste devient
· tolérable c'est lorsqu'il constate le renoncement total
:e M. Br;que à l'éclafru.ge. La rupture avec l'écol~ précédente est ici affirmée avec violence. Les formes baign_en:
dans une atmosphère idéale, absolue. Le tableau est constitue
par le développement plastique d'un~ ~~ière dont le_ ce:veau du peintre est l'unique foyer. Vér1te etemelle, enseignee
par les Musées, niée par l'impressionnisme et qu~ Cézanne a
rappelée aux jeunes peintres lassés de la po~rsuite de _cette
chimère : la fixation des phénomènes lummeux. Suivons
attentivement l'effort de M. Braque, rejetant l'étude des
propriétés photographiques de la couleur, délivrant le ton
prisonnier de l'accidentel et essayant de lui donner un sens

général, une valeur pure.
_
.
Mais la conquête la plus importante qu'aient faite les
cubistes est la composition. Depuis l'impressionnisme, les
plus savants tableaux réalisaient tout au plus ~ c arrangement t qu'une fantaisie du peintre ou du hasard eut pu transfo.oner en un autre, aussi plaisant. Ici tous les éléments s~nt
15
réunis avec une_rigueur sans défaillances. Un tableau cu~
est une véritable conglomération d'objets en un tout mdé- ,

:8

nen a1outer sans le détruire.
Aux qualités
. . essentiellement cubistes de constructeu~
M. Braque Jomt une adresse singulière à manier la matière
picturale. ~ « cuisines • de Gustave Moreau broyant des
pierres précieuses sont jeux faciles à côté de l'extraordinaire
~ement auquel il arrive. Chez lui le sable, la crasse, les
matières les plus terrestres sont ennoblies avec une science
indépassable.
Nous serons moins satisfaits si nous analysons l' 4 écriture• picturale de M. Braque. Si ses accords de tons sont les
plus prévus (ce qui à mon avis est une vertu), son dessin est
au contraire inattendu, surprenant : il le découvre â neuf
dans chaque toile. J'ai noté autant de façons de représenter
~ verre, par exemple, que de tableaux. Ceci s'expliquerait
SI le but du peintre était d'analyser différents verres, pris
dans la réalité immédiate. Mais il ne s'agit, pour le cubiste
pur, que d'exprimer le verre « en soi ~- Force nous est donc
de constater, chez cet artiste si soucieux de nécessité un
curieux relâ.chement de la discipline, lorsqu'il crée• ses
formes. L'explication de cette anomalie n'est pas difficile
à trouver : les cubistes ont bomé leur effort à l'étude de
la seule nature-morte, dont on connaît les sempitemels
éléments : guitare, bouteille, verre, pipe, etc. Les motifs
étant limités à l'extrême, force fut, afin d'obtenir la variété
indispensable, de ne point soumettre le dessin des objets
à des lois aussi rigoureuses que la couleur. Donc, point de
ré~les fixes pour exprimer la forme du verre, mais une liberté,
~m, chez d'autres, pourrait être baptisée fantaisie, mais que
1 atmosphère disciplinée de l'école nous oblige â qualifier
d'anarchie. En. somme les tableaux cubistes sont construits
surtout par la couleur. La forme des objets épouse les contours des nappes colorées qui réagissent les unes sur les autres
selon la plus ou moins grande puissance expansive du ton.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Violence grave : la forme est ici, comme dans l'impressionnisme, subordonnée à la couleur, donc détournée de son rôle
traditionnel, qui est de constituer l'architecture préalable
du tableau, de conserver, malgré ce qu'en disent certains
peintres cézannisants, une relative indépendance, d'être
le support indestructible d'une couleur, hélas ! périssable.
Les cubistes, partant d'une conception sans conteste plus
élevée que celle des impressionnistes, arrivent, par leur renoncément à la hiérarchie des valeurs dont l'homme est le
sommet, à un nivellement des motifs picturaux aussi insupportable que la confusion impressionniste. En effet, de
suppressions en suppressions, ils ont éliminé le portrait, le
nu, le paysage. Obéissant à une espèce de dialectique négative et pouss:mt plus loin dans un autre domaineleurssacri:fices par en haut, ils ont non seulement accordé à la couleur
la prédominance sur le dessin, mais aux moyens mêmes la
prédominance sur le but. Ils ont été ainsi aux extrêmes
limites de leur hiérarchie à rebours 4.
Mais il ne sied sans doute pas de trop s'alarmer des manques de mesure des cubistes, à une heure où toutes les lois
picturales sont à redécouvrir. Souhaitons-leur plus de santé
morale. Rendons grâce à l'effort d'artistes qui ont donné à
nouveau droit de cité à la volonté intelligente. Ce sont presque
les seuls qui puissent raisonner sur la peinture et justifier
leurs raisonnements par des œuvres suffisantes. Avouons
enfin qu'il était peut-être nécessaire qu'ils insistassent un
peu lourdement sur leur langage aux dépens de la chose dont
on doit parler. Car sans leurs sermons, nous eussions certainement mis plus de temps à accomplir cet effort vers l'intellec1. Si j'ai noté avec sévérité la faute qui consiste à humilier le
dessin, langage spirituel, devant la couleur, Janvge sensuel,
c'est que je ne parbge pas l'opinion d'esprits simplistes, qui ne
voient dans l'organisation d'un tableau cubiste qu'un jeu déco·
ratif, comparable à celui que réalise un t apis.

NOTES

.

.

1

57

t ua11Sabon de. l'art, qui doit faire de no
les jouets des phénomènes
. d
. us, à nouveau, non

, mais es lég1slate
d
.
fi.cateurs de phénomè
urs, es class1nes; en un mot: des Constructeurs.
ANDRÉ LHOTE

P~EMIER, REGARD SUR L'ALLEMAG:tm
C est une tache bien malaisée de r
1
depuis que, pour tant de gens elle estedpar er de l'Allemagne
Il
t t à
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evenue la • Bochi
Y a ou parier que neuf lecteurs
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c c'en est assez comme cela• q ,
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finir avec il à
' u on a eu assez de mal à en
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Péguy et qu'il est a
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.
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vit encore. Et pourtant ell ·t
e rappe er qu elle
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e VI encore; c'est un fait. A la
emagne de 1914 il exist
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une masse nombreuse d
é
'
e que que chose,
malgré tout terriblem~ntense, norme, aveclaquelleil faudra
faudra pas
.
compter, à propos de laquelle il ne
défaveur un instant perdre de vue le mot de Nietzche• • En
de la guerre on peut dire. elle abêtit 1
.
•
ui s' t ·
·
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Il
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après1870.CequiresteradeI'Aiiour e e-même précisément,
et financière de la g
emagne après la saignée réelle
uerre, après le démemb
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.
et politique la ruine
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redoutable pour qu'elle co tin
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servir de stimulant à
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saire plus que •
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JamaJS, ouvrir les yeux, d'être aux é
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et dans tous les domaines
.
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le plus diffi il à .
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c e c_rrconscrrre, à approcher par les méthodes
. en fiques, celm de l'opinion des états d'"
d '
tion ps h 1 •
'
ame, e 1 évolujoli mofc o _og1que, de ce que les Allemands appellent d'un
L'un et :.:ti;;mung~, et d'un mot pédant « Weltanschauung,.
adé
u e trouvent leur expression malgré tout la lus
quate dans la production littéraire b
.p
dans la r
. .
' onne ou mauvaise, et
p esse quotidienne. Etre aux aguets, c'est cequenous

�NOTES

LA ::SOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nous proposons ici; et si nos moyens d'investigation, dans un
pays et à. une époque où les questions économiques ont une
influence ausai prédominante, nous ouvraient quelques perspectives sur cette sphère, jusqu'ici en dehors des préoccupations de la Nouvelle Revue Française, nous ne négligerionspas
de signaler ce que là aussi. nous aurions pu voir 011 entendre.
Qu'un rapide coup d'œil en arrière et sur les quatre années
de guerre, nous soit d'abord permis pour éta.blir plus faci-

IM 1

1,.

'

lement la situation présente :
Le phénomène le plus frappant est celui-ci : que dès le
co:nmencement de la guerre tous les éléments avancés
jeunes, le3seuls qui semblent porter le peu de puissance germinative encore constatable dans l'intellectualité allemande
des trois derniers lustres - se sont résolument dltournls
du militarisme, de l'impérialisme, qu'une partie d'entre eux
combat ouvertement, tels les groupes de l'Actio•, du
Stur#t, des W eisse Blae~•. D'autres, et jusqu'à l'affectation,
ont ignoré la guerre, la reléguant au rang des contingences
qui n'influencent en rien ni l'art ni la haute intellectualité.
Dans les revues qui correspondraient le plus, comme ton,
comme moyenne d'opinion (poux autant qu'on puisse risquer
la comparaison, et j'en demande d'avance pardon à qui de
droit, mais il faut ~n donner un fil indicateur) à ce que sœt
en France la Rtv14e des Deux M(Jndes, voire la.RevMe de Paril
{ceci indique assez le côté approximatif de ma comparaison),
telle la Ne,,e Deutsch~ Rund~c/iau, des opinions souvent
opposées se faisaient jour. Il y avait même parfois lieu de
s'étonner de la liberté que la censure allemande laissait
prendre dans le domaine de la spéculation, des considéra·

'

r. Di, weissen Blaette,, revue interdite dès la première année d~
guerre ; depuis éditée à Zurich, elle est dirigée par René Scbickele,
auteur allemand-francophile et pacifiste, né à Strasbourg, révo_
lutionnaire comme tendance, c'est certamement une des plu

intéressarites revues littéraires alleinandes d'aujourd'hui.

r59

tions
. générales. Il est vrai qu'elles étaient le Pl us souvent
récbgé-:S en un style si abstrait, si talmudique qu'elles ne
pouvaient aller qu'à un public extrêmement restreint et q
surtout ell
·
·
ue
.
es ~e ~uaient guêre d'entraîner. J'ai dit• talmudique• et ceci m a.mène à signaler la proportion, j'allais dire
la prépondérance de l'élé:°1ent juü dans la vie intellectuelle
alJemande.
Cette. proportion
est tellement importane
t qu •on
l'
.
se exagérera
difficilement
:
critique
théâtre
1·0
.
.
.
,
. urnalisme,
prod~bon litté~aire {bellétristique, proprement dite) sont
envahis par les israélites; ils sont partout, ave:: leur esprit
~u~le tour à tour et incisif, apportant comme un levain
111dispensable autant que dangereux à l'informe pâte allemande, leur se~ critique, le sentiment aigu qu;ils ont du
défaut d~ la cuU"asse, leur flair, leur don d'insinuation, de
pénétration psychologique, leur sensualité; certains traits
de leur caractère ressemblent à ceux du caractère allemand
et les renforcent
: l'utilitarisme, l'absence de tradition, d e
,
convention, d entrave (Vorausstt.z,mgslosigk...it).
Pour ne citer q~e les noms les plus célèbres : Rathenau,
Harden, Max Rem~rdt, S~egfried Jacobson, Liebermann,
W~d., Karl Sternheun, Emile Ludwig sont juifs. J'en ajout ~ des douzaines au courant de la plume. C'est un chap1tr~ sur lequel il y aura beaucoup à dire dans la suite.
Rien de plus frappant que le contraste de la littérature
de guerre en Allemagne et en France. La médiocrité de la
f~rme, la vulgarité de la pensée, l'absence de facultés plastiques, autant qu'émotives, est ce qui caractérise le livre de
gu8:""e allemand en même temps qu'un manque total d'originalité. Il n'en est presque pas un que, même parfaitement
neutre de sympathie, on puisse lire sans éprouver une sorte
de répugnance.
C~ qui a_paru en France de plus médiocre, de plus courant, _
et Dieu sait combien difficilement se satisfont, même du meilleur, ceux qui se sont battus, paraît encore d'une qualité

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

160

exquise en regard de la moyenne de la production allemande.
C'est ainsi que j'ai entendu, en Suisse, un représentant attitré
de ce groupe nombreux d'intellectuels de gauche pacifistes,
prôner le livre de Barbusse comme l'tm des plus beaux qui
ait été famais écrit et faire un cas énorme de son pendant
austro-allem md Menschen im Krieg de Latzko, qui m'a
paru comme une hideuse et honteuse caricature du Feu.
Cependant si l'on concluait de là que la jeunesse allemande
est allée à la guerre avec moins d'enthousiasme, moins
d'exaltation et moins d'esprit de sacrifice que celle des
autres pays, on risquerait de se tromper du tout au tout.
Depuis l'armistice, il n'y a plus aucun groupe qui fasse
noyau, qui reflète une partie importante et coordonnée de
l'opinion. La déroute est telle, partout, qu'il est presque impossible de parler même de grands courants, et ceci est très
difficile à comprendre pour des Français habitués à se sentir
comme une $ nation individu•&gt;; l'absence de continuité de la
conscience nationale, dans le temps et dans l'espace, fait
de l'Allemagne un agglomérat plutôt qu'un organisme.
, L'Allemand, disait Bismarck, qui le connaissait un peu,
n 'a. pas de conscience nationale, il n'a qu'un sentiment
dynastique». Cela. a. pu se modifier depuis 1870, mais certainement beaucoup moins qu'on ne le croit. Or, un agglomérat est à la fois plus et moins dangereux qu'un individu ;
en tout cas il est beaucoup plus difficile de prévoir et de

16!

NOTE CONJOINTE
SUR M. DESCARTES
PHILOSOPHIE CARTÉS~:Nt!

0

.

1

j

1

définir ses réactions ?
Nous nous réservons d'entrer par la suite plus avant dans
le détail de la production littéraire et théâtrale autant qu'a.rtistique pendant la guerre, là où elle nous en semblera valoir
la. peine, de signaler les courants d'idées qui nous paraissent
les plus curieux; plus d'un se perdra. dans le sable;rien dans
ce pays n'a encore, ou n'a plus forme assurée.
ALAIN DESPORTES
LE GÉRANT : GASTON GALLIMARD.
FONTENAY-AUX-ROSES. -

IMP. L. BELLENAND.

(FRAGMENTS)

_C'est le 2 juillet 1914 que fe vis Pé
fois. Comme fe l'interr
.
guy pour la dernière
ogeais sur son tra "l
ur sur les progrès de cette N t
. . vai • et en Parlicuqu'il nous avait promise p o e con1omte sur M. Descartes
Il
our notre num , d
•
y a eu un moment p , .bl
ero e septembre :
« tirait &gt;&gt; un peu M .
e~i e, me répondit-il, et où ça
·
· ais maintenant
1e ne sais Pas 1·us:qu'o '
.
ça se met à foisonner .
u ça ira 1 •
·
·
d En.réalité• d' ap rès les renseignements
u ., .
epuis, à ce moment-là "l '
.
q e 1 ai pu recueillir
Il ne faisait donc all •.• n avait pas encore pris la plume
usion qu'au travail ·
·
son esprit et qui venait d' atteind
qui _se faisait dans
maturité. Les nombreu
. re son Point de parfaite
.
.x soucis que lu · d
.
.
i onnaient comme
tou7ours les Cahiers l'
mettre plus t6t à l' ' avaient d'ailleurs empêché de se
ouvrage Comme p
our toutes les grosses
besognes qu'il vouta ·e t .
i en reprendre il
.
vacances ». Ce qu' "l
.
,
avait attendu « les
art
i nous a laissé de la N t
c es (environ 300 pa ) I
o e sur M. Desentre le 2 juillet et l ges ut ~one ainsi entièrement rédigé
e2août·ilytr
•tt
h
•
avai a encore le matin
de ce /ameu.x d.
,i
imanc e, « premier .
d
g"'nérale », mais s'inter
.
7our e la mobilisation
bien que son livretmir/~mpit ai, milieu d'une phrase et
Plus tard, parti{ la. i ntflire ne le convoquât que deux iou,;
• issa sur sa table la p age commencée.

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Il

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11

11

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
162
Péguy a écrit son Descartes sur le verso des feuilles
d'adresse qui servaient à l'envoi des Cahiers aux abonnés. Il
avait un gros tas de ces feuilles à sa gauche, où il puisait au
fur et à mesure de ses besoins, et il en formait un autre à sa
droite avec les pages qu'il venait de couvrir de son écriture
fi,ne, haute et serrée. Sur cette même table où s'élaborait
ainsi le Descartes, Clio, simplement repoussée vers le bord,
attendait depuis plusieurs mois que revinssent pour son
auteur les loisirs et l'inspiration qui lui avaient donné
naissance et permettraient de l'achever.
La Note conjointe sur M. Descartes fut d'abord conçue
comme un simple renvoi de la Note sur M. Bergson, et le
manuscrit est en effet paginé: 1 a, za, 3 2 , etc. Ce ne fut
que devant le fiat grandissant de ses pe1isées que Péguy se
décida à leur accorder l'autonomie. Mais par son titre,
l'ouvrage trahit encore cette origine comme latérale et parasite
qu'il a eue et qui fut celle de tant d'autres productions de
son aute1'1.
Malgré la difficulté qu'il y a à découper une œuvre de
Péguy, nous devons nous résigner à ne donner de celle-ci,
dans cette revue, que des fragments. Nous tdcherons de
choisir les plus significatifs. Voici d'abord le début, indispensable pour faire assister à l'ébranlement et à la mise
en train de la pensée, qui, chez Péguy, sont toujours si
émouvants.
J. R,

•

• *

MAIS L'ORDRE QUE J'AI TENU EN CECI A
ÉTÉ TEL. Nous verrons plus tard quel a été cet ordre.
Nous avons bien le temps de le voir. Ce qui importe, ce
qui a marqué le monde c'est cette résolution de tenir un

NOTE SUR M. DESCARTES

163

ordre. Et c'est de l'avoir annoncé en d

Premièrement
i' ai tdché de trouver en genéral
, e tels
termes.
.
l l
p .
c.pes ou premières causes de tout
.
es rinêtre dans le monde sans rien
.;; qui est ou qui peut
Dieu seul qui l'a crié, ni les tir;:~~:il;er pour cet e//et _que
semences de vérités qui sont naturelleeurstque de certaines
Aprè el ·• ·
men en nos dmes
s c a, 1 ai examiné quels étaient le
.
.
ordinaires effets qu'on pouvait déd . sdpremiers et les plus
uire e ces caus . t ·z
me semble que par là 1·•ai. trouvé des cieux
. ... es ' e i
1 Eh bien! je dis .• qu'importe. Nous savons bien qu''l
es a pas trouvés, les cieux On les
.
I ne
lui. Ou plutôt ils s'étaient t.
é t avait trouvés avant
rouv s out seuls L
é .
a eu besoin de son C é t
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. a cr at1on
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.
pour naitre, pour être faite Ell '
.
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l'homme ni pour At
. .
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'
e re, m même pour êtr
~ieux se sont bien trouvés tout seuls
~ connue. Les
Jamais perdus. Et ils n' t
b .. Et ils ne se sont
on pas esom de n
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ous pour se
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ans eurs orbes
n les avait trouvés avant lui E
• . .
trouvés avant lui J di
·. ux-memes !ls s'étaient
· e s : qu'importe L' d
m'intéresse. L'audace seule est grande · y aut ace
'l . seule
audace aussi belle . et auss· bl
.
eu -1 Jamais
cavalière ; et auss/ décente1 ento e~ent et modestement
.
.
.
aussi couronnée. y e t il
:~ais _aussi grande audace et atteinte de fortUZ:e
~
ce1::;:s 1:1ouv~ment de la pensée comparable à ~elui
çais qui a trouvé les cieux · Et il n ,a pas trouvé

y:~~

, I. Je n'ai pas besoin de di

1 édition la moins savante

'7e11Jt typographe comme

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~~ ~ue Je cite ce Descartes d'après
J :.tu trouver: Ce n 'est pas à un
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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

seulement les cieux. Il a trouvé des astres, uHe terr~.
Je ne sais pas si vous êtes comme moi. Je trouve pro~gieux qu'il ait trouvé une terre. Car enfin, s?I ne.l'avait
pas trouvée. Et non seulement une te~~ mats meme sur
la terre de l'eau, de l'air, du feu, des minerau.~ et quelques
autres telles choses qui sont les plus communes de toutes et
les plus simples, et par conséquent les plus aisées à connaît,~:
Puis lorsque j'ai voulu descendre à celles ... , alors, mats
alors,seulement il ne les a plus trouvées et il a eu besoin
que la discrimination de l'expérience vînt au ~evant de
lui. Jusqu'alors, (dit-il) (croit-il), il n'en avait pas eu
besoin. Il suivait la route royale, qui ne trompe ~as.
C'est seulement en arrivant dans cette forêt de Fontamebleau qu'il a hésité à la Croix du Grand-Veneur.
Il est permis de se demander, (nous l'avons fait nou~mêmes), si cette discrimination de l'e~érience n'ét~t
pas venue au devant de lui et s'il n'avait pas eu be~m
qu'elle vînt au devant de lui beaucoup plus tôt. Qu 1?1porte. Il croit, il veut avoir déduit tout cela, et de ~1eu
même, à peine en passant par les principes ou prem1~res
causes, à peine en s'aidant des idées innées, de ces cerla,nes
semences de vérités qui sont nat1,rellement en nos âmes, et
qui elles-mêmes sont déduites, ou sensiblement, des
principes et de Dieu. Nous savons bien qu'il n'eût p~
trouvé les cieux et les astres et une terre s'il n'~n av~_t
pas entendu parler. Je dirai plus. Nous savo~s bien qu 11
n'eût pas trouvé les principes mêmes ou premières caus~s
de tout ca qui est ou qui peut être dans le nu:nde et qu il
n'eût pas trouvé les idées innées, ces certaines s ~
de vérités qui sont naturellement en ~s â'::es ~'il ~•en avait
pas aussi entendu parler, c'est-à-dtre s tl n avait pas eu,

NOTE SUR M. DESCARTES

165
comme tout homme, une certaine e:&amp;périence des opérations de la pensée, je dirai même une certaine expérience
de l'événement des opérations de la pensée. Je dirai plus.
Nous savons bien qu'il n'eût pas trouvé Dieu même s'il
n'en avait pas entendu parler, et s'il ne l'avait pas entendu
parler, c'est-à-dire s'il n'avait pas eu, comme tout homme
réellement métaphysicien, comme tout homme né métaphysique, (et il faut le dire, comme tout homme né chrétien
et Français), une certaine expérience de Dieu. J'irai
jusqu'à dire : une certaine expérience de l'événement de
Dieu. L'expérience n'est pas venue au devant de lui
seulement jusqu'au commencement des choses qui étaient
plus particulières. Elle est venue au devant de lui jusqu'au commencement du commencement. Qu'importe.
Descartes, dans l'histoire de la pensée, ce sera toujours
ce cavalier français qui partit d'un si bon pas.
Ces grandes philosophies sont d'immenses et d'heureuses
et profondes explorations. Les sots croient qu'entre
elles, elles se contredisent. Les sots ont raison. Elles se
contredisent. Les sots croient qu'en elles-mêmes souvent,
à l'intçrieur· d'elles-mêmes elles se contredisent. Les sots
ont raison. Souvent elles-mêmes à l'intérieur d'ellesmêmes elles se contredisent. Les unes disent que l'éléphant
est un animal énorme, les autres que l'éléphant est un
animal un peu moins énorme. Oui, mon ami, car les
unes parlent de l'éléphant d'Afrique, et les autres de
l'éléphant d'Asie.

Ces grands philosophes sont des explorateurs. Ceux
qui sont grands ce sont ceux qui ont découvert des continents. Ceux qui ne sont pas grands ce sont ceux qui n'ont

�166

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pensé qu'à se faire recevoir solennellement en Sorbonne.
Il y a un certain monde, un univers de la pensée. Sur
la face de ce monde peuvent se dessiner des géographies.
Dans la profondeur de ce monde peuvent s'approfondir
et se graver des géologies. Le public pour ainsi dire
toujours croit et les philosophes presque toujours croient
qu'ils se querellent les mêmes terres. Ni les uns ni les
autres ils ne voient pas qu'ils s'enfoncent dans des continents disparates.
C'est déjà beaucoup que d'avoir découvert l'Amérique.
C'est beaucoup que d'avoir pénétré au cœur de l'Afrique.
Que celui qui a découvert l'Amérique soit donc intitulé
Américain. Et que celui qui a pénétré au cœur del' Afrique
soit salué du titre de deuxième, ou de cinquième, ou de
sixième Africain. Sextus aut septimus ille Africanus.
Tandis que si nous voulons que l'un, et que l'autre, et
que chacun de tous ait découvert « la terre », évidemment
nous risquerons de briser l'Américain sur l'Afrique, et sur
l'Amérique, l'Africain.
Il y a une certaine éternité temporelle et spirituelle
des philosophies qui vient de là. Il faut bien qu'un jour
l'histoire arrive à se ranger à la géographie, comme la
géographie s'est rangée à la géologie. On peut vous
arracher le temporel que vous avez. On peut peut-être
vous arracher le spirituel que vous avez. On ne peut pas
vous arracher d'avoir eu ni le temporel ni le spirituel que
1
vous avez eu. On peut abdiquer du temporel et peut-être
du spirituel que l'on a. On ne peut pas abdiquer d'avoir eu
ni le temporel ni le spirituel que l'on aeu. Une peut y avoir
ici aucun désistement. Rien ne peut ôter à Christophe
Colomb d'avoir découvert l'Amérique. C'est toujours

NOTE SUR M. DESCARTES

l'histoire de ce malheureux garçon qui parlait de donner
sa démission d'ancien élève de }'École Polytechnique.
C'est ce qu'on aime généralement à nommer la justice
de l'histoire. Je ne crois pas du tout à l'histoire. Je crois
peu aux justices temporelles. Et j'ai toujours pensé que
la meilleure réparation c'était de ne pas être vaincu. Il
vaut mieux parler d'une sorte de ventilation pour ainsi
dire infaillible qui fait qu'en fin de compte la balle est
de la balle et l'avoine est de l'avoine :

A vous, troupe légère,
Qui d'aile ,Passagère
Par le monde volez,
Et d'un siffeant murmure
L'ombrageuse verdure
Doucement ébranlez :
JEUX RUSTIQUES

d'un Vanneur de Blé, aux Vents.

C'est par de tels jeux rustiques, en définitive, que les
grandes philosophies reviennent aux grands philosophes.
Comme les conHnents, comme les grandes explorations
revenaient aux grands explorateurs.
Il y a des zones immenses de pensée, il y a des climats
de la pensée. Il y a un monde, un univers de la pensée
et de_dans il y a des races de la pensée. Une grande philosophie se reconnaît à ceci, qui ne va pas sans un certain
appareil.
D~ux amis se promènent. Deux et non pas trois, car
à trois on ne sait plus ce que l'on dit. A trois on est orateur J
on est sérieux, on est sentencieux, on est éloquent, o~
est prudent, (tous les vices). A trois on est circonspect ou

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

on fait le téméraire. (Cela revient au même). On craint ou
on brave. (C'est le même sentiment). On fait le moral,
ou l'immoral. (C'est la même chose). Trois, c'est le commencement du parlementarisme.
Deux amis sortent de cette petite boutique. Ils vont
se promener. L'écrasant tracas de cette vie de Paris,
toute de labeur, leur laisse le temps de quelque respiration.
Ils ont trois quarts d'heure, cinquante minutes devant
eux. A trois on est forcé de parler. Mais à deux on peut
causer. Et comme la tentation de la philosophie est la
plus présente pour qui en a une fois pris le goût, ils parleront sans conviction de quelques bas événements temporaires, puis ils seront bien forcés de causer de philosophie.
Qu'ils soient ou qu'ils ne soient pas du même tempérament de pensée, cela n'a aucune importance. Evidemment
il vaudrait mieux qu'ils fussent de tempéraments adversaires. Le dialogue en serait peut-être plus poussé. Mais
(en philosophie) on arrive à s'entendre même avec ses
amis, et même avec ses alliés.
,Voici nos deux hommes sortis de cette honorable
boutique. Ni l'un ni l'autre, ils n'ont part aux accroissements des puissances temporelles. Ni l'un ni l'autre, ils
n'ont part aux accroissements des puissances spirituelles.
Ni l'un ni l'autre ils n'exercent aucunes magistratures.
Ils ne sont que ce qu'ils sont. Ils ne valent que ce qu'ils
valent. Ni l'un ni l'autre ils n'ont part aux accroissements des puissances intellectuelles. La Sorbonne leur
a conféré une licence d'enseigner dont ils usent tant qu'ils
peuvent. Peu. Mais ils ne s'y sont jamais fait faire
docteurs.

NOTE SUR M. DESCARTES

Les voilà bien les hommes dans la rue. Une pente
fatale leur fait descendre le boulevard Saint-Germain.
De quoi parleraient-ils qui fût plus pressant que le problème de l'être. L'un est le seul adversaire de Bergson qui
sache de quoi on parle. L'autre est, après Bergson, et
j'oserais presque dire avec Bergson, le seul bergsonien
qui sache aussi de quoi on parle. Il a été l'élève et plus
que l'élève de Bergson à !'École Normale. Il a gardé pour
Bergson une fidélité filiale.
Nous les supposerons également de bonne foi. Non par
vertu, mais par bonne foi. Ils commencent donc par
mettre dans le même sac les bergsoniens et les antibergsoniens. Et ce n'est pas un sac de valeurs, je vous prie de
le croire. Cette opération faite, ils se retrouvent, ils se
trouvent ce qu'ils sont. L'un est (en philosophie) un
critique acharné de sévérité absolue. L'autre est un bon
chrétien. Il est même plus bon chrétien qu'il ne voudrait.
Je veux dire que ça lui coûte plus cher qu'il ne voudrait,
d'être bon chrétien. Celui qui n'est pas chrétien est beaucoup plus fort en mathématiques. Celui qui est chrétien
est malheureusement devenu très fort en beaucoup de
choses qui ne sont pas en iques. Celui qui n'est pas chrétien
est animé contre Bergson d'une véritable animosité personnelle, inépuisable. L'autre essaie vainement de l'en
guérir. Et ne s'en console pas. L'autre, (le bergsonien), a
constamment l'impression, et le dit à l'autre, (à l'antibergsonien), qui le sait, et qui le dit, qu'un homme manque
à leur entretien, qu'il y faudrait un homme qui viendrait
en tiers, et que cet homme est précisément Bergson. Lui
seul préside en pensées à leur entretien. Lui seul saurait
mesurer le jeu. (Ce jeu grave). Lui seul saurait évaluer,

�170

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

lui seul saurait goûter, lui seul saurait apprécier. Lui seul
saurait se réjouir de telle déliaison, entrer dans telle vue,
pénétrer dans telle profondeur. Il manque, et on ne parlera
que de lui.
On voudrait assez qu'il fût le juge du camp. Qui le
voudrait. L'un; et peut-être encore plus l'autre. Le partisan
peut à la rigueur se passer de la présence du patron. Quoi
de plus doux pour l'adversaire en pensée que de sentir la
présence de l'adversaire. Il y a tel coup, dans cette parfaite escrime, qui ne pourrait être démontré que par lui.
Nous les supposerons quadragénaires, (nos deux
hommes), c'est-à-dire d'un autre monde, d'un autre univers, d'une autre création que s'ils ne l'étaient pas. Car
à quarante ans on sait, depuis cinq ans, qui on est.
1
Nous les supposerons débarrassés de tout, ayant complètement oublié l'école, sans souci de la gloire, naturellement, sans idée de briller, sans pensée même de
paraître. Ils suivent seulement leur pente. Ils aiment
de philosopher comme un vice. C'est la seule façon
d'aimer.
Nous les supposerons animés de ce certain sentiment
qui les fait également et profondément et pour ainsi dire
mutuellement respectueux de la pensée. Ils auront ce
certain goût propre à la pensée sur lequel rien ne donne
le change et qui divise les hommes en barbares et en cultivés. Ils auront ce goût propre qui est en même temps une
gourmandise et une passion profonde,ànulleautre pareille.
Une passion d'un certain goût propre sur lequel, et sur
laquelle rien ne peut tromper. Une passion qui comme un
vice rassemble, et du plus loin, les êtres apparemment
les plus hétéroclites ; et les plus hétérodoxes. Mais ils se

NOTE SUR M. DESCARTES

171

comprennent à de certains signes. Et ils s'entendent avant
que de parler. Et ils se trouvent avant que de se chercher.
Un goût secret les rassemble ou si vous voulez les
assemble des coins les plus secrets et de préférence des
partis les plus contraires. Je ne dis pas seulement des
partis politiques les plus contraires, je dis aussi des partis
intellectuels les plus contraires, des partis spirituels les
plus contraires. Ils aiment les beaux joueurs. Ils aiment
mieux les partenaires que les partisans. Ils se reconnaissent
entre eux avant que de s'être dit un mot. Ils ont un goût
secret pour l'adversaire. Ils ont un mépris secret pour le
partisan. L'adversaire n'est pas seulement utile. Il n'est
pas seulement le point d'appui et le fleuret indispensable.
Il n'est pas seulement l'inévitable complice. Il est infiniment plus et infiniment mieux. Il n'est pas seulement
l'amateur. Les partisans sont des amateurs. Mais l'adversaire est le professionnel. Il est celui qui sait de quoi on
parle. Il aime ce que l'on connaît si bien ( la thèse adverse,
toujours présente). Et il connaît si bien ce que l'on aime,
la chère thèse de pensée infiniment plus profonde que
ce que l'on en fait voir, infiniment plus filleule et plus
affectueusement fomentée que ce qu'on en peut laisser
voir. Et il connaît si bien les rebords de la mauvaise foi,
et que d'aimer, c'est de donner raison à l'être aimé qui a
tort.
Et que c'est de défendre ce que l'on sait bien qui est
indéfendable.
Tous les deux nous les supposerons éclairés de ce
mutuel regard, entendus de cette mutuelle entente,
animés de ce mutuel respect. Tous les deux et l'un vers

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1

I

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

,,,

l'autre ils sont mutuellement complices de ceci : qu'ils
savent l'incomparable dignité de la pensée, qu'envers et
contre tout le reste du monde, envers et contre tous
les barbares ils savent que rien n'est aussi grave et
aussi sérieux que la pensée.
Ils ne seront donc pas émus de ce qu'il peut y avoir de
comique et d'apparemment détaché dans leurs propos.
Tous les deux classiques, (comment peut-on ne pas être
classique), ils savent que rien n'est aussi grave et aussi
sérieux que le comique, et que rien n'est aussi parallèle
et aussi apparenté au tragique. D'autre part une longue
expérience de la peine et de la fidélité leur a de longue
date enseigné ce qu'il y a d'attachement douloureux et
jaloux sous ces détachements de circonstance. Et que ce
n'est pas une élégance et une politesse mais une secrète
décence et la plus grande pureté.
Ils sont mutuellement respectueux encore en un double
et en un triple sens. Respectueux de la pensée, en ellemême, comme étant incomparablement digne et d'un
prix incomparable. Respectueux de la pensée comme d'une
sorte d'œuvre et d'opération statuaire qu'il faut se garder
comme d'un crime de déflorer. Respectueux de la pensée
comme de la plus belle et de la plus chère et la plus
secrète création. La saluant partout où elle est. Non pas
seulement d'un salut d'escrime, mais d'un salut de culte
et d'estimation singulière.
Étant respectueux de la pensée, ils sont naturellement
respectueux des personnes. Ils seraient volontiers kantiens sur ce point, bien qu'ils n'aiment pas Kant. Ou
plutôt ils aimeraient bien Kant. Mais c'est lui qui ne se
laisse pas aimer. Et puis Koenigsberg est bien loin.

NOTE SUR M. DESCARTES

1 73

Regis mons. Et puis Koenigsberg est bien dur. Si encore
il était né à Weimar.
Ils ont aussi cette idée que l{ant il ne savait pas. Que
c'est entendu, qu'il s'est bien appliqué. Mais que tout de
même il manquait par trop de ce qu'il faut, d'un certain
temporel, d'une vie, et de cette fortune et de cette grâce
qui consiste à être malheureux d'une certaine sorte inexpiable.
Ils ont cette idée que Kant c'est très bien fait mais que
précisément les grandes choses du monde n'ont pas été
des choses très bien faites. Que les hautes fortunes
n'ont jamais couronné les parfaits appareils de mécanismes. Que les réussites inoubliables ne sont jamais
tombées sur les impeccables serrureries. Que quand c'est
si bien fait que ça ça ne réussit jamais, ça ne reçoit jamais
ce gratuit accomplissement, ce gracieux couronnement
d'une haute fortune. Que quand c'est si bien fait que ça
il manque justement de ne manquer de rien, ce on ne sait
quoi, cette ouverture laissée au destin, ce jeu, cette ouverture laissée à la grâce, ce désistement de soi, cet abandonne~ent au fil de l'eau, cette ouverture laissée à
l'abandonnement d'une haute fortune, ce manque de
surveillance, au fond, ce parfait renseignement, cette
parfaite connaissance de ce que l'on n'est rien, cette
remise et cette abdication qui est au fond de tout véritablement grand homme. Cette remise aux mains d'un autre,
ce laissons aller, ce et puis fe ne m'en occupe plm qui est
au creux des plus hautes fortunes, Kant s'en occupe tout
le temps. Du kantisme. Ce n'est pas la manière de réussir
dans le monde. Les vers les plus beaux ne sont pas ceux
dont on s'est occupé tout le temps. Ce sont ceux qui sont

�r74

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

venus tout seuls. C'est-à-dire, en définitive, ceux qui ont
été abandonnés. A la fortune.
Respectueux, épris de la pensée, respectueux des personnes, nos deux hommes évitent avec un soin jaloux de
se blesser l'un l'autre. Ils aimeraient mieux peut-être ne
pas s'engager à fond dans l'idée qui leur est la plus chère,
masquer jusqu'à une autre fois, remettre à plus tard,
plutôt que de blesser l'autre. Ils veillent à ceci avec une
attention scrupuleuse, avec une rouerie méticuleuse,
avec une tendre et mélancolique, avec une sournoise et
infaillible habileté. Ils ont quarante ans. Ils savent qu'une
blessure ne se guérit jamais. Et que la plus imperceptible
est aussi celle qui ne pardonnera pas. Par ailleurs ils
savent que l'amitié est d'un prix unique, qu'elle est infiniment rare, que rien ne la remplace; qu'elle est infiniment
sensible.
Respectueux de la pensée, respectueux des personnes
je dirai qu'ils en sont venus à respecter leur propre personne. Non point au sens kantien, naturellement. Il
s'agit bien de Kant. Kant à leurs yeux n'est plus qu'un
officiel, un malheureux professeur attentif. Il s'agit bien
de cela. De même qu'ils ont une peur maladive de se
blesser l'un l'autre, ils ont la même peur maladive de
se blesser chacun soi-même. Une longue expérience de
peine, une fièvre incoercible, une incapacité de ckatrisation, la contusion toujours présente d'une impérissable
meurtrissure leur ont appris que la blessure que l'on se
fait soi-même est la plus inguérissable de toutes. Comme
elle est de toutes la mieux placée, la seule bien placée.
Pa, besoin de nous mettre au centre de misère. Et pour
bien nous place, dans l'a~e de détresse. Ils savent que la

NOTE SUR M. DESCARTES

r75
blessure qu'on se fait à soi-même est la seule savante
et la seule infaillible. Et qu'elle fait mal. Et que ça
fait mal, d'avoir mal. Se vaincre soi-même, disent les
manuels. Se vaincre soi-même ils savent que c'est la
seule manière infaillible d'être vaincu. La seule savante.
La seule parfaite. La seule hermétiquement jointe, sans une
cassure, sans un raccord, sans une échappatoire. La seule
vraiment affreuse et pour tout dire la seule authentique.
Celui qui est chrétien notamment a pris au sérieux
tout ce qu'il y avait dans le catéchisme. Quand il était
petit. Cela l'a mené loin. Il ne s'est point servi des règles
du catéchisme pour vitupérer les autres. Et pour faire
l'examen de conscience des autres. Il s'en est servi pour
se faire beaucoup de mal. Et pour tenir constamment
son propre examen de conscience. Tout ce qu'il peut
faire c'est peut-être de ne point le regretter.
Se vaincre soi-même, la seule défaite qui soit exacte
et la seule aussi qui soit totale. La seule manière irrévocable d'être vaincu. Quand on est vaincu par les autres
ils peuvent se tromper (ils sont hommes). Ils ne savent
pas bien où faire mal. Quand on se vainc soi-même, on
sait où se faire mal avec une affreuse exactitude.
Se vaincre soi-même : être vaincu inexpiablement; la
pire défaite ; la seule défaite et qui compte ; la seule aussi
dont on ne se relève jamais.
Nos deux hommes sont mélancoliques. Comment ne le
seraient-ils pas. Ai-je dit qu'ils avaient passé la quarantaine. L'un d'un an et de quelques mois, l'autre de
quelques années. Qu'importe. Quand on est sur la pente

�176

,,

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

redescendante, quand on descend sur cette pente qui
aboutit à un seul point, qu'importe qu'on ait passé de
quelques mois ou de quelques années la ligne de fatte,
la ligne de partage des jours.
Comment ne seraient-ils point mélancoliques. Tout ce
qu'ils aiment est dangereusement menacé. Souvent ils
se demandent, non pas l'un à l'autre, mais chacun à soimême, si tout n'est pas perdu. Ils voient ce peuple français menacé de toutes parts, trahi de toutes mains, se
trahissant soi-même. Or ils savent qu'il n'y a jamais eu
que deux réussites dans le monde, et que, dans le monde
antique ce fut le peuple grec, et que dans le monde
moderne ce fut le peuple français. Etant entendu que le
peuple juif est et fut et sera toujours une longue ra~e
et la race même de la non réussite et que le peuple romam
était destiné à se faire la voûte d'une immense rotonde.
Comment ne seraient-ils point mélancoliques. Ils
savent que rien n'est fragile, que rien n'est précaire comme
de telles réussites. Ils voient qu'on en a fait une. Et c'est
la Grèce. Ils voient qu'on en a fait une autre. Et c'est
la France. Us se demandent d'où il en viendrait jamais
une autre. Et ils savent bien que de nulle part il n'en
1
viendrait jamais une autre.
Ces deux réussites, les seules qui se soient jamais produites dans l'histoire du monde, leur paraissent d'un prix
infini. Une tendresse anxieuse, dissimulée et comme
résignée chez le Juif, (résignée à la dispersion), inexpiable
et comme forcenée chez le chrétien, les groupe autour de
la culture antique et française comme autour d'une survivance tous les jours plus dangereusement menacée.
Ici éclate la différence internelle de leurs deux races.

NOTE SUR M. DESCARTES

177

Tout Juif procède d'un certain fatalisme. Oriental.
Tout chrétien (actuel, français) procède d'une certaine
révolte. Occidentale. Contrairement à ce que l'on croit,
contrairement aussi aux plus fausses, aux plus spécieuses
des apparences le Juif, quand on le connait bien, trouve
toujours que c'est encore bien comme ça, que c'est toujours ça de pris, qu'on est bien heureux d'avoir au moins
eu ça, et qu'il est même étonnant qu'on l'ait eu. Le chrétien, toujours inconsolé, n'en a jamais assez. Un Dieu
est mort pour lui. Il regarde et trouve toujours qu'on est
bien malheureux.
Tous deux sont fatigués, ne l'ai-je point dit. Non point
tant de travail peut-être que d'un incurable souci. Le
creusement de l'incurable souci du peuple d'Israël, ce
creux de moelle qui court au long du creux de la tige de
cette longue race. Et par Jésus la greffe incurable de ce
souci sur les troncs plus drus de la force française. Ainsi
est née la plus belle race de peine qui soit jamais venue
au monde. Et ceci aussi est la réussite rare entre ces
quelques réussites. Pour obtenir une mélancolie de cette
profondeur incurable, aussi creuse et aussi mortellement
gravée il fallait cette greffe et ce sauvageon, il fallait
cette race et il fallait cette autre race, il fallait cette âme
et ilJallait cette autre âme et ce corps mortel, il fallait
un virus aussi antique introduit dans un corps jeune et
sain et il faut le dire sans défense. Il fallait un virus aussi
icre et aussi sacré, macéré dans la seule race d'Orient
qui ellt été créée contre l'Orient, concentrée par une
reconcentration de trente et de quarante siècles dans le
secret de cette race, brusquement inséré dans une race
neuve, dans tant d'innocence et tant de pureté, dans
12

f

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tant de grâce et de désarmement, dans cette moelle et
dans cette tendresse, dans tant de nouveauté, dans
tant de sève et tant de sang, dans un si beau corps
temporel, dans une si belle force matérielle, dans tant
d'audace et aussi tant d'âme inoffensive, il fallait tout
cela, il fallait l'opération de cette greffe unique pour que
l'unique inquiétude judaïque devînt l'unique inquiétude
chrétienne et pour que la royale sagesse et la royale
tristesse du roi Salomon devînt la tragique et plus que
royale détresse d'un Pascal. Il fallait tout cela, cette
macération trente et quarante fois séculaire dans le creux
d'une race graduellement vaccinée, ce brusque éclatement
dans une race saine et jeune et qui ne s'y attendait pas.
Eh quoi, dira-t-on, tout cela pour ces deux malheureux
qui descendent cette me et qw n'ont qu'une manie, ce~e
de philosopher. Voyez-les qui descendent, avec leurs airs
entendus. Regardez-les dans cette rue de la Sorbonne
où ils ne coudoient bientôt plus que des étrangers. Quoi,
dites-vous, tant d'affaires pour ces malheureux hommes,
philosophi philosophantes, de l'espèce la plus commune.
Oui, tout cela pour l'un ; et tout cela pour l'autre.
Pour le plus commun des Juifs Moïse a rapporté les tables
de la loi. Et pour le chrétien de l'espèce la plus ordinaire
Jésus est mort. Il n'y a que deux sortes de juifs : ceux
qui sont dévorés de l'inquiétude judaïque et qui jouent
tant de pauvres comédies pour le nier; (et pour se le
nier à eux-mêmes); ceux qui sont dévorés de l'inqui~tude
judaïque et qui ne songent pas même à le nier. Et il n'y a
que deux sortes de chrétiens : ceux qui sont dévorés de

NOTE SUR M. DESCARTES

1 79

l'inquiétude chrétienne et qui jouent tant de pauvres
comédies pour le nier; (et pour se le nier) ; ceux qui
sont dévorés de l'inquiétude chrétienne et qui ne songent
pas même à le nier. Ni l'une ni l'autre de ces deux fois,
ni la foi judaïque, ni la foi chrétienne ne sont des sortes
d'apparaux réservés aux êtres extraordinaires. Elles sont
en un sens, et Pascal l'avait fort bien dit, tout ce qu'il y
a de plus commun. Le même débat éternel et le même
débat capital se joue dans la vie de tous les jours, dans
l'homme de tous les jours. Moïse est tous les jours pour
le Juif. Jésus est tous les jours pour le chrétien.
Portant de si hautes destinées nos philosophes desc.endent. Ici encore éclate la différence et la contrariété
de leurs deux races. Le Juif trouve naturel d'être malade. ·
Fils et pour ainsi dire cellule et fibre élémentaire d'une
race qui souffre dans les siècles des siècles et qui vaincra
l'univers à force d'avoir été malade plus longtemps que
les autres, il dit, il sait que le travail spirituel se paye
par une sorte propre de fatigue inexpiable. Il trouve même
que c'est juste. Il trouve même que c'est encore très bien
comme ça. Il compte les jours où il va bien. Il les admire.
11 trouve qu'on a encore bien de la chance. (Au fond, il ne
le dit pas, mais il est un vieux Juif, et il trouve que le
Seigneur est encore bien bon comme ça, de ne pas être 1
pire). II compte les jours où il a pu travailler. En somme,
il y en a beaucoup.
Sournois, rebelle, fils de la terre, le chrétien vit dans une
révolte constante, dans une rébellion perpétuelle. Élevé
dans une maison où sa mère a travaillé pendant quarante
et cinquante ans dix-sept heures par jour à rempailler

�18o

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

des chaises, il n'a jamais accepté, il n'a jamais reconnu
que cette partie de la carcasse qui se nomme le cerveau
ne se conduisît pas et ne fût pas aux ordres comme cette
partie de la carcasse qui se nomme les doigts de la main.
Comme ses ancêtres (immédiats) (anciens et immédiats)
(lointains et immédiats) travaillaient dans les vignes et
dans les moissons des seize, dix-huit heures par jour,
dans les pleins jours d'été, dans les grands jours de juillet,
d'août et de septembre, de la première aube qui est
presque à deux heures du matin jusqu'au dernier crépuscule qui est presque passé neuf heures du soir, ainsi il
voudrait continuer, il voudrait en faire autant, lui aussi
il voudrait faire des coups de force. De là les accidents.
Il voudrait faire des drames et des tapisseries, des dialogues et des notes comme on rempaille des chaises, et
que la ligne vînt après la ligne et le vers après le vers
comme le cordon venait après le cordon L'insensé. Il
voudrait faire à sa table de travail, sur ces soixante-dix
décimètres carrés recouverts de grosse toile verte, ce que
ses ancêtres ont fait dans les immenses plaines du Val
et sur les côtes de Saint-Jean-de-Braye: des journées sans
nombre et des journées sans limites. Des journées pour
ainsi dire sans vieillissement. Des journées sans limitations
que les limitations mêmes du soleil. Des journées où c'était
le vigneron qui fatiguait la vigne, où l'échine lassait le
cep, où le moissonneur épuisait la moisson. Je dis plus:
où le moissonneur lassait la moisson. Des journées où
l'homme lassait la terre. Où l'homme lassait l'âge, et
tout ce qu'il y a d'éternel. Voilà ce qu'il voudrait faire,
le sot. Il n'accepte pas sa déchéance. Il sait, mais il ne
1JdUt pas savoir qu'il y a dans la plume un virus qu'il n'y

NOTE SUR M. DESCARTES

181

a point dans la houlette et la boue. Il sait, il ne veut pas
savoir, il se ment, (il le sait), il ne veut pas savoir qu'il y a
dans la plume un venin, un mystère, une réprobation,
un épuisement qu'il n'y a point dans la charrue et la
herse. Comme ses ancêtres il voudrait être le roi, et comme
ses anc:êtres un roi absolu. Comme ils commandaient à
leur tête et aux individus nommés muscles, ainsi il
voudrait commander au cerveau et aux individus nommés
nerfs. Il y trouve la différence. Comme tls se battaient
contre le tour de reins lui il se bat contre son foie. Il y
trouve la différence. Il est le premier de sa race qui est
forcé de filer doux. II est le premier de sa race à qui la carcasse n'obéit pas. Il est le premier de sa race qui est vaincu.
Le Juif est vaincu depuis septante et nonante siècles:
là est son éternelle force. Et là aussi sa victoire éternelle.

Le Juif est malheureux depuis Ève et depuis Adam et
par l'expulsion il a figuré la dispersion : là est son éternelle patience et comme une sorte de bonheur. Le Juif
est forcé de filer doux dans les siècles et dans les siècles :
de là le raidissement éternel de leurs nuques. Quand donc
ils s'en vont tous les deux le Juif essaie de calmer le
chrétien, de remontrer tout cela au chrétien, que c'est
encore très bien ainsi, qu'il faudrait pourtant s'y habituer.
(Et le Juif dit cela au chrétien, mais il sait très bien qu'il
parle, en ceci, au chrétien une langue étrangère et que
le chrétien ne l'entend même pas.) (Mais il continue tout
de même, parce qu'il faut bien, parce que c'est aussi
bien ainsi, de parler, de dire cela, de parler ainsi.) Le
chrétien regarde les jours où il va bien : il n'y en a pas.
Il regarde les jours où il travaille : quel mince réseau.

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

(Quand il aurait tant à dire, quand il se sent plein d'œuvres
qui jamais ne seront conduites sur les cortèges, sur les
zébrures du papier). Il ne regarde pas les jours de bonheur:
il n'y en aurait pas ; ce ne seraient même pas ~es dous
qui paraissaient nombreux le long du mur et qUI ne so~t
plus rien dans le creux de la main. Par un obscur besom
de compensation qui est au fond de toutes les morales et
peut-être de plus que les morales, p~ une sorte de :ag:use
et de sournoise opiniâtreté de tal10n contre so1-meme
et au fond d'apaisement des dieux il n'a pas cessé d'espérer
sourdement qu'en sacrifiant le bonheur il aurait au moins
le travail. Mais au fond il sait très bien que l'on n'a ni
l'un; ni l'autre.
Parce que ça serait trop beau .
Jésus a pu greffer l'inquiétude juive dans le corps
chrétien. Il fallait cela pour que la dévoration de cette
inquiétude, atténuée dans une race atténuée, ém~uss,ée
dans une ancienne race, habituée dans une race habltuee,
gagnât dans une nouvelle race, et presque instantanément,
une profondeur enfin incurable. Et Jésus n'a pas pu (ou
n'a pas voulu) greffer la patience juive dans le corps chrétien. Il fallait cela aussi, il fallait doublement cela pour
que fût produit un Pascal, pour que fussent obtenus ce
puits de détresse, ce désert de sable, cet abîme &lt;le
mélancolie.
Et le Jtùf et le chrétien savent très bien qu'en matière
de patience, ou plutôt sur le chef de la patience le Juif
est toujours plus chrétien que le chrétien. Les inquiétudes
du Juif sont devenues à base de patience. Elles sont
alliées, elles sont en ménage avec la patience, elles sont

NOTE SUR M. DESCARTES

conjointes avec la patience. Le chrétien est dévoré
d'une sourde révolte, d'une mauvaise volonté de rural
d'une rébellion sournoise de paysan. Il est le paysan qui'
regarde la grêle ravager sa rérolte et lui hacher son blé.
Il veut bien regarder. Il veut bien que la grêle tombe.
(Surtout parce qu'il ne peut pas faire autrement). L'année
prochaine il ressèmera du blé. Quand même il y aurait de
la grêle tous les ans, il ressèmera du blé toutes les années
prochaines, toutes les années suivantes. Seulement il
ne veut pas être content :

Nous sommes ces soldats qui marchaient par le monde
Et qui grognaient toufours mais n'ont famais plié.
Au fond il est permis de se demander si cette constante
révolte, si cette sournoise rébellion paysanne n'est pas
plus dans l'ordre chrétien qu'une certaine catégorie
de la patience. Combien de patiences ne sont que des
moyens de ne pas souffrir, patientiae non patiendi. Les
patiences de souffrir, patientiae patiendi, les patiences
combattives, les patiences débattues, les patiences
querellées ne sont-elles pas, n'entrent-elles pas infiniment
plus profond dans l'ordre chrétien que tant de patiences
qtù ne sont peut-être qu'anesthésiques et que sans doute
il faut ranger dans la catégorie de la paresse.
Je ne dis pas cela pour les patiences juives. Elles sont
tout autres. Elles sont trop à base d'inquiétude, elles sont
trop liées à l'inquiétude pour entrer jamais dans la catégorie de la paresse. D'ailleurs les Juifs n'entrent jamais
dans la catégorie du péché. S'ils entraient dans la
catégorie du péché, ils ne seraient pas juifs, ils seraient

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chrétienc;. Ils ne seraient pas de l'ancienne loi, ils seraient
de la nouvelle. Tout ce qu'ils peuvent faire c'est
d'entrer dans la catégorie de la désobéissance à la loi
de Moïse.
Je n'en dirai point autant de la loi nouvelle. Je n'en
dirai point autant des chrétiens. Combien de patiences,
(sec.rètement orgueilleuses d'être des patiences), (et d'avoir
vaintu l'impatience), (et d'avoir vaincu la colère), ne sont
que des détournements de l'épaule pour ne pas recevoir
le coup. Combien de patiences ne sont plus que la plus
savante, la plus impeccable tricherie avec la peine, c'està-dire avec l'épreuve, c'est-à-dire avec le salut, comme il
y a une autre patience, (la même),qui est la plus savante
et la plus implacable tricherie contre la race.
Combien de patiences ne sont que des inventions
anesthésiques, des gardes tenues infailliblement contre
la peine, contre l'épreuve, contre le salut; contre Dieu.
De mornes et sournoises abdications de la condition
même de l'homme. Des platitudes calculées pour que le
destin passe par dessus, ne pouvant nulle part accrocher
sa prise. Des mornes et des sourds et des sournois nivellements pratiqués pour que Dieu même porte à faux.
Des envasements égalitaires, des enlisements démocrates pour que nul ne dépasse, pour que rien ne dépasse
dans personne et qu'ainsi le sort, et qu'ainsi la peine, et
qu'ainsi l'épreuve, et qu'ainsi le salut ; et qu'ainsi Dieu
ne puisse pas jouer.
Telles sont les impiétés de toutes ces patiences. Telles
sont les impiétés de toutes ces prudences. Ou p,lutôt telle
en est la centrale impiété. Et je ne crois pas qu'il y en
ait de plus grande. Telles sont leurs sagesses. Pauvres et

NOTE SUR M. DESCARTES

mornes, plates et sournoises sagesses. Ce sont des patiences
de ne point patienter. Car patienter c'est souffrir, et
patienter tout de même. Patienter, c'est endurer. Ne pas
souffrir, refuser toute matière à la souffrance, refuser à la
souffrance ces points d'alignements infaillibles qu'elle
prend sur nous, ce n'est pas seulement tricher, ce n'est
pas seulement se dénaturer, et ce n'est pas seulement se
disgracier : c'est ne pas patienter. - Est-ce que tu crois
que ie vais endurer ça? disaient les bonnes femmes quand
j'étais petit. Ça, c'était n'importe quoi; tout ce qui n'allait
pas; tout ce qui leur déplaisait; que la voisine leur avait
dit un mot de travers; que leur progéniture, (elles en
avaient), leur avait manqué de respect, (ça s'était vu).
Elles étaient dans la saine tradition française et je dirai
dans la saine tradition de la paroisse française.
Elles ne voulaient pas endurer. C'est qu'en bonnes
Françaises elles se représentaient fort bien ce que c'est
qu'endurer. Tolerare, pati, tolerare tamen.
Dans le latin, dans le grec, et jusque dans l'allemand
tolérer c'est porter, supporter, élever, soutenir, soulever
un fardeau de peine. Tolerare, toUere, tulisse; tuli,
(t) latum; et il y a, dit Bréal, cc des traces nombreuses d'un
verbe •tulo. La racine correspondante en grec est -ro:À ou
rl.,,, d'où -rti),o:, « celui qui supporte», -rÀjjv!!:i «supporter»,
n-r&gt;.m1Œ « (ai supporté », noÀv--rÀo:, « qui supporte beaucoup ». - •.• - Tolero ne vient point directement de
tollo, mais d'un substantif perdu •tolus, •toleris. Gothique thulan « supporter», d'où l'allemand Ge-dul-d
« patience » (sur les consonnes germaniques, v. decem).
T«À«1v«, c'est celle qui supporte. Tti},m,o:, malheureuse, répète inlassablement le chœur antique. En

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

français, endurer, c'est trouver que c'est rudement dur.
Mais en français, c'est surtout ne pas endurer. (Je veux
dire c'est endurer parce qu'on ne peut pas faire autrement
et en dedans, comme disaient ces bonnes femmes, ne
pas durer, et comme elles disaient encore : se manger
les sangs).
Endurer ce n'est pas ne pas avoir des dents. C'est en
avoir et endurer qu'on vous les arrache. Et ensuite ce
n'est pas n'en avoir jamais eu. C'est en avoir eu et avoir
enduré qu'on vous les ait arrachées. Le martyr dans
l'arène n'est pas celui qui n'avait pas de membres. C'était
celui qui en avait et qui endurait qu'on les lui arrachât.
Et nous qui n'avons à donner, ou plutôt à ne nous laisser
prendre que de misérables jours, endurer, ce n'est pas
ne pas avoir de ces misérables jours, c'est endurer que,
cela même, on vous les arrae,he.
Ainsi semblables, ainsi différents
ainsi ennemis,
mais ainsi amis; ainsi étrangers, ainsi compénétrés;
ainsi enchevêtrés ; ainsi alliés et ainsi fidèles ; ainsi contraires et ainsi conjoints nos deux philosophes, ces deux
complices, descendent donc cette rue. Une autre différence, profonde, marche entre eux mais ne les disjoint
pas. C'est une différence entre deux remontante, une
autre différence de race, plus subtile, une scission de fissuration peut-être encore plus disjoignante. Le Juif sait
lire. Le chrétien, le catholique ne sait pas lire.
Dans la catégorie sociale à laquelle ils appartiennent
le Juif peut remonter de génération en génération et il
peut remonter pendant des siècles : il trouvera toujours
• quelqu'un qui sait lire. Quand il remonterait à quelque

NOTE SUR M. DESCARTES

187

marchand de bœufs des plaines de la p1,lta ou à quelque
marchand de chevaux des immensités du tchernosioum,
quand il remonterait à quelque marchand d'allumettes
du Bas-Empire ou d'Alexandrie ou de Byzance ou à
quelque Bédouin du désert, le Juif est d'une race où
l'on trouve toujours quelqu'un qui sait lire. Et non
seulement cela, mais lire pour eux ce n'est pas lire un
livre. C'est lire le Livre. C'est lire le Livre et la Loi. Lire,
c'est lire la parole de Dieu. Les inscriptions mêmes de
Dieu sur les tables et dans le livre. Dans tout cet immense
appareil sacré le plus antique de tous, lire est l'opération .
sacrée comme elle est l'opération antique. Tous les Juifs
sont lecteurs, tous les Juifs sont liseurs, tous les Juifs
sont récitants. C'est pour cela que tous les Juifs sont.
visuels, et visionnaires. Et qu'ils voient tout. Pour ainsi
dire instantanément. Et que d'un seul regard ils parcourent, ils couvrent instantanément des surfaces.
Peut-être une pénétration plus profonde et pour ainsi
dire moelleuse est-elle réservée à celui qui ne sait pas
lire (on m'entend bien) et peut-être une troisième dimension est-elle accordée à celui qui n'est pas visuel. Quoi
qu'il en soit, et l'introduction de ce battement, ou plutôt
de la considération de ce battement, est d'une conséquence presque infinie, dans la catégorie sociale à laquelle
nous nous référons, et qui est peut-être la seule importante, le catholique, ou plutôt commençons par l'autre
bout, le Juif est un homme qui lit depuis toujours, le
protestant est un homme qui lit depuis Calvin, le catho- 1
lique est un homme qui lit depuis Ferry.
Un autre jour, et que je ne tiendrai pas à nous entretenir uniquement de Descartes, il faudrait essayer de

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

retenir et d'examiner quelques conséquences de ce
classement. Elles me paraissent infinies. Nul peut-être
ne peut le sentir autant que moi. Quand je suis en présence de Pécaut, je suis en présence d'un homme qui lit
depuis Calvin. Quand je suis en présence de M. Benda,
je suis en présence d'un homme qui lit depuis toujours.
Quand je suis en présence de moi, je suis en présence d'un
homme qui lit depuis ma mère et moi.
Quand je suis en présence de Pécaut je suis en présence
d'un homme qui lit depuis le seizième siècle. Quand je suis
en présence de M. Benda, (et peut-être de Bergson), je suis
en présence d'un homme qui lit depuis les siècles des
siècles. Quand je suis en présence de moi, je suis en
présence d'un homme qui lit depuis 1880 (Voir l'argent,
l'argent suite et surtout voir le cahier de M. Naudy).
Ou si l'on veut le Juif est lettré depuis toujours, le
protestant depuis Calvin, le catholique depuis Ferry.
Ou si l'on veut le Juif est alphabet depuis toujours, le
protestant depuis Calvin, le catholique depuis Ferry.
Ce que voyant le catholique fait un retour sur lui-même.
De quelque côté qu'il remonte il est inalphabet à la
deuxième génération. Ni ceux du Bourbonnais, ni ceux
peut-être de la Marche, ni ceux du Val de Loire et des
premier coteaux de la Forêt d'Orléans, aucun de ses
grands-pères, aucune de ses grand'mères ne savait lire
ni écrire. Et ils ne comptaient que de tête. (C'est dire
qu'ils comptaient mieux que vous et moi). Le catholique,
le français, le paysan se retourne vers sa race et de quelque
côté qu'il remonte il se heurte, aussitôt après son père,
aussitôt après sa mère, à ce quadruple front d'illettrés. Ni
son grand-père, ni sa grand'mère paternelle ; ni son

NOTE SUR M'.. DESCARTES

18g

grand-père, ni sa grand'mère maternelle. Il les reprend
dans l'autre sens. Ni ses deux grands-pères; ni ses deux
grand'mères. Il les reprend dans l'autre sens. Ni la
lignée de son père ; ni la lignée de sa mère. Et il serait
bien embarrassé de rt-monter plus haut. Étant pauvre
et français, catholique et paysan il n'a pas de papiers de
famille. Ses papiers de famille, ce sont les registres des
paroisses. Aucune famille discernée dans cette innombrable ascendance. Aucune tenure dans cette longue race.
Rien qui laisse trace dans les papiers des notaires. Ils
n'ont jamais rien possédé. Pauvres et peuple ils ont
laissé aux Juifs, aux protestants, aux catholiques bourgeois d'avoir une généalogie inscrite.
L'homme s'attarde, il considère longuement ce classement d11 monde et ce classement du monde lui paraît
nouveau. D'un côté ensemble tous les Juifs, tous les
protestants, toute la noblesse et bourgeoisie catholiques
(gens d'épée, gens de robe, gens des charges, hobereaux,
fermiers, tous propriétaires, propriétaires de batailles,
propriétaires de charges, propriétaires de terre) qui ont
tous leurs papiers de famille et en quelque sorte leurs
titres de propriété,- et lui qui n'a jamais rien eu, lui
catholique et pauvre, lui qui n'a jamais rien été, étant chez
lui, lui dont tous les papiers de famille ce sont les registres
des paroisses, lui dont les titres de propriété ce sont les
registres des paroisses, et lui qui jusqu'au jugement ne
sera jamais couché que sur les registres des paroisses.
Il s'arrête un peu ici. Il aperçoit une grande division
du monde. D'un côté le notaire (sous toutes ses formes),
de l'autre ces misérables registres des paroisses. D'un
côté le notaire, c'est-à-dire aussi l'officier de l'état-civil
'

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le maire, l'échevin, c'est-à-dire aussi le greffier. C'està-dire aussi l'agent de change. Et la corbeille et la coulisse.
Et le grand-livre de la dette publique. (Et les inscriptions
du Comptoir d'Escompte). De l'autre ces misérables
registres des paroisses.
C'est-à-dire d'un côté toute l'inscription historique.
De l'autre ces misérables registres des paroisses.
C'est-à-dire d'un côté toute l'inscription temporelle.
De l'autre ces misérables registres des paroisses. C'està-dire le livre des baptêmes.

1
1

L'honime se retourne vers sa race et aussitôt après son
père et sa mère il voit s'avancer ce front de quatre et
aussitôt après, aussitôt derrière il ne voit plus rien qu'une
immense masse et une innombrable race, aussitôt après,
aussitôt derrière il ne distingue plus rien. Pourquoi ne
pas le dire, il s'enfonce avec orgueil dans cet anonymat.
L'anonyme est son patronyme. L'anonymat est son
immense patronymat. Plus la terre est commune, et plus
il veut être poussé de tette terre. Plus la nuit est opaque,
et plus il veut être sorti de cette ombre. Plus la race est
commune et plus il a de joie se1.,rète et il faut le dire
un secret orgueil à être un homme de cette race. Il est
bien le même homme dans le goût de sa race qu'il est
dans le goût de tout. Il est bien le même homme qui ne
s'est jamais vêtu que d'une étoffe commune, qui n'a
jamais écrit que sur du papier commun, qui ne s'est
jamais assis qu'à une table commune. Et ce goût du
commun et du pauvre, qui est chez nos riches le crime le
plus affreux, et la plus ignominieuse indécence, étant
la plus monstrueuse affectation, la plus criminelle et

NOTE SUR M. DESCARTES

la plus monstrueuse dérision, la simulation la plus frauduleuse et justement celle à qui il ne sera point pardonné,
- n'est pour le pauvre que la plus dénuée décence. Ce
qui chez le riche n'est que la plus graveleuse et la plus
perverse invention de l'orgueil et de la perversité,
(Tolstoï), n'est chez le pauvre que la plus pauvre décence.
Ainsi notre homme ne veut être qu'un arbre dans cette
immense forêt, un épi commun dans cette immense
moisson.
Un citoyen de l'espèce commune, un chrétien de la
commune espèce.
Le citoyen dans le bourg'; le chrétien dans la paroisse.
Et un pécheur de la plus commune espèce.
Il regarde vers sa race et comme dans le pasc;age de la
mer Rouge une muraille de vague masquait l'énorme
Océan suspendu derrière, ainsi cette muraille de quatre,
ses ~eux gra?ds-pères, ses deux grand'mères, lui masque
le silence dune innombrable race. C'est comme une
paroi de l'Océan même. Et comme on ne sait rien de
cette énorme masse qui est derrière la paroi, sinon que
c'est de l'eau, ainsi il ne sait rien de cette immense race
qui est derrière cette muraille de quatre, sinon que c'est
de la chrétienté.
Et il s'enfonce avec joie dans cet énorme anonymat.
Il regarde vers sa race. Cette muraille même cette
muraille de quatre, ellese présente, cette muraille d'illettrés,
ce rang de quatre, il se présente lui-même comme un mur
de silence. Et il remonte, et il se plonge non pas seulement avec joie dans cet énorme anonymat. Il s'y enfonce

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avec une joie secrète. Mais il s'y enfonce aussi avec une
sorte d'accomplissement, de couronnement, de plénitude
d'humilité. Et ne s'y enfoncerait-il pas avec un couronnement et une plénitude d'orgueil.
Et plus encore peut-être avec on ne sait quel gollt et
quelle réussite et quelle plénitude d'anéantissement.
Quand il est fatigué, et il l'est toujours, il se dit que
le paysan aussi est toujours courbaturé ; et qu'il n'en
travaille pas moins ; et qu'il n'en travaille que mieux.
Ce n'est pas seulement une consolation, c'est une théorie.
Il a inventé cette théorie, qu'on travaille mieux quand
on est au moins un peu fatigué. Comme il l'est toujours
beaucoup, il manque un peu de compétence en matière
d'un peu de fatigue. Et il manque tout à fait de l'autre
terme de la comparaison, qui est de savoir ce que serait
et ce que ferait quelqu'un qui ne serait pas fatigué du
tout. Il a exposé longuement sa théorie. Il prétend que
la fatigue du matin est la tradition du travail de la veille
au travail du lendemain, que ce résidu de la fatigue du
matin est la légation de la fatigue et du travail de la
veille à la fatigue et au travail du lendemain, qu'elle
est comme un ferment aigri, comme le levain de la
veille et qui fera lever le pain du jour. C'est une belle
théorie, pour les gens fatigués. Il prétend que le paysan,
que le voiturier se réveille toujours avec les reins cassés, les
jambes raides, et des courbatures qui lui font jurer le
nom du Seigneur, mais qu'il se lève tout de même et qu'à
midi il n'y pense plus. (Ce qui enlève un peu de sa raison
à la comparaison, c'est que lui, à midi, -il y pense encore).
Telle est sa théorie de la fatigue et du travail. Il a beau-

NOTE SUR M. DESCARTES

1 93

coup de théories. Ce qu'il y a de plus fort c'est qu'avec
tant de théories il travaille tout de même, et beaucoup.
Et il produit tout de même, et beaucoup. Et quand il
travaille et quand il produit, on ne s'aperçoit pas qu'il
a des théories. Il a cette théorie que ce restant de la
fatigue de la veille est ce qui opère d'un jour à l'autre,
d'un jour sur l'autre, la continuité de l'œuvre.
Quand il est vraiment fatigué, son appareil mental lui
refuse tout service. (Comme à tout le monde, mais il a
encore cet orgueil de vouloir que ce soit beaucoup plus
et pour ainsi dire beaucoup plus éminemment qu'aux
autres). Et son appareil d'écriture lui manque le premier,
sa machine à écrire, et lui manque carrément, tout ce
qu'on apprend chez Janet, sa machine à faire la graphie,
ses images visuelles et appareils moteurs. Il veut y voir
une rançon justement de ce que ses grands-pères ne
savaient ni lire ni écrire. Sa race n'a pas encore eu le
temps de s'habituer. Ni les images visuelles n'ont eu le
temps de lui entrer dans la mémoire. Ni les appareils
moteurs n'ont eu le temps de lui entrer dans la main. Il
est le premier de sa race qui écrit. Comment s'étonner
que sa race en lui ne sache pas encore écrire, ou enfin
ne sache pas bien. Qu'elle ait si souvent et tant de manques
dans l'écriture. Tant de défaillances. Tant de défauts. Ce
sont les ratés d'une machine non assouplie, non habituée,
non entraînée, et qui n'est mise en branle que depuis une
ou deux générations. Mais plus affreux sera ce défaut,
plus affreuse sera cette rançon, plus précieuse sans doute
sera le bien dont elle sera la rançon, et ce bien sera justement d'être sorti d 'une race, de tremper directement
IJ

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

dans une race encore toute plongée dans le secret de ne
pas savoir lire, dans le silence et l'ombre de n'avoir jamais
porté la main sur une plume.
Mettre la main à la plume, ce solennel propos du troupier
légendaire lui paraît plein d'un sens mystérieux. Mes
chers parents, je mets la main à la plume, c'est pour vous
dire que le capitaine... Il entrevoit à ces mots un sens redoutable. Ainsi passé son père, qu'il n'a pas même connu,
passé sa mère nul de sa race n'a ;jamais mis ~a main à 1~
plume. Et sa mère même a une écrit~e s1 g~u~e, s1
maladroite, si peuple et si manuelle, s1 peu écnvam. Il
est le premier, et comme seul. Lui-même s~ maladroit. ~t
vraiment si peu habitué. Avec ses gros doigts maladroits
où toutes les engelures de l'enfance ont laissé leurs diffor-

1

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,,
1

mités.
Cette plume, son instrument propre, elle lui paraît
un instrument dangereux. Il la découvre un instrument
dangereux. Mais il a des compensations. Quand ça ~arc~e
bien, quand les mécanismes sont montés, quand 11 écnt,
il ne trouve pas que c'est un instrument dangereux.
Quand ça ne marche plus, quand les mécanismes so~t
démontés, quand il est sans nerf devant son papier
commun, il peut se dire que c'est très bien de ne pas
savoir écrire, d'être un mécanisme démonté, parce que
c'est un brevet d'inhabitude. (L'habitude étant, dans
ce système, le plus dangereux, le seul dangereux ennemi).
Un brevet d'être nouveau.
Il y a dans l'écriture un durcissement propre. 11 y a
dans l'imprimé un vieillissement propre. Les jours où il
ne peut pas travailler l'homme se dit que c'est la preuve
que par la nouveauté de sa race intellectuelle il échappe

NOTE SUR M. DESCARTES •

1 95

à~~ d~cissement, à ce vieillissement. Que c'est la preuve
qu il n est pas un être habitué.
Quoi qu',on ~crive, (et ce serait une autre question), il
Y a d~s ~ écnture même un durcissement. Quoi qu'on
fasse ~pnmer, (et ce serait une autre question), il y a
d~s l'imprimé un vieillissement et une vulgarité. (Le vulgaire, dans ce système, étant le contraire du commun).
(Le vulgaire est de la foule, le commun est au contraire
du peuple). Les jours où ça va bien, notre homme fait
comme tout le monde. Il écrit et fait imprimer. Les jours
où ça va mal, il se rappelle qu'écrire et faire imprimer
sont les premiers durcissements et vieillissements de
la mort.
Quoi qu'on écrive, il y a dans l'écriture un durcissement
qui ne sera plus assoupli. Quoi qu'on fasse imprimer il y
a dans l'imprimé un piétinement de mémoire que nulle
abrogation n'effacera jamais. On a trop foulé ce sentier.
(Quand même ce seraient de belles traces). On a trop
marché sur cette route. (Quand même ce seraient des armées
victorieuses). Quand l'homme était cendre et poudre,
son néant même était grand. Son néant même était beau.
C'était encore de la terre. Et même quand il était de la
boue sa bassesse même était grande. Cette: boue, c'était
encore du limon de la terre. Le creux même de la route
était encore de la terre et l'ornière de la route était comme
un sillon. Nos malheureuses mémoires modernes ne sont
plus que des macadams. Et toujours les encombrements
de ces trains de bagages.
li Ya un raidissement de l'inscription, il y a un durcissement de l'écriture ; et il n'y a pas seulement une dureté
de l'imprimé : il y a les innombrables duretés superposées

•

�1 1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

des innombrables imprimés. Tout homme moderne
est un misérable journal. Et non pas même un misérable
journal d'un jour. D'un seul jour. Mais il est comme un
misérable vieux journal d'un jour sur lequel, sur le même
papier duquel on aurait tous les matins imprimé le journal
de ce jour-là. Ainsi nos mémoires modernes ne sont jamais
que de malheureuses mémoires fripées, de malheureuses
mémoires savatées.
L'illettré des anciens temps lisait au livre même de la
nature. Ou plutôt il était du livre même, il était le livre
même de la création. Le lettré de tous les anciens temps
était un homme de livre(s) et lui-même il était un ou
quelques livre;;. Le moderne est un journal, et non pas
seulement un journal mais nos malheureuses mémoires
modernes sont de malheureux papiers savatés sur lesquels
on a, sans changer le papier, imprimé tous les jours le
journal du jour. Et nous ne sommes plus que cet affreux
piétinement de lettres.
Nos ancêtres étaient du papier blanc et le lin même
dont on fera le papier. Les lettrés étaient des livres. Nous,
modernes nous ne sommes plus que des macules de jour-

1'

1 I·

naux.

Pris d'une sorte de profond effroi devant son métier
propre et devant ce que ce métier est devenu et devant
la condition faite aux hommes de son temps, l'homme se
retourne vers sa race non plus même avec cette secrète
joie, non plus même avec ce secret orgueil, mais avec une
peureuse, une timide reconnaissance d'avoir au moins
un peu échappé à cet avilissement, c'est-à-dire d'y avoir
si longtemps totalement échappé dans le passé de sa

li

1

NOTE SUR M. DESCARTES

r97

race. Et il a l'impression que ce qu'il tient de cela ce
n'est rien moins que ceci: c'est d'être récemment s~rti
des mains de son créateur.
Dans le silence et l'ombre de l'âme illettrée quelle est
donc cette vertu profonde ; et surtout quelle est cette
grâce profonde. N'est-ce pas la vertu même et la grâce du
désarmement de l'ombre. N'est-ce pas la grâce même du
détendement de la nuit. Les lettres ne sont-elles pas toutes
des lettres d'affiches lumineuses. Les lettres ne sont-elles
pas toujours des rampes de gaz. Les lettres ne sontelles pas toujours alternatives. Les lettres ne sont-elles
pas toutes des enseignes lumineuses et des appareils de
publicité lumineuse et les lettres ne sont-elles pas toutes
et ~oujours inte~ittentes. Les lettres ne sont-elles pas
to~1ours celles qw brisent et qui criblent et qui crèvent la
nmt.

Les lettres ne sont-elles pas toujours de ces lettres
articulées qui découpent dans la nuit des publicités
monstrueuses. L'homme. se retourne vers sa race, vers
cette.longue nuit non troublée. Comme ce silence et cette
ombre sont plus près de la création. Comme ils sont
seuls nobles. Comme ils sont seuls près de la création. Tout
le reste est industrie. Tout le reste est fatras. Tout le reste
est alphabet.
L'homme se retourne vers l'innombrable, vers le tacite
vers l'immense océan de sa silencieuse race. Quelle réserv~
(Et lui qu'en a-t-it fait). Quel trésor secret. (Et lui ne
l'a-t-il pas dilapidé). Mais surtout quel mystérieux prolongement. Comme ces océans qui se prolongent de latitude en latitude, ainsi le silence premier, rompu de toute
part ailleurs, s'est prolongé d'âge en âge dans le silence

�NOTE SUR M. DESCARTES

198

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de l'ignorance de l'âme. Et cette silencieuse race est le
seul écho que nous puissions percevoir du silence premier
de la création.
Silence de la prière et silence du vœu, silence du repos
et silence du travail même, silence du septième jour mais
silence des six jours mêmes ; la voix seule de Dieu ; silence
de la peine et silence de la mort ; silence de l'oraison ;
silence de la contemplation et de l'offrande; silence de la
méditation et du deuil ; silence de la solitude ; silence de
la pauvreté ; silence de l'élévation et de la retombée,
dans cet immense parlement du monde moderne l'homme
écoute le silence immense de sa race. Pourquoi tout le
monde cause-t-il, et qu'est-ce qu'on dit. Pourquoi tout
le monde écrit-il, et qu'est-ce qu'on publie. L'homme se
tait. L'homme se replonge dans le silence de sa race et de
remontée en remontée il y trouve le dernier prolongement
que nous puissions saisir du silence éternel de la création
première.
Comme tout homme de ce temps et digne du nom
d'homme, comme tout homme de ce temps honteux de
son temps, fier de sa race, tournant le dos à tout un monde
l'homme se retourne vers sa race. Qu'en reste-t-il au
monde. Qu'en reste-t-il en dehors de lui; et en lui qu'en
reste-t-il. Il se retourne, il veut au moins se retremper
dans la mémoire qu'il en a. Derrière sa mère, derrière son
père, qu'il n'a pas même connu, cette muraille, cette
silencieuse paroi, ce rang de quatre illettrés. Et une parole
remonte à l'homme du fond des temps : La lettre tue.
Littera occidit. Littera necat. Comme tant d'autres il
savait ce mot de meurtre et il ne savait pas que c'était

1 99

un mot . de meurtre. Il répétait ce mot de meurtre e t 1·1
ne_ vo~ait pas que c'était un mot de meurtre. Il n'avait pas
pns littéralement cette rédargumentation de la 1 tt
Il • ·t
.
e re.
~ avai pas pns au pied de la lettre cette rédargumentation de la lettre.
Cette parole que 1~ lettre était un instrument de meurtre
et peut-être le seul mstrument de meurtre.
Et que dans la lettre était l'appareil même d 1
mort.
e a
Et comme éc~appé d'un immense danger il considère
ses ancêtres qw ne connaissaient pas la lettre Un
t
de sa grand'mère, oublié quarante ans, lui rem.onte soumo
.
. su mes
dain : J e ne sais pas mes lettres• ou ·. Je n'a.i 1amais
lei#
es, ou : On ne m'a jamais appris mes lettres, disait-elle
un peu honteuse (ou animée de quel secret orgueil) .
car en même temps elle se considérait un peu (et mêm;
beaucoup) comme une curiosité, comme une rar té
~mm~ un être d'un autre temps. (Elle ne croyait p~ si
bien dire. Elle était rudement d'un autre temps) EII
était fort i_nte~gente. Elle voyait bien à quoi elle assistait~
Eli~ voyait bien toute la montée de l'enseignement primaire. Elle, voyait
. . bien que tout le monde allait à l'éCO1e.
- Je n ai 1amais été à l'école, disait-elle. Ou de préférence :

-: On_ne m'a jamais envoyée à l'école. Quelquefois elle
expliquait :

- A cet dge là je travaillais. Ou de préférence :
- A cet dge-là tout le monde travaillait.
Je voudrais bien savoir s'il y a un âge, à présent, où
tout ~e monde travaille ; et à quel âge tout le
d
travaille.
mon e

�200

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Elle n'avait pas été à l'école, mais elle avait été au
catéchisme.
Elle disait encore :
- On ne savait même pas ce que c'était qu'une école.
Elle disait encore.
- Je ne sais même pas lire les noms des rues.
Et elle disait encore :
- Je ne sais pas lire le journal.

Le journal, la plus grande invention depuis la création
du monde et certainement depuis la création de l'âme,
car il touche, il atteint à la constitution même de l'âme.
Le journal, seconde création. Spirituelle. Ou plutôt
commencement. point d'origine de la décréation. Spiri-

11

i11

"

tuelle.
Point d'origine d'une deuxième création. Ou plutôt
pointd'origined'unedégradation,d'unedéformation,d'une
altération qui constitue réellement le commencement
de la décréation. Au moins de la décréation de la création
éminente, de la création essentielle, de la création centrale,
de la création profonde qui est la création spirituelle.
Et en elle, par elle, des autres. Et ici il faut bien s'entendre.
Je suis convaincu qu'il y a des bons et des mauvais
journaux. Je suis convaincu surtout qu'il y en a des mauvais. Et il y a aussi ceux qui sont bons et mauvais. Dans
des proportions variées. J'admets qu'il y ait tout un
échelonnement. J'admets que nous ferons une table des
valeurs. Eh bien Ice que je dis, c'est que ce n'est pas cette
table des valeurs qui m'intéresse.

I! 1
1 1

NOTE SUR M. DESCARTES

C'

I

201

est e registre même où il se fait , 11
des valeurs.
qu e e est une table
. Je. sui~ convaincu qu'il y a des bons et des mauvais
unpn~és. Et peut-être beaucoup d'entre-deux J
.
convamcu qu'il y a une bonne et une mauvais~ e sws
et peut-être beaucoup d'entre-de
C
,.
presse;
c'est que la bonne
ux. e qu il y a de bon,
ut êt
presse est quelquefois mauvaise et
pe - re souvent • et que 1
.
jamais bonne. C'est' tou·ours lea mauvaise presse n'est
versibilité et de la dé~ d t
mêm~ système de l'irréjours. On ne a
.
. a a io~ contmue. On perd tou1
. ~ gne Jamais. Eh bien! ce que je dis c'est
_es mauvais Journaux font infiniment plus de mal
que
Journaux que comme ma
.
comme
infinitivement plus d
uvlais, la mauvaise presse fait
e ma comme pres~
mauvaise. Et c'est . .
,e que comme
Bergson : une mau;:s e~:né que nous_ rejoignons notre
e I e toute faite est infi .
p1us pernicieuse
comme
toute fait e que comme mauvais
mment.
.d
une I ée fausse toute faite est infi .
e,
comme toute faite que comme f
mment plus fausse
ausse.
(à suivre)

CHARLES PÉGUY

�AMOUR COULEUR DE PARIS

202

203

II
Les ombres peuvent descendre;
La rue et l' dme sont prêtes.

AMOUR COULEUR DE PARIS
I
Tout le meilleur de l'azur,
N'en reste-t-il qu'une cendre -

Mais il faudra que tes yeux
Me regardent de tout près
Pour que ie les reconnaisse.
Il faut te pencher un peu
Maintenant que c'est la nuit;

Soir impalpable -

et des murs ?
Pourtant les vitres encore
Te font des sources de ciel,
Tremblantes, mais non taries;

I"

Du ciel pour une heure encore,
Du bleu qui serre le cœur,
Amour couleur de Paris.
,1

Te pencher sur mon épaule,
Amour couleur de Paris.
JULES ROMAINS

�EXPLICATIONS

EXPLICATIONS

,1
1

Une longue confiance dispense de vieux amis, des collaborateurs fidèles, de s'expliquer encore entre eux sur
les termes et les raisons de leur accord. Mais essaient-ils
de les expliquer au public ? Toute formule appellera
complément, ou bien retouche. Plus je relis le _p~ogramme publié ici-même dans le numéro du 1er JUln,
plus il me semble que l'expression dépasse et fausse un
peu la pensée de l'auteur. Il ne f~udr~itt pas-:-- notre
directeur tout le premier ne voudrait pomt - qu elle ptlt
donner le change sur notre pensée à tous. L'occasion
s'offre ainsi de préciser des réflexions générales que nous
devons retrouver maintes fois sur notre route : Comment
ne pas nous demander, d'abord, si l'cc indépendance » de
l'art a rien à faire avec sa « gratuité »? Et comment,
s'il est question d'alléger «l'exigence de la guerre sur nos
esprits», ne pas nous entendre pour éviter t~ute attitude,
tout essai d'influence où la France pourrait perdre sans
que l'art ait chance d'y rien gagner ?
Tout art n'est pas gratuit, la chose est stlre. Et peut-il
exister même un art littéralement, absolument gratuit ?
On s'entend bien, sans trop de peine, sur l'indépendance
de l'art : une œuvre «y est» ou« n'y est pas»; elle« existe»
ou« n'existe pas»; la tendance que par ailleurs on jugera

la plus fâcheuse n'empêche pas une œuvre d'exister •
et la tendance réputée la plus noble ne fera pas, à elle seule:
qu'une œuvre existe. Pourtant nous ne sommes pas
des êtres sans tendances ; nous sommes fils de la terre.
C'est la vie en nous qui demande à se traduire en art
aussi bien qu'en pensée. L'art insatiable se nourrit de
toute la vie : de toute la vie _extérieure et de toute
la vie intérieure; de tous les spectacles, de toutes les
tendances. Ce n'est pas cela qui dispose, mais c'est
cela seul qui peut proposer. L'art n'est donc pas« indépendant » en ce sens qu'il se nourrirait de lui-même ; il est
1 autonome», c'est-à-dire qu'il a ses lois et ses exigences
propres: rien, en droit, n'est exclus dé l'art· mais aussi
rien n'accède à l'art sans se plier à ses conditions spécifi~ues. Plus la vie est intense, plus elle a de peine à se
plier : trop riche, le spectacle trouble la vision ; trop
forte, la tendance égare l'expression. Mais où l'art est le
plus difficile, c'est là qu'il est le plus grand, le plus beau.
Nul artiste ne commence par jeter sur le monde un
regard préalablement « dépouillé » ; ce serait un regard
terne, indifférent, sans choix. Le regard, qu'un intérêt
oriente et trouble d'abord, ne « se dépouille » que dans
l'acte même de la vision, et pour mieux voir. Une discipline pe:Ut l'y aider : ce n'est pas pour rien que, depuis
la Re~a.issance, on a tant réfléchi sur l'art ; ce n'est pas
pour nen que s'est élaborée la distinction de l'éloquence
et du lyrisme, ni que s'est formée la notion d'une« poésie
pure», ou même la doctrine de« l'art pour l'art». Tout de
même, la poésie ne date pas de Baudelaire ; et l'art ne
date pas de la Renaissance. Si la méthode faisait tout
Flaubert n'aurait pas à se sentir petit devant Homère o~

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

2o6

' l

1

1

Cervantès.La« pureté» de l'art adépendu,dépend encore
de partis pris autrement larges. De même qu'une grande
âme, tendant au bonheur, ne le veut pas trouble et précaire, obtenu par chance ou par fraude, pareille~ent le
grand artiste ne veut pas une admiration de conmve~ce
et de complaisance, une rencontre facile - soit par chance,
soit par fraude - avec un faux goût que satisferait tout
rappel de beautés connues, d'émotions déjà classées. Il
veut une puissance honnête, et qui dure. Plus simplement
_ Rivière l'a fort bien dit-« il ne veut rien d'autre que
ce qu'il fait». Il ne louche donc pas à côté, vers des ressources étrangères ; comme il ne supprime rien de ce
que commande son vrai propos. L'exclusive ar~eur du
génie, cette« érosion de l'accidentel» dont parle N1etzsch~,
a plus fait qu'aucune esthétique et plus fait qu'aucune en1
tique pour enseigner aux artistes la p~eté des moyens.
Telle est la sincérité de l'art. La sincérité pure et
simple, la franchise est autre chose ; et chacune· à son
tour fait tort à l'autre, l'artiste devant borner ses aveux,
ses confidences, aux limites de son propos. Or, dans notre
littérature française, qui fut une des plus agissantes,
des plus constamment tendues vers l'action, cette «absc_mce
d'hypocrisie » dont Rivière la loue à bon droit a-t-elle
·p
attendu, pour paraitre, le prétexte d'un art gratm_ ·
Le chrétien qui veut s'humilier tel qu'il est, l'antichréhen
qui s'accepte et s'affirme tel qu'il est, sont hommes fort

il'
I.

Evidences; mais:auxquelles on ne s'ouvre pas vite, quand

à vingt ans, on a reçu d'abord l'empreinte de Flaubert. Il faut

alors quelque travail pour ajuster ses do~~es a~xpréférences les
plus nettement senties, et ne pas humilier Lucien Leuwen ou Le
Lys dans la Vallte devant Maàama Bovary ou Salammbd.

EXPLICATIONS

2f!YJ
tendancieu~ ; et c'est ~eur tendance même qui les porte
~ la franchise. Notre sincérité leur doit beaucoup. Pour
smcèrement se connaître, faudrait-il donc ne tendre à
rien, ne rien vouloir ? N'est-ce pas, encore ici, l'ambition
des conquêtes durables qui se traduit par une horreur des
faux-semblants? -Certes, il n'est pas aisé de se découvrir
soi-même, ni comme individu ni comme peuple, à la lumière
d~ ~ournaise d'une guerre ou d'une révolution. Mais,
ains~ qu~ pour l'art, le résultat vaut bien la peine: où
la sincérité coûte le plus, c'est là, non pas ailleurs, qu'elle
a le plus de prix.

Personne en cette Revue ne traitera de gratuites des
œuvres dont la tendance, tout simplement, lui agrée ; et
le mot « gratuité », sous la plume de Rivière n'avait
certainement qu'un sens tout relatif. J'entre dan; ce sens•
j'accorde que l'art domine avec moins d'effort une matièr;
pe~ riche ou d'avance épurée ; j'accorde (encore qu'on
pwsse le contester) que sa nature propre se révèle surtout
dans ses jeux les plus libres, les plus légers, et que, par
leur exemple, le respect de la forme se maintient, s'affine,
et profite à des travaux plus lourds de vie. La littérature
de paix - j'entends celle de tous les siècles - en cela
nous offre assez de modèles, assez de leçons. D'autres
modèles seront les bienvenus; devons-nous craindre d'en
1?~quer ? - La thèse ici soutenue semblait être : que
l e~gence de la guerre sur les esprits, appelle, pour contrepoids, la re:herche volontaire d'une certaine gratuité.
Or, q~and bien même j'accepterais la thèse, je trouverais
à redire aux considérants.
D'abord, je ne consens point qu' « un des méfaits

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

1 1

,1 1

les plus graves de la guerre soit d'avoir préoccupé les
esprits ». Cette guerre qui nous coûte dix-sept cent mille
hommes, qui a mis notre avenir en suspens, et l'y laisse,
a bien fixé, durant cinq ans, toujours sur les mêmes
images, nos sentiments et nos idées ; elle a presque
suspendu, pour tout le reste, le travail intérieur des
esprits. Mais la véritable« préoccupation», ce serait, dans
un même travail continué, l'intervention d'idées étrangères qui la faussent, produisant un désarroi des arguments, des habitudes, des principes et des méthodes. A
ce compte, la grande guerre a « préoccupé • la pensée
française dix fois moins que la longue querelle janséniste,
et, je crois, un peu moins que l'Affaire Dreyfus. Nous
sommes loin d'y avoir pensé positivement dans la mesure
de son importance. Ne risquant pas d'y penser trop,
risquant d'y penser trop peu, nous devons y penser bien.
Et je ne consens donc point davantage que le
«détournement» du génie français, son absorption dans
une tâche, doive s'appeler une déformation 1 . Ce qui
déforme l'esprit, c'est de penser tout ensemble à ce qu'on
fait et à ce qu'on ne fait pas. Plus d'un esprit s'est déformé
sans doute. Ceux qui constamment ont pensé en deçà, au
delà de la guerre, au-dessus, au-dessous, à côté, ne sont
pas les moins prêts à chercher maintenant, dans l'art,
1. Peut être Riviére en veut-il surtout à la • littuature de
guerre ,. Ce que j'en ai lu ne me rend pas glorieux; ce que j'en
ai lu ne me fait pas honte. Même si l'on met à part de beaux livres,
comme ceux de Duhamel, cette littérature apparait monotone,
inégale, bien réduite par tant d'absei:ces; mais plus franche, pl111
simple qu'on ne l'eût attendue ; plus pauvre, non plus impure
que la littuature du temps de paix. Je vois, sur une jachère,
quelques essais de culture; non pas un "aste champ empoisonné.

EXPLICATIONS

• 209
autre chose que l'art M .
ont été tournées d . ais ceux « dont toutes les idées
ans un seul sens
t
mal préparés à ce qu'est
» ne s:. rouvent point
de création : « ne rien se t~ur v~us, Rivière, le travail
n Ir, ne nen voul . d'
ce qu'on fait ».
oir autre que

Je ne consens point ,
l'idée de la guerre soi(:écune P:nsée que domine encore
.
essairement prise
sous ' un
esclavage 1ntellectuel » v · · •
telle pensée, n'étant pl~ :;r!:!::e~t le_ ten:ips où une
1obligation diFecte
de servir peut c
dro'
,
, omme toute autre pensée
it •· Voici le temps où ell '
' c pousser
ob'
e n est plus arr'té
Jet par une pression du dehors t e e sur son
. t .
,
' e ne peut ,
mam enir qu en vertu d'une exi
.
.
sy
qui naîtra d'elle a donc chan d~ence ~térieure ; où ce
ce accroitre « les
d •
naturels de notre inspiration M . ,
pro wts
'
•
•· ais c est aussi I t
e emps de
l expérience véritable •
ne relève pas tant de 1' qw, en ?résence de tels événements
t
a sensation que de la ém .
'
oute chaude. C'est le tem s du té .
m oire encore
ment du témoignage s p
' mo1gnage, non pas seulea vu, mais sur ce qu'ourn ce quoén a vécu et sur ce qu'on
•.
a pens sur ce q •
v01s1nage du fait. Ce temps ·1 ,f
u on pense, au
'il
• i ne aut pas le perdr
qu passera très vite B' tôt
e, parce
légende et de l'hi t . . ien
commencera l'ère de la
s o1re. Penser la
reconstruire avec un
.
guerre, alors, sera la
•
e vraisemblance plus
.
assurée, selon que les tém .
ou mo1ns
ce mot - seront plus o oign~es- au sens où je prends
d"-u moms exacts et co l
1.Wurageons aucun tém .
mp ets. Ne
de distrair
. o1gnage, et ne faisons pas exprès
e aucun témom 1
Car je ne consens pas surt
aient besoin d'être aidée Lout,_que les puissances d'oubli
il n'en coûte pas t t ds. a VIe continue d'elle-même;
an e se remettre à vivre· Vraiment,
.
14

�,1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
210

devant ce bel été, dans les rues ou sur les routes, devant
les femmes qui passent ou les enfants qui jouent, et chez
vous, devant un beau livre retrouvé, vous pensez souvent
à la guerre, sans vous forcer, malgré vous? Pour moi,
j'oublie, mon cher Rivière; vous oubliez; je ne vois personne qui ne soit tenté d'oublier. Car tout agit dans le
sens de l'oubli: pour bien sentir et comprendre ce que la
guerre a changé, ou bien ce qui existait avant elle et toujours mais qu'elle nous a montré sous un éclair soudain,
il faudrait sans cesse creuser sous l'apparence et rétablir
à grand'peine un enchaînement de rapports secrets.
D'un côté, ce qui a le plus de pouvoir sur l'homme : les
sensations, l'action présente, les habitudes. De l'autre, ce
qui n'a nul pouvoir, sinon celui que l'homme veut bien
lui donner : des souvenirs pâlissants, des idées peu mûres
et mal affermies ... Il est superflu d'accourir au secours
du parti le plus fort.
Combien il me plairait de reconnaître, dans les dernières
pages du programme, une réponse anticipée à toutes mes
objections I Loin de se désintéresser des graves problèmes
posés par la guerre, la Nouvelle Revue Française, il est
vrai, promet aux discussions politiques et sociales l'accueil
qu'une revue littéraire aurait plein droit de leur refuser.
Pourtant un malentendu reste à craindre : la guerre, avec
tout ce qui s'y rattache, c'est «problèmes» - pourraiton croire - c'est «discussions», donc politique et journalisme. Le reste est «littérature »; le reste appartient à
l'art; car l'art, c'est le naturel ; et le naturel c'est le
gratuit. - Cela, nul de nous ne saurait le penser. Vous
ne le pensez pas, Rivière. Je me garderais de douter,
même si vous ne m'en aviez rien dit,_de l'accueil que vous

EXPLICATIONS

réservez
à tout e belle œuvre ins iré
2II
'
n entendez point qu'on d
p e par la guerre. Vous
en oute Lee
pas tout mélanger nous f
.
ommun souci de ne
mieux, afin que les 1·
orce donc à nous expliquer
ignes de di f
·
passent exactement par le . t s mc~1on entre les idées
E art
s Jus es pomts
c ons une fois de plus,s1. vousytene .
,
z, une confusion
donttout le passé suffisait à
que cette Revue ne conf drnous ~efendre: on le sait bien
t
on a pomt l'art
I
'
e que les croyances politi ues n'
. avec e civisme,
les opinions littér .
M~
y détemdront point sur
a.Ires. rus gardo
,
averti ne nous prête
. ns qu un lecteur mal
une confusion pi . I .
commune à tous su1· t
re . a différence
.
e s, entre l'art v • t 1,
•
nen à faire avec une diff'
rru e art faux n'a
t
erence entre d
.
endances, entre des sources d'i . _es SUJets, entre des
• pures » ou « impures Il , nsp1rabon esthétiquement
». n y a
. t d
pure que l'art n'ait chaqu f . à pom e source déjà si
.t
e ois la clarïi
.
s1 rouble qu'il ne la cl 'fi O
. 1 er; Dl de source
an e. n reviend
sources éternelles M . 1
ra sans nous aux
,
. rus a source neuve t .
n avons qu'un temps u
.
e qw tarira, nous
et trop loin puisée n'~ r.[ blo1re; et son eau, trop tard
,
ura1 p us les mêmes vertus.
MICHEL ARNAULD

�DIALOGUES DES OMBRES PENDANT LE COMBAT
212

DIALOGU.ES DES OMBRES
PENDANT LE COMBAT
I
SCIPION, TÉRENCE.
É
Puisque la bataille a repris, je pensais
T REN_c~- trouver sur cette roche avancée,
bien, Sc1p1on, vouhs d ceux que le combat fait refluer
contemplant la co ue e
vers nous.
,.
·t t bé depuis
Sc1PION.- C0 mbien crois-tuqu I1en soi om ,
le petit jour ? Je regarde s'écouler ce fleuve, tous ces
TÉRENCE. . .ent
.
eux ouverts ces bouches qui en ,
visages pareils, ces Y .
'
d l'huile battue
ces ennemis mêlés un mstant, comme e
dans de 1' eau, e t qui. dé1· à se séparent en deux courants
bosstiles ...N - Combien sont-ils tombés, crois-tu, en cette
CIPIO .
. h
ui auront un
seule matinée, en ces sept ou huit eures q
and nom dans l'histoire ?
.
)
gr TÉRENCE. -Ah I Scipion, que peut bien vous import;à
.
Craignez-vous
qu'ils ne soient plus nombreux
ill q os
u'en
regard
de
ces
nouvelles
bata
v
q
Numance et
J
· es,yeux
victoires ne paraissent rapetissées ? e v~us. vois c~ 1
bien, . es
d urs et distants que nous vous .conna1ss1ons
.t
assez docile.
. ours où la fortune ne vous paraissai pas.
J SCIPIO.,,
"' - Tu croyais savoir lire en moi, Térence, et

213

tu t'imaginais grand connaisseur d'âI!les, parce que tu
avais placé quelques paroles assez vraisemblables dans la
bouche de tes marionnettes et que tu avais joliment déduit les réflexions d'un valet qui va passer sous les verges.
TÉRENCE. - Hé! Scipion, ce peu que je savais du cœur
humain, vous éprouviez quelque orgueil à le partager.
Il fut un temps où il ne vous déplaisait pas que l'on vous
crût pour quelque chose dans l'invention de mes fables
comiques. Et quand on insinuait que votre affranchi
s'était borné à mettre en vers les idées que vous lui jetiez,
vous protestiez avec un sourire si détaché que les gens
se récriaient sur votre tact, sans croire devoir cesser de
louer votre bel esprit.
Sc1PION. -Ah çà, Grec, oses-tu prétendre que j'aurais
été jaloux de ton écritoire ? Cesse de bourdonner autour
de moi comme une mouche. Regarde les remous de ces
ombres. L'univers chancelle selon que grossit l'un de ces
deux courants et qu'avec lui s'échappe la force d'une des
armées. Que viens-tu me rappeler tes masques?
TÉRENCE. - Vous m'étonnez, Scipion, car je ne croyais
pas que l'odeur d'une .bataille pût ainsi changer votre
appréciation des hommes ; mais je reconnais bien votre
promptitude à ressaisir l'avantage et votre passion de
dominer. Maître... s'il vous plaît que je vous appelle
ainsi, je ne vous marchanderai pas ce titre, bien que vous
le réclainiez soudain avec une âpreté qui, pour des yeux
perspicaces, n'est pas trop bon signe. Voulez-vous que
je vous écoute comme un de vos centurions qui se tient
à trois pas, raidi par la crainte et le respect ? Mais quand
je vous parlerais à genoux, empêcherais-je qu'il y ait eu
des temps où les copistes de mes pièces croyaient vous

�214

Ili

' Ill

,,

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

faire honneur en citant votre nom dans une note marginale? Scipion, Scipion, le jour où l'on n'a plus eu peur
de Carthage et où l'on ne s'est même plus soucié de
Rome, c'est moi qui ai maintenu votre mémoire. Vous
avez marché devant mon cortège de musiciens et de
costumiers, et votre souvenir n'est resté vivant que grâce
à ce doute qui flottait toujours : ne serait-ce pas lui qui a
conçu le Phormion et combiné l'intrigue de l'Eunuque?
ScIPION. - Plutôt mille fois disparaître dans la nuit
totale! Ah I tu as des raffinements dans l'insulte et tu
peux te v;i.nter d'être le seul qui m'ait fait monter aux
yeux des larmes de dépit. Dieu soit loué, je ne suis jamais
tombé si bas, que je sois devenu ton.camarade et que nous
ayons mêlé nos ratures sur un même texte ! Si une seule
syllabe de tes pièces est vraiment de moi, je te le demande
en grâce : rejette-la ou crie dans toutes les oreilles que
j'en suis innocent. Tu me dois cette réparation!
TÉRENCE. - Tout blessant que vous vous efforciez
d'être, j'aime, Scipion,ce langage orgueilleux et je ne puis
réprimer un battement de cœur chaque fois que j'entends
cette voix nette et forte. Et vous le voyez : malgré le
rang que quelques-uns m'ont concédé, je me tiens derrière
vous, déférent et docile ...
ScIPION. - Ah! présomptueux jusque dans ton
humilité! Oublies-tu que, vivant, jamais tu n'as pu soutenir mon regard ?
TÉRENCE. - Oubliez-vous que vos yeux sont éteints,
Scipion, et qu'ils ne forcent plus personne à baisser les
paupières ; tandis qu'il me suffit à moi d'une demidouzaine de bateleurs pour que mes comédies, dans leur
fleur même, toutes riantes et vivantes...

DIALOGUES DES OMBRES PENDANT LE COMBAT

215

ScIPIO~. - Assez! j'ai appris la patience, bien qu'elle
ne me fut pas naturelle. Mais parce que je me délecte
d'un mel~n ~~iculièrement doux, faut-il que je m'intéresse au 1ard1mer et supporte ses commérages ? Tais-toi
et me laisse en paix contempler ce grand spectacle.
TÉRENCE. - Je ne dirai plus rien, puisque ma gratitude
même ne parvient qu'à vous offenser. Regardez tout ce
groupe qui a bondi d'un seul coup dans la mort, des
enfants presque...
ScIPION. - Et qui vont rentrer dans l'obscurité
comme Scipion et Sylla, c'est bien ce que tu veux dire?
dans, les, ténèbres où l'on trouve les fidèles compagnons
et ou sen va toute grandeur qui n'est pas bavarde?
Allons, Grec, tu t'oublies. Je t'ai dit d'évaluer le nombre
de ceux qui tombent. Tiens-toi là et compte. Mon cœur
se serre à la vue d'une bataille aussi disputée.

II
ARNAULD, RACINE.
ARNAULD. - Ils ont pris Fismes et menacent Reims.
Le pays tout entier monte en fumée!
RACINE. - Mon Dieu, que vos colères sont terrifiantes l
«Ils ,ont pris Fismes», dites-vous ? J'entends vos paroles
et n ose les comprendre. Ils ont pris et détruit la ville ?
~RNAULD. - Ahl cœur trop passionné, que le chagrin
saisit ~v:c l'impétuosité de la tempête! Le.s lieux que
vous aimiez ne sont pas encore en péril.
RACINE. - Hélas! ce n'est pas pour ces lieux que je
me désole. Les maisons devenues la proie du feu,:on pourra

�216

LA

NOUVELLE REVUE

FRANÇAISE

les rebâtir; les ombrages détruits repousseront d'euxmêmes; mais à la blessure qui m'est infligée, il n'y a point
de remède!
ARNAULD. - Enfant cher entre tous, quel coup vous
vient frapper dans mes nouvelles ?
RACINE. - Puisque le sacrifice avait été complet,
sans duplicité et sans esprit de retour, pourquoi Dieu
me l'impose-t-il une seconde fois ?
ARNAULD. - De quel sacrifice parlez-vous, et s'il
était réellement accompli dans votre cœur, comment
serait-il à recommencer?
RACINE. - Ah! qui peut se vanter de connaître son
cœur? J'avais déchiré tous les liens qui retenaient le
mien au monde. J'avais brûlé tous ceux de mes vers
qui peignaient la passion avec ces mille excuses qu'invente
une âme complice. Vous vous rappelez m'avoir trouvé un
soir devant les cendres de ma cheminée, dans l'exaltation
d'un bonheur qui me couvrait le visage de larmes. J'ai
cru passer mon âge mfir dans le calme port de la Gr~:e'.
mais maintenant je n'ose plus sonder le passé, tant J a1
peur d'y trouver déjà ce désir inquiet qui vient d'être à
jamais déçu et qui me jette dans l'affreuse amertume
où vous me voyez.
ARNAULD. - Vous calomniez cette égalité d'âme qui
fut le triomphe de vos années vieillissantes.
RACINE. - Savais-je qu'une main trop zélée avait pris
copie de ces vers et que, de cette Alceste que j'avais ~ru
détruire, il subsistait déS scènes entières, dans le gremer
d'une humble inaison - hélas, qui ne sont plus que cendre
à leur tour. Pourquoi Dieu a-t-il exigé cela? Je n'avais
rien écrit de plus puissant ni de plus tendre.

DIALOGUES

DES OMBRES PENDANT LE COMBAT

217

ARNAULD. - Cessez, cessez! Vous allez vous meurtrir
d'horribles blasphèmes! Vous étiez un gibier dont les
chiens ne lâchent plus la piste et qui sent venir l'essoufflement. Toute joie vous était pleine d'épines. Conçoit-on
créature plus misérable et plus déchirée que vous ne
l'étiez alors ? Etait-ce payer trop cher la libération de
votre âme?
RACINE. - Mon âme... ah I qu'allez-vous me faire dire ?
Mon âme était-elle vraiment si précieuse qu'elle valût
un tel sacrifice ?
ARNAULD. - Mon Dieu, mon Dieu, pardonnez-lui J
RACINE. - Qu'importe aujourd'hui que j'aie ou non
triomphé de ma misère ? Les hommes ont maudit mon
affreux courage et c'est au moment où je m'élevais au
niveau des grands cœurs que j'ai perdu ma royauté.
ARNAULD. - Royauté exécrable dont vous-même
vous avez eu peur, quand vous avez découvert qu'elle
avait conduit vos pieds dans le crime et qu'elle vous
avait fait le compagnon d'empoisonneurs! Ah! jour
béni où vous vous êtes lavé de cette lèpre f
RACINE. - Hélas! il ne fallait pas en guérir.

III
VAUVENARGUES, DE SEYTRES.

DE S:!YTRES. - As-tu remarqué ce jeune homme à
peine plus âgé que moi et dont le regard est à la fois si
charmant et triste ? Il a sur la manche un petit galon
de sergent. Pourquoi est-il affligé? Je ne l'étais pas, moi,

�218

LA NOU_VELLE REVUE FRANÇAISE

malgré les terribles souffrances de ce siè~e- de Prague.
N'avait-il point, pour le soutenir, une anutié _comm_e la
nôtre, ou bien est-ce déjà plus cruel de mounr à vmgt
ans qu'à dix-neuf ?
VAUVENARGUES. - N'as-tu pas prêté attention à cette
feuille de papier repliée qu'il tient à la m~n'. toute couver~e
de notes au crayon? Peut-être se sentrut-11 le cœur plem
de choses que jamais plus il ne pourra dire. . .,
DE SEYTRES. - Ah I grand ami, quel chagrm J éprouve
à sa vue· il avait peut-être du génie comme toi.
vAU~NARGUES. - Ou peut-être aurait-il grossi le
nombre des auteurs inutiles et vaniteux. Qu'importe,
puisqu'il a su bien se battre.
.
.
DE SEYTRES. _ Jamais je ne prendrru mon parti de
l'imaginer méchant écrivain. Vois comme il penche sa
tête ensanglantée d'une manière grave et touchante.
VAUVENARGUES. - Nous avons conçu de l'~~ratio~
et même de la tendresse pour de méchants écnvruns. et il
y en a d'admirables q~'il nous ~aut désor~~s haïr. Cela
est dur à concevoir, mrus ne serrut-ce pas qu Il Y a quelque
chose d'encore plus grand que la pensée?•··

IV
HUGO, PÉGUY.
HuGo. - Puisqu'ils ont quitté Laon et qu'il va bien
fallojr qu'ils abandonnent Lille et Vouziers ; puisque la
clarté revient dans nos cœurs, laisse-moi t'avouer, Péguy,
une ombre qui obscurcit un peu ma joie : j~ s~s jalo~~
de toi, mon garçon, jaloux de cette mort qw t unmobili-

DIALOGUES DES OMBRES PENDANT LE COMBAT

219

sant au plus haut que tu aies jamais atteint, colore
d'héroïsme ton œuvre entière.
PÉGUY. - Avouez plutôt, grand-père, vieux malin
- vous permettez que je vous appelle vieux malin, car
vous savez de reste en quelle vénération je vous ai
toujours eu - avouez que ma mort vous contrarie quelque
peu, car personne ne parlera plus de vous comme il m'est
arrivé de le faire. Vous voici de nouveau entre les sacristains de votre église et les roquets qui vous sautent aux
jambes.

HUGO. - Certes, je te regrette, car nous étions du même
sang, et l'amour te faisait discerner des beautés qui passent )
l'intelligence des délicats. Ils me méprisent parce qu'il
m'arrive de ronfler un peu quand je dors et que j'ai des
mains de maçon ... Mais il ne s'agit pas de cela. Oui, mon
ami, je te disais que je suis jaloux de ta mort, car notre
instant suprême donne un sens à toute notre vie. Faire
une bonne mort, tout est là. C'est une de ces injustices
contre lesquelles il est vain de ratiociner. J'avais de mon
mieux préparé la mienne; mais cet enterrement m'a peu
profité ; il ne m'a même pas profité du tout. Toi, au
contraire, tu auras éternellement à la bouche le cri que
tu as poussé en entraînant tes hommes contre les mitrailleuses. Tous tes combats, les meilleurs comme les moins
bons, participeront à la sainteté de cet assaut. Et toutes
tes pensées, même les plus reculées, celles du petit étudiant en Sorbonne ou de l'écolierd'Orléans,serontéclairées
P~ ce soleil de la Marne. Que sont les privilèges de la /
nrussance devant ceux de la mort ? C'est ce que tu as
bien compris, toi, mon petit, et c'est ce qu'à Paris ils
ignoreront toujours.

�220

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

PtcuY. - Oui, je me le redis, grand-père, et c'est
assurément une belle pensée à remuer dans la solitude
de son cœur. Mais il faut bien que je vous le confesse :
ce cri qui part de toutes les gorges, maintenant qu'on a
les crocs bien plantés dans leurs chairs et qu'on les fait
reculer pas à pas - vous verrez qu'on va les flanquer
dans la Meuse - ce merveilleux bonheur où les âmes
délivrées tournoient comme des brindilles dans un feu de
la Saint-Jean, eh bien! n'est-ce pas, vous le devinez: il
me fait chagrin tout de même. Un arbre a du moins la
voix de ses feuillages, et je donnerais tout l'éclat que la
mienne a pris dans le passé, pour pouvoir entonner
maintenant le Te Deum. - Il ne faut pas être rosse pour
les confrères, mais enfin il n'y avait que nous deux pour
parler dignement de ces grandes choses.
Huco. - Ceux d'aujourd'hui ont la voix grêle. Je les
trouve un peu nains dans ce déchaînement de Titans.
PÉGUY. - Pour ça, vous y allez un peu fort, vieux
burgrave. Que diable, nous ne sommes plus au temps des
armées de métier. Tous sont partis, je veux dire presque
tous. Ils ont été occupés à autre chose qu'à composer
des poèmes. Vous savez qu'il y .faut du temps et du
silence ; et nous pouvons le dire entre nous : l'inspiration,
c'est une digestion légère, un juste équilibre entre le
travail et le loisir. On n'a pas tout cela facilement dans un
gourbi. Il faut être juste, même envers eux, et leur faire
encore un peu de crédit. Mais s'ils ne se désenrouent pas
quand on sera sur le Rhin ...

(Novembre-décembre 1918)

JEAN SCHLUMBERGER

221

POÈMES
CROISADE

Et voici les Américains
croisés aux couleurs de la terre
qui réveillent l'armée dans son linceul de ciel
Ils ont allié leur âme au fer de leurs canons
et leur or est fondu avec leur soleil neuf
Amis il faut sauver le sépulcre du Christ
Holà/ ho/ du vaisseau
France pays des tombeaux
Et le bateau de chair vive
aborde à l'aimable rive
Ça de la tranchée sépulcrale
ressuscite d'entre tes morts
0 peuple-Christ
mon peuple triste.

�222

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ROMANCE
]' avais mêlé la France aux traits de son visage.
0 ma patrie! si je défaille
pardonne
en somme
vaille que vaille
au long des ans, au long des guerres
n'ai-je été un bon militaire ?
]'ai vu la face endolorie
de mon aimée, de ma patrie
0 grands yeux que remplit
Quelque larme, eau claire
0 lac comble, urne amère.
Vous Français peuple triste adonné au désir
i' ai rejeté la femme qui veillait sur mon cœur
i' avais senti la France au fond de la douceur
dont m'accablaient ses bras
0 peuple jamais las
d'une volupté fine.
Gloriole cocasse discipline
Aujourd'hui, je te soumets
mon regret.

POÈMES

223

GUERRE FATALITÉ DU MODERNE
Guerre intrusion de l'âme
La matière est bousculée par l'âme
L'âme brandit son corps contre le fer.
]'ai vu le royaume des hommes entre la mer du nord
et les montagnes centrales.
La force des peuples coulait par toutes les routes.
Là les hordes des mâles se sont exilées.
Il en est toujours qui se rejettent hors des villes.
Ces années-ci beaucoup encore se sont arrachées à la
soumission de la jouissance.
Ils sont venus par les mers tachées d'huile et ils poussent
leurs troupes à travers les décombres de ce continent.
Ce sont les hommes de main, les exécuteurs de la vie.
Leur chant triste et forcené se lève.
Dans cette aire où nous nous tenons tout a été abattu.
Nos canons ont nié un horizon de maisons.
D'abord nous avons enfoncé les toits dans les murs,
l'illusion des portes a été souf fiée et le ciel a dilaté les
fenêtres dans une dérision.
La colère des obus a fait éclat chez les épiciers et la
honteuse obésité des édredons crève par les brèches.

�POÈMES
224

225

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ces maisons avaient assez duré. Les bdtisses maçonnées sans amour ont été aplaties.
Des hommes sont restés debout parmi les gravats avec
leurs canons ardents à interroger le ciel.
Ces étranges chantiers $'étendent aux portes de la cité
d'Europe.
On trébuche dans la ferraille.
La terre dans ses remous roule les cadavres parce qu'ils
ne sont pas voués au repos et que la mort n'est pas une fin.
Dans les coins les saisons mordent hâtivement aux
trophées.
0 force de l'homme dans l'espace épuré.

La force exaspérée imprime un monstrueux vestige.
Le corps du fer pèse et la courbe de la terre plie.
Je vous annonce la venue du royaume humain.
Sous nos pieds la terre s'émacie comme le corps oublié
dans la méditation.
Il se confirme que la tenace usurpation de l'homme sur
les anciens règnes approche de son triomphe.
Les pierres, les plantes et les bêtes sombrent dans
le déluge humain.
La poussière se fait chair et ne veut pas retourner en
poussière.
De gros os de fer s'implantent dans le ciment impourrissable.
PIERRE DRIEU LA ROCHELLE

Sous le ventre de nos armées qui rampe vite sur dix
millions de roues, les villes de plâtre tombent en poudre.
Nous traînons parmi nos rangs d'étonnants équipages.
La terre s'use sous notre foulement métallique.
D'un ongle de fer nous faisons sauter la pellicule
d'humus.
Les végétations se corrodent, la craie s'aigrit, les ch~nes
sont des échardes.
Les routes s'effritent sous les infinis monômes râpeux.
Le pneu coriace et verruqueux échine la côte.
Le fieuve de stérilité déborde et les pistes ravageusos
effrangent la motte de la campagne.
Bottes et sabots roulent chaudement et la roue ch&lt;&gt;ie
inépuisablement.
15

�NUIT A CHATEAUROUX

226

NUIT A CHATEAUROUX
De Melun je filai sur Provins. Dans le périmètre du
Grand Quartier Général, il n'y a pas de troupes ni ~e
convois étrangers. Les routes qui partent en éventail
de Foch ou de Pétain, sont pures, pendant quarante kilomètres, de toute autre race que la. française, et Provins
était ainsi ·au centre de la seule de nos provinces reconnaissables. Tout un après-midi je fus dans une guerre soudain française. Quel repos ! J'étais un interprète qui
revient dans son vrai pays. J'étais un interprète dont l'amie
étrangère parle soudain la langue. Je n'avais plus à préparer en moi, d'une traînée lointai_ne de po~sière, d'un_e
foule encore indistincte, la traduction qm m en donnera.1t
au passage une automobile américaine, un bat~llon po~tugais. Pour la première fois tous les saluts que Je receva.1s
étaient les mêmes que les miens. Au lieu des corps opaques
en Europe _ Siamois, Indous, - qui me renvoyaient
rudement mes regards, des artilleurs français, la capote
entr'ouverte, des fantassins, sous un sac dont je connaissais les moindres objets, l'épaisseur des moindres vêtements tous ces gens pour moi transparents, et à travers lesquels ~ l'auto allait vite -je pou:7ais au besoin. suivre le
paysage. Je ne voyais plus le visage composite de_ la
guerre, mais ses traits nets et simples, et elle ressembla.1t à

la paix.

227

C'était l'après-midi. L'auto donnait dans l'épaisse
chaleur
la buée que font les hommes dans le froid. C',et at·t
.uill
J et, où l'ombre est chaude comme une couverture.
Pas de vent. Autour du soleil naissait parfois, pour disparaître, une fumée... comme si le soleil soudain filait
comme si on rabaissait le soleil. C'était l'été un été
sans instinct, sans réflexe ; il fallait au moins de; oiseaux
pour remuer les feuilles, des poissons pour rider l'eau au
moins un~ jeune fille nue pour rider le cœur; et il n'y ;ut,
dans ces villages et ces forêts, qu'une nymphe de plâtre. Les
bicyclistes n'évitaient notre roue qu'à fa seconde juste où
nous étions sur eux; le chien étendu en travers dela route
la ~ête vers l'accotement, se contentait de ramener sa queue:
pws de fermer les yeux par peur de la poussière. Dans tant
de solitude, la voiture devait se frayer un chemin en touchant vraiment chaque être, comme dans une foule.
No~s de coulommiers et de brie, abreuvés de vouvray,
les piétons aujourd'hui ne se garaient que contre la mort,
chacun avec le geste de défense qu'a son âge, les enfants
se protégeant la joue de leur bras, les femmes rougissant,
et ils attendaient de l'auto une gifle, une caresse. A ma
ga~che, l'attaché militaire serbe peu à peu s'assoupissait,
pws, au moment où il fermait les yeux, piquait du nez,
relevait la tête en se tâtant et ne se garait du sommeil lui
qu'après l'avoir heurté. Tout ce que j'inventais pour le' dis~
traire était de tendre le doigt vers les châteaux blancs dans
la verdure. Alors, il regardait et disait oui. Pas un qui lui ait
fait dire non, qui ait été vert dans des arbres blancs, violet
dans des arbres noirs. Des ramiers volaient, mais perpendiculairement aux routes, et plus lourds sur ces chemins
volants que n'empruntent point les télégrammes ... L'at-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ul château argenté
, ·t Pas un se
. .
taché serbe approu~ ai .. .
h fleur bavard conduisait
s Le c au
dans des arbres rouge . ..
·1
pouvait non plus, car
i et i ne
.
la tête tournée vers mol'. 1 s tournants ou les caniveaux
. d' ·t rassuré ire e
.è
.' . ,.
·ét ·t d'un pneu arn re,
]·•affectais e re
.
Parfois 11 s mqui ai
sur mon visage...
hi
de tout le corps hors
us penc ons
et tous quatre nous no
·tre comme quatre pou.
rtée sans mai •
•
ll
de la voiture empo
1· he à 1· e ne sais que e
ait sans re ac
.
pées... Le planton pomp_
us faisions eau ... De sa main
si no
alli s droit vers l'ouest,
Pompe, affolé comme
d car nous
on
droite, à bras ten u,
. ge cherchant surtout
· tait sur son visa '
l'attaché serbe proJe
t t·t cercle d'ombre...
.
d
eux un tou pe i
.
à couvnr un e ses y . '
urs de l'an dernier, rouillés
ourries par l'hiver;
Je lui montrais les topmambo
il de betteraves, P
les s os
.
1 Serbes aussi lâches
Par l'automne,
• ·
croyais pas es
il approuvait: Je ne
. t.
·nage où la fontaine est
.
Puis vin ce vi
devant les saisons...
t une vieille femme y
,
nymphe nue, e
surmontée d une
.
auve des bas, tout 1e
t
e chemise m
•
lavait un bonne , un
d
phe avec de grandes
h des draps e nym
.
linge de la nymp e,
fi de défense contre avion,
initiales. Puis parut le poste xe ·ne davantage autour de
et le potager s'étalait chaque semtai obile où les observaPuis le pos e m
,
la tour de planches...
d lanter et dorment, les
,
la ressource e P
'
.
-u ·
teurs n ont pas
,.
re ardent plus le ciel... 1.uais
yeux fermés dès qu i~s ~~hor!on fut crénelé de tours et
soudain la terre fléchit,
. ·rent leur étui vide
t chauffeur ceigm
de dômes, planton e .
·tr leurs bérets, coiffèrent
de revolver, y firent disp~ait es . les autos qui allaient
mme des avia eur '
.
leur casque co
. • t un vrai. refi et d'or, contenaient . un
sur Paris laissaien
d Q arti·er c'était Provins.
'ét ·t le Gran u
'
képi de général; c ai
Nous étions à la fin de ce
Il fallut s'arrêter aux portes.

228

NUIT A CHATEAUROUX

229

mois où un lieutenant italien avait pu conduire, de Modane au front de l'Aisne, Lina Pellegrini déguisée en
matelot. Il avait remarqué que les marins, on ne saura
jamais pourquoi, pouvaient sans qu'on leur demandât
aucun permis aller jusqu'aux tranchées et, dans les tranchées, jusqu'aux sapes. Une heure Lina avec ses jumelles de
théâtre regarda la guerre, vit seulement une musaraigne,
frémit, grimpa en criant sur le parapet car un rat passait ;
et conduite au colonel, éclata de rire en montrant ses dents
qui la dénonçaient plus que n'eût fait chez d'autres la
poitrine. Elle avoua qu'elle n'était pas matelot, retira
ses mains de ses poches, laissa tomber ses cheveux,
mit un corset - reprit toutes les habitudes qu'on a
sur la terre et pas sur la mer - n'affecta plus de marcher
en écartant les genoux comme si elle sentait le globe rouler,
et fut reconduite en Italie - la plus belle Italienne ! avec un papier du Quartier Général qui la disait indésirable. Des officiers, disciplinés, se la passaient dans les
gares régulatrices, sans donc la vouloir, mais en la caressant - et l'itinéraire capricieux de son voyage, les cinq
villes, Modane, Bourg, Chalon-sur-Saône, Troyes et
Provins, où l'on ne sait distinguer entre une Bolonaise et
un marin, - d'ailleurs, tout est logique, les cinq villes les
plus éloignées de la mer, - fut désormais semé de postes
et de plantons. La voiture dut suivre un dédale à angles
droits marqués de ces flèches tirées du carquois des gendarmes, qui ne saluaient qu'âprès nous avoir inspectés et
reconnus semblables à eux-mêmes ...
Provins d'ailleurs semblait une ville folle. Au bruit de
notre moteur, chefs et soldats se dissimulaient dans les
portes cochères, ou cachaient de leur main sur eux, comme

�230

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Vénus surprise, je ne sais quel insigne ou quel trait défendu, mais pas à la même place de leur c~rps, et po~
chacun cette étrange pudeur changeait d'ob1et. Le soleil
était ardent, et je vis pourtant deux colonels relever leur
col et le maintenir avec force. Les sous-intendants répondaient à notre salut d'un bras court et sans élan,
comme pour contenir des cartes cachées dans leurs manchettes. Les ordonnances couraient avec des dolmans et
des pantalons, ainsi qu'au rugby les managei:5 quai:d ~
joueur a déchiré son maillot ou sa culotte. Mais ce n était
point que le Grand Quartier eût dai:s un eff?rt craqué s~
casaque, point que chaque officier d état-m~Jor e~t senti
soudain combien artificielle est la mode qui consiste à se
couvrir, combien parfois au-dessous de ses vêtements l'~n
est dans l'état-major, petit et nu. Ce n'était pas pour faire
de~ mannequins, tromper l'ennemi, et laisser r~pp~rt~r
à l'Allemagne atterrée par l'avion qui chaque matmfais_ait
sa visite qu'au lieu de douze cents, ils étaient deux mille
officiers, maintenant, occupés malicieusement, sur les
bords de la Voulzie, à lui vouloir du mal. C'était que le
général Anthoine arrivait, et qu'il interdisait, dans so~
premier ordre du jour, sous peine d'exclusion, d'envoi
au front, de mort, les cols rabattus, les pantalons relevés,
les manteaux àmartingale. Des commandants de chasseurs
à pied qui n'avaient pas le passepoil jaune réglementaire
restaient immobiles à leur table, comme en des habits que le
moindre mouvement découdrait à toutes les coutures. Au
risque d'être dégradés, les chefs d'escadrons s'entassaient
dans le train de quatre heures pour aller rechercher dans
leur vieille cantine de Paris un col en celluloïd et leur vieux
képi rouge, car le général avait ordonné le képi rouge à

NUIT A CHATEAUROUX

231

partir de midi, et l'avion allemand à midi avait pu voir
Provins subitement fleuri de toutes ses roses. Les aspirants de hussards, dont les brandebourgs sont tressés des
cheveux de leur bien-aimée, les prétendaient à haute voix,
ingrate excuse, tressés en cheveux de Chinoise. Par les
fenêtres, on voyait les tailleurs couper d'un seul coup de
ciseaux les rebords des pantalons. Le général Anthoine
arrivait ; les caoutchoucs privés de martingale flottaient
autour des maigres généraux ; dans les manches des
médecins-majors remontaient les beaux mouchoirs
de soie comme dans les manches des jeunes filles, ces
longs épis barbus qu'on y glisse l'été. Seul le colonel Carrie
allait à son bureau le front serein, avec des souliers poulaine vernis, étreints par des guêtres patte d'oie bleues à
bandes carmin, avec une culotte kaki passepoil vert,
avec un dolman noir à col rouge, écusson mauve, et
à gigantesques crevés bleus garnis de trente boutons
d'or, avec un fez, un manteau couleur grenade rejeté sur
l'épaule et doublé de crème; et il souriait, et il marchait
au milieu de la chaussée; et ce n'était pas qu'il fût le
plus brave; c'était que sa tenue était réglementaire.
Ainsi se passa ma soirée... dans les transes. J'avais
un col rabattu, les sentinelles me rendaient les honneurs avec pitié. J'évitais les cours intérieures, les
façades. Je remis mes ordres par les fenêtres qui donnaient sur les routes, sur la campagne. Mes renseignements
sur les canons portés et les fourrages américains, je les
pris par-dessus des barrières, disparaissant au moindre
bruit, comme un espion. A la direction de l'infanterie,
centre du Grand Quartier, je pénétrai, malgré la canicule,
en manteau, les autres officiers à cols rabattus m'imitaient,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
232
et l'on approche avec moins de précautions du pôle. Sur le
fauteuil à pivot de Joffre, où Joffre parvenait à ne jamais
tourner et, quel que fût le visiteur, parlait devant lui,
dans la glace, et parfois rudement, à un brave reflet de
Joffre, le général Anthoine tournait déjà à toute allure,
comme une loterie, et celui de nous qui le gagnait n'était
pas fier. Puis il sortit, pour faire museler les chiens civils,·
et je regagnai le co.iffeur en m'abritant tous les quinze
pas dans une porte comme à Paris les jours de raids.
Enfin le soir tomba, et nous nous retrouvions dans les
tonnelles, au bord de la Fausse Voulzie. La journée de
bureau close, tous les officiers venaient se mettre au frais
dans les grands fossés de Provins, au frais et au repos, dans
les plus larges tranchées de France, les plus tranquilles. La
Fausse Voulzie dévalait et l'on entendait un murmure là
où elle se heurtait à la vraie Voulzie. L'hôtelier plongeait
dans la rivière les bouteilles de Graves gris. Pierrefeu,
près de moi, rédigeait le communiqué, mais pour la première fois depuis mars tout sur le front était calme, et,
de tant de téléphones, un seul prévoyait pour la nuit du
travail : une reconnaissance commandée par le lieutenant Michel... Ainsi nous savions le nom du seul officier
qui fût en guerre aujourd'hui... Ainsi, seul, de tant
d'armées, Michel avait aujourd'hui avancé son dîner,
renoncé à sa manille ; lui seul, assoiffé de vengeance,
d'une main qui jamais ne caresserait plus, ouvrait l'étui
de son revolver, mettait la crosse à nu, la caressait;
lui seul, une minute avant le coucher du soleil, impatient
de son dernier jour, fermait les yeux une minute pour
n'avoir désormais à regarder que dans la nuit ; lui
seul, Michel, auquel son colonel enfin a parlé douce-

NUIT A CHATEAUROUX

233
ment et comme si ce nom était un prénom, voit sa
montre arrêtée, frémit, hâtivement la remonte, à
1?esur~ reprenant courage ; on lui remet un petit dictionnaire de poche, on lui apprend trois, quatre mots
allemands comme à ceux qui jadis allaient vraiment
en Allemagne; h,ii seul, toute la nuit, va se pencher
doucement, doucement, sur la tranchée allemande la
tête la première, la bouche ouverte, comme pour bo;e à
un gué... Mais Pierrefeu refuse de donner à la France le
nom de celui auquel le général vient de remettre avec
mille recommandations, comme si c'était le fl~beau
de la guerre - attention, qu'il ne la casse pas, qu'il ne la
casse surtout pas 1 - la meilleure lampe électrique de la
brigade ...
*

**
Le lendemain, à cinq heures, je compris pourquoi le
colonel directeur de l'infanterie, pendant tout le dîner
prévenant, m'avait soudain demandé à voix basse si
j'aimais Falconnet, m'approuvant à voix haute de l'aimer
puis à voix haute si j'aimais Natoire, me blâmant
voix basse de le haïr. Je compris pourquoi il les défend~t et louait comme s'ils formaient un couple inséparable,
déjouant les tentatives où j'essayais d'unir Falconnet à
Fragonard, et Natoire à Houdon. Son planton vint
demander si j'emporterais à Limoges, où était sa femme,
deux objets détournés de Paris par crainte des obus, mais
que le général Anthoine ne tolérerait certes plus dans son
bureau, une petite Délie de Falconnet, la Découverte de
Moïse enfant, par Natoire, et il parut lui-même bientôt,
portant l'un de la main droite, l'autre de la gauche, et il

à

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
234
venait vers moi, raide comme un I, me prouvant que
tous deux du moins avaient même poids. Il tint, pour
me convaincre, à déplier le Moïse, enroulé dans des
cartes de fronts qui ne servaient plus, et justement orientales, Dardanelles, Basse-Serbie, il l'ajustait dans le
matin, changeant de hauteur et de place, quand. se
dérobait le gouffre de lumière qu'il voulait aveugler·avec
un Natoire. Nous étions à l'heure exacte où fut sauvé
Moïse, on comparait la Voulzie au Nil, on voyait que
Natoire utilisait pour son aurore un vieux coucher de
soleil. Puis je partis, tenant sur mes genoux la petite
Délie, ainsi qu'un enfant rapporte de la ville un bocal de
poissons rouges, prenant toute la journée la France de
biais, et gardant sur nos voitures, nos uniformes, les mêmes
écharpes transversales d'ombre et d'éclat, jockeys fidèles.
Or, le soir même, j'étais étendu dans un lit, à l'hôpital
de Châteauroux, avec des ballons de glace sur le ventre,
et l'on craignait une appendicite aiguë. J'étais dans une
chambre à deux lits, peinte en blanc, près d'un adjudant
blessé qui s'occupait à tuer les innombrables mouches
avec une orange en caoutchouc. Souvent, et sans qu'on
pt1t le prévoir, car la salle était arrondie aux angles, l'orange
partait par la fenêtre dans la rue, et toujours, sans qu'il
rut besoin de sonner ou de crier, elle revenait, parfois au
bout de quelques secondes à peine, parfois d'un long moment. Parfois une main qu'on voyait la posait sur le
rebord, main tantôt grande, tantôt petite et comme d'un
être plus ou moins lointain, et la balle venait à nous en
roulant. Vers quatre heures, à la sortie du pensionnat,
revinrent par des mains égales, des cerises, des fleurs, des
journaux. Puii l'infirmière-major entra prendre mon

NUIT A CHATEAUROUX

235
nom; son dernier poste avait été Cognac, garnison des
Tchéco-Slovaques :
- Nasdar ! dit-elle en entrant.
- Sdar I répondit mon voisin.
Et tous dans l'hôpital étaient ainsi dressés : c'est le salut
des généraux et des soldats tchéco-slovaques ... Elle me fit
épeler ~on nom comme on l'ordonne aux aphasiques, dire
ma nrussance, comme aux alcooliques, mon âge, comme
à ceux qui vont périr de vieillesse, me rassura et disparut.
- Dobra notché, cria-t-elle de la porte, car elle avait
habité Hyères, garnison des Serbes, qui se souhaitent ainsi
bonne nuit.
- Tché, cria mon voisin.
... Ainsi j'étais dans Châteauroux, où je fus interne
sept ~set où jamais je n'étais revenu depuis les prix de
rhétonque. Mon dernier soir dans cette ville, j'étais coiffé
de neuf couronnes. Or... la fenêtre, aujourd'hui, donnait
sur le Jardin public, sur les faubourgs et les prairies de
l'Indre, comme autrefois celle de mon dortoir, et de Châteauroux, depuis dix-huit ans inconnu, je reconnaissais
chaque bruit : ce glissement que je croyais de la rivière
lointaine et qui était d'un petit canal tout proche; cet
ébranlement, le même, quand passait le train, car j'étais
de nouveau parallèle à la ligne Paris-Montauban · ces ·
batto~rs là-bas qui battaient autour de ce qu~ je
cr~ya.1~ un étang et qui était, je le comprenais ce soir, la
~!rée heureuse; mes a.Inis qui maintenant peuplaient la
ville faisaient juste, juste le même bruit que leurs pères ;
ces écoles de clairons, qui s'exerçaient dans le silence du
crépuscule, pour entendre l'écho de leurs fautes; ce froissement dont je n'ai jamais trouvé la cause, comme une lutte

�NUIT A CHATEAUROUX

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de grandes herbes, même l'hiver; cette voix d'enfant,
du même enfant; et cette auto, et pourtant alors il
n'était pas d'autos; et ce ronflement d'avion en retard;
et tous ces bruits du soir résonnaient en moi plus encore,
me faisaient mal, puisque j'avais grandi, grossi, puisque
j'étais plus près d'eux d'un centimètre, j'étouffais dans
cette gaine trop étroite ; et jusqu'au pas, jusqu'aux
murmures des balayeurs soudanais dans l'escalier étaient
pour moi un souvenir aigu, tant le son de cette ville était
resté le même.
On frappa. La porte était un simple battant sans serrure.
Par en haut, nous apercevions les cheveux, par en bas les
pieds des passants. - Voici le docteur, voici l'économe,
disait mon voisin en voyant les souliers. Il reconnaissait
aussi les nations. Parfois ces pieds étaient de face, c'est
qu'on allait entrer. Seule l'infirmière qui apportait le
dîner entrait à reculons, à cause du plateau, appuyant
du dos contre la porte.
- Voici un Américain, dit mon voisin.
Un Américain en effet venait à mon lit. Comme on
découvre parfois, en Amérique, au fond d'une coque
étrange, une châtaigne semblable aux nôtres, au fond
du mot qu'il prononça, je reconnus mon nom, et il me
tendit une lettre :
- Je vois votre nom sur la feuille d'entrée, disait la
lettre. Etes-vous l'ancien élève de la pension Kissling,
à Munich? Je suis Pavel Dolgorouki.
Pavel Dolgorouki t Mon meilleur ami pendant mes
années de Munich. Nous nous étions rencontrés à la gare
même, nous heurtant de face, venus l'un vers l'autre
de Moscou et de Paris sur le même axe étroit... Sa

2 37

valise était égarée, et toute la première semaine de notre
~tié,_ il_ porta mes vêtements du dimanche... Déjà
l Améncam, voyant ma joie, dégrafait comme une
n?,ur~~e son sein gauche et en dégageait un stylo...
J ecnvis donc au-dessous des deux lignes, avec la même
encre, et ma phrase en paraissait une traduction :
- Viens vite. Je ne peux bouger. Depuis seize ans sans
nouvelles de toi, car tu n'as jamais répondu à ma carte de
Besançon... quelle joie de te voir t
L'adju~ant mon voisin m'expliqua l'Amérique. Elle est
le contra1re de la France. L'hôpital avait des infirmières
jusqu'à minuit : l'annexe américaine des infirmiers · à
partir de minuit, des infirmiers: l'annexe, des in:firmiè;es.
On s'y reposait le samedi et les hommes s'y promenaient
tout nus,_ leur serviette à toilette autour du cou. On y
demand~t. aux entra~ts, non point, comme aux Français,
au cas ou ils mourraient, le nom de celui qu'ils aiment le
pl~~• mais le nom de celui qu'ils aiment le moins, pour
qu Il pftt avec sang-froid prévenir tous les autres.
Pavel Dolgorouki à seize ans I Je revoyais, toute ronde
et comme si ell_e était seule, sa tête... L'impression que
donne une main blanche sortant du vêtement, chez lui sa
tête la donnait. Toujours d'ailleurs il tournait cette têtevers
ce qu'il y avait de clarté dans la pièce ou dans le jardin,
vers la lampe ou vers le soleil, d'un mouvement lent et
sincère, comme s'il arrivait à une vérité et non à la lumière ; s'il avait parfois à choisir entre deux lampes, deux
rayons, on pouvait être sûr, quand il s'installait sous l'un
d'eux, ~u~ celui-là était le plus fort ; je ne vois son visage
q~e m1r01tant et de plusieurs couleurs ; grâce à lui il
n est pas une nuance du jaune au rouge que je n'aie vue

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

1

1

sur des joues heureuses, car dans notre barque du Stembergersee, j'ai suivi sur les siennes à peu près cent couchers de soleil; toujours sous une projection de lune,
d'allumette; dans l'ombre il se taisait, attendant un bec
de gaz pour me répondre; souvent, de sa main droite, il
battait un peu la clarté devant ses yeux, comme on
essaye un bain...
L'Américain revenait et me tendait la feuille.
- Cher Jean, disait Pavel, quelle malchance! Je ne
pourrai te voir. J'ai la jambe en mauvais état ; on m'embarque demain à six heures pour Bourges, où l'on m'opère.
Mais écris-moi, écrivons-nous, je te réponds ...
Pavel avait de grands cheveux blonds qu'il gommait,
et il semblait toujours, au bal ou au réfectoire, arriver
d'une plongée. A chaque instant il secouait la tête, habitude du temps où ses cheveux étaient bouclés, mais
c'était ses yeux seulement qu'il secouait, et un peu ses
lèvres ourlées, et un tout petit peu son nez ... relevé à
peine. Ses jambes? il les croisait sans cesse et frappait
son genou pour en contrôler le réflexe; jamais la jambe
ne remuait; il n'y avait aucun réflexe en Pavel; il ne
fermait pas les yeux si on le menaçait subitement du
poing; il ne s'écartait pas si on feignait de lui lancer une
pierre; il avait passé son enfance dans un palais, admiré
de tous, et y avait pris la confiance d'un chat couché
dans la vitrine d'un magasin; il ne courait pas en voyant
un accident; il n'avait aucune pitié en voyant un pauvre,
de haine en voyant un lâche, et quand ses amis aux
trains partaient pour toujours, il les saluait par des gambades, comme s'ils arrivaient, tout triste...
Neuf heures avaient sonné ; la lune se levait, et tout ce

NUIT A CHATEAUROUX

2 39

qu'il Y a d'amoureux et de modeste !lur terre, tout ce
qu'écrivit sur le Berry, d'une encre invisible, le jour, la
nostalgie ou la candeur : le cours de l'Indre trompeuse,
les bassins ovales du château Raoul, éclatantes voyelles,
à sa lumière devenait soudain visible. L'adjudant déjà
dormait. Pour qu'il ne fût point dérangé, je fis éteindre
les lampes, à part celle de mon lit, et apporter un paravent.
C'était le paravent dont on sépare d'habitude, quand
l'agonie approche, le malade mourant de son voisin. Sur
une face, il était vert avec des oiseaux japonais ; de
l'autre, jaune sans dessin... J'imagine qu'on place les
oiseaux du côté du mourant... et j'écrivis à Pavel...
Mon cher Pavel,
C'est cela, bavardons toute la nuit par lettres. J'ai
déjà fait cela tout le jour, au Mont des Oiseaux, avec mon
voisin de lit, qui était sourd tout à fait. Nous voilà devenus - sale guerre! - sourds ou invisibles. Mais te
rappelles-tu qu'à la pension Kissling nous passions le
cours de botanique, face à face, à nous écrire? En ouvrant
les enveloppes, nous nous collions les doigts à la gomme
toute fraîche. Tu me demandais, par le langage des muets,
l'orthographe des mots français que tu connaissais mal,
avec le signe de détresse quand c'était un nom propre, et
je savais toujours cinq ou six mots de ta lettre (le mot
•parages» et le mot «œdème »entre autres, que tut'obstinais à employer) avant de la recevoir. Je t'avertis que tu
commets toujours la même faute sur mon nom. II se termine par un x et non par un double z... Te rappelles-tu
aussi les lettres que nous nous adressions et que nous allions déposer tout exprès, à la grande poste, pour l'expé-

�240

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rience, dans la boîte de l'étranger. Elles nous revenaient
toujours par la distribution du soir, glissées sous notre
porte, à nos pieds, plus infaillib~es ~u•~ boomer~g, et
ue 1· arnais le postier mumcho1s ait eu soudain cet
sans q
b" t ê ·
écl ·r qui rend exotique une ville à son ha itan m me,
av: je ne sais quoi pourtant de leur séjour de quelques
heures parmi ces lettres en route pour Melbourne, pour
l'Ouganda surtout et les colonies allemandes, pour Samoa.
Tu as presque la même éen·ture •, un peu plus grosse.
t et tu mets des ~ sur ton •double n comme s1
cependan,
tu revenais d'Espagne ou du moyen age.
.
Mon infirmière va dans ce que tu appel~1s tes
. donne ce mot. Comment es-tu . As-tu
parages. J e lw
d'
changé? Pourquoi m'as-tu laissé partir sans me ire
adieu?
Mon cher Jean,
T . tu n'as pas changé. Toujours tu me fais des
re r:~hes. Tu oublies que tu t'amusais~~; _don~er de
fa~sses orthographes et que par tes conse~s l ai écnt pend t di ans le mot russe avec un c. Maintenant encore
. an
\
difficilement de mettre une cédille sous l's.
Je me rte iens iles un doublez est un x russe. Pour l'affaire
Ceque uappe
11 d t
revenu la ve1 e e on
d es adieux, apprends que je. suis
h
Yourf Je suis resté
dé art en cachette, de Garmisc , avec
.
p ~nne heure sous ta fenêtre, je n'ai pas osé mont~
une d è e Kissling Moi 1· 'aurais deviné que mon meilà cause up r
·
t il
. ét ·t dans la rue avec un chien lapon, don
le~ anut 't ail gueule par ~rainte des aboiements, chaque
main enai a
,
•
d
f0 is que de ton rez-de-chaussée, du café Stéfan1e, un es
.
peintres polonais sortait,
craquant des allumettes pour

NUIT A CHATEAUROUX

son dernier cigare. Yourf détestait les allumettes. J'ai
repris le train de deux heures pour Schliersee; nous
sommes arrivés sur la montagne juste pour le lever du
soleil, et Dieu sait, en le voyant paraître, ce qu'a pu
aboyer Yourf. Je n'ai pas trop changé; toi sûrement pas,
je te vois trop bien encore. Parles-tu toujours en écartant des deux mains l'échancrure de ton gilet, comme
notre sainte de la Theatinerkirche qui s'ouvre ainsi la
poitrine et montre tout son cœur. On ne voyait d'ailleurs
le tien qu'à moitié. A la grande poste justement, quand
tu avançais à petits pas vers le guichet des lettres
restantes, pris entre le groom des Quatre-Saisons et une
vendeuse de Wertheim amie des seconds ténors, tu devenais soudain irascible, tu m'éloignais ... Un vrai œdèmel ...
Ou bien le dimanche, quand il pleuvait sur la Bavière
et qu'assis à ta fenêtre nous passions la journée, avec
une jumelle et un chronomètre, à chercher celui des
tramways circulaires qui faisait le plus vite le tour de
Munich, tu me dictais les numéros et les temps d'un
langage si dur que j'avais envie de mettre des cédilles
sous chaque chiffre. Je pensais que tu serais un grand
ministre et je t'espionnais d'après la Vie de Gladstone
enfant volée au père Kissling. Mais jamais tu ne faisais
les choses comme Gladstone. Tu ne préférais pas l'encre
rouge et le papier oignon. Tu ne te fâchais pas avec ta
fiancée au sujet des pois de senteur. Glasdtone aimait
scier les bftches, abattre les arbres ; je te promenai
dans les bois de Lockharn, sans résultat. Gladstone
aimait la liberté, tu étais un tyran, tu m'éloignais
à ton gré de la Spatenbraü pour me traîner au
Luitpold, sans voir que c'était m'éloigner de Fanny,
16

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

que j'aimais, pour me donner à Mitzi.. . Pauvre
Mitzil.,.
Ton infirmière repart. A tout à l'heure.
Mon cher Pavel,
Te rappelles-tu comme je t'enviais, à chaque fête, de
partir pour Lucerne? Tu rapportais d'ailleurs de la Suisse
tout ce que les autres rapportent de la mer, des coquillages, des étoiles sèches, des bérets de marin, et une fois
une perle vraie pour ma cravate. Te rappelles-tu, pendant
la guerre japonaise, quand tu restas trois mois sans recevoir d'argent de poche ni de lettres, et que tu écrivis un
programme des dix grandes aventures de ta vie, racontant chacune pour dix sous et la vendant écrite pour un
mark? J'achetai « Premier Aiguillage », où ta nourrice te
perd à la gare de Berlin et où tu es retrouvé sous la
locomotive, criant à cause de la chaleur. Je désirais « Premier ébat du cœur », mais tu le donnas à Borel. J'ai
toujours cru - tu disais non - que tu avais une
préférence pour Borel. Avoue-la aujourd'hui. Je peux te
dire maintenant qu'il te volait. Il passait la main sous le
volant de ton casier, le soulevant à peine, et puisait à
ton chocolat. Sans mesure : dans une seule étude, il vola
dix tablettes et il allait les manger loin de toi : c'était sa
seule pudeur. Je m'assis à la dixième sur le casier ; je
sentis son poignet craquer. Il ne poussa pas un cri et je
n'osai le dénoncer...
Que de progrès tu as fait en français! Tu n'as pas
encore employé une seule fois le nom des saisons. Te rappelles-tu que tu parlais d'elles si souvent, c'était ton
seul vocabulaire, que le père Kissling te forçait à

NUIT A CHATEAUROUX

2 43

ajouter
entre parenthèses une courte descn·p t·ion ch aque
.
fois qu~ tu prononçais I.e mot été ou le mot printemps ...
Au pnntemps (q~and les feuilles poussent). En été
(qu~d le blé m~t). Tu affectais de te tromper et tu
~p~ns to!15 l~s. fruits des tropiques pour les loger dans
l hiver. C était Justement l'hiver, il te conduisit, furieux,
à la f~nêtre, te montra la neige, te la fit toucher, tu bondis
et revms un quart d'heure après, chargé de bananes
~•ananas et de mangues, mais enrhumé pour quatr;
Jours: Nous nous amusions aussi à lui donner de faux
renseignements sur ces quatre saisons. L'été (quand les
femmes meurent). Le printemps (quand les enfants naissent).
Dis-moi tout ce qui est arrivé à la pension après
mon départ. As-tu revu Mimi Eilers ?
Mon cher Jean,
{e_ ne suis resté que vingt jours à Munich après toi.
Voici les dernières nouvelles, elles datent de seize ans
Mais cela prolongera ton passé de trois semaines·
La Vier~e forte est retournée à Halle avec toutes les pho~
. tographies des tableaux de la Pinacothèque où l'on voit
des héros grecs de face. Tous les Bellérophon et les
Icare de profil, elle les a dédaignés. Tu te rappelles d'aille~s _qu: dans la rue elle nous accueillait avec des clameurs
de_ Joie ~i. nous marchions droit sur elle, et nous saluait à
pem~ si .nous_l'effieurions de côté. Les Grizzi devaient
partir, le frère peintre pour Florence, le frère électricien
pour Fribourg, mais leur mère arriva de Rome, ravissa_n~e, avec des malles à couronne de comtesse, et l'électncien partit pour Florence, le peintre pour Fribourg,

�244

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

on n'a jamais su pourquoi. Fedia Botkine ne m'a jamais
écrit; je sais que son père a été ministre à Amsterdam,
puis à Tokyo, puis à Lisbonne : je suis ainsi sa trace sur
tant de mers, sans savoir ce qu'il devient, par son gros
père, comme un sous-marin par sa bouée. De Miss lsaacs,
j'ai l'impression parfois de recevoir des nouvelles; c'est
faux: c'est sa photographie que je transmets de portefeuille usé en portefeuille neuf, et que je revois ainsi tous
les deux ou trois ans ; elle est assise sous les arcades
du Jardin anglais; elle sourit, on ne voit aucune feuille,
aucun arbre, mais on devine que c'est l'été (quand les
Américaines ont trente-deux dents) et qu'elle suce
de la glace. Notre maitre de déclamation Vogelni~nVollrath, que tu n'appelais jamais que par la traducti.on
française de son nom : l'homme-oiseau plein de conseils,
était très malade à mon départ. J'ai depuis seize ans
l'impression qu'il n'a plus qu'un jour à vivre.
De Mimi Eilers je ne sais qu'une seule chose, et je
viens de l'apprendre à la minute même, car jusqu'ici j_e
n'y pensais point: elle a trente ans aujourd'hui. Je_me sws
brouillé avec elle le jour même où j'ai réussi à lw parler.
Al'exposition du corps del' archiduchesse Gisèle, je l'avais
aperçue, après moi dans la file. C'était le premier ca~avre
qu'elle voyait; j'attendis: je voulais sais~ ~ur son visage
le premier reflet que jamais y jeta cette sm1stre aventure.
Ce fut un reflet tout rose : elle se savait observée et se
protégea de la mort par la pudeur. Je l'approch~ à la
sortie dans le salon en papier mâché de la Résidence.
Mais ~ous avions eu le tort de l'accabler toute la semaine
de ces cartes postales allemandes gaufrées, sur lesquelles
elle pouvait reconnaître avec les doigts, même en refusant

NUIT A CHATEAUROUX

2 45

de les lire, des cœurs percés de flèches, des Tyroliens étreignant des Tyroliennes, et elle m'échappa. Je la rattrapai.
- Bonjour, mademoiselle.
- Passez votre chemin, monsieur.
Elle allait trop vite pour qu'on la dépassât, et j'étais
pressé. Je marchai donc malgré moi tout près d'elle:
- Comme vous êtes jolie, mademoiselle!
- Quevousl'ayezremarquém'en dégoûte, monsieur.
On voyai_t qu'e~e avait pour maîtresse de français,
Mlle Kolb, s1 énergique dans son vocabulaire et dont chaque phrase contenait le mot « ignoble » ou le mot
c dégoûtant». J'étais déconcerté; devant la maison du
vieux Fossard je dis, car je ne trouvais plus d'inspiration
que dans les objets extérieurs, et rien dans le mobilier de
mon âme:
- Tiens, le vieux fou déjeune!
- De plus fous sont en liberté, monsieur.
. D:vant la fleuriste, devant la brasserie, je lui tendis
ams1 le mot « fleur », le mot « saucisse blanche » sur lesquels elle se jetait comme un serpent qu'on agace d'un
bâton. Ou bien, si ma phrase avait trois parties elle
répondait à chacune, et dans l'ordre.
'
- Qu'il fait beau, quel soleil agréable, mademoiselle Mimi.
- Qu'il fasse beau excite mon dégoût, monsieur.
Ce soleil me fait vomir. Que vous m'appeliez par mon
nom me rend répugnante à moi-même.
- Au revoir, mademoiselle.
- A ne jamais vous revoir, la vie serait une
infection!
Alors, je m'en repens, je la pris par le bras, je la forçai à

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

me regarder, j'étais timide, si timide! mais je ne sais ce
qu'elle découvrit sur mon visage, le premier qu'elle vit de
face après la face de la mort. Je la tenais juste d'un doigt :
elle se débattait violemment et sans pouvoir se libérer.
Je ne l'effleurais que du bout de ma plus faible pensée :
tout son cœur, tout son cerveau se révoltaient sans mesure
et en vain. Elle m'entraina ainsi jusqu'à sa porte, comme
un oiseau son faible piège. Je ne l'ai plus revue.
J'ai demandé à mon Américain comment tu étais
fait. Il n'a même pas pu me dire si tu avais de la barbe.
Laisse-le te regarder de près.
... Si j'ai changé? Dis-moi d'abord un peu comment
j'étais à seize ans. Donne-moi un peu de mes nouvelles.
Je n'ai ni photos, ni lettres dece temps-là et tu es,-avec
moi, que je ne crois pas, - le seul témoin que je rencontrerai jamais.
Cher Pavel.
Comment tu étais fait ? Te rappelles-tu ce bal masqué
où Julia von Lilienkron me confia son collier pour une
semaine. Ce soir-là, je revins seul ; ce collier, à moi,
me donnait l'humeur vagabonde ; j'avais un peu pressé
Julia sur mon cœur, et pendant qu'elle dansait ses
pyrrhiques avec la marque imprimée de toutes ses perles
autour de sa gorge, comme si on l'avait retirée à temps,
par ses pieds nus, de la mâchoire d'un monstre, je longeai
l'Isaar, les balustrades du Maximilianeum, et tout chemin
enfin qui me laissait un côté libre. Je rentrai ; je déposai
le collier sur mon bureau, dans une boîte de verre. La
lune l'inondait, jamais collier en pension ne fut nourri
aussi abondamment. Je me mis à écrire; la boîte était à

NUIT A CHATEAUROUX

2

47

la place de l'encrier, dès que je cherchais de l'encre, ma
plume s'y heurtait. J'écrivis ton portrait, le dos à la
fenêtre; du ~afé Stéphanie sortaient peu à peu les habitués,_Wedekindet sa femme, et j'entendais plus clairement
la voix de sa femme, car il la portait toujours à califourchon sur son dos; Kurt Eisner, qui soufflait pour le nettoyer_ dans ~n fume-cigarettes j11squ'à ce qu'il sifflât_
parf01s, les Jours de grande fumerie, je n'entendais le sifflet
q~~ de très loin, près de l'Académie ; Max Halbe avec
Lili Marberg, et j'entendais tout près la voix du gros Halbe
comme si cette fois c'était Lili qui le portait sur ses
~aules: J'écrivais lentement; pour chaque phrase sur toi,
Je deva.Js céder ainsi tout un écrivain bavarois, parfois
avec son supplément. J'écrivais le prologue d'un roman
appelé Pavel et Régina :
. « :avel, disait le premier chapitre, ne pardonnait
Jama.Js une phrase méchante prononcée devant lui.
Enfant, alors qu'il n'avait point encore le droit de
parler à table, si l'un des convives attaquait un
absent, il frémissait, ses dents claquaient, il donnait
tous les signes que provoque le vrai venin. Ses
~ouvemeurs avaient dû veiller à ne jamais porter de
Jugements sur ses amis ; on ne condamnait point on
n'ex~utait point autour de lui. Les domestiques renv~yés
parta.Jent pour cause d'héritage, de noces... Ses maîtres
s'habituaient à lui parler sans rigueur des défauts des
crimes. Si l'un d'eux décrivait un péché mortel il, surveillait les yeux de Pavel, excusant le péché à la ~remière
larme, à la première pression de son âme. Les méchants
donc y gagnaient. Des travers intolérables vivaient en
paix autour de lui. En somme il avait ses pauvres, mais

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

c'était la vanité, le vol et la luxure (Borel en un mot).
II était curieux de l'entendre discuter l'histoire avec
Régina, qui ne voulait connaître des héros et des rois
que leur mort, alors que lui ne les connaissait que de
leur naissance à une période brumeuse où ils disparaissaient sans périr.
« Pavel était beau. L~ mode n'y était pour rien, ni son
âge. Tous ses portraits d'enfant étaient beaux - ses
portraits de vieillesse aussi, sa mère, son grand-père et Régina ne pouvait éprouver de défiance pour une beauté
qu'il portait comme on porte un grand nom. Sa prunelle
surtout était si large que Régina n'avait qu'à s'asseoir à
peu près en face, pour se servir avec lui, tendrement
économe, d'un seul regard.
&lt;&lt; Pavel avait des tics. Il touchait ce qu'il admirait.
Si l'un de ses amis étrennait une cravate, toute la journée
il le tenait par cette laisse même, l'étranglant. Dans les
pinacothèques, il arrivait à toucher du doigt, en dépit des
gardiens, ses tableaux préférés, d'un geste sûr, comme s'ils
avaient vraiment un point sensible. Régina redoutait qu'on
fît devant lui l'éloge de ses cheveux, ou de ses bottines, car
il arrivait aussitôt et les touchait. Le pianiste qui jouait
du Mozart avait toutes les peines à l'empêcher de taper
sur la note qui lui avait plu dans la précédente phrase,
et, ses mains occupées, défendait le piano des épaules
ou des avant-bras.
« Pavel était généreux; il passait les journées à maintenir l'équilibre entre les prévenances du monde et ses
réponses. Il était peu d'oiseaux qu'il n'eût suivi des yeux
jusqu'à ce qu'ils disparussent, m'empêchant de parler; peu
de petits Turcs bossus rêvant sur les ponts de l'Isar

NUIT A CHATEAUROUX

249

près desquels il ne se fût accoudé une minute, une seconde
s'il était pressé, composant malgré lui son corps sur le
leur, se voûtant ; ou bien il se libérait des objets en prononçant en français le nom de leur couleur : rouge, l'entendis-je un jour crier du haut du Maximilianeum · bleu
vert! Et l'écho nous revenait. C'était que Pavel s; lib/
rait, non pas d'un perroquet, ·mais de Munich tout
entière, toits, tramways et arbres, et il descendait tout
léger... »
Je n'allai pas plus loin cette nuit-là, Pavel. Le jo_ur me
surprit, et j'entrai dans ta chambre. Tu venais du bal
Goethe, où tu avais figuré en Goethe centenaire. Fauteuils,
tables, lit, tout dans ta chambre était jonché des défroques
de la vieillesse, de perruques, de joncs à bec, de culottes
puce, de tabatières... Toi, endormi, tu éclatais, tes yeux
fermés dans de beaux sourcils neufs : de ce passage dans
la vieillesse, il ne te restait qu'un peu de rouge aux joues.
Voilà ton portrait. Et le mien?
Cher Jean, ·
Pourquoi me rappelles-tu mes retours du bal masqué ?
Pourquoi étions-nous ces jours-là, sous nos loups, si
graves ? Pourquoi ne me semble-t-il avoir porté les
vérités de notre enfance que sous ces déguisements ?
Les balayeuses à jupon vert sous leur chapeau à
queue de chamois arrosaient déjà à flots le macadam ;
les becs de gaz se reflétaient sur le dernier fond des rues
inondées et,dans l'avenue des Théatins, copiée sur Venise,
nous paraissions marcher sur les eaux. Un vieux professeur
rentrait à la dérobée, et ses lunettes flamboyaient tout à
coup - comme les yeux des chats qu'effraie la nuit une

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

auto. A travers les jardins royaux et les places semées de
palais grecs, byzantins, florentins, qui semblaient, eux aussi,
déguisés pour la nuit, nous rentrions sous ces masques ~ue
nous dictait je ne sais quel indéfinissable contraste; t01 en
pâtre suisse et moi en Bettina Brentano; toi en Agamemnon et moi en bouc de Goya; ou, simple échange, toi en
Russe et moi en Breton; chacun agrippé à l'arme ou au bâton
de l'autre et nous avions tous les silences, tous les attachements et Îes éloignements subits que peuvent avoir entre
eux des gens qui se tiennent par des épées ou par des
thyrses. Des mandolines résonnaient au l~in, ét~uffées,
car il gelait et les musiciens pour rentrer avatent Illl:s le~
gants. Quand la sentinelle du duc C~l Théo~or avait
le pantalon noir des Prussiens, nous entons : Vive la Bavière et nous nous sauvions, enjambant les tuyaux
d'arr~sage en soulevant nos manteaux et nos traines,
comme des dames...
Ou bien tu parlais, avec tes mots français si purs.
Je te prenais le bras, car on ne pense jamais mieux à toi
que si l'on te prend et te serre. Je me disais que douce est
la certitude de posséder un ami qui, devant la mort, devant
le mal, devant un supplice honteux, se plaindrait dans
un langage noble, ne pourrait appeler à son s~cour~ que
les dieux honnêtes, les hommes honnêtes. J ama1s un 1uron
dans ton langage ; tu donnais je ne sais quel honneur aux
noms propres et c'est depuis toi qu'ils me laissent ~~ns la
bouche leur sens ancien, comme un noyau. Aussi Je ne
m •étonnais pas de te voirinspirer tant de confidences; moi,
je n'avais pas de pensées secrètes, ma~s tous mes mouve~
ments secrets arrivaient près de t01 à ma surface. St
souvent quand j'entrais dans ta chambre, un visiteur

NUIT A CHATEAUROUX

25r

ou une visiteuse se taisait brusquement, tendait une main
vive vers son chapeau ou son pardessus, comme si je
l'avais surpris nu ; il venait de mettre en gage un secret.
Dès lors, entre vous deux, se jouait une intrigue qu'il ne
soupçonnait pas toujours. En toi le secret grandissait, tu
savais par des phrases hostiles le défendre contre son
maitre, quand il avait démérité. S'il le négligeait, l'oubliait,
cela allait mieux encore ; tu l'adoptais pour toi-même.
J'étais irrité de te voir accepter sans choix tous ces
dépôts ; de te voir parler avec complaisance à des imbéciles, à des inconnus, comme si tu supposais à leurs actes
vulgaires une raison. En chaque indifférent, en chaque
médiocre, tu respectais un secret possible, et, moi, tu
semblais me juger non d'après ce visage, que toi-même
disais franc, non par mon langage un peu simple, ou par
ces douze aventures de ma vie qui me rapportèrent douze
marks, mais par quelque qualité étrange, que tu finirais
bien un jour par connaître, et qui était la clef de cette
clarté, de cette simplicité... Ne t'en prends qu'à toi,
alors que ma mère était Russe, si je t'ai avoué qu'elle
était Persane-un jour à Tegernsee où tu semblais chercher
des ombres sur mon visage et où j'avais honte de ma peau
blanche, - ce jour-là où la kronprinzessin voulut jouer
avec nous au tennis, et où nous relançions la balle doucement, doucement, car elle portait un fils.
C'est ainsi que s'écoula la première veille. Déjà les
blessés endormis sur leur côté droit se tournaient péniblement sur le gauche, sur le cœur, et commençaient la part
inspirée de leur nuit. C'est ainsi que nous oubliions tous
deux de nous parler de la guerre, et des seize ans passés.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Chacun interrogeait avidement ce miroir inespéré qui
lui renvoyait son image, un miroir ami, une image jeune.
Et les réponses nous perçaient ou caressaient comme
un feu de lentille. Tous deux vêtus à nouveau de
chemises raides de lycéen, tous deux anonymes, rasés
de frais, épurés aussi par le mal, nous étions aussi
nets qu'il le faut pour se renvoyer des souvenirs. A ce
monde, à ce présent nous appartenions aussi peu_ que
possible, et l'on entendait juste les bruits qu: fait la
terre quand le temps suspend son cours : les vraies glaces
sur les commodes craquer, les infirmiers américains poser
des tasses sur le pavé du couloir... Dans ce même lit où
les enfants berrichons ambitieux s'étendent tout droits et
dorment tendus sur je ne sais quel méridien, voilà que nous
retrouvions, cette fois, le passé ; un passé que nous nous
entendions à ne pas détruire, à garder intact en ne
prononçant pas le nom d'un nouvel ami, à ne pas décolo~er
en disant le nom d'une nouvelle ville ; en n'y mêlant nen
des seize autres années ; en craignant toute nouvelle de
nous-mêmes comme si elle dût être décevante, comme s'il
était éviden~ qu'en vieillissant on démérite; comme s'il
était la règle que deux jeunes gens impétueux et parfaits
devinssent, une fois écoulés dix ans de paix et six ans
de guerre, des hommes paresseux et des lâches ...
Minuit sonna. La grande horloge de l'hôpital était entre
nos deux chambres. Chacun, effleuré par une onde différente, par une caresse autre du temps, se sentit soudain d'un
autre âge que l'autre. Un long moment les infirmiers nous
abandonnèrent, car c'était leur relève. Nous attendions,
énervés, comme deux amis au téléphone dans un danger
quand la demoiselle coupe le fil. Il y avait aussi à lutter

NUIT

À

CHATEAUROUX

2 53

contre le sommeil; je m'endormis; une minute, comme si
la téléphoniste s'était trompée, j'eus à parler avec un
enfant situé juste aux Antipodes, dont le bras s'allongeait
vers moi, s'allongeait, un peu coudé pour épouser la
courbe de la terre; puis, cette fois la téléphoniste s'était
trompée de plusieurs chiffres, avec moi-même général
entrant dans Munich ; sans qu'il y eût aucun étendard
autour de moi, j'avais le visage martelé sans répit comme
quand j'étais soldat près du porte-drapeau et que le vent me
pous~ait _dans les joues les franges de métal; vingt filles
mumcho1ses, leurs coques sur lesoreilles,inclinaient jusqu'à
terre leurs têtes pâles, pâles, et comme elles restaient
courb_ée~ un: mi~ute les relevaient rouges, rouges...
Mais Jamais ami ne fut réveillé plus doucement; l'envoyé de Pavel était maintenant une infirmière · de sa
main elle ouvrit elle-même mes yeux, jamais télé;honiste
ne redo~na plus tendrement un fil. Digne de Jackson-City,
sa patne, seule ville du monde où la place publique soit
entourée de sept temples pour les sept modes d'amitié
Miss Daniels s'amusa de notre aventure et s'y engage~
comme esclave ; elle promit de nous empêcher de dormir·
par des tisanes, par du rhum nous drogua comme de~
coureurs, et prit sur elle, voyant ma soif, d'ouvrir une
boute~e de_ champagne. Le bouchon sauta, et réveillé par
ce ~rwt q~, dans les hôpitaux, annonce une mort prochaine, demère le paravent mon voisin se retourna soudain
comme un dormeur derrière le bouclier de tranchée sur lequel
une balle ricoche ... Mais toute femme, mais une Américaine
même, est trop faible pour maintenir à leur distance
deux âmes d'hommes qui s'appellent et s'évitent. Miss
Daniels me regarda, et en se penchant, pour tout rapporter

�254

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à Pavel, elle toucha mes cheveux, mon poignet, regarda ma

feuille de fièvre. Pavel sut que je n'étais pas chauve, il
sut combien de fois mes artères battaient par minute et,
à un dixième près, ma chaleur ; elle apporta des fleurs,
remua quelques meubles, installa dans la chambre je ne
sais quelle ressemblance avec la chambre de Pavel. Elle
découvrit le Natoire, le déroula, disparut avec lui, et au
retour étendit près de moi, sur mon lit même, tout gonflés encore d'air et s'affaissant comme arrachés à un
fantôme, les habits de Pavel.
Un uniforme lamentable. Un vieux pantalon, avec
une jambe coupée, avec des pièces neuves comme on
en met aux panneaux dans les cibles, et l'on devinait
maintenant que les Allemands visaient Pavel aux
jambes. Une capote un peu plus neuve, mais délabrée
aux coudes : la guerre usait les vêtements de Pavel
aux mêmes places que la pension Kissling. Pavel au combat s'accoudait, comme à la fenêtre de Schwabing,
prenait sa tête dans ses mains. Quand miss Daniels
fut partie, je fouillai cet uniforme, ai_nsi que je _le
faisais parfois d'un mort, devant les lignes, la mut,
m'étendant contre lui, parallèle, caché par lui-et quand
une douleur traversait mon côté droit, m'arrêtant une
minute, rigide et la main soudain immobile dans une
de ses poches, comme autrefois quand une balle passait dans le voisinage. Il s'agissait, il s'agissait justement d'identifier Pavel.
C'était peut-être Pavel. Mais rien, comme d'ailleurs
jadis dans ses vestons, qui aidât à le reconnaître. Il ~échirait ses lettres dès qu'il les avait lues, ses photographies
dès qu'il les avait vues et c'est encore dans la glace qu'il

NUIT A CHATEAUROUX

2 55

se regardait le plus longuement. Rien qu'on n'ait pu trouver
dans la poche du premier tué venu, à part justement un
petit miroir cerclé d'or, tout ce que contiennent les poches
d'un soldat : du côté droit, ce dont on a besoin à chaque
heure, ce qu'on atteint facilement, un porte-monnaie
décousu dont on pouvait obtenir les sous en le secouant
comme une tirelire; un gros couteau del' armée suisse, pays
où l'on mange; un mouchoir tout rouillé, rouge et vert,
à dessins anglais, pays des rhumes ; du côté gauche, ce
qui n'est nécessaire que toutes les semaines, tous les
mois : un jeune porte-monnaie en cuir violet ; un petit
couteau damasquiné de l'armée norvégienne, pays où
l'on sculpte; un mouchoir de pur fil, celui que l'on garde
pour la blessure ou pour une rencontre, gris sur les deux
faces, à l'intérieur tout blanc comme un livre. J'étais
ému de voir Pavel croire encore, comme un simple soldat,
malgré l'âge, malgré _la guerre, que tout objet a deux
buts - couteau ou bourse - orner, servir. Le tout saupoudré de ces grosses miettes de pain, si dures, de ces
fragments de chocolat, de ces graines de riz, qui font que
des moineaux se mêlent aux corbeaux pour picorer les
cadavres. Le tout mélangé de ces correspondances du
tramway Montparnasse, de ces bonnes aventures données
par des sourds-muets et disant, au-dessous d'un dessin de
taureau : Votre caractère est affable... si tristes quand
on les retrouve dans sa poche à l'étranger, plus tristes
encore dans les goussets des morts. II manquait seulement
le livret_militaire, que Pavel avait dû déchirer le jour de
la mobilisation après y avoir contrôlé soigneusement ses
noms et s'il savait nager. Tous ces objets enfin qui, sur
mon lit maintenant rassemblés paraissaient les rouages

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'une horloge démontée, et que je remis chacun dans lapoche
exacte, bon horloger après quatre ans, sans qu'il m'en
restât un seul inutile et mystérieux. Cher Pavel, anonyme
et parfait dans les combats, ainsi que tous, comme
une montre!
La lune était couchée; toutes les lumières étaient mortes;
il n'y avait plus de clair, dans l'hôpital et dans Châteauroux, car miss Daniels ne se souciait pas de tomber ou de
se heurter, que le court chemin qui menait sinueusement,
par des escaliers et par des angles droits, de chacune de
nos deux chambres à un ami inaccessible...

•••
Une femme curieuse ne tourne pas en vain autour de
deux cerveaux.
- Et dans la vie, qu'as-tu fait ? m'écrivit enfin Pavel.
Car, un peu ivre de champagne, il laissait miss Daniels
faire un trajet pour une seule phrase.
- Rien d'irrémédiable, Pavel, j'ai voyagé. Je ne
suis pas marié. Je travaille .. En te quittant j'ai pr_éparé
plusieurs diplômes en Sorbonne et à Harvard ; 11 Y _a
deux ou trois petits arpents de science ou d'art où Je
détiens, plus qu'aucun homme au monde, la vérité_ et
où je reçois désormais ceux qui s'y aventurent: la ques~on
des salaires agricoles dans l'arrondissement de Lapalisse,
les rapports métriques entre les hymnes_d' Alamanni et
les odes pindariques de Ronsard, avec une annexe sur
les rythmes mouvants de Platen ; la distinction dans les
dialogues de Léon Hébreu entre les degrés du demi-cercle
et du cercle entier des choses. Voilà les trois petits fonds

NUIT A CHATEAUROUX

257

de la connaissance humaine où je suis le seul à avoir pied
Et toi?
...
Miss Daniels courut.

- Je s_~s co~e quand tu m'as connu. J'ai voyagé.

Je sws

celibataire... Je travaille.
Ai~si par peur d'être déçus, nous nous entêtions à
v~ulorr rester l'un pour l'autre ce que nous étions autrefois et nous avions toujours ce moyen de nous dire semblables l'un à l'autre. Parler de nos métiers ? Comment
sup~oser qu'ils soient deux métiers égaux, comme nos
destms autrefois. Pourquoi prouver à l'un qu'il avait
perd~ la course ? Du moins, chacun derrière le mot céli~ataire et 1~ mot travail, nous étions à l'abri ... Ou plutôt,
Je le compris plus tard, chacun craignait peut-être de
rencontrer
en l'autre un homme mûr, alors que Iw-meme
· •
,
ne _I était pas. La seule ressemblance entre Pavel et moi
était que le sort nous avait désignés, avec peu d'autres
pour un_e jeunesse vivace, parfaite, que dès dix-sept an~
nous aVIons reconnue, à_ce point ménagée et soignée que
nos défauts et nos qualités de quinze ans n'étaient pas
deven~ ceu~ des hommes, mais de gigantesques défauts
et qualités d enfant... Ou plutôt... Mais ae cela je parlerai
un autre jour...
- Cher Jean, m'écrivit Pavel, miss Daniels m'avoue
qu~ tu as fouillé mes poches. Il manquait mon portefewll~. Je t'envoie le seul papier qu'il contînt. Il te
rens~1gnera mieux sur moi qu'un éphéméride Mais
env01e-moi une lettre du tien - tu en avais toujours
cinquante, - au hasard ...
. ~ l~ttre que m'envoyait Pavel était usée aux plis ;
il I avait recollée, à défaut de papier gommé, avec de
17

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

'
était rongée sur tout son
vrais timbres ; 1~n.velop~ dû ouvrir au coupe-papier
contour, comme si 1 on a;1ait.
hes pour lavoir.
f •
les quatre t ranc
.
. ·ner en une seule ois
. ·t 1 1 ttre Je vais nu
Pavel, d1sa1 a e . '.
d
. àl'expositiondevos
.
• n'irai pas emain
« tous vos pro1ets, Je
1
rès-demain voir votre
. ,. · pas non pus ap
u paysages ; Je n irai
. le mois prochain je ne vous
« marchand de couleurs '.
1 .our de mon mariage,
. as· J·e n'aurai pas, e J
« épouserru P ,
.
'étendrai pas dans ce
. ée arvous . Jenem
u une robe dessm .P
. ' Jan .. e ne regarderai pas
u lit dont vous aviez fait lehp. n' ~eFlorencedontvous
.
d, balcon cet onzo
« avec vous, un
'
li
u
crayon
ni
même
celw
.
tracé la gne a
,
u m'avez, un Jour,
tracé àl'encre,nicette
b u que vous avez
l
« de Rome, pus ea ,
., . blié le nom la plus
..
•ll
n plus dont J ai ou
'
,
« tr01sième Vl e no
.
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belle dessinéeàlasép1a.Jen
p
uisqui pour
«
'
.
d' de mes enfants, ces croq
'.
« de mes ob1ets, un
. t car vous peignez
dr
t et les comgen ,
« moi, les re essen
êt plus haut que moi. Je ne
« toujours debout et vous es bât ·gnes de Russie dont
. .
. ces grosses c ru
d
« cueillerru Jamais .
Je ne verrai plus e
« vous m'avez dessm~ les coq~esJ.e vais vivre désormais
. us ru mes amis.
d
« peintres, ru vo •
. éni·eur Quelquefois, e
"'é ouse un mg
·
« s~s être.
J
fugitif, de votre œil, je regar~erai
u lom en lom,
un
.
oux mes ma.ms...
.
. ir de m01,mesgen
'
,
« ce que Je po~ai ~o . dé"à fiancée et n'ai pas ose
« Pardonnez-m01. J étais
J
« Vous le dire...
· t e
. la meme,
•
le tt re dans ma cem ur ...
Or j'ava.1s

vu:,

:il

_ Mon cher Pavel,
. ' .
st-il ssible qu'avec un stylo
Avec quoi m écdns::~:d'écl~oussures. Tu dois être le
tu fasses autant e pa

NUIT A CHATEAUROUX

259
blessé de France qui a le plus de taches d'encre à ses draps.
Ci-joint une lettre...
r Jean, disait la lettre, vous savez maintenant à quoi
• j'ai employé chaque heure de ma journée. J'y ai fait
• tenir un enterrement, un baptême, un mariage. Cela ne
« vaut évidemment pas une mort, une naissance, des
• aveux. Mais, même caressée à travers des voiles ou des
• tentures, la vie a son prix. Entre ces cérémonies, car
« vous ne supposez pas qu'elles aient eu lieu dans la même
, famille, j'ai pris le temps de songer à vous. Vous avez
, rendu ma pensée paresseuse, elle ne dépasse plus le pre• mier cercle de mon cœur. J'avais pris dans la voiture,
, non pas vos derniers vers, mais ce cahier de vos devoirs
• de classe, quand vous étiez en quatrième. ]'adore la
• narration du petit naufragé, quand le jeune tigre est
« devenu une accorte tigresse et s'entend enfin avec le
• chien. ]'adore le discours de Thémistocle aux trirèmes,
• lorsqu'il déclare faire plus de cas de sa mère la Carienne
• que de la belle Léocratida. Il est de la fin de juillet, il
• a toute la vieillesse, toute la sagesse de la quatrième. Il
• dédaigne les prosopopées, si belles en janvier; les transi• tions par des phrases sur la nature, si neuves au trimestre
r de la Toussaint. Vous avez eu la jeunesse et la vieillesse
• de chaque année d'enfant, vous l'aurez de chaque âge.
r Vous êtes au fond le seul homme que j'aie jamais vu, le
r seul qui me semble à la fois achevé et périssable. Jamais
r plus vous ne serez redistribué aux éléments, vous voulez
« bien, n'est-ce pas, que je profite, autant que je le peux,
• avec un peu de désespoir, de votre dernière vie... De
• notre dernier mois aussi, car - le saviez-vous - je
• me marie à Pâques.•

�26o

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

C'est ainsi, par hasard, mais par la main à chacun la
plus douce et amère, que le métier de chacun fut révélé.
Le même, au fonù, pour tous deux. Je suis certes _le
poète qui ressemble le plus à un peintre. Je ne peux écnre
'au milieu des champs; trouver des rimes qu'en voyant
qu
· fuit
·
des objets semblables ; attein~e le mot q~ . qu~ s1
un homme fait un geste, que s1 un arbre s mc~ne. D _un
index qui laisse les autres doigts tenir la plume, Je dessine
dans l'air, avant qu'elle ait sa vraie forme, chaque ~brase;
· malgré moi le nom de chacun de mes amis avec
J''écns
.
son écriture même, et mes manuscrits semblent p1~ms
de leurs signatures ; les jours où il pleut, je me se~s libre
de mon métier comme les aviateurs, comme les peintres ;
"'écris devant les femmes comme devant un modèle ;
~as un mot sur elles que j'aie écrit à plus de cinq mètres
d'elles. Maintenant même, dans cette chambre dont
on emport,.;t
""' le paravent, car le vent de la mort, c'était
..
bientôt l'aurore, devait souffier dans une chambre voism~,
j'écrivais à Pavelles yeux fixés sur mon voisin endonru.
Il respirait régulièrement, et ces deux gros poumons
attisaient mon cœur. Il se découvrait soudain la
poitrine, je voyais une poitrine semblable à toutes les
autres, des épaules semblables à toutes les ép~ul~,
il devenait soudain mystérieux, anonyme, et c était
comme si un modèle se voile le visage. Il ridait son front
une seconde, et c'était comme si un modèle prend son
rouge sans y pensèr et, sans qu'il s'en doute, s'ajoute une
couleur • et dès que miss Daniels était là, les mots ne me
venaien; plus, comme les teintes à celui qui peint entre
deux lampes.
Pavel parut moins satisfait que moi. Il avait bu

NUIT A CHATEAUROUX

261

presque ~ lui ~eul ~a seconde bouteille de champagne et
cela aussi expliquait son agitation.
- Ah I tu es poète ? m'écrivit-il. Je ne sais si j'en suis
heur~ux ou déçu. Tous les camarades que j'ai laissés
étudiants en droit, en pharmacie, en histoire, un sort
veut que je les retrouve en architectes, en sculpteurs,
en graveurs. A la seconde rencontre, leur métier est moins
matériel encore, ils sont musiciens, poètes. En quel élément seront-ils à la troisième ? Si j'aperçois dans un salon
une brave tête de banquier, de secrétaire d'ambassade,
à mesure que j'avance vers elle, ses yeux se voilent, son
m~nton s'allonge, et j'apprends que c'est une tête de
pemtre, de médailler. Je parle à mon voisin de table, c'est
un orateur qui me répond. Il y a trop d'écho pour moi
dans_ ce monde. Voilà que tu m'obliges aux mêmes précautions ; tu es poète, je suis peintre, que d'histoires !
N~tre cœur à tous deux ne s'arrête que sur les cinq ou six
memes phrases de la musique, sur les cinq ou six mêmes·
poèmes ; nous nous rencontrons sur une terrasse de plus
en plus étroite ; il faut nous saluer maintenant, nous
enlacer avec les gestes mesurés de deux acrobates qui se
retrouvent, après vingt ans, au faîte d'une flèche de tour...
D'ailleurs je me console de ne pouyoir approcher les
hommes... Tant pis l
Car enfin tu les as vus ? Nous avons beau jouer à
reprendre notre âge blanc de Munich, tu as appris depuis
comment ils sont faits, hein ? tu les as vus ? Tu as vu ces
tristes méplats de_ leurs tempes, ces joues de pierre
ponce, . usées comme s'ils passaient leur vie, depuis
~eur naissance, à se frotter à d'autres méplats, à d'autres
Joues ? Du haut du tramway, tu les as vus pousser leurs

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

jambes de droite et de gauche, dès qu'une goutte de pluie
les effleure, comme le protozoaire qu'un doigt d'homme a
touché? Tu as vu leur ardeur, leurs salutations mutuelles,
dès qu'ils se mettent à vingt dans un bureau de poste pour
retrouver une pièce de dix sous égarée par une vieille
dame sous la plaque du guichet, et ces joies quand on la
retrouve ? Tu as vu les groupes d'orateurs bruns, semblables à des corbeaux mouillés, du jardin Bourbon
surveiller le pont de la Concorde. Tu as vu de grands
omnibus combles de facteurs remonter la rue de Rennes,
et redescendre, inexplicable relève, combles d'externes
de Stanislas I Tu as vu les trains de banlieue escaladés
par des milliers d'innommables jaquettes, fenduéS en
deux pans que le vent écarte, tristes coccinelles attir~
par Chatou. Tu as vu les quarts d'agent de change revemr
de leur sixième de chasse, tout fiers, avec un merle et
un écureuil entiers. Tu as vu les chefs de bureau
sortir du ministère des Finances, faussement neufs,
invraisemblablement soustraits à la dignité d'homme,
que semble toucher pour la première fois l'air de la rue,
fragiles comme une pendule qui se promène sans son
globe. Tu as vu ceux qui ont l'index plat à force de mettre
leurs souliers sans corne à chaussure, ceux qui ne savent
que faire ae leurs mains, de leurs pieds, - qui' voudraient
être des boules, - qui les cachent dans leurs poches ou
les poussent dans l'ombre, comme les mauvais peintres
les mains de leurs personnages. A l'enterrement de sa
fille chérie, tu as vu, avant le défilé, le père, une minute
droit et digne comme une statue, dos à la sacristie...
droit et per ... puis le premier gagnant de la course des
condoléances l'atteint, comme l'eau lâchée sur un moulin,

NUIT A CHATEAUROUX

263
et dès lors, il se baisse et se relève sans arrêt. Tu as vu
l~s maîtres ~e forges, entrant dans leur chapelle, faire un
s1gn_e de cr01x précis, et les quatre vis qui maintiennent
le visage et la poitrine des maîtres de forges contre leur
cœur sont resserrées pour une semaine. Tu as vu les
bugles, dans Tristan, qui soufflent une note tout d'un
coup, qui sont un peu plus rouges en reposant leur bugle,
comme par pudeur, comme un enfant qui a dans un
salon voulu dire un mot sur Yseult. Tu as vu les violoncellistes, décharnés et coudés comme une mère débarrassée de ~a veille d'un fils, qui discutent avec de grands
gestes, qm hurlent, et c'est qu'ils sont du même avis. Tu
as vu les spécialistes en pharmacie se placer juste en face
des palais Louis XV, Louis XIV, et les ajuster à leur
vue comme un vérascope : alors les spécialistes voient
tout. Avant la guerre, tu ne les connaissais que de vue,
tous ceux-là, tu ne les avais touchés qu'aux mains
mais depuis quatre ans tu les soulèves, tu les pèses. T~
les connais maintenant comme tu connaissais les femmes !
Pas une part de toi qui n'ait touché un homme tu as
dormi contre le ventre d'un mineur, ta tête d:ns des
granges a été prise entre le dos d'un chocolatier et les
genoux d'un notaire ; tu connais leur poids, et le poids
aussi d'un bras ou d'un pied seul, séparé d'eux. Eh bien?
Au revoir, mon cher petit Jean. Les coqs chantent.
Des volets s'ouvrent. J'entends une seconde par la
fenêtre ces gémissements du voisin que j'entends le jour
par la porte. Miss Jackson éteint notre chemin lumineux
et chaque commutateur craque comme si elle écrasai;
un ~ros insecte flamboyant. Les amis que j'ai eus
depms notre départ ? Pourquoi te les nommer ?

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

La plupart sont tués maintenant, et s~ront désormais
étendus entre nous, les pieds vers Munich, la tête vers
Châteauroux. Mes amies ? Te dire que le mot Pavel a été
lié syllabe par syllabe, des années, des mois, au mot
Gilberte au mot Renée ? Les Allemands ? La guerre ?
Non. J'~ à te dire, tout au plus, les deux premières
phrases échangées avec celle dont tu as lu la lettre.
« - Comme vous avez l'air belle, Irène?
« - Il vous plaît à penser, petit Pavel.
J'ai à te dire que je remue toujours le petit d~igt en.
écrivant, mais que je ne fais plus craquer ~es poignets.
J'ai toujours ma manie de citer le mot de Bterbaum : « la
vie est un marais », et de voir les hommes peu à peu
s'enlisant; d'expliquer qu'ils mettent des lorgnons, des
monocles pour que le sable n'entre pas dans leurs yeux,
qu'ils lisent Baudelaire, Dostoiewski, pour ~eux serrer
les mâchoires ; qu'ils vont en auto pour sentir au-des~ous
d'eux enfin un sol de bois ... et toutes les mêmes stupides
plaisanteries, et d'ailleurs c'est vrai. J'ai toujours ma
manie, le soir, en me couchant, dès que je ferme ~es yeux,
de voir mon immense tunnel. Tu me questionnais de ton
lit. Des armées s'y engouffraient dont je te donnais le chiffre
exact : 3 millions 561.000. 4 milliards 21. Des tr?upes
d'oiseaux en sortaient, se heurtaient, oiseau par oiseau,
contre d'autres vols qui arrivaient et tombaient morts ...
Une lueur blanche apparaissait parfois au fond du tube,
· grecque, un Jour,
·
tu te
et devenait une fumée, une ville
rappelles, une licorne. Que le mot licorne est sonore dans
un dortoir!
Au revoir, Jean. Mon électricité brûle touj?urs, m~s
déjà ma veilleuse est éteinte, notre veille est fime. Demain

NUJT A CHATEAUROUX

soir, par le tunnel, comme ce jour où l'on nous avait mis
dans deux cours différentes, et où je regardai la tienne par
un trou de la porte, je ne verrai que ton œil. On me lève.
Je vais remettre cette capote que tu as fouillée, ce pantalon avec sa jambe invisible. Ecris-moi encore puisque
tu ne te lèves pas. Miss Daniels veut t'amener mon
chien. Lui aussi c'est Yourf. Appelle-le par son nom il
croira ~•avoir vu et te reconnaîtra. Adieu. Je pars ix:ur
la Russie dès ma guérison. Mais nous nous reverrons peutêt~e à mon retour, si je reviens ... au printemps (quand la
paix tue la guerre 1)
C'est ainsi que se termina cette nuit, où, plus fortunés
que tous autres amis au monde, nous n'appartenions point
àla race de ceux qui usent de timbres, de tubes postaux, de
récepteurs, mais à celle qui correspondpar les mains d 'Annamites dévoués, d'Américaines. Tout ce qui était de notre
amitié en ce monde était assemblé autour de nous; aucune
lettre de l'un à l'autre ne circulait bassement dans des
bottes, pas de passants pour nous bousculer nous-mêmes.
Nous avions, en ce qui concernait notre affaire JeanPavel, tout liquidé, tout tenniné avec le monde ; et un
écheveau de grandeur moyenne, un signe de l'infini à
peine plus grand que celui dont se servent au tableau les
polytechniciens de seconde année, efit pu nous contenir
tous deux. Ce fut Yourf qui le traça; il aboya tout autour
de mon lit; Pavel l'entendit aboyer...
Cher Pavel,
Il fait presque jour. Mon Annamite reprend dans
l'escalier le dialogue qu'il a chaque matin avec le veilleur
soudanais. L'Afrique dans l'hôpital cède le pas à l'Asie.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Les moineaux se réveillent dans leurs nids sous les volets
qu'on ne ferme jamais ; mes murs sont bourrés de leurs
cris. Le train de Montauban est passé ; tu l'as entendu
siffler; c'est que le vent vient de l'est, c'est qu'il est 4 h. II
et qu'il fera beau.
Jerne hâte det'écrirecequej'aioublié: jesuis allédans
ton pays. On m'a confisqué à la douane, à Alexandrovo,
un jeu de cartes espagnoles, un Bœdeker d'Itali~: ~ais
on m'a laissé passer. J'ai vu Pétersbourg, Moscou; J ai vu,
dans le hall de mon hôtel, une petite fille russe assise au
pied de l'aquarium où_ nageaient l:s sterlets, c?mme_ je
lui souriais, passer demère et me fa.ire à travers 1 eau vive
toutes les grimaces des sirènes. J'ai vu Kiev, j'habitais le
palais Potemkine, en stuc rouge, crème et or : _ie télé~honais souvent dans un cabinet vert-pomme et 1aune situé
sous le grand escalier; quand je sortais, la porte froiss~t
les feuilles d'un palmier, c'était le bruit d'une robe de soie
qui tombe, et il y avait en effet, toujours j'eus la même
surprise, une statue de Diane devant moi. J'ai vu des moujicks, ils riaient et, dans chacun de leurs deux yeux mon
image dansait sur un petit bûcher. J'ai vu ton été russe, le
ciel si bleu, la verdure immense supportée par de grands
fûts gantés de cuir blanc ; mille chevaux aimables à
double poitrail, lustrés et bondissants, semblables à des
femmes. Dans lamer Noire ~a nuit si bleue)j'ai voyagé sur
le croiseur Askold, qui avait deux fois contourné le
monde et à chaque escale acheté une tortue, petite ou
gigantesque. Elles habitaient le pont, et dans les tempêtes
on les entendait rouler d'un bord à l'autre. Te rappelles-tu
la vitrine de Kissling, que nous avions aménagée et
que nous appelions le Musée Franco-Russe, où nous

NUIT A CHATEAUROUX

rassemblions des oiseaux empaillés, des nids, des œufs
per~és, _c?mme si cert~nes races d'animaux prospéraient
de 1 amitié de deux nations, et que l'union franco-russe fût
salutaire aux oiseaux. C'était avant Brest-Litovsk, j'ai
vu au Caucase des corbeaux dodus, des hérons avec un
rat arrêté dans leur cou, des aigles gras à lard. A mon
dernier régiment, le colombophile aussi était Russe. Tu sais
le devoir des colombophiles ; ils ont à maltraiter et à
affamer les pigeons et les chiens de liaison, pour qu'ils
retournent plus vite là où on gave et caresse. Un jour,
ses deux chiens furent blessés. Il resta toute la nuit à les
soigner, à les flatter. Les chiens relevaient la tête
remuaient la queue, pensaient désolés : Nous mouron~
le jour où les hommes deviennent bons... Lui aussi fut
tué... Vivent les chiens allemands I Vive la Russie f
Miss Daniels m'arrache ma lettre. Adieu!
C'était l'aube. Par Je tulle de mes rideaux un aigre
jo~ était pris et pressé comme un caillé. Depuis une
mmute à peine il était né, et déjà dans la rue les hommes
se hâtaient. Des cailloux roulaient, des jurons, l'homme
grattait à nouveau sa pauvre planète, sa pauvre âme.
Un clairon sonnait dans la caserne, une cloche dans la
~nsion, soldats et jeunes filles également peureux d'une
.JOurnée nouvelle, pour calmer leur âme des autres âmes
soudain si différentes, pour devenir vite semblables à
tous, passaient vite leurs uniformes. Puis on entendit les
coups de bâton dès laitiers sur la peau de leurs ânes. Un
bruit ~e scarabée qui vole indiquait chaque bicyclette.
Des hirondelles gazouillaient sans répit, sur le fil du
télégraphe, et le courant du matin, avec ses· mots de joie

�268

LA NOUVELLE REVUE F}½NÇAISE

ou de deuil, devait traverser vingt jeunes hirondelles.
Puis, pendant dix secondes à peine, erreur d'un jour si
jeune, une ondée ; dans les gazons, sur les sauges, la
liqueur du matin fut lavée ; des sabots tapèrent le
trottoir ; sur le toit plat de la maison du général Bertrand (construite, colonne par colonne, fronton par
fronton, d'après celle qu'il habitait à Sainte-Hélène et
qui jamais ne reçut une goutte de pluie), les gouttes
crépitèrent ; les gommiers, les caroubiers, les baliviers,
toutes les boutures rapportées de là-bas, par le bel
Arthur avec le corps de Napoléon, furent soudain vernissés comme dans les gravures. Qu'il eût aimé recevoir
cette averse, lui justement, Napoléon, qui regardait en
vain chaque nuage et, toute la première année d'exil,
tendait la main, croyant recevoir une goutte, comme pour
qu'un aigle revînt s'y poser... Elle cessa soudain. Les ânes
abandonnés contre le trottoir laissèrent en repartant, audessous d'eux, leur image sèche. Puis le coq chanta ;
une eau pénétra la terre, mélange d'eau et de rosée. Puis un
rayon traversa ma chambre, enveloppant mon lit sans me
toucher, ainsi que le fait la foudre, mais je pouvais l'atteindre de la main. Puis j'entendis une automobile arriver,
appeler de trois coups de trompe, comme les dames qui
viennent prendre un jeune romancier pour une promenade... Puis des murmures indistincts... Puis aboya un
chien, de qui du moins je reconnus la voix... puis le sable
crissa, l'automobile froissa des buis, des fusains ... Pavel
était parti.
Alors, mon infirmière de la nuit entra, toute fraîche,
un peu humide, car elle avait reçu l'ondée, elle cria à mon
voisin (car elle avait soigné des Zélandais à Bapaume) :

NUIT A CHATEAUROUX

269

- Hope of a bright day, of a sweet day !
- Day I hurla-t-il ouvrant la bouche avant les yeux.
Et le Jour, et Day, naquit...

C'est aujourd'hui ma première sortie de l'hôpital. Je
pars ce soir pour Paris. J'ai dit que je prendrais le train
de cinq heures, je prendrai celui de neuf. J'ai quatre
heures, j'ai un sixième de jour pour revoir la ville où j'ai
passé six ans. Ma valise est dans un café près de la gare,
mais je porte le Falconnet et le Natoire, j'évite chaque
bousculade, je laisse une marge à chaque maison, chaque
passant, je tourne avec autant de précaution autour des
places et des statues de Châteauroux qu'autour des souvenirs leurs images. J'achète des cartes postales. J'achète
l'Avenir de l'Indre. (Vous qui me lisez, prenez garde.
Vous savez ce qui arrive quand je débute ainsi par
petites phrases... Vous savez qu'en moi s'agite ce
vocatif que mes maîtres de grec m'ont transmis et qui
vit en moi comme un asthme, que le moment n'est pas
loin où je vais adresser la parole à un arbre même, à un
passant, à une ville ... Je me contiens... je me contiens...)
0 Châteauroux, ville la plus laide de France, ô tilleuls
sur lesquels sont gravés les premiers prénoms que j'aie
jamais entendus, ô mur derrière ce terrain vague, si banal,
et que je reconnaîtrais en Chine! 0 Châteauroux, pour la
première fois je connais de toi d'autres rues que celle qui
te traverse de bout en bout, la seule que nous suivions
pour les promenades. Je prends toutes tes rues transversales, je te bouscule, je te décoiffe, je t'aime, comme

�270

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

une chevelure où la raie toujours fut au milieu et dont on
se venge en riant. Tout ce que l'on me défendit enfant,
je me l'accorde. La rue Descente-de-Ville, je la remonte.
j'entre au Musée voir le chien empaillé de Napoléon.
Je tire enfin au clair tous les secrets qui m'intriguèrent
pendant six ans. La rue du Gué-aux-Chevaux aboutit
bien à un gué ; la rue des Clercs aboutit à une planche
sur l'eau, à un pêcheur, à une ligne aiguë, en ce moment
à une ablette qui se débat; la rue du Foin à des laveuses;
et j'apprends ainsi où se cachait l'orchestre qui a scandé
mes trois mille matins... Tout me ramène à l'Indre, chacun
de mes secrets a des peupliers pour dernière barrière...
Malgré tout, la Grande-Rue seule m'attire. Sur ce
trottoir tous mes pas ont marqué ; voilà que je reprends
malgré moi une marche plus courte ou plus longue selon
les boutiques ; je dépasse chaque étalage avec le même
nombre exact d'enjambées, qu'en mon temps de lycéen:
nos traces dans ce monde sont le plus lourdes là où nos
pas furent le plus légers; chargé de valises sur tant de
continents, chargé du sac et des piquets de tente sur
tant de boues, d'un cerveau de plomb dans tant de
capitales, je n'ai pu marquer sur cette terre, et ici mes
pieds se logent dans leurs antiques moules ; et quelle
surprise de revoir, plus brillantes et plus fortes qu'alors,
ce que je n'attendais que comme un écho, un reflet :
ces superbes enseignes. Voici gravés en mot d'or et en
lettres rouges, gigantesques, les premiers noms, cette
fois, que j'aie entendus et compris, le mot « Bazar », le
mot « Préconiseur public », le mot « Phalanstère ».•• Il est
six heures. Ce que mon voisin appelle day ou sdar
devient rose, devient rouge ... Pour la première fois, je

NUIT A CHATEAUROUX

271

vois des lumières s'allumer dans ces boutiques que je n'ai
vues que de jour, et il me semble que pour la première
fois je ne sais quel âge les touche; ma ville retrouvée va
s'évanouir. De la grande terrasse je la surveille, et je
sûrveille aussi, avec cette fin de journée, toute dorée
mais confuse de sa mort, palpitante (je ne dirai pas si
tous ces adjectifs s'adressent à journée ou à jeunesse),
ma jeunesse.
Dans ces magasins où pour la première fois je vis
les tableaux, le sucre candi, les bijoux, je regarde. Je
reconnais la plupart des vendeurs, mais tous ceux qui
ont personnifié pour moi les métiers sont maintenant
blancs et caducs. Voici que je pénètre dans l'âg~ où les
métiers redeviennent antiques. Voici que les horlogers
ont de grandes barbes de neige, et il ne leur manque
qu'une faux. Voici que les libraires ressemblent aux vieux
écrivains, les barbiers aux vieux savants chauves. Voici
que les bouchers sont à la fois gonflés de graisse et tout
ridés. Voici que les pâtissiers - comme leurs gâteaux
sont petits! - s'éloignent de soixante ans de l'âge où ils
aimaient les gâteaux. Voici que les pharmaciens vont
mourir, regrettés de leurs médecins. Voici l'âge où je
rends au temps ceux qui, les premiers, m'ont fourni le
pain, les livres, l'heure... Tous leurs noms inscrits sur
les vitres vont bientôt monter d'une ligne, laisser leur
place au nom du successeur, monter comme un rouleau
de pianola, et disparaître... Seuls les fruitiers sont jeunes;
seuls ils renaissent à chaque saison ; seules les poires, les
pêches, les bananes sont vendues comme autrefois par
une toute jeune fille, que le patron embauche à seize ans
et loue à dix-sept ans aux hôtels, et cette fillette, dix-huit

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

272

fois remplacée, est la seule que je retrouve int~cte. La
v01"là qm. me p èse des cerises, sans se douter qu
. elle
. me.
revend, si fraîche et propre et si vernie (je ne dirat pas s1
ces adjectifs s'appliquent à jeune fille ou à enfance),
mon enfance...
Ainsi tous ces gens ont vécu, travaillé, acheté et
vendu un maigre salaire, fermé le soir dans l'ordre leurs
volets, et payé au jour leurs impôt~, déroulé le même
coupon de drap, allongé sans ~ le m:me lacet, ~our soutenir, jusqu'au jour où je reviendrats, le premI_er déc~r
de ma vie!. .. Seul l'horloger a changé de trottoir et pns
la boutique d'en face ; et cela me gêne un pe~, ~omme un
bracelet-montre attaché du mauvais côté... Ainsi la guerre,
qui tout ruine, les empêchant de passer à leurs fils et
gendres leurs tâches, a, pour mon seul bénéfice, _prolo,ng~
de cinq ans la vie d'un reflet, d 'un écho ... Or, au1ourd hw
ma jeunesse a juste dix-sept ans, comme l:s eut mon e~fance, 1e J.our où 1-e partis d'ici; cette tnstesse en'étm01,
c'est une mère et une fille, du même age, qm s re1gnent ... Toutes deux d'aujourd'hui m'abandonnent, et.
me voici soudain las et incertain, comme tous ceux qw
n'ont qu'un jour.
.
L'Indre est dorée, la rue parallèle à l'Indre est huruneuse: je vais entre ces deux brancards. Qui m:a poussé,
comme ces femmes exilées qui vont sUt: le premier b~te~u
de leur pays en rade mettre au monde leur fils, qm ~ a
poussé pour ce second terme, qui me poussera dans dixsept ans vers cette ville sans charme et sans parents? ...
Enfance, heureuse enfance où le malheur et le ~onheur
étaient le malheur et le bonheur enfants; où 1 amour,
où l'orgueil étaient l'amitié, la tendresse... vertus de

à

A

•

NUIT A CHATEAUROUX
2 73

mon enfance qui depuis avez changé de sexe, cc espoir »
que je retrouve « attente », · cc enthousiasme » que je
retrouve cc indulgence 11... Mais voici le lycée qui me
rappelle les trois ou quatre qui n'ont point encore varié: le
travail, qui est toujours le travail, qui toujours consiste
à voir, au-_dessous du papier blanc, filigrane adoré, un
palais, un phénix; l'inspiration, qui est toujours l'inspiration, qui consiste à vivre parbonds, affectueux cinq minutes,
cinq minutes haineux, comme si le jour et la nuit, au
lieu de se suivre, toutes les cinq minutes alternaient ;
l'amitié, qui est toujours, dans un grand pré où elle d~rt,
s'asseoir à ia tête de celle que l'on aime, se pencher, voir
son visage à rebours; la nostalgie enfin, qui est toujours
cette douce... cette amère ... Mais déjà à cette époque je
n'en pouvais dire plus sur elle!...
Voici le lycée. L'avenue qui de la gare y conduit,
descend, descend, et les enfants en fleurs, du faîte de leurs
dix années heureuses, croyaient déjà redescendre la pente
de la vie. Voici le seul logis où les lois de la pesanteur et
des fluides sont fausses, où il fallait le jour tous les poètes,
tous les savants, le soir toute la nuit pour équilibrer
un cœur bien petit et bien vide. Voici la maison où j'ai
reçu le monde tout neuf, et les mappemondes seules étaient
vieilles, où j'avais un âge qui pour nulle gloire n'était
périmé, que tous les grands hommes avaient été forcés
d'avoir, (12 ans, 13 ans, 15 ans), avant leur premier geste
grand ; que je portais avec retenue et fierté comme du
génie la virginité même, ou comme un de ses attributs;
et enfin hélas vint l'année où j'eus l'âge de Viala, puis de
Bara, puis d'Alexandre ; et la triste vie put commencer.
Voici la citadelle qui, du jour où je l'ai quittée, est devenue
18

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l

274
mon ennemie. Plus d'accès. 0 lycée, on a verrouillé ta
porte d'honneur, gigantesque, qui ne s'ouvre que sur des
petits, qui s'ouvre d'un seul battant, comme un livre. On
a par bonheur continué le Jardin public tout le long du
mur de ronde, comme si l'on supposait que tes anciens
élèves viennent le soir ici rôder ; et je tourne autour de
toi, avec un Natoire et un Falconnet ; et ce n'est pas à
beaucoup près, car tous deux étaient des gens simples
et toi-même m'appris leurs noms, les compagnons ce soir
qui me chargent le plus. Je tourne autour de toi avec tant
de peintres et de lumière, tant de poètes et de chagrins
que tu ne connais pas, avec un Manet et un Rimbaud,
avec un Mallarmé et un Degas... Mais pourquoi, devant
toi, chacun de ces noms me donne-t-il, comme un nom de
faute, un remQrds? ...
Rien qui '.défende un lycée contre l'escalade. Pas de
chien. Pas de servantes... Voici la petite brèche par où
je m'évadai une nuit pour aller dans la campagne. Je
la franchis, je reviens de cette équipée. Voici la cour des
petits, que je traverse d'un pas rapide, car elle est sonore
et un pas paresseux mettrait tous les surveillants en
éveil. Voici la cour des moyens et la porte avec sa fente
par laquelle Dago nous passait, de la cour des grands,
plus voisine du monde, page déchirée par page déchirée,
les poètes défendus, et il fallait ainsi faire injure à son
livre pour pouvoir honorer l'auteur; et voici, donnant sur
les cloîtres, prises au fond des arcades bien plâtrées comme
les fenêtres des maisons construites sous des aqueducs,
les fenêtres de mon étude. Fenêtres si hautes qu'aucun
élève ne peut voir la cour ; percées sur l'étude comme
pour observer les enfants, percées des deux côtés pour les

NUIT A CHATEAUROUX

observer de dos, de face, suivre sur
.
275
même journée tous les
, leur vtsage dans la
et d'où personne 1·
~rogrès de 1 ombre et de la science
amais ne les regard
.
,
'
folle qui s'évadait d S .
C
. a, s1 ce n est cette
e amte- athenne
·
fils, et si ce n'est
.
.
pour voir de là son
mm au1ourd'hui J
•
.
penche ; je tressaille . .e ,
.... e me hisse, Je me
solit .
.
, J m attendais à voir un élè
aire, un visage unique
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trente ; et aucun ne
, ma seule enfance ; j,en vois
qu'ils sont moi; 1"'ai ::é ressele~ble, et to~ il est clair
.
c UI là-bas qm écrit d
~ain gauche• 1·•ai été ce roux qw.
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été ces deux indolents
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paroles, un poly~drees guresl sans rapport avec leurs
en parant des ·
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Jeunes filles, un
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confond l'envie de récit
c1 a 10n facultative et
réciter de la prose O ~t des :vers avec l'envie de
...
VI re qw
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trente gestes que je n'ai "amai
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que je n'ai jam .
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p heures et demie ont son , V . .
moi, celle que Rollin t
ne. o1c1 ma place devant
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rend myopes ceux . l'
po lavoir. Elle
d'un bec de
. qw occupent, car elle est au-dessous
gaz • un faux pupitre I
élè
qui nous succède lit les
. d
a sur ve. L'enfant
et j'admire comm '1 ~ns ans ses poches, tout droit
e es Jeunes gé ér ti
,
habiles ; de mon temps li . n a ons sont devenues
on écoutait, on sentaiton sfait en se bouchant les oreilles,
.
en ermant les yeux.
d
pensait, on courbait les é
. quan on
les externes surveillés
paules... Sept heures quarante,
murmures et des brui!~sent dans les cloîtres, avec des
e relève, leurs corps surveillés

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tout près d'eux par le maître, leurs ombres du dehors
par le censeur ; puis la cohorte des demi-pensionnaires
qui ne voient leurs parents qu'à la lumière des lampes, ou
le dimanche ; il ne reste plus dans le lycée que ses vrais
f

1

fidèles et que moi.
La lune alors apparaît ; le vent se lève ; les girouettes
grincent ; chaque clef de voO.te des cloitres, forée d'une
ampoule, illumine et soutient un second cloitre de lumière;
les garçons placent à la volée les assiettes sur le marbre
des réfectoires. Près du tilleul, au centre de la cour
d'honneur, le proviseur et le surveillant général. Ils n'ont
pas changé: jadis ils me semblaient si vieux et justement
ils ont vieilli. C'est la première fois où ils ne me voient
pas enfant, et ils me reconnaissent. Pour la première fois
je serre leur main, où jadis le J;JÛenne se perdait, d'une
main égale. Pour la première fois, quand nous tournons
le dos aux cloîtres, mon ombre n'est pas une petite
ombre entre les leurs. Pour la première fois je réponds à
leurs paroles par des paroles égales, et mes mots ont le
poids vérifié par les hommes. De cet enfant dont je suis
venu chercher des nouvelles, perdu pour moi - de moi ils me parlent avec égard comme de mon fils. Il était
soigneux de ses livres, il ne mentait pas... Leurs fils à
eux aussi sont tués; toujours graves, toujours vêtus de
redingotes, coiffés de chapeauxde soie, ils n'ont pas eu le
jour de leur deuil à changer une ride, une cravate.
Il est l'heure de regagner l'hôtel. Un coq, si jamais
coq s'est trompé~c'est ce coq-là, chante... Le proviseur
m'accompagne à la porte, il l'ouvre lui-même et
relâche, cette fois en ôtant son chapeau, pour la seconde

me

fois.

NUIT A CHATEAUROUX

277

- Adieu, mon enfant me dit-il comme à to
us, par
habitude.
'
L'avenue est claire et chaud .
.
est tourné vers la terre et d, e ' le cro1ss~nt de la lune
à droite les tilleuls e b everse sur elle seule son éclat .
m aument '
.
'
Heureux heure
..
' a gauche les Jasmins.
'
ux mon v01sm l'ad' d
. ,
··
saluts et aux souhait
,,
JU ant qm n avait aux
s qu a répondre 1 d .
.
e ermer mot...
Au proviseur disparu voilà
j'y ajoute même une 'syll b que Je répète toute sa phrase,
a e.
- Mon enfance, adieu 1
JEAN GIRAUDOUX

�1

1'

1,

JOURNAL SANS DATES

278

2 79

I"

*

**

JOURNAL SANS DATES
Evidemment ce qui me choque dans le cas de Romain
Rolland, c'est qu'il n'a rien à perdre par le fait de la guerre:
son livre (Jean Christophe) ne paraît jamais meilleur que
traduit. Je vais plus loin : il ne peut que gagner au désastre
de la France, que gagner à ce que la langue française
n'existe plus, ni l'art français, ni le goût français, ni aucun
de ces dons qu'il nie et qui lui sont déniés. Le désastre
final de la France donnerait à son Jean Christophe sa
plus grande et définitive importance.
.
.
Il est de si parfaite bonne foi que parfois. presque Il
vous désarme. C'est un ingénu, mais un ingénu passionné.
Il a tôt fait de prendre pour vertu sa franchise, et comme
il l'a quelque peu sommaire, il a pris pour hypocrisi_e
ce que d'autres avaient de moins rudimentaire que lw.
Je m'assure que trop souvent ce qui permit son attitu?e,
c'est le peu de sentiment et de goût, de compréhension
même, qu'apporte son esprit à l'art, au style, et à cette
sorte d'atticisme qui n'a plus d'autre patrie que la France.
Rien n'est plus informe que son livre; c'est un Kugelhof
où parfois croque un bon raisin. Aucun apparat, aucun
artifice; j'entends bien que c'est par là qu'il plaît à
certains.

(Ecrit en r9r7)

Le jour où La Rochefoucauld s'avisa de ramener et
réduire aux incitations de l'amour-propre les mouvements de notre cœur, je doute s'il fit tant preuve d'une
perspicacité singulière, ou plutôt s'il n'arrêta pas l'effort
d'une plus indiscrète investigation. Une fois la formule
trouvée, l'on s'y tint et durant deux siècles et plus, on
vécut avec cette explication. Le psychologue parut le
plus averti, qui se montrait le plus sceptique et qui,
devant les gestes les plus nobles, les plus exténuants,
savait le mieux dénoncer le ressort secret de l'égoïsme.
Grâce à quoi tout ce qu'il y a de contradictoire dans
l'âme humaine lui échappe. Et je ne lui reproche pas de
dénoncer« l'amour-propre»; je lui reproche de s'en tenir
là ; je lui reproche de croire qu'il a tout fait, quand il a
dénoncé l'amour-propre. Je reproche surtout à ceux qui
l'ont suivi, de.s'en être tenus là.
On trouvera plus de profit à méditer ces phrases de
Saint-Evremond (que je déplore de ne point rencontrer
dans le choix qu'en a donné le Mercure non plus qu'en
aucune anthologie) :
« Plutarque a jugé de l'homme trop en gros et ne l'a pas
cru si dilférent qu'il est de lui-même; méchant, vertueux,
équitable, injuste, humain• et cruel ; ce qui lui semble se
démentir, il l'attribue à des causes étrangères, etc».

Elles sont d'un enseignement admirable.
Toute théorie n'est bonne que si elle permet non le repos
mais le plus grand travail. Toute théorie n'est bonne qu'à
condition de s'en servie pour passer outre. La théorie

�280

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de Darwin, celle de Taine, celle de Quinton, celle de
Barrès... La grandeur de Dostoïewsky vient de ce qu'il
n'a jamais réduit le monde à une théorie, de ce qu'il ne
s'est jamais laissé réduire par une théorie. Balzac a
toujours cherché une théorie des passions ; c'est une
grande chance pour lui qu'il ne l'ait jamais trouvée.
Les plus importantes découvertes ne sont dues le
plus souvent qu'à la prise en considération de
tout petits phénomènes, dont on ne s'apercevait jusqu'alors que parce qu'ils faussaient légèrement les
calculs, estropiaient presque insensiblement les prévisions,
inclinaient imperceptiblement de-ci de-là le fléau de la
balance.
Je songe à la découverte de ces nouveaux « corps
simples» en chimie, d'isolation si difficile. Je songe surtout
à la décomposition des corps simples, des « corps » que la
chimie considérait comme « simples » jusqu'aujourd'hui.
Je songe qu'en psychologie il n'y a pas de sentiments
simples et que bien des découvertes dans le cœur de
l'homme restent à faire.
Je redis de La Rochefoucauld ce que Saint-Evremond
disait de Plutarque: « ..• Je pense qu'il pouvait aller plus
avant et pénétrer davantage dans le fonds du naturel.
Il y a des replis et des détours en notre âme qui lui sont
échappés ... S'il eût défi.ni Catilina, il nous l'eût donné
avare ou prodigue: cet alieni appetens, sui profusus, était
au-dessus de sa connaissance, et il n'eût jamais démêlé
ces contrariétés que Salluste a si bien séparées, et que
Montagne lui-même a beaucoup mieux entendues. »

JOURNAL SANS DATES

28r

***
DIALOGUE ENTRE RACINE ET LE P. BOUHOURS : 1
'BOUHOURS. ,-: Il est assurément fâcheux que vous
~ ayez P~ remed1er à cette répétition de sonorités que déjà

Je vous signalais lors de votre première lecture :
Vous mourates aux bords où vous fûtes laissée.
Se peut-il ~ue vous n'en soyez point gêné, vous dont on
a loué parfois la...
RACINE. - Mon ami, la grammaire avant l'harmonie.
~OUHOURS. - Est-ce à moi que vous l'enseignerez?
~-ais pourtant ne pensez-vous point que vous pourriez
1c1 les mettre d'accord ?
RACINE. - Vous savez que je m'y suis vainement
effor~é.. Je parle du vers qui précisément vous chagrine
et qm, Je vous l'avoue, m'a d'abord beaucoup tourmenté.
BOUHOURS. - Je vous ai proposé : « Vous trouvâtes
la mort » ~u lieu de « vous mourûtes » - ou de modifier
au ~ontr~re l'hémistiche suivant. Certainement vous y
~ss1ez arnvé si seulement vous ne vous étiez pas d'abord
dit que cela n'était pas possible.
.~CINE. - Je ne me suis point persuadé que cela
n et~t p~ possible ; mais, à mesure que je cherchais une
modification du vers, qui épargnât aux oreilles délicates
cette_ ré~étition de sonorités dont vous vous plaignez, j'en
venais a me demander s'il était bien nécessaire de tant
~- •• Co~eille _et Racine ont subi la règle; ce ne sont pas eux

~ 1ont faite. St, plus tard, par l'ascendant de leur génie ils sont
h evenus des autorités de langue, de leur vivant, ils se cor;igeaient
wnblement, l'un pour satisfaire Vaugelas, l'autre par res ect
pour le P. Bouhours, correcteur attitré du beau langage ,. p
BiwNoT.

Préface à l'HrSTOIRE DE LA LANGUE FRANÇAISE (p. xv)

�LA NOUVELLE REVUE

.,

FRANÇAISE

peiner pour chercher à éviter une répétition que proposait
la façon des'exprimer la plus prompte et la plus naturelle.
Bien plus, je me persuadai bientôt que certains pourraient
trouver dans cette répétition quelques charmes; et je vous
avoue que moi-même, à force de me redire ce vers, je
finis par y en trouver.
BOUHOURS. - On se persuade de tout ce que l'on veut.
RACINE. - Ne me poussez point trop, ou je vous dirais
bientôt, et je me persuaderais en effet, que ce vers_ je
l'écrivis précisément pour cette répétition, au contraire,
et que c'est cette répétition qui m'y plait.
BOUHOURS. - Si vous en êtes là, vous n'avez plus que
faire de mes conseils.

•••
Je pense qu'il y a dans la formation d'un « g~and
homme » quelque chose de particulièrement welltimed
et que son œuvre souvent doit à son opportunité une part
de sa grandeur. Molière, de notre temps, c'est peut-être
de Verlaine qu'il se fftt moqué, et cela eftt été fâcheux;
tandis qu'il était bon qu'il se moquât de Vadi~. Ses
qualités admirables étaient particulièrement appréctabl~
en un temps où c'était d'elles surtout que l'on avait
besoin (mais n'a-t-on pas toujours besoin de bon s~n~ ?).
Et cette sorte de joie pleine, de sagesse un peu triviale,
d'art un peu fruste, d'esprit un peu épais (que j'aime tant,
en lui) je ne dis pas qu'ils seraient moins de mise aujour:
d'hui, mais je doute qu'ils pussent produire aujourd'.hlll
des œuvres d'art aussi accomplies qu'ils le pouvaient
faire de son temps, et susceptibles de rallier les esprits
les meilleurs et les plus divers.

JOURNAL SANS DATES
Je dis tout cela, mais, à mesure que je l'écris, j'en suis
moins convaincu ; car enfin si Mirbeau n'est pas Molière,
il ne tenait qu'à lui de ne pas tant nous le montrer. _
Tout ce que l'on peut dire, sans doute, c'est que Je grand
homme est celui dont les qualités sont le mieux favorisées
par son époque, et qu'il y a entre elle et lui, comme une
sorte de complicité. Ainsi Verlaine au XVIIe siècle n'aurait
peut-être rien valu.

*•*
Dans ces vers de Baudelaire :

Là, tout n'est qu'ordre et beauté
Luxe, calme et volupté.
où le lecteur inattentif ne reconnait qu'une cascade de
mots, je vois la parfaite définition de l'œuvre d'art. Je 1
saisis à part chacun de ces mots, j'admire ensuite la
guirlande qu'ils forment et l'effet de leur conjuration ;
car aucun d'eux n'est inutile et chacun d'eux est exactement à sa place. Vo~ontiers je les prendrais pour titres &lt;les
successifs chapitres d'un traité d'esthétique :
1° Ordre (Logique, disposition raisonnable des parties).
2° Beauté (Ligne, élan, profil de l'œuvre).
3° Luxe (Abondance disciplinée).
4° Calme (Tranquillisation du tumulte).
5° Volupté (Sensualité, charme adorable de la matière
attrait).
'
*

**
Le souhait du romancier n'est pas de voir le lion manger
de l'herbe. Il reconnait qu'un même Dieu a créé le loup

�LA

NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

et l'agneau, puis a souri,« voyant que son œuvre était
bonne.»
*

**

Je n'ai pa.5 lu le livre de M. V. de Pallarès contre
Nietzsche mais dans« la Coopération des Idées», à propos
de ce livr~, quelques pages de M. G. Deherme, qui l'approuve tout en se demandant d'abord si N~etzsche a
suffisamment d'importance pour que cela vaille encore
la peine d'en parler.
.
.
« Pour bien apprécier l'œuvre de Nietzsche, Il faut
savoir ce que fut l'homme. M. de Pallarès nous montre
donc Nietzsche enfant prodigue (ou prodige ?) disciple
de Schopenhauer et de Wagner, critique se tournant avec
fureur contre son maître, contre son ami d'hier, souffrant
de tous ses nerfs, mégalomane, évangéliste, Zarathustra,
puis sombrant dans la démence complète douze ans a~ant
de mourir. Impulsif, instable, obsédé, neurasthéruque,
pharmacomane, ce fut un faible et un aboulique. C'est
pourquoi il ne parle que de ce qui lui manque surtout :
la force et la volonté. »
C'est l'accusation qu'on jetait au crucifié:« Si tu es le
Christ, sauve-toi toi-même!» Je la reconnais. Je ne rapproche point ici le Christ de Nietzsche, - encore que ·
M. Binet-Sanglé nous ait démontré naguère que le Nazaréen
n'était lui aussi qu'un malade et qu'un fou-je rapproche
seulement cette absurde accusation qu'on leur lance et
qui procède exactement de la même incompréhension.
Il est d'usage à notre époque de chercher aux_mouve~ents
de la pensée une cause physiologique ; et Je ne dis pas
, qu'on ait tort ; mais je dis qu'on a tort de chercher à JI
invalider par là la valeur propre de la pensée.

,I

JOURNAL SANS DATES

285

_Il est naturel que. toute grande réforme morale, ce que
Nietzsche appellerait toute transmutation de valeurs
soit due à un déséquilibre physiologique. Dans le bien~
être la pensée se repose, et tant que l'état de choses la
satisfait, la pensée ne peut se proposer de le changer.
(J'entends: l'état intérieur, car pour l'extérieur ou social
le mobile d_u ~éformateur est tout autre ; le~ premier~
s~nt ~es chimistes, les seconds des mécaniciens.) A l'origme d une réforme il y a toujours un malaise ; le malaise
~ont_ souffre le réformateur est celui d'un déséquilibre
m~éneur. Les densités, les positions, les valeurs morales
lw sont proposées différentes, et le réformateur travaille
à ,les réac.corder; i_l aspire à un nouvel équilibre ; son œuvre
n est qu un essai de réorganisation selon sa raison sa
logique, du désordre qu'il sent en lui ; car l'état d'i~ordi~~tion lui est intolérable. Et je ne dis pas naturellement
qu il suffise d'être déséquilibré pour devenir réformateur- mais bien que tout réformateur est d'abord un déséquilibré.
Je ne sache pas qu'on puisse en trouver un seul de

ceux qui proposèrent à l'humanité de nouvelles év~uations, en qui ces MM. Binets-Sanglés ne puissent découvrir
et avec raison, ce qu'ils appelleront peut-être une tare~
que je veux si~plement appeler; une provocation. Socrate,
Mahomet, Samt Paul, Rousseau, Dostoïewsky, Luther _
q~e M. Binet-Sanglé les énumère, qu'il m'en pro;ose
d autres encore: il n'en est pas un que je ne reconnaîtrai
pour anormal.
Et naturellement on peut penser ensuite comme ceux-ci
sans être déséquilibré soi-même ; mais c'est un état de
déséquilibre qui d'abord appela ces pensées à la rescousse,

�0

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.t

f

dont le réformateur avait besoin pour rétablir en lui
J'équilibre rompu. Il fallait précisément qu'un premier fût
malade pour permettre la santé de beaucoup. Rousseau
sans sa folie n'aurait donné qu'un indigeste Cicéron ; et
c'est précisément dans la folie de Nietzsche que je vois
le brevet de son authentique grandeur.
ANDRÉ GIDE

RÉFLEXIONS SUR
LA LITTÉRATURE
CRISTALLISATIONS
C'est une grande chance que de trouver, pour exprimer
une idée ancienne, permanente, humaine, une image élégante et neuve. L'idée paraît alors une âme qui cherchant
son corps l'a rencontré, elle pousse autour de l'image une
cristallisation vivante. Voilà précisément ce qui est arrivé à
l'image de Stendhal sur la cristallisation, autour de laquelle
cristallisent elles-mêmes toutes les facettes du livre de
l'Amour. M. Henri Delacroix vient d'ajouter à l'abondante
bibliothèque stendhalienne une Psychologie de Stendhal,
M. Camille Mauclair vient de reprendre dans la Magie de
l'Amour le beau problème de la cristallisation amoureuse.
Voilà une occasion de regarder de près une de ces images
fraîches au moment même où elle descend dans le mécanisme
de notre.pensée et s'incorpore à l'habitude de notre langage.

._M. Delacroix annonce dans sa préface l'intention d'intégrer expressément Stendhal à l'histoire de la psychologie
française au x1x0,_ siècle, histoire,Lque lui-même, l'ayant
professée ou devant la professer à la Sorbonne, se propose
d'écrire en toute sa suite. M. Delacroix a bien raison. Trop,
de philosophes, d'historiens de la philosophie paraissent

1 ,.

...

�288

1 t•

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

, encore demeurer à un stade de leur science analogue à celui
où en étaient je ne dis pas les historiens, mais les auteurs
de manuels d'histoire au temps de l'histoire-bataille. Ils
restreignent à on ne sait quel cercle noble étrangement
choisi la suite des noms qui leur paraissent compter. Dès
qu'on nous parle d'une lùstoire de la psychologie française,
écrite par un philosophe professionnel, nous avons instinctivement l'image d'une série de chapitres non seulement sur
Maine de Biran (qui a, celui-là, vraiment avancé dans l'étude
de l'homme), mais sur Jouffroy qui invoque souvent, et de
façon touchante, la révélatie&gt;n de la psychologie, et que la
psychologie traite comme !'Esprit Saint fait des prélats
dans la chanson de Béranger; sur Garnier dont le Traité des
F acuités de l' A me réalisa assez longtemps dans les bibliothèques universitaires une Summa psychologica ; ou, plus
prés de nous, sur Alfred Fouillée, dont la savonneuse Psycho• logie des Idées-Forces et ses complémentaires ne contiennent
pas plus de sens utile. En revanche ni Stendhal, ni Mérimée,
ni Balzac, ni Sainte-Beuve, ni Amie!, ni Rémy de Gourmont
n'y figureraient.
M. Delacroix, qui dans ses études sur le Mysticisme a
déjà annexé à l'étude de l'homme un domaine jusqu'ici trop
abandonné, entamera, comme le prouve son livre d'aujourd'hui, son sujet avec un esprit plus ouvert et plus souple.
Il aura d'ailleurs de la peine à définir ce sujet sous forme
d'une« histoire I suivie : si la psychologie est la connaissance
de l'homme individuel en tant qu'il sent, pense et agit, nous
voyons que cette connaissance, extériorisée en livres, résulte
de quatre lignées qui, au xix• siècle, tantôt se coupent et
tantôt divergent : les philosophes, les médecins, les mora• listes et les romanciers ; et il va falloir sans doute (pensons
à Tarde et à un livre comme les Fonctions mentales dans les
sociétés inférieures de M. Lévy-Brühl) y ajouter une cinquième, celle des sociologues; - et pourquoi pas une sixième,

IŒFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

celle des historiens ? (Les fortes tentatives de Taine et de
Sorel pour fixer la psychologie de l'époque révolutionnaire
appartiennent à la psychologie comme celles de Balzac et
de Stendhal pour fixer celle de l'époque où ils vivaient, et
toute psychologie bien faite d'une époque apporte une
lumière sur la nature gént!rale de l'homme.) ~ Joignez-y
même (vous ne serez pas au bout, mais vous atteindrez au
moins u~ chiffre consacré) comme une septième lignée la
plus ancienne, la plus obscure, la moins écrite, et, dans
les temps modernes la source vraie des autres : tout l'ordre
religieux qui cristallise dans l'Église catholique autour de
la confession auriculaire et qui pousse encore au xrx• siècle
de Lamennais à l'abbé Brémond, de vigoureux rameaux'.
Tout cela promet à M. Delacroix, qui a l'esprit assez assoupli
pour l'embrasser entière, une besogne bien délicate et
compliquée, mais bien intéressante.
. S'~ faut entendre, comme cela paraît raisonnable, par
histoire de la psychologie, l'histoire de la suite qui a contribué à notre connaissance de l'homme intérieur, peu de noms
Y compteront plus éminemment que Stendhal. M. Delacroix
a_ écrit un livre fort intelligent, mais la richesse psychologique de Stendhal est telle qu'arrivé à la fin de ce livre on
le voudrait au moins doublé pour qu'il répondît à son titre.
Le premier chapitre, Stendhal et l' Idéologie nous renseigne
exactement sur le rôle d'Helvétius et des Idéologues dans
la formation de Stendhal. M. Delacroix insiste uniquement
sur les lectures de Stendhal - et c'est son droit, c'est surtout la coutume des historiens de la philosophie de voir leur
1
sujet sous l'angle un peu spécial des dérivations d'idées
issues de lectures. (Qu'on songe au livre curieux de M. René
~erthelot sur Bergson, à l'arbitraire avec.lequel toutes les
idées de Bergson sauf une, sont rattachées à tel philosophe,
et à l'étrange conception qui le montre par exemple empruntant « l'idée de vie I à la médecine vitaliste ou à Schelling).
19

�290

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Les livres, surtout celui d'Helvétius, ont évidemment une
influence sur Stendhal, mais la formation de son sens psychologique est due à tout autre chose que ses lectures, qui dans
les lettres à sa sœur donnent lieu aux commentaires les
plus superficiels et les plus contradictoires. Entre vingt et
vingt-cinq ans il est surtout occupé de vie mondaine et
d'analyse. Quand il veut faire travailler à Pauline la Logique
de Condillac, lui faire apprendre par cœur l' A f't Poétique de
Boileau, dont il dira ensuite pis que prendre, ses conseils
partent évidemment d'un fonds moins important, moins
vraiment stendhalien que lorsqu'il veut lui faire prendre, en
1805, l'habitude d'analyser les personnes qui l'entourent,
(•L'étude est désagréable, mais c'est en disséquant des malades que le médecin apprend à sauver cette beauté touchante •) ou lorsqu'il contracte dans ses premières relations
mondaines l'aptitude à traduire par une algèbre psychologique les valeurs les unes dans les autres (« Notre regard
d'aigle voit, dans un butor de Paris, de combien de degrés
il aurait été plus butor en province, et, dans un esprit de
province, de combien de degrés il vaudrait mieux à Paris•).
C'est à cette époque que Stendhal s'accoutume (héritier ici
de Montesquieu qui ne paraît point, je crois, dans ses lectures)
à rattacher instantanément un trait sentimental à un état
social, à mettre en rapport par une vue rapide le système
politique d'un pays avec ses façons de sentir. Ainsi, en 1803,
il est évident « que le Français actuel, n'ayant pas d'occu1 pation au forum, est forcé à l'adultère par la nature de son
gouvernement,. Tout le Rouge et le Noir sortira de rapports
de ce genre, et Taine, grand lecteur de Stendhal, et, lui, de
formation très livresque, s'en inspirera évidemment (le Voyage
en Italie nous rend les Mémoi,-es d'un Touriste surchargés
de pâte oratoire). En tout cas il y a là une ligne
authentique de la psychologie française, peut-être plus
importante que l'influence de Tracy, et dont la place

UFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

291

dans l'œuvre complète de Stendhal est considérable.
Mais enfin, il faut plutôt s'arrêter sur ce que M. Delacroix
nous donne dans son livre que sur ce que, pour des raisons
dont il est seul juge, il ne nous donne pas. C'est restreindre
à l'excès l'activité et l'œuvre de Stendhal que de nous dire
que &lt;&lt; Stendhal s'est appliqué par-dessus tout à décrire et à
analyser l'amour et la musique. » Il s'est appliqué à décrire
et à analyser la vie sur presque tous ses registres et dans
presque toute son extension. M. Delacroix en a retenu ses
idées sur l'amour qui font l'objet de son second chapitre, et
ses idées sur l'art, qui font l'objet du troisième et dernier.
Il les expose avec lucidité, et les apprécie, dans une conclusion intéressante, justement.
M. Delacroix a choisi pour exposer la « théorie , de Stendhal une méthode analytique qui fausserait son sujet s'il
s'agissait par exemple de Rousseau, mais qui ici, ayant pour
effet de ramener l'exposé de Stendhal à celui de ses maîtres
ou demi-maitres, les Idéologues, s'accepte parfaitement. Il
me semble qu'au risque de paraître moins transparent et
moins complet, on pourrait aussi bien suivre la méthode
inverse, projeter le livre analytique et explicatif de l'Amour
dans l'ordre synthétique, esthétique et vivant où se plaçait
Stendhal lorsqu'il écrivait le Rouge et la Cha,-treuse.
Lui-même nous y invite. L'amour, comme M. Delacroix
le montre fort bien, est lié chez Stendhal à la musique, il
estchargédemusique comme la musique est chargée d'amour.
« Pour comprendre les amours de Stendhal il faut se rappeler
la musique. En amour une sensibilité d'artiste, une sensibilité de musicien; en art, la sensibilité d'un amoureux; de
la réserve amoureuse et musicale; ni tout à fait un musicien,
ni tout à fait un amoureux; voilà Beyle amoureux et musicien.• Ce qui fait le charme du livre de l'Amour, c'est beaucoup cette présence, cet afileurement de la musique, et, au
bout des petites phrases sèches et décisives à la Montesquieu,

�••

t

1

292

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ce commencement de cristallisation musicale comme une
rosée qui pointe au bout des herbes fines. De ce point de
vue, l'amour-vanité, l'amour-goût, l'amour-passion, le
mouvement qui conduit Stendhal de l'un à l'autre, quilui fait
apercevoir l'un comme un rêve à l'horizon de l'autre, prennent
une valeur musicale. Son idée de la passion, de l'énergie
tenues pour valeurs suprêmes et fixées pour les sens par la
nature italienne, il faut l'accepter pour une idée musicale,
à la fois très intérieure à Stendhal et détachée de lui. Qu'on
plonge dans le bain musical, pour la faire passer à la vérité
et à la vie, cette notation juste de M. Delacroix:« L'énergie
est chez lui-même l'aspiration à l'énergie, le rêve de l'énergie, la nostalgie d'un passé historique plutôt que la puissance de construction d'un avenir. •
L'image de la cristallisation qui forme le leit-motiv du
livre est à la fois le produit d'une imagination musicale et
l'expression d'une réalité musicale, figure de la réalité amoureuse : « Il me semble, dit Stendhal dans une lettre, qu'aucune des femmes que j'ai eues ne m'a donné un moment
aussi doux et aussi peu acheté que celui que je dois à la
phrase de musique que je viens d'entendre. • La musique,
surtout telle que la goûtait Stendhal qui n'y sentait qu'un
motif de rêverie, c'est le monde et l'acte mêmes de la cristallisation parfaite, de sorte que Beyle, amoureux de second
plan, simple amateur en musique, se définirait peut-être
comme un cristallisateur. Son plaisir propre n'est absolument ni d'aimer, ni de goûter la musique, mais de cristalliser à propos de l'amour et à propos de la musique.
Il cristallise sur ces deux registres, et aussi sur un troisième, celui dont témoignent les MémoiYes d'un Touyiste,
les Promenades dans Rome, le J out:nal, celui des idées :
penser, apercevoir des rapports, lui donne une joie aussi
vive peut-être que découvrir des perfections nouvelles chez
sa maîtresse ou descendre au fil voluptueux d'une musique

I

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE .

293

italienne. Ces trois registres ont suffi sans doute à en faire
un homme après tout pas malheureux.
Voyez-le, en bon fils du xvme .siècle, incapable de cristalliser sur le registre religieux, au point d'écrire des sottises •
comme celle-ci: « C'est uniquement pour ne pas être brûlée
en l'autre monde, dans une grande chaudière d'huile bouillante, que Mme de Tourvel résiste à Valmont. Je ne
conçois pas comment l'idée d'être le rival d'une chaudière
d'huile bouillante n'éloigne pas Valmont par le mépris. ,
Mme de Tourvel n'est nullement représentée comme
une dévote stupide, et Stendhal paraît ignorer que la formation d'une conscience religieuse est une cristallisation très
complexe et très admirable. L'ignorance de la cristallisation amoureuse amènerait pareillement un homme grossier
à trouver ridicule qu'un amoureux se donne tant de peine
pour obtenir d'une certaine femme un plaisir que cent
femmes entre lesquelles il peut choisir lui procureraient à
l'instant. Le signe de l'acte sexuel tient dans l'amour normal
à peu près la même place que la chaudière bouillante dans
la religion normale. Voilà une des limites de Stendhal, et
bien visible.
Dire que Stendhal n'est ni un amoureux, ni un philosophe,
ni un musicien, mais un peu de tout cela en ce sens qu'il est
essentiellement un cristallisateur, cela revient à le définir
. comme un artistè. La définition de l'œuvre d'art correspond 1
1trait pour trait à celle de la cristallisation. Le Rouge et la
ChaYt,euse ont cristallisé autour de faits et de lectures que
nous connaissons, de rameaux d'arbre dont aujourd'hui «les
plus petites branches, celles qui ne sont pas plus grosses
que la patte d'une mésange, sont garnies d'une infinité de
diamants nobles et éblouissants : on ne peut plus reconnaître le rameau primitif. •
Un grand amour est proche de l'œuvre d'art, et il n'y a pas
d'œuvre d'art qui ne soit parente de l'œuvre d'amour. Les

�2 94

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

deux œuvres forment deux espèces d'un genre que l'on peut
bien appeler avec Stendhal la cristallisation. La psychologie
qui a pris après Stendhal la suite et le sillon des analystes du
xvme siècle l'a fort bien étudiée. Après que l'associationnisme
anglais l'eut considérée du dehors, une analyse plus serrée
s'est efforcée de la pénétrer dans sa chimie intime; la théorie
la plus neuve de la psychologie de James, celle de l'émotion, est une théorie de la cristallisation psychologique;
M. Pierre Janet a fait une étude clinique de cristallisations
pathologiques; on tirerait des deux premiers chapitres de
l'Essai sur les Données immédiates de la Conscience un
schème élégant et profond de la cristallisation; et c'est cette
même cristallisation, appliquée à l'ordre même de l'amour
qu'étudie en Allemagne avec un pédantisme charlatanesque
1
qui ne doit pas nous faire méconnaître de profonds coups de
sonde, l'école de Freud.
Mais si la cristallisation amoureuse et la cristallisation
artistique sont deux espèces d'un même genre, chacune de
ces espèces tend à réaliser sur son plan des virtualités de ce
genre particulières et qui s•excluent. A l'état naissant ou
faible les deux cristallisations peuvent se confondre : ainsi
le débutant ou la femme de lettres raconteront avec candeur
dans un roman toute leur propre aventure amoureuse,
cristallisée directement. J'ai lu le raisonnement suivant de
Madame Aurel, que je mets en syllogisme pour être plus court:
Il n'y a rien de plus beau qu'une belle lettre d'amour. -Les
plus belles lettres d'amour sont écrites par des femmes. Donc le jour où les femmes feront imprimer des lettres
d'amour de 300 pages in-18 sous couverture jaune-paille,
elles auront écrit les plus beaux livres du monde. Attendons.
Mais jusqu'à présent tout au moins ce n'a pas été du tout la
même chose. Un grand et parfait amour, un chef-d'œuvre
sentimental, demandent des âmes orientées d'une certaine
façon, et qui s'y donnent entières. Aucun grand artiste ne

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

2 95

paraît avoir réalisé un de ces amours absolus : on ne saurait
même les imaginer chez les héros suprêmes, un Platon, un
Léonard ou un Goethe, dont les cristalli~ations amoureuses
ne peuvent vivre que comme essais, ébauches de leurs
cristallisations esthétiques. Parmi les autres, les exceptions
sont rares, toute~ confirmeraient la règle ; passez en revue
les grands artistes du x1xe siècle, dont on extrait pièce à
pièce les correspondances et les confidences. Que Béatrice
ait ou non existé, on ne saurait se tromper sur la nature de
la cristallisation qu'elle a subie chez Dante, et toutes les
femmes qu'ont idéalisées tour à tour les descendants du
grand poète ont trotivé autour d'elles parfois comme une
prison ou une meurtrissure la cristallisation de l'art là où
elles attendaient le voile diaphane de l'autre cristallisation.
Un livre sur l'amour, et celui de Stendhal aussi bien que
la Vita Nuova, répond donc à une cristallisation esthétique,
et l'effet de cette cristallisation esthétique est de donner
le sentiment authentique et présent de la cristallisation
amoureuse. Il y a eu des cristallisations héroïques d'amour,
dans le monde cythéréen l'équivalent des Platon, des
Léonard et des Goethe dans le monde apollinien ; il y a eu
des Stendhals d'amour analogues au Stendhal de lettres. Il
serait contradictoire que nous les connussions. L'amour a
sa nuit, le poids et le secret des ténèbres dont il se nourrit,
et c'est la lampe de l'intelligence, la lampe sous laquelle
Platon écrit le Phèdre et le Banquet, que Psyché élève sur
son époux et d'où une goutte de l'huile qui éclairait l'Idée de
&lt;l'Amour suffit ici à brûler, à exiler l'Amour.

•••
Depuis le livre de Stendhal rien n'a p aru sur ce sujet de
considérable qu'après la Physiologie de M. Bourget les deux
Essais sur l'Amour,dont M. Camille Mauclair vient de publier

�•

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

le second, laMagiede l'Amour. Ce livre n'a pas eu besoin d'être
babillé de vert par M. Alcan pour exprimer une philosophie
àuthentique et pour proposer sur l'éternel sujet des idées
neuves et bien pesantes. Et nul n'était plus qualifié pour
l'écrire que M. Mauclair. Je crois bien qu'il est seul aujourd'hui
à représenter un type complet de critique esthétique, à
qui sont familières chacune des trois branches de l'art, plastique, littéraire et musicale, et qui sait constamment les
réunir par des lianes souples d'idées générales. Son Charles
Baudelaire, ses monographies sur la peinture du dix-huitième
siècle, sa Religion d6- la Musique montrent excellemment
à quel point cette place centrale dans le monde du beau
permet une critique riche et vivante. Mais entre les bosquets
et les eaux de cette place centrale, nécessairement on trouvera un monument à l'Amour. Si l'œuvre d'art garde les
traits de l'œuvre d'amour, la préoccupation de l'art ne va
pas sans préoccupation d'amour. L'art, la critique, à plus
forte raison la critique esthétique générale, exigent cette
préoccupation. Otez de Sainte-Beuve l'atmosphère amoureuse
' qui lui fait comme sa troisième dimension vivante, retranchez de lui ce qui par tous les interstices des Lundis s'insinue,
palpite et fleurit du Livre d'amour, de Volupté, et des voluptés moins singulières de son dernier âge, vous aurez sans
doute un Gustave Planche quelconque. L'amour, qui est
le tout absolu de la cristallisation amoureuse, fait une
grande part de la cristallisation artistique. Et j'imagine
volontiers comme troisième des essais de M. Mauclair sur
l'Amour, une Magie de l'Art, à laquelle les dernières lignes
de son livre actuel semblent préparer, comme les dernières
lignes del' Amour physique préparaient la Magie de l' A mou,.
Comme le titre l'indique la Magie de l'Amour est une
étude nouvelle de la cristallisation. Ce livre et celui de
Stendhal se font suite, dans l'ordre du développement philosophique, de façon curieuse, nous donnent la sensation

RiFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

297

très nette de ce que la philosophie de la vie a ajouté à la ,
philosophie analytique du dix-huitième siècle. Voyez comme
M. Mauclair transfigure l'idée de cristallisation en la transportant dans l'ordre du temps. « Le spasme est une incursion
momentanée dans la mort, un essai de morf: permis à l'être
vivant par la nature. S'étreindre, c'est se jeter à deux dans
la mort - mais avec la faculté d'en revenir et de s'en souvenir... Ceux qui accomplissent le rite sans croire, l'acte
sans aimer, ne songent qu'à l'agrément de cette névrose et
non à la conséquence métaphysique et tragique de l'étreinte.•
Mais l'acte d'amour vrai « cette seconde de la projection
vitale n'étant qu'un éclair entre deux infinis, qu'est-ce donc
que l'idée de possession ? C'est l'idée désespérément chimérique que cette seconde puisse constituer, de par la volonté
qui la répétera, un état permanent de la vie. Et tous les
artifices sentimentaux que nous avons inventés pour orner
l'amour n'ont été en réalité inventés que pour occuper les
intervalles entre les étreintes. Le but essentiel de ceux qui
s'aiment est de créer et de connaître ensemble, par la conjonction psychique et charnelle, l'élan vers la mort, vers la
dépersonnalisation intense : et comme leurs forces physiques
leur défendent la constance de cet élan vers lequel ils tendent
sans cesse, leurs existences ne sont que des conversations
reliant quelques instants de vertige suprême.• Le caractère
tragique de don Juan implique une grande puissance de
cristallisation instantanée jointe à une impuissance à cristalliser dans le temps. Ses conversations ne peuvent que
préparer des instants et jamais les relier. c Il est l'image
parfaite de l'inanité de posséder. •
Cette cristallisation amoureuse dans le temps ne nous
révèle-t-elle pas un parallélisme avec la cristallisation artistique ? L'artiste vrai est celui dont les œuvres vivantes
sont cristallisées autour de ses moments d'inspiration, de
façon à former une série, à remplir harmonieusement une

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

durée. L'amour parfait arrive à noyer les instants de possession charnelle dans une telle constance et une telle habitude de possession générale qu'ils cessent presque d'être
des instants privilégiés, ne participent plus qu'à ce privilège
général d'une vie nombreuse, élastique et tendue, qu'ils
relient ces «conversations • tout autant que ces conversations les relient. Il en est de même des moments d'inspiration. Il y a dans les Contemplations une admirable pièce,
Ce,-igo, où Victor Hugo rend sensible comme une palme
d'étoiles cette cristallisation de l'amour dans le temps. On
pourrait la transporter tout entière dans le monde de son
art, dans le rythme intérieur de la création hugolienne, de
l'ordre de Vénus dans celui d'Apollon. Cette pièce de Hugo,
M. Mauclair qui ne s'en souvenait sans doute pas à ce
moment, nous en a rendu le sens et même un peu le mouvement dans son très beau morceau sur la Vieillesse des Amants.
Comme il étend la cristallisation dans la durée, M. Mauclair
l'étend dans l'ordre de l'être et s'efforce de le faire sortir de
l'individualisme où Stendhal, selon lui, l'a trop enfermée.
« La cristallisation de Stendhal dit-il, ne définit qu'un amour
unilatéral : elle exprime ce qui se passe dans le moi d'un
être songeant à rechercher un autre être, elle n'explique pas la
réciprocité de cette recherche et c'est en quoi elle n'est pas
complète. A la cristallisation je suis enclin à substituer la
polarisation. S'il nous est donné aujourd'hui de concevoir
l'être humain comme un faisceau d'énergies nerveuses
capables d'émissions électriques, fluidiques, magnétiques,
et susceptible des actions et réactions propres à ces états, il
nous sera donné par là-même de situer la naissance de l'amour
à l'instant où ces émissions se combinent avec celles d'une
autre créature, et où les unes et les autres se polarisent. •
Il y a pourtant cette différence que la cristallisation est une
idée fort claire parce qu'elle ne veut être qu'une métaphore,
tandis que la polarisation de M. Mauclair devient peut-être

RÉFLEXIONS

SUR LA LITTÉRATURE

2 99

obscure et contestable dès qu'il veut y mettre une réalité
positive. En tout cas, si nous la prenons comme une image,
au même titre que la cristallisation, c'est une image commode,
profonde et vraie. M. Mauclair a montré avec beaucoup de
force et d'éloquence que la réalité en amour c'est le couple
et non l'individu. Et l'on montrerait de même que la réalité
vraie dans l'art ce n'est ni l'artiste, ni l'œuvre, c'est l'artiste
et l'œuvre présents l'un dans l'autre et vivantl'un par l'autre.
L'amour individuel, • l'amour éprouvé se complaisant en soi
et se bâtissant lui-même toute sa tragédie ,, cet amourpassion que Stendhal goûtait chez les autres avec un plaisir
un peu artificiel, est, pour M. Mauclair, à l'origine de toutes
les folies, de toutes les déchéances et de tous les crimes.
• Par l'amour-passion deux créatures s'entre-tuent : dans
l'amour partagé elles s'accordent à reconnaître avec humilité, avec ferveur mutuelle, l'urgence de protéger contre
toute société leur total isolement », et M. Mauclair analyse
admirablement trois couples, Baudelaire et Mme Sabatier,
Adolphe et Eléonore, Des Grieux et Manon.
Nous avons vu la cristallisation artistique s'accompagner
chez Stendhal comme d'une rançon d'un refus très net de
comprendre d'autres cristallisations, telles que la cristallisation religieuse. Or le couple est construit, par l'art abstrait
et rigoureux de M. Mauclair, de manière à exclure toute
cristallisation autre que l'amoureuse. M. Mauclair, du point
de vue du purisme esthétique qui exige le couple parfait et
nu, le défend ardemment contre la cristallisation sociale,
s'attache à en écarter le moindre grain et le moindre soupçon, et une partie de son livre est consacrée à une attaque
véhémente contre toute intrusion de la société dans l'amour
et en particulier contre le mariage.
Ce n'est point ici le lieu de discuter ces idées. M. Mauclair
écrit des pages pleines de verve sur l'hypocrisie du mariage
bourgeois, sur le ridicule d'une journée de noces et J.:.pdieux

�•

300

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

fréquent de la nuit qui la suit. Je n'en veux rien contester,
mais je songe à la chaudiêre d'huile bouillante de Stendhal.
Non point que je compare le mariage à cette chaudière,
mais bien au contraire, parce que je vois là le signe que
M. Mauclair refuse d'accepter une cristallisation étrangêre à
l'amour. Il y a pourtant une cristallisation sociale comme il
il y a des cristallisations amoureuse, esthétique et religieuse.
Montaigne, devant un grave président au Parlement, se
donnait à part soi la comédie en l'imaginant dans l'entretien
le plus tendre avec sa femme. Ce président était peut-être
partie dans un couple idéal, héros de la cristallisation
amoureuse. Et Montaigne ne le trouvait ridicule que parce
qu'il lui était extérieur. Le mariage, point de départ de la
cristallisation sociale, le mariage bourgeois fondé sur l'argent
peut être ridicule ou odieux du point de vue de l'amour, du
point de vue de l'art, du point de vue de la religion. Mais
depuis des milliers d'années, il est incorporé à notre civilisation : notre société, notre vie et même en partie notre
bonheur ont cristallisé sur lui. Si l'amour était purement
physique il ne nous occuperait que peu d'instants. M. Mauclair a montré que la cristallisation dans la durée consistait
à relier ces instants pour les amalgamer à un tout vivant.
C'est bien. Mais ces quelques instants ont aussi une valeur
pour la société, puisqu'ils servent précisément à la perpétuer,
et que la perpétuité sociale est embranchée sur cette discontinuité de l'acte sexuel. Il est donc naturel et nécessaire que
la société ait construit, elle aussi, sa cristallisation. L'interférence de ces cristallisations donne à la vie son illogisme,
son tragique, son nerf. Une société sans le mariage bourgeois ne se conçoit guêre que sur le papier, dans une Salente
arbitraire (j'en atteste le rêve même de M. Mauclair sur la
procréation par l' « eugénie »). Mais la cristallisation amoureuse et la cristallisation artistique seraient-elles si belles
et iraient-elles si haut si elles n'avaient devant elles, parfois

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

301

comme leur mur de prison et parfois comme leur image
idéale la cristallisation sociale ? Cette cristallisation sociale
(dont Emile Augier fut le Frayssinous ou le Nicolas),
M. Barrês ou M. Maurras seraient bien capables d'en écrire
la Magie, comme Chateaubriand, dans son Génie du Christianisme (Stendhal ne pouvait le souffrir) a écrit une cristallisation, une Magie de la Religion.
Je souscrirais volontiers à ces mots de M. Mauclair (qui
servent encore à nous montrer la pénétration de sa Magie
de l'Amouretd'une Magie de l'Art) :«La caste des artistes
est au monde la plus isolée avec celle des amants, et presque
pour les mêmes raisons : désaveu universel, faculté de se
priver du consentement universel, vaste aspiration vers la
solitude, possession de secrets transfigurateurs. L'une et
l'autre caste sont lentement et sournoisement éliminées
par la société qui les déteste, les jalouse, s'irrite de les deviner
rétives à toute assimilation et libérées de sa morale conventionnelle, et elle ne songe qu'à les reléguer comme indésirables hors de ses frontiêres. ~ C'est exact. Mais l'état social
a ses exigences comme l'art a les siennes et l'amour les
siennes. Il n'y a pas de cour d'arbitrage, de société de ces
nations idéales qui puisse arranger leur conflit, et l'on ne
peut souhaiter ni même supposer qu'un des trois disparaisse.
Les termes, l'accent, le rythme même de pensée qu'emploie
ici M. Mauclair sont presque des lieux communs des
prédicateurs chrétiens (voyez le sermon sur la Haine de la
Vérité et bien d'autres de Bossuet), lorsqu'il veulent marquer la place de la société spirituelle de l'Église, dans le
monde qûi la déteste et l'assaille. L'Eglise tout en se plaignant de ne pouvoir réaliser son absolu, s'arrange pour
réaliser quelque relatif, quelque fragment de la Jérusalem
céleste - le réaliser dans la société, contre la société et même parfois par la société puisqu'elle est elle-même,
comme toute société spirituelle, une société quelque peu

�302

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

politique. Le malentendu, l'hostilité de l'artiste et de la
société ne sont pas niables, mais le tempérament de l'artiste
fait sa partie daus ce malentendu, et il y aurait peut-être
quelque chose de pire qu'une société sans artistes, à savoir
une société d'artistes. (M. Louis Forest écrivit autrefois sur ce
thème un Voleur d Enfants, amusant.) Cette guerre entre les
directions humaines, c'est l'être même de l'humanité. Chacune
en sa loi cherche en guerre sa lumière. Même l'Amour... Y a t-il
un couple amoureux, si parfait, si génial soit-il, dans lequel
- sans aller jusqu'à l'imprécation de Samson - le malentendu foncier des sexes n'apparaisse ou n'affleure? Le mieux
auquel atteigne alors l'amour le plus fidèle et le plus tendre
ne consiste-t-il pas à amnistier, à pardonner, à tout
reporter sur l'être fondamental et préhistorique du sexe,
brutalité de l'un et perfidie de l'autre, qui doivent bien
montrer çà et là comme des os sous la chair leur résistance,
afin d'être amollis et réduits sous l'amour mutuel ? Les
malentendus de l'amour et de l'art avec la société seraientils, pour une intelligence, plus graves ?
Pour arriver à cette pacification il n'y aurait qu'à suivre
sur un plan plus large le rythme même du livre de M. Mauclair.
Tout ce livre est écrit pour aboutir à la troisième partie,
le Miracle de l'Amour, et pour orienter ce miracle même
vers celui du rythme universel, de l'ordre profond du monde.
Les deux parties précédentes étaient un discours sur l'amour;
ici c'est l'Amour même que l'artiste, dans ces trois chapitres
sur le Sommeil dans l'Amour, la Solitude de l'Amour, l'Amoi,r
et la Mort, s'efforce, sans abandonner son beau flux oratoire,
de réaliser en images et en phrases comme un autre art le
formulerait en marbre ou en couleurs, comme Watteau l'a
incarné dans cet Embarquement pour Cythère dont M. Mauclair a écrit la transposition mystique.
cc Si chacun de ces frêles personnages errants dans un
paysage d'or rose figurait un état du rêve, où allaient-ils

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

303

tous, et qu'est-ce qui les incitait à tourner ainsi le dos, avec
une obstination douce, à l'existence réelle d'où je les contemplais, pour s'aller perdre de mirage en mirage dans les zones
successives de cette vaporeuse bleuité? Ils s'en allaient au
delà de la volupté elle-même vers cette conjonction et cette
dissolution qui sont à l'image de la mort. Ils partaient,
oublieux, vers cette lueur éthérée et azurée qu'entrevoit sous
les paupières closes, le regard dilaté par l'amour. Et cette
lueur éclaire une région où il n'y a plus ni devoir, ni morale,
ni chair, mais seulement le rythme universel dont le rythme
de l'étreinte corporelle n'est que le faible et tremblant
présage. Et pour y aller vivre, ils répudiaient notre vie. »
Le rythme de l'étreinte corporelle n'est que présage
dans l'Amour total, mais l'Amour lui-même n'est que présage
pour cette région plus vaste du rythme universel, il n'est
lui-même que l'un des couples de Watteau, le plus près,
levé droit, de l'étang azuré; les autres s'approchent, faits
à son image et qui épousent son mouvement, et il existe
un certain degré de musique, point étranger à !'Embarquement, où l'on sent à la fois et que l'amour n'est plus rien et
que rien n'est plus qui ne soit l'amour.
ALBERT THIBAUDET

�NOTES

NOTES
VOYAGES D'UN StDENTAIRE, par Francis de Miomandre (Émile-Paul).

'.•

M. Francis de Miomandre appartient à cet ordre de natures
heureuses et peut-être de gens heureux (mais il porte une
chemise et, si j'en crois certaines pages de son livre, elle
est du bon faiseur, et il ne nous dissimule pas tous les ennuis
qui se rallient au drapeau blanc auquel nous avons cou·
tume de nous incorporer), de gens peut-être heureux qui, en
tous cas, ont au moins le bonheur certain d'habiter un monde
qui leur appartient et qu'ils gouvernent en toute souveraineté.
Ce monde, c'est lui-même évidemment, et les Voyages d'un
sédentaire sont la tournée d'un propriétaire qui porte tous ses
biens avec lui, mais M. de Miomandre, je l'ai déjà dit, n'est
pas un philosophe nu. Il ne se complète pas seulement, comme
Herr Teufelsdroeck, par des habits, mais par tout un petit
peuple environnant, toute une limaille de fer qu'attire
incessamment l'aimant sympathique de ce charmant esprit
et dont les dix promenades Autour de ma table nous donnent
l'inventaire minutieux. (La seconde partie du volume, recueil
de chroniques parisiennes d'été, n'a pas le même intérêt.)
Car la table de travail de M. de Miomandre est un monde,
une forêt de symboles qui observent l'artiste avec ces regards
si familiers I Personne depuis Andersen et le Grillon du foyer
n'a plus délicatementanimélesêtresfabnqués parmi lesquels
nous vivons. Ce n'est pas lui qui hésiterait, comme Platon,

305

sur ~e problème de savoir s'il y a des Idées des objets
fabnqués. La fantaisie intelligente de M. de Miomandre ne
figure-t-elle pas comme une survivance et un clair de lune
d~ l'~ttention amicale et délicate avec laquelle l'homme
f~isait autrefois les poteries et les corbeilles appelées à
1 accompagner toute sa vie dans sa caverne ou sa tente?
Mais_ T_h_é~phile Gautier disait qu'on reconnaît qu'un peuple
est c~vilise quand il ne sait plus faire un vase ni une corbeille.
AusS1 devons-nous aimer la source fraîche d'ingénuité que
M. de Miomandre, en tournant le dos de son fauteuil à
notre civilisation sans âme sait faire jaillir de sa table.
. J'ai nommé Andersen et Dickens. Ce n'est pas que je
tie~e.beaucoup à cette comparaison qui ne vaut que par
u~ biais rapide. Il me plairait davantage de donner à M. de
Miomandre un masque d'Extrême Orient, de le voir

Imiter le Chinois au cœur limpide et fin.
Lorsq_u'il écrivit !'Aventure de Thérèse Beauchamp, un
lecteur mnocent, m'a-t-on dit, demandait : « Evidemment
ce~ n:est pas mal, mais quelle idée bizarre d'y avoir mis un
Chinois ? • M. de Miomandre y avait mis un Chinois du même
fonds dont il s'y était mis lui-même, dont il y avait mis
son art. Il ne pouvait pas ne pas y mettre de Chinois. Le
Chinois est aussi naturel dans un roman de M. de Miomandre
q~el'o~cierdans un roman d'aujourd'hui. Vaut-il même pour
IU1 la peme d'aller chercher ses Chinois en Chine. La fantaisie
d'Au Bon Soleil et du Veau d'Or, qui sont copiés sur la vie
réelle, dégage des personnages les plus ordinaires toutes leurs
puissances singulières, et paradoxalement chinoises.« Comment
peut-on être Persan ? » se demandaient autrefois les Parisiens.
« Comment peut-on ne pas être Chinois? » leur demanderait
M. de Miomandre. M. Gabriel Moureya traduit dernièrement
dans la Bibliothèque universelle et Revue suisse (où personne,
malheureusement, ne va le chercher) un délicieux Livre du
20

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Thé, de !'écrivain japonais Okakura Kakotzo. Mettez-le dans
votre bibliothèque lorsqu'il aura paru en librairie, entre
l'Aventure de Thérèse Beauchamp et les Voyages d'un Sédentaire. Vous aurez le sentiment d'un accord que je ne veux pas
déflorer et que je vous laisse le plaisir d'éprouver tout neuf.
Vous suivrez l'ordonnance du docteur Paul-Louis Couchoud
dans ses Sages et Poètes d'Asie, vous 1habituant à considérer
la vie sous le double et complémentaire aspect des deux
moitiés de l'humanité, Occident et Extrême Orient, et vous
rendrez grâces à Francis de Miomandre du beau voyage par
lequel, sans quitter Paris et sa table, sans rien nommer de
japonais et sans même vous présenter son Bouddha, il vous
y aura précédé. Il est probable que dans une cinquantaine
d'années le terme d'Extrême Orient sera, pour une sensibilité et une intelligence cultivées, quelque chose d'aussi riche,
complexe, animé que l'est pour nous aujourd'hui le mot
d'Orient. Les Goncourt l'avaient '.fort bien pressenti, mais
il faudra sans doute encore quelques générations pour faire
passer définitivement du monde du bibelot au monde de la
vie ces valeurs de connaissance et de goût. Quelques livres,
quelques façons de sentir d'aujourd'hui, forment de bons
points de repère pour cette route future.
ALBERT THIBAUDET

•••
LA MftLÉE SYMBOLISTE, par Ernest Raynaud (La
Renaissance du Livre).
M. Ernest Raynaud compte consacrer trois volumes à la
Mêlée Symboliste, et le premier, celui-ci, va de 1870 à 1890.
Il n'y faut guère chercher que des anecdotes et des portraits
symbolistes, et l'histoire anecdotique du symbolisme tient
déjà un fort rayon de bibliothèque. La postérité n'aura
aucun mal à identifier les cafés de la rive gauche où fut
renouvelée la poésie française. Les portraits et souvenirs
de M. Raynaud, fort intéressants, apportent à ce dossier

NOTES

une contribution bienvenue. On appréciera dans ses portraits la bonhomie, la modération et la justesse. La fondation
du Dkadent et la figure de cet étrange Baju lui fournissent
de bonnes pages. Les quelques lignes où il caractérise Baju
qui imprima ses premiers vers, sont d'un tact qui est rare
dans les souvenirs de ce genre, souvent bourrés de méchancetés grimaçantes. Le bon ton que garde ici M. Raynaud ne
rend pas son livre moins savoureux, et sauvegarde la décence
du monde littéraire. (Heureusement pour cette décence et
pour cet honneur des lettres, il est inexact que Théophile
Gautier ait jamais, comme le dit M. Raynaud, traité Racine
de polisson. L'auteur de cette obscénité est un nommé
Granier de Cassagnac qui n'a aucun rapport avec la littérature.) M. Raynaud excuse comme il peut les • mœurs de
Caraïbes• et les outrances de langage que l'on a reprochées
aux symbolistes. Il estime que les romantiques et les naturalistes leur ont donné l'exemple. Je ne veux pas entrer
dans cette discussion : la mêlée symboliste est une mêlée
au-dessus de laquelle nous n'avons aujourd'hui aucune
peine à nous tenir. Mais il y eut là, je crois, plus que le duel
ordinaire de deux générations dans une corporation de mœurs
irritables et difficiles. Il y eut le principe d'une véritable
scission qui fut aiguë pendant une dizaine d'années et qui
dure encore jusqu'à un certain point. Cette rupture entre
deux générations, cette difficulté pour l'une de se mettre
• à la page • de l'autre, cette division de la littérature en
exotérique et ésotérique sont des traits particuliers à ces
cinquante dernières années, et qui ne se retrouvaient à ce
point ni dans le romantisme ni dans le Parnasse. La littérature devenant plus ésotérique prenait naturellement
la figure d'écoles fermées, défiantes, agressives. Ecoles et
manifestes, ce pullulement scolastique est dès lors un trait
particulier à l'époque symboliste. De sorte que, sous ce
caractère apparent de «mêlée • dont M. Raynaud nous donne

�308

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la chronique, il y avait là une volonté d'ordre et de discipline qui allait se retrouver pure ·et nue dans la génération
ALBERT THIBAUDET
suivante.

*

**

EXPOSITION MATISSE (GalerieBernheim jeune et CJe).
L'exposition de M. Matisse, venant après celle de M. Braque,
nous fait assister à la lutte des deux esthétiques les plus
violemment opposées de notre époque. Autant M. Braque
est épris d'ésotérisme, cultivant le mystère plus encore que
sa technique, autant M. Matisse limite le sens de ses ouvrages au charme strict de la matière colorée. Autant
M. Braque est épris de spéculation intellectuelle, autant
M. Matisse, dédaignant tout à-priorisme, affirme n'attendre
une raison d'œuvrer que de ses sensations seules. Son activité est purement réceptive. Ce peintre excelle à raisonner
sur le choc de ses sens: il s' avère incapable de se passer d'une
certaine commotion immédiate pour peindre. Le cerveau
de M. Matisse peut très bien être comparé à un piège. Peu
confiant en son imagination, l'artiste quitte son atelier,
que ne hante nul fantôme. Il descend dans la rue, le jardin,
la campagne, et, attentif à l'impression la plus inattendue,
il la capte dès son apparition avec une adresse sans pareille.
L'oiseau-sensation, caressé, gorgé, engraisse : c'est à ce
moment que le peintre dépense des trésors d'ingéniosité
pour donner au plumage de sa capture le lustre le plus éclatant. Ce procédé de travail, il faut l'avouer, provoque des
trouvailles de couleur d'une grande rareté, auxquelles nul
peintre avant M. Matisse n'avait songé. - Je me demande s'il
ne serait pas plus juste de dire : n'avait daigné songer.
En effet, quelle a été la préoccupation capitale de M. Matisse, sinon de s'emparer d'un côté de l'art pictural : la couleur, et de donner à cette valeur, jusqu'à présent soumise à la domination de la forme, la prédominance sur celle-

NOTES

ci?_ Victime de la maladie à la mode, qui n'épargna personne,
mais dont certains d'entre nous essaient laborieusement de
se guérir, M . Matisse a recherché sa personnalité, non dans
l'adoption enthousiaste ou réfléchie d'une technique équilibrée, mais dans le déséquilibre, dans le renversement des
valeurs qui constituent cette technique. L'étude unique des
propriétés de la couleur, suppléant au dessin, au modelé, au
clair-obscur, l'absorba tout entier: un œil étonnamment doué
pour saisir les moindres reflets trouva aisément la solution de
problèmes que le peintre choisit toujours complaisamment
conformes à ses seules aptitudes. Cette culture d'un don
partiel à l'exclusion de tout autre est très caractéristique
d'un certain état d'esprit actuel; elle constitue un fait
absolument nouveau dans l'histoire de l'art et mérite qu'on
l'étudie spécialement.
Si M. Matisse a eu chez Bernheim le succès total que jusqu'ici le public lui avait refusé, ce n'est pas que les tableaux
qu'il y exposa dénonçassent, mieux que ses tableaux antérie~rs, une maîtrise complète. La Toilette ou le N u n o 3
étaient de très belles œuvres, de beaucoup supérieures à celles
qui triomphent aujourd'hui; leur impopularité vint de ce
qu'elles indiquaient chez l'artiste une certaine volonté de
dominer son impression première, alors que ses œuvres
récentes nous le montrent s'abandonnant sans réserves à ses
sensations familières. C'est cette nonchalance qu'aime le
public, qui y voit le reflet et comme le pendant de sa paresse
à réfléchir et à juger.
Voilà pourquoi le meilleur de M. Matisse, ces peintures
de 1910, qui - malgré que portant un peu trop visible le
sceau d'une époque - étaient humanisées par la méditation
du peintre, seront les dernières à plaire au public.
Mais n'est-il pas inopportun de déplorer ce triomphe des
œuvres les plus superficielles de M. Matisse, et son aventure dernière n'est-elle pas la plus propre à l'enorgueillir ?

�310

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

On serait tenté de le croire, en se rappelant le vœu de ce
peintre qui eut le courage d'écrire de l'œuvre d'art résumant ainsi les aspirations de la plupart des artistes de
son époque - qu'il souhaitait qu'elle fût « pour l'homme
d'affaires aussi bien que pour l'artiste de lettres un calmant
cérébral, quelque chose d'analogue à un bon fauteuil qui
le délasse de ses fatigues physiques ,.
L'influence de M. Matisse fut considérable; elle est moins
importante aujourd'hui que la guerre a transformé lamentalité de la plupart des artistes, les inclinant à la méditation
de problèmes plus profonds. Notons que cette influence
fut particulièrement active sur les peintres du Nord, tempéraments peu analytiques, et que les conclusions hâtives du
maître devaient particulièrement séduire. Chez les débutants
et les autodidactes, cette influence fut également très forte.
Les spéculations exclusivement colorées de M. Matisse
révélèrent aux jeunes peintres une partie de la peinture que,
non éduqués, ils ne pouvaient percevoir sous le voile de la
pudique tradition française. L'accord des tons les plus
rapprochés; l'équilibre entre les « chauds , et les • froids , ;
les résonances des complémentaires sont des problèmes
résolus de tous temps avec facilité par les maîtres des musées,
mais la solution seule du problème est par eux introduite
dans leurs tableaux. Le résultat est donné avec tant de naturel qu'on l'accepte sans s'en apercevoir: on ne remarque le
prodige que si l'on connaît le métier. Une toile de M. Matisse, au contraire, débarrassée des détails qui dans la réalité
à la fois et les tableaux classiques supportent la couleur et
en dissimulent la signification technique, nous propose la
solution moins achevée qu'en train de se réaliser. L'artiste
nous prend à témoin de son tour de force : il va même jusqu'à avouer ses incertitudes par les• blancs», et la fièvre de
son travail rapide par les déchets: traits de crayon, bavures
et taches, qu'il laisse comme religieusement sur sa toile.

NOTES

3II

Cézanne, peut-on objecter, laissait aussi des « blancs •·
Mais ils n'étaient à ses yeux que provisoires : il attendait
pour les couvrir de trouver le ton convenable et difficile.
Le maître d'Aix, Titan moins heureux que Michel-Ange,
n'a pas assez vécu pour terminer ce grand tableau des
Baigneuses (de la collection Pellerin) qui devait être notre
« JUGEMENT DERNIER•· Une fissure subsiste dans son œuvre:
M. Matisse s'y est glissé. (Et àsa suite tant d'autres!) Il a fait
éclater un pan de l'édifice et, de ce fait, il a projeté la peinture hors de ses bornes classiques. Le problème qu'avait résolu
Cézanne est donc à nouveau remis sur le tapis. Mais, soyons
justes : après l'empirisme de l'impressionnisme (auquel
échappa Renoir, aussi discipliné que Cézanne sous des dehors
moins sévères), il était nécessaire, pour recommencer à y voir
clair, que nous pussions mettre de l'ordre dans nos sensations
colorées, en attendant de raisonner sur les lois de l'architecture du tableau et sur celles du dessin. Matisse nous a aidés
à résoudre divers problèmes primordiaux et c'est ce dont il
faut nous souvenir. Il figure, au jardin de la peinture française, une fleur extrêmement fragile et trop précieuse, significative de l'époque la plus troublée de l'histoire de l'art.
Mais un artiste, fût-il encore plus spécialisé que M. Matisse,
n'est jamais isolé. Les recherches de celui-ci, si particulières
soient-elles, se raccordent cependant à celles de plusieurs
écoles récentes: Orphisme et Futurisme lui doivent beaucoup.
Son influence gagna même, un certain moment, les peintres
chargés par le destin du plus ingrat de la besogne rénovatrice : les cubistes. A sa suite, ceux-ci étudièrent les propriétés irradiantes de la couleur des objets. Comme Matisse,
ils dissocièrent les éléments constitutifs de la réalité extérieure pour poursuivre à part l'étude de chacun d'eux. Voici
un passage d'un article de M. Severini, assez significatif
de ce que les recherches de M. Matisse et des cubistes ont
de commun : « Matisse me montrait un jour une maquette

�312

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'il avait faite I d'après nature • dans une rue de Tanger.
En premier plan un mur peint en bleu. Ce bleu influençait
tout le reste, et Matisse lui a donné le maximum d'importance qu'il était possible de lui donner en gardant la construction objective du paysage. Malgré cela il a dû s'avouer
qu'il n'avait pas rendu la centième partie de • l'intensité
sensorielle• produite en lui par ce bleu. Il a atteint dans une
autre toile (les Ma,-ocains) ce degré d'intensité, mais ici l'architecture réelle du paysage a disparu pour laisser la place
à une architecture volontaire et cependant sensorielle. •
On distingue comment le mécanisme par lequel M. Matisse
accorde à son sens de la couleur pouvoir absolu sur le sen,;
plastique, rejoint le mécanisme par lequel les cubistes cherchent par la couleur d'abord à• reconstruire• plastiquement
la réalité. Ce parallélisme va nous permettre de fixer le processus mental de chacune des deux écoles opposées : où
M. Matisse procède de la sensation à l'idée, les cubistes
procèdent de l'idée à la sensation 1. Ils n'admettent le pouvoir éducateur de celle-ci qu'après l'avoir contrôlé scientifiquement. M. Charles Henry, physicien, écrit quelque part:
• La perception de lumière et la perception des formes sont
considérablement modifiées par l'exercice ou le repos de l'appareil visuel, tandis que la perception de couleur en est
indépendante. • Cela suffit pour que les cubistes acceptent
les prémisses de M. Matisse, mais concluent que, pour sauvegarder la pureté de la forme, il faut, non la gonfler selon
la puissance explosive du ton, comme fait Matisse, mais
mettre le• ton local • en dehors de la • forme locale•· Spéculations prodigieuses de nouveauté et très significatives des
excès auxquels aboutissent fatalement les artistes esclaves
r. Par exemple : M. Matisse a besoin de voir une assiette pour
réaliser peu à peu la venu plastique du cercle. Les cubistes conçoivent d abord un cercle. et condescendent à le • motiver• par
une assiette.

NOTES

313

d'un dogme, victimes de théories basées sur autre chose que
l'exercice d'un sentiment profond ou la connaissance des
lois éternelles de la peinture.
ANDRÉ LHOTE

...

••
ExroslTIONS : PAVILLON DE MARSAN : René Piot. -

Le cas
de M. Piot est tragique. Ce peintre connaît son métier
autant qu'on puisse le connaître aujourd'hui; il l'apprit des
Musées, dont il est demeuré le prisonnier. S'il regarde des
soldats affairés et disséminés dans la cour d'une ferme, ou
égrenés dans une plaine neigeuse, il voit moins ces tristes
hommes qu'un cher souvenir d'un tableau de Breughel le
Vieux. Une charge de cavalerie suscite en son esprit Je
spectre de Paolo Ucello; une maison incendiée tourne pour
lui seul ses volutes de flamme ainsi qu'en une page de livre
d'heures. Un paysage de sapins ou des arbres en fleurs lui
rappellent des estampes japonaises feuilletées un soir d'hiver.
Toute émotion née d'un spectacle vivant ricoche immédiatement en son cerveau vers quelque souvenir pictural. Les tons
eux-mêmes de ses peintures ne sont pas posés nettement,
dans toute leur fraîcheur naissante, mais martyrisés, patinés
comme ceux des tableaux vieillis. Ils ont l'air de refléter le
douloureux débat qui a lieu dans l'âme de ce peintre, dont
il semble qu'on touche la personnalité mieux dans cette salle
du fond, où sont réunies de très belles copies de Piero della
Francesca, de Rubens, de Botticelli, que dans les salles précédentes, qui ne paraissent être de celle-ci qu'un reflet affaibli.
GALERIE L. ROSENBERG : J ttan Gris et Stve,im. M. J. Gris, qui est, avec M. Braque, en quelque sorte le plus ,
actif traducteur logique des intuitions de M. Picasso, nous
montre des œuvres dont les plus attachantes ne sont pas
les plus réussies. Ses natures mortes, d'une parfaite tenue,
procèdent cependant un peu trop les unes des autres. Une
technique précise, rigoureusement appliquée en chaque
toile, donne à l'œuvre totale une unité que nous préférons

�314

.1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à celle facilement obtenue par la répétition des mêmes
formes. Un essai de portrait, malgré que peu réalisé, et des
dessins « d'après nature•• très« ressemblants•• sont d'heureuses dérogations à la règle cubiste. C'est à de telles « faiblesses»qu'on peut dès à présent reconnaître ceux des cubistes
chez qui le cœur l'emportera heureusement sur la pure cérébralité. - M. Séverini nous intéresse moins par ce qu'il a
produit que par ce qu'il promet de réaliser. Un ingénieux
Arlequin et un Joueur d'accordéon, œuvres dernières, affirment, en même temps qu'un désir de renoncer à certaines
harmonies un peu trop tendres, une aspiration vers l'humain,
à laquelle nous ne pouvons qu'applaudir.

GALERIECRÈS.-Acôtéd'œuvresanciennesdepeintresque
nous étudierons plus tard, de très beaux dessins de Derain :
paysages et natures mortes. Un Portrait de femme aux deux
crayons, admirable d'acuité et de fini, dépasse comme réalisation et comme expression tout le reste.

•••

ANDRÉ LHOTE

LA REPRISE DE PELLÉAS ET MÉLISANDE à
!'Opéra-Comique.

' ..

Après nous avoir, pendant de si longues années, privés
de Pelléas et ne nous en avoir accordé, comme à regret, que
des reprises de plus en plus négligentes, !'Opéra-Comique
s'est décidé à faire un geste d'hommage à la mémoire de
Debussy. On aurait souhaité qu'un éclat particulier entourât
cette manifestation. Le jour semblait venu - il aurait dû
l'être depuis longtemps - de placer solennellement Pelléas
au rang qui lui revient dans la musique contemporaine.
Mais qui donc, objectera-t-on, conteste aujourd'hui les mérites
de cette œuvre ? Qui lui dispute une place émine_n te? Le
public ne s'est-il pas apprivoisé et ne se montre-t-il pas
sensible à l'émotion du drame ? - D'accord ; mais il ne

NOTES

s'agit pas de savoir si Pelléas est une œuvre belle et pathétique : personne ne le nie; il s'agit de savoir si c'est une
œuvre hors '.de pair, une grande date de l'art français, si
cet ouvrage domine de très haut tous ceux de la même
époque. Il s'agit de franchir la distance entre un simple
témoignage d'admiration et un acte de respect où justice
soit enfin pleinement rendue à une œuvre maîtresse. Mille
petites considérations empêchent que l'on marque volontiers tant de déférence à un vivant; la mort rend un tel
geste plus facile; nous l'attendions; la représentation de
!'Opéra-Comique ne nous y achemine guère.
M. Messager a conduit l'orchestre d'une manière vivante,
puissante, qui donnait toute leur force aux parties joyeuses
et exaltées de la partition; il nous a même paru quelquefois,
par crainte de toute mièvrerie, pécher par un excès d'énergie
et de netteté. Mais comment sauvegarder l'équilibre d'une
œuvre où le chant et le récitatif ont tant de part, lorsque les
deux rôles principaux sont confiés à des artistes presque aphones ? Chaque fois que Geneviève, Arkel ou Golaud entraient
en scène, le drame reprenait toute sa vigueur; l'orchestre
se subordonnait de la façon la plus heureuse; mais pour
ne pas couvrir les voix de Mélisande et de Pelléas, il lui aurait
fallu consentir à n'être plus qu'un susurrement. Il en est
résulté de grands espaces vides, des trous, des passages mornes
et sans vie, dont certes Debussy n'est pas responsable et
dont il aurait été bienséant de ne pas déparer son œuvre.
La cohue bigarrée qui se presse actuellement dans nos
salles de spectacles ne peut réagir que confusément; mais
ce qui est certain, c'est que toute la partie de l'assistance venue
non pour aller à !'Opéra-Comique, mais pour voir Pelléas,
ne savait comment exprimer son malaise; elle craignait que
l'on ne fît retomber sur l'œuvre une mauvaise humeur
dirigée contre les interprètes seuls, ou que ceux-ci ne prissent
pour eux des marques de joie qui ne les concernaient point.

�3r6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Nous reviendrons ici sur les dernières œuvres de Debussy
celles qu'il a publiées pendant la guerre, et où reparaissent
certaines de ses qualités les plus attachantes. Bornons-nous
aujourd'hui à constater que, malgré son inégalité, cette
représentation a prouvé combien l'œuvre est intacte et sans
rides ; notre admiration était placée en bon lieu. Imitations
ni démarcations ne sont parvenues à ternir la fraîcheur de ce
langage musical. Si quelques traits ont vieilli, c'est la faute
' du livret, non de la partition. Celle-ci reste une merveille
d'appropriation, de sobriété; elle ne met en œuvre que les
moyens qui ·lui sont indispensables, mais elle le fait avec
tant d'aisance, elle en joue avec un art si accompli qu'elle
donne constamment une impression de richesse, de diversité
et de force. Si jamais qualités ont été françaises, dans le
meilleur sens du mot, ce sont bien celles-là. C'est pourquoi nous
souhaiterions un hommage à Debussy qui fût un événement non pas d'ordre professionnel, mais national.

• •*

JEAN SCHLUMBERGER

L'INSTITUT CONTRE LES INDl!:PENDANTS.
On lit dans le numéro de Mai de la Gerbe sous la signature
de M. Paul Deltombe :
La presse a fait connaître l'existence d'une association qui
s'est formée dans le but de défendre l'art français tant en France
qu'à l'étranger. L'idée paratt excellente, encore qtte l'on se
demande qui peut bien attaquer l'art français en France. Cette
Ligue comporte tous les modes d'action : expositions, tracts,
conférences, cotisations, etc., et haut patronage. C'est en effet
sous les auspices de l'Institut et sous la présidence du Secré
taire perpétuel de l'Académie des Beai,x-Arts que s'inaugure
cette croisade.
La lecture des statuts di, « Club artistique de France • est
édifiante ; on y pr6ne une action énergique en faveur de • ceux

NOTES

3r7

qui sont restés fid~les aux traditions nationales, à l'art bim français •• d'une lutte contre • les internationalistes de l'art». Nous
connaissons cette chanson : nous allons assister à un nouvel épisode de la lutte del' Institut contre l' Art des Artistes indépendants.
Et la singuli"e logique : ces ligueurs de la vraie tradition
ont un programme d'expansion de l'Art français à l'étranger,
cela s'appelle la défense de l'art français; tandis que lorsque
c'est l'art des Indépendants qui in fiuence l'étranger, cela devient
de l'internationalisme, chose abominable J

Voilà donc ce que, en quittant l'uniforme, no11s trouvons dans
la corbeille de la paix : ·une ligue contre nous, dirigée par l' I nstitut comme codicille à l'union sacrée/ Beaucoup d'artistes
indépendants, pour la plupart des ieunes, sont encore sous les
armes ; quels ont dû être leurs sentiments en apprenant cette
nouvelle avanie, ces excitations du public et, chose plus
grave, de leurs camarades, contre leur œuvre passée ou future?
Evidemment ceux d'une indignation trop légitime pour
que nous ne sentions pas le devoir de nous y associer. Il est
inadmissible qu'une certaine classe d'artistes s'arroge le
privilège de représenter exclusivement l'art français, la
• tradition nationale•· Il est inadmissible que les peintres qui
jouissent déjà de tous les avantages matériels que donne le
succès, exploitent la passion patriotique pour jeter le discrédit
sur ceux de leurs confrères dont l'art a le malheur de ne pas
1eur plaire. C'est une « utilisation de la victoire, que nous ne
tolérerons pas.

Sans compter qu'il est au moins pittoresque de voir l'Institut se poser en défenseur de la tradition française, qu'il a
tout fait, depuis un siècle, pour stériliser et pour détruire.
Qu'est-ce que l'Institut après tout sinon • l'ensemble des
forces• qui à chaque époque ont voulu obliger l'art français
• à la mort• ? Et que sont les Indépendants sinon« l'ensemble
des forces • qui y ont • résisté • ?
JACQUES RIVIÈRE

�318

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

NOTES

•••

Mme GENEVIÈVE BONNIOT-MALLARMil:.
Les lecteurs de la Nouvelle Revue FYançaise auront
appris avec une profonde tristesse la mort de Mme
Bonniot, née Geneviève Mallarmé. La Nouvelle Revue
Française, qui manife::tta toujours pour Stéphane Mallarmé le
respect et l'admiration que l'on sait, prend une part très
vive à ce deuil. Mais nous ne pensons pas pouvoir exprimer
nos sentiments mieux que ne le fit, dans le dernier numéro
du Menure, notre collaborateur Paul Valéry :
• Tous les amis du grand pœte se souviennent de la jeune
fille qui les accueillait avec tant de grâce dans le petit appartement de la rue de Rome; qui plaçait auprès de son père
une fine et claire figure de l'amour filial le plus tendre et le
plus empressé ; et qui disparaissait à la faveur de la fumée
que nous faisions, vers le moment que la causerie allait se
fixer ou se fondre dans ce monologue incomparable dont
ceux quine l'ont pas entendu ne peuvent imaginer la merveille.
, La voici qui s'est retirée à jamais. Elle nous abandonne
l'adorable Eventail que son père lui avait fait des mots les
plus doux, des images les plus délicates, de la substance
idéale la plus précieuse ; poème d'une perfection. d'une musique et d'un charme si rares que ce serait le chef-d'œuvre de
Mallarmé, s'il y en avait un.
11 A ce père elle avait consacré tout le zèle que puisse
souhaiter un poète. Avec l'aide du docteur Bonniot, son mari,
dont le dévouement à la gloire de Mallarmé était l'égal du
sien, elle a publié le volume des Poésies et le Coup de dés.
D'autres publications, que sa mort n'empêchera pas de
paraître. ont jusque dans les derniers jours occupé sa pensée.
, Geneviève Bonniot reposera auprès de ses parents dans
le petit cimetière de Samoreau où nous avons laissé Mallarmé
un jour du mois de septembre 1898, par le plus éclatant et
le plus implacable Après-Midi. •

MEMENTO BIBLIOGRAPHIQUE
I. BEAUX-ARTS,

CHAttAUBRJAND : La Campa,ne ,a-mai~ (lettre à Fontanes ; Cynthie),
avertissement par Henri Focillon ·
L'A.ri d lu AriisJu. N° de juin: • Le L. Pichon.
'
Musée Rodin • ; l' Art et les Artistes.
Lou1s:i;: CL&amp;:RIIONT ; Emile Clermcnt·
H:ltcroa Ba:auoz: Le Musicien errtffit, B. Grasset.
•
1842-1852; Calmann-Uvy.
MAURICE DEKOBIU : Les Mbllcira
C H ~ BOUV.T : Les CO#peri,ts, de RaJ-de-Cave
Du Cambriolage conorgœnista de l'ltlise SainJ-Gmiais; sidirl comme ,,,, des beau~-arl-s • L'EdiDelagrave.
tion française illustrée.
'
STANISLAS L.u,n : Diaionnaire des
LUCIE DELARU.W:•MARDRUS : Tou•
Sculpteurs Ill l'Ecole t,a,Jfaise, du moyen lcune et son amour ; Albin Michel.
tlte à nos jfJUl's, 7 vol. ; Ed. Champion.
Louis DELLUC : Ci,Uma et Cie ;
Â.LDKRT ANDRÉ :

Rffloir

j

G. Crès.

°"

C.unu11: MA.ucu.1a : L'A.ri in.dépm~ fra"fQ.is sous la troüüme Ripu,.
lil,qiu ; La Renaissance du Livre

B. Grasset.

PIERRE DRIEU LA ROCHl:LLE : /,stn.
ro1aJion, nouvelle édition · Editions de
N. A. RIMSKY·KORSAKOV ; Ma vie la Nouvelle Revue Françabe.
musicale; Pierre Lafitte.
Lou1sDucRos:J.-J. Rosweau:T. II,
AUGUSTE Ro.DJN : L'A.ri, entretiens de Montmorency au Val ,U Travers;
réunis par Paul Gsell (12x19); T. III, : de l'ile Saint-Pierre à Ermfflfm•
B. Grasset.
vt"lle ; E: de Boccard.

II.

LITTÉRATURE,
THÉATRE

ROMANS ,

HENRY

DUVICRNOIS : Edgar;

E.

Flam-

marion.

MARC ELDER: Jaques Bt:mlwmme et
Roou. Atu.ao : L'A'/&gt;l&gt;tlrlen1ent des Jean Le Blanc; Calmano-Uvy.
/eUMS Pales; Camille Bloch.
EDMOND Fum : Le M-ur des Fleurs;
lù::Ni BAZIN : Ln Nouveaux Obnli. Camille Bloch.
Calm.ann-Lévy.
'
PAUL FORT: Chansons à 14 GIUUOise •
Ri.NÉ
BKNJAArIN
Grat1d;011f&lt;m; E. Fasquelle.
'
A. Fayard.
PAUL Fou· : Les EncJranuu,s; MerfuNRY BORDEAUX
Une Jwn,1/te cure de France.
/etnme; B. de Boccard.
FRA.NC-NOH.-\IN: Jabou,u; La &amp;tmal$-

]ACQ.UKS Bouu:NGER
: L'A.flaire sance du LiVTe.
SWnpeare; Ed. Champion.
ALEXANDRE HEPP : Les Gaurs viaoFRANCIS CARCO : Scènes de la vi# /U ,uux ; E. Fasquelle.
Montmartre; A. Fayard.
EDMOND JALOUX: Les A.mour,perdues;

EDMOND

CAZAL :

liomme invisible;

Joë

Rollon, l'autre

L'Edition française

illustrée.

P.-V. Stock.
FRANCIS }A.KM.ES :

La Rose à Marie;

Edouard-Joseph.

J'tJt,

hU; G. Ctt:5.
VICTOR S11:GALli:N : Lettres (Ù Paul
La Clialuon eu Gaupffl à Gwries-Danùl tù Monfr4id.,
Roland, traduction nouvelle d'après précédées d'un hommage; G. Crès.
le manuscrit d'Oxford; Llbr, Armand
LoT : Etude "'' le Lanu/.ol, ffl P,oH;
Colin.
3 phototypies hors texte ; Ed. Champion,
BLAISJC ùtNDRARS:

HRNRI CHA11A.Ro :

�•
320

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAI SE

321

ASDR i'..: LtCHTENBRRCER : Le Cœur esi
J.· H. R0SNV ainé: L'Appetdu bm1htu,;
le mime, roman pour jeunes filles i E. Flammarion.

Pion-Nourrit.

fuRRE MAc ÛRLAN : La Fin, souve-

nirs d'un corre.;pondant aux armées en
Allemagne; L'Edition française illustrée.
GEORGES

MARÉCHAL

DE

BIÈVRE

:

Aphrodite couronnû; B. Grasset.

• 1

PAUL ril.utGUERITlE :

Sous lts Pins

tranquilles, roman; Pion-Nourrit.
Anthinea, d'Athènes à Florence; Ed. Champion.
CHAR.LES MAURRAS:

]OS.EPH MhoN; Le Rottriste, poème;
G, Crès.
JEAN Moa:hs : Eriphyle, poème;
L. Rouart.
Timcignage
sanifik; Nouvelle

ALl'HONSX. MORTIER : Le

de 14 Glnirat-ion
Librairie nationale.

t

]BAN RoYÈRI: : Pa, la lumih-e
poèmes ; G. Crès.

J b o u ET JEAN

relive ; Emile· Paul

THAR.AUD

:

U11e

Une permis-

VAILLANT-COUTURIER :

BENJAMIN VALL010N: , ••

Dis-moi qtul

uJ ton pays; Berger-Levrault.
JEAN VARIOT : Lu Grandes H_eurl/f
de Ribeaupief,e, évocation dramatique;
Société LittéJ:aire de France.

VILLON

:

Les œ,wres;

G. Crès.
GILBERT DE VOISINS:

L'Esprit impu,;

G. Crès.
PAUL WBNZ :

Levrault.

FRANÇOIS PORCHÉ : La Jeune F,l/,e
aux ioues roses, comédie en vers et en
prose; Emile-Paul frères.

court.muse,

Le Mar-

WiLLY :

WILDE :

III.

Guy Dl? PoURT,U.ts : MMins d'ea1i
douce; Société. Littéraire de France.

PHILOSOPHIE,

RELIGION.

HENRI GHÉON : L' Homnu

,u de

~

Ttmoi-gnage
d'un conwtf;
MARCEL PROUST : A la Recherche du guerre,
Temps perdu : T. I, Du côte de_ chu Editions de la Nouvt'lle Revue FraoSwann, T. II, A l'Ombre des 1eunes çaîse.
fille; m fleurs; Pastiches tt M llang~s ;
JOHANNÈS
jOERGENSEN' ; . Saiflù
Editions de la Nouvelle Revue Française. Catherine de Sienne, traduction du
]BAN Pslt:HAIU : Sœrtt' Anse/mine, danois; G. Beauchesne.
roman; Plon-Nounit.
D PARoo1 : La Phikisophie wntempoMAURICE

Ollendorf.

RÉlilON : Le grand Soir ; rain~ en France, Essai de c/.a.ssi~iofl
des doctrines; F. Alcan.

.Ali.THUR RnilBAUD : Les mains (Ù
G&amp;:oltGES Sou:L : Mathîaux rl'u~
J,anne•Ma,~, poème ; Au Sans-Pareil, thtorîe rlu p,oUJariaJ; Rivière et Cie.

LE GÉRANT : GASTON GALLIMARD
FONTENAY-AUX-ROSES.

PREMIÈRE LETTRE

Nous autres, civilisations, nous savons maintenant que
nous sommes mortelles .

Do düu.; Albin Michel.

chand d'Esta,npes, drame; Emile-Paul

frères.

L' Athenaeum, tris antique et céUbre revue londonienne,
actuellement diri"gée pa,y un des hommes les plus distinguAs et
les plus plnlt,,ants de l'Angleterre, M. John Middleton Mu,ry,
a publié dans ses numéros des II Avril et 2 Mai 1919 deux
lettres de M. Paul Valéry. Bien que ces lettres aient été tcrites
spécialement en vue de leur traduction en anglais, et pour le
public d'Outre-Manche, nous pensons intéresser nos lecteurs
en leur en offrant le texte frança,1,°s intdit.

Choses d'hier; Berger

La Maison de la
nouveaux poèmes, trad.
Albert Savine; P.-V. Stock.
OSCAR

LA CRISE DE L'ESPRIT

frèr~.

sioi, de diJente; Flammarion.

V1NCENT MusRLLI
Les Masques,
sonnets héroï-comiques; Chrétien.

GSORGRS DE PoRTO-RtCHE :

peints,

ANDRÉ SPIRE : Le Swel i Editions
de la Nouvelle Revue Française.

FRANÇ0YS

Jeu,: passion,sés,
collection ln Extenso, n° r45; La
Renaissance du Livre.
GAHRISL MOURJ!;Y :

••

J.•H. RosNv jeune : Mimi, les P,ofiteu,s et le Poilu; Calmann-Lévy.

JMP. L. BELLENAND

Nous avions entendu parler de mondes disparus tout
entiers, d'empires coulés à pic avec tous leurs hommes et
tous leurs engins ; descendus au fond inexplorable des
siècles avec leurs dieux et leurs lois, leurs académies et
leurs sciences pures et appliquées ; avec leurs grammaires,
leurs dictionnaires, leurs classiques, leurs romantiques
et leurs SY,11lbolistes, leurs critiques et les critiques de leurs
·critiques. Nous savions bien que toute la terre apparente
est faite de cendres, que la cendre signifie quelque chose.
Nous apercevions à travers l'épaisseur de l'histoire, les
fantômes d'immenses navires qui furent chargés de
richesse et d'esprit. Nous ne pouvions pas les compter.
2I

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

322
Mais ces naufrages, après tout, n'étaient pas notre affaire.
Elam, Ninive, Babylone étaient de beaux noms vagues,
et la ruine totale de ces mondes avait aussi peu de signification pour nous que leur existence même. Mais France,
Angleterre, Russie ... ce seraient aussi de beaux noms.
Lusitania aussi est un beau nom. Et nous voyons maintenant que l'abîme de l'histoire est assez grand pour tout
le monde. Nous sentons qu'une civilisation a la même
fragilité qu'une vie. Les circonstances qui enverraient les
œuvres de Keats et celles de Baudelaire rejoindre les
œuvres de Ménandre ne sont plus du tout inconcevables :

.'

elles sont dans les journaux.

•••

.'

'

'

•
1-

Ce n'est pas tout. La brûlante leçon est plus complète
encore. Il n'a pas snfli à notre génération d'apprendre
par sa propre expérience comment les plus belles choses
et les plus antiques, et les plus formidables et les mieux
ordonnées sont périssables par accident : elle a vu, dans
l'ordre de la pensée, du sens commun, et du sentiment, se
produire des phénomènes extraordinaires, des réalisations brusques de paradoxes, des déceptions brutales de
l'évidence.
Je n'en citerai qu'un exemple : les grandes vertus des
peuples allemands ont engendré plus de maux que l'oisiveté
jamais n'a créé de vices. Nous avons vu, de nos yeux vu,
le travail consciencieux, l'instruction la plus solide, la
discipline et l'application les plus sérieuses, adaptés à
d'épouvantables desseins.
Tant d'horreurs n'auraient pas été possibles sans tant

LA CRISE DE L'ESPRIT

de vertus. Il a fallu , sans doute be
323
tuer tant d'h
. . , aucoup de science
ommes, d1ss1per t t d
pour
tant de villes en si peu d . t
an e biens, anéantir
·
e emps ·
· -1
moms de qt&lt;alités morales S . ' mais 1 y a fallu non
do ne suspects ?
· avmr et Dev01r,
· vous êtes

•
••
Ainsi la Persépois
1· spirituelle
.
n'est
.
que la Suse matérielle T t
pas moms ravagée
,
• ou ne s'est
s est senti périr.
pas perdu, mais tout
Un frisson extraordi .
Elle a senti par to naire a couru la moëHe de l'Europe
'
us ses noyau
.
reconnaissait plus qu'elle
. x pensants, qu'elle ne se
al! ait
· perdre conscience
'
cessait de se ressembler, qu'elle
·
•·
-nneconsc1ence
·
acquise par
des siecles de malh
d'hommes d
_eurs supportables, par des .Ili
.

u prermer ordre pa

d

m1 ers

phiques, ethniques hi t . ' .r es chances géograAlors
' s onques, mnombrables
, - comme pour une défens d,
·
êt
re et de son avoir physiol .
e esespérée de spn
est revenue conf ,
og1ques, toute sa mémoire 1 .
usement Ses
w
grands livres lui sont rem~ t, ~rand: hommes et ses
tant lu ni si p .
. n es pele-mele. Ja.inais on '
'
ass10nnement
na
demandez aux libraires J ' _que pendant la guerre .
· a.mais on •
·
pro fondément .· demanezaux
d
ê n a tant prié, n,· s1.
tous les sauveurs tous les f d
pr tres. on· a évoqué
t
'
on ateurs t
1
ous les martyrs tous les h.
' ous es protecteurs
·
'
eroslesè
'
samtes héroïnes, les poèt
.'
p res des patries, les
E
es nat10naux
t dans le même désordre
...
angoisse, l'Europe cuit,· . ment:'3, à l'appel de la même
d
vee a subi la
. .
e ses innombrables pe ,
rev1V1scence rapide
nsees · dogmes, philosophies
.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
324
idéaux hétérogènes ; les trois cents manières d'expliquer
le Monde, les mille et une nuances du christianisme, l.es
deux douzaines de pcsitivismes : tout le spectre de la
lumière intellectuelle a étalé ses couleurs incompatibles,
éclairant d'une étrange lueur contradictoire l'agonie de
l'âme européenne. Tandis que les inventeurs cherchaient
fiévreusement dans leurs images, dans les annales des
guerres d'autrefois, les moyens de se défaire des fils de
fer barbelé, de déjouer les sous-marins ou de paralyser les
vols des avions, l'âme invoquait à la fois toutes les
puissances transcendantes, prononçait toutes les incantations qu'elle savait, considérait sérieusement les plus
bizarres prophéties ; elle se cherchait des refuges, des
indices, des consolations dans le registre entier des souvenirs, des actes antérieurs, des attitudes ancestrales.
Et ce sont là les produits connus de l'anxiété, les entreprises désordonnées du cerveau qui court du réel au
cauchemar et retourne du cauchemar au réel, affolé comme
le,rat tombé dans la trappe ...
La crise militaire est peut-être finie. La crise économique est visible dans toute sa force ; mais la crise intellectuelle, plus subtile, et qui, par sa nature même, prend
les apparence.s les plus trompeuses (puisqu'elle se passe
dans le royaume même de la dissimulation), cette
crise laisse difficilement saisir· son véritable point, sa
phase.
Personne ne peut dire ce qui demain sera mort ou vivant
en littérature, en philosophie, en esthétique. Nul ne
sait encore quelles idées et quels modes d'expression seront
inscrits sur la liste des pertes, quelles nouveautés seront
proclamées.

LA CRISE DE L'ESPRIT

325

L'espoir, certes, demeure , et chante a' dem1-vo1x:
. .
Et cum vorandi vicerit libidinem
Late triumphet imperator spiritus,
Mais 1:e_spoir n'est que la méfiance de l'être à l'égard
des prév1swns
précises de son esprit · Il suggère que toute
.
conciuswn
défavorable
à l'être do i·1 e·tre une erreur de son
.
espnt. Les _f~ts, po~ant, sont clairs et impitoyables :
Il~ a des IDllliers de Jeunes écrivains et de jeunes artistes
qm s~nt morts. Il y a l'illusion perdue d'une culture
europ':"nne e.t la démonstration de l'impuissance de la
- con~a1ssance à sauver quoi que ce soit;. il y a 1a science
attemte mortellement dans ses ambitions
al
t
d' h
mor es, e
comm_e es_ onoré~ pa: la cruauté de ses applications; il
y a l I~éalisme, difficilement vainqueur, profondément
meurtri, responsable de ses rêves . le réalism d"
batt
bl'
.
•
e eçu,
u, acca e de crimes et de fautes ; la convoitise et
le renoncement également bafoués ,. les croyances conf ondues dans les cam
· contre cr01x,
. croissant
.
psi cr01x
contre croissant ; il y a les sceptiques eux-mêmes désarçonnés par des événements si soudains, si viol~nts si
émouvants et qui jouent avec nos pensées comm: le
chat avec une souris -les sceptiques perdent leurs doutes
les retrouvent, les reperdent, et {le savent plus se servi;
des mouvements de leur esprit.
L'~scillation du navire a été si forte que les 1am es
les IDleux suspendues se sont à la fin renversées.
p

•••
Ce_ qui ~onne à la crise de l'esprit sa profondeur et sa
graVIté, c est l'état dans lequel elle a trouvé le patient.

�LA CRISE DE L'ESPRJT

327

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Je n'ai ni le temps ni la puissance de définir l'état
intellectuel de l'Europe en 1914. Et qui oserait traçer
un tableau de cet état ? Le sujet est immense ; il demande
des connaissances de tous les ordres, une information
infinie. Lorsqu'il s'agit, d'ailleurs, d'un ensemble aussi
complexe, la difficulté de reconstituer le passé, même
replus récent,est toute comparable àla difficulté de construire l'avenir, même le plus proche ; ou plutôt, c'est la
même difficulté. Le prophète est dans le même sac que

.'

1

l'historien. Laissons-les-y.
Mais je n'ai besoin maintenant que du souvenir vague
et général de ce qui se pensait à la veille de la guerre, des
recherches qui se poursuivaient, des œuvres qui se

•r

publiaient.
Si donc je fais abstraction de tout détail, et si je me
borne à l'impression rapide, et à ce total naturel que donne
une perception instantanée, je- ne vois - rien ! - Rien,
quoique ce fût un rien infiniment riche.
Les physiciens nous enseignent que dans un four porté
à l'incandescence, si notre œil pouvai-t subsi:;ter, il ne
verrait - rien. Aucune inégalité lumineuse ne demeure
et ne distingue les points de l'espace. Cette formidable
énergie enfermée aboutit à l'invisibilité, à l'égalité insensible. Or, une égalité de•cette espèce n'est autre chose que
le désordre à l'état parfait.
Et de quoi était fait ce désordre de notre Europe men·
tale ? - De la libre coexistence dans tous les esprits
cultivés des idées les plus dissemblables, des principes
de vie et de connaissance les plus opposés. C'est là ce qui
caractérise une époque moderne.
Je ne déteste pas de généraliser la notion de moderne,

et de donner ce nom à ce t .
d'en faire un pur s o
r am mode d'existence, au lieu
l'h" t .
yn nyme de contemporain Il y ad
1s mre,
des moments et des 1·1eux où n .
.
. ans
nous mtroduire nou
d
ous pourrions
ment l'harrnoni~ d s mo ernes, sans troubler excessivee ces temps-là et
objets infiniment cun·
. fi . '
sans Y paraitre de&gt;?
eux, m mment . 'bl
choquants dissonnant .
. .
vis, es, des êtres
'
s, massmulable o ,
ferait le moins de sensatio I'
s. u notre entrée
n, a, nous somm
nous. Il est clair que la R
d
.
es presque chez
drie des Ptolomées
obme e Tra1an, et que l'Alexannous a sorberait l f ·1
bien des localité
. 1
Pus ac, ement que
s moms reculées
d
1
spécialisées dans un seul t
d ans e temps, mais plus
consacrées à une ~eul
YP: e mœurs et entièrement
, e race a une ul ul
seul système de-vi·
'
se e c ture et à un
e.
Eh bien! l'Europe de
, .
limite de ce
d .
r914 eta,t peut-être arrivée à la
mo ermsme Chaq
,
rang ét:fü
f
.
ue cerveau d un certain
un carre our pour toutes I
d , . .
tout penseur
. .
es races e 1opm10n ;
.
' une exposition universelle de
y avait des œuvres de l'esprit dont! .
pensées. Il
et en impulsions contradi t I
a n~hesse en contrastes
d'éclairage insensé des c o_ ; ; faisait penser aux effets
yeux brûlent et s'ennui:a~, ~ de. ce temps-là : les•
combien de travaux d al ntili. omb1en de matériaux,
de vies hétérogène; ade;t. c ' de siècles spoliés, combien
rnnnées a-t-11 fallu 0
carnaval
.
. comme
p ur
• fût possible et fût mtromsé
f que dce
a
supreme
sagesse
et
t
.
1
nomphe de l'humanité ? orme e

•••
Dans tel livre de cette é
di ocres -.on trouve
poque. - et non des plus mé' sans aucun effort - une m
. fi uence

•

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

des ballets russes, - un peu du style sombre de Pascal, beaucoup d'impressions du type Goncourt, - quelque
chose de Nietzsche, - quelque chose de llimbaud, certains effets dus à la fréquentation des peintres, et
'Parfois le ton des publications scientifiques, - le tout
parfumé d'un je ne sais quoi de britannique difficile à·
doser !. .. Observons, en passant, que dans chacun des
composants de cette mixture, on trouverait bien d'autres
corps. Inutile de les rechercher : ce serait répéter ce que
je viens de dire sur le modernisme, et faire toute l'histoire
mentale de l'Europe.

•••

••

!

Maintenant, sur une immense terrasse d'Elsinore qni
va de Bâle à Cologne, qui tanche aux sables de Nieuport,
aux marais de la Somme, anx craies de Champatne, aux
granits d'Alsace, - l'Hamlet européen regarde des
millions de spectres.
Mais il est un Hamlet intellectuel. Il médite sur la vie
et la mort des vérités. Il a pour fantômes tous les objets
•
de nos controverses ; il a pour remords tous les titres de
notre. gloire ; il est accablé sous le poids des découvertes,
des counaissances, des méthodes et des livres, incapable
d'y renoncer, incapable de se reprendre à cette activité
illimitée. II songe à l'ennui de recommencer le passé, à la
folie de vouloir innover toujours. Il chancelle entre les
deux abîmes, car deux dangers ne cessent de menacer
le monde : l'ordre et le désordre.
S'il saisit un crâne, c'est un crâne illustre. - Whose
was it? - Celui-ci fut Lionardo. li inven~ l'homme

•

LA CRISE DE L'ESPRIT

329

vol~nt, ~ais l'homme volant n'a pas précisément servi
les rntenbon~ de l'inventeur : nous savons que l'homme
volant monte sur son grand cygne (il grande uccello sopra
del dosso del suo magnio cecero) a, de nos jours, d'autres
emplois que d'aller prendre de la neige à la cime des
monts pour la jeter, pendant les jours de chaleur sur
le ~av_é des villes... Et cet autre crâne est celui de Lribniz
q~ rêva de la paix universelle_. Et celui-ci fut Kant, Kant
qu, genu,t Hegel, qui genuit Marx, qui genuit...
,. Hamlet ne sait trop que faire de tous ces crânes. Mais
s Il les ~bandonne !... Va-t-il cesser d'être !ni-même?
Son espnt affreusement clairvoyant contemple le passage
de la guerre à la paix. Ce passage est plus obscur, plus
dangereux que le passage de la paix à la guerre ; tous les
peuples en sont troublés. • Et Moi, se dit-il, moi, l'intellect
européen, que vais-je devenir ?.•. Et qu'est-ce qué la
paix ? La paix est, peut-être, l'état de choses dans lequel
l'hostilité na!urelle des hommes entre eux se manifeste
Par des créations, au lieu de se traduire par des destructions
comme fait la guerre. C'est le temps d'une concurrence
cr~a~ce, et de_ la lutte des productions. Mais Moi, ne
SUIS·J: pas fatigué de produire ? N'ai-je pas épuisé
le désrr des tentatives extrêmes et n'ai-je pas abusé des
savants mélanges ? Faut-il laisser de côté mes d .
diffi ·
evoirs
c1les et mes ambitions transcendantes ., D01S-Je
· · swvre
·
le mouvement et faire COlll1Ile Polonius, qni dirige maintenant un grand journal ? comme Laertes qni est quelque
part .dans l'aviation
? comme Rosenkrantz' qni fait Je
·
.
ne sais quoi sous un nom russe ?
_Adieu, _fantômes ! Le monde n'a plus besoin de vous.
N1 de m01. Le monde qui baptise du nom de progrès sa

�•

330

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tendance à une précision fatale, cherche à unir aux bienfaits de la vie, les avantages de la mort. Une certaine
confusion règne encore, mais ~ncore un peu de temps et
tout s'éclaircira ; nous verrons enfin apparaître le miracle

d'une société animale, une parfaite et définitive fourmilière. ,i
DEUXIÈME LETTRE

I

l

••
r

Je vous disais, l'autre jour,que la paix est cette guerre
qui admet des actes d'amour et de création dans son
processus : elle est donc chose plus complexe et plus
obscure que la guerre proprement dite, comme la vie est
plus obscure et plus profonde que la mort.
Mais le commencement et la mise en train de la paix
son.t plus obscurs que la paix même, comme la fécondation
et l'origine de la vie sont plus mystérieuses que le fonctionnement de l'être une fois fait et adapté .
Tout Je monde aujourd'hui a la perception de ce mystère
comme d'une sensation actuelle ; quelques hommes
sans doute, doivent percevoir leur propre moi comme
positivement partie de ce mystère ; et il y a peut-être
quelqu'un dont la sensibilité est assez claire, assez fine
et assez riche pour lire en elle-même des états plus avancés
de notre destin que ce destin ne l'est lui-même.
Je n'ai pas cette ambition. Les choses du monde ne
m'intéressent que sous Je rapport de l'intellect : tout par
rapport à l'intellect. Bacon dirait· que cet intellect est
une Idole. J'y consens, mais je n'en ai pas trouvé de
meilleure.

J e pense donc à l'établissement -de la paix en tant
qu'il intéresse l'intellect et les choses de l'intellect. Ce

•

LA CRISE DE L'ESPRIT

331

point de vue est faux, puisqu'il sépare l'esprit de tout
le reste d'.'s activités ~ mais cette opération abstraite et
cette fals1ficat10n sont inévitables : tout point de vue
est faux.

•••
Une première pensée apparaît. L'idée de cult
d'. t Ir
,
ure,
m e igence,
d œuvres magistrales est pour nous d ans
.
une re1atton très anci~nne - tellement ancienne que nous
remontons rarement Jusqu'à elle - avec l'idée d'Europe.
Les autres parties du monde ont eu des civilisations
;dm1rables: des poètes de premier ordre, des construc~urs, et m:me des savants. Mais aucune partie du monde
~ a posséde cette _si~gulière propriété physique : le plus

mtense pouvo1r emissif uni au plus intense pouvoir
absorbant.
Tout est v enu ll· l'Europe et tout en est venu. Ou
presque tout.

•••
' Or, l'heure actuelle comporte cette question capitale :
1Europe va-t-elle garder sa prééminence dans tous les
genres?
L'Europe deviendra-t-elle ce qu'elle est en , 1·1,
't'd'
rea,e
c es -a- ire : un petit cap du continent asiatique ?
'
. Ou bien l'Europe restera-t-elle ce qu'elle paraît,' c'esta-d1re : la partie précieuse de l'univers terrestre, la perle
de la ,5phère, le cerveau d'un vaste corps ?
Qu on me permette, pour faire saisit toute la rigueur
d~ cette alternative, de développer ici une sorte de théoreme fondamental.

�•

•

•
332

.'

..

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE •

Considérez un planisphère. Sur ce planisphère, l'en
semble des terres habitables. Cet ensemble se divise en
régions, et dans chacune de ces régions, une certaine
densité de peuple, une certaine qualité des hommes. A
chacune de ces régions correspond aussi une richesse
naturelle, - un sol plus ou moins fécond, un sous-sol
plus ou moins précieux un territoire plus ou moins
irrigué, plus ou moins facile à équiper pour les transports, etc.
Toutes ces caractéristiques permettent de classer
à toute époque les régions dont nous parlons, de telle
sorte qu'à toute époque, l'état de la terre vivante peutétre
défini par un système d'inégalités entre les régions habitées
de sa surface.
A chaque instant, l'histoire de l'instant suivant dépend
de cette inégalité donnée.
Examinons maintenant non pas cette classification
théorique, mais la classification qui ~xistait hier encore
dans les faits. Nous apercevons un fait bien remarquable
et qui nous est extrêmement familier :
La petite région européenne figure en tête de la classification, depuis des siècles. Malgré sa faible étendue, et quoique la richesse du sol n'y soit pas extraordinaire,
elle domine le tableau. Par quel miracle ? - Certainement le miracle doit résider dans la qualité de sa population. Cette qualité doit compenser le nombre moindre
des hommes, le nombre moindre des milles carrés, le
nombre moindre des tonnes de minerai, qui sont assignés
à l'Europe. Mettez dans l'un des plateaux d'une balance,
l'empire des Indes; dans l'autre, Je Royaume-Uni. Regardez: le plateau chargé du poids le plus petit penche !
1

1• •

LA CRISE DE L'ESPRIT

333

Voilà une rupture d'équilibre bien extraordinaire.
Mais ses conséquences sont plus extraordinaires encore .

elles vont nous faire prévoir un changement progressif e~
sens inverse.

' Nous avons_ suggéré tout à l'heure que la qualité de

1, homme devait être le déterminant de la précellence de

! Europe.Je ne•puis analyser en détail cette qualité; mais
Je tro~ve par un examen sommaire que l'atidité active,
la c".:1os1té ar~ente et désintéressée, un heureux mélange
de 1 '.~agmat10n et de la rigueur logique, un certain
scepticisme non pessimiste, un mysticisme non résigné...

sont les caractères plus spécifiquement agissants de la
Psyché européenne,

•••
Un__seul exemple de cet esprit, mais un exemple de
preffilere classe, - et de toute première importance :
Grèce - car il faut placer dans l'Europe tout le
h~toral de la Méditerranée : Smyrne et Alexandrie sont
d Europe comme Athènes et Marseille, - la Grèce a
fondé la géométrie. C'était une entreprise insensée :
nous ,d,sp_utons encore sur la possibilité de cette folie.
Qu a-t-11 fallu faire pour réaliser cette création fant".5tique ? - Songez que ni les Egyptiens, ni res Chinois,
m
~haldé~ns, m les Indiens n'y sont parvenus. Songez
qu ils agit dune aventure passionnante, d'une conquête
mille fms plus précieuse et positivement plus poétique
que ce~e de la Toison d'Or. Il n'y a pas de peau de mouton
qm v~lle la cuisse d'or de Pythagore,
Ceci est une entreprise qui a demandé les dons le plus
communément incOJ]lpatibles, Elle a requis des argonautes

fa

~'.'5

�,
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

334

LA CRISE DE L'ESPRIT

de l'esprit, de durs pilotes qui ne se laissent ni_ perdr~
dans leurs pensées, ni distraire par leurs impressions. N1
la fragilité des prémisses qui les portaient, ni la subtilité
ou l'infinité des inférences qu'ils exploraient ne les ont
pu troubler. Ils furent comme équidistants d~5, ~ègres
variables et des fakirs indéfinis. Ils ont accompli 1 a1ustement si délicat, si improbable du langage commun_ au
raisonnement précis ; J'analyse d'opérations motnces
et visuelles très composées ; la correspondance de ces
opérations à des p'ropriétés linguistiques et grammaticales;
ils se sont fiés à la parole pour les conduire en aveugles
clairvoyants dans l'espace ... Et cet espace lui-même
devenait de siècle en siècle une création plus nche et
plus surprenante, à mesure que la pensée se possédait
mieux elle-même, et prenait plus de confiance dans la
merveilléuse raison et dans la finesse initiale qw
l'avait pourvue d'incomparables instruments :_définitions,

.1

••

axiomes, lemmes, théorèmes, problèmes, ponsmes, etc_-··
Ce serait tout un livre que d'en parler comme il faudrait•

Je ne voulais que préciser en quelques mots l'un des
actes caractéristiques du génie européen. Cet exemple
même me ramène sans effort à ma thèse.

•

•••

Je prétendais que l'inégalité si longtemps observée au
bénéfice de l'Europe devait par ses propres effets_ se
changer progressivement en inégalité de sens contratre ..
C'est là ce que je désignais sous le nom ambitieux de
théorème fondamental.
Comment établir cette proposition ? - Je prends
même exemple : celui de la géométrie d&lt;:5 Grecs, et 1e

!e

335

prie le lecteur de considérer à travers les.âges les effets
de cette discipline. On la voit peu à peu, très lentement,
mais très sûrement, prendre une telle autorité que toutes
les recherches, toutes les expériences acquises tendent
invinciblement à lui emprunter son allure rigoureuse
son économie scrupuleuse de &lt;&lt; matière )), sa généralité

automatique, ses méthodes subtiles, et cette prudence
infinie qui lui permet les plus folles hardiesses ... La science
moderne est née de cette éducation de grand style.
Mais une fois née, une fois éprouvée et récompensée
par ses applications matérielles, notre science devenue
moyen de puissance, moyen de domination concrète
excitant de la richesse, appareil d'exploitation du capitai
planétaire, - cesse d'être une« fin en soi, et une activité
artistique. Le savoir, qui était une valeur de consommation
devient une valeur d'échange. L'utilité du savoir fait du
savoir une denrée, qui est désirable non plus par quelques
amateurs très distingués, mais par Tout le Monde .
Cette denrée, donc, se préparera sous des formes de
. plus en plus maniables ou comestibles ; elle se distribuera
à une clientèle de plus en plus nombreuse; elle deviendra
chose du commerce, chose qui s'exporte, chose enfin qui
s'imite et se produit un peu partout .
Résultat : l'inégalité qui existait entre les régions du
monde au point de vue des arts mécaniques, des sciences
appliquées, des moyens scientifiques de la guerre ou de
la paix, - inégalité sur laquelle se fondait la prédominance européenne, tend à disparaître graduellement.
Donc, la classification des régions habitables du monde
tend à devenir telle que la grandeur matérielle brute, les
éléments de statistique, les nombres -population, superficie,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

matières premieres - déterminent enfin exclusivement ce
classement des compartiments du globe.
Et donc. la balance qui penchait de notre côté, quoique
nous paraissions plus légers, commence à nous faire
doucement remonter, -

r

fait passer dans l'autre plateau, le mystérieux appoint
qui était avec nous. Nous avons étourdiment· rendu les
forces proportionnelles aux masses !

•••

r

Ce phénomène naissant peut, d'ailleurs, être rapproché
de celui qui est observable dans le sein de chaque nation
et qui consiste dans la diffusion de la culture, et dans
l'accession à la culture de catégories de plus en plus
grandes d'individus.
. .
Essayer de prévoir les conséquences de cette diffus10n,
rechercher

,__

comme si nous avions sottement

sJ elle doit ou non

amener nécessairêment une

dégradation, ce serait aborder un problème délicieusement compliqué de physique intellectuelle.
Le charme de ce problème pour l'esprit spéculatif, pro-•
vient d'abord de sa ressemblance avec le fait physique de la
diffusion, - et ensuite du changement brusque de cette
ressemblance en différence profonde, dès que le penseur revient à son premier objet, qui est hommes et non molée1tles.
Une goutte de vin tombée dans l'eau la colore à peine
et teiad à disparaître, après une rose fumée. Voilà le fait
physique. Mais supposez maintenant que, . quelq~es
instants après cet évanouissement et ce retour à la hm•
pidité, nous voyions, çà et là, dans ce vase qui semblait
redevenu eau pure, se former des gouttes de vin sombre
et pur, - quel étonnement.

LA CRISE DE L'ESPRIT

337

Ce_ ph~omène de Cana; n'est pas impossible dans la
physique mtellectuelle et sociale. On parle alors du génie
et on l'oppose à la diffusion.

•••
Tout à l'heure, nous_considérions une curieuse balance
qui se mouvait en sens inverse de la pesanteur. Nous
regardons à présent un système liquide passer, comme
sponta~ément, de l'~omogèue à l'hétérogène, du mélange
ml!me a la _séparation nette ... Ce sont ces images paradoxales qw donnent la représentation la plus simple
et la plus pratique du rôle dans le Monde de ce qu'on
appelle, - depuis cinq ou dix mille ans, - Esprit.

•••
-: Mais !'Esprit européen - ou du moins ce qu'il
contient de plus précieux - est-il totalement diffusible ?
Le phénomène de la mise en exploitation du globe, le
phénomène de l'égalisation des techniques, et le phénomène démocratique, qui font prévoir une deminutio
capitis de l'Europe, doivent-ils être pris comme décisio~s
absolues du destin ? Ou avons-nous quelque liberté contre
cette menaçante conjuration des choses ?
C'est peut-être en cherchant cette liberté qu'on la
crée., Mais pour une telle recherche, il faut abandonner
pour un temps la considération des ensembles, et étudier
dans l'individu pensant, la lutte de la vie personnelle avec
la vie sociale'·
PAUL VALÉRY

I. La suite et les conclusions de cette étude n'ont pas
encorep~u.
22

•

�•

•

ÉLÉGIES ROMAINES

ÉLÉGIES

,

ROMAIN ES

SOIR DE BRUME

•

-

O nuit de R.ome, nuit frissonnante et légère,
Qui, dans l'ombre en suspens, sans toucher presque à terre,
Coules d'un pas léger de velours et d'argent !
La demi-lune au ciel promène un front changeant ;
Les fontaines, tout bas, entre elles roucoulantes,
Dégorgent mollement leurs bouches indolentes ;
Partout des feux subtils, incertains et glissants,
Echangent un reflet de fantômes dansants,
Au milieu d'une. brume impalpable et lointaine.
Que tu plais à mon cœur, douce brume romaine !
Tu n'es plus celle, où perce un somnolent rayon,
Que traîne sur ses flancs l'épais Septentrion,
S'inclinant engourdi vers la lourdeur du pôle.
Rome, pour s'endormir, sur sa tombante épaule,
Laisse comme un fruit mûl s'allonger son beau ioir ;
Puis, négligente et lasse, et riant de se voir
Sous ces voiles de perle, et d'iris, et de rose,
Où sa fauve beauté transparaît et repose,
S'enchante jusqu'au jour d'un rêve bruissant.
Gonflant à gros bouillons son torse verdissant

•

Fait de bronze liquide et d'écume tissée,
Un triton se suspend à sa conque dressée
Dont le ~reux qui déborde en nappes de blancheur
Par la vasque épandue expire sa rumeur.
Et, sans effort, la bête écailleuse et divine
Retentit dans l'éclat de sa force marine,
Et son corps, tout tordu de joyeuse fureur,
Me montre en résonnant le chemin de bonheur
Où flotte, déroulé sur sa pente sereine,
Le nocturne sommeil de Rome élyséenne.

MUSIQUES ANCIENNES

Tais-toi, Rome s'endort, tout est silence. A peine
Si i' entends épanchée une molle fontaine
Dont la rumeur fluide en bas s'égoutte et fuit,
Enfler de son soupir l'espace de la nuit,
Et confondre à l'erreur de ces basses ramures
Sa plainte assoupissante et ses rares murmures
A qui répond de prèi la chute du jet d'eau
Retombant insensible à travers son berceau
Sur ce dôme formé de lune vaporeuse.
Et moi, seul et perdu sous l'ombre bienheureuse
A près d'autres encor, je vous sens à mon tour, '
Accablantes, ce soir, de douceur et d'amour
'

339

�34°

•••

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Dans l'air appesanti de votre tiède arome,
Je vo11s sens à mon cou, longues tresses de Rome,
Peser d'un poids si lourd par vos nœuds embrassés,
Qu'ils tiennent sur mon sein languissamment fixés
L'haleine et le sommeil de la V itle enchantée.
Nuit transparente et belle, ô substance argentée :
Arbres vous empruntant vos antiques arceaux :
Branches, jardins taillés, suite épaisse d'ormeaux
A baissant à ma tête une voûte sacrée :
Palais qui semblez faits de matière éthérée,
[)ans votre or veillissant sous la pierre enfoncés,
De quel son grave et pur en moi vous bruissez !
Or, sur le même ton de juste mélodie
Où finit et revient lei;r mesure assourdie,
J'écoute, tout le long de ces marches pendant
Au beau rythme accouplé qui va les accordant,
Et par degrés égaux soutient leur double stance,
J'écoute remonter des musiques de France,
Un chant dont ta cadence et la noble lenteur
Mêlent à leur tristesse un ancien bonheur
Qui m'incline en secret l'âme à son tendre nombre.
Qui fait autour de moi chuchoter la pénombre ?
Que d'amour, cette nuit, invisible et prochain,
Si près que je pourrais, en étendant la main,
Y toucher chaqi;e fois et la ramener pleine,
Tantôt rôde et suspend sa démarche incertaine,
Et reprend pas à pas son silence évasif !
Car l'amour le meilleur est cet amour furtif

ÉLÉGIES ROMAINES

34r

Qui ne traîne après lui qu'une image effacée,
Et de qui l'apparence entre nos doigts pressée
Ne laisse pour seul charme et pour tout souvenir
Que les traits renaissants d'un immortel désir
'
Et sa jeune chaleur à nos lèvres brûlante.
Puis l'air même se tait, et Rome somnolente
S'étire, et s'abandonne au loin sans aucun bruit
Et, bercée ai, repos où s'allonge la nuit,
'
Sur la rampe indolente où sa beauté se couche,
M'attire dans ses bras et respire à ma bouche
Son souffle et cet esprit vague et silencieux
Qu'elle exhale en rêvant vers le calme dçs cieux.
FRANÇOIS-PAUL AUBERT

•

•

•
•

'

�'

.

LE DIALOGUE AVEC GÉRARD

342

ment supérieur aux autres -

&lt;I

LE DIALOGUE AVEC GÉRARD
UN CHAPITRE DE MA LUTTE CONTRE LA MORT

Si tu plaisantes, on ne peut
plus jouer.

ANTONIN, 22 ans mobilisé comnie aiixiliaire à Paris.
GÉRARD, douze ans et demi, frère d'«n de ses amis.
1

AUX CHAMPS-ÉLYSÉES,PENDANT LA GUERRE

ANTONIN, l'abordant. - Gérard, Dejoie a été tué !
GÉRARD. - Je viens de l'apprendre.
ANTONIN. - Et il y a trois jours encore, tu te souviens, je te parlais de lui. Ce garçon que j'ai c?nnu à
peine, je te disais c9mbien j'aurais aimé que t01, tu le
connaisses. - Tiens, sa photo. (Pendant que Gérard la
regarde.) Il y a des gens qui sont d~s héros nés. Ils n'ont
• pas encore fait leurs preuves, et déjà ils emportent
l'admiration. Qu'avait-il fait d'exceptionnel, ce Dejoie ?
Il était très brave, mais pas plus que beau1oup d'autres.
Pourtant je le mettais à part ; je faisais de lui un type ;
jè recueillais s_es attitudes et ses actes ; j'aurais voul~
lui construire une légende et je sais qu'il m'en eût su gre,
car_ et c'est peut-être le seul point où il ait été franche-

•

343
c'est un héros qui n'était

pas modeste. Et tandis qu'une sainte jalousie ne m'eût
pas laissé de repos avant de l'avoir dépassé, cependant,
pour le monde, j'aurais accepté de paraître moins que lui.
GÉRARD, après avoir regardé la photo. - Tu me la
donnes ?
ANTONIN. - L'extraordinaire chose! J'ai sur moi la
photo d'un €arçon à qui j'ai parlé une heure en tout
peut-être dans ma vie, avec qui je n'ai pas échangé une
lettre, dont je n'ai même pas su où il habitait, - et toi tu
~e l'as jamais vu, et tu me la demandes! Ah! que n'aur:itI! accompli, celui-là, s'il avait vécu! (Un temps. A luimême.) Rien, peut-être.
Il a donné la photo. Gérard la met dam; son
portefeuille.
GÉRARD. - Dis donc, il faut que je te demande
quelque chose ...
ANTONIN, rempli de gravité. - Demande.
GÉRARD. - Tu ne sais pas où je pourrais acheter un
bouchon par ici, parce que Dubois m'a parié que je ne
pourrais pas en allumer un âvec une loupe, au soleil.
. A~TONIN., - Excuse-moi. J'en étais encore à Dejoie.

S1 c est tout 1 effet que ça te fait !
GÉRARD. - Qu'est-ce que tu veux, il est mort. Tout
le monde meurt.
ANTONIN. - Tu ne diras pas ça quand tes parents
mourront.
GERARD. - Si, je pleurerai un peu; et puis je dirai :
&lt;( Il fallait bien qu'ils meurent. ii C'est un raisonnement à
se faire.

ANTONIN. -

Oui, c'est bon. -

J'avais autre chose

�.'

••

344

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

aussi à te dire, mais dans ces conditions-là je me tais .
. Un silence.
G:E:RARD - Est-ce que je t'ai froissé ? Tu as l'air de

.•

faire la tête.
ANTONIN. - Je songe seulement à la dernière heure
où j'ai vu ce garçon. C'était il y a un mois dans la chapelle
du collège dont nous étions tous deux des anciens, à ce
fameux Salut de Pâques, - je t'en ai parlé bioo souvent. Il
êtait dans le chœur, face à moi, enveloppé de son grand
manteau de cavalerie, ses cheveux noirs en arrière, ses
mains sur le pommeau de son sabre, et, comme dans le
vers de l'Iliade, « dépassant tous les autres de la taille,
ainsi qu'il convient à un dieu &gt;&gt;. Et moi, avec angoisse, sur
son maigre visage glabre d'ascète et de chevalier, je
cherchais à lire s'il ressentait cette heure autant que moi.
Quand nous sortîmes et qu'il vit les élèves défiler devant
lui sans s'arrêter, il fut pendant quelques secondes comme
recouvert d'une ondée de faiblesse, puis il se plaignit
que, parmi les plus jeunes, personne ne sftt plus même
son nom. Et comme je lui répondais : « Le sauraient-ils
« encore, vous croiriez-vous donc moins oublié ? --. Ah !
« fit-il,il ne faut pas dire cela!» Et voici qu'à présent, tandis
que les étrangers eux-mêmes ont devant cette mort une
bouffée de surprise, de peine, de révolte, je ne sais quoi,
toi, un enfant, le premier de tous, sur ce corps encore
chaud tu jettes ta petite poignée de terre ... Ah ! non, cela,
ce n'est pas bien.
GÉRARD. - Si j'avais su que j'allais te froisser, je ne
l'aurais pas dit.
ANTONIN. - Tu ne m'as pas froissé. Tu emploies toujours des termes inexacts.

•

LE DIALOGUE AVEC GÉRARD

345
GÉRARD. - Corrige-moi.
ANTONIN. - Dis-moi, est-ce que tu penses quelquefois
à la guerre?
GÉRARD. - Pas bien souvent.
ANTONIN. - Et à tout ce qu'on souffre.? Et à tous
les pauvres morts ?
G:E:RARD. - Un petit peu. Pas bien souvent. - Et toi ?
Un silence.
G:ÊRARD. - Ecoute, je réfléchis à quelque chose.
Cest que si j'avais entendu quelqu'un dire ce que j'ai
dit pour la mort de Dejoie, j'aurais été scandalisé. Seulement quand c'est moi qui le dis, je trouve ça tout naturel.
ANTONIN. - Je comprends assez ton sentiment. Tu
es plutôt orgueilleux.

GÉRARD. - Oh! non, pas excessivement. Mais égoïste
ah!ça...
'
_ANTONIN. - On te le dit, ou bien tu t'en aperçois
toi-même?
Gll:RARD. - Les deux.
ANTONIN. - Est-ce que personne n'a le pouvoir de
te faire de la peine ?
Gll:RARD. griffer.

Si, les chats ! Ils peuvent toujours me

ANTONIN. - Gérard, sage Gérard, qui sais si bien
m'avertir, quand il m'arrive de sortir de la mesure.
GÉ~RD. - Quand j'étais petit, maman m'appelait :
«Sa Ma1esté» (Oh! j'étais très gentil, je ne faisais jamais
de mots d'enfant). -Au lycée, ce sont tous des imbéciles.
On ne peut pas parler avec eux de choses sérieuses:
Pourtant, il y en a de plus intelligents que moi. Je suis
dans la moyenne.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇA1SE

ANTONIN. - Plutôt au-dessus de la moyenne.
GÉRARD. - Les jours où il fait du soleil.
ANTONIN. - Tu es intelligent, mais assez inégal.
Il y a des heures entières où tu n'as rien de sensationnel.
GÉRARD. - Oh! ça va bien! (Il a rougi.) D'ailleurs,
c'est toi qui veux toujours des choses sensationnelles.
ANTONIN. - J'ai bien tort. - Tiens, entrons une
minute rue Marignan, j'ai une lettre à déposer ...
GÉRARD. - Si tu crois que j'ai le temps! Et mon
travail ?
ANTONIN. - Toujours 1
GÉRARD. - Plus que jamais. Pourtant à condition
que je ne me fatigue pas. Tu sais, je ne suis pas très solide.
ANTONIN. - Ah ! Le médecin ... Toi aussi !
GÉRARD. - Il y a des compositions que je ne fais pas.
ANTONIN. - Des études que tu as la permission de
manquer ...
GÉRARD. - Et je suis dispensé ...
ANTONIN. - Et tu es dispensé de la gymnastique .!
GÉRARD. - Justement !
ANTONIN. - Dire que tant que durera le monde
il y aura toujours des petits garçons qui seront dispensés
de la gymnastique !
GÉRARD. - Ça m'est absolument défendu de toucher
à un livre le jeudi après-midi et le dimanche.
ANTONIN. - Moi, ça m'est absolument défendu de
dormir moins de sept heures par nuit.. Mon Dieu, comme
cest étrange que d'âge en âge .. . (Quatre secondes de rêverie,
puis.sur un autre ton.) Dis-moi, tu me disais tout à l'heure:
« Il y en a de plus intelligents que moi. " Mais, en somme,
intelligent ! intelligent! c'est bien difficile, de dire

LE DIALOGUE AVEC GÉRARD

347
de _quelqu'~n qu'il est tout â fait intelligent. A quoi reconnais-tu, t01, que les gens sont intelligents ?
GÉRARD. - Je trouve intelligents les gens qui comprennent ce que je dis.
ANTONIN. -Ah! comme tout tourne autour de toi!
Et tout le temps c'est ainsi. Je pensais à Dejoie
et à sa mort, et voici que nous causons, et Ja vie m'a
repris.

GÉRARD. - Tiens, un qui n'est pas intelligent, c'est
Chaumont. On m'a donné pour ma fête un accu ... un accu
de vingt-cinq francs ... (je n'ai pas reçu que ça, naturellement .. .) Eh bien! je lui demandais hier un renseignement
dessus, il n'a même pas été capable de me le donner.
ANTONIN. - Non, non, là mon ami, tu dérailles.
Quelqu'un peut être très intelligent et ne pas connaître
le fonctionnement d'un accu. Ainsi moi, qui ne sais pas

au juste ce que c'est.. . (Gérard éclate de rire.) Tu crois que
ce n'est pas possible ? Ah ! je vois, tu vas encore prendre
des airs protecteurs avec moi.

GÉRARD. - Mon cher, quelqu'un d'intelligent, c'est
Brossard.
ANTONIN. - Ton professeur de lettres? Je le connais bien ; j'ai été jadis avec lui ; nous sommes restés un
peu en relations. Défie-toi de lui. C'est un de ces types qui
agissent en vue de leurs idées, et non en vue de tel et tel
être. Tu comprends ?
GÉRARD avec une impétueuse gravité. - Expliquemoi. (Jnconsciemment il ralentit le Pas.)
ANTONIN. - J'aime beaucoup quand tu dis : « Explique-moi». Seulement, je te préviens, c'est encore pour
te dire du mal de quelqu'un. Mais est-ce de ma faute ?

�•

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Nous vivons au milieu de gens, il y a plus de différence
entre eux et nous qu'entre moi et ce chien.
GÉRARD. - Allez, hop, sale bête I Je n'aime pas les
chiens. Ils obéissent toujours.
ANTONIN. - Les Brossard, les Didier, les Martin,

.,

1•

•

.t

••

ces gens-là n'ont pas d'âme.
GERARD, tournant la tête. - C'est vrai ?
ANTONIN troublé, ému par l'accent de l'interrogation.
- Si bien sûr ils ont une âme. Mais il y a toute une
parti~ de la vie qui leur échappe. (A part.) Je ne le
tromperai pas! C'était pour, les grandes personnes !
GÉRARD.- Le tout est què ce soient des honnêtes gens.
ANTONIN. -Tu as raison. N'empêche que, dans ma
cornpaguie, par exemple, il est hors d~ doute que c'est le
chien du cuistot qui est le seul à avoir quelque chose
d'humain.
GÉRARD. -Oh! ... Ça, ce n'est pas vrai! Tu te trompes!
ANTONIN. - Peut-être .
GERARD. - Certainement !
ANTONIN. - J'oubliais ; • peut-être ,, ce mot-là
n'est pas de ta langue. Mais, voyons, sincèrement, ne
crois-tu pas qu'il y a bien des gens, âgés et avec des
honneurs, et qui n'en ont pas dit dans toute leur vie
autant que nous dans une petite demi-heure ?
GÉRARD. - Tu crois? Des bourgeois? Moi, j'aime·
bi~n ce genre de conversation ; tu as raison, on doit toujours voir les choses en profqndeur. C'est plus facile,
aussi, depuis la guerre.
ANTONIN. - Nous sommes des profiteurs.
Gérard n'entend pas. Il a couru vers un arroseur
public, s'est approché du jet d'eau, avec passion

LE DIALOGUE AVEC GÉRARD

349
cherche à se faire mouiller. Triomphe, voilà
sa manche trempée/ Il revient, s'esclaffe aux
mots bien sentis d'Antonin. Ils repartent. Un
°temps de silence un peu triste. Puis ;

GEAARD. - Et Brossard ? Tu devais me dire du mal
de Brossard ? Ah I mais, d'abord, que je me cuirasse...
Voilà, vas-y.
ANTONIN. - Brossard vous prend par le bras, vous
met le bras autour du cou. On se dit:« Comme il m'aime J
To~t le monde ne me prend pas par le bras comme ça ! ,
Mais observe un peu : Pierre, Paul, Jacques, Je premier
que tu lm amèneras, tous il les prend par Je bras tous il Jes
aime l C'est un professionnel de l'attacheme;t, simple-men_t parce qu'il ne s'attache à personne, qu'il n'aime que
ses idées, son mfluence, ce qu'il appelle son apostolat.
C'est pourquoi je te dis sans plus, mais très sérieusement
que je crois qu'il n'a pas un intérêt vraiment réel, per'.
sonn:l, po~ _toi pas plus que pour les autres. Quant à
m01, J~ cro;s, Je suis sûr que, _le jour où il y aurait quelque
chose a faire pour moi au point de vue moral, Brossard
ne le ferait pas.

,,

GÉRARD, avec une force extraordinaire. - Oh t s·
il le ferait l Tu n'as pas le droit de croire ça!
ANTONIN. - Comment, je n'ai pas le droit t
GERARD. - Non,!
ANTONIN. - Ah) comme tu affirmes! Comme tu dis
que n'ai pas le droit ! Non, là, tu ne te souviens pas ;
ce n est pas de l'entendu à la maison. Eh bien I c'est
beau d'affirmer ainsi l'attachement que les gens ont pour
vous. C'est propre, cela prouve un caractère ...
GERARD. - Oh! là, là, uh caractè;e I Tu ne me

!e

�350

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

connais que comme je suis avec toi, où je me tiens, mais
au fond je suis mou comme une chiffe ... (après une petite
hésitation: ah! premier froncement des sourcils, première
lutte contre Ïe silence, premier heurt contre la muraille!)

une nature, peut-être ...
ANTONIN. - Une nature ... quels mots curieux ... Mais
c'est égal, une nature, non, je t'assure, ici, c'est plutôt
du caractère. C'est du caractère que d'avoir des idées
ainsi à soi et de n'en pas démordre, et puis d'avoir cette
foi dans les êtres. Oui, vraiment, je t'admire.
GÉRARD. - Oh! je t'en prie, ne m'admire pas.
ANTONIN. - Et je songe que tu dois avoir une très
mauvaise opinion de moi, que je te dénigre ainsi un de
tes professeurs.

GERARD. - Oui, je trouve ça très mal.
ANTONIN. - Pourtant, parce que le hasard l'aurait
fait ton professeur, de~rais-je ne pas te mettre en garde,
par exemple, contre quelqu'un dont je saurais que 1a
vie est mauvaise? Non, j'ai conscience de n'avoir pas
mal fait.
GÉRARD. - Alors, de ton côté, tu es tranquille.
ANTONIN. - De mon côté ... Et du tien, je devrais ne
pas être tranquille ?
GÉRARD. - Ne t'inquiète pas. !u sais, je suis bien
soigné au point de vue moral.
ANTONIN. - Nous disons des ~hoses pas ordinaires.
Ils passent devant le Grand Palais.
GÉRARD. - Tiens, là, au coin du pont Alexandre,
hier soir, j'ai attendu papa pendant une heure. Saistu ce que j'ai fait ?
ANTONIN. - Non.

LE DIALOGUE AVEC GÉRARD

351
GÉRARD. -Avec mon couteau, j'ai gravé le nom de
Guynemer dans le parapet. Et puis profond, tu sais !
ANTONIN. - Tu as bien fait.
GÉRARD. - Papa m'a confisqué le couteau. II.a dit
qu~ c'était u? très beau couteau, que je l'avais esquinté.
Mrus, au lycee, tous les types ont fait comme moi sur
leurs pupitres. - A propos, je vais te raconter une' histoire ; tu ne la répèteras pas. Ou plutôt c'est quelque
chose à te demander.
ANTONIN. - Où l'on peut acheter un bouchon ?
GÉRARD. ~ Oh! je t'en prie! Je serai obligé de
cesser mes relat10ns avec toi si tu prends l'habitude de ce
petit genre de te fichotter de moi.
ANTONIN. - Et alors, qu'est-ce que c'est que ton
" histoire » ?

GERARD. - Hier, en récrée, j'étais à côté de grands
qm parlruent. Il y en avait un qui disait qu'on peut vivre
s~s aucune morale. Alors j'ai pensé que ce n'était pas
bien d'écouter et je suis parti. - Dis-moi ce que tu en
penses. Est-ce qu'on peut vivre sans aucune morale ?
ANTONIN. - A côté de toi, non, on ne peut pas. '
GERARD. - Pourquoi "à côté de moi » ? Est-ce que
c'est encore une rosserie ?
ANlONIN._ - (j'étais dans une forêt épaisse, et soudalll Je me sms trouvé devant la mer. Je suis devant lui
comme devant une mer. j'ai les yeux plus grands comme
quand on regarde la mer.) (Haut.) Mes gants crème, mes
bottes bien luisantes, n'y crois pas I C'est toi qui as raison.
GERARD. - Qu'est-ce qui te prend ?
ANTONIN: - (J'ai vu le Bien. Il était beau, aveuglant
comme un€ chose primordiale. Il brûlait comme un

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�354

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de ce que j'écris ; avoir retrouvé à chaque réveil la nuit
que j'avais quittée le soir, et fait ma lampe éternelle comme
si mon front contenait un dieu ; avoir pu vraiment sans
ridicule prononcer les mots : « Se tuer à la tâche &gt;, et se
tuer à une tâche pour laquelle je n'étais ni désigné ni
armé, parce que je la croyais plus pressante en vue du
bien de la patrie, et partir, à présent, prodigieusement
fatigué, fatigué comme tune le sauras jamais,dans ma tête,
mon corps, mon cœur, n'emportant à mes tempes que ma
migraine pour couronne de lauriers, et partir, et toi, avec
tes douze ans et demi, venir me dire que tu me blâmais !
GÉRARD. - Ce que tu as fait est très bien, mais tu as
par1é de compensation : tu compares des choses qui ne
peuvent pas se comparer.
ANTONIN. - Est-ce qu'il n'y a pas une sorte d'équi-

f

:·

1

1

1•
1

•
libre ...
GERARD. - Tu ne sais pas ce que tu dis !
ANTONIN. - Ah I Gérard, comme tu es dur ! Et je
suis là, à me justifier devant toi I Personne ne me juge
autant que tu me juges. j'ai entendu des gens me dire
que je faisais mon devoir, et des gens honorer ma conduite;
je n'en ai jamais entendu me parler comme tu me parles.
GÉRARD. - Tu ne sens pas que tu aurais servi à
l'armée davantage qu'en travaillant pour toi-même ?
ANTONIN. - Pour moi-même ? Mais c'est pour toi,
c'est pour vous tous que j'acquiers! Ah ! S'il n'y avait que
moi, il y a longtemps que j'amais perdu courage. Tandis
qu'avec toi je commence-à être imnaortel...
Un long silence. Gérard se rortille misérablement
pour rouler à l'intérieur les pointes de son col
marin, qui ont un bien _mauvais pli. Enfin ;

LE DIALOGUE AVEC GÉRARD

355
ANTONIN péniblement _Etal
y a beaucoup de gens qui ~nt
ors ... alors tu crois qu'il
là ?
pu penser comme tu penses
GÉRARD · _ Je n' en sais
. nen
.
J
•
psychologiste.
· e ne sms pas un
ANTONIN. - Il se pourrait
.
toutes les civilités ,
,
_que,_depws deux ans.sous
qu on ma faites il y ait
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réprobation I Je , • .
.
•
eu ce te même
je faisais pl~s qu: 0::":sv;~;gé -~ cela, croyais que
figurer Et ·1 f
... J en étais venu à me
...
I aut que ce soit par t . C
est étrange t (Devant lui t
,
omme tout cela
mort.)
out s éclaire. II est pareil à la

:1

!e

m.

toi.GÉRARD . - Oh .1 J·• ai• tout de même de l'estime pour
ANTONIN. _ A
.
.
sûr
,. .
u moms, mimtenant, tu peux êtr
que, d JCI quatre mois, le petit rub I'
e
GÉRARD (
an, a ...
avec dédain)
Oh l 1 C ,
ANTONIN _ T
:a ro,x de guerre 1
exiges davan~age. u ne sa1s pas ce que je ferai et déjà tu
GERARD. - Ça te fait quel âge en somme 1
AÉNTONIN. - Vingt-deux anse~ avril
.
GRARD. - Ce n ,est plus tout jeune·
ANTONIN, dans un petit souffle. - No~
GÉRARD. - Dis donc, tu fais c0 il · ·
.
Figure-toi ·•e ·
.
echon de timbres ?
.
' J n ai un, ,J vaut cinq cents fr
•
vrai ? Tu ne fais collection de rien I
an'.'5··· C est
que tu fais de ]a boxe? Figure-t .. ,'. (Autreidee). Est-ce
d b
(
01, J ai mventé un« cou »
e oxe... Longue démonstration b.
p
qu'a inventé G' d A
.
• ien confuse, du« coup»
erar . ntonin rend la
. B
Tu pars bientôt ?
main. rusquement.)
ANTONIN. - Demain soir.

�356

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

GÉRARD. - C'est vrai ?
ANTONIN. - (Il demande toujours si c'est vrai).
(Haut.) Voici mon ordre de transport.
GÉRARD. - Ah! si je partais avec toi, tu verrais, je
me battrais comme un lion. Mais, par exemple, avec moi,
jamais tu n'aurais de repos. Toutes les fois qu'il y aurait
un endroit dangereux, il faudrait que tu y ailles. Si tu
étais blessé, je te-défendrais de te faire évacuer. Il faudrait
que tu sois tout le temps épatant.
ANTONIN. - Mon Dieu, c'est une très bonne idée ...
tout de même, j'avoue que je ne vois pas ...
GÉRARD. - Et moi, qu'est-ce qu'il va falloir que je

••
!

fasse ?
ANTONIN. - Que tu fasses?
GÉRARD. - Pour la gnerre.
ANTONIN. -Que tu fasses ... pour lagnerre ... (Compreprenànt.) Oui, je suis sûr que tu aurais des façons de te
rendre très utile, très utile. Je vois cela vaguement ... Je
ne pourrais te dire encore rien de précis. Mais j'y réfléchirai, je te l'écrirai.
GÉRARD. - Oui, tu m'expliqueras ça. Mais d'ici
là?
ANTONIN. - D'ici là ... Tiens, je me souviens d'une
chose que tu m'as dite il y a quelque temps et qui m'avait
beaucoup frappé. •Tu m'as dit qu'à la rentrée, dans les
« compositions » de ta classe, tu étais en moyenne vingtième sur trente-sept élèves ...
GÉRARD. - Dame, je suis d'une classe en avance ...
Et je te disais qu'à présent je suis toujours dans les huit
premiers.
.
ANTONIN. -C'est cela. Eh bien! cela. fait évidemment

LE DfALOGUE AVEC GÉRARD

357

une toute petite chose dans Je monde et toi-même tu vas
peu~-être me trouver un peu ridicule, mais je ne peux pas
te dire comme Je trouve _cela admirable.
GÉRARD, très excité. - Oh ! tu as vu ... le chauffeur
nègre ... c'est comme mon oncle Ernest ...
ANTONIN. -Non, écoute-moi! Ne parlons pas d'autre
chose! Ecoute-moi ! Quand je te vois ainsi remonter un
~ar un ~out le peloton, il me semble que c'est comme si
Je voya'.s une lutte à la corde où l'une des équipes est
composee de Français, et tu t'" joins, et tu tires, et à
cause de toi les Français gagnent cinq centimètres de
terrain. Tu comprends ?
GÉRARD. - Un peu.
ANTONIN. - Ton courage ! Toi au lycée et moi à la
guerre ... Mais tout de même compagnons d'armes.
GÉRARD. - Partisans !
ANTONIN. - Nous sommes les forts.
. GÉRARD. - Oui, quelque chose de ... (Plus bas et
vite, parce qu'il n'est pas sûr du mot) de solennel.
'
ANTONIN. - A quoi serviraient ces milliers de
g"-'."ç~ns qui ~e font tuer, si tu ne cherchais pas à être
hmtJèma au lieu de vingtième ? ·
GÉRARD, avec angoisse. - Ah ! voilà que tu recommences à plaisanter ...
ANTONIN.
· t e 1e ]Ure,
·
·
·
.
. - Non , non , Gérard , Je
1ama1s
plus Je ne plaisanterai de ma vie.
, GÉ~RD. - Et puis, j'avais peur que tu te paies ma
tete, et Je veux bien tout, mais pas ça.
•
ANTON!~, merveilleusement. - Je te salue, force
pleme de grace, le Seigneur est avec toi.
GÉRARD. - Ne commence pas tes discours.

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L'AGE DE L Hl." ?IL.\'.'.IT'É

360

Ou un transatlantique abordant rue des Blancs-Manteaux,

L'AGE DE L'HUMANITE'
FRAGME NTS

I
Rue des Blancs-Manteaux
C'était bien l'endroit
Elle avait un manteau d'hermine
Contre mon désir et contre le froid,
Contre le fouet du vent et mes doigts pires que des
couteaux.

Rue des Rosiers
C'était bien l'endroit
Les roses mouraient sur son cœur étroit.
Je ne vis d'elle que son pied
Et sa iambe de soie
Et ses yeux de Sulamite
Rue des Filles-du-Calvaire, ru~ des Guillemites,
Rue des Francs-Bourgeois, rue de la Verrerie ...
Comme s'ils avaiént aperçu un carrosse de féerie
r. Poème à paraître aux éditions de la Nouvelle Revue Française.

Les pl,ts ~ieux petits enfants du monde, - c'était une
ioie de les surprendre ! Glapissaient : Une auto ! ... une auto !
A l'angle de deux murs que le petit matin laissait
encore ténébreux
L'ombre d'un homme qt&lt;'à Lodz en mil neuf cent u11
i' avais vu pmdre
Collait patiemment une grande affiche iamie en hébreu.
Parfumée encore des roses du triomphe
Dont les dernières s' effeuillaient sur ses souliers de
satin
Rachel frigide à moins qu'un désir animal ne gonfle
Ses hanches et ses seins,
Me dit alors, méprisante un peu à cause que ie ne
pouvais pas lire les caractères sacrés :
- Cela c'est le beait théâtre,
Autre chose qite vos tréteaux d'idolâtres,
,
Non, sans doitte, ie n'y parais iamais, ça n'est pas fait
poitr les pittains.
La Terre Promise et les caves de Varsovie,
Les prophètes, les rois et les peuples avides,
Hérode, Beylis le Criméen, David,
Saül Gràneïzen le chasseur des A mbass' toitchant la
harpe de David! ...
Une vieille-à perruque acaiou
Posa un édredon à fleitrs sur le rebord de la fenêtre

�362

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Et un oiseau sans plumes sauta dessus comme une puce
sur une 7oue
Chantant aigrement le réveil des choses et des êtres.
Adieu... Déjà, Rachel ?...
Dis au chauffeur d! arrêter ...
Le jour pénètre dans la rue des Rosiers.
Derrière une vitre sale un vrai buisson ardent,
Rachel porte à ses lèvrès peintes un sifflet d'argent,
Un rideau qu'on agite, une porte qui s'ouvre ...
Ne te fâche pas, bel Hébreu qui couvres sa retraite,
J c ne suis pas jaloux, laisse seulement le chrétien faire
encore une fois
Un péché chrétien
En regardant la soie
Vivante de ses bas.
C'est awjourd' hui samedi, jour du Sabbat,
Rachel en loiig manteau d'hermine fermé d'épines,
ô roses qui se fanenJ !
Rachel qu'un vice retrouvé fait illustre entre les courtisanes,
Rachel entre les bras d'un maître aux cent visages,
Rachel sans honte, pmdente et sage,
Rachel toute nue, au lit, au bain, en scène,
Rachel impure, Rachel avec son singe, Rachel obscène,
Dans leur vermine et dans leur fange,
O beauté, comme eux va te laver et va te reposer des
ignobles échanges!

•

L'AGE DE L'HUMANiTÉ

•

II
Mon Dieu, quand sonnera la trompette de l' Ange,
Quand l' Ange sonnera aux malades,
Aux âmes malades pleines d'épouvante,
Quand les ennemis d'ici-bas se compteront tous camarades,
Quand l' Ange trompette-major sonnera d'abord Votre
Refrain,
Vous pourrez témoigner, Seigneur, devant ces âmes,
Que si je ne vous ai pas trouvé
Du moins vous aurai-je beaucoup cherché parmi les
hommes et les femmes
Sans négliger les mauvais lieux
Au temps que i' étais le mieux possédé du plus pur désir
de Dieu,
Et si je n'ai pas su vous reconnaître
Sur le monde et dans le monde périssable des êtres,
Si je ne vous ai pas trouvé
Du moins n'ai-je risqué votre condamnation
Qu'en me trompant de verre et de bouteille
Jaloux d'éprouver l' uii quelcoiique de vos vases d' élection,
.
Seigneur, au temps perdu de mes funestes veilles.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

••
I

] e ne vous ai pas reconnu
A cause de notre folie des habits lorsque vous étiez nu,
]-e ne vous ai pas trouvé dans la nuit où je trébuchais,
Pourtant il est avéré, Seigneur, que vous étiez là où je
vous cherchais.
Comme une recrue imbécile,
Imbécile, pas indocile,
Qui ne sait pas reconnaître les grades
Je ne vous ai pas su rendre les honneurs,
Mais n'ai-je sans hésitation ni murmure accompli
les corvées les plus viles ?
A cause de l'abrutissement qui rend moins lourdes ces
corvées
A cause du sommeil qui suit où l'on rêve à peu près
comme le cheval peut rêver
A cause de ma misère, i' ai méconnu votre splendeur
Mais n'ai-je répondu à tous les appels le premier devant
tous les camarades ?
Et me voilà-t-il pas, le ceinturon de douleur aux reins
Dans l'attente de l' Ange
Dont la trompette éclaboi,ssera de Votre lumière notre
fange
Quand elle sonnera, Seigneur, Votre Refrain ?
ANDRÉ SALMON

•
•

NOTE CONJOINTE
SUR M. DESCARTES ET LA
PHILOSOPH\E CARTÉSIENNE'
DEUXIÈME FRAGMENT
Les u honnêtes gens » ne mouillent pas à la grâce.
C'est une question de physique moléculaire et globulaire. Ce qu'on nomme la morale est un enduit qui
rend l'homme imperméable à la grâce. De là vient que
la grâce agit dans les plus grands criminels et relève les
plus misérables pécheurs. C'est qu'elle a commencé par
les pénétrer, par pouvoir les pénétrer. Et de là vient que
les êtres qui nous sont les plus chers, s'ils sont malheureu-

sement enduits de morale, sont inat&gt;aqnables à la grâcé,
inentarnables. C'est qu'elle commence par ne pas pouvoir
les pénétrer. A l'épiderme.
Ils sont impénétrables, en tout, absolument, parce
qu'ils sont enduits, parce qu'ils ne mouillent pas à l'épiderme, parce qu'ils sont impénétrables à l'origine de
mouillature, à la surface de mouillature, qui est l'origine
et la surface de pénétration.
I.

Voir la Notwelle Revue Française du

1u

juillet

1919.

�•

366

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Un liquide mouillant, un corps mouillant, mouille
ou ne mouille pas. Il ne mouille pas plus ou moins. Il
mouille ou il ne mouille pas. Ce n'est pas une question de
plus ou de moins. C'est une question de tout ou rien. C'est
une question de commencer ou de ne pas commencer.
Et ensuite d'avoir commencé ou de n'avoir pas commencé.
Un acide mord ou ne mord pas ; attaque ou n'attaque
pas. Beaucoup d'acide sulfurique ne féra pas ce que n'a
pas fait un peu d'acide sulfuric1'1e.
Ce n'est plus une question de quantité.C'est une question
d'entrer ou de ne pas entrer.
C'est pour cela que rien n'est contraire à ce qu'on
nomme (d'un nom un peu honteux) la religion comme
ce qu'on nomme la morale. La morale conduit l'homme
contre la grâce.

.
•

•

1

Et rien n'est aussi sot, (puisque rien n'est aussi Louis-

Philippe et aussi monsieur Thiers), que de mettre ça
ensemble la morale et la religion. Rien n'est aussi niais.
On peut presque dire au contraire que tout ce qui est
pris par la grâce est pris sur la morale. Et que tout ce
qui est gagné par. la nommée morale, tout ce qui est
recouvert par la nommée morale est en cela même recouvert de cet enduit que nous avons dit impénétrable à la
grâce.
(C'est la même maladie que de mettre ensemble la
famille et la propriété. Comme si ce n'était pas principalement le régime de la propriété moderne et le goût moderne
de ce régime et de cette propriété dans le monde moderne
qui fait périr, qui anéantit la famille et la race. Et c'est
bien d'ailleurs la même confusion, la même fausse ligature

•

NOTE SUR M. DESCARTES

et conjonction. La morale est une propriété, un régime
et certainement un goût de propriété. La morale nous
fait propriétaires de nos pauvres vertus. La grâce nous
fait une famille et une race. La grâce nous fait fils de Dieu
et frères de Jésus-Christ).
C'est bien ce que l'on disait, dans les siècles de la
grandeur française, c'est bien ce que disaient nos anciens
et nos pères, c'est bien ce que l'on disait quand on savait
parler français, quand on disait que la grâce touche les
·cœurs. Ce qui implique aussi et par là même que quand
elle n'atteint pas, quand elle ne pénètre pas, c'est qu'elle
ne touche pas. C'est qu'elle n'établit pas un contact.
C'est la formule même de Polyeucte. C'est donc la formule
définitive. Et il sèrait bien vain d'en vouloir chercher
une autre. Et il serait bien vain de vouloir chereher mieux.
J'ai dit souvent que Polyeucte était la plus grande œuvre
et la plus parfaite que l'on verra jamais. Car elle n'est pas
seulement parfaite : elle est parfaite de toute part, elle
est féconde de toute race, elle donne de toute main. Et elle
est pleine de toute plénitude. Et elle est sans peur et
po11rtant elle est sans reproche. Et elle est sans reproche
et pourtant elle est sans peur. Elle réalise ainsi, sans
ombre de gêne, et ainsi sans ombre d'effort, sans apparence d'effort, la plus rare liaison, la plus rare conjonction
qu'il puisse être donné à une œuvre d'effectuer. C'est une
œuvre de nature et ensemble une œuvre de grâce. C'est
une œuvre de vie intérieure et ensemble de vie publique.
C'est une œuvre de vie spirituelle et ensemble de vie
civique. C'est la guerre et la paix. Et c'est l'une et l'autre
guerre et c'est l'une et l'autre paix. Les Scythes et le

�•

368

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

péché. Les ennemis et !'Ennemi. Les Daces en fuyant ont
emporté son crime. C'est tout l'homme et c'est toute la
Ville. L'homme et Rome. Le monde et la cité. L'orbe et
l'urbe. Toute la détresse et tout Je triomphe. Et c'est aussi
toute la philosophie antique. Toute la sagesse aux prises
avec toute la grâce (et comme il a bien montré qu'en
effet de tout ce qu'il y a dans le monde c'est la sagesse
qui est la plu, impénétrable à la grâce). Et aussi tout le
secret de la légation du monde antique. Car il manque
bien de respect aux faux dieux, mais il ne manque pas
de respect à celui qui respecte les faux dieux, il ne
manque pas de respect à celui qui adore les faux dieux et
et qui a été nourri de la sagesse antique. Afnsi le monde
chrétien allait rejeter Jupiter mais n'allait point rejeter
Virgile. Afnsi le monde chrétien allait rejeter Zeus mais
n'allait p!lS rejeter Platon, ni Homère ; ni peut-être
même assez Aristote. - Et encore, dans ce Polyeucte,
naïvement et je dirai presque délicieusement Rome
et la province : Gendre d" gouverneur de toute la province. Et l'œuvre est aussi parfaite, aussi irréprochable, aussi irrécusable, aussi impeccable en théologie qu'en poétique. Elle aussi est une œuvre sans
péché.
Ce Diet&lt; touche les camrs lorsque moins on y pense: tellç
est la formule de Polyeucte. C'est la formule même de la
morsure, c'est la formule de l'attàque, de l'atteinte,
de la pénétration de la grâce. Mais elle implique si l'on
veut que celui qui y pense, qui a l'habitude d'y penser,
qui est recouvert de cet enduit de l'habitude est aussi
celui qui donne le moins de prise et pour ainsi dire le
moins de hasard de prise.

NOTE

SUR M. DESCARTES

Je ne veux pas forcer ce vers de Corneille. Je ne veux
pas en forcer le sens. Ce n'est pas une proposition théologique. Il y a beaucoup de propositions de théologie dans
Polyeucte, toutes d'un énoncé et d'une proposition impeccables. Ce vers n'en est pas une. Il est sensiblement autre
chose ; et qui demande une particulière attention. Il est
une proposition de l'histoire ou plutôt de la chronique
de la grâce. Il est une proposition de monument, de
reconnaissance, une proposition monumentaire et monu-

mentale de ce qui arrive, de ce qui se produit dans la
réalité de l'usage de la grâce. Je veux dire doublement de
l'usage que nous en faisons, de l'usage que nous faisons
d'elle et surtout de l'usage qu'elle fait de nous. Pour moi je
trouve ces propositions monumentaires, ces propositions
de reconnaissance de ce qui se passe dans la réalité infiniment plus pertinentes qu'une proposition théorique pure.
Une telle proposition d'histoire et de monument, de reconnaissance, une telle proposition de réalité ramassée, de
réalité arrivée est à une proposition théorique pure ce
qu'une campagne de Napoléon est à un cours de l'Ecole
de guerre.
Mais remontons au texte. Une fois là, remontons le
texte, cette pleine veine poétique, tragique, théœ:&gt;gique.
Nous allons voir combien elle abonde dans notre sens.

Seigneur, de vos bontés il faut que i' l'obtienne ;
Elle a trop de vertus pou, n'être pas chrétienne.
Avec trop de mérite il vous plut la former,
Pou, ne vous pas connaître et ne vous pas aimer,
Pour vivre des enfers esclave infortunée,
Et sous leur triste ioug mourir comme elle est nie.

•

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

370

PAULINE.

Que dis-tu, malheureux ? qu'oses-tu souhaiter ?
POLYEUCTE

Ce que de tout mon sang je voudrais acheter.
PAULINE.

Que pluMt..
POLYEUÇTE.

C'est en vain qu'on se met en défense :
Ce Dieu touche les cœurs lorsque moins on y pense.
Ce bienhe.ureux moment n'est pas encor venu ,·
Il viendra, mais le temps ne m'en est pas connu.

.

••

-

•

Je ne voudrais pas analyser ces vers. Et surtout je ne
voudrais pas les mettre en prose. Et je ne voudrais pas les
commenter. Autant que personne je sais que le vers et la
prose sont deux êtres différents et sans communication
et que dire la même chose en prose et en vers ce n'est
pas dire la même chose. Et qu'il '1 a dans le vers une vertu
propre, une destination propre. Tout ce que je voudrais
retenir de cette admirable poétique c'est que Dieu prend
l'homme pour ainsi dire sur ses mégardes. Mais que
deviendra celui qui n'a pas même des mégardes.
Dieu prend l'homme sur ses défenses. Mais que deviendra celui qui ne se met pas même en défense.
Remarquons bien que le propos de Corneille est ici le
contraire du nôtre. Ou plutôt c'est notre propos qui est
le contraire et le complémentaire de celui de Corneille.
Le propos de Corneille c'est l'histoire de Polyeucte. C'est
l'histoire d'un martyr et d'un saint. C'est la floraison de
la grâce et c'est la fructification du sang. Notre malheureux

NOTE SUR M. DESCARTES

37I

propos au contraire, et au complémentaire, c'est l'histoire
d; ce qui n:est pas Polyeucte. C'est l'histoire de ce qui
n est pas sa.mt et de ce qui n'est pas martyr. Et je dirai
surtout c'est l'histoire de ce qui n'est pas même
pécheur.
Corneille nous montre comment la grâce agit, comment

elle surprend, comment elle saisit, comment elle pénètre.
Notre malheureux propos aujourd'hui est de constater
comment elle n'agit pas, colilIT\ent elle ne pénètre pas.
Et alors Corneille triomphe. Mais nous ne triomphons
_pas.
Corneille triomphe. S'il s'agit de considérer les ravages
de la grâce, tout est merveille. Et tout sera émerveillement. Elle emporte ceux qui sont pour elle. Peut-être
plus elle emporte ceux qui sont contre elle. Mais ceux
qui ne sont ni pour elle ni contre elle. L'innombrable
troupeau des neutres. L'innombrable neutralité des
tièdes.
Elle emporte celui qui se met en garde. Mais celui qui
ne se met même pas en garde.
• Elle emporte celui qui se met en défense. Mais celui
qui ne se met même pas en défen;e.

Et à l'ange del' église de Laodicée écris : Voici ce que dit
en vérité le témoin fidèle et vrai, qui est le principe de ta
créature de Dieu :
Je sais tes a,uvres : que tu n'es ni froid ni chaud : puissestu lire froid, ou chaud.
Mais P~isque tu es tiède, e~ ni froid ni chaud, je commencerai a te vomir de ma bouche.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
372
Et angelo Laodiciae ecclesiae scribe: H aec dicit: A_men,
testis fidelis et verus, qui est principium creaturae Dei :

Scio opera tua: quia neque /rigidus es, neque calidus:
utinam /rigidus esses, aut calidus.
Sed quia tepidtts es, et nec /rigidtts nec calidus, incipiam te evomere ex ore meo.

1 •

Le propos de Corneille est gracieux lui-même. Il s'agit
de montrer comment la grâce opère. Notre pauvre propos
au contraire, et au complémentaire, est ingrat. Il est disgracieux. Il s'agit malheureusement de montrer comment
la grâce n'opère pas.
Tant qu'on est du côté de la grâce ce ne sont que merveilles et éblouissements. Il reste malheureusement à se
demander pourquoi tout n'est pas du côté de la grâce.
Je me rends bien compte moi-même, qu'on le croie,
de l'espèce de bassesse qu'il y a et à analyser, et à com ·
menter une œuvre comme Polyeucte, et à essayer de dresser
quelle mauvaise table complémentaire, quel mauvais
inventaire de complémentation. Mais au point où nous
en sommes il faudra passer par cette bassesse encore.
Le problème que nous nous posons est le problème mêm:
de l'historien. Et c'est moibs celui du théologien que s1
je puis dire de .l'historien de la matière théologique.
/Le théologien étant, dans ce système de langage, le
théoricien de la matière théologique).
Que l'on me pardonne donc, et que je me pardonne à
moi-même d'analyser, de commenter, de complémenter
cette œuvre incomparable, Au point où nous en sommes
cette bassesse est devenue inévitable.

NOTE SUR M. DESCARTES

373

Corneille a choisi la meilleure part. Je ne parle pas
seulement de son génie qui fut un don unique et luimême une grâce unique dans l'histoire du monde. Je parle
de la matière où il allait appliquer son génie.
Corneille } choisi la meilleure part. Il a pris tout un
monde avant le premier éclatement de la grâce. Ou plutôt il s'est donné le monde (car· c'est toujours le même.
C'est toujours le même qui sert, la même matière, le temps
(et même en ce sens la durée) n'ayant qu'une dimension,
de sorte qu'il n'y a point une deuxième dimension par où,
suivant laquelle l'action proprement historique pourrait
s'échapper. De sorte qu'il est nécessaire que l'esprit
travaille toujours la même matière, opère toujours le
même monde).
Corneille s'est donné le printemps de la grâce. Et même
cette première aube du printemps qui passe en espérance
le printemps même et qui est comme une avancée de la
vie éternelle. Comme une anticipation de la béatitude.
Il nous a laissé non pas même les mélancolies de l'automne
et les feuilles tombées, mais. les ingratitudes du bois
mort.

Il s'est donné ce premier éclatement dans le monde du
bourgeon de la grâce. Il s'est donné le monde avant le
premier éclatement de la grâce, et il n'avait plus qu'à
nous représenter ces merveilleux éclatements. Il n''!vait
plus qu'à nous représenter ces cheminements inouïs.
Mais nous notre bassesse et notre malheureux sort nous

contraint à examiner les limitations c'est-à-dire les manquements de la grâce.
Corneille prenait le monde si je puis dire avant le
commencement de la grâce. Il avait donc tout à gagner,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
374
Et rien à perdre. Il ne pouvait que gagner. Mais à partir
d'un certain moment, qu'il resterait précisément à' situer,
et dans le temps, et dans le lieu, à ce certain moment

commence -µne malheureuse ère seconde où nôus pouvons

gagner ou perdre.
Une ère misérable, petite, qui est la nôtfe, et qui est
l'ère même de la militation.
Et de la limitation.
Et qui est à présent pour toujours.
Ce qui revient à dire, et très simplement, que la grâce
même, comme entrante dans le monde, comme s'intro•
duisant, comme opérante dans le monde, n'a point été
soustraite, ne s'est point soustraite aux conditions
générales de l'homme et du monde et que pour la grâce
aussi et pour la révolutiôn chrétienne c'est le coinmencement qui a été le plus beau. Pour la révolution chrétienne
aussi il y a eu une aube.
Et le premier soleil sur le premier matin.

Ce quirevientàdirequec'est une autre face du mystère
. de l'incarnation. Et homo factus est. De même que Jésus a
été vraiment et littéralement fait homme, de même qu'il a
été fait homme loyalement et sans tricherie, ainsi vraiment
et littéralement, par un mouvement parallèle et conjoint, et
peut-être inclus, par une incarnation peut-on dire parallèle et conjointe et peut-être et sans doute incluse, loyalement et sans tricherie la grâce a été faite temporelle et
historique, loyalement elle est entrée dans les conditions
générales de l'homme et du monde, et entre toutes dans
les conditions dominantes et dans celles où se ramassent
peut-être toutes les autres et qui sont les conditions de la

•

NOTE SUR M. DESCARTES

375
mémoire et en elles les conditions de l'endurcissement de
l'habitude. De l'encrassement de l'habitude.
Or si la philosophie bergsonier{ne a été la première
dans l'histoire du monde qui ait été à la mémoire (et en
elle à l'histoire) comme au cœur de la difficulté, si la philosophie bergsonienne a été la première dans l'histoire du
monde qui soit allée directement et centralement et par
une démarche qui a tous les caractères de la démarche
directe et immédiate du•génie, si elle est la première qui
soit allée axialement à matière et mémoire comme aux
deux termes, aux deux pôles rapidement dégagés du
problème le plus profond, qui ne voit par ce nouvel aspect,
qui ne revient à voir, qui ne recommence à voir q'uel
immense commandement la philosophie bergsonienne,
pour la première fois dans l'histoire du monde, nous a
donné sur les difficultés profondes, sur les difficultés
centrales et axiales de ce problème de la grâce qui est
sans doute lui-même le plus profond problème chrétien.
Dans ce problème de la grâce Corneille s'est réservé,
Corneille s'est donné la grâce même et il ne nous a malheureusement laissé que la disgrâce. Hs'est donné la part de
la grâce et il ne nous a malheureusement laissé que la part
complémentaire, qui se trouvait être par définition la
part de la disgrâce. Il s'est attribué la merveilleuse
démarche de la grâce, il ne nous a laissé que les disgrâces
et les inquiétud~s de la contre démarche et des limitations de la démarche. Il s'est donné l'efficience, il ne
nous a laissé que la déficience. Il s'est donné l'efficace, il
ne nous a laissé que les manquements.
Il s'est donné la sève et la fleur et le bourgeonnement.

•

•

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.

.

Il ne nous a laissé que l'ingratitude du soin de Sl\VOir
comment tout cela finissait par ne plus faire que du
bois mort.
Or du bois mort c'est du bois extrêmement habitué,
c'est du bois parvenu à la limite de l'habitude. Ou encore
c'est du bois tout plein de sa propre mémoire et des
résidus de sa mémoire végétale.
Et dans un système bergsonien, (je ne dis pas dans le
système bergsonien ; je ne veux pas engager notre maître
dans ces acheminements que je vois), la mort d'un être
est son emplissement d'habitude, son emplissement de
mémoire, c'est-à-dire son emplissement de vieillissement.
Et ainsi son emplissement de sclérose et de tout durcissement.
(J'entends d'une part la mort matérielle, temporelle ;
et d'autre part dans cette mort matérielle j'entends la
mort non accidentelle, (non par maladie, accidentelle),
qui elle, (la mort accidentelle),est mécanique en ce sens
qu'elle est toujours le résultat d'une faute du mécanisme,
mais la mort pour ainsi dire essentielle, normale, par
vieillissement, essentiel et normal).
Eh bien dans un système bergsonien, (je ne dis pas dans
le système bergsonien), cette mort matérielle, temporelle,
normale et non irrégulière, essentielle pour ainsi dire et non
accidentelle, régulière et non anormale, physiologique et
non mécanique, cette mort usuelle del' être, cette mort usagère est atteinte quand l'être matériel est plein de son habitude, plein de sa mémoire, plein du durcissement de son
habitude et de sa mémoire, quand tout l'être matériel est
occupé par l'habitude, la mémoire, le durcissement, quand
toute la matière de l'être est occupée à l'habitude, à la

NOTE SUR M. DESCARTES

377
mémoire, au durcissement, quand il nè reste plus un atome
de matière pour le nouveau qui est la vie.
En ce sens et dans ce système la mort pour ainsi dire
essentielle de l'être est obtenue, est atteinte quand l'être
atteint la limite de son habitude, la limite de sa mémoire,
la limite du durcissement de son habitude et de sa mémoire.
En d'autres termes, et comme il fallait s'y attendre, la
mort est la limite de l'amortissement.
Ou ce quf revient au même, elle est la limite du vieillissement.

C'est cela le bois mort. La mort est la limite de la plénitude de la mémoire, la limite de la plénitude de l'habitude, •
la limite de la plénitude du durcissement, vieillissement,
amortissement.

Quand toute la matière est consacrée à la mémoire
'
il y a mort.
Quand toute la matière d'un être, toute la matière
dont il peut disposer est affectée à la mémoire, (au vieillissement, durcissement, amortissement, habitude), quand il
n'y a plus un atome de matière de libre, alors on atteint
cette limite qui est la mort.
(La mort matérielle, physiologique).
(Et par là encore on aperçoit la liaison profonde, la
triple liaison profonde de la liberté avec la grâce et
avec la vie. Et qu'il y a une gratuité commune des trois.
Et que le déterminisme, (dans la mesure où il est pensable). (je ne me charge pas de le penser), (et queAdonneB
sans cesser d'être A et sans devenir B, qui lui-même n'esto
pas A, n'est plus A), et que le déterminisme physique et
méthaphysique n'est peut-être que la loi des résidus. De
ce qui;incessamment tombe .

•

•

�378

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Le déterminisme, (dans la mesure où il est pensable),
serait la loi de l'immense déchet.
(Et s'il n'est pas pensable par une pensée vivante, par
un être pensant, c'est précisément peut-être parce qu'il
est la loi de ce qui n'est plus dans le vivant, de ce qui n'est
plus dans l'être, du déchet).
.
Un être qui meurt est un être qui arrive à ce pomt, à
cette limite, d'être complètement envahi, complètement
occupé• par son déchet, par l'immense déchet de sa
mémoire.
La poudre et le débris, l'immense débris de son habitude.
Du bois mort c'est du bois extrêmement habitué. Et
une âme orte c'est aussi une âme extrêmement habituée.
Du bois mort c'est du bois habitué à sa limite. Et une
âme morte c'est aussi une âme habituée à sa limite.
Et il est extrêmement remarquable que la mort spirituelle, que la mort de l'âme est représentée dans le langage traditionnel de l'Eglise comme le résultat (et nous
pourrons dire comme la limite) d'un endu;c'.ssement. ,n .
faut se garder de voir là une métaphore. D a1,lleurs il_ n Y
a jamais de métaphore. Quand on parle de 1 endurcissement final et de l'impénitence finale il faut bien entendre
un phénomène réel d'induration qui rend l'âme_comme un
bois mort. C'est bien une incrustation spmtuelle, un
revêtement de l'habitude qui èmpêche désormais l'âme
d'être mouillée par la grâce .
Toute la matière spirituelle pour ainsi dire, toute la
matière de l'âme est alors affectée au revêtement de l'habitude, consacrée au revêtement de l'habitude, dévorée
par ]'habitude pour être, pour devenir ce revêtement.
C'est proprement une dégénérescence et c'est même une

•

•

•

NOTE SUR M. DESCARTES

379

dégénérescence physiologiqne. Le revêtement non seulement revêt. Non seulement il est un revêtement. Mais
descendant le revêtement atteint le cœur. Tout n'est
plus que revêtement. C'est proprement une dégénérescence de tissus. Le cœur même devient revêtement.
Le revêtement est tout et il n'y a plus rien de revêtu. ·
On connaît cette parole de vieil homme et que pour ma
part je trouve admirable. - . Quel dommage, disait-il,
qu'il faille mourir. (Il ne pensait qu'à sa mort physique,
car un homme capable d'une aussi douce parole, et aussi
profondément innocente, ne portait évidemment aucune
trace de cet endurcissement de l'âme qui aboutit à la
mort spirituelle). -Quel dommage, (disait-il), qu'il faille
renoncer à la vie. Dq&gt;uis te temps, ie commençais à
m'y habituer.
Il ne croyait pas si bien dire. C'est précisément parce
qu'il achevait de s'y habituer qu'il aboutissait aussi aux
achèvements de la mort.
Que d'autres cherchent des querelles littérales. La
lettre tue. Pour moi comment ne pas voir déjà, et en
attendant peut-être tant d'autres aspects, comment ne
pas voir une parenté profonde, un mystérieux accord dans
la profondeur de pensée, comment ne pas voir une
démarche et un approfondissement parallèle entre cette
vieille formule traditionnelle de l'enseignement de l'Eglise
que la mort spirituelle est le résultat d'un endurcissement
et ces théories profondes de la mémoire et de l'habitude
qui sont une des irrévocables conquêtes de la pensée
bergsonienne.
Que d'autres nous cherchent ici de misérables querelles.
Nous nous en expliquerons peut-être un jour. Aujourd'hui

�•
380

LA NOUVELLE REV~ FRANÇAISE

je ne vem, que voir ce que j&lt;! vois. Je vois que la pensée
chrétienne,exprimée dans une des plus vieilles et des plus
traditionnelles formules de l'enseignement de l'Eglise,
et la pensée bergsonienne, exprimée partout dans l'œuvre
de notre maître, et notamment dans Matière et Mémoire
(essai sur la relation du corps à l'esprit),et dans !'Essai
sur les données immédiates de la conscience, procèdent
par une démarche à ce point parallèle, pénètrent dans les
réalités spirituelles par un approfondissement à ce point
parallèle et parent que nous ne sommes entrés dans le
plein de l'intelligence de cette vieille formule del' enseignement de l'Eglise qu'armés du plein du sens et de l'intelligence et ·de l'éclairement de la pensée bergsonienne.
Oui l'Eglise et l'enseignement de l'Eglise a toujours
dit que la mort spirituelle était le résultat d'un durcissement et que l'impénitence finale était un endurcissement
final. Mais qui ne voit que le plein du sens de cette formule, et non seulement le plein mais '!'extrême rigueur
et exactitude, qui ne voit que cette formule n'est vidée
de tout son contenu, qui ne voit que le plein du contenu
de cette formule n'apparaît, (et par conséquent n'est
apparu dans l'histoire du monde), que pour celui qui est
éclairé des lumières de la pensée bergsonienne.
Oui l'Eglise et l'enseignement de l'Eglise a toujours
dit que la mort spirituelle, que la mort de l'âme était
le résultat d'un final endurcissement. Mais qu'est-ce à
présent, tout à fait au fond, que le durcissement. Qu'estce que la sclérose, métaphysiquement. Et ainsi qu'est-ce
qu'un endurcissement final. En quoi consiste-t-il au juste.
En quoi est-il essentiellement et aussi exactement mortel.
En quoi est-il un acheminement infaillible à la mort et le

NOTE SUR M. DESCARTES

seu) chemin de la mort et la seule mort même, voilà ce que
nous n'avons pu approfondir qu'armés des résultats des
approfondissements bergsoniens, voilà ce que nous
n'avons pu voir qu'armés des résultats des éclairements
bergsoniens.
. Oui, l'Eglise et l'enseignement de l'Eglise a toujours
dit que la mort spirituelle était le résultat d'un d~rcissement. Mais ce que c'était que ie durcissement même et
en lui-même, ce que c'était que le durcissement dans l'être
même, c'est la pensée bergsonienne qui nous l'a approfondi
au fond, c'est la pensée bergsonienne qui nous l'a éclairé
au juste.
Car il a fallu que la pensée bergsonienne vînt dans le
temps, il a fallu que la pensée bergsonienne vînt dans
l'histoire du monde et que fussent enfin pénétrées au fond
les réalités métaphysiques de la matière, de la mémoire,
de l'habitude, du vieillissement, du durcissement, pour
que fût aussi éclairée et pénétrée cette liaison profonde
de la mémoire, de l'habitude, du vieillissement, du durcissement à la mort.
Grâce à Bergson et grâce à la pensée bergsonienne
quand nous parlons de la matière et de la mémoire et de
la liaison de la matière à la mémoire, quand nous parlons
de l'habitude, du vieillissement, du durcissement nous
savons enfin ce que nous disons, nous le savons au juste,

nous le savons au fond ; et par là et en cela nous conmussons le mécanisme de l'acheminement à la mort spintuelle;et par là et en cela nous connaissons le mécanisme
de cette hébétude, de cet émoussement d'habitude qui
rend, qui finit par rendre une âme impénétrable aux
infusions de la grâce.

•

�382

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

C'est dire que par là et en cela nous connaissons le
mécanisme de cette limitation de la grâce, ou enfin de
l'action de la grâce, qui est devenu, qui fait présentement
l'objet de notre malheureuse étude.
Car du bois mort est du bois tout envahi de tout fait,
tout entier occupé, tout entier consacré au tout fait, tout
entier ·dévoré de tout fait, tout entier consommé pour
ainsi dire par l'envahissement du tout fait. Tout entier
racorni, tout entier momifié ; plein de son habitude et
plein de sa mémoire. C'est un bois qui est arrivé à la limite
de cet amortissement. C'est un bois dont toute la matière
a été gagnée peu à peu par ce vieillissement. C'est un bois
dont toute la souplesse a été mangée peu à peu par ce
raidissement, dont tout l'être a été sclérosé peu à peu par
ce durcissement. C'est un bois qui n'a plus un atome de
place, et plus un atome de matière, pour du se faisant.
Pour faire du se faisant. Aussi, il n'en forme plus, il n'en
fait plus.
Pareillement une âme morte est une âme tout entière
envahie de tout fait, tout entière occupée, tout entière
consacrée au tout fait, tout entière dévorée de tout
fait, tout entière consommée pour ainsi dire par l'envahis•
sement du tout fait. Tout entière racornie, tout entière
momifiée ; pleine de résidus, pleine de son débris ; pleine
de son habitude et pleine de sa mémoire. C'est une âme
qui est arrivée à la limite de cet ~ortissement. C'est une
âme dont toute la matière pour ainsi dire, dont toute la
matière spirituelle a été gagnée peu à peu par ce vieillissement. C'est une âme dont toute la souplesse a été mangée
peu à peu par ce raidissement, dont tout l'être a été
sclérosé peu à peu par ce durcissement. C'est une âme

•

NOTE SUR M. DESCARTES

tout entière envahie par l'encroûtement de son habitude,
par l'incrustation de sa mémoire. C'est une âme qui n'a plus
un atome de place, et plus un atome de matière spirituelle,
pour du se faisant. Pour faire du se faisant. Aussi elle n'en
forme plus ; elle n'en fait plus. Elle n'a plus un atome de
libre. Et ici nous retrouvons, nous rejoignons cette profonde liaison de la grâce et de la liberté, du gracieux et du
gratuit, celle mutuelle exigence irrévocable de la grâce
et de la liberté.
Du bois mort est du bois extrêmement résiduel ; une
âme morte est une âme extrêmement résiduelle.
Du bois mort est du bois extrêmement habitué. Une
âme morte est une âme extrêmement habituée.
Du bois mort est du bois qui organiquement s'en
rappelle trop. Une âme morte est une âme qui organiquement et psychoY-ogiqi:tement se rappelle trop.
Du bois mort est du bois habitué à la limite. Une âme
morte est une âme habituée à la limite.
Du bois mort est du bois trop bourré de son passé. Une
âme morte est une âme trop bourrée de son passé.
Du bois mort est du bois résiduel à la limite. Une âme
morte est une âme résiduelle à la limite.
Dans ce système le germe au contraire est à la limite à
l'autre bout. Le germe est ce qui est résiduel au minimum;
ce qui est du l?"I fait au minimum ; ce qui est de l'habitude
et de la mémoire au minimum.
Et ainsi du vieillissement, du raidissement, du durcissement, de l' amortiss~ment au minimum.
Et ainsi de la liberté au contraire, du jeu de la souplesse
et de la grâce au maximum et à la limite.
Le germe est ce qui est le moins habitué. C'est ce où

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

il y a le moins de matière acéaparée, fixée par la mémoire
et par l'habitude.
Le germe est ce où il y a Je moins de matière consacrée
à la mémoire.
C'est ce où il y a le moins- de dossiers, le moins de
mJmoires.
Le moins de paperasseries, le moins de bureaucratie,
Ou encore c'est ce qui est le plus près de la création ;
ce qui est le plus récent, au sens latin du mot recens.
C'est ce qui .est le plus frais. Le plus récemment sorti,
le plus sorti dts mains de Dieu.
Du bois mort est celui où il y a le plus de matière consacrée à la mémoire.
Et la mémoire et l'habitude sont les fourriers de la mort.
Car ils introduisent le vieillissement, le raidissement, le
durcissement qui sont les expressions nfmes de l'amor•
tissement de la mort.
Du bois mort est celui qui a été complètement envahi
par ses dossiers, par l'accumulation de ses mémoires.
Du bois mort est du bois qui a été organiquement
env~ et à la limit~, par l'envahissement de sa mémoire
organique.
Du bois mort est du bois qui a succombé sous l'accumu•
lation de sa paperasserie ; de sa bureaucratie.
Ou encore c'est celui qui est le plus loin de la création ;
le moins récent ; le moins frais. Le moins sorti, le plus
éloigné de sortir des mains de Dieu.
Une âme morte est une âme où il y a le plus de matière
(spirituelle} consaérée à la mémoire.
Et la mémoire et l'habitude sont aussi les fourriers de
cette mort.

NOTE SUR M. DESCARTES

Une âme morte est une âme qui a été totalement envahie
par ses dossiers, par l'accumulation de se; mémoires.
C'est une ~e qui a été organiquement et psychologiquement envahie, et à la limite, par l'envahissement de sa
mémoire organique et psychologique.
.
Cest .une âme où il n'y a plus un atome de place ; pour
la hberté et conjointement pour la grâce.
C'est une âme où il n'y a plus un atome vacant.
C'est une âme où il n'y a plus un atome de matière
(spirituelle) qui soit libre pour la liberté et conjointement
pour la grâce.
Une âme morte est une âme qui a succombé sous l'accumulation de sa paperasserie ; de sa bureaucratie.
Ou enfin c'est une âme qui est le plus loin de la création•
la moins récente; la moins fraîche, la plus décréée. L~
moins sortie, la plus éloignéè de sortir des mains de Dieu.
Et quand on dit que l'Eglise a reçu des promesses
éternelles, qui se rassemblent en une promesse éternelle

il faut entendre rigoureusement par là qu'elle a recu la
p~o.m_esse qu:eue ne succomberait jamais sous son p;opre
vie1lhssement, sous son durcissement, sous son raidissement, sous son habitude et sous sa mémoire.

Qu'elle ne serait jamais du bois mort et une âme morte •
qu'elle n'irait jamais jusqu'au bout d'un amortissemen~
aboutissant à la mort.
Qu'elle ne succomberait jamais sous ses dossiers et sous
son histoire.
Que ses mémoires ne l'écraseraient jamais totalement
Qu'elle ne succomberait jamais sous l'accumulatio~
de sa paperasserie, sous la raideur de sa bureaucratie.
Et que les saints rejailliraient toujours. ·
25

•

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

TROISIÈME FRAGMENT
On parle souvent de la guerre comme d'un immense duel,
d'un duel entre peuples et réciproquement on parle souvent du duel comme d'une guerre pour ainsi dire réduite
et schématisée, d'une guerre entre individus. On parle de
la guerre comme d'un duel sur une grande échelle et du
duel comme d'une guerre sur une petite échelle. C'est une
bien grande confusion. Beaucm:lp d'obscurités historiques,
et considérables, seraient éclairées peut-être, beaucoup de
difficultés tomberaient si l'on voulait bien' distinguer qu'il
y a deux races de la guerre et qui n'ont peut-être rien de
commun ensemble. Jene dirai pas même que la vieille lutte
pour la vie s'est divisée en deux races, dont l'une est la
lutte pour l'honneur, et l'autre la lutte pour le pouvoir. Je n'irai même pas jusqu'à attribuer à ces deux races
de la guerre une origine commune. Je dirai : il y a deux
races de la guerre qui n'ont peut-être rien de commun
ensemble et qui sont constamment mêlées et démêlées
dans l'histoire. L'une procède en effet du duel et l'autre
n'en procède pas du tout. L'une est une extension du
duel, littéralement un duel entre des peuples, (ou comme
dans les Horaces, (mais ceci revient au méme), entre des
individus délégués par des peuples). Il y a une race de la
guerre qui est une lutte pour l'honneur et il y a une tout
autre race de la guerre qui est une lutte pour la domination.
La première procède du duel. Elle est le duel. La deuxième
ne l'est pas et n'en procède pas. Elle est même tout ce qu'il
peut y avoir de plus étranger au duel, au code, à l'honneur.
Mais elle n'est pas du tout étrangère à l'héroïsme.

NOTE SUR M. DESCARTES

387

Il y a une race de la guerre ui ét
•
tout de même pour l'éternel E~ 1 ant pour 1 honneur est

qui étant pour la domina;ion 'e~t a::::tq:::ednetla guerre
temporel.
pour le
. Il y a une race de la guerre où c'est la bataill
.
importe
et
il
y
a
une
race
de
la
e
qw
Il
guerre où c'est la victoire
y a une race de laguerre'où une victoire désho
t .
• . par
'
(p ar exemple une v1ct01re
trahi
. noran
. e•
pire (et l'idée ,
.
son), est mfimment
'
meme en est msupportabl )
'
honorable (c'est à d'
.
e • qu une défaite
'
- . ire une défaite subie, et je dirai obt
nue en un combat loyal).
eEt I·1 y a une rac;_e de la guerre a
t .
réussite justifie tout une
d ul con raire pour qui la
.
•
race e a guerre où !''dé
vient pas même qu'il .
.
i e ne
déshonorante, pourvup:;;;/ av01r nune guerre qui soit
guerre où J''d'
.
Y gag e, une race de la
I ee ne vient même pas q . 1
.
.
une victoire qui soit déshonor t
u I puisse y av01r
Il
an e.
com:a: ~;e/ace de la guerre où tout tend à kl beauté du
, y a une race de la guerre , t
prononcé de la victoire.
ou out tend au

Il y en a une où tout tend à l'énoncé et
,
au prononcé.
une ou tout tend
JI y en a une où tout tend au osé d
,
où tout tend à la solution.
p
n probleme et une

Il Yen a une qui tend à la

à la décision.

·•
position et une autre qui tend

' Il y en a une qui tend à la chevalerie et une qui tend a'
l empire.
Ces deux races de la guerre
et déliées; mêlées et démêlées s:_soént plus ou moins liées
~
·
,œes~~m~esd
stoire militaire et dans l'h'is t mre
. politique.
..
Ellesans
se

I

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sont plus ou moins alliées, mésalliées, désalliées dans toute
l'histoire de l'homme et du monde. Beaucoup d'obscurités
seraient éclairées, beaucoup de difficultés tomberaient
si on ne les confondait pas toujours, (et ici encore comme
Bergson a raison, comme le langage est tout, (et comme il
ne devrait rierr être), comme il est difficile de distinguer
deux races, pourtant absolument étrangères, aussitôt
que dans toute l'histoire elles sont confondues sous un
même nom), si d'un bout à l'autre de l'histoire on s'appli-quait seulement à distinguer ces deux races, à diviser ce
qui dans la réalité est divisé. Dans Homère la bataille,
et par suite la guerre, est une suite indéfinie de duels.
Le combat général est l'ensemble des combats singuliers.
Et de part et d'autre on attend une victoire générale
comme la résultante de tant de combats singuliers. C'est
alors qu'Ulysse intervient, et d'un seul coup il fausse tout
le système ; car il n'invente pas seulement d'introduire
dans la ville un cheval de bois machiné : il invente en cela
même de remplacer le système de la bataille par le système
de la victoire, il invente de substituer d'un seul coup le
système de gagner au système de se battre, le système de
l'empire au système du combat singulier. En ce sens, et
d'un seul coup, et du premiet coup Ulysse est déjà un
Romain parmi ces Grecs. Il n'est déjà plus l'homme qui se
vante et l'homme qui se bat. Il est déjà l'homme qui se
tait et l'homme qui gagne.
Il n'est déjà plus l'homme qui s'expose et qui se propose,
Il est l'homme qui s'impose et qui se gouverne et qui va
gouverner le monde.
.
Il est déjà un consul. Il n'est plus un chevalier, un
cavalier, l'homme dans un char et qui dépend d'un essieu

NOTE SUR M. DESCARTES

et qu'un essieu cassé fait rouler dans la pous~ière. Il est
déjà l'homme de pied, le fantassin, pedes, et de cette race
pour qui la cavalerie n'a jamais été que de l'infanterie
montée.
Pour nous modernes et en nous plaçant uniquement à
cet étage de _l'âge du monde qu'est l'âge moderne, en
regardant de ces jours où nous sommes vers les jours du
passé, en regardant de ce point de regard que nous
œcupons la remontée de ces deux races de la guerre infatigables et montantes de siècle en siècle à travers l'histoire
du monde il est permis de dire sans défo,;,,er beaucoup la
réalité que l'une race de la guerre, la chevaleresque, est
chez nous d'origine celtique et que Ja deuxième est
d'origine romaine. Et au deuxième degré on pourrait peutêtre dire que la première est d'origine chrétienne et que la
deuxième serait peut-être d'origine impériale.
Duellum, bell«m, c'est le même mot. Duellum c'est la
forme en du qui est celle de d"o et bellum c'est la forme en
b qui a donné bis. Et la forme end" elle-même est la même
que la farine en b, parce que b c'est le v, qu'il y a dv qui
est le même que du. Et ceci n'est pas une charade. Duellum,
dvellum, bdlum. • Duellum, dit Bréal et Bailly, est encore
empl~yé, à côté de bellum, par les écrivains de l'époque
classique. Horace, Ep. I, 2, 7. Graecia barbariae lento
collisa duello. Id. Od, 1, 14, 18. Et cadum M arsi memorem
duelli. Le changement de duell"m en bellum (lev s'étant
changé en b et le d initial étant tombé) est pareil à celui
de duonus en bonus. Le nom propre Duilim est de même
devenu Bilius. Dans perduellio, au contraire, le d est
resté : remarquer le sens particulier de ce mot, qui s'applique au crime de lèse-majesté ; per est probablement

�f

.,.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

le préfixe péjoratif que l'on a dans perjurium, perdere,
perire. -Bis est pour• dvis; en grec, c'est le v qui a disparu (,,, pour • ,M,).-» Et il avait dit à l'article des
Dérivés : « Us se partagent en deux séries, ceux en du
(dualis, duellum),ceux en bparchangementdeduendv,b - , (b-ib, b-ellum). » Et il ajoute:« Un ancien dérivé du
nom de nombre« deux» est Je préfixe dis (voyez ce mot). »
De sorte que lorsque nous disons discerner, dissoudre,
distinguer, disséquer, nous dis9ns bien résoudre en deux,
couper en deux. Et dissection est le même mot que dichotomie.
Duellum, duo; bellum, bis. La guerre, c'est ce que l'on
fait quand on est deux. Mais quand on est deux, dans un
système on se mesure. Quand on est deux, pense le
Romain, je doinine.

Tout est proposition dans le système de la chevalerie.
Tout est domination dans le système romain. Tout est
requête dans le système chevaleresque. Et tout est conquête dans Je système romain. Tout est conquête pour
l'empire.
Dans le système chevaleresque il s'agit de mesurer des
valeurs. Dans Je système de J'empire il s'agit d'obtenir
et de fixer des résultats.
Pour nous modernes, chez nous l'un est celtique et
l'autre est romain. L'un est féodal et l'autre est d'empire.
L'un est chrétien et l'autre est romain. Les Français
ont excellé dans l'un et les Allemands ont quelquefois
réussi dans l'autre et les Japonais paraissent avoir excellé
dans l'un et réussi dans l'autre.
On peut dire que dans le monde moderne les Français
sont encore les représentants éminents et peut-être les

NOTE SUR M. DESCARTES

391

seuls de la race chevaleresque, (ainsi rigoureusement
définie), et que les Allemands sont les représentants éminents, et peut-être les seuls, de la race de domination.
Et c'est pour cela que nous ne nous abusons pas quand
nous croyons que tout un monde est intéressé dans la
résistance de la France aux empiètements allemands. Et
que tout un monde périrait avec nous. Et que ce serait
le monde même de la liberté. Et ainsi que ce serait le
monde même de la grâce.
Jamais l'Allemagne ne referait une France. C'est une
question de race. Jamais elle ne referait de la liberté,
de la grâce. Jamais elle ne referait que de l'empire et de
la domination.
Quand ies Français disent qu'ils se taillent un empire
colonial, il ne faut pas les croire. Ils propagent des libertés.
Quand Napoléon croyait qu'il avait fondé un immense
empire, il ne faut pas le croire. Il propageait des libertés.
Veillons au salut del' empire. Cet« empire» était un système
de libertés. On s'en est bien aperçu depuis. Tous les
peuples qui ont refoulé l'« empire» ont mis cent cinquante
ans à ne pas même réussir à reconquérir quelques-unes
des libertés que l' « empire » apportait sans y prendre
garde, dans les fontes de ses lanciers, dans les cantines
de ses vivandières.

Ce qu'il y a de merveilleux, c'est qu'avec tout l'appareil
de l'empire les Allemands n'en aient pas fait plus que
nous, dans Je misérable désordre de notre liberté. Il faut
qu'il y ait dans cette malheureuse liberté un grand secret.
Une vertu. Une grâce. Une force merveilleuse. Un ( autre)
ordre.
·
Je ne dis pas que nous valons mieux que les autres.

�392

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Nous sommes une race. Et ils sont une certaine autre
race. Nous sommes hommes. (Nous sommes pécheurs).
Nous ne sommes pas toujours de bons maîtres. Nous
sommes toujours de mauvais dominateurs.
Nous qui subissons tous les despptes, surtout quand
ils sont populaires, nous sommes, de race, dès hommes de
liberté. C'est un bien unique, uniquement précieux. Les
Allemands, qui ont été des siècles sans fonder leur empire,
et qui ne l'ont refondé que sur nos ruines, et il y a quarante-quatre ans, sont, de race, et ont toujours été, des
hommes d'empire. Le saint empire romain germanique.
Et c'est encore pour cela qu'aucune véritable philosophie de la liberté ni même aucune véritable pensée de
lillerté n'a jamais pu naître ~n Allemagne.' Ce qu'ils
nomment liberté c'est ce que nous nommons une bonne
servitude. Comme ce qu'ils nomment socialiste c'est ce
que nous nommons un pâle centre gauche.
Et ce qu'ils nomment révolutionnaire c'est ce que nous
nommons par ici un bon conservateur.
Et c'est encore pour cela qu'une philosophie comme la
philosophie bergsonienne, essentiellement libérale et
libertaire, et non pas seulement par système mais de cœur
et de race, ne pouvait naître qu'en français et en terre
et en culture françaises. La liberté française pouvait seule
avoir un cas, qui serait la liberté bergsonienne. Et c'est
aussi pour cela qu'elle est tout ce qu'il y a de plus opposé
à la pensée allemande. (Je dis la pensée bergsonienne et
la liberté bergsonienne).
Quand on voit l'immense appareil de l'empire, on croit
·
· que d e se b attre
que l'univers
en1sera écrasé. Quelle sottise
autrement que pour gagner: Et comme celui qui se mesure

NOTE SUR M. DESCARTES

393

doit être la proie de celui qui ne pense qu'à dominer.
Quand on voit dressé l'immense appareil de l'empire,
quand on compare elles-mêmes ces deux races de la guerre,
celle qui compare et celle qui domine, celle qui combat
et c~lle ~ui vainc ; quand on mesure ces deux systèmes,
celw qm mesure et-se mesure et celui qui domine, et d'un
côté ces immenses bureaux de commandement, et de
l'autre côté tant de désordre, on est convaincu que la
domination a depuis longtemps exterminé la liberté.
Et que celui qui domine a depuis longtemps dominé
celui qui (se) mesure. Et que celui qui vainc a depws
longtemps vaincu celui qui combat. Comment n'en seraitil point ainsi. C'est mathématique. Les forces que l'autre
emploie à se mesurer, il ne les a plus pour dominer. Les
forces qu'il emploie à se battre, il ne les a plus pour vaincre.
Les forces qu'il emploie à être juste, il ne les a plus pour
être fort . Il est mathématiquement diminué d'autant. Et
lui qui livre la lutte pour l'honneur dans un monde où
tout le monde livre la lutte pour la vie, comment n'auraitil pas, et depuis longtemps, et depuis toujours, disparu de
la face de la terre.
Evidemment c'est un problème. Et je dirai que c'est
un mystère. En fait celui qui se mesure a quelquefois été
trouvé plus grand. Et il a quelquefois dominé. Celui qui se
bat a quelquefois vaincu celui qui vainc. Celui qui a voulu
être juste a quelquefois été trouvé plus fort. L'empire
a quelquefois écrasé la liberté. Par ses moyens à elle la
liberté a constamment travaillé l'empire.
Comment celui qui perd son temps, ses forces à se
modeler pourrait-il tenir le coup contre celui qui ne pense
qu'à frapper. Le fait est seulement qu'il a tenu le coup et

�,

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

394
que la première race de la guerre n'a jamais été exterminée
par la deuxième et que le prenùer système du monde,
qui est le système de comparaison, n'a jamais été externùné par le deuxième système, qui est le système de
l'externùnation. Il faut qu'il y ait dans la liberté, dans la
justice, (et peut-être dans la vérité), un secret de force, une
vigueur propre, un jaillissement, une espérance et pou~
tout dire une grâce et un secret de destination. De tout
temps, les deux races de la guerre se sont mêlées et
démêlées, de tout temps elles se sont liées et déliées, de
tout temps les deux systèmes se sont mordus et démordus
sans qu'on puisse dire que l'un ait jamais éliminé l'autre.
Et même dans les temps modernes ...

QUATRIÈME FRAGMENT
Tant que l'on parlera le langage français Corneille
demeurera Je poète de ce noble jeu. Du système et de l_a
race pour qui toute vie même et toute action et toute
conduite est un exercice et comme une application de ce
noble jeu. Tant que le français sera parlé et plus tard
peut-être aussi longtemps que le français sera lu et _s~ra
Ja troisième langue classique Corneille sera et le théonc1en
et le philosophe autant que le poète dn noble jeu. Je dis
le théoricien et le philosophe car nul poète autant
· que lui n'a été heureux sur ce point, nul poète autant que
lui n'a réussi à inclure dans la poétique, sans porter
atteinte aux formes de la poétique, les déroulements et
les formules même de la pensée. Nul n'a été aussi astreint,

NOTE SUR M. DESCARTES

395
aussi exact, aussi heureux dans les approfondissements et
dans les perspectives et dans les échelonnements de la
pensée tout en demeurant poète et lui-même et ferme et
heureux dans les formes de la poétique. Et non seulement
dans la tragédie où l'on croit que c'est plus facile et où ça
semble peut-être plus indiqué, mais, et autant, dans la
comédie même, qui signifie plus, étant sans appareil.
La même tendresse secrète et la même noblesse et la
même ardente et ferme jeunesse qui anime et soulève et
peuple le (;id anime aussi et soulève et peuple également
le Menteur. C'est le même poète et c'est le même être et
la même grandeur sur deux plans parallèles. C'est )a
même pièce et la même poétique sur deux plans conjoints.
Et la comédie même prouve plus; justement parce qu'elle
est la comédie. C'est la même pièce qui se joue deux fois,
une fois sur le plan du tragique et une fois sur Je plan du
comique et jamais on n'avait vu si évidemment à quel
point le tragique et le comique sont deux plans parallèles
conjoints du même art, classique, du même être, des
mêmes hommes, du° même temps. Et il est merveilleux
de considérer à quel point le Menteur n'est pas la comédie
du Menteur, ni du menteur, ni du mensonge. Et à quel
point elle est uniquement la comédie de l'honneur et de
l'amour (et un peu aussi du hasard).
Le Menteur est la comédie de l'honneur et de l'amour
comme le Cid en est la tragédie et comme Horace est la
tragédie de l'honneur et de l'amour et comme Cinna est
la tragédie du pouvoir et comme Polyeucte est la tragédie
de la foi (et en deuxième de l'amour).
Car il faut bien s'entendre quand on dit, (avec les contemporains de Corneille et avec Co1neille lui-même),

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

(mais il était pour lui-même un assez mauvais contemporain), que toute tragédie de Corneille présente un conflit
entre la passioll et le devoir, conflit qui se termine toujours par le triomphe du devoir. Lui-même il parlait ainsi
et il en convenait, mais c'était un ~tre qui manquait
essentiellement d'orgueil, de l'orgueille plus juste, et qui
défendait mal son œuvre âevant les ·critiques, et qui
défendait mal son génie devant les contemporains, et qui
rendait les armes, et qui condescendait volontiers, et
qui disait comme eux. Quand il déclarait, comme les
autres, et peut-être avant les autres, que sa tragédie
était, représentait un conflit du devoir et de la passion,
et qu'il "donnait à entendre et même quand il disait que
le devoir triomphait et devait toujours triompher de la
passion, et quand il donnait à entendre et même quand il
disait que le devoir est une grandeur et une noblesse et
que la passion est une faiblesse et certainement une
bassesse, il s'appliquait à être de son temps et à parler le
langage de tout le monde. Il s'appliquait à parler le langage de son siècle. Et de tout son siècle. En un mot il
s'appliquait à parler cartésien.
Et même très sincèrement,
parce qu'il manquait
,
d'orgueil, à être cartésien.
C'est pourtant l'entendre bien mal, à la fois inexactement et faussement, que de se représenter son génie et
son œuvre uniquement comme le théâtre d'un conflit
entre le devoir et la passion, conflit où le devoir, grandeur
et noblesse, triomphe finalement de la passion, faiblesse
et bassesse. Le dirai-je, c!est un peu une conception à ]a
Hugo, antithétique. C'est dire combien elle est arbitraire,
artificielle, mécanique et raide. Et c'est encore l'entendre

NOTE SUR M. DESCARTES

397

plus mal, c'est-à-dire vraiment beaucoup mal, si on donne
et à ce mot devoir et à ce mot faiblesse le sens des mora •
listes.
La réalité, ici encore, ici toujours, est beaucoup plus
saisissante et beaucoup plus profonde. On nous fera
difficilement croire que l'amour de Chimène et que
l'amo';IT de Rodrigue soit une faiblesse, (et l'amour de
Pauline), et on nous fera encore plus difficilement croire
que c'est une bassesse. C'est qu'en réalité le conflit dans
Corneille ce n'est pas un conflit entre le devoir, qui serait
une hauteur, et la passion qui serait une bassesse. C'est
un débat tragique, (et une fois comique, mais nous avons
assez vu que c' ést de la même famille), entre une grandeur
et une autre grandeur, entre une noblesse et une autre
noblesse, entre l'honneur et l'amour.
D'un côté ce n'est pas la morale, cette invention. C'est
infiniment plus et infiniment autre : c'est l'honneur. Et
de l'autre côté ce n'est pas la passion, cette faiblesse.
C'est infiniment plus et infiniment autre : c'est l'amour.
Allons plus loin, entrons, pénétrons plus avant. Ce
débat tragique, (et une fois ce débat comique), n'est point
un débat disparate et il n'est point un débat inégal. II
n'est point un débat boiteux. Il n'est point un débat
impair. Il n'a pas lieu, il ne se produit pas entre des
grandeurs décalées, entre des grandeurs qui ne seraient
pas du même ordre,.car cette noblesse est de même ordre
que cette noblesse, et cette grandeur est de même ordre
que cette grandeur.
L'impair, ce serait la préface de Cromwell. Tragique et
une fois comique, (mais c'est le même), la poétique de
Corneille est esssentiellement paire. Elle est essentielle-

�•

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ment à égalité. Et c'est en ce sens qu'elle est essentiellement une poétique du noble jeu.
L'impair, le décalé, le porte à faux, c'est le romantisme
même, c'èst le secret du romantisme. Et ce n'est pas un
secret bien malin. C'est un bien pauvre secret. C'est un
secret de mécanique et c'est un secret de _raideur. Le
beau secret, le profond secret du classique, {et_jamais et
nulle part il n'est aussi beau et il n'atteint aussi profondément que dans Corneille), le secret du classique et éminemment du cornélien c'est le pair et le comparable, c'est
le loyal et c'est que tous !es mondes et que tous les êtres
y ·,oient à égalité.
Sans doute c'est le débat (tragique, uhe fois comique,
toujours également poétique), sans doute c'est le débat
de l'honneur et de l'amour. Mais c'est un débat essentiellement pair et plus que pair, c'est un débat pénétré et compénétré. Mutuellement lié. Mutuellement pénétré. Car,
et nous atteignons ici au secret même, au point de secret
de la poétique et du génie de Corneille : L'honneur est
aimé d'amour, l'amour est honoré d'honnenr.
L'honneur est encore un amour et l'amour est encore un
honneur.
On n'entend rien au tragiqne et au comique et à la poétique de Corneille si on n'y veut voir -qu'un conflit pour
ainsi dire intellectuel et livresque entre le devoir pris au
sens des moralistes et la passion pi:ise aussi au sens des
moralistes. Infiniment autre, infiniment plus grave et
plus réel est le débat et en même temps la déliaison et en
même temps la liaison. Il ne fait aucun doute que dans
Corneille l'honneur est aimé d'amour, et notamment dans
le Cid, où cela éclate, et que l'amour est honoré d'honneur,

•

NOTE SUR M. DESCARTES

399

notamment dans le Cid, où cela éclate. Ni l'honneur n'est
estimé ou maigrement aimé d'une maigre estime et d'un
maigre amour de morale, s'il y a des amours de morale
ni l'amour n'est honoré ou flétri d'un maigre et livresqu~
sentiment de morale ou d'immorale. Cela éclate dans le
Cid, où toute cette jeunesse, la plus belle et la plus jeQJ&gt;e
jeunesse qu'on ait jamais mise en poétique, aime l'honneur
d'amour et comme un amour, honore l'amour d'honneur et
comme un honneur. C'est pour cela que l'honneur et l'amour
sont toujours présents l'un à l'autre; et l'autre à l'nn. C'est
pour cela que l'honneur et l'amour sont constamment
compénétrés, mutuellement pénétrés. C'est pour cela
aussi qu'ils peuvent constamment s'affronter et ensemble
jouer le noble jeu.
Il ne faut jamais croire nn poète sur ce qu'il dit. Corneille moins que tout autre. A cause de ce grand manque
d'orgueil, et qu'il en manquait plus que tout autre, et
par suite à cause de cette grande et admirable naïveté.
Pour lui plus que pour tout autre il faut faire attention
à ce qu'il a fait, et non pas à ce qu'il dit qu'il a fait. Il dit
qu'il a fait le conflit du devoir et de la passion. Mais il a
fait l'immense débat, l'immense liaison et déliaison de
l'honneur et de l'amour.
L'amour est un plaisir, l'honneur est un devoir.

Ne l'en croyons pas. L'amour, (je dis dans son système
de pensée, dans son système de sentiment, et dans sa
poétique, et dans son système de la vie), l'amour est nn
honneur, et l'honneur est aimé. Ou alors je dirai plus. Pour
ces admirables jeunes gens, près de qui tout est vieux,
près de qui tout est ridé, l'amour est un plaisir et l'honneur

�400

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

aussi et l'honneur ensemble est un plaisir. Ou plutôt l'amour
est un plaisir et l'honneur ensemble est le même amour et
le même plaisir. Ils aiment tout, dans leur jeunesse,
ils aiment tout d'amour, et l'honneur plus que tout. Et ils
honorent tout, d'honneur, et l'amour plus que tout. Le
lQng et lent balancement élégiaque de ce que i,e no~erai
les demi-stances du Cid, c'est;à-dire de cet adnurable
dialogue, de cet admirable couplet alterné entre Chimène
et Rodrigue, le' seul morceau peut-être dans toute la
poétique moderne qui nous rende un écho de la pureté
antique, qÙi nous revaille, qui ait reporté jusq~e dans l_e
monde moderne les alternements de certams demi, chœurs de la tragédie antique et de certains demi-dialogues entre le personnage et le chorège et le chœur ~t
un ou les deux demi-chœurs, cet admirable et parfait
balancement des demi-stances, (et il vaudrait peut-être
mieux dire des doubles stances), plus profond encore et
plus pur et moins peut-être appareillé que celui des
stances n'est point ce balancement forcément un peu mécanique du devoir à la passion, et un peu extérieur. Ce n'est
point un balancement articulé du même à l'autre, ou
plutôt de l'autre à l'autre, forcément un peu brutal et
un peu apparent.C'est un balancement secret, douloureux,
béni, malheureux, heureux, un retour et un retour, un
balancement silencieux du même au même, de cet honneur
et amour nommé honneur, à cet amour et honneur nommé
amour.

Nous n'avons qu'un honneur. Il est tant de maitresses,
dit le vieux don Diègue. Mais l'idée de Rodrigue, et l'idée
cornélienne, leur système d'être et leur système de pensée,

NOTE SUR M. DESCARTES

401

c'est premièrement que nous n'avons qu'un honneur,
deu~_èmement que nous n'avons qu'une maîtresse,
trmsiemement que c'est la même unicité.
Leur idée, leur système de pensée, c';st que la desti~ahon de l'amour est la même que la destination de
1 honneur. Aussi unique.

Il ~aut relire le Cid. Ou plutôt il faut le lire pour la
p~em,ère fois, _et nous-mêmes d'un regard inhabitué.
Lamour de Chimène et de Rodrigue pour l'honneur est
une des nourritures les plus profondes de leur propre
amour. Et leur amour est une nourriture profonde et une
offrande perpétuelle qu'ils font à l'honneur. Et l'honneur
qu'ils rendent à l'amour 'est encore une nourriture de
leur amour.
Il faut relire le Cid. Il faut voir à quel point l'honneur
est entouré, à quel point l'honneur est un objet d'amour
et un objet de tendresse. Et il faut voir à quel point
l'amour est un objet d'honneur.
C' ~t e~ ce sens, et non point au sens des critiques et
des histonens, et non point entre autres au sens de Corneille critique, examinateur et historien, qu'il faut dire'!
que le Cid est la tragédie de l'honneur et de l'amour et
que le Menteur est la comédie parallèle et conjointe de
l'honneur et de l'amour. C'est en ce sens qu'il faut dire,
et seulement err ce sens que l'on peut dire que le Cid
est une tragédie héroïque et que parallèlement et conjointement le Menteur est une comédie héroïque. En comparaison du Menteur, toutes les comédies de Molière (et
pourtant 11 est le plus grand génie comique qui soit jamais
apparu dans le monde) sont des comédies bourgeoises.
Je ne parle pas des Plaidmrs qui ~n comparaison de l'un
26

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•

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

404
ull arme
L t ants de la bonne cause ne reçoivent n_ e
es en
armement frauduleux. Il est s1 rare que
frauduleuse, nul
.
t
ne merl t ants de la bonne cause ne reço1ven pas u
es en
' t-à-dire une armure frauduleuse.
veilleuse armure, c es
d 1 bonne cause
• C'est-à-dire, il est si rare que les.tenants e .a
n'aient pas peur.

CINQUIÈME FRAGMENT
Polyeucte mesilre Sévère. Car sa propre,. sainteté est
de
t t non sur !ignorance
fondée sur le dépassemen e
t e est fondé sur
l'héroïsme antique. Et son propre mar dyr l'ant1·que marl'ignorance · e
~e dép~ss::e:e:\:::o:: sur le dépassement et non sur
yre.
rt · mépris du monde.

••

l'ireor:~:;:s : ~e;:ét:e Por:::a

n•::;: ::1!:~

Dieu méconnaisse et ignore et(; pceci e!ore il est tout
le monde sorti de ses ma.ms. n
ce qu'il y a de plus contraire au système dévot).

'

'

h
té de Polyeucte, cette tendresse
De là cette umam .
.
t plus il touche au
f
et qw va cr01ssan ,
fondue et erme,
ul
t Sévère il ne l'aime
'
ID art yre. I l n'admire pas se emen
pas seulement. C'est plus :
Il regrette Sévère.
.
h anité s'oppose à sa sainteté (comme
Et Jorn que son um
allèl ment et conjointement
e
•
1 stème athée et par
dans e sy
l'impression au contraire,
dans le système dévot). on a

•

NOTE SUR M. DESCARTES

•

on voit que la sainteté est tellement grande que partie
de l'humanité, fondée sur l'humanité elle se retourne' et
que c'est encore elle qui nourrit l'humanité. Telles sont
les vraies saintetés et c'est à cela qu'elles se reconnaissent. Elles sont contentes, elles débordent, elles en ont toujours
de trop. Plus il est saint, plus, et par cela même, il est bon.
Plus il est martyr, plus, et par cela même, il est humain.
La bonté, l'humanité, la sécurité, le sourire et l'abandonnement de ceux qui savent bien qu'ils en gagnent
pour les autres.
•
Une espèce de bonhomie, familière. Et on ne sait quoi
dans l'héroïsme qui rejoindrait presque le comique. C'està-dire le vrai héroïsme militaire français.
Les voici donc, Sévère et lui. Non point comme deux
rivaux, au sens grossier de ce mot. Non point même comme
deux émules, au sens de concurrence moderne de ce mot.

Mais comme deux beaux combattants. C'est toujours le
combat de Dieu. C'est même le combat de Dieu entre
celui qui tient pour Dieu et celui q'ui ne tient pas pour
Dieu. Et la pensée de Polyeucte c'est que celui qui tient
pour Dieu se tienne au moins aussi bien que celui qui ne
tient pas pour Dieu.
Chacun défendra sa cause dans son exactitude et dans
son plein. Chacun se présentera dans son exactitude et
dans son plein. Et la pensée de Polyeucte c'est que celui
qui se présente pour Dieu au moins ne se présente pas
plus mal que celui qui ne se présente pas pour Dieu.
Polyèucte voit Sévère devant lui comme un beau combattant et comme un beau partenaire digne de lui. Et
lui-mêmé c'est· bien le moins qu'il soit digne de l'autre.

�•

466

•

•

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

• Sévère devant lm en combat, en comJyeucte voit
•

·p 0
aison avec lui. C'est bien Je moius que chacun des deux
par
"Et l
termes de la comparaison soit digne de l'autre.
1
faut cela pour que le combat lui-même, pour que la comparaison elle-même soit digne de Dieu qui regarde. Et de
cette couronne d,es autres saints et des précédents martyrs
qui autour de Dieu regardent.
.
Devant de tels témoins, devant un tel 1uge du combat
comment donner un faux combat, comment livrer un
combat frauduleux.
Devant de telles compétences, comment livrer un cornbat inopérant.
A de tels spectateurs comment donner un spectacle
faussé, un spectacle truqué, comment présenter un spec
tacle frauduleux.
A ·de tels assesseurs·, devant un tel juge du combat,
devant celui qui voit tout, devant celui qui pèse les impondérables mêmes, devant un juge du camp, devant un
maitre-du-camp juste comment ne pas donner un combat
· uste comment ne p~s présenter une comparaison juste.
J Il faut,
'
' t·
pour Polyeucte, il faut que devantDieu, ~.es
à-dire jusque dans les recoins les plus secrets de I ame
et de l'être le combat soit intégralement loyal, que la
c~mparaison .soit intégralement à égalité:
Il ferait beau voir que Je tenant de Dieu présentât
l'ombre d'une pensée frauduleuse en face du tenant qm
n'est pas de Dieu.
Pour P,olyeuctè, Sévère est un chevalier romain et_ luimême Polyeucte est un chevalier chrétien. La 101 de

NOTE SUR M. DESÇARTES

chevalerie, la loyauté de chevalerie gouvernera donc tout
le combat, règlera toute la comparaison. Il ferait beau
voir .que dans un combat de chevalerie, dans une corn- •

paraison de chevalerie entre un tenant qui,est de chevalerie et un tenant qui n'est pas de chevalerie ce fût le
tenant qui est de chevalerie qui manquât aux lois de
chevalerie, à la loyauté de chevalerie.
Polyeucte annonce ainsi, il annonce au troisiême siècle
et dans Corneille il rassemble et résume et présente magni-

fiquement le système de pensée, la règle indéréglable qui
dans tous les siècles de chrétienté a gouverné pour
le chrétien llt relation du chrétien au non-chrétien. C'est
la règle, c'est le système de pensée de la juste guerre, du
combat loyal, de la comparaison à égalité.
Cette règle éclate, comme il fallait s'y attendre, dans
les croisades. Au temps de Polyeucte il ne fallait pas que
le chrétien fût inférieur au païen même en honneur païen.
Au temps de la croisade il ne faut pas que le chrétien soit
inférieur à l'infidèle, il ne faut pas que le chevalier chrétien soit vaincu par le&lt;&lt; chevalier » arabe même en honneur
infidèle. De là, cette comparaison d'honneµr, cette joute
constante de courtoisie . qui s'établit rapidement dans la
croisade entre tout homme de chevalerie franque et tout
homme de

tt

chevalerie » musulmane.

Et tout ceci rentre dans l'immense règle générale de ne
pas scandaliser. N otite scandalizare. Pour la même raison
qu'il ne faut pas scandaliser les enfants, pour la même
raison il ne faut pas scandaliser aussi les païens et les
infidèles. Eux aussi ils sont des ignorants ; et par conséquent en un certain sens des innocents et en un certain

sens des enfants, car ils ne connaissent pas le \Yrai Dieu et

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

par conséquent ils ne peuvent pas l'offenser et par conséquent ils ne peuvent pas pécher comme nous, Ils n'ont
• pas cet affreux privilège de (pouvoir) pécher comme nous,
C'est·tout le système d'un Polyeucte et sans parler d'un
Godefroy de Bouillon c'est tout le système d'un saint

,,•
•·

-

Louis.
C'est tout le système de mesure, de pensée d'un
Polyeucte. Quand· le chrétien est en présence du païen,
quand le chrétien entre en comparaison avec le païen,
(et il 'est toujours en présence du païen, il entre toujours
en comparaison avec le païen), il ne suffit pas que le chrétien vainque en lui-même et pour lui-même et dans son
système de mesure et de pensée. Il ne suffit même pas si je
puis dire qu'il vainque pour Dieu. Et devant Dieu.
Il faut encore en outre qu'il vainque pour l'autre. Il faut
encore qu'il vainque dans le système de l'autre. Polyeucte
ne se contentera pas à moins. Il faÙt qu'il vainque aussi
dans l'honneur qui est dans le système de l'autre. Et
comme lui regrette Sévère, il faut, il veut qne Sévère aussi
le regrette. Comme lui regrette que Sévère ne soit pas
chrétien, il faut, il veut que Sévère aussi regrette que
Polyeucte ne soit pas demeuré païen. Ce regret de
Polyeucte au cœur de Sévère, c'est le seul point vrunérable qu'il puisse y avoir dans le cœur de Sévère, ne
i'oublions pas, car c'est le seul point de recours que nous
y ayons contre l'habitude (et ici nous retrouvons les
irrévocables acquisitions du langage bergsonien, de la
pensée bergsonienne). (Et que nous ne pourrions point
pousser ainsi à fond ces analyses du cœur chrétien si un
Bergson aussi n'était point intervenu). Sévère est un
homme habitué à tout : et par conséquent qui ne mouille

NOTE SUR M. DESCARTES

pas à la grâce ; et sur qtl! la grâce n'a aucun ·point de
pnse. Sévère est un homme habitué à tout et notamment
à tout le païen et sur qui par conséquent le chrétien n'a
aucun point de prise, excepté qu'il n'est point habitué à
ceci, qu'il n'est point fait à ceci et que l'on voit bien qu'il
ne s'y fera jamais : qu'un ho~e comme Polyeucte soit
devenu chrétien.
Voilà le point d'inhabitude et c'est le seul que nous
ayons. Il veut bien que tout le monde soit chrétien. Il
est habitué à ce que tout le monde soit chrétien. II n'est
pas habitué à ce que Polyeacte soit chrétien.
C'est pour lui une sorte de scandale (dans son système)
et ce pomt de scandale est aussi le seul point d'inhabitude
et ainsi le seul point vulnérable que nous ayons. C'est
le, ·seul point d'_ouverture et d'entrée et de pénétrati~n.
C,est le seul pomt par lequel nous puissions espérer que
la grâce puisse passer jamais.
C'est ainsi aussi notre seul point d'espérance.
Et ici nous retrouvons_cette diamétrale contrariété de
l'esp§rance à l'habitude.
C'est proprement un scandale à l'envers, un scandale
dans le bon sens. Le scandale était précisément ceci
consistant précisément en ceci : une rupture d~
l'habitude, un point, une rupture par intercalation
d'inhabitude.
Un scandale ainsi à l'envers, un scandale dans Je bon
sens est ainsi une des formes mêmes, et une des plus fréquentes, et une des essentielles, de l'éclatement de la
grâce.
Si l'habitude est ce qui introduit l'amortissement de
la grâce, le scandale à l'envers, le scandale dans le bon

•

�•
•
410

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sens est ce qui rompt cet a!llllrtissement, étant ce qui
rompt cette habiude.
Ainsi le scandale à l'envers, le scandale dans le bon sens
est tantôt le point d'éclatement même de la grâce, t_antôt
le point de pénétration que pour on ne sait quelle introduction ultérieure elle s'est réservé.

NOTE SUR M. DESCARTES

411

Il ne serait plus en comparaison avec Polyeucte. II
serait en communion avec Polyeucte et le problème ne se
poserait pa.s.
Or, on pense bien que ce n'est pas Corneille qui
escamoterait un problème, ou qui en maquillerait les
données. Ou qui l'étoufferait. Tout l'en garde, et ce génie,
que nous avons dit, et cette intelligence, que nous avons

,

Il ne suffit pas à Polyeucte qu'il vainque Sévère en
réalité. IJ ne suffit pas qu'il vainque Sévère en honneur
dans la réalité spirituelle et en lui-même et devant luimême et devant les autres saints et devant les précédents
martyrs et devant Néarque et devant Dieu.
Il veut encore, il faut encore qu'il vainque (en honneur)
Sévère devant Sévère lui-même et dans le système de
Sévère. Il faut que Sévère garde au flanc ce point de
blessure, il faut qu'il emporte ce point d'inquiétude_ et Ge
point de mémoire, ce point d'inhabilude _et ce ~om~ de
scandale que Pol yeucte est chrétien et qu 11 a étc vamcu
en honneur par un chrétien.
_
Car si tout point d'inquiétude coïncide avec un pomt
d'inhabitude, c'est parce que les surfaces mêmes de la
quiétude viennent en coïncidence avec les surfaces mêmes

de l'habitude ..
Tout point d'inhahitude est un point d'inquiétude.
TÔute plaine d'habitude est une plaine de quiétude.
Or Sévère ne peut compter que dans le système de
compte de Sévère. Sévère ne peut mesurer que dans le
système de mesurode Sévère. Autrement il serait converti,
lui-même, il serait chrétien, il serait avec Polyeucte ~t
non pas en face de Polyeucte et le problème ne se poserait
plus.

dite, et ce système de totale loyauté qui est ce même dont
nous parlons.

Pour que la comparaison ne soit pas truquée, pour que
la difficulté ne soit pas frauduleusement éludée, pour que
le problème demeure et soit présenté dans son exactitude
et dans son plein il faut que Sévère soit lui-même et naturellement ne sorte pas- du système de Sévère. Ni du système
de pensée, ni du système de mesure.
Dès lors pour que Sévère emporte ce point d'inquiétude
et ce point de mémoire, ce point d'inhabitude et ce point
de scandale, pour qu'il soit atteint au moins de cette
atteinte, pour qu'il soit touché au moins en ce point il ne
suffit pas que Polyeucte vainque Sévère devant Dieu,
il faut qu'il le vainque devant Sévère.
DisonsMle rigoureusement : les mesures de Dieu, Jes
calculs de Dieu ne comptent pas pour Sévère. Autrement
il serait chrétien.
Le système de Dieu ne compte pas pour Sévère, C'est
le système de Sévère et il n'y a que le système de Sévère
qui compte pour Sévère.
Il ne suffit donc pas que Polyeucte ,;ainque (en honneur,
en grandeur) dans les comptes de Dieu, il faut qu'il vainq11e
dans les comptes de Sévère.
Si l'on veut que Sévère emporte ce point d'insécurité.

�..

••

1

412

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il ne suffit pas que Polyeucte vainque dans le système
de Dieu, il faut 'qu'il vainque dans le système de Sévère.
C'est ce que j'ai dit je crois dans le Porche du mystère
de la deuxième vertu ou dans leM:;stèredes saints Innoce11ts,
que celui qui aime entre dans la dépendance de celui qui
est aimé et qu'ainsi Dieu même entre dans la dépendance
de celui qu'il veut gagner.
Quand le bon pasteur part à la recherche de la brebis
égarée, il entre dans la dépendance de la brebis égarée
et on peut dite que pour la trouver il se guide sur elle et
sur ses errements.
Celui qui cherche entre dans la dépendance de celui qui
est cherché.
Celui qui veut gagner entre dans la dépendance de celui
qu'il veut gagner.
Ainsi, non seulement Polyeucte entre dans la dépendance de Sévère, mais Dieu même entre dans la dépendance de Sévère. Car il faut que Sévère ne s'en retourne
point indemne.
Il faut que Sévère ne s'en retourne point sans une certaine blessure. En un mot il faut que Sévère ne s'en
retourne point comme il était venu.
Et non seulement eux mais tout le monde chrétien, il
faut que tout le monde chrétien entre ainsi dans la dépendance du monde païen, car il ne faut pas que le monde
paie~ s'en retourne indemne et sans une certaine blessure.

Il p.e faut pas que le monde païen s'en retourne comme
il était venu.
Il ne suffit pas que l'être même de Polyeucte vainque
en lui-même et devant lui-même et devant Dieu. Il

NOTE SUR M. DESCARTES

faut que l'image de Polyeucte vainque dans l'esprit de
Sévère. Sévère ne peut pas connaître Polyeucte lui-même.
Il ne peut pas connaître l'être de Polyeucte. Autrement
il serait chrétien. Car connaître ici c'est connaître en co~~
munion. Il ne peut connaître qu'une certaine image de
Polyeucte. Celle qu'il a. Et c'est une image païenne.
Polyeucte tient extrêmement .à ce que cette image
(païenne) de lui soit une haute image et une image de
grandeur et une image d'honneur et pour Sévère et dans
Sévère l'image de.celui qui l'a vaincu en un honneur ~ême
païen. C'est dans le jeu même de Sévère qu'il faut que
Polyeucte gagne. Car Sévère ne comprend pas l'autre jeu.
, Et pour qu'il se rende compte que Polyeucte gagne et que
Polyeucte vainc il faut que ce soit dans son système de
jeu que .Polyeuct~ gagne et que Polyeucte vainque.
C'est le système et c'est la théorie même de l'image.
Nulle sûreté de ,conscience, même intégrale, ne suffit à
Polyeucte. Il ne suffit pas qu'il soit sûr de soi, conscius
sui, et qu'il ait intégralement raison avec lui-même. Il
ne suffit pas même qu'il soit de Dieu c'est-à-dire du jugement que Dieu porte sur lui et de la connaissance que Dieu
a de lui. Il faut encore qu'il soit sûr d'un jugement infirme
parce que c'est tout de même un jugement d'honneur.
Et il faut encore qu'il soit sûr d'une connaissance inexacte
imparfaite, transposée, parce que c'est tout de tnême un~
connaissance d'honneur. Il ne lui ·suffit pas qu'il ait
intégralement raison avec lui-même. Il ne lui suffit
même pas qu'il ait intégralement raison avec Dieu. Il
faut encore qu'il ait raison devant celui-ci, qui ne s'y
connaît pas, parce que celui-ci est tout de 111ême un
homme d'honneur.

.

.

�•
LA NOÙVELLE REVUE FRANÇAISE

Il ne suffit pas que dans l'adoration et le martyre il
donne à Dieu tout son être. Il faut encore que dans la
conversation, (et aussi dans l'adoration et le martyre),
il donne de lui une certaine image à ce grand païen.
Il ne suffit pas que dans le chrétien il donne tout. li
faut encore que dans le paien il donne autre chose, une
image.
Singulière ,ituation. Le plus ne suffit pas. Il faut Y
ajol_}ter le moins.
.
. ,
~
Il ne suffit pas qu'il vainque pour Dœu, qui s y connait
peut-être. Il faut qu'il y ajoute qu'il vainque aussi pour
cet autre, qui n'est qu'un homme d'honneur.
A une connaissance absolus il faut qu'il ajoute. A une
connaissance parfaite il faut qu'il ajout~. Quoi. La connaissance imparfaite, la connaissance inexact~, la con~
naissance infirme, la noble connaissance qu'aura de lm
cet homme d'honneur, ce paien.
Il ne suffit pas que le monde chrétien révèle son être
et donn~ Je plein de son amour et de son être devant
Dieu. Il faut aussi qu'il donne une certaine haute image
de lui au monde païen.
CHARLES PÉGUY

JOURNAL SANS DATES
CONVERSATION AVEC UN ALLEMAND
QUELQUES ANNÉES AVANT LA GUERRE
Je voudrais que l'on ne se méprît pas sur le sentiment
qui me fait donner ici ces notes. Je les crois d'un certain
intérêt psychologique; mais, bien que quelques traits de la
figure de B. R. accusent une inquiétanteressemblance avec
ceux que certains nous baillent aujourd'hui pour les plus
marquants de la race germanique, je doute qu'il soit prudent de s'attacher trop à leur valeur représentative. Libre
au lecteur de généraliser ; je n'ai fait ici, d'après nature,

que le portrait d'un individu, à une époque où aucune des
considérations ne pouvaient intervenir, qui risquent aujourd'hui de fausser un peu notre peinture. Je transcris ces
notes, sans y rien changer, telles que ie les pris en juin 1904
le lendemain du jour de cette unique rencontre.

•••

A, G .

Dans le hall de l'hôtel, où j'arrive très exactement à
l'heme dite, B. R. m'attendait depuis une demi-heure déjà;
assis en face de la porte, il tenait ostensiblement à la
main, pour m'aider àle reconnaître, l'enveloppe du message
par lequel je lui avais donné rendez-vous. Je m'avançai
incertain dans le hall. Je vis aussitôt cette figure glabre,
comme passée au chlore, ce corps trop grand pour qui
tous les sièges s,ont bas ... Je souhaitai ardemment que
ce fût lui. C'était lw. Von M. n'avait pas exagéré son
élégance. B. R. était parfaitement mis, paraissait plus

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

arl'glais qu'allemand, et je ne m'étonnai point lorsque, un
peu plus tard, il me dit que sa mère était anglaise.
Je l'emtnène au restaurant de l'hôtel terminus. La conversation d'abord un peu traînante au début du repas,
bientôt s'anime. B. R. parle cependant avec une extrême
lenteur cherchant ses mots, ou même ses idées, mais très
correct~ment, s~s accent. Vers la ftn d'! jour il m'a dit:
_ Monsieur Gide, il faut que vous compreniez qu'en
allemand je ne parlerais pas plus vite. Je ne peux plus
parler vite, à présent.
.
II sort de prison_; je le sais, mais il croit que je n'en sais
rien · cache adnùrablement une légère inquiétude lorsqu'il• apprend que Von M. m'a parlé de lui. Il retourne à
Bonn le soir même ; il vient donc à Pans tout uniquement pour me voir.
_ Qu'est-ce qui vous a fait désirer me connaître ?
_ Brusquement, dit-il, quand, dans votre Immoraliste, je suis arrivé au passage où Moktir vole une paire de
ciseaux et où Michel, qui l'a vu faire, sourit.
Un grand silence, puis très lentement :
_ Monsieur Gide. Est-ce que vous savez que ... je
sors de prison ?
A voix très basse et lui prenant la main :
- Oui, je le sais.
Quand ma main touche la sienne, il s'exalte un peu,
et d'une voix à peine un peu plus chaude :
_ Mais vous savez que j'en suis sorti seulement depuis
quatre jours.... et que j'y suis resté quatorze mois ...
_ Je croyais trois mois seulement.
.
_ Depuis ces quatre jours, je n'ai pas encore dormi.
_ Vous semblez extraordinairement fatigué.

JOURNAL SANS DATES

- Ces derniers temps de prison, je ne pouvais presque
plus manger ... par contraction nerveuse, et tenez, mon
menton ... A ma sortie de prison, ma femme m'attendait;
pendant une demi-heure je suis resté sans pouvoir lui
parler, contracté, sans pouvoir articuler une parole ...
La fatigue à la fois et la surtension de tous ses traits,
le tremblement de ses muscles.
- Mais à présent j'ai absolument besoin de parler. En
Allemagne je ne peux plus parler à personne; c'est à vous
que j'ai besoin de parler; à ma femme ce n'est pas la
même chose. Quand je lui ai dit mon intention d'aller
vous voir, elle m'a approuvé; m'a tout de suite dit que
je devais partir. Je serais même venu plus tôt, mais,
avant de partir, j'ai voulu essayer de parler, de m'expliquer avec l'ami qui ... avec celui ... enfin ....
- Qui vous a fait condamner.
- Oui, n'est-ce pas? Je savais bien que, si je lui avais
demandé cette somme, il me l'aurait donnée tout de suite;
mais ... il n'a pas compris pourquoi j'avais agi ainsi ... Je
voulais lui expliquer ... oh! non pas pourquoi je... mais qu'il
n'aurait pas dû exiger cette condamnation ... parce que, en
cinq ans je sava;s que je pourrais payer toute ma dette;
mais à condition qu'on me laisse de quoi vivre d'ici là.
- Et qu'a-t-il répondu ?
- Il a sonné son domestique pour me faire mettre à
la porte.
Un silence; il reprend avec un peu plus d'animation :
- Oui, en cinq ans, je sais que je pourrais tout payer,
avec mes traductions et mes livres; mais ils ont mis inter-

diction sur tout ce qui pouvait me rapporter. Je suis forcé
maintenant de faire paraître sous 13: signature de ma femme

;7

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

JOURNAL SANS DATES

ruina complètement. Ma mère et' mes trois sœurs n'eurent

4r9
je lui ai caché la mort de la dernière, qui était mariée en
Amérique; ma mère était à ce moment très malade ellemême et, quelques semaines plus tard, je l'ai perdue.
- Vous aviez quel âge ?
- Dix-huit ans.
- De sorte qu'à présent vous êtes seul.
Il répète machinalement: « Oui, seul », puis reprend :
- Ma mère était une femme admirable. Tout ce qu'il
y a de bon sur la terre, oui, de grandement bon, elle l'avait.
Je ne peux penser à elle sans larmes.
Je le regarde machinalement; ses yeux sont parfaite-

pour vivre que l'argent que je gagnais avec mes leçons.

ment secs.

Il faut vous dire qu'à seize ans j'avais exactement le

- A son lit de mort elle m'a dit:« Kind, dass du stak
bleibe »1, puis elle s'est tournéevers une amie qui l'assistait
et lui a murmuré : « Ich fürc[,te es gehe schlecht mit ihm ,,e_
- Est-ce que quelque chose en vous pouvait lui faire

ou sous des noms d'emprunt. Je suis un terrible travailleur.
Savez-vous bien qu'en prison, pendant ces quatorze mois

j'ai traduit quarante volumes. Toute la correspondance de
Flaubert, Bouvart et Péc11chet, tout Wells, quatre volumes
de Meredith, trois de Quincey, les deux vôtres enfin.
- Comment ! vous les avez déjà traduits ?
- Complètement. Ma femme les lit à présent. J'ai
toujours eu une énorme puissance de travail. A
seize ans, j'aï perdu mon père; c'était un très riche .
industriel du Mecklembourg qui, l'année de sa mort, se

même aspect physique qu'à présent. (Cela n'est pas beaucoup dire, car aujourd'hui, à vingt-six ans, il en paraît
à peine vingt-deux.) Les parents de rnes élèves ne_savaient
pas, ne soupçonnaient pas mon âge. Des leçons de grec,
de latin, de français, d'anglais; j'ai donné jusqu'à quatrevingts leçons par sèmaine. Et ajoutez que je ne savais ni
latin, ni grec; latin et grec j'ai dû les apprendre tout en
donnant mes leçons. Je suis, pour le latin et pour le grec,
un ... comment dites-vous ... un autodidacte, n'est-ce pas ?
- Vous avez trois sœurs ?
- J'en avais neuf, _et je les ai perdues. Toutes sont
mortes de ...
Il cherche et dit en allemand : Eklampseien.
- Moi, je suis le dixième enfant. Le D• X .. . qui
est très célèbre en Allemagne prétend que si j'ai réchappé,
c'est que, seul, je n'ai pas été nourri par ma mère ... Cela
ne vous ennuie pas que je vous parle ainsi de ma famille ?
Oui, ma mère a vu mourir ses neuf filles, ou du moins ...

pressentir ...
- Rien encore.

Un long silence. Puis :
- Il faut que je vous avertisse, Monsieur Gide, que
je mens constamment.

-

De cela aussi Von M. m'avait averti, lui dis-je.
Oui, mais il n'a jamais compris la valeur de mes

mensonges. Je voudrâis vous faire comprendre; ce n'est

pas ce que vous croyez ... J'éJlrouve le même besoin de
mentir et la même satisfaction à mentir qu'un autre à
montrerla vérité ... Non, ce n'est pas ce que vous croyez ...
Tenezparexemple:quandquelqu'unentendun bruitsubità
son côté, il tourne la tête (Il me saisit le bras) : moi pas !
I. «
2. ,

Enfant, puisses-tu rester fier. 11
Je crains bien qu'il ne tourne mal. •

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

420

ou quand je la tourne, c'est volontairement: je ,mens.
- Quand avez-vous commencé à mentir ?
- Sitôt après la mort de ma mète.
Un silence :
- C'est le mensonge qui attache à moi ma femme ;
c' e;t mon extraordinaire faculté de mentir. Quand elle l'a
sentie ellt a quitté p.our moi son mari, s~n enfant; elle a
tout quitté pour me suivre. J'ai d'abord voulu l'abandonner ; puis j'ai compris que je ne pouvais pas me passer
d'elle : c'est avec elle que je mens le plus volontiers. Parfois cela amène entre nous des scènes terribles. Mais c'est
toujours le mensonge qui à la fin est le plus fort. Ce
soir je pars la rejoindre; . nous devons nous marier
dans deux mois. D'ici là nous allons vivre en Suisse ;
en rentrant je vends tout ce que j'ai et tous deux nous
vivons pour cent francs par.mois.
1

Le déjeuner est fini ; il m'offre une cigarette dans le
plus élégant étui que j'aie vu. J'admire aussi une boîte
d'allumettes, en argent ainsi que l'étui; les moindres
obfets qu'il porte sont d'un goût parfait, d'une élégance
sobre et cachée.
- Oui, di t-il, j'aime passionnément l'élégance. Mais tout
cela va être vendu. Oh! les vêtements que j'ai sur moi ont
été quatorze mois dans ma valise ; il y paraît un peu ...
Nous nous levons de table.
- A quelle heure est votre train ?
- A minuit moins le quart; c'est le seul qui ait des
troisièmes.
- Avez-vous quelqu'un à voir, quelque chose à faire
~

Paris 1

JOURNAL SANS DATES

42r

- Non, rien. Je suis venu uniquement pour parler avec
. vous.
Craignant ponrtant qne la journée ne soit longue, je
lui demande si cela ne l'intéresserait pas de voir un peu
de peinture.
! me dit-il, non ;-pas encore. Tenez, si vous voulez
me faire plaisir, emmenez-moi aux Champs-Elys€es.
Une voiture nous mène au bois. traversant le parc
Monceau.
En déjeunant, je le voyais de face. Je remarque, à côté
de lui, combien il est différent, de profil. De face, on
est séduit par son sourire presque enfantin; de profil,
l'expression de son menton inquiète.
Nous reparlons de sa prison.
- Elle a eu ceci de bon, me dit-il, qu'elle a supprimé
chez moi, complètement, tout remords, tout scrupule.
- Et maintenant que la société vous a frappé, vous
vous sentez tous droits contre elle ...
- Oui, tous les droits.
- Lutter contre la société, cela est passionn:..Ot, mais
elle vous vaincra.
- Non. Je sµis terriblement fort.
Il dit cela sans forfanterie aucune, avec une simple
conviction.
Au moins, pensai-je, en cas de demande d'argent (car
je garde une vague crainte qu'il ne soit venu à Paris pour
me taper), ma phrase est prête : Si je vous aidais, vous ne
m'intéresserv,z plus. Mais pour me mettre mieux en
ga:rde, profitant d.'un moment où il affirme son amour
de l'opulence :
- Moi pas, je vous l'avoue, ripostai-je; bien qu'elle

- 9h

�•
422

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ne me déplaise point chez les autres.

Jt

ne voudrais pas

être Byron ; mais j'aimerais. de l'avoir connu ...

Je sens qu'il m'écoute un peu moins, et pourle ressaisir:
'
- C'est par là que m'a tant intéressé votre première
plaquette (sur Oscar Wilde). Je crois très juste l'antagonisme où vous placiez la vie et l'art ...

Il m'interrompt.
- Eh bien ! moi je ne trouve pas cela juste du tout.
Ou plutôt ... si vous voulez .. . oui, .il est dangereux pour
l'artiste de chercher à vivre : mais c'est précisément parce
que, moi, je prétends vivre, que je dis que je ne snis pas
un artiste. C'est le besoin d'argent qui maintenant me
fait écrire. L'œnvre d'art n'est pour moi qu'un pis-aller.
Je préfère la vie.
- Mais, dis-je, dans votre brochure vous affirmiez précisément le contraire.

•

- Oui. Je mentais .. Mais vous, vous mentiez donc en
écrivant les Noùrritures .. . Tenez (et il étend le bras
dans un geste admirable) de seulement étendre mon bras,
j'éprouve plus de joie qu'à écrire le plus beau livre du
monde. L'action, c'est cela que je veux; oui, l'action la
plus intense ... intense, ... jusqu'au meurtre ...

Long silence.
.
- Non, dis-je enfin, désireux de bien prendre position,
l'action ne m'intéresse point tant par la sensation qu'elle
me donne qùe par ses suites, son retentissement. Voilà
pourquoi si elle m'intéresse passionnément, je crois qu'elle
m'intéresse davantage encore commise par 1'1 autre. J'ai
peur, ~omprenez-moi, de m'y compromettre.Je veux dire
de limiterpar ce que je fais, te que je pourrai faire. De
penser que parce que j'ai fait ceci, je ne pourrai plus faire

JOURNAL SANS DATES

423
cela, voilà qui me devient intolérable. J'aime mieux faire
agir que d'agir.
·
- Jamais quelqu'un d'autre que vous n'agira comme
vous eussiez agi vous-même. Cela n'est pas la même chose.
Monsiêur Gide, je voudrais vous dire encore quelque chose.
(P hésite.) Je ne trouve pas les mots.
- Dites-le en allemand.
- En allemand je ne le dirais pas mieux. Depnis
longtemps je cherche les paroles. Non, je suis trop nerveux encore. Je ne peux pas. J'ai comme un poids
horrible sur la tête, et mon corps ne me fait plus l'effet
d'être à moi. Je vous ai écrit, sitôt hors de prison, une
longue lettre. Non, vous ne l'avez pas reçue. Avant de
vous l'envoyer je voulais ... vous voir.
- Est-ce moi qui suis cause, à présent, que vous ne

pouvez pas me parler ?
- Non, aujourd'hui, c'est inutile; je ne pourrai pas
vous le dire.
La voiture rentre dans Paris.

- Où dois-je vous mener ?
- Puis-je vous demander un service d'ordre tout pratique ? Il semble extrêmement hésitant et je recommence
à penser : C'est le moment de la tape. Mais non ;
simplement, il reprend :
- Savez-vous où je puis trouver du henné ?
Nous passons rue Saint-Honoré. Je le mène, chez
le coiffeur Philippe. Et là, je lui dis adieu brusquement,
éprouvant qu'il est particulièrement difficile de prendre
congé à 4 heures de quelqu'un qui vient de Cologne
exprès pour vous voir, et dont le train ne part qu'à
minuit.

ANJ?RÉ GI.DE

�•
RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

RÉFLEXIONS
LA

SUR

LITTÉRATUR 'E

0

LE MASQUE DE SHAKESPEARE&lt;
M. Abel Lefranc rattache à bon drpit ses deux derniers
volumes qui ont fait quelque éclat à toute la série des travaux
heureux de -sa vie savante. Servi dans la découverte de l'inédit
par un véritable flair d'explorateur, il a fait son tributaii-e quiconque étudiera désormais Rabelais, Marguerite de Navarre
et Marot. Il faut espérer qu'il ajoutera à ·notre fortune les
découvertes sùr Molière auxqu°elles il fait allusion dans son
présent livre et qui sont restées jusqu'ici confinées dans son
enseignement. Sa méthode est une méthode historique et
érudite qui consiste à penser que les écrivains inventent
littéralement peu et s'inspireht constamment d'une réalité
contemporaine qu'il ·est possible de retrouver. Cette méthode
qu'appliquaient instinctiverq.ent et sans grande conséquence
au cours de leurs promenades archéologiques les Ampère et
les Bdissier a fourni déjà à la science française et à l'exégèse
des grands auteurs un chef-d'œuvre,• les Phéniciens et
:r. Sous le masque de William Shakespeare, William Stanley,
VIe comte de Derby, par Abel Lefranc (Fayot). - L' Affaire
Shq,kespeare, par Jacques Boulenger (Cham?ion).

l'Odyssée de Bérard, dont M. Lefranc a mérité que ses
Navigations de PantagYuel, de plan, d'intention et de résultat
analogues, fussent rapprochées. ,
Or, M. Lefranc, depuis le commencement de sa carrière,
songeait, nous dit-il, à étudier dans cet esprit l'œuvre
shakespearienne ou plutôt le mystère shakespearien. Rien
de plus difficUe, le cas Shakespeare étant unique, p-ivilégié
à rebours : il est impossible en effet d'établir un ordre satisfaisant de rapports entre ce que nous savons de 1a vie de
Shakespeare et le contênu des trente-huit pièces qui portent
son nom, c'est-à-dire de la plus formidable explosion de vie
idéale qui soit sortie d'une tête pensante. Dês lors pour
le critique deux attitudes possibles : ou bien étendre considérablement par des hypothèses nos connaissances sur Shakespeare et faire rentrer la composition de_son théâtre dans le
lit commode de ces hypothês&amp;S; ou bien" transférer la paternité
de ce théâtre à un auteur dont la vie, les mœurs, la carrière
correspondraient au caractère de l'œuvre shakespearienne.
Le mystère y est tel que rien n'interdit a priori la seconde
méthode. Remarquons qu'il y avait déjà dans l'antiquité
une question térentienne analogue à la question shakespearienne. Certains faisaient de l'esclave africain Térence le
prête-nom de Scipion et de Lelius, et Montaigne se déclare
de cet avis pour des raisons fort analogues à celles qui ont
fait attribuer le théâtre de Shal,c~peare à un membr'i de
l'aristocratie anglaise, lord Verulam, lord Rutland ou lord
Derby.
C'est pour défendre la cause de ce dernier que M. Lefranc
a écrit son plaidoyer. On ne saurait guère en effet employer
un autre mot. Très convaincu de la vérité de sa cause,
M. Lefranc la soutient d'un bout à l'autre avec une ardeur
verbeuse et "'combative d'avocat qui rappelle les argumentations de Victor Cousin, pèse désagréablement pendant
toute la lecture de son livre et présente évidemment moins

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE
f

d'élégance qu'une discussion sobre et circonspecte. Que les
lecteurs du Petit Parisien aient eu la primeur de la découverte de M. Lefranc, je ne prétends ni m'en moquer comme
M. André Beaunier ni en louer M. Lefranc comme M. Jacques
Boulenger. Je crois seulement que lorsque des Savants vont
de cette façon au peuple le meilleur serait précisément de
tranchEf- par leurs qualités propres de réserve scientifique
et de doute honnête sur le ton d'affir.mation tumultueuse en
usage dans la~grosse presse. Ceux à qui la vie militaire a permis de vivre pendant des années avec les lecteurs du Petit
Parisien peuvent affirmer que ces gens simples sont très
sensibles à la réserve, au sens critique dont pourra faire
preuve devant eux celui qu'ils jugent plus instruit. J'admets
fort bien avec M. Boulenger que« si l'on arrivait à captiver
les lecteurs du Petit Parisien par des controverses d'histoire
littéraire, cela.ne pourrait que profiter aux bonnes lettres
et à la paix publique», mais à condition de les habi.t uer
précisément par ces controverses à juger douteux ce qui est
douteux ; excellente garantie de la« paix publique » dans
les affaires Dreyfus de demall).. ~
Le bon Zola qu'est M. Lefranc avait été précédé par un
Bernard Lazare. La piste du véritable auteur des drames de
Shakespeare, William Stanley, fut découverte dês 1888 par
un érudit anglais, Greenstredt, qui produisit les textes
iniiiabx et dont .M. Lefranc nous dit ayec ~e nuance de
reproche qu'il « évite toujours les décla'Cati.ons absolues et
insinue plutôt qu'il n'affirme ». M. Lefranc ne garde point
cette modération et l'on comprend que ses certitudes
tumultueuses aient agacé M. André Beaunier qui dans la
Revue des Deux Mondes a couvert de fléchettes ses deux
volumes orange.
Préoccupé d'exposer son opinion ou plutôt sa certitude,
M. Lefranc - et c'est peut-être le plus grave reproche
qu'on puisse lui adresser - ne prend pas assez la peine de

•

mettre son lecteur en mesure de contrôler cette opinion .
C'est en pareille circonstaJ1ce qu'il faut étaler au ba~ de ses
pages toutes ses,note_s, toutes ses références. M. Lefranc le
fait en gros, non avec le détail qu'on attendrait d'un maître
de l'Ecole des Hautes Etudes. Mais enfi.Il lui-même, tout en
affirmant avec intransigeance, nous donne ses devx volumes
comme une contribution à une question ouverte, comme une
invite aux recherches. Tout cela sera mis au point plus tard.
Venons-en au vif de la thèse.
Elle croise deux argumentations : il est impossible que
William Shakespeare soit l'auteur de son théâtre; cet auteur
est William Stanley, comte de Derby.
La première est la moins convaincante. Quand on lit le
livre où M. Sidney Lee a condensé tout ce que l'on sait ou
croit saVoir sur la personne de Shakespeare, on s'aperçoit
que, les témoignages douteux et les hypothèses de M. L.ee
éliminées, il ne reste, comme le remarque M. Boulenger;à
peu près rien de tout à fait certain. Un homme de Stratford
vient à Londres, appartient à une troupe de- théâtre, la
foumitede pièces, écrit des poèmes, y gagne une petite fortune dont il va vivre dans son pays natal. Il y a des documents juridiques qui nous le montrent revendiquan_t
assez âprement ses droits e! un testament qui ne mentionne
aucun livre parmi les biens qu'il laisse. Rien de cela ne montre
qu'il était capable d'écrire les pièces qui portent son nom,
rien ne montre qu'il en était incapable.« Il en était incapable,
dit M. Lefranc, parce que q'u'il ne songeait qu'à l'argent, qu'il
avait une âme d'usurier,. (M. Lefranc, emporté par son imagination combative, ajoute même qu'il était l'homme d'affaires le plus roué de son temps.) On a déjà objecté à M. Lefranc
que beaucoup de grands poètes ont pas mal aimé l'argent
et M. Beaunier a parlé à ce sujet de Victor Hugo. La Bruyère
s'étonne que Corneille ait écrit de si belles pièces, lui qui était
très lourd en société et qui ne s'intéressait à ses œuvres

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAI_S E

que par ce qu'elles lui r3:pportaiellf. Ce mot: « Je suis saoul
de gloire et affamé d'argent » est de Corneille ! Et puis, de
ce que les rares documents authen.tigues sur Shakespeare
sont des documents juridiques, faut-il conclure qu'il fut surtout un homme d'affaires ? M. Lefrapc tourne avec raison
en ridicule :les critiques qui ont vu dans Hamlet une incarna.tien de SÎiakespeare. Il serait, au point de vue stratfordien,
amusant de le voir s'incarner en Shylock comme Henry
Monnier s'estincarnê en Prud'homme qui ressemblait tant à
son auteur. Tant qu'on s'en tient à l'hypothèse stratfordienne,
la personne de Shakespeare reste un x, prête à tau tes les imaginations etle théâtre entier et l'auteur lui-même prennentle
nom d'une de ses pièces: Comme il vous plaira. On peut se
reposer, à la Montaigne, sur ce doute comme su'r un mol
oreiller de rêves qui prolongerait, en une harmonie préétablie le rêve enchanté des comédies shakespeariennes.
Quant à la seconde partie de l'argumentation de
M. Lefranc, la partie positive, elle est impressionnante. Je
n'ai pas dissimulé l'attitude de défiance avec laquelle on
aborde le livre, la mauvaise humeur que donne ~l'intelligence critique le ton de M. Lefranc. Je reconnais d'autre
part qu'il était diffi.cile à un homme de faire sans enthousiasme et sans passion de si curieuses découvertes. Les
concordances trouvées par M. Lefranc entre le théâ.tre
shakespearien et la carrière de William Stanley seraient
presque inexplicables si les pièces que Stanley était, comme en
fait foi le document certain des State Papers, occupé à
écrire pour des comédiens profes~ionnels ne sont pas celles
de Shakespeare lui-même. Peut-être toutes les démonstrations
de M. Lefranc n'ont-elles pas la même valeur, mais celle qui
concerne Peines d'amour perdues reste assez troublante. Le
moment n'est pas venu de-se prononcer. C'est aux critiques
anglais, plus habitués au maquis shakespearien que
M. Lefranc lui-même, qu'il appartient de passer son ouvrage

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

au crible. (M. Lefranc se réfère constamment par de longues
citations à des ouvrages français superficiels ou vieillis,
aux préfaces de Montégut, à Mézières. Un livre comme celuici a dO souffrir d'être préparé en dehors de la salle de
travail-d.u British Museum.)
Si par hasard la thèse de M. Lefranc était acceptée par la
critique anglaise comme la plus vraisemblable, elle substituerait un mystère à _u n autre, le mystère Derby au mystère
Shakespeare. On se demanderait par quel miracle fabuleux
le secret a été, jusqu'à M. Lefranc, ou si l'on v·eut jusqn'à
Greenstedt, si bien gardé. Lord Derby a laissé publier une
de ses compositions musicales, sous son nom ; M. Lefranc ne
nous .a encore laissé entrevoir aucune des raisons pour lesquelles il aurait esquivé avec tànt de soin la pat~té de son
théâ.tre. (Il paraît nous les promettre pour un autre volume.)
Ce qui m'inquiète le plus, c'est que, d'après M. Lefranc luimême, ce secret n'aurait pas été tel que plusieurs contemporains du comte ne l'eussent connu. Dans l'Aétion du Cohn
de Spenser, pris par certains critiques pour Shakespeare,
il voit lord Derby lui-même, et ses preuves sont d'une vraisemblance moyenne. Or Aétion nous est présenté par Spenser
comme un poète : u Sa muse, pleine de l'invention de hautes
pensées, sonne comme lui-même, héroïquement. » Spenser
connaissait donc lord Derby comme l'auteur des trois ou
quatre premières pièces de Shakespe~e et de ses poêmes (ces
vers sont probablement d'après M. Lefranc de 1594 et, dès
1591, Spenser avait fait une allusion analogue) . Il s'agit là
des_ débuts de lord Derby et de son factotum Shakespeare.
Pareillement, en 1_6 II, la Tempfte, selon M. Lefranc, ne put
être composée et jouée sous le règne de Jacques Jer, ennemi
acharné des sorciers, que par quelqu'un qui était capable
« d'imposer cette œuvre et de briser les résistances et les
critiques qu'elle devait fatalement susciter ,, le comte de
Derby lui-même. (Rien pourta.nt ne nous prouve que Jac-

�430

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ques Jer fût plus ombrageux en cette matière que Richelieu qui laissa représenter le Cid en pleine année de Corbie,
en pleine' action de la loi entre le duel, et qui se contenta
de susciter contre la pièce une critique académique analogue
à celle que Jacques Jer, auteur delaptmonologie, ai,rait pu
écrire lui-même contre la Tempête s'il l'avait jugé à propos.
Mais enfin, selon M. Lefranc, le secret de lord Derby était
pe1;cé à jour au commencement comme à la fin de sa carrière
dramatique, et lui-même' paraissait por~er son masque de
William Shakespeare non sur la figure, mais à la main. Comment se fait-il qu'aucun document de i'époque ne nous en ait
rien révélé, autrement que par des allusions mystérieuses
(une sorte de Kutsch bertillonesque) qui devaient, pour
être traduitts en clair, attendre trois cents ans la sagacité
de M. Lefranc ?
Si la thèse de M. Lefranc est exacte, ce document probant
finira bien par être trouvé. Après la riche moisson de vraisemblances colligée par un Français qui étudiait à Paris
au moyen d'une bibliothèque shakespearienne peut-être
un peu maigre, il serait impossible que des travailleurs
d'archives lancés, en Angleterre, sur cette piste, ne fissent
pas quelque lumière. Au cas où rien ne viendrait s'ajouter
aux probabilités inégales de M. Lefranc, il faudrait se résigner
à voir là contre sa thèse une preuve négative importante.
Comme il serait à souhaiter pourtant que cette thèse
fût exacte t On le souhaiterait pour M. Lefranc dont l'ardeur
et l'ingéniosité mériteraient bien ;cette récompense. On le
souhaiterait pour la science française, rendant ici à la race
anglo-saxonne un service digne des poilus dont le sacrifice
lui vaut ~ujourd'hui l'hégémonie économique et politique
de la planète (le livre est dédié à la mémoire de l'aspirant
Jean Lefranc, tué à l'ennemi après les plus glorieuses citations). On le souhaiterait surtout pour l'illusn:ation des lettres
et pour la musique de la vie supérieure. Dans l'hypothèse

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

43r

Shakespeare, Shakespeare est une œuvre. Dans l'hypothèse
William Stanley, William Stanley est un homme, tout un
voile se déchire, et du haut en bas, _dans une lumière à la
Rembrandt, un monde nouveau de la vie intérieure apparaît;
comme dans Hamlet, les comédiens s'en vont, le monde réel
demeure. William Stanley, jeune voyageur cultivé qui revient
en Angleterre pour y être mêlé à la Rlus terrible tragédie
domestique (rien n'est plus frappant dans l'ouvrage de
M. Lefranc que les liens singuliers entre Stanley et Hamlet)
se crée dans les châteaux et les pavillons où il s'isole une
existence prodigieuse. L'aventure devient bien plus belle que
celle de Beckford. Un Der9y peut mépriser, comme un SaintSimon, la gloire littéraire, en habiller comme Salluste ce
Ruy Blas de théâtre, son factotum Shakespeare. La vie réelle
il la trouve dans sa place et ses devoirs sociaux, etla vie idéale
dans ce monde de pensées et de songes, de poésie et de musique
dont il peuple ses œuvres et qui s'en vont parmi les hommes,
sur une scène de théâtre, tout détachés de lui et vivants pour
eux-mêmes, et partis pour la vie éternelle. Il ne fait que
pousser un peu plus loin ce sentiment profond de tout grand
artiste qui ne s'intéresse plus à ses œuvres passées, les laisse
à leur destin, ne pense vraiment qu'à ses œuvres futures,
- cette nécessité aussi qui s'impose à tout créateur, lors
de toute création esthétique, de couper le cordon ombilical,
de dire à l'œuvre : c Va, lève-toi et marche, oublie~moi 11.
Et l'œuvre a marché, l'œuvre l'a oublié. Maisl'œuvre,
après trois cents ans revient vers lui et lu~ tend son miroir,
et nous l'y reconnaissons. Les noms shakespeariens qui,
autour de la personne de William Shakespeare retombaient
impersonnels et mats,. ici ils peuvent chanter, vibrer, s'unir
indéfiniment à une personnalité humaine. Ce solitaire de la
cour et des châteaux c'est Hamlet, c'est Jacques le Mélancolique, c'est Prospero. Prospero! Quelle divination, alors,
lui aurait fait clore son œuvre par ce tableau de la magie

•

�•

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

432

souveraine dans l'île solitaire, magie qui figurerait peut•être
}es jeux de la magie poétique dans les pavillons
de son parc. studieux et peuplés de génies I Et quel son
dans l'adieu de Prospero 1 « Oui, voilà, grâce à votre aide,
jusqu'où mon art a pu porter sa puis~ance. Mais j'abjure
ici cette violente magie, et lorsque je vous aurai ordonné ce que je fais en ce .moment - un peu de musique céleste
pour opérer sur les sens de ces hommes le but (sic, traduction de Montégut citée par M. Lefranc)' que je poursuis, but que ce charme aérien est destiné à me faire atteindre,
je briserai ,ma baguette de ~am.mandement, je l'enfouirai
à pluSleurs toises sous la terre; et plus avant qu~ n'est encore
descendue la sonde, je plongerai mon livre sous les eaux. 1
M. Lefranc remarque que la Temp.ite, dernière pièce écrite
par William Stanley, figure en tête de ,l'édition in-folio
d~ r623 (qonnée par lui-même sous le nom de Shakespeare
ét avec le portrait de Shakespeare au frontispice. Quand
M. Lefranc expliquera-t-il ces étrangetés?) et en conclut qu'il
voulut faire de cette piêce « comm~ une introduction à son
œuvre, comme le programme, en quelque sorte, de sa conception de la vie etdu monde.• Toutel'œuvre shake~peari~nne
prendrait alors un aspect vivant de symphome umque
dans la littérature. C'est un nouveau monde vraiment que
M. Lefranc découvrirait à la critique.
Et je songe à la satisfaction qu'en recevrait ce problème
si attirant et si décevant des correspondances entre Montaigne
et Sb.akespeare ! pn familier de l'un et de l'autre ne saura.itse
soustraire à l'idée d' un rapport fraternel et très mysténeµx
entre leurs ' deux génies. Trop mystérieux! Un Anglais
a écrit tout un livre pour cataloguer les réminiSCences de
Montaigne dans Shakespeare. (La traduction de Florio
n 'ayant paru qu'après les principales pièces de Shakespeare,
il a fallu supposer que celui-ci lisait le français ou bien avait
eu communication de la traduction manuscrite.) Mais un

,

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

•

433
ex:amen attentif de M. Villey, montaniste excellent, l'a
convaincu que toutes ces réminiscences étaient apparentes
et ne pouvaient se rapporter au texte des Essais qu'avec
trop de bonne volonté. Le seul passage de Shakespeare
authentiquement inspiré de Montaigne figure dans la
Temp.ite et il est peu important. Et cependant, comme on sent
que, pendant ces dernières années du xvre slècle, la terre ne
portait peut-être que deux têtes parfaitement et divinement
.ibres, l'auteur des Essais et celui du théâtre shakespearien!
Que de ressemblances dans leur regard sur le monde et sur
l'homme! Alors, on est particulièrement séduit par cette idée
quesil'hypothèsedeM. Lefranc est exacte, Stanley, qui voyagaiten Guyènne et en Navarre vers 1584, a pu voir Montaigne
à la fois dans sa gloire des Essais et dans son lustre de maire
de Bordeaux. Il a pu le rencontrer dans la vie de cour de
Nérac dont Peines d'amoitt perdues sont, selon M. Lefranc,
une transposition vraie jusqu'en les plus curieux détails.
Il a pu lire les Essais sur leur terre d'origine, boire chez
Montaigne lui-même le vin de sa récolte. Et surtout quel
rapport étonnant n'apparaîtrait-il pas entre les retraites
où s'épurent et se décantent ces deux sagesses, entre la tour où
Montaigne écrit les Essais et les châteaux où William Stanley,
de retour dans son pays, composera ses poèmes d'humanité vivante! D'invisibles fils de ,Ia Vierge relient ces deux
asiles, un mirage fond dans une même ile de Prospero ces
deux solitudes. Qui sait si la sagesse même de Montaigne,
si le chapitre même de la Gloire n'a pas déterminé Stanley
à la vie secrète de son génie, à ce travestissement de son
œuvre ? « Ce vice est ordinaire : nous nous ~ignons plus
qu'on parle de nous que comment on en parle, et nous est
assez que nostre nom coure par la bouche des hommes, en
quelque condition qu'il y coure ; il semble que l'estre
conneu, ce soit aucunement avoir sa vie et sa durée en Ja
garde d'autruy ... Il serait à l'aventure excusable à un peintre
28

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•
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rade des devises pour les écus des nobles dans les joutes de
cour (c'est le sens_du document de r 6 I 3 sur lequel M. Demblon
a cru devoir aventurer sàn hypothèse) et surtout recevant
pour la composition de ses pièces les indications de lord

I

•

Derby qui a dû lui proposer ses sujets, lui tracer des canevas,
comme Richelieu à ses cinq auteurs, alter même assez loin
dans cette collaboration analogue peut-être parfois à celle
_ de Beaumont et Fletcher et à plusieurs autres de l'époque.
M. i.efranc donne en ce qui concerne P;ines d'amour perdues
des certitudes et en ·ce qui concerne Han-ilet de fortes vraisemblances. Dès lors, il semblé qu'entre stanleyens modérés,
comme M. Boulenger, et stratfordiens modérés, comme on le
deviendrait volontiers, certain accord, comme celui de
Shakespeare et de Stanley eux-mêmes, soit très possible.
Rendons grâce aux érudits, quand nous voyons l'érudition
de M. Lefranc nous apporter cette richesse, mais ne croyons
pas qu'en ·telle matière l'érudition soit tout. Laissons nos
yariations sur Shakespeare aller hardiment de M. Lefranc
à Foottit: il y a plus de choses dans le ciel et la terre shak~speariens qu'il n'en tient dans une philoSophie livresque.
Soyons livresques, mais sans oublier jamais combien Shakespeare l'est peu. Ainsi M. Lefranc et M. Boulenger et beaucoup d'autres considèrent avec étonnement l'insouciance de
Shakespeare touchant la publication de ses pièces, l'indifférence avec laquelle, si âpre à l'argent, il laisse fabriquer par
qui veut des éditions criblées de fautes, mutilées ou pleines
de grossières interpolations, et ils voient là une de ces portes
mystérieuses qu'ouvre la clef Derby. Mais si ses publications
sont ·indifférentes à Shakespeare, c'est d'abord qu'il n'en
souffre pas""dans ses intérêts, les droits d'auteur étant alors
nuls, c'est ensuite et sur.tout que la pièce imprimée ne l'intéressé pas. Joignez à cela l'absence probable de livres dans sa
maison lorsqu'il f3:it son testament. Shakespeare est de théâtre
jusqu'à la moelle des os, de livres pas du tout. Il est fort

RÉFCEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

possible que' les SuJe
. ts d e ses pièces
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, 439
lord Derby, leur préparation livre
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ALBERT THIBAUDET

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•

•
•

�•
NOTES

NOTES
CLIO, dialogue de !'Histoire_ et de l'Ame païenne, par
Charles Péguy (Editions de la Nouvelle Revue Française).

Clio parle, a ruminante eii soi•même; mâchant des paroles
de ses vieilles dents historiques; marmottante; marmonnante: .. 1 Cette Clio, son sort est de n'oublier rien ; sa

•

fonction propre, de tout remémorer. Dès qu'on ne l'attelle
plus à une tâche, dès qu'elle n'est plus tenue dans les bornes
d'une histoire déterminée, on conçoit qu'elle vagabonde à
travers l'histoire entière ; qu'un souvenir la distraie de sa
première pensée et qu'un autre l'y ramène ; que tour à
tour elle s'fgare ou se retrouve au fil des souvenirs. On
conçoit que Péguy, lui passant la parole, n'ait pas à changer
de· manière ; bien plus, ces libertés où il se complaisait,
ces tours, détours et retours, ces digressions et ces répétitions,
jamais ne furent mieux à leur place qu'ils ne le sont ici même,
sous le couvert de la fiction. Clio flâne ; mais Péguy sait
bien où il la mène. Nous passons à son compte, à ·elle, les
piétinements sur place et les longueurs. Mais la pensée,
mais l'émotion, surtout ce regard d'ensemble sur la vie,
cette fatigue et cette tristesse courageuse, ce renoncement
sans amertume, cette religieuse acce~tation, - c'est bien
Péguy, c'est le dernier témoignage qu'il nous ait laissé de .
lui-même. Et, pour tous ceux qui l'aimaient, ce livre est
comme un testament.
Il vaut la peine d'en chercher l'ordre secret. Platon est un
artiste, le Phèdre, une œuvre d'art; pourtant l'unité de ce dialogue illustre est plus facilement sentie que comprise; on ne
saisit pas sans peine, sous un désordre apparent, la progression cachée, les balancements et rappels de thèmes,
l'entrelacement de motifs qui concourent à l'harmonie de
l'effet total. Les proportions du moins, ne cessent d'être

..

4JI

observées. Péguy ne les observe pas, quand il commente
sans :fin la pièce des châtiments écrite sur l'air de Malbrouck
(Paris tremble, ô douleur, ô misère !) . Et le dernier thème
(Comment Hugo s'est arrangé pour emplir un siècle) n'est
p~s. cel~ qu'il fallait pour clore l'œuvre dignement, pour
faire plemement sonner la note finale, si grave et juste. Ces
deux erreurs, je ne les signalerais point, si le monologue
en son ensemble ne me paraissait organique, harmonique,
et très sûrement composé.
L~vrai sujet n'est pas !'Histoire, quoiqu'il en soit beaucoup
parle.« Il me faut une journée, dit Clio, pour faireiil'histoire
d'une seconde. Il me faut une année pour faire l'histoire
d'une minute. Il me faut une vie pour faire l'histoire d'une
heure. Il me faut une éternité pour faire l'histoire d'un jour.
On peut tout faire, excepté l'histoire de ce que l'on fait. n
Que nulle recherche n'épuise une question, et que, par le
manque ou l'excès de documents, l'historien toujours se
trouve, malgré lui, ramené de la science à l'art, - Péguy
n'avait pas attendu pour le rappeler à la Sorbonne· nous le
savions de reste, et ce n'est pas ce qui nous touc~e. Mais
la poésie plus vraie que l'histoire, l'éternelle fraîcheur
d'Homère, les hommes de Grèce plus grands que leurs dieux,
la pureté antique aspirant, par une « grâce intérieure » à la
pureté chrétienne, et toutes deux ensemble condamnant
ces modernes qui n'ont point d'âme - verrons-nous là le
vrai sujet? Non, cette image d'une jeunesse du monde, à
jamais passée, cette vision d'une jeunesse hors du monde
et qui ne passera point, ce regret et cette promess~
accusent par contraste le thème principal : l'idée du Vieillissement : vieillissement de chaque homme, vieillissement
de l'humanité ; opération ~e la mort en toute vie; vanité
des efforts que tente toute vie, pour éluder la loi de vieillesse
et de mort; détresse de l'âme sous les griffes du Temps.
Cette idée, entre toutes, est celle qu'on veut le moins re-

•

�•
442

LA NQUVELLE REVUE FRANÇAISE

garder en face et .fixement; mais elle ne se laisse pas oublier.
Si le livre est pathétique et d'un art sensible au cœur, c'est
qu'il garde à l'idée ce caractère d'inéluctable obsession :
nous tâchions de la fuir; nous croyions échapper, en parlant
cr autre chose; mais toutes les issues sont coupées, le· même
fantôme se dresse en travers de tous nos chemins.

•

C'est, d'abord, Clio même qui se plaint: « Je suis une
pauvre vieille femme sans éternité ... C'est moi qui fus la
belle Clio, si adulée. Comme je triomphais au temps de
mes jettnes réussites! Puis l'âge vint. Moi aussi, j'ai connu
les victoires de la maturité, les victoires aux hanches lourdes.
j'ai mis tout mon bien en viager. Combien d'autres, qui
ont moins triomphé, touchent à l'âge où elles auront tout,
où elles toucheront tout. Et moi je touche à ce même
âge où je n'aurai plus rien. » Elle pleure son passé de
petite Muse apollinienne, l'âge où l'illusion lui restait permise, l'âge où l'ambition d'épuiser la vérité ne lui_imposait
pas une tâche de flétrissure et de mort...
Mais l'art aussi, que penser de son éternelle jeunesse ?
Voici l'œuvre faite et parfaite ; et l'auteur voudrait bien
qu'on lui laisse la paLx. Il voudrait bien être maître chez
lui, « comme si l'homme jamais pouvait être maitre chez lui,
et même être chez lui dans aucune maison ». Mais l'œuvre
ne vit pas par elle-même ; pour couronnement nécessaire,
elle attend la contemplation, la lecture, l'acte commun de
l'œuvre et du spectateur. Elle tombe sous la commune
infortune historique : « Courir ce risque, être en toutes les
mains les plus grossières ... ou courir ce risque pire. le risque
suprême, n'être plus· en aucunes mains - c'est-à-dire la
maladie, la mort. 1 « Si dur que soit ce marbre du Pentélique,
non seulement il a reçu et, perpétuellement, il recevra les
atteintes physiques du temps ... mais il a reçu et perpétuelle•
ment il recevra les atteintes non moins graves, les couronne-

NÛTES

443

ments et les découronnements, les accroissements et les
déchets de la collaboration de tous ceux qui sont dans le
temps ... Une lecture de nous achève ou corrompt cette
Antigone ; une lecture de nous couronne ou découronne
cet achèvement d'Homère, cette Iliade et cette Odyssée.
Quelle injustice criante, et non pas une injustice accidentelle,
mais une injustice essentielle, inhérente au temps, incluse
dans l'ordre même... Tout ce qui procède du temps, c'està-dire tout, est marqué du temps et de cette tare du temps ...
Tout le temporel est véreux ; l'événement est ·véreux ;
l'œuvre, cette part de l'événement, est véreuse ... car l'éternité
seule est saine et pure .. »
Cettç injure du temps, cet avilissement, c'est l'artiste
lui-même qui l'aura commencé. « Il a fermé l'atelier sur
son œuvre. Il avait les yettx brouillés. C'était fini ... Son
regard n'était plus neuf. C'est la seule cécité qui soit irréparable pour l'artiste ... Lui, l'auteur, il commenÇait de voir
comme un public ... Déché.lnce d'art qui ne se remonte point,
déchéance irrévocable de la création même de l'œuvre. Son
regard déjà n'était plus un regard neuf, un regard inexpert,
un regard natü ... ; c'était un regard habitué, pour dire le
mot, un regar&lt;i vieilli ... Malheur à l'auteur dont le champ
du regard a reçu trop &lt;l'injur~s, a enregistré trop d'essais,
a eu à publier trop d'amnisties, èst écrasé de trop d'habitude.
Etant donné qu'un très grand peintre a peint vingt-sept
et trente-cinq fois ses célèbres nénuphars, quand les a-t-il
peints le mieux, Iesq uels ont été peints le mieux ? Le mouvement logique serait de dire: le dernier, parce qu'il savait plus.
Et moi je dis: au contraire, le premier, parce qu'il savait moins.»
« La logique», ici, c'est la théorie du progrès : « une théo~ie
fabriquée par le parti intellectuel d'un temps et d'un peuple
qui venaient d'entrer dans l'âge bourgeois, dans l'âge capitaliste ... C'est bien la théorie d'une capitalisation non seulement à intérêts, mais à intérêts composés.:., une théorie

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ftÂ /tlljdis - "8P,dfW l'oa w1■ 1il C
Et auea1 d ' ~ "'19 le fils de Oekubbl a lu, dsul
a!llèmblée estimable, un eosai qu'il avait fait .ai l'abua
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a11 tempil ..eaae et la cloltiaatloa. du Ji41 µ eet. y _.
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l!'P8-Elioe_...14. toutaepe,d, et,m,l'adlt.~111•
Noaa 1 1 • ~ poi11t. Y6uadlf,je à,cdl;teld6è.La
'-8deHl180 peut bic llOll8 rappels afaJcè, etNeYWa
l"aird&amp; Valbrouc:k, llOllllrappeler i. cbau1011d•Ch6rablll.
tnlDla par B e a ~ DOUi nll!œa la. Mir• C&lt;NIJflialCi
l'C!IW .dii'ons: c C'ë donc • le oamN etc'RQoiae..Et c'eet donc a jplllle ei: c'eet a Fip,o. Plilà
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- l0Dt les types ~ - traditlonuels, mlllÛ,
et pnaque l&amp;Cralllellteli, plue il eet poi'gnant de lei retl'Ollj,

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~leàreaz l'ac:bamimtà pllcwclua d'.,._ ~ •
'Wùlan 11'eat pu aeaiemeut d'ou~ que la pàet,6ri~•

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sera faite d'hommes non moins périssables, non moins
incompétents que nous. Mais 11 chaque génération appelante
se voit seule sous le regard innombrable d'une indéfinité
indéfiniment croissante de générations ultérieures. C'est
le contraire. C'est chacune des générations juges, des générations ultérieures qui est une en face de toutes les générations
passées. »Et cette génération de juges, à quoi songe-t-elle ellemême, sinon à se faire juger par l'avenir? «Longue poursuite
temporelle, perpétuellement décevante poursuite, toujours en
porte-à-faux, et singulière justice, singulière juridiction•!
Le tribunal court après le prétoire. Le nîagistrat lève le pied.
Le juge retrousse sa robe et saute la barre pour se faire admettre accusé ... » Et telle est l'illusion par où l'âme moderne
remplace le jugement dernier et la communion des saints.
Mais cette misère, comment la condamner, si chacun, si le
chrétien même la retrouve dans son propre cœur ? &lt;&lt; Nous
le connaissons peut-être, Péguy, notre homme de quai-ante
ans. Nous commençons peut-être à le connaître ... Il a quarante ans, il sait donc. La science que nul enseignement ne
peut donner, le secret que nulle méthode ne peut. prématurément confier, ... il sait. D'abord, il sait qui il est.
Ça peut être utile, dans une carrière. Il sait ce que c'est
que Péguy.. . Il sait que Péguy c'est ce petit garçon de dix
douze ans qu'il a longtemps connu se promenant sur les
levées de la Loire. Il sait aussi que E'éguy c'est cet ardent-et
sombre et stupide jeune homme, dix-huit vingt_ ans, qu'il
a coii.nu tout frais débarqué à Paris ... li sait que la Sor•
bonne, et l'Ecole Normale, et les partis politiques ont pu lui
dérober sa jeunesse, mais ne lui ont pas dérobé son cœur ...
Il sa.it que toute la période intercalaire ne compte pas, que
la période de masque est finie et qu'elle ne reviendra jamais.
Et qu'heureusement la mort viendra plutôt... Il sait qu'il a
retrouvé l'être qu'il est, un bon Français de l'espèce ordinaire,
et vers Dieu un fidèle et un pécheur de la commune espèce.

NOTES

4f7

Mai..5 enfin et surtout il sait qu'il sait. Car il _sait le g'rand
secret, de toute créature... le secret le plus universellement
confié, de proche en proche, de l'un à l'autre, à demi-voix
basse, au long des confidences, au secret des confessions, au
hasard des routes, et pourtant le secret le plus hermétiquement secret.. . Il sait que l'on n'est pas heureux. Il sait que
depuis qu'il y a l'homme nul homme jamais n'a été heureux ...
Or, voyez l'inconséquence. Le même homme, cet homme
a naturellement un fils tle quatorze ans. Or il n'a qu'une
pensée. C'est que son fils soit heureux. Il ne se dit pas que ce
serait la première fois que ça se verrait ... Il n'a qu'une pensée.
Et c'est une pensée de bête. Il veut que !k&gt;n fils soit heureux ...
Il a une autre pensée. Il se préoccupe uniquement de l'idée
que son fils a (déjà) delui,c'estuneidée fixe, une obsession, une
sorte de scrupuleuse et dévorante manie. Il n'a qu'un souci, le
jugement que son fils, dans le_secretde son cœur, portera sur
lui, il ne veut lire l'avenir que dans les yeux de ce fils. II cherche
le fond des yeux. Ce qui n'a jamais réussi, ce qui n'est jamais
arrivé, il est convaincu que ça va arriver cette fois--ci ... Et
c'est ici la commune merveille de notre jeune Espérance.»
De telles pensées de bête, si on les juge, si on les raille,
ce n'est pas pour s'empêcher de les avoir, c'est pour les
dépasser, pour s'élever à d'autres, qui donneront à celles-là
leur vrai sens: Il ne s'agit pas d'échapper, sur terre, à notre
condition d'hommes. Il s'agit de vieillir bien, non de ne pas
vieillir, comme des dieux. Lisez plutôt Homère et les tragiques
grecs : K Oui, l'homme envie aux dieux leur éternelle jeunesse, leur éternelle beauté ; leur force illimitée, leur instantanée vitesse ; leur éternelle bataille, leur éternel festin,
leur éternel amour. Mais il devient très vite évident que cette
envie même est comme noyée dans un certain mépris ...
Mépris de quoi ? Mais précisément de ceci ; que les dieux
sont éternellement jeunes et éternellement beaux ; presque
universellement puissants, instantanément vites ; mépris de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ce qu'ils livrent une bataille éternelle, un éternel festin, ~t
les batailles d'un éternel amour ... Mépris de quoi ? Mépns
au fond de ce que les dieux ne sont point périssables .. .
mépris de ce qu'ils demeurent et de ce qu'ils.ne passent po~t.

Mépris de ce qu'ils recommencent tout le temps et non pomt
comme l'homme, qui ne passe qu'une fois ... Mépris de ce
qu'ils n'ont point la triple grandeur de l'homme, la mo~,
la misère, le risque ... de ce qu'ils sont assurés de ne pouvoit'
deveniY aussi grands qu'Œdipe ... »
Accepter de vieillir, accepter d'être un homme, n'est•ce
pas la plus sûre grandeur de Hugo ? « Ce n'est pas par h~rd
que sur tant de points nous en revenons toujours à 1~1. 11
Nous l'avons bien senti tout de suite : it Leconte de Ltsle,
Hugo, deux systèmes en ces deux hommes ... L'~n vieillissait
vieillard, l'autre vieillissait vieux ... Tout ce que les paysans
de votre pays mettent dans ce mot: un vieux, tout ce qu'ils
y mettent de noueux, de raciné, de ayant résisté, de ayant
poussé, de ayant vieilli, de ayant tenu le coup ... , c'est tout
cela qu'il faut laisser dans le mot et dire du vieil Hugo :
C'était un vieux. Il laissait à l'autre le soin de porter le
monocle et d'être un Olympien. Lui il portait ses deux yeux,
les yeux aux lcrurdes paupières, avec deux poches dessous,
les yeux, sinon les plus profonds, du moins les plus profondément voyants qui se soient jamais ouverts sur le monde
charnel... Il était un homme, simplement (c'était lui, le
mangeur de bœuf), un vieil homme à l'écorce ridée. Il savait
ce qui éclate partout dans Homère, qu'il y a plus dan~ un
homme que dans un dieu qui étonne au loin. Et passi~le,
il ne voyait aucun inconvénient à laisser Leconte de Lisle
impassible poursuivre sa carrière de vieillard et de ~ieu, .. ,
Ni pareillement à lui laisser la philologie, l'archéologie : 1 N1
archéologie, ni philologie romanes, voilà le secret d'Ay~rillot et du Mariage de Rola-)fd. Ni archéologie, ni philologie
hé"praïques, voilà le secret de Booz endormi. r

NOTES

449

La faiblesse et le péché de !'Histoire, le trait qui l'oppose
aux mémoires, et à la mémoire, nous pouvons le comprendr:e
à présent : Œ 1hre d'un temps et d'un autre temps, voilà
tout ~on programme, dit-elle, vous voyez qu'il n'est pas
compliqué. En somme, c'est toujours ceci : ne pas vieillir.
Ne pas accepter le vieillissement... :Être d'un temps et en
même temps d'un autre temps. ~tre d'un lieu et en même
temps d'un autre lieu. ttre d'une génération et en même
temps d'une autre génération ; précisément ce serait être
dieu, être fait dieu .. . Or justement, nous avons peut-être
assez vu quelle déchéance ce serait que de devenir dieux! »
Vieillir, ce n'est pas .itre passé, et le savoir ; c'est passer,
c'est changer d'âge, se souvenir et regretter.« Rien n•es·t
aussi étranger que la mémoire à l'histoire... Et le vieillissement est avec la mémoire, et l'inscription est avec l'histoire ...
L'inscription est essentiellement une opération par laquelle on
manque de mémoire ... L'histoire s'occupe de l'événement,
mais elle n'est jamais dedans. La mémoire, le vieillissement
ne s'occupe pas toujours de l'événement mais il est toujours
dedan!;. »Or,• c'e~t la mémoire qui fait toute la profondeur de
l'homme.» Une profondeur qu'il redoute: «Descendre en soimême, c'est la plus g,!"ande terreur de l'homme... L'homme
aimera toujouxs mieux se mesurer que de se voir. » C'est
pourquoi le vieillard. à une remémoration organique, préfère un retracé historique. Il se raconte, il dépose en témoin,
il regarde au long de sa vie : " au lieu de s'enfoncer dans sa
mémoire, il fait appel à ses souvenirs. n Mais l'homme de
quarante ans, dans ce plein de la mélancolie, voit ce que c'est
que la vie au moment même qu'elle vient de lui manquer; il
se demande ce qu'il a fait de sa jeunesse et il voit qu'il a
perdu sa jeunesse. Il n'évoque pas ses souvenirs; il invoque
sa mémoire. Œ L'horilme de quarante ans est chroniqueur
et mémorialiste comme l'homme de vingt ans est poète. »
Mais lui-même il sent qu'il va devenir historien et en Iui29

,

,

-

�450

NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à quelques misérables dévots va aband

même il fait ses adieux à. la mémoire. Et l'homme, ensuite,
redevient très gai. « Rien n'est gai comme un historien.
D'ailleurs il est constant que rien n'est gai comme un fos-

45r
t

et quel peuple, et tout un m~nde
onner out un peuple,
que ce peuplesontdanslepéchéde~~: qu~ ctedmonde, parce
men telles formes. Où est-il a·t
D' e pom ans les sacradanslepéché' Il letra ,;JI l que ieu abandonne l'homme
·
Vai eaucontrair
c
son chemin qu'il n'a point
e .... epeupleachèvera
commencé. Ce stêcle
d
peuple axrivera par la route par laquelle il n'e;t cpe:;on
paxti~•...ce»

soyeur. Et c'est le m~me métier. Rien n'est gai comme le
vieillard qui évoque ses souvenirs .. "
Péguy ne veut pas être gai, dans un monde où l'on n'est
pas, où l'on ne peut pas être heureux. Il sait bien pourquoi il
retourne et remâche ces songeries d'espoirs temporels toujours
déçus, de regret, de flétrissure et de vieillissement:
Il ne
1
veut pas perdre lui-même, il ne veut pas que nous perdions,
que nous dissipions en vain ces années de mémoire et de
mélancolie où la détresse même est appel de la grâ.c~ et moyen
d'u salut. Il faut, pour guérir, que l'âme païenne s'enfonce
dans le sentiment de son infirmité. « Quand une certaine
détresse, quand un certain goût d'une certaine détresse
apparaît, dans l'histoire du monde, c'est que la chrétienté
revient. 11 Tout ce qui avive cette détresse, agit pour la
chrétienté. « L'homme croyant toujours que ce qu'il n'a pas
eu, c'est une ra.îson pour qu'il l'ait,, cet homme païen, cet
homme de désir, c'est le germe vivant du chrétien. Devant
les illusions des modernes et leurs vains recours à la justice
de l'histoire, les dévots ~rieront à l'impiété, au sacrilège, à
la parodie, parce que ce sont des défourne~ents et des
lalCisations. Mais « Dieu aime mieux peut-être une vertu
détournée que pas de Vertu du tout ... Quand l'éternelle
source ressort d'une sourde infiltration, vais-je déclarer que ·
je trouve indigne, moi, indigne d'elle qu'elle sorte de là,
comme une eau perdue ?... Je sais que la grâce est insidieuse,
que la grâce est retorse et qu'elle est inattendue. Et aussi
qu'elle est opiniâtre comme une femme ... Quand on la met
à. la porte, elle rentre par la fenêtre. Les hommes que Dieu
veut avoir, il les a. Les peuples que Dèu veut avoir, il les
a ... Il serait trop facile de croire, pour plaire à quelques
misérabl~s dévots, que Dieu, lui aussi peut-être pour plaire

Ainsi pensait Péguy à la veille de la
.
et ne ca h ·t
guerre. Il savait
.
c ai pas sur quelle route il prétendait
Lm-même
h h .
nous mener.
ne c erc ait plus sa route Il était
.é
qu'homme peut l'être autant
.
~rriv autant
chrétien qui sait n'ê~
que_ peut se croire arrivé un
.
e pas un samt. " Une expé .
vmgt siècles_ lui d't
Cli0 - ma
, montré q • · nence
1
f • de
la dent de chrétienté a
u une ms que
jamais le morceau
N:ordu _dansd~n cœur, elle ne lâche
d
...
anciens ieux ne savaient pas
mo~ re. ~ais vous avez touché le Dieu qui mord N
anciens
. t pas. Vous avez touché le• Dieu
os
ui dé dieux ne dé voraien
q
vore. » - Péguy veut que nous sentions aussi la morsure,
. enfoncer qu'il insiste
à notre .tour . C' est pour 1a faire
et u'il
q
appuie sur les tristesses d
. illi
sembles' corn .
'
u vie ssement. Et s'il
y
platre, c est peut-être, et probablement
que chaque retour à la d'tr
.
'parce
lui l'ardeur d
.
e .esse surmontee renouvelle en
pas ici les st sa Fo~ et de sa !eune Espérance. Ne cherchons
gnes d une lassitude de vivre Il a r ·t b.
accepté de ·
·
u a1
ien
bo
vivre encore. Il aurait accepté d'attendre 1
Il nheu\de son fils, et le jugement de son fils sur lui-mêm:
aurai accepté de continuer sa tâche et d
.
Cahiers ·
,à
.
.
•
e mener ses
.
Jusqu
la cmquantième série. Mais il acce tait
~are11lement autre chose ; il acceptait jusqu'à s'offrir p car
savait, en gardant malgré l'âge son grade d'offici·er d. .
serve à.
· 1 ,
e re' quoi i_ s engageait pour le jour du combat. L'ent:~dez-vo~s qu~ commente la lettre de Chérubin: la vie m'est
P

'

1euse et 1e vais la perdre aveç joie dans la vive attaque. d'un

�452

LA XOUVELLE REVUE FRANÇAISE

fort où je ne suis pas commandé:« On n'est jamais commandé,
quand on ne veut pas. On est toujours commandé, quand
on veut. 1 L'entendez-vous, qui plaint les dieux parce qu'il
leur manque « ce qu'il y a peut-être de plus grand dans le
monde ; et de plus beau : d'être tranché dans sa fleur; de
périr inachevé; de mourir jeune dans un combat militaire. •
Pour lui-même, il n'est plus temps de mourir jeune; mais
que vienne ou non le combat militaire, il sent bien qu'il
ne mourra pas vieux. Il écoute Clio, tout à la fin, lui dire :
c Vous même, vous petit, vous n'irez même pas jusque là.
Pas même un demi-siècle. Depuis quinze ans que vous ramez
sur cette galère, vous vous sentez à bout tous les jours ; et il
vous semble qu'il y a une éternité ... Vous ne vous voyez
pas dans trente-cinq ans, dit-elle. Vous ne vous représentez pas présidant à la cinquantième série des cahiers.
Mais vous vous représentez fort bien, et je me représellte
avec vous, mon enfant, me dit-elle avec une grande douceur, ce que vous pe~serez le joQr de votre mort.&gt;
Lire ces mots que tout le livre éclaire, c'est quitter mon
vieux camarade au bord même du champ où il est tombé.
Pour précieux que nous soit le récit d'un de ses compagnons
des derniers jours, s'il nous intéresse, c'est qu'il nous montre
Péguy en pleine action dans l'épreuve attendue, y portant
ce couràge, cette abnégation allègre et totale, cette simplicité
que nous attendions ; mais nous n'y cherchons point une
confidence, la révélation d'un dernier secret. On ne sait pas
tout d'un homme; nous savons de Péguy, grâce à lui-même,
tout ce que nous avons le droit et le besoin de savoir. C'est
un faible privilège que de l'avoir dès longtemps fréquenté,
puisque des amis de jeunesse, après qu'il eut changé de voie,
ont pu se tromper sur ses motifs profoll,dS et méconnaître
l'unité de sa vie. Pourtant ses changements n'ont rien eu de
brusque et d'inexpliqué; si la passîon a" quelque peu faussé
son attitude à l'égard des personnes, ses alliances et ses

NOTES

453

inimitiés, elle n'a pas dévié le cours de ses
.
ni de
"dé
sentiments
ses l es. Sans rien retrancher de l'im rta
qu'eut à s
po nce
_es propres yeux sa conversion, je dis qu'il resta
fid.èle à lm-même, je ne le vois en rien renier les premiè
exigences .de son espn·t m· d e son cœur. Péguy ne dédiait
res
pl~s ses livres à la République Socialiste Universelle . sa
• Cité Harmonieuse&gt;, il ne l'attendait plus qu'au ciel. é•est
chose grave que de livrer la terre à l'in1· ustice histo .
t
d'
t 1
. .
nque e
accep er a failhte de tout ordre temporel au titr d'"
!rangi"bl e 1o1.. G rave surtout si l'on s'm" 1·
e m.
•
c me d evant les
pm~nces du monde et si l'on tourne à leur service les
émotions
de respect et de résignation ,. non pas s,· l' on con.
serve intacts et si l'on répand par l'exemple le goût dlJ franc
parler, l'amour du peuple, le culte du bon travail et de la
pau~eté fière .• ~éguy n'avait pas besoin de nous rappeler
la différence. qu il établit entre« les petites gens&gt; et« les gens
d~ commun,. M~s j'aime que dans sa derniêre œuvre, qui
n est p_as la moms religieuse, il dédaigne absolument de
complaire à • quelques dévots a.
Ce qui fait la singulière beauté de Clio, c'est le vieillissem~nt fr~chement accepté ; c'est le sourd travail d'une âme
qm recueille sans en rien perdre tous les souvenirs, tous les
reg~ets, et réchauffe l'espoir présent aux feux du passé tout
entier. Nous
. illi" ssement
. pouvons appeler ce travail, 1e • vie
de mé~orre &gt;. Le • vieillissement d'habitude &gt; - Péguy
1~ ~~a1t par Bergson - est tout à fait différent. C'est un
vieillissement extérieur et passif : persistance des lis
contracté
·
P
.
s, accum u] ation
des manies, complaisance involo~tai.re ~ux procédés d'action et d'expressio~ qui ont une
f01s servi
· t enant nsquent
.
L
, . la ·pensé
. e, e t mam
de la trahir.
_a memorre attirerait la jeunesse, par ce qu'elle contient de
vie. concentrée ; l'habitude la repousse, comme une diminution de vie_- Voilà ce qui jette une ombre sur la singnlière
beauté de Clio. Quand Péguy s'attriste qu'une belle œuvre

�'
454

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

• puisse être si facilement découronnée par une mauvaise
lecture, nous nous attristons de le voir, au même instant, qui collabore à son propre découronnement. L'arbre
qui vieillit bien ne se creuse pas au dedans ; il garde, sous
l'aubier récent, les cercles des saisons anciennes toujours
plus serrés jusqu'au cœur. Mais sur l'arbre, chaque année,
l'ancien feuillage fait place libre aux pousses neuves. Chez
Péguy, pour mettre en plein jour la jeune verdure et les
fleurs et même pour découvrir la structure de l'arbre vivant,
il fau~ bien, au _risque de casser des branches, é~er le lichen
avec les feuilles mortes. Je présente ici l'œuvre à l'excès dépouillée; c'est qu'il m'a fallu, d'abord, la regarder ainsi pour la
bien v;oir. Je la sentais admirable, mais imparfaite. Je l'admire
davantage, après m'être assuré que rien ne manque à sa vie,
qu'elle ne souffre d'aucun creux, d'aucun vide, et qu'une profusion superflue empâte simpleme;it les lignes d'un cbefd' œuvre que notre amour peut dégager, bien réel et bien entier.
Vieux amis de Péguy. ce n'est pas nous qui sentirons une
fatigue à le suivre, et refuserons de l'aimer jusqu'en ses
défauts mêmes. Mais nous voulons que d'autres l'aiment ;
nous voulons que son esprit ne cesse pas d'agir. Le moyen
n'est pas de dire à une jeunesse impatiente: c Admirez cbaqua
ligne et chaque vers ; dans Jeanne d'Arc, dans Eve, dans
Clio tout est bien comme il doit être, à sa place, à sa mesure.•
No~s ne serions pas écoutés. Mieux vaut dire: c Prenez, lisez,
choisissez. Commencez par vous convaincre qu'en ces livres
la surabondance n'est pas artifice : Péguy parle comme il
pense ; il n'.invente qu'à ce prix ; il faut cet amas de nuages
pour préparer ses éclairs. Connaissant moins que nous les
difficultés de sa vie et l'exigence de production qui le poussait toujours en avant, vous pourrez regretter plus que nous,
qu'au sût élan du poète n'ait pas succédé, chez lui, ce retour
sur l'œuvre faite, qui est une des conditions de l'art. Des
modèles d'ordre et de sobriété, bien d'autres vous les offriront

455

NOTES

qui méritent moins d'être lus. Lisez Péguy, non pas seulement
pour atteindre aux pages d'un art achevé où l'émotion
paierait toute patience ; mais•pour écouter comme il faut
cette voix, l'une des plus pures, des plus chaudes et des plus
graves qu'aujourd'hui l'on pl\isse entendre, alors qu'on
cherche sa route aux premiers carrefours de 1a vie.»
MICHEL

ARNAULD

LA FORl::T nEs CIPPES, essais de critique par Pierre
Gilbert, recueillis et publiés par Eugine !11arsan (Champion
éditeur, 2 volumes).
Après une retraite de quatre ans au front, plus féconde
pour moi que vingt ans de paix dans le siècle, me voici de
nouveau à ma table, mais tout changé, devant un livre dont
il s'agit de rendre compte. Quel embarras! - Le critique
est-il mort en moi ? a-t-il désappris son métier ? Il n'a presque rien lu depuis l'été de 1914 en fait d'ouvrages proprement littéraires ; à peu près exclusivement des livres de
mystique, de théologie et de politique... Va-t-il retrouver
l&amp; contact ? - Il y a cependant une place à prendre aujourd'hui, même dans une revue de littérature, une place qu'ici
- croit-il - ne lui disputei:a personne, la seule qu'il puisse
occuper s'il prétend appliquer ses nouveaux principes
rigoureusement Doit-i! déjà dire laquelle ? - Non, il
préfère différer encore une profession de foi nuancée et
complexe • sur le rôle profond de la parole écrite •· II se
contentera aujourd'hui d'avouer, pour ne pas prendre le
lecteur en traître, que la notion de l'art à laquelle il garde
son culte n'est plus pour lui absolument incompatible
avec la notion de l'utilité : il a appris et refuse de désapprendre que le mot est pensée, que la pensée est action.
Sa tâche, déj~ lourde et délicate hier, se compliquera désormais de responsabilités si nouvelles qu'il attendq. de s'être
vu lui-même à l'œuvre, pour l'assumer publiquement.

•

�•

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il n'est peut-être pas de groupe littéraire qui ait donné
autant à la Patrie que la Revue critique des Idées et des Livres.
Si le sang versé des martyrs répond de la vérité de leur Foi,
nous ne saurions trop prendre en considération une doctrine
qui, s'affichant natio~aliste, a formé de tels hommes pour
défendre la nation. Je n'ai pas le dessein d'étudier aujourd'hui
les raisons qui, avant la guerre, pouvaient justifier certains
heurts, certains froissements et même, disons le mot, une
sorte d'incompatibilité de nature entre Ja Revue critique
et notre revue. Note~ qu'ici et là, nous pensions travailler
pour_ la même cause, celle du classicisme français ; mais le
mie_µ tentait quelquefois des aventures si risquées, qu'il
devait juger rétrograde celui de nos émules et rivaux. Je
m'entêtais à ne vouloir considérer dans leur doctrine que les
restrictions au lyrisme (dans la forme comme dans le fond)
dont nous donnait l'exemple raisonnable le poète JeanMarc Bernard. C'est toute une enquête à r~aire et je suis
décidé à la faire en ami. Certes, je, ne déniais pas au groupe
ses qualités d'intelligence ; ni Eugène Marsan, ni André du
Fresnois, Ill Pierre Gilbert, ni même Clouard n' étaiel).t
pour moi des étrangers ; mais leur raison me paraissait trop
souveraine et je lui reprochais de dessécher le cœur, d'éteindre
la curiosité, de glacer l'inspiration. Que tout cela est loin !
- Entrons dans la Forêt des Cippes.
Des cippes ? non. Je vois des arbres, de jeunes arbres, au
ftît droit en effet, mais poussant de partout de fins rameaux
au bout de fortes branches, puisant partout l'air et le jour.
Cen' est pas la froide raison qui, dès les premiers pas, me frappe,
c'est la vie, la hardiesse, l'originalité, la sensibilité de l'esprit.
Pierre Gilbert, qu'il faut pleurer, s'intéressait autant, et
peut-être plus aux hommes qu'aux œuvres, à l'écrivain qu'à
ses écrits ; c'était un peu le cas de Sainte-Beuve. Aussi,
son pieux camarade n'aura-t-il pas eu tort de placer en tête
du livre, ces «Anecdotes sur le prince de Ligne» si pleines

•

NOTES

457

d'accent, de mesure et de vivacité. Voici Boileau, et non pas
« personnage et autorité », régent du Parnasse mais homme
homme sensible se racontant dans ses Epitre; :
,
'
... mon cœur toujours conduisant mon esprit.
Voici Bernardin de Saint-Pierre, vieux libertin en vêtement de feuille'.s vertes. Voici Chateaubriand dont la sincérité « ne consiste pas à dire la vérité, mais ~n une assez juste
divination de la musique qui charmera pour un moment ce
cœur vide»; c'est «charité envers lui-même». Voici Stendhal
enfin, qui « n'éCrit que pour exprimer et parce que l'expression le passionne». Citons : « D'autres ont tenu la plume pour
fixer des sensations, des impressions, des émotions d'âme,
qui étaient passées, mais à celui-ci l'écriture sert à produire
ces sentimentsetcesémotions; elle n'est pas effet, mais cause;
elle précède le plaisir.et l'engendre ; au-dessus de tout, il
place l'expression et le tour ; un événement ne le touche à sa
vraie profondeur qu'après qu'il lui a prêté son accent. »
Ceci est curieux et, certes, on peut y voir une pointe de
parado..xe. Stendhal écrit pour son plaisir, mais parce que
d'abord, il a eu grand plaisir à yivre; il crée de l'action, des
sentiments, des passions ; mais parce que d'abord il a
furieusement agi, senti, s'est furieusement passionné. Gilbert
ne dit pas toujôurs tout, il faut l'entendre, et ce qu'il dit, il le
dit parfois avec une autorité un peu cassante. C'est le fait
d'une jeune et riche nature, qui est trop sûre de son fait. Ses
réflexions sur le style même de Stendhal ne sont-elles pas
étonnamment justes ? « Analytique certes... mais ce n'est
qu'une partie de son art. Là où un autre explique, il peint,
sensibilise, à l'aide de mouvements expressüs. Il met de la
musique sur ce qui, chez un autre, demeurerait libretto.» En
effet, pas d'images, un rythme ; comme Racine exactement.
J'ai trop aimé Flaubert - mais plus peut-être l'homme que
l'œuvre - pour n'être pas un peu choqué par le« plaidoyer
pour Emma Rouault, femme Bovary 1). Ce procês-là est à

�•
•

458

•
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

reprendre.Mais dans le jugement indigné et parfois som~aire
qui nous est présenté ici, que d'attendus frappants qu il ne
faudrait que nuancer et qui donnent la clé de la grandeur et
de l'impuissance du maître ! a Emma était, de tempérament,
plus sentimentale qu'artiste, cherchant des émotions et non des
paysages ,, écrit Flaubert. « Texte succulent, dit G~b~rt.
Il réduit l'art à la description et bien entendu à la descnption
physique.» Pas tout à fait, non! pas toujours! mais sou~ent
hélas! et voici qui semble plus important dans l'affaire_:
" Flaubert (l'impassible Flaubert) était persuadé d'avo~
renvoyé ses personnages dos à dos. De fait,_il les a tous, flétns
(rapetissés, du moins). Grave erreur qui conf~n~. 1.a.r: et
l'impersonnalité comme s'il y avait aucune possibilité d art
ou comme s'il pouvait exister un style, un langage, sans un
sujet qui nomme, sans un homme qui donne au _verbe sa
per;on"ne., Là gît précisément toute la difficulté; faue passer
l'inflexion du créateur, dans la voix de sa créature ~ns_ en
altérer le timbre authentique. - Je ne puis, dans les linntes
d'une note, compter tous les trésors encore mêlés d'un livre
si vivant et si nombreux. Les articles sur le théâtre dont
Gilbert rendit compte pendant plusieurs saisons, demande.raient à eux seuls une étude spéciale; mais so~ talent s'exerce
ici sur de sf médiocres objets, qu'il ne peut donner sa mesure.
Nous n'oublierons cependant pas l'indication précieuse
qu'il nous propose en travaillant à rendre toute so~ importance à la notion du « public». Les dramaturges qui font ~e
l'art oublient souvent d'en tenir compte. - Reste la partie
politique du livre. Elle flatte trop mes préférenc~s pour ?ue
j'accepte d'en parler. Mais ne pourrait-on pas dire de 1 art
de delllain ce que je lis ici du gouvernement des Etats? et
quelque conclusion qu'on adopte, l'avenir n'est-_il pas toujoursle fruit de la leçon, bien ou mal entendue, bien ou mal
suivie, du passé ?

HENRI

I

GHÉON

NOTES

459

•••
COLAS BREUGNON, par Romain Rolland (Ollendorfl).

La curiosité des lecteurs de M. Romain Rolland, en
ouvrant Colas Breugnon, a été déçue. On attendaitavecimpatience ce que M. Romain Rolland a dû écrire ces cinq années.
C'est partie remise, car Colas B-,eugnon était ei'.itièrement
imprimé dès 1914 et la publication en avait été différée
pendant la guerre. Mais, même paru en 1914, la déception
ne nous eût pas été épargnée.
M. Rolland a écrit Colas Breugnon, comme le chat botté,
une fois haut placé, courut après les souris, pour se divertir.
Son œuvre « est une réaction contre la contrainte de dix
années dans l'armure de Jean-Christophe, qui, d'abord faite
à ma mesure, avait fini par me devenir trop étroite. J'ai
senti un besoin invincible de libre gaieté gauloise, oui,
jusqu'à l'irrévérence ». C'est fort naturel. M. Rolland n'a
pas porté si longtemps sans impatience la chaîne qui le
liait à Jean-Christophe : la détente aprês cette longue décalogie a engendré une sorte de drame satyrique, né ici de
conditions analogues à celles qui ont fait écrire le Protée de
Claudel. Et, aussi, détente française contre l'emprise étraÎJ.gère du musicien gerinaniqrie : Colas est un Nivernais du
temps de Louis XIII qui raconte son histoire en un langage
lyrique et goguenard, bousculé et touffu. M. Rolland a rédigé
cela à l'occasion d'un retour au sol natal, qu'il n'avait pas
revu depuis sa jeunesse. Il en avait perdu l'habitude et
comme la patrie est une habitude, tout cet inhabituel lui
est sauté au visage, avec intempérance, désordre et tumulte,
il s'est mis à danser dans ses habits nouveaux et ses sabots
avec une formidable ébriété. Il lui reste d'ailleurs un scrupule;
K Je n'ose croire que la compagnie de mon Colas Breugnon
divertira autant les lecteurs que l'auteur. »
Non. Elle ne les divertira pas autant. Colas Breugnon ne
se lit pas avec agrément. C'est un de ces livres (il y en a

�•
NOTES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

plusieurs dans son œuvre) où M. Rolland s'abandonne ~
dévider sans contrôle des pages qui lui chantent, mais
qui laissent le lecteur plus froid. Evidemment .on continue
à lire le livre, on sent que c'est tout de même, que c'est encore
de quelqu'un, mais on demeure gêné parce que le ~our~t

de communication de l'auteur au lecteur ne s ét;a~ht
pas, ce même· courant qui circule et fré~t avec la
plénitude continue et dense d'une belle musique dans
les épisodes parfaits de Jean-Christophe, dans !'Adolescent le Buisson Ardent, et d'autres, - ce courant que
M. ~olland sent circuler entre son auteur et lui, et qu'il
sait nous rendre, quand il écrit la vie de Beethoven et celle

de Michel-Ange. Ici, sans ~ontestation possible, c'est manqué.
Pourquoi ce courant est-il à peu prês absent de Co~as
Breugnon ? Il faut bien en chercher les raisons ou du moins
en proposer quelques raisons tant à l'auteurqu'au lecteur, qui
doivent désirer également les entendre.
On pourrait d'abord en alléguer une toute provisoire et
superficielle. M. Romain Rolland appartient chez nous à ce
groupe de lettrés français, qui tiennent à être de bons Eur0péens, qui croient justement à l'e:Ïstence d'~ne. Europe
dont la France est une partie essentielle, et qui voient à la
façade de la France de larges fenêtres ouvertes sur les _horizons étrangers, - un de ces hommes dont la place ~û t ~té
autrefois (un autrefois qui reviendra peut-être) à l'Uruvers1té
de Strasbourg. C'est un regard ouvert sur l'au-delà dés frontières· et cela :fÎt, dans son ensemble, de]ean-Christophe un
grand' morceau de littérature européenne. Mais jusqu:ici
M. Rolland a moins réussi lorsqu'il a porté son attention
sur la France. Des trois parties de Jean-Christophe, ] eanChristophe à Paris demeure la moins bonne. M. Rolland n'a
pas vu la ·France avec des yeux d'artiste aussi délicats,
avec une âme aussi musicienne qu'il a abordé l'Allemagne.
On sent qu'il n'~ pas pénétré dans son pays par le portique

•

de Beethoven. Je suis sensible dans Jean-Christophe à la vie
et au charme vrais d'Olivîer ; artistiquement il ne vaut pas
le héros du roman et les personnages français ne valeiit
pas les personnages allemands. On sent que )'écrivain a
besoin du recul simplificateur, rempli, comme au théâtre,
par l'orchestre. C'est là, j'ai hâte de le dire, une raison de
second plan. M. Rolland triomphera probablement de cette
difficulté. Il avait promis autrefois une vîe de Hoche, qui
sera peut-être, s'il l'écrit, très belle. Et peut-être aussi la
France, vue d'un recul de cinq années et des hauteurs
de Saint-Cergues et de la Dole est-elle exactement au point
d'optique nécessaire pour suggérer le prochain chef-d'œuvre
de l'auteur de Jean-Christophe .
Puis, l'art de M. Romain Rolland est un art &lt;le totalité,
ou plutôt un art d'addition indéfinie qui tient à donner
beaucoup et à jeter un peu indégrossie une matière abondante.
Cet art quantitatif est bien dangereux quahd il n'est pas
équilibré. Dans Jean-Christophe il était équilibré, son
débordement de matière était retenu et discipliné par le
mouvement inverse, celui de l'analyse, la conversion vers
le dedans, et des caractêres, un caractère surtout à. démêler,
à expliquer, à faire vivre. Jean Christophe ne s'est
pas, comme Colas Breugnon, imposé à l'auteur avec
une brusquerie autoritaire qui s'installe en pays conquis,
domestique le pauvre écrivain qui n'en peut mais. Son
Christophe, M. Rolland s'était donné la peine d'aller le
chercher lui-même, de le prendre petit et faible, de le nourrir,
de l'élever, d'en faire vraiment son œuvre, de livrer continueUement une bataille contre ce qui résiste et ne veut pas
se formuler. Dans Jean-Christophe il utilise sa matière, dans
Colas Breugnon il se laisse absorber par elle. Il appelle
quelque part Jean-Christophe son grand ours mal léché de
la forêt germanique, mais ce bavard de Colas n'est même
pas mal léché : il se voit qu'il n'a jamais reçu sur la peau le

•

•

�•
NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

•

moindre coup de langue maternel. Sans doute y avait-il en
puissance un Jean-Christophe aussi informe en trente volumes
sur lequel M. Rolland a su conquérir le sien...
.
Et enfin et surtout il est une troisième raison, en laquelle, s1
je m'examine, je vois bien la principale cause de ma mauvaise
humeur. A la dernière page M. Rolland recopie ces lignes
de Pantagruel : « Comment, dist frère Jean, vous rhythmez
aussy ? Par la vertu de Dieu, j_e rhythmeray comme le~
aultres, je le sens bien; attendez, et m'ayez pour excuse, s1
jenerhythmeencramoisi. » Voilà le terrible du livre: le bav~dage de Colas est un bavardage rythmé, entendez que ces ~01s
cent vingt pages sont pour les trois quarts à peu près écntes
en alexandrins blancs. M. Rolland abusait bien un peu de
cette forme dans les passages lyriques de Jean•Christophe,
mais cela venait tout seul, passait avec le reste, portait
souvent d'admirables images. Ici l'oreille endure le plus
affreux supplice. Dans ce genre de langage, en horreur légi•
time depuis cinq siècles à tout bon Français, on ne sait si
c'est la prose ou si c'est le vers qu'on assassine, c'est probablement tous les deux, mais enfin on est sûr qu'il y a meurtre.
Que M. l\olland y prenne garde: la décadence ~e
Mret~~linck, autre grand écrivaineuropéen, a commence du 1our ou 11
s'est mis àécriredesjoyzelleetdes Monna Vanna en vers blancs.
Le vers n'est d' ailleurs pas toujours blanc, il porte des asso•
nances, mais n'en vaut pas mieux:« Par moments, je me dis:
Mais Brugnon, mon ami, en quoi diable peut bien t'intéresser
ceci ? Qu'as•tu à faire dis.moi, de la gloire romaine ? Encor
moins des.folies de ces grands sacripants ? Tu as assez des
tiennes, elles sont à ta mesure. Que tu es désœuvré pour aller
te charger des vices, des misères, des gens qui sont défunts
depuis mil huit cents ans ? » On dir~t que M. Rolland _a
écrit son livre au sortir d'une lecture de Paul Fort, et fait
arler en Colas Breugnon un Paul Fort nivernais. La marche
:énér;le de ce quasi•poème rappelle assez le Roman

4

M:

a:,

Louis XI. Mais Paul Fort est un poète, il n'écrit pas en
faux vers, mais en vrais vers, et sa typographie, très sensée
et très fine au fond, ne doit pas faire illusion. Il n'est pas
donné à tout le monde d'être poête. Il est donné à moins
de monde encore de saisir comme Bossuet Massillon
Rousseau, Chateaubriand, le sef ret des nombres' de la pros;
française, ou comme La Bruyère, Montesquieu et Flaubert,
celui de ses coupes. Il _y a tout de même au.dessous de ces
secrets suprêmes\ une bonne prose française, solide et succu
lente, ou délicate et nerveuse, qu'on a encore aujourd'hui
l'occasion de saluer dans bien des livres, et dont on trouverait
des exemples dans les belles pages narratives de Jean-Christo.
phe, ces pages qui tious suggèrent assez de musique intérieure
pour qu'elles se dispensent de faire de la musique verbale. Mais
l'Ersatz d_e musique que sont les vers blancs de Colas, non!
M. Rolland dira qu'il ne les a pas cherchés, que cette
forme s'est imposée à lui comme la rondeur naturelle du
langage gaillard et rebondi que lui parlait Colas Breugnon.
Eh! oui,je le vois bien. Je n'accuse pas du tout M. Rolland
de s'être battu les flancs pour arriver à une expression
pseuP,o•poétique. J'ai même exactement la sensation con•
traire. La forme comme le fond sont de bonne foi. C'est« tout
franc, tout rond ». Ici, COIJlllle sur d'autres terrains, la fran•
cbise et le parti d'honnêteté de M. Rolland éclatent avec la
plus pure authenticité. Il n'y a chez lui - c'est une de ses
forces et un de nos grands espoirs - rien d' artificiel ni de
mensonger. M. Romain Rolland eût, je crois, peiné beaucoup
plus s'il avait voulu échapper à ce rythme qui s'imposait
bizarrement à lui. ·Il a préféré être lui.même, jusqu'au bout,
carrément, et après tout il a bien fait. C'est le vin de sa vigne,
je ne l'aime pas, mais je ne le sens ni mouillê, ni truqué.
Si Colas Breugnon ne divertit pas autant le lecteur que
l'auteur, je reconnais qu'il doit intéresser ce troisième larron
' qu'est le critique. Il tiendra une place curieuse d;ns l'œuvre

..

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•

•

•

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de 111. Rolland, analogue à celle de H~n d'Islande ou de
l'Homme qui ,-it dans Victor Hugo, ou de ce Protée que je
rappelais tout à l'heure. Il attestera le fond rob~ste
et plantureux. la terre grasse qui nourrit son . nche
talent. Cette terre en mottes n'est pas en so1 fort
belle à voir, mais c'est une.bonne nourrice, elle nous fait
penser aux belles récoltes d'hier, aux dix voitures plein_es
de Jean-Christophe, et penser aussi avec confiance aux ~01ssons, aux récoltes de demain. M. Rolland, dans ce gros livre
mal plaisant ou trop plaisant, nous avertit que bonhomm~
vit encore nous le fait voir avec une santé que nous ne lm
connaissio~s pas tout entiêre: nous l'attendons à l'emploi
vrai de cette santé.
ALBERT THIBAUDET

LETTRES,DE PAUL GAUGUIN A GEORGES DE
MONFREID (G. Crès).
Nous ne discuterons pas ici de l'opportunité de la publication de cette correspondance, qui nous eût bouleversés
il y a dix ans. Certes, les tourments d'un ho~e de _vale~r,
sans cesse en butte à des soucis d'argent, asSistant 1mpmssant à la trahison de ses disciples, aux fausses interprétations des poètes et aux manœunes cupides de certains spéculateurs, nous émeuvent; mais nous ne retrouvons plus dans
noh-e cœur cette profonde tendresse que nous eûmes pour un
de nos premiers initiateurs à «l'esprit nouveau·•·:· ~•avant 1a
guerre, et les soucis d'art du peintre de Tahiti, s1 nous les
voyons parfois exprimés dans ces lettres, nous ne pouvons
presque plus les comprendre.
. .
, Aussi bien la pente qui nous entraîne est-elle -p~ur ams1
dire le versa.nt opposé de celui où se tient Gaugum - et
nos préoccupations récentes, nous les constatons absolument aux antipodes de celles qui sont formulées en quelques
pages de. ce livre.

NOTES

Presque chacune des affirmations picturales de Gauguin
nous est un motif de révolte, et notre chagrin s'accroît
lor5que nous les découvrons à la base de presque toutes
les doctrines actuellement en honneur chez le public.
Un jeune critique d'art poussait dernièrement l'étoucderie
jusqu'à affirmer : • li n'y a pas la Peinture; il n'y a que des
Peintres. • Qui a lu Cennino-Cennini, le Vinci, Delacroix
même, ne peut sans sourire entendre pareille sentence, e
demeure interdit lorsqu'il lit ce passage de Gauguin:« Vous
serez toujours à même d'arriver à la précision si vous y
tenez; le métier vient tout seul, malgré soi, avec l'exercice,
et d'autant plus facilement qu'on pense à autre chose que le
métier.• Voici, exprimé sous la plume d'un peintre, le vœu
du plus vulgaire des publics. En effet.que nous rabâche-t-on
aujourd'hui, sinon qu'il faut que l'artiste peigne comme
l'oiseau chante, sans y penser, en puisant dans ses sensations,
comme s'ils en pouvaient sortir par génération _spontanée, les
éléments de sou langage ? Ailleurs, nous lisons ceci : « Le
tout est dans le droit chemin, c'est-à-dire celui qui est en soi,
n'est-ce pas I Et ~ire qu'il y a des écoles 111 pour apprendre
à suivre la même route que son voisin. • Ce qui est symptomatique dans _cette dernière phrase, ce n'est pas tant le
mépris des écoles, nécessaires cependant, mais dont il est
vrai que la meilleure, aujourd'hui,ne vaut pas grand'chose,que cette peur de ressembler au « voisin :1. L'originalité
à tout prix, voilà le tourment de Gauguin et celui dont
héritèrent \nos peintres modernes. Préjugé romantique s'il
en fût. Imagine-t-on Raphaël révolté contre l'enseignement
du Pérugin I On le voit plutôt appliquant sans inquiétudes
ni remords un métier acquis, anonyme à _l'expression de sentiments personnels.
Le malentendu provient de ce que l'on confond, dans tous
les arts, esthétique et technique. Celle-ci n'est qu'un moyen
qui, sous des variations seulement apparentes, est conditionné
30

•

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

par des lois i.nimuables (qu'iluous faudra bien énumérer un
jour) et que l'on apprend, sans révolte. Celle-là est essentiellement variable: elle est conditionnée par des buts spirituels
qui changent selon les époques. Il est évident qu'il y a
ihflueuce de l'esthétique, que l'on élabore en commun, sur
la technique dont chacun hérita, et que cette transformation
des moyens s'opère fatalement, sans efforts ni recherche
maladive d'originalité. Elle provient d'une mystérieuse
répercussion de l'esprit sur la main. Le peintre classique
s'applique seulement à découvrir la direction de son époque
et cherche à réaliser l'accord de son âme avec l'âme universelle. Il renonce donc autant à la poursuite des sujets nouveaux qu'à la culture pour elles-mêmes des petites originalités techniques. Il cherche surtout le~ aspects nouveaux
de sujets éternels, pris dans la réalité immédiate.
Mais le plus grand péché contre la tradition dont Gauguin
est fautif est ce goût des voyages, dont surent si bien se
garder nos grands classiques français. Notre haine des voyages
est proverbiale. Cela tient au génie même de notre race et à
la richesse de notre sol. Notre imagination, vite échauffée,
glisse sur la pente la plus modeste et, s'emparant du moindre
phénomène, sans peine rejoint !'Universel. Nous n'avons pas
besoin de longs déplacements : un simple récit nous suffit
pour reconstruire le monde - ou bien. un détail du paysage
français, pourvu qu'il offre la moindre ressemblance avec une
vignette du Journal des Voyages! Pour qui possède la richesse
intérieure, une branche chargée de fruits évoque le Paradis,
n'importe quelle île est Pathmos, et tout voile soulevé
découvre Isis.
Un exemple typique de cette faculté prodigieuse de reconstruire le monde d'après le plus petit détail, nous est offert par
ce douanier Rousseau, le plus rustre des peintres modernes.
à qui le Dictionnaire Larousse offrait par ses piètres images un
tremplin suffisant pour bondir au sein des plus merveilleux

1

paysages exotiques, On trouverait difficilement la centième
p~e du pouv~ir évocateur de ces peintures à la fois pri•
mitives et raflinees dans les tableaux à grands frais exécutés
par nos ridicules u Orientalistes ».
Ce besoin puéril de sujets inédits, extraordinaires, ce goût
pour les spectacles les- moins quotidiens s'exprime dans un
grand nombre de lettres de Gauguin : "Ici mon imagination
commençait à se refroidir». écrit-il au momentdequitter Tahiti
pour les Marquises. Il croit qu'avec u des éléments tout à fait
nouveaux et plus sauvages » il va faire « de belles choses ».
Puis plus tard, envisageant la possibilité de rentrer en Europe
il écrit : oc J'irai alors m'établir de votre côté dans le Midi
quitte à aller en Espagne chercher quelques éléments nouveaux. » Cette obsession du « nouveau », cette recherche de
l'inattendu par l'exotisme, voire par le« sauvage». il l'affirme
dês qu'il parle Art. Enumérant ce qu'il a fait en deux ans de
séjour, il ajoute au chiffre de ses peintures 1tquelques sculptures ultra-sauvages. »' Plus loin il conseille : 11 Ayez tau:.
jours devant vous les 1'ersans, les Cambodgiens, et un peu
!'Egyptien. La grosse erreur, c'est le Grec, si beau qu'il soit. 1
Voilà, pour un esprit français, un langage bien difficile à comprendre, n'est-ce pas ? Parle-t-il technique, il renonce au métier complexe pour dire, par exemple, de ses essais xylographiques: 11 C'estjustelI!_ent parce que cette gravure retourne
aux temps primitifs de la gravure qu'elle est intéressante, la
gravute sur bois comme l'illustration étant de plus en plus
comme la photogr:i,vure, écœurante. 1 Nouvelle.erreur et pré• jugé néfaste que de croire plus " artiste» l' utilisation d' un métier simplifié, Le raffinement, au contraire, ne consiste-t-il pas
enl'emploi d'un métier difficile pour un résultat en apparence
simple ? De combien de faux-primitifs, autant peints que
gravés, Gauguin est-il responsable, pour n 'avoir pas su montrer que la vulgarité de l'art actuel ne tient pas à la complication des techniques, mais bie_n plutôt à la bassesse

•

•

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

des esprits que nulle règle ne vient rappeler à l'ordre t
Nous nous permettrons de fixer encore un des principaux
travers d'un peintre dont la silhouette s'efface singulière~
ment à mesure que les seuls maîtres Cézanne et Renoir se
rapprochent de nous. Nous avons longuement réfléchi avant
del' accuser d'un certain mal dont nous sommes à peine guéris.
Il sera curieux de comparer à la fois les textes et les œuvres
pour prouver plus tard ce que nous ne ferons qu'énoncer
aujourd'hui : la part qui revient à Gauguin dans le malaise
cubiste, que nous considérons comme une métaphore plastique, Parlant de la sculpture, Gauguin écrit que c'est• très
facile quand on regarde la nature, très difficile quand on
veut s'exprimer un peu mystérieusement en paraboles,
trouver des formes.• Parlant de la peinture, il écrit: • J'ai toujours dit (sinon dit) pensé que la poésie littéraire du peintre
était spéciale et non l'illustration ou la traduction, par des
formes, des écrits : il y a en somme en peinture plus à chercher la suggestion que la description comme le fait d'ailleurs
la musique. »
Nous lisons chaque jour l'équivalent de cette phrase dans
les manifestes des poètes et des peintres dits cubistes. Nous
rapprocherons plus tard ce passage significatif d'un article
de M. Reverdy, poète initié aux arcanes du cubisme, qu'il
considère comme une nouvelle branche de l'activité artistique
et qu'il formule: ci Cubisme, poésie plastique.» On devine déjà
les multiples répercussions d'un terrible malentendu.
On jugera peut-être sévèrement cette .courte étude sur
un homme que la plupart des littérateurs considèrent comme
un grand artiste. Comment des poètes résisteraient-ils àdécouvrir de la I noblesse 11 dans l'attitude Clu peintre qui écrivait à
M.deMonfreid, en réponse à une iettreoù celui-ci lui parlait
des soins à apporter au métier : 1 Le principal qui m'occupe
toujours c'est de savoir si je suis dans la bonne voie, en progrès, si je fais des fautes d'at't. Car les questions de matière,

f

NOTES

•

de soins d'exécution et même de préparation de toile arrivent tout à fait en dernier plan.» Malgré le respect auquel a
droit' un peintre aussi pur d'intentions, nous ne pouvons
nous empêcher de déplorer justement cette attitude trop
« artiste •• et de lui préférer l'humilité d'une application
naïve à peindre le mieux possible, à bien « préparer sa toile»,
comme le firent tous les maîtres dont Je problème de la conservation des œuvres fut un des plus beaux tourments ainsi
que les« soins d'exécution» pour arriver à la« belle matière,.
½. !'Artiste, 1a main sur son cœur, nous avouons préférer
l'« artisan_)j qui ne cherche qu'à bien conduire son pinceau .
Comme ce dernier, nous sommes sûrs que le cœur parlera
sans qu'on le presse, et que le Mystère et que le Rêve, dont il
est trop souvent question dans les lettres de Gauguin, nous
n'avons pas à nous en préoccuper; c'est affaire à notre subconscient, ce fleuve donttous nos efforts ne pourraient grossir
les eaux et à qui nous devons seulement tâcher de préparer
le lit que son volume exigera.
ANÎ&gt;RÉ LHOTE

LES ÉTATS-UNIS ET LA GUERRE, par Emile Houelaque (Alcan) .
« I do~'t can mue.li fot' France!» répondait dans l'express
de New-York à Philadelphie un soldat de la 270 division
à un quidam lui demandant ses impressions. - Et nous ?
Nous soucions-nous beaucoup de l'Amérique? Tâchons-nous
vraiment à la comprendre autrement que par le dehors ?
Pershing et Joffre, Wilson et Viviani, trois millions d'Américains qui ont vu la France et que la France a vus, n'y font
guère. Une vague de sympathie d'un coup surgie et d'un
coup disparue, à la façon d'un phénomène de I~ nature
irresponsable, ce n'est pas assez. Il ne suffit pas non plus
d'études à la Bourget - ceux qui saverlt sourient - ni des
tracts de Barrés, de Daniel Halévy, ou des articles de

I·

•

�•
470

NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Chevrillon, qui ne témoigneront que de l'intention qu'on
eut un jour de s'exalter mutuellement, ni des études du
réaliste Tardieu. Il faut remonter aux sources du flot qui
trop tôt s'est étalé, retenir les éléments qu'il a déposés, les
élaborer pour qu'ils servent à la connaissance et à un profitable renouvellement.
Dans les Etats-Unis et la Guerre cette tâche est entreprise. L'ouvrage - un volume de cinq cents pages - fait
pendant à ceux où Edith Wharton a dessiné les grands
traits de le. France. Il est d'un psychologue. Emile Hovelaque, qu'il étudie l'Allemagne, l'Angleterre, le Japon, ou
les Etats-Unis, s'applique à dégager de la multiplicité des
faits les forces profondes. Il procède par « saisie intérieure 11.
Sans doute la psychologie des groupes humains resterat-elle un art autant qu'une science. Pas de résultats définitifs.
• La méthode de Taine est insuffisante, celle des Allemands
fausse. Nous tâtonnons. Certains , comme l'auteur de !'Allemand, ne voulant point préjuger, préparer, se parer, avancent
pour ainsi dire nus au devant des faits. En présence du
groupe étranger ils réagissent spontanément. Ainsi leur
témoignage est authentique, et l'intuition les sert autant
que l'observation. D'autres, décrivant comme le barbet de
Faust, des cercles concentriques, serrent de toujours plus
près leur sujet. Ce n'est qu'\Près une vaste enquête générale
qu'ils entrent au vif. A condition qu'elle n'ait .pas déformé
l'œil, la documentation leur sert à interpréter le détail, à le
mettre à son plan dans une juste perspective.
Emile Hovelaque, éclectique, combine ces deux procédés
d'investigation. Mis en face des réalités, il ou blielaconnaissance
qu'il avait d'elles antérieurement. Rien de préconçu n'intervient: il semble qu'il ait gardé un coin vierge où laisser agir
les impressions nouvelles. Ce n'est qu'ensuite qu'il compose
l'image. A peine s'il la compose: il laisse plutôt souvenirs
et visions, observation et divination, se fondre en une natu-

•

•

•

471

relle synthèse. L'unité est dans le moi. La pensée s'organise
par élans successüs au contact des êtres et des choses. Son
rythme va au rythme d'alentour, Les chapitres intitulés :
L'Opinion américaine etla Guerre, -Les Ecrivains américains
et la Guerre, - La Mission française, -De la Neutralité
à la Croisade, - L'Ofiensive morale contre l'Allemagne, ne s'enchaînent pas. Ils se retouchent, se corrigent l'un l'autre,
au besoin en se contredisant : la vie au lieu de la logique.
Il y faut donc chercher moins une histoire d'ensemble
des événements, que la chronique pleine de couleur et de
suggestions du missionnaire qui fut l'interprète de Joffre
et de Viviani; non une construction de la « mentalité »
américaine, mais des regards allant au fond qui se dérobe.
Assister au prodigieux mouvement qui finit par l'intervention
armée : cela eût suffi à captiver le témoin le plus sec. y être
mêlé comme le fut l'auteur, intervenir à différentes reprises
pour hâter l'évolution: c'était une aventure passionnée.
Espoirs, indignations, impatiences,enthousiasmes,q u 'Emile
Hovelaque n'a point eu souci de cacher, font de son
livre comme un roman. Mainte page, entre des considérations générales et des discours de Viviani - beaucoup de
discours de Viviani - garde la couleur et le frémissement de
là-bas. La. blanche New-York entre ses bras de mer, MountVernon et les reliques de Washington, Chicago monstrueuse
cité de la fièvre, la vallée de la Juniata - six cents kilomètres de rivière entre des bois qu'argente en mai le dogwood
en fleur, Pittsburg où il n'y a d'horizon que les palpitantes
fumées qui se marient, se combattent et en.fin se confondent
- tout cela revit aux yeux de ceux qui l'ont vu : une grandeur matérielle qui est elle aussi élément de beauté. Notre
esthétique un jour en tiendra compte.
Il faut avoir présentes aux yeux cette grandeur, demeurée
élémentaire, cette richesse, d'où pourra naître l'inspiration
artiste, pour comprendre un peuple demeuré tout de pionniers.

•

•

�472

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

473

D'immenses voies continuent de s'ouvrir aux Américains.
Ils entendent s'y engager. Ils renoncent provisoirement à se
fixer. Sentant comme il serait vain de vouloir enserrer dans
des formules ce qui se refuse encore à la définition, l'auteur
a évoqué les multiples visages que l'Amérique offre à l'étranger. Des foules pressées, exaltées, violentes, de~ hommes de
toute classe et de toute race emplissant gares, rues, abattoirs,
clubs,· salles de réunions politiques et halls d'Universités,
on voit se détacher, un à un, les individus, les leaders. C'est
d'elles, de leur activité énorme et confuse, de leurs poussées
incohérentes et contradictoires, qu'ils dépendent. Nous
jugerions autrement Wilson sachant à quelles pressions il
cède, de quels courants il se sert pour avancer. Abstraction
et couleur, calcul et passion, idéologie à lointaines visées et
souci des plus courtes réalités, on devine tout cela dans le
portrait qu'a tracé du Président un -observateur favorisé :
une physionomie caractéristique y. est rendue dans sa
complexité vivante.
C'est cette complexité qui nous échappe quand nous
jugeons les Américains. Peu ou point de discrimination.
Nous cherchons le caractère national là où il y a à peine une
n'ation, au sens où nous entendons ce mot. Hypnotisés par
la durée, nous concevons mal des existences où l'on est
surtout préoccupé de l'espace. En nous-mêmes rentrés,
nous nous étonnons de ne trouver chez d'autres nul besoin
de repliement. Ayant fait choix d'un système, disons d'une
ligne selon laquelle évoluer, nous sommes déconcertés par
ceux qui n'ont pas choisi.
L'absence de choix fait la force de l'Amérique et sa
secrête faiblesse. Tout lui est possible parce qu'elle dispose
de prodigieuses ressources matérielles et parce qu'elle ne
s'est fermée aucun horizon intellectuel. Mais elle n'excelle
en rien parce qu'elle n'est pas encore définitivement orientée.
Elle est libre, libre d'esprit, mais on voudrait avec autant de

liberté une plus fine spiritualité. Son idéalisme reste vague,
son idéologie géométrique. Elle obéit à des suggestions plutôt
qu'elle ne se livre à des réflexions. Les images ont plus de
vertu que les idées dans un pays où la culotte rouge de
Joffre a fait des miracles : la détermination y vient eijcore
du dehors ~t du concret.
L'avantage est qu'au moins l'objectif une fois fixé, et
à assez courte distance, on fonce droit dessus, strai'ght away.
Et qu'aussi l'on ne trouve rien qui soit irrémédiablement
cristallisé, rien qui doive être défait. L'influence allemande
n'a pas formé _à la prussienne, pas déformé l'Amérique.
Demeurée admirablement fluide, sa définition, si elle devait
se donner d'un mot, serait : mouvement - de plus malicieux disent : mobilité.
Ce mouvement, on le perçoit à travers toutes les pages
des Etats-Unis et la Guerre. II alterne du réel à l'idée, de
l'idée au réel. Nous gagnerions, les Américains et nous, à
faire ensemble le chemin que nous faisons séparément d'un
•
pôle au pôle contraire.
De l'un à l'autre il reste à découvrir
des relations neuves.
FÉLIX BERTAUX

•

LETTRES ANGLAISES.
LES ANGLICISMES.

'

Les événements politiques de ces derniêres années ont
eu pour résultat l'introduction momentanée d'un certain
nombre d'anglicismes dans le français d'usage couiant. La
liste en serait assez longue : on en rencontre en effet un peu
partout : aussi bien dans les discours de la Conférence de la
Paix que dans la Madelon de la Vict.oire. De toutes parts,
des puristes protestent contre ce qu'ils appellent une invasion, une corruption de la langue. Il nous semble que leur
zêle va trop loin et que leurs protestations ne sont pas toujours justifiées. En effet, il n'est pas difficile de voir qu'un

•

•

•

�474

•

certain goût, et même un grand tact, un sens délicat de la
langue, président au choix et à la mise en circulation de ces
anglicismes. D'abord, l'homme d'état qui en a employé le
plus grand nombre en connait bien la valeur : on a fimpression qu'il a surtout appris l'anglais littéraire dans
Darwin et dans la littérature évolutionniste de ftépoque de
Darwin. Le mot fameux « 11oble cando1,,, • a étè employé
souvent à l'époque où l'auteur de !'Origine des Esplces
était encore discuté : la « perfect candottr • de Charles
Darwin était un des dogmes intangibles des darwiniens, un
des grands clichés de la littérature darwinienne, et que les
adversaires de ce qu'on appelait alors I l'évolution• - M. de
Quatrefages lui-même - employaient couramment. Ensuite,
dans les journaux, dans l'usage quotidien, parmi le public
lui•même, on peut remarquer une tendance bien constante
à franciser les anglicismes qu'on adopte, et à n'adopter
que ceux qui ne choquent ni l'oreille. ni le génie du français.
C'est ainsi que bien des anglicismes nouveaux, et contre
lesquels les puristes protestent, ne sont a"u fond que d'an~iens gallicismes, introduits dans l'anglais aux xve, xv1e et
xvue siècles, qui rentrent dans l'usage courant du français, et y reprennent leur ancienne place. Par exemple,
• avoir le meilleur » (dans une contestation ou dans une
dispute) peut paraître, à première vue, t1ne traduction mot
à mot de l'anglais ; même, celui qui emploie cette expression
peut croire qu'il frai°J.cise une expression anglaise; en
réalité, c'est une façon de dire pàriaitement française .
Il y a une autre classe d'anglicismes qu'il faudrait bien se
garder de rejeter en masse: ce sont ceux qui réintroduisent
par le moyen de l'anglais, des mots latins qui ont gardé, dans
la langue de nos voisins, leur pur et exact sens primitif.
Le français en prend à son aise avec le latin: nous avons une
tendance curieuse à détourner de leur sens premier et réel
un grand nombre des mots latins que nous devons à nos

•

475

NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

humanistes : il suffit de feuilleter un dictionnaire pour s'en
rendre compte. Le mot latin est là; nous l'avons, nous l'employons tous les jours, mais nous l'employons dans un sens
second ou même dans un sens troisiême qui n'a jamais été
familier aux écrivains de Rome. Or, ces mêmes mots en
anglais, et en dépit - ou peut-être à cause - du con~ct
avec les mots germaniques, ont gardé leur sens plein, leur
sens classique, celui qu'ils avaient dans Plaute et dans
Catulle. Il n'est pas mauvais, on en conviendra, que
notre fonds de mots latins d'introduction savante se trouve
ainsi rafraîchi et fortifié par l'apport de ces c anglicismes•.

•••
REVUES ET PUBLICATIONS LITTÉRAIRES.

Nous avons plaisir à constater les progrès faits, dans ces
derniers temps, par quelques publications périodiques
ancie~es et bien connues, et qui se sont renouvelées,
agrandies, et, peut•on dire, • aérées •• aprês avoir traversé
sans trop de peine la période 1914-1918. Il faut citer, au
premier rang, le Supplément Littéraire du Times.•
C'est, comme on sait, une publication hebdomadaire,
qui contient, en général, une étude assez longue sur un
écrivain ou une question littéraire importante; une série
d'études plus courtes sur des livres nouveaux, anglais ou
étrangers : des comptes•z:endus sur les plus récentes mani•
festations littéraires : romans, théâtre, ré-éditions de classiques; une intéressante correspondance due aux lecteurs
du Supplément, et où sont débattues toute espêc~ de questions
d'art et d'érudition; et enfin une bibliographie assez complète des livres publiés dans la semaine. Il suffit de signaler
quelques•uns des articles et comptes-rendus publiée dans les

•

I. The Times Literary s:pplemenl. Adre!:&gt;SC: Th-! Publisher,
Pnnting House S,1uu-e, Londres E. C. 4. Abonnement annuel pour
l'étranger: 13 shillings .

•
•

�•
476

NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

numéros de ces quatorze ou quinze dernières semaines pour
que le lecteur voie aussitôt l'intérêt que présente au point
de vue o: critique • et • renseignements » littéraires le Supplément du Times tel qu'il est actuellement rédigé. On verra la
place qu'y tient la littérature française contemporaine, et
l'attention avec laquelle les collaborateurs du Literary
Supplement (tous anonymes, selon le principe absolu de
cette publication} suivent ses plus récentes manifestations.
Numéro du 17 avril 1919 : article sur The journal of a
disappointed man, de W. N. P. Ba.rbellion; - 1er mai: compterendu de Les Etapes du Mysticisme passionnel, d'Ernest
Seillère ;-8 mai : étude sur les poèmes de guerredeG. d'Annunzio; -15 mai: articles sur la Poésie de M.And-ré Spire
et sur le dernier livre de Benedetto Croce; - 2 2 mai: une étude
sur les romans en général, un article sur le premier numéro
de la revue anglaise CoteYie, de brefs comptes-rendus de
quelques livres étrangers (cinq français et un espagnol);
- 29 mai: article sur le Témoignage d'un ConveYti, de Henri
Ghéon ;-5 juin : article sur VcwmaYsch, roman de Walter
Bloem, directeur du Hoftheater de Stuttgart, et officier
dans l'armée de von Kluck ; compte-rendu de l' Art indépendant français sous la T1'oisième République de Camille
Mauclair ; - 12 juin: études sur le dernier livre de M. Aulard,
et sur Clarté de Henri Barbusse, long article sur Charles
Kingsley; - 19 juin: étude sur Addison, et article sur de
récents ouvrages espagnols;- 26 juin: longue étude sur le
Roman f1'ançais et la Tradition française, à propos de la
publication du second volume de A history of the Fren,ch
Novel du Professeur Saintsbury, et articles sur Francis
Jammes et André Gide ; - 3 juillet: articles sur The Toy
Cart d'Arthur Symons, et sur La revue en France ('Afercure
de France et Nouvelle Revue Française). Il fau.t ajouter que.
le Literary Supplement ne se limite pas aux sujets purement .
littéraires, mais qu'il rend compteauss~d' ouvragesd' érudi tian,

477

d'histoire, de biologie, de philosophie et de géographie.
Dans ces quelques numéro.s, il nous faudrait signaler enfin
des articles três bien faits sur la plus récente littérature
allemande, sur des ouvrages anglais, italiens et français
concernant certaines périodes de l'histoire littéraire et sociale
de l'Angleterre; des notes, quelquefois assez étendues, sur
des revues nouvelles telles que The Owl, ou sur des anthologies telles que L'Armoire de Citronnier, ou sur de nouveaux tirages de livres récents et cependant déjà classiques,
tels que The Way of ail Flesh de Samuel Butler. Pour
tout dire, nous ne connaissons pas de publication hebdomadaire mieux rédigée au point de vue critique, ni mieux
faite pour renseigner les lecteurs sur le moµvement littéraire
anglais, américain, italien, allemand, espagnol, et français.
Parmi les · nouvelles revues 1mensuelles anglaises, une des
plus intéressantes est The Anglo-French Review, la Revue
/ranco-lwilannique, dirigée par MM. Henry D. Davray et
J. Lewis May. Elle est politique, littéraire, artistique et
scientifique, et contient des articles en français et en anglais•.
Le numéro d'avril, que nous avons sous les yeux, contient
un excellent article sur la sensationnelle entrée en scène de
M. Abel Lefranc dans la controverse shakespearienne;
une étude de M. Camille Mauclair sur l'État technique de la
Peinture /ranfaise ; des poèmes de Richard Aldington,
A. Ferdinand Herold et John Still; des notes très bien
faites sur des livres anglais et français récents (par exemple,
une de Henry Mannering, en anglais, sur le dernier livre
d'Anatole France; et une d'Yvonne Dusser, en français,
sur deux "récents recueils de poèmes anglais); et enfin un
article sur Florent Schmitt par Herbert Antdiffe.
VALERY LARBAUD
1.

•

On la trouve chez

Augustins, Paris) .

•

J. M.

Dent et fils, 33 Qu ili des Grands-

�•
•

478

NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ÉDITIONS DE LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE:
L'AUGMENTATION DU LIVRE.
Quelques grands éditeurs ont décidé de porter uniformément à 7 francs le pri.ic des volumes autrefois vendus 3 fr. 50
et actuellement 4 fr. 55. Cette mesure représente, à notre
avis, une solution un peu trop simple d'un problème passa
blement compliqué.
D'une part nous estimons que la collection dite du u trois
cinquante», qui contenait dans un format et sous une couverture identiques des ouvrages de densité différente n'a
plus sa raison d'être si elle en eut jamais une aujourd'hui que la différence entre les prix de fabrication

•

•

des ouvrages s'est accentuée. Il est, de toute évidence,

1

arbitraire d'adopter un prix de vente unique pour des volumes de 200 et de 500 pages, de 150,000 lettres et de I .000.000
de lettres, tirés les uns à 1,000, les autres à 10.000 exemplaires. D'autres facteurs entrent encore en jeu : variété des
droits d'auteur, no}oriété inégale des auteurs. etc.
D'autre
bien que le prix du papier ait baissé et qu'on
puisse prévoir que ce mouvement de baisse continuera~, il
est incontestable que l'application de la journée de huit
heures, le relèvement des salaires, l'élévation progressive des
frais généraux, justifient une certaine augmentation •du
prix de vente.
Comme on le voit, la question est complexe et d'autant
plus délicate que le statut de la vie d'après-guerre n'est pas
encore établi nettement. C'est pourquoi nous croyons utile

Part,

A:

J.
ce propos, il est curieux de noter l'erreur qui, propagée
par la presse, s est introduite ddils l esprit du public: celui-ci considère que la cause déterminante de la dernière augmentation du
liv re est exclusivement liée à la question du papier. Il serait
déplorable de laisser s·établir une pareille confusion .

•
•

479

d 'indiquer les principes sur lesquels nous appuierons désormais notre action. Nous voulons :
1° Assurer en France à nos publications la plus grande
diffusion possible ;
2° Aborder le marché étranger avec des livres de belle
présentation et de prix comparables à ceux de la production '
même des pays envisagés ;
30 Permettre le succès aux jeunes auteurs en éditant les
œuvres de valeur reconnue aux conditions les moins dispendieuses - un prix élevé étant, à notre avis, prohibitif en ce
qui les concerne ;
4° Encourager la bonne volonté évidente des lecteurs
chaque jour plus nombreux ;
5° Défendre les légitimes intérêts des libraires.
Pour obtenir ces résultats nous entendons ;
1° Déterminer - comme nous avons commencé à le faire
depuis plusieurs mois - le PRIX DE VENTE de nos livres
exactement d'après leur PRIX DE REVIENT, et ceci, quels que
soient les cbangemenls que nous réserve l'avenir. Nous
aurons ainsi une échelle de prix variant de 4 à ro francs.
Le prix du volume établi et vendu dans ces conditions
sera le plus souvent de 5 ou 6 francs environ. Une
paréille mesure implique comme corollaire la suppression des
« majorations ». Nos livres seront désormais marqués de
leur prix net ;
2° Réglementer la vente des II première édition• qui donne
lieu actuellement à des pratiques désavantageuses pour le
public et dont ni l'auteur ni l'éditeur ne retirent le moindre profit.
30 Adopter, avec ceux de nos confrères qui partageront
notre sentiment, de nouvelles méthodes de travail.
Nous pensons ainsi réaliser cette collaboration entre l'édi~
teur, l'auteur, le libraire et le lecteur, qui est la véritable
raison d'être de notre entreprise.

�•

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

MÉMENTO BIBLIOGRAPHIQUE
l. IL ÛPl.l&lt;IISKI
G. Ciès.

HAN RYNllR : lA Tour des peupla
Figuiêre.
CHARLES-HENRY Hœscu : Le Crime de
Poln, ; FJammarion.

BEAUX-ARTS
:

lA MMSique' Polonaise;

Nouveau" Co,,tes

RuoYARD KlPLlNG :

II. -

LITTÉRATURE, ROMANS,
THÉATRE

dwisis ; G. Crès.
• RuDYARD l{JPLlNG :

Les Origines d11 Gai
Savoir ; Ed. Champion.
Bunr-VAL&gt;lltR : Le M e,uiiant ffl&lt;lglli/ift#; E. FJammarion.
ANod BRBTDN : Mont-de-P;éti; Au
Sans-pareil.
Lo111s BRUN : Hebbll ; sa pe,soru1aliU et
son œwre lyrique; Alcan.
• FRANCIS CAIICO : Bob et Bobetle s'amusent ; Albin Michel.
.
JEAN Cocn;AU : Le Polomak ; Société
littéraire de Fraoce.
JoSltPH ANGLADE :

GEoaoES CouarsLlNII : Œ""'es choisits :
Le Miroir concave, dessins à la plume de

P.-J.

Poitevin; Société littéraire de
France.
NtEL Don : K eetje, roman ; Ollendorff.
LoVIS DELLUC : Le Train sans yeu:r ;
G.CrèS.
FABRB o'Eou-NTUJE : œ""'es poli1;ques, introduction de Charles Vellay;
Fasquelle.
.
G. FB&amp;RBRO : LA Grande Mtaüie de
Reims ; G. Ficker.
GUSTAVE FLAUBERT: Prtfflières Œ11vres.
T. Ill : 1843-1855. L'Eaucalion smtillUlllaù, P,tfflièrt ue,sion ; Fasquefie.
JOACBlll GAsÎIUBT : Les Bienfaits de la
&lt;;,u,,, ; Nouvelle Librairie Nationale.

F. GoWN : L'Œ""'• poétique d'Albert
5..,...;,. ; Garnier,
l'IEaRB HAK1' : Les M"iers blessJs;
Edltioœ de la Nouvelle Revue Fran·

lA plus belle His-

wi,e du Monù; René Kiefler.
MAURICE M.\&amp;TltRl.lNCK : Les Stnlins
dans la Monlag,u; Fasquelle.
ANollÉ MAUROIS :

Ni Ange, ni Bite ;

B. Grasset.
lA Jeu,u Fille au"
Pinceau:&lt; ; !'Edition Française illustree.

JEAN PELLERIN :

MARCEL Pa.tvosT : L4 Confession d',m
A m&lt;1nt ; Flaromarion.
MAURICE RltNARD : Le Docltur l..erM,
sous-dieu ; !'Edition Française illus·

trée.
llo&gt;10ND Si:E :

Con{idenu. ; Flamma·

ri.on.
jKRô&gt;11tJt ]BA.'&lt; TIIARAUD:

li11e Rtlàle;

llmile-Paul.
FRANÇOIS \'1LLON ;

Œuvres c;ompütes,

Collection Selecta ; Garnier.
Ill, PHILOSOPHIE,
SCIENCES SOCIALES
HENRI BBRGSON :

L' E...,gie spirituelle,

essais et conférences ; AJcan.
ROGER CHARBONNEL : La Pmsi• ila·
lim,.. .,,. xv1• siùle et le Courant liber-

t;,. ; Ed. Champion.
A. L. GALÉOT : De l'Organisation des
a,;tilnUS bffl&lt;li,US ; Nouvelle Librairie

Nationale.
RltNÉ Lors :Millervt a Vulcain. L'[nàlU1,ialis""' ,t la
voulledutll• ;
Nouvelle Librairie Nationale.

c,.u..,,

çalse,
LE GÉRANT : GASTON GALLIMARD
U,IPRIMERlE LOUIS
FONTENAY-AUX-ROSE~

•

BELLENAND,

�</text>
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                  <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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                <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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                <text>Paulhan, Jean, 1884-1968, Redactor</text>
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r "'1'

1I

CONSIDÉRATIONS
MYTHOLOGIE

SUR LA

GRECQUE

FRAGMENTS DU TRAlTÉ DES DIOSCURES

I
La fable grecque est pareille à la cruche de Philémon,
qu'aucune soif ne vide, si l'on trinque avec Jupiter.
(Oh I j'invite à ma table le Dieu !) Et le lait que ma soü
y puise n'est point le même assurément que celui qu'y
buvait Montaigne, je sais - et que la soif de Keats ou de
Goethe n'était pas celle même de Racine ou de Chénier...
D'autres viendront pareils à Nietzsche et dont une nouvelle exigence impatientera la lèvre enfiévrée... Mais
celui qui, sans respect pour le Dieu, brise la cruche, sous
prétexte d'en voir le fond et d'en éventer le miracle, n'a
bientôt plus entre les mains que des tessons. Et ce sont les
tessons du mythe que le plus souvent les mythologues
nous présentent ; débris bizarres où l'on admire encore
de-ci, de-là, comme sur les fragments d'un vase étrusque,
une accidentelle apparence, un geste, un pied dansant,
une main tendue vers l'inconnu, une poursuite ardente
d'on ne sait quel fuyant gibier, un chaînon détaché du
3I

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

chœur parfait des Muses, dont tournait, encerclant le
vase on suppose, la guirlande ininterrompue...
La première condition, pour comprendre le mythe
grec, c'est d'y croire. Et je ne veux point dire qu'il y
faille une foi pareille à celle que réclame de notre cœur
l'Eglise. L'assentiment à la religion grecque est de nature
toute différente. Il est étrange qu'un grand poète tel que
Hugo l'ait si peu compris; qu'il se soit plu comme tant
d'autres à décontenancer de tout sens les figures divines
pour ne plus admirer que le triomphe sur ell_es de certain:5
forces élémentaires et de Pan sur les Olympiens. Ce n éta1t
pas malin, si j'ose dire, et son alexandrin en :ouffre moins
que notre raison. « Comment a-t-on pu croire à cela ? »
s'écrie Voltaire. Et pourtant chaque mythe, c'est à la
raison d'abord et seulement qu'il s'adresse, et l'on n'a
rien compris à ce mythe tant que ne l'admet pas d'abord
la raison. La fable grecque est essentiellement raisonnable,
et c'est pourquoi l'on peut, sans impiété chrétienne, dire
qu'il est plus facile d'y croire qu'à la doctrine de Saint
Paul, dont le propre est précisément de soumettre, supplanter, « abêtir » et assermenter la raison. C'est par
défaut d'intelligence que Penthée se refuse à admettre
Bacchus ; tandis que c'est l'intelligence, au contraire,
de Polyeucte qui s'interpose et obscurcit d'abord ~a
triomphante vision. Et je ne dis pas que l'intelligen~e ne
trouve pas dans le dogme chrétien, en fin de compte,
une satisfaction suprême, ni que le scepticisme soit de
plus grand profit pour la raison que la foi ; mais ce~~e foi
chrétienne pourtant est faite du renoncement de l mtelligence; et si peut-être la raison ressort de ce renoncement
magnifiée, c'est selon la promesse du Christ :iTout ce que
1

CONSIDÉRATIONS SUR LA MYTHOLOGIE GRECQUE

vous sacrifierez par amour pour moi, vous le retrouverez
au centuple - et parce qu'au contraire celui qui veut ici
sauver sa raison, la perdra...
La mystique paienne, à proprement parler, n'a pas de
mystères, et ceux-là mêmes d'Eleusis n'étaient rien que
l'enseignement chuchoté de quelques grandes lois naturelles. Mais l'erreur c'est de ne consentir à reconnaître
dans le mythe que l'expression imagée des lois physiques,
et de ne voir dans tout le reste que le jeu de la Fatalité.
Avec ce mot affreux l'on fait au hasard la part trop belle;
il sévit partout où l'on renonce à expliquer. Or je dis
que plus on réduit dans la fable la part du Fatum, et
plus l'enseignement est grand. Au défaut de la loi physique
la vérité psychologique se fait jour, qui me requiert bien
davantage. Que nous enseigne le Fatum, chaque fois que
nous le laissons reparaître ? A nous soumettre à ce dont
nous ne pouvons point décider... Mais précisément ces
grandes âmes des héros légendaires étaient des âmes
insoumises, et c'est les méconnaître que de laisser le
hasard les mener. Sans doute ils connaissaient cet « amor
fati » qu'admirait Nietzsche, mais la fatalité dont il s'agit
ici, c'est une fatalité intérieure. C'est en eux qu'était
cette fatalité ; ils la portaient en eux ; c'était une fatalité
psychologique.
Et l'on n'a rien compris au caractère de ~ésée, par
exemple, si l'on admet que l'audacieux héros

Qui va du dieu des morts déshonorer la couche,
a laissé par simple inadvertance la voile noire au vaisseau
qui le ramène en Grèce, cette u fatale » voile noire qui,
trompant son père affligé, l'invite à se précipiter dans la

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
CONSIDÉRATIONS SUR LA MYTHOLOGIE GRECQUE

mer, grâce à quoi Thésée entre en possession de son
royaume. Un oubli ? Allons donc I Il oublie de changer
la voile comme il oublie Ariane à Naxos... Et je comprends
que les pères n'enseignent pas cela aux enfants ; mais
pour cesser de réduire l'histoire de Thésée à !'insignifiance d'un conte de nourrice, il n'est qu'à restituer au
héros sa conscience et sa résolution.
Cette fatalité intérieure qui le mène, qui le pousse aux
exploits, combien j'aime à la retrouver dans ces paroles
de Racine :

Compagne du péril qu'il vous fallait chercher...
Oui, je tire à moi, quelque peu, le s.ens de ces mots_ ;
je l'avoue. Mais laissez donc I L'œuvre d'~ accomphe
a ceci de délicieux qu'elle nous présente tou1ours plus de
signifiance que n'en imaginait l'auteur; elle permet sans
cesse une interprétation plus nourrie. Croyez-vous un
instant que Hugo ait songé, en écrivant sur l'air de Malborough sa chanson funèbre, à tout ce que Péguy dans
sa Clio, y découvre? Et pourtant qui osera dire que
Péguy n'a pas eu raison de l'y voir?
J'imagine à la cour de Crête, ce Thésée
Charmant, feune, t,atnant tous les cœurs après soi,

. dont va s'éprendre la fille aînée de Minos, et qui va
s'éprendre de la cadette. Il vient pour triompher de ce
monstre, fils de la reine et du taureau (j'ai déjà dit mon
opinion sur le Minotaure : pour peu que Pasiphaë ait eu
vent de l'amoureuse aventure de Léda, elle pouvait bien
supposer après tout que ce taureau cachait Jupiter même.
Certaine école critique ne consentit à voir dans le taureau qu'un certain Taurus, jardinier du roi, ou général ;

mais nous enverrons, si vous le voulez bien, cette explication rejoindre celle des mythes solaires et des Totems).
Il vient, lui, fils de roi, combattre un bâtard royal ;
il vient, assoiffé d'aventure, le muscle encore tendu par
l'effort de soulever des rocs - car c'est sous l'un de ces
rocs, lui laissait entendre son père, qu'il découvrirait
ses armes. Admirable épreuve d'entraînement. Chacun
de ces héros a ses armes à lui, et qui ne sauraient convenir
à nul autre: c'est seulement quand il eut repris à Philoctète l'arc de son père Achille, que Néoptolème fut à même
de tuer Pâris; et nous savons que l'arc d'Ulysse ne pouvait être bandé que par Ulysse.
Il s'embarque (je parle de nouveau de Thésée) avec
ce troupeau de vingt jeunes garçons et de vingt jeunes
filles, que la Grèce payait à la Crête en tribut annuel pour
être dévorés par le Minotaure, dit le conte de nourrice ;
pour moi je pense que le monstre au fond du labyrinthe
s'en devait former un sérail. Pourquoi ? Oh l simplement
parce que cette carnivoracité je ne la vois héritée ni de
Pasiphaë, ni du taureau progéniteur, mais bien un appétit
de luxure. - Pasiphaë, Ariane, le Minotaure... Quelle
famille ! Et à la tête de tout cela Minos, le futur juge des
Enfers! Comment Minos jugea la conduite de sa femme et
de ses enfants, je ne sais; ni pourquoi Minos, avant d'être
appelé à juger les morts, devait avoir eu sous les yeux des
exemples de tous les crimes ... Je ne sais ; mais ce que je
sais c'est qu'il y a là une raison. Il y a toujours une raison
dans la fable grecque.
Et je me demande aussi pourquoi de tous les héros
grecs qui combattirent au siège de Troie, le seul Ulysse,
pérégrin inlassable, au retour si désespérément différé,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

fut aussi bien le seul à retrouver la paix conjugale. Cepen
dant que le retiennent Calypso, Circé, Nausicaa, les
Sirènes, dix ans (n'est-il pas le fils de Sisyphe ?) dans
Ithaque l'attend une Pénélope fidèle. Mais les autres, s'ils
sont si pressés de rentrer, n'est-ce pour ne trouver à leur
foyer délaissé que désordre, épouvante et ruine ?
Je ne sais, mais il doit y avoir une raison. Agamemnon,
Ajax, fils d'Oïlée, Idoménée, Diomède, tous, vous dis-je,
précipités vers un péril

Qu'il leur fallait chercher,
sont accueillis à leur retour par l'adultère, le meurtre, la
trahison, l'exil, et les crimes les plus affreux ; et c'est vers
cela qu'ils se hâtent. Tandis qu'Ulysse qui, seul d'entre
eux tous, doit retrouver à son foyer, fidélité, vertu,
patience, en reste dix ans séparé par mainte traverse, et
je crois aussi par sa curiosité vagabonde, l'inquiétude de
son humeur. Il y a un peu de Sindbad dans Ulysse ; et
je sais bien qu'il regrette Ithaque, mais c'est pressé par
un revers et à la manière de Sindbad, ce qui n'empêchait
point ce dernier, sitôt rentré, de repartir. Il semble
qu'Ulysse pressentît que ne l'attendait à son foyer point
d'aliment pour son inquiétude et que son industrie y
demeurerait inemployée. Est-ce l'absence de péril pressentie et la tranquillité d'Ithaque qui le fait atermoyer
ainsi son retour ?
Et j'admire en Thésée une témérité presque insolente.
A peine à la cour de Minos, il suborne Ariane ; rien ne
montre qu'il l'aime. Mais il se laisse aimer par elle aussi
longtemps que cet amour peut le servir. Ce fil qu'elle
attache à son bras est-ce pour le guider seulement? Non :

CONSIDÉRATIONS SUR LA MYTHOLOGIE GRECQUE

c'est le « fil à la patte &gt;&gt; et Thésée le trouve aussitôt un
peu _court ; il se sent tiré trop en arrière tandis que le
voici qui s'avance avec horreur et ravissement dans
l'inconnu repli de sa destinée. Et sans doute, il y a là le
sujet d'une opérette... Ah I je voudrais savoir s'il songeait
à Phèdre, déjà ? Si quittant la cour de Minos, il enleva
les deux sœurs à la fois ?

II
Sans doute est-il possible et plaisant de reconnaître,
dans les écuries d'Augias un ciel encombré de nuées,
que nettoie un Hercule solaire. Il suffit pour que cela
soit grec, que cela ne soit point irrationnel. Mais combien
il m'importe davantage de considérer ceci, par exemple :
Qu'Hercule, de tous les demi-dieux, est le seul héros
moral de l'antiquité, et qui, devant que de commencer sa
carrière, se trouve un instant hésiter entre «le vice et la
vertu » ; le seul héros perplexe et que la statuaire, à
cause de cela, nous présentera comme un héros mélancolique; et de nous souvenir alors que, en effet, il est l'unique
enfant de Jupiter dont la naissance ne soit point le résultat
d'un triomphe de l'instinct sur la décence et sur les mœurs ·
et que le dieu pour posséder la vertueuse Alcmène, du~
prendre l'aspect du mari. Si sans doute la théorie des
lois de l'hérédité est de fonnat!on plus récente que le
m~he lui-même, j'admire d'autant plus que le mythe
pwsse nous présenter cette exemplaire signification ...
ANDRÉ GIDE

�CHIRURGIE DE GUERRE

CHIRURGIE DE GUERRE
A EMY SIMON-BLMER

Terrassiers en furie
mille et mille lancinements suraigus s'abattent.
Soudain flambent et fument et crachent
les énormes mâchoires de la terre perforée.
Jets noirs vociférants.
La plaine danse.
Et sec
un coup de fouet féroce
déchirant muscles et tendons
l'éclat d'acier vertigineux
déchire et crève.
Culbute de lapin.
Allons quoi
tiens
ma iambe
Ça y est.
-

En avant -

continuez fusqu' aux mitrailleuses...

Et puis vidant du sang
le corps
douloureusement s'allonge.

Aube.
Défà la gorge sèche
bra,le de fièvre
le gladiateur mourant
essaye vainement d'agiter son corps lourd
rivé au sol.
Pénible acuité de la vision.
Tout près une balle cingle
et brise net une crosse de fusil.
Dans une fiaque d'eau un peu de ciel
où nage une vieille loq1,e.
Ça

un cadavre.

Des globes de feu
éclaboussent un nuage
en miaulant.
L'avion bourdonne.
Au bord d'un trou
quelque chose râle.
Des plaintes s'élèvent
de tout ce peuple horizontal,
brisé si vite.
Atfat de canon fendu en deux
comme dans les tableaux de batailles.
A venture vécue des chromos classiques.

�49°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

V a-t-on venir.
V a - t - on
venir.
venir
nir.
ve
Réveil
Balancement.
Douleur rythmée par quatre épaules.
On fait la planche.
Le brancard véhicule
ce pauvre roi fainéant
maculé de rouge.
Eh
Près de ma tête
deux têtes
et là-bas
deux encore.

491

CHIRURGIE DE GUERRE

II
Virage
grondement halètement.
Frein.
L'essence subitement s'endort sous le capot.
Précipitation ordonnée.
Des hommes sautent
et comme hors d'un four
tirent et sortent
•
quatre grands corps inanimés.
Fini le martyre
de la route cahoteuse
éventrée par des volcans subits.
C'est
l'Ambulance.

Dormir.
Et des paysages défilent en sens inverse
imprévus
à cause de la marche.
Voilà des artilleurs
et ceux-là camoufl,ent
et ceux-là
Ah I cette douleur
qi,i revient.

Triage
Interrogatoire par une paire de lunettes
derrière un bureau.
Nous sommes beaucoup
couchés là,
pâles
et gémissants.
Attente
et puis

•

�492

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

balancement du brancard.
Un voile se soulève.
Magie blanche
baignée par des ondes d'odeur.
Des masques contemplent
examinent
des mains mettent le corps à nu.
On palpe on touche
hurlement désespéré
et de nouveau
la planche
sur une longue table d'acier.
Cliquetis d'instruments:
Monstre soumis
l'autoclave trépide
Auréolé de vapeurs fusantes.
Les masques parlent à voix basse.
Seul acteur immobile
des lampes me zè'brent de rayons.
Derrière moi une voix
rassure
et sournoisement
le long de mon visage
glisse un étrange masque.
Respirez.

CHIRURGIE DE GUERRE

D'abord rien.
Un bras happe la jambe saine
fixe une pieuvre
enregistreuse de pulsations.
Ce n'est plus l'air.
Cette dense bouffée d'éther
bouillonnante
envahit les veines
et pénètre et dilate
Suffocation
saccades
le corps se déchire à des lianes infiexibles.
Une lampée de plomb fondu obstrue la gorge
les oreilles s'exaspèrent
et sous les paupières
tournoient
les taches écarlates
des yeux qui ont regardé le soleil.
Et puis
concert extravagant.
Le!/orgeron)nvisible
dans la poitrine
s'acharne sur une enclume de cristal.
On remplit une immense cuve
d'eau bouillante

493

�494

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

immense cuve d'eau bouillante.
Sonneries
appels brefs.
branle-bas
volées de cloches
tempête interne
TEMP2TE.
Les masques encore.
Faiblesse noire vide exsangue
Dans le cerveau
un tocsin électrique brtile éperdument.
Ch-ute.

CHIRURGIE DE GUERRE

Où? suis JE
Recomposition
murmure confus.
Des formes.
Tentative de geste
suivie d'un grand cri.
De la hanche au talon
une longue barre de fer en fusion .
Ah
oui
maintenant

je

III

Ha
Ah
Sourd travail
nausée.

me
souviens.
Nausée
l gnoble odeur de l'éther
et les muqueuses à vif
Une main secourable
arrange
les oreillers.

Ha
un hoquet brusque rétablit le contact
disperse le néant
branche une communication
avec

Mal à la tête
intolérable fer rouge
au genou et au talon

495

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Fièvre.
La main promène
sur le visage
quelque chose de frais.
Innombrables aiguilles.
Mal

très mal
des cris sortent
que i' écoute.
La main s'agite
et mouille de froid
cette autre jambe.
1nstantanée
une aiguille s'insère.
Dormez.
Mes doigts
fouillent cherchent
et trouvent
une grosseur
qui sohlève la peau
Riche~ insigne.
Déjà au cœur
une légère angoisse
indique le prochain miracle.

CHIRURGIE DE GUERRE

497

Lentement
le métal en fusion
s'évapore.
Des tenailles disparaissent
et ce n'est plus
qu'un écho assourdi
du mal
très loin.
Un tiède fl,euve
s'insinue
et baigne doucement
ce pauvre corps.
Douceur.
Chaque fibre
devient un plaisir.
Douceur
douceur
douceur
doucei,r.
GEORGES SIMON

�LA DÉCADENCE DE LA LIBERTÉ

LA DÉCADENCE DE LA LIBERTÉ•
Nous avons combattu c pour le Droit et pour la
Liberté 1.
Je ne comprenais pas d'abord très bien le sens de cette
formule ni toute sa portée; elle me paraissait vague et
abstraite; elle n'exprimait que très imparfaitement
l'objet de mon enthousiasme guerrier. Si l'on m'eût un
peu poussé, j'eusse probablement avoué n'y voir qu'une
vaine fleur de rhétorique parlementaire.
Et sans doute était-elle cela principalement. Mais si
disgraciés de la nature qu'on suppose nos hommes politiques, on ne peut leur contester un certain instinct de
ce qu'il faut dire, une divination plus ou moins nette
des sentiments secrets de la masse et l'art de les flatter
en les traduisant. Ils n'eussent certainement pas insisté
si fort sur ces notions de Droit et de Liberté, si elles eussent
été véritablement sans aucun rapport avec les aspirations de ceux qu'ils voulaient entraîner au combat.
Et en effet, à force de vivre au plein milieu du peuple,
à force d'épier ses paroles, de suivre et de prolonger ses
pensées, j'ai distingué peu à peu tout ce qu'elles signifiaient
pour lui et combien elles s'harmoniaient à ses préoccupations profondes : sans doute les exprimaient-elles à leur
état de plus haute généralité, mais elles représentaient bien
1. Cet essai est le premier d'une série de trois qui paraîtront,
avec des intervalles, dans la Nouvelle Revue Française.

499
leur épanouissement le plus naturel. Ces braves gens, ces
voyous, ces endormis eux-mêmes, ou ces froussards, à
côté de qui je vivais, tous - leurs moindres gestes le
proclamaient avec évidence - c'était bien pour défendre
leur droit, c'était bien pour être libres, pour rester libres
qu'ils avaient pris les armes avec une si parfaite absenc:
d'hésitation.
C'était même pour quelque chose de plus : pour perme~tre aux autres peuples d'être, de rester libres ; pour
obliger à le devenir ceux qui ne l'étaient pas encore. Ce
qui s'était enflammé dans leur cœur à la première menace
allemande, _c'était plus que de la jalousie nationale, plus
que le souci un peu étroit de protéger la borne de leur
champ, d'interdire à l'envahisseur le sol de la Patrie
~u'iJs en eussent ou non conscience, un ancien et vast~
idéal s'était réveillé, avait déployé en eux ses ailes. Des
esprits biscornus comme le mien pouvaient bien en secret
se proposer d'autres fins. Eux n'en connaissaient et n'en
poursuivaient qu'une: l'émancipation des peuples:
Tyrans, descendez au cercueil/
la vieille phrase solennelle gardait pour eux tout son
sens et toute sa saveur. C'est de toute leur âme q •·1
1 l
. t .
uis
a .c amaien , Je m'en souvenais maintenant, dans les
trams de mobilisation, assis, les jambes pendantes, aux
P?rt:5 des wagons. Visiblement, dès cet instant, elle leur
disait quelque chose.
. La haine des tyrans! Que l'on songe au rôle qu'aura
Joué d~ns la formation et dans l'entretien de notre courage hmage de Guillaume, conçu comme le mauvais
· · son peu.pie et le poussait de force
Prince qui· oppnmait

�500

I:A

NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

contre nous. Les plus monarchistes d'entre nous ne la
considéraient pas sans se sentir émus d'une sorte de colère
organique, à laquelle ils ne comprenaient rien. « La tête
de Guillaume»: c'est ce que tous nous avons tout de suite
demandé, voulu; et c'est l'appât qui, malgré les déceptions, par-dessus les fatigues, à travers tant d'épreuves,
nous a menés jusqu'à la victoire. Oui, je voudrais bien
savoir ce qu'il fût advenu, aux mauvais jours, de notre
résolution, si nous n'avions toujours eu devant les yeux
cette tâche que nous ne pouvions pourtant pas laisser
inaccomplie : Guillaume, le kronprinz à détrôner, à souffleter, à punir.
Rien ne peut rendre mieux sensible la direction de
notre instinct profond, que la façon dont nos prisonniers
en Allemagne essayaient de travailler leurs gardiens:
ils ne visaient à rien moins qu'à leur enseigner la liberté.
Les plus humbles, à cet égard, se sentaient des âmes Ide
missionnaires. J'ai vu de simples paysans entreprendre,
avec une patience et une bonne volonté inénarrables,
l'éducation de leur sentinelle; ils la « prenaient » un certain nombre d'heures par jour, ils lui serinaient ses droits,
ou plutôt ses devoirs d'homme libre. Qu'un feldwebel
la bousculât, aussitôt ils lui expliquaient ce qu'il y avait
d'inadmissible dans l'incident; ils lui remontraient qu'en
France ça ne se serait jamais passé comme ça et qu'un
soldat, brutalisé par un supérieur, n'eût pas hésité à se
défendre à coups de pied et à coups de poing. « Fallait
lui f. .. un marron dans la gueule 1 » concluaient-ils
immanquablement.
La leçon prenait, ou ne prenait pas. J'ai connu un Allemand que ses prisonniers avaient ainsi peu à peu complè-

LA DÉCADENCE DE LA LIBERTÉ

50I

tement redressé: au bout de quinze jours il tenait tête à
son feldwebel, et si fermement que l'autre, mal habitué à
cette sorte de résistance et ne sachant comment la réduire
choisissait de le laisser tranquille.
'
Mais pour l'instant, plus que ses fruits qui dans l'ensemble restaient assez médiocres, c'est la nature même du
prosélytisme français qui nous intéresse. Je le vois comme
un grand effort pour arracher chaque individu à la masse
sociale, pour le désengager, pour le « désubordonner »
pour lui rendre de l'indépendance, de la taille et, si j'os;
dire, de la tige. Il ne tend nullement à l'établissement
d'un ordre nouveau. Il cherche surtout d'abord à relâcher
une trame trop serrée pour son goût; il veut réintroduire
les intervalles qu'on lui semble oublier; son œuvre est
avant tout de disjonction, et de restitution des individus
à_ eux-mêmes; son but est leur affranchissement pur et
~impie, sans aucune préoccupation des suites possibles ;
Il leur remet la bride sur le cou, et ensuite, d'une petite
tape sur la croupe, il leur conseille simplement d'aller.
Pour le Droit et pour la Liberté. Nous avons combattu
avec une colère et une obstination prodigieuses, pour qu;
chaque homme au monde puisse enfin faire ce qui lui
plaira et ne soit plus « embêté par personne ». Pour rien
de moins, mais pour rien de plus. On n'a peut-être jamais
vu, dans toute la suite des temps, un peuple retrouver
aussi exactement sa propre tradition, recommencer
~ussi_ textue~ement, à un siècle d'intervalle, la tâche qu'il
s était m:e _f01s don.~ée. C'en est touchant, c'en est presque
un peu n~cule. L idéal que s'étaient formé nos pères de
la Révolution, à notre tour nous l'avons saisi, embrassé,
adoré, nous l'avons serré tel quel contre notre cœur.

�502

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

C' t lui qui a fait le cran de nos hommes à l'assaut,
le: patience au fond des tranchées.C'est lui peut-être qui
s'est glissé comme un peu de lumière encore entre les
paupières de nos mourants.
. .
.
Et je prétends que c'est lui qu:ont s~vt en fa.tt tous
nos intellectuels, à quelque doctnne qu ils fussent officiellement inféodés. • Nous sommes, de race, des hommes
de liberté », écrivait Péguy, justement dans cette Note
sur M. Descartes qui a paru ici même et qui est comme son
testament. Et encore:« C'est pour cela que nous ne nous
abusons pas quand nous croyons que tout un mond: est
·mtéressé dans la résistance de la France aux.emp1ète.
ments allemands. Et que tout un monde pénra.tt avec
nous. Et que ce serait le monde même de la liberté."
Non pas seulement les petits lieuten~ts de Normale,
non pas seulement les instituteurs, déJà tout caparaçonnés d'orthodoxie républicaine, mais les plus exaltés
des nationalistes, si l'on etlt pu soulever le couvercle
de leur cerveau et y regarder directe~ent, c'est. cette
croyance si bien exprimée par Péguy, c est cette lillage
de la Fr~nce rempart de la Liberté, qu'on Y etlt av~t
tout découvert. Et c'est aussi, chez la p~upart, un :éntable fanatisme libéral, un besoin féroce de délwrer
tout ce qu'il pouvait y avoir dans l'univers d'enchaîné,
de replié, de contraint. Les quinze cents mètres à la
baïonnette sous les mitrailleuses, et plus tard le bond
par-dessus le parapet, le dur carnage dans la tranchée
ennemie, l'impitoyable besogne du nettoyage (si l'on
fait abstraction d'un certain goftt natif pour l'œuvre
guerrière), c'est pour défendre • le mond~ de la
liberté », mieux encore, c'est pour donner la liberté au

LA DÉCADENCE DE LA LIBERTÉ

503

monde que tous ces gens de bibliothèque, d'école ou de
bureau s'y sont si facilement, si joyeusement résignés.
C'est pour la liberté du monde que l'intelligence française
s'est fait pendant plus de quatre ans décimer.

•••
Or, voici où commence le drame. Voici où notre situation devient vraiment tragique.
Il n'est pas bien sûr que le monde ait besoin de cette
liberté que nous pensons lui avoir acquise au prix de si
monstrueux sacrifices. Il n'est pas bien sûr que la liberté
soit aujourd'hui son vœu le plus cher, l'aliment dont il
ait le plus faim. On peut en douter, on est en droit de
s'inquiéter s'il n'aurait pas par hasard de tout autr~s
appétits. Il semble bien que la demande, en matière de
liberté, soit à l'heure actuelle, pour l'humanité, prise dans
son ensemble, de beaucoup au-dessous de l'offre que nous
faisons. Il est à craindre que le marché ne soit pas du tout
tel que nous l'avions supposé; nous risquons fort de rester
avec notre stock sur les bras.
Si nous prenons la guerre dans son ensemble, si nous
cherchons à la considérer d'un point de vue extra-national,
il nous sera bien difficile de la voir comme la suite ou le
complément des guerres de la Révolution. Elle a été cela
pour nous, la chose est incontestable. Mais on peut se
demander si nous n'avons pas fait notre guerre tout seuls.
N'aurions-nous pas, par hasard, combattu dans un plan
mental absolument différent de celui où tous les autres
peuples sont placés ? L'idéal des « droits de l'homme »
ne serait-il pas quelque chose de relativement subjectif ?
Ne serions-nous pas les seuls aujourd'hui, je ne dis pas

�I

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à le comprendre, mais à le sentir ? les seuls qu'il puisse
encore faire vibrer? Je ne puis m'empêcher de voir que
nous sommes infiniment moins porte-flambeaux qu'il y
a cent ans. Ce que nous croyons apporter aux peuples de
nouveau et d'indispensable, peut-être l'ont-ils déjà
dépassé sans en avoir eu besoin.
En tous cas, même s'il y a eu, sur notre initiative, une
guerre des démocraties contre l'autocratie, ce n'a pas été
la seule.
Voilà le fait qu'il faut oser regarder en face et qui, seul,
peut donner la clef des événements auxquels nous assistons maintenant. Il y a eu deux guerres à la fois, qui ont été
menées l'une dans l'autre jusqu'au bout. On ne les a
jamais très bien distinguées; c'est leur mutuelle implication qui a fait tout le temps l'obscurité de la situation,
et l'impossibilité de deviner d'un jour à l'autre ce qui
allait se passer. C'est elle, encore aujourd'hui, qui rend
si étrange, si peu décisive, si peu purgative, la victoire.
Car sans doute l'une des deux guerres est finie et son
résultat est aussi clair que possible : c'est celui que nous
avions toujours attendu, toujours passionnément cherché
et voulu ; les rois sont en fuite, la démocr~tie triomphe.
Mais l'autre guerre subsiste par-dessous et ses soubresauts ébranlent la mince croftte d'acquisitions positives
dont nous nous félicitons.
Jamais victoire ne fut aussi partielle, aussi provisoire,
aussi conditionnelle que !a nôtre. Non pas en ce sens qu'il
faille craindre le réveil des forces dont elle représente
l'anéantissement, mais au contraire en ceci que nous
n'avons vaincu que les forces dont l'anéantissement était
comme entendu d'avance. En venir à bout n'était qu'une

LA DÉCADENCE DE LA UBERTÉ

question de temps et de moyens : leur condamnation
était écrite lisiblement dans l'histoire. Il n'y a eu qu'à
faire ce qu'il fallait. Mais par leur suppression même,
d'autres ont été libérées qui grouillaient par-dessous et
qui sont maintenant pour nous à vaincre ouà subir. Notre
victoire ne les atteint nullement. Au contraire, elle ne
fait que leur donner incitation, courage et conscience. Et
voici qu'elles se dressent contre elle avec une résolution
dont elles avaient été jusqu'ici incapables : elles la
contestent radicalement ; elles manifestent ouvertement
leur intention de la réviser.
Cette guerre des démocraties contre l'autocratie, que
nous avons cru ou voulu croire être toute la guerre, elle
a duré bien longtemps. Ce fut un tort de sa part. Pour une
question si limpide et, en principe, si bien réglée à l'avance,
tant de lenteur fut une faute. Car dans la vaste machine
des peuples au travail les uns contre les autres, une usure
intérieure s'est produite; un plus grand nombre de valeurs
que certains n'auraient voulu ont été soumises à l'examen, au doute, à la détérioration. Notamment Je libéralisme. Jusqu'au bout il a paru mener le jeu; mais il était
déjà sérieusement accroché par de nouveaux et solides
adversaires ; il traînait une grappe de lutteurs sur son
dos; une pesée formidable s'exerçait sur lui tout le temps.
Et le voici qui sort plus que fatigué de l'affaire.
Il tient son ennemie, l'autocratie, sous son genou. Mais
dans l'obscure bagarre, dans ce corps à corps de quatre
ans, il semble bien qu'il ait reçu un mauvais coup, lui
aussi. On était trop près les uns des autres. C'était fatal
qu'il lui arrivât quelque chose. Il est vainqueur, c'est
entendu. Mais il a bien mauvaise mine. II y a des contu-

�506

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sions internes dont on ne meurt qu'après des années. On
peut se demander s'il n'est pas secrètement et irréparablement atteint.
Plus on y réfléchit, plus il apparaît naturel et normal
qu'une aussi effroyable épreuve que celle que nous venons
de traverser ait consommé plus d'une doctrine, et peutêtre successivement les deux qui semblaient s'opposer,
entre lesquelles on pouvait croire que se jouait la
partie : le libéralisme après le despotisme.
Peut-être l'acmé de la liberté dans le monde vient-elle
d'être dépassée. Au moment même où nous autres Français pensons, par notre effort, y avoir porté l'humanité
tout entière, peut-être au contraire celle-ci commencet-elle de redescendre la pente et s'avance-t-elle vers un
nouvel idéal (car elle en change). Peut-être les hommes
commencent-ils à trouver meilleur d'être moins libres.
Pour offrir aux dures conditions que leur fait la vie un
front plus résistant, peut-être ont-ils besoin avant tout
aujourd'hui de se coaliser et pour cela d'offrir à la société
en holocauste leurs droits les plus essentiels et cette
indépendance individuelle dont ç'aura été la gloire de la
France dans le passé de les avoir dotés. La liberté n'aura
peut-être été qu'une phase dans l'évolution de l'humanité. De même que l'existence humaine semble bien avoir
revêtu d'abord la forme collective, de même il est possible
qu'elle tende maintenant à la reprendre. Peut-être
entrons-nous aujourd'hui dans un âge collectiviste.

***
Mais ce sont là de grandes hypothèses auquel il ne serait
pas français de donner trop de crédit. Je m'en voudrais

I

LA DÉCADENCE DE LA LIBERTÉ

de tomber dans le genre prophétique et de faire concurrence aux Allemands dans le domaine de la Geschichtsphilosophie 1.
Un point de vue plus modeste et plus positif reste
possible. Sans préjuger de ses chances de réalisation, nous
pouvons étudier comme un fait le nouvel idéal qui vient
de naître dans le monde. Il existe, plus ou moins nettement formulé, dans des millions d'esprits. On peut le
constater expérimentalement; il s'offre et se prête à une
analyse parfaitement scientifique.
Il est de première importance, pour nous Français qui
sommes si mal prédisposés à le comprendre, de le contempler, au moins une fois, avec attention et impartialité.
Parce qu'il est principalement celui de nos ennemis,
nous ne devons pas l'ignorer ni le méconnaître. Au contraire, et du point de vue même du plus étroit patriotisme, nous avons tout intérêt à le laisser se développer
tranquillement et complètement sous nos yeux. Quoi de
plus important, quoi de plus avantageux que de savoir
emprunter pour un moment le regard de son adversaire
et que d'apercevoir ses idées sous le joÙr même où il les
considère?
Il faut nous rendre compte combien la liberté peut
prendre, pour des esprits d'une autre complexion que le
nôtre, un aspect détestable et funeste. Je me souviens
d'avoir lu, dans une revue allemande, une lettre écrite du
front par un jeJ1I1e officier; il y expliquait, comme tant
d'autres dans les deux camps, ses aspirations, ses espoirs,
l'avenir qu'il rêvait pour le monde, et sous sa plume était
1.

Philosophie de l'histoire.

�508

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

venue tout naturellement cette phrase : « Il faut espérer
que cette guerre n~us permettra d'en finir une bonne fois
avec les vieilles idoles rationnelles de Liberté et d'Égalité. » Il ne voulait pas dire du tout : par l'établissement
d'un impérialisme universel. Non, c'était autre chose
qu'il caressait dans son imagination et souhaitait de pouvoir mettre enfin à la place de l'idéal français. La liberté
ici pour lui n'avait pas pour inconvénient de s'opposer à
l'hégémonie de l'Allemagne sur le monde. C'est d'un tout
autre crime qu'il l'accusait, et non pas peut-être tout à
fait injustement.
Qu'on se place mentalement dans la situation des opprimés d'aujourd'hui. Que peuvent-ils désirer d'abord ?
Est-ce le droit de faire tout ce qu'ils voudront ? Est-ce
le droit d'être libres? De quoi leur servirait-il? Où
iraient-ils avec leur liberté ? Qui voudrait la recevoir
comme monnaie? Leur donnerait-elle du pain? Non,
mais ils désirent d'abord, ils veulent, ils exigent avant
tout d'être protégés contre la liberté des autres. La
cause permanente, inflexible, inexorable de leurs souffrances, ils le savent bien maintenant, c'est la liberté des
autres. Et, en effet, si, par un décret de la raison on
suppose tous les individus égaux et si on confère à chacun le droit de tout faire, excepté de tuer, de voler et
de se parjurer, c'est exactement comme si on remettait
les plus faibles aux plus forts pour qu'ils les mangent.
Si l'on se contente d'interdire à chacun tout ce qui nuit
directement au prochain et si pour tout le reste ou lui met
la bride sur le cou, c'est absolument comme si on lançait
les plus avides, les plus dégagés aux frousses des timides
et des indigents.

LA DÉCADENCE DE LA LIBERTÉ

509

Rien- de moins tutélaire aujourd'hui que le Droit et
que la Liberté, tels que notre Révolution les a conçus.
Car les conditions économiques de la vie ont changé pardessous : des armes redoutables ont été remises secrètement aux mains des entreprenants, qui multiplient sans
mesure leur puissance et dont absolument rien ne leur
interdit de faire usage contre leurs soit-disant égaux. Les
Droits de l'homme: sans doute ils mettentl'individu à l'abri
des outrages, des violences, du knout; ils lui garantissent
l'honneur ; mais ils ne lui garantissent nullement la vie.
Tous les attentats à sa dignité et à son indépendance
sont prévus et exclus. Mais l'attentat, le guet-apens de
la misère, non seulement le Droit et la Liberté ne les
empêchent pas : ils les favorisent presque ouvertement.
Car si l'on vient prévenir le riche d'avoir à relâcher un
peu les mailles du filet où il tient le pauvre enserré, aussitôt
il a la Loi pour lui, il peut faire valoir son droit : n'est-il
pas libre comme les autres ? S'il ne pouvait pas exercer
son activité sans contrôle et sans limitation, ne serait-il
pas moins libre que sa victime ? Qu'on ne vienne pas se
mêler de ses affaires. On lui a promis, en même temps
qu'à tous les autres, de le laisser tranquille. Il ne demande
rien de plus.
Rien ne fait apparaître avec plus de force que ce langage, hélas I trop facile à recueillir sur trop de lèvres,
les inconvénients désastreux que d'immenses masses
populaires commencent aujourd'hui de reprocher à la
Liberté. Elle leur apparaît comme la plus cruelle des
marâtres, c'est elle qui leur semble former de ses propres
mains leur détresse. Elle encore qui les prive de tout
recours et de tout espoir. Car si elles s'avisent d'élever

�510

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la voix et de faire entendre leurs doléances : « Ne vous
gênez pas, leur répond-on. Réclamez ; protestez ; vous ·
êtes bien libres. La loi est la même pour vous que pour
vos oppresseurs. Vous pouvez dire tout ce qui vous
chantera. A condition que vous respectiez les droits qui
s'exercent à vos dépens, nous vous garantissons la liberté
de vos meetings; vous pourrez y exposer sans retenue
toutes vos revendications. »
Et ainsi de partout la Liberté se moque d'elles. Du
moins elles l'en accusent. Aussi n'en veulent-elles plus.
Elles la chassent délibérément de leur programme. Leur
idéal devient exactement le contraire de celui que nous
avons pris l'habitude en France de considérer comme le
seul révolutionnaire 1 : suppression de tout le jeu dont
profitait jusqu'ici l'individu, réglementation de plus en
plus étroite de son activité, resserrement de la trame sociale
jusqu'à ce qu'il s'y trouve pris et parfaitement empêché,
transmission à la collectivité de tous ses droits, stricte
surveillance par elle de toutes ses démarches même les
plus indifférentes moralement.
Je ne me donnerai pas le ridicule de définir après tant
d'autres l'idéal socialiste. En gros, c'est lui qu'embrassent
et chérissent, avec une force jusqu'à ce jour inconnue, des
peuples entiers, et particulièrement ceux qui ont combattu
contre nous ou qui ont retourné contre nous leurs armes :
l'Allemagne et la Russie.
I. Dans un discours récent sur le programme de la Confédération Générale du Travail, M. Léon Jouhaux observait avec beaucoup
de raison : • Si nous avons été nourris dans la tradition révolutionnaire, nous nation française, nous l'avons été dans une tradition
révolutionnaire politique et non pas dans une tradition révolutionnaire économique. •

LA DÉCADENCE~DE LA LIBERTÉ

Je voudrais, dans ce qui va suivre, _expliquer quelles
raisons profondes prédisposaient chacun d'eux à le choisir
et, du même coup, le rendaient hostile à notre vieux rêve
d'universelle liberté. Ce sont choses peut-être qu'il n'est
pas très agréable pour nous de considérer. Mais il faut
absolument que nous perdions l'habitude de traiter par le
dédain et par l'ignorance tout ce que nous n'aimons pas.
J'ai moi-même un peu trop cédé à ce penchant si français
et c'est pour calmer mes remords, et en quelque façon
à titre de pénitence, que je me décide à entrer dans
les considérations que voici.

• **
Je n'ai pas la présomption d'avoir pénétré jusqu'en
son fond l'âme russe. C'est la plus difficile, la plus dérobée,
la plus décevante qui soit. Je pense que dans son essence
elle reste à jamais insaisissable, comme à peu près
impossible à dominer pour un étranger reste sa langue.
Il Y a un proverbe russe qui dit : « Quoi que tu donnes
à manger au loup, il tire toujours vers la forêt; si loin que
la Russie s'avance à la rencontre de l'Europe, elle reste
toujours toute tournée vers l'Asie. » Et en effet on a
l'impression que par cette immense ouvertur: vers
l'Est s'enfuit à chaque fois chaque trait de son génie
qu'on a cru saisir. Pas de peuple, je le dis sans haine,
pl~ « carottier » que le russe, et au point de vue psychologique même : ce qu'il vous laisse dans les mains, c'est
presque toujours une u attrape ».
Cependant il Y a quelques traits très évidents de son
caractère qui, bien aperçus, bien suivis, eussent permis de
prévoir combien peu de raisons il avait de s'éprendre de

�512

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
LA DtCADENCE DE LA LIBERTÉ

la liberté, et au service de quel idéal tout différent il
devait fatalement être amené à employer ses forces. Avec
un peu de perspicacité nous nous fussions évité la dé~onvenue presque ridicule que nous a donnée sa révolution.
Je me rappelle avoir eu, dès les premiers_;emps de _ma
captivité, la sensation directe de ce que J appellerru le
phénomène du soviet.
Les Allemands nous avaient réunis avec les Russes et
distribués en nombre égal dans chaque baraque. C'était',
nous disaient-ils, pour que nous apprissions à connaître
« nos chers alliés», autrement dit pour nous dégoftter d'eux.
Nous vivions donc côte à côte, ou plutôt les uns sur les
autres car nous étions si serrés que pour bien faire il eftt
fallu l; soir nous coucher tous en même temps ; celui qui
rentrait après les autres risquait de ne plus trouv:r en~e
les corps étroitement tassés l'alvéole à laquelle il avait
droit. J'ai vu plus d'un camarade, après beaucoup d'injures, être obligé de s'étendre sur la mince frange de
paille aplatie qui dépassait seule les pieds des d~rmeurs.
Eh bien I malgré la promiscuité dont ce détail donne
une idée, il était curieux de voir comment les Fr:mçais
trouvaient moyen de réserver leur indépendance. Si vous
les eussiez vus dans la journée, chacun avait sa petite
occupation, qu'il fondît des bagués en aluminium ou
sculptât un jeu d'échec, il le faisait tout seul ; pour manger sa soupe, il « dégotait » immanquablem~n.t un ta~uret ; il avait sa poêle à frire, faite d'une moitié de bidon
et pour faire «revenir• son hareng il p~ai~ ~ poêle _à
son tour. L'espace insuffisant dont nous JOWSSions était
utilisé avec génie pour le maintien de la plus grande
discrétion possible entre nous.

513

Au contraire les Russes, à eux tous, n'employaient
même pas tout celui qui leur était réservé. Ils vivaient
spontanément à l'état aggloméré. Ils formaient une seule
troupe, un véritable« banc». Je les revois encore, tous en
paquet autour du poêle, se racontant interminablement
des histoires (quand je leur demandais ce qu'ils faisaient : « Onne razskazivaiette, il raconte 1 • me répondaient-ils), ou bien chantant en chœur avec une douceur,
une tendresse, une harmonie inimitables. Il y en avait
qui étaient assis sur des tabourets, d'autres debout juste
dans leur dos, d'autres à califourchon au-dessus d'eux
sur les porte-selles (nous étions logés dans une écurie).
Et cet étagement n'était que l'image sensible de la mutuelle et toute naturelle implication de leurs âmes.
Il y avait des disputes entre eux, et même peut-être
plus fréquentes et plus durables qu'entre nous. Quand il
en éclatait une, on pouvait compter qu'elle occuperait
la journée tout entière. Mais tout de suite on y sentait
un manque inouï de gravité. Elle prenait comme un
incendie à ras de terre, mais qui ne consumera jamais
que des brindilles. Ce n'étaient pas des individualités
qui s'affrontaient, se colletaient, qui cherchaient le faible
l'une de l'autre, et à se jeter par terre l'une ou l'autre.
Rien de méchant, rien de mortel. D'avance on était sftr
qu'il n'y aurait pas de victimes. Il ne fallait que les
entendre gazouiller, avec leur voix perchée, douce et
fausse, pareils à une nichée d'oiseaux. Ils se moquaient
les uns des autres, et de temps en temps un tendre rire
secouait à la fois toute l'assemblée. Surtout ils n'avaient
aucune envie de finir. Leur différend était entre eux
comme le furet qu'on se fait passer en cachette dans la
33

•

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
LA DlkADENCE DE LA LIBERTÉ

main et qui circule à travers la compagnie sans qu'o_n
sache jamais bien où il est. En réalité il leur a~partena1t
à tous à la fois, et c'est surtout pour ça qu aucun ne
voulait céder : les autres aussitôt l'eussent tenu pour un
voleur.
Des âmes étonnamment peu retranchées. Rien ne leur
est plus facile que d'habiter les unes che~ les au~res. Il
faut toujours se souvenir de Dostoïewski. C?~b1en , de
ses personnages qui n'ont pour tout dotn1cile qu un
•coin» de chambre sous-loué chez un étrang~r I Et ils
vivent là derrière un pan de rideau qui est un merveilleux
symbole de ce presque rien par quoi seul leur individu
reste séparé de celui du voisin. Ils n'existent, psychologiquement aussi, qu'à l'état parasitaire; en ~egard~t
bien, on trouverait sur chacun le logement d au moms
un autre 1 .
Ce sont des êtres sans carapace ; ils ne sont doués ni
pour la défense et pour la limite, ni pour l'attaqu~ et
pour Ja prétention. L'individu chez eux_ est sans poids ;
son insuffisante densité l'oblige à cramdre les chocs,
l'empêche de se « poser là ». Il ne s'a~rme que p~r la
tendresse, la plainte, la ruse ou la trahison. Certes, li ne
1. Dans la langue russe elle-même, il arrive~~ cesse que des
lettres supplémentaires, adventices viennent s mco_rpo~er aux
mots sans qu'on en puisse toujours donner pour explication une
nécessit~ euphonique. C'est ce que les grammairiens appellent:
l'lpenthise. (Voir la grammaire de Reifl.) Demêmepresqu~ chaque
verbe en a plusieurs autres qui vivent sur lui, se n_ournssent de
11 es formes, y en ajoutent. Chaque action est expnmée non pas
par un seul verbe qui se conjuguerait pour correspondre à tous
,es aspects, mais par un groupe de verbes, à la fois par~ts et
distincts, qui se substituent les uns aux autres à mesure qu il faut
faire face à ses &lt;!iflérentes modalités.

5r5

manque pas de personnalité ; mais toutes les manifestations en sont obliques; tendre la main, supplier, pleurer,
aimer, voler, tromper, fuir : telles sont ]es voies où elle
se révèle. Pour prendre tout son développement, surtout
il faut qu'elle n'aille rencontrer personne; elle ne s'épanouit que par le détour.
Je ne connais rien de plus admirable, rien de plus attendrissant que les chansons de guerre russes. Elles sont
pleines d'un hérolsme timoré. Le beau kazak, tout harnaché, part en campagne ; il brandit sa lance ; on entend
son petit cheval trotter joyeusement. Il va tout dét.ruire,
tout raser. Le Turc en verra de cruelles. Mais qu'au moins
le gredin n'aille pas s'aviser d'être trop fort ! Le hardi
guerrier aurait tôt fait de tourner bride; dans la cadence
même de la conquête, se dessine comme à ]'envers, apparaîtrait par la plus simple des conversions la cadence de
la fuite.
Je me promenais souvent seul le long de notre baraque:
un Russe avait pris la même habitude, et nous nous croisions quinze ou vingt fois de suite chaque jour; c'était
un haut gaillard, avec toutes les apparences de 1a santé et
de la robustesse ; mais je me rappelle ce regard qu'il me
jetait en passant ; je retrouve ses yeux si grands, si
beaux, si aimants, si effrayés, si faux : ils m'effleuraient
à peine, ils eussent voulu me gagner, ils cherchaient la
petite porte de mon âme. Mais si j'eusse agité les bras
si j •eusse poussé un cri, ils se fussent tout de suite dérobés;
je ne les eusse jamais revus.
Tant de timidité interdisait au Russe tout désir, toute
volonté d'émancipation individuelle, Ce n'est pas avec

�516

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

son cœur tendre mais « fianchard » qu'il pouvait souhaiter
la liberté et le droit de faire tout ce qu'il voudrait. Rien
ne pouvait être plus étranger à cet être sensible et faible
que notre dur idéal d'indépendance et de labeur.
Rien ne pouvait lui être plus odieux. Le Russe a contre
le libéralisme une hostilité de principe et, si l'on peut
dire, de complexion. Il faut comprendre le sens profond
de sa haine pour !'Anglais. Cet homme calme et fort,
bien campé, bien équipé, muni de son « habeas corpus »
comme d'une sorte de waterproof et qui pense d'abord à
faire des affaires et à s'assurer une honnête place dans le
monde, cet homme droit, simple, court, paisible et impitoyable, ce grand fabricant de richesse, le Russe lui en
veut comme à sa plus exacte antithèse.
Il exècre son aisance dans les deux sens du mot et
cette manière qu'il a de se suffire. Il ne peut pas supporter
un être qui se tient debout tout seul, qui va, qui vient, qui
marèhe, sans jamais penser aux autres que pour les respecter. Il lui découvre un affreux égoïsme ; ses entrailles
s'émeuvent contre tant d'assurance et d'isolement.
Non, certes, jamais il ne s'éprendra d'un idéal aussi
bref et aussi féroce que le libéralisme. Quel usage y pour_
raient bien trouver ses vertus craintives ? Comment y
adapterait-il son âme communicative et balbutiante ?
Il ne se trouve pas ainsi séparé, agressif. Il n'a aucune
envie de gagner de l'argent et de se&lt;&lt; faire une situation».
Il n'a besoin d'aucune loi qui vienne protéger son initiative; et d'abord pour cette bonne raison que d'initiative il n'en a pas.
Au contraire, il a besoin de faire reconnaître et sanctionner avant tout son état naturel qui est une combinaison

LA DÉCADENCE DE LA LIBERTÉ

517

de son âme avec les autres, une fraternité obscure, une
mystérieuse disposition à l'amas. En Russie, il n'y a pas
de poussée de l'individu comme tel, mais une poussée
directe des masses. Ce sont elles qui cherchent l'autonomie
politique. II ne faut s'attendre à y voir parvenir que des
colonies d'âmes du genre de celle que je décrivais tout à
l'heure 1 .
Une fois libres, les Russes ne pouvaient avoir qu'une
idée : mettre au monde leur socialisme intérieur, faire
aboutir le soviet qu'ils formaient déjà avec leurs cœurs
et avec leurs esprits. Le tsarisme au fond ne les gênait
que dans la mesure où il voulait les forcer à une unité
d'ensemble, qui dépassait Jeur pouvoir spontané d'agrégation. La violence que nous les plaignions de subir, les
brutalités policières, les emprisonnements illégaux, la
Sibérie, tout oela ils ne le sentaient pas. Qui eût bien connu
leur nature profonde, eût dû prévoir que la disparition
de la contrainte tsariste ne pouvait être saluée par eux que
comme le moyen de s'organiser enfin en droit, comme ils
l'étaient depuis longtemps en fait,c'est-à-direen groupes,
en sociétés, en soviets.
. Le bolchevisme n'est peut-être pas un régime viable;
il est peu probable que la Russie le conserve définitivement. Mais elle ne pourra le remplacer qu'en faisant
appel à l'étranger, car il est, de toute évidence, le plus
~at~el, le plus ressemblant à son essence qu'elle ait
Jamais connu. Il est le produit tout à fait immédiat de
I, • Pour lui (pour le bolchevik) l'individu n 'est rien· l'âme
l'id~, l_e ~ Douch ~ est tout : le fondement de la vie sociaÎe n'est
pas Juridique, ma1S affectif.» (Etienne Antonelli: la Russie bolcheviste, p. 210, Bernard Grasset.)

�518

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ses aspirations; pour y aboutir, ses vœux n'ont eu presque aucune distance à parcourir; elle y est tombée au
premier pas qu'elle a essayé de faire toute seule.
On verra, dans le livre si intéressant de M. Antonelli
sur la Russie bolcheviste, dont je citais tout à l'heure un
passage, la façon dont Lénine et Trotsky s'y sont pris
pour établir et pour asseoir leur régime 1 . Au fond ils n'ont
pas eu vraiment à l'imposer; ils n'ont fait œuvre que de
psychologie. Partout ils ont prévu et prévenu les désirs
essentiels des masses. A la différence de tous les partis
qui les avaient précédés au pouvoir, ils ont su démêler
la tendance vraiment profonde et primitive du génie
russe, et tout leur programme n'a été que de lui donner
satisfaction. Les premiers ils ont su comprendre que le
Russe cherchait, appelait de tout son instinct la vie
collective et qu'il ne rêvait de liberté que pour le groupe
dont il faisait partie.
Les bolcheviks ont su transformer le socialisme exactement dans la mesure où il le fallait pour qu'il çevînt
l'exercice le plus spontané et le plus agréable que le peuple
russe pût souhaiter de ses fonctions psychologiq~es. En
effet : «,Rompant totalement avec les méthodes occidentales
que les libéraux ou les socialistes démocra~es s'efforçaient,
pendant la première partie de la Révolution, de plaquer
sur le vieux fond slave, les bolcheviks n'ont jamais conçu
le pouvoir comme une nappe d'autorité s'étendant de
la source au peuple, de telle sorte que le maître de la
source soit toujours le maître de l'épandage autoritaire.
Ils ont, au contraire, laissé l'autorité s'épanouir directe1. Voir en particulier le chapitre III: us bolcheviks et le peuple,
p. 69.

LA DtCADENCE DE LA LIBERTÉ

ment de la masse sociale, sans aucun sens de l'unité du
pouvoir ou de la personnalité de l'Etat. L'anthropomorphisme juridique qui a créé l'Etat, « être de droit », personne morale » et qui n'est qu'un aspect particulier de
notre philosophie occidentale de l'individu considéré
comme fin et centre du droit, est totalement ignoré par
le bolchevisme. On assiste alors à une floraison confuse
et luxuriante d'autorité, à de singuliers chevauchements,
à de surprenantes contradictions apparentes, qui nous
donnent l'impression, à nous Occidentaux, qui avons une
âme géométrique, du gâchis total, mais qui laisse l'âme
slave évoluer très librement à travers ces contradictions
et ces superpositions. C'est ainsi que l'on pourra voir
un soviet « local » - celui de Moscou - décréter la
« nationalisation » de l'industrie textile; parfois même ce
sera un simple quartier - celui du rayon de Poluostrovo - qui décrètera la « nationalisation » de tous les
immeubles. On verra, dans la même ville, des autorités
très différentes coexister, sans qu'il y ait opposition
violente ou incohérence réelle. A Moscou, par exemple,
les anarchistes établiront une autorité tout à fait distincte des bolcheviks, réquisitionnant les immeubles et
Y installant des services. Le désordre n'est pas accru : le
drapeau noir remplace seulement le drapeau rouge sur
les lieux réquisitionnést. »
. Le bolchevisme est l'épanouissement à peine organisé,
à peine systématique, des instincts russes. Ce qui nous
trompe et nous fait croire qu'il est un régime adventice
et arbitraire, imposé par la force à une masse récalcitrante, c'est la tyrannie qu'il exerce envers les individus.
t.

Voir la Russie bolcheviste, .p. 213-14.

�520

LA NOUVELLE REVUE 'FRANÇAISE

Mais il faut nous rendre compte que les Russes n'ont pas
de quoi percevoir cette tyrannie : elle ne froisse et ne
contrarie en eux que des velléités idéalement faibles,
tandis qu'elle en flatte au contraire et en favorise de très
puissantes: et d'abord le besoin de commandement collectif. Le Russe n'imagine rien de plus beau que de pouvoir
discuter, décréter, régenter, mais toujours par le moyen
et par l'intermédiaire du groupe auquel il adhère. Il se
moque pas mal d'être morigéné et même violenté en
tant qu'individu, il recevra volontiers le fouet, pourvu
qu'il puisse, en tant que membre de quelque « conseil »,
manifester son autorité, prescrire des règlements, dicter
des lois.
Encore une fois le soviet lui donne toutes les satisfactions dont il a jamais pu rêver : c'est d'abord un endroit
où l'on est à plusieurs, où l'on peut bavarder et se plaindre
ensemble: où l'on peut se livrer, sans crainte désormais
d'être dérangé par la police, à ces interminablesrazgovori1
dont parle M. Antonelli 11• C'est ensuite un moyen de
fixer aux individus des devoirs et des charges, de les
rappeler sur un ton mi-grondeur, mi-suppliant, à l'humilité, à la charité, à la misère, de détruire ce produit mons
trueux de la liberté qu'est la richesse, de prendre des mesures draconiennes contre l'égoîste initiative de l'industriel
et du marchand, de réduire à coups de prikazi 8 tout ce
qui dépasse le niveau de l'Evangile. Le Russe est tout
entier, avec sa petitesse et avec sa sainteté, dans Je soviet.
C'est pour lui le milieu idéal, le seul où il puisse vraiment
x. Conversations, délibérations.
2. Voir la Russie bolchevisk, p. 72.
3. Ordre, décret.

LA DÉCADENCE DE LA LIBERTÉ

52I

prospérer et porter ses fruits. Je dirais presque qu'il ne
prend de véritable existence qu'au moment où son être
individuel vient ainsi se perdre, ou plutôt se retrouver,
dans l'être social, et qu'il ne reçoit le signe positif qu'en
s'intégrant dans cette entité.
C'est là un fait dont il faut bien comprendretoutel'importance pour l'avenir du monde. Jusqu'ici le socialisme
était quelque cho~e qu'on conçoit, qu'on étudie, ou même
qu'on applique. Il existait dans les livres et il y avait des
hommes de bonne volonté qui, à grand ahan, s'efforçaient d'en faire passer quelque chose dan:, la vie. Mais
le mal qu'ils se donnaient était si grand, si violente la
résistance qu'ils avaient à vaincre et si minces les résultats auxquels ils parvenaient, qu'on pouvait à bon droit ,
se demander si leur doctrine était autre chose qu'une
généreuse utopie, si elle était vraiment susceptible d'incarnation.
Grâce aux Russes commence pour le socialisme une ère,
non pas certes pratique, non pas de réalisation, mais ce qui est à la fois beaucoup plus et beaucoup moins de réalité. Il naît des socialistes, des socialistes tout faits,
antérieurs à leur doctrine et qui ne l'adoptent qu'à cause
de ses affinités avec leur tempérament. Il naît des gens qui
se mettent à vivre-bien ou mal? dans le bonheur ou dans
la misère ? la question reste réservée - à vivre tout de
même socialement. Un peuple, sans avoir à se forcer,
dépouille toute envie d'être libre;au moment même où la
déconfiture de son« tyran• lui en donne enfin le loisir, il
préfère autre chose. Il passe hardiment d'un seul coup
par-dessus la phase libérale de l'évolution politique,

�LA NOUVELLE REVVE FRANÇAISE

qu'on pouvait croire imprescriptible, et il revient tendre
docilement les mains à un nouveau despote, le despote
social. Ou plutôt il devient lui-même ce despote ; il nous
le montre pour la première fois en chair et en os ; sans
doute pas aussi concentré ni aussi « groupé » que les descriptions théoriques le faisaient attendre ; tout de même
à l'état naturel, doué déjà de vie et de respiration. « Les
morceaux en sont bons », pourrait-on dire : chaque soviet
représente déjà, d'une façon très suffisamment concrète,
cette « autorité directe de la masse sociale », qui est un
phénomène absolument nouveau et dont la possibilité
même pouvait faire jusqu'ici l'objet d'une question. Il
faut voir les choses en face : même s'il est vrai que le
peuple russe subit en ce moment d'affreuses misères,
même s'il se repent d'être bolcheviste, un fait subsiste :
c'est qu'il l'est, et que, par lui, en un point du globe,
l'existence socialiste a commencé.
JACQUES RIVIÈRE

PREMIÈRE VISITE AU LOUVRE
Le Louvre a ouvert enfin ses portes ou plutôt les a
entre-baîllées. Nous attendions ce moment avec une grande
impatience. Ceux-là mêmes parmi nous qw, en temps
normal, fussent restés plusieurs années sans entrer dans
un musée, sentaient obscurément la nécessité de revoir,
ne fût-ce qu'une fois, les œuvres dont ils furent par
force privés. Il nous semblait à tous indispensable de
nous faire une décisive opinion sur nos maîtres et en
même temps de nous situer, nous autres naufragés dans
!'Océan tourmenté de la peinture. Cette nécessité de
procéder à une espèce d'inventaire d'idéal et de moyens
réunit, pendant quelques jours, les artistes de tendances
les plus opposées, dont la plupart, hélas, trahissaient par
leur attitude et leurs propos, le désarroi profond de leur
esprit.
A travers l'imprécision des aveux, un sentiment unanime cependant se dégageait ; une constatation générale
s'affirmait, celle de la dérivation formidable subie par
notre vaisseau. Quel courant mystérieux l'avait donc ainsi
poussé hors du port, quel vent puissant l'avait déradé?
Explorer les régions inconnues où nous fûmes insensiblement emmenés, faire le point et trouver le plus court
chemin pour rejoindre, par des mers jamais parcourues,
un port traditionnel, voilà, j'imagine, la résolution que

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

durent emporter en leur atelier, après cette visite, les
plus clairvoyants d'entre nous.
.
Justement, au premier rang de ceux que nous vemons
voir, nous attendait un voyageur aventureux, reposé de
ses fatigues, nous servant d'exemple et de réconfort :
Renoir est enfin au Louvre avec un chef-d'œuvre, le
portrait de Mme Charpentier, et il nous accueill~ av,ec ~on
clair sourire français. On pense à Watteau, trait d UnIOn
entre Rubens et nous, mais, par ricochet, on ne peut s'empêcher de frémir devant ces reflets de perle, en songeant
aux couches successives de vernis dont d'impitoyables
« conservateurs » les recouvriront, comme ils ont, sans
vergogne, submergé les fraicheurs de Rubens et de Watteau. De chaque côté de Renoir, comme pour nous rappeler
que nous vivons à une époque hostile à toute hiérarc~ie
des valeurs, trônent,encombrants et sans beauté, FantmLatour, Degas et Dubufe. Nous n'avons aucune admir:·
tion ni pour Fantin, ni pour Degas, et Dubufe nous parait
à peine plus ennuyeux que ses voisins, dont nous nous contentons de respecter l'effort; à quelque impartialité que
nous nous appliquions, nous ne pouvons pas ne pas avouer
que l'intérêt documentaire de ces mornes toiles n~us
semble disproportionné avec leur étendue. La collection
Chauchard déshonore déjà le Louvre, mais elle figure
à l'écart, et on peut admirer des chefs-d'œuvre,
sans passer par cette boutique de bric-à-brac où règne
Meissonier le premier « intrus ». L'enterrement à Ornans
est resté des années en pénitence dans la salle sombre
que l'on sait. Pourquoi n'infligerait-on pas aux toiles
de Dubufe, de Fantin et de Degas, d'où la couleur
est totalement absente, et où la forme est exclusivement

PREMIÈRE VISITE AU LOUVRE

525
'

descriptive, une épreuve semblable, en attendant, pour
décider de leur sort, le jugement des gens du métier ?
Que l'on tente l'expérience d'un referendum parmi les
peintres, et on verra à quelles hauteurs ils placent, par
rapport aux trois peintres précités, les deux seuls génies
authentiques de notre époque : Renoir et Cézanne.
La collection Camondo, qui renferme d'admirables
toiles de Cézanne,n'est pas encore installée, mais à défaut
des œuvres du maitre d'Aix, le Louvre actuel nous
propose les Paysans des frères Lenain, qui nous adresseront, si nous savons les entendre, les mêmes injonctions
salvatrices.
Un des miracles qu'opère Cézanne consiste à faire
rebondir l'esprit aux plus grandes hauteurs, en partant
du plus bas possible. Le sublime pour lui ne réside pas
dans le su1et que l'on choisit, mais dans le résultat que l'on
obtient à force de ferveur. Ce n'est pas le point de départ
qui importe, mais la conclusion à laquelle une âme ardente
seule peut arriver. Cet idéal est devenu celui des peintres
modernes, encore que les œuvres cubistes le dévoilent
fort mal.
Voici les paysans des Lenain. Ils ne font rien qui
. sorte de l'ordinaire. Le peintre nous les représente dans
l'attitude la plus quotidienne. Nul mouvement ne les
anime, qui pourrait dramatiser la scène. Nulle obliquité,
nulle courbe : la verticalité sur l'horizontalité. C'est le
poème de ce que les grands seigneurs de la peinture appelleraient la médiocrité, le poème du devoir de tous les jours
a~cepté sans révolte. Les personnages de Lenain s'appliquent à dépenser le moins possible de gestes, à faire le
moins possible acte d'indépendance. Et le peintre est

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

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comme ces paysans un modèle d'application, d'obstination
au devoir. Il n'aborde pas son sujet avec une idée préconçue, un truc infaillible pour obtenir la beauté. Il
connaîtle « métier »; il possède une fois pour toutes des
moyens suffisants. Il n'essaie pas d'amplifier le sens de
son œuvre par un tour de main, un énervement de la
brosse, une agitation volontaire. Son travail reflète sa
sérénité intérieure. Il fait pour le mieux. Il ne bouscule
rien; il n'adopte aucun maniérisme qui pourrait troubler
la pureté de son interrogation : il analyse, et c'est là le
secret de sa grandeur; c'est là le secret de la grandeur des
peintres français. Des poètes agités, des peintres aux
visées grandioses nous ont trop parlé de l'Italie, comme
certains philosophes nous ont trop parlé de l'Allemagne.
Le« Colossal», le «Décoratif», nous ont trop longtemps
séduits. Il nous faut à tout prix réaliser que la pureté de
notre culture française consiste, non dans le goftt de la
quantité, mais dans un sens de la qualité que nous sommes
les seuls à posséder depuis les Grecs. Raphaël, certes, est un
héros de la peinture, mais ce qui fait sa grandeur dans son
pays est justement ce qui ferait son étrangeté en France.
Il peint directement des Dieux. Les meilleurs peintres de
chez nous peignent des hommes et ils obtiennent des Dieux.
Nous ne voulons pas affirmer que ce soit là le secret définitif de toute bonne peinture; mais actuellement le salut
des peintres de tous pays dépend uniquement de celui
des peintres français et le salut de ceux-ci dépend d'une
appréhension des vertus strictement françaises. Il nous
faut donc momentanément regarder d'un peu loin les
génies étrangers que nos pères, en d'autres conjonctures,
eurent profit à étudier, et décider, avec une volontaire

PREMIÈRE VISITE AU LOUVRE

intolérance, un parti pris qui n'exclut pas la lucidité,
que seule importe, en la crise aiguë que nous traversons
la leçon des maîtres français.
'
En la seule salle Lacaze, ce peintre anonyme du xvie
qui pourrait être Fouquet, Lenain, Ingres, avec se~
dessins prodigieux d'acuité et de style, le Chasseriau
« ingriste » et enfin Renoir nous exhortent à chercher le
salut dans l'analyse, à n'opérer de synthèse qu'à l'aide
d'éléments obtenus par une patiente interrogation de la
nature.
La première leçon que nous avons reçue est d'ordre
moral. Elle nous ~ été donnée par des peintres qui, pour
la plupart, cachaient leurs procédés, cc implicitaient »
leurs intentions. Effacer soigneusement les traces du
travail pour donner à l' œuvre d'art l'apparence du naturel
c'est la méthode classique pure. Nous est-il permis d;
redevenir classiques dans ce sens ? Trop d'éléments étrangers sont venus s'interposer entre la Tradition et nous
t~op d'événements étonnants ont eu lieu, trop de tenta~
tives ont ét~ osées, trop d'hypothèses émises pour que
nous re~ro~vion~, de longtemps encore, le repos spirituel,
la _s~currté m~éneure qui, seules, permettent l'application
pa1~1ble de l01s infaillibles. Quelque chose d'irréparable a
eu heu, qu: nous étudierons minutieusement un jour, dont
nous ét~bliro,ns ~a genèse, mais dont nous nous contenterons au1ourd hm de so'uligner le caractère essentiel
N?us ~oici dans la salle du Couro-nnement : des ~ffi.rmations e~?quent~s, un épanouissement de formes sculpturales. L 1IDpress1on de certitude qui s'en dégage n'est
P?urtant pas tellement forte que nous ne puissions
discerner l'an1orce de l'inquiétude moderne. David i:,

�- 528

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
PREMIÈRE VISITE AU LOUVRE

règne en maître. Presque toutes les œuvres portent le
sceau profond de son influence. Il est co~venu ~ue les
portraits seuls de cette école méritent 1 attention._ Ils
sont en effet d'un accueil facile et, à quelques exce?tions
près, conservent le sourire engageant d:' portnuts d_u
xvme siècle. Mais ces toiles ne pourra.ient nous temr
qu'un langage déjà entendu à la s~e. précédente: N~us
sommes venus chercher autre chose 1c1 ; une exphcat1on
du malaise dont nous souffrons ; une image de nous-mêmes
réduite, mais déchiffrable. La toile dans laquelle nous
nous reconnaîtrons le mieux est justement celle dont
Cézanne avait fixé une reproduction à son mur : les
Sabines. Le maître d'Aix porta souvent sur c~tte œuvre
un jugement où son fonds natal de romantis~e et sa
volonté de classicisme entremêlent les affirmations contradictoires. On sent qu'elle le tourmentait. ~l dut souvent
jeter sur la photographie des regards de désir et de_désespoir, et peut-être ces lignes droites et ~ourbes, qm, _dans
ses tableaux à lui, s'emmêlent, se conJ~guent, :e repondent et s'opposent avec une telle science, n ont-elles
cette démarche savante que parce qu'elles obéissent au
rythme dont les Sabines contiennent ou plutôt avouent le
secret.
.
Il faut faire effort pour se séparer du tableau des ~nam.
Ce sont les Sabines, qui, maintenant, nous retiennent
prisonniers. Merveilleuses et fécondes ca~tivités ! Les
personnages de Lenain, devant le regard mterrogateur,
abandonnèrent insensiblement leur enveloppe fruste,
et montrèrent doucement leur âme; le repas de paysans
disparut peu à peu pour faire place à une assemblée de
Dieux méditatifs. Les personnages de David nous parlent

dans un langage moins direct, plus métaphorique. Ils
s'expriment par signes. Leur expression profonde ne
gît pas cachée au creux des replis de leur visage. Celui-ci,
au lieu d'absorber toute l'émotion se simplifie pour n'être
qu'un détail de la figure générale. Et cette figure ellemême se dédouble en gestes, elle devient hiéroglyphe et
prolonge sa géométrie par c~lle des casques, des lances
et des boucliers traçant sur le fond amorphe la trame de
leurs affirmations éloquentes. Le public inculte èt paresseux, uniquement sensible à l'anecdote, ne voit là que
l'étalage un peu naïf d'une quincaillerie pompeuse. Mais
qui sait voir au delà de la signification étroite des formes
et s'évader des racines pour contempler le faîte de l'arbre,
goûtera de pures émotions pla.stiques.
Au sein des plus dangereuses frivolités picturales
du xvme siècle, David, plein d'un juste courroux, s'élève
au-dessus du chaos. Dieu des peintres lucides, il épure,
sépare et délimite les éléments confondus par la trop
aimable négligence des Boucher et des F ragona.rd, premiers
impressionnistes. Il maîtrise le désordre ; dès que le
mouvement devient trop sentimental ou trop tragique,
il y renonce. Il n'est pas de mêlée si compacte ou si
confuse qu'il ne sache l'arrêter en une minute solennelle.
Ses guerriers et ses femmes, dans le tableau des Sabines,
ne consomment pas l'action qu'ils ébauchent. Suspendus
au bord de l'abîme du ridicule - comme tous les héros ils arrêtent leur geste au sommet de sa trajectoire, et
s'immobilisent pour l'éternité.
Les Paysans et les Sabines s'opposent et se complètent merveilleusement, pour notre éducation. Ils semblent situés aux deux pôles. de l'activité artistique.
3i

�53°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

L'étude de leurs dissemblances et la recherche de leurs
points communs seront pour nous fécondes en enseignements. L'analyse du « cas» David jettera un peu de
lumière sur notre propre cas. Avec les Lenain, nous
sommes en contact avec des peintres qui, sans s'en apercevoir, se servaient d'un métier qu'ils avaient appris et
dont l'emploi leur était devenu instinctif. Toutes leurs
recherches visaient le choix d'un sujet dont l'apparente
vulgarité ne fftt pas incompatible avec la nobl_esse. Davi_d
arrlve à un moment de grande défaillance. Il lw faut réagir
contre le premier flux violent du romantisme et lutter à la
fois contre la sentimentalité ou la mièvrerie des sujets,
encouragée par les littérateurs (Diderot en particulier) et
contre la virtuosité trop hardiment étalée. Comme un
conducteur dont l'attelage faiblit tout à coup serre les
rênes qu'il laissait flotter et calcule la force du _fouet
jusque-là inutile, David a besoin, po?1' mener_ à ~1en sa
besogne, de réaliser tous les pouvoirs dont 11 dispose.
Il surveille et souligne son jeu. Il met en évidence ses
moyens et les explique. Voici le maître emporté ~ar ce
courant qui devait nous mener si loin. (Jusqu'au cubisme.)
Le caractère de la peinture moderne n'est-il pas dans ce
penchant à la confidence, dans ces démonstrations sur
la toile que fait le peintre de ses méthodes? C'est ~ar
les tableaux de David - tableaux d'histoire ou portraits
(les originaux de ceux-ci ne déploien_!:-ils pas leurs bras
ou n'inclinent-ils pas leur visage selon la même courbe
qu'un bouclier ou le même angle que souligne une épée?)
_ c'est dans la salle du Couronnement que nous assistons
à la naissance d'un événement tout à fait nouveau en
peinture: l'enivrement de l'artiste à manier les ~léments

PREMitRE VISITE AU LOUVRE

531

de son métier. La pensée réduisant l'objet de sa méditation jusqu'à ne lui demander qu'une orientation, et
s'alimentant d'elle-même ; le peintre se substituant à la
nature après avoir accordé à celle-ci la référence la plus
courte, voilà, grossi pour plus de clarté, l'accident irréparable qui s'est produit.
Des esprits chagrins le déplorent. Plutôt que de nous
demander si c'est un bien ou un mal, ce dont il n'appartient qu'à l'avenir de juger, ne serait-il pas préférable
de tirer de cette situation nouvelle le meilleur parti ?
Ne nous demandons pas plus longtemps si nous eûmes
tort ou raison de nous laisser entraîner par un courant
inconnu. Nous avons la chance d'être mus par des forces
qui cesseront d'être dangereuses le jour où par nos soins
elles cesseront d'être aveugles. Il nous suffira, pour échapper au désastre que l'on prédit inévitable, non de revenir en
arrière, - folie que tentent certains essayistes malheureux
- mais d'assumer courageusement les fatalités qui nous
mènent. Avoir conscience du danger que l'on court, c'est
déjà posséder les moyens d'y échapper. Et puis n'avonsnous pas, étoile de notre ciel et boussole de notre pont,
le conseil d'humilité de nos maîtres français?
Est-il si difficile de tirer une conclusion et d'emporter
un encouragement de notre première visite au Louvre,
malgré les antinomies que la comparaison de deux
œuvres types nous a fait relever ?
Nous considérons David comme le prototype du peintre
moderne, comme l'artisan de cette révolution qui Sd
continue en nous plus que nous ne la continuons. Le trait
qu'il possède en commun avec les peintres traditionnels
est celui qu'il nous est indispensable de conserver, puis-

�532

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

que cette survivance d'un principe prouve son immutabilité. Ce trait commun, cette vertu essentielle est précisément la moins en honneur, la moins répandue chez les
artistes contemporains. C'est la faculté de soumission à
l'objet, cet effacement provisoire, mais primordial, du
peintre devant la réalité, cette recherche, ou cette acceptation, dans la réalité, des motifs générateurs de l' œuvre
d'art.
Tâchons d'en retrouver le secret. Mais ayant recueilli
cette leçon, sachons aussi approfondir la différence radicale que nous avons aperçue, entre l'art qu'inaugure
David et celui de ses prédécesseurs. Etudions dans tous
ses détails le mal dont nous souffrons et dont nous avons
découvert les origines ; nous en guérirons précisément
en le cultivant. Pratiquons une homéopathie savante et
salutaire. Une fois en paix avec notre conscience, en
règle avec la Tradition, montrons courageusement dans
nos œuvres notre immixtion parmi les objets et n'ayons
pas peur de convertir en motif le mobile classique. Rendons explicite ce qui ne fut qu'impltcite 'jadis. La fougue
des improvisateurs, la minutie des naturalistes se trouveront fort mal de ces nouvelles méthodes de travail.
Faut-il le regretter ? Rejetons toutes les inquiétudes
et travaillons joyeusement, les yeux fixés vers le lieu
où nous savons trouver cette« passe» étroite qui des mers
agitées conduit au hâvre du salut.
ANDRÉ LHOTE

533

LE PÈRE HUMILIÉ
ACTE I
SCÈNE PREMIÈRE
La sctne est à Rome, le four de la
fête de Saint Pie, le 5 mai 1869, qui
est aussi l'anniversaire de la mort
de Napoléon. Fête travestie dans les
jardins de la villa Wronsky d'où l'on
domine toute la ville. Une belle
nuit où flotte encore la rougeur du
crépuscule. Tous ces arbres à la
verdure foncée.

PENSÉE DE COÛFONTAINE (costume d'Autom~e)
SICHEL (la Nuit), au bras du
PRINCE WRONSKY (le Fleuve Tibre).
PENSÉE, avec une expression d'angoisse au milieu
de la scène, elle fait un pas en allongeant le bras comme si
elle allait tomber. - Mère, où es-tu ?
SICHEL, courant à elle. - Pensée ! Me voici, mon
enfant.
LE PRINCE, s'approchant. - Vous êtes souffrante
'
mademoiselle ?

�534

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

PENSÉE. - Ce n'est rien.
SICHEL, la soutenant. - Quelque malaise de jeune
. fille. Pensée, mon enfant ! (Elle la fait asseoir sur un banc.)
Excusez-nous, Prince, je vous prie. Ce n'est rien.
LE PRINCE. - Je laisse donc l'Automne entre les
bras de la Nuit.
Il sort.
Moment de silence.
PENSÉE, relevant la tête, avec un faible sourire. - Je
crois bien que je me suis évanouie.
SICHEL. - Pensée, c'est moi! Pourquoi me faire
peur ainsi?
PENSÉE. - Me voici de nouveau vivante. C'est
doux de revoir la lumière.
SICHEL. - Ne me perce pas le cœur.
PENSÉE. - Mais peut-être que si je voyais je n'entendrais pas aussi bien.
SICHEL. - Tu m'entends, mon enfant bien-aimée,
et tu sais que je t'aime.
PENSÉE. - Oui, mère.
SICHEL. - Ne me regarde pas ainsi avec ces yeux si
beaux!
PENSÉE. - Est-ce que mes yeux sont beaux ?
SICHEL. - Les autres reçoivent la lumière, mais les
tiens me la donnent.
PENSEE. - Et personne ne les voyant ne penserait
que je suis aveugle ?
SICHEL. - Ne dis pas ce mot 1
PENSÉE. - C'est vrai qu'on peut me voir rren qu'en
me regardant?
SICHEL. - Ce ouP. nP.11vent voir nos yeux à nous.

LE dRE HUMILIÉ

•

535

PENSÉE. - 11 y a donc en ceux-ci une grande puissance.
SICHEL, lui caressant la main. - Ce sont de beaux
yeux bleus, d'un bleu pur et presque noir.
PENSÉE. - Comme le raisin en sa saison.
SICHEL. - Comme le raisin en sa saison, oui, c'est
ce que je t'ai dit un jour, tu te rappelles? Ce matin que
nous étions sorties ensemble, de si bonne heure.
Et tu voulus alors te rendre sensibles ces grappes toutes
lustrées de la fraîcheur nocturne,
Entre les feuilles qui étaient devenues comme de l'or
sous tes doigts, mon bel Automne !
Silence.
PENSÉE. - Que c'est gentil de me faire comprendre
les choses! Que c'est gentil de ne pas me parler comme à
une... , comme à une in~ortunée.
«Bleu».
Crois-tu que cela ne réponde à rien pour moi ?
SICHEL. - Je sais que tu sais tout.
PENSÉE. - Bleu, Rouge, de l'or, la belle couleur
verte, crois-tu que cela ne réponde à rien pour un aveugle ?
Tout cela est en lui d'avance, comme le monde avant
qu'il ne fût fait.
La pauvre âme en ce qui est d'elle fournit tout ce qu'il
faut pour voir.
Chaque couleur et la plus petite nuance.
Moi aussi je puis en parler et il ne faut pas me le
défendre.
SICHEL. - Ce soir si beau...
PENSÉE. - J'en jouis autant que toi, mère!
Tout à l'heure, oui, c'était vraiment de l'or, je le sais,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

cette impression solennelle, cette température divine,
cet air sur ma face, cette caresse sur mon corps nu dont
je sens toutes les variations,
Par quoi s'annonce la Nuit,
Désirée de beaucoup, comme moi, je désire le jour!
La vigne aussi, eh bien, où sont ses yeux? Et auprès
d'elle qui est-ce qui connaît le soleil? C'est de lui qui
sont faites ces grappes à mes tempes !
Les autres autour de moi, toutes ces personnes,
Qu'est-ce qu'ils savent des choses, n'en prenant bien
vite que ce qui leur est nécessaire, deux clins d'œil pour
se guider au travers de leur petite comédie?
Mais moi, tout me parle, tout me touche jusqu'au fond
du cœur.
- Cette voix par exemple que j'entends.
SICHEL. - Je n'entends point de voix, ma fille.
PENSÉE. -Tu ne l'entends pas, ma mère, mais moi,
je l'ai entendue. Il a cessé de parler et je l'entends encore.
Il parle et mon âme tressaille de l'entendre.
SICHEL. - Pensée, qui est-ce '?
PENSÉE. - Qu'importe? Il n'a point de nom. J'ai
entendu seulement cette parole qui parlait.
SICHEL. - Pensée, qui est-ce ?
PENSEE. - Et que veux-tu savoir, quand lui-même
ne sait rien encore? Heureuse que je suis! C'est lui qui
m'a choisie ce soir entre toutes les autres jeunes filles,
sans qu'il le sache.
SICHEL. - Et c'est cela tout à l'heure qui t'a causé
une émotion si vive ?
PENSÉE. - J'ai perdu mes repères quelque peu.
SICHEL. - Je n'étais pas loin de toi.

LE PÈRE HUMILIÉ

537

PENSÉE. - Je suis perdue désormais partout où je
ne suis pas avec lui 1
SICHEL. - Parole dure pour ta mère.
PENSÉE. - Pardonne! je ne sais ce que j'ai dit.
Et quand il ne serait jamais à moi, rien ne peut empêcher
que je ne l'aie trouvé!
Je l'ai trouvé, et lui, me trouvera-t-il dans les ténèbres
où je suis?
Cette joie inattendue, et ce malheur qu'elle m'a révélé!
Tout cela d'un même coup comme une lame en plein
cœur !
SICHEL. - Va, il ne t'aimera pas comme je t'aime.
PENSÉE. - M'aimer, grand Dieu! Et qui parle de
cela ? Quel mot dis-tu ? oui, je le veux I il ne me connaitra
jamais. Que parlais-je de ténèbres ? Heureuses ténèbres,
qui me permettent d'y être si bien cachée !
Ah, je n'y suis plus seule désormais et la découverte
de ce seul moment est assez grande ! Viens, fuyons !
Comment me laisserais-je enlever mon secret ? Que ferat-il d'une aveugle? Que ferai-je s'il vient à me deviner ?
C'est sûr, il me repoussera. Que ferai-je s'il me méprise,
ou si seulement il vient à s'apercevoir de ce sentiment ?
- Belle? Tu m'as dit quelquefois que j'étais belle,
maman?
SICHEL. - Trop pour que tu me sois laissée.
PENSÉE. - Aussi belle que la plus belle en ce monde
que je ne connais pas ?
SICHEL. - Tu le sais, et ton jeune cœur en toi suffit
pour te l'apprendre.
PENSÉE. - Dis, est-ce que tu m'as fait bien belle
ce sdir?

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

SICHEL. - N'as-tu pas entendu ce que disait le Prince,
tout à l'heure ?
PENSÉE. - C'est vrai que tu as fait de moi un si bel
Automne
Qu'on l'appelle à bon droit cette saison où le soleil
est plus près de nous et qu'il se laisse vendanger à pleins
rayons,
Comme une vigne animée de tant de grappes qu'elle
fait rompre tout et qu'elle ne réussit plus à tenir à ce
mur où on l'avait crucifiée ?
Un Automne si ardent, le moment qui consomme tout,
que toutes les autres saisons y cuisent ?
Ma grande vigne pleine de grappes qui croule dès que
son maître y touche et dont il est comme submergé, ce
grand pampre-ci que les bras ne suffisent pas à maintenir, ah, ce n'est pas avec les yeux seulement qu'il en
connaîtra le fruit, voici l'ivresse pour les..Iui fermer !
Et pour en épuiser la sève, ce n'est pas affaire seulement que de la saisir.
SICHEL.-C'est ainsi que parle la Fiancée de Salomon
dans nos livres.
PENSÉE. - Mon sang est le tien, mère.
SICHEL. - Oui, tu es une Juive comme moi. Et cependant il y a en toi quelque chose qui ne vient pas de nous
autres et qui m'étonne.
PENSÉE. - Cela qui vient de mon père ?
SICHEL. - Oui, ou de plus loin. - Tu sais qu'entre
ton père et moi, tu peux appeler cela un mariage, oui,
ce fut une espèce d'alliance réfléchie.
- Quelque chose d'entièrement nouveau et qui n'est
pas de nous.

LE PÈRE HUMlLilt

539

PENSÉE. - L'important n'est pas de qui nous sommes
nés, mais pour qui.
SICHEL. - Tu le sais ?
PENSÉE. - Oui, mère, je le sais aujourd'hui.
SICHEL. - Et comment voudrait-il d'une aveugle et
d'une Juive?
PENSÉE. - Tu as donc deviné qui est cette personne ?
SICHEL, ambigua et tout bas. - Orso de Homodarmes.
PENSÉE. - Je ne sais qui est cet Orso.
SICHEL. - Celui qui te parlait tout à l'heure.
PENSÉE. - Je ne sais. Je ne l'écoutais pas.
SICHEL. - Mais lui te regardait.
PENSÉE. - Oui. Que m'importe.
SICHEL. - Mais ce n'est pas Orso que je voulais dire.
Où avais-je la tête ? C'est son frère, celui que nous
sommes àllées voir l'autre jour. Comment l'appelle-t-on ?
Un nom étrange.
Orian de Homodarmes.
PENSÉE, lui mettant la main su, la bouche. - Non, ce
n'est pas lui !
SICHEL. -Ah! mon enfant, tu ne peux rien me cacher.
PENSÉE. - Non, ce n'est pas lui !
·
SICHEL. - Je le savais avant toi. Ce jour où nous
sommes allées le voir dans sa maison, ce vieux petit
palais que tu aimes tant et que tu nous as forcés à
acheter.
Ce jour-là même, j'ai reçu un avertissement.
PENSÉE. - Mais je ne l'aimais pas alors et l'avais
à peine remarqué.
SICHEL. -Ah! c'est moi qui t'ai faite, et je sais tout
d'avance 1

�540

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

PENSÉE. - Pourquoi donc m'avoir amenée ici ce
soir?
SICHEL. - Déjà j'avais parlé à ton père.
PENSÉE. - Mon père? Ils n'ont point de fortune.
SICHEL. - Oui, mais ils sont neveux du Saint-Père,
Orian est son filleul.
·PENSÉE. - Toi-même, mère, que dis-tu?
SICHEL. - Pensée, comment aimerait-il une aveugle
et une Juive ?
PENSEE. - Oui, cela est impossible.
SICHEL. - La fille de son ennemi? L'ennemi du
Pape, - car il sait l'œuvre que fait ton père
A Rome et à Paris.
PENSÉE. - Non, il ne peut m'aimer.
SICHEL. - Sa maison même, nous venons de la lui
prendre.
PENSÉE. - Pauvre garçon !
SICHEL. - Quelqu'un dit qu'il veut embrasser la
carrière écclésiastique.
•
PENSÉE. - II reste Orso.
SICHEL. - Pour moi, c'est celui que je préfère.
PENSEE. - Il ne me plaît pas.
SICHEL. - Mais comment peux-tu les distinguer?
Leurs voix sont si semblables
·
Que je ne puis y voir différence, pour mon oreille qui
est celle d'une musicienne.
PENSEE. - Non, ils ne sont pas semblables.
SICHEL. - C'est Orso qui est le plus fort et le plus
beau. On ferait quelque chose de lui.
PENSÉE. - Oui. C'est peut-être lui que j'aimerais,
si je voyais clair.

LE PtRE HUMILIÉ

541

SICHEL. - Orian ne pense pas à toi. ,
PENSEE. - Mais s'il venait à y penser cependant ...
SICHEL. - Nous ne le verrons plus.
PENSEE. - Et quelle manière m'as-tu donnée de
cesser de le voir ?
SICHEL. - Pardonne-moi !
PENSEE. - S'il venait à penser à moi, - et je sais
qu'il n'y pense aucunement, tu dis vrai! Le voici non
loin de moi comme un homme entièrement libre et
dégagé,
Sans savoir que cela n'est pas et de quel lien je lui
suis déjà attachée,
Oui, qu'il le veuille ou non ...
SICHEL - Ce lien peut se rompre encore.
PENSÉE. - S'il venait à y penser cependant,
Que faire alors ? Où le fuir ? Quel moyen de me retirer ?
S'il venait à penser à moi,
Ce n'est pas parce que je suis aveugle qu'il cessera de
voir ma part de la lumière I Ce n'est pas parce que je
n'ai point d'yeux qu'il ne me voit pas! Ce n'est pas parce
que je ne connais point mon visage qu'il l'ignore !
Ce n'est point parce que je suis privée de tout que j~
puis aussi me passer de lui !
SICHEL. - Mais lui peut se passer de toi.
PENSÉE. - Qui le sait ?
SICHEL. - Crains de lui faire pitié.
PENSÉE. - C'est à lui de craindre.
SICHEL. -Quel orgueil un homme tirera-t-il de cette
femme qui l'aime sans le voir?
PENSÉE. -C'est à lui de voir, c'est à moi d'être assez
belle pour qu'il me voie et que je voie par lui.

�542

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

SICHEL. - Mais il ne t'aimera pas.
PENSEE. - Et moi, est-ce que je demandais de
l'aimer?
SICHEL. - C'est moi seule, qui t'aime.
PENSEE. - Oui, mère.
SICHEL. - Cet homme que tu ne connais pas et qui
ne te connait pas davantage I Et quand même j'aurais
voulu que tu l'épouses, maintenant je ne le veux plus 1
Ah, tu l'aimes, je le vois, et c'est cela qui m'épouvante!
De tels sentiments la fin ne peut être heureuse.
PENSEE. - Mère, est-ce que j'ai été une fille mauvaise jusqu'ici? Une personne déraisonnable et qui ne
sait ce qu'elle veut ?
SICHEL. - Non, Pensée, tu es ma sage enfant, la
joie et le remord!' de ta mère.
PENSÉE. - Pourquoi le remords ? Appelez-vous
cette nuit où je suis un malheur ?
SICHEL. - Ph1t au ciel que je puisse la prendre pour
moi.
PENSÉE. - L'appelez-vous un malheur? Non, je le
sais et je viens de l'apprendre, elle est le bonheur de ma
vie, plus grand que je ne l'avais mérité.
Si je voyais, je serais moins à lui. Si j'étais moins obscure, il y aurait moins de bonheur à m'avoir trouvée.
SICHEL. - Cet homme qui nous est hostile, je le sens,
je le sais I Peu de joie nous attend de sa part.
Bruit de voix au dehors.
PENSÉE, lui saisissant la main. - Mais non, si tu le
veux, viens I Nous ne le verrons plus. Allons-nous-en !
SICHEL. - Partons. Et d'ailleurs je tremble de te ..

LE PÈRE HUMILit

543

laisser ainsi aller seule. Pourquoi ce caprice de n'avoir
pas voulu que l'on sache encore que tu es aveugle ?
PENSÉE. - Je viens à peine d'arriver en ce pays.
Laisse les gens croire en moi pendant ces quelques
jours.
Personne s'en est-il donc aperçu ce soir?
SICHEL. - Non. Tu te diriges partout dans ce jardin,
non pas comme si tu voyais clair, c'est différent,
Mais parmi toutes ces choses nouvelles comme si tu
t'étais entendue d'avance avec elles, une espèce de connivence.
PENSÉE. - Ne nous sommes-nous pas promenées
ensemble hier dans ce jardin et ne m'as-tu pas tout
expliqué?
SICHEL. - Et cette seule visite t'a suffi ?
PENSÉE. - Viens 1
Elles parlent en s'éloignant vers ·
le fond, pendant que la scène se
remplit peu à peu des personnages
àe la partie suivante.
Comment te faire comprendre,? J e ne sais, c'est quelque
chose comme le don des trouveurs de sources.
Le pied seul me ferait connaitre où je suis, mille bruits,
mille touches, mille différences de son que vous n'entendez
pas, mille signes aussi instantanés que le regard.
L'attention toujours éveillée, la conscience de ses
mouvements, le sentiment de la distance, un peu de
finesse.
Et même sans tout cela, je suis avertie intérieurement
de tout. Vous lisez, et moi je sais par cœur.

�544

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

SCÈNE II
Entrent par divers c~tés COÛFONTAINE (le ver-luisant),
ORIAN DE HOMODARMES (le Jardinier),
ORSO DE HOMODARMES (l'ingénieur Florentin),
SICHEL, LE PRINCE WRONSKY, LADY U. (la Ville
de Rome).

COÛFONTAINE. - Mesdames, je vous l'amène, le
traître voulait nous échapper. Oui, que complotiez-vous
là-bas, s'il vous plaît, avec votre frère, sous la statue de
Jupiter tonnant ?
SICHEL. -Eh quoi, mon cher chevalier, déjà partir?
ORIAN DE HOMODARMES. Mon service
m'appelle demain au Vatican de fort bonne heure.
LADY U. - Mille choses à votre parrain!
ORIAN. - Quel est ce beau costume, Milady?
LADY U. -Je suis la ville de Rome!
ORIAN. - Le Saint-Père sait tout l'amour que Rome
lui porte.
COÛFONTAINE. - Mais il ne faut pas partir 1
Pensée, dites-lui de rester !
I
•
Vous connaissez ma fille, chevalier ?
ORIAN. - J'ai eu le plaisir de rencontrer mademoiselle, l'autre jour.
SICHEL. - Tu sais, Louis, quand nous sommes allés
acheter le palazzino.
PENSEE. - Restez !
LE PRINCE. - Il faut se rendre.
ORSO. - Reste, Orian, je te le demande.

LE PÈRE HUMILIÉ

545

ORIAN. - Je reste.
LE PRINCE. - Merci, Orso. Donne-moi ces dernières
heures, mon petit.
Demain il n'y aura plus de villa Wronsky et de Prince
Doublevé.
C'est demain que l'on me saisit et j'ai invité toute la
Ville à passer la nuit avec moi et à attendr~ le moment où
paraîtra avec le soleil le funeste mandataire de la Loi
escorté de ses satellites !
'
Tout ce qu'il y a à Rome de Français, d'Américains,
d'Anglais, de Scythes et de Sarmates parmi les authentiques fils de la Louve,
Les gens du Vatican et ceux du roi Galant-homme
Tout cela à l'abri des masques est chez le vieux Princ;
cette nuit et de sa maison et de son jardin ne fait qu'un
seul feu de joie !
Tout est plein d'intrigues, d'amours, de conspirations,
de musique et d'éclats de rire!
De longs aveux que les belles rêveusement, autoqr du
doigt, se roulent comme des rubans de satin et de grands
secrets impromptus qui partent comme des coups de
pistolet!
Il Y a un punch qui brfile tout seul dans ma salle à
manger.
Il Y a une fusée qui monte au ciel, il y a un luth qu'on
accorde quelque part.
Il Y a un amant et sa maîtresse dans l'endroit où l'on
fait les couteaux, qui ont juré de se séparer éternellement
et qui pleurent toutes les larmes de leur corps !
(Et tous les domestiques l'un après l'autre dix fois de
suite qui ouvrent la porte et la referment précipitamment.)
35

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

546

Il y a un piano sous les arbres tout entouré de_ mouches
à feu et un monsieur à grosses moustaches, le ci~are à l~
bouche, qui fait do naturel dessus avec un doigt aussi
long qu'une canne.
Il y a sur la place au-dessous, toute une bande de mules
dansantes et sonnaillantes, toutes garnies de mant~aux'.
de paniers, de lanternes et d'escopettes, pour les amis qw
sont venus nous voir de la campagne.
Et il y avait un vieux fou tout à l'heure du haut du
• bosco » qui regardait sa Rome pour la dernière fois,
La ville aux cent dômes, dans l'obscurité avec une
seule place rougeoyante comme un feu de bivouac,
D'où sortait le bout d'une colonne antique surmontée
de la statue d'un Apôtre 1
LADY U. - Prince, toutes les maisons de Rome seront
les vôtres.
LE PRINCE. - Merci, Capitole! Que je vous embrasse
pour cette bonne parole 1

Il (ite sa barbe, et, l'ayant accrochée à une branche, fait le geste
d'embrasser sa voisine.
LADY U, riant. _ Prince, je vous en prie I Behave

yourself, sir 1
COÛFONTAINE. _ Que devient le Tibre sans sa
barbe?
SICHEL. _ Il a profité de sa fausse barbe pour raser
la vraie. Prince, mais que vous êtes drôle ainsi 1
Quelle bouche bonne et sensuelle, fraîche comme celle
d'un enfant I Il a cette longue lèvre supérieure d'un
homme qui est fait pour jouer de la clarinette.
· p nnce.
·
r Oui'
LADY U. - Mais je vous reconnais,

LE PÈRE HUMILIÉ

547

~ous_ av?ns. fait une traversée ensemble, du temps où
J étais 1 étoile de la Compagnie Trombini, quand on
mettait quarante jours pour aller de Ténériffe à BuenosAyres.
LE PRINCE. - Eh quoi, cruelle, vous m'aviez oublié 1
Et tous ces beaux couchers de soleil donc, auxquels nous
avons prêté assistance,
Et ces nuées de poissons volants qui se levaient sous
notre étrave en frétillant, comme les Amours autour du
char d'Amphitrite !
ORSO. - Tout le monde a l'air de se retrouver ce
soir. Vrai ! pour se faire reconnaître, il n'est rien de tel
que de se déguiser.
1

LE PRINCE. - Eh quoi, vous m'aviez donc oublié?
LADY U. - Non, prince. Pourquoi ne m'avoir jamais
rappelé ces belles nuits de l'Equateur ?
LE PRINCE. -Bah! Tout a changé tellement I Vous
n'êtes plus cette Beltramelli dont je baisais le poignet,
- Avec un fragment de la Croix du Sud dans chacun
de ses yeux noirs !
Mais je ne sais quelle Lady U. !
LADY U. - Si fait I C'est toujours la« Lionne Italienne», comme on m'appelait sur les affiches de Pernambouc, l'héroïne du Trente avril, l'amie de Mazzini et de
Garibaldi!
COÛFONTAINE, montrant Orian. - Chut!
ORSO. - Bah, ne sommes-nous pas tous en vacances
ce soir?
COÛFONTAINE. - Il est vrai. C'est comme une de
ces dernières classes que l'on fait au mois de juillet, quand
on ne prend plus au sérieux le professeur,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

On sent tellement qu'il y a quelque chose qui va finir !
LADY U., regardant Orso. - Dès que messieurs les
Français seront partis.
ORSO. - Jamais! Ils me l'ont dit. Qui pourrait
s'arracher de l'Italie ?
LE PRINCE, agitant la main. - Adieu, chère Rome !
SICHEL. - Prince, quel est ce camée que je vois à
votre bras?
LE PRINCE, le lui montrant. - Il vous plaît ? Quelle
jolie tête, n'est-ce pas ?
SICHEL. - C'est étrange. Elle me rappelle quelqu'un.
LE PRINCE. - Moi aussi. C'est pour cela que je le
porte toujours. Elle s'appelait Lumîr.
La comtesse Lumîr. Pauvre fille, elle est morte tristement! - C'est à ce moment que j'ai quitté la Pologne.
SICHEL. - N'était-elle point la sœur d'un nommé
Posadowski?
LE PRINCE. - C'est possible. L'avez-vous connu?
SICHEL. - Le comte l'a connu autrefois,
En Algérie, Louis, tu te souviens ?
COÛFONTAINE. - Vaguement. C'était un grand
ivrogne.
LE PRINCE. - Che fare ? On boit. Il faut bien remplacer ces deux grandes ailes dans le dos qui, autrefois,
faisaient l'accoutrement de nos houzards ?
LADY U., à Orian. - Mais vous aussi, chevalier, quel
bijou magnifique vous portez à votre doigt ?
ORIAN. - C'est un joyau de famille. On l'appelle« la
pierre qui voit clair ». On n'a qu'à fermer les yeux et la
main voit. Elle est là qui vous conduit au travers de
l'obscurité.

LE PÈRE HUMILIÉ

549

ORSO, lui prenant la main et l'emmenant à Pensée. ~oyez, mademoiselle, je vous prie. Regardez, vous qui
aunez les belles pierres.
P~NSÉE, comme si elle regardait, touchant légèrement
la pierre. - C'est un saphir, je crois ?
SICHEL. - Un très beau saphir.
PENSÉE. - Tout entouré de brillants. De ces vieux
brillants carrés qui ne bougent plus et dont le temps a
fixé l'éclat.
SICHEL. - Une belle bague de fiançailles.
ORIAN. - C'est elle qui me conduit ce soir.
:E~SÉE. - Croyez-vous qu'il n'y a que les pierres
qw 3.1.ent des yeux pour voir au travers de l'obscurité ?
ORIAN. - Les miens n'y suffisent pas.
PENSÉE. - Prince, ai-je beaucoup fréquenté votre
jardin ?
LE PRINCE. - Une fois I une fois seulement et je
n'étais pas là f
Une fois seulement vous m'avez fait l'honneur de visiter
ma pauvre maison.
PENSÉE. - Chevalier, gageons-nous que les yeux
fermés, je vous fais faire le tour du jardin et vous ramène
ici ?
SICHEL. - Pensée, mon enfant !
PENSÉE. - Laisse, mère !
Je ferme les yeux. -Ainsi 1- Votre main. - Cachons
bien cette pierre qui voit clair. - Venez monsieur le
Jardinier !
'

Ils sortent.
. COÛFONTAINE. - Pourvu qu'ils ne parlent pas politique!

�•

550

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LADY U. - Ce n'est pas un mauvais moyen de faire
couler à l'oreille de qui de droit les choses que soi-même
on ne peut pas dire.
COÛFONTAINE. - Vous me percez de part en part.
SICHEL. - Je crains que Pensée ne perde sa gageure.
COÛFONTAINE. -Bah! llsseretrouveronttoujours.
On va loin dès qu'on se laisse conduire par quelqu'un
qui ne voit pas clair. (A Orso.) Qu'en dites-vous, Florentin?
qu'en dites-vous, noir Ingénieur?
ORSO. - Je m'en vais. Il y a trop de secrets ici ce soir,
et trop de trahisons.
Je vais régler mon instrument. Il y a dans ce concert
d'eaux jasantes que j'ai distribuées de toutes parts
dans la nuit quelque chose de trop rapide et plein de
perfidie ! Il est temps que je leur donne un petit tour de
clef.
A peine avons-nous commencé à penser ou dire quelque
chose que leur pente s'en empare et c'est nous qui parlons
déjà, persuadés que c'est leur murmure encore.
Il sort.
LE PRINCE. - L'eau qui tombe sur de l'eau et la
grande masse grave
Des cloches quand elles- s'éveillent toutes ensemble,
le matin et le soir au moment de l'Ave Maria, comme des
Anges confus, et à midi,
Voilà ce que je n'entendrai plus demain !
COÛFONTAINE. -Et voilà le bruit que vous voudriez
faire taire, Milady ?
LADY U. - A Dieu ne plaise! Je suis bonne catholique.

LE PÈRE! HUMILIÉ

551

COÛFONTAINE. - Et cependant vous voulez
prendre au Pape sa maison.
LADY U. - Comment faire? Je vous le demande
à vous-même.
Comment séparer l'air de l'air, la terre de la terre, la
chair de la chair, le cœur du corps, et Rome de l'Italie ?
Vous, étrangers, dès que vous êtes à Rome, vous vous
y prenez comme l'enfant au sein.
Et nous, Italiens, nous nous passerions de notre mère ?
A
COUFONTAINE. -Le Pape est votre père.
LADY U. - C'est entendu.
- Vous êtes pour lui un ennemi plus dangereux que
je ne le suis, monsieur !'Ambassadeur.
COÛFONTAINE. - Quelle injustice ! Le Saint-Père
n'a pas de fils plus dévoué. Oui, je suis un fils pour lui.
Plût au ciel qu'il daignât parfois me prêter une audience
plus favorable !
LADY U. - Laissez-nous faire!
COÛFONTAINE. - Non. J'ai horreur des voies violentes! Je suis un homme de paix. C'est ce qui m'a fait
quitter l'armée autrefois.
Pourquoi cette intransigeance qui n'est pas de notre
temps? Ces prétentions sans mesure qui attristent tous
les sincères amis de la Papauté et, je puis le dire, tous
les vrais chrétiens? Que veulent dire ces défis? Cette
lnfai!libilité qu'on est en train de se faire décerner!
LADY U. - Oui, je l'ai souvent pensé. Tout cela fait
bien du tort à la religion.
COÛFONTAINE. - En un temps où elle est si nécessaire!
Où toutes les bases sont

�552

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Sapées! Oui, sapées, c'est le mot, je ne crains pas de
le dire.
Mais je m'échauffe, pardonnez! Je sens ces choses trop
vivement.
Mon nom est paix, accord, conciliation, transaction,
entente, bonne volonté réciproque.
LADY U. - C'est vrai. Pas un de ces passages délicats
en France d'un régime à un autre
Auquel votre nom ne soit associé. .
COÛFONTAINE. - Vous parlez de mon père, Toussaint Turelure? C'était un bon serviteur de la France.
Oui, un homme mal jugé. Moi seul l'ai bien connu.
- Mais venez, Sichel, je vois monsieur le Ministre
de Prusse qui nous fait signe.
LE PRINCE. - Fi ! Vilain petit représentant d'un
vilain petit Etat. Il est venu sans que je l'invite.
Sortent COÛFONTAINE et SICHEL.
LADY U. - Eloignons-nous aussi. J'imagine que
M. de Homodarmes et sa Psyché vont avoir fini leur
petit tour de jardin.
Quelle scène étrange 1
LE PRINCE. - Et quelle étrange fille 1
LADY U. - On ne se présente pas ainsi I C'est le
manque de vergogne juif. Et les parents ne voient rien
à dire.
LE PRINCE. -Homodarmes cependant n'est pas riche.
LADY U. - Il est le filleul et un peu le neveu du pape.
Epouser le pape ! Quel triomphe pour notre Sichel ?
LE PRINCE. - Elle a de bien beaux yeux.
LADY U. -Je vous défends absolument d'en regarder
d'autres que les miens.
I

LE PÈRE HUMILIÉ

553

LE PRINCE. - Pourquoi me les avoir dérobés si
longtemps?
LADY U. - Il n'y a pas si longtemps que R~me, et
moi ne faisons plus qu'un.
LE PRINCE. - Non, il n'y a pas longtemps.
Vous n'êtes pas Rome pas plus que ce n'est Rome
ces blanches bouffées de grêle sur ses places de temps en
temps qui s'épuisent en trois coups de tonnerre, et le
passage par siècle une fois ou deux des Barbares entre
une porte et l'autre!
LADY U. - C'est sans doute de vos mercenaires que
vous parlez ? Car nous ne sommes pas des barbares,
monsieur le Prince ...
Pardon, je n'ai jamais pu prononcer votre nom, - ni
celui de mon mari d'ailleurs!
De Rome à l'Italie, il y a tout de même quelque chose
de commun.
LE PltINCE. - Rome est ce qui dure et je vous vois
trop jeune parmi vos cheveux toujours noirs I Cette forêt
de serpents nerveux! Vivante de trop de vie à la fois, trop
d'espoirs
Pour la Ville qui n'a jamais cessé de tout posséder.
- Toute pleine d'une confiance naïve et enivrée en
cette heure qui sera demain
Une heure parmi les autres.
Ce n'est pas Rome, ce rude souffle de la campagne qui
nous emplit de temps en temps,
Ou l'invasion des houpeaux quand ils marchent vers
les Abruzzes à l'époque de la transhumance et la con4.ue
rauque du pasteur sous l'arc de Septime Sévère l
Ce n'est pas son visage que je reconnais dans celui que

�554

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

je vois devant moi et que j'ai tant aimé (mais les femmes
ne deviennent intéressantes qu'à cinquante ans), plein
de désirs et de résolution,
La Sibylle colorée par le reflet de l'eau verdâtre, la
sorcière Marse, la vivandière de Garibaldi, le cri perçu
à midi, qui appelle les moissonneurs sous le chêne Samnite 1
LADY U. -Qu'est-ce donc que Rome, s'il vous plaît?
LE PRINCE. - Eh, vous le savez mieux que moi 1
Lorsque j'étais enfant nous avions une terre qui
n'était pas éloignée des rapides du Borysthène,
Et tout le jour sans interruption, toute la nuit,
On entendait l'immense affaire de ce fleuve qui se précipite (jamais je n'ai eu la curiosité d'aller le voir),
Avec un grand bruit de bronze
'
Et depuis, j'ai mené ma vie d'exilé, poussière, quoi!
danse d'atome,
(Que tout cela, d'où je suis; me paraît confus, et sombre,
et embrouillé, oui, ce fut ma vie !)
Avec parfois un de ces heureux moments de plénitude,
L'amour, le succès, ou quelque chose tout à coup, sans
cause et inopinément comme la grâce,
Où l'on est roi, maître de tout, où l'on fournit de l'inconnu, où l'on fait son petit paraphe de phosphore!
Mais toujours quand je prête l'oreille là-bas, j'ai le
sentiment de ce fleuve qui tonne, le bruit de ces éternelles
cataractes !
Voilà ce qu'est Rome, pour moi, quelque chose de
solennel et de sous-entendu, la majesté en silence de quelque chose où nous sommes, qui n'est pas de nous et qui
ne dépend pas de nous,

LE PÈRE HUMILIÉ

555

Et l'on ~ait que si l'on rouvre les yeux, ce ne sera pas
pour se v01r emporté les pieds en l'air par le tintamarre
d'une rue comme une eau de moulin, une furibonde et
vaine bousculade de ces morceaux coloriés qui sont les
voitures et les passants fracassés contre les glaces des
boutiques,
Mais ce qui s'offre au regard, c'est une colonne de
porphyre entourée d'une guirlande d'or qui s'élève parmi
la fumée des sacrifices !
LADY U. - Prince, tout de même, Rome est faite pour
autre chose que pour vous tenir lieu de cataracte dans vos
vieux jours 1
~E PRINCE. - Demain, aujourd'hui même, je la
qwtte !
LADY U. - Le présent sera peut-être moins beau que
le passé. Le présent a toujours tort.
,_Ça ne fait rien. On vivra tout de même. On s'arrangera
n Importe comment. Je vous jure que ce peuple a trouvé
~n autr,~ moyen d'être éternel que d'être mort. Je vous
Jure qu Il a sa part à faire dans la vie. Je vous jure qu'il
est ~rès décidé à ~';e, que cela vous plaise ou pas !
~ est be~u aussi d un bout à l'autre d'un pays un peuple
qw se réveille,tout à coup avec un grand frisson comme un
corps d'homme, et qui s'aperçoit qu'on parle la même
langue.
Et que d'un bout à l'autre on n'est qu'une seltle pièce,
un seul corps dans une seule âme !
LE PRINC~. :-- Mon pays était sur terre la Pologne
pour laquelle il n y a pas d'espérance.
~ADY U. - Il Y a toujours de l'espérance I C'est vous
qw me dites qu'il n'y a pas d'espérance et vous avez déjà

�556

,

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

plus de soixante ans 1 Comment donc avez-vous fait
pour vivre jusqu'ici ? Combien de choses que nous
n'aurions jamais cru faire et que nous avons faites tout
de même ! Combien de coups qui ne nous ont fait aucun
mal! Combien d'ennemis par terre! Combien d'obstacles
dépassés!
LE PRINCE. - Il y a la maladie devant moi.
LADY U. - La maladie comme c'est intéressant!
La guerre est toujours une chose intéressante. S'apercevoir que l'on a une force, ou un cœur, quelle découverte 1
LE PRINCE. - Il y a la mort.
LADY U. - Nous en viendrons à bout comme du
reste avec l'aide de Dieu ! Merci à Dieu, je le dis du fond
du cœur, qui à cinquante ans me permet enfin d'atteindre
la jeunesse et de voir le jour d'aujourd'hui!
Libre de cœur ! Libre d'esprit! Franche de tous les
attachements stupides et de tous ces désirs odieux autour
de moi jadis 1
Inspiratrice, conspiratrice! toute entourée d'amis dont
je suis l'âme,
Comme au temps où toute une salle venait boire à
mesure à mes lèvres la parole et je la voyais dans ces
milliers d'yeux en vie étinceler comme de l'argent!
Et non plus dans cette belle lumière d'Italie comme une
pierre sous la cascade qui n'en retient pas une goutte,
Mais ce qu'est un cœur pleinement dilaté comme
une vasque profonde et généreuse
D'où s'échappent de temps en temps de grandes nappes
irrégulières, le trop-plein qu'elle n'est pas capable de
retenir!

557

LE PÈRE HUMILIÉ

LE PRINCE. - Telle celle que je vous montrais tout
à l'heure, un homme pourrait y nager.
LADY U. - Et ce petit nuage avec la lune, qui s'y
reflétait près du bord comme un mouchoir de soie brillante!
LE PRINCE. - Je vois nos amoureux qui se rapproprochent. Venez!
Ils s01'tent.

SCÈNE III

Entre PENSÉE tenant toujours ORIAN par le
poignet et de l'autre main l'anneau qu'elle tient élevé.
ORIAN. - Nous y sommes. Vous m'avez merveilleusement conduit
Avec cette prunelle fée que vous tenez élevée entre
vos doigts. Vous pouvez rouvrir les yeux,
Pensée. C'est ainsi qu'on vous appelle, je crois ?
PENSEE. - Oui. Je vois que ma mère n'est pas là.
ORIAN. - Tout le monde est parti.
PENSÉE. - Tout le monde est au feu d'artifice, de
l'autre côté du jardin. J'ai entendu les premières fusées
qui montent au ciel parmi les cris atténués de la foule.
ORIAN. - Evviva il Papa Re!
PENSÉE. -Avant longtemps vous n'entendrez plus
ce cri à Rome.
ORIAN. - Voulez-vous, ne parlons pas politique. Et puisque vous êtes l' Automne, Pensée,

�558

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Expliquez-moi plutôt ce que vous allez faire de ce
jardin que j'ai préparé, et mon ami l'ingénieur par son
art,
- Orso qui vous parlait tout à l'heure, - y a introduit
de bien loin
Ces eaux, les entendez-vous? qui jamais ne font silence.
Tant de fleurs, voyez! Tant de choses dont j'ai eu
l'idée et qui toutes cette nuit sont devenues des roses,
Pour vous, Pensée.
Tout ce qui tient dans la corbeille de mai I Tout ce
sommeil et cette continence de la terre qui peu à peu,
sans aucun viol, s'est enrichie jusqu'à une plénitude
merveilleuse 1
Comment ferez-vous pour venir à bout de tout cela !
Ce printemps si beau I Quoi, ne voulez-vous rien épargner?
PENSÉE. - Il ne reste que ces feuilles d'inaltérable
à ma tête et cette petite grappe de raisin près de mon
oreille.
ORIAN. - Pourquoi donc avoir choisi ce personnage
de l'Automne quand je vous voyais plutôt venir à moi,
telle que le Printemps avec un grand œillet comme un
javelot entre les doigts ?
PENSÉE. - L'automne me plaît davantage et l'hiver
plus encore,
L'intègre hiver qui de toutes choses ne laisse que l'âme
Toute nue et sans visage dans la foi.
ORIAN. - Rome n'a point d'hiver, une heure de suspens seule, le retour et non point l'arrêt, un sourire plus
obscur entre des nuits plus longues.
Ici, la main de l'Automne est dé.c;armée et votre pouvoir échoue.

LE PÈRE HUMILIÉ

559

PENSÉE. - Qui fera donc mûrir vos raisins, monsieur
le Jardinier ? Qui fera descendre jusqu'à la main peu à
peu la branche dont le fruit s'accroît ?
ORIAN. - Nous saurons vous rendre captive, ô
saison qui piquez toute chose avec votre flèche ardente !
Nous saurons faire miel de votre or fugitif I Ici le temps
n'est plus.
Ici j'ai détruit cet ennemi qui de tous lieux chassait
notre cœur insatisfait et qu'on appelle le hasard. Ici les
sens ont trouvé leur repos en ce lieu que l'intelligence a
conjuré.
Voyez I ces murailles de verdure presque noire sur qui
vous n'avez aucune prise,
Ne sont là que pour nous séparer du monde.
Tout ce que peut déverser un ciel d'été,
Il faut ces pins qui sont au-dessus de nous l'ombrage
et la bénédiction, il faut pour amener notre œil jusqu'à
cet imperceptible petit point de lumière, là-haut, cette
étoile vertigineuse, l'éboulement de ces sombres avalanches 1
Ce palmier derrière vous, (l'entendez-vous frémir?) estce qu'il ne se connaît pas en fait de royauté, le jardinier
qui a fait place ici à ces cataractes végétales ?
Le voici comme une éruption superbe et humble, qui
de toutes parts, retombe en une gerbe mélodieuse.
Et il y a aussi le cyprès mince et droit pour nous parler
de la mort.
- L'immobilité autour de nous de ces créatures qui
ne peuvent pas être plus belles.
PENSÉE. - Oui, je vois toutes ces choses avec vous
à mesure que vous me les montrez.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ORIAN. - Jadis j'avais à moi un jardin.
PENSEE. - Nous vous l'avons pris, chevalier.
ORIAN. -Oui, vous l'avez acheté, il est à vous maintenant. Je viendrai le voir quelquefois.
Il était bien petit, mais je l'aimais quand même. Trop
beau sans doute encore pour un homme si dénué.
PENSÉE. - J'ai honte. Pardonnez-moi.
ORIAN. - Mais non, c'est un service que_vous m'avez
rendu, me voici bien débarrassé. Qu'est-ce que ces vieux
murs?
C'est en avant qu'il faut regarder, pas en arrière.
PENSÉE. - Parole qui m'étonne de vous. Je vous
croyais le chevalier du Passé.
ORIAN. - Le Pape est ce qui ne passe pas.
PENSÉE. - Pourtant, dont il faudra se passer.
ORIAN. - Mais votre père est là pour nous aider à lui
garder son trône.
PENSÉE. - Trônes bien menacés que ceux-là qui ont
l'appui des gens de notre famille !
ORIAN. - Je sais de quel côté vont les vœux intimes
de votre père.
PENSÉE. - Qu'attendre? C'est la Révolution qui
coule dans nos veines.
ORIAN. - La France à travers toute Révolution veut
le Pape intact à Rome.
PENSÉE. - Eh quoi, pour sauver le Père, comme vous
l'appele~.
II est besoin autour de lui d'une police étrangère ?
ORIAN. - Il est le père pour moi, tant que je suis son

fils.
PENSEE. - Je sais qu'il est un peu à vous, votre par-

LE PÈRE HUMILIÉ

561

r~in à tous deux, votre tuteur aussi, qui n'aviez plus père
ru mère.
C'est_lui Jui :ous a élevés dans son palais, Orso et vous,
quand il n était encore qu'évêque Oui 1"'ai
. t
cela ce soir.
.
'
appns out
ORI~N. - . Vous êtes bien renseignée. Ma famille est
de Sav01e, mais ma mère était Mil
.
PE É
.
ana1se.
NS E. - La llllenne est Juive, vous le savez.
ORIAN. - Non, je ne le savais pas.
PEN~ÉE. - Je veux que vous le sachiez. Une Juive
convertie naturellement Mon père l .
.
.
•
w aussi est un bon
catho11que.
C'est à cela qu'il doit sa fortune. Quoi! votre frère
Orso ne vous a pas otppris tout cela ?
ORIAN· - Il ne sai·t nen
· de plus que je ne sais
PENSÉE
-Aqu
·1
·
.
.
.
.
.
o1 w sert-1'Jdone de me swvre
comme
il le,fait depuis
Je
·
ù
·
l'
•
.
Jour O Je a1 rencontré avec vous ?

L autre ]Our pendant que nous roulions à travers la
Campagne, J· •ent en dais
· le galop de·.son cheval derriè
nous.
re
~t pendant que nous laissions l'attelage souffler, il
était là sous un tombeau qui nous regardait, enveloppé
dan~ sa grande cape romaine. Ma mère l'a vu.
, C e~t quelque chose bien près de vous qui s'intéresse
a moi.
O~IAN_ ~ Orso eSt un bon enfant qui fera tout ce
que Je lw dis.
PENSÉE. - Sans doute il vous aime plus que moi
ORIAN. - Il a été avec les Chemises-rouges quelqu~
temps, c'est moi qui l'ai tiré de là et qui l'ai engagé dans
les troupes papales.
36

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

PENSEE. - Et moi, je puis faire qu'il perde le goût
d'être où je ne suis pas.
ORIAN. - C'est vous qui pouvez venir où il est.
PENSÉE. - J'y viendrai s'il est le plus fort.
ORIAN. - Et comment fait-on pour être le plus fort
avec vous?
PENSEE. - Il sera le plus fort, si je l'aime 1
ORIAN. -Comment n'aimerait-on pas Orso?
PENSÉE. - Si vous l'aimez, dites-moi de ne pas
écouter ce qu'il vous a chargé de me dire.
ORIAN. - C'est vrai, il a voulu absolument que je vous
parle.
PENSEE. - Il fallait refuser, Orian.
ORIAN. - C'est ce que. j'ai tâché de faire.
PENSÉE. - Est-ce qu'on épouse uce Juive?
ORIAN. - Vous n'êtes pas Juive.
PENSÉE. - Si vous l'aimez, dites-lui de ne pas épouser
une Juive 1
ORIAN. - Vous êtes baptisée.
PENSÉE. - Il faut beaucoup d'eau po~ baptiser
un Juif.
On ne perd pas si facilement l'habitude de tant de
siècles I Tous les siècles depuis la création du monde, il
me semble que je les porte avec moi 1
L'habitude du malheur, l'intimité mauvaise avec sa
propre déchéance.
Tant d'attente
Que nous n'avons pu arriver à changer d'attitude 1
tant de foi dans la promesse qui n'était pas réalisée
Que nous n'avons pas pu y croire, du moment où l'on
nous a dit qu'elle l'était.

LE PÈRE HUMILIÉ

Vous savez bien que nous n'appartenons pas à la même
race. La même, et cependant à part. Il n'y a pas d'union
possible entre nous. Oui, vous auriez beau me tendre la
main.
ORIAN. - Nous sommes les enfants du même père.
PENSÉE. - Un père? Je n'en ai pas. Qui sont ni.on
père et ma mère? Donnez-moi des yeux pour que je les
voie I Je suis seule.
Cet homme qui parlait tout à l'heure, c'est lui que vous
appelez mon père ?
Croyez-vous que je l'aime? Croyez-vous que j'aime ma
mère? Si, pauvre femme, je l'aime, elle m'aime tellement! Je tiens à elle, je ne puis me passer d'elle.
. Mais i~s ne me connaissent pas et je sens tellement que
Je ne puts leur parler et qu'ils n'ont rien à me dire I Ab
de quel poids ils me sont tous les deux!
'
ORIAN. - Pensée qui êtes à côté de moi...
PENSÉE. - Orian.
ORIAN. - J'ai eu tort d'accepter de vous parler de
mon frère.
PENSEE. - Non. Je suis heureuse que vous soyez
venu.
ORIAN. -Je ne puis supporter de vous entendre vous
plaindre ainsi, comme si vous en appeliez à moi.
PENSÉE. - Que vous importe ?
ORIAN. -D'autres souffrent. J'ai eu tort d'être venu.
J'ai tort, à ce moment même, d'être à côté de vous.
PENSÉE. - Il faut avoir tort quelquefois.
ORIAN. - D'autres souffrent I Mais rien que de voir
la lumière est beau 1
PENSEE. - Parole que j'ai entendue souvent.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ORIAN. - Belle comme vous l'êtes ...
Elle lui met légh'ement la main
su, le bras.
Eh bien?
PENSÉE._ J'écoute ce que vous dites.
ORIAN. - Et quand vous seriez misérable encore
et autant que vous le croyez.
. es I Et la vie est grande ouverte
Nous sommes 1eun
devant nous, celle-ci, et l'autre par dem'ère qw· n'a aucune

1ii

fin l rien que de vivre et de voir et d'.avoir les yeux
ouverts et d'être vivant et de voir le soleil ~st beau 1
PENSÉE. - Oui, rien que de voir la lunuè~e ~t do~.
ORIAN. - Ou la nuit même sans laquelle tl n y aurait
pas toutes ces étoiles.
1
PENSÉE. - Je ne les vois pas, j'écoute ~ul~m~nt.
. J''écoute 1 (Et tenez,•ce brwt s1 tnste,
Je ne veux pas voir,
entendez-vous ? comme un plumage fro~ssé,
C'est le troisième palmier à notre dr01te.)
Mais peut-être que si vous me disiez : Ouvrez les yeux,
Pensée 1
.
·
P ~t -être qu'alors j'ouvrirais les yeux et 1e verrais.
ORIAN. - Est-ce pour fermer les yeux que vousMes
venue à Rome ?
.
d 1
PENSÉE. - Montrez-moi la Justice et cela v~u ra a
peine de les ouvrir IQu'est-ce que cette Beauté qui ne nous
em êche pas d'être aveugles?
.
ussi on m'a conduite au milieu de vos dieux grecs,
. 01:-Ssi •1·'ai posé la main sur ce marbre qui brfile?
moi a
,
• •
Foi nous
C'est ce que nous, les gens de 1 anctenne
•
appelions les idoles.

i.

LE PtRE HUMILIÉ

Qui a connu la nuit pour de bon, il faut un autre soleil
que celui-ci pour en venir à bout ?
ORIAN. - Quelle est donc cette nuit dont vous me
parlez toujours ?
PENSÉE. -Ténèbres furent-elles jamais plus grandes
que celles-ci qu'aucun ami jusqu'à moi ne peut traverser?
Je suis une Juive comme ma mère, et elle pensait que
la Révolution était venue, et que tout allait se mêler
et s'égaliser et que vous l'accepteriez parmi vous, elle
a tant de bonne volonté 1
Mais je suis mieux instruite ;
Tout v~ut mieux que le faux amour, le désir qu'on
prend pour la passion, la passion qu'on prend pour une
acceptation, et puis
La position qu'on reprend peu à peu de part et d'autre,
et ce cœur peu à peu qui vous redevient étranger, - cet
Orso que vous voudriez que j'épouse!
Moi, je suis comme la Synagogue jadis, telle qu'on la
représentait à la porte des Cathédrales,
On a bandé mes yeux et tout ce que je veux prendre
est brisé.
(Bas et avec ardeur). Mais vous autres qui voyez, qu'estce que vous faites donc de la lumière ?
Vous qui voyez du moins, vous qui savez du moins,
vous qui vivez du moins,
Vous qui dites que vous vivez, qu'est-ce que vous faites
de la vie ?
ORIAN. - Cette eau qui nous fait vivre, nous aussi,
elle a touché votre front.
PENSÉE. - Elle n'a point touché mon cœur !

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Une âme comme la mienne,~ n'est pas avec l'eau qu'on
la baptise, c'est avec le sang!
.
. ..
ORIAN. - A cette eau le sang d'un dieu était 1omt.
PENSEE. - Cette eau, est-ce moi qui l'ai appelée?
ORIAN. -Mais ce sang, c'est vous qui l'avez répandu.
PENSÉE. - Ce dieu, c'est nous qui vous l'avons
donné!
Ah ·e le sais, s'il y a un Dieu pour l'humanité, c'est
' 1 cœur seul qu'il était capable un jour de sortir
. .
de notre
ORIAN. - N'en est-il point sorti ?
PENSÉE. - Qu'en avez-vous fait? Est-ce pour cela

'

que nous vous l'avons donné,
Pour que les pauvres soient plus pauvres, pour que les
riches soient plus riches ?
Pour que les propriétaires touchent leurs loyers ?
Pour que les rentiers mangent et boivent? Pour que des
rois à demi fous règnent sur des peuples abrutis ?
Et que là où les vieux rois tombent, surgissent pour les
remplacer d'affreux avocats à pantalon noir,
Des fripons, des convulsionnaires, des professeurs, des
hypocrites à mâchoires de loups, mêlés à de vieilles femmes,
Des hommes comme mon père ?
Et qu'il soit défendu de rien changer à tout cela ?
Parce que tout pouvoir vient de Dieu.
ORIAN. - Par quoi les remplaceriez-vous?
PENSÉE. - Grand Dieu I ce sera beaucoup déjà d'être
défait de ceux-ci et de ce voile dégoûtant tout de suite
qui nous aveugle et nous asphyxie !
.
.
Et qui sait si la lumière n'existe pas, et s1 pour la voir
il ne suffirait pas de rompre tous ces corps morts autour
de nous comme une affreuse forêt ?

LE PÈRE HUMILIÉ

567
Il _n'y a pas de résignation au mal, il n'y a pas de résign~tton au mensonge, il n'y a qu'une seule chose à faire
à I égard de ce qui est mauvais, et c'est de le d't · 1
Et ,
e ruire.
c est ~ourquoi je déteste tant cette chose que vous
savez, et qw me sépare de vous,
Parce qu'elle est la grande étouffeuse, parce qu'elle
est la grande endormeuse
. Parce qu'~lle vou~ait ,rendre intangibles toutes ces
idoles humaines et lier éternellement les vivants avec
les morts,
Comme si ce que 1~ force et la ruse ont fait, la force
avec la ruse ne pouvait pas le défaire! Comme si c'était
sacré et oint de Dieu, toutes ces larves autrichiennes l
Ce n'est pas assez d'avoir vu un seul jour toutes ces
longues faces blafardes, vous voudriez les rendre éternelles r
Etc'
.
est pourquoi· tout mon cœur est avec cette Itali ·
qw se réveille et qui aspire à la forme qui lui est t e
re~
M~
Et qui estime qu'elle est assez grande pour avoir soin de
ses propres affaires sans tous ces étrangers, et qui ne
supporte plus sur sa chair vivante
Ces c,hoses mortes qui n'ont raison, ni ordre, ni nécessité,
Et c est vous que je vois devant moi comme l'avenir
et comme 1~ jeunesse, qui vous rangez avec les morts
contre les Vivants !

ORIAN. - Je ne suis pas un Autrichien. Mon père est
mort en se battant contre eux· Et quant à tous cespnnces
.
dont vous me parlez,
Qu'ils se débrouillent avec leur Révolution, avec tous
ces gens dont vous êtes tellement siirs qu'ils vivent et
toute cette semence de députés.

�•
568

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Les morts sans moi sont assez bons pour ensevelir les
morts.
PENSÉE. - Et n'est-ce pas un mort que vous défendez,
cette idole que vous appelez le Pape ?
ORIAN. - Christ aussi dont le Pape est l'image est
un mort.
PENSÉE. - Quelle part donc réclame-t-il parmi
nous?
ORIAN. - Pas plus large que la croix.
PENSÉE. - Le Christ n'a pas eu de terre à lui.
ORIAN. -Assez pour que la croix y fût plantée.
PENSÉE. - La croix est la souffrance.
ORIAN. - Elle est la rédemption.
PENSÉE. - Nous ne voulons pas de la souffrance l
ORIAN. - Qui tuera donc !!Il nous ce qui était capable
de mourir?
PENSÉE. - Nous ne voulons pas de la souffrance.
ORIAN. - Vous ne voulez donc point de la joie.
PENSÉE. - Nous ne voulons pas de la joie? C'est
à moi que vous dites que je ne veux pas de la joie ? La
joie, Orian ! Ah, quel mot avez-vous prononcé ?
ORIAN. - Demain, vous épouserez mon frère.
Silence.
PENSÉE. - Dois-je croire que vous le désirez ?
Dois-je croire que vous désirez qu'il y ait ce lien entre
nous?
ORIAN. - Non pas un lien, mais quelque chose d'irréparable entre vous et moi, il le faut.
PENSÉE. - Et c'est pourquoi vous avez eu tellement
hâte Je me parler pour lui ?

LE PÈRE HUMILIÉ

ORIAN. - Demain, je serai seul ici et j'entendrai
dans la nuit cette même palme derrière moi frémir.
PENSÉE. -Et est-ce qu'elle ne parle pas de souffrance?
ORIAN. - Elle parle de triomphe l
PENSÉE. - Et sera-ce un triomphe bien cher à votre
cœur, Orian,
Que celui qu'il vous est offert de remporter
Au détriment du mien ?
ORIAN. - Paroles amères à écouter! Je les entends
donc de vous à la fin ! Oui, je les aurai une fois entendues !
Vous êtes faite pour l'amour, Pensée, et l'amour n'est
pas fait pour moi.
PENSEE. -Et pourquoi voudrais-je de cet amour dont
vous ne voulez pas ?
ORIAN. - Le bien que je ne puis pas vous faire, un
autre, - ce que je ne puis pas vous dire,
Un autre vous le dira à ma place.
PENSÉE. - C'est Orso, votre frère, dont vous voulez
parler?
ORIAN. - Que vous donnerais-je, Pensée, qui me soit
plus cher ? et que lui donnerais-je...
PENSÉE. - Oui, que lui donneriez-vous, à cet heureux
frère,
De meilleur que ceci dont vous ne voulez pas?
ORIAN. - Si vous m'étiez indifférente, Pensée,
Je n'aurais pas accepté si aisément de vous parler de
lui.
PENSÉE. - Dites-lui de ne pas épouser une Juive!
Est-ce lui qui viendra à bout de ces ténèbres avec moi.
Imprudent ! Ce que vous avez rallumé en lui, qui sait si
je ne suis pas là pour l'éteindre ?

�570

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Et moi, pauvre Pensée,
Ce qui a été refusé une fois, comment faire désormais
pour le donner ?
Ces ténèbres dont on n'a pas voulu, cette âme rebutée,
cette âme, l'unique chose qui fût à moi, si pauvre, mais
cependant unique, - ces ténèbres que j'offrais n'ayant
pas autre chose à donner, Il faudra une bien grande lumière désormais, pour en
venir à bout!
ORIAN. - Que puis-je faire, Pensée?
PENSÉE. - Il est juste que vous préfériez votre âme
à la mienne.
ORIAN. - Juste ou non, oui, malgré ce lâche
cœur qui me trahit, oui, malgré cet affreux appétit de
bonheur,
Pendant que j'ai encore assez de raison pour en
juger,
Ce dont j'ai besoin, je sais qu:'il n'est pas en votre
pouvoir de me le donner.
PENSÉE. - Est-ce que la joie existe, Orian ?
ORIAN. - Ah! est-ce qu'il ne faut pas qu'elle existe
pour que je la préfère à vous?
Elle existe! Et mon seul devoir est de l'atteindre.
PENSÉE. - Que ferons-nous des autres ?
ORIAN. - En seront-ils plus vivants si je péris ?
PENSÉE. - Qu'ils périssent donc !
ORIAN. - Mon devoir n'est pas avec eux.
PENSÉE. - Il est contre eux. Ce peuple qui est de
votre sang, à cette heure qu'il demande à vivre et que
tous ses membres cherchent comme un corps qui ressuscite
à se 1ejoindre,

LE PÈRE HUMILIÉ

571

A cette heure où du Sud au Nord il ne veut plus être
qu'un seul corps en une seule âme,
C'est vous qui vous rangez contre lui.
ORIAN. - Je ne puis être contre mon père.
PENSÉE. - Ainsi entre la vie et vous, entre vous et
moi,
Toujours cet absurde vieillard pour qui le temps ne
marche pas!
ORIAN. - Ce qui est raisonnable pour lui l'est bien
assez pour moi.
PENSÉE. - Il y a tout un peuple avec moi qui a
besoin de vous.
ORIAN. - Et moi, je n'ai besoin d'autre chose que de
la joie.
PENSÉE. - Où est la joie autre part que dans la
vie?
ORIAN. - Au-dessus de la vie, et qui d'autre que
lui la donne ?
L'origine et le Père qui n'a jamais tort.
Où est la paix autre part que dans le Père qui
n'est hors d'aucune chose et qui n'a de haine pour
aucune?
Est-ce le peuple qui a raison? Tous ces aveugles qui
crient! C'est ça de qui vient la vie? Ah! je sais que mon
cœur est faible et ce qui crie en eux ne parle que trop en
moi!
Ce n'est pas par aucune violence que nous entrerons
en possession de notre héritage.
PENSÉE. - C'est la joie qui est cet héritage?
ORIAN. - Héritage vraiment, ce qui ne peut être
acquis, ni conquis, ni mérité,

�572

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Et qui est notre droit par le fait d'un autre.
PENSÉE. - Qu'est-ce que la joie?
ORIAN. -Ce que je puis dire est qu'elle ne commence
pas et qu'elle n'a aucune fin.
PENSÉE. - Et pourquoi penser que je suis votre
ennemie et que je vous veux aucun mal ?
ORIAN. - Vous n'êtes pas mon ennemie, Pensée.
PENSÉE. - C'est vrai que vous n'êtes pas mon
ennemi? Ah, que j'entende seulement un mot de vous,
avec douceur et vous n'aurez plus besoin d'obstacle pour
le placer entre nous 1
Je sais que là où vous êtes, il n'y a aucune place pour
moi.
ORIAN. - Pourquoi n'y en aurait-il aucune ?
PENSÉE. - Qui me conduira où vous êtes ? Qui me
donnera ce que vous me refusez ?
ORIAN. - Et que nous soyons heureux l'un par
l'autre ici-bas, Pensée, est-ce là le plus grand des
biens?
PENSÉE. - Il n'y a de bien pour moi que celui que
je tiens de vous.
ORIAN. - Et n'est-ce pas de moi déjà que vous tenez
cette souffrance ?
PENSÉE. - Vous-même, n'en tenez-vous de moi,
aucune? Ah! dis ce que tu veux, je sais qu'il y a en vous
une chose qui m'appartient et qui est mon droit 1
Une chose qui est à moi seule, une chose qui est pour
moi seule,
Une parole qui est à moi seule et que nulle autre ne
peut entendre !
ORIAN. - Qu'attendez-vous donc de moi, Pensée!

LE PÈRE HUMILIÉ

573
PENSÉE. - Une seule chose que vous ne pouvez pas
faire! Un seul mot que vous ne pouvez pas dire 1
ORIAN. - Qu'est-ce donc que je ne puis pas faire,
petite fille ?
PENSÉE. - Que je voie mon âme tout entière dans
la vôtre 1
ORIAN. - Ouvrez donc les yeux, Pensée, et voyez!
PENSÉE. - Je ne les ouvrirai pas que je ne sache
que vous m'avez pardonné.
ORIAN. - Eh quoi, pardonné seulement?
PENSÉE, elle avance la main et des doigts lui touche
légèrement la bouche. - Ah! tais-toi, mon bien-aimé 1
et ce mot que tu vas dire, ah, réserve-le-moi pour un
autre moment, quand le corps et l'âme se séparent !
Tais-toi I et ce mot qui n'est pas fait pour la terre, ce
mot sans aucun son que tu me dis, voici que je l'ai lu sur
tes lèvres 1
ORIAN. - Venez que je voie mieux votre visage.
Il l'attire aux ,ayons d'une lampe.
Pourquoi tenir les yeux baissés, ma colombe ?
Elle les lève ve,s lui.
PENSÉE. - Est-ce qu'ils sont beaux ?
ORIAN. -Assez pour que je les reconnaisse au delà de
la mort?
PENSÉE. - Si beaux ?
Elle les baisse lentement de nouveau.
ORIAN. - Ah, pourquoi me les cacher si tôt? ah,
lève-les de nouveau sur moi, ma bien-aimée 1
PENSÉE. - Je suis aveugle!

�574

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ACTE

II

SCÈNE I
Un cloître de marbre blanc avec des
colonnes antiques dans un couvent
franciscain des environs de Rome.
Au milieu un puits de marbre muni
de deux colonnes. Le fardin est tout
planU d'orangers défà chargés de
leurs fruits à moitié fa1mes.

LE PAPE PIE est assis à côté du (puits sur la margelle
duquel il tient le bras allongé, comme un homme
accablé de douleur. De l'autre côté du puits, d'abord
assis, puis debout,
LE FRÈRE MINEUR ; il a l'air tout feune.
LE FRÈRE MINEUR, à demi-voix, la main levée sur le
Pape comme un prêtre qui achève de donner l'absolution.
- ... Ainsi soit-il l
Silen-ce.
Mon fils, allez en paix.
Pause.
Saint Père, puisque je vous ai absous, il ne faut pas
être triste.
LE PAPE PIE. - Petit frère, quoi, veux-tu déjà me
congédier?
Supporte-moi avec patience un moment, il fait bon
près de ton puits.

LE PÈRE HUMILit

575
Laisse-moi te montrer ma faiblesse, mon enfant,
comme je t'ai montré ma misère. Je ne suis qu'un vieillard.
LE FRÈRE MINEUR. - Restez, Saint Père. Ici
vous êtes bien à l'abri avec nous et personne ne vous
veut de mal en ce lieu.
C'est cette grande chaleur qu'il a fait aujourd'hui
qui vous a éprouvé.
LE PAPE PIE. - Le soir to~be.
LE FRÈRE MINEUR. - Laissez-moi aller vous
chercher une cruche d'eau. Un peu de miel aussi, il est
très bon, c'est moi qui m'occupe des abeilles,
Le Prieur des ruches, comme on m'appelle.
LE PAPE PIE. - Reste avec moi.
LE FRÈRE MINEUR. - Si je vous vois ainsi désolé,
moi aussi, je vais être triste.
LE PAPE PIE. - Et comment ferais-tu, frère Pecorello, pour être triste ?
LE FRÈRE MINEUR. - Qui pourrait s'empêcher
de pleurer en voyant votre grande humilité,
Et cet aveu que vous m'avez fait de vos péchés, simple
comme un petit enfant?
LE PAPE PIE. - Tu m'as sagement parlé, petit frère,
et je t'écoutais en prenant de bonnes résolutions.
N'étais-tu pas berger autrefois? C'est en soignant les
moutons que tu as si bien appris à consoler les hommes?
LE FRÈRE MINEUR. - Souvent j'ai rapporté sur
mon dos quelque sotte brebis.
LE PAPE PIE. - C'est Nous qui sommes la sotte
brebis?
LE FRÈRE MINEUR. - Pardonnez à ma grande
bêtise.

�576

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LE PAPE PIE. - Et toi qui es le sage Pasteur ?
LE FRÈRE MINEUR. - Il n'y a pas deux manières
de souffrir, Saint Père, et il n'y en a pas deux d'avoir de
la peine pour un autre.
LE PAPE PIE. -Ces paroles sont meilleures pour moi
que de l'eau.
LE FRÈRE MINEUR-Père, je n'ai pas autre chœe
que mon cœur à vous donner.
LE PAPE PIE. - Je sais que celui-là n'est pas né
qui m'enlèvera l'amour de mon petit frère.
LE FRÈRE MINEUR. - Saint Père, comment tout
le monde ne vous aime-t-il pas?
LE PAPE PIE. - Beaucoup seraient contents de
Nous voir mort. Beaucoup se réjouiraient et donneraient
des festins et enverraient des présents à leurs amis, disant :
Il n'y a plus de Pape enfin. Il est mort, le vieillard obstiné.
LE FRÈRE MINEUR. - Du moins il n'y a personne
qui pense ainsi dans votre ville de Rome !
LE PAPE PIE. - Non, petit frère.
LE FRÈRE MINEUR. - S'il y a vraiment des gens
qui vous haïssent, ce sont les Turcs, ou les Allemands
là-bas, ou les Russes, ou quelqu'un de ces mauvais Français révolutionnaires,
Ou les Chinois dont on m'a dit qu'ils ont une queue
dans le dos, cela nous a fait bien rire !
Mais nous autres, nous vous connaissons bien, qui
vivons à côté de vous et sur les marches de votre maison,
A part quelques pauvres frères peut-être mélancoliques et vexés par le démon, - Dieu ait pitié de leur
âme tourmentée !
LE PAPE PIE. - Petit frère, il faut faire une instante

LE PÈRE HUMILIÉ

577
prière pour Nous, ce soir même, à Saint François et à
la Madone.
LE FRÈRE MINEUR. - Oui, je la ferai.
LE PAPE PIE. -Non recuso laborem ! Mais avant que
ce que Nous attendions arrive, avant que Nous recevions
de Nos propres enfants ce coup,
Plaise gracieusement à Dieu que Nous soyons adjoint
à Nos prédécesseurs !
Nous avons vu les années de Pierre. Nous avons fait
Notre tâche, oui, plus longue que celle d'aucun Pape
depuis les jours du fils de Cepha,s.
LE F~RE MINEUR. - Saint Père, celui qui est
mort en Dieu, peu lui importe qu'il soit vivant ou non
en cette chair.
LE PAPE PIE. - Nous savons que Notre infirmité
est grande et Notre vertu petite.
~E FRÈRE MINEUR. - Il y a bien des anges qui
pnent pour vous en ce moment au ciel et sur la terre.
L~ PAPE PIE. - N'est-il pas écrit que le Pasteur
oublie toutes les autres brebis à cause d'une seule qui
bronche?
Que ferai-je quand je paraîtrai devant Dieu à la tête
de ce troupeau décimé,
Et que je n'aurai d'autre excuse que de dire : Ce n'est
pas ma faute.
LE FRÈRE MINEUR. - Non, ce n 'est pas votre
faute.
LE PAPE PIE. - Plût au ciel qu'elle fût tout entière
sur Nous et non pas sur eux l
LE FRÈRE MINEUR-Pauvres amis, leur ignorance
est grande.
37

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LE PAPE PIE. -Ah, je suis désarmé devant eux et il
est trop facile de m'atteindre !
LE FRÈRE MINEUR. - Ce n'est pas vous qu'on
hait, mais une image vaine qu'ils se font.
LE PAPE PIE.-Quellearme ai-je contre mes enfants ?
Il est trop facile de percer le cœur d'un père !
Il est dur pour un père d'être haï de ses enf~ts.
LE FRÈRE MINEUR. - Ainsi pleurait DaVId sur son
fils Absalon.
.
LE PAPE PIE. - Petit frère, qui es tout près de Dieu,
. 1?.
pourquoi le monde Nous h a1t-1
.
LE FRÈRE MINEUR. - Il haïssait Jésus-Christ..
LE PAPE PIE. - Nous voici accoudé près de ce pwts
comme jadis le fut Notre Seigneur près _de _celui ?e Jacob
on dirait qu'il n'y arien de changédepmsd1x-hmtcents ~11-.
Le soleil est à la même place. C'est toujours la me~e
Samarie et le Vicaire de Jésus-Christ n'est pas moms
abandonné que le Fils de l'Homme.
Celui qui est venu, c'est comme s'il n'était ,pas _venu.
pas
T out ce qui a été dit, c'est comme si cela. n ava.tt
l '
·t
été dit; tout ce qui a été fait, c'est comme s1 ce an ava1.
pas été fait ; tout ce qui a été entendu, c'est co~e s1
cela n'avait pas été entendu.
. .
.
LE FRÈRE MINEUR. _ n y a la Samantame aussi

:t

qui est en marche déjà.
LE PAPE PIE. _ Dieu bénisse cette porteuse de vase t
LE FRÈRE MINEUR. _ Quand tous les puits seront
à sec celui-ci aura de l'eau encore.
.
LÉ PAPE PIE. _ Ils disent qu'ils n'ont pas soif ;
ils disent que ce n'est pas une sour;e ; ils ~~se~t q~e c~
n'est pas de l'eau; ils disent que ce n est pas 1 tdee queux-

LE PÈRE HUMILIÉ

579
1!1êmes se. font d'une source et de l'eau ; ils disent que
I eau n existe pas.
I

Quant à_Nous, Nous ne savons autre chose, sinon qu'elle
donne la VIe et que nul ne peut vivre sans elle.
~_Si cel~ est, cela n'est pas Notre faute,pourquoi Nous
en font-ils un reproche ?
Et pourquoi disent-ils qu'on ne peut y arriver? Alors
q~e cet abreuvoir des Patriarches est parfaitement visible,
bien que ses murs soient de la couleur de Ia terre.
Et que de loin on le prenne pour un tombeau,
Pourquoi choisissent-ils de mourir , Et po
·
. ill d .
.
.
urqum,
vte ar mutile, ne suis-je placé en un lien si étroit n 1
. . d
'1ue a
V1s1on e ce désert où meurent mes enfants me soit retirée?
LE F~RE MINEUR. - Mais vous aussi, Saint Père,
VOllS aussi vous avez un père pour y cacher votre visage.
LE PAPE PIE. - Parce qu'il&amp; n'ont plus de Père
en se~ont-ils plus heure.u x? Si je ne suis plus avec eux'
en qm seront-ils frères ? Y aura-t-il plus de concorde entr~
eux et plus d'amour?
LE FRÈRE MINEUR cesser d'être vos fils.

Il ne dépend pas d'eux de

LE PAPE PIE. - Que Nous reprochent-ils ? Ce n'est
pas Nous qui avons fait le Ciel et la Terre !
Ce n'est pas Nous davantage qui avons fait le péché.
Est-ce Notre faute ? Il est dur de voir la haine dans leurs
yeux. Il est dur_ de les entendre tout le long du jour
blasphémer et dire des choses mauvaises contre. Dieu.
Pourquoi s'en prennent-ils de Teur malheur à Nous qui
ne savons donner autre chose que la Vie ?
S'ils nous écoutaient, s'ils avaient confiance en Nous
il n'y a pas de chose que Nous ne saurions leur expliquer.

�580

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Est-ce qu'on est jamais assez grand pour se passer de
père? Est-ce que Nous serons jamais assez vieux pour
N ou~ passer de fils ?
Ah, que l'un seul d'entre eux périsse, c'est un malheur
assez grand pour que l'amour de tous les autres ne suffise
pas à Nous en conseler !
. ,
Et qui, sinon ces ingrats, me donnera ma posténte,
la race qui en Notre Successeur sera la future Eglise ?
LE FRÈRE MINEUR. - Priez.
LE PAPE PIE. - Si encore Nous comprenions ce qui
les éloigne de Nous l .
Hélas, si ce qu'ils proposent à la place de ce que ~ous
savons avait quelque beauté ou quelque vraisemblance!
Mais jamais le vieux Déprédateur ne s'est mis moins
en peine de cacher son hameçon.
.
Ce n'est plus avec le plaisir qu'on les pêche, ou le fnut
qui fait devenir comme Dieu,
Mais avec la i:nort toute nue, et le désespoir, c'est cela
qu'on leur promet, et le Néant, c'est cela qu'on leur dit
qui existe!
Pour Nous, il n'est pas en Notre pouvoir que ce qui est
vrai soit faux.
LE FRÈRE MINEUR. - Saint Père, si vous étiez
auprès de chacun d'eux, comme vous êtes en ce moment
près de moi, sans doute qu'ils vous entendraient.
LE PAPE PIE. -Où sommes-Nous donc, petit frère?
LE FRÈRE MINEUR. - Ils ne vous voient que sur
votre trône au milieu des épées flamboyantes, le front
ceint de la triple couronne et fulminant l'excommunication.

LE PÈRE HUMILIÉ

58r

LE PAPE PIE. - Il Y a un autre lieu cependant où
Nous ne cessons pas d'être.
LE FRÈRE MINEUR. - Où donc, Saint Père ?
LE ~APE PIE. - Ils Nous trouv~eraient, s'ils nous
cherchaient où Nous sommes.
LE FRÈRE MINEUR. - Où donc êtes-vous ?
LE PAPE PIE. -A leurs pieds, avec Notre Seigneur.
LE ~RÈ~E MINEUR. - C'est du Pape en effet qu'il
est écnt, qu il est le Serviteur des serviteurs.
LE PAPE PIE. - Telle est la place qui est par excellence la Nôtre, la plus basse entre tous les hommes
C'e~t là que Nous sommes assis continuelleme~t, les
suppliant pour le salut de leur âme et pour la libération
de la Nôtre.
LE FRÈRE MINEUR. - Ah ! je remercie Dieu de
n:être qu'un pauvre petit frère qu'on n'a même pas jugé
digne de rester le cuisinier !
LE PAPE PIE. - Et maintenant voici qu'ils ne se
contentent point de ce qui est à eux et qu'ils réclament
de Nous Notre héritage, comme si Nous étions mort.
~E FRÈRE MINEUR. - Ah ! donnez-le leur donc,
Saint Père! 11 est si agréable de donner! li est si bon de
n'avoir rien à soi l
~ui demande la robe, qu'on lui donne aussi le manteau f
Qi_u veut_ Nous forcer à aller jusqu'à Sainte Agnès avec
lw, nous irons de bon cœur jusqu'à Viterbe.
LE PAPE PIE. - Petit frère, ici tu ne me conseilles
pas comme un homme sage.
~E FRÈRE MINEU~. - N'est-ce pas l'Evangile
qw parle ainsi ?
LE PAPE PIE. - Quand tu étais berger de moutons,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

est-ce que les moutons étaient à toi, et est-ce que tu
avais le droit de les donner ?
LE FRÈRE MINEUR. - Non pas, c'est vrai.
LE PAPE PIE. - Et si un Anglais te demandait cette
belle chaudière en cuivre dont tu es si fier, où l'on fait
cuire le repas de la communauté, et qui porte les armes
d'un cardinal,
Est-ce que tu aurais le droit de la vendre ?
LE FRÈRE MINEUR. - Ce serait un grand péché.
LE PAPE PIE. -Ainsi je n'ai pas le droit davantage
de donner ce q11i n'est pas à moi.
Ce qui n'est pas à Nous, mais à tous Nos prédécesseurs
avec Nous et à tous Nos successeurs avec Nous, ce qui
est à toute l'Eglise, ce qui est à tout l'Univers avec Nous.
LE FRÈRE MINEUR. - Eh bien, ce que vous ne
pouvez leur donner, qu'ils le prennent !
LE PAPE PIE. - C'est une chose défendue que de
prendre ce qui n'est pas à soi.
LE FRÈRE MINEUR. - Cela sera à eux une fois
qu'ils l'auront pris. Hélas, cela fera partie de toutes ces
chœes qui sont tellement à eux et qui l~s rendent si
contents!
Pour vous, n'avez-vous pas fait ce que vous pouviez?
Réjouissez-vous parce que votre fardeau est allégé. Et
priez pour ces pauvres enfants, que Dieu trouve moyen
d'arranger ses comptes avec eux.
Saint Père, le monde devenait trop exigeant, une
machine trop compliquée. Qui veut s'en occuper, il faut
qu'il en soit trop l'esclave.
Jamais le fardeau ne fut plus lourd, réjouissez-vous
parce qu'il a plu à Dieu de vous en soulager.

•

LE PÈRE HUè',fIUÉ

Vous voici comme un pauvce curé réduit à son presby~è:e. Vous voici un vrai franciscain comme nous.
V01clle Séraphin d'Assise qui a obtenu la Pm,1vTeté pour
le Pape de Rome.
LE PAPE PIE. - L'amère pauvreté est celle de
l'amour de mes enfants.
LE FRÈI_&lt;E M!NEUR - Ce qui vous manque de
leur P~, ?ieu lm-même se chargera de vous le régler.
Qum, Samt Père, sont-ce là vos bonnes résolutions ?
Est-ce là ce que vous venez de promettre à votre confesseur?
Vous avez un père aussi, croyez-vous qu'il soit content
de vous voir triste,
-P:- cause de ce présent qu'il vous a fait d'un dénuement
qm est comparable au sien ?
Ces minutes qui vous semblent si amères, cependant
elles font partie de l'An de Grâce et du temps de Ja
Bonne N-Ouv~e J
A cause des choses bonnes que nous ne pouvons donner
oubli:1"ons-nous celles que nous-mêmes avons reçues ?
Samt Père, qu'est-ce qu'il tait, celui qui n'a plus de
péchés ? Il chante !
Ainsi Christine l'Admirable sur son lit de souffrances
et de ses lèvres immobiles, de ce -cœur pareil au soleil
l:vant sous .cette f~rme à demi détruite, de même que
1on reconnait un oiseau parmi les autres oiseaux
Un~ mélodie de jubilation sans aucune re;rise de
l'ihal_e~e s'élevait comme le chant d'un.séraphin en extase!
~ms1 notre frère Pacifique qui de deux morceaux de
bois n_iort ramassés au fond du jardin, se faisait un violon
dont Il savait jouer mieux qu'un tireur d'archet ,

•

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Et la musique qu'il en faisait sortir, il n'y avait que
Dieu et lui pour l'écouter!
LE PAPE PIE. - C'est vrai, petit frère, ce que tu dis.
LE FRÈRE MINEUR. - Article Premier de la théologie, celle que je fais à mes abeilles. Il est temps que
j'aille m'occuper d'elles.
Votre bénédiction, Saint Père.
- Je vois vos deux neveux qui s'approchent pour
vous· parler.
Il sort.
SCÈNE II

Entrent ORIAN et ORSO. Ils s'agenouillent tou,
à tou, devant le Pape et lui baisent la main.

LE PAPE PIE. - Je suis content de vous voir, mes
enfants.
ORSO. - Père, je vous amène un homme obstiné
afin que vous lui fassiez entendre raison.
ORIAN. - C'est lui qui a perdu le sens et il faut que
vous lui imposiez votre volonté.
ORSO. - Il a fini par se rendre quand je lui a.i proposé
de soumettre ia chose à votre jugement.
LE PAPE PIE. -Je suis prêt à vous écouter.
ORIAN. - Par où commencer, Orso? Mais je !:'ais
ce que notre Père décidera. C'est absurde de nous avoir
amenés ici.
ORSO. - Père, il a vingt-huit ans et je n'ai qu'un an
de moins que lui.

LE PÈRE HUMILIÉ

Mais il est plus sage que moi, les chevaux et les armes
sont plus mon affaire que les livres.
ORIAN. - Vraiment, ce qu'il dit est si bête qu'il vaut
mieux ne pas y répondre.
ORSO. - C'est lui qui m'a ramené à vous, Père, quand
je m'égarais tristement.
ORIAN. - Non pas moi, Orso, mais la grâce de Dieu,
et les prières de notre mère, et le bon sang qui coule
dans tes veines.
ORSO. - Père, il est mon aîné, regardez-le! Il est
grand. Je l'aime, je l'admire.
C'est à lui de décider tout, et moi, je le suis où il va.
Dieu m'a tout disposé pour être son frère, le second
avec lui, ce qui était en plus quand on l'a fait. Pour l'aider,
pour l'aimer, pour faire ce qu'il me dit ; et non pas pour
prendre ce qui est à lui et pour lui causer aucune peine.
LE PAPE PIE. - Je sais que tu es un bon enfant,
mon Orso.
ORSO. -Alors est-ce que je vais lui prendre la femme
qu'il aime?
ORIAN. - Père, n'écoutez pas ce qu'il dit.
ORSO. - Ah, j'ai eu bien dÙ mal à lui arracher cet
aveu. Je le voyais si sombre et si fermé. Et je sais qu'elle
l'aime aussi.
ORI~. - C'est triste d'entendre de telles sottises.
LE PAPE PIE. - ;Est-ce vrai, Orian? Eh quoi, mes
enfants, êtes-vous si grands déjà, il me semble que je vous
vois tout petits encore. Voilà que vous voulez prendre
femme et le vieux Père ne vous suffit plus !
ORSO. - Si fait, Saint Père, nous du moins nous serons
toujours avec vous.

�LA NOUVELLE REVUE FRA,'&lt;ÇAISE

ORIAN. - Père, voici ce qu'il en est et je vais tout
vous expliquer.
Cet Orso que vous voyez s'est follement épris d'une
certaine personne.
Et parce qu'il n'osait pas lui parler, c'est moi qu'il a
chargé de lui faire part de ses sentiments.
A quoi j'ai par faiblesse et plus follement encore,
consenti.
ORSO. - Je me le reproche, Orian. C'est un tort
que je t'ai fait d'avance.
J'aurais dû savoir qu'où va mon cœur, là le tien doit
être aussi.
ORIAN. - C'était -à cette fête que donnait le Prince
Wronsky. J'ai donc... J'ai parlé avec cette jeune fille.
Ah, j'étais trop orgueille11x aussi, trop dur, trop sûr
de moi-même ! Tout œla qu'il y avait en moi et que je
ne connaissais pas à mesure qu'elle parlait, tout cela qui
fournissait en moi comme de la musique !
Il ne fallait pas que la vie fût si facile pour moi, il y
a quelqu'un qui s'est chargé d'y mettre bon ordre l
Ce n'est pas drôle qu'à la vue de ce beau visage, sans
que je sache comment, il y ait quelque chose en moi qui
se soit mis à chanter, de si triste, de si enivrant, de si
amer?
Toute une partie de moi-même dont je croyais qu'elle
n'existait pas, parce que j'étais occupé ailleurs et que je
n'y pensais pas. Ah! Dieu! Elle existe, elle vit terriblement! Oui. Je n'ai pas une année de plus que mon âge!
Et ce qu'elle m'a dit (cette personne dont je parle),
je ne peux plus l'ôter de ma pensée.
J'y arriverai cependant.

LE PÈRE HUMILIÉ

LE PAPE PIE. - Oui, il faut y arriver.
ORIAN. - L'entretien que nous avons eu, je voulais
le garder pour moi. Je voulais me taire, fuir.
C'est lui qui ne m'a point laissé de repos et qui m'a
forcé de tont lui dire. Du moins je ne serai pas un traître
avec lui.
ORSO. - Et moi je n'en serai pas un avec toi.
Père, délivrez-le de ces scrupules bêtes.
Est-ce qu'il croit vraiment qu'il va me forcer à épouser
cette pœoonne qui l'aime et ne m'aime pas ?
ORIAN. - Elle t'aimera, Orso.
ORSO. - E st-ce que je te prendrai ce qui est à toi ?
Est-ce que je ferai le bonheur de ma vie de ce qui serait
le malheur de la tie'nne ?
Ce n'est pas làcequenous noussommesjuré,mongrandl
Ce ne serait pas la peine d'être frères si nous n'étions en ·
même temps de si bons amis..
ORIAN. -Tout ce que tu dis, Orso, je pourrais le dire
aussi bien.
ORSO. - Mais ce n'est pas moi qu'elle aime, bon Dieu l
C'est toi, elle a raison! Ce n'est pas un sacrifice que je te
fais!
Quant à moi, je suis un soldat, est-ce que je vais fonder
une famille, c'est ridicule 1
Pour quatre jours peut-être que j'ai la compagnie
de tous mes membres J Car·nn temps a l'air de s'approcher
qci ne promet pas l'âge de Mathusalem à l'espèce d'homme
que je suis!
LE PAPE PIE. - Cette jeune fille n'a-t-elle pas d'yeux
pour faire son choix elle-même entre vous deux ?
ORIAN. - Précisément elle n'en a pas.

�LE PÈRE HUMILIÉ

588

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LE PAPE PIE. -Aveugle! C'est la fille du Comte de
Coûfontaine ?
ORIAN. - L'Ambassadeur de France, oui.
LE PAPE PIE. - Il y a une tradition que jadis une
demoiselle de Coûfontaine a sauvé Notre prédécesseur.
ORIAN. - Je ne sais.
LE PAPE PIE. - Vous sav\z que son père est Notre
ennemi, en secrète union avec tous Nos persécuteurs?
ORIAN. - Je ne veux rien savoir de cet homme.
LE PAPE PIE. - Et que la mère est née Juive, et
que l'enfant sans doute a été élevée dans la haine du
Christ?
ORIAN. - Saint Père, elle est a"."eugle.
LE PAPE PIE. - Et vous qui voyez, c'est une
aveugle que vous voulez prendre pour épouse ?
ORSO. - Comment essayer de m'expliquer? Il ne
faudrait pas avoir d'honneur! Cette faiblesse qui me
donne un droit sur elle, un devoir sur elle ! Il y a quelque
chose en moi dont je sentais·qu'elle ne pouvait se passer.
Ces yeux où il n'y a pas besoin qu'il se forme une image
pour qu'ils me voient.
ORIAN. - :Vous entendez ce qu'il dit.
LE PAPE PIE. - Et que dis-tu toi-même?
ORIAN. - Père, que faire? Ce n'est pas ma faute!
Tant qu'on n'aura pas trouvé autre chose que les femmes
pour en être les enfants, jusque-là sur un cœur d'homme
elle conserveront leur droit et leur empire.
Qui serait resté insensible en la voyant ainsi chancelante
et aveugle et perdue au milieu de ténèbres irrémédiables,
et appelant, et me tendant les bras !
La première personne en cette vie qui m'appelle et qui

589

s'adresse à moi ·! Comme quelqu'un de plus faible et
cependant de plus fort,
Ce visage à la fois absent et nécessaire avec une délicieuse autorité 1
Ainsi l'homme après un long exil qui retrouve le pays
natal, et qui, le cœur battant, sous le profond voile de la
nuit, reconnaît que c'est la patrie qui est là !
LE PAPE PIE. - Nous n'avons pas de vraie patrie
ici-bas.
ORIAN. - Père, nous ne faisons rien sans vous. Tous
les deux en même temps nous avons trouvé cette chose
que nous ne cherchions pas.
Père, nous vous l'amenons, dites-le nous! que faut-il
que nous fassions de notre petite sœur ?
LE PAPE PIE. - Est-ce un conseil que vous me
demandez, enfants? Car je ne puis sonder vos cœurs,
Et vous savez que le mariage est un sacrement, dont
l'époux et l'épouse sont les seuls ministres.
ORIAN. - Conseillez-nous.
LE PAPE PIE. - Dans tout ce que vous dites je ne
vois que la passion et les sens et aucun esprit de prudence
et de crainte de Dieu.
Cette jeune fille vous a plu et vous ne voyez rien autre.
Mais le mariage n'est point le plaisir, c'est le sacrifice
du plaisir, c'est l'étude de deux âxnes qui pour toujours
désormais et pour une fin hors d'elles-mêmes,
Auront à se contenter l'une de l'autre.
C'est une grande affaire et qui mérite réflexion et le
conseil de plus anciens, comme la fondation d'une ville,
Cette maison fermée au milieu de qui jadis on conservait
le feu et l'eau.

�590

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ORSO. - Père, si l'on réfiéchissai1, il n'y aurait
pas beaucoup de mariages au monde et beaucoup de
villes.
LE PAPE PIE. - Voilà le militaire qui mène tout
tambour battant !
ORSO. - Père, ce ne sont pas des vieillards qui se
marient, ce sont des jeunes gens.
LE PAPE PIE. -Ainsi, s'il n'y avait point cette crainte
de faire de la peine à ton frère,
Ce ne seraient point Nos conseils qui t'arrêteraient ?
ORSO. - Il me faudrait un ordre positif. Autrement
ce n'est pas vous qui vous mariez, c'est moi, pauvre petit
bonhomme!
Et qui endure les conséquences.
LE PAPE PIE. - Et que cette jeune fille net'aime pas,
ce n'est point cela non plus qui t'arrêterait ? Allons,
n'hésite pas, sois franc.
ORSO. - Père, vous le voulez, eh bien, pour dire la
vérité, non, ce n'est point cela qui m'arrêterait.
Puisque je l'aime, pourquoi ne m'aimerait-elle pas ?
Puisque je suis capable de la prendre en mains, pourquoi
ne la prendrais-je pas ?
Cela arrêterait Orian, parce qu'il n'est pas assez patient
et assez simple.
Il n'y a rien à quoi on n'arrive avec de la patience et
de la douceur et de la sympathie, et un peu d'autorité,
et un certain savoir-faire.
LE PAPE PIE. - Cette mère qui ne verra pas ses
enfant5.
ORSO. - Eux-mêmes la verront.
L~PAPE PIE. - Et cette famille que tu connais, ce

LE PÈRE HUMIUÉ

père et cette mère qui sont les siens, ce n'est pas cela non
plus à quoi tu fais attention ?
ORSO. - J'aimerais mieux que la fille ne fût pas
aveugle et que la famine ne fût pas borgne, mais qu'y
puis-je ?
Quand on livre bataille on ne choisit pas toujours le
lieu et l'heure. Quand on construit une ville, on n'est pas
sûr que le chemin de fer y passera.
Ce ne sont pas les difficultés qui arrêtent un homme de

cœu.r.
Celui-là est incapable de quoi que ce soit qui n'a pas.
en lui un certain sentiment de la nécessité.
LE PAPE PIE. - La jeune fille est riche et tu es
pauvre 1
ORSO. - Tant mieux pour la ville que nous allons.
construire 1
Sa fortune ne sera jamais aussi grande que l'usage que
je saurai en faire.
LE PAPE PIE. - Mais tu ne construiras rien du tout r
puisque c'est ton frère qui va épouser celle que tu aimes-..
ORSO. - Voilà ce qu'il faut lui enjoindre positivement.
LE PAPE PIE. -Et tu ne mourras point de douleur ?
ORSO. - Je ne mourrai que si on me casse la tête et it
y faudra un bon coup.
Ce n'est pas une petite fille qui privera d'un officier
les armées de la Sainte Eglise.
LE PAPE PIE. - Orian, qc e pouvons-nous contre cet
homme résolu ? Il n 'y a qu'à lui laisser le chemin libre.
ORIAN. - Je .n'attendais pa:&gt; de votre sagesse un
autre avis.
LE PAPE PIE. - Pàuvre enfant, tu l'aimes trop~

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Toi qui étais si fier de ta force, quand la main de Dieu se
retire, vois ce qu'une simple créature peut sur nous.
ORSO. - Et c'est parce qu'il l'aime trop que vous
lui dites de ne pas l'épouser ?
LE PAPE PIE. - Ce n'est pas parce qu'il l'aime trop,
mais parce qu'il ne l'aime pas assez.
ORSO. - Je ne vous entends pas.
LE PAPE PIE. - Ce n'est pas aimer quelqu'un que
'
de ne pas lui donner ce qu'on a en soi de meilleur.
ORSO. - Et qu'y a-t-il de meilleur que l'amour également rendu?
LE PAPE PIE. - Ce qu'elle aime, ce n'est pas cet
Orian qui est mon fils et que je connais seul.
ORIAN. - Point celui-là, mon père, mais un autre qui
est bien fort 1
LE PAPE PIE. -Je le sais, pauvre enfant 1
ORSO. - Ainsi, pour tout le bien que je lui dois, la
peine que l'on puisse lui faire la plus grande,
Vous voulez que ce soit moi qui la lui fasse ! La chose
qui est la plus précieuse,
Que ce soit moi qui la lui prenne !
ORIAN. - C'est moi seul, Orso, qui te le demande.
ORSO. - Je ne t'écouterai pas.
ORIAN. - A qui d'autre confierai-je ce qui m'est le
- plus cher au monde ?
ORSO. - Manque à celle-là qui t'appelle et qui n'a
que toi au monde !
ORIAN. -Où tu es je ne suis pas absent.
ORSO. - A décevoir son cœur ses ténèbres ne sont pas
assez grandes.
ORIAN. - Cesse, Orso, tu me fais mal.

LE PÈRE -HUMILIÉ

,

593

ORSO. - Mais il faut que tu l'épouses.
ORIAN. - Notre père me donne un autre conseil.
ORSO. - Te laisses-tu ainsi dépouiller de ce qui est
à toi?
ORIAN. - Orso, si je l'épousais, il n'y a point de mesure
possible entre nous ;
Ce qu'elle demande, je ne peux le lui donner,
C'est mon âme qu'elle demande et je ne peux absolument
pas la lui donner,
Moi-même ne la possédant pas.
ORSO. - Et moi, père, quel conseil me donnez-vous?
LE PAPE PIE. - Ne viens-tu pas de Nous dire que tu
n'avais besoin d'aucun ?
ORSO, à Orian. - Je ne puis te faire ce tort.
ORIAN. - Aucun tort. Sois à cette âme obscure le
guide que je ne puis pas être.
De moi ce n'est pas la lumière qu'elle demande, c'est
sa nuit qu'elle voudrait me partager.
Ce n'est pas un tort que tu me fais
A moi de m'interdire ces ténèbres, à elle de lui donner
la lumière, si tu le peux, - la cruelle lumière !
LE PAPE PIE. - La lumière n'est pas cruelle.
ORSO. -Adieu, Père ! (Il lui baise la main.) -Adieu,
Orian.
Il sort.
Silence.
LE PAPE PIE. - Mon fils, il ne faut pas m'en vouloir.
II Y a assez de gens qui me haïssent sans toi.
ORIAN. - Père, je ne vous en veux pas.
LE PAPE PIE. - Dis-moi, c'est donc si fort, ces
attachements de la terre ?

�LA NOUVELLE REV-UE FRANÇAISE

594
ORIAN. _ Je vois une face qui se tourne vers la
mienne, un beau visage, père, un pauwe visage qui ne

voit pas!
LE PAPE PIE. - Il te verra plus tard.
ORIAN._ J'entends une voix qui dit: Orian1 ne me
reconnais-tu pas?
- .
LE PAPE PIE. - Il faut lui fermer tes oreilles,
ORIAN. - Je revois de nouveau cet te expression
qu'elle avait, la joie peu à peu qui devi:nt plus forte ~ue
le doute, ce mélange si touchant de désir et de confusion
et d'e dignité virginale !
LE PAPE PIE. - -Sois fort !
ORIAN. - Je vois cette tête qui fléchit, j:entends,cette
voix qui dit tout bas: Orian! E t de nouveau., - de nouveau_ si bas-- qu'on peut à peine l'entendre...
Silence.
LE PAPE PIE. - Pleure, mon enfant, cela te fera du
bien.
ORIAN. - Je ne pleure pas.
LE PAPE PIE.-Pardonne-moi si je t'ai parlé,non en
mon nom, mais au nùm de ce qu'il y a de plus profond en
toi.
Bientôt le vieillard importun n'est plus. ·
Reste avec moi du moins, toi, mon fils préféré, à cette
heure de la tribulation et du dépouillement qui approche.
Reste avec moi à cette heure où tous vont me répudier.
o RIAN. _ Je- reste avec vous. J'ai foi en vous. Je
crois que ce que vous me conseillez est b.ien.
.
LE PAPE PIE. - Est-ce moi seul qw te conseille?
ORIAN. -Ah, votre voix n'aurait pas tant d'empire,

LE PÈRE HUMILIÉ

595

elle ne m'obligerait p as à de tels sacrifices, si elle ne
répondait à ce qu'il y a de plus fort en un homme,
A ~e~te :ho~e que j'ai à faire et pour laquelle je sais
que J a.J éte mis· au monde, à cette chose qui l'a obligé
à n aître, ~ ce~te chose en un homme la plus forte qui
demande 1 action et non pas le bonheur :
Il ne-me reste qu'à la connaître.
LE PAPE PIE. -Est-ce que Dieu n'est pas une réalité
pour toi?
ORIAN. - Dois-je marcher vers lui directement?
LE PAPE PIE. ~ Tu n'iras pas avec Dieu avant d'être
débarrassé de ce que tu dois aux hommes.
Orian, donn~leur la lumière ! Il n'y a pas qu'une
aveûgle au monde.
Pour celui qui sait" ce que c'est que la lumière et qui la
voit, est-ce qu'il n'est pas responsable de ·ces ténèbres
où sont tant de pauvres âmes autour de lui ef comment en
soutenir la p ensée ?
Orian, mon fils, ce que je n'ai pu faire, fais-le! toi qui
n'as pas ce trône où je.suis attaché pour mieux entendre
le cri désespéré de toute laitette ! c~ supplice d'être attaché
pendant que toute la terre souffre et qu'on sait qu'on a en
soi le salut ! toi qui n 'as·pas ce vêtement devant lequel
par la malice du diable tous les cœurs reculent et se resserrent l
Parle-leur, toi qui sais leur langage, qui n'es un étranger
à aucun repli de leur nature !

Fais-leur comprendre qu'ils n'ont d'autre devoir au
monde que la joie !
La Joie que Nous connaissons, la joie que Nous avons
été chargé de leur donner, fais-leur comprendre ··que ce

�597

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

n'est pas un mot vague, un insipide lieu commun de
sacristie,
Mais une horrible, une superbe, une absurde, une éblouissante, une poignante réalité, et que tout le reste n'est
rien auprès,
Quelque chose d'humble et de matériel et de poignant,
comme le pain quel' on désire, comme le vin qu'ils trouvent
si bon, comme l'eau qui fait mourir si on ne vous en
donne, comme le feu qui brûle, comme la voix qui ressuscite les morts 1
Mon âme est avec la tienne, mon fils! Fais-leur comprendre cela, Orian !
LE FRÈRE MINEUR, est là depuis un moment. - Il
y a à la porte du couvent toute une compagnie de dames
et de cavaliers, la femme et la fille de l'Ambassadeur de
France, je crois,
(A Orian) Et il y a avec eux le signor Orso qui dit que
vous veniez.
ORIAN. - Je ne puis.
LE FRÈRE MINEUR. - Il m'a bien recommandé
d'insister et désire absolument que vous veniez.
Silence.

ORIAN. - Non, je ne puis pas. Dites-leur que je ne
puis pas.
(A suivre)

PAUL CLAUDEL.

RÉFLEXIONS SUR
LA LITTÉRATURE
LE ROMAN DE L'AVENTURE
Il ne serait pas très juste de- parler, pour quelques bons
romans d'aventures récents, d'une renaissance. On a toujours
aimé les récits de ce genre, parce qu'on y trouve l'essentiel du roman, qui est de conter une histoire neuve.
Ceux qui réfléchissent sur leurs lectures reconnaissent
ensuite que cette histoire neuve était très vieille, et
d'avoir paru neuve n'en prenait que plus de valeur. Il est
certain que le roman d'aventures a récrit l'Odyssée ou Robinson au moins autant de fois que le roman psychologique a
récrit Manon ou Madame Bovary. Ces récritures, qui peuvent
être bonnes, médiocres ou mauvaises, c'est la vie même de
l'art, comme les variations sur les thèmes du temple grec ou
de la cathédrale. Et mettre à nu ces thèmes, apercevoir ce
permanent, c'est la vie même de la critique.
Le public à goûté les deux premiers romans de M. Pierre
Benoît, Kœnigsmark et l'Atlantide. D'autre part l' Edition
Française illustrée publie, sous une forme artistique, avec
d'excellents bois de Daragnès, une Collection littéraire des
romans d'aventures qu'inaugure avec une traduction de
!'Etonnante vie du colonel Jack, de de Foë, le Maître du
Navire, de M. Louis Chadourne.
Tout cela fait une lecture agréable. Je ne méconnais
pas ce qui s'y trouve d'original et d'inattendu, ce qui en

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

fait de vrais romans d'aventures. Pourtant je me trouve
plutôt disposé à y chercher des similitudes, tout simplement
parce que des similitudes offrent un meilleur terrain pour
filtrer et clarifier des idées. De ces similitudes je retiendrai
deux, l'une entre les deux romans de M. Benoît , l'autre
entre l'Atlantide de M. Benoit et le roman de M. Chadourne,
et j'essaierai d'en ttirer des conclu~ions.

* **
M. Benoît doit une RB,I;.tie ,de sop. ,5,qccès à l'aisance de sa
narration, à la fluidité ingénieuse de ses tableaux successifs,
à la so-uple solidité de sa composition, à des qualités techniques et à une certaine présence ou virtualité de romancinéma. Mais fout cela, et la suite plus ou moins imprévue des
aventures, ce sont les moyens d'un roman, ce n'est pas son
essence ni son noyau. Or, les deux romans de M. Benoît
racontent des histoires différentes, dénouent des écheveaux:
originaux, mais il les racontent et les dénouent ~utour du
même noyau.
Le centre de Kœnigsmark c'est la gt"ande--duchesse Aurore
de Lautenbourg, et ·Ie centre de l'Atlantide c'est la princesse
Antinea. Toutes deux, également ·belles bien -entendu, diffèrent apparemment beaucoup dans leur chair : Aurore est
une Russe qui fait à Vignerte dans la manière d'Astiné
Aravian à Sture! le récit de ses aventures aristocratiques,
décousues, pittoresques et savoureuses, et à qui ces av-entures
de jeunesse ont donné le dégoût de l'homme, de sorte qu'elle
est pour bien dire, ou plutôt pour ainsi dire, vierge. Bien au
contraire, l'Antinea del' Atlantide -est une sol'te de Sémiramis
ou de Catherine II da ns la sensuailité saharienne et terrible
de qui tient garnison un officier fréquemment r.enouvelé,
happé pour l'amour et la mort par cette fosse de fourmilion qui s'ouvre fabuleusement dans il e désert rouge. Pour·,t;ant, quelles que soient les différences •plastiques et sensuelles

RÉFLEX.IO~S SU.R LA LITDÉRATURE

599

.entre la fille des neiges et la fille du soleil, on a vite lait .de
les '1'econnattI:e l'une et l'autr.e et de les .classer comme les
amants d'An:tinea dans la même salle circulai.te de ,mar.bxe
et r.sous la même armure d'orichalque. M. Pierte Benoît
est un -poète, U'aute.ur de .Diadumène ; ces deux fe=es
appartiennent 11u monde des poè.te,g plus qu'au monde des
hommes. Nous:œconnaissons en·elles de somptueuses.figures
Tomantiques:etsymbolistes, sous J.es,bijowc et lesy.erui:: de,qui
on trouve moins d"C aha:ir que demar.bre, celle que schématise
en lignes de diamant !':Hérodiade de Mallarmé, ,celle que
Villiers ne s'est point lassé de produire en Elen ou .Morgane
ou Tullia Fabriana. Il est vrai que dans SalammM le -génie
de Flaubert a .réussi à eu Jaire cadrer la .forme passiv.e
avec le type vivant et durable de la lemme d'Orient.
Et je ne -méconnais pas la souplesse .i:Ittelligente avec
laquelle M. Benoit sait animer de v.rais .feuillages dans
l'air autour de la -figure .d'Aurore. iEt comme M. Benoît
·e st un artiste .adroit, tout cela 1demeure fort acceJ&gt;table.
Mais enfin reste ceci qu'.il. 'Y au ·milieu de ses .d eux .i:omans, et
peut-être de son ·. imagination poétique et roman.tique, une
image artificielle et belle de l'éternel féminin, autour de
laquelle se déroule l'aventure.
Cette Temarque, dira,t-on., que des tomans, .fussent- ils
d'aventure, s·e développent autour d'une femme, ou plutôt
d'un homme ou d~une±emmeet delawieille aventure amoureuse, -ne va peut-.être ·pas très loin. Saurait-il ,y avoir
d'autre roman que .cela. &lt;? Le :mot .roman pour ,vous-signifie
un in-18 qu'ilfau:t &lt;roupe:r., lire,·parce qu.e'lire les romaD:Snou'Veaux est, comme la cigarette, une habitude prise depuis la
Bibliothèque Ro-se et le Jules Veme:annuel. rAvec..ces pages
vous bâtissez des châteaux de cartes d'idées comme avec la
inmée d-e la cigarette vous fait.es monter des cercles couleur
de rê:ve ; mais dans le langage populaire, ,qui est le vrai,
roman ne signifie pas .essentiellement un in-18, :il signifie

�600

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

une histoire d'amour intéressante, et, pour la concierge,
s'applique aussi bien à celle qui se passe au sixième de son
immeuble qu'à celle qui se déroule dans le rez-de-chaussée
de son journal. Il y a quelques années, l'Eclai1' publiait
des réponses de soldats à des questions d'histoire posées
par leur capitaine (le journaliste qui les trouvait absurdes
ne révélait que sa propre absurdité). Interrogé : « Qu'est-ce
que l'Algérie ? » Dumanet avait répondu : « C'est où il y a des
zouaves. • Un roman, en français, c'est où il y a de l'amour.
Ne vous étonnez pas que M. Benoît ait écrit des romans en
français.
Entendu. Mais notez - et c'est là que je voulais en venir
- que dans les romans d'aventures, qui forment jusqu'ici
un genre réel, ordonné, abondant, avec sa manière, ses
limites et ses lois propres, l'amour ne tient jamais aucune
place, sinon par hasard et très épisodique et banale. Le roman
d'aventures exctut l'amour comme la tragédie classique
excluait le personnage d'un mari trompé. Aussi, dans un
certain français, n'est-ce pas un roman, pas plus que les
Provinciales n'étaient un pamphlet pour le juré de PaulLouis Courier. Etant gamin, je demandai, un dimanche, à
la vieille demoiselle qui tenait la bibliothèque paroissiale
un roman de Jules Verne. Elle était entourée de quelques
assistantes, consœurs en sainte Catherine, qui se mirent à
rire, et leur chef me déclara : «Je vais vous donner un livre
de Jules Verne, mais si c'était un roman je ne vous le donnerais pas. » Telle une _cigarette en chocolat n'est pas une cigarette. Je fus humilié_d'avoir été surpris en flagrant délit Ae
folie des grandeurs, ne me doutant pas que j'utiliserais
beaucoup plus tard la leçon de sémantique de l'académie
en jupons.
Précisément, dira-t-on, leur meilleur public, les romans
d'aventures le trouvent chez les enfants et les adolescents.
L'intérêt et les convenances commandent aux auteurs de

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

601

faire voyager leurs héros dans tous les mondes possibles,
excepté dans le pays du Tendre. Et les romans d'aventures
sont tout à fait adaptés à la mesure de ce public. Aussi ce
genre de production reste-t-il ordinairement dans certaines
limbes et s'oublie-t-il avec la culotte courte. Peu de livres
qui aient fait passer autant d'heures délicieuses que les
Aventures de Jean-Paul Choppart et celles de Robert Robert.
Et qui connaît Louis Desnoyers? D'ailleurs quand il a voulu
écrire des u romans», ces romans n'ont rien valu. Jules Verne
fut candidat à l'Académie française, et, comme un :écrivain
pour enfants n'entre pas plus à l'Académie qu'un tailleur
pour enfants n'obtient la renommée de Faquin, les gardiens de la tradition verte jugèrent cette candidature aussi
fantaisiste que l'eût été celle du comédien Molière sous
Louis X.IV, que l'ont été celles de Baudelaire et de Paul
Fort. Si les romans d'aventures sont des romans sans amour,
ce n'est pas une question de genre, c'est une question de
public.
Il y a là quelque chose de vrai, mais qui s'applique surtout à la France où le développement du roman d'aventures
est en effet resté médiocre. Cependant voici des faits qui nous
montrent la question plus complexe. Le vrai roman français, le roman d'analyse, a toujours répugné à incorporer
l'aventure à ses études humaines.-Il y a eu toute une période
de notre histoire littéraire où le roman d'aventures a été en
même temps roman d'amour: c'est l'époque des romans du
cycle breton, et, à la limite, du Roman de la Rose : cela n'a
rien produit de bon.- Enfin il y_a un pays où.le roman d'aventures est un genre vivace, puissant, enraciné en pleine humanité et qui a donné des chefs-d'œuvre. C'est l'Angleterre. Or,
le roman d'aventures anglais est toujours absolument sans
amour.
Ce roman anglais d'aventures est fondé par un des livres
capitaux de la race anglo-saxonne etde la littétature d'Occi-

�602

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

•dent, Robinson Crusoé. Robinson :met àJ'origine du roman
.cl.' aventures cett.e :sorte de cristal, de.miel sans .cire, de schématisme pur que le Cid installe à la.naissance de la tragédie
classique ou la Prinr,esst de Clèv,rs au :prinaipe du xoman
d'analyse. Deux éléments: le désir de l'a.venture, puis l'aventure elle-même, sous·sa forme la -plus extraordinaire, la plus
neuve pour un homme animal politique, .la plus -purement
~nture: la solitude. L'hyperbole de l'aventure est réalisée
par une économie hyperbolique de moy.ens, etc' est soutenu
par la vigueur même de son -sujet que de Foë a -pu, comme
!l'auteur du Cid et de 1a Prinusse, ,écrme :son che:f-d'œuvre.
Tel qu'il e!it :fondé ici par le romancier anglais., le roman
d'aventu~es est le Toman de llén~e, de l'intelligence utile
et de l'action, et c'est ainsi d'ailleurs que les Grecs l'avaient
compris dans l'Odyssée. L'Od;yssée, que Bérard _a reliée si
maitériellement à l'idée i:haJassoci:a;tique, est comme Robinson
le livre d'un peuple de =arins, de aol:onisate.urs et qui obéit
exactement aux mêmes lois. Un héros amoureux y serait
ridicule. Sur un tel métal toute faiblesse, -toute avance délicate d'amour parait rouille, énerve l'œuvre d'art dans la
même mesure et pour les mêmes raisons que le héros, Virgile nous l'apprend à ses dépens. Le sujet de Rob:inson
excluait autommiquement l'amour, et c'est pourquoi aussi
il réalisait automatiquement l'eau-mère du ·roman d'aventures. Mais 1e cr;ois bien qu'un romancier français n'aurait
pas résisté à l'idée de rfaire de V endr.edi une sauvagesse.
Comme l'Odyssée, Rabinson est écrit pour une race, non
rpour run public, s'imprime 1,ur l'homme dès qu'il sait lire et
l'intéresse encore quand •il .n'est .plus qu'un des vieillards
spectateurs du Ludi pro patri,a. Et l'auteur de .Mozl
Flanders et de Roxana n'écrit pas seulement comme celu
d' Hector Servadac pour les enfants. Il sait créer .des
femmes vivantes, touchantes, .amoureuses, mais elles
demeurent dans le gynécée littéraire. Considérez mainte-

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

nant l'autre Anglo-Sa.xon qui a été, :sur une autre voie, à la
plus admirable limite du roman d'aventures, Edgar Poe.
Lui, qui a dessiné quelques-unes des plus pures et musicales
figures de femmes qui soient, se fût gardé de les placer dans
le Scarabée d'or et Gordon Pym. L'aventure et l'amour
rehennentchezluisur leurs plans sans communication toute
leur pureté de diamant.
Wells .nous instruit mieux encore. Qn l'a appelé le Jules
Verne anglais, alors qu'il y a entre Jules Verne et Jui la
différence d'une imagination ingénieuse à un art véritable
créateur de vie. \Vells a-écrit des romans d'aventures et des
romans d'analyse. Autant dans ceu.."C-ci il met en scène joliment et profondément l'amour, autant il l'exclut rigoureusement de cea:x-là. Chez ce romancier si parfaitement intelligent il ya une sciencei:rès sûre des lois organiques qui constituent les genres. Aussi l'Amour et M. Lewisham est•il un
chef-d'œuvre, et les P remiers Hommes dans la Lune un autre
chef-d'œuwe. Le public français a.fait surtout un succès à
des imaginations --pittoresques comme la Gi1erre des Mondes,
et l'on ouvre les Premiers Hommes avec une défiance instinctive contre un sujet épuisé depuis Cyrano et même Arioste
jusqu'à Jules Verne. C'est-pourtant ce que Wells a écrit de
plus vivant comme caractère, de plus adroit comme construction, de plus .in._telligent comme •résonnance de pensée. J'ai
employé le mot caractère au singulier, car Cavor est le seul
qu'il y ait dans le roman, et singulièrement ai:tirant parce
qu'il appartient à la lignée morale de Robinson. L'aventure
de Robinson, nous la voyons, chez ce savant opiniâtre et
bourru, transférée sur le terrain de la découverte scientifique comme les héros de la mythologie grecque dans le ciel
étoilé; elle y prend une valeur, un éclat, un orient admirables.
L'amour ne tient pas plus de place dans les romans où
Stevenson a condensé en poête toute l'âme de l'aventure, et

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

faut-il rappeler qu'il est pareillement absent de l'œuvre où
toute la race anglo-saxonne a reconnu pendant vingt ans
son âme d'énergie aventureuse, celle de Rudyard Kipling ?
Voilà donc un trait constant du roman d'aventures et
fort naturel, puisque le roman d'aventures est par excelle~ce
le roman de l'action et le roman d'analyse le roman de la
passion. La passion n'est introduite dans le roman del'action
que comme élément de détente ou de comique. On admet
parfaitement que le vaisseau de l'aventure porte son poltron
innocent et passif, son Toussaint Lavenette. Il pourrait
porter aussi son amoureux. On attend Dulcinée autour de
don Quichotte alors qu'on ne saurait imaginer une Dulcinée
sérieuse de Robinson et de Cavor. Or, les officiers français
qui dans les deux romans de M. Benoît représentent l'aventure vont bien à l'aventure pour des Dulcinées. L'aventure
française, contrairement à l'aventure anglaise, se présente
avec I'odor di femina, plus qu'avec celle de !;embrun et du
large. Aussi garde-t-elle quelque chose d'artificiel, et nous
vérifions ici à la manière de Brunetière, une bonne loi
des genres.
M. André Beaunier, étudiant récemment dans la Revue
des Deux Mondes les romans de M. Benoît, intitulait son
article: Une Renaissance du roman romanesque. Et je ne sais
pas si le roman romanesque était si mort que cela, puisque
M. Marcel Prévost, qui écrit encore, ·avait déjà prétendu le
faire renaître d'une mort peut-être aussi hypothétique.
Mais enfin c'est bien cela: les romans de M. Benoît sont
moins des romans d'aventures que des romans romanesques,
et tout roman d'aventures traité par un Français tendra
au roman romanesque.
Le roman romanesque n'est d'ailleurs pas très facile à
définir. Pratiquement, c'est le roman qui satisfait l'esprit
romanesque, c'est-à-dire imagine et fait imaginer l'amour
non colllme venu d'un intérieur et mêlé à la trame ordinaire

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

605

de la vie, mais descendu par un vol inattendu de la destinée,
et prenant une figure extraordinaire et lyrique. L' Amadis de
Gaule et les romans de Mlle de Scudéry sont des romans
romanesques, et le Roman d'un feune homme pauvre ou
l' Abbé Constantin pareillement, les romans romanesques
d'une société d'argent. Don Quichotte parodie le roman
romanesque et Madame Bovary de même.
Le roman romanesque a pour clientèle des femmes à
l'imagination faible et à la vie froissée, des Emma Bovary.
Il a pu rencontrer, avec les Amadis, avec Madeleine de
Scudéry, avec nos auteurs de roman-feuilleton, d'immenses
succès de lecture, il est toujours demeuré en dehors de l'art.
D'autre part le romanesque, c'est-à-dire un certain arrangement inattendu des événements analogue à celui qui est
requis au théâtre, figure comme élément secondaire et utile
dans le roman normal, ne disparaît même pas du roman que
le réalisme construit contre le romanesque, comme Adam
Bede ou l'Education sentimentale. Tout roman sur l'amour,
en tant qu'il montre l'amour tourmenté ou empêché, implique
du romanesque, tout roman sur la vie, en tant qu'il la montre
froissée ou accidentée, implique du romanesque. Si le roman
d'aventures anglais nous paraît appartenir à une nature
vraiment différente du romanesque, c'est que, mis en
présence des circonstances les plus extraordinaires, ses
héros demeurent tendus uniquement vers l'action ; leur
représentation est, pour varier une expression bergsonienne,
superposable à l'action. Or, le romanesque prend sa source
dans un exercice de l'imagination, un débordement de la
représentation, un reflux ou uneécumede l'action impossible
ou empêchée.
Il semble donc qu'à la différence du roman d'aventures
anglais qui demeure uniquement, aisément, naturellement sur
le plan de l'aventure, les Français entendent par roman
d'aventures une fusion ou, comme disent les philologues, une

�606

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

contamination de l'aventure et clti romanesque. Cela est
lié à l'être même de notre race: il fallait la guerre pour que
la Vie Parisienne connût ce fabuleux succès que ne lui
pouvaient même. assurer autrefois les hommes d'esprit.
groupés autour de Marcelin; et les femmes d'Hérouard,
-collées dans tous les bureaux de compagnie et toutes les
guitounes d'officiers, sont devenues l'art propre aux tranchées
françaises, comme les rennes, les bœufs sauvages, et les
mammouths peints. ou gravés au trait étaient l'art propre
d'une civilisation troglodyte plus ancienne. Le romanesque
a fructifié sur cette·aventure de cinq ans comme sur son
terreau naturel et il prendra bien d'autres fonnes que les
romans de M. Benoît. N'imaginezTVous pas M. Jean Giraudoux nous donnant un roman romanesque pur qui exclûrait
l'aventure aussi rigoureusement que le roman d'aventures
anglais exclut le romanesque ?
N'oublions pas que l'année même qui précéda la guerre
on appelait une renaissance du roman d'aventures. Les
lecteurs de la Nouvelle Rwiw Française se souviennent de
l'article publié sous ce titre par Jacques Rivière, et ils se
souviennent du Grand MeauJnes. Or, le Grand Meaulnes
reste aujourd'hui et restera peut-être longtemps encore le
-chef-d'œuvre de l'art que comporte le roman d'aventures
conçu à la française, c'est-à-dire le roman romanesque
d'aventures ou le roman de l'aventure romanesque. Alain
Fournier s'était placé avec un art parfait au fil de certaines nécessités. D'abord il avaft compris que J'aventure
romanesque n'est purement belle que dans un milieu d'enfants : un enfant romanesque est poétique ; une vieille
&lt;lemoiselle romanesque ne l'est pas, et Bélise n'appartient
qu'à la comédie. Puis l'aventure romanesque de Meaulnes
vient du dedans et non du dehors, est donnée par l'effet de
l'imagination naturelle, non par un accident comme celui
qui engage Vignerte dans une cour d'Allemagne ou le

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

607

capitaine de Saint-Avit dans le couloir de rochers au bout
duquel il y a l'Atlantide. Elle fait corps avec cette imagination, c'est-à-dire avec de la substance, de la plante et de la
fleurhumaines. Enfin et surtoutil y a là une économie. merveilleuse de moyens: le château des·Sablonnières etle passage
des saltimbanques, cela demeure peu de choses et ne dépasse
pas l'horizon d'une carte d'école primaire, et toute l'aventure.
romanesque fran:çaisetientlà-dedans comme toute l'aventure
active anglaise tient dans certaines pages si simples et si
infiniment résonnantes de Stevenson. Mais comme il est
difficile à l'aventure et au romanesque de se rejoindre sans
que celui-ci empâte et rabaisse celle-là! Le Grand Meaulnes
a; peut-être cent pages de trop, c·elles où le romanesque prolonge l'aventure quand l'aventure a donné tout son effet : le
romanesque est jeté sur les marcs de l'aventure pour en.
faire une seconde cuvée. Et la dernière phrase qui nous.
montre Meaulnes engagé dans le romanesque pour sa vie
entière diminue par un choc en retour l'intérêt de la première et pure aventure d'enfant, qui devrait demeurer
l'unique.
Je n'ai encore rien dit du M attre du Navire de M. Louis
Chadourne. On y trouve la même ingéniosité que dans les.
livres de M. Benoît, mais son orientation paraît très différente. M. Benoît eshm charmant imaginatif qui invente des'
histoires pour le plaisir de les inventer, les conte pour le
plaisir de les conter. Le géomètre qui demandait d'Athalie:
Qu'est-ce que cela prouve? méritait une réponse positive,
car Athalie prouve ou tout au moins démontre beaucoup de
choses, poétiques, politiques et humaines. En ce sens les
romans de M. Benoit ne • prouvent » à peu près rien, tandis
que le Maftre du Navire est écrit pour prouver, ou démontrer,
ou montrer une certaine idée de l'homme et du monde.
Le roman, fort intelligent, de M. Chadoume appartient à

�608

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la lignée des contes philosophiques du A'Ylll8 siêcle. Ce n'est
pas traité dans la maniêre sobre de Candide et de Zadig,
mais c'est traité dans leur esprit.
Le roman ou plutôt le conte de M. Chadourne développe
un thême qu'un poête três minime du nomd'Eugêne Manuel
mit à la portée des enfants en des vers sans artifice. Des
enfants se disputent un tas de noix et demandent à un vénérable derviche qui passe là de le partager entre e1Lx, lui
disant que son partage sera pour eux aussi juste que s'il
était fait par Dieu lui-même. - Vous voulez donc, mes
enfants, que je partage comme Dieu. - Oh I oui I Ainsi fait
le derviche, donnant tout aux uns et rien aux autres. M. Chadourne a imaginé un Hollandais qui, dans une ile inconnue
où il est le seul maître et où lesindigênes vivaient dans l'état
d'innocence heureuse du Si,pplément au Voyage de Bougainville, établit le rêgne de Dieu ainsi entendu, à son gré
donnant les plaisirs ou infligeant maladies et tortures, de sorte que l'île expérimentale de Van den Brooks, où Van
den Brooks s'est proclamé Dieu (un pauvre bonhomme de
Dieu qui, découragé par sa solitude, finit par abdiquer), est
à peu prês dans l'ordre moral et religieux ce qu'est dans
l'ordre de la vie physique l'île du docteur Moreau. Le ton
ironique et agréable du récit contraste de façon curi~use
avec l'âcre philosophie de M. Chadoume et avec son idée
sensuelle et sombre de la soufuance. Je laisse cela de côté
et ne veux m'intéresser aujourd'hui qu'à une certaine
technique et une certaine orientation nécessaire du roman
d'aventures.
A côté des deux sortes, anglaise et française, active et
romanesque, du roman d'aventures que l'on discernait tout
à l'heure, le Maître du Navire nous donne l'occasion d'en
spécifier une troisiême. J e l'appellerais le r~man de l'a~enture intellectuelle, le motif de l'aventure lié de façon ironique et symbolique à un certain romanesque de l'intelli-

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

6og

gence libre. Les exemples feront mieux comprendre. On
rangerait sous cette étiquette d'abord, à une frontiêre, les
romans de voyage en Utopie, tantôt mornes comme celui
de Thomas Morus, tantôt pittoresques et vivants comme ceux
de Cyrano de Bergerac, - puis, comme le cœur véritable
et le massif du genre, ces romans de l'intelligence en aventures dont le xvme siêcle, tant en Angleterre qu'en France,
donne les chefs-d'œuvre, avec les romans de Voltaire et
Gulliver, - enfin ces tapisseries où l'aventure n'est plus
qu'un motif idéologique, et dont le symbolisme a donné
autrefois deux figures presque jumelles, avec le Voyage
d'Urien d'André Gide et Couronne de Clarté de Camille Mauclair. On pourrait dire sommairement que, dans le roman
d'aventures anglais l'aventure intéresse l'action, que dans le
roman d'av~ntures romanesque elle décore la sensibilité et
que dans le roman d'aventures idéologiques elle matérialise
l'intelligence. Aussi ne faudra-t-il pas demander au dernier
de créer des personnages vivants.
Mais (c'est elle que j'annonçais en commençant), certaine
ressemblance en apparence tout extérieure entre l'Atlantide
et le Maître du Navire paraît assez typique. Tous deux sont
les romans d'une île, les solitudes de sable se comportant géographiquement comme celles de la mer, d'une mer à la
deuxiême puissance qui isole toujours et ne réunit jamais. En
apparence la remarque ne va pastrês loin. Mais notons qu'au
fond on en pourrait retrouver autant dans le Grand Meaulnes.
Le château mystérieux du Grand Meaulnes est perdu légendairement dans les sables de la Sologne comme le domaine
d'Antinea est perdu dans les sables du Sahara, et l'art qui
obtient ici le plus d'effet est évidemment celui dont les
moyens sont plus sobres. Je rappelais au sujet du Mattre
du Navire l' Ile du docteur Moreau. Une île mystérieuse où les
choses ne se passent pas comme ailleurs paraît le lieu naturel
du roman d'aventures, etla découverte de cette île l'aventure
39

�610

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de ce roman. Tel était le thème du premier grand roman
d'aventures, fort curieux, qu'il y ait eu dans notre langue, le
Polexandre de Gomberville. Songez à l'île de Robinson. Allez
même jusqu'à l'île de la Tempete. Et le livre-souche des
romans d'aventures, l'Odyssée, n'est-il pas le roman des îles
mystérieuses, celle de Calypso, celle des Morts, celle des
Lotophages, celle des Phéaciens, et celle du retour d'où monte
la fumée du foyer ?
La raison en est simple. L'aventure s'identifie en quelque
sorte avec la mer. La mer d'eau ou la mer de soleil et de
sables, le fluide, le mystérieux, l'illimité, voilà le milieu, la
matière passive ou la matrice de· l'aventure. Le roman
d'aventures s'épanouira naturellement chez un peuple de
marins, Grecs, Anglais, Arabes de la mer Rouge, et les
repos et les découvertes et les fleurs de la mer ce sont ses
îles. Les îles constituent, on le sait, des conservatoires de
formes vivantes anciennes. Le domaine d' Antinea et celui
des Sablonnières se comportent dans l'imagination du
romancier comme, dans l'économie de la nature, Madagascar, l'Australie ou la Nouvelle-Zélande. Leur isolement,
après un cataclysme {fictif dans le roman d'Alain Fournier et réel dans celui de M. Benoît), y a maintenu de
vieilles formes extraordinaires, disparues sur les continents,
comme les monotrèmes et les oiseaux géants. Le Mattre du
Navire nous rend d'ailleurs fort bien le fil qui réunit l'imagination la plus libre à la réalité géographique: c'est un supplément au Supplément au Voyage de Bougainville. Et si les
îles apparaissent comme des conservatoires de formes
anciennes, l'imagination y verra pareillement et inversement de possibles laboratoires pour des formes nouvelles :
telles l'île du docteur Moreau et celle de Van den Brooks.
De sorte que, réellement, tout roman d'aventures tend
à cristalliser sous la forme de Robinson et de l'île de Robinson. Voilà. bien l'aventure et le lieu de l'aventure ramenés

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

6u

à leur schéma essentiel, à leur substance ou à leur loi. L'aven-

ture de Robinson est la plus extraordinaire qu'un homme
puisse vivre, et en même temps on la voit à la portée de chacun. l'out coin de terre où nous sommes peut nous devenir
l'île de Robinson. Il suffit que nous nous retrouvions nousmêmes. André Gide a réuni dans un même volume Paludes
et le Voyage d'Urien, et en effet Paludes comporte autant
d'aventures curieuses que le Voyage d' Urien. Le poêle de
Descartes, la chambre de Hollande où il écrit les Méditations, voilà d'autres îles de Robinson, et les motifs transcendants de l'aventure, motüs qui descendent pour prendre
corps et se charger de matière dans la durée et dans le roman.
Le vrai, le pur et le transparent roman d'aventures, c'est celui
dont la dernière démarche consiste à abdiquer l'illusion de
l'aventure, à enterrer comme Prospero sa baguette magique à
reconnaître que l'aventure est partout, et qu'il suffit ~e
regarder a:ec,_certains yeux la vie humaine la plus simple
pour la voir s mstaller, s'éployer, éclatante d'imprévu, dans
le royaume de l'extraordinaire.
ALBERT THIBAUDET

•

�NOTES

6I2

« L'intelligence nationale au service de l'intérêt national :
tel est notre premier principe. •

NOTES
LE PARTI DE L'INTELLIGENCE
L'intelligence est décidément à la mode. Il n'est plus
personne qui ne se réclame de ses faveurs; il ne paraît plus
de manifeste où elle ne soit préconisée comme la première
des vertus. Et voici même que .se forme un Parti de !'Intelligence auquel adhèrent d'emblée plusieurs esprits distingués. Il n'entre pas dans les desseins de la Nouvelle Revue
Française de faire à celui-ci la moindre obstruction. Mais
je voudrais présenter, strictement en mon nom personnel,
quelques réflexions que me suggère la déclaration de principes signée par ses adhérents.
A ne la juger que d'ensemble, elle me paraît empreinte
d'une certaine confusion, qui étonne un peu de la part de
gens dont le souci avoué est de rendre la place d'honneur à
la faculté logique. Je ne puis me retenir de signaler les principales contradictions que j'y découvre.
Et d'abord il semblerait qu'un Parti de l'intelligence dût
se donner pour mission essentielle de défendre les droits de
l'intelligence, de veiller à ce qu'elle puisse s'exercer librement et pour la seule conquête de la vérité. Or, nous lisons
bien dans le manifeste que j'ai sous les yeux, qu'on se propose « d'organiser la défense de l'intelligence française ••
et cela « en vue de l'avenir spirituel de la civilisation tout
entière ». Mais quelques lignes plus bas nous trouvons :

~l ~aut p~urtant choisir : ou bien l'intelligence française
doit etre rmse au service des intérêts français ; et alors ce
n'est plus elle qu'on défend; c'est la France qu'on défend
par e~e, p_a~ son moyen. - Ou bien l'intelligence française est
ce qui mente avant tout d'être protégé, préservé, dégagé;
de cet ensemble de biens qu'est la France c'est celui que nous
tenons pour le plus précieux; c'est celui que nous voulons
contre toute contrainte, c'est-à-dire contre toute influence
maintenir sauf; et alors nous devons èn effet le maintem:
sauf, nous devons éviter de le mettre en gage, de le louer
à qui que ce soit, fût-ce à notre patrie, fût-ce à nousmêmes ; nous devons libérer notre réflexion de toute finalité
préconçue, nous ne devons vouloir aboutir à quoi que ce
soit d'autre qu'à ce que nous trouverons; nous devons permettre à_l'intelligence française de voir tout ce qu'elle voit,
et dele dire, quoi qu'il en puisse résulter,fût-ce, pour emprunt~r une expression chère à Péguy, notre mort temporelle,
fu~-ce notre anéantissement par la foudre. (D'ailleurs je
SUIS sans crainte; si quelque chose aujourd'hui tout au
contraire peut être pour nous bienfaisant et reconstituant
c'est bien la vérité directement et simplement perçue.)
'
Et sans doute, comme le dit le manifeste, a pour agir, il
faut être•; pour pouvoir penser librement, il faut d'abord
que la France existe, il faut qu'elle ait un tronc et des
membres, une « substance ». Mais, après tout la France
existe, il me semble. Elle existe même plus que j~ais. Nous
avons été vainqueurs, crois-je bien : il faudrait tout de même
nous le rappeler. Parmi les signataires du manifeste il en est
plusieurs qui ont contribué glorieusement à notre victoire
et devant qui je m'incline très bas, surtout quand je pens;
à la pauvre guerre que j'ai faite. Mais justement, comment
se fait-il qu'ils refusent de tenir compte dans leurs raisonne-

�614

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ments de ce que leurs actes nous ont valu ? Ils ont sauvé
la France : pourquoi ne peuvent-ils pas se résigner à ce que
ce soit pour de bon?
« La victoire apporte à notre génération des possibilités
magnifiques. C'est à ceux qui survivent qu'il appartient de
les réaliser, en pensant cette victoire où ne doit pas s'achever
leur effort. » Nous sommes entièrement d'accord sur les
termes. Mais a penser la victoire », pour les auteurs du
manüeste, c'est continuer d'en penser les moyens, alors
qu'elle est déjà acquise; pour moi, c'est commencer à en
penser les résultats, les fruits; c'est l'épanouir; c'est lui
faire rendre ce qu'elle contient; c'est profiter justement
de cet « être » qu'elle nous donne; c'est en profiter pour
augmenter le plus possible notre « comprendre• (qui d'ailleurs, j'en suis persuadé, se changera en du • plus-être •
presque aussitôt).
Et je sais bien que l'on va m'objecter un passage de l'article que je publie dans le présent numéro, où je dis nettement que notre victoire n'est ni complète, ni décisive; on
me demandera comment je puis dès lors contester qu'elle
ait besoin d'être prolongée, achevée et qu'il faille continuer de lui dédier toutes nos forces, intelligence comprise.
- Je demande pardon. L'insuffisante victoire dont je parle
plus haut, c'est seulement celle de notre idéal politique.
(Et je ne pense pas d'ailleurs qu'elle fût souhaitable complète.) Nulle part je ne mets en doute la plénitude ni l'intégrité de notre victoire matét-ielle sur l'Allemagne. Quoi qu'il
puisse maintenant se passer, la France, comme nation, me
parait avoir acquis une assiette, qui non seulement lui
permet, qui lui fait un devoir de penser hardiment et dans
tous les sens, sans plus se laisser paralyser par l'instinct de
conservation.
u Défense de l'intelligence française » : c'est exactement
à cela que je voudrais dévouer mes forces, que je souhaiterais

NOTES

615

que la Nouvelle Revue Française dévouât toutes les siennes.
Comme les auteurs du manüeste, je suis persuadé qu'il n'y
a pas aujou~d'hui de tâche plus grande, plus urgente; et,
comme eux, Je pense: plus profitable aux intérêts du monde
entier, de la civilisation universelle.
Car ~•es,t vr~ que l'intelligence française est incomparable ; il n en existe pas de plus puissante, de plus aiguë, de
plus profonde. Dût-on m'accuser d'effronterie, j'irai jusqu'au
bout de ma pensée : c'est la seule aujourd'hui qu'il y ait au
monde. Nous seuls avons su conserver une tradition intell~ctue~e ; nous seuls avons su nous préserver à peu près de
1 abêtissement pragmatiste ; nous seuls avons continué de
croire au principe d'identité ; il n'y a que nous dans le monde
je le répète ~oidement, qui sachions encore penser. Il n';
aura, en matière philosophique, littéraire et artistique, que
ce que nous dirons qui comptera.
Déf~nse do~c, c défense et illustration » de l'intelligence
française. Mais pour Dieu I faisons bravement consister
toute cette défense en de l'illustration I Ne perdons pas toute
notre énergie à ces mesures de« salut public», dont les auteurs
du manüeste semblent si préoccupés et qui n'ont rien à faire
dans domaine de la pensée! Ne soyons pas soupçonneux,
sourcilleux, tâtillons I Ne passons pas tout notre temps à
n:ionter_ la garde sur nos frontières intellectuelles « pour ne
nen laisser entrer»! Ne ;veillons pas sur notre ignorance
comme sur un trésor I N'ayons donc pas peur. Ce n'est pas
~otre genre. Soyons ce que nous sommes! Illustrons l'intelligence française en comprenant tout ce qui est au monde
à comprendre et en sympathisant avec par l'esprit! Illustrons-la par cette œuvre suprême, dont personne d'autre
~ue nous n'est capable : l'analyse, la description, la traduction en formules avant tout exactes de cet immense chaos
que_ la guerre a créé. Quand nous aurons fait ça, nous aurons
vraiment « pensé » notre victoire ; nous en aurons fait sortir

!e

�616

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tout ce qu'elle contenait; nous aurons à la fois complété
et justifié notre u hégémonie» sur le monde.

Aurai-je l'air de m'acharner et de« chercher la petite bête»,
si je signale encore dans le manifeste du P ~ de !'Intelligence une équivoque qui, à vrai dire, n'y est que latente,
mais dont je ne puis m'empêcher d'être gêné?
Elle réside dans l'idée que les auteurs semblent se faire de
l'intelligence elle-même. Sans doute prennent-il~ la précaution de mentionner à plusieurs reprises sa fonction de définition et de détermination. Mais on voit qu'en même temps
ils ne peuvent se retenir de la concevoir surtout et avant tout
comme un instrument de liaison, de coordination, de synthèse, d'unification. La façon dont leur pensée sur ce point
flotte et invinciblement dérive, est rendue nettement sensible par la chaîne de phrases que voici :
« Le progrès ne consiste pas... à effacer les limites, à nier
les règles, à repousser les dogmes, mais il se manifeste dans
une détermination de plus en plus précise des principes. »
(C'est la vérité même, et je suis si bien ~•a~cord ave~ ce commencement de texte que je m'en servirais volontiers pour
formuler le grief que j'ai contre l'internationalisme intellectuel et contre ceux que le manifeste appelle, d'ailleurs très
improprement, les bolchévistes : de ce côté-1~, en effet, on
travaille à la suppression des limites, des différences, p~r
conséquent on mine les résultats du _progrès; c'est ~urquo1,
c'est seulement pourquoi je ne pws y aller.) Mais reprenons notre lecture : « L'intelligence humaine est faite pour
définir et pour conclure. , Bien. c Son impuissance à ~•accomplir que certains confondent avec la liberté, est le signe
qu'il y 'a en elle quelque chose de vicieux. , A ttention 1.

NOTES

« L'intelligence, ce geme des ensembles qui organise le

monde, etc. » Voilà qui ne va plus du tout.
Bien entendu, il n'entre pas dans mes intentions de contester que l'intelligence soit faite pour unir et pour combiner,
pour produire un ordre, qu'elle soit un facteur d'organisation. Mais je reproche aux auteurs du mauifeste de croire
qu'elle est ça essentiellement et d 'abord. - Essentiellement et d 'abord l'intelligence est )a faculté de distinguer,
1 de reconnaître le différent pour différent, la faculté d'apercevoir déux idées, deux objets là où ceux qui n 'en sont pas
doués n'en aperçoivent qu'un; son premier mouvement est
la discrimination, l'analyse. Si on ne le lui laisse pas accomplir librement, posément et pour ainsi dire toute seule, tout
le reste de son opération est vicié. Si l'on veut qu'elle soit
synthétique d'abord, on renonce du même coup à ce qu'elle
fasse son office propre, qui est d 'approcher le plus possible
la vérité. Si on la conçoit comme étant d'abord «le génie des
ensembles», c'est le signe certain qu'on veut lui faire exécuter
des tours de passe-passe, qu'on est constructeur, réformateur, politicien (on en a, d'ailleurs, bien le droit), mais non
pas penseur, non pas « partisan » et véritable défenseur de
l'intelligence.
Et, en fait, si on relit le manifeste d ' un seul trait, on y voit
apparaître une tendance qu'on sent d'une tout autre espèce
qu'intellectuelle. « Si nous sentons la nécessité d'une pensée
philosophique, morale, politique, qui organise nos expériences,
si nous prétendons opposer au désordre libéral et anarchique,
au soulèvement de l'instinct, une méthode intellectuelle
qui hiérarchise et qui classe, si en un mot nous savons ce
que nous voulons et ce que nous ne voulons pas, etc... » (Ce n'est
pas moi qui souligne.) Voilà le grand mot lâché. Ces messieurs
« savent ce qu'ils veulent et ce qu'ils ne veulent pas », et
l'intelligence est pour eux le moyen d 'obtenir le premier,
d'empêcher le second. Elle est là pour« classer,, pour• hiérar-

�,618

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

chiser ,, pour imposer au réel une forme une fois pour ~outeli.
choisie et décrétée. L'intelligence est en somme destinée à
faire taire les exceptions, à supprimer ce qui gêne et à faire
admirer combien tout le reste marche bien ensemble. L'intel·
ligence est créatrice de « monarchie ,.
. .
Pour moi l'intelligence est d'abord le moyen de distinguer
ce qui est de ce qui n'est pas.
JACQUES RIVIÈRE

!!MILE CLERMONT : SA VIE, SON ŒUVRE, par
Louise Clermont (Bernard Grasset).
Il convient, semble-t-il, de voir dans le livre de Mlle Clermont, non point, comme elle parait l'avoir souhaité, une
étude exhaustive, portant sur la vie et l'œuvre de son frère,
mais une sorte d'introduction à une édition ultérieure de ses
lettres et de son journal, introduction portant presque exclu·
sivement sur l'évolution morale et religieuse de sa pensée.
A vrai dire même si on accepte d'en limiter ainsi la portée,
on ne pou:ra de bonne foi se déclarer entièrement satisfait
de cet exposé certainement un peu tendancieux. Mlle Clermont, obéissant à un sentiment d'ailleurs infiniment respec·
table, est trop préoccupée de souligner l'orientation, selon
elle de plus en plus décidément catholique de la pensée de
son frère, pour que ce zèle même n'éveille pas en nous une
inquiétude. Elle ne déforme rien, cela est bien en~en~u, ~ton
doit admettre, dans les limites que je tâcherai d mdiquer
plus loin, que sa thèse est exacte. Néanmoins, même si on
accorde que cette évolution s'est faite en gros dans le sens
qu'elle indique, on devra convenir d'autre part que ses
affirmations sur ce qui en eût été, d'après elle, le terme
fatal, ne sont pas exemptes d'imprudence. Rien ne se

NOTES

619

laisse moins aisément réduire à un schème élémentaire
que la courbe d'une conscience aussi complexe, aussi
chargée d'inquiétudes contradictoires. Cette Ame, comme
tant d'autres, se simplifia, s'allégea au contact de la
guerre; ceci n'est point douteux et j'y reviendrai; mais eston en droit d'assurer que Clermont, s'il avait survécu,
n'aurait pas vu un jour dans cette simplification une mutilation passagère? Contre cette hypothèse quelque chose en
moi proteste - et cependant... Mlle Clermont, profondément
croyante elle-même, n'apprécie peut-être pas toujours à leur
valeur les difficultés auxquelles son frère se heurtait sur le
chemin de la foi. Il avait horreur de « cette religiosité sans
idées claires, de cette mysticité sans foi qui est bien une des
plus lamentables conquêtes de notre temps. » On reconnait
chez luil'appétitdulittéral et comme une soif de dogmatique.
Paradoxe surprenant en apparence, ce fervent de la vie intérieure exècre tout ce qui est simplement subjectif, il aspire
à s'élever au-dessus des préférences individuelles, et aussi
des vaines constructions qu'édifie stérilement la fantaisie
orgueilleuse des solitaires. Mais précisément rien ne saurait
mettre mieux en évidence ce qu'il y a de tragique dans
l'attitude de Clermont en présence du problème religieux,
puisque, aussi bien, la religion seule peut apaiser une semblable
inquiétude, et que notre réflexion investigatri;e parait
condamnée soit à bâtir sans fondations une religion factice,
soit à s'arrêter impuissante devant le seuil interdit. Ce mot
«tragique», ce mot nietzschéen revient d'ailleurs continuellement sous la plume de Clermont. L'idée d'une connaissance
tragique, celle aussi peut-être du héros de la connaissance,
sont familières à Clermont. S'il dédaigne le naturalisme
nietzschéen et aussi tout ce qu'il y a de laborieusement
mythique dans Zarathustra, en revanche il a lu et médité
Humain, trop Humain et aussi Par delà le Bien et le Mal
et sans doute le Gai Savoir. C'est bien là qu'il semble avoir

�620

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

puisé cette idée-lemotconvient-il ?_ - qu'il y a unevie_aventureuse de la connaissance et qui comporte des nsques
infinis. Et entre cette expérience et la notion chrétienne
du salut il est bien clair qu'une liaison s'est faite dans son
esprit, j'y reviendrai à propos de Laure ; ~ serait ex~essif
de dire que cette relation est d 'ordre exclusivement lynque,
· il parait difficile d'admettre qu'entre les divers
mais
. .systèmes
.
.
de valeurs entre lesquels oscillait sa pensée, 11 ait Jam~s
réussi à instituer des connexions rigoureusement définissables. Le traité de philosophie auquel il .~availlai~ de~~
des années quand la guerre éclata, et qu il comptait d ailleurs refaire entièrement, pourrait seul nous fixer sur ce
point.
, ..
1 Un livre de doutes, du plus grand doute, ecnt-il à propos de ce traité. Tourner autour des question~, regarder
dessus, dessous, les déplacer, peut-ê tre les suppnmer.
1 Quelle tendance? trouble, nébuleuse, inquiète. Non pas
héroïque, mais prudente, indécise entre la sagesse et la co~quête, sur le plan et avec la volonté du plus haut savoir.
Du dangereux, du capital, du décisif. •
.
,
Ces lignes où passe un étrange frémissement, bien d autres
encore que ci·te - un peu au hasard - Mlle, Clermont,
.
.
permettent d'entrevoir au moins confusément 1 onentatio_n
de cette pensée, qui, de par son essence même, ne d,ev~t
· amais pouvoir se déployer en système. Sans doute s agis~t-il avant tout de tenter la réhabilitation de l'intelligence, de la critique dans le domaine que ce~s.prétendent
réserver à une intuition dont ils n'ont pomt pns gard~ ~e
déterminer les limites. « Péril des esprits intuitifs, écnt-il,
mollesse, désabusement, ne plus rien éprouver qui ait du P~·
L'intuition ne fait pas la générosité d'âme, ni même unesenSlbilité féconde, très souvent les mille facettes aiguës empêchent
un beau reflet large, l'ampleur., - « Qu'il subsiste un usage
de la raison ou du moins que le mot raison a un sens, et

NOTES

621

désigne un ensemble de manières d 'être qui l'emporte
comme valeur et comme connaissance sur ce que désigne
le terme intuition •· Sur la portée exacte de cette entreprise,
il faut bien reconnaître que le livre de Mlle Clermont ne
nous permet de former que les plus vagues conjectures, et
les commentaires dont elle accompagne les citations, malheureusement arbitrairement choisies, qu'elle multiplie
avec raison, ne projettent qu'une faible clarté sur cette
pensée en marche et toute tendue vers l'invisible. Quelque
effort qu'elle fasse pour disposer les citations en série, elle
ne parvient pas à emprisonner cette méditation dans des
formes toutes faites, à en immobiliser l'ondoiement multiple
et anxieux. Elle ne sait pas d'ailleurs toujours reconnaître
ce qui est vraiment de lui et ce qu'il a puisé ailleurs, chez
Wagner ou chez Nietzsche; aussi même ce livre émondé impose-t-il au lecteur un lent et assez pénible travail de discernement. Mais çà et là jaillit une phrase qui va loin, une
phrase d 'une beauté intacte et singulière qui illumine de
vastes espaces. • Du petit mysticisme. Une certaine fadeur
mystique, un certain fondu des sentiments à leur limite
extrême, un flou, une demi-aurore mystérieuse, une facile
détente des idées passant de leur forme arrêtée et dure à un
certain vague en apparence plus compréhensif. Tout cela
fort répandu actuellement, pour beaucoup d'esprits le signe
même de la hauteur de pensées et de sentiments, cependant
chétif, médiocre, à peine un résidu laïque des fortes déterminations religieuses. , C'est bien là toujours cette même
volonté de rigueur et de discrimination qui marque la
pensée de Clermont du signe de l'actualité. Quelque brumeuses que puissent être souvent les perspectives devant
lesquelles s'attarde sa rêverie, il est au delà des oppositions
périmées qui alimentent encore les disputes d 'école. Et cela
seul est déjà important, même s'il s'en tient au fond à
une affirmation générale dont le contenu ne parvient

�622

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pas encore à se spécifier. A travers toute l'œuvre de Clermont
court le pressentiment d'un ordre spirituel où la pensée
même sera jouissance substantielle, vision, possession du
concret dans sa plénitude ; et c'est ce pressentiment qui
confère à tout ce qu'il a écrit une marque essentiellement
métaphysique. Pourtant ce métaphysicien n'aimait pas les
philosophes: sans doute, se méprenant un peu sur le sens réel
de certaines formules d'apparence impersonnelle, méconnaissait-il l'émoi secret qui les suscita; peut-être aussi éprouvait-il quelque impatience en présence de la diversité d"
systèmes qui en accuse les trop humaines origines. Berkeley,
Bergson, de tous les philosophes les moins systématiques,
les plus anxieusement penchés sur le mystère de la vie intérieure : tels furent ses maîtres; à ces deux noms on serait
tenté d'ajouter celui de Biran, mais Clermont ne semble
pas avoir bien connu l'auteur du Journal intime.
Il peut sembler vain d'insister de la sorte sur une philosophie de romancier qui ne réussit pas à dépasser la phase
des velléités et des aspirations : ce serait à tort cependant,
je crois, et on laisserait échapper ce qu'il y a de plus original
et de plus profond dans l'œuvre romanesque de Clermont, si
on ne s'attachait à reconnaître expressément l'intention
métaphysique qui l'anime. Son plus beau livre, Amour
promis, quoi qu'on en ait pu penser le plus souvent, n'est
pas une simple étude de pathologie sentimentale, l'analyse
précise et cruelle d'un cas singulier. En réalité Clermont
y dénonce, avec quelle poignante exactitude I l'infirmité
radicale de notre sensibilité moderne, toujours prompte à se
déprendre de ce qu'elle convoitait, aùssitôt que l'objet du
désir perd en se réalisant les couleurs merveilleuses dont
le parait notre nostalgie. Certes on doit regretter que Clermont, par un souci excessif de rigueur, ait passé en quelque
sorte la limite et n'ait pas reculé devant un dénouement
invraisemblable et d'une offensante brutalité. Mais les vio-

NOTES

Iences inatt~ndues de la fin n'altèrent guère l'impression
profonde qm se dégage du livre. C'est qu'en effet André n'est
pas_ un m~ns~e ; il est surtout digne de pitié, et l'espèce de
sadisme ou viennent sombrer ses aspirations est comme la
rançon du besoin d'infini qui le tourmente, de cette hantise
de l'intériorité absolue qui finit par marquer toute expérience
présente - par cela seul qu'elle est présente et vient se
détacher sur les lointains de l'âme- d'une flétrissure mort~e. ~ e ne pens~ pas qu'on ait jamais décrit avec plus
d emotion et de ngueur cette fatale évolution d'un être en
q~ la conscience même apparaît comme un principe de
dissolution sentimentale et de mort. Clermont ne devait pas
~etrouver dans Laure ce style à la fois fluide et précis qui
epouse fidèlement toutes les sinuosités de la vie intérieure.
&lt;:8rtes on peut, ~ l'on y tient, relever l'étroite parenté qui
lie A mQUr promis à Volupté, et il est également loisible
au critique de retrouver dans la sonorité grave et confidentielle du récit l'accent deDominique. Mais ces rapprochements
sont vains, puisqu'ils ne rendent point r::ompte de ce qui
donne à Amour promis sa saveur unique : un singulier
mélange de fiévreux lyrisme et de lucidité dégrisée, le sentiment intense de l'écoulement intérieur et la nostalgie de
l'immuable.

, Laure. est u~ livre troublant et complexe sur lequel il
~ est pomt facile de s'accorder avec soi-même ; car les
imperfections et les beautés de cet ouvrage sont également
flagrantes. Les imperfections d'abord : les fondements
ps!chologiques du roman sont mal assurés, la part de ce
qm n'_est qu'affirmé, de ce qui ne peut être pour nous qu'objet
de fo1, est disproportionnée; or, il est dangereux de trop
escompter notre générosité. Au fond, nous ne croyons point
à l'amour de Laure pour l'ennuyeux Marc ; rien ne nous
re~d ce; amour intelligible ou même sensible; c'est un simple
fait qu il faut admettre; mais s'il en est ainsi, comment

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

prendrions-nous au sérieux l'acte par lequel Laure sacrifie
cet amour ? Ce n'est pas tout. Clermont ne nous met pas en
mesure de comprendre distinctement comment les aspirations idéales et fort indéterminées de son héroïne trouvent
à se satisfaire dans le catholicisme orthodoxe ; rien n'est
plus arbitraire que ce passage, et l'attitude de Laure au lit de
mort de son père apparaît par là même comme à peu près
inintelligible. Cette incertitude sur la qualité véritable du
mysticisme de Laure rejaillit sur tout le roman, dont elle
obscurcit la signification. Au fond le goftt nietzschéen du
périlleux est plus caractéristique de Laure que les qualités
proprement chrétiennes. En outre les personnages de second
plan sont extrêmement peu vivants : ce sont des figures
exsangues aux traits mal définis. Enfin, le langage que Clermont prête à ses héros n'a presque jamais le son de nos
paroles, et l'on ne s'habitue guère à ce dialogue apprêté.
Malgré tous ces défauts, le livre est d'une qualité exceptionnelle. Chaque fois que s'interrompt le récit aux pentes unies,
le long desquelles l'attention glissait sans heurts, de merveilleux paysages se profilent sur le ciel, Tous les arrêts,
tous les interludes sont admirables, et ils sont nombreux.
La charpente précaire disparaît alors ; par une sorte d'enchantement, qui s'apparente à la transfiguration musicale
d'un médiocre livret, une vie renouvelée s'empare soudain des formes desséchées. Entre l'ambiance variable
et colorée où évoluent les personnages, et le fond essentiel
de leur sensibilité, pour un instant l'harmonie se fait ; un
accord révélateur jaillit, interrompant l'écoulement décevant,
le devenir épars des existences humaines1 : soudain une
signification éternelle se condense en de l'instantané, et le
(1) Cf cette note citée p ar Mlle Clermont, p. 4-24. • Voilà la plénitude: accord de l'âme et des images extérieures Celles-là très peu
nombreuses, quelques minutes simples et surprenantes. •

NOTES

625
souvenir de ces moments privilégiés où l'âme s'exalte et
dépasse rayonnera sur les lendem.,;M
se
......., monotones il les
éclairera doucement de loin d'une l
d
,
Il ,
ueur e promesse
n est pas surprenant que Clermo t ·t
. .
é 'sod
n ai entendu en mUS1que
ces p1 es de son livre, ils sont vrainient de la
.
leur mélancolique sérénité évoque po
.
musique, et
il l'
·t
ul
ur moi, non pas comme
aurai vo u, paraît-il, certaines pages wagné .
mais pl tôt la
•
nennes
u
.
'
Ble
n· gravité recueillie de la fin d'A r1ane
et Barbeue. 1ra-t-on maintenant que de belles descri ti
ne font pas un bon roman ? M .
éali
. p ons
•
,
3lS en r
té ces mterludes
sontlom d être
purement
descriptifs
il
. .
, s ponctuent le développement spintuel du livre. Ce qui compte dans La
dirais ·
·
ure c'est
-Je volontiers, une certaine ligne mélodi
'.
•
confond null
que qm ne se
~ part ~ve~ le récit proprement dit. Entendu
co~~ ~ne ~ple histo1re, si psychologique soit-elle, le livre
serait mmtelligible,
avouons-le• au moins dans ses d erwères
.
,
parties : qu est-ce en effet que ce I savoir dang
.
ereux • cette
• connaissance fatale à la f01SSC1ence
· ·
. métude»
.
et mq
que'Laure
a commis la fa u t ~ d e laisser
·
•
soupçonner à sa sœur ? Et comment comprendrions-nous
davantage ce que serait
. • cette
.
sagesse meilleure venue des au-delà du monde qui off. 't
à ses
.
mai
. enfants les cor beilles d e la vie•
? Nous sommes ici
·e
cro1S, sur le ~uil d'un monde qui n'est pas celui de l'enten~!ment analytique - hors de ce qui se peut co
.
par des ,.;an
t ,
mmuniquer
-o es ; e c est par exemple en évoquant un
d
longuement contemplé, en nous remémorant le timr_egarb
troublant d' un e voix,
• que nous pourrons aborder à
. re
mystérieu
ces nves
11
.
ses. est probable, commejel'ai dit
était p~upé de rétablir la domination de• ~u=ont
ces domames lointains et délaissés ..,.,;a il ,
e sur
·
• ........,
n en reste pas
moms que seules quelques phrases ad.mir bl d
ap rtent
.
'
a es u reste
po
· tellectuelle à ce'
· dans un• rudiment d'appro,,;m~tï
.............. on. m
qw
le livre reste en général .
.
,
d'évocati
.
Simple 0bJet d allusion
on 1ynque et détournée. • Ce que moi-même j'~
40

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

fait dans ma vie toujours s'est décidé au-dessus de moi...
Tout s'use et s'efface en des jours trop faciles : il est bien que
sur un bonheur qui décline passe l'ombre de ce qu'il a collté.•
Et celle-ci, plus largement intelligible encor~ e~ qu~
Nietzsche aurait aimée : • Je me reproche d'avou ignore
que la forme la plus haute et la plus libre du ren~ncem~~
n'est pas celle qui naît du malheur, et_ qu'en. se r~ugian~ ~si
dans un ciel mystique souvent on vit au lieu d une his~ue
divine une histoire, hélas I trop humaine •· En cette dernière
phrase me semble se condenser l'enseignement qui se dégage
de Laure et peut-être de toute l'œuvre de Clermont. ~u'il Y
ait pour l'âme une façon imprudente, une façon périlleuse
d'entrer en communication avec l'infini, qu'il Yait en so~e
des tentations spirituelles, voilà bien ce que Clermont n a
cessé de reconnaître avec une netteté grandissante. Seulement on se tromperait en interprétant cette découverte
progressive comme la pure et ~ple élimination du • mal
romantique• par un esprit en croissance ;_no~s ne sommes
pas en présence de la réédition d'une histoue connue,_ et
une crise semblable ne saurait se résoudre par l'acceptation
résignée ou cynique du• purement humain•• mais au contraire par une « conversion absolue• de l'âme trou:_ant ~ans
la charité l'expression la plus adéquate de l mfini. Il
faut voir dans la hantise de la sainteté qui, de plus en
plus, le posséda, non point un legs . héréditaire de ses
aïeux catholiques, une survivance, mais le couro~ement
de toute une graduelle évolution d 'âme; les admirables
lettres de guerre dont Mlle Clermont cite des ~ents trop
rares à mon gré, donnent à penser que, dans la nwt des tranchées, il vit luire l'aube espérée. Comme le chant de promesse qui triomphe des fracas guerriers de la Mess, en ri,
on dirait que du fond de la plus grande misèr~ et d~ cœur
même du péril monte pour lui la mélodie pactfi~~ce.. La
mort continuellement coudoyée n'éveille plus en 1ml angoISSe

NOTES

métaphysique de jadis, elle n'émeut plus, en cette grande
âme qui s'apaise, le flux et le reflux des méditations sans
terme. • A côté de ce que j'étais l'an dernier, nerveux, tendu,
blessé, irrité par toutes choses, venu à l'extrémité, ne pouvant plus vivre; et maintenant si corrigé, guéri, un grand
calme revenu. - Cette grande atmosphère de tragédie ;
peut-être cela •· On dirait que son être même - non point
sa pensée questionneuse qui s'esttue- est parvenu à l'état
de certitude, sans que rien d'ailleurs.je le répète, nous autorise
à affirmer qu'il rot à la veille d'adhérer explicitement au
catholicisme. Ce qui ressort des lettres avec une évidence
absolue, c'est que ce grand solitaire arraché par la nécessiU
à ses rêves douloureux, trouva dans le contact des hommes,
dans le commerce des humbles, de quoi se réconcilier peu à
peu avec les rigueurs mystérieuses de la fortune. Et quelque
déchirant regret que nous éprouvions devant cette disparition, comment n'admirerions-nous pas que cette âme ait
étl: cueillie au plus haut de sa ferveur, alors que, lasse de
ses tragiques enquêtes, déprise enfin d'elle-même et de son
inquiétude, elle s'abandonnait avec une candeur vaillante
au courant irrésistible de son destin ?
G. MARCEL

LE T~MOIGNAGE DE LA GtNÉRATION SACRIFitE,
par Alphonse Mortier (Nouvelle Librairie nationale).
M. Alphonse Mortier n'a pas tardé à rendre aux morts de
la grande guerre un hommage que nous ne devrons jamais
leur mesurer. Les plus précieux de nos biens nous leur devons
de les posséder aujourd'hui encore et peut-être aussi, pour
Certains d'entre nous, nos personnes, C'est notre premier
devoir de reconnaître qu'aucun d'eux ne s'est sacrifié en
Vain,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Pourtant, voici que, déjà, des interprétations différentes s'élèvent sur le sens de leur sacrifice, et surtout
que les partis s'empressent de réclamer ceux des leurs
qui sont tombés. Puisque la victoire a couronné nos
1
efforts, il semble que chacun veuille trouver en elle, par
le nombre de ses morts, une justification suprême de ses
idées.
Qui se fierait à ces apologies pour découvrir le sens ré~
de la guerre - car il est certain que la grande guerre, s1
dominée par les idées, a un sens et que nous devons nous
efforcer de le pénétrer afin d'en tirer leçon, une leçon européenne - risquerait fort de tomber dans la plus étrange
confusion. M. Alphonse Mortier ne le voit pas, qui prêche
pour son saint et dont la foi, en toute sincérité, est exclusive.
En réalité on se retrouverait et nous nous retrouvons pour combien de temps encore ? - dans la même confusion
intellectuelle qui existait à la veille de la guerre et dont les
preuves ont été rassemblées par M. Alphonse Séch~ dans
un livre paru en 1914, qui porte précisément pour titre Le
Désarroi de la Conscience Française. Si l'on avait besoin
d'autres témoignages on les trouverait abondants dans les
enquêtes ouvertes sur l'esprit de la nouvelle génération et
particulièrement dans l'enquête de M. Emile Henriot : A
quoi revent les ieunes gens (1913), dans celle de MM. J~n
Muller et Gaston Picard: Les Tendances présentes de la littérature française (1913) et enfin dans le gros livre de M. Florian-Parmentier : Histoirè Contemporaine des Lettres Françaises (1914).

On doit cependant remarquer que cette confusion portait
sur l'ensemble et résultait de la grande diversité des opinions.
Elle n'était pas dans les âmes. La plupart se montraient au
contraire très sûres d'elles-mêmes, tout à fait affirmatives
sur leurs principes et il y avait en effet en cela quelque chose
de nouveau. Vingt ans auparavant, bien peu de jeunes

NOTES

~o~es montraient de la certitude, la mode étant au scepticisme et les esprits qui avaient voulu trouver une foi nouvelle, à la suite des Taine, des Renan, des Berthelot, par les
moyens de la science, voyaient alors peu à peu leur désillusion s'accroître et leur trouble augmenter. Or, quelques
années avant la guerre, il semble bien que la situation se
fdt éclaircie. Les jeunes gens surtout paraissaient posséder
sur les choses du monde et de la vie une assurance d'idées
qui devait certes, être à leur avantage. Mais, nous le répétons, aucune convergence générale dans cet ensemble de
certitudes individuelles. Et si, parmi les autres, on arrivait
à distinguer un mouvement qui s'enorgueillissait des certitudes les plus absolues, il faisait trop figure de« restauration•
pour attirer les esprits soucieux de la vie moderne et de la
vérité du temps.
C'est ce mouvement qui intéresse M. Alphonse Mortier
et d'après les définitions qu'il en donne, on pourrait le qualifier de mouvement des retours. La génération il la voit toute
repentante et c'est, à l'en croire, pour le rachat des égarements de celle qui l'avait précédée qu'elle s'est généreusement
sacrifiée dans la grande guerre. C'est ainsi qu'il nous présente
dans son livre : Ernest Psichari ou le retour à la Discipline,
André Lafon ou le retour à la Vie Intérieure, Charles Péguy
ou le retour à la Patrie, Joseph Lotte ou le retour à la Vie
Chrétienne, Paul Acker ou le retour à l'Alsace, Maurice
Deroure ou le retour à la Maison, Lionel des Rieux ou le
retour à l'Art Classique, Henri Lagrange ou le retour à la
Tradition, Jacques Baguenier-Désormeaux ou le retour à la
Grâce Française, Henri du Roure ou le retour aux Vertus
simples et alii.
Tant de retours, ne les nions pas, encore qu'ils n'aient pas
entraîné, loin de là, toute la génération. Mais ils posent une
q~estion importante qu'il faut mettre au point au plus
tôt, et nous pensons qu'on peut le faire aujourd'hui sans

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

passion, parce que c'est déjà une chose de l'histoire de la
littérature et des idées.
A la vérité, il y eut d'abord, voici une douzaine d'années,
un autre mouvement qui précéda ces retours, un mouvement
beaucoup plus général et plus aécisif. Par suite de diverses
circonstances, qu'il sera intéressant d'étudier un jour, la
littérature française s'était jetée à la découverte de l'art
étranger. Toute l'Europe, cette fois, y passait. Or, à un certain mom~t, on se trouva comme à la fin d'une opération
d'inventaire. On quitta en quelque sorte la voie étrangère
pour reprendre naturellement la voie f~n~se, et ce.fut un
grand mouvement de reprise qui reste mscnt dans bien des
faits. Mais c'est à ce moment que la génération commença
de se diviser, les uns persistant sur la route française à aller
de l'avant et les autres se précipitant dans les directions de
tous les retours possibles vers le passé.
En littérature, une question résumait toutes les autres :
celle du classicisme ou dernière et parfaite expression des
œuvres. On y voyait avec raison la marque du génie français,
la qualité de notre haute vertu nationale. Apres pes égarements du Romantisme, du Symbolisme, et même d'un
certain Naturalisme, on voulait en revenir à ce qu'il Y a
de plus excellent en nous et par quoi nous avions dé.i à
montré une extrême supériorité.
Or, n'ont-ils pas cédé trop vite à un trop simple raisonnement ceux qui, pour réaliser un nouveau classicisme, se sont
précipités à la recherche des mêmes matériaux qui avaient
déjà servi à constituer l'autre, celui du xvue siècle ? Car
voilà bien le sens de tous les retours dont il est question dans
le livre de M. Alphonse Mortier. Ils s'empressent à recommencer ce qui a déjà été fait. Le conseil en est donné par les
maîtres du nationalisme littéraire, les Barrès et les Bourget.
Allant plus loin encore, M. Charles Maurras soutenait cette
théorie qu'un classicisme ne pouvait reparaître sans une

NOTES

•société, pareille à celle qui entourait le Grand Roi, et beaucoup de jeunes gens s'en trouvaient portés à adhérer aux
conclusions monarchiques du maître de l'Action Française.
N'était-ce pas cependant le moment de se demander s'il
s'agissait de restaurer l'ancien classicisme ou de travailler
à la réalisation d'un classicisme nouveau ? La perfection
du grand siècle était-elle donnée en imitation à toutes les
générations à venir et celles-ci devaient-elles se contenter
de copier les œuvres des maîtres de cette époque sans qu'aucune d'elles p0t espérer jamais, pour son propre compte,
une même réussite ? L'avenir de la littérature était-il ainsi
fermé aux tentatives et aux rech~rches et ne fallait-il plus
compter sur le génie ?
Lorsque la guerre éclata, le mouvement de réaction en
faveur du classicisme entendu de cette façon battait son
plein. Peut-être n'avait-il plus à gagner beaucoup en nombre
mais il était dans sa plus grande vigueur. La guerre l'aura~
t-elle favorisé ? On ne saurait encore répondre d'une façon
précise à cette question. Bien des indices, cependant, tendraient à prouver que le mouvement contraire y aurait gagné.
Ce ~u•~ Y a de certain, toutefois, c'est qu'aujourd'hui, après
la victoll'e, les mêmes conditions qu'auparavant se retrouvent
pour la littérature. Le même tourment de classicisme étreint
l'àme des écrivains et des artistes. On attend l'éclosion d'une
nouvelle grande époque française.
C'est un classicisme moderne qui veut naître et les raisons
en existent dans le mouvement même du monde. On vit son
temps et point un autre. Et il nous semble bien que ceux-là
ont repoussé les éléments les plus propres à constituer le
corps de la perlection d'aujourd'hui, qui se sont défaits des
idées, des sentiments, des sensations dont la littérature
française s'était augmentée depuis un siècle et demi et surtout depuis le Romantisme. Pour quelques valeurs fausses

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ou douteuses n'ont-ils pas sacrifié de précieuses richesses ?
S'il est entendu que le classicisme a pour principal caractère d 'être universel et d'assumer le plus possible d'humanité,
comment peut-on espérer réussir un classicisme actuel en
rejetant les apports les plus récents et les plus nou~e_aux
de l'homme et de la vie et en se détournant des conditions
du monde présent. Pense-t-on d'ailleurs, que la connaissance
de la moitié de l'Europe seulement, comme celle qui soutient
notre classicisme méditerranéen du xvue siècle, puisse suffire
aujourd'hui à la grande conception de l'humanité que nous
devons nous former ?
.
Comme ils paraissent avoir été mieux avisés ceux qui
n'ont point opté pour les retours et qui ont gardé dans leurs
mains les biens rapportés des dernières découvertes. Comme
i 1s ont eu raison de faire confiance à la vie et de ne point
douter de la force ingénue qui est toujours en elle.
Dirons-nous maintenant que nous pensons, en dépit des
affirmations de M. Charles Maurras, que les lettres vaincront
les conditions défavorables de notre époque ?
Nous ne le nions point: la démocratie ne les soutient pas.
Elle n'a pas constitué une société supérieure et toutes ses
forces tendent vers en bas. De plus en plus, hélas, l'artiste
vivra incompris et isolé.
Mais une connaissance profonde et sûre des conditions
de l'art, de la beauté, de la perfection, remplacera pour lui
l'aide et le soutien qu'il trouvait naturellement autrefois dans
le goftt des gens qui l'entouraient. N'a-t-on pas remarqué
que la notion du classicisme a été étudiée à notre époque
avec une application, une insistance dont nulle théorie d'art
n'avait jamais bénéficié ? Il ne serait pas difficile de démontrer que la critique, se faisant enfin constructive, y procédait
à une sorte de création préparatoire, composait presque un
système de-mise en œuvre auquel les artistes n'ont plus qu'à
se fier. Et si l'on se reporte à l'étude de M. Henri Ghéon

NOTES

l' Exemple de Raciml, on se rassurera devant cet appareil
en constatant que, pour le plus représentatif de nos classiques, et celui qui semble même le plus spontané, le plus
ingénu, la réussite ne fut que le résultat d'un long et patient
travail de la volonté appliqué, en somme, à peu de moyens.
Mais la question d'application peut-elle être mise en doute
pour aucun des classiques ?
Ainsi l'objection politique ne doit-elle point, croyonsnous, s'opposer à la réalisation du nouveau classicisme. Et
c'est, de la part de l'intelligence, liberté laissée à l'évolution
sociale, à cette évolution qui se manifeste si nettement aujourd'hui, contre les vieux nationalismes antagonistes, créateurs des guerres.

Pour en revenir au livre de M. Alphonse Mortier, ne seraitce pas vraiment pour cette même chose, pour la suppression
de toute guerre, que se sont sacrifiés les morts de cette génération et aussi bien ceux des campagnes que ceux des villes
et les ignorants que les intellectuels ?
Ne faut-il pas, lorsqu'on prononce ces paroles : la génération sacrifiée, penser à tous les morts ensemble et entendre
un sacrifice qui leur fut commun ? Tous sont venus sur les
rangs, en armes, parce que la France était attaquée, menacée.
Ils sont morts pour la sauver. Mais sans l'agression de l'Allemagne, la France ne fût-elle pas devenue plus grande par
leur vie, par leur œuvre à tous ? Ne savons-nous pas des
pertes irréparables, car il y avait du génie chez certains de
ces morts ? En s'accomplissant, leur sacrifice proteste contre
le destin qui n'était point fatal. Il n'est venu que des hommes,
~e ce~s hommes. Il pouvait être éludé... Il n'est pas
unposs1ble que les guerres épargnent désormais de plus nombreuses générations ou qu'on les supprime, peut-être. Que
le sacrifice des morts de celle-ci serve d'exemple à toutes
I.

Nos Di,utio,,s, éditions de la Nouvelle Revue Française.

�634

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

1e3 générations futures. Voilà le sens ~ue nous lui voyons,
et il n'est point de mort qui, s'il pouvait parler....
M. Alphonse Mortier a choisi les siens pour les honorer
articulièrement. Nous avons pour tous la même reconp
' t a~ss1.
'd
naissance
profonde - et il y a des siens q u1· étai~n
es
nôtres. Nous ne dédaignons pas les œuvres oils expnma.ient
ces ,etours sincères, mais pas plus aujourd'hui qu'hier elles
ne sauraient enchaîner notre liberté et nous demander ~e
les juger autrement que sur la valeur des idées et des sentiments qui sont en elles.

GASTON SAUVEBOIS

***
L'ESPRIT IMPUR, par Gilbert de Voisins (Crès).
M. Gilbert de Voisins, s'est attaqué dans ce roman à un
sujet nouveau, hardi, pathétique, qui ne pouvait lui promettre aucun succès banal et n'en doit attirer que plus fortement l'attention des lettrés. C'est la lutte d'un jeune homme
cultivé et passionné, aidé par l'amitié et par l'amour, contre
une hérédité alcoolique, un esprit impur qui l'entraîne à la
folie comme il y a entraîné son père. L'effort par lequel il se
reconnaît sur cette pente, mesure sa chute, la ralentit, finit
par l'arrêter et par remonter, a été analysé et exprimé par
M. de Voisins avec un calme, une précision, une sécheresse
parfaites. Cette brièveté, cette netteté, ce poids évoquent
le bois et le métal d'une sorte de machine d' Atwood morale,
qui rendrait intelligibles des mouvements et des arrêts de
la volonté. Ces personnages qui s'observent et s'analysent les
uns les autres nous font vivre dans une clarté continue,
une atmosphère de lucidité sèche. L'étude a toute la
valeur d'une observation clinique qui ne se dém~nt que dans
les dernières pages, l'achèvement de la guérison par le voyage;
\

NOTES

635

mais il eût alors fallu écrire un second volume, et l'auteur
n'a pas voulu aller contre les hii,bitudes du lecteur français
qui répugne au roman en deux ou trois tomes i. l'anglaise
ou à la russe. C'est d'autant plus regrettabfe ici que
M. de Voisins nous dit avoir terminé son roman en Chine et
qu' une matière vivante n'eût pas manqué à cette suite. II
faut admirer la manière intelligente dont le romancier
embranche sur la précision d'une étude vigoureusement
vraie la double figure religieuse de !'Esprit impur, l'anime
en une étrange apparence d'idole polynésienne qui fait
corps avec l'hallucination, avec le doigt tendu dans l'ombre
vers le chemin de la folie, et l'explique ensuite sous le visage
de la théologie catholique. Le tout parfaitement exempt
de surcharge et limpide, et nous ouvrant comme les corridors et les chambres d'une clinique blanche et nette.
L'esprit impur, son âme et son corps sont réalisés en un être,
en l'être même du roman; on a le sentiment qu'il succombe
sous la concentration de l'intelligence qui l'esquive, le
définit, l'annihile.
C'est là un des livres qui cette année•
1
m'ont paru dignes d'être retenus davantage. Je tiens à le
signaler à ceux qu'irrite le morne piétinement du roman dans
les sujets rebattus et qui pressentent quelle carrière lui
réserveraient tant de mers et de terres inexplorées du monde
intérieur.
ALBERT

THIBAUDET

***
LA REVUE CRITIQUE
Signalons la réapparition de la Revue Critique des Idées
et des Livres, qui fut, comme la Nouvelle Revue Française,
interrompue par la guerre. Trois numéros seulement paraîtrontcette année ; ils auront un caractère principalement réca-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pitulatif : le premier retrace l'œuvre de la revue avant la
guerre ; le second fera revivre le souvenir de ses nombreux
collaborateurs morts pour la Patrie. La publication normale
reprendra à partir de janvier prochain.
Cette résurrection sera sans doute pour nous l'occasion
d'apprécier ici avec détail le rôle important joué par la
Revue Critique avant la guerre et d'établir un parallèle entre
son effort et le nôtre.

MOUVEMENT DADA
Dans les pages d'annonces d'une de nos jeunes revues les
plus vivantes, on lit l'annonce suivante :

DADA
1 - 2 -3-4-5

Tristan Tzara, Directeur.
pour tous renseignements lui écrire :
Mouvement DADA, Zurich-Seehof Schifflande, 28.
Il est vraiment fâcheux que Paris semble faire accueil
à des sornettes de cette espèce, qui nous reviennent direc-

tement de Berlin. Au cours de l'été dernier, la presse allemande s'est, à plusieurs reprises, occupée du mouvement
Dada et des récitations où les fidèles de la nouvelle école
répétaient indéfiniment les syllabes mystiques : c Dada
dadada dada da. » En septembre 1918, une élection complémentaire eut lieu dans la première circonscription de Berlin,
et le « Klub Dada » mit en avant la candidature de son
« Ober-dada ». Voici les renseignements que, d'après les
circulaires du club, le Berline, Tageblatt fournissait sur le
nouveau candidat :
• M. Baader est né le 21 juin 1875 à Stuttgart. La série

NOTES

• des événements considérables
.
• commença l .
qm marquèrent sa vie
' e Jour de la Saint S l
• coucher de soleil sur les Al es ' - y ves~e 1876, par un
• un rapport étr ·t
p • d un éclat mouï et qui avait
01 avec sa perso
D
• tard il céléb
nne. eux ans et demi plus
•
ra pour la pr ·è f •
• rite de la saint
di
emi re ois, à lui tout seul, le
e nu té, dans un bois écarté
• de Zurich M B d
, au bord du lac
· · aa er est un des
h.
• nents de l'Ail
arc itectes les plus émiemagne ; ses tombea
t
• mentaux sont unive ell
ux e ses travaux monurs ement connus »
La candidature du Grand-Dad
.
• .
prise fort au sérieux et l .
a semble n avoir pas été
.
es Journaux oubliè t d'. .
combien de voix il a ·t b
ren
mdiquer
vai o tenues N
cules que les électeurs d l
·. e ~yons pas plus ridinoise
e a première circonscription berli-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

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LB GtRANT : GASTON GALLIMARD
FONTENAY- AUX - ROSES.

IMPRIMERIE

LOUIS

BBLLRNAND,

�LA PENSEE FRANÇAISE
DEVANT LA GUERRE
« Je regarù h11mainement les choses. »
VAUVENARGUES

En bouleversant les manières d'agir et les manières
d'être, en suscitant des conditions d'existence nouvelles,
l'état de guerre a eu, dans tous les domaines, une profonde répercussion. Il n'est pas jusqu'à l'ordre mental luimême qu'il n'ait modifié spontanément et pour ainsi dire
à l'insu des esprits. La nécessité de faire face à un péril
vital et de se mettre en état de défense a interrompu le
jeu régulier des forces intellectuelles. Des forces nouvelles
ont surgi qui se sont emparées des consciences. Absorbés
par les événements, sollicités par l'imagination, transfigurés par des émotions intenses, les esprits ont perdu
leur individualité logique. Il a fallu agir et non plus penser,
dans une communion étroite de sentiments. Et la vie
intellectuelle, qui est faite d'échanges et d'élaboration
critique, qui se nourrit des divergences et même des
dissidences, a disparu.
Peu à peu, le besoin de comprendre sa propre activité a
suscité dans la nation le réveil d'une réflexion timide.
Constatant l'existence d'un état de conformisme, elle a
41

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
LA PENStE FRANÇAISE DEVAMT LA GU.ERRE

entrepris de le justifier et, comme elle était insuffisamment
critique pour se débarrasser du mysticisme qui l'aveugle
encore, elle n'a pas vu dans la modification des rappo~
internationaux la cause première de ce courant sentimental. Elle a rapproché ce courant d'un mouvement
mi-artistique, mi-philosophique d'avant-guerre pour
établir entre l'un et l'autre une filiation secrète. La prédominance de la sensibilité a paru être comme le passage
d
les mœurs de la philosophie du sentiment et de
l':uition. Inversement, le spiritualisme a hérité des
susceptibilités légitimes de l'état de. guerre et, non
content d'interrompre tout commerce mtellectuel avec
l'ennemi il a donné à cet acte de convenance une valeur
rétroacti~e. Il a entrepris une révision critique de la
sée d'avant-guerre pour déceler en elle toute trace
r.t:auence allemande. Sans toujours faire preuve d'une
· ur, d'une méthode et d'une documentation
suffisantes,
ngue
.
il a dénoncé l'action de Kant, de Fichte, de Hegel, de
Schopenhauer et de Nietzsche sur nos phil?5°phes. Il a
fait ressortir l'influence de Wagner sur la musique contemraine et l'invasion de l'art munichois. Il a même été
~u'à voir dans l'extension au_ travail intellectuel des
disciplines scientifiques la manière allemande.. Et ces
recherches généralisées ont eu des conséquences mattendues. Sans doute, dans des questions délimitées, lorsqu'elles ont été entreprises avec quelque souci de méth~e,
elles ont pu donner des résultats incontestables : c~rtams
historiens ont mis ainsi en lumière .Ie caractère belliqueux
que l'idée nationale a toujours revêt_u e_n ~emagne.
Mais, quand ils n'emportaient pas de JUSh~cation suffisante pour ne trahir qu'une réaction sentimentale, de

semblables travaux se sont retournés contre leurs auteurs.
Ils ont jeté la suspicion sur la pensée française d'avantguerre qui vivait normalement d'échanges avec toutes les
nations européennes. Et ils ont permis aux anti-intellectualistes de remporter une victoire à la Pyrrhus.
Devant une telle confusion, il ne faut pas regretter
seulement le manque de discernement qu'elle implique.
Elle crée encore un état de déséquilibre et de malaise qui
est un danger pour la pensée française. Par un retour
singulier, ce sont les mêmes esprits qui étaient le plus
ouverts aux influences étrangères qui, aujourd'hui, les dénoncent. Ils avaient engagé la jeunesse française d'avantguerre en lui donnant des directions, en lui imposant des
programmes, en limitant ses curiosités. Ils auraient dtl
accepter en silence la leçon des faits et personne n'etlt
songé à leur reprocher leur erreur. Maintenant qu'ils ont
donné le spectacle d'un reniement douloureux, que
reste-t-il des idées professées ? Les mots apparaissent
vides de sens et comme privés de vie ; les formules se
désagrègent ; les systèmes dialectiques s'écroulent. Cepen~ant il,! a ~ de jeunes hommes. Quel est leur partage,
smon 1 mqwétude ? Quels conseils peuvent-ils recevoir
d'alnés qui n'ont pas su conserver une tradition véritable? Les maîtres intellectuels que l'opinion se donnait
hier encore n'ont pas su conserver la tradition catholique
qui avait bien sa grandeur quand un Malebranche s'en
faisait l'interprète, ni la tradition libre-penseuse du
siècle. Ils ont cru à la solidité des compromis ;
ils ont cru que l'on transige avec la vérité comme on
transige avec les consciences. Maintenant ils prononcent
la faillite de l'intelligence avec la sourde haine de l'ilote

:"vme

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pour la force ; ils laissent sans direction des hommes qui
veulent vivre.
Sans doute, quand toutes les énergies sont tendues
vers la réorganisation du monde, la situation ~e la ~nsée
est bien délicate. Et pourtant, au sortir de l e~ence
tragique où se sont peut-être élaborées quel~ues c~rt1tudes
nouvelles, nos devoirs intellectuels sont 1mpéne~. La
dans l'action• demeure hésitante,
France, si. déc"dée
i
,.
.
mobile et troublée devant son passé et dev~t l intelligence. Elle ne sait que penser d'elle-même. Il 1IDpo~e de
dissiper ce malaise. Il faut savoir ce qu~ v~ent les idées
que nous avons aimées et qui nous ont fait vivre, dilt cett~
recherche être pénible. Nous ne pouvons pro~on~r aussi
légèrement la déchéance de la pensée ~ançaise d avan~guerre, la déchéance de l'intelligence. Il importe de savorr
dans quelle mesure et sous quelle forme la ~nsée française a subi l'empire des idées allemandes, et si les -~nséquences qu'on dégage de _cette se~tude sont l~times:
N' ayant m· l'étroitesse, m les amère-pensées
, .
.
. d un, parti
politique le sentiment national n a 1amais exigé qu aucun
sacrifice ~oit fait de la vérité et de la logiq~e. L'a~an~on
aûx événements n'est pas une discipline, l'unprovisabon
n'est pas une méthode, le sentiment n'est pas un_ dogme.
E t tout même un traditionalisme strict, buté, qw mécon·
naîtrait, les exigences essentielles
de la pensée moderne
. ,
serait préférable à l'attente sans objet d'un opportuniste
éternel.

D'une manière générale, la crise actuelle ne saurait nous
surprendre. La Cessation d'échanges intellectuels avec

LA PENSÉE FRANÇAISE DEVANT LA GUERRE

l'Allemagne est un fait de même nature que la cessation
d'échanges commerciaux. Mais elle répond encore à des
raisons plus profondes et plus subtiles. A l'état de paix,
1~ échanges portent sur des systèmes de représentations,
SCJence, philosophie, art, religion, dont le caractère est
international en ce sens qu'ils sont des modes de l'activité
humaine ne correspondant pas à une structure sociale
déterminée. Certaines aspirations collectives, certaines
doctrines, certaines découvertes surgissent parfois dans
plusieurs nations simultanément, et semblent être surtout
l'expression d'une époque. Les mouvements de toutes
sortes se propagent, se transmettent et circulent à travers
le monde. De fait, au cours du xixe siècle, les esprits
instruits des différentes nations possédaient une somme
de connaissances à peu près identiques. Ils étaient bien
près de penser les mêmes réalités de la même manière.
Sous l'action de la science qui semblait devoir hériter
du caractère universel, catholique, de la religion, l'accord
des ~sprits paraissait se réaliser. Et quelques critiques,
sensibles à cette transformation lente, pouvaient en pressentir les conséquences et annoncer, sans trop d'invraisemblance, la constitution d'un esprit européen.
Maislaguerreaétérévélatrice des peuples en dégageant
leur être intime. Les collectivités en état de défense, ramassées sur elles-mêmes, se sont dépouillées des attitudes
apprises. Alors seulement il est devenu évident qu'elles
possèdent une physionomie propre, des caractères inimitables et irréductibles. L'antagonisme des mœurs, des
conceptions juridiques, de la sensibilité s'est révélé.
Notre bonne foi surprise a pu découvrir dans l'Allemagne
contemporaine bien des aspects que le commerce intellec-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tuel ne laissait pas transparaître et certains traits moraux
assez odieux que Mme de Staël avait déjà pénétrés, encore
que nos critiques lui aient généralement dénié l'intelligence
des choses étrangères. Aussitôt la pensée s'est reprise
instinctivement. Emportées par le mouvement national,
avec l'ardeur d'une passion morale, toutes les disciplines:
science, art, philosophie - la religion exceptée - ont
tenu à répudier tout contact étranger et sont devenues nationales.
Cette réaction naturelle n'a pas été exempte d'exagération. En donnant à la seule attitude que nous puissions
concevoir, et que nous devions avoir actuellement, une
signification rétroactive, en étendant au temps d'avantguerre ce qui vaut pour une époque de crise, on méconnaîtrait gravement les conditions de la vie intellectuelle.
Et tout jugement porté sur les échanges intellectuels
d'avant-guerre cesse d'avoir une valeur positive, s'il est
seulement l'expression d'un mouvement de sensibilité.
Car il ne suffit pas de haïr; il faut trouver pour notre haine
comme pour notre amour des raisons entières et durables.
Il serait vain de regretter tout échange. Mieux vaut
rechercher le sens de l'échange et s'appliquer à discerner
dans les influences de pays à pays toutes les gammes et
les nuances qui s'y trouvent.
L'échange est nécessaire. Il secoue et rénove. La confrontation de l'expérience que nous vivons avec celle que
les autres peuples sont en train de vivre, fait que nous ne
demeurons pas les esclaves d'habitudes acquises. Sans le
va-et-vient des idées, la vie se retirerait de nous. Et l'esprit
critique assure la continuité d'une vie spirituelle toujours
changeante à la surface en ne demandant aux suggestions

LA PENStE FRANÇAISE DEVANT LA GUERRE

étrangères qu'un prétexte pour se mieux connaître et
rejoindre ses traditions véritables. Il se passionne, il se
prête à tous les mouvements d'enthousiasme, il a toutes
les curiosités. Mais jamais son admiration n'est entière.
La vigueur de ses instincts, la force avec laquelle ses
tendances s'expriment le défendent des émotions fugitives
et superficielles. Celui-là seul redoute }!échange qui craint
de ne pouvoir réagir. L'appréhender, c'est déjà douter un
peu de soi-même, c'est sentir la misère de sa personnalité.
Car, dès que l'homme est trop faible pour laisser la
marque de sa pensée empreinte sur les choses, les idées
se désagrègent. Leur signification objective, impersonnelle
se dissipe. Elles se métamorphosent et ne sont plus que
cristallisation de tendances, expression indécise d'images
et de désirs. Elles engourdissent l'intelligence, envahissent
l'être devenu trop plastique et s'emparent de la sensibilité
surprise. Il n'y a plus échange, mais substitution.
Cette distinction jette sur l'influence allemande un
jour nouveau. Il n'y a ni à s'étonner ni à s'inquiéter si,
dans l'ordre scientifique et philosophique, des idées allemandes ont pu attirer notre attention, puisque la pensée
allemande participait, jusqu'en 1914, de la pensée européenne. Mais on peut se demander si, à la faveur et sous
le couvert d'idées qui ont une portée internationale, la
sensibilité allemande, demeurée profondément nationale,
n'a pas introduit en France une manière nouvelle de
sentir que nous avons crue naturelle et autochtone. On
peut se demander si la sensibilité allemande n'a pas été
un des agents les plus directs de la désorganisation intellectuelle entreprise en France par la philosophie du sentiment.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

•••
Sous le mouvement qui transforme l'Allemagne à la
fin du xvme siècle et au début du XIX8 , qui traverse la
1

1

religion, la philosophie et l'art, c'est l'esprit allemand qui
secoue la tutelle où le tenaient notre politesse et nos lettres
et donne libre cours à sa sensibilité. Il révèle, comme Faust,
« un cœur d'enfant et un esprit séculaire». Son émotion
devant la vie l'enchante, tant elle paraît neuve; car il est
sans souvenirs. Il ne sait qu'imaginer son passé et projette sur le présent ses aspirations confuses. Alors une
réalité seconde se dévoile. A l'appel des poètes tout un
monde caché et invisible qui sommeillait dans l'œuvre
d'Albrecht Dürer, qui chuchotait à travers les légendes
ancestrales, se reprend à vivre. Les cosmogonies renaissent.
Dans la nature célébrée jadis par Jacob Bohme, tout
devient étrange et prend un sens mystique. No~alis épie
au fond de l'être humain l'action sourde de forces insoupçonnées. La sensualité rêve avec Schumann au jardin de
Marguerite. L'ivresse lourde et la joie triste des foules
traversent les symphonies de Beethoven comme une
supplication. Partout l'imagination se joue. Toujours
créatrice, elle ignore la saveur des plénitudes et jamais
elle ne souhaite arrêter la minute qui passe.
Telle est la sensibilité allemande. Tout en elle traduit
le trouble, l'inquiétude violente, le désir de vivre insatisfait. On sent ses religieux, ses musiciens, ses philosophes
à la poursuite de la vie. Mais elle est impétueuse et
brutale; c'est une chasse plutôt qu'une recherche. La vie
se dérobe. Ils voudraient l'enserrer, la contenir dans un

LA PENSÉE FRANÇAISE DEVANT LA GUERRE

mouvement du cœur, dans un thème ou dans une formule
car ils croient encore à la puissance magique des formules'.
Ils apprêtent un piège dialectique. La vie mobile et
fuyante contourne les appareils formidables de mots
sans laisser d'elle davantage qu'un reflet. Ils essaien;
alors de l'imiter ; ils se veulent multiples et universels
comme elle. Ne voyant plus dans le réel que conflits, contradictions, antagonismes, ils demandent à l'imagination
distendue le secret des métamorphoses. Le même mouvement d'idéalisme traverse Hegel, Fichte, Schelling et
Wagner. Ils n'ont jamais su trouver la forme harmonieuse
et aimée en qui la vie suspendue s'épanouit et s'achève.
Leur métaphysique ne trahit qu'un mauvais esprit de
révolte et leur inquiétude ne s'apaise que dans un rêve
d'orgueil mystique. Ils ne savent que l'art de rêver.
Cet esprit s'introduit en France, au lendemain de
l'aventure impériale, lorsqu'il ne reste, avec l'amertume
du souvenir qu'un vide de l'âme. Au sein d'une dissolution
générale où rien d'autre ne subsiste que des cadres administratifs, on attend de la Sainte Alliance un roi et un
régime mental. L'invasion de 1815 permet une invasion
plus subtile, plus complexe, plus tenace. La sensibilité
nouvelle s'empare des esprits, qui combine étrangement
le réalisme des buts politiques et le mysticisme. Les
élé_ments empruntés à la civilisation françai?e s'y recon:
naissent encore assez pour qu'elle ait comme un air de
parenté avec l'esprit français. Mais sa violence naturelle
la rend dominatrice. Exploitant la réprobation morale
qu'inspire l'irréligion du xvme siècle et la crainte qu'inspirent les idées révolutionnaires, elle conquiert la pensée
française. Et le mouvement d'enthousiasme qui anime

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la jeunesse de Cousin et qui pouvait être le prélude d'une
Renaissance dévie, tourne court et s'achève en une Restauration.
C'est un courant de poésie et de lyrisme à la fois
mystique et social qui s'insinue et pénètre dans le
domaine de l'art et de la philosophie. L'esprit de l'école
romantique et l'idéalisme postkantien agissent confusément sans susciter d'imitation précise. Aussi n'éveillent-ils
pas l'attention et ne rencontrent-ils de résistance que
chez Stendhal. Ce que nous retenons des contacts brefs
et des voyages, c'est une ambiance imprécise faite d'images
plus encore que d'idées. Nous apprenons à rêver ; et la
rêverie allemande nous repose des élans passionnés et de
la nostalgie où nous venions de nous complaire. Sous son
charme, la sensibilité se libère de toutes les disciplines,
conquête patiente d'une vie intérieure qui se veut harmonieuse et établit entre toutes les puissances de l'être
une hiérarchie. L'imagination prend la clef des champs
et vagabonde.
Mais les artistes de 1830 sont trop proches de la vie de
sensation et souvent d'une ingéniosité trop subtile pour
que le tourment métaphysique s'empare d'eux et les
tristesses sans cause. L'originalité de leur nature les
rend assimilateurs ; mais leur fantaisie les défend du
mysticisme. Ils admettent qu'une manière nouvelle de
sentir s'incorpore à notre sensibilité et l'enrichisse, mais
seulement au prix de sa sujétion. Et le romantisme allemand, contenu dans l'art, ne réussit à s'emparer que du
domaine spéculatif.
Le discrédit où sont tombées la science, l'analyse et
l'expérimentation, qui ont partie liée avec le scepticisme

LA PENSÉE FRANÇAISE DEVANT LA GUERRE

du siècle précédent, facilite sa besogne. L'éducation scientifique disparaît presque complètement et fait place à
l'à-peu-près facile et brillant de l'éducation littéraire.
Devant les choses, les idées, la pensée n'analyse ni ne
regarde ; elle se laisse envahir par l'émotion immédiate.
L'atmosphère qui se dégage, une impression fugitive,
un mouvement instinctif la contentent. L'émotion confuse
et amorphe est une possibilité indéfinie de sensations ·
au gré des suggestions, elle se prête à toutes les métamor~
phoses. Le jeu des affinités se substitue à la logique. Les
idées cessent d'avoir une valeur en elles-mêmes, toute
certitude étant sentimentale. La recherche des causes
à la manière du savant est abandonnée pour la poursuite
d'analogies mystérieuses. Car le monde entier, vaste
poème, se modèle sur les données intimes. La sympathie, l'intuition sont élevées au rang de méthode.
Philosophie et poésie se confondent. Et le sentiment, dans
les limites de l'expérience individuelle, devient source
de vérité.
Ainsi la prépondérance d'une sensibilité trouble corrode la pensée et entraîne une modification profonde dans
l'attitude spéculative traditionnelle. Il naît, dans l'école
de Cousin, un mouvement ambigu et opportuniste, le
spiritualisme. Celui-ci se colore diversement, suivant les
tempéraments, les modes et le jeu des influences. II revêt
successivement toutes les formes. Parfois même, telle de
ses manifestations paraît assez orginale pour laisser
croire à un renouvellement et à un travail véritable de
la pensée. Et pourtant, lorsque tombe le vêtement un
peu flottant dans lequel il s'enrobe, il ne demeure de lui
que quelques croyances traditionnelles et quelques dogmes.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

C'est que, sous la Restauration, les besoins philosophiques
se confondent avec les besoins religieux. La pensée ne
tend qu'à rendre plus fermes et plus assurées les croyances.
Dieu et l'immortalité de l'âme demeurent les questions
primordiales. Mais on a tenu à substituer à la discussion
des dogmes théologiques, qui exige, somme toute, une
dialectique serrée et de l'esprit de suite, le témoignage
infaillible de la conscience morale. D'ailleurs, le goût du
schisme est assez prononcé; la morale règne ; la raison
pratique l'emporte sur la raison spéculative. Et la science
est lettre morte sans l'esprit métaphysique dont les formules donnent, comme autant d'opérations magiques et
hermétiques, le secret des c:::hoses et du monde.
Et l'œuvre de la Restauration se prolonge sous la
Monarchie de Juillet. L'action d'une classe bourgeoise
prospère et détentrice du pouvoir amène la pensée à
composition sous couleur de libéralisme. Balzac, son
peintre, n'a pas l'ironie d'Henri Monnier; les philosophes,
sous peine d'être notés de « matérialisme », deviennent des
directeurs de conscience encore plus accommodants que
les jésuites. Le spiritualisme cesse alors d'être le grand
système que Malebranche et Maine de Biran ont pu concevoir. u Par l'éloquence de la parole, le concours de la
théologie chrétienne, la propagation de l'enseignement
classique, il devient une sorte d'institution sociale 1• » Il
sert la politique qui s'efforce de capter les idées révolutionnaires pour leur interdire l'avenir. Il se retourne à la
fois contre les doctrinaires et contre Auguste Comte qui
renoue, par l'entremise des idéologues et des médecins,
1. VACHEROT, f-a situation philosophique en France (Revue des
Dnu Mondes, juin 1868).

LA PENSÉE FRANÇAISE DEVANT LA GUERRE

avec le xvme siècle. Il profite de toutes les confusions•
de toutes les ignorances; il entraîne après soi toutes les
forces conservatrices. Il va chercher loin de la tradition
françai~e, dans la religiosité allemande semi-catholique
et semi-protestante et dans le romantisme de Schelling,
ses thèmes et ses prétextes. Ayant la vitalité des courants
qui servent les intérêts des groupes, il survit aux journées
révolutionnaires de 1848, à la proscription impériale qui
bâillonne l'Université de 1852 à 1864 ; et il réapparaît
pour emprunter à Ravaisson le prestige de son talent 1.
Même après 1870, bien des intelligences ne réussissent pas
à s'en affranchir. Par son intermédiaire, elles se mettent
à l'école de la philosophie allemande. Et, là-bas, elles ne
pressentent ni ne discernent le développement du machinisme, les applications techniques de la science, l'accroissement constant 'des exportations commerciales, le besoin
de d~bouchés nouveaux, la naissance d'une politique
mondiale menaçant l'équilibre européen. De tout ce
travail qui inquiète Nietzsche et qui transforme la pensée
elles ne devinent rien. Méphistophélès les guide toujours
à travers l'Allemagne.
De la sorte (et jusqu'en 1914), la philosophie est
devenue trop souvent une manière d'art quand elle n'est
pas une théologie bâtarde. La religiosité, le moralisme
le mysticisme sont les qualités auxquelles se reconnaî;
un« _esprit philosophique ». Tout est vu sous l'espèce
du bien et sous l'espèce du beau. Les penseurs allemands
nous fournissent les types. Faust, qui n'avait fait
que visiter Berlioz et Delacroix, s'installe à demeure
1

· Cf notre article sur La Doctrine de Ravaisson et la Penste
modeme (Revue de M4taphysique et d8 Morale, mai-juin 1919).

�LA MOUVJtLLE DVUB FRANÇAISE

chez les philosophes. On le consulte; il rend en vers
ses oracles. Goethe ne sait-il pas toutes les raisons de
vivre, comme Kant sait toutes les raisons d'être moral et
toutes les bonnes raisons que nous avons de croire à la
fusion posthume du bonheur et de la vertu. Schelling
épèle les secrets de la nature, révélation vivante. Le
catholicisme de l'école de Munich neutralise heureusement le piétisme de Kœnigsberg et le protestantisme
d'léna.
Aussi n'y a-t-il pas place pour notre passé: le spiritualisme supprime le XVIII8 siècle et annihile l'expérience d'un
peuple. Il appauvrit l'histoire et la rabaisse à la mesure
de ses intérêts et de ses scrupules. Il oublie que Kant a
été influencé par Rousseau et il le faut bien pour taire
l'originalité des Confessions, modèle lucide et si peu romantique d'analyse psychol_ogique. Il oublie que Goethe connaissait très bien Diderot. Il oublie que Schopenhauer
et Nietzsche se sont nourris de nos moralistes, qu'ils
ont aimé nos correspondances et nos mémoires ; autrement il eût fallu reconnaître que, même au grand siècle,
les Français ont été des observateurs des mœurs indulgents
ou passionnés. Il oublie d'Alembert et Condorcet. Il
oublie que Voltaire, Condillac, Destutt de Tracy et Cabanis
ont posé les fondements d'une philosophie de la sensibilité ;
que, même pendant la Révolution, il y eut un mouvement
d'idées traqué par l'Empire, étouffé par la Restauration. Il
fallait bien créer la légende de l'athéisme et du sensualisme du xvme siècle. La France devient alors un pays
affaibli par de longues secousses politiques, sans sève
intellectuelle, qui doit sa vie aux révélations venues
d'Allemagne et d'Alexandrie. Tout au plus est-elle la

LA PENSÉE FRANÇAISE DEVANT LA GUERRE

655
patrie d'un Descartes mystique et halluciné, d'un
Pascal, génie scientifique pris au piège du doute et se débattant dans les rêts de Port-Royal. Un vent de piétisme
souffle. Une dialectique morose place devant l'initiative
et l'expansion humaine l'image du péché. Sur le monde
entier, sur les êtres et les choses qui réjouissent l'artiste,
elle répand une atmosphère de contrition. Naïvement
insincère, tourmentée par la passion morale, elle se pare
du devoir pour masquer sa confusion. Sans spontanéité,
sans fantaisie et sans amour, elle est mauvaise ouvrière de
vie.

~ travers le siècle, un certain nombre d'esprits,
obéissant à des considérations pratiques plutôt qu'à des
exigences spéculatives, se sont donc laissé séduire par la
sensibilité allemande. Ils ont introduit l'esprit métaphysique. La dissociation de la sensibilité et de l'intelligence, la
prééminence de la sensibilité, la confusion dans les idées
qui s'ensuivirent, coïncidèrent avec une méconnaissance'
de l'esprit français. Replacé dans l'histoire des idées, le
spiritualisme n'a ni l'ampleur ni l'importance qu!on lui
prête. Il ne saurait mettre en cause la valeur de l'intelligence. Le mouvement intellectuel et scientifique, les
modifications sociales, les événements historiques autour
de lui ont transformé le monde. Maintenant, à son réveil,
il éprouve une stupeur douloureuse et s'étonne de voir
Wundt revendiquer avec âpreté Leibniz, philosophe
allemand. Les discours de Pangloss ne nous avaient-ils
pas mis au fait ? Et serions-nous si surpris aujourd'hui
si Candide était, par hasard, devenu un livre classique?

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
LA PENSÉE FRAN~AISE DEVANT LA GUERRE

•••

1
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1

1

Cependant la France véritable est aille~. P~ler. de
qualités de race, de l'esprit gaulois et du gérue latm c ~st
encore presque n'en rien dire, tant ~e conc~urs des ~irconstances qui nous ont créés est multiple. Mais, dès qu on
cesse de prêter à la culture une finalité singulière, pour_ Y
voir seulement une image et comme un reflet de la ;1e,
surgit notre peuple. Il suffit de se dép;e_n~e des ad~ations de collège qui font tenir dans la prec1os1té alexandrine
de Virgile, dans l'épicurisme trop r~lâché d'Horace et
même dans la correction froide de Racme tous les mouvements du cœur humain. Seul le commerce assidu de nos
artistes de nos savants, de nos philosophes, s'unissant
au goût'pour les campagnes françaises, révèle la sensibilité
frémissante de la nation.
Cette force nouvelle quel'Allemagne venait de découvrir
et dont on s'est entretenu mystérieusement au x1xe siècle,
il y a beau temps que nous e~ avons _approfondi le secr~t
et que nous avons su en dormner la VIolen:~ ~ar ~e ~aitrise constante de nous-mêmes. Notre c1V1lisation n est
pas d'un jour. Tant de générations courbées sur les terres
du Valois et de l'Ile-de-France ont vécu le drame de la
vie et jeté dans le brasier leurs joies et leurs souffrances,
que notre image se coule en un alliage toujours plus
riche. L'être a acquis peu à peu une finesse nerve~e et
une sensibilité pénétrante. Lentement il a conqws sa
et
personnalité '· il est parvenu à vivre d'une vie propre
.
1
à mêler au chœur des grandes émotions collectives e
chant encore tremblant des émotions personnelles. Sans

désapprendre de pleurer et de rire, il a appris la mesure
dans l'expression des sentiments. Jamais il ne s'abandonne
à l'ivresse de sentir. C'est qu'un plaisir d'intelligence
rend plus intense encore son émotion. Il sait le prix
des mouvements spontanés ; mais il n'a jamais douté
que la pensée qui les arrête au passage et les retient encloses dans une forme durable n'ajoute encore à leur
prix. Il va même parfois jusqu'à rougir d'être ému ; et
l'ironie légère fuse instinctivement, comme une défense.
Carl'esprit français n'est ni très sensuel ni très mystique.
Il ignore la sensualité inquiète, énigmatique et pesante
des pays protestants. Amoureux des lignes, des couleurs
et des formes, il goûte dans les sensations une joie pure
et subtile. Il est trop mobile pour être sentimental. Il y
a en lui un besoin de précision et de netteté par quoi il
répugne, jusque dans sa musique même, qui est musique
de danse, aux inquiétudes prolongées. Pour lui le monde
extérieur existe. Et, comme il est curieux, le spectacle
des choses l'empêche de méditer trop longtemps et de se
perdre dans la contemplation mystique du moi. Il ignore
le tourment de l'infini, car il sait que là où sont les raisons
véritables de vivre est aussi la joie de vivre. Sa tristesse
est dans la nostalgie, dans le regret des horizons accoutumés, Depuis Ronsard, son lyrisme intérieur et sans
fièvre dit la fluctuation des désirs précis et le retour
des saisons.
Aussi il est bien vrai que notre goût «s'étend tout autant
que notre intelligence et il est difficile qu'il passe au
delà 11. Y a-t-il lieu de le regretter ou n'est-ce pas plutôt
notre privilège ? La France, où convergent les mouvements européens, a toujours évité la consomption des
42

�LA NOUVELLE .REVUE FRANÇAISE

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1

nations qui s'isolent, ne vivent que de souvenirs et fouillent un passé mort. Sachant que la vie spirituelle est
dans l'échange, elle a accueilli toutes les idées, sûre
d'elle-même : sa fantaisie, son esprit, le sentiment du
ridicule, qu'elle a très vif, constituent sa sauvegarde.
Elle refuse de suivre l'engouement des classes oisives
qui mettent indifféremment à la mode un costume ou
une nuance de sentiment. Assez artiste pour ne rien
mépriser, elle détient le secret des transpositions. Le
tumulte des désirs peut monter des cours italiennes avec
une rumeur de fête et un parfum d'aventure, elle en
fait des châteaux en Touraine. Quand les idées anglaises
affluent, elle les discute avec passion. Mais l'inquiétude
métaphysique exaspérée par la vie triste des petites
villes d'Allemagne du Nord s'insinue-t-elle; son rire la
dissipe et son sens exact des choses. Sans doute, il y eut
parfois imitation servile et non adaptation véritable.
L'action de l'Italie sur nos peintres, de la Grèce sur nos
sculpteurs, de la pensée dite classique sur nos écrivains,
de l'Allemagne sur nos philosophes fut telle. Elle est survenue toutes les fois qu'un doute de soi-même ou une
défaillance passagère permettait le jeu ~e sentiments
factices. Mais ces accidents sont négligeables. Aucun
académisme n'a jamais rallié l'unanimité des esprits.
Les mouvements conventionnels ont toujours été le
fait de groupes qui doivent à des circonstances imprévues
un prestige usurpé et qui agonisent d'une mort lente à
l'écart des courants nationaux. Eux seuls portent en eux
tout l'avenir, d'eux seuls jaillit, impétueuse comme une
force élémentaire, notre volonté profonde.
Et cette volonté est de comprendre. Notre pensée

•

LA PENSÉE FRANÇAISE DEVANT LA GUERRE

s'est tournée vers l'étranger quand elle avait besoin de
distraction et de détente. Elle a caressé les robes espagnoles
comme elle s'est promenée dans les jardins d'imagination,
au clair de lune, par manière de jeu. Elle savait que pour
bien penser il faut être un peu poète ; mais elle savait
aussi que toute poésie est intime. Elle semblait avoir
des fantaisies et des caprices. A regarder penser et sentir
les autres, elle assistait à sa naissance véritable. Sous
son instabilité apparente, sous le jeu des influences, sous
son cosmopolitisme même, il y a élargisse)llent, enrichissement et suprématie de la sensibilité française. Elle a voulu
pénétrer l'homme.
Notre pensée doit à cette alliance singulière de la sensibilité et de l'intelligence autant qu'à son indépendance
d'avoir toujours été une réflexion sur l'activité humaine
contemplée avec sympathie. Par là, elle prolonge la
tradition hellénique. Plus proche de la nature, plus immédiate, plus sensuelle, la Grèce, quand on la dégage des
subtilités orientales qui s'entrelacent dans les dialogues
de Platon comme des arabesques intellectuelles, c'est le
culte de l'animal humain plutôt que le culte de l'homme.
La France est infiniment plus complexe. Elle a traversé
le christianisme, puis la science. Elle a découvert la
valeur active de l'idée vraie, après avoir découvert la
valeur active de la croyance. Elle a reconnu dans l'art et
la science, dont les valeurs constituent le monde spirituel,
les formes de vie les plus hautes. Créatrice, elle a sculpté
ses rêves et prêté à ses désirs la magie des couleurs et des
mots. Moraliste, elle a suivi le mouvement des conditions
sociales et le développement des mœurs, Soucieuse du
détail, elle a su ne pas trop s'y complaire ; il y a en elle

�660

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un dogmatisme, un besoin voilé de donner des directions
qui sont signe de force et affirmation de soi. Elle redoute
la fausse gravité des métaphysiciens, car elle excelle dans
l'essai où se rejoignent tout simplement, tout uniment
la spéculation et l'action, la réflexion et la vie. Sa science
_ faite de sagesse ne saurait tenir dans des formules ni recevoir de développement dialectique; elle est un humanisme
fécondé par la rencontre des événements et des caractères.
Ainsi, peu à peu, s'est modelé le visage de l'homme.
Au type latin fruste et taillé tout d'une pièce, tenace,
endurci et n'ayant qu'une entente limitée des choses,
s'est substitué un type plus riche. Les esquisses en sont
nombreuses; nous nous sommes repris à plusieurs fois pour
nous parfaire, car nous nous sommes sentis toujours
plus divers et plùs multiples. Mais, plusieurs fois, la société
française a connu des époques de quiétude. Elle a vécu
son présent pleinement, sans regret du passé et sans
grand souci d'imaginer l'avenir. Elle a réalisé une fusion
complète de la culture et des mœurs. Si elle a compris
que, sans la science de l'homme, la science des mœurs
serait vaine, elle n'a jamais ignoré que, sans discipline,
la science de l'homme serait un moyen assez médiocre
de parvenir. Elle a regardé la vie à hauteur d'homme, sans
illusion, avec clairvoyance. Et lorsque sa sincérité et sa
lucidité lui ont fait un devoir d'écarter des raisons de
vivre périmées, il est resté à ceux qui sont allés au delà
. des croyances un optimisme intellectuel.
A travers toute son histoire, la pensée française est art
de vivre, science du bonheur, discipline vivante. La
continuité de son œuvre dans tous les domaines révèle
moins une nation classique que la nation humaine.

LA PENSÉE FRANÇAISE DEVANT LA GUERRE

661

*

**
Si cet esprit a des racines profondes, un siècle de romantisme suffit-il pour détruire cette attitude atavique,
instinctive que nous avons devant la vie et qui est riche
de tant de souvenirs ? L'anarchie sentimentale a-t-elle
pu tuer en nous la sensibilité artistique, l'émotion intellectuelle, l'intelligence critique ?
De fait, il semble bien à première vue qu'avec le
xixe siècle une expérience nouvelle commence où notre
passé n'a point de part. Elle se présente comme une réaction
unanime contre l'esprit du xvme siècle. Mais c'est que sa
stérilité de sentiment et sa souplesse morale ont acquis
au spiritualisme les sympathies de l'opinion. Son inertie,
son art de durer lui suffi.sent qui le dispensent de conquérir
les esprits à l'aide du vrai. Disposant des pouvoirs officiels,
de l'enseignement, de la critique, il laisse tomber sur le
passé le voile du silence ; contre son époque il n'use que
de polémique. Aussi le jugement qu'il porte sur un siècle
dont il ne représente pas l'esprit est sujet à caution et
révisible. Il faut rejoindre les forces vives qu'il a cru
pouvoir écarter sans se mesurer avec elles et qui sortaient
de notre passé.
La Révolution a généralement capté l'attention de l'historien. Elle n'est pourtant que l'épisode politique d'une
épopée industrielle. Dès le XVIIIe siècle, une révolution économique liée au développement des sciences
se prépare. Les conditions nouvelles du travail humain,
de l'échange, de la circulation des richesses, devinées par
les encyclopédistes, entraînent des modifications dans

�662

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la physionomie des groupes. Un régime croule ; des cadres
sociaux éclatent ; une force anonyme surgit, inorganique
et instable. Ses souffrances et son absence de loisirs la
maintiennent longtemps dans un état d'enfance. Impulsive, elle croit à des lendemains meilleurs. Elle passerait
presque inaperçue si ses sectes mystiques et ses émeutes
qui avortent ne bouleversaient l'ordre moral. Précipitée
du pouvoir chaque fois qu'elle s'en approche et l'atteint,
elle est incapable de s'emparer de la pensée et de formuler
clairement ses exigences. C'est la pensée de nos écrivains
sociaux et de nos polémistes qui doit aller à elle pour
discerner, dans les masses populaires, la vitalité et la
promesse ardente des êtres jeunes à qui l'avenir est dévolu.
Tandis que certains esprits connaissent successivement
toutes les inquiétudes et se prennent à rêver, d'autres,
face à la vie, se plient à la discipline française ou partagent
les enthousiasmes naissants. Se tenant au-dessus de leur
époque, là où les passions mesquines viennent mourir,
où le cours des événements n'altère pas la valeur durable
de l'idée, ils font œuvre de savant ou d'artiste. Les savants,
faisant justice des hypothèses métaphysiques puisées
dans Stahl, Schelling et Fichte, préfèrent aux raisonnements la pratique du laboratoire ; aux vues d'ensemble,
les conclusions partielles et modestes. Laissant aux talents
peu doués le soin de poursuivre le beau moral et idéal
dont Winckelmann s'est fait l'apôtre, l'artiste tente
d'exprimer simplement la joie de la lumière. Par delà
les paysagistes de Fontainebleau et Delacroix, les impressionnistes rejoignent Watteau, Chardin et Fragonard en
même temps qu'ils disent la P.Oésie de la vie moderne.
Se dégageant de toute sensibilité factice, Stendhal et

LA PENSÉE FRANÇAISE DEVANT LA GUERRE

Flaubert poursuivent, sans aucune arrière-pensée morale,
avec la netteté d'un clinicien, l'exploration du cœur
humain, cependant que le roman social se constitue avec
Zola qui les reconnaît comme ses maîtres. Taine reprend
les études psychologiques au point où les idéologues les
avaient laissées. Comte discerne, sous les fluctuations
politiques, la constance des forces sociales et tente d'en
pénétrer la nature.
Ainsi, à la suite de Stendhal, dispersés dans tous les
domaines avec une prodigalité heureuse, les libres esprits
continuent à sentir et à penser à la française. Ils demeurent
en contact avec l'esprit du XVIU8 siècle. Suspects pour
avoir lutté contre la paresse et l'engourdissement romantiques, ils ont été tenus pour la plupart en dehors de la
pensée officielle. Le merveilleux enseignement qu'ils apportaient à la jeunesse a été méconnu ; ils n'ont pas eu les
honneurs du collège. Certains ont vécu dans l'oubli ;
d'autres ont connu le mépris plus douloureux encore que
le silence. Ils n'en avaient cure. Ils ont consacré leur vie
à une œuvre dura,ble, sachant que le secret des créateurs
est dans la persévérance ; ils se consolaient peut-être
aussi en estimant avec Balzac que « les grands ouvrages
font justice des petits ennemis ».
Pourtant, ils ont été nos maîtres véritables. Parmi leurs
contemporains ils ont mieux senti, mieux vu, mieux
compris. Et ils ont aimé davantage. Ils ont eu et donné
ce qui fait notre orgueil : la conscience. Et ils ne sont pas
seulement la conscience de leur époque ; en eux l'esprit
français se retrouve. Il faut les unir et les rapprocher,
sans craindre l'épithète de dilettante, appliquée aux esprits
qui entendent dominer toutes les idées, toutes les émotions

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
LA PENSÉE FRANÇAISE DEVANT LA GUERRE

et reconnaissent, dans la diversité harmonieuse de leur
nature, une richesse. Alors de toutes les œuvres, une
impression unique se dégage ; elle révèle une tradition.
Cette tradition n'est pas un dogme; elle devient un fait
d'expérience.
Les œuvres françaises ne sont que les moments d'un
seul effort critique poursuivi à travers les siècles. Face
à la vie, la pensée souhaite de comprendre. Elle répugne
aux enveloppements, aux atténuations, aux marches et
contre-marches des esprits sans virilité. Elle veut l'émotion
exacte, la phrase précise, la décision directe. Positive et
expérimentale, elle bannit la sensibilité trouble sans désagréger l'émotion. Car elle ne saurait se confondre avec la
«raison» des métaphysiciens allemands, non plus qu'avec
l'« esprit » des spiritualistes. Elle n'est pas davantage
un art de raisonner suscité par un mauvais goût de logique.
La pratique de l'art et de la science, la conduite même
révèlent sa nature, qui supposent également une concentration et une collaboration de toutes les puissances de
l'être. Elles laissent deviner une fusion étroite de la sensibilité et de l'intelligence. Issue de la vie, notre attitude
est l'expression et comme l'épanouissement de l'être qui
voit clair en soi. Il a conquis, au prix d'une discipline
constante, son unité ; par là, son œuvre aussi est une
conquête. Tel est l'intellectualisme français qui nous
défend de l'anarchie, qui restitue son sens profond et sa
noblesse à l'effort humain: présence d'esprit.

•••
Mais à quoi bon évoquer l'intellectualisme français ?
Des écrivains qui se sont découvert tout d'un coup une

âme sociale déclaraient avec ensemble, tant ils sont accoutumés à se plier aux modes, et aux heures les plus cruelles
de la guerre, que les intellectuels apparaitraient après la
guerre comme « des produits de luxe un peu démodés ». Il
est vrai que chacun se fait de l'intellectualisme une conception à la mesure de son esprit. Il est vrai aussi que les
problèmes actuels sont d'ordre pratique. Mais sont-ce des
raisons suffisantes pour que nous doutions de l'intelligence?
Ceux qui se sont tenus délibérément à l'écart de la vie
moderne et qui faisaient fonction de penser ne sauraient
lui reprocher son aveuglement. Eux seuls ont méprisé la
science et ses méthodes, méconnu la puissance de l'industrie, oublié que les intérêts économiques nationaux
l'emportent sur les considérations de parti. La philosophie
du sentiment doit imputer au seul défaut d'une discipline
qu'elle n'eut jamais le courage de se donner, son manque
de clairvoyance.
Sans doute, les conditions de la spéculation se transforment. Les problèmes d'école qui ont toujours conservé
• une mine paysanne et scolastique , disparaissent. Les
problèmes véritables s'infléchissent. Nous devons faire face
à des réalités nouvelles. La réalité collective se dévoile dont
certains penseurs avaient entrepris, après Montesquieu,
l'étude, malgré l'opposition des spiritualistes soucieux de
défendre un individualisme étroit et craignant de voir
une interprétation positive des mœurs susciter une orientation nouvelle de la conduite. La structure sociale, mise
à nu par des forces dévastatrices longtemps contenues,
révèle, plus violemment que ne l'ont fait les crises de
gouvernement et les crises économiques, les forces morales
qui se dégagent des groupes. Imperceptiblement, échap-

�666

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pant presque aux observateurs les plus attentifs, un double
mouvement de ségrégation et de coalescence emporte les
sociétés et modifie profondément la physionomie des
peuples. Des forces meurent. Des forces embryonnaires
apparaissent. Des courants se forment; des idées nouvelles
s'ébauchent. De tout cela autant que des événements
politiques est faite l'atmosphère dans laquelle nous vivons.
C'est à cette réalité spirituelle au moins autant qu'aux
facteurs matériels que nous avons affaire pour résoudre
les problèmes d'après-guerre.
En présence de cette réalité, une attitude expérimentale
s'impose. Or elle ne saurait s'improviser. Aucun aspect
de la réalité ne s'appréhende, comme le croient les philosophies paresseuses, du dedans et par intuition. La signification du milieu ambiant qui souvent détermine nos
actes ne se révèle pas immédiatement. Ce que chacun de
nous en pressent est fragmentaire, enveloppé d'une
gangue affective. Une synthèse est nécessaire qui n'est
l'œuvre ni d'un individu ni d'un jour. Mais chacun peut
obtenir le détachement de soi-même et soumettre les
faits à une investigation qui autorise une opinion raisonnée
et une volonté droite. On s'imagine communément que
nous sommes tous égaux devant l'expérience. Or l'expérience des réalités collectives, comme l'expérience de la
vie intérieure, exige, pour être féconde, les délicatesses,
les tâtonnements, l'impartialité d'une expérience scientifique faite dans un laboratoire. Elle exige la même discipline intellectuelle. Se plier aux circonstances, ne pas les
affronter pour en pénétrerla leçon latente, c'est les subir
sans plus. Trop de facilité à s'adapter, trop de souplesse
sont même parfois, autant que signe de médiocrité

LA PENSÉE FRANÇAISE DEVANT LA GUERRE

-morale, défaut de probité intellectuelle. Notre attitude
actuelle est donc solidaire d'une discipline. Elle suppose
cette présence d'esprit et cette maîtrise de la sensibilité
qui sont nos qualités essentielles.
Aussi devons-nous nous garder de toute attitude sentimentale. Sans doute nous sommes plus que jamais portés
à l'émotion et sans direction véritable. Les groupements
politiques, prisonniers des formules d'avant-guerre, demeurent en face d'un monde qui se refait, insensibles à
la nouveauté des choses. Les groupements intellectuels
témoignent d'une inconscience étrange. L'opinion se
penche sur le cours capricieux des événements pour y
retrouver le reflet de son angoisse et de ses alternatives irraisonnées. Mais cette crise est passagère. Sous
la pression irrésistible du réel, chaque jour une idée
toute faite se désagrège et nous nous rapprochons de la
lucidité. Nous devons laisser le retour progressif à la
vie logique s'opérer normalement, car il n'est de conviction stîre que celle qu'on acquiert par soi-même. Mais il
faut écarter l'anti-intellectualisme d'avant-guerre qui ne
pourrait que prolonger le divorce de la pensée critique
et de l'opinion au prix d'influences étrangères.
Ce n'est pas que nous devions nous défendre de toute
influence. Nous avons des affinités avec la pensée angloaméricaine : même positivité, même goût du détail concret
même sentiment de l'expérience; dans notre passé, les
contacts avec l'Angleterre furent féc0nds. L'introduction
de la pensée anglaise en France au XVIII8 siècle a donné
aux sciences de la nature, aux sciences politiques et aux
méthodes expérimentales une impulsion nouvelle. Vers
186o, l'action de Stuart Mill et de Spencer a permis à des

�668

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LA PENSÉE FRANÇAISE DEVANT LA GUERRE

esprits comme Taine d'échapper à la métaphysique allemande; elle a prolongé, sans toutefois l'enrichir d'apports
nouveaux, l'action du positivisme; et, encore aujourd'hui,
elle serait nécessaire pour combattre la dialectique et
rappeler la simplicité des démarches logiques. Mais là
doit s'arrêter l'échange. Car nous ne tendons pas depuis
tant de siècles à nous affranchir de toute tutelle religieuse
pour remplacer la religiosité allemande par la religiosité
anglo-américaine. Si cette substitution peut être relevée
chez certains spiritualistes contemporains, elle a été faite
au mépris de nos traditions rationalistes. Aussi les résistances que le Pragmatisme a rencontrées en France
sont légitimes; elles doivent être maintenues. Car le
peuple américain fait l'apprentissage de la pensée. Il
vient de s'apercevoir que la vie matérielle n'est pas tout;
que l'homme n'épuise pas, même en des labeurs gigantesques, son activité; qu'il existe aussi une vie spirituelle.
Sa religiosité, son inquiétude morale, son idéalisme sont
l'expression lyrique et confuse de cette découverte.
Partout, chez James comme chez Emerson, se retrouvP
une même tentative pour constituer des traditions intel
lectuelles. Et l'Amérique est vraisemblablement appelée
à connaître, maintenant que son union nationale se fait au
sortir de cette guerre, une crise intellectuelle qu'elle
soupçonne à peine : au prix du scepticisme elle apprendra
que la vérité, même relative et transitoire, ne se persuade pas, mais se démontre.
Le Nouveau Monde peut être le champ magnifique d'une
expérience humaine sans apporter un terme à la pensée
européenne. Sans doute, nous devrons beaucoup à la
nation qui fit le don de sa jeunesse. Mais, si nous tePons

66g

de notre âge quelque lenteur et un attachement exagéré
pour les habitudes acquises, nous nous sommes fait a~i
un cœur et un esprit plus savants. Nous sommes moins
neufs dans l'art d'aimer et de souffrir. Dans notre vieillesse est notre privilège, est notre science. Nous sommes
lucides, sachons le demeurer.
Déjà nous n'avons guère profité de l'expérience ré~olutionnaire pour avoir manqué du réalisme nécessaire
aux hommes et aux peuples qui veulent vivre. De notre
histoire nous avons fait une épopée et nous avons menti
à notre passé. Il n'y a pas d'épopée. Il y a des forces ;
des forces aveugles et brutales, des forces spirituelles et
morales. De leur rencontre, de leur asservissement mutuel
et alternatif, jaillit l'histoire du monde. Arc-boutée
contre trois siècles de civilisation, la France a pu maintenir vacillante la lueur d'intelligence qui refera la clarté
sur l; monde. M~s ses souffrances seraient inexpiables si
elles ne nous avaient rien appris.
RAYMOND LENOIR

�SONNETS

SONNETS
AMOUR, LORSQUE MA LÈVRE...

MÉDITATION ÉGOÏSTE

Amour, lorsque ma lèvre, en ta jeune toison,
Cherchait à prolonger des instants misérables,
Mon cœur, troubté par toi, ne jugeait désirables J
Ni le repos des champs, ni la sage raison.

Dans ma mémoire, hélas I quels visages vous faites,
Vous dont mes jeunes pas suivaient les pas lassés I
Vos yeux se sont éteints, vos corps se sont tassés,
Je vous ai. trop connus, compagnons de mes fêtes.

L'hymne que tu fais naître était son oraison,·
A tous émois, les tiens lui semblaient préférables
Et ses attachements étaient si peu durables
Qu'il en fallait plus d'un pour combler sa saison.

Hermann, doux ignoré, toi qui chantas les bêtes,
Tu noyais dans le vin tes grands chagrins passés,
Et toi, pauvre Cryon, toi que i' aimais assez,
Ne méprisais-tu pas l'amour et les poètes r

Or, vois comme il se rit aujourd'hui de tes charmes I
Laisse, méchant en/ant, laisse tomber tes armes:
Ta flèche ou se romprait, ou manquerait son but.

0 fantômes sans voix que cherche à retenir
L'esprit qui vous a da ses premières alarmes,
Votre amitié déjà n'est plus que souvenir:

Ici, l' œil apaisé peut M,ner sans surprise,
L'ordre règne, et la coupe où gravement l'on but,
La main ne la rejette et la dent ne la brise.

Artisan d'un bonheur qui peut ne point finir,
Je vous évoque, avec vos travers et vos charmes,
Et ne sais si vraiment vous méritez des larmes I

�,

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

SONNETS

POST MORTEM
POÈTES JAPONAIS...

Poètes japonais qui viviez autrefois,
Pleins de calme raison, dans vos maisons..légères'
Fré/,es magots bouffes, bibdots d'étagères,
Vous qui chantiez la mort en vous tournant les doigts;

Lorsque je descendrai dans le sein de la terre,
Quelques rares amis, joignant leurs tristes mains,
Déploreront ma perte avec des mots humains,
Puis l'on dira de moi : u C'était un solitaire I.•• »
Toi seule auras des pleurs. Au bois plein de mystère,

Qui, le soir, descendiez dans vos jonques de bois
Quelque fleuve paisible aux rives mensongères.
Et, le matin, goatiez les douceurs bocagères
Dans un jardin menu coupé de ponts étroits;,
Voluptueux vêtus de superbes étolfes,
J'ai lu dans le fracas des cités d'Occident
Vos poèmes plus courts que nos plus courtes strophes:
Je vous dois le bonheur de savourer l'instant
Et i' ai reçu de vous le secret, philosophes,
De conformer ma lèvre aux bruits du cœur battant.

A ces coteaux légers où marissent nos vins,

Tu confieras, pour eux levant ton voile austère,
Ta soulfrance, sans cris désordonnés et vains.
Je t'accompagnerai dans ces lentes sorties,
Je serai dans le vent qui couche les orties,
Dans l'air froid de janvier, dans la douceur d'avril.
Seule, occupée à coudre en la maison déserte,
Tu frémiras, mon ange, et briseras ton fil
Quand je m'engouffrerai pa, la porte entr'ouverte.
HENRI DEBERLY

43

�LE dRE BUMILIH

'

LE PÈRE HUMILIÉ 1
ACTE III
Les ruines du Palatin. Un soir de la
fin de septembre 1870.

SCÈNE I
ORIAN, ORSO
ORSO. - Frère, ne sois pas si triste. Cela n'est pas
déjà si amusant d'être parmi les vaincus, non, je n'aurais
jamais cru que cela fût aussi désagréable 1
Cet officier qui recueillait nos armes et qui riait en
me regardant! Il m'a reconnu et je le reconnaissais
bien aussi. C'est un ancien camarade de loge.
Bon Dieu I ne fais pas cette tête !
ORIAN. - La révolution est entrée à Rome, - à Rome
aussi. - Les cloches ne sonnent plus de même pour moi.
ORSO. - Il y a tant de choses déjà que Rome a vu
entrer et sortir 1
- Entre autres, mon futur beau-père.
1. Voir la Not1t11lle Rnua Française du 1•r septembre.

Une révolution à Paris, une autre à Rome, c'est trop
pour ce descendant de jacobins! et cette chose monstrueuse
est arrivée que subito, instantanément,
Il s'est trouvé sans place!
Sans place, comprends-tu? Pas plus de place sur la
terre qu'un pur esprit !
Toutefois, le vieux sang républicain n'a pas été long
à parler, son collègue de Londres vient de mourir, cette
nouvelle lui a donné des ailes l
Je l'ai accompagné à la gare ce matin. II dit qu'il
m'aime comme un fils. Il a ôté son cigare de sa bouche
pour me dire ça.
ORIAN. - J'espère qu'il arrivera à Paris avant les
Prussiens.
ORSO. - Les Prussiens? qu'est-ce que les P(Ussiens ?
. Ce qui est important, c'est le collègue de Londres qui
Vient de crever, c'est cela qui lui pétille dans les veines !
La France n'est pas concevable sans un Turelure pour la
servir.
ORIAN. - Pauvre France I Eh bien, nous allons aider
le beau-père dans cette tâche.
ORSO. - Ma foi, c'est une bonne idée que tu as eue
de nous engager ! Cette petite volée de plomb de la Porta
Pia m'a chauffé le sang. J'ai hâte de me sentir un chassepot
dans les mains.
ORIAN. - Et que deviendra le mariage ?
ORSO. - Orian, grand âne, le mariage deviendra
ce qu'il pourra.
Depuis un ~ que je f.üs ma cour, ce que j'.u obtenu
est vr.ument peu,
Pendant que tu te promenais sur la côte d'Afrique.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Pourtant, je dois le dire, hier elle m'a dit tout à coup
qu'elle voulait bien m'épouser.
ORIAN. - Hier?
ORSO. - Hier même. Ne fais pas cette figure!
Elle m'a mis ça dans la main. Tu penses si j'étais
étonné?
C'est sans doute la nouvelle de ce départ qui a parlé
à la petite imagination de Mademoiselle.
Oui, quand j'ai eu l'avantage de lui annoncer que je
partais à la campagne, à ce coup j'ai cru que j'allais
l'intéresser.
ORIAN. - Qu'a-t-elle dit ?
ORSO. - Elle a demandé si tu partais aussi.
ORIAN. - Ce n'est pas moi qui t'ai demandé de partir
avec moi.
ORSO. - Malin I N'est-ce pas, j'allais te laisser aller
seul ! Un troupier comme toi !
- N'as-tu absolument rien à lui dire?
ORIAN. - Dis-lui adieu.
ORSO. - Court, mais substantiel.
ORIAN. - Sois éloquent à ma place.
ORSO, lui mettant la main sur le bras. - Orian, elle
est ici et veut te parler.
ORIAN. - Quel est ce guet-apens?
ORSO. - Elle m'a demandé de la conduire ici.
ORIAN. - Vous avez combiné cela ensemble?
ORSO. - Et quand cela serait encore ?
ORIAN. - J'ai promis de ne plus la revoir.
ORSO. - Dans huit jours nous serons tous les deux sur
le champ de bataille.

Silence.

677

LE PÈRE HUMILIÉ

ORIAN. - Tu le veux? c'est bien.
Tout m'est indifférent. Je ne suis pas capable de dire
non à rien.
Tu as bien choisi le lieu et le moment, ces ruines, ce
jour couvert de septembre, qui vous montre bien que tout
est fini et que d'ailleurs tout était inutile.
Oui, je la reverrai, je le veux.
Qu'elle vienne! Je manque à ma promesse. Pourquoi
serais-je la seule chose au monde qui n'est pas capable
d'être vaincue?
ORSO. - Mon vieux, dans huit jours, nous serons sur
le champ de bataille, c'est sûr, et dans dix, nous serons
tous morts, c'est possible, et alors nous serons bien tranquilles.
Il faut que tu lui parles. Avant que tu ne disparaisses,
d'une manière ou de l'autre.
Toutes les choses qui doivent être dites entre elle et
toi, il est nécessaire qu'elles soient dites.
Il sort.

SCÈNE II
Entre PENSÉE.

PENSÉE. - Si vous devez me parler durement,
Si je dois entendre de vous ces paroles auxquelles je
ne suis prête que trop,
Si la raison de ce silence est telle qu'il ne m'est que trop
facile de le supposer,
Si ce cœur qui pour un moment me fut ouvert m'est

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

I

clos, si cette voix que j'ai entendue du fond de la nuit où
je suis étroitement enveloppée depuis ma naissance comme
dans un voile,
Si cet époux qui me parlait mystérieusement, ce soir
de mai, jadis,
Un seul mot, mais qui m'a suffi! un seul mot u Ma bienaimée » mais qui m'a suffi,
Pauvre âme, pour que je sois à lui, pour toujours,
S'il n'est là de nouveau après ce long silence que pour
que je l'entende qui me juge et qui me repousse,
Vous pouvez m'épargner, Orian! un seul signe, un
seul mouvement suffit.
Et si vous devez parler I ah, du moins, que le ton
ne soit pas trop sévère, et ce mot qui doit m'éloigner de
vous pour toujours : « Va-t'en »,
Dites-le bas,
Aussi bas que cet autre aveu qu'une femme aime.
« Va-t'en», et cela suffit.
ORIAN. - «Va-t'en» seulement, et rien d'autre que
ce mot, Pensée ?
PENSÉE. - «Va-t'en de moi, Pensée I Va-t'en, femme!
- Va-t'en de moi, ma bien-aimée!»
ORIAN. - Pensée, non, il n'est pas en mon pouvoir de
vous dire : Va-t'en.
PENSÉE. - Pourquoi m'avez-vous abandonnée?
pourquoi cette longue absence ?
ORIAN. - J'ai voyagé. C'est la semaine dernière seulement que je suis revenu à Rome : deux jours avant que
les Piémontais y entrent, ces amis de votre famille.
PENSÉE. - Je vous ai déjà pris votre maison. Maintenant c'est votre ville que je vous enlève. Et celui que

LE PtRE •UMILll't

vous appeliez votre Père est mis par nous en un lieu d'où
il ne peut sortir.
ORIAN. - Vous ne me prendrez pas moi-même.
PENSÉE. - Vous voulez que je vous prenne votre
frère.
ORIAN. - C'est la guerre qui nous prend tous les deux.
PENSÉE. - Il est donc vrai ? Vous partez ?
ORIAN. - Serais-je ici, si je ne devais partir ?
PENSÉE. - Oui. Comment seriez-vous avec moi
autrement que dans un rêve ?
ORIAN. - Mon frère vous reviendra.
PENSÉE. - Et je l'épouserai alors?
ORIAN. -Alors je serai sans doute en un lieu où ces
choses ne font plus souffrir.
PENSÉE. - Mais c'est vous qui lui avez commandé
qu'il m'épouse.
ORIAN. - Bientôt, sans celle-ci, il y aura entre vous
et moi une séparation suffisante.
PENSÉE. - Quand je serai morte, Orian ?
ORIAN. - Et que vous soyez à un autre, ne comprenezvous pas que cela pour moi est plus que la mort ?
PENSÉE. - C'est vous qui l'avez voulu.
ORIAN. - Oui.
PENSÉE. - Je n'ai plus d'orgueil. Qui suis-je pour
dire non ? Mon corps est-il de tant de prix ?
Pour une chose que celui-ci (elle montre faiblement
Orian ?) me demandait, comment la lui aurais-je refusée ?
ORIAN. - Vous l'aimerez dès que vous serez à lui.
Pause.
PENSÉE. - Orian, comprenez-vous ce que c'est qu'une
aveugle ? Ma main, si je la lève, je ne la vois pas. Elle

�680

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

n'existe pour moi que si quelqu'un la saisit et m'en donne
le sentiment.
Tant que je suis seule, je suis comme quelqu'un qui
n'a point de corps, pas de position, nul visage.
Seulement, si quelqu'un vient,
Me prend et me serre entre ses bras,
C'est alors seulement que j'existe dans un corps. C'est
par lui seulement que je le connais.
Je ne le connais que si je le lui ai donné. Je ne commence à exister que dans ses bras.
ORIAN. - C'est ainsi iue vous vous donnerez à lui?
PENSÉE. - Il le faut ponc, Orian ? dites-moi.
Silence.
ORIAN. - Non, Pensée, il ne le faut pas. Il ne faut
pas que ma chère Pensée soit à un autre qu'à moi seul.
Silence.
Vous ne dites pas un mot?
PENSÉE. - Ce sont des paroles longues à pénétrer.
ORIAN. - Votre cœur y est-il sourd?
PENSÉE. - Qui s'est habitué au malheur, la joie ne
le trouve pas si prompt.
ORIAN. - Bientôt nous serons séparés,
Bien séparés cette fois, et si c'est de la douleur que vous
attendez de moi
Tout à l'heure celle qui nous attend l'un et l'autre
a de quoi suffire.
PENSÉE. - Il est nécessaire que nous soyons séparés,
Orian?
ORIAN. - Il est nécessaire que je ne sois pas un
heureux I Il est nécessaire que je ne sois pas un satisfait!
Il est nécessaire qu'on ne me bouche pas la bouche et

LE PÈRE HUMILit

68r

les yeux avec cette espèce de bonheur qui nous ôte le
désir.
Vous dites que vous m'aimez, et moi je sais que c'est
moi-même qui suis mon pire ennemi.
Vous dites que je dois voir pour vous, etje sais que ce
sont ces yeux mêmes qui m'empêchent de voir et que je
voudrais m'arracher!
Il est nécessaire que je ne me laisse pas mettre la main
dessus. Pensée, vous êtes le danger pour moi.
La grande aventure vers la lumière, le diamant quelque
part, il est nécessaire que j'en sois seul.
- Mon père, il y a un an, me disait d'aller vers les
autres. Les autres ? Quels autres ?
Que m'importent les autres ? Quel bien est-ce que je
puis leur faire? Qu'est-ce que je suis capable de leur
dire? Quand on manque de tout soi-même, qu'est-ce que
je suis capable de leur donner ?
Je n'ai qu'un devoir envers eux qui est que le mien
propre soit rempli.
PENSÉE. - Quel ?
ORIAN. - Ah! n'est-ce pas mourir quand on est
aveugle que de savoir que le soleil existe et qu'entre tant
de rayons autour de cet objet éternel comme des épées
il n'y en aura donc pas un seul pour nous, pour venir à
bout de cette affreuse nuit inguérissable, - à se jeter
dessus enfin à plein cœur avec un grand sanglot pour
exterminer ce qu'il y a en nous de mortel et qui est deux
fois mort déjà!
Vous ne me comprenez pas.
PENSÉE. - Je ne serais pas aveugle si je ne vous
comprenais pas.

�68z

' 1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ORIAN. - Vrai
)
PENSÉE. - Est-ce qu'il n'y a pas un chemin avec
patience vers cette lumière que vous dites ? quelque passage?
ORIAN. - Pensée, je suis capable d'obstination, mais
non pas de patience, et de mille coups de tous côtés, mais
non pas de méthode, et de désir, mais non pas d'intelligence, de désir, mais non pas de résignation 1
Ainsi l'absurde papillon, cette chose palpitante et
dégoûtante, le papillon qui n'est qu'un sale ver avec
des ailes énormes, aussi inconsistant que de l'haleine,
Et qui ne sait rien que de se jeter, et se rejeter, et se
rejeter stupidement, et se jeter encore de toutes ses forces
misérables,
Contre le globe de la lampe, et qui, quand il s'interrompt, il est comme mort, quelque chose de i:am·
pant,Quelque chose d'immonde et de rampanfque l'on ne
saurait toucher.
PENSÉE. - Ainsi, quand mon père me parlait, - et
vous ne savez à quel point il est capable d'enthousiasme
à ses heures, De ce temps où nous vivons, de ces grandes et admirables inventions qui rendent une chose si belle de vivre
dans le temps où nous sommes, de ces merveilles inouïes,
disait-il, le chemin de fer, les câbles sous-marins,
De l'empire que l'homme établit sur toute la nature,
du progrès qui balaye les vieilles superstitions, et de ces
années devant nous qui assurent le triomphe de la raison
et de la connaissance et du bien-être général,
Oui, ce sont les expressions dont il se sert, ...

LE PtRE HUMILIÉ

,.

683

ORIAN. - Ouvrez les yeux, Pensée, et voyez toutes
ces choses.
PENSÉE. -Je suis aveugle.
ORIAN. - Une seconde seulement, je vous en prie 1
Quel dommage que vous ne puissiez pas ouvrir les
yeux une seconde et voir ce que c'est qu'une fabrique
de phosphore par exemple, ou un buffet de gare,
Un monde tout entier consacré à la production de
l'utile. Un jour, l'heureuse Rome aussi se réjouira de ses
docks et de ses usines. Oui, c'est un glorieux temps que
celui-ci.
PENSÉE. - Où je suis il n'y a point de temps.
ORIAN. - Bientôt, le temps existera pour vous quand
vous m'attendrez et que je ne reviendrai pas.
PENSÉE. - Maintenant, vous êtes là, et c'est tout ce
que je sais.
ORIAN. - Vous êtes là vous-même, laissez-moi prendre
toute la mesure de votre présence! Ah! vous n'êtes que
trop réelle !
Cher compagnon, c'est bon de vous entendre parler
et de penser que vous êtes là et votre voix est pour moi
comme de la musique.
Je suis tellement jaloux I Vous savez que c'est par moi
que vous êtes aveugle et c'est moi qui monte la garde
à la porte de chacun de vos sens,
Et s'il y a une manière &lt;!'être à moi que je ne veux pas
vous demander, c'est parce que je ne veux pas renoncer
à toutes les autres.
Si je n'étais là pour vous le dire, si mystérieusement 1
vous ne sauriez pas que vous êtes belle.
Et si vous n'étiez là,machérie,jene saurais ce que c'e&amp;t

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

que ce grand ennui, qui est de s'ennuyer de soi-même.
Quand je vous ai quittée, Pensée, c'est alors que vous
vous êtes emparée de moi. Chaque jour. Chaque nuit le
même rêve après les premières heures de sommeil. La
même Pensée.
On me remontrait une expression de votre visage,
Une inflexion de votre voix, un mouvement de votre
corps, ce corps féminin, si amer, si intelligible pour moi 1
Il y avait un cri dans la nuit, votre voix que je reconnais entre toutes les autres!
Il y avait une forme chancelante quelque part qui me
tendait les bras I il y avait quelqu'un d'aveugle qui m'appelait ! quelqu'un de taciturne et qui ne me répondait pas.
PENSÉE. -Si je chancelle, Orian, c'est parce que vous
n'êtes pas là pour me tenir. Et je ne suis aveugle que parce
que je ne puis pas vous voir.
ORIAN. - Puis
Tout cela même a été mis de côté et de vous à moi s'est
établi quelque chose de plus direct. Il y avait quelque
chose en moi qui tenait à se séparer de moi-même.
Alors, j'ai connu un autre désir,
Sans image ni aucune action de l'intelligence, mais
tout l'être qui purement et simplement
Tire et demande vers un autre, et l'ennui de soi-même,
toute l'âme horriblement qui s'arrache, et non pas ce
brûlement continu seul, mais une série de grands efforts
l'un après l'autre, comparables aux nausées de la mort
qui épuisent toute l'âme à chaque coup et me laissent aux
portes du Néant!
J'ai tenu bon cependant, et quand j'aurais voulu revenir,
le bateau était là qui m'emportait.
Demi-pause.

LE PÈRE HUMILit

685

Et quand je serais revenu encore, et quand vous auriez
été là comme vous l'êtes en ce moment,
Je savais trop que ce que je vous demandais, vous
étiez bien incapable de me le donner, et que ce qu'on
appelle l'amour,
C'est toujours le même calembour banal, la même coupe
tout de suite vidée, l'affaire de quelques nuits d'hôtel,
et de nouveau
La foule, 1a bagarre ahurissante, cette affreuse fête
foraine qu'est la vie, dont cette fois il n'y a plus aucun
moyen de s'échapper 1
- Et je sais les grands et incomparables biens que
le mariage apporte.
Mais je sais aussi que c'était tout autre chose, incompatible avec tout, que demandait un désir comme le
mien,
En moi sans doute allumé pour le juste châtiment de
mon orgueil et contre ma volonté. PENSÉE. -Ami, comment avez-vous pu vous tromper
ainsi et croire que vous pourriez être quelque part où je
ne sois pas?
On dit qu'il n'y a pas d'âme qui ait été faite ailleurs que
dans une vue et dans un rapport mystérieusement avec
d'autres.
Mais nous deux, c'est plus que cela encore, toi, à mesure
que tu parles, j'existe 1 une même chose répondante en
ces deux personnes.
Quand on vous préparait, Orian, je pense qu'il restait
un peu de la substance qui avait été disposée pour vous,
et c'est de cela que vous manquez et que je fus faite.
Et pour qu'elle fût capable de retrouver la vôtre, pour

�'086

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'aucun prestige ne l'égarât, pauvre âme, pour que son
chemin filt sûr,
Pour que ce qui était à vous seul vous filt entièrement
conservé,
C'est pour cela sans doute que mes yeux furent clos.
Et maintenant que je vous ai retrouvé, eh quoi, tu
me veux donc écouter ?
- Pourquoi m'avoir répudiée? qu'ai-je fait? pourquoi m'avoir donnée ainsi cruellement à un autre?
ORIAN. - Paroles que j'ai entendues en rêve souvent.
PENSÉE. - Elles ne sont que trop vraies.
. ORIAN. - Qu:importe le passé? Je vois votre visage,
Je prends votre ma.m dans la mienne, et si je vous demandais
de vous embrasser, sans doute que vous me laisseriez faire.
Que demander de plus? Se voir, se toucher, parler,
entendre l'autre qui parle,
(Le peu de temps nécessaire pour comprendre qu'on n'a
plus rien à se dire),
Il paraît que cela suffit pour être présent l'un à l'autre.
PENSÉE. - Je le sais cependant, oui, en dépit de tous
vos raisonnements, vous ne me ferez pas croire le
contraire.
Il y a quelque chose en vous qui se réjouit que je sois
avec vous en ce moment, - de la manière que je puis.
ORIAN. - Dans un instant je vous aurai quittée.
PENSÉE. -Est-ce qu'il est si facile de s'en aller quand
je suis là ?
ORIAN. -Non, je ne le sens que)rop,: Pensée.
PENSÉE. -Tu ne me quitteras pas avant de m'avoir
entendue. Toutes ces paroles que j'ai préparées et mises
ensemble,

LE PtRE HU:MIL111

Ces longs jours de solitude, ces nuits où l'on ne dort pas
et où l'on pleure beaucoup,
ORIAN. - Je les connais.
PENSÉE. - Tu les connais comme moi, mon cœur ?
- Ces paroles que j'ai mises ensemble. -Ensuite, va-t'en
et tâche de les oublier 1
Il y eut une femme jadis qui a sauvé le Pape, - un
homme ne peut donner que sa vie, mais une femme peut
donner plus encore, - la mère de mon père, Sygne de
Coûfontaine.
Etc' est sa fille maintenant sans yeux qui tend les mains
vers celui que le Pape auprès de lui appelle son fils 1
Et voici que dans mes veines le plus grand sacrifice
en moi s'est réuni à la plus grande infortune, et le plus
grand orgueil,
Le plus grand orgueil à la plus grançle déchéance et
à la privation de tout honneur, le Franc dans une seule
personne avec le Juif.
Tu es chrétien, et moi, ce qui coule dans mes veines
c'est le sang même de Jésus-Christ, ce sang dont un dieu
fut fait, maintenant dédaigné !
Pour que tu voies, c'est pour cela sans.doute.qu'il fallait que je fusse aveugle ;
Pour que tu aies la joie, il me fallait sans doute cette
nuit éternelle sans aucune parole .que ma part .est de
dévorer 1
ORIAN. - Viens avec moi où je suis.
PENsltE. - Où tu es, est-ce qu'il y a de la place aussi
pour le malheur ? où il y a tant de lumière, est-ce qu'il
y a de la place aussi pour ces yeux qui ne veulent pas
s'ouvrir?

�688

LA NOUVELLE REVUE FBANÇAISE

Cette humiliation que j'ai apprise depuis le jour où je
suis née, Juive, aveugle,
.
Est-ce que ce sera pour rien ? Ces larmes les oublierai-je? Ah! il ne faut pasm'aimerl
Jures-tu qu'il y a un endroit quelque part pour que
ces deux choses y subsistent :
Ce besoin que j'ai de l'amour et cette certitude qu'il
n'y a rien en moi pour le mériter ?
.
ORIAN. - C'est vrai qu'il ne faut pas vous auner?
PENSÉE. - Non, cher époux, non, il ne faut pas
m'aimer 1Quel chemin y a-t-il de vous à moi ?
Je vous aime trop. Je vous ai tellement attendu.
Pour me faire croire que vous m'aimez, Orian, c'est
difficile. Qui ne voit pas, il lui faut autre chose que ces
paroles à tous.
. . .
Quelque chose qui soit à lui, quelque chose qm lw soit
personnellement adressé. Une preuve qu'il n'y ait pas
moyen de récuser. Et puisqu'il ne voit pas,
Ce que ses mains peuvent tenir.
ORIAN. - Et si je meurs pour vous, Pensée, est-ce
que ce sera suffisant ?
PENSÉE, geste vers lui. - Si vous mourez 1
Si vous mourez, ce ne sera pas pour moi, mais pour
la France que vous me préférez.
ORIAN.-Si jene meurs,jene puis arriver jusqu'à vous.
PE:MS:ÉE. - Et qui donc alors me fera entendre ce m~t
que mon cœur attend? Pour me faire croire que vous~• aimez,Orian,c' est diffi.cile,-à moins que vous ne me le disiez 1
Mais dites seulement : Je vous aime 1 et cela me
suffit. Dites seulement; Je vous aime, et je le croirai
aussitôt.

LE PÈRE HUMILIÉ

689

ORIAN. -A peine vous l'aurais-je dit que cela cesserait
d'être vrai.
PENSÉE. - Je ne comprends pas ! Comment est-ce
que vous me demandez de vous comprendre ? Comment
est-ce qu'il peut être bon pour moi que vous soyez mort ?
Bon, quand on aime quelqu'un, qu'il cesse d'être là?
Ceux qui voient, est-ce qu'ils se lassent du soleil ? Et
moi qui n'ai pas de soleil, est-ce que je me passerai de
cette voix comme la révélation de tout, qui m'a dit une
fois : Ma bien-aimée 1
Quand je vivrais cent ans, et quand chacune des
secondes de ces cent vies serait faite de cent années,
En cela je ne vieillirai jamais que je suis sfue que
j'aurai toujours quelque chose à vous dire,
Quelque nom pour vous appeler, quelque invention
nouvelle de mon cœur, quelque récit de moi-même qui
ne pourra jamais tarir.
Est-ce ma faute, si c'est vous qui êtes la force? si
c'est vous qui êtes chargé de savoir pour moi ? si tout ce
dont j'ai besoin au monde n'est pas en moi, mais, hors
de moi-même, ceci ? Si c'est vous auquel m'attache une
chose plus forte que le droit, la nécessité sans aucune
espèce de droit ?
Ah I quand je vivrais cent ans, vous serez toujours le
même pour moi, et il me semble que j'aurai toujours
quelque chose à vous dire, quelque mot bien tendre, quelque partie de votre cœur dont vous auriez pensé
qu'elle m'était close,
Cette pauvre âme aveugle entre vos bras qui ne cesse
de vous appeler par votre nom et de vous dire qu'elle
vous aime!
44

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ORIAN. - Alors, est-ce que vous me conseillez de
déserter? Est-ce que vous m'enfermerez à clef dans
votre maison et je n'aurai pas d'autre affaire au monde
que de vous caresser ? Est-ce que je n'aurai pas d'autre
but que vous ?
Qu'est-ce que vous aimez en moi, si~?~ ~e b~t pour
lequel j'ai été fait? sinon ce terme que J ai et~ fait po~
atteindre et qui m'explique et sans lequel Je ne sws
qu'une réunion de membres au hasard ?
.
Quand je l'aurai atteint, et s'il me faut mounr _pour cela'.
c'est alors que je possèderai mon âme et que Je pourrai
vous la donner. C'est pour vous aussi qu'il est nécessaire
que j'existe.
.
Jusque-là c'est le devoir qui passe d'abord, quel qu'il
soit, urgent, aussitôt, dès qu'il se présente_!
.
Quand je vivrai enfin, quand je ne serai plus cet Onan
aveugle et à demi dormant, mais quelqu'un dans un rapport éternel enfin avec une Cause raison~able... .
PENSÉE. - Cet Orian que vous dites, était assez
pour moi.
.
.
.
ORIAN. - ... C'est alors que Je pourrai reverur vers
vous, ma chérie, et vous dire : Ouvre les yeux, Pensée !
PENSÉE. - Il n'y a rien à voir dans mes yeux.
ORIAN. - Il y a la mort qui m'attend, sans œuvres et
sans postérité.
PENSÉE.-C'est cela que tu vois quand tu me regardes?
ORIAN. - C'est cela que tu m'annonçais et que j'ai
aimé en toi.
PENSÉE. - La mort pour moi, est-ce que tu la préfères à la vie ?
ORIAN. - Oui, Pensée.

LE PÈRE HUMILIÉ

PENSÉE. - Que puis-je demander davantage ?
ORIAN. - Ce que je dis, ne le savais-tu pas?
PENSÉE. -Tout ce que tudis,je le savaisd'avance.
ORIAN. - Te souviens-tu de ce que je t'ai promis,
il y a si longtemps qu'on ne saurait dire le moment,
Cette chose entre nous qui était avant notre naissance ?
PENSÉE. - Je m'en souviens.
ORIAN. - ... Que je t'aimais et que je n'en aimerais
aucune autre ?
•
PENSÉE. - Je le crois, Orian.
ORIAN. - L'anneau d'or de notre mariage, je te le
mettrais au doigt.
PENSÉE. - Dis, pourquoi avoir voulu me laisser à
un autre?
ORIAN. - Ce fut du temps, ma Pensée, où je vivais
encore.
PENSÉE. - Est-ce bien vrai, du moins, que maintetenant au moins je suis à vous ?
ORIAN. - Quand j'aurai libéré mon âme, alors je
pourrai vous la donner.
PENSÉE. - N'y a-t-il pas d'autre moyen de la libérer,
sinon qu'elle soit ainsi cruellement séparée de ce corps et
du mien ?
ORIAN. - Heureux de qui le devoir est court I heureux à qui le devoir est clairement montré! Défendre
sa mère, défendre sa patrie, quoi de plus court, quoi de
plus simple ? Les circonstances se sont chargées de tout
régler pour moi. Le même humble, le même facile
devoir que pour tous, quel bonheur ! Et le prix qui est
avec moi, cette Pensée.
J'étais trop impatient pour la vie, brusque, trop capri-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

cieux, trop prompt. L'insecte mâle qui n'est réglé que
pour une heure.
PENSÉE. - J'étais patiente pour toi.
ORIAN. - Ce que je te demandais, ce que je voulais
te donner, cela n'est pas compatible avec le temps, mais
avec l'éternité.
PENSÉE. - Moi, si je te disais que je t'aime, es~ce
que ce serait facile que de me quitter ?
ORIAN. - Je le sais sans que tu le dises.
PENSÉE, elle se met entre ses bras. - Toutefois c'est
une chose douce à entendre alors qu'on sait que c'est moi.
ORIAN. - Ne me tente pas, ma rose dans la nuit? Ne
te place pas entre mes bras I C'est dangereux d'être une
rose quand on n'est défendue que par des chèvrefeuilles!
PENSÉE. -Comment saurai-je que je suis la plus belle
si tu ne me le dis pas ?
ORIAN. - Il n'en est aucune autre pour moi.
'PENSÉE. - Où est-elle, la plus belle de toutes les
femmes?
ORIAN. - Si près que je ne puis plus la voir.
PENSÉE. - Où est-elle, cette place contre ton cœur ?
ORIAN. - Mon ennemie l'occupe.
PENSÉE. - Si je la trouve, on ne me la fera pas quitter
si aisément.
ORIAN. -Ah! je ne le sais que trop, que tues la plus
forte 1
PENSÉE. - Si je veux vraiment que tu restes, est-ce
que tu pourras partir ?
ORIAN. - Je ne sais plus rien que toi seule 1

Silence.
PENSÉE, elle se sépare de lui. - Adieu donc 1

LE riRE HUMILIÉ

ORIAN. - Pensée I ah! est-ce toi maintenant qui me
dis adieu?
PENSÉE. - C'est fini. Ne viens pas plus près.
ORIAN.-Pensée I ah! je resterai avec toi, si tu le veux.
PENSÉE. - Ne dis pas des choses indignes.
ORIAN. - Ah! je suis fou! ah! qu'importe tout le
reste au prix de ce seul moment que tu peux me donner ?
PENSÉE. - II me faut plus qu'un seul moment.
ORIAN. - Tu es en mon pouvoir 1
PENSÉE. - C'est vrai. Comment fuirais-je?
ORIAN. - Il est impossible de nous séparer.
PENSÉE. - Non, ce n'est pas impossible.
ORIAN. - Je ne le veux plus, Pensée I Je ne le peux
plus, Pensée 1
PENSÉE. - Ce que font tant de Français, ne peux-tu
le faire ? Ce que tant de femmes supportent, ne puis-je
le supporter ?
ORIAN. - Il ne fallait pas venir si près de moi.
PENSÉE. - Il ne fallait pas, Orian ?
ORIAN. - Il ne fallait pas que je te prenne entre
mes bras.
.PENSÉE. - Et si mon cœur n'avait battu si près de
toi, comment l'aurais-tu connu ?
ORIAN. - Connais-tu le mien aussi ?
PENSÉE. - Je le connais, homme impérieux !
ORIAN. - Quand tu t'es mise entre mes bras, la nuit
est venue sur mes yeux.
PENSÉE. - J'ai donc pu t'enseigner cela du moins?
ORIAN. - Je sais ce que c'est que la nuit.
es PENS~E. - Dis: est-ce que c'est une chose si cruelle ?
t-ce qu il y a besom de se voir, quand on s'aime ?

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ORIAN. - Il n'y a besoin de rien autre.
PENSÉE. - Non.
ORIAN. - Mais comprends--tu aussi maintenant ce
que je te disais quand je te parlais d'une autre présence?
PENSÉE. -Ah l je suis faible, et ce qui suffit à d'autres
femmes m'eût suffi.
ORIAN. - Pourquoi donc me dis-tu de partir ?
PENSÉE. - Je suis forte aussi.

Silence.

ORIAN. PENSÉE. -

Je t'aime, Pensée.

Demi-pause.

Je comprends que c'ést adieu que cela

veut dire?
ORIAN. - Adieu.
PENSÉE. - Laisse-moi une dernière fois tendre les
mains vers toi,
Comme les mourants quand un Ange place la harpe
éternelle déjà entre ces doigts qui la cherchent !
EUe lui touche la figu,e avec les mains.
Laisse-moi une dernière fois connaître ton visage !
laisse-moi en prendre l'empreinte avec cette cire vivante,
Ces deux mains qui ne sont autre chose avec leurs
doigts que mon âme dès que je t'ai touché 1
Adieu, chère tête l
Sort ORIAN.
SCÈNE III

Ent,eORSO.
PENSÉE. -Orso, il nous faut de ce pas annoncer à ma
mère que nos fiançailles sont rompues.

LE PÈRE HUMILIÉ

695

ORSO. - Bravo! nous y sommes donc enfin! Vous
voyez que mon conseil était bon !
Vous l'ai-je pas amené au bon moment ?
PENSÉE. - C'est vous qui êtes bon, Orso, et je vous
aime bien.
ORSO. - C'est tout ce qu'il me faut. Vous aurez
toujours la première place dans ce cœur de gendarme.
PENSÉE. - Vous n'avez pas trop de peine?
ORSO. - Juste ce qu'il faut. Juste assez pour cette
ombre de mélancolie qui sied à une mâle figure.
PENSÉE. - Ne plaisantez pas !
ORSO. - Me voilà bien débarrassé. Grand Dieu !
qu'aurais-je fait de cette madame Cogne-Partout ?
~ENS~~- - Si aveugle que je sois, je ne suis pas mal
amvée ou Je voulais,
Et, pour avoir des yeux, celui-ci n'a pas su fuir si loin
qu'il ait réussi à m'échapper.
ORSO. - Comptez sur moi pour le maintenir dans le
devoir.
.
PENSÉE. - C'est vrai qu'il y a tant de danger pour lui ?
ORSO. - Il ne faut pas qu'on vous le détériore pas
vrai?
'
PENSÉE. - Il est persuadé de ne pas revenir.
ORSO. - Et moi, je vous dis que je vous le ramènerai.
PENSÉE. - C'est la mort qui me l'a rendu accessible.
, ORSO. - Pourquoi parler de sa mort, vous aussi ?
C est vexant. Je n'aime pas que vous parliez ainsi.
, PENS~E. - Et quand ce serait la mort, et quand il
n Y aurait eu que ce seul moment
&lt;:e mo~ent tout de même je l'~ eu, et c'est assez pour
mor, et nen ne peut empêcher qu'il existe !

�696

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ainsi, malgré ce voile indéchirable qui m'entoure,
ainsi l'amour a pénétré jusqu'à moi, et rien n'a su m'en
défendre! Il m'aime, je crois en Dieu! Il n'y a plus de
mort pour moi, il n'y a plus de nuit ! Ah l le bonheur est
une chose si grande qu'il n'était pas en mon pouvoir de
lui échapper l
Il y a beaucoup de femmes plus belles que moi, et
cependant c'est moi qu'il a choisie! Il y a beaucoup de
femmes qui sont capables de voir, et moi j'ai les yeux
fermés à toute autre chose que son amour !
Loué soit Dieu parce que je lui ai paru désirable !
loué soit Dieu, parce qu'entre toutes il a désiré ces choses
seules que j'étais en état de lui donner 1
J'étais donc dans ma nuit sans le savoir maîtresse de
ces grands trésors l
Ah l puisqu'il m'a aimée aveugle, c'est d'être plus
aveugle encore que je désire 1
Et non seulement que je ne le voie pas, mais qu'il ne
me voie pas non plus et non plus ce visage périssable, mais
cette chose seulement que je lui ai donnée et qui est à
lui, et que ni la vie, ni la mort ne seront capables de
1ui arracher l
Et puisqu'il m'a aimée dessaisie, c'est d'être plus pauvre
encore que je désire, gratuite entre ses bras, inexplicable
à tous,
Et au regard de cet honneur que le monde accorde,
plus dépourvue qu'aucune de celles-là sur qui un nom
juif est écrit 1
Dans la nuit où j'étais, il a bien su me trouver et s'il
faut maintenant que lui aussi disparaisse aux yeux de
ceux qui voient,

LE PÈRE HUMILIÉ

Ce n'est pas cette nuit-là à mon tour qui me fera peur
et qui sera suffisante à me séparer de lui l
ORSO. - Et moi, Pensée, est-ce que je serai toujours
votre ami?
PENSÉE, lui tendant la main. - Mon grand ami 1
ORSO. - Quand la paix sera revenue, il faudra que
vous me preniez un jour et que vous m'expliquiez pourquoi j'ai eu de l'amour pour vous, jadis.
PENSÉE. - Est-ce que vous n'en avez plus ?
ORSO. - Qu'est-ce qu'il faut que je réponde ?
PENSÉE. - Cela me fâcherait que vous répondiez
non.
ORSO. -Je ne vous aime pas comme mon frère. Vous
me suffisiez telle quelle. J'aurais été patient avec vous.
Il y a bien des hommes qui ne sont pas autrement
sensibles, et qui pleurent parce qu'une joue d'enfant ne
s'est jamais posée contre la leur.
Il Y a quelqu'un qui se serait alourdi entre leurs bras.
Cette décoloration solennelle de la femme en proie à un
autre être qui se fait d'elle !
Et moi d'abord je vous avais admirée, vous me sembliez
si fière et si forte I Oui, vous fouliez le sol avec tant de
grâce et de dignité.
Puis quand j'ai su que vous étiez aveugle,
Avec cet air de reine, avec ce visage de jeune dieu,
C'est cela qui vraiment m'a touché. De vous sentir
si faible avec moi, sans aucun chemin si je n'étais pas
avec vous, .
Cela m'aurait expliqué toute la vie.
D'avoir votre petite main dans la mienne, c'est cela
qui m'aurait donné de la force.

�6g8

'i

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Cette main, où cela aurait-il été .meilleur pour elle que
dans la mienne ?
PENSÉE. -Ne pensez pas que vous m'ayez caché tout
cela jusqu'ici.
ORSO. - Ça ne fait rien, Pensée. N'en dites pas plus
long. Un homme aussi peut avoir de la pudeur.
J'ai gagné cela du moins sur mon frère, c'est que je
suis libre, léger comme une plume au vent I Lui est lourd,
retardé, il vous aime trop ! Il ne va pas à la guerre comme
j'y vais l
C'est bon d'être entièrement léger! C'est bon d'être
libéré de toutes les tâches de la vie ! Gais, chantants, le
col de la chemise arraché I Oui, même parmi les âmes, je
crois qu'on reconnaîtra à leur air ceux-là qui sont morts
à pleine poitrine, en pleine jeunesse !
Une â.Jne de vingt ans, c'est cela qui flambe dans le
soleil de Dieu l
C'est une chose si facile que de mourir et on ne nous
aura pas demandé autre chose l Mourir en hommes, au
lieu de vivre bassement en esclaves, en spécialisés !
Voici toutes les ombres à la fois, le premiet rayon de
grand soleil qui vous flambe la fenêtre d'un seul coup avec
le cœur l
C'est pour cela qu'on voit des morts avec des visages
si beaux, ils sont comme des enfants qui regardent.
Ils ne regrettent rien. Mourir pour la patrie est une
chose si belle qu'ils en gardent un sourire ébloui !
- Venez, madame la Taupe l Venez, madame la
Chauve-souris! Donnez-moi le bras. Je m'en vais vous
ramener à votre maman.
Ils sortent.

..

LE PÈRE HUMILIÉ

699
ACTE IV
Fin de janvier 1871. Une chambre dans
un Palais de Rome.
PENSÉE, debout, la main appuyée
sur une table et aspirant l'odeur d'une
grande corbeille de magnoliers qui est
Placée au milieu.

SCÈNE I
SICHEL, PENSÉE
PENSÉE. - Que ces fleurs sentent bon l elles m'enivrent I C'est à peine si je puis les supporter. Leur
odeur est si forte qu'elle me donne le vertige.
SICHEL. - Pourquoi les a-t-on laissées ici ? je voulais
les faire enlever. Tout te fait mal en ce moment.
PENSÉE. - Non. Laisse-les.
SICHEL l'a aidée à se rasseoir.
SICHEL. - Veux-tu que j'ouvre~ peu la fenêtre?
PENSÉE. - Oui. Laisse entrer ce dernier rayon si
doux jusqu'à moi.
La couleur rouge du soir.
Laisse entrer Rome jusqu'à moi.
SICHEL entr'ouvre la fenêtre.

Rumeur des cloches au dehors.
PENSÉE. - C'est l'heure de l'Ave Maria.
SICHEL. - Ces fatales cloches me serrent le cœur.
Qu'est-ce qu'elles disent ainsi à coups pressés?
PENSÉE. - Moi, je les aime, je les connais toutes,

�700

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

les petites et les graves, toutes proches et celles qui sont
le plus loin,
.
.
Tant que toute la Ville Sainte autour de mot se dispose,
édifiée par le son. Pures cloches au lieu de tant de paroles 1
ce serait bon de résonner comme elles
Soi-même et de n'être éternellement que la et mi.
Ah I je voudrais voir Dieu comme elles, ne serait-ce
que le temps de compter jusqu'à cinq 1
SICHEL. - Et moi, si je puis voir Dieu, mon enfant,
Ce ne sera jamais que dans tes yeux, quand ils se seront
ouverts.
PENSÉE. - Fais-moi un peu de musique, maman.
SICHEL, se levant. - Que veux-tu que je te joue?
PENSÉE. - Non. Reste avec moi. La musique m'en.pêcherait d'entendre.
.
SICHEL. -C'est ainsi que je te vois toujours attentive
et attendante,
Comme si tu n'avais d'oreilles que pour ce qui au dehors
va arriver.
PENSÉE. - Il n'arrivera personne.

Silence.
Et comment ferais-tu, mère, si tu n'avais que l'ouïe
et le toucher
Pour construire une ville comme celle-ci ?
•
Rien qu'avec des voix qui viennent de divers côtés,
le roulement des voitures, une femme qui chante, une
querelle, un marteau qui tape, un cri d'oiseau,
Avec la différence du chaud et du froid, toutes les
nuances qu'il y a dans l'ombre, tous ces souffles divers,
Et ce sens de la vision, qui est absente, réparti sur tout
mon corps?

LE PtRE HUMILIÉ

701

C'est à moi d'arranger une ville de tous ces sons qu'elle
modifie comme les murailles font de la lumière,
Cette Rome merveilleuse avec ces escaliers qui montent
vers de grands jardins, ces rues disposées pour les pas de
la procession,
Et au sortir de beaucoup d'ombre ce que tu m'as dit:
tout à coup ces palais couleur de jour! Ah! ce doit être
beau!
Je suis comme un enfant le premier jour qu'il se réveille,
dans une chambre fermée, dans un pays inconnu,
Ce monde qui vous semble si naturel, il est invisible
pour moi. J'y suis comme si je n'y étais pas. Le séjour,
d'ailleurs, ne sera pas long. Il me faut faire ma provision
pendant que j'y suis.
Je ne le connais que par ce que tu me racontes. On m'a
fait des yeux sans doute qui ne lui étaient pas adaptés.
Et lorsque je le verrai peut-être, ce sera bien loin en
arrière lorsque déjà il fuit 1
Comme le passager qui s'est réveillé trop tard et qui
ne voit plus le rivage et la ville qu'on lui montre avec
ses monuments
Autrement qu'une longue ligne blanche là-bas dans la
grande lumière du matin,
Presque pareille à l'écume.
SICHEL. - Il y a quelqu'un qui t'aime sur la jetée,
qui te fait signe avec son mouchoir.
PENSÉE (Elle se passe la main sur le jlam comme si
elle ressentait une douleur subite.)
SICHEL. - Qu'y a-t-il ?
PENSÉE. - J'ai senti un mouvement en moi.
SICHEL, à mi-voix. - L'enfant?

�702

. !

PENSÉE, de même. - C'est lui.
SICHEL, comme pou, elle-même. - Sans doute. Quatre
mois se sont écoulés.
PENSÉE. - Mon enfant a bougé en moi !
SICHEL. - Pourquoi n'écris-tu pas à Orian ?
PENSÉE. - Lui-même ne m'a pas écrit une seule
ligne.
SICHEL. - Mais moi, je lui ai écrit pour toi il y a
quinze jours.

Süence.

1

11

l

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Oui, je m'y suis décidée,
Bien que tu me l'aies défendu.

Süence.

Tu ne me grondes pas ?
PENSÉE. - Non. Cela ne fait rien.
SICHEL. - Mais pourquoi Orso, lui aussi, nous laisse•
t-il sans nouvelles,
Alors que nous recevions une lettre de lui, chaque
semaine?
- On m'a dit qu'il devait venir ici, chargé d'une
mission. Aucun mot de lui depuis cette nouvelle année.
PENSÉE. - Il y a eu des mouvements de troupes.
SICHEL. - J'ai peur que quelque chose ne soit arrivé.
PENSÉE, montrant la corbeille. - Il n'est arrivé que
ces belles fleurs.
SICHEL. - Je voudrais bien savoir qui nous les a
envoyées. - Je suis inquiète pour ton père aussi. Il est
là-bas tout seul dans ce pays froid. Je suis sûr qu'il ne
se soigne pas comme il faut. Il est si imprudent! Lui
aussi, pourvu qu'il ne lui soit rien arrivé!
PENSÉE. -Tout cela n'est pas important.

LE

PèRE

HUMILIÉ

SICHEL. - Qu'est-ce qui est important ?
PENSÉE.-Ce qui est important est que mon enfant vit!
SICHEL. - Il faudra que nous ayons quitté Rome
bientôt.
PENSÉE. - Pourquoi ?
SICHEL. - Nous irons à Paris en grand secret. Là,
tout peut se cacher.
PENSÉE. - Il n'y a rien à cacher.
SICHEL. - Je n'ai rien osé dire à ton père. Il est
terrible pour ce genre de choses et tout ce qui est de notre
considération. Grand Dieu! je le vois d'ici.
Mais laisse-moi faire, mon enfant ! Ta mère est fine
et elle sait plus d'une adresse. Nous saurons dérober à
tous cet enfant de l'amour.
PENSÉE. - Crois-tu que je vais abandonner mon
enfant?
. SICHE~. - Laisse-moi croire ce que je vewc. A chaque
Jour sa peme. - Qui te dit cela ? Ne m'ôte pas l'esprit et le courage que je puis avoir.
J'en ai besoin.
PENSÉE. - Mère, as-tu honte de moi, toi aussi ?
SICHEL. - Honte de toi, Pensée 1
PENSÉE. - Il n'est personne au monde plus fière
que je ne le suis.
SICHEL, lui ,Posant la main su, le genou. - Va, mon
enfant, je sais ce que tu souffres f
PENS~E, à voix basse. - C'est vrai, mère, c'est dur
pour moi. J'étais faite pour être irréprochable.
Je souffre de tous ces yewc qui me regardent. Une
aveugle, comment peut-elle se défendre ?
- Et que pensera-t-on de lui ?

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

SICHEL. - Moi, je suis avec toi. Que nous fait le
mépris de tous? J'y fus habituée jadis et la honte est
pour moi comme une patrie recouvrée. Pauvres femmes 1
Dieu est avec nous dans notre petitesse.
PENSÉE. - Qu'est-ce qu'on peut me faire après tout ?
Maintenant, il y a mon enfant avec moi pour partager
mes ténèbres 1
SICHEL.- Maintenant, tu sais ce que c'est que d'être
mère!
PENSÉE. - Que c'est singulier de penser qu'e:o ce
moment il se fait de moi des yeux qui seront capables de
voir et que je porte ces étoiles vivantes dans mon sein 1
SICHEL. - Qu'est-ce qui serait à soi sinon ce petit
que l'on a fait de soi-même ?
PENSÉE. - Il me verra et je ne le verrai pas. Les autres
mères guident leur enfant, c'est lui qui guidera la sienne,
Chancelante à jamais au travers de ces choses inconnues
qu'il trouvera si sûres.

SCÈNE Il
Paratt sans aucun bruit ORSO.
SICHEL fait un mouvement de
surprise.
Il lui fait signe impérieusement de
se taire et de rester immobile.

PENSÉE. -

Qui est entré ?

Je demande qui est là ?

Silence.
Silence.

LE PÈRE HUMILIÉ

ORSO. c'est moi.

Pensée de Homodarmes, ma chère femme,

Silence.
PENSÉE, faiblement. - Est-ce vous, Orian ?
ORSO. - Ne me reconnaissez-vous pas ?
PENSÉE. - Je ne sais. C'est la ,voix d'Orian et ce
n'est pas la sienne.
ORSO. - La voix et le cœur, Pensée, et tout ce qu'une
seule heure permet de présence avec vous
A quelqu'un qui bientôt sera obligé de repartir.
PENSÉE. - Si vous êtes Orian, pourquoi ne venezvous pas plus près ?
Et pourquoi déjà ne suis-je point, trop heureuse femme,
entre vos bras ?
ORSO. - Si je me laissais prendre, on ne me laisserait
plus partir.
PENSÉE. - Toujours partir! Ah! je ne sais que trop
que je ne puis vous retenir pas 1
ORSO.- Quatre mois, c'est à peine s'ils se sont écoulés,
Et déjà vous ne reconnaissez plus ma voix.
PENSÉE. - Il faut que mes sens se soient émoussés,
Comme une plante qui se ternit à cause du fruit qu'elle
porte.
ORSO. - Cet enfant, Pensée ?
PENSÉE. -Aujourd'hui même je l'ai senti qui s'éveillait dans mon sein.
Oui, j'ai failli m'évanouir pendant que je respirais ces
fieurs.
ORSO. - C'est moi qui vous les ai envoyées.
PENSÉE. - Pourquoi m'avoir laissée ainsi sans nouvelles ?
45

�7o6
1

'

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ORSO. - Qu'est-ce qu'une lettre pouvait dire que
vous n'eussiez su déjà?
PENSÉE. - Comment va votre frère ?
ORSO. - Orso est bien. Est-ce que vous pensez encore
à lui?
PENSÉE. - Je l'aime comme vous l'aimez.
ORSO. - Il ne faut aimer que votre époux. Aucune
parcelle de votre cœur aujourd'hui,
Cet avare Orian ne veut plus la laisser à un autre.
PENSÉE. - Vos paroles sont douces, Orian, · plus
tendres
Qu'aucune de celles que vous m'ayez dites autrefois,
en ce temps qui fut court.
.
Pourquoi est-ce que je les écoute avec un cœur aussi
pesant?
ORSO. -Parce que je vais repartir, vous le savez; mon
congé qui n'est que de peu d'heures expire.
.
PENSÉE. - N'est-ce pas, pour ne plus nous revoir?
ORSO. - Est-ce que vous me voyiez tellement?
PENSÉE. - Au delà de tout ce que les yeux peuvent
voir nous nous sommes touchés.
ORSO. - Pensée, je suis venu pour vous dire de
prendre soin de cet enfant que sans doute je ne connaîtrai
pas
.
Et qui est à son père comme il est à vous, ce qw demeure
de lui,
Pour vous dire de ne pas l'oublier.
PENSÉE. - Je ne vis que pour lui et pour vous.
ORSO. - Et je suis venu vous dire une autre chose
aussi, Pensée.
PENSEE. - J'écoute.

LE P:bE HUMILIÉ

ORSO. - C'est qu'il ne faut pas douter de celui qui
vous aimait
·
Malgré ce long silence. Mais qu'est-il besoin de paroles
à ceux qui ont foi l'un dans l'autre ? Quel mérite y auraitil à me croire si j'étais là toujours ?
Nul ne vous aurait aimée comme lui vous aimait. Il
faut le'croire.
PENSÉE. - Je le sais, je le crois.
ORSO. - L'absence fut longue.
PENSÉE. - Vous voici 1
ORSO. - Et si elle devait être plus longue encore, ne
le supporteriez-vous pas avec courage ?
PENSÉE. - Tout le courage que vous me demanderez.
ORSO. - Pauvre enfant ! il n'y a chose si dure que
mon exigence n'aille plus loin.
PENSÉE. - Pas aussi loin que mon amour !
ORSO. - Après une si longue séparation, si vous êtes
avec moi, Pensée, ah, qui sera capable de nous dissoudre?
Je ne veux plus qu'une réunion telle
Que ce ne soit plus le temps qui la fasse cesser, mais elle
qui soit capable au contraire de faire cesser le temps.
PENSÉE. - Vous m'aimerez toujours?
ORSO. - Il y avait un homme qui ne pensait qu'à
lui-même.
L'appel auquel son oreille était tendue, il croyait qu'il
ne s'adressait qu'à lui seul.
Tout était simple : lorsque vous êtes venue, Pensée.
Et la blessure que vous lui avez faite est telle que rien,
et même la mort, ne sera capable de le guérir.
PENSÉE. - Pourquoi parler de la mort alors que vous
êtes vivant ?

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ORSO. - Maintenant, si son absence est longue, s'il
ne répond pas lorsque vous l'appellerez,
.
Il ne faut pas croire que ce soit sa faute, et que celui
qui vous a tant aimée trahisse.
_ Je jure qu'il vous aimait.
Silence.
PENSÉE. - Ce n'est pas Orian.qui parle.
ORSO. - Qui serait-ce donc ?
Silence.
PENSÉE. - Orso, qu'avez-vous fait de votre frère
Orian ? Où est-il?
ORSO. - Pensée, c'est maintenant qu'il faut montrer
ce courage que vous m'avez promis.
Tout ce que j'ai dit, oui, c'est bien lui qui vous le disait
par ma bouche. Nous ne nous sommes pas quittés. Il
n'avait rien de secret pour moi et j'entendais chaque
battement de son cœur.
Pensée de Homodarmes, maintenant, ce que j'ai à
vous annoncer, il faut que vous l'écoutiez sans fléchir:
Orian n'est plus.
Silence.
PENSÉE. - Orian est mort. C'est bien. Je le savais
et mon cœur n'attendait pas autre chose.
ORSO. - Il est mort, et ce message dont il m'a chargé
pour vous est qu'il faut vivre.
PENSÉE. - Je vivrai.
ORSO. - La veille de sa mort, nous avons causé
ensemble toute la nuit, de vous et de votre enfant. Il
m'a chargé de vous demander pardon.
PENSÉE. - C'est moi qui ne cesse pas de lui demander
pardon.
ORSO. - J'ai su ce qui s'était passé entre vous,

LE PÈRE HUMILIÉ

La veille de son départ. J'ai compris ce que fut cette
heure d'aveuglement et de vertige.
SICHEL. - Une rencontre désespérée et sans aucune
parole, comme de gens qui n'en peuvent plus et qui ne
savent ce qu'ils font.
ORSO. - Il est heureux que votre mère ait pensé à
m'écrire.
PENSÉE. - Je le lui avais défendu.
ORSO. - Il voulait revenir dès qu'il l'aurait pu.

Silence.
PENSÉE, criant tout à coup. - Orian est mort ! Orian
est mort! Il n'est plus.
Où êtes-vous, mon cher mari, et pourquoi n'êtes-vous
pas avec moi ?
SICHEL, la soutenant. - Pensée, mon enfant bienaimée!
Silence.
PENSÉE. - Comment est-il mort ?
ORSO. - Tué d'une balle au cœur comme nous chargions les Allemands dans un mauvais petit champ de
vignes à travers les échalas.
Je l'ai vu tout à coup qui lâchait son fusil et qui tombait
en avant. Son corps est resté plié en deux, accroché à un
petit mur de pierres sèches parmi les ronces.
PENSÉE. - Vous l'avez laissé là?
ORSO. - Les Prussiens tiraient sur nous, tant qu'ils
pouvaient.
PENSÉE. - Moi, je serais morte avec lui.
ORSO. - Je suis un officier, et mon devoir n'était pas
de me faire tuer, mais d'assurer le commandement de ma
section.

�710

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Nous avons dû nous replier peu après, abandonnant le
corps.
PENSÉE. - Quoi, vous ne me rapportez rien de lui ?
ORSO. - Que voulez-vous faire d'un mort ?
PENSÉE. - Je l'aurais senti une dernière fois entre
mes mains, ces sages mains !
Qui sait s'il aurait été mort tout à fait pour moi ?
Entre l'âme et le corps qu'elle a fait il y a un tel lien
que la mort même n'est pas entièrement puissante à le
dénouer,
Où que soit cette pauvre âme.
ORSO. - La sienne est avec Dieu. Ce Dieu qu'il aimait
comme un sauvage et non pas comme un saint, il l'a
conquis. Le corps est resté accroché misérablement quelque part.
Point d' œuvre derrière lui, rien que ce corps embarrassé
dans les épines,
Plus loin que nous n'avons pu nous-mêmes aller et
qui ne l'a pas empêché de passer outre.
Cette liberté qu'il désirait plus que la vie, elle est sa
part enfin ! cette lumière vers laquelle il tendait de tout
son être, il y est ! Ce Père dont il était le fils.
PENSÉE. - Les yeux qui étaient chargés de voir pour
moi, où sont-ils ?
ORSO. - Qui sait si je ne vous les ai pas rapportés?
PENSÉE. - Que dites-vous ?
ORSO. - Je n'ai pas voulu l'abandonner aux Boches
tout entier.
De cette tête qui était le capitaine de la personne en
un corps qui ressuscitera et qui dort,
Quelque chose encore de celui que nous aimions émane.

LE PÈRE HUMILIÉ

7II

PENSÉE. - Quoi ! est-ce que vous me rapportez...
ORSO. - Sa tête. Oui, j'ai pu la détacher.
Elle était lourde avec moi, tout ce temps que je la
portais avec moi sous mon manteau.
PENSÉE. - Où est-elle ?
ORSO. - Au fond de cette corbeille de fleurs que je
vous ai envoyée ce matin.
Silence.
PENSÉE, se levant et fais ant un mouvement vers la
corbeille. - Orian, mon cher mari, êtes-vous là ?
ORSO. - Pensée, ne le touchez pas, car il est mort.
Il appartient à un orme différent, il n'est plus avec nous
à notre manière.
Que de lui jusqu'à vous l'encens de ces larges calices
dont j'ai fait sa sépulture soit un signe suffisant !
PENSÉE. - Il n'a point eu horreur de moi, je n'aurai
point horreur de lui, parce qu'il est mort,
Et qui aurait le droit, si ce n'est moi, qui suis sa femme,
de le saisir entre ses mains et de le garder sur son sein,
comme sa possession ?
ORSO. - Respectez ce reste insulté.
PENSÉE. - Il n'a point eu horreur de moi! Il est
venu jusqu'à moi qui suis la dernière des femmes !
Malheureuse obscurcie! il est venu à moi quand il en aurait
pu trouver une plus belle !
C'est moi qui l'ai blessé, dë cette blessure inguérissable !
C'est moi qui l'ai arraché à son Père! Oui, je sais que
c'est à cause de moi qu'il est mort et qu'il n'est plus rien
de visible 1
Ah 1 qu'on me donne un voile de soie pour recevoir
ce qui me reste de lui! qu'on me donne le linge le plus fin
pour couvrir ces mains indignes !

•

�712

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ORSO. - Tout à l'heure vous serez seule avec lui.
PENSÉE. - Mais dès maintenant je puis me pencher
sur lui et respirer son âme I cette bouffée de parfum qui
monte de sa sépulture.
ORSO. - Il est mort et ce n'est plus par aucun de vos
sens que vous êtes capable de l'atteindre.
PENSÉE. - Orian, qui êtes là, est-ce vrai ? Ah I je
crois qu'il n'y a rien en moi qui ne soit capable d'aller
jusqu'à vous !
ORSO. - Il vit en vous, et c'est pour ce qui de lui
vit au fond de vos entrailles que vous devez vivre vousmême.
PENSÉE. - Il vit, et je me meurs 1
SICHEL qui l'enlace, l'a ramenée à son siège.
ORSO. - Maintenant c'est assez de faiblesse. Il est
temps que vous entendiez ce que je suis chargé de vous
dire.
Voici ce qu'Orian m'a chargé de vous dire, prévoyant
sa mort,
Cette dernière nuit que nous avons passée ensemble.
PENSÉE. - Parlez, je vous écoute.
ORSO. - ... Et sachant ce que votre mère m'avait écrit,
Ce fruit de lui que vous portez en vous, hors de la loi.
Oui, ça été une grande joie et une grande amertume
pour lui.
Vous ne m'avez pas répondu tout à l'heure quand je
vous ai dit qu'il m'avait chargé de vous demander pardon.
PENSÉE fait un geste de déprécation.
C'est fait? Bien. Rien ne pèse plus sur son âme.
SICHEL. - Je lui pardonne aussi.

LE PÈRE HUMILIÉ

713

ORSO. - Maintenant, le mal qui a été fait, il faut le
réparer en ce qui est de nous. Il n'est pas possible que
l'enfant d'Orian
Naisse sans nom, et que sa femme avec son enfant ait
cette tache publique.
PENSÉE. - Ce que son sang n'a pu effacer, je suis là
pour le supporter.
ORSO. - Il ne s'agit pas seulement de vous,
Mais de lui et de cet enfant qui le continue. Il faut
sauver le nom de l'insulte, comme on sauve le drapeau.
PENSÉE. - Je ferai ce que vous voudrez.
ORSO. - La suprême volonté d'Orian, sa dernière
parole près de la mort
Est que vous m'épousiez.
PENSÉE. - Je ne veux pas! je ne serai pas à un autre
que lui.
z
ORSO. - Madame, je vous répète que ce n'est pas ce
que vous voulez qui est important.
PENSÉE. - Ne suis-je pas maîtresse de moi-même,
de mon âme et de mon corps,
Et de ceci que j'ai fait de moi ?
ORSO. - Non.
PENSÉE. - Orian, quoi ! est-ce là ce que vous me
demandez?
ORSO. - Celle qui fut à mon frère, croyez-vous qu'elle
soit jamais pour moi
Autre chose qu'une sœur ?
Silence.
PENSÉE. - J'accepte.
ORSO. - Bien, petite sœur. D'ailleurs la guerre n'est
pas finie.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

La nuit vient qui efface l'une après l'autre ces deux
voix entre lesquelles votre cœur hésita
Ce soir d'été jadis ;
- Ces deux braves dont le cœur était plus haut que
la mort.
PENSÉE. - Ne viendra-t-elle pas aussi pour moi tout
de bon?
ORSO. - Votre devoir est de vivre.
PENSÉE. - Je vivrai! Pour qui me prenez-vous?
Je vivrai pour cet enfant obscur qui est héritier en
moi de mon âme avec la sienne 1
Tant que l'on voudra I Toute la vie que l'on voudra
jusqu'à la dernière minute I Moi qui fais la vie, est-ce
que je n'aurai pas le courage de l'accepter?
ORSO. - Demain le prêtre nous unira.
PENSÉE. - Je serai une femme loyale.
ORSO. - Ainsi vous aurez accompli ce qu'ûrian vous
demandait.
PENSÉE. - Vous le pensez ? Ah I il est difficile pour
celui qui aime de faire tout ce que l'amour lui demande!
C'est pourquoi l'odeur de ces fleurs est plus enivrante
pour moi que celle du laurier, le laurier qui parle de la
victoire!
Ne pouvoir rendre amour pour amour,
Aimer, comme moi, et ne pouvoir le faire comprendre avoir sa tâche comme lui et ne l'avoir pu faire, Ah, c'est là le parfum mortel qui fait se rompre ces
globes d'ivoire 1
Rome, 30 juin 1916, S. Paul, Ap.
PAUL CLAUDEL

715

LE DERNIER CAPITALISTE
DÉCOR
Le tribunal prolétarien est installé dans le tribunal bourgeois.
A l'endroit, sur le mur, où de tout petits bourgeois avaient
enlevé la croix, les révolutionnaires ont accroché une image
qui représente le Travailleur Manuel Inconscient et Organisé.
Encore un Christ qui sera crucifié par son église.
Les organisateurs de l'inconscience siègent derrière la table.
Il n'y a pas de juges, mais un jury. Il est élu par le peuple.
(Il ne faut pas prendre ce mot dans son sens large, mais dans
le sens étroit que les aristocrates lui donnaient, que les ploutocrates sous-entendent et que les intéressés retournent contre
eux. Ce sont les manuels, les gens qui travaillent avec leurs
mains. Les mains des esclaves de la machine sont gourdes.
Autrefois, les manuels étaient gantés d'esprit.) Le jury est élu
par le peuple, mais sélectionné par le Dictateur Délégué Suprlme
du Prolétariat. Le jury n'est fOYmé que de trois hommes. Pas
de président, un Premier-]uré qui départage ses acolytes tel Dandin des Plaideurs. C'est un meneur du Bâtiment, vigoureux,
sonore comme un écu neuf, sensé, de l'espèce dont on faisait hier
1mco,e des petits patrons fort concrets. Il ne sacrifie rien de
ses qualités à l'Idée qui niche dans son cerveau comme une
madone dans la façade d'un marchand, et à laquelle il décerne
des prières qui sont des projets économiques, précis, sains,
sagement sériés.
Les deux autres acolytes sont : l'un, peintre catastrophiste,
l'autre, archiviste-paléographe; - celui-là un primaire (c'est
ainsi qu'on appelle un pauvre homme en qui une instruction
maladroite a ravagé cette charmante éducation populaire
d'autrefois), celui-ci un secondai1'e (un pauvre homme chez
qui une instruction maladroite a ravagé cette charmante instruction bourgeoise d'autrefois).

�716

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Le public est formé, comme dans la plupart des lieux où
les Français sont appelés à se réunir en commun, de rares
particuliers et de pas mal de subalternes officiels insuffisamment
camouflés en complaisants officieux. En l'espèce, ce sont des
gardes ultra-violets couramment appelés « prétoriens prolétaf'iens • et appartenant au f'égiment personnel du Dictateur et
Délégué Supreme du Prolétariat. Leuf's grosses moustaches
rappelleraient les sicaires de la T,-oisième si elles n'étaient
noyées dans le flot hirsute de barbes libertaires.

JURÉ N° 1. - Introduisez le N° 8.333 et dernier.
JURÉ N° 2 (le catastrophiste). - Comment, dernier ?
Il n'y avait en France que 8.333 capitalistes ?
JURÉ N° 3 (l'archiviste). - Ouf I tant mieux I j'en
ai assez. J'ai hâte de revenir à la science paléographique.
Le comité de,, Répartition Intellectuelle» vient de m'octroyer une équipe de terrassiers qui m'aideront singulièrement à piocher les palimpsestes.
N° 1. - Notre dictature est scientifique, méthodique
et nullement dénuée de roublardise. Nous ne frappons
que les capitalistes invétérés et entêtés, ou inaptes aux
corvées, ou ces empotés qui n'ont pu trouver des « parrains prolétariens » conformément au décret automatique
du jour 15, mois 4, de l'année 2. Mais nous gardons soigneusement les autres pour balayer les chambrées, rues
et bistrots.
N° 2. - Le prolétariat absorbe bien des traîtres. Depuis
qu'on a décrété l'habit obligatoire dans les cinémas nationaux, on ne reconnaît plus les siens.
N° 3. - Ah ouiche ! Les ci-devant gens du monde ont
des façons crapuleuses qu'on flaire à quinze pas.
No 1. - Voici le N° 8.333.

LE DERNIER CAPIÎALISTE

N° 1. - N° 8.333. Kokuparki Wladimir ?
KOKUPARKI. - Oui. Né à Santa Fé de Bogota,
en 1900, de la république polonaise décentralisée moléculaire.
N° r. - Je m'en fous. Profession sous l'ancien régime ?
KOKUPARKI. - Agent de liaison entre la peinture
et la musique. Inventeur du tableau phonographique.
N° r. - Bon. Je m'en fous. Vous êtes accusé par l'androgyne André-Andrée, rue 30, n° 3, centre 4, d'avoir
tenu des propos « faillitistes ».
KOKUPARKI. - Par exemple!
N° r. - Dans une coopérative de lettres vous avez
élucubré une conférence où vous annonciez traîtreusement la déconfiture prochaine de la Révolution.
KOKUPARKI. - Je ne me suis hasardé à aucune
allusion politique dans cette conférence qui traitait de
• la Genèse du Génie ».
N° 1, qui farfouille dans le dossier 8.333, bondissant. Ah! vous trouvez que votre topo n'était pas politique I Je lis dans la sténographie :
• Un homme naît avec du génie. Et le voilà prince parmi
les hommes. Il se range dans cette élite des privilégiés... »
Ce n'est pas politique, ça ? Ça n'est pas une théorie
sociale ? Ce ne sont pas des idées subversives, peut-être ?
Ça n'est pas du capitalisme béat ?
KOKUPARKI. - Mais, pardon, camarade juré...
N° 1. - Ne m'appelez pas camarade. Est-ce que je
vous appelle « monsieur », moi ?
KOKUPARKI. - Pardon ... mais pardon... heu... le

�718

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

génie est un fait particulier... (Il se tourne vers le furé
N° 3.)
N° 3. - Le génie a été, mais ne sera plus un fait particulier grâce à notre méthode de coopération éducative,
qui réalise le rêve médiéval de l'alchimie et transmue en
or les têtes en bois.
Le génie, ç'a été un fait économique spécial à l'ère
capitaliste, voilà tout. Un des méfaits du système de
l'hérédité, rien de plus.
KOKUPARKI. - Comment! mais le génie n'est
fichtrement pas héréditaire.
No 3. - Je m'entends. Vous êtes un sot et vous voulez
me faire dire des sottises. Certes, on n'a jamais vu un
père de génie engendrer un fils de génie. Ç'aura été une
des beautés du régime capitaliste, les fils des grands
hommes. Mais l'homme de génie était bien le résultat
inattendu de croisements mystérieux entre les idiots,
les toqués, les sages, tous les fantômes de sa lignée. Un
beau jour tous ces inconscients faisaient fortune : un
enfant de génie leur naissait, comme un œuf d'or. Au
fond c'était aussi injuste de naître Victor Hugo avec
100 volumes tout écrits dans la tête que fils-à-Rothschild
avec des millions de rentes inscrits à la banque. On
laissait aller la nature à la bonne franquette, avant
comme après la naissance des hommes.
On comptait sur les réussites toutes faites issues des
entrailles de la femme. Mais Kokuparki, pauvre, il n'y
a pas que l'Hérédité. Rappelez-vous un autre vieux
dogme : l'influence du Milieu. Nous nous en emparons,
et avec ce second dogme nous fracassons le premier.
Nous ne tenons plus compte de la sélection antécé-

LE DERNŒR CAPITALISTE

dente, obscure et prestigieuse, parce que nous organisons,
nous, une sélection actuelle, humaine, à ciel ouvert, bien
plus énergique et bien plus vaste que votre petit jeu de
qui perd gagne.
Nous substituons l'éducation intensive et progressive
à la vieille hérédité.
Nous prenons l'enfant dès le berceau et nous le suivons
jusqu'à l'âge d'homme. Le Comité de Répartition Intellectuelle, qui est la cheville ouvrière de la nouvelle société,
détient le grand Fichier Public, où tous les Enfants de
la République - même les enfants des capitalistes invétérés, vous voyez que nous sommes bons - sont classés
et possèdent leur carton. Il n'y a, du reste, pas tellement
d'enfants, maintenant, on peut les compter.
Nous commençons par donner à tous la même instruction primaire ...
KOKUPARKI. -Comment I à tous?
N° 3. - Nom de Dieu ! oui, à tous.
KOKUPARKI. -Aux aveugles et aux sourds-muets
peut-être, mais pas aux idiots, aux fous, ni.....
N° 3. - Ça viendra. Nous subventionnons à Elberfeld l'école des chevaux...
Puis, nous faisons passer au régime secondaire ceux
qui ont satisfait aux épreuves du baccalauréat primaire.
Les autres, nous les envoyons à l'Université d'apprentissage manuel. A 18 ans, ils sont versés dans la catégorie
des Manœuvres. Ce sont eux qui touchent les plus gros
salaires pour les consoler de leur échec et qui ont voix
prépondérante en nos conseils.
·
Voix dans la foule, ponctuée d'un ricanement:
1 Ils ont le poing prépondérant, mais pas la langue. »

I

�720

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

La sélection graduée continue à travers les régimes
secondaire, supérieur. Mais un des principes essentiels
de notre constitution sociale est de n'admettre personne
comme intellectuel pur. Tout homme doit donner quelques
heures chaque jour au travail manuel. Ainsi, l'égalité
est rétablie.
KOKUPARKI. - Elle n'est pas rétablie du tout, l'égalité.
N° 3. - Elle est rétablie. (Tourné vers le N° I.) Le
sculpteur ne fera plus fi du maçon et Mallarmé, petit professeur du lycée, aura sa chance comme de Lamartine,
gentilhomme propriétaire.
N° I. - Fort bien.
KOKUPARKI. - Mais vous n'empêcherez pas que
certain garçon, pour ces raisons mystérieuses honnies par
vous, prendra de l'avance dans le sein maternel et à peine
débarqué battra d'étapes en étapes ses concurrents.
N° 2. - Nous le handicaperons.
Voix dans la foule : « C'est ça, plus de tricheurs. •
KOKUPARKI. - Diable I comment ferez-vous.
LES TROIS JURÉS, ensemble. -Nous ... ( Ils s'arrêtenl

embarrassés.)
No I . - Bah! ma foi! je ne vois rien à ajouter à ce
que nous avons inventé. Aux gamins de se débrouiller
entre eux. Si tout de même la nature veut dire son mot ...
No 2. - Halte-là! Vous déraillez, juré n° I. Vous oubliez les principes. Ma nature d'homme, d'ancien élève
des Beaux-Arts est aussi naturelle que la Nature avec
un grand N. Or, il est de ma nature de dénoncer les tricheurs comme ce Paulot Picasse qui, à dix-huit ans, prétendait déjà peindre des chefs-d' œuvre alors que les

LE DEllNIER CAPITALISTE

721

garçons modestes comme moi en étaient encore à peloter
la mie de pain.
Il faudra que nous trouvions un truc pour parfaire
notre système.
KOKUPARKI. - Et vous aurez beaucoup d'hommes
de génie?
No 3. - Plus de génie, vous ai-je dit, mais un talent
universel. Nous comptons sur un rendement de 6o o /o.
La science est modeste.
KOKUPARKI. -Et les génies d'ancien régime, qu'en
faites-vous ?
N° 3. - Nous les nions sans honte et nous les trucidons
sans vergogne.
Nous n'avons pas plus réussi à nous entendre avec
Romain Rolland qu'avec Claudel. Quant à Barbusse,
Bourget, ce sont des gens à pognon.
Ces gens sont victimes de l'hérédité qu'ils portent.
Un poète de génie selon la formule d'ancien régime est
aussi irresponsable que Louis XVI, mais aussi dangereux.
Ces gens sont pleins d'orgueil,.et embrouillés dans un
rêve qui n'est pas plus de ce monde socialiste que du
monde bourgeois.
N° I. - Ce sont des salauds qui ne se sont donné que
la peine de naître et devant lesquels les badauds s'ébaubissent, alors qu'il y a de braves garçons qui s'esquintent
toute leur vie à s'instruire et qui n'arrivent à rien. Il
faut les mettre au pas, ou les zigouiller.
Si vous vous rangez parmi ces types dont vous parlez
dans votre conférence...
N° 2. - Non, je connais Kokuparki. Je m'en porte
garant. C'était un rondibiste. Il n'avait pas de génie,
46

�\

722

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pas l'ombre de talent . .Il y avait moins de talent dans
toute l'école rondibiste que dans un seul poil du pinceau
d'un catastrophiste.
N° I. - Cet interrogatoire devient oiseux. Il faut en
finir.
N° 3. - Oui, finissons-en. J'ai sacrifié huit jours dema
vie et 8.000 capitalistes à la sociologie. J'ai hâte de revenir
à la paléographie.
N° 2. - Encore une fois, Kokuparki n'a aucun talent.
Si je n'avais eu que de tels concurrents I Il n'est pas
dangereux.
N° I. - Alors, acquittons-le et foutons-le dans les
paveurs.
Murmures dans la foule autour d'un homnu
et d'une femme qu'on pousse vers le jury. Cris:
« Et les témoins I Mort aux capitalistes I Et la
loi su, le témoignage-accusation obligatoire! ,
N° I. - Silence, nom de Dieu 1... Ah! bon I très bien 1
qu'on traîne les témoins à la barre. Premier témoin :
JUSTE (Parfait).
PREMIER TÉMOIN. -Pardon, Parfait JUSTE.
N° I. - Non, JusTE (Parfait).
PREMIER TÉMOIN. -Je ne voudrais pas vous contredire, mais mon père s'appelait JUSTE.
N° I. - Idiot I Naturellement. Vous vous appelez
JusTE, entre parenthèses : Parfait. Déposez.
M. JUSTE pose sa canne et son chapea11.
M. JUSTE. - M. Kokuparki, qui est mon voisin, est
un bohème, et le bohème est dangereux à l'habitant de
Paris, comme le bohémien à l'habitant des campagnes.

LE DERNIER CAPITALISTE

723

Sous les apparences d'un correct gentleman-bookmaker,
je reconnais en ce jeune homme, avec ma lucidité bien
trançaise, le rapin qu'ont connu et justement honni
nos aïeux. M. Kokuparki ne travaille pas; il passe son
temps à combiner des inventions que je qualifierai de
charlatanesques en vue de gruger ses contemporains et
leur' soutirer la monnaie qu'il est incapable de gagner
à la sueur, sinon de ses pieds, tout au moins de son front.
Car, Messieurs, je ne viens pas ici faire le procès des
beaux-arts et du labeur cérébral, moi qui suis architecte.
Il était d'honnêtes romanciers comme il était d'honnêtes
commerçants. Tenez I M. Brûlat, qui demeure dans mon
quartier, est fort rangé, ou M. Bordeaux, dont les crus
de Savoie sont excellents. De même, il est des peintres
qui peignent des filles nues et qui ne trompent pas leur
femme, j'en suis persuadé.
Mais M. Kokuparki méprise le travail. C'est un anarchiste. Il prétend ne rien faire pendant que les autres
s'esquintent. Il passe ses matinées à dormir, ses journées
à muser dans son atelier et ses nuits, m'a-t-on dit, dans
des salons où l'on voit des duchesses danser avec des
apaches affiliés à une bande qui s'intitule les « Cubistes
de Montparnasse ». Leur chef répond au sobriquet de
• la Terreur des Cônes».
Je profite de ma présence dans un prétoire pour élever
ma plainte d'homme simple et laborieux contre ces
survivances abominables de l'ère de corruption que fut
la Troisième République.
Pour en revenir à M. Kokuparki, je le stigmatise comme
hors-la-loi, rebut de la société, contempteur du devoir
social qui est de se nourrir, de nourrir les siens, et peut-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

être quelques petits serins, comme je me le permets à
mes instants de loisir.
N° r. - Parfait, vous êtes un juste.
JUSTE. - Pardon, Juste.
N° I. - Juste, vous êtes parfait. Foutez le camp.
z me témoin: Femme Maure-Haumuse? Tous ces cidevants avaient des noms à deux ou trois places. Déposez.
DEUXIÈME TÉMOIN. - Permettez-moi de garder
mon sac. En dépit des bouleversements sociaux, je garderai toujours mes sels et ma poudre d'ocre.
N° r. - Poudre d'oc ? Subversif. Fouillez-la.
Deux gardes ultra-violets, bavant et tremblant, car
Mme Maure-Haumuse est fort affriolante, s'af&gt;prochent. Un mauvais plaisant éteintl'électricité.Petits
cris. Le premier juré crie: « Nom de Dieu I »Onentend à de brefs intervalles deux hurlements d'hommes,
courts mais affreusement angoissés. L'électricité se
rallume. Les deux gardes s'écartent, tratnant la patte
comme des chats écrasés. Mme Maure-Haumuse
se poudre avec un soupir.
Le jury est rêveur. Une faible rumeur se soulève
et retombe dans la tribune.

N° I. - La séance continue.
Que pensez-vous de Kokuparki?
DEUXIÈME TÉMOIN. - C'est un homme de génie.
KOKUPARKI. - Nom de Dieu! la gaffe 1
LES TROIS JURÉS, intéressés. - Vous avez dit?
DEUXIÈME TÉMOIN. - Oui, c'est un homme de
génie. Je le sens. Je l'ai senti. Il est né avec le génie comme
d'autres fils de roi. Tout de suite, il fut prince parmi les

LE DERNIER CAPITALISTE

hommes. Il s'est rangé dans cette élite de privilégiés
qui fréquentaient mon salon ...
KOKUPARKI. - Nom de Dieu!
DEUXIÈME TÉMOIN. - Ma salle à manger est ornée
de ses plus belles fresques phonographiques. Ah I cette
courbe sonore qui se prolonge dans la durée tandis que
la ligne rythme l'espace. Ah I ces taches chromatiques
qui composent des valeurs inouïes avec les bruits bleus,
rouges, jaunes I Quelle richesse ! quel tohu-bohu! quelle
sensualité dans un si grand sentimental 1
Voyez-vous, Kokuparki, comme je vous le disais,
vous étiez le plus riche de nous tous.
Vous avez encore un inépuisable capital de beauté.
LES TROIS JURÉS. - Capital I Génie I Capital 1
N° 2 (le catastrophiste). - C'est faux. Kokuparki est
le dernier des pompiers. Il n'avait pas plus de richesse
sur sa palette que moi dans mon porte-monnaie. D'abord
tous les rondibistes étaient de pauvres êtres...
N° 3. - La chromo-phonographie ne vaut pas la paléographie renouvelée par de puissantes méthodes d'exploitation. J'ai inventé une défricheuse mécanique de palimpsestes.
N° r. - Ça suffit. Le Jury est amplement informé.
Femme Maure-Haumuse, vous pouvez lever le camp...
Kokuparki (Wladimir), vous êtes condamné à mort pour
accaparement et recèlement illicite de capitaux non
déclarés.
KOKUPARKI. - Pardon, j'ai toujours dit que j'avais
du génie.
PIERRE DRIEU LA ROCHELLE

�LA SYMPHONIE PASTORALE

LA SYMPHONIE PASTORALE
A JEAN SCHLUMBERGER

PREMIER CAHIER
IO

Février

I89 ...

La neige qui n'a pas cessé de tomber depuis trois jours,
encombre les routes. Je n'ai pu me rendre à R. ... où j'ai
coutume depuis quinze ans de célébrer le culte deux fois
par mois. Ce matin trente fidèles seulement se sont rassemblés dans la chapelle de La Brévine.
Je profiterai des loisirs que me vaut cette claustration
forcée, pour revenir en arrière et raconter comment je
fus amené à m'occuper de Gertrude.
J'ai projeté d'écrire ici tout ce qui concerne la formation et le développement de cette âme pieuse, qu'il me
semble que je n'ai fait sortir de la nuit que pour l'adoration et l'amour. Béni soit le Seigneµr pour m'avoir
confié cette tâche.
Il y a deux ans et six mois, comme je remontais de La
Chaux-de-Fonds, une fillette que je ne connaissais point
vint me chercher en toute hâte pour m'emmener à
sept kilomètres de là, auprès d'une pauvre vieille qui

se mourait. Le cheval n'était pas dételé; je fis monter
l'enfant dans la voiture, après m'être muni d'une lanterne, car je pensai ne pas pouvoir être de retour avant
la nuit.
Je croyais connaitre admirablement tous les entours
de la commune ; mais, passé la ferme de la Saudraie,
l'enfant me fit prendre une route où jusqu'alors je ne
m'étais jamais aventuré. Je reconnus pourtant, à deux
kilomètres de là, sur la gauche, un petit lac mystérieux
où jeune homme j'avais été quelquefois patiner. Depuis
quinze ans je ne l'avais plus revu, car aucun devoir pastoral ne m'appelle de ce côté ; je n'aurais plus su dire
où il était et j'avais à ce point cessé d'y penser qu'il me
sembla, lorsque tout à coup, dans l'enchantement rose
et doré du soir, je le reconnus, ne l'avoir d'abord vu qu'en
rêve. La route suivit le cours d'eau qui s'en échappait, coupant l'extrémité de la forêt, puis longeant une tourbière.
Certainement je n'étais jamais venu là.
,
Le soleil se couchait et nous marchions depuis longtemps dans l'ombre, lorsqu'enfin ma jeune guide m'indiqua du doigt, à flanc de coteau, une chaumière qu'on
eût pu croire inhabitée, sans un mince filet de fumée qui
s'en échappait, bleuissant dans l'ombre, puis blondissant
dans l'or du ciel. J'attachai le cheval à un pommier voisin, puis rejoignis l'enfant dans la pièce obscure où la
vieille venait de mourir.
La gravité du paysage, le silence et la solennité de
l'heure m'avaient transi. Une femme encore jeune était
à genoux près du lit. L'enfant, que j'avais prise pour la
petite fille de la défunte mais qui n'était que sa servante,
alluma une chandelle fumeuse, puis se tint immobile

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

au pied du lit. Durant la longue route, j'avais essayé
,d'engager la conversation, mais n'avais pu tirer d'elle
quatre paroles.
La femme agenouillée se releva. Ce n'était pas une
parente ainsi que je supposais d'abord, mais simplement
une voisine, une amie, que la servante avait été chercher
lorsqu'elle vit s'affaiblir sa maîtresse, et qui s'offrit p~ur
veiller le corps. La vieille, me dit-elle, s'était éteinte sans
souffrance. Nous convînmes ensemble des dispositions
à prendre pour l'inhumation et la cérémonie funèbre.
Comme souvent déjà, dans ce pays perdu, il me fallait
tout décider. J'étais quelque peu gêné, je l'avoue, de
laisser cette maison, si pauvre que fût son apparence,
à la seule garde de cette voisine et de cette servante
enfant. Toutefois il ne paraissait guère probable qu'il
y eftt dans un recoin de cette misérable demeure
quelque trésor caché... Et qu'y pouvais-je faire?
Je demandai néanmoins si la vieille ne laissait aucun
héritier.
La voisine prit alors la chandelle, qu'elle dirigea vers
un coin du foyer, et je pus distinguer, accroupi dans
l'âtre, un être incertain, qui paraissait endormi ; l'épaisse
masse de ses cheveux cachait presque complètement son
visage.
- Cette fille aveugle ; une nièce, à ce que dit la servante ; c'est à quoi la famille se réduit, paraît-il. Il faudra
la mettre à l'hospice ; sinon je ne sais pas ce qu'elle pourra
devenir.
Je m'offusquai d'entendre ainsi décider de son sort
devant elle, soucieux du chagrin que ces brutales paroles
pourraient lui causer.

LA SYMPHONIE PASTORALE

- Ne la réveillez pa.c;, dis-je doucement, pour inviter
la voisine, tout au moins à baisser la voix.
• I
- Oh! je ne pense pas qu'elle dorme; mats c est une
idiote ; elle ne parle pas et ne comprend rien à ce qu'on
dit. Depuis ce matin que je suis dans la pièce, elle n'a
pour ainsi dire pas bougé. J'ai d'abord cru qu'elle était
sourde ; la servante prétend que non, mais que simplement la vieille, sourde elle-même, ne lui adressait jamais
la parole, non plus qu'à quiconque, n'ouvrant plus la
bouche depuis longtemps, que pour boire ou manger.
- Quel âge a-t-elle ?
- Une quinzaine d'années, je suppose ; au reste je
n'en sais pas plus long que vous...
Il ne me vint pas aussitôt à l'esprit de prendre soin
moi-même de cette pauvre abandonnée ; mais après que
j'eus prié-ou plus exactement pendant la prière que je
fis, entre la voisine et la petite servante, toutes deux
agenouillées au chevet du lit, agenouillé moi-même - il
m'apparut soudain que Dieu plaçait sur ma route une
sorte d'obligation et que je ne pouvais pas sans quelque
lâcheté m'y soustraire. Quand je me relevai, ma décision
était prise d'emmener l'enfant le même soir, encore que
je ne me fusse pas nettement demandé ce que je ferais
d'elle par la suite, ni à qui je la confierais. Je demeurai
quelques instants encore à contempler le visage endormi
de la vieille, dont la bouche plissée et rentrée semblait
tirée comme par les cordons d'une bourse d'avare, instruite
à ne rien laisser échapper. Puis me retournant du côté
de l'aveugle je fis part à la voisine de mon intention.
- Mieux vaut qu'elle ne soit point là demain, quand
on viendra lever le corps, dit-elle. Et ce fut tout.

�730

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Bien des choses se feraient facilement, sans les chimériques objections que parfois les hommes se plaisent à
inventer. Dès l'enfance, combien de fois sommes-nous
empêchés de faire ceci ou cela que nous voudrions faire,
simplement parce que nous entendons répéter autour
de nous : il ne pourra pas le faire ...
L'aveugle s'est laissé emmener comme une masse
involontaire. Les traits de son visage étaient réguliers,
assez beaux, mais parfaitement inexpressifs. ]'avais
pris une couverture sur la paillasse où elle devait reposer
d'ordinaire dans un coin de la pièce, au-dessous d'un
escalier intérieur qui menait au grenier.
La voisine s'était montrée complaisante et m'avait
aidé à l'envelopper soigneusement, car la nuit très claire
était fraîche ; et après avoir allumé la lanterne du cabriolet, j'étais reparti, emmenant blotti contre moi ce
paquet de chair sans âme et dont je ne percevais la vie
que par la communication d'une ténébreuse chaleur.
Tout le long de la route, je pensais : dort-elle ? et de quel
sommeil noir... "Et en quoi la veille diffère-t-elle ici du
sommeil ? Hôtesse de ce corps opaque, une âme attend
sans doute, emmurée, que vienne la toucher enfin quelque
rayon de votre grâce, Seigneur! Permettrez-vous que
mon amour, peut-être, écarte d'elle l'affreuse nuit ?...
J'ai trop souci de la vérité pour taire le fâcheux accueil
que je dus essuyer à mon retour au foyer. Ma femme est
un jardin de vertus ; et même dans les moments difficiles
qu'il nous est arrivé parfois de traverser, je n'ai pu douter
un instant de la qualité de son cœur ; mais sa charité
naturelle n'aime pas à être surprise. C'est une personne

731

LA SYMPHONIE PASTORALE

d'ordre qui tient à ne pas aller au delà, non plus qu'à
rester en deçà du devoir. Sa charité même est réglée comme si l'amour était un trésor épuisable. C'est là notre
seul point de conteste...
Sa première pensée, lorsqu'elle m'a vu revenir ce soir-là
avec la petite, lui échappa dans ce cri :
- De quoi encore est-ce que tu as été te charger ?
Comme chaque fois qu'il doit y avoir une explication
entre nous, j'ai commencé par faire sortir les enfants,
qui se tenaient là, bouche bée, pleins d'interrogation
et de surprise. Ah ! combien cet accueil était loin de celui
que j'eusse pu souhaiter. Seule ma chère petite Charlotte
a commencé de danser et de battre des mains quand elle
a compris que quelque chose de nouveau, quelque chose
de vivant allait sortir de la voiture. Mais les autres, qui
sont déjà stylés par la mère, ont vite fait de la refroidir
et de la forcer à prendre le pas.
Il y eut un moment de grande confusion. Et comme
ni ma femme, ni les enfants ne savaient encore qu'ils
eussent affaire à une aveugle, ils ne s'expliquaient pas
l'attention extrême que je prenais pour guider ses pas.
Je fus moi-même tout décontenancé par les bizarres
gémissements que commença de pousser la pauvre infirme sitôt que ma main abandonna la sienne, que j'avais
tenue durant tout le trajet. Ses cris n'avaient rien d'humain ; on eût dit les jappements plaintifs d'un petit chien.
Arrachée pour la première fois au cercle étroit de sensations coutumières qui formaient tout son univers, ses
genoux fléchissaient sous elle ; mais lorsque j'avançai
vers elle une chaise, elle se laissa crouler à terre, comme
quelqu'un qui ne saurait pas s'asseoir ; alors je la menai

•

�732

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

jusqu'auprès du foyer, et elle reprit un peu de calme
lorsqu'elle put s'accroupir, dans la position où je l'avais
vue d'abord auprès du foyer de la vieille, accotée au manteau de la cheminée. En voiture déjà elle s'était laissé
glisser au bas du siège et avait fait tout le trajet blottie
à mes pieds. Ma femme cependant m'aidait, dont le mouvement le plus naturel est toujours le meilleur ; mais
sa raison sans cesse lutte et souvent l'emporte contre
son cœur.
- Qu'est-ce que tu as l'intention de faire de ça?
reprit-elle, après que la petite fut installée.
Mon âme frissonna en entendant l'emploi de ce neutre
et j'eus peine à maîtriser un mouvement d'indignation.
Cependant encore tout imbu de ma longue et .paisible
méditation je me contins, et tourné vers eux tous 'qui
de nouveau faisaient cercle, une main posée sur le front
de l'aveugle :
- Je ramène la brebis perdue, dis-je avec le plus de
solennité que je pus.
Mais Amélie n'admet pas qu'il puisse y avoir quoi que
ce soit de déraisonnable ou de surraisonnable dans l'enseignement de l'Evangile. Je vis qu'elle allait protester,
et c'est alors que je fis un signe à Jacques et à Sarah,
qui habitués à nos petits différends conjugaux, et du
reste peu curieux de leur nature (souvent même
insuffisamment à mon gré), emmenèrent les deux petits.
Puis, comme ma femme restait encore interdite et un
peu exaspérée, me semblait-il, par la présence de l'intruse:
- Tu peux parler devant elle, ajoutai-je ; la pauvre
enfant ne comprend pas.
Alors Amélie commença de protester que certainement

LA SYMPHONIE PASTORALE

733

elle n'avait rien à me dire, - ce qui est le prélude habituel des plus longues explications, - et qu'elle n'avait
qu'à se soumettre comme toujours à ce que je pouvais
inventer de moins pratique et de plus contraire à l'usage
et au bon sens. J'ai déjà écrit que je n'étais nullement
fixé sur ce que je comptais faire de cette enfant. Je n'avais
pas encore entrevu, ou que très vaguement, la possibilité
de l'installer à notre foyer, et je puis presque dire que
c'est Amélie qui d'abord m'en suggéra l'idée lorsqu'elle
me demanda si je pensais que nous n'étions pas • déjà
assez dans la maison ». Puis elle déclara que j'allais toujours de l'avant sans jamais m'i~quiéter de la résistance
de ceux qui suivent, que pour sa part elle estimait que
cinq enfants suffisaient, que depuis la naissance de Claude
(qui précisément à ce moment, et comme en entendant
son nom, se mit à hurler dans son berceau) elle en avait
« son compte» et qu'elle se sentait à bout.
Aux premières phrases de sa sortie, quelques
paroles du Christ me remontèrent du cœur aux
lèvres, que je retins pourtant, car il me paraît toujours malséant d'abriter ma conduite derrière l'autorité
du livre saint. Mais dès qu'elle argua de sa fatigue je
demeurai pellllUd, car je reconnais qu'il m'est arrivé
plus d'une fois de laisser peser sur ma femme les conséquences d'élans inconsidérés de mon zèle. Cependant
ces récriminations m'avaient instruit sur mon devoir ;
je suppliai donc très doucement Amélie d'examiner si
à ma place elle n'eût pas agi de même et s'il lui eût été
possible de laisser dans la détresse un être qui manifestement n'avait plus sur qui s'appuyer ; j'ajoutai que je
ne m'illusionnais point sur la somme de fatigues nouvelles

�73-4

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

que le soin de cette hôtesse infinne ajouterait aux soucis
du ménage, et que mon regret était de ne l'y pouvoir
plus souvent seconder. Enfin je l'apaisai de mon mieux,
la suppliant aussi de ne point faire retomber sur l'innocente un ressentiment que celle-ci n'avait en rien mérité.
Puis je lui fis observer que Sarah désormais était en âge
de l'aider davantage, Jacques de se passer '1.e ses soins.
Bref Dieu mit en ma bouche les paroles qu'il fallait pour
l'aider à accepter ce que je m'assure qu'elle eût assumé
volontiers si l'événement lui eût laissé le temps de réfléchir et si je n'eusse point ainsi disposé de sa volonté par
surprise.
Je croyais la partie à peu près gagnée, et déjà ma chère
Amélie s'approchait bienveillamment de Gertrude ; mais
soudain son irritation rebondit de plus belle lorsque,
ayant pris la lampe pour examiner un peu l'enfant, elle
s'avisa de son état de saleté indicible.
- Mais c'est une infection, s'écria-t-elle. Brosse-toi ;
brosse-toi vite. Non, pas ici. Va te secouer dehors. Ah 1
mon Dieu 1 les enfants vont en être couverts. Il n'y a
rien au monde que je redoute autant que la vermine.
Indéniablement la pauvre petite en était peuplée : et
je ne pus me défendre d'un mouvement de dégoût~en
songeant que je l'avais si longuement pressée contre moi
dans la voiture.
Quand je rentrai deux minutes plus tard, après m'être
nettoyé de mon mieux, je trouvai ma femme effondrée
dans un fauteuil, la tête dans les mains, en proie à une
crise de sanglots.
- Je ne pensais pas soumettre ta constance à une
pareille épreuve, lui dis-je tendrement. Quoi qu'il en

LA SYMPHONIE PASTORALE

"

735

soit, ce soir il est tard, et l'on n'y voit pas suffisamment.
Je veillerai pour entretenir le feu auprès duquel dormira
la petite. Demain nous lui couperons les cheveux et la
laverons comme il faut. Tu ne commenceras à t'occuper
d'elle que quand tu pourras la regarder sans horreur.
Et je la priai de ne point parler de cela aux enfants.
Il était l'heure de souper. Ma protégée, vers laquelle
notre vieille Rosalie, tout en nous servant, jetait force
regards hostiles, dévora goulûment l'assiette de soupe
que je lui tendis. Le repas fut silencieux. J'aurais voulu
raconter mon aventure, parler aux enfants, les émouvoir
en leur faisant comprendre et sentir l'étrangeté d'un
dénuement si complet, exciter leur pitié, leur sympathie
pour celle que Dieu nous invitait à recueillir ; mais je
craignis de raviver l'irritation d'Amélie. Il semblait que
l'ordre eût été donné de passer outre et d'oublier l'événement, encore qu'aucun de nous ne pût assurément
penser à rien d'autre.
Je fus extrêmement ému quand, plus d'une heure
après que tous furent couchés et qu'Amélie m'eut laissé
seul dans la pièce, je vis ma petite Charlotte entr'ouvrir
la porte, avancer doucement, en chemise et pieds nus,
puis se jeter à mon cou et m'étreindre sauvagement en
murmurant:
- Je ne t'avais pas bien dit bonsoir.
Puis, tout bas, désignant du bout de son petit index
l'aveugle qui reposait innocemment et qu'elle avait eu
curiosité de revoir avant de se laisser aller au sommeil :
- Pourquoi est-ce que je ne l'ai pas embrassée ?
- Tu l'embrasseras demain. A présent laissons-la.
Elle dort, lui dis-je en la raccompagnant jusqu'à la porte.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Puis je revins me rasseoir et travaillai jusqu'au matin,
lisant ou préparant mon prochain sermon.
Certainement, pensais-je (il m'en souvient), Charlotte
se montre beaucoup plus affectueuse aujourd'hui que
ses aînés ; mais chacun d'eux, à cet âgè, ne m'a-t-il pas
d'abord donné le change ; mon grand Jacques lui-même,
aujourd'hui si distant, si réservé... On les croit tendres,
ils sont cajoleurs et calins.
27 février . .11
La neige est tombée encore abondamment cette nuit.
Les enfants sont ravis parce que bientôt, disent-ils, on sera
forcé de sortir par les fenêtres. Le fait est que ce matin
la porte est bloquée et que l'on ne peut sortir que par
la buanderie. Hier, je m'étais assuré que le village avait
des provisions en suffisance, car nous allons sans doute
demeurer quelque temps isolés du reste de l'humanité.
Ce n'est pas le premier hiver que la neige nous bloque,
mais je ne me souviens pas d'avoir jamais vu son empêchement si épais. J'en profite pour continuer ce récit
que je commençais hier.
J'ai dit que je ne m'étais point trop demandé, lorsque
j'avais ramené cette infirme, quelle place elle allait pouvoir occuper dans la maison. Je connaissais le peu de
résistance de ma femme ; je savais la place dont nous
pouvions disposer et nos ressources, très limitées. J'avais
agi, comme je le fais toujours, autant par disposition
naturelle que par principes, sans nullement chercher à
calculer la dépense où mon élan risquait de m'entraîner
(ce qui m'a toujours paru antiévangélique). Mais autre

LA SYMPHONIE PASTORALE

737

chose est d'avoir à se reposer sur Dieu ou à se décharger
sur autrui. Il m'apparut bientôt que j'avais déposé sur
les bras d'Amélie une lourde tâche, si lourde que j'en
demeurai d'abord confondu.
Je l'avais aidée de mon mieux à couper les cheveux
de la petite, ce que je voyais bien qu'elle ne faisait déjà
qu'avec dégoût. Mais quand il s'agit de la laver et de la
nettoyer je dus laisser faire ma femme ; et je compris
que les plus lourds et les plus désagréables soins m'échappaient.
Au demeurant, Amélie n'éleva plus la moindre protestation. Il semblait qu'elle eût réfléchi pendant la nuit
et pris son parti de cette charge nouvelle ; même elle
y semblait prendre quelque plaisir et je la vis sourire
après qu'elle eftt achevé d'apprêter Gertrude. Un bonnet
blanc couvrait la tête rase où j'avais appliqué de la pommade ; quelques anciens vêtements à Sarah et du linge
propre remplacèrent les sordides haillons qu'Amélie
venait de jeter au feu. Ce nom de Gertrude fut choisi
par Charlotte et accepté par nous tous aussitôt, dans
l'ignorance du nom véritable que l'orpheline ne connaissait point elle-même et que je ne savais où retrouver.
Elle devait être un peu plus jeune que Sarah, de sorte
que les vêtements que celle-ci avait dû laisser depuis
un an lui convenaient.
Il me faut avouer ici la profonde déception où je me
sentis sombrer les premiers jours. Certainement je m'étais
fait tout un roman de l'éducation de Gertrude, et la réalité me forçait par trop d'en rabattre. L'expression indifférente, obtuse de son visage, ou plutôt son inexpres sivité absolue glaçait jusqu'à sa source mon bon vouloir.
47

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Elle restait tout le long du jour, auprès du feu, sur la
défensive, et dès qu'elle entendait nos voix, surtout dès
que l'on s'approchait d'elle, ses traits semblaient durcir;
ils ne cessaient d'être inexpressifs que pour marquer
l'hostilité ; pour peu que l'on s'efforçât d'appeler son
attention elle commençait à geindre, à grogner comme
un animal. Cette bouderie ne cédait qu'à l'approche du
repas, que je lui servais moi-même et sur ~equel elle se
jetait avec une avidité bestiale des plus yérubles_ à obse~ver. Et de même que l'amour répond à 1 amour, 1esenta1s
un sentiment d'aversion m'envahir, devant le refus
obstiné de cette âme. Oui vraiment, j'avoue que les dix
premiers jours j'en étais venu à désespérer, et même à
me désintéresser d'elle au point que je regrettais mon
élan premier et que j'eusse voulu ne l'avoir jamais em•
menée. Et il advenait ceci de piquant, c'est que, triomphante un peu devant ces sentiments que je ne pouvais
pas bien lui cacher, Amélie prodiguait ses soins d'autant
plus et de bien meilleur cœur, semblait-il, depuis qu'elle
sentait que Gertrude me devenait à charge et que sa
présence parmi nous me mortifiait.
.
J'en étais là quand je reçus la visite de mon a.nu le
docteur Martins, du Val Travers, au cours d'une de ses
tournées de malades. Il s'intéressa beaucoup à ce que
je lui dis de l'état de Gertrude, s'étonna grandement
d'abord de ce qu'elle fût restée à ce point arriérée, n'étant
somme toute qu'aveugle ; mais je lui expliquai qu'à son
infirmité s'ajoutait la surdité de la vieille qui seule jusqu'alors avait pris soin d'elle, et qui ne lui parlait jamais,
de sorte que la pauvre enfant était demeurée dans un
état d'abandon total. Il me persuada que, dans ce cas,

LA SYMPHONIE PASTORALE

739

j'avais tort de désespérer ; mais que je ne m'y prenais
pas bien.
- Tu veux commencer de construire, me dit-il, avant
de t'être assuré d'un terrain solide. Songe que tout est
chaos dans cette âme et que même les premiers linéaments n'en sont pas encore arrêtés. Il s'agit, pour commencer, de lier en faisceau quelques sensations tactiles
et gustatives et d'y attacher, à la manière d'une étiquette,
un son, un mot, que tu lui rediras, à satiété, puis tâcheras
d'obtenir qu'elle redise.
Surtout ne cherche pas d'aller trop vite ; occupe-toi
d'elle à des heures régulières, et jamais très longtemps
de suite ...
- Au reste cette méthode, ajouta-t-il, après me l'avoir
minutieusement exposée, n'a rien de bien sorcier. Je
ne l'invente point et d'autres l'ont appliquée déjà. Ne
t'en souviens-tu pas ? du temps que nous faisions ensemble notre philosophie, nos professeurs, à propos de
Condillac et de sa statue animée, nous entretenaient déjà
d'un cas analogue à celui-ci ... A moins, fit-il en se reprenant, que je n'aie lu cela plus tard, dans une revue de
psychologie ... N'importe ; cela m'a frappé et je me souviens même du nom de cette pauvre enfant, encore plus
déshéritée que Gertrude, car elle était aveugle et sourdemuette, qu'un docteur de je ne sais plus quel comté d'Angleterre recueillit, vers le milieu du siècle dernier. Elle
avait nom Laura Bridgeman. Ce docteur avait tenu
journal, comme tu devrais faire, des progrès de l'enfant,
ou du moins, pour commencer, de ses efforts à lui pour
l'instruire. Durant des jours et des semaines, il s'obstina
à lui faire toucher et palper alternativement deux petits

�740

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

objets, une épingle, puis une plume, puis toucher sur
une feuille imprimée à l'usage des aveugles le relief des
deux mots anglais : pin et pen. Et durant des semaines
il n'obtint aucun résultat. Le corps semblait inhabité.
Pourtant il ne perdait pas confiance.« Je me faisais l'effet
de quelqu'un, racontait-il, qui, penché sur la margelle
d'un puits profond et noir, agiterait désespérément une
corde dans l'espoir qu'enfin une main la saisisse.» Car il
ne douta pas un instant que quelqu'un ne fût là, au fond
du gouffre, et que cette corde à la fin ne ftît saisie. Et
un jour enfin, il vit cet impassible visage de Laura s'éclairer d'une sorte de sourire ; je crois bien qu'à ce moment
des lannes de reconnaissance et d'amour jaillirent de
ses yeux et qu'il tomba à genoux pour remercier le Seigneur. Laura venait tout à coup de comprendre ce que
le docteur voulait d'elle ; sauvée I A partir de ce jour
elle fit attention ; ses progrès furent rapides ; elle s'instruisit bientôt elle-même, et par la suite devint directrice d'un institut d'aveugles - à moins que ce ne fut
une autre... car d'autres cas se présentèrent récemment,
dont les revues et les journaux ont longuement parlé,
s'étonnant à qui mieux mieux, un peu sottement à mon
avis, que de telles créatures pussent être heureuses. Car
c'est un fait : chacune de ces emmurées était heureuse,
et sitôt qu'il leur fut donné de s'exprimer, ce fut pour
raconter leur bonheur. Naturellement les journalistes
s'extasiaient, en tiraient un enseignement pour ceux
qui, « jouissant • de leurs cinq sens, ont pourtant le front
de se plaindre...
.
Ici s'engagea une discussion entre Martins et mo~,
qui regimbais contre son pessimisme, et n'admettais

LA SYMPHONIE PASTORALE

741

point que les sens, comme il semblait l'admettre, ne servissent en fin de compte qu'à nous désoler.
- Ce n'est point ainsi que je l'entends, protesta-t-il,
je veux dire simplement que l'âme de l'homme imagine
plus facilement et plus volontiers la beauté, l'aisance
et l'harmonie que le désordre et le péché qui partout
ternissent, avilissent, tachent et déchirent ce monde et
sur quoi nous renseignent et tout à la fois nous aident
à contribuer nos cinq sens. De sorte que, plus volontiers
je ferais suivre le « Forlunatos nimium II de Virgile, de
• si sua mala nescient 11, que du « si sua b~ wrint » qu'on
nous enseigne : combien heureux les hommes, s'ils pouvaient ignorer le mal.
Puis, il me parla d'un conte de Dickens, qu'il croit
avoir été directement inspiré par l'exemple de Laura
Bridgeman et qu'il promit de m'envoyer aussitôt. Et
quatre jours après je reçus en effet Le Grillo1i dti Foyer,
que je lus avec un vif plaisir. C'est l'histoire un peu longue,
mais pathétique par instants, d'une jeune aveugle que
son père, pauvre fabricant de jouets, entretient dans
l'illusion du confort, de la richesse et du bonheur ; mensonge que l'art de Dickens s'évertue à faire passer pour
pieux, mais dont, Dieu merci I je n'aurai pas à user avec
Gertrude.

Dès le lendemain du jour où Martins était venu me
voir, je commençai de mettre en pratique sa méthode
et m'y appliquai de mon mieux. Je regrette à présent
de n'avoir point pris note, ainsi qu'il me le conseillait,
des premiers pas de Gertrude sur cette route crépusculaire, où moi-même je ne la guidais d'abord qu'en tâton-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
742
nant. Il y fallut, dans les premières semaines, plus de
patience que l'on ne saurait croire, non seulement en raison du temps que cette première éducation exigeait, mais
aussi des reproches qu'elle me fit encourir. Il m'est pénible d'avoir à dire que ces reproches me venaient d' Amélie ; et du reste si j'en parle ici, c'est que je n'en ai conservé nulle animosité, nulle aigreur - je l'atteste solennellement pour le cas où plus tard ces feuilles seraient
lues par elle. (Le pardon des offenses ne nous est-il pas
enseigné par le Christ immédiatement à la suite de la
parabole sur la brebis égarée?) Je dirai plus: au mome~t
même où j'avais le plus à souffrir de ses reproches, Je
ne pouvais lui en vouloir de ce qu'elle désapprouvât ce
long temps que je consacrais à Gertrude. Ce que je lui
reprochais plutôt c'était de n'avoir pas confiance que
mes soins pussent remporter quelque succès. Oui, c'est
ce manque de foi qui me peinait ; sans me décourager
du reste. Combien souvent j'eus à l'entendre répéter:« Si
encore tu devais aboutir à quelque résultat... » Et elle
demeurait obtusément convaincue que ma peine était
vaine; de sorte que naturellement il lui paraissait malséant que je consacrasse à cette œuvre un temps qu'elle
prétendait toujours pouvoir être mieux employé différem, ment. Et chaque fois que je m'occupais de Gertrude elle
trouvait à me représenter que je ne sais qui ou quoi
attendait cependant après moi, et que je distrayais pour
celle-ci un temps que j'eusse dft donner à d'autres. Enfin
je crois qu'une sorte de jalousie maternelle l'animait,
car je lui entendis plus d'une fois me dire : « Tu ne t'es
jamais autant occupé d'aucun de tes propres enfants.•
Ce qui était vrai ; car si j'aime beaucoup mes enfants,

LA SYMPHONIE PASTORALE

743
je n'ai jamais cru que j'eusse beaucoup à m'occuper d'eux.
J'ai souvent éprouvé que la parabole de la brebis égarée reste une des plus difficiles à admettre pour certaines
âmes, qui pourtant se croient profondément chrétiennes.
Que chaque brebis du troupeau, prise à part, puisse aux
}!eux du berger être plus précieuse à son tour que tout
le reste du troupeau pris en bloc, voici ce qu'elles ne
peuvent s'élever à comprendre. Et ces mots : « Si un
homme a cent brebis et que l'une d'elles s'égare, ne laisset-il pas les quatre-vingt-dix-neuf autres sur les montagnes,
pour aller chercher celle qui s'est égarée ? » - ces mots
tout rayonnants de charité, si elles osaient parler franc,
elles les déclareraient de la plus révoltante injustice.
Les premiers sourires de Gertrude me consolaient de
tout et payaient mes soins au centuple. Car « cette brebis
si le pasteur la trouve, je vous le dis en vérité, elle lui
,cause plus de joie que les quatre-vingt-dix-neuf autres
~ui ne se sont jamais égarées». Oui, je le dis en vérité,
Jamais sourire d'aucun de mes enfants ne m'a inondé
le cœur d'une aussi séraphique joie que fit celui que je
vis poindre sur ce visage de statue certain matin où brusquement elle sembla commencer à comprendre et à s'intéresser à ce que je m'efforçais de lui enseigner depuis
tant de jours.
Le 5 mars. J'ai noté cette date comme celle d'une
nai~ance. C'était moins un sourire qu'une transfiguration. Tout à coup ses traits s'animèrent; ce fut comme
un éclairement subit, pareil à cette lueur purpurine dans
les hautes Alpes qui, précédant l'aurore, fait vibrer le
sommet neigeux qu'elle désigne et sort de la nuit · on
etît dit une coloration mystique ; et je songeai égaler:ient

�744

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à la piscine de Bethesda au moment que l'ange descend

,,...

et vient réveiller l'eau dormante. J'eus une sorte de ravissement devant l'expression angélique que Gertrude put
prendre soudain, car il m'apparut que ce qui la visitait
en cet instant, n'était point tant l'intelligence quel'amour.
Alors un tel élan de reconnaissance me souleva, qu'il
me sembla que j'offrais à Dieu le baiser que je déposai
sur ce beau front.
Autant ce premier résultat avait été difficile à obtenir,
autant les progrès sitôt après furent rapides. Je fais effort
aujourd'hui pour me remémorer par quels chemins nous
procédâmes ; il me semblait parfois que Gertrude avançât
par bonds, comme pour se moquer des méthodes. Je me
souviens que j'insistai d'abord sur les qualités des objets
plutôt que sur la variété de ceux-ci ; le chaud, le froid,
le tiède, le doux, l'amer, le rude, le souple, le léger... puis
les mouvements : écarter, rapprocher, lever, croiser,
coucher, nouer, disperser, rassembler, etc... Et bientôt,
abandonnant toute méthode, j'en vins à causer avec
elle sans trop m'inquiéter si son esprit toujours me suivait;
mais lentement, l'invitant et la provoquant à me questionner à loisir. Certainement un travail se faisait en
son esprit durant le temps que je l'abandonnais à ellemême ; car chaque fois que je la retrouvais, c'était avec
une nouvelle surprise et je me sentais séparé d'elle par
une moindre épaisseur de nuit. C'est tout de même ainsi,
me disais-je, que la tiédeur de l'air et l'insistance du
printemps triomphent peu à peu de l'hiver. Que de fois
n'ai-je pas admiré la manière dont fond la neige: on dirait
que le manteau s'use par en-dessous, et son aspect reste

LA SYMPHONIE PASTORALE

745

le même. A chaque hiver Amélie y est prise et me déclare :
la neige n'a toujours pas changé; on la croit épaisse encore
quand déjà la voici qui cède et tout à coup, de place en
place, laisse reparaître la vie.
Craignant que Gertrude ne s'étiolât à demeurer auprès
du feu sans cesse, comme une vieille, j'avais commencé
de la faire sortir. Mais elle ne consentait à se promener
qu'à mon bras. Sa surprise et sa crainte d'abord, dès
qu'elle avait quitté la maison, me laissèrent comprendre,
avant qu'elle n'eût su me le dire, qu'elle ne s'était encore
jamais hasardée au dehors. Dans la chaumière où je
l'avais trouvée, personne ne s'était occupé d'elle autrement que pour lui donner à manger et l'aider à ne point
mourir, car je n'ose point dire: à vivre. Son univers obscur
était borné par les murs mêmes de cette unique pièce
qu'elle n'avait jamais quittée ; à peine se hasardait-elle,
les jours d'été, au bord du seuil, quand la porte restait
ouverte sur le grand univers lumineux. Elle me raconta
plus tard, qu'entendant le chant des oiseaux elle l'imaginait alors un pur effet de la lumière, ainsi que cette
chaleur même qu'elle sentait caresser ses joues et ses
mains, et que, sans du reste y réfléchir précisément, il
lui paraissait tout naturel que l'air chaud se mît à chanter,
de même que l'eau se met à bouillir près du feu. Le vrai
c'est qu'elle ne s'en était point inquiétée, qu'elle ne faisait attention à rien et vivait dans un engourdissement
profond, jusqu'au jour où je commençai de m'occuper
d'elle. Je me souviens de son inépuisable ravissement
lorsque je lui appris que ces petites voix émanaient de
créatures vivantes, dont il semble que l'unique fonction
soit de sentir et d'exprimer l'éparse joie de la nature.

,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

(C'est de ce jour qu'elle prit l'habitude de dire : Je suis
joyeuse comme un oiseau). Et pourtant l'idée que ces
chants racontaient la splendeur d'un spectacle qu'elle
ne pouvait point contempler avait commencé par la
rendre mélancolique.
- Est-ce que vraiment, disait-elle, la terre est aussi
belle que la racontent les oiseaux ? Pourquoi ne le dit-on
pas davantage ? Pourquoi, vous, ne me le dites-vous
pas ? Est-ce par crainte de me peiner en songeant que
je ne puis la voir? Vous auriez tort. J'écoute si bien les
oiseaux ; je crois que je comprends tout ce qu'ils disent.
- Ceux qui peuvent y voir ne les entendent pas si
bien que toi, ma Gertrude, lui dis-je en espérant la
consoler.
- Pourquoi les autres animaux ne chantent-ils pas ?
reprit-elle.
Parfois · ses ·questions me surprenaient et je demeurais un instant perplexe, car elle me forçait de
réfléchir à ce que jusqu'alors j'avais accepté sans m'en
étonner. C'est ainsi que je considérai, pour la première
fois, que, plus l'animal est attaché de près à la terre et
plus il est pesant, plus il est triste. C'est ce que je tâchai
de lui faire comprendre ; et je lui parlai de l'écureuil et
de ses jeux.
Elle me demanda alors si les oiseaux étaient les seuls
animaux qui volaient.
- Il y a aussi les papillons, lui dis-je.
- Est-ce qu'ils chantent ?
- Ils ont une autre façon de raconter leur joie, repris-je
Elle est inscrite en couleurs sur leurs ailes... Et je lui
décrivis la bigarrure des papillons.

LA SYMPHONIE PASTORALE

747
28 févr.

Je reviens en arrière; car hier je m'étais laissé entraîner.
Pour l'enseigner à Gertrude j'avais dû apprendre moimême l'alphabet des aveugles ; mais bientôt elle devint
beaucoup plus habile que moi à lire cette écriture où
j'avais assez de peine à me reconnaître, et qu'au surplus,
je suivais plus volontiers avec les yeux qu'avec les mains.
Du reste, je ne fus point le seul à l'instruire. Et d'abord
je fus heureux d'être secondé dans ce soin, car j'ai fort
à faire sur la commune, dont les maisons sont dispersées
à l'excès de sorte que mes visites de pauvres et de malad~ m'obligent à des courses parfois assez lointaines.
Jacques avait trouvé le moyen de se casser le bras en
patinant pendant les vacances de Noël qu'il était venu
passer près de nous - car entre temps il était retourné à
Lausanne où il avait fait déjà ses premières études, et était
entré à la faculté de théologie. La fracture ne présentait
aucune gravité et Martins que j'avais aussitôt appelé put
aisément la réduire sans l'aide d'un chirurgien; mais les
précautions qu'il fallut prendre obligèrent Jacques à
garder la maison quelque temps. Il commença brusquement de s'intéresser à Gertrude, que jusqu'alors il n'avait
point considérée, et s'occupa de m'aider à lui apprendre
à lire. Sa collaboration ne dura que le temps de sa convalescence, trois semaines environ, mais durant lesquelles
Gertrude fit de sensibles progrès. Un zèle extraordinaire
la stimulait à présent. Cette intelligence hier encore
engourdie, il semblait que, dès les premiers pas et presque
avant de savoir marcher, elle se mettait à courir. J'admire le peu de difficulté qu'elle trouvait à formuler ses

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LA SYMPHONIE PASTORALE

pensées, et combien promptemen_t elle parvint à s'exprimer d'une manière, non point enfantine, mais correcte
déjà, s'aidant pour imager l'idée, et de la manière la
plus inattendue pour nous et la plus plaisante, des objets
qu'on venait de lui apprendre à connaître, ou de ce dont
nous lui parlions et que nous lui décrivions, lorsque nous
ne le pouvions mettre directement à sa portée ; car nous
nous servions toujours de ce qu'elle pouvait toucher ou
sentir pour expliquer ce qu'elle ne pouvait atteindre,
procédant à la manière des télémétreurs.
Mais je crois inutile de noter ici tous les échelons premiers de cette instruction qui, sans doute, se retrouvent
dans l'instruction de tous les aveugles. C'est ainsi que,
pour chacun d'eux je pense, la question des couleurs
a plongé chaque maître dans un même embarras. (Et
à ce s~jet je fus appelé à remarquer qu'il n'est nulle part
question de couleurs dans l'Evangile.) Je ne sais comment s'y sont pris les autres ; pour ma part je commençai
par lui nommer les couleurs du prisme dans l'ordre où
l'arc-en-ciel nous les présente ; mais aussitôt s'établit
une confusion dans son esprit entre couleur et c1arté ;
et je me rendais compte que son imagination ne parvenait à faire aucune distinction entre la qualité de la nuance
et ce que les peintres appellent, je crois, « la valeur». Elle
avait le plus grand mal à comprendre que chaque couleur à son tour pût être plus ou moins foncée, et qu'elles
pussent à l'infini se mélanger entre elles. Rien ne
l'intriguait davantage et elle revenait sans cesse làdessus.
Cependant il me fut donné de l'emmener à Neuchâtel
où je pus lui faire entendre un concert. Le rôle de chaque

r

749

instrument dans la symphonie me permit de revenir
sur cette question des couleurs. Je fis remarquer à Gertrude les sonorités différentes des cuivres, des instruments
à cordes et des bois, et que chacun d'eux à sa manière
est susceptible d'offrir, avec plus ou moins d'intensité,
toute l'échelle des sons, des plus graves aux plus aigus:
Je l'invitai à se représenter de même, dans la nature,
les colorations rouges et orangées analogues aux sonorités des cors et des trombones; les jaunes et les vertes
à celles des violons, des violoncelles et des basses ; les
violettes et les bleues rappelées ici par les flûtes, les clarinettes et les hautbois. Une sorte de ravissement intérieur vint dès lors remplacer ses doutes :
- Que cela doit être beau I répétait-elle.
Puis, tout à coup :
- Mais alors: le blanc? Je ne comprends plus à quoi
ressemble le blanc...
Et il m'apparut aussitôt combien ma comparaison
était précaire :
- Le blanc, essayai-je pourtant de lui dire, est la
limite aiguë où tous les tons se confondent, comme le
noir en est la limite sombre. - Mais ceci ne me satisfit
pas plus qu'elle, qui me fit aussitôt remarquer que les
bois, les cuivres et les violons restent distincts les uns
des autres dans le plus grave aussi bien que dans le plus
aigu. Que de fois, comme alors, je dus demeurer d'abord
silencieux, perplexe et cherchant à quelle comparaison
je pourrais faire appel.
- Eh bien I lui dis-je enfin, représente-toi le blanc
comme quelque chose de tout pur, quelque chose où il
n'y a plus aucune couleur, mais seulement de la lumière ;

�75°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

le noir, au contraire, comme chargé de couleur jusqu'à
en être obscurci ...
Jenerappelleicicedébrisdedialoguequecommeunexemple des difficultés où je me heurtais trop souvent. Gertrude
avait ceci de bien qu'elle ne faisait jamais semblant de
comprendre, comme font si souvent les gens qui meublent
ainsi leur esprit de données imprécises ou fausses, par
quoi tous leurs raisonnements ensuite se trouvent viciés.
Tant qu'elle ne s'en était point fait une idée nette, chaque
notion demeurait pour elle une cause d'inquiétude et
de gêne.
Pour ce que j'ai dit plus haut, la difficulté s'augmentait de ce que, dans son esprit, la notion de lumière et
celle de chaleur s'étaient d'abord étroitement liées, de
sorte que j'eus le plus grand mal à les dissocier parlasuite.
Ainsi j'expérimentais sans cesse à travers elle combien
le monde visuel diffère du monde des sons et à quel point
toute comparaison que l'on cherche à tirer de l'un pour
l'autre est boiteuse.

Tout occupé par mes comparaisons, je n'ai point dit
encore l'immense plaisir que Gertrude avait pris à ce
concert de Neuchâtel. On y joµait précisément la Symfhonie Pastorale. Je dis «précisément», car il n'est, on
le comprend aisément, pas une œuvre que j'eusse pu
davantage souhaiter de lui faire entendre. Longtemps
après que nous eûmes quitté la salle de concert, Gertrude
restait encore silencieuse et comme noyée dans l'extase.
- Est-ce que vraiment ce que vous voyez est aussi
beau que cela ? dit-elle enfin.

LA SYMPHONIE PASTORALE

751

- Aussi beau que quoi ? ma chérie.
- Que cette « scène au bord du ruisseau •·
Je ne lui répondis pas aussitôt, car je réfléchissais que
ces harmonies ineffables peignaient, non point le monde
tel qu'il était, mais bien tel qu'il aurait pu être, qu'il
pourrait être sans le mal et sans le péché. Et jamais encore
je n'avais osé parler à Gertrude du mal, du péché, de
la mort.
- Ceux qui ont des yeux, dis-je enfin, ne connaissent
pas leur bonheur.
- Mais moi qui n'en ai point, s'écria-t-elle aussitôt,
je connais le bonheur d'entendre.
Elle se serrait contre moi tout en marchant et elle pesait
à mon bras comme font les petits enfants :
- Pasteur, est-ce que vous sentez combien je suis
heureuse ? Non, non, je ne dis pas cela pour vous faire
plaisir. Regardez-moi : est-ce que cela ne se voit pas sur
le visage, quand ce que l'on dit n'est pas vrai ? Moi, je
le reconnais si bien à la voix. Vous souvenez-vous du
jour où vous m'avez répondu que vous ne pleuriez pas,
après que ma tante (c'est ainsi qu'elle appelait ma femme)
~us av~t reproché de ne rien savoir faire pour elle ;
Je me sws écriée : Pasteur, vous mentez l Oh I je l'ai senti
tout de suite à votre voix, que vous ne me disiez pas la
vérité ; je n'ai pas eu besoin de toucher vos joues, pour
savoir que vous aviez pleuré. Et ellè répéta très haut :
no?, je n'avais pas besoin de toucher vos joues - ce
qw me fit rougir, parce que nous étions encore dans la
ville et que des passants se retournèrent. Cependant elle
continuait :
- Il ne faut pas chercher à m'en faire accroire, voyez-

�752

LA SYMPHONIE PASTORALE

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

vous. D'abord parce que ça serait très lâche de chercher
à tromper une aveugle... Et puis parce que ça ne prendrait pas, ajouta-t-elle en riant. Dites-moi, pasteur, vous
n'êtes pas malheureux, n'est-ce pas ?
Je portai sa main à mes lèvres, comme pour lui faire
sentir sans le lui avouer que partie de mon bonheur venait
d'elle, tout en répondant :
- Non, Gertrude, non, je ne suis pas malheureux.
Comment serais-je malheureux?
- Vous pleurez quelquefois, pourtant?
- J'ai pleuré quelquefois.
- Pas depuis la fois que j'ai dite ?
- Non, je n'ai plus pleuré, depuis.
- Et vous n'avez plus eu envie de pleurer?
- Non, Gertrude.
- Et, dites... est-ce qu'il vous est arrivé, depuis,
d'avoir envie de me mentir?
- Non, chère enfant.
- Pouvez-vous me promettre de ne jamais chercher
à me tromper.
- Je le promets.
- Eh bien I dites-moi tout de sili.te : Est-ce que je
suis jolie?
Cette brusque question m'interloqua, d'autant plus
que je n'avais point voulu jusqu'à ce jour accorder attention à l'indéniable beauté de Gertrude ; et je tenais pour
parfaitement inutile, au surplus, qu'elle en fût elle-même
avertie.
- Que t'importe de le savoir ? lui dis-je aussitôt.
- Cela c'est mon souci, reprit-elle. Je voudrais savoir
si je ne... comment dites-vous cela? .. : si je ne détonne pas

'

753

trop dans la symphonie. A qui d'autre demanderais-je
cela, pasteur ?
- Un pasteur n'a pas à s'inquiéter de la beauté
des visages, dis-je, me défendant comme je pouvais.
- Pourquoi?
- Parce que la beauté des âmes lui suffit.
. - Vous préférez me laisser croire que je suis laide,
dit-elle alors avec une moue charmante ; de sorte que,
n'y tenant plus, je m'écriai:
- Gertrude, vous savez bien que vous êtes jolie.
Elle se tut et son visage prit une expression très grave
dont elle ne se départit plus jusqu'au retour.
r

Aussitôt rentrés, Amélie trouva le moyen de me faire
sentir qu'elle désapprouvait l'emploi de ma journée.
Elle aurait pu me le dire auparavant ; mais elle nous
avait laissés partir, Gertrude et moi, sans mot dire,
selon son habitude de laisser faire et de se réserver ensuite
le droit de blâmer. Du reste elle ne me fit point précisément des reproches ; mais son silence même était accusateur ; car n'eût-il pas été naturel qu'elle s'informât de
ce q~e nous avions entendu, puisqu'elle savait que je
menais Gertrude au concert; la joie de cette enfant n'eût~e pas. été a~gmentée_ par le moindre intérêt qu'elle
eut senti que 1 on prenrut à son plaisir ? Amélie du reste
ne demeurait pas silencieuse, mais elle semblait mettre
~~ sorte d'affectation à ne parler que des choses les plus
indifférentes ; et ce ne fut que le soir, après que les petits
furent allés se coucher, que l'ayant prise à part et lui
ayant demandé sévèrement :

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
754
- Tu es fâchée de ce que j'aie mené Gertrude au
concert ? j'obtins cette réponse :
- Tu fais pour elle ce que tu n'aurais fait pour aucun
des tiens.
C'était donc toujours le même grief, et le même refus
de comprendre que l'on fête l'enfant qui revient, mais
non point ceux qui sont demeurés, comme le montre
la parabole ; il me peinait aussi de ne la voir tenir aucun
compte de l'infirmité de Gertrude, qui ne pouvait espérer
d'autre fête que celle-là. Et si, providentiellement, je
m'étais trouvé libre de mon temps ce jour-là, moi qui suis
si requis d'ordinaire, le reproche d'Amélie était d'autant
plus injuste qu'elle savait bien que chacun de mes enfants avait soit un travail à faire, soit quelque occupa•
tion qui le retenait, et qu'elle-même, Amélie, n'a point
de goût pour la musique, de sorte que, lorsqu'elle disposerait de tout son temps, jamais il ne lui viendrait à l'idée
d'aller au concert, lors même que celui-ci se donnerait
à notre porte.
Ce qui me chagrinait davantage, c'est qu'Amélie eftt
osé dire cela devant Gertrude : car bien que j'eusse pris
ma femme à l'écart, elle avait élevé la voix assez pour
que Gertrude l'entendît. Je me sentais moins triste qu'i~
digné, et quelques instants plus tard, comme Amébe
nous avait laissés, m'étant approché de Gertrude, je
pris sa petite main frêle et la portant à mon visage :
- Tu vois I cette fois je n'ai pas pleuré.
- Non ; cette fois, c'est mon tour, dit-elle, en s'efforçant de sourire ; et son beau visage qu'elle levait vers
moi, je vis soudain qu'il était inondé de larmes.

LA SYMPHONIE PASTORALE

755
8 mars.

Le seul plaisir que je puisse faire à Amélie, c'est de
m'abstenir de faire les choses qui lui déplaisent. Ces témoignages d'amour tout négatifs sont les seuls qu'elle me
permette. A quel point elle a déjà rétréci ma vie, c'est
ce dont elle ne peut se rendre compte. Ah ! plût à Dieu
qu'elle réclamât de moi quelque action difficile! Avec
quelle joie j'accomplirais pour elle le téméraire, le périlleux I Mais on dirait qu'elle répugne à tout ce qui n'est
pas coutumier; de sorte que le progrès dans la vie n'est
pour elle que d'ajouter de semblables jours au passé. Elle
ne souhaite pas, elle n'accepte même pas de moi, des
vertus nouvelles, ni même un accroissement des vertus
reconnues. Elle regarde avec inquiétude, quand ce n'est
pas avec réprobation, tout effort de l'âme qui veut voir
dans le Christianisme autre chose qu'une domestication
des instincts.
Je dois avouer que j'avais complétement oublié, une
fois à Neuchâtel, d'aller régler le compte de notre mercière, ainsi qu'Amélie m'en avait prié, et de lui rapporter
une boîte de fil. Mais j'en étais ensuite beaucoup plus
fâché contre moi qu'elle ne pouvait être elle-même ; et
d'autant plus que je m'étais bien promis de n'y pas manquer, sachant de reste que« celui qui est fidèle dans les
petites choses le sera aussi dans les grandes », - et
craignant les conclusions qu'elle pouvait tirer de mon
oubli. J'aurais même voulu qu'elle m'en fît quelque reproche, car sur ce point certainement j'en méritais. Mais
comme il advient souvent, le grief imaginaire l'emportait
sur l'imputation précise. Ah I que la vie serait belle et

1

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

notre misère supportable, si nous nous contentions
des maux réels sans prêter l'oreille aux fantômes et aux
monstres de notre esprit ... Mais je me laisse aller à noter
ici ce qui ferait plutôt le sujet d'un sermon (MAT. XII, 29.
« N'ayez point l'esprit inquiet»). C'est l'histoire du dé~e:
lop:eement intellectuel et moral de Gertrude que J at
entrepris de tracer ici. J'y reviens.
J'espérais pouvoir suivre ici ce développement pas à
pas, et j'avais commencé d'en raconter le dét~l. ~ais
outre que le temps me manque pour en noter mm~he~sement toutes les phases, il m'est e"'-trêmement difficile
aujourd'hui d'en retrouver l'enchaînement exact. ~on
récit m'entraînant, j'ai rapporté d'abord des réflexions
de Gertrude, des conversations avec elle, beaucoup plus
récentes, et celui qui par aventure lirait ces pages s'étonnera sans doute de l'entendre s'exprimer aussitôt avec
tant de justesse et raisonner si judicieusement. C'est
aussi que ses progrès furent d'une rapidité déconcertante_:
j'admirais souvent avec quelle promptitude son espnt
saisissait l'aliment intellectuel que j'approchais d'elle
et tout ce dont il pouvait s'emparer, le faisant sien par
un travail d'assimilation et de maturation continuel.
Elle me surprenait, précédant sans cesse ma pensée, la
dépassant, et souvent d'un entretien à l'autre je ne reconnaissais plus mon élève.
Au bout de peu de mois il ne paraissait plus que son
intelligence avait sommeillé si longtemps. Même elle
montrait plus de sagesse déjà que n'en ont la plupart
des jeunes filles, que le monde extérieur dissipe e~ dont
maintes préoccupations futiles absorbent la meilleure
attention. Au surplus elle était, je crois, sensiblement plus

LA SYMPHONIE PASTORALE

757

âgée qu'il ne nous avait paru d'abord. Il semblait qu'elle
prét~nclit tourner_ à profit sa cécité, de sorte que j'en
venais à douter s1, sur beaucoup de points, cette infirmité ne
devenait pas un avantage. Malgré moi je la
comparais a Charlotte et lorsque parfois il m'arrivait
de fai~e ré?éter à celle-ci ses leçons, voyant son esprit
tout distrait par la moindre mouche qui vole, je pensais :
• Tout de même, comme elle m'écouterait mieux, si seulement elle n'y voyait pas ! »
11 va sans dire que Gertrude était très avide de lecture •
~ais ,souc~eux d'accompagner le plus possible sa pensée:
Je preférais qu'elle ne lût pas beaucoup - ou du moins
pas beaucoup sans moi - et principalement la Bible
ce qui peut paraître bien étrange pour un protestant:
Je m'expliquerai là-dessus; mais avant que d'aborder
un~ question si importante, je veux relater un petit fait
q~ a rapp_ort à la musique et qu'il faut situer, autant qu'il
men souvient, peu de temps après le concert de Neuchâtel.
Oui, ce concert avait eu lieu, je crois, trois semaines
avant les vacances d'été qui ramenèrent Jacques près
de nous. Entre temps il m'était arrivé plus d'une fois
d'asseoir Gertrude devant le petit harmonium de notre
chapelle, que tient d'ordinaire mademoiselle de la M... chez
qui Gertrude habite à présent. Louise de la M... n'avait
pas encore commencé l'instruction musicale de Gertrude.
Malgré l'amour que j'ai pour la musique, je n'y connais
pas ~and'chose et ne me sentais guère capable de rien lui
enseigner lorsque je m'asseyais devant le clavier auprès
d'elle.
- Non, laissez-moi, m'a-t:elle dit, dès les premiers
tâtonnements. Je préfère essayer seule.

!ui,

�758

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Et je la quittais d'autant plus volontiers que la chapelle
ne me paraissait guère un lieu décent pour m'y enfermer
seul avec elle, autant par respect pour le saint lieu, que
par crainte des racontars - encore qu'à l'ordinaire
je m'efforce de n'en point tenir compte ; mais il s'agit
ici d'elle et non plus seulement de moi. Lorsqu'une tournée
de visites m'appelait de ce côté, je l'emmenais jusqu'à
l'église et l'abandonnais donc, durant de longues heures
souvent, puis allais la reprendre au retour. Elle s'occupait
ainsi, patiemment, à découvrir des harmonies et je la
retrouvais vers le soir, attentive, devant quelque consonnance qui la plongeait dans un ravissement prolongé.
Un des premiers jours d'août, il y a à peine un peu
plus de six mois de cela, n'ayant point trouvé chez elle
une pauvre veuve à qui j'allais porter quelque consolation,
je revins pour prendre Gertrude à l'église où je l'avais
laissée; elle ne m'attendait point si tôt et je fus extrêmement surpris de trouver Jacques auprès d'elle. Ni l'un
ni l'autre ne m'avait entendu entrer, car le peu de bruit
que je fis fut couvert par les sons de l'orgue. Il n'est point
dans mon naturel d'épier, mais tout ce qui touche à Gertrude me tient à cœur: amortissant donc le brui,t de mes
pas, je gravis furtivement les quelques marches de l'escalier qui mène à la tribune; excellent poste d'observation.
Je dois dire que, tout le temps que je demeurai là, je
n'entendis pas une parole que l'un et l'autre n'eussent
aussi bien dite devant moi. Mais il était contre elle et,
à plusieurs reprises, je le vis qui prenait sa main pour
guider ses doigts sur les touches. N'était-il pas étrange
déjà qu'elle acceptât de lui des observations et une direction dont elle m'avait dit précédemment qu'elle préférait

LA SYMPHONIE PASTORALE

759

se passer? J'en étais plus étonné, plus peiné que je n'aurais voulu me l'avouer à moi-même et déjà je me proposais d'intervenir lorsque je vis Jacques tout à coup tirer
sa montre.
- Il est temps que je te quitte, à présent, dit-il ; mon
père va bientôt revenir.
Je le vis alors porter à ses lèvres la main qu'elle lui
abandonna ; puis il partit. Quelques instants après, ayant
redescendu sans bruit l'escalier, j'ouvris la porte de l'église
de manière qu'elle pût l'entendre et croire que je ne faisais que d'entrer.
- Eh bien, Gertrude! Es-tu prête à rentrer. L'orgue
va bien?
- Oui, très bien, me dit-elle de sa voix la plus naturelle ; aujourd'hui j'ai vraiment fait quelques progrès.
Une grande tristesse empJissait mon cœur, mais nous
ne fîmes l'un ni l'autre aucune allusion à ce que je viens
de raconter.
Il me tardait de me trouver seul avec Jacques. Ma
femme, Gertrude et les enfants se retiraient d'ordinaire
asse~ tôt après le souper, nous laissant tous deux prolonger
studieusement la veillée. j'attendais ce moment. Mais
devant que de lui parler je me sentis le cœur si gonflé
et par des sentiments si troublés que je ne savais ou n'osais
aborder le sujet qui me tourmentait. Et ce fut lui qui brusquement rompit le silence en m'annonçant sa résolution
de ~asser toutes les vacances auprès de nous. Or, peu
de Jours auparavant, il nous avait fait part d'un projet
de voyage dans les Hautes-Alpes, que ma femme et moi
avions grandement approuvé; je savais que son ami T ...

�760

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'il choisissait pour compagnon de route, l'attendait.;
aussi. m , apparut -il nettement que ce revirement
. subit
.
n'était point sans rapport avec la scène que Je vena.1s
de surprendre. Une grande indi~ati_on me souleva
d'abord, mais craignant, si je m'y la.1ssa.1s all_er, que mo~
fils ne se fermât à moi définitivement, cra.1gnant aussi
d'avoir à regretter des paroles trop vives, je fis~ grand
effort sur moi-même et du ton le plus naturel que Je pus :
_ Je croyais que T ... comptait sur toi, lui dis-je.
_ Oh! reprit-il, il n'y comptait pas absolument, et
du reste il ne sera pas en peine de me remplacer.. Je m_e
repose aussi bien ici que dans !'Oberland et je crois vra.1.
'à
ment que je peux employer mon temps mieux_ qu
courir les montagnes.
_ Enfin, dis-je, tu as trouvé ici de quoi t'occ~per.
Il me regarda, percevant dans le ton de ma voix quelque ironie, mais, comme il n'en distinguait pas encore
le motif, il reprit d'un air dégagé :
,
.
,
_ Vous savez que j'ai toujours préfére le livre à 1 alpenstock.
_ Oui, mon ami, fis-je en le regardant à mon tour
fixement • mais ne crois-tu pas que les leçons d'accompagneme;t à l'harmonium présentent pour toi encore
plus d'attrait que la lecture?
.
.
Sans doute il se sentit rougir, car il mit sa mam devant
son front, comme pour s'abriter de la clarté de la lampe.
Mais il se ressaisit presque aussitôt, et d'une voix que
j'aurais souhaitée moins assurée :
_ Ne m'accusez pas trop, mon père. Mon intention
n'était pas de vous rien cacher, et vous devancez de bien
peu l'aveu que je m'apprêtais à vous faire.

LA SYMPHONIE PASTORALE

Il parlait posément, comme on lit un livre, achevant
ses phrases avec autant de calme, semblait-il, que s'il
ne se fût pas agi de lui-même. L'extraordinaire possession
de soi dont il faisait preuve achevait de m'exaspérer.
Sentant que j'allais l'interrompre, il leva la main, comme
pour me dire : non, vous pourrez parler ensuite, laissezmoi d'abord achever; mais je saisis son bras et le secouant:
- Plutôt que de te voir porter le trouble dans l'âme
pure de Gertrude, m'écriai-je impétueusement, ah! je
préférerais ne plus te revoir. Je n'ai pas besoin de tes
aveux !Abuser de l'infirmité, de l'innocence, de la candeur,
c'est une abominable lâcheté dont je ne t'aurais jamais
c~ capable ; et de m'en parler avec ce détestable sangfroid 1... Ecoute-moi bien : j'ai charge de Gertrude et
je ne supporterai pas un jour de plus que tu lui parles,
que tu la touches, que tu la voies.
- Mais mon père, reprit-il sur le même ton tranquille ,
et qui me mettait hors de moi, croyez bien que je respecte
Gertrude autant que vous pouvez faire vous-même. Vous
vous méprenez étrangement si vous pensez qu'il entre
quoi que ce soit de répréhensible, je ne dis pas seulement
dans ma conduite, mais dans mon dessein même et dans
le secret de mon cœur. J'aime Gertrude, et je la respecte,
vous
dis-je, autant que je l'aime. L'idée de la troubler,
,
d abuser de son innocence et de sa cécité me paraît aussi
abominable qu'à vous. Puis il protesta que ce qu'il voulait être pour elle, c'était un soutien, un ami, un mari ;
qu'il n'avait pas cru devoir m'en parler avant que sa
résolution de l'épouser ne fût prise; que cette résolution,
&lt;:ert~de elle-même ne la connaissait pas encore et que
c était à moi qu'il en voulait parler d'aborrl. - Voici

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'aveu que j'avais à vous faire, ajouta-t-il, et je n'ai rien
d'autre à vous confesser, croyez-le.
Ces paroles m'emplissaient de stupeur. Tout en les
écoutant j'entendais mes tempes battre. Je n'avais préparé que des reproches, et, à mesure qu'il m'enlevait
toute raison de m'indigner, je me sentais plus désemparé,
de sorte qu'à la fin de son discours je ne trouvais plus
rien à lui dire.
- Allons nous coucher, fis-je enfin, après un assez
long silence.Je m'étais levé et lui posai la main sur l'épaule.
Demain je te dirai ce que je pense de tout cela.
~ - Dites-moi du moins que vous n'êtes plus irrité
contre moi.
- J'ai besoin de la nuit pour réfléchir.
Quand je retrouvai Jacques le lendemain, il me sembla
vraiment que je le regardais pour la première fois. Il
m'apparut tout à coup que mon fils n'était plus un enfant,
mais un jeune homme; tant que jele considérais comme
un enfant, cet amour que j'avais surpris pouvait me
sembler monstrueux. J'avais passé la nuit à me persuader
qu'il était tout naturel et normal au contraire. D'où venait
que mon insatisfaction n'en était que plus vive? C'est
ce qui ne devait s'éclairer pour moi qu'un peu ~l~s t:i-rd,
En attendant je devais parler à Jacques et lm sigrufier
ma décision. Or un instinct aussi sûr que celui de la
conscience m'avertissait qu'il fallait empêcher ce mariage
à tout prix.
J'avais entraîné Jacques dans le fond du jardin ; c'est
là que je lui demandai d'abord :
- T'es-tu déclaré à Gertrude?

LA SYMPHONIE PASTORALE

- Non, me dit-il. Peut-être sent-elle dé[à mon amour ·
mais je ne le lui ai point avoué.
·
'
- Eh bien ! tu vas me faire la promesse de ne pas
lui en parler encore.
- Mon père, je me suis promis de vous obéir ; mais
ne puis-je connaître vos raisons ?
J'hésitais à lui en donner, ne sachant trop si celles
qui me venaient d'abord à l'esprit étaient celles mêmes
qu'il importait le plus de mettre en avant. A dire vrai
la conscience bien plutôt que la raison dictait ici ma
conduite.
- Gertrude est trop jeune, dis-je enfin. Songe qu'elle
n'a pas encore communié. Tu sais que ce n'est pas une
enfant comme les autres, hélas ! et que son développement
a été be~ucoup retardé. Elle ne serait sans doute que
trop sensible, confiante comme elle est, aux premières
paroles d'amour qu'elle entendrait ; c'est précisément
pour~uoi il importe de ne pas les lui dire. S'emparer de
ce qm ne peut se défendre, c'est une lâcheté; je sais que
tu n'es pas un lâche. Tes sentiments, dis-tu, n'ont rien
de répréhensible ; moi je les dis coupables parce qu'ils
sont prématurés. La prudence que Gertrude n'a pas
encore, c'est à nous de l'avoir pour elle. C'est une affaire
de conscience.
Jacques a ceci d'excellent, qu'il suffit, pour le retenir,
de ces simples mots : « Je fais appel à ta conscience»
~ont j'ai souvent usé lorsqu'il était enfant. Cependant
Je le regardais et pensais que, si elle pouvait y voir, Gertrude ~e laisserait pas d'admirer ce grand corps svelte,
à la fois si droit et si souple, ce beau front sans rides,
ce regard franc, ce visage enfantin encore mais que sem-

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

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1

blait ombrer une soudaine gravité. Il était nu-tête et
ses cheveux cendrés, qu'il portait alors assez longs, bouclaient légèrement à ses tempes et cachaient ses oreilles
à demi.
- Il y a ceci que je veux te demander encore, repris-je
en me levant du banc où nous étions assis : tu avais l'intention, disais-tu, de partir après-demain ; je te prie de
ne pas différer ce départ. Tu devais rester absent tout
un mois; je te prie de ne pas raccourcir d'un jour ce voyage.
C'est entendu?
- Bien, mon père, je vous obéirai.
Il me parut qu'il devenait extrêmement pâle, au point
que ses lèvres même étaient décolorées. Mais je me persuadai que, pour une soumission si prompte, son amour
ne devait pas être bien fort ; et j'en éprouvai un soulagement indicible. Au surplus, j'étais sensible à sa docilité.
- Je retrouve l'enfant que j'aimais, lui dis-je doucement, et, le tirant à moi, je posai mes lèvres sur son front.
Il y eut de sa part un léger recul ; mais je ne voulus pas
m'en affecter.
10

mars.

Notre maison est si petite que nous sommes obligés
de vivre un peu les uns sur les autres, ce qui est assez
gênant parfois pour mon travail, bien que j'aie réservé
au premier une petite pièce où je puisse me retirer et
recevoir mes visites ; gênant surtout lorsque je veux
parler à l'un des miens en particulier, sans pourtant
donner à l'entretien une allure trop solennelle, comme il
adviendrait dans cette sorte de parloir que les enfants
appellent en plaisantant : le Lieu Saint, où il leur est

LA SYMPHONIE PASTORALE

défendu d'entrer ; mais ce même matin Jacques était
parti pour Neuchâtel, où il devait acheter ses chaussures
d'excursionniste, et, comme il faisait très beau les enfants '
'
après déjeuner, sortirent avec Gertrude, que
tout à la'
fois ils conduisent et qui les conduit. {J'ai plaisir à remarquer ici que Charlotte est particulièrement attentionnée
avec elle.) Je me trouvai donc, tout naturellement, seul
avec Amélie à l'heure du thé, que nous prenons toujours
dans la salle commune. C'était ce que je désirais, car il
me tardait de lui parler. Il m'arrive si raremen,t d'être
en tête à tête avec elle que je me sentais comme timide,
et l'importance de ce que j'avais à lui dire me troublait
comme s'il se fût agi, non des aveux de Jacques, mais
des miens propres. J'éprouvais aussi, devant que de
parler, à quel point deux êtres, vivant somme toute de
la même vie, et qui s'aiment, peuvent rester (ou devenir)
l'un pour l'autre énigmatiques et emmurés ; les paroles,
dans ce cas, soit celles que nous adressons à l'autre, soit
celles que l'autre nous adresse, sonnent plaintivement
comme des coups de sonde pour nous avertir de la résistance de cette cloison séparatrice et qui, si l'on n'y veille,
risque d'aller s'épaississant ...
- Jacques m'a parlé hier soir et ce matin, commençai-je tandis qu'elle versait le thé ; et ma voix était aussi
tremblante que celle de Jacques hier était assurée. II
m'a parlé de son amour pour Gertrude.
- Il a bien fait de t'en parler, dit-elle sans me regarder
et en continuant son travail de ménagère, comme si je
lui annonçais une chose toute naturelle, ou plutôt comme
si je ne lui apprenais rien.
- Il m'a dit son désir de l'épouser ; sa résolution ...

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766

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- C'était à prévoir, murmura-t-elle en haussant
légèrement les épaules.
- Alors tu t'en doutais ? fis-je, un peu nerveusement.
- On voyait venir cela depuis longtemps. Mais c'est
un genre de choses que les hommes ne savent pas remarquer.
Comme il n'eût servi à rien de protester, et que du
reste il y avait peut-être un peu de vrai dans sa répartie,
j'objectai simplement :
- Dans ce cas, tu aurais bien pu m'avertir.
Elle eut ce sourire un peu crispé du coin de la lèvre,
par quoi elle accompagne parfois et protège ses réticences,
et en hochant la tête obliq~ement :
- S'il fallait que je t'avertisse de tout ce que tu ne
sais pas remarquer !
Que signifiait cette insinuation ? C'est ce que je ne
savais, ni ne voulais chercher à savoir, et passant outre:
- Enfin, je voulais entendre ce que toi tu penses
de cela...
Elle soupira, puis :
- Tu sais, mon ami, que je n'ai jamais approuvé la
présence de cette enfant parmi nous.
J'avais du mal à ne pas m'irriter en la voyant revenir
ainsi sur le passé :
- Ilne s'agit pas de la présence de Gertrude, repris-je;
mais Amélie continuait déjà:
- J'ai toujours pensé qu'il n'en pourrait rien résulter
que de fâcheux.
Par grand désir de conciliation je saisis au bond la
phrase :
- Alors tu considères comme fâcheux un tel mariage.

LA SYMPHONIE PASTORALE

Eh bien I c'est ce que je voulais t'entendre dire; heureux
que nous soyons du même avis. J'ajoutai que du reste
Jacques s'était docilement soumis aux raisons que je
lui avais données, de sorte qu'elle n'avait plus à s'inquiéter ; qu'il était convenu qu'il partirait demain pour ce
voyage qui devrait durer tout un mois.
- Comme je ne me soucie pas plus que toi qu'il retrouve Gertrude ici à son retour, dis-je enfin, j'ai pensé
que le mieux serait de la confier à mademoiselle de la M...
chez qui je pourrai continuer de la voir ; car je ne me
dissimule pas que j'ai contracté de véritables obligations
envers elle. J'ai tantôt été pressentir la nouvelle hôtesse,
qui ne demande qu'à nous obliger. Ainsi tu seras délivrée d'une présence qui t'est pénible. Louise de la M...
s'occupera de Gertrude ; elle se montre enchantée de
l'arrangement; elle se réjouit déjà de lui donner des leçons
d'harmonie.
Amélie semblant décidée à demeurer silencieuse, je
repris :
- Comme il faut éviter que Jacques n'aille retrouver
Gertrude là-bas en dehors de nous, je crois qu'il sera bon
d'avertir mademoiselle de la M... de la situation, ne pen;
ses-tu pas?
Je tâchais, par cette interrogation, d'obtenir un mot
d'Amélie ; mais elle gardait les lèvres serrées, comme
s'étant juré de ne rien dire. Et je continuai, non qu'il
me restât rien à ajouter, mais parce que je ne pouvais
supporter son silence :
- Au reste Jacques reviendra de ce voyage peutêtre dé'à
J guéri· de son amour. A son âge, est-ce qu'on
connaît seulement ses désirs ?

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

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1

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1

- Oh ! même plus tard on ne les connaît pas toujours,
fit-elle enfin bizarrement.
Son ton énigmatique et sentencieux m'irritait, car
je suis de naturel trop franc pour m'accommoder aisément du mystère. Me tournant vers elle, je la priai d'expliquer ce qu'elle sous-entendait par là.
- Rien, mon ami, reprit-elle tristement. Je songeais
seulement que tantôt tu souhaitais qu'on t'avertisse
de ce que tu ne remarquais pas.
- Et alors?
- Et alors je me disais qu'il n'est pas aisé d'avertir.
J'ai dit que j'avais horreur du mystère et, par principe,
je me refuse aux sous-entendus :
- Quand tu voudras que je te comprenne, tu tâcheras
de t'exprimer plus clairement, repartis-je d'une manière
peut-être un peu brutale, et que je regrettai tout aussitôt ;
car je vis
instant ses lèvres trembler. Elle détourna
la tête, puis, se levant, fit quelques pas hésitants et comme
chancelants dans la pièce.
- Mais enfin, Amélie, m'écriai-je, pourquoi continues-tu à te désoler, à présent que tout est réparé ?
Je sentais que mon regard la gênait, et c'est le dos
tourné, m'accoudant à la table et la tête appuyée contre
la main, que je lui dis :
- Je t'ai parlé durement tout à l'heure. Pardon.
Alors je l'entendis s'approcher de moi, puis je sentis
ses doigts se poser doucement sur mon front, tandis
qu'elle disait d'une voix tendre et pleine de larmes :
- Mon pauvre ami !
Puis aussitôt elle quitta la pièce.
Les phrases d'Amélie qui me paraissaient alors mys-

LA SYMPHONIE PASTORALE

térieuses, s'éclairèrent pour moi peu ensuite ; je les ai
rapportées telles qu'elles m'apparurent d'abord ; et ce
jour-là je compris seulement qu'µ était temps que Gertrude partît.
12

mars.

Je m'étais imposé ce devoir de consacrer quotidiennement un peu de temps à Gertrude ; c'était, suivant
les occupations de chaque jour, quelques heures ou quelques instants. Le lendemain du jour où j'avais eu cette
conversation avec Amélie, je me trouvais assez libre, et,
le beau t~ps y invitant, j'entraînai Gertrude à travers
la forêt, jusqu'à ce repli du Jura où, à travers le rideau
des branches et par delà l'immense pays dominé, le regard,
quand le temps est clair, par dessus une brume légère,
découvre l'émerveillement des Alpes blanches. Le soleil
déclinait déjà sur notre gauche quand nous parvînmes à
l'endroit où nous avions coutume de nous asseoir. Une
prairie à l'herbe à la fois rase et drue dévalait à nos pieds ;
plus loin pâturaient quelques vaches ; chacune d'elles,
dans ces troupeaux de montagne, porte une cloche au
cou.
- Elles dessinent le paysage, disait Gertrude en écoutant leur tintement.
Elle me demanda, comme à chaque promenade, de
lui décrire l'endroit où nous nous arrêtions.
- Mais, lui dis-je, tu le connais déjà; c'est l'orée d'où
l'on voit les Alpes.
- Est-ce qu'on les voit bien aujourd'hui ?
- On voit leur splendeur tout entière.
. 49

�770

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

_ Vous m'avez dit qu'elles étaient chaque jour un
peu différentes...
.
.
_ A quoi les comparerai-je aujourd'hw ? A la s01f
d'un plein jour d'été. Avant ce soir elles auront achevé
de se dissoudre dans l'air.
__ Je voudrais que vous me disiez s'il y a des lys dans
la grande prairie devant nous.
_ Non, Gertrude ; les lys ne croissent pas sur ces
hauteurs ; ou seulement quelques espèces rares.
_ Pas ceux que l'on appelle les lys des champs.
- Il n'y a pas de lys dans les champs. .
_ Même pas dans les champs des ,environs de Neuchâtel.
- Il n'y a pas de lys des champs.
_ Alors pourquoi le Seigneur nous dit-il : « Regardez
les lys des champs »?
,.
_ Il y en avait sans doute de son temps, p~ur ~u il
le dise ; mais les cultures des hommes les ont fa1t disparaître.
_ Je me rappelle que vous m'avez dit souvent que
le plus grand besoin de cette terre est de confiance et
d'amour. Ne pensez-vous pas qu'avec un peu. plus d_e
confiance l'homme recommencerait de les v01r ? Mot,
quand j'écoute cette parole, je vous assure que je.l~ vois.
Je vais vous les décrire, voulez-vous ? - On dirait des
cloches de flamme, de grandes cloches d'azur emplies
du parfum de l'amour et que balance le vent, du soir.
Pourquoi me dites-vous qu'il n'y en a pas? la_ devant
nous. Je les sens! J'en vois la prairie tout emplie.
- Ils ne sont pas plus beaux que tu les vois, ma Gertrude.

LA SYMPHONIE PASTORALE

771

-

Dites qu'ils ne sont pas moins beaux.
Ils sont aussi beaux que tu les vois.
- « Et je vous dis en vérité que Salomon même, dans
toute sa gloire, n'était pas vêtu comme l'un d'eux,»
dit-elle, citant les paroles du Christ, et d'entendre sa
voix si mélodieuse, il me sembla que j'écoutais ces mots
pour la première fois. c&lt; Dans toute sa gloire, » répéta-t-elle
pensivement, puis elle demeura quelque temps silencieuse,
et je repris :
- Je te l'ai dit, Gertrude: ceux qui ont des yeux sont
ceux qui ne savent pas regarder. Et du fond de mon cœur
j'entendais s'élever cette prière : « Je te rends grâces,
ô Dieu, de révéler aux humbles ce que tu caches aux
intelligents ! »
- Si vous saviez, s'écria-t-elle alors dans une exaltation enjouée, si vous pouviez savoir combien j'imagine
aisément tout cela. Tenez ! voulez-vous que je vous décrive
le paysage ?... Il y a derrière nous, au-dessus et autour
de nous, les grands sapins au goût de résine, au tronc
grenat, aux longues sombres branches horizontales qui
se plaignent lorsque veut les courber le vent. A nos pieds,
comme un livre ouvert, incliné sur le pupitre de la montagne, la grande prairie verte et diaprée, que bleuit l'ombre, que dore le soleil, et dont les mots 'distincts sont des
fleurs, - des gentianes, des pulsatilles, des renoncules,
et les beaux lys de Salomon - que les vaches viennent
épeler avec leurs cloches, et où les anges viennent lire,
puisque vous dites que les yeux des hommes sont clos.
Au bas du livre, je vois un grand fleuve de lait fumeux,
brumeux, couvrant tout un abîme de mystère, un fleuve
immense, sans autre rive que, là-bas, tout au loin devant

�77 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nous, les belles Alpes éblouissantes... C'est là-bas que
doit aller Jacques. Dites : est-ce vrai &lt;j_U'il part demain ?
- Il doit partir demain. Il te l'a dit?
- Il ne me l'a pas dit ; mais je l'ai compris. Il doit
rester longtemps absent ?
- Un mois ... Gertrude, je voulais te demander... Pourquoi ne m'as-tu pas raconté qu'il venait te retrouver à
l'église ?
- Il est venu m'y retrouver deux fois. Oh ! je ne veux
rien vous cacher; mais je craignais de vous faire de la peine.
- Tu m'en ferais en ne le disant pas...
Sa main chercha la mienne.
- Il était triste de partir...
- Dis-moi, Gertrude... t'a-t-il dit qu'il t'aimait~
- Il ne me l'a pas dit ; mais je sens bien cela sans
qu'on le dise. Il ne m'aime pas tant que vous.
- Et toi, Gertrude, tu souffres de le voir partir?
- Je pense qu'il vaut mieux qu'il parte. Je ne pourrais pas lui répondre.
- Mais dis : tu souffres, toi, de le voir partir ?
- Vous savez bien que c'est vous que j'aime, pasteur...
Oh ! pourquoi retirez-vous votre main ? Je ne vous parlerais pas ainsi, si vous n'étiez pas marié. Mais on n'épouse
pas une aveugle. Alors pourquoi ne pourrions-nous pas nous
aimer ? Dites, pasteur, est-ce que vous trouvez que
c'est mal?
- Le mal n'est jamais dans l'amour.
- Je ne sens rien que de bon dans mon cœur. Je ne
voudrais pas faire souffrir Jacques. Je voudrais ne faire
souffrir personne... Je voudrais ne donner que du bonheur.
- Jacques pensait à demander ta main.

LA SYMPHONIE PASTORALE

773

- Me laisserez-vous lui parler avant son départ ?
Je voudrais lui faire comprendre qu'il doit renoncer à
m'aimer. Pasteur, vous comprenez, n'est-ce pas, que je
ne peux épouser personne ? Vous me laisserez lui parler,
n'est-ce pas ?
- Dès ce soir.
- Non, demain ; au moment même de son départ...
Le soleil se couchait dans une splendeur exaltée. L'air
était tiède. Nous nous étions levés et tout en parlant
nous avions repris le sombre ch~in du retour.
( A suivre.)

ANDRÉ GIDE

�RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

774

RÉFLEXIONS SUR
LA LITTÊRATURE
LES SPECTACLES DANS UN
FAUTEUIL

,li

1 1

f

Il m'est arrivé, il y a deux mois, de faire à un point d'exégèse
shakespearienne une allusion trop rapide qui prêtait à
l'équivoque. Une lettre de M. Jacques Boulenger, de qui
j'analysais l'intéressant ouvrage, est venue m'en faire prendre conscience.
Il me paraissait que tout dans les pièces de Shakespeare est
vie de théâtre, sent le milieu d'une troupe, et les planches,
les chandelles, souvent aussi le théâtre de verdure. M. Boulenger se dit frappé au contraire de ce que ces pièces présentent de livresque, de spectacle dans un fauteuil. Et son avis
est conforme en effet au goût le plus répandu. L'opinion de
Charles Lamb est assez commune dans la critique anglaise.
Elle est générale dans la critique française. Shakespeare
a pu être galvanisé un instant devant les spectateurs français
par le génie d'un grand acteur comme Mounet-Sully dans
Hamlet, par une mise en scène pittoresque comme dans les
tableaux d'Antoine et Cléopdtre ou de Jules César, par
l'intelligence sobre et le goût littéraire de cette même
mise en scène comme dans la Nuit des Rois au VieuxColombier. La critique s'est toujours refusée à y voir

775

du théâtre au sens plein et carré du mot. Sarcey ne
lui dispensait nullement l'éloge par lequel il classait si haut
le Sophocle d'Œdipe-Roi: C'est aussi fort que du d'Ennery.
c Ses tragédies, dit Rivarol, ne sont que des romans dialogués.» Et Rémy de Gourmont: c Il n'est pas une pièce de
Shakespeare qui ne m'ait déçu au théâtre, tandis que j'y ai
vu grandir immensément Racine et Molière. C'est au point
que je me repentirai toute ma vie d'être allé voir Jules Césa1',
à l'Odéon. Je ne fus pas le seul, d'ailleurs, à en revenir navré ;
d'autres en revinrent contents, mais pour le même motif qui
me désolait. J'y perdais une illusion ; ils y trouvaient la
confirmation de leurs goftts et de leurs théories, une raison
décisive pour situer Shakespeare à l'arrière-plan dramatique,
parmi ces génies décidément mal faits pour contenter notre
race.»
Tout cela ne manque pas de justesse. D'autre part, je
ne crois pas avoir eu tort. Il va de soi que dans les deux cas
on n'attache pas la même signification au mot théâtre. Mais
précisément nous trouvons là une occasion de faire
tourner comme une statue de musée sur son pivot ce
mot pas toujours très clair. L'état actuel de notre production théâtrale, le dégoût raisonné et raisonnable des
écrivains devant la perspective d'exercer le métier autrefois
si envié de critique dramatique, rendent peut-être quelque
intérêt à ces discussions académiques, qui se développent
mieux sous les platanes que sous le lustre. Livrons-nous
sans remords à cette critique dans un fauteuil, et, puisque
M. Boulenger nous convie à le prendre pour type du spectacle
dans un fauteuil, ouvrons Comme il vous plafra.
C'est une des comédies les plus agréables de Shakespeare.
Jouée avec grâce et avec goût, je ne sais ce qui lui manquerait pour séduire un public lettré. Au contraire de beaucoup
d'autres comédies shakespeariennes, elle est pleine de caractères bien dessinés et charmants. On y trouve un mélange

�776

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAI_sE

parfait, avec les valeurs les plus justes, de grâce, de mélancolie et de gaîté. D'autre part, comme toutes les pièces analogues, elle fourmille de hors-d'œuvre. On enlèverait la
valeur de deux actes sans nuire à l'action. On supprimerait
de même avec pareil effet plusieurs personnages, le lutteur
Charles, le bouffon Touchstone, le mélancolique Jacques.
Ce serait d'ailleurs à peu près comme si on coupait la moitié
de l' Embarquement pour Cythère, en disant qu'il en reste
l'essentiel et qu'il n'y manque que du feuillage et des brumes
bleues. Mais enfin le théâtre a tout de même d'autres règles
de composition que la peinture, et si la moitié d_e la pièce
ne sert pas à l'action, on pourra dans cette moitié voir de
charmants dialogues ; l'appellera-t-on du théâtre ?
Pourquoi pas? Si nous voulons poser sous le mot théâtre
tout son sens vivant, il ne nous faut pas l'aborder trop vite
avec un sécateur. Le théâtre est destiné à nous donner, avec
des personnages que nous sentons vrais, une idée de la vie
humaine plus claire et plus complète que celle qui naît de
notre seule expérience. Un grand dramaturge est d'abord un
créateur d'hommes qui vivent et qui en vivant nous font vivre.
Personne n'a jamais mis Shakespeare en dehors de cette définition. Seulement, il y a peut-être deux classes de créateurs
dramatiques : ceux à qui la vie humaine, objet propre de leur
art, est donnée comme un~ action à développer, ceux auxquels elle se présente comme un thème à jouer.
Qu'on me permette, pour être clair, d'alléguer encore un
exemple tiré de l'autre grand art créateur d'hommes. Voici
deux puissantes pensées : la Cène et la Ronde de Nuit. Les
deux sujets sont donnés du dehors à Léonard et à Rembrandt:
le dernier repas du Christ avec ses disciples, le portrait de
la compagnie du capitaine Cocq. Mais Léonard a pensé une
action, celle qu'exerce sur l'attitude et le visage des douze
disciples l'annonce de la trahison ; Rembrandt a pensé un
thème, celui de la lumière éclairant des soldats en marche.

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

777

L'action se lit clairement, comme un discours. Si,la première
qualité du discours est l'action, une qualité de l'action dramatique ou pittoresque est le discours, c'est-à-dire la possibilité d'être traitée comme un enchaînement ordonné,
conscient, logique. La Cène, un tableau de Raphaël ou de
Poussin non seulement se voient, mais se lisent. Et, à la
limite, il y a tout l'art conventionnel, ou académique, ou
allégorique, que vous savez. Opposez-les à un Vénitien, à
un paysagiste, à un Watteau, à un Monet, qui traitent des
thèmes. Rembrandt, dans la Ronde de Nuit, pense, à l'occasion du portrait commandé de quelques gardes civiques,
le thème indivisible et musical de la lumière en mouvement
qui éclaire des hommes en mouvement. La petite fille et le
coq, qui tiennent une place si puissante dans le tableau,
sont imposés par la logique du thème. Pour qui voit et comprend de l'intérieur le chef~d'œuvre ils sont l'Idée de la
lumière. Celui qui penserait vraiment que Rembrandt a
mis là un coq parce que le coq est l'annonciateur et comme
l'hiéroglyphe de la lumière parodierait une idée d'ailleurs
juste ; car réellement le coq ici n'exprime pas la lumière,
il est la lumière même. Et celui qui n'y verrait qu'une
allusion au nom français du capitaine Cocq aurait peut-être
son petit bout de raison, puisqu'il désignerait certaine
cause occasionnelle. La sculpture pense presque toujours
par action et par discours, c'est son genre commun, ainsi
que celui de la peinture. Mais parfois un génie insolite
vient aussi la mettre en face de la pensée par thème :
ainsi Michel-Ange à la Chapelle des Médicis, ainsi Rodin.
Le Balzac atteste comme la Ronde de Nuit le génie qui fonce
dans un thème et le réalise par l'acte indivisé d'une création
intérieure. Le:« Ce n'est pas de la sculpture•, qui l'accueillit
dans la mare aux grenouilles, se coassait exactement sur
l'air du : • Ce n'est pas du théâtre •• par lequel on croyait
exécuter Ibsen et que le recul de quatre siècles, l'épée nue

�778

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'archange qu'interposait la Gloire, épargnaient davantage
à Shakespeare. Il est naturel qu'il en soit ainsi. La pensée
par thème n'apparaît dans les arts plastiques qu'exceptionnellement, à des moments privilégiés où ils transcendent
par une explosion de feu souterrain le normal et le naturel
de la peinture et de la sculpture. Mais les arts qui n'expriment
pas directement l'homme, l'~chitecture et la musique,
procèdent par thèmes. Il y a des thèmes généraux, comme le
temple, l'église ou le château sur lesquels l'artiste répand
comme une végétation vivante les thèmes particuliers de
son génie. Quant à la musique c'est à sa langue même que
j'emprunte ici l'idée du thème, qui n'est claire que si on lui
laisse, comme de la terre à des racines, tout son sens musical :
elle est le lieu du thème.
Les arts littéraires, qui oscillent plus librement entre des
limites plus espacées, comportent à leurs deux extrémités
certains états de discours et d'action et certains états de
thèmes, les uns et les autres presque purs. L'Histoire de
Thucydide, un discours de Démosthène, un sermon de Bossuet, sont construits à peu près exclusivement par le discours
et l'action. A l'autre extrémité !'Après-midi d'un Faune et la
Prose pour des Esseintes réalisent le thème à un moment de
pureté paradoxale, au tournant dernier où il se veut chimiquement pur, et dans le mouvement même par lequel il exclut
les essences de l'oratoire et de l'action. Malgré les apparences
contraires, les palais de discours que sont les grands systèmes
de philosophie sont construits plus ou moins sur des thèmes,
se rapprochant davantage de la musique que des arts plastiques. Un lecteur artiste discernera le thème indivisé du
Phèdre, du Banquet, de la République, de !'Ethique, du Monde
comme Volonté, de Matière et Mémoire du même fonds et par
le même mouvement qu'il reconnaît le thème de la Ronde de
Nuit et du Balzac, du Satyre et de la Maison du Berger. Mais
dans cet ordre, de même que dans celui du roman et du

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

779

théâtre, ce n'est jamais qu'une question de plus et de
moins et les deux éléments nécessaires demeurent toujours
unis. Précisément cette distinction du plus ou du moins
portera peut-être quelque clarté dans la question du théâtre
qui nous occupe ici et qui après ce détour nous apparaîtra
sous une meilleure lumière.

*

**
Notons d'abord que si le théâtre nous a montré parfois,
avec Hamlet, que l'action n'est pas la sœur du rêve, il nous
fait voir toujours en elle la sœur du discours, rend claire
cette union de l'action et du discours que nous avons posée
en face du thème comme le premier terme d'un couple.
L'action au théâtre se forme, s'exprime, s'éclaire, se ralentit,
se précipite par des discours et des arrêts de discours : le
poète dramatique emploie les discours pour exprimer l'action
comme le peintre emploie les couleurs pour exprimer la
lumière.

Ceci posé, il y a des auteurs dramatiques qui conçoivent
leur œuvre essentiellement en discours et en action, d'autres
qui la conçoivent essentiellement en thèmes, et ces derniers
ne constituent pas comme dans la sculpture une exception
foudroyante mais, à l'exemple de la peinture, comme
un demi-chœur qui paraît sensiblement égal à l'autre.
Chez les Grecs, Sophocle et Euripide seraient des premiers,
Eschyle des seconds. Une pièce de Sophocle est conçue avec
la _même raison constructive, la même action ordonnée qu'une
toile de Raphaël. Ajax, Philoctète, Œdipe, une fois le minimum
de thème, l'esquisse générale donnée, entrent peu à peu
dans l'inspiration de leur auteur comme les parties d'une
œuvre vivante qui s'agencent aisément et puissamment.
Mais le Prométhée, les Perses, les Sept, les Euménides com-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

portent comme leur centre et leur être vivant un thème
fulgurant, avide, irrésistible, dont les mains s'avancent pour
saisir, presser, modeler à son image, jeter à la fonte pour
sa statue ou faire tournoyer dans son tourbillon tout le détail,
la marche et les héros du drame.
Le thème du Prométhée est unique et parfaitement simple :
c'estle héros humain réduit à l'immobilité, lié au roc, et, autour
de cette figure imposée elle-mêmecommeunrocaucentrede
l'imagination d'Eschyle, le reste du ciel et de la terre, les
dieux et les puissances marines, la parole et le mouvement
saisis dans le seul tragique du contraste parfait qui les oppose
à elle : le silence de Prométhée contre la parole de ses deux
bourreaux, la parole de Prométhée contre le silence des cieux
et des mers, la montée des Océanides lentes, humides et
blanches devant le dur rocher du captif et sa volonté plus
dure encore, - et surtout le passage de l'autre victime des
dieux Io la génisse errante en fuite sur la terre sous l'aiguillon q:U {,excite. Evidemment Io n'importe pas à l'action.
C'est un hors-d'œuvre. Mais un hors-d'œuvre exactement
pareil à la petite fille au coq dans la Ronde de Nuit, et qui
devient, pour le regard qui saisit le thème en plongeant à
l'intérieur de l'œuvre, le cœur même de l'œuvre, et le thème
du thème. Eschyle ne pouvait pas plus éviter cette figure, que
Rembrandt la sienne. Son thème comportait dans sa forme
plastique une rencontre analogue à celle du Sphinx et de
la Chimère. Et Flaubert ne vient pas ici au hasard. Nous
sommes bien, dans la forêt littéraire, à une croisée des ch~m.ins. Flaubert réalise peut-être chez nous, le type le plus saisissant du romancier qui pense par thèmes, comme Eschyle.
C'est ainsi qu'il faut comprendre un mot de lui qui a pu
paraître bizarre et qui dit à peu près üe cite de mémoire):
• Dans SalammM, j'ai voulu donner l'impression de la couleur
jaune. Dans Madame Bovary j'ai voulu faire q_uelque ~hose
qui fût de la couleur de ces moisissures des coms où il Y a

RfFLEXIONS SUR LA LITTfRATURE

des cloportes. Quant au reste, le plan, les personnages, cela
m'est bien égal. • Il n'y a qu'à ôter à cela tout l'appareil
mystificateur pour en reconnaître la substance vraie.
Il est naturel qu'un art dramatique construit de thèmes
ait moins qu'un art dramatique, fait essentiellement de discours et d'action, une tendance à créer une suite, un genre, une
école. Eschyle reste isolé dans la dramaturgie grecque. La
tragédie française ne procède pas plus que celle de Sophocle
et d'Euripide par thèmes : il y a d'ailleurs des exceptions,
il semble qu'on reconnaisse un thème originel, simple et
puissant dans le Cid, Polyeucte, Athalie. On se rendra d'ailleurs assez bien compte de l'origine d' une pièce en imaginant
sur elle une ouverture musicale, et en cherchant si elle rend
ou non comme source de cette eau nouvelle. Gounod et Massenet ont eu beau faire un Polyeiute et un Cid médiocres : ils
ne se seraient jamais risqués à une audace pareille sur
Mithridate ou N1comède. Mais Shakespeare, Gœthe, Ibsen
sont trois types d'auteurs dramatiques qui pensent leurs
drames par thèmes. Hamlet et la Tempete, Faust et Iphigénie,
Peer-Gynt et Brand ne sont point isolés dans leur œuvre, ils
appartiennent à tout un massif qui les soutient et les élève.
On pourrait montrer dans Claudel un type remarquable de
ces auteurs dramatiques à thèmes (le contraire exactement
des auteurs à thèses). Je m'en tiens à Shakespeare, ou
plutôt à Comme il vous plaira.

•••
Le thème de Comme il vous plaira se retrouve dans beaucoup de pièces de Shakespeare et il n'en est pas qui l'ait
davantage hanté. C'est ce qu'on pourrait appeler d'un mot
le thème de l'exil. Certaines valeurs de bonté, d'intelligence,
de lucidité, de nervosité excessive sont de trop ou ne sont pas

�782

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à leur place dans une cour royale, livrée aux ambitions, aux
fureurs et aux vices (Souvenez-vous de l'histoire d' Angleterre sous Henri VIII et ses trois enfants.) C'est le sujet de
la première pièce de Shakespeare,Peinesd'Amou,-pe,-dues,et
de la dernière, la Tempete. C'est, sous des formes variées, le
sujet de HamleJ, du Roi LeaY, et aussi de Co,-iolan, et même
de Roméo, où l'amour est exclu du monde comme le génie
l'est de la cité et de la cour. Et c'est le thème de Comme il
vous plafra. D'après les détails que donne M. Lefranc sur
lord Derby, il ne serait pas invraisemblable que ce thème ait
été dicté à Stanley par les circonstances de sa vie.
Il ne serait pas plus invraisemblable qu'il ait été imposé
au génie de Shakespeare par sa condition sociale, qui l'exilait
sur les planches d'un théâtre, mais qui lui permettait de faire
de ce théâtre une sorte de forêt des Ardennes ou d'ile de
Prospéro où s'élevaient librement ses rêves et ses magies.
Ce thème est installé dans le théâtre de Shakespeare avec la
même obstination que l'est, par exemple, dans l'œuvre de
Victor Hugo, le thème du paria ou du condamné qui se
relève et qui fait rouler sur la tête des puissants une masse
formidable d'invectives et de lyrisme, - un discours d'oppo
sition rentré qui s'épanche sur le papier, les apostrophes de
Saint-Vallier, de Ruy Blas, de Barberousse, de Gwynplaine,
les Quatye jouYs d'Elciis, et, comme si tout cela n'était
qu'essais imparfaits d'une merveille en gestation qui cherche
son heure et sa voie, la transfiguration étoilée du thème
dans le Saty,-e.
Le thème ainsi donné, l'essentiel n'est pas de l'enchaîner
à une action ininterrompue, mais de le manifester par toutes
ses figures et de convoquer autour de lui les réalités dramatiques qui lui conviennent. Ces réalités dramatiques, ces
personnages et ces artifices sont fournis à Shakespeare par le
théâtre même de son temps, par le génie de ces planches
sur lesquelles il joue, pense et vit, par des thèmes dramatiques

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

généraux, qui sont liés à l'être d'une troupe anglaise au
xv18 siècle et particulièrement de celle qui au Gtobe subit
l'influence de Shakespeare.
Le thème de l'exil, de la solitude, n'est pas nécessairement
dramatique. On peut même dire qu'à l'état pur il ne l'est pas
du tout. La dernière chose qu'on puisse tirer de Robinson
c'est évidemment un drame. Le théâtre sera dès lors conduit
d'abord à placer dans une solitude relative un groupe plutôt
qu'un individu, et surtout à varier le thème en lui faisant
animer diverses figures, divers groupes de solitaires ou d'exilés
qui s'entre-croisent et dont le chassé-croisé, joli bouquet
dispersé que nouera l'ingénieuse Rosalinde, entretient la vie
délicate et fleurie de la pièce. C'est le vieux duc et sa cour,
c'est Rosalinde et Célia, c'est Orlando. Les pas des personnages dans cette forêt des· Ardennes sont réglés par une
invisible musique de ballet, par quelque Ariel caché dans
les feuillages.
Que les planches du théâtre shakespearien soient débitées
à même le bois de cette forêt solitaire, c'est ce que nous
suggère un autre thème, celui que j'appellerais le thème du
théâtre au théâtre. Shakespeare ne tient nullement à nous
faire oublier que nous sommes au théâtre, et l'on sait combien &lt;
les artifices de mise en scène illusionniste sont étrangers au
drame anglais. Lui-même et les personnages de sa troupe
sont présents dans ses pièces comme Véronèse et ses contemporains dans les Noces de Cana. De là son goût pour la pièce
dans la pièce, les comédiens intercalés dans l'action, comme
dans Hamlet, le Songe d'une Nuit d'été, les]oyeuses.CommèYes.
Ici les acteurs ne paraissent pas, mais le poète ;t ses héros,
qui ont fait du théâtre, de la forêt spirituelle et poétique leur
monde, savent que ce théâtre tient le monde, et que le monde
n'a rien qui ne se trouve au théâtre. Le couplet de Jacques
est même le plus célèbre de la pièce : « Le monde entier est
un théâtre où tous, hommes et femmes, sont de simples

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

acteurs : ils ont leurs entrées et leurs sorties, et un homme
dans sa vie joue plusieurs personnages; les actes de sa pièce
sont répartis en sept âges. , L'optique du théâtre shakespearien est ici complétement différente de celle du théâtre
français. Dans ces longues scènes, inutiles à l'action, où les
personnages échangent des pointes et des tirades, ils parlent
non l'un pour l'autre, mais pour le public, comme dans une
parade de clowns ou de foire. On retrouve le même genre
dans ce joli théâtre de la Foire, de Lesage et d'Orneval, qui
encore aujourd'hui n'est pas désagréable à lire. Sur une autre
ligne, on le rencontrait assez ordinairement non seulement
chez Aristophane, mais chez Euripide dont les acteurs, quand
ils débitent leurs maximes, sont bien des acteurs, s'adressant
à la foule. On serait mal venu à dire que tout cela n'est pas
du théâtre.
A ce thème se rattache celui du bouffon ou du fou, personnage qui ne sert en rien à l'action et qui est presque obligatoire dans la comédie shakespearienne. Le bouffon anglais
n'a rien du valet de comédie ni du gracioso. Le seul personnage avec lequel ou puisse le confondre est son compatriote,
le clown qui lui survit encore aujourd'hui. Le bouffon saute
même de la comédie dans la tragédie: c'est le fou qui accompagne Lear sur la lande, et le personnage de Hamlet en est
peut-être, transposé très haut, la forme idéale. Si Comme il
vous plaira est animé par les saillies du fou Touchstone, si
on y trouve au premier acte un combat de boxe, c'est en
partie parce que cela plaisait au génie de Shakespeare, mais
en partie aussi parce qu'il fallait donner à certains acteurs
de la troupe du Globe leurs rôles habituels, comme à !'Arlequin ou à la Colombine du théâtre italien. Un spectacle danS
un fauteuil n'eût pas été grevé de ces servitudes, si légères
d'ailleurs à porter.
Enfin les mêmes nécessités de matérialité théâtrale
expliquent aussi dans Comme il vous plaira et ailleurs un

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

caractère très habituel de la comédie shakespearienne, le
thème des travestis, les jeunes filles qui s'en vont dans le
monde déguisées en garçons. N'oublions pas que tous les
rôles féminins étaient alors tenus par des adolescents, que les
plus aimables ou les mieux disants étaient étrangement à la
mode, au point que des théâtres entiers de jeunes garçons
faisaient une concurrence redoutable aux théâtres d'hommes
(voyez Hamlet). Je ne m'inquiète pas de savoir ce que le
diable pouvait au juste perdre à cette exclusion des femmes;
mais je vois bien que ce trait importe fort quand on considère les caractères féminins de Shakespeare. Cet homme de
pur théâtre n'avait pas d'actrices autour de lui, et cela nous
écarte beaucoup de Molière et de M. Sacha Guitry. Aussi
ne trouverait-on pas dans son théâtre une Chimène ou une
Pauline, une Agrippine ou une Phèdre, une Agnès ou une
Célimène. Ni Desdémone, ni Cléopâtre ne vont bien loin.
Le vrai charme de ses créations féminines se trouve dans
certains types de jeune fille (Rosalinde et Cœlia en sont deux
échantillons exquis) qu'animent une grâce, une loquacité, des
insolences de page. Elles flottent un peu incertaines sur les
limites des deux sexes, leur travesti n'en est pas un, elles pourraient dire comme Ruy Blas : Je suis déguisé quand je suis
autrement. Chataubriand, dont le goût littéraire est si sûr,
les appelle de charmants éphèbes. Il est clair qu'elles sont
nées elles aussi sur les planches et que Shakespeare les a
créées à la mesure et d'après les traits extérieurs des
garçons turbulents ou tendres qui leur prêtaient leur figure.

•••
Le théâtre de Shakespeare est donc bien du théâtre. Reste
que ce théâtre nous parait aujourd'hui très différent du
nôtre et qu'on ne saurait demander à un Français ni même à
50

�786

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un Anglais de se faire la mentalité d' un Londonien d 'Elisabeth. Une pièce de Shakespeare, pleine à craquer des
éléments les plus divers, devait satisfaire à elle seule à des
besoins différents de l'esprit qu'une division du travail dramatique a contentés depuis par des spectacles différents. Elle
tenait lieu d'opéra-comique, de tragédie, de comédie, de
cirque. Elle tenait aussi lieu de romans. Beaucoup ne savaient
pas lire et l'imprimerie ne suffisait pas à toutes les curiosités.
Les pièces de Shakespeare, qui découpent généralement en
scènes des chroniques, des histoires, des nouvelles dont elles
suivent assez fidèlement les lignes, • montraient » ces livres
au public, comme la peinture, la sculpture et surtout les
mystères du moyen-âge lui montraient les écritures. Le
drame anglais, c'est le mystère transplanté dans l'histoire
profane. Quand certains courants ont reporté le goût du
public sur cet art de thèmes et de totalité indivisée, il trouve
là une clef qui lui permet de rouvrir Shakespeare et de le
mieux goftter : le succès de la Nuit des Rois au Vieux-Colombier a été fait un peu, malgré le contraste de la mise en scène,
par le public des ballets russes.
Cela n'empêche pas que le théâtre de Shakespeare, n6
du livre, retourne volontiers au livre. Au théâtre même,
l'infl.uence de Shakespeare n'a pas été très heureuse : ce que
lui doivent Ibsen et M. Maeterlinck n'est pas ce qu'ils ont
de meilleur. En revanche c'est de lui, authentiquement, que
descend ce spectacle dans un fauteuil qui est peut-être le
vrai chef-d'œuvre dramatique français du x1xe siècle : le
théâtre d'Alfred de Musset, qui de Loremaccio à Ba,beri,u
suit tant de sentiers shakespeariens; - le théâtre non joué
de Victor Hugo, qui ne contient pas seulement Mangwotllils ? et les pièces inégales du TM/Jtre en Liberté, mais ce
joyau des Deux trouvailles de Gallus, que notre scène aurait
d~ depuis longtemps recueillir comme une merveille par·
faitement jouable, hautement dramatique, et que presque

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

787

personne ne connaît, parce qu'il est enseveli d
V t d l'E .
ans ces Quat,,e
en s e sP,it dont trois sont réellement po ü .
ce délicieux théâtr d
.
uss s, - enfin,
e e Renan qui, avec Caliban et l'Eau de
Jouvence nous fait voir quel beau domaine ét ·t
1
.
losophie l'île de Prospé
ai pour a phiro, et comme elle y entre au1·ourd'h .
encore de plain-p1·ed . Né du livre, déployé sur les planches
w
co~me sur son domaine naturel, le théâtre shakespean·
revient' au livre pour 1u1· msmuer
• .
en
ses esprits les plus vivants
et ce n est là encore que l'_un des chemins de l'un à l'autr;
desquels peuvent aller en liberté ses inépuisables puissances.
.
ALBERT

THIBAUDET

�NOTES

788

NOTES

SUR LE PARTI DE L'INTELLIGENCE.
Nous t'ecevons de nott'e collaborateut' Jean SchlumbergM
la lettt'e suivante :

Mon cher Rivière,
Si j'étais catholique, j'aurais signé le manifeste du Parti
de l'Intelligence. Tout ne m'y plaît pas également. Je reconnais que plusieurs de tes critiques sont judicieuses et dénoncent des malentendus auxquels il est bon de rester attentifs. Je suis fort hostile à un goût de l'ordre qui tend à
exclure, à limiter, à faire du protectionnisme intellectuel,
plutôt qu'à conquérir, assimiler, plier toute chose en vue de
nos habitudes et de nos besoins. j'estime qu'en temps
normal nous avons l'estomac assez bon pour pouvoir nous
passer de régime. Mais, malgré cela, j'aurais signé, précisément parce que je ne parviens pas à me persuader que nous
soyons sortis de cette ère troublée où des« mesures de salut
public, restent nécessaires. La guerre est terminée, je veux
bien le croire puisque me voici démobilisé ; mais elle nous
laisse en face de tels dangers, si mal armés au dedans comme
au dehors, que nous goûtons la joie de la trêve sans oser
nous laisser aller à l'insouciance de la paix.

Pour arriver à nous mettre tout entiers au service du
pays, nous avons dû sacrifier tant de goûts, de préférences,
d'habitudes intellectuelles, l'effort a été si rude que, s'il faut
recommencer à brève échéance, nous demandons à ne pas
perdre notre entraînement. A notre âge, on n'est plus assez
souple pour se donner et se reprendre plusieurs fois. Pendant
cinq ans, nous n'avons raisonné, jugé, espéré qu'en fonction
de la France. Parfois il nous a fallu haïr là où nous aurions
peut-être éprouvé naturellement de la sympathie ; il nous a
fallu nouer des amitiés auxquelles notre instinct ne nous
aurait peut-être pas portés. Puisqu'on nous accorde quelque
répit, corrigeons. ce que la nécessité nous avait imposé d'un
peu trop contraire aux démarches naturelles de notre esprit ;
mais nous n'allons pas, à la façon des politiciens, changer
d'alliances comme de chemises. Notre attitude pendant la
guerre n'a rien eu de commun avec un geste politique; nous
ne nous sommes pas prêtés mais donnés ; ce n'est pas la
même chose.
Je reconnais parfaitement que l'intelligence n'a toute
sa force créatrice et toute sa vertu de rajeunissement que si
elle peut, à certains moments et dans certains esprits,
s'exercer, s'éployer et prendre son élan, sans aucune préoccupation utilitaire. Mais ces beaux ébats, ces fécondes révoltes
ont besoin d'espace et de loisir. Il faut avoir beaucoup de
temps si l'on veut pouvoir faire des écoles, revenir sur ses
pas; il faut jeter sa vieille armure pour en essayer une nouvelle, c'est-à-dire rester momentanément désarmé. Pour
cela, il ne faut pas que le Boche puisse nous retomber sur le
dos d'une minute à l'autre.
Tu l'as fort bien montré toi-même : toute une partie de
l'humanité tend à aliéner certaines prér ogatives de sa
liberté afin de s'assurer plus de bien-être. C'est une puissante tactique et qui a ceci de fâcheux qu'elle force les autres
à faire de même, s'ils ne veulent pas être anéantis. Or, tant

�790

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'à aliéner quelque peu de notre liberté intellectuelle,
mieux vaut le faire librement et pour vaincre, que vaincus et
par épuisement.
u Pour moi, dis-tu, l'intelligence est d'abord le moyen
de distinguer ce qui est de ce qui n'est pas. • Voilà qui est le
mieux du monde, mais qui nous laisse en somme à la contemplation de nos ruines. Le Parti de l'intelligence ne prétend
point du tout, que je sache, saper les bases de la philosophie.
Il ne s'agit pas d'empêcher un Descartes de s'enfermer dans
un , poêle » afin d'y chercher la vérité ; il s'agit de ramener
un peu d'ordre, de discipline, de discrétion, dans la république bruyante et brouillonne des lettres. Nous poursuivons,
dans la Nouvelle Revue FraHfaise, un but assez semblable.
Alors pourquoi ne pas saluer, avec une joie plus ingénue, la
formation d'un groupe dont nous rapprochent tant de préoccupations communes ?
Je ne voudrais point paraître déprécier un métier que
j'aime, que je respecte etauqueljeconsacretoutesmesforces.
Mais mon voisin le cordonnier a, lui aussi, sa fierté professionnelle ; pour rien au monde il ne manquerait à l'honnêteté
d'un ressemelage; et pourtant il ne se met pas dans la tête
que tous les intérêts du pays doivent s'effacer devant ses
semelles. Que le jour vienne bientôt où la pensée française
pourra de nouveau se permettre tous les luxes, tous les jeux,
toutes les prodigalités, je le souhaite autant que personne;
d'ici là, il manquera quelque chose à la beauté du monde.
Mais l'essentiel reste provisoirement d'assurer un peu de
recueillement et de silence autour de ceux qui s'efforcent
de reconstruire en France autre chose qu'une tour de Babel.
Et, tout comme au cours de ces cinq années, il reste nécessaire que les bavards ne fassent pas chez nous le jeu de l'ennemi. Ne voyons-nous pas des esprits, dont plusieurs méritent
par ailleurs la sympathie et même l'admiration, s'oublier
jusqu'à vouloir causer des intérêts de l'art avec ceux qui nous

NOTES

791
ont ~émoli Reima? Ne Mt-ce que pour empêcher de telles
trahisons, le Parti de l'intelligence a aa raison d'~tre.
JEAN SCHLUMBERGER

SAINTE CATHERINE DE SIENNE, par
Jœrgensen (Gabriel Beauchesne).

1

J ohannès

L'attention que nous prêtons depuis un peu plus de vingt
ans au mouvement des lettres scandinaves aura été accaparée par _les auteurs qui nous semblaient le plus franchement exotiq~es, le plus hardis et le plus différents de nous.
En~ore fa~t-il être bien sûr qu'ils ne nous renvoyaient pas,
maintes
, fois, notre propre écho .· n'a-t-on pas cru d"iscerner
dans 1 œuvre d'Ibsen telle survivance d'idées qui avaient
eu chez nous leur temps de vogue ·~ Il n'entre pas d ans ma
pensée de contester la valeur, l'importance du grand dramaturge de Rosmersholm et ce n'est pas le lieu d'apprécier
la !'°rtée morale et sociale de ses ouvrages ; ils ne se défendaient pa_s d'en avoir une, cependant. _ En Danemark
on_ nous ~t louer Georges Brandès d'avoir dressé l'étendard
pns à Nietzsche contre toutes sortes de traditions dont
beau~up étaient de chez nous. Il faut en convenir: Danois,
Suédois ou Norwégiens, nous ne rayonnions plus sur eux, mais
eux sur nous, comme ils faisaient déjà et plus facilement
sur l'Allemagne. Il eût été de bonne politique, pour tenir la
balan~e _égale, d'encourager là-haut les rares écrivains qui
trav~laient encore pour la latinité et notre influence abolie.
A~ fait, en restait-il un seul ? Un, tout au moins, et de première marque, Johannès Jœrgensen : Wyzewa nous le
présentait. Mais il n'Hait pas bien commode d'émouvoir
alors la jeune critique, tout avide d'étrangeté, à propos

�79 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'un auteur qui n'était venu de si loin que pour nous entretenir de ses voyages d'Italie, d'Assise et du bon Saint François. Nous attendions d'autres breuvages; non le Chianti,
mais l'hydromel. Voici l'occasion de réparer notre oubli,
notre erreur.
Il n'est pas possible de détacher de sa vie les ouvrages
de J oergensen. Dans le groupe de Georges Brandès où il
débuta jeune il n'était pas le moins brillant. Nature délicate,
rêveuse, mais entière, il secoua le protestantisme pour épouser
avec violence l'immoralisme et l'athéisme nietzschéen. Il
était désigné pour mener à l'assaut la horde. Or, au cours
d'un voyage en Bavière, puis en Ombrie, il rencontra la
liturgie, dont il ignorait jusqu'au nom, c'est-à-dire la personne même de l'Eglise avec son port de tête, sa démarche,
sa grande voix. Etant artiste, il la trouva si belle qu'il
voulut l'admirer de près. Il y fut pris. La liturgie l'attira
dans un cloître et, là, le présenta au « Poverello », Saint
François. Quand il rentra dans son pays, ses amis eurent peine
à le reconnaître. Il rapportait la certitude intime d'avoir
approché non un mythe, non le plus beau des mythes, mais
la plus exacte réalité : hélas ! aussi la plus pressante. Pourtant, il ne se rendait pas. « Alors - je le laisse parler - il
s'aperçut tout à coup d'une vérité singulière : il comprit qu'il
y avait en lui une répugnance préconçue contre le miracle
et que c'était lui-même qui, de toutes les forces de son âme,
s'opposait à l'admission des pensées religieuses. Il constata
qu'il y avait en lui une volonté formelle de ne pas croire
et que c'était uniquement à cause d'elle qu'il s'obstinait à
suggérer des arguments à son incroyance. 1 Il brisa cette
volonté, qui est volonté propre, amour-propre et orgueil,
et il mit désormais sa plume avec« toutes les forces de son
âme » au service de ses nouvelles et définitives convictions.
Léon Bloy, devant qui il avait trouvé grâce - et c'est

NOTES

793

tout dire - le malheureux, affreux et magnifique Bloy, a
tracé un jour son portrait : • Il a jusqu'à l'outrance, écrivaitil, le type de ces mangeurs de chandelles venus des plateaux
tartares, qui entreprirent au xne siècle d'avaler tous les
luminaires de l'Occident... Puis l'étrange douceur de cette
face patiente l'a transfigurée pour moi et je me suis cru
en présence d'une tranquille image byzantine des belles
époques... Figure isocèle, pénitente et contemplative... 1
Et par surcroît, ajoute Bloy, «intelligent». Je n'ai pas, dans ses
livres, retrouvé le Tartare. Mais peut-être, à dater du Livre
de la Route, le premier de lui que nous connaissions, avait-il
déjà pris l'empreinte du poète sacré d'Assise, dont le primitivisme latin, quedis-je français (François n'est-il pas né d'une
mère provençale et ne parlait-il pas notre langue par goût?)
est aussi loin de la Caspienne que de Byzance. En ce cas, il
y était donc prédestiné. La limite de I'« asiatisme , en
Joergensen, c'est Henri He.i.ne - le Heine voyageur, celui
que Paris poliça. Par le cœur peut-être sauvage, mais par
l'esprit, méditerranéen.
Le Livre de la Route est le charmant portique du monument qu'il éleva au Saint d'Assise. Il descend vers l'Italie,
comme Goethe, et croit peut-être n'y trouver que les Dieux.
Il regarde beaucoup autour de lui, tout le captive ; il a de
l'humour, il sourit : il est ivre de poésie; ici rêveur, là impressionniste (on songe aux Reisebilder), il sait conter et il sait
peindre, avec des traits un peu tremblés, déjà très purs; il parle
volontiers de soi ; mais né s'agit-il pas d'évoquer les étapes
de son chemin pittoresque vers le salut? Il est comme nous
tous et il aime trop son histoire ; il mêle le dilettantisme à
la plus profonde sincérité ; on remarquera dans ces pages
l'admirable récit de la rencontre légendaire de Don Juan
avec la Mère de Dieu. - Dès les Pèlerinages Franciscains,
l'auteur se perd au paysage ; le paysage est habité par plus
pur et plus grand que lui. Pourtant, il peint encore pour

�794

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

peindre et il ne cache pas le plaisir qu'il a à nuancer sur sa
palette les couleurs infiniment tendres qui sont celles
qu'on voit aux Gozzoli de Pise et aux tableaux d'autel de
Fra Angelico. - Mais pour dresser enfin le dôme, pour
écrire la grande vie de Saint François 4 qui ne pâlira pas c'est le plus bel éloge qu'on puisse en faire - à côté de celle
de Sabatier, il dépouille sa fantaisie : l'artiste a résolu de se
doubler d'un érudit. Il s'astreint, des années durant, au plus
ingrat labeur critique. Puis chaque texte, chaque détail
du texte, il tient à l'éprouver au jour. Pas une pierre où Saint
François ait pu s'asseoir, pas un bosquet où les oiseaux « ses
frères » se soient posés au-dessus de sa tête, pas une de ses
traces à la route, que Joergensen n'ait «relevés» sur le terrain. Il aura respiré dans la même saison l'air de Rivo Torto
et de l'Alveme, à toutes les heures du jour contemplé le
même pays, enfin prié aux mêmes places. Il a chassé des
textes ce qui semblait douteux ; la nature, qui ne ment pas,
comble les vides de l'histoire. Ayant vécu avec scrupule une
« imitation » du saint, comme le saint avait vécu une
« imitation » de son maître, il est prêt et n'a plus qu'à laisser
la plume courir.
Dès lors, J oergensen a trouvé sa voie. Pourquoi chercher
ailleurs? Que proposer au monde sinon l'exemple des héros
de la chrétienté ? Quel sujet plus digne de l'art ? Il sera le
Jacques de Voragine d'un temps décatholicisé. Par lui, les
saints qu'il aime rentreront dans la vie ; ils valent bien
Zarathoustra.
Les saints sont les aventuriers de l'Eglise. Ils veulent
devant eux le plus profond espace. L'Eglise est assez vaste
puisqu'elle monte jusqu'à Dieu. Ils en sortent parfois, mais
pour y rentrer plus dociles. Tous n'y sont pas nés, mais tous
y mourront. Ceux-ci auront couru la moitié de leur aventure
r. Saint François d'Assise. (Perrin.

1

vol.)

NOTES

795

dans le péchê du siècle ; ce ne seront pas les moins grands ;
au jour choisi, il~ forceront la porte et s'il faut, sauteront le
mur,quitte à s'y déchirer les mains, au prix du sang. On n'en
connaît pas deux qui aient suivi la même voie; mais toutes se
joignent au même point. Il y a là de quoi nourrir des milliers
de drames et de romans épiques - qui seront vrais. - Pour
marquer cette div~ité admirable, à Saint François d'Assise
Joergensen oppose aujourd'hui la fille ardente et sévère de
Dominique, Catherine de Sienne, la Sainte de la volonté.
Il l'a choisie bien sûr pour faire pénitence; Saint François
lui était trop doux. Il l'avouera dans sa Préface, il ne vint
pas à elle par le cœur : « Il y a dans la nature énergique de
la Siennoise un je ne sais quoi d'esprit de domination, un élément de tyrannie qui me déplaisait... » Elle forme contraste
absolu avec le« doux ombrien qui préférait voir s'effondrer
l'œuvre de sa vie plutôt que d'user de pouvoir et d'autorité
comme les Podestats de ce monde.» Oui! Catherine dit:« je
veux»,jo voglio,maispour le bien, et le dit d'abord à soi-même;
quand on l'a bien compris, ce« je veux», vous devient aimable.
C'est ce qui advint à l'auteur. Par toute une jeunesse de
plaisir, n'oublions pas que François a purgé son corps et son
âme du trop-plein de la force et de la passion. Dès l'âge de
six ans Catherine se donne; l'exubérance de son tempérament
de feu devra se déployer, jusqu'à sa dernière heure, dans le
cadre d'une fi.délité si étroite que celle-ci sera à peine interrompue autour de la quinzième année par une crise de frivolité et quelques mois plus tard par un' furtif regret du monde
dont on nous dit que la Sainte a porté jusqu'à la tombe le
remords. Sous cette compression implacable la prière devient
extase, la pensée vision et l'action combat. Pas une vérité
reçue qui ne commande à la minute un geste ; Dieu n'entre
pas dans la cellule, il attend la Sainte à la porte pour l'attirer
dans le siècle où elle portera sa cellule avec soi. Chez
Catherine comme chez Jeanne d'Arc, la prière est publique,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

active, ba~euse, mais ·elle n'a pas besoin de glaive pour
frapper.
L'Italie est en feu, les partis la déchirent, Rome se bat
contre Florence et Sienne contre Sienne ; l'empereur et le
roi de France s'en mêlent; le condottière anglais Hawkwood
passe d'un camp à l'autre avec ses gens ; le pape s'accroche
à Avignon parmi sa cour décomposée; rentré dans ses Etats,
ce sera bientôt le grand schisme ; l'Eglise est divisée et
les fidèles parlent de « se croiser ,. Mais Catherine, la seule
Catherine veut la paix. Que ne fera pas la Siennoise t Elle
sait que « jamais Dieu ne nous impose de fardeaux plus
lourds que nous ne pouvons les porter. , Dans cette conviction
tout est possible à l'homme. Elle sera partout, elle sera l
tous, aux particuliers, aux Etats, à ses parents, à ses disciples,
à l'Eglise. Pour elle rien de trop grand et rien de trop petit,
rien de trop élevé et rien de trop vulgaire, lavant la nuit le
linge de ses frères, le jour apaisant les querelles entre ses
cousins, ici dépistant un complot et là dissipant un scrupule,
pansant, baisant d'horribles plaies, traitant avec les hommes
d'armes et rappelant au devoir les prélats - et tout cela
dans le jeûne et l'extase, dans la souffrance et le mépris
de soi.
« Ah ! s'écrie-t-elle, perdons nos dents de lait, ayons à la
place les dents solides de la haine et de l'amour. Revêtonsnous de la cuirasse de la Charité et du bouclier de la très
sainte foi et courons comme des hommes sur le champ de
bataille ; soyons fermes, avec une croix devant et une croix
derrière afin qu'il nous soit impossible de fuir... » Pour
aller au ciel il n'y a pas d'autre voie que celle-ci : « se perdre
soi-même», «chercher l'honneur de Dieu, le salut des âmes,
la paix des Etats ,. « Et moi, misérable femme, je ne suis
pas sur terre pour autre chose. » De quel accent elle entraîne
les siens au combat 1 « Que Dieu fasse de nous des mangeu,-s
d'times. ,: Elle-va aux grands, elle va _au Pape; après l'avoir

NOTES

797

supplié à genoux, elle se lève et lui commande: « 0 babbo
mio, doux Christ de la terre, suivez l'exemple de votre homonyme Saint Grégoire... Vous pouvez faire ce qu'il a fait, car
il était homme comme vous et Dieu est toujours ce qu'il était
alors; il ne nous manque que la vertu pour le zèle et le salut
des âmes... • Qu'il ne soit pas celui « qui fait semblant de ne
pas voir les défauts et les péchés de ceux qui lui sont soumis
afin de n'être pas obligé de les châtier» ou qui «s'il les châtie,
c'est avec tant de nonchalance et avec une telle lâcheté de
cœur que ses reproches ne sont qu'un onguent posé sur le
vice... Et cela, parce que s'aimant lui-meme, il craint de
déplaire aux autres, et de s'attirer des ennemis. , Elle est
venue à Avignon, elle a plaidé devant Grégoire la cause du
retour à Rome et elle ajoute : «Ne soyez pas un enfant timide,
soyez un homme t ouvrez la bouche et prenez ce qui est
amer pour ce qui est doux.» « Vainement, écrit Joergensen,
les cardinaux éclatèrent en sanglots, vainement le père de
Grégoire... s'étendit sur le seuil de la porte en conjurant son
fils de rester. L'âme toute pleine de l'énergie surnaturelle
de Catherine, Grégoire passa sur la tête grise de son père,
tandis que seslèvresmurmuraient: «Il est écrit: Tu marcheras
sur l'aspic et sur le basilic. , Ainsi elle soutenait la double
tàche de réformer au-dedans le chef de l'Eglise en le défendant au dehors. « Je sais, écrivait-elle, que beaucoup ne
croient pas avoir offensé Dieu et qu'ils s'imaginent plutôt
lui rendre service en persécutant l'Eglise et ses ministres.
Mais moi je vous dis ce que Dieu veut et vous ordonne; lors
même que les pasteurs de l'Eglise et le Christ de la terre
seraient des démons incarnés, il vous faudrait bien être
soumis, non pas à cause d'eux, mais en vertu de l'obéissance
que nous devons à Dieu qu'ils représentent auprès de nous. »
Et toujours ce « je veux » qu'on l'entendait prononcer, nous
dit-on, jusque dans ses prières.
Faut-il se demander, comme fait Joergensen, pourquoi la

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

dernière heure de Catherine n'a pas été « aussi paisible que
celle de François d'Assise • ? c Au moment suprême, des
doutes l'assaillirent, l'avocat du diable que devient la conscience, quand la lumière du monde de la vérité commence
à luire dans l'âme... lui souffla que l'œuvre de sa vie entière
n'avait été inspirée que par l'obstination et par la vanité... •
Hélas 1 l'homme d'action court plus de risques d'erreur
que l'homme de pure prière. Mais oublie-t-on de quoi Catherine payait la haute régence spirituelle qu'elle exerçait
à juste titre sur son temps? de quel oubli, de quel mépris,
de quelle persécution volontaire de sa personne ? Dans la
grande détresse de sa patrie, ravagée de vice et de haine,
qui accusait-elle d'abord ? Elle-même. • Il lui semblait qu'elle
était cause de tout le mal qui se déchaînait sur le monde,
car si, en telle ou telle circonstance, elle eût agi différemment,
ceci ou cela ne se serait point produit et les événements
eussent pris une tout autre tournure... C'est sous l'empire
de ce sentiment qu'elle s'abîmait toujours dans la .prière en
s'exclamant: « Peccavi, Domine miserere mei. • Et comment
n'eût-elle pas tout réclamé des autres, quand elle obtenait
tout de soi ? Mais il faut la voir dans sa charité. c Je l'attendis
donc au lieu de la justice (il s'agit d'un jeune condamn6
à mort, Niccolo Toddo, de Pérouse) en priant et en invoquant sans cesse l'assistance de Marie et de Catherine vierge
et martyre. Avant son arrivée je me baissais et je plaçais
mon cou sur le billot, mais sans obtenir ce que je désirais et
je priais et faisais violence au ciel et je disais: Maria I Je
voulais obtenir la grâce qu'elle lui procurât la lumière et la
paix du cœur à ses derniers instants... Mon âme alors fut
tellement enivrée de la douce promesse qui m'était faite,
que je ne distinguai personne, bien qu'il y e12t sur la place
une grande multitude. • Ainsi tout cela, en public. « Il arriva
enfin, comme un agneau paisible et en me voyant il se mit
à sourire. Il voulut que je fisse sur lui le signe de la croix.

NOTES

•

799

Quand il l'eut reçu, je lui dis tout bas: « '7a mon doux frère,
sous peu tu seras aux noces éternelles! • Il s'étendit avec
une grande douceur ; je lui découvris le cou et inclinée vers
lui, je lui rappelai le sang de l'Agneau. Ses lèvres ne proféraient que c Jésus 1 , c Catherine 1 • Et je fermai les yeux en
disant : c Je veux • et je reçus sa ttte entre mes mains. - Aussitôt, je vis l'Homme-Dieu dont la clarté ressemblait à celle
du soleil... Cette âme entra dans la blessure ouverte de son
côté et la vérité me fit comprendre que cette âme était sauvée
par pure miséricorde, par grâce, sans aucun mérite de sa
part... - Et cette âme fit quelque chose d'une douceur telle
que mille cœurs ne pourraient la contenir... Déjà elle commençait à goûter la suavité divine ; alors elle se retourna
comme fait !'Epouse, quand elle est arrivée au seuil de la
maison de !'Epoux : elle regarde en arrière et incline la We
pou, saluer et remercier ceux qui l'ont accompagnée. » Catherine ajoute : c Hélas 1 pauvre misérable, je ne veux plus rien
dire. Comment pourrais-je supporter de continuer à vivre
ici-bas sur cette terre 1 • C'est le cri qui revient sans cesse
dans ses Lettres intarissables et dans le Dialogue avec Dieu
qu'elle dicta en moins de six jours : c Amore, Amore, la
morte ti addimando l Amour, amour, je te demande la mort. •
Ah I quand donc" celle qui n'est pas, sera-t-elle en présence
de« celui qui est•• qui tant de fois lui fit entrevoir son visage 1
Cette vierge farouche a une cour de saints adorateurs ; un
seul osa un jour lever les yeux sur elle ; il s'enfuit aussitôt
et comme Judas, de honte - se pendit. Ils n'étaient pas là
pour tuer le temps, comme dans les jardins de Boccace ; elle
leur répétait le précepte du laboureur : , Ne détournez pas
la tête pour regarder la charrue•; quand ses yeux se fermèrent
ils n'avaient pas quitté la direction du sillon. - On sait que
les œuvres de sainte Catherine de Sienne comptent parmi les
monuments de la littérature italienne, au même titre que
les Fior,tti; tout entières « parlées , - Catherine n'écrivait

�800

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pas - elles ont la vigueur, la suavité, l'éclat, elles débordent
d'images savoureuses et décisives ; elles ont aussi la sagesse
même pour les non-croyants, car elles prêchent un amour
qui ne s'abstient pas et une volonté qui n'admet paa
d'obstacles. Joergensen n'ellt-il que vulgarisé leur leçon,
qu'il aurait beaucoup fait pour nous. Il a fait encore davantage. Il a rendu le souffle, la couleur et le mouvement à un
temps aboli qu'on s'aperçoit soudain n'être pas si lointain, si
étranger, si différent du nôtre que l'histoire nous le représente. Il a traité l'histoire comme le romancier traite la vie,
directement. La supériorité de sa Catherine cù Sienne sur
•on Saint François vient de là ; je mets à part les parties
narratives et descriptives de celui-ci, où tout son amour
s'épanchait et qui restent inimitables. Il a renoncé cette
fois, et je l'en loue, à mêler au récit la critique des textes ;
tout l'appareil scientifique est rejeté dans un appendice
final. Ayant fait ses preuves de loyauté et de sagacité dans
son premier ouvrage, il sait que le public de bonne foi lui
fait confiance désormais ; ce qu'il tient pour vrai, il le dit ;
quand il ne fait que supposer, il le remarque, et toute sa
matière est si bien digérée que le récit se développe égal et
sllr. C'est un récit à la française, sans bosses, sans tirades,
sans ornements, mais rempli d'agréments de toutes sortes.
Johannès Joergensen s'est imposé en Danemark, malgré
son schisme; réjouissons-nous que, là-haut, un écrivain de sa
valeur donne à ses compatriotes l'exemple de la façon logique,
calme et nuancée dont fonctionne l'esprit chez nous.
HENRI GHtON

*

••
LES CLOPORTES, roman par Jules Renard (Crès et C").
Il ne s'agit point ici d'analyser dans son ensemble l'œuvre
de Jules Renard. Voici de lui un livre posthume, et qu'il
s'est toujours refusé à publier. Ce n'est jamais sans

NOTES

801

appréhension que l'on voit sortir de telles reliques des
tiroirs où leur auteur les avait confinées. Dans le cas
actuel, cependant, l'initiative des héritiers n'est pas sans
justification. Non pas que les Cloportes puissent ajouter
grand'chose à la gloire de Jules Renard. Ils ne font
qu'éclairer son œuvre et d'une façon qui intéresse davantage les gens de métier, les critiques et les romanciers que le
public. Mais c'est là une qualité qui a sa valeur.
Les Cloportes sont le premier roman de l'auteur des
Histoires Naturelles. Il l'écrivit, nous dit son préfacier,
M. Henri Bachelin, qui le connut de près, à l'â.ge de
vingt-trois ans, de l'année 1887 au 30 juin 1889, en s'interrompant pour donner quelques nouvelles. Plusieurs fois
lelivre fut annoncé, mais Jules Renard ne se décida pas
à le publier.
Quelles furent les raisons qui l'en dissuadèrent? - Nous
ne les connaissons pas, et celles que nous donne M. Henri
Bachelin, c'est seulement de l'étude de l'œuvre de Jules
Renard, et un peu comme de lui-même qu'il les tire. Elles
paraissent pourtant vraisemblables : « Une certaine dramatisation de la vie... contre quoi, dès 1890, il commença de
protester par sa production personnelle. Déjà il avait pris
en aversion les combinaisons d'intrigues romanesques qui,
selon lui, au lieu d'agrandir la vie ou de la creuser en profondeur, n'aboutissent qu'à la déformer, les grands gestes
éperdus qui lui paraissaient caricaturaux, les fins à effet,
les récits rétrospectifs, en un mot tout ce qui n'était pas
l'expression exacte de l'existence humaine dans ce qu'elle a
de plus ordinaire et dépouillée de tout ce qu'il considérait
omme oripeaux de sentimentalité romantique et de faux
métier naturaliste. , Ajoutons que Jules Renard, de nature
méticuleuse, fut toujours difficile pour lui-même. Avec les
Cloportes, il inaugurait son écriture tout influencée par le
style artiste des Goncourt et il était tout naturel qu'il se
.51

�802

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

défiât un peu de ses premiers essais. Enfin, mais je donne
cette raison pour ce qu'elle vaut, à cet âge de vingt-cinq ans
qui est encore la jeunesse, n'éprouva-t-il pas, au moment de
livrer son roman au public, une sorte de pudeur qui pouvait
provenir de ce qu'il y avait trop de réalité et trop de sa vie
même dans le sujet, les personnages et le milieu du livre?
Ce serait bien, il me semble, dans le caractère de M. Lérin ou
Lepic.
Mais tout cela n'explique que la première décision, celle
du refus de publication aussitôt le roman écrit. Dans la suite,
Jules Renard ne pouvait-il le retoucher ?-M. Henri Bachelin
ne considère pas la chose comme impossible puisqu'il en a
eu lui-même l'idée - du moins en ce qui concerne la première
partie : 1 Ces quinze chapitres j'aurais pu, les retravaillant
après lui, selon - autant qu'il m'eût été possible - la
méthode qui fut la sienne pour écrire le reste du livre, les
amener au ton général. » Pourquoi Jules Renard, qui
avait de la patience, de l'obstination même, n'entreprit-il
pas une besogne qui n'avait rien d'insurmontable et qui
lui eût permis de ne pas laisser perdre le travail de deux
années?
Eh bien, je ne crois pas me tromper en disant que Jules
Renard a bel et bien recommencé les Cloportes et qu'il les
a publiés. Seulement il leur a donné une autre forme et un
autre titre, plusieurs autres titres même, dont le principal est
Poil de Carotte. Tous les principaux personnages de ce premier
roman, nous les retrouvons en effet dans son chef-d'œuvre:
la famille Lérin est devenue tout simplement la famille Lepic
et Honorine est restée Honorine. Seule Françoise manque ;
mais n'est-ce pas elle qui est le personnage romantique des
Cloportes, et n'est-il pas tout naturel que Jules Renard l'ait
supprimée? Voilà encore, sans nul doute, le même village
de la Nièvre, les mêmes paysans, la même maison avec le
même jardin, le même puits et le même banc dans le jardin,

NOTES

803

Voilà aussi presque les mêmes scènes, et les mêmes idées.
(L'anticléricalisme de M. Lepic, dans Poil de Carotte et
la Bigote, ne le voit-on pas déjà apparaître dans le chapitre XVIII des Cloportes ?} D'ailleurs M. Henri Bachelin ne
reconnaît-il pas que l'auteur exploita lui-même son roman
lorsqu'il écrit, toujours dans la préface: « Et l'on ne manquera
point d'établir des comparaisons entre la forme des chapitres
extraits de ce roman que Renard corrigea pour les publier
de son vivant en manière de contes, de chapitres indépendants ou de notes, et la forme que primitivement il leur avait
donnée dans les Cloportes. • Ayant utilisé son livre de cette
façon, Jules Renard, dont on sait la probité, pouvait-il
vraiment le publier ensuite dans sa première rédaction ? II
en avait tiré parti, il ne pouvait plus que le garder secret dans
ses tiroirs. Pour lui, ce n'était plus un roman' une œuvre
mais une esquisse ou plutôt une suite d'esquisses de valeur
uniquement personnelle.
Pour les critiques, pour les curieux de l'histoire littéraire
il est précieux de découvrir aujourd'hui les Cloportes. Il~
en comprennent mieux Jules Renard qui leur apparaît
ainsi, obstinément, patiemment, amoureusement, !'écrivain
d'un seul livre - le livre de son village. Ce livre, il le travailla
toute sa vie, le reprenant page par page, faisant de chaque
page une sorte de dessin, d'eau-forte, qu'il poussait davantage à chaque reprise, apportant plus d'exactitude dans le
détail, creusant le trait, marquant surtout le caractère
expressif des êtres et des choses - à la manière des artistes
japonais dont les Goncourt avaient, eux aussi, pris pour
m~èle l'art fini et tourmenté - mais en ajoutant au style
artiste cette marque bien à lui, l'ironie sèche et pincée parce que les hommes et leurs actions, il les jugeait en en
traçant l'image.

.

GASTON

SAUVEBOIS

•

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LA CRITIQUE D'ART ALLEMANDE.

, Pa, la ressemblance fondamentale (d'essence) de tout le
particulier, cet absolu perd sa valeur individuelle, et le sous•
humain sur-individuel c'est le • rien , indifférent, insensible,
privé d'être, ni petit, ni grand, ni triste, ni foyettK ; le supra.
personnel veut ici communique, aans la sur-humanité. Il
n'y a ici ni volonté, ni but. L'arbre n'est pas une individualité
séparable, dont la forme rendrait compte des lois de sa crois•
sance - aussi peu que l'est le corps humain. Chaque eKpérience individuelle, chaque connaissance apparaît comme un
leurre ; d'un bout à l'autre la vie semble se convertir en un
désert, dans lequel subsiste comme unique objet (« das einzige
Obfektive ») ce néant insécable, où nous notis perdons, qui
nous assimile, tout comme fait la mort. Ce n'est que par la
ntgation de toute traduction, le retour à une contemplation
dtpourvue de tout dtsir, de tout instinct, que cette connais•
sance trouvera sa forme. •
Si avisés que l'on soit en droit de supposer les lecteurs de
la Nouvelle Revue Française je ne pense pas qu'il s'en trouve
un seul assez sagace pour avoir deviné que cet étonnant
passage - tiré d'un ouvrage illustré en deux volumes a trait à de la peinture, bien plus, à un peintre précis.
Cezanne et Hodler, introduction à la peinture contemporaine.
L'auteur, mort à la guerre, était un Allemand du Sud, professeur et écrivain, et, comme tel, exerçant une influence
considérable sur ses élèves « hommes et femmes •• nous
apprend le critique sensé de ce critique, qui continue ainsi :
•Ceton de spéculation enthousiaste, ces plaidoyers à l'aide
d'une terminologie philosophique gonflée, cette ébriété

l

805

cérébrale, cette faculté de ramener les choses sensibles
à des notions abstraites et de s'exciter par la dialectique,
nous paraissent symptômes d'autant plus graves qu'ils
le sont d'une forme de la pensée qui domine tout notre
temps, toute cette génération-ci... , Et plus loin : c Fritz
Burger était une tête non point claire, mais confuse,
- sa vision était adaptée à discerner les caractéristiques
d'un style bien plus que des düférences de qualité. Le
titre du livre est à lui seul un manque de tact.» - « Nous
sommes en Allemagne inondés d'ouvrages de ce genre. »
Le passage initial et ces commentaires sont tirés d'une publication d'art berlinoise Kunst und Kûnstler paraissant
depuis plus de trois lustres chez Cassierer à Berlin, dirigée
par Karl Scheffier, publiciste connu, auteur d'une quantité
d'ouvrages de valeur sur l'art, la vie, etc.
C'est dans le domaine des arts plastiques que les Allemands sont le moins doués. L'Allemand ne sait pas dessiner,
disait naguère ici même André Gide. Il s'y applique d'autant
plus, et je pense qu'il n'est point de pays où l'on ait peint,
bâti et sculpté autant qu'en Allemagne, durant la période
d'invraisemblable prospérité matérielle qui précéda le grand
désastre. Nécessairement, et plus nécessairement en Allemagne qu'ailleurs, ce genre d'activité excite la critique, fait
naître des théories, des controverses, et couler des flots
d'encre. En France, assez naturellement, la tradition s'oppose
aux courants novateurs; c'est de la lutte et de la balance des
deux que procède cet admirable - je ne dis pas progrès, mais avancement continu, qui fait qu'après tant de siècles
de production, c'est encore à la source française que vient
puiser le monde. Comme conséquence, le rôle de la critique
est relativement aisé, et les voix de son double chœur assez
nettement distribuées. Mais en Allemagne, depuis la renaissance, il n'y a plus de tradition (sinon d'importation française, et combien passionnants à étudier seraient les tours et

�8o6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

détours et les aflleurements de ces filons, jusqu'à nos jours),
En plus les Allemands ont la passion de l'érudition, la volonté
et l'amour de l'innovation, où les portait aussi, en architecture surtout, l'habitude d'un perpétuel renouvellement de
leur technique et de leur industrie. Quoi d'étonnant si dans
ces conditions, un éclectisme effréné a envahi la production
aussi bien que la critique? - Das deutsche « und ». Cézanne
et Hodler.
« Der psychologische Takt der Deutschen scheint mir durch
eine ganze Reihe von Fttllen in Frage gestellt... Was
ich nicht hôren mag, ist ein berftchtiges «und» die Deutschen
sagen : Goethe und Schiller. (Le tact psychologique des Allemands me paraît mis en question par toute une série de
cas... Ce que je ne puis supporter est un o und• fâcheusement
fameux. Les Allemands disent: Goethe et Schiller◄.)
On sait assez l'importance du marché que la peinture
française moderne avait en Allemagne; d'où le grand
nombre de toiles de nos maîtres impressionnistes tant
dans les musées de Berlin et d'autres villes, que chez
les collectionneurs de la capitale et de la province. Je ne
crois pas beaucoup m'avancer en disant que la peinture
française moderne est sans doute mieux et plus abondamment représentée dans la province allemande que dans
la française. Des amateurs de Mannheim, de Hambourg.
de Francfort, de Hagen en Westphalie, collectionnent les
Cézanne, les Lautrec, les Bonnard, etc. L'influence des grands
peintres de la première époque impressionniste a été dominante, et commence à se faire sentir dans les dix dernières
années du siècle passé. On s'est appliqué à comprendre ce
mouvement d'art, comme, du reste, en Allemagne, on n'a
cessé de s'appliquer à tout: on a voulu à toute force acquérir,
posséder de la culture - à la manière presque dont on
x Nietzsche: Le Crépuscule des Idoles.

NOTES

possède des choses palpables :et mesurables - culture
de dernière invention - culture la plus en vogue.
La tentative du musée de Hagen, assez généralement
connue, est de toutes les tentatives d'inoculation artificielle de culture, une des plus curieuses ◄•
A côté de cette peinture de premier ordre on achetait
d'ailleurs, et toujours en vertu du fameux «und», des peintres
locaux dont l'inexistence, pour parler poliment, plongerait
dans la perplexité le visiteur non averti de ces collections.
Je ne dis pas qu'en France aussi la mauvaise peinture
ne voisine pas souvent, hélas, avec la bonne, mais je doute si
le public, qui chez nous s'éprenait des Degas ou des Renoir,
aurait acheté d'un même élan des Roybet et des Detaille.
Il y a là, chez !'Allemand, une sorte d'absence de sens, pourrait-on dire en prenant le mot dans ses acceptions les plus
diverses : le sens, c'est-à-dire la direction, tant extérieure
qu'intérieure, la sensibilité des nerfs et des organes sensoriels, la réaction spontanée de l'individu affectif, nerfs et
cœur; le sens, c'est-à-dire encore le bon sens, expression
essentiellement française pour désigner la saine et complète
raison, qui depuis le temps de Montaigne est chez nous la
marque des meilleurs esprits. C'est à cela qu'il faut toujours
en revenir avec les Allemands : le défaut de sensibilité spontanée, c'est ce qui les explique le mieux. Ils ne réagissent par

x. Le Folkzangmuseum, collection particulière que son propriétaire, M. K. E. Osthans a transformée en un musée public,
logé dans un bâtiment d1i à l'architecte belge Henry van de Velde.
Il y alàdel'art asiatique,dela sculpturenègre,desCorot,des Cézanne, des Van Gogh, des Gaugùin, des Renoir, des Matisse,
des Maillol, des Manet, des Lautrec et des Seurat. Des miniatures
gothiques,des bois et des bronzes de l'époqueromane,des animaux
égyptiens. Tout cela dans un pays d'intense industrie, de population aux sept huitièmes ouvrière, et qui a moins de traditions
d'art que par exemple notre bassin de Lens, ou, en Belgique, le
pays de Charleroi.

�808

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

réflexe en aucun domaine. Il faut que cela traverse d'abord
le cerveau, et t'est pourquoi tout leur peut être expliqué, de ce qui se laisse expliquer, bien entendu. - Or, comme on
explique aussi bien et encore mieux la mauvaise peinture
que la bonne, mais que la bonne s'explique aussi, et la littéraire, le néo-impressionnisme au même titre que le cubisme,
une série de ces und finit par se comprendre, tout au moins
par se concevoir.
On distingue dans la critique allemande deux grands
courants: l'un, auquel ressortit la citation par où débute ma
note d'aujourd'hui, est dans la ligne de l'Allemand d'autrefois : livresque, métaphysique, idéaliste, étranger à la vie.
C'est celui de la critique esthétisante et théorique. Si ses
productions nous paraissent bizarres parfoisj usqu'au comique,
cette critique est pourtant moins antipathique que l'autre,
que j'appellerais volontiers la critique désinvolte, celle qui
opère avec des expressions techniques, en se servant du
jargon d'atelier et des marchands de tableaux, et dont MeierGraefe, que l'on n'a que trop connu à Paris autrefois, reste
le représentant le plus typique; si typique qu'il y aura lieu de
revenir un peu plus longuement tout à l'heure sur son cas.
La critique esthétisante pousse l'abstraction jusqu'à faire
une théorie de la beauté ornementale du paysage, avec graphiques, schémas géométriques, etc. 1
L'échantillon cité plus haut n'a rien d'exceptionnel. Je
crois qu'on y pourrait puiser une foule d'indices intéressants sur la constitution de la cérébralité allemande. Pe~dant la guerre il a paru un livre de cet ordre, plein d'idées,
une étude étrange, excitant la pensée, théorie ingénieuse du
phénomène qu'est l'art gothique: de, Gothik Formp,obleme,
par Wilhelm Worringer. Il fait suite à un petit traité d'esthétique qui a pour titre Abst,aktion und Einf-ahlung («Abstrac1.

Hugo Marcus : Die ornamentale Schanheit de~ Landschaft.

NOTES

809

tion et intuition »). Je ne signale celui-ci que parce que, en
dépit d'une abstraction à la troisième puissance, si j'ose dire,
il en était au bout de deux ans, à sa quatrième réédition.
Nous nous défaisons difficilement de l'idée qu'un effort
cérébral relativement désintéressé ne comporte pas, malgré
tout, quelque noblesse. Le livre même de Worringer nous
fournit la clef de cette tendance profonde qui pousse l'esprit
allemand vers les pacages infertiles où il tourne en rond avec
tant d'efforts. « Wie ein Thie, au/ dûr,e, Heide von einem
bôsen Geist im Kreis he,umgefûhrt.» (a Comme un animal sur
la lande aride, tourne en cercle, agité d'un malin esprit »)1 •
Cette difficulté qu'éprouvent leurs sens à entrer en scène,
cette incapacité de se saisir d'un phénomène autrement que
par le cerveau, est une disposition qui peut donner des résultats pathétiques aussi souvent qu'incongrus.
Meier-Graefe est peut-être, de tous ceux qui ont écrit sur
les questions d'art, celui qui, en Allemagne, a eu le plus d'influence, qui a fait le plus d'adeptes. Il fut il y a vingt ans,
l'un des principaux coryphées du mouvement d'innovation
dans les arts appliqués (Kunstgewe,be), le propagandiste
de l'impressionnisme et de la peinture française, vivant
d'ailleurs beaucoup à Paris où il tenait boutique d'objets
d'art et de tableaux. Lié avec nombre d'artistes, MeierGraefe édita le grand album de Germinal, dédié à Zola.
On lui doit un ouvrage important en trois volumes sur le
développement de l'art depuis le romantisme, histoire presque uniquementdeladernière grande période de la peinture
française, de nombreux traités, un livre sur Velasquez, un
voyage en Espagne, un ouvrage sur le Greco, etc. Il garde
dans tous ces ouvrages une grande facilité de plume, un tour
souple et quelque peu vulgaire, des procédés sommaires et
désinvoltes, mais il dispose aussi d'un choix très étendu de
1.

Faust I.

�..
8ro

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

termes, de catégories, d'idées et de points de vue, dont il
change d'ailleu15 facilement. Ecrivain antipathique, malgré
d'exceptionnelles qualités d'intelligence et de tempérament,
on sentait chez lui une indiscrétion, une sorte d'impudence
latente, qui s'est fait jour depuis la guerre. Fin 1914 parut
dans le Journal de Francfort un feuilleton de son cru où il
évoque en quelques phrases hypocritement sentimentales
une soirée sur la terrasse de Saint-Germain, passée en compagnie d'un de nos grands artistes. Il parle de la grande époque
de la peinture qui s'arrête en France à la mort des derniers
grands maîtres de l'impressionnisme, et en vient à déclarer
que la France est indigne de son patrimoine d'art, qu'elle
ne sait plus ni apprécier ni administrer, et que l'Allemagne
est là pour heureusement se substituer à elle et recueillir
cet héritage l.
Il serait injuste, toutefois, de ne pas citer ici Karl Scheffler,
le seul critique d'art allemand qui semble avoir échappé tant
â. l'esprit de stérile abstraction qu'à la folie novatrice. Tout
aussi éloigné à la fois du jargon prétentieux des connaisseurs, qui appliquent à tort et à travers des termes de rapin,
que de ce langage philosophique qui n'arrive pas à rejoindre
la vie, il doit sa valeur non tant peut~tre_à quelque intuition
géniale, qu'à des qualités de caractère bien exceptionnelles
dans le milieu berlinois : probité intellectuelle, émotivité
profondément sincère, ardeur d'âme et parfaite pureté
d'intention, voilà ce qui, joint à une solide et sérieuse intelligence, à un jugement élevé, fait de Karl Scheffler un authentique critique, quelqu'un qui délimite et précise les catégories,
amène le public à classer les valeurs et à considérer surtout
la qualité. Le sens artistique est chose qui ne s'enseigne pas
et ne s'apprend guère.« Wenn ihr's nicht /ùhlt, ihf' werdefs
1. • Die schmachtigen Kerlchen in rothen Hosm • (ces chétifs
petits bonshommes en culottes rouges), dit-il en parlant des

Français.

NOTES

8u

nicht erfagen. »«Ce que vous ne sentez pas naturellement, le
pourchas ne vous le donnera pas.-l Mais le goût d'une société
néanmoins est susceptible d'éducation, ce qui ne va jamais
sans quelque retentissement sur les mœurs.
_Scheffler, bien avant la guerre, regardait avec un pessimisme profond l'état en apparence si brillant de son pays,
et a osé en des paroles mesurées, du temps de sa toute-puissance, dire de cinglantes vérités à Guillaume II, ce saboteur
de culture.
ALAIN DESPORTES

**•

LE SOCIALISME IMPÉRIALISTE DANS L'ALLE~GNE CONTEMPORAINE, par Charles A ndler (Collection de l'Action Nationale).
Ce dossier d'une polémique avec Jaurès remet sous les
yeux du public des documents désormais historiques. On se
souvient qu'en novembre 19rz, Charles Andler avait publié
dans l'Action Nationale une étude approfondie du socialisme
impérialiste dans l'Allemagne contemporaine. II y dénonçait
les tendances de l'aile droite du parti socialiste allemand.
Gerhard . Hildebrand, Atlanticus appuyé sur Kautsky,
Max Sch1ppel, Ludwig Quessel, Sudekum et l' Autrichien
Karl Leuthner réclamaient une politique coloniale supposant l'appui socialiste donné à la. diplomatie pangermaniste
et au militarisme allemand. Hétérodoxie au sein de la
Socialdémocratie, soit. Mais celle-ci n'avait acquis d'écrasantes majorités électorales qu'en allant au-devant des
appétits germaniques. Gardant, par une imposture devenue
éclatante en 1914, la façade internationale au-dedans, elle
s'était faite nationale, de plus en plus étroitement. Au

1

'I

x. Faus, I.

•

�812

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSE

congrès d'léna il avait échappé à Bebel : , Le mot d'ordre
n'est pas de désarmer, mais d'augmenter les armements. •
Cet esprit -faut-il dire nouveau 1- du socialisme allemand, Charles Andler nous le révéla en 1912. Sans se croire
héroïque. Sans chercher le bruit.
Simplement il accomplissait un double devoir : devoud'historien qui a jeté un nouveau coup de sonde dans des
parages explorés par lui depuis vingt ans ; devoir de socialiste dont l'attachement à un idéal humain restera exemplaire.
Mais tandis qu'Andler épiait dans les livres et dans la
vie l'évolution sociale, que de toute son âme et de toute sa
conscience il recherchait la vérité, d'autres intellectuels
du parti restaient politiciens, tacticiens purs. Ignorant les
taits qui les eussent tirés d'un optimisme béat, ils se prétendaient assurés de mener un mouvement international et
unifié. Rêvant généreusement de souder les églises nation.ales, ils repoussaient la probe information qui démentait
leur rêve. Même Jaurès fut victime de l'illusion ; il voulut
l'être. Mal entouré, circonvenu et trop fail:&gt;le un jour pour
regarder les choses en face, il se laissa aller à reprocher à son
ancien camarade de travailler • pour l'Europe bourgeoise
et réactionnaire •· Et à sa suite un • troupeau de buffles •
piétina l'apôtre de la vérité, au printemps de 1913, alors que
l'on discutait la loi de trois ans.
La justification d'Andler est venue - combien vite 1 et la réparation. Jean Richard-Bloch, Charles Albert, les
plus purs, les meilleurs ont compris et témoigné. Jaurès
aussi fût venu à résipiscence, dit Andler dans une émouvante introduction.
Ainsi se clôt pour l'auteur un débat dont il sort grandi.
Et les pièces qu'il rassemble éclaireront l'histoire d'hier.
Elles serviront en outre d'introduction à la vie de demain.
Un merveilleux remueur d'idées nous initie dans ce livre,

NOTES

comme dans sa collection du Pangermanisme l et dans ses
récents articles de l'Action Nationale, aux détours d'une
politique sociale restée agissante. Lui seul peut-être connaît
l'ensemble des faits, lui seul les domine. Il est vraiment audessus de la mêlée pour l'avoir traversée en y laissant un
sang généreux, pour l'avoir dominée d'une intelligence
souveraine. C'est sur cette intelligence qu'il faut insister ;
alors que la cervelle s'oblitère chez des maniaques dangereux, un homme a su allier à la ferveur de l'action la
probité de l'étude, à l'enthousiasme la conscience, à la chaleur la lucidité. Seuls des esprits ainsi libres doivent nous
guider dans l'élaboration d'une nouvelle civilisation intellectuelle et sociale. Avec des maîtres comme Andler, des
annonciateurs comme Albert Thierry2, des chercheurs
comme Pierre Hamp, la France y peut apporter une assez
belle inspiration.
FÉLIX BERTAUX

DES LIVRES FRANÇAIS POUR L'ALSACE.
Chacun de nos lecteurs possède quelques livres qui font
dou?le emploi dans sa bibliothèque, ou qui ne lui servent plus,
ou sunplement dont il peut se passer. Qu'il les réunisse aussitôt_ en paquet et qu'il les adresse, soit par la poste, soit par
colis postal, à la Société du Livre français, 2, rue Gailer, à
Strasbourg.
On sait avec quelle passion les Allemands se sont appliqués à extirper d'Alsace la langue française, quels obstacles
ils ont opposés aux cours, aux représentations dramatiques,
à toutes les occasions que l'ingéniosité alsacienne s'obstit. Édition Conard.
2.

Les Conditions de la Paix (Ollendodl) .

�814

•

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nait à susciter pour faire entendre à la population la langue
de France. On sait que, pendant la guerre, sous peine de
prison, il a été interdit de parler français dans la rue et dans
tout lieu public, et que d'innombrables condamnations ont
été prononcées de ce fait. Ces violences ont exaspéré l'Alsace,
mais elles ne sont pas, hélas, restées sans effet. Il importe
de donner à ceux qui ont été systématiquement empêchés
de lire ou d'entendre du français, l'occasion de reprendre, Je
plus vite possible, contact avec notre langue. La Société
du Livre français s'efforce de créer partout des bibliothèques
populaires. Les volumes de vulgarisation y trouvent leur
emploi aussi bien que les ouvrages d'un caractère plus
littéraire ou scientifique, réservés particulièrement au
personnel enseignant. Il est inadmissible que les hommes et
les femmes de cœur qui se dépensent avec un zèle inlassable
dans des réunions et des cours du soir ne soient pas activement soutenus par tous ceux qui peuvent, si facilement, leur
apporter une aide et une preuve de sympathie.

815

NOTES

MÉMENTO BIBLIOGRAPHIQUE
I. -

LITTÉRATURE.

GABRJXLE D'ANNUNZIO :

Terre vierg,

La Renaissance du Livre.
El&lt;ILE BERGERAT :

T,ente-si:r conus de

toides les c01deurs ; Fasquelle.
CA111 : Le fils des T,ois Mousqunai,es
L'Edition française illustrée.
CONAN DOYLE: La Nouvelle Rlvdlali&lt;m ;
Payot.
HENRI DuvERNOIS: La bonne lnforlune;
Flammarion.
l!IIUSO!f : Ho"'mes ,,présenlatifs, trad.
Jeao Izoulet et Firmin Roz ; Crès.
A&gt;mat Grna: : Le Voyage d'Uriffl
Emile-Paul.
CHARLES-HENRY HIRSCH : Le Cra,;,u'""" ; Flammarion.
)!AUJlJCE LEVEL : Mado ou la Gue,r, Il
Pa,is ; Flammarion.
l'RINCE Dit LIGNE : En ma,g, des rlve,ies
dv M""kluil de Sax,. Les Embarras
Ed. Champion.
LoNGUS: Daphnis t!l Clùol, trad. Amyot,
avec iUustrations de A. Hofer; Société
littéraire de France.
Daun1 DE MbiJKOWSKI : Le ,aman d•
Uc,,wd de Vinci. La Résumdi&lt;m des
Dieiu; Calmann-Lévy.
BaoN DE MA&gt;.'DRll : Glntalogû complète
d• la /a,,,ill, de lllussel ; Ed. Champion.

N ... : La chanson d'AsP,emont, chanson
de geste du ,w• siècle, publiée par
L. Brandin ; Ed. Champion.
N... : Gout;,, d'Ap,.is, poème comtois
du xm• siècle, publié par E. Faral
Ed. Champion.
EDMOND Plr.oN : Sous l'lgidt de la
Ma,.u, histcir• d'un, ,wièr, ; Bossard.
M. C. POINSOT : Le cœu, ail/; la Renais·
sance du Livre.
RAKuz : Les Signes parmi nous ; Crès.
PAUL RllBoux : Jose#e ; Flammarion.
MARQUIS Dit Roux : Pascal ,,. Poitou
et ks Poüevins dans les P,ovinci4les ;
Ed. Champion.
ALBERT S.uu.tN : Aux llanes du vase
nouvelle édition ; Crès.

II, -

HISTOIRE, RELIGION,

SCIENCES SOCIALES.
Otto BAUIIR : La marche au Socialis1"e

trad. F. Caussy; Librairie de l'Humanité.
PAUL GBNTIZON : La Rlvolulion all,mand, ; Payot.
ALFREDO N1c1tPORO : De l ,negaliU
parmi les hommes ; M. Giard et E. Brière.
A.·D. Stü&lt;TILLANGES : L Acti&lt;m sociale
et la vi• surnaturelle ; Editions de la
Revue des Jeunes.

LI! GÉRANT : GASTON GALLIMARD
FONîENAY·AUX· ROSES.

IMPRIMERIE

"LOUIS

BELLENAND.

�817

LA RÉOUVERTURE DU
VIEUX COLOMBIER
En octobre 1913, le VIEUX COLOMBIER se mettait au
travail.
On a d'abord souri de ses efforts... Nous avions nousmêmes le sentiment profond de notre insuffisance au
regard de la tâche à laquelle nous commencions de dévouer
notre vie. Mais nous travaillions, jour et nuit, sans relâche,
regardant devant nous notre idéal grandir. C'est à la
continuité de notre labeur, puis à sa qualité qu'on eut
à rendre justice.
La feneur, le dévouement, une certaine insouciance
des dangers à courir, avaient inspiré notre élan. Des
amitiés sérieuses, groupées autour de nous en nombre
grandissant, l'avaient affermi, soutenu. En mai 1914,
l'heureuse réalisation d'une comédie de Shakespeare,
la Nuit des Rois, fit entrer le VIEUX COLOMBIER dans la
notoriété.
***

Aodt 1914 disperse aux armées ou dans les services
dt guerre les jeunes hommes de notre maison. Tout
paraissait fini. C'est alors que commence à vivre, de sa
52

�818

LA RÉOUVERt'ORE DU VIEUX COlOMBIER

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

et la souille, remettre aux mains du créateur, pour son
libre jeu, un instrument docile.

vraie vie spirituelle, l'idée du VIEUX COLOMBIER. Ce que
la violence, la séparation, le deuil ont détruit, la pensée
le reforme. Où qu'ils soient, en quelque condition qu'ils
se trouvent, les fondateurs, les collaborateurs, les amis
du VIEUX COLOMBIER pensent à cette petite maison
menacée. Ils éprouvent qu'un sentiment commun les
unit entre eux, et les relie à ce point du monde français.
Ils prennent conscience d'une chose qui existait, là. Une
chose plus belle peut-être et plus grande que nous n'avions
nous-mêmes su la voir. Et même après que nous eûmes
compris que la guerre serait longue, nous n'avons point
renoncé à préserver, nourrir, fortifier en nous la foi qui
nous montrait l'avenir et nous promettait une renaissance.

*

**
Aujourd'hui, cinq ans passés, nous n'avons rien d'autre
à dire.

*

**
En 1913, nous:disions :
Le théâtre est aux mains des cabotins et des marchands.
Tout ce qui le touche s'avilit. Le vrai poète s'y refuse.
Le vrai public s'en détourne. Une poignée de travailleurs
convaincus, que l'indignation arrache à leur solitude
d'écrivains et d'artistes, vont essayer de servir l'œuvre
d'art au théâtre. Ils n'ont pour doctrine que leur
conscience droite, leur désintéressement, le respect de la
beauté. Gardiens de la culture, ils veulent rendre la vie
aux chefs-d'œuvre des maîtres. Ouvriers de l'avenir,
ils veulent que toute œuvre vraiment neuve et sincère
trouve ses interprètes et son public. Ils veulent avant
tout, sur des fondations intactes, élever un théâtre
nouveau et, débarrassant la scène de ce qui l'opprime

819

1

l

t

A ceux qui, depuis cinq ans, nous demandent : que
ferez-vous après la guerre ? nous avons eu la fierté de
pouvoir répondre : nous continuerons ce que nous avions
commencé.
Nous avions fait déjà quelques preuves. Nous en avons
fait de nouvelles, d'octobre 1917 en avril 1919, aux
Etats-Unis, où le VIEUX COLOMBIER reçut mission de
représenter, pendant deux ans, le théâtre français.
Les mêmes hommes se réunissent au même lieu pour
reprendre un effort commun. Ils ont mûri. Ils ont
plus d'expérience et de raison. Non moins d'ardeur. Ils
ont subi des épreuves. Leur volonté n'a point fléchi, ni
tourné. Ils ne sont pas nés de la guerre. Mais elle a pesé de
tout son poids sur eux, d'un poids dont ils ne seront jamais
plus soulagés. Elle les a poussés, mais dans le sens où
librement ils s'étaient engagés. Elle a pour ainsi dire
accusé chaque trait de leur figure et de leur caractère.
Ils sont plus que jamais résolus à se donner tout entiers
à leur tâche, pour l'amour de ce qu'ils font, et pour la
grandeur du pays.

***
La situation du théâtre français est pire à la fin de 1919
qu'elle ne l'était en 1913-14. Partout c'est le désarroi

�820

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qui succède au malaise, la rébellion au dégoût. D'entre
ceux-là mêmes qui trop longtemps furent les complices
d'une si profonde démoralisation, des voix s'élèvent pour
appeler un renouvellement. Nous souhaitons le succès
de ces volontés retrempées. Leurs œuvres témoigneront
de la vertu deSihommes nouveaux. Mais, si nous ne sommes
plus seuls à protester, on voudra peut-être se souvenir que
nous fûmes les premiers à combattre. On voudra peut-être
relire ce que nous écrivions il y a six ans. On saluera
peut-être avec confiance, à l'heure où il reprend vie, le
VIEUX COLOMBIER dont toute l'ambition est de compter,
dans ce grand changement du monde, comme une force
de résurrection.
JACQUES COPEAU

***
Le samedi 8 novembre, à 16 heures, H6tel des Sociétés
Savantes, 8, rue Danton, se tiendra la première RÉUNION
DES AMIS DU VIEUX COLOMBIER. M. Jacques Copeau 'Y
parlera de !'Avenir du Vieux Colombier. Tous les abonnés
et lecteurs de la Nouvelle Revue Française sont cordialement invités. Ils sont priés de donner une réponse, avant le
4 Novembre, au Secrétariat du Théâtre, 21, rue du VieuxColombier.

r

DONOGOO-TONKA
ou

LES MIRACLES DE LA SCIENCE
CONTE CINÉMATOGRAPHIQUi

NOTE
Les parties du texte encadrées seront pro,jetées sur l'écran.
Tout le reste devra s'exprimer par le feu des acteurs et les
ressources de la mise en scène.
Sauf indication particulière, dans le texte même, les scènes
devront se dérouler sur le rythme ordinaire des événements
de la vie. On se gardera surtout de cette précipitation uniforme et pénible que trop de gens semblent tenir pour une
des conventions essentielles de l'art cinématographique.
Lorsqu'il y aura quelque doute sur ce point - dans les scènes,
pa, exemple, où les seuls événements qui défilent sont les
pensées des personnages - il vaudra mieux pécher par un
excès de lenteur et par un soin trop scrupuleux à dégager
toutes les intentions et toutes les nuances.

PREMIÈRE

PARTIE

1
Bénin et Lamendin se rencontrent fortuitement sur le
pont de la Moselle
A Paris, dans le port de la Villette, le sommet du pont
de la Moselle, en plein ciel, avec son horloge.

�822

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Bénin et Lamendin, qui ont monté à la rencontre
l'un de l'autre, sans se voir, se trouvent nez à nez, tout
à coup.
Bénin fait cent démonstrations d'amitié. Lamendin
y répond ; mais son maintien demeure languissant et
presque lugubre.
Qu'ils auraient de choses à se dire ! Lamendin ne se
félicite pas de sa santé, tant morale que physique. Il a
maigri. Il désigne sa redingote trop large, le devant de
son gilet comme un raisin vidé, la ceinture de son pantalon.
Bénin constate et s'apitoie.

2

DONOGOO-TONKA

«l'âme ne va plus•· Bénin le presse de questions. Lamendin

fait des gestes découragés, et avoue qu'il était venu sur
le pont de la Moselle avec quelque dessein de se jeter à
l'eau. Bénin s'émeut, s'étonne, s'indigne. Voilà qui ne
peut durer 1 Bénin vide coup sur coup deux verres de
vin blanc. Il cogne la table du poing. Son amitié s'irrite.
Il se croise les bras. Il hoche la tête. Lamendin affaissé
semble demander pardon.
Mais la face de Bénin s'éclaire. Il se fouille, prend son
portefeuille, qui est énorme, y tâtonne longuement t:t
finit par en extraire un carton qu'il secoue sous le nez de
son camarade.
LE PROFESSEUR MIGUEL RUFISQUE
Commandeur du Christ de Portugal
DIRECTEUR DB L'

INSTITUT DE PSYCHOTHÉRAPIE
BIOMÉTRIQUE

Une chopine de vin blanc
au Cabaret de !'Ambassade
On voit les silhouettes de Bénin et de Lamendin descendre les degrés du pont de la Moselle à contre-jour sur
un ciel fin de Paris. La pensée de Bénin se dirige vers le
cabaret del' Ambassade, et son doigt l'indique.
Ils arrivent sur le quai, passent entre le bassin et les
docks, contournent des bâtiments. Ils sont devant
l' Ambassade.
Ils entrent, s'assoient. Bénin commande une chopine
de vin blanc. Lamendin paraît accablé. Il explique que

zh.à6h.
Lundi, Mercredi, Vendredi

II 7, r. de Londres.

D'une autre poche, il tire un autre portefeuille non
moins bourré, et du portefeuille un prospectus double.
Sur la première page, on lit :

AVANT DE VOUS SUICIDER ...

ne manquez pas
de tourner cette page

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

DONOGOO-TONKA

puis, le prospectus ouvert :
LE PROFESSEUR MIGUEL RUFISQUE
117,

Rue àe Lonàf'es,

117

SPÉCIALISTE D

SUICIDE
vous donnera e n 7 jours

un amour violent de la vie

1

Sous le nez de Lamendin, Bénin agite Je prospectus,
comme un mouchoir imbibé d'une essence ravigotante.
Lamendin respire d'un souffle plus court ; mais il y a
une trace de sourire autour de sa bouche.
Bénin entreprend l'éloge du Professeur Rufisque et
engage Lamendin à l'aller consulter au plus tôt.
Ce que Lamendin consent à promettre.

3

Lamendin chez le Professeur
Command. Miguel Rufisque
Debout sur le trottoir de la rue de Londres, Lamendin
considère la façade de l'Institut de Psychothérapie biométrique, qu'annonce une large inscription.
C'est un hôtel d'une architecture nourrie, avec un
soupçon d'emphase. Des voitures attendent, rangées.
Lamendin pénètre dans le vestibule. Un portier cha-

...

825

marré l'accueille, s'enquiert de ce qu'il désire, le mène à
un ascenseur.
L'ascenseur, cubique, tout en glaces biseautées, semble
un énorme coffre à bijoux.
Deux étages de montée. Un autre vestibule. Un valet
en bas blancs. Lamendin s'adresse à lui. Le valet prend des
airs importants, lève les bras. Il sera très difficile de voir
le Professeur en personne. Le Professeur est accablé de
clientèle et ne reçoit que sur rendez-vous. Pour appuyer
son dire, le valet ouvre la porte d'un vaste salon d'attente.
On aperçoit toute une perspective de clients, assis, debout,
accroupis, accotés au mur, couplés dos à dos, bref, dans
l'arrangement le plus varié, mais témoignant chacun
par sa posture, sa mine ou sa mise, d'un mauvais équilibre des facultés de l'esprit.
Lamendin s'approche de la porte. Il y a je ne sais quoi
de fasciné dans son regard et peu de liberté dans sa marche.
Il est sur le seuil; il s'appuie au chambranle; il penche
la tête vers le dedans du salon.
C'est le contenu de son regard qui s'étale sur l'écra.Il :
tout un vaste salon, sans autres meubles qu'un guéridon
et des sièges, mais gonflé et craquant de délire.
L'absurdité, suée par tant de cervelles, devient palpable. On commence à distinguer une sorte de vapeur
très subtile qui se dégage des corps humains et charge
l'air peu à peu. Une femme surtout, assise sur un pouf au
milieu de la pièce, et vêtue à la façon des vieilles joueuses
de Monte-Carlo, fait l'office d'une puissante fumerolle.
Les objets eux-mêmes en sont déformés. Les pieds du
guéridon se tordent et la tablette s'incurve. Les murs
reculent, et l'on croirait qu'ils vont se mettre à tourner.

�826

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Maintenant c'est le visage de Lamendin qui se projette.
Il exprime d'abord un étonnement fixe et résigné;
puis de la gêne, une oppression ;
puis une sorte d'épouvante souriante ;
puis un consentement mystérieux qui fait se ramollir
la bouche et luire assez stupidement les prunelles ;
puis une ivresse sans regard.
Mais le valet le touche à l'épaule.
Lamendin se retourne d'une pièce, se réveille, tâte
ses poches, enfin tire une carte.

H. P. BÉNIN
recommande très exceptionnellement
son vieil et cher ami Lamendin à la
savante attention du Prof. Gamm.
Miguel Rufisque.
4, 'l'ue des Saules.

Le valet examine la carte, hoche la tête, puis disparaît
par une petite porte. Lamendin retourne à la contemplation du salon d'attente.
Le valet revient et fait un signe discret. Lamendin le
suit. Un étroit couloir ; puis le cabinet du Professeur.
C'est une salle large et haute, emplie d'objets singuliers:
appareils à cadrans gradués ; cylindres enregistreurs de
toutes tailles; batteries de tubes reliés entre eux par des
tortillons de fil ; grands disques de verre, avec un secteur
d'argent et un secteur d'or ; sortes de bascules ; bobines
d'induction.

DONOGOO-TONKA

Spécialement, un large fauteuil sur plate-forme, avec
un serre-tête en cuivre, des appuie-mains en cuivre et des

pédales du même métal.
Du siège, du dossier, des bras, des pédales, du serre-tête,
partent des fils ou des tubulures souples qui aboutissent
aux divers appareils enregistreurs.
Un grand tableau noir sur chevalet est placé non loin
du fauteuil. Un petit groom nègre, vêtu de rouge, se tient
à la gauche du tableau, ayant en main une éponge humide
et une sébille pleine de morceaux de craie.
A droite, contre la muraille, un vaste meuble, composé
de centaines de petits tiroirs numérotés.
Le Prof. Miguel Rufisque, en habit, le cou chargé d'une
cravate de commandeur et d'une croix aux scintillements
compliqués, accueille aimablement Lamendin et lui fait
quelques questions.
Ensuite il l'invite à s'asseoir sur le fauteuil. Lamendin
obéit, mais trahit quelque inquiétude. Tandis qu'il
s'assure que tout est bien en place, le Professeur laisse
tomber cinq ou six phrases, touchant ses principes et sa
méthode.
Il corrige la position des bras et des pieds du patient ;
ajuste le serre-tête.

« Fermez les yeux. Pensez
fortement. Et ne vous occupez pas de moi. »
Lamendin ferme les yeux, ramasse les traits de son

�828

DONOGOO-TONKA
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

visage. Alors, peu à peu, l'on voit s'ébranler, s'agiter
les aiguilles des divers cadrans. Elles oscillent, tressaillent
tardent plus ou moins à se fixer. Le Professeur les observe'
puis, sans les perdre du regard, commence au tableau d;
vertigineux calculs d'équations. Il va si vite que le tableau
s'emplit en un moment ; mais le groom est là, qui efface
non moins vite ; et, quand un morceau de craie, dans la
main du Professeur, casse, il en glisse prestement un autre.
Parfois Lamendin pousse un gros soupir. Aussitôt les
aiguilles ont une secousse et plongent vers cette région
du cadran qui se dénomme dans les baromètres : Grande
pluie. Tempête. Enfin le Professeur Commandeur reprend
haleine et, au milieu du tableau, écrit en gros caractères :

(

4

L'ordonnance du Professeur
Command. Miguel Rufisque
Lamendin sur le trottoir, décachète son enveloppe et
en extrait une ordonnance.

INSTITUT DE PSYCHOTHÉRAPIE
BIOMÉTRIQUE
CABINET

DU
PROF. MIGUEL RUFISQUE

par excès
Il invite Lamendin à ouvrir les yeux, lui montre le
résultat, que Lamendin contemple assez sottement ; puis
se dirige vers le meuble aux tiroirs, et du tiroir 337 tire
une enveloppe cachetée qu'il remet à son visiteur.
Ils se font des politesses. Lamendin quitte le cabinet,
tenant l'enveloppe.

]'ordonne:
Vous trouver aujourd'hui même
carrefour de Buci, à I7 h. IS, Observer
attentivement, à partir 'de cette minute,
les voitures de place qui pénètreront
dans le carrefour, venant de la rue
Mazarine.
Compter seize voitures occupées (les
vides restant hors compte).
Quand la dix-septième paraîtra,
vous y précipiter; vous y installer

�(
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

par tous les moyens ; mais autant
que possible avec courtoisie et sans
violence.
Exprimer à l'occupant, ou au ·
principal occupant, que ses protestations sont inutiles ; qu'il sera accompagné malgré lui; mais qu'il n'a
d'ailleurs rien à redouter de vous.
Quand il se sera calmé, lui signifier que vous vous remettez sans
réserve entre ses mains ; que vous le
suppliez, que vous lui enjoignez
même de disposer de votre personne
et de votre vie à n'importe quelle fin
et entièrement comme il lui plaira.
Lui faire comprendre que le plus
simple, pour lui, est d'en passer par
là.
Insister d'une manière croissante,
et jusqu'à satis/action.
Prof. Corn. MIGUEL RUFISQUE.

Le texte de l'ordonnance est projeté phrase par phrase,
et nous en pouvons suivre l'effet sur le visage de
Lamendin.

DONOGOO-TONKA

5
Carrefour de Buci
Lamendin, sur le refuge du carrefour, consulte sa
montre et guette les voitures. Il compte sur ses doigts.
Soudain il boutonne sa redingote et se précipite.
La dix-septième voiture est un vieux fiacre découvert,
que traîne une rosse de couleur crème. Un sexagénaire
l'occupe. Il porte une redingote, des lunettes, un chapeau
de paille noire, une Légion d'honneur en papillon. Une
serviette est posée près de lui. Il lit un périodique.
Lamendin bondit dans le fiacre, tout en saluant avec
politesse.
Le fiacre oscille largement. Le cocher jette un coup
d'œil par-dessus son épaule, puis retourne à ses pensées.
Le sexagénaire sursaute, enlève ses lunettes, les brandit.
Lamendin le supplie de n'avoir aucune crainte, met la
main sur son cœur, tombe à genoux.
Le sexagénaire crie : « Cocher I cocher 1 » mais d'une
voix sans doute fort grêle, car le cocher, qui tout justement se mouche du revers de la main, paraît ne rien
entendre.
La voiture continue à rouler vers l'Odéon. On voit
gesticuler les deux hommes en redingote. Le cocher reste
calme.

Les gestes s'apaisent. Les deux hommes, assis maintenant l'un en face de l'autre, s'essuient le front.

�832

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
DONOGOO-TONKA

Le fiacre s'a.J.Tête devant une maison ancienne de la
rue de !'Estrapade. Les deux hommes descendent.
Le sexagénaire tente de se débarrasser de son corn pagnon. Mais Lamendin s'obstine. L'autre lève les bras
au ciel, pénètre dans l'immeuble. Lamendin marche sur
ses talons.

6

Le cabinet de M. le Trouhadec, Professeur de Géographie au Collège de France
M. le Trouhadec, suivi de Lamendin, ouvre la porte
de son cabinet. Une vaste pièce, de la vieille façon.
Plusieurs tables. Des bibliothèques. Des fichiers. Des cartes.
M. le Trouhadec s'assi'ed d'un air accablé.
Lamendin reprend son discours. Il ne demande qu'une
chose : que M. le Trouhadec veuille bien disposer de lui,
corps et âme. Il le demande avec respect, mais aussi avec
beaucoup de force, et ne saurait s'accommoder d'un refus.
M. le Trouhadec hausse les épaules. Il apparaît qu'il
tient son hôte pour un fou, inoffensif peut-être, mais très
importun.
Puis il s'enfonce dans ses pensées.
Lamendin se tait, regarde autour de lui. Il s'avise de
la nature spéciale des choses qui sont là. Afin de se donner
une contenance, il s'approche d'une carte, et prononct"
quelques mots aimables pour la géographie en général.

833

M. le Trouhadec lève la tête, fait une sorte de ricanement,
puis se plante devant Lamendin en croisant les bras :

« Etes-vous capable d 'écrire

des articles de polémique
dans une rev11e spéciale de
géographie ? »
Lamendin, plein de confusion, s'en déclare incapable ;
mais ajoute à cet aveu des paroles tellement aimables
pour la géographie en général et l'expression de sentiments
si distingués pour les géographes, que ·M. le Trouhadec
en est visiblement touché, et commence à considérer
Lamendin d'un autre œil.
Un silence. M. le Trouhadec se promène de long en large,
les mains derrière le dos.
Il s'arrête, devient confidentiel :

« Je n'ai qu'une ambition:
être nommé membre de
l'Institut à l'élection de l'hiver prochain. Mes rivaux,
hélas ! font bonne garde,
Vous allez voir ce qu'on impnme. »
53

�834

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il cherche parmi les papiers qui couvrent sa table
de travail et tend à Lamendin une coupure de journal.
SOUS LA COUPOLE
M. le Trouhadec se porte candidat
à la succession du regretté F. Van

Schooneert. Il aurait quelques chances
d'être élu, vu son âge, si les académiciens n'avaient bonne mémoire, et ne
se rappelaient la ridicule histoire de

Donogoo-Tonka.
Dans sa volumineuse Géographie
de l'Amérique du Sud, parue il y a dix
ans, et qui est son ouvrage capital,
M. le Trouhadec donne d'abondants
renseignements sur la ville de DonogooTonka, ainsi que sur la région aurifère
dont elle forme le centre.
Le seul malheur est que la ville de
Donogoo-Tonka n'a jamais existé.
M. le Trouhadec a été la dupe de
quelque récit fantaisiste d'aventurier,
ou d'une invention d'humoriste.
La jobardise n'est pas encore un titre
pour l'Institut.

Lamendin prend une mine de circonstance. M. le Trouhadec s'approche d'une carte de l'Amérique du Sud,
pendue au mur, désigne la région du Tapajoz qu'il
tapote rageusement. Puis il va à une bibliothèque, saisit le
Tome III de son ouvrage capital, l'ouvre vers le milieu,

DONOGOO-TONKA

et le fourre sous le nez de Lamendin avec toutes les
marques d'un dépit qui ne se contient plus.
Lamendin interroge du regard M. le Trouhadec. Le visage
du savant confesse sans ambiguïté que Donogoo-Tonka
n'existe nulle part ailleurs que dans le Tome III de
l'ouvrage capital.
Lamendin ne peut que hocher la tête.
Les deux hommes restent silencieux, méditatifs.
Lamendin questionne timidement :

« Dans combien de temps,

l'élection ?
- Six mois, à peu près. »
Lamendin réfléchit.
Puis:

« J'ai bien une idée.

- Parlez!
- Je pourrais, d'ici là, essayer de fonder la ville de
Donogoo-Tonka, puisque je
crois comprendre qu'elle
n'existe pas encore. »
M. le Trouhadec et Lamendin se regardent longuement.
FIN DE LA PREMIÈRE PAR-rIE

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

DONOGOO-TONKA

« En somme, monsieur le

DEUXIÈME PARTIE
1
Lamendin à la recherche
d'une ·c ommandite de vingtcinq millions
Lamendin, fort correctement vêtu, une sertjette sous
le bras, le teint déjà plus frais, arpente une rue du quartier
de la Bourse.
Il s'arrête devant une banque, envisage la façade,
parcourt de l'œil les inscriptions ; puis entre d'un pas
assuré.
Un petit vestibule. Une salle publique avec des guichets.
Lamendil\ se renseigne auprès d'un garçon galonné. Le
garçon consulte l'horloge, fait un signe affirmatif et
indique le bureau directorial.
Lamendin se heurte à un groom. Brève attente entre
deux portes. Lamendin est introduit.
Le directeur est un homme obèse, barbu, fleuri. Il
désigne un siège.
Echange de propos préalables. Quelques gestes vagues
et polis du directeur.
Puis:

Directeur, l'affaire se présente ainsi : j'ai besoin de
vingt-cinq millions pour
donner à la ville de Donogoo-Tonka toute ]'ex~ension
qu'elle mérite et qu'elle n'a
pas reçue jusqu'ici; et pour
mettre en valeur la merveilleuse région aurifère dont
elle forme le centre. »
Le J.irecteur paraît décontenancé, une minute, tant
par l'énormité de la prétention que par l'aplomb de
Lamendin.
Puis il réclame des clartés sur l'affaire. Lamendin se
dépense, prodigue les gestes, trace des figures daps le
vide.
L'autre écoute d'un air ambigu qui tourne peu à peu
au sourire.
Mais Lamendin, le sourcil froncé, la lèvre victorieuse,
frappe sur sa serviette et l'ouvre.

« Vous allez voir, mon-

sieur le Directeur, ce que
pensait, il y a dix ans déjà,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de Donogoo-Tonka et de sa
région, le grand savant, l'illustre professeur au Collège
de France, dont le génie honore à la fois notre pays et
l'humanité, j'ai nommé
Yves le Trouhadec ... »
Il exhibe le Tome III, ouvert à la page inoubliable, et
le tend au directeur.
L'autre lit, non sans quelque nuance de respect, semble
même un peu ébranlé, mais expose avec beaucoup de
courtoisie qli « en ce moment c'est impossible... la banque
déjà très surchargée... gros engagements... évidemment
très regrettable... affaire à étudier... j'en prends note...
laissez-moi votre adresse... on verra plus tard. »
Lamendin se retire.
Il est de nouveau dans la rue. Quelques pas. Une autre
banque. Il y pénètre.
La scène précédente se reproduit, avec de légères
variant~ et plus de précipitation dans les événements.
Lamendin recommence le coup de la serviette. Même
résultat.
De nouveau, la rue. Une troisième banque. Même scène,
encore plus rapide.
Ainsi jusqu'à une septième banque, avec une accélération régulière du rythme des événements, de telle sorte
que la septième scène se déroule comme une vision de
noyé.

DONOGOO-TONKA

2

Mélancolie au café Biard
Lamendin épuisé, s'affaisse dans le coin d'un petit
bar Biard. Il commande un café.
Son visage exprime d'abord une complète prostration ;
puis le dégoût, l'amertume ;
puis une sorte d'ironie ;
puis quelque chose comme : « Ça aurait pu marcher
encore plus mal » ;
puis quelque chose comme : « Leur ai-je envoyé ça !
Etait-ce tapé, mon boniment ! »
puis : &lt;&lt; Au fond, ces gens-là sont des andouilles. Si j'y
mettais le prix, je finirais par les avoir. »
puis une envie de recommencer la partie dans quelque
temps;
puis la volonté de recommencer tout de suite.
Il vide sa tasse, paie, s'en va.

3
Un homme sérieux
Une rue étroite, dans _le même quartier. U!ie petite
banque, de maigre apparence. Lamendin y pénètre.

�lA NOUVELLE REVUE 'FRANÇAISE

l
1

Les événements se développent à peu près dans l'ordre
habituel, mais sans aucune précipitation.
Une différence est que tout ici, depuis la casquette du
garçon jusqu'à la jaquette du directeur, trahit l'incertitude des bilans et les crampes du coffre-fort.
Lamendin s'assoit, se présente, expose, disserte.
Le directeur écoute avec beaucoup de patience, et
sans mouvements de physionomie.
Au point convenable, Lamendin frappe sur sa serviette
et exhibe le Tome III.
Le directeur le laisse finir ; puis, sur un ton d'une
grande douceur

je ne
crois pas un mot de tout ça.
Mais comme vous m'avez
l'air d'une fine crapule et
que j'ai besoin de gagner un
million sous peu de jours,
nous allons tâcher de nous
entendre.»

DONOGOO-TONRA

4
M. le Trouhadec, dans son cabinet de travail. Il est
soucieux. Il remue des papiers, relit rapidement un
billet, une coupure de revue, hoche la tête.
Il se lève, essaie quelques pas; mais irrésistiblement la
carte d'Amérique le tire à elle. Son regard s'attache à la
région du Tapajoz. C'est un regard fixe, ardent et coléreux.
Alors, de ce point de la carte, s'élève tout doucement
une petite fumée, comme au foyer d'une forte loupe.
Mais on frappe. Une vieille servante tend une lettre.

« Naturellement,

Quelques mines effar&lt;;&gt;Uchées de Lamendin. Puis un
bon sourire de part et d'autre. Puis une cordiale poignée
de mains.
Ils échangent des propos de u base », se fixent un très
prochain rendez-vous, et se séparent, non sans effusions.

Mon cher Maître,
Vous voudrez bien me pardonner
de vous avofr laissé quelque temps
sans nouvelles de moi. Mais ie ne
suis point demeuré inactif, comme
vous allez le voir.
Vous m'obligeriez infiniment en
acceptant de faire, samedi prochain à
3 heures, devant une petite assemblée
de capitalistes, une conférence scientifique sur la ville de DonogooTonka et sur les ressources minières
de la région dont elle forme le centre.
Je viens en effet de fonder, avec
un financier d'une grande ouverture

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'esprit, la Compagnie générale franco-américaine pour l'embellissement
et l'extension de la ville de DonogooTonka, et l'exploitation intensive de
sa région aurifère, ou plus brièvement
la Compagnie de Donogoo~Tonka.
Je suis en mesure de vous assurer
un cachet de fr. 5 . 000 (cinq mille
francs) pour votre conférence.
Le texte de ladite conférence vous
sera d'ailleurs remis par mes soins
la veille au soir.
Un tailleur, un chemisier, un
chapelier, un bottier iront aufourd' hui même prendre vos mesures. Ils
ont mes ordres. Ne vous souciez de rien.
A près votre exposé, mon ami Lesueur contera, en une causerie f amilière, son récent voyage d'exploration à Donogoo-Tonka et les impressions qu'il en rapporte, c'est-à-dire
les impressions qu'il n'aurait pu
manquer d'y avoir, si les circonstances
ne l'avaient retenu à Montmartre
depuis plusieurs années.
Veuillez croire, mon cher Maître,
à mon dévouement respectueux.
Û. LAMENDIN.

DONOGOO-TONKA

La projection de la lettre, paragraphe à paragraphe,
alterne avec la projection du visage de M. le Trouhadec,
dont ainsi nous pouvons saisir les moindres mouvements
de physionomie.

5
Un débat dans une
conscience de savant
M. le Trouhadec est debout, la tête inclinée, les mains
derrière le dos, la lettre à une main, pendante.
Dans cette haute conscience de savant, un débat
solennel s'inaugure.
Son visage, et parfois un mouvement des mains, ou du
torse, ou des épaules, vont nous en révéler toutes les
phases.
Mais dès le premier instant, le spectateur doit pouvoir
deviner que ce tragique débat est une frime.
Au fond, bien au fond de lui-même, M. le Trouhadec
n'a pas la moindre hésitation. Mais à la surface, c'est
autre chose.
Il s'interroge: « Où est mon devoir ? Car, il n'y a pas
à tortiller, je ne connais que mon devoir, et je ne ferai
que mon devoir. »
« Mais le devoir n'est pas toujours simple et évident.
Ce serait trop commode. »
« Il s'agit en somme des intérêts de la science et de
l'humanité. Ces intérêts sacrés, de quel côté sont-ils ? »

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

DONOGOO-TONKA

« Sans doute, la vérité, la vérité... avec un grand V

,, 1

Une perspective de cahutes et de baraquements. Chariots. Palanquins. Pousse-pousse.
Lamendin, en redingote, sue abondamment. Il donne des
ordres aux figurants et aux opérateurs.
Il règle une scène de pugilat, avec coups de revolver,
entre deux chercheurs d'or.
Mais le t..errain n'a pas été bien nettoyé. Lamendin
arrache un fragment de vase de nuit qui émerge trop
visiblement et gâte l'effet.
Après quelques tâtonnements, quelques reprises, la
scène marche. L'un des aventuriers gît à terre. Des policiers à cheval arrêtent le meurtrier et dispersent la foule.
Lamendin, satisfait, distribue des félicitations et des
poignées de inains à tout son monde, y compris le mort
tJ.UÎ se relève en s'époussetant.

Une certaine forme de vérité... abstraite ! Une vérité.. •
théorique ... Un fantôme de vérité. »
u ••• II y a aussi la vérité... vivante... la science créatrice...
créatrice de vérité... II y a l'humanité... en gestation
incessante ... l'humanité qui veut croître... qui veut construire... et qui se moque de la vérité théorique. »
Mais, derrière cette muette logomachie, le spectateur
doit apercevoir clairement deux pensées assez élémentaires,
deux petits bouts de phrases :
« Yves le Trouhadec, membre de l'Institut, »
et
« frs. 5.000. »
Au plus pathétique de cette crise, quelqu'un frappe à la
porte, et l'on voit entrer, souriant, pommadé, décisif,
le maître tailleur.

7
6

Une conférence d'une haute
tenue scientifique

Sur le plateau de Châtillon,
Lamendin dirige la prise de
vues photographiques et cinématographiques de Donogoo-Tonka

Une petite salle de conférences. Une cinquantaine
d'auditeurs d'aspect cossu. Bedons, barbes, favoris,
calvities, décorations.
Sur l'estrade, M. le Trouhadec, très représentatif.
Il conférencie avec chaleur. Un écran est à sa droite.
L'assemblée applaudit, par instants.
Des vues de Donogoo-Tonka sont projetées sur l'écran
que M. le Trouhadec désigne d'une main autorisée.
Nous n'avons pas de peine à reconnaître les perspec-

Une lisière de bois. Lamendin se démène, dans un
grouillement de personnages diversement costumés :
indièns à plumes, nègres, gauchos, piétons et cavaliers
à carabines, boys, etc.

•

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

DONOGOO-TONKA

tives du plateau de Châtillon, et cette rixe de chercheurs
d'or qui coûta tant de sueur à Lamendin.
Mais les capitalistes approuvent de la tête une documentation aussi impartiale.

8

Le prospectus de la DonogooTonka
Au bas de l'escalier de la Bourse, un rentier examine
un large prospectus.
Les pages se présentent l'une après l'autre.

COMPAGNIE
GÉNÉRALE
DE DONOGOO - TONKA
Capital :

2

5

millions

ÉMISSION AU PAIR
DE 50.000 ACTIONS DE 500 FRANCS

Un champ aurifère.

AU PORTEUR

pour les travaux d'embellissement et
d'agrandissement de la ville de
DONOGOO - TONKA
et l'exploitation intensive
de la région aurifère de
DONOGOO - TONKA

Une seconde page offre deux vues :

-

Sur la troisième page, un article, dont on ne distingue
que le titre :

DO:NOGOO -TONKA et sa Région
PAR

YVES LE TROUHADEC
Professeur au Comge de France

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Chaque page produit un nouvel effet sur le rentier,
dont la confiance, imperceptible d'abord, grandit à vue
d'œil.

9

Une élection qu'on a en
poche
M. le Trouhadec, au centre de son cabinet de travail.
Ce n'est plus l'homme que nous avons connu dans un
mauvais fiacre. Sa mise, sans tomber dans le goût frivole,
a pris un accent d'élégance. Son regard est assuré. Il
est enfoncé dans un excellent fauteuil. Une tasse de café
fume près de lui.
Il tient à la main une revue spéciale. Il savoure ligne
à ligne l'entrefilet que voici, dont la projection successive
alterne avec celle de son visage.
Samedi dernier, une assistance d'élite
comprenant les plus hautes personnalités de la finance, de la politique et de
l'industrie applaudissait une savante
conférence que notre grand géographe
Yves le Trouhadec consacrait à Donogoo-Tonka et à sa région.
Donogoo-Tonka, on le sait, est au
premier plan de l'actualité. De puissantes entreprises vont donner à tout

DONOGOO-TONKA

ce territoire si riche d'avenir un essor
incomparable.
Le nom de le Trouhadec restera
glo!"Ïeusement attaché à celui de Donogoo-Tonka ; car sans le Trouhadec,
sans son admirable Géographie de
l'Amérique du Sud, le monde civilisé
ignorerait encore les ressources et
jusqu'à l'existence de ce moderne
Eldorado.
Vaut-il la peine de rappeler que des
confrères envieux discutèrent jadis
âprement les assertions du maitre
géographe et allèrent jusqu'à l'accuser
d'imposture ?
De ces amertumes, qu'ont connues
tous les bienfaiteurs de l'humanité,
une prochaine et triomphale élection à
l'Institut vengera Yves le Trouhadec.

10

La propagande de la Donogoo-Tonka
Une succession de tableaux rapides, chacun ne durant
guère qu'une minute, nous montre la propagande de la
Donogoo-Tonka, insidieuse, foisonnante, incoërcible.
54

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

r. Un gras quinquagénaire prend son chocolat du
matin dans une salle à manger plaisante. La bonne apporte
le courrier. La première enveloppe, en s'ouvrant, laisse
apparaître le prospectus de la Donogoo-Tonka._ L'ho~e
le parcourt, sans cesser de manger ses tartmes. Mais
.voilà que du papier, les douze lettres Don o go o Tonka
se soulèvent, s'arrachent, s'échappent et se mettent à
trotter, l'une derrière l'autre, sur la table, comme une
bande de petites souris.
2. Par la vitre d'un.wagon-couloir, un voyageur aperçoit un grand panneau-réclame fuyant au long d'une
prairie. SOCIÉTÉ DE DONOGOO-TONKA. Levoyageur
se retourne vers le dedans du wagon ; mais son regard n'est
pas délivré et partout où il se pose, au plafond, sur les
coussins, sur le tapis, apparaît soudain faiblement, comme
dans la projection d'une lanterne: DONOGOO-TONKA.
3. Un homme gravit les marches d'un escalier souterrain.
Sur la tranche de chaque degré : DONOGOO-TONKA.
L'inscription, d'abord terne et neutre, devient plus luisante, plus active, de marche en marche. A la fin les lettres
saillent, mordent, brûlent. L'homme tourne à. demi la
tête, et, à travers le crâne qui cesse d'être opaque, l'on
devine la cervelle, marquée, comme l'épaule d'un bagnard,
de douze petites lettres grésillantes.
4. Une vieille, crasseuse étude de notaire, dans un fond
de province. Un croquant cossu demande des conseils au
digne officier ministériel qui saisit, parmi les papiers de sa
table, le prospectus de la Donogoo-Tonka et se met à le
tapoter gravement. Mais soudain, sous le choc du do~gt'.
le prospectus lâche un louis d'or, puis un autre ; et a.1ns1
à chaque coup. Peu à peu le prospectus se gonfle, s'arron-

DONOGOO-TONKA

dit, se remplit, prend la forme d'une poule, que le croquant émerveillé regarde pondre.
5. La porte d'une cour dans une ferme normande. Une
femme guette le facteur. Il arrive, tend une enveloppe que
la femme décachète. Un prospectus se déploie, se soulève,
s'envole doucement, comme un oiseau miraculeux, et
voilà qu'au ciel, sur un beau nuage rond, l'on peut lire en
lettres couleur de soleil couchant: DONOGOO-TONKA.
6. Un marché, dans un bourg vendéen. Paysans,
bestiaux, volailles. Un arbre au tronc énorme, contre
quoi un homme colle une affiche. L'affiche reproduit en
gros caractères la première page du prospectus. Les gens
s'attroupent. Le mouvement du marché se ralentit et
se trouble. L'affluence devient volumineuse, pressante.
Il s'y mêle des bêtes à cornes, des cochons, des volailles ;
tout cela fasciné.
Peu à peu, la lumière se brouille. Les choses d'alentour
fondent et se simplifient. L'arbre, insensiblement, se
dépouille, se transforme en un fût, en une colonne vibrante,
et ne dirait-on pas que, dans une sorte de lande déserte,
une colonne de feu marche en avant d'une immense
foule faite de paysans, de bêtes à cornes, de cochons et
de quelques volailles ?
7• Un petit théâtre, dans une ville du Midi. Le rideau
S'abaisse, bordé de réclames locales. Mais au centre s'étale
une reproduction de la première page du prospectus, entre
la vue de la rue principale et celle d'un champ aurifère.
D'abord les gens sont distraits, les âmes disséminées.
Puis Donogoo-Tonka s'installe dans les regards, les soumet, les fixe. Toutes les têtes sont maintenant tournées
vers l'inscription.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Puis les bustes se tendent, s'étirent, font saillie hors
des loges et des galerie~. On croit voir des centaines de
gargouilles grandissantes.
Puis c'est l'ossature même du théâtre que l'on ne sait
quoi travaille. A coup sûr l'espace diminue entre les gradins et le rideau. La courbe des galeries rentre, s'affaisse;
comme si quelqu'un, ayant terrassé le théâtre, l'écrasait
lentement sous son genou.
8. Les scènes qui viennent d'être projetées successivement reparaissent côte à côte et se poursuivent ainsi
pendant quelques secondes, sur un rythme accéléré.

11
Les bureaux de la DonogooTonka
1
Une façade sur les grands boulevards.
Un vestibule. Un groom rouge; en lettres d'or, DONOGOO-TONKA sur sa casquette. Un ascenseur.
Le premier étage. Une majestueuse double porte.
Une salle, avec des guichets, des tables, des banquettes,
du public.
Un vaste cabinet directorial. Dans un fauteuil de cuir,
Lamendin, vêtu comme Edouard VII, fume un cigare de
sept francs soixante-quinze.
Il écoute un solliciteur qui se répand en · paroles. Il
réplique parfois d'une phrase courte, que l'autre accueille

DONOGOO-TONKA

avec un sourire obséquieux et à quoi il accroche quelque
nouveau développement.
Lamendin s'imagine faire son métier de directeur et
prêter une attention correcte aux propos qu'on lui tient.
Certes, son attitude est courtoise, et l'extérieur de sa
pensée n'est pas s~s contact avec celle de l'homme. Mais
presque tout lui-même, à son insu, forme un carrefour
nocturne. Mainte vision, à peine saisissable, y tournoie,
ou le traverse, puis s'évanouit.
Nous en avons le sentiment ; car sur l'écran, autour
de sa tête, se devine une circulation de songes, où nous
pouvons reconnaître :
le pont de la Moselle ;
un recoin de bar Biard ;
lecabinet du Professeur Commandeur Miguel Rufisque;
Bénin, près d'une chopine de blanc, cognant du poing
la table ;
le Trouhadec devant une carte d'Amérique;
un couloir particulièrement sévère dans une banque de
tout repos.

FIN DE LA DEUXIÈME PARTIE

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

TROISIÈME

PARTIE

1

855

DONOGOO-TONKA

débardeurs ont interrompu leur travail pour écouter
une petite fripouille, mince et brune, parler d'un pays
magnifique où il suffit de se baisser à terre pour ramasser
des poignées d'or.
3

'

Les aventuriers sans emploi
du monde entier entendent
parler de Donogoo-Tonka et
de ses champs d'or
I

A Marseille
Une rue du vieux port, devant un cabaret à matelots.
Au bord de la chaussée, les pieds dans des épluchures,
trois individus poursuivent un entretien animé. L'un
d'eux tient un papier dont le texte, visiblement, fournit la
matière de son éloquence. Une fille en chemise verte se
penche par-dessus son épaule. Nous apercevons avec elle
le prospectus de la Donogoo-Tonka et l'article d'Yves le
Troubadec.
2

A Naples
Le port marchand, tout près de l'Immacolatella vecchia.
On décharge un cargo. Une charrette, attelée d'un âne,
d'unchevaletd'un bœuf attend qu'on l'emplisse. Quelques

A Londres
Une des plus fumeuses tavernes de Commercial Road,
à deux pas de Stepney Station. Autour d'une table rectangulaire, une douzaine d'hommes, fort divers de mises et
de mines, braillent, discutent. Sur la table, avec un bout
de charbon, ils tracent des plans, des cartes, des itinéraires.
Ils font sur leurs doigts et recommencent des comptes
compliqués.

4

•

A Porto
Sur la plate-forme du tram qui va de la Praça de DomPedro à la Estaçao del Leste. Un voyageur bedonnant
développe, en même temps que le plus agréable sourire,
ses vues sur l'émigration et les entreprises lointaines. Il
semble dire : « Moi, je ne suis plus assez jeune... Mais si
j'avais vingt ans!... » De ses doigts replets qu'ornent des
bagues il ouvre un portefeuille et il en extrait avec une
lenteur soigneuse le prospectus de la Donogoo-Tonka.
Ondevinequ'ilajoute: « Voilà l'avenir... Pauvre Portugal!
Où est l'antique audace de tes enfants? » Trois autres
voyageurs l'écoutent, bouche bée. Le conducteur du tram

�1

I'

856

1

,l
1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

857

DONOGOO-TONKA

captivé lui-même en oublie de donner le signal du départ,
ce dont les gens de l'intérieur s'impatientent.

garçon ou quelque client passe près d'eux. Le prospectus
de la Donogoo-Tonka est plié sur une soucoupe.
8. Les scènes précédentes reparaissent tout~ à la fois,
et se poursuivent ainsi une fraction de minute, sur un
rythme plus hâtif.

1

5
A Amsterdam
A l'entrée d'un pont mobile, dans le quartier des
diamantaires. Une péniche bien coloriée pèse sur le canal
étroit.
Un groupe d'individus, debout, accroupis, :chevauchant
une borne, accoudés à une rampe. Ils fument des pipes ou
de gros cigares. L'un d'eux, à plat ventre sur le pavé,
désigne des choses au centre d'une carte qu'il a étalée
devant lui. On l'écoute et l'on regarde, sans mot dire.

6
1A

San Francisco

1

Un bar automatique, prodigieusement reluisant. Des
gens qui boivent ou qui mangent, debout. Dans un angle,
un groupe expédie une conversation à la fois discrète et
mouvementée.

7
A Singapour
La terrasse d'un café, sous une tente. Un garçon chinois
arrose le sol. Quatre coloniaux défraîchis devisent mystérieusement autour d'un guéridon. Ils se taisent quand le

2
L'ère des difficultés

1

Un restaurant au Bois de Boulogne, vers la fin du jour.
Lam~ndin et le banquier, son associé, dînent en plein
air, à une petite table galamment servie.
Ils paraissent gais et bavardent.
Mais l'on devine que le banquier a quelque chose d'important à dire et ne cesse d'y penser, derrière ses propos.
Il y a non loin d'eux un massif d'arbustes, dans la
pénombre.
Tandis qu'il prononce des riens, le banquier, parfois,
laisse son regard se perdre du côté de ces profondeurs, où
l'on ne sait quoi de confus semble alors se tracer: quelque
chose d'aussi vague que le visage de la lune, une sorte de
mappemonde imaginaire.
Lamendin, d'abord insouciant, est peu à peu saisi par
le faisceau de cette pensée silencieuse. Lui aussi, entre
deux phrases, regarde vers les arbustes. Il soupçonne, puis
à chaque nouveau regard déchiffre mieux l'allusion que
l'esprit du banquier projette sur les ténèbres.
On ne peut s'y tromper : cette forme noirâtre, c'est

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

1

1 ,

l'Amérique du Sud, qui fait gros dos, pleine de secrets et
de malices. Et, sur la droite, la brave Europe, où l'on est
si bien. Entre elles deux, l'Océan, d'une étendue si excessive ; une manière de trait ou de fil, à travers l'Océan,
comme la corde de l'acrobate, et là-dessus, un petit
bateau qui n'arrivera jamais.
Les deux hommes finissent par se regarder en face. Le
banquier rigole, fait des gloussements. Lamendin, le plus
piteux sourire.
Maintenant, ils parlênt, et l'on sent que leur pensée est
revenue dans leurs paroles.
Le détail de leur conversation nous échappe, mais
nous comprenons que le banquier dit à peu près ceci :
cc C'est charmant de dîner au Bois de Boulogne, et on
aurait tort de se faire de la bile. Pourtant, ça ne suffit pas
à justifier l'émission de 50.000 actions de 500 francs au
porteur. Mon petit, il va falloir en mettre un coup. Je me
sentirai plus tranquille quand vous m'aurez envoyé une
vraie photographie des premières cahutes de DonogooTonka. Je ne vous demande pas de reconstruire SanFrancisco, ni de m'expédier chaque mois une cargaison
de pépites. Mais il faut que vous partiez. »
Lamendin ne peut que répondre :
cc Evidemment ! Il faudra bien finir par là ! Il faudra
bien finir par fonder cette sacrée ville d'apaches dont le
monde se passe si facilement ! Si au moins ce vieil idiot
de le Trouhadec l'avait fourrée dans un endroit possible 1
A-t-on idée? C'est une gageure! Au fin fond du Brésil 1
Tout au bout de ce Tapajoz de Dieu ! Ça ne lui coûte rien
à lui ! Il y en aurait bien mis une douzaine ! »
Nous n'avons pas trop de peine à suivre leurs propos,

DONOGOO-TONKA

car, par moments, la pensée est si intense qu'elle devient
visible. Il se forme autour de leurs têtes des fantômes
fugitifs, que nous avons juste le temps de reconnaître.
C'est un navire sur une mer sans limites, ou une forêt
déserte au bord d'un fleuve torrentueux, ou le Trouhadec
pérorant devant une carte.
Le banquier prodigue à Lamendin des paroles encourageantes, affectueuses ; il lui verse une coupe de champagne.
Il y a de l'héroïsme dans la façon dont ils trinquent.
Le banquier insiste pour payer l'addition.

3
Les aventuriers se décident
Les scènes de Marseille, Naples, Londres, Porto, Amsterdam, San-Francisco, Singapour, sont de nouveau projetées simultanément. Les personnages sont les mêmes.
Mais la conversation a fait un pas décisif. Il passe des
gestes qui signifient : cc Entendu! », cc Comptez sur moi! »,
« Je suis votre homme», ou : cc Rendez-vous demain 1&gt;,
ou : c&lt; Donnez-moi votre adresse ».
On inscrit des noms sur des carnets et des bouts de
papier.

•

�860

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

4

Lamendin prépare son expédition
Lamendin, dans son cabinet directorial. Des cartes,
des plans, des guides couvrent le sol, les tables et les murs.
Lamendin marche, s'arrête, s'accroupit, se hausse sur la
pointe des pieds, grimpe sur un escabeau. Il applique des
règles, pousse des curvimètres. Il oriente les cartes à l'aide
d'une boussole. Il plante de petits drapeaux.

5

Les aventuriers en route

•

Les scènes sont d'abord successives; puis simultanées.
r. A Marseille, vers le fond de la Joliette. Un bateau
d'émigrants en partance pour l'Amérique du Sud. Des
hommes hâves s'embarquent. On retire la passerelle
derrière eux.
2. A Lisbonne, le Caes do Sodré. Un bateau décolle
lentement du quai. Des adieux s'échangent entre la terre
et le navire.
3. Un train qui roule, une douzaine de lieues après
Guadalajara. Des hommes silencieux fument sur la plate·
forme d'un wagon. Le lac de Chapala scintille à perte de
vue.

861

DONOGOO-TONKA

4. Le fond d'un fleuve desséché, l'on ne sait pas trop
où, mais peut-être bien dans le Honduras. Il n'y a pas de
chemin. Quatre mauvais mulets, accablés sous un chargement disparate, marchent à la file dans le lit même du
fleuve. Une demi-douzaine d'aventuriers les escortent.
5. Trois cavaliers armés, et de sombre mine, sur une
lande, au soir tombant. De gros paquetages en selle. Il
dépasse des manches d'outils.
Les cavaliers examinent une petite bourgade, que l'on
aperçoit à l'horizon, sur un renflement crayeux, et que le
couchant éclaire encore.
Chaque fois, malgré le changement de costume, d'allure,
de situation, nous parvenons à reconnaître certaines des
physionomies que nous avions remarquées à _Naples, à
Londres, ou ailleurs. Et quand par hasard les têtes se
tournent vers nous, nous avons l'impression qu'eux aussi
ils nous reconnaissent.

6

Lamendin recrute quelques
pionniers à Montmartre
Lamendin, accompagné de Lesueur, entreprend une
tournée à Montmartre et à Montparnasse. Il lui faut,
pour son expédition, quelques hommes SÛI:5 et sympathiques, et que l'idée même de travailler à l'embellissement d'une ville tout juste probable ne soit pas de nature
à déconcerter.

�..

862

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Les deux amis se rendent d'abord place du Tertre.
Nous les voyons qui pénètrent chez Bouscarat. Ils y
trouvent trois ou quatre camarades qui sont de loisir.
Lamendin les interroge avec bienveillance sur leur santé,
leurs occupations et leurs projets.
Il leur demande s'ils ne s'ennuient pas, si Montmartre
n'est pas un peu étroit, la place du Tertre un peu égale.
Que penseraient-ils d'un voyage... au Brésil ? Traversée
magnifique ! Les rades I Les villes ! Les fleuves ! Les
forêts! Donogoo-Tonka !
« L'argent ? Ne vous en souciez pas! Puisque l'on vous
invite! ... Et dépêchez-vous d'accepter, car les places
seront bientôt prises. »
Vraiment, ils n'ont pas d'objections préparées. Et ils
n'espèrent pas en découvrir, à cause de la chaleur et de
la fatigue. Pourquoi faire des façons ? Ils acceptent.
Les voici qui sortent de chez Bouscarat à la suite de
Lamendin et de Lesueur.
Tous franchissent le seuil de Spielmann.
Lamendin avise quelques âmes désœuvrées et peu •
défendues qu'il a tôt fait de réduire.
La petite troupe s'augmente. Les premières recrues
travaillent elles-mêmes, par leurs propos et leur seule
présence, à la capture des autres.
Un rassemblement général des Pionniers se fait dans
le jardin de chez Catherine. On apporte des pichets et]
des verres. Lamendin prononce quelques mots. Les Pionniers boivent quelques verres.

863

DONOGOO-TONKA

7
Un grand atelier de sculpteur à Montparnasse. Lamendin dirige l'équipement des Pionniers. Ce ne sont par
toute la salle qu'essais de bottes, de jambières, de leggins, de vestons de cuir, de chapeaux cow-boy, de bandoulières, manœuvres de rifles, de couteaux à virole et
de pistolets à répétition. Dans un coin, trois pionniers
apprennent à monter une tente.
Pas trace de sourire sur les visages, bien au contraire.:
ils expriment le sérieux, la concentration, le sentiment des
responsabilités, et par-dessus tout l'idée que c'est bigrement difficile de faire des métiers pareils.

8

Première revue des Pionniers
sur le plateau de Châtillon
Ce morceau du plateau de Châtillon que nous connaissons déjà. La mise en scène de l'autre fois subsiste encore,
mais a pris une apparence assez piteuse. Il a dt1 pleuvoir
là-dessus. Les constructions de Donogoo-Tonka sont à
demi effondrées ; les palanquins et les pousse-pousse ne
forment plus qu'un tas de débris.
Mais il n'importe. L'affaire n'est pas, pour le moment,
de donner aux actionnaires de la Donogoo-Tonka une
documentation véridique et saisissante. Il s'agit de passer
les Pionniers en revue dans leur tenue de départ.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

1

11

La cérémonie a lieu entre intimes. Pourtant Lamendin
a voulu l'empreindre de quelque solennité.
Au premier plan et à droite, sur une petite estrade
sont assis :
Le Professeur Yves le Trouhadec, à la place d'honneur~
à sa droite, le Professeur Commandeur Miguel Rufisque ;
à sa gauche, le banquier ;
.
de part et d'autre, Lesueur, Bénin et quelques anus.
Les Pionniers, au nombre de vingt-quatre, sont rangés
sur deux lignes au fond du terrain.
En face de l'estrade, une fanfare de huit exécutants.
Lamendin, qui vient de s'entretenir avec les personnalités de l'estrade, se dirige vers les Pionniers.
Il a gardé sa redingote, d'une coupe excellente. Mais
l'effet en est tout autre que d'habitude ; car il l'a serrée
à la taille dans un fort beau ceinturon de cuir, et il porte
une casquette qui pourrait être d'amiral. Il tient une
canne de jonc.
.
On le voit qui inspecte rapidement ses hommes. Puis
il se place devant eux, donne un ordre.
Les Pionniers sur deux rangs de douze s'ébranlent,
tandis que la fanfare rompt les chiens.
Alors le Professeur Yves le Trouhadec, son chapeau de
soie à la main, se lève. Le Professeur Commandeur Miguel
Rufisque l'imite.ainsi que toutesles personnalités présentes.
Les Pionniers, conservant un alignement impeccable,
s'avancent derrière leur chef. A la hauteur de la tribune,
leurs têtes se tournent d'un seul mouvement vers les
personnalités qui éclatent en bravos.
Il y a une minute d'émotion indescriptible; les plus
sceptiques sentent leur gorge se serrer.

DONOGOO-TONKA

865

9

Les Aventu riers à la recherche

de Donogoo-Tonka
Projections successives, puis simultanées.
I. La place principale de Cuyaba. Une de nos bandes
d'Aventuriers vient d'y faire halte. Huit compagnons,
avec des bêtes de somme.
Les Aventuriers, visiblement, sont perplexes. Ils ont
des cartes à la main. Ils discutent ; pour un peu, ils se
querelleraient.
'- Ils interpellent des habitants, les interrogent d'une
manière pressante. Personne ne peut leur répondre. Même
un vieillard, d'aspect très honorable, n'a jamais entendu
parler de Donogoo-Tonka.
2. Une autre bande, au carrefour de deux chemins,
dans un pays forestier. Quelques huttes d'indigènes. Les
Aventuriers palabrent avec les Peaux-Rouges. Ceux-ci
affirment qu'ils ne connaissent point ce dont on leur parle.
Les Aventuriers soupçonnent que les indigènes ont quelque
intérêt à mentir. Ils insistent... Ils promettent des cadeaux.
Mais les autres font de grands serments. Ils paraissent
sincères. Donogoo-Tonka? Non, vraiment. Ils ne savent
pas ce que c'est.
Les Aventuriers sont désespérés.
3. Une autre bande arrive au bord d'un fleuve où
trempe une immense forêt. Les Aventuriers s'arrêtent.
Ils traînent avec eux un jeune garçon qui leur sert de
guide, bien malgré lui, semble-t-il.
55

�866

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ils Je poussent au milieu d'eux; ils le rudoient.
« Vas-tu nous dire où loge ce sacré pays ? »
Le jeune garçon proteste de son ignorance et fond en
larmes.

10
Nous apercevons brièvement la fin de la cérémonie,
sur le plateau de Châtillon. Tout le monde est groupé
et
t ur d'une vaste table chargée de rafraîchissements
mo
p·
.
de munitions de bouche. Les Personnalités et les 10nmers
forment une confusion amicale. Yves le Trouhadec, gagné
par l'esprit du champagne, porte de nombreux toasts ~t
trinque spécialement en l'honneur de la psychothé~ap~
biométrique. A quoi le Professeur Commandeur Migu
Rufisque sait répondre. Un petit soleil d'Ile-de-France
l'féside.

11
Quelques Aventuriers, lassés
de leur recherche" décident
de s'établir là où ils se
trouvent
Vers la fin du jour, une plaine, mal couverte d'une ~égétation clairsemée. Des hauteurs boisées ferment l'honzon.
Une mince rivière coule sur la gauche.
Une troupe d'Aventuriers. Nous avons du voir ces
A

•

DONOGOO-TONKA

têtes-là du côté de Commercial Road. J'en compte bien
une douzaine, et leur équipage est important : plusieurs
mulets, de volumineux bagages, deux chiens.
Tous semblent harassés et de méchante humeur.
Ils ont une discussion suprême dont il est facile de
deviner le sens.
u A quoi bon chercher plus longtemps ? C'est une
histoirestupide. Nous finirons par épuiser nos provisions
et par crever de faim. Donogoo-Tonka? Une fichue plaisanterie! »
Les uns parlent de retourner à la côte. Mais un grand
maigre donne son avis avec véhémence :
« Retourner? Jamais de la vie. Nous sommes éreintés.
Les bêtes aussi. Et puis, qu'est-ce que nous deviendrons,
une fois là-bas? Moi, je reste ici. En somme, l'endroit
en vaut un autre. On verra bien ... Il peut se produire un
coup de veine... En tout cas, j'aime mieux pourrir ici
que de refaire la route. »
L'épuisement de tous ajoute du poids à ses raisons. On
adopte ce parti, quitte à tenter mieux, plus tard, quand
on se sera reposé.
L'installation commence. On débâte les animaux. On
dresse des tentes.
Certains, armés d'outils, coupent des branchages et
éclarcissent la broussaille.
Le premier feu s'allume au centre du campement.

12
Une rue de Montparnasse. Plusieurs camions de la
Compagnie d'Orléans attendent le long du trottoir.

�DONOGOO-TONKA

868

869

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Nous voyons de biais une petite cour, et l'atelier de
sculpteur dont le dedans nous est connu.
Lamendin et ses Pionniers s'agitent. On pousse des
caisses, on les charge sur les camions.
Lamendin n'a pas l'air de s'amuser.

13

Les hommes, qui semblent de bonne humeur prennent
un repos. L'un d'eux place une gourde et d~ gobelets
sur. une tabl~ à tréteaux devant la première cabane de
droite. Ils b~1vent, ils s'animent, ils s'esclaffent.
On en v01t un qw· saisit
· · un bout de planche y , .t
a;7ec un charbon quelques lettres grossières ; puis ~ :
d,.un marteau
et de clous' gn·mpe au poteau, pour y 'clouer
. .
1mscnpbon.
Les Aventuriers, applaudissant, vociférant, forment
une ronde autour du poteau qui porte à son sommet:

Les Aventuriers, en manière
de dérision, baptisent leur
campement du nom de la
ville introuvable

DONOGOO-TONKA.

FIN DE LA TROISIÈME PARTIE

Quelques jours ont passé, et l'aspect du lieu n'est déjà
plus le même. Le sol est nettoyé de broussailles sur une
certaine étendue. On a ménagé une sorte de place ronde
et planté au milieu un poteau muni de crochets de fer
pour l'attache des bêtes de somme.
Autour de la place, des tentes sont encore dressées,
mais l'on travaille à édifier des cabanes en planches.
Un homme trace une rigole pour l'écoulement des eaux.
La rigole contourne chaque cabane et file ensuite vers la
rivière qui est à gauche.
De la place à la rivière, le passage des hommes et des
bêtes a déjà marqué un chemin. Un autre chemin s'annonce, qui joindra la place à une petite prairie caillouteuse qui est en face de nous, à trois cents mètres, et où
les animaux paissent, pour le moment.

( à suivre.)

JULES ROMAINS.

�870

POhJES

Où êtes-vous ? Repartis Beaucoup avec, dans les orbites,
Des lumières mêlées de vertiges,
D'autres, de l'amertume dans la bouche,
D'autres, lents de la lassitude
Que laissent aux membres
Les fardeaux otferts qu'on n'a pas touchés.
Repartis - au delà
De l'immense trait de l'horizon
Derrière vous tiré comme une signature.

POÈMES

AUX SOLDATS AMÉRICAINS

Amis, compagnons, ô frères
(Comme si fe poiwais vous saisir
De ces tn()ts comme des mains tendus}
Partis de là-bas, visages nature comme des mottes de terre,
Avec dt, vrai vent d'air dans la poitrine
Et les quatre membres forts dont on se sert,
0 frères, venus
Dans cette vieille E1trope gdtée de haines
Qui ressemble au malheur, qui ressemble au passé,
Venus dans la bagarre absurde
Sur notre bout de terre où un peu plus
De fustice et de liberté,
0 ù une espèce d'innocence
Vous laissait place nette pour poser le pied,

f

Repartis. - De vous, quelque chose
Subsiste-t-il parmi ces verdeurs qui poussent
Sous notre ciel variable comme un dessous d'arbre
Gris et bleu tour à tour selon les saisons ?
Repartis. -Pas tous. Quelques-uns,
Dont le nom est multitude,
Ont passé plus avant que d'autres.
Ils sont allés sous la surface.
Ils ont voi,lu voir ce que c'était vraiment.

,

Certes. Et ils en ont eu
Par delà tout vivant désir,
Au-dessus d1, ventre et du cœur, au-dessus
De la pensée même.
Il y a plus d'une pelletée de terre par-dessus.

�872

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

POÈMES

Rien n'en dépasse que cette Ombre
Droite, barrée d'un trait,
Dont les vieilles religions rappellent la douleur d'être:
La croix - le iaillissement plus
L'obstacle qui barre A iamais dressée sur chaque homme
Et qui, lorsqu'il s'est enfoncé"'sous terre,
Devenue visible, seule dépasse.

Le baiser léger qu'un instant suspendit
A vos lèvres cette ouvrière aux chevilles fines, rue du Temple
Les bras ouverts du grand-père Charvasse
à Saint-Mihiel,
Tout cela qui est nous mais, certes, fut vous-mêmes autant
Que vos villes dressées et vos larges motifs de mourir,
Toute la preuve fraternelle
Qu'entre humains vouloirs il n'est pas d'abîme, ni même
L'eau colossale qui songe aux tempêtes.
Comme au bout du pont la dernière pierre, toute ensevelie,
Laissez-nous ici vos os.

Les)oilà, les croix blanches, rang par rang,
En grand nombre, bien comptées,
Comme une troupe qui avance encore.
Des chiffres, des noms sont sur chaque croix.
Le sol est net et bien sablé.

0 vous, qui maintenant gisez
Sourds et aveugles, laissez bien
Dissoudre les i ointures de vos membres ;
Déposez éloquemment
Non plus des mots, mais vos mâchoires ;
Ouvrez le creux de vos poitrines
Où la terre entre par dessous.
Dans l'épais continent laissez
V os entrailles et vos trouvailles :
Le premier goîtt d'une côte de France apparue
Suave, changeant de côté
ainsi qu'un bonbon dans la bouche,

Une autre troupe aussi s'avance
Irrégulière, un peu désordre, presque gaie De vraies croix, hélas, de Français.
Çà et là des tombes vaincues
Comme honteuses, cachées d'herbe ...

0 Morts des Mondes, est-ce que

,.

Vous n'allez pas vous rencontrer sous la terre ?
Trop d'espaces se sont unis sur la nôtre
Pour que, limitée, fermée,
Elle s'appartienne à elle-même désormais.

0 Morts des Mondes, en cette Europe
Vous n'avez pas fini votre tâche.

,

�874

875

POÈMES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Puis tout a goat de fer : grues,'_treuils, coques
Enormes rayonnant des cheminées,
Des tôles, des barres, des ronds, des angles.
Ça se pousse, ça se débrouille, ça se pénètre.
Toutes les choses se crachent dans la bouche.
UN PORT

Si tu vises les quais, tête à trous,
Tl t'en tombe, des trucs, dans tes âmes :
Des monts de charbon, des pays de brique,
Des sacs qui croulent, des oranges neuves,
Des fumées, des cris, de( bagarres.

Qu'est-ce qu'on pourrait dire pour marquer
A vif la vraie·peau de la mémoire ?
Des mâts, des mâts, des mâts, des mâts
Et puis cordages, cordages, cordages.
Ça paraît naïf, mais c'est ça.
Les mâts sortent du tas des maisons :
Façades, clochers, toits et façades.
Les mâts sortent du tas des bonbonnes
(Vertes et rondes, acide sulfurique).
Il m'en sort des épaules, des joues,
Ça pousse partout, l'herbe à navires.
Maintenant, les cordages : réseaux
Dessinés, agrès et échelles.
C'est dans l'air, ça se répète sur l'eau ;
Ceux de l'air, c'est fin, ça se balance,
Ceux de l'eau, ça bouge en plaques molles.

t

Ca,, surtout, y a de l'homme. Groupe et grappe,
De la foule, de la file, du seul, et même
Au creux de tout ce qui flotte ou se pose,
Plein les navires, les bars, les docks.
Vrai, ça teinte tout. Yeux bleus, ces flaques bleues ?
Les odeurs sont anglaises ou turques ?
Tout le faune est chinois, l'ombre est nègre.
Qu'on massacre ailleurs, qu'on enterre,
Par ici comme y a de l'homme, bon dieu I
Comme y a de l'homme par le monde,
comme y a del' homme!
LUC DURTAIN

�L'ENFANT QUI s'ACCUSE

el lui causer tant d'inquiétude. Il a rédigé ces notes au four
le jour, sans pensée de publication ; s'il se décide aufourtl'hui à les laisser paraître c'est dans le désir de verser un

document aussi caractéristique à l'étude de la criminalité
J. s.

en/antine.

L'ENFANT QUI S'ACCUSE
CONTRIBUTION A L'ÉTUDE DE
LA CRIMINALITÉ ENFANTINE

Quelques indications sont nécessaires à l'intelligence de
ces notes. Jacques L ... , de qui fe les tiens, habite avec les
siens, en Normandie, une petite propriété nommée la
M attraie. C'est un ancien bâtiment de ferme, resté très
rustique et situé au milieu d'un pré planté de pommiers.
La maison n'a qu'un étage; certaines parties doivent être
fort anciennes, car par endroits les murs ont quatre pieds
d'épaisseur. L'habitation est entourée, sur trois c8tés, d'une
sorte de petit fardin de curé, ou pour mieux dire, de deux
plates-bandes continues, que sépare un sentier dallé el
qu'une palissade protège contre les bestiaux. La M attraie
faisait autrefois partie de l'important domaine de Maisonneuve aitquel elle reste rattachée par de nombreux liens.
Elle s'y fournit de laitage, de volailles etde légumes. Pour
tous les menus travaux, c'est le gérant du domaine, Dolet,
qui prête ses ouvriers et c'est sa carriole qui assure les communications entre la Mattraie et la gare la plus proche.
Mme L ... venait de rentrer, après une absence assez
longue, et son mari la refoignait le ·surlendemain, lorsqu'il
apprit l'incident qui devait piquer si vivement sa curiosité

(

Le vendredi 2 juin, en me ramenant à la Mattraie, de
la gare où il est venu me chercher en carriole, Dolet me
raconte les différents événements qui. agitent le pays :
il y a notre chienne Walda qu'on a retrouvée à P ... après
six jours de disparition ; il y a le facteur qui, poursuivi
par un chien, a voulu grimper dans un poirier, en est
tombé et s'est cassé la jambe.
- Et puis, Monsieur ne sait peut-être pas que le portemonnaie de Mme Jacques a été volé ?
- Non, dis-je, volé, quand ça?
- A la Mattraie, juste après l'arrivée de Madame, il y
a deux jours. Vous avez télégraphié pour avoir une adresse
qui se trouvait dans le porte-monnaie. C'est alors que
Madame l'a cherché partout sans pouvoir le retrouver.
- Celui qui a fait le coup a bien choisi son moment.
Le porte-monnaie contenait au moins trois cents
francs.
- Non, car heureusement Mme Jacques nous en avait
tout de suite remis deux cents pour régler une note.
ll lui restait un billet de cent francs et une pièce d'or.
Madame ne se souvient pas si c'est de dix ou de vingt
francs. Il y avait aussi la clef de la malle et une collection de timbres étrangers que Madame voulait envoyer à
sa petite nièce.
- Est-on sûr qu'il est perdu ?

�L'ENFANT QUI S'ACCUSE

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- On a cherché partout, même dans l'herbe où
Mme Jacques est restée assise un moment. Du reste nous
av?ns de~ soupçons: je crois bien que c'est le petit Julien
qw a fait le coup pendant qu'il montait les bagages.
Mes deux ~~tr~ ouvriers,
ne les ai que depuis peu de
~emps, mais Il n est pas possible que ce soit eux. D'abord,
ils monta_ient à deux les grosses malles, ce qui fait qu'il
leu~ aurait fallu se mettre d'accord. C'est déjà difficile à
cr~ire. ~t puis j'ai confiance en eux. Au contraire Julien,
qw était chargé des petits bagages, les montait seul.
Mme Jacques se rappelle qu'elle a posé son porte-monnaie
sur la table de la salle à manger, à côté de son sac de
voyage. Il n'avait donc qu'à étendre la main pour le
prendre en passant. Et puis il y a des choses louches.
Quand, à la ferme, on a su la disparition du porte-monnaie
ma femme~ dit à Julien: cc Est-ce que tu n'étais pas aussi
à la Mattr,aie _? » Il a tout de suite)ffirmé qu'il n'y avait
P~ été.' C était un mensonge évident, puisqu'il est, par
t~ois foi~, monté au premier étage. Un peu plus tard il a
di~: «Sile porte-monnaie de Mme Jacques est perdu, je
vais aller à la Mattraie et je le retrouverai.» Malheureusement, sur ces entrefaites, les autres lui ont fait peur,
Ils ne veulent pas qu'on les soupçonne et ils lui ont dit
que s'il retrouvait si facilement le porte-monnaie, ce serait
la preuve qu'il l'avait caché quelque part. A la suite de
cela'._le p~tit est resté à la ferme, ;ee qui est bien dommage,
car Je sws sftr qu'il aurait rendu le porte-monnaie.
- Avez-vous des raisons de croire qu'il ait déjà commis
des vols?

i:

- On ~e peut pas dire qu'il ait volé, bien que tout le
monde soit persuadé que c'est lui qui a pris la serpette du

r

jardinier. C'était un couteau si facilement reconnaissable
que Julien n'aurait guère pu en faire usage sans être immédiatement dénoncé. Or, trois semaines plus tard, la serpette
se retrouve sur l'établi, bien en vue. Il faut qu'il l'ait
rapportée là. Pour l'argent, chaque fois que Julien en
a eu entre les mains, il en a rendu compte exactement.
C'est seulement ces temps derniers que nous avons
remarqué de petites choses. Il s'est vanté à ses camarades
d'avoir carotté vingt sous sur une saillie. Puis, la semaine
dernière, je lui ai donné la clef de la cave pour aller chercher du cidre. Deux jours après, je dis à ma femme:
« Est-ce toi qui es retournée à la cave ? » Elle dit que non
et qu'elle n'a donné les clefs à personne. Alors j'ai été
voir de plus près et je me suis aperçu qu'on avait tiré le
verrou intérieur qui fermait la porte de derrière. Ce ne
pouvait être que Julien. Il a commencé par nier. Ça, il
est menteur; c'est ce qu'on peut surtout lui reprocher.
Mais à la fin, il a bien été obligé de reconnaître qu'il avait
ouvert la porte, et que, n'ayant pas de verre sous la main,
il avait bu dans l'entonnoir. Il aurait encore bien été
capable de s'entendre avec son père pour emporter du
cidre. Tout cela est ennuyeux parce que j'étais plutôt
content de lui. Il faisait bien son travail. Il n'aime pas
soigner les cochons, mais je lui avais promis les chevaux
s'il se conduisait bien. Souvent, quand je rentrais du
marché, il venait de lui-même au devant de la jument et
offrait un coup de main, ce qu'aucun des autres n'aurait
jamais fait.
Le jeune Julien Vincent, dit Rongeard, va avoir quinze
ans. Son père, qui est venu chez moi élaguer les haies et
planter des arbres, travaille à la journée; c'est un homme

�880

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

intelligent, au regard hardi et sensuel. Il travaille bien ;
c'est pour cela qu'on le garde, malgré sa mauvaise réputation. On dit qu'il a fait de la prison pour braconnage;
aussi reproche-t-on dans la commune à Dolet d'employer
du triste monde. Il est si endetté qu'aucun boulanger ne
lui fait plus crédit ; il boit toute sa paie et laisse sa femme
se débrouiller avec ses quatre enfants. L'aîné est Julien;
le second va encore à l'école et, au dire de l'instituteur,
• c'est une graine d'apache ». Il y a encore une petitt
fille et un petit garçon de trois ans. La femme est une
pauvre créature, pleurante et incapable. L'année dernière, elle disait ne pouvoir travailler parce que son garçon de deux ans ne se laissait pas sevrer et refusait la
soupe. Il fallut que, pendant un mois, ma femme la fit
venir chaque jour pour lui montrer comment on accoutume un enfant à la cuillère. Il y a trois ou quatre ans,
la misère des aînés faisait pitié à tous les voisins. Ils
étaient roués de coups et allaient presque nus. Un hiver,
Rongeard qui avait pris à l'alloue des terrassements,
faisait pousser la brouette au petit Julien dont les pieds
saignaient d'engelures. Sa mère venait parfois se plaindre
de l'enfant, attribuant tous ses défauts au fait qu'elle ne
l'avait pas élevé elle-même, mais qu'il avait été confié à sa
tante : • A son âge, tous les vices qu'il a déjà I Il en a que
je ne peux seulement pas vous dire. »
- Depuis que Dolet l'avait pris à son service, ce petit me
frappait par sa mine éveillée, son joli regard, son sourire
content sitôt qu'on lui adressait la parole. Dolet ne cache
pas qu'il éprouve un certain attachement pour cet enfant.
- Je suis bien embarrassé, dit-il. On ne voudrait pas
lui nuire s'il n'a rien fait. Mais ce n'est pas lui rendre ser-

L'ENFANT QUI S'ACCUSE

881

vice non plus que de Je laisser continuer. Peut-être qu'il
avouerait, s'il était questionné par l~s gendarmes.
- Je me demande, en effet, si ce ne serait pas encore le
meilleur parti. Qu'il ait pris ou non le porte-monnaie, il
verra du moins que ce n'est pas une plaisanterie. Il n'est
naturellement pas question de poursuites.
- Oh! Monsieur peut toujours retirer sa plainte. Et
puis, les autres domestiques voudraient que l'affaire soit
éclaircie.
- Eh bien, dis-je, le mieux est d'avertir le brigadier
et qu'il interroge vos trois domestiques.
La carriole me dépose chez moi comme on sonne pour
le déjeuner. Deux heures plus tard, ainsi que nous en
étions convenus, Dolet repart pour D ... sans avoir prévenu
personne. ci Hier, m'avait-il dit, j'ai cherché partout dans
sa chambre, pendant qu'il était au travail ; j'ai même
regardé dans la paille de la porcherie. Mieux vaut qu'il ne
sache rien pour qu'il n'ait pas le temps de préparer ses
réponses. Il est assez malin pour combiner des histoires
qui aient tout l'air d'être vraies, surtout s'il est de mèche
avec son père. Il regarde toujours dans les yeux quand il
ment.,
Au commencement de l'après-midi, je me trouve descendre à la ferme. Justement je croise Julien. Son premier regard, inquiet et interrogateur, me fait mauvaise
impression; mais comme je lui dis bonjour à mon ordinaire, il salue avec son soorire de tous les jours.
Dolet revient me dire que les gendarmes passeront le
lendemain matin. Puis il m'amène Julien.
- Je l'ai encore interrogé, dit-il. Il affirme que ce
n'est pas lui qui l'a pris.

..

�882

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Je prends une grosse voix paternelle pour lui dire :
- Voyons, mon garçon : tu as tellement l'habitude
de mentir qu'on ne te croit plus sur par-;,le. Si tu as pris
ce porte-monnaie, rapporte-le tout simplement.
Il a un air fermé de petit paysan qui n'en dira pas plus
long qu'il ne veut.
- M'sieur Jacques, je ne l'ai pas pris.
- Je te donne jusqu'à ce soir. Je travaille dans le
jardin. Rapporte-le-moi. Personne ne te verra, et ce sera
une affaire finie. Mais je ne veux pas que tu te moques de
nous. Va, réfléchis.
Il ne reparaît pas dans la soirée. J'apprends seulement
qu'il a dit à un des autres valets de ferme :
- Celui qui a pris le porte-monnaie, il me le paiera.
Le lendemain, vers dix heures, arrivent le brigadier
et le gendarme. Je connais déjà ce dernier, un rouquin
maigre qui n'a pas l'air méchant, mais jamais je n'ai vu
le brigadier : grand, trapu, moustaches retroussées. Je
les fais entrer dans la salle à manger et je leur raconte ce
que je sais de l'histoire. On me questionne sur mes
domestiques. Je me porte garant de leur honnêteté.
Mon récit est abrégé, transposé dans le style du brigadier
et dicté au gendarme. Je signe et je laisse les deux hommes
descendre à la ferme de Maisonneuve.
Au bout de vingt minutes, le brigadier revient :
- II a avoué... ah ça n'a pas été facile. Il est roublard.
Tout de suite j'ai voulu lui faire de l'impression : «Allons,
toi, prends tes affaires et suis-nous. » Puis dans la petite
salle de la ferme, j'ai commencé à l'interroger : « C'est
toi qui as fait le coup. Allons, avoue-le. &gt;&gt; M. et Mme Dolet
lui disaient : « On ne veut pas te faire de mal, mais on veut

L'ENFANT QUI S'ACCUSE

883

savoir qui a pris le porte-monnaie. » Il n'y a rien eu à en
tirer. Alors nous lui avons dit : « Ça va bien. On va t'interroger chez le juge de paix. Tant pis pour toi. » Et nous
sommes partis avec lui. J'ai continué : « Voyons, l'as-tu
donné à quelqu'un ? » Il a fait : non. « L'as-tu caché
quelque part? L'as-tu enfoui ?" » Il a encore fait :
non. «L'as-tu jeté dans l'étang pour t'en débarrasser? »
Alors il n'a rien répondu. Ah! j'ai senti que ça venait. Je
l'ai pressé. J'ai dit : « Oui, tu l'as jeté dans l'étang. »
J'ai vu les larmes qui lui montaient. Il a fait un signe de
tête.« C'est bien ça? Tu l'as jeté dans l'étang? » Alors il
a dit:• Oui._» Il est à votre barrière avec le gendarme.
Comme nous allons les rejoindre, le brigadier reprend,
avec la joie que donne un travail lestement fait ;
- Oui, depuis un moment, je sentais que ça venait,
que ça montait..•
Et pour mieux me faire comprendre, il respire comme
un homme qui se noie :
, -:-- C'était l'instant dont il fallait profiter... Alors je
l ai pressé... Maintenant il pleure... Il est comme soulagé.
Le petit a quelques larmes, en effet. Mais elles semblent
arrachées par la rage d'avoir faibli, plus que par l'angoisse
ou la honte. Je lui dis:
, - . P?urquoi n'as-tu pas avoué tout de suite que tu
l ~vais Jeté dans l'étang? On n'aurait pas fait tant d'histoires. Les gendarmes ne seraient pas venus. Maintenant
tout le monde le sait.
- Dis-nous à quel moment tu l'as pris? demande le
brigadier.
-

En traversant la salle à manger.
Où était le porte-monnaie ?

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Sul'coin de la table.
- C'est quand tu montais les colis?
- Oui.
- Tu l'as pris tout de suite en entrant dans la maison ?
- Quand je montais le second colis.
- Pourquoi l'as-tu pris ?
- Je ne croyais pas que c'était un porte-monnaie,
je croyais que c'était un portefeuille.
- En voilà une excuse. Un portefeuille, c'est là justement qu'on met souvent le plus d'argent.
- Je ne savais pas; je ne croyais pas qu'il y avait de
l'argent.
- Alors tu l'as mis dans ta poche ?
- Oui.
- Puis qu'est-ce que tu en as fait?
- Je l'ai caché dans la paille du cochonnier.
- Quand l'as-tu jeté dans l'étang ?
Il a l'air de chercher.
- Voyons, à quel moment ?
- C'était ... le lendemain ...
- Alors jeudi, avanl-hier ?
- Oui.
- A quelle heure ?
Il cherche encore.
- C'était... j'sais pas au juste... vers les huit heures...
neuf heures...
- Le soir?
- Oui ... avant le souper.
- Eh bien, nous allons descendre à l'étang. Tu vas
nous montrer l'endroit où tu l'as jeté.
Comme il faut traverser la ferme, je dis :

L'ENFANT QUI

s' ACCUSE

885

- Laissez-le aller en avant. Ce n'est pas la peine qu'on
le voie entre deux gendarmes.
On se décide à lui laisser prendre les devants. Le brigadier reprend :
- Oui, j'aurais voulu que vous entendiez cet interrogatoire. Ça vous aurait intéressé. Il faut du flair, vous
savez, pour saisir le moment...
On est à l'étang. Julien longe la digue, nous conduit
à l'endroit le plus profond :
- Là, dit-il.
- C'est là que tu l'as jeté? A quelle distance?
- ]'sais pas... je n'ai pas regardé où il est tombé.
- Ça ne peut pas être loin, fait remarquer le gendarme, autrement ces branches l'auraient arrêté. Montrenous comment tu as fait.
- J'ai d'abord mis une pierre dedans.
Etonné je lui demande :
- Une pierre de quelle taille ?
Il en ramasse une, plate, de cinq ou six centimètres
de longueur ; en effet le porte-monnaie aurait pu en contenir une pareille.
- Une pierre comme ça.
L'idée de ce porte-monnaie gisant au fond-de l'eau ne
veut pas entrer dans la tête des gendarmes.
- Tu avais retiré l'argent?
- Non, je l'ai jeté tel que.
- Pourquoi as-tu fait cela ?
- J'ai eu peur qu'on le trouve.
- Par où es-tu descendu vers l'étang ?
Il montre l'avenue, par où effectivement il pouvait
descendre sans être vu ; et l'endroit del' étang qu'il désigne

�886

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

est le plus profond qu'on pouvait choisir, tout en étant
hors de vue de la maison du garde.
Nous remontons à la ferme et l'interrogatoire se
continue dans la petite salle.
- Comment est-il, ce porte-monnaie ?
- Il est... en cuir brun ...
- Comment grand ?
11 montre la longueur de sa main, puis la largeur de
quatre doigts.
- A peu près... comme ça... et comme ça.
- Qu'est-ce qu'il y avait dedans?
- Il y avait ... un billet de cent francs... et une pièce
d'or...
- Un louis de dix ou de vingt francs?
- ]'sais pas.
Mme Dolet, qui est seule avec nous, s'écrie avec emportement:
- Messieurs, il ment. Il ne fait que mentir. Tu ne
nous feras pas croire que tu n'as pas regardé ce qu'il y
avait dans le porte-monnaie.
Il se décide :
- Un louis de vingt francs.
- Tu ne pouvais pas le dire tout de suite? Et qu'estce qu'il y avait encore ?
- Y avait une clef.
- Et quoi encore ?
- Des timbres neufs.
- C'est tout ?
- Y avait aussi une carte avec quelque chose d'écrit.
Sur quoi le brigadier rédige la déclaration que Julien
devra signer.

L'ENFANT QUI S'ACCUSE

- Tu es né quand ? Le nom de ton père ? Tu sais lire
et écrire ? «Je reconnais que mercredi dernier, en montant
des bagages à la Mattraie, j'ai pris un porte-monnaie qui
était sur le coin de la table. Je l'ai pris en montant le
second colis. J'ai cru que c'était un portefeuille. Il contenait, etc. Quelques instants plus tard, je l'ai caché dans la
paille de l'étable aux porcs. Le lendemain, craignant
d'être découvert, j'ai jeté l'objet dans l'étang.» Regrettestu ce que tu as fait ?
L'enfant pleure de nouveau, mais comme à regret,
sans détresse visible, sans abandon. Il fait un signe de tête.
Le brigadier dicte :
- Je regrette l'action que j'ai commise. Maintenant
signe. Tu sais signer ?
Le gendarme fait remarquer :
- Puisqu'il sait lire et écrire.•.
Le moment me paraît affreusement solennel. L'enfant s'approche et signe. Il a franchi la limite légale qui
sépare l'honnêteté du crime. Il est de l'autre côté.
Je signe à mon tour une déclaration où, invoquant les
aveux et l'âge du coupable, je prie M. le Procureur
qu'aucune suite ne soit donnée à l'affaire.
Sur le seuil, lebrigadierselivreà unedernièreexhortation:
- M. Jacques a retiré sa plainte, mais n'oublie pas
qu'il peut toujours la renouveler. Est-ce vrai ce que tu
nous as conté? Tu as déjà menti à M. Jacques. Mais
mentir aux gendarmes, c'est encore bien plus grave.
- Oui, c'est vrai que je l'ai jeté dans l'étang.
' Dans l'après-midi, je prie Dolet de lever la vanne.
Mais nous nous y sommes pris trop tard : l'étang ne sera

�888

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pas vide avant la nuit. Le poisson risque de crever. Il faut
refermer l'écluse et remettre nos recherches au lendemain.
Le soir, la mère Rongeard vient pleurer à la Mattraie.
- Ah! mon Dieu, quel malheur! Si c'est permis! J'ai
toujours dit qu'il ne nous donnerait que du chagrin. Il n'a
seulement pas été élevé. Ça se voit tout de suite. Voilà ce
que c'est que de l'avoir confié à sa tante...
On essaie, par de bonnes paroles, d'arrêter ce torrent.
Elle finit par s'en aller, pleurant toujours.
Comme le lendemain est dimanche de Pentecôte, les
recherches dans l'étang ont vite fait d'attirer garde, jardiniers, garçons d'écurie. En traversant la cour de la ferme,
je trouve Julien assis sur une chaise, devant la porte. Il
a sa belle chemise bleue du dimanche. Il semble parfaitement indifférent.
- Ecoute, Julien, lui dis-je. Réfléchis encore une fois.
Ne nous fais pas vider l'étang pour rien. L'eau est froide;
on va probablement être obligé d'y entrer. Un homme
pourrait encore y attraper du mal. Si le porte-monnaie
n'y est pas, il est encore temps de le dire.
- M'sieur Jacques, c'est comme je l'ai dit.
A l'étang, les opérations sont plus avancées que je ne
le croyais. Il y a deux ans, lors d'un curage, on a par
endroits retiré trop de vase; l'eau est à l'étiage et il en
reste, au milieu, près d'un mètre cinquante. Un garçon de
ferme vient d'y entrer. Tant qu'il n'en a que jusqu'aux
genoux, cela va bien ; il tâte la vase avec les mains. Mais
dès qu'il veut s'enfoncer jusqu'à la ceinture, le froid le
~sit. Au bout de quelques vaines tentatives, il faut qu'il
ressorte. Un autre essaie à son tour, sans meilleur résultat.

L'ENFANT QUI S'ACCUSE

889

- J'ai amené Julien ce matin pour me montrer l'endroit exact, me dit Dolet. Ce n'est pas tout à fait celui
qu'il avait indiqué d'abord. Et puis j'ai fait dire à Rongeard qu'il vienne aider. Il peut bien se remuer un peu.
Il n'est décidément pas possible de chercher à la main.
Nous construisons en treillage une sorte de drague au
moyen de laquelle nous râclons la surface de la vase.
Pendant ce temps les commentaires vont leur train :
personne ne peut admettre l'idée de cet argent jeté à
l'eau; et ce sont des allusions couvertes à d'autres portemonnaie disparus, à d'autres histoires touchant les Rongeard. Tous les vieux soupçons qui couvaient reprennent
comme sur de l'amadou. Au bout de près de deux heures,
la drague n'a ramené que trois grosses truites. Au moment
où nous remontons, paraît Rongeard.
Il a, lui aussi, ses vêtements propres et ne semble pas
avoir songé à descendre dans l'eau. Il a déjà dû boire
une partie de sa paie d'hier soir. Sa colère doit un peu de
sa chaleur à l'alcool; par ailleurs elle sonne faux et semble
feinte.
- Le malheureux I Le malheureux I Déshonorer ses
parents. Qu'est-ce que nous allons devenir ? Il vaudrait
bien mieux qu'il soit mort. On est des pauvres travailleurs, mais il n'y a jamais eu à jaser sur notre compte.
Aller voler ceux qui sont bons pour nous, ceux qui nous
donnent notre pain. Sa pauvre mère, si je ne l'avais
veillée toute la nuit, elle se serait détruite... Mais je sais
ce que je vais faire : à la prison, à la maison de correction,
et qu'il y reste jusqu'à son service militaire. Je ne veux
plus rien savoir de lui.
Je lui réponds :

�890

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Vous allez me faire le plaisir de le laisser tranquille.
Ce n'est pas à la maison de correction qu'il s'améliorera.
On ne prend pas des décisions pareilles dans un moment
de colère. Il commencera par rester à la ferme jusqu'à ce
que le bruit soit passé. Après on verra.
- Mais, monsieur Jacques, s'il recommence, et si moi
j'en suis responsable... Non, il ira à la gendarmerie. Et là
il pourra raconter tout ce qu'il voudra, vous savez, tout
ce qu'il voudra.
Cesparolessontjetéesd'unairdemenace.Doletlesrelève:
- Qu'est-ce qu'il racontera?
- Oh ! on verra toujours, on verra, reprend-il plus
timidement, comme s'il s'apercevait qu'il s'était défendu
trop vite contre une accusation de complicité.
J'entre un instant à la ferme. Quand j'en ressors, le
père tient son fils par le bras et le secoue.
- Dis où tu l'as mis. Parle ou je te tue.
Les mains de l'enfant tremblent et les larmes lui viennent aux yeux quand le père serre le bras trop fort. J'interviens:
- Vraiment, Julien, la plaisanterie a suffisamment duré.
Le porte-monnaie n'est pas dans l'étang. Tu t'es fichu
de nous.
Mais il n'y a rien à en tirer.
- Je l'ai jeté dans l'étang... je ne peux pas dire autre
chose.
- Ne t'imagine pas que tu vas pouvoir te servir de
cet argent. On a le numéro du billet ; tu ne peux donc
rien en faire.
Il donne l'impression d'un petit paysan têtu, pour qui
cent vingt francs qu'on pourra rechercher quelque jour

L'ENFANT QUI

s'ACCUSE

891

dans une cachette valent qu'on risque des coups et de la

prison. Il retourne à sa chambre et le père s'en va.
Dans l'après-midi, passant devant Maisonneuve, je
reconnais Julien qui regarde, dans une allée, les garçons
jardiniers jouer au bouchon. Je demande, le soir, s'il s'est
décidé à chercher lui-même dans l'étang. On me dit que
oui. Vers la fin de la journée, on l'a vu descendre à l'étang
et entrer dans l'eau ; mais personne n'était assez près
pour juger si ses recherches furent bien sérieuses. On est
indigné de son attitude indifférente. Un garçon jardinier
lui a dit, comme il venait les regarder jouer : « Tu ferais
mieux de te cacher un peu, dans ta position. » Il a répondu,
mais je ne sais trop sur quel ton : « C'est une position
comme une autre.» De plus, on vient d'apprendre que le
père est à jouer aux boules à la fête du village voisin. Le
fait paraît si incroyable que, de lui-même, un des
valets de ferme prend sa bicyclette ; parmi les
joueurs, il trouve en effet Rongeard. Celui-ci le reconnaît et lui crie : « Dis à Julien qu'il se tienne prêt
.demain à cinq heures ; j'irai le conduire à la gendarmerie. • Tout le monde est assez irrité de l'attitude
du père et du fils. On ne sait trop comment on pourrait
intervenir.
En effet, de bonne heure, sans être même retourné chez
lui, Rongeard vient prendre son fils. Mais ils rentrent
deux heures plus tard. Puisque j'ai retiré ma
plainte, la gendarmerie refuse de se charger de
l'enfant. Tout le monde dit : « Le père et le fils
sont de mèche. Nous aurions été bien étonnés s'ils
n'étaient pas revenus. »

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Comme je me réveille, le mardi, ma femme me dit :
- J'ai entendu marcher cette nuit dans le jardin. Ma
première pensée a été qu'on venait mettre le feu...
Je lui fais remarquer que notre nouvelle chienne qui
couche dans la maison n'a seulement pas grogné.
Mais dans la matinée, j'entends un cri de la femme
de chambre: «Le porte-monnaie est retrouvé!» Je descends.
Les femmes sont réunies au rez-de-chaussée, dans la
chambre d'amis que, pour la première fois depuis l'arrivée,
on s'apprêtait à nettoyer. La femme de chambre, en entrant, _a trouvé le porte-monnaie sur la table, tout près de
la fenêtre; celle-ci était ouverte, derrière un volet simplement tiré, non fixé au crochet. Le porte-monnaie est
intact: le billet est à sa place,mais le louis est de dix francs,
non de vingt. J'examine l'apparence du maroquin. Je ne
me rappelais pas que le porte-monnaie fût si usé. Il paraît
plus poussiéreux que la table. Sur celle-ci, une curieuse
marque de pouce, comme si, de la fenêtre, quelqu'un s'était
appuyé sur la taLle. Dans la petite plate-bande, large de
80 centimètres, aucune trace de pas. Il est vrai que, sans
y marcher, on peut poser le genou sur l'appui de la fenêtre,
haut seulement de 50 à 60 centimètres. Juste au pied du
mur, une branche de rosier est fraîchement cassée. J'ai
sarclé la plate-bande les jours précédents, mais je n'ai
pas souvenir de m'être avancé jusqu'au rosier.
Je cherche à m'expliquer pourquoi le volet n'était que
tiré. La femme de chambre se souvient que, le jour de
l'arrivée, ma femme lui montra cette pièce, disant qu'elle
pourrait y coucher si l'on entreprenait des réparations au
grenier. Comme il faisait très chaud, la fenêtre avait été
ouverte par Mme Dolet derrière le volet clos afin d'aérer

L'ENFANT QUI

s' ACCUSE

la maison. Ma femme défit le crochet, puis comme le
volet résistait un peu, le laissa tel quel, disant que rien
ne pressait, qu'on verrait cela plus tard. Ma femme n'avait
aucun souvenir d'être entrée dans cette pièce. La bonne
affirme qu'après la disparition du porte-monnaie, elle a
fait, là aussi, des recherches minutieuses.
Ma femme a-t-elle, dans un moment de complète distraction, porté dans cette chambre sa petite sacoche
porte-monnaie, et la bonne, en cherchant, n'a-t-elle pas
aperçu cet objet qui crevait les yeux? Ou bien n'a-t-on,
en vérité, pas du tout cherché dans cette pièce ? Ou encore
une restitution a-t-elle eu lieu cette nuit ? Peut-être avec
l'aide de Rongeard? Le père et le fils ont pu se mettre
d'accord durant cette course au chef-lieu de canton.
Je remarque que la chaînette de la sacoche est rentrée
dans une pochette extérieure, juste comme ma femme a
l'habitude de la disposer. Mais les timbres neufs ont collé
ensemble, comme si l'objet avait séjourné dans une poche
chaude ou dans un endroit humide. Pendant le voyage,
ma femme n'avait pas la sacoche dans sa main, mais dans
son sac de voyage. Il est vrai que près d'une fenêtre
ouverte ... mais il faisait sec et chaud... Rien à tirer de
ces indices contradictoires.
Je cours à Maisonneuve afin de rencontrer Julien avant
qu'il sache rien de la découverte. Il est à l'abreuvoir.
- Pourquoi, lui dis-je, nous avais-tu raconté des
histoires ? Le porte-monnaie est retrouvé.
Je l'observe avec une grande attention. Son visage
marque la surprise, mais trop discrètement pour qu'elle
soit feinte. D'ailleurs pourquoi, après ses aveux, se cacherait-il d'une restitution ? Il me dit lentement :

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Alors c'est qu'il était tombé au bord de l'étang.
- Assez de cette invention. Il n'a jamais été dans
l'eau. Tu le sais mieux que personne. Il n'a pas été retrouvé
dans l'étang.
Il demande:
- A la Mattraie ?
- Oui, à la Mattraie.
Alors il me dit :
- Je l'ai jeté dans l'herbe.
Son regard est inquiet ; des gouttes de sueur perlent
sur son front et sur son nez. Cette fois, il est visible que
son esprit bat la campagne, à la recherche de n'importe
quelle invention. Je lui dis :
- Ce n'est pas dans l'herbe qu'on l'a retrouvé.
~ L'enfant reste court. Je ne puis rien lui faire dire de
plus précis. Sa culpabilité me paraît de plus en plus problématique. J'essaie encore de lui faire décrire le portemonnaie. Ce sont toujours les mêmes qualificatifs, ceux
mêmes, me semble-t-il, que lors de la disparition ma femme
a dû donner comme signalement ; car, pour faciliter les
recherches, l'objet a été décrit avec précision. Tout ce
qu'en a dit Julien durant son interrogatoire, il a très
bien pu l'entendre. Cette fois encore, je ne puis arracher
de lui aucune remarque inédite. Je tente de le prendre par
la douceur:
- Pourquoi ne cesses-tu de nous faire des mensonges?
Dis donc les choses tout simplement comme elles sont.
On ne veut pas à toute force te coudamner. Tu vois bien
qu'à la ferme on a continué à te traiter gentiment, comme
si de rien n'était.
Alors il me regarde, hésite et murmure :

L'ENFANT QUI

s'ACCUSE

895

- Ma vraie pensée... c'est que je ne l'ai pas pris.
C'est tout. Je le quitte pour n'avoir pas l'air d'accueillir
trop facilement sa rétractation, mais j'ai peine à ne pas
être impressionné par l'accent même de cette phrase
dans laquelle l'enfant semble n'avoir placé aucun espoir,
qu'il a prononcée sans aucune insistance. On croirait
qu'il y tenait à peine.
Je raconte tous ces détails aux Dolet, aussi soucieux
que moi de toute cette aventure. La peine qu'ils ont prise
pour cet enfant les a attachés à lui. Ils ne souhaitent
que de croire à son innocence. Mais toutes les circonstances s'enchevêtrent de la façon la plus déroutante.
- Ainsi, dit Dolet, je lui ai fait montrer l'endroit de
l'étable où il avait, pendant un jour, caché le porte-monnaie, et il me désigne précisément le seul coin où je n'avais
pas cherché.
- Quelle est son attitude ?
- Comme tous les jours. Personne ne lui a fait d'ennuis. Il parle à table et rit comme d'habitude. On a
autant de peine à se le figurer coupable, qu'innocent
iaussement accusé.
' - Il ne s'est ouvert à personne au sujet des accusations portées contre lui ?
- Non, il n'en parle pas. Il faut dire qu'il n'a guère
confiance en personne. Il a peur de ses parents. Il s'imagine que nous sommes contre lui.
- Oui, mais ses camarades? J'admets très facilement que le brigadier lui ait fait peur et que, dans la
crainte d'être emmené à D ... , il se soit accusé, simplement
pour éviter le danger immédiat. Mais comment se fait-il
qu'un garçon aussi débrouillard, aussi hardi, n' ait pas

�896

,,

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

fait un effort pour se justifier, un enfant qui, sous plus
d'un rapport, a plutôt l'expérience d'un homme ? Je
ne vois qu'une chose, c'est qu'à force d'avoir été maltraité
injustement, il n'établit plus aucun lien entre les coups
qu'on reçoit et la faute qu'on a pu commettre. L'accusation de vol est tombée sur lui de la même façon ; il
l'accepte comme un malheur naturel.
J'écris le matin même au Procureur pour lui faire savoir
que le porte-monnaie est retrouvé; j'ajoute que, malgré
les aveux de l'enfant, je suis obligé de considérer comme
possible que l'objet n'ait été qu'égaré; qu'on est prêt à garder le jeune Julien à Maisonneuve et que je prie, une fois de
plus, qu'on veuille bien ne pas donner de suite à l'affaire.
Après dîner, Rongeard monte à la Mattfaie, fort pris de
boisson:
- Le porte-monnaie est retrouvé... Je voudrais bien
savoir comment ça se fait ... Ah ce malheur! Tout le monde
en parle dans le pays. Son petit frère est maltraité à
l'école. Pour un peu il se détruirait ...
C'est la même fausse violence que la première foisa
On sent, sous le ton à demi menaçant, le vague espoir
d'une petite indemnité. Pas une fois cependant, il n'essaie
de plaider l'innocence de son fils. Visiblement il n'y croit
pas. Il a cependant cette phrase :
- Il a dit à sa malheureuse mère : « Je me suis vu
pris par les gendarmes, alors j'ai dit que c'était moi.»
- Pourquoi n'est-elle pas venue nous le répéter?
Il ne le sait pas. Il ne fait mention d'aucune confidence
de ce genre que son fils lui aurait faite à lui, pendant leur
course à D... Il préfère recourir au pathos :

1
L ENFANT QUI S'ACCUSE

897

- Il est comme fou. On voit bien tout de suite qu'il
n'a plus sa tête. Je ne lui ai plus parlé, mais j'ai bien vu
son air, rien qu'en passant.
Fort heureusement, je suis renseigné sur le calme
stupéfiant de Julien. Je me contente de déclarer à
Rongeard :
- Vous pouvez dire à ceux qui jasent que Julien reste
à Maisonneuve et que vous-même vous continuez à tra-,
vailler dans les bois. Au reste, il y a une séance du conseil
municipal après-demain. J'en profiterai pour déclarer
publiquement que j'admets que le porte-monnaie a été
égaré et que je considère l'incident comme clos.
Assez tard, quand je suis déjà couché, Mme Dolet
vient m'appeler sous ma fenêtre. Elle a vu monter Rongeard et, comme une vache qui va vêler dans une pièce
voisine l'amène près de la Mattraie, elle passe s'enquérir
de ce qu'il me voulait. Or la chienne n'a pas le pl petit
grognement. Elle ne connaît pourtant pas plus Mme Dolet
qu'elle ne connaît Julien. Elle dort tout simplement;
nous ne pouvons donc rien inférer du fait qu'elle n'a
pas aboyé la nuit précédente.
Deux jours plus tard, au moment où le conseil municipal
se sépare, je dis quelques mots de l'affaire. Personne
n'admet un seul instant l'hypothèse de l'innocence. On
croirait bien plus facilement à celle d'un viol ou d'un assassinat. Il n'y a dans la commune qu'une opinion sur les
Rongeard et on n'a nulle intention d'en changer.
Le brigadier repasse par la Mattraie pour me parler
d'une question qui le concerne personnellement. Je lui
dis qiie le porte-monnaie est retrouvé, dans quelles
57

�898

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

conditions, et je lui soumets l'hypothèse que l'enfant
ait pu prendre peur et s'accuser faussement.
Naturellement cette supposition ne l'enthousiasme
pas. Il veut retourner à la ferme et questionner à nouveau.
Comme je ne vois guère qu'il puisse en résulter qu'un peu
plus de bruit, je l'en dissuade.
Mais le surlendemain, me conduisant de bonne heure à la
gare pour prendre le train de Paris, Dolet me dit que le brigadier, passant dans le quartier, est entréàlafermehiersoir,
et que Julien a reconnu avoir rapporté le porte-monnaie.
- Cette fois, il s'y est pris très doucement. C'est devant
nous qu'il l'a interrogé. Il lui a dit : « Nous ne te faisons
pas peur. Ne t'occupe pas de ce que tu nous as dit l'autre
jour. Si ce n'est pas toi qui as fait le coup, tu n'as pas
besoin de t'en accuser et si tu dis différemment de
l'autre jour, il n'y a pas de mal. Voyons, l'as-tu rapporté ?a
Il a répondu : « Oui. » - « A quel moment ? 11 Il ne
pouvait pas préciser, mais il a répondu que ça devait être
vers les neuf heures.
- Quel air avait Julien ?
- Il est entré comme un condamné. Il semblait tout
à fait abruti.
- Il n'a rien dit d'autre?
- Non. J'aurais voulu le forcer à donner des préci•
sions, mais les gendarmes étaient pressés et se sont contentés de cette déclaration.
- Je me suis demandé, observai-je, si par hasard il
n'aurait pas envie d'aller dans une colonie pénitentiaire,
par goût du changement, ou parce qu'il croit qu'on y a
moins à faire qu'à la ferme. Sait-on ce qui peut se passer
dans sa tête ?

L'ENFANT QUI S'ACCUSE

'

- Il n'a pourtant pas l'air malheureux et tout le
monde est bon pour lui.
A mon retour de Paris, j'apprends que l'instituteur
est chargé de remplir le questionnaire d'une contre-enquête, et je reçois une convocation devant le juge de paix.
Décidément, cela s'aggrave. Dolet et sa femme se tourmentent autant que moi de cette histoire. Quelle redoutable machine que la Justice! On la met en branle presque
san_s s'en douter, et plus moyen de la retenir. Depuis un
mois, nous ne sommes occupés qu'à •débrouiller le cas du
petit Julien. Il est d'une complication peu commune·
mais est-ce sûr que de telles obscurités soient si rares?
Et qui a le temps de les tirer au clair? Cet enfant n'est
e~touré que de gens qui lui veulent du bien; que serait-ce
s1 un seul d'entre nous avait à son égard la moindre disposition hostile? Il est trop évident qu'avec le tour
qu'a pris l'affaire, si l'on n'intervient énergiquement
l'enfant n'a plus aucune chance de salut.
'

Au cours des jours suivants, nul fait nouveau sinon
ce c~eux détail que me signale Dolet. Julien' ayant
manifesté l'envie d'écrire à l'ancien gardien de la ferme,
avec lequel il était en confiance, on pensa que cette lettre
~urrait fournir quelque indication et l'on pria le gardien de 1~ renvoyer. Elle ne contenait pas un mot au sujet
du vol ru de la fausse accusation. Rien que des potins,
et la Plupart imaginaires : « La gardienne actuelle était
maltraitée; tout le personnel voulait s'en aller et luimême pensait quasiment à faire la même chose... 1,
Ceci encore : Tandis qu'on faisait les foins, Dolet le
voyant à l'écart et tranquille, s'approcha de lui et affec-

�900

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tueusement lui dit qu'il voudrait bien savoir enfin la
vérité. Avait-il oui ou non pris le porte-monnaie. Julien
répondit :
- Je ne l'ai seulement jamais vu.
Puisque nous sommes convoqués ensemble devant le
juge de paix, j'emmène Julien avec moi en tacot. Nous
sommes seuls l'un à côté de l'autre; il ne semble pas
méfiant. Je profite de ces quelques moments pour lui
recommander de n'en pas dire plus qu'il n'a fait réellement. On ne lui demande pas de s'accuser, mais de dire
simplement ce qu'il sait. Personne ne lui veut de mal, etc.
Dolet lui a fait les mêmes recommandations avant le
départ. Je n'ose vraiment pas lui préparer davantage ses
réponses, tant son rôle est désormais facile.
Arrivé à D., j'ai un instant de conversation avec le
greffier qui est jeune, aimable et semble ouvert. Puis le
juge de paix arrive. C'est un petit homme de soixantecinq ans, dans le visage de qui l'on ne remarque que les
globes des yeux passablement saillants. On le dit indulgent.
Il ordonne à Julien d'aller s'asseoir sur une chaise, dans
le couloir, et j'entre dans les explications les plus détaillées.
Je complète ma première déposition, je la rectifie sur une
série de points qui n'ont été précisés que depuis. J'indique
toutes les contradictions de l'enfant. J'insiste à l'excès
sur la distraction possible de ma femme, sur la hardiesse
que supposerait la restitution, bref je rédige un plaidoyer
selon toutes les règles. Il me semble avoir persuadé le
greffier, mais je vois bien que le juge reste sceptique. Je
sors en lui laissant, avec le vrai porte-monnaie, mon carnet
de poche, pour qu'il essaie si Julien ne s'y trompera pas.

L'ENFANT QUI S'ACCUSE

901

~e passe un quart d'heure au bureau de poste, puis
reVJens au greffe. Le juge aussitôt me fait entrer dans la
salle.

- Il dit que c'est lui, il affirme que c'est lui qui l'a
rapporté.
Cette fois les bras m'en tombent.
- Restez dans la salle, vous allez voir. Ou bien c'est
un fou, ou je n'y comprends rien.
Et il continue l'interrogatoire :
- Avez-vous rencontré quelqu'un ?
- Non.
- Sur quelle table avez-vous remis le porte-monnaie ?
- U où je l'avais pris.
J'interromps :
- Mais ce n'est pas l'endroit où on l'a trouvé.
- C'est la réponse qu'il nous fait depuis le commencement, dit le juge. Il l'a remis là où il l'avait pris.
. Cette fois aucun doute n'est plus possible : l'enfant
mvente; et il invente ce qui lui semble l'aveu le moins
compromettant. Cela saute aux yeux. Mais comment
faire comprendre au juge l'absurdité de cette réponse.
l faudrait un plan de la maison. Tout ce que je dis ne
1mtéresse pas. Alors j'essaie, par une autre voie, de surprendre un flagrant délit de mensonge.
Je désigne mon portefeuille en peau de truie qui se
trouve toujours sur le bureau.
- Non, fait le juge, je ne le lui ai pas encore montré
Il le prend et le tend à Julien :
- Tu le reconnais bien ?
Mais l'enfant ne s'y laisse pas prendre :
- Non, il était marron.
~

1

�902

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Alors on.lui montre le porte-monnaie.
- Oui, c'est celui-là. Il y a une chaîne.
- Vous voyez bien, dit le juge : il le connaît.
A mon tour, je prends le porte-monnaie :
- Montre comment tu l'as ouvert.
Il faut pousser vers le bas un petit bouton orné d'une
perle. L'enfant voit bien que c'est sur le bouton qu'il faut
agir. Il le pousse vers le haut, à droite, à gauche. A
la fin, il essaie de tirer sur le cuir. Je suis obligé de
l'arrêter :
- Ne le déchire pas.
Il me semble manifeste qu'il n'a jamais ouvert ce portemonnaie. Mais à cet instant même, il a une phrase qui
déroute tout bon sens, tant elle suppose que l'enfant est
hypnotisé par son rôle de coupable :
- Cette fois, ça ne veut pas s'ouvrir.
Au même instant, inconsciemment, sa main pousse le
bouton dans la bonne direction et le porte-monnaie
s'ouvre.
Le juge dicte au greffier :
- Le porte-monnaie lui étant présenté, il l'a reconnu
parfaitement et l'a ouvert sans difficulté.
Nous protestons. Il rectifie :
- « Après quelques difficultés ».
Le greffier me fait un signe désespéré. L'opinion du
juge est faite depuis le commencement.
Alors j'essaie de contraindre l'enfant à se couper. Je
lui montre dans le porte-monnaie un menu échantillon
de fourrure qui s'y trouve je ne sais comment depuis
longtemps, et dont personne n'a songé à parler dans les
signalements qu'on a donnés.

L'ENFANT QUI S'ACCUSE

- Est-ce que ça y était ?
Il évite le piège sauveur avec un flair de petit sauvage:
- Je ne sais pas... Je n'ai ,Pas longtemps regardé.
Je reviens à l'argument décisif: l'endroit de la restitution :
- Par quelle porte du jardin es-tu entré ? Celle de
devant ou celle de derrière ?
- Celle de derrière.
- Et la fenêtre où tu dis que tu as remis le portemonnaie, était-elle du même côté, c'est-à-dire sur le
derrière de la maison, ou de l'autre côté, c'est-à-dire sur
le devant?
- Sur le derrière.
- Messieurs, vous voyez bien que nous sommes en
plein roman. Cet enfant parle de la seule pièce de ma maison qu'il connaisse, la salle à manger, qui est fort loin de
la chambre d'amis. La fenêtre en est inaccessible, à un
mètre cinquante du sol, derrière une plate-bande touffue.
Il aurait fallu faire une escalade et entrer dans la pièce,
car la table est encore fort loin de la fenêtre. Celle-ci
est toujours fermée le soir. Ce récit ne tient pas
debout.
Le juge lève les bras au ciel :
- Mais alors c'est de la mystique, de la mystique...
C'est l'affaire des aliénistes... Lombroso ...
Il pose une dernière question :
- Y avait-il de la lumière dans cette chambre ? A
neuf heures on n'est pas couché.
- Non, il n'y en avait pas... mais il y avait un peu
de lumière qui venait de la cuisine.

�&gt;

1A NOUVEl.LE REVUE FRANÇAISE

!•

\

Une telle ingéniosité à se perdre me laisse confondu et
à bout d'arguments.
- Vous n'avez rien à modifier à vos déclarations?
L'enfant fait un vague signe. Le juge dicte:
- « Je maintiens toutes mes déclarations. »
On va signer... Mais depuis un moment, le juge regarde
sa montre avec agitation. Sa patience est épuisée depuis
longtemps, et l'obstination que j'apporte lui est incompréhensible.
- Vous m'excuserez une seconde, dit-il.
Pendant les quelques minutes qu'il nous laisse seuls
nous tentons un dernier effort. Le greffier me paraît
décidément convaincu.
Il a récité une leçon, me dit-il, et le juge l'a
tout de suite traité en coupable. Il n'a eu qu'à répondre
par oui ou par non aux questions qui lui étaient
posées.
Puisque l'enfant refuse de saisir toutes les perches
qu'on lui tend, il faut le soulever sur un radeau. Nous le
raisonnons doucement.
- Pourquoi inventes-tu à plaisir? Tout cela, ce sont
des mensonges. Tu n'as pas besoin d'avoir peur. Le juge
est parti. Est-ce qu'on t'a dit de t'accuser? Est-ce que
celui qui a pris le porte-monnaie te force à dire que c'est
toi ? Est-ce qu'on t'a promis de l'argent pour le dire?
Est-ce qu'on t'a menacé? Est-ce que c'est un de tes camarades?
Il semble complètement abruti. On dirait qu'il cherche,
un instant, q~ il pourrait accuser. Puis il finit par
dire:
- Je ne sais pas qui l'a pris.

1

L'ENFANT QUI S ACCUSE

905

- Alors ce n'est pas toi ?
- Non, ce n'est pas moi.
Enfin I Mais cette phrase lui est arrachée comme à
d'autres l'aveu d'un crime. Il était temps; le juge
rentre.
- Il dit maintenant qu'il ne l'a pas pris du tout, fait
le greffier joyeusement.
Cette fois le juge en a assez. Les yeux lui sortent de la
tête. Il se tourne vers Julien :
- Alors vous venez déclarer ex abrupto que votre
déposition était erronée.
L'enfant, complètement hagard, fait oui de la tête,
b~en qu'il n'ait compris ni ce que signifie « ex abrupto»,
B1 ce qui est plus grave - « erronée ,1. La moitié des
questions n'ont-elles pas dû lui échapper de la même
manière?
- Pourquoi avez-vous dit que vous l'aviez pris?
- J'ai eu peur...
Le juge dicte au greffier une courte déclaration où
i
l enfant se rétracte. On signe. Le juge aimablement m'accompagne jusqu'au tacot en parlant d'autre chose.
Puis au dernier moment, d'un ton paternel et comme pour
me montrer qu'il n'est pas dupe de mon excès d'indulgence:
I

- Il n'y a aucun doute sur le fait matériel, aucun
doute.
Consterné de la tournure qu'a prise l'interrogatoire, je
brusque un peu l'enfant dans l'auto:
- Tu peux te vanter d'avoir été malin. Pourquoi astu raconté tout ça ?
Mais je ne puis rien en tirer.

�9o6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Le lendemain je vais, sur la demande du juge, réclamer au maire la feuille de la contre-enquête. Justement il
allait l'envoyer. Il me la montre. Seules y sont importantes les déclarations des deux instituteurs qui ont eu
affaire à Julien. Celui de Courville dit qu'il ne l'a connu
que peu de temps, mais qu'il n'a jamais eu à se plaindre
de lui; celui de Rauval au contraire déclare qu'il l'a toujours considéré com~e un enfant anormal et singulier,
que Julien a volé un porte-monnaie à Rauval et que son
oncle a dû restituer la somme. Cette fois, c'est le coup de
grâce, car si l'affaire est poursuivie, rien ne prévaudra
contre un tel précédent.
Aussi je pars sur-le-champ pour P ... où je vais voir le
juge d'instruction. C'est un homme jeune, intelligent,
Nous sommes sauvés. Tout de suite la question est placée
sur son vrai terrain. Le juge d'instruction s'intéresse à la
criminalité enfantine ; au bout d'un quart d'heure j'ai
gagné ma cause. Il me promet d'examiner l'affaire de
très près. Selon toute vraisemblance elle sera classée;
on se contentera d'une forte admonestation.
Un mois plus tard, Julien est convoqué devant le tribunal de P. On le laisse s'y rendre seul. C'est la première
fois, paraît-il, qu'il prend le chemin de fer. On pense qu'il
rentrera vers deux heures. A six heures du soir il n'est pas
encore de retour. On commence à chuchoter:« Parbleu, il
s'est sauvé. » Dolet, qui comptait sur lui pour faner, est
de mauvaise humeur. Moi, je ne suis pas tranquille: avec
ces sacrées enquêtes et ces tribunaux, est-ce qu'on sait
jamais? Je redescends à Maisonneuve après mon dîner.
Julien sort justement de table. Je l'appelle :

L'ENFANT QUI S'ACCUSE

- Eh bien?
- On m'a fait signer.
- C'est tout ?
- Oui, on m'a dit que c'était fini.
- Et alors, qu'est-ce que tu as fait pendant toute
l'après-midi ?
- J'ai rencontré à P ... un camarade. Comme il avait de
quoi, on a pris le train.
- En voilà une idée! C'était bien le jour. Et où avezvous été?
- On a passé l'après-midi au bord de la mer.
Il est parfaitement heureux de sa journée.
JEAN SCHLUMBERGER

f

,

�POÉSIE ET MÉMOIRE

9o8

POÉSIE ET MÉMOIRE
Les regards perdus dans la fourrure de ces blaireaux et
renards alternés dont les gueules s'affrontent au centre
du tapis, je goûte l'heureuse fatigue d'une journée de
chasse et j'écoute la fille du gentilhomme fermier, qui
s'est assise au piano.
En attendant le dîner, dont les prémices odorants leur
viennent par bouffées, les chasseurs donnent quelques
minutes d'attention courtoise à la demoiselle de céans.
Elle vient d'ouvrir sur le pupitre un ancien recueil de
romances. Un poète aux cheveux orageux, aux pantalons
à sous-pieds, y rêve à la cime d'un rocher romantique.
Des amants de keepsake lèvent des yeux extasiés vers le
gris clair de lune des lithographies. Dans ce manoir normand, le fox-trott, le tango n'ont pas pénétré, ni même
les valsès lentes du temps de la dernière Exposition universelle.
Et voici qu'elle chante, d'une voix fruste et fraîche
de couventine. Dans le salon où le soir est entré, où les
ors des cadres Louis-Philippe se teignent d'un reflet
mourant de l'astre en flammes, les vers divins ont pris
leur vol:

Ainsi toujours poussé vers de nouveaux rivages
Dans la nuit éternelle emportés sans retour...

'

f

Les hommes qui sont là se souviennent vaguement de
l'âge où, collégiens en vacances, ils admiraient quelque
amie de leur mère, une brune qui n'était pas du pays, et
qui chantait cette même mélodie, avec l'ardeur trouble
d'une Emma Bovary. Par un signe d'attention, par une
lueur au fond des yeux, chacun témoigne du pouvoir
charmant des rengaines heureuses, dont on a tort de rire
et qu'il ne faut pas mépriser.
Seul un métal précieux et rare peut rester sous la mer
longtemps sans s'altérer; de même, sous l'alluvion de
calculs, de peines et d'oublis que les jours y déposent, au
fond de la mémoire, un beau vers luit comme un trésor
perdu. Elles ne sont presque jamais indifférentes, ces
choses qui sont, comme disent les conférenciers, « dans
toutes les mémoires ». Celles qui sont aujourd'hui sur
toutes les lwres n'ont pas encore dépouillé la saveur de
mode qui peut-être est tout leur mérite, et qui ne les fera
pas vivre au delà d'un engouement passager. Comptez
les chansons qui demeurent, les vaudevilles dont on ne se
dégoftte pas, après les avoir chantés. Ils sont rares ; il en
1
est pourtant.
Nous revenions, une jeune amie et moi, d'une promenade à bicyclette. C'était un soir de la moisson ; nous
avions dft descendre de machine pour laisser passer un
de « ces grands chars gémissants » sous leur richesse
dorée. Les enfants et les jeunes filles, juchés sur ce dôme
magnifique, chantaient en chœur. Ces solennités champêtres que chaque été ramène prolongent la vie des
traditions : pour les foins, pour la moisson, pour les
vendanges, il est des chansons rituelles dans les provinces
françaises. Mais comment dire avec quelle émotion je

�9IO

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

reconnus, sous le déguisement aimable de l'accent
cauchois, le refrain de la villanelle de Philippe Desportes :

Croit-on que des œuvres de mince valeur artistique
puissent résister à plusieurs lustres de tradition orale ?
Les chansons de Béranger, qui ne sont pas sans mérite
pourtant, fournissent la preuve du contraire. Tout le
monde les a chantées et personne ne les sait plus. Seul,
un vieux notaire de campagne, après boire, fredonne
encore parfois les stances fameuses :

... Jamais girouette légère
Au vent sitôt ne se vira,
Nous verrons, volage bergère,
Qui premier s'en repentira.
"

• 1

9n

P0ÉSIE ET MÉMOIRE

•

Heureux chef-d'œuvre qui traversa plusieurs siècles
~ans ri_en perdre de sa fraîche odeur. Ma jeune compagne
1gnora.1t les vers de Desportes. Elle était, comme moi,
contemporaine de ces fâcheux recueils de morceaux
choisis, où les productions de MM. Autran, Lacaussade,
de La~rade et Emmanuel des Essarts tenaient une place
excessive, et de ces professeurs de seconde qui nous faisaient plus volontiers apprendre les sonnets de M. de
Hérédia que ceux de Voiture ou de Tristan l'Hermite.
C'était ce qu'ils appelaient sacrifier au modernisme.
Donc, tout en pédalant de compagnie, je racontai à
mon amie comment la villanelle dont elle venait d'enten~e le refrain dans la bouche des lieuses de gerbes,
éta.tt celle-là même que le duc de Guise chantait à sa
maîtresse, la nuit qu'il fut assassiné, au château de Blois.
Et je la lui récitai tout entière. Et je n'ai pas oublié la
mélancolie qui voila son front de flirteuse intrépide
lorsque j'en fus à la strophe si touchante:
Où sont tant de promesses saintes,
Tant de pleurs versés en partant,
Est-il vrai que ces tristes plaintes
Sorlisse11t d'un cœur inco1istant ?...

Vous vieillirez, ô ma ieune maîtresse...

(

r

Ainsi la sélection de la mémoire vulgaire confirme
l'opinion des bons juges selon qui ce poète ne fut jamais
mieux inspiré que par un thème banal de la poésie érotique.

***
Il y a quelques années, le journal l'Intransigeant
demanda à ses lecteurs de citer « le plus beau vers ». Le
résultat de ce referendum est curieux à consulter. Les
jeunes gens choisirent des vers purement descriptifs,
et les écrivains, en majorité, des vers pleins d'images.
D'autres, accordant leur préférence à des vers d'idées,
sont moins nombreux, mais leurs noms se trouvent être
aujourd'hui ceux d'auteurs estimés. Enfin, comme il sied,
les « enquêtés » d'un certain âge marquaient une prédilection pour les vers tournés en forme de maximes, les vers
dorés.
On entend dire maintenant qu'il n'y a pas de beau
vers isolé, que cela n'est d'aucun intérêt, qu'il faut considérer l'œuvre, le poème dans son ensemble. C'est le
point de vue critique, mais on peut envisager aussi la

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

mémoire poétique moyenne d'une époque, d'une
nation.
Les anthologies, dont on a fait un grand abus, sont
passées de mode, mais il n'est pas sûr qu'on lise davantage les œuvres complètes. C'est une question de décider
quelle destinée est plus enviable du poète d'anthologie
ou du poète de bibliothèque, de celui qui n'a laissé qu'un
vers (comme l'auteur de « le Trident de Neptune est le
sceptre du monde») ou de l'auteur d'un gros livre dont
chacun sait le nom et que personne ne lit plus. Racan
est immortel et pourtant, à part deux pièces célèbres,
il est illisible.
Je ne voudrais pas causer à M. Paul Souday une peine
même légère, mais je me demande si le nom de Victor
Hugo, poète, serait dans cent ans autre chose qu'une inscription sur un vaste monument que tout le monde salue
en passant et qu'on ne visite guère, s'il n'était associé au
souvenir d'Oceano nox et d'une dizaine de « rengaines •
inoubliables.
Il y a quelque chose de tendre et d'amoureux dans cette
expression : savoir par cœur. Diderot rusait en parlant
d'une élève qu'on l'avait prié d'instituer dans les bonnes
lettres et qui trompait ses soins : « Que voulez-vous que
je lui apprenne, elle ne m'aime pas 1 »
Comment, aussi, retenir « par cœur » ce que le cœur
n'a point senti.
Le moment est proche où les chefs-d'œuvres de
l'antiquité ne seront plus guère connus que par des
citations de référence. Je serais eu.peux de savoir
si parmi les hommes politiques interrogés par le Figaro,
en dehors des deux ou trois lettrés dont la réputation est

rotsIE ET MÉMOIRE

établie, il s'en trouve qui aient cité de mémoire un vers
de Chénier... sans recourir à leur bibliothèque.
Le poète contemporain le plus lu, surtout par les
femmes, est sans doute Albert Samains. Dans l'œuvre
de ce poète, si riche en beaux vers descriptifs, on trouverait difficilement un vers animé de cette vie émouvante qui est un gage de durée. Mais dans un siècle,
peut-être qu'une jeune fille se reprendra à feuilleter un
album de musique et chantera, sur les rythmes faciles
de M. Gabriel Fauré :

Voici que les jardins de la nuit vont fleitrir ...
Les deux genres de poésie qui se gravent le mieux dans
la mémoire sont justement ceux que nos contemporains
ont négligés volontairement. Les uns ont pris à la lettre
le conseil de Verlaine, et ayant « tordu son cou» à !'Eloquence ont servi, en son lieu et place, une muse bégayante;
les autres, par un souci d'originalité extérieure, ont fui les
rythmes chantants et les cadences trop nettes. Parfois,
un souci d'art très noble, une conscience scrupuleuse
dictaient cette attitude. On a tort de regarder comme
futiles les questions de prosodies et les controverses
auxquelles elles donnent lieu. Dans les Notes sur la technique poétique, de MM. Ch. Vildrac et G. Duhamel, qui
sont intéressantes à plus d'un titre, on saisit très bien les
dégodts, les aspirations et les intentions de toute une
génération de poètes qui débutaient alors dans les lettres.
Rien de plus instructif que ce genre d'ouvrage; il faudrait
qu'il en parût un tous les ilix ans, de même valeur, où
des poètes tâcheraient à justifier leur technique et à

,

58

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'accorder à l'esprit et au nombre de la langue. Les auteurs
du livre cité plus haut n'écriraient peut-être pas exactement les mêmes choses, aujourd'hui. Il apparaît que la
poésie qui se confondait à l'origine avec la musique, tend
à se différencier de plus en plus. Mais un art est toujours
influencé par les modes qui règnent dans un art voisin.
Il est aisé de voir que l'impressionnisme s'est propagé à
travers diverses formes d'art, mais presque impossible
d'en discerner le point de départ.
Beaucoup de tentatives récentes donnent l'impression
d'un effort d'illusion et de remplacement. Le besoin de
nouveauté est naturel et fécond, mais ne pouvant se
~atisfaire aisément dans le domaine de la pensée et du
sentiment, il se tourne vers l'expression ; aussi est-il
enclin à se satisfaire de ces artifices de typographie qui
trompent une curiosité superficielle.
C'est pourquoi l'on est amené à se demander s'il est
juste de voir, dans l'instinctive fidélité que garde la
mémoire aux formes anciennes des vers français, une simple
routine de l'esprit. Ne serait-ce pas un hommage involontaire rendu à leur excellence? Dans cette hypothèse,
beaucoup de tentatives s'exerceraient en dehors ou contrairement à l'esprit d'une langue dont toute l'histoire
n'est qu'une longue sélection des formes les plus favorables
à sa nature. On les croit desséchées, mais c'est peut-être
seulement qu'elles sont vides. Ce serait alors non plus de
nouveautés techniques, mais d'une rénovation du senti·
ment et, partant, des modes d'interprétation collective
des thèmes éternels qu'on devrait attendre un soulèvement lyrique comparable à celui du romantisme ?
Quoi qu'il en soit, la mémoire poétique est un phéno-

POÉSIE ET MÉMOIRE

915

mène de représentation lié à certaines mesures sonores ;
on peut lui demander d'en retenir de compliquées, mais
non d'incertaines et changeantes, ou trop personnelles.
La poésies' est rapprochée des autres arts pour reprendre
contact avec la vie, mais elle doit se replier sur elle-même
pour ressaisir la notion de ses prestiges essentiels et pour
pousser, à travers la curiosité des lecteurs ou l'information
des lettrés, des pointes lumineuses qui gravent dans la
mémoire populaire des inscriptions ineffaçables.
On connaît cette belle pièce qui ouvre la Vie unanime
de M. Jules Rom~ns, et l'émouvante image du futur
lecteur inconnu qu'anime le double rythme du train qui
l'emporte et du poème qu'il lit.
Il faut souhaiter aux vers de M. Jules Romains et de
ses pairs un destin plus rare, celui des vers que l'on se
chante à soi-même, par cœur, pour accompagner une
promenade solitaire, pour bercer un profond chagrin,
ou donner des ailes à la joie, une cadence au plaisir.
ROGER ALLARD

�LA SYMPHONIE PASTORALE

916

LA SYMPHONIE PASTORALE 1
SECOND CAHIER

25 Avril
1

'i
j'ai dd laisser quelque temps ce cahier.
La neige avait enfin fondu, et sitôt que les routes furent
redevenues praticables, il m'a fallu m'acquitter d'un
grand nombre d'obligations que j'avais été forcé de remettre pendant le long temps que notre village était
resté bloqué. Hier seulement, j'ai pu retrouver quelques
instants de loisir.
La nuit dernière j'ai relu tout ce que j'avais écrit ici...
Aujourd'hui que j'ose appeler par son nom le sentiment si longtemps inavoué de mon cœur, je m'explique
à peine comment j'ai pu jusqu'à présent m'y méprendre;
comment certaines paroles d'Amélie que j'ai rapportées,
ont pu me paraître mystérieuses ; comment, après les
naïves déclarations de Gertrude, j'ai pu douter encore
si je l'aimais. C'est que, tout à la fois, je ne consentais
point alors à reconnaître d'amour permis en dehor.: d~
mariage, et que, dans le sentiment qui me penchait st
passionnément vers Gertrude, je ne consentais pas à reconnaître quoi que ce soit de défendu.
1. Voir la Nouvelle Revue Française du 1•• octobre 1919

La naïveté de ses avemc, leur franchise même me rassuraient. Je me disais: c'est une enfant. Un véritable amour
n'irait pas sans confusion, ni rougeurs. Et de mon côté
je me persuadais que je l'aimais comme on aime un enfant infirme. Je la soignais comme on soigne un malade,
- et d'un entraînement j'avais fait une obligation morale, un devoir. Oui, vraiment, ce soir même où elle me
parlait comme j'ai rapporté, je me sentais l'âme si légère
et si joyeuse que je me méprenais encore, et encore en
transcrivant ces propos. Et parce que j'eusse cru répréhensible l'amour, et que j'estimais que tout ce qui est
répréhensible courbe l'âme, ne me sentant point l'âme
chargée je ne croyais pas à l'amour.
J'ai rapporté ces conversations non seulement telles
qu'elles ont eu lieu, mais encore les ai-je transcrites dans
une disposition d'esprit toute pareille ; à vrai dire ce
n'est qu'en les relisant cette nuit-ci que j'ai compris...

Sitôt après le départ de Jacques - auquel j'avais
laissé Gertrude parler, et qui ne revint que pour les derniers jours de vacances, affectant ou de fuir Gertrude
ou de ne lui parler plus que devant moi - notre vie avait
repris son cours très calme. Gertrude, ainsi qu'il était
convenu, avait été loger chez Mademoiselle Louise, où
j'allais la voir chaque jour. Mais, par peur de l'amour
encore, j'affectais de ne plus parler avec elle de rien qui
nous pût émouvoir. Je ne lui parlais plus qu'en pasteur,
et le plus souvent en présence de Louise, m'occupant
surtout de son instruction religieuse et la préparant à
la communion qu'elle vient de faire à Pâques.
Le jour de Pâques j'ai, moi aussi, communié.

�918
'

l

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il y a de cela quinze jours. A ma surprise, Jacques,
qui venait passer une semaine de vacances près de nous,
ne m'a pas accompagné auprès de la Table Sainte. Et
j'ai le grand regret de devoir dire qu'Amélie, pour la
première fois depuis notre mariage, s'est également abstenue. Il semblait qu'ils se fussent tous deux donné le
mot et eussent résolu par leur défection à ce rendezvous solennel, de jeter l'ombre sur ma joie. Ici encore
je me félicitai que Gertrude ne pût y voir, de sorte que
je fusse seul à supporter le poids de cette ombre. Je connais trop bien Amélie pour n'avoir pas su voir tout ce
qu'il entrait de reproche indirect dans sa conduite. Il
ne lui arrive jamais de me désapprouver ouvertement,
mais elle tient à me marquer son désaveu par Une sorte
d'isolement.
Je m'affectai profondément de ce qu'un grief de cet
ordre - je veux dire: tel que je répugne à le considérer
- pût incliner l'âme d'Amélie au point de la détourner
de ses intérêts supérieurs. Et de retour à la maison je
priai pour elle dans toute la sincérité de mon cœur.
Quant à l'abstention de Jacques, elle était due à de
tout autres motifs et qu'une conversation, que j'eus avec
lui peu de temps après, vint éclairer.
3 Mai

L'instruction religieuse de Gertrude m'a amené à
relire l'Evangile avec un œil neuf. Il m'apparaît de plus
en plus que nombre des notions dont se compose notre
foi chrétienne relèvent non des paroles du Christ, mais
des commentaires de saint Paul.
Ce fut proprement le sujet de la discussion que je viens

LA SYMPHONIE PASTORALE

919

d'avoir avec Jacques. De tempérament un peu sec, son
cœur ne fournit pas à sa pensée aliment suffisant ; il
devient traditionaliste et dogmatique. Il me reproche
de choisir dans la doctrine chrétienne « ce qui me plaît ».
Mais je ne choisis pas telle ou telle parole du Christ.
Simplement, entre le Christ et saint Paul, je choisis
le Christ. Par crainte d'avoir à les opposer, lui se refuse
à dissocier l'un de l'autre, se refuse à sentir de l'un à
l'autre une différence d'inspiration, et proteste si je lui
dis qu'ici j'écoute un homme tandis· que là j'entends
Dieu. Plus il raisonne, plus il me persuade de ceci : qu'il
n'est point sensible à l'accent uniquement divin de la
moindre parole du Christ.
Je cherche à travers l'Evangile, je cherche en vain
commandement, menace, défense ... Tout cela n'est que
de saint Paul. Et c'est précisément de ne le trouver
point dans les paroles du Christ, qui gêne Jacques. Les
runes semblables à la sienne se croient perdues, dès qu'elles
ne sentent plus auprès d'elles tuteurs, rampes et gardefous. De plus elles tolèrent mal chez autrui une liberté
qu'elles résignent, et souhaitent d'obtenir par contrainte
tout ce qu'on est prêt à leur accorder par amour.
- Mais, mon père, me dit-il, moi aussi je souhaite
le bonheur des âmes.
- Non, mon ami ; tu souhaites leur soumission.
- C'est dans la soumission qu'est le bonheur.
Je lui laisse le dernier mot parce qu'il me déplaît d'ergoter; mais je sais bien que l'on compromet le bonheur
en cherchant à l'obtenir par ce qui doit au contraire
n'être que l'effet du bonheur - et que s'il est vrai de
penser que l'âme aimante se réjouit de sa soumission

�920

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

volontaire, rien n'écarte plus du bonheur qu'une soumission sans amour.
Au demeurant, Jacques raisonne bien, et si je ne souffrais de rencontrer, dans un si jeune esprit, déjà tant de
raideur doctrinale, j'admirerais sans doute la qualité
de ses arguments et la constance de sa logique. Il me
paraît souvent que je suis plus jeune que lui ; plus jeune
aujourd'hui que je n'étais hier, et je me redis cette parole:
cc Si vous ne devenez semblables à des petits enfants,
vous ne sauriez entrer dans le Royaume. »
Est-ce trahir le Christ, est-ce diminuer, profaner l'Evangile que d'y voir surtout une méthode pour arriver à la
vie bienheureuse ? L'état de joie, qu'empêchent notre
doute et la dureté de nos cœurs, pour le chrétien est un
état obligatoire. Chaque être est plus ou moins capable
de joie. Chaque être doit tendre à la joie. Le seul sourire
de Gertrude m'en apprend plus là-dessus, que mes leçons
ne lui enseignent.
Et cette parole du Christ s'est dressée lumineusement
devant moi. « Si vous étiez aveugles, vous n'auriez point
de péché.» Le péché, c'est ce qui obscurcit l'âme, c'est
ce qui s'oppose à sa joie. Le parfait bonheur de Gertrude,
qui rayonne de tout son être, vient de ce qu'elle ne con·
naît point le péché. Il n'y a en elle que de la clarté, de
l'amour.
J'ai mis entre ses mains vigilantes les quatre évangiles,
les psaumes, l'apocalypse et les trois épîtres de Jean où
elle peut lire : « Dieu est lumière et il n'y a point en lui
de ténèbres,, comme déjà dans son évangile elle pouvait
entendre le Sauveur dire : cc Je suis la lumière du xponde ;
celui qui est avec moi ne marchera pas dans les ténèbres».

LA SYMPHONIE PASTORALE

921

Je me refuse à lui donner les épîtres de Paul, car si, aveugle, elle ne connaît point le péché, que sert de l'inquiéter
en la laissant lire : « Le péché a pris de nouvelles forces
par le commandement » (Romains VII, 13) et toute la
dialectique qui suit, si admirable soit-elle ?
8 Mai

Le docteur Martins est venu hier de la Chaux-de-Fonds.
Il a longuement examiné les yeux de Gertrude à l'ophtalmoscope. Il m'a dit avoir parlé de Gertrude au docteur

Dufour, le spécialiste de Lausanne, à qui il doit faire
part de ses observations. Leur idée à tous deux c'est
que Gertrude serait opérable. Mais nous avons convenu
de ne lui parler de rien tant qu'il n'y aurait pas plus de
certitude. Martins doit venir me renseigner après consultation. Que servirait d'éveiller en Gertrude un espoir
qu'on risque de devoir éteindre aussitôt ? - Au surplus,
n'est-elle pas heureuse ainsi ?...
ro Mai
A Pâques Jacques et Gertrude se sont revus, en ma
présence - du moins Jacques a revu Gertrude et lui a
parlé, mais rien que de choses insignifiantes. Il s'est montré moins ému que je n'aurais pu craindre, et je me persuade à nouveau que, vraiment ardent, son amour n'aurait
pas été si facile à réduire, malgré que Gertrude lui ait
déclaré, avant son départ l'an passé, que cet amour devait
demeurer sans espoir. J'ai constaté qu'il vousoie Gertrude
à présent, ce qui est certainement préférable ; je ne le
lui avais pourtant pas demandé, de sorte que je suis

�922

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

heureux qu'il ait compris cela de lui-même. Il y a incontestablement beaucoup de bon en lui.
Je soupçonne néanmoins que cette soumission de
Jacques n'a pas été sans débats et sans luttes. Le fâcheux,
c'est que la contrainte qu'il a dû imposer à son cœur,
à présent lui paraît bonne en elle-même ; il la souh~terait voir imposer à tous ; je l'ai senti dans cette discussion que je viens d'avoir avec lui et que j'ai rapportée
plus haut. N'est-ce pas La Rochefoucauld qui disait q_ue
l'esprit est souvent la dupe du cœur? Il va sans dire
que je n'osai le faire remarquer à Jacques aussitôt, connaissant son humeur et le tenant pour un de ceux que
la discussion ne fait qu'obstiner dans son sens ; mais
le soir même. ayant retrouvé, et dans saint Paul précisément (je ne pouvais le battre qu'avec ses ~es) de
quoi lui répondre, j'eus soin de laisser dans sa chambre
un billet où il a pu lire : « Que celui qui ne mange pas ne
juge pas celui qui mange, car Dieu a accueilli ce dernier. •
(Romains XIV, 2.)
.
.
J'aurais aussi bien pu copier la suite : « Je sais et Je
suis persuadé par le Seigneur Jésus que rien n'est i~p~
en soi et qu'une chose n'est impure que pour cehu qw
la croit impure» - mais je n'ai pas osé, craignant que
Jacques n'allât supposer en mon esprit, à l'~gard ~e
Gertrude, quelque interprétation injurieuse, qm ne_ d~l~
même pas effleurer son esprit. Evidemment il s'~t 1~
d 'aliments ·, mais à combien d'autres passages. del Ecnture n'est-on pas appelé à prêter double et triple sens,
(&lt;t Si ton œil... » Multiplication des pains ; miracle aux
noces de Cana, etc... ) Il ne s'agit pas ici d'ergoter : la
signification de ce verset est large et profonde : la res-

,

LA SYMPHONIE PASTORALE

923

triction ne doit pas être dictée par la loi, mais par l'amour,
et s~nt Paul, aussitôt ensuite, s'écrie : « Mais si, pour
un aliment, ton frère est attristé, tu ne marches pas selon
l'amo~. » C'~st au défaut de l'amour que nous attaque
le Malin. Seigneur I enlevez de mon cœur tout ce qui
n'appartient pas à l'amour ... Car j'eus tort de provoquer
Jacques : le lendemain je trouvai sur ma table le billet
même où j'avais copié le verset : sur le dos de la feuille
Jacques avait simplement transcrit cet autre verset d~
même chapitre : « Ne cause point par ton aliment la
perte de celui pour lequel Christ est mort. » (Romains
XIV, 15).
Je relis encore une fois tout le chapitre. C'est le départ
d'une discussion infinie. Et je tourmenterais de ces perplexités, j'assombrirais de ces nuées, le ciel lumineux de
Gertrude? - Ne suis-je pas plus près du Christ et ne
l'y maintiens-je point elle-même, lorsque je lui enseigne
et la laisse croire que le seul péché est ce qui attente au
bonheur d'autrui, ou compromet notre propre bonheur?
Hélas! certaines âmes demeurent particulièrement
réfractaires au bonheur; inaptes, maladroites ... Je songe
à ma pauvre Amélie. Je l'y invite sans cesse, l'y pousse
et voudrais l'y contraindre. Oui, je voudrais soulever
chacun jusqu'à Dieu. Mais elle se dérobe sans cesse, se
referme comme certaines fleurs que n'épanouit aucun
soleil. Tout ce qu'el1e voit l'inquiète et l'afflige.
- Que veux-tu, mon ami, m'a-t-elle répondu l'autre
jour, il ne m'a pas été donné d'être aveugle.
Ah! que son ironie m'est douloureuse, et quelle vertu
me faut-il pour ne point m'en laisser troubler! Elle devrait comprendre pourtant, il me semble, que cette allu-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sion à l'infirmité de Gertrude est de nature à particulièrement me blesser. Elle me fait sentir, du reste, que
ce que j'admire surtout en Gertrude, c'est sa mansuétude
infinie: je ne l'ai jamais entendue formuler le moindre
grief contre autrui. Il est vrai que je ne lui laisse rien
connaître de ce qui pourrait la blesser.
Et de même que l'âme heureuse, par l'irradiation de
l'amour, propage le bonheur autour d'elle, tout se fait
à l'entour d'.i\mélie sombre et morose. Amiel écrirait
que son âme émet des rayons noirs. Lorsqu'après une
journée de lutte, visites aux pauvres, aux malades, aux
affligés, je rentre à la nuit tombée, harassé parfois, le
cœur plein d'un exigeant besoin de repos, d'affection,
de chaleur, je ne trouve le plus souvent à mon foyer que
soucis, récriminations, tiraillements, à quoi mille fois
je préfèrerais le froid, le vent et la pluie du dehors. Je
sais bien que notre vieille Rosalie prétend n'en faire
jamais qu'à sa tête ; mais elle n'a pas toujours tort, ni
surtout Amélie toujours raison quand elle prétend la
faire céder. Je sais bien que Charlotte et Gaspard sont
horriblement turbulents ; mais Amélie n'obtiendrait-elle
point davantage en criant un peu moins fort et moins
constamment après eux ? Tant de recommandations,
d'admonestations, de réprimandes perdent tout leur
tranchant, à l'égal des galets des plages ; les enfants en
sont beaucoup moins dérangés que moi. Je sais bien que
Je petit Claude fait ses dents (c'est du moins ce que so~tient sa mère chaque fois qu'il commence à hurler) maJS
n'est-ce pas l'inviter à hurler que d'accourir aussitôt,
elle ou Sarah, et de le dorloter sans cesse ? Je demeure
persuadé qu'il hurlerait moins souvent si on le laissait

LA SYMPHONIE PASTORALE

,

92 5
quelques bonnes fois hurler tout son soûl, quand je ne
suis point là. Mais je sais bien que c'est surtout alors
qu'elles s'empressent.
Sarah ressemble à sa mère, ce qui fait que j'aurais
voulu la mettre en pension. Elle ressemble non poirit,
hélas l à ce que sa mère était à son âge, quand nous nous
sommes fiancés, mais bien à ce que l'ont fait devenir
les soucis de la vie matérielle, et j'allais dire la culture
des soucis de la vie (car certainement Amélie les cultive).
Certes j'ai bien du mal à reconnaître en elle aujourd'hui,
l'ange qui souriait naguère à chaque noble élan de mon
cœur, que je rêvais d'associer indistinctement à ma vie,
et qui me paraissait me précéder et me guider vers la
lumière - ou l'amour en ce temps-là me blousait-il? ...
Car je ne découvre en Sarah d'autres préoccupations
que vulgaires ; à l'instar de sa mère elle se laisse affairer
uniquement par des soucis mesquins ; les traits même
de son visage, que ne spiritualise aucune flamme intérieure
sont mornes et comme durcis. Aucun goût pour la poésie,
ni plus généralement pour la lecture·; je ne surprends
jamais, entre elle et sa mère, de conversation à quoi je
puisse souhaiter prendre part, et je sens mon isolement
plus douloureusement encore auprès d'elles que lorsque
je me retire dans mon bureau, ainsi que je prends coutume
de faire de plus en plus souvent.
J'ai pris aussi cette habitude, depuis l'automne et
encouragé par la rapide tombée de la nuit, d'aller chaque
fois que me le permettent mes tournées, c'est-à-dire
quand je peux rentrer assez tôt, prendre le thé chez Mademoiselle de la M... Je n'ai point dit encore que, depuis le
mois de novembre dernier, Louise de la M... hospitalise

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

..

avec Gertrude trois petites aveugles que Martins a proposé de lui confier, à qui Gertrude à son tour apprend
à lire et à exécuter divers menus travaux, où déjà ces
fillettes se montrent assez habiles.
Quel repos, quel réconfort pour moi, chaque fois que
je rentre dans la chaude atmosphère de la Grange, et
combien il me prive si parfois il me faut rester deux ou
trois jours sans y aller. Mademoiselle de la M ... est à même,
il va sans dire, d'héberger Gertrude et ces trois petites
pensionnaires, sans avoir à se gêner ou à se tourmenter
pour leur entretien ; trois servantes l'aident avec un
grand dévouement et lui épargnent toute fatigue. Mais
peut-on dire que jamais fortune et loisirs furent mieux
mérités? De tout temps Louise de la M... s'est beaucoup
occupée des pauvres ; c'est une âme profondément religieuse, qui semble ne faire que se prêter à cette terre
et n'y vivre que pour aimer; malgré ses cheveux presque
tout argentés déjà, qu'encadre un bonnet de guipure,
rien de plus enfantin que son sourire ; rien de plus harmonieux que son geste, de plus musical que sa voix.
Gertrude a pris ses manières, sa façon de parler, une sorte
d'intonation, non point seulement de la voix, mais de
la pensée, de tout l'être - ressemblance dont je plaisante
l'une et l'autre, mais dont aucune des deux ne consent
à s'apercevoir. Qu'il m'est doux, si j'ai le temps de m' attar•
der un peu près d'elles, de les voir, assises l'une auprès de
l'autre et Gertrude soit appuyant son front sur l'épaule
de son amie, soit abandonnant une de ses mains danS
les siennes, m'écouter lire quelques vers de Lamartine
ou de Hugo; qu'il m'est doux de contempler dans Jeurs
deux âmes limpides le reflet de cette poésie ! Même les

...

LA SYMPHONIE PASTORALE

petites élèves n'y demeurent pas insensibles. Ces enfants,
dans cette atmosphère de paix et d'amour se développent
étrangement et font de remarquables progrès. J'ai souri
d'abord lorsque Mademoiselle Louise a parlé de leur
apprendre à danser, par hygiène autant que par plaisir ;
mais j'admire aujourd'hui la grâce rythmée des mouvements qu'elles arrivent à faire et qu'elles ne sont pas,
hélas! capables elles-mêmes d'apprécier. Pourtant Louise
de la M. me persuade que, de ces mouvements qu'elles
ne peuvent voir, elles perçoivent musculairement l'harmonie. Gertruqe s'associe à ces danses avec une
bonne gr.âce charmante, et du reste y prend l'amusement le plus vif. Ou parfois c'est Louise de
la M... qui se mêle au jeu des petites, et Gertrude s'assied alors au piano. Ses progrès en
musique ont été surprenants ; maintenant elle tient
l'orgue de la chapelle chaque dimanche et prélude au chant des cantiques par de courtes improvisations.
Chaque dimanche elle vient déjeuner chez nous ; mes
enfants la revoient avec plaisir, encore que leurs goûts
et les siens diffèrent de plus en plus. Amélie ne marque
pas trop de nervosité et le repas s'achève sans accroc.
Toute la famille ensuite ramène Gertrude et prend le
goûter à la Grange. C'est une fête pour mes enfants,
que Louise prend plaisir à gâter et qu'elle comble
de friandises. Amélie elle-même, qui ne laisse pas
d'être sensible aux prévenances, se · déride enfin et
paraît toute rajeunie. Je crois qu'elle se passerait
désormais malaisément de cette balte dans le train
fastidieux de sa vie.

�928

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

18 Mai
A présent que les beaux jours reviennent, j'ai de nouveau pu sortir avec Gertrude, ce qui ne m'était pas arrivé
depuis longtemps (car dernièrement encore il y a eu de
nouvelles chutes de neige et les routes sont demeurées
jusqu'à ces derniers jours dans un état épouvantable)
non plus qu'il ne m'était arrivé depuis longtemps de me
retrouver seul avec elle.
Nous marchions vite ; l'air vif colorait ses joues et
ramenait sans cesse sur son visage ses courts cheveux
blonds. Comme nous longions une tourbière je cueillis
quelques joncs en fleurs, dont je glissai les tiges sous
son béret, puis que je tressai avec ses cheveux pour les
maintenir.
Nous ne nous étions encore presque pas parlé, tout
étonnés de nous retrouver seuls ensemble, lorsque Gertrude, tournant vers moi sa face sans regards, me demanda
brusquement :
- Croyez-vous que Jacques m'aime encore?
- Il a pris son parti de renoncer à toi, répondis-je
aussitôt.
- Mais croyez-vous qu'il sache que vous m'aimez?
reprit-elle.
Depuis laconversation del'été dernier que j'ai rapportée,
plus de six mois s'étaient écoulés sans que (je m'en étonne~
le moindre mot d'amour ait été de nouveau prononce
entre nous. Nous n'étions jamais seuls, je l'ai dit, et mieux
valait qu'il en fût ainsi... La question de Gertrude me
fit battre le cœur si fort que je dus ralentir un peu notre
marche.

LA SYMPHONIE PASTORALE

929

- Mais tout le monde, Gertrude, sait que je t'aime,
m'écriai-je. Elle ne prit pas le change:
- Non, non ; vous ne répondez pas à ma question.
Et après un moment de silence, ellereprit,latête baissée:
- Ma tante Amélie sait cela ; et moi je sais que cela
la rend triste.
- Elle serait triste sans cela, protestai-je, d'une voix
mal assurée. Il est de son tempérament d'être triste.
- Oh! vous cherchez toujours à me rassurer, dit-elle
avec une sorte d'impatience. Mais je ne tiens pas à être
rassurée. Il y a bien des choses, je le sais, que vous ne
me faites pas connaître, par peur de m'inquiéter ou de
me faire de la peine ; bien des choses que je ne sais pas,
de sorte que parfois ...
Sa voix devenait de plus en plus basse ; elle s'arrêta
semblant à bout de souffle. Et comme, reprenant ses derniers mots, je demandais :
- Que parfois ?...
- De sorte que parfois, reprit-elle tristement, tout
le bonheur que je vous dois me paraît reposer sur de
l'ignorance.
- Mais, Gertrude.....
- Non, laissez-moi vous dire : je ne veux pas d'un
pareil bonheur. Comprenez que je ne... Je ne tiens pas
à être heureuse. Je préfère savoir. Il y a beaucoup de
choses, de tristes choses assurément, que je ne puis pas
voir, mais que vous n'avez pas le droit de me laisser ignorer. J'ai longtemps réfléchi durant ces mois d'hiver ; je
crains, voyez-vous, que le monde entier ne soit pas si
beau que vous me l'avez fait croire, pasteur, et même
qu'il ne s'en faille de beaucoup.
59

�93o

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

_ Il est vrai que l'homme a souvent enlaidi la terre,
arguai-je craintivement, car l'élan de ses pensées me
faisait peur et j'essayais de le détourner, tout en désesérant d'y réussir. Il semblait qu'elle attendît ces quelpques mots, car, s'en emparant aUSSitôt
·
•
comme d'un chainon grâce à quoi se fermait la chaîne :
.
_ Précisément, s'écria-t-elle : je voudrais être sûre
de ne pas ajouter au mal.
.
Longtemps nous continuâmes de marcher très vit~,
en silence. Tout ce que j'aurais pu lui dire se heurtait
d'avance à ce que je sentais qu'elle pensait ; je redoutais
de provoquer quelque phrase dont notre ~rt ~ tous d~ux
dépendait. Et songeant à ce que m'avait dit Martins,
que peut-être on pourrait lui rendre la vue, une grande
angoisse étreignait mon cœur.
.
_ Je voulais vous demander, reprit-elle enfin - maJs
je ne sais comment le dire...
Certainement, elle faisait appel à tout son courage,
comme je faisais appel au mien pour l'écouter. Mais comment eussé-je pu prévoir la question qui la tourmentait :
_ Est-ce que les enfants d'une aveugle naissent aveugles nécessairement ?
.
Je ne sais qui de nous deux ce~te convers~tion o~pressait davantage ; mais à présent Il nous fallait continuer.
_ Non, Gertrude, lui dis-je ; à moins de cas très spéciaux. II n'y a même aucune raison pour qu'ils le soient:
Elle parut extrêmement rassurée. J'aurais voulu lui
demander à mon tour pourquoi elle me demandait cela ;
je n'en eus pas le courage et continuai maladroitement:
- Mais Gertrude, pour avoir des enfants, il faut être
marié.

LA SYMPHONIE PASTORALE

931
- Ne me dites pas cela, pasteur. Je sais que cela n'est
pas vrai.
- Je t'ai dit ce qu'il était décent de te dire, protestai-je. Mais en effet les lois de la nature permettent ce qu'interdisent les lois des hommes et
de Dieu.
- Vous m'avez dit souvent que les lois de Dieu étaient
celles mêmes de l'amour.
- L'amour qui parle ici n'est plus celui qu'on appelle
aussi : charité.
- Est-ce par charité que vous m'aimez?
- Tu sais bien que non, ma Gertrude.
- Mais alors vous reconnaissez que notre amour
échappe aux lois de Dieu ?
- Que veux-tu dire ?
- Oh ! vous le savez bien, et ce ne devrait pas être
à moi de parler.
En vain je cherchais à biaiser ; mon cœur battait la
retraite de mes arguments en déroute. Eperdument je
m'écriai:
- Gertrude ... tu penses que ton amour est coupable ?
Elle rectifia :
- Que notre amour... Je me dis que je devrais le penser.
- Et alors ?... Je surpris comme une supplication
dans ma voix, tandis que, sans reprendre haleine, elle
achevait:
- Mais que je ne peux pas cesser de vous aimer.
Tout cela se passait hier. J'hésitais d'abord à l'écrire...
Je ne sais plus comment s'acheva la promenade. Nous
marchions à pas précipités, comme pour fuir, et je tenais
son bras étroitement serré contre moi. Mon âme avait

�932

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

à ce point quitté mon corps - il me semblait que le moindre caillou sur la route nous eût fait tous deux rouler à
terre.
19 Mai
Martins est revenu ce matin. Gertrude est opérable.
Dufour l'affirme et demande qu'elle lui soit confiée quelque temps. Je ne puis m'opposer à cela, et pourtant,
lâchement, j'ai demandé à réfléchir. J'ai demandé qu'on
me laisse la préparer doucement... Mon cœur devrait
bondir de joie, mais je le sens peser en moi, lourd d'une
angoisse inexprimable. A l'idée de devoir annoncer à
Gertrude que la vue lui pourrait être rendue, le cœur
me faut.
Nuit du 19 Mai
J'ai revu Gertrude et jene lui ai point parlé. A la Grange,
ce soir, comme personne n'était dans le salon, je suis
monté jusqu'à sa chambre. Nous étions seuls.
Je l'ai tenue longuement pressée contre moi. Elle ne
faisait pas un mouvement pour se défendre, et comme
elle levait le front vers moi, nos lèvres se sont rencontrées...

LA SYMPHONIE PASTORALE

933

mon Dieu, mais des hommes. Pour coupable que mon
amour paraisse aux yeux des hommes, oh ! dites-moi
qu'aux vôtres il est saint.
Je tâche à m'élever au-dessus de l'idée de péché; mais
le péché me reste intolérable, et je ne veux point abandonner le Christ. Non, je n'accepte pas de pécher, aimant
Gertrude. Je ne puis arracher cet amour de mon cœur,
qu'en arrachant mon cœur même, et pourquoi? Quand
je ne l'aimerais pas déjà, je devrais l'aimer par pitié pour
elle ; ne plus l'aimer, ce serait la trahir : elle a besoin
de mon amour...
Seigneur, je ne sais plus... Je ne sais plus que Vous.
Guidez-moi. Parfois il me paraît que je m'enfonce dans
les ténèbres et que la vue qu'on va lui rendre m'est ôtée.
Gertrude est entrée hier à la clinique de Lausanne,
d'où elle ne doit sortir que dans vingt jours. J'attends
son retour avec ùne appréhension extrême. Martins doit
nous la ramener. Elle m'a fait promettre de ne point
chercher à la voir d'ici là.
12 Mai
Lettre de Martins: l'opération a réussi. Dieu soit loué!

21

Mai

Est-ce pour nous, Seigneur, que vous avez fait la nuit
si profonde et si belle ? Est-ce pour moi ? L'air est tiède
et par ma fenêtre ouverte la lune entre et j'écoute le
silence immense des cieux. 0 confuse adoration de la
création tout entière où fond mon cœur dans une extase
sans paroles. Je ne peux plus prier qu'éperdument. S'il
est une limitation dans l'amour, elle n'est pas de Vous,

14 Mai
L'idée de devoir être vu par elle, qui jusqu'alors m'aimait sans me voir - cette idée me cause une gêne intolérable. Va-t-elle me reconnaître? Pour la première fois
de ma vie j'interroge anxieusement les miroirs. Si je
sens son regard moins indulgent que n'était son cœur,

�934

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
LA SY)IPHONIE PASTORALE

et moins aimant, que deviendrai-je ? Seigneur, il m'apparaît parfois que j'ai besoin de son amour pour Vous aimer.
27 Mai
Un surcroît de travail m'a permis de traverser ces
derniers jours sans trop d'impatience. Chaque occupation qui peut m'arracher de moi-même est bénie ; mais
tout le long du jour, à travers tout, son image me suit.
C'est demain qu'elle doit revenir. Amélie, qui durant
cette semaine ne m'a montré que les meilleurs côtés de
son humeur et semble avoir pris à tâche de me faire oublier l'absente, s'apprête avec les enfants à fêter son
retour.
28 Mai
Gaspard et Charlotte ont été cueillir ce qu'ils ont pu
trouver de fleurs dans les bois et dans les prairies. La
vieille Rose confectionne un gâteau monumental que
Sarah agrémente d'ornements de papier doré. Nous l'attendons pour ce midi.
J'écris pour user cette attente. Il est onze heures. A
tout moment je relève la tête et regarde vers la route
par où la voiture de Martins doit approcher.Jerne retiens
d'aller à leur rencontre : mieux vaut, et par égard pour
Amélie, ne pas séparer mon accueil. Mon cœur s'élance ...
ah ! les voici !
28 au soir
Dans quelle abominable nuit je plonge !
Pitié, Seigneur, pitié! Je renonce à l'aimer, mais, Vous,
ne permettez pas qu'elle meure !

935

Que j'avais donc raison de craindre ! Qu'a-t-elle fait ?
Qu'a-t-elle voulu faire? Amélie et Sarah m'ont dit l'avoir
accompagnée jusqu'à la porte de la Grange, où Mademoiselle de la M. l'attendait ... Elle a donc voulu ressortir...
Que s'est-il passé ?
Je cherche à mettre un peu d'ordre dans mes pensées.
Les récits qu'on me fait sont incompréhensibles, ou contradictoires. Tout se brouille en ma tête... Le jardinier
de Mademoiselle de la M ... vient de la ramener sans connaissance à la Grange; il dit l'avoir vue marcher le long de
la rivière, puis franchir le pont du jardin, puis se pencher,
puis disparaître; mais n'ayant pas compris d'abord qu'elle
tombait, il n'est pas accouru comme il aurait dû faire ;
il l'a retrouvée près de la petite écluse, où le courant
l'avait portée. Quand je l'ai revue un peu plus tard, elle
n'avait pas repris connaissance ; ou du moins l'avait
reperdue, car un instant elle était revenue à elle, grâce
aux soins prodigués aussitôt. Martins qui, Dieu merci !
n'était pas encore reparti, s'explique mal cette sorte de
stupeur et d'indolence où la voici plongée; en vain l'a-t-i1
interrogée ; on eût dit qu'elle n'entendait rien, ou qu'elle
avait résolu de se taire. Sa respiration reste très oppressée
et Martins craint une congestion pulmonaire ; il a posé
des sinapismes et des ventouses et promis de revenir
demain. L'erreur a été de la laisser trop longtemps dans
ses vêtements trempés tandis qu'on s'occupait d'abord
à la ranimer i l'eau de la rivière est glacée. Mademoiselle
de la M ... qui seule a pu obtenir d'elle quelques mots, soutient qu'elle a voulu cueillir des myosotis qui croissent
en abondance de ce côté de la rivière, et que malhabile
encore à mesurer les distances, ou prenant pour de la

�936

LA NOUVELLE RtVUE FRANÇAIS!!:

terre ferme le flottant tapis de fleurs, elle a perdu pied
brusquement... Si je pouvais le croire ! me convaincre
qu'il n'y eut là qu'un accident, quel poids affreux serait
levé de sur mon âme l Durant tout le repas, si gai pourtant, l'étrange sourire, qui ne la quittait pas, m'inquiétait;
un sourire contraint que je ne lui connaissais point mais
que je m'efforçais de croire celui même de son nouveau
regard ; un sourire qui semblait ruisseler de ses yeux sur
son visage comme des larmes, et près de quoi la vulgaire
joie des autres m'offensait. Elle ne se mêlait pas à la
joie ; on eût dit qu'elle avait découvert un secret, que
sans doute elle m'eût confié si j'eusse été seul avec e1le.
Elle ne disait presque rien ; mais on ne s'en étonnait
pas, car près des autres, et plus ils sont exubérants, elle
est souvent silencieuse.
Seigneur, je vous implore : permettez-lui de me parler.
J'ai besoin de savoir, ou sinon comment continuerais-je
à vivre ?... Et pourtant, si tant est qu'elle ait voulu cesser
de vivre, est-ce précisément pour avoir su ? Su quoi ?
Mon amie, qu'avez-vous donc appris d'horrible? Que
vous avais-je donc caché de mortel, que soudain vous
aurez pu voir ?
J'ai passé plus de deux heures à son chevet, ne quittant
pas des yeux son front, ses joues pâles, ses paupières délicates recloses sur un indicible chagrin, ses cheveux encore
mouillés et pareils à des algues, étalés autour d'elle sur
l'oreiller - écoutant son souffle inégal et gêné.

29 Mai
Mademoiselle Louise m'a fait appeler ce matin, au
moment où j'allais me rendre à la Grange. Après une nuit

LA SYMPHONIE PASTORALE

937

à peu près calme, Gertrude est enfin sortie de sa torpeur.

Elle m'a souri lorsque je suis entré dans la chambre et
m'a fait signe de venir m'asseoir à son chevet. Je n'osais
pas l'interroger, et sans doute craignait-elle mes questions, car elle me dit tout aussitôt et comme pour prévenir toute effusion :
- Comment donc appelez-vous ces fleurs bleues,
que j'ai voulu cueillir sur la rivière ? Plus habile que
moi, voulez-vous m'en faire un bouquet ? Je l'aurais
là, près de mon lit...
L'artificiel enjouement de sa voix me faisait mal ; et
sans doute le comprit-elle, car elle ajouta plus gravement :
- Je ne puis vous parler ce matin ; je suis trop lasse.
Allez cueillir ces fleurs pour moi, voulez-vous ? Vous
reviendrez tantôt.
Et comme une heure après je rapportais pour elle un
bouquet de myosotis, Mademoiselle Louise me dit que
Gertrude reposait de nouveau et ne pourrait me recevoir
avant le soir.
Ce soir je l'ai revue. Des coussins entassés sur son lit

la soutenaient et la maintenaient presque assise. Ses
cheveux à présent relevés au-dessus de son front étaient
mêlés aux myosotis que j'avais rapportés pour elle.
Elle avait certainement de la fièvre et paraissait très
oppressée. Elle garda dans sa main brillante la main
que je lui tendis ; je restais debout près d'elle :
- Il faut que je vous fasse un aveu, pasteur ; car ce
soir j'ai peur de mourir, dit-elle. Je vous ai menti ce matin.
Je ne cherchais pas à cueillir des fleurs ... Me pardonnerezyous si je vous dis que j'ai voulu me tuer?

�938

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Je tombai à genoux près de son lit, tout en gardant
sa frêle main dans la mienne ; mais elle, se dégageant,
commença de caresser mon front, tandis que j'enfonçais
dans les draps mon visage pour lui cacher mes larmes
et pour y étouffer mes sanglots.
- Est-ce que vous trouvez que c'est très mal ? repritelle alors tendrement ; puis comme je ne répondais rien :
- Mon ami, mon ami, vous voyez bien que je tiens
trop de place dans votre cœur, et votre vie. Quand je
suis revenue près de vous, c'est ce qui m'est apparu tout
de suite ; ou du moins que la place que j'occupais était
celle d'une autre, et qui s'en attristait. Mon crime est de
ne pas l'avoir senti plus tôt ; ou du moins - car je le
savais bien déjà - de vous avoir laissé m'aimer quand
même. Mais quand m'est apparu tout à coup son visage,
quand j'ai vu sur son pauvre visage tant de tristesse,
je n'ai plus pu supporter l'idée que cette tristesse était
mon œuvre... Non, non, ne vous reprochez rien ; mais
laissez-moi partir et rendez-lui sa joie.
La main cessa de caresser mon front ; je la saisis et
la couvris de baisers et 'de larmes. Mais elle la dégagea
impatiemment et une angoisse nouvelle commença de
l'agiter.
- Ce n'est pas là ce que je voulais dire ; non, ce n'est
pas cela que je veux dire, répétait-elle ; et je voyais la
sueur mouiller son front. Puis elle referma les yeux et
les garda fermés quelque temps, comme pour concentrer
sa pensée, ou retrouver son état de cécité première ; et
d'une voix d'abord traînante et désolée, mais qui bientôt
s'éleva tandis qu;elle rouvrait les yeux, s'anima jusqu'à
la véhémence :

LA SYMPHONIE PASTORALE

939
Quand vous m'avez rendu la vue, mes yeux se
son: ouverts sur un monde plus beau que je n'avais rêvé
~u'Il ~ût .ê~re '. ou~ vraiment, je n'imaginais pas le jour
~l cl;~ir, I_rur_ SI brillant, le ciel si vaste. Mais non plus
Je n 1magmrus pas si soucieux le front des hommes . et
quand je suis entrée chez vous, savez-vous ce qui m:est
~pparu tou~ d'abord ?... Ah! il faut pourtant bien que
Je vous le dise : ce que j'ai vu d'abord, c'est notre faute,
notre péché. Non, ne protestez pas. Souvenez-vous des
p~oles du Christ : « Si vous étiez aveugles, vous n'auriez
pomt de péché». Mais à présent, j'y vois ... Relevez-vous
pasteur. Asseyez-vous là, près de moi. Ecoutez-moi san~
m?~terrompre. Dans le temps que j'ai passé à la
climque, j'ai lu, ou plutôt je me suis fait lire, des
passages de la Bible que je ne connaissais pas encore,
que vous ne m'aviez jamais lus. Je me souviens d'un
:erset de saint Paul, que je me suis répété tout un
JO~ : « Pour moi, étant autrefois sans loi, je vivais;
mais ~t~and le commandement vint, le péché reprit vie,
et m01 Je mourus. ,,
-

Elle parlait dans un état d'exaltation extrême, à voix
très ~ante et cria presque ces derniers mots, de sorte
que Je fus gêné à l'idée qu'on la pourrait entendre du
dehors ; puis elle referma les yeux et répéta, comme pour
elle-même, ces derniers mots dans un murmure :
- « Le péché reprit vie - et moi je mourus. »
Je frissonnai, le cœur glacé d'une sorte de terreur.
Je voulus détourner sa pensée.
- Qui t'a lu ces versets ? demandai-je.
- C'est Jacques, dit-elle en rouvrant les yeux et en
me regardant fixement. Vous saviez qu'il s'est converti ?

�94°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LA SYMPHONIE PASTORALE

C'en était trop ; j'allais la supplier de se taire, mais
elle continuait déjà :
_ Mon ami, je vais vous faire beaucoup de peine; mais
il ne faut pas qu'il reste aucun mensonge entre no~.
Quand j'ai vu Jacques, j'ai compris soudain que ce n'étatt
pas vous que j'aimais ; c'était lui. Il a~ait exact:~ent
votre visage ; je veux dire qu'il avait le visage que ]'1m~ginais que vous aviez... Ah I Pourquoi m'avez-vous fait
le repousser? J'aurais pu l'épouser...
- Mais, Gertrude, tu le peux encore, m'écriai-je avec
désespoir.
- Il entre dans les ordres, dit-elle impétueusement.
Puis des sanglots la secouèrent : Ah I je voudrais me
confesser à lui, gémissait-elle dans une sorte d'e~t~.
Vous voyez bien qu'il ne me reste qu'à mourir. J'ai_ soif.
Appelez quelqu'un, je vous en pri~..!'éto~e. Laissez·
moi seule. Ah ! de vous parler ainsi, J espérais être plus
soulagée. Quittez-moi. Quittons-nous. Je ne supporte
plus de vous voir.
Je la laissai. J'appelai Mademoiselle de la M... poW: ~e
remplacer auprès d'elle; son extrême agitation ~e faisait
tout craindre ; mais il me fallait bien me convaincre que
· · qu' on V1ll
• t m 'aver·
ma présence aggravait son état. J e pna1
tir s'il empirait.
30 Mai
· C'est
Hélas! Je ne devais plus la revoir qu,end orm1e.
ce matin, au lever du jour, qu'elle est morte, après une
nuit de délire et d'accablement. Jacques, que sur la
demande dernière de Gertrude, Mademoiselle de la M...
avait prévenu par dépêche, est arrivé quelques heures

4

'

941

après la fin. Il m'a cruellement reproché de n'avoir pas
fait appeler un prêtre tandis qu'il était temps encore.
Mais comment l'eussé-je fait, ignorant encore que pendant son séjour à Lausanne, pressée par lui évidemment,
Gertrude avait abjuré. Il m'annonça du même coup sa
propre conversion et celle de Gertrude. Ainsi me quittaient
à la fois ces deux êtres ; il semblait que, séparés par
moi durant la vie, ils eussent projeté de me fuir et tous
deux de s'unir en Dieu. Mais je me persuade que dans la
conversion de Jacques entre plus de raisonnement
que d'amour.
- Mon père, m'a-t-il dit, il ne sied pas que je vous
accuse ; mais c'est l'exemple de votre erreur qui m'a
guidé.
Après que Jacques fut reparti, je me suis agenouillé
près d'Amélie, lui demandant de prier pour moi, car
j'avais besoin d'aide. Elle a simplement récité « Notre
Père... » mais en mettant entre les versets de longs
silences qu'emplissait notre imploration.
J'aurais voulu pleurer, mais je sentais mon cœur plus
aride que le désert.
FIN
ANDRÉ GIDE

•

�RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

942

RÉFLEXIONS SUR
LA LITTÉRATURE
SUR LE STYLE DE FLAUBERT
Une polémique s'est engagée entre M. Louis de Robert et
M. Paul iouday sur une question qui, pour bien des gens,
ne paraît pas sujette à discussion: Flaubert savait-il écrire ?
M. de Robert a soutenu la négative, sous ce titre même :
« Flaubert ne savait pas écrire • et il a cité à l'appui un chapelet de phrases incorrectes. M. Souday a défendu la plupart
de ces phrases, s'est élevé avec sévérité contre le parti-pris
de M. de Robert, et a conclu : « :'f ous n'avons jamais pensé
que Flaubert fût le seul parfait écrivain de notre langue,
ni même qu'on ne pût à toute force relever chez lui quelques
négligences, mais rares et généralement sans gravité... Le
danger d'algarades comme celles de M. Louis de Robert est
de brouiller les idées. Il est aussi nuisible de voir des fautes où
il n'y en a pas que de ne pas en apercevoir où il y en a. Le
public en est tout désorienté, et les scrupules des juristes
mal informés ne l'égarent pas moins que les bévues des cacographes. -. M. Souday a sans doute raison en gros; mais enfin
si les discussions ont l'inconvénient de désorienter le public,
il faut passer là-dessus en considération des avantages
majeurs qu'elles apportent. Sous le second Empire un journal
reçut un avertissement de la préfecture pour avoir pesé trop
subtilement les mérites d'u n engrais agricole, « de pareilles

943

di~~ssion_s, disait l'arrêté, ne pouvant que porter le trouble
et l mcertitude d~ns l'esprit des acheteurs». Je ne pense pas
que M. Souday tienne à voir de tels archanges veiller, l'épée
haute,
· ·
. sur
. la. confiance et l'innocence du publi~ Et ~~
particulier, s1 ~- de Robert a posé de nouveau la qµestion
avec quelque mtempérance, cela n'empêche pas que non
seulement
elle ne puisse être posée à bon dro·t
· encore
,
1 , mais
quelle ne soit réellement posée par la critique depuis le
tem?s de Flaubert et que le public n'en doive tirer des
!~ères : elle a été peut-être obscurcie par ceux qui ont
loue Flaubert des qualités qu'il a voulu avoir plus que de
celles qu'il a eues réellement.

•••

l

f

~n _a porté un peu naïvement au compte de Flaubert
écnv~, au compte de la qualité de son style, la quantité
~ténell~ de travail incorporée à son œuvre. Le temps et la
peme qu il employait à écrire une page ont été considérés
co~e une raison pour que cette page fût parfaite. On lui a
su gre de ne pas avoir écrit dans la joie, mais dans les sueurs
et 1:i, peine. Les formidables brouillons, les Himalayas de
papier raturé que sont ses manuscrits ne permettent pas de
~e~e e:1 doute cet immense effort, ni d'admettre, comme
1msmua1t Jules Lemaître, que F laubert appelait travail
tout le temps qu'il passait à. bricoler, à. bâiller ou à pester
dans son cabinet. Mais enfin cela devrait suffire à nous faire
admettre que Flaubert n'est pas un grand écrivain de race
et que la pleine maîtrise verbale ne lui était pas donnée dans
sa nature même. Et cette idée se confirme quand nous lisons
ses Œuvres de jeunesse et sa Correspondance. Evidemment
ellesd
· t nous mtéresser
·
, oiven
beaucoup par les renseignements'
qu elles n ous apportent sur la vie intérieure et la formation
des 1'd'ees de Flaubert, qui sont d ' un cerveau de premier

�944

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ordre et valent la peine d'être étudiées pour elles-mêmes ;
mais le style des Œuvre.s de fetme.sse, jusqu'au moment du
moins où il se précise et se dégourdit dans la première Tentation, est d'une insignifiance absolue, et la Correspondance,
si elle nous amuse par tant de pages verveuses, fourmille
de platitudes qui nous montrent que Flaubert avait
besoin de tenir sa plume en bride pour en tirer de bonne
prose. Comparez ses lettres à celles de Chateaubriand. On
trouve parfois exprimé ce paradoxe que Flaubert est plus
grand écrivain dans la première ou plutôt dans la seconde
Tentation que dans la troisième, dans sa libre Corres'Jondanca
que dans la poussive Education sentimentale : il n'y a guère
à prendre cette fantaisie au sérieux.
Les grandes œuvres de Flaubert laissent apercevoir souvent dans la trame de leur style une nature verbale un peu
courte et indigente, mise en culture et en valeur grâce à cette
alliance d'un tempérament de feu et d'une volonté obstinée
qu'on retrouve si souvent dans le caractère normand. Il y a
tout un sottisier grammatical et littéraire de Flaubert, qu'on
peut vraiment relever sans remords, puisque Flaubert luimême prenait son plaisir à s'en créer un pareil par ses lec•
tures. Le sottisier recueilli par Flaubert, qui a été publié,
sollicite dans le sens de la pure bêtise bien des phrases d'écri•
vains célèbres, que leur contexte, comme il est ordinaire, rendrait acceptables. On l'eût applaudi s'il avait été assez beau
joueur pour y joindre les deux phrases de Madame Bova,y
sur la • tête phrénologique peinte en bleu jusqu'au thorax•
et sur • les soixante quinze francs en pièces de quarante sous•.
prix de la jambe du père Rouault, - ni l'un ni l'autre n'étant
pendables. Mais les inadvertances de style, telles que la
petite collection relevée par Faguet dans son Flaubert, sont
plus graves. Pour que Flaubert laissât échapper un • gràce
sans doute à cette bonne volonté dont il fit preuve, il dut de
ne pas redescendre dans la classe inférieure ,, il fallait bien

RtFLEXlONS SUR LA LITTÉRATURE

,

945

que son oreille grammaticale et littéraire ne fût pas très
sûre. Et l'œuvre, l'influence de Flaubert sont telles que nous
sommes, après tout, amenés à nous louer que cette oreille
n'ait pas fonctionné sans défaillance. Nous assistons alors
au spectacle passionnant de ce que peuvent, pour se créer
avec peu de matière un moyen d'expression qui arrivera à
être parfait, d'abord la volonté et ensuite la vision en pleine
atmosphère d'intelligence d'un monde d'idées vivantes.

•••
La loi éternelle se vérifie toujours et le style épouse chez
Flaubert un geste de l'homme. Mécontent de lui, mécontent
de 1~ vie, Flaubert pouvait, comme certains romantiques,
partir en guerre contre tout. Or il s'est cantonné dans une
occupation, un métier précis pratiqué avec une conscience
farouche, il a, pareil à Taine, son ami, étouffé à force de travail l'absurdité de la rie. Il s'est voulu, s'est cherché une
discipline. Et son style est un style de discipline. Et plus haut
que le style proprement dit, il a fourni à toute son époque
le style général de la discipline littéraire. Il a réalisé l'idée
de discipline comme un Chateaubriand réalise l'idée de survie
décorative ou un Victor Hugo l'idée de libre épanouissement
verbal. A ce point de vue il est un phénomène unique
au xrxe siècle, où l'art apparaît plus que jamais comme le
dépôt naturel de la vie. Bien qu'il faille se défier beaucoup des
racontars de Maxime du Camp et que le rôle de Mentor
intelligent et distant qu'il s'attribue auprès de Flaubert
témoigne d'une suffisance grotesque, nous avons assez de
témo~gnages de Flaubert lui-même pour admettre qu'en
eff_et il entreprit d'écrire Madame Bovary à titre de pensum
u~_e et. précisément parce que le sujet lui répugnait. Parce
qu li lm fallait le grand décor romantique, il a voulu vivre
à Yonville. Parce que la vie réelle chez le bourgeois lui était
6o

�RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

insupportable, il a voulu vivre chez eux sa vie littéraire.
Parce que les bourgeois le dégoûtaient, il a voulu parler
d'eux sans haine, les mettre en valeur dans le même esprit
de patiente lumière qu'un peintre hollandais. Il n'y a probablement qu'un livre qui soit né de la même source, qui ait
suivi dans l'âme de son auteur des voies intérieures analogues
et qui, participant au fond de la même racine, signifie en
somme la même chose : c'est don Quichotte. Mais il s'est
trouvé qu'en écrivant Jfadame Bovaffy contre sa volonté,
son goût et sa nature, Flaubert s'est accouché violemment
à sa réalité littéraire, à son idée désormais impérissable et
exigeante de discipline.
Emma Bovar., est dans le microcosme d'Yonville la petite
force indisciplinée et passive qui doit nécessairement être
vaincue. Que Flaubert ait pitié d'elle, qu'il l'aime peut-être
seule, c'est possible, c'est même vrai, mais il ne le dit pas et
cela ne nous regarde pas. Seulement, s'il ne s'est pas empoi•
sonné comme elle, si, comme il l'a dit en une galéjade que
Taine nota sans sourciller dans l'Intelligence à titre de document psychologique, il a seulement senti pendant trois jours
le goût d'arsenic dans la bouche, après avoir écrit le récit de
l'empoisonnement, c'est qu'il a pris place, réellement, en
chair et en os, dans le chœur des disciplinés, et, qu'apris
avoir suivi le convoi d'Emma, il a été naturalisé bourgeois
d'Yonville. Il m'avait semblé un jour voir une figure de
Flaubert dans le docteur Larivière. Bien plutôt aujourd'hui
le verrais-je personnifié en Binet. Binet a trouvé la paix et
une discipline à sa portée dans la pratique assidue du tour.
Il tourne comme Flaubert écrit. Il y faut du talent, de la
vocation, il les a et y ajoute par un effort continuel. Ma.il
Flaubert n'atteint pas à la hauteur de Binet. La pratique
du tour est pour Binet un plaisir en soi qui suffit à lui donner
une raison complète de vivre. Il est inutile à sa satisfaction
que lee louanges de ses produits 90it publiées par M. Homaia

.,

f

947

dans le Fanal de Rouen et les fassent admirer d'un public
no~breux. Au contraire Flaubert ne tournerait pas s'il n'y
ava~t ~~ le Fanal et M. H omais. La destinée intelligente
avait d ailleurs placé M. Homai.s à côté de lui sous le nom de
Maxime du Camp.
• Flaubert a continué à tourner comme Antoine à 1 d •
·è li
, a er
m re gne de la Tentation, se remet en prières et comme
~ouvard e~ P~cuchet recommencent à copier. Mais comme
il tourne difficilement il a besoin des conseils d 'autrui. n est
à re~arquer que les trois quarts des faiblesses et des incorrections que l'on peut relever, à titre de taches négligeables
à travers l'œuvre de Flaubert se trouvent dans Mada~
Bovary, - les Œuvres de jeunesse étant laissées de c ·t·
La •
o e.
raison en est simple. C'est qu'à partir de Salammbô
Fla_u bert fait prudemment écheniller ses épreuves par d~
aillls et en particulier par Bouilhet. On trouve dans
!:édition_ Conard la liste des remar1ues de Bouilhet sur
l Ed~ation sentimentale, et Flaubert, qui a déféré à un
certain nombre, aurait pu sans inconvénient en admettre
davantage.
Une partie de la mauvaise humeur avec laquelle il , ·t
l · •
ecn
u1 vient sans doute de ceci. Il sait combien il est diffi il
d'é .
.
c e
crue parfaitement le français. Il sait combien sont rares
au x1xe siècle, les grands écrivains qui ont connu intégral ~
ment l'intérieur, les ressources, la vie de leur langue. Apr;s
Chateaubriand,
Victor Hugo et peut-être Théophile G autier,
.
on serait assez embarrassé d'en citer un quatrième. Il s'épuise
à la recherche de la correction, de la propriété, du nombre.
Il les trouve souvent, surtout le nombre. Mais autant il est
hésitan~ et difficile sur le choix de ses mots et de ses phrases,
au_tant il est absolu sur l'excellence de ce qu'il a laissé impnmer et supporte impatiemment la critique. Il sent qu'il
a avantage à demander des conseils, s'y soumet assez docilement, tant que l'œuvre se fait. Mais quand l'œuvre est faite

'

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

c'est-à-dire quand elle est exposée en public, et que l'auteur
peut dès lors recevoir sur elle plus d'avis utiles qu'il ne le
pouvait quand elle demeurait manuscrite, il la voit d'un
autre œil, la défend par toutes les raisons. parfois mauvaises
et qu'il sait mauvaises. C'est d'ailleurs très humain - et tout
naturel- puisqu'il n'y a pas d'œuvre si parfaite qu'on ne
puisse encore perfectionner dans le détail et qu'à ce compte
on ne ferait pas grand'chose de nouveau. Seulement, ces
mauvaises raisons sont souvent instructives. Victor Hugo,
ayant parlé par inadvertance de la Sorbonne au temps de
Charlemagne, croyait devoir se défendre en alléguant que
l'étymologie de Sorbonne était Soror bona. Voyez Flaubert:
• Il prétendait, dit Maxime du Camp, il a toujours prétendu que !'écrivain est libre, selon les exigences de son
style, d'accepter ou de rejeter les prescriptions grammaticales
qui régissent la langue française, et que les seules lois auxquelles il faut se soumettre sont les lois de l'harmonie... Il
disait que le style et la grammaire sont choses différentes ;
il citait les plus grands écrivains qui presque tous ont été
incorrects, et faisait remarquer que nul grammairien n'a
jamais su écrire. •
C'est là sans doute une réponse un peu confuse à quelques
remarques, dans le genre de celles de Faguet et de M. de
Robert, faites sur quelque phrase de Flaubert, - et Maxime
du amp a dû ajouter à cette confusion. Quel que soit son
auteur on voit facilement ce que dans ce passa e il y a de
vrai et de faux. Ni Flaubert ni aucun homme sensé n'a jamais
pu penser que les seules lois auxquelles il faille se soumettre soient les lois de l'harmonie. Il n'y a pas de langue à
flexions, ni à plus forte raison de style sans grammaire.
Seulement, il est exact que le caractère grammatical d'une
langue, et particulièrement de la langue française, se renforce
au fur et à mesure qu'elle avance, qu'elle est réalisée par des
écrivains, que sa texture devient moins libre, que ses lois

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

949

se formulent, ue sa jurisprudence se fixe. Au temps de
Montaigne, le poids de la souveraineté ne touchait pas un
gentilhomme deux fois dans sa vie, et le poids de la grammaire
ne touchait pas b::aucoup un écrivain. Aussi la Franc:!
produisait-elle de3 Bussyd'Amboise et des d'Aubigné du
même fonds dont elle engendrait des Rabelais et des Montaigne. Mais les grammairiens sont venus comme les intendants. Richelieu a fondé l'Académie comme il a fait couper
la tête de Montmorency. Le style et la grammaire se sont
joints davantage, et leur adhérence croissante est un fait
inévitable, donné avec le mouvement de la langue ellemême, et sur lequel il n'y a pas à revenir. Redites-vous la
phrase célèbre de Chateaubriand que Guizot récitait avec des
inflexions qui enthousiasmaient Mme de Staël : • Lorsque,
dans le silence de l'abjection, l'on n'entend plus que la chaîne
de l'esclave et la voix du délateur ; lorsque tout tremble
' devant le tyran, et qu'il est aussi dangereux d'encourir sa
faveur que de mériter sa disgrâce, l'historien paraît, chargé
de la vengeance des peuples. • Chateaubriand y fait une
musique oratoire presque parfaite ; mais si vous la lisez à
voix haute peut-être vous apercevrez-vous que les deux
lof'Sque, avec leurs trois consonnes, arrêtent et nouent un
peu désagréablement le débit. Je suis persuadé qu'au
xvue siècle on les eût remplacés par quand ... que, avec un
effet certain d'allègement et d'aisance. Seulement cette
anacoluthe, dont Bossuet use sans remords, est au temps de
Chateaubriand considérée comme une hardiesse inadmissible,
et il s'en abstient, sacrifiant l'harmonie à la grammaire.
Evidemment aucun grammairien ne manquera de limite
exacte entre l'anacoluthe et l'incorrection. Mais il y a des
époques de la langue où, comme au temps de Platon, de
Tacite et de Bossuet, les ruptures de rapports logiques et
les dissonances grammaticales reto~bent verveusement
en anacoluthes, et d'autres époques, comme la nôtre, où elles

�950

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

s'étalent platement en incorrections. Il faudrait un singulier
parti pris pour donner comme anacoluthe la phrase de
Flaubert : • Grâce à cette bonne volonté , ... que j 'ai citée
tout à l'heure. Entre les grands écrivains incorrects dont
parle Flaubert, distinguons ceux qui n'étaient pas incorrects,
parce qu'ils vivaient en un temps où ils faisaient la loi, et
ceux qui le deviennent parce qu'ils vivent en un temps
où ils la subissent. On appelle d'ailleurs point de maturité
de la langue un moment d'équilibre entre la création spontanée et la régie commerçante, qui dure juste le temps d'une
génération.
Presque toutes les fois que Flaubert choit en une irrégularité, c'est sans le vouloir et en commettant une faute.
Comme le remarquent fort bien les Goncourt sa langue ni
surtout sa syntaxe n'ont rien de prime-sautier, de verveux,
de hardi. Elles sont courtes et timides, avec des qualités
scolaires, et à la moindre tentative de haute école elles
tomberaient par terre. Quand il s'écrie :• De l'air I de l'air 1
les grandes tournures, les larges et pleines périodes, se déroulant comme des fleuves, la multiplicité des métaphores,
les grands éclats du style, tout ce que j'aime enfin 1 • songez
à Emma Bovary s'exaltant lyriquement sur le voyage d'Italie
qu'elle ne fera jamais. Ce n'est point par un sens puissant de
la langue que Flaubert en est devenu un maître, c'est par la
longue patience qui fait la moitié de son génie verbal et aussi
et surtout par son gueuloir.
On s'est moqué du gueuloir. C'est de lui pourtant que
Flaubert a tiré toute la finesse de son m étier. « Les phrases
mal écrites, dit-il, ne résistent pas à cette épreuve ; elles
oppressent la poitrine, gênent les battements du cœur, et
se trouvent ainsi en dehors des conditions de la vie. • Par
là, Flaubert a retrouvé le grand courant du style classique
qui, ainsi que Brunetière l'a souvent et fortement montré,
esi un style parlé, associé aux rythmes et à l'espace de la

95r

voix. C'est de là que vient la solidité substantielle de cette
forme flaubertienne qui tant qu'il y aura une langue fran.
çaise ne vieillira jamais, restera musclée et parfaite comme
un dessin d'ln5res. Voyez au contraire comme date aujourd'hui un style juxtaposé et papillotant, rebelle au parloir,
tel que celui des Goncourt et même d'Alphonse Daudet.
L'écriture qui ne prend pas de prés contact avec la parole
se dessèche comme la plante sans eau.
Dans l'intérieur de ses limites, un peu étroites, cette prose
est d'une délicatesse de rythmes, d'une science et d'une
variété de coupe incomparables. Avec La Bruyère et Montesquieu, Flaubert paraît dans la langue le maître de la coupe;
nul n'a de virgules plus significatives, d'arrêts de tous genres
plus nerveux.

•
1

•••

Ces qualités classiques ont été méconnues par les plus
classi:iues. La voi:x de M. de Robert n'est pas isolée, et de
son vivant comme aprês sa mort, le style de Flaubert a été
Aprement discuté. La critique universitaire a gardé une certaine défiance contre un écrivain qui n'était pas de l'Académie (où Maxime du Camp tenait une place pompeuse) et
qui faisait autant de bruit que s'il en était. Sainte-Beuve
en parle froidement. Faguet ne lui donne pas de place parmi
ses maîtres du XIX8 si~cle, oracle du Brevet supérieur,
et lui consacre plus tard, par raccroc, un petit volume hâtif.
Brunetière l'aborde avec une hargne dont la mauvaise foi est
insigne. Quand paraissent les T,-vi ; Contes, il écrit dans la
R,vue des Det,x Mondes : • Dans l'école moderne, quand
on a pris une fois le parti d'admirer, l'admiration ne se divise
pas, et l'on a contracté du même coup l'engagement de
trouver tout admirable. Il est donc loisible, il est même
éloquent à M. Flaubert d'appeler Vitellius « cette fleur des
fanges de Caprée •· Quels rires cependant si c'était dans
Thomas que l'on découvrlt cette étonnante périphrase, et

�LA

NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

comme on aurait raison ! • Or, voici la phrase d 'Hlt-odias :
« La fortune du père dépendait de la souillure du fils; et cette
fleur des fanges de Caprée lui procurait des bénéfices tellement considérables, qu'il l'entourait d'égards, tout en se
méfiant, parce qu'elle était vénéneuse. • L'image se tient
solidement, et surtout elle exprime chez les deux Vitellius
un état d'esprit qu'il faudrait dix lignes pour expliquer
autrement et plus mal. Isolés par le malveillant criti1ue
les six mots sont en effet une fleur de rhétorique. Qui est
responsable, sinon l'homme au sécateur ? Méfions-nous des
citations tronquées.
Mais l'opinion des critiques importe moins en cette
matière que celle des disciples. Le style de Flaubert a établi
sa valeur par sa fécondité. Comme celui de Guez de Balzac,
il a institué une école. Il a formé des élèves. Cet écrivain qui
ne fut pas de l'Académie fut à lui seul une Académie, c'està-dire une source d'exemples. C'est chez lui que toute une
génération a appris à écrire. Grand par lui-même il est plus
grand peut-être encore par ses élèves. L'éducation de Maupassant par Flaubert, peut-être unique dans notre histoire
littéraire, nous place dans la saine atmosphère d'un atelier
de la Renaissance, d'un Léonard qui sort d'un Verrocchio
ou d'un Jules Romains qui naît d'un Raphaël. Sala,,nib4
imité cent fois a donné le style de la grande décoration historique, Bo ,va,d le style du naturalisme goguenard. Certaines
scènes de la Tentation, comme l'entretien d'Antoine, d'Apollonius et de Damis, auraient pu fournir le pur et parfait
modèle de ce style dramatique nerveux, harmonieux,
riche en répliques condensées et en coupes puissantes ui
manquerait à notre prose si Victor Hu :o ne l'avait en partie
réalisé dans le drame d'ailleurs lamentablement vide de
L11c,~ce Borgia. Peut-être les pages colériques, guignoles1uea
et truculentes de la Correspondance ont-elles quelque peu
inspiré les styles succulents de Huysmans et de Léon Bloy.

NOTES

953

Une telle place n'est sans doute pas la première dans la
prose française, elle reste considérable, elle mérite que
Flaubert demeure pour les écrivains d'aujourd'hui autre
chose encore qu'un maître, - le bon ouvrier, le Patron.
ALBERT THIBAUDET

NOTES
IŒFLEXIONS SUR LE ROLE
L'INTELLIGENCE FRANÇAISE.

,

ACTUEL

DE

Est-il permis à un ami et fondateur de la revue, qui ne lui
a jamais ménagé son concours, mais qui lui revient trop
changé pour la suivre aujourd'hui dans toutes ses démarches,
de proposer à l'attention de ses lecteurs quelques réflexions
personnelles sur les derniers articles de son directeur ? J'ai
signé, et l'un des premiers, le manifeste du « Parti de l'intelligence•· Avec une modération à laquelle je rends hommage,
Jacques Rivière, dans le numéro de Septembre, l'a présenté
discuté, critiqué. Je suis l'un de « ces messieurs • dont il
parle, l'ami pourtant, jele répète, de sa revue, de ses lecteurs...
et son ami. S'il tient à y voir clair, ce que je ne mets pas en
doute, il ne saurait me refuser le droit de préc:ser ici mon
point de vue, ni de contrarier le sien.
Il s'accorde avec nous, signataires du manifeste, sur le
principe essentiel : primauté de l'intelligence. Celle-ci est
pour lui • d'abord, le moyen de distinguer ce qui est de ce
qui n'est pas. • Nous n'avons pas dit autre chose. Cette
primauté, ajoute-t-il, appartient en droit, en fait à la France.
C'est exactement notre thèse. Le monde entier a intérêt à
la restauration de l'esprit français, ferment, moteur, animateur de la seule civilisation qui nous regarde, non celle
des Chinois, des Incas, des Hindous, mais celle des Occiden-

�954

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

taux, celle de Paris, de Rome et d'Athènes, qui depuis vingt
siècles n'a pas failli. Jusqu'ici rien de mieux. L'intellectuel
français, qu'il appartienne ou non au ,Parti de l'Intelligence,,
va donc s'élancer dans la droite voie, la voie royale de l'esprit.
Dans la mesure où l'homme peut être désintéressé et ne
penser qu'avec sa raison pure, dégagée des penchants de son
cœur, voire de son corps - car l'homme est condamné à
vivre dans la sensation et dans l'affection, ne l'oublions
pas ! - il va observer, recueillir les faits; les peser, les
classer, les élever au rang d'idées; puis enchaîner, déduire,
induire, en toute liberté, en toute honnêteté ; et à la tin,
j'imagine, conclure. C'est ici qu'on ne s'entend plus - et
aussi sur un autre point qu'il faut examiner au préalable: les
conditions matérielles de la liberté de l'esprit français.
1 Pour agir, il faut être. Soyons d'abord. •
Ce n'est pas que Jacques Rivière en disconvienne. « Pour
pouvoir penser librement, il faut d'abord que la France
existe; il faut qu'elle ait un tronc, des membres, une• substance,. Il n'entre pas dans sa pensée d'accepter demain pour
notre pays le sort de la Grèce vaincue qui, n'ayant plus
d'autre ressource, entreprit la conquête spirituelle de ses
vainqueurs. Ce quedevinrent dans l'aventure la civilisation et
l'art hellénique, nous le savons de reste. Notre France n'en
est pas là. Elle ne se résignera à ce pis aller désastreux que
quand, vraiment, elle aura perdu l'espérance. Rivière nous
rappelle à la réalité. • Oubliez-vous que c'est elle qui a
vaincu ? qu'elle est et qu'elle vit. Elle me paraît (je cite) avoir
acquis une assiette, qui non seulement lui permet, mais qui lui
fait un devoir de penser hardiment et dans taus les sens, sans
plus se laisser paralyser par l'instinct de conservation. •
Hélas! il nous paraît à nous qu'elle n'aura vaincu, qu'elle
ne sera, ne vivra qu'en proportion de nos efforts nouveaux
pour faire durer sa victoire. Son être est en suspens. Si le
triomphe de nos armes l'a sauvée de la destruction et du

NOTES

955

servage, il la laisse si anl:miée et de son plus précieux sang, de
son capital-travail et de son capital-richesse, que sa position
dans le monde, son assiette, est matériellement moins bonne,
moins si\re, moins solide, malgré la récupération de deux
provinces et l'occupation provisoire du Rhin, qu'en Juillet
1914. Ses deux principaux alliés sont outre-mer. Sur le
continent elle a devant elle au lieu d'un allié et d'un ennemi
avérés, des forces obscures sournoises, difficiles à évaluer
et qui pourront un jour se joindre ; et contre celles-ci il
sera moins aisé de se mettre en garde que contre l'appareil
militaire, si formidable, mais du moins ostensible de l'empire
de Guillaume Il. Une Russie qui prétend fonder un ordre
nouveau, sans précédent et plein de risques, pour l'imposer
ensuite au monde, une Allemagne qui est loin de la guérison,
au témoignage d'observateurs qualifiés; en outre, une Italie
qui joue son jeu et une macédoine de peuples : tel est l'état
de l'échiquier européen. Le traité de Versailles laisse à notre
principal ennemi le sentiment de sa puissance, de son avance
sur nous, de sa richesse; il le brime sans le mater; et qui donc
en fera respecter les clauses ? demandez-le à Whashington
ou aux radicaux d'Angleterre. Je m'abstiens volontairement
de parler de notre politique intérieure. Ecoutez : • Il faut
que ça change! , De gauche à droite, ce n'est qu'un cri. Pour préparer ce changement, quel qu'il puisse être, pour
refaire nos forces, pour affronter les ouragans prochains, la
France qui possède beaucoup de gloire et de crédit moral, n'a
plus un sou à perdre, ni une parole, ni une idée de trop. Voilà
ce qu'il nous semble à nous. Elle dépérissait depuis déjà un
siècle (par la faute de qui, de quoi? c'est ce qu'il faudra
rechercher), quand soudain elle chut dans cette maladie de
cinq ans, la plus grave qu'elle ait subie depuis la Révolution.
Au moment d'entrer en convalescence, elle trouve, au lieu
d'un air pur, tout un essaim d'épidémies que pousse le vent
d'est. Ne faut-il pas l'en protéger? Ménageons-la. Gardons-

�956

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la des rechutes. Fortifions son pauvre corps. Ou nous ne

sauverons rien d'elle, pas même son esprit qui sera le premier
vaincu.
Tel est l'autre son de cloche, le nôtre. Ceci posé (que l'on
peut nier, contredire, mais qui se fonde sur des faits) jusqu'à réfection complète de la France, notre esprit n'aw:9'
pas de soin plus urgent que d'aliéner, s'il le faut, une partie
de sa liberté, ou plus exactement, de limiter sa fantaisie,
en choisissant au plus tôt - le temps presse - la discipline
la plus propre à servir à la fois les intérêts de la France et les
siens. Nous ne supprimons pas la liberté de la recherche; le
champ est assez vaste pour lasser notre course avant que
nous touchions au but. Nous cherchons, nous pensons
dans une direction, celle que nous estimons la plus sûre, celle
que nous indique et recommande une longue tradition. Nous
n'avons pas le temps de les essayer toutes, de faire table rase,
d'arracher les jalons qu'ont plantés nos devanciers. Nous
sommes d'avis de tenir compte plutôt de l'expérience accumulée des siècles, que des rêveries du présent et plutôt des
travaux de ceux qui depuis longtemps méditent et creusent
un sujet tout nouveau pour nous, que des intuitions ~ deuses qui lèveront en nous, au premier contact avec lUL
A nous de vérifier leur raisonnement et leurs preuves. A
nous d'examiner jusqu'à quel point les conditions du problème (philosophique, politique, esthétique ou religieux) se
présentent changées, jusqu'à quel point en sera affectée la
solution. Nous croyons rester dans la ligne de la plus pure
tradition intellectuelle en faisant moins de cas de l'exception
que de la règle, en ne nous laissant pas dét~urner. de notre
chemin. - Ainsi, s~ns préjuger de la conclus10~ ~ltime
d'entre nous qui déJà ont conclu en art, en religion, en po
tique, ne l'ayant pas tous fait exactement de la même façon):
nous nous mettons d'accord sur des principes généraux 4111
ne peuvent nous entraîner à de trop grandes divergences et

(ce:

NOTES

957

qui, pour l'action immédiate de la pensée, suffiront. Ils
sont deux et pas un de plus, ce que le passé de la France et
la logique de l'esprit nous offrent de plus ferme et de plus
éprouvé : unité-continuité, les noms même de la famille, de
la paroisse, de la prov:nce, de la p .. trie, du classicisme et de
l'Eglise. Avec cela nous sommes sûrs d'obtenir une direction,
un art, une morale, une politique, sans offenser les lois
humaines et universelles de la raison.
Jacques Rivière nous répond : • Soit I mais votre intelligence n'est plus libre, vous l'avouez vous-mêmes : Nous
savons ce que nous voulons et ce que nous ne voulons pas. ,
C'est la pierre où son pied s'achoppe. Mais, cher ami, pourquoi le savons-nous ? Parce que twus l'avons chercM, librement et logiquement, après examen des faits, des précédents
et des analogies. Faut-il à chaque pas revenir au point de
départ, remettre tout en question, parce qu'un fait nouveau
se montre et contredit cent mille faits déjà classés ? Ce s:&gt;nt
eux et non pas nous qui nous ont tracé le chemin. Ne nous
attribuez pas une façon d'obscurantis~e. Ce fait nouveau,
nous l'examinerons, mais comme il mérite de l'être et jusqu'à
nouvel ordre comme une exception, tant que cent mille faits
nouveaux n'auront pas été jetés avec lui dans le plateau de
la balance. Plaçons-nous par exemple, comme vous l'avez
fait, devant le fait nouveau du bolchevisme russe, c'est-à-dire
du socialisme appliqué. C'est une occasion excellente de
préciser nos positions.

Le bolchevisme, dit Rivière, est peut-être affreux, dangereux, barbare, c'est l'opinion des journaux. N'importe! il

est. Pour le penseur, ce n'est qu'un objet de pensée. Jacques

Rivière veut comprendre, et je lui jure que nous sommes
tous comme lui. Avant d'aller plus loin, il s'efforce de discerner quelles idées motrices s'affrontèrent dans la guerre
qui vient de finir. Comme déjà il est malaisé de s'entendre
sur les faits les plus proches et les plus communs! et comme

�958

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'esprit est faillible quand il ne manie pas des quantités abstraites, des chiffres, des signes ou des plans I Mon expérience
à moi, dans le cas présent, dément complètement la sienne.
Où il voit le duel entre l'autocratie et la démocratie, la lutte
contre les ty,-ans pour le Droit etlaLibe,-té, je vois des peuples
qui veulent vivre et qui défendent leur bien et leur vie contre
la cupidité d'un voisin. J'ai fréquenté bien des soldats et
de tout près en quatre ans de campagne et j'ai été frappé
par leur indifférence à l'égard des buts idéaux. Jamais (ou
une fois sur mille) ils ne prononçaient le mot République, le
mot Droit, le mot Liberté. Ils détestaient Guillaume, non
pas comme un tyran, mais comme symbole de toute l'Allemagne, en tant qu'ét,-ange,-, en tant qu'ennemi et on les aurait
bien fait rire en s'avisant de leur conter qu'ils se battaient
pour libérer leurs frères boches. Lorsque.. les Russes nous
lâchèrent, ils devinrent tout de suite pour eux • ces c... de
Russes qui prolongeaient la guerre sous prétexte de « vider•
le tzar ». Ils se battaient pour en finir, pour n'avoir plus
l'Allemagne à leur porte avec son grand sabre et sa grosse
voix. Quant à cet idéal qui gonflait leur courage, il n'avait pas
de nom, pas même celui de France ; il était dans leur sang,
dans leur cœur, dans leurs muscles, dans l'héritage corporel
de tous leurs ancêtres français, une sorte de bravoure et
d'endurance toutes physiques. Tel était le cas de la masse.
Ceux qui« savaient pourquoi », une infime minorité, n'étaient
jamais du même avis, sauf dans la haine ; chacun récitait
son journal. Je ne parle pas de l'élite, intellectuels, p etits
commerçants et petits bourgeois : le plus grand nombre ne
tarissait pas d'ironie sur les discours du président Wilson.
Rivière nous dit le contraire. Qui croire ? Ce débat accessoire
n'est pas inutile ... mais poursuivons.
Nous avons donc cru, selon Rivière, combattre pour la
liberté du Monde, lequel était souvent autant et plus libre
que nous - et voici soudain que le Monde ne veut plus de la

NOTES

959

liberté que nous avons payée si cher. L'autocratie est morte
mais la liberté agonise; reste le socialisme dont sans doute es~

proche l'avènement, car l'univers entier réclame une autorité pérempt oire. Je ferai remarquer qu'il y a fort longtemps
que les Français attendaient une « poigne• ; la popularité de
Foch et de Clemenceau vient de là. Passons encore. -Ainsi
un nouvel idéal se lève, et c'est le socialisme; Rivière le
prend au sérieux et n 'a pas tort. Il est conduit d'abord à
l'étudier en Russie et son expérience de prisonnier de guerre,
mêlé au peuple russe dans les camps allemands, lui fournit des
traits authentiques, savoureux, éloquents; chacun, les ayant
lus ici, les a présents à la mémoire. Il en tire une conclusion de fait qui ne me semble pas forcée ; elle cadre avec
le peu qu'on sait, le peu qu'on a pu entrevoir à travers Tolstoï
et Dostoïewsky; souvenez-vous de ces conversations interminables del' Idiot et des Possédés où tout le monde parle à la
fois. Cette conclusion, la voici : Le Russe est, pa,- instinct,
g,egaire, et il est né pou, le soviet. Voilà- si cela est- qui est
du plus haut intérêt et j'en voudrais à Rivière de nous priver
de pareilles contributions aux mœurs, à la p 5ychologie et à
l'histoire. Lorsque le bolchevisme naît, lorsque le soviet est
fondé dans le parfait nivellement des classes, contraint,
battu, mais agrégé, le Russe enfin se sent à l'aise; heureux ou
malheureux, il peut, il veut vivre en soviet ; il a retrouvé sa
nature. - Je ne discute point ; il nous vient de là-bas des
témoignages encore si confus, que j 'accorde provisoirement
tout crédit à la perspicacité de Rivière. Mais je lui dis: Et
puis après?

Ce soviet qui ramène le peuple russe à l'existence sociale
la plus rudimentaire, la moins différenciée que l'on ait jamais
vécue sous le ciel, sinon jadis, avant les tzars, ce soviet n'est
point isolé au fond de l'Afrique centrale ou sur les plateaux
de l'Asie, loin du télégraphe et du chemin de fer. Il est ici,
à notre porte ; vous-même le considérez peut-être comme

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un fait européen, et déjà nos voisins l'imitent. Que dis-je ?
il prétend conquérir le monde. Qu'allez-vous en faire, penseur?
Vous avez le choix entre trois attitudes possibles. Ou
bien vous le considérez comme un objet d'étude et de curiosité et vous vous installez, les bras croisés, en spectateur, en
historien, en chimiste (je ne dis pas en dilettante) devant
l'explosif inédit qui produira une déflagration si nouvelle.
Vous laisserez aller l'expérience. Ce serait l'attitude de l'intellectuel pur : si vous l'étiez vraiment, la vôtre. - Ou bien
vous porterez sur le soviet un jugement. Il sera favorable
ou défavorable ; il l'encouragera ou lui fera du tort. Dans
ce troisième cas - celui de la condamnation - vous êtes
avec nous et désormais pas plus libre que nous de votre •
pensée : elle marchera contre. Dans le second - celui de
l'approbation - c'est t out de même : elle marchera pour,
avec les membres du groupe« Clarté,. Que si, vous réservant,
vous passez de l'éloge au blâme et réciproquement, par
scrupule d'honnêteté, vous ne faites que changer de chaînes.
Quelle attitude choisira donc votre pensée, si elle n'a qu'ellemême pour guide, si, dans son parti pris d'impartialité
supérieure (je rapproche à dessein les mots) elle repousse
d'avance toute considération d'intérêt : d'intérêt pour la
France, pour la civilisation et même pour soi, la pensée ?
« Permettez ! me répondrez-vous. J'attends, je fais
confiance à l'avenir. La naissance du soviet est un événement
considérable. Une idée sociale, jusqu'ici impuissante à rien
faire vivre dans les paysd'anciennecivilisation-lemarxisme
- vient de s'incarner en Russie ; cette idée, des peuples
entiers l'appellent de tout leur cœur à la vie et la voici qui
naît au jour. Ecoutez ceci: « En un point du monde l'existence socialiste a commencé. » Il a beau gêner vos doctrines.
Le fait est là.
- D'abord, il faudrait peut-être en rabattre. L'idéal
socialiste est-il celui des peuples, ou d'une forte minorité,

NOTES

961

ou de quelques meneurs au sein des peuples ? L'existence
socialiste a commencé en fait. Mais où ? Chez un peuple
barbare ou, si le mot vous choque, étranger à notre Occident. Vous nous dites qu'elle lui convient; c' est bien possible.
Une seule chose importe: nous convient-elle à nous, Français,
Occidentaux, gardiens de la pensée et de la civilisation ?
- Nous le verrons bien, c'est précisément ce que j'étudie.
- Etudiez tout à votre aise. Lorsque vous conclurez, il
sera peut-être trop tard et dans le cas probable, plus probable
que l'autre, où le soviet ne nous conviendrait pas, c'en sera
déjà fait de la France et de la pensée.
- Qu'en savez-vous ?
- J'ai mille raisons de le croire; j'en appelle à l'expérience
des siècles et à la nature de notre esprit.
- Les siècles nous ont-ils tout dit et notre esprit est-il
à bout de course ? En vain vous bouchez-vous les yeux et
les oreilles, vous n'échapperez pas à la vérité de demain.
N'entendez-vous pas la vague qui monte ?
- Vague de faits, vague surtout de mots. Nous l'entendons.
Il s'agit de lui résister et de la détourner de notre route ; de
la capter, si nous pouvons, pour la faire servir au bien.
Une pensée digne de ce nom ne se résigne pas devant l'orage.
Nous non plus ne sommes pas des libéraux ; mais nous tenons
dur comme fer pour la liberté de l'homme. Dieu dispose et
juge en dernier ressort, mais l'homme propose. On me propose l'expérience du bolchevisme : si ma raison d 'homme
et d'homme français me la fait considérer comme néfaste,
contraire à la nature humaine, contraire à notre civilisation,
quand tous les hommes abusés se ligueraient contre moi
seul, je lancerais tout seul ma contre-proposition de résistance 1• - Dans un article du Correspondant, René Johannet
I, Et d'autant plus que je ne suis pas seul. On parle du socialisme, comme si aucune autre force ne s 'opposait à lui ou ne le
balançait~en fait. Le syndicalisme n ' est que son allié provisoire

6r

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

nous rapporte un mot topique de Péguy sur la grande
Révolution. Ce républicain déclaré la considérait malgré
tout comme une catastrophe. • Comme je faisais cette
réflexion banale, dit Johannet, qu'avec un peu plus de
poigne la catastrophe déviait et qu'un Louis XIV par
exemple aurait su l'éviter : - Louis XIV ? repartit Péguy
avec une singulière vivacité. Pas même, Lépine. • On fait
l'histoire, on ne la subit pas ; il n'y a pas de fatalité historique, et la raison ne saurait s'abstenir dans un conflit qui
met en jeu son existence. Malheur à ceux qui temporisent
dans le moment qu'il faut combattre et qui pensent daftl
tous les sens, tandis que l'ennemi ne pense que dans
le sien.
Penser dans tous les sens est-il vraiment penser? N'est-ce
pas plus exactement l'opération préparatoire à la pensée,
avant que celle-ci ait fait son choix. Un grand siècle intellectuel comme fut le xvu• a ses croyants, a ses sceptiques,
ses constructeurs, ses destructeurs; tous ont choisi leur ter•
rain et s'v tiennent. En sont-ils moins libres d'esprit ? En ce
temps-là:la France n'était ni à faire, ni à refaire; il n'y avait
qu'une pensée, la sienne, et qui régnait sur l'univers. Pour
rétablir sa prééminence intellectuelle, il est urgent que le
plus grand nombre d'esprits possible pensent dans le mêm~
sens qui est celui des croyants et des constructeurs, cellll
où la pensée a obtenu ses plus durables réussites ; le sens _le
plus français, le plus universel - et partant, le plus gratuit,
puisque les intérêts de toute la civilisation s'y confondent.
Le monde attend de nous des directives éprouvées, non dea
hardiesses sans lendemain. Tout le reste est confusion,
contradiction, asiatisme. Et puisqu'on cherche un sens gén6-

P.•

et il a plus de poids réel. Sans parler de l'Eglise et d'un
qui se défend, ne voit-on pas que la tourmente ob se débat 1 E~rope est surtout, est partout, même dans le bolchevisme, le fait
d 'un n'ationalisme exaspéré. En tenez-vous comrte?

NOT:!!!

ral à notre victoire, ayons donc le courage de le proclamer.
Notre victoire n'est pas celle des démocraties sur les autocraties, mais de la vraie sur la fausse culture et, comme
l'avait dit en 1918 dans une conférence admirable Adrien
Mithouard, de l'Occident sur l'Orient.
On nous dit : • Vous manquez aux plus nobles traditions
de la France, la générosité, la hardiesse. On dirait que vous
avez peur. • Ce n'est pas notre genre, non. Ne craignez pas
que nous ne fermions les portes; nous réclamons le droit de
visite, simplement. Avant d'accepter une nouveauté, qu'elle
vienne du dedans ou du dehors, nous nous demanderons
toujours si elle ne contrarie pas trop notre génie, si elle sera
digérée ou si elle nous empoisonnera. La France est fatiguée
de risquer sans cesse, d'user son temps et sa force en expériences ; voici plus d'un siècle qu'elle risque ; le peu de gain
qu'elle y a fait, nous ne le rejetterons pas; mais nous voulons
regagner ce qu'elle y perdit, qui est le principal, et si elle
a erré, réparer une erreur fatale. Plus de ces hardiesses qui
tnent, de ces générosités qui ruinent, de ces victoires sans
conclusion. Nous cherchons la mesure, nous cherchons la
Ba.gesse. Notre patrie est comme un vase pétri dans une
matière poreuse ; elle continuera de baigner dans le monde,
de donner et de recevoir; mais elle tient à garder son eau pure
et pour elle et pour lui : générosité à long terme, moins visible
peut-être, mais de meilleure qualité; hardiesse secrète, mais
féconde. Et encore une fois nous nous d éfendons bien de
cacher la tête sous l'aile. Nous voulons tout voir, tout
connaîtredecequinousestétranger; mais jusqu'à plus ample
examen le considérer comme tel.
Ainsi notre pensée sera dirigée, non faussée. Elle a derrière
elle déjà d'énormes travaux d'analyse; elle s'appuie sur eux
pour généraliser et tirer des conclusions. Sans préjuger de
celles-ci, elle analysera de la même façon les faits nouveaux
qui se présenteront devant elle ; mais ceci fait, elle réclame

�NOTES
LA NOUVELLE REVUE FRANÇ.',ISE

le droit de les juger. Sa position est très forte, car il faudrait
pour l'ébranler que la masse des faits nouveaux annulât
la masse des faits anciens que, depuis vingt siècles, entassent
les hommes les plus sages de l'univers çivilisé. Elle ne refuse
pas de changer; mais elle attend que ses propres lois changent,
celles de l'expérience et du raisonnement. Il est à peu prés
sûr que le règne du mécanisme, de la démocratie, de la ploutocratie n'y fera rien ; il ne pourra qu'en gêner l'exercice; c'est
contre quoi il importe d'être paré. Elle aura jusqu'à nouvel
ordre une certaine civilisation à défendre, celle d'Aristote,
de saint Thomas d'Aquin et de Bossuet, celle de Sophocle, de Virgile, de Dante, de Corneille et de Gœthe, celle de
Demosthène et de Richelieu. Elle s'acquittera honnêtement
de sa mission historique.
Qu'on me permette d'ajouter un mot. La pensée n'a pu
de pire ennemi qu'elle-même. L'habitude de l'analyse et de
la discrimination la rend dangereusement accessible au scrupule, et c'est parfois à ses dépens. Pour être stlr de penser
juste, l'homme est tenté de penser contre soi et de donner le
pas à une raison qui le heurte sur une dizaine d'autres qui
flattent sa raison. La mauvaise foi et le mensonge, à juste
titre, l'exaspèrent ; il penchera du côté de son adversaire et
prendra le parti le plus décrié pour garder le beau rôle devant
sa conscience. Demandons aux sages antiques de nous
enseigner l'équilibre, avec la certitude de ce que nous tenons,
et sachons bien que le désintéressement, quand il est poussé
à l'excès, est susceptible d'altérer notre jugement plus
gravement que l'intérêt ne le peut faire. C'est ainsi que
l'Eglise enseigne au chrétien que le plus stlr moyen de tra·
vaiJler au salut de ses frères, est de songer à son propre salut.
HENRI GHtON

..

CATHOLICISME ET NATIONALISME.
En quelque tentation que m'induisent mes amis Schlumberger et Ghéon d'ajouter à ma pensée de nouvelles précisions,
quelque envie que j'éprouve spontanément de poursuivre la
mise au point de la délicate question sur laquelle nous voici,
eux et moi, j'en ai peur, en état d'irrémédiable divergence,
je crois qu'il est plus raisonnable d'arrêter ici un débat, que
seule, après tout, l'expérience, et une expérience qui est
encore à venir, pourra trancher. Seules les prochaines
années pourront nous montrer si la France avait ou non
besoin de cette cuirasse intellectuelle dont le Parti de !'Intelligence veut la maintenir armée. En attendant, l'essentiel
est de bien travailler, chacun avec les idées qu'il a. C'est
ce que nous sommes d'accord les uns et les autres pour nous
imposer comme première loi.
Je ne demande donc plus la parole que pour une observation secondaire. Lorsque Jean Schlumberger a écrit: • Si
j'étais catholique, j'aurais signé le manifeste du Parti de
l'intelligence •. je vois bien ce qu'il y avait dans sa pensée.
Il voulait dire évidemment que seule lui interdisait, à lui
protestant, l'accès du Parti de !'Intelligence, l'obligationqu1m
lui faisait de reconnaître la suprématie de l'tglise catholique
et de la considérer comme un facteur de la renaissance nationale. Mais il n'a pas songé que sa phrase du même coup semblait faire à tout catholique un devoir d'adhérer au Parti de
!'Intelligence.
Ce devoir, je ne puis l'admettre. Entre les deux termes que
Jean Schlumberger met en rapport, je ne réussis pas à surprendre la moindre dépendance, le moindre enchainement.
Car enfin nous n'avons besoin ni les uns ni les autres de
faire plus longtemps comme si nous ignorions que le Parti de
!'Intelligence c'est à peu de chose près, c'est, camouflée pour

�I

NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la circonstance, l'éternelle Action Française. Or quel lien
peut-il bien y avoir entre le catholicisme et l'Action Française? Quoi, dans le premier, peut bien inciter à se rallier à la
seconde? Je demande qu'on me cite l'article de la doctrine catholique qul logiquement engendre le «nationalisme intégral,.
Il ne s'agit pas de ce qui se passe en fait. Je sais très bien
que beaucoup de catholiques sont enrôlés sous les bannières
de l'Action Française. Mais je prétends qu'ils n'ont pas pu
trouver dans leur foi le motif qui les a poussés à s'y embrigader.
Et comment l'y eussent-ils découvert, alors que de toute
évidence l'Action Française poursuit la besogne la plus nettement anticatholique qui se puisse rêver? Il n'est même pas
besoin de rappeler que Maurras est un incroyant, ni de relever
une fois de plus ses multiples déclarations sinon d'athéisme
tout au moins de positivisme xadical. Il suffit de regard~
son œuvre, l'influence qu'il exerce sur les esprits : il faut être
aveugle pour ne pas voir qu'il tend à y stériliser toute disposition, tout sentiment chrétiens.
D'abord en substituant le culte de la Patrie au culte de
Dieu, en confisquant tout ce qu'il peut y avoir dans les âmes
d'instinct religieux et de capacité d'adoration au profit de
la Patrie. Le nationalisme tel qu'il l'enseigne devient une
véritable idolâtrie. Il consiste à aimer et à servir la France,
non pas pour tous les biens qui sont en elle, mais comme
l'unique Bien qui se puisse concevoir, comme le véritable
Absolu. Si Maurras combat avec tant d'acharnement toute
métaphysique, s'il a si tôt fait de ridiculiser toute croyance
aux réalités invisibles, c'est bien moins par conviction positiviste profonde que pour empêcher que rien ne s'installe
au delà de la Patrie, que pour assurer ses derrières et pour
la maintenir comme le Suprême Objet dont nous ayons à nous
inquiéter.
Rien de moins catholique, rien de plus païen, rien de plus
sauvage qu'une telle doctrine. Car que peut bien_devenir

1

l

Dieu dans cette affaire ? Quelle place lui réserve-t-on ?
Dans quels combles est-il relégué ? Comme il serait impolitique de le sqpprimer, sans doute lui réserve-t-on le rôle d'une
sorte de président honoraire. Mais on lui mesure sévèrement
l'hommage. S'il tient à en recueillir quand même quelques
bribes, il faut qu'il vi1:nne s'identifier avec la Patrie, il faut
qu'il déclare « la protéger » tout spécialement, il faut qu'il
se fasse'son patron et qu'il entre dans ûne combinaison qui
est le pendant exact de celle où les pangermanistes avaient
voulu l'emprisonner. Un chrétien ne peut pas admettre cette
comédie et ne peut la ressentir que comme une moquerie
de sa foi.
Anticatholique, l'Action Française l'est encore par son refus
de tenir compte, en aucune circonstance, de ce que la grandeur du Pays peut impliquer comme souffrance pour les
individus et de ce que la puissance en général représente
comme douleur au monde.
Je ne suis pas de tempérament sentimental: rien ne m'ennuie comme de m'apitoyer. Aucune littérature ne m'est plus
fastidieuse que celle où la fraternité humaine et l'entre•
embrassement des peuples nous sont platement prêchés.
Mais enfin j'avoue que le mal des autres, fût-ce celui de mes
ennemis, me «fait tout de même quelque chose » et que spontanément je le souhaite évité. C'est dans cette mesure que je
me sens chrétien, que je me trouve catholique. Et je constate
que c'est dans cette mesure également que l'Action Française
m'est insupportable. Son continuel appel à la violence, son
souci de réveiller, de raviver, d'envenimer le plus possible
tout ce que les hommes éprouvent entre eux d 'oppositions
et d'inimitiés naturelles, son dessein à satiété proclamé
d'entretenir éternellement le désordre et la misère chez ceux
qui nous ont une fois voulu du mal, ne sont-ils pas un
effort direct contre l'enseignement du Christ et ne tendent -

�r
968

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ils pas à détruire le peu qui subsiste encore au monde
justement de« catholicité • ?
On peut très bien, sans être internationaliste, ne pas tout
de même désirer que les haines actuelles prennent un caractère invétéré. Si l'on est catholique, on doit souhaiter, même
si l'on n'ose l'espérer, leur progressive résorption et la reconstitution d'un lien universel. Et donc, si l'on est catholique,
loin d'adhérer à l'Action Française, loin de se laisser séduire
aux masques plus ou moins adroits qu'elle s'amuse à prendre,
on doit lui opposer une complète, une tranquille résistance de
toute l'âme, on doit revendiquer contre elle le droit de conserver quelque amour pour-son prochain et pour Dieu, le droit
de maintenir entre les divers attachements dont on se sent
capable la subordination qui est entre leurs objets, le droit
de ne pas concevoir le patriotisme comme exclusü de tout
sentiment religieux et humain.
J ACgUES RIVIàU:

***
L'OURS ET LA LUNE, drame pour marionnettes ;
LA MESSE LA-BAS, par Paul Claudel (:Éditions de la
Nouvelle Revue Française)
Paul Claudel écrivit au Br~sil ces deux livres où let
paysages del' Amérique Tropicale sont maintes fois évoqués.
Avec quelques poèmes publiés dans des revues, avec la
Sainte-Cécile éditée à tirage restreint, L'Ou,s et la Lun, et
La Messe là-bas représentent presque toute l'œuvre achevée
par le poète dans ce salon qui redevenait à dix heures du
matin le bureau du Ministre de France. Légation blanche
au fond du jardin, gardée par trois palmiers bien plus hauts
qu'elle. Tout le jour leur ombre mince et inutile errait sur
la façade enflammée. Claudel aimait leur présence à travera

NOTES

1

969

tant de mois d'ex t, ces trois colonnes au seuil de sa vie,
chaque aurore. Je comprends celui qui, à chaque station
nouvelle de ces longs voyages, choisit quelques arbres pour
amis et les préfère aux chiens.
Peu d'écrivains auront travaillé sous autant de latitudes
diverses. La distance est grande de Chine à Rio-de-Janeiro,
à travers la Bohême, l'Allemagne, l'Italie, et ces premières
étapes, Paris, New-York. Cette diversité de lieux se
reflète tout au long de son œuvre et Claudel utilise volontiers les éléments qu'il trouve ainsi à portée de sa main.
Drames et poèmes ont pour décors les villes ou les contrées
que le poète habite et leur empruntent leurs figures et leurs
images. Pourtant Claudel, à aucun titre, n'a sa place dans
ce genre littéraire que plusieurs auteurs s'efforcent, non sans
succès, de moderniser : l'exotisme. Peu importe une définition, nécessairement imparfaite, de ce mot. Il suffit de
remarquer que chez Claudel la description même des pays
les plus lointains et tant de traits rapportés d'ExtrêmeOrient ou des Tropiques, n'ont jamaisleurbuteneux-mêmes,
mais expriment la pensée lyrique ou servent le mobile du
drame. Le Repos du Septième four n'est pas davantage nn
drame chinois que Bajazet n'est une tragédie turque. Il ne
faut pas s'y tromper. Je dirai la même chose de Connaissance de l'Est, que certains prennent pour un livre de paysages
chinois et qui cache pour moi, sous ses apparences descriptives, le déroulement d'un drame secret, dont la Chine
n'est qu'un des personnages.
Dans L'Ours et la Lune.aussi bien que dans La Messe là-bas,
l'Amérique brésilienne est présente. Le poète emprunte au
paysage qui l'entoure ses suggestions les plus directes. 11
évoque ce qu'il voit, lorsque, chaque matin, pour entendre
cette • messe là-bas •• il traverse les jardins encore frais et
les arceaux de palme. Ainsi, !'Ours-banquier, héros du drame
pour marionnettes, passe une moitié de sa vie double dans la

�97°

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

forêt brésilienne, où une grande entreprise d'hôtels et de
chemins de fer exige ses soins intéressés. - Quelques-unes
de ces marionnettes les plus vivaJ}tes existent en chair et
en os. Une excellente dame a prononcé les phrases imprévues
dont la Lune ahurit ses interlocuteurs. - Si l'ours fut tout
d'abord un jouet de peluche, auquel des imaginations
d'enfants prêtaient des aventures extraordinaires, il doit
beaucoup de son âme d'homme d'affaires cynique et bon
garçon aux fréquents contacts du fonctionnaire de la Répu•
blique avec tant de financiers et de manieurs d_'argent.J'aime dans Claudel, presque à l'égal de sa création la plus
originale, cette utilisati~n familière des choses et des g~ns
qui l'entourent. Lyrisme de toutes parts p~nétré de réali_té,
tragi-comédie qui accueille cette réflenon du convive
d'hier cet ana de l'illustré hebdomadaire. C'est une des
raiso~s pour quoi une œuvre de Claudel ne sonne jamais
creux. Les Grecs et nos grands classiques, Molière et Boileau
surtout avaient cette audace de mêler à !'imaginé le fait
individ~el, quotidien. Claudel, de tout temps, a su faire
servir son dessein poétique par les mille détails originaux
que son esprit toujours en éveil retient du spectacle extérieur.
c Drame pour marionnettes » porte la couverture de
L'Ours et la Lune. Ne voyons là qu'une indication littéraire.
Des acteurs bien vivants s'acquitteront, je crois, plus facilement encore que les pantins articulés, des quelques acrobaties que l'auteur leur impose. Des acteurs de ciné~a
conviendraient à merveille. Qui mimerait mieux que Charlie
Chaplin l'impétuosité et la rouerie de Brelebrun ? Mary
Pickford serait une Rhodo souriante et pleine d'aplomb.
Il est permis de rêver ainsi, à propos de cette pièce fantaisiste
où Claudel assiste lui-même en spectateur amusé aux inventions comiques de sa Muse.
Quatre protagonistes principaux : L'Ours, un ~eux rou:
tier de la Finance, un philanthrope de la spéculation, ausst

1
1

NOTES

971
parfaitement désintéressé que tous les grands capitaines des
Bourses internationales, et aussi ruineux pour l'épargne
privée ; La Lune, grosse dame légère, affairée, sentimentale;
l'aviateur, la tourneuse de munitions, tels qu'en eux-mêmes,
déjà, la chromolithographie populaire les change, figures
peintes en tons purs et en couleurs plates. L'affabulation
suppose le rêve d'un prisonnier de guerre qui voit tout ce
monde s'agiter autour de ses deux petits enfants, et finalement s'accorder à faire leur bonheur. - Nulle trace chez
Claudel de ce souci du possible, du logique, qui stérilise
depuis le moyen-âge le théâtre français. Shakespeare et
Aristophane lui ont enseigné la vraie liberté. Le dialogue,
comique ou amer, se déroule dans une atmosphère de songe,
dans une transposition par endroits poignante d'êtres et
d'actions réelles, dans ce monde des rêves, où l'inexistant
se fait plus pressant que toute expérience. A cinquante ans,
l'homme sain. connaît la valeur du rire, et dans L'Ours
et la Lune comme dans Protée, Claudel, qui n'a rien
du monstre stérile nommé ironiste, rit comme un bienheureux.

La guerre inspire à l'aviateur et à Rhodo d'autres paroles
de souffrance ou d 'enthousiasme. Faut-il regretter cette part
faite aux événements contemporains et ces figures de circonstance ? Je ne le pense pas. Claudel, dans sa sincérité
unique, ne recherche pas plus l'actualité qu'il ne pourrait
redouter d'être un jour inactuel. Il s'exprime dans
le présent et place hors du temps ce qu'il saisit. Tout
lecteur des Perses ne devient-il pas contemporain de
Xerxès?
La Messe là-bas s'ajoute dans l'œuvre de Claudel à la
série des poèmes exclusivement religieux. Les diverses parties
de l'office liturgique, de !'Introït au Dernier Evangile,
donnent leur titre aux treize poèmes dont se compose le
recueil.-Méditationsetprières. -Mais l'oraison chez Claudel

�972

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

prend rarement le ton de l'effusion verlainienne. Rien ne
lui est plus étranger que cette sentimentalité néo-chrétienne
qui a inspiré de nos jours tant de vers faciles. Une forte
théologie, comme une forêt millénaire, soutient et charpente
sa foi. La prière de Claudel est un drame catholique, le drame
de l'homme aux prises avec Dieu et du plus profond même
de son humilité le Chrétien défie le Créateur de lui arracher
sa proie divine.
S'il est pour un écrivain une redoutable épreuve, c'est
bien de mettre son art au service d'une religion aussi positive, aussi exigeante que le catholicisme et de livrer, ainsi
transposée, au public, l'expression de sa croyance et de sa
pratique. Plusieurs exemples illustrent les périls de cette
tentative, où trop d'artistes ont été vaincus. Claudel a
résolument pénétré au cœur même du danger et les ressources
de son art ont été assez nombreuses, son individualité assez
puissante, pour que l'admirateur incroyant de Tite d'M'
puisse demeurer sans malaise et sans déception dans l'église
où le catholique prie et enseigne. Bien plus, le poète a pu se
faire apologiste sans cesser de demeurer poète. Claudel n'est
pas de ces mauvais chrétiens qui vivent dans la crainte de
l'absolu et pour qui Dieu ne se lève que le dimanche matin.
Il se meut dans la familiarité des vérités révélées. Le mal et
le bien, le péché et la vertu, sont pour lui deux principes
profondément irréconciliables. Le ciel à gagner, l'enfer
«éviter, lui sont aussi réels que la rue qu'il traverse, le fossé
qu'il enjambe. Il discerne aussi naturellement que les Prophètes dans tout objet du monde visible l'intention réalisée
du Créateur. C'est de cet univers ainsi conçu qu'il ouvre la
porte au lecteur ; il ne cherche pas à convaincre l'intelligence,
mais à frapper le cœur, l'imagination. Il veut prêter à l'Église
enseignante cette collaboration de l'Art, qu'elle refuse ou
méconnaît depuis trois cents ans. Qui a aimé Violaine ou
Sygne de Coufontaine a entr'ouvert son âme aux voix de

NOTES

973

la ~âce. Les poèmes que l'on récite, les images que l'on
subit, entraînent un peu d'adhésion momentanée. Comment
celui que le seul déroulement d'un office religieux à NotreDame convertit soudainement à une religion, contre laquelle
sa raison tout entière devait longtemps encore s'insurger,
douterait-il du travail mystérieux qui peut s'opérer ainsi
dans les âmes ?
I! est impossible en étudiant l'œuvre de Claudel de ne pas
temr compte de ce fait, qu'à travers tous ces drames et ces
poèmes, l'écrivain confesse sa foi, et, dans une certaine mesure,
qu'il l'enseigne. Mais avant tout, Claudel s'exprime lui-même
tout entier; entre tant d'éléments tragiques et lyriques, il en
choisit suivant les exigences de cette expression, qui débordent souvent et dépassent les exigences de sa foi ; il laisse
à la réalité toute sa part, à ces créatures maintenant détachées
de lui, tous leurs droits. Le croyant, qui coexiste en lui au
poète, ne se l'asservit jamais. Sygne meurt dans le désespoir
final ; Louis Turelure frappe trois fois le crucifix de bronze ;
c'est ici la grandeur humaine de Claudel, d'avoir avec autant
de scrupule respecté la liberté des hommes; c'est de laisser
à côté de Violaine, Sichel et Lumir, si vivantes, si proches de
nous, suivre leur vocation terrestre et leur destin selon la
chair. Ce que le croyant condamnerait peut-être, le dramaturge ne lutte pas contre la fatalité de l'exprimer et
de lui donner vie. Livré à la logique imprévisible du
drame qu'il bâtit, il ne cherche point à se ressaisir. Au
centre de l'œuvre de Claudel, il y a cette sincérité
émouvante, tragique parfois : elle a maintenu son art à la
hauteur de son génie.
Au poème de la Consécration, Paul Claudel s'adresse à
Rimbaud. Nous savons quelle place celui-ci a tenue dans la
vie intérieure de Claudel, qui fait remonter à la lecture des
Illuminations son premier pressentiment du divin. La route
que lui ouvrit ainsi Rimbaud, a mené Claudel jusqu'au sanc-

�974

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tuaire de la Messe. Il se retourne aujourd'hui vers le guide
sublime et lui désigne Dieu à son tour. J'admets cette consécration, par Claudel à Dieu, de l'homme auquel il doit tant.
Mais Rimbaud a erré trop d'années dans le désert sans églises
pour que les portes du temple puissent se refermer aujourd'hui sur lui. Ce que Claudel ne pourra jamais faire, d'autres
le tenteront peut-être, qui auront moins d'intelligence et
moins de scrupules. Il ne faudra point permettre cette
utilisation équivoque, ni laisser Arthur Rimbaud être accaparé
par personne. Chacun a le droit de recevoir de lui la parole
qu'il entend et sa prophétie parle plusieurs langues. En réalité, il fut celui que le problème de l'être angoissait mille
fois plus que le problème du devenir ; s'il a déchiré tant
d'apparences visibles, nous ne savons pas, nous ne saurons
jamais, ce qu'il aperçut derrière elles. Et qui peut dire si le
silence de tant d'années, que les strophes magnifiques de
Claudel nous montrent comme autant d'années de recherche
et d'inquiétude, n'a pas suivi et recouvert à tout jamais
quelque irrémédiable découverte ?

Ces rapports de Rimbaud et de Claudel, cette influence
de l'un sur l'autre, ont été examinés récemment au cours
d'une étude longue et touffue, consacrée à l'œuvre de Claudel
et où la Sorbonne a pu reconnaître un des siens •. Quelles que
soient ses méthodes et sa perspicacité, le critique garde tous
ses droits. Il est parfaitement libre de tenir l'œuvre de
Claudel pour une œuvre écrite en marge de la tradition française et de lui en refuser l'accès. Aussi bien est-ce peut-être
exact, etl' une des gloires de Claudel sera-t-elle un jour d'avoir
~largi et renouvelé cette tradition un peu étriquée et de
1. Les Chapelles LitUraires: Paul Claudel et le Claudllisme, par
Pierre Lasserre, dans la Minerv, Française, N°• du I " et

du 15 a.oftt 1919.

NOTES

975

s'êtr~ ajouté ~ elle plutôt que de l'avoir trop fidèlement
co_n~uée. Mais où la chose devient plus grave, c'est quand le
cntique, pour atteindre Rimbaud et par ricochet Claudel
pour expliquer son incompréhension et porter sa sentence'
ramasse l ' argument le plus bas, le plus facile, et parle du'
• Germanisme » de Rimbaud.
Tout l'odieux d'une telle manœuvre éclate tellement au
regard que nous ne perdrons jamais notre temps à défendre
contre elle ceux qui la dominent de si haut. Ce qu'il y a
de ~ri~ux, ce n'est pas cette attaque oblique et impuissante,
mais c est cette remise à l'Allemagne de deux écrivains
français opérée par ceux-là mêmes qui prétendent au titre
de gardiens des grandeurs et des traditions françaises
L'article dont nous parlons à la main, MM. les Professeur~
de littérature comparée des Universités de toutes les Allemagnes annexent au Deutschtum Arthur Rimbaud et Paul
Claudel. Comme l'a si fortement remarqué André Gide,
vous n'avez su faire servir notre cause ni par Gœthe, ni
par Wagner, ni par Nietzsche, et voici que vous livrez en
otages à l'Allemagne vaincue ces deux noms glorieux et
toutes les générations d'écrivains qui depuis trente ans
se réclament d'eux.
HENRI HOPPENOT

�977

MÉMENTO BIBLIOGRAPHIQUE

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l.iolt DAUDET: Le M01UÜ IÙ$ ]Mages;
1'olwe1k Libnlrle Nationale.
Gsoaoas DuBAM&amp;L : La-pointe et Ropi•
. _ , Kllodig.
. . . . . PAUCJIOIS :

Flammarion,

Rivoli,

u

Vitrail,

{.- ::"" #k. ; L'Edltion Française

WILL y: Gindte k1 rlvnlsl; Albin Mltbel.
Ill. -

HISTOIRE, PHlLOSOPHill.

SCIENCES SOCIALES.

J.

W. BntNSTOCK: Qu'#kl

Gaoaou DBln:llllB : L• Nt&gt;Mbn "
l'C}/&gt;inion pubJÏqile ; B. Grasset.
VICTOR DEI.BOS : Lo Pllilœ~/lw ,,_.
f'IÏ.U; Ploo.
luVARD

UATca.S PLufcs : L, Pr«:urateu, tu

I""' ;Perroud.

fVI 1,

Bolcluvi.sHY J Albin Michel.

DE LA

MoHTAGHlt :

S.""'

C4Uurin4 d, SifflM, S11 VU, 1A _,, '4
us Mtr,u;lu ; Perrin.

LE GfRANT : GASTON GALLIMARD
IONTJINA.Y·At1X-ROSES.

-

IMPRIMERIB

LOUJS

BELLENAND,

La fenêtre ouvre sur une cour, au fond de laquelle
ce n'est pas encore le matin. Au-dessus de moi, la tôle
usagée du ciel, boulonnée d'étoiles, avec des taches
d'acide, déjà, à !"orient. Atroce matin d'exécution. La
cour est un appel d'air qui reste sans écho. Elle est trop
étroite pour un silence plat : celui-ci est vertical, comme
dans les tuyaux.
Sous la terre, les mitrons laissent retomber la pâte
lourde, chaque fois pour la dernière fois.
Je ne veux plus vivre ici, j'étouffe ; dormir serait
possible sans les rêves et l'écrasante fatigue des réveils ;
il est encore plus impossible de vivre loin de ses amis
qu'avec eux. Je me ronge les ongles, je m'épile, je fais des
réussites ; mais je ne tue pas le temps, je le blesse.
Je voudrais partir seul, avec mon carnet de chèques
pendu à mon cou dans une petite boite en fer ; avec ma
valise. Ma valise dont les flancs lisses sont comme des
joues, sur lesquelles tous les vents ont souillé, tous les
doigts ont passé ; étiquettes des hôtels et des gares ;
craies multicolores des douanes ; et le fond qui s'en va
est bleui de sueurs, d'eau de mer, de vomissures, et rouge
là où les flacons d'eau de Cologne se sont cassés à !"intérieur. Malheureusement, je ne peux pas plus m'évader
de cette ville que de moi-même Il me reste la promenade
62

�,,
LA NÔUVELLE REVUE FRANÇAISE

•

sous le préau, les herbages apprivoisés d'Upper Tooting,
les omnibus de banlieue, les parcs ineptes comme un
pot de fleurs sur le balcon, et, derrière !'Opéra, l'odeur
des travaux agricoles, sous la colonnade, parmi le marché
qui parfume l'art de Beecham d'une odeur de chou ...
Derrière moi.j'entends des gens s'amuser. Parmi ceux•CÎ,
n'y en a-t-il pas un qui veuille déserter son divertissement,
pour suivre ce signe dont la lecture me semble imposée ce
matin ? qui veuille partir aussi ? ou au moins, regretter
avec moi de ne pas partir ? ou me consoler de la création,
anonyme farce? Peut-être une annonce dans les journaux?
Je me retourne : c'est une femme en tunique orange
nouée d'une corde d'or ; bras nus, hâlés, très longs. Des
bracelets tatoués. C'est Aurore. Je la reconnais pour l'avoir
vue danser sous ces pluies de théâtre de verdure, un soir de
printemps, à Bagatelle. Et puis il y a les couvertures
illustrées du Tatler : « Aurore nourrit ses pumas », , Nous
marchons mal, comment Aurore pose le pied ». A rindex,

hélas, un diamant noir, de Burlington Arcade.
Malgré cela, elle plaît. Elle parle simplement, comme
habituée à ménager son souffle, à mots comptés. La voici
au centre d'un cercle d'hommes jeunes : elle a leur taille,
leurs hanches étroites, leurs cheveux courts, leur tête
petite ; ses yeux sont au niveau des leurs.

Elle-même dirait :
_ « Les femmes sont des odalisques aux jambes
trop courtes ; quand elles affrontent un homme, leurs
yeux se trouvent à la hauteur de ses lèvres, il pose ses
regards dans leur corsage, est-ce sérieux ? »

AURORE OU LA SAUVAGE

979

Aurore n'a pas de corsage et nous prive des plaisirs
dérobés, mais de ceux-là seuls.
Il y a ce soir quelques femmes du monde. Devant elles
Aurore perd toute assurance; elle n'aime pas leurs regards,
cache sous sa tunique ses pieds nus dans leurs sandales
dorées et, remontant sa broche, réduit l'échancrure de
son décolleté.
Toutes les autres femmes au contraire vont â elle
avec leur confiance, lui baisent les mains, mettent leurs
jolies figures fardées, pareilles à des bonbons, sur son
épaule et lui racontent de fuligineuses histoires où passent
des généraux, des metteurs en scène, des domestiques, des
suicidés, des fournisseurs et des trafiquants de coco.
Pendant ce temps, Roger, assis sur le piano, joue
Parsi/al avec des coups de rein.
J'ai sommeil. La fatigue est telle que c'est un repos
que de rester là à dire qu'on est fatigué. Les propos
sont pâteux. Je vais à la salle à manger. Il reste dans les
assiettes quelques sandwichs séchés, racornis aux coins
comme des timbres mal collés, de la cendre de cigarette,
des bouchons ; le niveau des liquides baisse dans les bouteilles ; les barbes des invités repoussent implacablement.
On a les mains poissées et mal à la figure.
Je retourne à ma fenêtre. La rue est maintenant d'un
bleu, d'un froid d'acier. Sous le toit, dans un tuyau coudé
en S, une femme pique à la machine, essayant d'arrêter
par un ourlet la nuit qui s'effrange.
Je sens un menton pointu pénétrer mon épaule. Je
sens contre m0n dos, une poitrine se dilater, aspirer

�980

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'air du jour neuf qu'enfin les feuilles des parcs ont lavé
et renvoient avec leur odeur.

•

- Quelle vie ! fait Aurore.
Je réponds :
- Quelle vie! mais je ne me rends pas bien compte
de ce que je dis. Je n'ai plus la force de penser qui nous
sommes, pourquoi nous sommes là, si Aurore me plaît
ou me déplaît, plus le goût de nuancer ma voix, mon
accueil, plus le souci de faire du charme, d'ouvrir les
yeux .
Aurore dit:
- Chez qui sommes-nous ?
- Je ne sais pas ... Amené par des amis ... Champagne
chaud et sucré ... s'en aller... où est la porte ?
- Ah I s'écrie Aurore avec fougue : vivre simplement,
logiquement, en harmonie avec soi-même et avec le monde,
l'équilibre des Grecs, la joie...
A ces mots stupides je reviens à moi. Voici dans mes
nerfs la force que mes muscles me refusent; l'exaspération
me réveille. J'ai envie de lui demander pourquoi elle
sort attifée ainsi, pourquoi elle campe dehors comme une
tzigane au lieu d'habiter sous un toit, comme tout le
monde, ;,nvie d'écraser à coups de talon ses pieds parfaits, dans leurs sandales d'or, de lui tordre le cou. Je
pense à des exercices forains sous l' œil des sergents de
ville, dans la pluie, aux pauvres saltimbanques, je vomis
les hérésies helvétiques et les visions d'art. Rien ne me
calmera que de l'avilir, de l'humilier.
- Savez-vous faire le grand écart ?
-Bien sûr.
Elle fixe deux chaises et commence à se fendre.

AURORE OU LA SAUVAGE

98r

C'en est trop. Je me précipite sur elle pour l'étrangler.
Je serre de toutes mes forces son cou puissant, mais,
souriante, elle en tend les muscles si fort, du menton aux
épaules, qu'il me faut lâcher prise, essoufflé.
Elle rit. Je rage.
- Partons, dis-je, je vous reconduis.
Aurore monte dans le taxi comme dans un char. La
voiture roule silencieusement. Aurore se tient dans l'ombre.
les jambes croisées, le menton dans la main.
Calmé, je pense avec bienveillance :
- En effet, elle s'est simplifiée extraordinairement.
De ses lèvres minces ne sortent ni mensonge, ni emphase,
de ses yeux aucun trouble, de ses mains aucun geste
inutile. Elle commande avec lucidité à son corps comme
à un instrument de précision aux rouages puissants et
délicats sur lequel se brisent les fatigues qui nous brisent,
où, même à cette heure-ci, les organes fonctionnent sans jeu.
J'envie son harmonieuse perfection, sa vie intérieure
sans conflits, ses jointures sans arthritisme, ses pieds sans
durillons; ses reins sans courbatures.
Si je lui demandais :
- Qu'est-ce qui vous empêche de mal faire quand vous
en avez envie, puisque vous êtes sûre de ne pas avoir ]a
migraine Je lendemain ?
Elle répondrait :
- Mon hygiène.
Tout à coup Aurore éclate :
- Ne me laissez pas seule ! pas seule !
Des sanglots.

�982

LA NOUVELLE REVUE JtRANÇAlSE

Ils tordent ce corps aux muscles durs et l'ébranlent
avec intensité. J'essaie de prendre ses doigts où les nerfs
saillent comme des fils d'acier, mais ils sont rivés à ses
yeux, à son front bombé et dur comme un blindage. Des
larmes chaudes tombent sur mes mains que j'essaie de
faire douces, mais dont la douceur reste sans emploi. Je
laisse Aurore à elle-même.
Elle pléure.
Elle essaie de vivre simplement, voilà tout.

Aurore habite près de la rivière. Ce sont d'abord des
terrains vagues, puis une rue de logements ouvriers où
un gramophone ronfle encore derrière un store rouge.
Une grille de fer, un passage dallé bordé de vergers.
Singuliers paysages au petit jour.
Aurore frotte une allumette. Me voici dans une pièce
où il y a d~s malles, des caisses sur lesquelles on lit, en
caractères noirs : HAUT, BAS, P &amp; o. CABINE. A terre,
en tas, des livres. Sur un lit bas, sans draps, des zibelines
et un balai.
De là, nous entrons dans l'atelier. L'obscurité est trouée
de quatre points lumineux : Aurore en fait jaillir successivement quatre papillons de gaz au corps bleu. Aux
deux premiers, les murs se rapprochent, consolident leurs
masses, révèlent le plan d'ensemble de la pièce.
Aux deux autres, l'obscurité qui demeurait aux angles
s'évanouit, monte au plafond d'où l'œil la chasse. Sur
toute la hauteur des murs de vingt pieds se développent
des arches en relief, soutenant un vitrage.

AURORE OU LA SAUVAGE

983

Aurore tisonne le feu du poêle. La lueur s'en étend sur
le parquet et va se fixer au loin dans une glace. La pièce
est nue. Çà et là, sur des socles, des moulages d'antiques
à patine cireuse. Au fond, une estrade.
C'est la salle d'audience d'un tribunal désaffecté depuis
la fin du règne de George IV. Il y a encore au-dessus des
portes des inscriptions : ENTRÉE DU PUBLIC, LE PRÉVENU,
L'AVOCAT DE LA COURONNE, L'ATTORNEY GENERAL.

Sous

le dais du juge, l'Apollon saurochtone; à ses pieds, un
piano. Point d'autres meubles que deux sofas, les stalles
du jury, ~es tabourets nègres, des étoffes du Zambèze
à dessins géométriques.
- Voilà ma maison, dit Aurore. En réalité c'est une
malle. Je n'ai plus rien au monde que ces plâtres, mes
robes et mes fusils. J'ai eu jadis une grande maison
dans Portman Square, avec des meubles, des invités et
des domestiques qui passaient des choses sur des plateaux. Je ne suis pas possessive, je n'ai rien gardé. Je
suis pauvre. Je me suis peu à peu dégagée de tous les
liens que nous imposent les objets que nous aimons,
pour leur beauté, leur prix ou les souvenirs que nous y
attachons.
- Et;:maintenant ?
- Maintenant je reste dans la vie seule, assise sur des
caisses, face à face avec moi-même.
, - Personne ne pourrait entrer dans votre vie ?
- Personne ne doit entrer dans ma vie.
- Vous aimez votre corps ?
-C'est un dépôt qui m'est confié. Je n'y mets ni
pensées ni nourritµres sales, je le soigne, je le respecte,
je le vêts simplement... J'ai soif.

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

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Elle prend à terre, contre le mur, une bouteille de
bourgogne australien, Chambertin-Big-Tree et se verse
à même le gosier une rasade.

A nouveau Aurore m'agaça :
-

Vous devez être révolution, végétarienne, gymnas-

tique rythmique, quart-Vichy? Je hais ce défi aux bonnes
mœurs, ce redressement puritain et païen de la société.
- Vous vous trompez, je n'ai rien de schismatique;
je suis une Canadienne qui aime la vie fruste.
- Depuis combien de temps ?
- Depuis toujours. Je ne me rappelle pas avoir dansé,
avoir tenu un fusil pour la première fois ... mais, pour la
première fois, cette nuit, je me sens lasse. Gina m'a entraînée après le théâtre là où nous nous sommes rencontrés.
Je le regrette. Je suis bien lasse. Je regarde le chemin qui
me reste à faire, comme les mauvais coureurs, et j'hésite.

Les exhibitions de scène dévorent ma force vitale. Vous
m'avez vue dans la voiture ... Je suis faible, nerveuse .. .
et vous qui assistez à tout cela... C'est drôle ...
Le sommeil du matin la remettra. Mais elle me prie de
ne pas la laisser seule, de monter avec elle, disant
qu'elle va prendre un bain.
Je fais l'apprentissage de la vie simple.
Il y a au-dessus de la porte du petit escalier: VESTIAIRE
DU LORD JUSTICE. Nous entrons : c'est la salle de bains.
Elle s'écrie :
- A l'eau, Aurore! ...
Elle se dévêt le plus simplement du monde, entre dans
l'eau, se savonne, fait couler l'eau sur son corps. Corps
parfait. Les muscles du dos courent comme des boules
d'ivoire sous la peau hâlée, tendue, matière à la fois solide

AURORE OU LA SAUVAGE

985

et précieuse comme la soie des dirigeables; on les lit aussi
aisément que sur une planche d'anatomie, où ils couvrent

nos organes de roses arborescences; reins cambrés
où ruisselle l'eau, seins de proue, et, dépouillées par la
danse de toute lourdeur, des jambes longues, étirées aux
chevilles, évidées à l'intérieur des cuisses, renflées à la
souple charnière des genoux.

-Allons Aurore ! hors de l'eau !
Elle se parle ainsi à soi-même comme elle parle à ses
vêtements, aux objets. (Une habitude, explique-t-elle,
de tous les solitaires qui passent des mois sans voir un de
leurs semblables et à qui la voix humaine est nécessaire,
comme le diapason de tous les autres ·sons.)
Elle se tamponne, frottant jusqu'au sang sa figure,
sans ménagements. Ni poudre; ni fards, ni parfums.
- Pourquoi riez-vous ?
- Pour la première fois, dis-je, je ris en pensant à un
corset, à un faux-col ou à des bottines à boutons ...
Il y a dans la pièce une bonne odeur de chair lavée,
de savon, d'alcool, de vapeur d'eau. Aurore ouvre la
commode où sont rangés, par couleurs, comme au prisme,

des rubans, des écharpes : elle met un voile de crêpe de
Chine blanc et redescend à l'atelier.
Les papillons de gaz retournent à leurs cocons. Aurore
s'enroule dans des couvertures de laine, s'étend sur un
matelas jeté à terre. Puis elle s'assure que son revolver
est bien sous le traversin. Ses bras et ses épaùlesnus sortent
du lit improvisé. Entre ses cheveux embroussaillés on
voit son nez droit. On voit ses yeux. Puis on ne les
voit plus.

�986

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Je sors de l'atelier et vais prendre un café à l'abri
des cochers de cab.

'

1'

Je suis retourné chez Aurore.
Mon travail terminé, je gagnais le quartier de la rivière
où le courant d'air de la mer du Nord cassait les fumées
vers l'ouest, rabattait les mouettes et l'odeur des vases
découvertes vers la Cité. Les avenues qui me menaient
à elle étaient tracées à peine et trouées de flaques d'eau,
avec déjà une odeur de champs, une promesse de campagne.
- Vous viendrez avec moi hors de la ville, disait Aurore.
Je vous apprendrai à vivre comme nous, les sauvages.
Le temps qu'il vous faut pour déjeuner au restaurant,
nous serons nus dans une rivière ou bien nous irons courir
les bois. Les nuits d'été je vous emmènerai aussi coucher
en plein air sur la terrasse d'Oliver, d'où l'on voit, comme
une escarboucle, briller au loin le Palais de Cristal, sous
la lune. Vous vous porterez mieux, vous n'aurez plus de
migraines, vos cheveux ne tomberont plus et vous ne
désirerez plus les maîtresses de vos amis, comme font les
Français.

Le taxi s'arrête au milieu de la route, comme pour une
panne. Mais le chauffeur ne blasphème pas, ne soulève
pas son capot. Il m'ouvre la portière : je suis arrivé.
J'avais promis d'être à 7 heures à Epping Forest, m'yvaici.
C'est un soir de septembre, un peu frais. Sur le sol
élastique, reposé, les grands hêtres, ni leur ombre, ni les
travaux des hommes, (mais pèsent-ils les travaux agrt-

AURORE OU LA SAUVAGE

coles anglais ?) ne semblent peser. Sur la rivière les gramophones cessent de graillonner. Les daims paissent les
premières brumes.
Aurore avait-elle aussi promis d'être ici à 7 heures.
Mais elle se guide sans doute sur le soleil et arguera de ce
nuage comme ses sœurs d'un embarras de voitures pour

expliquer son retard.
Soudain les branches craquent sous un poids à peine
appuyé, comme celui d'une biche. Je me retourne :
voici Aurore. Elle court vers moi et sa tunique colle à son
corps comme celle des Victoires. Elle tient à la main un
sac de voyage. Elle court sur la pointe des pieds, à foulées
égales, bien balancées sous l'impulsion des hanches. A
trente pas de moi elle ralentit. Son visage qui n'était qu'un
disque clair se précise, divisé en deux parties horizontales
par les pommettes saillantes, relevées par un nez court,
mobile comme celui d'un chien policier. Son élan se modère
graduellement et quand elle arrive à moi, elle marche.
Elle pose son sac à terre, puis les deux mains sur mon bras.
- Vous avez bien fait de venir.
- Depuis quand êtes-vous ici, Aurore ?
- Depuis hier soir. J'ai couché à la belle étoile. A la
sortie du théâtre, Gina m'a conduite jusqu'ici et m'a
laissée. Je suis montée jusqu'au Chêne Creux; étendue
dans l'herbe, j'ai mangé des pommes ; je voyais Londres
entre les branches. Ce matin, je suis descendue au village,
d'où je vous ai téléphoné.
- Ce costume, Aurore, vous allez vous faire arrêter.
- Le garde forestier est un ami. Je pense que vous
allez vous dévêtir aussi ?
Je m'y refuse. Elle me prend par la main, m'emmène

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990

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

et des apéritifs. Je n'ai plus à moi que les 208 pièces de
mon squelette. Je suis au niveau de la terre, les courants
magnétiques du sol, le premier, j'en profite ; tout l'oxygène de l'air, c'est moi qui le brûle. C'est à Aurore que je
vais devoir de me bien porter, de penser sainement et de
vivre selon la loi de la terre.
- Bonne nuit, enfant, dit-elle. Que Dieu vous ait en
garde!
Elle me quitte pour ce voyage de la nuit comme pour
une périlleuse entreprise d'où nous pourrions ne pas
revenir. Déjà, j'entends des fanfares. L'air pur m'anesthésie ; pour la première fois de ma vie je dors sous le ciel.

J'ai attrapé une angine à la belle étoile. Aurore me fait
des tisanes au coin du feu, dans l'atelier. Puis elle raconte:
- J'arrivai anx Indes à l'automne de 1909, venant
d'Aden. Un matin d'automne, sur une mer en fer blanc
où nous découpions notre chemin à douze nœuds, Bombay
tourna vers moi son visage de briques. Comme un dais
de soie, le ciel était tendu anx cheminées d'usines, à droite
et à gauche, anx rochers d'Elephanta. Le sillage des fu.
mées demeurait au ciel plus constant qu'à l'eau celui des
hélices.
Je restai six semaines dans la péninsule. J'avais des
désirs de solitude, de courses dans l'air sec, que le séjour
des terres basses ne satisfaisait pas. Les fleuves m'étaient
comme de corrosifs marécages et les ports atrocement
déprimants. Je hais les vallées suffocantes où l'on ne
chasse que de petites têtes. Je résolusdegagnerCachemir,
puis le Thibet. Partie de Srinagar, j'arrivai dans une

AURORE OU LA SAUVAGE

991

région de hauts lacs, boisée de sapins. A mesure que nous
montions, la température s'abaissait. Les indigènes pris
de torpeur sommeillaient en marchant. Il me fallait les
réveiller à coups de fouet. Creusant des escaliers dans la
glace, nous montions toujours ...
Aurore montre du doigt le vitrage de l'atelier d'où va
tomber, pour quelques heures trop courtes, la nuit. Puis
sa main revient à ma main. Pourquoi a-t-elle besoin de
la mienne, cette main qui creuse des escaliers dans la
glace, qui ford des sous comme de la guimauve ? Voici ses
pieds qui n'ont jamais connu que la sandale, qui ont foulé
la neige brûlante, le sable rouge du Somaliland et dispersé
les palais souterrains des fourmis du Gabon qui, la nuit,
s'emploient à scier en denx la terre.
Sur son corps ont passé le gel, le sel, la pluie, la boue, la
sueur, les douches, les parfums. Le fer, le plomb, la pierre
y ont inscrit des blessures. Je tiens dans mes mains sa tête
ronde, dure comme un pavé et dont les cheveux drus
n'amortissent pas le contact. Incomparable caresse sur
les cheveux coupés courts, touffus, et qui, d'abord étagés
par les ciseaux, finissent brusquement sur la nuque
rasée par la tondeuse. Je me ponce les doigts à son front
de granit, puis à ses pommettes saillantes comme des
galets. Tandis qu'elle parle, je m'amuse à faire jouer ses
bras, ses jambes. Les muscles se déplacent silencieusement.
Aurore est couverte de cicatrices. Une à une je les lui
montre et elle explique. Ici, piétinée par un buffle en
Rhodésie_; là, en Caroline, un double saut périlleux avec
son cheval sous lequel elle resta pour morte. Ce trou dans
la tête, une chute à !'Olympia, au fond d'une trappe.

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Nous sortons. Aurore prop . li ent après dîner.
-l'heure de !'absinthe, prise là., ntue em •

AURORE OU LA SAUVAGE

995

Une humanité se matérialise peu à peu dans l'âcre fumée
des cheroots birmans, sous une voûte d'ors, de velours
rouge et de glaces aux mille colonnes. Des artistes en
khaki, à désinences polonaises, jouent aux dominos avec
leurs maîtresses, leurs sœurs. On reconnaît d'âpres femelles
y Mc A, jadis rencontrées dans des expositions de gravures
sur bois. Des musiciens de l'école mobilisable préparent
de lointaines tournées de propaga11de. Des special constables juifs, avec leur brassard et un lorgnon enchaîné
à leurs oreilles décollées attendent l'heure de monter
aux projecteurs.
L'art ne donne à la guerre qu'un appui conditionnel.
Tandis que la Royal Académie peint .avec ferveur dans
les Etats-Majors, les Indépendants, lourds des objections
de leur conscience, se consacrent aux camions.
Daniel vient à notre table.
- Montjoye donne à souper ce soir. II m'a prié de
vous dire qu'il avait essayé en vain de vous téléphoner
et qu'il désirait que vous lui ameniez Aurore, qu'il veut
connaître.
Montjoye, ou plutôt Aronsohn, (vieille famille normande
dit Daniel), est le secrétaire privé du Chancelier de !'Echiquier. Il a un appartement de style Adams, dans Albany,
avec des natures mortes (de mort violente) cernées de
bleu, des fauteuils en satin noir peints par Gonder, et
de ces Coromandel sciés dans l'épaisseur des feuilles pour
des bahuts. Il donne volontiers à boire après le théâtre.
- Je n'irai pas chez Montjoye, dit Aurore. C'est un
homme malsain. Il exhale une odeur de corruption.
- Vous parlez comme l'archevêque de Westminster.
- Depuis longtemps il me {;ut d.emander de venir

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

chez lui. Je n'ai jamais voulu y aller. Mettons que ce
soit de ma part pure sauvagerie ...

Je hausse les épaules.
_
Comme les êtres incomparables sont agaçants. Je sais
qu'Aurore ira chez Montjoye. Elle a envie d'y aller.
Elle ira comme elle va partout, quand on l'invite. Comme
elle reste en ville en y célébrant les forêts, comme elle
dine au Carlton en proclamant qn'elle aime cuire ses
aliments entre deux pierres ; comme elle va nue, par sno•

bisme et timidité, comme elle dit avoir introduit de
l'ordre dans sa vie qui n'est qu'incohérence, maladresse
et confusion. A quoi servent ces disciplines si c'est pour
aboutir à l'existence absurde et éphémère de ces
femmes qu'on rencontre sur les paquebots, dans 1~ halls
d'hôtel, dans les représentations à bénéfice, et qm, elles
au moins, ont le mérite de la naïveté, ou du vice, ou de la
bêtise?
Je sais, pour y avoir été souvent, que les soirées de
Montjoye ne sont pas faites pour Aurore, ni pour aucune
femme à qui l'on tiendrait. Mais il faut qu'elle Y aille ;
elle apprendra par elle-même qu'il n'y a pas que des buffles,
mais des mufles.
_ J'ai un taxi, dit Fred. Je vous jette.
Montjoye nous ouvre lui-même. Sa masse se détache
sur une tenture d'antichambre jaune. Il ouvre avec un

mélange de curiosité et d'effroi, comme dans la peur de
voir pu'nir d'une gifle l'intérêt qu'il vous porte. Il _ne
regarde qu'Aurore, nous néglige, Fred et moi, et accueille
notre amie avec familiarité :
- Aurore I enfin chez moi.

AURORE OU LA SAUVAGE

997

Il lui prend les deux poignets, les lui caresse, l'entraîne
sous la lanterne à glands noirs, lui découvre les épa,ùes
avec ce toupet qui n'est qu'à lui.
- Comme vous êtes belle !
Dans le salon en rotonde le souper est servi pour huit
personnes. Grünfeld, agent officieux des bolchevicks,
la duchesse d'Inverness, un Hollandais nommé Bismark,
Gina et quelques acteurs.
Montjoye prend Aurore par le bras, rit de son embarras,
lui verse à boire, la fait asseoir près de la duchesse. Je
déteste Montjoye. C'est à lui que je remonte quand j'essaie
de me rappeler depuis qu_and j'ai les gens de goût en
horreur. Je ne saurais dire l'irritante minutie de son
intérieur. Des pincettes aux boutons des portes, des candélabres à bougies vertes à la devise gravée des verres,
tout est parfait. Dans un angle de la pièce, pour pouvoir
danser, on a poussé la table de travail sur laquelle s'entassent les dossiers : Crédits aux Alliés, Avances · à la
Banque de France, Dépenses extraordinaires. Tout le
travail du ministre est là, en désordre, au milieu des
tubéreuses et des photographies. Mais avec son génie
des chiffres, son labeur instantané, Montjoye saura
tout mettre debout en une nuit, pour son chef, la veille
d'une interpellation ou d'une conférence.
- On n'arrive pas à vous griser, Aurore. Cependant,
promettez-moi de boire ceci que je prépare à votre intention.

Il manipule fébrilement une bouteille ·à quatre compartiments de liqueurs et s'approche de la cheminée
qui éclaire son étrange figure, sa grosse tête, ses cheveux
gris.

�•
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Fred se met au piano. Grünfeld ayant trouvé du Pouchkine dans la bibliothèque, récite :
- N'en croyez rien. fait Montjoye. Il ne sait pas le
russe.

La duchesse, immobile, pèse, derrière son face à main,
de ses yeux froids, sur chacun de nous. Elle a cette stérile
jeunesse des quinquagénaires américains·, les cheveux
blancs, des dents en jade. Elle est habillée en infirmière
avec une grande croix de rubis sur le front.
Aurore se distrait sombrement. Elle accompagne Fred
au piano. J'essaie de me rapprocher d'elle et de chanter
moi aussi.
« Tout habillé et ne savoir où aller »
qu'Hitchcock, qui l'a créé et qui sommeille sur un
fauteuil, déclare ne pas savoir. Aurore se détourne de
moi avec humeur. Sur un divan d'angle, Montjoye parle
à voix basse à la duchesse avec des rires étouffés.
- Aurore va danser, s'écrie-t-il en se levant soudain.
Et il l'amène au milieu du salon. « Tenez, Aurore, je vais
vous faire un tapis, un tapis de fleurs, un tapis de perles,
un tapis pour votre beauté, pour votre grâce ... »
Il vacille, ne sachant plus ce qu'il dit, saccage les vases
et jette les fleurs à terre.
Tout tourne. Tout tourne encore dans ~on souvenir, et
la barbe rousse de Grünfeld et la face blême de Montjoye, et
Aurore, Aurore surtout, dévêtue, entre quatre lanternes
en forme de lotus, les bras tendus, ruisselante de
sueur, comme possédée, faisant d'un bout à l'autre de la
pièce des bonds fous, tournant sur elle-même à une vitesse
de machine, laissant sur nos rétines comme une image
hindoue aux bras, aux jambes multiples. Elle tombe

AURORE OU LA SAUVAGE

999

à terre. Montjoye s'agenouille près d'Aurore, lui essuie

le front avec son mouchoir. Il se penche sur elle
pour la respirer, ferme les yeux. Je vois la veine médiane
de son front saillir, son cou se gonfler au-dessus du col.
Sa tête s'approche de plus en plus, puis recule, puis, sans
plus aucun contrôle de soi, Montjoye met ses lèvres
sur Aurore. Aurore tressaille, ouvre les yeux, se redresse

et, avec la foudroyante vitesse d'un pugiliste, envoie
Montjoye rouler jusqu'aux chenets d'un coup de poing à
la mâchoire. Montjoye pousse des cris déchirants. Une
bouteille de crème de menthe répand ses émeraudes sur
le parquet.
- Aurore a fait un pogrom, dit Fred très calme, au piano
J'essaie d'intervenir :

- Vous, laissez-moi, dit Aurore. Je vous hais.
Et, avant qu'aucun de nous ait pu faire un geste, elle
saute par la fenêtre dans le jardinet du rez-de-chaussée
et disparait.

Quand j'entre dans l'atelier, Aurore est assise sur son
lit, le menton dans ses mains, les coudes sur les genoux

joints. Elle ne tourne pas la tête vers moi, j'avance droit
vers elle, dans la direction de ses yeux, mais son regard
me transperce et reste fixé au mur.
Je mets ma main sur ses épaules : elle tressaille.
-

Laissez-moi. Laissez-moi. Je ne veux plus vous voir.

Partez.
Je m'asseois.
-Partez.
Je me lève.

�1000

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Elle s'adoucit et me tend la main.
- Asseyez-vous. Je voulais seulement vous dire qu'il
vaut mieux me laisser seule désormais. Vous m'êtes
inutile. Je ne veux pas dire plus.
Elle passe l'extrémité de son parapluie entre les lanières
de ses sandales.
- Je commençais à recueillir les fruits de tout mon
volontaire labeur. Je ne suis pas une nonne. Je dois à la
fois inventer la règle et l'observer. Et le renoncement
n'est pas facile pour l'être sauvage que je suis. Vous qui
n'avez pas assisté à ce long effort ne pouvez pas comprendre ... Les soirées comme celle d'hier n'arrangent pas

1001

L'ABEILLE
Quelle, et si fine et si mortelle,
Que soit ta pointe, blonde abeille,
Je n'ai, sur ma tendre corbeille,
Jeté qu'un songe de dentelle.

les choses ...

Des larmes coulent le long de ses joues. Je voudrais
dire ... Mais elle m'interrompt en se levant et se couvre
d'un voile violet.
De grands nuages de zinc ébrèchent les rayons du couchant. Il tonne. Les taxis passent, fous.
Dès que nous sommes hors de son quartier, les gens

Pique du sein la gourde belle
Sur qui l'amour meurt ou sommeille,
Qu'un peu de moi-même vermeille
Vienne à la chair ronde et rebelle!

se retournent. Aurore s'arrête, pose sa main sur la mienne.

]' ai grand besoin d'un prompt tourment!
Un mal vif et bien terminé
Vaut mieux qu'un supplice dormant ;

Il y a entre nous l'épaisseur de ce voile, si sec.
Aurore tremble.
- Me pardonnez-vous, Aurore ?
Geste vague d'Aurore que j'interprète:
- Ce n'est pas votre faute.
Elle fait un signe. L'autobus n° 19 vient se ranger à
ses pieds, docile, au bord du trottoir. Elle monte sur
l'impériale comme le long d'une frise déroulée.
L'écriteau dit qu'elle peut aller_iusqu'à Islington.
Je suis bien triste. Je sens que je n'aurai vraiment du
chagrin qu'après-dîner.
PAUL MORAND

Soit donc mon sens illuminé
Par cette infime alerte d'or
Sans qi&lt;i l'amour meurt ou s'endort.
PAUL VALÉRY

�1002

DE LA NÉCESSITÉ DES THÉORIES

1003

au lieu d'œuvrer ; qu'ils opposent la barrière de la sèche
raison à leurs dons naturels, etc. » L'antienne, fort connue,

DE LA NÉCESSITÉ DES THÉORIES
1. Considérez bien, Monsieur, q\le ce ne
sont pas des choses que l'on peut faire
en sifflant. ,
POUSSIN

« La pratique doit toujours être édifiée sur la bonne théorie. »
LtONARD

r

La vie artistique, frappée de stupeur depuis cinq
années, paraît vouloir affirmer sa vitalité plus intensément
que jamais. Dès à présent, la lutte s'annonce vive : mille
indices font présager une saison mouvementée. Des
armes, qui ne sont pas seulement hélas ! des outils de
travail, luisent déjà. Des vieillards accrochés à leurs succès
périmés, et des « Maîtres » fraîéhement installés sur leur
trône fragile s'apprêtent à terrasser les efforts des jeunes
qui secouent avec. frénésie leur récent engourdissement.
Ceux-ci, de leur côté, se disposent à s'affronter réciproquement. Cent nouvelles boutiques offriront un terrain propice à ces duels et entretiendront ou susciteront la flanune
au cœur des amateurs. Nous allons connaître à nouveau
ces polémiques et ces manifestes d'avant-guerre, dont il ne

siéra que de sourire, les œuvres seules parlant un langage grave. Les critiques du genre grincheux, qui, depuis
toujours, réclament des artistes vivants « des réalisations
et non des théories», vont déplorer à nouveau que « les
peintres perdent un temps précieux à édifier des systèmes

est déjà commencée. Sous le couvert du bon sens, la
majorité du public continuera à prodiguer aux artistes
de véritables exhortations à la bêtise. La vache qui rumine son nirvanâ nous sera une fois de plus proposée
comme modèle. Seul, l'artiste capable de « brouter » un
paysage, le col tendu vers la terre, muni de moyens « personnels», aura l'approbation des amateurs pondérés.
On admirera l'assurance avec laquelle il piétine la toile,
y transportant, presque sans s'en douter, la boue fraîche,
le vert gras des prairies, le suc même des fleurs. On saluera
en lui le vrai peintre-touriste, créant enfin des paysages
en lesquels il fait bon se promener... avec les pieds, naturellement. Car ces excursions de l'esprit, ces promenades
à la fois de la sensibilité et de l'intelligence que nous pouvons faire dans les tableaux du Poussin ou de Claude, ou
de Cézanne, ce sont là jeux aussi dangereux qu'inutiles,
n'est-ce pas ? Tout peintre qui, de nos jours, se propose
le même but que ces maîtres et qui, pour ce faire, ruguise
sa raison en même temps que sa sensibilité, ne peut, paraîtil, que se condamner à la stérilité.
Jamais la sollicitude du public n'entoura et ne défendit mieux qu'aujourd'hui le pur instinct des artistes.
Parmi les lettres ou les articles que mes notes ont suscités,
j'ai pu faire une ample moisson de « cris d'alarme l&gt;.
Ici, on trouve que « ce goût pour le dogmatisme esthétique est le plus grand danger que puissent courir de jeunes
artistes ». Là on craint que l'artisan (que j'invite à surveiller son pinceau plutôt qu'à s'enivrer indéfiniment
des défaillances de son cœur) , « ne passe des heures devant

�DE LA NÉCESSITÉ DES THÉORIES
1004

sa toile à ratiociner. • On se méfie de • l'esprit sectaire,
du pédantisme scolaire » des peintres qui ne craignent pas
d'exposer leurs convictions. Un collectionneur connu,
dont je suis flatté d'être l'ami, nous écrit:« Je me demande
s'il n'est pas dangereux pour un artiste de chercher à
s'exprimer à la fois par l'écriture et par la couleur.• Cela
dépend de la qualité de l'artiste. Il en est pour qui tout
est dangereux, même le fait de peindre une figure lorsqu'ils
ont l'habitude de peindre des paysages. Pour d'autres,
solidement trempés et doués d'un instinct à toute épreuve,
chaque tentative nouvelle est, plutôt qu'un danger, un
excitant. J'imagine qu'Ingres, lorsqu'il eut formulé
sentencieusement : , La beauté, ce sont des lignes droites
avec des modelés ronds », dut se sentir profondément
allégé et que, possédant un chapitre nouveau de son dogme
il travailla avec plus de liberté. Car c'est un immense sentiment de libération qu'éprouve l'artiste lorsqu'il a précisé
par des mots le sens de ses trouvailles plastiques. Cézanne,
le plus fécond et fécondant des peintres du XIX" siècle,
dans ses moments de découragement, se prenait la tête
entre ses mains et s'écriait : , La formule, trouver la for-

t

1005

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

mule!»

En effet, trouver une formule régulatrice, c'est ce
qui importe, n'en déplaise au public, assidu à nous en
dicter de paralysantes.
Mais il est nécessaire, à ce propos, d'éviter tout malen·
tendu, et de préciser ce que nous entendons par formule,
ou par théorie. Pour la majorité des critiques, même les
mieux intentionnés à notre égard, toute théorie ne peut
qu'être , à priori » ; toute certitude ne peut que confiner
au • pédantisme d'école• et la confidence sérieuse d'une

t~ouvaille plastique ne peut que revêtir , un ton dogmatique •· Il faudrait cependant s'entendre. Ou on veut paraître badin, et point n'est besoin de parler peinture,
ou on parle pemture et alors une certaine gravité semble
nécessaire, gravité que légitime ou que condamne la
portée des axiomes émis.
Il est évident que lorsqu'un peintre moderne - un des
plus importants - prononce solennellement devant un
• arlequin • qu'il vient de peindre : • Il n'y a pas de pieds
dans la nature», un certain sourire s'impose au coin de ses

lèvres -

et que seul le disciple qui, selon l'anecdote

connue, répond sérieuSement : « Ah! oui, c'est vrai »,

assume tout le ridicule.
Nous ne citerions pas cet exemple si le maître ès paradoxes qu'est Picasso ne nous avait pas tout récemment
été proposé en exemple comme réalisant le type de l'antithéoricien, et si son extraordinaire fécondité n'était pas
attribuée par certains à son dédain des • explications ».
Intelligent et sachant par expérience qu'on n'est jamais
goûté pour ses qualités mais bien pour ses défauts, Picasso
a renoncé à se faire comprendre, ce qui ne veut pas dire
qu'il ait renoncé par la même occasion à sè comprendre,
donc à raisonner sur lui-même. Des théories, il en a ; il
en profère souvent de très sérieuses, et les poètes qu'il
forma, ou qu'il transforma, les écrivent pour lui. D'ailleurs nombre de ses toiles sont l'expression de théories
sans cesse renouvelées - à ce point que maint peintre
s'est trouvé une personnalité en spéculant sur un seul de
ses tableaux didactiques.
La plus grave accusation que nous voulons relever est
celle qui vise l'à priorisme des théories, et, partant, leur

�1006

'.

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pouvoir plus dissolvant que fécondant : Les théories les
plus ingénieuses, dit-on, ont toujours le grave tort de se
manifester avant l' œuvre définitive. Encore que ce raisonnement ne nous dérange Ras, puisque nous pensons
que les théories, menant à l' œuvre définitive, il est nécessaire qu'elles la précèdent, nous nous demandons quelle
est la production qui a jamais semblé • défuritive » dês
sa parution ?
Certains, parmi les critiques q\Û nous admonestent,
ont des cheveux blancs. Leurs vœux impatients flattent,
certes, mais étonnent les artistes dont, nous sommes, qui,
n'ayant dépassé la trentaine que depuis peu d'années,
se voient tout à coup sommés de donner des preuves
définitives de leur savoir, alors que jusqu'ici un tel
exemple ne leur semble pas encore avoir été fourni par
leurs difficiles aînés.
Pour bien comprendre de quelle utilité sont les théories
pour le jeune peintre,ilfaut réaliser la situation terriblement
embarrassée qui lui est faite depuis l'impressionnisme.
Il est environné d'énormes dangers, de tentations opposées,
envahi de mauvaises habitudes, de tics attrapés à lutter
contre des fantômes qu'il · prit souvent pour des périls
véritables, tellement le brouillard qui l'enveloppe est
opaque. De plus, et c'est ce qui fait le pathétique de sa
situation, il est enlisé sous les théories les plus contradictoires, les plus obscures, les plus basses, qu'amoncelle
inlassablement sur sa tête un public qui veut à tout prix
penser pour lll.i. Les injonctions les plus dénuées de
bon sens, les souhaits les plus littéraires, les desiderata les
plus inopportuns assaillent de tous côtés l'artiste et
revêtent invariablement la forme qu'on reproche à ce

DE LA NÉCESSITÉ DES THÉORIES

1007

dernier de donner à ses certitudes ! Que faire dans un
pareil chaos de formules négatives, sinon s'orienter à l'aide
de formules positives ?
Ces instruments de libération, les « théories», que nous
persistons à doter de vertus stimulantes, que seront-ils ?
Des points de repère, pris par l'artiste sur le chemin mystérieux que lui tracera son instinct. Le peintre moderne,
nouveau primitif sans candeur, travaille avec de piètres
outils dans les ténèbres que le public le moins « éclairé »
qui puisse se rêver, épaissit à loisir autour de lui. Quelquefois son outil, frappant le point juste, fait jaillir une
étincelle : on lui demande aussitôt de ne pas la remarquer, au lieu de se réjouir de ce qu'à cette précaire lueur
il distingue un peu de la route obscure qui lui reste à
parcourir! Nous insistons sur ce point afin d'être bien
compris. Qu'on n'aille pas nous accuser à nouveau
d'empiéter, par nos théories intellectuelles, sur notre
instinct ; il ne s'agit pas ici d'anticipations, mais d'un
effort à posteriori, de constatations sur un travail non
préconçu.

•••
Peut-être siérait-il, avant de définir les théories du
peintre, de définir d'abord le peintre, cet animal complexe
qui, d'une façon peut-être plus étroite qu'aucun autre
artiste, doit obéir dans la même mesure aux sollicitations
successives de la matière et de l'esprit, et dont les réussites et les échecs ne proviennent le plus souvent que de
la bonne ou de la mauvaise orientation donnée à son instinct par son intelligence. De plus, le peintre est peutêtre l'artiste le plus profondément asservi par son

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�1010

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

trop délimitée!; ne seraient plus que des lie~ co~uns.
Il faut que l'artiste, au sein d'un groupe d expenences
passionnées, ait Ja sublte révélation d'un~ loi pour que
celle-ci lui apparaisse investie de ses anciens pouvoirs.
Les lois sont des armes dont le tranchant - dont le
double tranchant - s'émousse rapidement et auxquelles
il faut faire subir, avant de les aiguiser, et la trempe de la
négation, et celle de la découverte.

'I

•
•••
Il serait intéressant de faire l'analyse des mouvements
d'épanouissement ou de décadence artistique, en_ empruntant la tournure d'esprit de nos critiques chagnns. Nous
verrions ainsi que les plus pures floraisons d'art se sont
roduites à des époques où il eût été facile de déplorer
p
.
li
avec la tournùre d'esprit moderne, que les artistes se vrasSlent à des recherches, à des spéculations théoriques.
Car les grandes périodes artistiques sont juste~ent des
périodes d'interrogation ardente. Tous les espnts sont
orientés vers la recherche d'un système constructif et les
cerveaux travaillent aut3;11t que les sensibilités. Des
idées succèdent aux premières œuvres hésitantes et préparent les créations suivantes plus assurées. Ce sont les
périodes dites archaïques ou primitives. A ces mouvements
interrogatifs succèdent les mouvements satisfaits qw
caractérisent les périodes de conclusion et de décadence.
'Les artistes héritent d'un système d'idées trop cohérent
et de procédés infaillibles. Un maitre suprême a~p':'aît
qui relie les lois en un faisceau définitif, et ses disciples
épuisent en redites, en surcharges, en superfluités, une

DE LA NÉCESSITÉ DES THÉORIES

IOII

activité qui ne peut plus s'user en d'anxieuses études.
Les périodes privilégiées, aux créations abondantes et
pures, sont justement les époques primitives où toutes les
règles sont à découvrir, ou à redécouvrir. Une grande
innocence baigne les esprits tout tournés vers une vérité
à peine discernable. Les archaïques grecs ont le regard
étonné de l'enfant qui interroge le monde à chaque instant ; ils ont le sourire des premières découvertes et la
robustesse des premières détentes. Phidias met un terme
à une enquête de plusieurs siècles et laisse à ses successeurs
une vérité trop parfaitement organisée, trop complète,
pour qu'ils puissent y ajouter quoi que ce soit. Les figures
de Scopas ou de Praxitèle portent déjà l'empreinte d'une
lassitude infinie et leur corps s'amenuise à des contacts
trop raffinés. De même, en France, le gothique résolvant
tous les problèmes posés par le roman, perd de sa force
au fur et à mesure qu'il s'éloigne, comme de sa source,
des inquiétudes qui le motivèrent et meurt de se complaire dans une science telltment circonscrite qu'elle ne
laisse place à aucune évasion.
La situation des jeunes peintres, qui ont reçu le baptême
impressionniste, est merveilleuse, tellement elle est périlleuse. L'artiste contemporain se trouve, si j'ose dire, en un
double état de grâce et de corruption. D'une part, il
bénéficie de l'ensemble parfaitement cohérent des lois
picturales impressionnistes. S'il ne cherche qu'à en tirer
parti, avec la tranquillité repue d'un légataire universel,
il hérite de la malheureuse sécurité des périodes de
conclusion et il est irrémédiablement condamné à ces
redites mièvres dont les boutiques parisiennes accablent
nos regards; D'autre part, pour peu qu'il médite, il doit

�IOI2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

arriver à reconnaître, à l'aide d'une série de raisonnements
«-théoriques », l'infériorité des moyens impressionnistes
par rapport à l'interrogation impressionniste. Il épaissira
ainsi autour de lui un mystère nouveau, il reculera les
bornes de l'inconnaissable et pénétrera dans cette
région de l'ignorance supérieure dont les triomphateurs
du jour longent les parois extérieures, tout enivrés de
leur petite science aveugle.
C'est obéissant confusément à ce besoin de dénuement
inquiet et fécond que les futuristes souhaitaient niaisement la destruction des Musées et que de nos jours mille
« paysagistes » au sens indiqué plus haut, se flattent de
n'y jamais mettre les pieds. Redoutant de fa.ire l'ange,
ils font la bête exprès ; ou bien, comme l'autruche qui
croit être à l'abri du danger en se cachant sa tête sous
l'a.ile, ils imaginent supprimer le fatal héritage en
l'oubliant. Mais d'abord les Musées ne sont qu'un
étalage d'exemples, et non un énoncé des règles que
ces exemples illustrent. Raisonner devant un chefd' œuvre n'est, la plupart du temps, que soulever une
hypothèse. Le Réaliste « aux reins solides », ce n'est pas
en se livrant sur la toile à d'herculéens efforts de dénégation qu'il prouvera sa force, mais bien en acceptant
de ses maîtres immédiats le plus d'indications possible. Le
Gréco a pu, sans se diminuer, recevoir la leçon de Venise.
Grâce à son acceptation des principes connus, il put
apercevoir tous ceux qui lui restaient à découvrir. Les
leçons, loin de les dessécher, abreuvèrent son instinct et
sa _raison ; elles eurent sur son esprit un pouvoir pneumatique ; elles créèrent un vide qu'il sut magnifiquement
comble, par des spéculations personnelles. De même

DE LA NÉCESSITÉ DES THÉORIES

1013

opérèrent en France David et Ingres, et tout près de
nous, Cézanne. On peut dire de ces grands hommes
qu'ils construisirent, sur un plan supérieur, à force d'in'.
quiétude lucide, une région équivalente à celle de la
naïveté des primitifs.
Les grands constructeurs nous apparaissent ainsi, à
travers leurs caractères particuliers, comme des artistes
chez qui l'intelligence s'applique à suivre de près l'instinct
à en recueillir et déchiffrer les découvertes, et à trans'.
former la parcelle de vérité ainsi obtenue en nne inquiétude
plus élevée que la première et qui amorce de nouvelles trouvailles jamais « définitives ». Et les grandes
époques constructives sont celles où nne immense interrogation nationale oriente les questions que l'artiste
adressera au monde ...
Il semble qu'nne vaste aspiration européenne fasse
osciller en ce moment les murailles qui délimitaient
la petite région spirituelle dont se contentaient les bourgeois d'avant-guerre, nos amateurs et les maîtres de nos
destinées matérielles. Les pochades et les divertissements
que cultivaient les peintres opportunistes ne vont plus
cadrer avec l'édifice agrandi. Ceux d'entre eux qui voudront amplifier leur ouvrage sans renoncer à leurs tristes
et piètres moyens, éclateront, comme la grenouille de la
fabl~. Le salut '.'5t p~omis à ceux qui dégageront, par des
méclitat10ns cnstallisées en théories, leur intelligence
s_ubmergée par l'instinct, et à ceux aussi, il faut le souligner afin d'être totalement compris, qui, renonçant à
tom à priorisme, sauront colorer la pure eau de leur
intelligence du vin de leur sensualité retrouvée.
ANDRÉ

LHOTE

�DEUX ÉLÉGIES

DEUX ÉLÉGIE·s
I
Ce cher bonheur que i' abrite
Entre mes deux mains crispées,
Est-ce donc lui, frère étrange,
Que tu ne peux pardonner ?
Est-ce l'amour qui me hante,
Est-ce la femme, l'enfant,
Ou ce chant, comme une flamme
Qui dure dans t' ouragan ?
Ou le souffle qui m'entraîne
Vers mes montagnes promises,
Ou ces traces misérables
Que ie laisse dans la grève ?
Ou quoi ? Le sais-tu, mon frère ?
0 mon ami, mon fardeau !
Toi, la blessure vivante
Au flanc de t-Oute la joie !
Dis-moi, chère âme farouche
Elue entre les témoins :
Pour que jamai~ ton sourire
M'éclaire sans désaveu,

ro15

Que faut-il que je t'immole ?
Que dois-je, de tout moi-même,
Apporter devant ton seuil
Comme une biche égorgée ?

II

. Pour cesser de convoiter
Les minutes succulentes
Qui naîtront demain,
Pour mériter une joie
Dont je demeure accablé,
0 moi très indigne,
Pour vivre avec vous que i' aime
Et non point avec les ombres
Du vaste avenir,
Me faudra-t-il trébucher,
Mains enchaînées, pieds déchaux
Et la corde au col ?
GEORGES DU!IAMEL

�DONOGOO-TONKA
ou

LES MIRACLES DE LA SCIENCE
CONTE

CINÉMATOGRAPHIQUE

QUATRIÈME PARTIE

1
Un autre groupe d'Aventuriers rencontre par hasard le
campement
La fin del'après-midi sur le campement des Aventuriers.
Notre premier sentiment est l'admiration. Quel travail
en une semaine! Plus de tentes. Une dizaine de cabanes
sont achevées. Elles entourent la place et amorcent deux
avenues. l'une vers la ·prairie, l'autre vers la rivière.
A droite de la place, une baraque, plus spacieuse que
les autres, doit servir de magasin à vivres. Le devant
s'en rabat de manière à former une espèce de comptoir
primitif. Des gobelets y restent posés.
A gauche de la place, une seconde baraque du même
genre,mais encore plus vaste et entièrement close. Peut-être
y enferme-t-on les tentes, les outils, les provisions de bois.
Sur le chemin de la prairie, on s'occupe à construire
un abri pour les bêtes de somme que voici, qui ,eviennent
de la rivière où leur conducteur les a abreuvées.

DONOGOO-TONKA

1017

Soudain il se propage une certaine inquiétude. Les
chiens galopent en rond et aboient.
Les hommes quittent leur travail. Ils aperçoivent on
ne sait quoi. Ils se ramassent peu à peu. Quelques-uns
sont allés prendre un fusil dans leur cabane.
Maintenant ils sont groupés autour du poteau et ils
regardent tous une région de l'espace que nous ne voyons
pas. L'écriteau qui n'a pas bougé depuis l'autre fois les
domine et les nomme. Eux n'y pensent point ; ils sont
tout à leur alerte. Mais nous, nous sommes saisis d'une
émotion singulière ; nous ne pouvons détacher nos yeux
de cette petite troupe serrée autour du poteau ; de cette
chose naissante et inquiète dont Je poteau prononce le nom.
Ce qu'on guettait paraît enfin : cinq hommes avec
deux ànes et un mulet, le tout fourbu.
•
Le premier regard des arrivants est pour l'écriteau.
D°":'g~o-~onka ! Malgré leur fatigue, ils font un geste
de JUblla!Jon, un seul, il est vrai.
Du même coup, le groupe des fondateurs se détend un
peu. On cause. Nous devinons bien ce qui se dit.
• C'est ici Donogoo ?
- Sûr. Vous voyez.
- Pas très grand, Donogoo.
- Moins grand que Chicago, sûr. Mais ça peut venir.
- On est bien ?
- Parfaitement bien. Paysage épatant. Climat sain.
Voyez : mines superbes.

Et on trouve de l'or?
Oui, pas mal.
De quel côté?

�1018

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

Un des Fondateurs indique la rivière du geste. Il Y a
un moment de silence. Les arrivants ne jugent pas ça
encore des plus clairs. Mais ils sont si abrutis de fatigue
qu'ils ne cherchent pas les difficultés.
.
,.
Ils disent que leurs provisions sont fimes, qu ils ont
faim, que deux mulets leur ont crevé en route, et qu'il
a fallu abandonner le chargement.
Les Fondateurs deviennent aimables. Certes, Donogoo
n'est pas sans ressources. Nourriture, boisson, logement,
on peut se procurer tout cela à Donogoo. Mais la vie Y
est très chère, horriblement chère.
Si ces messieurs ont de l'argent ...
On s'approche de la baraque,buvette. L'un des F?n·
dateurs, qm en est le tenancier, y pénètre, pose cmq
gobelets sur le comptoir et cinq biscmts. Il offre même
un peu de pâte d'anchois. Mais il faut payer d'avance.
Ce qm est fait.
Les autres ont encore faim. On leur sert des harengs.
Très cher, le hareng, messieurs;, hors de prix I Vemllez
songer ! A cette distance de la côte 1
Pms on s'occupe du logement.
La grande baraque de gauche, voilà précisément
l'affaire. Elle sera débarrassée en un tour de mam. A
moins que ces messieurs n'aiment mieux prendre une

tente en location ?
On discute. Deux de ces messieurs décident de partager
une tente. Les trois autres logeront dans la baraque.
Mais l'on ne trouve pas que le nécessaire à DonogooTonka. L'un des Fondateurs ressort de sa cabane avec une
gmtare. Il s'installe au pied du poteau. Deux autres
s'accroupissent près de lui.

DONOGOO-TONKA

1019

Et tandis que le peuple de Donogoo-Tonka s'asseoit
en cercle, un chant s'élève, accompagné de gmtare et
de claquements de mains.

2
A Paris, les quais de la gare d'Orsay. Lamendin et
ses Piomùers vont prendre le rapide de Bordeaux. Le
banqmer, le professeur le Trouhadec, Bénin, Lesueur,
divers amis assistent affectueusement à ce départ.
Lamendin paraît très gai. Il s'occupe de caser toute
sa troupe. Il veille aux bagages. Il distribue des accolades
et des adieux.

Il trouve une parole aimable pour chacun, et plusieurs
phrases entières pour le professeur Yves le Trouhadec.

3
Donogoo-Tonka, son poteau et son peuple. L'animation
du matin.
Le tenancier de la buvette achève de fixer sur l'édifice
une enseigne peinte soigneusement au goudron :
DONOGOO CENTRAL BAR

En face, deux autres Fondateurs, juchés sur le toit
de la grande baraque, ont beaucoup de peine à trouver
la position la plus convenable pour une immense ins-

cription qu'ils tiennent chacun par un bout :
LONDON &amp; DONOGOO-TONKA'S SPLENDID HOTEL

Un aide examine d'en bas l'effet de l'inscription et
donne des conseils.

Non loin, cinq mulets sont rassemblés. Ils ont leur bât
mais point de chargement. Trois conducteurs, bie~

�•
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

1020

armés, font les derniers préparatifs. Nous comprenons
qu'il s'agit d'aller chercher des vivres dans la contrée
la plus proche ; et les conducteurs reçoivent mverses
recommandations touchant les achats, les délais de route
et l'itinéraire.

Sur la gauche, plusieurs hommes s'agitent. C'est la
rivière qui lès intéresse. Malgré la mstance, il nous semble
reconnaître certains des nouveaux venus. Ils se penchent,
manient des outils, accomplissent des opérations que
nous serions embarrassés de nommer.

Soudain, l'un d'e,u x fait de grands gestes. Les autres
se penchent sur lui. Tous paraissent saisis d'un bizarre
transport. Ils sautent sur place, puis ils accourent en
vociférant.
Le convoi, qui déjà s'ébranlait, s'arrête. Les poseurs
d'enseignes, eux-mêmes, sont ilistraits de leur besogne.

DONOGOO-TONKA

I02I

• Vous entendez? De l'or, des pelletées d'or. Tâchez
de raconter ça comme il faut. »
Le tenancier de la buvette se retire mscrètement, pendant que les conversations continuent. Au bout d'une
minute, il reparaît, et accroche sous son enseigne un
modeste écriteau :
VU LES DIFFICULTÉS
HAUSSE DE 50

o/ 0

SUR LES MARCHANDISES

Quant aux propriétaires du « London &amp; DonogooTonka's Splenmd Hotel », on ne s'est pas aperçu de leur
absence que déjà ils font les acrobates sur le toit et déroulent cette inscription complémentaire :
PROXIMITÉ IMMÉDIATE DES CHAMPS D'OR.

4

« Nous avons de l'or! Il y
a de l'or dans le sable de la
rivière!»

Mélancolie en mer

Les moins étonnés ne sont pas les Fondateurs. Mais ils
tâchent de n'en rien laisser voir. Ils ont l'air de dire :
« Quoi ! Vous en doutiez ? »
Au vrai, ils n'en reviennent pas; ils échangent des regards
qui siguifient : « Est-ce possible! Dieu existe-t-il ? » Ils
se trouvent un peu bêtes.
Mais leur désarroi ne dure pas longtemps. Les voilà
qui catéchisent les conducteurs du convoi de mulets.

Lamenmn à l'arrière d'un paquebot. Il est triste.
Il songe manifestement à des complications prochaines
et insolubles.
Fonder une ville ! Au centre d'un continent désertique!
Avec vingt-quatre pionniers de la place du Tertre et du
café de la Rotonde! C'est une fameuse plaisanterie.
Peut-être une trace de mal de mer achève-t-elle d'aigrir
ses mémtations.

�1022

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

5

Les ennemis de le Trouhadec
reprennent l'assaut
Yves le Trouhadec, dans son cabinet de travail. Il fume
un cigare, d'un air assez avantageux.
Mais voici que la servante lui apporté une enveloppe.
Il en extrait une coupure de périodique :

LA ROCHE TARPÉIENNE
M. Yves le Trouhadec affecte pour
le moment des allures triomphantes, qui
amusent bien ceux qui l'ont connu,et proclame à tout venant sa certitude de passer hautlamainàl'élection de l'Institut
dont quelques semaines nous séparent.
Nous sommes nonobstant en mesure
de reproduire, sans aucune crainte de
démenti, une assertion que nous avons
déjà publiée.
r
Donogoo-Tonka, principal titre de
gloire du géographe Yves le Trouhadec,
est une joyeuse invention, à moins que
ce ne soit une sombre canaillerie.
Donogoo-Tonka n'existe pas et n'a
jam ais existé.
Nous recevrons avec plaisir dans nos
bureaux les personnes qui se croiraient
à même de nous prouver le contraire.

DONOGOO-TONKA

ro23

A quoi bon le dissimuler ? M. le Trouhadec éprouve
un choc dans le creux de l'estomac. Il songe soudain qu'il
a eu le tort de manger des betteraves en salade, et qu'il
a toutes les chances de ne pas les digérer.

6

Une délégation d'actionnaires vient poser au banquier quelques questions
gênantes
Dans le cabinet directorial des grands boulevards,
le banquier a pris la place de Lamendin.
Pour l'instant il signe des pièces et distribue du travail
à des subalternes. Il est soucieux, mais il se domine parfaitement.
Un huissier apporte une carte où quelques mots sont
écrits au crayon. Le banquier fait une moue imperceptible, congédie les subalternes et donne l'ordre d'introduire
les visiteurs.
Trois messieurs se présentent, d'une façon presque cérémonieuse. Le banquier les accueille avec aisance et
dignité. Il les pèse et les évalue rapidement, tandis que
s'échangent les premières paroles.
Deux d'entre eux ont un air endimanché et une physionomie assez sotte. Ils forment soigneusement leurs
phrases. Ils ne sont pas très redoutables.

�1024

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Le troisième est plus dangereux. Il ne semble troublé
ni par l'aspect du lieu, ni par le souci de sa propre
contenance. Le banquier ne s'occupe réellement que
de lui.
Ces messieurs viennent décrire certaines inquiétudes
dont un groupe d'actionnaires se sent envahi. D'absurdes
calomnies se propagent sur le compte de la DonogooTonka. Le cours des actions en a subi l'effet. Ces messieurs
aimeraient qu'à cette campagne il fût répondu par des
arguments décisifs. La Direction est-elle en mesure de les
fournir ?
Le banquier déclare qu'il s'associe aux légitimes préoc-

cupations des actionnaires. Mais on ne doit nourrir aucune
crainte sérieuse. L'affaire passe par un temps mort. Pas
une crise ; un temps mort, simplement. Il est donné un
effort considérable dont les résultats n'apparaîtront qu'un
peu plus tard. Il faut avoir confiance. Et quant à telles
calomnies par trop stupides, haussons les épaules.
Du reste, si l'un de ces messieurs disposait de quelques
loisirs, la Direction serait enchantée de s'entretenir plus
longuement avec lui, de l'initier au détail nécessairement
confidentiel de l'entreprise et même de lui faciliter un
voyage d'études.
Le troisième actionnaire, directement visé, ne sort pas
de sa réserve ; mais il n'y a rien, dans son regard, de
franchement hostile, rien d'irréductible.
L'entrevue ·s'achève sans trop de malaise.
Pourtant le banquier, demeuré seul, prend une mine
fort soucieuse.

DONOGOO-TONKA

1025

7
Projections successives, puis simultanées.
I. Lamendin sur son paquebot. Un petit temps brumeux. Les méditations de Lamendin se diffusent dans le
brouillard. Une de ses visions devient pourtant assez
consistante pour que nous en discernions quelque chose.
Un homme, qui ressemble à Larnendin, qui doit être
Lamendin lui-même, est debout, lié à un piquet. On ne
sait quoi fume et flambe sous ses pieds. De grands diables
gesticulant et couronnés de plumes font une danse autour
de lui.
2. Le Trouhadec dans son cabinet de travail. Il songe
à Lamendin, à ce navire trop lent, qui porte leur fortune.
Le songe nous devient perceptible.
Il y a un bateau, au milieu de !'Océan. Sur ce bateau
Lamendin, beaucoup trop grand, démesuré, sans aucun~
proportion raisonnable avec les cheminées et les mâts.
Le navire est désespérément immobile, ou il avance si
peu que c'est tout comme.

Alors le Trouhadec, lui-même gigantesque; met les pieds
dans la mer, en pleine mer, juste derrière le navire. Il
s'arc-boute contre le navire ; il pèse et pousse de toutes
ses forces. Mais la mer résiste comme de la poix.
3, Le banquier cesse d'écrire, et se renverse dans son
fauteuil. Il plisse tristement le front, passe deux doigts
sur ses yeux. Nous voyons sa pensée. Lamendin I Lamendin bien en relief, dur, roide, comme un manche d'outil.
Le banquier empoigne Lamendin, le remue, le brandit,
comme le manche d'une "pelle ou d'un pic. Une rude
besogne semble s'accomplir. Mais soudain il demeure
65

�ro26

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

le bras levê, la bouche ouverte, comme quelqu'un qui,
maniant un outil, s'aperçoit tout à coup qu'il ne lui en
reste plus que le manche.

8
Le marché de Taguaralzinho.
Le convoi de mulets est prêt à repartir pour DonogooTonka. Les marchandises sont empilées sur l'êchine des
bêtes. On emmène aussi quelques chèvres.
Les conducteurs bavardent encore. On les entoure. Ils
parlent avec emphase de Donogoo et de ses richesses.
Pour la vingtième fois, ils évoquent cet or qu'on ramasse
à poignées dans la rivière.
Les gens de Taguaralzinho êcoutent. Ils ne croient pas
tout sur parole ; mais ils écoutent. On a vu tant de choses
plus merveilleuses.
Et puis ce convoi qui s'ébranle n'a vraiment pas mauvaise mine. Les gens de Donogoo-Tonka ne trouvent
peut-être pas autant d'or qu'ils le disent. Mais ils
se traitent bien.

9
Lamendin se décide à prendre
les Pionniers pour confidents
Un des ponts du paquebot. La plupart des Pionniers
sont là. Il fait de la houle. Quelques Pionniers paraissent
en proie au mal de mer. Les autres attendent leur tour,

DONOGOO-TONKA

1027

tâtent le creux de leur estomac, ou s'ennuient profondément. Certains ont essayé de jouer aux cartes, ou de
dessiner. Mais ça remue trop. II n'y a plus qu'à bâiller
ou qu'à vomir.
On aperçoit, à quelque distance, la silhouette de Lamendin. II garde une majesté,mais dans le mode funèbre. Onle
dirait en route pour le rocher de l'exil. Les Pionniers
l'observent,parlent de lui:« II n'a pas l'air gai, le patron 1»
Lamendin pivote sur ses talons et marche résolument
vers les Pionniers. Ils semblent surpris et attendent, sauf
ceux qui ont le mal 'de mer et que ne sauraient plus
toucher d'aussi médiocres incidents.
Ce qu'il dit, nous le devinons sans trop de peine.
• Messieurs, je dois vous demander cinq minutes
d'attention ... Quelque chose de pleinement confidentiel..,
et qui vous intéresse au premier chef...
« Je crains que vous ne vous rendiez pas nn compte
exact des difficultés qui nous attendent, et j'ai à cœur
de vous en prévenir.

... La ville de DonogooTonka n'est pas rigoureusement ce que vous croyez ...
Il tousse, s'arrête, épie les physionomies.

... llreste beaucoup à faire ...
et même, comme disait Napoléon, il reste tout à faire.

�1028

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il ménage une nouvelle pause. Les Pionniers, sans
comprendre rien de précîs, soupçonnent quelque calamité.
« Ce qui nous attend, c'est la savane, la brousse, à des
centaines de lieues de la côte ...

Donogoo-Tonka existe,
oui... mais ... à l'état de
projet.
« Vous saisissez ?.. . »
Les Pionniers commencent à saisir. Mais ce discours
provoque chez eux des effets bien divers, et même, çà et là,

bien singuliers.
Quelques Pionniers entrent dans une sorte de colère :
« On s'est foutu de nous ! C'est dégoûtant ! Il est
bien temps de nous dire ça I Nous ne marchons
plus 1 ,
Un autre se met à rigoler, d'un rire tumultueux, en se
tapant les cuisses et en cognant le sol du talon. Il rigole
de plus en plus fort. Il tend le bras du côté de la houle
comme pour chercher un témoin digne d'apprécier une
situation aussi désopilante.
Un autre, que le mal de mer travaillait déjà d'une
façon sournoise, vomit soudain jusqu'au pied du mât
d'artimon.
Un autre fond en larmes comme un enfant perdu à
l'angle d'un carrefour.

DONOGOO-TONKA

1029

10

L'arrivée à Rio de Janeiro
Lamendin, les Pionniers et de nombreux faquins
quittent le débarcadère.
Nous les voyons monter en voiture, suivre plusieurs
rues sales et tortueuses, puis une voie beaucoup plus large
et s'arrêter enfin devant une longue maison basse dans
un jardin de palmiers, qui est l'hôtel.
Lamendin gagne sa chambre, fait un bout de toilette,
ressort.
Il se rend à la poste, qui est voisine de l'hôtel.
L'employé lui remet deux télégrammes.
L'un, du banquier :

Situation très délicate. Baisse
en bourse. Bruits fâcheux.
Faites l'impossible pour obtenir résultats très prochains
L'autre du maître géographe :

Election compromise. Adversaires venimeux. Aurais
besoin document décisif pour
anéantir calomnies

�ro30

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

1031

DONOGOO-TONKA

Lamendin lève les bras.
« Ils me font rire I Qu'ils viennent un peu par ici. Baisse

SAMEDI 29 OCTOBRE

en Bourse! Election à l'Institut! J'ai d'autres chiens à
fouetter.

)1

Mais sa mélancolie y trouve de nouvelles nourritures.
Il froisse les dépêches et les jette au ruisseau. Il veut
être seul. L'idée des vingt-quatre Pionniers qui l'attendent
lui redonne un commencement de mal de mer.
Il prend des rues au hasard. Il marche la tête baissée.
Il ne regarde rien, ni les tramways perce-oreilles, ni les
portefaix qui le bousculent. Ce serait pourtant bien
agréable de flàner dans cette puissante ville, si loin de
son pays ! Il en rêvait, enfant, comme d'une chose trop
belle pour être vue par les vrais yeux. Tout ça, pour y
arriver avec le même entrain qu'à Levallois-Perret un soir
de pluie. Tout ça, pour y marcher la tête baissée.
A un petit carrefour, il ne sait plus par où tourner et
s'arrête. Il jette un coup d'œil à gauche, puis à droite.
Il tressaute, l'haleine lui manque, il recule. Sur un mur,
à deux pas, une affiche.

DÉPART POUR
DONOGOO-TONKA
PAR

UBERABA

ET

GOY AZ

Les billets d.Alivr.As par l' Agence
donnent droit :

r• au parcours en chemin de fer jusqu'au
point terminus de la ligne ;
2•

au trajet à dos de mulet de ce point
jusqu'à Donogoo-Tonka ;

3° au transporl gratuit de 50 kilogs de
bagages.

MM. les voyageurs devront

s'occuper. de leur nourriture.
Aucune garantie ne peut être fournie
quant à la durée exacte du trajet.
Agence MEYER-KOHN
6, rua de s&lt;o-Antonio, 6

FIN DE LA QUATRIÈME PARTIE

�•

I032

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

CINQUIÈME

PARTIE

1
Une salle à manger d'hôtel. Par les baies, on aperçoit
un sombre jardin tropical.
Lamenclin et les Pionniers entourent une table fort
brillante. Beaucoup de nourriture est déjà dans les corps.
Le vin de beaucoup de bouteilles a été exaucé.
L'esprit de la Place du Tertre, malmené et froissé par
la mer, s'est peu à peu ressaisi. II occupe ce lieu avec
assurance. Le Brésil est refoulé dans le jardin.

2
Le banquier, seul, au siège de la Donogoo.
II a le même visage que l'autre fois. On lui apporte un
câblogramme. II en soupçonne l'origine ; il l'ouvre avec
précipitation :

Ne conçois pas vos inquiétudes. Donogoo, paraît-il, en
pleine prospérité. En arrivant à Rio, ai trouvé murs
couverts affiches dont texte
ci-après.Jugerez vous-même.

DONOGOO-TONKA

1033

Me suis rendu agence MeyerKohn. Conversation me fait
craindre au contraire difficultés pour se loger Donogoo.
Affluence excessive. Crise
loyers. Grande cherté vie.
Vais partir dans quelques
jours. Ferai les choses largement. Achèterai tous terrains
disponibles. Serez tenu au
courant. Rassurez Trouhadec. Amitiés.
Suit le texte de l'affiche.
Sur le visage du banquier, chaque mot de la dépêche a
fait une onde nouvelle, une secousse plus pénétrante.
Au dernier mot, il est véritablement harassé. Il se
tâte le front avec deux doigts, il appuie dessus. II touche
la sueur de ses tempes.
Il tire sur les revers de son veston, sur son faux-col.
Il s'assoit mieux. II s'essuie la tête avec son mouchoir.
Il recommence à lire la dépêche. On le voit qui articule
chaque syllabe. De temps en temps il projette droit devant
lui d'énormes yeux ou tire sur son faux-col. II déboutonne
rapidement son gilet ; puis le reboutonne avec lenteur,
en faisant un hochement de tête pour chaque bouton.

�ro34

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

3

Lamendin envQie un courrier à Donogoo-Tonka pour
annoncer son arrivée et préparer son installation
Le jardin de l'hôtel, planté de palmiers énormes et de

maints végétaux exotiques.
Les Pionniers ont fait de cet ombrage un quartier
général. Tout en fumant des pipes, ils mettent la dernière
main à leurs bagages et à leur équipement. Partout des
ballots, des cantines, des selles confortables. Dans un
coin, trois d'entre eux s'exercent au tir à la cible.

A chaque instant quelquè fournisseur apporte un complément de matériel. Lamendin, plein d'action et d'autorité, veille au moindre détail. Mais un homme vient
prendre ses ordres. C'est un courrier que Lamendin
dépêche à Donogoo-Tonka et qui précèdera la caravane.
Lamendin lui donne des instructions verbales, lui
confie un rouleau et divers papiers.
Le courrier s'éloigne.

4
Le Trouhadec, dans son cabinet de travail. Il reçoit
un journaliste en interview.
Il a repris toute son assurance. Il parle de son passé
scientifique, de ses travaux en cours, de ses projets.

DONOGOO-TONKA

rn35

Puis il en vient à dire un mot de cette collaboration
si féconde de la science pure et de l'esprit moderne d'affaires. Il désigne du geste la carte de l'Amérique du Sud.
Tout le monde a compris, même le journaliste, qui remue
la tête d'un air pénétré.
Pour ce qui est de ses adversaires le Trouhadec se
borne à une allusion négligente.
•

5
Un petit salon de conférences dans l'hôtel de la DonogooTon_ka,_ à Paris. Nous reconnaissons le banquier et parmi
la dizame de messieurs qui l'entourent deux au moins des
actionllaires de l'autre fois.
L'.un de ces messieurs, le plus rapproché de nous, est
attemt d'une calvitie extrême. Son crâne, qui nous apparaît en plein, reluit avec douceur.
Le banquier pérore. Il s'adresse à l'un, puis à l'autre,
mais spécialement au monsieur chauve.

Le banquier parle de l'avenir. Dans ses propos, tout
n'est que _réussite, fécondité, croissance. Tout progresse
et se développe. Les friches se transforment en moissons.
Il n'y a plus de sols arides.
Son éloquence a une telle vertu de propagande, sa
pensée s'ouvre des chemins si pénétrants dans la nature
humaine, que peu à peu, peu à peu, un fin duvet lève sur
le crâne du monsieur chauve.

�ro36

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

6

Donogoo-Tonka et Lamendin
font enfin connaissance
Nous ne retrouvons pas Donogoo-Tonka sans émotion,
sans surprise. Au poteau de la place s'est substitué un
mât très altier, pareil à un mât de navire et qui porte
une oriflamme.
Les constructions du pourtour se sont bien modifiées.
Le Donogoo Central Bar forme maintenant une assez
vaste taverne. Le comptoir est au fond. Il y a des tables
à l'intérieur et sur la terrasse qu'ombragent un velum
et deux petits arbres. Une vingtaine de buveurs l'animent.
Le Central Bar doit soutenir la concurrence du Café de
Paris, qui s'est installé dans un baraquement tout neuf,
sur le même côté de la place, et qui, cela se sent, vise au
bon ton. Mais on est plus libre au Central Bar, mieux à
l'aise, et la chose a son prix.
Le London &amp; Donogoo-Tonka's Splendid H6tel n'a
guère conservé que son nom. Du moins la structure prenùère en a disparu sous les remaniements. C'est un édifice
de bois de deux étages, percé de nombreuses fenêtres
étroites. Deux colonnes de bois peint encadrent la porte.
L'enseigne se déploie sur toute la façade. A la mention :
Proximité immédiate des champs d'or

s'est ajoutée celle-ci :
Le plus ancien établissement de Donogoo-Tonka.

ro37

DONOGOO-TONKA

!l,Le pourquoi de cette annonce, nous l'apercevons : un
peu plus loin une large bande de calicot traverse la rue
principale.
MAJESTIC HOTEL

Chambres séparées à partir de S. r.50
(Le Majestic est d'ailleurs moins vaste qu'on ne le
croit communément. Il ne contient que dix chambres
séparées et une quarantaine de places de dortoir).
Contiguë au Splendid, une échoppe sert de bureau à la
M eyer-Kohn.
Le chemin de la prairie a reçu le nom d'avenue de
la Cordillère. C'est en fait la rue principale. Elle est
bordée de boutiques, et il s'y mène un train incessant de
piétons, de mulets et de petits chariots tirés par des ânes.
La prairie elle-même devient une place, encore anonyme,
que des constructions commencent à envelopper.
Le chemin de la rivière s'appelle : avenue de l'Or. On
est un peu surpris d'y voir subsister des cabanes fort
médiocres.
Les gens s'amassent sur la place. Les deux cabarets
sont engorgés de clients. Des curieux s'établissent aux
fenêtres du Majestic et du Splendid. Mais comment ne
pas remarquer qu'il n'y a que trois femmes dans toute
cette foule ?
Un émoi se propage. Les buveurs quittent leurs chaises.
La foule de la place se porte en avant, puis recule, se
creuse.
Ceux qu'on attendait paraissent.
D'abord quatre cavaliers sur un rang, le revolver à la

�ro38

LA NOUVELLE REVUE

FRANÇAISE

DONOGOO-TONKA

ceinture, la carabine à la bretelle, un paquetage en croupe.
Un second rang de quatre. Nous reconnaissons les
Pionniers. Le dernier du second rang, c'est celui même qui
pleurait tant sur le navire. Il a belle mine. Ilfroncelesourcil.
Puis Lamendin. Il monte une bête magnifique. Son
costume donne le sentiment de la perfection : une casquette noire avec un cercle de petites étoiles d'or ; une
redingote noire à col montant ; quelques étoiles sur le col
et le revers des manches ; un pantalon soutaché d'or ;
des bottines très souples de cuir verni ; des éperons d'argent. Il tient une badine.
Deux rangs de cavaliers.
Deux longues files de mulets chargés pesamment.
Quatre cavaliers les encadrent.
Un dernier rang de cavaliers.
Les gens de la place demeurent un moment . . . . . .;
Mais l'admiration l'emporte bientôt sur la réserve.
ce faste même est une flatterie qui les touche.
Ils acclament vivement M. le Gouverneur de la Campa- ; ·
gnie Générale et son escorte.

Pl'-

?'

7
Larnendin réunit les habitants de Donogoo-Tonka et
leur adresse un petit discouTs
L'intérieurd'unevastebaraque. Une centaine d'hommes
pour le moins. D'autres n'ont pu entrer et s'entassent près
des portes. Fumée de pipes.

ro39

Sur une estrade, Lamendin et quelques-uns de ses
Pionniers.
Il parle. Pendant qu'il parle, les phrases de son discours se projettent sur une des murailles de bois, en face
de nous. Si bien que nous n'en perdons rien, ni davantage
des mouvements de l'assistance.

« Quelques mots seulement. Nous nous comprendrons très vite. J'ai une dizaine de millions à dépenser,
etau besoin d'autres, derrière.
Je puis aller à trois kilomètres d'ici m'installer, bâtir. Rien à débattre avec personne. L'or? Pour ce qu'il
y en a par ici! J'en trouverai
toujours autant: L'essentiel,
c'est la réclame, le bluff.
Vous savez ce que je peux
faire dans ce genre. Si vous
êtes ici, c'est moi qui vous y
ai envoyés. Votre ville? C'est
mon prospectus.
Si je vais à trois kilomètres,
ou à cinq, vous n'avez plus

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
DONOGOO-TONKA

qu'a suivre, ou qu'à sécher
sur place. Et alors, les millions, pour d'autres.
Mais je ne tiens pas a vous
ennuyer. Voici mes conditions - dix minutes pour
réfléchir - :
Je veux l'autorité absolue.
Ce soir même, toutes les
armes déposées chez .moi.
Pas d'autres fusils que ceux
de mon escorte.
Vous me proposerez huit
hommes sûrs, d'entre vous.
Je les examine. J'en fais des
policemen: revolver et bâton,
sous mes ordres.
Pour toutes les contestations, un tribunal de trois,
moi président ..
Les terrains régulièrement
occupés, je vous les laisse, ou
je les achète. Jepaie très bien.
Mais pas de flibuste ! J'ai
horreur de ça.

Je paie très bien le travail,
mais pas de rossards.
Au fond, vous serez très
contents de moi, sauf quelques vauriens. Nous les flanquerons dehors.
Voila. Décidez. J'attends
encore cinq minutes.»
L'assistance écoute avec une extrême attention. Quand
ilafini,ellereste un moment silencieuse. Puis un brouhaha,
une sorte de consultation très rapide. On voit des têtes
qui font : « Oui ,, des mains qui se lèvent.
Un homme saute sur l'estrade, se place devant Lamendin en une posture de garde-à-vous.
L'assistance fait : « Chut J •
L'homme salue et dit :

« Monsieur le Gouverneur
ça va. »

8
M. le Trouhadec, chez lui, de bon matin. Il attend
qu'on lui serve son petit déjeuner.
TI est nerveux, mais son regard a de l'éclat. Il s'asseoit,
se lève, tourne.
66

�DONOGOO-TONKA

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il déplie un journal.

Nous ne croyons pas sans intérêt,
au matin même d'une élection à l'Institut qui a déjà fait couler pas mal
d'encre, de reproduire ce câblogramme
que les agences nous communiquent :

Rrn DE JANEIRO, 15 novembre, par
c&amp;ble. - L'arrivée à Donogoo-Tonka de
la mission française venue pour les
grands tra_vaux a provoqué dans cette
ville cosmopolite, à croissance extrarapide, des manifestations, très flatteuses pour notre pays, dont toute la
presse du Brésil s'est faite l'écho.
Personne n'a Oublié, ici, la part qui
revient à la science française dans la
révélation des ressources de cette
région.

.
1043
• la science ~"-'.'çaise •• et le moindre mégotier de Rio sait
ce que ça s1gmfie .
. Excellent chocolat ! Véritablement à point I On b
dire · nous d
,
·
a eau
.
evons enormément à ces pays ex ti
à ceux qui 1 dé
o ques ... et
es couvrent ... L'humanité n'est pas si
aveugle que ça. Elle s'en aperçoit b1·en
l'autre.
··· un jour ou
Maisilyadesgens qw- 11sent
le journal très vit
t
sans aucune méthode.
e, e
« So?hie ! Courez m'acheter tous les nwnéros d
même Journal
e ce
que vous trouverez chez la papetière. »
Préparons quelques bandes, en attendant.

MONSIEUR DE PÉRIGNY
Membre dl l'Institut

18, rue Bonaparte.

Monsieur Henri Boussy-Mandres
Membre d8 finstitut

M. Le Trouhadec semble tout pétillant de clartés. Qu'il
est opportun, ce câblogramme 1 Comme il va dissoudre
les dernières hésitations de quelques académiciens !
Peut-être ce cher, ce providentiel Larnendin en a-t-il eu
l'initiative, en a-t-il savamment ménagé l'envoi et la
publication ? Mais n'est-ce pas encore beaucoup plus
simple? Tout le monde parle de Donogoo-Tonka, au
Brésil. Tout le monde parle de le Trouhadec. On finit
même par n'avoir plus besoin de le nommer; une allusion:

140, boulevard Saint-Germain.

Sophie apporte une brassée de 1· ournaux Le t
d'e dr l' ·
·
emps
ex.nca _er article d'un trait de crayon bleu, sur chaqu,:
mplarre ; le temps de faire une vingtaine d' adr
Nous nous contenterons de toucher les hésitant esses ...
les autres c'est su fi
s... pour
V
•
per u ... Non, non, pas la poste Sophie '
ous prendrez un fiacre ' un bon fi acre ... vous montrerez
•
.

�1044

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

les adresses au cocher ... ne vous faites pas de mauvais
sang, ça ira tout seul ... une promenade en fiacre ... et si
le déjeuner est un peu en retard, ça n'a pas d'impor•
tance.

9

DONOGOO~TONKA

1045

2. L'avenue de l'Or, non loin de la rivière. Les gens
s'assemblent devant une affiche toute fraîche :

COMPAGNIE GÉNÉRALE
DE DONOGOO-TONKA
On embauche :

I. L'avenue de la Cordillère, à Donogoo-Tonka. Les
gens s' arrêtent ou sortent des baraques pour voir passer
M. le Gouverneur et son escorte.
Ce n'est point une sortie d'apparat. Huit cavaliers
seùlement le suivent. Il est en petite tenue de toile blanche.
Deux notables de la ville l'accompagnent.
Il fajt des haltes fréquentes. Il interroge les notables.
«A qui cette boutique?» Il se tourne vers deux des Pionniers du premier rang, architectes des Beaux-Arts : • Il
y aura un alignement à reprendre. Nous devrions en
profiter pour élargir l'avenue et établir un trottoir. Trop
serré, tout ça. On étouffe. »
Le cortège arrive sur l'ancienne prairie. C'est là décidt·
ment qu'il sied d'édifier l'immeuble de la Compagnie
Générale; tous les bureaux, tous les services. Beaucoup
de terrain reste disponible. On dessinera une place ma·
jestueuse ; les constructions en bordure. Trois nouvelles

avenues seront amorcées.

Quant au palais de la Résidence, c'est une autre affaire,
Il s'élèvera un peu à l'écart.
Le cortège commence l'ascension d'une petite colline
boiséequi,d'assez loin, domine la prairie. On atteint une
première plate-forme. Voilà l'endroit convenable. Les
deux architectes reviendront étudier la chose à loisir.

Terrassiers,

Charpentiers,
Manœuvres, etc.

Bûcherons,

Journée:$ 4 à$ 6
selon la spécialité.
3. Dans la plaine. On aperçoit à quelque distance la
rivière et les constructions de Donogoo--Tonka.
Quatre Pionniers à cheval. Trois mulets, avec leurs
conducteurs. Les mulets sont chargés de piquets, pointus
d'un bout, munis à l'autre d'un écriteau.
De temps en temps, les Pionniers s'arrêtent. Leur chef
désigne un point du sol. L'un des conducteurs y plante un
piquet.
On lit sur l'écriteau :

Propriété de la C'' Gén'•
de
Donogoo-Tonka
10
La cour de l'Institut.
Le Trouhadec reçoit les compliments de ses nouveaux

�LA NOUVELLE REVUÈ FRANÇAISÈ

collègues, les félicitations de nombreux amis. Il répond
à des journalistes. Il se laisse photographier.
Nous reconnaissons dans cette petite foule le banquier,
Lesueur, Bénin, et le Professeur Commandeur Miguel
Rufisque lui-même.

COMPAGNIE GÉNÉRALE
DE

DONOGOO-TONKA

Donogoo-Tonka,
le 20 Novemb'Ye.

RÉSIDENCE

Lam enclin, dans sa résidence provisoire. Il écrit :
COMPAGNIE GÉNÉRALE

DE

1047

PALAIS DE LA

11

DONOGOO-TONKA

DONOGOO-TONKA

Donogoo-Tonka,
le 20 Novembre.

PALAIS DE LA
RtsIDENCE

Cher et illustre Maître,
Je viens d'apprendre votre élection, q1,i fut triomphale. Je n'ai pas
besoin de vous dire ma ioie. En un
sens, ma tache se trouve terminée, et
ie pourrais retourner à ma charrue,
comme Cincinnatus. Mais le fait
d'avoir fondé une ville crée certaines
obligations auxquelles on ne pense
pas tout d'abord. Décemment, ie
ne saurais mettre DonogDo-Tonka
aux Enfants-Trouvés.
Ce qui retardera d'un peu le grand
plaisir que i' aurai de vous revoir, et
de vous mieux exprimer les sentiments
qui font de moi votre très obéissant
admirateur.
o. LAMENDIN.

Mon cher Bénin,
Je m'ennuie de toi et des copains.
f' aurais da vous emmener ; mais vous
manquiez de zèle. Enfin! Vous dormiez
sur vos lauriers d' Issoire.
Voici ce que ie propose: venez tous
ici. Vous arriverez pour l'inauguration d'une douzaine d'édifices, et
spécialement d'une statue le Trouhadec dont i' aime mieux ne rien dire
d'avance (Lesueur en périra de jalousie).
Je pourrai vous recevoir dans un
logis convenable ; la traversée est
facile, et vous n'avez aucune idée de
l'effet que produit une vieille pipe,
au soir tombant, devant les quartiers
neufs de Dona goo-Tonka.
Donc,~fe vous attends.
Ton
Ü . LAMENDIN.

�12-

tês ~tr.vaux cid J:&gt;ono.
goo-Tonka attirent des -,.116e&amp;
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~IOûOl6eawtatrelilii;

�1050

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSE

d'encre noire, l'encrier d'encre rouge, la bouteille de colle
parfumée ; il a rangé côte à côte la règle carrée, la règle
plate, les deux porte-plume et le grattoir. La gommecrayon et la gomme à encre forment, l'une sur l'autre,
à l'angle de la basane, un assez triste tumulus.
Mais il a une façon de regarder tout cela qui n'est pas
ordinaire. Il ne se peut pas que chaque soir il dévisage
aussilonguement,et avec ce voile sur les yeux, les pauvres
objets de sa table.
Et qu'est-ce qu'il y a dans cette enveloppe posée avec
soin debout contre l'étagère, dans cette enveloppe où il
a écrit, en belle anglaise : Monsieur le Directeur ?
3. Une famille est assemblée pour Je repas ; six personnes, de divers âges.
Ces gens sont plus silencieux que d'habitude. Leurs
yeux s'évitent.
Soudain, l'un d'eux se lève, repousse son assiette. C'est
un homme de vingt-cinq ans peut-être.
La famille ose alors ie regarder. Une dernière supplication lui est faite solennellement par tous les yeux.
Mais il est déjà hors de prise.
4. Deux ou trois heures du matin. Un homme dort dans
une mauvaise chambre garnie. Une veilleuse brûJe sur la
commode.
L'homme rêve ; il se retourne, il soupire, il fait de
brusques mouvements. Encore un pour qui le sommeil n'a
pas tenu ses promesses. Est-ce pour trouver de nouveaux
ennemis et de nouvelles luttes que nous mettons la tête
Sur i'oreiller, et que nous prenons un arrangement avec
le monde invisible ?
L'homme se réveille ; il ouvre de grands yeux, il se

lJONOGOO-TONKA

1051

redresse sur sonlit,il passe la main surtout Je tour de sa
tête.
, C~t ho~e-là ne pourra plus se rendormir. A quoi bon
s agiter tristement dans son lit jusqu'au matin ? A quoi
bon, surtout, remettre de matin en matin la décision qu'on
n'éludera pas 1
L'homme saute à terre. Il est décidé.

14
:-ous revoyons un court moment la plaine populeuse
qw se contracte sur Donogoo.

FIN DE ' LA CINQUIÈME PARTIE

�1052

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

SIXIÈME

PARTIE

SERVANT

D'EPILOGUE
1
Une promenade à DonogooTonka
Nous nous transportons rapidement d'un point à un
autre de Donogoo-Tonka, et nous surprenons ainsi
quelques aspects de son activité.
r. Un terrain vague, non loin de l'ancienne prairie.
C'est là que sont installés les bureaux d'embauchage :
de petites baraques, à quelques pas d'intervalle ; un
employé, avec un registre, dans chaque baraque ; sur le
fronton, l'indication d'une spécialité. Il y a foule devant
chaque baraque.
Nous pouvons lire plusieurs écriteaux : Bûcherons,
Charpentiers, Terrassiers, Maçons, Manœuvres.
2. La place principale. Nous assistons à l'arrivée du
convoi de femmes que nous avions aperçu le long d'un
fleuve.
Les hommes s'amassent pour les voir passer. On les
harcèle de grosses plaisanteries. Quelques-unes répondent
avec vigueur. Les autres paraissent hébétées.

DONOGOO-TONKA

1053

3. Près de la rivière. Un chantier de chercheurs d'or
au milieu des sables. Trois dragueuses-trieuses Throg'.
morton, du type le plus récent, fonctionnent sous la surveillance de plusieurs ouvriers.
4. Les travaux de la Résidence. Presque tout le gros
œuvre est achevé. Les peintres commencent déjà la
décoration intérieure. Le bâtiment n'a qu'un étage, mais
il est vaste. Et une loggia, fort bien disposée, y suffirait à
nous séduire.
5- Une taverne, dans une rue transversale à l'avenue
de la Cordillère. Quelques individus soutiennent une discussion violente. Les armes sortent. Le patron de la
taverne court à la rue et demande du secours.
6. Un emplacement, en bordure d'une rue. Sur un
écriteau :

Société anonyme des Constructions instantanées
de Donogoo-Tonka.
Le sol a déjà été fouillé, et les fondations établies.
Une trentaine d'ouvriers travaillent à dresser une maison, avec l'outillage perfectionné et selon les méthodes
vertigineuses de la Société anonyme.
Sur un coup de sifilet, une grue vient suspendre un
toit tout assemblé à dix mètres au-dessus des fondations.
Aussitôt des sortes de chèvres saisissent quatre charpentes et les dressent aux quatre angles. Quatre hommes,
grimpés en un clin d'œil au sommet des charpentes, les
fixent au toit, tandis que d'autres s'occupent de la
base.
Cela fait, tous les ouvriers se précipitent, chacun muni
des matériaux, outils et accessoires de son emploi ; des

�1054

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
DONOGOO-TONKA

machines spéciales leur tendent, à portée de main, les
pièces les plus Jourdes.
Les poutres trouvent des mortaises préparées. Les
cloisons se logent dans des rainures. Un plancher est
chevillé en trois mouvements.
Deux chefs d'équipe commandent au sifflet : l'un, les
machines, l'autre, les bras d'hommes. Ils ne perdent de
vue aucun détail de l'opération, non plus l'aiguille des
secondes de leur chronomètre qui leur trotte sur le poignet
gauche.

2
Un décret
La place principale. Le mât du milieu porte, à hauteur
d'homme, un grand panneau encadré qui sert à l'affichage
officiel.
Des gens s'attroupent devant une nouvelle affiche :

COMPAGNIE GÉNÉRALE
DE DONOGOO-TONKA
PALAIS DE LA RÉSIDENCE

DÉCRET

r. L'élection d'Yves le Trouhadec
à l'Institut de France sera fêtée
dimanche prochain, sur tout le

1055

territoire de Donogoo-Tonka, par
diverses réjouissances populaires :
cortège aux flambeaux, bals, feux
d'artifice, tirs au macaron, etc ...
2. Yves le Trouhadec sera désigné désormais dans les actes officiels et dans les conversations particulières sous le nom de « Père de
la Patrie ». Les citoyens sont invités à
donner le prénom de «le Trouhadec ,,
aux enfants dont ils attendent la
venue.

Les charretiers et conducteurs
de véhicules sont autorisés à jurer
par le nom de le Trouhadec, mais
seulement jusqu'à dix heures du
matin.
1Zf 3. Le culte de l' Erreur Scientifique est obligatoire dans toute
l'étendue du pays. Les édifices et
cérémonies de ce culte feront l'objet
de dispositions ultérieures.
4. Les contrevenants seront punis
de grandes aspersions d'eau froide.
Le Gouverneur,
LAMENDIN.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

DONOGOO·TONKA

ro57

Sur la pancarte :

3

L'armée du Salut, les Christian Scientists, et quelques
autres sectes s'abattent sur
Donogoo

Souvenez-vous que
beaucoiip d'or
ne vaut pas une
conscience reposée.
Adhérez en masse au
CLUB DES PURS

r. Une avenue que nous ne connaissons pas encore et
qui aboutit à la place principale.
Les passants assistent sans grand émoi à l'arrivée d'une

délégation de l'armée du Salut, ho=es et fe=es en
uniforme, avec plusieurs tambours et instruments de
cuivre.

Avenue de la Cordillère. Deux énergumènes clouent
sur le haut d'une baraque une inscription ainsi libellée :
2.

4

Un autre décret
Sur le panneau de la place principale :

CHRISTIAN SCIENCE

Conférences tous les soirs
à 8 heures
pour la résurrection des morts
et la consolation des affligés.
3. Un escogriffe d'environ deux mètres se promène

avenue de l'Or. Il tient une pancarte au bout d'un bâton;
quelques disciples le suivent.

COMPAGNIE GÉNÉRALE
DE DONOGOO-TONKA
PALAIS DE LA RÉSIDENCE

DÉCRET

M. le Gouverneur a été frappé de
l'activité des diverses sectes religieuses à Donogoo-Tonka.
Il tient à rappeler, à ce propos,

�ro58

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

quelques principes et à arrêter
quelques dispositions essentielles.
r. Toutes les religions sont libres
sur le territoire de Doncgoo-Tonka.
Toutes les sectes peuvent l donc
procéder, sans être inquiétées, aux
exercices qui leur sont propres et
qui ne menacent peint la paix
publique.
2. Néanmoins, toutes les cérémonies, réunions, prières, etc., dans
toutes les sectes, devront obligatoirement commencer :
a) par une invocation à le
Trouhadec;
b) par une invocation à I' Erreur Scientifique.
3. Les sujets les plus fréquemment traités au cours des assemblées
et conférences seront les suivants :
a) les vertus de le Trouhadec ;
b) l'utilité de la géographie ;
c) l'efficacité de la psychothérapie biométrique ;
d) la prcsodie de Pindare;
e) la notion d'entropie depuis
Clausius;

DONOGOO-TONKA

ro59

/) la crise des loyers et la nécessité de s'y résigner courageusement.
4. Les contrevenants seront punis
de grandes aspersions d'eau froide.
Pour le Gouverneur et par ordye :

Le Secrétaire Général,
JEAN JEAN.

5

Une apothéose
L'ancienne prairie de Donogoo-Tonka, devenue place
Yves-Je-Trouhadec. Des bâtiments tout nenfs, d'un
agréable style colonial, la ceignent anx trois quarts. Ils
abritent les services de la Compagnie Générale. Le reste
d'une construction un peu plus ancienne, est fait de café~
et de magasins.
. La place Yves-le-Trouhadec présente une forme elliptique, assez exactement dessinée d'après J'orbite de Ja
Terre.
. ~•un des foyers en est occupé par une sorte de petit
edifice c1rculaire, orné de colonnes, qui n'est pas sans
analogie avec un temple de Vesta. Les colonnes sont
peintes en rouge, la coupole en violet. Nous lisons sur
le frontispice, en belles capitales :
TEMET,E DE L'ERREVR SCIENTIFIQVE

�1060

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

DONOGOO-TONKA

1061

IMo .~

Mais voilà que nous y pénétrons. Presque tout l'espace
intérieur, qui s'éclaire du haut, est pris par une statue
colossale de l' Erreur Scientifique. Cette déité emprunte
l'apparence d'une îemme robuste, lourdement vêtue.
Plusieurs enfants parés de robes diverses se pressent contre
ses genoux. Elle les caresse et les enveloppe d'un geste
de la main droite. Sa main gauche tient une corne d'abondance. Une discrète indication du modelé nous révèle que
l' Erreur Scientifique est enceinte.
L'autre foyer de la place porte le monument le
Trouhadec. L'artiste ne s'est point laissé commander
par l'exemple de ces statues dont son enfance eut les
yeux pleins : Je Gambetta du Carrousel, ou les deux
pharmaciens fébrifuges. Certes, le Trouhadec deb~ut,_ dés!·
gnant d'une main un atlas, de l'autre le reste de I univers,
on y devait songer.
Mais ce que nous contemplons, ce qui est proposé à la
méditation d'un peuple, c'est le Trouhadec assis dans son
vieux fiacre carrefour de Buci, un peu après cinq heures
quinze du :oir. Rien ne manque ~ notr~ ens~ignement,
ni les lunettes, ni le chapeau de paille n01re, m le cheval,
si éloigné de toute forfanterie, ni le cocher. Tout le '.11onument est orienté face au temple de !'Erreur Screntifique.
n n'est pas possible que le cocher se trompe de chemin. .
Si nous avions le temps, nous nous plairions au détail
du socle. Deux bas-reliefs y retracent allégoriquement la
création de Donogoo-Tonka par le Trouhadec. Deux
inscriptions commémorent quelques faits décisifs. Mais
notre attention est accaparée par l'énm:me foule qw
couvre la place. Deux tribunes se font vis-à-vis. Dans
l'une, siègent M. le Gouverneur, Bénin, Lesueur, et quel•

ques amis ; divers invités. Une rangée de gardes nègres
en interdit l'abord. Dans l'autre, les pionniers et les
notabilités de la ville.
Plusieurs enceintes ont été réservées. Des écriteaux en
font connaître la destination. Tout près de nous, nous
pouvons lire :

Enceinte réservée aux sectes religieuses.
Les délégués de chaque secte se tiennent là, groupés
sous leurs pancartes. Les délégations échangent de mauvais regards. L'enceinte contiguë enferme, sous la rubrique : Eléments indigènes, trois députations de PeauxRouges.
L'ordre est assuré par des policemen, d'une stature
élevée. Mais on remarque aussi une pompe à bras et
quatre pompiers prêts à ménager de grandes aspersions
d'eau froide, si M. le Gouverneur le jugeait opportun.
Une telle rigueur ne sera point nécessaire, sans doute,
car le peuple de Donogoo-Tonka s'ouvre tout entier à de
hauts sentiments.
Les sons d'une musique éclatent si fort qu'ils crèvent
le silence de la toile.

6

Les soirées à la Résidence
La vaste loggia du palais de la Résidence, à la chute du
jour. Le plafond est soutenu par quatre solives peintes,
et l'entablement par quatre couples de fines colonnes.

�1
1062

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Lamendin et ses amis prennent des boissons fraîches.
Ils fument. Ils parlent peu. Nous reconnaissons Bénin et
Lesueur, dont la présence ici n'a rien que de naturel; mais
il nous est bien agréable de retrouver aussi Huchon,
Broudier, Omer et Martin.
Deux négresses font le service. Un Peau-Rouge veille
spécialement à l'allumage des cigares et des pipes, et à
leur tirage régulier.
Quant aux Pionniers, comme ils sont volontiers
bruyants, on les a fourrés dans une salle basse avec quarante bouteilles.
Dans l'intervalle des colonnes, on aperçoit la végétation
d'un parc, puis Donogoo contre sa rivière ; puis la plaine
rayée de pistes et les hauteurs boisées de l'horizon.
Les copains ne causent plus du tout. Ils regardent audelà des colonnes, chacun selon une perspective dont il a
la secrète jouissance.
Mais leur âme a beaucoup de force, et elle profite de
l'affaiblissement du jour dans cette campagne pour y
établir le règne d'une lumière qui à d'autres lois.
A l'horizon la ligne des hauteurs est mangée petit à
petit. Il s'y forme d'abord un bourrelet assez obscur,
une espèce de volute d'ombre. Puis cette chose se déroule
dans le sens de l'éloignement ; il semble que l'horizon
recule très vite, ou même qu'il n'y en ait plus, qu'il faille
lui dire adieu à jamais et apprendre à se passer de cette
sécurité familière. Mais une clarté s'est déployée aussi
vite, se propage aussi loin, une clarté qµ'on n'a vue nulle
part et qui, pourtant, n'est pas nouvelle. Il suffit de la
voir pour être saisi par ses plus vieilles pensées, pour
retrouver soudain les figures d'un ancien sommeil.

DONOGOO-TONKA

1063

Alors dans cette clarté si peu éclatante, qui donne aux
yeux si peu de travail, des zones se tracent,- de plus en
plus lointaines ; mainte existence se distribue.
Au plus près, une région de forêts et de fleuves, puis
une ville, et d'autres villes en bordure de la mer.
La clarté n'a pas fini sa conquête ; c'est la mer, là-bas,
qui se développe ; un navire, horriblement loin, - et
pourtant nous sentons que pas un bout de cordage ne
nous échappe, - puis une autre terre avec des ports, des
trains et des villes ; Paris, tout au fond ; mais si près,
peut-être, que nous en sommes gênés pour le voir et que
nous voudrions faire un pas en arrière.
Comme si, cédant à une pression amicale, le monde
renonçait pour un soir à sa façon d'espace et à toutes
sortes d'habitudes.
20

aotU

1919.

JULES ROMAINS

FIN

�RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

RÉFLEXIONS SUR
LA LITTÉRATURE
AUTOUR DE JEAN GIRAUDOUX
Les livres de M. Jean Giraudoux inquiètent des lecteurs.
en passionnent d'autres, excitent des discussions, créent des
amitiés, deviennent peu à peu les murs, les arceaux, les
figures, les saints d'une chapelle. Je suppose que M. Pierre
Lagasse qui promène en ce moment, pour les lecteurs de la
Mimrve Française, un bras iconoclaste dans les chapeUes
littéraires, conduira un jour contre cet oratoire païen, nouveau Cyrille ou nouvel Antoine, ses moines et ses rnisons.
Rendons hommage aux services que peut rendre le franc
parti de cet ennemi de son temps et de ce dépisteur du romantisme et admettons sa chapelle, à lui, sa chapelle sévère où
l'on chante au lutrin - celui de Boileau - sur les textes
solides d'autrefois. Mais si nous vivons sous le régime des
chapelles littéraires, (et pourquoi pas des chapelles critiques?)
si la grande cathédrale centrale apparait froide et désertée,
est-ce nécessairement un mal ? Palerme, ville malpropre,
à population malingre, à églises barbares, à jardins
médiocres, devient délicieuse par ses admirables oratoires,
ces chapelles de confréries, produit parfait de l'art du
xvue et du xv1u 8 siècle, qui tiennent du sanctuaire,
du boudoir et du théâtre, et où l'on imagine respirante et
souriante une vie religieuse comblée de décor et de bonheur.
Notre vie littéraire, fatiguée et sensuelle, tend à prendre une

ro65

figure de ce genre : laîssons-lui donner les fleurs de sa saison.
Une matinée dans un oratoire de Palenne ne nous ferme pas
à la beauté de Saint-Pierre, de Chartres ou de Vézelay.
Assouplir son goût ne signifie pas qu'on cesse de flairer et
de rejeter le mauvais goût. Le vrai goût consiste même à
-établir une juste mesure entre l'art éternel et l'art de son
temps; à savoir, quand il le faut, envisager l'un du point de
vue de l'autre; à savoir aussi, quand il le faut, ne pas le faire.
Dans la vie de l'art pas plus que dans l'art de la vie le ca,p,
diem n'exclut le sub specie aeterni : s'ils se font équilibre et
s'ils se nourrissent l'un de l'autre, c'est exactement ce qui
peut s'appeler la sagesse, et le goût n'est que la forme sensuelle de la sagesse.
J'entrerai donc sans remords dans l'oratoire de M. Giraudoux et je m'y abandonnerai à un plaisir presque sans
mélange. Qu'est-ce d'ailleurs que son oratoire sinon luimême I L'E.oie des lndiflérents et Simon le Pathétiqu,
construisent avec des états d'â.me, des rêves, des fantaisies,
des tendresses et des regrets, une rotonde de lumière colorée,
de bouquets et de parfums où se tiennent, comme un peuple
choisi, des esprits de vie intérieure. J'emploie peut-être une
comparaison et un vocabulaire qui n'agréeront pas à tous les
lecteurs de M. Giraudoux. C'est que malgré moi. ou plutôt
avec un consentement qu'à la réflexion j'accorde volontiers,
je transporte encore au monde intérieur les :figures de l'Eglise
militante .e t de I1Eglise triomphante que lui donnait M. Barrès
dans cet Homme Libre qui fut un des bréviaires de la g~nération antérieure à celle de M. Giraudoux et qui demeure
en somme le classique du genre. Et puis ces images nous procurent une satisfaction historique et critique, parce qu'elles
nous rappellent que ces formes de vie, ces enfants plus ou
moins terribles, furent tenus sur les fonts baptismaux de
la sensibilité catholique. Il faudrait une dévotion bien ombrageuse ou une irréligion bieo radicale pour froncer le

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�1068

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

nu de conscience et d'ironie. C'est le moment où l'on aperçoit le procédé construit contre un autre procédé, le moment
où une sagesse suprême parle comme Athéna à Ulysse : « 0
fourbe! qui te surpasserait en malice, si ce n'est un Dieu ? »
Et c'est pourquoi on sort d'une série de Monet, de l'AP,èsmidi d'un Faune, de Simon le Pathétique avec une âme de
légèreté, un sourire sans sécheresse, qui ont traversé des
espaces de lumière et de fraîcheur, de tendresse et de pensée,
et qui ne sont point du tout, dans les arts où il y a eu des
Rembrandt, des Beethoven et des Racine, la fleur suprême,
mais qu'on est heureux de porter sur le visage comme le
signe encore d'un trésor intérieur.
De lecteur à auteur il faut bien que les trésors intérieurs
sympathisent, qu'ils soient faits de cristaux et de pierreries
analogues et que les pièces ici d'or et là d'argent, frappées
des mêmes effigies royales, circulent dans le même royaume.
Beaucoup se plaisent en M. Giraudoux parce qu'ils se reconnaissent en ses pages, parce qu'il les fait connaître à euxmêmes, et surtout parce qu'il cherche lui-même, comme
son lecteur, à se connaître en faisant tout le nécessaire pour
n'y jamais arriver et pour reculer sans cesse le moment où
il se saisirait, où il ne lui serait plus possible, dans cette occupation totale de lui-même par un corps exact et une âme
vraie, de se chercher des synonymes, de se créer des substituts et d'envoyer à sa place dans la vie des êtres faits comme
lui, ces lui-mêmes honoraires qui la vivent à sa place et qui
s'appellent Jean, Manoël, Bernard, Simon. Il se raconte pour
satisfaire le même besoin, se procurer le même plaisir et
faire la même découverte qu'on éprouve et qu'on obtient à
l'entendre se raconter. Ecrire, pour lui, c'est être son premier lecteur, c'est s'ouvrir à une page neuve, acquérir une
figure d'abord contenue en lui de façon indistincte, comme
il vous vient une pensée, comme il vous arrive un
amour, comme il vous naît un enfant, - et c'est l'égoïste,

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

I069

c'est . le paresseux, c'est le pathétique. Après dix ans
M. Giraudoux se verra peut-être dans son atelier comme
Rem~randt entre ses portraits de lui-même, les uns proches
de lm, et les autres si étrangement loin, se confondant avec
un ~pect de la lumière ou une idée du modelé. Et l'on songe
a~sSl aux séries de Monet, cathédrales, nympheas ou peuph~rs. Plus justement il semble que toutes ces figures soient
créees comme Eve d'une de ses côtes, et nous rendent les
aspects féminins, passifs, nonchalamment élégants ou puérilem~nt tendres de sa nature. Ombres qui se détachent de lui,
~w v.ont se fondre dans le peuple des ombres pour lesquelles
il écnt, et qui forment dès maintenant avec elles un monde
j'ai bien dit un oratoire, dont les fidèles se reconnaissent. '
Parlant d'une de ces ombres il nous fait pénétrer avec
franchise dans son propre laboratoire d'ombres 1 1 En réalité
il ne se rappelait jamais rien. Il était-même ef!rayé parfois
de se sentir dénué de passé, de souvenirs. Son enfance s'était
écoulée sans particularit~. Ou du moins. alors qu'à tous ses
camarades étaient arrivées des aventures, alors que les détails
d'une période de leur vie se groupaient naturellement, sa
vie à lui n'avait pas d'épisodes. Pourtant il avait passé ses
dix premières années au milieu de cinquante ouvrières bavardes, dans l'atelier de son oncle. A elles cinquante. suivant
un illustre exemple, elles n'avaient pu remplir un seul
recoin de sa mémoire. Il ne se rappelait pas d~vantage un
événement de lycée qui pût devenir une anecdote. Il inventait donc son passé quand il en avait besoin ; il y logeait les
aventures que son imagination bâtissait sans répit ; et il
défaisait ses souvenirs d'occasion après chaque récit, ainsi
qu'un prote, le cliché une fois inutile, remet en place ses
caractères. • On voit même à de certains jétails que la
mémoire de M. Giraudoux a le génie de l'inexactitude, et il
s'est accommodé avec ce génie pour se créer une autre mémoire, d'autres mémoires, qui sont bien des mémoires,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

mémoires possibles plutôt qu'imaginations, des vies authentiques vécues de l'intérieur et où il y a le mouvement d'une vie
réelle sur lequel se succèdent seulement des images fictives.
Les personnages, les« séries • de M. Giraudoux diversifient
un même type, comme font, sur un registre plus large, plus
classique, plus nourri, les personnages de M. Barrês. J'ai
essayé ailleurs de montrer comment les principales figures
de roman chez celui-ci, Philippe, Simon, Bérénice, Maltère,
les sept Déracinés, même Ehrmann et Baillard représentent
des variantes d'un type élémentaire, des figures de l'auteur,
les uns comme Philippe et Sturel presque authentiquement
réalisés, les autres faits d'éléments plus distants et plus
détachés, mais reconnaissables encore. Il y a là sans doute
une nécessité de tout riche égotisme dans l'acte qui le répand
hors de lui pour s'éprouver mieux.
Le Barrès d'hier et d'aujourd'hui, qui ne possédait pas
une étoffe imaginative et créatrice bien considérable, a su
p0urtant, en utilisant cette étoffe avec clairvoyance et discipline, tirer de lui une galerie riche, diverse, inattendue, ne
point se répéter, créer courageusement du nouveau, à ses
risques et périls, avec une réussite inégale. On ferait des
réflexions analogues sur André Gide. Une question inquié•
tante se pose pour M. Giraudoux : répètera-t-il indéfiniment la manière qui fait aujourd'hui notre plaisir ? Rien
n'empêche évidemment que les six deviennent cinquante.
et que M. Giraudoux anime hors de. son corps de nouvelles
côtes, un André le Rêveur, un Pierre le Fantastique, un
Tristan le Triste, ~n autre Jacques le FaJalisJe ou un second
Jacques le Mélancolique. Dans les générations antérieures,
M. Abel Hermant fut conduit par une pernicieuse nonchalance à tirer d'un gaufrier certain modêle de petit jeune
homme indéfiniment répété, à laisser envahir par cette
plante parasite une œuvre d'une excellente tenue littéraire
et dont tant de morceaux restent si précieux comme témoi-

RÉFLEXIONS SUR LA qTIÉRATURE

gnages sur les mœurs de l'époque. Je ne reproche d'ailleurs
rien à M. Hermant, je sais les nécessités du journalisme, et
il ·m'est toujours loisible, s'il paraît un Cadet de Coutras, de
relire Courpière ou les Grands Bourgeois. Je signale simplement de5 Cadets de Coutras sur le chemin possible de Simon
et de Jean. Mais pourquoi M. Giraudoux ne serait-il pas de
taille à éviter ce péril ? Les quatre héros de l'Ecole des
Indi//é,ents et de Simon le Pathétique forment un tout
complet qui, d'être unique, demeurera plus exquis. Provinûales indique des sources d'émotion nuancée et riche,
auxquelles M. Giraudoux n'a jusqu 1ici presque pas touché
et qui rendent vraisemblables de beaux romans frais, touffus,
fleuris et vivants. L'auteur du Petit Duc saura sortir de lui
ou plutôt découvrir en lui des pays nouveaux que, de certains sommets de son œuvre. nous apercevons déjà.
Certains sommets comme ces vingt dernières pages de
Simon, si délicates, si tempérées, si musicales. Et si riche que
paraisse un jour la diversité épanouie des romans que
j'appelle, tous les thèmes en sont d'avance, j'en suis sûr,
contenus dans Simon, comme tous les thèmes barrésiens
étaient compris dans un Homme libre. Sans doute les romans
de M. Giraudoux cristalliseront toujours autour de sensibilités enfantines et féminines, et lui qui, durant la guerre fut,
à ce que disent les autres, un fameux homme, un poilu
vraiment et beaucoup là, n'écrira que pour tenir sous des
yeux neufs de lycéen des visages fins, lumineux, pleins de
deux yeux ouverts où se font des voyages infinis. Il gardera
toujours certaines puissances d'enfance qui lui maintiendront
dans l'ombre sa rosée jusqu'au soir. Il ne sortira jamais tout
à fait du lycée. Admirable condition pour être aimé d'hommes
à qui la guerre, de dix-huit à cinquante ans, a permis de refaire
quatre ou cinq ans de lycée, et de retrouver tout leur visage
d'autrefois à ce détour de leur destinée.

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�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

1074
de la vie retenue comme une musj.que et indéfiniment différée,
nœu d gordlen beau comme un caractère chinois, où. s'attarde,
sœur ainée de celle de Simon, la curiosité de Gide, e~ sur
canif de
1equel M. B arrès rêve de l'acier qui le tranchera,
. d .
Philippe, sabre de général, et dansl'ombreetlasoli~ eirre:,;
. ble des Mères couteau de Racadot. Non, M. Gu-audo
pua
n'est pas p ressé d'arn·ver· La vie ? Le bonheur ? L'amour ?
• La pitié, dit-il, est justement ce _4~ r~pla~ l'~mour
chez les égoïstes. • Un mot qui servir.ut b1e~ d en'."'1gne à
touteuneparti.e de l'œuvre de M· Barrès' et 4111 nous mdique,
d'un doigt mystérieux, les limites que ne dépassera pas
M. Giraudoux. Mais, à l'intérieur de ces _limites,_ le beau _domaine encore, la riche étendue, le jardin fleun et la p1~
d'eau vêgétante de Monet à Giverny I L'auteur ~~ Prov_inciales a renoncê presque, après les ProviJ1&amp;iales, à 1 mv~ntion
et au récit. Aventure et découverte tendent chez lui à ae
cantonner dans le détail ;et dans le style, les phrases reco:
vrent le livre, le mangent comme un peuple éclatant
b ·ssant d'insectes mange le feuillage d'une forêt et comme
les nympheas recouvrent un étang. M. Giraud aux k·t~
n
style le plus délicieux d'aujourd'hui un Vouvray bo~quet:
et parfumé dont chaque verre fait renaître un paruer d_
vendange sur un coteau de lumière. Que ne nous donnera-t-il
pas le jour où la naissance fraîche, la liaison
. original" e des
ts
ts et des images ne sera que le signe et le ,n.sage apparen
md'oune naissan
.
ce pareille d'épisodes• d'histoires, de, récits, le
jour où l'aventure de sa phrase se développera en~ ave~ture
d'un roman, comme les lignes dont il parle et q~ une 1e_une
femme porte au creux de sa main se développent moms en n~ea
u'en les courbes de son corps et en les destinées de sa vie!
imaginez une aventure printanière qui soit à la ~aute_ur de
cette description du printemps, une symphonie qui réalise ce
que promet ce programme fabuleux de concert :
• Le printemps vint à l'improviste. Tous les astres de

=

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

1075
l'hiver scintillèrent quelques semaines au-dessus de feuillages
déjà épanouis. Pas de hannetons. Une lune rousse, bourdonnante, dépaysée, à laquelle les plus tendres pousses résistaient
avec l'entêtement de lauriers centenaires. Plus d 'ornières,
de crevasses, de guérets défoncés. Partout un gazon, un blé,
un orge dru et ras ; un enfant au galop pouvait traverser la
France sans tomber. Des pluies soudaines rapportaient aux
rivières les pluies dérobées à l'autre année. Les canaux étaient
combles et débordaient chaque matin. Les sourciers, à toute
minute égarés, retenant des deux mains leur baguette,
arrivaient à des étangs inconnus, à des lacs. Le réservoir des
jets d'eau, des fontaines, avait été remonté sur les plus
hautes montagnes, était une neige au soleil. Déjà résonnaient
à l'aube les détonations lointaines des champs de tir : la
guerre était ouverte. Déjà le poète était étendu sur le dos
au milieu de la prairie, cherchant au--dessus de lui, comme un
mineur dans son couloir, son ouvrage de la journée. Déjà les
merles surveillaient les fleurs de cerisier, les moineaux les
feuilles de radis .. . Les lycéennes écartaient leurs fourrures,
montraient leurs visages nouveaux, et les collégiens les
regardaient sans peur, désireux de les épouser. Les jardiniers
ouvraient leurs serres, les gardiens leurs musées, on allait
rapporter chaque palmier, chaque tableau dans son bosquet
habituel... Seuls, dépassant les taillis de cent coudées,
restaient fidèles à l'hiver les grands arbres, les ormes, les
platanes, les chênes. On ne leur en voulait pas ; on savait
que dans six mois, géants lents à comprendre, ils resteraient
fidèles à l'automne. ,
Que M. Giraudoux sorte de la petite aventure sentimentale, du morceau où piétinent d'excellents écrivains d'aujourd'hui l Ou plutôt qu'il la conserve toute, mais qu'il la
laisse s'élargir par une croissance indéfinie et vivante. comme
une ville bien placée dans un heureux carrefour et sous une
destinée bienveillante I Qu'il suive le rythme de cette forme

�LA NOUVEL LE REVUE FRANÇAISE

I~

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. ée à une opulence de

1077

b '1 t ~ r

élargie et progre551ve am\
paresse et pathétique, ces
dans A mica Amuica. E~o sm;, la log\que de ce Gulliver
masques ne l'ont pas épuisé. ans .
ne Amérique amie
eau à découvrir, u
il y a un monde nouv
e on êcrit sur du
. é sur la mer' comm
dont l'autre hn. a d essm
bole
sable ou de l'eau, l'apparence et le sym
.

NOTES

ALBERT THIBAUDET

RÉFLEXIONS"SUR LE BERGSONISME

Les époques troublées ont peut-être le privilêge de dissiper
pour un temps les conventions, de rappeler aux peuples leurs
intérêts vitaux et de les mettre en présence de réalités avec
lesquelles on ne peut ruser, dont on ne peut atténuer l'âpreté
ou dissimuler les exigences. Tant d'événements surgissent
et de si grands, que les événements passés se détachent de
nous et entrent dans l'histoire. Dès maintenant ils peuvent
être envisagés sans passion.
Dans la France ensanglantée, carrefour du Monde, ce ne
sont qu'idées en conflit et hommes dans le doute. L'intelli•
gence a été violemment ébranlée, s'il est vrai que l'intelligence est davantage qu'une attitude apprise et se confond
avec l'expérience humaine. Pendant la guerre, nous avons
assisté à des répudiations, des palinodies, des suicides même.
Les idées, les règles de conduite qui rappelaient trop naïvement ou trop franchement Je kantisme et Je romantisme
allemand ont été proscrites sans qu'on puisse 1'estitue,- leur
Place et leu,- ,-Oie aux idées /1'ançaises, mal connues et désavouées

Pendant plus d'un demi-siècle. Le Bergsonisme, dont on sait
les sympathies pour la pensée anglo-américaine et le goût
pour la vie intérieure, est apparu alors comme la seule doctrine
capable d'échapper à la tourmente. Une étude magistrale
de Harald Hôffding, la Philosophie de Bergson, la polémique
de Benda, des articles de revues entretinrent la curiosité
à son sujet. Et voici que la publication récente del' Énergie

�1078

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

NOTES

1079

Spirituelle, ensemble d'essais et de conférences présentés au
public entre 1901 et 1913, remet en question le Bergsonisme.

tudes, il convient que nous nous en tenions à la seule réalité,
au moi.&gt;

Au lendemain de la guerre, il n'est pas sans intérêt d'examiner la portée de ce mouvement. Fut-il, comme le présentent
ses commentateurs, une révolution assez originale, assez
profonde, assez compréhensive pour dissiper tout malaise,
instaurer des certitudes nouvelles et donner à la pensée
française la direction qu'elle souhaite aujourd'hui ? Fut-il
au contraire une mode, un caprice d'époque qui ne survivra
pas à l'épreuve de la guerre ?

Chacun poursuit de façon singulière le roman de la vie
intérieure. Bergson a une imagination trop rêveuse pour
s'abandonner comme l'artiste à la volupté de la minute présente ou foncer, tête baissée, sur l'avenir et épuiser tous les
modes de sentir. Que d'autres demandent aux vo)'~es,
aux musées. aux rencontres hum.aines le renouvellement de
leur ferveur. Indifférent à l'action, il dirait volontiers 3.vec
Rimbaud qu'elle• n'est pas la vie, mais une façon de gâcher
quelque_force, un énervement&gt;. Un songe dont la trame se
fait et défait sans cesse, où rien ne commence et rien ne
finit, le libère du monde et le convie à une fête spiritQ.elle.
L'attrait d'~e vie lente et profonde s'accroît de l'inquiétude
qui naît de la mobilité d'images tôt évanouies. L'être se défend
avec une obstination douloureuse contre l'impression qu'il a
de devenir étranger à lui~même. Il se tourne vers le passé,
sollicite ses souvenirs, les ordonne et les recompose. II
acquiert ainsi 1a conviction qu'un même mouvement les
parcourt qui soustrait la personne à l'écoulement des choses.
Mais, à se concentrer sur elle-même, la sensibilité se retire de
l'intelligence et en démasque l'artifice. Les idées perdent
leur pouvoir évocateur,; la logique, où Tellier ne voyait déjà
qu'une maladie de la pens~. cesse de sembler génératrice du
réel etse réduit aux proportions d'un jeu formel où la subtilité
s'affine. Les grands systèmes métaphysiqµes, impuissants
à retenir la vie dans la maille des concepts, ne sont plus qu 'une
leçon d'éristique. Et, défiant dans son propre goût pour 1/l,
spéculation, Bergson repousse la médiation des philosophes
et communie avec les poètes dans une certitude sentimentale.
Or une science envahissante et audacieuse compromet leur
quiétude. Non contente des attributions techniques et du
rôle utilitaire qu'on lui accorde communément, elle pénètre
dans le domaine du rêve. Là elle dénonce comme illusoires

•••
Après 1870, et pendant une vingtaine d'années, la stérilité
du Second Empire et la stupeur de la défaite paralysent la
France. La confusion, la lassitude, le dégoftt s'emparent
d'hommes qui n'ont pas su défendre l'intelligence contre la
médiocrité envahissante. La peur de la Commune a donné
aux études de Taine une orientation nouvelle. Renan s'est
aperçu que sa philosophie est faite pour les jours de calme
et qu'elle n'apprend pas à mourir; il y a de l'amertume dans
son sourire et de la prudence dans la subtilité courtoise
avec laquelle il accueille les hôtes d'une semaine ou d'un
jour. Michelet est mort : personne n'est désormais capable
d'entretenir chez les jeunes gens la flamme intérieure, de susciter en eux la générosité et l'enthousiasme, de leur montrer
quelles réalités vivantes et quelles promesses d'avenir sont
encloses dans les mots d'humanité et de civilisation. Abandonnés, désemparés, livrés à eux-mêmes, les jeunes gens se
laissent engourdir par les théories de Schopenhauer. Ils
renoncent à la connaissance ; ils renoncent à l'action et
s'enivrent de leur solitude. Instinctivement, ils se sont fait
une éthique provisoire q1,1e le plus volontaire et le plus céré·bral d'entre eux, Barrès, condense en ces quelques mots :
._ En attendant que nos maîtres nous aient refait des certi-

,1

�ro8o

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

les sentiments de spontanéité, de liberté, d'activité créatrice.

Elle tient l'art pour mensonger et fictif. Et, quand elle a
brisé le fil qui fait de la conscience comme un collier d'images.
elle croit réparer sa maladresse en replaçant bout à bout les
images égrénées à l'imitation du contour entrevu ; à moins
qu'en désespoir de cause elle ne demande le secret de l'esprit
à la physiologie du cerveau. Et il semble ainsi que les pré•

dictions de Taine etde Renan s'accomplissent: en s1 attaquant
à l'âme la science s'attaque à l'art. Les natures délicates
s'émeuvent. Elles ont pu assister avec assez d'indifférence
au travail sourd qui mine la religion et la conscience morale
pourles déposséder de l'explication du monde et des principes

de la conduite; elles ne souffrent pas qu'une atteinte soit
portée aux convictions esthétiques, raison ultime de vivre,
refuge des sensibilités blessées dans une époque de grande industrie.d'irréligion et de bassesse morale. Aux prétentions de
la Science elles opposent leurs impressions .avec une gaucherie
ingénieuse et une naïveté nuancée de cette sorte de finesse
que donne parfois le désir aux plus candides. Symbolistes et
décadents s'efforcent d'établir la légitimité de la vision individuelle des êtres et des choses qui s'épanouit dans les
poèmes d'Edgar Poe, les portraits de Whistler et le drame
musical de Wagner. Cependant .Guyau proclame, avec la
fougue de la jeunesse, les droits de la sensibilité.
La culture de Bergson ne lui permet pas d'être aussi simple.
Ravaisson, successeur officiel de Cousin, lui a transmis
une doctrine esthétique qui juxtapose la Grèce de Winckelmann, le néo-Platonisme d'Alexandrie, le Christianisme,
la Renaissance italienne et le Romantisme allemand en des
improvisations émues pour rendre son immortalité à l'âme
et sa profondeur au mythe de Psyché. Par ailleurs il est curieux
de mathématique et de physique; il sait qu'on ne déjoue pas
les desseins de la science aussi facilement que le croient les
poètes et qu'il est bon d'adioindre aux suggestions intimes

NOTES

ro8r

les ressources de la pensée philosophique. Aussi la réaction
du sentiment revêt chez lui ]a forme ambiguë de l'essai, mode
d'expression assez souple pour tenir à la fois de la création
artistique et de la spéculation philosophique, épouser le
cours changeant des images et informer les désirs.
Son premier mouvement, car il suit le cours de sa nature
plutôt que d'agir de propos délibéré, est de soustraire la
vie intérieure à l'emprise des scientifiques et de recréer
autour d'elle le mystère qu'ils s'efforcent de dissiper. Il écarte
la représentation que les psychologues se font de la conscience. 11 refuse de s'en tenir, comme les moralistes et les
romanciers, à l'analyse des passions, qui nous donne le change
sur nous-mêmes. Il annonce l'existence d'une réalité plus
profonde, mobile et fuyante. Pour la décrire, il rivalise avec
le musicien dont l'art rend sensibles l'émotion, son dynamisme, ses variations d'intensité, ses altérations et sa
richesse ; il rivalise avec le peintre qui restitue parfois le
mouvement dans sa soudaineté1 qui dégage parfois les
dessous grâce auxquels une physionomie devient expressive
et spirituelle. Mais, comme il ne dispose pas des moyens
techniques qui permettent à Debussy, à Degas ou à Velasquez
d'évoquer l'être dans sa qualité même et sa pureté première, il
se contente de faire subir une sorte de conversion à l'imagination philosophique, Il renonce délibérement à certaines
habitudes de penser, à certaines associations d'idées et d'i-mages contractées au service de l'intelligence. Il se laisse
vivre et s'abandonne à l'impression confuse de durée qui
surgit dans la vacance des représentations. Mais, quand il
veut l'exprimer, il s'aperçoit que le langage fait pour répondre
aux exigences d'une activité tournée vers le monde extérieur,
ne saurait s'adapter à la réalité intime. « Essentiellement
discontinue, puisqu'elle procède par mots juxtaposés, la
parole ne fait que jalonner de loin en loin les principales
étapes du mouvement de la pensée. Les images ne sont en

�1082

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

effet que des choses et la pensée est un mouvement. 1 Mais
ce qui ne peut s'exprimer se peut suggérer et évoquer au
moyen de métaphores concourantes. Semblablement Mallarmé dira : , Décadente, mystique, les écoles ... adoptent,
comme rencoRtre, le point d'un idéalisme qui (pareillement
aux fugues, aux sonates) refuse les matériaux naturels et,
comme brutale, une pensée exacte les ordonnant ; pour ne
garder de rien que la suggestion. Instituer une relation entre
les images exacte et que s'en détache un tiers aspect fusible
et clair présenté à la divination.» Ce rapprochement n'est
pas fortuit ; il accuse des préoccupations communes. Loin
d'avoir, comme on l'a prétendu, quoique ce soitdecommun
avec la méthode des romanciers ou de Sainte-Beuve, le
procédé du clair-obscur employé par Bergson s'identifie
au procédé du symbolisme dont Mallarmé s'est fait, dans
Divagations, le théoricien exact et précieux. Pourtant Bergson
ne laisse pas l'initiative aux mots; il se souvient à temps
voulu de la tentative faite par Schelling et Ravaisson pour
donner à une attitude de poète droit de cité dans la philosophie et pour métamorphoser les mouvements de sensibilité
en une intuition intellectuelle ou ea une expérience intime
qui fasse participer l'homme de l'absolu. Et, par un déplacement subit, ses démarches subtiles, exclusives de toute
discipline intellectuelle, sont élevées au rang de méthode :
elles deviennent intuition.
L'intuition, comme opération de l'esprit originale et
distincte de la réflexion, permet de reprendre en sens inverse
le travail de l'intelligence discursive. Elle vient de révéler
une expérience , atteinte à sa source, ou plutôt au-dessus
de ce tournant décisif où, s'infléchissant dans le sens de notre
utilité, elle devient proprement l'expérience humaine ,.
Cette expérience immédiate ne pennettra-t-elle pas de
résoudre directement les grands problèmes de la conscience,
des rapports de l'âme et du corps, de la vie, sans faire appel

N"OTES

1083

à la médiati,on de l'intelligence discursive, sorte de technique
de la pensee ? Pour cela il convient de développer, sous
forme de concepts, les brèves lueurs de l'intuition. Mais il
encore examiner les faits présentés par les savants et
les mterprêtations qu'on en donne. Ici l'argumentation entre
en jeu etla dialectique devient toute .puissante pour réduire
la métaphysique traditionnelle qui croit devoir subordonner
l'étude des questions vitales à l'étude du mécanisme de la
connaissance. Dès lors l'œuvre de Bergson devient un chefd'œuvre de tactique. En médiateur, il tente de mettre fin
aux ~uere~es qui ébranlent le crédit des philosophes, apaise
les disseilSlons entre réalistes et idéalistes. Puis il se retourne
contre la science, sans toutefois la heurter de front. n sait
trop la stabilité et la valeur de la physique pour ne pas lui
abandonner - provisoirement du moins - le domaine de
la matière et pour ne pas reconnaître que, sans elle; nous
n'aurions jamais acquis le sens de la précision. Mais il met
à profit les obscurités de la physiologie du cerveau pour avancer que l'activité spirituelle déborde infiniment l'activité
cérébrale ; il met à profit les incertitudes de la biologie pour
faire ressortir le simplisme et l'insuffisance de l'idée d'évolution (où les savants ne voient qu'une hypothèse de travail),
pour restaurer le vitalisme qui annihile l'œuvre de Lamarck
de Claude Bernard et de Le Dantec. Ainsi, petit à petit, l;
mystère surgi de la conscience gagne le monde extérieur ;
l'intuition « réabsorbe l'intelligence , ; et la spéculation
bergsonienne, confiante en une espèce d1illumination intérieure, devient une« ascension graduelle à la lumière• et une
introduction au a. royaume mystérieux» de l'esprit.
Le royaume de l'esprit s'étend partout où il y a de la vie.
Jaillissement, invention inépuisàble, création, l'élan de vie
circule à travers la matière, se manifeste dans l'élan de
conscience, se libère du rythme de la nécessité, se dégage de
l'écoulement des choses et s'épanouit dans l'esprit, cette

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�ro86

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Barrès avaient noté son insuffisance et donné au roman une
orientation nouvelle. Les peintres se dégageaient de l'impressionnisme et commentaient l'œuvre de Cézanne. Dukas et
Magnard rejoignaient la tradition de Beethoven. Tout annonçait le retour d'un art plus volontaire qui entendait
intégrer les enrichissements de la sensibilité et les possibilités
de l'imagination dans un ensemble capable de susciter une
émotion intellectuelle. Et simultanément une doctrine de la
qualité, contemporaine des Romans Id4ologiques de Barrés et
des Poèmes de Mallarmé, expression éminente d'un état
d'esprit périmé, en prolongeait les répercus!µons. Elle entraînait la négation de toute discipline de la pensée, de l'art
et de la conduite. Elle divinisait l'instinct. Elle confondait
les genres. Elle ne pouvait que retarder indéfiniment la
prise de conscience, l'acte de clairvoyance qui s'effectuait
par ailleurs et qui réclamait à la fois le concours de l'intelligence et une compréhension plus sûre des modes de l'activité humaine e't des nécessités impératives de l'ordre social.
C'est que ce prétendu réveil spirituel n'est que le signe et
l'effet d'une décomposition sociale. C'est le cri de détresse
poussé par l'individu dans sa solitude soudaine. L'humain
vient de se retirer de lui. II ne sait plus communier ni dans la
cérémonie religieuse, ni dans l'accomplissement des grandes
œuvres de civilisation. Lui suffira-t-il de communier dans la
musique à Bayreuth. ou dans la promiscuité des foules devant
la parade foraine ? Quand tombe l'ivresse des sons et des
images, il n'y a plus que la stupeur animale et morne de
l'espèce qui vague désemparée, et se consume en une attente
vaine. Un déséquilibre profond anéantit le travail patient
de l'homme pour rendre harmonieuses et concourantes
1es forces anarchiques de la vie. Les rapports sociaux ne sont
plus que le jeu mesquin des partis; la science n'est plus qu'un
amas de données conventionnelles et symboliques ; la philosophie, un ensemble de mécanismes logiques ; l'art, une poi-

NOTES

1087
gnée de procédés d'hypnose. L'intelligence devient subtilité
Le sentiment se résorbe dans l'émotion vague. Partout 1~
vie imaginaire se substitue à la réflexion sur la vie vécue ; elle
s'entoure des œuvres des civilisations disparues et des butins
des barbares. C'est une désertion dans un quiétisme anémié
dans le recul des temps, ou dans quelque ile du Pacifique:
Et ~ France accepte cette dêchéance sous un prétexte
spécieux auquel des esprits aussi honnêtement critiques
que Brunetière se laissent prendre, sous couleur de cosmopolitisme.
Il Y aurait sans doute quelque inintelligence à reprocher au
Bergsonisme d'avoir créé cet état d'esprit. Les courants de
~sibilité, qui se passent d'ailleurs de justification, ne par~
viennent dans les milieux philosophiques qu'après avoir
reçu une forme littéraire ou plastique. Mais on doit reconnaître
que le rôle du philosophe ne se confond pas avec celui de
l'.artis:e. Le philosophe s'efforce moins de donner une expression dU'ecte des courants de sensibilité que de les dominer et
d'échapper aux aspects fugitifs d'une époque grâce à l'intelligence du passé. Il restitue les courants d'idées et se
préocc~pe de la marche de la science. Ayant suivi pas à pas
la croissance de l'œuvre humaine, il sait qu'elle n'est à
l'abri ni des errements, ni des déviations, ni des retours •
mais il sait aussi qu'elle déjoue les caprices individuel~
et conserve, en son ensemble, une imposante continuité.
La compréhension du monde et celle de la vie intérieure
fournissent les éléments d'une communion spirituelle et
d'une participation durable entre les hommes. Elles s'harmonisent et deviennent la condition de l'équilibre intérieur.
Or Bergson a méconnu cette grande leçon du dernier des
humanistes, Auguste Comte, qui maintient la tradition
du x~rn• si~cle pour cbnjurer l'annexion de la pensée
française au romantisme allemand. Bergson s'est abandonné
à un mouvement d'époque qui fausse et isole les exigences

��1090

LA NOUVELLE REVUE [FRANÇAISE

à créer chaque chose par sa description verbale 1. De ces deux

propositions, la première est fort claire : c'est la définition
de l'art classique opposé à la poésie de calepin, à la notation
confidentielle. Quant à la seconde, j'y crois bien discerner
la pensée de l'auteur, mais les termes de « description verbale » ne me paraissent pas les plus propres à la rendre
sensible. Un art dont le langage écrit ou parlé es! l'instrument, dont le mot est la matière, ne peut créer qu'en transpoa
sant dans le plan lyrique des objets réels. Mais de quelle
façon ? Sera-ce par simple désignation, ou par allusion, ou
par le moyen de la description ? Dans le premier cas le poète

se contente de nommer un objet, escomptant la formation
spontanée des images dans l'esprit du lecteur. Dans le second,
qui est en somme le Symbolisme, on spécule sur la jouissance
cérébrale engendrée par des associations d'idées et sur la
surprise des correspondances ou des analogies plus ou moins
imprévues. Enfin la poésie purement descriptive vise à
satisfaire le goût de l'imitation, qui est à l'origine des arts;
son ressort principal est le plaisir de la difficulté vaincue,
A chacun de ces états de la création poétique un vice littéraire est plus spécialement attaché. Ce sont respectivement
la platitude, l'affectation et la prolixité. L'art classique
réalise l'équilibre des moyens dont aucun n'est à rejeter ou
à préconiser à l'exclusion des autres. La nouveauté, en
fait de poésie, n'est faite que de réactions successives et
d'opportunes restaurations. La nouveauté de Prikaz réside
justement dans cette émotion impersonnelle à laquelle le
poète veut restituer sa valeur, Tout ce qui est subjectif y
est réduit à un rôle d'accompagnement. Le flot miroitant
des impressions y roule sous les arches sonores d'un chant
soutenu, récit mélodique qui domine le bruissement descriptif de rorchestre. On a reconnu la forme du poème
épique, considéré, à l'époque où la hiérarchie des genres était
admise, comme le plus grand et le plus noble de tous. Avoir

NOTES

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tenté cet effort est à l'honn
d M
sister serait à l'avantag d eur e : André Salmon ; y pere e son gérue.
r L'événement le plus
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bolchevik... , Déci ti po tique de _ce temps, la révolution
ara on SJ.gmficat:ive I Un hi t .
fait, un drame d'u: actualité
' t d
e s orre, un
écarte à
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» n es one plus un sujet qu'on
pnon, une anecdote Lanne
.
monologues . mêm
pour les faiseurs de
u: verbaleme~t •• c';t:~ds;eP:fose de raconter et de décrire
du verbe et non avec cell 'd ~t-c~ pas, avec les ressources
onomatopé·IS te•
es e a pemture ou de la bruiterie

Admirable effet d'un dessin tant ·t
.
coup, le poète qui croit ch .
soi pe~ hardi : du premier
retrouve, sinon au 'li demm~r en pleme forêt vierge se
m.i eu, u moms sur le bord d la
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;:;~cl:ssique.' A travers les artifices et les conven~ons~=d
q. es qw sont les clauses de style de la poési
erne • il est aisé de reconnaîtr
.
e " moLa Fa tain 1
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e le vers libre des contes de
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e, es laisses des han
compl . t
.
c
sons de gestes et des
am es populaires :

Mais c'était une danse
Qui' n'avait pas de fin.
Mais c'était,...une danse
Qui n'avait pas de cesse.
La mort lente et l'ivresse
Le verbe et les parfums '
Se nouaient, s'emmêlaient
Se fondaient dans la dans;
Ils sont morts enlacés
'
Sans finir de danser.
On l'a sans doute dé"à
pour la form é •
J remarqué, M. Salmon tente
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. e pique ce qu'a tenté pour le vers de théâ.tr
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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

•••
FLAMME
Une enveloppe déchfrée agrandit ma chambre

je bouscule mes sauvenirs
on part
j'avais oublié ma valise
Ce pœme confidentiel est tiré de Rose des vents. L'auteur'.
M. Philippe Soupault est un de ces aimables Céladons qui
mènent paître le troupeau des mots en liberté dans les
communaux de la poésie « d'avant-garde ,. Il doit y avoir,
en ce moment, trois mille rhétoriciens qu'une absorption
brusque et prématurée d'élixir Rimbaud a jetés dans un
trouble voisin de l'ébriété. C'est l'histoire de la première pipe_
Cela se passera.
ROGER ALLARD

A PROPOS DU CLUB ARTISTIQUE.
M. Cormon vient de prendre l'initiative d'un groupement
des artistes officiels, réunis sous le nom de « Club artistique •·
Ce club est destiné à dégager l'art français ùe l'étreinte insolente de jeunes étourdis qui •risent les idoles et piétinent
sans pudeur le eau jardin fané de l' Académisme.
.

Nous aimons trop Poussin, David et Ingres dont, obêJ.S.
sa.nt à notre cœur, nous fîmes nos dieux, pour ricaner de
l'émoi de M. armon et des hommes de bonne volonM qui
l'entourent. :.:omme M. Cormon, d'ailleurs, et comme
M. Dimier qui lui a spontanément offert son appui, nous
déplorons l'état de parfait abêtissement dans lequel est
tombé l'art contemporain. Nous ne nous sommes pas fait
faute de signaler, en des articles qui peinêrent plusieu~ de
nos amis, la misêre spirituelle des peintres modernes, m1sêre
que nous attribuâmes à l'esprit romantique qui a noyé de
ses dernières vagues et le public et les artistes.

NOTES

ro95

Comme M. Cormon, nous avons récemment vitupéré
contre l'impres.sionnisme qui est venu déranger le bel ordre
dans lequel nous avions accoutumé de voir alignés les
principes traditionnels. Après avoir goûté un moment le
facile enivrement impressionniste, nous avons rapidement
discerné dans ce mouvement de 3"lorification du pur instinct
les mêmes tares que !ans le romantisme. Nous avons donc
violemment rejeté une esthétique conduisant l'artiste à ne
s'exprimer qu'à l'aide d'une métaphore sentimentale exaspét'ée.
Nous avons, pour échapper à l'étreinte d'une formule qui
ne requérait de nous que l'exercice de notre sensualité,
déblayé notre intelligence déjà envahie, et demandé à notre
raison assistance et réconfort. C'est ainsi que nous avons
découvert la vérité d'une formule académique, certainement
chére à M. Cormon, laquelle implique que l'ordre, sans lequel
il n'est pas de beauté, ne peut être obtenu ue par la hiérarchisation des éléments qui constituent le tableau. C'est
ainsi que nous fimes le vœu, qui ne peut qu'agréer à M. Cormon, de devenir classiques.
D'où vient qu'unis dans un même désir, nous soyons,
de par la nature du souhait de M. Cormon, appelés à faire
figure d'ennemis ?

M. Cormon, retiré pour peindre au fond de ses chères
cavernes, êtait protégé des tentations qui faillirent nous
perdre. A l'abri des voûtes solides, il ne vit pas s'allonger vers
Jui ces terribles ombres violettes qui incitêrent tant de
peintres à cultiver des rapports de tons faux. Nul vent ne
vint déplacer les lourdes peaux de bêtes pendues aux parois;
nlllle illusion d 'optique ne vint porter le trouble dans ses
constatations d'homme bien portant. M. Cormon pratiquant
un métier de tout repos, séculairement vérifié, ne commit
aucun péché contre la peinture, si ce n'est celui de l'aimer
trop mollement. M. Connon se tient, ainsi que la tradition
l'enseigne, à une distance convenable de l'objet qu'il veut

�1096

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

représenter. Il en est absolument détaché et le peut juger
« en toute clarté d'esprit,. Il en fait le tour, posément; son
œil sans cesse revient sur ses propres traces pour vérifier ses
notations. Cet homme éminemment sain prouve à chaque
instant sa lucidité en fixant, selon les règles établies, le
résultat de la vision successive qu'il a des choses.
Quelle fut,. au contraire, la lamentable posture dans
laquelle nous mit l'impressionnisme? Nous tournons résolument le dos aux musées : fi des nobles attitudes, fi du noir et
de la terre de Sienne. « Il n'y a pas de noir dans la nature ! »
La vérité visuelle n'a jamais été dite. Pour la découvrir ne
restons pas immobiles, maîtres de nous-mêmes (que tirerionsnous de nous-mêmes, puisque nous ne sommes bourrés
que d'erreurs ?) Nous demandons aux choses le secret
de leur texture et, pour mieux le découvrir, nous nous
mélangeons à elles ; nous nous identifions à ziobfet. Nous
baignons dans un flot de couleurs, dans un mouvement de
formes indécises, que nous absorbons synchroniquement.
Nous ne savons plus où finit la forme de.l'objet et où commence celle qu'il projette en nous. Constatations scientifiques
et illusions d'optique se mélangent instantanément en notre
conscience; où sommes-nous; où est l'objet ? Est-ce notre
cerveau qui décide ? N'est-ce pas plutôt cette :fleur balancée
qui se prolonge sur la toile par l'intermédiaire de notre main,
y déposant son parfum volatil ?
Nous comprenons que, spectateur bien assis dans le
confortable fauteuil académique, M. Cormon sourie de
pitié à des jeux si peu sérieux, et que récemment il se soit
mis en colère, trouvant que la farce avait assez duré. Nous
sommes absolument d'accord avec lui sur ce point. A trop
complaisamment nous laisser entraîner dans l'engrenage des
forces cosmiques, nous y avons laissé quelque chose de nousmêmes. Nous en sortons, sinon mutilés, du moins profondément meurtris.

NOTES

rog7

1: {Pour

ma part, je désirais tellement retrouver le libre
exercice de tous mes membres que j'avais - il y a quatre
ans - trouvé pour mari. idéal une étiquette que je ne saurais
abandonner. Renonçant au mot « classicisme », que l'usage
étroit qu'en f~saient les néo-classiques me rendait suspect,
je le remplaçai par • totalisme »).
C'est ainsi que j'associai mon effort à celui d'autres jeunes
peintres munis d'étiquettes différentes. Nous tournâmes cette
fois le dos au soleil corrupteur, et nous fîmes face à nouveau
aux maîtres que nous choisîmes, par réaction, les plus éloignés
de nos habitudes, les plus dégagés des agitations qui nous
avaient ballottés, les mieux installés dans l'ombre des temples
de la sagesse. Nous essayâmes de découvrir le visage parfait
de Cimabué et de Giotto, de Jehan Fouquet et de Clouet.
C'est à ce moment que nous constatâmes l'existence
de ce fossé infranchissable qui nous sépare de ces messieurs
du Club artistique. Ce fut une immense surprise: les rayons
fallacieux qui avaient empli nos yeux de peintres-voyageurs
nous avaient tellement éblouis que nous ne pouvions distinguer le visage de nos maîtres qu'à travers mille coupures.
Impossible de réunir les fragments de l'image ainsi obtenue.
Les mouvements désordonnés que nous avions adoptés dans
nos exercices de peinture en plein air, oil nous prolongions
sur la toile les vibrations animales que nous transmettait le
spectacle mouvant, semblaient se communiquer aux belles
figures lisses dont nous attendions l'enseignement rédempteur
et que nous ne pouvions apercevoir que par éclipses.
Nous comprîmes alors ceci : que nous le voulions ou non,
nous étions définitivement entamés par nos mauvaises habitudes ; nous demeurions les esclaves d'une technique basée
sur la sensation d'abord. Nous nous constatâmes irrémédiablement impressionnistes de métier, d'attitude, dépendants de
l'accidentel.
Certains parmi nos camarades, les moins jeunes, les moins

�rng8

LA

NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

souples, en prirent leur parti ; ils continuèrent à ne peindre
qu'avec c leur cœur et leurs reins » et jurèrent de ne plus
mettre les pieds da.os un musée qui leur fît honte.
D'autres, que nous signalerons à l'attention de M. Cormon, car ils sont dignes de ce gardien jaloux des principes
sacrés, renoncèrent à leur passé, dont ils se lavèrent avec une
facilité déconcertante, s'installêrent au Louvre où, pour se
consoler, ils firent de passables copies qu'ils signèrent de leur
nom.

Certains enfin, dont je suis, comprirent qu'ils n'étaient
plus libres de leurs actes, qu'ils étaient les dépositaires
d'un don contestable, mais que la plus stricte honnêteté
consistait à payer la dette qu'ils avaient assumée en acceptant l'héritage des maîtres impressionnistes. Conseillés par
Cézanne qui, le premier, commença l'œuvre de réhabilitation,
ils comprirent qu'il ne fallait pas plus diserte, l'imp,essionnisme que renoncer aux n; usles. Ils eurent le courage de mépriser les jugements de critiques trop ardents qui les accusèrent de• fuir en mille directions•· Ils comprirent que leur
devoir était de travailler à trouver un équilibre entre leur
idéal classique anti-imp,essicmniste et leurs moyens profondément. incurablement impressionnistes. Etudiant le mal nouveau, j'en découvris l'amorce en David ; j'en suivis la
marche chez Ingres, que je considère comme le premier
impressionniste plastique, et je constatai enfin, pour mon
réconfort, que notre dernier maître élu, Cézanne, plus entièrement qu'aucun autre enveloppé des vapeurs impressionnistes. mieux qu'aucun autre atteint la pureté des primitifs.
C'est pourquoi j'acceptai, le cœur gai, d'être injurié avec
mes camarades cubistes. Le premier cubisme (le cubisme
d'avant-guerre) m'apparaissait en effet, à travers l'étonnant
interprete Picasso, comme la démonstration au tableau noir
d_es plus secrètes aspirations cézanniennes.
Dès lors, il m'est impossible, tout en souscrivant aux justes

NOTES

roqg
aspirations de M. Connan. d'adopter les moyens qu'il désirerait employer pour réintroduire la peinture dans son domaine
traditionnel.
Nous ne pouvons plus comme lui faire le taur des objets,
les délimiter, les exprimer dans leur littéralité.
Cette opération, qui était celle des primitifs, voire des
Renaissants, suppose un détachement de l'artiste par rapport à l'objet, un recours absolu au sens critique, une liberté
que nous ne possédons plus. L'impressionnisme nous a trop
intimement mélangés, incorporés, associés aux objets : il nous
est impossible, pour le moment, de nous libérer de l'étreinte
de nous désengluer complètement. Tout ce que nous pou~
vons faire, c'est, à petits coups, nous détacher insensiblement du magma où nous sommes pris, et, à la faveur de nos
premières évasious partielles favorisées par la culture de
notre intelligence, voir d'un peu plus haut notre sujet.
Voilà une confession qui va aggraver le sourire méprisant
de M. Cormon, fier de sa supériorité, fier de l'intégrité de sa
personnalité classique jamais entamée. A quoi bon ces tergiversations, ces scrupules, nous dira-t-il avec ses amis néoclassiques : désertez donc simplement, en hommes de bon
sens, cette situation anarchique.
C'est là que notre classicisme s'avère bien différent de
celui de ces messieurs. D'abord parce que nous pensons
qu'on ne rompt pas avec ce qui nous a précédés sans déshonneur. Ensuite, parce que nous savons qu'une école qui a duré
plus d'un demi-siècle, qui souleva tant d'enthousiasmes, ne
peut pas ne produire que des erreurs. Enfin parce que peutêtre les trop vastes, trop hautes, trop solennelles vérités dont
M. Connan et ses amis sont les thurif6raires avaient besoin
d'être brûlées au feu du soleil pour que pousse, sur leurs
cendres, une toute petite plante de vérité nouvelle. L'écraser
du talon serait condamner les plus forts d'entre nous à
revivre stérilement une partie de l'histoire de l'art, à assumer

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�1102

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de proprement polonais ? c'est ce qu'il me paraît bien difficile de prétendre. J'ajoute que les textes profanes du XVI•
et du xvu• siècle que cite M. Opienski m'ont paru
d'une faiblesse et d'une pauvreté étonnantes. Une certaine
franchise dans le rythme, une sorte de cordialité masculine :
voilà les seuls mérites qu'à mon sens on leur puisse reconnaître. C'est assez dire que sur les origines polonaises de
Chopin le livre de M. Opienski ne nous apprend exactement
rien. Peut-être eût-il pu insister plus qu'il ne l'a fait sur le .
développement antérieur de la mazurka et de la polonaise, '
encore qu'il ne faille Pa$ se faire d'illusion sur la valeur instructive d'un semblable historique. Mais de toutes façons
Chopin resterait certainement un isolé, au moins par ce
qu'il y a de supérieur dans son art, par la qualité intime
et fiévreuse de son inspiration. D'autre part on aurait aimé
que M. .Opienski caractérisât plus directement qu'il ne le
fait les tendances actuelles de la musique polonaise ; il cite
un grand nombre d'auteurs, de poèmes symphoniques et
d'opéras, mais il faut convenir que cette énumération est
assez peu instructive, et aucun texte musical ne vient malheureusement l'illustrer. J'incline à croire, d'après ce que je
connais de cette musique, que l'influence de Brahms et celle
de Tscbaikowski s'y manifestent malheureusement plus
que celle d'un Moussorgski d'une part, d'un Franck ou même
d'un Debussy d'autre part; mais c'est peut-être là une appréciation insuffisantment fondée, et que j'aurais aimé voir
soit confirmer, soit rectifier avec des preuves à l'appui.
Tout compte fait, je le répète, le livre de M. Opienski nous
oblige à nous poser bien des questions que notre attention
sollicitée de trop de côtés eût sans doute d'elle-même négligées ; il nous révèle l'existence d'une abondante matière
musicale que nous ignprons, et il faut souhaiter que les directeurs de nos entreprises de concerts nous fournissent quelque
jour l'occasion de nous former par nous-mêmes une opi-

NOTES

II03

nion sur les œuvres d'un Moniuszko, d'un Karlowicz, ou
surtout d'un Szymanowski
GABRIEL MARCEL

A PROPOS DE QUELQUES ŒUVRES !IBCENTES
DE GABRIEL FAURÉ '·
Il existe entre les trois dernières œuvres de Gabriel Fauré
la plus évidente parenté ; même alternance d'idées violemment contrastées, même vivacité impétueuse et comme bondissante de l'élément rythmique initial; même étirement
!:&gt; Ongeur et mélancolique du second thème ; même griserie
d'espace dévoré dans le développement final; même abus,
- diront certains - des accompagnements arpégés. Ce n'est
pas tout encore. Ce qui frappe quand on prend la peine de
scruter les Sonates et la Fantaisie, c'est l'espèce d'invitation àla découverte et à l'approfondissement qui à la longue
semble en émaner. Peu d'œuvres de prime abord peuvent
décevoir davantage. La Fantaisie pour p:ano et orchestre
en particulier, risque fort d'irriter à la première audition par
la presque rudimentaire simplicité des contours mélodiques.
L'idée musicale est ici évidée au point de n'être plus que
la forme la plus translucide d'elle-même ; on évoque
inévitablement telle verrerie légère et irisée, ou encore le
feuillage dont une main patiente n'aurait laissé subsister
que les nervures. Que cette c minceur • soit un signe de
vieillissement, il serait probablement imprudent de le
contester ; mais d'indigence, je le nie expressément. Il est
par trop sûr qu'en musique, richesse et opulence ne se
confondent point ; une œuvre somptueuse comme le quintette de Florent Schmitt est infiniment plus pauvre que tel
1. 2e Sonate pour piano et violon. Sonate pour piano et violoncelle. Fantaisie pour piano et orchestre. (Durand, éditeur,
1918-1919.)

�no4

NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

court prélude de Debussy où il n'y a qu'une ligne, mais parfaite, une indication, mais d'une justesse absolue.
Pour apprécier la richesse des Sonates et de la Fantaisie,
il faut vivre longtemps avec elles et comme les laisser s'échauffer en soi; onse sentira peu à peu pénétré par l'émotion
intense et fi.ne qui s'en dégage. Rien n'est plus trompeur,
je le répète, que l'apparente sécheresse linéaire de tel motif;
le dessin n'est ici en réalité que l'affleurement de tout un
monde immergé au plus profond de l'âme. Au lieu de chercher, comme Debussy dans ses derniers ouvrages, à transporter une impression massive dans le d~maine .des ~ons,
en la transposant, en la traduisant le moms poSSible, il me
semble que Fauré nous livre de l'émotion non pas le corps
résistant, la pulpe substantielle, mais c?mme la c~urbure
ou l'idéal tracé. Aussi devons-nous refa1re en sens mverse
le travail grâce auquel il a su en dégager l'essence formelle;
il faut que ce qui n'est d'abord qu'un schéma se nourrisse
peu à peu d'expérience émue et de souvenirs - que n~tre
vie personnelle s'introduise en lui et l'anime et le remplisse,
commefaitl'eauàmaréehaute dans les détours d'une crique.
Ces trois œuvres ne forment point d'ailleurs un groupe
absolument isolé; elles présentent à un degré simplement
plus marqué les caractères qu'on pouvait déjà noter dans
P4nélope, dans la Chanson d'Eve ou le Jardin Clos, ou même
dans ce quintette qui demeure à mon sens le chef•d'œuvre
de Fauré : une limpidité d'inspiration peut-être inégalée
chez les contemporains, une grâce élancée, à la fois tendre
et mélancolique, une simplicité raffinée dans le développement des idées. IJ semble seulement que Fauré soit parvenu
à ce stade où une œuvre tout entière devient pour celui qui
l'a créée un objet de remémoration rêveuse et attendrie ;
je ne veux pas dire du tout qu'il se répète ; ma~ il_ a de~ant
soi son œuvre, il la dépasse et la domine, on durut qu il la
caresse avec' une fierté nuancée de tristesse. 11. C'est tout cela,

·1

nos

mais rien que cela,. Il se remémore avec nostalgie les heures
de jaillissement irrésistible. Il se revoit l'enfantant. Mais elle
n'est point un passé mort sur lequel il ne lui resterait qu'à
veiller stérilement ; elle est là encore, vivante à jamais elle
est lui ; c'est bien elle qui se parachève dans cette rêverie
d'automne où les nuances amorties du regret passent insensiblement dans les tonalités ardentes de l'évocation. Au terme
de la Sonate pour piano et violon et aussi de la Fantaisie, on
croirait vraiment assister à l'embrasement lyrique d'une vie
consumant en une lambée sans lendemain les fruits lentement
mdris de l'épreuve et du désir.
1

GABRIEL MARCEL

LE CINÉMA

n

SES CRITIQUES.

Beaucoup d'amateurs de projections cinématographiques
ont été frappés par la disproportion des moyens et des résultats
obtenus et surtout par l'asservissement de cet art aux conventions scéniques. Il semble que les gens lui a travaillent
dans le cinéma , aient été pris de vertige devant le
vaste champ ouvert à leur initiative et se soient
accrochés aux portants de leur vieux théâtre mélovaudevil.lesque.
Dans le même temps qui voit prominer maint directeur
de journal dénué d'orthographe, cependant que des marchands de billets gouvernent l'art dramatique, il y aurait
mauvaise grâce à s'étonner que la direction a artistique »
de grandes fumes cinématographiques soit assumée par des
illettrés, ou des ratés de la :figuration. C'est malheureusement
ce qui paraît ressortir de deux ouvrages consacrés au cinéma
par MM, Louis Delluc et Henri Diamant-Berger~. L'un ironise
1.

Louis Delluc, Cinlma et Cie (Payot); Henri Diam.a.nt-Berger

e Cinéma (Renaissance

du Livre).

�IIo6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

et gouaille, l'autre s'indigne et réclame un rajeunisse~ent
des cadres. Tous deux s'accordent à dénoncer le sophisme
des prétendus experts qui vont répétant que le public
demande ceci ou cela ... En fait le public endosse le mauvais
goût des fabricants. Sa bonne volonté est très réelle. Je parle
du gros public et non des spectateurs triés sur le volet (sur
quel volet, grands dieux !) de telle salle • ultra-selecte ••
comme s'expriment les prospectus. J'ai vu se dérouler dans
n cinéma de Montmartre un film ridicule, au milieu de la
;lus cruelle, de la plus divertissante critique ~llecti~e qui
se puis.se rêver. Je crois bien qu'on ne trouverait pas ailleurs
u'à Paris proche la place Pigalle, une salle capable d'emq
'
t
. . te
boiter une mauvaise pièce dans un mouvemen auSSl JUS ,
aussi précis. Mais cet instinct. a besoin d'êtr~ guidé par
de vrais artistes, au lieu qu'on le pervertit à force
de drames policiers épileptiques ou de faux comique
contorsionnel.
.
M. Diamant-Berger paie un riche tribut d'éloges à Charlie
Chaplin, le grand acrobate du lyrisme, qui joint à la plus
subtile psychologie une observation ironique et tendre d~ la
vie. Ceux qui veulent l'imîter pataugent dans la conventi~n
du « caf-conc • le plus académique, et leurs films, dans dix
ans feront l'effet d'un dessin de M. Albert Guillaume.
Ûn admire beaucoup les acteurs du cinéma américain.
C'est avec raison. Ils ont compris les premiers qu'il fallait
·ouer avec la bouche et les yeux plutôt qu'avec les gestes.
i1s sa.vent regarder, écouter, parce qu'ils sont plus sensibles
à. l'action, au drame intérieur, qu'à l'effet décoratif.
.
De ce que le cinéma représente le mouvement, certains
se hâtent de conclure qu'il suffit de faire bouger des figures
et des objets pour l'étonnement ou le pla.isir des yeux ; ~n
a pu apprécier les applications de ces profondes thêones
à l'art et à la littérature. M. Diamant-Berger n'a garde
de donner dans ce godant: • Pour faire un scénario, écrit-il,

NOTES

II07

il faut un sujet, une idée centrale, des types, des setlnes,
une exposition, un développement, un dénouement. Il faut
une charpente dramatiqd'e, des situations, de la psychologie ... • Le cinéma n'est donc pas le Messie des ignorants,
cet art idéal où l'on exoellerait dans le mépris de toute règle,
de toute tradition. M. Diamant-Berger est le Boileau de l'art
cinématographique. Ecoutons-le; • L'auteur doit ménager
ses effets et ne pas les gaspiller inutilement. Les expressions
lumineuses doivent avoir un sens prévu. • Entendez que le
style se pare d'images, mais se nourrit de sens. Les effets
photographiques, jours frisant, éclairages rares, flous ou
contrastés, ce sont les métaphores du film. Il ne faut pas
en abuser.
• Le cinéma, dit encore notre auteur, n'est pas l'image de
la vie, comme on le répète à tort et à travers, mais de la
vraisemblance•• juste et fi.ne remarque : c'est pour cette
raison que le cinéma est un art, parce que l'art c'est la vraisemblance, c'est-à-dire la vie recréée par la mémoire et
l'imagination humaines.
D'autres passages seraient à citer: • Le cinéma est un
art d'évocation, la vision qui évoque une idée doit être
assez précise pour fixer nos sensations, elle doit disparaître
assez tôt pour être regrettée. • Et l'auteur revient fréquemment sur cette idée qu'un art qui ne laisse rien à imaginer
est fastidieux ...
Tout ce qu'on dit de trop est fade et rebutant;
L'esprit rassasié le rejette à l'instant.

c• est plaisir de rencontrer des réflexions de cet ordre
dans un ouvrage de vulgarisation, d'ailleurs fort bien écrit, et
qui montre partout un écrivain moins soucieux d'être original
que d'être utile et véridique.
ROGER ALLARD

�uo8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

poésie anglaise du

LETTRES ANGLAISES
JEUNES POÈTES ET JEUNES REVUES

Les évènements politiques de ces dernières années n'auront
sans l'influencer ni le modifier-le
mouvement poétique issu - vers 1906-1908 - de la lyrique
des dernières années du XLX9 siècle, et dont la première
anthologie, Georgian ,POdctry, indiquait les tendances. Depuis,

fait qu'interrompre -

une nouvelle êdition de cette anthologie a paru, et, avec le
printemps de 1919, plusieurs groupes de poètes ont offert
au public des échantillons de leur travail dans différentes
revues entièrement consacrées à la. poésie.
Voici d'abord les premiers numéros d'une série des Chapbooks publiés mensuellement par la Poetry Bookshop, - la
Librairie de Poésie, avec sa devanture devieillepetite boutique
de province, un peu mystérieuse, au n° 35 de Devonshire
street, sur la gauche en venant de Theobalds Road, tout près
de Red Lion Square et non loin de la moderne et presque
américaine Kingsway. Tout ce qui vient de la Poetry Bookshop
nous intéresse depuis longtemps déjà, et si le numéro
de septembre 1914 de la Nouvelle Revue F,ançaise avait
vu le jour, on y aurait lu un compte•rendu de la première
anthologie sortie de cette maison, et qui avait pour titre Des
imagistes (en français). C'était un recueil d'une quarantaine
de courts poèmes (la plupart en vers libres )de dix ou douze
auteurs, anglais et américains, parmi lesquels Richard
A!dington, F. S. Flint, Amy Lowell, Ezra Pound et Ford
Maddox Hueffer étaient déjà connus des lettrés. C'est de
la Poel,y Bookshop qu'est sortie aussi Georgian poelry qui est
proprement l'anthologie de ce groupe, et dont le titre est
significatif, parce que, tout en indiquant la date de la publication du volume, -

le règne commençant de George V -

il reporte notre pensée, par-delà l'époque victorienne, à la

nog

NOTES
XVIII•

siècle et du début du

XIX•.

L'œuvre

de dix-sept poètes était représentée dans Georgian Po,lry,
et parmi eux, il y avait quelques maitres : G. K. Chesterton,
John Maselield, William H. Davies, et presque tout ce que la
jeune poésie anglaise comptait de noms déjà connus : Lascelles Abercrombie, Walter de la Mare, John Driokwater,
Harold Munro, James Stephens. On y lisait aussi des poèmes
de T. Sturge Moore, Ronald Ross, James Elroy Flecker,
Wilfred Wilson Gibson, et de Rupert Brooke (mort le 23
avril 1916 à bord du navire-hôpital francais le , DuguayTrouin 1 , enradedeScyros, et dont l'œuvre-poésies et critiques - vient d'être réunie en deux volumes). Les Chapbooks mensuels de la Poetry Bookshop, dont le premier a paru
en juillet 1919, et qui sont publiés sous la direction de Harold
Munro, remplacent la revue Poet,y and Drama comme organe
de ce groupe intéressant. Nous y retrouvons quelques-uns
des poètes de Georgian Poetry et d'lmagistes, et d'autres
dont les noms sont nouveaux pour nous: Rose Macaulay,
Charlotte ;\few, Siegfried Sassoon, Osbert Sitwell, dont une
Berceuse intitulée De Luxe (en français) est certainement
plutôt faite pour tenir agréablement éveillées les grandes
personnes que pour endormir les enfants : on y retrouve une

inspiration apparentée à celle de notre Henry J. -M. Levet
dans ses Cartes Postales encore dispersées - treize ans après
sa mort - dans des revues mortes, ou encore inédites et
conservées seulement dans la mémoire de trois ou quatre
admirateurs. Le n• 3 des Chapbooks contient des poèmes
lyriques anciens, élizabéthains et aug ustains, de Francis
Beaumont à Matthew Prior ornés de dessins par des artistes
modernes. Dans le n° 4, F. S. Flint étudie et commente

Quelques Poètes français à'aujou,d'hui. En parler serait sortir
~e notre sujet, mais remarquons en passant le soin que les
Jeunes poêtes anglais apportent à se renseigner sur leurs
contemporains français.

�IIIO

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Nous en trouvons une preuve de plus dans une autre revue
jeune, Colefie, dont deux numéros ont paru (décoration et
impression luxueuses) et où nous relevons les noms de
T. W. Earp, R. C. Trevelyan, Eric Dickinson, Harold J.
Massingham, Russell Green. T. S. Eliot. et dont le second.
numéro contient des traductions de quelques-unes des
Illuminations de Rimbaud, par Helen Rootham. Ces traductions sont bonnes et ne laissent guère de place pour d'autres.
Nous n'y avons relevé qu'une seule faiblesse, ce qu'on pourrait appeler une faute par timidité : • the scarlet pavillon •
n'est pas du tout « le pavillon en viande saignante ,.
The Owl (« La Chouette•) est une autre jeune revue dont
un numéro seulement a paru jusqu'à présent (celui de mai
1919). Grand format, très beau papier, impression magnifique, amusante couverture rose ornée de chouettes blanches
et noires; illustrations en couleurs (par Pamela Bianco,
Nancy Nicholson, Randolph Caldecott, Eric Kennington,
William Orpen, George Belcher.) Là aussi une place a été
faite par les jeunes à leurs maîtres préférés: Thomas Hardy,
John Galsworthy, John Masefield; et nous y retrouvons
MaxBeerbohm, W. H. Davies. J. C. Squire, Siegfried Sassoon,
Robert Nichols, etc. A la fin du numéro, quelques poémes
en prose de Logan Pearsall Smith ont arrêté notre attention
et nous ont fait désirer lire son recueil, Trivia {Londres,
Constable and C• 1918). Ce sont de courtes notations d'impressions fugitives, de moments, presque des « greguerias , à la
manière du poète espagnol Ramon Gomez de la Serna;
mais dans cette espéce de poésie, le tempérament individuel
est toute la substance de l'art et l'imitation est impossible.
Nous regrettons de n'avoir pas la place, ni peut-être le droit,
de citer quelques-uns de ces courts morceaux, si intimes,
si modernes, et souvent si parfaits et si profonds sous leur
apparence en effet « triviale ,.
Non, la politique n'a en rien affecté, malgré toute l'impor-

NOTES

IIII

tance qu'elle a eue de 19:14 à 1918, le mouvement commencé
avec le régne d'Edouard VII, et qui n'est que le tléveloppement naturel des tendances déjà ébauchées dans Swinburne,
Oscar Wilde, Walter Pater, el qui triomphent maintenant
avec l'espèce d'apothéose faite au moins victorien des
écrivains de l'ère victorienne, au plus :bolé, au plus méconnu,
et peut-être au plus grand des précurseurs de la littérature
anglaise contemporaine: Samuel Butler I1auteur d' Erewhon.
Et d'autre part, la traduction des Illuminations en anglais,
et la faveur dont jouissent, dans les milieux les plus lettrés
et les plus intellectuels, des représentants de l'art français
tels que Cézaune, Debussy et Claudel, sont des faits assez
significatifs.

The Anglo-French review, dont nous avons déjà parlé dans
cette chronique des Lettres anglaises, peut compter à bon
droit parmi les jeunes revues littéraires, car. dans sa partie
littéraire, elle accueille les nouveaux poètes anglais les plus
originaux et les plus c avancés,. N'est-elle pas en effet comme
la descendante (avec modifications) à la fois du Yellow
Book et du Mercure de Frame ?
Citons encore, bien qu'elle soit de fondation moins récente
que celles dont nous venons de parler, la revûe To-Day
(1 Aujourd'hui•). Le numéro d'octobre, que nous avons sous
les yeux, contient une courte étude consacrée à la mémoire
de Michael Field, (pseudonyme, comme on sait, de deux
poétesses : Katherine Harris Bradley et Edith Cooper) ;
un article de Alec Waugh:Sur Richard Aldington; des souvenirs de John F. Harris sur Rupert Brooke; et des poémes de
James A. Mackereth, Edward Shanks, etc.
Nous avons déjà vu avec quel respect et quel empressement ces groupes de jeunes poètes sollicitent et accueillent
la collaboration de leurs maîtres et de leurs devanciers, et
quelle importance ils attachent à la littérature française
contemporaine. Parmi ces maîtres il en est un à qui ils doivent

•

�III2

•

•
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

beaucoup : ,un grand lettré, le plus fin critique de son temps,
et !'écrivain qui a le plus fait, à la fois pour développer che_z
ses concitoyens le goilt et la çuriosité des écrivains anglais
anciens les moins connus et les plus dignes d'être étudiés,
et pour faire connaître et aimer en Angleterre les écrivains
modernes du Continent, en particulier les Scandinaves et
les Français. Le leoteur aura déjà nommé Edmund Gosse.
Il y a quelques semaines, à l'occasion du soixante-dixième
annivefSaire de sa naissance, tous les êcrivains de langue
anglaise ont été unanimes à lui apporter le témoignage
de leur acl~iration et de leur reconnaissance, et beaucoup
d'hommes de lettres français se sont associés de cœur à cet

NOTES

l'extérieur et par rapport à l'époque et au pays où elles
ont été produites. Il aurait pourtant été intéressant d'employer l'autre méthode, celle de synthèse, et de décrire dans
ses grandes lignes, par exemple, le monde esthétique de
Henry James,,au lieu de l'étudier presque comme un document historique. Mals la méthode choisie par M. Régis Michaud donne, elle aussi, de bons résultats, et nous souhaitons
éJ.ue, continuant à étudier les écrivains anglo-saxons, il nous
donne des analyses aussi attachantes que celles--ci d'œuvres
comme celles de Coventry Patmore, Francis Thompson,
Michael Field, O. Henry, David Graham Phillips, etc.
VALERY LARBAUD

hommage.
MYSTIQUES ET RtALISTES ANGLO-SAXONS

.

IIIJ ·

{d'Emerson à

Bernard Shaw), par Régis Micha ud. (Annand Colin, 1918,)
Dans ce livre, l'auteur étudie neuf écrivains, anglais et
américains : Emerson, Walter Pater, Walt Whitman, Henry
James, Mark Twain, Jack London, Upton Sinclair, Edith
Wharton et Bernard Shaw. Il y a beaucoup de pénétration et
de finesse dans ces études, et elles ne peuvent que contribuer
à faire ):nieux connaitre du public français, d'abord la littérature américaine en général, et d'autre part l'œuvre encore
un peu méconnue, même en Angleterre, de Walter Pater.
Quant à l'œuvre de B. Shaw, l'analyser sans la considérer
constamment en fonction de l'œuvre de son maître, Samuel
Butler, c'est la faire connaître très superficiellement.
En somme, M. Régis Michaud, qui appartient, comme
critique, à l'école de Sainte-Beuve et de Taine (exemple : « Une revue de rœuvre d'Upton Sinclair présente
un véritable intérêt historique •J plutôt qu'à celle de De
Sanctis, s'attache surtout à nous décrire les œuvres d'art en
les analysant, en les replaçant dans leur milieu (en faisant
une large part à la biographie), et en les considérant de

LE VIEUX-COLOMBIER. Conférence de Jacques Copeau
à la salle des Sociétés Savantes.
8 novembre 1919.
Pour ceux qui n'étaient pas aujourd'hui à la première
réunion des Amis du Vieux-Colombier, pour ceux qui écri•
ront plus tard !'Histoire du Vieux-Colombier, je veux noter,
aussi fidêlernent que possible, ce qui s'est passé là.

Lorsqu'il a paru sur l'estrade, la salle était pleine On
papotait. Il a dfi attendre un instant. Ses yeux ont parcouru
les rangs pressés, le balcon empli de monde, et son visage
triste s'est éclairé. Il s'est avancé un peu, appuyant le bras
gauche sur la table, et il a dit, presque bas :
c Je vous remercie d'être là. Votre présence est déjà un
grand fait, sur lequel tout le reste va s'appuyer et se
• construire. Depuis six ans, j'attends, j'appelle le moment
• que voici : le moment où, vous ayant retrouvés, je recom• mencerai à travailler avec vous, pour donner à la France
• nouvelle un théâtre nouveau. •
1

Le silence s'est fait soudain. Beaucoup étaient entrés là,
sans bien savoir. Et tout à coup, il y avait devant eux le

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

visâge fatigué, mais calme et grave, d'un homme qui incarnait une grande idée, d'un homme qui porte une grande
idée sur ses épaules, et qui est résolu à aller de l'avant pour
qu'elle avance, à s'imposer f)OUr qu'elle triomphe : et cela
était sensible au premier regard ; visage de souffrance et de
volonté, illuminé de vie intérieure, de lloblesse,•de certitude;
crâne bombé, couronnant un masqué fanatique; crâne puissant, gonflé de pensée, qui tirait à lui toute la lumière des ·
herses, - qui rayonnait. Et les gens de bonne foi ont eu la
révélation soudaine qu'il allait se passer là autre chose que
ce qu'ils avaient prévu, et qu'il n'y avait pas à écouter
gaîment ni à applaudir, mais à se taire et à comprendre
que cette première réunion était le commencement de quelque chose de grand, le commencement d'une alliance. pour
quelque chose de très grand; qu'ils avaient devant eux un
être d'élection, un apôtre venu là pour montrer à nu son
cœur et révéler à quelle haute mission il avait fait le sacrifice de sa vie. Et je crois vraiment que nul ne s'y est mépris,
lorsque, quittant des yeux les feuillets posés sur sa table, il a
dit, d'une voix contenue où chaque mot palpitait de vérité :
" Mes amis, pour comprendre mon émotion, ayez devant
a les yeux ceci : depuis mon enfance, et à travers toute ma
a jeunesse, j'ai porté · en moi, nourri, défendu, l'idée d'un
« théâtre qui serait vraiment l'expression de notre beauté
a moderne. Je touchais à la maturité, et mon rêve touchait
u à sa réalisation, lorsque, brusquement, d'un seul coup, la
a guerre a tout emporté, ))
Il cêde un instant au poids des souvenirs. Il rappelle les
débuts, la saison de huit mois à Paris en 1913-1914, les deux
années d'Amérique. Puis il relève la tête et porte en avant
son front têtu :
« Mais nous sommes de ceux qu'on n'entame pas. Et nous
« voici revenus, pour la même tâche.
, L'état du théâtre est pire qu'en 1913. Les scènes du

III5

« boulevard ne produisent même plus : elles reprennent. Et

, quant à nos théâtres subventionnés, j'hésite à le dire: il
(( me semble qu'ils n'ont plus de vie. Je ne parlerai ni de
« l'esprit qui y règne, ni des pièces que l'on y accueille ; je
« parlerai -simplement, en homme de métier, de la façon
« dont on y joue le répertoire classique, qui est Je bien
« de la nation. J'ai assisté, dans la maison de Molière, à
(t des représentations de Molière. Eh! bien, je suis honteux
« de voir le public supporter ce qu'il supporte dans la salle
• du Théâtre Français.
o: Est-ce que cela~peut durer ? Est-ce que nous permettrons
« que cela dure ?
11

Je sens tout autour de moi le besoin d'autre chose.
Mais dans ce milieu gâté qu'est le théâtre d'aujourd'hui,
« rien de neuf, rien de vivant ne peut naître. Nous disions
« jadis: il faut désindustrialiser le théâtre, et le décabotiniser.
ct Nous disons aujourd'hui, d'un seul mot : ce qu'il faut,
" c'est déthédtraliser le théâtre.
ci: Pour que tout soit changé, il faut commencer par le
ti commencement. Il s'agit de créer des méthodes, de tra« vailler. Il faut remettre de l'ordre dans ce chaos. II ne s'agit
11
pas de faire de fausses inventions, de ressusciter le théâtre
« grec, ou celui de Shakespeare, ou d'imiter Reinhart. On
« parle partout d'un nouveau mouvement théâtral ; on cite
« les Russes, les Allemands. Mais cette révolution, est-elle
d'ordre dramatique ? ce n'est rien qu'une révolution de
« décorateurs. Entre les toiles brossées par 'un grand peintre
~ ~oderne et les décors de l'ancienne manière, il n'y a qu'une
« différence d'école de peinture ; comme entre nos vieilles
« scènes macliinées et les nouvelles, il n'y a qu'une différence
_« de machinerie. Tant qu'on n'aura pas écarté toutes ces
" fausses nouveautés, pour prendre le travail à pied d'œuvre,
~ et recommencer tout depuis le commencement on n'aura
« rien fait.
'
11

'/

�III6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

toute chose renouveler le per1 Nous voulons, avant
, ·t simplifier l'ins•tr
Nous
voulons ensw e
thé
11
sonnel du
c&amp;.
e.
ttr én"tablement dans la
pour le. me e,. vterpose plus entre la
« trament de la scè ne,
éat r et que nen ne sm
1
main du cr eu •
,.
. . du pœte. Nous voulons,
• réalisation scénique et 1 mspiration
thétisme recrier
•
•
8 érudition, sans es
• sans affectation, san .
ne afin de réaliser, sur la
« un instrument dramatique_ moder
1 rberté de l'espnt.

•

" scène, a 1
l'intelli ence de l'œuvre, ce n'est pas
• Subordonner tout à
t
monde l'adopte; mais per" une formule nouvelle. Tou
rê
Connaitre une
•
.
.
c'est l'art sup me.
u sonnenelapplique, car,
tyl l'exécuter dans son
.
qu'est son s e,
• œuvre, savoir ce
'eil art franr-lli~ sans prétention,
.
,est tout notre vi
r--•
t
• diapason, c
.
.
. s'impose. Quand on es
, qui ne souligne nen, mais qut .
d'•e • elle est.
il n'y a nen c:r.- ..... •
• devant une belle chose, . é 1 Vieux Colombier lorsqu'il
.
si vous avez aim e
b 1en,
1 Eh
.
.
, t parce que vous avez
.
à
premiers essais, c es
1
en êtait ses
e c'est parce que vous
« confusément senti tout cela ~n germ ,
tite scène, la
• avez com.mencé à apercevoir' sur notre pe
. des chefs-d' a:uwe. ,
« pure configura tion
M · il l'interrompt
1 udissements. 3lS
La salle éclate en app a
, ·t pas de m'approuver,
d'un geste qui semble dire: Il ne s agi
.
haiter bonne chance...
et pws ,;le me sou
. .
droit à son but :
Regardant droit son public, il va
d
ans pour me
.
tré au théâtre à l'âge e 35
« Je ne sms pas en
b' aisons habituelles. J'Y
· teur des basses com rn
1
faire le servi
.
. éaliser ou bien j'en sor.
•
ei·esensque1e pwsr
'
1
réaliserai ce qu
dé]. à que mes forces sont
. .
., suisvenu.Jesens •
..
• tira.t comme J y
.
•
"dé J'ai besoin d'être s111vi.
. .
J' · besoin d être a, •
« limitées.
ai
. tions si vous voulez que cette
11 Si vous voulez que nous ~~
'
· existe dites-le,
'
« grande ch ose à laquelle J'ai voué ma vte,
de
répondre.
•
« prouvez-le I A vous
La sincérité trouve
1 111·ssance de la loyauté.
.
Telle est a P
thie peut fleunr.
encore des cœurs où la sympa

!

l,.

NOTES

III7

Un instant, tous les yeux fixent _avec tendresse celui
qui appelle à l'aide.
Et quand il s'avance et qu'il écarte simplement les bras
pour dire : 1 Aidez-moi. Aidez-moi moralement, aidez-moi
• matériellement ... ,, et qu'il s'arrête, et tourne à droite et à
gauche sa face douloureuse: «Ah! voilà que vous vous dites:
• il se démasque; c'est une question d'argent ... ,, et qu'il
frappe tout à coup la table:• Ehl bien oui, c'est une question
« d'argent 1,, et qu'il pose ses mains ouvertes sur sa poitrine,
et qu'il s'écrie avec une véritable détresse: ,Est-ce ma faute,
• à moi, si c'est une question d'argent? , on touche avec
une telle évidence l'authenticité de cet homme, que l'on
songe aux mots qu'il a prononcés tout à l'heure : • Quand
• vous voulez juger une entreprise, ne faites pas trop attenc tion aux idées ; les idées, tout le monde en a ; regardez
• plutôt quelle sorte d'homme il y a au centre... •
Mais son visage s'adoucit à peine, tandis que se prolongent
les applaudissements passionnés. Il en a trop vu, il sait trop
ce qu'est le public parisien, ses engouements d'une heure,
ses promesses tôt oubliées. Et puis, le plus dur reste à faire.
Il est venu pour cela, pour tendre la main. Mais l'attitude
trahit l'effort, la voix est assourdie et il y sonne comme un
écho de certains appels de Péguy : , Si vous voulez que cela
« soit, il faut que tous, du plus pauvre jusqu'au plus riche,
• vous don.niez quelque chose. Il faut que vous compreniez
• tous qu'en payant votre place, vous ne faites que payer
« votre plaisir, et que rien n'est fait pour nous aider, tant
« que vous n'avez pas fait quelque chose de plus 1•
Et il expose tous les moyens d'aider; faire partie des Amis du
Vieux-Colombier, dont la cotisation est de 20 francs; s'inscrire
parmi les Fondateurs àu Vieux-Colombie,, lesquels, moyennant
une somme d'au moins 300 francs, seront conviés, pour chaque
5pectacle, à une représentation privée, avant la presse;
acheter dès maintenant des Carnets d'abonnements, etc ...

�III8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Et lorsqu'il a été jusqu'au bout. il redresse le buste; l'œil
brille d'énergie et de confiance ; il s'écrie :
« Et pour le reste, laissez-nous faire l •
Puis en pesant chaque terme, sur le ton d'un homme qui
engage, par un serment solennel, son existence entière :
« Car, pour ce qui est d'aimer son travail et de s'y donner,
u: et de ne pas se monter le coup, et de se sentir toujours
« au-dessous de ce qu'on a voulu faire, au-dessous de l'étiage
« de cette grande beauté qu'on poursuit, de cette grande
« pureté qu'on s'est jurée, et de toujours tâcher à faire plus
« et mieux, et de toujours voir plus loin, et de mettre dans
« son effort, dans ses veilles, chaque jour et chaque nuit,
• un peu plus de son sang, - nous sommes là ! 11
Lorsque je l'ai retrouvé, derrière la scène, avec ce visage
qui maintenant se refuse aux illusions hâtives, ah ! de
quelle voix angoissée il m'a dit, venant vers moi : o. Cette
fois, crois-tu qu'ils ont compris ? :1
ROGER MARTIN DU GARD

UN ARTICLE DE L 'ATHENiEUM

Mon chef' Rivière,
Je lis dans l' Athemeum du 14 novembre, sous le titre : La
théorie de la gravitation selon Einstein, un article anonyme
que les lecteurs de la N.R.F. - ou du moins quelques-uns
d'entre eux - trouveront peut-Otre aussi intéressant que je l'ai
trouvé moi-mtme.
Je l'ai traduit à la hâte, et légèrement abrége, quand il
eût fallu tout au contraire l'accommoder à loisir.Mais oùpnnd.re
te temps, et comment ne pas se presser de donner au public
français m2me l'idée la plus grossière d'un événement scientifique qui semble considérable ?
Je suis tout v6tre
PAUL VALÉRY

NOTES

III9

c Dêsavantlaguerre,Einsteinjouissaitd'uneimmenseréputation parm.iles physiciens, à cause de sa découverte du principe
de relativité. Disons d'abord quelques mots de ce principe.
Clerk Maxwell avait montré que la Iumiêre est un fait
électro-magnétique, et il avait réduit toute la théorie de
l'électro-magnétisme à un petit nombre d'équations qui
ont servi de base à tous les travaux ultérieurs. Mais ces
équations impliquent l' hypothèse d'un éther et la notion
de mouvement par rapport à l'éther. Tant que l'éther est
supposé en repos, un tel mouvement est indiscernable du
mouvement absolu ; dans ce cas le mouvement de la terre
(relativement à l'éther) doit n'être pas le même aux différents
points de son orbite, et des phénomènes mesurables doivent
résulter de ces différences de mouvement. Or, rien de tel
ne s'est manifesté dans les faits, et toutes les tentatives
faites pour mettre en évidence les effets d'un mouvement
par rapport à l'éther sont restées vaines. La. théorie de la
relativité réussit bien à rendre compte de ce fait négatif,
à la ~ondition de renoncer à la notion d'un temps unique
et umverse_l, et d'introduire celle de temps locaux attachés
aux corps en mouvement et variant avec ces mouvements.
Les éq nations qui expriment cette théorie sont dues à Lorentz•
mais Einstein les a adaptées à son principe général, qui
peut s'énoncer ainsi : rien, dans les phénomênes observables
ne décèle le mouvement absolu qui entraîne l'observateu/
la dynamique selon Newton, le principe de relativ1te revêt une forme plus simple, qui ne nécessite pas
la substitution du temps local au temps universel. Mais il
est apparu de nos jours que la dynamique de Newton n'est
valable que si l'on se borne à considérer des vitesses de beaucou~ inférieures à celle de la lumière. Tout le système de
Galilée-Newton tend à se présenter comme une première
approximation, d'autant moins exacte que les vitesses
considérées sont plus voisines de la vitesse de la lumière.

. J??s

�II20

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

C'est pendant la guerre qu'Einstein a modifié son principe de telle sorte qu' il pût servir à l'explication de la pesanteur universelle. Nos astronomes, pendant longtemps, ne
purent en avoir connaissance, à .c ause de la difficulté qu'ils
trouvaient à se procurer les publications allemandes. Un
exemplaire de l'ouvrage d'Einstein put enfin leur parvenir
1
et le lecteur anglais a désormais tous les éléments d information sur ce sujet dans les admirables Mémoires du
Professeur Eddington présentés à la Société Royale
d' Astronomie.
La gravitation, depuis Newton, restait à l'écart de toutes
' les autres forces naturelles. Toutes les tentatives faites
pour en rendre compte avaient échoué I Même fimmense

travail d'unification réalisé par la théorie électro-magl)étique semblait ne pas s'étendre à la pesanteur. La nature,
sur ce point, paraissait défier les efforts des physiciens.
C'est alors qu'Einstein intervient. Il met au jour une

hypothèse dont on peut rure, indépendamment de toute
vérification ultérieure, qu'elle se range parmi les monuments
les plus beaux du génie humain. On avait retouché rœuvre
de Newton ; restait à rem.à.nier celle même d'Euclide. La
nouvelle théorie d 'Einstein s'établit sur des fondements
non-euclidiens. La géométrie non-euclidienne tire son ori-

gine de préoccupations logiques et philosophiques ; ses promoteurs n'ont guère songé qu'elle dût, un jour, recev01r

des applications dans la physique.
L'examen des axiomes de la géométrie d'Euclide a donné
à penser qu'il fallait distinguer entre ceux d'entre eux qui
ont un caractère de nécessité, et ceux qui introduisent dans
la construction de la géométrie des données d'ordre expérimental ou empirique. Comme vérification de cette thèse,
on a réussi à construire des géométries parfaitement cohérentes dontles axiomes sont en partie différents de ceux choisis

par Euclide. Dans ces géométries, la somme des angles d'un

NOTES

II2I

triangle diffère de deux angles droits et cette différence
va croissant avec la grandeur du triangle .. .
Einstein suppose que l'espace est euclidien Partout où
il est suffisamment vide de masses matérielles ; mais que
la présence de la matière le rend légèrement non-euclidien.
Plus la matière est dense dans une région de l'espace, plus
cet espace est différent d'un espace euclidien. Combinant
cette hypothèse avec sa théorie antérieure de la relativité,
il arrive à retrouver une loi de la gravitation très voisine
de la loi de Newton (de l'inverse du carré) .
Les différences très faibles qui doivent exister entre les
conséquences observables de cette théorie et celles que l'on
déduit de la loi de Newton peuvent être mesurées dans certains cas. Il y a, jusqu1ici, trois critères expérimentaux qui
permettent de comparer l'anciexµie théorie avec la nouvelle:
I ) Il y a d'abord un déplacement du périhélie de Mercure
qui intrigue depuis longtemps les astronomes. La théorie
d'Einstein rend pleinement compte de cette variation. Au
moment où cette théorie fut publiée, c'était là la seule vérification expérimentale acquise.
2) Les physiciens modernes sont enclins à penser que la
lumière est sensible à la gravitation, c'est-à-dire qu'un rayon
lumineux: passant au voisinage d'une masse considérable
(comme celle du soleil) doit être dévié, comme le serait selon
la loi de Newton, une particule de matière mue avec la même
vitesse. Mais la théorie d'Einstein exige que la déviation
soit double de celle-ci. Il faut une éclipse pour que l'on puisse
procéder aux observations d'étoiles qui décideraient de
la question. Une éclipse particulièrement favorable s'est
produite heureusement cette année même ; les résultats
maintenant connus des observations se trouvent vérifier la
prédiction d'Einstein. Sans •doute la vérification n'est pas
rigoureuse, comme il fallait s'y attendre dans une obser-

71

�II22

II23

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

vation aussi délicate. Il arrive que la déviation observée
et qu'Einstein indiquait comme devant être double de celle
calculée par l'ancienne théorie, est légèrement plus grande
que la théorie d'Einstein ne le faisait prévoir. En tenant
compte de la difficulté des mesures, on peut dire que le

MEMENTO BIBL!OGRAPHIQUE
I. HODLER :

II, -

résultat est un triomphe pour Einstein. C'est le sentiment
général des astronomes.
3) L'excitation causée par cette vérification sensationnelle
avait fait momentanément oublier qu'il existe un troisième
criterium expérimental de la théorie d'Einstein.
Si la théorie est fondée, on doit observer, dans un champ
de forces dues à la gravitation, un déplacement des raies
du spectre vers le rouge. Aucun effet de cette nature n'a
pu être découvert. On ne voit pas, jusqu'ici comment ce
résultat négatif pourrait s'.expliquer, à moins d'introduire
dans la théorie d'Einstein quelque profonde modification.
Il faut, sur ce point, prendre patience : la nouvelle théorie
a si prodigieusement triomphé dans deux épreuves sur trois
qu'elle contient certainement une part de la vérité, même
si elle n'est pas encore tout à fait exacte.
L'hypothèse d'Einstein possède au plus haut degré
le mérite de la beauté. Elle est un vaste regard d'ensemble
sur les opérations de la nature ; la richesse des conséquences
qui s'en déduisent est surprenante eu égard à la simplicité
des prémisses qu'elle demande. C'est un remarquable exemple de progrès dû à la théorie pure; c'est une œuvre qui
peut redonner à la physique un aspect plus philosophique,
et nous rendre quelque chose de cette unité intellectuelle
que les grands systèmes scientifiques du xvue et du xv111e
siècles comportaient ...
Certes, il ne fait pas bon, sous bien des rapports, de vivre
à notre époque, mais pour les amateurs de physique on Y
trouve parfois de grandes compensations. »

LITTÉRATURE,

ROMANS,

THÉATRE.
BALDENSPERGER : L'Auanl-~e
ÙJ liUhalure fra,s.çaise ; Payot.

dans

Fleurs du MaJ ;

~r;.D~~~n~.

Petits Poèmes en Prose ;
• La Connaissance •·

BAUDRLAIRB :

R&amp;Nt BIZET :
HaNRY

Peines

(U

BORDEAUX

:

Rien ; Crès.
VUS intimes

L. de Boccard.
BOURGET : Laurence Albani
Plou-Nourrit.
G. K. CHltSTERTON : La clairvoyance àu
Père Brown ; trad. Emile Cammaerts ;
Perrin.
Jos&amp;PH CoNRAD : La FolU-Almaye, ;
trad. Geneviève Selîgmann-Lui ; Nouvelle Revue Française.
FRANCIS DB CROISSET : Thiatre, t, 2 •
Flammarion.
'
FRANÇOIS Olt CUREL : Disrou,s de
Rtaption à l'AcadimU Franfaise; Crès.
FRANÇOIS DE CUREL : Thédtre complet,
t. 3 et t. 4; Crès.
LUCŒN D&amp;SCAVES: L'imagier d'Epinal;
Ollendorff.
GEORGES DUHAMEL : Entretiens dans le
T1imuUe ; Mercure de France.

PAUL

,

EDOUARD

ESTAUNIÉ :

L' Ascension

(U

M. Baslèv1-e; Perrin.
F1t.RRi!RE

G&amp;ORGES

~::::te:x

!fo~~fo:r~

R. Kieffer.

:

u

B: t~:;

ARTHUR RIMBAUD: Poésies; A. Messein.
RoMAlN ROLLAND : Les Précurseurs ;

Librairie de l'Humanité.
MAURICE

RoLLINAT

:

Fin d'œuvre ;

Fasquelle,
ANDRt SALMON :

Prikaz; Editions de la

Sirène.
TRUC :
Callù:lès ou les
Barbares ; Bossard.
ltlU°odudicmà la mltluxle
de Léonard ck Vinci ; Nouvelle Revue
Française.
Juu:s VALLts: Les BWUSes; EdouardJoseph.
BENJAMIN VALLOTTON: Ceux de Barivier;
Payot.
JEAN VA.RIOT : UgetUUs el TradUibns
orales d'Alsace. I. Strasbourg; Cros.
EMILE VERKAEREN : Paysages DlSpa,u.s ;
eaux-fortes et dessins de Luigini ;
E. F. d'Alignan.
WELLS: Les Amis Pasrionnls;Ollendorff.
LtoN WERTK : Cùivel elle: les Majors i
Albin Michel.
GONZAGUII:

Nt:mVeQ,U~

La Maison des
Hommes vivants ; Flammarion.
G, FtNZI : Giacomo Lt&lt;&gt;pa,dj ; Sa vie,
sm. auvre ; Perrin.
ANOR! FoNT,UNAS : La Vie d'EdgarA. Poe ; Mercure de France.
ABEL H:&amp;!tMANT: La Vie à Paris (1918) ;
Flammarion.
IRtNE HILLEL·ERLANGER : Voyage ffl
Kaléidoscope; Crès.
GUSTAVE LANSON : L'Art de la Prose·
Fayard.
•
PmLtA.S LEBESGUE :
Char de Djagg~Ji. avee ™;'is de Henri Cbapront ;
Edihons • Savoir Vivre a,

CLAUDE

André Chénier: Œuures
Inédües; Ed. Champion.
Lora : L'Akxandri,. à'a,près
la phonétique expérimenlale ; Crès.
RAYMOND LULLE: Livre (U l'Am; d de
l'Aimi;trad. A de Barrau et Max Jacob;
Editions de la Sirène.
FRANCIS DE MIOMANDRE : La Cabane
d' Âmo-u1' ou le &amp;tour de l'Onck Arsène ·
Emile-Paul.
'
ÛCTAVE MIRBEAU : Chez l'illustre tc,ivain, œuvres inédites ; Flammarion.
HÉGÉSIPPB MOREAU: L4 Souris Blanche ;
illustrations de F. Bourdin; M. Glomeau.
Nn•. U Cantique des Ca'lltiques, trad. de
Franz Toussaint, · gravures de Marœl
Roux ; Editions de la Sirène.
ALFRBD Po1z1t.T : Le Symbolisme : (U
Bautklaire à Claudel ; Renaissance du
Livre.
FRANÇOIS RAB&amp;LAtS :
Gargantua, ;
Editions de la Sirène.
RACHILDE : La Découvem (U l' Aml,ique. nouvelles ; Illustrations de
G. François ; Crès.
ABEL LEFRANC:

BEAUX-ARTS,

Vingt dessins intdils ; Crès.

PAUL VALÉRY:

�ALAIN DESPORTES
Premier regard sur l'Allemagne.
La Critique d'art allemande .

TABLE DES MATIERES
CONTENUES DANS

LE TOME XIII

•

{JUIN-DÉCEMBRE

1919)

- 157
(LXIX)
. 804 (LXXIII)

PIERRE DRIEU LA ROCHELLE
Poèmes . . . . .
221
(LXX)
Le dernier Capitaliste.
715 (LXXIII)
GEORGES DUHAMEL

FRANÇOIS-PAUL ALIBERT
Elégies Romaines.
338

Le Miracle .
Deux élégies.

(LXXI)

ROGER ALLARD
Poésie et Mémoire. . . . . . 908 (LXXIV)
Prikaz, par André Salmon ; Dix-neuf
poèmes élastiques, par Blaise Cendrars ; Rose des Vents, par Philippe
1089 (LXXV)
Soupault . . . . .
nos (LXXV)
Le Cinéma et ses critiques.
MICHEL ARNAULD
Explications . . . . . . .
Clio, par Charles Péguy .

204
440

FÉLIX BERTAUX
Les Etats-Unis et la guerre, par
Emile Hovelaque . . . . . 469

(LXX)
(LXXI)

LUC DURTAIN
Poèmes.

870 (LXXIV)

LÉON-PAUL FARGUE
Vieux Monde

HENRIGHÉON
Prière pour un aviateur.
Adrien Mithouard. . . . . .
La Forêt des Cippes, par Pierre Gilbert . . . . . . . . .
Sainte Catherine de Sienne, par Johannês Jœrgensen . . . . . .
Réflexions sur le rôle actuel de !'Intelligence française.

52

(LXIX)

68
145

(LXIX)
(LXIX)

455

(LXXI)

791 (LXXIII)
953 (LXXIV)

(LXXI)

Le Socialisme impérialiste dans l' Allemagne contemporaine, par Charles
8n (LXXIII)
And.1er.

PAUL CLAUDEL
La Messe là-bas (fragments). .
Le Père Humilié (Actes I et II). .
Le Père Humilié (Actes III et IV) .

13 (LXIX)
533 (LXXII)
674 (LXXIII)

JACQUES COPEAU
La Réouverture du Vieux Colombier.

817 (LXXIV)

HENRI DEBERLY
Sonnets .

55 (LXIX)
1014 (LXXV)

. 670 (LXXIII)

ANDRÉ GIDE
Réflexions sur l'Allemagne.
Lettres ouvertes :
1. à Jacques Rivière.
II. à Jean Cocteau.
Journal sans dates. . . . . .
Journal sans dates (Conversation
,
a~ec un Allemand). . . . .
Cons1dératio~s sur la Mythologie grecgue.
La Symphorue Pastorale (Premier Cahier).
La Symphorue Pastorale (Second Cahier).

415 (LXXI)
481 (LXXII)
726 (LXXIII)
916 (LXXIV)

JEAN GIRAUDOUX
Nuit à Châteauroux.

226

.

35

(LXIX)

121
125
278

(LXIX)
(LXIX)
(LXX)

(LXX)

�CHARLES PÉGUY
HENRI HOPPENOT

Note_ conjoii?,.te sur M. Descartes et la

L'Ours et la Lune, la Messe là-bas de
968 (LXXIV)
Paul Claudel.
VALERY LARBAUD
Lettres anglaises : les anglicismes,
revues et publications littéraires. 473 (LXXI)
Lettres anglaises : jeunes poètes et
no8 (LXXV)
jeunes revues.
RAYMOND LENOIR
La Pensée française devant la guerre.
Réflexions sur le Bergsonisme

641 (LXXIII)
1077 (LXXV)

ANDRÉ LHOTE
Exposition Georges Braque. .
Expositions Henri Matisse, René
Piot, Juan Gris, Severini. . .
Lettres de Paul Gauguin à Georges
de Monfreid. .
Première visite au Louvre. .
De la nécessité des théories. . .
A propos du club artistique.

153
308

(LXIX)
(LXX)

philosophie cartésienne (Premier
Fragment). . . .
161
Note_ conjo~te sur M. D~es ~t 1~
philosophie cartésienne
(Deuxième fragment)
(Troisième fragment)
(Quatrième fragment)
(Cinquième fragment)

MARCEL PROUST
Ugère es_quisse du chagrin que cause une
r~ition et des progrès irréguliers de
ou
• . . . . .
JACQUES RIVIÈRE
La Nouvelle Revue Française. . .
Nos morts : Challes Péguy AÎ . '.
Fourmer . .
'
Bel~hégor, par Julien Be~da:
Notice sur Charles Péguy

(LXX)
(LXXI)
(LXXI)
(LXXI)
(LXXI)

71

(LXIX)

1

(LXIX)

am
. .

464 (LXXI)
52 3 (LXXU)
1002 (LXXV)
1094 (LXXV)

144 (LXIX)
146 (LXIX)
161
(LXX)
La
L'Institut con~re les Indépe~da~ts: 316
(LXX)
Décadence de la 1;,1berté (premier article) 498 (LXXII)
Le Pa:~ de 1 Intelligence. .
612 (LXXII)
Catbohc1sme et Nationalisme.
965 (LXXIV)

Louise Clermont. . . . . . 618 (LXXU)
La Musique polon~ise, par Opienski. noo (LXXV)
Œuvres récentes de Gabriel Fauré. no3 (LXXV)

JULES ROMAINS
Amour couleur de Paris
202
(LXX)
D,tffïfffka_ou les ~r~cl~ d~ la.Sci~nc~
821 (LXXIV)
Do(nIVogoo-Tonka ou les Miracles d~ la ·sci~nc~
. V, VI.).
1016 (LXXV)

GABRIEL MARCEL
Emile Clermont : sa vie, son œuv-re, par

ROGER MARTIN DU GARD
Le Vieux-Colombier : une conférence
de Jacques Copeau.
. n13 (LXXV)

ANDRÉ SALMON
L' Age de l'Humanité (fragments) _

36o

(LXXI)

HENRY DE MONTHERLANT
342

Le Dialogue avec Gérard.

(LXXI)

PAUL MORAND
Aurore ou la Sauvage.

.

977 (LXXV)

GASTON SAUVEBOJS
Lefi~émoignage de la Génération Sacri~
e, par Alphonse Mortier
627 (LXXII)
L es Cloportes, par Jules Ren;rd."
800 (LXXIll)

�JEAN SCHLUMBERGER
Dialogues des ombres pendant le combat.
La reprise de Pelléas et Mélisande.
Sur le Parti de l'intelligence.
L'Enfant qui s'accuse.

212
(LXX)
314
(LXX)
788 (LXXIII)
876 (LXXIV)

GEORGES SIMON
Chirurgie de guerre.

488 (LXXII)

ALBERT THIBAUDET
Réflexions sur la littérature : Romans
pendant la guerre. . . . .
Réflexions sur la littérature : Cristallisations . . . . . . .
Voyages d'un sédentaire, par Francis
de Miomandre . . . . . .
La MAlée Symboliste, par Ernest
Raynaud. . . . . . . .
Réflexions sur la littérature : Le
Masque de Shakespeare. . . .
Colas Breugnon, par Romain Rolland
Réflexions sur la littérature : Le
roman de l'aventure. . . .
L'Esprit impur, par Gilbert de
Voisins . . . . . . . .
Réflexions sur la littérature : Les
spectacles dans un fauteuil. . .
Réflexions sur la littérature : Le
style de Flaubert . . . . .
Réflexions sur la littérature : Autour
de Jean Giraudoux.

129

(LXIX)

287

(LXX)

304

(LXX)

306

(LXX)

42 4
459

(LXXI)
(LXXI)

597 (LXXII)
634 (LXXII)
774 (LXXIII)
942 (LXXIV)
1064 (LXXV)

PAUL VALÉRY
Palme

,

.

.

.

47 (LXIX)
321 (LXXI)
L'Abeille . . . . . . . . . . 1001 (LXXV)
Traduction d'un article de l' Athéna:mm.
III8 (LXXV)

La Crise de l'esprit.

XXX
Nos morts : Emile Verhaeren . .
Mme Geneviève Bonniot-Mallarmé
L'augmentation du livre.
La Revue Critique.
Mouvement Dada. . . . .
Des livres français pour l'Alsace.

143 (LXIX)
318
(LXX)
478 (LXXI)
635 (LXXII)
636 (LXXII)
813 (LXXIII)

LE GÉRANT ; GASTON GALLIMARD
l'ONTENAY·AUX•ROSES• • IMPRIMERIE LOUJS

BELLENAND.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1784977&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
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                <text>La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique, 1919, Tomo 13, Septiembre-Diciembre</text>
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                <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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                <text>Gallimard, Gaston, 1881-1975, Director</text>
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REVUE

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FRANÇAISE

�LA N O UVELLE

REVUE FRANÇAISE
REVUE

MENSUELLE

DE LITTÉRATURE ET DE. CRITIQUE

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PARIS
35 &amp; 37,

RUE MADAME,

1920

35 &amp; 37

�s

SAMUEL BUTLER

L'auteur &lt;l'Erewlmr, que certains critiques ont appelé
"Samuel Butler Il" pour le distinguer de son homonyme
le poëte satirique du XVII• iècle, - pour l'en distinguer mais aussi pour marquer qu'il a pris place à son
tour dans" la lignée plus que royale" des grands écrivains
- notre Samuel Butler c.-st né le 4 décembre I 835 à la
cure de Langar (près de Bingham, comté de Nottingham)
et il e)t mort à Londre) (où il , ivait depuis environ
trence-huit ans) le I 8 juin 1902.
Ce n'est pas seulement parce qu'il fait l'objet de cette
notice que nous a\'ons le droit de l'appeler "notre Samuel
Butler" : c'est :.urtout parce qu'il appartient à notre
époque. D'abord, la date de sa mort n'est pas tellement
éloignée de nous: il :nait dépassé le seuil du XX• siècle,
et il a , écu assez pour connaître les noms et les ouvrages
d'écri,ains qui sont encore parmi nous. Enfin, beaucoup
d'entre nou~ ont pu, safü le savoir, le croiser dans le
Strand ou dans Fleet Street, le coudoyer dans l'encombrement des bateaux de la Mai1che, et le rencontrer dans
des fumoirs d'hôtel, en Suisse, en Italie et en Sicile. Mais
il y a plus : en réalité, c'e!&gt;t de sa mort qu'il faut dater
,on entrée dans le mouvement littéraire moderne, et ce

�6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'on pourrait appeler son "avènement". De son vivant,
son nom demeura à peu près inconnu, et son œuvre, tout
en exerçant une influence certaine, mais secrète, fut
ignorée ou méconnue de la plupart des critiques, et fut,
pour ainsi dire, mise en quarantaine, non seulement par
les "officiels" d'alors mais par tous les groupes importants entre lesquels se partageait le monde intellectuel
anglais penda nt la période 1860-1900. Ce fut une
conspiration du silence, et quand, de loin en loin,
quelqu'un des pontifes ou des acolytes daignait le
nommer, c'était pour le ridiculiser ou pour dire qu'il
" ne comptait pas ". Malgré le succès de son premier
livre (précisément Erewhon), les grandes maisons d'édition
étaient toujours prêtes à refuser ses m~nuscrits, et tous
ses livres, - sauf le dernier paru de son vivant, - furent
imprimés et publiés à ses frais. Lui-même s'est amusé à
dresser, en I 899, le bilan financier de sa carrière littéraire :
elle lui avait co{lté exactement: 19.497 francs et 6 5 centimes. Ce ne fut qu'en 1901, quinze mois avant sa mort,
qu'il eut la surprise de se voir rechercher par un éditeur.
Or, cet éditeur, - M. Grant Richards 1 - était un
homme jeune, et très décidé à ne publier que des livres
de jeunes, ou d'écrivains considérés comme des maîtres
par les jeunes. Il savait bien que Butler avait 6 5 ans,
mais il n'en fut pas moins tout heureux d'inscrire sur son
catalogue son nom et les titres d' Erewh&lt;m et de Nouveaux
Poyages à Erewhon. Ainsi, à un îtge où la plupart des
écrivains commencent a voir leur œuvre dans le recul du
passé, soit qu'elle ait sombré dans l'oubli, soit qu'elle
1 L'éditeur actuel des œuvres de S. Butler est A. C. Filield, 13, Ciïfford's
Inn, Londres E. C.

SAMUEL BUTLER

7

subsiste, mais rangée dans le musée idéal de !'Histoire
Littéraire, et classée selon sa place et sa date, Samuel
Butler a pu voir la sienne commencer à percer, à être
discutée et appréciée, et cela au même titre et sur le
même plan que les œuvres de début de jeunes gens qui
auraient pu être ses füs. L'homme, que les gens de sa génération avaient pu considérer comme un vieux raté, apparaissait maintenant comme un des princes de la jeunesse.
De sa renommée et de son influence, il ne put voir
que le tout premier commencement : une aube indécise.
Du reste, pour entrer dans cette existence posthume, dans
cette "vie du monde à venir" qu'il considérait comme
la seule vraie vie future et la seule immortalité désirable
il fallait que sa vie corporelle prît fin . Alors, il y eut un'
intervalle de silence. Puis, quelques notices nécrologiques,
en Angleterre et en :Italie : les fleurs et couronnes des
amis. Mais en 1903 la publication des inédits commença.
Ainsi va toute chair, le roman écrit par S. Butler entre
1873 et 1884, - et que des raisons d'ordre intime
l'avaient empêché de publier, parut enfin, étonnant
les plus fameux romanciers de l'Angleterre par ses.
qualités techniques, sa hardiesse et sa nouveauté. Alors
tout ce qu'il y avait de gens aimant les lettres, d~s Je
monde anglais, sut qui était ce second Samuel Butler
dont, jusque-là, on n'avait vu le nom que dans les préfaces'
de Bernard Shaw. Vint la publication, dans une grande
revue, des Notes extraites des Carnets de S. Butler.
L'intérêt et la curiosité augmentèrent et, devant l'insistance des lecteurs de plus en plus nombreux, un à un les
livres mort-nés ressuscitèrent et vinrent se ranger, à la
devanture des librairies, auprès des plus récents ouvrages

�8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

des plus récents écrivains. Ils passèrent sans transition de
l' "édition à frais d'auteur " aux grands tirages des
éditions populaires, et de l'oubli à l'actualité. L'ère victorienne était close ; et même, bien des choses de cette
époque-là : préjugés, conventions, insularismes, avaient
précédé dans la tombe le court et gros cercueil de la
vieille Reine. Il était naturel que le moins victorien, ou le
plus anti-victorien, des écrivains de l'époque finie survécôt
à cette époque, et qu'une élite nouvelle le salui\t comme
un précurseur. Mais Samuel Butler était plus qu'un précurseur. On ne se contenta pas de le " _saluer" : on le
lut avec avidité, comme s'il se fCtt agi d'un contemporain
qui avait des choses neuves à dire, et oh l'étudia comme
on étudie les maîtres. Bien mieux : on le discuta, et
aujourd'hui encore il trouve des adversaires. Enfin, le
nombre de ses imitateurs augmente, et il n'y a guère de
revues, guere de journaux littéraires où on ne trouve
quelque reflet de son esprit ou quelqu'une des expressions
dont il a enrichi sa langue maternelle. Ce sont là des
preuves assez solides que son œuvre est vivante et qu'elle
le restera longtemps encore.
Quelque chose manquait à la gloire de !'écrivain et à
la curiosité de ses admirateurs : une bonne biographie.
Elle vient de paraître 1, et de l'avis des critiques les
plus autorisés, elle est non seulement bien faite, complète
et digne de l'homme qu'elle nous fait mieux connaître,
mais elle constitue pâr elle-même un momument littéraire si remarquable qu'on l'a tout spontané~ent comparée à ce grand ouvrage classique, à ce modèle des
1 Sam~l Butler, autkor of" Ere~olton" (1835-1902). A memoir, by
Henry Festior Jones, z vols. Londres, Macmillan and Co, 1919.

SAMUEL BUTLER

9

biographies : la //ie du Dr Johnson par Boswell. L'auteur
en est M. Henry Festing Jones, qui a été l'ami
intime de s: Butler pendant 28 ans, qui l'a accompagné
dans ses excursions en Italie, qui a été son collaborateur
pour la partie musicale de son œuvre, et qui était au
chevet de son lit lorsqu'il est mort. Ecrivain de valeur
lui-même et d'une tournure d'esprit apparentée à celle. de
son modele, il a su tracer de Butler le portrait le plus
vivant et le plus frappant qu'on pouvait souhaiter. C'est,
enfin, une biographie d'une espèce toute nouvelle : sans
réticences, sans la moindre trace de ce "culte des héros "
qui gite tant d'ouvrages de ce genre, mais toute pleine
de compréhension et d'amour. Gdlce
elle, gri\ce à ces
deux riches volumes si longtemps attendus, pleins de
lettres, de documents, et de faits bien classés (et bien
indexés aussi par M. A.T. Bartholomew, de Cambridge)
je vais pouvoir donner au lecteur français un résumé
(forcément très succinct, mais qui contiendra l'essentiel)
de l'histoire de la vie et des travaux de Samuel Butler,
" écrivain philosophique " selon le catalogue du Musée
Britannique), et encore : peintre, critique d'histoire religieuse, théoricien de la biologie générale, romancier,
historien de l'art italien, humoriste, musicien, helléniste,
-savant Shakespearien, poëte, moraliste, mais surtout philo~
-sophe, ou, mieux encore, selon l'heureuse expression du
critique I qui, le premier, l'a présenté aux lettrés fransais : " humaniste".

a

Samuel Butler descendait d'une vieille famille bom·geoise originaire du comté de Warwick, le " Cœur de
l'Angleterre", et plusieurs générations de Butler anté1 Jean

Blum, dans le Mercure d, France, 16 juillet 1910, pp. z-67-281.

�10

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSE

rieures au xrx8 siècle sont enterrées dans l'église de
Kenilworth. Son grand-père, Samuel Butler, docteur en
théologie, fut Principal de l'Ecole Publique de Shrewsbury dont il fit un des centres d'études secondaires les
'
.
plus florissants du Royaume, et ensuite Evêque de L1chfield. Il mourut le 4 décembre 1839, le jour où son
petit-fils Samuel, qu'il avait baptisé, entrait dans sa
cinquième année. Il a laissé des sermons, de bons manuels
scolaires et une édition d'E chyle.
Le père de !'écrivain était le Révérend Thomas Butler,
recteur de Langar-et-Bramston, et c'est à la cure rurale
de Langar que Samuel passa les dix premières années de
sa vie. Elles lui laissèrent un très mauvais souvenir, et
vers quarante ans il parlait encore des '' horreurs de son
enfance et de son adolescence". En effet, matériellement
il ne manquait de rien dans cette riche maison bourgeoise,
mais moralement il manquait de ce qui est, pour un
enfant bien né, la principale cho e : l'affection des siens,
li ne trouva en eux que des éducateurs sévères, uniquement préoccupés de " bri er sa volont é ,, pen dant qu •·1lt
était jeune, de crainte qu'il n'e~t un jour des désirs et des
volontés autres que les leurs.
Dans cette triste enfance, il y eut pourtant un moment
heureux : l'automne 1843 et l'hiver 1843-44, que le
Rév. Thomas Butler et sa famille passèrent à Rome et à
Naples. Les enfants eurent une gouvernante italienne, et
Samuel apprit ain i, à 8 ans, fes premiers mots de cette
langue toscane qu'il devait un jour parler couramment
et écrire avec facilité.
A dix ans il fut placé à l'école, chez un ecclésiastique,
dans un village (Allesley) près de Coventry, et deux ans

SAMUEL BUTLER

II

plus tard (1848) il entra comme interne à l'Ecole Publique de Shrewsbury, où il resta jusqu'en 1854. Ce fut là,
entre 14 et I 5 ans, qu'il se prit d'un go,h très vif pour
le dessin et la peinture, et qu'il éprouva une des plus
fortes émotions de sa vie en entendant pour la première
fois de la musique de Hrendel. Vers la fin de son séjour à
Shrewsbury, il accompagna une seconde fois ses parents
en Italie (hiver 1853-54) où il reprit ses études d'italien
et visita les mu ées.
En octobre 1854 (r8 ans) il entra comme étudiant de
première année au Collège Saint-Jean de Cambridge. Les
quatre ans qu'il y passa furent bien employés : il acheva
brillamment ses études classiques, et, sans abandonner la
peinture, il écrivit ses premiers essais littéraires. Il ajouta
à sa culture mu ica]e J. S. Bach, Schubert et les Sonates
de Beethoven. Il lut quelques-uns des maîtres de la génération précédente, entre autres Thackeray et Tennyson.
Pendant les grandes vacances de 1857, il fit une excursion
de trois semaines en Dauphiné et aux lacs italiens, s'arrêtant, à l'aller et au retour, à Paris.
Bientôt il commença ses études de théologie : en effet,
le petit-fils de l'évêque Butler, le fils du Rév. Thomas
Butler, était tout naturellement destiné à l'église. Habitué
de bonne heure à cette idée, et trop soumis à la volonté
de ses parents pour oser élever la moindre objection, il se
prépara conciencieusement et non sans ferveur à l'état
ecclésiastique, et dan la seconde moitié de 18 58, il alla
s'établir à Londres comme adjoint laYque du curé de
Saint-Jacques (PiccadiUy), vivant parmi les pauvres et
faisant la classe aux enfants d'ouvriers.
Ce fut alors qu'eut lieu un incident qui renversa tous

�12

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

les projets d'avenir qu'on avait faits pour lui. Il app~i~ que
certains de ses jeunes éli:ves n'avaient pas été baptises, et
s'aperçut, avec un étonnement dont il ?eva'.t sourire un
jour, que ces enfants n'étaient ni plus nt moins méchant
ou vicieux que ceux qui avaient été régénérés par le
baptême. Le doute entra dans son esprit, et . qu~lqu.e
temps après il annonça qu'il refusait de recevoir 1 ordination.
Ce fut un grand scandale, un véritable drame, dans le
milieu et la famille du jeune homme. Le Rév. T~o~as
Butler mit en œuvrc tous les moyens dont il pouvait d1~
poser pour " ramener à la raison" le fils .r~be~le._ Mai~
Samuel resta inébranlable, et ne se laissa m mt1m1der nt
corrompre. Enfin, après quelques mois troublés (dur~nt
lesquels Butler, qui aurait voulu embrasser 1~ pr.ofess1on
de peintre, suivit les cours d'une écol~ de d~_ss111 a ~mbridge où il s'était refugié), il fut décidé qu 1I re~ev_r~1t de
son père une certaine somme en avance men:. d hom~,. et
u'il irait se faire éleveur de moutons dans I ile méndto~ale de la Nouvelle-Zélande. A la fin de septembre il
s'embarquait sur le Roman Emperor, et à la fin d~
Janvier 1860, en plein été de l'hémisphère ~ustral, il
débarquait à Port-Lyttelton. Il avait vingt-trois ans et
deux mois.
De cette première partie de la vie de Samuel B~tle:
nous possédons : quelques dessins et . paysa?es ~a1~ a
Shrewsbury; une vue de Civita Vecchia (auJourd h~1 à
Cambridge, dans la Collection Butler, au Collège SamtJcan) et une vue de Cambridge. Plus impor~nts sont ses
essais littéraires, réunis par R. A. Str~atfeild et H; F.
Joncs. Ce sont: des parodies; la traduction en vers dune

SAMUEL BUTLER

13

épigramme tirée de la Rocco/ta dti PrO'/Jtrl,i Toscani de
Giuseppe Giusti, et deux articles publiés dans I' Aigl,,
revue fondée par Butler et ses camarades du Collège
Saint-Jean : on y remarque quelques idées et quelques
expressions qu'on retrouve dans les œuvres de sa maturité.
U passa quatre ans à la Nouvelle-Zélande (186e-1864:
de 24 à 28 ans.) Bien que cette lointaine colonie n'etit
guère alors que neuf ans d'existence, les colons - la
plupart éleveurs, - y étaient déjà assez nombreux pour
que toute la partie basse de plaines de l'île méridionale
se trouvit occupée. Pour rencontrer des terres favorables
à l'élevage, il fallait faire de véritables voyages d'exploration dans l'arrière-pays, le long des grandes chaînes de
montagnes qu'on appelle les Alpes de Nouvelle-Zélande.
Puis, une fois le pâturage découvert, il fallait en obtenir
1a concession du gouvernement, y établir ce qu'on appelle
une "station " d'élevage : "cabane " et dépendances, et
enfin y transporter les moutons. Donc, vers la fin de
1860, nous trouvons Samuel Butler installé dans sa
station, à laquelle il a donné le nom de Mésopotamie
parce que sa concession est limitée par deux affluents du
Rangita.ta. Il habite, à plus de trente kilomètres de son
plus proche voisin, une cabane qu'il a fait bAtir et où il a
transporté des livres, des plâtres, et un piano sur lequel
il joue les fugues de J. S. Bach. Il a un aide salarié, un
régisseur, cinq employés: berger, toucheur de bœufs, etc.
et un troupeau florissant. Il passe la plus grande partie de
ses journées à parcourir son pâturage, et, monté sur son
cheval "Docteur", à surveiller ses moutons. Quelle
différence avec l'existence confortable et les studieux

�14

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

loisirs de Cambridge ! Mais c'est une vie saine et monotone qui fortifie son corps et laisse toute liberté. à son
esprit. Autour de lui, des paysages tristes et grandioses :
d'un côté à perte de vue, les plaines mamelonnées,
'
•
jusqu'à !'Océan
Pacifique; de l'autre, les énormes ch aines
encore incomplètement explorées, toutes couvertes de
neige ; · une végétation de caractère nettement tropical,
mais terne et rabougrie; et de vastes fleuves dont les
crues soudaines ressemblent à des cataclysmes ; solitude
et silence : un panorama représentant une époque géologique antérieure à l'apparition de l'homme.
Du reste Samuel Butler ne réside pas continuellement
à Mésopotamie. De temps en temps il va passer quelques
semaines au chef-lieu de la province de Canterbury,
Christchurch, où il retrouve la civilisation : en effet, il Y
a là les fontionnaires, un cercle et une ""éé"
soc1 t , un
grand nombre des éleveurs étant, comme Butler, "~entlemen et fils de gentlemen", qui ont passé par Cambridge
ou par Oxford. En 1862 il s'y fonde un journal La
Presse et Butler y collabore activement.
Ce~endant dès la troisième année de son séjour, il
ongeait
déjà à rentrer en Angleterre. En cédant son
6
piturage, en vendant son troupeau, et en. plaçant la
somme ainsi réalisée au taux légal de la colome, 10 pour
1 oo, il se trouverait en possession d'en~iron vingt mille
francs de rente annuelle. C'est ce qu'il fit dans les premiers mois de 1864. Il avait, a force d'énergie, doublé
son capital et conquis une aisance modeste qui lui assurait
l'indépendance matérielle. Il n'àvait donc plus rien à faire
en Nouvelle-Zélande : l'Europe, Londres, la peinture l'attiraient. Ainsi, le 15 Juin 1864, il partit,

'SAM.UEL BUTLER

15

emmenant un ami dont il avait fait la connaissance à la
-rédaction de La Presse, Charles Paine Pauli. De PortLyttelton, ils se rendirent à Callao, d'où ils allèrent
visiter Lima, Le reste du voyage se fit pat l'isthme de
Panama et les Antilles, et le 29 Août 1864, ils débar•quaient à Southampton.
Samuel Butler semble a voir momentanément abandonné
la peinture pendant son séjour en Nouvelle-Zélande. Par
contre, il a produit, au cours de ces quatre années, des
-ouvrages qui furent pour ainsi dire les bases de son œuvre
littéraire. D'abord, l'étude attentive qu'il fit des Evangiles
le conduisit à se former une théorie par laquelle il croyait
pouvoir expliquer rationnellement la Résurrection, fondement de tout l'édifice chrétien, et il exposa cette théorie
dans un opuscule intitulé : Examen critique des preuves
de la Rtsurrection de ]!sus-Christ, telles .qu'elles se trouvent
chez les quatre fvangflistes, opuscule qu'il publia dans
l'année qui suivit son retour en Angleterre. Puis, en 1861
ou 62, il lut !'Origine des Especes de Charles Darwin
(qui avait été le condisciple du Rév . Thomas Butler à
Shrewsbury et à Cambridge), et fut tout de suite converti
-au Transformisme. C'est à l'étude de ce livre que se
rattachent les articles donnés par Butler dans La Presse
de Christchurch : un Dialogue où la doctrine darwinienne
est exposée et défendue, et Darwin chez les machines
fantaisi~ biologique et philosophique qui était aussi à l'ins~
même de l'auteur, une critique, du point de vue La~arckien
de l~ doctrine mécaniste de Charles Darwin, et qui con~
tenait en germe Erewhon et La f7ie et /'Habitude. Enfin,
en 1 863, parut à Londres un petit volume signé de Samuel
Butler: Premiére annfe d'un sfjour dans la Colonie de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Canterbury. C'était un recueil des longues lettres ~u'il
· a dressées a' sa i;ramille en 1860-61 et• de deux articles
avait
,
qu'il avait envoyés à l' Aigle de Cambridge. La preface,
datée de la cure de Langar, est du Rév. Thomas
Butler qui avait publié ce livre " à la requête de quelques
. d'e l'auteur;,. C'est surtout, pour nous, un document
amis
d
..
biographique précieux ; et on y trouve des escnp~tons
qui font prévoir, celles du début de Erewhon. Mats ce
livre, édité et "censuré" par le Rév._ :homas Butler,
n'eut jamais l'approbation de Samuel qui 1exclut formellement de ]a liste de ses ouvrages.
' l mois de septembre I 864, Butler s'installait
D es
e
d'
dans un appartement composé de trois pièces et un
petit cabinet, au second étage, no 15, Clifford's Inn.
·a: d's Inn est une sorte de square intérieur, un espace
Cl1nor
ïl
planté d'arbres, avec une pelouse entourée de g~t _es
basses et d'allées cailloutées, et autour duquel son_t ~1sposées sans ordre de vieilles maisons d'aspect prov1~c1al.
Situé en plein cœur de Londres, à deux pas du Palais . ~e
Justice, du Temple et de Temple Bar~ dans ce_ quartier
d l basoche tout rempli des souvenirs de la littérature
e: d: journalisme du xvxume siède, Clifford's Inn est
compris entre Chancery Lane, Fleet Street, Fetter Lane
et l'aile centrale du Nouveau Bureau des Archives. On y
accède, de Fleet Street, par un passage en partie voCtté, et
de Fetter Lane, par une grille de fer, ouverte toute la
journée. Les fenêtres du no I 5 donnent, les unes sur la
pelouse intérieure, les autres dans la direction de Fetter
Lane. L'installation de Butler était des plus mod~stes, et
certainement aucun de ses ascendants; depu~s . deux
cents ans, ne s'était contenté d'un logement aussi simple

SAMUEL BUT LER

Son loyer était de 575 francs en I 864, et de 900 francs
à partir de 1898. Butler habita Clifford's Inn jusqu'à sa
mort, c'est-à-dire pendant pres de 38 ans.
A partir de son retour à Londres, il se consacra entierement à ses travaux, en sorte qu_e, pour raconter sa vie,
il suffit de raconter l'histoire de ses travaux. Disons
cependant qu'il ne vécut pas constamment à Londres.
Presque tous les ans il alla faire une excursion ou -un
séjour en Italie. Il y allait généralement par la Belgique,
la vallée du Rhin et la Suisse, et ce fut surtout dans le
Tessin, dans la région des lacs et dans les hautes vallées
du Piémont qu'il séjourna. Il passa aussi une grande partie
des années 1874-1875 au Canada, à Montréal, où il fut
obligé d'aller pour ses affaires. Notons encore : quelaues
visites à Langar, quelques courtes excursions sur la ~6te
française (Dieppe, en 1866) et deux visites à Down chez
Charles Dàrwin. Cela pour la période 1864-1877.'
Résolu à ac_quérir la technique du peintre, il suivit les
cours de plusieurs ateliers, et notamment de l'atelier
Heatherley. Du reste, des son arrivée à Londres, il se mit
à peindre un petit tableau Priéres en famille (aujourd'hui
dans la Collection Butler, à Cambridge). C'est une scene
d'intérieur à neuf personnages. L'exécution est d'un
amateur, mais l'intention et la puissance satiriques de la
composition sont tres remarquables.
· L'année I 86 5 fut particulièrement féconde : non
seulement il travailla à sa peinture avec acharnement
mais il écrivit un certain nombre d'artides: une révision
de Darwin chez les Machines, des essais satiriques ( les
Banques Musicales, le Monde des non-nés) qui devaient plus
tard entrer dans . Erewhon, et Lucubratio Ebria, autre
2

�18

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

fantaisie sur le Transformisme, qu•il envoya à La Presse
de Christchurch - sa dernière contribution à la naissante littérature' néo-zélandaise. Dans Lucubratio Ebrio,
il a pris parti sans peut~tre s'en douter, pour Lamarck,
'
l . ~
et par suite contre Darwin. Il ava_it, par ~t-I~cm~,
retrouvé la doctrine de Lamarck, mais comme 11 n avait
pas encore étudié de près l'histoire des doctrines tra?s~ormistes, il est probable qu'il se croyait encore Darwinien.
D'autre part, il fit imprimer son opuscule sur la Résu~rcction. Ce petit livre anonyme passa inaperçu, mais
valut à son auteur le plaisir d•entrer en relations avec
Charles Darwin.
De 1865 à 1869, Butler se consacra entièrement à la
peinture ; il y travaillait sept heures par jour, à l'atelier
et chez lui ) si bien qu'en 1869 des troubles de la vue .et
des maux de tête survinrent, et qu'il dut aller passer cmq
mois (novembre 1869-mars 1870) hors d'Angleterre. Il
se rendit à Menton par la Belgique, la Suisse, Come,
Milan, Gênes et la Corniche. Au retour, il passa par la
Lombardie et alla jusqu'à Venise. Ce fut là qu'une dame
russe, - connaissance de hall d'h6tel, - la baronne de
Bulow lui dit en français, au moment où il prit congé
d'elle :' "Et maintenant, Monsieur, vous allez cr é·er. ,,
Ce mot attrista Butler : il avait déjà 35 ans et s'éta.it
figuré qu'il avait suffisamment fait ses preuves parce que
quelques-unes de ses toiles avaient été reçues, aux Expo_sitions de l'Académie Royale. En rentrant a Londres, 11
trouva justement un de ses amis de Nou~elle-Z~lande,
qui lui donna l'idée de rassembler ses anciens articles et
d'en faire un livre. Butler se mit au travail, pour s'éprouver, pour voir s'il pourrait" créer". Le livre qu'il écrivit

SAMUEL BUTLER

fut Erew!Mn. Quand il l'eut presque achevé, il demanda

à une amie, Miss Elizabeth Mary Ann Sa,•age, de vouloir
bien lire le manuscrit : "Je ne sais pas si je dois le publier,
lui écrivit-il, et vous pouvez m'empêcher de commettre
une grosse bévue ... Je désirerais beaucoup avoir votre
avis... " Miss Savage consentit, et apres avoir lu le manuscrit, elle dit à Butler: "Je ne peux pas m'empêcher de
me trouver bien sotte : vous connattre depuis si longtemps,
et n'avoir pas deviné qui vous étiez. "
V oyons qui Etait cette Miss Savage à laquelle Butler
soumettait ses ouvrages avant de les montrer même à ses
meilleurs amis. Dans une de ses lettres à Butler elle s'appelle modestement sa "servante de Moliere ". En réalité,
elle eut sur lui une influence considérable, et c'est probablement à elle seule que nous sommes redevables du fait
qu'il écrivit Ainsi va toutt chair. C'était la fille d'un
architecte de valeur, et Butler l'avait connue à l'atelier
Heatherley. Tour à tour gouvernante,secrétaire de rédaction d'un journal féminin, secrétaire d'un club de dames
'é .
,
c _ta1~ s~rtout, com'.11e Butler lui-même, une bourgeoise
qui s était affranchie de son milieu. A partir de 1871
jusqu'à sa mort ( I 88 5) elle fut en rapports constants avec
Butler, et lut tous ses manuscrits. Son influence sur lui
s'exerça dans trois directions. Elle l'aida à cultiver
en ~ui le ~ens du comique. La pensée de Butler planait,
allait tou;ours aux idées générales. Miss Savage attira
son attention sur les petits travers des gens sur leur
hypocrisie, sur toutes les manifestations indivi~uelles de
sottise et d'insincérité, chez les dévots, chez les gens
du monde, et dans les livres. Or, l'humour de Butler
n'avait besoin que d'un peu d'encouragement pour

�20

11

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

s'exercer dans ce sens, et il est souvent difficile de dire si
telle ou telle épigramme, tel ou tel trait, est de Miss
Savage ou de lui. Ce mot de Butler : "Un honnête Dieu
est le plus noble ouvrage de l'homme" pourrait être de
Miss Savage ; et Butler aurait pu écrire cette phrase
~•une lettre où Miss Savage lui parle d'une dame qui
"depuis qu'elle a "trouvé Christ" est devenue absolument insupportable". D'autre part, Miss Savage était
nourrie de littérature française. Sa tournure d'esprit
rappelle celle de nos grandes dames libertines du
xvrn° siècle, et nous voyons par ses lettres qu'elle avait
lu les écrivains français contemporains : Balzac, Taine,
Flaubert, Renan. Elle en parlait à Butler, et essaya de
les lui faire lire. A vrai dire, passée ta trentaine, il ne lut
presque rien en dehors des ouvrages qui traitaient les
sujets auxquels il s'intéressait : critique historique du
Christianisme et Transformisme, et le seul écrivain français qu'il connut bien fut Buffon, pour lequel il avait une
grande admiration. Néanmoins il est certain que Miss
Savage lui fournit tout ce qu'il était capable d'apprécier
et d'assimiler dans les lettres françaises : peu de chose,
mais enfin quelque chose. Où l'influence de Miss Savage
éclate surtout, c'est dans le fait qu'elle orienta Butler vers
le roman, et qu'elle finit par obtenir qu'il en écrivît un. Il
convient peut-être de dire que l'amitié de Miss Savage et
de Butler fut purement intellectuelle, du moins en ce qui
concerne !'écrivain. La vie "sentimentale'' de Butler
était ailleurs. Il suffit de citer sa longue et très discrète
liaison (1872-1892) avec la personne qu'il appelait
Madame. C'était une Française de bonne famille que les
circonstances avaient amenée à habiter Londres, où elle

SAMUEL BUTLER

21

vivait d'une pension que lui faisait le père de son enfant.
Elle avait eu des devancières, mais elle n'eut pas de
rivale.
Revenons à Erewlzon. Refusé; ~r_ l'avis de George~eredith (le romancier) par la maison Chapman et Hall _
il fut publié, aux frais de l'auteur, par Trübner, en mar;
1872. C'était un livre qui demandait à être lu attentivement et qui, si aucune cause n'était venu le signaler à
l'attention du public, aurait passé inaperçu, Cette cause se
produisit ; quelque temps auparavant avait paru La Race qui vient, roman fantastique, par Lord Lytton,
qui ne l'avait pas signé, mais qui avait laissé courir le
bruit qu'il en était l'auteur. On crut que Erewlzon
était de la même main, ou de quelque autre aristocrate
connu, et tant que Butler n'eut pas annoncé que c'était
son œuvre, on l'acheta. Dès lors le grand public s'en détourna, mais l'attention de l'élite avait été éveillée et le
livre prit d'emblée sa pl~ce au premier rang des ~rands
ouvrages satiriques de la littérature anglaise, tout pres des
/7oyages de Gulliver.

Les rapports entre Butler et sa famille étaient dçjà
tres tendus et, pour des questions d'intérêt le père et le
fils avaient été sur le point d'aller devant les tribunaux.
La publication d' Erewlzon n'arrangea pas leur querelle.
Un ecclésiastique ne pouvait guère approuver un livrê
. qui _contenait un chapitre comme celui des Banques
Musicales. Aussi, lorsque l'année suivante (1873) Samuel
fut appelé à Menton auprès de sa mère mourante, il ne
fut pas très surpris, quand tout fut fini, d'entendre son
père lui dire que c'était Erewlzon qui avait été la cause
principale de la mort de sa mere.

�22

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

A partir de la publication de Erewhon nous devons
envisager S. Butler surtout comme écrivain. Il n'abandonna pourtant pas la peinture, et même en 1874, il
exposa le plus important de ses tableaux : Le jour de congé
de M. Heatherley, aujourd'hui à la Tate Gallery ; et ce
ne fut qu'à partir de 1877 qu'il cessa de se considérer
comme un peintre de profession. Il reconnut de bonne
grke qu'il avait échoué dans cet art (il voulait dire : qu'il
n'avait pas réussi à s'y exprimer pleinement, comme il
l'avait fait en littérature). Dès lors il voulut ne se regarder
que comme un amateur en peinture, et il peignit encore
de nombreuses toiles, pour son plaisir. On peut en voir
ùn bon nombre à Cambridge ; paysages, vues d'Italie,
portraits de ses amis et de lui-même. Un de ses derniers
portraits (peillt en 1878) a été offert au Collège St-Jean
par H. F . Jones en 191 I.
Peut-être est-il temps de donner ici un bref signalement
de S. Butler. Contrairement au héros de Erewhon, il était
de taille plutôt petite, et il avait le teint si brun qu'une
fois, en Nouvelle-Zélande, il fut pris de loin pour un
Maori. Ses cheveux, d'un brun-roux foncé, étaient (1878)
abondants, plantés un peu bas vers le milieu du front, mais
découvrant largement les tempes. Ses sourcils, d'une
épaisseur et d'une largeur peu communes, mais légèrement
relevés vers les tempes, formaient un curieux contraste
avec ses yeux, bleus, vifs, et souvent malicieux. Dans le
portrait de 187 8 - comme dans tous ceux des vingtquatre dernières années de sa vie, - il porte la barbe
(d'une coupe de forme assez française).
Entre l'achèvement et la publ ication de Erewhon,

SAMUEL BUTLER

23

Butler avai t commencé un second livre, Il y reprenait le
sujet de son opuscule sur la Résurrection, mais en le
développant, et surtout en lui donnant une forme nouvelle.
Il s'agissait, d'abord de déblayer le terrain pour faire place
à sa théorie, et ensuite, d'exposer cette théorie. Donc,
1° il indiquerait les données de ce qu'on a appelé " le
problème de Jésus ", du moins en ce qui concerne la
Résurrection ; 2° il montrerait comment les grands
commenteurs anglicans avaient esquivé les difficultés
réelles du pr.oblème ; 3° il réfuterait la plus importante,
- et, avant lui, la seule, - explication rationnelle de la
Résurrection, la théorie dite des " hallucinations " de
D. F . Strauss, et 4 ° il lui substituerait sa propre théorie,
qu'on peut appeler de " la crucifuion incomplète ".
D'autre part, comme il fallait - à cause du Rév. Thomas
Butler - garder l'anonymat, il supposerait tout le livre
écrit par un chrétien sincère, et comme une réfutation
des théories rationalistes. D'où l'ironie du livre si subtile
si parfaite on songe aux Provinciales quelquefois,
en le lisant - que beaucoup de gens s'y laissèrent prendre
et qu'une publication religieuse, The Rock, alla jusqu'à en recommander la lecture aux fidèles. Tel est Le
Hdvre de Paix (r873). Butler l'envoya à Darwin, qui lui
écrivit : "J'ai été frappé de la force de vos arguments
pour démontrer que Jésus n'est pas mort sur la croix,
mais ils ne me paraissent pas tout à fait convaincams... "
et plus loin il ajoutait : " Vous devriez écrire un roman."
Ainsi Darwin lui donnait le même c~nseil que Miss
Savage. C'est qu'en effet, une des meilleures parties du
Hdvre de Paix est l'Introduction, dans laquelle on présente l'auteur supposé du livre, sorte de Bouvard (ou de

'

'

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Pécuchet) religieux, typ,e comique digne de figurer parmi
les plus remarquables personnages de la littérature d'imagination du xrxe siecle. Et du reste, dans tout le livre, il y a
des traits de satire, et une force comique vraiment digne
de Flaubert. Quant à la valeur de la théorie de Butler, le conseil de Ch. Darwin peut bien être pris comme une
façon discrete d'en dire son opinion. Le Hdvre de Paix passa
presque aussi inaperçu que l'opuscule sur la Résurrection.
Cependant Miss Savage insistait toujours pour qu'il
écrivit un roman. Elle lui faisait lire, pour le mettre en
train, Middlemarch, qu'il trouva détestable, et essaya,
- sans grand succes - de lui faire lire aussi Balzac et
les romans et contes de Diderot. Ils chercherent ensemble
des sujets. Enfin Butler en trouva un : l'histoire de
quatre générations de la famille Pontifex, ou plut6t
l'histoire de la famille ~,ontifex au cours du xrxe siecle.
(li trouva le nom de Pontifex sur une devanture de
boutique, et le roman projeté s'appela d'abord Ernest
Po11tifex, ou ainsi va toutè chair.) Le 3 novembre 1873,
Miss Savage lui écrivait : " Cher M. Butler, j'ai lu
hier dans le Tirms que Sa Grke l'archevêque devait
pontifier et prêcher ce soir à Islington, et je suppose
qu'en ce moment m~me il est en train de pontifier.
Qu'est-ce que pontifier ? Je vous en prie, renseignezmoi. En votre qualité d'historien de tous les Pontifex
- sans parler du fait que vous serez un des successeurs
des Apôtres quand ils seront déménagés :__ vous devez
pouvoir me renseigner ... " Butler avait donc commencé
d'écrire Ainsi 1&gt;a toute chair.
Mais peut-on supposer qu'un homme qui a, seul, et

SAMUEL BUTLER

par la seule force de sa pensée, retrouvé, ré-inventé la
doctrine de Lamarck, s'en tient là, et renonce à la
méditation d'un tel probleme pour se consacrer entièrement à un ouvrage d'un genre tout différent? Dès ce
moment (hiver 1873-74) il songeait confusément à une
théorie nouvelle de la vie. A côté de cette puissance
aveugle, la "Sélection Naturelle", par laquelle le darwinisme prétendait tout expliquer, Butler avait, des 1865,
placé cet autre facteur de l'évolution : le sens du besoin,
c'est-à-dire ce que Lamarck appelle " le sentiment
intérieur", cela enfin qui, chez les êtres organisés, répond
aux excitatioHs du milieu, et permet les adaptations. Puis
il était allé plus loin, et avait entrevu la possibilité d'assimiler les phénomènes de l'hérédité - et d'abord la
transmission des caractères acquis - aux phénomènes
de la mémoire. Il retrouvait ainsi une des idées sousjacentes du lamarckisme, et la théorie (qu'il semble
n'avoir jamais connue) formulée au xvrrr siecle par
Maupertuis dans son Système de la nature ou Thèse
d' Erlangen. 1 Mais pour un dialecticien comme Butler,
ce n'était encore là qu'un à peu pres. Il alla plus loin.
Comment expliquer la présence d'une mémoire dans
la cellule vivante ? En démontrant qu'elle est personnellement identique avec toutes les cellules dont elle provient,
dont elle est descendue au cours d'une infinité de siecles.
Ainsi par la présence, ou l'absence, ou le bouleversement de cette mémoire, toutes les difficultés de la doctrine

!"

1
_ c:1!$t
livre d'Edmond Perrier, Philosopltit Zoologiqut avant Darwi",
q~1 ~ a fait connaitre l'ouvrage de Maupertuis, rarement cité par les
histoncllll du Transformisme. Pourtant on y trouve toute la théorie de la
Pangénè~e de Ch. Darwin aposée par avance,

�26

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

darwinienne, tout ce que la Sélection Naturelle n'explique
pas, se trouvera expliqué : transmission des caractères
acquis, stérilité des hybrides, retour aux caractères ancestraux, phénomènes de la vieillesse, etc. Arrivé à ce point,
Butler vit combien le darwinisme était insuffisant, et,
ayant connu alors la doctrine lamarckienne, il s'aperçut
_ lui qui avait cru apporter au darwinisme quelque
chose comme son couronnement philosophique - il
s'aperçut qu'il •se trouvait dans le camp opposé. Dès les
premiers mois de 1876 il était en possession de tous les
éléments de sa théorie, et avait commencé à en faire un
exposé. L'exposé grandit, dépassa les dimensions prévu/es,
et devint un livre: La Vie et l' Habitude. Livre étonnant,
et qui est bien plus que l'exposé d'une doctrine de la vie.
La théorie peut être discutable, mais si l'imagination y
nuit à la rigueur scientifique, c'est une imagination d'une
autre espèce que celle qui joue un trop grànd r6le dans
la théorie de la crucifixion incomplète ; l'imagination qui
préside à La Vie et l'Habitude est de même q_ualité que
celle qui anime le poème de Lucrèce. Livre difficile,
mais livre fort et généreux, dramatique, et dont seul un
I' critique comme Francesco De Santis pourrait .parler
dignement.
Entre temps, il s'était produit un évènement important
dans la vie privée de Butler. Une grande partie de son
capital, retiré de Nouvelle-Zélande et placé dans des
compagnies industrielles fondées au Canada par son ami
le banquier Henry Hoare, avait sombré en même -temps
que ces compagnies. Envoyé a Montréal par le conseil
d'administration, il parvint à liquider ces affaires, mais il
ne sauva que des lambeaux de sa fortune, et jusqu'en

SAMUEL BUTLER

1879 il vécut sur ce qui en restait, après quoi il dut faire
appel à son père, qui ne l'aida que de mauvaise grâce, et
chichement; en sorte que les années 1874-1886 et
surtout 1879-1886 (mort de son père) furent pour lui un
temps de gêne. Ce n'était pas qu'il et'lt de grands besoins
- loin de là : même avec ses séjours en Italie, il ne
dépensait pas, pour lui, le tiers de son revenu ; mais il
était d'une générosité excessive, principalement l'égard
de son ami Charles Paine Pauli, auquel il faisait une
pension, qu'il voulut continuer à lui servir malgré tout.
Ces soucis et cette gêne ne l'empêchèrent pas de travailler, et c'est
Montréal même que furent écrites
quelques-unes des plus belles pages de/a Vie et /'Habitude.
Ce grand livre - peut-être son chef-d'œuvre - parut le
4 décembre I 8 77, le jour où il entra dans sa quarantedeuxième année. L'année suivante, au mois d'ao-"t
u' il
séjourna a Varese, Arona, Faido, etc., et Henry Festing
Jones, qui avait fait sa cbnnaissance en 1874, vint l'y
rejoindre, A son retour à Londres (fin Septembre) il reprit
un livre qu'il avait commencé quelque temps auparavant.
C'était L'Évo/ution, autrefois et aujourd'hui. Il y comparait les théories de Buffon, d'Erasme Darwin et de
Lamarck avec celle de Ch. Darwin. Cette fois, il a nettement pris position contre Charles Darwin, et ce livre
(1879), tout en faisant un exposé très clair et plein d'aperçus ingénieux de l'histoire du Transformisme avant
Ch. Darwin, est surtout un réquisitoire contre le darwinisme. Il est curieux de voir cet évolutionniste convaincu
se rencontrer si souvent avec Quatrefages dans la critique
de la 1octrine de la Sélection Naturelle.
L' Evolution, autrefois et aujourd'hui fut suivie de deux

a

a

•

�28

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

autres ouvrages consacrés à défendre et à étendre la théorie
exposée dans La Vie tt l' Habitudt : La M lmoirt inconsciente
(1 880) et La Chance ou/' Adresu? (1887). Ces livres eurent
pour conséquence une querelle personnelle avec Darwin
et des attaques violentes dirigées contre Butler. Et une
polémique suivit le troisieme : Romanes, Ray Lankester
et Herbert Spencer y prirent part.
En 1881 Butler intercala dans la série de ses livres sur
le Transformisme, un ouvrage dans lequel toute sa vie
italienne se trouvait pour ainsi dire condensée, avec des
digressions sur ses thèmes favoris : ce fut Lts /1 lpts rt ltr
Sanctuaires du Pilmont ti du Tessin, dont !'Introduction se
termine par ces mots: "J'ai adopté l'Italie pour seconde
patrie, et je voudrais lui dédier ce livre en témoign~ge de
gratitude pour le bonheur qu'elle m'a donné. " Ce volume
est illustré de dessins de Butler et de ses amis et compagnons d'excursions, Charles Gogin et H. F. Jones.
Butler publia en 1888 un second livre consacré à l'Italie,
mais qui traite plus spécialement de l'artiste extraordinaire I dont il avait découvert l'œuvre des 187 1, au
Sacro Monte de Varallo-Sesia. C'est Ex-voto qu'il dédia
aux habitants de Varallo, dont le conseil municipal lui
avait offert un " banquet civique" sur le Sacro Monte
même, en 1887 : en effet, n'avait-il pas révélé à un
certain nombre de touristes anglais toute une région
charmante, et jusque-là presque inconnue, de l'Italie
septentrionale ? Un troisième livre sur 1'Italie, //erdi
Prati, resta à l'état de projet; mais on en trouve quelques
fragments dans ltr Carnets.
1

Tabachctti.

SAMUEL BUTLER

Au printemps de 1883, Butler fit une surprise à
H. F. Jones : se trouvant avec lui à l'atelier Heatherley,
qu'il fréquentait encore assid~ment, il entraîna H.F. Jones
dans une chambre où il y avait un piano, et il lui joua un
menuet qu'il avait composé récemment. A partir de cette
époque Butler ajouta donc à ses travaux la composition
musicale. Revenu depuis longtemps au culte exclusif de
celui qu'il considérait comme "le plus grand de tous les
musiciens", H.endel, il ,·oulait montrer qu'on pouvait
composer des pieces légères dans le style de H.endel.
Aprè de nombreuses discussions, il entraîna H. F. Jones
dans son parti, et les deux amis commencèrent à écrire
des Menuets, des Ga"pottes et des Fugues pour piano, qui
formerent un recueil publié en 1885. Après quoi ils
composèrent une cantate intitulée Narcisse (1888) et
écrite en style hamdélien, encore que le sujet et les
paroles en soient du genre burlesque. A partir de I 890,
Butler, désirant se perfectionner dans la technique de l'art
qu'il avait d'abord cultivé comme un passe-temps, se mit
à étudier le contrepoint, tout en travaillant b. un oratorio
dramatique, Ulpse (publié après sa mort en 1904 par
H . F. Jones, qui fut, là aussi, son collaborateur).
- ous voyons, d'après la correspondance de Butler avec
Miss Savage, qu'il était en train d'achever en 1883-1884
son roman, Aimi '))a toute chair. Il était terminé en 188 5,
quand la nouvelle soudaine de la mort de Miss Savage
(après une opération chirurgicale) vint tristement surprendre Butler. Il avait eu l'intention de revoir et de
corriger, peut-être même de récrire, cet ouvrage ; mais
apres la mort de Miss Savage, il n'y toucha plus. Il ne

�30

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

voulut pas, non plus, le publier avant que certaines personnes, qui lui avaient servi de modèles - à leur insu n'eussent disparu, et c'est pour ces raisons que Ainsi va
toute chair ne parut que deux ans après sa mort. En 1886
un des modèles de Butler disparut : c'était le Rév.
Thomas Butler qui, n'ayant pu déshériter complètement
son fils aîné (le cadet, Thomas, étant mort en 1884), lui
laissa d'amples revenus. Du reste, Butler, qui avait 50 ans,
ne changea rien à son train d'existence, et ne quitta pas
son petit appartement de Clifford's Inn. Le seul " luxe "
qu'il se paya fut de' prendre un jeune homme, Alfred
Cathie, qui lui servit à la fois de valet de chambre,
d'intendant et de secrétaire, et qu'il traitait plutôt en ami
qu'en serviteur. Il vendit toute l'argenterie de famille qui
lui revint dans la succession de son père, et ce ne fut qu'à
la veille de sa mort que l'idée lui vint d'acheter un hôtel
particulier, d'avoir des domestiques, et de commencer à
vivre d'une manière moins ascétique.
En avril-mai-juin I 890 il donna à la Uni"pmal
Review (à laquelle il collabora irrégulièrement de 1888
à décembre 1890) une série d'articles sur L'impasse du
Darwinisme. Ce fut sa dernière contribution à la littérature du Transformisme. Mais il ne se désintéressa jamais
complètement de la question, et observa de près les
développements ultérieurs du Darwinisme : la faveur, puis
la défaite du W eismannisme. Sans doute, s'il avait vécu
plus longtemps, il aurait eu quelque chose à dire sur le
mouvement qui sortit, vers I 900, de la mise en lu.miche
des hypothèses et des découvertes de Mendel. V ers la fin
de sa vie, nous voyons par les notes de ses Carnets qu'il

SAMUEL BUTLER

31

avait conçu l'idée de rattacher les lois de la biologie aux
lois de l'énergie, et qu'il avait ébauché - mais sans
la préciser - une théorie analogue par certains points à
celle que M. H. Guilleminot I vient d'exposer sous le
nom de "loi de !'Option Vitale".
Il est certain que les livres à sujet scientifique, qui
forment un bon tiers de l'œuvre de Samuel Butler, sont
plus importants comme ouvrages littéraires que comme
ouvrages scientifiques ; mais si on considère leurs dates de
publication, on doit reconnaître qu'ils méritent une place,
et non des moindres, dans l'histoire des théories transformistes. lis ont ceci de commun avec le poème de Lucrèce,
qu'il faut les considérer au double point de vue de la
littérature et de l'histoire d'un grand mouvement scientifique. N'a-t-il pas été le premier à oser dire, à l'apogée de
la gloire de Charles Darwin, que le Transformisme était
né en France un siècle auparavant, et à apprendre aux
savants de son temps que c'était dans Buffon, dans
Erasme Darwin et chez Lamarck qu'il fallait chercher les
premières hypothèses touchant l'évolution organique ?
N'a-t-il pas été, chronologiquement, le premier des néolamarckiens ? N'a-t-il pas, seul et le premier, fourni une
hypothèse et tenté une explication logique touchant cette
" mémoire de la cellule vivante " à laquelle tant de
biologistes ont fait appel, depuis Haeckel jusqu'à Le
Dantec ? Et cependant, quelle place a-t-on fait à son
nom et à ses travaux dans les histoires du Transformisme
parues depuis la publication de La Pie et !'Habitude?
Pour deux ou trois auteurs qui le citent (Vianna de Lima
1

La Mati}re et la Vie (Flammarion, c9c9).

�32

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

dans son Exposl Sommaire et M. Yves Delage dans
une note à son chapitre sur les théories de Cope et
de Orr) combien l'ignorent? Très· probablement, il faut
voir dans cet oubli le résultat de la campagne de silence
et de dénigrement n1enée par les partisans de Darwin
contre Butler. Toutefois, il semble que, même dans le
monde scientifique, on commence à lui rendre justice en
Angleterre, et le principal artisan de cette espèce de
réhabilitation est précisément - cela lui fait honneur Sir Francis Darwin.
1,

2

Les dix ou douze dernières années de la vie de Samuel
Butler furent remplies par des tra~ux d'un genre tout
différent de ceux qui l'avaient occup~ jusque-là, encore
qu'ils ne fussent que des prétextes, ou plutôt des moyens,
pour lui, d'exprimer sa philosophie et sa personnalité. Ce
fut, d'abord, une biographie du D' Samuel Butler, - son
grand-pere, - que les historiens de la pédagogie et de
l'érudition anglaises attendaient depuis longtemps. En
rassemblant et en classant les lettres de l'évêque de
Lichfield et de ses correspondants, il a composé un tableau
très remarquable de la société anglaise entre les dix dernières années du XVIII 0 • siecle et 1 839. La Vie et les
Lettres tlu D• Samuel Butler parut en 1896 (Butler y
travaillait depuis I 889-90). De tous ses livres, ce fut,
après Erewhon, celui que la critique accueillit le mieux ou le moins mal. Cette même année I 8.9 6 Charles
1

A. Vianna de Lima, Exposl Sommaire de, thiori,s traniformistes de

L""'4rct Darwin et Haed(tl (Delagrave, 1886).
t Yves Delage, L'Hérlditl el /,s grands prob/lm,s de la biologie glnlrale
(Schleichcr, 1903).

SAMUEL BUTLER

33

Gogin peignit le portrait de Butler qui est maintenant à
la National Portrait Gallery.
En même temps qu'il travaillait à la biographie de son
grand-père, Butler poursuivait une autre étude : celle des
poèmes homériques. En cherchant un sujet pour l'oratorio
hœndélien qu'il voulait composer avec H. F. Jones, il
avait songé aux aventures d'Ulysse, et, une fois ce sujet
adopté, il avait voulu se rafrakhir la mémoire en relisant
l'Odyssée. On ne perd jamais le bénéfice d'une solide
instruction classique : la lecture (à 54 ans) de l'Odyssü
le transporta. Dès lors il eut constamment Homère entre
les mains et dans la pensée, au point de savoir les deux
po_è~es presque entierement par cœur. Mais un esprit
critique comme le sien ne devait pas se contenter de jouir
de cette poésie : il y avait le " problème d'Homère "
~ autant plus tentant qu'en s'y plongeant on ne pouvait'
q~e mieux goôter la p_oésie homériqùe. En 1892 il faisait, au Collège des Travailleurs, uue conft!:rence sur
1' Humour d' Homére, et scandal isait aussitêlt tous les
érudits habitués à ne voir dans les poèmes homériques
q u' u,_1 " t exte " capa ble seu 1ement d'mterprétations
·
philologiques et non d'une interprétation humaine. Il avait
déjà presque terminé une TraductÎqn de l'Odyssle lorsqu'il
con_çut une hypothèse touchant le lieu où une partie au
moms du poème avait été composée : Trapa11i et le Mont
~ryx, en Sicile, correspondaient à la description homén~ue du port de Schérie. Quelques mois plus tard il partait pour la Sicile, et ce fut dans tlne revue sicilienne et
en ir,3-lien, qu'il donna la première ébauche de sa thé~rie
de l Odyssü (1893). Dès lors il lit de fréquents séjours
à Trapani et dans la région, et son hypothèse se fortifia
1

�34

LA NOUVELLE REVUE FRANÇA ISE

et grandit. Il arriva peu à peu, et en s'entourant de toutes
les garanties scientifiques possibles, à établir que l'Odysrfe
avait dt! ~tre composée à Trapani. Et il ajouta à eette
hypothèse ce corollaire un peu inattendtt : que l'OdyHét
était l'œuvre d'une femme; et cette femme : Naùsikaa.
Tel est le sujet de La femme auteur de l'Odyssle (1897).
Cependant, il avait approfondi aussi le problème de
l'Iliade (dont il donna une traduction en r 898), mais
sans lui apporter d'hypothèse nouvelle. En 1895 il avait
fait un voyage en Grèce et dans la Troade pour se rendre
compte par lùi-même de la valeur des conclusions auxquelles étaient arrivés les archéologues, et il reconnut que
ces conclusions étaient acceptables. Sa traduction de
l'Odyssfe parut en 1900.
Il avait à peine abandonné ses études homériques qu' il
fut séduit par le problème des Sonnets de Shakespeare et,
dépouillant toute la littérature shakespearienne comme il
avait dépouillé la littérature homérique, il donna au
résultat de ses recherches la forme d'une Edition des
Sonmts classés d'après l'ordre chronologique réel (selon lui)
et accompagnés d'un commentaire (1899). On peut
trouver trop hardies ses hypothèses, tant en ce qui concerne Homere qu'en ce qui concerne Shakespeare, mais,
à ne considérer que la valeur purement philologique de
ces travaux, il faut reconnaître qu'il a fait un vigoureux
et noble effort pour introdui-re dans les méthodes de
l'érudition moderne, à côté de l'interprétation timide des
spécialistes, une interprétation plus libre, une interprétation d'humaniste.
Si on réfléchit à tout le travail matériel que supposent
des entrepris-::s de ce genre et aux voyages qu'elles néces-

SAMUEL BUTLER

35

sitent, - si on songe qu'en même temps Butler continuait
.à peindre et à composer de la musique, et si on ajoute
encore à cela les ~oins qu'il donnait à l'administration de
sa fortune, on reste étonné de l'activité et de l'énergie de
cet homme de soixante ans.
La fréquentation des Sonnets de Shakespeare lui avait
inspiré l'idée d'exprimer sous cette forme quelques-unes
des pensées qui le hantaient alors, et surtout la pensée de
cette immortalité " dans les esprits et les actions des
hommes", - cette "vie par délégation" que certains
privilégiés : peintres, poëtes, musiciens, les plus grands
-d'entre les hommes, vivent dans la vie de l'humanité. Et
il compo$a une magnifique série de Sonnets qui, avec
quelques courts poèmes écrits entre 1874 et 1894 (un
Psaume de Montrlal - satirique - et deux poèmes de
forme whitmanienne) constitue, sinon son oeuvre poétique,
du moins son œuvre en vers : car il prenait le mot poésie
,dans son sens étymologique, et considérait la prose comme
une des formes, - et la plus susceptible de perfection
peut-être - de la poésie.
Dès 1896 Butler avait songé à écrire une suite à
Erewhon. Sa théorie de la Résurrection, qu'il jugeait
solide, lui avait souvent suggéré l'idée de considérer tout
le Christianisme comme la conséquence d'une seule erreur
initiale : le miracle supposé de la Résurrection, Tel fut
le germe des Nouveaux Voyages à Erewhon (r9or). Il n'y
-est pas question du Christianisme: Butler a tenu à ne
blesser aucune croyance, et surtout à ne pas tourner en
·ridicule une religion que ses opinions conservatrices lui
faisaient regarder - du moins dans l'Eglise de Rome comme un terrain d'entente possible entre le panthéisme

�LA NOUVELLE REVUE

FRANÇAISE

(un " panthéisme modeste " cbmme le sien) et la tradition religieuse européenne. C'est donc à Erewhon qu'a
l\eu le miracle supposé et que les conséquences de ce
miracle se déroulent aux yeux étonnés du pauvre homme
à qui on l'attribue. C'est en partie grke à M. Bernard
Shaw que Butler trouva l'occasion de publier ce livre
dans des conditions plus avantageuses pour lui et plus
Jaonorables pour le public et les éditeurs anglais que celles
dans lesqueJles avaient paru tous ses aut.res livres.
En même temps que Nouveaux f/oyages à Erewhon
Butler donnait une édition révisée de Erewhon. Il en
profitait pour introduire dans cet ouvrage un aperçu de
sa théorie de La Vie et /'Habitude et deux nouveaux
morceaux satiriques (les chapitres sur Les droits des
animaux et Les droits des vfgétaux). Il a tenu à dire,
dans la Préface de cette édition, qu'il aurait voulu
pouvoir supprimer certaines pages, dont il était " honteux ". Chose curieuse : ces pages sont précisément
!.es premiers chapitres, ce début de roman d'aventures,
ces descriptions des paysages de Nouvelle-Zélande quj
servent si bien d'amorce pour amener le lecteur en
Erewhon. - A insi, il terminait sa carrière littéraire
'' en Erewlion ", comme il l'avait commencée. D'autres
ouvrages restaient à l'état de projets : sur l'Italie ; sur
Tabachetti; peut-être un nouveau livre sur le Transformisme ou un appendice à La Femme auteur de l'Odyssée.
En tout cas il laissait cinq tomes I de notes manuscrites
sur tous les sujets qu'il avait abordés au ·cours de sa vie)
1 Ces tomes contiennent les notes choisies p:rr lui-même dans Ica
Carnets ëe poche où il les jetait. D'où le nom de Carnet, c!onnés à ce&amp;
t omes et au vo!Jme qu'en a extrait M. H. F. Jon es (t 912).

SAMUEL BUTLER

37

- une des plus belles vies d'aventures intellectuelles qu'on
puisse imaginer. II avait près de soixante-six ans et ses
forces baissaient : l'anémie et les vertiges dont il souffrait
depuis quelques années augmentaient. Malgré tout, le
28 mars 1902, il voulut partir pour la Sicile. En route
ses malaises s'_aggravèrent. Il profita cependant de son
passage à Rome pour vérifier \lne citation concernant
l'Odyssée : un passage d'Eustathius (commentateur
d'Homère) où il est question d'une légende égyptienne
qui attribuait les poèmes originaux, dont Homère aurait
tiré l'Iliade et l'Odyssée, à une femme. Le 14 Mai 1902,
il écrit du Bertolini's Palace Hotel (de Naples) à
Mille Fuller Maitland une lettre qui est une véritable
lettre d'adieux définitifs : il ne se faisait guère d'illusions
sur, son état. Rentré a Londres, il dut quitter Clifford's
f11n pour une maison de santé. Il y mourut le 18 juin à
soixante-six ans. Et le 21 juin) son corps, selon ses dernières
volontés, était incinéré, et ses cendres enterrées sans rien
qui en marquât la place.
VALERY LARBAUD

�ER.EWHON

EREWHON
(FRAGMENTS)

I
QUELQUES PROCÈS EREWHONIENS
En Erewhon, comme dans les autres pays, il
existe certains tribunaux qui connaissent de certains
délits. Ainsi que je l'ai dit déjà, chez cette nation
toute espèce d'infortune est tenue pour plus ou
moins criminelle. Mais comme on peut distinguer
plusieurs sortes d'infortunes, les Erewhoniens ont
créé un tribunal spécial pour chacune des catégories
sous lesquelles ils sont convenus de ranger ces
différentes sortes.
Peu de temps après mon arrivée dans la capitale
je pénétrai un jour dans la Cour des Deuils Privés,
et je fus très intéressé, et très peiné à la fois, d'assister au procès d'un homme accusé d'avoir récemment perdu sa femme à laquelle il était tendrement
attaché et qui l'avait laissé avec trois enfants dont
l'ainé n'avait que trois ans.
L'argument sur lequel était basée la plaidoirie
de son defenseur était que le prisonnier n'avait en

39
réalité jamais aimé sa femme. Mais sa thèse fut
reduite à néant : en effet, le procureur du roi fit
venir témoin sur témoin qui tous déposèrent que
ces époux ne vivaient que l'un pour l'autre; et
le prisonnier sanglota plusieurs fois lorsque les
témoins rappelèrent des incidents qui lui remirent
en mémoire toute l'étendue de la perte irréparable
qu'il avait faite. Le jury, après une courte délibération, rendit un verdict affirmatif entrainant la
condamnation du prisonnier, mais il admit des
circonstances atténuantes, eu égard au fait que peu
de temps auparavant le coupable avait pris une forte
assurance sur la vie de sa femme, et qu'on pouvait
le considérer comme heureux, puisque la compagnie lui avait payé la somme entière sans faire de
difficultés, bien qu'il n'e1it versé que deux primes.
Je viens de dire que le jury déclara le prisonnier
coupable. Or, quand le juge prononça la sentence,
je fus frappé de l'entendre réprimander le défenseur du condamné pour avoir cité un ouvrage dans
lequel la criminalité des infortunes analogues à
celle du prisonnier était atténuée à tel point que
toute la cour s'en montra indignée.
- Nous verrons paraitre encore, dit le juge,
de ces livres malsains et subversifs jusqu'au jour
où l'on considèrera enfin comme un des axiomes
de la morale que la chance est la seule chose qui
soit digne de la vénération des hommes. Jusqu'à
quel point un homme a le droit d'être plus fortuné

�40

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

et par conséquent plus respectable que ses voisins,
c'est une question qui a toujours été t;t qui sera
toujours décidée en premier ressort par une espèce
de marchandage et de compromis, et en dernier
ressort par la violence ; mais, quoiqu'il en soit, la
raison nous dit qu'on ne devrait permettre à personne de pousser l'infortune au-delà de certaines
limites très étroites. "
Puis, se tournant vers le prisonnier, le juge
poursuivit : " Vous avez fait une grande perte.
Le nature attache une sanction sévère à de tels
crimes, et la loi humaine a le devoir de renforcer
les décrets de la Nature. Si le jury n'avait pas
admis des circonstances atténuantes je vous aurais
condamné à six mois de travaux forcés. Cependant,
je vais commuer cette sentence en une condamnation à trois mois, ou en une amende de vingt-cinq
pour cent sur la somme que vous avez touchée
de la compagnie d'assurances".
Le prison nier remercia le juge, et dit que, comme
il n'avait personne qui püt s'occuper de ses enfants
pendant qu'il serait en prison, il profiterait du
choix que lui laissait la mansuétude de son juge,
et paierait la somme qu'il avait fixée. Là-dessus
on l'emmena.
L'affaire qui vint ensuite concernait un jeune
homme, tout juste majeur, accusé d'avoir été dépouillé d'une grosse fortune, pendant sa minorité,
par son tuteur qui était aussi un de ses plus proches

EREWHON

41

parents. Il avait perdu son père de bonne heure,
et c'était pour cette raison que son affaire venait
devant la Cour des Deuils Privés. Le pauvre
garçon, qui n'avait pas d'avocat, dit pour sa défense
qu'il était jeune et sans expérience; qu'il tremblait
devant son tuteur,et qu'il n'avait eu personne pour
lui donner des conseils désintéressés.
- Jeune homme, dit le juge avec sévérité,
ne nous dites pas de sottises. On n'a pas le droit
d'être jeune et sans expérience, de trembler devant
son tuteur, et de n'avoir personne de qui recevoir
des conseils désintéressés. Et si, par de telles fautes,
on outrage le sens moral de ses amis, il faut qu'on
s'attende à en subir les conséquences. " Puis il
donna au prisonnier l'ordre de faire des excuses à
son tuteur et le condamna à recevoir douze coups
de martinet.
Mais peut-être le lecteur pourra-t-il se faire une
notion encore plus exacte du complet renversement
d'id.ées qui existe chez ce peuple extraordinaire, si
je fui raconte le procès public d'un homme accusé
de phtisie pulmonaire, crime qui était, il n'y a pas
encore très longtemps, puni de mort. Ce procès
eut lieu plusieurs mois après mon installàtion dans
le pays, et je m'écarte de l'ordre chronologique en
le racontant dès maintenant ; mais il me semble
que cela vaut mieux ainsi : j'épuise ce sujet avant
de passer à d'autres. D'ailleurs je n'en finirais jamais si je narrais de point en point mes aventures,

�42

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

et s1 Je rapportais chacune des innombrables absurdités que je rencontrais à chaque pas.
On fit asseoir le prisonnier au banc des accusés
et le jury prêta serment à peu près de la même
manière qu'en Europe. Presque toutes nos formes
de procédure se trouvaient reproduites, jusqu'à-la
question posée au prisonnier s'il plaidait coupable
ou non-coupable. Il plaida non-coupable, et le
procès commença. L'accusation s'appuyait sur de
fortes présomptions; mais je dois dire, pour rendre
justice à la Cour, que le procès fut conduit avec la
plus grande impartialité. Le défenseur de l'accu sé
put faire valoir tous les arguments capables d'exonérer son client. Sa thèse était que l'accusé faisait
semblant d'être phtisique afin de frauder une compagnie d'assurances sur la vie, à laquelle il était sur
le point d'acheter une rente viagère, qu'il espérait
obtenir, par ce moyen, à meilleur compte. Si on
avait pu démontrer que cela était vrai l'accusé aurait
été absout et envoyé dans un hôpital comme atteint
d'un mal moral. Mais cette thèse ne pouvait
raisonnablement pas se soutenir, en dépit de toute
l'ingéniosité et de toute l'éloquence d' un des plus
célèbres avocats du pays. La chose n'était que trop
évidente, car l'accusé était presque mourant, et il
était surprenant qu'il n'e(lt pas été jugé et condamné depuis longtemps déjà. Il ne cessa pas
de tousser tant que durèrent les débats, et les
deux geôliers qui le gardaient eurent toutes les

!REWHON

43

peines du monde à le maintenir debout jusqu'à la
fin.
Les conclusions du juge furent admirables. 11
s'appesantit sur chaque point qui pouvait s'interpréter en faveur du prisonnier; mais il devint
bientôt évident que les preuves étaient trop fortes
pour laisser place au moindre doute et, lorsque le
jury se retira pour délibérer, toute l'assistance
comprit quel allait être le verdict. Au bout de dix
minutes les jurés rentrèrent et leur président
déclara l'accusé coupable. Il y eut un léger bruit
d'applaudissements dans l'assistance, mais il fut
immédiatement réprimé. Puis le juge prononça la
sentence en des termes que je n'oublierai jamais,
et que je notai dans un carnet, le lendemain,
d'après le compte-rendu publié par un des grands
journaux. Je suis obligé de le condenser un peu,
mais tout ce que je pourrais dire ne parviendrait
qu'à donner une faible idée de la sévérité solennelle, pour ne pas dire majestueuse, avec laquelle
cette sentence fut rendue. La voici :
" Inculpé qui comparaissez ici, vous avez été
accusé d'un grand crime : celui d'être atteint de
phtisie pulmonaire; et, après un procès impartial
fait en présence d'un jury composé de vos concitoyens, vous avez été jugé coupable. Je n'ai rien à
dire contre la justice du verdict ; les preuves
contre vous sont accablantes, et il ne me reste qu'à
prononcer un jugement qui remplisse les intentions

�LA NOUVELLE REVUE FRA NÇA IS !
44
de la loi. Ce jugement sera sévère. Ce n'est pas
sans douleur, que je vois un homme si jeune
encore, et dont l'avenir s'annonçait si brillant,
conduit à cette situation déplorable par une constitution physique que je ne puis que considérer
comme radicalement viciée. Mais votre cas à vous
n'est pas digne de compassion; ce n'est pas là
votte première faute : vous avez vécu une vie de
crimes, et n'avez mis à profit l'indulgence avec
laquelle on vous a traité plusieurs fois déjà, qut:
pour enfreindre encore plus gravement les lois et
les institutions de votre pays. L'année dernière
vous avez été reconnu coupable de bronchite
aigüe; et je constate que, malgré que vous n'ayez
que vingt-trois ans vous avez été condamné déjà.
quatorze fois. pour des maladies d'un genre plus
ou moins odieux ; enfin, il n'y a pas d'exagération
à dire que vous avez passé la plus grande partie
de votre existence dans les prisons.
" Vous avez beau dire que vous êtes né de
parents malsains et que vous avez eu dans votre
enfance un grave accident qui a complètement
ruiné votre santé ; de telles excuses sont la ressource habituelle des criminels ; mais la justice ne
saurait leur prêter l'oreille un seul instant. Je ne
suis pas ici pour m'occuper de certaines questions
métaphysiques assez délicates sur l'origine de ceci
ou de cela, questions avec lesquelles on n'en finirait
jamais, du jour où on leur aurait entr'ouvert la.

J:REWHON

45

porte de cette enceinte, et dont le résultat serait de
rejeter toute culpabilité sur les tissus de la cellule
primitive ou sur les gaz élémentaires. On ne
cherche pas à savoir comment ou pourquoi vous
êtes devenu criminel, mais uniquement ceci : Etesvous, oui ou non, criminel? La question est tranchée
par l'affirmative, et je declare sans la moindre hésitation que cette décision est juste. Vous êtes un
individu mauvais et dangereux, et vous portez aux
yeux de tous vos compatriotes le stigmate d'un
des crimes les plus abominables qu'on connaisse.
"Ce n'est pas à moi à justifier la loi : dans certains cas la loi peut avoir des sévérités inévitables,
et il peut m'arriver parfois de regretter de n'avoir
pas la possibilité de rendre un jugement moins
sévère que celui que je suis obligé de rendre. Mais
votre cas n'a rien de commun avec ceux-là ·, au
contraire, si la loi qui punissait de mort la phtisie
n'avait pas été abrogée, je vous l'appliquerais.
"Il n'est pas admissible que l'exemple d'une
telle dépravation puisse impunément s'étaler au
grand jour. Votre présence au milieu de personnes
respectables pourrait induire les gens les moins
vigoureux à regarder toutes les maladies comme
des fautes sans gravité ; et on ne saurait tolérer
que vous ayez la possibilité de corrompre des êtres
non encore nés qui pourraient dans la suite venir
vous importuner. Il ne faut pas laisser les non-nés
s'approcher de vous, et cela, non pas tant e~ vue

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de leur protection (car ils sont nos ennemis naturels)
que de la nôtre ; car, puisqu'il est impossible de
les exclure tout à fait, il faut veiller à ce qu'ils
soient logés chez les personnes qui sont les moins
capables de les corrompre.
"Mais indépendamment de cette considération1
et sans tenir compte de la culpabilité physiologique
qu'entraîne un crime aussi grand que le vôtre, il
y a encore une autre raison qui nous obligerait à
vous traiter sans pitié, même si nous étions enclins
à l'indulgence. Je veux parler d'une certaine classe
de gens qui vivent cachés au milieu de nous, et
qui s'appellent médecins. Si jamais la sévérité des
lois ou le patriotisme du public se relâchait tant
soit peu, ces gens sans aveu, qui sont à présent
obligés d'exercer en secret leur industrie et qu'on
ne peut consulter qu'en courant les plus grands
risques, deviendraient les familiers de tous les .
foyers. Leur organisation et leur connaissance de
tous les plus intimes secrets des familles, leur
donnerait une puissance, à la fois sociale et politique, à laquelle rien ne pourrait résister. Le chef
de famille deviendrait le subalterne du médecin de
la maison, qui s'interposerait entre le mari et la
femme, entre le maître et le serviteur, si bien
qu'enfin les médecins deviendraient les uniques
détenteurs du pouvoir dans l'Etat, et que tout ce
à quoi nous attachons du prix serait à leur discrétion. Alors une ère de déphysicalisation s'ouvrirait;

EREWHON

•

47
et des marchands de drogues de toute espèce pulluleraient dans nos rues et mettraient des annonces
dans tous nos journaux. A cela, il y a un remède,
et il n'y en a qu'un seul. C'est celui que les loi
de ce pays ont depuis longtemps admis et appliqué,
et il consiste dans la répression impitoyable de
toutes les maladies quelles qu'elles soient, dès que
les preuves en sont rendues manifestes aux yeux
de la loi ; et plût au ciel que ces yeux fussent
encore plus vigilants !
"Mais je ne veux pas m'étendre davantage sur
des considérations qui sont si évidentes par ellesmêmes. Vous pouvez prétendre que ce n'est pas
votre faute. Cette réponse, certes, est facile à faire,
et elle revient à dire que si vous étiez né de parents
sains et aisés, et si on vous avait bien soigné dans
votre enfance, vous n'auriez pas violé les lois de
votre pays, et vous ne vous trouveriez pas dans
cette situation déshonorante. Vous me direz peutêtre que vous n'êtes responsable ni de votre
naissance, ni de votre éducation, et que par conséquent, il est injuste de vous les reprocher. Mais
je vous répondrai que votre phtisie, qu'elle vienne
ou non de votre faute, est une faute en vous et
qu'il est de mon devoir de veiller à ce qu: la
république soit protégée contre des fautes de cette
nature. Vous pouvez dire que c'est par infortune
que vou_s êtes crimi nel; moi, je vous réponds que
votre crime, c est d être infortuné.
1

1

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

"Enfin, je dois faire remarquer que même si le
jury vous avait acquitté, supposition que je ne
puis admettre un seul instant, j'aurais considéré
qu'il était de mon devoir de vous punir presque
aussi sévèrement que je le fais à présent. Car moins
vous auriez été trouvé coupable du crime dont on
vous accusait, et plus vous auriez été coupable
d'un autre crime à peine moins odieux : celui
d'avoir été injustement diffamé.
"Aussi je n'hésite pas à yous condamner à la
prison et aux travaux forcés jusqu'à la fin de votre
misérable existence. Et je vous demande instamment de mettr:e à profit ce temps pour vous repentir des fautes que vous avez commises, et pour
réformer de fond en comble toute votre constitution. Je n'ai pas grand espoir que vous suiviez mes
conseils ; car vous avez déjà fait trop de chemin
dans le crime. Si cela dépendait de moi, je n'ajouterais rien qui pô.t adoucir la sentence que je viens
de rendre, mais la loi compatissante stipule que
même le criminel le plus endurci pourra prendre
un des trois médicaments officiels, à prescrire au
moment de sa condamnation. En conséquence je
vous ordonne de prendre deux grandes cuillérées
d'huile de ricin tous les jours jusqu'à ce qu'il plaise
à la Cour de donner de nouvelles instructions".
Lorsque le prononcé de l'arrêt fut achevé, le
prisonnier, en quelques paroles qu'on entendit à
peine, reconnut qn'il étai~ puni justement et qu'il

EREWHON

49

avait été jugé d'une manière impartiale. Puis 011 le
con~uisit à la prison d'où il ne devait jamais plus
sortir. ?n essaya enc~re d'applaudir quand le juge
eut fini de parler, mats cette fois encore la manifestation fut réprimée; et bien que l'assistance fi.ît
très hostile au prisonnier, personne ne tenta de le
brutaliser d'une manière quelconque · toutefois le
public poussa quelques huées lorsqu'~n l'emporta
dans la voiture cellulaire. En vérité, pendant toute
la durée de mon séjour, rien ne me frappa davantage que le respect que tous avaient pour l'ordre
et pour la loi.

II
LE MONDE DES NON-NÉS
Les Erewhoniens disent que nous sommes
entrainés à reculons à travers la vie ; ou encore,
que no~s nous avançons dans l'avenir comme dans
un corridor obscur. Le Temps marche à nos côtés
et o_uvre les volets à mesure que nous avançons.
Mais souvent la lumière ainsi reçue nous éblouit
et augmente l'obscurité qui s'étend de van t nous
Nous ne distinguons que peu de choses à la foi~
et ce que .nous voyons nous préoccupe b1·e n mo111s
.
~ue la cramte_ de ce que nous allons voir. Toujours
a regarder ,av1de~ent à travers la clarté du présent dans 1 obscurité de l'avenir, nous devinons les
4

�50

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

grandes lignes de ce qui est devant nous grâce à
des lueurs faiblement réfléchies par de mornes
miroirs placés derrière nous, et nous nous avançons
en trébuchant, de notre ·mieux, jusqu'au moment
où la trappe cède sous nos pieds et nous avale.
Quelquefois ils disent que l'avenir et le passé
sont comme un panorama qui se dévide entre deux
rouleaux. Ce qui est sur le rouleau de l'avenir se
déroule pour s'enrouler sur celui du passé. Nous
ne pouvons ni accélérer le mouvement, ni l'arrêter.
Nous sommes obligés de voir tout ce qu'on nous
en déroule, bon ou mauvais ; et ce que nous avons
une fois vu, nous ne devons plus jamais le revoir.
Le panorama se déroule et s'enroule sans un
moment de répit ; nous saisissons une seconde de
son passage et l'appelons" le présent". Nos sens
troublés reçoivent l'impression qu'ils peuvent, et
nous essayons de deviner ce qui va venir d'~près
l'aspect de ce qui vient de passer. C'est la même
main qui a peint toute la toile, et les détails varient
peu : fleuves, bois, plaines, montagnes, villes et
peuples ; l'amour, le chagrin, et la mort ; - et
pourtant l'intérêt ne faiblit jamais et, pleins d'espoir,
nous nous attendons à quelque grand bonheur,
ou, pleins de crainte, nous regardons si nos propres
personnes ne vont pas faire partie de quelque
spectacle horrible. Quand la scène est passée, nous
nous imaginons que nous la connaissons, mais il
y avait tant de choses à y voir et nous avons eu si

EREWHON

51
peu de temps pour les regarder, que l'idée que
nous; connaissons bien notre passé est, la plupart
du temps, fort mal fondée. Et du reste nous nous
en soucions fort peu, sauf en ce qui concerne la
partie de notre passé qui peut avoir quelques
conséquences pour notre avenir, sur lequel tout
notre intérêt est concentré.
Les Erewhoniens disent que ce ne fut que par
l'effet du hasard que la terre, les étoiles, et tous
les corps célestes, commencèrent à tourner d'Orient
en Occident et non d'Occident en Orient et ils
disent de même que c'est par l'effet du 'hasard
que l'homme est tiré à travers la vie la figure
tournée vers le passé et non vers l'avenir. Car
l'avenir existe aussi bien que le passé ; seulement,
nous ne pouvons pas le voir, voilà tout. Car n'estil pas contenu dans les flancs du passé, et ne
fa~t-il pas que le passé change pour que l'avenir
puisse changer aussi ?
Quelquefois encore ils disent qu'on fit l'essai,
sur la Terre, d'une race d'hommes qui connaissaient
l'avenir mieux que le passé, mais qu'ils moururent
au b?ut d'une année de la souffrance -que leur
ca~sa1_t cette connaissance. Et si quelque homme
na1ssa1t, de nos jours, avec une prescience trop
grande de l'avenir, il disparaitrait par sélection
naturelle avant d'avoir eu le temps de transmettre
à ses descendants une faculté si contraire à notre
tranquillité.

�EREWHON

52

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Etrange destinée de l'homme ! Il meurt de
trouver cette même connaissance dont la recherche
seule l'empêche de mourir. S'il ne la recherche
pas, il n'est pas différent des bêtes, et s'il la trouve,
il est plus malheureux que les démons.
Après être venu à bout de maintes dissertations
dans le genre de celle-ci, j'arrivai enfin aux nonnés eux-mêmes, et découvris qu'ils les considéraient comme des âmes pures et simples, sans
corps matériel, mais vivant une sorte d'existence
gazeuse et pourtant plus ou moins anthropomorphe, comme celle d'un esprit ; et que par
conséquent ils n'ont ni chair, ni sang, ni chaleur.
Cependant on croit qu'ils ont des habitations et
des villes où ils demeurent, quoique celles-ci
soient aussi immatérielles que leur habitants. On
suppose même qu'ils mangent et boivent une sorte
d'aliment fluide, une espèce d'ambroisie, et qu'ilspeuvent faire tout ce que font les hommes, mais.
d'une manière idéale et fantastique, comme en
rêve. D'autre part, tant qu'ils résident dans leur
monde ils ne meurent pas ; pour eux la seule
façon de mourir consiste à quitter leur monde
pour le nôtre. On cr"oit qu'ils sont extrêmement
nombreux, beaucoup plus nombreux que les hom-mes. Ils viennent de planètes inconnues, complètement _développés, et en grandes quantités
à la fois. Mais il ne peuvent quitter le monde des
non-nés qu_'en faisant les démarches nécessaires.

53

•
, d.ire, en somme,
pour passer dans 1e notre
; c' est-aen se suicidant.
Ce devrait être un peuple extrêmement heureux,
puisqu'ils ne connaissent aucun excès de plaisir ou
de douleur et jamais ne se marient, mais vivent
dans un état très voisin de celui dans lequel les
poètes font vivre les premiers hommes. Et cependant ils se plaignent sans cesse. Ils savent que
nous autres, dans ce monde-ci, possédons des
corps; et du reste ils savent tout ce qui se passe
chez nous, car ils se mêlent à nous et vont partout
où ils veulent, et lisent nos pensées, et peuvent à
volonté observer nos actions. On pourrait croire
que cela devrait leur suffire, et la plupart d'entre
eux connaissent fort bien le risque effroyable qu'ils
courront pour avoir voulu.jouir de ce corps "doué
de mouvement sensible et chaud " qu'ils désirent
tant. Mais il en est parmi eux pour qui l'ennui
d'une existence incorporelle est si intolérable qu'ils
sont. prêts à tout risquer pour en chano-er
•&gt; et ils
b
décident de s'en aller. Les conditions qu'ils sont
contraints d'accepter sont si incertaines qu'il n'y a
q,ue les plus sots d'entre les non-nés qui veuillent
s y soumettre ; et c'est parmi ceux-là seulement
que se recrutent nos rangs.
Une fois ·que leur décision de s'en aller est bien
prise, ils sont obligés de se présenter devant le
magistrat d~ la ville la plus proche, et de signer
une attestation par laquelle ils déclarent leur désir

�54

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de quitter leur existence actuelle. Cette formalité
remplie, le magistrat leur lit les conditions qu'ils
doivent accepter et qui sont si nombreuses que
je n'en puis extraire que quelques-uns des points
les plus importants, qui sont, en gros, les suivants :
En premier lieu, ils doivent prendre mi breuvage qui anéantira leur mémoire et le sentiment
de leur indentité ; ils doivent aller dans le monde
sans secours et sans volonté propre ; tirer au so.rt
leur caractère avant de s'en aller, et l'accepter quel
qu'il soit, à tout hasard. Ils n'ont pas non plus le
droit de choisir ce corps qu'ils désirent tant; ils sont
simplement donnés en partage, au hasard et sans
appel, à deux personnes qu'ils doivent se charger
de trouver et d'importuner jusqu'à ce qu'ils se
soient fait adopter par elles. Quelles seront ces
personnes: riches ou pauvres, bonnes ou méchantes,
saines ou malades, on ne peut pas le savoir. En
somme, ils doivent se confier pour de nombreuses
années aux soins de gens dont la bonne constitution et le bon sens ne leur sont nullement garantis.
Il est curieux de lire les avertissements que les
plus sages d'entre eux donnent à ceux qui songent
à changer d'existence. Ils leur parlent comme nous
parlerions à un prodigue, et avec à peu près
autant de succès.
" Naître, leur disent-ils, est une trahison, un
crime capital, dont le châtiment peut fondre
sur vous à n'importe quel moment après que la

EREWHON

55

faute a été commise. Ils se peut que vous viviez
soixante-dix ou quatre-vingts ans ; mais qu'est-ce
que cela, comparé à l'éternité dont vous jouissez
ici ? Et même si la peine était commuée, et qu'on
vous permît de vivre toujours,. vous finiriez par
être si horriblement las de la vie que la plus
grande marque de clémence qu'on pourrait vous
donner serait de vous exécuter.
" Considérez les innombrables risques que vous
courez ! Naitre de parents mauvais, et être instruit
dans le vice 1 Ou naître de patents sots et être
nourri de billevesées et d'idées fausses ! Ou de
parents qui vous considèreront comme une espèce
de bien meuble, de propriété, dépendant bien plus
d'eux que de vous-même ! Et puis, vous pouvez
tomber sur des parents tout à fait antipathiques
qui ne pourront jamais vous comprendre, et feront
tout leur possible pour vous contrecarrer (comme
la poule qui a fait éclore un caneton) et qui
ensuite vous traiteront de fils ingrat parce que
vous ne les aimerez pas. Ou bien encore vous
pouvez tomber sur des parents qui ne verront en
vous qu'un être à hébéter pendant qu'il est encore
jeune, de crainte qu'il ne leur donne des ennuis
plus tard en se permettant d'avoir des désirs et
des sentiments personnels.
" Ensuite, quand enfin il vous aura été permis
de vous faire recevoir comme membre actif de la
Société, vous deviendre~ vous-même sujet aux

�LA

OUV.ELLE REVUE FRANÇAISE

importunités des non-nés, et vraiment c'est une
jolie existence qu'on vous fera mener alors_! Car
nos sollicitations sont tellement véhcmentes que
très peu seulement - et ce ne sont pas les meilleurs - ont capables de nous refuser. Et pourtant
ne pas nous refuser, cela revient en somme à
s'associer avec une demi-douzaine de personnes
différentes sur lesquelles on ne peut avoir absolument aucun renseignement préalable, pas même
savoir si c'est avec des hommes ou des femmes
qu'on va s'associer ni avec combien de personnes.
N'allez pas vous figurer que vous serez plus sage
que vos parents. Vous pouvez être d'une génération en avance sur ceux que vous avez importunés,
mais à moins que vous ne soyez un des plus
grands parmi les hommes, vous serez toujours
d'une génération en retard sur ceux qui vous
importuneront à votre tour.
"Imaginez ce que cela peut être que d'avoir à
loger un non-ne qui est d'un tempérament et d'un
caractère entièrement différents du vôtre ; et non
pas, même, uri seul, mais une demi-douzaine de
non-nés : qui ne vous aimeront pas malgré que
vous vous soyez imposé mille contraintes afin de
pourvoir à leurs besoins et à leur bien-être ; qui
oublieront tous vos sacrifices, et dont vous ne
serez jamais certain qu'ils ne vous gardent pas
rancune pour des erreurs de jugement que vous
pouvez avoir commises à leur égard, alors que

EREWHON

S7

vous aviez pu espérer que ces erreurs avaient été
rachetées depuis longtemps. Une ingratitude de ce
genre n'est pas rare, mais imaginez ce que cela
peut être que de la supporter ! Il est pénible pour
le petit canard d'avoir été couvé par la poule ;
mais n'est-il pas pénible aussi pour la poule d'avoir
couvé le petit canard ?
" Songez y encore, nous vous en prions, non pas
dans notre intérêt, mais dans le vôtre. Vous allez
tirer au sort votre personnalité à l'état brut ; mais
quelle que soit cette personnalité, elle ne peut
arriver à se developper à peu près bien qu'à la
suite d'une longue éducation, et souvenez-vous
que vous n'aurez aucun pouvoir sur cette éducation. ll est possible, même probable, que tout ce
que vous pourrez acquérir dans la suite qui vous
soit véritablement agréable ou utile, vous serez
obligé de l'acquerir non pas avec l'aide de ceux
que vous êtes sur le point d'aller importuner,
mais plutôt en dépit d'eux, et que vous ne vous
libérerez de leur tutelle qu'après des années d'une
lutte douloureuse au c!'ours de laquelle il sera
difficile de dire si vous avez moins sou.lfert que
vous n'aurez fait souffrir.
" Rappelez-vous aussi que si vous allez dans le
monde votre volonté sera libre ; que c'est uue
condition absolue ; qu'il n'y a pas moyen d'y
échapper ; que vous serez enchainé à ce librearbitre pendant toute la durée de votre vie, et qu'en

�58

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

chacune des occasions qui se présenteront vous
serez obligé de faire ce qui, tout bien considéré,
vous paraitra ce qu'il y a de mieux à faire en ce
moment donné, peu importe que vous ayez tort
ou raison dans le choix de votre acte. Votre esprit
sera une balance à considérations et ce sera toujours
le plateau le plus lourd qui décidera votre action.
De quel c6té le plateau penchera-t-il, cela dépendra
de l'espèce de balances que vous aurez tirées au
sort en naissant, de l'inclinaison que l'usage leur
donnera, et du poids des considérations immédiates.
Si à l'origine les balances étaient bonnes, et si
on ne les a pas trop dérangées pendant votre
enfance, et si les combinaisons dans lesquelles vous
entrez sont des combinaisons ordinaires, vous
pouvez vous en tirer assez bien. Mais il y a trop de
"si" là-dedans, et si l'un d'eux vient à manquer,
votre malheur est certain. Réfléchissez à cela, et
rappelez-vous que si vous avez un mauvais lot,
c'est votre faute, car c'est vous qui avez voulu
naitre, et vous n'y étiez nullement oblige.
" Ce n'est pas que nous prétendions que l'humanité ne connaisse aucun plaisir : elle montre
avec une certaine ostentation une quantité de
moments heureux qui peuvent même arriver à
constituer une grosse somme de bonheur. Mais
remarquez de quelle façon ces moments heureux
sont repartis sur l'étendue de la vie d'un homme ;
tous les plus vifs appartiennent à la première

EREWHON

59

partie, et fort peu, vraiment, appartiennent à la
seconde. Peut-il y avoir des plaisirs qui vaillent la
peine d'être payés au prix des souffrances d'une
vieillesse décrépite ? Si vous êtes bon, fort et beau,
c'est une belle fortune que vous avez à vingt ans ;
mais que vous en reste-t-il à soixante? car vous êtes
forcé de vivre sur votre capital; vous n'avez aucun
moyen de placer vos forces de manière à recevoir
une petite rente de vie, tous les ans, pour toujours.
Vous êtes forcé de manger votre capital morceau
par morceau, et de le voir, avec épouvante, devenir
de plus en plus petit, même si vous avez la chance
qu'il ne vous soit pas brutalement arraché par un
crime ou par un accident.
" Rappelez-vous aussi qu'il n'y a _pas un seul
homme de quarante ans qui ne serait heureux de
rentrer dans le monde des non-nés, s'il pouvait le
faire décemment, et sans déshonneur. Etant au
monde, il y a toutes les chances pour qu'il y reste
jusqu'à ce qu'il soit forcé de s'en aller; mais
pensez-vous qu'il consentirait à renaitre, et à
revivre sa vie, si on venait lui en offrir la pôssibilité ? Ne le croyez pas. Et s'il pouvait changer
le passé au point de faire qu'il ne ftît jamais né,
ne pensez-vous pas qu'il le ferait avec joie? Qu'estce que c'était donc qu'un de leurs poètes voulait
dire, quand il maudit le jour où il était né et la
nuit dans laquelle il fut dit qu'un enfant mâle avait
été conçu ? " Car maintenant je serais couché et me

�60

LA

NOUV ELLE Rli.VU l! FRA NÇAISE

reposerais, et je dormirais ; et dès lors j'aurais été
en re pos avec les rois et les gouverneurs de la
terre, qui se bâtissent des solitudes ; ou avec les
princes qui avaient de l'or et qui avaient rempl i
leur maison d 'argent ; ou pourquoi n'ai-je pas été
comme un avorton caché, comme les petits enfants
qui n'ont jamais v u la lumière? C'est là que les
méchants ne tourmentent plus personne, et que
ceux qui sont las se reposent. " Soyez bien assure
que la faute d'être né vaut ce châtiment à tous les
hommes, à certains moments de leur vie ; mais
comment peuvent-ils demander qu'on les plaigne,
ou protester contre les malheurs qui leur arrivent,
puisqu'ils sont entrés dans le piège les yeux grands
ouverts ?
" Encore un mot, et nous vous laisserons. Si
quelque vague sou;enir, comme celui d'un rêve,
passe en un instant de confusion, à travers votre
esprit, et que vous sentiez que cette potion que
vous allez prendre n'a pas bien fait son effet, et
que le souvenir de cette existence-que vous quittez
ess~ie vainement de revenir, - eh bien, dans ces
moments-là, quand vous cherchez à saisir le rêve
et qu'il vous échappe, et que vous le regardez,
comme Orphée regardait Eurydice, glisser et
re ntrer au royaume crépusculaire, courez, - si
vo us pouvez vous rappeler ce conseil, - courez
vous refugier au havre de votre devoir immédi:i.t
et présent, prenant toujours pour abri le travail

EREWHON

•

que vous avez en train. Peut-être vous rappellerez.vous au moins ce conseil. Si vous voulez le graver
profopdément dans chacune de vos facultés, il sera
très probablement le talisman qui vous aidera le
mieux à rentrer, sans malheur et avec honneur, au
port, à travers toutes les épreuves qui vous
attendent. 1
Tel est le raisonnement qu'ils emploient pour
dissuader ceux qui désirent les quitter; mais il est
bien rare qu'ils y parviennent, car il n'y a que les
inquiets et les insensés qui songent à naître, et
ceux qui sont assez sots pour y songer sont en
général assez sots pour le faire. S'apercevant donc
qu'ils ne peuvent rien faire de plus pour le dissuader, ses amis en larmes suivent au palais du
magistrat celui qui veut naître. Là il déclare
publiquement et solennellement qu'il accepte le~
conditions attachées à sa décision. Alors on lut
donne une potion qui anéantit instantanément en
lui la mémoire et le sentiment de l'identité, et qui
dissout la mince habitation gazeuse qui l'enveloppait. 11 devient un simple principe vital imperceptible aux sens humains, et qu'aucun réactif chi mique
ne peut découvrir. Il ne lui reste qu'un instinct,
qui est d'aller en tel endroit précis où il trou vera
1 Le mythe d'Orph~e et d'Eurydice existe aussi e,1 Ercwhon, mais avec
d'autres noms et des di . éren,cs considér3bles èana les détails. J e me suis
permis de modifier le passage où il y étai t fai t allusion, et de su:mi tu cr aux
noms E rcwhonicns les noms qui nous , ont familie rs. (S.B.

J

�62

LA NOUVELl,E REVUE FRANÇAISE

deux personnes qu'il devra tourmenter jusqu'à ce
qu'elles consentent à se charger de lui. M-ais il ne
lui est pas permis de décider s'il devra trouver ces
personnes parmi les congenères de Chowbok 1 ou
chez les Erewhoniens eux-mêmes.

POEMES

SAMUEL BUTLER

(trad.

VALERY LARBAUD)

I
Laisse le ciel sans visage
s'endormir avec splendeur,
comme ces morts des vieux dges
sous le masque d'or trompeur;
Laisse la terre épuisée
chasser d'un sommeil pesant
ses parfums et ses buées
comme un songe tourmentant,
et les plantes qui se donnent
d'un tremblement amoureux
à l'obscurité d'automne
comme à l'étreinte d'un dieu,

1 " Les congénères de Chowbok" sont une peuplade sauvage séparée
d'Erewho,n par de hautes chalnes de montagnes. (Note du traducteur,)

et dessous la nuit profonde
succomber le vent trop las
comme un sang lorsque les ondes
· s'en arrêtent au trépas.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Laisse quitter son tumulte
l'univers enfin glacé,
sans plus craindre qu'il t'insulte
d'un déclin bouleversé.
Non, il perit en silence,
sans lumière et sans désir,
le temps même se balance,
lent et près de s'engourdir.
Et toi, si longtemps esclave,
voici le moment vengeur,
non de briser des entraves
qui tomb~nt de leur lourdeur,
mais, d' dme non plus craintive
que cette sérénité,
.
cédant aux funèbres rives
tes yeux mêmes révoltés,
de léguer à J1impuissance
de cet univers dormeur
ta doulmr et .sa eonstance
pour renflammer .sa torpeur.

Il
Adieu donc, Aminte, et puisqu'il faut
abandonner ce charmant visage

POÈMES

de mes erreurs, feignons le courage
de nous fier aux destins nouveaux :
Epargnez-moi ces larmes tacites
pour moi plus cruelles qu'un sanglot
et dont le sel impur sollicite
mes levres à vos faibles yeux clos.
- Telle vous serez dans ma mémoire,
plus lointaine et plus chère toujours,
non plus avec l'éclat illusoire
de l'orgueilleux, du coupable amour,
mais :roumise aux vrais, aux tristes dieux,
telle souffrez que je vous étreigne
encor toute proche de mes yeux,
et penchée, et muette d'adieux,
déchue à jamais de votre règne
brillant à cc monde ténébreux :
enlacée à mes bras comme un lierre
c;ui sent l'arbre tuteur défaillir,
comme fit, approchant la lumière,
Eurydice, que des chants sauvèrent,
implorant de ne pas remourir.
- Laisse donc que nous brisions ces chaînes
que les dieux briseront t6t ou tard;
il n'est pas d'une tendresse humaine
de durer, que forgea le hasard;
ne prétends pas que nos ctturs survivent
à l'amour mortel c;ui les soutint,
mais, sem,blables aux fleurs fugitives,
cédons sans peur au soleil éteint.
5

�66

LA

TOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Et ne me laisses-tu pas, Aminte,
reine constante de mon passé,
la plus vraie et plus profonde empreinte
que veuille subir un cœur lassé ?
L'amour s'écoule, et le feu de l'âge;
mais la tendresse à J' été suroit,
liée à la déplorable image
des bonheurs en leur saison ravis.
Voici donc ma pitié, comme un baume
abondant à nos deux corps glacés ;
et sur toi, chair et déjà fanJ~me,
j'attendris mon stérile penser,
et sur moi, plus froid que mes paroles,
sur moi, plus mort que mes souvenirs,
que l'heure désolante console,
où je t'aime à la fin sans désir
au mime instant que je te délaisse,
mon plaisir, mon souci, ma jeunesse,
las pour vivre et ldche pour périr.

III
Ecoute, tandis que vibre
l'écho de mortels airains,
ta tristesse seule et libre
sous ton front resté serein.

POÈMES

Garde que la mort bruyante
ne te recouvre endormi,
comme une farét qui chante
au bord d'un gouffre ennemi,
et parfùmée et sonore
d'oiseaux vifs et de poisons,
ouvrant une fausse aurore
sur des ténèbres sans fand J
Sans doute apres toi la terre

à nouveau triomphera
de tous ces corps, solitaires
décombres de nos combats :
Monts rasés où d'autres herbes
t'aboliro111 corrompu,
et d'où descendra superbe
la vigueur d'autres tribus,
Rumeur sur les plaines mflres
de tous nos pas disparus,
plainte dans la mât obscure
de tant d'esprits confondus,
N'aurez-vous point pour les races
oublieuses des tombeaux
le reproche et la menace'
qui détruisent leur repos ?

�68

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Si quelques amours reviennent
mener ici leur secret,
que les cateaux, que la plaine
aux revivantes forêts
se voilent d'une poussière,
nuage aux cendres pareil,
qui s'élève funéraire
pour offusquer le soleil 1
Que de l'horreur souterraine
leurs fils aillent prévenus,
et qu'au milieu de l'humaine
.floraison, déjà déçus,
f' épouvante

du silence
rompant leurs baisers glacés,
ils écoutent sans défense
les souvenirs délaissés
de nos déroutes communes
revenir soudain bruyants
comme des chiens aboyants
sous le règne de la lune I

RENOIR

Auguste Renoir e t mort. Une lumière brillait, vive et
diaprée, sur la peinture françai e, qui vient de s'éteindre
sous les palmes méditerranéennes, non loin de la ville
odorante ou naquit Fragonard. Un cycle est ainsi révolu;
celui d'une sensualité picturale qui n'a jamais fleuri sous
d'autre climats que le nôtre et dont l'épanouissement
nouveau ne se reproduira sans doute qu'après un changement des mœurs et de l'esprit public que rien pour le
moment ne permet d'envisager comme prochain.
L'œuvre de Renoir est une œuvre de chair, où partout
un sang vif circule à fleur de peau, où, des cheveux jusqu'à
l'orteil, Je corps des enfants et des femmes montre le frais
orgueil des pommiers en avril. Ne cherchez pas aux yeux
de ces beaux êtres, qu'il e plaisait à peindre, d'autres
sentiments que la certitude joyeuse d'exister avec force et
le plai ir de lutter d'éclat et de jeunesse avec la lumière
elle-même.

ANDRE TH:tRlVE

Le passant chagrin que tu fr8/es
est lhloui par ta santl,
qui jaillit comme une clarté
d, tes bras et de tes épaules .. .

�70

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

A la Baigneuse de Renoir, comment ne pas redire
l'invocation du poète? Rose, verte et dorée elle est le
prisme vivant d'animalité sereine, le vase de parfums d'où
la sève coule à pleins bords. Ce n'est pas la nymphe de
la Seine devêtue par Courbet ou par Maupassant, et qui
garde sur soi le reflet des besognes, ou des joies quotidiennes, non moins pénibles; ni le modèle déshabillé dans
le brouillard d'un ·atelier-tabagie. Ce sont les robustes
déesses du Plein-Air : pays découvert par les pionniers
impressionnistes, qui offre, comme la nature ancienne,
ses points de vue de convention, mais dont la surprenante
merveille éblouit la fin d'un grand siècle . .
D'aucuns font honneur à Renoir de l'invention de la
peinture claire. Mais Rubens, et le vieux Jordaëns? Et
Renoir ne se gaussait-il pas de ceux qui racontaient que
le noir était banni de sa palette ?
La clarté de son art est celle même d'une imagination
docile aux images de la vie terrestre, rebelle à tout symbolisme littéraire ou mystique. Et quelle grandeur dans le
portrait de Madame Charpentier, quel style aimable, naturel et triomphant tout à la fois dans ces figures dont les
traits sont indécis dans nos mémoires, dont les yeux ne
nous harcèlent pas de traits inoubliables, mals dont le souvenir semble peser sur nous ainsi qu'une caresse. Reflet sur
une joue de jeune fille, délicatesse d'un poignet où naissent
les bleus de la maturité, fruit charnu des lèvres humides,
beautés que l'on sent sur soi, beautés des sens aux sens à
jamais perceptibles et précieuses.
Un tableau de Renoir n'est pas un spectacle ext~rieur,
une chose étrangère qu'on regarde. C'est comme un
vêtement de joie qui_ vient s'appliquer à la peau et qui

RENOIR

réveille en elle des printemps oubliés ou bien qui s'ignoraient encore.
Un hasard de la guerre me conduisit dans un Mpital
de Limoges. Ma première sortie fut pour visiter le musée.
Au milieu des niaises horreurs désignées par l'écriteau
fatal : Envoi de l'Etat, une suave figure de Renoir éclatait
comme une pivoine. Oubliant alors les tristesses de ces
jours tourmentés, je sentis le désir et l'amour de la vie qui
pénétrait en moi par les yeux comme un philtre tonique
et consolateur. J'adressai une pensée reconnaissante aux
vieux peintre qui là-bas, au pays des olives, consacrait à
son art les derniers jours de sa longue agonie.
. Sur sa tombe, j'imagine qu'on pourrait graver ces
simples mots : Ci-gît Renoir, il aima la vie, la peignit et
la fit aimer.
ROGER ALLARD

�72

A PROPOS DU cc STYLE "

A PROPOS DU " STYLE "
DE FLAUBERT

Je lis seulement à l'instant (ce qui m'empêche d'entreprendre une étude approfondie) l'article du distingué
critique de la Nou)el/e Revue Franfaise sur '' le Style de
Flaubert". J'ai été stupéfait, je l'a,·oue, de voir traiter de
peu doué pour écrire, un homme qui par l'usage entièrement nouveau et personnel qu'il a fait du passé défini,
du passé indéfini, du participe présent, de certains pronoms
et de certaines prépositions, a renouvelé presque autant
notre vision des choses que Kant, avec ses Catégories, les
théories de la Connaissance et de la Réalité du monde
extérieur. 1 Ce n'est pas que j'aime entre tous les livres
de Flaubert, ni même le style de Flaubert. Pour des
1 Je sais bien que Descartes avait commencé avec son " bon sens " qui
n'est pas autre chose que les principe, rationnels. On apprenait cela autrefois en classe. Comment M . Rcinach qui, différent au moins en cela des
Emigrés, a tout appris et n'a rien oublié, ne le sait-il pas et peut-il croire
que Descartes a fait preuve d'une" ironie déljcicuae", en dj, ant que le bon
sens est la chose du monde la mieiu: partagée. Cela signifie dans Descartes
que l'homme le plus bete ute malgré soi du principe de causalité, etc. Mai,
le XVU- siècle françajs avah une manière très simple de dire les choses
profondes. Quand j'essaye dans mes romans de me mettre à ,on école, det
philosophes me reprochent d'employer dans le sen, co'!rant le mot intelligence, etc.

DE FLAUBERT

73

raisons qui seraient trop longues à développer ici, je crois
que la métaphore seule peut donner une orte d'éternité
au style, et il n'y a peut-être pas dans tout Flaubert une
seule belle métaphore. Bien plus, ses images sont généralement si faibles qu'elles ne s'élèvent guère au dessus de
celles que pourraient trouver ses personnages les plus
insignifiants. Sans doute quand, dans une scene sublime,
Mme Arnoux et Frédéric échangent des phrases telles
que : " Quelquefois vos paroles me reviennent comme
un écho lointain, comme le son d'une cloche apporté par
le vent. - J'avais toujours au fond de moi-même la
musique de votre voix et la splendeur de vos yeux", sans
doute c'est un peu trop bien pour une conversation entre
Frédéric et Mme Arnoux. Mais, Flaubert, si au lieu de
ses personnages c'était lui qui avait parlé, n'aurait pas
trouvé beaucoup mieux. Pour exprimer d'une façon qu'il
croit évidemment ravissante, dans la plus parfaite de ses
œuvres, le silence qui régnait dans le château de Julien,
il dit que " l'on entendait le frôlement d'une écharpe ou
l'écho d'un soupir ". Et à la fin, quand celui que porte
St. J ulieo devient le Christ, cette minute ineffable est décrite à peu près ainsi : " Ses yeux prirent une clarté
d'étoiles, ses cheveux s'allongèrent comme les rais du soleil,
le souffle de ses narines avait la douceur des roses, etc. "Il
n'y a là-dedans rien de mauvais, aucune chose disparate,
choquante ou ridicule comme dans une description de
Balzac ou de Renan ; seulement il semble que même sans
le secours de Flaubert, un simple Frédéric Moreau aurait
presque pu trou ver cela. Mais enfin la métaphore n'est pas
tout le style. Et il n'est pas possible à quiconque est un
jour monté sur ce grand Trottoir Roulant que sont les pages

�7+

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de Flaubert, au défilement continu, monotone, morne,
indéfini, de méconnattre qu'elles sont sans précédent
dans la littérature. Laissons de c6té, je ne dis même pas
les simples inadvertances, mais la correction grammaticale; c'est une qualité utile mais négative (un bon élève,.
chargé de relire les épreuves de Flaubert, eât été capable
d'en effiicer bien des fautes). En tous cas il y a une
beauté grammaticale, (comme il y a une beauté morale,.
dramatique, etc.) qui n'a rien à voir avec la correction.
C'est d'une beauté de ce genre que Flaubert devait
accoucher laborieusement. Sans doute cette beauté pouvait
tenir parfois à la manière d'appliquer certaines règles de
syntaxe. Et Flaubert était ravi quand il retrouvait dans
les écrivains du passé une anticipation de Flaubert, dans
Montesquieu, par exemple : " Les vices d'Alexandre
étaient extrêmes comme ses vertus ; il était terrible dans
la colère ; elle le rendait cruel. " Mais si Flaubert faisait
ses délices de telJes phrases, ce n'était évidemment pas à
cause de leur correction, mais parce qu'en permettant de
faire jaillir du cœur d'une proposition l'arceau qui ne
retombera qu'en plein milieu de la proposition suivante,
elles assuraient l'étroite, l'hermétique continuité du style.
Pour arriver a ce même but Flaubert se sert souvent des
règles qui régissent l'emploi du pronom personnel. Mai~
dès qu'il n'a pas ce but à atteindre les m~mes règles lm
deviennent complètement indifférentes. Ainsi dans la
deuxième ou troisième page de l'Education Smtimmtalt,
Flaubert emploie " il " pour désigner Frédéric Moreau
quand ce pronom devrait s'appliquer à l'oncle de Frédéric,
et, quand il devrait s'appliquer à Frédéric, pour désigner
Arnoux. Plus loin le "ils" qui se rapporte à des chapeaux

A

PROPOS DU cc STYLE "

DE FLAUBERT

7S

veut dire des personnes, etc. Ces fautes perpétuelles sont
presque aussi fréquentes chez Saint-Simon. Mais dans
cette deuxième page de l'Education, s'il s'agit de relier
deux paragraphes pour qu'une vision ne soit pas interrompue, alors le pronom personnel, à renversement pour ainsi
dire, est employé avec une rigueur grammaticale, parce
que la liaison des parties du tableau, le rythme régulier
particulier à Flaubert, sont en jeu : " La colline qui
suivait à droite le cours de la Seine s'abaissa, et il en
surgit une autre, plus proche, sur la rive opposée.
Des arbres la couronnaient, etc."
Le rendu de sa vision, san_s, dans l'intervalle, un mot
d'esprit ou un trait de sensibilité, voilà en effet ce
qui importe de plus en plus à Flaubert, au fur et à
mesure qu'il dégage mieux sa personnalité et devient
Flaubert. Dans Madamt Bovary tout ce qui n'est pas
lui n'a pas encore été éliminé; les derniers mots : "Il
vient de recevoir la croix d'honneur " font penser à la
tin du Gendre de Monsieur Poirier: "Pair de France
en 48 ". Et même dans l'Education Sentimmtalt (titre si
beau par sa solidité, - titre qui conviendrait d'ailleurs
imssi bien à Madame Bovary - mais qui n'est guère
correct au point de vue grammatical) se glissait encore
çà et là des restes, infîmes d'ailleurs, de ce qui n'est pas
Flaubert(" sa pauvre petite gorge", etc.).Malgré cela, dans
l'Education Smtimmtale, la révolution est accomplie; ce
qui jusqu'à Flaubert était action devient impression. Les.
choses ont autant de vie que les hommes, car c'est le
raisonnement qui apres assigne à tout phénomène visuel
des causes extérieures, mais dans l'impression première
que nous recevons cette cause n'est pas impliquée. Je

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

reprends dans la deuxième page de l'Education Sentimentale la phrase dont je parlais tout à l'heure: H La colline
qui suivait à droite le cours de la Seine s'abaissa, et il en
surgit une autre, plus proche, sur la rive opposée, "
Jacques Blanche a dit que dans l'histoire de la peinture,
une invention, une nouveauté, se décèlent souvent en un
simple rapport de ton, en deux co1ùeurs juxtaposées. Le
subjectivisme de Flaubert s'exprime par un emploi
nouveau des temps des verbes, des prépositions, des
adverbes, les deux derniers n'ayant presque jamais dans
sa phrase qu'une valeur rythmique. UR état qui se
prolonge est indiqué par l'imparfait. Toute cette deuxième
page de l'Education (page grise absolument au hasarâ) est
faite d'imparfaits, sauf quand intervient un changement,
une action, une action dont les protagonistes sont -généralement des choses (" la colline s'abaissa ", etc.). Aussitôt
l'imparfait reprend: " Plus d'un enviait d'en être le
propriétaire", etc. Mais souvent le passage de l'imparfait
au parfait est indiqué par un participe présent, qui indique
la manière dont l'action se produit, ou bien le moment ou
elle se produit. Toujours deuxième page de l'Education :
" Il contemplait des clochers, etc. et bientôt, Paris disparaissant, il poussa un gros soupir ." (L'exemple est du
.reste très mal choisi et on en trouverait dans Flaubert de
bien plus significatifs. Notons en passant que cette
:activité des choses, des bêtes, puisqu'elles sont le sujet des
phrases (au lieu que ce sujet soit des hommes), oblige à
une grande variété des verbes. Je prends absolument au
hasard et en abrégeant beaucoup: "Les hyènes marchaient derrière lui, le taureau balançait la tête, tandis
,que la panthère bo.mbant son dos avançait à pas de

A PROPOS DU " STYLE "

DE FLAUBERT

77

velours, etc. Le serpent sifflait, les bêtes puantes bavaient
le sanglier, etc. Pour l'attaque du sanglier il y avait quarant;
griffons, etc. Des mâtins de Barbarie ... étaient destinés à
poursuivre les aurochs. La z:obe noire des épagneuls luisait comme du satin, le jappement des talbots valait celuj
des bugles chanteurs", etc. Et cette variété des verbes gagne
les hommes qui dans cette vision continue, homogene, ne
sont pas plus que les choses, mais pas moins : "une illusion
à décrire ". Ainsi : " Il aurait voulu courir dans le désert
après les autruches, être caché dans les bambous à I'affllt
des léopards, traverser des forêts pleines de rhinocéros
. d
'
attem ·re au sommet des monts pour viser les aigles et.
sur les glaçons de la mer combattre les ours blancs. II se
voyait, etc ... " Cet éternel imparfait (on me permettra
bie~ de qualifier d'éternel un passé indéfini, alors que les
trois quarts du temps, chez les journalistes, éternel désigne
non pas, et avec raison, un amour, mais un foulard ou un
parapluie. Avec son éternel foulard, - bien heureux si ce
n'est pas avec son foulard légendaire - est une expression
" c~nsacrée)" ; donc cet éternel imparfait, composé en
par~1e des paroles des personnages que Flaubert rapporte
habituellement en style indirect pour qu'elles se confondent avec le reste(" L'État devait s'emparer de la Bourse.
Bien d'autres mesures étaient bonnes encore. JI fallait
d'abord passer le niveau sur la tête des riches. Tout était
tranquille maintenant. Il fallait que les nourrices et les
accoucheuses fussent salariées par l'Etat. Dix-mille
citoyennes avec de bons fusils pouvaient faire trembler
!'Hôtel de ville ... ", tout cela ne signifie pas que Flaubert
pense et affirme cela, mais que Fréderic, la Vatnaz ou
Sénécal le disent et que Flaubert a résolu d'user le moins

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

possible des guillemets) ; donc cet imparfait, si nouveau
dans la littérature, change entièrement l'aspect des choses
et des êtres, comme font une lampe qu'on a déplacée,
l'arrivée dans une maison nouvelle, l'ancienne si elle est
presque vide et qu'on est en plein déménagement. C'est
ce genre de tristesse, fait de la rupture des habitudes et de
l'irréalité du décor, que donne le style de Flaubert, ce
style si nouveau quand ce ne serait que par là. Cet
imparfait sert à rapporter non seulement, les paroles mais
toute la vie des gens. L'Education Sentimentale I est un long
rapport de toute une vie, sans que les personnages prennent pour ainsi dire une part active à l'action. Parfois le
parfait interrompt l'imparfait, mais devient alors comme
lui quelque chose d'indéfini qui se prolonge : " Il
voyagea, il connut la mélancolie des paquebots, etc. il
eut d'autres amours encore'', et dans ce cas par une sorte
de chassé-croisé c'est l'imparfait qui vient préciser un peu:
" mais la violence du premier les lui rendait insipides".
Quelquefois même, dans le plan incliné et tout en demiteinte des imparfaits, le présent de l'indicatif opère un
redressement, met un furtif éclairage de plein jour qui
distingue des choses qui passent une réalité plus durable :
" Ils habitaient le fond de la Bretagne ... C' !tait une
maison basse, avec un jardin montant jusqu'au haut de la
colline, d'où l'on découvre la mer. "
La conjonction "et" n'a nullement dans Flaubert
l'objet que la grammaire lui assigne, Elle marque une
1 L' Edu,ation Sentimentale à laquelle, de par la volonté de Flaubert cer•
tainement, on pourrait souvent appliquer cette phrase de la quatrième page
du livre lui-m~me:" Et l'ennui vaguement répandu semblait rendre l'aspect
des personnages plus insignifiant encore. "

A PROPOS DU " STYLE "

DE FLAUBERT

79

pause dans une mesure rythmique et divise un tableau.
En effet partout où on mettrait "et", Flaubert le supprime. C'est le modèle et la coupe de tant de phrases
admirables. " (Et) les Celtes regrettaient trois pierres
brutes, sous un ciel pluvieux, dans un golfe rempli cl'îl6ts ;
(C'est peut-être seme au lieu de rempli, je cite de mémoire.)
"C'était à Mégara, faubourg de Carthage, dans les jardins
d'Hamilcar ". "Le père et la mère de Julien habitaient
un cMteau, au milieu des bois, sur la pente d'une colline."
Certes la variété des prépositions ajoute à la beauté de ces
phrases ternaires. Mais dans d'autres d'une coupe différente, jamais de "et''. J'ai déjà cité (pour d'autres raisons) :
" li voyagea, il connut la mélancolie des paquebots, les
froids réveils sous la tente, l'étourdissement des paysages
et des ruines, l'amertume des sympathies interrompues".
Mais cet " et " là, le grand rythme de Flaubert ne le
comporte pas. En revanche là où personne n'aurait l'idée
d'en user, Flaubert l'emploie. C'est comme l'indication
&lt;JU'une autre partie du tableau commence, que la vague
reffuante, de nouveau, va se reformer. Tout à fait au
hasard d'une mémoire qui a
mal fait ses choix : " La
place du Carrousel avait un aspect tranquille. L'H6tel de
Nantes s'y dressait toujours solitairement; et les maisons
par derrière, le d6me du Louvre en face, la longue galerie
de bois, à droite, etc. étaient comme noyés dans la couleur
grise de l'air, etc. tandis que, à l'autre bout de la place, etc,
En un mot, chez Flaubert, "et" commence toujours
une phrase secondaire et ne termine presque jamais une
énumération. (Notons au passage que le "tandis que"
de la phrase que je viens de citer ne marque pas, c'est
toujours ainsi chez Flaubert, un temps, mais est un de

tres

�80

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSE

ces artifices a ez naîfs qu'emploient tous les grands
descriptifs dont la phrase serait trop longue et qui ne
veulent pas cependant séparer les parties du tableau. Dans
Leconte de Lisle il y aurait à marquer le rôle similaire
des " non loin ", des "plus loin", des "au fond", des
"plus bas", des "seuls", etc. La très lente acquisition, je
le veux bien, de tant de particularités grammaticales (et
la pl:ice me manque pour indiquer les plus importantes
que tout le monde notera sans moi) prouve à mon avis,
non pas, comme le prétend le critique de la Nouvelle Repue
Franfaiu, que Flaubert n ' est pas " un écnvaw
. . de race " ,
mais au contraire qu'il en est un. Ces singularités grammaticales traduisant en effet une vision nouvelle, que
d'application ne fallait-il pas pour bien fixer cette vision
pour la faire passer de l'inconscient dans le conscient,
pour l'incorporer enfin aux diverses parties du discours !
Ce qui étonne seulement chez un tel maître c'est la
médiocrité de sa correspondance. Généralement les grands
écrivains qui ne savent pas écrire (comme les grands
peintres qui ne savent pas dessiner) n'ont fait en réalité
que renoncer leur "virtuosité", leur "facilité" innées,
afin de créer, pour une vision nouvelle, des expressions
qui tkhent peu à peu de s'adapter à elle. Or dans la
correspondance où l'obéissance absolue à l'idéal intérieur,
obscur, ne les soumet plus, ils redeviennent ce que, moins
grands, ils n'auraient cessé d'être. Que de femmes,
déplorant les œuvres d'un écrivain de leurs amis, ajoutent:
"Et si vous saviez quels ravissants billets il écrit quand
il se laisse aller l Ses lettres sont infiniment supérieures à
ses livres. " En effet c'est un jeu d'enfant de montrer de
l'éloquence, du brillant, de l'esprit, de la décision dans le

A PROPOS DU " STYLE "

,

DE FLAUBERT

trait, pour qui d'habitude manque de tout cela seulement
parce qu'il doit se modeler sur une réalité tyrannique à
laquelle il ne lui est pas permis de changer quoi que ce
soit. Cette hausse brusque et apparente que subit le talent
d'un écrivain dès qu'il improvise (ou d'un peintre qui
"dessine comme Ingres" sur l'album d'une dame laquelle
ne comprend pas ses tableaux) cette hausse devrait être
sensible dans la Correspondance de Flaubert. Or c'est
plut6t un baisse qu'on enregistre. Cette anomalie se complique de ceci que tout grand artiste qui volontairement
laisse la réalité s'épanouir dans ses livres se prive de laisser
paraître en eux une intelligence, un jugement critique
qu'il tient pour inférieurs à son génie. Mais tout cela qui
n'est pas dans son œuvre, déborde dans sa conversation,
dans ses lettres. Celles de Flaubert n'en font rien paraître.
Il nous est impossible d'y reconnaître, avec M. Thibaudet,
les "idées d'un cerveau de premier ordre, " et cette
fois ce n'est pas par l'article de M. Thibaudet, c'est
par la Correspondance de Flaubert que nous sommes
déconcertés. Mais enfin puisque nous sommes avertis du
génie de Flaubert seulement par la beauté de son style
et les singularités immuables d'une syntaxe déformante,
notons encore une de ces singularités: par exemple un
adverbe finissant non seulement une phrase, une période,
mais un livre. (Dernière phrase d' H!rodiar ; " Comme
elle était très lourde (la tête de Saint Jean), ils la portaient
alternativemem. ") Chez lui comme chez Leconte de
Lisle, on sent le besoin de la solidité, ftlt-elle un peu
massive, par réaction contre une littérature sinon creuse
du moin très légère, dans laquelle trop d'interstices, de
vides, s'insinuaient. D'ailleurs les adverbes, locutions

'

6

�82

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

adverbiales, etc. sont toujours placés dans Flaubert de la
façon à la fois la plus laide, la plus inattendue, la plus
lourde, comme pour maçonner ces phrases compactes,
boucher les moindres trous. M. Homais dit: cc Vos chevaux,
peut-être, sont fougueux". Hussonnet: '' Il serait temps,
peut-être, d'aller instruire les populations. " " Paris, bient6t, serait été. " Les "après tout ", les "cependant", les
" du moins " sont toujours placés ailleurs qu'où ils
l'eussent été par quelqu'un d'autre que Flaubert, en parlant
ou en écrivant. " Une lampe en forme de colombe brtîlait
dessus continuellement. " Pour la même raison, Flaubert
ne craint pas la lourdeur de certains verbes, de certaines
expressions un peu vulgaires (en contraste avec la variété
de verbes que nous citions plus haut, le verbe avoir, si
solide, est employé constamment, là où un écrivain de
second ordre chercherait des nuances plus fines : " Les
maisons avaient des jardins en pente. " "Les quatre tours
avaient des toits pointus. ") C'est le fait de tous les grands
inventeurs en art, au moins au xxxme siècle, que tandis
que des esthètes montraient leur filiation avec le passé, le
public les trouva vulgaires. On dira tant qu'on ·voudra
que Manet, Renoir, qu'on enterre demain, Flaubert,
furent non pas des initiateurs, mais la dernière descendance
de Vélasquez et de Goya, de Boucher et de Fragonard,
voire de Rubens et même de la Grèce antique, de Bossuet
et de Voltaire, leurs contemporains les trouvèrent un peu
communs ; et, malgré tout, nous nous doutons parfois un
peu de ce qu'ils entendaient par ce mot "commun". Quand
Flaubert dit : "Une telle confusion d'images l'étourdissait,
bien qu'il y trouvât du charme, pourtant" ; quand Frédéric
Moreau, qu'il soit avec la Maréchale ou avec Madame

A PROPOS DU" STYLE" DE FLAUBERT

Arnoux, "se met à leur dire des tendresses ", nous ne
pouvons penser que ce "pourtant" ait de la grâce, ni ce
" se mettre à dire des tendresses " de la distinction. Mais
nous les aimons ces lourds matériaux que la phrase de
Flaubert soulève et laisse retomber avec le bruit intermittent d'un excavateur. Car si, comme on l'a écrit, la
lampe nocturne de Flaubert faisait aux mariniers l'effet
d'un °phare, on peut dire aussi que les phrases lancées
par son " gueuloir " av.aient le rythme régulier de ces
machines qui servent à faire les déblais. Heureux
ceux qui sentent ce rythme obsesseur ; mais ceux
qui ne peuvent s'en débarrasser, qui, quelque sujet
qu'ils traitent, soumis aux coupes du maître, font
invariablement "du Flaubert", ressemblent à ces malheureux des légendes allemandes qui sont condamnés à
vivre pour toujours attachés au battant d'une cloche.
Aussi, pour ce qui concerne l'intoxication Flaubertienne
je ne saurais trop recommander aux écrivains la vertu'
purgative, exorcisante, du pastiche. Quand on vient de
finir un livre, non seulement on voudrait continuer à vivre
avec ses personnages, avec Madame de Beauséant, avec
Frédéric Moreau, mais encore notre voix intérieure qui a
été disciplinée pendant toute la durée de la lecture à
suivre le rythme d'un Balzac, d'un Flaubert, voudrait
continuer à parler comme eux. Il faut la laisser faire un
moment, laisser la pédale prolonger le son, c'est-à-dire
faire un pastiche volontaire, pour pouvoir après cela,
redevenir original, ne pas faire toute sa vie du pastiche
involontaire. Le pastiche volontaire c'est de façon toute
spontanée qu'on le fait; on pense bien que quand j'ai
écrit jadis un pastiche, détestable d'ailleurs, de Flaubert, je

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
A PROPOS DU " STYLE "

ne m'étais pas demandé si le chant que j'entendais en moi
tenait à la répétition des imparfaits ou des participes
pr~sents. Sans cela je n'aurais jamais pu le transcrire.
C'est un travail inverse que j'ai accompli aujourd'hui en
cherchant à noter à la Mte ces quelques particularités du
style de Flaubert. Notre esprit n'est jamais satisfait s'il
n'a pu donner une claire analyse de ce qu'il avait d'abord
inconsciemment produit, ou une recréation vivante de ce
qu'il avait d'abord patiemment analysé. Je ne me lasserais
pas de faire remarquer les mérites, aujourd'hui si contestés
de Flaubert. L'un de ceux qui me touchent le plus parce
que j'y retrouve l'aboutissement des modestes recherches
que j'ai faites, est qu'il sait donner avec maîtrise l'impression du Temps. A mon avis la chose la plus belle de
l'Education Sentimentale, ce n'est pas une phrase, mais un
blanc. Flaubert vient de décrire, de rapporter pendant de
longues pages, les actions les plus menues de Frédéric
Moreau. Frédéric voit un agent marcher avec son épée
sur un insurgé qui tombe mort. "Et Frédéric, béant,
reconnut Sénécal ! " Ici un " blanc", un énorme "blanc"
et, sans l'ombre d'une transition, soudain la mesure du
temps devenant au lieu de quarts d'heure, des années,
des décades (je reprends les derniers mots que j'ai cités
pour montrer cet extraordinaire changement de vitesse,
sans préparation) :
" Et Frédéric, béant, reconnut Sénécal.
Il voyagea. Il connut la mélancolie des paquebots,
les froids réveils sous la tente, etc. Il revint.
Il fréquenta le monde, etc.
Vers la fin de l'année 1867, etc."

DE FLAUBERT

Sans doute, dans Balzac, nous avons bien souvent : "En
8 I 7 les Sécbard étaient, etc. ". Mais chez lui ces changements de temps ont un caractère actif ou documentaire.
Flaubert le premier, les débarrasse du parasitisme des
anecdotes et des scories de l'histoire. Le premier, il les
met en musique.
Si j'écris tout cela pour la défense (au sens où Joachim
du Bellay l'entend) de Flaubert, que je n'aime pas beaucoup, si je me sens si privé de ne pas écrire sur bien
. d'autres que je préfère, c'est que j'ai l'impression que
nous ne savons plus lire 1• M. Daniel Halévy a écrit
dernièrement dans les Débats un très bel article sur le
centenaire de Sainte-Beuve. Mais, à mon avis bien mal
inspiré ce jour-là, n'a-t-il pas eu l'idée de citer SainteBeuve comme un des grands guides que nous avons
perdus. (N'ayant ni livres, ni journaux sous la main au
moment où j'improvise en " dernière heure " mon étude
je ne réponds pas de l'expression exacte qu'a employé;
Halévy, mais c'était le sens.) Or je me suis permis plus
qu'aucun de véritables débauches avec la délicieuse mauvaise musique qu'est le langage parlé, perlé, de SainteB:uve, mais quelqu'un a-t-il jamais manqué autant que
lut a son office de guide ? La plus grande partie de ses
I

1 L
.
. CS exc,eptions se rencontrent quelquefois dans de grands livres systé~atiq~es, ou on n'attendait pas de critique littéraire. Une nouvelle critique
litt~raire découle de l' H,r,do et du Monde du Images, ces livres admirables
et SI grands de conséquence de M. Léon Daudet comme une nouvelle
physique, une nouvelle médecine, de la philos~phie cartésienne. Sans
doute les vues profondes de M • .Léon Daudet sur Molière, sur Hugo sur
Ba
·
. udl
." atre,etc.
sont plus belles encore si on les rattache par les Lois de la' gravitation à ces sphères que sont les Images, mais en elles-mêmes et détachées
du système elles prouvent la vivacité et la profondeur du go0t littéraire.

�86

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Lundis sont consacrés à des auteurs de quatrième ordre, et
quand il a à parler d'un de tout premier, d'un Flaubert
ou d'un Baudelaire, il rachète immédiatement les brefs
éloges qu'il leur accorde en laissant entendre qu'il s'agit
d'un article de complaisance, l'auteur étant de ses amis
personnels. C'est uniquement comme d'amis personnels
qu'il parle des Goncow-t, qu'on peut goüter plus ou moins,
mais qui sont en tous cas infiniment supérieurs aux objets
habituels de l'admiration de Sainte-Beuve. Gérard de
Nerval qui est assurément un des trois ou quatre plus
grands écrivains du XIXe siècle, est dédaigneusement
traité de gentil Nerval, à propos d'une traduction de
Goethe. Mais qu'il ait écrit des œuvres personnelles
semble avoir échappé à Sainte-Beuve. Quant à Stendhal
romancier, au Stendhal de La Chartreuse, notre "guide "
en sourit et il voit là les funestes effets d'une espèce
d'entreprise (vouée à l'insuccès) pour ériger Stendhal en
romancier, à peu près comme la célébrité de certains
peintres semble due à une spéculation de marchands de
tableaux. Il est vrai que Balzac, du vivant même de
Stendhal, avait salué son génie, mais c'était moyennant
une rémunération. Encore l'auteur lui-même trouva-t-il
(selon Sainte-Beuve, interprète inexact d'une lettre que
ce n'est pas le lieu de commenter ici) qu'il en avait plus
que pour son argent. Bref, je me chargerais, si je n'avais
pas des choses moins importantes à faire, de "brosser",
comme eüt dit M. Cuvillier Fleury, d'après Sainte-Beuve,
un "Tableau de la Littérature Française au XIXe siècle"
à une certaine échelle, et où pas un grand nom ne figurerait, où seraient promus grands écrivains des gens dont
tout le monde a oublié qu'ils écrivirent. Sans doute, il est

A PROPOS DU " STYLE "

DE FLAUBERT

permis de se tromper et la vaJeur ·objective de nos jugements artistiques n'a pas grande importance. Flaubert a
cruellement méconnu Stendhal, qui lui-même trouvait
affreuses les plus belles ·églises romanes et se moquait de
Balzac. Mais l'erreur est plus grave chez Sainte-Beuve,
parce qu'il ne cesse de répéter qu'il est facile de porter un
jugement juste sur Virgile ou La Bruyère, sur des auteurs
depuis longtemps reconnus et classés, mais que le difficile,
la fonction propre du critique, ce qui lui vaut vraiment
son nom de critique, c'est de mettre à leur rang les
auteurs contemporains. Lui-même il faut l'avouer ne l'a
'
,
jamais fait une seule fois et c'est ce qui suffit pour qu'on
lui refuse le titre de guide. Peut-être le même article de
M. Halévy - article remarquable diailleurs - me permettrait-il, si je l'avais sous les yeux, de montrer que ce
n'est pas seulement la prose que nous ne savons plus lire,
mais les vers. L'auteur retient deux vers de Sainte-Beuve.
L'un est plut8t un vers de M. André Rivoire que de
Sainte-Beuve. Le second :
Sorrente m'a rendu mon doux rive infini

est affreux si on le grasseye et ridicule si on roule les r. En
général, la répétition voulue d'une voyelle ou d'une consonne peut donner de grands effets (Racine : Iphigénie,
Phèdre). Il y a une labiale qui répétée six fois dans un
vers de Hugo donne cette impression de légèreté aérienne
que le pdète veut produire :
Les souffles de la nuit flottaient sur Galgala.

Hugo, lui, a su se servir même de la répétition des r qui
est au contraire peu harmonieuse en français. Il s'en est
servi avec bonheur, mais dans des conditions assez ditfé-

�88

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

A PROPOS DU cc STYLE "

rentes. En tous cas, et quoi qu'il en soit des vers, nous
ne savons plus lire la prose ; dans l'article sur le style de
Flaubert, M. Thibaudet, lecteur si docte et si avisé, cite
une phrase de Chàteaubriand. II n'avait que l'embarras
du choix. Combien sont nombreuses celles sur quoi il y a
à s'extasier ! M. Thibaudet (voulant, il est vrai, montrer
que l'usage de l'anacoluthe allege le style) cite une phrase
du moins beau Châteaubriand, du Châteaubriand rien
qu'éloquent, et sur le peu d'intérêt de laquelle mon
distingué confrere aurait pu être averti par le plaisir même
que M. Guizot avait à la déclamer. En regle générale,
tout ce qui dans Cbiteaubriand continue ou présage
l'éloquence politique du xvmme et du xrxme siecle
n'est pas du vrai Chàteaubriand. Et nous devons mettre
quelque scrupule, quelque conscience, dans notre appréciation des diverses œuvres d'un grand écrivain. Quand
Musset, année par année, branche par branche, se hausse
jusqu'aux Nuits, et Moliere jusqu'au Misanthrope, n'y
a-t-il pas quelque cruauté à préférer aux premieres :

A Saint Blaiu, à la Zuecca
Nous étions, nous ltions hien aise,
au second les Fourheries de Scapin ? D'ailleurs nous
n'avons qu'à lire les maîtres, Flaubert comme les autres,
avec plus de simplicité. Nous serons étonnés de voir
comme ils sont toujours vivants, pres de nous, nous offrant
mille exemples réussis de l'effort que nous avons nousmêmes manqué. Flaubert choisit Me Senard pour le
défendre, il aurait pu invoquer le témoignage éclatant et
désintéressé de tous les grand morts. Je pui , pour finir,
citer de cette survie protectrice des grands écrivains un

DE FLAUBERT

exemple qui m'est tout personnel. Dans Du c8tl dt chez
Swann, certaines personnes, mêmes tres lettrées, méconnaissant la composition rigoureuse bien que voilée, (et
peut-être plus diflicilement discernable parce qu'elle était
à large ouverture de compas et que le morceau symétrique d'un premier morceau, la cause et l'effet, se
trouvaient à un grand intervalle l'un de l'autre) crurent
que mon roman était une sorte de recueil de souvenirs,
s'enchaînant selon les lois fortuites de l'association des
idées. Elles citèrent à l'appui de cette contre-vérité, des
pages où quelques miettes de " madeleine", trempées
dans une infusion, me rappellent (ou du moins rappellent
au narrateur qui dit "je " et qui n'est pas toujours moi)
tout un temps de ma vie, oublié dans la premiere partie
de l'ouvrage. Or, sans parler en ce moment de la valeur
que je trouve à ces ressouvenirs inconscients sur lequels
j'asseois, dans le dernier volume - non encore publié de mon œuvre, toute ma théorie de l'art, et pour m'en
tenir au point de vue de la composition, j'avais impiement pour passer d'un plan à un autre plan, usé non
d'un fait, mais de ce que j'avais trouvé plus pur, plus
précieux comme jointure, un phénomene de mémoire.
Ouvrez les Mémoires d'Outre-Tomhe ou les Filles du Feu
de Gérard de Nerval. Vous verrez que les deux grands
écrivains qu'on se plaît - le second surtout appauvrir et à dessécher par une interprétation purement
formelle, connurent parfaitement ce procédé de brusque
transition. Quand ChAteaubriand est - si je me souviens
bien - à Montboissier, il entend tout à coup chanter
une grive. Et ce chant qu'il écoutait si souvent dans sa
jeune se, le fait tout aussit6t revenir à Combourg, l'incite à

a

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

changer, et à faire changer le lecteur avec lui, de temps
et de province. De même la première partie de Sylvie se
passe devant une scène et décrit l'amour de Gérard de
Nerval pour une comédienne. Tout à coup ses yeux
tombent sur une annonce : " Demain les archers de
Loisy, etc. " Ces mots évoquent un souvenir, ou plutôt
deux amours d'enfance : aussitôt le lieu de la nouvelle est
déplacé. Ce phénomène de mémoire a servi de transition
à Nerval, à ce grand génie dont presque toutes les œuvres
pourraient avoir pour titre celui que j'avais donné d'abord
à une des miennes: Les Intermittences du Cœur. Elles
avaient un autre caractère chez lui, dira-t-on, dü surtout
au fait qu'il était fou. Mais, du point de vue de la critique
littéraire, on ne peut proprement appeler folie un état qui
laisse subsister la perception juste (bien plus qui aiguise
et aiguille le sens de la découverte) des rapports les plus
importants entre les images, entre les idées. Cette folie
n'est presque que le moment où les habituelles rêveries
de Gérard de Nerval deviennent ineffables. Sa folie est
alors comme un prolongement de son œuvre; il s'en
évade bientôt pour recommencer à écrire. Et la folie,
aboutissant de l'œuvre précédente, devient point de départ
et matière même de l'œuvre qui suit. Le poète n'a pas
plus honte de l'accès terminé que nous ne rougissons
chaque jour d'avoir dormi, que peut-être, un jour, nous
ne serons confus d'avoir passé un instant par la mort. Et
il s'essaye classer et à décrire des rêves alternés.
ous
voila bien loin du style de Madame Bovary et de l' Education Sentimentale. En raison de la hAte avec laquelle j'écris
ces pages, le lecteur excusera les fautes du mien.

a

MARCEL PROUST

SUR

RÉFLEXIONS
LA LITTÉRATURE

LE CENTENAIRE D'HERBERT SPENCER
L'Angleterre célèbre, ces deux années 1919 et 1920, le
centenaire de deux écrivains non peut-être ses plus importants,
mais dont l'infl.uence sur l'Europe a été la plus vive, deux
écrivains de rayonnement par excellence, Herbert Spencer et
George Eliot. L'un et l'autre sont devenus européens dans la
mesure même où ils étaient fortement anglais. Ils appartiennent
à l'ordre de ces inventions, nées de conditions et de nécessités
anglaises, comme le régime parlementaire et la grande industrie,
en lesquelles s'est nourrie de qualités anglaises la force impulsive
qui les a jetés sur le monde et les y a implantées comme des
réalités universelles. Leur centenaire, comme naguère le cinquantenaire de Sainte-Beuve, ne doit pas être une manière de
fermer leur tombeau, mais une occasion d'inventorier leur
héritage.

•"•
Plus d'un lecteur, pensant ici à Spencer, est peut-être déjà
surpris. Spencer a dérogé à la coutume qui veut que la plupart
des philosophes aient été de médiocres écrivains, car il en fut,
lui, un tout à fait mauvais. De plus, s'il est aujourd'hui une
philosophie complètement abandonnée, c'est bien la sienne.
Elle apparaît à tous comme une généralisation superficielle,

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'où on ne peut retenir que des vues de détail ingénieuses et
souvent justes, en ps}'chologie et en sociologie. Les Prtmiers
Pri11cipt1 et les nombreux volumes de morale n'ouvrent au
lecteur qu'un vide d'où se dégage de l'ennui. Je ne dis point
qu'il n'y ait encore des hommes à qui le système de l'évo~u~ion,
entendu, en dépit de l' l11co111ulÎ11able, comme un matérialisme
intégral, n'apporte une pleine et permanente satisfaction de
leurs besoins intellectuels. Il y en a certainement en France.
Le premier pays où l'on traduisit Spencer ce fut la Russi~, et
cela paraît bien naturel : un évolutionnisme tout en affirmations,
joint à un matérialisme économique pris de Marx, peut fourntr
là-bas le même aliment national qu'autrefois l'orthodoxie raide
et ligée de Byzance. En tout cas cela n'est pas fait pour notre
occident. Reste-t-il donc de Spencer, à ce centième anniversaire,
autre chose qu'un nom et qu'une place dans un passé qui
n'est plus 1
Oui. Il reste ceci, que le cerveau de l'homme fonctionna de
façon originale et curieuse et nous fournit un type de vie
philosophique que peut-être nous ne trouverions pas ailleurs.
Il reste surtout que la plus vivante des philosophies actuelles,
celle de M. Bergson, est pensée en partie sous l'action directe
de Spencer. M. Bergson, en réagissant contre l'évolutionnisme
de Spencer, a sauvé de cet évolutionnisme ce qui pouvait être
sauvé et en a maintenu vivantes quelques parties. La réflexion
sur la durée, d'où est né le bergsonisme, ne pouvait pas ne pas
suivre une philosophie qui, comme celle des Premiers Pri11cipts,
fait de la réalité un développement dans la durée. Schopenhauer estimait que toute philosophie de l'évolution repose sur
une impossibilité, car elle admet la réalité du temps, alors que
la philosophie moderne est fondée depuis Kant sur l'idé~ité
du temps. Spencer qui n'avait jamais pu dépasser les premières
pages de la C1·itif11e de la Raison Pure, ne s'est jamais posé ce
problème, mais il était nécessaire qu'il ft'.lt posé dans toute sa
vigueur le jour où l'évolutionnisme tomberait entre les mains

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

93

d'un philosophe complet et d'un métaphysicien de la grande
espèce. Le bergsonisme est né d'une réaction contre Spencer,
mais une telle réaction ne peut se produire qu'à l'égard d'une
philosophie qui travaille sur un terrain analogue, qui traite des
mêmes problèmes, et qui les a souvent elle-même posés. Spencer
lui-même avait trouvé dans Comte un stimulant du m6ne
genre : " C'est mon opposition à certaines de ses vues, dit-il,
qui m'a fait développer certaines des miennes. On se rend compte
de ce qu'il faut penser quand on voit ce qu'il ne faut pas penser."
Nulle part mieux qu'entre Spencer et Bergson n'apparaît la
nécessité de cette " étape " qui est aussi vraie dans le domaine
des pensées que dans celui des êtres sociaux. A ce titre la place
de Spencer n'est pas négligeable dans la suite philosophique du
XIXe siècle. N'oublions pas d'ailleurs les services que son postulat
évolutionniste a rendus pendant trente ans, de 1870 à 1900,dans
bien des ordres d'études. Il est possible que Brunetière par exemple
l'ait appliqué en critique littéraire avec une nalveté un peu
tranchante et sommaire. Il en a charpenté du moins quelque
chose qui se tient et qui fait encore penser, et l'on imagine
fort bien une critique qui soit demain à l'Et10l11tion dti Genrti
ce que Bergson est au Syst}me de philosophit ét10l11lib1111ù1t.
Brunetière ne pourrait en tirer qu'un honneur nouveau, pareil
à celui que ce centenaire nous permet de rendre à Spencer.
Si c'est surtout à une.philosophie qui les recti.fie profondément que les idées de Spencer doivent de rester aujourd'hui
jusqu'à un certain point mêlées à notre air intellectuel, le
meilleur hommage à lui rendre dans cette occasion n'est peutêtre pas d'insister sur ces idées. Son centenaire ne saurait être
pour nous une occasion de procurer des lecteurs à ses livres et
d'inciter des gens de bonne foi à perdre leur temps (tout le
volume des Pri11cipts de Sociologie iUr les l11stituti0111 Clrlmb!litllu
est cependant intéressant à feuilleter et fort suggestif). Heureusement il y a l'homme, qui fut un vrai philosophe, et dont la
personnalité mérite la plus curieuse attention.

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

J'ai l'air d'avancer deux paradoxes. On semble penser
aujourd'hui et on a même pensé autrefois qu'il manquait à
Spencer beaucoup des traits du véritable esprit philosophique.
Et quant à sa personnalité elle ne nous est connue que par son
Autobiog,·aphit. Or j'ai toujours vu qu'elle passait pour le plus
étrange amas de puérilités et de niaiseries, où un homme ait
jamais tenté de résumer son passage sur cette pauvre planète ;
et je crains bien que, si vous la lisez, vous ne sorez de cet avis.
Je crois pourtant que ces jugements seraient téméraires, et
qu'il y a lieu, pour un Spencer comme pour un Kipling, de
desserrer notre concept latin, un peu étroit, de la vie philosophique et de la littérature.
Etrange philosophe, dit-on, que cet homme qui parait
n'avoir jamais lu un livre de philosophie écrit avant lui ! Il a
commencé plusieurs fois la Critifut dt la Raiio,i Pure. Il n'a
jamais pu dépasser les premières pages, parce que, dit-il, il ne
pouvait admettre l'idéalité du temps et de l'espace. Lisez qu'il
était incapable de faire l'effort élémentaire de la philosophie
critique. Il s'est aussi essayé à Platon: "A plusieurs reprises j'ai
e;sayé de lire tantôt tel dialogue, tantôt tel autre, et j'ai toujours
posé le livre avec une impatience venant de l'imprécision de la
pensée et de l'habitude de se payer de mots, rebuté aussi par
la forme vagabonde de l'argumentation. " D'une santé assez
compliquée, ne pouvant jamais se trouver devant le papier et
le livre plus de deux ou trois heures par jour, il lisait très peu.
Il était étonnamment incapable d'effort, et, comme le Sybarite,
souffrait littéralement beaucoup au seul spectacle d'un homme
ou d'un animal surmenés. L'effort qui consiste à suivre le
raisonnement d'autrui lui était particulierement dur. Rien
d'étonnant à cc qu'il n'ait à peu près rien lu en philosophie,
inon quelques résumés d' Auguste Comte par Henriette Martineau et quelques page, de son ami Stuart Mill.
On peut des lors le ranger dans une section de la philosophie
que j'appellerais, si l'on veut, le coin des illettrés, ou des

REFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

95

autodidactes. 'allez point la mépriser. Descartes s'est donné
beaucoup de mal pour s'r faire admettre sous un déguisement,
pour feindre d'avoir oublié tout ce qu'il avait eu le malheur
de lire et pour donner comme fruit unique de sa méditation
solitaire dans les poëlcs son abondante mémoire scolastique. Ce
coin comprend d'abord et surtout les mystiques, hommes et
femmes, ignorants sublimes qui rejoignirent par les seules
effusions de leur cœur la haute philosophie d'Alexandrie.
Parmi les profanes on y verrait des hommes comme Charles
Fourier et même Saint-Simon, qui avaient des parties si remarquables de métaphysiciens mystiques. Pourquoi pas, si l'on
veut, la " philosophie" de Victor Hugo dont Faguet se
gausse, mais qu'un Renouvier sait apprécier et même admirer l
Une hantise puissante des grands problèmes suffit, en dehors de
toute connaissance positive, à dégager une phosphorescence
philosophique ;iuthentique. Evidemment le roc et le noyau
de la philosophie ce sont ses grandes écoles, ses génies éclairés,
ses Raphaël e~ ses Ingres, ses Léonard et ses R ubens, mais elle
comporte aussi ses Courbet, au delà desquels on avise encore
dans de vagues ténebres quelque douanier Rousseau et bien
d'autres gabelous et loups-garous.
Bien entendu il ne faudrait pas forcer la comparaison.
Retenons-en simplement que Spencer est, seul à peu près à
notre époque, un philosophe (accepté comme tel par les gens
de métier) qui n'a pas lu les philosophes, qui n'a jamais eu la
cunosité de les lire. Dans sa jeunesse, déjà préoccupé des
problèmes auxquels il dévoua sa vie, il ne songea jamais à ouvrir
seulement' nn livre d'une lecture aussi facile que les Emzi1 de
Locke, qui se trouvaient dans la bibliothèque de son père. Mais
au contraire de ceux dont ce trait unique a pu nous le faire
rapprocher, il est :\ peu près au courant des sciences phrsiqucs
et naturelles de son temps et sa curiosité d'esprit est très vive.
Dans quelle direction s'exercc-t-elle donc?
La vérité est que cet individualiste maniaque, ce célibataire

�96

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

renforcé n'a jamais pu s'intéresser à la philosophie, mais à sa
philosophie, ce qui est fort différent. "Généralement, sinon
toujours, dit-il, un sujet ne m'a semblé intéressant que du
moment où j'avais trouvé en moi-même une conception
originale s'y rapportant. Tant que je n'y voyais qu'une série
de conclusions tirées par d'autres et que j'avais à accepter
simplement, je n'éprouvais généralement qu'une indifférence
comparative. Mais lorsqu'une fois avait jailli en moi une idée
nouvelle, ou que je supposais être nouvelle, ayant rapport au
sujet 1 une avidité à trouver des faits pour servir de matériaux
à une théorie cohérente naissait en moi. '' Il a vécu dans son
idée, et non dans celles d'autrui. '' Tout ce qui ressemble à la
réceptivité passive est étranger à ma nature ; et il en résulte
que je ne suis pas sujet à être impressionné par la pensée des
autres." Le mot d'original, au sens vulgaire et satirique,
semble fait pour lui. Jamais, dit-il, il ne s'est rallié à une doctrine
antérieure par déférence ; toojorus au contraire il s'est défendu
contre ce genre de dépendance en cherchant et en marquant
ses différences d'avec autrui. " Quand je cause, ma tendance
critique me pousse constamment à découvrir des motifs de me
séparer de mon interlocuteur plutôt que des motifs d'aquiescer
à ce qu'il dit. Il ne m'arrive pas souvent de faire ressortir les
points sur lesquels je partage l'opinion de quelqu'un ; mais je
me suis toujours attaché à faire ressortir les points par lesquels
je m'éloigne de lui." Il reconnaît maladive cette tendance à lacritique et à la défiance non seulement devant les formes d'art,
mais devant les individus, et pense que c'est une des raisons
pour lesquell"es il est resté célibataire.
Cela fait un bon type de philosophe, mais ce philosophe
tient de partout à une famille et à une race. Les Spencer sont
une famille de méthodistes et d'"indépendants, et les oncles dont
il fait le portrait constituent une belle galerie d'originaux. Luimême commença de bonne heure. Voici une note du livre de
famille, écrite par son père a son sujet : "Un jour, lorsqu'il

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

97

était encore tout petit, comme il était assis près du feu1 je
l'entendis rire soudain. Je lui demandai ce qui le faisait rire, et
iJ me répondit: Je me demandais comment cela serait s'il n'y
avait que moi au monde. " A ses yeux de petit enfant c'était
bien toute sa destinée qui apparaissait, et qu'il acceptait en
riant. Peut-être quelqu'un en lui faisait-il ce choix mystique
des conditions que dit le mythe du Xe livre de la Ripubliriue. Il fut
toujours seul, il se voulut seul, le grand problème pratique fut
pour lui l'existence et la défense de l'individu. Ses premiers
écrits forent des lettres au Nun-Co,iformùtoù il traitait la question
de l'individu et de la société, et tous ses derniers écrits s'occupent
du même problème. Il est à ce point de vue comme à bien
d'autres l'antipode exact d' Auguste Comte. Son non-conformisme sans dogme s'oppose très précisément au catholicisme
sans dogme du philosophe français. Il finit dans un état
d'isolement moral qui .rappelle vivement par le contraste ces
dernières années de Comte toutes déprises de l'individu et
comme perméables déjà à la lumière du Grand-ttre.
Il n'y a d'ailleurs sous cet individualisme à peu près aucune
épaisseur de vie intérieure intense, La vie intérieure de Spencer
ce sont ses idées. Il vit pour penser ces idées, pour faire
connaître la théorie de l'évolution, et pour rien autre chose,
semble-t-il. Un amateur d'hommes comme Montaigne ou
Sainte-Beuve ne trouverait en lui rien qui pOt retenir la
curiosité psychologique ni attirer l'analyse dans un vrai paysage
moral. De là la sècheresse et la puérilité apparentes de son
Autobiographie. Le respect de l'individu, en lui-même comme
en les autres, mais de l'individu sain et fort et non du faible
que la société doit laisser éliminer par la nature, le sacrifice de
toutes les idées morales à la notion froide de justice, la perfection morale conçue comme l'adaptation mécanique de l'homme
aux fins sociales, tout cela est bien conforme à cette tendance J
tourne exactement le dos à l'homme intérieur. Il n'est donc pas
étonnant que cette philosophie nous apparaisse comme le type
7

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de ta· demi-philosophie, comme une pensée à laquelle manque
la troisième dimension. Il n'est pas étonnant que pour
M. Bergson, qui dut lire, adolescent, Spencer avec le même
intérêt que d'autres donnent à Jules Verne, le problème ait été
de bonne heu~e de rejoindre lesdèux moitiés, les trois dimensions,
d'intégrer la syn thèse spencérienne dans cette philosophie
traditionnelle pour qui l'être vrai c'est l'être intérieur, celui
qui est donné dans le moment le plus aigu et le plus profond
d'une conscience humaine.
Il va de soi que ce descendant des non-conformistes, demeure •
parfaitement étranger à toute idée religieuse. De là l'hostilité
que l'Angleterre lui témoigna longtemps et qui accrut sa
tendance à l'isolement. Après les Premiers Principes une bonne
partie des six cents souscripteurs qu'il avait péniblement recrutés
l'abandonnèrent. C'est que le malheureux philosophe restait
étranger au théisme. Spencer avait pourtant pris ses précautions,
exposé sa puérile théorie de !'Inconnaissable uniquement pour
ne point être réputé athée et obtenir au moins la neutralité
de l'Eglise établie. Peine perdue : l'agnosticisme suffit pour
précipiter sur le nouveau système ce nuage épais du cant,
frère jumeau du fig londonien, et qui le cacha longtemps
aux regards. En 1880, comme Spencer faisait une excursion en
Ecosse, un pasteur, apercevant le nom de Spencer sur le
registre de l'hôtel, frissonna, nasilla que l'Antéchrist se trouvait
sous le même toit que lui, et convoqua une réunion de prières
dans le billard comme mesure de désinfection. La publication
matérielle du Systeme de Philosophie fut pourtant assurée par les
efforts généreux de Stuart Mill et surtout par les d?ns d'admirateurs américains, et dans la dernière partie de sa vie Spencer
finit tout de même par en tirer de quoi vivre.
Spencer connut dans sa jeunesse Carlyle et le vit quelquefois, mais l'état chronique de vaticination où vivait l'auteur du
Sartor lui répugnait. "Il secrétait chaque jour, dit Spencer,
une certaine quantité d'imprécations, et il lui fallait trouver

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

99

quelqu'un ou quelque chose sur qui les déverser. " Il est
heureux pour Spencer que Carlyle n'ait pas vécu assez longtemps pour assister à la naissance de sa philosophie : nulle
philosophie n'était mieux faite pour exciter la bile du vieux
dyspeptique et lui enlever l'embarras de chercher un destinataire a ses imprécations quotidiennes.
En matière de critique d'art, Spencer devient tout à fait
réjouissant. Le goOt que j'avoue pour son Ar1tobiographie provient
en grande partie de la magnifique sincérité qui lui permet d'étaler
le pur et parfait philistinisme avec autant d'ardeur qu'en met
un snob à cacher le sien. C'est aussi beau que Bouvard et Pécr,chet.
Il ignore complètement la littérature des classiques. C'est pourquoi il est monstrueux d'abrutir _la jeunesse sur la langue et
l'histoire de deux peuples aussi peu intéressants que les Grecs et
les Romains. " Dans l'avenir cet état de l'opinion sera considéré comme une des aberrations les plus étranges par lesquelles l'human'.té ait passé. " Quand Carlyle publie son Cromwell,
Sp~cer écnt : Il y a tant de choses dans ce monde actuel qui
retiennent notre attention, que je ne vais pas passer une
semaine à me faire une opinion sur le caractère d'un homme
qui a vécu il y a deux siècles." Et M. Homais ne pourrait
rien penser de plus monumental que les pages de l'introduction
à la Science Sociale sur Frédéric II et Napoléon. Il n'a jamais
pu aller au delà du sixième livre de l' Iiiade et dit : " J'eusse
mieux aimé donner une forte somme d'argent que de continuer
ju~qu_'à la fin." Il nous dit d'ailleurs quels sont ses goftts : il
lU1 faut en art une secousse intense qui l'émeuve fortement.
Comm~ M. Jourdain_il aime la trompette marine. Il a voyagé
en Itahe et en Egypte, et ses impressions esthétiques ressemblent fort à celles qu'Alphonse Allais prêtait autrefois à
Sarcey. Elles consistent surtout à maugréer contre les faux
chefs-d'œuvre, à se demander ce que les gens peuvent voir de
beau dans la Sixtine, dans la Lepon d' Anatomie ou dans la
musique de ·wagner.

�100

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Cette sincérité remplit l'.Arttobiographit. L'indépendance de
Spencer ignore Je mensonge et le déguisement. Ce n'est pas
profond, mais c'est pur. Prenez un verre de cette eau claire
après les Mémoiru d'outre-tombe, vous enregistrerez une impression que Montaigne n'eOt pas dédaignée et qu'il el'.lt recueillie
comme une utile leçon de probité. Quelques philosophes ont
esquissé à un moment donné l'histoire de leurs idées : ainsi le
Descartes du Discours et le Renouvier de l'Esquiut d'une cln1rific11tion. Presque aucun n'a écrit avant Spencer de Mémoires.
Nous avons pourtant pour mettre à leur rang ceux de Spencer
un terme de comparaison, ceux de Stuart Mill, qui sont d'un
homme puissamment intelligent et non, comme /'.Autobiographie,
d'un spécialiste borné et maniaque. On voit nettement en
Mill un homme qui pense dans les trois dimensions, selon la
grande tradition philosophique. Mais l'excentrique à la
Dickens que laissent apparaître ceux de Spencer a bien aussi
son intérêt savoureux.
Est-ce à dire que Spencer soit un excentrique de la philosophie ? La conclusion serait assez ridicule. L'homme et le
philosophe peuvent être ici assez indépendants l'un de l'autre.
Schopenhauer, qui fut sur presque tous les points une tête
philosophique puissante et géniale, finit dans la peau d'un
prodigieux maniaque Hoftinanesque. Si Spencer, lui, ne mérite
pas une place dans l'ordre des grands philosophes complets,
il reste ceci, qu'il fut un grand mécanicien, un grand systématisateur, un grand homme libre.
Un mécanicien d'abord et surtout. S'il appartient à une
famille de disciples de Wesley, il est lui, un disciple de la
machine de Watt et sa pensée procède du cheval-vapeur. Il
débuta dans les chemins de fer, et allait faire une belle carrière
d'ingénieur civil guand il abandonna sa place pour s'occuper
de recherches qui n'aboutirent pas sur les machines magnétoélectriques. Il resta toujours un mécanicien, préoccupé de toutes
sortes de petites inventions qui étaient ingénieuses, mais qui ne

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

IOI

réussissaient presque jamais parce qu'il manquait je ne sais quel
tour de pure pratique. D'apres le tableau assez complet qu'il
nous donne de la marche de ses idées, ce n'est pas par la
réflexion sur b vie qu'il a été conduit à la doctrine de ]'évolution (bien qu'il se soit initié de bonne heure aux formules et
aux théories de Milne-Edward sur la division du travail
physiologique), c'est par des considérations mécaniques, de
longues réflexions sur le passage de l'homogène à l'hétérogène,
la multiplication des ellets, et enfin cette instabilité de l'homogène qui devient son idée maîtresse. Le système est achevé
quand il l'a complété par l'idée de la redistribution d'une
matière indestructible et d'un mouvement continu, réglés par
le principe dernier de la conservation de l'énergie. Cette façon
de penser sub specie mnchinte est exactement le contraire du
rub specie vit,r qui caractérise le bergsonisme, et ce contraste a
puissamment servi à M. Bergson pour constituer et éclaircir sa
doctrine. A ce mécanisme se ratache toute la morale de Spencer, sa foi en la coYncidence mécanique graduelle de l'égolsme
et de l'altruisme, ce sentiment de la justice impersonnelle qui
l'emporte chez lui, dit-il, sur tous les autres sentiments.
Mais ce mécaniste n'est pas un analyste pur. Concevoir les
choses sous l'aspect de machines c'est pour lui les concevoir
rous la figure d'engrenages, de systèmes, où est appliquée et
visible une loi générale. Son sens le plus développé est le sens
de la causalité, la passion de rechercher les causes jusqu'au bout
Gusqu'au bout mécaniquement, puisqu'il a autant le sens
métaphysique qu'un aveugle a celui des couleurs). "Quoique
j'aie d'ordinaire atteint inductivement mes conclusions, je n'ai
pourtant jamais été satisfait tant que je n'avais pas trouvé comment on pouvait les atteindre déductivemcnt. " La déduction
seule conférera à son système le caractère architectonique non
d'une œuvre d'art (et encore qui sait? je vois bien que lorsque
j 'étais élève de philosophie les Pmnim Principes me donnaient
le genre de haute émotion qu'un Grec du Ve siècle tirait du

�REFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

102

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

poème de Parménide); mais d'une belle machine. "Pendant
ces tristes dernières années, j'ai éprouvé souvent de l'orgueil à
voir chaque division et chaque partie de division s'adapter au
reste, chaque élément remplir exactement sa place et aider à
faire un tout harmonieux." Spencer roulait spontanément
sur cette pente d'une manière que M. Bergson a relevée de
façon définitive dans les dernières pages de I' Et1o!utiqn Créatr-ice,
et la faiblesse de cette philosophie toute conceptuelle malgré sa
ligure expérimentale est de manquer terriblement d'un noyau
d'intuition. Huxley disait que le spectacle le plus tragique
devait être pour Spencer d'assister à l'assassinat d'une déduction
par un fait. Et George Eliot, lui entendant exposer sa façon .
de pêcher à la mouche arti li ci elle, observai~ : " Vous êtes généralisateur si passionné que vous allez jusqu'à pêcher à la ligne
avec une généralisation. "
Mais Herbert Spencer me paraît rayonner étrangement par
ceci, qu'au temps où Gladstone était le great o/d man de
l'Angleterre, il en était, lui, le greatfree man. Ce maniaque est
exactement le contraire d'un fanatique. Son libéralisme, fruit
authentique du sol anglais, il l'a poussé par sa vie philosophique
à une sorte d'état chimiquement pur, et il a, avec la même
vigueur et la même loyauté qu'un philosophe grec, conformé
sa vie à ses principes. Lorsqu'il chercha, n'ayant aucune fortune,
les moyens de vivre nécessaires pour édifier en paix le système
dont il avait conçu le plan complet, il songea à obtenir une
place, mais ses idées sur la limitation des fonctions de l'état lui
faisaient, dit-il, le choix très limité. Il ne pouvait songer qu'à
un poste dans une des rares fonctions qu'il reconntît le domaine
de l'État, celui d'inspecteur des prisons ou de distributeur de
timbres. Ayant postulé ces places avec toutes sortes de certificats,
il échoua et il vécut d'une petite rente et du produit de son
travail littéraire. Il déclare qu'il est le seul membre du
Blastodermic Club (société de huit dîneurs mensuels parmi
lesquels il y avait Huxley, Tyndall, Lubbock) à n'avoir été

103

membre d'aucune société et à n'avoir jamais rien présidé. Ce
n'est pas qu'il ait la puissante vocation de la vie philosophique :
essentiellement c'est un individu qui a besoin de sa liberté, et qui
concède aux autres toute la leur. Il représente cette sorte
d'indépendance passive qui s'applique froidement à la recherche
du vrai, non cette indépendance active qui s'attache comme un
Montaigne à construire de soi une vie intérieure vivante et
intense. Au fond il a transporté dans la politique, la morale,
l'esthétique, la philosophie, le vieux méthodisme, le non-conformisme de ses pères. D'un fonds profondément anglais, il a
dit non à tout ce qui est grandeur extérieure et action de
l'Angleterre. Deux vieillards en Europe, au commencement de
ce siècle, avaient la même horreur de la guerre et de la violence :
Tolstoï et lui. Pour Spencer l'empire Britannique, jusqu'à la
guerre du Transvaal inclusivement, a été fondé par de purs
flibustiers. Il n'entra dans la vie politique qu'une fois, en I 88 1,
en fondant avec quelques amis la Ligue contre les guerres
offensives, et cet effort ruina sa santé, l'empêcha de travailler
jusqu'à sa mort. Il est probable néanmoins qu'en 1914, il eîlt
été nettement et violemment pour la guerre : une telle horreur
du militarisme ne fut-elle pas un des éléments les plus puissants
de la résolution de vaincre où s'engagea l'Angleterre l
Cette liberté non-conformiste lui fait dire bien des sottises
en esthétique, bien des choses profondes et justes dans l'ordre
politique et moral. (Il faut les chercher dans ses essais plus que
àans son œuvre systématique.) Il l:i garda vis-à-vis de cette
société industrielle dont il avait à un certain moment paru
devenir le philosophe. Dans son voyage d'Amérique en I 882
il parla aux Américains avec cette même vieille voix d'Europe
que plus récemment leur faisait entendre M . Ferrero. " On ne
vit ni pour apprendre ni pour travailler, mais on apprend et
on travaille pour vivre. Et j'ajoutais que l'avenir tient en
réserve un nouvel idéal, aussi différent de l'idéal industrialiste
que celui-ci est différent de l'ancien idéal militaire.'' Bien

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105

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'aucun Anglais n'ait vécu dans un état d'insularité plus fermée
et ,plus défiante, il fut néanmoins un vrai et grand Européen.
Et il nous offre ce beau et curieux spectacle d'un homme qui
vieillit dans les plus pénibles manies d'un célibataire maladif
sans abdiquer une parcelle de sa pure liberté d'esprit. On
songerait, n'était la différence des tempéraments, à Rémy de
Gourmont. Ces gens sont le sel de la terre. Il ne faut pas qu'il
y en ait trop. Il faut qu'il y en ait. Il n'a jamais été plus
nécessaire de les saluer au passage.
ALBERT THIBAUDET

NOTES

LA SINCÉRITÉ DANS LA MISE EN SCÈNE, conférence de Jacq~es Copeau à la Salle des Sociétés Savantes.
Je n'étais pas présent - à mon grand regret - à la
première conférence de Jacques Copeau sur le Théâtre du
Vieux-Colombier. Mais j'ai pu lire ici le compte-rendu amical,
qu'en a donné Roger Martin du Gard: amical, cordial, c'est-àdire exact et fidèle. S'il vous arrive d'assister à l'une de ces
causeries en esprit de défense et non de sympathie, tant pis
pour vous ; vous vous êtes trompé de porte : vous n'avez rien
à faire ici. Au reste, je ne pense pas que la " défensive "
puisse tenir longtemps en face d'un homme dont la parole
simple, ardente et réfléchie ne fait qu'un avec sa personne,
avec son geste et ses yeux pleins de foi. La première rencontre
après cinq années de rupture fut peut-être plus émouvante.
Elle préparait la seconde qui n'a pu décevoir personne. Après
avoir lancé l'appel, Copeau nous donne ses raisons.
Pas de malentendu. Si l'on veut marcher bien d'accord, il
importe d'abord de savoir pt1 l'on va. Non! il ne s'agit pas,
en maintenant : une habile équivoque, de rassembler une
armée disparate de curieux, d'esthètes et de snobs, qui, à la
première déconvenue lâchera pied et se débandera. Mieux
vaut un petit groupe, mais confiant, solide, qui se laisse
conduire pa~ce qu'on ne lui cache pas le but. L'adhérent au
Vieux-Colombier sera semblable à l'amateur qui sait défendre
sa peinture. Quand on lui qemandera : pourquoi? il faut qu'il
puisse répondre : voici 1

�106

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
NOTES

Le Théâtre du Vieux-Colombier ne sera pas 1m théâtre
d'intellectuels. Les intellectuels y trouveront leur compte, mais
les autres aussi, qui ne le sont pas forcément : les gens
intelligents, sensibles, les raffinés, les gens de goût, les gens
de bonne foi qui ou,rcnt les yeux et les oreilles. C'est à eux
qu'il s'adresse. Il a l'ambition d'accroître son public de ~ous
les éléments non-sophistiqués de la foule. Il pourra meme
devenir jusqu'à un certain point " théâtre populaire•• ; car
" il présentera des choses simples qui puissent être comprises
simplement". Remarquons, entre parenthèses, que c'est là le
comble de l'art : il y tendra.
Le Théâtre du Vieux-Colombier ne sera pas rm théâtre
d'amnt-garde. Copeau a ce mot en horreur. Trop de gens qui
"ont débuté sur les barricades finissent dans le gouvernement".
A ce sujet il rapporte un propos que lui tenait un acteur
arrivé : "Vous recherchez la nouveauté?.. vous faites bien. Il
faut ça pour qu'on vous remarque. On a toujours le temps de
mettre de l'eau dans son vin .. " Non, nous ne sommes pas de
vieux jeunes ; nous ne tirons pas de pétards. Nous avançons
avec prudence et n'aurons pas à reculer.
•
Le Théâtre du Vieux-Colombier ne sera pas un fltéaire
révolufio,maire. Plutôt réactionnaire, dit Copeau. Car, les
yeux fixés sur Jes grands modèles que lui prépare le passé, il
se mettra à leur école. Il refuse de s'enfermer dans une
formule littéraire de se coller une étiquette qui attirera les
badauds. Il "réa~ira" contre la routine, contre l'académisme,
et contre l'esthétisme. C'est justement dans les chefs-d'œuvre
qu'il puisera ses moyens de combat. Retenons au passage
cette formule: "L'originalité, nous la trouverons au bout de
notre peine, comme une récompense, non au début co11'.~e
une réclame.'' Elle mériterait d'être inscrite à la prem1ere
page de toutes les jeunes revues et sur Je mur de tous les
ateliers. Elle vaut pour tous et pour tout. Ce n'est pas la
dernière fois qu'en nous parlant de sa conception du théâtre,
Copeau contribuera à éclairer les principes ?,énéraux ~e l'~t.
"Ennemi de tout mensonge ", c'esl un thealre de s111cénté,
un théâtre 11ou-tl1éâlral qu'il rêve. "Rayez, dit-il, le mot

théâtre" avec tout ce qu'il comporte aujourd'hui d'artifice
inutile, de gauchissement, de compromis, de malhonnêleté !
Nous reprenons tous les problèmes à la base avec des hommes
sûrs et de caractère éprouvé, le problème de l'acteur et celui
du dramaturge, celui de la critique et celui de la scène. Xous
voulons replacer les "travailleurs" dans des conditions saines
de création et de travail qui leur permettront de "rendre au
théâtre force de culture·•. Or, ce travail est déjà commencé.
Le Vieux-Colombier a déjà des ateliers (costume, éclairage,
accessoires) ; il établira des cours (mise eu scène, musique et
danse). Il veul être une "école" composée d' "amis", de
parents: si l'on préfère une "famille". C'est dans l'entr'aide
quotidienne qu'il prendra peu à peu figure, par le concours
des bonnes volontés et des talents, "en éloignant cc qui est
faux, prétentieux, impur". A cc prix seulement, il comptera
comme une force de résurrection " pour la culture française et
universelle. N'exigez pas trop de lui tout de suite! Il suffit qu'il
conn.iisse la voie où il s'engage et qu'il s'y veuille résolument
engager : il arrivera.
" Mais c'est !'Armée du Salut ! " objecte plaisamment
Copeau, contre lui-même. On rit. Il ne sied peut-être pas de
trop rire. Car il y a quelque chose à sauver et ceux-là seuls
qui sont devant nous en semblent capables. Il y a à sauver
d'abord la conscience du bon ouvrier qui ne "truque" pas:
en aucun endroit aujourd'hui elle n'est plus malade qu'au
théâtre. Précisément, dans la suite de sa causerie, Copeau va
nous montrer comment dans la pratique, il entend appliquer
cette méthode de salut. Il va nous parler de la mise en scène.
La question du décor sera traitée à part. La mise en scène,
n'est pas cela : c'est "la parole, le geste, le mouvement, le
silence; c'est autant la qualité de l'attitude et de l'intonation,
que l'utilisation de respace, elle regarde en premier lieu le
comédien. " La mise en scène devra être sincère.
Qu'est-cc donc que la sincérité? Il suffit d'avoir vu Copeau
pour le sentir. Mais cet homme de passion et de rai·on prétend aussi nous le faire savoir. Gardons-nous bien de la

�NOTES

108

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

confondre avec l'impétuosité, la générosité, la spontanéité. On
dit d'un jeune homme qu'il est sincère, lorsqu'il exprime ce
qu'il pense, d'un élan, sans retour sur soi, quand bien même
il penserait faux et ne serait pas très conscient de sa vraie
pensée. Si j'entends bien Copeau, il y ajoute un élément pins
grave et qui n'est pas inclus dans la définition courante qu'o11
en donne. Il veut une sincérité d'âge mûr, une sincérité que
la réflexion prépare, qui s' est dépouillée des illusions, qui a à
son acquis nombre d'années de connaissance, d'épreuve, de
continuité. Celle-ci sera capable de "se soumettre à une
discipline sans forcer sa nature" ; elle se refusera à la mode,
au désir de se singulariser. Elle sera honnêteté autant que
fougue ; elle ne s'avancera que sur un terrain sûr ; elle ne
parlera qu'en pleine connaissance de cause ; jamais, même
inconsciemment, elle ne se mentira. Copeau distingue expressément en elle la flamme et la vertu, l'ingénuité et le savoir.
Je ne connais pas de vue plus féconde. Hélas I il le constate,
rares sont les esprits qui arrivent à l'âge du savoir et de la
vertu, sans avoir perdu l'ingénuité et la flamme. Il est cependant de ceux-là ; il le dit et nous le croyons. Il a atteint la
maturité en gardant la foi, il a connu l'échec sans l'amertume
et le succès sans sot orgueil; il n'a d'ambition que celle du
travail a accomplir. L'ébéniste qui aime et connaît à fond son
métier, quand il fait un meuble, est sincère ; il fait sincèrement la chose pour laquelle il est fait. C'est le bon ouvrier de
France. Copeau nous cite un exemple au théâtre : celui
d'Antoine. On pourra discuter son œuvre, et n'être pas de
son avis ; on ne pourra pas ne pas reconnaître qu'il ait cru
en quelque chose, apporté et réalisé quelque chose, qui était à
lui, à lui seul.
Quelle sincérité apporter dans la mise en scène ? Première
condition : ne jouer que des pièces que l'on admire. N'avoir
pas à défendre la pièce, mais à la servir. Sentir en elle tout
ce qa'elle contient de scénique, pour en faire vivre la matière
scéniquement. Non la recréer à sa guise, mais se confondre
avec celui qui la créa . En vérité l'auteur seul est metteur en
scène; et le metteur en scène proprement dit, par l' intelli-

gence du texte, par le sentiment de la vie de l'œuvre et de
son mouvement particulier, qui est à la fois musique et chorégraphie, fera voir la pièce telle qu'elle fut écrite. De ce mouvement nécessaire naîtront" beauté, plénitude, satisfaction".
Cela revient à dire qu'il faudra "servir le style d'une œuvre ",
s'y tenir, taudis que la plupart ne savent qu· en sortir, par ignorance, mauvais goût, affectation.De rien ils feronttoajoursquelque chose; de quelque chose à peu près rien. Nous avons eu le
"cabotin" metteur en scène et ses idées de" cabotin". Voilà
ce qu'il faut rejeter à tout prix. - Ici, le conférencier nous
rappelle quelques unes des révoltantes erreurs dont nous avons
eu le spectacle, quelques unes seulement: elles ne se comptent
plus. L'adaptation à la scène d'œuvres purement poétiques,
comme les Nuits de Musset; les mutilations de Shakespeare
tantôt académiques et tantôt romantiques; Sanine submergeant ,
sous les décors, au Châtelet, un drame dépouillé comme
l'HélJ11e de Sparte de Verhaeren; Reinhardt s'emparant du
théâtre grec pour le mettre au cirque et se figurant avoir
recréé dans la salle l'état d'esprit des spectateurs d'Eschyle,
parce qu'il mêle à son public un troupe.au de gens costumés
en Grecs, Attentat au génie. Et réciproquement, tant de ces.
pièces vides que l'on meuble avec des costumes. Il cite encore
l'interprétation romantique qu'on donne couramment de la
tragédie racinienne, au mépris de son style : " Racine? connais
pas, lui disait un célèbre acteur : moi je ne connais que
Néron. .. " Non ! dans Britannicus comme dans A11dromaq1,ec'est Racine seul qui importe ... Dans Don Juaii d'autres
coupent en deux un dialogue, pour avoir un décor de plus à
montrer. On fait du réalisme dans les Femmes Savantes. Pour
fournir à Scapin son sac, on plante à grands frais sur la scène, 1
le port de Naples tout entier (Stanislawski). Enfin on invoque
souvent une fausse tradition d'acteurs, au lieu d'interroger
l'œuvre même, qui porte en soi sa tradition.
C'est à quoi il faut revenir. Connaitre à fond les œuvres et
se maintenir devant elles en état de sensibilité, ponr en renouveler l'aspect dans le sens de leur véritable nature, avec cette
liberté sûre d'elle qui comporte la connaissance et le respect.

�I 10

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il n'y aura plus désormais, si rarement d'accord, le point de
vue de l'acteur et le point de vue de la- pièce. Il ne sera plus
permis à celui-là de tirer à lui la couverture, en supprimant
dansJ;In texte tout ce qui n'est pas jeu. Au contraire, plus de
vedettes ! Tous les acteurs au même plan ; la reine d'hier
aujourd'hui suivante; tous entraînés, éduqués et disciplinés
dans un sens unique, sous l'unité ab.solue de la direction.
Quand l'acteur comprendra ce qu'est la pièce, ce qu'il est
dans la pièce et aura les moyens de s'exprimer "en harmonie
avec ceux qui l'entourent", dans ce concours parfait la pièce
existera. Telle doit être la troupe du Vieux-Colombier, humble
servante du poète.
Après cet exposé vivant, neuf, raisonnable, dont j'aurais en
vain essayé de rendre l'accent, mais qui vaut assez par sa substance même, Copeau, nous rappelant la phrase d'André Gide:
" Il est bon pour l'artiste de savoir à qui il s'adresse",
protesta contre le " mépris du public" qui règne dans le
monde des théâtres.Son public, il veut l'amener au même degré
d 'honnêteté et de sincérité que lui-même; c'est pourquoi il
ne lui cache rien de ses projets. Il le remercie de l'effort
financier, indispensable hélas! qu'il continue de faire; il lui
montre l'activité encourageante qui règne déjà rue du VieuxColombier: le maçon qui pose sa brique, l'homme passionné,
penché sur son épure, " qui gesticule " en travaillant, l'ami
qui quitte son roman pour coller dès "timbres-postes", les
costumières bénévoles qui taillent et courent tout le jour. .. On
ne fait pas tout cela pour des snobs, mais pour un public
éclairé, ennemi du dénigrement, de l'incompréhension du
scepticisme. Nous devrions tous méditer la phrase célèbre
que Copeau nous remémore : " On ferait beaucoup plus de
choses dans la vie si l'on en croyait moins d'impossibles. " La
résurrection du théâtre du Vieux-Colombier qui semblait l'être
encore hier, ne l'est déjà plus aujourd'hui. Il a suffi d'un
homme sagement sincère.
HENRI GHÉON

NOTES

Il I

LE VOL DE LA MARSEILLAISE, par Edtno11d Rostand
(Fasquelle). - LE POÈME DE LA DÉLIVRANCE par
François Porché (Emile-Paul). - LES MONTAGNARDS, par
Henry Pourrat (Payot). LAMPES A ARC, par Pa1û
Morand (au Sans-Pareil).
Tout le monde connaît la saisissante expression del' orateur
sacré: " Qu'ils sont beaux, les pieds de ces hommes ..• ! "
Voici ce que devient ce sublime sous la plume d'Edmotid
Rostand.
Ce sont eux, les Américains
Les forts suscités par le Sage !
Ah! qu'ils sont beaux les brodequins
De ceux qui portent le Message J

Il semble que l'auteur de Cyrano ait pris à tâche cl~ mécaniser ~es p~oc~dés les plus artificiels de Victor Hugo. N'hésitant Jamais a mener l'image au bord du calembour et
l'ant~thèse aux confins de l'à-peu-près, il eut au plus haut
degre cet esprit de mots qui ferait prendre les plus beaux mots
en dégoût et pis encore, cet esprit de rime qui rendrait
la rime haïssable :
Comme de l'aulne sort le vergne
Comme du hêtre le fay ard
D'Assas prod·u it la Toit-rd' Am1erg11e
Di, Guesclfo, sans cesse, Bayard!

~es vers sont tirés du poème L'ordre du jour qui est un des
me:lleurs du recueil, mais qui semble une gageure de mauvais
g~u~, !ellement l'auteur met d'affectation à célébrer la simphcite du langage militaire :
... C'est ainsi. Les plus nobles rimes
S'usent aux lèvres des rimeurs.
Vertu des mots, tu te périmes,
Fierté du langage, tit meurs ...

�I 12

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Et soudain q11and t1t t'éd1tlcores,
U11 grand blessé di, Bois des Caures
U1i moribond de C,.ivenc!ty
Pâle et mordant sa jugulaire
Jette srff le vocabulaire
La pourpre qui le rafraîchit ...

Ces noms sanglants ou glorieux, amenés là pour les besoins
de la rime riche font penser à ces faux soldats qui miment sur
les planches d'un café-concert les gestes de l'héroïsme.
Témoins qui nous initiâtes
A res histoires spartiates
Enfrançais lacédemonien.

Hélas, ui la guerre, ni la souffrance, ni la mort n'ont initié
Edmond Rostand au laconisme et à la sobriété.
Dans ses vers, on rencontre souvent de ces analogies de style
burlesque, dont certains poètes qui se croient d'esprit nouveau
abusent volontiers.
La mort soujjle avec violence
Flocons d'ouate da11s le ciel
Flocons d'ouate à l'ambulance!

On a reconnu le procédé; inutile d'insister. Ceux qui
voient dans la surprise le principal ressort de la poésie sont
victimes de la même erreur que Rostand. Ce dernier tra:vaillant pour le théâtre, s'habitua à grossir les effets et a
étendre le rayon de ses cabrioles verbales. Mais rien n'est plus
prévu que l'imprévu systématique et le m_ême tonr de passepasse dix fois répété n'est plus qu'une gesticulation vaine et
fatigante.

Les hommes les pltts beaux que la victoire appelle
Montaient dans les wagons en se donnant les maills,
Tandis que, raidissant leurs doigts gourds sur leur pelle,
Les plus vieu.e réparaient l'iisure des chemins.

NOTES

IIJ

Ni Edmond Rostand, ni quelqu'un de nos petits rhétoriqueurs ne se résigneraient de bon gré à écrire simplement :
Les phts vieux réparaient l'usure des chemins.

Mais ceux qui sentent le rythme, à qui le son des syllabes
enchaînées par l'idée est aussi précieux que le toucher d'une
belle étoffe, ou d'une pierre au grain rare, reconnaissent et
saluent au passage le visage de la muse française. ·
Que n'apparaît-il pas plus souvent dans les vers de M.
François Porché ? N'est-ce pas que le poète de l'Arrêt sur
la Marne, né pour l'élégie et la poésie intimiste, ait prétendu
les succès de théâtre et de récitations publiques et réglé son
chant sur les éclats de voix des acteurs ? Au lieu d'un demisuccès gonflé par la réclame, une chute éclatante des Butors
nous eût peut-être rendu un poète. La poésie de M. Porché,
mêmelorsqu'elle se veut rustique et populaire, sembleàpi:ésent
traîner aux champs comme à la ville les oripeaux du théâtre.
Quand l'art du récitant ne gonfle plus les vers, quand la
modulation d'une voix exercée ne vient plus nuancer la
monotonie des épithètes., la strophe gît sur le papier comme
un petit tas de ficelles embrouillées .. .
La f ottle dans la débâcle
De ces temps vertigineu.~
Se co1isolait aii spectacle
Et sur l' teran lumineux
Dans mie atmosphère ardente
Dé.filait devant ses yeux
La vision trépidante
D'immonde silencieux.

Tout cela pour exprimer cette idée toute simple que, pendant la guerre, le cinéma consolait Paris. On se prend à
regretter les périphrases de Jacques Delille.
La langue de M. Porché est souvent prosaïque ; avec
cela peu de strophes d'une seule coulée, de ces jaillissements
qui retombent en gerbe irisée, mais une suite de constructions
fragiles, aux lignes confuses, élevées à l'aide de petites phrases
8

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

descriptives coupées çà et là par des périodes d'un tour .
oratoire.
Il y a des morceaux bien venus, dans le genre du croquis à
la plume:
Et dep11is quatre a11nées
La' charrue et la herse
Par les champ ~, sous l'averse
Gisent abandonnées.
La terre jadis brune
Est pareiile au tafos,
L'antique sol n'a plus
La couleur de la lirne.
Mais ferraille et broussaille,
Nuages pluvieux,
Tout ;st même grisaille.
Le corbeau qui vit vieux
Vole d'u11e aile lasse
Et, sans cesse à ce deuil .
De ce qui fut orgueil
jette une injure basse.

Nous voici loin du ton de l'épopée! Mais du moins cette
description pure et méticuleuse laisse-t-elle paraître le talent
et la sensibilité de M. Porché, tandis qu'ailleurs, visant à l'éloquence sa poésie n'a même pas la noblesse du lieu commun
et verse dans le pathos et l'extravagance. Il s'adresse à la
France:
Te revoici, fi,dèle à ta splendeur passée,
A tes morts glorieux, à to1i illustre nom,
Empoig11ant ion cheval aux crins, sautant en selle,
Ou, calme, le front haut, serrant sous ton aisselle
La giieule noire du canon.

Pénible effort d'un poète qui pour relever les trois premiers
vers d'une stance pour distributions de prix, dresse cette
image ridicule de la France qui porte un canon sous son bras.
Plus loin c'est la France encore criant justice pour les êtres

NOTES

et les choses victimes de la guerre. Nous voici emportés dans
un grand mouvement oratoire ; nous ne demandons qu'à
suivre le poète où son vol va nous porter, mais voici qu'au
moment de s'élever, il s'attarde inopportunément pittoresque
à nous décrire des Serbes autour "d'un âcre feu d'herbes
visiblement allumé par le souci de la rime. Je me fatigue
vite à suivre une marche si rompue, si capricieuse et saccadée; ce n'est plus un poème que je lis, c'est un livre de
contes et d'i mages que je feuillette. Mais combien mon plaisir
serait moins mélangé si l'auteur, demeurant fidèle à sa nature
n'avait pas voulu forcer sa voix, pour écrire, lui aussi, le poèm;
àe la guerre !
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0 0

Plus modeste et plus habile M. Henri Pourrat a composé
une chronique paysanne qui a de la grandeur et une saveur
rustique. La forme rappelle directement celle de Francis
Jammes, dans Jean de Noarrieu, avec moins de préciosité à
rebours, moins de grâce et d'invention aussi. Ecrit tout
entier en laisses de sept vers de dix syllabes, à l'exception
du chant : Le Bois des Corbeaux où l'auteur use d'un vers de
seize syllabes, .très propre au récit épique, le poème de
M. Pourrat faire songer encore à Jocely11, ou à Marie de
Brizeux; quelque chose d'intermédiaire entre le roman et la
chanson de geste, dans une forme simple assez sobre mais
languissante et monotone.
'
'
Le dernier chant du poème a de la force avec un agréable
coloris d'imagerie populaire. On y voudra peut-être reconnaître
quelques-uns de ces traits homériques, larges et précis qui
donnent tant de caractère aux chefs-d'œuvre de Mistral et
d' Aubanel. Voici la " bourrée", dansée, dans un village du
front par des soldats d'Auvergne:
Les poings brandis, dit brillant dan~ les yeux
En mènent-ils, à quatre, une fameuse.
De tout le corps on suit ces fins balleurs
Le geste à faire on le trou'Ue avec e11.x,

�116

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Et soit qit'ils Plient sur leursjarrets nerveux,
Ou repartant, qu'ilsfrappmt le sol creux,
Sous leurs talons la terre bat comme un cœur.

Et les gars d'Auvergne se lancent le vieil appel Gaulois, le
Ehyo-ho, des moissonneurs quand

NOTES

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..

0

Sur le ciel vert, d'un pathétique Pathe .....

Dès le premier vers, ou plutôt dès la première ligne de
son premier poème M. Paul Morand nous avertit de ses
ambitions, qui le placent à égale distance de MM. Max-Jacob,
Blaise Cendrars et Drieu la Rochelle. Il apporte dans les
exercices ordinaires de l'école un œil très fin et très sensible
aux caprices des spectacles contemporains, de l'esprit et de
l'ironie, une sensibilité aiguë et flexible qui fait songer à Léon
Paul Fargue, enfin une discrétion louable dans l'emploi des
nouveaux fétiches.
Des allées se tordaient
A11tour de la pelouse
Ivre de son palmier
Assis sur sa canne d' affitl
Le colonel violet
Emondait les arbustes et se réjouissait
D'avoir l'âge de la retraite.

17

J'ai goûté ce petit tableau de genre et ce paysage dessiné par ·
Matisse; je me suis fort diverti à l'interview de M. Marcel Proust.
J'ai moins aimé qu'eucore en proie à tant d'influences diverses
et parfois directes, M. Paul Morand s'avisât de poser, sous
forme d'une plaque indicatrice, un art poétique aux affirmations péremptoires et prématurées.

Se redressant entre la paille chaude,
Ils s' entrecrimt la fin de la besogne.

Ne dirait-on pas une traduction d'un dialecte central ou
méridional ; et ne se prend-on pas à regretter les sonorités
ardentes et redondantes du pays d'oc, et le cordial patois
d'Auvergne :
Que ses ve11ia charcha
Garçons de la mountagno,
Que ses venia charcha
Cire voulias pas dansa Y

I

ROGER ALLARD

PUISSANCES DE PARIS, -

EUROPE, par Jules

Romains (Editions de la Nouvelle Revue Française).
" Nous avons le grand bonh.eur d'assister au début d'un
règne, au départ d'une série organique qui durera comme les,
autres des milliers de siècles avant le refroidissement de fa
terre ".
Cette phrase, trouvée dans le dernier chapitre de Puissances
de Paris, me fait songer aux réflexions que dut faire le Hollandais qui découvrit le microscope, à la fin du XVJme siècle. Est-il
donc vrai que toutes choses commencent leur existence réelle
alors seulement que le génie humain en prend une conscience
précise ? Le monde des microbes date effectivement de Pasteur
qui, le premier, a pensé avec cohérence ces organismes élémentaires et les a, de cette façon, introduits dans notre univers à
nous. A ce compte, la vie des groupes, considérés comme
unités humaines supérieures, la vie des groupes débute en ce
siècle, car c'est en ce siècle que l'homme prend notion des
groupes et que les groupes prennent d'eux-mêmes une" conscience confuse ".
L'anthropomorphisme, qui nous est une •~façon de figurer
l'inconnaissable ", permet d'étudier la vie des groupes. Et voici
d'abord les puissances de Paris, ces dieux encore informes et
intermittents qui grouillent comme des larves dans le ventre de
la grande ville, dans le ventre du plus grand dieu.

�118

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Le poète est penché, anxieux, attentif. Ainsi le voyageur,
sur le pont de son navire, contemple les animaux monstrueux
que la drague a ramenés des profondeurs marines. Le poète
regarde, note, décrit, regarde encore et multiplie les croquis.
:out. semble nouveau, en ces êtres formidables, inq11iétants,
mdociles. Pour les dépeindre, le poète invente donc un langage
ne11f, c'est-à-dire qu'il prend les termes les plus éprouvés de
notre vieille langue et qu'il les assemble selon une logique
no11velle. Le langage est, pour l'écrivain, un moyen de connaissance; on le comprend bien à lire PuiSJances de Paris. Jules
Romains, dans cet ouvrage, utiljse les mots comme des instruments merveilleux d'analyse ou de synthèse, des instruments
propres a servir les plus téméraires desseins de l'esprit.
Absorbé dans la contemplation, le poète participe peu aux
êtres et aux gestes qu'il décrit. On le sent tout à la joie de la
découverte, et cette joie est encore presque purement intellectuelle. Mais il sait que ce n'est là qu'un commencement. Pnur
assumer sa nouvelle mission, l'homme devra faire saigner sa
propre chair sous la loupe et jeter son âme au creuset: "Toutes
les émotions de l'homme sont des actes de connaissance mieux
que les pensées de sa raison. Car la raison conçoit l'homme •
mais le cœur perçoit la chair de l'homme. De même il faut qu;
nous connaissions les groupes qui nous englobent non par une
observation extérieure, mais par une conscience organique •J.
'Il

il

il

Puissances de Paris l Ce petit livre a été écrit il y a une
dizaine d'années et il a paru pour la première fois en 191 1.
Cet extraordinaire document inaugure, avec les autres ouvrages
que Jules Romains a publiés vers cette époque, ce que Rémy
de Gourmont appelait une " psychologie nouvelle". Depuis,
Jules Romains a donné sa mesure en des ouvrages si variés que
l'accord du public et de la critique s'est fait sil! son œuvre ;

NOTES

I

19

un accord tout d'assentiment fervent, d'étonnement respectueux. Toutefois beaucoup d'esprits dévoués aux choses de la
poésie considéraient naguère avec quelque inquiétude ce mot
de " méthode" employé fort subtilement par Gourmont dans
son étude sur Mort de ·quelrp?un. Un des commentateurs de
Jules Romains exprimait le désir d·'entendre ce poète "parler
sur un tombeau". Ce .désir a reçu satisfaction. C'est sur le
tombeau de l'Europe que Romains a chanté ; son poème
Europe est bien un thrène.
Je ne dirai pas que tous. les dons de Jules Romains ont contribué à ce beau livre : j'ai garde d'oublier le comique multiple
et déconcertant des Copains, ou de Sur les quais de la Villette ;
mais je pense, en relisant E:uro_pe, que Romains n'a encore
rien écrit de plus profond, de plus émouvant,de plus total. On
sent, dans ce poème, battre ce c~ur dont Romains annonçait le
rôle et le règne à la fin de Puissances de Paris. Et n'est-ce pas
avec la suprême clairvoyance du cœur que l'on peut mesurer
l'immense détresse qui s'est abattue sur les hommes et qui a,
pour longtemps, gâté ce qu'il y avait de meilleur dans notre
monde?
L'écrivain de la Vie unanime et de Un être en marche, ce poète
toujours maître de lui, mahre de son sujet, maître des idées et
des mots, n'a pas été maître de son désespoir. Et c'est ainsi
qu'il est parvenu à la plus haute maîtrise, c'est ainsi qu'il s'est
abandonné, qu'il a versé des larmes véritables et brftlantes et
qu'il nous en a fait verser de telles.
Les plus remarquables pages des Odes faisaient prévoir cette
abondance. Le sinistre soleil de I 914 a précipité toute maturité. Jusqu'à nouvel ordre, Europe me paraît 1~ sommet d'une
œuvre.
Je connais un petit nombre de très beaux poèmes sur les
temps effroyables que nous venons de traverser. Aucun ne me
découvre plus qu' Europe, le sens et le secret de l'indicible
tristesse, aucun n'évoque pour moi, de façon plus dramatique,

�120

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'atmosphère de la catastrophe, aucun ne me dit mieux c'està-dire plus douloureusement, l'impuissance actuelle des h:mmes
à conjurer Jeun naufrages. C'est d'abord Europe que je relirai
pour me défendre de l'oubli, pour sauver de l'abîme futur le
trésor de mes propres souffrances.
GEORGES DUHAMEL

WALTHER RATHENAU, par Gallon Raphaël (Payot

et Cie).

:: Il était temps que ce beau sujet füt traité. M. Raphaël le
présente dans l'ordre le plus lucide, avec abondance de renseignements et de citations. Son livre est de ceux qui peuvent le
mieux nous éclairer l'Allemagne et guider nos prévisions sur
son avenir prochain.
"~. Il n'est pas commun que le fondateur d'une grande entreprise laisse en la personne de son fils, un soccesseur capable de
le dépasser. Il est plus rare encore que l'héritier d'une telle
charge conserve, dans l'action même et sans dommage pour
l'action, le don et le gotît de- la philosophie. Rathenau a le
droit d'écrire : " Il semble que la nature ait voulu expérimenter sur moi dans quelle mesure la vie de la contemplation et
celle de la volonté peuvent mutuellement se pénétrer. " Que
le directeur de l'énorme " Société générale d'Electricité "
(A. E. G.) ait pu écrire les livres : Critique de ce Temps, - La
Mécanique de I' Esprit, - Chom à Yenir, voilà qui suffirait à
nous intéresser. Mais il y a eu la Guerre ; cette guerre aurait
moins duré, notre victoire aurait été plus prompte, si I' Allemagne avait moins savamment ménagé ses ressources réduites
rar le blocus ; or l'œuvré de ravitaillement, de réquisition, de
répartition entre les industries risquait, sans l'effort de Rathenau, d'être commencée trop tard. C'est lui qui le premier y
pensa, trois jours après l'intervention anglaise ; et c'est lui qui

NOTES

121

mit debout le "Département des matières premières" et les
"Sociétés d'Achats ". C'est sans doute par ses soins et selon ses
méthodes que la Belgique fut exploitée à fond ; on verra dans
le livre comment il travailla à mettre l'industrie suisse au service de l'Allemagne. Peu d'adversaires nous ont fait plus de
mal. Et maintenant, la guerre finie, on juge bien qu'un tel
homme ne peut se reposer, ni se laisser tenu· à l'écart. Il ne
siège pas au gouvernement, et ne risque donc point de s'y
user ; les partis de la gauche démocratique, avec lesquels il a
partie liée, n'ont pas encore sur le pouvoir toute l'influence à
laquelle ils prétendent. Mais leur rôle ne peut que grandir.
Soit que la République soi-disant socialiste se modère encore
en se consolidant, soit qu'un régime de réaction, tirant les
leçons du désastre, cherche mieux que l'ancien Empire à s'appuyer sur toutes les forces de la nation ; de toute façon, l'état
de l'industrie et des finances permettra, imposera même des
tentatives hardies, l'essai d'un nouvel ordre de production.
Certes les plans de Rathenau ne seront pas appliqués à la
lettre. Mais parce qu'ils n'entraînent pas un bouleversement
total, parce qu'ils restent dans la ligne d'un mouvement dès
longtemps commencé, nul doute qu'ils rie dictent plus d'un
projet pratique et ne passent en partie dans les faits. Il nous
faut dès maintenantles connattre, y réfléchir çt nous demander
s'ils comportent, pour nous-mêmes, un enseignement.
Trop bref, un résumé serait in-fidèle ; et la discussion demanderait plus de place que je n'en veux prendre ici. Lisez le
livre; tout le détail importe;_ je note quelques tendances, et
rien de plus.
Le mécanisme de l'économie moderne inspire à Rathenau
plus d'admiration qu'il n'en avoue. Mais ce n'est sürement pas
.à ses yeux un idéal, une fin en soi. Faire régner l'âme sur la
matière : tel est le but d'un remaniement économiqife, dont la
réforme politique ne ferait à son tour qu'assurer les moyens.
Le Juif que les hobereaux ont mis à l'écart dès qu'ils ont jugé

,

�122

LA NOUVELLE REVUE .FRANÇAISE

son concours inutile, ne tient pas à préserver les privilèges de
la noblesse allemande. Mais il accepte la monarchie, il attache
peu d'importance ;ux formes du gouvernement, il n'a souci de
la "volonté du peuple" et voit surtout,dans le parlementarisme,
un moyen d'élargir le cercle où se recrutent les compétences.
L'essentiel est d'organiser la production pour l'intérêt commun.
Non pas selon l'esprit du socialisme. Celui-ci ne croit qu'à la
science et aux besoins matériels. Il ignore le cœnr humain. Il
méconnaît la grande fonction du capital : " diriger le courant
mondial du travail vers les points où le besoin est le plus
pressant", et la nécessité de la rente "fondee sur la nécessité de
la sélection dans les placements". R\thenau ne veut surtout point
qu'on diminue le rôle des chefs d'industrie, ni leurs responsabilités, pourvu qu'ils ne réclament pour eux d'autre avantage
que la joie même de commander. Ce n'est pas le pouToir qui
est nuisible, c'est · 1e luxe et l'oisivité. Donc, suppression des
monopoles, restriction du droit d'héritage, éducation populaire
faisant sauter les barrières des classes, lois somptuaires ramenant
le travail collectif à la production des objets nécessaires, afin
d'en abaisser le prix. Ainsi séparée du droit aux jouissances, la
propriété devient comme impersonnelle ; le chef se subordonne
à l'entreprise, qui acquiert une vie propre, comme autrefoi~
l'Eglise, l'Etat, ou la commune. Et cette vie 'même ne doit pas
rester autonome : les entreprises se groupent en syndicats de
professions ; les syndicats, en énormes fédérations industrielles,
qui règlent, par leur accord, la distribution du travail. L'Etat
ne dirige pas, il contr&amp;le : " Il peut émettre des exigences là
où il est utile, et doit être utile la où il émet des exigences ".
Enfin, la production nationale à son tour s'encadre dans une
organisation universelle : "Je n'entends par là ni la suppression
de l'économie nationale, ni celle du libre échange ou des lignes
douanières, mais bien : la répartition et l'administration en
.commun des matières premières internationales, la répartition
des marchés internationaux et des moyens financiers inter-

NOTES

123

nationaux." Tel serait le moyen " de parer, dans la Société
des Nations, à l'étranglement des faibles" - ou bien, peutêtre, d'y assurer sans guerre la prépondérance des forts.
Domination des compétences pour le bien du plus grand
nombre ; c'est, au fond, le rêve du Saint-Simonisme, rajeuni,
retrempé au contact de l'action. L'auteur entend partir des faits~
" Il ne faut croire aucune prédiction, aucun poète, si l'image
qu'il trace de l'avenir ne luit pas déjà dans le réel, contemp~é,
cela va de soi, avec hardiesse et liberté." Mais il refuse de lire
les faits à la seule lumière de l'intellect : " La pensée
logique peut servir de fondement au droit et à la coutume,
jamais à une table des valeurs, à une moralité au-dessus de
toute objection ... Dans le royaume de !'Ame, tous les, p~én_omènes et catégories du monde intellectuel auront cesse d exister ; et en même temps l'individualité combative, la caducité
et la science intellectuelle... La volonté prime l'intelligence ...
Tout vouloir est fait d'amour et de prédilection qui ne se
démontrent pas ... Nous vivons et agissons sans cesse dans le
monde du transcendant".
Cette transcendance doit nous inquiéter. Il est certain que ce
n'est pas la logique qui crée la vie, et que la tendance,_ le
vouloir précède toutes les raisons. Mais il n'est pas moms
certain\ue ce vouloir primitif ne sait point ce qu'il veut, et
qu'une tendance tourne à la passion aveugle et fatalement
combative, quand elle ne se mesure pas à d'autres par un
échange de raisons. Le mysticisme du vouloir n'est d'aill~urs
pas une nouveauté : la notion d'une volonté absolue domme,
depuis Fichte, la pensée allemande. Nous savons où e~e l'.a
conduite : non pas du tout au triomphe des passions mdtviduelles, mais à l'exaltation du vouloir national. Pour le
moment Rathenau n'en est pas là. Mais on craint que la même
nuée ne reste grosse du même éclair.
Bien que Rathenau repousse les plans de conquête et de
domination, il confesse "cette foi allemande, qui est au-dessus-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de toutes les religions." On ne s'allierait pas avec lui sans
méprise, ni sans péril ; mais il est de ceux avec qui l'on peut
traiter. Par leur enthousiasme, leur labeur, leur calcul, des
hommes tels que lui préparent l'avenir. Oui, ces forces dangereuses peuvent être bienfa_isantes ; ces grands réalistes, mieux
que nuls rêveurs, travailleront à l'accord des peuples, s'ils
n'espèrent plus voir leur peuple exploiter seul le renoncement
de tous. Il ne faut point qu'une folle confiance leur ouvre les
voies défendues. Quand ils nous appellent au "règne de
l'Ame ", ramenons-les doucement au domaine de la claire
intelligence et des sentiments tout humains.

.• .

MICHEL AkNAtlLD

LA PHILOSOPHIE FRANÇAISE, par Victor Delbos,
(Plon Nourrit. 1919).
La pensée française, dans les formes officielles qu'elle a prises
depuis l 870, recueillait avec trop d'avidité les idées étrangères
et faisait un cas trop grand de la philosophie allemande pour
que ce besoin excessif d'information et cette admiration exclusive ne soient pas le signe d'un désarroi profond, d'un défaut
de vitalité et de tendances propres suffisamment actives, que
l'on soupçonnait à peine avant 1914, que les évènements internationaux viennent de révéler brusquement. Des générations
entières, éducatrices de notre jeunesse, ont dtî s'apercevoir, bon
gré mal gré, que leur générosité, leur désir de tout comprendre,
leur intelligence même avaient eu des exagérations et des faiblesses. Dans les consciences assez probes pour envisager leur
responsabilité, dut se passer un drame intérieur parfois tragique.
Avoir l'honnêteté et le courage de s'interroger, c'etît été bien
souvent reconnaître que notre génie avait été renié, que l'étude
des œuvres françaises avait été singulièrement négligée par nos
historiens, au point que nous ne possédons, si paradoxal cela

NOTES

125

puisse paraître, aucun ouvrage d'ensemble, aucune histoire de
la philosophie en France. L'orientation donnée à ses tra~
vaux depuis plusieurs années déja, le spectacle de la guerre, le
sentiment que la pensée française était, elle aussi, "dans la
mêlée, pas au-dessus," incitèrent Victor Delbos à remédier à
cette lacune et à rechercher, dans un cours professé en Sorbonne
en l 9 I 6, les "éléments originaux de la pensée française". Sa
mort, survenue le I 6 juin 19 I 6, l'empêcha de réunir lui-même
ces leçons remarquables en un volume. Nous devons La Philosophie françafre à la piété de M. Maurice Blondel.
C'est moins une histoire de la philosophie française qu'une \
esquisse de l'esprit français où les affirmations d'un philo- 1
sophe en quête de sagesse suppléent parfois aux investigations d'un historien" respectueux de la sévérité critique et de la
précision du savoir." Car Delbos ne s'astreint pas à suivre
dans toutes ses démarches notre philosophie; il écarte le détail des
problèmes et des systèmes, les questions d'origine, de filiation et
d'influence ; il va droit à son propos essentiel et s'efforce de
dégager de l'étude scrupuleuse des doctrines ce qui ne se trouve \
pas formulé directement dans les doctrines mêmes, une attitude
particulière en face de la vie, de la connaissance et de l'action. J
Sans doute l'historien fait la part des impulsions sentimentales
et des revendications présentées par Pascal et Rousseau en faveur
du "cœur" et du " sentiment. " Il fait la part de la critique
directe des idées, des croyances et des institutions effectuée au
xvme siècle par des esprits qui demeurent, comme Voltaire,
Montesquieu, Diderot et les Encyclopédistes, étrangers à toute
tradition intellectuelle, indifférents à la mise en œuvre d'une
" technique de la pensée ". Il fait la part de la Révolution, de
décomposition sociale et de la restauration catholique qui
prolongent la faveur de la philosophie politique et sociale en
donnant simultanément aux traditionalistes et aux Saint-Simoniens, à Bonald et à Auguste Comte, le sentiment que l'erreur
de la philosophie du xvm0 siècle réside dans un abus de la

la

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

critique et de l'individualisme. Il fait la part de la dispersion
où semble engagée la philosophie contemporaine. Mais, sous
les variations qui retiennent l'historien, sous la physionomie
individuelle des doctrines qui séduit en lui l'artiste, Delbos
entend rejoindre des caractères plus profonds. Il y a chez nous
1:1ne tendance congénitale à la clarté qui porte non seulement
sur les idées mais sur les données de la conscience. Elle nous
incite à expliquer le réel plutôt que de l'imaginer, mais.\ reconnaitre en même temps "qu'il n'y a pas de connaissance possible
sans des conditions préalables qui viennent de l'esprit seul ".
Elle nous incite à accepter la médiation de l'intelligence pour
expliquer tous les aspects de la réalité, car "l'acceptation de
l'inexplicable et de l'irrationnel, si elle n'est pas une abdication
de la pensée, doit être mesurée par la pensée même à ce quecelle-ci s'estime capable d'expliquer distinctement et de ramener
à des raisons définies. " La philosophie française moderne est
tout entière dans cette attitude ratùmalùte. Mais son alliance
avec les sciences positives qui développent successivement les
modalités physique, biologique, sociale, psychologique du réel,
sa prédilection pour l'étude de la vie intérieure, "puissance
l'irtuelle de critique à l'égard des doctrines qui construisent
dans l'abstrait," son désir de collaborer au perfectionnement
des volontés tempèrent ce qu'il pourràit y avoir de trop systématique et de trop unifiant dans les démarches de i'intelligence.
De là " cette allure généreuse et confiante de notre philosophie
qui, sans dissimuler l'effort qu'elle exige parfois inévitablement
pour être entendue, ne rebute en principe personne, parce qu'elle
procède non par intuition plus ou moins mystérieuse, mais
par l'éducation normale de l'intelligence. Elle n'a donc jamais
voulu exister uniquement pour l'Ecole; elle a voulu exister
pour la vie, pour l'action, pour la science, et cette disposition
seule l'eût détournée du formalisme i!bstrait et constructeur
qu'on l'accuse d'avoir pratiqué." Elle est et demeure humaine.
Si là sont bien les éléments originaux de la pensée française,

NOTES

127

c'est dans l'œuvre d'un Descartes où s'affirme le rationalisme,
dans l'œuvre d'un Malebranche et d'un Maine de Biran où
les exigences de la vie •intérieure se concilient avec les exigences
de l'intelligence, qu'il faut placer notre tradition philosophique.
Telle est la Philosophie Française. D'excellentes pages sur
Descartes, Malebranche, Pascal, Rousseau, Comte, des études
entièrement neuves et originales· sur Condillac, Buffon, les
Idéologues, Lamarck, Maine de Biran et Bonald, où se
révèlent une rare pénétration psychologique, un don de sympathie et le respect des idées, restituent enfin sa variété et son
ampleur -.à la pensée française mutilée, faussée et trahie au cours
du x1x" siècle par l'interprétation conventionnelle de l'Ecole,
moins soucieuse de sauvegarder les droits de l'intelligence que
les intérÈts du spiritualisme de sentiment et du libéralisme
politique. Et il n'était pas sans intérêt, dans la période de
rnnfusion où nous sommes, de rappeler, avec la vigueur de
Delbos, que l'attitude rationaliste, le besoin de comprendre,
l'attachement à la science ont été acquis définitivement aux
temps modernes par la révolution cartésienne. Mais le développement des éléments originaux de la pensée française suffit-il
à nous mettre en possession d'une tradition philosophique ? Si
Delbos identifie la tradition philosophique au courant de
•pensée classique et chrétien qui est le propre du xvue siècle
et qui trouve en Malebranche son interprète, s'il est amené à
considérer· les autres courants de pensée comme dissidents et
secondaires, il semblé bien que ce soit surtout en vertu de son
attachement à certaines traditions morales. Ici les convictions
intimes font ·éclater les cadres de l'histoire et la Philosophie
Française devient le testament philosophique de Delbos. Or,
si légitime soit le désir de placer dans la vie intérieure le terme
de la méditation, la vie intérieure elle-même est trop étroitement liée .\ la vie sociale pour que l'historien puisse s'effacer
aussi complètement devant le philosophe. La pensée, non plus
-que l'action, n'est soustraite aux fluctuations quotidiennes, aux

�12.8

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

bouleversements politiques, au renversement des empires. Que
nous le voulions ou non, les conditions d'existence sociale
enserrent trop étroitement la spéculation pour que son développement puisse acquérir un caractère inactuel. Si l'on restitue à
Montaigne, à La Bruyère, à la critique dirigée au xvme siecle
moins contre la religion que contre l'esprit théologique, aux
Encyclopédistes pressés d'enregistrer les progrès des sciences, à
Vauvenargues, à d'Alembert, à Condorcet, aux économistes et
aux idéologues leur place et leur signification positive, l'évolution de la pensée française ne présente plus cette simplicité
harmonieuse et cette continuité qui sont chez Delbos le reflet
d'une belle égalité d'âme. Elle est au contraire dans les alternatives de la lutte engagée entre l'esprit de la Renaissance et les
survivances de l'esprit médiéval. La théologie et la science
naissante ne se concilient sous Louis XIV que pour s'affronte.r
dès que l'Egfise •voit diminuer son pouvoir temporel. L'agitation et la décomposition sociale !du xvme siècle, la Révolution
de 1789, l'épopée napoléonienne et son retentissement, l'évolution des sciences modifient profondément la tradition cartésienne; et c'est dans le Positivisme, où se concilient les exigences
de la science, de l'ordre social, et de la vie intérieure, que nous
irions peut-être chercher nos traditions intellectuelles, si la
philosophie, rendue mo.ins généreuse, moins confiante, moins
hai:die par la proscription du second Empire, n'avait demandé
aux pensées étrangeres contemporaines la parole de vie que son
passé pouvait lui donner.
Il semble donc bien que l'originalité de la pensée française
soit U où la place Delbos, dans son humanisme. Mais l'humanisme
n'est pas une doctrine; il est une attitude et une attitude trop
subtile et trop souple pour demeurer à jamais fixée dans des
cadres définitifs. Sans doute la forme catholique qu'il revêtait
au xvue siècle est infiniment plus proche de nous que la
forme protestante introduite avec la pensée anglo-saxonne
dans le cours du x1x" Siècle. Et il était bon de le rappeler. Mais

NOTES

il semble bien que, sous la pression des transformations politiques
et ~ociales, des sciences de la nature et de l'homme, l'humanisme ait évolué au courant du x1x" si.ècle en dehors des
formes -de la vie religieuse et qu'il ait perdu peu peu son
aspect classique et chrétien pour acquérir un aspect populaire
et positif. Depuis 1914 la France a peut-être appris davantage,
en cinq années - et des vérités autrement précieuses, - qu'elle
n'apprendrait en un demi-siècle de spéculation. Une intelligence installée dans le passé, trop timorée, trop peu soucieuse
du vrai peut se demander si la guerre fut autre chose qu'un
mauvais rêve, tenter de sauvegarder d'anciennes manières de
penser et temporiser. Il n'importe. Car il est des consciences
qui .ont participé à la passion de l'homme. Celles-là savent
maintenant que la communion de l'homme avec l'homme peut
faire surgir des sentiments aussi irradiants que la communion
de l'homme avec Dieu et donner à la pensée une vie nouvelle.

a

RAYMOND LENOIR

SUR LA DÉMOBILISATION DE L"INTELLIGENCE
M. Charles Maurras a publié dans la Minerve Française du
15 novembre un article sur Stendhal, qui doit figurer dans
l'édition de Rome, Naples et Florence des Œnvres Complètes.
Les vingt pages de ce Stendhal Contemporain sont, comme on
pouvait s'y attendre, d'un maître écrivain. Mais je ne veux
.p as faire de critique littéraire; je porterai seulement attention
à ceci que M. Maurras pose, avec la netteté impérieuse de son
génie, le problème angoissant sur lequel, avec des inclinations
, et des pensées différentes, nous réfléchissons depuis quelque
temps ici, et qu'à cette place même Michel Arnauld, Jean
Schlumberger, Henri Ghéon, Jacques Rivière ont successivement traité avec des âmes de bonne volonté. Je tâche simplement de faire suite à cette bonne volonté. Apportons-la d'abord
et la clarté intellectuelle, la vérité, viendront sans doute p;u9

�130

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

surcroît comme son dépôt spontané, comme un bien qui ne
s'obtient que par des qualités de probité et de patience.
Le goût passionné que les esprits les plus ingénieux et les
plus fins professent pour Stendhal tient moins p~ut-être à ce
quïlest pour eux matière à lecture et à réflexions constantes
qu'à ce qu'il lem· représente l'idéal de la vie voluptueuse, intelligente et libre qui pour un français bien né, parfois très
catholique, mais peu chrétien, figure le bien suprême de la
terre. Dans l'état actuel de cette terre, ce bien, se demande
M. Maurras, est-il encore possible? Et il répond: Non. Il n'est
plus possible parce que nous sommes moyens et non plus fins,
parce que nous sommes requis tout entiers jusqu'à la pointe
de notre plaisir et jusqu'à la fleur de notre pensée pour un
service national. Le service national, ou, mieux, le nationalisme intégral pouvait admettre avant 1914 certain jeux que,
dans l'état actuel du monde, il ne pourra plus tolérer de
longtemps.
" Il faut choisir, de Miltiade ou d' Augustule. Nous n'avons
même pas affaire à des conjonctures qui permettraient un
choix véritable. Les choses ont choisi pour nous. Si les choses
sont telles, si, par e:i.:emple, l'armée doit embrasser toute la
nation : la guerre, intéresser et offenser la totalité du corps
social· si l'e:i.:istence et les biens de chacun et de tous (et non
seule~ent leurs éléments communs) sont mis en question par
l'agresseur et par l'envahisseur ; si les chocs des nations, jadis
politiques et militaires, visent à présent l'économie, autrement
dit la maison et la vie privée ; si le domaine public va tout
envahir : la mise en garde devra mobiliser dans le~ mêmes
proportions tout notre-·privé à moins que nous soyons résignés

à périr.
" La garantie de la liberté de ch..acun comportera une servitude de tous. Et vraiment tous, jusqu'au dernier; autant que
la jeunesse, la vieillesse ; autant que le mâle adulte, la femme
et ]'enfant; autant que le matériel militaire, rndustriel et
domestique, le spirituel des écoles et des corps savants,
théâtres, salles de conférences, livres, journaux. Plus de
cénacles retranchés, ni d'académies inactives ; plus de bois

NOTES

131

sacré ni de lieux d'asile, plus d'inamovible loisir. Tout cela
étant, pour w1e part, de la force, est arraché à l'autonomie
de l'esprit, lancé au gymnase, ajouté au pentathle. Au travail,
tout et tous! Au service intégral et universel I Ni laboureur à
:a c_harrue, ni c~mmerçant à son comptoir, ni artisan à son
etabh ne peut se dispenser de cet écot universel. Plus que pas
un, l'esprit le doit, comme il se doit à la communauté si elle
lui conserve exisfence et bonheur.
"0 mon libre Stendhal, il sera demandé beaucoup plus que
votre liberté, car il faudra que celle-ci soit aliénée de bonne
grâce ! Entrain réfléchi, enthousiasme soutenu, on exige le
cœ~ d~ cœur. Personne ne pourra sans injustice ni opprobre
se refug1er au-dessus de l'universelle mêlée. Quand tout se
donne et se prodigue, par quelle scandaleuse exception, seul
l'esprit, le puissant esprit, se réserverait-il ? Comment ce qui
peut faire tant de force morale n'y tendrait-il pas ? Ce serait
une trahison. Aucun homme d'honneur ne la désirera, ni
aucune tête soucieuse de l'avenir. L'esprit, Stendhal, n'était
pas libre dans les républiques héroïques par lesquelles d'ailleurs tout a été rêvé, inventé, mis en train : comment serait-il
libre dans un monde bien plus menacé de finir au midi de son
âge que ne le fut l'ancien d'avorter à son plus humble commencement ? "
Cette netteté dure et aiguë, cette nudité impitoyable où est
exposé le problème. le plus passionnant d'aujourd'hui, me
transportent, je l'avoue, dans l'atmosphère la plus tonique. Il
faut qu'il y ait un lieu où les intérêts nationaux soient représentés dans leur plénitude audacieuse, leur intégrité agressive,
leur exigence sans limite, un lieu d'où l'on ne voie plus rien qui
compte sur la planète et dans la France même, que la France.
Ce lieu, lieu géométrique, c'est l'intelligence de M. Maurras. II
faut qu'il y ait en la personne de M. Maurras un ambassadeur de
la France auprès des Français. On ne saurait rendre à ce titre
iminent trop d'honneurs intellectuels, trop considérer ni peser
son autorité singulière. Mais enfin la considérer et la peser
c'est aussi se mettre en garde contre elle, c'est aussi lui
donner une place d'honneur dans notre examen, notre

�132

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

critique, et, pour employer un mot de Stendhal que M. Maurras commente à contre-sens en ne le citant pas, l'artificieux !
avec son contexte des Mémoires d'un Touriste, - la méfiance.
Que la guerre nécessite la concentration immédiate et
absolue de tout Je pays pour la défense et que l'état obsidional
de réquisition matérielle, morale, intellectuelle doive être alors
imposé par la force, cela est évident et ne saurait tomber en
question. Personne d'ailleurs ne l'a mieux compris pendant la
guerre que M. Maurras et son groupe. Que la paix mette fin
ordinairement à cette tension, ce n'est pas moins certain. Or
les lignes citées de M. Maurras s'entendent d~ l'état de paix
officielle qui succède aujourd'hui à L'état de guerre officielle.
Cet état de paix, pense M. Maurras, s'installe dans une Europe
instable et surchauffée 01.1 les possibilités de guerre restent
partout à fleur de sol. Il appartient aux gouvernements de
prendre les mesures nécessaires pour maintenir leur pays dans
un état de vigilance et d'organisation qui permette de prévoir
les éventualités et d'y parer. A eux de doser le degré de
démobilisation que permet l'état politique. Mais M. Maurras
ne .se place qu'au point de vue de ce pouvoir spirituel dont il
est lui-même un représentant qualifié. Ce pouvoir spirituel il se
refuse ici à le démobiliser. Il estime que l'intelligence doit
demeurer tout entière, armée de pied en cap, d'une façon
permanente et pour une période dont nous ne pouvons même
entrevoir la fin, au service exclusif des intérêts nationaux. Le
temps selon lui est fini pour longtemps de l'intelligence libre,
lumineuse, heureuse, et ne relevant que de ses propres lois,
celle d'un Stendhal aussi bien que d'un Sainte-Beuve, d'un
Taine et d'un Renan aussi bien que d'un Gourmont. Et vous
voyez, Schlumberger, qu'il s'agit bien" d'empêcher un Descartes de s'enfermer dans un poêle pour y chercher la
vérité ".
Soit. Seulement comme ce mode d 'intelligence est incorporé
depuis près de cinq siècles à ce qui fait l'être moral, la suestance spirituelle et la beauté de la France, l'intelligence
française dans cet état de mobilisation permanente risquerait
bientôt non seulement de ne plus être l'intelligence, mais de

NOTES

1 33

ne plus être française. On a vu sous la Révolution et l'Empire
quelque chose d'analogue à cette conscription de l'intelligence.
Cela a-t-il produit grand chose de bon, tant pour elle que
pour l'Etat ? Dans cette conscription idéale de M. Maurras
sont pris le laboureur à sa charrue, le commerçant à son
comptoir, l'artisan à son établi et l'homme de lettres à son
bureau. Je crains qu'elle ne les transforme en ouvriers de la
qualité de ces équipes territoriales qui travaillaient pour la
patrie beaucoup moins efficacement que, simples gagneurs
d'argent, ils n'eussent travaillé pour eux-mêmes. Laboureur,
commerçant, artisan, écrivain ont pour unique devoir le
travail bien fait, auquel chacun trouve son compte. La germination du vrai dans le travail de l'intelligence ne doit pas être
plus _troublée, dérangée de ses lois et de son bien propres que
celle du blé sous la sollicitude de l'homme. Dans l'agriculture
comme dans la pensée, la France est un pays de travail
autonome : laissez Jacques Bonhomme défricher cette pente
et planter sa vigne, laissez le Stendhal de demain passer, en
suivant son plaisir et sa pensée, sur la route où passait le
Stendhal d 'hier, - laissez la vie française suivre son rythme
immémorial, et, ô traditionaliste, continuer, - la frontière
u' en sera pas plus mal gardée.
J'entends bien que la plupart de ces professions n'ont en
effet, pour M. Maurras, qu'à continuer, et que sa réquisition
comme sa compétence sont attachées à la seule profession
intellectuelle. Mais les professions intellectuelles sont diverses.
S'agit-il de la science positive ? Evidemment non. Mathématicien, physicien, chimiste, biologiste ne sauraient, sans poser
leur candidature aux Petites-Maisons, faire entrer dans leur
science un atome de ce genre de servitude. Je ne dis point
d'aillems que ·celane soit concevable: on a vu Cuvier et Elie
de Beaumont aliéner quelque peu leur indépendance scientifique en faveur d'intérêts confessionnels, et l'anthropolocrie
allemande, aidée de Français comme Gobineau et Vacher "ae
Lafarge, a joué avec ses folies germanomanes un rôle assez
ridicule. Mais c'est que précisément ces sciences appartiennent
à l'ordre humain, déjà historique, intéressent nos ancétres,

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'il s'agisse de la monère hreckelienne ou de l'Adam biblique, de !'anthropopithèque ou de l'homme de Cro-Magnon.
C'est à tout l'ordre humain, c'est-à-dire à toute la science de
!'-homme individuel ou social, à l'étude et à la pratique de ses
religions, de ses philosophies, de ses littératures, de ses arts,
de ses techniques, qui doit s'appliquer la réquisition générale.
Cette réquisition, les précédents ne permettent de la concevoir que sous une forme religieuse. Il y a une religion de la
patrie, une théologie nationaliste dont la science sera la servante comme elle était au moyen-âge l' ancilla theo/ogiae. Je ne
dis pas que telle est la pensée de M. Maurras, mais telle est, à
coup sûr la racine de sa pensée. Plus que celui de Renan son
cerveau est. une cathédrale désaffectée. Comme mi théologien
du x1ne siècle réalise l' ens realissùnum, comme un janséniste
du xvu• réalise le Christ rédempteur, M. Maurras réalise
aujourd'hui cc; qu'il a appelé la " déesse France". Je ne le
trouve pas mauvais. Je le trouve même fort bon. Il est heureux
et il est beau, que ce pur temple intellectuel soit érigé sur une
de nos places, que ce sanctuaire de fa déesse France soit sur
notre horizon comme la blancheur aérienne du Sacré-Cœur
au bout de la perspective de la rue Laffite. Seulement le
temps a 1narché depuis le moyen-âge et il ne faudrait pas que
ce temple fît, cotnme quelquefois alors les églises, office
d'agora ou de parlement. Dès que nous passons à la pratique
de la science et de l'art, nous invoqùons des principes tout
différents.
Le 8 décembre 1870, pendant le bombardement de Paris,
Gaston Pâris, faisant au Collège de France une leçon sur la
Chanson de Ro_latrd, ·parlait ainsi : " Je professe absolument et
sans réserve cette doctrine que la science n'a d'autre objet que
la vérité et ia vérité pour elle-même, sans aucun souci des
conséquences bonnes ou mauvaises, regrettables on heureuses,
que cette vérité pourrait avoir dans la pratique. Celui qu1, Rar
un motif patriotique, religieux et même moral, se permet dans
les faits qu'il étudie, dans la conclusion qu'il tire, la plus
petite dissimulation, !'-altération la pins légère, n'est pas digne
d'avoir sa place dans le grand laboratoire où la probité est un

NOTES

1 35

titre d'admission plus indispensable que l'habileté. Ainsi comprisès, les études communes, poursuivies avec le même esprit
.dans tous les pays civilisés, forment au-dessus des nationalités
restreintes, diverses et trop souvent hostiles, une g,ande patrie
qu'aucune guerre ne souille, qu'aucun conquérant ne menace
•
e t ou' 1es ames
trouvent le refuge et l'unité que la cité de Dieu,
leur a donnés en d'autres temps."
Evidemment cette page n'approche nullement par le style
de ce marbre au grain serré sur lequel M. Maurras, avec un
feu et une voix dignes de Dante, gravait tout à l'heure les
tables de la loi. Je ne dis même pas que le 8 décembre 1870
tous les termes en fussent également heureux, ni qu'on n'y
voie poindre certaines fautes de tact qu'a amplifiées depuis
M. Romain Rolland. Cela n'a qu'un mérite, mais d'importance,
c'est que c'est vrai. Comme pour le blanc de la vieille Emilie,
on peut faire des réserves sur l'opportunité, non sur l'exactitude. La science ne saurait avoir d'autre objet que la vérité,
et il en est de même de l'art, bien que ce ne soit pas le
même visage de la vérité. Certes, le savant, l'artiste, font
comme tous leurs compatriotes, figure de mobilisables; que
la patrie les mette dans un laboratoire d'explosüs, leur pende
au cou une musette de grenades ou leur fasse casser des
cailloux sur la route, ils n'ont qu'à obéir, à marcher, à s'acquitter de leur besogne de guerre aussi consciencieusement
qu'ils a_ccomplissaient leur besogne de paix. Mais la science
n' est pas mobilisable, et la Muse non plus. Si ·elle ne l'est pas
en temps de guerre, à plus forte raison ne l'est-elle pas en
l~mps de paix. Sans doute l'Europe de demain, telle que
viennent de nous la préparer nos diplomates, sera bien souvent
pour l'homme un terrible séjour, pour l'intelligence une difformité et pour la justice un scandale. Quelle tristesse et quelle
nuit n'y ajouterait pas la proscription, exigée par M. Maurras
au nom de sa sombre religion nationaliste, des divinités
blanches qui réunissent pour nous le transmettre le meilleur
de l'humanité ancienne !
Mais laissons l'Europe. Accordons à M. Maurras que nous
n'en avons pas charge. Ne pensons qu'à la France. Un an de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

paix a déjà suffi à rious montrer combien de telles idées pouvaient exercer de ravage sans profit. On a parlé de la vague
de paresse. Que dire de la vague d'erreur volontaire, de la
déformation consciente de la vérité, qui furent pendant la
guerre une arme effiGace et nécessaire (l'intelligence a ressemblé souvent à la sœur Simplice des Misérables), mais
qui aujourd'hui, par tant de futeurs, en sens contraires, empêchent d'aboutir toutes les meilleures démarches de pensée
loyale? Et le mal n'est qu'en partie dans le mensonge. Il est
po~r une autre partie dans la dure obligation, à laquelle nous
ne nous soumettons qu'avec répugnance, d'appeler mensonge
une attitude de pensée inspirée par le patriotisme le plus désintéressé et le plus pur, par une vérité de chair et d'os. Ce
mensonge nous apparaît de l'intérieur comme une obligation·,
mais quand nous avons dépassé les frontières, · et que nous le
voyons du dehors, il nous apparaît, comme un grand danger.
Là, une question s'impose à nous avant toutes les autres.
Quelle place la France tenait-elle dans l'Ancien et le Nouveau
Monde le I I novembre 1918 ? Quelle place y tient-elle un an
après ? Quel poids et quelle lumière ce nom a-t-il pris su;r les
lèvres et dans le cœur des hommes, - a-t-il pris pour
ensuite les alléger et les perdre, les réduire a cette plume sur
l'eau et à cette lumière des vents battue, qu'il n'est point trop
tard pour sauv_e r ,mais que nous ne sauverons que par tin examen
de conscience fait moins sur la Pnyx ou l'Agora, qu'à Eleusis
ou à Delphes.
Cette réquisition absolue de l'intelligence et du cœur par la
cité, M. Maurras la met sous le patronage des grands souvenirs
helléniques, de Marathon et de Salamine. Mais des que les
attaques de l'Asie se furent brisées devant la ville de bois,
comme la pensée resta libre sous les ombrages sacrés de l'intelligence et de la beauté ! Eschyle composant une inscription
pour son tombeau n'y voulut rappeler que ses services de
soldat dans la grande guerre. Cela n'empêche pas que, les
Athéniens une fois rentrés dans leur ville fumante, il n'ait
porté sur le théâtre les grands &lt;lrames de la pensée humaine
et de la conscience morale et que les Perses, avec leur couple

NOTES

1

37

colossal d' Atossa et de l'ombre de Darius, ne resplendissent
de ces sentiments des grands soldats, la justice et le respect ·
du vaincu. Et comment supporterait-on aujourd'hui l'équivalent des mots par lesquels débutent les Muses d' Hérodote ?
" Hérodote d' Halicarnasse a écrit dans ces Histoires pour les
transmettre à la postérité les récits des grandes actions tant
des Grecs que des Barbares. " Mais passons un demi-siècle.
Le temps est venu de la réquisition par la cité, réquisition
absolue de la pensée et du cœur humains. A Sparte, un esprit
religieux intense et une forte tradition ont pu concilier à peu
près cette réquisition avec les lois essentielles de la justice, et
c'est tout le but de l'éducation lacédémonienne, mais il a fallu
choisir entre cette réquisition et la vie de l' esp1it, sacrifier
absolument la seconde. Partout ailleurs, pendant la guerre du
Peloponnèse, l'investissement entier de l'homme et de la cité
par les appé1its et les passions politiques aboutit à ce renversement des idées morales que Thucydide schématise dans un
chapitre célèbre du livre III comme une suite des dissensions
de Corcyre. Athènes, qui est tombée comme les autres, s'en est
sauvée cependant par son atmosphère d'intelligence libre, de
sel marin, par les rnseaux pensants dont rien ne pouvait tuer
la noblesse, les Thucydide, les Socrate, les Platon.
.Bien entendu je sais à quel point ce schème de Thucydide
est théorique, et je sais aussi à quel point l'est celui de
M. Maurras. M. Maurras sait bien que la France ne deviendra
jamais un Paraguay. Il sait qu'on appelle France une chose
vivante dont l'avenir, comme celui de tous les êtres vivants,
est inconnu, que cette chose vivante implique une respiration
naturelle et une spontanéité incoërcible de pensée désintéressée, et que ni les épithètes de mandement ni les excommunications anticipées n'empêcheront - heureusement - de
naître quelque petit Stennhal qui veut venir au monde. Relisons Stendhal, mettons-nous s'il nous plaît à son école, nous
eu deviendrons des Français plus fins et par conséquent
meilleurs. Cela ne diminuera pas, quand il faudra les mettre
en œuvre, nos capacités de service. De Moscou à la Bérésina
la Grande-A,mée n'a touché que trois jours de vivres, et c' est

�138

LA NOUVELLE REVU.E FRANÇAISE

le commissaire Henry Beyle qui a su se débrouiller pour les
lui donner. Mais ii n'aurait rien valu pour écrire trois pages
tendant à relever- le moral des troupes, et il eût été aussi
mauvais de Je réquisitionner pour cette écriture que de ne
pas l'utiliser pour l'intendance .
Stendhal eût pris les adjurations de M. Maurras à peu près
comme Lord Byron prit celles de Lamartine quand on lui fit
lire !'Épitre où celui-ci l'engageait à se convertir. Mais peutêtre ce psychologue eût-.il saisi facilement ce qu'il y a de
curieux et d'oriofoal
dans l'idée de M. Maurras, ce qu'elle
comb
,
porte d'individualisme authentique, ce qui par consequent peut
retenir un Stendhalien. M. Maurras est un patriote qui depuis
un quart de siècle s'est assigné une tâche patriotique, ~ui 1~
remplit par le journal, et qui pendant la guerre a conhnue,
avec l'autorité que lui donnaient tant sa hantise d'un problème unique qu'un sens de la France pareil à celui qu'un
Hugo a des mots, un Rodin du corps. Mais comme un baron
franc sur l' Acropole, ce patriote s'est établi sur les ruines ou
plutôt sur les vestiges encore imposants d'un grand et libre
écrivain, de celui qu' A nthfoea, I' Avenir det'Inielligence et telles
de ces pages sur Stendhal nous font toucher du doigt avec un
peu de cette pitié qui l'approchait lui-même d'une colonne
des Propylées. M. Maurras a fait à un devoir, à une tâche
d'ordre politique et pratique le sacrifice d'une grande carrièr~
littéraire et d'une heureuse vie d'intelligence libre. Il a pese
ce sacrifice, il l'a résolu pour de bonnes rai:soos, et il est probable qu'il le referait si le choix lui était rendu. Mais il ne
serait pas un homme si l'image de la vie sacrifiée, ceit~
Ismène de son Antigone intérieure, ne le hantait souvent, s1
elle ne lui fournissait ce qu'apportèrent jusqu'à la finàSainteBeuve les retotJrs du poète mort jeune. Qui donè a été chargé
d'un cénacle ou d'une acadéinie inactive, d'uh bois sacré et
cJ'un lieu d'asile, qui a été arraché à l'autonomie de l'esprit,
promu au pentathle des forts, sinon lui, au moment _de cett~
lutte tragique où sa destinée s'est décidée? Je parlais tout a
l'heure d'une attitude religieuse et de la " déesse ;France~• , Ce
sont là, exacte~ent, chez cet athée, les tragédies de la foi, les

NOTES

1 39

schèmes d'une grande conversion. Mais l'orage qm s exerce
sur une âme ne s'arrête pas à elle et veut emporter les
autres. Toute foi implique un prosélytisme, ce choix tragiquement arraché ne va sans la haine du choix contraire, celui
qu'on aurait pu faire, que d'autres ont fait, et s'ils y paraissent
réussir on hait en leur choix les apparences qui pourraient
vous faire douter du vôtre. Malgré tout cette haine est un
amour trahi ou un amour maîtrisé, comme peut l'être chez les
purs la haine de la sensualité. Son drame intérieur a conduit
M. Maurras à dramatiser, à propos de Stendhal, une alternative entre deux tables des valeurs intellectuelles. Je ne vois
rien à dramatiser ici, peut-être parce que je n'ai pas eu de
drame intérieur de ce genre, - et je-suis très loin de dire que
ce soit à mon actif une supériorité.
Il est cependant fort possible que ce drame intérieur de
l\L Maurras, et la page sur Stendhal oi1 il le traduit aujourd'hui, dessinent à peu ptè's les lignes d'un drame politique de
demain. Si l'affaire Dreyfus a joué un si grand rôle dans la
vie de M. Maurras, c'est peut-être qu'elle était préfigurée dans
les batailles que ~ivrait le petit Elysée Méraut aux gamins
huguenots du Midi. Mais ni M. Maurras ni nous n'en avons
fini malgré la guerre (ou à cause de la guerre) avec cette
affaire tenace qui tend à la même continuité que la Réforme
ou la Révolution. Le monde de l'intelligence française a
failli, il y a quelques mois, se diviser selon cet .ancien plan de
séparation, et peut-être le fera-t-il avec éclat quand une
affaire ' bien mise en scène par le démiurge caché de notre
histoire lui en fournira l'occasion. Si cette division· des " intellectuels" se produit ce sera je crois selon la ligne impliquée
dans la page de M. Maurras que l'on discute ici, selon la ligne
plutôt qui pass·e entre cette page et celle de Gaston Pâris.
Mais avons-nous besoin d'une affaire Dreyfus aujourd'hui ?
Oui, pour clarifier nos idées, - comme les médecins ont
besoin d'une peste, les stratèges d'une guerre et les avocats de
procès. C'est dire que nous avons encore plus besoin qu'elle
ne se produise pas. Les gens de sàng-froid peuvent rendrn
ici un grand service. La bombe est connue ! ce sera le même

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LA NOUVERLE REVUE FRANÇAISE

explosif, ce sera en partie le même personnel qu'en 1898. Ne
craignons pas d'en faire la discussion théorique, de transporter
l'engin sur le champ de l'intelligence pure où il sera surveillé
et pourra e~ploser sans danger. C'est peut-être l'utilité de discussions et de réflexions comme celles qu'ont pris coutume
d'échanger dans ces Notes des esprits divergents et amis.
ALBERT THIBAUDET

LE SALON D'AUTOMNE
Dès les premiers pas, à mesurer la tristesse qui nous gagne,
nous évaluons l'étendue du travail de désagrégation des
valeurs qui s'est effeclué pendant la guerre. Le Salon d'Automne est à peu près tel qu'il était en 1913 ; à peine s'i! y
manque quelques "révolutionnaires". Or, ce qui nous paraissait malade, mais encore vivant il y a cinq ans, nous semble
maintenant décomposé. A l'entrée de ces immenses nécropoles
que s-ont certaines salles, on hésite un moment; à quoi bon
aller plus loin ? Puis le désir de trouver quand même une
" attraction " est le plus fort, et on arpente la salle, en sentant
grandir son angoisse et même son dégoût. Et cependant il
n'est pas un seul mur qui ne fournisse mille preuves de talent
et d'ingéniosité. On peut mèine dire qu'il n'y a presqu~pas
d'exposant qui n'ait du talent. Rien de plus répandu, de plus
évident. La plupart des peintres représentés possèdent la
même petite science bien honorable, ou la même façon polie
de l'exposer. Presque pas de violences: des produits anodins,
de dimensions raisonnables, sur des sujets de tout repos, dont
les palmarès officiels, publiés dans les journaux, analysent par
le menu les fragiles mérites.
Il ne siérait pas de s'étonner plus longtemps de cette
médiocrité si elle ne s'aggravait de,vulgarité. Ce vice capital
nous choque par dessus-tout. La vulgarité est pour ainsi dire
universelle ; elle inonde les murs de ce salon ; elle émane
même d'œnvres dues à des artistes souvent fort distingués, et
rem plis d'excellentes inten fions. Par quel phénomène les désirs

NOTES

les plus louables se trouvent-ils ainsi trahis? Ce sourd travail
de cinq ans qui s'est fait dans les esprits, cette usure silencieuse de nos goûts anciens a créé chez tous un vide, une
attente, un désir. Des curiosités nouvelles sont nées - même
chez ceux pour qui le cubisme n'était qu·uu épouvantail.
Quelle que fut la timidité de ceux-ci, les discussions que cette
inquiétude, issue de Cézanne, suscita, ne fut pas sans les
entamer. Peu à peu s'est installé en eux un goût inavoué pour
l'articulé. On a tant parlé de consh-uction que l'esprit a sourdement désiré édifier quelque chose qui puisse tenir debout.
Mais ce ne fut là qu'un phénomène interne, une activité inconsciente. Les mains étaient occupées à d'autres besognes.
L_es moyens, non cultivés, ou cultivés par des isolés stagnaient.
D'où déséquilibre entre les intentions du peintre et ses réalisations ; et disproportion entre la demande du spectateur et
la réponse de l'artiste. Dès lors, l'émotion qui, rendue sensible,
sauve une œuvre imparfaite en lui donnant une âme, ne trouve
plus dans une technique vieillie un véhicule suffisant. Le
réalisme des moyens seul visible, révolte notre regard, et
l'idée de l'artiste nous demeure inconnue, n'étant pas mise en
évidence. Nous n'entendons plus un seul des mots que certains
nous adressent, el qui sont peut être des mots d'amour, parce
qu'ils s'évanouissent en un langage insonore.
Des amateurs sans entrain, le visage ennuyé, nous avouèrent
la déception que leur avait causé cette absence des œuvres
fortes dont il prétendaient que nous avions prophétisé la
Yenue. Les pochades mille fois vues, les formules ressassées
ne les touchaient plus. "C'est à se demander, disait l'un d'entre
eux, si l'on doit continuer à acheter de la peinture."
Cet homme de bonne volonté exprimait exactement Le
malaise actuel, cette révolte des amateurs d'une espèce cependant aventureuse, mais qui ne peuvent encore se décider à
préférer à un art sans accent les formules cubistes putes
autant en avance sur les conceptions moyennes actuelles que
sont en retard les formules impressionnistes. Mais la conclusion
que nous voulons tirer de ses paroles, c'est la déchéance des
moyens impressionnistes, la faillite du langage direct.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Précisons un peu ce que nous entendons- par " langage
direct". Le peintre impressionniste, dont ce salon est le
temple, croit à la réalité la plus immédiate, à celle qu'il a sous
les yeux, Son attention est uniquement d'exprimer tout. ce
qu'il voit. Il ne peut donc concevoir aucun choi.Y parmi les
éléments visibles que lui propose la réalité. Le spectacle
extérieur est à la fois pour lui le prétexte, le moyen et le but ;
l·~ point de départ sinon toujours le point d'arrivée. (Il sera
intéressant de chercher un jour les raisons pour lesquelles
l'impressionnisme, malgré la réalité des moyens mis en œuvre,
malgré la mécanique simple des procédés, malgré la réduction
au minimum des conventions picturales, constitue la plus
complète, la plus étonnante abstraction laquelle des peintres
soient jamais arrivés . C'est d'aiileurs le spectacle le plus
passionnant du monde que de voir la prodigieuse souplesse
du public qui, nonobstant les. Musées, considère actuellement
comme seule picturale la spéculation la plus extra-picturale à
laquelle les hommes se soient jamais livrés.) Mais pour le
moment, c'est le geste seul du peintre qui nous occupe,
opérant sur la toile le décalque le plus textuel de la réalité.
L'objet, pour lui, n'est pas tel qu'on peut Je connaître par une
longue expérience, ,mais bien tel qu'il se manileste en cet
instant précis ou fon peint. Rechercher dans sa mémoire,
pour en faire la critique, les sensations passées afin d'arriver à
une moyenne expressive, c'est dejà, s'astreindre à de trop
longs détours : l'essentiel est d'opérer une synthèse foudroyante des effets. Le travail se -bornera donc, pour ainsi dire,
à aller chercher avec le pinceau l'épiderme des objets et à le
fransporter rapidement sur !a toile, sous forme de tonalités
délicates et hasardeuses. L'impressionniste va au plus pressé,
au plus direct ; il prend le chemin le plus court.
Or, ces moyens directs appartiennent à des peintres qui
les découvrirent, les cultivèrent, les perfectionnèrent. Ces
peintres, nos aînés, malgré qu'essayant parfois de soumettre
à un certain rythme leur geste imitatif, demeurent fidèles à
leur idéal primitif de reproduction immédiate et spontanée.
Leur technique actuelle est toujours conforme leurs anciens

a

a

NOTES

désirs ; leurs moyens sont ennoblis par leur foi. Eux seuls
peuvent encore tirer profit du langage direct et obtenir par
leur maîtrise, des toiles qui conservent la qualité de leurs
œuvres initiales. Mais dès que leur technique passe aux mains
de la génération suivante, quelle que soit l'habileté de celleci, elle n·est plus qu'un procédé glacé, qu'une formule sans
vie ; elle perd toute éloquence et toute signification. C'est
pourquoi ce Salon qui devait être le triomphe des jeunes, est
en réalité le triomphe des aînés, de ceux qui continuent à
cultiver avec probité une formule agréée du public. A défaut
des " valeurs nouvelles " insuffisamment représentées, les
" valeurs classées " légitiment cette exposition et donnent
aux deux salles 0L1 elles sont groupées, un aspect, sinon nouveau, du moins agréable et familier. Nous saluons au passage
Bon,iard, Blot, Denis, Flandrin, Friesz, Guérin, :Caprade,
Lebasque, Manguin, Matisse, Valloton, Villard, Wlarninck, etc.
qui défrichèrent jadis, malgré la résistance inévitable du
public d'alors, une partie du terrain conquis sur la routine
officielle, et qui ajoutent aujourd'hui quelques touches à une
œuvre qui a trouvé son expression définitive·. 1 Mais le fait
que nous assistons, ici, au triomphe des novateurs d'hier et à
l'échec de leurs héritiers, prouve-t-il qu'il n'y a plus de
révolution a àttendre, que nulle part il n'est fait preuve
d'initiative et d'invention ? En cherchant bien, nous trouverons, par ci, par là, malgré qu'à moitié envahie par . !'_ombre
dès œuvres mort-nées une œuvre vivante, échappée miraculeusement à l'ostracisme du jury de cette année, dont la composition - quelques personalités mises à part - eût été digne
des " Artistes Français ".
1 L'esprit de justice nous fait un devoir de signaler à part le remarquable envoi de M. Matisse. Ses toiles sont, chacune en son genre, une
gageure. Sa nature morte est trop "un vrai bouquet de fleurs" par exemple.
Les objections s.e pre115ent en foule à l'esprit, mais on est vaincu par les
sens. Quelque particulière, quelque exceptionnelle que soit une formule,
lorsqu'elle arrive à être maniée avec autant !le maît rise, elle mérite qu'on
s'incline respectueusement, aussi pressantes que soient les raisons qu'on

peut avoir de regarder ailleurs.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Avant d'analyser les œuvres jeunes, dissipons un malentendu. Il est grave; il tend à se généraliser et peut avoir des
effets regrettables. Nous en trouvons l'expression dans un
journal répandu où un poète qui fréquente et conseille des
artistes, affirme, à propos de ce salon, malgré l'apparente
absence de toute sève nouvelle, ou plutôt à cause de cet
épuisement illusoire qui le laisse en repos avec ses vieilles
habitudes, affirme, disons-nous, que le cul:)isme est cette fois
bien mort, et que, débarrassée de cette ortie, enfin, " l'Intelligence est en fleurs ! " On a déjà fait un usage bien audacieux
de ce mot. Définissons-le donc une fois pour toutes. " Intelligence'', en langage pictural, qualifie moins la raison spéculative, comme semblent le croire nos critiques, qu'une
compréhension purement plastique de la réalité. Intelligence
signifie : Sensibilité orientée vers l'ordre. Or, s'il y eut floraison,
il y a un demi-siècle, ce fu t bien d'une certaine sensibilité, précieuse, d'ailleurs - mais indéniablement, orientée vers lt
désordre; cette sensibilité portant des fleurs d'autant plus
exubérantes que le jardinier-peintre omettait de soutenir cette
plante fragile du " tuteur " - si nous osons dire - de l'intelligence plastique. Que si l'on tient absolument à une
floraison au Salon d 'Automne, nous accordons que c'est
" !'Eté de la Saint-Martin" de l'impressionnisme, la suprême
éclosion avant le retour à la terre.
Nous sommes indéniablement arrivés à'' l'Age d'or" de la
peinture; nous assistons au début d'une renaissance. Mais
il serait faux de croire que cette renaissance va s'opérer d'une
façon éclatante, que des œuvres claires et sensibles vont
nous éblouir tout à coup.
Les artistes qui, demain, d'une touche aisée et pleine
d'abandon, brosseront des tableaux où l'intelligence souciera,
sont encore tout crispés sur leurs premières réussites. Ils ·ont
pour la plupart les mauvajses habitude de travail, les vices du
raisonnement, le goût du paradoxe et de l'effet qui caractérisent les manifestations des écoles précédentes ; ils ne sont

NOTES

1 45

armés, souvent, que de bonne volonté. Peu à peu, avec de
grand: ~fforts et maints souvenirs, ils assouplissent leur esprit
et maitrisent leurs gestes. Il faut au public de bons yeux,
parfois, pour distinguer, dans les théories ou les œuvres des
jeunes artistes, une lueur de bon sens, une preuve de pertinence. Pour que s'épanouisse harmonieusement l'esprit
nouveau, et pour que l'éclosion lente soit sensible il faudrait
qu'une grande confiance régnât, qu'un silence 'prudent fût
observé, que mille délicatesses ne fussent pas froissées. Or, si
nous nous en référons aux propos entendus et aux articles
écrits, force nous est de constater que tout est mis en œuvre
pour aggraver cette confusion ot1 se débattent et le public et
les artistes. Des campagnes de presse s'organisent pour consolider la situation fort -ébranlée des impressionnistes périmés;
de réelles cuisines électorales se pratiquent, aboutissant i un
véritable avilissement des mots. Il nous paraît plaisant d'indiquer, à ce propos, aux amateurs de " curiosités " extraesthétiques, que, chez les détracteurs de l'esprit nouveau, la
sensualité débordante est devenue " intelligence en fleurs" •
le désordre, " aisance dans les gestes" ; la boursouflure'.
" richesse•· ; la vulgarité, " santé ". - Par contre l'intelligence sensible des peintres modernes a été rapidement baptisée "froide raison " ; la précision, '' sécheresse " ; l'ordre,
'' pédantisme scolaire " ; la distinction, " pauvreté " ...
Parmi les jeunes peintres les plus malmenés, au Salon d'antomne, il en est qui, avec d es moyens rudimentaires, se
sauvent grâce à une certaine pureté intérieure; c'est déjà
beaucoup, la bassesse des esprits étant immense; d'autres qui
tiennent un peu trop étroitement à une formule sinaulière leur
'
0
'
creant une personnalité fragile, que je leur souhaite de faire
craquer ; d'autres, enfin, qui " se consumeront en d'austères
études". Je donne à ces derniers dans mon cœur une place
de choix. Peintre moi-même, je ne veux pas assumer le ridicule de donner des "notes''. Les artistes que je cite étant
vraiment des peintres nouveaux, il me suffira de me placer
pour les distinguer à un point de vue dont la valeur a trop
longtemps été négligée: le sentiment. Je donnerai ainsi à leurs
10

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

œuvres une vertu supplémentaire, qui manque considérablement à l'art contemporain.
Le portrait de Galanis, peint avec science et amour, m'a
procuré une des rares émotions de ce Salon, ainsi que la jeune
fille de Bissière qui, désertant délibérément la fresque, où ce
peintre exceile, sourit à Javie plus moëlleuse et plus intense
de la peinture à l'huile. Le feu intérieur anime ces deux toiles
sourdes. Le Concert de Lotiron, plein de douceur familiale,
est une des rares tableaux nés d'une inquiétude nouvelle
amorçant de proches réussites. Il est conçu avec un sens très
juste de la valeur plastique des lignes, lesquelles s'établissent
en profondeur grâce à une compréhention déjà savante du
clair-obscur. La nature morte de Utter est somptueuse et
recueillie. La richesse de de Segonzac tient plus à la sensualité
de la matière et au jeu des valeurs qu'à l'éclatement des couleur$, et c'est très bien ainsi; celle de ·Boussingault réside en
un jeu simple de tons rares enfermés dans un trait cepe~dan~
un peu cursif et un tantinet dandy ; Moreau est represente
par une toile ancienne, les Aviateurs réfléchie et équilibrée.
Gleizes pousse Je plus loin possible la recherche àes moyens
"indirects" d'expression. Il expose deux toiles rapportées
des plus lointaines excursions qu'on peut faire en soi-même.
Lorsqu'il reprendra son Homme a1J balcon d'inspiration plus
vaste, il bénéficiera des découvertes qui seules favorisent
les grands aventures. Dans Je même ordre d'idées, Bruce a
peint un homme par "suggestion picturale·• fort agréable à
regarder "en peintre" . Ger nez, soucieux d'équilibre, oppose
pour des contrastes harmonieux, des éléments traditionnels et
modernes, eu cherchant de,s dosages savants. Favot-y, contraint de bonne heure à l'expérience la plus dangereuse: le
por trait de commande, essaie de sallvegarder ·ses indéniables
dons de peintre, malgré le cadre étroit qu'assigue à l'artiste les
exigences mondaines. Qu'il se venge bientôt en peignant une
scène d'auberge? Ce n' est pas à Boldini qu'il doit demander
dès inspirations, mais à Brauwer. Mon&lt;lszain, impatient, a
voulu utiliser en une grande toile, très bien composée par la
répartition des lumières, une technique peut être trop rapide-

NOTES

ment façonnée, mais qtù dénote un tempérament. Revold
utilise avec adresse les procédés précieux de ce cubisme
d'avant-guerre, dont il me faudra parler longuement uo jour.
Sa fenêtre ouverte se déforme sans arbitraire, et la ville chavire
doucement dans l'atelier, où un modèle , immobile, conserve ses proportions normales. Il est à peu près le seul, avec
Lotiron, à cultiver ici une formule dont je m'excuse de noter
que j'ai moi-même essayé de l'utiliser dans l'Bommage à
Watteatt, et qui tend à reconstituer le mécanisme intériewde la sensation .
J'oublie volontairement quelques jeunes peintres insuffisamment représentés.
Je ne saurais tel'miner cette étude sans dire mon impatience
de voiries " Indépendants" etla '' Jeune peinture française",
puisque ce fut, cet automne, partie remise pour ceux qui
attendaient les manifestations sensationnelles. Tous les espoirs
sont permis, car un travail considérable de "mise au point "
se fait chez la plupart des peintres dont le tempérament à
quelque degré que ce soit, ressortit à ce que je demande
la permission de nommer, sans ironie, la '' diathèse cubiste"
par opposition à la "diathèse impressionniste''. L'esprit
nouveau souffle, sans s'occuper des méchants vents contraires,
en plus de vingt ateliers et un grand artiste en est avant tous
les autres empli et inspiré. La renaissance, proclie, a trouvé
son premier- artisan en Derain, le plus grand des peintres
français vivants.
A:'.-&lt;DRÉ LHOTE

NOTES SUR LA VIE MUSICALE
On prophétisait l'extinction du go~t musical. Après la
guerre, riches et pauvres useraient leur activité physique. et
intellectuelle en un écrasant labeur ; ils ne connaîtraient
d'autres joies que la ruée vers les cinémas, les cafés-concerts et
les lieux de délices faciles. La France serait une vaste usine et

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ses plaisirs ceux que goûte l'ouvrier lorsqu'il a empoché sa
paye, le Samedi. Cet idéal n'a pas été atteint. Sans doute
cinémas et cafés-concerts regorgent, mais une foule dense emplit
également les salles de concert. Elle s'y entasse, s'y presse, plus
avide de musique que soucieuse de confort et ce n'est pas aux
fauteuils d'orchestre que se manifeste toujours le goût le plus
éclairé.
A dire vrai, il ne faut pas raffiner. On a été trop longtemps
sevré de musique; on s'abreuv&lt;;, on se gorge de tout ce qu'on
vous sert. Les préférences semblent aller aux œuvres monumentales érigées par le Romantisme -en France et en Allemagne
mais on ne témoigne pas d'hostilité déclarée envers les tentatives novatrices. Debussy, Ravel sont fêtés et l'on écoute avec
une attention plutôt sympathique les manifestations révolutionnaires de la nouvelle école. En constatant le calme avec
lequel étaient accueillis les curieux Films de guerre de Casella au
Concert Colonne, je ne pouvais m'empêcher de songer aux
hurlements frénétiques qui, à Rome, faisaient habituellement
retentir la salle de l'.Augruteo lorsque, courageux et tenace,
Bernardino Molinari dirigeait l'exécution d'une œuvre nouvelle de Malipiero ou de Casella. Evidemment le goilt a
évolué en France, l'oreille s'est faite au nouveau style harmonique et le Sacre du Printemps se donnerait aujourd'hui sans
provoquer de pugilats, ni même de sérieuses protestations.
Alors qu'en Italie ou en Allemagne, le public s'insurge contre
tout ce qui vient troubler sa quiétude et déranger ses habitudes
auditives, on témoigne à Paris d'une curiosité instinctive pour
ce qui semble nouveau. Les jeunes compositeurs, les" nouveaux
jeunes" (ainsi que les a baptisés Erik Satie), qui préfèrent à la
rhétorique usée du Conservatoire et de la Schola Cantorum le
" style moderne" dont les œuvres de Debussy, Ravel et surtout Strawinsky leur fournissent le vocabulaire et les tours de
phrases, .eroJitent de cet état d'esprit et l'on ne saurait trop
s'en féliciter. A dire vrai, c'est le plus souvent pour ce qui

NOTES

1 49
constitue l'appareil extérieur de leur art qu'on les blâme ou
qu'on les loue. Il y a des lieux communs dans tous les styles à
l ,
',
toutes es epoques. Lorsque les œuvres sont très anciennes ou
l~rsqu'elles sont toutes neuves, le public déconcerté ne sait pas
discerner, entre ce qui es~ personnel à l'auteur et ce qui est
emprunte aux formes particulières d'un langage inaccoutumé.
Tantôt ci: qu'on admire n'est que la phraséologie à la mode
tantôt o~ crie au plagiat sans pressentir l'originalité réelle d;
la mélodie, du rythme, de l'harmonie qui se dissimule sous une
forme trop semblable à celle d'autres auteurs pour des sens
ma] exercés. Il Y a quinze ans, on s'obstinait à voir en Ravel
un imitateur de Debussy, on convient aujourd'hui que cesdeux grands artistes ne se ressemblent pas plus que Chopin et
Schumann, ou que Borodi11e et Moussorgsky.
Il était temps de laisser le nom de Wagner reparaître sur les
~rogr~mmes des Concerts. L'ostracisme dont il était victime
nsqua1t de provoquer un retour de lièvre wagnérienne des plus
dangereux. En 1914, on jouait, on applaudissait la musique de
~agner com~e celle de Beethoven, elle n'était plus l'objet
~ un culte orgiaque et mystérieux. On cessait de tout rapporter
a ~a!ner, de n'apprécier les musiciens anciens qu'en leur
:-u~lite d~ P:~phetes du nouveau Messie. Les compositeurs
eta1e.n t delimt1vement sortis de son ombre colossale. Il s'en est
fallu de peu que nous ne fussions victimes d'une recrudesc~n~e, du mal. _La . musique proscrite n'en était que plus
veneree. On la JOUa1t avec ferveur dans l'intimité, on alJait
ente~dre la p:irole sacrée dans les temples des bords du Rhin,
sous a protection d'un général français que MM. Saint-Saëns
~t _Masson n'osaient accuser d'antipatriotisme. En vérité, il
eta1t grand temps d'abattre le barrage et de laisser Je fieu
,, . h
ve
s e~an~ er, il m~naçait de tout submerger. La reprise des
execut1ons wagn~nennes a été accueillie aux concerts Pasdeloup,
Co~onne et Chevillard avec des transports qui déjà tendent à s'assagir. Il faut laisser le public assouvir sur Beethoven et Wagner

�.

LA NOUVELLE REV UE FRANÇAISE

sa soif de musique et veiller seulement à ce que ces hommes de
génie ne tiennent pas une place excessive sur les programmes
de nos concerts. Paris n'a jamais entendu tant de musique
et il y a place pour tous : maîtres du passé, du présent et de
l'avenir.
Avant la guerre, deux grandes associations symphoniques
ouvraient leurs portes chaque dimanche à la foule des
amateurs. Les Concerts Colonne jouent maintenant deux fois
la semaine et l'excellent orchestre Pasdeloup se fait entendre le
jeudi, le samedi et le dimanche, pendant que M. Camille
Chevillard demeure fidèle aux exécutions dominicales. Sans
cesse, on apprend la création de nouveaux concerts et les
affiches des récitals qui chaque jour se donnent, couvrent les
murs de Paris. En vérité, il y a place pour tout le monde et
pourtant, à part de rares exceptions (les concerts Golschmann
ou Delgrange par exemple, qui associent heureusement l'art du
présent .et l'art d~ passé), - quelle monotonie dans les programmes ! Toujours les mêmes noms, la même sonate, le même
concerto, la même mélodie, la même symphonie, le même
quatuor ! Quand on pense aux trésors inexplorés de la musique
ancienne et même de la musique classique, on se sent pris de
découragement devant tant d'ignorance, devant une telle absence
de curiosité. Grke à la gravure et à la photographie, les chefsd'œuvres de la peinture sont depuis longtemps populaires, mais
hélas ! pour la musique, il faut d'abord un savant qui transcrive
le texte original en notation moderne, puis un éditeur gui
consente à le publier, enfin des musiciens qui l'exécutent et un
public qui s'y intéresse. Tout cela exige du temps, de l'argent
et beaucoup de zèle et de patience. Un Mendelssohn en
Allemagne aux beaux jours du Romantisme, tout récemment
un Charles Bordes, un Henry Expert, un Vincent d'Indy ont
lutté courageusement pour l'éducation musicale du public, pour
la vulgarisation des grandes œuvres oubliées, mais combien
reste à faire ! Que connaît-on à Paris des merveilleux créateurs

NOTES

de l'opéra et de la cantate, Luigi Rossi, Cesti, Cavalli, Carissimi,
Alessandro Scarlatti? que sait-on des maîtres du luth, du clavecin,
de l'orgue? Il ne faut pas croire que cette méconnaissance du
passé de la musique soit sans influence sur son développement
et sur son avenir. Il ne s'agit pas d'archéologie musicale, il
s'agit d'émotion artistique. Un motet de Josquin, une toccata
de Frescobaldi, une cantate de Luigi Rossi, un air de Lully ne
sont pas moins beaux qu'un tableau de Memling, une fresque
de Tiepolo, une toile de Watteau. Je n'ai jamais compris le
futurisme en tant que doctrine iconoclaste et le plaisir que
j'éprouve en écoutant la composition la plus révolutionnaire
n'est aucunement altéré par le souvenir de toutes les belles
œuvres anciennes que j'ai pratiquées. Au contraire, il me semble
qu'un esprit curieux de beauté doit chercher celle-ci avec la
même passion parmi les ombres du passé et dans l'aube encore
peu distincte de l'avenir.
Malheureusement, il semble bien que selon l'opinion courante en France, la musique ne soit pas un art au même titre
que la peinture 011 la sculpture, mais un passe-temps de q_ualité
inférieure. Elle n'est pas comprise parmi les " Beaux-Arts"
dont l'enseignement est prévu dans nos universités. Il existe
bien à la Sorbonne, à côté des chaires, des maîtrises de conférences et des cours d' "histoire de l'art", un très modeste
cours public d'histoire musicale, mais il n'est que " complémentaire" et ne fait pas partie de l'enseignement régulier. Le
savant qui en est chargé, M. André Pirro, dont le nom est
universellement connu et respecté à l'étranger, ne dispose.
d'aucun moyen pour former des élèves, pour les initier aux
secrets de la musicologie. Ses leçons ne présentent aucune
importance aux yeux de l'administration. Pour l'Université
comme pour l'Etat la musicologie n'est pas une science ... On
ne pense pas ainsi en certains pays. En pleine guerre, l' Allemagne, dont chaque université est dotée d'une chaire d'histoire
musicale, vient de s'enrichir d'un magnifique Institut Musico-

�152

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

logique pourvu des instruments de travail les plus modernes et
les plus complets... Hélas, nous n'avons pas en France de
Mécènes pour la Musique. Il en est pour les Beaux-Arts, le
Théâtre, les Lettres, mais qu'il s'agisse d'éditer des textes
anciens, de professer l'histoire musicale, de publier des études
musicologiques, on ne trouve aucun appui. Il faut nous résigner
à voir paraître à l'étranger les œuvres les plus glorieuses de
notre passé musical. L'Allemagne ressuscite l' œuvre de Roland
de Lassus, la Hollande celle de Josquin Deprès, pendant que
l'admirable collection des Maîtres de la Renaissance ji·ançaise
demeure interrompue depuis quinze ans et qu'il n'existe aucune
édition critique des opéras de Lully.
Il faut absolument, dans l'intérêt même de la musique qui
se crée chaque jour, faire revivre les œuvres qu'on croit
défuntes et qui, en réalité, restent en léthargie. Quand on
connaîtra mieux le passé, on s'étonnera moins des audace, du
présent. L' Art meurt, s'il ne se renouvelle. L'histoire de la
musique est pleine de crises, de réactions et de révolutions. Ce
n'est qu'une lutte éternelle entre des principes opposés qui
tour à tour dominent. Il n'est pas indifférent de la connaître
pour démêler quelque chose au chaos d'idées et de te:ndances
qui se manifestent et s'entrechoquent en ce moment.
HENRY PRUNIÈRES

LE PRIX GONCOURT
L'Académie Goncourt a décerné son prix annuel à M. Marcel
Proust, pour son roman A l' Ombre des jeunes filles en fleurs, qui
a paru aux editions de la Nouvelle Revue Française et dont no~re
revue elle-même a publié d'importants fragments dans le prem1et
numéro de sa nouvelle série. Nous ne pouvons que saluer avec
joie cette décision qui vient confirmer et consacrer une admi-

NOTES

1

53

ration chez nous déjà ancienne et que nous nous sommes
efforcés, dès avant la guerre, de faire partager à nos lecteurs.
La presse quotidienne, que trop souvent gouvernent des
préoccupations d'un ordre assez étranger à la littérature, s'est
élevée, dans son ensemble, contre le choix de l'Académie
Goncourt, à qui elle a reproché d'avoir avantagé, contrairement
à ses traditions, un auteur qui n 1est plus de la premiere jeunesse.
Sans vouloir discuter les mérites respectifs des concurrents de
M. Marcel Proust, parmi lesquels plusieurs avaient incontestablement du talent et verront leurs œuvres ici aussi favorablement que possible appréciées, il nous sera bien permis de faire
remarquer que la jeunesse d'un écrivain ne doit pas se calculer
exclusivement d'après son âge.
Du jeune homme qui s'assimilant avec adresse une formule
déjà fatiguée, réussit à lui donner un éphémere brillant de
nouveauté, ou de !'écrivain, qui ne se met au travail que sur
le tard, poussé par le seul besoin de transcrire la vision profondément inédite et, si l'on ose dire, "impaire" qu'il a des
choses, et particulièrement du monde intérieur, quel est le vrai
"jeune" 1 Pour le décider, ne faut-il pas regarder de quel
côté l'avenir est le mieux servi, de quel côté la littérature se
trouve le moins close, le plus exposée à se renouveler ? En
d'autres termes, ne faut-il pas mesurer la quantité de jeunesse
que contient l'œuvre, plutôt que celle dont son auteur a la
chance (par elle-même déjà suffisamment agréable et qui se
passe de récompense) d'être doté 1 Si l'Académie Goncourt
a procédé qans un tel esprit à l'examen des ouvrages qui lui
étaient soumis, ne faut-il pas plutôt l'en féliciter que l'en
blâmer ? Ne faut-il pas lui être reconnaissant d'avoir couronné,
au lieu du plus jeune, le plus rajeunissant de tous les romanciers qui briguaient ses suffrages 1
Marcel Proust en effet, nous le prétendons et nous voudriom
beaucoup pouvoir un de ces jours le démontrer, est au premier
rang de ceux qui viennent nous rendre la vie. Sans peut-être

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

s'y être consciemment efforcé, il renouvelle toutes les méthodes
du roman psychologique, il réorganise sur un nouveau plan
cette étude du cœur humain, ou excella toujours notre génie,
mais que le Romantisme avait, même chez nous, affaiblie,
relkhée, obscurcie.
Le choix de l'Académie Goncourt, même s'il a dép111 à
quelques journalistes, sera certainement ratifié par la génération
qui vient. Peut-on souhaiter meilleure preuve de sa justic:e 1

NOTES

1 55

àla classilicatioi;i dont la Revue des Lectures s'est avisée pour introduire
un peu d'ordre dans la production contemporaine. Nous nous
faisons un devoir de

J. -

la

présenter à nos lecteurs.

ROMANS MAUVAIS, DANGEREUX OU INUTJLl!S PO0R LA GÉNÉ·
RALITÉ DES LECTEURS. - Myriam Harry : La pettte fille dt
Jérusalem; Siona chez les Barbares; Siona à Paris. Octave Mirbeau : La cuache tachetée.

II, -

RoMANS DONT ON PEUT, MOYENNANT DES RAISONS PROPOR·
TIONNÉES, PERMETTRE LA LECTURE A DE GRANDES PERSONNES
SUFFISAMMENT

JACQUES RIVIÈRE

et

IJI. -

AVERTIES.

-

Léon Daudet: Le

Cœur

l'absence; Le bo11heur d'être riche, etc.

ROMANS DONT ON PEUT, MALGRÉ LE FON0 OU CERTAINES
PAGES, RECOMMANDER LA LECTURE A DE GRANDES PERSONNES,
EN RAISON DU PROFIT OU DU DÉLASSl!:MENT SANS PÉRIL Qu'ILS

MISE AU POINT.

PROCURERONT. -

La note que j'ai publiée dans le numéro de novembre de la
NOU'/Jelle Reviu Française est apparue à certaines catholiques
de l'Action Française comme un tentative pour jeter le doute
sur la sincérité de leur foi. Est-il besoin de dire que telle
n'était absolument pas la pensée qui me. l'a dictée? Je tenais
à signaler la contradiction, qui me paraissait et me paraît
touJoùrs flagrante, entre la doctrine de Maurras et ce que je
crois êtt'e l'esprit essentiel du catholicisme. Mais je ne
songeais nullement à prétendre (le fait même que j'ai cru
nécessaire de la dénoncer le prouve) que cette contradiction
fût évidente pour tous les esprits, ni que l'adhésion à I' Adioii
Française ou au Parti de l'intelligence impliquât, de la part
des catholiques qui s'y étaient résolus, un sacrifice conscient
et délibéré d'aucun article de leur croyance.
JACQUES RIVI.ÈRE

UNE CLASSIFICATION DES ROMANS
Ce fut l'ambition de bien des critiques de les ranger en catégories
claires et frappantes. Aucun pourtant, croyons-nous, n'a jamais songé

sillo,i. -

Marquis de Montmorillon : Jlu delà du

Joseph L'Hopital: Le clocher dans la plaine. -

Gilbert Stenger : Le retour à la terre. -

Marcelle Tinayre:

La veillée des armes, le départ, août 1914, etc.

IV. -

ROMANS INOF.F!NSIFS ET RECOMMANDÉS POUR LES LECTKURS
P'AGE CONVENABLE OU SAGEMENT FORMÉS. -

Art Roé:

Monsieur Pierre. - Ernest Psichari : Le cuoyage .du Centurion. -'--- Jean Nesmy : L'âme de la cuictoire; Pour marier
Colette. - Yves le Querdec : Le mariage du docteur Ducros,
scènes de pro--vince.
V. -

RoMANS DESTINÉS AUX TOUT JEUNES GENS, AUX
FILLES

E'I'

LECTEURS. -

JEUNES

GÉNÉRALEMENT A TOUTES LES CATÉGORIES DK
Mad. Barrière-Affre: La Révolte du Bronze. -

Charles Liagre : Marthes et Maries. -

La Primeneige du lointain donjon.

Mad. B. de Buxy:

�LA NO UV ELLE REV UE FRAN ÇAISE

MEMENTO BIBLIOGRAPHIQUE
I. -

BEAUX-ARTS, MUSIQUE.

G EORG-SS DE M 11ssouGNES :

Hutor l}er-

lio"', 1803- 1869. Sona,uvr, ; Calmann-

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JEAN MoNTARGlS :

Camill,Saint-Saéi,s;

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C JJ&gt;):U.ES MoR1CE : Paul Gauguin ;
60 planches h.ors texte ; Floury.
A ooLl'RE W1LI:ETTE : Feu Pierrot ;
Floury.

JI. -

F•Liu --. ComNA : Aux Jardins de
Murcie ; Editions de la Sirène.
Gorno1n, Goz,;1 : La Comédie à V,nise ;
la Renaissance du Ji'llre.

LITTÉRATURE, ROMANS,
THÉATRE.

B.AuD,.LAlRE :

Journaux intimes ; Crès.

De l' amollr ; Société
anonyme d'édition et de librairie .
Jo11c111M ou BELLAY : Œu-,,res pottÎ'l'"', t. 4 ; Société des textes français
modernes ; Hachette.

B At1D1'LAl RE :

R xNÉ B-.NJMJlN :

L e Palais et ses gens

de j,mict ; Fayard.
TRISTAN BERNARD :

Le taxï fant6me;

HERVI.EU :

Œuvres

Edition frança ise illustrée.
MJ1uR1c• M.A&amp;TERUNCX: : Li bourg de Stilmo11de ; Edouard Toseph.

,,,.m,

P mLll'PE

MoNN1o:1t:

Crès.
MoNTJIIGNE: Les E,sais ; édit. Strowski
et Gebelin, t . 3 ; E. de Boccard.

N""* :

Pièces

du thé!itre Guignol ;

E . Lefebvre.
RA□NE : Pn}dre et Eippolyu ; Collec6on Le Théltre d'art ; Crès.
M AURic ERENARD:

Le Voyage I mmob1l,;

JEAN R1cHEFIN :

L e h,loux Carrizalès
,1' Estramadure, ave c bois de L . Jou ;
Société littéraire de F rance.
CERVANTÈS :

AND RÉ CaÉNIER :

Œ uvres compl~tc',

tome III ; D elagrave.
L ucn, D n.,.Ruz- MARDRUS: L'/Jme aux
trois vi,cges ; Fasquelle.
CHM&gt;US Dx~EN&gt;i ES : Les Conquérants
tI'idoles et auzres a)ltntures ; Edition
fra n9aise illustrée.
F&lt;RNAN O D rvo1RE : /, adora Dunçan ,
fille de Promùhle ; l es Mu$eS Fran-

çaises.

Tké!itre en vers, t. 1;
Flammarion.
CHARLES DE SAINT-CYR : Amour et T..a
Gorgon• ; la Renais1aoce du li-vre.
C11ARLES DK SAINT-CYR: Complaintes;la
Renaissance du livre.
ÜAB RI F.L S ARRAZIN : Les grn11dr poèies
romanliques de la P-0/ogne ; Perrin.

R oB!RT ScaEFFER : Le Vol d' Icare;
Société anonyme d'édition et de librairie.
. ACHILL:&gt;: SitGARO : Charles M aurras et
les idêes royalistes ; Fayard.
BERNARD SJJAW :

Caslze/ Byron gend,-

man et boxeur ; Edition française illust,
J uLES

V A LLÈs

:

Des tlV)ts ; Ed_ouard

J oseph .

Légendes ,t traditions
orales d'Alsace. T. 2 : S""dgau ,1 H aut,

JMN V ARIOT :

Alsace ; Crès.

RoLAND D o,GnÈs :

Le Cabaret de la

belle-jl!mme ;Edition franç.aise illust rée.

SI LE GRAIN NE MEURT...
(FRAGMEN T S)

I

Mon village ;

L a Saison Florentine ; Société .anonyme d'édition et
de librairie.
A LPRl:ll BoNNAl&lt;ll : L a France et ,es
,i.e série; Pion.

choisies ;

L io L,.nGUlER : François Pain gendarme;

l' Edition française illustrée.

morts ; Société litthaire de France.
H EN RY BoRnEAUX : L a Vie au thé&amp;rt,

v

Oelagrave.
HENRI fuRTZ : Henri Barbusse, son
œuvr• ; Collection du Carnet Crit ique.
J. K. HUYSMANS : A r,horirs, avec
illustrations d' Auguste Leroux ; F erroud.

Flammarion,
SYLVAIN B oNMAR!AGE :

x57

Fhes galantes, illust rations de R obert Bonfils ; M essein.
PAUL V :t.RLAINK :

LE GÉ RANT :, G ASTON GALLIMAR D
U,!PRIMERIE SAI NTE CATHERlNE, BRUGES, BELGI QU E

la

J'avais six ans quand nous quittimes
rue Médicis.
Notre nouvel appartement, 2 rue de Tournon au second
étage; _formait angle avec la rue Saint-Sulpic~ sur quoi
donnaient les fenêtres de la bibliothèque de mon père~
celles de_ ma chambre ouvraient sur une grande cour. Je
me souviens surtout du vestibule, parce que je m'y tenais
le plus souvent, lorsque je n'étais pas à l'école ou dans ma
c~ambre, et qu: ~am.an, lasse de me voir tourner aûprès
d elle, me cohse1lla1t d aller jouer "avec mon ami Pierr "
, à .
e
c est- -dire tout seul. Le tapis bariolé de ce vestibule
~rése~tait de grands dessins géométriques parmi lesquels
11 était on ne peut plus amusant de jouer aux billes
avec le fameux ami Pierre.
Un petit sac de filet contenait les plus belles billes,
. données et que je ne mêlais
qu ,une a' une l' on m ' avait
pas aux vulgaires. Il en était que je ne pouvais manier
sans être à neuf ravi par leur beauté : une petite en particulier, d'agathe noire avec un équateur et des tropiques
blancs ; une autre, translucide, en cornaline1 couleur
I

�I

58

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'écaille claire, dont je me servais pour caler. Et puis,
dans un gros sac de toile, tout un peuple de billes grises
qu'on gagnait, qu'on perdait, et qui. servaient d'enjeu
lorsque plus tard je pus trouver de vrais camarades avec
qui jouer.
Un autre jeu dont je raffolais, c'est cet instrument de
merveilles qu'on appelle kaléidoscope : une sorte, ~e
lorgnette qui, dans l'extrémité opposée à celle del œil,
propose au regard une toujours change~nte , rosace,
formée de mobiles verres de couleur emprisonnes entre
deux feuilles transparentes. L'intérieur de la lorgnette est
tapissé de miroirs où se multiplie symétriquement la ~antasmagorie des verres que déplace entre les deux femlles
le moindre mouvement de l'appareil. Le changement
d'aspect des rosaces me plongeait dans un ravissement
indicible. Je revois encore avec précision la coule~r, la
forme des verroteries : le morceau le plus gros était un
rubis clair . il avait forme triangulaire ; son poids l'entraînait d'abord et par dessus l'ensemble qu'il bousculait.
Il y avait un grenat très sombre à peu pres ~ond ; un_e
améthyste en lame de faux ; une top:ize d~nt Je n~ revois
plus que la couleur ; un saphir et trois petits débns ~ordorés. Ils n'étaient jamais tous ensemble sur scene;
certains restaient cachés complètement ; d'autres à demi,
dans les coulisses de l'autre côté des miroirs ; seul le
'
.
rubis, trop important, ne disparaissait jamais tout ent_1er.
Mes cousines qui partageaient mon goîtt pour ce Jeu,
mais s'y montraient moins patientes, secouaient à chaque
fois l'appareil afin d'y contempler un changement_ total.
Pour moi je ne procédais pas de même : sans qmtter la
scène des yeux, je tournais le kaléïdoscope doucement,

SI LE GRAIN NE MEURT

1 59

doucement, admirant la lente modification de la rosace.
Parfois l'insensible déplacement d'un des éléments entraînait des conséquences bouleversantes. J'étais autant
intrigué qu'ébloui, et bientM voulus forcer l'appareil à me
livrer son secret. Je débouchai le fond, dénombrai les
morceaux de verre, et sortis du fourreau de carton trois
miroirs ; puis les remis, mais, avec eux, plus que trois ou
quatre verroteries. L'accord était pauvret ; les changements ne causaient plus de surprise ; mais comme on
suivait bien les parties ! comme on comprenait bien le
pourquoi du plaisir !
Puis le désir me vint de remplacer les petits morceaux
de verre par les objets les plus bizarres : un bec de
plume, une aile de mouche, un bout d'allumette, un brin
d'herbe. C'était opaque, plus féerique du tout, mais, à
cause des reflets dans les miroirs, d'un certain intérêt
géométrique ... Bref, je passais des heures et des jours à ce
jeu. Je crois que les enfants d'aujourd'hui l'ignorent, et
c'est pourquoi j'en ai si longuement parlé.
Les autres jeux de ma première enfance, patiences,
décalcomanies, constructions, étaient tous des jeux solitaires. Je n'avais aucun camarade ... Si pourtant; j'en
revois bien un ; mais hélas ! ce n'était pas un camarade
de jeu : lor-sque Marie me menait au Luxembourg, j'y
retrouvais un petit garçon de mon Age, délicat, doux,
tranquille, et dont le blême visage était à demi caché par
de grosses lunettes, si sombres que, derrière les verres, on
ne pouvait rien distinguer. Je ne me souviens plus de son
nom, et peut-être que je ne l'ai jamais su. Nous l'appelions Mouton, à cause de sa petite pelisse en toison
blanche.

�160

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Mouton, c'est vrai que vous avez mal aux yeux?
(Je crois bien que je ne le tutoyais pas).
- Le médecin dit qu'ils sont malades.
- Montrez-les.
Alors il avait soulevé les vilains verres, et son pauvre
regard clignotant, incertain, douloureux, m'était entré
dans le cœur.
Ensemble nous ne jouions pas ; je ne me souviens pas
que nous fissions autre chose que de nous promener la
main dans la main sans rien dire.
Cette première amitié dura peu de temps. Mouton
cessa bient6t de venir. Ah I que le Luxembourg alors
me parut vide !.. Mais mon vrai désespoir commença
lorsque je compris que Mouton devenait aveugle. Marie
avait rencontré la bonne du petit dans le quartier et
racontait à ma mère sa conversation avec elle ; elle
parlait à voix basse pour que je n'entende pas ; mais je
surpris ces quelques mots : " Il ne peut déjà plus retrouver sa bouche 1 " Phrase absurde assurément, car il n'est
nul besoin de la vue pour trouver sa bouche sans doute,
et je le pensai tout aussit6t -- mais qui me consterna
néanmoins. Je m'en allai pleurer 'dans ma chambre, et
durant plusieurs jours m'exerçai à demeurer longtemps
les yeux fermés, à circuler sans les ouvrir, à m'efforcer
de ressentir ce que Mouton devait éprouver.
Accaparé par la préparation de son cours, mon père ne
s'occupait guère de moi. Il passait la plus grande partie
du jour enfermé dans un vaste cabinet de travail un peu
sombre, où je n'avais accès que lorsqu'il m'invitait à y
venir. C'est d'après une photographie que je revois mon

SI LE GRAIN NE MEURT

161

père, avec une barbe carrée, des cheveux noirs, assez
longs et bouclés ; sans elle je n'aurais gardé souvenir que
de 5:1' gran~e d~uceur. Ma mère m'a dit plus tard que ses
collegues lavaient surnommé " Vir probus •• . et 1·•ai su
•
par l' un deux
que souvent on recourait à son ,conseil.
~e ~essent~is pour_ mon père une vénération un peu
craintive, qu aggravait la solennité de ce lieu. J'y entrais
comme dans un temple ; dans la pénombre se dressait le
tabernacle de la bibliothèque ; un épais tapis de ton riche
et sombre étouffait le bruit de mes pas. l1 y avait un
lutrin près d'une des deux fenêtres ; au milieu de la
pièce, une énorme table couverte de livres et de papiers.
Mon père allait chercher un gros livre, quelque Coutume
de Bourgogne ou de Normàndie, pesant in-folio qu'il ouvrait
sur le bras d'un fauteuil pour épier avec moi de feuille en
feuille jusqu'où persévérait le travail d'un insecte rongeur. Le jurisconsulte, en consultant un vieux texte
avait admiré ces petites galeries clandestines et s'était di/
" Tiens ! cela amusera mon enfant ". Et cela m'amusait
beaucoup, à cause aussi de l'amusement qu'il paraissait
lui-même y prendre.
Mais le souvenir du cabinet de travail es~ resté lié
sur~out à cel_ui des lectures qu'il m'y faisait. Mon père
avait à ce SUJet des idées très particulières que n'avait pas
épousées ma mère ; et souvent je les entendais discuter
su.r la nourriture qu'il convient de donner au cerveau
d'un petit enfant. De semblables discussions étaient soulevées parfois au sujet de l'obéissance, ma mère ro.tant
d'avis que l'enfant doit se soumettre sans chercher à
comprendre, mon père gardant toujours une tendance à
tout m'expliquer. Je me souviens fort bien qu'alors ma

�LA NOUVEi.LE REVUE FRANÇAISE

mère comparait l'enfant que j'étais au peuple hébreu, et
protestait qu'avant de vivre dans la grke il était bon
d'avoir vécu selon la loi. Je pense aujourd'hui que ma
mère était dans le vrai ; n'empêche qu'en ce temps je
restais vis-à-vis d'elle dans un état d'insubordination
fréquente et de continuelle discussion, tandis que, sur un
mot, mon père ell.t obtenu de moi tout ce qu'il eô.t
voulu. Je crois qu'il cédait au besoin de son cœur pluttit
qu'il ne suivait une théorie, lorsqu'il ne proposait à mon
amusement ou à mon admiration rien qu'il ne pi'\t aimer ou
admirer .lui-même. La littérature enfantine française ne
présentait alors guère que des inepties, et je pense qu'il e'l1t
souffert s'il avait vu entre mes mains tel livre qu'on y mit
plus tard, de Madame de Ségur par exemple -où je pris,je
l'avoue, et comme à peu près tous les enfants de ma
génération, un plaisir assez vif, mais stupide - un
plaisir non plus vif heureusement que celui que j'avais
pris d'abord à écouter mon père me lire des scènes de
Molière, des passages de l'Odyssée, la farce de Pathelin,
les aventures de Sindbad ou celles d' Ali-Baba et quelques
bouffonneries de la Comédie Italienne, telles qu'elles
sont rapportées dans les Masques de Maurice Sand, livre
où j'admirais aussi les figures d' Arlequin, de Colombine,
de Polichinelle ou de Pierrot, après que, par la voix de
mon père, je les avais entendus dialoguer.
Le succès de ces lectures était tel, et mon père poussait si loin sa confiance, qu'il entreprit un jour le début
du livre de Job. C'était une expérience à laquelle ma
mère voulut assister :· aussi n'eut-elle pas lieu dans la
bibliothèque ainsi que les autres, mais dans un petit salon
où Pon se sentait chez elle plus spécialement. Je ne

SI LE GRAIN NE MEURT

jurerais pas, naturellement, que j'aie compris d'abord la
pleine beauté du texte sacré ! Mais cette lecture, il est
certain, fit sur moi l'impression la plus vive, aussi bien par
la solennité du récit que par la gravité de la voix de mon
père et l'expression du visage de ma mère, qui tour à
tour gardait les yeux fermés pour marquer ou protéger
son pieux recueillement, et ne les rouvrait que pour
porter sur moi un regard chargé d'amour, d'interrogation
et d'espoir.
Certains beaux soirs d'été, quand nous n'avions pas
soupé trop tard et que mon père n'avait pas trop de
travail, il demandait :
- Mon petit ami vient-il se promener avec moi?
Il ne m'appelait jamais autrement que "son petit
ami".
- Vous serez raisonnables, n'est-ce pas, disait ma
mère. Ne rentrez pas trop tard.
J'aimais sortir avec mon père ; et comme il s'occupait
de moi rarement, le peu que je faisais avec lui gardait
un aspect insolite, grave et quelque peu mystérieux qui
m'enchantait aussitôt.
Tout en jouant à quelque jeu de devinette ou d'homonymes, nous remontions la rue de Tournon, puis
traversions le Luxembourg, ou suivions cette partie du
Boulevard Saint-Michel qui le longe, jusqu'au second
jardin, près de l'Observatoire. Dans ce temps les terrains
qui font face à l'Ecole de Pharmacie n'étaient pas encore
bàtis; l'Ecole même n'existait pas. Au lieu des maisons
à six étages, il n'y avait là que baraquements improvisés,
échoppes de fripiers, de revendeurs et de loueurs de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

vélocipèdes. L'espace asphalté, ou macadamisé, je ne sais,
qui borde ce second Luxembourg, servait de piste aux
amateurs ; juchés sur ces étranges et paradoxaux instruments, qu'ont remplacés les bicyclettes, ils viraient, passaient et disparaissaient dans le soir. Nous admirions leur
hardiesse, leur élégance. A peine encore distinguait-on la
monture et la roue d'arrière minuscule où reposait
l'équilibre de l'aérien appareil. La svelte roue dtavant se
balançait; celui qui la montait semblait un être fantastique. La nuit tombait, exaltant les lumières, un peu plus
loin, d'un café-concert, dont les musiques nous attiraient.
On ne voyait pas les becs de gaz eux-mêmes, mais, pardessus la palissade, l'étrange illumination des marronniers.
On s'approchait. Les planches n'étaient pas si bien
jointes qu'on ne pô.t, par-ci par là, en appliquant l'œil,
glisser entre-deux le regard : je distinguais, par-dessus la
grouillante et sombre masse des spectateurs, l'émerveillement de la scène, sur laquelle une divette venait
débiter des fadeurs.
Nous avions parfois encore le temps, pour rentrer, de
retraverser le grand Luxembourg. Bient6t un roulement
de tambour en annonçait la fermeture. Les derniers
promeneurs, à contre gré, se dirigeaient vers les sorties,
talonnés par les gardes, et les grandes allées qu'ils désertaient s'emplissaient derrière eux de mystère. Ces soirs là
ie m'endormais ivre d'ombre, de sommeil et d'étrangeté.
Quand j'eus atteint ma cinquième année, mes parents
me firent suivre des cours enfantins chez Mademoiselle
Fleur et chez Madame Lackerbauer.
Mademoiselle Fleur habitait rue de Seine. Tandis que

SI LE GRAIN NE MEURT

les petits, dont j'étais, pâlissaient sur les alphabets, ou sur
des pages d'écriture, les grands - ou plus exactement :
les grandes (car, au cours de Mademoiselle Fleur fréquentaient bien des grandes filles, mais seulement des
petits garçons) - s'agitaient beaucoup autour des répétitions d'une représentation à laquelle devaient assister les
familles. On préparait un acte des Plaideurs ; les grandes
essayaient des fausses barbes et je les enviais d'avoir à se
costumer ; rien ne devait être plus divertissant.
De chez Madame Lackerbauer, je ne me rappelle
qu'une machine de Ramsden, une vieille machine électrique, qui m'intriguait furieusement avec son disque de
verre où de petites plaques de métal étaient collées, et
une manivelle pour faire tourner le disque ; à quoi il
était défendu de toucher " expressément sous peine de
mort " comme disent certaines pancartes sur des poteaux
de transmission. Un jour la mattrcsse avait voulu faire
fonctionner la machine ; tout autour les enfants formaient
un grand cercle, très écarté parce qu'on avait grand peur;
on s'attendait à voir foudroyer la mattresse; et certainement elle tremblait un peu en approchant d'une boule
de cuivre, à l'extrémité de l'appareil, son index replié.
Mais pas la moindre étincelle n'avait jailli. Ah ! l'on
était bien soulagé.
J'avais sept ans quand ma mere crut devoir ajouter
aux cours de Mademoiselle Fleur et de Madame Lackerbauer les leçons de piano de Mademoiselle de Gœcklin . On
sentait chez cette innocente personne peut-être moins de
goô.t pour les arts qu'un grand besoin de gagner sa vie. Elle
était toute fluette, et pile comme sur le point de se trouver
mal. Je crois qu'elle ne devait pas manger à sa faim.

�I

66

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Quand j'avais été bien docile, Mademoiselle de Gœcklin me faisait cadeau d'une image qu'elle sortait d'un
petit manchon. L'image, en elle-même, ei1t pu me
paraître ordinaire et j'en aurais presque fait fi ; mais elle
était parfumée ; extraordinairement parfumée sans
doute en souvenir du manchon - je la regardais à peine ;
je la humais; puis la collais dans un album, à côté d'autres
images que les grands magasins donnaient aux enfants de
leur clientèle, mais qui, elles, ne sentaient rien. J'ai
rouvert l'album dernièrement pour amuser un petit
neveu : les images de Mademoiselle de Gœcklin embaument encore; elles ont embaumé tout l'album.
Après que j'avais fait mes gammes, mes arpèges, un
peu de solfège, et ressassé quelque morceau des " bonnes
traditions du pianiste", je cédais la place à ma mère. Je
crois que c'est par modestie que maman ne jouait jamais
seule ; mais à quatre mains, comme elle y alJait l C'était
d'ordinaire quelque partie d'une symphorue de Haydn, et
de préférence le finale qui, pensait-elle, comportait moins
d'expression à cause du mouvement rapide, qu'elJe précipitait encore en approchant de la fin ; elle comptait à
haute voix d'un bout à l'autre du morceau.
Quand je fus un peu plus grand, Mademoiselle de
Gœcklin ne vint plus ; j'allai prendre les leçons chez elle.
C'était un tout petit appartement où elle vivait avec une
sœur plus Agée, infirme ou un peu simple d'esprit, dont
elle avait la charge. Dans la première pièce, qui devait
servir de salle à manger, se trouvait une ,olière pleine
de bengalis ; dans 1a seconde pièce le piano ; il avait des
notes étonnamment fausses dans le registre supérieur, ce
qui modérait mon désir de prendre la haute de préfé-

SI LE GRAIN NE MEURT

rence, lorsque nous jouions à quatre mains. Mademoiselle
de Gœcltlin, qui comprenait sans peine ma répugnance,
disait alors d'une voix plaintive, abstraitement, comme
un ordre discret qu'elle eôt donné à un esprit : '' Il
faudra faire venir l'accordeur.'' Mais l'esprit ne faisait
pas la commission.
Mes parents avaient pris coutume de passer les vacances d'été dans le Calvados, à la Roque-Baignard, cette
propriété qui revint à ma mère au décès de ma grand'
mère Rondeaux. Les vacances de nouvel an, nous les
passions à Rouen dans la famille de ma mère ; celles de
Piques, à Uzès auprès de ma grand'mère paternelle.
Rien de plus différent que ces deux familles ; rien de
plus différent que ces deux provinces de France, qui conjuguent en moi leurs contradictoires inBuences. Souvent
je me suis persuadé que j'avais été contraint à l'œuvre
d'art, parce que je ne pouvais réaliser que par elle l'accord
de ces éléments trop divers, qui sinon fussent restés se
combattre, ou tout au moins à dialoguer en moi. Sans
doute ceux la seuls sont capables d'affirmations puissantes,
que pousse en un seul sens l'élan de leur hérédité. Au
contraire les produits de croisement, en qui coex;stem et
grandissent, en se neutralisant, des exigences opposées,
c'est parmi eux je crois que se recrutent les arbitres et les
artistes. Je me trompe fort si les exemples ne me donnent
raison.

a

Mais cette loi que j'entrevois et indique a jusqu'à
présent si peu intrigué les historiens, semble-t-il, que dans
aucune des biographies que j'ai sous la main à Cuverville
où j'écris ceci, non plus que dans aucun dictionnaire, ru

�I

68

LA NOUVELLE lUVU.E FRANÇAISE

meme dans l'énorme Biographie Universelle en 52 volumes, à quelque nom que je regarde, je ne parviens à
trouver la moindre indication sur l'origine maternelle
d'aucun grand homme, d'aucun héros. J'y reviendrai.
Mon arriere grand-pere Rondeaux de Montbray, conseiller au Parlement de Normandie comme son père,
était maire de Rouen en I 789. En 93 il fut incarcéré à
St, Yon avec M. d'Herbouville, et M. de Fontenay,
qu'on tenait pour plus avancl, le remplaça. Sorti de la
prison et de la révolution tout ruiné, il se retira à Louviers, où il tenta de se refaire, dans l'industrie, une fortune
qui précédemment avait été belle. C'est à Louviers, je
crois, qu'il se remaria.
Il avait eu deux enfants d'un premier lit; et jusqu'alors
la famille Rondeaux avait toute été catholique ·; mais, en
secondes noces, Rondeaux de Montbray épousa nne
protestante, Mademoiselle Dufour, qui lui donna encore
trois enfants, dont Edouard mon grand-père. Ces enfants
furent baptisés et élevés dans la religion catholique. Mais
mon grand-père épousa à son tour une protestante, Julie
Pouchet ; et cette fois les cinq enfants, dont le plus jeune
était ma mère, furent élevés protestants.
Néanmoins, à l'époque de mon récit, c'est-à-dire, au
moment où remontent mes souvenirs, la maison de mes
parents était redevenue catholique, plus catholique et bien
pensante qu'elle n'avait jamais été. Mon oncle Henry
Rondeaux, qui l'habitait depuis la mort de ma grand'
mère, avec ma tante et leurs deux enfants, s'était converti
tout jeune encore, longtemps meme avant d'a,-oir songé
à épouser la tres catholique M 11e Lucile Keittinger.
La maison faisait angle entre la rue de Crosne et la

SI LE GRAIN NE MEURT

rue de Fontenelle. Elle ouvrait sa porte cochère sur
celle-là ; sur celle-ci le plu grand nombre de ses
fenêtres. Elle me paraissait énorme ; elle l'étafr. Il y
avait en bas, en plus du logement du concierge, de la
cuisine, de l'écurie, de la remise, un magasin pour les
" rouenneries '' que fabriquait mon oncle à son usine du
Houlme, à quelques kilomctres de Rouen. Et à caté du
magasin, ou plus proprement de la salle du dépôt, il y
avait un petit bureau, dont l'accès était également
défendu aux enfants, et qui du reste se défendait bien
tout seul par son odeur de vieux cigare, son aspect
fastidieux et rébarbatif. Mais combien la maison, par
contre, était aimable !
Dès l'entrée, la clochette au son doux et grave semblait vous souhaiter bon accueil. Sous la vodte, à gauche,
la concierge, de la porte vitrée de sa loge exhaussée de
trois marches, vous souriait. En face s'ouvrait la cour,
où de décoratives plantes vertes, dans des pots alignés
contre le mur du fond, prenaient l'air, et, avant d'être
ramenées dans la serre du Houlme, d'où elles venaient et
où elles allaient refaire leur santé, se reposaient à tour de
raie de leur service d'intérieur. Ah ! que cet intérieur
était tiède, moite, discret et quelque peu shere, mais
confortable, honnête et plaisant. La cage d'escalier prenait jour par en bas sous la vo1~.te, et tout en haut par un
toit vitré. A chaque palier, de longues banquettes de
velours vert, sur lesquelles il faisait bon s'étendre à plat
ventre pour lire. Mais combien on était mieux encore,
entre le second étage et le dernier, sur les marches
mêmes, que couvrait un tapis chiné noir et blanc, bordé
de larges bandes rouges. Du toit vitré tombait une riche

�170

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

lumière tamisée, tranquiUe ; la marche au-dessus de celle
sur laquelle j'étais assis me senait &lt;l'appuie-coude, de
pupitre et lentement me pénétrait le c6té ...
J'écrirai mes souvenirs comme ils viennent, sans
chercher à les ordonner. Tout au plus les puis-je grouper
autour des lieux et des êtres ; ma mémoire ne se trompe
pas souvent de place ; mais elle brouille les dates ; je suis
perdu si je m'astreins à de la chronologie. A reparcourir
le passé, je suis comme quelqu'un dont le regard n'apprécierait pas bien les distances et parfois reculerait extrêmement ce que l'examen reconnaîtra beaucoup plus
proche. C'est ainsi que je suis resté longtemps convaincu
d'avoir gardé le souvenir de l'entrée des Prussiens à Rouen:
C'est la nuit. On entend la fanfare militaire, et du
balcon de la rue de Crosne où elle passe, on voit les
torches résineuses fouetter d'inégales lueurs les murs
étonnés des maisons ...
Ma mère à qui, plus tard, j'en reparlai, me persuada
que d'abord en ce temps j'étais beaucoup trop jeune pour
en avoir gardé quelque souvenir que ce soit ; qu'au surplus jamais un Rouennai , ou en tout cas aucun de ma
famille, ne se serait mis au balcon pour voir passer mt-ce
Bismarck ou le roi de Prusse lui-même, et que si les
Allemands avaient organisé des cortèges, ceux-ci eussent
défilé devant des volets clos. Certainement mon souvenir
devait être des '' retraites aux flambeaux " qui, tous les
samedis soir remontaient ou descendaient la rue de
Crosne, après que les Allemands avaient depuis longtemps
déjà vidé la ville.
- C'était la ce que nous te faisions admirer du
balcon, en te chantant, te souviens-tu :

SI LE GRAIN NE MEURT

Zim lai' la! Zim laï la!
LrI btaux militairtr !

Et soudain je reconnaissais aussi la chanson.
Il en est de même de ce bal rue de Crosne, que ma
mémoire s'est longtemp obstinée à placer du temps de
ma grand'mère - qui mourut en 73, alors que je n'avais
pas quatre ans. Il s'agit évidemment d'une soirée que
mon oncle et ma tante Henri donnèrent trois ans plus
tard à la majorité de leur fille :
Je suis déjà couché, mais une singulière rumeur, un
frémissement du haut en bas de la maison, joints à des
vagues harmonieuses, écartent de moi le sommeil. Sans
doute ai-je remarqué dans la journée des préparatifs.
Sans doute l'on m'a dit qu'il y aurait un bal ce soir-la.
Mais, un bal, sais-je ce que c'est? Je n'y avais pas attaché
d'importance et m'étais couché comme les autres soirs.
Mais cette rumeur à présent ... J'écoute; je tâche de surprendre quelque bruit plus distinct, de comprendre ce
qui se passe. Je tends l'oreille. A la fin, n'y tenant plus,
je me lève, sors de la chambre à titons dans le couloir
sombre et, pieds nus, gagne l'escalier plein de lumière.
Ma chambre est au troisième étage. Les vagues de sons
montent du premier ; il faut aller \'OÎr ; et à mesure que
de marche en marche je me rapproche, je distingue des
bruits de voix, des froissements d'étoffe, des chuchotements et des rires. Rien n'a !~air coutumier ; il me
semble que je vais être initié tout à coup à une autre vie,
mystérieuse, différemment réelle, plus brillante et plus
pathétique, et qui commence seulement lorsque les petits
enfants sont couchés. Les couloirs du second tout emplis
de nuit sont déserts; la fête est au-dessous. Avancerai-je

�172

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

encore? On va me voir. On va me punir de ne pas
dormir, d'avoir vu ... Je passe ma tête à travers les fers de
la rampe ... Précisément des invités arrivent, un militaire
en uniforme, une dame toute en rubans, toute en soie ;
elle tient un éventail à la main ; le domestique, mon ami
Victor, que je ne reconnais pas d'abord a cause de ses
culottes et de ses bas blancs, se tient devant la porte
ouverte du premier salon et introduit... Tout à coup
quelqu'un bondit vers moi ; c'est Marie, ma bonne, qui
comme moi tkhait de voir, dissimulée un peu plus bas au
premier angle de l'escalier. Elle me saisit dans ses bras ;
je crois d'abord qu'elle va me reconduire dans ma
chambre, m'y enfermer ; mais non, eJle veut bien me
descendre, au contraire, jusqu'à l'endroit où elle était,
d'où le regard cueille un petit brin de la fête. A présent
j'entends parfaitement bien la musique. Au son des
instruments que je ne puis voir, des Messieurs tourbillonnent avec des dames parées qui toutes sont beaucoup plus
belles que celles du milieu du jour. La musique cesse ;
les danseurs s'arrêtent ; et le bruit des voix remplace
celui des instruments. Ma bonne va me remmener, mais
à ce moment une des belles dames, qui se tenait debout,
appuyée près de la porte, et s'éventait, m'aperçoit; elle
vient à moi, m'embrasse et rit parce que je ne la reconnais pas. C'est évidemment cette amie de ma mère que
j'ai vue encore ce matin même; mais tout de même je
ne suis pas bien s-ôr que ce soit tout à fait elle, elle réellement ... Et quand je me retrouve dans mon lit, j'ai les
idées toutes brouillées et je pense, avant de sombrer dans
le sommeil, confusément : il y a la réalité et il y a les
rêves; et puis il y a une seconde réalité.

SI LE GRAJN NE MEURT

1 73

La croyance indistincte, indéfinissable, à je ne sais quoi
d'autre à côté du réel, du quotidien, de l'avoué, m'habita
durant nombre d'années ; et je ne suis pas st\r de n'en
pas retrouver en moi, encore aujourd'hui, quelques restes.
Rien de commun avec les contes de fées, de go~es ou de
sorcières; peut~tre plutlk avec ceux d'Hoffmann ou
d'Andersen. Pourtant je ne les connaissais pas encore. Non,
je crois bien qu'il y avait plutôt là un maladroit besoin
d'épaissir la vie - besoin que la religion, plus tard,
serait habile à contenter ; et une certaine propension,
aussi, à supposer le clandestin. C'est ainsi qu'apres la mort
de mon père, si grand garçon que je fusse déjà, n'allai-je
pas m'imaginer qu'il n'était pas mort pour de vrai ! ou
du moins - comment exprimer cette sorte d'appréhension qu'il n'était mort qu'à notre , ie ouverte et
diurne, mais que de nuit, secrètement, alors que je
dormais, il venait retrouver ma mère. Durant le jour
mes soupçons se maintenaient incertains, mais je les
sentais se préciser et s'affirmer, le soir, immédiatement
avant de m'endormir. Je ne cherchais pas à percer le
mystère ; je sentais que j'eusse empêché tout net ce que
j'eusse essayé de surprendre; assurément j'étais trop
jeune encore, et ma mère me répétait trop souvent et à
propos de trop de choses : Tu comprendras plus tard mais certains soirs, en m'abandonnant au sommeil, il me
semblait vraiment que je cédais la place.
Je reviens à la rue de Crosne.
Au second étage, à l'extrémité d'un couloir sur lequel
ouvrent les chambres, se trouve la salle d'études, plus
confortable, plus intime que les grands salons du
premier, de sorte que ma mère s'y tient et m'y retient
2

�174

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de préférence. Une grande armoire formant bibliothèque
en occupe le fond. Les deux fenêtres ouvrent sur la
cour; l'une d'elles est double et entre les deux chassis
fleurissent dans des pots, sur des sollcoupes, des crocus,
des hyacinthes et des tulipes du duc de Thol. Des deux
côtés de la cheminée, deux grands fauteuils de tapi ·erie,
ouvrage de ma mère et de mes tantes; dans l'un d'eux
ma mère est assise. Mademoiselle Shackleton, sur une
chaise de reps grenat et d'acajou, près de la table,
s'occupe à un ouvrage de broderie sur filet. Le petit
carré de filet que veut agrémenter son travail est tendu
sur un cadre de métal ; c'est un arachnéen réseau à
travers lequel court l'aiguille. Elle consulte parfois un
modèle où les dessins de fil sont marqués en blanc sur
fond bleu. Ma mère regarde à la fen~tre et dit :
- Les crocus sont ouverts : il va faire beau.
Mademoiselle Shackleton la reprend doucement.
- Juliette, vous serez toujours la même : c'est parce
qu'il fait déjà beau qüe les crocus se sont ouverts; vous
vez bien qu'ils ne prennent pas les devants.
Anna Shackleton ! Je revois votre calme visage, votre
front pur, votre bouche un peu sévère, vos souriants
regards qui versèrent tant de bonté sur mon enfance ... Je
voudrais, pour parler de vous, inventer des mots plus
vibrants, plus respectueux et plus tendres. Raconterai-je un
jour votre modeste vie? Je voudrais que, dans mon récit,
cette humilité resplendisse, comme elle resplendira devant
Dieu le jour où seront abaissés les puissants, où seront
magnifiés les humbles. Je ne me ruis jamais senti grand
goô.t pour portraire les triomphants et les glorieux de ce
monde, mais bien ceux dont la plus vraie gloire est cachée.

SI LE GRAIN NE MEURT

1 75

Je ne sais quels revers précipitèrent dl.i fond de
l'Ecosse sur le continent les enfants Shackleton. Le
pasteur Roberty, qui lui-même avait épousé une Ecossaise, connaissait, je croi , cette famille et c'est lui qui
recommanda l'aînée des filles à ma grand'mère. Tout ce
que je vais redire ici, je ne l'appri , il va sans dire, que
longtemps ensuite, par ma mère elle-même, ou par des
cousins plus Agés.
C'est proprement comme gouvernante de ma mère
que Mademoiselle Shackleton entra dans notre famille.
Ma mère allait bient6t atteindre l'ige d'être mariée . il
parCtt à plus d'un qu' Anna Shackleton, encore jeune eiiemême, et de plus extrêmement jolie, pourrait faire tort
à son élève. La jeune Juliette Rondeaux était du reste il
'
faut le reconnaître, un sujet quelque peu décourageant.
Non seulement elle se retirait sans cesse, et s'effaçait
chaque fois qu'il aurait fallu briller ; mais encore ne
perdait-elle pas une occasion de pousser en avant Mademoiselle Anna, pour qui elle s'était éprise d'une amitié très
vive. Juliette ne supportait pas d'être la mieux mise;
tout la choquait, de ce qui marquait sa situation, sa fortune, et les questions de préséance entretenaient une
lutte continuelle avec sa mère et surtout avec Claire sa
sœur aînée.
Ma grand'mère n'était point dure, assurément; mais
sans être précisément entichée, elle gardait un vif sentiment des hiérarchies. On retrouvait ce sentiment chez sa
fille Claire, mais qui n'avait pas sa bonté - qui même
n'avait pas beaucoup d.'autres sentiments que celui-là, et
s'irritait à ne le retrouver point chez sa sœur ; elle rencontrait, à la place, un in tinct, sinon précisément de

�176

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
SI LE GRAIN N.! MEURT

révolte du moins d'insoumission, qui sans doute n'avait
pas cxi~té de tout temps chez Juliette, mais qui s'éveill~it
semblait-il à la faveur de son amitié pour Anna. Claire
ne pardonnait pas à Anna cette amitié que lui avait
vouée sa sœur ; elle estimait que l'amitié comporte des
degrés, des nuances, et qu'il ne convena!t ~as ~ue
Mademoiselle Shackleton cessit de se sentir mst1tutnce.
_ Eh quoi t pensait ma mère, - suis-je plus belle ?
ou plus intelligente ? ou meilleure ? Est-ce ma fortune
ou mon nom pour quoi je serais préférée ?
_ Juliette, disait Anna, vous me donnerez pour le
jour de vos noces une belle robe de soie couleur thé, et
je serai tout à fait heureuse.
.
.
Ma mère cependant n'avait pu obtemr que Mademoiselle Anna fut logée ailleurs que dans une ch~bre entr_e
deux étages, assurément très loin des domestique~ ~ais
loin des cc maîtres " également, chambre extraordma1rement basse et incommode, à laquelle on accédait par un
petit escalier spécial issu du palier du premier: ~ais du
moins dans les promenades en voiture que fa1sa1ent ces
demoiselles Rondeaux, en compagnie de leur jolie gouvernante, Juliette ne tolérait pas que Mademoiselle Shac_kleton n'occupât point la place du fond, à caté de Claire _;
ce qui du reste désolait Anna Sh~clclet~n et la _mettait
dans la situation la plus faus'-e v1s-à-v1s de Claire, que
cette incorrection révoltait. Anna suppliait ; ma mère
s'obstinait . Claire s'irritait de plus en plus ; chacun
finissait pa: déclarer que, dans ce cas, il préférait ne p~s
sortir et la promenade n'avait point lieu. On n'était
,
.'
sauvé que lorsque se proposait une quatneme personne
pour occuper la seconde place du fond, près de Claire.

177

Le temps avait passé. Claire s'était mariée; puis ma
mère, et Mademoiselle Anne avait eu sa robe de soie
couleur thé. Longtemps Juliette Rondeaux avait dédaigné
les plus brillants partis de la société rouennaise, et Guillaume Démare t, son nouveau beau-frère, n'avait pas
manqué, à chaque fête de Sainte-Catherine, de lui enyoyer
quelque petit cadeau chargé d'une piquante allusion ;
lorsqu'enfin on avait été tout surpris de la voir accepter
un jeune professeur de droit sans fortune, venu du fond
du midi, et qui n'edt jamais osé demander sa main, si ne
l'y eôt poussé l'excellent pasteur Roberty qui le présentait, connaissant le idées de ma mère, et le recommandait tout comme il avait fait Mademoiselle Shackleton. Et
quand, six ans plus tard, je vins au monde, Anna Shakleton m'adopta, comme elle avait adopté tour à tour mes
grands cou ins. Ni la beauté, ni la grke, ni la bonté, ni
l'esprit, ni la vertu ne faisant oublier qu'on est pauvre,
Anna ne devait connaître qu'un reflet lointain de l'amour,
ne devait avoir d'autre famille que celle que lui prêtaient
mes parents.
Le souvenir que j'ai gardé d'elle me la représente les
traits un peu durcis déja par l':1ge, la bouche un peu
sévere, le regard seul encore plein de sourire, un sourire
qui pour un rien devenait du rire vraiment, si frais, si
pur qu'il ·emblait que ni les chagrins ni les déboires
n'eussent pu diminuer en elle l'amusement extrême que
l'âme prend naturellement à la vie. Mon père avait,
lui au i, ce même rire, et parfois Mademoiselle Shackleton et lui entraient dans des acces d'enfantine gaîté,
auxquels je ne me souviens pas que s'associ&amp;t jamais ma
mère.

�LA • ·ouvELLB REVUE FRANÇAISE

Anna (à l'exception de mon père qui l'appelait toujours : Mademoiselle Anna, nous l'appelions tous par son
prénom, et même je disais: Nana, par une puérile
habitude que je conservai jusqu'à l'annonce du livre de
Zola) - Anna Shackleton portait une sorte de coiffe
d'intérieur en dentelle noire, dont deux bandeaux, qui
tombaient de chaque c6té de on visage, l'encadraient
assez bizarrement. Je ne sais quand elle commença de se
coiffer ainsi, mais c'est avec cette coiffure que je la revois,
du plus loin q~'il me souvienne, et que la représentent les
quelques photographies que j'ai d'elle. Si harmonieusement tranquille que fô.t l'expression de son visage, son
allure et toute sa vie, Anna n'était jamais oisive ; réservant les interminables travaux de broderie pour le temps
qu'elle passait en société, elle occupait à quelque traduction les longues heures de sa solitude ; car elle lisait
l'anglais et l'allemand aussi bien que le français, et fort
passablement l'italien.
J'ai conservé quelques-unes de ces traductions qui,
toutes, sont demeurées manuscrites ; ce sont de gros
cahiers d'écolier, emplis jusqu'à la dernière ligne d'une
sage et fine écriture. Tous les ouvrages qu' Anna Shackleton avait ainsi traduits ont paru depuis dans d'autres
traductions, peut-être meilleures ; pourtant je ne puis me
résoudre à jeter ces cahiers, où respire tant de patience,
d'amour et de probité. L'un entre tous m'est cher :
c'est le Reinicke Fuchs de Goethe, dont Anna me lisait
des passages. Après qu'elle avait eu achevé ce trarnil,
mon cousin Maurice Démarest lui donna de petites
têtes en pl!tre de tous les animaux qui figurent dans le
vieux fabliau ; Anna les avait accrochées tout autour

SI LE GRAIN NE MEURT

1 79

du cadre de la glace, au-dessus de la cheminée de sa
chambre, où ils faisaient ma joie.
An~a dessinait aussi, et peignait à l'aquarelle.
~aJS son o_ccupation principale, sa plus chère étude
était la botamque. A Paris elle suivait assidôment les
cours. &lt;le M. Bureau au Muséum, et elle accompacrnait
0
,
au pnn_temps, les herborisations organisées par M. Poisson,
~n _assistant. Je n'ai garde d'oublier ces noms qu' Anna
c1ta1t avec vénération et qui s'auréolaient dans mon
esprit_ d'un grand prestige. Ma mère, qui voyait là une
occasion de me faire prendre de l'exerci~, me permettait
de me joindre à ces excursions dominicales qui prenaient
pour moi tout l'attrait d'une exploration scientifique. La
bande des botanistes était composée presque uniquement
de vieille demoiselles et d'aimables maniaques • on se
rassemblait au départ d'un train ; chacun portait ;n bandoulière une boîte verte de métal peint où l'on couchait
les plantes que l'on se proposait d'étudier ou de faire
sécher. Quelques-uns avaient, en plus, un sécateur,
d'autres un filet à papillons. J'étais de ces dernier. car J·e
,. é
,
~e m mt ressais point tant alors aux plantes qu'aux
insectes, et plus spécialement aux coléoptères dont j'avais
commencé de faire collection, et me poches étaient
g~n~ées de boîtes et de tubes de verre où j'a phyxiais me
v1ct1mes dans les vapeurs de benzine ou le cyanure de
potassi~. Cependant je chassais la plante également ;
plus agile que les vieux amateurs, je courais de l'avant,
et, quittant le sentiers, fouillais deci delà le taillis, la
campagne, claironnant mes Mcouvertes, tout glorieux
d'avoir aperçu le premier l'espèce rare que venaient
admirer ensuite tous les membres de notre petite troupe,

�r8o

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

certains un peu dépités lorsque le spécimen était unique,
. que triomphalement j'apportais à Anna.
A l'instar d' Anna et avec son aide, je faisais un
herbier ; mais surtout l'aidais à compléter le sien qui
étaie considérable et remarquablement bien arrangé. Non
seulement elle avait fini par se procurer, patiemment, pour
chaque variété, les plus beaux exemplaires, mais la présentation de chacun de ceux-ci était merveilleuse : de minces
bandelettes gommées fixaient les plus délicates tigelles ;
le port de la plante était spécieusement respecté ; on
admirait, auprM du bouton, la fleur épanouie, puis La
graine. L'étiquette était calligraphiée ... Parfois la désignation d'une variété douteuse nécessitait des recherches, un
examen minutieux ; Anna se penchait sur sa loupe
montée, s'armait de pinces, de minuscules scalpels,
ouvrait délicatement la fleur, en étalait sous l'objectif tous
les organes et m'appelait pour me faire remarquer telle
particularité des étamines ou je ne sais quoi dont ne
parlait pas sa flore et qu'avait signalé M. Bureau.
C'est a la Roque surtout, où Anna nous accompagna,it
tous les étés, que se manifestait dans son plein son
activité botanique, et que s'alimentait_ l'herbier. Nous ne
sortions pas sans notre boîte verte (car moi aussi j'avais la
mienne) et une sorte de truelle cintrée, un déplantoir,
qui permettait de s'emparer de la plante avec sa racine.
Parfois on en surveillait une de jour en jour ; on attendait sa Horaison parfaite, et c'était un vrai désespoir quand
le dernier jour, parfois, on la trouvait à demi broutée par
des chenilles, ou qu'un orage tout à coup nous empêchait.
Ici l'herbier régnait en seigneur ; tout ce qui se rap-

SI LE GRAIN NE MEURT

181

portait à lui, on l'accomplissait avec zèle, avec gravité,
comme un rite. Par les beaux jours, on étalait aux rebords
des fenêtres, sur les tables et les planchers ensoleillés, les
feuilles de papier gris entre lesquelles iraient sécher les
plantes ; pour certaines, grêles ou fibreuses, quelques
feuilles suffisaient; mais il en était d'autres, charnues,
gonflées de seve, qu'il fallait presser entre d'épais matelas
de papier spongieux, bien secs et renouvelés chaque jour.
Tout cela prenait un temps considérable, et nécessitait
beaucoup plus de place que celle dont Anna disposait
à Paris.
Elle habitait, rue de Vaugirard, entre la rue Madame
et la rue d' Assas, un petit appartement de quatre pieces
exiguës et si basses qu'en montant sur une chaise on en
pouvait toucher de la main le plafond. Au demeurant
l'appartement n'était pas mal situé, en face du jardin
ou de la cour de je ne sais quel établissement scientifique,
où nous pûmes contempler les essais des premières
chaudières solaires. Ces étranges appareils ressemblaient
à d'énormes fleurs, dont la corole eût été formée de
miroirs; le pistil, au point de convergence des rayons
présentait l'eau qu'il s'agissait d'amener à ébullition. Et
sans doute on y parvenait, car un beau jour un de ces
appareils éclata, terrifiant tout le voisinage et brisant les
carreaux du salon d' Anna et ceux de sa chambre, qui
donnaient tous deux sur la rue. Sur une cour donnaient
la salle à manger et une salle de travail où Anna se
tenait le plus souvent ; même elle y recevait, plus
volontiers que dans son salon, les quelques intimes qui
venaient la voir ; aussi ne me souviendrais-je sans
doute pas du salon si ~e n'eût été là qu'on avait dressé

�182

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
SI LE GRAIN NE M.EORT

pour moi un petit lit pliant lorsqu'à ma grande joie ma
mère me confia pour quelques jours à son amie, je ne sais
plus à quelle occasion.
L'année que j'entrai à l'Ecole Alsacienne, mes parents
ayant jugé sans doute que l'instruction que je recevais
chez Mademoiselle Fleur et Madame Lackerbauer ne me
suffisait plus, il fut convenu que je déjeunerais chez Anna
une fois par semaine. C'était, il m'en souvient, le jeudi,
après la gymnastique. L'Ecole Alsacienne, qui n'avait pas
encore en ce temps là l'importance qu'elle a pris par la
suite et ne disposait pas d'une salle spéciale pour les
exercices physiques, menait ses élèves au " gymnase
Pascaud ", rue de Vaugirard, à quelques pas de chez
Anna. J'arriv;is chez elle encore en nage et en désordre,
les vêtements pleins de sciure de bois et les mains gluantes de colophane. Qu'avaient ce déjeuners de si charmant? Je crois surtout l'attention inlassable d'Anna pour
mes plus niais bavardages, mon importance auprès d'elle
et de me sentir attendu, considéré, choyé. Pour moi
l'appartement s'emplissait de prévenances et de sourires,
le déjeuner se. faisait meilleur. En retour, ah ! je voudrais
avoir gardé ouvenir de quelque gentillesse enfantine, de
quelque geste ou mot d'amour ... Mai non ; et le seul
dont il me souvienne, c'est une phrase absurde, bien &lt;ligne
de l'enfant obtus que j'étais, et que je rougis d'évoquer :
Comme je mangeai ce matin là de fort bon appétit et
qu' Anna, avec ses modiques ressources, avait visiblement
fait de son mieux :
- Mais Nana ! je vais te ruiner ! m'écriai-je (la
phrase sonne encore à mon oreille)... Du moins sentis-je,
aussitôt ces mots prononcés, qu'il n'étaient pas de ceux

qu'un cœur un petit peu délicat pouvait inventer, qu' Anna
s'en affectait, que je l'avais un peu blessée. Ce fut, je le
crois bien, un des premiers éclairs de ma conscience ;
lueur fugitive, encore bien incertaine, bien insuffisante à
percer l'épai e nuit où ma puérilité s'attardait.
( .,,J suivre)

ANDRÉ GIDE

�LES SOIRÉES DE PÉTROGRADE

LES SOIRÉES DE PÉTROGRADE

Elle sera prostituée
Et jettera des bomber
Car le sang des reines tuées
Est doux à ma colombe.

III

L'ANCIEN RÉGIME
LA MARTIALE

I
L•ORGUEILLEUSE

Pourquoi, Princesse de Ballet,
Refuses-lu ta bouche?
Les coulisses du ChJtelet
Sont-elles si farouches ?

Tu 11' étais jadis à Moscou
Que fille de cuisine,
Les chauffeurs te baisaient au cou
Qui sentaient la benzine.

Le Grand Turc apprend ce r;u'il cuit
Aux Kurdes en déroute
Quand le jeune hetman les poursuit
Par les gorges sans route
Mais son regard devient dément
Lorsqu'aux hordes soumises
Le vainqueur, changeant de chemise,
Montre deux seins charmants.

IV
LA .RUSÉE

II .

Ma tourterelle, mon amie

Le Maréchal de la Noblesse
Hait le leader des Cadets
Mais sa fille - &lt;JUelle drblesse Est éprise du dadais

Suit des cours au Gymnase;
Combinant acides et bases
Elle apprend la chimie.

Et, sur la glace du skating,
Cap1de1s et Monl4i6 us

LA RÉVOLTÉE

�186

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISZ

Se tracent de mutuels signes
Avec leurs patins aigus.
V
L'INFIDÈLE

0 Catherine lvanowna,
0 ma douce colombe,

Quitte ce vieux banquier qui n'a
Déjà qu'odeur de tombe.
On jase dans tout le district
De nos mainr désunies.
Songe à mon C()JUr fidèle et strict,
A sa peine infi11ie.
VI
LA PERVERSE

LES SOIRÉES DE PÉTROGRADE

VII
L'IRRÉSOLUE

N'écoute pas, Anastasie,
Ce discours qui te trouble.
Repousse ces colliers d'Asie
Ces bagues et ces roubles.
Le bras s'empourpre à l'aventttre
Aux champs de Volhynie
Qui sera la rouge ceinture
De tes hanches unies.

LA RÉVOLUTION
VIII
LA MÉLOMANE

.

Qu'elle était donc tentatrice
Lors du bal au Palais d'Hiver
La gorge de l' Ambassadrice
Sous l'écharpe en tulle vert !

Cette dame maximaliste
Et septuagénaire
On raconte qu'elle aima Liszt
Et qu'elle aima Wagner.

Ce fut, à son gré, l'école
Buissonnière en plus d'un cas
Sous le manteau du protocole
Penaant quatre mazurkas.

Ce qui seulement la chagrine
- Disgrdce sans recours C'est 11' entendre plus Lohengrin
Aux concerts de la Cour.

�188

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LES SOIRÉES DE PÉTROGRADE

IX

XI

LA GRAND' MÈRl!. DE LA RÉVOLUTION

MONSIEUR PROTOPOPOFF

Qu'un jour à la gare Alexandre,
Rentrant de Sibérie,
La foule l-a verrait descendre
D'un sleeping-car fleuri,

&amp;gardez ce Monsieur qui va
Monter en limousine
Et cause avec ViroubO'Ua
Que l'on dit sa co11si1u.

Eut-elle rêvé d'aventure
Cet accueil amical
Durant sa villégiature
Aux bords du Baïkal?

L'Esprit l'a comblé de ses dons
Et parle en sa parole ;
li enchante les guéridons
Et charme les consoles.

X

XII

LES JOl.TRNÉES D'AOUT

LE CONVIVE

C'est vous qu'au Palais de Tauride,
Funeste privilège,
J'évoque par ce jour torride,
Princesse de collège.

Elles t'aiment plus tpu la vie ;
Tu les mettrais au désespoir
Si tu ne vmais pas ce soir
ÂN souper où je te con'Vie.

l'oublie Ouvriers et Soldats
Pour 'VOUS, Iphigénie,
Et la fraîcheur de ce soda
Me paraît infinie.

riens. Il y aura sous mon toit
Les plus belles de ter compagnes,
Des roses rouge, du champagne
Et une surprise pour toi.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LES SOIRÉES DE PBTROGRAD.K

XIII

XV

LA LIMOUSINE

LE COLONEL ROMANOFF

Sous la neige, la Rails Royce
S'arrête le long du quai.
Ah / L'étrange, le lourd paquet
Qu'ils cachent sous leurs pelisses I

Le soir vient; la bise t!tue
Dévaste les bouleaux ;
La voix des fontaines s'est tue
A Tsarkoïe-Selo.

Aux cent cloches de la Néva,
Tandis que sonnent matines,
Le très saint moine Raspoutine
Docile au destin s'en va.

'Poursuivant son ombre qu'allonge
Le couchant solennel,
Erre dans le palais de songe
Un pdle colonel.

XIV
LA PARTIE DE P.@:cHE

N'entendez-vous pas le bruit sourd
Que font les brise-glace?
Des blessures s'ouvrent, l'eau sourd,
Glauque, de place en place.
Ils sont mangés par les brochets
Aux voraces caresses
Ces doigts bien aimés que lèchait
Alexandra de Hesse.

1916-19 I 7

llNÉ CHALOPT

�MARCEL PROUST .ET LA TRADITION CLASSIQUE

193

se mettent en révolution sans qu'il leur ait été fait quelque positive et vraiment cruelle injure .

•••
MARCEL PROUST ET LA
TRADITION CLASSIQUE

Quand j'écrivais les quelques lignes qu'on a pu li~e
dans notre dernier numéro sur le Prix Goncourt, Je
n'avais encore qu'une idée très imparfaite de la ~empete
qu'allait soulever la distinction accordé~ ~u _livre de
Marcel Proust, Le choix des Dix me para1ssa1t si nature!,
si heureux, que je ne pouvais, malgré. tout_ ce que _1e
savais, m'attendre à un débordement si furieux de protestations.
.
• b·
Pourtant, en y réfléchissant, ces protestations, Je vois ien
maintenant qu'elles pouvaient être prévues. Dans le_ fond
elles sont parfaitement normales. Ce sont cell~ qui toujours saluent la première tentative pour mett~c- a sa_ place
une grande œuvre. Elles représentent la pumt1on rituelle
de quiconque s'efforce, dans le domain: ~es _choses de
l'esprit, à un acte de simple et élémen~1re 3ust1cc, ,
Si j'eusse conservé quelque doute sur l importance d A_la
rethtrclu du TtmpI Perdu, il m'e{lt été enlevé par la petite
émeute à laquelle nous venons d'assister. Seuls l~s chefsd'œuvre ont le privilège de se concilier du pre~1cr ~oup
un chœur aussi consonnant d'ennemis. Les sots Jamais ne

J'aurais beaucoup aimé à n'écrire sur Proust qu'à la
façon dont il écrit lui-même, c'est-à-dire avec lenteur,
complaisance et détail. J'avais commencé, il y a six mois,
sur son roman, une étude où je voulais mettre, à défaut
d'autres qualités, toute ma patience. Pressé par l'actualité,
je ne vais pouvoir en donner aujourd'hui qu'un extrait,
quitte à corriger plus tard par d'autres considérations ce
que celles qu'on va lire ont peut-être de trop exclusivement technique.

•••
Je ne puis prendre pour un simple hasard le fait que
Proust a vu se coaliser principalement contre lui tous
les tenants de " l'art révolutionnaire ", tous ceux-là qui,
confondant vaguement politique et littérature, s'imaginent
que la hardiesse est toujours de même sens dans les deux
domaines, que dans le second comme dans le premier il
n'y a d'initiative qu' m avant, que l'inventeur est toujours
celui qui va plus loin que les autres, - tous ceux-là
qui se représentent l'innovation littéraire comme une
émancipation et qui saluent comme un pas de plus vers
la Beauté chaque abandon d'une règle jusque-la respectée,
chaque nouvelle entrave qui tombe, chaque précision de
moins qu'on apporte. L'un d'eux, non sans candeur,a traité
Proust d'écrivain "réactionnaire ". Et comment etlt-il
compris qu'en littérature il peut y avoir des révolutions
en arri~rt, des révolutions qui consistent à faire moins

�1 94

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

gros, moins grand, moins libre, moins sublime, moins
pathétique, moins sommaire, moins "génial" qu'on n'a
fait jusque-là ? Comment ett-il compris que c'est d'une
révolution de ce genre que nous avons aujourd'hui avant
tout besoin, et que cette révolution, le "réactionnaire "
Proust vient justement en donner le signal ?
Je tkheraj quelque jour d'analyser en détail les raisons
qui ont fait de notre xrxe siecle une période de grave
langueur pour toute la littérature psychologique. Je ne
prends aujourd'hui que le fait qui me paraît incontestable.
A partir de Stendhal, il sè produit une dégradation continue de notre faculté, pourtant si ancienne, si invétérée,
de comprendre et de traduire le sentiment. Flaubert
représente le moment où le mal devient sensible et alarmant. Je ne veux pas dire que Madame Bovary et I' Education Sentimentale n'impliquent aucune connaissance du
cœur humain; mais ni l'un ni l'autre ouvrage ne contient
' la moindre vue directe sur sa complexité; ni l'un ni l'autre
ouvrage ne nous fait avancer en lui, ne nous en découvre
de face de nouveaux aspects. 11 y a chez l'auteur une
certaine pesanteur de l'intelligence au regard de la sensi. bilité ; elle la suit mal ; elle ne la débrouille plus ; elle
ne sait plus l'atteindie dans son caprice et dans sa
nuance. De là, je crois, l'impression de piétinement que
nous donnent ces livres, pourtant si fortement " en
marche ", et dont le style, comme le remarquait si
justement ici-même Marcel Proust, fait penser à un
"trottoir roulant".
Un stade plus avancé de la maladie dont a souffert
au xrx: 8 siècle notre sens psychologique peut être avantageusement étudié dans les premières œuvres de Barrès.

MARCEL PROUST ET LA TRADITION CLASSIQUE

Grande entreprise d'un écrivain sur lui-même ; nombreuses et précises dispositions pour procéder à une
investigation aussi subtile et pénétrante que possible de
ses émotions : résultat rigoureusement nul. Il n'y a pas,
dans les trois ou quatre volumes du Culte du Moi le
plus petit embryon de découverte psychologique ; :'est
vraiment le "Dieu inconnu" qui, d'un bout à l'autre,
s'y trouve encensé. Malgré toute sa bonne volonté, malgré
tout l'appareil dont il s'entoure, Barrès n'arrive pas à
vaincre l'hermétique nuit intérieure dont il est affligé.
Partout d'ailleurs autour de lui, à cette époque, l'intelligence de soi est en baisse. Jamais on n'a tant parlé
d'intuition, et jamais on n'en a été plus incapable ; du
moins en ce qui regarde les objets intérieurs. Le Symbolisme apprend non pas seulement aux poètes, aux romanciers aussi, une certaine manière délicieuse de ne s'aborder
soi-même qu'en songe. Il s'agit avant tout d'être aveugle.
L'effort à faire, s'il y en a un, est exactement au rebours
de la clain•oyance : pour mieux faire vibrer le lecteur, on
ne touchera que du dehors et avec une sorte de circonspection enivrée aux émotions dont on veut le ravir ; il
faut les· presser, les étreindre, leur faire donner toute leur
liqueur ; mais ne surtout pas les pénétrer, les attaquer, les
dissoudre. L'écrivain, quel qu'il soit, s'exerce avant tout
à être global; il n'est content que lorsqu'il réussit à
restituer d'ensemble, par la suggestion, par la caresse, un
moment de son &amp;me; il n'a le sentiment d'avoir fait sa
dche que lorsqu'il est parvenu à se subir lui-même, tel
quel et en toute ignorance, pendant un instant.
Le roman psychologique s'imprègne de lyrisme ; il
n'est plus une branche de l'étude des passions ; il ne sert

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

plus à dessiner des caractères ; à de très rares exceptions
près, il n'est plus conçu que comme un recueil d' "impressions ., sur l'Lne, de "paysages introspectifs ".

,,

Au premier abord, Proust peut sembler ,n'avoir rien
fait d'autre que porter ce genre à sa perfection. N'est-il
pas un prodigieux "évocateur " de sensations et de sentiments ? A quoi s'attache-t-il, sinon à faire revivre sous les
yeux du lecteur tout son passé intérieur ?
- Sans doute ; mais il y a la manière. Il ne compte
pour cela sur aucune baguette magique. Il ne va pas faire
"surgir " devant nous " du fond des eaux " son àme
comme une tle entière et tout équipée. Â la recherche du
Temps perdu : ce titre dit tout ; il implique une certaine
peine, de l'application, de la méthode, de l'entreprise ; il
signifie une certaine distance entre l'auteur et son objet,
une distance qu'il aura sans cesse à franchir par la mémoire, par la réflexion, par l'intelligence ; il sous-entend
un besoin de connais.sance ; il annonce une conquête
discursive de la réalité poursuivie.
Et en effet Proust laisse tomber dès l'abord tous les
moyens littéraires qui participent le moins du monde de l'enchantement. Il se prive, avec quelque sévérité même, de la
musique; on voit qu'il ne veut pas suggérer, mais retrouver.
Il s'attaque aux sentiments, aux caractères, par le
détail ; il n'abdique pas toute prétention à en montrer le
contour et la silhouette ; mais il sait que cela ne doit, ne
peut ~enir qu'à la longue. Grignoter d'abord. C'est un
rongeur: il fera beaucoup de débris, avant que l'on puisse
comprendre que ça n'en est pas, que ce sont les matériaux
d'une vaste et magnifique construction.

MARCEL PROUST ET LA TRADITION CLASSIQUE

Je ne puis dire assez combien je trouve émouvant son
renoncement à émouvoir, sa patience, sa diligence, son
amour de la vérité. II prend sa plume du bon bout . il
dessine d'abord un petit morceau et le reste vient t~ut
seul peu à peu. Il me fait penser aussi à ces machines qui
avalent si mathématiquement la pièce d'étoffe, la feuille
de papier dont on ne leur a pourtant livré que la frange.
Il ne fait rien apparaître que par le dedans; du Temps
perdu, il ne pense pas à redire l'écho ; il tâche seulement
de lui rendre peu à peu tout on contenu. Et de meme
en particulier pour chaque émotion qu'il a éprouvée, pour
chaque personnage qu'il revoit. Il cherche tout de suite
leurs nuances, leur intime diversité; ce n'est qu'à force
d'y découvrir de la différence qu'il espère les rappeler à
la vie.

M. Jacques Boulenger a très finement remarqué dans
/'Opinion que Proust ne peignait les autres qu' " en
retraçant le reflet qu'ils laissaient en lui ", et qu'il allait
ainsi chercher leur image comme au fond d'un miroir
intérieur. Il faut comprendre toute la signification de ce
procédé. On a beau faire, il n'y a de description vraiment
profonde des caractères qu'appuyée sur une étroite et solide
compréhension de soi-meme. Avant de se tourner vers le
dehors avec quelque chance de succès, il faut que l'analyse
ait , fortement mordu au dedans. Du moins, est-ce la loi
chez nous, en France. Ce qui a manqué à Flaubert et
à tous les romanciers de son école, c'est d'avoir su se
saisir d'abord eux-mêmes. Pour a,·oir voulu étre d'emblée
et directement objectifs, ils se sont condamnés à poser
simplement devant eux des ohjm, mais sans les animer,
sans les diversifier, sans les éclairer intérieurement.

�LA NOUVELLE RRVUE FRANÇAISE

Proust voit toutes choses, et même les extérieures, sous
l'angle où il se voit lui-même. Et comme il a pris en
lui-même l'habitude de la réfraction, son regard d'emblée
décompose, spécifie. Il parvient ainsi, en ne séparant
jamais aucun être de son détail, à nous le montrer toujours entièrement concret, aussi nourri au dedans qu'au
dehors, à la fois étonnant et connu.
C'est la grande tradition classique qu'il renoue ainsi.
Racine fait-il autre chose que d'aller chercher autrui en
lui-même? Ayant mis un jour son intelligence aux trousses de sa sensibilité, peu à peu, par tout ce que l'une gagne
sur l'autre, il devient créateur. Et de cette façon seulement. Rien par lui n'est suscité d'emblée. C'est par la
compréhension, c'est par l'analyse, c'est par la connaissance, qu'il fait naître peu à peu des êtres différents. Et
ces êtres eux-mêmes, s'ils se dessinent aux yeux du
lecteur, ou du spectateur, c'est grke à la continuation
en eux de ce progrès de l'intelligence. Le poète du premier coup a tourné le dos à leur totalité, il a refusé
l'aspect qu'ils eussent pu prendre; il n'a voulu que les
mieux voir qu'entrer dans leur ~e comme il était entré
'
.
d'abord dans la sienne, c'est-à-dire tout armé d'attention.
Hermione, Néron, Phèdre, d'où sortent-ils peu
peu
our
nous
sinon
du
sein
des
sentiments
entre
lesquels
P
'
.
on nous les fait voir partagés ? Il n'y a pas ici de création
à proprement parler, mais de l'invention seulement, c'està-dire quelque chose de trouvé, d'aperçu, de démêlé, une
constatation, et si l'on peut dire, de la conscience d'autrui.
Proust, en plus grand, en plus lent, en plus minutieux,
en moins dramatique, reprend cette méthode. li retrouve,
en tout, le chemin de l'intérieur. Et non pas, suivant le

a

MARCEL PROUST ET LA TRADITION CLASSIQUE

1 99

mode bergsonien, par un effort de concentration et de
sommeil, mais au contraire par un déploiement paisible
de lucidité et de discernement. Aussi naturellement qu'un
poète projette devant lui des images, oublieux de soi, Proust, plongeant en lui-même, interroge, explore, devine,
reconnaît et peu à peu s'explique les choses et les gens ;
son esprit mange tout doucement ce qu'ils comportent
d'obscur ou d'opaque, détruit en eux tout ce qui ne se
laisse pas voir, tout ce qui tendrait à faire seulement impression ; il les invente ainsi, rien qu'en en faisant l'inventaire, par la seule calme perpétuité de la considération
qu'il leur accorde. Pour les produire il les démontre. Sur
la page où il écrit, c'est leur évidence qu'il tente et, par
dix mille mots, va chercher. Il n'admet pas leurs ombres :
elles aussi doivent êtres pleines de traits qu'on peut, qu'il
faut saisir : faute de mieux il les peuplera de ses hypotheses.
Il travaille ainsi à contre-sens de tout le Romantisme,
qui a sans cesse consisté à faire croire à des choses sans les
montrer. On peut attendre de son intervention, pour
notre littérature, un immense dégonflement. Il va devenir,
d'ici quelque temps, impossible d'intéresser en bloc, de
toucher directement l'imagination : !'écrivain ne pourra
plus demander cette foi des sens, à laquelle il a été fait un
appel de plus en plus tyrannique. Il faudra s'expliquer, il
faudra mettre cartes sur table. Et l'on verra bien alors
que les grandes choses sont celles où il y a le plus de
petites, que la profondeur est en raison inverse de l'énormité et que le génie n'est peut-être pas si différent qu'on
en est venu à le croire du jugement et de la précision.
En nous débarrassant de l'indivision des idées et des

�200

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sentiments, Proust nous débarrasse de l'énigmatique et de
l'incontr6lable. Il rend de l'eau au moulin de notre raison
et fait travailler en nous de nouveau la faculté réfléchissante.Grâce lui, nous échappons à cette espèce de complicité sensuelle ou de conversation mystique, qui tendait à
devenir la seule relation où nous pussions nous trouver engagés avec un écrivain. Nous reprenons go-atàcomprendre;
notre plaisir est de nouveau d'apprendre quelque chose
sur nous-m~mes, de nous sentir pénétrés par la définition,
de nous reconnaître plus avant formulables que nous
n'avions cru l'être.
Le grand et modeste cheminement travers le cœur
humain que les classiques avaient amorcé, recommence.
"L'étude des sentiments" fait de nouveau des progrès.
Nos yeux se rouvrent la vérité intérieure. Notre littérature, un moment suffoquée par l'ineffable, redevient ouvertement ce qu'elle a toujours été, dans son essence: un
" discours suc les passions ".

201

a

a

a

JACQUES RIVIlRE

LA GUÉRISON SÉVÈRE
PREMIÈRE PARTIE.
LE VOYAGE, LES INSCRIPTIONS
Je 11' ai pas cm! de suivre ma /mule, depuù I, ,ommmcemtnt de utte maladie. Même il est surprmant qu'tlle roit
rtttée parû/le à elle-même, quand mo.,, corp1 changeait ttllemmt : elle mt surprmd aujourd'l1ui où je la dt'f)ine awsi vite
qu'il arrit1ait les prmziers jours, lorsque à m011 arrivlt da,rs
u village 11/JU'Ueau - tt que, prir de fùvrt, je m' arritais
chaque jour davantage de dlcouvrir - le jardin de pois, le
portail a u t1;Ït dt pierrer h travers la /mitre diminuaient
pour moi. Je remarquais mieux à mesure /_es histoires où je
mt trouvais,

Voici la principale de ces histoires Ue l'ai conservée,
je pense, deux jours} : le docteur avait bien emporté, sur
notre bateau, d'assez grands blocs de glace. Mais ces
blocs avaient été mis à prendre dans des tonneaux, ils
étaient exactement ronds, de sorte que le timonier s'exerç.ait avec eux chaque soir au lancement du disque. Ils
fondirent, ou devinrent sales. Un soir, un disque mal jeté
me frappa au front.
A présent, ils étaient juste assez grands pour gue le
docteur et moi pussions avec eux jouer au jacquet. Cer-

�202

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tains n'étaient plus bons que pour les dames, les hommes
de l'équipage les emportaient.
Le bateau n'avait pas encore tourné le cap, et nous
commençimes à vomir le sang : il nous arrivait brusquement à la bouche, avec le gm1t et la forme d'une langue
de chien. Nous mangions alors un de nos pions, en
choisissant les plus propres. Cela compliquait le jeu.

***
Les mineurs que je distinguais, bien avant le bateau,
dans le papier bleu des fenêtres, étaient sans doute les
mêmes que ceux d'un cinéma, place Clichy, où des films
bleus montraient les travaux et les explosions des mines,
avec l'amour d'une galibotte pour son ingénieur. Une
fois je découvris une femme nue, et qui levait les bras :
en la regardant avec soin, je vis qu'elle était encore un
mineur, qui tapait à coups de pioche dans le plafond de
son boyau. Il n'était pas nu plus bas que le ventre.
Ces mineurs ne remuaient pas, mais semblaient dégager
une grande force.
Les poutres du plafond me rappelaient d'autres poutres,
lorsqu'enfant je dormais dans un grenier à avoine, et que
les nuits étaient très courtes. Des animaux, que je distinguais mal, s'y montraient ; aussi un moine et de longues
files de voitures. Ces voitures penchaient, comme si leur
roue gauche avait été légèrement plus faible que la droite.
Il passa encore trois personnes que je reconnus, et Simone.
Les hommes et les femmes que je voyais sur la tapisserie, en face de moi, étaient fanés et vieillots. En outre
ils s'obstinaient à porter sur la tête des couronnes ou des

LA GUÉRISON SÉVÈRE

203

fleurs passées, même quand cela n'allait pas à leur caractère (comme pour ce joueur de violon nègre qui passa
~•un_ côt~ de la chambre à l'autre). Ainsi 1~ joie que
J ~vais. pris~ . à les découvrir se gitait, et je les oubliais
vite ; Je n a1 franchement profité que, sur la vitre salie
par les hirondelles (elles doivent avoir leur nid dans l'angle
d~. mur, d'o~ tombe cette cascade de crottes), de ce vol
d 01seaux qui franchissaient une plaine et la plupart
' les lignes'
vo l.
aient la tête en bas. Je voyais si nettement
de leurs corps qu'ils pouvaient bien être déplumés. Dans
la suite, ~lusieu'.s se ~erdirent : celui qui demeura jusqu'à
la fin était nu, 11 avait la grosseur d'une oie et portait le
bec ouvert.

Tous ces événements me fatiguent à écrire (bien moins
que si je v~~lais faire une lettre, même la plus simple).
Pourtant s1 Je ne les écris pas aujourd'hui ils se perdront :
·1 '
'
t n en est pas un qui ne me paraisse à présent avoir été
~ne distraction, et fait pour être oublié. Déjà, pour que
Je retrouve tout à l'heure cette Daphné, il a fallu le hasard
que Juliette se soit inclinée tout à fait comme elle et juste
au dessous. J'ai bien connu cette Daphné dont les cheveux
sont noirs, mais son corps a la même couleur passée que
le reste. Elle se penche vers l'eau, et tout ce corps fléchit
comme les genoux fléchissent quand on veut se lever.
Puis, je_ n'ai guère_ su conserver la sorte d'intérêt que je
l~ur prêtais. Certes Je ne croyais pas vivants Daphné, les
oiseaux, les mineurs, mais tout de même•.. Oui, ils ne
présentaient pas cette difficulté que me font les véritables
personnes, c'était la différence.

�204

LA NOUVELLK REVUE FRANÇAISE

•••
Je n'ai pas cessl dt suivre ma pmslt, mais il est venu un
temps où j'ai voulu profiter d'elle. Je nt sa~s . co~me~t . s',st
fait le passage : c'ltait peut-hre p,~r la f~m1l1ar1t~ ou Jt
trouvais. O'Ute t /''1
'', a,"ont il est fiacz/1 dt tzrtr parti. Ou bttn

'!''

encore...
Mais je nt puis gu?rt parûr de

us

.
choses qui

n,:

sont pas

~~-~~
.
Je me suis mis à me rlplttr, dts u moment : " 11 (aut ?u~ Jt
gulrisse, il faut que je gulrim ". l'ai couve~t ~mscript1ons
/, mur qui est en Jau dt moi. Et je me duazs, à chaque
inscription nouvelle: "Pourquoi n'ai-je pas commencé plus
tôt r"

• ••
Les hommes et les femmes passées se transfo.rmèrent
d'abord. Ce fut assez facile, puisque je ne voyais ~ère
d'eux: que le contour extérieur, mais point de corps _ni de
plis. Je trouvai dans le coin gauche du mur,~. pa~r d~
b
ces mots: " Je suis guéri". Ce que J avais P:ls
d~bord pour un jet d'eau dessinait maintenant les parues
hautes des lettres. Alors je mis au dessus : '.' J~ ne. to~sse
lus,, puis "Je respire bien". (Ces trois mscnptt~ns
P
' correctes et réguh'è rcs comme sur un cahier
étaient
d'écriture.)
Plus haut, à l'endroit du violon nègre : " J'ai
mille amis avec moi". Cette exagération me plaisait.
Elle ne i resta pas longtemps à la même place, passa
·
quelques jours sur la couverture grise
e t se posa, à la

LA GUÉRISON SÉVÈRE

205

fin, sur le léger bouquet qui est au bout de la cheminée
dans un pot à i;onfitures. Le nombre des tiges de coquelicot, que je distinguai , l'aida à se .fixer. Le coin de
droite en haut demeura vide. Pour les poutres du plafond,
j'ai su dès le début qu'il n'y avait rien à attendre d'elles;
exprès je ne les regardais pas. Leur vitesse d'avant, et le
plaisir que je prenais à cette vitesse leur imprimait une
sorte de faute.
Sur le coin de gauche j'écrivis: " Je suis guéri
comme 2 et 2 font 4 ". Les chiffres se montraient clairement, c'était l'inscription qui me donnait le plus d'assurance. Je ne la regardais qu'en dernier lieu, a.fin qu'e1le
fortifilt les autres.
Je ne puis pas dire que ces diverses phrases me soient
jamais apparues avec une grande netteté, Je connaissais
cependant qu'elles étaient là : c'était une sorte de science,
pluWt qu'une observation qui se fdt à chaque fois
renouvelée.

•••
La fenêtre me donna des sens plus subtils ; j'hésitai
un ou deux jours avant de parvenir à les posséder. Le
montant de droite voulut dire : "Je suis fort" et celui
de gauche: "Je suis beau". La barre de fermeture :
"Je suis clair". Enfin la vitre de gauche qui était
parfaitement propre (ce11e de droite était tachée par les
hirondelles) signifiait: "Je suis jeune". Ce dernier sens
fut le plus difficile à retenir, et quand je les voulais
tous retrouver et les dire trop vite, c'est en arrivant
à lui qu'il m'arrivait de me tromper. J'avais beau me
représenter que le vide de cet espace et sa propreté
4

�206

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LA GUÉRISON SÉvÈRE

figuraient une lme peu formée, et manquant encore
d'impressions.
Tout ceci était d'un degré supérieur aux grossières
inscriptions de la tapisserie et me fit un usage plus long.

• ••
Le papier bleu, dans la nouvelle organisation, ne
tenait aucun r6le. Pourtant, comme si la direction de
mon esprit avait changé, il ne me fut jamais possible
d'y retrouver les mineurs, la femme levant ses bras - ni
m~me ces vagues que je distinguais le dernier jour du
voyage. Je les cherchais machinalement, à mes moments
de distraction ; ou plut6t je m'apercevais à la fois, et sans
déception, que je venais de les chercher et ne les avais
pas découvertes.

•• •
Je n'ai fait part de m dispositions à personne - même pas
à Juliette. Ils ne s' !tonnent pas que je consente à demeurer
immobile, et sans plaisirs.
Ou c'est pour leur proposer une concession que j'ai demandl
- 'fiers le moment où les Î,zscriptions gagnaient sur les histoires et les images - deux rlgles et un jeu de constructions
en hoir, pour jouer sur mon lit, disais-je.
Combien cependant lts inscriptions à leur tour s' effeûrent
plus 'Uite que n'avaient fait les histoires, et mes idéts avec elles
diminrdrmt, aunit8t que je me prlparai, non sans quelque
dtbut de mouvement, à me lever et marcher, et n'ayant plus
rien de commun avec ces jambes difficiles, ce ventre ou bien la
table, autre que cette absence aussit8t de ma pensle.

207

•*•
En jetant à bas du lit mon édr d .
.
un objet brillant q· • h
e on Je le vo,s entraîner
,
, ue Je c ercbe par t
M .
qu une tache de sole1·1
.
erre. ais ce n'était
qui passe par
la retrouve par hasard
l
un trou du volet, je
a couverture.
Ce ne sont pas l sur
· des oiseaux
.
.
es cns
qui m'ont réveillé:
nt cette tach
·
b'
e, mais ren mes jambes
en sueur et ma'
bouche embarrassée.

• ••
Je suivais de l'œil ces deux
.
suivent d'
b
moineaux qui se pourune ranche de
· à ,
corbeau ou uel
.
prumer
l autre quand un
il est brusqu~me!~:ts:u noir vient se coller à la vitre :
d'un coup . mais il pr que ma tête malgré moi s'écarte
.
repart après un in ta
l e fars. reparti·r
Il ,
s nt, ou plut~t J·e
.
n est que l'
d
.
bouillon du verre a g
. L un . es moineaux qu'un
rossi. e revoici
I
•
saute et descend.
sur e prunier qui
Je suis surpris de ne l'avoir
.
arbre. J'ai c
.
pas aussitôt renvoyé sur son
onsc1ence du tem
d
trompé.
ps pen ant lequel je me suis

**•
Je me lèverais plus aisément si la chamb , .
et que 1·e
re eta1t grande
pusse marcher raide M . .
,
de me plier . sans do t
• ars Je ne supporte pas
du mollet, q~e 1''é u e pour cette sorte de rétrécissement
prouve ..•
(à cette douleur aux genoux .
lement l'envie de les ét dr q~•. me donne continuelder 'è
d
en e, J a1 senti, toute la nuit
m re, se évelopper mes jambes)

�zoS

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ou bien parce qu'il ne m'est pas naturel de me soumettre aux meubles, à la cheminée : exactement, de les
reconnaître.

•••

Quelle humiliation me vient de ces choses difficiles: fenêtre oil l'on regarde, cheminée pour s'appuyer,
et ces trois pas à partir du lit. (Pou.rquoi les fait-on plus
facilement, en mettant les mains dans Îes poches; et
en supposant que l'on va loin, qu'il n'y a pas à tenir
compte de ces premiers obstacles ...)
Ainsi je retrouve la part machinale de ma vie :
comme si mon corps seul avait été préparé à se guérir ...)

•••
Je suis descendu à midi, et je suis resté assis au soleil,
sur une pierre. L'eau coule à la fontaine continuellement.
Un long crin de cheval tombé sur l'eau donne au fond
du bassin, e11 ombre, un collier de perles inégales. A cause
des façons irrégulières dont l'eau s'attache à lui.
Je le regarde sans plaisir. Il semble, à chaque moment, que je doive rappeler mes forces et tâcher à les
réunir, loin qu'elles me reviennent d'elles-mêmes. Une
surprise les disperse.

•

* *
Je ne prête pas attention à cette chambre épuisée.
Mais que trouvé-je ailleurs ? Des champs inutiles, un
pays trop grand. Seul me retient ce saule qui pleure
devant une maison, dont les arceaux moisis lui ressemblent par la couleur, et reproduisent sa forme.

LA GUÉRISON SÉVÈRE

209·

Je ne puis éprouver que les choses autour de moi soient
fraîches et nouvelles (comme il arrive dans les convalesc~nces). De quelle sorte est donc ma guérison, et qu'y
a-t-il de faussé en elle, quel poids ?
Guérison cependant. Il ne reste, dit le médecin, que
la faiblesse.

**•
La même lassitude, sans doute, oblige le convalescent
au sentiment de nouveauté, sans lequel il ne continuerait
pas à choisir de vivre. Ainsi le monde, au début d'un
am~ur, paraît usé : où se porte la découverte. Est-ce pour
avoir trop donné que ma pensée ici n'est plus capable de
ses inventions naturelles•
Pour avoir trop donné d'elle, et sans ordre : même
les deux premiers jours, dont je n'ai pas parlé ; c'est
que mes idées étaient alors plus rapides elles avaient
l de charme - et certaines d'entre
'
aussi. Pus
elles un
charme_ si fin! et s!lr qu'il m'a semblé que je pouvais
les écrue, qu elles seraient ce charme en mots à ma
disposition.
,
J'ai retrouvé le papier avec la phrase. A peu près :
" les hommes, les pierres de dessous les ponts.•• changements de temps ... ". J'ai souvenir que l'effort pour écrire
me fut anormal ou désagréable. Le charme devait tenir
à ce que tout se perdît aussi vite.
Il avait disparu le jour que commencèrent - oui
'é
· 1e onzième
·
c tait
jour, un jeudi les inscriptions'
utiles, qui certainement ont touché de plus près à cette
guérison sévère, et sans joie elles-mêmes l'ont faite à leur
image.

�210

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

DEUXIÈME PARTIE.
R'.ÉCIT DE JULIETTE
I
Quand j'ai eu la dépêche qui m'apprenait seulement
que Jacques était malade, il m'a semblé que j'avais
depuis quelques jorns des inquiétudes pour sa vie. J'ai été
st'.l.re aussi qu'il était atteint dangereusement, et j'ai imaginé que c'était de la grippe. Mais une demi-heure apres,
dans le train, je suis devenue plus confiante, en me disant :
si j'ai trouvé ce train, dont je ne savais même pas l'heure,
sans attendre - et il n'y en a que trois dans la journée
- c'est déjà un signe, c'est une réussite. Je me rappelle
mal cette nuit dans le train ; je crois que dehors il pleuvait tout le temps, j'ai dt'.l. chercher à me souvenir de toutes
les personnes que je connaissais qui s'étaient guéries completement après des grippes très graves. Puis mon inquiétude diminuait à mesure que je.me rapprochais de Jacques.
A Chambéry, j'ai appris que je n'aurais pas "à attendre
trois heures, comme d'habitude, mais seulement vingt
minutes. C'était encore une réussite.
Madame Mascar m'a dit: H Votre mari a été sérieusement malade, mais aujourd'hui le médecin est plus
content, c'est une congestion pulmonaire ". J'ai pensé
qu'elle exagérait. Quand je suis entrée dans fa chambre
de Jacques, j'ai vu tout de suite la .courbe de température qui montait plus haut que 40, et le crachoir
avec des crachats rouillés. C'est donc vraiment une pneu-

LA GUÉRISON SÉVÈRE

211

monie, mais cela vaut mieux qu'une mauvaise grippe.
Jacques m'a reçue mal, et j'ai été obligée de lui promettre
que je partirais le lendemain, s'il me le demandait encore.
Je me suis rappelé que Genevieve, dans sa grande maladie,
ne pouvait pas supporter de voir sa sœur, qu'elle aimait
pourtant beaucoup.
Jacques me paraissait gêné dans le lit, qui est trop petit
pour lui ; et je n'aimais pas non plus cette couverture
poussiéreuse sur le mur.

** *
J'ai vu enfin le médecin; il a fait à Jacques une injection d'huile camphrée. Jacques m'a dit : " Je pense que
c'est pendant mon voyage à Thénissey que j'ai attrapé
cette maladie. - Quel voyage? - Ah, au lieu de venir à
Frt&gt;I-ois directement, j'ai passé par Thénissey, pour voir
du pays ". Je n'ai pas très bien compris, mais je n'ai plus
rien demandé.
Le .soir de ce jour, Jacques m'a quand même appelée
pour m'embrasser. Il ne me regardait pasj mais deux ou
trois fois en ouvrant les yeux il a dit: '' C'est toi'', une fois
peut-être avec un peu de joie. Presque aussit~t est arrivée
Madame Hugonnet, av.ec une autre dame, jeune et que
je ne connaissais pas. J'ai eu un sentiment pénible en
voyant cette dame, j'ai d~ penser vaguement qu'elle était
une amie de Jacques - est-ce son indifférence, qui me
rendait si méfiante. _ Madame Hugonnet me l'a prés~ntée : "C'est la femme du maire, elle peut beaucoup,
Sl vous avez besoin de quelque chose pour votre mari ou
pour vous ".Je n'ai rien demandé. Madame Hugonnet m'a

�212

LA NOUVELL! REVUE FRANÇAISE

offert alors un petit paquet de dattes ; j'ai refusé, en

disant que Jacques ne pouvait pas les manger, et que moi
je ne les aimais pas. Elle a tellement insisté que j'ai fini
par les prendre en disant que je les donnerais à Madame
Mas~r; j'ai regretté ensuite d'avoir été si peu aimable.
Le médecin m'a recommandé de ne pas fatiguer
Jacques, et de ne pas chercher à lui parler. Je me suis
aussi défendu de penser à rien d'autre qu'à ceci, que je me
répétais : "Il faut que Jacques vive ''.

Il me dit souvent les r~ves qu'il fait. Mais il ne
répond pas l'olontiers à mes questions : ainsi je ne
peux arriver à savoir au juste s'il a des étouffements.
On dirait que sa maladie ne l'intéresse pas ou plut~t
lui fait honte.
Il ne songe pas aux choses les plus simples, pourtant il
s';ittache à des détails auxquels je ne croyais pas qu'il rlnt
à ce point. Dans ses moments les plus inconscients, il est
encore très sensible aux défauts qu'il me reprochait :
comme à certains mots ou à mes façons de parler qu'il
appelait trop autoritaires. Parfois, même dans l'obscurité,
il me dit : "Ne fronce pas les sourcils comme ça." ; je
crains d'avoir pour lui, quand je fronce les sourcils, une
expression mesquine ou dure.
Le médecin lui a fait des ventouses scarifiées. Avant
qu'il ait commencé, j'ai été inquiète et je lui ?,i demandé:
" Vous ne vous servez pas d'un scarificateur ? " Il a
répondu : "On ne s'en sert plus. - Pourtant &lt;:'est plus
simple qu'avec un bistouri. Dans les h~pitaux de Paris... "

LA GUÉRISON SÉVÈRE ·

213

Alors Jacques, qui ne paraissait pas écouter, m'a regardé
avec un air brusquement fiché. Il me reproche aussi
d'aimer trop à critiquer.

• **
Si 1~ médecin fait ces ventouses scarifiées, c'est que la
contagion gagne des foyers nouveaux.
Jacques a maintenant les cheveux et la barbe longs. Son
corps et sa figure ont pris une couleur d'ivoire.
Le médecin a dit : "Encore quatre jours et le cap
sera doublé. Nous serons fixés. C'est mardi ou mercredi,"
Je pensa'.s que le huitième jour devait ~tre lundi, puisque
la tnalad1e a commencé le dimanche soir.

II
Pour la première fois, j'ai dormi cette nuit, trois heures.
En me réveillant, vers minuit, je l'ai trouvé couvert de
sueur. Je l'ai lavé, j'ai lavé aussi sa bouche desséchée
avec un cotqn mouillé enroulé à mon doigt. Je lui ai
donné à boire. Il m'a souri, je pense.
Ses crachats étaient de plus en plus sanguinolents.
J'aurais voulu avoir quelqu'un à qui parler de son état le
médecin me paraissait toujours trop pessimiste ; peut-être
est-ce sa nature. Madame Mascar venait souvent m'embrasser et me rassurer, elle était sincèrément bonne.
Le jour de mon arrivée, elle m'avait parlé avec beaucoup
de cœur ; elle pleurait, et je me rappelle que je lui ai
baisé les mains.
Jacques demande plusieurs fois : "Quelle est cette

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

odeur? On dirait du vinaigre". Elle vient de lui, comme
il arrive a.ux très malades.
Je ne sais que penser. La :fièvre monte encore, et à
aucun moment ne descend au dessous de 40. La ;oux est
plus pénible, je crains une hémoptysie. Ses joues se
creusent, sa bouche est de plus en plus emp!ltée.

* **
1
1
1
1

1

11~!!
1

~i.

Je sentais qu'à nous deux, en faisant effort, nous devions
empêcher qu'il moun1t. Alors je le priais de ne penser
qu'à sa guérison, et de la vouloir fortement. Il me_ semblait que la nuit j'avais plus de force pour le supplier ou
lui donner un ordre. Il me comprenait, cependant il ne
répondait pas comme je le désirais : de penser à sa maladie, on aurait dit, le faisait distrait.
Alors avec toute ma douleur je tombais dans un état
d'extase, où je me répétais : " Il va guérir, il est déjà
gu éri il faut qu'il guérisse ". Je croyais voir ces mots
,
l .
écrits sur le mur, ou sur les couvertures. Je les appe ais,
je me pénétrais d'eux - mais au plus pendant une
demi-heure, ensuite j'étais épuisée.

** *
Le dixième jour, il récitait ou parlait une moitié de la
journée, tantôt en souriant, tant6t avec tristesse, en se
soulevant un peu sur le lit; et il me disait : " Juliette,
écoute ; tu n'écoutes pas assez". Mais il étai! vite fatigué,
la sueur lui venait au front, ou il avait un accès de toux.
Ses ongles étaient bleus et bombés ; et ses yeux légèrement

LA GUÉRISON S:ÉV:tRE

2.r 5

éteints : ils étaient devenus si sensibles qu'il exigeait que
les volets fussent continuellement fermés. Sans cela, disaitil aussi, il regardait trop.
Jamais il ne se plaignait ; cette nuit où je ne le quittais
pas des yeux, à un moment j'ai vu son nez s'amincir.
La température n'est pas tombée. Au contraire, elle se
maintenait à 40, presque en plateau. Je me rappelais continuellement les guérisons que j'avais vues, quand j'étais
dame de France: je n'en trouvais pas qui lui ressemb!At.
Il m'a demandé de lui acheter des règles et un jeu
de constructions, pour jouer..sur son lit : " Tu comprends,
si j'avais des jouets je ne serais plus préoccupé par toutes
les choses inutiles que je vois ". Je lui ai porté les règles;
je n'ai pas osé acheter les constructions, parce que le
médecin aurait pensé qu'il délirait : il a paru très déçu,
je ne comprends pas ce qu'il espérait de ces jeux.
Le soir il m'a encore fait des reproches. Il insistait, et
les répétait comme si ces reproches à faire le gênaient
pour se guérir. Le dixième jour a passé ainsi.

*
* *
J'étais sortie dans le jardin, chercher quelques fleurs
pour les mettre sur la cheminée. Quand je suis rentrée,
il m'a appelée : " Juliette, viens voir. Je crois que je
saigne du nez". Il ,avait rendu du sang, le crachoir était
à moitié plein. Mon cœur battait fort; j'ai mis un peu de
coton dans ses narines, je l'ai retiré blanc, Alors je suis
vite allée demander à Madame Mascar si l'on pouvait
envoyer chercher le médecin. C'est Monsieur Ménard qui
a attelé, il est parti aussit6t. Vers dix heures, il ramenait

�216

LA NOUVELLÈ REVUE FRANÇAISE

le médecin, qui a paru très inquiet de tout ce sang : il
fait à Jacques une piqfue d'émétine, et il a envoyé
Ménard à Poizeulles, chercher de la glace. Puis il m'a
recommandé de couper la glace, quand je l'aurais, en petits
morceaux ronds et de les donner à sucer à Jacques, à chaque
ci;achement de sang.
Un peu après minuit, Ménard est revenu avec un grand
bloc de glace, un couteau et un marteau. Il m'a dit :
"Je suis resté une heure à appeler la femme, par la fenêtre.
A la fin, il a bien fallu qu'elle s'habille: je lui ai dit que
c'était pour un mourant".
Heureusement Jacques, qui avait écouté tout le reste,
n'a pas semblé comprendre ce mot-là. Plusieurs fois, j'ai
cru qu'il choisissait ce qu'il entendait.

III
Jacques paraissait plus affaibli encore, quand il s'est
réveillé le onzième jour. Il voulait demander à boire, et
n'y parvenait pas. Pourtant, comme j'allais m'asseoir
contre son lit, il m'a arrêtée en me montrant sa veste, et
il a dit: " Prends-la ", ou "Soigne-la ".
Je n'ai pas compris, c'est pour lui faire plaisir que j'ai
porté la veste dans la chambre d'a c6té: presqu'aussit6t j'ai
trouvé les deux lettres, qui étaient à moitié sorties de la
poche. (Est-ce qu'on les avait tou~hées pendant la nuit?
Mais qui? Et Jacques, commènt aurait-il pu les atteindre ..• )
J'ai trouvé aussi une fleur et un nœud de ruban noir.

Mon désespoir n'est pas devenu plus grand ; mais il

LA GUÉRISON SÉVÈRE

217

m'a semblé qu'il passait dans mon corps. Tous les jours
qui ont suivi, j'ai eu des contractions violentes, et des
étourdissements si fréquents que je ne pouvais plus
demeurer debout. J'avais aussi une douleur au cMé, que
j'ai prise pour une sciatique.
J'ai trop songé à moi tout le lendemain. Je me suis
aperçue que depuis deux jours malgré moi je croyais à la
mort de Jacques, et je cherchais comment me tuer aussi;
mais j'ai compris tout d'un coup que cela ne suffisait
plus, il nous fallait réparer ce qui s'était passé.
Je n'arrivais pas à me sentir assez forte. Mes idées se
perdaient : je croyais alors qu'il n'y avait autour de moi
que des décors et des acteurs ; ou bien les choses que je
voyais me paraissaient ne posséder pas d'autre face que
celle qui était tournée vers moi. Encore je commençais
à penser, à de certains moments, que j'étais partie pour
un long voyage, et je distinguais des vagues dans le
papier bleu des vitres.

A l'auscultation, la congestion gagne le poumon droit.
Je songeais, depuis hier, que pendant mon service à la
Charité l'on se servait souvent de l'électrargol pour
abaisser la fièvre. Je n'avais pas osé en parler au docteur,
mais c'est lui aujourd'hui qui en a apporté et fait à
Jacques une piqüre. Cela m'a donné confiance, non pas
tant le remède que cette rencontre.
Je voulais cette nuit lui avouer que j'avais tout appris.
Alors pour me sentir plus pure je cherchais en moi ·les
mensonges que j'avais pu lui dire, ou tout ce que j'avais

�218

LA NOUVEl.LE REVUE FRANÇAISE

fait, et qui lui déplaisait. J'ai télégraphié à Marcelle de
refuser l'appartement de la rue Pillet, que j'avais retenu
contre le désir de Jacques. Il me semblait que ces
petites choses avaient brusquement une importance extraordinaire.
Je prenais beaucoup de mal pour me les rappeler, je
n'avais guère les idées présentes, et, si je n'avais pas
réfléchi, tant je me trouvais confuse, c'est moi que j'aurais
sentie la coupable.

J'ai demandé à Jacques de maudire Thénissey et de
me laisser bn1ler la fleur et le nœiid. Il n'a pas eu l'air
surpris, il s'attendait à ce que je lui parle. Mais j'insistais,
je lui demandais des explications, des dates, j'étais folle.
Tout d'un coup il s'est trouvé couvert de sueur ; il m'a
semblé que sa température s'abaissait, et qu'il allait
mourir : je me suis ressaisie.
Cependant il me disait que j'étais seule coupable, pour
l'avoir écarté de moi. Et : "Je suis sür que je vais
guérir. Tiens, pour ne pas l'oublier, j'ai mis des inscriptions en grosses lettres sur le mur. Ici j'ai écrit : "Je
n'aurai plus la fièvre", et là : "Demain je n'étoufferai
p1us."
Alors je me suis appliquée à espérer avec lui, autant que
je pouvais faire. Comme il a changé, depuis que j'ai lu ces
deux lettres : il répond aujourd'hui à ce que je ne sais
plus lui demander.
(Tout le reste de la nuit j'ai prié, aux moments où je
pouvais m'empêcher d'être distraite.)

LA GUÉRISON SEVÈRE

219

C'est le lendemain de ce jour qu'il a eu ces sueurs si
abondantes, que 1a fièvre est tombée a 38, que je n'ai pas
fait la piqôre d'huile camphrée, - mais je tichais de
le soutenir en lui faisant prendre du champagne qu'il
avalait sans cesser de ronfler (de ce ronflement qui ressemblait à un râle, et effraya Madame Mascar) - que
Jacques m'a dit vers trois heures "Je me sens très bien"
(j'ai été frappée, en pensant que c'était le sentiment de
bien-être qui vient aux agonisants), et le médecin plus
tard : " Ça sera bientêt la convalescence ".

TROISIEME PARTIE
L'ÉCHANGE PRESQUE TROP TARD
Je rattache à là période oi\ le médecin prévoyait, je le
-sais, ma mort, ce que dit à une voisine Madame Mascar
et qui me retint par l'expression, qui était nouvelle.'
Elle dit : " Il est là et là ".
Je m'en souviens pour ce hasard ; d'ailleurs je n'en
ai pas compris le sens avant aujourd'hui - non plus que
&lt;:elui de la phrase plus mystérieuse que je ne puis retrouver,
et dont je conserve seulement le sentiment de la bite où
elle me jeta, pendant toute une nuit - vers la fin, il me
-semble, de ce voyage que je rêvais.
J'ai dit que la· pensée m'était toujours demeurée
présente. Oui, mais elle avait renoncé tout rapport régulier avec les pensées des autres. 11 me serait facile ainsi
.de retrouver la chaîne d'idées qui m'avait fait demander

�2.20

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

deux regles, des lw1ettes à verres noirs et des jeux de
constructions. Chaîne sans défauts intérieurs, peut-être (encore que ces jeux aient sans doute représenté le
souhait d'un ordre qu'alors je ne trouvais pas en moi).
Seulement je reconnais aujourd'hui qu'aucune des idées
n'avait cette part, qui en tout autre cas et1t dt\ m'arrêter :
sa traduction pour le médecin ou Juliette, cette traduction
que je délirais.
Comment pourrais-je retrouver ce que je dis à Juliette,
le premier soir qu'elle fut ici - ou ce qu'elle entendit,
plutM. Avec quelle dureté je l'accueillis, il me sembla
qu'elle m'apportait une difficulté,
Mon lit étâit alors tourné vers la fenêtre, je distinguais
aussit&amp;t qui entrait et sortait. Lorsque je vis Juliette qui
se tenait dans l'ouverture de la porte, droite et ne
bougeant pas - et j'ai eu d'abord la surprise de sa grande
élégance : il me parut que depuis longtemps je n'avais
pas rencontré de jeune femme portant une voilette - je
lui reprochai d'être venue. Elle me promit de repartir, et
ne sembla pas étonnée.
Le lendemain dès quatre heures, elle était près de mon
lit, et me demanda si je n'avais pas entendu des gémissements, comme de chiens ou de chats. Elle les écoutait,
malgré elle, depuis une heure, Je pense que c'était une
portée que l'on avait enterrée d'u'l coup.
Dès ce moment, je me mis à prévoir, tandis que je
suivais de l'œil les mineurs ou l'oiseau retourné, les
reproches que je ferais à Juliette. Il me semble que
j'éprouvais avec une grande délicatesse leurs tons, et leurs
divers poids. Oui, plusieurs me pesaient à l'esprit davantage. Comme si j'avais eu la pensée à nu, ces jours-là.

LA GUÉRISON SÉVÈRE

2.2 I

•• •
Je savais ~ès ce moment, ou j'aurais pu savoir, que les
lettres de Simone devenaient imprudentes. J'avais ma
veste à ~ortée de la main, elles étaient dans la poche où
man?uait un bouton - je pouvais les prendre et les
déchirer, ou bien les jeter au feu.
. .:"'1ai~ il est arrivé autre chose : tout s'est passé comme
si J avais voulu préparer Juliette au moment où elle lirait
les deux lettres,
Je me rappelais les dernières menaces qu'elle m'avait
fait~, le jour de mon départ, de se tuer ou m'abandonner.
Et Je sais que la fatigue, le soin minutieux auquel l'obligeait une maison en désordre, notre manque d'argent,
ces chaleurs accablantes étaient la cause de sa violence la
~lus gr~ve_: sans doute aussi mon indifférence, et ceci que
Je la su1va1s trop peu dans ses ennuis. J'aurais dl1 mieux
être moi-même irrité ou triste.
Mais par dessous je pesais ces traits de son caractère,
dont je n'ai pas pris l'habitude, et ce ·go(it de différence
et de défaut qui la fait, où elle aime, plus méfiante, et
supposant d'abord quelque mal.

!e

Mais me parle à moi-même. Je ne sais pas comment
tout ceci pouvait se t_raduire, ni si je fus habile.
(Oui, je fus habile. Ainsi j'ab~sai du mot d' "égoïste "
auq~el je n'attache pourtant guère de sens. Je revins
aussi sur les scènes, où Juliette me menaçait, ou bien
désespérant montrait brusquement une face vide de
rega~d. ~ais j'ai trop d'estime, dans le fond, pour les
mamf~stat1ons d'un sentiment aussi entier; j'admire que,
compliquées, on les fasse pourtant sans apprêt ou peu

5

�222

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

s'en faut. Je n'en suis guère capable, elles m'apprennent;
ce n'est point elles qui, réellement, m'auraient séparé de
Juliette.)
Combien me devait absorber pourtant la préparation
de ces reproches : au point qu'il ne restait place, dans
ma pensée, que pour de vagues rêveries de voyages ou de
théâtres. Mais j'éprouve encore la nécessité où j'étais de
les combiner, et les dire ; certainement ils se trouvaien,t
être la seule façon dont je pouvais comprendre la présence
de Juliette dans ma chambre, et en moi deux souvenirs
qui se contredisaient,

** *
Juliette est venue me prendre la main, je me su,s
réveillé. Elle traînait ma veste de la main gauche. Je ne
sais à quel point de ma maladie j'étais, ni pourquoi j'avais
choisi ce jour. Elle m'a dit, avec une émotion retenue
au point de m'attirer vers elle: "Jacqûes, il faut maudire
Thénissey, il faut maudire Thénissey; c'est de Thénissey
,,
que ton mal est venu .
Elle a brMé devant moi le nœud de ru.ban, et la fleur
Ge l'avais seulement cueillie en arrivant à Frôlois). Elle
répétait : "Je te prie, maudis Thénissey.". Elle n'a
pas songé à détruire les lettres ; peut-être parce que
sur· ces lettres de Simone, l'on ne pouvait se tromper au lieli que la fleur et le nœud, pensait-elle, étaient des
signes.
Je me sentais faible : mais en même temps j'avais de la
joie à me tenir libre désormais de reproches à lui faire.
Cette impression même de ma faiblesse était nouvelle,
elle était le sentiment d'une faiblesse à corriger - tant

LA GUÉRISON SÉVÈRE

223

j'éprouvais à présent, sur un autre point et à la faveur de
mon aveu, une autorité inattendue.
Celle-là même que j'enviais à Juliette, lorsqu'elle ne
distinguait pas en moi un secret trop riche ou trop lourd.
Mais par ce désespoir dont je vois à présent sur elle le
ravage - ah, quand pourrai-je la plaindre; je ne suis pas
encore capable de sentiments - il me semble qu'elle
prend des maintenant à son compte, en échange, ma
lenteur, tant d'idées gaspillées, dont j'éprouve aujourd'hui
séverement le défaut - et ma !)remiere maladresse à me
défendre contre la facilité que l'on prend à mourir.
JEAN PAULHAN

�L'ISOLEMENT

L'ISOLEMENT

Bernard Combette, qui fut des n$tres et dt qui la NOUVELLE
REVUE FRANÇAISE avait pub/il, en 1912, une nouvelle :
/'ExÉCUTION DouBLE, est mort le Ier Octobre 1914, des
suites d'une maladie qu'il avait contractle aux colonies. Nous
ojfrrms aujourd'hui à nos lecteurs quelques fragments du livre
qu'il destinait à nos Editions et qu'il a laissé ~nachrol.
L'ISOLEMENT était une kngue et minutieuse rhapsodie de tqus
les s,uvenirs qu'il avait gardfs de sa vie au Congo et qui lui
rrutnaient ~vtc la prlcision à la fois et le .flottement du rêve.
Le passage que nous donnons ici est un des derniers que
Bernard Combette ait pu rldiger.

Je circulais à travers Matadi qui ressemblait suivant la
rue, tant6t à l'arrière-boutique d'une quincaillerie, tant6t
à la réserve d'un magasin de bonneterie.
Matadi était une vaste arrière-boutique de quincaillerie
lorsque la rue n'était qu'un double et parallele étalage de
brocs en fer émaillé, de cuvettes en fer blanc, de casiers
en bois remplis de clous, d'outils de menuisiers et de
charpentiers ; si, au passage, je jetais les yeux à l'intérieur d'une échoppe, d'autres de ces objets reluisaient
dans la pénombre, un rayon de lumière battait le briquet
contre le métal du b.roc ou de la cuvette.

Matadi était réserve d'un magasin de bonneterie avec
la rue pavoisée de bandes de cotonnade rouge ; des gilets
de flanelle, des chaussettes de coton, d'énormes chaussures
de cuir jaune, parfois des casques de liège entoilés de
blanc, donnaient au lieu l'apparence d'un déballage,
aussi d'une " galerie " de marchandises au rabais. Un
ennui mortel se dégageait de ces lieux, du Matadi quincaillerie et du Matadi bonneterie. A passer entre 1es
échoppes de quincaillerie ou entre les échoppes de bonneterie, la ville, croyait-on, était tout entière vouée au
commerce que l'on avait sous les yeux; pas un visage
n'animait l'une ou l'autre de ces rues ; une panique toute
récente avait vidé la ville, semblait-il. Il fallait marcher
en regardant l'intérieur des boutiques pour habituer ses
yeux à l'obscurité ; on apercevait alors des individus
immobiles en des fauteuils de rotin, la pipe ou la cigarette
à ia bouche.
Tout cela c'était le Matadi commerçant, accroché au
flanc d'une petite colline noire, un Matadi aux rues
escarpées et rocailleuses, un sol sous une croi1te de pierre
qui écorchait les semelles. Parfois je m'y aventurais.
Après quelques pas je m'asseyais, las, à même la pierre
d'une de ces plateformes aménagées de ci, de là, entre
deux échoppes, pour le déballage des caisses venues
d'Europe : j'avais sous le regard le lointain Bas-Matadi.
Au pied de la colline, un coude du Congo dans le
soleil me br-ô.lait les yeux ~ cette large flaque d'eau était
insoutenable ; la lumière la faisait massive et si dure entre
les deux berges noires qu'elle était comme un énorme
cul-de-bouteille fiché dans la terre et dont je sentais sur
les yeux les arêtes coupantes.

�226

L'ISOLEMENT

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Des voix m'arrivaient, mais je ne distinguais pas les
paroles parce que l'espace entre les bouches de ceux qui
les prononçaient et moi les avait massées en un son brut ;
j'entendais le grincement de la grue qui remplissait le
vapeur en chargement, derriere la pointe de terre boisée
qui coudait le fleuve ; deux grosses colonnes de fumée
noire rendues solides par le bleu clair du ciel qui faisait
fond, s'élevaient de la masse des cimes des arbres ; elles
bougeaient à peine à leurs extrémités où un léger frottement faisait voir toute la montée de cette fumée. La
brusque voix enrouée d'un phonographe, au loin, tout
étouffée par l'espace, était entre elle et moi ; mais ~insi
que les mots des humains je ne discernais pas ceux de la
machine chantante; je n'entendais que la voix tout
d'une pièce et qui, comme un long écho affaibli, s'écrasait contre le vide de la distance qui me séparait d'elle ;
la lumiere de ce vide était d'une clarté si blanche que je
voyais de cette lumière l'immobilité dont elle était solidifiée.
Ce phonographe devait chanter dans l'un de ces
innombrables petits cafés " les zincs de Matadi",
disait Hilaire - du Bas-Matadi, le quartier dont les
maisons à varangues de grosse et lourde paille étaient
Mties entre la berge du Congo et la naissance de la noire
colline des marchands.
Peut-être même était-ce celui du café Vito, ou un
phonographe immobile dans son coin reluisait de tout le
cuivre jaune de son immense pavillon. En tous cas la voix
me mettait au cerveau le brusque souvenir de ce lieu,
puis, au cœur, le désir d'aller y somnoler en attendant le
repas du soir. Car c'était au café Vito que je mangeais et
écoulais de longues heures passées à bavarder avec le

•

227

patron ou à fumer des cigarettes qui me faisaient prendre
en patience le moment d'aller m'étendre sur mon lit de
" La Lanterne ".
Vito, homoncule aux jambes arquées en douve de
tonneau, au visage barbu jusqu'aux pommettes si grises
qu'elles étaient pareilles à de petits cubes de gres, au
crine très développé, était plongé, chaque fois que j'arrivais, dans la lecture d'Henri de Régnier. Ses fesses
calées par l'encoignure du dossier et du siege de paille
d'une chaise maintenue en équilibre sur les deux pieds
d'arriere, l'extrémité de ce dossier effleurant le bord de la
grosse table occupée par la caisse en palissandre du phonographe, cet homme lorsque j'entrais lisait dans cette
position et profondément absorbé.
Il y avait plusieurs minutes que mes semelles frottaient
avec un bruit de papier de verre les planches poussiéreuses
du parquet de la pièce lorsque Vito levait le nez vers
moi. Mais je ne le sus passionné d'Henri de Régnier
que lorsque je fus l'habitué de son café depuis deux
jours.
J'arrivai le matin vers onze heures du passage à
niveau voisin de la gare au café Vito c'est une marche
d'une demi-heure - j'atteignis ce passage à niveau à dix
heures et demie. Je n'avais pas de montre mais je le sus
bien, car j'avais le menton posé sur le rebord de la barrière
de fonte et mes yeux tout attentifs au défilé du train de
marchandises qui de Léopolville arrive à Matadi à dix
heures et demie. La voie libre, je pris aussitélt la premiere
rue à droite qui me conduisait au café Vito.
Les gonds de la porte grincèrent légerement à la poussée
de ma main. Vito lisait. Il lisait en dodelinant un peu la

�228

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tête. Mes pas lui firent lever le visage ; je vis ses yeux :
ils brillaient entre les paupiéres largement séparées.
Et il me dit : " Ah ! Monsieur, la lecture à Matadi
des poémes d'Henri de Régnier !... voilà la vraie joie,
vous savez ..• je peux bien dire qu'ici, bien sôr, chaque
vers de certains poémes s'anime intensément dans le
silence ..• qu'il y vit sa vie ... Tenez les mots dans Tel
qu'en songe •.• Ecoutez bien :
•.• Un sablier poudroyait f heure.
- La clepsydre pleure mais lui il est ce qu'elle pleure
Etant plein de sable gris comme une cendre On le retournait d'heure en heure ;
On y "Voyait le Temps descendre
Selon que s'accroissait le sable entassé
De tout le sable déjà passé
Sans bruit comme passait la vie;
On y voyait le présent devenir le passé,
Et quand sa charge était finie,
Une heure avait recommencé.

... Eh! bien, Monsieur, ah! je n'ai qu'à me réciter à
voix basse ces vers sur le seuil de cette sa1le et le visage
à la rue pour que me pése aux épaules tout le poids de
l'immobilité du temps d'ici engourdi par la chaleur ..•
!tant plein de sable gris comme une cendre !. . . et le
sens de ces mots me harasse parce que j'ai devant moi le
spectacle des choses équatoriales dont la vie est exténuée
de chaleur comme nous tous ici, pauvres hommes... Vous
n'avez pas vu en venant tous ces arbres qui semblent
être en cuir bouilli t.. Et cela : On y voyait le prlsent
devenir le passé !... Ce vers lu ici me fait vivre avec

11\1'
1

1

1
1
1

L'ISOLEMENT

229

une heure qui a passé sur les arbres, sur le sol, sur tout,
sous forme de ce vide qui ressemble à un bloc d'acier
chauffé à blanc, le temps qui s'écoulait ir y a des siécles,
des années sur les mêmes arbres, le même sol, le même
tout... Cette chaleur lourde, c'est le passé qui devient le
présent, autant dire, elle n'a pas changé depuis la création
de cette terre équatoriale ... Cette lumiére mate, jaunesoufre, c'est le passé présent dans l'heure en train
de s'écouler ... "
Il me parlait ainsi et a son admiration présente pour
le poéme, je joignais le souvenir de la voix qui s'élevait
dans la salle du café a l'instant où je sortais de table pour
rentrer chez Ferrier : le phonographe nous récitait ces
vers d'Henri de Régnier :
Clepsydres lentes, clepsydres!
Urnes où boit le temps de ses lèvres avides,
0 vous qui humectiez les lèvres de la mort,
Gouttt à goutte, et pour que l'heure vécut encor,
Et qui dans la maison enfin hes taries,
Je vous forai stiller votre onde en pierrerits,
0 vous qui suppuriez des eaux malencontreuses,
le vous abreuverai à des sources heureuses
Dont vous égoutterez le cristal en matin
Qui sonnera la joie au fond de mon Destin.
Et je disais :
Sabliers, sabliers mornes !
Cinéraires d'ensevelir les heures mortes,
Qui faites ce qui fat d'avec ce qui sera
Et qui marquez au temps la poudre de ses pas ;
Pous qui filtrez avec la matière du songe

�230

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Lu heurts dont s'effondre tn ttndrt le mtmong,,
//ous qui comptiez la "'pie au silmce tf l'ennui
Du jour au crtpuscult tl du soir à la nuit,
l'emplirai vos instants dt g/oir,s ,t dt joit
Pour que l'lgr~ntment radituJt tn poudroie,
Emb~me vlridiqut à soi-mime d'accord,
Des poussiJrts de pourpre avtt des sables d'or!

C'était un petit café au plancher poussiéreux où je
pénétrais chaque matin vers onze heures et que je ne
quittais que le soir après le dîner ; j'y demeurais toute la
journée durant, je peux bien dire, ne comptant pas pour
absence les quelques minutes de l'après-midi employées à
faire une centaine de pas à travers Matadi.
Ce qui me retenait chez Vito, c'était la physionomie
de café pour port breton qu'avait la salle; elle n'avait pas
du tout l'air équatorial. Des réductions de voiliers et de
barques de pêche étaient posées sur de petites corniche
découpées à la machine ; ces b1timents, tels des barques
et des navires qui ont accosté, se suivaient sur une file à
Banc de la muraille tapissée d'un papier bleu animé de la
silhouette - à plusieurs centaines d'exemplaires - d'un
vieux pêcheur vêtu d'un ciré et fumant sa pipe en suivant
de l'œil une mouette ; un haut comptoir en faux ébène
orné de losanges en nacre supportait une énorme tire-lire
en métal blanc ; des tables à tablette de marbre étaient
alignées sur plusieurs rangs devant le comptoir placé
parallèlement et tou: proche ~e la murai~e don~ V_ito se
servait comme dossier aux instants qu 11 prés1da1t, de
son réduit d'ébène nacré, les consommations des clients.
Assis à ma table, moi, j'avais le visage presque dans le

L'ISOLEMENT

231

vide de l'énorme pavillon du phonographe, un pavillon
si large qu'il suffisait de placer sa figure au centre de la
paroi pour éprouver la sensation gagnée à la face lorsqu'on
fouille des yeux la nuit d'une trappe de cave.
Sous le pavillon était placé un petit sablier. Je m'amusais auvent à le retourner ; je le retournais et je regardais,
intéressé, glisser dans l'ampoule du bas le sable de l'ampoule
du dessus: dans l'ampoule du bas se formait un petit cAne
de sable roux ; il ne s'allongeait pas à mesure que sa base
s'élargissait et la chute du sable dont se vidait l'ampoule
du dessus l'aiguisait; par l'orifice où s'appointaient les
deux ampoules, le sable supérieur s'effilait, et sa forme
était celle d'un cAne creux, la pointe en bas, et dont la
base s'afiàissait tout d'une pièce.
Mais cela à défaut d'une autre distraction ; lorsque,
par exemple, Vito était muet, ne me racontait pas une
de ses histoires à dormir debout et que j'écoutais les yeux
au "Zouave qui ne fume que le Nil ", (ce visage barbu
et souriant était accroché à la muraille, sous le plafond et
il semblait se moquer de moi par son hilarité obstinée.)
Durant deux jours - nos deux premiers des quatre
"d'habitude" - le café Vito fut très port breton. Dans
cette salle, je me croyais vraiment isolé au fond d'un tout
petit port de Bretagne ou relkhait, pour charger, à moins
que ce ne soit pour faire du charbon, quelque vapeur.
Tout concourait à m'en donner l'illusion : l'intérieur du
café et l'horizon ; Je milieu de la coque noire d'un
gros paquebot bouchait la fenetre. Le café Vito s'éclairait
sur la berge toute proche du Congo ; ce vapeur me
masquait tout le paysage exotique et cela me rendait plus
sensible le décor breton de la salle.

�232

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Toute la matinée, les deux jours, une activité intense
bourdonna de gestes sur le paquebot, le long de son flanc,
et dans son ombre sur la berge. Des gens sortaient du
navire, y rentraient ; d'autres, sur le pont, appuyés du
ventre à la barre du garde-fou, penchaient leurs torses
dans le vide en agitant leurs bras ; à l'extrémité de la
potence une grue à vapeur décrivait des demi-cercles de
la largeur de la fenêtre du café.
Ces silhouettes devant moi allaient, venaient, gesticulaient, dans le silence du café ; je ne percevais aucun cri ;
elles étaient toutes pareilles à d'énormes marionnettes.
Puis midi sonnait au cartel de Vito; sans doute le réveil,
dans la cabine du commandant de ce vapeur, indiquait
aussi midi, car tout l'équipage, massé sur le pont, s'évertuait à tendre de grosses toiles blanches de l'arrière à
l'avant. Je sortais sur le seuil de Vito afin d'assister de
loin à l'installation de ces tentes.
Bient6t le vapeur ressemblait à un énorme tortue qui
aurait rentré sa tête sous la carapace: les deux cheminées
étaient invisibles ; je n'apercevais que leurs deux orifices
noirs ouverts à ras des tentes ; un mince filet de fumée
s'étirait tout droit de chacun, et les toiles avaient la
blancheur de la craie.
Inerte,le vapeur demeurait ainsi jusqu'au lendemain. Rien
ne bougeait, personne ne vivait autour de lui ou sur lui ...
Le matin où, sur les sept heures et demie, contre mon
habitude qui était de m'évader de la chambrée vers dix
heures et demie, je sortis de " La Lanterne " après une
vigoureu!&gt;e poignée de main échangée avec Ferrier, je
terminais une nuit qui avait fait de cet homme " le marchand de mon sommeil " pour la cinquième fois.

L'ISOLEMENT

2 33

Je dormais à poings fermés, couché sur le flanc droit,
e! pourtan:, je sentis brusquement que les deux mAchoires
d ~ne tenaille de bois saisissaient mon épaule gauche à la
naissance du bras ; mes yeux s'ouvrirent d'un seul coup
des deux paupières toutes ]Aches : la face de Ferrier
pesait sur la mienne du poids de l'haleine chaude de cet
homme, et tremblait, car je la voyais à travers les secousses
de ma tête déplacée au mouvement de mon épaule maniée
pa~ Ferrier qui me réveillait à l'heure fixée par moi ]a
veille au soir.
" Hé, me dit-il, hé, l'homme .•. C'est l'heure ... le
porteur attend ... j'l'ai retenu hier ... ,.
Un noir, le sexe seul voilé d'une pièce de toile écrue
se tenait, immobile, dans 1e trou de la porte. Je reconn~
un Echira à sa toison capillaire plus épaisse, plus fournie
que celle des indigènes de Matadi, plus frisée qui J
' ceuxe
c~_i"ffa'
. 1t d'. une espèce de calotte d'astrakan, alors que
d 1c1 ava1~nt ~ur le crâne un assemblage de rognures de
coton n~1r ; a ses deux rangées de dents surtout, si aiguisées, pointues, telles les pointes d'un riteau. Mes instants
de vie à Setté-Cama - le pays des Echiras _ me heurtèrent en bloc le cervelet et j'eus la sensation d'un co
d
.
' l b
up
e poing a a ase du cdne. Assis sur mon lit mais le dos
A ,
d'
,
voute un homme accroupi, et me maintenant ainsi à
bo~t de bras raidis tout le long de mes jambes par la
~.és1s:ance de mes mains accrochées à mes doigts de pieds,
J avais de cette façon, encore à moitié endormi pris
machinalement la position du porteur Echira fati~é qui
se re~ose à c6té de sa charge sur le bord de la piste
forestière. Comme assommé par une idée fixe, je songeais,
la tête basse, à toute cette immensité remplie d'arbres

�234

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'était la grande forêt équatoriale entre Bongo, ma
factorerie d'autrefois au temps de Setté-Cama, et Matadi,
le Matadi de ce matin. " Ah ! Barraus, pensais-je, Barraus et ton grand singe ... ! que c'est loin, cette époque ... !
Il y avait sous la factorerie construite sur de hauts pilotis
un petit amoncellement de cr!nes, de minuscules crines
de singes, ces singes que nous les blancs connaissions sous
le nom de " museau bleu " et auxquels les Echiras de la
Forêt donnaient le pouvoir d'éloigner les mauvais esprits
qui hantent les arbres et dont on entend souvent les voix
qui sont tous les bruits de branches lorsque le vent fait
hurler la Forêt ... L'Echira qui était là, sur le seuil de la
chambrée, était venu, bien sili', à pied de la c6te de
Setté-Cama à Matadi... de cette cMe vide, déserte,
sablonneuse et scintillante, toute pareille a un bloc de sel
au soleil, où, lorsqu'on prête l'oreille en tournant le dos
!'Océan, on perçoit comme le lointain grincement d'une
poutre de bois, le grincement qui est le bruit rassemblant
dans l'oreille tous les craquements des branches de la forêt
voisine ; de ces premiers arbres de la Forêt jusqu'aux
derniers sur la berge du Congo, le fleuve qui ronge les
troncs de ses eaux qui soi:it de l'encre dans la nuit éternelle des branches ...
" Eh ben ? Quoi ?.. on dort encore ?.. Eh ?.. " Ces
mots furent un ressort d'acier qui joua violemment à ma
nuque et me fit lever la tête. Herrwhynn, soutenu aux
fesses par le bord de son lit, levait le pied droit
la
ceinture large ouverte à bout de bras de son pantalon de
toile kaki ; sa figure s'était élargie entre l'une et l'autre
commissure de la bouche par un rire silencieux qui continuait la phrase.

a

a

,

L ISOLEMENT

2 35

Et je vis alors que Ducret, Hilaire et W eissenthaner
se levaient aussi ; sur le petit et brusque mouvement en
avant que fit faire
mon torse et à ma tête l'effort de
ma main droite rejetant une couverture qui cachait un
mouchoir, je découvris derrière l'Echira de mon réveil un
groupe de quatre autres Echiras que le montant de la
porte m'avait dérobés aux yeux; mêmes calottes d'astrakan,
d'un astrakan soyeux, mêmes dents aiguës qu'un sourire
faisait luire.
Huit heures sonnaient à l'horloge "œil de bœuf" de
Ferrier lorsque nous défilions tous les cinq, Ducret,
Hilaire, Weissenthaner, Herrwhynn, devant le sourire
"bons souh'
·
a1ts "d u 1ogeur ; tous les cmq
nous écbange!mes avec lui une poignée de main ; et puis nous
sommes sortis suivis de ces Echiras porteurs de nos
cantines.
De la maison Ferrier à la gare c'était une marche de
trois quarts d'heure. Le train n° I 24 pour Léopolville
quittait Matadi a neuf heures et demie; durant trois
bons quarts d'heure j'ai fait les cent pas sur le quai de
cette gare, attendant d'abord la formation du train, puis
1e "En wagon, Mess1eurs
·
"d u noir
· en casquette
galonnée de blanc. Je n'avais qu'à tourner le dos aux
rails pour me croire tout simplement un pauvre voyageur
isolé .sur le quai d'une station de campagne au fond d'une
province de France : a quelques mètres de moi, un
minuscule hall vitré me cachait toute la nature exotique ;
une ou deux fois, en mettant le nez a la vitre de la
porte, je m'étais étonné distraitement de ne pas voir le
poële de fonte qui attendrait son service de l'hiver, mais
des affiches multicolores invitaient au désir d'un voyage à

a

�236

LA NOUVELLE REVl.JE FRANÇAISE

Bruges et à celui d'un voyage à Anvers ; l'une représentait le quai du Rosaire : un petit pavillon ressemblant à
un gros prisme construit en briques rouges était isolé à la
pointe du faîte d'un mur qui clôturait les eaux d'un canal
sur lequel, immobiles, trois cygnes blancs rêvaient ; le
pavillon avait ramené sur lui seul toute la solitude de ce
lieu, par ses deux fenêtres closes de leurs volets verts, par
ses lézardes voilées de sarments de lierre, par son ombre
sur l'eau du canal ; cc coin de Bruges se profilait sur un
ciel bleu laiteux ; l'autre rectangle de papier était occupé
par un énorme paquebot marron à trois cheminées, tout
fumant de la vapeur des treuils et pressé par une flotille
de chalands.
Le nez à la vitre de cette petite salle d'attente, je me
trouvais en Europe; même en détachant mes yeux de cet
intérieur exigu, je n'étais dérouté par nul paysage exotique : à ma droite et à ma gauche un dépat de charbon,
deux collines noires, était d'une précision bien européenne.
En virant sur mes talons d'un petit mouvement brusque
où j'avais mis un instant de mon impatience du départ,
j'entrais tout d'un coup dans une serre chaude, remplie
de plantes vertes équatoriales : durant que mon corps
totlrnait dans le vide, une ombre vcrdàtre et vitreuse,
molle et légèrement pesante d'humidité tiède, tombait sur
mon visage et j'eus ainsi l'impression, ma volte-face faite,
de me trouver au seuil ouvert et sous le plafond en vitres
d'une serre chaude tout encombrée d'arbres et de plantes
exotiques; car brusquement, en un seul bloc, l'orée de la
forêt proche et immobile était devant mes yeux. L'ombre
de tous ces arbres, de toutes ces hantes herbes, larges et
rigides comme des lames de sabres, faisait peser sur le

L'ISOLEMENT

2 37

quai où j'allais et venais l'humidité lourde de la forêt tout
le long de laquelle, au pied des troncs, les deux bandes
d'acier de la voie ferrée reluisaient, ténues comme deux
fils d'argent, et incisées dans un sol de poussier de
charbon. Cette ligne Matadi-Léopoldville était à voie
unique : le train qui une fois la semaine - le mardi montait de Matadi sûr Léopoldville-Kinchassa croisait
le lendemain de ce départ, à Thisville où il s'était garé
une heure ou deux avant, celui qui une fois la semaine,
le même mardi, descendait de Léopoldville-Kinchassa sur
Matadi.
Enfin j'ai entendu le " En wagon, Messieurs ! " du
noir à la casquette galonnée! Lentement, avec une lenteur
qui vous faisait sentir à la base du crine en une pression
infime et continue une impulsion qui mourait dans leur
déplacement lourd, cinq wagons roulaient en tressautant
un peu aux jointures des tronçons de rails. Comme si elle
attendait leur immobilité pour paraître, une locomotive
" couleur purée de pois " sortit brusquement de derrière
l'une des collines de charbon. Elle venait à nos wagons
par une petite voie de garage branchée sur celle qu'elle
aurait à suivre jusqu'à Léopoldville-Kinchassa avec nos
voitures à sa remorque. Deux noirs, en bourgeron de
grosse toile blene, penchaient sur la rampe de la plateforme leurs larges faces encrassées de fumée et que l'inertie rendait pareilles à des têtes de fonte. La locomotive
reculait d'une longue glissade sur les rails ; elle reculait
de toute sa masse, ce qu'indiquait la cheminée basse en
forme de tromblon ; et elle glissait, car ses roues étant
cachées par le va-et-vient de la bielle très large, la base
du bloc de la machine filait d'une seule coulée au ras des

6

�238

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

scories de charbon du sol. Un noir doubla l'extrémité du
wagon auquel devait s'accrocher la machine ; brusquement apparu de derrière la file des voitures, il courait à
toutes jambes à la rencontre de la locomotive. Sur un
brusque crochet, il traversa l'ombre massive dont était
mobile la voie devant le tender, et, de ses deux mains,
s'agrippa à la poignée d'une aiguille : il tira à lui d'un
violent effort des reins qui, au milieu de son corps cassé
en deux à angle obtus, saillirent en forme de gonds lorsque ses jambes raidirent à la poussée des genoux et des
pieds qui grossissaient de la résistance du sol : la branche
de fonte que le noir amena à lui de ses deux poignets en
déclencha une autre que la boule qui l'alourdissait abattit
sur le sol contre lequel elle se fixa en vibrant et de tout le
poids du bruit de la masse à son extrémité. Une foule
avait envahi brusquement le quai, et maintenant des
hommes en complet de toile kaki allaient de porte en
porte des wagons et, se haussant un peu sur la pointe des
pieds, avançaient le visage vers l'intérieur.
Mes camarades étaient arrivés eux aussi ; en cours de
route, de la mai on Ferrier à la gare, ils s'étaient arr~tés
sous la varangue d'un débitant, me laissant seul longer
des buissons jaunes que couvrait une croôte de poussière
rouge - une cro1Îte faite de cette poudre qui craquait
sous mes semelles et dont étaient voilés les pieds de
l'Echira qui me précédait, ma cantine à l'épaule.
Hilaire, debout dans le vide d'une portière, s'agitait de
tout son corps, et il me criait : " Eh! là-bas!.. l'isolé! ..
. .
. . ,,
par 1c1 ... nous sommes tous 1c1 •••
Et c'est lorsque je fus assis entre la cloison et Weissenthaner que je vis Martel passer sur le quai. J'avais avancé

L'ISOLEMENT

2 39

la poitrine, désireux de voir le va et vient du quai et à
l'instant où mon menton touchait Je rebord du vasistas
je l'aperçus. Cet homme ne marchait pas le long des
wagons : il se déplaçait en longeant les wagons, en se
soutenant de l'aiselle gauche sur l'épaule d'un domestique
noir, et étayait en outre ses pas à l'aide d'une canne de
buis, énorme et ferrée. D'abord je fus tout yeux pour
cette canne : elle me faisait vivre des instants de France
. l
,
car Je a trouvais toute pareille à celles qui, d'ordinaire, se
trouvent aux poings des facteurs ruraux. Je revoyais l'un
d'eux qui fut en Bourgogne ma petite joie quotidienne
à l'époque des grandes vacances passées chez mon grand~
père. C'était moi qui courais à la grille sur le coup
de sonnette de l'homme recevoir à travers les barreaux les lettres et le journal : il tendait à ma main
lettres et journal, et il avait accroché à son avant-bras le
corbin de sa canne ; son chapeau de paille avait un ruban
où brillaient les lettres d'or des mots : Postes et Télégraphes ; sa blouse de toile bleue bien empesée et fermée
sur sa poitrine d'une gourmette de cuivre avait une raideur
qui la rendait solide, comme le drapeau de fer rougcblanc-bleu planté au dessus de la porte de la mairie.
Derrière moi grinçaient les graviers de la cour sous les
pas de la bonne qui venait, un verre de vin à la main.
Elle l'offrait au facteur de la memc façon qu'il m'avait
passé le courrier. Il buvait : son coude droit se haussait et
sa tête allait à la renverse sur sa nuque selon qu'à mesure
qu'il se vidait la déclivité du verre s'accentuait au bord
des lèvres ; tout ce temps, à son aisselle, la chemise
trempée de sueur reluisait au soleil. Ayant bu, le facteur
d'un coup brusque du poignet éloignait le verre de sa

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

bouche, et le tendait à la bonne : " Ah !.. le bon coup
de fouet !.. ", puis un rire des yeux bridait ses paupières
qui se rapprochaient et il ajoutait : " Alors, la belle?..
toujours de gros nichons !.. " Invariablement, chaque
matin, cet homme apostrophait la bonne en ces termes.
A travers les éclats de rire du facteur, j'entendais cette
invariable réponse de la fille : " Taisez-vous donc, grand
insolent... Ça sera toujours pas pour vous, vous savez ... "
Et êlle riait aussi.
Tous les deux se fixaient, droit dans les yeux, une
seconde ; puis le postier reprenait : " Ah ! oui ..• le bon
·
hue 1... d"1a 1... " et,
coup de fiouet 1... et ~amtenant...
virant sur ses talons, il nous tournait le dos.
La canne sur laquelle s'appuyait Martel me fit revivre
tous ces instants de mon enfance; je ne vis d'abord qu'elle
parce que, aussitat, le facteur d'autrefois fut présent sur
ce quai de gare exotique. Alors, Martel et son boy,
continuant leur marche, s'éloignèrent... et je n'avais
pas fait attention à eux. Mais ils repassèrent, et c'est
alors que je me dis : " Mais c'est Martel... Ah !.. le
pauvre bougre !.. Cet homme était devenu énorme ; il
ne marchait pas, il se déplaçait : ayant avancé une jambe
avec un brusque mouvement en avant de tout son buste,
il restait immobile sur l'appui de sa canne, comme pour
s'assurer de la vigueur de ce membre, puis pesant sur
l'épaule du noir, il avançait de toute la force de sa
poitrine l'autre jambe et il attendait sur celle-ci l'énergie
de mouvoir l'autre. Son visage - complètement rasé
- était gris pâle ; on eiit dit qu'il avait été saupoudré de
cendre de cigare.
Ce Martel était à Matadi l'agent des " Chargeurs

L'ISOLEMENT

R~unis ," ;_ mais il était devenu tel que je le voyais
au1ourd hm. Je le regardais s'avancer, étayé de son noir
et de sa canne, mais je revoyais le Martel d'autrefois,
lors de nos deux passages à Matadi, celui du début et
celui de la fin de mon premier séjour congolais.
Celui de la fin fut le plus long : nne avarie de machine
immobilisa le vapeur " Afrique " durant quinze jours et
j'eus alors maintes occasions de m'entretenir avec Martel
ou de le voir vivre.
Après trois ans de séjour, j'arrivais " du haut " en
compagnie d'un agent de la N'Goko-Sangha.
Après trois ans de séjour, piétiner sur place à Matadi
pendant quinze jours devant un vapeur estropié celui
qui allait me ramener en Europe !.. Quel sup;lice !..
Chaque matin, au saut du lit, après une nuit chez
Ferrier, une nuit blanche, autant dire, tellement me
hantait mon désir d'éioignement de ce Congo, je courais
au domicile de Martel " Eh bien?.. ce vapeur ?.. ", lui
demandais-je. Pas encore pour aujou:dhui ! " me
répondait Martel; et sur ma figure déçue il ajoutait:
" Vous désolez pas, voyons... C'e;;t un de ces petits
ennuis dont e3t tissée la vie coloniale... "
Chaque matin, sans en chano-er
le moindre mot la
-:,
moindre iettre même, il m'a laissé choir sur le tympan,
sur la cervelle, son : " Vous désolez pas, voyons... C'est
un de ces petits ennuis dont est tissée la vie coloniale ... "
Le premier, le deuxième jour, ça allait bien, puis c'était
devenu crispant, crispant comme l'est la petite pluie qui
ne tombe pas mais fait dire du temps: " Ça brouillasse J"
la petite pluie qui vous donne la sensatio:i de poser vos
joues contre une éponge saturée d'eau. Ah, surtout cc

.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

demi-sourire qu'il avait en disant cela, ce demi-sourire
qui lui tendait légèrement les deux lèvres et lui dilatait
les ailes du nez !
J'ai donc vu vivre durant quinze jours Martel, l'agent
à Matadi des " Chargeurs Réunis". Lorsque, enfin, j'ai
pu m'embarquer, j'emportais de lui le souvenir d'un
homme qui vivait la vie à la manière de quelqu'un qui
ma·nge un œuf à la coque. A chaque évènement, au
moindre incident de sa vie, il était un homme qui trempe
une mouillette dans un œuf à la coque.
Et puis il ne cherchait que de petites joies.
Or, en ce temps-là, Martel était maigre, anguleux, au
point qu'il écorchait la vue ... et tout l'amusait...
" Aia l.. Aia !.. Maudélé ... Maudélé !.. Aia !.. "
J'étais absorbé, perdu tout au fond de mes souvenirs ;
les cris me ramenèrent brusquement à la réalité des
choses ; et je sursautai comme si une main avait été posée
violemment sur mon épaule. Le train s'était ébranlé ; je
l'avais bien senti à la légère trépidation de la banquette
de bois contre laquelle vibraient mes fesses, mais ne m'étais
pas aperçu que nous étions entrés dans la brousse.
Et à ces cris, vivement je regardai. Mon wagon roulait
lentement sur le passage à niveau de Matadi ; la barrière
de fonte peinte en gris bleu avait été tirée et quatre jeunes
" femmes Gaboni ", de celles qui, la nuit venue, attirent,
avec les fredonnements de leurs guitares~ les blancs dans
les maisons de bois exiguës et bities sur pilotis où elles
vivent, étaient là.
.
La locomotive ayant accéléré sa marche peu de temps
avant le passage à niveau, je ne pus voir les quatre
"femmes Gaboni " que sur un bref coup d'œil, mais

L'ISOLEMENT

leurs cris : " Aia !.. Aia !.. Maudélé !.. Aia !.. " me
firent tourner la tête à l'instant où les quatre têtes étaient
en plein champ de la portière. Ces femmes, alignées
contre la barrière qui me cachait leurs corps, avaient posé
leurs mentons sur la poutre supérieure ; je ne voyais d'elles
que les visages offerts, joue à joue, sous le serre-tête de soie
jaune. Elle» riaient ; les doubles rangées de dents reluisaient au soleil,et pour mes yeux leur blancheur élargissait
la bouche de chacune de ces femmes ; les dents formaient
pour moi,à cause de la distance où j'étais, deux morceaux
d'une farence qui vibrait à la lumiere ; et comme des sous
qui ont rebondi au choc contre un roc sonore, les cris de
ces femmes rieuses aboutissaient à nos oreilles comme un
écho. Cela venait de la lourdeur du vide qui était la
distance entre elles et moi.
" Aia !.. Aia !.. Maudélé !.. Maudélé !.. Aia !.. "
Je les ai entendues, puis brusquement, comme une ventouse, le silence fit le vide. De temps en temps, d'espace
en espace, je percevais un faible craquement tout pareil à
un déclic de compteur. Cela venait de ce que, au dehors,le
flanc du wagon était cinglé par la pointe d'une branche.
Un épais fourré bordait la voie; mais, à partir de ce
fourré, le ciel, net comme une ardoise bleuitre, était posé
à plat sur la brousse qui, basse, frisée et noire, était dans
l'œil d'un seul coup; cette brousse doublait le ciel. Dieu !
que je la connaissais depuis longtemps ! Je savais qu'elle
ne changerait pas jusqu'à Léopolville-Kinchassa ! J'avais
le temps de faire un long, long somme !
J'avais déjà pris contact avec elle lors de mon premier
séjour, quatre ans auparavant. Je me souvenais que le
train avait quitté Matadi sous une pluie battante dont les

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

IIl

premières gouttes étaient tombées alors que chez Ferrier
je fermais ma cantine. Ayant dit adieu au logeur, je
demeurai un instant sous le chimbeck de " La Lanterne",
tout interdit de la rapidité avec laquelle ces gouttes,
espacées et lentes au point qu'à leurs chutes sur le sol je
voyais nettement leur largeur et leur forme de pain à
cacheter, étaient devenues une pluie torrentielle.
Eh ! oui, je pouvais penser à un pain à cacheter en
voyant l'une ou l'autre à son contact avec le sol parce
qu'elle ressemblait à une toute petite rondelle de p!te
sèche à cet instant. La pluie à son début me donnait la
sensation de quelque chose qui alternait. Les yeux à la
poussière jaune du sol, si jaune que c'était comme une
couche de soufre, je voyais la goutte nette, ronde, et il
me restait sur la rétine le trou qu'elle avait fait dans la
poussière ; à la longue cela faisait croire que le sol
s'effritait, cette multiple perforation. Cette petite pluie
cessa et alors il ne resta plus que le sol qui était pareil à
une éponge.
Tout cela je l'avais vu de la fenêtre de la chambrée:
je faisais ma malle et j'interrompais souvent mon travail
pour mettre le nez dehors, dans le désir de voir où en
était cette chute d'eau; le temps de sortir, d'aller de moa
lit au chimbeck, et la pluie avait repris.
Mais elle était violente et chaude : le ciel " pissait "
de l'eau tiède avec des ralentissements parfois ; ainsi il
pleuvait dru par à-coups, durant lesquels l'eau rejaillissait
contre le sol, et il m'arrivait à la face des bouffées de chaleur molle.
Sous cette pluie battante,j'ai fait le chemin de la maisoa
Ferrier à la gare, suis monté dans mon wagon dont la

L'ISOLEMENT

245

toiture résonnait au choc de l'eau; puis nous avons quitté
la gare de Matadi et durant deux heures ce fut la monotone brousse plate sous la masse d'eau, une pluie couleur
de plomb et qui tombait si raide et si vite que je la voyais
immobile quand je portais les yeux droit devant moi à
quelques mètres; elle formait ainsi le c6té d'un bloc posé
d'aplomb sur la broussaille égale, un bloc dont le train
longeait sans arrêt le côté bien vertical qui murait la vue.
La portière de mon wagon n'avait pas de vitre à relever ;
tout contre le vide de l'étroite fenêtre et jusqu'à l'immobilité la pluie vibrait. Ses vibrations étaient de longues
rayures froides et blanches, en diagonales. Souvent un
crépitement me faisait baisser lentement la tête vers le
fourré en bordure de la voie. Je savais bien que c'était le
bruit de l'eau sur les feuilles, mais c'était plus fort que
moi, une sorte d'insignifiant mouvement nerveux, pour
faire quelque chose !.. Alors je regardais aussi par-dessus
le fourré la broussaille qui commençait là. De ci, de là, de
cette broussaille sortait une légère buée: la brousse fumait;
je voyais une vapeur blanche fuser lentement entre les
branches courtes, horizontales et noires. Comme sous le
chimbcck de Ferrier je sentais mon visage ouaté par de
brusques et brèves bouffées de chaleur molle ; une bouffée
une fois abattue, aussit6t j'éprouvais durant une seconde
aux pommettes et aux joues une sensation lisse.
Ainsi, depuis Matadi et durant deux heures, notre
train roula sous la pluie au centre de cette brousse enclose
et qu'aujourd'hui je revoyais. Mais cette fois le ciel faisait
le vide et son immensité se mesurait à la platitude de la
brousse noire nettement visible jusqu'à l'horizon. Ce fut
quelques minutes après avoir passé la petite gare d'une

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

bourgade appelée Kengué que la pluie cessa. Elle cessa
d'un seul coup, comme cesse de couler une eau lorsqu'on
ferme un robinet. Bien que mon visage fut à la portière je
ne vis pas la cessation de la chute de l'eau; mais je la
sentis sur ma face au vide qui fut soudain entre le ciel et
la brousse; une violente odeur de terre mouillée adhérait
à mes narines ainsi que des tampons de caoutchouc.
Ce fut cela le début de mon premier voyage sur la ligne
Matadi-Léopoldville-Kinchassa. Aujourd'hui je refaisais le
chemin et, le cerveau alourdi du souvenir morne des deux
journées d'alors, chaudes et plates, sans le plus minime
évènement, séparées par la nuit de Thisville, la petite
localité à maisons de planches coiffées de leurs toits de
t6le ondulée où mon train avait croisé celui qui descendait
à Matadi, je demeurais tout abattu sur ma banquette par
le poids des deux journées à vivre prévues pareilles, qui se
trouvaient là devant moi à nouveau. Au début de cette
longue route ferrée qui allait durer deux journées, nouées
par une halte de nuit à Thisville entre les quatre palissades
d'une chambrée toute pareille à celle de Ferrier: la Maison
Bonvard, connue aussi sous le sobriquet de '' La Pipe ",
que les passagers avaient adopté afin de railler de ce mot
l'interdiction de fumer notifiée aux coucheurs par une
brève injonction que la planche de bois blanc où on la
pouvait lire et qui vous tirait l'œil, imposait dès la porte.
Au début de cette longue route ferrée,déjà la solitude qui
allait durer ces deux jours - à part les petites gares autour
desquelles vivaient quelques noirs et où on ferait balte :
Kengué, Longon, Toumba, Gongo, Kisantou, Tampa et
deux ou trois autres - était lourde de la monotonie de la
brousse basse, épineuse, aux arbustes couchés, plate jusqu'à

L'ISOLEMENT

Léopoldville-Kinchassa. Le ciel aussi que je connaissais
bien pesait lourdement sur mon avenir de quarante.huit
heures; je n'aurais qu'à lever les yeux vers cette plaque
bleue pour éprouver sur mon visage que je sentais se friper
à l'air chaud, tout le poids énorme de ce plafond du vide
lumineux et humide d'une humidité qui le rendait palpable.
A LéopolviUe-Kinchassa seulement je verrais des
arbres. Avant de traverser le Fleuve Congo, dont il faut
couper le courant sur un bac à vapeur pour atteindre
Brazzaville j'attendrais sur la berge, à c~té de ma cantine&gt;
la visite de la douane belge,
Je suis sur la berge, le derricre sur ma cantine et
machinalement, sans m'en rendre compte, mon index de
la main droite dans l'anneau de fer qui rassemble mes
clefs, je fais tourner celles-ci autour de mon doigt. Les
coudes aux cuisses, la poitrine Inclinée, je regarde Brazzaville. La ville est, à ma gauche, un amas de maisons
basses construites en planches consolidées de petites pièces
de fer blanc qui brillent l'œil, et elles me font penser aux
logis des zoniers de Paris, ces logis qui vibrent au choc
du bruit du tramway qui passe ; une église de briques
pèse sur leurs toits de toute sa masse rouge ; à ma droite,
comme si elles pointaient toutes de la cime du même
arbre énorme et touffu, les toitures de paille des cases
européennes tachent de jaune une verdure massive qui
noircit de son ombre l'eau du fleuve au long de la berge.
Ces toitures sont tout ce qu'on voit des cases européennes
depuis la rive belge. Le nouveau venu, pendant l'attente
du douanier belge, se dit en les apercevant : " C'est là
que je trouverai un logis... bien sô.r que sous ses toits
de paille vivent les blancs ainsi qu'il me paraît de ces

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

11

1

deux chimbecks qui sont au bord du Fleuve ..• " Des
silhouettes de blancs vêtus de complet de toile kaki ou
immaculée circulent sous la marquise de paille de leurs
demeures ou s'accoudent, le visage à l'eau.
Le Congo est inerte, jaune, mais si je regarde un
rocher qui, au milieu du fleuve, semble avoir été laissé là
par l'administration pour faire office de balise, je me rends
compte que le fleuve a un courant. Contre cette pierre
énorme l'eau se froisse, elle est creusée de courtes rides
profondes qui se nouent brusquement en minuscules
tourbillons étincelants au soleil ; à cet instant le rocher
jette des éclats à ras de l'eau. Je porte les yeux ailleurs
sur le Fleuve : le Congo est inerte, jaune ; il reluit, tout
patiné par la lumière pile. L'orée de la Grande Forêt
Equatoriale se trouve derrière Brazzaville. De mon siège,
sur la rive belge du Fleuve Congo, j'aperçois, par dessus
la verdure massive où sont cachées toutes les demeures à
chimbecks, dont deux seulements sont visibles et dans le
reflet de l'eau, les cimes des premiers arbres. Elles sont
lointaines et, immobiles, noires, de ma distance je les vois
toutes au même niveau ; c'est une longue et épaisse
poutre, grossièrement taillée, disposée hori_z ontalement ;
contre elle, le ciel est d'un bleu pile délavé.
Telle sera ma reprise de contact avec le Congo
Français.
La Grande Forêt, je ne l'atteindrai qu'à Brazzaville
seulement où, tout au long des rues, je marcherai le nez
dans une légère odeur de rouille durant les heures du
matin ; et pendant la chaleur lourde de l'après midi elle
me fatiguera la t~te et les jambes de l'humidité qui suinte
de ses premiers troncs, puis s'évapore et alourdit la lumière

L1 ISOLEMENT

2

49

dans la ville, et je serai alors tout pareil à un homme qui
se lève après avoir dormi comme une souche à côté d'un
bouquet de lilas, dans une pièce close.
Je retournerai voir dans la Grande For~t le coin que
nous avions surnommé " le Stage ", moi et quelques autres
à qui la terre équatoriale s'offrait toute nouvelle. Et nous
disions de ces quelques arbres où vers la fin de la journée
nous avions pris l'habitude de nous réunir pour un bavardage sans vie : " Nous accomplissons là une manière de
stage".
Car en effet nous y prenions le contact de la Grande
Forêt, nous y venions pour sentir sur notre dos cette
ombre qui avait le poids de tous les troncs visqueux et
dans laquelle notre vie allait passer sous peu ; pour entendre
le sol pourrir invisible sous les feuilles noires entassées ;
pour avoir dans les oreilles ce lointain clapotis qui est
l'écho de la Grande Forêt. Dans une lumière verditre
les troncs moussus étaient des pilliers rougeâtres; des lianes
pendaient à terre ; de tronc à tronc d'immenses filets
noirs étaient tendus ; tout autour de nous, à notre droite,
à notre gauche, devant, derrière, des gouttes d'eau tombaient des branches et à chaque petit choc d'une goutte
contre les feuilles du sol mes oreilles vibraient ; aux
premiers instants du long séjour quotidien parmi les arbres
"du Stage" il n'y avait que cette vibration des tympans,
puis à la longue s'y joignait comme une légère crispation
de mon cervelet. Il me semblait que le temps était marqué
par une monstrueuse clepsydre. Ah ! les étranges petites
chauves-souris forestières, qui à l'instant où nous quittions
"le Stage", commençaient à voler l Elles sautillaient sur
leurs ailes dans le vide ; après trois sursauts chacune faisait

�1 1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un court écart et reprenait son sautillement ; ces petites
chauves-souris cotonnaient le vide.
Et nous quittions la Grande Forêt. Mon dos, brusquement déchargé, se sentait allégé par tout l'espace au-dessus
de lui, je sentais soudain l'odeur mouillée de la forêt à sa
disparition de mes marines, cette odeur qui était comparable à celle de la vapeur que dégage le linge en train de
bouillir dans une lessiveuse. Durant notre éloignement
des arbres j'entendais la forêt : elle grouillait de bruits
menus comme de la limaille et notre éloignement s'allongeait sur l'épuisement de ces bruits dans la distance.
J'allais revoir tout cela ! Ces souvenirs arrivaient en
foule dans ma mémoire ... J'allais revoir tout cela, mais
après deux journées de monotone voyage dans le fond
d'un wagon aux parois de bois dont la couleur jaune était
écaillée par une chaleur humide, deux journées durant
lesquelles la brousse plate allait peser sur mon crine,
lourdement, de toute sa solitude.
Le train venait de quitter une minuscule station qui
avait nom Palaballa, lorsque quelqu'un se mit à jouer
d'une guitare essanghi. Il pouvait être deux heures de
l'après-midi. Or, nous avions quitté Matadi à neuf heures
et demie, le matin ! Mais une avarie à la locomotiye nous
avait immobilisés sur la voie, à quelq~es centaines de
mètres de Matadi. Quatre heures et demie pour franchir
la distance de Matadi à Palaballa qui s'effectue d'ordinaire
en soixante minutes! La voie, à l'instant où s'immobilisa
la locomotive, faisait un coude ; la file des wagons pliait
à sa forme durant que le ralentissement de la machine
amortissait le roulement des voitures. La mienne étant en
queue du convoi tout à fait comme à l'une des deux

L1 ISOLl!MENT

extrémités d'un arc alors que la locomotive se trouvait à
l'autre il m'était facile de voir du coin où j'étais assis
le mécanicien et le chauffeur noirs en bourgeron s'agiter
sur la voie, ou bien, allongés à plat ventre, fixer la locomotive par en dessous. A ces moments-ci, les deux
hommes la fixaient longuement : l'index de l'un d'eux me
portait aux yeux la présence à leurs bouches des paroles
dont je n'entendais pas les sons ; et brusquement leurs
marteaux alternaient bruyamment sur une plaque d'acier.
Lorsqu'ils cessaient de frapper, le silence brusque dans
l'oreille était net sur la chute du dernier coup de marteau.
Enfin, après trois heures d'immobilité, après un léger
choc à mes reins de la cloison contre laquelle j'étais
adossé, je sentis sous mes fesses les premières trépidations
des roues de mon wagon tout au long des rails. Nous ne
nous sommes pas arrêtés à Palaballa, mais le train roulait
lentement ! J'ai d'abord aperçu au passage un hangar
ouvert sur la voie ; une longue banquette de bois rouge
luisait dans la forte pénombre de cet abri vide ; ce fut un
éclat bref; ensuite les maisons du village alignées comme
des soldats à la parade. Toutes les demeures étaient vides
comme le hangar; à chaque seuil, devant l'ombre du
logis de branches et de feuilles, une colonne de fumée
sortait toute droite et massive d'un foyer creusé dans le
sol : un feu de tourbe y brtîlait ; de courtes flammes
bleues léchaient les mottes; à l'écart des maisons,sous un
toit de grosse paille jaune soutenu par des piliers de bois,
les hommes du villages étaient groupés, et muets, assis ou
allongés sur le sol, fumaient une pipe qui passait de
bouche en bouche. Ils somnolaient au chant des femmes
qui, à quelque distance d'eux, pilaient du grain. Toutes

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

s'y occupaient. Je le savais bien ! Je fus si longtemps le
spectateur de semblable travail durant mon premier séjour
de trois années dans le Haut ! J'y retournais aujourd'hui,
et à ce passage à cbté d'un village, l'instant qu'on y pilait
le grain, le souvenir de Mogounga, de Bakoundé, de
Douago, de Batouri, me revenait. Chacun de ces villages
avait une petite place de terre battue et, une fois l'année,
toutes les femmes, toutes, s'y réunissaient pour mettre en
poudre les grains de mars que des convois de pirogues
avaient apportés de Nola par les rivï.eres Maubéré ou
Kadeï. Les pirogues arrivaient aux époques où la lune
était pleine, toute rouge et encastrée dans le ciel massir
et bleu, pareil à une énorme glaçon. Elle était haute dans
le ciel lorsque les piroguiers survenaient. La rivière était
d'encre ; elle coulait, solitaire, silencieuse ; à un coude
lointain elle était dans le vide du ciel, mais brusquement
paraissaient une, deux, trois, quatre, six pirogues, sorties
de l'eau devant nos yeux, me semblait-il. Entre les deux
lisières de forêt qu'étaient les rives boisées de la Maubéré
ou celles de la Kadel'., dans une nuit bleu pâle que faussait
à l'ceil la pénombre des arbres, les piroguiers peints de
rouge étaient des statues de cuivre. Ils abordaient ; les
femmes s'étaient groupées sur la berge ; elles trépignaient
en cadence ; leurs pieds seulement s'agitaient et elles
criaient : " Aia... Aia ... " en battant des mains pour
marquer la mesure de leurs cris monotones ; et tout en
regardant les piroguiers aborder, je prêtais l'oreille aux
bruits grêles que faisaient en s'entrechoquant les petits
os humains qui paraient leurs bras. Les piroguiers abordaient&gt; accueillis par l'allégresse de ces femmes ; puis&gt; sur
une file, ils traversaient le village : chacun d'eux portait

L'ISOLEMENT

sur la tête un couffin rempli de maYs à plein bord ; sa
charge le faisait marcher à une vive allure, Je poids du
couffin pesait sur le buste et le tricotement des deux
mollets faisait se lever et s'abaisser les cuisses.
C'était peu de temps avant que ne commenç!t une
saison de grandes pluies. Tous les couffins de maïs avaient
été engrangés dans la case grenier du village, puis le chef
avait réparti entre chacun les couffins apportés, et quinze
jours s'étaient écoulés depuis que les piroguiers avaient
commencé à remonter le courant vers Nola sur leurs
pirogues allégées. Alors, la premiere tornade de la saison
passait sur Mogounga, sur Bakoundé, sur Douago ou sur
Batouri. Il y avait d'.abord un bref et violent coup de
vent, dans lequel la forêt demeurait inerte, massive,
quelques instants de silence en plomb, puis toutes les
feuilles résonnaient du crépitement des gouttes. Dans
une journée passaient sur les cases et sur ma factorerie
quatre, cinq de ces tornades, Mais de l'une à l'autre le
jardin potager que nous nous transmettions entre agents
du lieu grillait au soleil. S'y promener était avoir la sensation des mains et de la face engluées de miel.
Le jardin potager ! Nous nommions ainsi dans les
factoreries le défrichement devant le chimbeck. Il y
venait des pommes de terre et du cresson et son large
sentier conduisait à la rivière ; les femmes l'utilisaient ,•
souvent j'en voyais passer allant à l'eau, une énorme calebasse sur l'épaule, _Elles s'apostrophaient en traînant sur
les mots qui riaient d~ns leurs bouches.
Mais si durant le jour la pluie était i ntermittente,elle
tombait la nuit entière. Durant mon repos du soir, sous
mon chimbeck et dans le faux jour du crépuscule, j'avais

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

froid. C'était un froid humide qui me donnait l'impression
que mes os suintaient. La vie que tout le jour j'avais
sentie derrière mon logis où étaient groupées les cases
s'était tue ; alors je frissonnais de solitude, je m'ennuyais.
La forêt était toute noire : devant moi les troncs reluisaient de l'eau tombée durant le jour et elle bruissait de
l'égouttis de ce qui chargeait les branches et les feuilles.
Apres le repas, ne sachant que faire, j'allais dans le
village fumer ma pipe, je faisais les cent pas entre les
deux alignements des cases ; par les portes basses j'avais
vue dans l'intérieur des logis : un homme, une femme
étaient accroupis sur la terre battue devant un feu de bois
qui s'éteignait, muets, immobiles, le dos voütésur les braises
rougeoyantes ; ils regardaient dehors. Moi, en allant et
venant d'un bout à l'autre bout de cette longue rue,
j'avais souvent une petite chaleur à l'extrémité de mes
dix doigts et une sueur glacée crispait mes tempes : la
notion du temps à venir depuis la sueur me faisait éprouver
les affres du sentiment de l'éternité.
Palaballa: sous un toit de paille jaune tous les hommes
du village sont bercés du chantonnement de leurs femmes
qui pilent le grain de la ' communauté. Les jeunes vont et
viennent sur les grains en soulevant et laissant tomber des
massues de bois; l'unique bruit sourd au sol des outils qui
ont chu â l'unisson et la cadence de leur marche; les
vieilles alignées encouragent leurs filles ou leurs petites
filles en claquant des mains au rythme des pas des ouvrières; et elles crient aussi: Aia! Aia ! comme celles que j'ai
entendues autrefois accueillir de la berge les piroguiers. Et
cela me remet en mémoire les lieux d'autrefois où j'ai
vieilli avec les arbres de la forêt : la factorerie de Mogounga,

L'ISOLEMENT

2 55

.celle de Bakoundé, celle de Douago, celle encore de
Batouri.
L'une d'elles: tous les six mois et durant quinze jours
la communauté qui vit derrière la factorerie est occupée à
l'écrasement des grains. Chaque journée de cette quinzaine,
dès le petit jour, dès l'instant où la lumière perce la nuit,
l'un des couples apporte sur une petite place en terre
battue sa provision de grains que toutes les femmes
écraseront; à l'heure où commence le travail, la forêt,
.autour d'elles, est bleue, d'un bleu d'acier; comme à
Palaballa, les jeunes se dandinent à la cadence des massues
de bois contre le sol et aux claquements des mains des
vieilles qui crient: Aia !.. Aia !.. Ainsi, à chaque jour,
l'aide de toutes les femmes en faveur de chacune pour
activer une besogne trop lourde. Quelqu'un se mit à jouer
-d'une guitare essanghi aussit6t après Palaballa. Le musicien était assis quelque part dans mon wagon, loin de moi,
et les notes étaient aussi tristes et voluptueuses que les airs
d'accordéon qui sautillent les soirs de fêtes de banlieues
·parisiennes.
Je n'avais qu'à faire virer un peu mon fauteuil mobile
sur le pied en pas-de-vis pour apercevoir l'homme, le visage
penché sur son instrument qui lui barrait la poitrine. Sa
main gauche et le coude de son bras droit maintenaient la
guitare contre son corps et sa main droite vibrait sur les
deux cordes.
Ces petits sons vidaient le wagon après avoir rebondi
-sur l'élasticité des cordes. C'était une guitare bien commune. C'était l'instrument que portent en bandoulière
.ces trouvères méprisés qui s'en vont à travers tout le
Soudan, de village en village, pour chanter des complaintes,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

le soir, en s'accompagnant. Tout un village est autour du
chanteur lorsque sa chanson s'élève; les hommes, les
femmes l'écoutent, immobiles; mais le passant ricane, au
passage, si l'un de ces poètes dort, étendu au soleil sur la
poussière de la route.
Cette guitare était faite simplement de deux nerfs raidis
sur une boîte de bois tendue d'une peau de serpent et
emmanchée à un blton creux.
L'homme jouait.
Les petits sons vidaient le wagon après avoir rebondi
sur l'élasticité des cordes. A Mogounga autrefois, Montert,
mon chef de zône, en possédait une toute pareille. Des
heures entières de l'après-midi il s'évertuait à tromper
son ennui en jouant de cette guitare. Le soir, dès le premier son de la cloche que son boy agitait quelques instants
avant de nous mettre à table, afin de signifier aux gens
du village que tous rapports devaient cesser entre eux et
nous durant le repas, Montert l'accrochait à un clou sous
le chimbeck. De grosses demoiselles rouges volaient en
bourdonnant sous cette marquise de paille, et souvent
l'une d'elles se posait sur une corde de la guitare. Elle y
restait et la pointe de son corps effilé se courbait lentement,
prenait la forme d'un minuscule crochet.Brusquement, elle
quittait son perchoir, et derri~re elle son poids sur la corde
était marqué à mon oreille par une légère vibration sonore,
et ce son devait la charmer, car elle se mettait à bourdonner en volant par petits cercles devant la guitare.
Montert s'ennuyait à Mogounga. Il jouait de sa guitare
essanghi le soir, lorsque, la journée presque à sa fin, les
colporteurs de caoutchouc ne se présentant plus à la
factorerie, il ne savait que faire.

L ' ISOLEMENT

2 57

C'était mon chef de zane. Il avait sous sa juridiction
les factoreries de la rivière Kadeî et il allait de l'une à
l'autre en ses tournées d'inspection, séjournant un mois
dans celle-ci, deux mois dans celle-là.
Il me reçut à Mogounga qui fut mon premier poste
dans les régions du Haut. J'arrivai à Touesso - le point
extrême ~e la ~avigation à vapeur sur la rivière Sangha
- en pleme saison de pluie, et ce fut aussi sous des
~orre~ts d'eau q~e je remontai en pirogue cette Sangha
JUS~u à Nola! puis _un peu de la Kadeï et qu'ensuite je fis
à pied ce qui restait de la route jusqu'à Mogounga.
Aujourd'hui que- j'y retourne dans ce Haut, les sons
d'une pareille guitare essanghi tapotent sur mon crlne .
mes yeux papillottent aussi à ces notes monotones et
regarder la brousse noire et basse avec au-dessus un vide
mat et jaune comme le tripoli qui la fait paraître en
bitume. Il me reçut à Mogounga. ]'y arrivai vers midi
après deux semaines passées dans la forêt à marcher le
jour et à dormir la nuit sous les arbres. J'atteignis Mogounga. Mon oignon rouillé piquait midi. Durant cette
marche de quinze jours, j'avais entendu de la poche de
ma ceinture de cuir son tic-tac énorme et c'était ce bruit
qui peut-être avait donné à mon pas un semblant d'énergie, à partir de la cinquieme journée ! Deux porteurs
noirs m'accompagnaient ; l'un était chargé de ma cantine
de tale, l'autre de mon lit de toile replié dans un sac. Le
soir, assis sur le bord de cc lit, je remontais ma montre.
je la replaçais dans la poche de ma ceinture et avant d~
m'étendre pour sommeiller je restais quelques instants à
ne rien faire, les yeux au sol ; lorsque je me décidais au
sommeil, machinalement je reprenais ma montre, incertain

à

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qu'elle fut remontée. Chaque soir je faisais ce petit geste,
cette répétition qui ressemblait à la manie d'un nerveux.
Ce que je redoutais,c'était l'arrêt de ma montre.J'imaginais
la cessation de la marche des aiguilles, les deux longues
du cadran des heures, la petite de celui des secondes
dont la Mte saccadée est si visible. J'imaginais cela parfois
durant ma marche ; je me voyais n'ayant plus par mon
oignon le contact avec le temps et obligé de vivre sur sa
nuance. Enfin ce fut Mogounga ! Lorsque j'y arrivai
Montert allait et venait devant son logis. Il fumait une
longue pipe de terre : la matche du fumeur la faisait
osciller à sa bouche. La tête basse, le dos vo-ô.té, les mains
aux fesses, il ne me vit pas survenir. Je lui criai de loin :
" Eh ! Eh !.. Montert !.. Montert !.. "
Il tressaillit et tourna vers moi un visage en terre
glaise. Je sus durant cette première journée que dans huit
jours commencerait sa quatrième année de séjour dans la
région de la Kader.
li me le dit après le déjeuner. Nous nous attardions à
fumer nos pipes sous le chimbeck. Moi je l'écoutais en
regardant la forêt. Il parlait, et la forêt était devant moi~
noire, toute luisante d'eau : des troncs, des troncs énormes
qui me paraissaient en caoutchouc.
Brusquement, parut devant nous le chef du village. Il
fut pour moi soudain comme une apparition. Cet homme .
était un colosse, nu, le sexe seulement voilé d'une pièce
de toile crasseuse. La peau de son corps était si rugueuse
pour nos yeux, si crevassée de longues rides, que ce noir
était tout semblable à des troncs de sa forêt à épaisse écorce.
Montert lui dit quelques mots que je ne compris pas, et
l'homme sourit et s'assit à même le sol. Il restait 1à, les

L'ISOLEMENT

2 59

yeux fixés sur moi. J'étais gêné et Montert le sentit. Il
me dit :
" Mogounga voudrait savoir votre nom ... "
Et moi, dévisageant l'homme : " Mahé... Michel
Mahé... " Et Mogounga reprit, le regard à Montert :
" Mahé ... Michel Mahé... " Et l'homme de chez moi
de ma patrie, l'approuva d'un lent mouvement de sa tête.'
Mais ils se prirent à converser tous les deux ; puis Montert m'expliqua que· Mogounga lui demandait d'où je
venais, où était mon pays, si mon père et ma mere
vivaient encore. Alors je lui contai tout cela dans ma
langue et il écoutait en le dévisageant Montert qui lui
tradui&amp;ait à mesure mes paroles. Je parlais et durant arrivèrent dix hommes M'Fan ; je les reconnus M'Fan à
leurs cdnes épilés; mais je les avais entendu venir d'un peu
loin, sans pourtant les voir à cause du manguier qui me
cachait la piste ; il m'arrivait seulement aux oreilles les
petits clapotements que faisaient les plantes de leurs pieds
à peser sur le sol amolli d'eau.
Eux aussi, semblables à Mogounga, le chef du village
de ce nom, avaient une peau noire et rayée, grise par
places, qui faisait que leurs corps paraissaient engaînés de
fibres de bois. Ils allèrent déposer sous le chimbeck des
pièces de caoutchouc brut, plates, rondes et grises ;
chacun en portait une dizaine enfilée par une racine ;
puis ils s'assirent les fesses au sol, les genoux à hauteur du
menton et leurs épaules amaigries par des ombres qui
creusaient la peau, saillaient, repoussées par les bras en
soutien du corps. Ils faisaient un groupe derrière Mogounga
et ils écoutaient Montert. Enfin je me suis tu, Montert
avec moi, et les M'Fan se rappelèrent à lui: tous s'écrie-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rent : M'Bala !.. Aia !.. Aia !.. avec des voix creuses et
sonores comme si ces hommes avaient parlé la bouche à
des tubes de métal.
Montert se leva : " Ce sont des contrebandiers en
caoutchouc du Kameroun allemand ... ils m'ont surnommé M'Bala, c'est-à-dire la banane à cause de mon
vêtement kaki •.. "
Et, afin de procéder au troc, il se dirigea, suivi des
M'Fan, vers la porte du magasin à camelote qui s'ouvrait
sous le chimbeck. Mogounga ne bougeait pas, immobile,
il rêvassait à je ne sais quoi, les yeux à la Forêt qui
égouttait. A côté de tous les arbres, masse noire à reflets
verts crus, mouillée, molle au regard comme une éponge
chargée d'eau, cet homme me paraissait avachi. Moi, je
le regardais ; je sentais mes paupières fripées par la chaleur
d'une sueur légère ; elles étaient alourdies ; elles m'étaient
deux petits poids, tièdes et mouillés, qui me rendaient
sensible le vide de l'air qui me pesait dessus. Par à-coups
un besoin de sommeil les affaissait un peu et Mogounga
m'était voilé par un éblouissement et c'était sur un petit
effort qu'elles se relevaient.
Le soir, je racontai à Montert ce que furent les quinze
journées de marche au bout desquelles j'atteignis Mogounga. Les hamacs de toile de nos deux lits pliants avaient été
tendus côte a côte et nous bavardions d'une moustiquaire
à l'autre. Allongé à l'intérieur de la mienne, ces quatre
parois de gaze blanche m'enfermaient dans une raideur
diaphane dont l'odeur d'empois moulait mon nez ; et
durant quelques minutes avant d'adresser la parole à
Montert, je me pris à penser a ces boutiques de blanchisseuses où, le samedi, des corsages de mousseline, empesés

L'ISOLEMENT

durant la journée, sont une masse qui, du plafond où ils
sont pendus, éclaire la pièce ; un parfum d'empois
embaume la boutique ainsi que l'était l'intérieur de ma
moustiquaire et, dès le seuil, fait de ces corsages usagés des
vêtements tout neufs.
Une averse avait commencé à crépiter sur le toit de
feuilles de la pièce où nous allions dormir. Aux premiers
bruits des gouttes, je dis à mon compagnon de chambre :
" Enfin !.. je vais cette nuit dormir à l'abri !.. "
Il me répondit par un ricanement bref qui devança ces
paroles : "Nous avons bien encore pour deux mois de
pluie ... "
Et moi: "Je m'en fous ... pourvu que mes nuits ne
soient pas à la belle étoile ... si j'ose dire, en oubliant le
beau ciel-de-lit que faisaient les branches des arbres..• ''
Eh ! oui ! Cette nuit-la allait être la première durant
laquelle depuis quinze jours je dormirais abrité !.. Mais,
à cause de ce bruit de pluie qui froissait le silence de la
chambre, à cause des entre-deux des claies dont étaient
faites les murailles, l'obscurité dans ,laquelle nous respirions, Montert et moi, était la froide et humide nuit du
dehors qui aurait mis ma chair en contact avec la moiteur
des feuilles et des troncs de toute la forêt; je sentais de
mon lit que la factorerie moisissait.
Montert me dit: "Attends!.. je vais éclairer ... " Il
~rtit de sa moustiquaire et alluma son photophore a
l'aide d'une brindille à laquelle il mit le feu en plaçant
l'extrémité soufrée sur la braise de l'amadou d'un
briquet.
Et soudain je vis le vide autour de moi.
La chambre me parut à cet instant plus délabrée qu'à

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISJ!.
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mon entrée 1U1 peu avant le soir, lorsque J'y pénétrai afin de
déplier mon Jit et de tendre ma moustiquaire. La lumière
trouble et mobile produite par cette bougie, dont la flamme
vacillait dans le globe du photophore, rouillait l'espace
entre les cloisons ; le so] en glaise battue, rouge brique,
était rayé d'ombres immobiles et il sautillait soudain aux
sursauts de la petite langue de feu jaune dont le frissonnement brusquait l'inertie de la terre ; les quatre coins
de ce réduit étaient quatre piliers noirs massifs, bruts, qui
réduisaient le déplacement dans le lieu.
Ce fut dans cet éclairage louche que je dis à Montert
à quel point mon voyage de Nola à Mogounga avait été
monotone. Les nuits! ah ! les nuits ... Je marchais le soir
tant que je n'avais pas rencontré un de ces solitaires logis
d'écorce et de branches où s'abritait un couple de noirs
de la forêt, d'Eclliras teints en rouge. J'y arrivais souvent
alors que la nuit enfermait la forêt depuis deux heures
déjà. Un feu s'éteignait dans le trou qui était le foyer et
dans la case encro1ltée de suie je m'imaginais reposer sous
la hotte d'une cheminée de chez nous. La pluie crépitait
au-dessus de ma tête ; les chocs des gouttes faisaient se
détacher la suie du plafond et des duvets noirs poudraient
mes mains. L'homme et la femme accroupis devant la
porte contemplaient en grelottant la forêt. Muets, ils
paraissaient être dans l'attente d'un évènement. Parfois
un enfant pleurait, invisible dans l'obscurité de l'un des
angles de la case.
Moi, je mangeais des bananes en regardant comme eux
les arbres ; je me sentais influencé par l'inertie de ces
êtres ; elle me gagnait ; et puis il y avait sur le toit le
grattement monotone de la pluie; et puis il y avait le

L'ISOLEMENT

poids et l'immobilité du temps ; je souffrais d'un froid à
l'intérieur de mes os, et la peau de mes mains et de ma
face était gluante d'un froid humide et je me sentais
devenir une chose de la forêt.
C'est avec un petit effort que je me levais pour aller
trouver mon lit de toile ; et je m'endormais bercé par les
ronflements de mes deux porteurs noirs étendus dans un
coin et par la pluie.
Les journées !.. Je marchais.. je marchais ... Fatigué, je
me reposais les fesses à l'herbe du sentier. Souvent les
porteurs de mon lit et de ma cantine me laissaient assis
là et continuaient. Reposé, je reprenais ma route et les
retrouvais accroupis à m'attendre au pied d'un arbre.
Lorsque mon oignon indiquait neuf heures, une heure
et cinq heures, je faisais balte pour un repas de bananes,
de mangues et de ces grosses oranges à peau verte et à
jus qui me griffait la langue et me resserrait la gorge.
Elles tachaient la masse noire d'arbustes qui bordaient
d'étroits ruisseaux ou de petites mares que m'annonçait,
avant de les atteindre, un ronflement pareil au ronronnement d'une lointaine scierie mécanique : c'était le bourdonnement de grosses mouches à tête verte et à ailes
rouges. Les insectes volaient à ras de l'eau et massés en
essaims qui zigzaguaient, et leur ombre passait sur l'eau,
figée, semblable de loin à une feuille de fer blanc. J'avais
cueilli les fruits au passage. Chaque matin, à l'heure où je
quittais la case de l'homme et de la femme Echiras, la
forêt me frappait le visage de toute sa fraîcheur ; la pluie
avait cessé, mais elle continuait à tomber des arbres.
Je commençais de marcher et à la longue, bien qu'abrité de la vollte feuillue, je sentais, à mon chapeau de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

feutre et à mes joues, le vide du ciel ensoleillé qui séchait
les cimes.
J'avançais ... j'avançais... et brusquement le sous-bois
s'assombrissait, ensuite c'était la pluie.
C'était la pluie larges gouttes froides, drues et dont
la chute raide n'avait pas été ralentie par le feuillage. Aux
premières, des frissons réduisaient mon corps à l'intérieur
de mon vêtement de toile ; puis très vite j'étais alourdi
du poids de mon veston et de mon pantalon qui ruisselaient. La pluie cessait brusquement de tomber et le sol
repoussait une odeur de terre chaude lorsqu'à la longue,
bien qu'abrité de la vo&lt;tte feuillue, je sentais, à mon chapeau de feutre et mes joues, le vide du ciel ensoleillé
qui séchait les cimes.

a

a

Il passait dans la forêt sept, huit de ces courtes trombes
d'eau, durant la journée ; et de l'une à l'autre le soleil
au-dessus des arbres chauffait l'humidité du sous-bois. Et
moi, aussit6t que je sentais une légère sueur au creux de
mes aisselles, je me dévêtais, et, tout nu, au milieu de la
piste, j'attendais que soient secs mes chaussures de toile
brune et mon pantalon, mon veston et ma chemise
étendus sur des branches basses ...
BERNARD COMBRTIB

RÉFLEXIONS
SUR LA LITTERATURE
LE CENTENAIRE DE GEORGE ELIOT
Le centenaire de George Eliot, en nous occupant cette
année en même temps que celui de Spencer, peut nous aider
à reconnaitre deux figures tout à fait contrastées del' Angleterre,
comme Eliot elle-même se plaît à en voir dans Tom et Maggie
Tulliver. Autant Spencer paraît un mécaniste pur, mécaniste
de ]a pensée et de la matière, sorte d'ingénieur philosophique et
moral, portant de Ja nébu1eusc primitive à l'Etat et à l'individu
de demain un point de vue, une méthode, des manies d'ingénieur civil (les polytechniciens venus à la philosophie et à la
littérature sont peut-être en France ses analogues les plus
ressemblants), autant Eliot paraît douée uniquement et
exclusivement du génie de sentir et de créer la vie : l'un et
l'autre se connaissaient, se fréquentaient, s'estimaient beaucoup,
et la nature de Spencer était pour Eliot un sujet d'étonnements
et d'épigrammes sans .fiel qu'elle ne lui ménageait pas.
On trouve cependant entre eux une ressemblance. J'ai dit
quelle stupeur provoqua chez beaucoup de lecteurs l'Autobiograpliit de Spencer: on n'imaginait pas encore qu'un philosophe pOt
se raconter lui-même avec autant de platitude. J'ai dit que cette
biographie tout de même m'intéressait fort, mais je ne demande
à personne d'~tre de mon avis. On a publié, selon la coutume
anglaise, après la mort d'Eliot, sa vie et ses lettres, avec des
fragments de journal, le tout formant trois copieux volumes.

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266
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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

1

1

Il\

Il semblerait qu'avec la vie intellectuelle et morale si originale,
si indépendante et si forte qu'a menée George Eliot un tel livre
dt\t offrir un intérêt de premier ordre. Il n'en est rien, et
l'ouvrage ne s'élève pas beaucoup au dessus de celui où Spencer
s'est exposé. Eliot et Spencer appartiennent au type des écrivains
et des penseurs qui se mettent tout entiers dans leur œuvre, se
subordounent et se sacrifient naturellement à elle, ne gardent
pour eux-mêmes qu'une part minime et tonjonrs décroissante
de la richesse qu'ils créent et répandent. Tel le caissier de la
Banque de France, dont la signature garantit quarante milliards
de billets et qui arrive mal à doter ses filles.
A l'extrémité opposée on apercevra un Amiel, sorte de Roi
Midas riche du prodigieux trésor intérieur que nous fait entrevoir le Journal intimt, transformant en or cout ce qu'il touche,
jusqu'au pain et aux fruits de sa table, incapable d'en tirer de
la vie, de l'être, des œuvres. Entre les deux l'équilibre parfait
d'un Gœthe, et, à un moindre degré, la pénétration de l'œuvre
et de la vie chez un CMteaubriand, un Sainte-Beuve, et même
un Flaubert. Comparez George Eliot à George Sand : les
romans de celle-ci nous paraissent aujourd'hui d'un intérêt
, secondaire, bien qu'ils ne méritent pas la profondeur de dédain
injurieux où on les a capricieusement laissé tomber. Mais les
dix volnmes de mémoires et surtout l'abondante Currepondançe
gardent encore dans leur masse diffuse la présence, le mouvement et le feu de la vie. La destinée littéraire de George Eliot
fut exactement inverse. On songe devant elle à cet apologue
de Jlimpératrice Elisabeth noté par M. Christomanos: "Je
vis une paysanne qui distrjbuait la soupe aux valets : elle ne
put remplir sa propre écuelle. "

51

Le carrière littéraire d'Eliot serait un phénomène unique
celle de Rousseau n'existait pas. Comme Rousseau elle

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

commence à écrire assez tard, - à trente-sept ans, ayant derrière elle l'acquis d'une vie riche, pleine, originale. Comme
Rousseau (un peu le Rousseau de la légende, j'en conviens)
elle est déterminée à écrire par un hasard et nullement par une
vocation intérieure ; elle vient de s'unir à Georges Lewes, et
celui-ci prétend qu'elle devrait rédiger ses récits, ceux-la sans
doute qu'elle lui conte dans leurs soirées ; elle s'en défend,
finit par essayer, et ce sont les Scbtts de la vie cléricale. Comme
Rousseau, le succès Je plus enthousiaste l'accueille dès le début,
la maintient à l'état de tension et de travail créateur. lui fait
accumuler en ,l'espace de quelques années, ses vrais chefsd'œuvre, immédiatement dans toutes les mains. Comme Rousseau elle s'impose aux lecteurs, à son temps, par la seule force
de son génie, malgré la situation sociale la plus irrégulière,
vivant en union libre, dans le pays même du Cant, avec un
philosophe séparé de sa femme et de ses enfant&amp;. Elle-même
mettait d'ailleurs Rousseau au dessus de tous les écrivains. Mais
là s'arrête à peu près l'analogie. Autant Rousseau paraît un
fiévreux et un malade, autant George Eliot, dans sa vie comme
dans son œuvre, donne une impression de santé et d'équilibre.
Certes la sensibilité afHeurante et décevante, la mobilité à l'état
de passion et de tourment qui font l'être du malheureux
Rousseau ont existé dans la nature de celle qui a voulu se peindre en Maggie Tulliver. Mais, elles ont existé en sourdine, elles
n'ont point résisté à certaine nature souveraine qui les incorporait à sa lucidité et à son calme, elles ont été surtout
absorbées par la vie de création littéraire. Si Rousseau est peutêtre la première en date de ces victimes de la littérature qu'en
France nous connaissons si bien, Eliot fut au contraire sauvée
par la littérature, promue par elle à la plénitude de la destinée
heureuse et normale qui lui convenait. La littérature comme
l'amour peut être un fléau ou un bienfait. Elle redouble
autour d'un Rousseau les :flammes de son enfer. Elle multiplie
autour d'une Eliot les harmonies de la nature et de l'homme.

�2.68

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Plus exactement voyez ce que la littérature fait, pour leur
tourment, des " quatre Sirènes " qu'étudie M. Maurras dans
le Rom4ntisme féminin : des femmes arr~tées en pleine émotion,
en pleine vibration sensuelles. Son elfet sur George Eliot fut
bien di1férent, quoique encore très authentiquement féminin :
la littérature fut sa maternité.
Une maternité morale dont l'e.ffet ressemble à celui d'une
saine maternité physique. La femme qui devient dans des
conditions favorables mère et créatrice de vie entre généralement dans une phase de santé, de bonheur, d'action aisée,
d'épanchement et de sourire qui disent oui à l'univers. Ce fut
le cas de George Eliot. Ses livres naquirent en enfa)ltS frais
et riches de pulpe comme le peuple des tableaux de Rubens.
Ainsi s'explique en partie le sacrifice de son être à son œuvre,
le sacrifice naturel de la mère aux enfants. On est choqué
d'abord, en lisant ses fragments autobiographiques, de la voir
si bien devenue une pure femme de lettres, s'intéressant surtout à ce qui comporte un rendement utile de prodùction
littéraire, laissant se stériliser à peu près les beaux champs de
vie intérieure où elle avait vécu sa première existence. Ce sont
U tout simplement des nécessités analogues aux nécessités
maternelles, " Revenons à la réalité, disait Balzac. Parlons
• d'Eugénie Grandet." La réalité de Silas Marner et de Romola
comporte comme celle des enfants qui croissent tout un ordre
de détails matériels, go!Îters à préparer ou bas à raccommoder,
qui paraissent à une mère aussi essentiels que l'étaient autrefois
pour elle les mots d'amoqr dans le.s orangers.:.,Le brave Augier
faisait du père de famille uh poète. Bien plutôt c'est le poète
qui doit se plier devant son œuvre à des devoirs de père ou de
mère de famille.
George Eliot a cessé d'être intérieurement intéressante au
moment où ses héros le sont devenus, où elle a éteint sa vie
jusqu'à la modeste mesure d'unè lampe de travail pour entretenir la flamme de la leur. A vingt ans elle eüt probablement

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

écrit comme George Sand. Elle se füt mise entière et directement, d'une naturè sincère et ardente, dans ses récits. Ses
personnages, trop près de leur source, n'eussent pas vécu
beaucoup plus que ceux de Disraeli.. Mais les saisons se suc.cédèrent en elle avec la lenteur, fa régularité, la perfection même
de la nature, et la récolte se fit par une pleine journée
d'automne, dorée et tiède à point. Ses romans, ses héros, ses
enfants elle ne les inventa pàs, elle les tira de son souvenir-.
Elle raconta, avec le génie achevé de la transposition, el!emême, son frère, ses parents, ses voisins, le coin vivant d'humanité où cet être observateur et réceptif avait fiût sa partie et
tenu sa place. Tout cela fut dessiné selon une juste perspective,
ni de trop loin ni de trop près, dans une transparence de
poésie vraie et dans une lumière aussi substantielle que celle de
Claude Lorrain ou de Hobbema. La vie réalisée et dégagée
sous cette forme créatrice et maternelle, durant les belles années
qui allèrent
. des Scènes de la oie Cléric4/e à Romola, ce fut l'ordre
où . Mary 'Evans mit au jour le meilleur d'elle même, fut
vraiment elle-même avec plus de vérité peut-être qu'elle n'en
comportait aux temps de jeunesse où elle passait par ses
grandes crises religieuses et morales.

La Russie ayant groupé ses grands romanciers dans l'espace à
peu près d'une génération, il ne reste que deux littératures, la
française et l'anglaise, pour avoir réparti sur deux ou trois
siècles une suite serrée et continue, un ·peuple véritable de
créateurs de vie. Si les Français sont plus artistes, si la vie qJ1'ils
ont créée atteint des profondeurs uniques de subtilité et de
raffinement, il semble bien que, malgré la présence ici d'un
Balzac, d'un Stendhal et d'un Flaubert, fa masse et la poussée
de vie produites au jour par le roman anglais représentent
quelque chose de plus touflù, de plus puissant, de plus irrésis-

8

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tible. Le don de construire et de mettre en valeur est moindre
que chez les Français, mais l'énergie créatrice est plus intense
dans son foyer, plus patiente dans sa durée, plus stire et plus
tendue sur la ligne du temps. Cette présence et ce respect du
temps, voilà la marque authentique du grand rotnan anglais et
Eliot a sans doute été ici plus loin qu'aucun de ses compatriotes.
Ce trait rentre d'ailleurs dans un autre plus général. C'est
presque un lieu commun que de dire que l' Anglais est un
homme et l'Angleterre une nation pour lesquels la durée
existe, possède une vertu propre, crée un droit,_ u~e v~rité,
une beauté. Il n'en a sans doute pa'S été toujours arns1, mais la
psychologie de l'Angleterre moderne, telle qu' ell~ ressor~
par exemple de ce pharisien de Macaulay (au mom~ aussi
typique de l'autre côté du détroit que Thiers et que _Michelet
chez nous) et telle aussi que Taine l'a éprouvée poétiquement
dans sa matinée d'Oxford, comporte comme une vérité la
croyance à la durée et comme une vertu la soumission_ à la
durée. Il est peut-être naturel que la philosophie bergsomenne
se soit si fortement implantée en pays anglais.
Le roman français a toujours une tendance à imiter la
tragédie française, à éliminer ou tout au moins à ramass~ la
durée à contracter le personnage dans une figure plastique,
,
.
d'
dans un caractère fixe, et son action dans la peinture une
crise. Stendhal plus que tout autre sait s'installer dans la durée;
la séduction de la Chartreuse provient en partie de ce que les
personnages, et surtout Fa_brice, y durent réellem~~t, cont~nôment, et que, par un miracle d'art spontané, l 1Sochrome
semble parfaite entre le déroulement du roman et le déroulement normal de la vie ; Fabrice et la Sanseverina n'y sont
· amais posés du dehors, mais l'auteur paratt les laisser construire
~ar la durée qui les porte et les évène~ent_s qui les f~rment. Ils
n'en vivent pas moins, le livre une fo1~ fini et ferme, avec une
inten~ité unique ; mais on a senti cette vie se déposer, se

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

271

former, cristalliser sans h.1te, au fur et à mesure des jours, des
circonstances et des péripéties. Il n'en va pas de même du
Rouge et Noir, où dès le début les personnages sont affirmés
beaucoup plus entièrement, et où Julien (fort justement d'ailleurs, car les conditions de ce roman sont tout autres que celles
de la Chartreure) ne comporte pas ce mth-issement de Fabrice
dans son jardin d'Italie. Les romans de Balzac isolent des
tranches déterminées et décisives d'existence. Et à vrai dire
Flaubert dans Madame Bovary et dans l'Edtttatirm Sentimentale
suit bien en somme la durée lente et progressive d'un personnage, mais l'exception confirme singulièrement la régie,
puisque cette durée même est prise comme un élément de
caractère, un principe de nihilisme, que, rigoureusement, pour
Flaubert, un être qui dure c'est un être qui se détruit, et que '
ces deux romans sont comme le tableau clinique de cette
destruction. Même remarque pour lçs Goncourt et Alphonse
Daudet, qui ne représentent presque jamais (passei: tout en
revue depuis Charles Demailly jusqu'à Port-Tarascon) que des
êtres qui se détruisent, que des durées qui se défont, si l'on
peut appeler durée ces tableaux successifs, saccadés et sans
continuité des Goncourt diamétralement opposés aux "suites"
anglaises.
Observez ~e si ce sens et ce besoin de la durée font la
solidité du roman anglais, ils ont rendu les Anglais absolument f
incapables d'écrire la nouvelle courte (alors que les Américains
y ont si bien réussi), - la nouvelle courte, triomphe du conteur
français et que nous voyons chez nous les plus médiocres produire chaque jour pour les journaux avec une sorte de tour de
main héréditaire. C'est qu'ici la durée ne paraît plu, un flot qui
nous porte ; mais au contraire un obstacle qu'il faut vaincre
en y jetant rapidement un pont.
La durée du roman anglais ne défait pas, ne détruit pas, elle
construit, comme fait chez nous celle de la Chartreuse de Parme.
Les personnages, de l'enfance à la mort, naissent, grandissent,

�272

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1

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LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

deviennent hommes, jouent leurs r6les, disparaissent ; mais
quand ils se sont évanouis, il subsiste derrière eux de l'humanité
et de la beauté, de l'essentiel et du plein. Leur vie quel que
soit son détail minime ou misérable, quels que soient l'ironie
et le sourire de l'auteur, c'est néanmoins quelque chose d'arrivé,
de sérieux, d'unique, que nul autre n'aurait pu vivre à leur
place, de même que nul autre n 1eih pu écrire à la place de
l'auteur l'analogue d'une œuvre de génie. Le réalisme et le
naturalisme français, qui racontent des échecs avec une joie
secrète et dure, font au contraire de la durée vivante quelque
chose qui aurait dft ne pas être. Ils la nient du point de vue
du droit avec la même ~preté minutieuse qui la leur fait
analyser du point de vue du fait. Tous leurs récits pourraient
porter un titre analogue à celui d'une œuvre de Tourgueneff
(qui eut fort bien conscience de cette tragédie littéraire): Journal
d'un lwmme de trop. Chez Eliot au contraire comme chez de
Foë, Thackeray, Dickens, Meredith, Hardy, vou; ne trouverez
jamais un homme de trop. Au nom de quoi, sinon de l'orgueil
ou du rêve, jugerions-nous qu'un homme, nous ou autrui, est
de trop r
Telle est donc l'essence du roman anglais, et surtout de celui
d'Eliot, une durée humaine, acceptée comme la seule et la
pleine réalité, enregistrée et suivie avec la longue patience
sympathique d'un génie consubstantiel à la vie &lt;fh'il pénètre :
je ne cherche pas ici d'expressions bergsoniennes, mais je les
vois sans regret venir d'elles-mêmes sous ma plume. Dans ces
dimanches de George Eliot~ où se réunissaient autour (\'elle et
de Lewes les plus libres esprits de l'Angleterre, Mill, Spencer,
Tyndall, Huxley, et où les problèmes se discutaient aveç tant
de calme et de sérieux, il est probable que l'évolutionnisme
spencérien, apparemment doctrine de la vie, devait être spontanément critiqué et rejeté par Eliot du point de vue même de cette
Tie et de cette durée que son génie créait et respectait: de sorte
qu'un philosophe, en accouchant socratiquement la pensée

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATORE

2 73

d'El!ot, ,~n eftt tiré avec ~~e certaine précision et un certain
~éta1l l_ idé: de cette oppos1t1on établie par M. Bergson entre
1évolutIOl)nisme mécanique et la création vitale. Les choses ne
se passent-elles pas dans l'Er,o/ution Cri4trite selon le même
ryth°,1e que_ dans -'!dam Bedt et le Moulin?_ Justement, c'est
que 1 Er,o/utton Creatrict est un roman, un beau roman._ C'est
surtout qu'un roman d'Eliot est profondément une évolution
créatrice. Mettez qu'entre l'artiste qui fait de son œuvre le
théâtr~ de cette éTolution et le philosophe qui enregistre cette
évolution par la pensée il y a la différence même de l'instinct
et de l'i~telligence, ~orsqu'ils s'appliquent au même objet : les
deux :eg1stres fournissent un point de vue analogue sur le
mécamsme spencérien. Et un beau génie des balancements et
des complémentaires, à une heure où la philosophie n'est pas
mftre encore pour la critique de l'évolutionnisme qui conquiert
le mond~ angl~-saxon, développe aux côtés de Spencer, qui est
certes bien lom de flairer l'ennemi, le roman de la durée
vivante.

• Cette durée, il faut d'abord qu'elle existe, et, en laissant de
coté le.s f~rro~ très différentes qu'elle revêt en poésie, en musique, en h1sto1re, il est bien certain qu'elle ne peut exister que
dans le roman et que de nature elle eit entièrement opposée à
celle du théâtre. Le thHtre "n'a pas le temps ' 1 et le roman
" a l e t emps " • Je n ,.ms1ste
· pas sur ce lieu commun. Mais le
ro~ anglais, avec ses longues suites copieuses de trois, cinq
ou _du: volume~ (réservés chez nous aux romans populaires,
J"if Errant; Misér4b/e1, Rocat11bole), sait se donner Ie temps et
s'éta_blir en plein confort de durée. (On sait que jet11tChru:ophe est plus septentrional que francais.) Le roman
anglais a le temps comme l'Angleterre a l'espace, et le lecteur,
comme le commerçant de là-bas, sait faire crédit. Ainsi le

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2 74

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

roman anglais de l'époque victorienne a l'incomparable secret
de faire pousser un être de façon entière, insensiblement, sans
à coups, - ou à peu près ; car peut-être reste-t-il un peu de
trépidation, de saccade nerveuse et de brusquerie dans Dickens.
Mais quelle perfection chez Thackeray ! En lisant la Foire aux ·
Yanith, ne sent-on pas de l'intérieur, et par une mystérieuse
sympathie, grandir George Osborne, Dobbin, Alice, l'enfant
passer à l'homme en une sûre continuité, rester le même et devenir nouveau, épouser la logique imprévisible de la vie ? Et cela
George Eliot l'a fait mieux encore que Thackeray, à un point
qui ne paraît pas pouvoir être dépassé.
Quand M. Bergson a voulu aborder par son point central
cette vision de la vie qui lui était apparue dans son thème
élémentaire et simple, il est allé tout droit au problème de la
liberté. Cc problème devrait apparemment fournir au roman
une matière inépuisable, et pourtant, sauf des exceptions très
hautes comme la Princesse de Clèfles, il semble que presque tout
le roman français ait pris le déterminisme comme un postulat
inconscient, se soit donné pour tkhe de dissiper, selon l'expression spinoziste, cette ignorance des causes qui nous déterminent,
mise pour nous avec un exposant positif au compte de la liberté.
Il n'en est pas de même du roman anglais, et je renvoie à ce
que j'ai dit ailleurs du roman d'aventures et de Robinson. En tout
cas, George Eliot en se plaçant en plein courant de la vie a senti
s'imposer à elle les drames de la liberté, la vision des moments
privilègiés, où la vie s'éprouve dans toute sa fécondité virtuelle
et, d'un flot unanime de tout l'être, se porte à l'acceptation d'une.
destinée. Dans tous ses romans, on retrouve ces moments privilégiés qui se détachent en fils d'or, mais mêlés profondément à la
texture suivie du récit. Quel est le grand tournant de Maggie
Tulliver, en qui George Eliot a mis les plus vraies parties d'ellemême et qui doit occuper pour nous, dans cette galerie dont on
aimerait parler entre Eliotistes (mais où sont-ils? Sonnons
' tout de même ici au ralliement !) comme les Stendhaliens

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

2

75

parlent de leurs personnages familiers, la place centrale ? Est-ce
la fuite avec Stephen ? Peut-être non.
Au moment d'histoire où nous sommes parvenus, la famille
Tulliver réalise, comme un individu limité, une nature absolue.
Elle vit dans un monde où les familles existent, de même que
l'Angleterre existe: l'esprit Dodson n'est pas un vain mot.
Dans cette famille adulte et fixée dans certains caractères stables,
deux êtres se développent, Tom et Maggie, deux êtres qu.i
comme tous les personnages d'Eliot, sont foncièrement bons :
car si elle a montré des hommes qui sont devenus mauvais, elle a
expliqué comment ils l'étaient devenus, elle a toujours refusé
d'animer une figure qui ftît destinée par sa naissance au mal, à la
sottise, au péché, elle appartient au pays de Wesley, non à celui
de Saint-Cyran. Aucun mot ne lui semblerait plus mal fait pour
terminer un de ses romans que celui sur lequel se clôt presque
Madame Bovary: C'est la faute de la fatalité. Tom et Maggie
sont de petites créatures libres qui font elles-m~mes leur
destinée, et chacune des filles de la famille Dodson, même
Madame Glegg, a dO. résoudre en son temps un problème pareil.
Le problème est celui-ci : l'enfant s'adaptera-t-il à l'esprit de
sa famille, ou bien prendra-t-il appui sur elle pour s'évader
de cet esprit ? Famille, Eglise, Etat, ce problème du conformisme est au fond le problème qui se pose à chaque conscience
anglaise et qu'elle résoud fréquemment par des partis-pris
énergiques et totaux. Tom a opté pour le co)Jformisme, pour la
famille en tant que chose "établie". li le fait parce que c'est
son devoir, et il le fait avec des sacrifices lourds qu'il a
conscience de pouvoir, s'il lui plaît, éviter; d'où sa dureté à
l'égard des cœurs plus faibles. Maggie opte peu à peu pour le
non-conformisme; il semble qu'elle y soit poussée par les circonstances, en réalité elle y est toujours conduite par sa petite
volonté, qui la mène à des conséquences qu'elle n'a pas prévues.
Dès lors le vrai tournant de Maggie, la journée décisive où
toutes ses puissances apparaissent au clair et où sa nature s'ouvre

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

jusqu'en son fond, n'est-ce pas cette journée de son enfance où
jalouse de sa cousine Lucy elle la jette dans la boue et se sauve
chez les bohémiens ? Tout le raccourci de sa vie est là, et tout
le drame qui se passera plus tard entre Maggie et Lucy, Tom
et Stephen y est contenu en miniature et en graine. Voilà,
chez les Tulliver, l'inévitable non-conformiste de la famille
anglaise la plus enracinée, la plus étroite, la plus Dodson. Voilà
la triste et merveilleuse découverte d'un nouveau monde moral.
Voilà l'individu qui, avec le cœur le plus tendre pour les siens
et le plus déchiré par l'éloignement, se fera cependant une existence propre,ira vers les lointains intérieurs comme un aventurier
vers les mers étrangères. Voilà la fine pointe par laquelle l'être
des Dodson et des Tulliver se défait, éprouve déjà cette pente
de l'eau que descendra la jeune fille quand la détente d'un
cœur surmené la laissera flotter inerte aux côtés de Stephen.
Dès lors Maggie n'est-elle pas comme Emma Bovary un être qui
se détruit? Peut-être. Mais notez d'abord qu'il n'y a dans le
roman de Flaubert, sauf Homais, aucun personnage qui se construise et qu'Emma est prise dans le courant universel d'une
création qui se défait, entre ce Gog et ce Magog des derniers
temps, Homais et Bournisien ; dans Eliot au contraire, Maggie
est seule à se détruire par les explosions d'un cœur ardent, et
Tom établit à côté d'elle un élément solide de contraste. Et
observez aussi que lorsque l'eau emporte le moulin et brise la
barque où Tom et Maggie dans les bras l'un de l'autre réunissent
les dernières secondes de deux vies que le drame de leur cœur
sépara, nous sommes saisis par la gravité d'une catastrophe
tragique comme devant le palais d'où Œdipe sort les yeux crevés,
mais nous n'avons pas l'impression que cette vie du frère et de
la sœur., brisée dans le même désastre, ait passé inutile et stérile.
S'ils ne sont plus, ils ont été, ils ont vécu la vie de chair et d'os
et non pas,comme les personnages de Madame BO!lary, celle dont
parle Perdican, la vie de l'être factice ~réé par l'ennui et
l'orgueil ou par la bêtise sociale. La mort les arrête comme un

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

277

contour, elle ne les détruit pas comme une main qui touche
une forme de sable. Bien plus il fallait qu'ils cessassent d'exister
afin d'être ce qu'ils sont devenus : les types profonds d'une
Angleterre séculaire.
Lisez les autres romans aussi, à la recherche de cette vie
morale profonde, de cette pure liberté intérieure qui n'est pas
de la volonté tendue à la Corneille, mais le gonflement et la
respiration d'une âme au moment inattendu, souvent le plus
insignifiant, comme le grain de sénevé de l'Evangile, où elle
s'engage dans sa destinée imprévisible, se plante pour fructifier
en bien ou en mal. Adam Bede n'est que cela et il est manifestement tout cela. Et le jour où élaguant tous ses souvenirs
personnels Eliot a voulu dessiner en son raccourci parfait cette
courbe d'une vie humaine, elle a écrit Silas Marner. Le tisserand
de Raveloe symbolise l'homme avec autant de puissance concentrée et nue que les enfants de M. Tulliver expriment
l'Angleterre. Tête étroite et obstinée il s'est attaché à la lettre
de la religion, et la lettre l'a trompé. Du même fonds dont il
enfouissait son cœur dans une église formaliste et étroite, il l'a
alors enfoui avec une autre matière sans vie, celle de l'or. Et
l'or lui est volé. Silas est resté le même et sur cet homme pareil
le second coup de la destinée est pareil au premier : c'est
la même erreur qui l'abuse. Mais à la place de son trésor
il a trouvé les cheveux dorés d'un petit enfant, et cet or qui
n'est plus stérile c'e&amp;t le premier rayon des richesses éternelles
que les vers ne mangeront point. Un secours miraculeux, qui
aurait pu si bien ne pas être, a amené Silas à sa nouvelle destinée,
a porté vers une chose vivante toute la nature ignorante qui
l'attachait à la matière. L'acte le plus haut de la liberté c'est
cette conversion intérieure vers la ,ie qu'Eliot a décrite si
souvent comme le sujet propre à son génie.
De ce point de vue Romola ne s'oppose nullement aux autres
romans comme une reconstitution historique à des œuvre's de
r!alisme. D'abord tout ce qui est reconstitution historique y est

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

assez faible, et ne s'élève pas au dessus de Walter Scott dont
Eliot reproduit souvent le procédé. Mais Romola est peut-être
avec le Moulin l'œuvre la plus autobiographique d'Eliot. Elle a
eu la discrétion de ne mettre en scène aucun personnage de son
entourage, ni surtout Georges Lewes, n'ayant pas sur les
convenances les mêmes sentiments que les femmes et les
hommes-femmes de lettres d'aujourd'hui. C'est pourquoi elle
a coupé court à toute tentation en rejetant son œuvre dans un
passé qui satisfaisait en elle la femme de bureau très matérielle
soucieuse d'utiliser un voyage en Italie, et qui présentait, par
le revival de Savonarole, quelque analogie avec les milieux
anglais où elle avait vécu. Ce roman où tout se groupe autour
des personnages saisissants de Tito et de Romola (Savonarole
est bien manqué), c'est le roman de la liberté intérieure et le
roman de la conversion intérieure. Il s'agit d'abord de montrer
la néces~ité d'une tension et d'une défense pour que la circonstance la plus légère ne nous entraîne pas dans le ma!. Tito, qui
n'est pas plus mauvais que l'Hetty Sdkl d'Adam Bedt, est conduit
à une vie de scélérat comlJ]e Hetty à l'infanticide par une
chaîne dont le premier chaînon est fait d'un instant de
négligence et d'oubli. Il ne réagit pas quand il le pourrait, et
il est frappé par une fatalité dont il est responsable parce
qu'il s'y est en somme librement soumis. Romola facilement
reconnaissable représente l'intellectuelle païenne, douce et
savante, raisonnable et tendre, la plante choisie d'un beau
cabinet d'antiques ou de travail pour un père et pour un époux,
et dans le cœur de qui la souffrance et Savonarole éveillent
les sentiments de sacrifice chrétien dont se comblera doucement
et tristement le vide intérieur qui lui est révélé par le plus
ordinaire accident de la vie. Au centre de tout roman d'Eliot
(sauf Daniel Deronda) il y a une créature qui lui ressemble, un
être pour qui la vie morale existe, et tous sont plus ou moins
avancés sur un chemin, mais ils vont sur le même chemin :
c'est Jeanne, Maggie, Dinah, et cette attachante Dorothée

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

•

2 79

Casaubon. L'admirable spectacle que de voir le christianisme
protestant se déposer dans la maison 1de ces positivistes que
sont Eliot et Lewes, l'incorporer malgré les malentendus à une
tradition continuée - ainsi que le catholicisme romain a
cristallisé sur les murs de l'Eglise corntiste !
Ainsi cette créatrice de vie qui n'a guère puisé que dans son
expérience personnelle anglaise est devenue, comme elle le
rêva sans doute à Weimar et à Florence, un puissant et bienfaisant génie d'Europe. Elle n'a pas été déplacée dans le cercle
de philosophes où elle vivait, les Mill, les Spencer, les H1.1xley,
les Lewes. Elle a fait son domaine propre de ce qui manquait
à leur philosophie. Il lui fallait peut-être des philosophes autour
d'elle comme il faut à côté de Maggie le frère qui se réalise
dans la nature contraire. Elle s'est installée dans la vie comme
ces philosophes dans l'abstraction et le mécanisme. Et c'est
peut-être par une belle illusion (mais je ne la croirai jamais
tout à fait trompeuse),·que j'ai vu glisser par elle leur philosophie vers la détente, la création et la vie. Et dans l'incident
philosophique auquel je me suis- référé, il n'y a sans doute
qu'un accident ; sans doute la philosophie de l'évolution créatrice n'est qu'une étape sur une belle route que nous entrevoyons, sur une route que l'art entoure d'un paysage et dont
Silas Marner nous fait à la façon d'un mythe platonicien
entrevoir le raccourci idéal. Il vient toujours un moment où la
pensée humaine, ayant vu disparaître le trésor illusoire qu'elle
couvait, peut retourner chez elle dans le désespoir et les morceaux d'une existence brisée. Elle peut aussi rester, méditer,
sentir bientôt sous ses doigts cet or de chevelure au delà
duquel il y à, comme la mer derrière sa frange d'écume, la vie
riche et mouvante qui l'apporte.
ALJJERT THIBAUDET

�,1
1

NOTES

280

Il

NOTES

LES CROIX DE BOIS (Alb. Michel); LE CABARET
DE LA BELLE FEMME (Edition Française Illustrée), par
Roland Dorgelès.
M. Roland Dorgelès est un romancier de grande tradition.
Son art est gouverné par le souci de la vérité; son livre est
une œuvre de bonne foi et de loyauté intellectuelle. Avant
tout il faut rendre hommage à cette impartialité passionnée,
à cette volonté de respecter le lecteur, de ne lui offrir, sur un
sujet qui prête plus qu'aucun autre aux constructions arbitraires, que des vues bien mises au point. Cela doit s'entendre
au physique comme au moral. Le choix des épisodes est significatif à cet égard. L'auteur s'est attaché à faire dans chacun
de ses tableaux, des moyennes de paysages, de gestes et de
sentiments. Il s'est gardé de grossir un trait juste, de fixer
-ses personnages dans un symbolisme apprêté, de fabriquer
des mannequins bourrés d'idéologie. On nous avait montré
dans trop de livres de guerre et surtout dans le plus fameux,
des s.oldats qui montaient à tour de rôle à la tribune pour
réciter des tirades philosophiques émaillées, pour la couleur
locale, dé quelques mots d'argot" poilu". Dans les Croi~ de
Bois, nous voyons enfin des hommes pareils à ceux que nous
avons connus là-bas, ni des parangons d'héroïsme ni des
monstres de lâcheté et de bassesse, des hommes.
La misère y paraît sans maquillage et la souffrance sans
retouche romantique, ou " réaliste", ce qui revient au même
le plus souvent. La vraisemblance y est gardée jusque dans

l'extrême de l'horreur; la mort même s'y montre en sa simplicité narquoise et terrible, point de fard macabre; l'auteur,
comme l'on dit " n'en remet jamais". Son art est admirablement synthétique, parce qu'exempt de cette volonté de synthèse
mécanique qui, chez trop de romanciers, aboutit à détruire
toute illusion. Il nous décrit les êtres et les objets d'un monde
étrange, sous toutes leurs faces changeantes au gré de l'instant
ou des lumières intérieures. Rien qui fasse décor de théâtre
ou silhouettes d'acteurs présentés de profil.
En de très rares endroits l'auteur apparait discrètement,
mais presque toujours il laisse à l'émotion du lecteur le soin
d'engendrer les grandes images. II fait confiance à l'imagination du lecteur ; et comme il a raison de ne point se croire
obligé d'insister en marge, d'alourdir son récit d'un commentaire explicatif : Remarquez bien l'horreur de ce spectacle ;
avez-vous bien senti cette odeur excrémentielle?etc. M. Dorgelès
dit qu'un cadavre était pourri, sans nous laisser, complaisamment le nez sur la pourriture. Parfois en homme qui s&lt;1,it
voir, il ajoute une note de couleur, ou bien le plus souvent,
une comparaison familière; mais il ne prend pas plaisir à nous
barbouiller d'immondices sous prétexte d'être plus réaliste. Il
y a un poncif de l'horrible, et du vil, et du cruel qui n'est pas
moins dégoûtant, pour un esprit libre, que les autres poncifs.
Il n'y a pas bien longtemps, je fus invité avec un certain
nombre de mes confrères. à collaborer à une anthologie internationale des poètes de la guerre, qui se publie en Suisse.
"La préface, m'écrivait-on, sera faite par X. C'est vous dire
l'esprit du recueil. Veuillez donc choisir parmi vos poèmes, les
plus douloureux ... etc." Cette phrase était évidemment écrite de
la meilleure foi du monde. Elle ne m'en parut que plus étonnante et j'admirai, qu'on pût demander aux poètes une conception uniforme de la guerre. Cet a-priorisme est absolument
étranger à M. Roland Dorgelès, dont l'intelligence et la sensibilité sont également libres, en toutes circonstances. De cette
indépendance, !'écrivain a donné maintes preuves. Aussi
peut-on dire que les Croix de Bois sont l'œuvre d'un homme
d'esprit, d'un honnête homme et d 'un homme libre.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

L'esprit de Dorgelès a le bouquet du boulevard et de
Montmartre. Au cours de sa laborieuse carrière de journaliste
il a cueilli bon nombre de ces bizarres et naïves fleurs du pavé
de Paris, dont la graine trouva, dans le peuple des tranchées,
un terrain d'élection.
Jamais l'argot n"a été manié avec autant de tact et de sûreté,
avec un pareil bonheur dans les transitions du langage littéraire
à la langue verte. A côté des trouvailles de mots, que de comparaisons imprévues et piquantes où revivent ces aspects
cocasses entrevus brusquement dans les intervalles de la
tragédie. Mais à quoi bon citer ce que tout le monde a lu ?
Un honnête homme? Certes et dans la plus large acception.
Dorgelès a de l'enthousiasme, l'ardeur généreuse, et tous les
sentiments de la plus noble charité, mais il porte dans chacun
une discrétion mesurée, une pitié nuancée d'ironie, une
tendresse clairvoyante et indulgente à la fois, en un mot cette
politesse du cœur qui est la marque d'un jugement droit et
d'une tête bien faite sur les épaules d'un homme bien-né,
Français de bonne souche.
Qu'il nous peigne les lieux les plus secrets, les plus troubles,
les parties crapuleuses de l'âme de ses héros, ce n'est jamais
aux dépens de la sympathie qu'il leur a vouée une fois pour
toutes et qu"il sait si bien faire partager au lecteur. Ici le mot
de pitié ne sonne jamais faux, et ne sert pas d'amorce aux
appels à la haine sociale. Des deux protagonistes du livre,
Gilbert et Sulphart, l'intellectuel et !"homme du peuple, il s'est
plu à faire deux camarades qui s'aident à vivre et à mourir.
Avec une finesse pénétrante il a su rendre sensibles les sentiments menus dont la somme compose ce qu'on appelle le
courage, cette forme sublime du respect de soi-même ; et qui
n'est ni plus ni moins belle, ni plus ni moins capable d'émouvoir, chez un être fruste ou chez un être raffiné.
Tous les écrivains, tous les artistes, tous les intellectuels
qui ont fait la guerre n'ont-ils pas éprouvé un soulagement en
lisant ce passage: (C'est Gilbert qui parle, mais on sent bien
qu'il ne répond pas seulement à son interlocuteur)
" - Après la guerre, reprend-il, son sourire déçu au coin

NOTES

"des lèvres, nous ne pourrons pl11s nous montrer, même avec
"une jambe de bois. Si on paraît avoir de !"argent, on ne se
"sera pas battu. Avec un faux-col et des gants, on ne croira
"jamais que tu as éte dans les tranchées, et le charretier
" du train de combat, le laveur des camions automobiles le
"cuistot du colonel, le mécanicien en sursis, tout cela t'i;ju" riera dans la rue et te demandera où tu te cachais pendant
"la guerre. Moi, cela m'est égal. Pour être sûr de ne pas me
" faire écharper, dès que je verrai que cela tourne mal, je
" m'achèterai des espadrilles, une casquette de trente-neuf
"sous, et je ferai ma toilette avec du cambouis ... Ça et une
" cuite, on est à peu près sûr de s'en tirer : les ivrognes sont
"les seuls qu'on épargne, pendant les Révolutions."
Un homme libre? A coup sûr. Et qui regarde toutes choses
en face, ne cherchant jamais à les prendre par le biais favorable aux préventions, aux formules toutes faites. Autant
il met de simplicité à constater l'affreuse vérité de l'homme,
de la guerre, de la vie et de la mort, autant il apporte de soin
à préserver son jugement des généralisations faciles et son
indépendance d'esprit des réflexes mêmes de la souffrance.
Clairvoyant et sévère à l'endroit des adjudants lâches, ou des
galonnés qui se planquent, il n'éprouve pas le besoin d"amplifier ces exemples pour le besoin d'un prêche déclamatoire. Il
ose montrer des choses que certains ont cru devoir cacher ou
travestir, comme par exemple la fierté du régiment décimé
qui a fait l'attaque, et qui défile dans un bourg de l'arrière :
" ... Et de toute les têtes tournées, de tous les yeux brillants,
" de toutes les lèvres, le même cri d"orgneil semblait jaillir:
" c'est nous ! c'est nous ! "
'' La musique sonore nous saoulait, semblant nous emporter
'' dans un Dimanche en fête ; on avançait l'ardeur aux reius,
" opposant à ces larmes notre orgueil de mâles vainqueurs.
"Allons, il y aura toujours des guerres, toujours, toujours.''
Après la constatation d'un fait, l"hommage à la beauté d'un
état d'âme collectif qui arrache les hommes, l'espace d'un
moment, à l'instinct de conservation, à la notion même de
leur misérable destinée, combien paraît plus touchante et d'un

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

accent plus grave la plainte de la raison hnmiliée, blessée,
révoltée, mais sereine 1
M. Roland Dorgelès, aux lueurs sanglantes du péril, a vu
les visages dépouiller leurs masques ; il a vu l'homme en proie
aux passions honteuses ou mauvaises, à la peur, à l'envie, mais
il n'a jamais cessé d'aimer ses semblables, d'un amour triste,
souvent désabusé, mais nourri pac le respect qu'oo doit à ceux
que la mort guette et men~ce, et qu'une sympathie pitoyable
est seule capable de protéger. Un des passages qui m'a le plus
frappé est celui où l'auteur nous montre un soldat songeant,
devant une capote pendue pour sécher, à celui qui mourra
dedans, un jour. Je oc sais pas si je m'abuse, mais un pareil
trait me paraît répondre à l'idée du sublime. Il y en a plusieurs,
dans les Croix du Bois, de cette qualité sobre et profonde.
j'espère qu'on ne me saura pas mauvais gré de transcrire
ici la fin de cette page vraiment admirable : le panorama de
la victoire.
" Il y a vingt mille cadavres boches ici, s'est écrié le colo" nel, fier de nous.
" Combien de Français ?
" Il a fallu tenir dix jours sur ce morne chantier, se faire
" hacher par bataillons pour ajouter un bout de champ à
" notre victoire, un boyau éboulé, une ruine de bicoque. Mais
'' je puis chercher, je ne reconnais plus rien. Les lieux où l'on
" a tout souffert sont tout pareils aux autres, perdus dans la
" grisaille, comme s'il ne pouvait y avoir qu'on même aspect
" pour un mème martyre, C'est là, quelque part, .. L'odeur
'' fade des cadavres s'efface, on ne sent plus que le chlore,
" répandu autour des tonnes à eau. Mais, moi, c'est dans ma
" tête, dans ma peau que j'emporte l'horrible haleine des
" morts. Elle est en moi, pour toujours: je connais maintenant
" l'odeur de la pitié."
Cette odeur rClite mêlée au souvenir que nous laisse
l'ouvrage. Elle est terrible, et pourtant elle n'est pas amère.
C'est qu'il y a tout dans le livre, ei:cepté la haine.
En s'éloignant des Croix-de-Bois, ceux qui ont fait la guerre
éprouvent la même impression qu'ils eurent au moment de

NOTES

qoitter celle-ci. Oui, c'est bien vrai que les effroyables images
vont s'affaiblissant et que les faibles clartés des bons moments
brillent mieux dans la mémoire. J'ai oublié la faim, les pieds
qui gèlent à même la bou et je me souviens d 'une belle
matinée de gel a~x Eparges, un étrange printemps traversé
d'hirondelles invisibles, d'on éclatement, qui avait pris la
forme d'une géante superbe, d'un juron de manilleor dans
uo abri en première ligne, d'on joli cantonnement avec des
hommes en bras de chemise, comme au."&lt; manœuvrcs... Je ne
sais plus le nom du juteux vindicatif ou du capitaine brutal
et je me rappelle nettement on geste secourable d'un camarade, one parole de rude encouragement, une bribe de chanson qui tremble dans ma mémoire, comme une feuille d'une
autre saison.
Tout cela M. Roland Dorgelès l'a si facilement rendu qu'on
se prend parfois à regretter cette fidélité même, à craindre
que la sincérité du récit ne cesse, dans l'avenir, d'émouvoir
autant. C'est un fait que le succès des Croix-de-Bois, livre
dénué de parti-pris et dépouillé de thèses, est surtout vif
auprès de ceux qui ont combattu. Cette faveur ne passera pas
et ne fera que gagner de proche en proche à cause de l'évidente, de l'éclatante valeur de ce livre, comme document
visuel et psychologique. Les Croix-de-Bois résumeront pour
des générations de lecteurs, cent volumes de notes et de souvenirs de guerre. C'est dire que ce livre, pour durer, peut se
passer des mérites qui font les œuvres d'art immortelles. Non
que M. Roland Dorgelès ne fût capable d'en enrichir son
ouvrage, mais sans doute a-t-il pensé que c'était là une tâche
qui ne pouvait être entreprise immédiatement. Dans la préface
du Cabaret de la Belle Fenmie, il manifeste l'intention de ne
plus rien écrire sur la guerre. N'est-cc pas qu'il se soit rendu
compte qu'encore tout imprégné de sensations, il lui e-:t trop
difficile de réaliser cette transposition, cette recréation sans
laqnellc on sait bien que l'œuvre d 'art n'a qu'une forme illusoire
et qu'une vie précaire. En ce sens il est permis de dire que
les Croix-de-Bois font un film saisissant, une suite de tableaux
et d'épisodes vigoureusement et brillamment peints, mais non

9

�286

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pas un roman composé. Et, j'y reviens, cette unité qui fait
défaut, l'auteur pouvait sans doute la créer artificiellement, au
moyen d'une idée centrale ou d'un personnage symbolique.
Il ne l'a pas fait pour demeurer plus véridique. Comment lui
en saurait-on mauvais gré ?
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Les nouvelles qui composent son plus récent ouvrage, m'ont
paru marquer, sous le rapport du style, un progrès sur les
Croix-de-Bois. Il y a encore des traits d'un humour un peu trop
mécanique, à déclenchement prévu, mais les coupes sont plus
variées, 1a phrase plus étoffée, les périodes mieux cadencées.
Peut-être aussi l'auteur est-il plus à l'aise dans la nouvelle. Il
faut lire la charmante description des " belles du front " dans
le Cabaret dt la Belle Femme et du village " copié sur un
modèle unique pour la distraction du militaire... où le flux des
régiments laissait des boîtes de singe en guise de coquillages,"
et l'histoire étonnante de verve malicieuse du Poète sous le pot
de fleurs. Partout, sobre et net, d'une correction aisée, sans
maniérisme ni souci puéril d'écriture artiste, le style est celci
d'un vrai conteur.
L'art de conter ne vaut-il pas celui d'obscurcir les idées les
plus claires sous prétexte de les approfondir ? Je ne me mêle
pas de décider. Mais je sais bien que rien n'est moins commun
que ce don enchanteur. Plus rarement encore est-il donné
de le voir, comme chez M. Dorgelès, au service d'une vision
pénétrante de la vie et du cœur humain.
ROGER ALLARD

11
1

I'

1

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1

PIERRE MAC-ORLAN ET LE ROMAN D'AVENTURES.
M. Pierre Mac-Orlan est l'un des plus féconds parmi les
écrivains de sa génératioh. Sa collaboration aux journaux
amusants et son talent pour la caricature lui ont mérité la
réputation d'un humoriste ..A l'encontre de beaucoup d'autres
qui commencèrent par une plaquette de vers symbolistes pour

NOTES

échouer dans le feuilleton, son imagination et son talent de
romancier ont pris un tour de plus en -plus littéraire, comme
si, à chaque œuvre nouvelle, l'auteur s'efforcât de justifier
son succès, et qu'il en prétendît d'autres, d'une qualité plus
rare. L'un des tout premiers, il eut l'intuition de la crise
qu'allait subir le roman de mœurs et s'avisa d'offrir a un
public gavé de psychologie, !':aliment salubre et tonique du
roman d'aventures.
Mais cette forme romanesque dont nous Toyons la vogue
exploitée sans ménagement et sans choix, il la conçut en poète.
L'imagination de M. Pierre Mac-Orlan est proprement lyrique.
Elle ne se dépense pas a ourdir les intrigues compliquées ou
les situations extraordinaires où triomphe la méticuleuse
fantaisie de M. Pierre Benoit. Une trame simple, des péripéties peu nombreuses et qui, si l'on y regarde d'un peu près,
n'ont rien de bien imprévu; et pourtant l'atmosphère aventureuse baigne les histoires qu'il conte avec un accent si
singulier. C'est que dans les romans de M. Mac-Orlan, les
figures et les sites, même les plus grotesques ou les plus plats,
ont une poésie étrange et mystérieuse, Toute convention en
est absente et tout pittoresque usé. L'auteur néglige a dessein
les effets les plus sûrs. Il se flatte d'atteindre son but, et
presque toujours il l'atteint par les traits les plus dépouillés,
A cet égard le premier chapitre du Chant de ['Equipage est
caractéristique. Du premier coup le lecteur est porté dans un
univers aux formes étranges et pourtant précises ; la cocasserie, l'amertume, le rire et la passion y fermentent. Les
germes de l'aventure commencent d'apparaître, à la façon de
ces végétations lunaires dont Wells évoque la soudaine
croissance. M. Pierre ~ac-Orlan a une façon de conduire un
récit qui rappelle un peu Stevenson. Un apparent désordre
de gestes s'enchevêtre autour de deux ou trois figures centrales. Le Hollandais Joseph Krühl est un personnage digne de
l'auteur del' Ile au Trésor. Il y a plus d'un trait de ressemblance entre l'éblouissant écrivain anglais et M. Pierre MacOrlan, grand admirateur d' Edgard Poë au surplus, et grand
lecteur de vieilles histoires de boucanerie et de gentils-

�288

NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

hommes de fortune. On trouve aussi chez ltù un peu de
l'esprit froidement mytificateur d'un Alphonse Allais, car un
sens aiguisé du grotesque accompagne souvent une vive
perception du tragique quotidien de la vie. Mais on se fatigue
de ne trouver dans un livre que des êtres crapuleux, nous savons
peu de gré à l'auteur de n.o us les rendre odieux, mais s'ils
deviennent, grâce à son art, plaisants et ridicules, sans cesser
d'être vrais et ressemblants, nous prenons intérêt à découvrir
sous la grimace, les tares secrètes et inquiétantes.
Je ne me flatte pas d'avoir fait une analyse satisfaisante
du mystère complexe où se meuvent les créations de M. Pierre
Mac-Orlan. Lui-même peut-être n'a-t-il pas encore pris complètement conscience de cette qualité intime de son talent.
Le dénouement du Chant de l' Equipage laisse paraître une
hésitation assez significative, comme si !.'auteur avait hésité à
prendre parti entre l'humour et le roman d'aventures. Ce n'est
pas que le livre manque, à-proprement parler, d'unité de ton,
c'est plutôt que cette unité même est faite à certains endroits
do récit d'on compromis entre les tendances qui sollicitent
l'imagination de l'auteur lequel a craint de prendre trop au
sérieux l'histoire de Joseph Krühl. Ce n 'est pas sans un peu
de gêne on d'effort que l'on retombe dans le ton humoristique.
Entre tous les ouvrages de M. Mac-Orlan je garde une
prédilection pour les Poissons morts. Livre étonnant, où se
trouvent peut-être les pages les plus saisissantés qu'on ait
écrites sur la guerre. Dans leur simplicité terrible, les histoires
de rats restituent, avec une force et un relief sans égal, ce
grotesque macabre et cette ·morne fatalité qui faisaient le fond
de la vie du fantassin.
Ici l'art de M. Pierre Mac-Orlan s'apparente aux inventions
d'un Charlie Chaplin. Il rend sensible le comique formidabJe
de l'homme en lutte avec l'obscure malfaisance des choses
et la sourde hostilité des dieux inconnus.
Et quelle langue savoureuse et drue! Je sais bien qu'en
l'espèce "le temps ne fait rien à l'affaire" ; mais si l'on songe
que M. Mac-Otlan n'a jamais mis trois mois écrire un roman,
on peut tout attendre de lui pour le jour qu'il voudra se

a

donner le loisir de composer sans hâte. Ses amis qui connaissent son prochain roman r Etoile M atuti11e assurent que nous
posséderons demain notre Kipling.
Cela n'a rien qui puisse surprendre ceux qui ont suivi, avec
une confiance déjà récompensée, l'évolution de son talent.
Souhaitons simplement que désormais l'instinct lyrique s'y
développe librement et brise les lisières de la drôlerie verbale
où M. Pierre Mac-Orlan a cru habile et sage de le retenir
trop souvent.
ROGER ALLARD

•• •

I

ŒDIPE, ROI DE THÈBES, pièce en 3 parties et
3 tableaux de M. Saint Georges de Bouhllier (Cirque d'Hiver).

Ce n'est pas sans appréhension qu'un admirateur de Sophocle
entre en ce moment au cirque d'Hiver. S'il ne sait prendre son
p:uti des mœurs du siècle et de la çonfusion ou se débattent
tous les arts, il emporte de sa soirée un sentiment de gêne et
même de souffrance. Il a pourtant lu sur la porte : Spectacles
Olympiques ; il était prévenu. Recherchant les raisons de son
déplaisir, il se demande alors si çe)ui-ci vient de la pièce ou de la
mise en scène de la pièce, et laquelle a desservi l'autre, ou bien
si ellès ne se sont pas desservies réciproquement. A qui a-t-on
manqué en cette affaire l Je crois bien que c'est à Sophocle et
que ,i M. Gémier n'a pas toujours montré assez d'égards envers
le texte de M. de Bouhélier, c'est que ce texte n'en était pas
toujours digne et que M. de Bouhélier, en récrivant Œdipe Roi
lui avait donné le premier l'exemple du sans-gêne, sinon de
l'irrespect.
Je ne suis plus de ceux qui tiennent à tout prix pour
foriginaJiti du suJet et qui réclament d'un auteur qu'il crée
" tout de rien " - ce qui d'ailleurs est impossible ; mais un
auteur en acquiert à bon compte l'illusion quand il a biti
dans sa tête avec les éléments de la réalité l'apparence d'un
" sujet neuf ''. Sans doute existe-t-il des " sujets neufs", même
parmi la plus rebattus, car l'homme change, tout au moins

�LA NOUVELLE REVUE F.RANÇAISE

, Il
Il

l'homme social. Mais ils sont rares - et ils ne sont peut-être
ni les plus intéressants, ni les plus riches et ni même les plus
urgents. J'estime au contraire que le dramaturge, puisqu'il
s'agit ici du drame, trouvera de grands avantages à mettre ou
à remettre en forme une matière déji "criblée", assouplie,
épurée - et que, même, un sujet connu, déjà familier au spectateur, permet à celui-ci de prêter plus d'attention à la façon
dont le nouvel auteur le traite, aux trésors nouveaux qu'il en
tire, à la vérité profonde des traits, au ton et à la poésie. C'est
d'autre part tout bénéfice pour l'auteur, qui sait par avance où
il va, et stîr du terrain, peut bondir ; un sujet donné, déjà mftr
concentre en nous la force créatrice, tandis que l'invention pure
nous fait courir le maximum de risques dans le sens de la dis. persion. Telle est la leçon des classiques et aussi bien de Calderon et de Shakespeare.
Mais il faut savoir choisir son sujet et tous ne se prêtent pas
également à la refonte, surtout lorsque déjà ils ont suscité un
chef-d'œuvre et un chef-d'œuvrc encore en vie. Racine en
récrivant lplziglnie à la française ne fait aucun tort au passé et
il enrichit le présent. Moréas, après lui, en la récrivant à la
grecque, ne répète pas Racine et sert le texte original. Tous deux
à leur façon font " rentrer dans la vie " l'œuvre d'Euripide.
Œdipe n'en est point sorti. Par la traduction en vers, faible sans
doute, qui a gardé sa place au Théitre Français et qui fut pour
Mounet-Sully l'occasion de son plus beau triomphe, le public
français en a connaissance et, je puis dire, amour. Œdipe-Roi
sous cette forme fait partie intégrante de notre patrimoine
dramatique, non à l'état de curiosité rétrospective, mais je le
répète, à l'état vivant. C'est même une des rares œuvres du
théitre antique dont le pouvoir sur notre cœur se soit impérieusement maintenu, tant par la généralité du thème que par
la force admirablement graduée des situations. Il n'y avait pas à
la rajeunir, elle est jeune. Il n'y avait pas à l'humaniser ; elle
est l'homme, courbé sous le poids des évènements. Il n'y avait

NOTES

pas à la "vulgariser" ; le succès l'a rendue "vulgaire" au sens
noble du mot. Peut-être n'était-il permis d'y toucher que pour
la revêtir d'une langue plus pure, plus solide, plus colorée,
âdéquate à l'original ... Ce ne fut pas l'avis de M. de Bouhélier. " Adoptant une coupe différente, introduisant de nouveaux personnages, il s'attacha - dit le programme - à
dépouiller le conte de ses éléments les plus spécifiquement
grecs, pour lui donner une signification plus large, plus populaire, plus humaine. ". Ces derniers mots me font trembler. Il •
aura affaire i forte partie, car tel qu'il est et même tel qu'on le
représente aux Français, Œdipe-Roi est large, humain et populaire. Voyons donc ce qu'on en a fait.
Le mythe reste indemne. C'est bien. Les malheurs du fils de
La'lus vont se dérouler sans retouche, exactement dans l'ordre
où, une fois pour toutes, les a fixés le génie grec : les grandes
lignes sont de Sophocle. M. de Bouhélier ne pouvait échapper
à cette logique souveraine, qui, de révélation en révélation,
pousse le drame vers sa fin. Même construction - et pourtant
moins solide; même progression - moins entraînante cependant. Pourquoi cela ? Première erreur. La tragédie antique
tirait sa vertu et son caractère d'un resserrement de l'action
l
allant jusqu'à l'étouffement. Une invisible main se refermait
sur le héros et sur nous-mêmes. Ce sentiment d'étreinte continue et toujours plus étroite a disparu presque totalement. Le
poète moderne a cru devoir mettre de l'air là où régnait justement l'asphyxie. Il a interrompu le cours inéluctable du
destin par nombre d'agréments, qui sans ajouter à la pièce, lui
retirent sa force, son poids, son mouvement. Se souvient-on
comment Sophocle attaque son sujet ? Brutalement, par la
voix d'Œdipe lui-même, qui déjà interroge les suppliants sur
des malheurs dont il est lui-même la cause : on_ nous jette
dedans, nous n'en sortirons plus. Que fait M. de Bouhélier ?
Il nous emporte loin de Thèbes, le plus loin possible de son
sujet, pour nous faire assister à la mort du Yieillard Polybe, à

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

laquelle Sophoche n'a pas consacré trente Yers et qui ne nous
intéresse à aucun titre. La femme de Polybe qni n'a point de
part dans la pièce, Idoménée qui n'est encore qu'un comparse
et ne sera jamais qu'un agent de liaison, tkhent en vain de se
faire prendre au sérieux et gaspillent un bon quart d'heure.
Ne dites pas qu'ils amorcent l'action ! Ils la retardent ; pourquoi nous les montrer puisrtltlle n'a pas besoin d'eux r Ainsi le
drame part à contre-temps; une fois engagé, il se la.isse" couper''
à tout propos par des vétilles ! les amours ici déplacées d'Hémon
et d' Antigone, les jeux d'Etéocle, d'Ismène et de Polynice,
et sans cesse, de véritables émeutes, conduites par nn agitateur
falot et aisément réprimées par les gardes ; je ne parle pas des
exhibitions athlétiques dont M. de Bouhélier n'est point responsable tout seul. La pièce a doublé de volume ; elle met en
scène vingt-huit personnages, sans le chœur, contre huit qui
avaient suffi à Sophocle ; elle exige treize tableaux ; et avec
tout cela elle donne souYent l'impression du vide. Si le metteur
en scène a songé surtout à nos yeux, l'auteur l'y invitait par
cette dispersion même. Et qu'il ne nous objecte pas que c'est
là l'esthétique de Shakespeare ; le fut-elle, ce qui n'est pas, elle
'n'était pas de mise ici. Erreur de convenance. Il fallait ou
changer toute l'économie de la pièce grecque, ou la respecter
toute ; en adoptant un moyen terme, M. de Bouhélier n'a
abouti qu'au relkhement.
Au moins est-elle plus Yinnte, plus humaine, plus populaire l
Plus Yivante, en ce aens 4iu'on s'y agite fort ? Oui certes !
Personne ici ne tient en place et c'est un grouillement sans fui
sur l'escalier. - Plus humaine l sans doute, si l'humanité se
mesure à la Yulgarité des gestes ; notons ce trait révélateur:
nous Yoyons la Yierge Antigone " lutinée " par le jeune
Hémon ; il l'aime, ce garçon ! Voilà une chose "nature." Plus populaire enfin l Oui, si les rois y parlent " peuple, "
rondement, "sans façon" : c'est ce qui a lieu en effet. Et nous
touchons ici à la seconde er~eur de M. de Bouhélier. Sachons-

NOT.ES

le bien, quand il nous parle de nature, ou de Yie, ou d'humanité, il n'entend rien que d'atérieu.r ; le jeu subtil des
mouYements de l'àme, d'une ime qu'il connaît, analyse,
pénètre, l'intéresse bien moins que la silhouette de l'anonyme
qui passe dans la rue, avec l'allure de tout le monde et l'accent
de son quartier. Rajeunir, ranimer, reviYifier nn sujet, ce n'est
pas selon lui le creuser, le reprendre au centre, c'est le dépouiller de ses vêtemenu et l'habiller à la moderne. A ce compte,
il s'est arrêté en chemin ; l'art médiéval (si tant est qu'il le
restitue!) n'est pas plus moderne que l'art antique; logique avec
lui-même, il devait nous montrer Œdipe en uniforme ou en
Teston, sous les traits, par exemple, de Constantin de Grèce.
Du moins aura-t-il échappé au style grec ; et, échapper au
"style" voilà ce qu'il appelle "faire natnre ''. Comme si le
style n'était qu'une froide convention et non pas le moyen
de fixer dans son ordre le plus simple et le plus évident la
nature même. Croit-il son chœur plus vrai et plus humain parce qu'au lieu de discourir et de chanter, il se remue ? S'il pense
que le mouvement est plus important que les mots, pourquoi
des mots 1 Que ne mit-il Œdipt en pantomine ? La scène la
plus réussie et la plus émouvante, à mon gré, de son drame est
celle où M. Gémier, sans prononcer une parole, mime l'inquiétude du roi de Thèbes, allant, venant, montant et descendant
l'escalier, s'arrêtant, repartant et finissant par s'écrouler comme
sous le poids de la destinée. Et ceci nous amène à parler des mots.
Avouons qu'on ne les entend guère, un peu sans doute par
la faute des interprètes, beaucoup par celle de l'esthétique de
M . de Bouhélier, qui flattait une erreur depuis longtemps
hélas ! reçue. Il offre à ces comédiens des mots oourants,
communs, quelquefois triYiaux, le parler même de la rue; il
s'agit toujours d'être naturel. Comment accepteraient-ils donc
de tenir ces mots enfermés dans un rythme étranger et 6.xe ?
Si bien que leur tendance à détruire le vers, selon l'enseignement officiel du Conservatoire, à force d'enjambements qui

�2 94

1

I,

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE'

escamotent toutes les rimes, contrarient tons les mouvements,
trouve l'occasion ici de pousser à bout sa folie barbare.
L'Œdipe de M. de Bouhélier est écrit en octosyllabes et d'un
bout à l'autre rimé. Beaucoup de spectateurs ne s'en doutèrent
pas. C'est une véritable torture que d'avoir, toute une soirée, à
, subir ce langage mixte, privé totalement de rythme, puisqu'il
cache son rythme propre qui est celui des vers et n'acquiert
en compensation aucun des rythmes de la prose, dans le sens
• de laquelle il n'a pas été dirigé. Que reste-t-i] ici du plus
bondissant de nos mètres, de son allégresse, de sa carrure ?Quand les acteurs comprendront-ils que la rime ou que
l'assonnance est faite expressément pour être entendue et qu'il
est une certaine façon d'enjamber qui la souligne sans s'y
arrêter et sans dissocier le rythme ? Le point de vue du
"naturel" qui est celui M. de Bouhélier, au lien de les guérir,
les encourage dans leur vice. Il n' y a plus de rythme, il n'y a
plus d'échos sonores, et ajoutons : il n'y a plus de naturel ; car
la nature parle en prose. De temps en temps, dans cette
incohérente polyphonie éclate un accord parfait qui surprend ;
deux mots se sont choqués et sonnent! Ils ne sont pas toujours
heureux. Et, lorsque le vieillard Polybe, de Corinthe, fait
rimer le nom de sa ville avec un "p. m'éreinte!" rien moins
que corinthien, je ne dit pas qu'on rit, mais on sursaute et on
met decôté cet exemple typique de l'incompatibilité naturelle
qui sépare la beauté grecque du langage de nos faubourgs et plus généralement toute beauté d'une forme plate ou vulgaire. En vérité, quel alliage! Nul génie n'y résisterait. Il m'a
paru que M. de Bouhélier y a perdu cou.leur, accent, lyrisme
et ne s'est pas gardé des plus choquantes impropriétés. Je n'en
veux relever aucune; elles sont très probablement -volontaires:
le mot impropre n 1est-il pas le plus nat11rel i
Tout cela se tient donc et provient d'une erreur centrale;
l'erreur "naturaliste" appliquée au grand art tragique des
Grecs. On ne " vnlgarise " pas le grand art, on ne l'accommode

NOTES

2

95

pas au gol:lt vulgaire; il est ou n'est pas :iccessible :iux foules ;
il peut l'être au th~tre à condition de choisir un terrain où
une véritable communion avec elles demeure possible ; on n'y
parviendra pas par la démocratisation du langage, mais par
l'humanité, la vérité, la foi - une vérité, une foi humaines, à
défaut de la foi et de la vérité de Dieu. Jusqu'à quel point la
tragédie peut n'etre pas religieuse, c'est a une autre question.
Le résultat de cette erreur, c'est que le spectacle a beau jeu ;
tout sera pour les yeux, rien pour l'esprit et les oreilles, sinon,
pour celles-ci, une musique étrange empruntée à Bach et à
d'autres maîtres qui souligne certaines phrases au risque de
les étouffer. Devant l'énorme palais Mycénien aux escaliers
nombre~ défilera tonte une armée d'athlètes, de danseuses,
de figurants, tkhant de nous représenter le peuple de Thibe1, qui
deviendra le personnage principal. Trop occupés par ces évolutions, nous perdrons de vue tout le reste. Les exercices de sa
troupe font honneur à M. Gémier, encore qu'il ait trop usé à
mon gré de la formation en tirailleurs aux dépens des effets de
masse, que les costumes soient souvent un peu fades, les chairi
trop blanches et les gestes trop mous. Je n'aime pas non plus
ces coups de lumière mélodramatiques qui aux plus beaux
moments plongent la foule dans une pénombre violette tranchant
sur un escalier d'or .. Mais, pour dire toute ma pensée, la pièce
est de trop là-dedans. Le spectacle lui fait tort et elle fait tort
au spectacle. Spectacles olympiques? Soit. M. Gémier a la
maîtrise nécessaire pour nous évoquer quand il le voudra les
grands jeux de la Grèce antique, et pour nous présenter " en
beauté '' nos athlètes. Mais, de grâce, pas de confusion. Le
drame est drame, le spectacle spectacle ; leur terrain traditionnel
de rencontre est l'Opéra où les alliera la musique. Sans la
musique ils ne sauraient vivre d'accord. Je ne suis pas bien
exigeant : je réclame du drame parlé, en premier lien, des
mots, et des mots que l'on puisse entendre ; en second lieu, une
action, mais une action s'exprimant d'abord par les mots, puis

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!

par les gestes, le1 moul"ements, les attitudes, enfin, s'il y a Lieu,
par l'éclairage et le d6cor. Ici on commence par l'éclairage. Je
ae crains pas de prêcher pour mon saint: le poète d'abord.
Mais d'abord, un poète. - M. de Bou.hélier qui en fut un dans
le Cunar,111 tks nt/illlts et à certains moments de la ru tl'IIIU
Femme, en reTieot au Roi 111111 Co11rtm11e que nous pensions à
jamais oubli6. Qu'il laisse là la trag&amp;lie et les "mystères " ! Il
lui faut des sujeta moyens et le cirque Cllt trop grand pour lui.
Rl!NIU GBfolf

Je m'en l'oudrais de ne pas citer comme exemple d'" inconTenance " ou de non convenance (non dectJ) 1'6trange
"passion" d'Œdipe qui termine la pièce; il est souffleté,
battu, renvers6 et Jocaste, sous les voiles d'une "Mater Dolorosa ", souligne l'allusion ; on attendait la Croix. Ainsi, toutes
choses confondues : autrement dit le contraire de l'art.

•• •

H. G.

MON PÈRE AVAIT RAISON, par Sacha Guitry (Théâtre
de la Porte Saint-Martin).

J'ai vu la pi~ce de Sacha Guitry dans sa primeur ; je l'ai
revue aux environs de la centième: elle ne m'a paru, la
seconde fois, ni moins vraie, ai moins réussie, ni moins charmante. N'essayons pas de distinguer, dans notre plai&amp;ir, ce
qui vient du texte même et ce que nous devons à l'exceptionnel accord entre la pièce et son interpritatioa. Ne disons
pas qu'une telle comédie est faite sur mesure; disons qu'elle
ne fait qu'un avec les comédiens qui la jouenl Il est fort
possible qu'elle ne retrouve jamais une réalisation pareille.
Tant pis I Si un tel spectacle comporte certains éléments
éphémères, certaines rencontres heureuses qui ne se retrouveront pas, n'en soyons que plus empressés à goûter la fête
qu'on nous offre.
Cc qu'il y a de piquant dans cette pièce, c'est que, née du
boulevard et construite des matériaux qui semblent les plus
courants, elle est la seule, parmi toutes celles de cet automne,
qui échappe réellement au boulevard et dont l'accent soit

NOTES

neuf. Déjà Pasteur avait bousculé plus d'un préjugé ; mais
cette" vie d'an saint" avait un caractère si particulier, divers
épisodes étaient si sommaires, que, tout en percevant an accent
nouveau, simple et cordial, on restait perplexe, un peu inquiet
d'être mystifié. Avec Mon père avait rai.son, Sacha Gaitry se
donne l'air de reprendre tout bonnement son ancienne veine,
mais dès les premières scènes on est fixé. Je ne veux pas du
tout dire que l'auteur ait renié son passé, que la guerre ait fait
de lui un homme nouveau ; bien des traits de sa comédie
auraient pu trouver place, tout aussi bien, dans une de ses
œuvres antérieures. Mais dès Je début, cette conversation
entre un vieux père égoïste et on fils plein d'illusions (conversation où n'abondent pas seulement les observations justes ou
spirituelles - ce qai ne serait pas nouveau chez Sacha Guitry
- mais qu'on sent déjà travaillée, aérée par Je levain des
problèmes familiaux), dès le début, dis-je, ce dialogue nous
aiguille vers un ordre de préoccupations dont nos grands
théâtres n'ont pas coutume de se soucier. La pièce abonde en
gentillesses qui en foot le succès ; mais le sujet même, l'impossibilité de faire passer d'une génération à l'autre l'expérience acquise, l'éternel recommencement, l'éternelle balance
qui fait que les fils réagissent contre ce qu'ont désiré leurs
pères, ces grands lieux communs dont sont nourries les
œuvres des maîtres, et cette mélancolie du vieillissement, du
temps qai fuit, voilà bien ce qui nous attache et qui nous
émeut dans cette pièce.
Comme no poussin qui garde sur son dos quelques fragments
de sa coquille, l'œuvre a'ci;t pas encore entièrement dégagée
des formes et des agréments où l'auteur s'est longtemps
complu. Autant sont bien venues les figures d'hommes, incarnées d'une manière si ingénieuse et si juste par Lucien Guitry
et son fils, autant les physionomies de femmes paraissent, à
côté d'elles, inconsistantes. Passe ponr ce personnage de
l'épouse qui a planté là son mari et qui, après vingt ans
d'absence, vient redemander par téléphone sa place au foyer.
Tant d'inconscience et de sottise outrent un peu le rôle, mais
en font une silhouette satirique qui ne manque pas d'accent.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ajoutons que personne dans la pièce n'est dupe de
cette dinde. Libre à Sacha Guitry de nous montrer des
hommes de cœur aux prises avec de méchantes volailles.
Mais quand paraît le second échantillon féminin, l'auteur
semble cette fois perdre la tête et se laisser rouler d'une
manière dont le public est confus pour lui. Qu'un père qui a
consacré sa vie à l'éducation de son fils, lui fasse épouser,
presque de force, un petit trottin dont la seule qualité est une
certaine franchise naturelle; que ce père si scrupuleux, à qui
la maîtresse de son fils vient d'offrir - dans les meilleures
intentions du monde, je l'accorde - la virginité d'une camarade " décidée à mal tourner ", que ce père songe à faire de
ce petit étre illettré,. cynique et déjà pot-au-feu la femme de
son fils, voilà qu'il n'est pas facile d'encaisser ; voilà qui est
conventionnel, d' une convention de théâtre, qui a pu être
plaisante, hardie et même généreuse au temps de la Vie de
Bohême ou de la Dame aux Camélias, mais qui paraît aujourd'hui terriblement fanée et, pour tout dire, absurde. Plus le
ceste de la pièce est sincère, plus ce dénouement étonne et
détonne.
Mais ne demandons pas tout en une fois.
JEAN SCHLUMBERGER

•• •
LA VIE D'EDGAR A. POE,
-cure de France).

PAR

.h1dré Fontainas (Mer-

Edgar Poe, cas unique, aérolithe de l'Amérique, est entré chez
nous avec la même ligure d'exception étrange. Il n'y a pas
d'écrivain qui ait été transplanté, raciné dans une autre
littérature avec une plénitude et un bonheur plus exceptionnels
que lui. Gdce à Baudelaire et à Mallarmé il est devenu une
sorte d'auteur bilingue, de conteur et de poète à deux versants.
Le cas se comprendrait fort bien s'il s'agissait d'un écrivain qui
ne fat pas styliste et qui ne perdît rien à la traduction, comme
c'est le cas de l'auteur de Jean Christophe. Mais Poe, prodigieux
favorisé de la fortune, trouve deux traducteurs de génie, d'un
génie frère du sien, capables d'aller au fond de sa phrase pour

NOTES

en repenser dans une autre langue la ligne, le timbre, l'essence.
La traduction de Poe par Baudelaire est avec celle de Plutarque
par Amyot la seule qui ait un style français et dont une page,
sans nom d'auteur, soit aussi reconnaissable à l'oreille qu'une
page de Rabelais ou de Flaubert.
Peut-être trouvera-t-on à ce mot de favorisé de la fortune,
appliqué à un être aussi foncièrement malheureux que le filt
Poe, une touche d'ironie déplacé. C'est que je parle seulement
de l'existence qu'il contracta après sa mort, - tel qu'en luimême enfin l'éternité le changea. Mais dans l'ordre de cette
existence même sa destinée fut étrange et un bonheur extraordinaire compensé par des accidents extraordinaires. Si ses
traducteurs l'incorporèrent de manière unique à une autre
littérature, en revanche il fut et il est resté tragiquement la
proie de ses biographes.
Cela commença dès le lendemain de sa mort. Un ami qu'il
avait choisi comme exécuteur testamentaire, Griswold, l'en
récompensa en écrivant une biographie de Poe pleine de
malveillance et de haine, par Jaquelle a été créée la légende
enace qui en fait un vagabond, un ivrogne et un fou. Ses
biographes américains se sont élevés contre les accusations de
Griswold, nous ont donné un Poe doué de beaucoup de vertus
, domestiques et même membre d'une société de tempérance. La
biographie de Poe a été ainsi conçue en Amérique sous les deux
aspects alternés du réquisitoire et du plaidoyer. Dans ce pays
des convictions absolues et rapides elle ue pouvait pas encore
avoir bénéficié sensiblement de la critique, de la mesure et du
détachement qui sont de mise en ces matières d'histoire et de
psychologie.
En France, "il y a une thèse ... " Ce mot, qu'on entend
souvent dans le monde de l'érudition, se prononce parfois avec
une certaine mélancolie, comme s'il signifiait que la thèse tient
juste assez de place pour empêcher de naître un livre qui
pourrait être bon. La thèse est d'un professeur d'anglais,

�300

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

~- Lauvrière. Autrefois elle ne se lisait pas avec agrément ; je
suis persuadé (sam y aller voir) qu'aujourd'hui elle est devenue
illisible et a tourné en un tonneau d'affreux vinaigre. C'est un
essai de psychologie pathologique à la manière de Lombroso
(comme cela date !) et de cette production médico-littéraire
(encore vivante hélas !~ au dessous de laquelle il est impossible
d'imaginer quoi que cc soit. La thèse de M. Lauvrière a pour
but de démontrer la folie de Poe, de rechercher Sei stigmates et
d'exposer ses tares. Il le fait avec une pénible conscience,
estimant sans doute avec raison que Poe c'est un livre, mais
avec moins de raison que ce livre est la biographie par Griswold
et non les Contes ni les Poèmes. Le livre français le plus considérable sur Poe se ramène donc encore à de la littérature
de parquet : non à vrai dire celle du procureur, mais celle du
médecin-légiste.
C'est heureusement de la littér;iture de poète que nous
apporte M. André _Fontainas avec cette //ie d' Edgar A. Poe,
un peu légère de contenu, mais qui s'attache noblement à
l'exaltation morale du maître. C'est dire que la critique se
retrouve ici sur ses positions d'Amérique, et qu'entre le
réquisitoire d'un sec professionnel et la plaidoirie d'un cœur
généreux nous n'avons pas encore cette œuvre d'analyse froide,
compréhensive et calme dont l'admirable préface de Baudelaire,
si juste de ton et si lumineuse d'intelligence, nous montre
peut-être la direction. M. Fontainas s'est préoccupé seulement
de mettre en lumière par des témoignages favorables "la noblesse
tant du génie que du caractère d'Edgar A. Poe. " M. Paterne
Berrichon, animé par le plus respectabl.e esprit de famille,
tenta de rendre à la mémoire de Rimbaud un service analogue.
M. de Rougemont, dans une biographie érudite et consciencieuse de Villiers de l'Isle-Adam parut aussi se préoccuper
d'écarter de son héros ses excentricités légendaires. II y a là
probablement un exc.es. Ces trois hommes de génie étaient par
certains côtés des excentriques qui doivent être pesés à des

NOTES

301

balances spéciales, celles-là même dont le cas Rousseau amena
d'abord la critique à se servir. Il est certain qu'Edgar Poe fut
une victime de l'alcool. L'essentiel pour nous est que l'alcool, le
traitant mieux que Musset, ait respecté sa force de production
littéraire. Il est certain qu'Edgar Poe ne doit jamais être cru
lorsqu'il parle de lui-même: ses mensonges sont-ils plus nombreux et plus gros que ceux de Lamartine ou de Hugo, et
qu'est-ce que cela nous fait, puisqu'il doit bien être entendu
que la déformation des choses par la poésie implique généralement celle du poète par lui-même ? Il est certain qu'Edgar
Poe se fit comme Rousseau de nombreux ennemis, et qu'il avait
le caractère mobile et irritable de beaucoup de poètes- : est-ce
une raison pour donner constamment tort, ainsi que le fait
M. Fontainas, à ceux qui après l'avoir aimé se brouillèrent
avec lui parce qu'ils ignoraient la psychologie spéciale des
poètes ? Il est certain qu'Edgar Poe fut très malheureux et
qu'il mérite toute notre pitié ; mais ce malheur a pour cause
première une faiblesse et une instabilité de caractère qu'il
partage avec beaucoup d'autres poètes. Il est certain surtout
que cet homme, qui a été jusqu'ici le seul génie littéraire
authentique du Nouveau-Monde et qui a trouvé lui-même
un nouveau monde de sensibilité et de poésie doit être
regardé avec toute la vénération due aux sanctuaires où brûle
le feu du ciel. A cette hauteur j'aToue que je ne me passionne
pas pour les jugements moraux qu'on peut porter sur un être si
foncièrement unique, et que la question de savoir si le génie
de Poe se confond avec ce que M. Lauvrière croit la folie, ou
plonge comme le veut M. Fontainas dans les eaux pures de la
délicatesse et de la bonté, (hypothèses qui resteront toujours
invérifiées) me touche moi~s que l'éclat et le parfum bien
authentiques de l'incomparable fleur. C'est d'ailleurs, je pense,
à peu près le sentiment de M. Fontainas lui-même. Après cette
vie de Poe, une étude du génie de Poe et de l'influence de
Poe, qui manque jusqu'ici en français, ne le tente-t-elle pas i
ALBERT THIBAUDET

IO

�302

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

•••

CALLICLÈS OU LES NOUVEAUX BARBARES, dernier dialogue platonien par Gonzague Truc, (Edition Bouard).
Le dialogue socratique de M. Gonzague Truc est d'une
lecture agréable, et il nous permet une occasion de prêter
attention à l' œuvre d'un essayiste intelligent et spirituel. Je
manque rarement de lire ce qu'écrit M. Truc depuis que j'ai
suivi dans la Rer1ue d'histoire littéraire de la France une série
d'articles où il étudiait de façon qui me parut originàle le cas de
Racine. Ses œnvres me causent chaque foii un vif plaisir, mais
ce plaisir n'est jamais sans mélange; il y a toujours chez lui
un espace qui attire et retient la curiosité, mais aussi une sorte
de lacune qui emp~che l'adhésion. Est-ce bien une lacune ? Je
crois que plutôt nous sommes g~nés par la présence de postulats
dont la tranquille et pesante inconscience contraste avec la
liberté et l'agilité de la discussion. Un livre de M. Truc c'est
un paradoxe agréablement lilé qui repose sur an postulat. Cela
est vrai de son curieux volume sur le Retour à 'la Scolasti9.ue.
M. Truc soutient cette opinion (et la suit plusieurs chapitres)
que nous nous épuisons en vaincs philosophies et que nous
gagnerions beaucoup à retrouver et à pratiquer les méthodes
des docteurs scolastiques. Comme Morse devant la terre promise,
il s'arrête à Haaréau, à de Wulf, â Picavet, mais il nous montre
de loin les textes en nous conviant à y aller voir. La scolastique
reste une philosophie vivante dans les séminaires où l'Eglise la
croit, sans doute avec raison, indispensable à la formation
cléricale. Le paradoxe de M. Truc consiste à vouloir la sortir
de l'Eglise pour en faire une discipline à l'usage des lares et des
incroyants. Et le postulat insoutenable c'est que la scolastique,
' basée sur la foi en la puissance de la raison, peut exister d'ellemême, braver la Dialecti9.ue Tramcendentale, en dehors de la foi en
Dieu, auteur et garant de cette raison. Pas de scolastique uns
ontologie, d'ontologie sans théologie, de théologie sans christianisme. La scolastique laïcisée de M. Truc flotterait comme un

NOTES

3°3

fantôme dans les limbes de formes qui ne sont pas viables. Son
postulat ne formule qu'une impossibilité et son paradoxe n'est
&lt;in'nne main qui s'ouvre et se serre sur le vide. Mais quand on
ferme son livre, on a tout de même été intéressé, on a tout de
m&amp;ne pensé et le paradoxe évanoui n'a point passé en vain.
On ferait les mêmes réflexions sur Callidès dont la forme est
très agréable, mais le fond peu nouveau. Il s'agit de faire
apprécier par Socrate, comme par une sorte de compère de
revue, notre civilisation, dont une fiction candide l'aura rendu
contemporain. Socrate, ayant pris en quelques instants connaissance de cette époque qui lui est présentée à la manière des
Lettres persanes, c'est-à-dire d'une manière profondément ridicule
pour un étranger, n'a pas de peine à se livrer à son petit jeu
habituel et à faire rentrer en quelques passes notre prétendue
civilisation dans le concept de barbarie. Il est rapidement prouvé
que notre époque a été conduite par la science même et par les
progrès de la pratique à la barbarie, c'est-â-dire à l'épaississement
ou à la nullité de cet homme intérieur, de cet individu que les
Grecs s'étaient efforcés de sculpter purement.
M. Gonzague Truc, qui a de l'esprit, entremêle cela de
boutades contre Je christianisme, les professeurs de la Sorbonne,
les fonctionnaires et l'art moderne. Je vois qu' "il promène
dans le désert des foules, d'un pas fatigué, une nostalgie
incurable et je l'entends qui murmure dans un soupir: Ah !
Socrate, que le jour était pur quand se déroulait sur !'Acropole
la procession des Panathénées et que tu t'entretenais avec
Théodore, Chéréphon et Calliclès des choses futures, dans les
jardins d' Académos ! ''
Le paradoxe de M. Truc n'est autre que celui d'un indivi~ualisme effréné. Il estime que l'homme était plus heureux
autour de Socrate au ye siècle qu'aujourd'hui sur la montagne
Sainte-Geneviève. C'est beaucoup s'avancer. Je ne puis savoir
1;i un homme que je vois tous les jours est réellement plas
heureux ou plus malheureux que moi ; si je le lui demande il

�NOTES

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

me dira qu'il ne sait pas ; et si nous cherchons en commun,
nous arriverons seulement à savoir que nous n'en pouvons rien
savoir. Comment dès lors puis-je affirmer abstraitement qu'un
homme d'une autre époque l'emportait st\rement sur un homme
de la nôtre au point de vue du bonheur ? Qu'est-ce que j'en
sais et quel terme de comparaison prendrai-je ici sans absurdité ?
Mais la barbarie, pense M. Truc, consiste surtout en ceci que
nous avons cessé d'être des hommes complets, des hommes
libres, à cause de la division du travail, et que spécialistes nous
sommes devenus esclaves et barbares. Je veux bien admettre sa
définition de l'homme libre et du barbare. "J'appelle barbare
une intelligence _au service d'un corps et philosophe un corps
au service d'une intelligence.'' En quoi un homme libre et un
philosophe d'aujourd'hui, s'ils ont la force d'ftme, la lucidité et
le goût, sont-ils moins qu'au temps de Socrate des corps au
service d'une intelligence ? Les corps qui servent ont crfi en
complexité, et l'intelligence aussi a crfi en complexité. Qu'on
aille chercher si l'on veut la fable des Compagnons d'Ulyue !
Je ne souhaite nullement de vivre dans un autre temps que
celui qui m'est échu. Ses difficultés même permettent à la
sagesse la gymnastique la plus souple, et font que la liberté
d'esprit, achetée avec génie et à un prix élevé, devient plus
précieuse à celui qui conquiert. M. Truc s'imagine-t-il que ces
biens s'obtenaient si facilement chez les anciens? Il me semble
que Socrate lui-même les gagna par un assez dur travail et les
paya assez cher.
Le postulat de M. Truc consiste à croire que deux époques
de la civilisation sont comparables, que les concepts de
civilisation et de barbarie sont des espèces fixes qui nous
permettraient de cataloguer sommairement, de chaque c6té
d'une table d'oppositions, des hommes, des pays et des temps
divers. Est-ce là ce goût pour les concepts exclusifs et délimités
qui lui faisait naguère rompre une lance au tournoi des
philosophes en l'honneur de dame Scolastique ? Il a aimé la

même tournure d'esprit chez M. Maurras, auquel il a consacré
un petit li..-re assez juste. Je ne l'éprouve guère en moi, mais je
ne la honnis pas chez les autres. Elle permet des partis-pris pittoresques et qui font réfléchir, des paradoxes qui naissent et
meurent sous nos yeux. Et je continuerai à suivre docilement
M. Gonzague Truc dans tous les chemins où sa fantaisie le
portera encore, s0.r d'en tirer, à défaut d'une vérité qui me
persuade, une réflexion qui m'occupe.
ALBERT THIBAUDET

RENOIR

• ••

Les journaux et les revues du monde entier ont pleuré la
mort de Renoir, et rendu hommage à cette vie admirable
entièrement consacrée au travail ; mais trop de littérateurs
n'ont, dans leur hâte, célébré que le" maître impressionniste",
propageant une erreur dont le public ne demande qu'à être
bercé. Car, à ses yeux, entre Monet, par exemple, et Renoir,
il n'est pas de différence radicale: ce sont deux" maîtres
impressionnistes" . Or, s'il est une légende qu'il nous paraît
pieux de détruire, c'est bien celle qui fait ces deux figures
fraternelles. Renoir, comme Cézanne, fut un peintre anti- 1
impressionniste. S'il ne le fut pas à ses débuts, il sut le devenir
à l'âge où il était nécessaire qu'il opérât ce retour; et c'est
à partir de ce moment qu'il devint le grand artiste que l'on
sait, héritier de Rubens et de Watteau. Il est piquant de noter t
le sort de cette école impreisionniste qui ne s'illustre que par
les défections qu'elle provoqua au sein de ses adeptes.
Née d'une réaction contre la convention archi-usée de
l'académisme officiel, elle suscita un désir louable de réalisme.
Mais ce désir fut aussi mal orienté que possible; il visa tout
de suite le but le plus déraisonnable qui fut : il confondit le,
réel avec le visible, imagina que la sensation seule pouvait
suffire à la connaissance, et qu'enregistrer tous les accidents,
sans en déterminer la cohésion et le rythme, était un suffisant
exercice artistique. L'idéal impressionniste pur, il faut avoir
le courage de le dire, est d'une naïveté déconcertante. On ne

�306

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

peut s·e~liquer l'embrasement qu'il provoqua au cœur des
artistes les plus doués de l'époque qu'en le considérant comme
one manifestation instinctive de cette nécessité supérieure et
pour ainsi dire immanente du renversement des valeurs picturales, dont il fut, en quelque sorte, le premier aveu. - En
effet : Delacroix, acharné à retrouver le secret de la '' grande
peinture" avait épuisé toutes les ressources qu'offrent les
musées à l'inexpérience du peintre moderne, Ses travaux, par
ailleurs souvent admirables, ne furent cependant que des
redites apâlies des ouvrages traditionnels, que seul un sens
1 dramatique nouveau, et qui n'appartient qu'au grand peintre
romantique, parvenait à moderniser. Mais, ce qui avait été fait
demeurait indépassable, malgré ses efforts pour prolonger les
Maîtres. Les moyens classiques parurent donc aux héritiers de
Delacroix désuets, incapables d'exprimer leur enivrement
enfantin d'écoliers lâchés dans un jardin que les "Mille merveilles de la Science" leur faisaient paraître sans frontières.
Tout oublier, et tout demander à la nature fut le geste de ceux
qui possédaient une sensibilité intacte. Solution simpliste, qui
eût compromis le sort de la peinture si des héros-transfuges
1ne fussent apparus, qui, las d'interroger la nature des yeux,
songèrent enfin à l'interroger par l'esprit. Hérétiques au sein
de l'Hé[ésie, ils désertèrent le domaine inférieur des sens où
se complaisaient les "purs " de l'école nouvelle pour peu à peu
remonter vers les régions de l'intelligence. Cézanne et Renoir
comprirent, chacun de leur c-Oté, qua la reproduction scientifique ou spontanée de quelques faits matériels ne constitue
pas un langage " digne" et que s'il est bon de toucher terre,
ce n'est pas pour s'y enliser, mais pour rebondir.
"A mon avis, la principale cause de la décadence des métiers.
1c'est l'absence d'idéal. La main la plus habile n'est jamais que
la servante de la pensée." Voici une phrase authentique de
Renoir, qui nous éclaire sur le peintre des baigneuses, mieux
que les phrases puériles que chacun s'évertue à citer. Il est
importint de signaler avec quel soin minutieux la plupart de
ses commentateurs ne célèbrent en Renoir que Je peintre
instinctif, rebelle à tout calcul et n'exerçant aucun contrôle sur

NOTES

lui-même; ils croient, de bonne foi, ennoblir ainsi leur héros,
l'augmenter, et c'est en plaisantant les jeunes "intellectuels"
qu'ils prônent la parfaite inconscience et la complète irresponsabilité du vieillard. Négligeant les phrases que Renoir
signa, ils s'appesantissent sur des propos dt plûn-aiT, et citent
avec admiration cette boutade : " Je n'ai ni règles ni méthodes", destinée par celui qui la prononçait à être emportée
par le vent, puisqu'il écrivait ensuite; "La peinture est un
métier comme la menuiserie et la ferronnerie ; elle est soumise aux mêmes règles."
La vérité, c'est que Renoir, esprit plein de finesse, sentait
le ridicule de ces théories " de café " où trop souvent la 1
métaphysique tient plus de place que la peinture, et qu'il
redoutait par-dessus tout les interprétations que les littérateurs
font la plupart du temps des propos des :irtistes. Cachant ses
préoccupations sous une attitude spirituellement détachée, il
se forgea silencieusement une discipline singulièrement précise si l'on en juge par la continuité de son effort et l'unité de ·
son œuvre, exempte de ces oscillationi qui dénotent, chez des
peintres parfois très doués, l'absence de direction intérieure.
L'intelligence de Renoir consista en ceci, qu'il comprit
qu'une discipline n'est pas faite que de mots, et qu'une
théorie est nulle si elle n'aboutit aussitôt à une pratique où •
l'instinct a sa place. Il faut que le Verbe se fasse chair.
Digérer ses idées, les incorporer à sa propre substance,
rendre organique ce qui n'est que cérébral, telle est l'opération du génie. Difficile et pénible labeur," longue patience",
que récompensent la liberté de l'exécution, la fécondité et la
sérénité.
0

••
De même que la réalité des impressionnistes ne fut qu'une
apparence, leur technique ne fut qu'une apparence de technique, un renoncement au métier rationnel, Le jour où
Renoir s'intéresse au permanent, sa formole diffère; visant
l'expression de l'éternel, elle retourne naturellement à ses
sources qui sont immuables. C'est en adoptantvolonlairement
une attitude équivalente à celle des Maîtres de la Renais- '

�I

·. lj11

308
.1 , ,

'Il

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sance - sinon en utilisant leur technique, comme Delacroix
- que Renoir retrouva leurs belles certitudes, et créa des
formes durables. Pour les impressionnistes purs, Monet,
Sisley, Berthe Morisot, etc. l'éclat du soleil, les jeux fortuits
du prisme à la surface des objets, localisent l'attention du
peintre. L'effet devient le motif ; il absorbe les objets qui ne
sont plus que des témoins, et qui s'évanouissent dès qu'ils ne
servent plus à supporter le terrible "éclairage", La pers•
pective colorée, credo des peintres de la nouvelle école,
entraîne les objets vers leur désagrégation,. les incite à
l'effacement total au sein du Soleil.Moloch. L'impressionnisme
est la tei,tation du néant.
Renoir, qui ne s'intéresse à la lumière que dans la mesure
où elle est révélatrice des qualités profondes de la matière
qu'il interroge, pense, dans son amour pour toutes choses, qu'il
n'est pas un seul objet qui ne soit digne de la recevoir. Car
elle n'est plus pour lui l'unique reine dont les moindres signes
sont des ordres ; elle est son auxiliaire ; il l'a en main comme
un outil et, ne la projetant pas plus sur telle forme que sur
telle autre, il la répartit sur tous les points de son tableau;
elle met en valeur la partie culminante des objets qui, loin de
fuir vers leur mort, affiuent vers l'œil et se modèlent avec
égalité. L'esp21.ce visuel impressionniste est aboli, et l'espace
spirituel des peintres est reconquis. Les belles rondeurs lisses
de Renoir ne s'échelonnent pas en profondeur mensurable
mais roulent les unes sur les autres, s'équilibrent et se super•
posent comme des mondes lumineux. Ayant demandé à la
nature le secret de sa stabilité, les causes, pour lui succédant
aux effets, sont devenues l'unique motif. Comrrie Cézanne, il a
découvert les lois divines de l'équilibre dont il se sert pour
régir l'économie de cet univers réduit : le tableau, qu'il crée
à l'instar de Celui qui sourit à son génie ... Cependant que
' Monet,l'impressionniste•type, poussant ses spéculations jusqu'a
l'absurde, renonce non t.eulement à la représentation de
l'homme, mais à tout ce qui dans le paysage pourrait s'articuler
comme des membres humains. Seuls, les phénomènes qui
activent la dissolution apparente des objets sollicitent son

NOTES

regard: la fumée, le brouillard, le vent et l'eau ; la fl.uidité et
la mobilité, dont les Tamise et les Nymphéas sont les poèmes épuisés.

•••

Il est une vertu essentiellement française dont nous n'aurons
plus de longtemps peut-être.1' occasion de parler. C'est la bonne
humeur - sœur de la candeur et mère de la fantaisie - que
posséda Renoir plus que tout autre peintre de sa génération.
C'est ce don délicieux qui poussa le grand homme à égarer,
par maintes plaisanteries, les littérateurs de son entourage, et
qui nous vaut cette légende du peintre-rossignol, dont-(bien
qu'il en sourit dans sa barbe) - il favorisait bénévolement la
formation, pensant que ses œuvres avaient suffisamment de
poids pour qu'il lui fût permis de ne laisser à la postérité
qu'une image de lui.même légère et comme diminuée. Cézanne
aussi (et cela donna lieu à de regrettables fantaisies anecdo.
tiques) possédait ce côté "rapin" si déplaisant chez les ratés,
adorable chez les grands talents, qui incite certains artistes
à proférer, devant un auditoire trop agenouillé, ces paradoxes
qui, pris au pied de la lettre, répandus et commentés, servent
à créer de faux portraits des grands hommes, La lettre qu' écri•
vait, en guise de préface, Renoir à Henry Mottez, pour la
nouvelle édition du " Livre de l' Art" de Cennino Cennini,
prouve non seulement qu'il pensait et écrivait bien, comme
tout artiste authentique le peut faire, mais encore qu'il faisait
grand cas de ces mille constatations de chaque jour qui,
assemblées, constituent le bagage intellectuel et technique de
tout créateur. Ne retenons de toutes les erreurs écrites à son
sujet qu'une seule chose: Renoir n'était pas un professeur
austère, un esthéticien pédant, un idéologue: c'était un artisan.
Il n'est pas de plus beau titre de gloire pour un peintre. Du
plus loin qu'on fasse sm·gir les sculpteurs ou les peintres
français, on ne peut que les évoquer humbles devant le travail,
souriants, simples, munis d'un petit nombre de vérités essen.
tielles, accomplissant leur besogne quotidienne allègrement,
sans fatigue ni tension nerveuse, sans crispation romantique,
sans exclamations méridionales ni rêveries nordiques.

�310

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

, R~noi~, dans la_ vie, était un amusant compagnon, mais à
1 atelier, 11 devenait un raisonneur silencieux. Il nous apparaît
comme un imagier appliqué à décrire fidèlement les beautés
que le suprême "Maitre de l'œuvre '' fait défiler devant ses
yeux. Si cette conclusion agrée aux critiques d'art dont nous
n'avons pu accepter les gloses, nous ne demandons pas mieux
que de dresser avec eux la figure pure d'un Renoir dépouillé
de toute morgue, savant sans prétention, méditatif sans idéologie, et masquant avec pudeur la gravité de ses pensées par
de menus propos frivoles.

•••

ANDRÉ LHOTE

LES GOYESCAS, musique de Granados (Théâtre de
l'Opéra).
J'aime les Goyescas pour ce flot mélodique ininterrompu
pour ce jaillissement de musique, pour cette impression
continuelle improvisation, qui, à mon sens, en constitue le
charme essentiel. On ne saurait rêver musique plus spontanée
musique plus populaire. Par une fortune unique, Granados ;
vu ses pièces de piano recherchées d'un public raffiné séduit
par le jeu si libre, si souple, si nuancé de sa polyphoni~, et ses
danses adoptées par tout le peuple espagnol qui y reconnaissait son âme. On ignore ténéralement en France que taudisque les Goyescas, prenant vie sous les doigts magiques d'un
Cortot, d'un Vines, nous enchantent, d'innombrables orgues
et pianolas broient et concassent mécaniquement en un
ruissellement de notes les danses de Granados dani; les rues et
les tavernes de toutes les Espagnes. Je l'avoue, il est une bonne
part de l'œuvre de Granados qui échappe à mon goût. Je n'ai
pas sans doute l'âme assez espagnole. J'y trouve de la vie du
rythme, mais un éclat factice et de la vulgarité. Par c;ntre
j'aime infiniment les Goyescas telle qu'elles furent écrites pour
le piano. Je n'ai jamais entendu sans trouble les plaintes de
l'amante abandonnée La Maja y el Ruiseiior. Nulle emphase,
nulle sensiblerie. L'émotion se dégage et se propage directement de l'auteur à l'auditeur.
Ce fut une singulière idée de ]a part de Granados que de

d:

NOTES

311

vouloir porter à la scène et unir au moyen d'une action
dramatique les divers morceaux qui composent les Goyescas.
Non que ces morceaux ne se prêtassent à un élargissement
sonore, mais parce que, concertée dans de telles conditions,
une intrigue risquait fort d'être ridicule. Disons-le tout de suite,
Je fil dont il s'est servi pour rattacher entre elles les fleurs de
son bouquet est une assez gros9ière ficelle.
Il ne faut pas considérer les Goy,scas comme un drame
lyrique. Il faut oublier l'intrigue (cette rivalité auprès d'une
grande dame d'un officier et d'un toréador et sa conclusion sanglante par la mort de l'amant préféré) - et se
contenter d'admirer trois tableaux auxquels la musique prête
une âme.
Zuloaga, en un décor admirable de couleur et de caractère,
a matérialisé pour nos sens la lumière et l'atmosphère des
environs de Madrid. Sur les bords du Mançanarez se presse
une foule joyeuse. Des femmes bernent un pantin comme
dans l'estampe fameuse. On rit, on boit, on parle d'amour, on
mange. Que nous importe ce que disent l'officier Fernando,
son rival Paquiro, la belle Rosario et la jalouse Pepa? Tout
ce monde va et vient en scène avec une liberté, une sûreté
auxquelles les prédécesseurs de M. Jacques Rouché ne nous
avaient point habitués. La musique s'épanche largement et
sur ce flot viennent se poser les voix de la foule avec une
aisance charmante. On ne peut analyser de trop près cette
musique, il serait facile d'en signaler l'harmonie assez
pauvre, les continuelles redites et surtout l'instrumentation
rudimentaire. - (Mais est-elle vraiment de Granados cette
orchestration ? La parlition autographe n'a-t-elle pas coulé
en mer avec fauteur ?) - Il me suffit que les instruments, les voix de la foule et les personnages contribuent
à donner la vie au merveilleux tableau que nous avons sous
les yeux. Si Granados a conçu son œuvre en feuilletant
les estampes de Goya, à leur tour les maquettes de Zuloaga
et de Maxime Dethomas ont permis de donner à son rêve une
réalité plastique.
Puis, c'est un bal de faubourg. Sur un rythme sourd et

�312

LA NOUVBLLR RRVUB FRANÇAISE

?hstiné, de fandango, des groupes évoluent qui semblent
échappes aux pages d'un album de Goya. Des chants des
danses et au milieu de tout cela une querelle à la~uelle
personne ne comprend rien. La collaboration de Granados et
de Zuloaga nous a donné encore cette fois un tableau d'une
coul_eur mag~Hique, avec des clairs-obscurs étonnants, des rais
lunu~eux stnant l'ombre épaisse où circule tout un monde
gro.u~llant dont la m.m:ique semble rythmer la respiration.
J.~' enfin retrouve a !'Opéra mes anciennes impressions du
Theatre des Arts et lorsqu"on sait avec quelle difficulté les
ma~~s d'artistes fonctionnaires consentent à se départir des
tradiltons et des routines qu'elles considèrent comme d'intaogi~les privilèges, on se sent pris d'admiration pour l'homme
qui a obtenu un pareil résultat. Evidemment nous sommes
encore lo'.n des ch~ristes russes qui nous révélèrent il y a
q~elque dix ~s Boris Godouno-w, mais nous sommes déjà très
lom des choristes français qui naguère à !'Opéra, rangés sur
deux files, les bras ballauts, figuraient dans les Huguenots ou
Lohengrin.
Malgré un décor de Maxime Dethomas superbe de lignes
et de p_roportio~s, ,te troisièm~ acte a été pour moi et pour
le. p~blic ,_en _general, une deception. On pouvait jusque-là
negliger l mtngue puisqu'elle se perd dans les remous d'une
foule agitée et bruyante, on ne le peut plus maintenant que
l'action se concentre entre les deux amanbi. n noos faut
assist~r au départ précipité de Fernando pour Je rendez-vous
fatal, il nous faut contempler son interminable agonie sur te
banc
. , de pierre où il revient mourir dans les bras de sa b'1en.
au~ee. Toute cette action est banale, déplaisante et gâte le
lyrisme voluptueux et mélancolique de la musique Et
·
tt
' d
., .
.
.
puis
ce ~ s_cene on! J aime au piano la tendre langueur ne gagne
pas a etre traduite en sonorités orchestrales La belle b
'tiaJ , • ,
•
p rase
Jru e repetee par des instruments trop expressifs prend une
~ure pu~ciniennc et la réponse du rossignol exécutée par la
flute devient un chant dont le réalisme imitatif
h
C"tait
me c oque.
e
u?e belle eau-forte, on en a fait un chromo.
Maigre ces inconvénients, les Goyescas constituent dans

313

NOTES

l'ensemble un beau spectacle, varié, vivant et manüestent
l'avènement a !'Opéra d'un esprit nouveau. Puisse-t-il s'affirmer et triompher des routines I Je ne suis pas de ceux qui
déplorent l'importance attribuée à la mise en scène par
l'actnelle direction. Dans !'Opéra, l'élément plastique est loin
d'être négligeable. Il a fait jadis, non moins que la musique,
la fortune des opéras de Lully et de Rameau I Comme le
remarque Stendhal, peu suspect de sacrifier la musique aux
autres arts,« c'est la décoration qui décide l'imagination à
faire les premiers pas dans le pays des illusions. "
HJ!NRY PRUNIÈRES

•••
LETTRES ANGLAISES
IMAGES OF WAR, par Ricliard Aldi,iglon (Allen and Unwin,
40, Museum Street, Londres.)
Aprt:s ses recueils de poèmes intitulés Images et Images de
Désir, M. Richard Aldington publie ces Images de Guerre, où
nous retrouvons la même poésie directe, vigoureuse et tout 1
imprégnée de cet hellénisme qui fait partie de la tradition
des grands lyriques anglais. Tout modernes que soient ces
poèmes par le ton et la forme, ils font songer à \V. S. Landor
et à Shelley. Du reste, de Landor M. Richard Aldington a
la clarté, la concision, et le goût de la poésie classique {il a
traduit en vers Anacréon, de6 poèmes de l' Anthologie, et
des poésies latines de la Renaissance ; ainsi Landor se plaisait
à paraphraser les élégiaques romains, et goûtait des poètes
latins modernes, tels que P. J. Sautel). Mais il serait vain de
chercher à démontrer que Richard Aldington a subi l'influence
de Landor: il y a parenté d'esprit, rien de plus. D'ailleurs,
d'autres influences, plus ou moins directes, ont travaillé, depuis
Landor, - en passant par Swinburne et Francis Thompson,
- à préparer l'avènement de récole anglaise contemporaine,
dont Richard Aldington est un des poètes les plus marquants.
Mais il vaut mieux citer, et voici justement un morceau très
caractéristique de l'œuvre de R. Aldington:

�3 14

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

DÉDAIN
Il est donc &lt;vrai que les dieux nous ont abandonnés
à notre malheur
Comme des hommes bas et communs ?
N'étaient-ils, les dou:x yeux eux-mêmes
D'Artémis, qu'un mensonge;
Les discours· d'Hermès rien qu'un artifice,
Et le rayonnement de la chevelure d'Apollon rien
qilun leitrre?
1

li

11

Désolés nous traversons une terre désolée•
E Iles sont Jermées, les hautes portes ;
'
Nulle réponse à notre prière;
Rien ne nous est laissé que notre intégrité;
Nous ne murmurons pas coritre le destin;
Nous disons seulement que nous sommes plus
justes qtte les injustes dieux,
Plus compatissants qu'eux.
0

• •
JoH.N .1

LLINGTON SYNGE AND THE IRISH THEATRE,
1e, Londres).

Maurice Bourgeois (Constable et

par

c

. On a. plais~r à lire ,une biographie et une étude critique si
bien faites, s1 completes, et dont l'auteur a su faire en même
temps, un livre très attachant, parce qu'il rec~nstitue la
personnalité de Synge comme un romancier pourrait le faire,
et parce qu'il s'est lui-même livré sans crainte au plaisir le
plus grand qu'on puisse trouver dans les études littéraires: le
plaisir d'admirec Synge (1871-1909) reste dans l'histoire de
la littérature anglo-irlandaise, comme le ~lus grand dramaJ:urge qui soit sorti du mouvement auquel le nom de !'Abbey
Theau:e de Dublin peut servir d'étiquette. Et, ce qu'il y a
~e ~u~ieux, c'est qu'il n'aura été, dans ce grand mouvement
littera1re et national, qu'un passant, un homme de culture
internationale, et peut-être le seul exemple d'un écrivain qui,

NOTES

après avoir acquis une connaissance très étendue de plusieurs
littératures européennes contemporaines, choisit, pour s' exprimer, un dialecte local et des sujets purement nationaux.
Imagine-t-on un D'Annunzio écrivant exclusivement en patois
des Abbruzzes, ou un Maeterlink qui ne mettrait sur la scène
que les paysans d'une province belge? Eh bien, c'est ce que
Synge a fait pour l'Irla~de, après des années préparatoires
passées en Allemagne, en Italie et à Paris ; et son œovre
la plus connue, qui a fait le tour de monde et qui demeure
comme le grand monument du théâtre irlandais : Le baladin
du Monde Occidental, est une comédie à sujet purement local.
M. Maurice Bourgeois aurait dû, peut-être, tirer les conséquences de ce fait très remarquable, et rechercher s'il n'a pas
son équivalent dans d'autres domaines de la littérature: par
exemple, le "lakisme ".des Lakistes. Peut-être aussi aurait-il
pu donner, dans la partie biographique de son ouvrage, un peu
plus de détails sur la vie allemande de Synge et sur ses
séjours en Italie. Du moins, en ce qui concerne sa vie française, il nous renseigne mieux qu'on ne l'avait fait jusqu'à
présent. Mais surtout M. Maurice Bourgeois analyse admirablement le génie même de Synge, dans son essence et dans
ses manifestations. Il n'a rien de commun avec ces critiques
qui restent toujours autour de !'écrivain qu'ils étudient, et le
dénigrent ou le célèbrent comme s'il s'agissait de porter un
jugement sur l'homme social qu'il a été: ce qui importe dans
l'écrivain, c'est son œuvre, uniquement, et c'est à l'œuvre
de Synge que son critique français s'attache, même dans la
partie biographique de son ouvrage. D'autre part, M. Maurice
Bourgeois s'élève au-dessus de ce qu'il appelle très heureusement "l'analyse chimique", c'est-à-dire de cette recherche
des sources des ouvrages littéraires, en quoi consiste tout le
travail de tant de fabricants de thèses. Enfin, il est agréable
de voir un français écrire l'anglais avec tant de correction et
d'élégance, et pousser la virtuosité, dans ce genre, jusqu'à ne
pas craindre d'employer des mots ou des expressions qu'un
autre, moins sûr de l'instrument qu'il manie, hésiterait à
employer et considérerait comme des gallicismes.
VALERY LARBAUD

�317

MEMENTO BIBLIOGRAPHIQUE
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W ACVF BouTROS GBAu : Les Perla
éparpillées, conte, et légmdes ara/Ms;
Pion-Nourrit.

LE GÉRANT ; GASTON GALLIMARD
lMPRlMERIE SAfNTE CATHERINE, BRUGES, BELGIQUE

D'UNE ORGANISATION
DU TRAVAIL INTELLECTUEL

Une grande question a été posée par la guerre. Il semble
que ce soit la première fois qu'elle préoccupe les esprits.
Elle est même encore si neuve et si camplexe qu'à peine
commencent-ils à pouvoir se la formuler.
Dès la reprise de notre publication, elle a pour ainsi dire
éclaté dans nos pages; mais c'était sous la pression immediate del' actualité, d'une façon par suite plus dramatique
que profonde, en tous cas avec une ampleur encore limitée.
La, guerre finie, il s'agissait de savoir si l'on devait continuer de penser en fonction de l'utile et dans l'unique
souci de favoriser l'intirétnational. Nous venions de subir
cinq années d'inflexible discipline intellectuelle et tout
naturellement nous nous demandions si le moment n'était
pas venu de nous émanciper et de reprendre chacun le libre
usage de notre réflexion.
laissant de côté tes différentes attitudes qui ont été
esquissées tour à tour ici en réponse à ce problème, il est
intéressant de reconnaître aujourd'hui quel dO'Ute, quelle

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

1, '

inqttiètude plus graves y étaient contenus, que le temps,
loin d'apaiser, n'a fait qt1.'approfondir. Il semble que nous
voici parvenus à une époque où la question va se poser de
l'appartenance del' intelligence. l 'intelligence est-elle bien
particulier ou propriété sociale? Est-elle la chose de l'individu en qui elle habite, peut-il en c user et abuser &gt; à
sa guise, ou au contraire la soci.été garde-t-elle sur elle
certains droits, peut-elle la réquisitionner a son profit,
exiger tout au moins qu'elle s'infléchisse dans le sens de
l'intérêt géniral ?
La question n'est pas de droit seulement, mais de fait
aussi. On peut se demander si, de par les conditio11s que
crée la vie moderne à l'intelligence, celle-ci ne va pas f atalement se trouver conduite, rien que pour pouvoir continuir de s'exercer normalement, à adopter une sorte de
démarche collective. Le vaste mouvement qui tend à la
socialisation progressive des activités humaines va-t-il
s'arrêter au bord de l'activité intellectuelle, Ott au contraire, verrons-nous celle-ci gagnée peu à peu par les principes et par les habitudes qui régissent déjà la grande
industrie ? l'avenir de la pensée est-il désormais au prix
de sa désindi'Vidualisation?
Comme on 1.·oit, il ne s'agit plus de décider si les exigences de la vérité doi'Vent ou non passer a7Ja11t celles du
bim public; on veut savoir si pour J' obtention même de la
vérité, qui reste la ffo dernière de l'iutelligence, une certaine discipli1u socitlle 11e doit pas être acceptée, une certaine alliance entre les esprits n'a pas besoin d'être conclue. Peut-étre, en se compliquant chaque Jour, l'objet de
la connaissance va-t-il finir par échapper à la prise indi-viduelle? Peut-être va-t-il fa /loir renoncer à le voir saisi

o'uNE ORGANISATION DU TRAVAIL INTELLECTUEL

.

J 19

et cerné autre1mnt que par une marche concentrique de
tous les esprits?
je ne crois pas qu'il soit dans la pensée de l'auteur des
pages
qu'on va. . lire, de• nier tout avenir au 6'trén••
. •
à'· ·
.._, nt meme
i~inuer ~u tl ~eut etre suppléé par une simple coopératwn des wtelligences
moyennes. Il n'iunore
pas qu'm
. .
o
P
ne. ~~rra !am~ts faire qu'une idée apparaisse ailleurs
q~ o~ il lu1, plait: elle choisira toujours un cerveau parJsculzer p°:'r s'y ,J~~larer; et partout ot't manquera ce
cerveau, si_no:n~r~uses ~nt les forces mobilisées, elle
manquera trremedtablement elle aussi.
M_ais_la_ qu~s~i&lt;mse retrouve de savoir si Pour permettre
ce~ eclair individuel du génie, il n'est pas disormais nécessai~e que Ja m~sse ~es intellectuels s'arrache au désordre
et ~ la dispersion ou elle continue de vivre, et s'organise
s~i~a.nt un Plan tJ:ensemble, en une véritable société.
vente restera sans àoute a 1·amais une I''
-,_,,,.,,
.,_. 'l' . ,
.,.., I'' ivt egiee,
dont ne pourra s'emparer que le chasseur d'élite. Mais sa
capture ne peut-elle, ne doit-elle pas être préparée par
une battue générale?
·
Ett _d'autr~s termes, le moment n'est-il pas venu oû le
travailleur intellectuel de l'espèce commune va être obli é
de reno~er à tout dessein privé el Ott son activité tt'au:a .
~lus de sens qtte si, s'agrégeant à celle de ses pareils elle
semploie· a· re·autre
· la part de l'inconnu et du hasard' et à
co-:zs_ommer l'œuvre critique sur laquelle les tentatives du
tente, pour.avoir quelque chance d'aboutir , LU'v,,
,JA-ont inevi. , .
tablement s appuyer?
C'est la question que pose t'arHcJe qu'on va lire. L'essence
·
.
,_ de la thèse qui· ·1 sou ttent,
lui• interdit
de prétendre
Hl !ranch
·
J
·
er a ut seul. Mais il met en mouvement des idées
U(,(,

L;

�320

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

qui sans aucun doute appelleront d'elles-mêmes des corrections ou des renforcements, et qui continueront, peut-être
ici,-méme, de faire du chemin.
J. R.

M. Jouhaux a publié dans l'Information Ouvrière et
20 Juillet 1919, une importante étude sur le
Conseil National Èconomique. Beaucoup de Français
auraient profit à la lire. Cela les aiderait peut-être à se
défaire de certain préjugé encore vivace et durement
enraciné. lis ne pourraient méconnaître le caractère élevé
des soucis que le secrétaire général de la C. G. T. porte
en son esprit. Il n'est question dans son travail que de
l'intérêt général, des moyens d'assurer le relèvement de
notre pays et de lui ouvrir les perspectives du plus bel
aveni~. Bien que cela ne soit pas expressément dit, nous
&amp;entons régner ici une préoccupation toute nationale.
Habitués à se taire sur leurs sentiments, les hommes
d'action trouvent plus de loisir pour servir la cause qu'ils
honorent. Le Français avantageux d'autrefois, à qui nous
devons nos habitudes de rhéteurs et nos mœurs de basse
politique, est-il, après les épreuves de cette gu~rre, to~jours de notre goût? Sachons discerner la vraie pensee
de ceux qui s'efforcent de tirer du vieux sol Je France
des moissons nouvelles, quand même ils se dispensent
d'avouer leurs attachements. Il est impossible de parler
d'un ton modéré, quand certains crient à tue-tête. Reconnaissons le mérite de ces hommes, à qui_la défense des
droits du travail, néce~sairedans tous les pay~, est léga-

Sociale du

D'UNE ORGANISATION DU TRAVAIi . INTELLECTUEL

321

lement confiée. Nous aurons fait un grand pas vers la
concorde sociale, quand nous leur aurons rendu justice.
M. Jouhaux ·se demande comment il serait possible de
restituer l'ordre dans ce monde que la guerre a bouleversé, et surtout en notre pays qui futle plus atteint par
elle. II nous explique, sans aucun souci de polémique,
les causes dü malaise qui nous étreint. Il ne prétend pas
les découvrir. Mais en les décrivant à nouveau, il les
rend plus claires. Nous ne doutons plus qu'il faille aider
cette société troublée à dégager la loi d'un nouvel équilibre, d'une organisation plus forte et plus savante.
Une question se pose à la lecture de cette étude. Comment nous est-il si malaisé, à nous Français, de trouver la
solution des problèmes qui se présentent devant nous,
et quand même celJe-ci se découvre, pourquoi éprouvonsnous tant de peine à l'appliquer? M. Jouhaux nous en
indique la raison. C'est, dit-il, que l'adhésion à une idée
demeure trop souvent théorique, que la reconnaissance
commune d'une vérité n'entraîne pas à l'action. Il voit là
un grave défaut du caractère national.
S'il en est ainsi, quelle institution, tout excellente
qu'elle soit, nous guérira de notre impuissance?Le Conseil National Économique même, quelque liberté que les
activités collectives aient de s'y déployer, ne s~ra-t-il pas
un nouvel organisme stérile, faute pour ceux qui le composeront d'être capables de passer de la pensée aux actes?
Je ne nie pas la réalité des caractères nationaux mais
je puis difficilement admettre qu'ils soient inalté;ables.
L'opinion, cet arbitre incertain n'a pas à toutes les
'
'
epoques
attribué aux nations diverses
un même et constant génie. La France a représenté longtemps l'ordre clas-

�322

••

. I'

LA NOUVELLE REVUE fRANÇAISE

sique, qui signifiait la faculté d'organiser les hommes
ainsi que les idées. Qui donc avant l'époque contemporaine aurait prêté à I' Allemand un génie organisateur?
Si l'incapacité d'agir en commun n'est pas un défaut
français, il faut que celle dont nous souffron_s actuellement ait d'autres causes. Je préfère cela, car Je repugne
3 croire qu'une telle infériorité soit naturellè au ?eup~e
de France. La pensée elle aussi est action, et je cramdr~ts
. que ce peuple ne perdît bientôt la facult~ de conc~votr,
s'il était vraiment impuissant à créer. Mais la pensee est
, individuelle, l'action presque toujours collective. La cause
de la stérilité qui nous frappe tient peut-être à cela.
L'action est dirigée par l'esprit, l'action collective par
la volonté collective : nous demeurerons incapables d'agir
d'accord, tant que les principes de la collaborati~n morale
et intellectuelle n'auront pas été définis et mis en pratique. Car nous n'acceptons pas la s!mple ~ontra~nte_- Le
problème qui se pose est un probleme d org~msation,
c'est-à-dire de libre discipline. En un temps ou laquestion de l'organisation du travail est à l'ordre du _jour'. !I
faut que celle du travail intellectuel soit, non moins dih-·
gemment, mise à l'étude.

Nu I phénomène social n'a été dénoncé avec plus d'â~reté
.que l'anarchie morale dont nous nous sentons att~•.nts.
A croire les philosophes conservateurs, nous sub1~1~ns
par là la peine attachée a l'abandon d'une tradition
éprouvée. Cette doctrine ne nous instrui_t~uère. La.question est de savoir pourquoi, les cond1t1ons de I ordre

o'uNE ORGANISATION DU TRAVAIL INTELLECTUEi.

323

social se trouvant changées, les perspectives de la pensée
élargies et ses besoins renouvelés, nous n'avons pas
réussi encore à fonder un ordre intellectuel qui correspondit à la réalité. Il semble que nous ayons opposé une
résistance passive aux sollicitations dont la vie présente
nous entoure, que nous ne sachions pas renoncer à d'anciennes habitudes d'esprit.
. Nous sommes restés des particularistes. Nous prétendons garder la liberté de penser ce qu'il nous plaît et de
nous mettre en contradiction, si bon nous semble, avec
les leçons de l'expérience. C'est que nous avons de l'expérience une notion fort confuse.
Cette prétendue liberté de l'esprit est une source de
grande faiblesse. Elle nous inspire un sentiment de répulsion instinctive pour toute œuvre accomplie en collaboration, et pèse ainsi lourdement sur notre existence commune. Nous sommes faibles de la faiblesse de notre pays
dont nous sommes cause. Ce goût d'indépendance, loin
d'être la preuve d'une grande énergie personnelle, est bien
plutôt marque d'indolence. Il est plus facile de rester attaché à la tradition d'un temps où la cohésion sociale était
peu sentie, où l'idée d'une organi,;ation nationale s'éveillait à peine, où chacun n'avait qu'une vague notion de la
place qu'il occupait dans l'ensemble du groupe, -certes
cela est plus facile que de mettre ses forces au service
d'un ordre vivant, et de subordonner sa pensée à la discipline qu'imposent les besoins d'une nation plus fortement
organisée. Pour se degager des lisières du passé, il faut
réfléchir sur le présent, et la paresse est si douce à l'esprit.
Nous manquons d'une conception sociale assez puissante pour entraîner les volontés et faire disparaître ce

�324
1

D'UNE ORGANISATION DU TRAVAIL INTELLECTUEL

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

fâcheux amour pour une liberté fausse e! inutile. Nous
n 'avons jamais bien éclairci l'idée de patrie.
Est-elle ce qui fut, ce qui est, ou ce qu'on veutqu'elle
soit? Si nous sentions en nous la force de l'élever plus
haut, considérant l'avenir, nous aspirerions à l'union.
Pour que la volonté se détermine, il faut que le désir de
créer l'inspire. Mais nous avons peine a concevoir de
puissants désirs, parce que nous subissons passivement
la domination des idées traditionnelles.
Nous nommons patrie, non pas cet ensemble que nous
sommes, nous qui vivons ensemble sur le même fonds,
mais une idée par'ticulière qui nous fut transmise, presque
toujours héréditairement, marquée de la forte empreinte
a·e notre classe. Du groupe dont nous suivons la destinée, nous n'avons qu' un sentiment obscur, le plus souvent hostile: Nous sommes moins satisfaits de partager
son sort, impuissants à l'embellir, qu'irrités de supporter
sur nous son poids. Nous nous berçons de l'illusion d'un
passé qui eût mieux assuré notre bonheur particulier.
La patrie, il est rare qu'elle ne soit pas faite de nos préjugés de caste et de secte.
Nous tirons des souvenirs qu'on nous lègue nos traditions, dont nous faisons des doctrines, et sur celles-ci
nous fondons nos partis. Seules nous lient ces traditions
qui en même temps nous divisent, étant le principe
d'unions particulières. Ainsi la tradition devient dans une
nation l'élément dissociant par excellence. Elle soumet
l'esprit à l'empire d'idées qui ne se meuveot plus au cours
de la vie. Elle le cantonne dans l'idéologie, l'attache
l'idole. Le désir de vivre et la volonté de croître nous
lieraient au contraire en un faisceau.

a

325

C'eût été le devoir des intellectuels d'éclaircir pour nous
l'idée de patrie. Ils ont préféré filer indéfiniment la soie
trompeuse du rêve. Si la valeur de l'intérêt général avait
été sentie, l'idée prenait corps. Elle n'était plus sujette à
l'interprétation, cessait d'être le monopole des uns contre
les autres. Si entre le patriotisme traditionnel pareil à
un buisson d'épines et l'antipatriotisme qui en est la
contre-épreuve, il se trouve si peu de place pour une
idée raisonnable et agissante de la patrie, la faute èn est
à nos penseurs.
Est-il exagéré de dire qu'ils ont souvent de leur rôle
social une notion plus faible encore que le vulgaire? Ils
ne se reconnaissent pas pour des ouvriers de la chose
-c ommune et repoussent toute organisation. C'ést qu'ils
ignorent les principes élémentaires de leur métier qui est
de connaître et d'ordonner la connaissance.
·
Nourris de conceptions sociales fort incertaines nous
'
ne recevons par surcroît nul enseignement des conditions
d'un bon travail intellectuel. On nous force de travailler,
mais on ne nous apprend pas à réussir dans le travail et
à nous plaire en lui. C'est le secret de quelques-uns qu'ils
ne croient pas devoir communiquer.
Aussi conservons-nous là-dessus des idées tout a fait
primitives. Nous persévérons dans notre croyance absolue au génie. Nous admirons des succès dont nous ne
comprenons pas le moyen. Nous •nous en remettons à
l'i~tuition, à la pure spontanéité de la pensée. Une pensée
qu1 naît parce qu'il plaît au ciel n'a pas besoin d'être
ré~lée. Elle ne connaît pas de lois. Elle ne tient qu'à l'âme,
unique en son essence et irréductible. Elle n'est soli.daire
d'aucune autre pensée.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

•••
La coi:ifusion dans"laquelle ces problèmes demeurent
a des conséquences regrettables. La violence de nos luttes
de partis est le signe et non pas la cause de notre anarchie intellectuelle. Son pire effet est de stériliser notre
travail.
Manquant d'une ferme notion de nos liens sociaux,
11ous n'avons qu'un sentiment vague et faux du rôle
éminent qui devrait appartenir à l'intelligence. Nous
n'accordons, à vrai dire, aucun rôle aux ouvriers de l'es-:
prit. Nous les laissons à leurs caprices, plus soumis que
personne au mouvement des passions politiques. Aussi
lës voyons-nous partagés en deux camps, persuadés que
leur devoir est de se battre, non de travailler à la prospérité publique. Ils enrôlent à leur suite ce qu'ils peuvent
d'énergies laborieuses. Le temps des guerres privées
semble pour eux durer toujours.
Nous les abandonnons absolument au souci de leurs
intérêts. L'homme qui chez nous ne travaille qu'à penser
est un personnage de luxe. ll a pour principale fonction
le divertissement. Ne parlons pas ici des savants; la
science française à trop peu d'écho dans la vie.
Quoi d'étonnant si le génie, vrai ou prétendu, livré de
la sorte à lui-même, refuse de se subordonner? Ignorant
les bénéfices de la solidarité, nous cultivons en nous un
naïf et redoutable orgueil. On dirait que la dignité propre
de l'intelligence lui defende d'accepter aucun lien. Les
habitudes sont si fortes que la tentation d'introduire
entre plusieurs un principe d'action commune ne manque

D'UNE ORGANISA1'1ON DU TRA VAIL INTELLECTUEL

J27

jamais de paraître tyrannique. Chacun se contente de
soi et dédaigne d'imposer une règle à d'autres. S'imposer
soi-même à l'attention publique, cela suffit.
Ce désordre engendre les pires conditions morales
de travail. Si instruits que les gens soient, ils font souvent paraître une puérilité singulière. A les observer un ·
peu on découvre bientôt que leur œuvre les intéresse
infiniment moins qu'un succès flatteur 'à leur vanité.
Ils cultivent ce maigre sentiment en servant ceÙe du
voisin qui, à son tour, les peut servir. Ils se sentent
ju~tifiés par le consentement général des mœurs, oubhant que les mœurs sont l'exacte peinture du vulgaire·
Cependant personne n'ignore la valeur des récompenses. La convenance y donne plus de titre que le
mérite. L'intrigue en est la condition. Qui veut parvenir
doit perdre plus de temps en vains hommages qu'il n'e~
réserve à sa tâche. Pourtant celle-ci seule est utile à la
société et à lui-même.
Tout l'effort est tendu vers le succès individuel. C'est
une.Jo_ï à laquelle nul n'échappe. Après avoir fait quelques
tentatives manquées pour instituer l'ordre autour de soi
on se résigne à tolérer le pêle-mêle des gens et des choses.'
On limite la précision, l'exactitude et la discipline à son
propre domaine spirituel. On se soumet à la terrible
domination des usages qui contraignent chacun à ne
prendre souci que de soi.
.
L'intelligence se sent privée d'écho. Elle est partout
repoussée par rambition commune, l'oisiveté et la sottise.
Elle est chassée des lieux publics d'étude par le bavardage. Nos bibliothèques lui sont inaccessibles. On n'y
peut accomplir ,que des tâches subalternes. Elles appar-

�,,

i

328.

111

1

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tiennent pour la plupart à un petit monde misérable qui
profite largement de l'indiscipline qu'on y laisse régner.
L'érudit candidat à l'Institut y· brille parfois par le geste
et par la par-0le. Le chercheur laborieux les fuit autant
qu'il le peut. Pour accomplir dans notre pays les grands
travaux de l'esprit qui sont difficiles, il faut avoir la fortune qui permet d'acheter des livres et de rester chez soi,
se résoudre à étudier seul.
Ce que ces habitudes révèlent, c'est le mépris inavoué
mais général du travail. L'œuvre utile qui est l'œuvre
sérieuse est condamnée. Cela rend la tâche . plus dure à
celui quis'yconsacre. C'estqu'H faut une forte imagination
et une rude vertu pour travailler dans la solitude. Et les
fruits de ce travail sont amers. Ce que l'on construit seul,
et qui n'est pas' un lien entre plusieurs, donne bientôt le
sentiment de l'inutile. Car la pensée retranchée du champ
de l'action est comme un corps stérile. Nous aspirons à
agir et l'action veut un concours de pensées.
Nous tournons dans un cercle. L'homme de valeur
répugne à imposer sa volonté; au milieu de tant de
volontés déréglées qui s'agitent dans l'incohérence, il ne
peut, lui seul, faire prévaloir la loi de l'ordre. Cette incohérence à son tour est cause que l'activité de l'esprit est
confinée dans le silence.
L'intelligence elle-même se consume trop souvent en
pure perte. L'ignorance où l'on nous laisse des saines
méthodes de travail est des plus nuisibles. L'excès intellectuel n'est pas moins à. craindre que l'incurie. Nous
abusons parfois de nous-mêmes. Il suffit d'avoir traversé
des écoles françaises pour savoir ce qu'on y rencontre de
ferveur à l'étude; ferveur parfois fiévreuse et qui laisse

D'UNE ORGANISATION DU TRAVA[L [NTELLECTUEL

329

un épuisement précoce. Ces cultures trop poussees avortent. La plante ne trouve pas assez de limon pour ses
racines.
Il en est de même dans la vie. Les hommes d'une
volonté trop tendue y vont jusqu'au bout de leurs forces.
Les conditions de la connaissance sont si mauvaises
qu'elles imposent à chacun un effort surhumain. On
reste surpris que le résultat d'une telle dépense d'énergie
soit si médiocre.
Trouverons-nous un jour le principe d'une alliance en
faveur de l'esprit?

Décontenancé, l'esprit déserte sa place, sa fonction
n'est pas remplie, il manque à la direction du pays.
Nous sommes si loin de nous comprendre! Comment
réussirions.nous à joindre nos efforts? li n'est pas de
direction possible sans une entente mutuelle. Ne rencontrant guère de consentement spontané, le commandement hésite, l'obéiss.ance mal sollicitée se dérobe.
Nous ne sommes jamais sûrs de rien. Faute d'un mécanisme social cohérent, nous doutons constamment de
voir se réaliser aucune œuvre que nous n'accomplissons
pas seuls. Le Français individualiste ne peut compter que
sur lui-même.
Les esprits étant instables, il nous est impossible de
prévoir. Nous sentons que toute responsabilité est dangereuse à assumer. Nous fuyons devant elle. Nous nous
efforçons de ne jamais vouloir au nom de plusieurs.
L'idée qu'il faut trancher dans le vif, arrêter son choix

�D'UNE ORGANISATION DU îRAVAIL INTELLECTUEL

Il

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
.330
bon ou mauvais, résoudre enfin, en toute chose, n'existe
pas chez nous. Un Français ne s'engage qu'en qualité
de propriétaire, non pas en celle de citoyen.
Nous ne sommes pas dirigés. Ni la France ne l'est
comme nation, ni les Français comme membres de
groupes sociaux plus restreints.
L'homme qui mène ses affaires agit pour lui seul. Sa
carrière est petite. Du moins peut-il s'y mouvoir. Le
succès qu'il poursuit est surtout individuel. Comme il
commande dans son intérêt exclusif, il sait se faire
obéir. Car ses subalternes sont ses inférieurs.
Mais les affaires aussi se socialisent. Elles seraient
paralysées si l'intérêt personnel ne restait pas ici prédominant. Car, dès que nous nous sentons égaux, nous
nous cantonnons. Nous avons un avis et n'en voulons
démordre. En politique, nous partageons l'avis de notre
parti, et nous y tenons d'autant plus que nous le
croyons personnel. Au lieu que les forces s'ajoutent,
elles se neutralisent. Nous demeurons indecis.
Cette indécision nous cause à tous un sourd malaise.
Elle nous condamne à une sorte d'oisiveté forcée, qui
est la chose du monde la plus gênante et la plus irritante. Nous nous sentons incapables de réussir; nous
répugnons à un effort que nous sentons infructueux.
En vain les idées utiles se font jour. En vain sontelles sanctionnées par le consentement général. Nous
nous perdons en discussions. La discussion est pour
nous une fonction si naturelle que nous la renouvelons
sur le détail, quand nous sommes d'accord sur le fonds.
Au moment de la clore, nous nous dérobons. Lorsque
deux Français se trouvent ensemble, la politesse corn·

331

mande à chacun de s'effacer. Nous consumons une part
de notre vie à savoir qui franchira le premier la porte.
Notre impuissance n'est pas dûe, quoi qu'on dise, à
l'incertitude des masses, ni aux abus de pouvoir dont
on les accuse. Les aspirations collectives ne manquent
pas de se manifester quand il faut. Le peuple accepte
les ordres qui lui sont donnés par une autorité ferme et
juste. Ce n'est pas à lui que l'anarchie est imputable.
Notre inertie vient bien plutôt de la confusion au milieu de laquelle s'agitent les chefs prétendus de la société
française contemporaine. Q!land une société souffre
d'anarchie, c'est à la tête qu'il faut aller voir. Parmi les
hommes qui croient appartenir à la caste pensante, la
plupart conçoivent en désordre, décident au hasard,
ignorent l'art de faire exécuter, craignent de faire
obéir. A qui appartient-il de transmettre leurs vagues
résolutions? Q!land une parole a été dite, nul ne veille
aux suites. Nous croyons à la toute-puissance du verbe.
En vérité, nous manquons d'un principe qui concilierait l'égalité et l'obéissance, et rendrait l'organisation
possible entre nous.

•••
C'est que malgré le culte que la mode nous contraint
de rendre à l'i(jole Organisation, il en est d'elle comme
des dieux; nous en ignorons tout, en dehors du nom.
li nous semble que tout sera dit quand nous aurons
arrêté quelques dispositions nouvelles. Tout ne sera
pas dit et rien ne sera fait. Car l'organisation est l'œuvre

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

332
des hommes qui la font régner, ou elle n,es t qu 'un mot
sans vertu.
.
d'hui pour
L'estime que . nous professons auJour
.
l'œuvre d'organisation est plus théorique qu'effect1~::
. "bl e. Nous n'avons pas encore
Cela est assez v1s1
, gou
de lee
les fruits de l'arbre et ne sommes pas presses
t
.
l'· rt d'ordonner les hommes e
cultiver. Nous ignorons a li est tellement plus facile
le méprisons en notre cœur.

Il

Il

d'i;::::e~~s organisateurs nous font-ils princi_pal~ment
défaut car leur activité est la plus intim:ment m~e~el ntee
,
.
I' 't t d'"ncoherence ou 1 s
à l'organisme social, et e a . 1
I t, s et détertrouve n'est pas fait pour susciter les vo on e
mt:~~:~~~:~~~de:~ut avant tout une divi_sion. exacte
des tâches·. Elle comporte un plan de tra:ail qui neo~:
ans la spécialisation du métier. Mats nous ~v
pas s
. . . . . elle nous imposerait un
horreur de la spectahsatton' .
ue l'édu't d'effort alors qu'il est bien entendu q
surcro1
tion se clôt avec l'adolescence. Ausst· t ro uvons-nous.
cautes sortes de bonnes raisons pour nous refuser a
::pprentissage d~s connaissances utiles. Nous restons
dans la théorie.
. . .
, u ne à ce
Si d'ailleurs, la spéc1ahsat1on nous rep g
. , ' t e l'occasion d'éprouver ses avantages ne
pomt, ces ~u
Nous vivons trop dissociés pour

~:::~ ~:•u: .:~"l;emblée possible. Da".'. l'o,tl;: i;~;

1 nous en sommes encore au regtme
lectue,
.
.
t • ••ose dire
du trava1.1 a• domicile · Chacun se
atelier
e
'
st
J
.
'
charge de tout ; les besognes 1es plus diverses sont

mélées.

JJ.3

D'UNE ORGANISATION DU TRAVAIL INTELLECTUEL

Le directeur d'une maison fran çaise est porté d'instinct à se suffire à lui-même. Il est peu habitué à utiliser
des hommes. Il attache plus d'attention aux choses.
Rien d'étonnant si nul progrès ne lui est possible. Il
reste l'éternel esclave du détail. Pour peu que ses occupations augmentent, il n'en est plus maître. Dès lors, le
désordre se met dans ses affaires et s'accroît à la mesure
de leur développement. Aucune idée nouvelle n'est plus
réalisable. Pour s'y attacher, il faudrait du loisir;
l'homme incapable d'organiser n'a jamais de loisir. Il est
toujours accablé.
Les directeurs des grandes administrations ne s'y
prennent pas mieux. Les affaires se traitent sur rapports, et les rapports ne sont souvent qu'un prétexte à
corrections grammaticales. li arri,ve que les questions
domestiques s'entremêlent curieusement aux questions
d'État. On sacrifie tout à la façade. qui demeure parfois
imposante. Mais n'entrez pas dans les sçcrets dit la
maison : vous cesseriez d'admirer. Vous verriez qu'il
n'est aucun employé, si infime soit son rang, qui ne se
gausse des ridicules du patron , ne s'en réjouisse en son
envie et n'en profite en sa paresse. En vérité, nul n'ordonne et personne n'obéit.
Si des organismes d'action présentent un tel spectacle,
comment s'étonner si rien d'utile ne se fait dans l'État?
Car l'État est beaucoup moins disposé en vue de l'action
que du compromis. Le roi s'amuse.
O!lant au peuple, il attend confusément qu'une impulsion lui soit donnée. Il fait appel à une volonté qui
défaille. Le peuple, ici, c'est nous tous, qui sommes
attachés au char embourbé. Nous avons tous besoin
2

�334

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

d'être conduits, ce qui est la plus sûre façon d'être
soutenus. Bien plus, nous y aspirons. Si cette aspiration
est vague, c'est qu'elle fut trop souvent déçue.
Tant qu'elle ne sera pas satisfaite, nous continuerons
de piétiner. Q!Je valent, en effet, la majorité des
hommes ? Ils sont moins actifs que passifs. La pensée
les guide moins puissamment que l'instinct. A vrai dire,
leur pensée n'est que l'expression humaine de leur
instinct. Si le besoin et le plaisir ne les éperonnaient pas,
ils ne bougeraient guère. Ils sont pourtant pleins d'admirations indécises, avides d'idéal. La tradition qui se
dépose en eux, résidu d'un long passé, ne suffit pas à
combler leurs désirs. Elle prête aux foules leur cohésion,
mais ne suscite pas chez elles de mouvement spontané.
La foule qui veut vivre obéit aux impulsions qu'elle reçoit.
Celles..ci lui manquent. La France est lente à agir.
Parfois seulement, quand un choc nous secoue tous à
la fois nous avons l'illusion d'un vouloir commun. Si
'
nos sentiments
se fondent par hasard sous le coup d' un
danger, nos pensées néanmoins ne se rencontrent .~a~,
car les esprits n'ont d'autre terrain d'entente que 1mefutable expérience. La littérature, bonne ou mauvaise,
dont nous sommes férus, les discours dont nous sommes
nourris, ne nous offrent aucune région neutre.
Si nous voulons nous entendre, nous devons résolument mettre de côté les habitudes littéraires et les traditions doctrinales. Il nous faut faire rentrer la croyance
dans la conscience et nous placer ensemble sur le plan de
l'action. Le petit champ individuel de la foi, propriété
intangible, se restreint aux limites où l'expérience
s'éteint, l'action est commune à tous.

D'UNE ORGANISATION DU TRAVAll. INTEl.LECTUEL

335
~lie doit. ê_tre voulue dans l'intérêt supérieur de la
nation, realtte concrète.

II
. Les nécessités actuelles sont inéluctables. Elles se
~esu~e~t dans un mot : produire. Elles déterminent
I obhg.at10~ de chacun. L'activité de la pensée doit enfin
devenir utile. La pensée doit servir.
Il_ faut qu'elle contribue à développer la fécondité
nationale. Elle le peut par une infinité d'efforts différents. Il n'y aurait qu'à se réjouir si elle parvenait à
rendr.e plus productive la tâche de l'ouvrier et l'aidait à
accroitre la somme des biens matériels, à défaut desquels une partie d'entre nous subira la misère et la
mort. A coup sûr, ce n'est pas en multipliant les conférences politiques et les affiches qu'elle y réussira .
. Le but est nettement indiqué. Le moyen, c'est d'organiser les efforts suivant un plan concordant, de faire
en sorte que chacune des fonctions essentielles de la
société s'accomplisse le plus utilement et avec la
moindre dépense possible. l'organisation nouvelle exige
le concours de tous.
Pour cela, nous devons tenter de régler toutes les
forces en travail dans leur ensemble le plus général
comme dans leur détail le plus extrême. Cette tentative
n'~ iamais été faite. Il n'a jamais été question dïntrodmre la moindre logique dans Jes opéràtions intellectuelles qui présiderit a la direction d'un pays. Elles sont
abandonnées au hasard. Il semble que la discipline n'ait
de valeur qu'aux degrés les plus bas.

�33 6

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Cet empirisme n'est plus supportable. Il est clair que
l'irresponsabilité n'engendre pas la sagesse.
La nécessité nous oblige à économiser toutes nos ressources. Nous n'avons cessé jusqu'à présent de les
gaspiller. Nous ne connaissons d'autre épargne que
celle de l'argent.
.
. .
On sait combien la France, s'entetant a faire usage
de vieilles machines coûteuses, a dépensé sans pr?fit
de richesses. L'énergie perdue par une fausse _a~phcation de notre valeur intellectuelle est plus co~s1derab_le
encore. C'est le pire dommage qu'un peuple putsse subir.
Nulle valeur n'est plus précieuse.
La plus belle économie que no~s puissio~s faire, ~·es~
ce]le d 'une direction coûteuse et improductive. La d1rec1
tion, en effet, ne va pas sans l'intellige~ce, et le tra~a1
ordonné. Le labeur de l'esprit doit ê_tre ~~le -~e _man_1ere
à servir aussi parfaitement que possible al ullhte soc_1ale.
Son rendement doit être augmenté co~me celui du
labeur physique. L'organisation des usmes est u.ne
question à l'ordre du jour. Inspirons-nous du même
souci qui l'a fait se poser.

Faisons le compte de ce qui nous manque.
Nous font défaut :
. .
. .
Une discipline formelle de la pensée ind1v1duelle ttree
de l'étude psychologique du travail ; .
.
.
imphquant
Une ferme conception du groupe national,
. 1
.
le développement de la psychologie socia e ;

D'UNE ORGANISATION DU TRAVAIL fNTELLECTUEL

337

La connaissance des moyens qui permettraient d'assurer la direction collective.
C'est-à-dire :
Un principe conciliateur de l'égalité et de l'obéissance,
qui justifierait l'autorité ;
Une notion exacte de l'organisation positive fondée
sur la connaissance individuelle des hommes, et permettant leur meilleure utilisation sociale.
Une saine méthode de ·collaboration intellectuelle·
Enfin,
'
Une éducation inspirée de ces diverses connaissances
qui préparerait les hommes pour l'action en commun.
~ous sommes, par contre, embarrassés de préjugés
~ut, dans notre poursuite ardente du mieux, nous
Jettent en des voies sans issue. Mais les préjuges ne
sont pas des adversaires à attaquer de front. Il est préférable que l'esprit s'éclaire. Qµand la plante est épanouie
au soleil, elle se purge sans peine de ce qui lui nuit.

.

..

Nous ne sortirons d'embarras que si nous nous pénétrons tout d'abord d'idées plus raisonnables sur la discipline interne nécessaire à l'esprit et sur la disdpline
générale indispensable à la société. Nous avons besoin
d'un précepte qui nous garde du désordre intérieur.
Nous avons besoin également de trouver l'appui de
toutes les forces spirituelles convergentes vers le même
but. Si certains principes présid;nt à l'éducation technique comme a l'éducation sociale du travailleur intellectuel, nous avons à les divulguer.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

1. -

I

PSYCHOLOGIE DU TRAVAIL INDIVIDUEL

Nous ne parviendrons pas à joindre nos pensées et à
rassembler nos efforts, tant que le besoin de l'ordre dans
la conscience n'aura pas été profondément inculqué à
chacun de-nous.
Nous nous fions à l'intuition, convaincus qu'elle suffit
à tout. La réalité est un peu différente. Sans doute l'invention est une faculté rare. Encore ne se manifeste-t-elle
pas miraculeusement. Les idées neuves ne surgissent
jamais par hasard, mais seulement sur les terres préparées par de fortes cultures. La semence dont elles sortent,
c'est tout l'enseignement tiré de la vie et des livres. Les
idées sont filles les unes des autres. L'œuvre féconde
est tirée des choses. Elle fructifie par l'étude patiente du
détail.
Notre pensée veut être initiée à la pensée universelle.
Mais l'étude ne suffit pas à ordonner la conscience.
Longtemps poursuivie elle devient machinale, cesse
d'enrichir l'intelligence, la comble seulement. Le labeur
même est souvent indolence. Entraînés par le mouvement familier de la tâche, nous continuons sans doute
à penser, mais la pensée ne nous anime plus. Elle devient inerte et passive. Pour que l'esprit se ressaisisse et
nous remette en possession de nous-mêmes, il faut que
nous l'arrachions à l'entraînement d'un rythme qui détruit la volonté. La vivacité de la conscience, affaiblie
par la monotonie de la course , renaît à la cadence d'un
effort diffèrent qui est celui de la réflexion. Cel_µi qui
apprend toujours cesse de s'instruire.

D' UNE ORGANISATION OU TRAVAIL INTELLECTUEL

339

11 est nécessaire de rompre l'élan du travail. Revenir
sur la besogne accomplie, tirer la leçon de l'expérience
dont les données se sont accumulées telles que la vie
les présenta , synthétiser ce qui s'offrit à nos sens c'est
là véritablement penser. C'est dans le moment qu'e l'on
met de l'ordre en soi que l'on pense.
~e mo~vement de l'esprit est le moins spontané qui
soit. Il exige une sorte de courage. On voit des hommes
qui durant leur vie entière accomplissent une tâche de
forçats , sans jamais faire le moindre progrès. Ils semblent d'une énergie à toute épreuve. En réalité, ils sont
paresseux contre eux-mêmes. Ils se contentent de se
dépenser mécaniquement et se font un mérite de leur
obstination inféconde.
La volonté de réfléchir nous impose l'obligation de
nous contenir, de nous resserrer sur nous-mêmes de
r~faire sans cesse un faisceau des idées diffuses qui ilarg1ssent et dissipent la conscience. L'homme est forcé de
faire périodiquement la moisson de ses pensées, de
dresser les épis mûrs en gerbes, afin de les sauver des
coups de vent qui éparpillent tout le grain. Laisser ses.
connaissances éparses, c'est les perdre, de même qu'un
champ non moissonné pourrit. Les ordonner c'est les
réduire à la simplicité et en assurer la conserv~tion.
Il faudrait que nous fussions instruits dans l'art de
récolter les fruits de la vie intérieure. Nous devrions
ê~re encouragés, dès le temps de l'école, à sentir, à désirer et à penser. Nul enrichissement de l'esprit ne serait
nuisible si l'on enseignait à l'homme qu 'il est bon de
s'arrêter parfois d'aspirer en soi la vie, pour contempler
le domaine de la conscience . La nature n'a pas prescrit

�340

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de saisons à l'être comme à la terre. La nature est ici
résumée tout entière dans la raison humaine. Pour devenir le maître de son activité, l'homme doit être avant
tout maître de lui-même. Une intelligence confuse est
nécessairement passive.
L'ordre profond de l'esprit conduit à admettre une
étroite coordination sociale. Accoutumant à rechercher
comment les idées s'enchaînent, il prépare à accepter
un ordré entre les personnes. Nous élevant à la conception du tout, il réduit le sentiment du moi à sa juste
mesure.
Il. -

PSYCHOLOGIE DU TRAVAIL SOCIAL

Nous aurons fait un progrès décisif sur la voie de
l'ordre le jour où il sera communément admis que la
pensée doit être soumise à l'empire de la raison claire.
Nous réaliserons l'ordre même, quand nous aurons
convaincu la majorité des hommes de la nécessité qui
les contraint, et de l'intérêt qui les engage à se soumettre
à la raison collective. Le premier point, c'est de faire
comprendre à chac~n l'ordre intérieur, le second de
l'amener à concevoir l'ordre social.
Rechercher le moyen de disposer les individus à agir
en commun , revient à déterminer les conditions auxquelles l'esprit consent àse subordonner. Ces conditions
sont les mêmes pour tous, pour les travailleurs de la pensée comme pour les travailleurs manuels. Nul ne renonce
de plein gré à une partie de sa liberté-pour se vouer
à l'accomplissement d'une œuvre collective, s'il n'est
assuré d'être payé de son sacrifice. Nous trouvons notre

o ' uNE ORGANISATION DU TRAVAIL INTELLECTUEL

341
joie dans une liberté plus grande dont nous jouissons
en commun, ayant reculé, grâce à l'effort simultané de
tous, les limites de la domination que nous exerçons
sur la matière et souvent aussi sur autrui. Cette liberté
suprême est pour nous l'idéal véritable et nous sommes
prêts à lui sacrifier une part d'autant plus grande de
nous-mêmes, que nous avons mieux compris ce qu'il
contient pour nous d'infiniment précieux. Entendu de
la sorte, l'idéal représente notre part d'intérêt personnel
dans la fortune sociale.
Qµ'ii nous faille , au contraire, nous dépenser pour
une œuvre qui nous restera à la fin étrangère, peiner
pour des hommes auxquels nul intérêt ne nous associe,
nous n'éprouverons que contrainte. De fait nous sommes si mal instruits de nos vraies affinités que souvent
nous nous sentons esclaves sur le champ même qui
nous appartient.

Rien de plus important que de donner à chacun l'idée
la plus forte et la plus précise de l'ensemble auquel les
conditions particulières de sa vie l'obligent de collaborer.
La vie, au moment où nous en prenons conscience,
s'offre à nous avec certaines nécessités dont nous ne
sommes pas maîtres. Nous ne pouvons choisir la communauté dont nous faisons partie. Il nous faut donc
l'accepter et connaître les conditions de sa prospérité.
Apprenons à quel point nous sommes intéressés au
succès de l'œuvre commune et à la fois que ce succès
dépend de nous. La force d'un groupe est la somme des
forces individuelles qui le composent. La croyance en je
ne sais quelle àme sociale douée d'une énergie propre
est purement mystique. Cette croyance a son prix pour

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
342
autant qu'elle nous lie les uns aux autres. Elle devient
souvent néfaste en ce qu'elle substitue à la réalité une
sorte de rêve, et nous distrait de l'effort. Q1land la
croyance n·est pas un levain pour l'esprit, elle lui sert
de narcotique.
Une idée juste et rationnelle du tout dont no~s s_or:":
mes partie, telle est la substance même de ~ act1v~te
collective. D'elle depend l'ordre social , ordre necessaire
qui ne se maintient que dans la mesure où nous le
voulons. Faisons en sorte que la conscience du groupe,
jusqu'à présent sentiment obscur et semi-religieu~,
s'éclaire de la lumière limpide que répand la pensee
individuelle.

111. -

LE CADRE NATIONAL

li ne suffit pas que des hommes soient disposés à
collaborer, il faut encore qu 'ils soient orga?isés pour
agir. La préparation morale veut ~tre app~yee _s~~ ~ne
organisation positive. Deux problemes se hent 1c1 • 1un
d'éducation, l'autre en quelque sorte constitutionnel.
L'ordre n'est pas moins nécessaire dans les ra~~orts
sociaux que dans les pensées individuelles. Le des1_r de
réaliser une même œuvre n'est qu'impuissance s1 les
fonctions de ceux qui doivent y collaborer ne sont pas
distinctes, définies et ordonnées dans un ensemble: La
conception du groupe social ne sera forte que lorsqu elle
reposera sur une notion complète des éléments d~nt son
organisme est fait. C'est alors seulement que Ion en
reconnaîtra le cadre naturel.
Ce cadre est la nation . Le groupement qu 'elle déter•

D'UNE ORGANISATION DU TRAVAIL INTELLECTUEL

343

mine est le seul qui soit assez vaste pour que les
multiples activités intellectuelles et manuelles, entre
lesquelles les hommes se partagent, puissent se solidariser. L'étude des fonctions sociales se fait comme dans
le vide, aussitôt qu 'elle s'abstrait de cette réalité prépondérante de l'unité collective fondamentale. Toute théorie
qui passe outre à cette réalité, ou bien considère l'humanité en soi, ou bien suppose que la vie de chacun est
indépendante de toute autre vie ; ou bien elle sépare
l'humanité d'avec les hommes, ou bien l'homme d'avec
l'humanité. Dans l'histoire naturelle des sociétés, les
nations sont les organismes vivants. Aussi bien l'unique
objet de nos préoccupations communes est le relèvement de notre pays.
C'est aux bons ouvriers de la pensée qu'il appartient
de porter dans toutes les consciences cette forte lumière.
L'idée de l'intérêt collectif attire la volonté comme un
aimant et l'oriente.
IV. -

L'ÉGALITÉ MORALE DES TRAVAILLEURS

Mais il n'est d'intérêts véritablement communs qu'entre égaux. Dans la morale et dans le droit, la liberté et
l'égalité ne font qu'un. Une nation naît au moment
où elles s'imposent. C'en est le principe essentiel.
Avant tout, nous devons accepter Je principe démocratique de la liberté et de l'égalité. Là-dessus, nous
pouvons construire. Tant que nous le discuterons, nous
ne pourrons nous accorder sur le point suivant : c'est
que l'organisation sociale doit être établie en considération du groupe et non pas des personnes. Point

�1

1
1
11

'

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
344
' fondamental ! Dès lors que les personnes sont égales en
droit, elles ont des devoirs égaux. Tous doivent servir.
Le mérite mëme ne justifie aucun privilège. Les qualités personnelles de chacun sont au profit du groupe.
Elles ne légitiment aucune dignité particulière.
Aussi les travailleurs intellectuels ne peuvent-ils prétendre à plus de considération que les ouvriers. lis sont
enfermés dans le même cadre. lis n'y occupent pas des
degrés différents. La hiérarchie, mot où se conserve le
vieil esprit de l'ordre sacré, ne peut caractériser l'ordre
rationnel.
Dans cette conception, l'organisation du travail intellectuel est une partie de l'organisation générale du
travail. li n'en saurait être autrement. Les mouvements
d'une société ne peuvent avoir qu'un seul rythme. La
pensée qui les gouverne doit être aussi consciente
d'elle-même qu'il est possible. C'est pour que cette
pensée atteigne à la plus grande clarté et se puisse
réaliser en action, que nous,youlons donner à l'ensemble
qu'elle doit régir la plus parfaite unité. Unité surtout
morale I Q!Ielle que soit la partie de la tâche que chacun
accomplit, le sentiment dominan,t qui le me.ut ne peut
être un sentiment particulier. L'orgueil intellectuel doit
fléchir. Il est ùne marque d'infériorité. L'homme qui
croit penser doits avoir que l'ouvrier manuel et lui poursuivent le même but, et que les conditions de leurs
travaux ne sont pas si différentes. Leurs occupations sont
par bien des côtés également modestes. L'expérience
scientifique exige le labeur des mains. Les recherches
d'érudition demandent l'application du scribe. Le résidu
qui demeure au creuset de la science esttoujours faible.

D'UNE ORGANISATION OU TRAVAIL INTELLECTUEL

34 5

Le temps n'est plus d'ailleurs où le penseur sans sortir
de chez lui, élaborait les formules où la raison puisait
u,n u_niversel s?mmeil. La science n'est plus que l'image
redutte de la vte. II est temps qu'elle serve à l'homme.
V. -

PRINCIPE DE L'AUTORITÉ

~galité_ rig~ureuse des travailleurs : tel est Je principe
qut seul Justifie l'autorité, dispose l'esprit à se soumettre, rend l'organisation possible et permef l'exacte division de la tâche sociale. Renonçons à nous diriger si
nous persévérons à nier l'égalité.
'

d:

La sou_mi_ssion
l'h~mme ~ l'homme est esclavage.
La soum1ss1on de 1 espnt au fait est la condition première
de la liberté. L'autorité, dès que nous la sentons utile
cesse de nous paraître tyrannique. Son utilité est liée
sa compétence.

â

A l'ég~lit~ absolue en droit s'oppose en• fait l'inégalité
du savoir. Notre liberté a pour vraie mesure notre
~onn~issance: No~s ne sommes indépendants que par
1espnt. Celui qm acquiert la plus vaste science et de
l'o~ganisation naturelle des choses et de l'organisation
~at1on,nelle des sociétés atteint le degré supérieur de Ja
hb_erte. Car les hommes tendent toujours à s'organiser
suivant les conceptions les plus parfaites engendrées
par l'esprit. Nous envisageons constamment une certaine
f~rm_e d'organisation, plus savante que celles d'aujourd hut, dont l'expérience et la réflexion ont suscité l'idée.
Les_ hommes les plus intelligents et les plus -expérimentes ont 1~ plus de titres à comma11der. A vrai dire
leur domination n'a pas un caractère absolu; car J~

�346

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

science vaut peu. Nous ne différons dans l'ignorance que
par des degrés. Tout le prix d'une moindr: ignorance,
c'est de limiter l'incertitude de notre conduite.
Cela doit contribuer à faire sentir aux hommes leur
étroite communauté et en brisant l'orgueil de ce qui se
croit supérieur, à faire accepter l'ordre nécessair~ parce
qui est réputé inférieur. L'individu ".&lt;: peu~ continuer a
vivre dans l'illusion qu'il se suffit. L energte personnelle
a de moins en moins d'espace pour se déployer hors du
cadre social. La plus forte énergie est celle qui emport_e
à sa suite le plus de forces collectives qu'elle-même sa1t
ordonner. La liberté de chacun est au prix de l'effort
qu'il fait au service de tous. La hiérarchie sociale d'aujourd'hui n'admet d'autres échelons que ceux de la
connaissance exacte et disciplinée dont le nom propre
est la raison.
Vl. -

COMPÉTENCE ET SPÉCIALISATION

En pratique, elle s'appelle compétenc:. . .
Tout métier exige une éducation part1cuhere. Le ~lus
difficile n'est pas de préparer les masses à l'organisat1on,
mais c'est d'élever des chefs.
. .
Nul ne réussit du premier coup à penser juste, nt a
bien commander. L'instinct n'y suffit pas. Il faut une
règle. Q!Iand celle-ci fait défaut, tous_ les ~ouvei;ie~ts s~
confondent. Cette règle aurait besoin d etre defi~1e,. s1
j'ose dire, scientifiquement. Cha~un en so_n ~art1cul~er
n'est pas de taille ni à la concevoir pour lu1-meme, m a
la faire accepter aux autres.
. ,
Q9and les hommes de pensée seront enfin organises,

o'UNE ORGANISATION OU TRAVAIL INTELLECTUEL

347

qu'ils auront cessé d'être les agents de l'anarchie, il ne
sera pas très malaisé d'augmenter dans le reste de l'humanité la tendance naturelle qui la porte à accepter les
formes qu'on lui donne; les sentiments qui l'animent
importent infiniment plus que les dispositions extérieures.
, ~e pouvoir de l'intelligence sera partout accepté sans
res1stance quand elle aura renoncé à être une force indépendante. Son rôle dans la vie sociale apparaîtra. C'est
une question que de savoir quelle part lui revient dans
le gouvernement des faits. Q!le cette part soit étendue
ou restreinte, les modes de ce gouvernement veulent
être déterminés. Dès lors qu'on admet la nécessité d'une
direction, celle-ci doit être organisée. A moins de prétendre qu'il appartient aux sots de nous conduire, il est
nécessaire de faire place à l'esprit.
N~ ten!r aucun compte de la nature de l'intelligence
serait folte. Aucun homme n'a la tête assez forte pour
se prêter aux activités diverses qui le sollicitent. L'œuvre
intelle~hlelle est_toujours le fruit d'une coopération plus
ou moms consciente. Cette œuvre capitale, devant laquelle l'individu reste impuissant, l'œuvre d'assurer la
vie d'un pays, il faut qu'elle s'accomplisse en définitive.
~~u~ n'avons pour cela qu'un seul moyen, c'est de
speciahser les fonctions dirigeantes. Le préjugé qui s'y
oppose est malheureusement tenace.
C'est une erreur de croire que l'esprit. en se spécialisant, se stérilise. Entendons-nous bien. Il est à souhaiter
que• la culture intellechlelle soit baénérale , la fonction
~peciale. L'homme doit s'élever, lorsqu'il pense, à l'intelligence du tout; il doit rester, lorsqu'il agit, dans Je
champ restreint où son travail s'élabore. L'effort de l'es-

�.348

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

prit qui le guide dans l'action est une part de cette
action ; il est nécessaire qu'il y soit limité.
Son rendement s'accroît par là indéfiniment, beaucoup
plus sans doute que ne peut croître la productivité manuelle. Une part de l'activité cérébrale tombe peu à peu
dans l'inconscient, est abandonnée au pur machinisme.
C'est le moyen du progrès intellectuel. Un mouvement
familier n'arrête plus. Les accroissements de l'intelligence sont pour l'humanité l'essentielle richesse. S'il est
vrai qu'elle ne se soit jamais enrichie que par le loisir, faisons en sorte que notre besogne sociale nous coûte peu de
peine. Ne nous livrons qu'à une tâche unique, puisque
nous n'en pouvons entreprendre plusieurs à la fois.
La faculté d'attention est plus limitée que la faculté de
compréhension. L'économie qui résulte pour chacun du
travail bien fait par tous, lui offre l'inappréciable chance
d'en ti, er lui-même profit. Les hommes ne veulent plus
être attelés sans cesse à la même besogne. La limilation
des heures de travail n'aboutit à rien de moins qu'à nous
faire jouir du fruit de ce travail accompli.
Dans l'ordre intellectuel, une bonne division des tâches
permettrait d'élaborer, de résumer, de synthétiser les
connaissances. de telle sorte que quelqu'un d'entre nous
ayant acquis grâce à son propre labeur, ce que j'appellerais volontiers l'expérience de la science, habile à comprendre, s'initiât sans peine à la pensée en train de naître,
de laquelle dépend le mouvement qui tous à la fois nous
entraîne.
Ceux qui commandent sauraient ainsi ce qu'ils doivent
savoir. lis auraient le temps d'organiser. Ils approfondiraient la notion même du commandement.

D'UNE ORGAN[SATION DU TRAVAIL INTELLECTUEL

Vil. -

349

DIVISION DES FONCTIONS

L_a directio~. d'une communauté petite ou grande,
natton. ou ~oc1~té commerciale, n'est pas un fait simple.
Elle_nece~stte a la fois l'exercice de la pensée fondée sur
1~ co~na1ss~nc~ des choses et celui de la volonté qui
s apphque a l o~ganisation des hommes. Concevoir,
ordonner et executer sont trois actes différents de
l'esprit, que d'ordinaire nous confondons. Si nous
s?~me~ à ce point incapables d'agir, c'est que cette
d1stmction n'a jamais été faite. Les cadres intellectuels
~ous_ manquent; elle nous eût servi de plan pour les
e_tabltr. Nous avons des penseurs qui ne nous servent de
nen, nous avons peu d'organisateurs et ne les employons
pas, enfin nous sommes encombrés d'une masse d'irréguliers qui bien commandés rendraient des services qui
n_e _l'étant pas nous chargent du fardeau de Jeurs in:apacttes. Pour que le tr~vail d'esprit nécessaire au fonctionnement de l'org~nis.:ne social fût assuré il faudrait que
chacu~ !ût placé de telle manière qu'il' pût servir, que
les med1ocres fussent commis à transmettre les ordres
et à les exécuter, les volontés supérieures à ordonner les
esprits les plus distingués à ouvrir la voie.
'
Penser, c'est tirer de l'observation de la vie tout son
~ns_eignement. Cet enseignement est devenu d'un secours
•~d,spensa~le ~ celui qui gouverne ou qui négocie.
~.ho~me d a~atres n'est pas plus excusable, s'il ignore
1etat econom1que du monde et la place qui appartient à
son pays, que l'homme d'Etat s'il méconnaît jusqu'aux
plus profondes causes des mouvements sociaux et poli•
J

�350

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tiques. Les étudier est le seul moyen de les prévoir,
autrement dit de gouverner. Ce n'est pas gouverner que
de donner successivement satisfaction aux plus criants
appétits.
.
.
Nous avons besoin de philosophes qui ne s01ent pas
des théoriciens, mais qui parfaitement instruits des réalités de la vie, respirant le même air que nous, sac~ent
formuler ces aspirations vagues dont la foule ne devient
consciente qu'à de rares moments. La philosophie dort
dans les livres; elle veille dans la tête de quelques
hommes d'esprit qui cherchent leur plaisir dans l'acte
de penser plus encore que dans le fait de sentir. ~'étant
pas arrêtés par la vue du monde que le gros de I humanité a acquise au temps où ils vivent, ils reculent sans
cesse l'horizon des terres où elle se meut, et tirent d'elle
les idees qui croissent dans l'épaisseur de sa conscience
et l'agitent sourdement.
.
.
Nous avons besoin surtout d'organisateurs. Savoir
penser et savoir commander ne sont pas une seule et
même chose. Ou plutôt la pensée de celui qui commande étant dirigée sur un objet déterminé qui est
l'homme, doit prendre un pli spécial. Le rôle du penseur
qui dégage par la spéculation la leçon d'ensemble des
choses, ne peut se confondre avec celui du chef qui agit et
fait agir. Tous deux sans doute organisent, ils obéissent _à
la même logique, mais le premier construit dans son es~nt
suivant un concept en partie théorique, le second taille
dans le vif de la société, la constitue pratiquement.
Celui-ci a pour mission d'ordonner les hommes entre
eux en vue de la tâche d'ensemble à remplir. li est indis•
pensable d'abord qu'il connaisse à fond la matière sur

D'UNE ORGANISATION DU TRAVAIL INTELLECTUEL

351

laquelle il travaille. Il faut qu'il ait les sens éveillés et
attentifs aux caprices de la volonté humaine et qu'il sache
utiliser les énergies. Rien de plus étrange que l'incapacité psychologique de beaucoup de prétendus chefs.
L'intelligence créatrice n'est pas moins nécessaire à
ceux qui dirigent qu'a ceux qui parlent. Organiser, c'est
découvrir et créer. Les relations justes entre les personnes ne sont pas plus apparentes que les rapports
exacts ou supposés entre les choses. Elles sont à coup
sûr plus mobiles. Elles doivent être constamment maintenues. Les hommes abandonnés à eux-mêmes retombent naturellement au degré d'organisation le plus bas.
Il faut aux chefs une réflexion toujours active, le don de
synthèse et l'autorité.
Un tel rôle exige une énergie peu commune. Susciter
l'activité parmi la moyenne des travailleurs, c'est-à-dire
accroître cette activité lente et quasi élémentaire qui
suffit à leur assurer l'existence, n'est point une tâche
aisée. Cette énergie est pourtant indispensable. A l'heure
présente nous reconnaissons tous la nécessité où nous
nous trouvons de rendre la plus grande somme de travail utile.
Nous disposer à la fournir ne servira de rien sans l'intervention, à tous les degrés du labeur humain, de cette
espèce d'hommes qui savent ordonner. C'est à eux que
revient la fonction propre du gouvernement, non plus
comprise comme l'exploitation de l'Etat par une oligarchie, mais comme le secours constamment donné à la
main qui agit par la pensée qui dirige l'effort. L'emploi
du chef, c'est de donner à l'individu le sentiment de
l'énergie possédée par le groupe, de lui communiquer

�35 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sa force et de maintenir ainsi la communauté entière en
état d'activité coherente et féconde. L'ordre public est
cela ou il n'est rien. A-t-il jamais été cela? L'ordre privé
suit la même loi. Observation et conception, organisation et commandement, exécution, tels sont les trois
éléments de la pensée collective, qui a pour fonction
d'assurer la direction sociale. Nous désignons ici par
l'expression : travail intellectuel, l'œuvre entière de cett~
pensée, depuis l'explication du savant jusqu'à l'acte qui
sert à transmettre au dernier degré de l'échelle l'ordre du
chef. C'est en lui donnant ce sens très étendu que nous
le distinguons du travail manuel._
VIII. -

L'ASSOCIATION INTELLECTUELLE.

Nous avons essayé de marquer la place de l'intelligence dans l'ordre social. Nous avons considéré le~r~upe
humain comme un tout, dont les parties sont sohda1res,
également servantes de l'ensemble, également utiles à
son mouvement harmonique. Nous avons montré que
l'organisation du travail intellectuel n'était qu'une partie
de l'organisation générale du travail. Nous lui avons
assigné pour principe la collaboration. Il reste à étudier
les modes de la collaboration elle-même.
A supposer que les différentes fonctions soc~ale~
soient assez nettement distinguées, comment les md1vidus réussiront-ils à s'agréger de telle sorte que chacune
d'elles s'accomplisse et qu'elles s'accordent ensemble?
Quand nous employons la formule : organisation du
travail intellectuel, strictement c'est de cette question
qu'il s'agit.

D'UNE ORGANISATION DU TRAVAIL INTELLECTUEL

3;J

Jusqu 'à présent la collaboration n'a été cherchée que
dans le domaine des sciences. Il existe une méthode du
travail scientifique dont les véritables savants font usage,
et qui s'étudie à part sous le nom de méthodologie.
Mais la pratique de cette méthode ne nécessitant pas
atisolument le concours des intelligences, celui-ci se réalise rarement.
L'homme d'étude peut travailler seul, souvent il est
contraint de rester isolé. Si le savant français montre
peu de goût pour les ouvrages d'ensemble, il le doit
moins à une tendance naturelle qu 'à une dure nécessité.
N'est-ce pas la difficulté de trouver des aides qui le fait
s'accoutumer à s'aider lui-même?
Il se peut que des Français réussissent parfois à accomplir d'accord une seule tâche après l'avoir divisée entre
eux. Mais les règles de l'association intellectuelle ne sont
pas encore connues.
Ce n'est pas à de telles règles qu'ont recours les
membres des sociétés savantes. Il ne faudrait pas croire
qu'il s'agit pour eux d'une entreprise véritablement collective. Il n'y a pas là coopération proprement dite, mais
juxtaposition de travaux accomplis individuellement sur
des sujets de même ordre. Il n'est nullement assuré que
pour les exécuter leurs auteurs se soient soumis à une
même discipline, aient fait usage d'une méthode commune. Pour qu'il puisse être question d'une véritable
unité dans le travail, il faudrait qu'une sorte d'harmonie
s établisse entre les esprits et rythme leurs mouvements
divers.
Nous proposons donc que les règles de l'association
intellectuelle soient étudiées. Les principes sur lesquels

�.354

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

elle se peut fonder sont d'une nature purement psychologique. Seule l'observation permettra de les découvrir.
Aussi ne saurait-il être ici question de les établir, ni
même de les esquisser. La tentative qui en serait faite
n'aurait aucune valeur. Une semblable étude appelle le
secours des donnees que fournit la science sociologique
dont aussitôt ébauchée, elle constituera elle-même une
branche.
L'analyse de la collaboration implique en effet collaboration. L'important est de déterminer un certain
nombre d'hommes à lier leur travail de telle sorte que
l'expérimentation devienne possible. Il faut qu'ils réussissent à démontrer comment l'œuvre naît de leurs
communes pensées. Le phénomène est de tous les
jours. Pour en connaître la loi, il est nécessaire qu'on
l'isole.
A défaut de quoi, on continuera de le confondre au
milieu des circonstances accessoires. On persévérera à
n'étudier les rapports sociaux que dans leur forme extérieure, sans observer qu'elle est une simple conséquence.
La science juridique ne peut faire mieux que de décrire
cette forme; elle ne l'explique pas.
Notre but est de connaître les causes, afin d'agir sur
les faits. Nous cherchons à atteindre la vie sociale dans
son essence profonde, pour en améliorer autant que
possible les dispositions intimes. Quand nous prévoyons
qu'une saine organisation du travail des esprits multipliera leur fécondité, nous exprimons une idée qui n'est
plus tout à fait une hypothèse.
Une analogie s'offre pour nous guider dans nos premiers pas. U semble que la réglemenution du travail

D'UNE ORGANISATION OU TRAVAIL INTELLECTUEL

J55

manuel et celle du travail intellectuel rentrent à la fois
dans le cadre que nous avons tracé. La première n'est
elle-même que depuis peu d'années l'objet d'investigations méthodiques. Il fallait de vastes entreprises industrielles pour qu'on songeât à tirer de l'expérience de
l'effort des règles précises et à donner à des groupes de
travailleurs une constitution définie. Les ouvriers de la
pensée eux aussi tendent à s'associer aujourd'hui. La
question est de savoir si leurs groupements serviront à
diminuer la capacité individuelle de l'inteUigence ou à
l'augmenter, s 'ils seront des parlements ou des ateliers.
Efforçons-nous d'en faire des ateliers. Quand on aura
commencé d'y produire en commun, les conditions
nécessaires du travail coopératif seront réalisées. L'étude
attentive en assurera le progrès.

•••
Nous ne pousserons pas la question plus loin. Si
quelqu'un s'étonnait de ne rencontrer dans ces pages
qu'un enchaînement de principes généraux et pas une
recette à employer tout à l'heure, nous croyons pouvoir
lui répondre que la mieux étudiée de ces recettes ne vaut
rien dans la pratique. li nous suffit d'avoir pose la question dans ses propres termes, qui sont relatifs aux
hommes. L'important est de déterminer les dispositions
d'esprit qui les amènent à s'entendre. Le reste est affaire
d'observation. Il faut modeler les institutions sur ce qui
vit, organiser ce qui est. C'est un problème qui se renouvelle à chaque instant.
ADOLPHE DELEMER

�MANNEQUIN D ACAJOU
0

MANNEQUIN D'ACAJOU

Dragons et municipaux, et leurs bêtes au col penché,
à la porte de l'Acadêmie de peinture.
Ce n'est pas encore la guerre civile. ~ais - depuis
combien de mois? - l'œil du cheval de troupe est sur
nous.
L'œil humide et dur, et tendre, qui a l'éclat d'une
pierre noire sacrée, instrument d'un culte perdu. L'œil
stupide, si doux, presque au sommet de la tête brunroux, longue, en forme de violon. Le soir, à l'écurie,
tam-tam des sabots sur les bat-flancs; les membres
lourds broyant la paille ; une chaîne qui claque sur la
pierre et, au-dessus, à la chambrée, le violon désaccordé
de l'engagé volontaire sentimental.
Par une brusque ondulation des flancs, le cheval bat
les mouches avec le fourreau du bancal qui pénd à
gauch·e.
Ce cavalier, démonté, doré, les . mains aux poches,
relevant les basques à retroussis cramoisi de son habit
presque de garde française, admire les belles attitudes
du mannequin d'acajou à la vitrine du marchand de

357 ·

couleurs. C'est le cheval que voudrait interroger l'enfant
de la Troisième République, le bon écolier en sarrau
noir épinglé de la croix de fer blanc, culotté d~ velours
retaillé dans un vêtement plus ample et qui distille la
forte odeur des peines et plaisirs du père, le cocherlivreur qui transpire en ahannant sous les colis du chemin de fer et qui répand le trop-plein du canon de rouge
quand il trinque, sa corvée terminée.
L'écolier connaît par cœur les mille et une nuits occi•
dentales, inscrites en son Précis d 'histoire de France,
l'un des sommets du merveilleux vulgaire, après la
poésie secrète et si exacte du Système Métrique, abstraite
symphonie des poids, des volumes et des espaces.
li sait que les guerres civiles déchirent et que les
guerres de religion désolent. Aucun professeur d'histoire
ne s'exprime autrement, parce que ces maîtres sont les
prêtres bons gardiens des mots gros de magie. Or, la
religion s'en va, tout le monde le dit. Alors, en deça
des frontières 1 plus de guerre? C'est le progrès! Reste
la guerre civile. Pourtant, les journaux socialistes impriment que ce ne sera pas encore pour cette fois-ci.
Pourtant, la Garde Républicaine et les dragons joufflus,
au triste écusson noir et blanc, campent toujours dans
les rues mal pavées, én étoile autour du carrefour
orgueilleux de son candélabre d' un luxe inouï. Tout ce
qu'on ne dit pas, tout ce qu'on sait mal est inscrit
dans l'œil du cheval, rond, convexe et noir, tout à fait
pareil au miroir noir des paysagistes de 18.3o.
Le coq noir du charbonnier, à la crête inclinée comme
une casquette, faisant le tour d' un stère de bûches, se
promène dans l'œil du cheval.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il

i

Ce matin, tous les articles des journaux sont d,es
décrets, ordonnances, mandements, ukazes et prikazes.
Défense est faite aux médecins de donner aux maladies leur nom vulgaire. A quoi bon ? C'est plus pathétique ainsi et puis il faut « tout de même » une religion
pour le peuple. Au surplus, ces messieurs des bureaux
ne sont pas en peine de vulgarité et si l'on a besoin,
impérieusement, d'un nom pour apaiser le malade dont
occuper l'impatience, selon l'art national de contenter
les autres citoyens avec une carte d'électeur ou un fascicule de mobilisation, - s'il faut un nom, ·on en fournira
un vulgaire à souhait.
Grippe espagnole. Feria de la Malaria 1
Les caricaturistes n'ont pas attendu ce siècle pour
affubler dame Peste d'un jupon court à grelots agressifs.
Q1land la tireuse de cartes du 32 est morte, an trois
jours, de la grippe espagnole, !'absoute fut donnée par
un prêtre tondu qui avait passé son surplis par dessus
son uniforme bleu horizon. Une de ses jambières se
déroulait en serpentin sur les marches de l'autel. Au
front, dans la tranchée de Calonne, c'est un bidon truqué (on tire dedans une cartouche) qui lui servait de
burette.
Le cheval de troupe, mal nourri depuis quelques mois,
boit l'eau empoisonnée du faubourg et le soleil allonge
l'ombre du sabre sur les pavés.
Dans la vitrine du relieur, une collection de guerre du
Miroir. Dix volumes de plus que !'Histoire de la Guerre
de 1870-1871 ! C'est beaucoup. Cependant ça n'emplit
pas toute la vitrine.

MANNEQUIN o' ACAJOU

359

- Loin de là l dit la commère.
U reste assez de place pour les romans mondains, les
féeries policières, les traités de jiu-jitsu, l'histoire naturelle, l'abrégé du Capital et le Bulktin àe la Compagnie.
Il est vrai que nous réduisons tout aux images.
Pas une ligne de texte l
On n'a pas encore entendu un de ces économistes,
qu'au Café blanc on nomme le Colonel, soupirer:
- Ce qu'il faudrait, c'est une bonne guerre de religion.
Un comité s'est formé pour le rétablissement des appareils à sous. Le Trésorier a été reçu par le Président
du Conseil.
Sa vareuse sonnante de médailles, truquée en veston
de bains de mer, cravate écossaise, une rose fanée au
képi, un poilu de la coloniale cherche à vendre un petit
fox. L'adjudant de la Garde Républicaine le désire. Joséphine en serait contente et le plaisir la rend amoureuse,
et ce serait à qui saurait le mieux le gâter aux Célestins
où l'on adore les bêtes. Seulement, suivra-t-il le trot de
l'escadron?
Un gréviste a connu au Tonkin certain cuistot de la
Marine qui savait préparer le chien. Du chevreau, ni
plus ni moins.
.
- Et qu'est-ce qu'il dit comme ça, votre Populaire?
- Non l Sans blague ? Les cipaux aussi ? Sacré
juteux!..
Une vieille femme aux cheveux semblables à de la
cendre, un tablier propre sur son jupon sale, affamée,
ou soûle, ou morte, étendue au frais sur les marches de
granit, garde l'entrée du Métro, close depuis la grève.

�36o

1

1

., 1

,,

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

- Des œillets ! des roses I du mimosa!
Ah I pensez-vous I On la claquerait à s'en fatiguer que
ça ne la déciderait pas à crier sa marchandise.
C'est la flemme qu'elle a.
Toutes les flemmes.
Et d'abord, la flemf!le de relever ses bas troués retombés en rouleaux sur ses souliers de garçon.
Lavée, brossée, toute nue ou enveloppée dans la chemise neuve à carreaux bleus et blancs que l'amant de
sa sœur, le beau mutilé, a rapportée - en douce - du
régiment, qu'elle dormirait bien au creux du panier de
roses dont elle doit charger ses bras étroits l
Q!Jelle flemme!
Fourrer ses roses brillantes des diamants du ruisseau
sous le nez des dîneurs de la terrasse, ça économise les
paroles et c'est tellement plus éloquent.
Elle en connaît une qui, fille de gueux, crânait dans
un joli costume marin; elle por;ait aussi du linge fin et
des chaussettes de soie. On a emmené en prison la dame
qui l'habillait si bien. Elle a dû rendre le costume marin, le linge doux à la peau et _les chaussettes de soie.
L'Assistance l'habille de laine grise et on lui apprend à
laver la vaisselle.
... Oui, c'est elle qui a chipé le porte-monnaie ...
. .. Ah l tu retrouves ta langue 1.. Te lâcher? .. Tu n'y
penses pas ... Pleure, ça ne t'empêchera pas d'être une
voleuse ... Tu as peur? .. Tu n'avais pourtant pas peur
pour chiper le porte-monnaie ...
... Non, je ne te ferai pas conduire au poste ... je ne te
mènerai pas chez le commissaire... tu ne vaux même
pas ça ...

MANNEQUIN D'ACAJOU

... Madame est trop bonne ... et puis il fait trop chaud ...
on est si bien !..
... Un simple bistro mais une cave parfaite et la plus
jolie terrasse de Paris ...
. .. Q!l'est-ce qu'on va te faire? ..
. .. Dernande pardon ... hein, qu'est-ce qu'on va te faire?
Elle ne pleure plus. On la tient à peine aux poignets
et elle ne se sauve pas. Dans son panier, une dame choisit
une rose i la plus belle.
Elle chipait bien nos porte-monnaie!..
Le carrefour tourne comme une toupie. L'électricité
brille en plein jour au globe du candélabre. L'enfant
livide contemple, les yeux brouillés, un à un, ces dieux
qui dinent à la carte, qui rie rit très fort et grondent ainsi
qu'ils rient et qui ont sur elle ce pouvoir terrible qu'elle
pressent sans s:en former aucune représentation.
L'adjudant est remonté en selle et tourne autour du
carrefour qui tourne, qui tourne, emportant les tables
parées, et le panier de fleurs et la petite fille prisonnière,
qui tourne plus vite que le carrousel des cochons à la fête.
- Fouillez-là donc, elle en a plein ses poches ... c'est
tout vice ces gamines-là ... Je ne serais que ces messieurs dames ... Si ces dames voulaient passer avec elle
dans mon arrière-boutique? ..
Les narines d'une blonde agréable frémissent un peu .
Un monsieur féroce et timide vide son verre de mousseux pour ne regarder personne en face.
Une brûlante respiration; l'haleine de feu des justiciers
visités par le crime soulève le carrefour. Le carrefour se
soulève comme une poitrine. La petite sent ses jambes
s'écrouler avec ses bas.

�36.2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Pars l.. mais pars donc!.. sauve-toi, petite brute, puisqu'ils t'ont lâchée!.. Ne crois pas à leur bonté ... Tu n'y
crois pas, n'est-ce pas? .. Oui, pensez-vous l.. parbleu 1..
Ce sont des lâches ... ils n'osent pas ... ils n'ont pas su
choisir ... ils ont eu peur de décider ... ils ont eu peur ...
et ce sont des personnes aisées et très convenables qui
ne pouvaient avoir le moindre ennui à cause de toi... ils
ont eu peur de leur désir ... ils ont eu peur de leur plaisir ...
S'ils n'avaient pas leurs comptes-faits des crimes et
délits, les juges aussi auraient peur.
Là ... à la table d'angle ... près de l'assiette de fruits .. .
un autre porte-monnaie ... prends 1.. et prends garde .. .
mais prends surtout... fais vite 1
Ils n'ont rien vu.
Toi, quelque jour, si l'on te couche dans du linge
propre, au creux du panier de roses, peut-être sauras-tu
juger sans comptes-faits les délits et les crimes. Qµi sait
si, pour que tu atteignes à tant de sagesse, il ne faut
pas encore que tu leur voles une autre bourse, et qu'ils
te voient, et qu'ils te prennent et que, cette fois - cela
peut dépendre de la qualité du mousseux - ils osent ?
La criminalité ne décroît pas. Mais à présent, pour
aller du poste au dépôt, la voiture cellulaire automobile
ne met pas dix minutes.
- C'était une boche, oui madame, une de leurs secrétaires. Une blonde, pas du tout comme les boches de
caricature; jolie fille, une boche quand même. Elle venait tous les jours m'acheter de la parfumerie, des épingles, des bigoudis, de l'odeur, des bêtises, quoi. Un jour
que Félix était en permission, il lui a dit: «Tenez, voilà

MANNEQUIN D'ACAJOU

un nécessaire que j'ai payé trois marks vingt-cinq à
Mayence. Fabriqué ici, je ne pourrais pas vous le vendre
à moins de vingt-deux francs. Je l'ai acheté il y a un
mois. C'est régulier, et bien on aurait trouvé ça dans
mon paquetage, avec la marque, il y a seulement un an,
j'étais bon pour le Conseil.
« Elle n'est plus jamais revenue. Je ne la regrette pas
trop. C'est elle qui a reçu un litre sur la tête le jour
qu'ils sont retournés dans leur pays. Félix aussi y est
retourné. Il n'est que sergent, mais ils lui disent Monsieur le lieutenant, parce qu'ils ont peur.
- Viens, dit au gréviste le colonial content de son
marché, viens, on va boire le fox !. .
Le cheval de troupe est aveugle.
C'est la charge.
Les naseaux hauts, les jambes de devant raidies dans
le galop, les chevaux sont tirés par les rails du tram,
remorqués par le tram jaune qui fuit.
Un peintre scrupuleux, un de ceux qui, se souvenant
de Delacroix, savent leur tableau par cœur, note le geste
des gardiens de la paix rejetant par dessus leurs épaules
larges le pan des noires pélerines.
La petite marchande de fleurs n'a pas peur. Les sabres
des agents et ceux des cavaliers la tourmentent moins
que les doigts longs et tièdes de cette jeune femme
habile, tantôt, à la paralyser avec sa main légère posée
sur son poignet.
Sans lâcher son panier, la voici glissant entre les vagues de la charge. Le boulevard est franchi; le carrefour
dépassé. Là, dans la rue aux moiteurs de cave, la vitrine
du marchand de couleurs a été défoncée. La voleuse de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

365

MANNEQUIN D'ACAJOU

porte-monnaie vole le mannequin d'acajou et son cœur
bat d'une joie effaçant l'amertune des terreurs subies.
Les porte-monnaie, c'est pour sa sœur et pour l'amant
de sa sœur, dont la baguette d'osier (ce vannier ambulant sait la manier en maître) l'effraye bien moins gue
les doigts délicats de la belle dame. Le mannequin, la
mystérieuse poupée nue de bois brillant, c'est pour elle.
L'adjudant la désirait aussi. Le fox, c'était pour Joséphine. Le mannèquin d'acajou l'émerveillait. C'était bien
fait c tout de même &gt;; c'est d'après ça que les artistes
peignaient leurs personnages. Seulement, il fallait faire
d'imagination le nez et les yeux. C'était cocasse et vraiment très soigné comme travail. Est-ce que c'était un
homme ou une femme? C'était tout nu. Ça devait être
une femme.
On emporte l'adjudant. Les bocaux du pharmacien
friment, en plein jour, les signaux verts et rouges dans
la nuit d'une voie ferrée.
Sur le visage livide de l'adjudant, du sang. Une double blessure. De chaque coté de la bouche, deux retroussis cramoisis, pareils aux basques du bel habit de garde
française. Il y a des coups de pierre fa~eux comme des
coups de sabre.
Et la femme soûle, ou morte? Elle dort toujours, un
peu plus bas dans la bouche du Métro ; la foule, poussée
par le cheval de troupe aveugle, lui a fait dégringoler
deux ou trois marches. La vieille face est maintenant
recouverte des cendres de la chevelure.
Il y avait trois enfants appelés par leur destin au cent~e
de ces drames conjugués. L'écolier décoré de la crotJC
dérisoire; la marchande de roses, la petite voleuse qui ne

saura jamais qu'elle fut une enfant, et le petit garçon
riche sortant du jardin public à cent mètres du carrefour. Il n'a rien vu. Parce qu'il n'a pas tourné l'angle du
boulevard - le boulevard défiguré à cause du candélabre
renversé dans la bagarre, le candélabre d'un luxe inouï
- il n'aperçoit pas les dragons à l'écusson funèbre
s'avancer tranquilles, sabre au fourreau, en peloton
compact, ni la garde municipale qui, sa besogne faite
s'ébroue, hommes et bêtes, dans la ruelle aux moiteur;
de cave.
l'œil du cheval de troupe absorbe un canton pacifié
du monde qu'une houle soulevait.
On recoud les lèvres de l'adjudant.
Le petit garçon riche ne voit pas l'écolier sage courir
ainsi qu'un fox au long du peloton en marche.
L'enfant bien élevé, bien vêtu, rouge de confusion, de
honte, de terreur et de satisfaction, court droit devant soi.
La fontaine de fonte bronzée est au milieu de la place.
Voici l'instant sublime qui grandit son enfance.
11 a satisfait au tenace désir.
11 a osé et il est un peu étourdi, un peu ivre d'avoir tant
•

et si vite et si facilement osé.

Son trouble est tel qu'il demeurera longtemps visible·
si on l'interroge, lui qui a tant osé, il n'osera pas avouer'.
Jamais.
II y a tant de jours, tant de semaines, tant de mois
que l'envie furieuse le mordait.
. C'est fait. Le voici troublé mais satisfait, épouvanté,
Joyeux et plus jamais il ne sera digne d'être nommé
candide.
Un signe est sur lui.

.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Conduira-t-il les pauvres ou en assurera-t-il le massacre?
Les pauvres à jamais, l'inquiétud~ des pauvres, ~e
goût et le dégoût des pauvres, les cns des pauvres regneront sur sa vie.
Il a porté à ses lèvres, satisfaisant l'envie_ redoutable,
la coupe infâme et merveilleuse. A la fontaine Wallace
_enfin! - il a bu l'eau fade dans le gobelet de fer en
forme de sein coupé, déformé sur ses bords par les
lèvres des pauvres.
- Cochon! lui crie l'écolier sage.
Les dragons passent.
L'écolier court rapporter à son père la nouvelle de 1~
bagarre. li est ému d'avoir été le témoi~. d'un a~te pat~~tlque dont ses professeurs décideront s 11. c?nv1ent d. en
faire, pour l'histoire leur servante, un evenement ~mportant. Il n'est pas ému d'autre chose. Est-ce _bien
certain ? Des bouffées de leçons embrasent ses oreilles.
- Sous le règne de...
.
li oublie le nom du prince. En courant, 1I se chante
lèvres closes :
_ Sous le règne de, sous le règne de, les guerres de
religion désolèrent la France ... Sous le règne de,_s?us le
règne de, la patrie fut déchirée par des _guerres c1v1les ...
Lèvres closes, car entre ses dents il vient de se planter
Ja rose ramassée sous les jambes des chevaux.
On ne sait pas si c'est une rose envolée du panier de
la voleuse sanctifiée par le martyre, ou la rose chue _du
képi du colonial, du vieux soldat qu~, _seul devant le zinc
du bistro, achève de boire le fox, pa1s1blement.
ANDRE SALMON

•

LETTRE SUR LES MŒURS SCIENTIFIQUES
EN AUSPASIE

Réjouissez-vous, bon ami, car je vous apporte une
heureuse nouvelle. Un de mes compatriotes, un habitant de ce royaume, a fait une découverte fort importante, une de ces découvertes dont l'humanité tout entière peut tirer orgueil et profit.
L'homme dont il s'agit est un savant fort modeste.
Entendez qu'il est plein de modestie et ne jugez pas de
s_es mérites à ce mot, car, au regard de son taJent, je
tiens cet homme pour considérable. Je le dis donc modeste
pa_rce qu'il est singulièrement dépourvu d'éloquence, de
bnllant, d'habileté et, en général, de toutes les vertus
qui assurent aujourd'hui la fortune de l'esprit.
Léonard, c'est ainsi qu'on le nomme. s'est distingué
par des travaux si remarquables que nombre de ses conf~ères ont repris ces travaux à leur compte et y ont immé~•atement attaché leur nom. Léonard est donc presque
inconnu chez nous, ce qui lui permet d'exercer son génie
dans une solitude non disputée et dans une indépendance
voisine de l'abandon.

�J68

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

j'imagine que cet isolement est propice à la spéculation
scientifique car, après plusieurs années de labeur, Léonard a conduit ses recherches à leur terme. Le fruit de
ces recherches est, je vous l'ai dit, tout à fait précieux,
tout à fait admirable. Je ne saurais vous en entretenir
convenablement dans les limites d'une lettre: toutefois,
pour satisfaire au plus gros de votre curiosité, je dois
vous dire qu'il s'agit d'une découverte intéressant la biologie. Léonard a obtenu de si concluants résultats qu'il
n'est pas insensé d'en espérer un grand bien, matériel et
moral, pour l'humanité. Je prononce à dessein le mot
moral, bon ami, car, bien qu'étranger aux secrets des
sciences naturelles, vous admettrez volontiers avec moi
qu'il n'est pas absolument impossible, en principe, de
modifier à la longue les mœurs des êtres vivants en améliorant adroitement les conditions de leur vie organique.
La découverte de Léonard a donc ceci d'important
qu'elle intéresse cette partie de la science biologique qui
n'est pas indifférente à l'âme. Pour plus de clarté, sachez
que Léonard a pu, en traitant de certaine façon les éléments qui composent un organisme vivant, faire acquérir
à ces éléments des fonctions nouvelles et, partant, conférer à cet organisme des pouvoirs capables de développer son influence et d'étendre }e domaine de son activité.
Je ne saurais vous en dire davantage sur les expériences
de Léonard sans violer, en quelque sorte, un secret,
parce que, sachez-le, bon ami, les derniers travaux de ce
savant n'ont, à l'heure actuelle, reçu aucune publicité
dans notre royaume. Peut-être même s'écoulera-t-il beaucoup de temps avant que le nom de Léonard ne passe la

MŒURS SCIENTCFIQUES EN AUSPASIE

mer et ne parvienne aux oreilles de vos compatriotes.
Les raisons de ce délai sont fort curieuses et, pour vous
les faire comprendre, il me faut raconter par le menu les
diverses démarches qui ont rempli la vie de Léonard
depuis qu'il a mis la dernière main à son ouvrage. '

•

**
j'ai fait la connaissance de Léonard il y a une dizaine
d'années, alors que je hantais les laboratoires dans Je
dessein d'y trouver solution à de certaines inquiétudes
morales. J'ai, de ces études, retiré d'amples satisfactions,
mais nullement celles que j'en attendais. En d'autres
termes, la science n'a donné réponse à aucune des questions qui me tourmentaient alors et qui n'ont cessé de me
tourmenter depuis; la science est restée muette,! vous
dis-je, mais elle in'a procuré une sorte d'ivresse qui a
retiré de l'acuité à mes doutes, elle m'a donné quelques
motifs d'orgueil, elle m'a fait, souventes fois, illusion
sur la valeur morale de ses fins.
Passons! Il s'agit de Léonard. Et, en vérité, rien n'est
plus édifiant que son histoire.
'
Expérimentateur irréprochable, esprit rigoureux et ingénieux, analyste subtil, Léonard me frappa, dès le début
de nos relations, par l'ampleur et la générosité de sês
vues. La haute spécialisation, à laquelle les nécessités
modernes de la science astreignent tout chercheur, n'a
pas fait de lui un infirme: il jouit d'un champ visuel
développé et l'intérêt qu'il porte au monde déborde
volontiers le disque clair d'un microscope.

�J70

LA NOUVEL~E REVUE FRANÇAIS&amp;

A ces traits, avouez que je réalise mon dessein, qui
est de vous donner de l'estime pour Léonard.
Léonard a consumé ces dix dernières années dans un
laboratoire qu'il a fait construire et qu'il entretient de ses
propres deniers. Il a quelque mérite à cela, car.il n'est
point riche. Telle n'est pourtant pas l'opinion de ses confrères qui, pour la plupart, préfèrent végéter dans les
locaux de l'état et attribuer ensuite à la parcimonie de
celui-ci la fréquence de leurs échecs et !'étriqué de leurs
entreprises.
Mais je ne voudrais pas vous laisser croire que mon
amitié pour Léonard et le goût que je ressens pour son
caractère d'esprit entachent d'injustice mes jugements
sur le reste du monde scientifique auspasien.
Léonard a ramassé l'essentiel de ses résultats en un
ouvrag.e fort compendieux dont la lecture est passionnante. j'ai eu ce mémoire entre les mains; il comporte à
peine deux cents pages. Il est intitulé: Mutations fonc-

tionnelles rapides des éléments organiques différenciés.
Ne vous arrêtez pas, je vous prie, à l'aridité apparente
de ce titre : il recouvre des vérités nouvelles et tient en
germe d'immenses espoirs.
C'est l'histoire de ce petit ouvrage que je vous veux

raconter.

•
••
Léonard termina la rédaction de son mémoire en janvier dernier; voici donc bientôt dix mois. j'eus l'avantage de le rencontrer à cette époque et d'apprendre
l'heureuse issue de ses investigations.

MŒURS SCIENTIFIQUES EN AUSPASIE

37 1

- Le moment, me dit-il, est venu pour moi d'en
appeler au jugement de tout le monde savant. 11 me
cfevient difficile de tenir secrets des travaux qui doivent
entrer au plus tôt dans la voie des applications pratiques.
j'apporte des notions dont l'imprévu peut surprendre
mais donL les conséquences sont de nature à remuer profondément la société. Il doit sortir de là beaucoup de
bien. J'ai fait lever dix copies de mon mémoire et les vais
adresser sans retard aux dix personnes savantes pour
lesquelJes je ressens la plus fervente admiration, le respect le plus justifié. j'ai songé, tout d'abord, à Joachim
Jurcdieu-Desbrosses et j'ai, par avance, quelque émqtion
à l'idée que le vieux maître va connaître le fruit de mes
recherches. Bien entendu, je fais porter aujourd'hui
même une des copies à Mascarol ; peut-être voudra-t-il
se souvenir de mon nom. j'ai songé également à Cussac,
à Gaupillat, dont j'honore infiniment l'existence laborieuse ;j'ai déjà expédié un des exemplaires à M. Abraham
Scrübe qui m'a toujours montré de la bienveillance. Enfin
je vous cite Bourdonnet, Stanislas Galoche et Robidart.
Pour M. Sarcelle-Paroquier, je lui ai porté moi-même
mon travail ce matin, avec une lettre, en souvenir du
stage que je fis jadis dans son laboratoire. Je regrette de
n'avoir pas une copie supplémentaire pour la soumettre
à Mathieu Golugo, dont j'aime la probité parfaite et le
remarquable sens critique .
Ainsi parla Léonard et j'approuvai vivement la composition du tribunal qu'il s'était choisi. Il n'y avait là
que savants émérites, chercheurs consciencieux, académiciens comblés d'ans et d'honneurs.
Léonard fit donc remettre ces dix copies aux dix per-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS!!

sonnes que je viens de vous énumérer et que vous conconnaissez sûrement, car leur renommée a franchi les
frontières de l'Auspasie et s'est répandue par le
monde.
Puis Léonard attendit, comme peut attendre un homme
qui a glissé une chandelle allumée sous un baril de
poudre.

•••

,,

Au bout d'un grand mois, c'est-à-dire vers le début de
mars, Léonard, qui attendait toujours, trouva, dans son
courrier, une carte au nom d'Antoine Bourdonnet. L'aimable vieillard adressait à mon ami « ses plus vives
félicitations pour le curieux et intéressant travail ».
Telle est la modestie de Léonard qu'il fut touché, tout
d'abord, de la bienveillance que lui témoignait le vénéré
maître. A la réflexion, son contentement tomba et il lui
vint de l'amertume.
Pardonnez-moi, dit-il, d'avouer que cette marque de
sympathie me trouve insatisfait. j'ai prévenu dix personnes que j'allais soulever le monde; on me réplique:
« C'est très intéressant.» Il y a de quoi donner du fiel à
l'âme la plus accommodante. En vérité, j'ai mal préparé
mon attaque. Je m'en vais relancer mes gens et savoir
où ils en sont de ma lecture.
La décision de mon ami me parut parfaitement sage,
et, dès le lendemain, Léonard entreprit de visiter ses
illustres juges.
Le hasard d'un itinéraire l'amena d'abord devant
Amédée Cussac. II eut l'avantage de le rencontrer à J'lns-

MŒURS SCIE~TIFIQUES EN AUSPASIE

373

titut national auspasien où M. Cussac occupe une
chaire.
Amédée Cussac est un homme sec et nerveux dont
l'humeur est constamment altérée par une affection du
foie et par des aventures domestiques qui sont la fable
de la ville. Ces divers tourments n'ont pas empêché
Cussac d'acquérir chez nous une réelle popularité; il la
doit à ses magnifiques recherches sur l'escargot domestique. Vous connaissez sans doute la part efficace qu'a
prise ce savant dans la lutte soutenue par toute l'Aus.
pasie rurale pour soustraire l'élevage de l'escargot au
monopole d'état.
- Votre mémoire, Monsieur, dit-il en levant sur Léonard des yeux dont le« blanc» était vert-bouteille, votre
mémoire est sur ma table et j'en achève la lecture.
- Je suis heureux, Monsieur et maître, dit Léonard
avec un sourire confiant, de voir que vous avez eu cette
patience. Mon travail...
- Votre travail, trancha net Amédée Cussac, serait
une chose estimable, je veux dire une chose curieuse,
s'il ne laissait totalement dans l'ombre une question
considérable, une question qui domine de haut, à l'heure
actuelle, tous les problèmes scientifiques. Je m'étonne,
Monsieur Léonard, je m'étonne de voir un esprit distingué - c'est de vous, Monsieur, que je parle - pe
faire, dans un ouvrage qui prétend fixer l'attention du
monde, ne faire, dis-je, aucune mention de l'escargot.
Vous semblez, Monsieur, au fait des recherches modernes
de la biologie; cela ne rend que plus étrange, que plus
inopportun, plus inexcusable, j'ajouterai même plus
blessant, l'oubli total où vous laissez les travaux publiés

�374

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sur les mœurs d'helix pomatia, sur la fécondation d'belix
nemoralis et sur les rythmes déambulatoires d'belix-ver-

miculata ...
- Mais, permettez, maître, interrompit Léonard stupéfait ...
- Ce n'est pas, reprit M. Amédée Cussac, ce n'est pas
parce que ces ouvrages portent mon nom que je vous
en recommande la lecture. Je demeure toutefois persuadé
que l'étude assidue de l'escargot peut seule donner à
vos recherches le caractère de haute généralité qui leur
fait défaut jusqu'à présent. Croyez-moi, Monsieur Léonard, demandez à cet extraordinaire gastéropode l'appoint de faits propre à féconder , à ordonner tout ce qu'il
y a d'aride et d'aventureux dans votre mémoire, mémoire
que je remets à votre disposition dès demain, s'il vous
convient de l'envoyer prendre.
Léonard demeurait atterré, comme un homme frappé
d'une sentence mortelle. M. Amédée Cussac le poussa
vivement vers la porte en ajoutant d'une voix moins
rude:
- Je dois à l'escargot des heures exquises et de
pures jouissances scientifiques que mes ouvrages vous
feront partager. Cherchez, Monsieur Léonard, cherchez
dans ce sens. L'escargot est inépuisable.
Et mon ami Léonard se retrouva dans le haut couloir,
qui est le principal vaisseau de l'Institut auspasien.

•••
Ce couloir, le chagrin, et sans doute quelque insidieux
besoin de consolation, conduisirent Léonard au cabinet

.MŒURS SCIENTIFIQUES EN AUSPASIE

375que le Professeur Joachim Juredieu-Desbrosses occupe à
l'extrémité ouest du bâtiment.
Léonard heurta J'huis d'un doigt tremblant ; mais un
brusque réconfort lui vint à entendre retentir certaine
voix frêle, affectueuse et brisée qui disait: « Entrez! »
Beau vieillard au visage noble et doux, M. JuredieuDesbrosses était assis, ou plutôt tapi entre des piles de
dossiers et d'ouvrages sur lesquels neigeait une poussière
épaisse. Le savant vint au-devant de Léonard, lui étreignit les mains et le poussa dans un fauteuil profond
comme un fiord.
- Je pense, disait-il, mon ami, que vous n'avez probablement pas échappé à la dernière et si cruelle épidémie
de fièvre de Malte et je suis content de voir que vous
vous en êtes heureusement tiré : votre mine est satisfaisante. N'a-t-il pas été question pour vous d' un joJi
mariage? Il paraît que vous avez passé vos dernières
vacances en montagne. j'y fus aussi...
Léonard laissa s'épancher cette charmante sollicitude,
puis il saisit l'occasion d'un petit silence pour trahir son
principal souci:
- J'espère, maître, que vous avez bien reçu copie d'un
mémoire ...
Léonard n'alla pas plus avant. M. Juredieu-Desbrosses
s'était levé avec précipitation. II courut fermer la double
porte, vérifia que la bibliothèque voisine était déserte et
revint à Léonard en lui montrant un visage décomposé
par la frayeur .
- De grâce, dit-il, de grâce, mon ami, parlez plus
bas l

li regagna son siège, appliqua sur son cœur une main

�LA NOUVELLE REVUE fRANÇAISE

t''

1

fripée, laissa paraître mille rides sur son front et murmura d'une voix défaillante :
- Parlez plus bas! Ce mémoire est une chose admirable. Je suis heureux de vous le dire et honteux de ne
pouvoir faire davantage. Je suis profondément détesté
dans cette maison. Moi I j'ai des ennemis innombrables et actifs ...
Ici, le vieux maître alla rapidement ouvrir l'armoire où
il rangeait son haut de forme et sa pelisse, et, s'étant
assuré que ce réduit était bien vide d 'espion, il poursuivit
d'un ton moins ému !
- ... Cette élection sera ma perte ... Oh! s'il n'y avait
que moi! Mais avec Caroline, je n'ai pas à discuter. De
grâce, mon ami, en souvenir des travaux que vous fîtes
jadis sous mes ordres, ne dites jamais à M. Abraham
Scrübe que vous m'avez confié ce mémoire. Je vous le
répète, ce mémoire est une chose remarquable. Je n'ai
rien lu de tel depuis les travaux de Pasteur. Mais que
puis-je faire, que puis-je tenter avec ces ennemis qui
conspirent contre mon repos? Je vous plains, Léonard, je vous plains d'avoir fait une si belle chose! Vous
n'aurez plus la paix, mon ami. Et c'est un souhaitable
bien que la paix!
M. le Professeur Juredieu-Desbrosses alla donner un
tour de clef à la porte, revint à son bureau, sortit d'un
tiroir un paquet ficelé comme un démoniaque et le remit
à Léonard!
- Reprenez, mon ami-, ajouta-t-il, reprenez ces pages
admirables. Je vous en prie encore une fois, qu'on ne
sache pas que vous m'avez fait lire ce travail! C'est dans
votre intérêt que je le dis. Pardonnez-moi, pardonnez à

MŒURS SCIENTIFIQUES EN AUSPASIE

377

un vieil homme persécuté. Peut-être qu 'après l'élection ...
Mais non! Ne parlez pas de moi, surtout à ce Scrübe.
Tenez, je vais vous faire passer par l'escalier des appariteurs. Vous avez vu Bou rdonnet, ces temps-ci? II ne
vous a rien dit de moi? Non? Vous êtes sûr? Allons au
'
revoir, mon ami. Attention 1•li ne fait pas très clair
dans cet escalier.
Et Léonard descendit dans l'obscurité jusqu'à la porte
basse, jusqu'à la petite grille, jusqu'à la rue abreuvée
d'une pluie pulvérulente, opiniâtre comme l'espoir.

,.

**
Ce fut tout pour ce jour-là. Ces premières visites jetèrent Léonard dans un étonnement qu'il est bien inutile
de vous dépeindre, bon ami, puisque vous éprouvez
sans doute, à me lire, quelque chose d'analogue. Mais,
je pense vous l'avoir dit, Léonard est une âme candide
qui ne se décourage pas aisément. li n'eut donc pas une
trop grande répugnance à surmonter pour aller, deux
jours plus ta.rd, frapper à l'hôtel particulier de M. Antoine
Bourdonnet.
J'ai eu, plusieurs fois, l'occasion de rencontrer M. Bourdonnet dans la haute société auspasienne. M. Bourdonnet est un des esprit les plus remarquables de ce temps.
II a consacré le .meilleur de son âge à l'étude d'un petit
ligament qui porte son nom, et que l'on rencontre, une
fois sur cinq, dans les jointures du pied chez les indigènes
de la Polynésie. Notre pays a voué une profonde gratitude à M. Antoine Bourdonnet et l'a pourvu de tous les
avantages, sièges, honneurs et prébendes que légitiment

�378

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de tels mérites. Au demeurant, cet éminent anatomiste
est l'homme le plus courtois du monde, aussi fit-il à
Léonard un accueil fort chaleureux.
- Comme je suis content, dit-il, cher Monsieur Léotard, de vous féliciter de vive voix pour votre magnifique
ouvrage.
- Je suis confus, bredouilla Léonard, je suis confus,
honoré maître, et la carte que vous m'avez adressée ...
- Cette carte, intervint Antoine Bourdonnet, traduit
faiblement le sentiment d'estime émue que j'ai ressenti
à lire votre beau travail sur« le forage des p1'its artésiens».
- Maître, je pense qu'il y a erreur dans votre esprit:
mon mémoire ...
- Ah! pardonnez-moi, cher Monsieur Léopard, une
défaillance de mémoire est naturelle chez un homme
accablé de soins. Je voulais vous dire tout l'intérêt que
j'ai pris à la lecture de votre «Étude de l'inversion sexuelle
cbe{ les coléoptères &gt;&gt;. Je me suis moi-même, il y a fort
longtemps, préoccupé quelque peu des coléoptères. La
portée philosophique de votre lumineux mémoire ...
- Mais, cher maître ...
- Non, non, ne me remerciez pas , Monsieur Limonard,
je m'en voudrais de n'avoir pas distingué l'obscur mais
intrépide chercheur que vous êtes. Je ne saurais même
vous dire à quel point je regrette de ne pouvoir vous être
d'aucun secours pour la diffusion de vos admirables
documents.
- Mais, Monsieur Bourdon net ...
- j'ai perdu depuis longtemps toute compétence réelle
en ce qui concerne les coléoptères, mais je vais, Monsieur
Lopitard, vous donner une lettre de recommandation

MŒURS SCIENTIFIQUES EN A USPASIE

379
pour Sir Harry Tower-Pooridge, du British Gymnasium.
C'est un cerveau généreux et hardi qui n'a cessé de porter
aux coléoptères un intérêt émouvant. Ne me remerciez
pas, je ne fais que mon devoir, cher Monsieur Balthazar ...
Une dernière fois, Léonard tenta de dissiper u11 malentendu qui offensait plus encore son esprit que son
orgueil. 11 dut, malgré qu'il en eût, empocher une lettre
de recommandation , bégayer des remerciements, supporter plusieurs poignées de mains et cacher sa rougeur.
Tant d'amabilité lui fit trouver une énergique saveur à
l'accueil grossier du Professeur Abraham Scrübe.
M. Scrübe, de l'Institut, habite, avec une bonne tyrannique qu'il s'emploie à servir docilement, un petit appartement situé sous les toits. Vous connaissez sûrement
l'aspect de M. Scn.ibe dont l'fmage a peuplé les magazines
du monde entier. C'est un vieillard minuscule à longs
cheveux gris. li est à ce point enfoncé dans les choses de
l'esprit qu'il laisse sa personne matérielle dans l'abandon
le plus édifiant. Il a inventé cinq ou six poisons violents
ou insidieux dont les peuples de notre continent se sont
copieusement servis durant la dernière guerre. M. Scrübe
est justement honoré chez nous comme un philanthrope,
car ses poisons n'ont jamais été employés que contre les
ennemis du droit et de la liberté. M. Abraham Scrübe a
d'ailleurs amassé une fortune considérable, mais il n'en
fait aucunement état. C'est un simple, c'est un modeste;
vous le comprendrez encore mieux quand je vous aurai
dit qu'il vint lui-même, en savates et en redingote luisante, ouvrir sa porte à Léonard.
- Que voulez-vous? demanda M. Scrübe en calant la

�38o

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

porte du coude et de la cheville, de manière à inter~ire
sévèrement l'acces de son repaire.
_:. Monsieur et maître, j'ai eu l'honneur de vous faire
parvenir un mémoire sur les « M_"tation!.Jonctùmnelles
rapides des éléments organiqttes differencies .. »
_Hein? Quoi? dit l'académicien, d'un air sombre.
- Et je venais, Monsieur et maître ...
_ Fàché, très fâché I Je n'ai vraiment pas le ten_ips,
Monsieur. Accablé de besogne ... Tiraillé de tous côtes ...
Notre réunion à l'Académie, ce soir ... Pas une minute à
moi. .. Je vous ferai ecrire...
. . .
Léonard sentit une petite sueur fraîche qui lui ruisselait au creux des reins. Il mit bout à bout quelques
phrases incohérentes et, soudain, soulevé par une sorte
d'inspiration, il murmura:
•
_ Je voulais aussi vous dire, Monsieur et cher ma~tre, le haut intérêt que j'ai pris à lire votre grand travail
sur " Le suc pancréatique du veau"...
.
A ces mots, le visage de M. Abraham Scrübe s'1I_I~mina d'une joie tumultueuse. Il débloqua la porte, srus1t
Léonard par un bouton de sa jaquette, le rem~rqua da~s
une antichambre qui sentait le chat et la fnture, pu~s
dans une pièce qui fleurait la pipe et la colle forte et, la,
Je fit asseoir sur une chaise en disant :
_ Vous allez rester à déjeuner avec moi, Monsieur
Leonard. Vous avez sans doute de bonnes relations dans
la grande presse, Monsieur Léonard. Pour ce qui est de
cette affaire - le suc pancréatique du veau - c'est _un,e
affaire considérable et à laquelle il faut absolument mteresser les établissements Malindoire et Simonnet...
Deux heures plus tard, Léonard quitta M. Scrübe.

MŒURS SCIENTIFIQUES EN AUSPASIE

Léonard était alourdi de plusieurs brochures, d'une
photographie et d'un déjeuner indigeste.

.

••
Il eut, l'après-midi même, le rare, l'inappréciable honneur d'être reçu par M. Mascarol.
Je renonce à vous décrire ici M. Mascarol. Le distingué
secrétaire perpétuel de la Compagnie royale des sciences
morales et naturelles n'est pas un homme : c'est un
monde, c'est une époque. C'est aussi le maître vénéré
de plusieurs générations. Il a introduit dans les mœurs
de l'esprit cette discipline qui fit, jusqu'à la dernière
guerre, la force principale de nos ennemis. Grâce à cette
admirable méthode, M. Mascara) obtient, de ses coUaborateurs, une soumission qui ressemblerait à la servilité si elle ne faisait plutôt songer à fa béatitude.
M. Mascarol offrit un siège à Léonard, lui parla longuement et clairement du mémoire sur les "Mutations
fo11ction11elles ", fit de cet ouvrage un éloge mesuré mais
précis. et dit, en manière de péroraison :
- Il est malheureusement à craindre, Monsieur Léonard. qu'un travail aussi remarquable en tous points
soit menacé des pires aventures. j'entends que maintes
déconvenues vous seraient épargnées si votre travail
n'apparaissait au public savant comme le fait d'un solitaire dont le courage, la bonne foi et la dignité ne font
pas doute, mais dont l'autorité demeure vulnérable, du
moins en ce monde relatif où nous végétons. Vous le
savez pourtant bien, .Monsieur Léonard, l'àge moderne
est dur au chercheur isolé. Les exigences infinies de
5

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

l'esprit légitiment et prescrivent l'association. Il est presque inadmissible qu'en ce siècle furieux on s'obstine à
poursuivre seul une œuvre que l'on peut attaquer à
plusieurs. Cette espèce d'abdication de l'individu au
bénéfice du groupe est un des moindres sacrifices auxquels il convient de se résigner désormais. Et puis, dans
la multitude des noms qui peuvent s'attacher utilement
à une idée, il en est toujours un pour le moins qui possède soit une grande force de pénétration, soit les vertus
d'une égide. Q!Jel que soit le mérite intrinsèque d'un
ouvrage de l'esprit, cet ouvrage souffre ou jouit des signatures qui le recouvrent. Il y a, dans votre mémoire,
des qualités qui solliciteraient l'attention du monde entier, si cette attention n'était requise plus volontiers par
une grande réputation que par de grandes vérités. Monsieur Léonard, vos idées m'intéressent profondément.
j'ajouterai même qu'elles ne sont pas, pour moi, d'une
nouveauté absolue; j'ai, depuis plusieurs années, ébauché diverses études qui ne sont pas sans rapports étroits
avec les vôtres, comme vous le verrez lors de mes prochaines communications. Je regrette, Monsieur Léonard,
je regrette pour vous, pour la science, pour l'humanité
tout entière, qu'un tel travail ne sorte pas d'une grande
et féconde école et qu'il ne bénéficie pas des avantages
immédiats qu'un nom honoré confère à tout ce qui se
recommande de lui.
- Monsieur, dit Léonard, je suis, je vous assure,
touché ...
- Monsieur Léonard, prenez que je n'ai rien dit.
Pourtant, je vous veux trop de bien et j'honore trop la
oble cause que nous servons tous deux, chacun à notre

MŒURS SCIENTIFIQUES EN AUSPASIE

rang, pour ne pas vous ouvrir mon laboratoire s'il
vous plaît d'y collaborer avec moi. Il y aurait d'aill~urs
quelque intérêt à reprendre certaines de vos expériences
en observant les méthode~ générales que je préconise
dans mon enseignement. Au revoir, Monsieur Léonard,
et croyez que je me ferai, à l'occasion, un devoir de
mettre mon nom au service du vôtre, pour le plus grand
bien de la science et de la pensée auspasiennes.

***
Léonard n'était pas encore sorti .de l'étonnement où
l'avait plongé cette courtoise mise en demeure lorsqu 'il
fut introduit chez le Professeur Palombinini. '
Le professeur travaillait au microscope et tournait le
dos à la porte par laquelle entra Léonard.
- C'est vous, dit ce savant sans se déranger, c'est
vous l'auteur dou mémoire sour les " Moutations fonctionnelles ? "
- Oui, Monsieur le Professeur.
- Bien! Attendez.
Léonard ne pouvait mieux faire que d'attendre. Il
regarda le crâne élégamment dégarni du professeur et
prit quelque plaisir à en admirer l'architecture et les
proportions.
Palombinini est d'origine levantine. Il a fait, dans notre capitale, une fortune rapide due tant à l'audacieuse
souplesse de son esprit qu'à l'insolence exquise de son
langage : il parle l'auspasien avec un accent qui lui permet de tout dire.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

I

Brusquement il vira sur son tabouret, orna son nez
d'un binocle et fit un sinueux sourire à ·canines d 'or :
- Eh bien, z'aime mieux vous dire tout dé souite
qu'il est idiot, voutre petite machine.
- Monsieur le Professeur. ..
- Pas la peine! Ze connais la question beaucoup
mieux que vous et c'est pas à moi qu'il faut racounter
des çoses comme voilà. C'est . très drôle, mais c'est
idiot, absolument idiot.
- Je n'ai plus qu'à me retirer, Monsieur le Profcss ...
- Ze ne vous dis pas ça pour que vous vous retirez.
Moi , ze m 'en fous; si ze vous dis que c'est idiot, c'est
pour vous rendre oune service.

...
Léonard était déjà dans la rue. Lè cœur ivre de mélancolie, il se présenta chez M. Gaupi\lat, qui ne l'avait
pas reçu la veille, qui ne 1~ reçut pas ce jour-là et qu'il
ne devait pas, dans la suite, réussir à rencontrer.
Un accueil cordial heureusement lui fut réservé par
M. Stanislas Galoche , un des chefs de notre Ecole Supérieures des Sciences appliquées.
Stanislas Galoche est une âme d'élite , un caractère
d'une indépendance farouche:
- C'est très bien, vraiment très bien, dit-il en triturant les mains de ·Léonard dans les siennes. j'espère que
vous n'avéz pas fait circuler ce document merveilleux
dans le monde de fantoches, de canailles et d'aigrefins
qui infecte ce malheureux pays.
- A la vérité, commença Léonard ...

MŒURS SCIENTIFIQUES EN AUSPASIE

- j'espère, cher ami , que vous n'avez pas confié ces
belles pages à ce foutriquet de Cussac. li est permis
d'être cocu, mais non d'être à ce point borné. Vous
savez que sa dernière communication est un tissu serré
d'âneries exemplaires. j'ai ~ougi à l'entendre et blêmi à
la lire. Pour cette virulente fripouille de Scrübe, je n'ai
qu'un mot à vous dire, Léonard : n'approchez jamais
un tel homme si vous tenez à l'honneur. Nous avons
repris ici presque toutes ses dernières expériences, par
curiosité, mon cher, pour rire un peu : ses chiffres sont
fantaisistes et ses conclusions offensent le sens commun. J'aime à croire que vous n'avez pas soumis votre
beau mémoire. à cette malheureuse loque de JuredieuDesbrosses. Vous savez qu'en dépit des folies de sa fem~e, il ne serapasélu ..Fuyezcesgens-là. Léonard, vous qui
etes un ch ercheur pur et droit. Fuyez comme la peste
ces Bourdon net, ces Robidart, ces Mascarol, son dernier
!ivr~ est une piraterie, ces Palombinini, ces Gaupillat,
tl n Y a pas un mot de vrai dans son travail sur Je caoutchouc artificiel, tous ces Goiugo et autres solennelles
mazettes. Croyez-moi, Léonard, tous des ...
Et M. Stanislas Galoche fit usage d'un mot bref que
le peuple auspasien emploie volontiers, mais qu'il me
serait presque impossible, bon ami , de vous traduire
correctement.
·
Léonard demeurait rêveur et, timidement, il murmura:
- Pourtant, Monsieur G.iloche, mon mémoire .. .
- Votre mémoire est une grande chose. Q!iant à tous
ces gars-là, ce sont des pantoufles ou des flibustiers.
D'ailleurs je ne manque jamais une occasion de le dire.
Je sais ce qu'il m 'en a coûté.

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

M. Stanislas Galoche devint sombre. li fut secoué
d'une toux aboyante qui, chez lui, traduit lacolère.Etil
s'abandonna sans contrôle à un tic effroyable qui fait
tanguer, sur ses épaules, sa belle tête de dogue irrité.

Bon ami, je courrais risque de vous importuner en
retraç-ant tout au long le calvaire du triste Léonard. Peutêtre même, à me lire, concevez-vous déjà de l'ennui ou
du courroux. Je n'eq puis mais et vous aime trop pour
fqire passer le soin de votre agrément avant mon respect de la vérité.
Au reste, je serai bref. Sachez donc que Léonard obtint aussi une entrevue de M. Robidart, qui lui fit
observer que son mémoire · était trop long. Mori ami
ayant avancé que dix années de besogne méritaient bien
· deux cents pages de relation, M. Robidart lui rétorqua
qu'il n'était aucune doctrine qui ne se pût' ramener à
quatre lignes de texte.
- Notez, dit-il, notez en outre que la coutume des
c,ommunications concises a gagné toutes nos assemblées.
Elle a des avantages : celui de ménager la patience du
lecteur, celui, surtout, de multiplier les occasions qu~
nous avons de faire parler de nous, ce qui permet d'imposer ainsi plus aisément notre personnalité. Croyezmoi, Monsieur) réduisez à deux pages ce compact, ce
touffu docµi:nent.
M.. Sarcelle-Paroquier, qui eut Léonard pour élève et
qui lui conserve une réelle amitié, reçut mon malheureux

MŒURS SCIENT1FIQUES EN AUSPASIE

ami dans son alcôve, car il était tourmenté par la
podagre.
- Consolez-vous, dit-il après que Léonard lui eut fait
le récit de ses déconvenues, consolez-vous, car nos arrières-neveux vous éléveront quand même la statue dont
vous êtes digne. En attendant cette gloire, méritez-la
par le martyre. Il n'est_pas dans les traditions auspasiennes d'honorer le génie, mais seulement de le réhabiliter, et, pour ce faire, il convient tout d'abord de
l'abreuver de honte et d'amertume. Je suis trop vieux
pour marcher à vos côtés dans la lutte que vous allez
soutenir contre les hommes, maintenant que vous avez
triomphé des forces naturelles. Je suis trop vieux et j'ai,
des hommes, une expériencè qu'il m'est impossible de
vous communiquer, car l'expérience est le seul bien
qu'on ne puisse · partager à autrui; s'il en était
autrement, l'humanité aurait, depuis bien des siècles
retrouve les clefs du paradis. L'amitié d'un moribond'
peut-el,l_e ,vous être de quelque douceur? En ce cas, je
vous re1tere l'assurance de la mienne et j'y joins une
estime qui est ardente, Léonard, mais qui, malheureusement, ne sera guère durable, si j'en crois les avis de
mon gros orteil et le visage de mes héritiers.

.

Je vous l'ai dit, ces diverses démarches o_c cupèrent
Léonard une bonne p,artie du mois de Mars. Entre
temps, Léonard retournait à son laboratoire, rallumait
ses fourneaux et répétait à satiété les plus probantes de

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ses expériences. Il répugnait également à morceler son
ouvrage, à s'aider d'une collaboration nominale, à recourir aux artifice5 d'une publicité déshonnête ou à porter sa découverte à l'étranger.
Un soir que Léonard sortait, assez mortifié, d'un entretien au cours duquel le Professeur Mathieu Golugo,
de l'Institut, s'était retranché derrière une totale incompétence, mon pauvre ami heurta, sur le trottoir, un
passant humble et falot. Celui-ci s'excusa, considéra
Léonard avec attention, et, finalement, se jeta dans ses
bras. C'était un camarade de collège, oublié depuis bien
des lustres, après une jeunesse embellie d'une affection
mutuelle.
Benoit, tel est le nom de cet homme, reconduisit
Léonard jusqu'à son logis et, chemin faisant, lui ~itavec
une affectueuse sollicitude :
- Tu parais soucieux et las. Aurais-tu quelque sujet
d'être inquiet, mécontent?
Léonard avait le cœur pesant; il ne balança point à
épancher sa tristesse dans le sein de cet ami que le hasard lui restituait avec opportunité. Il dit donc à Benoit
son travail obstiné, son succès, ses espoirs, ses démarches et la démoralisante indifférence des hommes qu'il
avait consultés.
Benoit marquait de l'émotion. Il s'arrêta soudain, saisit les mains de Leonard, les étreignit d'abord en silence,
puis dit avec simplicité :
- Je suis un profane et me conn~is mal aux questions
qui te tourmentent. Mais il m'apparaît que tu as découvert des choses capables de rendre de grands services
aux hommes. Je voudrais te seconder, t'être utile; dis-

MŒURS SCIENTIFIQUES EN AUSPASIE

38q

pose de moi : j'ai deux heures de liberté par jour et
quelques~économies. Permets-moi de t'aider, si tu gardes, comme moi, un souvenir amical de notre jeunesse.

.

••
Le soir même, Léonard, avec des larmes. me rapporta
ces nobles paroles.
- Je pense, me dit-il, que les hommes sont meilleurs
qu'on ne croit et je pense qu'il ne faut pas désespérer
de leur cœur; quitte à dire que le cœur de l'humanite ne
bat pas dans toutes les poitrines et qu'il n'est point toujours où l'on s'obstine à le chercher.
.
j'ai souvent médité ce propos de Léonard : il me réconforte parfois et, parfois, me comble d'amerlume, selon que je suis. ou non, satisfait de mes journées.
Et puis, bon ami. au risque de gâter l'heureuse impression qu'a pu vous procurer le début de ma lettre, je
dois vous avouer d'autres choses. Je vais souvent, quand
j'ai des loisirs, retrouver Léonard dans sa retraite studieuse. j'assiste à ses travaux et l'aide, dans la faible
mesure de mes forces et de mes talents. Souvent, en
sortant de chez lui, je pense qu'il n'y a rien de plus important au monde que la vérité de Léonard. A de tels
moments, j'invective contre l'effarante sottise humaine,
je trépigne de rage, je jure que ma vie n'aura plus qu'un
but : le succès d'une idée dont la grandeur et l'urgence
me pénètrent.
·
· Mais, souvent aussi, au fort de mon exaltation, je me
trouve distrait par un souci grêle et pressant, tel celui
de trouver une voiture de place ou de prendre rendez-

�390

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

vous avec mon bottier. Et, je J'avoue à ma honte, l'absurdité de la vie triomphe de mon inquiétude capitale :
j'oublie totalement la seule chose du monde qui ait une
réelle importance.
En vérité, bon ami, s'il est vrai qu'une petite pierre, en
s'engageant dans la vessie d'un dictateur, a changé la face
du monde, il est non moins vrai qu'il suffit d'un moucheron dans notre œil pour nous cacher la face de Dieu.
Depuis que j'ai perdu la foi de mes pères, il ne s'est
guère passé de jour sans que je donne un regret désespéré à l'immortalité de l'âme, mais il ne s'est guère
passé de jour où la voix de mon domestique, en m'annonçant le petit déjeuner du matin, ne m'ait miraculeusement délivré de toute angoisse.
Nous connaissons fort bien les seules choses de la
vie qui ont une réelle existence, une réelle gravité; nous
apportons toutefois tant de promptitude, tant de complaisance à les oublier que, dans mon esprit, se fait jour
cette certitude dérisoire: les hommes ne seront pas sauvés, parce qu'ils ne veulent pas être sauvés.
GEORGES DUHAMEL

J91

LE SACRIFICE A LA ROSE

Droit vers le ciel, tout blancs, s'élançait le peuple des
bourgeons, pareils aux élus montant à Dieu. Mais,
percé par le vert de l'herbe neuve : « Ah ! jamais je
n'aurai, me disais-je, rien qui soit si strident dans
ma vie!»
0 visage musicien I Teintes lavées d'aquarelle, visage,
faible visage, nuancé comme le couchant et l'aurore.
Mais surtout je regardais sa bouche, rouge noirâtre
comme si elle avait mâché de la cendre, sa bouche qui
n'est pas belle, mais qui est déchirante.
Elle parlait; ses paroles pleuvaient comme les fleurs
des marronniers. L'immense cliquetis des grillons couvrait presque notre voix. Durant les silences, nous
percevions des cris d'oiseaux, quelque part, au haut de
cette lumière, - tout le ciel semblait une graflde soie
qui crissait -

�.392

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ou bien, immobiles, émerveillants de gravité, nous
écoutions l'esprit qui chante le long des mâts télégraphiques. Elle, appuyant sa main sur le bois brûlant de
soleil : « Est-cc parce qu'il chante qu'il a chaud? Où estce parce qu 'il a chaud qu'il chante?»
Au lieu dit La Folie, dans une petite maison rose,
écartée, un clavecin faisait un bruit d'abeilles; la petite
maison rose était comme une boîte à musique. Soudain
nous la vîmes s'envoler, monter dans les airs. «Ah! dit
la fille, aussi pourquoi
faire de la musique si douce?» C'est ce qu 'elle dit. A
mon côté, dans l'air jeunet, elle entrait son corps,
mystère de fraîcheur. 0 fille ! sœur des neiges, sœur de
l'eau, sœur de l'ombre,
sœur de l'averse aux soirs d 'Août ! Les arbres chargés
de grâce se penchaient pour la voir passer; les bourgeons, dans son sillage, se raidissaient, soudain mûris.
Auprès de nous. délirant d'elle,
un ballet de papillons palpitait comme la chaleur.
Q!Jand l'aimée se posait sur une branche, autour d'elle
l'amant tournoyait, et chaque fois qu 'il s'approchait
davantage, l'aimée frémissait dans ses ailes .. . Ils s'enfuirent et, tandis qu'elle volait, rythmiquement il la
bouclait de son vol.
Mais je tressaillis en voyant l'un d'eux, collé sur une
fleur, se gorgeant de suc. Les ailes de. sombre pourpre

391

LE SACRIFICE A LA ROSE

battaient, infinies de lenteur. La lenteur de son plaisir
surpassait tout ce qu'il y a de lent au monde. - Ah !
les yeux de la fille. leur fuite
quand je les surpris, fascinés! Vainement nous marchâmes quelques pas. Puis me courbant, sur sa nuque
glacée d'or, au-dessus de ce petit os qui fait une saillie
de clarté,
je saisis la chair entre mes dents, sur sa nuque qui
n'était pas frêle ... Il y eut cinq secondes, séculaires. Ce
que fut son visage, jamais je ne le saurai. Puis nous
nous remîmes à marcher, sans un mot, ~egardant
devant nous ;
mais elle tremblait, je tremblais, tout l'univers dans
son ivresse créatrice, depuis le grand espace craquelant
jusqu'au dernier des brins d'herbe à nos pieds, tremblait
moins fort que nous, tremblants, sur le bord terrible du
bonheur. Impuissance de l'immensité.

II
Sous des feuillages une eau coulait , petite âme attendrissante. C'était une eau très peu profonde, réellement
un voile d'eau. Phèdre marcha pieds nus dans son
· cours ; la tête d'Orphée n'y roulerait pas.
Comme mon cœur, une branche qui plonge y vit dans
un frisson perpétuel; comme mes pensées une fois
tracées, où s'en vont les feuilles qu'on y jette?

�394

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

On se signait en la voyant. 0 vie lacustre 1 la joie
d'eau I C'est là que nous nous assîmes. Alors, dans
l'ombre, à notre gauche, une rose se mit à chanter.
Elle chantait, la rose sans odeur. Et ma voix qui parlait était sourde, et j'écoutais cette voix qui parlait « Comme tu me plais, mon Dieu, comme tu me plais !
(cette voix qui joignait les mains)

» j'ai mal à mon désir, ah! j'ai mal , partout, de toi.
Comment est-ce que je peux encore parler? Regarde
mes lèvres que je mords. Est-ce que tu vois encore de
mes lèvres? Regarde mes yeux perdus. »
Mais elle, toujours de même, dans le temps d'un
souffle et pas plus, vite et comme ricanante, pressant sa
joie contre la mienne: «Je ne sais pas, (voilà ce qu 'elle
disait) je ne sais pas».
Elle souriait, ricanait. Un bout de rire qui n'éclatait
pas. Cher visage contraint ! Elle souriait, mais son
sourire n'était pas plus sourire que le sourire des morts.
Baisers! Emportante fraîcheur I Cidre frais après la
course ! Je scellais de baisers ses cheveux, et cette
misère délicate des paupières, et ce point de son front
qui toujours brûle, suant pour les présages enivrés,
et cette fleur de chaleur de sa bouche, et ses mains
refermées sur ,ma bouche, ses mains vidées comme de

LE SACRIFICE A LA ROSE

.395

profonds coquillages, ses mains bues. salées comme
la mer.
Elle s'ouvrit, l'étoffe fine et fraîche , dont l'odeur me
fait mourir. Je vis sa poitrine pàle : corps sacré, adoré.
«Tu vis? Est-ce que tu vis?&gt;&gt; Chair! Salvatrice de l'âme!
Sous l'étoffe dénouée j'entrai ma main pleine de
caresses. Je les lâchai sur la peau chaude, chaude
comme une galette chaude sous sa toile. Elle battait
comme un crapaud.
. Elle battait de partout, la fille crispée et décrispée.
Elle battait comme une bête à ras de terre, comme un
lézard, comme un crapaud. C'est ainsi qu 'elle battait,
cédant à la nécessité.
Et battaient les lourds péchés sous mes yeux, et je
sentais mes joues brunir, sombres comme le soleil qui
descend. Son souffle me donnait au visage comme
une flamme.

« Par tous les dieux secrets qui sont en toi, par le
dieu de tes poignets et de tes paumes, par le dieu du
devant de ton cou et le dieu de ta nuque,
par le dieu de tes solitudes et de tes réveils, par le
dieu de ton haleine et de ta moiteur, par le dieu de tes
doigts et des espaces entre tes doigts,
je rongerai ton visage avec mes dents. Je détruirai

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

ton visage comme une orange qu'on déchire et qu'on
presse. Comme un pois hors de sa cosse,

LE SACRIFICE A LA ROSE

397
amour
comme d'une écume, blanche et mou·11.
.
•
1 ee
et cnspee comme une chose rejetée de la bouche

'
je ferai sauter ton esprit hors de ta vie. Par tout le
bien et tout le mal ·que me fait chacun des endroits de
ton corps, je te jure que tu seras détruite comme
une ville».

blanche et jaune comme un enfant qui va avoir mal
au cœur; et chacun de ses traits brouillés et défaits
comme s'~ls vivaient au fond d'un puits ; et tombés au
fond du visage,

Proche était sa bouche dans l'ombre (j'adore son
àme quand elle monte dans sa bouche et qu'elle
l'entr'ouvre) et pourtant derrière des profondeurs infinies ; proche et lointaine la bouche qui soudain se
retroussa dans l'angoisse

(si su~ ce visage, alors, était venu un sourire certainement J'aurais défailli~ tombés au fond du vis~ge, les
grands yeux de porcelaine qui devinaient

quand trois courts appels d'air, en saccades, en
étages, h~ussèrent la gorge de la fille déployée. Je la
sentis se gonfler entre mes bras comme un mourant
dans Je dernier spasme. et dans cet agrandissement,
une montée large et pathétique, une emphase avec
quelque chose d'égaré, comme dans certaines secondes
suprêmes au sommet de la musique orchestrale ...

quel profond reflux de tendresse m'emportait hor
des. approches de son cœur : « Où que nous ayon:
atteint, pas une seconde tu n'as éte moi-même.&gt;~
, La pitié écl_ata comme une flamme. «Non, non, tout
~-est pas fim. Je te veux! Encore. Toujours.» Toute
J ame agenouilJée d'amour, adorant sa forme et sa vie

'
d'autres pa:oles encore je lui disais, qui étaient des
p~roles d'un instant, qui n'étaient pas d'une année ni
dune heure, - toute l'âme disloquée d'amour étouffant
de fraternité.
'

111
Elle rouvrit les yeux, vit le soir aborder à la terre, vit
une feuille bouger, un reflet mourir, une larme couler
des paupières du ciel.
Fixement me regarda la fille blessee, couverte de mon

Fixes étaient ses yeux sur moi (Est-ce qu 'elle peu
encore les fermer? Est-ce que vraiment elle Jes ferme
quand elle dort? Elle dit que cela lui fait mal
q~and elle les ferme). Et fixes étaient les corps. Et les
papillons revenus se jetaient dans leur vol contre nos
6

�3~

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

tempes, contre nos visages dérangés. « Tu vis~ Est-~
que tu vis? Ton cœur, est-ce qu'il bat? Oui, mats
l'autre, ton cœur qui aime?»
Elle répondait toujours : «Oh, si! Oh, si 1» et rien de
plus. C'était à chaque fois qu'elle respirait, et doucement et sur deux notes, la première plus haute et
,
.
. .
l'autre plus basse, comme le petit cri d'un oiseau, mvtsible, à la cime du soir.

LE BONHEUR
Elle est là, je suis là, nous sommes seuls. j'attends
cette heure depuis que j'existe.
&lt;&lt; Ufait beau l On va bien souffrir ... » Hideuses journées trop belles. Une face pâle, aux yeux de cendre, me
regarde du fond de cette splendeur. Tristesse de l'été.

LE SACRIFICE A LA ROSE

399
Nous ne nous voyons jamais qu'en plein air, (ah, nos
paroles parties!) qu 'au soleil, clignant des yeux et de
l'âme.

Vous êtes là, je suis là, il ne naît pas de bonheur de
nous.
Tout cc que j'avais construit quand vous étiez là, vous.
le défaites pendant l'absence. Tout ce que j 'avais construit pendant l'absence, vous le défaites quand vous
êtes là.
Écoutez-moi, je n'en peux plus de vous. Vous revoir,
~•est recharger le monde. Vous revoir, c'est me déprendre.
Ecoutez-moi , je n'en peux plus de vous.

Tristesse de l'été. Jamais ce que je vivrai ne sera aussi
beau que l'été. Été perdu. Été en vain.

Écoutez-moi,jamais dans la guerre je n'ai eu la détresse
que j'ai par vous. Traverser le glacis vers leurs lignes
est moins dur que traverser l'avenue vers vous qui me
regardez.

Été pendant ces quinze jours entre ceux où n?us nous
voyons. j'avais oublié votre visage. (Pauvre visage oublié).

(J'ai peur du soleil. j'ai peur des trajets. j'ai peur des
lieux où nous nous rencontrons. j'ai peur de son visage
quand elle m'aperçoit.

Nous marchons nous ne nous voyons jamais qu'en
'
.
marchant. Je ne vous connais pas de face. Je ne connais
pas votre visage.

j'ai peur de l'aborder. Je la suis de loin avant de l'aborder. j'ai jeûné d'elle pendant quinze jours, et ma
peur crie : « Qu'elle ne vienne pas!»)

�400

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LE BONHEUR

J'

.

..

401

j'avais vingt phrases à vous dire, apprises par cœur,
récitées en venant. Je les sais, ne les dirai pas. (Q!Je
sa tempe est digne d'ètre aimée!)

aspirera, .' air. J'achèterai un croissant. Je serai bon
~~;~ sera,factle. Oh, Die~.' quelle joie, des gens qui m'in:
t erent. (Tout ce que J excusais me revient).

Ne pas pousser, ne pas profiter ... Telle de vos paroles
qui passe, je pourrais en faire naître bien des choses.
Je souris. Je laisse tomber ça.

1NonÉ non, ne partez pas. Nous pouvons souffrir encore
p
t ush.. ncore plus I Encore descendre I li faut que nous
ouc ions le fond.

J'ai fait une brèche dans la ville. Je n'ai plus envie d'y
entrer. Je n'attends rien de vous voir. Mon amie, je n'ai
rien à vous dire. Ah, que j'ai pitié de moi!
Pitié de vous, mon amie, pitié de cette tristesse qui est
vôtre, près de ceux qui vous aiment plus que vous ne
les aimez. Pitié de la tristesse de l'été.
Détruisons. déchirons, grimaçant contre le soleil 1
Écharpillons. Q!Je rien ne reste. Oh, nos révulsantes
railleries! Encore! Je sens venir le silénce. - Le voici.
Je vous en supplie, je vous en supplie, allez-vous en.
Que je n'y puisse rien. Q!J'après ces quinze jours d'attente, ces quinze jours de mort dans la vie, ce ne soit
pas moi qui le premier tende la main.
Allez-vous en , je suis malade de nous. Je revivrai.
Allez-vous en, j'ai une horrible envie d 'être heureux.
j'enlèverai mon chapeau. li faudra que je dépense.

Parce qu 'alors, après l'indépassable on remonte
Une
sorte d'
·
'
...
apaisement. .. - Marchons au milieu de la
rue, voulez-vous; les gens ne verront pas que je pleure.
. Ar~êtez-vous, il faut que je vous regarde. Je ne pense
Jamais a vous regarder J
.
b"
J
.
. e ne sais pas vous regarder
ien. e ne connais pas votre visage.
h Au revo~r, allons, cessons cela. Je me plaignais qu'une
eure serait trop peu . ·
•
. .
,
. . · Je viens d arriver et je pars! Je
pars. ~ est moi qui tends la main. Qe sens la largeur de
sa mam.)

Droit devant moi, à petits pas. Égaré de découragement. Ne peux plus lever les yeux, ne lutte plus contre
mes yeux nageants. Faible comme si j'étais mort Tr"
tesse de l'éte.
· isTristess e d e J'ete.
• · Je chantonne une chanson de béb .
Les gens tour_nent la tête pour me voir. Si le tramwt
me renverse, Je ne pousserai pas un cri.
y

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

402

Comme une odeur de moi qui me précède, au devant

de moi va quelque chose qui avertit que je suis un vaincu,
qu'on peut me traiter comme on veut, dans cette immor-

LAMPE SOLITAIRE

Atroce était mon doute auprès de l'enfant pure et
impure. Hélas, pensais-je, pourquoi si sûr, pourquoi si
sûr de mon plaisir quand je ne puis être sûr du sien?

talité de l'air ...
Elle était là, j'étais là, nous étions seuls. Il est affreux
que cette minute ait existé.

LAMPE SOLITAIRE
-Et demain ?-C'est Impossible. -Et après-demain,
à une autre heure? - C'est impossible, je t'assure, je
voudrais bien ... je voudrais bien ...
Elle allait, brillante de pâleur, sous les lumières des
devantures, celle qui m'avait donné toutes ses choses
non profondes, et qui ne me permettait plus rien.
« Douce, lui dis-je, je t'en conjure, si tu regrettes, si
tu ne veux plus, dis-le, dis-le, tout vaudra mieux que
cette attente et que cette torture. Dis-le, Douce, je t'en
conjure. » Mais elle dit: « Je ne regrette rien. »
- Alors, si tu veux encore, demain ! Je ne peux plus
attendre. Comprends-tu ce que c'est pour moi, ce doute
qui depuis quatorze jours dure?» Elle dit (avec sa voix
de femme) elle dit qu'elle comprenait bien.

Elle approchait de sa maison. Je l'arrêtai, lui serrai le
bras. A travers l'étoffe indicible, terrible dût être la
brûlure. Elle pâlit, elle dit: « Eh bien» ...
. - Tu acceptes? Je pris sa main. Froide était-elle, et
seche, et dure. «Jure-le moi, lui criais-je, jure! Jure-le moi
sur Dieu et les saints ... » - Mes os distinguèrent son
murmure:« Demain soir... à six heures ... je veux bien.»
Confuse avait été sa voix, s'avançant comme un cheval
qui se traverse. Et voilée, couverte, obscure. Comme si
elle parlait de derrière une tenture. Comme si elle venait
d'un pays lointain.
Fût-ce entre nous ce surcroît d'invisible sous Je grand
regard citadin? Ou bien la brusque rupture de tant de
choses tendues, tordues? Mais devant ma joie à présent
sûre, j'éclatai d'un rire soudain.
Elle me regarda, une seconde hésita, ne sachant si elle
aussi devait rire. Puis un rire court, un rire étroit creva
sa face comme un fruit mûr, un crispé rire incertain,
. comme si sa bouche n'était pas assez grande pour le
nre, comme si elle riait par la bouche d'une blessure
sous les grands yeux de sa prière du matin.
'

�404

LA NOU VELLE REVUE FRANÇAISE

Et elle retira sa main ! Et elle retira sa main!
«Sc1ns faute,» dis-Je d'une voix blanche, morte, qui ne
demandait rien. « Sans faute », dit-elle, et disparut. La
nuit put croire au parjure, mais mes genoux défaillants
savaient que c'était la fin.

SI LE GRAIN NE MEURT

Personne ne vint le soir suivant. Des heures et des
heures, dans la nuit. la brume, la froidure, plus altéré,
les yeux plus grands qu 'aux petits postes, j'ai interrogé la nuit dure et l'absurde espoir quotidien.
Demain! criait l'espoir. Je revenais. Des jours, des
jours, j'ai attendu , glacé, traqué, perdant ma vie par
mille fissures. Demain! Demain !
Deux fois dans des salons je l'ai revue, dansant parmi
les dorures. Aimable fut sa mère. Nous avons dit quelques mots feints.
0 péché, lampe solitaire, allumé et sitôt éteint! 0
l'inutile nuit de quatre heures, et les inutiles voitures, et
toi, offerte et reprise, qui refusais et voulais bien!
Pourquoi? Pourquoi? Pourquoi une fois si jamais
plus, toi qui montras que tu aimais ce bien? Pourquoi
cette promesse obscure,
0 toi que j'ai perdue deux fois, et deux fois perdue
en vain!

•••

FRAGMENTS

(1) '

J'imagine 1~. dépa~sement de ma mère, lorsque, sortant
pour la prem1ere fois du confortable milieu de la rue de
Crosne. elle accompagna mon père à Uzès. Il semblait
que le progrès du siècle eût oublié la petite ville· elle
était sise à l'écart et ne s'en apercevait pas. Le ch~min
de fer n~ men.ai~ que jusqu'à Nîmes, ou tout au plus à
Remoulins, d ou quelque guimbarde achevait le trimballe~ent. Par Nîmes le trajet était sensiblement plus long
m_a,s la route était beaucoup plus belle. Au pont Saint~
N1c~las, elle traversait le Gardon; c'était la Palestine, Ja
Judee. Les bouquets des cistes pourpres ou blancs chamarraient la rauque garrigue que les lavandes embaumaient. • II soufflait par là-dessus un air sec l hilarant 1 qui
nettoyait la route en empoussiérant l'alentour. Notre
v~iture :aisait lever d'énormes sauterelles qui tout à coup
dep_loya1ent le~rs membranes bleues, rouges ou grises,
un instant papillons légers, qui retombaient un peu plus
1.

Voir la Nouvelle Rnue Frallçaise du , .. Févrie r 192 0 .

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
SI LE GRAIN NE MEURT

loin, ternes et confondues, parmi la broussaille et la
pierre.
Aux abords du Gardon croissaient des asphodèles, et,
dans le lit même du fleuve, presque partout à sec, une
flore quasi tropicale ... Ici je quitte un instant la guimbarde; il est des souvenirs qu'il faut que j'accroche au
passage, que je ne saurais sinon où placer. Comme je
le disais déjà, je les situe moins aisément dans le temps
que dans l'espace, et par exemple ne saurais dire en
quelle année Anna vint nous rejoindre à Uzès, que sans
doute ma mère était heureuse de lui montrer; mais ce
dont je me souviens avec précision. c'est de l'excursion
que nous fîmes du Pont Saint-Nicolas à tel village non
loin du Gardon, où nous devions retrouver la voiture.
Aux endroits encaissés, au pied des falaises ardentes
qui réverbéraient le soleil, la végétation était si luxuriante
que l'on avait peine à passer. Anna s'émerveillait aux
plantes nouvelles, en reconnaissait qu'elle n'avait encore
jamais vues à l'état sauvage, -et j'allais dire, en liberté
- comme ces triomphants daturas qu'on nomme des
trompettes de Jéricho, dont est restée si fort gravée
dans ma mémoire, auprès des lauriers roses, la splendeur
et l'étrangeté. On avançait prudemment à cause des
serpents, inoffensifs du reste pour la plupart, dont nous
vîmes plusieurs s'esquiver. Mon père musait et s'amusait
à tout. Ma mère, consciente de l'heure, nous pressait en
vain. Le soir tombait déjà quand enfin nous sortîmes
d'entre les berges du fleuve. Le village était encore loin,
dont faiblement parvenait jusqu'à nous le son angélique
des cloches; pour s'y rendre, un indistinct sentier
hésitait à travers la brousse ... Q!Ji me lit va douter si je

n'ajoute pas aujourd'hui tout ceci ; mais non : cet
angélus, je l'entends encore, je revois ce sentier charmant, les roseurs du couchant et, montant du lit du
Gardon, derrière nous, l'obscurité envahissante. Je m'amusais d'abord des grandes ombres que nous faisions ;
puis tout se fondit dans le gris, et je me laissai gagner
par l'inquiétude de ma mère qui cherchait en vain à
presser mon père et Anna, tout à la beauté de l'heure
et peu soucieux du retard. Je me souviens qu'ils récitaient
des vers ; ma mère trouvait que " ce n'était pas le
moment " et s'écriait:
- Paul, vous réciterez cela quand nous serons rentrés.
Dans l'appartement de ma grand' mère , toutes les
pièces se commandaient; de sorte que, pour gagner
leur chambre, mes parents devaient traverser la salle à
manger, le salon, et un autre salon plus petit où l'on
avait dressé mon lit. Achevait-on le tour, on trouvait un
petit cabinet de toilette, puis la chambre de grand'mère,
qu'on gagnait de l'autre côté en passant par la chambre
de mon oncle. Celle-ci rejoignait le pallier, sur lequel
ouvraient également la cuisine et la salle à manger. Les
fenêtres des deux salons et de la chambre de mes
parents regardaient l'esplanade ; les autres ouvraient
sur une étroite cour que l'appartement encerclait ; seule
la chambre de mon oncle donnait de l'autre côté de la
maison sur une obscure ruelle, tout au bout de laquelle
on voyait un coin de la place du marché. Sur le rebord
de sa fenêtre mon oncle s'occupait à d'étranges cultures:
dans de mystérieux bocaux cristallisaient autour de
tiges rigides ce qu'il m'expliquait être des sels de zinc,

�LA NOUVELLE REVUE rRANÇAJSE

de cuivre ou de je ne sais quels métaux ; il m'enseignait que, d'après le métal, ces implacables végétations etaient denommées arbre de Saturne, de Jupiter,
etc. Mon. oncle, en ce temps là, ne s'occupait pas
encore &lt;l'Economie Politique; j'ai su depuis que l'astronomie surtout l'attirait alors, à quoi le poussaient ég:ilement son goût pour les chiffres, sa taciturnité contemplative et ce déni de l'individuel et de toute psychologie
qui fit bientôt de lui l'être le plus ignorant de soi-même
et d'autrui que je connaisse. C'était alors Qe veux dire :
au temps de ma première enfance) un grand jeune
homme aux cheveux noirs, longs et plaqués en mèches
derrière les oreilles, un peu myope, un peu bizarre,
silencieux et on ne peut plus intimidant. Ma mère l'irritait beaucoup par les constants efforts qu'elle faisait
pour le dégeler ; il y avait chez elle plus de bonne volonté que d'adresse, et mon oncle, peu capable ou peu
désireux de lire l'intention sous le geste, se préparait
déjà à n'être séduit que par des faiseurs. On eût dit que
mon père avait accaparé toute l'aménité dont pouvait
disposer la famille, de sorte que rien plus ne tempérait
des autres membres l'air coriace et refrogné.
Mon grand'père était mort depuis assez longtemps,
lorsque je vins au monde; mais ma mère l'avait pourtant
connu, car je ne vins au monde que six ans après son mariage. Elle parlait de lui comme d'un huguenot austère,
entier, très grand, tres fort, anguleux, scrupuleux à
l'excès, rigide, et poussant la confiance en Dieu jusqu'au
sublime. Ancien président du tribunal d'Uzès, il s'occupait alors presque uniquement de bonnes œuvres et de
l'instruction morale et religieuse des catéchumènes.

SI LE GRAIN NE MEURT

En plus de Paul mon père et de mon oncle Charles
Tancrede Gide avait eu plusieurs enfants qu'il avait tou;
perdus en bas âge, l'un d'une chute sur la tête, l'autre
d'une insolation, un autre encore d'un rhume mal soigné; mal soigné pour les mêmes raisons apparemment
qui faisaient qu'il ne se soignait pas lui-même. Lorsqu'il
tombait malade, ce qui du reste était peu fréquent il
prétendait ne recourir qu à la prière ; il considérait ,:intervention du médecin comme indiscrète, voire impie,
et mourut sans avoir admis qu'on l'appelât.
Certains s'étonneront peut-être qu'aient pu se conserver si tard ces formes incommodes et quasi paléontologiques de l'humanité; mais la petite ville d'Uzès
était conservée tout entière; des outrances comme celles
de mon grand-père n'y faisaient assurément point tache;
tout y était à l'avenant; tout les expliquait, les motivait,
les encourageait au contraire, les faisait sembler naturelles; et je pense du reste qu'on les eût retrouvées à
peu près les mêmes dans toute la région cévenole, encore mal ressuyée des cruelles dissensions religieuses
qui l'avaient si fort et si longuement tourmentée. Cette
étrange aventure m'en persuade, qu'il faut que je raconte
aussitôt, bien qu'elle soit de ma vingtième année.
j'étais parti d'Uzès au matin, répondant à l'invitation
de Guillaume Granier, mon cousin, pasteur aux environs
d'Anduze. Je passai près de lui la journée. Avant de me
laisser partir, il me sermonna, pria avec moi pour moi
me bénit, ou du moins pria. Dieu de me bénir' ... mais ce'
n'est point pourquoi j'ai commencé ce récit. - Le train
devait me ramener à Uzès pour dîner ; mais je lisais te
Cousin Pons. C'est peut-être, de tant de chefs-d'œuvre

�410

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

de Balzac, celui que je préfère; c'est en tout cas celui
que j'ai le plus souvent relu. Mais, ce jour là, je le
découvrais. j'étais dans le ravissement, dans l'extase,
ivre, perdu ...
La tombée de la nuit interrompit enfin ma lecture. Je
pestai contre le wagon qui n'était pas éclairé; puis m'avisai qu'il était en panne; les employés qui le croyaient
vide l'avaient remisé sur une voie de garage.
- Vous ne saviez donc pas qu'il fallait changer? dir~nt-ils. On a pourtant assez appelé! Mais vous dormiez
sans doute. Vous n'avez qu'à recommencer, car il ne
passe plus de train d'ici demain.
Passer la nuit dans cet obscur wagon n'avait rien
d'enchanteur; et puis je n'avais pas dîné. La gare était
loin du village et l'auberge m'attirait moins que l'aventure; au surplus je n'avais sur moi que quelques sous.
Je partis sur la route, au hasard, et frappai à la porte
d'un mas assez grand, d'aspect propre et avenant. Une
femme m'ouvrit, à qui je racontai que je m'étais perdu,
que d'être sans argent ne m'empêchait pas d'avoir faim
et que peut-être on serait assez bon pour me donner à
manger et à boire, après quoi je regagnerais mon wagon
remisé où je patienterais jusqu'au lendemain.
Cette femme qui m'avait ouvert ajouta vite un couvert
à la table déjà servie. Son mari n'était point là; son vieux
père, assis au coin du feu, car la pièceservaitégalement
de cuisine, était resté jusque la penché vers l'âtre sans
rien dire et son silence, qui me paraissait réprobateur,
me gênait. Soudain, je remarquai sur une sorte d'étagère
une grosse Bible, et, comprenant que j'étais chez des protestants, leur dis qui je venais d'aller voir. Le vieux se re-

sr

LE GRAIN NE MEURT

411

dressa tout aussitôt. 11 se trouva qu'il connaissait mon
cousin le pasteur; même il se souvenait fort bien de mon
grand-père. La manière dont il m'en parla me fit comprendre quelle abnégation, quelle bonté pouvait recouvrir la plus rude enveloppe, aussi bien chez mon grandpère que chez ce paysan lui-même, à qui j'imaginais que
mon grand-père avait dû ressembler, d'aspect extrêmement robuste, à la voix sans douceur, mais vibrante, au
regard sans caresse. mais droit. Cependant, les enfants
rentraient du travail, une grande fille et trois fils; plus
fins, plus délicats que l'aïeul ; beaux, mais déjà graves
et même un peu froncés. La mère posa la soupe fumante
sur la table; comme je parlais à ce moment, d'un petit
geste elle arrêta ma phrase, et le vieux dit le Bénédicité.
Ce fut pendant le repas qu'il me parla de mon grandpère; son langage était à la fois imagé et précis ; je
regrette de n'avoir pas noté de ses phrases. Q!Joi ! ce
n'est là, me redisais-je, qu'une famille de paysans 1
Q!Jelle élégance, qÙelle vivacité, quelle noblesse auprès
de nos épais cu!tivateurs de Normandie l Le souper fini;
je fis mi ne de repartir, mais mes hôtes ne l'entendaient
pas ainsi. Déjà la mère s'était levée; l'aîné des fils coucherait avec un de ses frères; j'occuperais sa chambre
et son lit auquel elle mit des draps propres, rudes et
qui sentaient délicieusement la lavande. La famille n'avait pas l'habitude de veiller tard, ayant celle de se lever
tôt; au demeurant,je pourrais rester à lire encore s'il me
plaisait. &lt; Mais, dit le vieux, vous permettrez que nous
ne dérangions pas nos habitudes- qui ne vous étonneront pas, puisque vous êtes le petit-fils de Monsieur
Tancrède. »

�412

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Il alla chercher la grosse Bible que j'avais entrevue, et
la posa sur la table desservie. Sa fille et ses petits enfant_s
se rassirent à ses côtés, devant la table, dans une attitude recueillie qui leur était très naturelle. L'aïeul ouvrit
le livre saint et lut avec solennité un chapitre des
Évangiles, puis un Psaume. Après quoi chacun se_mit_à
genoux devant sa chaise, lui seul excepté, que Je vis
demeurer debout, les yeux clos, les mains posées à plat
sur Je livre refermé. U prononça une courte prière d'action de grâce, très simple, très digne et s~ns _re_qu~tes,
où je me souviens qu'il remercia Dieu dem avoir m~1qué
sa porte, et cela d'un tel ton que tout mon cœur s associait à ses paroles. Pour achever, il récita "Notre Père",
puis il y eut un instant de silence, après quoi seul_:me nt
chacun des enfants se releva. Cela était si beau, st tranquille, et ce baiser de paix, si glorieux, qu'il posa sur 1~
front de chacun d'eux ensuite, que, m'approchant de lut
moi aussi, je tendis à mon tour mon front.
Aujourd'hui que dans le confort et la_ paix tou~ les
caractères s'émoussent et s'aplanissent, Je doute s1 les
descendants de ceux-ci présenteront des outrances aussi
marquées. Ceux de la génération de mon grand-pere gardaient vivant encore le souvenir des persécutions qui
avaient martelé leurs aïeux, ou du moins certaine tradition de résistance; un grand raidissement intérieur leur
restait de ce qu'on avait voulu les plier. Chacun d'eux
entendait distinctement le Christ lui dire, et au petit
troupeau tourmenté: « Vous êtes le sel de la terre; or
si le sel perd sa saveur, avec quoi la lui rendra-t-on ?»
Et il faut reconnaître que le culte protestant dans la
petite chapelle d'Uzès, présentait du temps de mon en-

SI LE GRAIN NE MEURT

fance encore, un spectacle particulièrement savoureux.
Oui, j'ai pu voir encore les derniers représentants de cette
génération de tutoyeurs de Dieu assister au culte avec
leur grand chapeau de feutre sur la tête, qu'ils gardaient
durant toute la pieuse cérémonie, qu'ils soulevaient au
nom de Dieu lorsque l'invoquait le pasteur, et n'enlevaient qu'à la récitation de « Notre Père». Un étranger
s'en fût scandalisé comme d'un irrespect, qui n'eût pas
su que ces vieux huguenots gardaient ainsi la tête couverte en souvenir des cultes en plein air et sous un ciel
torride, dans les replis secrets des garrigues, du temps
que le service de Dieu selon leur foi promettait, s'il était
surpris, un inconvénient capital.
Puis, l'un après l'autre, ces mégathériums disparurent.
Quelque temps après eux survécurent encore les veuves.
Elles ne sortaient plus que Je dimanche pour l'église,
c'est-à-dire aussi pour s'y retrouver. Il y avait là ma
grand'mère, Mm.e Abauzit son amie, et deux autres vieillardes dont je ne sais plus _le nom. Un peu avant l'heure
du culte, des servantes, presque aussi vieilles qu'elles,
apportaient les chaufferettes de ces dames, qu'elles posaient devant leurs bancs.
A l'heure précise, les veuves faisaient leur entrée, tandis que le culte commençait. A moitié aveugles elles ne
se reconnaissaient point avant la porte, mais seulement
une fois dans le banc. Tout au plaisir de se revoir, elles
commençaient en chœur d'extraordinaires effusions,
mélange de congratulations, de questions et de réponses,
chacune sourde comme un pot n'entendant rien de ce
que lui disait sa commère, et leurs voix conjuguées,
durant quelques instants, co11vraient complètement celle
7

�LA NOUVELLE RE.VUE FRANÇAISE

du pasteur. Certains s'en seraient indigné~, qui, en s?u•
venir des époux, excusaient les veuves. D autres, m.oms
rigoristes, s'en amusaient; _des enfant_~. s•~scla~atent.
Pour moi, j'étais un peu gêne parce que J eta1s assis tout
à côté de ma grand'mère. Cette petite comédie recommençait chaque dimanche; on ne pouvait rêver rien de
plus grotesque ni de plus touchant.
Jamais je ne pourrai dire combien ma _grand'mèr_e était
vieille. Du plus loin que je la revois, 11 ne restait plus
rien en elle qui permît de reconnaître ou d'imaginer ce
qu'elle avait pu être autrefois. U semblait qu'elle n'eût
jamais été jeune; qu'elle ne pouvait pas l'avo~r été. D'un_e
santé de fer, elle survécut non seulement a so~ man,
mais à son fils aîné, mon père; et d'année en annee, _aux
vacances de Pâques, longtemps ensuite, nous retournions
à Uzès ma mère et moi, pour la retrouver toujours la
même,' à peine un peu plus sourde; car pour plus ridée,
depuis longtemps cela n'était pas possi?le.
Certainement, la chère vieille se mettait en quatre pour
nous recevoir, mais c'est précisément pourquoi je ne
suis pas assuré que notre présence lui fû~ bien ag_ré~~le.
Au demeurant la question ne se posait pas ainsi, il
s'agissait moin~ pour ma mère de faire plaisir à quelqu'un
que d'accomplir un devoir, un rite, comme cette _lettr_e
solennelle à ma grand'mère qu"elle me ~ontra1g~a1t
d'écrire au nouvel-an et qui m'empoisonnait cette fete.
D'abord je tâchais d'esquiver; je discutais:
_ Mais qu'est-ce que tu veux que ça lui fasse, a bonnemaman de recevoir une lettre de moi?
_ u' n'est pas la question, disait ma mere. Tu n'as

SI LE GR.AIN NE MEURT

pas tant d'obligations dans la vie; tu dois t'y soumettre.
Alors je commençais à pleurer.
- Voyons, mon poulot, reprenait ma mère, sois raisonnable: songe à cette pauvre grand'mère qui a'a pas
d'autre petit-fils.
- Mais qu'est-ce que tu veux que je lui dise? hurlaisje à travers mes sanglots.
- N'importe quoi. Parle-lui de tes cousines, de tes
petits amis Gérardin.
- Mais puisqu'elle ne les connaît pas!
- Raconte-lui ce que tu fais.
- Mais tu sais bien que ça ne l'amusera pas.
- Enfin, mon petit, c'est bien simple: tu ne sortiras
pas d'ici (c'était la salle d'études de la rue de Crosne)
avant d'avoir écrit cette lettre.
-Mais ...
- Non mon enfant; je ne veux plus discuter.
A la suite de quoi ma mère s'enfermait dans le mutisme; je gagnais quelque temps encore, puis commençais à me tortionner le cerveau au-dessus de mon papier
blanc.
Le fait est que rien ne semblait plus devoir intéresser
ma grand'mère. A chaque séjour que nous faisions à
Uzès pourtant, par gentillesse, je crois, pour ma mère
qui venait s'asseoir auprès d'elle, sa tapisserie à la main
ou un livre, elle faisait un grand effort de mémoire, et de
quart d'heure en quart d'heure se rappelant enfin le nom
de quelqu'un de nos cousins normands:
Et les Widmer? comment vont-ils ? demandait
elle.

�416

SI LE GRAIN NE MEURT
LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Ma mère la renseignait avec une patience infinie, puis
repartait dans sa lecture. Dix minutes après :
- Et Maurice Démarest, il n'est toujours pas marié?
- Si, ma mère. Celui qui n'est pas marié, c'est Albert.
Maurice est père de trois enfants.
- Eh! dites-moi, Juliette!
Cette interjection n'avait rien d'interrogatif; simple
exclamation à tout usage, par laquelle ma grand'mère
exprimait l'étonnement, l'approbation, l'admiration, de
sorte qu'on l'obtenait en réflexe de quoi que ce fût qu'on
lui dît; et quelque temps après l'avoir jetée, grand'mère
restait encore le chef branlant, agité d'un mouvement
méditatif de haut en bas; on la voyait ruminer la nouvelle par une sorte de mastication à vide qui ravalait et
gonflait tour à tour ses pauvres gifles ridées. Enfin, quand
tout était bien absorbé, et qu'elle renonçait pour un temps
à inventer des questions nouvelles, elle reprenait sur ses
genoux le tricot interrompu. Grand'mère tricotait des
bas; c'était la seule occupation que je lui connusse. Elle
tricotait tout le long du jour comme eût fait un insecte;
mais comme elle se levait fréquemment pour aller voir
ce que Rose faisait à la cuisine, elle égarait le bas sur
quelque meuble, et je crois que personne ne lui en vit
jamais achever un. Il y avait des commencements de bas
dans tous les tiroirs, où Rose les remisait au matin, en
faisant les pièces. Quant aux aiguilles, grand'mère en
gardait toujours un faisceau, derrière l'oreille, entre son
petit bonnet de tulle enrubarrné et le mince bandeau de
ses cheveux gris jaunâtres.
Ma tante Anna, sa nouvelle bru, n'avait point pour
grand'mère l'affectueuse et respectueuse indulgence de

maman. Elle ne vint, je crois bien, qu'une seule fois à
Uzès pendant que nous y étions; nous la surprimes
aussitôt qui faisait la rafle des bas.
- Huit! j'en ai trouvé huit, disait-elle à ma mère, à la
fois amusée et exaspérée par tant d'incurie. Et le soir
elle ne se retenait pas de demander à grand'mère pourquoi jamais elle n'en achevait un, une bonne fois?
La pauvre vieille d'abord tâchait tout de même de sourire, puis tournait son inquiétude vers ma mère.
- Juliette I qu'est-ce qu'elle veut, Anna?
Mais ma mère n'entrait pas dans ce jeu, et c'est ma
tante qui reprenait plus fort:
- Je demande, ma mère, pourquoi jamais vous n'en
achevez un au lieu d'en commencer plusieurs?
Alors, la vieille un peu piquée, serrait les lèvres, et
ripostait soudain :
- Achever I achever ... Eh! elle est bonne Anna! Il
faut le temps 1
La continuelle crainte' de ma grand'mère était que nous
n'eussions pas assez à manger. Elle qui ne mangeait
presque rien elle-même, ma mère avait grand mal à la
convaincre que quatre plats par repas nous suffisaient.
Le plus souvent, elle ne voulait rien entendre, s'échappait d'avec ma mère pour avoir avec Rose des entretiens
mystérieux. Et, dès qu'elle avait quitté la cuisine, ma
mère s'y précipitait à son tour, et, vite, avant que Rose
ne fût partie au marché, révisait le menu et décommandait les trois quarts.
- Eh! bien, Rose, ces gélinottes, criait grand'mère ~u
déjeûner.
- Ma mère, nous avions ce matin les côtelettes.

�418

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

j'ai dit â. Rose de garder les gélinottes pour demain.
La pauvre vieille était au désespoir.
- Les côtelettes! les côtelettes ! répétait-elle plusieurs
fois, affectant de rire. De'S côtelettes d'agneau I Il en
faut six pour faire une bouchée 1 - puis, en manière de
protestation, elle se levait enfin, allait quérir dans une
petite resserre , au fond de la salle à manger, pour parer
à la désolante insuffisance du menu , quelque mystérieux
pot de conserves préparé pour notre venue. C'était,
le plus souvent, des boulettes de porc, confites dans
de la graisse, succulentes, qu'on appebit des « fricandeaux».
Ma mère, naturellement, refusait.
- Té t le petit en mangera bien, lui!
- Mère, je vous assure qu' il y a assez comme cela .
- Eh I ce petit, pourtant, vous n'allez pas le laisser
mourir de faim ? (Pour elle, tout enfant qui n'éclatait
pas se mourait. Quand on lui demandait comment
elle avait trouvé ses petits-fils, mes cousins, elle répondait invariablement avec une moue: « Bien maigres 1 &gt;&gt;)
Une bonne façon d'échapper à la censure de ma mère,
c'était de commander à l'liôtel Béchard quelque tendre
aloyau aux oJives, ou chez Fabregas, le pàtissier, un volau-vent plein de quenelles, une floconneuse brandade,
ou le traditionnel croûtillon au lard. Ma mère guerroyait
aussi au nom de l'hygiène contre les goûts de ma grand'
mère, en particulier lorsque celle-ci, coupant le vol-auvent , se réservait un morceau du fond:
- Mais, ma mère, vous prenez justement le plus gras l
- Eh I faisait ma grand 'mère, qui se moquait bien
de l'hygiène, la croûte du fond ...

SI LE GRAIN NE MEURT

- Permettez que je vous serve moi-même. Et d ' un
œil résigné, la pauvre vieille voyait écarter de son assiette
Je morceau qu 'elle préférait.
De chez Fabregas, arrivaient également des entremets,
méritoires mais peu variés. A dire vrai, on en revenait
toujours à la sultane, dont aucun de nous n 'était fou.
La sultane av;iit forme de pyramide,- que parfois surmontait pour le faste, un petit ange en je ne sais quoi de
blanc qui n 'était pas comestible. La pyramide était
composée de minuscules choux à la crême enduits d'un
caramel résistant qui les soudait l'un à l'autre et f.,isait
que la cuiller les crevait plutôt que de les séparer. Un
nuage de fils de caramel revêtait l'ensemble, l'écartait
poétiquement de la gourmandise et poissait 'tout.
Grand'mère tenait à faire sentir que, faute de mieux
seulement, elle nous offrait une sultane. Elle faisait la
grimace; elle disait: « Eh I Fabregas I Fabregas I li n'est
pas varié ... » Ou encore: « Il se néglige ... »
Que ces repas duraient longtemps, pour moi si impatient de sortir! j'aimais passionnément la campagne aux
environs d'Uzès, la vallée de la Fontaine d'Eure et par
dessus tout la garrigue.
Les premières années, Marie, ma bonne, accompagnait mes promenades. Je l'entraînais vers le « mont
Sarbonnet », un petit mamelon calcaire, au sortir de la
ville, où il était si amusant de trouver, sur les grandes
euphorbes au suc blanc, de ces chenilles de sphinx qui
ont l'air d'un turban défait et qui portent une espèce de
corne sur Le derrière ; ou, à l'ombre des pins, sur les
fenouils, ces autres chenilles, celles du Macbaou, ou du
Flambé, qui, dès qu'on les asticotait, faisaient surgir, au-

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

dessus de leur nuque, une sorte. de trompe fourchue,
très odorante et de couleur inattendue.
Aujourd'hui, le Sarbonnet n'existe plus; les coups de
mine des carriers l'ont grignoté tout au ras de la route
qui d'abord en faisait le tour et maintenant peut aller
tout droit. En continuant elle descend jusqu'aux prés
verdoyants, baignés par la Fontaine &lt;l'Eure. Les plus
mouillés d'entre eux s'émaillent au printemps de ces gracieux narcisses blancs dits : « du poète», qu'on appelle
là-bas des courbadonnes. Aucun Uzétien ne songeait à
les cueillir, ni ne se serait dérangé pour les voir; de sorte
que, dans ces prés solitaires, il y en avait une profusion
extraordinaire; l'air en était tout embaumé; certains se
penchaient au-dessus de l'eau comme dans la fable, que
l'on m'avait apprise, et je ne voulais pas les cueillir;
d'autres disparaissaient a demi dans l'herbe haute; mais
le plus souvent, haut dressé sur sa tige, parmi le sombre
gazon, chacun brillait comme une étoile.
Marie, en bonne Suissesse aimait les fleurs. Nous en
rapportions des brassées.
La Fontaine d'Eure est cette constante rivière que les
Romains avaient captée et amenée jusqu'à Nîmes par
l'aqueduc du Pont du Gard. La vallée où elle coule, à
demi-cachée par des aulnes, en approchant d'Uzès,
s'étrécit. 0 petite ville d'Uzès l tu serais en Ombrie, des
touristes accourraient de Paris pour te voir! Sise au bord
d'une roche dont le dévalement brusque est occupé en
partie par les épais jardins du duché, leurs grands arbres,
tout en bas , abritent dans le lacis de leurs racines les
écrevisses de la rivière. Des terrasses de la Promenade

SI LE GRAIN NE MEURT

ou du Jardin public, le regard, à travers les hauts micocouliers du duché, rejoint, de l'autre côté de l'étroite •
vallée, une roche plus abrupte encore. déchiquetée,
creusée de grottes, avec des arcs, des aiguilles, et des
escarpements pareils à ceux des falaises; puis, au-dessus,
c'est la garrigue rousse, toute dévastée de soleil.
Marie, qui se plaignait sans cesse de ses cors, montrait peu d'enthousiasme pour les sentiers raboteux de
la garrigue. Mais bientôt enfin ma mère me laissa sortir
seul et je pus escalader tout mon soûl.
On traversait la rivière à la Fon di biaou (je ne sais
point si j'écris correctement ce qui veut dire, dans la
langue d'Aubanel et de Mistral : Fontaine aux bœufs),
après avoir suivi quelque temps le bord de la roche,
lisse et tout usée par les pas, puis descendu les degrés
taîllés dans la roche. Qµ 'il était beau de voir les lavandières y poser lentement leurs pieds nus, le soir, lorsqu'elles remontaient du travail toutes droites et la
démarche comme anoblie par cette charge de linge
blanc qu'elles portaient, à la manière antique, sur la tête.
Et comme «fontaine &lt;l'Eure» était le nom de la rivière,
je ne suis pas certain que de même ces mots « fon di
biau » désignassent précisément une fontaine. Je revois
un moulin, une métairie qu 'ombrageaient d'immenses
platanes: entre l'eau libre et l'eau qui travaillait au
moulin, une sorte d'îlot où s'ébattait la basse-cour;
et l'extrême pointe de cet îlot où je venais rêver ou lire,
juché sur le tronc d'un vieux saule et caché par ses
branches, surveillant les jeux aventureux des canards,
délicieusement assourdi par le ronflement de la meule,
le fracas de l'eau dans la roue, les mille chuchotis de la

�422

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

rivière et, plus loin, où lavaient les laveuses, le claquement rythmé de leurs battoirs.
Mais le plus souvent, brûlant la Fon di biaou, je
gagnais en courant la garrigue. vers où m'entraînait déjà
cet étrange amour de l'inhumain, de l'aride, qui si longtemps me fit préférer à l'oasis le désert. Les grands
souffles secs, embaumés, l'aveuglante réverbération du
soleil sur la pierre nue sont enivrants wmme le vin.
et combien m'amusait l'escalade des roches. la chasse
aux mantes religieuses, qu'on appelle là-bas des préga
Diou, dont les paquets d'œufs, conglutinés et pendus
a quelque brindille m'intriguaient si fort; la découverte,
sous les cailloux que je soulevais, des hideux scorpions,
mille-pattes et scolopendres!
Les jours de pluie, confiné dans l'appartement, je
faisais la chasse aux moustiques ou démontais complètement toutes les pendules de grand'mère, qui s'étaient
détraquées depuis notre dernier séjour. Rien ne m'absorbait plus que ce minutieux travail. Combien j'étais
fier, après que je les avais remises en mouvement, d'entendre grand'mère s'écrier, en revoyant l'heure:
- Eh I dites-moi, Juliette l ce petit ...
Mais le meilleur du temps de pluie je le passais dans
le grenier dont Rose me prêtait la clef. C'est là qu'un
peu plus tard je lus Stello. De la fenêtre du grenier on
dominait les toits voisins; près de la fenêtre, dans une
grande cage en bois , recouverte d'un sac, grand'mère
engraissait des poulets pour la table. Les poulets ne
m'intéressaient pas beaucoup, mais, dès qu'on restait un
peu tranquille, on voyait paraître entre l'encombrement
de malles, d'objets sans nom et hors d'usage , d'un tas

SI LE GRAIN NE MEURT

de poussiéreux débris, ou derrière la provision de bois
et de sarments, les frimousses des petits chats de Rose,
encore trop jeunes pour préférer, comme leur mère, au
capharnaüm de grenier natal, la tiède quiétude de la
cuisine, les caresses de Rose, l'âtre et le fumet du rôt
tournant devant le feu de sarments.
Tant qu'on n'avait pas vu ma grand'mère, on pouvait
douter s'il y avait rien au monde de plus vieux que
Rose; c'était merveille qu'elle pût faire encore quelque
service; mais grand'mère en demandait si peu! Et, quand
nous étions là, Marie aidait au ménage. Puis, Rose enfin
prit sa retraite, et, avant que ma grand'mère se résignât à aller vivre à Montpellier chez mon oncle Charles,
on vit se succéder chez elle les plus déconcertants spécimens ancillaires. L'une grugeait, l'autre buvait; la troisième était débauchée : je me souviens de la dernière,
une salutiste, dont ma foi l'on commençait d'être satisfait, lorsque ma grand'mère, certaine nuit d'insomnie,
s'avisa d'aller chercher dans le salon le bas qu'elle
achevait éternellement de tricoter.
Elle était en jupon de dessous, en chemise et en bonnet
de nuit: peut-être au surplus flairait-elle quelque chose
d'anormal; elle entr'ouvre avec précaution la porte du
salon, le découvre plein de lumières ... Deux fois par
semaine, la salutiste « recevait»; c'était dans l'appartement de grand'rnère d'édifiantes réunions, assez courues,
car, après le chant des cantiques, la salutiste offrait le
thé. On imagine, au milieu de l'assemblée, l'entrée de
ma grand'mère dans son accoutrement nocturne. C'est
peu de temps après qu'elle quitta définitivement Uzès.
Avant de le quitter avec elle, je veux parler encore de

�424

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

la porte de la resserre, au fond de la salle à manger. II y
avait, dans cette porte très épaisse, ce qu'on appelle un
nœud de bois, ou plus exactement, je ·crois, l'amorce
d'une petite branche qui s'était trouvée prise dans
l'aubier. Le bout de branche était parti et cela faisait .
dans l'épaisseur de la porte, un trou rond de la largeu;
du petit doigt, qui s'enfonçait obliquement de haut en
bas. Au fond du trou on distinguait quelque chose de
rond, de gris, de lisse, qui m 'intriguait fort:
- Vous voulez savoir ce que c'est? me dit Rose, tandis
qu'elle mettait le couvert - car elle me voyait tout occupé
à entrer mon petit doigt dans le trou pour prendre contact
avec l'objet ...
- C'est une bille que votre papa a glissée là quand il
avait votre âge et que, depuis, on n'a jamais pu retirer.
Cette explication satisfit ma curiosité, mais tout en
m'excitant davantage. Sans cesse, je revenais à la
bille ; en enfonçant mon petit doigt, je J'atteignais
tout juste, mais tout effort pour l'attirer au dehors la
faisait rouler sur elle-même, et mon ongle glissait sur sa
surf:Jce lisse avec un petit grincement exaspérant.
L'année suivante, aussitôt de retour à Uzès, j'y revins.
Malgré les·moqueries de ma mère et de Marie, j'avais tout
exprès laissé croître démesurément l'ongle de mon
petit doigt, que, d'emblée,je pus insinuer sous la bille·,
une brusque secousse, et la bille jaillit dans ma main.
Mon premier mouvement fut de courir à la cuisine et
de claironner mon triomphe. Mais escomptant aussitôt le
plaisir que je tirerais des félicitations de Rose, je l'imaginai si mince que cela m 'arrêta.
Je restai quelques instants -devant la porte, contem-

SI LE GRAIN NE MEURT

plant dans le creux de ma main cette bille grise, désormais pareille à toutes les billes, et qui n'avait plus aucun
intérêt dès l'instant qu'elle n'était plus dans son gîte. Je
me sentis tout bête, tout penaud d'avoir voulu faire le
malin. En rougissant, je fis retomber la bille dans son
trou, (sans doute elle y est encore) et allai me cou. per les ongles, sans parler à personne de mon exploit.
Il y a quelque dix ans, passant en Suisse, j'allai revoir
ma pauvre vieille Marie, dans son petit village de Lotzwil,
où elle ne se décidè pas à mourir. Elle m'a reparlé d'Uzès
et de ma grand'mère, ravivant mes souvenirs ternis :
-A chaque œuf que vous mangiez, racontait-elle, votre
bonne-maman ne manquait pas de s'écrier, qu'il fût sur
le plat ou à la coque : «Eh! laisse le blanc, petiton ! li
n'y a que le jaune qui compte! »
Et Marie ajoutait, en bonne Suissesse :
- Comme si le Bon Dieu n'avait pa~ fait le blanc
aussi pour être mangé !
ANDRÉ GIDE

(à suivre)

�.,

RÉFLEXIONS SUR LA LITTERATURE

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE
LETTRE A M. MARCEL PROUST

Mon cher Confrère,
J'ai goûté comme tous les lecteurs de la Nouvelle Rroue Française
v~s notes pénétrantes sur le style dé Flaubert. Une ingénieuse Providence a voulu que mes réflexions fussent apparemment assez différentes de votre sentiment pour vous engager à Je formuler contre
~lies,. et, dans le fond, assez concordantes avec les vôtres pour que
JC pu,1sse acce~ter sans palinodie la plus grande partie de votre
pensee et me livrer au plaisir de me sentir d'accord avec elle.
Notre dispute serait en effet surtout « grammairienne ». Mais
re~onnaître qu'une dispute est grammairienne, c'est reconnaître qu'il
e~•s~e un moyen de la résoudre, qui est le dialogue, ou, comme on
d1sa1~ au~r~f~is, l_a « conférence ». Il n'est pas mauvais que nous
P,T~n~ons 1c1 1habitude de ces dialogues, et qu'en « conférant 11 nos
opinions, nous arrivions à découvrir les raisons qui nous accordent
ou , avec un bénéfice presque éga l, les raisons qu i nous ernpêchen;
de nous accorder.
J'~i rendu hommage au style de Flaubert. J'ai reconnu qu'il avait
atteint la perfection même de son métier, que ses grands travaux
sont, pour les gens de plume (votre article le prouve), ce qu'étaient
pour les compagnons du Tour de France la vie de Saint-Gilles ou
Saint-Urbain de Troyes, le chef-d'œuvre d'un art qui est un métier
et d'un métier qui est un art. Tout le malentendu vient de cette
expression qu'à la façon dont elle a été relevée, je reconnais mainte-

nant avoir assez faussement exprimé ma pensée : Flaubert n'est pas
un écrivain de race. j'avais en écrivant ces mots peu heureux trois idées
en tête : d'abord, la somme de travail qui demeure incorporée visiblement au style de Flaubert, et que, par une singulière inversion,
une opinion un peu naïve porte à son crédit au lieu de le mettre à
son débit. Il sent l'huile, et la lampe nocturne de Croisset nous
accompagne souvent dans notre lecture. Evidemment, il ne sent
pas l'huile à la façon d'un Thomas, mais bien à la manière d'un
Balzac (Guez) ou d'un Isocrate, ou, pour parler plus e,cactement,
d'une manière intermédiaire entre celle d'lsocrate et celle de Thucydide. Et je ne dis pas que ce ne soit encore là une des premières
places, mais cette place nous invite précisément à faire des comparaisons, à rapprocher les réussites d'écrivains qui ont suivi la même
route, à estimer que la NoutJelle Hélo'ise et les Mémoires d'OutnTombe l'emportent un peu sur l'Educatwn Sentimmtale, bien que le
style de son roman ait coûté à Rousseau autant de peine qu'en a
coûté à Flaubert le style des siens : cette peine est moins visible sur
l'ouvrage, voilà tout. -Je pensais en outre à certaines faiblesses de la
langue de Flaubert, dissimulées et assez rares, mais qui nous font
pressentir que la langue chez lui est maîtrisée du dehors, par une
persévérance et une probité continuelles, plutôt que du dedans, par.
un génie verbal incorporé à une sensibilité, ainsi que chez un Bossuet ou un Voltaire, un Chateaubriand et un Victor-Hugo. - Je
songeais enfin à cet écart si singulier qui existe entre les œuvres de
jeunesse et Madame Bo'ilatJI, à cette conversion au style purifié qui
suit le voyage d'Orient. Je ne méconnais pas la principale valeur de
la Tentation de 1849. Si Flaubert était mort durant son voyage et
que ses amis eussent publié la Te11tation qu'il venait d'achever, il
tiendrait encore une place dans la littérature. Son livre aurait eu
longtemps, aurait encore, des partisans enthousiastes, et tiendrait
um place analogue à celle d'Axël (mon goût plaçant d'ailleurs Axël
assez fort au-dessus de l'œuvre de jeunesse de Flaubert) - et le
dialogue du Sphinx et de la Chimère, l'épisode d'Apollonius eussent
passé à bon droit pour des éclats de génie pleins de promesses chez
un é.:rivain de vingt-huit ans. Il n'en est pas moins vrai que de cet
atelier dans un coin de musée à la forge de Madame 8otJar;1 le passage est "bien singulier. Ce que vous admirez le plus, dites-vous,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

dans l'Educatiou Sentinuntal,, c'est un blanc. Le moment le plus
étonnant de l'existence littéraire de Flaubert c'est le blanc qui
sépare la première Education et la première Tthtation de Madar,u
Bovary.
En disant que Flaubert n'est pas un écrivain de race, je voulais
donc dire que les parties hautes de son génie apparaissent au lecteur
comme le résultat d'une volonté extraordinairement intelligente plutôt que comme le don d'une nature. Je dis apparaissent, car c'est
cette apparence qui seule importe ici. Seulement, la même apparence
existe chez Thucydide et chez La Bruyère dont l'on place à juste
titre si haut les qualités de style. Elle n'existe pas chez La Fontaine
qui faisait les vers de ses Fablts avec autant de labeur artistique que
Flaubert ses alinéas de prose. Et il est bien certain qu'appliquée
non seulement à La Fontaine, mais même à Thucydide et à La
Bruyère, cette expression : ce n'est pas un écrivain de race l - serait
choquante et en somme absurde. C'est ce que M. Souday me faisa_it
remarquer dans un article sur la question, avec des épithètes plus
courtoises que celles-là. En employant le terme écrivain de race
pour désigner cette nuance de ma pensée, je faisais évidemment
une faute de langue. Qyand on n'est ni Madame de Sévigné, ni
Chateaubriand. on peut apprendre de Flaubert à retourner sept fois
les mots de sa langue dans son encrier.
Peut-être mettrait-on assez bien les choses au point en évoquant
l'image de Louis XIV. Louis XIV n'est pas seulement un grand roi,
il est le grand roi, parce qu'il a réalisé le style de la royauté, de la
même manière que Racine a réalisé le style de la tragédie, La Fontaine le style de la poésie. La Bruyère Je style de l'analyse psychologique et sociale. Or le mot de Saint-Simon, qu'il était né avec un
esprit au-dessous du médiocre, non seulement n'est pas faux, mais
s'incorpore parfaitement à ce genre de grandeur, et Saint-Simon,
dans le portrait qu'il fait du roi, sait bien lui-même l'y incorporer.
Je ne dis nullement que le style de Flaubert soit originellement audessous du médiocre. mais enfin c'est par -des voies pareilles de
conscience, de lucidité. de volonté, que l'un a réalisé le type du
grand roi et l'autre le type du grand artiste. On serait mal venu à
s'appuyer sur le mot de Saint-Simon pour dire que Louis XIV n'était
pas un monarque de grande race. On serait mal venu à s'appuyer

RÉFLEX10}.IS SUR LA LITTÉRATURE

sur des observations analogues pour conserver une expression dont
j'ai eu tort d'user et qu'il faut décidément laisser tomber.
Retenons pourtant de tout cela que ces questions de frontière
entre le génie et la longue patience qui lui ressemble si bien sont
extrêmement complexes. Où plutôt, mettôns-nous un peu de musi&lt;1ue
dans l'esprit. Relisons du Ba11qu.-t le discours d'Agathon et la critique qu'en fait Socrate, ce commentaire anticipé du : Tu ne me chercherais pas si tu ne m'avais trouvé. Appliquons au problème du
style la solution que donne Socrate du problème de l'amour. Nos
idées non seulement s'éclairciront, mais prendront la plus belle
lumière.

...

Il est donc entendu que l'expression de ma pensée est restêe sensiblement en deçà de l'admiration que mérite Flaubert et que je ressentais pleinement. Etes-vous sùr que, par un jeu de bascule naturel,
l'expression de la vôtre n'aille pas, de la même longueur, au-delà?
« j'ai été, dites-vous, stupéfait, je l'avoue, de voir traité de peu doué
pour écrire, un homme qui par l'usage entièrement nouveau et personnel qu'il a fait du passé défini, du passé indéfini, du participe
présent. de certains pronoms et de certaines prépositions, a renouvelé
presque autant notre vision des choses que Kant avec ses Catégories,
les théories de la Connaissance et de la Réalité du monde extérieur. »
J'aurais peut-être droit aussi à quelque stupéfaction devant ce rapprochement, qu'on serait assez mal venu d'appuyer sur une phrase
célèbre de Buffon; mais je préfere me souvenir du conseil de PaulLouis, ne pas confondre Gonesse avec Tivoli. ni Pontoise avec Alb:1no. Dirons-nous que Pascal, qui le premier a introduit dans la langue,
avec les ProtJinciales, le participe présent indéclinable, a renouvelé
par là presque autant notre vision des choses que par l'opuscule sur
l'Esprit géomitriqut, l'idée des deux infinis. les inventions de son
apologétique? Mettons le style, et, comme vous dites, la beauté grammaticale, à leur place, mais sachons aussi les tenir à cette place, et
ne cédons pas non plus à la dangereuse mode, si commune aujourd'hui, d'introduire le nom de Kant là où il n'a que faire.
Mais enfin vous avez pleinement raison de voir en Flaubert un
artiste en beauté grammaticale. Vos remarques sur l'éternel impar8

�430

LA NOUVELLE llEVUE FRANÇAISE

fait de Flaubert sont parfaites. Evidemment, Flaubert n'a pas créé
l'imparfait narratif, dont nos écrivains ont toujours usé abondamment, surtout quand ils se racontaient eux-mêmes, à la première personne, et dans les Mbncires d'Oulre-Tombe, où il est souvent employé à la troisième, on voit fort bien le plan incliné psychologique
qui conduit insensiblement de l'une à l'autre. Mais aucun livre de
la langue française n'en avait encore présenté un usage aussi continu,
aussi juste, aussi fidèlement moulé sur le sentiment à rendre, que
Madame BoTJa.ry. 11 Cet imparfait, si nouveau dans, la littérature, change entièrement l'aspect des choses et des êtres, comme font une lampe
qu'on a déplacée, l'arrivée dans une maison nouvelle. ,. Peut-être
est-&lt;e l'aspect des choses et des êtres, tel qu'il s'imposa à Flaubert, qui
exigea l'emploi de l'imparfait, puisque l'imparfait e,qirime le passé
dans un rapport soit avec le présent, soitavec une nature habituelle,
« deux conditions qui sont réunies quand nous nous évoquons nousmèmes, que nous remontons notre passé ~ à la recherche du temps
perdu », et que Flaubert a réunies pareillement en faisant vivre ses
personnages dans leur durée propre, non dans la lumière d'atelier
d'une durée commune. Ce qui fait que j'entends bien en somme ce
que vous voulez dire quand vous proclamez que Flaubert a renouvelé ainsi notre vision des choses autant qu'un philosophe. Et je
laisserais passer sans protestations cette ultra-bergsonisme si vous
n'affirmiez que cette vision est renouvelée par un instrument non
psychologique mais grammatical, non par la vision particulière de
Flaubert, mais par son expression verbale. Expression verbale qui est
si bien le dépôt d'une vision et d'un sentiment que là où ceux-ci ne sont
pas présents, elle s'étale à faux : l'imparfait d'Alphonse Daudet est
encore manié par un artiste profond qui sait an imer et vivre une durée
étrangère, mais celui de Zola ne donne plus guère qu'une impression
monotone et mécanique, n'est que gestes d'école d'un style qui ne
travaille plus de son fonds. Le vôtre au contraire est nécessité par l'intérieur aussi indiscutablement que celui de Flaubert: votre masse de
durée compacte, toujours imparfaite, toujours acquérante, toujours
sentie comme un présent à visage de passé, comme un temps qui se
retrouve, se renouvelle et se mire, exigeait votre abondance d'imparfaits, d'ailleurs beaucoup plus traditionnels à la première personne
qui est la vôtre, qu'à la troisième, celle de Flaubert.

RÉFLEXJONS SU!l LA Ll'lïÉRA TUllE

4.3 r

Et qu'il y ait ici invention de sentiment plus qu'invention grammaticale, le passé de la langue suffit à le prouver. Vous donnez
comme une forme principale de l'éternel imparfait de Flaubert, les
« paroles des personnages que Flaubert rapporte habituellement en
style indirect pour qu'elles se confondent avec le reste. (« L'Etat
devait s'emparer de la Bourse. Bien d'autres mesures étaient bonnes
encore. Il fallait d'abord passer le niveau sur la tête des riches ... •,
tout cela ne signifie pas que Flaubert pense et affirme cela, mais
que Frédéric, la Vatoaz ou Sénécal le disent, et que Flaubert a
r.;solu d'user le moins possible des guillemets); donc cet imparfait,
si nouveau dans la littérature. .. » Si nouveau? Même cette forme
extrême de l'imparfait narratif, qui en fait l'équivalent du discours
indirect, se rencontre au XVII· siècle. La Fontaine en a usé peutêtre plus hardiment que Flaubert :
Si quelque chat faisait du bruit,
lt cbat prmait l'argent.
JI 11ageait q111lque peu, mais il fallait dt l'aide.

et cette gamme incomparable de temps :
l' Arbre étant pris pour juge,
Ce fut bien pis encart, il serTJatt de refuge
Contre le chaud, la pluie et la fureur dis fitnts.
Pour nous seuls, il ornait les Jardins et les champs.
L'ombrage n'était point le seul bien qu'il sût faire.
Il courbait sous les fruits. Cepmdant pour salaire
Un rustre l'abattait : c'ltait là son loyn;
Q!.toique pendant tout l'a1i libéral il nous donne
Ou dts jlturs a.u printemps ou du fruit en automne,
l'ombre l'été, l'biTJtf lrs plaisirs du foyer.
Q!u ne l'lmondait-on sans prendre la cognle?
De son tempérammt zl
encor TJécu.

eat

Dans:« c'était une maison basse, avec un jardin montant jusqu'en
haut de la colline, d'où l'on découvre la mer», vous avez vu très
justement que « le présent de l'indicatif opère un redressement, met

�432

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

un furtif éclairage de plein jour qui distingue des choses qui passent
une réalité plus durable. » Au huitième vers, le passage de l'imparfait au subjonctif présent. quand la stricte grammaire demanderait
l'imparfait du subjonctif, exprime exactement la même transition
vers une réalité plus durable, la réalité annuelle d'une nature continue et généreuse, analogue à la permanence de la vue sur la mer,
au haut de la colline.
Ainsi les apparentes inventions grammaticales de Flaubert se retrouvent chez les écrivains qui l'ont précédé, et cela parce q u'clles
ne forcent jamais la langue et qu'elles ont dû être employées, lorsqu'ils en avaient l'occasion, par les maîtres qui connaissaient les
ressources de cette langue. Si pourtant elles font figure d'inventions
grammaticales, c'est que Flaubert le premier les a employées systématiquement, consciemment, pour exprimer un sentiment des choses
humaines, vues de l'intérieur, qui lui était propre, et cette invention
authentique nous paraît accompagnée d'une invention grammaticale
qui l'est moins.
Il en est de même de l'emploi du participe présent. Jusqu'à Flaubert les écrivains français, qui usent abondamment et normalement
de l'adjectif verbal et du gérondif, répugnent un peu à l'emploi du
participe présent, terme invariable et sans expression, flottant entre
le verbe et l'adjectif mais les remplaçant mal, et inadapté, mou et
gauche. Les écrivains classiques, qui vont hardiment parmi les qui
et les que, terreur de Flaubert, s'en passent facilement et le remplacent volontiers par un verbe. Mais aussi ils savent à l'occasion utiliser cette faiblesse et en faire cc que la rhétorique appelait une
beauté. Ils emploient le participe présent comme une sorte de ton
mineur, quand il s'agit d'exprimer quelque chose de faible, ou de
commençant ou de finissant. Flaubert en eût, je crois, aimé cet emploi
délicieux dans le Tllbnaque : c En même temps, j'aperçus l'enfant
Cupidon, dont les petites ailes s'agitant le faisait voler autour de sa
mère. » Suivez le crescmdo, sentez l'antithèse rythmique dans cette
phrase de La Bruyère : « Sc formant quelquefois sur le ministre ou
sur le favori, 11 parle en public de choses frivoles, du vent, de la
gelée; il se tait au contraire et fait le mystérieux sur ce qu'il sait
de plus important, et plus volontiers encore sur cc qu'il n~ sait
point. • ~ine écrit :

RÉFLEXIONS SUR U. LITTÉRATURE

4H

N'est-ce pas à 110s yeu:c un spedar/e a.ssei doux
Q_,u la t1ru11e d' Hector pltura11t à vos genoux.
Il s'agit d'une diminution, et pleura11t est dès lors bien meilleur
que qui pleure pour exprimer l'abaissement d'Andromaque. Mais
dans
Sous lts drapeaux d'un roi l&lt;mgtt111ps victorieux

Q!,1 floil Jusqu'à Cyrus rtmouter ses aïeux,
remplacez qui fJOil par floyant, tout s'amollit, tombe en quenouille.
La mollesse du participe présent se faisant sentir quand il commence et surtout quand il finit une phra~e (à moins qu'il ne s'agisse
du participe absolu, comme celui que j'emploie précisément ici),
une construction naturelle à la langue consiste à encadrer cette
valeur faible du participe, comme dans une cordée, entre deux
valeurs fortes, entre deux verbes qui le soutiennent :

N011, Princes, ce 11'est poi,it au bord dt l'u11ififfs
Que Rome fait sentir tout le poids de ses fers,

Et, de Pris inspirant les bai,us les plus fortes,
Tes plus grands ennemis, Ronu, so,it à ùs portes!

La force qu'une position bien calculée cl une anacoluthe fort
simple donnent ici au participe présent est vraiment étonnante, et
Flaubert le premier savait que, de son temps, l'âge de pareilles inventions était passé.
Or, c'est un fait que Flaubert JT1anie très gauchement les qui et
les que, qu'il le sait, et veut s'en passer le plus possible. Il déclare
qu'ils lui gâtent les maitres du XVII• siècle. C'est même une des
raisons qui lui font employer souvent l'imparfait du discours
indirect, lorsqu'il ne veut ni des guillemets du discours direct, ni
des qu, du discours indirect proprement dit. Mais surtout il est
amené à employer souvent ce participe présent qui évite les qui et
les que, et l'emploi qu'il en fait se ramène tout entier aux traitements que lui avaient fait subir nos classiques. Au commencement
d'une phrase, il a quelque chose d'inchoatif: ~ C'était un autre lien
de la chair s'établissant, et comme le sentiment continu d'une
union plus complète.» A la fin d'une phrase. il indique un fléchis-

�434

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sement, une mollesse, un déclin, une chute. « De la hauteur où ils
étaient, toute la vallée paraissait un immense lac pâle, s'évaporant
à l'air. » « La catapulte roula jusqu'au bord de la plate-forme; et,
emportée par la charge de son timon, elle tomba, fracassant les
étages inférieurs. • Au milieu d'une phrase, il est maçonné et soutenu par des valeurs fortes. « Elle entrevit, parmi les illusions de
son espoir, un état de pureté flottant au-dessus de la terre, se confondant avec le ciel, et où elle aspira d'être.»

.•.
« La conjonction et, dites-vous, n'a nullement dans Flaubert l'objet
que la grammaire lui assigne. Elle marque une pause dans une
mesure rythm ique et divise un tableau. En effet, partout où on
mettait rt, Flaubert le supprime .. . Chez Flaubert, et commence toujours une phrase secondaire et ne termine presque jamais une énumération. • Votre remarque est vraie en cc qu'elle affirme, mais me
paraît bien contestable en ce qu'elle nie. Et a en français deux
significations, dont les grammairiens se sont obstinés à ne voir
jamais que la première : une signifü:ation de liaison statique et
une signification de liaison dynamique, de mouvement. Flaubert,
comme tout écrivain, emploie l'une et l'autre. Il se sert du premier
et pour terminer une énumération, toutes les fois que l'énumération est donnée comme complète, ne l'emploie pas quand elle est
indéterminée ou incomplète, et il fait là comme tout le monde-:
« Il contenait des écuries pour trois cents éléphants, avec des magasins pour leurs caparaçons, leurs entraves et leur nourriture,
puis d'autres écuries pour quatre mille chevaux avec les provisions
d'orge et les harnachements, et des casernes pour vingt mille
soldats, avec les armures et tout le matérirl de guerre. » Mais
« Des arborescences, des monticules, des tourbillons, de vagues
animaux, se dessinaient dans leur épaisseur diaphane.» Je prends
ici deux phrases limites, qui se passent de commentaires, mais il
est bien évident que Flaubert a plus souvent à faire des énumérations évocatoires du (second genre que des 'énumérations inventaires du premier.

Qu_ant au et dynamique, ,il a pour type jle et épique, çalque du

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

435

x«1 homérique, et qui ne parait guère chez nous, je crois, avant
André Chénier ; Flaubert, qui ne tient pas à employer les formes

surannées de l'épopée, ne s'en sert presque jamais. Mais, d'une
façon générale, tt commence chez lui un membre de phrase qui
ajoute, dans un mouvement d'apparence oratoire, quelque chose de
décisif, un accroissement, un couronnement. Plus précisément le et
est une pièce constante, un peu monotone, de la phrase-type de
Flaubert, la phrase parfaite de « gueuloir li. Il s'agit de la phrase à
trois propositions de longueur variable, mais toujours équilibrées
par le nombre. « Cependant, sur l'immensité de cet avenir qu'elle
se faisait apparaitre, rien de particulier ne surgissait ; les jours
tous magnifiques se ressemblaient comme des flots ; el cela se
balançait à l'horizon, infini, harmonieux, bleuâtre et couvert de
soleil. li Certes toutes ces phrases de Flaubert sont de tour bien original; mais c'est, dans sa construction générale, la vieille phrase
oratoire française, dont Balzac a transmis le type à Bossuet, el que
Flaubert rajeunit pour le plaisir de ces « universitaires flegmatiques li auxquels, un jour de mauvaise humeur, le renvoyaient les
Goncourt.
Le et de mouvement fait panic essentielle de cette période-type.
Mais je crois bien que si on avait la patience de compter ces phrases
dans les romans de Flaubert, on en verrait le nombre décroître
régulièrement de Madame 8ofJary à Bou,,,ard. Corrigeant Salammbô
il écrit : « Je m'occup~ présentement à enlever les et trop fréquents•
el il s'agit probablement des et de sa phrase ternaire. Car Flaubert
est à la fois hanté par le nombre oratoire et en lutte perpétuelle
contre lui pour le contenir, le briser, le couper. C'est la force de cc
nombre et l'énergie de cette lutte qui font de lui, avec La Bruyère,
le maître certain de la coupe : je crois que nous sommes d'accord
là-dessus.

•••
Je vous ai dit les raisons pour lesquelles je crois beaucoup moins
que vous à l'invention grammaticale de Flaubert. Je reste un peu
étonm! devant des affirmations comm e : « Les afrris fout, les a pendant, les d11 moi11s sont toujours placés ailleurs qu'où ils l'eussent
été par quelqu'un d'autre que Flaubert. » Je ne puis pas relire tout

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

Flaubert pour discuter cela ; mais je sais bien que ctpmdant est
généralement chez lui au commencement d'une phrase, ou même
d'un alinéa, cc qui est bien sa place ordinaire. Reste que Flaubert,
comme tous les grands écrivains, a inventé son style, et qu'il s'est
mis à l'inventer tard. Mais, sauf les restrictions que me paraissent comporter les trois premiers mots, je souscris à votre
jugement: «Ces singularit~ grammaticales traduisant en effet une
vision nouvelle, que d'application flC fallait-il pas pour bien fixer
cette vision, pour la faire passer de l'inconscient dans le conscient,
pour l'incorporer enfin aux diverses parties du discours! Ce qui
étonne seulement chez un tel maître, c'est la médiocrité de sa
correspondance.»

« Il nous est impossible, continuez-vous, d'y reconnaitre avec
M. Thibaudet, les • idées d'un cerveau de premier ordre», et, cette
fois, ce n'est pas par l'article de M. Thibaudet, c'est par la correspondance de Flaubert que nous sommes déconcertés. » Voulez-vous
dire, mon cher confrère, que si vous êtes étonné de voir Flaubert
gonfler dans ses lettres des vessies vides, vous ne l'êtes pas de me
les voir prendre pour des lanternes? Je suis bien sOr que non.
Alors voilà une phrase qui dit autre chose que cc que vous vouliez
dire, et c'était précisément le cas de ma phrase sur les écrivains de
race. Pardonnons-nous réciproquement la même faute.
En tout cas, je m'en tiens, quitte à l'expliquer, à mon opinion sur
la correspondance. Il est juste que nous ne la jugions que sur ses
franches et pleines parties, sur les lettres adressées par Flaubert à
des correspondants auxquels il ouvre largement sa pensée et son
cœur. Un gros volume de l'édition Conard contient, mises à part,
les lettres à Madame Franklin-Croult ,: elles n'ont aucune espèce
d'intérêt. D'autre part. quand il croit devoir parler de politique, il
ne profère que des inepties (le mot n'est pas trop fort). Le Flaubert
d'intelligence et d'idées, c'est Flaubert parlant du cœur humain et
surtout parlant de l'art, le Flaubert de ces admirables lettres à
Louise Colet, écrites pendant qu'il composait Madanu B01Jary, si
pleines, si vibrantes, si nombreuses. La lettre sur la mort d'Alfred
le Poitevin, la réponse à Du Camp pour refuser de venir à Paris,
devront prendre place dans les uttrts choisies 8u XIX' siecle, quand
les programmes classiques inciteront les éditeurs à continuer cc

REFLEXIONS SUR LA LITrÉRATURE

437

11u'ils ont fait pour les deux siècles précédents. Le malheur est que
cette correspondance nous a été livrée mutilée de deux de ses trois
parties essentielles; la plus grande partie des lettres à Bouilhet, qui
ont été détruites par l'exécuteur testamentaire du poète, et la plus
grande partie des lettres à Du Camp, que celui-ci s'est refusé à
laisser publier, sauf celles qu'il a données dans ses Soufunirs littirairts (je crois que c'est précisément cette année 1920 que les
papiers de Du Camp doivent être communiqués au public, à moins
qu 'on ne les goncourtise. Les lettres de Flaubert s'y trouvent-elles i
A M. Léon Deffoux de nous renseigner,) Complète, ce serait une
des belles correspondances de notre littérature. M. Souday l'appelle
• la plus belle, à mon gré, depuis celle de Voltaire•· Je la trouve
tout de même inférieure à celle de Chateaubriand. Faguet, avec sa
drôle de classification des romantiques en écrivains qui ont des
idées et en écrivains qui n'en ont pas, range Flaubert dans les
derniers. Il en donne pour exemple une lettre où Flaubert découvre
dans le Cours dt philosophie positfoe de Comte, " des Californies de
grotesque». Quel que soit le génie de Comte, il est naturel qu'un
artiste comme Flaubert doive trouver au moins dans sa forme, dans
ses irrétlocab/emmt, ses spo11tanémmt et ses dignement un grotesque
infini.
Je suis obligé d'arrêter ici une lettre trop longue. J'aurais voulu
relever plus soigneusement tout cc que vous dites de perspicace,
par exemple sur l'impression du Temps que donne Flaubert, et
surtout vous suivre dans les indications discrètes que vous apportez
à la critique sur la manière dont vous vous reliez vous-même à lui
et à Gérard de Nerval. Mais j'aurai l'occasion de revenir là-dessus.
En attendant, permettez-moi de me ranger, dans une seconde lettre,
aux côtés de M. Daniel Halévy et de discuter votre appréciation,
non sur Sainte-Beuve, mais sur la question de savoir dans quelle
mesure « la fonction propre du critique, cc qui lui vaut vraiment
son nom de critique, c'est de mettre à leur rang les auteurs contemporains•· Ce sera pour le prochain mois.
Al.BEAT THIBAUOET

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

.
••
Ayant commencé à donner la forme d'une lettre à ces observations, j'étais gêné pour les encombrer d'analyses détaillées. A
titre d'exemple, je rejette en cette note, pour compléter ce que
M. Marcel Proust m'a amené plus haut à dire de la conjonction et
chez Flaubert, une étude technique de tous les et d'une page prise
dans Madam~ Bo'Oary.

« Le pré commençait à se remplir; el (1) les ménagères vous
heurtaient avec leurs grands parapluies, leurs paniers et (2) leurs
bambins. Souvent, il fallait se déranger devant une longue file de
campagnardes, servantes à bas bleus, en souliers plats, à bagues
d'argent, el(;) qui sentaient le lait, quand on passait près d'elles.
Elles marchaient en se tenant par la main, et (4) se répandaient
ainsi sur toute la longueur de la prairie, depuis la ligne des
trembles jusqu'à la tente du banquet. Mais c'était le moment de
l'examen, et (5) les cultivateurs, les uns après les autres. entraient
dans une manière d'hippodrome que formait une longue corde
portée sur des bâtons.

» Les bêtes étaient là, le nez tourné vers la ficelle, et (6) alignant
confusément leurs croupes inégales. Des porcs assoupis enfonçaient
en terre leur groin ; des veaux beuglaient; des brebis bêlaient; les
vaches, un jarret replié, étalaient leur ventre sur le gazon et, (7)
ruminant lentement, clignaient leurs paupières Jourdes, sous les
moucherons qui bourdonnaient autour d'elles. Des charretiers, les
bras nus, retenaient par le licou des étalons cabrés, qui hennissaient à pleins naseaux du côté des juments. Elles restaient paisibles, allongeant la tête et (8) la crinière pendante, tandis que
leurs poulains se reposaient à leur ombre, ou venaient les téter
quelquefois ; et, (9) sur la longue ondulation de tous ces corps
tassés, on voyait se lever au vent, comme un flot, quelque crinière
blanche, ou bien saillir des cornes aiguës, et(10) des têtes d'hommes
qui couraient. A l'écart, en dehors des lices, cent pas plus loin, il
y avait un grand taureau noir musclé. portant un cercle de fer à
la narine et (11) qui ne bougeait pas plus qu'une bêle de bronze.
Un enfant en haillons le tenait par une corde. »

RÉFLEXIONS SUR LA LJTTÊRATURE

439

(1) et de mouvement qui accompagne le peuplement même du

pré qui va se remplissant .
(2) ,t de liaison qui condense autour des ménagères cette espèce
de bloc encombrant et de masse ambulante des parapluies, des
paniers et des gosses agglutinés.
(3) tt de liaison, mais qui ajoute sa notation nouvelle par un
mouvement, un passage brusque et vivant d'une sensation visuelle
à une sensation odorante, vous jette en quelque sorte, à son tournant, celte odeur de lait qui demeure aux filles de campagne endimanchées.
(4) et (5) répétition du et de mouvement, tout pareil à (1). Il
répand dans la phrase, comme une vanne levée, le flot qui coule
continuellement dans l'imparfait.
(6) et de liaison tout pareil à (2) 1 qui ramasse en une sorte de
masse indiquée par c&lt;n,fitsément les croupes inégales des bêtes à
l'attache.

(7) et (9) une des formes de d les plus originales et les plus fréquentes chez Flaubert. C'est un et de mouvement qui, dans une
phrase descriptive assez longue, lève comme au bout d'un bras un
trait caractéristique, un détail saillant, destiné à rester comme un
point brillant dans la mémoire quand le reste se sera affaissé dans
l'ombre. Dans (7) cc détail visuel est horizontal, au niveau même
de l'œil humain, qui va naturellement à l'œil des vaches étendues
et choisit spontanément cc point pour le fixer et s'y fixer. Dans (9)
le détail est vertical, brillant, multiple, épars, une crinière, des
cornes, des têtes. Cette forme du et de mouvement employée déjà
par Chateaubriand, a été traitée par Flaubert avec une maîtrise
particulière, mais, tournée après lui en procédé, a été usée jusqu'à
la corde par ses imitateurs.
(8) et de liaison qui allie deux aspects d'une même attitude.
(10) .et qui me parait curieux. On ne l'attendrait pas, il n'y a pas
lieu du tout à conclure une énumération, puisque ce sont là des
détails dispersés et qui se renouvellent indéfiniment d'eux-mêmes.
Mais cet et, apparemment de liaison, est en réalité un et de mouvement. Il marque un passage des images statiques (cnnières et
cornes) à l'image dynamique des têtes d'hommes qui courent. 11
accompagne et exprime ce déplacement des têtes. Si Flaubert n'avait

�440

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

pas voulu introduire cc mouvement, il aurait écrit « quelques crinières blanches, des cornes aigües, des tètes d'hommes», ce qui
eüt paru d'une ironie bizarre. Mais le mouvement était déjà donné
dans la dispersion même du tableau, qui sépare par le ou /Jim les
cornes des crinières, puis par le tl, et surtout par le changement de
mode, le mouvement du repos.
(11) ,-/ de liaison analogue à (2) et à (6). Il est un des boulons
qui réunissent en une chose compacte, massive, puissante, les
membres de la phrase où est nfalisé le taureau immobile. Une fin
de paragraphe splendide, toute flaubertiennc. Peignant dans Salammbô un marché africain, Flaubert l'arrêterait sûrement là. Mais
dans cette peinture du comice agricole (et non des comices,
comme dit Flaubert, - à moins que l'uS2ge n'ait changé ?) cet
arr~t de haute plastique détonerait un peu. Flaubert Je détend
avant de le quitter, le remet d'une petite phrase dans le courant
réaliste du comice. La petite phrase finale ; Un mfant en baillo11s /1
te11aiJ par u111 corde pend à la superbe phrase du taureau comme
la corde elle-même, cc qui fait du taureau non un type à la Buffon,
mais bien une bête de ferme et de concours.
Je donne ces remarques comme des impressions et des thèmes
plutôt que comme des vérités didactiques. D'une part, ,test toujours grammaticalement un élément de liaison. D'autre part,
comme le style est un mouvement que l'on met dans les pensées,
et comporte la plupart du temps un élément dynamique, un mouvement et un progrès qui sont le cours même du style, - le
discours. La distinction paraîtra plus claire si on considère des
exemples-limites. Si M. Jourdain dit ; • Nicole, apportez-moi mon
mouchoir et mes gants », le et qu'il y a dans sa prose est bien de
liaison pure. Mais à l'extrémité dynamique, tJ pourra arriver à
signifier le contraire même de la liaison, Je mouvement qui renverse
brusquement un ordre pour lui substituer un ordre contraire.

Es/ber, disais-je, Esther dans la pou,p,, est assis,.
La mo1tid de la trrr, à son suptre ut soumist,
Et &lt;Ù jérusakm l'brrbt cache lrs murs.
Et dans ce passage de La Bruyère, quel contraste entre les tl de
liaison et le tl central de mouvement, le tl à renversement, qui, à

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

441

la barbe des grammairiens étonn~s, fait précisément le contraire
d'une liaison el rejette violemment à deux extrémités, deux tableaux
opposés! « N'y êpa,gnez rien, grande reine, employez -y tout l"or et
tout l'art des pl us excellents ouvriers ; que les Phidias et les
Zeuxis de votre siècle déploient toute leur science sur vos plafonds
et vos lambris : tracez-y de vastes et de délicieux jardins, dont
l'enchantement soit tel qu'ils ne paraissent pas faits de la main Jes
homme. : épuisez vos trésors et votre industrie sur cet ouvrage
incomparable; d après que vous y aurez mis, Z~no~ie, la dernière
main, quelqu'un de ces pâtres qui habitent les sables voisins de
Palmyre, devenu riche par les péages de vos rivières, achè!era un
jour à deniers comptants cette royale maison, pour l'embcll1r et la
rendre plus digne de lui et de sa fortune.» Cet et d'antithèse par~it
d'ailleurs aussi propre à La Bruyère que le et plastique de (7) et (9)
à Flaubert. « Ces hommes si grands, ou par leur naissance, ou par
leur faveur, ou par leurs dignités, ces têtes si fortes et si habiles,
ces femmes si jolies et si spirituelles, tous méprisent le peuple, et
ils sont peuple. » Je m'arr~te ici. J'ai voulu donner seulement l'impression de cc qui, dans le travail du style tel que Flaubert le
conçoit, relie cc travail aux directions profondes de la langue et à
l'œuvrc des maitres.
A.T.

�NOTES

NOTES

OPTIQ!JE DU LANGAGE ou SI LES MOTS SONT
DES MÉTAPHORES USÉES.
L'on sait quelle faveur singulière rencontra la théorie suivant
laquelle les mots sont des métaphores, refroidies, pour Bréal, usées,
dit Darmesteter. Plusieurs ~crivains y virent une preuve de la doctrine, qui leur tenait à cœur depuis quelque quatre-vingts ans :
cette doctrine voulait, ou veut que l'art d'écrire soit essentiellement
l'art de découvrir des métaphores, et que le véritable poète, le poètené use d'images neuves comme le mauvais écrivain de lieux communs.

•
« On a déterminé, écrit Rémy de Gourmont, l'origine du mot
ûrilln', c'est béryl/are, scintiller comme le béryl. Que ne diraient
pas les professeurs de belles-lettres, si quelque « décadent » forgeait, briller n'ayant vraiment plus qu'un sens abstrait, imeraudrr
ou toparrr ?... (r) » Oui, ri s'agit ici de justifier les décadents, comme
ailleurs les romantiques. II n'est point d'image, dira-t-on, si hardie,
que l'instinct populaire n'ait imaginé une image plus hardie encore,
et qui a réussi. Quelque professeur s'étonne que Jules Renard écrive
« clic agite ses petits bras de lézard .. ». Or la langue latine, d'une
pareille audace, appelle lézard, lacertus, le bras musculeux « parce
que le tressaillement des muscles sous la peau est comparé à un
lézard qui passe (:i) ».
1. Eathétlf,1ue de la la,,ngue fra;nçatae (Ed. Mert:11,re de Fra-nce), p. m.
2. Ibid., p. JSXl.

443

11 n'est point ainsi deux façons différentes de « faire du langage•;
mais le procédé dont use le bon écrivain est universel, ou peu s'en
faut : dans l'état actuel des langues européennes, « presque tous les
mots sont des métaphores (1) ». Que si l'on exige des détails ou
des raisons, Rémy de Gourmont nous . renvoie à Bréa_I et à Darmesteter, qui sont aussi bien, de la théorie que l'on a drte, les auteurs
responsables, l'origine, l'autorité.

•
Bréal Darmesteter nous offrent donc de longues suites de « métaphor:s populaires », et les classes même où n!partir ces métaphores, qui semblent nées par bandes :
« Accoster un passant, aborder une question, écbo11n' dans une entreprise, autant de métaphores venues de la mer ... ; opportu~, 1mPorl1m sont des images empruntées à l'idée d'une rive d'atterrissage
plus ou moins facile. Le cheval et l'équitation ont fourni un grand
nombre d'expressions figurées : un orateur s'encbeoétr, dans ses raisonnements (cbevitre =- lo11gt de lico11), il est démonté, dlsarço,mé.
Tral'!ail suppose d'abord l'image d'un cheval entravé et assujctti ... 1t
De la même sorte « un son grao,, une note aigüe, une maison lou-cbt, ont commencé par être des métaphores ... » (2)
Bien. De quelques centaines ou milliers d'observations pareilles,
l'on conclut : « La métaphore seule a pu permettre à chaque homme
de pénétrer au fond des pensées de ses semblables ; dans aucune
des langues dont nous pouvons étudier l'histoire, il n'y a de mot
abstrait qui, si l'on en connait l'étymologie, ne se résolve en mot
concret. (3) »
Je le veux ainsi, et que la cause en soit dans« le besoin que nous
portons en nous de représenter et de peindre par des images ce que
nous sentons et cc que nous pensons li (4) ; mais enfin Bréal et
Darmesteter n'oublient dans tout cela qu 'une chose: c'est de montrer
que nous avons bien à faire à des métaphores.

•
Un menuisier dit de la loi, que l'on vient de voter:« Elle a besoin
1.

n,,a.,

p. 1s1.

2. Bréal. Essai de Sdmanttque (Ed. Hachette), p. 289.
3. A. Darmesteter. La VIe du Mots (Ed. Delagra'f'e), p. 85.
'- E,sat de Sémantique, p. l!87.

�444

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

encore d'un bon coup de rabot »; un photographe: « ... de quelques
retouches ». L'un et l'autre usent par li des termes les plus simples
• qui d'abord s'offrent à eux, et leur présentent naturellement l'idée
d'un finissage à donner à quelque meuble, cliché ou loi. Loin qu'ils
cherchent la métaphore, ils l'évitent plutôt.
Mais ce rabot, cette retouche, dites-vous, font image. Sans doute,
pour vous qui n'êtes pas menuisier, ni photographe; cil s'agit simplement, ajoutez-vous, de mettre au net la loi ». Eh, c'est votre
mise au net qui va sembler au menuisier image.
La métaphore en de tels cas, loin qu'elle soit l'effet de notre« besoin de peindre ce que nous sentons,. traduit entre les interlocuteurs
un défaut d'entente; nous n'y recevons pas ce que l'on nous dit de
la façon qu'on nous le dit, mais à l'envers et sur un plan différent.
C'est notre distraction ou surprise d'un instant que nous appelons
métaphore.
Il est entre les hommes une divfrsité plus subtile que celle qui
tient au métier ou à l'habitude : différence de langue, différences,
surtout, d'aisance et de sûreté dans le maniement d'une même
langue. Par où s'élargit le champ de la fausse métaphore. Il ne
s'agit plus seulement des mots qui, « allant de soi» pour le parlant
semblent, à qui l'écoute, voulus, rechercht!s ; mais ceux-là même
que le parlant découvre, ce sera suiv:mt une direction inattendue.
Quelque enfant, ou étranger parle, de • cuillère à trous », de
« couvercle pour tête ». Q!ielle fantaisie, dit-on. C'est qu'ils ne
connaissaient pas fourchette ou cbapea1, ; ou bien ces mots leur
avaient échappé. Ils ne cherchent qu'à serrer l'objet du plus près
et à se faire entendre.
(L'image ici se produit pour nous à partir defourcbetk et dans ce
deploiement vers la c11i/J;n à quoi l'on nous oblige. La mt!me image
ne se P,-od11it pas pour eux à partir de cuillère : c'est qu'ils tendent
vers la fo"rcbettt.)
Q!ii remarque, en de tels cas, « la curieuse image », il n'y a trop
rien à lui reprocher. Mais veut-il plus loin admirer que l'enfant ou
l'étranger use de mc:taphores, il convient de l'arrêter et lui montrer
son illusion.

•
Illusion proche d'une illusion d'optique : elle tient à ce qu'il est

NOTES

445

délicat de faire le départ du parlant d'avec celui qui l'écoute, et plus
délicat encore où nous sommes précisément l'un de ces deux-là, où
nous avons pris parti. Ainsi nous p:irait-il, suivant le cas, que notre
auditeur entend ce que nous disons, ou notre parleur se figure à
lui-même ce que nous entendons, dans le même ordre et sur le même plan que nous faisons nous-mêmes. Illusion très générale, utile
peut-être, et qui tient sa bonne place dans les lieux communs de la
critique littéraire. Il n'est guère douteux que Bréal s'y laisse prendre
et Darmesteter.
Car l'image se trouve jouer pour ces deux linguistes, qui dans le
même moment considèrent ce mot actuel, abstrait : a"oster et cet
autre mot, différent, cependant le même : côte. Elle joue à la
/afJtur de cet kart, comme il arrivai) plus haut de fo11rcbttte à
cui//ëre trouée ou, pour le professeur, de mise au tilt à coup de
rabot. Le seul tort de Bréal est d'admettre que le Latin ou le
Français d'if y a quatre cents ans (et tout aussi bien celui d'aujourd'hui) usait de sa langue avec une telle science, et un tel détachement.
M. A. Meillet dont on sait qu'il est le linguiste, de nos jours, le
plus scrupuleux et le plus savant, écrit :
" Le principe essentiel des changements de sens est dans l'existence de groupements sociaux à l'intérieur du f!!ilicu où une langue
est parlée... Ces changements tiennent aux emprunts que fait ta
langue commune aux langues particulières de ces groupements.
Arrfotr signifie étymologiquement abordtr, c'est adripare et ce
sens est bien maintenu, par exemple dans le portugais arribar :
mais pour un marin, aborder c'est être au terme du voyage ; si de
la langue des marins le terme passe à la langue commune, il signifie simplement ce que signifie le français a"Ïfitr Le mot arracbtr
représente un ancien ex--radicare « tirer la racine » : dans le langage
des cultivateurs ce terme est d'usage fréquent; s'il passe à la langue
commune la notion de racine disparait et il ne reste que l'idée de
tirer un objet engagé dans quelque chose. &gt;&gt; (1)
Des explications d'ordre voisin, et relevant de la deuxième illusion
que l'on a marquée, seraient ici possibles. On ne les supposera
pas : au surplus leur possibilité seule importe, et l'existence,
l. A. :Weillet. Comme,it les mots chcmgellt de sens. Annie socfologiqiu, 1905-1906.

9

�LA NOUVl!LLE REVUE FRANÇAISE
à leur endroit, d'un biatus dans la pensée de Brhl et de Darmes-

teter.

•
L'krivaln qui inventerait, de nos jours, hwrts""6r, ce serait, sul·vant toute vraisemblance, pour des raisons absolument itrangères ,
i celles qui ont provoqué brilùr. Loin que les linguistes apportent
à la théorie de la métaphore l'appui d'une observation désintéressée,
il nous faut bien imaginer que le subtil, l'incorruptible Brhl s'est
laissé séduire ici à une mode d'idées (et, certes, je la veux appeler
aussi bien doctrine, et très digne de respect, mais enfin c'est pour
son caractère de mode que nous avons à faire à elle), au point
d'affirmer beaucoup plus qu'il n'avait observé, et· s'abandonner t
une illusion assez grossière.

.

JUIi PAULHAII

.•

DE Q!JELQ!JES ANTHOLOGIES.
LES PLUS JOUES ROSES DE L'ANTHOLOGIE GRECQUE, cueillies par Gtsl!rul Soultsg,s (Crès et C1•). - LES DIONYSIAQUES de
Nn#os. Fragments traduits par Mario Meunier. - ANTHOLOÇIE
PŒTIQLIE FRANÇAISE (XVIII• Sl~CLE), par Mallriu A/1(Gamier frères). - ANTHOLOGIE DE LA LITTÉRATURE ROUMA!N2, tûs Oritirus tsu XX• sikü, par N.Jortts et Sqti,,,, Go,-uüt
(l)elagrave). - ANTHOLOGIE TRADUITE OU NÉO-GREC de
SOTIRIS SKIPIS, par Pb. ublsg,u et A. Ctsmpo,, {Figuière).
Le choix d'épigrammes de !'Anthologie traduite par M. Gabriel
Soulages est de ces ouvrages auxquels on souhaite un grand succès
de librairie. Les innombrables lectrices des Cbturso,u tû Bilitis et
celles - plus nombreuses encore, hélas! - de Toi Il Moi devraient
atre aguichées par l'adroite présentation de ces délicates et immortelles merveilles. « Œil'4uùs, P1JS facû, Q!ulü blur, nt.-ü do,,e,
Plrilln,s1 bydrolbJrapù •• tels sont quelques-uns des titres dus à la
fantaisie du traducteur, fantaisie qui sait garder un go0t ·fin et juste
dans l'emploi d'expressions d'allure contemporaine. On sent fort biea

NOTES

447

que M. Soulages a voulu éviter jusqu'à l'apparence d'un appareil
savant, et que son principal souci fut de conquérir un public nouveau à des chefs-d'œuvres de poésiê que trop de personnes ne
connaissent que par oui-dire ou par de sèches et froides adaptations
scolaires. La mame préoccupation a guidé son choix. Il n'a eu garde
de négliger les charmants tableaux de mœurs d'Asclépiade, mais il
a fait une place très large à Paul le Silentiaire, au précieux Philodème, à l'ardent Rufin, enfin au tendre Méléagre qui composa le
premier de ces bouqud,s poétiques auquel il s'excuse presque en sa
pnface d'avoir mêlé « les_violettes matinales de sa propre muse ».
De ces bouquets, la traduction de M. Soulages, toujours élégante
et parfois un peu maniérée, dégage le voluptueux parfum. Par endroits, quelques tournures du genre « poème en prose », quelques
phrases un peu romancées font regretter le trait vif et net de la
phrase grecque.
M. Gabriel Soulages n'a pas craint d'entrer en rivalité avecSainteBeuve, qui, dans son article sjr Mélûgre (Portraits contnnpor.;,,,

T. Ill), a traduit un certain nombre d'épigrammes avec un sentiment
exquis de cette poésie. L'avantage ne reste pas toujours à •SainteBeuve : « Déjà la blanche violette ~curit, et fleurit le narcisse ami
des pluies, et les lis fleurissent sur les montagnes ; mais la plus
aimable de toutes, la fleur la plus éclose entre les fleurs, Zénophile,
est comme la rose qui exhale le charme••.: • A cette période un peu
languissante, M. Soulages a substitué ceci : « ... Mais, incomparable
fleur, rose du jardin de Vénus, Z""'J,biü, elü '"'5SJ, f/Urll j1ISU tl,
s ' ~... • qui rend à merveille le mouvement de l'original.
Mais, ailleurs, il rencontre moins heureusement. Aussi est-ce dans
la version de Sainte-Beuve qu'on aime reliri;_le beau poème funèbre
à Heliodora : « Je t'offre mes 'larmes là-bas jusqu'à travers la terre,
Heliodora, je te les offre comme reliques de tendresse jusque dans
les enfers, des larmes cruelles à pleurer! 'et sur ta tombe amèrement baignée je verse en libation le souvenir de nos amours ; car
tu m'es chère jusque parmi les morts ; et moi, Méléagre, je m'krfe
pitoyablement vers toi, stérile hommage dans !'Achéron ! Hél_as 1
Hélas I où est ma tige si regrettable? Pluton me l'a enlevée, il me
l'a enlevée et la poussière a souillé la fleur dans son éclat. Mais je
te supplie à genoux, 6 Terre, notre nourrice à tous, d'enchainer

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

dans ton sein, ô mère, d'enchaîner doucement cette morte tant
pleurée•·
Pourquoi M. Soulages n'a-t-il pas cru devoir s'approprier la « lige
si regrettable» et le« stérile hommage dans l'Achbon », expressions
fortes et concises, exemples de ce raccourci d'idées qui est le fruit
du génie poétique.
M. Gabriel Soulages eût été bien inspiré de faire auprès de ses
propres traductions une place à celles de ses devanciers qui sont
justement citées commes des modèles. Voltaire, entre autres, choisissant dans l'anthologie ce qui répondait à l'idée qu'il se faisait de
l'épigramme, a fait passer dans le vers français la grâce du poème
grec, avec tout l'esprit de Voltaire. « Je le donne à Vénus ... ,. dit
une courtisane mûre en consacrant son miroir à la déesse:
Je lt domu à. Vénus, puisqu'elle est toujours belle:
Il redouble trop 'MS ennuis.
Je ne sa11rais 1ne 'Doir en ce miroir fidi/11
Ni telle qut j'étais, m ttlle q,u je mis.

Il est, à toutes les époques, des esprits que ce genre de beautés
ne touche point, ou qui affectent de les tenir pour méprisables. Ce
sont eux que l'on voit piquer dans le sublime, tête la première, et
qui ne remontent plus jamais à la lumière du jour.

•• •
M. Maurice Allem est trop averti pour épouser la querelle de
ceux qui prétendent bannir de la poésie, tour à tour, l'éloquence,
ou l'esprit, ou l'émotion personnelle, ou la précision, ou bien le
mystère. Il a fort bien marqué dans l'introduction à son Afftho•
logu poétique du XV/11• siùu fra"f4Î.s le caractère mûllectzul de la
poésie en cet âge d'or de l'esprit français, qui serait aussi, s'il faut
en croire M. Allem, « le moins riche en poésie de toute notre histoire
littbaire. 11 C'est l'opinion généralement reçue. Elle n'est pas aussi
solidement établie qu'on veut bien le laisser croire. Il est plus vrai
de dire qu'il n'y a guère, dans la poésie du XVIII• siècle, de trace de
romantssme. Mlme dans les « fureurs ,. réglées d'un J.-8. Rousseau
u d'un Lebrun-Pindare, jamais la raison raisonna.nie n'abdique ses

NOTES

449

droits. Cc que nous reprochons aux poètes de ce temps et m~me
aux plus grands d'èntre eux, à savoir de ne jamais e"primer de
« sensations 11, de ne jamais faire passer dans les vers les frémissements et les mouvements de la chair et de « l'âme i&gt;1 est justement
cc dont, après le pittoresque physique, ils se souciaient Je
moins.
Q!le cc fût en prose ou bien en vers, une seule chose leur importait, c'était de donner une forme nette, brillante et solide à la pens.!e,
à l'idée. A celle-ci on demandait, à tout le moins, d'Etre ingénieuse,
d'offrir même « un sens élevé, nouvea.u 1 vi!ritable », comme disait
Houdart de la Mothe, pour qui M. Maurice Allem se défend mal
d'une certaine sympathie, que je n'éprouve moi-m~me aucun
embarras à partager. Dilt M. Paul Souday, si par mégarde il
jetait les yeux sur ces modestes essais, en concevoir de l'aigreur, je crois qu'on chercherait vainement, dans les poèmes
« philosophiques• de Victor Hugo, des pensées aussi justes, aussi
fortement exprimées, sans grandiloquence et sans panache, mais
avec une étonnante propriété de termes et une simplicité noble, que
dans ces vers où, bien avant Sully-Prud'homme, Houdart de la
Mothe avait tenté d'exprimer l'angoisse métaphysique

.

Impatimt de tout co1111aîlre
Et se flattant d'y paroenir,
L'esprit fJtut pbtltrer son itrr,
Son principe et son a.fJmir;
Sans cesse il s'etforce, il s'anime;
Pour sonder ce prof&lt;&gt;nd abîme
li epuise tout son pou1Joir;
C'rst fJainrment qu'il s'inq_utèle
Il smt qu'u,u foret secrète
lui difmd d, se C011UfJoir.
Mais cet obskule qui nous trouble,

lui-méme ne peut nous gulrir;
Plus la nuit jalouse rtdouble,
Plus nos yeux tâchent de s'ouwir.
D·1111e ip1oranu curieuu
Noire âme, ëSC/a'Oe ambitieuse

�4r;o

LA . "OU VEI.LE REVUE FRANÇAISE

Cbtrcbe m w r, a s, pJ11ilrer.
Vaincu, elle 1ze pwt se rmdr1
Et nt saurait 11i se comprmdrt
Ni CQ11smlir à s'ignortr.
C'est dans cette même ode, si remarquable à tant d'égards, que
le poète invoque la volupté. « Que l'ambition de connaitre, s'écriet-il, cède à la douceur du plaisir ». La merveille du XVIII• siècle
est d'.ivoir su concilier l'une et l'autre, d'avoir &amp;it de la science un
plaisir de bonne compagnie, et d'avoir porté au plus haut point
l'appétit du plaisir et celui de la connaissance. «Volupté, volupté ... »
chantait La Fontaine. La Mothe est plus méthodique :

Parmi nous 11e t'ts-tu mo11trée
Q_iu po11r t'y faire a,iml1' m vaiti?
Il n'tst j&gt;oi11J de vœux qui t'atJirmJ;
T1, souffrt~ qu, nos cœurs ,xpîrmt,
Lentes victimes de l'ennui...
J'ai souligné ce dernier vers. J'ai la faiblesse qu'on voudra bien
excuser d'être sensible a son charme modéré ... Et les de'iX premiers
me font penser à l'appel éperdu de Baudelaire : « Volupté, Fantôme élastique ... »
Le choix de M. Maurice Allem est partout guidé par un goût très
délié auquel s'ajuste le souci de mettre au jour tout cc qui, dans
ce siècle trop peu «poétique» à son gré - et trop civilisé peut-être
aussi, car la poésie ne va pas sans quelque barbarie - offre un
tant soit peu de «lyrisme».
On ne saurait lui reprocher aucune om1ss1on grave. Au contraire, il lui faut savoir gré d'avoir négligé des pièces qui encombrent les recueils de « morceaux choisis ii, au profit de ~elles qui
sont vraiment caractéristiques. Le choix que M. Allcm a fait dans
l'œuvrc de Delille est celui d'un homme qui goûte la poésie pour
elle-même et qui sait la découvrir -partout où elle est.

M. Mario Meunier, à q_ui l'on doit une bonne traduction du

NOTES

451

Banq:iet, a entrepris de traduire les DionysiiZfJ.ues, de Nonnus. Il
s'est attaché ~ garder au poème son caractère de somptuosité ornée.
li ne pouvait éviter les défauts de son auteur, qui sont un peu ceux
de notre BréQeuf, la redondance, la profusion oratoire. Mais il
a su rendre le beau mouvement de la déploration funèbre du
chant XI et les gracieuses images de l'histoire de Calarnus.
Les remarques que M. Mario Meunier a mises en guise de
préface . aux fragments qu'il a traduits font vivement désirer
qu'il s'avise de joindre à la version complëte du poème ;llégorique de Nonnus, un commentaire de la doctrine mystique du
poète alexandrin.

•
••

M. Philéas Lebesgue a traduit, avec le concours de M. André
Cast.agnou, et publié sous le titre d'Antbologil, un choix d'œuvres
du poète néo-grec Sotiris Skipis. C'est dans le troisième livre de la
Harpe Eolienne que se rencontrent, à mon avis, les poèmes les
plus remarquables. Il est aisé de constater l'influence qu'ont exercée
nos poètes contemporains, et particulièrement Jean Moréas, sur
l'auteur de ces stances :

0 Paris! dans l'un de tes parcs, auprè5 d'unt belle fontaine,
je 'llit11dra1. wmmt a11trifois.

réver, et, parmi le silmce, /ouvrirai
un flitt1x

V"/aint.

Q.ue de fois, triste poèU, tu modelas
ton dialogue myst,qzu,
assis seul, avec ta douleur,
sur ce banc.
De&lt;can-t moi passeront, avec les feuilles morks
des 111arr01111iers1
les rrreurs de ma jeu,ussr surgissant 11n, li une
d11 /0t1d de mon passé.

•
••
MM. N. Jarga et Septime Garceix n'ont pas été bien inspirés
lorsqu'ils se déterminèrent à. traduire en vers français les œuvres
des poètes roumains. Pour l'honneur de ces derniers, nous voulons

�45 2

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

croire qu'ils ont été desservis et que, par exemple, Mihiel Eminesco
n'est pas le médiocre «parolier» pour valses lentes que les traducteurs nous révèlent :

Amis lorsque, au fond dt 110/n âme,
l'Amour s'est éttmt dat1s la mût,
La pur, tt tner1Jeil/eus1 flamme
EtlCQr doucmunt t1ot1s poursuit ...
Tout, -ou à peu près tout, dans cette Anthologie est de la même
veine.

. •.

LA DÉFENSE DE TARTUFE, extases, remords, visions, prières, poèmes et méditations d'un Juif converti,
par Max Jacob (Société littéraire de France).
M. Max Jacob renouvelle le genre du poème macaronique, avec
infiniment d'esprit et les plus beaux dons de poète. Cc qui fait la
différence de cet art raffiné, subtil et désespéré, à la froide mécanique verbale de ses médiocres imitatcu rs, est que Pirlout le
poète laisse deviner qu'il pourrait davantage, s'il ne préférait à
tout autre plaisir littéraire, celui de dominer le sujet qu'il traite, et
de paraître supérieur à cc qu'il fait. La grande poésie n'a pas de
secrets pour M. Max Jacob, mais lui, pour décourager les admirations qu'il juge indésirables ou compromettantes, y mêle des
propos de café, des phrases de roman-feuilleton, et des morceaux de
cantiques pour le mois de Marie. Il recueille ainsi l'adhésion de
tous ceux qui ne lui pardonneraient pas d'être sublime et profond,
s'il n'était« fantaisiste». Car la fantaisie, pour certains esprits, de
même que pour les chefs d'orphéons sous-prUcctoraux, c'est, en
toute chose, le pot-pourri. Il a plu jusqu'à ce jour à M. Max Jacob
d'être loué pour cc qu'il y a de factice dans sa poésie. C'est que,
moins modeste en réalité qu'il voudrait le paraître, il compte bien
être admiré plus tard pour cc qui est en clic de meilleur. L'exemple
d'Apollinaire, dont la Musc eut beaucoup d'obligations à celle de
M. Max Jacob, est là pour montrer que le calcul n'est pas plus

NOTES

45l

mauvais qu'un autre. Mais pourquoi faut-il qu'il y ait un calcul?
Voici un petit poème qui laisse paraitre l'ingéniosité de M. Mu
Jacob et les charmes de sa cornemuse lyrique :

Mois6 enfant, da11s cette po,w,îrt,
- C',st une tour afltc toit de do11jo11, Pmsait à Dieu et faisait sa pr,nt,
Ne sachant pas got1fl""" da11s les jot1es.
L'enfant jlsus, la paille est sou 11uage ,·
C'est hitn plus chaud et c'est bim plus joli:
Il a la paille tt n'a pas de logis. •
Moïse mfant, U11caii011 des magts,
Maille à partir afJecque la magie,
L'autre petit, quand sa maison flOJagt,
A pour maiso11 11 ci1J de l'/talit.
Httssards hongrou, sous fJOS noirs pardessus,
Q.ui trombonie{ dans ma co,irbe go11dole,
Trombone{ tous à la gloire de jtsus !
Q.ue vos plumets lui soient u,re a11r;o11.
On reconnait l'agrément de l'ancienne imagerie religieuse d'Épinal. Des morceaux de prose, comme l'Examm s11r la ,barili, q~I
sont d'une force et d'une sûreté admirables et d'une éloquence sobre
ou d'une couleur très délicate, comme le début de jésus aparst la
ttnrpllt, ne sont pas moins remarquables.

LE CONTE D HIVER AU VIEUX COLOMBIER.
Le Vieux-Colombier a rouvert ses portes. Cc ne sont plus les
théories qui comptent, mais les actes. Son but - et son seul butest, on le sait, de servir les œuvres qu'il monte. Aussi parleronsnous d'abord, parlerons-nous surtout et peut-être uniquement, du
drame lui-même. Si le Co11tt d'Hi1Jtr a gardé tout son sens et toute
sa force, toute sa fantaisie et toute sa couleur, toutes ses qualités
et même ses quelques défauts, aucune objection ne tiendra devant

�◄ 54

LA NOUVEi.LE REVUE FRANÇAISE

l'évidence : Les moyens employés ici étaient les bons (sinon les
setils imaginables) et voici les principes du m~me coup justifiés.
Léontès, roi de Sicile, a depuis quelque temps chez lui le roi de
Bohême, Polixénès. Ils sont amis depuis l'enfance. Jamab une
ombre ne s'est levée entre eux et non plus entre Léontès et sa
noble dame Hermione; leur fils Mamilius grandit doucement dans
la joie; un autre enfant est attendu. Au moment de quitt ~r la cour
de Sicile, Polixénes se voit retenu par l'insistance des ses hôtes.
Du moins, si Léontès échoue, Hermione, plus habile en ces sortes
de choses, finit par obtenir du roi de Bohême la promesse de
demeurer. Résiste-t-on a une femme si bien disante et à son sounre
enchanteur? Ce n'~t certes pas la première fois qu 'elle parle ainsi
à «Bohême», et jamais Léontès, à ee qu'il semble, n'en prit ombrage. Mais ce grand gaillard roué, "'Sicile», est un sensuel, un
violent, un sanguin, à la merci de sa colère, le jour où le démon
voudra souffler le doute en lui. Un serrement de mains, une parole
trop tendre perçus avec plus d'acuité que d'ordinaire, vont pénétrer
son tràne épais, déchainant soudain un monde d'images qui ne
seront que le grossissement de ce que Léontès a réellement vu et comme il a vu les mains se serrer. ainsi voit-il les deux bouches
s'unir et la consommation de J'adultère. En train de jouer avec son
fils, il envoie, d'un grand coup de pied, promener les jouets de
l'enfant et se redresse de toute sa taille; le démon furieux de la
jalousie nage dans son gros sang : il est hanté. - Jamais le mouvement d'une passion irrésistible ne s'inscrivit si visiblement
devant nous. Oui, voilà du Shakespeare (et du grand Shakespeare)
en vie: Léontès est sorti du livre, et il a retrouvé son corps. A ce
moment il occupe toute l'a.vant-scène et les raisons innocentes de
sa folie, Polixénès et la reine Hermione, ne sont que deux ombres
lointaines qui se découpent sur le mur. - Or, le seigneur Camillo,
fidèle serviteur du roi, s'avance. Chez un homme comme Léontès,
l'acte marche sur les talons de la pensée; il faut que, dans l'instant,
le seigneur Camillo l'approuve, partage son erreur, le venge. si ce
n'est sur la reine, tout au moins sur II Bohême», et à celui-ci verse
Je poison. Mais, en face de ce~ Bohème», qui a le visage même de
la droiture, Camillo ne peut se tenir de révéler le projet de son
maître; l'ombre de la crainte est sur oux : ils s'enfuieront. - Ri~n

NOTES

.

.

dans ce premier acte que d'essentiel ; mais on y découvre déjà le
mécanisme dramatique propre à Shakespeare : continuité, simultanéité. Ses personnages ne s'expriment pas à tour de rôle, mais
en emhle, pour ainsi dire sans interruption. Ici, l'enfant qui joue,
là, Je père qui se dévore, plus loin, Hermione et son hôte qui
déclenchent le drame à leur insu. Tous ne sont pas au même plan,
ou présentés toujours dans la même lumière; mais tous demeurent
et agissent en notre présence: le dramaturge les manie comme le
. peintre les valeurs. Tandis que la parole est tout, ou à peu près
tout. chez Racine; ici, le geste est de moitié avec elle dans l':iction.
l:I composition logique et déductive, chère à nos classiques français. le cède à une composition harmonique, que sans doute ils
n'ont pas ignorée toujours, mais qu'ils considéraient comme accessoire, malgré les leçons du théàtre grec; seul Molière, dan~ ses
pièces les moins guindées, en usa délibérément. Si le metteur en
scène tient à ne pas trahir l'auttur, il devra, dans le cas présent,
dessiner devant nous le drame, doubler et renforcer Je texte par
une arabesque expressive d'attitudes et de mouvements. Je donnerai
un exemple de ce dessin : la descente au jardin de Polyxénès et
· d'Hermione, quand ils traversent le proscénium, sous l'œil jaloux
de Léontès qui s'est retiré tout au fond: le bond de celui-ci sur eux,
quand ils viennent de disparaître. Quelques manœuvres de ce
genre - de cette qualité - et nous flOJlons. Tout cela, sans doute.
était dans Je texte ; mais il fallait le découvrir.
Le second acte s'ouvre sur une de ces scènes familières, non
essentielles à l'action, mais parfaitement propres à la préparer, à la
mùrir et à l'épanouir, que l'économie un peu janséniste de l'art 1
français du XVII• siècle, à l'encontre des Grecs encore, excluait
volontairement de la tragédie. La reine est au lit, ses femmes travail lent; le jeune prince devise et plaisante avec elles, puis va raconter
à sa mère une histoire de revenants: c'est le thème - tant de fois
repris par Maeterlinck- du bonheur qui continue de régner dans une
maison, tandis que les nuages s'amoncellent. Mais la peinture est si
légère, si juste, si classique dans sa discrétion, que l'action n'en est pas
un instant ralentie. - Lèontès rentre en scène comme un furieux,
rapportant la nouvel le de la fuite des deux c complices». C'est l'aveu;
plus de doute; on en voulait à sa couronne et à sa vie. Il arrache son

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAJSE

fils à la pauvre reine Hermione ; il l'accuse, l'insulte et la jette en
prison. La reine n'a pas le don des larmes; elle ne peut que protester, que chanter de sa voix très douce «l'affliction d'honneur qui
la point» . Nous avons devant nous une chrétienne dont Je malheur
fait une sainte; c'est à son tour de remplir le tableau et de balancer l'injustice par le poids des vertus qu 'elle va montrer. En
vain les seigneurs supplieront leur maître et en particulier, dans
une admirable invective. l'honnête Antigonus: Léontès n'en démordra pas. S'il n'a pas vu de ses yeux, il smt, il sait, il croit. Pour
plus de sûreté, il a envoyé deux messagers à Delphes interroger
l'oracle; mais que peut bien faire Apollon contre son démon
déchaîné? Pure formalité ; Léontès n'a ni Dieu ni loi : il n'a que
passion au ca:ur. - Voici déjà, peut-on dire, trois çaractères :
Léontès et Hermione, au second plan Antigonus; Je dramaturge,
maintenant, va « faire sortir» Paulina, la femme de ce dernier.
Aussi timide en son loyal courage est le mari, autant la femme a
d'entrain, d'esprit de répartie, d'indépendance, de bec et d'ongles.
Elle se présente au geolier, obtient une entrevue avec une des suivantes de la reine, et rapporte le petit enfant qui vient de naître,
dans l'espoir d'attendrir le cœur insensible du roi. Celui-ci est couché i on fait autour de lui silence; il ne peut trouver de repos; il se '
tourne et retourne ; il tourne et retourne en sa tête ses projets de
vengeance. Polixénès est hors d'atteinte, mais la reine paiera pour
deux; savoir qu 'elle ne vit plus sera déjà un· grand soulagement
pour la pensée du roi malade. « Supprimons la cause du mal, et
plus de mal.» Raisonnement humain et pitoyable. Rien, jamais, ne
pourra guérir ce tourment; le mal est fait. Déjà nous apprenons
que le jeune prince Mamilius est tombé dans une pernicieuse tristesse; nous l'avons assez vu pour nous intéresser à lui; ainsi,
même derrière la scene, le drame continue. - Survient Paulina
qui force la porte, terrorise les seigneurs et en particulier son mari,
présente le nouveau-né à Léontès, est repoussée, revient au roi,
insiste, lui jette à la face ses vérités ; se fait entendre, mais non
croire, et sort laissant là le marmot. - Scène vulgaire, mais admirable, par le poids de sa vérité. Nous sommes loin de ce réalisme
voulu qu i désenchante l'art et qui déforme la nature. La force d'une
belle situation bien simple, traitée sans détours et à fond . soutient

NOTES

457

le ton, du comique au tragique, avec une prestigieuse sûreté. On
peut tout montrer dans le drame - et les Grecs ne s'en privaient
pas - si c'~st avec décence : « ut decet » comme il convient ; il est
nombre de cas, dans le théàtre anglais, où la brutalité est convenance. - La scène et l'acte se terminent sur la belle supplication
d'Aotigonus ; le roi, y cédant à demi, consent à épargner le nouveau-né ; celui-ci sera, comme Œdipe, exposé sur une montagne ou
sur un rivage étranger. Le pauvre petit ne gagnerait rien à cette
dérisoire atténuation de sa peine, si Apollon, ou plus exactement la
Providence, ne veilla it et n'avait sur lui ses desseins. Notons-le
bien. Ce n'est pas Léontès qui tient le premier rôle, dans le C&amp;11te
d.'Hifltr : c'est Apollon - la Providence. Voie, précisément les
messagers de retour de Delphes : le roi, qur craint la ;;,,iu, convoque en hàte la cour de justice. On sent qu 'il veut juger avant le
dieu, et qu 'il n'acceptera l'oracle que s'il est conforme à son jugement.
Troisième acte. Une courte scène, ironique, entre les messagers
- et voici la cour de justice. Le roi veut respecter les formes :
mais c'est évidemment hypocrisie ; il s'agit bien d'une justice sommaire et, du haut de son trône, c'est lui qui trancherà. Qyand on
a lu l'acte d'accusation, en vain se défend Hermione. Le roi a
décidé. Rien n'est plus émouvant que cette défense; la reine n'a
pour elle que le sentiment de son innocence et ce ton de sincérité
qui gagne tous les camrs, hormis celui de Léontès. Pauvre femme
éperdue, séparée de ses deux enlants, elle craint moins la mort que
la perte de son honneur et jette à Dieu sa supréme prière : l'oracle
doit parler avant le roi. Qu 'il parle donc! • Hermione est chaste,
Polixénès sans reproche, Camillo un fidèle sujet, Léontès un tyran
jaloux .. . Le roi vivra sans héritier si ce qut est perdu ne se
retrouve. ,. C'est la reine justifiée et la mort du prince héritier
prédite. Le roi n'accepte pas cette justification : a Il n'y a pas la
moindre vérité dans cet oracle!,. Droit comme un chêne, il tiendra
tête au ciel. Le ciel confond instantanément s.i superbe : un serv ,_
teur accourt : « Le prince Mamilius est mort. » Le coup de hache
au pied de l'arbre. Dieu a le dernier mot et le roi Léontès se rend.
- Hélas ! à la nouvelle de la mort de son fils, la reine s'est évanouie ; la. reine aussi est morte. L'invective à la bouche, la bonne ,

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

chr~

dame Paulina s',Uance sur le roi. Il n'y a plus de roi ici : un
tin et un pâaitent Paulina, qui Je maudissait, le console. (hielle
puissance I quelle grandeur 1
Shakespeare n'a rien conçu ni râlisé dti plus vute ; il atteint. il
cWpuse Œdipe, car Uontès est responsable et a tramé délibé~ment
son malheur... - (hi'on ne croie pu que, saisi par le drame ml!me,
faie perdu de vue un instant l'interpr&amp;tion que le Vieux Colombier nous en donne; clans ses plus hauts moments, la mise en scène
fait corps avec le drame au point de n'en pouvoir plus !tre distinguH ; nous voyons de nos yeux le cb!ne et la hache tombant sur
• lui : le roi au faite de son tr6ne, l'&amp;roulement de son orgueilleuse
folie ; mais nous ne savons d.Sjt plus par quel moyen Copeau nous
/ la fait voir. Une aire nue, un entassement de cubes, deux personnages - et le Dieu est praeqt. - On pourrait nt§gliger la courte
làne anecdotique qÛI montre Antigonus, ayant abandonntS le nouvea~ sur le rivage de Bobame, poursuivi par un ours qui le
croquera, et aussi la 1Cène finale où un berger indigène ramasse
1 l'enfant Elles n'ont pu d'autre but qÜe d'amqrcer l'acte suivant ;
elles_sentent déjà l'intermède, la fœrie, Je divertiuement. Maisarriwns l ce quatrième acte.

I

C'est l Shakespeare, ce n'est pas à Copeau, que s'adressent ici
DPI objecti~s. Est-il de saine konomie dramatique, aprb trois actes
· surtendus, quand l'action uriv~ à son farte doit marcher vers le
cWaouement, de proposer au spectateur une si longue halte dans la
fantaisie. Shakespeare sait parfaitement oil IJ va ;· Il veut donner
l'impression du temps - quinze ou seize ans - qui stSpare le troitiàne acte du cinquième. Mais puisqu'il a mobilistS le Temps luimfme, qui faisant office de cbœur, nous présente en Boh!me le
prince Florizel et la jeune bergère Perdita, il eQt pu par la ma.ne
voix nous mettre au courant des évènements qui remplissent Je
CJUatrième acte, ou tout au moins, les abrqrer. li sait qu'une action
nouvelle ne peut désormais que nous d&amp;evoir et que nous ne parviendrons pas à nous Intéresser passionnément aux amours des deua
~nes gens, tandis que Léontès expie ses fautes en Sicile. - Non,
sa pièce est d'esprit chrétien, elle comporte rédemption et mur~
tion; elle ne peut •'achever que dans la joie; il importait de 00115
montrer l'amour vai~queur : de là cette charmante idylle. Pour

.f'9
DOUS la rendre supportable, il y vena tous les trnors de

son in6-

puiable po&amp;ie, il y ~la des 'Chants, des danses et ayant sous la
main sans doute quelque clown excentrique, Il créa pour notre joie,
le personnage parasite, tout l fait inutile, tout à fait gratuit, du
truand, th•laine et colporteur Autolycus. ReprtSsentons-oous bien
qla'tl ne consid.Srait pas l'œuvre dramatique comme un c.omposition

livresque, ind.Spendante de la scène et de ses moyens ; il ~
toutes ses pièces avec les acteurs dont Il disposait ; Autolycus 11
trvuvant là, il s'emparait d'Autolycus. En soi et prfs l part. comme
une putoraie beroi-c:omique, cet acte de c la tonte des moutons •
est une merveille; mais une merveille de poésie et' de fantaisie, non
de drame. En dépit ·d'une mise en scène étonnamment vivante et
color~, en dépit du couple adorable des jeunes gens amoureux, ea
clépit d'un Autolycus qui vaut certainement le mystérieux c fantaisiste• pour lequel Shakespeare krivit le r61e -c'est Jouvet- oq a le
sentiment que Je drame n'avance plus ; et on craindrait qu'il H
..'arrftit court, si on ne l'avait déjà lu. Nous avons c:bangtS de p!Q
et de genre, de poésie et mime de comique. Peut~re Je grand dramatu.rge si drcompect et rai'$onnabte dam les trois premiers act.
de son COIIU a-t-41 un J&gt;tU perdu le commandement de ses penSftS;
il est si doux, quand on a du pnie, d'oublier un peu la raison et
de laisser l'esprit souffler. On trouve usez so11vent exemple de ces
moment., d'abandon dans Sbakespeare. Q»i sait ? nous entendrions
Perdita chanter ses amours en anglais, que nous ne songerions peu,tetre plus à UonUJs? Mals patientons I voici que les amants s-'emllatquent, poursuivis par Polix~ qui fait obs1ade l leur lllgitime
union : voici Poliûnès lui-même rejoint par le vieux berger qui
ramassa l'enfant Perdita sur le rivage et qui tient les. pièces d'identité... Tout ce monde, plus Camillo, le fils du berger et Autolycus.
va nous ramener en Sicile.
Le dernier acte est magistral. Il donne sur un point raison l
Shakespeare, quant à la gratuité du pncédent, laquelle n'est peut«re après tout qu'un peu insistante. Si nous ne sortions pas dé
cette fHrie bucolique, la vision S.Svère du vieux roi Uontès en
deuil, amaigri par quinze ans de jeûne, ne nous frapperait pas si
douloureusement. Comme Rembrandt, Shal&lt;espeare a l'art inné des
oppositions, qu'il ne (a11t pas confondre avec le procMé de l'inti0

�46o

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

thèse. - Donc, le roi de Sicile qui a « mené le repentir d'un sainh
refuse encore de se pardonner à lui-même. Son entourage veut le
remarier. La sage Paulina l'en dissuade, à moins qu'il ne trouve une
femme qui soit le portrait vivant d'Hermione. « De telles épouses,
il n'en est plus, donc plus d'épouses! » Il mènera la pénitence jusqu'au bout. C'est là qu'apparaissent les deux enfants, tels que se
tiendraient devant lui son fils mort, sa fillct perdue. Avec quelle joie
il accueille le fils de son ami Bohême ! Ce fils ment agréablement
en présentant la jeune fille comme sa femme et soudain se voit
démentir : son père a fait prier le roi de l'arrêter. Léontès entend
le jeune homme et promet de plaider sa cause, si du moins « son
honneur n'a point été mis en déroute par ses désirs ». Il marche à
la rencontre de Bohême. De cette rencontre émouvante, de la reconnaissance qui s'ensuit (Perdita est la fille de Léontès et d'Hermione)
un gentilhomme nous donne le récit ; nous retrouvons aussi le
berger et son fils devenus gens de qualité en conversation avec
Autolycus ; c'est un intermède. Une plus grande merveille nous
attend. Pauline conduira Léontès et ses visiteurs dans sa galerie
d'objets précieux et leur fera contempler la statue peinte que Giulio
Romano vient d'achever à la ressemblance de la feue reine. Le
rideau s'entr'ouvre : Hermione est là. Comment Léontès l'admire,
la chante, comment Perdita la salue, cela ne saurait être dit : il
faut entendre le poète. Comment elle s'éveille à l'invite de Paulina.
s'avance, tend la mam, pardonne, comment elle étreint son époux,
bénit sa fille et Florizel son nouveau fils, Madame Albane nous le
montre - et ce miracle fantaisiste est littéralement bouleversant.
Hermione a retrouvé son roi, Paulina « vieille tourterelle » épousera le loyal Camillo. Et nous ne saurons pas pourquoi ta reine
attendit quinze années avant de rendre son amour et sa personne
au roi. Non, on ne nous le dira pas. - Mais quand ces personnages
réellement vivants se retirent, il n'est pas un spectateur qui n'entende, au fond de soi, les paroles qu'ils échangent derrière le théâtre.
Ce sont des paroles chrétiennes. « N'oubliez pas, dit-elle à Léontès,
que nous avons fait deux victimes, notre cher petit prince et le
fidèle Antigonus, vous par votre fureur jalouse et moi aussi, pcutêtre, par tels sourires inconsidérés à l'adresse de notre ami, qui ont
pu vous faire douter de ma modestie. Même tout à fait innocente,

WOTES

je devais â mon tour expier avec eux et vous faire expier VOUJ-même.
je devais aussi vous donner le temps d'oublier les raisons de votre
fureur: ma beauté funeste. Vous ne craignez plus rien; mon visage
a perdu sa fleur. Il ne fallait pas moins pleurer pour qu'Apollon ,
nous rendît Perdita. Maintenant que le ciel pardonne, ami, les
hommes peuvent pardonner. » C'est à peu près le sens des explications que dut donner Hermione à Léontès. Il y aurait tout un travail à faire sur le christianisme de Shakespeare. le Conte d'Hi-rur,
qui est une de ses dernières œuvres, en est imprégné jusqu'au
cœur. Est-il, du reste, un grand ouvrage qui ne soit l'expression
d'une grande pensée et d'une grande certitude? Je ne le crois pas.
Je n'ai pas étudié particulièrement ce drame. Tel que je viens de
l'évoquer, dans sa force et ses agréments, dans sa ligne et dans ses
dessous, c'est le Vieux Colombier qui me le propose. La mise en
scène de Copeau n'anime pas seulement le texte, elle l'explique; le
spectateur n'a plus qu'à lire et qu'à se laisser émouvoir. Aussi bien
j'estime inutile d'insister sur la disposition d'une scène qui remplit
si exactement son but et n'est, répétons-le, qu'un moyen provisoire,
un point de départ, un tremplin, mais simple, mais robuste et sùr.
Pour le « i;imultanéisme » de Shakespeare, elle est la commodité
même; nous verrons ce qu'elle sera pour Molière, pour les modernes,
peut-être un jour pour les Grecs et Racine. Mais elle ne serait rien,'
répétons-le aussi, sans les acteurs, sans ce qu'on appelle d'un beau
mot, la « compagnie •· Devant ces jeunes gens ardents et dociles,
encadrés par quelques aînés dont l'expérience est connue de tous,
nous avons l'impression d'une spontanéité disciplinée, d'une ému• lation joyeuse, d'une réserve de forces merveilleusement diverses
qui ne demandent qu'à venir au jour, d'une ressou;ce en un mot
presque illimitée pour l'auteur qui voudra travailler avec eux. Un
chef qui sait et qui veut, c'est tout le secret de cette harmonie.
- Il n'y a pas de vedettes, c'est entendu; mals il faut nommer Œtly
qui est un puissant Léonth, Madame Albane une émouvante et fragile Hermione, Madame Barbieri, la vérité même dans Paulina,
Jouvet ineffable de fantaisie dans le rôle d'Autolyeus, et Robert
Allard, charmant Florizel, et Remy Carpen, Perdita tremblante, et
Sacqué en berger, et Bouquet qui est clown, son fils; Marcet Herrand àans le Temps, Le Goff, Roger, Savry - tous enfin, jusqu'aux
10

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

plus humbles rôles tenus souvent par des acteurs déjà qualifiés. Je
renvoie au programme et je félicite la compagnie. Un mot sur les
costumes qu'a dessinés le peintre Fauconnet peu de temps avant de
mourir : ils sont d'un goût parfait et d'un éclat vraiment splendide
sur les beaux degrés de ciment oû le pas tient si bien et frappe si
mat. Disons le mot : nous ne sommes plus au théàtre. Nous sommes
aujourd'hui dans l'œuvrc de Shakespeare; et nous serons dans une
autre demain, sans qu'ait changé en rien la scène; c'est l'œuvre qui
la changera. Déposant toute fausse honte, applaudissons d'autant
plus fort que nous sommes amis de Jacques Copeau.
HENll OHÊON

•
• •
LES BALLETS RUSSES A L'OPÉRA : LA BOUTIQUE
FANTASQUE, LE TRICORNE, LE CHANT DU ROSSIGNOL.
Il y a fort longtemps déjà que la troupe de M. de Diaghilev a quitté
la Russie; dès avant 1914 1 elle avait perdu toute attache fixe avec
son pays d'origine et avait commencé d'errer à travers le monde. Il
semble cependant que la guerre et la révolution ru~se aient augmenté
sa séparation d'avec la patrie et l'aient définitivement retranchée de
ses bases.
Jtté par l'ouragan dans l'éther sa11s ois,aux,
M. de Diaghilev ne s'est pas lâchement résigné à sa solitude; il a
au contraire essayé de retrouver autour de lui des collaborateurs et
des aides; il a noué des alliances avec les artistes des pays qu'il traversait; il s'est aussi adroitement que possible assimilé la substance
que l'étranger pouvait lui fournir. Dans ses dernières créations, en
particulier, l'élément français, l'espagnol, et même l'italien, ont pris
une importance considérable.
Ce sont donc pour la plupart des œuvres métisses que nous sommes
aujourd'hui invités à juger. Ce caractère en fait l'intérêt tout spécial,
mais explique peut-être aussi qu'aucune d'elles ne réussisse à nous
donner une impression parfaitement pure et homogène et qu'au plaisir .

NOTES

qu'elles nous dispensent se mêle je ne sais quelle hésitation de l'esprit, quel tiraillement assez pénible des sens. Notre attention est
comblée sans entente préalable, sans intimité suffisante entre ceux
qui la sollicitent: aussi ne reçoit-elle que des satisfactions partielles
et comme morcelées. Nous voici assez loin de ces pleines et harmonieuses réussites qui avaient nom : lt Prince Igor, Ptlroucbka, /e
Sarre du Printemps. 11 faut le dire franchement: le temps n'est plus
où tous nos sens, où notre cœur lui-même, trouvaient d'emblée aux
Ballets russes, rafraîchissement, délice et potion. Notre curiosité seule
nous y attache encore et c'est seulement de la sentir en nous caressée que nous pouvons attendre désormais du plaisir.
La disparition de Nijinski se révèle d'une gravité que même la
saison de 1914 ne pouvait encore faire prévoir. L'ingéniosité de
Miassine. comme danseur et comme chorégraphe, ne fait qu'accuser
ce qu'il y avait chez Nijins~i de vrai génie. L'absence de ce dernier
est comme visible; on le sent, de tous les gestes et de tous les mouvements qui nous sont offerts, comme retiré. C'est aujourd'hui surtout qu'il n'est plus là pour le répandre, qu'on peut se rendre compte
d~ l'extraordinaire pouvoir de rayonnement qu'avait cet homme.
Miassinc, quand il danse, sa silhouette peut être charmante: mais
rien jamais n'en émane; elle ne se détache pas de lui; elle ne se
propage pas; elle demeure stricte, adroite et mince. Avec Karsavina
jamais il n'arrive à former ce couple enivré, auquel Nijinski savait
si bien donner naissance. li n'a pas, comme Nijinski, l'art de couver
cette femme, de la faire éclore. Le jeune Bacchus n'est plus là, par
qui coulaient jadis à pleins bords la fureur, l'extase et le baiser.
Non seulement cela. Mais l'invention chorégraphique de Miassine
n'a rien de spontané; elle suit plus ou moins péniblement les traces
frayées par Nijinski. Tout ce que Miassine imagine, comme pas et
comme gesticulation, (en dehors de ce qu'il emprunte textuellement
à la danse populaire) à sa source évidente dans lt Sacre du Printemps: ces piétinements, cette manière de désigner le ciel d'un bras
par dessus la tête, ces attitudes cassées, tout cela provient directement et sans transposition véritable, du Sllf!re. Mais plus l'imitation
est immédiate, plus l'abîme qui sépare la copie de l'original apparaît
profond; car on remarque mieux qu'elle manque de toute la nécessité dont il était plein. A la chorégraphie emp!chée et spasmodique du

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
ballet de Nijinski il y avait en effet une raison, qui éuit le sujet
même, l'atmosphère panique que les auteurs avaient voulu créer:
c'était la pesanteur du Printemps, c'était l'engluement de la vie préhistorique, qui accablaient, contraignaient, réduisaient ainsi les gestes.
Dans les ballets réglés par Miassine, on cherche en vain ce qui peut
bien justifier l'allure étriquée de la danse, sa perpétuelle crampe.
u Cbant du Rossignol lui-même, malgré ce qu'y introduit d'étouffant et de contracté la musique de Stravinsky, n-e comporte tout de
même pas une suffisante horreur pour qu'on se puisse expliquer tant
de contorsions, une gymnastique si compliquée, une si grande pauvreté de grâce et d'élan.
Miassine était un danseur de talent; la fortune , contrairement aux
apparences, lui a joué un très mauvais tour en l'appelant brusquement à prendre la place de Nijinski; il a eu beau s'enfler; pour l'occuper
entière il eùt eu besoin d'autre chose que d'élégance et de bonne
volonté.
Ces restrictions faites (je ne me dissimule pas qu'elles sont graves),
il faut tout de même reconnaitre qu'aucun des trois nouveaux spectacles de cette année n'est ennuyeux et qu'on y trouve même de fort
agréables parties.
Je ne raffole pas du décor qu'André Derain a brossé pour la Bou-tiqiu fantasqiu. Le primitivisme en est un peu appl lqué ; les grandes
figures dont s'orne le rideau sont d'une maladresse qu'on sent avoir
coûté à l'auteur vraiment un peu trop de peine. De plus le décor
lui-même est un peu trop vaste pour être grand; il y circule trop
d'air; il n'emprisonne pas suffisamment les danseurs, il ne les fomente
pas assu.
Les costumes de leur côté manquent d'exagération. Le mauvais
goût en est trop avare. Les personnages ne parviennent au grotesque
que grâce à de petits accents posés de l'extérieur; le ridicule ne
jaillit pas de leurs entrailles ; il est insuffisamment artésien.
Mais l'œuvre est amusante, pleine de brio, d'aplomb, et de fine
impertinence. D'abord un peu trop voisine de la pantomime ou même
de la comédie, elle s'anime progressivement et nous retrouvon!I vers
la fin quelques-uns de ces beaux tumultes construits, de ces gracieux
chiteaux de gestes qui faisaient jadis notre ravissement.

NOTES
Si la musique de M. de Falla était moins servilement inspirée du
folk-tore espagnol et surtout si elle avait un peu plus de distinction
harmonique, l1 Tricorne serait le chcf-d'œuvre de la saison. Après
une affreuse et inexplicable affiche de gare dont Picasso a crû, je ne
sais pourquoi, devoir un instant affl iger nos yeux, le rideau se lève
sur un décor vraiment délicieux, cl qu'on découvre bientôt calculé
avec un soin admirable pour former avec la sombre élégance des
costumes les plus diverses harmonies. On sent ici tout ce dont
Picasso serait capable, s'il pouvait seulement perdre cette manie de
chercheur d'or, qui le pousse toujours de préférence dans les chemins
où il est assuu! que personne ne le suivra, et qui lui fait placer le
comble de l'art dans le continuel efficacement de ses propres vestiges. Pour une fois le voici sans autre souci que de plaire : et il y
réussit du premier coup avec un bonheur qui fera l'envie de beaucoup. j'imagine pourtant que cc succès ne doit pas le laisser sans
remords et que déjà il songe aux moyens de le faire oublier. Tant
pis! Ne songeons, nous, qu'à notre plaisir, qui est grand.
Je n'ai pas la compétence qu'il faudrait pour discerner ce que la
chorégraphie du Tricorm doit à la ,d anse populaire espagnole. On
me dirait qu'elle en est toute entière transposée, que je ne m'étonnerais pas outre mesure. Mais pourquoi m'en plaindrais-je, puisque
c'est la plus vivante, la plus spontanée, la plus gaillarde que Miassine ait su combiner ? Le pas qu'il danse lui-même tout seul , par
instants nous donne quelque hallucmation de Nijinski : c'est le plus
bel éloge qu'on en puisse faire .
Le Chant du Rossig,wl, pris dans son ensemble , est sans aucun
doute à la fois le moins réussi et le plus riche des trois nouveaux
ballets. C'est une œuvre ~rdue, prétentieuse, magnifique. gorgée
d'intelligence, pétrie de rareté. Matisse a comme digéré la Chine avec
son cerveau acide et il l'y a retrouvée réduite à trois ou quatre couleurs fondamentales, dont il a bravement aussitôt badigeonné à plat
tout son décor. L'effet, au premier abord, est saisissant: on le trouve
un peu plus facile à la réflexion. On ne s'en lasse point pourtant
aussi vite que l'esprit le voudrait. C'est que cette extrême simplicité
tonale, dont les costumes entreprennent un commentaire franc et
suave, donne à l'ensemble du spectacle, une cohésion et une har•

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

monii: qu'on ne peut s'empêcher, surtout au sortir de la Boutique
Fanta,sqiu, de sentir avec satisfaction. Quand le Rossignol tout
blanc emmène, captive de son collier, la guenon rouge de la Mort,
si cherchés soient leurs pas et leurs attitudes. l'impression est forte
rien qu'à cause de l'atroce limpidité dont nos yeux trouvent à
s'emplir.
Strawinsky est :un prodigieux musicien. Je ne me sens pas en
communion immédiate avec certaines des œuvres qu'il a composées
pendant la guerre et qu'il nous a fait entendre dans un récent
concert Delgrange. Mais aucune ne diminue la confiance que j'ai
dans l'auteur de Petroiubka et du Saçre du Printemps, qui restent
les deux seules œuvres vraiment grandes qu'on ait vu paraître
depuis Pelléas.
A vrai dire, à la première audition du Chant du Rossignol, je me
suis senti repris par le malaise que je décrivais ici même, en
juillet 1914, au moment où l'œuvre venait de voir pour la première
fois le jour sous la forme d'opéra; elle m'est apparue de nouveau
trop étranglée, trop lente el trop courte à la fois, trop constamment
animée de suicide. Mais je l'ai réentendue, et sans pouvoir me
débarrasser complètement de ma gêne, je suis devenu plus sensible
à l'extraordinaire qualité de son détail.
Je ne connais rien de plus étonnant que la tranquillité de Strawinsky en face des sombres oiseaux que lâche un par un la cage de
son esprit. Comment n'a-t-il pas peur i' Chacun s'avance tour à
tour d":"s le vide de l'orchestre, sautille, tourne, bat un peu des
ailes, chante un instant sans écho et périt. 11 y a des gouffres de
silence, où to"urnent d'étranges vibrions. Tout à coup, tout se met
marcher à la fois, comme les palettes d'un moulin, comme les
mille marteaux d'une usine ; les instruments les moins affiliés
d'avance démarrent en troupe, s'arrangeant ensemble en cours de
route, en bons camarades. Puis, une aigre et rase mélodie chemine
un instant toute seule, s'aidant d'on ne sait quelles petites pattes
sous le ventre. Et1 de nouveau, plus rien : la musique reprend la
forme du silence; l'orchestre montre ses intestins; les sons s'évasent,
nous absorbant au fond d'une cuve monstrueuse, où nous serons
soumis à tout un système de supplices espacés.
La liberté formidable dont profitent aujourd'hui avec goftt,

NOTES

talent et discrétion, nos jeunes musiciens, il ne faut pas oublier que
c'est â Strawinsky qu'ils la doivent, à ce frêle Samson qui, d'un
geste facile et comme plein de sommeil, a reculé de toutes parts
les murailles du temple de la musique.
JACQUES RIVIÈRE

•
••
LE CUBISME AU GRAND PALAIS.
Un des événements les plus caractéristiques du Salon des Indépendants est l'accueil sympathique fait par la presse au mouvement
cubiste. En réalité, les œuvres les plus dissemblables sont encore
rangées par le public sous ce vocable, pourvu qu'elles offrent un
aspect inattendu. 11 serait peut-être intéressant d'expliquer dès aujourd'hui, partiellement, les aspirations des peintres nouveaux et de
signaler les deux courants inverses qui entrainent, par des routes
opposées, les artistes vers des buts qui ne se rejoignent qu'à force
d'être antagonistes.
Je ne voudrais pas être soupçonné de servir l'un des deux grands
groupements cubistes aux dépens de l'autre. Dans les deux camps
le talent abonde, et c'est lui seul qui opèrera la sélection finale. Je
désirerais simplement définir avec le plus de précision possible
l'attitude de ceux que j'appellerai, pour mon seul usage, les cubistes
a P,-iori ou cubistes purs, et les cubistes a. posteriori ou cubistes
émotifs. Dire que je me range dans ce dernier groupement n'est
pas, dans mon idée, lui accorder aucune suprématie, mais plutôt
confesser une « faiblesse », susceptible de devenir cependant une
vertu.
Dans ma « Première visite au Louvre li, pressé par des soins plus
urgents, je ne fis qu'indiquer la différence selon moi radicale, incurable, qui sépare les artistes fran_çais des artistes étrangers, des
Italiens en particulier. Ceux-ci, écrivais-je, peignent dirutement des
Dieux; les meilleurs peintres de chez nous peignent des hommes et
obtietment des Dieux. Nous trouverons dans le Cubisme, art européen né en France, la trace bien affirmée de cette distinction profonde qui caractérise les deux races d'artistes qui, au-delà des
frontières, se partagent l'univers. « Ce n'est pas sur la terre que j'ai

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

cherché ce type , , dit le Vinci en parlant d'une t~te de Jésus qu'il
avait dessinée. Et Michel-Ange: • Il est téméraire, il est absurde, celui qui prétend obtenir de ses sens un type de beauté qui émeut et
emporte jusqu 'au ciel toute saine intelligence. ,. Voici des paroles
qui nous éclairent admirablement sur les procédés de travail de ces
maitres. Cherchant à exprimer le divin ou, si on préfère, l'universel,
ils construisent de toutes pièces leur idéal. Ils généralisent d'11bord
ils entrent dans l'éternel pour ainsi dire de plain -pied. Les grand;
Italiens de la Renaissance sont des idéalistes et des idéologues. Un
tableau pour eux est avant tout une spéculation de l'esprit ; il est un
temple où Dieu seul règ ne et où l'homme trouve, en dernier lieu,
asile.
Les peintres cubistes purs représentés ici : Braque, Juan Gris,
Maria Blanchard, Metzinger, Marcoussis, Severini, Hayden, et les
sculpteurs Lipchrtz et Laurens conçoivent, eux aussi, leur œuvre
comme un monde où rien de « quotidien » ne peut être admis.
M. Metzinger aime à parler de « l'effusion pure». Ce terme caractérise
parfaitement l'effort de l'artiste pour qui l'œuvre n'est tout d'abord
qu'un « milieu li où n'entrent que les éléments de l'esprit. L'inspiration n'est pas ici d'ordre sentimental, mais uniquement plastique;
elle suscite une combinaison de formes différemment colorées dont
les dimensions, la place et le ton sont obtenus par l'exercice d'un
procédé rigoureux. Le tableau est terminé dès que les surfaces tout
abstraites qui le divisent sont organisées ; le reste du travail ne
consiste plus qu 'à choisir dans un répertoire réduit de formes acquises,
celles dont l'absolu géométrique coïncide avec chacun des compartiments du tableau . L'assiette justifie le cercle, et la boîte le rectangle. On le voit ~ cc n'est pas sur la terre• que les cubistes purs
cherchent leurs types. L'universel est leur domaine familier; l'utilisation du particulier n'est pour eux qu 'une coruession, jamais un
motif. Ayant à représenter les objets qui constituent une nature
morte, ils peignent le verre, le compotier, le raisin, la pomme « en
général li. Ils conçoivent l'objet débarrassé de toute contingence,
le recr~nt vierge de toute aventure terrestre. Ils dressent l'inventaire
des qualités de chaque chose et en font sur la surface de la toile
une minutieuse et subtile énumération. Ils procèdent par la ron,usis• sa#U comme les peintres académiques (je donne à ce mot son sens

NOTES

noble). Comme Michel-Ange savait ses muscles par cœur, ils savent
par cœur leur guitare, leur pipe, leurs fruits; ils n'ont plus besoin,
pour les figurer, de les avoir devant les yeux. Leur mémoire leur
fournit un arsenal de formes dissociées, toutes prêtes à être organisées selon les lois savantes de la com11osition cubiste.
11 n'est pas jusqu'à la lumière baignant leurs toiles, qu i n'exprime
leur dédain des apparences. Ce n'est pas à la chaude et pourtant
abstraite lumière vénitienne que je comparerai celle des cubistes.
Est-cc que parce que beaucoup d'entre eux sont Espagnols ? Il me
semble que les éclairages de leurs toiles sont les mêmes qu i auréolent
de mystère et d'absolu les héros du Gréco ou de Zurbaran .
Pour enclore en une formule brève la définition des cubistes de
la première C3tégorie, on peut dire d'eux qu'étant en possession de
lois picturales traditionnelles, ils les formulent, les énoncent, en
prenant en dernier lieu les objets comme exemple : ils projetteRt
Jeurs rêves plastiques sur l'objet comme sur une cible.
0

.

••
Le peintre français manque totalement d'imagination, au sens oil
on l'entend généralemnt. 11 n'a aucun don pour créer de sangfroid, et sans appu i extérieur, une image, même modeste. Les saints
du porche des cathédrales sont avant tout des portraits. L'imagier
qui les voulait sculpter se tournait vers son voisin et en reproduisait Je visage. Il interrogeait la nature immédiate. Mais il la scrutait avec un amour si profond, une application si singulière et un
tel sens de l'unité que, se séparant comme par miracle de ses tues
vulgaires, Je modèle, débarrassé de ses attributs terrestres, revêtait
ceux d'une divin ité. Le langage de l'artiste français est aussi général isé que celui de l'italien, mais à l'encontre de celui-ci, il trouve
ses éléments dans. le particulier. Il n'est pas plus riche ; il parait
moins abondant, mais il conserve de ses humbles origines je ne
sais quel parfum qu i, pour un cœur français, est irremplaçable.
Regardez au Louvre la Yûrge aux Roebtrs ou le Saint,-jean,
du Vinci. Si vous !!tes passé par la salle des Primitifs Français, si
vous avez contemplé longuement l'Homme au fJ#ffe d, vin, les
deux visages du maitre italien vous deviendront, malgré leur beauté
idéale, insupportables à force d'ltre anonymes.

�4']0

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

L'attitude de l'artiste français n'a pas varié depuis le Moyen-Age
et son programme ne me parait pas devoir différer, maigri la récréation impressionniste, de ce qu 'il fut si longtemps.
C'est cette fidélité aux objurgations de la race qu i a conduit, à
leur insu peut-être, les cubistes les plus patients à se tourner vers
le monde extérieur. Leur but est essentiellement cubiste : il s'agit
toujours de s'adresser aux plus hautes facultés de l'homme. &lt;&lt; d'emporter jusqu'au ciel » si possible, « toute saine intelligence». Mais,
malgré Michel-Ange et Metzinger, c'est« de leurs sens» qu'ils veulent obtenir un type de beauté. Le tableau demeure pour eux une
spéculation de l'esprit, mais cette spéculation, au lieu de s'exercer
sur des ligures pures, imaginées, ne peut s'exercer que sur des
figures nées d'une émotion de nature. Cc n'est donc pas le verre, ou
l'assiette m général qui les inspireront, mais la combinaison neuve
qui naitra pour eux de tel fJtrrt, de tell, assutte. aperçus dans un
cadre inattendu qui en modifiera les formes et fera surgir à leur
esprit une géométrie expressive. Alors que les cubistes purs partent
d'un concept, les cubistes émotifs que je brûle d 'appeler cubiste5.impressionnistcs, partent d'une sensation. Si les premiers sont des
idéalistes, les seconds sont des réalistes, à la façon de Cézanne. Comme
Céza1:me, c'est au moyen de la méditation sur les produits de la
sensation qu'ils veulent arriver jusqu'à l'esprit et jusqu'à l'ordre :
ils veulent, sur le conseil du Maître d'Aix « faire de l'impressionnisme une chose durable comme l'art des musées. )) La formule est
bonne, et Cézanne a défini la peinture pour un siècle ou deux, peutêtre pour plus longtemps encore.
Au Grand Palais, le groupe du cubisme émotif n'est pas au complet. Il y manque De la Fresnaye, Delaunay, Le Fauconnier. Mais
il y a Léger qui expose une rue de Paris où les murs, par l'animation que leur confèrent les affiches multicolores dont ils sont couverts, semblent se déplacer, cependant que les êtres humains, réduits
à l'état de silhouettes grises, sont absorbés par le dynamisme de la
vie moderne. Il y a Gleizes, avec ses cirques, où les danseuses et les
clowns propagent les mouvement autour d'eux comme des ondes
successives. Ici, l'objet : Rue, Cirque, Bar ou Port, préexiste aux
reves; il n'est plus cible, mais projectile.
L'opposition entre les deux groupes s'augmente si on compare la

NOTES

qualité de la manière qui règne dans leurs tableaux. Autant l'éclairage cubiste pur est artificiel et pour l'esprit seul, autant la lumière
que dégagent les œuvres du deuxième groupe ressemble à celle qui
enveloppe et caresse les seules œuvres françaises. Le peintre de
l'Ile-de-France, aux dons humains dont j'ai parlé, joint un sens de
l'atmosphère unique au monde. L'impressionnisme de Monet, tout
visuel, est l'exagération monstrueuse de ce don particulier. Claude
Lorrain, Watteau et Corot, s'ils construisent les toiles comme des
architectures, n'ont de cesse qu'ils n'en aient noyé les contours par
de molles vapeurs lumineuses.
Michel-Ange, le Vinci, Zurbaran et Gréco d'un côté. Claude,
Watteau et Corot de l'autre ... On ne peut choisir que sentimentalement parmi ces maitres admirables. Ce n'est donc établir aucune
hiérarchie que de constater que les cubistes purs prennent de plus
en plus fortement parti pour les leurs; et ce n'est peut-être pas une
' telle trahison de ma part, moi qui suis pour toujours asservi aux
maitres français, que d'ajouter à la définition cubiste du tableau les
deux amendements suivants: •Toute peinture est, issue d'11m smsa,..
lion, une construction géométrique qui se dissout dans Ja lumiirt. »
ANOR.É LHOTE

•••
MEMORIES OF GEORGE MEREDITH, by Lady
Butcher.(London-Constable).
Un matin de juin 1867. Alice Brandreth, âgée de 13 ans, partait
bien avant l'aube avec son cousin Jim Gordon, (16 ans) pour aller
voir lever le soleil du sommet de Box Hill. Chemin faisant, Jim
eut une idée; • Je connais, dit-il, une sorte de fou qui habite au
pied de la colline. Il est tout à fait fou, mais très amusant, aime
la marche et les levers de soleil. Allons le héler et le tirer du lit! »
C'est ainsi que bientôt la fenêtre de Meredith recevait des graviers, et une voix sonore et joyeuse demandait : « Qu'est-ce qui
vous prend de vouloir casser mes vitres?» Mis au courant de
l'expédition projetée, il eut vite fait d'enfiler un pantalon, et bientôt,
tète nue, les pieds nus dans des pantoufles de cuir, il menait les

�472

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

deux cousins à l'assaut des pentes herbeuses de Box Hill. Une fois
au sommet, on s'assit. En silence, Meredith regarda le soleil surgir,
dorer les hauteurs voisines, emplir la vallée de couleur ~t de
lumièr.c; en silence il écouta la fillette réciter un hymne de Keble,
et les chants des oiseaux, puis ce fut wn tour, et jamai l'enfant
n'oublia l'effet que fit sur elle cette parole de poète glorifiant la
Nature, la Vie et nos devoirs. Ce fut ainsi que commença une
amitié qui devait durer plus de 40 années.
Les « souvenirs » que vient • de publier
Miss Alice Brandreth J
.
devenue Mrs Gordon, puis Lady Butcher, ne nous révèlent pas un
Meredith ignoré, mais nous font pénétrer dans le cercle d'amis où
il se détendait volontiers.
Se détendre, pour Meredith, c'était laisser son esprit jouer à la
manière d'un feu capricieux autour des ·choses et des gc.ns, les
éclairant d'un four nouveau, projetant le plus souvent sur eux Je
rayon •lu comique. « Nous ne pouvions être longtemps en sa compagnie sans qu'il nous fît rire.» Son humour, son esprit, son ironie étaient toujours en éveil. Il jouissait en observateur artiste de
la comédie perpétuelle que lui donnaient ses semblables. Un vieux
professeur ventripotent paraissant _à un bal costumé, un courtisan
vêtu de satin mauve, de gros messieurs s'essoufflant dans .un
jardin à poursuivre !les bulles de savon avec des éventails japonais,
le font rire aux larmes. Nul _ rire plus contagieux, car il l'accompagne d'une remarque au tour imprévu, qui soudain révèle le
comique, le met en lumière .
Les histoires qu'il invente aux déeens de ses amis, les _sobriquets
dont il les affuble ont leur source dans une intuition pénétrante de
leurs faiblesses, dans une ironie sympathique qui les flatte, les
stimule, les pique comme à la dérobée, mais ne les blesse pas.
Écoutons-le formuler sa théorie du rire : « C'est la cure par
excellence d'un jeune égoïsme vaniteux . 1&gt; Toute femme devrait
apprendre à se voir du dehors pour- ainsi dire et à se moquer de
soi-même. En fait, nous devrions tous essayer de considérer ironi
qucment la plupart des situations, mais surtout celles où nous·
sommes. 11 Les anciens dieux eux-mêmes, disait-il encore, ne prospérèrent point lorsqu'ils eurent mis Momus à la porte de ]'Olympe.»
L'inspiration de Momus faisait rarement défaut à Meredith. Il ne

NOTES

4n

cessait de créer dan~ la joie. « En promenade, il imaginait pour
nous et nos amis des aventures de toute sorte~- Etait-ce une his.
toire d'amour qu'il inventait r Soudain on découvrait que le héros
ou l'héroïne était particulièrement inal)te à jouer le rôle qu'il s'était
assigné, et où il s'obstinait aveuglément, proie de l'esprit comique.
Parfois, surtout après 188o, les histoires étaient plus sérieuses,
tragiques même, comme ce!le-ci qu'il conta un soir d'été, au crépuscule . . « Deux amis aimaient la même femme; ce fut le plus
riche qu'elle épousa, mais, après des années, l'autre découvrit qu'il
n'av:ait pas · cessé d'être le préféré. Volontiers la femme de son ami
aurait tout quitté pour le suivre, mais, lui ne voulut pas consentir
à trahir celui ··qu'il aimait comme u.n frère, et de désespoir il se tua.
Comme il ne laissa aucun écrit pour expliquer son acte, la femme
dut apprendre à son époux le sacrifice de l'ami. 11 Et Lady Butcher
ajoute : « Cette histoire, entendue au crépuscule, me parut pleine
de dignité et de beauté, avec des passages de réelle poésie.•
Jusqu'à la fin de sa vie, Georges Meredith ne cessa d'inventer.
Des romans entiers continuaient à se dérouler dans son imagination,
s'organisant en scènes, se divisant en chapitres. Mais il avait gagné
son repos, et depuis 1893 jnsqu'à sa mort, en 1909, il n'écrivit que
des vers.
Nous ne pouvons songer à tout citer - nous en avons dit assez
pour faire ressortir l'intérêt de ces Souvmirs. Ils sont écrits
sans prétention, d'un style simple, ferme et lranc, qui a le naturel
de ta parole, mais d'une parole nullement hésitante1 donnant d'instinct la note juste". Lady Butcher n'a pas été pour rien nourrie de
Shakespeare, et en outre élève de Meredith. Ce livre-ci nous donne
l'envie de connaître le roman qu'elle publia jadis, cette Eunfre
Anscombe, que son grand ami lut en manuscrit, corrigea et émonda.
Elle a su faire revivre le poète au naturel, dans le cercle familial,
entouré des siens et des collines qu'il aimait. Tôus ceux qui
aiment Meredith, qui lui doivent un peu de leur courage, de leur
patience, de leur joie de vivre, seront heu reùx de lire ces Souuenirs et reconnaissants à Lady Butcher de les avoir écrits.
RëlfS GALLf..llO.

�474

LA NOUVELLli REVUE FRANÇAISE

UNE L~TTRE DE PAUL VALÉRY à propos du

Coup de des, de Mallarmé :
A propos de l'interdiction, signifiée pa1' le docteur Bonniot de
P~rter à la scène le Coup de dés de Malla1'ml, Paul Valéry écrit au
directer,r des Marges (1) um lettre dans faqrul/e il définit en termes
4:'mirables le caractère Profond du cbef-d'œuvre disputé. Nous tenons
a mettre les plus essentielles de ses nmarques sous les ,yeux de nos
kcleurs :
."' J'ai peut-être, moi aussi, quelques mots à dire sur cc Coup de
des, - que les nouveaux défenseurs de Mallarmé s'obstinent à intit~ler: Coup de dis. Je crois bien que je suis le premier homme qui
a,t vu cet ouvrage extraordinaire. A peine l'eût-il achevé Mallarmé
me pria de venir chez lui; il m'introduisit dans sa cha~bre de la
rue de Ro~e, où derri~re une antique tapisserie reposèrent jusqu'à
sa mort, signal par lui donné de leur destruction, les paquets de
ses notes, le secret matériel de son grand œuvrc inaccompli. Sur sa
table de. bois très sombre, carrée, aux jambes torses, il disposa le
m:muscnt ~e son ~oèmc; et il se mit à lire d'une voix basse, égale,
sans le moindre « effet», presque à soi-même ...
«..... Mall~rmé, m'ayant lu le plus uniment du monde son Coup de
dis, ~o~mes1m_ple p_r~paration à une plus grande surprise, me fit enfin
cons1dercr le d1spos1ttf. li me sembla de voir la figure d'une pensée
pour la première fois placée dans notre espace ... lei, véritablement'
l'étendue parlait, songeait, enfantait des formes temporelles. L'attente'
le doute, la concentration étaient choses -oisibles. Ma vue avait affair;
à des silences qui auraient pris corps. Je contemplais à mon aise
d'inappréciables instants: la fraction d'une seconde, pendant Jaq uclle
s'.étonne, brille s_'anéantit une idée; l'atome de temps, germe de
siècles psychologiques et de conséquences infinies, _ paraissaient
enfin comme des êtres, tout environnés de leur néant rendu sensible. C'étaient, murmures, insinuations, tonnerre pour les yeux
toute une tempête spirituelle menée de page en page jusqu'~
l'extrême de la pensée, jusqu'à un point d'ineffable rupture• là le
pr:st_ïge _se produisait; là, sur Je papier même, je ne sais 1qu:lle
sc1nbllabon de derniers astres tremblait infiniment dans le même
(1) Les Marges, n• du 1~ feTrier 1920.

NOTES

475

vide interconscient, où comme une matière de nouvelle espèce, dis~
tribuée en amas, en traînées, en systèmes, coexistait la Parole !
«Cette fixation sans exemple me pétrifiait. L'ensemble me fascinait
comme si un astérisme nouveau dans le ciel se fQt proposé; comme
si une constellation eût paru qui eût enfin signifié quelque chose!
- N'assistais-je pas à un événement de l'ordre universel et n'étaitcc pas, en quelque manière, le spectacle idéal de la Création du
Langage qui m'était représenté sur cette table, dans cet instant, par
cet être, cet audacieux, cet homme si simple, si doux, si naturellement noble et charmant? ...
Et plus loitl :
« Laissons mes souvenirs; et je n'invoquerai pas maintenant mes
propres réflexions sur ce poème : je prétends qu'il ne faudrait pas
m'en croire. L'intention de Mallarmé, Mallarmé lui-même l'a déclarée. Nous tenons de sa main cc qu'il voulut faire : essayer d'un
« emploi à nu de la pensée » ; tenter d'en « fixer le dessin ». Il rêva
d'un inslrunumt spirituel pour l'expression des choses de l'intellect
et de l'imagination abstraite.
« Toute son invention, déduite d'analyses du langage, du livre,
de la musique, poursuivies pendant des années, se fonde sur la
considération de la page, unité visuelle. Il avait étudié très soigneusement (même sur les affiches, sur les journaux), l'efficace des
distributions de blancs et de noir, l'intensité comparée des types. JI
a eu l'idée de développer ces moyens, consacrés jusqu'à lui à exciter
grossièrement l'attention, ou à plaire comme ornements naturels de
l'écriture. Mais une page, dans son système, doit, s'adressant au
coup d'œil qui précède et enveloppe la lecture « intimer » le mouvement de la composition; faire pressentir, par une sorte d'intuition
matérielle, par une harmonie préétablie entre nos divers modes de
perception, ou entre les différences de marche de nos sens, - ce qui
va se produire à l'intelligence. Il introduit une lecture superficielle,
qu'il enchaîne à la lecture linraire ; c'était enrichir le domaine littéraire d'une deuxième dmunsion. Vouloir donc séparer de ce poème
son élément visuel, n'est&lt;e pas vouloir l'atteindre dans son
essence?»
PAUL VALÉkY

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

477

MEMENTO BIBLIOGRAPHIQUE
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Chan.sons ae
França!N

1a Cham.1.&gt;rée ; Edition

lllnetrée.

RAYMOND Lt:FEIIY&amp;K: LA Sac,•tfi&lt;&gt;e
tl"AbrtiJzam • fllammarion.
PlhRRE MAC·OttLAN ; Bo/J,

l&gt;ata.il•

lonna.tre ; Albin Mleh,•!.
MAURJCE !ltAGKE: La JJfontée au.x
Enfer,, poésle1; L'Edltlon.
PIERRE MILLE : Le Bol ae Chtnt
ou Dtvu.qa.uons nw lis Bt11111.1,,X•
Art.s; Crêa.
EuotNi:; MONTFORT : le&amp; Cœ11rs
noaladu; Flammarion.
MATDlAS MORHAROT: Les trotsen/ant.t a/Ja,ndonnés ; La. Comidie
des objets perdus ; Le Miracle ;
A.tt!uger.
G&amp;RARD D1!:NMRVAL :Slflt:lf!; C~e.
FÉWCJl-.;N PASCAL: L'&lt;nrwre 8Ur le

Pion-Nourrit.
Romutu., Coucou. ; Flammarion.
HENKI Dl&gt; REONIBR : Hlstoirea mBonheto·;

PAUL RJè:BOUX :

oerta(11u ; Mel"CUl'e de Fr&amp;Jlce.

l,Ol/18 Dl! ROBERT : Le Ma.u.vau
A nwint ; Albin MlcheL
ANDllÉ Srras : Poe-mu Jut(l ;

Kundig.

R. L. ST~VENSON : .la

,Vutts du

Iks ;Edit.ion Française Illuatrée.
Lettres (CJmtltlres; Ollendorff.
LAURIOIT TAILBADE :

Goxz.,ouE Ttwc : Un., crûe tntel•
d'au-

leotuet1e, ~ Les Jeunes fll!'TI.$
}"1lrd'hul • ; Bollard.

Le ftfirotr
des Lettrea ; Flammarion.
JEAN VARJO'r : Le Sang des autres; Crêt.
FERNAND V ANDBREM :

CHARLRS VILDRAC :

Tenacttv; Kundlg.

Le Paquebot

Rt:....É GU.LOUll\i : ldéf!I et ftguru

AMeno,s11 VOLLAltD : lAJ PoUtiqUt!
coio-nlale du Père Ullu ; Crèa.
W.ALT WBlTMAN: Cala.mus, trad.

:Au dusiuMta
nlle: La RenatHBnce du Livre.

ISRAEL ZANGWILL: Ce ,i.•e,t ~

d'aujourd'hui; Graaset.
l!:t&gt;MOND JALOUX

de L. Bazalgette ; Kundlg.

Marv-Ann; Crès.

LE GÉaANT : OASTOII GAUIMARD
IMl'RJMERœ COIILOUMA. ARGENTEUIL (S.·ET·O. )

DADA
« D.Jns ert état de Ja11iurur o,i
l'homme doit être mlraînl par le

&lt;-011rs dts ebous, il n'aura Ptulelre d'a11/re rtssourrt qu, relie
d'11n diluge qui r,Plo11gr loul
da11s J'1gnoranu ».
SÉNAC DE MEILHAN

Le grand malheur pour l'inventeur du Dada, c'est que
le mouvement qu'il a provoqué le bouscule et qu'il est
lui-même écrasé par sa machine.
C'est dommage.
On me dit que c'est un tout jeune homme.
On me le peint charmant. (Marinetti de même était
irrésistible.)
On me dit qu'il est étranger.- Je m'en persuade aisément.
Juif. - J'allais le dire.
On me dit qu'il ne signe pas de son vrai nom ; et
volontiers je croirai que Dada n'est de même qu'un
pseudonyme.
Dada - c'est le déluge, après quoi tout recommence (1).
(1) Certains me reprocheront de prendre DJda trop au sérieux. Il
e~t nombre d'auteurs, des plus considérés, que je prends b:aucoup

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

477

MEMENTO BIBLIOGRAPHIQUE
BEAUX•AR.TS
GJ,;ORGKS BRAQUE:, ROO.Ell B1sslillE, ETC. : Lu Afaitru du Ct,bts-

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Le Cas lVagner:

GABRJt;L MILLtT : J}a-noten art
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Voyage mustHl a.u~ pava du pa.ssé; Edouard
loeeph.
ltOMAJN ROLLAND:

G. VIDALBNC : William Morru ;

Alean.

LITTÊRATURE, ROMANS
THÊATRE
APOWJi ,1.IR.11,BANNEROT, BlUNot:it,

ne.: .u.s Vetlldu du Lapin agite;

Edition Française Ilhutrée.
llD.RJ BAC!!EtJN : Le Petit ; Flammarion.
JOACBJl( DU B&amp;LLA T: Poûtes (ran-

~ues et lattne.s ; Garnier.

lil:NRJ BRbONT ET CHARLES GROL·

U:Au: Antholoote ae, écrtvalm
tJa.tholfqu,u: X Vir siècle; Crèa,
Cl.AUDE CABUN : VUe,î et vtslotl,,î;

en,.

fflNRlllTTE CaARASllON: Attin.te;

Nouvelle Librairie Nationale.

· GASTON CltiRAU: Champi-Tortu;

Flamrnarlon.

ÂNDRÊ Oul!VRJL.LON : M(l.rro.Jteoh

dMl8 les patnw:&amp;; calmann-Lévy.
~NIUCI.OUARD: Le&amp; Compagno114
de l'IntellÎ{/ffloe ; Renaissance du

Uvre.

JOACBDI OA.SQUBT :

L'Art vat,i,.

~ r ; Noil•elle Librairie Natio-

nale.

JORA.NNÈI V. IL'iSgi,; : M/Jdame
d'Ora.; trad. Th. de Wyze,ra ;

Perrin.

P. J. JOUVE: Hotel-Dieu. Réott,
d'hopital en 1915; Ollendorl'f.

RODYARD KIPLING :

Chan.sons ae
França!N

1a Cham.1.&gt;rée ; Edition

lllnetrée.

RAYMOND Lt:FEIIY&amp;K: LA Sac,•tfi&lt;&gt;e
tl"AbrtiJzam • fllammarion.
PlhRRE MAC·OttLAN ; Bo/J,

l&gt;ata.il•

lonna.tre ; Albin Mleh,•!.
MAURJCE !ltAGKE: La JJfontée au.x
Enfer,, poésle1; L'Edltlon.
PIERRE MILLE : Le Bol ae Chtnt
ou Dtvu.qa.uons nw lis Bt11111.1,,X•
Art.s; Crêa.
EuotNi:; MONTFORT : le&amp; Cœ11rs
noaladu; Flammarion.
MATDlAS MORHAROT: Les trotsen/ant.t a/Ja,ndonnés ; La. Comidie
des objets perdus ; Le Miracle ;
A.tt!uger.
G&amp;RARD D1!:NMRVAL :Slflt:lf!; C~e.
FÉWCJl-.;N PASCAL: L'&lt;nrwre 8Ur le

Pion-Nourrit.
Romutu., Coucou. ; Flammarion.
HENKI Dl&gt; REONIBR : Hlstoirea mBonheto·;

PAUL RJè:BOUX :

oerta(11u ; Mel"CUl'e de Fr&amp;Jlce.

l,Ol/18 Dl! ROBERT : Le Ma.u.vau
A nwint ; Albin MlcheL
ANDllÉ Srras : Poe-mu Jut(l ;

Kundig.

R. L. ST~VENSON : .la

,Vutts du

Iks ;Edit.ion Française Illuatrée.
Lettres (CJmtltlres; Ollendorff.
LAURIOIT TAILBADE :

Goxz.,ouE Ttwc : Un., crûe tntel•
d'au-

leotuet1e, ~ Les Jeunes fll!'TI.$
}"1lrd'hul • ; Bollard.

Le ftfirotr
des Lettrea ; Flammarion.
JEAN VARJO'r : Le Sang des autres; Crêt.
FERNAND V ANDBREM :

CHARLRS VILDRAC :

Tenacttv; Kundlg.

Le Paquebot

Rt:....É GU.LOUll\i : ldéf!I et ftguru

AMeno,s11 VOLLAltD : lAJ PoUtiqUt!
coio-nlale du Père Ullu ; Crèa.
W.ALT WBlTMAN: Cala.mus, trad.

:Au dusiuMta
nlle: La RenatHBnce du Livre.

ISRAEL ZANGWILL: Ce ,i.•e,t ~

d'aujourd'hui; Graaset.
l!:t&gt;MOND JALOUX

de L. Bazalgette ; Kundlg.

Marv-Ann; Crès.

LE GÉaANT : OASTOII GAUIMARD
IMl'RJMERœ COIILOUMA. ARGENTEUIL (S.·ET·O. )

DADA
« D.Jns ert état de Ja11iurur o,i
l'homme doit être mlraînl par le

&lt;-011rs dts ebous, il n'aura Ptulelre d'a11/re rtssourrt qu, relie
d'11n diluge qui r,Plo11gr loul
da11s J'1gnoranu ».
SÉNAC DE MEILHAN

Le grand malheur pour l'inventeur du Dada, c'est que
le mouvement qu'il a provoqué le bouscule et qu'il est
lui-même écrasé par sa machine.
C'est dommage.
On me dit que c'est un tout jeune homme.
On me le peint charmant. (Marinetti de même était
irrésistible.)
On me dit qu'il est étranger.- Je m'en persuade aisément.
Juif. - J'allais le dire.
On me dit qu'il ne signe pas de son vrai nom ; et
volontiers je croirai que Dada n'est de même qu'un
pseudonyme.
Dada - c'est le déluge, après quoi tout recommence (1).
(1) Certains me reprocheront de prendre DJda trop au sérieux. Il
e~t nombre d'auteurs, des plus considérés, que je prends b:aucoup

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

11 appartient aux étrangers de faire peu de cas de notre
culture française. Contre ceux-ci protesteroht les héritiers légitimes, peu soucieux d'examiner ce que les
autres ont à gagner aux dépens de ce qu'eux ont à
perdre. Mais c'est au point de vue de ces autres que je
veux un moment me placer - leur consentir que peutêtre, après tout, ce qu'il reste a perdre n'est pas grand'
chose, et même un peu perdu déjà i pas grand'chose
en regard de to'ut l'horizon qu'il obstrue.
Oui, chaque forme est devenue formule et dégage un
ennui sans nom. Toute syntaxe commune est d'une
insipidité dégoûtante. La meilleure reconnaissance envers
l'art d'hier et devant les chefs-d'œuvre accomplis, c'est
de ne point prétendre à les recommencer. Le parfait est
ce qui n'est plus à refaire,; et mettre devant nous le
passé, c'est faire obstacle à l'avenir. ..
C'est une grave erreur que d'assimiler Dada au
Cubisme. On pourrait s'y tromper ; et je ne suis pas
assuré que même certains demi-cubistes ne s'y trompent ... Mais le cubisme, lui, prétend construire. C'est
une école. Dada, c'est une entreprise de démolition.
Et ce ne serait vraîment pas la peine d'avoir combattu
durant cinq ans, d'avoir tant de fois supporté la mort
moins au sérieux que l'on ne fait d'ordinaire; mais je me suis toujours très bien trouvé _d'avoir pris au sériel:~ les tendances et les
mouvements les plus Jeunes, et d'autant qu ils sont anonymes. 1! y
a dans la jeunesse beaucoup moins de résolution qu'elle ne croit;
beaucoup plus de soumission et d'inconsciente obéissance ; c'est
pourquoi sont révélatrices ces vagues qui la s&lt;:&gt;ulévent et sur lesquelles elle se · laisse flotter. Ceux qui paraissent les meneurs,
dans ce cas, ne sont que les premiers sou levés par la lame, et_ pl_us
absenté est leur réaction particulière, mieux à même sont-ils de
marquer la hauteur et la direction du flol. Je les observe assidûment; mais ce qui m'intéresse, c'est le flot , non pas les bouchons.

DADA

479

des autres et vu remettre tout en .question 1 pour se
rasseoir ensuite devant sa table à écrire et renouer le fil
du vieux discours interrompu. Eh quoi! Tandis qu'ont
tant souffert nos champs, nos villages, nos cathédrales,
notre Verbe demeurerait invulnéré ! Il importe que
resprit ne reste pas en retard sur la matière; il a droit,
lui aussi, à ùe la ruine. Dada va s'en charger.
Déjà l'édifice de notre langage est trop èbranlé pour
qu'il soit prudent pour la pensée d'y chercher encore .un
refuge; et devant que de rebâtir, il importe de jeter bas
ce qui parait solide encore, ce qui fait mine de tenir
debout. Les mots que conglomère encore l'artifice de la
logique, il les faut disjoindre, isoler; les forcer de redéfiler devant des regards vierges, .comme, après le déluge,
un à un, les animaux sortis de l'arche-dictionnaire,
avant toute conjugaison. Et si, par quelque vieille commodité, typographique uniqurment, on les met bout à
bout sur quelque ligne, avoir soin de les disposer dans
un désordre où ils n'aient aucune·rnison de se suivrepuisque c'est, avant tout, à l'anti-poétique raison qu'on
en a.
Et il importe également, peut-être même davantage,
après avoir disjoint.les mots les uns des autres - à la
manière des typos qui redistribuent avant de procéder
à des formations nouvelles - il importe de les dissocier
de leur histoire, de leur passé qui les appesantit d'un
faix mort. Chaque vocable-îlot doit, dans la page,
présenter des contours abrupts. Il sera posé ici (ou là
tout aussi bien) c'omme un ton pur; et non loin vibreront d'autres tons purs, mais d'une absence de rapports
telle qu'elle n'autorise aucune association de pensée~.

�,fl!o

LA NOUVELLE REVUE FllANÇAISII

C'est ainsi que le mot sera délivré de toute sa signification précédente, enfin I et de l'évocation du passé.
L'ennui pour chaque école, c'est cette possibilité de
surenchère où le disciple, plus extrémiste que le maitre,
la compromet. Mais cette surenchère vexatoire, on
l'élude si l'on bondit d'un coup à l'extrême, de sorte
qu'il n'y ait pas moyen d'aller au delà. QJiel avantage,
de n'avoir plus à se garder que sur là droite! Il s'agissait d'inventer ce que je n'ose appeler une méthode, qui
non seulement n'aidât point à la production, mals
même rendît l'œuvre impossible ...
Effectivement, le jour où le mot : Dada, fut trouvé, U
ne resta plus rien à faire. Tout ce qu'on écrivit ensuite
me parut un peu délayé. Certes il y eut encore quelques
efforts méritoires; mais l'intention s'y laissait voir ;
même, parfois, un semblant de sens; de l'esprit Rien
ne valait : DADA. Ces deux syllabes avaient atteint le
but c d'inanité sonore,., un insignifiant absolu. Dansu
seul mot « Dada,., ils auront d'un coup exprimé tout
ce qu'ils avaient à dire, en tant qw groupe; et comme U
n'y a pas moyen de trouver mieux dans l'absurde, U
faut bien à présent, ou piétiner sur place, comme les
médiocres continueront à faire, ou s'évader.
j'ai assisté à une séance Dada. Ge!a se passait au
Salon des Indépendants. j'espérais m'amuser davantagl
et que les Dadas auraient tiré plus abondant parti dlf
l'ingénue stupeur du public. Des jeunes gens gourmai,
guindés, ligottés, sont montés sur l'estrade ; ont, en
chœur, proclamé d'insincères outrances... Du fond de
la salle quelqu'un leur a crié : Faites des gestes ! - et
tout le monde a ri ; car il apparaissait que, précisément,
0

,t81
f11F peur de se compromettre, aucun d'eux n'osait plus
bouger.
En général je crois qu'il n'est pas bon de se cramponner trop au passé, ni d'une étreinte trop craintive,
Je crois que chaque besoin nouveau doit créer sa
forme nouvelle et que le présent souffre sous le vêtement du passé. Je crois enfin, selon le mot si sage
de l'Évangile, que c'est une folie de chercher à couler« le
vin neuf dans de vieux vaisseaux ,._ Mais j'espère pourtant que dans cette barrique le meilleur vin de la jeunesse ne va pas tarder à se sentir un peu renfermé.
ANDRÉ GIDE

�CENTRE DE L'HORIZON MARIN

CENTRE DE L'HORIZON MARIN
Comme un bœuf bavant au labour
le navire s'enfonce dans l'eau pénible;
la vague palpe durement Ja proue de fer,
éprouve sa force 1 s'accroche, puis
déchirée
s'écarte:

à l'arrière, la blessure blanche et bruissante
'
déchiquetée par les hélices,
s'étire multipliée,
et se referme au loin dans le désert houleux
où l'horizon allonge
ses fines, fines lèvres de Sphinx.
Les deux cheminées veillant dans un inutile bavardage
de fumée,
le paquebot, depuis dix jours,
avance vers un horizon monocorde
qui coïncide sans bavures
avec les horizons précédents
et vibre d'un son identique
au choc de mon regard qui se sépare de moi,
comme un goéland se détache du rivage.

483

O Mer qui ne puise en soi que ressemblances,
et qui pourtant, de toutes parts,
s'essaie aux métamorphoses,
et vaine, accablée par sa lourdeur prolifère,
se refoule, de crête en crête, jusqu'au couperet du ciel;
Mer renaissante et contradictoire,
Présence fixe où hier tomba un mousse
détaché d'un cordage comme par un coup de fusil,
Présence dure qui, la nuit,
par delà les lumières du bord, et la musique cristalline,
et les sourires des femmes,
et tout J_e navire, rêves et bastingage,
vous tire par les pieds
à six mille mètres de silence
où l'eau rejoint une terre aveugle pour toujours
dans un calme lisse et lacustre, sans murmures ;
0 Mer, qui fait le tour du large, ,
comme un coureur infatigable,
quelle nouvelle clame-t-elle
dans l'atmosphère nue où ne pousse plus rien
- pas une escale, pas un palmier, pas une voile, Comme après une déracinante 'Canonnade?

•••
INVOCATION AUX OISEAUX
Paroares, rolliers, calandres,· ramphocèles,
Vives flammes, oiseaux échappés du soleil,

�484

LA NOUVl'!LtE REVUE FRANÇAISE

Dispersez, dispersez, dispersez le cruel
Sommeil qui va saisir mes- mentales prunelles l

Fringilles, est-ce vous, euphones, est-ce vous
Q!Ji viendrez dissiper en rémiges lumières
Cette torpeur qui veut se croire coutumière
Et qui renonce au jour n'en sachant plus Je goût}

Libre, je veux enfin dépasser l'heure étale,
Voir le ciel délirer sous une effusion
D'hirondelles criant mille autres horizons,
Vivre, enfin rassuré, ma douceur cérébrale;

S'il le faut, pour briser des tristesses durcies,
Je hélerai, du seuil des secrètes forêts,
Un vol haché de verts et rouges perroquets
Q!Ji feront éclater mon âme en éclaircies!

Et si j'ai le besoin surtout de confiances
Pour infuser un rythme en mon lourd devenir,
Si, pour désaltérer quelque vieux repentir,
Il me faut la fraîcheur de tendres impatiences,

Mariniers de !'Azur, j'espère en vous encor,
En· la lucidité des plumages fidèles,
Car je sais les pardons d'un vol de tourterelles
Et ce qu'il est d'amour utile en leur essor!

L'ESCALE PORTUGAISE

•**

L'ESCALE PORTUGAISE
L'escale fait sécher ses blancheurs aux terrasses
Où le vent s'évertue,
Les maisons roses au soleil qui les enlace
Sentent l'algue et la rue;
Des femmes jaunes vont, des paniers de poissons
Irisés sur la tête,
Et l'on voit se mêler aux jeux de la saison
La sous-marine fête ;
Le feuillage strident a débordé le vert
sous la crue de Iumière :
Les roses prisonnières
Ont fait irruption par les grilles de fer i

Le plaisir matinal des boutiques ouvertes
Au maritime été
Et des fenêtres vertes
Se livrant à l'azur, les volets écartés,
S'écoule vers la Place où stagnent les passants
Jusqu'à ce que soit ronde
L'om_bre des orangers qui simule un cadran
Où le doux midi grogne.

�LA 1'0UVELLE REVUE FRANÇAISE

Alors, inattendus, les corridors obscurs
Enfantent les clartés de mille jeunes filles
Et les désirs neufs pillent
L':1me comme un fruit mûr

'

La ville en sa peinture a des airs de marché ,
L'œil élimine l'ombre,
Retenant les couleurs et leur goût de péché
Q!.ii, tel un sein, se bombe;
j'attire

a moi l'escale entière, je la hume

En son sel et sa chair,
Comme un tunnel absorbe un brusque train qui fume
1
Toutes vitres en flamme-et fauve le panache
Vivace, sans broncher.
JULES SUPERVIELLE

LES TROIS MIRACLES
DE SAINTE - CÉCILE
A Elisabetb TJan Rysselbe-rgbe
PREMIER TABLEAU DU PREMIER MIRACLE
LA CONVERSION DE VALÉRIEN
PERSONNAGES

CÉCILE
VALÉRIEN, son époux
TIBUR CE, frire de Valérien
IRÈNE, suivante
DOUBLE CHŒUR DE JEUNES FILLES

La scene est à Rome, au second
siècle, dans la maison antique dis
Valère, mais presque sans couleur locale.
La chambre nuptiale : rideaux
blancs, bouquets de feuillage ;
a droite, â gauche. un Dieu di

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

marbre. Au fond, trois longs degrés qui montent à la cour. Au
le.ver du rideau, celle-ci est cachée
par les draperies qui se joigneut.
Musique.

le DOUBLE CHŒUR DE JEUNES FILLES et L'AINÉE
qui les mene.
L'AINÉE, au milieu du cbœur.
Hymen, hyménée 1
la belle journée
touche à son beau soir :
place à l'épousée!
la maison parée
veut la recevoir.

PREMIÈRE JEUNE FILLE
(elle sort du cbœur de gauche el s'a-vance)
Qlli vient, dans la laine blanche
et sous le voile de feu,
enter la .nouvelle branche
sur l'olivier des aïeux?
Qµi vient, de l'antique Rome
perpétuer le destin,
à la couche du jeune homme
appelé Valérien?

LES TROIS MIRACLES DE SAINTE-CECILE

Qlii vient rompre avec le maitre
le gâteau fait de froment,
sur la tombe des ancêtres
éternellement présents?
Qlli vient, digne de la race
des Valère, lui donner
sa sagesse dans sa grâce,
sa gloire avec son baiser?

DEUXIÈME JEUNE FILLE
(se détachant à son üJUr du cbœur de droite)
C'est une vierge douce,
un passereau,
une rose, une source,
un frêle écho.
C'est une vierge pure,
un rameau vert,
des pas sans aventure,
un livre ouvert.
C'est une vierge grave,
un écheveau,
une clé, une bague,
un coffret clos.
C'est une vierge noble,
un front romain,
les plis droits d'une robe
qui tombe bien.

�490

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

C'est Cécile, le terme
d'un grand passe!,.
le vase qui renferme
un miel sacré.

(Entrelacement des groupes, tandis que L'AINÉE chante avec
toutes les 't'OÏx :)
L'AINÉE ET LE DOUBLE CHŒUR
Hymen, hyménée!
la belle journée
touche à son beau soir :
place à l'épousée!
la maison parée
veut la recevoir.

LES TROIS MIRACLES DE SAINTE-CÉCILE

DEUXIÈME JEUNE FILLE
Et pour toi qui mourras, ô stérile,
sans jeune amant..

(Pause)
PREMIÈRE JEUNE FILLE
L'oiseleur te guettait, jeune belle
dans le verger,
plus adroit à bondir que l'oiselle
à s'envoler.

OEÜXIÊME JEUNE FILLE
Il n'est pas contre Amour de défense :
l'âme et le corps,

il prend tout, comme une biche blanche,
dans ses bras forts.

(L' AlNÉE et LE DOUBLE CHŒUR
se retrouvent à leur place. Un
temps.)
PREMIÈRE JEUNE FILLE, à gaucbe
Pensais-tu demeurer, ô fileuse,
à ton rouet?

DEUXIÈME JEUNE FILLE, à droite
Pensais-tu t'enfermer, ô peureuse,
dans ton secret ?

PREMIÈRE JEUNE FILLE
Tu rougis, tu te pâmes, pressée,
tu te débats :
la grenade au soleil exposée
éclatera ..

DEUXIÈME JEUNE FILLE
Et ses grains sèmeront dans la joie
d'autres héros,
d'autres femmes fragiles que ploie
le même Eros.

PREMIÈRE JEUNE FILLE
C'est le drap de la mort que tu files
pour tes parents.

CHŒUR GÉNÉRAL
Eros! Eros!

(Tumulte)

�492

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

L'AINÉE, fort
Eternel amour, pirate!
roi des hommes, roi des Dieux !
viens enrichir nos pénates
de ton fardeau précieux 1
Celle qui passe la porte
renonce a tout son passé :
sa famille qui l'escorte
l'abandonne au fiancé.

LES TROIS MIRACLES DE SAINTE-CÉCU..E

49,

CHŒUR DE DROITE
Et voici l'époux!..
CHŒUR GÉNÉRAL
Hymen ! Hyménée !..

(Rumeur perdue. Entr'ouwant le
rideau du fond, parait IRÈNE.)
Il

La-bas, elle était Cécile :
qu'elle soit Valère, ici 1
que sa nouvelle famille
lui donne ses Dieux aussi!
Ainsi, Rome continue i
de ses foyers immortels
la flamme est entretenue
par la main d'un Dieu cruel..
CHŒUR DE GAUCHE, acbe1.:ant
Et doux 1
CHŒUR DE DROITE, en écho
Et doux!..
L'AINÉE
Hyménée!
CHŒUR DE GAUCHE
Voici l'épousée l..

IRÈNE, LE DOUBLE CHŒUR
IRÈNE
Tout est prêt pour aimer, mes sœurs? Heureux Valère!
Jamais plus belle fiancée
n'aura passé le seuil ; elle embaume, elle éclaire ;
ornée
d'un rien, elle éclipse tout ce qui luit.
Elle a quitté les siens sans une larme
et avec plus d'amour, je vous le dis,
que si elle eût ple1:1ré. Quel charme !
on ne sait de quoi il est fait ;
de pudeur, oui, mais de tendresse ;
elle se tait
et en se taisant, elle acquiesce;
il n'y a rien en elle de forcé,
ni la fierté, ni le sourire.
-Tenez!
quand Valère a dû la saisir
dans ses bras, pour sauter la porte

�494

I.A NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
U!S TROIS MIRAO.ES DE SAINTE-CÉCILE

et la vieille coutume est plaisant~ aux enfants,
pas un n'a ri:
le plus gêné, ce n'était pas elle, mais lui!
Simplement.
sans faire la morte
ni la rebelle, et la complaisante non plus,
sans rougir, sans trembler dé joie,
de honte, ni de peur. sûre de sa vertu,
elle a laissé son corps sans poid!I,
pareil a une ombre légère.
glisser au sein de l'époux et Valère
l'aura touchée à peine
semble-t-il.
- En vérité. un Dieu la mène,
Diane la chaste .. ou bien Mercure le subtil,
pour ceux qui croient encore aux Dieux ...
Elle y croit. elle :
tout le long du repas, elle a tenu les yeux
baissés devant l'aimé, sous son regard trop tendre;
elle fixait sur son époux
l'endroit où bat le cœur; elle devait l'entendre
battre - et ce qu'il ~isait était doux.
Puis, relevant les yeux pour prendre à témoin derrière elle.
je ne sais quel Génie invisible penché,
le divin protecteur de ses amours nouvelles,
elle paraissait rayonner
et toutes les musiques de la îete
faisaient silence aulour de son front qui rêvait
plus haut que nous. dans la félicité parfaite
d'un concert que nulle autre qu'elle n'entendait.

(Elle s'arrête, comme éblmûe)

- Mes sœurs, nos Dieux vont-ils renaitre?
y croyant à demi, les savions-nous si beaux?
S'ils existent vraiment, là-haut,
dans leur Olympe,
elle les voit..
Nous ne sommes pas assez simples,
assez pures ..

•

(Elù semble défaillir)

Pardonnez-moi!
mais il faisait trop chaud dans cette salle,
trop de flambeaux et trop de fleurs :
les lys mouraient, les roses perdaient leurs pétales ..

(Mystérieusement)
j'ai encore vu ceci, mes sœurs :
Seules, dans l'abandon des guirlandes fanées,
des couronnes lasses, des vains bouquets,
les blanches roses coupées
signifiant son secret,
devant elle, restaient pures,
comme l'aube au ciel d'été,
plus fraîches qu'en leur verdure,
aussi droites qu'au rosier.
Si vous ne me croyez ...

( Musique derrière ù tbiâtre)

•

Ils viennent !
CHŒUR INVISIBLE
Hyménée! hyménée! hymen !

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

( le rideau du f&lt;md s'écarte tout
gra11d el montre dans la cour le

c&lt;&gt;rltge des noces, VALÉRIEN
/e11ant CÉOLE par la main
tsCQr/é dt TIBURCE qui descend
avec eux les marcbts).
III

•

CÉCILE, VALÉRIEN, TIBURCE, plus les précédents
qui s'effacent.
TIBURCE

LES TROIS MIRACLES DE SAINTE-CECILE

ce que tu donnes, tu me l'ôtes;
ce que tu prends devra me fuir.
Ah I permets à ton jeune frère
qui doit s'effacer aujourd'hui,
de rêver, à l'ombre étrangère
d'un amour qui t'arrache à lui,
et, sans disjoindre vos deux âmes,
étreintes éternellement
dans la race qui les réclame,
de prêter l'oreille à leur chant.

VALÉRIEN

Valérien, mon frère bien-aimé,
au bord du lit des noces, je te quitte ...
mais nous aurons grandi trop vite,
s'il faut déjà nous séparer,

Quoi? nous quitter, cher camarade,
Tiburce, dont je suis l'ainé?
qu'y a-t-il en nous de changé ?
l'amour va, l'amitié nous garde.

Je n'obscurcirai point ta joie
de mon égoïste regret ;
presse le beau corps que t'envoie
le Dieu des délires secrets!

Comment juges-tu mon bonheur,
si tu penses qu'il te renie ?
la demeure de Valérie
est assez vaste pour trois cœurs ...

Puis-je concevoir jalousie
d'un bonheur qui n'est pas le mien?...
mais je songe aux années finies
où tout bonheur nous fut commun.

Et pour quatre, quand la fortune
t'aura doté d'un don pareil;
chasse une langueur importune 1
je te veux riant et vermeil.

Nous avons poussé côte à côte,
partageant les mêmes plaisirs;

Semblable à tous les jeunes hommes,
le plaisir t'aveugle et tu crains

497

�LA NOUVEUE REVUE FRANÇAISE

qu'enchantè, je ne m'abandonne
aux pieds d'Hélène, un luth aux mains.
Enfant, celle que j'ai choisie
ne me prendra pas tout entier :
son amour n'a pas de folie
et ne saura que se donner.

La vieille Rome habite en elle,
solide et grave, comme ~n nous:
j'ai pris l'épouse maternelle
qui fera le foyer plus doux.
Tiburce, à l'ombre de nos pères,
nous continuerons de grandir :
Cécile est mieux que mon désir ...

CÉOLE à Tiburce

Je serai votre sœur, mon frère.
(Elle lui dlJlme la maill, puis la
relire, et comme une bym11e. grawmenl:)
Non, l'amour n'est pas ce qu'on croit:
il ne retranche pas du monde
deux cœurs jaloux de leur émoi,
mais, prenant source en eux, abonde
D'une inépuisable liqueur
qui remplira toutes les coupes ;
mon frère, abreuvez votre cœur
aux fontaines de notre route!

LES TROIS MIRAQ.ES DE SAINTE-CÉCILE

499

Je n'existe que par l'époux;
je fais écho: quand l'époux aime,
j'aime aussi : quoi ? vous plaindrez-vous
d'être aimé deux fois par le même ?
Je~veux qu'entre l'époux et moi
aucune douceur épandue,
aucune allégresse qui soit
ne soit pour un frère perdue.
Valérien, consolez-le
et gardez-vous de lui reprendre
un rayon de ce bienheureux
amour que je tàche à vous rendre.
Ni lui, ni moi, ni vous - jamais,
ne saurions tarir l'harmonie
ruisselant de ce don parfait
auquel j'ai voué notre vie.
(A Tiburce)

Adieu, mon frère!
TIBU~CE
Adieu, ma sœur!
(TIBUR CE est reconduit par VA-

LÉRIEN sui1Ji des jeunes filles
du cbœur el sur eux le rideau
du fond se rrferme. Long silenct.)

�500

U NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

LES TROIS MIRACLES DE SAINTE-cËCILE

IV

V

CÉCILE seule

VALÉRIEN, CÉCILE

(Elle se tient debout, mais dans
l'attitude de la j&gt;l'ière ; elle ,prie
en bâte comme quelqu'un qui
rassemble ses forces aTJant d'affronter le péril)
Vous qui voyez au fond de mon âme, Seigneur 1
vous qui savez pourquoi je suis venue,
couvrez mon corps ! scellez mon cœur r

VALÉRIEN
Cécile!

CÉCILE se tournant 'Vers lui
Valérien 1
VALÉRIEN à distance
Êtes-vous mienne ?
Je le suis.

Vous, l'amour invincible et sans tache, mon Dieu !
défendez-moi contre l'amour qui tue!
prenez ma main I voilez mes yeux !
Vous qui savez combien je suis faible, mon Maître!
vous qui préférez les faibles aux forts,
gardez-moi de trop le paraître !
Vous qui êtes la.Toute-Puissance, mon Roi!
donnez-moi la vie ou la mort !
donnez-moi la foi et la foi !

(Sur ces derniers mots, VALÉRIEN rentre dans la chambre el
il s'avance TJers CÉCILE qui nt
le voit pas -venir)

501

CÉCILE

VALÉRIEN
Venez-donc à moi !
- et parlez ! dans la nuit sereine,
je veux entendre votre voix.

•

Mais non 1 rien que votre silence
est plus mélodieux encor,
tandis que l'humble époux s'avance,
tout ébloui vers son trésor.

(Deux pas encore -oers elle, puis
il s'arrête)
li convient que toute louange
s'élance de moi cette nuit,
comme un premier chant de vendange
au pied du coteau qui rougit.

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IA,UZ,lèlllQaamoutest....... etMWe.
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VALÉRIEN
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Q)f~r--léul • d'oli -.,rt, • ~
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~ . - . . . . . . . ellt nait d'un bal,er!._
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SGk. mon l'en,: et mon Dieu IUi-niinte, qui fiat ~RIIÎ!I

ll~IMI " ' ~ - . . .

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'IIMIPl'-t . .~111Mik~
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"'*drec P-. lirll-1 f

r8IIOllj;el"à Yàqt... ,et:. .

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Valérien, v.ul~ Ylvr,?

�u IIOIMitùl ~

VAUJUÎiN

œclE

MM...,_, chlqueJ•;

. . . . moll ltlll,fàl pour \IOUt trdp d'IIIIQUf

, - r ~ j....is4e YOUI survivre.
~ - - JlllqQaje l'èl'ule rien de mol
i akd ~ bd, y.l cbolsl pour IIIOII maitre.;

Je l.i.ionàe eaœr plu qu'il n~ttend, qu'il ne croit,
, . qu'il ne

veut.

mol, peut.atl'em

ra1

- VaWrilm,
conçu pour vous des espoirs;
. . . . - - peut concevoir,
...... - - ~ cet IIIIOUI' mima
qui- fend l'Ame avec le corps,
c 111 t e le lit d'un arbre fort
IOlll i l ~ de hacbe supra.
Ali I C'lie&amp;'J co n'est pa usez
d'Ml.plre .... fttle sein bleasé
lajàl&amp;l!..... l t - lneswe
qul4oaae lt panse la bleuure...
• Ce n'est,__ de RIIMI'
pour le dw,lp qui nous ftJt prti
111r 11111
avan 1t courte
que le nprd embniae toute•••
Ce n'est,-- de dire au plaillr:
ba li!rVfrul 1t de l'enchainer à la pierre .
d'un tbyer ~ nombreux lt prospère •••
l!tre 11'iltpa . _ devivre, pour mourir.

wre

�~-ut
--èi'-~

-l'Qlit.-.~

--~~clc!se~desynx,
•
~
l'uo 4t 1'illtrt,.

fôujobi'st etfa: - - dartj
..... ü-:qiioile
èSt nuit~....
l...'.P.ôut1'1i.ilesiâ pt._,e., ikomplet et JaDS gTo)re,
illr:le diemin dei&gt;leu, voulovous me quittêt?

.. !l'r.lUlf..l,.,_,.~

vAlBUSN.,,._
Ab I Céêile, ma sœur 1
mais Clui 1e ,-, ce preclige?•••

CÉCltB
~ le seul Seigneur,

·c.1
tinvisiltle auprès de nous ici,

~ tecrèlm'eulte et me dirf8e.

vALBUBN
ŒCILE
Nùl homme,. mJlle part,

w•NIII: 11D Oin retWâoppe et le,.._.e,

~ prétent et iarniis à bout. merveille.

VALÊRIEN
a r ctolrfli;.je en ce Dieù qql ne se r.lt pas voir P

CEOJ .e, ~ les slllhus.
~ eo ceux-d, dégauchis de main d'homme,
qùe- vous voyez et qui ne vous votent point?•••

��LA llOlJ\llla' UYUB ~

f.14

"~~PiderYOS,IJIIS
aü pa~,®t ne.hittt,s•..

- Aclleu, raaiour itiépliisê

-~-~·

o1)JafdNriGeatllff,_..,I

116=u, ,-...,.._ elctiste .Ht
• deulalilesëtfes,-œt
... aca ~ • Jours qqt passenL
Nous.._ la vlè et la riiort
à lâ m•sue de nos corps,
(V•·..,,)

C'è$t bien 6tl p
pas plu?

YOlls m'aima?

~eJ.l;c"ffl@'ld (ilf.-.
- litè'êSJ 'fDlis ces mots qdL 1-tttré ~

ta-_..,.....

sont tn&gt;_p:4bu:
et dont

d..,_P;llmoi
iDille 1&gt;Jêli.t qlle je ielde
sans eflr-ol.

Vous rondu le sql ~

~la...,

l')USJDel~;.

CÉCILE
ltépondêz1 .
- u- fen'l_p$ tilèOr, cheripovx,
de ne"1nt mourir•. , Mourons-nous?
(Lil,,t SÜllù8. Yilllri,n ~
, ln#JIIJI,,

dltMJ,twé, (tsJ k«II.

41 C~. Il.,,,,.,.,:)

VALÉRIEN

1- l'mouteùse auclaœ,
dont Je jeune homme ètalt fier,
fond .en mol, comme la glace
au ~ier chant dl1 pivert.

vous

et lil'ouvrez

i~~----

un paradis •prœabtd

ot,~t

m o n t e r - . r ~•.

- (pl? je W. et qui est?

f époûsë ce: que J'ignore
et41linesera~

,ans cloute1 qu'1n ~ 4'or?.••
-~· Mais
4e ~ vJ~,fe,
Cidle, de votre livel

com-

(l)4,u-.n ~ ,-JU)

��,,s

LA ll(IUftW! DYUII ff&amp;)!Çà.

1 Ill blanc mnme ra,aent Pllf« ses cbetea
-,nt d'or filt. ••

De ses l1JliDs JeisiiM; tour qui.
tnta.t41,nc1Wqe
ces tleùrs qu'il prend dans le pll
de .. robe l!IQlerie?••

(E"6,-ji,llwir)

.

Son lCIUrire emprunte à f Atle
• teinture i. pla ardent.e et, pour ses yeux,

0ldndlbnten,9'et
- ne VOYG-YOlil rien, ami?,

Us Yel'lellt dau JJyons doux comme l'ambroisie.

VALÉRIEN, ll#risU I l ~
0 Cécile I si votre Ange
n'est pu un conte, pourquoi
1e dérobe I il i mei l
.:peut--. bien qu'il le "91p?

VAJÂUl!N. q,,l(ntnlné, mi#IM6
Comme il est beau l on dirait
que le YOyez, Cécile 1

céaJE

Je le vols.

VALÉRIEN
Est-il si près?

CÉCPF

œcue,___,
Non I patience,-aml. C'eit qu'il faut des yeux ftals
pour y mlRi' une œie. ùn,ge;
des yeu d'enfant, et plu purs entore: à YOtte '81

Jeune homme a trop vu le IJlCJllde - - .....
5onpa que fenfant •mfme, ~ la IJIUpiiâ,
trouve un YOile tendu entre-lui « le jour;

le

Toœ pris de vous.
VALÉRIEN
SI' fragile,

se dèfalt-11 au toucher
de mon regard qui l'offense?
je ne vols à mon c&amp;té
que la fagye l(ansparence

detonvolle.••

CFCIJE
nsourit;
c'est à vous qu1I sourit, m!me..

Dgarde en lui l'ombre du péclii de ses pirel,
1'D n'a tari son lme à la aource d'amodt.
(My~)
Vllirlen, il eat une fontaine
où tout homm. pot .. .,....:

H en IOr\ les yeux d1•1Dlu

à la vmté souveraine.

lin saint vieillard~ sur lui,
depula i.. pieds Juaqta, la dte,

��,

LA OUVELLE REVUE FRANÇAISE

VALÉRIEN

CÉCILE. sur le ton àu j,af'ler
Ecoutez-moi. Vous sortirez de Rome
en suivant la voie des tombeaux :
Vous marcherez tout droit;
à ta troisiême borne,
â peine un peu plus haut 1
je crois..
vous verrez, au bord de la route,
trois pauvres mendiants assis.
Us vous reconnaîtront, sans doute ;
ils m'ont saluée aujourd'hui
dans le flot du peuple, au cortège..•
Parlez-leur. ils vous comprendront ;
j'ai pris soin d'eux.
·
VALÉRIEN
Qpe leur dirai-je ?

CÉCILE
Rien que ces mots, tout bas, avec mon nom.
«Je viens
de la part de Cécile
auprès
du Saint vieillard Urbain
pour ce qu'il sait. ,.
. VALÉRIEN
C'est tout?

US TROIS MIRACLES DE SAINTE-CSOLE

CÉCll.E
Dans les souterrains de la ville
. VOUS les suivrez..
VALÉRIEN
Jusqu'où?

CÉCILE
C'est un secret!
Vous répéterez les mêmes paroles
devant Je saint vieillard lui-même..
VALÉRIEN
Et puis?

CÉCILE
Il connatt les mots qui consolent ;
vous lui obéirez en tout.
(Sik1'&amp;e. Yalérin,, n IIIOlllent 4e
f[IIÏtter Cé&amp;üe, est Pris 4'#n ,.,_
g,-et. Timidement :)
VALÉRIEN
Ainsi ••
je vous laisse, un tel soir.. : et c'en est fini de nos rioces .• ?

CÉCILE
Elles ne font que commencer, Valérien ••
VAŒRIEN
0 nuit vide 1. voluptés mortes
avant d'avoir vécu!.

��LA NOUVELI.E REVUE FliNÇAISE

Qu'il ravive en ma mémoire
tous les ors de votre gloire,
tout l'azur de vos bontés, ·
et qu'en rêve, il me conduise
au sein profond de l'Eglise
où morpmi vient d'entrer!

POEMES
LA PIÈCE FLAMANDE

Bon,u 1Jeure de l'ordre inspiré!
Silence bâtisseur ajwès le 'bruit des rues,
Nappe _/l#ide ourdu aux heures inconn,us
De ceux qui se cbercbaient dans le repos œuwé
Des J&gt;u.issa.ntes j,assüms nues;
Mt#bùs bordés du cui.TJre enchanteur des combats
Pour une intime gloire enTJironnanl les pas
Du couple ay1111t conquis sa wie;
Cornicbts '"' fil cru d'équilibre et tle joie
Eloignant le Plafond du. bel écart fllaSSij
De-la table cirée au cbamp mat et Ptnsif;
le jour est calme et droit comme "" front sans défense;
Le taN"ea" setnble rire atUC jeux cl4irs de r enfance
Toute neuve en nos èœtlrs d'un triomJibe nafdl,
I ou.te bénie tn la mollesse titi &amp;11fllll
Qu'é-omte au mur foncé Je rang d'arbres mystique,
Toute surprise au 'bruit du grillon lillns la bri([llt,
Toute docile au bois où la fleur creuse en plis ·
l'&lt;mtbre de tkJigls feroents et de TJœtUC a&amp;&amp;o111plis:

0 cam,ne demain nous décille
Et nous verse les dons de son hymen lU&amp;ide,
Pur, précieux aTJU hier fouTJrier lent,
Thésauriseur au fond dts œuwes et du sang!

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�LA NOUVEW ll!VUI RAIIÇAII

Eaaye&gt;.la et vous ne retournerez plus

IIIX .IIICHlllN!l

patries.

Demandez pertollt dans toutes les consclences n
dernier modèle da patrie.
'
Nous enwtrona partout des c:atalogues. Us s'é
leront au del clans lealllage de la planète.

,

•• •
Avecquol liit-on une patrie? Avec des hommes
ont envie de maapr et qui sont prêts à mourir.
n y a dms ce pays, entre les mers, les montagnes
le fletne, des hommes qui veulent bien manger et
boire, qui veulent l'été s'étendre sur les plages et 1
contempler au&lt;dessua du feu et de la peluche Cl'IIIIIOisl

une penclulc d'oncbalque.

IIOUYll,W! - -

l!t den lfl ......... ~ - .....
·"" c:oodlat j',our l a ~ lès' - - du jour

. _ , . _ , et on se &amp;Il tuerd.nt i . ~ .
C'• aiasl qu'ont toujours "6 les'Pildél, P&amp;:;aul
Mtre ne serait-elle pu partill&amp;? pourrait• •
ment? On fait 11ft pacte pour • •iilàllllh lt - - ..
cause de ce pacte on meùl't le VIDln-c:rellx,

taP'

Voilà. Des éhef's ont
surla table. Bt Hs rfoll&amp;
Q'fj : D6iire et lllmff l Eh bien t nous IIIOal~
nous plait. Mais 110US ne vollloal pluameurit PIMII'~
nous voulons - . poar cela.
Pourquoi ne dlanprionHlOUï .,_ de c1rapeav P
IJOU'Velle pnération de poètes prend une autre ill\lM.
Pourquoi ne ~ p a l e ~ au

C'est alll,II que va l'amour.

Dy a des hommes qui veulent du pain et des cil"Hffl!i

•••

Ce, ho!nlnes veulent peut-itl'e aussi toucher tout

qulllthâiuln.
•
Cel IJomna veulent mœrir clans leur Ut, dans l'i
d'une &amp;mille qui l cette minute-a rm que c'est
triste de quitter ta chère vie.
Mai poar s'emparer et des bons plats
et des .etealents qui honOhllt le corps (la beauté
femmes 1en enfin respea. toute femme sera Ol'IMII}
et des mailona oil chacun dort clans une digne
et de ces vlllapa del côtes peupWs da rlcha
et de ces trains qui l'été Y01,1S hissent à l'hmr et
vous tirent vers 1'6té
•

pour nous aaltlr de liDus ces biens noua comba
et nous mourrons. C'est ainsi qu'est la loi humaine.

Nous voulons du nouveau. - Oit JIOÙl ljll !&gt;tire.

-•11.

Vous qlÎI nie&amp; notre nO\Mla_d, vous Mriea
~ li nous y ~ Vous 11111ida

boacbe ouverte. n'a:,a11t plus t dire : - . à
sentiriez une teUè pénurie qu'll voua faudrait 11w
flllquechoN.
Du nollY•u I du DOUVNul jetona del bombes!
les lfoltles volent et ieton\bent en des
toajeun nouwllel. Cest qui lo.1m• S.
oùurgea.
Le nombre des atoniell est énorme et les combina
ait infinies. A d'aatres 1

����.__,:ia

DU PAUK-M?

:wMI' et d'Ana I ik, .... _ .ù
•IIUIJl1t d'.iml da peuple• d' •Pii2t l cd Il\
'I Jjôrtio au peui,le - ~ - - f i :.ppt1111111• •
.• 4f !l;uedloll-..1111.S5'eltl~iaialll'a,ii'IJN
••• Lejieùpleqai rit; . . . boit
rflniiartie,t-...vu. prp lb:e,qui · -. . .
douleule, les ma1qa . . . . et illl••L'ia6
les frallS _... et
pa •• Eil • f41ftilli•
Mitocraœ ..,_ llom.Qt !Mpfiw la Jartilnï et
pCIIIF 111 IIJIOU,S IMf8 f Cl.

r...,

.......... - ... 1lul

!!l'!IIPIII• bllllllllkllres dans ce-,..:

t.e,.....

sr,P"'"*

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•a-.t.

~'-lae . . . . . . delapemt.etclrdll\!IW , _ .
ppmllaboni1111at111111tpo!lflidl'e1Ç 1111 lam11 1ff
IJlb1~1'1'-C.. llllrfitœ p!lcilla tllà P!Ïlllr- d5 !{ IIHl

~ . IMsoulicle.
Je IOUbliœ ainœ,é., IPt .If proi6tadad. pol!r fe '11...U..., .. pn,fit d'un quarteton d'avoca4 et dlllntaU rt:'611 &amp;ourpois, ~ diaeàn ~
trouver d'autres Ty,tées, et IW10Ut de mot~
'51

Si la guerre est odleilie à ce PCJèt4, c'nt sùrtout,
#INlle,t-il, parce qu'elle sent maunls. D maùdit e,t
:.tiède qui pue i. 111111, car

�.,,.,,,,.,,,....»,,,,. .
L, . . , , , . , , . .

fibl,
~

~--..... ·--••,-M,. .
U&amp;utbjen «que1e~ en tén,loigQe •• _œ
C d ~ fi#Mltl _,,,,,,,_ _,,

.-1 ,_ ...

e, ~---.,, -- ,. ,oWls -

Jiillilù ff/U

....
fUÏ#S ,..,,,,.

,_._aln$ spoltes d'lmOur »: voill, n•eat-n pas
· · mie et bien inodernel Etcela . . .
•Jila..., que les femmes à p. le - ~
qUèJ rares Jn-. de loisir en font le

fèmmes ont de tout temps contribtM
part à faire ~ réputation des
Musset, a~s, Samain naguiJ:e, ma·
r•~ de Toi etM• et l'auteur de l a ~
/ N'est-ce pas un signe cruel de la

dlapit?
•
..,..., ëtttaits qu'on a pu lire perme
•
i. q u ~ Ja i..ngue et du jtyk.:C'esl
,ui eo~.enait aux « icMes • de cet kriv ·
-.,e c:onstamment eo proie au dèrn.oll
· , on ne finirait pas d'en dter des
upe douleur que distraiwnent c il distille du
• un cœur 4u'on c voudrait cr--tet
dê flèurctt », unei vie humaine qui c &amp;'ito\de

quatre

murs i•we blbliotl\èque

«

•l'W

, ou

q~ «inteltiennent à l'improviste •••
Jr.ùn homme P,èu délictt sur le chapiJre des bo
on nous dit qu• il 11UU14ue de aêledioJ1
signifier: que Ma,wn Le-s&amp;4111 esi un ouvrage

, chi
ui ,_.

d.._ a·uae

com

est . _ .

nêdfpnœ ~

Dt pgeure d e ~

iôOt

ti'alt à BauddâJtt, ·e démod~ etacl
dë tout rendre vfl.
IJNlllilvl,,de Bates(ii
du

Yem,_,

d

éti~e de

Rostand h
Oft&amp;VO\lhl

..

· Jammes d'une
•aiglal.». C'-

~-

ut ce qut rend si be,
{blfldttJlun • ,
siniiti, de Ja con
égaoc;es de Ya
rdise et de naa

slaœu~s
orme n

pas

e coré

au.

leffeetlOn o~ no
o• qtfellt toüdle 1 PJI
éilt adêquate 4êiorm~ êlJè ofli'e

l'expression des rap~ .et da tA&gt;nv
·• Ce vers • libêté » de môiïologUistë

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE
544
mental, cette syntaxe bégayante sans muscles et sans
nerfs, c'est une trouvaille, une création comparable,
dans son genre, aux inventions d'un Gallé ou d'un
Majorelle, à ce modem-style qui a empoisonné l'art
français pe"dant quinze ans ; c'est le style Henry
Bataille.
ROGER ALLARD

545

LE PARADIS
DES CONDITIONS HUMAINES
Au docteur Morubau-Beaucbant.

« Mon esprit s'est souvent et longuement appliqué à
se représenter la fraction de seconde où l'individu passe
de la vie à la mort. La déchéance soudaine de cette
noble organisation, la mise en liberté des myriades de
germes parasites que la vie tenait en respect, l'affranchissement de toutes les cellules qui concouraient à
l'expression d'une hérédité infinie, bref, l'anarchie succédant à une subordination raffinée, ce phénomène constitue la catastrophe la plus déconcertante qui soit au
monde.
« La mort ne m'effraye pas, mais l'instant de Ill mort
occupe mon inquiétude. j'ai passé des heures d'inhibition enfermé à l'intérieur de cet epsilon mystique qui
suspend le mouvement de la mystérieuse machine.
« On dit .que la mort est bien\'.'eillante parce que le
visage du mort n'exprime ni douleur ni étonnement. Il
, n'a pas le temps d'exprimer quelque chose. Chez le plus
exténué des moribonds, la cessation de la vie survient
encore à la façon d'un coup de tonnerre. Etudiez la mort

•

�LA NOUVELLE RBVUE FUNÇAISB

d'un crustacé minusatle, multipliez autour de vous lèï
précautions de la~ra~, entrez soigneuse-nt, daM
toutes 1ês -phases de t•apnie : lo~'il vous faudra
passer de. ces ~ues discontinues à la conclusion
'il '1st _,,.,, - l'immensité du saut vous dhnq~ 411•
1' conséquence et ses causes. n'appartiennent pas ph1i
au même règne que ne font le minéral et tanimal.
4ll Mais quand la tige est encore verte et drue ••.
«Mon pauvre ami, il était debout et me reprdait.
B venait de se retourner et me regardait. Nous ~11$
droy.ablernent bombardés-. -Nous avions repoussé deUI'
usauts a la grfnl(\e et au fusil. Notre 75 tirait ton~
la sure.xdtation du combat avait cessé. J'étais accroilpl
a fottd du. boyau, envahi par cet écœurement que
donne • ~ de la mort quand elle souffle au ~ e
sans .disèonliàuer. l.e..a1non m'hébêtait; je m'aband
nais i ma torpeur avec une complaisance liche.
, U se tenait Vigoureusement debout i quinze ~
de moi au nlieu des r8$tes de sa ~ n . NQus
.,._ par dés cadavns boueux ët par des vivants qut
Dë

v~nt guère mieux. Une ignoble odeur bleu~

,ampm entre nous. Le parapet était entaillé d'excaV&gt;.
tiQDS maunises où miroitaient quelques mottes de
hlchement calànées

« D venait de relever lui-même le guette!W de sa
(ion. je l'ai vu se retourner d' mon '!'té, fai vu
rire dêcouvrir ses dents blanches :
«- Hé bien, mon vieux, ils n'en veulent pl•••
c Un ronflement bref a surgi : je t'ai dit que notre
tiqJt court;7 nous étions à contre-pente; les obus n
-arrivaient dessus en labourant le parados.

'ffl•---

plié
.fa figure un
.. fimlée .,. Cadlé lë
DlOlllerlt éWa il se pliait, Hét:
est)à. »
:$'est

i

dornier souvellir de là-bas -est

pianœet4e le dâtnèllf q
m'en ïépate-. Dm'.-ïve •
• 'IDOD souffle. TGUt •
ante, œtnme craquè un 01

, ma vue s'aéatllisserrt;
e se rédlpiatt à un sifflement,
anciens rêves n·é~t . _ dfj.

, Je tombe en cinite libre; avec d
que rien ne menace, que riaî
tme pnde hauteur~-• iNi
lilliputienne etl.ln ~ eiitenaoft his
~ OÙ ~ U I I nains~ - ~
fluMe Aa.-, sur des reste&amp; de apc;te

• encore, là-haut, ~ n t des lieu• ta
d'•n l&gt;leu sale, l)(eiàë i ra bo~ 4'
qui s'atraiblit et s'fflllOUÏt. 411. if $fflÎI

serait dêlide~ l
sifflêment paratt tout remplir, pourtant
le traverse; on, &lt;tirait un soupir pouSR
•Aloa, aussi Joift qu•.uemt~on reprd,-ce ,_sa
.qui est dêVenv lé mien.-- je distinpe

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

formes entraînées dans la même chute. Je ne suis qu'une
goutte perdue dans une immense pluie de morts. Tous
paraissent s'abandonner aux délices intérieures qui sont
aussi les miennes. Nous pesons sur le néant de tout le
poids de notre lassitude; et à force de se dérober autour
de nous, le vide finit par nous recevoir et nous envelopper maternellement; rien ne nous retient, rien ne nous
attache, l'abîme devient un lit, la chute un repos, la
jouissance du vertige un état. Des mots me traversent
la mémoire ... équilibre indifférent. .. mobile autour de
tous ses axes ... Je souhaite me tourner: à l'instant je
me tourne, sans que rien n'ait bougé en moi qui me
rappelle un effort des muscles.
Une jubilation puissante m'envahit: je m'appuie
savoureusement sur cet édredon qui m'environne:
j'essaye avec lenteur toutes les attitudes que m'inspire
ma fatigue. Au zénith, le microcosme de la tranchée et
de mes anciennes souffrances achève de poudroyer dans
un recul infini: c'est en moi que je sens à présent notre
chute; elle s'est incÔrporée à mon essence.
Qui pourra décrire le ravissement de ces premiers
instants? j'ignore s'ils durent des heures ou des siècles.
j'ai fermé les yeux, je me suis enclos en moi-même. Au
monde de l'instable, succède celui de l'éternel équilibre,
au· monde du labeur, celui de l'éternel repos, à celui de
l'inquiétude, celui de l'éternelle indifférence. A la base
de notre nouvelle nature physique vibre la volupté;
comme fondement de notre nouvelle incarnation spirituelle apparaît le pouvoir infini de notre désir: notre
désir.. cessant d'être
l'appétit las et tourmenté que nous
,
avions connu, devient pur esprit, clairvoyance pur~,

LE PARADIS DES CONDITIONS HUMAINES

549
bonté pure. j'ai senti cette singulière transmutation
s'accomplir doucement en moi. Je restais le même
être et doué des mêmes facultés; mais, par l'effet de la
souffrance abolie, elles se distillaient peu à peu de l'ordre
matériel dans celui de la spiritualité.
C'est alors qu'à mon tour j'ai poussé le soupir qui
;1ccompagne la fin de la métamorphose. Des soupirs
semblables s'élevaient de toutes parts. La mort, devenue
parfaite, nous éveillait l'un après l'autre. Nous sommes
sortis de notre méditation comme l'insecte .s'échappe de
la chrysalide.
Notre premier mouvement a été vers notre passé:
mais c'est en vain que nous avons cherché quelque trace
du monde où nous avions vécu notre existence de larves.
L'infini s'était refermé sur nous.
Avec un second soupir, nous avons ramené notre
attention autour de nous: et c'est à ce moment qu 'a
travers les espaces sans limites où règne le bonheur de
l'impondérable, a commencé le voyage qui nous pousse
éternellement les uns vers les autres et nous agglomère
en sociétés, nous autres, morts,
Une voix a murmuré en moi :
-Serons-nous bientôt arrivés la où nous nous rendons?
Tout aussitôt il lui à été répondu :
- Bientôt, mon ami très cher.
Mais je ne saurais dire si l'une de ces deux voix était
la mienne. j'étais entouré de mes semblables; nos yeux
se posaient les uns sur les autres avec une curiosité
fixe et lente. L'espace était envahi par une sorte de crépuscule uniforme; et, si je me souviens bien, à travers
l'étendue rien n'existait hormis nous.

�5;o
Cependant, vive et intacte, la mémoire veillait et nous
o1Jraitses richessts, commecertainesfemmesdestableaux
vénitiens élèvent des coupes chargées de fleurs et de
fruits. Je me suis donc vu tout à coup cheminant sur
une plage que la mer venait d'abindonner; et, comme
il arrive alors, les puçes jaillissant par myriades sous
nos pas faisaient croire que la nappe entière du sable se
soulevait et retombait dan~ le grouillement d'une pulsation universelle.
La cause en était précisément cette demande qui venait
de s'élever en moi pour y recevoir cèt accueil pl~in de
patience et de bonté. Car de tous les côtés la même
interrogation naissait, suivie de la même •réponse. Et
d'autre part la tristesse douce de œ crépuscule dont
j'ai déj~ parlé étendait en nous et autour de nous les
mélancolies mêmes de la marée basse.
C'est alors que j'ai remarqué Renaut -et que j'en ai
reçu le sourire. L'instant après· nous étions l'un près de.
l'autre, et une question est venue de lui à moi :
- Serons-nous bientôt arrivés là où nous nous rendons?
Mais au même moment ma voix lui répondait :
- Nous ferons la route· ensemble, mon ami très cher.
Puis, de nouvelles ~urées se sont élargies. et quand
je me suis arraché à ma rêverie, les femmes s'étaient
.réunies entre elles; beaucoup plus nombreux, les
· hommes s'étaient groupés de ci de là ; leurs brH s'.appuyaientsur les.épaules ou sur les hanches les uns des
autres.
·
Les voix calmes et les yeux souriants ont posé pour
la troisième fois la même question :

$

PARADIS DES COlfDITIONS HUMAINES

551

- Serons-nous bientôt arrivés là où nous nous ren..
dons?
La même inflexion pleine de patience et de bonté s'est
encore une fois élevée sans qu'aucun de nous pût dire
si c'était ln sienne ou celle d'un autre; mais elle a, cette
fois, répondu à notre question par une autre question.
Qui se la rappellera sans trouble? Qpi affirmera que
nous aurions été capables de l'endurer si nous étions
restés _seuls? Car voici les paroles déchirantes qui ont~
prononcées :
- Mon ami très cher, qui sait où nous allons?
Tel a été Je premier signe où nous avons reconnu que
l'éternité prenait possessjon de nous. fi a retenti comme
l'annonce d'une nouvelle mort dans la mort. Peut-atre
l'éther qui nous enveloppait conserve-t-JI encore l'empreinte du désespoir qui a tordu nos bras et dressé J'angoisse de nos visages.
Mais une voix a parlé, si avant en moi que j'ai été q1,1efque temps avant de reconnaître celle de Renaut :
- QiJ'est-ce qu'il fallait donc faire pour mériter que
s'accomplisse Je désir de nos désirs?
Qpj n'ignore pas Je respect évite de nommer l'objet de
sa passion et ne s'en fait pas moins bien comprendre.
Ces mots désignaient le jardin auquel aspire toute créature humaine. Trouvant cette plainte ajustée à sa douleur, chacun de nous l'a entendue et reprise. Et voici
quelle réponse a été faite à cet immense bruissement :
- Mon ami très cher, il faut encore attendre.
0 vie dans la mort, je ne peux pas définir d'une expression plus juste œ retour de l'espérance quand toute
espérance paraissait éteinte. Ni cette promesse n'a été

�..

ffl

LA IIOUVIUJ! UVUI ~

.mhieelldooté, bi peséelacondelcendanceqïl'elle pouvait •
contenir.
Comme une riaie parcourt ln blés mGrl, la joie •
l'P.ê de ))l'O.Chll en prochè.:
-Attendre-. On dit qu'il faut encore attenc1te r
Mot ~ s'iftdinaient avec empressement eur te
pusageUr-assunnœnouvelleètuneanimation curieuse
•test allllitat emparée de nos petits groupes.
J'ai dit qu'à travers l'étendue rien n'exiftait hormis
nous. Mais au moment où nous a été GOllll'l1Ubiqll
1•or4re qtd IIOllS imposait de demeurer enéore œ 11®1
~ . thaêiin de nous a ieté les y•ux alltour de soi et
s#est ,ris à considérer le crépuscule grisitre qui nous

-~

Ce.qui s'est alors passé ne nous a pas surpris; c'est
par Il suite et en y songeant que nous avons commencé
à nous en étonner; èt, depuis lors, notre souvenir se
pJàtt •
sans relkhe Je miracle dont nous a\'On1
~
• Car ftOtre attentien ayant commencé à se fixer sur
r ~ qui ac:compapait notre chute, il nous• seniblé
cp,•ft Mt lë tbéltre d'une métamorphose insentible.
Noas 4tions purs esprits et vouloirs purs. Bât-ce que ce
IOtlt èles pattelles détachées de notre. désir qui ont pr.ft"
~ aUtNr de nous? Est-ce I ' ~ elle-marne qui
_,. entre lei palpes de notre attention, a dwlgt
d'aaence?

-....

•oquer

je ne UUl'lis donner aucune réponse ~ ces quëStfons._
et dots me borner à décrire le phénomène étrange qui
s'est offert à nous.
A travers l'impondhable, de légers flocons de matiùe

~---~-

ltlettuu.ittrllll
elpicedeplftt:~,
, . . ._ .... _,faiultpllll.n
q\JtJlwes'~10llt~
0iiitNadU parmi ROUS; DOfr.è:atêmplatiCJn

- -~-----IOi,ffflC~-------"
'="·
a11imler 4ue,t911t œ que.-; je n'eserais
JouNl et par la suite n'a pq ,teleiltOduJt de
plation . . . . . .e.
•

œcesn~'-lt,nime.afuae,.,._ ·

; 1'4NISefflble et. • ~ , . _
dnalt1erlgler•r~~
qÙ'ii nous causait p-. lllkdne w ;..,o_,-~·
que cl'un .ordre aigu :- la ~ de œs
s'effectuait~ sur une adenco- co
e et gnpeuse, auprô • - - •.acaa •
· a--, les.plus rdiàéS ne• ~
Qeervet de valeur; n n'Mait ,.. uo ...i de nos
ne prftsa~de Cètte vol• et n'y tmuvAt

vœu essentiel dont il est • · ~ n .
Id encore la notion du t e m p s ~ · cleftOII
ont 44 s'auler. De&amp; hQl'iz:èns oRt pris co
cle oous. Ma aije leclroit
rï,a ne trahit Ja doulèillH~
émanation, nGUHvons vu ~:former autodr de
payup d'émanationa. l i t ~ DDUI ~
pês sous l'empire de nos aflirûtis, dlacull dé
• groupes s'est ~trouvé le centre d,une co .
• était l'image mame de ses pr4férencft.
La voix de Renaut a m ~ :
- Mon ami très cher, n'avam:eroos-aous pas?-

de,..,.• .,.,

�554
LA MOUVELLE REVUE.FUMÇAISE
Comblen de siècles d'immobilité aJ..je dii soulever? Le
to11rire ft'afemel qui m'évdDait est devenu mon guide.
Poûr la pi"ètnl~re f~ nous avons foulé ce continent
spirituel dont la matière iMUffisamment tatfennie tremblait sous notre passage aérien.
Mats notre surprise devait être contplète; :Cl!' Renaut
ayant saisi ce qui paraissait être le tronc d·un arbre, j'ai
d'abord cru que c'était dans le fond même de mon être
qué sa main fouillait. Je m'étais penché et je tâtais le
sol; il s·est arrêté comme si je l'avais toudlé; nous
emmes restés interdits à nous dévisager. Un de nos
compagnons se dirigeait à ce moment-là vers nous;
J mesure qu'il s'approchait, ses pas venaient retentir
clans le aeux de notre estomac ; il a cassé la tige d'un~
petite plante; quelque chose s'est exhale de nous·.
L'habitude seule nous a familiarisés avec cette sensation. Ce n'était pas qu'elle fait douloureuse; mais le
monde au travers duquel nous nous déplacions était
Cêlùi .du contact universel, et cela nous a rendus longtemps craintifs et circonspects.
- Attendre sans agir, n'est-ce pas désespérer?
a fini par dire un de. nos compagnons. Nous nous
sommes tournés vers lui comme vers notre pen•. 8
restait sur lui des traces d'une condition humaine assez
misérable. ~is la fermeté de.la voix etl'éclat vif~ enga..
geaht des yeux justifiaient l'initiative qu'il •!ait assumée.
-Agir?
a répondu l'un de nous.
- Sans doute. Voyez.
Le pays qui nous entourait était ombreux et vallonné.
Du sommet OQ nous nous tenions, nous pouvions

œ PARADIS DIS Q&gt;NDITIONs HUMAllŒS

SS5

quer qu'il allait mourir à une usez pnde ~
là dans. la mélancolie d'une steppe A-atcheMent dés&lt;&gt;,-

•

Et comme nos groupes s'étaient dissérninM-au 1oJ11.
• 'IUe des mouvements de œmia fraldrement uêés,
mqrcelaient à présent l'étendue, nous disti~ mal,
J,r delà cette plaine, de lointaitles décbirutes de &amp;htisel
4u'œirlait, sous un horizon bas, la lisière JMdt et
kic.ertaine du ressac.
- R~rdez; en voilà qui ont compris et qui s'y mdtent sans attendre.
Les habitants de la stepPe erraient jusque là ~
désœuvrés à travers leurs mornes poasessions; mais Ml
venaient de s'immobiliser; la distance ne nous a #
empêchés de reconnaître la nature rigide et extatique df
leur attitude. Us formaient un petit rassemblement
compact, presque perdu à nos pieds dani les courtes
;herbes qui frisaient sur le sable. Nous avons alors vo
maté{ialiser autour d'eux ces lègers tQ1Jl'billons
,argentés qui nous. rappelaient tant de choses; nous ne
~ons pas plus qu'eux, to~ à 1'émenreillement de
te spectacle qui devait par la suite, se répéter tant de
:fuis; ces nuages se sont joints; leur masse s'est pr.o-.
..-essivement accrue puis modelée; la steppe a co11&gt;
mence à se couvrir de troupeaux; leur hou.le a submergj
cê1le des herbes frisées ; leurs b!Jements Ollt envahi
l'espace; e~ du milieu d'eUK, ont enfin surgi tes piquets
les chevaux eti les cordes des tentes.
- t!t voyez encore,
a répété le même compagnon. Nous nous ~
retournés dans la direction nouvelle qu'il nous indiqùàfi;
De ce côtê-là, nos collines s'abaissaient pour enclore

��~

=

JI/@·
Zt,U
t

��l5f,2
LA NOUVELLE REVUE FIAMÇAJSI
populations entières adonnées à bitir, 'et d'autres à llâvf...
guer; nous avons vu des ingénieurs épuiser toutes les
combinaisons de la matière à Imaginer des gouffres pour
f, lancer des ponts; nous avons pénétré dans des édifü:es
et assisté à des. conférences où s'emploient tout~s les
subtilités de la dialectique ; ·nous avons parcouru des
landes où des milliers d'ombres, spontanément astreintes
l une discipline, s'entraînent à de longs exercices; nous
avons rencontré des esclaves volontaires qui créaient des
champs pour se donner la joie d'y ouvrir des sillons et
d'y faire lèver dèS récoltes; nous avons abordé à des rêàfl
autour desquels le vœu des habitants soulève des tem-.
pêtes ; nous avons interrogé des solitaires qui nous
· menaçaient quand nous approchions, et se défendaien
contre. no11s par les obstacles les plus atroces. Nous avons
tnverscJdes déserts aù somnolai~nt des tribus que notrt
voix n'arrachait pas à leurs pénibles distractions. No
avons frayé avec des élégants.dans des décors luxueux,
nous avons discuté et plaisanté avec des êtres charmants,
pleins d'imprévu et de fantaisie. Nous avons recen~
qu'il existe, par delà la tombê, des esprits aventureux,
des esprits sociables, des esprits farouches, des esprit$
lents et des esprits inv~ntifs. Et à nos questions, ils n
savaient tous qu'opposer la même réponse:
- Mon ami très cher, ne nous a-t-on pas dit d'attendre
encore un peu?.
•
Mais quand la fatigue nous venait, nous tournions
t&amp;te de notre caravane vers le couvent des mortes. Cat
là veillaient nos plaisirs les plus délicats.
Comment est-il croyable que nous n'ayons pas mesuri
plus tôt l'éclat dont peut briller la femme quand. elle ~

PA~S .D&amp;s OONDmONS HUMAINES

ée dt la réserve où la retiennent, pendant la vie,

ombra~ses velléités de ses compagnons ?
Le seuil retentissait toujours du mouvement des en,.,
ttants et des sortants. Nous traversions des salles oil se

.ptomer,aient des coaples. Des saluts aff'ectueur5'édlm~nt. Tout houvel arrivant était reçu avec Ja même
haute courtoisie, mais une nuance insensiblë faisait
itilentôt leur juste part aux pélerins d'une nature loyale
:et bienveillante.
Pour que les chambres fussent fraiches, les jard'ms
ftJienteosoleillés. Le parfum des tlebrset celui des herbes
rendaient plus vibrante encore une atmosphêre. parcourue d'affinités. Des concerts naissaient à tout moment;
les uns, ~impies et entraînants, accusaient le rythme de Ja ·
conversation; ils s'interrompaient sur une remarque, et
repartaient sur un mouvement de gaîté; les autres, d•une
nature plus intime, creusaient des silences où les esprit:$
trouvaient le loisir de s'entendre mieux; en apparence
l'orgue, les violons et le reste des instruments y élevaient
seuls la voix, mais ils ne servaient qu'à ouvrir les écluses
intérieures.
Peu à peu se sont nouées des habitudes et tréés da
attachements. Le costume noir et blanc de nos compagnes
a commencé à hanter nos souvenirs. Et bientôt plusieurs
d'entre nous ont su que, dans un coin plus particulièrement cher et familier du couvent, il y avait un ~u'rire
prk à récompenser leur retour.
·
C'est ainsi que je me trouvais une fois dans une allée
de lavande auprès de celle que je préférais à toute autre.
Plusieurs de nos amis nous entouraient; Renaut n'était
pas Join de moi, et je pouvais entendre à quelque di►

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la doltres et ile'tl!ltlii .......
Vell IIGIII ; la ■ ir.litt llhainluft

���LA NOUVELLE REVUE FRANÇAIS~

celui de Gyp. 11 ne m'advint point pendant la guerre, comme à
mon ch3rmant ami le poète Louis de Gonzague-Frick 1 de loger

plusieurs semaines de loisir dans une cagna que garnissaient les
œuvres complètes de Gyp, venues là je ne sais d'où, sans doute
envoyées à titre de ravitaillement par la bonne comtesse. j'imagine
que si j'avais relu ces Gyp (dont certains me plurent assez autrefois)
j'aurais pensé y retrouver 1 avec tout son brillant passager et passé,
certain style troisième République, aussi caractérisé et aussi révolu
que le style Second Empire. C'est pourquoi je me laisse dire docilement que la quatrième République a déjà ·commencé. Le Bob de
la troisième, agréable ef terrible gamin, n'a guêre de traits communs avec le Bob nê de la collaboration de Jeanne Landre, de
Francis Carco et de Pierre Mac-Orlan. Bob et Bobett, mfants perdus,
Bob et Bob1U, s'amusent, Bob batail/0111,aire nous font connaître un
enfant perdu de Montmartre, qui ne peut compter et faire compter
Bobctte que sur lui-même, qui vit dans Paris à peu près comme
Sâdik, le Yao11/ed de Saâda, dans Blidah, et que son industrie
alerte ne préserve pas plus que Sàdik de tomher dans les mains de
la dure police. Enfant perdu de la destinée 1 enfant perdu de bataillon d'Afrique, enfant perdu de la grande guerre, Bob a suivi sa
chance, souvent mauvaise et parfois bonne. Tel qu'il va, roule,
tangue dans le dessin de Gus Bofa, voilà vingt ans qu'il marche
ainsi, vingt ans qu'il peut dire à la mobile fortune : « Tu es seule
mon père el ma mère, mon foyer et mes dieu1&lt;. »
Peut-être M. Mac-Orlan a-t-il été un peu gêné dans un cadre qui
convenait à M. Francis Carco, et peut-être le Bob de celui-ci se
meut-il sur des plans plus délicats. Peut-être aussi le titre de
roman d'aventures détone-t-il sur un livre où il n 1y J en somme
que de la vie quotidienne. M. Mac-Orlan, qui a écrit dans le Cba,it dt
l'Équipage un des plus spirituels et savo'ureux romans d'aventures
que je sache, devrait plus que quiconque n'appliquer l'étiquette
qu'à bon escient. Mai!:, je crois bien que je patauge : Bob balaillonnaire est intitulé roman d'aventures comme tel livre d'Alphonse
Allais s'appelle le Parapluie de t'Escouad, parce qu'on n 1y parle ni
de parapluie ni, d'escouade. Bob, comme beaucoup d'autres romans
de guerre, et comme le Feu lui-même, est le contraire du roman
d'aventures. Bob connaissait mieux Pavcnture quand il rôdait,

RÉFLEXIONS SUR LA LITTÉRATURE

môme, sur le pavé parisien, que lorsque, les dés ayant roulé sur
la table des dieux, l'humaniU. avec Bob à son centre ch: feu, fut
prise dans la plus tragique aventure de l'histoire. Plus précisément,
tout ce qui compte comme roman de guerre appartient au roman
de la destinée et non au roman de 11aventure.
Un roman de la destinee est un roman qui se passe dans une
sorte de pensée cosmique, atmosphère qui nous baigne et nous
pénétre. et où tout ce que nous faisons semble exister idéalement
avant notre action. Voici quelques lignes de Bob balatllonna.in:
« Le train interminable se perdait dans un tunnel. Des copains
reconnurent Bob, l'appelêrent, il monta avec eux et Phomme du
génie.

« Plus tard, avec les premiers mouvements rythmiques du train,
il sentit que sa personnalité s'évanouissait tout à fait.
« Excellent nirvâna où l'on se fout du tiers comme du quart, où
l'on dort d'un sommeil de bête1 ol1 les contingences n'ont pas
d'importance. La locomotive pense pour tous 1 et c'est elle seule
qui marquera le premier arrêt où d'autres volontés se substitueront
à la sienne. »
Voilà bien la psychologie d'un retour de permission. Et ce sentiment amer et doux de la destinêe où l'on est embarqué, servait en
somme de fond continu 1 tantôt apparent et tantôt recouvert, a
presque toute la vie militaire. Il y avait là plusieurs éléments.
D'abord la face interne de la discipline, force principale des armées:
le soldat (et aussi le gradé inférieur) est plié à l'obéissance plus
qu'à l'initiative; tout le détail de sa vie est public, administre,
matriculé ; il sécrète naturellement une philosophie dont le mûitoub n'est que la forme extrème et logique. Puis cette sécrétion se
comporte sur lui comme un enduit protecteur, crée un calus d'indifférence, engendre des attitudes utiles à la dure vie quotidienne.
Enfin ce sentiment est favorisé par certains mécanismes psychologiques: on pQurrait1 semble-t-il, définir le sentiment passif de la
destinée comme une paramnésie chronique, c'est-à-dire une faculté
de projeter toujours du passé sur le présent. Dans la vie de campagne je tombais toujours, en arrivant dans un nouveau pays, sur
cette impression : tout ce que je voy:iis, je l'avais déjà vu. Comme
CR permission je n'étais pas sujet .à ces par.amnésies (et que je ne

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��LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

du problèmes d'école des problèmes sociaux semblables iceux qui
pr*cupent un Rathenau ou un Sidney Webb et qui requièrent.
par leur gravité, le concours de toutes les intelligences. S'il se
hasardaient refaire une éducation que les institutions de la troisième République ont faussée pour avoir hérité des vices du aec:ond
Empire, s'ils se hasardaient à ouvrir les œuvres des écrivains sociaux
du XV.- siècle et du xrx• 1iècle dont leurs maîtres interdisaient la
lecture comme frivole, dangereuse et susceptible de porter atteinte l
l'ordre moral, ils retrouveraient peut.f:tre notre tradition populaire.
Il faudrait seulement ne pas éprouver de fausse honte et vouloir une
bonne fois être nou.s--mEmes, comme nous n'avons plus OH l'ftre
depuis 18.48. Ll serait la véritable liberté d'esprit. En nous ralliant
1ux directives qui correspondent à nos habitudes mentales, qui sont
inscrites cbn5 notre organisme ei constitutives de la mentalité
d'occident, nous retouverions peut~tre le moyen Je plus sClr de
rejoindre l'humanité. S'il n'est qu'une manière de souffrir, il est
différentes manières de comprendre. Et les nuances de l'intelligence
sont autant d'ftages qui nous rapprochent ou nous éloignent de la
conscience. Et, chu: ceux qui ont voulu comprendre uns se difen-dre de porter des appréciations morales et qui, sans manquer de
goOt, de style ni de sens artistique, savaient mettre l'intelligence
au service de la société, il y a la conscience d'un peuple.
Seul le retour à notre civilisation peut nous libérer des émotions
qui captent la masse des hommes. A ce prix seulement, secouant la
pitié, la colère, l'indignation, devenus défiants à l'égard de tout
verbalisme et de toute logique émotive, nous atteindrons davantage que des vérités passionnelles où s'exprime un tempérament et
conquenons les drités collectives qui, seules, expriment la vie
d'un peuple. Car les hommes de bonne volonté ne peuvent mettre
en commun que leur inquiétude, leur confiance et leur lyrisme.
Devant l'usure des choses, la lassitude des volontés, la ruine du.
monde, que peut, seul, un gcsted'amour, quand, renié par l'Europe,
renié par l'Amérique, l'homme qui eut les accents d'un prophéte, se
tait dans la solitude de la Maison Blanche. Refuser d'assister en
spectateur muet à la coalition des intérèts, à la fermentation des
haines, aux palinodies des penseurs ne saurait suffit. Il nous faut
encore acquérir, au prix de l'effort, la maitrise de l'intelligence

*

NOTES
par qui seule s'acquiert la maitrise dans l'action. Car, s{ nous
sommes assurés maintenant de notre intégrité nationale, iJ nous
reste ~ut-être enco~e. ~ sauver, en dépit de, autres, en drplt de
nous•memes, notre civ1hsation.
I.AYMOICD

UltOll

••

LE PAQUEBOT TENACITY de Charles Vildrac et
LE_ CA_RROSSE DU SAINT-SACREMENT de Prosper
Mer,mee au Théâtre du Vieux-Colombier.
Le Paquebot Tenacity !
Trois personn.ages ; Une femme, deux hommes. Ajoutez quelques
sa~o~reuscs ligures - peu nombreuses - pour lier le drame.
EptRglée au programme. cette phrase de Rabelais : * Les destinées
meuvent celui qui consent, tirent celui qui refuse•· Et tout de
su.ite,. l'action commence. Elle est humble, sans détour, :ans corn.
plicahons extérieures.
Deux jeunes hommes arrivent dans un port ; ils viennent s'embar.
quer pour Q1uelque lointain ~anada. Tous deux sortent de la guerre.
Ils rèvent d u_n pays neuf, hbre, point trop gtté par Ja gangrène
europétnne; ris rêvent d'horizon vierge et d'air respirable.
Dans l'auberge à matelots où ils comptent passer Ja nuit, ils
appre~nent que leur bateau, le paquebot Tmaât1, sera retenu plus
de quinze Jours au port par une avarie de m.achine. fi faut donc
prendre patience et travailler ici en attendant l'heure du départ.
A les ent~ndre ~user et plaisanter1 à les voir aller et venir, on
comprend vue qu 11s ne sont pas tous deux animés de la mime
pusion. Ségard, cœur tendre, hésitant. toumé vers les choses du
~assé, ~mble à la remorque de Bastien qui est, lui, une nature
1
mpuls1ve, impétueuse, aux réactions vives et fugaces. Tous deux
',°nt ~réts à partir, mais. seul, Bastien semble vraiment résolu : il
1explique err phrases sonores, faciles, qui sentent la réunion pubHque
et _1~ lectures romanesques. Ségard jette les yeux autour de tut et
voici que mille souvenirs s'enroulent i son âmr, comme de frfles
a~lrrcs.

s

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•••

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' . . .. . . .. . . .

Jlil!~~;lïllijl_,..dllo~,Gllll•u4~

�594

'

LA NOl.!VELLE REVUE FRANÇAISE

accoutumé, par la production contemporaine, à des effets volumineux.
Il apparait tout d'abord que le drame se rattache i la tradition
rblistc. Il s'en dégage pourtant un parfum. je dirai une odeur
d'âme qu'on ne trouve pas aux meilleurs ouvrages dramatiques du
réalisme.
Je voudrais bien éviter tout cc qui pourrait ressembler aux professions de foi des écoles, mais je dois dire ce qui est mon sentiment
à ce sujet. Nous ne pouvons plus renoncer aux acquisitions du réalisme : nous avons pris là un go1it de la vérité, une habitude de la
vie qu'il nous est impossible de perdre. Mais je pense que l'exactitude des méthodes réalistes n'est incompatible ni avec un lyrisme
intérieur, ni avec une profonde flamme idéaliste, ni avec la fantaisie, ni en un mot avec la poésie. Rendre perceptible tout ce qu'il y
a d'âme dans le réel, tout ce qu'il y a d'éternel dans le quotidien,
tout cc qu'il y a d'esprit dans les choses, tout ce qu'il y a de vérité
sous l'apparence, et cela sans en venir à l'artifice facile du symbole.
Voilà un but sur lequel il faut avoir les yeux attachés.
Lt Paqutbot Tniacity est parfaitement joué au Tbintr, du Vitu,r;Colombitr. Jacques Copeau vient i peine de reconstituer sa troupe,
en partie dispersée par la guerre et. déjà, il obtient des résul_tats
exceptionnels. Tout le monde - presse et public - s'est accordé à
le reconnaitre. Il faut, pour bien comprendre les raisons de ce
miracle. avoir vu et entendu Jacques Copeau dirig~r une répétition,
expliquer un texte, placer une réplique, commenter un personnage,
donner une intonation, disposer des silences. Il faut aussi avoir
respiré cet air de confiance et de cordialité qui règne dans la maison.
j'aime heaucoup le Hidoux que nous a composé Bacqué. A vrai
dire le mot composé convient mal : c'est Hidoux que nous voyons,
Hidoux en personne et Bacqué parvient à nous faire oublier qu'il y
a un acteur accompli derrière ce bonhomme.
Vitray et Le Goff sont très judicieusement choisis pour interpréter Bastien et Ségard. Des qu'ils paraissent, ils nous donnent, de
leur personnage, une idée juste et vivante que leur jeu amplifie
par la suite d'heureuse façon. Vitray a obtenu beaucoup de succès;
il possède cc que l'on appelle au théitre « une nature 11. Le Goff,
tout sensibilité et tendresse voilée, a de son texte une conscience
profonde, presque douloureuse.

NOTES

595

J'aime beaucoup la Thérèse de MademoiselleJordaan. Cette comédienne voit juste et copie fidèlement ses modèles; nous reconnaissons chacun de ses gestes. chacun de ses accents: la vie memc !
Madame Barbiéri, la mère Cordier, a montré qu'on peut mettre
beaucoup de talent dans une petite chose et Allard est parfait d'accent et d'allure dans le matelot anglais. Pour compléter l'ensemble
disons que de simples silhouettes sont dessinées par des acteurs de
qualité et qu'il nous semble bien avoir reconnu, parmi les ouvriers
du port, la chevelure flamboyante du roi Léontès et la barbe d'AD"
tigonus. Heureux théâtre où les princes d'hier viennent aujourd'hui
figurer dans un estaminet.

.•.
. Apres le Paquebot Tmacity le rideau se relève pour la représentation du Carross, du Saint-Sacrmimt. Nous étions dans un cabaret
normand ou picard, nous voici dans un palais péruvien. L'illusion
est complète, et, cependant, il n'y a que peu de changement sur la
scène: des accessoires ont été enlevés, d'autres apportés. Le cadre
est toujours là. Mais la lumière tombe réellement d'un autre ciel:
elle était brumeuse et froide, la voici d'un éclatant jaune citron. Et
puis les acteurs aussi ont changé. Habit, langage, âme, nous sommes à Lima. Enfin, la voix du poète achève la métamorphose.
L'expérience tentée là par Copeau, l'expérience de la scène fixe,
est tout à fait concluante, si concluante que personne n'a jugé bon
d'insister. N'insistons pas davantage.
A l'occasion de la petite pièce de Mérimée, toute la critique a fait
preuve d'une érudition si complète et si variée que je ne dirai presque rien, assuré que je serais maintenant de répéter q~elqu'un.
Le Carrosse d11 Saint-Sacremn,t donne à la fois une impression de
grande abondance dans l'ensemble et de concision dans le détail.
La langue en est exquise et suffirait au plaisir du spectateur si
celui-ci ne prenait plaisir à la peinture, toute classique, des caractères, à la fantaisie presque bouffonne qui marque la fin de l'ouvrage, 2 l'imprévu comique et charmant des costumes.
Jacques Copeau joue lui-même don Andrès. Je l'ai entendu plusieurs fois. Poète, acteur, Jacques Copeau est un acteur exceptionnel;

�'FP

NOTIS

m

ne peut pas dire qu'il compose un r61e, il le dkouvre et le
red.kouvrc • toute occasion. JI ne cesse de collaborer, en poète, avec
le poète.
Mademoiselle Tessier ut radieus,ment belle. Elle a pris d'auaut,
di'Jit-&lt;&gt;n, le difficile rôle de la Plrw:hole. L'ltude et le talent coll.,
borent pour le plus grand m~rlte de cette comédienne.
jouvey, l'ivlque de Lima, est a son ordinaire, c'Ht·Mire extrao,.
dinaire. Vermeil est onctueux, visqueux, digne des grandes figur11
de la cpmicfie classique.

La fameuse Invocation l Elvire est le plus surplffllnt -,p1o
dt lieu commun· rajeuni et transfiguré :

•
••

On comprend que ce chant-. plein gosier, après tant de ritour4
nelles et de fioritures ait jeté toute une génération dans le ravi,__
ment. Plu■ tard l'abus de l'iloquence, une rhitorique humanitalre
et de vague religiosité vinrent rompre le charme. Et d'autre put la
recherche d'images plus frappantes ou plus ingl!nieuses (i 11 Hugo),
111':ra le cristal des harmonieux octosyllabes:•

op

LAMARTINE ET MORÉAS.

Nul coup d'aile, ne monte plus haut. U oil il nt pur, c'est comme
une fuJq qui 1'ilève dans la nuit et qui meurt, mais aprà s'ftre

mfln aux utrn.

(),,;, f AflUI ,,,,,..,,.,,,1 llleOfl

1.,..,, -

c,,.,r,;, ..,. ,.,,,,,, ,, ïtbrw.•.

&amp; Nia U jow s.u«ll .. jow-

Pew: commimon.tions littéraires ont marqué Je début de cette
annt!e : Je centenaire des M;diulio,., et le dixième anniversaire dl
la IIIOrt de Jun Morw. Le huard fait de tels rapprochements qui
dennent à rlflkhir.
• Je n'admire pu un poète qui n'a pu autant de cbantt-que la
mer a de flots •, diu.it Apollonius, et Callimaque lui rt!pondait :
c Non, lea pr'11eascs 1,gères ne portent pu ·• Cérès de l'eau de tout
fleuve; mais celle qui. pure et transp,rent.e, coule en petite veine
de la aource ucrée, celle.là lui est chère•.. • E• tous deux continuent,
à tnvera les 1iëclcs, d'avoir raison, et cela tant que l'abondance et
la purett! seront les deux vertus cardinales de la poisie. Les plm
belles œuvres de Lamartine sont nft1 au lieu de leur rencontJL
Deux poèmn des MldilM/o,u offrent cet ~uilibre d'lloqumce ot
d'harmonie qu'il ut plus aisé de sentir que de dffinir : un point oil
le rythme de l'inq,iration, de l'idée gt!n~utrice et le rythme verbal
11 C011fondent absolumenL Racine et Malherbe ont de ces momllltl
ïnçomparabln, m1i1, pour peu que l'on soit du mhier. il est diffi.
die de ne pu aentir dans ces rencontres l'habilet~ et le tour de
main. C'est, du reste, un autre charme et qui a 10n prix.
Lamartine a le HCret des brulques mouvements qui dilatent le
CClllf. D'autres se soutiennent mieux et plus longtemps. Nul, d11111

"'

/1, g/issml ,.., /Mu,r th IT.,,
Do,u """' 1#111 oi, rilW "' t',§au,

o

throùr

'°"'' th r-

!

Cette pureté de jet ne faisait~Ue pas tout le prix de ce poème,

Son,,,;,, d'ailleurs languissant et mal composé. 11 supporte mal la
comparaison avec les sl.lnces de Voltaire :
Si

t:IOIIS

"°""{

ffU j'IUIIII M&amp;Orl•••

Sainto-8euve, si médiocre critique qu'il eût ilé, s'il en faut croire
certains critiques d'aujourd'hui, a finement marqué la différence :
• Un grain de Voltaire manque depuis longtemps t. nos ~ lyriques, quelque ch°'S comme Je sentiment du rire et du sourire.•
Pour tant s'émouvoir et •'exciter t. J'idft de la vieillesse et de la
mort

VouJ """"'1't( ou.ssi, eowtn Jû,n-s IU la fil!
d#SOMr, t&gt;l•im, fi,filiw IJ1UU...

]NNJu,

fi fallait avoir perdu cette philosophie non moins tohirante à l'égard
de la nature qu'i égard de l'ftre humain, et dont les grands esprits du
• 1i«:te préddent se faisaient honneur. En dramatisant t l'exds Je

�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

sentiment de la fuite des jours, en mêlant à tout jeu des passions le
tourment de l'infini, Lamartine a ouvert' la vole à tous les poètes
qui se sont efforcés de faire un sort tragique aux gestes les plus
ordinaires de la vie, et jusqu'à l'angoisse des personnages qui
n'osaient plus ouvrir ou fermer une porte, qu'épouvantait la lampe
éteinte et l'anneau brisé. ou bien le son même de leur propre voix.
Le rajeunissement de la sensibilité poétique tourne parfois :'I la puérilitè. Rajeunissons donc la poésie, mais craignons de la faire retomber en enfance. Lorsque apparait cc dessein plus ou moins conscient,
Je besoin se fait sentir d'un art aux significations fermes, où le
bonheur d'expression s'exerce sur une idée. C'est un va et vient
perpétuel; le néau de la balance s'infléchissant tantôt vers la musique et tantôt vers le didactisme.
Lamartine vint au moment ou l'on n'avait plus le loisir d'avoir
de l'esprit, où l'on inclinait à croire que la vie et l'amour étaient
choses sacerdotales. Les imaginations désiraient le bercement des
grandes orgues. Le poète des Harmonies sut y pourvoir avec
bonheur.
On n'a point manqué de citer à propos des M,iditations les noms
de quelques-uns des précurseurs de la poésie lamartinienne. Ainsi
Je centenaire du lac aura été l'occasion d'un peu de lumière jetée ·
sur le nom de Parny.
Eléonore, avant Elvire, avait enchanté une génération attachée,
comme Parny lui-~ême à la volupté purement sensuelle, génération
d'hommes sensibles plutôt que d'âmes tendres, et qui ne s'inquiètaient guère de savoir où vont les soleils morts. On voit par là ce
que Baudelaire, qui tient au xvtn• siècle par tant de côtés, doit à
Lamartine.
Mais il faut revenir à Parny. Combien sa tlainte d'amant vieilli
est touchante et douloureuse.

Je suis mort a11 plaisir ...
... Vous at't{ fui pour ne plus reparaitre
Prtmih't illusion dt tnts premiers btau.x jours,
Ctltstê nubantem,nt dts pr,miires amours!
0 fraîcbtur du plaisir!
Les Premiirts Miditations sont encore un peu imprégnées de

_NOTES

599

&lt;:ette ferveur sensuelle, mais on n'y trouve rien de plus parfait que

l'admirable élégie de Parny:

/ai cb,r&lt;bi dans l'absn,u un rtmède à mts maux.
M_ieux que par la trop fameuse description de G~rge Sand dans
l"':'1ana, le vallon de la Bernica, ou le futur auteur de la Gun-r,ths
Dùux poussa cette plainte désolée, mérite d'être célèbre à l'égal du
Lac et du vallon romantiques.

l'arbre J' croît atot.: P,in,; ,t l'oiuau par s,s chants
N'a jamais lgayé ce lieu trisu et saut1ag,.
Tout se tait, tout 1st mort : mourt{ bonttwe soupirs
Mour,{, imporlu11s sout11nrrs
Qui m, retrace{ l"mfidilt;
Mourt{ tumultu1ux disirs,
Ou soy,, r:olages comnu elle! ...
T~ut le mon~e, après Sainte-Beuve, a dit ce que Lamartine doit à
celui que Voltaire appelait f notre Tibulle», a répété •que le poète
du Vallon fut un Parny spiritualiste.
. · Mais pour trouver les modèles des larges cadences lamartiniennes,
'.' fau! remonter plus haut dans !.'histoire littéraire, non seulement
.JUsqu à Brébeuf, que Faguet surnomma le Lamartine du xvn- siècle
et qui a l'énergie de Corneille, mais aussi jusqu'à Racan et Bertau~
et surtout jusqu'à François de Maynard:

Pour adoucir l'aigreur dis Jirin,s qw lnrdure
Je me plains aux rocbm et demande conseil
A m 'lliei/Jes /orfts dont l'épaisse t1n-dur1
Fait dt si belles nuits m dépit du soleil.
l'âme pleine d'amour et de milancolù
Et ~oucbi s11r dis fleurs et sous des orangers, '
fa, montré ma büssure aux deux mers d'Jtalù
Et fait dir, ton nom a,ux ecbos étrangers.
Un écho de ces vers admirables ne flotte-t-il autour des noms de

�6oo

LA NOUVELLE REVUE FRAN~AISE

Baia et d'lschia? n'est-ce point déjà Lamartine, mais quelle sureté
de rythme! quelle justesse! C'est que dans l'Ode à la Belle 1;ieille,
le rival de Malherbe est un homme qui souffre d1avoir manqué sa
vie, mais qui, si troublé qu'il soit, sait garder le contrôle de ses doigts
sur la lyre. Cette jttstcsse expressive, Lamartine n'y atteint que par

éclairs, mais aussi, sans y penser.
On n'y sent point l'effort. C'est sa faiblesse, mais aussi son pres-

tige sans égal.

•••
Moréas devint le prince des poètes français, le jour de ses
funérailles. Dans le cœur de tous les poètes qui suivaient son deuil
sa mort lui avait assuré la place qui lui était due, la première. Sa
disparition fit mesurer mieux sa grandeur.
Dès les premiers mois qui suivirent, des polémiques prirent naissance, .auxquelles la politique fut mêlée. D'indiscrets panégyriques
moins faits pour servir la mémoire de Moréas que pour défendre les
œuvres de ses imitateurs suscitèrent des protestations aigres. Un
article de M. Guy Lavaud, dans la Phalange, en reportant sur
Baudelaire une part des éloges donnés à Moréas 1 pour un poème
directement inspiré du Cygnt 1 fit smtendre une note raissonnable, à
laquelle se mêlèrent fâcheusement les clameurs des attardés du
symbolis~e qui ne pardonnaient pas à l'auteur des Stanèes son
« apostasie » !
Ils lui gardaient rancune, aussi, des pointes dont il semait ses
articles de Paris-Journal, ses études qui forment la matière des
Rijlexions sur quelques poètes.
N'avait-il pas parlé, à propos de Théophile de Viau, des poètes
étourdis et sans doctrine qui « n 1oublient point de s'écrier, à l'instar
du poète de la Solitmie: il faut écrire à la moderne&gt;&gt;. Et il ajoutait :
«Ah! que ces éternels modernistes prêtent à rire! Ils tremblent de
devoir la moindre des choses à Pantiquité et ils se contentent de
promener, la mine étonnée. les oripeaux de la veille ... it Il y a quelque douze ans, tout le monde voyait où s1adressait la flèche.
L'exemple de Moréas peut donner à réfléchir à ceux qui cherchent

NOTES

6o1

avant tout1 dans l'art 1 le plaisir de la surprise. L1auteur des Syrtes
et des Cantilbtes ne comprit pas du premier coup ce qui fait les
grl ndes beautés qui. comme dit Montesquieu, frappent d'abord moms
pour frapper ensuite plus. De cette pointe de mauvais goùt ou
d'étrangeté qui peut&lt;, relever à l'occasion 1e beau immuable» il fit
d'abord l'élément essentiel de son art. Puis après dîx année/ d'expériences il fit les Stances.

Il eut le sentiment qu'à toute époque de mauvais goût, d'enflure
el de préciOsité il y a place pour un Malherbe. Il sut faire la différence de cet art solide, essentiellement poétique, nettement différencié des arts plastiques et de la musique avec le stuc modelé des
Parnassiens ou les harmonies et modulations symbolistes Au
moment propice, il eut le degoût d'une poésie d'images, fondée sur
le pittoresque et la curiosité.
Pastiche, archaïsme, a t-on dit. Rien n 1est moins exact. Étudiant
l'œuvre de Moréas. dans un esprit nettement favorable au symbolisme et dans un moment où Pécole avait besoin de réconfort
M. André Bcalmier (la Poésie Nou1Jelle, p. 167) remarque que s;
langue n'est d'aucune époque, qu'elle est du français.

Toi qui prends en pitié le dmil de la nature
et qui laisses tes sœurs flatter fée.lat du jour ...

,
On imagine l'effet que pouvaient produire de tels vers, sans
recherche de vocabulaire, mais où tous les mots deviennent rares 1
où la musique et l'image sont, pour ainsi dire, d'essence grammaticale~ sur les jeunes gens pour qui le bric-à-brac déc.oratif de M. Henri
de Régnier constituait le plus vrai domaine de la poésie. Toute une
génération en subit Pintluence et beaucoup plus profondément
qu'on ne pense. Guillaume Apollinaire écrivit le Bestiaire. André
Salmon quitta les « pâles bras levés ainsi que les glai.'eu\s » de la
poésie symboliste pour une muse aux appas plus fermes. Et com1
bien d autrcs que les Stances ont sevré d'une nourriture débilitante.
Moréas maintint la conception éternelle d'une poésie faite d 1 un
juste enchainement d'idées et de mots fondée sur la logique et la
syntaxe. A toute époque il y a des poètes à qui de tels moyens
sc:-Y:blent instifüsa!'!!S p0•.i.r exprimer !~ ':èit modcr.~e. fovar!ib!crr:(!:-:t

�6o2

NOTES

on s'adres$e à la philosophie, à l'histoire, à la musique, à la pei•
ture, i l'ut décoratif, voire à la typographie ou à la publidU
commerciale. On met à contribution l'exotisme, la sauvagerie véritable ou, pis encore la fausse barbarie. Et vient le moment ou tout
cela rebute et finit par excéder, où l'on découvre avec nvissement
le visage d'une pensée très simple sous la couronne d'une combi.
naison de mots bien trcssës. L'art des vers n'eJt•il pu l'art des
mots. rendus poétiques, bien placés. Ses combinaisons sont in'puiubles, mais seul un vrai poète les trouve et mime a le go6t
de les chercher.
Comme il arriva pour Baudelaire et pour Mallarmé. comme il
arrive aujourd'hui pour Rimbaud, l'ilfjlun,c, ifldirrdt de Moréas,
fut la seule ftconde. Quel que soit leur talent, ses disciples se
présenteraient en vain à notre temps, lts bras charg~ de feux, de
fers, de lyres et de lauriers. Ce n'est pas de cela qu'il s'agit: la
poésie est une langue, non un VOC3bulaire. Pour employer dans les
œuvres de sa manière • assagie • des m~l~s de RonSJ.rd ou de
Malher~, M. Henri de Régnier n'en est pas plus classique pour
cela. Il est académique ce qui est bien différent. Le génie de Morâ1
n'a pas suivi la mime courb4. Les stances ne sont pas le jeu d'un
lettré, comme certains ont tenté de le faire croire. C'est l'effort
d'un noble esprit qui las de posséder beaucoup de choses rares, fut
saisi du désir de la chose parfaite.
ROGU ALU.11&gt;

•
••

•

CHANSONS DE LA CHAMBRÉE, par Rudyard
, Kipling, traduction d'Albert Sai·i11e et Michel George-

Michel. (L'Edition française illustrée).
Pour la premitre fois une partie importante de l'œuvre poétique
de Kipling est révélée au public français. Une traduction de l'admtrable Ro11J1 d, Mandala)', une des plus belles de ces Barraclu rooa

6o}

&amp;uLl.th, avait paru, il y a.quelques dix ans, dans une revue française.
En collaboration avec M. J. Armand•Didier, l'auteur de cette note
avait publié en 1914, dans les E&amp;nls fnaf4q, un choix de piëces
extraites des Seont Sea1, recueil où se trouvent peut•itre les chefs,.
d'œuvre du poète anglais. Pour avoir vivement choqué le• boerisme •
qui servit d'exutoire au chauvinisme français, et pour avoir fait une
peinture satirique des Bandar•Log où se reconnaissaient quelques
traits de notre caractère national, Rudyard Kipling, poête de l'imP'-rialisme britannique, vit chez nous sa réputation éclips,e par celle
de \VaJt Whitman, dont l'internationalisme humanitaire cadrait aux
idées naguère en pleine faveur.

Depuis Ion Kipling n'a manqué aucune occasion de manffester-sa
sympathie pour notre pays. D'autre part, le monde assistera peut•
ftre demain au déclin de la puissance formidable dont il a chantf
l'apogée, de cette Amphitrite debout sur la proue d'un navire monstrueux, escortée de mille dauphins d'acier vomissant des vapeurs
obscures.
Comme l'observe três bien

M:

Pierre Mac-Orlan dans la préface

mise en avant de cette traduction, les Cbonsons dt la Cbo,n/JrJ,
sont l'épopée d'une armée de métier, de Tommy Atkins, prol'a-

sionnel de la guerre aventureuse, condottiere colonial, type appell
bientôt t disparaitre dans une lpoque de haute civilisation comme
la nôtre. En effet, la guerre n'y souffre plus de fantaisie. Tout est
~lé désormais dans ce cataclysme méthodique où chacun, homme,
femme ou en&amp;nt a sa tâche et sa fin marquées!
« La beauté littéraire de cette existence de soldat aventurier• écrit
M. Mac-Orlan « est de n'avOir aucun idi6al social devant elle. • Il
faut voir comment Kipling en sait exprimer les joies brutales et les
nostalgies amères. Sur le moindre thême que l'esprit de corps inspire
aux aèdes anonymes des armées, il jette un réseau d'images flam-boyantH et déroule en quelques vers un paysage inoubliable. Voici
les CIÙilnirn en action :
Il y a 11111 roru sur ln co,,r,s du mali,r ,t mu rou.1
fahfr,u,

11,, la

mari, tû

,, un, &lt;b1111 dans lt vide ou•dessous dt 1:1ous, 01,ssi droite qut lt jtt d1
sali~, d'uN mnulUl1tl,

�........

~•--•1a·. w·

eo4clill&amp;

-~·•11x
,.. ,~ JI T:tf7 §

..... au,-.;,;,

1M . . . . . . .li •"41

•1111t&lt;1G1il,lik&amp; ,o . . . , .... Dmlii
, ,.......
. l m"1lllliaM• ~ t j l.ia . . .
1

........ ,,.....,............

�6o&amp;

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISH

tumultueux des passions déchainées, au lieu de prendre parti, allait
tisser autour de l'action un décor sonore, une atmosphère, laissant
aux personnages le soin d'énoncer eux-mêmes leurs pensées.
La mqsique de scène que Satie écrivit m 1891 pour le Fils dn
Éloills était conçue selon les principes esthétiques qui devaient
g\lider Debussy écrivant PtlUas. Les suggestions de Satie furent
pour le FIUUU un peu ce que celles de Liszt avaient été pour
Wagner. Satie aida Debussy à trouver la solution des problèmes qui
se posaient à son esprit. On a dit imprudemment que Debussy
devait à son ami son système harmonique. C'est faux sous ceue
forme simpliste. La technique impressionniste n'est pas plus l'œuvre
unique de Satie, de Debussy ou de Ravel en musique que de Claude
Monet, de Pissaro ou de Renoir en peinture, mais il est certain
que Satie fut le premier à renoncer à la rhétorique wagnérienne et l
s'essayer dans un genre nouveau dont Chabrier et quelques autres
avaient l'intuition confuse sans oser comme lui se lancer dans l'inconnu. Qy'on écoute les C,m,ropklits qui datent de 1888 ou les
Gt,ossinmes et l'on y trouvera mis en œuvre les éléments essentiels
de ta technique impressionniste : juxtaposition de touches harmoniques, enchainements d'accords dissonants suivantdes lois nouvelles.
Bt ce rôle important de précurseur de l'impi;essionnisme peut ltre
mis en lumière sans diminuer en rien l'originalité profonde et le
pie de Debussy. Ce n'est pas tout que de pressentir une ~h_étique nouvelle, il faut créer des chefs-d'œuvres et les C,n111upéd1n
non plus que les pièces de piano qui suivirent n'auraient suffi à
consacrer l'impressionnisme musical, si l'.AJ,ris-Midi d'u,i FIUl1U, les
Noetu,nn, PtlliM n'avaient vu le jour.
Or Satie, prophète de l'impressionnisme, survit à cette forme d'art
ou plutôt se rend compte qu'elle est épuisée musicalement non
moins que picturalement. Debussy et Claude Monet ont créé des
che($-d'œuvres, mais il n'y a aucune raison valable pour éterniser
l'usage de leurs procédés. Ravel lui-méme qui a poussé plus loin
que personne la technique de l'impressionnisme, opérant dans ce
domaine d'étonnantes découvertes sonores, s'en dégage en ce
moment, guidé par son instinct, et manifeste dans son magnifique
Trio une heureuse recherche de l,a ligne et de la construction.
Satie, plus jeune d'esprit qu'à vingt ans, veut donc sortir de

NOTES

007

l'impressionnisme. Il regarde en souriant dans sa barbiche avec une
ironie bienveillante certains musiciens s'engager précipitamment
dans la ruelle du cubisme. Il sait que c'est une impasse et qu'ils
feront demi-tour comme les peintres qui les, y ont précédés. Lui se
souciç peu de les suivre, il se recueille et travaille. L'œuvre qu'il
vient de Rous donner ne ressemble i rien de ce qu'on connait et ne
parait pas pouvoir etre imitée, mais elle renferme une grande leçon
de simplicité et de sagesse.
Satie a fait choix dans ie dialogue de Platon de trois fragments
qui lui ont paru propres à l'expression musicale : l'éloge de Socrate
par Alcibiade dans le Ba•qrut, l'entretien de Socrate et de Phèdre
au bord de l'llissus (Pbèdr,) et le récit de la mort du philosophe
dans le PbJdOff. 11 a préféré la traduction de Victor Cousin en raison de son harmonieuse simplicité. Satie a voulu écrire une œuvre
largement humaine, sans prétention à la couleur locale, sans
recherches savantes, ni pédantes; une musique d'une gravité souriante, d'une religieuse sérénité comme la parole même de Platon,
et j'estime qu'il a pleinement réussi.
On ne saurait comparer Socrate à aucune œuvre de la litUrature,
musicale moderne. D'instinct Satie rejoint l travers les Iges les
créateurs de la monodie dramatique dont sans doute il connait à
peine les noms : Jacopo Peri, Caccini, Emilio del Cavatiere•••
Comme eux il s'efforce de concilier dans le chant les exigences
contradictoires du texte et de la musique: la mélodie renonçant t.
faire un sort à chaque mot, épouse le contour général de la phrase,
se conforme à son rythme, à sa sonorité, en renforce le pouvoir
expressif.
Mm,r, l'air d,s bt/Jfl3' cba,u( i,rsJrir,{ dMtS us f)tf'S
co,nm1 ns un b,au ro,ps, .,,u bel/, â,,u i#fuu.

Est,

C'est un tour de force que d'avoir pu coRférer à la parole de Platon une efficacité plus grande, que d'avoir pu mettre en musique
d'importants fragments des Diolotws, en ne les défigurant par aucune
retouche, aucune surcharge, en laissant au texte sa pureté, son
harmonieuse nudité.
La conception du rôle de l'accompagnement est à peu près celle
que les maîtres de la Camerata Bardi assignaient au Basso Comitfllo

1

�6o8

LA 1'0UVELLE REVUE FRANÇAISE

et n'est-ce pas en effet une basse-continue que ce flot polyphonique qui coule inlassablement, mettant" disc~ement en valeur le
chant par de simples combinaisons de lignes. ~tie s'in~r~t de
souligner par des effets faciles le caractère dramatique du rkit de
Pb4clon ou de peindre le bruissement des feuilles et le murmure des
eaux dans le frais 1)1ysage des borda de l'fflssus. 11 miprise le détail
'Pltodique et se m•intient dans le domai~ de l'Univenel. •
Qu'une telle musique ne soit ·pu un instant monotone, n1 languisnnte, c'est le miracle. Une émotion profonde y est enclose.
Bien qu'invisible on la sent présente, latente, prfte à surgir comme
des larmes longtemps refoulées.
Le style, nt!ttement polyphonique, est très personnel. Satie ne
comialt pas les scrupules scolastiques qui guident encore lnc~nKiemment la glume des plus hardis novateun. 11 se plait à fam,
woluer les lignes mélodiquessuperposées enucen1ionsetdescentn
parallèles et tire de ce procédé des effets nou~eaux. _
Les dissonances, audacieuses, ne sont jamais agrt1S1ves. Tout est
si bien à sa place qu'on n'imagine pas que cela puisse it~ autr►
mut. Alu reste, -les dessins d'accompagnement sont volontairement
tra simples et se répètent obstinément, donnant l'impression de
Juges teintes plates faisant ressortir les premiers pl•~•• à la manière
des fonds teinUs de bleu ou de rouge des métopes grecques.
Spectacle bien rare que celui d'un artiste créant son chef-d'œuvre
l cinquante ans passés ! Je le confesse, je n'attendais pas d'Erik
&amp;atit une œuvre aassi complètement réalisée. On aura depuis longtemps oublié les Ptlhuùs jl4sq_un, les Mor~ "'fomu tù ~,s,
les Pikn froidts dont s1occuperont seulement quelques mU51cologues acharnés à deviner l'énigme de leun titres, qu'on chantera
encore Soer/11# comme une .œuvre classique. Elle résistera à l'usure
des temps c;omme ces éphèbes qui sur les stèles du Céramique,
parmi les monceaux de décombres, sourient à la Mort "avec une
eereine gravitL
tmlllY PltUIIIÈlES

NOTES

6og

SPECTAa.E-CONCERT organisé par Jean Coeuau., à ,
la Comédie des Champs-Elysées Adieu Neœ-YorA.
- le &amp;nf sur le toit.
Je ne projetterai id aucune lumière comparable à celle des phares,
, qui, 111 lever du rideau, lancent leur jet sur le barman coneelc!, dans
un paysage de ripolin, de nickel et de glace pilée. Raremen~ une
auui agréable banquise arriva au parterre. Cela fond aux feux de la
rampe et des harmonies tropicales de Milhaud, et se dlssoud à chacune des successives entrées des penonnages cartonnés que Dufy
modela pour notre surprise.
Je n'enseignerai pas à Jean Cocteau, meneur du jeu, la gaietf, nî
·· que celle-ci nait du mouvement. Il n'a pu n'ftre pas frappé de l'effroi
que Jette sur les villes de plaisir, comme Nice, le passage des
monstres du carnaval. A ceux qui d4nonçaient le malaise de ses
Utes immobiles, alourdissant des corps aux gestes lents, l'auteurétait donc en droit de répondre, comme il l'a fait, .qu'il a voulu
cette paix des visages indifférents au jeu des membres, cette sér'nité de l'ivresse des bars et, en général, l'impression ~range qui se
dégage de ce tirage à quelques exemplaires d'une bouffonnerie mélancolique.
Au bar brésilien se déroulent différents aspects de ce décor humain
dont la nouveauté a plu. Ces têtes, décors en mouvement, portèrent
en elles leur comique ou leur tristesse au travers d'une rixe à coups
de perle imitation. d'une pastorale policière et d'une étonnante
danse sur les mains de F. Fratellini, pareil à la Salom4 gothique de
Rouen. Sans oublier le patMtique sentimental de la conqufte, par
des yeux obliques, du cœur d'un gentleman vêtu (pour quelles tem.
pates?) d'un habit en ciri, ou celui de l'arriyée dans

Ln bknld1Urs crhnlusn du barma11
d'une rose jetée de main molle, d'un inoubliable effet.
Nous retrouvons tout cela chez les acrobates qui, sur la musique
d'Auric, exécutent au ralenti des sauts périlleux longs d'un siècle;
tout cela, auquel vient s'ajouter la lecture de deux visages si captivants que l'on regrette un moment que les tEtes de Dufy en cachent

�610

1.A NOUVELLE REVl,;F. l'RAJliÇAISE

d'aussi beaux: ce qu'il conviendrait de dissimuler cc sont, non les
figures de clowns. mais celles des acteurs, insipides chromos.

Ce premier spectacle-concert, dont il est permis d'esp_érer la suit~,
nous fut livré sans manifeste, - à peine un commen.tair~- Le ~e.nt1ateur tranche la tête du policeman : c'est la seule executton q_u aien~
voulu les auteurs; cela leur. vaut la sympat~ie .. Le pubh~, qut
s'attendait aux pires véritt!s, quitta ln salle sausf~•t de ~evo1r son
plaisir à six jeunes Français polis, et assez sûrs d eux-memes pour
ne rien ·s:icrifier à l'effet.
.
_ _
De la salle, je dirai qu'elle avait été compo~ee' aussi ~01gne~sement qu'une tahle. Pareil à cc Polonais qui, lautre Jour. a la
Régence. engageait six parties d'échecs à la fois, san_s regarder, et
les gagna. l'inspirateur de ce spectacle sut, sans p~ra1tr~ Y t_ouc~er:
disposer ses pions et gagner une intéressante parti~ qui se 1oua1t a
égale distance du lion de Belfort, de !"hôtel Mcunce. de Medrano,
du Palais-Royal et du restaurant Baty.

...

PAUL MOltAIID

NOTES

611

manis-me. Les Allemands pensaient la ,·oJr aboutir - et avec elle l'êvoluclon humaiue. ne leur mal :itavique, l'indêtermlnatlou, Us croyaient
ga&lt;rl1•. Prenant l'organisation du Reich pour une vaste symbiose, Us se
lal~saleot déterminer par elle, joyeusement, La Prusse avec son génie
mmolque dlsdpllnuut pour la première toi. eu Allemagne une 1•0111billté chnoti&lt;iue, s·y assurait peu à peu l"universalité du ,·onsentemeut.
Positive et rcllglcus,•, ello converli~salt la nation au dur idéal de l'ordre
teutonique, elle r.,s1relgoait à la r~gle des moines conquèranrs. L'obèiasaucc devenait exta e. I.e socialisme, seule pui9sance d'Clpf&gt;oslUon,
calqaalt ses institutions •or et-lies de la monarchie, dont Il n'était que
l'e11vrrs. Ainsi l,is dlrnrgencea s•etraçaleut : l'Empire semblait t111perttm1, s'lmpo. aut aus I dan._ l'ordrr de l'esprit. Peudnnt quarante ans
ce lut uuc 111ûhllisation générale à laquelle rèpondaieut même les lntellectu~ls, eurëgimcntés par 13 li't1ltu,-.pollttk. Leur croyance était à peu
près uunulme en 101-1 : un coup de dê allait décider du sort de leur
ch lllsation, de toute ciî'lllS.'ltion.
I.e de,tiu ne leur a pas dit oui. Mals rux, out-ils dit oui au destin 1
Certes le lieu militaire qui les tenait, dar, semblable à du î"rrre, s·est
brise, La llammc des enthousiasmes collectifs, qui dévore vite aa
substauce, n ce, sé de monter. l.a machine prussleune qui anit canalisé
et porté à leur t•xtrèrne puissance les forces éruptives du genuani~me,
s'est détraquée. On n'a plu~ asslst~ qu'à une série d'explosious auarchiques. J&gt;lus d,• commandement, plus d'autorité reconnue :debandade,

CODfUFJou.

NOTES SUR L'ALLEMAGNE: Walther Rathenau.
li nouR f aut rappr-•udr,i I'' \llemairnc · ·Xon peut-PtrP qu'ellehait cha11gé
totale
rofuud~ment. P-aq plus que 1870, !Ill!\ n'a ~té une melamorp ose • •
~ a de chaque peuple une ligure que l'accident no peut abolir. sous
le ytlux des évilnem ·nts qui ne sont qu'autant de prètp:tes à réactions
nouvelles r.. trl! apparait avec des visages divers. '.\fal il g,1rde ,les_ traita
permauer;ts et jusque dans les cxpre~sluns fugitives qui tou: a ~ur
semhlent le'transformcr, c'est ~a durée qu'il atflrmP, c'est 1111 qu se

révèle à lui-même.
.
.
_ .
, , l
bser-ve chez
d
1"Allem•rnd se recuni,alt à ,fo, signe:. pare!ls, qu u.i es O
1
le {eltlf!i~ 1, ou dans les ,Vil,e/Utl!ft:n, que l'on ~coute un propos e
dat ou que !"on étudie un traité d'esthétique. Le malh1•ur pour no~ ed.
nit Ions c'est qu'en les serrant de pr's nous ne tro? vons _plu~ en n e
compte à lui attribuer qu',10 caracti·re : ~lui de o en pornt avoir. li ne
sait pas dessiner dit Gide. '.\lais, et ceci cgt peut-êu·e la cause
ce~a,
encore bien moln's BI' laisse-t-11 dessiner. JI n'a pa~ •h• llgn&lt;1. Il rc eve e
la rnusliiue qui traduit Ir&gt; d!'venlr.
.
. d~m·,
•lèclP.
Dans 1e d er111er
~
-o
- · • on a pu se tromprr sur l'évolutiou du ger•

:.o,;

dt

~lai. cette dèrnobilisation spontanée qui a ébranlé l'urdr,, mlllta,re,
politique, social, n'est pas encore la d(!mobillsatlon morale. Les anciens
group,•s out ët,! disloqués par une force majeure. Lt:ur faiblesse était
d'êtreartulclellernentturrui•s, ,lene teulr que comme tfentunecompagule
de •oldat~. Mais iJ,, t,•nair&gt;ul, et Jeun membres disjnlnts, ue se Rouvenan&amp;
pas d'une autre commuanuté que celle de la servitude, regretteut l"anl•
lurmc, le c:ij&gt;oral qui or lonnalt le rasst'tnblement. Des rumt&gt;urs,
confuses encore, atu!ùncent le r,·tour des ll•chniciP.ns auxquels on s'en
6talt rPmis du s"i" de faire marcher l:i machi11e. Sans dirigeants professiounels la J•lupart se seut;&gt;nt urrdus. Moutons tremblants d'être
dispersé:!, ils réclameut les aucie111, les mauvai bergers plutot que de
rnJlp01ter l'interrègn" alfr,·ux - dit' kaise1·lost, rli,: .&lt;chrt&gt;elcllclœ Zell.
A ces forces d'luerll!', de réaction, qu'oppo~e la re\"olntlon I Elle a été
ju~•iu'ici pure négation, reuiem .. nt- à peluodestrucllon. L'vrdre aucfeu
·est ticrouh\ tout seul, sou~ le poids de Ia guerre. I.a rèvolntkm aile.
ma, de ,'eot f.1ite ci'.-lle-mèiu~. 1-alè u·a été que la manifestation d'esprits
replongê: da.us le }Jritnltll chaos. lis s'y peuvent débattre ll\"ec frénésie:
rien ne les aide à en sortir. C'est qu'il n'y a pas eu d'l&lt;:t~allsme révolutionua,re allemand. Le mouvement a t'lé de réa· lion C-Jutre l'état
prèsem, et non ,l'urleutatlon vers uu ,:tat futur. '.'ii Idée qui attire en
11,·ant, ni chefs qui entrainent. l'u torrent seul a emportë ks digues et
li se rei,and av,•ul(lément . .\ujourd"hui encore la question politique, la

�612

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

question sociale en Allemagne u·eat pu d'ordre moral, c'eet uue queaUon de mltralllenaea,
Pour qu'il en fil.t &amp;ulftment li aurait fallu une action préalable. uoe
rê•l•lulion latérleore. Rares c••ux qui y a,·aieat aongè. Le repliement
a'/&gt;tait pa, perml111 dan11 uu,, période toute d'expan1ton. Aujourd'hal
que le re&amp;our sur aol eet devenu poulble, c"est à. peint! al lea mellleUl'I
ont commencé. Jla ue aont ni le■ maitres d"' la politique où conUnue de
rigner l'équivoque d'UDe monar,·hle sociale, d'un aoeiallsme moaarchlque, ni de la. littérature, nt de )'art, d'où o·es;t pas écartée l'idée de
r,andt&gt;ur nationale, où n'eat 1)at Introduite celle d,• gr\ndeu~ humaine.
&amp;C. lia ne sont pas nou 11lua maJtreB d"eux-mêm~•- • l•:1.pres,-1onnlsl.ell ••
en réactlon contre i&amp; puaivltt- du lfUj,.t écrasè par les lmpreulona, lll
ae cherchent pualonnément, 1,a111 a'ètre trou,·éa. l.'ubacurité n'est tra-Tertée que de fnligtneue •!I, flammes dont lia demeureot hnpnl11aot1 à N
1at1lr pour lwlalrer la ruuie. l.'eft'urt d"une civilisation •1ul ne tra•alllaft
pas à dt-livrer la p&lt;'rt&lt;&gt;Dne eflt à recommencer.
Il recommence, et l'intérêt e11t de Mivre 11r&gt;lon quelle métbode Yont H
ret'Ompuaf'r le• forc,·1 anclenueii, quel point d"application, quelle dlreo&amp;ion elles sauront trou'fer. C:t.r elles aunt là, !-e réoogendrant, prf\el à
agir, explot1ivea. Rieo ne f'er•lraU. de •wulo[r les. déltnlr d'eoaernble•
Rap~reodre l'All(lmagne, c'est lelS N!J•rendre une à une, aller à l"a•ea-,
ture ne se dérober k au•~nne dea ftguret. 1urgie11, au détour du chemin.
'
.
1
•
Qut&gt;-lquee uuoYell•·• appaniea 1)0urront noua 1urprendr1•, Tant m eux •
e'ttt à elles que va notre dt"elr. Nous nous ar~t.erons pourtant au:r.
aocienoes. IA"S ~dlleun : s. Placher, WoUI', le-a deux ca.sstrer. Dledricha.
I'lneel Verlag, PQur qui le:-1 autf!Urt trava.lllaie11t en 11halange serrée.
ont-ih ,·omme.de coutume en lenn rnanirest,•s annuels, lb:~ leur but.
ehaugë leur cbeminl Dau l,'1 r,eyu ..s qui 1ub1lfltent amaigries comme
lea wet.ut- lJlatter. aie W°t'ltbÜAn.e, ùU qui nalslent démeta.rémeot
eod.éel, comme Pe-uer, Gt'nlu-', trouve-t-oo les éMmen~ d'uu ordre
nouYeau 1 Dehmel, Thomas llann, Hauptmaoo, Stefan George et. tant
d"aull't'a ont.,.lla attitude algnWcative, Interrogeons d'abord celul qui lei
46p&amp;11M de la tii-te et le seul peut-Plre dont lea •uea dominent le cba.oa:
"Walther Rathenau.
•

•
••

•

llraêllte Berllnoll, 811 du fondateur de l'A. E. o., lui-même un tempa
41Ncteur de la Soclt:té Gbél1Ue d"tlectrlclté, Rathenau n'a ceu6 d'être
m'1é aui plus ha.rd.les entreprises lnduatrlellet eL ünancières de l'All&amp;marne. Appt•h\ au. m.lnl--tère, Il y fonda penJant les huit premlera molli
de la perre, cet ufflce d'approvl1ionnt•mrnt en maUl&gt;res pl'f'rnières qui
uuu son pays d"une détreHe lmmédlaLe. 011 lui en fait gloire. J.uJ.
même ae ftatte de deu1 ch0ff88 : a•oir fait là une expérience dont ce ne
aen paa uaez de tout ce tiède pour comprendre la portée. et avolr
lntrodult dwUI la. peneée allemande un ferm('ent de ré8.("tlon contre la

NOTES

613

• mécanlaa\.ion •· C'eat auez pour expliquer qu'il soit l'homme le plua
admiré et le plua dénigré de ae1 compatriotes. U ya da.u Je même ~na
qu'eux et U le■ pl'éc6Je. Ou touro.ant qu1l a franchi le premier li aoU.
clpe l'avenir.
car, c"t-lt par L\ qu'il 0001 lntérease, il n•eat pn seulement orgaoita-tt-ur, mais poète. L'Qtganlu.tloo qu•n entrevoit u'a pu eeulemeut trait à
,la matière, ma.la à l'esprit. Homme de la pratique, U u t-fl der. Mali
au~l homme de la penke, et cela lui donne une aut"ri&gt; tlt.-rtë. JI entend
qu acUou et spéculation ue se dlaaoclent p~ qu'au CQutralre ellel ee
réeoge 1dreol l'un-! l'autre il8.r u.u rJdune n.te'rné. 11."'t.sl sa crtuQoe de la
•Je cootemportùue porte, 11l elle met impitoyablement à uu le• fatblesaee
allemandes lurtuut, c't-al qu•U a recouatt avec lucidlLJ renaemble dt-e
force_, matérielles et morales t!II jeu autour de lui. Non que tout de sea
reprvse_ntatJons M&gt;lt parfaitement clair et rigoureusement urdonné. n
a en meme temps que L-. prêci11ion du manieur d'affaires, l'imaciunl'On
du voyant et l'ardeur du prophète : quelque choi-e de biblique et de
rêvolullo~nalre, de confiant et de tourmenté, les abandons du rêve et
dea érupt,0111 dt• sèche violence. C'est a traven une demi-douzaine de
brochures (1) qui depuia deux ana ae sont ~outl-ea au.x cinq Yolumeade
ses œuvres romplète&amp; qu'JI faut aller chercht•r une pen1ée toujours 1e
répétaut, toujoun se reuouvelant, 1loublemeut orientéP. comme du.na les
œunea capitales d'avaut-guerre : ven la négation la Cr1H(tue de et1
ttttn.P3, et vers l"atllrmatlon, l'évocation dt·a Ch/,,ea qui rit'nnenr.
Destruction, reconstmctlou, cbose1 qui, dans son esprit, ne ae séparent
pas, ne se ~uccèdent pas. li faut pourtant que uou!I examinions d'abord
de quelles valeur;, 1u~rhnées il d~li:lrrn.&lt;iee l'idéologie nllemaude.
Rompre n~tterueut u.vec la tradillon pruulenne, voilà p&lt;'ut-ètre a
plue impérieuse rèclam11.Uon : Il oe YOlt de s:tlut pour les Allemands:
que lonqu'ile auront NlJ)tis leur f'vulutiou au point oil. 111 cesaàrent
• d'être Allemandtli pour ,levenir Berlinois •· ce n'est pas l'lmpérlallame
de la Pru11e, ni t1on mllltarleme qu'il met un cause. sa brochure,
der Kaue,·, répandue à cinquante U11Jle exemplaires, n'e1t fl8JI. un acie
d'accueattou. Rathenau n'a pas la tête pollti11ue. 11 croit moln1 à
l'hifluence dc·B chancelleries qu'à celle des phénomènes économlquea
et sociaux d'une part, et d'autre pnrt à l'action d'une ldèulogle qui
l't'gleraH cea phënom,\ues. Auni, aaos dlaculper l'Allemagna, ne lui
•ttrlbue-t•il qu'une resvo11eablllté reetrelule da111 la guerre. Dèa l9U,
dans ,\·taa.t toul Jtident1wt Il avait évoqué les ombres qui montaJeut à
l'borlion, dénoncé ce qu'il tonstataJt en trllnrsaut les rues de Berllo le
aolr: l'insolente folie d'uu peuple pan,·nu, le vide des formules de ta
force, l'inanité de la pret,·ntlon d'un aoi-dlsaut germanlame pur à a'i.m•
(1) De 19Ii à 101~1. Rathenau a 11ubUé chez s. Flacher : me n.eue
w,rt$Cl1art, An Dftt.Uchta11d~ Jugen, Der Katttr, Krltill der tlreffa--

chen

R~·olucton, l&gt;t"r nel.(e St«at, me ne:ut' G~1tllscha(t.

�f&gt;l,4
pàHI' à 1a tene. n pl'IIClaluü lankelaltë d e ~ ce IIIIIIICle
Uoe, tle 1alJe Qin la d6bnce unh...U.. vafa la IIMffll _...

a

~ - . l a ~ 4l'II Ulllt à . . - - IIIOQ.uar.,
•iNR WYltabl •meat quand le 11tüme 6coraosal4U et le epf.èiae
11i1 '6ponde9i plaaas: belOIU :p,tMata,qql ..-clel'lmPMeU6
Le maDlem' eal qa'Ua tlOleat. 'Pl'Oll'f6&amp; eollll08 litt 'belolat
_ . 4fU Jalle nation••• olaaa11Spude pov ,...eon
eea ~ NI lnalloN,e:&gt;n orpnleadon 4u. tn.ftl1 à ~ JI&amp;
nt elle d6pend de WIii. D l'lmap , . _ au NCOUa 4e l'id. .
«lllft&amp;le: a torceaqul Ut IODt pas d'Ordre na&amp;1oDIJ. oGI t..iü êcJ#
_ . del ll&amp;Uons am:-eadrolta de moindre NIIMance.
BeeoalldNI la IIÛll'8 de eea forcee, dépoalller le 11&amp;tloNU_.
._ orleniaH t. fllm. et en ~ prdut un caiaè1ère ~
A111k • • • ~ alon qa'ellea deufelii ooDCORl'il' - ~~ leçon à drer dtl I&amp; perre. 'RllthenaP ne croit pas ......... alita&amp; 1aliee
la coaeatwace. ta pais 4., "f
i.ur a &amp;inn l'lllulon que perd1lralt u o,d1'I ea riallt6 àllolL 01
leUI' ldllltlie de l'elltl'eMllir Rl'IUlclellemerd. tudla qae l'Allâ
~ d1î malllev, ob'19HD' à 4è plu prelllUlWII Il
ll'IDOllfllleraD n"j:. plaa de domllladOcl-allemaüde au Nd d'ld#.
&amp; ~ à rAllemapt, penu Ratbeaàu. une mllston, mll'slon ap
tlft#ll/le 8'llcftltY1 q9"11e mDPlira aou coildltlom.
Un examm de colllCience nt a•ant tout nëoélllafft ata peU.pJé
--. n falâ. q9'il . . coiuialue, qa'II recono•I• lu erNlll'8
~ 0 6tatt engagè. 11 }'Ill manqu11 oe qu'il ae
te
- PQlffldr crorielltuloe, D"aatnl peuplea ODt oe qu'll ftlat poar
-.ae otrilliat,lon, pour tnuod1Hrè une tonne, pollf l'lmpoael'; Uii

pu.,.,.

aauau

donD••

....., L'AllemaDd dememe amm-phe, lacapable de 18
&amp; llll, da 1lpnr q11ol 11ue ce aolt. on Ut dan1 "'" MW
Qae dtDB - ~ dee domalalll de l'em&amp;eac4t, qa1l ~
,. 4tan oa de tonnatlon• ~ de conatUv.Uoll de 1•• oa
• ~ par acUona, d1l UDotqire oa de la tablt,, nou I l ~
.. ioèDt.6 une Nille turme noaftlle, eubltaotlelle et durable, ce U!
~ pur bnard. ..
cten aatare- Lllll qnal1&amp;6a allemandes aont allleun. Vllee . . . Il
bel.uJool' elles CODlill\ent l comprendre tout ,•e qld - , à ne rien
te oe qui flCIIJ1T8it ~ à accaelllll' l'llal•--, à ee l ~ rott
e11 noll' - à a"lntégrer à lui, à 111t laleaer tntfper par 1111.
Baal ceUe M.-:epca&amp;ion d'1a 6ve p8lllf qu mod61e l._.-èkle!Ki
AO&gt;le11t1 de rADeuaa1De, oarant le dmlifr demi lllk1ê elle• è ~
_lprè qui n"etalt pu la aiellae. Lee traita qu'elle a prll lOD1
Proae. ij n'en pouvait être autrement. D'1lle pan, ana. IIIMlb
ma1B molle; de l'alllre, un moule vide :mail rlgid,! : la ~
mande ,•y nt coulée. Elle a cru y t.enll' tou.t en1lère et 7 d
.-.anWftlllent cohérent.-. 01', ce n'.-ai pu 11118 penoane qai ae
ràllemagne ne n déterminait. pu elle-même,elle •, laillaltd

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�LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

016

NOTES

617
LETTRES ANGLAISES: Le poète Vache! Lindsay.

raite slenue, tout cela a \·écu. Uue fonne de \'le s'est dèrobée k elle,

aa:i.! :!~~:;ion àuemande n'est que le signe de cet ell'ondrement :~::

Ell 11 'est pas encore genèse, promeSBe
chose du de~or,,.
e
ue n'en fait Rathenau n'est paa d'wl
formation luterl~ure. l.a crltlq
q.
l d"lln théoricien d'aT1111ta.i
grettant l'ordre auc1eu, ma s
réactlonu ré re
. poindre l"esprit nouveau. Eu valll
garde qui se désole de ne !as r:.::~lutlonualres: au lieu d'une -volontil
li lti recherche soue les deh r,ibllt ·s il ne décuu-vrequ"un • mou-rement
d,• prendre enlln des responsa •ue::. ue des mécontent pr,ts à s'en
de rancune •· Il Y avalt en A
l8.S de révolutionnaires. Les
preudre aux prrBonue ; Il n~
d'lnt~rêts matériel,, lloutant da
socialistes, soucleu: ,:~~~:':~ttarl.sme, ont avec les masses acceptil
parlementarisme. a, mi
,
us à dire que lll14 réauh·alt en
la guerre profitable. Rulltenni"é~!~~lt:r:: daw l'atmosphère allemande.
1
une für('.e unauluie tout ~• qu.
P é de •. l'ne cha!oC' tombait
SI la révulutlou PBt arrivée c~~licëpara•: u~a: \·olontê. Nul mou~ement
· d' li
ê e roulll, e et 11011 ur c 11
Ir
e e-m m •
,
, .• lb. rie ni llBplrntlou rcvolullonna e.
du cœur que le d~goüt. l:\i
eo ' ,
rlté ul ne faisait que
T0uJ·uUJ'8 l'andenne a,lmlratlon pour I auw
q la . t d'en haut
d militaire au civil. de
cas e
,·bauger de nom •·t passer u.
l lul est échu ·1a ~o.ial Demolu·atie,
à la ca.-te d'en ba·. 1-;t du pouvoir qu
' ~ ·
l'ob"et de la
candidate au:i: joulssauc~• b,iui·g~ulm;r,~:
animé&amp;
JOUl!!ll8.uce étant _ôté. U II est &lt;iue_ 811 ~
,.
celui de Marx qui
d'Un levain d'l&lt;léallHme - ma•~ ils u ont d idéal que re de cette misère,
leur revient par le détour de la Hus~le. c ;,:,~.;;;,~lutlonnalre réaolu
écrit Rath,•1mu, en .,uln 11119, qu ,un
•
app:iralsse, c:-t un peuple &amp;anR vlrlllt"'. ~ul ~b~~:~lble aa prophère de
Qu'importe, après tout, cet 1/.Cci' eu roche malgré la police des
c la prochu.lue guerre moudla.le qu
llPP
encheront. pense+U.
nations•· Ce ue sont pa les Allemands q,,l lad~ v lt venir comme
et li u':..nuonce pall quelle lol'me elle pre'.1dra. .i.~a1s ~é~taa't1011 oontre
une füuùité des bouleversements uou1 eaux. .a à ' tr· e c'est
laquelle Il s'élève arnlt èti, portée en Allemagne al 1 ~;
pourquoi l'AllemagHe la première s·est brls~e~,?&gt;1~e:1•~s erlt en lutte
vlctiau, e ilèsli;11éea. Les peuple~ i~I v~u~;e:~~~ emprise. :our vaincre
coutre la ma1lère, succomlJeut a ( ur u • Il'
s la lourd&lt;' machine
la l'rus ·t• li se saut pru•slaulsrs. 1:e,prlt etou e S-OU
liez eux
•
ë,. 1 •· dividu &lt;1ui se crovail uue fin, est devenu c
10
qu 111 ont mont • •
.
•
ont chez les peuples de
aussi uu moyen. Des lusmutlous caduque8
.
.
réatfermie
d, Tic La hiérarchie ancienne
l'E11te11, e rel'rls apparence c
·
.
s"~lt Et la plae~ Y
se - • ue
· sert de nier,
sous la pression de c l rcons taucea pas■ ag,·res
. pbn.rtant
manque pour lu valeurs nouvelles que rien
ul les comprendront
dont rien n'nrrêtera 1.. flot montant; Seuls cc:~ ~'elles orlcut.-runt le
.
c u:i: qui les P""mlers s emparero
vm,vroonduet. U r:•le à dire comment Hathenau conçoit cette orientation. ·x

tv!lt

:::~?::a ~a~~i:.1eut

=~\:autres

'

.

.

Une des mel'leuree parmi les Jeuuea revuPs a11gla1ses, The Lo-&gt;Uio&gt;i
Jlercw·v. publiée ~ous la direction d,- .1. C. ,.,qulre et d'Edward Sb.mit~,
contient, dans sou quarrl~me 11uméro, uu chol:i: très curieux de poésies,
qui revoit heureusement les noms df' quatre p ..ètes qu'on a plailllr à
voir ras~mblés mais qui dolv,·ut s'i\tonner de sr trouver raugés ila111
le mtime sommaire: l\1. Roller! Hridges, le Poete lauréat: M. Austin
Do~ou, qui •·st pr,,babll'meut Je doyen d'."ge dea puetes unglals
coutempora(ns; l\f. Edwar·d Shankset ~f. Wilfrid Wllauu Olb!!on, deux
dea plus marquants parmi les l"he1s de la jeu11e êcule 1yri4uu, i,t nlln
un Aruêricaln duut 011 cummencP à 1•arler beaucoup, M. Slch,,laa
Vachel Llud•ay. Ce dernll'r, qui vleul d'a\·uir ll'S houueuri d'un · édition
aoghdeo (General Pi'i/111m1 JJuoth enter., tnto 1/e,u·en, ami Oth.er
Pot:ms, wlth ai. lutrvdurtlon by Rob~rt '.'iicbol~: Challo aud W,udua,
éditeurs, Loudres r, shllllug,), et qui n i-te l'vbjet d·un remarquable

&amp;l'Ude critique ,laus un recent uu,ucro du Times J.,tnary Supp!1•ment,
mérite d'être mleu1 ,·onuu en Fr-.u1 .. e, et 1,uuij 1.'rluh~ heureux d'avoir,
1.r lui, une 1étude d,• Pierrr de L.it11ux. ,1ui a élé d!!s premiers à parler
de ses œuvres eu France, et qui le ,·uunuit !-l l'ap, rècle d&lt;'JJUls l'époque
uù ses premlE'ra voem. s JJarureut eu Amérique, au milieu de l'ctounemeut et dee suurircs un peu 11ca11d;11iKes et uu peu moqueurs du 1,ubHc
de,; E:tat.s-Unis.
A premièr vue on est "Il rtrN choqué par tèuorme TUlgarlté
appa,·ente de ces p,,êruts qui font songer i.ux l,1,nlme t., d s deutlstes
des lolres &lt;le
lage, N à tunt ce qu il y a d • JllUs grossier daus les
procèdé, de la rée ami' , ommrrclale, et d&lt;'S procla, ..a11.,us et prutesslooa
de foi Mect.. ra.le•: vut;.ar1tè drs suj.-lt!, vulgarité des expressions.
Ce n'est même plus la g us-.• 111è1a1,hysiqu, lu&gt;géUmuu~ de Whitman;
c'est de la pro11agandl! 1111ti-,,lCùollq e, de la prvpag-dnde re,l;,tleuse à la
manière d., l'A1·mee du "alut. :s, uae t.-lle p"ê~le a des suur,·ee,
JJCU&amp;e •l-on, il faut les chen,hrr aux p:,g i, d aununcl's des ;c;urnaa:x et
sur les euseiguea Jumtu, uses. Mal, bie .. 1t',t la vh,!ence, 1 é11ergle et lea
•ouurltes sa~ vage... du rytlame , t ,· es mots vous e11traineut •·t vous
11.111 asent, et vous epruuvez le be,ulu lmper·leu:x de lire à 1.a1,t1i Vol:x:
cea pol'lues: et c·ea1 ûl mu~iquu ,,.e., jazz-1,ande et celle q ,'on eut.·ndait
pendant l'exJ•uBltl, u unlvt•rselle dt• Ml , el c,•Ue qui vous saoule dans
ces pe1 lts boug1-s d'A ger,e, 1,Ù taud a q~, ré 011!1 la de, houka luunaute
et monuiune, ""e Je,, e Juive suaute , t gras "'• 1 s joue, r:.uuv,•rtea de
pièces de vi,,gt s,ua culle1es avec d., l!C salive, da,,au sur place eutte vus
genoux. ApNs 011 .. lr•ct.1re à h,,ute v ix de ,,e,,eml \\'lttiam Booth.
ffllera tMo /ltfan111, ave aun r fralu ternaire:

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�620

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAlSE

NOTES

vrir des nations opprlmees, et il n'est moulins à vent que nous n'ayons
assaillis au nom du droit des peuples. Je ne suis pas certain que les
effets de cette belle passion aient Hé excellents et que l"Europe s'en
porte mieux. Je m•en voudrais donc de désigner à notre mauie un
aliment nouveau. Et les Catalan~ enx-mêmes, du moine ceux que Je
connais, sont trop sages pour le souhaiter. Leur nationalisme n'est
point une doctrine de catastrophe. lis ne préparent pas méthodiquement
Ja guerre civile, et Je doute qu'ils nous ménagent pour 1950 l'occasion
d'une guerre mondiale . .rai pu voir c'l'assez près joue!' les institutions
autonomes dont ils sont fiers et dont ils attendent la gloire future (\e leur
patrie. Je n'ai pasvu parader de gymnastes, ni desociètés plus ou moins
camouflées d'instruction militaire. J'ai vu une belle bibliothèque, un
musée, des icoles de tapisserie, de céramique, de métallurgie, d'agriculture. Les ca.talans se font cette idée, bien paradoxale en 1V20, maùi
qui a peut-ètre quelqueavenir,qu'une civilisation élevée et harmonieuse
eat une arm,, à peine moins efficace que l'artillerie et se démode moins

d"i_diome ne leur nuise pas trop ; et pourtant, tous ensemble, ils formeraient am: yeux du lecteUl' une troupe curieuse et a)l~gre.
« Co minent, dira-t-il, avous-nous pu prendre ces gens,Jà pour des Espagno~~ f" Il Y a chez nous une conception courant,• du caractère espagnol,
de l «me tispagn~le. Sl Yous en enlevez quelques traits. d'un bas romane~q 11e, dont la tau~seté est évitteute l'image n'est pas 5 •1 ,·nlid'l
·1
•
'
c e, me
bl
~em e-_t-1 • :'lf~us ra~_lJOl'~~e au~ Catalans, elle devient une méprise, dont
ils sourient bien qu ils sen pla1guent. Puisque nous avons la chance en
somme, de ne possedel' de la Catalog.1e aucunereprèsentatlon conve~ue
allons chercher sou regar,! daus las y.iux de ses poètes.
'

Une autr.e mison rend opportune l'amitié intelltlctuelle de la France et
d~ 1~ _cati.:log_n,•. ,le ue crois pas m'a\·aoc&lt;'r trop en insinuant que l'Europe
~u,1um·d hui r~cèle beaucoup de forces incohérentes, insoumise~, mieux
faites pour se il18p~rser ou s,' combattre que pour se mettre en faisceau.
S1 nous F?rtio1~s d'une Jougne période .de discipline, ce désordre nous
sem~lera.it_ pl. m ~e fraîcheur etrajcunissarit. Mals le XIX• siècle ne uous
! point fatigues d harmonie; et, bien avant la guerre l'on souhaitait nn
age_ d.'organisaiion, de maturité. Vœu qui n'a pas pas;è de mode 81 j"en
cro_1~ nos oracle~. C',•st ~ent-êJ~e m~me ce qu'il fauL distinguer
1,lns
clan ~ous les d1ssertat1011s qu on nous prodigue de tous côtés. Raisl)n
int~lltgenc~, càrtésianisme, tradition classique, autant de façons de dir~
q':1 on ~ra,t co11ti&gt;1it de construire quelque chose d'èq un lbré, d'à pea près
deflmtif, avec le~ matériaux qui no.u.~ encombre.nt, ,Je dis "avec,. car il
faut bie? considé1·er comme négligeable l'opinion de cew: qui parlent de
co!1stru 1re, ruais, que les mat!•1·iaux épouvantent. Construire Le néant, ou
memere~onstru1re le passé, ~olutions commodes et piteuses. L'a1mrchfe
vaut encore mieux, ayant pl11s de verdeur.

d

Tite.
Vous ni;, serez donc pas étonués de l'imponance qu'ils accord ·nt à.
leur poesie. Ils vénèrent, ils chérissent en elle la flamme ceutrale de
leur acttvité, l'origin e des pulsations. Je me rappelle un mot admirable
de Miquel Ferrà.. Comme nous visitions des laboratoires de chimie, des
ateliers de ferronnerie, d'ébénisterie, et que je me réjouissais du i,pec.
tacle d'une terveur i,. la fois si une et si diverse, il me dit: • Là-dessou~,
voyei-vous, il y a 1a langue catalane, il y a la poésie catalane. • Et
Alexandre Plana a écrit très exactement : • Toute l'evolution récente de
notre poésie est une manifestation, la plus haute et la plus pure, de
l'initiation dala. personnalité catalane au monde harmonieux et ét··mellement en formation de la culture. C'est une initiation qui a comme11cé
dans l'ordre des lettres pour s'ètenclre, pal· un progrès lent et sûr, à
chacune des activités sociales. "
Un peuple accoutumé d•puis 'des siècles à une exii;tence incontestée
devient iugrat pour sa poésie. Et si de gros intêr.êts l'occupeuL - hégé•
monie, îndustrie, négoce - il est comme l'homme riche, comm11 le
commerçant dont, les affaires ronflent , ; il oublie qu'il a une es~ance
pour n~ penser qu'à. son volume. Mais un p,•uple méconnu, nié, se
ramasse autour de son centr.i spirituel, éprouve à chaque moment le
besoin de vérifier sa raison d'être et se rassure au contact de sa pocsie.
Beaucoup de nations ont Mé fondées par l'épée. La nouvelle Catalogne
a été fo.nd èe par des livres. La parole de l'Evangile u c la mllllace done
point. Les manuels d'histoire q11'oud.istribuera plus ta.J.·d aux enfants des
étoles catalanes, s'Hs sont exa•"ts, indiqueront en caract~res gras. comme
dates pril1cipales à retenir, l'apparition d ·s premières œuvre~ de Verdaguer, puis de Joan Maragall, d'Aleover, d"Eugeni d'01-s, de Lopez Pico, et;·
Il serait très dèslrable qu'une anthqlogie de la poésie catalane fat
donnée en traduction française. Ces auteurs, par leur langue comme par
ieur inspiration, sont assez près ,le nous pour qu~ le changement

de

•

, Eh ~i~n ! les g~ns capables de construire, j'ente.nds de mettre au point,
d éqmlibrer une grande civilisation intellectuelle, en sacrifiant le moins
poss'.bie des maté~iaux accumulés par nos prédécesseurs, ne me
p~ra1ssent pas très nombreux da.ns l'Europe d'aujourd'hui. Rivière disait
\ccem~eut,_ d"une ma,1Pre uu peu brusque i,t in.]Ustc, gu,e uous sellls
l•J~ÇaIB_avmns gardé Ulleee1-taine sauté mentale, et que seul compterait. dam,le prochaH1 avenu·, oe que uous penserions. ,Je veux retenir de
cette boutade que, si _d'autres e..-.::cellent à déterrer les marbres précieux
ou les mG;taux rares, 1l est sage de s'adl'esser à aous au moment où l'on
a besoin d'arc~itectes, )lais encore faut-il '-.[Ue le beS'oin eu soit généra,
lement ressenti, et q uetous les autres ae se ·complaisent pas iudéfinimeat
dans l'ivresse de le,ur désordre. Nous devons donc rechn,·her avec soiu
et frequeuter affectueusement ceux que leurs dons naturels, leurs aspir~trons spontanées nous désignent comme collaborateurs immédiats.
No~s ~'en tro11:verons pas de mieux doués qu'en Cat.ùogne. Bon sens,
opti~sme, got'.t de la vie, ils ont tout cela, sans l'emphase nl la légèreté
mérrùionales si odieuses à juste titre aux homm&lt;!s du Nord. Qu'ils soient
invulnérables, que de mauvaùies influences ne puissent un jour les
10

��624

LA NOUVELLE REVUE FRANÇAISE

NOTES

toute1 ce, hlstolrea n'achèvent pu de me démolir. Hél:ui ! je crois bien
que ce que j'écris ne vo111 apportera 11lus aucun pl.tl&amp;ir. Je 1111s obligé
à de~ ch1·onlque11 bëtea, car toua mes revenn5 littéraires ont ,111111aru.
All'ectueuaemeut mon cher R. Rl,my de Gourmont. ,.

1' illee de l'opium, vous dont l'aube décente
l&lt;ouglt de voir le jarret nu, la main pressante.

.

•,.

Vielllesae, lendemain d'amour, tristes êba~...
Sur les cnrreaux d'azur rampe la lleur llu givre.
Un arlequin c.a&lt;luc pleure. Est•l1 Lis de vivre 1
Ya, nous dormirons toua. &gt;Jais les lits, c'est plu batt.

Mademoiselle Natalie Clllfort Barney publie, dans le dernier numéro
des Ecrits Nout•eau:,; (mars 1920) quelques • pages prises aux romana
que je n'écrirai paa,. :

.•..

" Ses yeux bleu d'orage
... Et l"écho de son paa sonne à l'autre trottoir. •
ou:
" 1.a Rurvivance vive de sa voix varml les petit.es calalltrophca. •

.
• •

POÈMES DE P.

J.

TOULET ET D'ANDRÉ BRETON

André Breton écrit, dans LWérat«re (Janvier 1920):

SOURCES D'ANA TOLE FRANCE
1 M. &lt;hiraril..tlailly .--0mpare, daue la ,lfl11t•,•1•e r,·,uiçois,:(J 5 flèvrler lll!ll)
•
•
'
he "récit de
. l'hul~•ler ~. qui est dan ~ lCl! Qpt1 u, 18 de J,'~
ccl'o11,c ( O{lfn&lt;Jra,
uno curieuse rch,Uou de L'un:trme lit•re ctu /1/c,·ourc d F
Ce pass:ige du lllel'!'ure _.
e rance.

,,M

'é~ ~u ribt glar,1e ,!,•puis que •us lianes (de la demoiselle Hélène Gillet)
. a en a a ·és, et ou eu fit quclqne!IC plaintes à la ·u Ir
hcutenant-crfmlaei ordouua qu·,,u.. ~er;tit visitée par JI
e.tuasltot le
~emeurèrent d'acr.Qrd qu'elle s'clllit dol!~rée Il n'y Cl'a mita rones, gut
JOUl'll, •
va pas qlliDze

!'

I.U:O.E DE MIEL

A quoi tiennent lea inclln:itlons rédproques 111 y a des jalousies plus
touchantes les une, que les autres. La rivalité d'une femme et d'lln
livre, je rue promène volontiers dans cdte ob,curllé. I.e doigt 11ur la
tempe n'est vas 1, canon d'un revolvur. Je cruls que nous nous éc-Outions
pen~er mals le machinal• A rien" qui est le plus tl&lt;!r d&lt;&gt; nos refüs n'eut
paa à ~Ire prou,,ncë dtJ tout ce voyage de noces. Moins haut que les aatre11
il n'y a rien à r~garder fixement. Oaus &lt;1ue!que train QUl' ce soit, Il e&amp;l
danifereux dl!.se pencher par la porti'-re. Les stntluus étaieut clalrtrment
réparties ,mr un goUe. l.a mer qui pour i'Œil humaiu n·estjamais si belle
que le ciel ne 1101111 quittait 1i:1~. Au fond de nos yeux se perdaient de
joll1 calculs orient vers l'avenir comme ce1 x des murs de prison.

r.

J. Toulet, à qui Jacque• Uoulenger i,,,usacrt', dans /'Op nton
(6 Mars 19!01 un .article ftn, dunue au Dlran 1Jan,·ier-l-"é\'l'it r 19211) (e,;
brefs poèmes :

Dan, quelle Inde nouvelle, où que se soient demain
Endormi ton cavrl,·e et Ion i1me envolèe,
A-t-elle su guérir la crueur de ta plaie,
Et ce cœur nostalgique où tu port.ais la main ,

soug tn paupière bleuP, Albe, ton regar,1 d'or:
Tel palpite l'ticlalr aux nuits de Messidor.

•••
111~~- ~'ictor Giraud, dont Brunetière dfs:ilt qu'il avait rénové la critique

~ rl', a ~ait nue dllcou,·erte plus lnattl'ndue. on tron,·l' dans les
&lt;le l hr:11.,·,· (t. l!, I'· l!03), à pro1,us d'Anatole France poete:
d • De u 1·a11d$ li! pteirn, d,'odru.rs rt u,• 1,h0$1'ho,-,.5 cenrcs•• llsona-nons
ans la plè~e l!1t1t11lée: Vr,ms, éroue rt,i .,01r. C'est la reprise insuffisamment d,•gu,~ée, du Vl'rs eélèbre, du ,·ers admirable de Baudelaire:
/1/ttit,

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,\'cms au,-011.5 ries lis p/c11ui tl'odeio-., té.gé.,·es .. »

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�LA NOUVElLE REVUE FRANÇAISE

MEMENTO BIBLIOGRAPHIQUE
BEAUX-ARTS
!!OIi.ACE I.U:OQ DB BOISHAUDRA.·:

1 Ed11cat1on de la mb,iotre JJl((O-

resqueet la Fo, matirJ11 de l'artme: IJ •• Laurclla.
Cu, DEJ,AFORf.T: 1111,·oductionci
la cuuu,·c 1111. lcate; Arnette.

LITTE'

.RATI:RE, ROMAX~,
TH&amp;ATRE
Rooen ALI. Ultl : 1.es feux ,te la
Sai,!l.Jean: C'. llluch.
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s ~ftltanwrplt ·, us ou
l" ~ ne ,:l'o • J lb
d
l ·,.,.
phîi,-,; 1,;~Ïslént1'r!e Cil li., IOL\11:,~ Ai:Ar.o : Feu de Joie; Au
San, P;,rell.
lfr::,,,1w B \TAn.ui: 1.a (Juad,•ature
Pl LIX: /

&lt;Je l',lmou,·; E. Fasquelle.
.\1.oy_~,r~ 11~;RTRA.ND:Gw;pa,·at1e

nuit; La Counalssancc.
Rm,..:B1z.e:r:J/.¼t"cutu,·ea,r.rgu/tu,·cs; La HonaLssauce clu livre.
la

.All.XA:-mu.: DLOI.: ln /)OU:t'; l.a

Cible.
BR.;.:.rr,m:: /.es ,,es des lJa1 1,es
f, alrmtt:JJ_; 1,11,ralriedc; Bibllophl•

"8 JJ11rls1eu .

Ho11or111:: ll1&lt;1.soe1&lt; : Les
JJ11e1., de r·a,ntefigue:

'l'l·o/x
Edition

ll"auçalsc Illustrée.
i,•u,. ·,•1~ C.\RCO: L'Equ1pe: Emile-

Paul frères.

ll1,l\RY Ct:ARII: l&gt;Cmnets de g,,e1·n•

19H•IUt9: L.ibrairic française.

BLAISt, C~:Nl&gt;HARS: /,&lt;' fi/,,, ([,: la

fin &lt;lu montl&lt;'; l.a slrl'.'ne.
11• CRAFFIOI. • Dtnu..L.EMO •. T: At,
J&gt;avs des eau."t: monr.,: Llbralri.

,1,•s l.cltres.

E1u1r T DELAUA n.: l"erlaine; A.
Messi?in.

1,t!Cl.ll l&gt;EI..\ltn:-!ll~nom·;,; ,1 M,1man; ~:. l'11 q11e.ll •
J),: Stéph,uu
Mallnrm,' au pr&lt;&gt;-plleu E;tclliel;

T•,IHJU.\itD D· JAltDI', !

A.-P. 0.ARl'ilt:R: [~,S Co1·11etl1es
.ru,· la 'l'cmr; Garnier frèft!
PAUL Gt:RATll,\':

Les l'elites.A mes·

A. Me, in.
'
GOETHE.: Faust ; t. 1. (H. f,icbten.
bergcrJ. J.nReuaissance du Lin-e.

M,rnou~.,un llr• RY•lto IER: 0117'1,mnot : u. ora et.

'1e,·t
i.\lAx

.IAco11: , l'IIC?t1atoma • 1.a

Sirène.

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ltRASCIS JA)Ulf:S:

I.e Porte [(U .

liQUc; )lerl'ure de Prauce.

l,.\UTlllc:.UIO~T JCowte d :) : /,es
rJim1ts d" Mal u,·o, .. La Sfrêue.
Jr4= LtalAÎTRi,:: 11,,;n-e~s/0t1;, dt
TMcu,•tt (Il' série); Holvlu Ci.&lt;;••.
I.o~rn )L\_ TJJ. : .Voo·e Passion;

La Rena! sanre du Une.

A 'Dl'i' MA li.Ols: l,&lt;s [l(Jtirgœis
rie 11'11.:he,m; n. Grasset
Y.-E. Mwm:i n·: /.es l'ories à' f•
ra-tn ~ E. Flg11lèrc et C'".
I'JEl!.IU· M.11.u:: T,·oi&amp; Femmes;
&lt;:V.hnnun-l.én• ,
•... : /,e I;clit A,muao·e ries

Ecrt-v(tln., i La Maison rraaca;se
d'Art et d'hditlon,
•
Ai&gt;isl 1,arla11 Za,·atlrn.•t1·1J: fl, cr:,g r.t 1,"•.
t:U.\l!l~ Ûl!L\I&lt; :,,--r: A(.laMct Et·c;

• • 'n.1·zsr11t::
1Jl Sirèlle.
l'ÙRO,;s:

mcau.

Le at111·1ro»; M. lllo-.

GA TO, • P!C.\RD ! J..a ('onresston

du Chat: Albln-.\lic.hel.
J::!L'\'E, T l'~Jt RAIi! : f,e

'l:01~• Ql/t

crient ,tans te r.t • ert; 1.. Conard.
EDO.Hl!) ,\. POF.: /.a Chute de la
,ialson r·.~1icr; 1-'1 :Sirène.
.\f.-C l'0ISSOT •~r 11.·U. I.,\l'"C:t:
Les I/.Jfl/s de Huysman ; La Maf.
(&gt;Il fra11cai e d'Art N d"Editlon.
Ro:-.,AltÜ: Elégie à Jlfa1•fr: L.
Pic.hou.
LAt:ni,;_,y TAII.RADI ; QuelqueJJ{a71

t,1;,1.:s dejurlt ·; F.dillo11 tra,wa!sc

Mercure de Fl"auc •.

lllu,-trée.

P.\l;L ELt.lRl&gt;: ),es .4n111mt1,1' et

LAl'Rt::\--rTA!Lll,11&gt;1&lt;: Àt&lt; Pa11s tiu

t:~IER. 011': /ICJmmcs 1•cpréu111u
tifs;,;.&lt; rés et &lt;,tt•,
CLACDI! F ..rnniRE: La llel-111ère
1&gt;ées.,e: E'. ~·tnmmurif)II,
ALBt.RT FUA; T,a l'çl,t, Ile l'tcto,...
llug1J clans la vuc,•rtf mondiale
e1 ses 1,ro1&gt;/Jétie1; Delagravc.

RODOl'lil,; 1'/F.PFH.;R: l.tt /!1/,tiQ•
thèqtl,(!d,·mon 011,.le: o.1'rèsctc~,
JUl,l!i' V.u.1.ts: .Dcstaots; Edouard,J1)Scpl1.
,\, ZtRIOA-f,'OllBOS,\: Le s11m/Joltsme français.,, /tt. poésie e11pa1mo1emoder11e;Mercurcde France

lettrt 110mm s; Au :;an .. l'nreil.

•

,lfH{II'; Edouru:d Joseph.

LE CIERAI.T : llAHON GALLIMARD
I.IIPRIMERŒ COULOUMA, AROENTEUlL (S.•ET•O.)

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                  <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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                <text>La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique, 1920, Tomo 14, Enero-Abril</text>
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                <text>Después de un "comienzo en falso" en noviembre de 1908 bajo la dirección de Eugène Montfort, el primer número "real" de La Nouvelle Revue Française apareció en febrero de 1909. La creación de “La Nouvelle Revue Francaise : Revue mensuelle de littérature et de critique", está a cargo de un grupo de seis escritores del que André Gide ha sido, desde el cambio de siglo, el líder. Conocerá a un público excepcional, renovando en equilibrados resúmenes, compuestos a su vez por Gide y el círculo de fundadores, luego por Jacques Rivière y Jean Paulhan, las perspectivas de la novela, el teatro, la crítica y la poesía contemporáneos. Todas las grandes tendencias y voces del período de entreguerras estarán representadas allí, "sin perjuicio de escuela o partido". De la revista nacerán en 1911 las Ediciones de la NRF, puestas bajo la responsabilidad de Gaston Gallimard, y de las que Paul Claudel, André Gide y Saint-John Perse serán los primeros autores. Después del doloroso período de la Ocupación cuando, de 1940 a 1943, La NRF renació en 1953, bajo la doble dirección de Jean Paulhan y Marcel Arland. La revista seguirá explorando los territorios literarios bajo la vigilancia de Georges Lambrichs, Jacques Réda y Michel Braudeau. Si la tirada de la revista ya no es comparable a la que este tipo de publicaciones podrían tener en el momento de su mayor audiencia, no deja de ser, dentro de un sistema editorial más amplio, un apoyo ofrecido a la creatividad literaria y, sobre todo, uno de los raros lugares donde se puede expresar una crítica libre, amplia y profunda sobre la literatura en formación, en Francia y en el extranjero.</text>
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