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                    <text>Este periódico está destinado a defender los ideales ,, · fas intereses de la Patria.

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San Antonio. Te.ras . 3 de Dicic111bre de 1916.

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�REVISTA MEXICANA
Semanario IlUStrado
8NTl:aJU&gt; Al HCOND CLABS IIATTBR, OCTOBBa •s. ltl5 AT TBB POIT 0•1t1c•
~, -~A'!__~N~ONJO, TEXAS, UNDER TRE AC! OP IIARCR S, 1'97

______

Volumen III.

San Antonio, Tel:88. 3 de Diciembre dé 1916.

Nmnero 65

EL FINAL DE LA TRAGEDIA

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COSAS DEL TIO SAM

. El Lic. Querido Moheno, con el valor civil que lo caracteriza, ha escrito una obra en la cual se pintl

·al pueblo Y al país norteamericanos con exactitud pa1 mosa. Ea un prodigio de franqueza, de valor y de
111\Ceridad.
Para que el publico juzgue su importancia, anticipamos el indice:

. 1,;j ª Ant~sal~ de Uncle Sam.-20. n .e la Habana a New York.-30. Cocina y Literatura.-40. La Abominable Metropoli.-50. El Molde Amencano.-60. El Rebaño de Panurgo.-70. Los Timos de Acá.-lo. S.
bre el Mismo Tema.-90. Siguen los Timos.-10. Home Sweet Home.-n. Home Sweet Home concluyo.-is.
Combination Salad.-13. Si Lincoln Resucitara.-14- El Lado Bueno.-15. El Porvenir de Un~le Sam.
16o páginas en So. por 6o centavos. A los Agentes y Libreros, precios especialea.
Pronto será puesto a la venta en "REVISTA MEXICANA."
P. O. Box 66.

Station A.

San Antonio, Tena.

l@~ (,itlfTlús aceHteclinletttóll desarrollados en el sa pues acabar con éstos para tener derecho a desear un
Estado de Chihuahua, inai'caii i@s postreras instante, de la régimen mejor que el de 1910.
agonía revoluciona~ia. El carrancismo, cuyó de!lplOma·
Pero ellos mismos, por ~us secreciones tóxicas, 1e
miento se ha anunciado y vuelto a anunciar en todos los están encargando de su propia destrucción. Los revolutonos, empieza a caer en medio de los crujidos horribles cionarios son los tnejores agentes de la eliminación rede una sociedad desorientada y loca Hace mucho tiempo volucionaria. Ma.dero, durante sus veinte meses de manque esperábamos este desenlace: sabíamos que era inevi- do, no hizo otra cosa que cavar la sepultura de la Revolutable, y .que todas las excepciones dilatorias con que se ción. Venustiano Carranza, ·q~so resucitarla y lo 6nico
procuraba detenerlo, no conseguirían sino aumentar su que ha logrado es dejarla más enterrada todavía. Villa
horror.
apunta en los horizontes, como el futuro campe6a de la
Venustlano Carranza está derrumbándose por su pro- causa revolucionaria, con lo cual queda dicho que ea i.mpio pe&amp;,O y devorado por sus propios hijos. En sus noches ¡:-osibl~ restaurar el prestigio de la Revolución.
de insomnio ha de •sentir que estruja su cue[o, convertiVilla es el hombre fuerte, al frente de una brigada;
da en soga, la banda azul que él mismo colocó en la cin- pero es el hombre nulo con el mándo de un ejército de
tura de Francisco Villa. El Destino ha querido que el veinte mil 1'ombres. Dadle doll mil ginetes y los mirar-éis
bandolero de Durango se irga por última vez para que el movilizarse rápidamente de Parral a Chihuahua; de aquí
culpable sea de\'Orado por la fiera insaciable que él desen- ·a Ciudad Juárez; de este nuevo lugar devolverse sobre
jauló para atormentar a todo un pueblo.
aquél, para. tomarlo y finalizar la campaña con la victoria
Los revolucionarios se siguen despedazando los unos de Ojinaga. Villa al frente dé cincuenta mil hombres los
a los otros: en 19n, el revolucionario Madero, destrozó al dispersa en varias columnas, luego los vuelve a juntar,
revolucionario Vázquez Gómez; en 1916, el revo:uciona- los empuja hacia el Sur, en seguida hacia el Nol'te, en una
rio Vil'a destruye al revolucionario Carranza. Es el mis- palabra, se vueve l9co y no sabe lo que debe hacer. Aunmo proceso que se ha efectuado desde hace seis años: que parezca una contradicción, Villa cuando está débil es
un poder destructor que ha devastado a la nacionalidad cuando' está más fuerte. Vil'a. coi¡ toda clase de elemenpara acabar devorándose a sí mismo.
tos. volverá a cosechar las' derrotas de León y de CeY la Revolución después de seif años de arrasar lo
laya.
que existía, desaparecerá sin que sus hombres nos muesY Villa es, en estos momentos, ei símbolo más acatren un código, una ley, un régimen, un principio consbado
de la Revolución, que ganó partidarios y adeptos
tructor que reorganice y, salve a la sociedad. Todo el
mitntras
estuvo débil, y q~e se destrozó. cuando par;ecia
tiempo se les ha ido en enderezar requisitorias contra el
omnipotente.
Cuando el extranjero le dio el triunfo y le
antiguo Régimen, como si con ello se salvara el pueblo
ayudó
en
su
labor
de intransigencia y la reconoció como
de la espantosa tortura en que hoy se encuentra.
organización
civilizada,
y la armó con todas las armas y
El argumento más formidab.1e que tienen los revolusolucionó
todos
sus
conflictos
con la etiqueta de un tratacionarios para ddenderse, es declarar que la Revolución
do
internacional;
cuando
en
una
palabra, quiso converes una consecuencia forzosa e ineludible del Antiguo Rétirla
en
gigante,
y
la
impuso
arbitrariamente
sobre un pegimffl. Lueg~ñaden ingenuamente-si la culpa inicial
destal,
la
Re1:1olución.
se
vino
abajo
estruendosamente
se encuentra en el gobierno de la Dictadura, la salvación
se obtiene únicamente en el campo revo'ucionario. , Esto como un cuerpo raquítico que cae aplastado por una ares lo mismo que glorificar a los microbios que se apode- madura colosal.
Es inútil que se procure volver a levantarla.' La
ran d~ un organismo en virtud de que éste tuvo la imprudencia de atravesar por uno de esos estacamientos que Revolución se está desp'omando para siempre. Para venlos hace virulentos. Ahora bien, cuando ese organismo cerla, era preciso concederle la victoria. A semejanza de
se encuentra inocu!ado. lo primero que se debe hacer, es esos diviesos. para los cuales el cauterio resu'ta contraacabar con el origen directo de su envenenatniento: una producente, y precisa madu_rarlos para que extirpen &amp;U
vez que esto se logra, lo prudente es no volver a esos es- purulencia, así también para destrozar la Revolución, hubo necesidad de madurarla.
tancamitntos que engendran los mic.robios de la muerte.
Y este asqueroso divieso social. ha crecido horriConforme a este símil gráfico-que es de la Revolución-el estancamiento fue la dictadura porfiriana y los b~mente hasta romperse por s~ só!o en un e,tallido de
microbios son l!&gt;s representativos revol~onarios. Preci- · materia corrompida y virulenta.

,

�•

DESDE JAl)JA
A ·28 de Noviembre de 1916.
Estimado amigo mío:
Apenas te había hab 1ado de la honradez del carrancismo, cuando ya los diarios de Jauja cambiaron de táctica. Yo creo que tomaron como fuente de inspiración
lo dicho por el Nieto de la Hacienda sobre que el Gobierno no trata de robar a los Bancos.
· Puestos los periódico encima del carril de la franqueza, en lugar de pregonºar legalidad y honradez, se resol vieron a manosear papeles viejos. probab'emente encontrados en alguna biblioteca incautada. f extrajeron
·esta~ístiras sobre todas las revo'uciones del mundo. para demostrar con cifras y t!ato~ históricos. que !odo mo\'imiento armado ha tenido a,;esiDr, 0 • violadores y ladrones.
Como era de esperarse, en el cuadro comparat; 10
los carrancistas han resultado ser unos niños de teta respecto de los que en otros países y en otros tiempos nos
pusieron la muestra. Examinas tú esos datos detenidamente y te encuentras con que la cría de Don Venus está formada de raterue 1os de mala muerte, asesinillos de
tres al cuarto y vio 1adorcejos de esos que no se mamfiestan muy exigentes en el gusto y la selección, resig-'
nándosc cotf lo que buenamente cae.

..

Todo esto es tnlly consolador para los que presenciamo,; el esprctáculo maravi1loso de nuestra reno\'ación
snr:al y po"ítica. ~fucha~ habrá que sin el antecedente
de 1ectma,; his•óricas se sientan horrorizados de los crímenrs romrtidos antaño. y hallen que. efectivamente,
los de la polaina vien~n a ser algo así como figuras arc~ng-c-1if'as cle~ren1hl;,s riel emní~"() no•·a protegernos con
sus a las níwas, sedosas y acolchonadas.
Parerc que lo más propio habría sido persistir en el
rriterio de q11e el carrancismo fue siempre honrado. tanto para 110 dei:nojarse drl b'¡¡són áureo. como para rlernostrar fijrza de principios y orientación bien definida.
I o contrario. es exhibirse al desnudo y evidenciar que
se nns esta!)~ enr.rníiando' c011 rlem0crática din1omar; 0
&lt;"11? rirlo se preg011aha lo impoluto de los pergaminos. ' Y
si 105 carranristas se figuran que también ahora nos vam0s a considerar en¡zaíiarlos. y hemos de creer qne a,í
('01110 no huho en e'lns honrarlez. tampoco la pléyade
está constituída por ladrone::;, violadores y asesinos, tengo para mí que ~e equivocan. y no nos va a quedar la im1:resión. fija. clara e inde'eb1e de que en esta última dec1aración entra una verdarl tan ¡rrande como grande es
el espíritu delic¡¡do que la ~ngendró. Y digo de'icado,
porque no rabe duda de que se reo 11irre enorme sirceridad y un altísimo concepto de la justicia para confesar,
sin que nacFe lo exija. que esta revolución está hecha
con robos, violaciones y asesinatos.
l,na eaterva, de. hip.ócritas se habría mantenido en su
punto primitivo, cacareando honradez, aun cuando los
hechos estuvi~ran diciendo a grito "pelado" que de esta

CARRANCISMO
Y LATROCINIO

ú'tima clase social había plétora en la susodicha caterva.
Pero nada de esto ha sucedido: y cort la misma frescura con que uno '.del Gabinete declára que ei Gobierrto de
facto "no roba.'' y coh la propia naturalidad con que
ese Gobierno llama "Consejo de Incautación". al encárgado de depurar los actos bancarios. viene ahora la prensa
ele Jauja exponiendo datos. nombres y cifras, para demostrar que no hay revolución del mundo sin ladrones.
violadores y asesinos. y que el m-ínimum de ellos está
en el grupo acaudillado por Don Venus.
De todas maneras. para mí esas versalidades de criterio son de mal gusto y peor efecto. Por lo que hace
a robos. 110 puedo ne¡rar. sin embar~o. i,ue el sistema
tiene en su favor dos aspectos. El primer aspecto es ~tte
para hacer al pueblo la restitución de 1o que se la había
1
11 surnarlo por los ricos tuvo que emp earse 1111 método
de ri~or que se llamó "inrantaci6n." a fin de no usar
vncahlM crudos impropios del lengua ie democrático. Esa
in&lt;"autación entraña un nropósito justiciero, Y había.
pues. que declarar le11alidad en la re:olución Y honrade.z
en el carrancismo. El seR"undo aspecto es que ya defi111tivamente incautados los bienes aienos y en posesión de
et1os los valerorns adalides que habían expuesto la vicla
en pro de las masas irrerlentas. era preciso dec'arar que
lfls ladrones son fruto indispensab 1e de todo árbol libertario. .Así na&lt;lie se ronsidera c0ri rlerrcho a censuras, ni
con tít111M nara exigir rrsoonsabili&lt;la&lt;les.
Persistir rn la honradez era correr el riesgo de que se
,trnianrl:rari lin11irlaf'ionrs tarne o te111°prano. lo c11al se
evita de raíz mediante la confesión esnont~nea Y sincera de que no hav delinc11encia en ~1 despojo a la sombra &lt;le nn movimiento redentor. Y para nrobar Que no
se habla de memoria. se desentrañan cifras vicias. se
trazan cuadros compar;1tivos. y se obtiene la conclusión
¡zloriosa &lt;le que otros han sido más ladrones que nuestros salvadores.
Hacienrlo un resuml'n, y siempre circunscribiéndonos al roho, tenemos QU&lt;'. según ellos mismos. antes
"emha11c,1r()n" y luego "embau'aron." viniendo a substituirse la C por L; y como hemos de tomar la C por Carra neis ta y la L. por Ladrón. ya sahemos que si Carrancistas embaucaron. Ladrones embau'aron. Eso según
su propia confesión: que si nos atenrmos al parecer de
reaccionarios y traidores. quizá \'Cndremos a lo que expresa este dístico:
Hacer la división no es oportuno:
Carrancista y Ladrón es . todo uno.
Dispensa que hable con tales desenfados, siquiera
por la consideración de que si ellos mismos no se tienen njnguna. no he de gastar yo mayores e~crúpu'os.
Y aquí firmo, pliego y remito esta mi quincuagésimatercera epístola.
Cariñosamente tuyo,

SILVERIO.

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�CORRESPONDENCIA DE LA HABANA
Habatta, Noviembre 23 de 1916. '
Señor Lic. Do11 N e1nesio García Naranjo,
Director de "Revista Mexicana,"
San Antonio, Texas.
Señor Director:
Una noticia semacional transmitida por la prensa habanera con ese lujo de detalles que tanto la distittgiH!,
hizo conmover profundamente a la numerosa c5lón1a mexicana residente aquí. Díjose que habia llegado el señor
Aurelio Olivares. Gerente del Banco de Coahuila, acompañado del señor Lie. Emi:io Monroy, abogado distinguido de la metrópoli azteca. con el fin exclusivo de presentar y procurar la extradición del Gral. Joaquín Maass
y Aguila por el delito de haberse apoderado manu militari de medio millón de pesos, oro mexicano, perteneciente a aquella institución, cuyo despojo se verificó en la
época huertista y cuando dicho general era Gobernador
de la entidad federativa de Coahu1la.
Se llegó a asegurar que la extradicicn se tramitaba
y se había expedirlo la órden de aprehensión prevcnriva.
Ya usted supondrá la razón de la alarma: si tal cosa se
realizaba. la puerta quedaría abierta, franca, para cuantos
aquí no comulgamos con los destructores del suelo nacional. El bordado no estaba mal fraguado. pues los an. tece&lt;lentes que ca.nacemos, daban tinte de verosimilitud a
Ja noticia circulante.
Pasadas las primeras impresiones, se averiguó la veroad: tratábase de un plan combinado con mucha audacia
y tupé, para arrancar al general Joaquín Maass, diez mil
dólares. Un indfriduo, aconsejado por alguien que aun
ancla oculto, se presentó en la casa del general citado y con
gran misterio solicitó una entrevista. Ausente Maass. la
señora su madre se apersonó con el caballero de industria. y éste, haciéndose pasar por empleado de la Secretaría de Estado, hizo la confidencia de que en efcto, la extradición había sido presentada y en aquel momento acababa de firmarse la orden de detención, y venía a dar aviso y ofrecer su valiosa ayuda para la salvación del acusado. Manifestó tener un barc4'o en bahía, dispuesto a
hacerse a la vela. llevando al general, y por esto sólo
pedía la friolera de diez mil dólares. El caballero fue
presentado por el general Camacho. compatriota nuestro.
Descubierto el pastel, se dice que los Tribunales tomarán conociniiento de este chantage frustrado.

***
Llega en estos momentos el vapor "Monterrey," procedente de Veracruz y Progreso y cumpliendo sus indicaciones, me lanzo a caza de noticias frescas de la tierra
amada.-Pocos son los viajeros que desembarcan, pero
los suficientes para el trabajo. Me refieren que la sociedad yuca teca vive en gran alarma, a. consecuencia de un
proceso por rebelión que mandó abrir Alvarado , y por
cuya causa fueron detenidas setenta personas, algunas
bien conocidas.

cho joven, recién llegado de México, llevó la comisión ele
fomentar la revuelta contra el Gobierno de facto, y vio
a los oficiales en cuestión, invitándolos para se.cundar sus
planes que aceptaron, fijándose para la media noche del lunes seis del actual. la realización de sus desig.nios. El
plan era positivam,ente descabellado: asesinar al coronel
Moreno, Jefe drl Bntallón: al génefal Alvaril.dd, y ilpdderatsll de la r~gtlliidbra del Merca.do de henequén, de
la 'I\~s6.reríá deÍ Estado, de los Bancos. igno:ándose que
tüv1erán aliados o asesores políticos. Un capitán de apellido Navarro, arrepentido u acobardado. reveló la conspiración al coronel Moreno y al general Alvarado, y desde ese momento comenz.aron las prisiones y los cateas:
Fueron los primeros en caer los oficiales comprometidos,
que ya montaban la guardia de la Penitenciaría y el Hospital y en seguida los señores Amado Cantón Meneses.
(rabioso alvaradista hoy en desgracia,) Ingeniero Francisco Vega Layo, Dr. Florencia Ca.no Mañé. y dos hermanos suyos: el Coronel Lara, Méndez Marrufo, Mario
Ancona Cirerol. y a'giinos otros más.
,
No se sabe si el movimiento iba a ser felicista o villista, pues se ignoran los fines posteriores, y lo que hay.
de fondo se guarda en la mayor reserva.
Hedías las averiguaciones ante la Comandancia, fueron libertados varios individuos, y consignados los res,
tantes a un Consejo de Guerra. Este, después de dos
días de deliberación, dictó la siguiente sentencia :
Primero: Se condena a Aure!io Capalleja, Manuel
M éndez, Evelio Rosado Osorio, Víctor .M, Mprtt, Roclolfo
Navarro, Luis Figueroa, Armando Hernándei, Asisdo
Peregrino, Patricio Fitzmaurice, Juan Sát1¿hez, Fructuo$.O Peraza, Víctor Reinaga :y Abraham ~ernández. como
autores del de'ito de conspiración, a sufrir la pena de
muerte con las formalidades legales.
Segundo: Se condena a Francisco Pérez Sierra. Arsenio Sánchez, César Trujillo, Mario ~ncona y Pedro
Ruiz, como autores del delito de conspiración, a sufrir l;t
pena de muerte.
Tercero: Se conmuta a estos últimos la pena de muer·
te, por la de ocho años de prisión.
Cuarto: Se absuelve a· Florencio Ca.no, IngerrierÓ '
Francisco Vega Layo. Dr. Bernardo Cano. Juan Campos,
Alfredo Cano, Eligio Avila, fanesto Rosado y Otegorio Hernández, del propio delito &lt;ie conspiración. Esta
sentencia pasó a revisión, que hará el propio general
Salvador Alvarado.
El delito que se les imputa, es haber intentado derrocar al Gobernador (que los jpzgará en definitiva) asaltar
la Penitenciaría y fa Comisión Reguladora .del henequén,
apropiarse de los fondos de ésta e imponer prést~mos
forzosos.
Los Cónsules extranjeros y gran masa de la sociedad,
en procesión solemne por las calles de la ciudad, solicitan el indulto para los condenados a muerte.

***

Al fin. el señor Alvarado ha consentido en sacrificarse
por
el bien del pueblo, y atendiendo los espontáneos
.Me cuentan que en · Mérida ha habido su ''bolita" mey
fervientes
rueg.o s de éste, ha aceptado postularse Gojor dicho, su conato de "bola'' pues el complot se descubrió el mismo día que debería estallar. Según noticias- bernador del codiciado Estado. para el período constitucioual que va a iniciarse. El documento en que se conde origen fidedigno. que acabo de obtener, un grupo de
oficiales del Batallón "Jesús Carranza," instigados por -'-signa tal resolución patriótica y desinteresada, es digno
de conservarse y no lo reproduzco por su extensión.
un joven Méndez Marrufo, hijo de la· comadrona Do 1oYa pueden frotarse las manos de gusto los señores
res Marrufo, tenía a su cargo la ejecución del plan. Dide Yucatán. No hay peligro de que pierdan a su ama~

'

do Y tranquilo mandadn.

i y viva la democracia! .

. ***

Recientemente se verificó en Mérida una j.unt~ de
hacendados, para tomar acuerdos relativos a la m~'.~ración de braceros para la agricultura, junta que pres1d10 el
modesto cuanto discreto Gobernador Alvarado. ~~rante la a,amb'ea, éste, refiriéndose al inge~!e~o Y soc1~l?go
mexicano. don Francisco Bu1nes. lo cahfic? de ,estup1clo.
i El mejor elogio que ha cos~rhado..este tnb'.mo ..
En esa misma reunión se ofrec10 la Presidencia ele la
Junta al sei1or Arcadio Escobedo Cu~;nán. e inte.r;oga~o
por el Gobernador. sobre su aceptac1on, respond10 enfaticamente: La juventud liberal está con la noble. caus~
que usted representa. E! padre de esta "juventud liberal

fue durante un trimestre, Gobernador del Estado, Í'.npue~to por el general Huerta, y se mandó e~~regar d~ez 1Y1!
pesos para una comisión que desempeno ~espues que
d ejó el Gobierno y cinco mil a este su propio hereder~,
que marchó a la metrópoli a tomar su puesto en la C,1mara de Diputados huerti3ta.
En ese entonces. dijo al general Huerta la misma sacramental frase:
•
· ·ta jul'entud Jibnal rsi:í rn1! la noh'e causa que usted representa." Este joven es reaccio11ario; 110 progresa ni cambia los moldes antiguo5. Ah·arado no para
mientes en esa circun,tancia.

LUIS PORTAL.

EL MILAGRO DE LA. LIBERACION
P..JR R. GOMEZ ROBELO
Entre las dec!araciones del Presidente Wilson, nomanos la espada del Destino, que la traerá la muerte. con
tables todas por el sarcasmo que los hechos les descu- el triunfo y dcs¡Jierte a I3runhiida, o a la Bell~ Dur.m1ente
bren,-hay una que parece la fantástica luz &lt;.:entra! ~ue
del Bosque, y con la maravilla de un cuento 1nfant1l lleye
..
.
l . clemh que descubre sus verdaderos carac- a cabo el milagro de la liberación y de.;haga el encantai umma a ª~
' ·
.
, ··
_ miento.
_
terés Y les da la tonalidad apropiada: esa ~lec ar~c1on ma
La tragedia vuelve a comenzar: \'i'la tomó Chihuacabra es la que dice "¿ Por qué hemos de, 1mpedir ;.~e los
hua, los carrancistas huyen con pánico: llevan en las mamexicanos derramen toda la sangre que les plazca.
•
nos los hurtos Y las rapiiias saivados de entre la sangre
Después de haber invocado el decoro de los Estado~
que los marca; recuerdan sus bravatas, sus o~gías homiUnidos los id.:.ales en casa ajena Y de declarars~ caciclas Y como a todos los a;;esinos, que no tienen otras
ballero 'andante de la Constitución, para ir ~ombat1r en
imágenes que las de violencia, la Yio encia los amenaza
lomos de acorazados Y de expediciones pumtivas por lllos
de día Y de noche Y tiemb an con todos los pavores que se
· u e v·10 an a Du:cinea esas palabras son una umismos
q
sintieron
via de sangre
&lt;le3pués de una 'mascarada.
contra. capaces de hacer sentir y que se vue 1ven en su

~

El genio americano tiene de esos "tenebrosos fulgores.'' Antes de ahora, Edgard A.
inven;a:~rr~l
''Hop-Frog," la '·Barrica de ~mo.ntil a o, Y ague.
ble personaje que quería monr riendo, con una nsa que
hacía resonar en sus desgarramientos todas las tortoras
del dolor y de la desesperanza.
.
,,
El genio ang'o-sajón. partiendo del 'humorismo. que
no es sino una sonrisa. llega a la carcajada Y, por eso.
después de la obra del poeta, que afinó la belleza en los
fuegos más pungentes del sufrimiento, ~:: renla ah.~I rl·sa sonora del más cruel humorista de la h1sra en moderna.
a
. d me reir
" ~
toria
El mismo lo ha dicho: .. deJa

p?~

;ª~iª

Villa avanza sobre sangre Y dejando una huella de
fuego; la justicia, al encendido ref!cjo es toda roja y toma el aspecto ele ia venganza y, entretanto, como los fa!sos profetas Y como los entregados a las artes de hech1cería, siniestros augures vuelven su rostro a la espalda,
en este infierno, y donde se necesita un canto de esperanza. que lleve la anunciación a las tinieblas, oímos
gritos de maldición Y de rencor, de rabia y de despech~,
con el pueril afán propio también clel descenso de la v1da, ele reclamar para sí victorias que no se tuvieron y dones que cayeron de las manos.

. da s"
carcaJa
. y a cada ·•acudimiento de sftdgarganta, en
ob ee
espasmo de la risa, vemos caer un golpe e sangre s r
el suelo de 1\léxico.
.
y con esa risa, interrumpida a momentos para decir
' frases brillantes tan brillantes que puedan prol
a gunas
'
··
\"'I
l
vocar un nuevo acceso de risa. sigue }.[ r. \ •1 son ;:~
. d o qu e los mexicanos
derramen toda la sangre que
cien
·

F.n ~.sta catástrofe. todas la;; hi~torias y todas las. !e··
yendas coinciden para darnos la so l uc1on:
so'1 o un irnla
· gro de fuerza y de amor puede triunfar·;· h.ay que tener ante los ojos la certeza del propio sacnfic10 y no la perspectiva del lucro, y seguir adelante en el camino, apostrofando a la ambición, al despecho con la frase dante~ca:
"· con,úi~1ete a tí mi,mo con tu rabia!" hay que rea:1z~r
, d
t
Coplazca!
y los mexicanos sigue derraman 1a ,ª .torren es. .
prodigio de Orfeo. el de Deuca!icín y Pirra: construir
mo todos los dragones bíblicos Y m1tologicos. la patria
Jos muros con 1111 canto subiime; vo ' ver a poblar la nase niega a morir, por cada cabeza Y po~ cada brazo que ción, dejando caer las simie;nes sin mirar atrás, Y cum- _
le cortan los caballeros andantes inv~rt1clos, hace brotar pliendo la misión reservada a los fundadores de p~eblos:
otros nuevamen te · Y los ¡)ies se an1egan en . sangre, Y a .Moisés y a 1fanú, a Rómulo y a Eneas: la de dictarles
las manos chorrean san¡re Y los ojos no ven smo sangre leyes!
,
1 tierra Y el cielo están manando sangre.
Cuando el espíritu creador disperso se reuna en una
y a Primero, para destruir a Díaz, después p~ra .salvar a
sola aspiración, cuando el es.píritu de sacrificio reviva Y
M dero enseguida para destruir a Huerta, mas tarde pa- vaya a la gran conquista, cuando la lucha sea. por l~ c?~r que tnun fara Villa., hoy para sostener a Carranza,
ra
cor&lt;lia, y la reconstrucción se lleve a cabo con. ~uJec1on
para destruirlos a todos, si. no cesa esta .1ocura,
y rnanana
a la ley, la ronda de espectros sangrientos hu~ra en. la
.
en las divinas historias antiguas no aparece un
noche y no oirtmos sonar como música de sus bailes
sihéroe
comoque con el alma cándida Y ¡·imp1a,
· empune
• entre sus estas carcajadas que nos están destruyendo.

?

ª '.

e:

�LA TRINCHERA ROJA
•

.·

DAMAS DISTINGUIDAS

,

Varios periódicos de Petrogrado han hecho público
este acaecimiento guerrero, que sobrecoge por su grandeza heroica y escalofría......
'
Desarrollóse el episodio en uno de los sectores del
frente oriental, donde moscovitas y alemanes luchan con
redob 'ado tesón y fiereza. El heroísmo germano se manifestó con caracteres casi sobrenaturales al suplir, con el
brío y el desprecio a la muerte, una inferioridad en número descorazonan te y dern'entadora .... Millones de rusos
se estrellan una y cien veces contra esos cientos de miles de alemanes que les cierran el paso. y una y cien veces las '·olas humanas." avanzando protegidas por un alud
de hierro y de fuego . "romptn" en un erizado de bayonetas y retroc.eden presurorns, empapando la tierra con
su espuma, que es sangre.~ .....
l'na de esas posiciones tan tozudamente defendidas
como tercamente expugnadas, mereció de los soldados
rusos un sobrenombre harto. expresivo: "La trinchera
roja." Toneladas de hierro y multiplicados y feroces asaltos no la habían rendido. ''La trinchera roja" llegó a obsesionar 'a las tropas rtrSas y a inspirar un particularismo
y supersticioso temor a los soldados zaristas más valientes. ¿Quién la defendía? ¿ Hombres o diablos? ¿ Seres de
este planeta. o guerreros llovidos del cielo con el don
de la inmortalidad? He aquí la·; dudas de quienes· no
acertaban rechazar !as acometidas más terribles, previos
los '·barridos" más espantosos. del cañón. Y el hecho repetíase sin vanac101}eS. Densas -columnas de asalto se
lanzaban contra la 'famosa trinchera. De pronto el re·
dueto parecía incendiarse, y un ciclón ele hierro, como úna
invisib!e y mortífera hoz, iba segando metódicamente fila tras fila de soldados ..... Cientos. millares de hombres
cksplomábanse en tierra por segundos ...... Aquella poderosa columna era aniquilada en el acto si no renunciaba a su loco empeño. ¡Y renunciaba siempre! ¡Todo
un Consejo de generales rusos fue convocado para "la

EL

toma definitiva" de "La trinchera roja"! lJna enorme
concentració1i de tropas sobre aquel 'úni•o punto" del
frente precedió al asalto más formidabe que imaginar podríamos . En un crepúsculo tuvo lugar la acometida;
acometida a la desesperada. en un brnlal derroche de
sangre, en un vértigo ele morir ..... .
' "La trinchera roja" hacía estragos horribles en los
batallones asaltantes; bata lo11es que. enteros, desaparecían, pero que enteros er'an sustituidos por otros batallones. Ya a cien metros de la codiciada posicién "La
trinchera roja" hubo ele permanecer {nuda. como si cansada estuviese de matar enemigos. Los rusos avanzaron --"
con recelo, pero a la vez con una indescriptib'e alegría
interior . .... Las masas rusas ele vanguardia, al poner el
pie en aqudlas ruinas humeantes. diéronlas por desiertas
y abanclonada5. ¡ A nadie descubrían! De pronto surgió
ante los soldados, y encaramado en unos cajones, un oficial alemán. Re:ampagueú el fogonazo de una mecha
y se oyó un grito potente, soberbi9: •
-¡¡Viva Alemania!!
Cien fusiles encañonaron a! patriota; pero en ese mismo instante un explosión horrenda y una nube ele humo
&lt;lió fe de la catástrofe.
¡ Catástrofe sublime!
¡ El teniente Steinberg, el último defensor de "La
trinchera roja," había hecho •volar todos los explosivos
de que aun disponía, volando él también I
Era el último zarpazo de los heroicos defensores de
"La trinchera roja," ¡ y ese ;,arpazo ie arrancó la vida a
doscientos combatientes más!
¿ Quién se atreve a asegurar que :\lemania será derrotada? ¿Quién es ,::apaz de poner cadenas y rendir a
un pueblo que posee e'os Steinberga? .... .
¡ Meditadlo bien, enterradbres !. .... .

o RTo

CURRO VARGAS.

,(DE LONG~'ELLO\\')

POR OLEGARIO V. ANDRADE.

Señoritas María Carlota y Eva ·Platt y Emma
y María Otero, de Alamos, Sonora, actualmente en el Colegio de Tucson, Arizona.

Surgió del hondo mar a&lt;lormecido
"Cn .viento vagabundo,
Diciendo a las tinieblas: ''¡ recogeos,
Qne ya despierta el mundo!"
Pasó sobre los buques, que Yeleros
Rompen la onda sonora,
Gritándoles: "arriba, marineros,
Que ya viene- la aurora!''
Se internó por la selva obscura y fría,
Poblada de visiones,
"Despertad !" murmurando, "viene el día,
Germinador de frutos y pasiones!''
A los añosos troncos de ancha copa
Y gigantesca talla:
"De verdes hojas desplegad al aire,
El pendón de batalla."

A1·ave que dormita en la espesura,
El ala entumecida:
"Batid 21 yuelo, que se acerca el alba,
El ave de la vida!"
:\1 gallo vigilante ele la choza,
Perdi&lt;la en la llanura:
"¡Cantad! ¡cantad! que aYanza el enemigo
De la tiniebla obscura.''
A la espiga del campo doblegada
Al peso ele su grano :
La aurora, vuestra hermana, se Jeyanta
.
Tras del monte lejano!''
Al viejo campanario de la aldea:
"Con lengua de metal, cantad el día;''
Y a los muertos del triste cementerio;
"¡Dormid! ¡dormid! no es tiempo todavía."

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(I

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I

LICENCIADO JOSE F. GUAJARDO.

EL GOBIERNO DISCUTIDO DEL
CORONEL CANTU
•

La p olít ica de "Revista Mexica" es nacional y no
local. Por eso hast a hoy no nos hemos ocupado, sino accidentalmente, de la Baja California. que ha permanecido ais lada del incendio general de la República. Este
apartamien to, ha conquistado para su gobernante grandes simpatías y acr es cens uras: las primeras porque ha
logrado salvar s u entidad de la catástrofe; y las segundas,
porque engreído con los éxitos de su política local, se
ha olvidado de la Patria en m omentos conmovedo res.
U n amigo nues tro nos facilitó el retrato de l Corone l Cantú y otro nos suministró e' del Lic. Jo~é F. Guajar do, y n o hemos vaci'ado en pre entar'o;; ank la curiosidad exigente de nuestros lectores. El primero se
hizo cargo del Gobierno de la Baja California. en Agosto de 1914, y aún· sigue dominando en aquel territorio federal. El segundo fue el organizador del régimen de
Cantú en su inicios, el que le dió forma jurídica, el que
echó a andar la máquina administ rativa; en una palabra,
el que convirtió al soldado en guardían severo de la Ley.
Consecuent~ con sus principios, el Lic. Guajardo
ayudó al Coronel Esteban Cantú a salvar la civilización
y a imponer la justicia en. la península ca liforniana; pero
cua ndo el Gobernador se decidió a reconocer a Carranza como autoridad suprema del paí s, Guajardo se separó.
por no hacerle t raición a sus idea les. H oy, que el carrancismo ha quedado !\echo tiras en las mttrallu de

Chihuahua. tiene qu e pensar Cantú en la honradez y sinceridad de su antiguo Consejero. La sumi~ión a Carrall- ·
za no le trajo ningún beneficio material, y en cambio ha
puesto un sello de descrédito a su carrera pública futura.
Su actitud enfrente de la invas ión norteamericana,
en Marzo de este año, también le conquistó crudísimos
comentarios, que lo obliga ron a rectificar las versiones
propa 1adas por sus mismos subordinados : esta r ectificación no fue clara ni se hizo inmediatall,)ente como era
debido; pero. se hizo, r como reza el refrán, va 1e más tar ·
de que nunca.
Sean como fuer&lt;':1 'os defectos del Coronel Cantú, Jo
cierto es que ha impuesto un régimen libre y floreciente
en una región en donde antes. no se hacía nada sin la subvención federal. Y ha hecho más: ha convertido la Baja
California, que antes era un territorio en un Estado libre y soberano. l\.I uchos de los méritos de esta obra,
corresponden al Licenciado Guajardo, que acompañó
a Cantú en las épocas difíciles y que ahora, que podía recoger el premio de sus afa nes. sufre las inc 1emencias del
ostracismo. Lo mismo le pasó a don Justo Benítez: ciment~ el porfirismo y luego fue separado. Es el destino
de todos los segundos. Ayudan a formar las personalidades supremas, y cuando é~tas quedan formadas y no
necesitan de auxiliares, los hacen a un lado para seguir
¡¡delante. Dc&amp;pués de todo, puede ser que tengan razón.

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CORONEL ESTEB.\N' CANTU
Gobernante de la Baja California, 1féxico.

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..

�PRO DOMO
He leído su artículo y aunque agradezca sus términos, no puedo aceptar sus errores: necesito rectificarlos.
Comienzo, pues, declarando que siempre fui liberal,
que sigo siéndolo y prometo morir en el mismo credo
político; pero no por eso es cierto lo que usted me atribuye: que haya yo defendido radicalismos que mi estructura mental rechaza, ni bajo el gobierno del General Díaz
ni en ningún otro tiempo.
Bajo el gobierno del General Díaz lo que hice, sufriendo prisiones y arriesgando mi vida, fue pugnar por
las libertades públicas de mi país, en una época en 411e
Don Venustiano Carranza todavía no ejercía de "Primer
Jefe," conformándose con cobrar $ 250.00 mensuales como Senador de consigna de la dictadura.
Si no obstante mi antigua y firme filiación liberal,
jamás me comí crudos a los sacerdotes, es precisamente
porque pienso que en eso consiste la verdadera doctrina
liberal: para mí tan odioso es el déspota que oprime en
nombre de la fuerza como el que extrangula en nombre
de la libertad; es más, prefiero la franqueza del primero
a la cobarde hipocresía del segundo. Las cuestiones religiosas no tienen para mí el restringido valor que les
atribuyen los energúmenos para quienes el personaje de
"El Bateo" encarna el dechado del perfecto liberal. Pienso que las instituciones religiosas constituyen a través de
la historia el magno hecho social, y como tal las examino
y considero. Y en un terreno más pedestre y concreto, conozco y trato a excelentes personas de los gremios
conservador y católico, porque felizmente, no soy de los
que piensan que de aquel lado están todos los réprobos
y del mío todos los elegidos, como diría ..... no precisamente Tomás de Kempis, ni San Alfonso María de Ligorio, ni Santo Tomás de Aquino, sino el mismísimo Eca
de Queirozl
Y sí mi liberalismo impenitente no me ha cerrado las
puertas del DIARIO DE LA :MARINA, donde trabaJo
al lado de un eminente paladín de las ideas tradicionalistas, esto podrá servir a usted para recordar que no siempre la intransigencia estuvo del lado de. los conservadores, que mientras se da el caso de un Nicolás Rivera dotado de amplia y generosa tolerancia, en el campo nuestro, dentro de los linderos del liberalismo no es difícil
encontrar a Torquemada disfrazado de sans-culottel
Tengo, por otra parte, la desgracia de que no siempre
se me entienda bien, de seguro por no saber expresar mis
ideas con la transparencia que yo quisiera. Y como los
extremos se tocan y la verdad suele hallarse en el justo
medio, lo mismo me mal entienden liberales como usted,
que el campo conservador, donde hubo quien, en reciente
ocasión, tomara por sermón y jaculatoria ciertos conceptos míos sobre la Co\•adonga y la Guadalupana. Nunca
llegué a imaginar que me vería necesitado de explicar que
en mi sentir sólo las grandes concepciones religiosas son
suficientemente comp"tensivas para encerrar por entero
aquella sublime abstracción que llamamos "Patria." Y
por eso para mí la Virgen de Covadonga y la Virgen de
Guadalupe, son el símbolo más puro y completo de esas
dos patrias que se llaman España y México. Tanto peor
si hay quien no quiera entenderlo.
Tampoco es cierto que haya yo sido nunca defensor
del divorcio. La persona que le proporcionó los datos
que su escrito contiene respecto de mí, abusó del desco·
nocimiento de usted en materia de astrntos mexicanos.
Acerca del divorcio tuve siempre el mismo concepto fun·

,

AL SR. CARRICARTE
EN "EL TRIUNFO."

damental que ahora; pero si así no fuera, que si lo es,
me bastaría haber vivido casi dos años en los Estados
Unidos, y prese.nciar la disolución de la familia americana, para abominar de una institución que pervierte los
únicos sentimientos nobles de la especie humana, y así
afloja y desata los lazos que de manera más estrecha y
amorosa anudó la existencia.
Aquí podría concluir; pero necesito aprovechar esta
ocasión para algunas otras rectificaciones, si he de cumplir mi propósito de no aceptar en adelante polémicas
inútiles.
No es verdad, señor, que ni en México antes de
ahora, ni en ninguna otra parte se cometieran crímenes
como los que esta revolución ha cometido, nr' por su horror ni por su número espantable; ni es lícito comparar
la Revolución francesa, sangrienta orgía que no incubó
libertad alguna sino el despotismo napoleónico, definitivamente condenada ya por todos los pensadores del mundo, franceses principalmente, pero que al mends contó algunos hombres superiores, no es licito, compararla con
el constitucionalismo, que et sencillamente el· caso mayor
de bandolerismo organizado que registra la historia, concebido y preparado por John Lind y Woodrow Wilson
para aniquilar la civilización en México. Si usted piensa
de otro modo, es porque no conoce usted las cosas nuestras sino muy por encima, en su calidad de extranjero.
Y al paso séame permitido externar el orgullo que
me causa este hecho: que para cantar sus excelencias,
el constitucionalismo no haya encontrado más que plumas
extranjeras, es decir de quienes no siendo hijos de México, ni comprenden los anhelos del alma mexicana ni
entienden el lenguaje que los expresa, ni palpit¡n con' ~us
esperanzas ni se duelen con sus hondos dolores. Sí; para consuelo nuestro. todavía no he visto la firma de un
gran escritor mexicano al pie de escrito alguno, defendiendo el mayor de los crímenes que há presenciado la
especie humana: la implacable y brutal destrucción de
todo un pueblo por obra de un ejército de traidores al
servicio de un gobierno enemigo.
Todo lo demás, señor Carricarte, desde la fábula del
"mátalos en caliente" que usted no conoce bien y que
atribuye usted al partido científico, ignorando que este
partido nació veinte años después de los sucesos que
dieron origen a dicha conseja, todo eso digo, hasta la
sangrienta e injusta ofensa contra un caballero ausente,
es fruto de la fantasía, de su entusiasmo constitucionalista por una parte y de su desconocimiento de mi país,
por otra.
Y o comprendo, por lo demás, que usted y otros en
Cuba puedan escribir así: felices ustedes, los cubanos,
ciudadanos de un pueblo libre que en las racientes elecciones ha dado tan alto ejmplo de cultura y civismo.
Pero seguramente no sería lo mismo si fuera usted
mexicano, si le dolieran, como a nosotros nos duelen en
el alma, los desastres de nuestro dolienté México, si huviera usted visto, eomo yo y como millares de mexicanos
vimos nuestro pobre hogar saqueado y deshecho, el hogar
que cimentaron y erigieron 20 años de lícito esfuerzo;
seguramente no pensara usted como piensa si al igual
que millares de mexicanos y al igual que yo, hubiera usted visto como yo ví con los ojos del alma a mi anciano
padre arrastrado brutalmente a las prisiones, para que
entre la inopia y el desamparo de un calabozo, en las heladas noches del invierno de México, fuera asesinado por

el frío y por los malos tratamientos; a un calabozo de
donde ya no saldría sino cuando· prófugos sus verdugos
Y abandonada la ciudad con sus prisiones, pudo evadirse
para ir, herido ya de muerte, a morir a poco. abandonado
Y triste, lejos de los seres amados de su corazón, y sin

poder siquiera morir de cara al sol, sino ocultamente, en
un rincón acosado por la horda implacable, que en sus
inermes 80 aí1os quería castigar el crimen de ser mi
padre! ¿ Verdad que hay diferencia, señor?
QUERIDO MORENO

SERENATA CARRANCLANA
(PARODIANDO A GUTIERREZ NAJERA EN LA SERENATA DE SCHUBERT.)
¡ Oh, la Revolución! Con chirigota
se la suele tratar todos los días,
y parece que lleva una ala rota
¡ y las dos tiene ya muertas y frías I
¡Cómo volara Venus ........ si pudiera!
Pero de orgullo pleno,
deja hablar a sus mil aduladores;
aunque en sus noches, de congoja lleno,
le escribe a Mr. Wilson: "yo soy bueno;
los reaccionarios son muy habladores."
¿Quién en ese barbón? Parece alzarse
sobre una multitud tenaz e inquieta,
mientras siente en sus ' barbas desgranarse
los piojos de la gleba caranclana,
plaga que aun no ha cantado Chucho Urueta.
¿No le oís que asegura que mañana
saldrá la "punitiva?" Su congreso
constituyente" arregla muy campante,
y de Félix la voz, no muy distante,
clama: "¡pobre-barbón, perdió ya el seso!"

** *
qué es preciso que

¿Por
el robar acabe?
¿Por qué tiembla la turba carranclana
y cuando Venus dice: "hasta mañana."
su conciencia le dice: "quién lo sabe?"
¡ Cuántas tristes familias sin fortuna!
Por coger un mendrugo, cuántas bolas!
¡ Cuánto gritar del pópulo que ayuna!
¡ Y Wilson, desde acá, sonriendo a solas ..... .
De los bancos la plata
y como "Ofelia pálida y doliente,"
don Venus se "incautó" recientemente,
de hambre se muere quien no roba y mata.
Hay tristeza y pavor de camposanto
y todos piensan entregar la vida
y vierten sin cesar acerbo llanto
que no conmueve a la horda fratricida .....
Esos "barbachivistas,'' ¿por qué lloran,
si la barbarie y la maldad reflejan?
Si se sienten potentes, ¿por qué imploran?
Si ya gordos están, ¿por qué se quejan?
Tú bien sabes, barbón, cuán inhumana
para todos los viles es la suerte,
que hoy gozas de tu abril; pero Matiana (*)
te tiene ha mucho sentenciado a muerte.
El hombre más tranquilo se extremece
contemplando a las hordas desbocadas
que roban, que asesinan ........ Y parece
que surgen las grandezas ya pasadas ........ .

········ · .......... ··· ····· .... ......... .
En la soñada silla un noble anciano
que orgullo y gloria de su patria fuera,
con un sable al alcance de su mano
para tener en paz a la gallera. (**)
Entonces no había piojos en la alfombra

ni se "incautaban" los tapices viejos ..... .
¡ Qué dicha, de la Paz bajo la sombra,
y las hordas vandálicas, qué lejos!
En torno al Dictador, la paz reinando.
El mundo, qué admirado nos veía.
Los rateros, las cárceles llenando
Y Madero ...... en la higuera todavía.
En el país entero, ¡cuánta calma!
¡ Cuántos miles de activos labradores!
¡ A nadie entonces le rompían el alma
los foragidos, hoy "libertadores!"
¡ Y todo ya muy lejos, todo ido!
¿En dónde está la paz progenitora
de redención? Hoy reinan los bandidos
y sólo "bilimbique" se elabora ....... .
. ....... Todo fue realidad ¡y ya no existe I
Todo fue a dar al lodo ÍY no lo creo!
Todo está silencioso, todo triste,
gracias a Venustiano y Doroteo ..... .. .

............................................

Esta es la Casa de Cadena, aquella
donde el augusto Dictador vivía,
la que más tarde fue, por mala estrella,
vendida a bajo precio a la jauría ........ .
En el balcón antiguo y arrogante
de severa y graciosa arquitectura,
por vez primera el Dictador gigante
profanado se vió por gleba impura . ...... .
¡Todo presente en mi memoria queda I
¡ Los que mamaron tanto en el Congreso,
los que fueron lacayos de Pineda
y recibieron de don Porfi un hueso!
Y busca aquella paz que antes se hallaba
sin locos, sin ilusos redentores,
cuando una fuerte mano amordazaba
a barbados con pujos de traidores.
¡ Y nada existe ya 1 Cayó el anciano
que dió gloria a la tierra mexicana,
y al dirigir su nave al suelo hispano,
la augusta paz nos dijo: "hasta mañana"
"Hasta mafiana" y el ayer risueño
se hundió en el caos con el hombre fuerte!
Y lo que el mundo dijo que era un sueño,
fue sueño, pero inmenso: el de la muerte I

. ....... ········ ·· .. ······ ··········· ······
............. .... ····· ....... ······ ·· ..... .
No mucho reinarás, gleba insensata,
ni le darán impulso a tu jauría
el astuto rufían que roba y mata
ni el Puritano que el petróleo ansía.
QUASIMODO.
(*)-La Monja de las Profecías.
(**)-Antes de que a un enano
meterse a "redentor" se le ocurriera.

�•

La Abominable Metrópoli
Del Libro ''COSAS DEL TIO SAM''
,New Orleans, La. Octubre &lt;le 1914.

remansos de la vicia en los . cualec; todavía pueden refugiarse
Por fortuna
para los que aun aman el ideal, los Gerakl Branclom, que
industrializan el verso pretendiendo explotarlo con su respectiva Tradc 11!ar!&lt; no abundan ni ~iquiera en Estados Unidos.
Y esa chocante disparidad. de la enorme urhe resulta
tanto más extrafía para quien no penetra al fondo de las cosas, cuanto que este es el país de lo uní forme, de la imitación
rutinera; aquí el ideal de la vida es el "carro pullman."
¿ Se acttl'rda C'd. de los carros pullman? El que ha visto
uno puede afirmar c1ue los conoce todos: el mismo objeto, el
p1·opio .adorno, idénticos departamentos ocupan siempre la
misma plaza con tan rigurosa e.;,cactitud, que un ciego podría
ir directamente a su nhjeto; todos tienen . el propio detalle
en idéntico sitio, cnmo decía yo a un compatriota recientemente, siempre está el mismo tornillo en el mismo lugar.
1&gt;ero estábamos tratando de la impresiún que produce
New Yurk y le decía yo que resultaba mucho más modesta de
lo que yo esperaba. Y es que pard. quien conoce ciudades
que pasan de n¡edio millón de habitantes, ya _no queda nada
por ver.
,
Por lo demás New York es particularmente feo: y algo
más que sucio. 1&gt;reclomina aquí en los edificios, la nota obscura, algo que da la impresión de una mugre húmeda y pegajosa. Si a esto agrega Ud. que en yerano reina nn calor
excesivo y embrutecedor que pone lW11 cabeza pesada. pesadez
que me parece precursora de la insolaciún, y en invien10 suele haber en las calles una capa de dos metros de nieve, de
inanera que a las diez cuadras de su casa siente Ud. que se
le hielan las narices, comprende UcL toda la enonne significación de aquella frase de Zolá escrita,. creo,, en Et Vientre de
París: "son estúpidas estas grandes ciudades.''
• Almo.,.liiahkw-, ex-efü:ar:se'~
o ·

los castigados por el moderno industrialismo.

Mi querida tía:
Lá primera impres1on que me produjo New York. distó
mucho de ser la que yo esperaba. Cuando se ha Yisto la ciudad de l\léxico, que como bella no tiene superior e1J el mundo
), que por su tamaño y sus adelantos tiene todo lo que la
ciencia y el arte modernos pueden proporcionar para hacer
grata la existencia, no queda ya nada de qué asombrarse. Y
sea por esto, que lo es seguramente en parte, sea porque las
exageraciones que siempre nos ,·an de este país, empequeñecen la realidad, lo cierto es que mi primer ,·istazo a Kew
York, no proYocú en mí la menor emoción. Lns enormes
edificios de Yeinte. treinta y hasta cincuenta y tantos pisos que,
lamental,lemente desperdigados, son él orgullo de los neoyorquinos. lejos de dar impresión ele grandeza, afean realmente
la ciudad, no sólo porque son exageradamente de:-proporcionados con la anchura de las calles, sino porque relativamente
son todavía muy escasos y resulta que al lado ele uno de esos
gigantes de piedra, de una arquitectura lastimosa, como el
Metropolitan o el Municipal Building, por ejet:Jplo, hay verdaderos jonucos ridículamente enano:;, de manera que para
mí esas moles resultaron como las verrugas colocadas de
trecho en trecho sobre una epidermis que podía ser uni formemente hermosa. Si ciertamente la 'uni formiclad no suele
ser el tipo de lo bello. es innegable que lo es menos lo incongruente y disímbolo; y tratándose de edificios vistos en conjunto, resulta mucho más estético el conjunto armonioso ele
una ciudad con el tipo general de edificios de cinco o seis
pisos, como París. que esa chocante disparidad de N ew
York, con invencible tendencia a imponerse en todo el vastísin10 territorio de este país.

~:·1·~-1
-•'.: .-· ·~·••

:'("(l;A.Q\tm
..._·,..,
l -.-~
.•

\C

$aff¡e1ffi!&gt;,a'~'1J~~er~dei:ds··c:gmpos; enseos. adori1".
notoriamente sea extraviada.
En efecto, del propio modo que, en materia ele cocina
el gusto de estos señores encuet!tra deliciosas cosas tan detestables como el apio y el dulce de ruibarbo, y en el orden
musical lo único que les satisface es un "tiempo" que se me
• antoja de cabalgata de circo y que puede Ud. encontrar en
todas las composiciones musicales americanas, asímismo en
punto a gusto arquitectónico, para ellos el refinamiento estético está en razón directa de la altura del edificio.
-¿Atlanta es bonita ciudad? pregunta Ud. 'a cualquier
americano.
E invariablemente le contestará:
-Sure, there are many twenty stories builclings.
No se asombre Ud.. mi querida tía, que en resumen, esto
no es sino una aplicación sui r;c1u•ris de la fórmula presentada por Emilio Zola: el arte. en resumen no es sino un rincón de la naturaleza visto a traYés de un temperamento.
Sólo que para el "ten{peramento" yanqui, ese "rincón"
ha de ser de piedra y hierro con innumerables Yeptanas y ha
de tener cuarenta o más pisos: ·voila tout.
Con esta misma carta le remito varias postales en las que
comprobará Ud. gráficamente el chocante contraste de un edificio que levanta sus cuarenta y cinco pisos sobre un cntoura_qc
de construcciones "chaparras,'' que lo parecen mucho más
por obra de la comparación. AlH encontrará Ud. algunos de
los más celebrados edificios de New York, como son el imperialmente feo \Voolworth Building, el más alto de todos,
-el no r¡,enos odioso l\1unicipal Building que costó ....... .
$ 12.000.000, los más mal gastados de que tengo noticia.
Hudson Terminal Building. Flat lron, Equital&gt;lc Duilcling,
Aclams Building, Dankers Trust Co. etc., etc.
·
Y ahora después &lt;le ver ese Palacio l\hmicipal con su
pésimo gusto, recuerde Ud. nuestro Palacio l\Tunicipal de
México. la Diputación, como allá le decimos, tan helio y único
en su clase, y permítame Ud. lJUe me regocije de que si el
dallar resulta inv~ncible para acaparé!r petróleo, promover
revoluciones en las "cafierías democráticas'' que llamó en
tiempos don Francisco Bulnes a nuestras abortadas democracias latino-americanas y para organizar esos ''trusts" que
tanto hacen sufrir aquí a los débiles, hay, afortunadamente,
.ciertos dominios adonde no alcanza su influenciá, tranquilos

de nadie va para nada, y en cambio toda una humanidad terca y rutinera, se ol,&gt;stina en patinar rudamente y a diario sobre el . fangoso pavimento de estas ciudades trabajosas e in&lt;lomahles. empeñadas en ignorar que más allá de esas moles
de cal y canto hay naturaleza y vida?
El conjunto de New· York es más bien clesagraclahle, como que el . desarrollo de esta c'iuda&lt;l se parece al de uno de
esos talleres que van creciendo por yuxtaposición o por remiendos. agregando hoy un cobertizo de láminas. mañana un galerón de tablas y después un edificio de cal y canto.
Hay una sola excepción, y es la Quinta Avenida. La Quinta Avenida podría ser una avenida imperial, que compitiera
con las mejores del mundo, si no to impidieran los mis1:11os
americanos con su absoluta falta' ele lo que llamaré "sentido
ele la vicia:· que les hace sacrificar, en aras &lt;le una falsa utilidad, lo bello y amable de la existencia.
La Quinta Avenida va de lo que aquí llaman do·wn toum
~lescle el Arco de \Vashington. hacia la parte alta de la ciudad.
que dicen up to·w1~, en suave e irregular +c;censo; es sumamente 11.mplia y no ofrece tan exagerada la odiosa disparidad de edificios que el resto de New York. de manera que la
perspectiva resulta relativamente agradable. Si en una S}laYe tarde primaveral pudiéramos, desde el dorso de una de
sus más pronunciadas ondulaciones. contemplar un desfile
de carruajes elegantes, desbordando de mujeres hermosas,
bellamente vestidas, como en la Castellana de l\f adrid, en el
Bois de París y en nuestt_os divinos paseos de la Reforma
y Chapultepec, seguramente que la Quinta Avenida ofrecería un espectáculo feérico; pero en lugar de eso. no acierta
Ud. a ver más que coches de caballos, del peor gusto; ómnibus para pasajeros, millares de sucios automóviles que corren a gran prisa y sobre todo, en cantidad que abruma, camiones eléctricos y carretas. Y si a esto agrega Ud. un estrépito de infierno, una atmósf~ra de polvo y de humo que
todo lo ensucia y ennegrece y un cielo que recuerda la tienda
de lona de nuestros viejos circos ele feria, comprenderá que
lo único que se siente distintamente, es una gran necesidad
de salir a toda prisa de aquel medio exasperante.
"'
Suyo siempre de todo corazé•n,
t,

,,,

QUERIDO MORENO.

.

�CLEMENC.I A
POR IGNACIO M. ALTAMIRANO
Continúa.

DAMAS DISTINGUIDAS

que no quería tomar ese vino y que prefería respirar aire
fresco y enseñar a Fernando, que era muy instruído en
botánica, sus flores, le suplicó que la acompañase.
Fernando lo hizo y se dejó conducir como un niño.

,

XYII
L A FLOR

Salieron a uno de los corredores. Las lám,&gt;aras de
cristal apagado, derramaban una luz suave sobre aquel
encantado lugar. El perfume de las magnolias, de las
violetas y del azahar del patio, y el de los heliotropos
y de las madreselvas del corredor, embalsamaban la atmósfera completamente. Aqueilo era un jardín encantado, un paraíso.
Clemencia condujo a Fernando hasta donde estaba
un soberbio tibor japonés, sobre un pedestal de mármol
rojizo, frente a una puerta abierta y que dejaba ver al
través de sus ricas cortinas una pieza elegantísima, e
iluminada también suavemente por una lámpara azul.
-Aquí está mi planta querida, es una tuberosa de la
más rara especie ..... vea vd. qué hermosa es y qué rico
aroma tiene. Aunque el invierno aquí no es nada rigoroso como vd. lo conoce, cuesta siempre trabajo conservar
esta planta, que vive mejor en la primavera: por eso la
estimo más hoy. No encontraría vd. en todo Guadalajara un ejemplar igual. Y vea vd., esta flor se abre en
la mañana, pero todavía más en la noche, y está más
perfumada.
-En efecto, es divina esta flor.
-Pues bien; va vd.
guardarla.
-¿ Qué va vd. a hacer, Clemencia?
-A cortarla; ¿ no he dicho a vd. que iba a ofre. cérsela?
-Pero \'ea vd. que es una lástima, mna.
-¿La rechaza vd. de nuevo? ¡°Arranco la planta!
-¡ Oh, no 1•••.• pero ¿ cómo agradecer? .....
-¿Cómo? guardando esta flor junto al corazón de
vd., como una reliquia y como un talismán~ la da el cariño, y la honrará el valor; guárdela vd., Fernando ....
Y Clemencia la ofreció con las mejillas· llenas de rubor, a Valle que la tomó temblando, la llevó a sus labios y
la colocó en un ojal de su levita.
Clemencia se quitó un pequeño alfiler de oro y clavó con él la tuberosa que no podía afirmarse en el ojal.
Sus bellas manos temblaban también, y como la levita
estaba naturalmente abrochada al estilo militar, sintieron
perfectamente los fuertes latidos del corazón de Fernando, que parecía próximo a estallar.
El joven perdía la cabeza. Sentía junto a su rostro
los cabellos sedosos y perfumados de Clemencia: devoraba con sus ojos aquel cuello blanco y hermoso que no
distaba de sus labios sino algunas pulgadas; oía también
los latidos apresurados de aquel corazón virginal y ardiente, que se confundían con los del suyo. Las manos
de aquella mujer encantadora oprimían su seno, su aliento le abrasaba!. ....
Esto le parecía un sueño, y estaba oróximo a desfallecer.

a

SEÑORITA CRUZ 11AYTORENA.
Actualmente radicada en Nogales, Arizona.

Los labios se abrieron para pronunci~r yo no sé qué
palabras atrevidas y locas ... pero apenas pudieron murmurar agitados y trémulos:
-¡ Clemencia, piedad l
Clemencia fijó en él sus ojos negros y abrasadores,
Y ocultando en seguida el semblante volvió a tomar el
brazo del joven y le oblig~ a dar algunos pasos.
-Tal vez sin pensar en ello, le dijo, he hecho romper a vd. un voto o he profanado un recuerdo querido.
Tal vez el pecho de vd. es un altar sagrado en el que sólo
alguna ausente tiene el derecho de poner flores ..... ¡ soy
una local
E inclinó la frente con tristeza.
-No, Clemencia, no . .... yo juro .....
-Pero he preguntado a vd. en vano su secreto· vd.
no me ha creído quizás bastante digna de saberlo. •
-Mi secreto es, Clemencia, que he sido siempre infeliz; que jamás un ser piadoso se ha dignado bajar hasta
mí los ojos; que he cruzado ti vida siempre triste, solitario y desdeñado; que sintiendo una alma fogosa y tierna
jamás he creído que nadie pudiese aceptar mi amor, ;
que vd. es el primer ángel que aparece en mí camino tenebroso y maldito; que las palabras de vd. han penetrado
en mi corazón y han hecho nacer en él un sentimiento
desconocido, dulce, poderoso, que ha crecido en minutos
Y que me abrasa. Que desconfiado, como todo infeliz,
he creído que me hacía vd. el juguete de un extraño capricho; que al ver a Enrique frente a nosotros esta noche, a Enrique, con quien no puedo compararme, que es
tan hermoso, tan seductor, tan espiritual, he sentido ... .
celos, ¿para qué lo he de ocultar? y que he querido huír
de esta casa donde sufría yo tanto. Ahora mismo esto
me parece un sueño. He ahí mi secreto.
Clem~ncia se estremeció al oír nombrar a Enrique;
pero disimulando su emoción, replicó:
-¡ Qué niño es vd., Fernando l ¿ Y pudo vd. creer
que yo fuese una coqueta sin corazón que quisiera hacer de la alma noble, desgraciada y generosa de vd., el
juguete de un capricho indigno? ¿ Qué me importan la
hermosura, la gallardía y la seducción del amigo de vd.?
¿ Cree vd. que yo soy de las que prefieren eso a las dotes
del alma? Desde la primera vez en que ví a vd. en casa
de Isabel, establecí perfectamente la diferencia que hay
entre vd., hombre de corazón y de talento, y Flores,
que me parece un galán de oficio, sin alma, y cuyo espíritu ligero y alegre, va revelando una vida gastada en
los galanteos y los placeres. No me juzgue vd. mal,
Fernando, ni crea vd. que soy la coqueta casquivana a
quien calumnian en Guadalajara. Soy franca, desdeño las
r_eservas de mi sexo, tengo una educación especial, una
independencia de carácter que me permite reírme del
qué dirán y hacer siempre lo que me inspira el corazón.
Hace tres días que conozco a vd., y esto me b:ista ....
Pero ahí viene Flores: Fernando, mañana estará marchita esa flor, pero yo la haré revivir con la savia del
cariño.......
•
Enrique se acercó entre envidioso y alegre.
-Clemencia, ¿nos quiere vd. privar de su presencia
en el salón? Se va a bailar; ¿podré contar co1.1 al¡una
pieza?

�Clemencia afectó mirar a Fernando, como interrogándole.
-Comprendo, dijo Enri&lt;¡ue, quería vd. preferir a
mi pobre Fernando; pero debo anticipar que éste no
baila nunca.
-¿ Es posible, Valle? ¿ vd. no baila?
-En efecto. Clemencia, no sé bailar ...... y anuncio
a vd. que Enrique es un walsador terrib!e.
-¿ Pero ] sabe)?
-lle ha dado ya la primera contradanza, despné3 se
tocará un wals de Strauss ¡un delicioso wals de Strauss !
-Bien, cuente vd. con éL
-Gracias, hermosa nma. Pero, chico, dijo volviéndose a Fernando. ¿ qué flor es- esa tan linda que tienes
en el ojal?
-Es la que le ofrecí .... la más querida de mis flores, la que yo cuido como a una favorita ....
-¡ Dichoso Fernando! ¿Y para mí, Clemencia, no
ha quedado otra por ahí?
-Era la única, Flores, la única que se había entreabierto esta mañana y que acabó de abrirse esta noche.
-¡ Qué desgraciado soy siempre .... yo no sé cc;&gt;mo
Fernando me echa en cara mi felicidad.
-Pero esa no es la felicidad. dijo Clemencia; ,la
felicidad consiste para vd. en otra cosa . .. .. .
-Es verdad, la felicidad consiste en ver a vd. ¿ Qué
flor es más roja, ni más perfumada que esos labios ....
que envidiaría una virgen del Ticiano? ..... Y Enrique
hablando así se fue l!evando a la joven y a Valle al salón, donde ya resonaban las armonías poderosas del
piano y se empezaba el baile.

XVIII
CLEMENCIA
Se bailó un poco.
A las doce de la noche la reunión se disolvió. Los
oficiales se fueron también; como siempre, Enrique alegre, Fernando taciturno. El coche de Clemencia condujo a su casa a Mariana y a Isabel. '
Aquélla dijo a la rubia al darle el beso y el abrazo
de despedida:
-¿Eres muy feliz, Isabel?
-Creo que sí, Clemencia; estoy desvanecida de felicidad.
-Pues bien, linda mía, que el ángel del amor te cubra con sus a 'as, que sueñes hoy con el cielo.
Y luego, entrándose a sus piezas, después de besar
a sus padres, que la habían creído muy contenta esa noche, dijo cayendo en un sillón, con un despecho mal
comprimido:
-¡ Isabel vencerme! ¡ Haber preferi¡lo a Isabel! ¿ Es
pues. más bella que yo?
Y luego, quedándose pensativa, añadió con remordimiento:
-¡ Pobre Fernando! He hecho mal en jugar así con
su corazón! Si hubiera visto en el fondo del mío, ¿ qné
hubiera dicho? ..... no hahía necesidad de este engaiio ...
maitana yo le diré que no tome a lo serio., ... ¡ y la flor!
¡y tantas palabras! ¿Qué he hecho, Dios mío ? ¿qué he
hecho? . .... .
Y luego comenzó a desnudarse y a desreinarse con
ayuda de una joven camarista; envolvióse después en un
rico peinador blanco, que dejaba adivinar toda la riqueza y perfección de sus formas , dignas de una estatua
griega; descalzáronle- sus pequeños y elegantes botin~
de raso blanco, metió sus lindos piés en unas pantuflas

•

de seda roja, despidió a su criada, cubrió con una veladora más obscura su lámpara azul. y arrodillándose en
el mullido tapete que había a los pies de su lecho ari,tocrático, y dejando caer su joyante cabe'llera ne~ra
sobre sus espaldas y cuello, se reclinó con dolor, apoyando la frente en sus dos manos, vertiendo lágrimas 1· diciendo en \'OZ baja ~ entrecortada por los sollozos;
-Enrique, Enrique. ¡yo te amo!
Después de un momento se levantó erguida, sonrió con orgullo y ....
-El me amará también, ¡oh! me amará mucho, Ir.
prometo, dijo, y se metió en la cama.
Aun estuvo agitada por algunos minutos; pero el
amor a esa edad no causa largos insomnios; la hermosa
joven murmuró algunas palabras incoherentes y se durmió suspirando.

se de ella. Desde el heroico sitio de Pueb 1a, en el que
como he dicho había tomado parte Fernando hacirndo
prodigios de valor, 11uestras tropas no hacían más que
retroceder, y los enemigos avanzaban por doquiera. \'erdad es que la adversidad es un atractivo para las aimas
generosas; pero ni elia era tan grande todavía para que
-un soldado repub 1icano pudiese aspirar al título de mfÍr tir, que tanto interés da al· partidario desgraciadu. ni
era de suponerse qu,: puesta frente a frente la situación
e.le Fernando con la victoriosa de cualquier oficial francés, aque.la pareciera más fascinadora para el alma de
una mujer que parecía idúlatra ele la gloria, como la de
Clemencia.
Así, pues, los pensamientos que se levantaban en
tumui'to en el espíritu del joven oficial, le aterraban, y un
séntimiento de desesperación se apoderaba luego de él.

XIX
EL

PORVENIR

Por su parte Fernando se pasó gran parte de la noche pensando en los incidentes que acababan de ocurrirte Y que parecían influir definitirnmente en su destino.
El nuevo amor ocupaha de una manera absoluta su
corazón, y había sucedido al joven lo que siempre sucde
a los que no han amado ni han sido corrrspondidos nnnca: que aquella mujer que se había mostrado más cariñosa con él y que casi le había confesado su predilección, era la que él prefería ahora, la que él adoraba, la
que encerraba para él toda su esperenza v toda su felicidad. No hacía sino pocas horas que le .había revela e.lo
el estado de su alma, y ya le parecía que habían transcurrido años de pasión y de ternura. Los amantes no
miden la vida del a!ma por el tiempo.
El amor a Clemencia hahía llegado a su plenitud en
el cora-zón de Fernando.
Ahora, apenas acabado de salir del aturdimiento que
le habían producido las emociones que había experimentado esa noche, se puso a pensar en el porYenir de
ese amor tan repentino como poderoso: El amaba a Clemencia, Y era correspondi~o según lo daban a entender
las ardientes palabras de la joven. Pero él era soldado
en el ejército de la República. los franceses se dirigían
a Guadalajara. y era más que probable que nuestras
tropas iban a dejar esta ciudad para ocupar posiciones
ventajosas del otro lado de las Barrancas. Así, pues,
él tertdria que salir de Guadalajara dentro de algunos
días, y entonces ¿ qué iba a ser de Clemencia? ¿ Se queda ria en la ciudad y entre los franceses? Este pensamiento desesperaba a Fernando que conociendo ya perfectamente el carácter de _la joven, y sabiendo que era
reputada como una de las mujeres más hermosas y distinguidas de Guadalajara, temía, y con razón, que a los
pocos días de ocupar el ejército invasor aquella ciudad,
ya Clemencia tuviese un nuevo capricho y olvidara completamente al oscuro oficial mexicano.
Y esto era tanto más seguro, cuanto que él. \ºa11e,.
no contaba para l.acerse amar de la Sultana, como la llamaha Enrique, con ninguna ventaja, ni con las físicas de
que tan pródigamente estaba adornado su amigo, ni con
las que dan una intimidad de mucho tiempo, el atractivo
de la fortuna o el prestigio de la victoria.
Todo , lo tenia en contra. Si se sentía con alguna
superioridad moral; si poseía las grandes dotes del corazón, estas dotes no se había manifestado todavía, y
permanecían desconocidas a los ojos de la .mujer amada,
que bien podía dudar de ellas. La situación de los ofi.
ciales de la República no era tal que pudiese envanecer·

#

le animaba a lo lejos con sus palabras de amor, y le
guardaba una fidelidad que era el premio de sus penas
:1: de su valor.
La bitndera de la p'atria tendría entonces para él un
símbo'o más que idolatrar: el de su amor.
Fernado no quiso renunciar a este último y dulce
pensamiento, y ya muy avanzada la noche se recostó en
su cama dé campaña. no sin besar primero y repetidas
veces la hermosa flor qe Clemencia le hahía dado, y que
iba a ser de aJlí e.n adelante un talismán sagrado que no
se apartaría jamás de su corazón.
¡ Si el pobre oficial hubiera podido escuchar las ú'timas palab-ras de C!emencia esa noche, cuánto no habría
sufrido. y cuán espantosa no le habría parecido la vida,
y cuán abor.recible ese mundo en que suele matarse a un
hombre con una sonrisa pérfida!

;\'i se atrevía a suponer siquiera por un momento que
XX.
C'. emencia sa .dría de Guadalajara a la llegada de los
franceses. Era demasiado rico su padre y tenía bastanCONFIDENCIAS
tes intereses en aque'la ciudad para que pudiera razonablemente esperarse que los abandonara a merced de
los invasores, y aunque se hallaba reputado como paTres días después Isabel vino a casa de Clemencia
triota, esa reputación no era tal que le obligase a acep- y se precipitó sonriendo en los brazos de su amiga, a
tar los peligros de la campaña y las consecuencias ine- quién hal!ó pensativa y triste.
- ¡ Qué feliz soy, hermana mía, qué feliz soy! le dijo.
vitables de tos· reve,es.
-Lo veo en tu semblante, l,:;abel, lo creo ... ¡ Conque
Era necesario ser muy patriota. excesivamente pa·
triota para abandonar las ·comodidades de una ·vida opu- te aman!. ... .
-Y amo como una loca, como nunca he amado, colenta y lanzarse en unión de la fami!ia a esa vida azamo nunca pensé que podría amarse:
rosa y llena de privaciones, que era la única que se pre-Vamos, dí, ¿qué ha pasado? Enrique te ha disentaba en perspectiva a los ojos 1e los buenos mexicho
.....
.
canos.
-Que
me ·adora, que no ama a nadie más que a mí;
Decididamente el padre de Clemencia no saldría de
Guadalajara, y había que resignarse a la idea de ,te- que no ha dejado a nadie en México, y que la guerra no
jarla en esta ciudad; y como en tal caso había que re- será un obstáculo para que yo sea sn esposa.
-¿ Tan pronto así va? ..... .
nunciar a la esperanza de ser amado, Fernando. aunque
-Y ¿qué menos pronto podría ir? ¿Pues acaso no
con una amargura indecible, se resignó
perder todo
se
ama
uno para eso, parat10 separarse jamás?
aquel mundo de felicidad que no había hecho más que
-Pero,
niña. ¿ es que se conoce uno hoy, para casarentrever esa misma noche en un momento de embriase
pasado
mañana?
¿ Ese caballero cree que se da una
guez y de esperanza.
palabra
de
matrimonio
como se dice una galan .ería?
Y Fernando a cada uno de estos pensamientos mor-Pero.
Clemencia,
tú me entristeces; si me · ha deta!es sentía desfallecer su corázón. porque comprendía
c1arado
su
amor
antes
de
ayer1' te parece monstruoso qu,e
también que su amor crecía por instantes. y que lo que
antes no había sido más que una ilusión pasajera, se ha- me hable de unión eterna cuando se ha convencido de
que le amo también? ¿ Qué tiene eso de particular? más
bía convertido ya en una pasión ardiente e inmensa.
No había remedio para él. Se hallaba colocado en- bien dicho, ¿ por qué no había de ser así?
-No digo yo que sea mostruoso, pero me parece el
deberes de patriota y de soldado y entre sus esperanzas
caballero
Flores demasiado calavera para aventurar una
de amante. ¡ Primeras esperanzas que había iluminado el
oscuro cielo de su vida y que era necesario sacrificar! promesa tan pronto. con intención de cumplirla. Eso, si
Porque el austero joven no _vacilaba un momento en pre- no es un; suma vulgaridad, sería una cosa muy rara. Hay
hombres, como él, ,que emplean esa palabra con todo5
ferir la patria a su amor y en consagrarse todo entero a
sus galanteos, y esos decididamente son libertinos vulla defensa de su país.
Si habla algo que le conso'ara en medio de este gares, muy vulgares. Si Enrique la usa por costumbre,
es preciso convenir en que no es tan superior como yo le
caos de desesperación en que ssu pensamientos !e arrohabía creído. Si no es asi, es preciso que esté muy enajaban, era la rem·ota posibilidad de que Clemencia, por
morado, y entonces hay que creerle; pero te lo repitp,
1111 rasgo de su carácter romancesco, permaneciese fiel
es
extraordinario, es prodigioso.
a su amor durante la guerra que iba a seguirse. ¡ Qué
-Clemencia, me haces mal con tus palabras; ¿por
encantos tendría entonces para él la terrible lucha que
qué
está:s tan cruel hoy?
iba a emprenderse! Adeniás de la g loria del soldado, la
-No,
niña, no quiero hacerte mal, quiero precav~rte:
gloria del amante, la idea de que hubiese una alma
estás
enamorada,
tienes una confianza ciega y yo te dique pensase en él, que sufriese en sus adversidades,
go:
Isabel,
no
creas
tan fácilmente ... nada engaña más
que se regocijase en sus triunfos, que suspirase por su
que
el
corazón
enamorado
... por eso espreciso dejar que
vuelta, que odiase a sus enemigos, que conservara escondido, pero ardiente, el culto de la libertad, por el que hable un poquito la cabeza. ·Tú eres una niña inocente y
buena, ,n unca has amado, no conoces a los hombres, y meél iba a combatir.
Esto era la dicha, esto era la reproducción de aque- nos a los hombres corno Enrique Si tú das entero crédito
, llos amores de los tiempos caballerescos en que mientras a sus promesas, corres el peligro de comprometer demasiael guerrero luchaba por su patria y por su fe, su amada do el corazón en un jue¡o terrible: después te morirás al

a

�•
primer desengaño,· y esa alma tan feliz hoy y tan lrancrees? Se ha atrevido a besarme una mano; no pude
quila, s'e convertiría en un instante en un infierno de -incomodarme por esa libertad: ¡ me ama tanto!. ... y yo
tormentos ..... Ama. hija mía, porque esa es la rticha,
le voy queriendo también ..... ¿ Y por qué no había de
y sobre todo. porque amar no depe~de de tí; p~ro pien- hacerme feliz el amor de un alma tan generosa y tan e lesa un poco y no concedas tu amor sino con muchas re- vada?
servas; más tarde irán desapareciendo. pero será d~spués
-Clemencia, estás enamorada!
de que te hayas convencido de la sinceridad con que te
-~, o sería difícil, ya tne conoces, soy original en
aman. ¿Conoces acaso a Flores? ¿Sabes tú si no es lo mis ideas. :-.;o he amado nuca, porque no he encontraque te figuras, un hombre caballeroso. y leal, sino un se- do jamús el alma a la altura de las cualidades físicas,
ductor afortunado que sabe hacer la &lt;!omedia del amor
y sería triste para mí amar una bella estatua. ¿ Pues no
perfectamente? Si fuese Valle, te diría yo: Qu;rida mía,
hay ya bastante belieza con la de la mujer? Yo busco
no tengas miedo; he ahí !a sinceridad, se le conoce en su en el escogido de mi corazón, la fuerza, la energía la inmirada y en su modo de hablar. Los hombres encogí- teligencia y la elevación de sentimientos: todo eso he
dos como él, cuando se deciden a de~larase, tiemblap, creído entrever en Fernando. Hasta hoy, no sé enterasus ojos se llenan..de lágrimas, tartamudean algunas pa- mente si es mi ideal, porque menos confiada que tú, no
Jabras torpes .... pero puede creérsefes .... tocia esa ti- acepto tan fácilmente a un desconocido. Creo en su tamidez revela la pureza de un sentimiento que· no saben
lento, porque eso se reve'.a desde el primer instante; pefingir .... Pero los hombres como Enrique, son abismos pero aun no conozco ni su valor personal ni la generas,·
en los q,ue es difícil adivinar lo que hay.
dad de sus acciones. Así es que me reservo. :Mira; no le
!,sabe! palidecía y lloraba.
amo aún; pero si cualquier suceso me hiciese conocer de
-Cal'a, C!emencia ! ¿ no ves que me .estás matando?
una manera indudable las gr.andes dotes que ]J! supongo,
¡ Y yo que creía encontrar en tus palabras animación y
le amaría con toda mi alma, le adoraría y procuraría haesperanza; yo que creía que ibas a gozarte en mi dicha. cerle dichoso coil toda la pasión de que una mujer es
que tu corazón iba responder con sus palpitaciones cari- capaz.
ñosas, al mío que se siente enfermo de amor ..... te enNada habría en el mundo que me detuviera para ser
cuentra así. cruel, amarga y llena de sospechas 1 ¿ Es que suya; ni la fortuna ni la gloria tendrían para él más teme aborreces ya? ¿Es que no quieres que yo le ame?
soros que los que podrían ofrecerle mi amor ardiente y
-¿ Querer eso Isabel, mía? y ¿ por qué lo había yo
mi ternura inmensa. i Feliz el hombre a quien yo ame,
fra be( porque le amaré como no se acostumbra amar
ele querer? Mi amistad no merece tales reproches; eres
•
hoy, como es difícil que se ame en el mundo! , Y "ª me
más que mi amiga de la infancia. mi hermana: perdona si
~
,
ves tan altiva, tan desdeñosa, tan exigente? pues te asecon decirte eso te he hecho sufrir; pero, mira, yo coguro que sería yo una mujer humilde, una pobre esclava
nazco más el mundo. siquiera porque, ;nenos enclaustrada que tú, he tratado con más freculncia a los hom- que estaría pendiente de sus ojos para complacerle, Y
bres. Bien ·sabes que he adquirido fama de coqueta. y
una leona para disputar su amor······. la muerte misma
me parecería dulce recibida de su mano.
bien sabes también que con injusticia; es que he juzgado
prudente .no confiarme: el corazón no debe darse sino
.- ¡Clemencia!··· · nunca te he oído hablar así··· me
encantas y me causas terror!
como precio de un amor propado mil veces. El que re-Oh! te causo tetTOr porque tu' eres dulce y t'1m1'da,
siste a estas pruebas y sale airoso en ellas, ese es el merecedor de nuestro cariño. Pero amar en tan breves ins- porque tu amor es una lágrima de ángel· · · mi amor setantes. es jugar la vida. Yo no he derramado todavía
ria una 1 ama devoradora, un volcán. Pero tranquilízate.
una lágrima arrancada por el desengaño. Pero tengo
no amo todavía así
tu primo. Más tarde le amaré quizás ... pero falta mucho para eso. Ser'1a prect'so que un
miedo de derramarla: me• parece que con ella perdería
grande rasgo del corazón, una cosa extraordinaria me hila mitad de la fuerza con que hoy me siento: me parece
ciese admirarle, y entonces no había necesidad de más. le·
que con la primera lágrima de dolor se derrama la savia de diez años de existencia.
amaría. Yo soy ele esas mujeres en quienes el amor entra
' por las puertas de la admiración. 1fe parece difícil que llePor lo demás, ama a Enrique; pero ni le creas tocio . gase a apasionarme de un hombre sin admirarle primero;
lo (Jue te dice. ni le digas todo lo que sientes. ~erás su
desdei'io lo vulgar, y me siento capaz de amar toda mi
esposa,· pero siquiera aguanta a saber quién es, de dónde
·
n '&lt;la a un 1rn·1r t'ir qu e ¡m l&gt;tera
perec1'&lt;l o en un ca d a ¡so, y
' viene Y qué ha hecho. Los mexicanos nos juigan
las de com·ertir su memoria en un culto perpetuo; así coprovincianas más candorosas de lo que somos, Y educa- mo me parece imposible querer a algún pequeño hombre
dos en una sociedad menos franca que la nuestra. abusan
quien la fortuna elevase sin merecer1o a la cumbre del
de su destreza para engañar, seguros de sus triunfos fápoder, o a otro a quien la suerte caprichosa hubiese dociles. Te repito que si se tratara de Valle no sería ni
tado de riqueza$. o al triste mortal que no contara más
tan severa para juzgarle ni tan suspicaz para creer:e.
que con el atractivo vulgar de una her,nosura de Adonis.
-Y a propósito de mi primo, él está enamorado de sólo buena para decorar mi jardín o para ocupar un lugar
tí locamente, ¿ no es esto? ·
en mi aparador de juguetes.
-Así parece. Ayer ha venido. hoy tamhién: me de-Pues bien, Clemencia, justamente se acerca ta ocavora con sus miradas: hay algo de delirio en esa pobre sión en qu·e podrás experimentar el alma de Fernando ...
alma. y te aseguro que no ha amado jamás como hoy.
la guerra que va a seguirse, tal vez le dará oportunidades
-¿ Y tú l~ quieres?
rle darte a conocer su valor y su temple.
-Te parecerá raro; pero creo que sí. Sin las ven-Bien pensado: no es valor vulgar el que me fastajas de Enrique, tiene en ~mbio un noble corazón que
cinaría .... valientes hay muchos, en nuestro país sobran,
se revela en todas sus acciones. una inteligencia admir~y cle3de el soldado raso hasta el general hay para admirar
ble y una inocencia de niíío. Le di una flor antes de a todos ..... Si Fernando no fuera más que oficial atreanoche, ya lo sabes: pues bien; la guarda junto al cora- vido, poco habría adelantado en mi corazón. Pero tú sa-•
zón, la adora. y la besa con locura. Hoy le di mi retra( Continuar&amp;.)
to y le puse una dedicatoria que le ha trastornado. ¿Lo

ª

ª

.ª

Extractos de T e·stimonios de Pacientes Agradecidos
ta mayoría de estas personas han tomado mis instrucciones a distancia, con buen éxito. Vengan o Escriban.
Las Aldamas, N. L., México,
Marzo 24 de 1913
Prof. M. C. 11artínez: Me reconozco
bueno y sano de
los males que me
agobiaron por siete años, varios especialistas me decían que necesitaba operación. Pero gracias a su maravilloso tratamiento, estoy bueno.Florentino Salinas.

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•.

PROF. M.C. MARTú'lEZ
Poderoso Sanador.

ug~ SO SPRING STREET.
LOS ANGELES, CAL.

La Liendre, N ew :México,
Agosto I de 1913.
Prof. M. C. Martínez: Deseo a usted
felicidad y éxito
en su noble tratamiento por medio
del cual he recobrado mi s a 1 u d.
Por seis años o
más estuve sufrien
do una enfermedad que me dejaba
hasta sin sentido.
Me decidí a tomar
su tratamiento, e
inmediatamente comencé a tener resultados, y estoy convencido de sus
métodos de curar sin medicina, gracias a Dios y a usted y que Dios lo
deje gozar por muchos años, para
beneficio de todo aquel que esté enfermo. Adjuto hallará mi retrato.R. M. García.

Prof. M. C. Martínez: Padecí séis
años de mi cuerpo
tembloroso, calamlm:s, sofocación de
pecho y atarantamiento de cabeza.
Fui tratado por
doctores y medicinas de patente sin
resultado ninguno
hasta que con su
maravilloso tratamiento, comencé in
mediatamente a sentir alivio y hoy
me hallo bueno y· sano.-Gregorio
Bautista.-Morehead, Kan.
"A la faz del mundo me expreso
manifestando mi sincera gratitud al
Prof. M. C. Martínez, por haberme
devuelto mi salud,
después- de haber
padecido por espacio de diez años,
habie.ndo .gastado
centenares de pesos, en doctores y
medicamentos infructuosamente, él
con sus maravillosos tratamientos,
me ha devuelto mi
anterior salud y por lo tanto, recomiendo sus servicios. 11-Maximiliano
Mascareñas.-Ocaté, N. México.

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Estados del Sur de los Estados Unidos
y millares se están curando con

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�•

TO PICOS DEL DIA
En qué se parece Don Venustiano a varios autores.
A \'ictor Hugo:-En que es el autor de los ñ1iserab es.
A Zolá:-En que es el autor del Desastre.
A Roveta:-En que es el autor de ''Los Deshonrados''
Estos son tópicos populares. que se comunican alegremente en todos los círculos de México.

***
Los diputados renovadores que siguieron cobrando sus
decenas durante el régimen del General Huerta, fueron
acusados en Querétaro, por los partidarios de Obregón,
de haber jugado con dos barajas: si en 1913 se hubiera
conwlidado e! Ejecutivo, habrían quedado en calidad de
altos funcionarios; y si triunf11ba la Revolución, aparecían
como ''oposición simpática" precursora de la segunda
edición de "La G'oriosa." Por desgracia para los renovadores, el General Huerta era hombre con el cual no se
podía jugar así y esta conducta doble, provocó la disolución de las Cámaras.
El cargo de los partidarios de Alvaro Oh~egón era
irrefutable y los "renovadores" tuvieron necesidad de que
Don Venustia110 echara ,u capote y les quitase el toro de
encima. Y Carranza, efecti'vamente. mandó decir gue los
diputados renovadores habían continuado en sus curules
porque él les había ordenado que provocaran toda clase
de conflictos al gobierno emanado del Partido de la Ciudade'.a.
Después de ésto, ¿ habrá ciudadelistas sinceros que
censuren la disolución del Congreso en Octubre de 1913?

,

** *
Alberto F. Pani llegó a Querétaro con el Proyecto de

Las soluciones correspondientes a
los números 62 y 63. las publicaremos en nuestro próximo número.

Tratado, urdido en Atlantic City,, entre los comisionados
carrancistas y los delegados de :,fr. Wilson.
' ¿ Lo aprobará Carranza?
Es lo mismo. Si lo aprueba caerá derrocado por mexicanos; si no lo aprueba, quienes lo tumbarán serán sus
a 1iados. Pero de una •y otra manera está condenado a
muerte.

·CHARADAS.

**

Francisco \Tilla atacó Chilniahua cinco días seguidos,
hasta lograr el agotamiento de las municiones de Jacinto
Treviíio.
Ahora bien, un ejército de cinco ¡nil hombres, luchando todo un día. no puede gastar menos de medio millón
de cartuchos. ( Conste que hacemos un cálculo reducidísimo a fin de que .no aparezcan exageradas nuestras
conclusiones.)
Cinco días de combate, significan el gasto mmm10
de dos millones y medio de cartuchos. Esta cantidad de
municiones no puede ser introducida en pequeños contrabandos, sino que requiere un aparato muy difícil de disfrazarse ante las autoridades que están cuidando el Río
Bravo.
¿ Cómo fue, pues, que Villa pudo armarse y rn:mic:onarse en tan enorme escala?
He allí el secreto, o para decir mejor, he altí el exsecreto de la destrucción de México.

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EL NORTE AMERICANO es un periódico
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SOUTH AMERICAN, revista en inglés.)

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En el pórtico de un teatro
Y despu~s de la función
A un cierto ségúnda prima
Le dieron un bofetón,
En mediq. de aquella bola ·
Y fuera de sus sentidos
Sacó éste su pistola
La bala hizo carambola
Y . . .. fueron dos los heridos.
El pobre segunda prima
Se ocultó con grande apuro
Dejó a sus padres queridos .....
lfas hoy .... se encuentra seguro
Por el primera segunda
De los Estados Unidos.

***

'

..

para comprar uno cuatro
de esos de entera ley.
¡ Qué gusto que voy a darme
cuando vaya yo a comer!
Todo que es invertebrado
y bien pescarlos sé.

***

Con todo, an~:p.;o de vetlis,
v,rs con él a1,do a dos tre~.
salgo en primera y tercera
si voy a. &lt;:hapultepec.

* **

***
Villa se apoderó de Chihuahua por asalto y quedaron deshechas las co' umnas de Jacinto Treviño y Francisco 1-furguía. Parte de ta oficialidad dispersa ha llrgado a Ciudad Juárez en tanto que el resto del ejército despedazado se encamina a Ojinaga a repetir el desastre del
Gral. Mercado.
Tal es el cuadro de las operaciones en el Norte. En
tanto por Tamaulipas sigue progresando el movimiento
fe!icista: viajer6s que llegaron de Monterrey, comunican
la toma de Ciudad Victoria por el Gral. Santiago F.
Rivera.
Enfrente de esta pavoro ·, situación, los carrancistas
pre,entan los siguientes e'ementos de combate:
Ciudad de Matamoros. desguarnecida.
Ciudad de Laredo, desguarnecida.
Ciudad de Piedras Negras, desguarnecida.
Ciudad de :Monterrey desguarnecida.
Ciudad de Lampaws, Villaldama, Linares, ~f onte1:10relos enteramente desguarnecidas.
Parque. agotado; ánimo de los soldados, perctido; \'alar del bilimbiq,,~. nulo.
•
No cabe duda que Don Venustiano se está consolidando.

SECCION RECREATIVA

El todo es nombre de flor
y una cuarta de mujer.
Dos y cuatro siempre al servicio
preséntase en los cafés
haciendo que a dos tres cuarto
nos lleven alguna vez,
a que de a11í contemplemos
la primera, que linda. es
y convida a tres y una
a aquel que lo sabe hacer.
~·

••

***
Tercia dos, siempre aquel todo
si a ia una tercia saliera
tan duro cual cuarta prima
que muy uno cuatro le cuesta.

** *

• Dos cuatro del dios dinero
hacen que mi prima dos
cual tres uno siempre esté.
Pienso ir a tres segunda
aunque me cueste uno tres

r=·:·:-::·:~=~~-::··
Este librito indica la marcha
del DESTINO y la suerte del
porvenir en amores, viajes, juegos y casamientos. Trae consultas ~scritas para señoritas,
señoras y viudas y para solteros casados y hombres de co~e;cio. Remita UN PESO y
lo recibirá franco de porte,
O. RODRIGUEZ.
Reina 73~ Haban~ Ouba.

+++++H f +•t•I• Hf ·+++H +++++

"11

***
-1.Iira nomás todo, como trae tu
vestido nuevo; lo acabas de estrenar
y te veo ya el pantaló.n primera tercera.
-Pues no puede saber segunda cómo sucedió; sin duda cuando jugaba
al tercera primera me caí.
ADIVINANZA
Procura buscaf el nombre
De un peligroso animal,
Agrégale y no te asombre
Cifra de malagüero,
Y así encontrarás un nombre
' . ' a 1 111un do entero.
Que conoc10

•

CALANDRACA

l

** *
Tienes segunda tercera
de fino lino y de seda,
11lás te quedan primera tercia
en razón de ser tan vieias.
Sólo a la primera seguhda
te llevan,,, el todó es prenda
de vést1r que ambos usamos
y yo tengo una ,:eintena.

pues anoche estuvo muy inquieta
la segunda primera.

:rn prima está en el convento
Segunda y tercia en la cárcel,
Y mi todo es sensación
Que sienten muy amenudo
El alma y el corazón.

-in, - o por -ela;
por -o lo fue -ana;
-ero, por -anilla
en e?ta -a pasada.
--.......
Sustituir cada guión por las mismas
l!!tras, puestas en el mismo orden.

** *
Le di a un perro una ocasíón'
un pedazo de primera
y antes que yo se lo diera
me tiró él u11 tarascón.
Con un puntapié se aparta
a esos canes hambrientos,
me dije. y en un momento
me mordió los dos tres cuarta.
Por hacer la caridad
a dicho sujeto ignoto
salí con él todo roto.
¡ Por Dios, qué barbaridad!

***
-Oye prima tercera, vengo a invitarte para ir al teatro.
-Sí, siempre que vayamos solos.
-Hombre, lo siento; pero ya invité a la familia todo.
'
- Bien, sírvete un tercera prima y
&lt;léjame ordenar que preparen el tercia segunda.

***
A mi tío todo acaban de sacarlo
bien muerto· del tercera y dice prima prima que ella presentía esto,

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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'

SEMANARIO ILUSTRADO
VOLUMEN III.

NUMERO 66.

PRECIO : DIEZ CENTAVOS.

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Gran Sensación Editorial i
Un Libro del Lic. Querido Moheno

Semánarlo Ilustrado

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ENTERED AS SECOND CJ..ASS IIA.TTER, OCTOBBR 25, 1915 AT THE POST OFFICE
OP' 8.\k ANTONIO, TEXAS, UNDER THE ACJ;. OF KARCH 3, 1897.

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EL Su1c1"010 DE LA I\pvo1ucIOJ1

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COSAS DEL TIO SAM

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El Lic. Querido Moheno, con el valor civil que lo caracwriza, ha escrito una obra en la cual ae pinte
al pueblo Y al país norteamericanos con exactitud pasmosa. Es un prod.i¡io de franqueza, de valor 1 ele +
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sinceridad.
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Para que el público juzgue su importancia, anticipamos el indice:
• 1. La Ant~sal~ de Uncle Sam.--20, De la Habana a New _
York.-30. Cocina y Literatura.-40, La Abo,
mmable ~etropolt.-50. E~ Molde Americano.-60. El Rebaño de Panurgo.-70. Los Timos de Acá.-lo. ~ +
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bre el. M1~mo Tema.-go. ~1g~en los Timos.-10. Home Sweet Home.-n. Home Sweet Home, concluye.-xs. ·+
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P. O. Box 66.
Station A.
San Antonio, Tena.
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San Antonio, Texaa, 1~ de Diciembre de 1916-

VolumenIIl.

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lü pn,, ecto dt Co~stituciótt préattttado par Ve:

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ttustlano Camttaa a la Allol.mbtea. ele Quer~taro; et utt do·
cwnettto qtte parece haber aido forjado .con .el prdp6ai.
to único de conclettar lll idea&amp; de la Rnolud611.
Jlaét..Oo&amp;_años J medio que lds prohOlllbNe clH carrailélamo e11t4n tatudiuldo la foana de aoblemo qlle
toli~ a México; v tuattdo todos tapetibamoa un pr~
)'~to de htstltutiOftH entt~te fiUevO, con la 1iberttut ábsOlutá como b11se, nos tttcotttramos con. que lo pri~to f&amp;\le p1:e¡c,na el jelt ele Ja Revolución, e1 la necHl·

«la.. de criear

"gobierno íuerte."
·
t1 to de Novhmbre de tgto, el señor Francisco l.
W1

Madero enarboló en México el estandarte re-volucio~o
la promtsa de trf:ar un sistema que diera al pu,d,lo
mat.ot participio en 61 manejo de 1ia cosa pública; , hoy,
despu&amp; de sels afio, de 1acrl6cio1 y mitetlla, de vergtienna Y de 8átigre, .vetnoa surair dtl mi1mo bando rivoluci«&gt;nario, la doctritta ~ "tos 1obierttos fuertes" que rei- •
n6 inalte.rablemente durante la 6poca de la Dictadura.
De mucho tiempo attis, loa carrancistas habían trai·
cionado con sus hechos las promesas ele la Revolución; pero fal~ba la profesión de fe, el programa escrito, la declaración categórica del Primer Jefe. De hoy en adelante,
la Revolución es una idea muerta y entetrada por los propios revolucionarios. La doctrina de "los gobiernos fuertes", ha triunfado en toda la línea, 'J con su triudfo se
inicia la ¡lorificación definitiva del régimen porfiri~o.
Carranza 'J los suyos no se han dado cuenta de la
trascendencia que tiene su "mea culpa" inscrito en el código que le ofret:en la Nación como pago de la deuda
que tenían contraída. Ya nos imaginamos que 'procurarán
armonizar sus doctrinas con sus odios, sus convemencias
con sus pasiones '/, por consiguiente, al glosar el proyecto de Constitución; van' a h~cer todo lo posible porque no
aparez~ como un veredicto formidable en contra de los
ideales 'J los pueños de la Revolución. Maa entre el
criterio que proclama la bondad ~ los gobiernos libe.ralea y el que preconiza la necesidad de los 'regimenes
fuertes, han optado por el segundo; y por mú distingos 'J
excepciones que añadan a su doctrina gubernamental, .no
es posible que deje de entrañar una sentencia tremenda
en contra de las ·ideas que ampar6 el levantamiento del
I
20 de Noviembre.
Carranza no se ha conformado con proclamar la necesidad de un Ejec~tivo fuerte, independiente de las Cámaras, sino que propone que · el Poder JudicW, en vez
cOtt

a

La doctrina contraria-la tesis d! -la R e a ~
tiene que el gobierno porfiriano fu.e, a pesar
1U
de~ctos, un réfimen civilizado, a cuy~ princip101 .feli..
mental.K de orden, debe México volver. Loe ~
de esta doctrina alepn q"!e los gobiernos en Mfsico, \Jt-.
ben eer fuertes y desempeñados por las claao ~
de la sociedad. Sufragio restringido, cúnaru dia'Cfp~
das, limitación del poder judicial, garantfu i n ~
no desbocadas sino contenidas por un Estado . . .~
tales son en resumen los principios pollticos que lél mt,.
Vffl de bandera. '
.;-

";t.~

.

La Revolución incendió el país para derribar dltt tobierno al Gene~ Porfirio Diu y para demoler .latí buea
fundamentales de ese régimen: si después de seis año~ •
convulsiones, acaba por arriar su b~dera Y enarbQla fnn·
camente el es.tandarte de los "gobiernos fuertes," confie.
sa de modo tácito, que sus ideales fnca~on 1 que por
lo mismo no queda de ella· sino _.u le:,eada sombrfa de
destrucción y de muierte. Y una Revolución que Nlliega de su obra
por aclamar el régimen que demun,.
b6, es un reo convicto y confeso q1f: se cierra todas .la•
puertas del perdón.

yitábf,

�,,)

EL ANGULO QuE FALTA

Por QUERIDO
MOHENO

NEMESIO GARCIA.NARANJO
Reproducimos a continuación. el siguiente artículo
dedicado al Lic. Nemesio García Naranjo, por el Lic.
Querido Moheno, desde las columnas prestigiadísimas del
"Diario de la Marina."
"
La circunstancia de que un esb-itor de la talla de
Moheno, comente en términos tan elogiosos, la obra de
nuestro Director, nos produce la más grata de todas las
satisfacciones. Y el hecho de que el periódico principal
d~ Cuba, ampare y patrocine "dicho artículo, nos llena el
alma, del más noble YI legítimo de......
los- orgullos.
Hace ya largos meses que mi pluma no se ejercita
en otra labor que en la triste. penosa y poco limpia de
. remover el muladar constitucionalista, extendido ancham'ente por todo el territorio mexicano; y al encontrarme ahora frénte al nombre de Nemesio García Nar¡rnjo,
experimento una sensación de consuelo, como la del visitante de un presidio que tras de recorrer las galeras
sucias. infectas, obscuras y pob'.adas de rostros patibu'arios, se encuentra súbitamente ante la capilla del penal,
en un rincón de paz, que trasciende a uardo y a·-incienso,
donde la luz se filtra por vidrios de colores, para iluminar más dulcemente el rostro seráfico de los santos y de'
las vírgenes.

*• *

Recientemente se ha hablado en la Habana del ''Cuadrilátero:" lo recordaron algunos periódicos de esta ciudad a propósito de mi discurso· en el Centro Asturiano;
volvió a mencionarse con ocasión del' brindis magistral ·
pronunciado' por José María Lozano en un banquete ofrecido a los señores Uhtoff, Vittoria y Valverde y, por último, se le tor,nó a mencionar con motivo del almuerzo
de despedida al señor Servando Gutiérrez, donde Lozano
vQlvió a hacer _gala de su gran talento y de su oratoria
incomparable, y Francisco M. de Olaguíbel habló, por
primera vez en la Habana, tan admirablemente como él
·sabe hacerlo cuando quiere poner todo su talento, toda su
cultura y todo el conjunto de sus dotes externas, voz,
ademán, etc., que hacen de él un orador de lo mejor en·
tre los mejores.
Pero seguramente hay en Cuba muchas persona'S
para quienes el "Cuadrilátero" no significa sino aquellas
cuatro plazas fuertes que tanto jugaron en las guerras
de Italia.; y por eso considero deber instruir a mis lectores de lo que fuera en México el "Cuadrilátero."
• El 16 de Septiembre de 1912, siendo Presidente de
los Estados Unidos Mexicanos don Francisco l. Madero,
se reunió en la ciudad de México el primer Congreso Federal que desde los tiempos de don Sebastián Lerdo tuviera una parte al menos, real y efectivamente elegida
por el pueblo; y digo "una parte al menos," porque es notorio que no faltaron dip'utados elegidos por medio del
· fraude gubernamental.
Pero los elementos independientes que la Cámara.
contenía, bastaron para hacer de ella una asamblea memorable, a pesar del contingente maderista, inferior y mal- .
_sano de suyo.
~
.Aquella Cámara fue lo que tenía que ser, lo que en
cualquier parte del mundo habría sido la primera asamblea libre que se reuniera después de treinta y cinco años

de silencio y sumisión .nacional; y a causa de ello, los cinco meses de existencia febril que vivió, lo fueron de un
peligroso duelo a muerte, que tarde a tarde combatieron
por una parte, el maderismo, representado por una mayoría beocia, los diputados· renovadores, con el maloide
Luis Cabrera por jefe, y por otra las restantes clases del
país. representadas por diversos grupos. encabezados por
el .. Cuadrilátero parlamentario," agrupaci~n espon_t~nea
que, como su nombre permite presumir, constaba de
sólo cuatro personas, cuatro amigos que fueron acercándose por simpatías y afinidades íntimas. mucho más que
por cálculo, pero a los que la situación tormentosa prestó por . entonces una estrecha solidaridad: García Naranjo,
Lozano, Olaguíbel y el que estas líneas escribe.
Residentes en la Habana y conocidos del público cubano los tres últimos, quiero presentar al ausente, "el ángulo que falta." que no ha venido a Cuba, porque allá en
el antiguo San Antonio de Béjar, que fue español y. nuestro, y que ahora es yanqui. vive cumpliendo tenazmente
la noble tarea de. defende.r. a su país en el corazón mismo
del país enemigo. y de mostrar por todos los medios. incluso el propio ejemplo, que e11 México no todo es el mal
oliente constitucionalismo.

De los cuatro

* •*

amigos que formamos ' el "Cuadrilátero," Nemesio García Naranjo es el más joven, como que
solamente cuenta 33 años cümplidos: los 34 los ajustará
en la próxima Primavera.
• García Naranjo nació en Lamp~zos, · Nuevo León,

sino con aquel patriotismo que busca el mejoramiento
en 1883, y su vida entera desde que entró en contacto con
moral de sus compatriotas como medio seguto de conel público, es una cadena de triunfos. Estudiante en la
quistar todos los bienes, acatando en to humanQ. la divina
capital de su provincia y no conforme con ser uno de tansentencia: ''buscad primero el reino de los cielos, y lo
tos en el aula. pronto se sale de la fila, como todos los
elegidos. y~ enseña al par que estudia, conquistando a
demás se os dará por añadidura." •
Por eso. de todas su obras. la que ama García Nafuerza de tafento un puesto entre el profesorado de la es. ranjo con amor más hondo y puro. es la transformación
cuela. como Preparador de Historia Natural.
,
de la educación nacional, ohra emprendida apenas y ya
Después . en un campo más vasto y más difícil tamcomprometida pqr el actual desbordamiento de las .horbién, en la Capital de la República, donde ertriunfo no se
das de Alarico en la escuela mexÍCana. y por la cu~! legídisputa a dos o trescientos compañeros ele escuela sino
timamente le coresponde el título de ''restaurador del
a cuatro o cinco mil estudiantes llegarlos de todos los
ideal en la escuela." El triunfo de la revolución de Ayadtremos del país, muchos ya hombres hechos, hasta
tia llevó como criterio fundamental a la Escuela Prepacon una reputación ya ganada~ también triunfa y se imratoria. alma mater de la juventud nuestra. un determipon~. no sólo en la Escuela Nacional de Jurisprudencia,
nismo inflexible. un positi,·isn10 reseco, que en la escuela
donde se graduó prestigiosamente en 1909, sino entre tose manifest0 por la implantación de la clasificación comdos los estudiantes de la Capital. ganando sitio honrnso
tiana de las ciencias:' y fuera de la escuela. por la aparien otras dos altas ·instituciones docentes. como Secretario
ción de un escepticismo disolvente.· tipo Francisco Buly Bibliotecario del 1'1useo de Arqueologia. Ilistoria Nanes, que de la autodenigración nacional ha hecho un cultural y Etnología S como Bibliotecario. además, de la
to. y que ha pretendido gobernar con leyes tan rigurosas
Academia Nacional ele Bella¡ Artes.
como lejos de toda re;lidad. a manera de aquella con -que
La vida política de García Naranjo. ,que comienza
el propio I3ulnrs pretendía explicar la relación histórica
cuando acaba la de estudiante, se desenvuelve en tres dientre las -rel'oluciones mexicanas y 'las oscilaciones de
Yersos campos de accióñ: el periodismo, la tribuna parlan11estra bancarrota crónica. o aqurlla otra-. tan cara a los
mentaria y el Gabinete del General Huerta. donde ron
cientificos y tan fune!'ta para todos según la cual, foda
gran acierto y bril:o desempei1ó la cart:ra de Instrucción
Pública.
'
rel'o!ución es imposible allí don&lt;le nay maíz barato y
ochenta millones de ~ohrantes en las cajas del Tesoro..
En el periodismo comeñzó por trabajos irregulares
Todo fue reducido a estadísticas, proclamándose la ban~
en ''El I mparcia!" donde Reyes Spindola creó el verdad!!·
carrota del ideal.
ro periodis1110 mexicano. por manera tan maravillosa q11e,
Sin embargo. ya en Inglaterra Ragehot hábia afirnaciente apenas aquel diario. ya ocupaba lugll'r distinguido
mado la snperiorid.ad del ideal sobre los mezqttinos inentre los mfjorrs del mundo entero; ingresó después a la
redacción de ''El Pehate," el calumniad:simo "Del;ate,"
tereses, c0mo factor de los grand..,s' movimie~tos colecel periódico donde se ha derrochado 1r:í- talento y más
tirns.
"Jamás un orador, Id ice B~gehot. ha llegado a
impresionar el egpíritu de la multitud mostrándole con el
donaire con los peores resultados; bajo el gobierno bufo
dedo un interés material.... En cambio. mil veces se ha
de don Francisco I. !\ladero. fundó y dirigió el gran diaimpresionado a la multitud. meciéndola como efl un enrio ''La Tribuna," que junto con la campaña del "Cuadrisueño dulce, en la consideración de ideas tales como la
látero'' y algunos otros periódicos de oposición. aniquigloria. la dominación. la nacionalidad."
laron al maderisrno; y por último. en el destierro. ha puGustavo Le Bon. por su parte, ha enseñado con palablicado la "Revista Mexicana," de la que hablaré después.
En la Cámara · de Diputados pronunció mu~· bellos
bra sugestiva que ''las tradiciones y los sentimientos
son la base misma de la vida de un pueblo. sin los cuadiscursos. entre los cuale; quiero recordar el que dijo apoles no hay sociedad posib 1e. , .. Una socieda'd no puede
yando su iniciativa de que se dec'arase fiesta nacional el
durar sino cuando posee sentimientos comunes, y sobre
2 de Abril. fecha. en que el General Don Porfirio Díaz
todo un ideal común, capaz de crear reglas morales addio ante los muros de Puebla el golpe de muerte al Imperio de !\faximiliano, discurso que le valió un triunfo tan
mit.idas por todos sus miembros.
Poco importa el valor teórico de este ideal y de la
ruidoso como legítimo r que ha de quedar como un momoral que de él se der-ive; poco importa que esté consdelo.
García Naranjo es orador hasta cuando conversa: él tituído por el culto de la patria. la gloria de Cristo, etc,
''Cn pueblo no sale de la barbarie sino cuando tiene
no dice las cosas, las declama con tono enfático y amplio
un ideal que defender. En cuanto lo pierde. no forma
ademán. No hay, pues, por°qué admirarse de que sea un
gran orador: su 'palabra es fogosa como todo él; pero es, ya sino u;1 conjunto de individuos sin cohesión, y vuelal mismo tiempo, de una corrección impecable. y co- ve' muy pronto a la -barbarie ....
'·Lo que constituye la ,·erdadera fuerza de Inglatemo tiene amplísima imaginación poética. cultura refirra, no es solamente el valor de la educación que da a
nada y prodigiosa memoria. su prosa es a un mismo tiemsus hijos, ni su riqueza .' ni sus escuadras innumerables;
po vigorosa y florida, como si dijéramos un artístico muees ante todo y r.or encima de todo el poder co.nsiderable
ble antiguo. donde sé armonizaran para prestarle fuerde su ideal moral .... "
za y gracia, las maravillosas floraciones Luis XV y la
García Naranjo percibió en toda su extensión el peserena sobriedad del primer Imperio.
ligro. comprendiendo que la expulsión del ideal de la escue1a significa la ruina de la patria y de la civilización,
García Xaranjo ofrece aspectos tan múltiples que resulta complicado y difícil ·un esbozo de su personalidad. y se dio con amor, con toda su alma, con toda su fe inPoeta delicadísimo, no se anegó jamás en aquella vencibk a rectificar tamaño error.
Su obra. de donde resultaría el mexicano del futuro
"sensualidad espiritual" en que suelen caer los del greque él acariciaba mentalmente, queda grabada a perpemio, y que desvirilizándolos, los inutiliza para las empresas
de esfuerzo. Gracias a ello ha podido amar intensa y ac- tuidad y señalada a las generaciones venideras en sus ''pro
gramas," así como sus ideas capitales quedan in extenso
tivamente a su país, no. con el patriotismo de gran paraconsignadas en tres discursos, uno apoyando ante la Cáda, tan al uso en nuestra América y que tan dañados frutos suelen producir, como estamos viendo en Méx'ico,
(Pasa a la antepenúltima plana.)

*•*

�Cosas d·e ." Rejúpiter"

LA CANALLA DEL FORO
,

'

,'

El impudor carrancista va a exhibi\ todos los prodi-,
gios cl,e la necedad, en su "Congreso Cobstituyente." En
está ópera bufa con puña'adas. el epílogo no podía ser
. más adecuado: para iniciarlo. "El Primer Jefe de la Incautación," declara,,al llegar a Querétaro, que "ya se. encuentra reunido su Congreso y espera que los diputados,
,i.nspirándose en un gran patriotismo, sabrán legislar y for•mar la Constitución que requieren las actuales circunstancias de México, lo que vendrá a significar el bienestar de
los ciudadanos. de la República." ''La lucha armada ya ha ~
t~rminado," dice, y "ahora el Gobierno· se ha preoc1Jpado
de la situación feconómica que es el último baluarte que
cree tener, para· vencer, el partido contrario;"
Esta nueva pieza oratoria de Don Ve.nustiano, tan vacua, tan desprovista de coherencia y de ideas, es digna de
su autor y del IT}omento: Supone que los diputados nombrados por él, de entre la hampa que lo rodea. son quienes rep¡esentan al país, y, para la nueva constitucioo no
señala una sola orientación política. ni sobre soberanía ni
sobre gobierno ni sobre libertad:· Don Venustiano. engreído con el epíteto de ému'o de J uárez que le han conferido los "patricios" manumitidos por la supresión de toda ley, no tiene para su gobierno sino una sola perspectiva: la económica; .no tiene más de una pesadilla: la .de
redimir al bilimbique, cuya actual miseria atribuye a los
contrarios. como si todo en 'ti reinado del patriarca de
Cuatro Ciénegas, no fuera bilimbique: desde él como re. formado~ uni.versalrhasta'.\;u grotesca corte de sastres y
de albañiles Jugando a leg~ladores.
,
-- Fácil -es prever el resultado de esta asamblea. Si los
constitucionalistas creen sinceramente que la Constitución no está adaptada a las condicio.nes sociales de México, esa inadaptación proviene de la falta de cultura política de las masas, y ellos no pueden seguir sino dos caminos: o crear un gobierno central bastante poderoso para suplir las ineptitudes de la mayoría: lo que les está
vedado porque sería ª1JUlar la revolución y declararse
reae+ionarios y partidarios de la dictadura. o. lanzarse de
t&amp;na vez en el abismo de sus ígno~aucias y de sus apetitos,
creando un régimen de libertad en el que se amplíen las
esferas de actividad de las multitudes.
La designación hecha por el "Primer Jefe" suprime
,, desde el principio la representación que el Congreso dice
tener, y es en vano que sobre puntos de existencia y de
~uilibrio de una sociedad, se trate de edificar con mentiras: los diputados no tienen carácter popular ninguno.
--En caanto a su poder, venido del de Carranza. no puede
~er más contrario a los fines que persiguen: Carranza dice ser gobierno; y se da el caso de que hombre que no
tiene representación ninguna. y que ocupa un puesto de
aaturaleza representativa, confiera a otros lo que él no
tiene: no sólo gobierno sino soberanía: porque la ley constitucional es la ·manifestación última de la voluntad del
soberano, y mayor es el contraste entre la legitimidad de
la Asamblea y la trascendencia de sus actos.
Digamos que ha sido sacrificada la lioertad al Gobierno, para que de éste nazca la libertad, y nos hallamos entonces en una situación perfectamente analizada por los
estadistas más notables del mundo.
"El soberano. que es el pueblo, no puede ser sustituido por el Gobierno: Lo que sucede entonces es que no
será el pueblo en su organjzación soberana, (una Asamblea constituyente legítima) quien rija las actividades del

-

gobierno, sino cierta parte del pueblo, y no aquella que se
ocupa en sus negocios privados para ganarse la vida y un
poco más. para los impuestos, sino )quella otra que vaga
en torno de los ministeriol. alrededor de los caudillos
afortunados. de los bandoleros con mando. de los asesinos con poder: los que medra.u con los puestos y viven
de las podredumbres oficiales; los que participan en las
reparticiones d'e botín y ¡n las simonías de. los gobernantes improvisados, en una palabra. será ef demagogo, el
,autócrata corrompttlo y repugnante de hoy, la "canalla
del Foro" que un día hunde a la Sociedad en la anarquía
y al día siguiente va lanzando hurras l!-1- César."
Esa es la qpaJ1a de Don Venustiano. En cuanto a
él, y a i-u papel en esta farsa. examJnemos las -conclusiones de la ciencia política sobre el papel de los Gobiernos
que usurpan el podef:
Comentando pa 'abras sapientísimas del Kaiser sobre
gobierno y libertad. Burgess dice: "C n gobierno estable,
poderoso. que ~.e halle por encima de todas las c!ases de
la sociedad, totalmente independiente de todas ellas, puede ser encargado de decir- hasta qué punto debe de emplearse la coacción al exigir el sacrificio de una clase por
otra. Pero un Gobierno cambiante. que represente nadamás a la clase propietaria o a la clase sin propiedad ("el
pueblo pohre," dicen en México) o de pequeita .propiedad,
que represente a la moderna democracia bajo el sufragio
universal, a las clases que esperan ser beneficiadas por la
confiscación y la redistribución ele hl riqueza por medio
de la fuerza guberiiamental. a ese Gobierno no puede conf.ársele con ~eguridad ningún poder semejante.
Será entonces un despotismo efímero, que destruirá la.
propiedad, que dernrehará la riqueza acumu'ada o hará
imposible su aprovechamiento; aniquilará el espíritu de
empresa. desalentará a la inteligencia y a la habilidad en
cualquier asunto, fomentará a vagO'S y pícaros, Y arruinará y hará regresar a la barbarie a la población entera.''
Cuando ~¡ Presidente Wilson hab 1aba del 8o por
ciento y de entregar el poder a las clases bajas del pueblo, él, que conoce las teorías que hemos expuesto, que
las sostiene en sus doctrinas escritas sobre el gobierno, sabía bien que por ley natural y por la índole de la plebe
a quien decía proteger, llevaba a cabo el aniquilamiento
de nuestra patria:.
Don Venustiano Carranza y sus prosélitos aceptaron·
el encargo con júbilo. ·Y en sus aquelarres, e.n sus saqueos,
en sus matanzas, en sus asesinatos han cumplido una a
una las anticipaciones de los escritores americanos: el
Presidente Wilson no ~ hecho sino poner en práctica
los sistemas que acabaría.u con la nación: para ello. le
bastaba entregar el Gobierno y llegar hasta encomendar
una constitución, a la cohorte de los que viven en torno
de los edificios públicos, en busca de clientes, de sine
curas, de asociación ~n los negocios de los caudillos: a
los demagogos de presidio: "a la canalla del Foro."
Pero esa constitución es también el signo definitivo
que marca la col)tieñ'da nacional como una lucha de clases, en la qtle las clases criminales han adquirido momentáneamente el predominio. Afortunadamente la lucha no
ha terminado, según dice Carranza: al contrario: él la
.inicia con su Constitución: empjeza apenas, y de esta lucha haremos resurgir a México.
0

~. GOMEZ ROBELO.

DIALOGO INDISCRETO
DRAMATIS PERSQNAE:

•
I}A BANDERA.-¿Suspiras por el 1féxico de los reacAguilas viejas, de madera, gallardetes destentdos y guirnaldas de huicionarios?
sache cuelgan de muros y columnas.-Doble manada de soldados en
calzim blanco y coturnos primitivos, se alínea para )lacer los honores
EL HIMNO.-(Sencillamente.) Suspiro por el Mé·
al Primer Jele.-Bajo el pórtico, una chara~~a esgnme .sus abollados
xico de los Reaccionarios! En eee
instrumentos, dando al aire, por vía de apenhv.o, lo~ mehflu~s a~or?:es
de "La Cucaracha."-Entran y salen los funcionanos del Conbt!,ICIO·
México, las viejas y gloriosas ban·
nalismo, ahogándose en las levitas que arrebataron a los reacc1onarios.-Tras las tilas de soldados se agrupa una mucheduf!!bre ham·
deras, y yo mismo-caduco Y viei9.
brienta y casi en traje de riguroso cutis: muchac!1os de lursuta~ pe·
como me \fes-éramos símbolos de
• lambrcs, sin sombreros; hombres mad.uros que as1~ten al espect.acul~
como a un entierro; mujeres escuáhdas, consumidas por la mant·
honor patrio, de nacional orplle,
ción con sus amarillentos pequeñuelos en brazos.-Entran Y salen,
engarzados por la historia -eri el al·
danjo órdenes, funambulescos jefes, vestido~. com? par:1 un acto ~e
opereta.-Se oye a Jo lejos un toque de atenc1on.-El oficial que man t.i
ma de la multitud! Entonces, ni las
la. guardia, ordena, con intolencias, la maniobra de presentar la1 ar·
mas.-El abanderado se apresu~ a amarrarse un huarache rebclde.-;banderas eran de percalina, ni yo
Llegan los carruajes oficiales: un landeau, ~n coche colorado, UD\, h·
sonaba a epigrama; entonces, cuan·
mousiné, tres carros de turismo y un repartidor de cer,veza. _En este
viene el Estado Mayor del Primer Jefe. Ife _los de.mas desciende, el
do las viejas banderas pasaban onelemento oficial. Don Venus penetra al port1co.-:-S1guenle sus com·
'
plices más alle¡ados.-La charanga perpttra el Hnnno.
deando al aire sobre el bosque de
bayo.netas que les formaban sus pe·
ESCENA UNICA.
Iones, viejos vc;teranos, egoist'as
Cuando la música se extingue y la~ puertas del teatro ~ cierran,
los soldados de la guardia se ponen a ¡ugar rayuela. o se s1ent'!n en
burgueses, empleados inofensivos,
el suelo 8 fumar.-El abanderado, por descansar, .de¡a !a lns1~ma ¡'e·
charros de pocas pulgas, albañiles
carpda en el atril del músico mayor.-En el atnl esta un e¡emp ar,
sucio y medio roto, del Himno Nacional.-Entre éste, Y la bandera,
y cargadore~ y gendarmes y perioempieza muy en secreto, el diálogo.-Afuera, la multitud bosteza de
distas, · todo$ se~tían-como alguien
hambre' y de fastidio.
•
dijo-"el escalofrío de lo sublime;"
LÁ BANDERA.-¡Buenos días hermano Himno!
cual si la vetust\ seda tricolor evo\
EL HIMNO.-¡ Bue.nos días señora bandera!
case ante los ojos de todos-letra·
'
LA BANDERA.-¿ Estás de mal humor?
,
dos v analfabetos, pobres y ricos-,/
EL HIMNO.-No es para menos, rechoclo! Estos
la vi;ión de una Patria libre y fuerte,
estúpidos me tratan muy mal! No
porque para preservarla y fortale'
soy ya el Himno de otros tiempos!
cerla. estarían la sangre y los bra·
Ahora sueno a fandango. a couplet
zos de todos!. ..... .
del María Guerrero, a canción de
LA BANDERA.-Inspirado estás!
plaza de gallos! ..... .
EL HIMNO.-Menos de lo justo, en verdad!. ...•..
LA BANDERA.-(Con sorna.) ¿De veras?
Y eso que .n o sabescómo sonaba yo
EL }UMNO.-(Un poco picado.) Tú también no anen aquella época! Mira: cuando los
das tan bien parada que tligamos!
•músicos
tomaban sus instrumentos,
¡ Qui . diferencia eittre tu físico
para
habérsela!
coinigo, hacíanlo
y · el de otras banderas que yo he
con mános trémulas y profundo resconocido! ¡ Aquéllas olían a cosa
peto, con algo de temor religioso en
gloriosa y vieja. Tú hueles a Ilangel corazón; descubiertas las cabezas
llang, a rnezcal, y, como eres de
y un poquito, húmedos los ojos.
percalina, más que bandera de baPues, ¿y aquéllas voces que me can-.
tallón, pareces forro de zagalejo!
taban? Dulces y afinadas las unas.
LA BANDERA.-¿1le insultas?
agrias y desento,nadas las otras; és·
EL HIMNO.-No. Tú eres joven, y yo he vivido mutas varoniles y robustas, •.angelicalchos años. Por eso te digo la vermente femeninas aquéllas, todas
dad{ junto a las banderas de otros
uníanse a lo·s metales y a las made·
tiempos. resultas una bandera mor/
ras de la música, hasta hacerme vi·
ganática.
brar, rotundo y bélico. al son acomLA BANDERA.-¿Qué ese eso?
pasado de los tambores y los cla·
EL HIMNO.-Pues algo así c;pmo una bandera de
rines de las bandas. ¿ Era yo una .,
pega, de segunda mano, de ocasión!
canción? ' Un salmo?. Un voto?
LA BANDERA.-Eres poco galante· conmigo, cbn
fi'él
E ralo, todo: canción . guerrera, voto
herma11a que te acompaíía a hacer
de lealtad, y salmo de esperanza;
los honores al Primer Jefe! ,
y por eso el eco de mis estrofas reEL HIMNO.- Precisamente de ahí proviene mi dissonaba en los corazones de todos,
gusto. Yo no nací para sonar en
evocando glorias pasadas y anunlos sainetes de la barbarie; no fui
ciando glorias futuras; y por eso los
hecho para acariciar los oídos de la
viejos al estucharme, sentían como
traición( El México de hoy, no es
si una mano invtsible hurgase en el
el mío·1•.••• ,,.
(Ptaa , la ·p,n(ilpma plana.)
La entrada de un teatro cualqu:era d~. la ciuda~ de _México,-;-

•

El Himno Nacional,
Una bandera carrancista.

lª

�.

. ...

dé Maderó, '1 tiene

r...

.

.. - •

• .

fmncamente anti~f6tt;que: le
volverá· al autor $Gehísimas JiJnpatiás q~ le Wía enqe~

nado su admiración eñtusiasta por este pueblo. Calero
antaño reputaba perfecta 1a organización de CJte país Y
se propus04copiarlo hasta el gratlo de querer introducir
en México las famosas "horas corridas" de trabajo. No
podemos recordar sin sonreír aquel proyécto, por medio
del cual intentó Calero sustituir nuestras fraternales comidas por el aturdido ''lunch" ,norteamericano, que con~
vierte los comedores en pesebres.
El libro de Calero es un alegato macizo en cuanto a
q_ue exhibe, con claridad meridiana, las inconsecuencias Y
contradicciones de Mr. Wilson. No obstante ciertos de-

·PRI!\.TER ARTICULO.
Si los enemíg05 del licenciado Calero no lo conceptúan consecuente con los Partidos a que ha pertenecido,
en cambio n;,idie puede tacharle traición a sus principios
políticos: es liberal individualista y, como tal, nadie le ha
superado en respeto a los juicios ajenos, por más que
ó.;tos lo perjudiquen y él haya tenido. la cantidad de poder suficiente para pulverizar a sus detractores.
El talento de Calero es algo que ha causado ejecutoria y que no se discute: Pot eso sus obras son leídas
con extraordinaria desconfianza. Las gentes no se fijan
en lo que dice sino en lo que "Creen que se propone hacer:
como es muy hábil-así piensan los lectores-hay que .
ver ha'cia donde se 'orienta esa habilidad; y como la verdadera destreza consiste en disimular la astucia, resulta ·
que el prestigio, je ''habilidad/, ha inhabilitado al Lic.
Calero, en los últimos tiempos, para hacer una maniobra·
hábil.
•

•

Semidioses en el Destier:ro
,
....

El Lic. Calero, en el destierro. proyectó un plan expuesto en varios artículos periodísticos, conforme al cual,
partiendó de la supu~sta base de que México no ha existido legalmente desde hace cuatro años, se debe nuli- ·
ficar todo lo hecho y volver a empezar una nueva vida
política, a partir del t!ía en que fue aceptada la renuncia
de Madero por la Cámara de Diputados. La habilidad reconocida del licenciado Calero, no logró que este p'.an
prosperase y que del)e darse po·r fracasado, desde el momento en que ya se venció el período presidencial de Ma- .
dero, que se pretendía cQmpletar.
Cómo funcionario, el licenciado Calero ha demostrado ·nanradez y laboriosidad, pero escasa iniciativa y falta de :espíritu cr"eador. En el Ministerio de Justicia no
miéió nada que lo '.prestigi~se como hombre superior y
ca.sí se limitó a despachar oficios y a firmar nombramient('II, Esta im,ctivíaad fue tanto más señalada cuanto que
en 1os primeros Jías d~ su gestión, pronunció un disc;rso en ia Academia de Legislación y J urisP.rudencia, condenaedo- la' orga~ización judicial porfiriana y urgiendo la
necesidad de! un:a absoTuta desiniección de Trí.bunales.
· Los licenciados. Manuel Castelazo Fuentes y Carlos Trejo :, Lerdo· de Tejada, no resultaron, por desgracia . el
ánh't!!ado ácido fénico para aquella magna labor de anti• 1 socia
. 1.
" ·
sepciá
.
I

. ·Tuvo; sin embargo. el Tic. Calero, el tino indiscutible
!je llevar a la Subsecretaría al Líe. Jesús Flores Magón, con
lo cuar acr~centó considerab!emente su personalidad política. En la Secreta~ía de Relaciones Exteriores, réalizú
el mayor acierto de todo el gobierno maderista: el nombramiento de Don Justo Sierra como Ministro Plenipotettaario de México eh España.
Como político, el licenciado Calero ha sido discutidí.simo y pocos hombres-seña·! innegable de mérito-han
sido tan atacados éomo él. - El principal defecto que se
le •atribuye, es el afán de salvarse en los momentos en
que se impone el sacrificio. Y como en dos ocasiones
seguidas •se .le ha visto separarse de gobiérnos agónicos.
coi{ los cuales estuvo vinculado en épocas de fuerza. las
gerites le han formado una aureola de habilidad, que si
bien ha acrecentado muchísimo su fama de inteligente (el
talento de Calero es un credo nacíonal) en cambio ha borradQ-f!r:t .ro.ucho el prestigio de su personalidad moral.

Más tarde, el licenciado Calero intentó formar una
Liga Nacionalista, en unión de los licenciados Jesús Flores Magón, Esteban Maqueo Castellanos y Ricardo Malina. Tampoco- obtuvo éxito, en virtud de que los desterrados creyeron que ~e trataba de imponer cierto criterio ofensivo para gentes del antiguo régimen. con el pro- .
pósito pueril de atraerse a e 1ementos revolucionarios. Estos, que n'\Jnca van sino a donde ven botín, se abstuviéron
de entrar a la Liga; los reaccionarios creyeron ver que se
les obligaba a una abjuración tácitá y tambi'én se negaron
a formar parte de die ha agrupación; y ~1 talento y la habilidad del señor Calero, volvieron a encontrarse con el
fracaso.
Además de dirigirse a sus conciudadanos, el Lic. Calero se lv~ dirigido a los .extraños. Presentó un memorándum a los Ministros plenipotenciarios americanos~ en
unión del I;ic. Jesús Flores !fagón, y la mejór prueba de
que dicho memorándum resu:tó infructuoso, se tiene en
el hecho de que los Plenipotenciarios acordaron reconocer a Carranza. Preparó un libro escrito en idioma ing:és, dirigido al pueblo ,norteamericano y destinado a analizar la política del Presidente Wi!son, y en el momento
ma:s álgido de la cam))tlña electoral lo arrojó al público
como quién arroja un leño a la hoguera que amenazaba
devorar, al. ex-Rector- de ·l a Universidad de Princeto'n.
1'odo fue inútil: el pueblo norte-americano refrendó su
confianza al Presidente .\Vilson, sin tomar en cuenta el
libro de Calero.
Pero sí este últiñ10 libro ha fr~casado en su finalidad
polítiéa inmediata. en cambio, servirá para patentizar ante
propios y extraños la serie de infamias de que hemos sido
víctim~s. Es sin duda la obra más seria- y más trascendental de todas las escritas hasta hoy por el ex-Ministro

UII! time

•

Hace tiempo que tuvimos el gusto de comunicar a
nuestros lectores la gratísima noticia de que Querido
Moheno y José María Lozano 'habían triunfado estruendosamente como tribunos en la Habana. Hoy tenemos
el orguao de participarles que Francisco M. de Olag.uíbei, también tuvo oportunidad de deslumbrar ' al púbhco
cubano con su elocuencia fastuosa y triunfal.
En' .un ba~~~ete ofrecido al connotado periodista Dr.
Tomás Servando Gutiérrez, hicieron uso de ·1a palabra
Lozano y Olaguíbel y la impresión q1;1e produjeron está
por encima de toda ponderación.
•.
, Hem~s hecho todo lo posible por recoger ambos discurso;; pero fueron improvisaciones rigurosas, cuJo. e~e~to desgraciadamente, no traspasó fuera de :Ja convtv1ahdad amable que· l11s provocó.
Fara que los mexicanos residentes en Estados Unidos
se den cuenta cabal del triunfo de Lozano y Olaguíbel,
reproducimos a continuación el siguiente artículo, amparado con la firma· del C~mde Kostia, que es sin duda alguna, el crítico más respetado. y querido del pueblo cubano. Intitula su producción -Se~i dioses en el De~tierro;" y este título, ' basta para dar cuenta d~I homenaJe
tributado a nuestros dos eminentes compatriotas.

*•*
N O sería una novedad hablar hoy del almuerzo dado
el jueves a nuestró compañero en la Prensa el señor don
Tomás Servando Gutiérrez, ..en viaje desde ayer para la
América del Stir, "corresponsal-touriste" del DIARIO
DE LA MARINA en aauellas ciudddes y a quien acompañan nuestros votos; y no sería una novedad porque ~y~r
todos sus compañeros han narrado el suntuoso homenaJe
al delicado escritor. Y un .día pasado da la vejez de un
siglo a las actualidades de' una hora.

sería indigno sacrificar aÍ Üno en nombre del Qtro---ÍM'*'
llamente colosales. Ambos muy jóvenes; ambos, 1: i~
gar por la "fisonomía" de sus "speechs," muy cultos 1 d •
bos fraternalmente geniales. La oratoria del sei\Qr()ft•
guíbel tiene el torte romano! con cierta greca a ~ k
línea ateniense; la del señor Lozano · es resuelta
...
griega, ligeramente translúcida, en los finales de p ' . _ ,
de ligerrsimas nieblas septentrionales: Quizás sean las
brumas nostálgicas del recuerdo que elevan en el alma de
los grandes hijos, los pasos dados lejos de la gran madre. ,
Estos semidioses de la inteligencia y el carácter .son ~normes fuentes 9e inagotable ternura.. En las quijad~s ~ lóa.
leones, ponía la sabiduría evangélica los· panales dt llit
dulzura ... ,.
1

Y o he oído en mi larga peregrinación-siempre~
muchos oradores y ya lo que dicei:i me interesa p~~
que mi atrae y me fascina e.n ellos es la manera de ~
las cosias, el aticismo del período, la verdad bella -.. k
forma de Iá expresión. Y lo digo realmente: las .dos Orl•·,.,,.,,,.,,....,,.
ciones de estos magos de la frase han sido en el ahn...._.
dado al distinguido periodista, dos altos testamen~
la hoy muda elocuencia mexicana. Imposible ceíair _.;
la idea en la turquesa de la frase, ni dar a los matiet!&amp; ~
la refle~ión el encanto espejeante del sublime ~ ~
to. · En las evocaciones americanas del señor O ~
pasaba algo de la tristeza pudorosa ·de aquel s&lt;&gt;Qldoi; 4ela tribuna, del bretón nostálgico que .prolongaba el CII"
canto pálido de René en los Parlamentos de la Reataltnición, dando a sus lucubraciones inolvidables l" ~
de una estrofa homérica. En el estiTo hablado
atA¡&gt;r
Lozano se admiraba la graved3' religiosa .d e un
en los pasajes viriles y la gracia noble de una ·arpa. ,ea i.,
masa flexible de su prosa alada como un verso.
El señor Olaguíbel recamó de hojas de acanto ..-., ciopeladas ~e nosta!gia la vestidura de su verbo ~
ble y el señor Lozano dio al metal de su cálida ,....,._
el nielado que dobla el valor de los conceptos.
' Los dos oradores adoradets de los jóvenes y ....apeta,,.
dos profundamente de los qu.e frisan la edad madura soa
dos intelige.ncia·s de primer orden. La nación que nos ~a
enviado a Urbina, a Díaz Mirón, a Moheno y a tantos 1 •
tantos que el viento trágico ha lanzado a estas playas.
puede estar orgullosa. Esa; "épaves" arrojada!! sobre
ñuestro seno, son joyas inestimables que incrusta!llos al .
nuestro corazón intelectual, sediento de cultura, cona~
un ara ea sedienta de oraciones.

'#

de!·

°'""º

Sólo quiero y en rápidas tí.neas. insistir sobre la líne.~
de nota dada en los periódicos apropósito de los dos brillantes ~radares que se revelaron, sobre todo uño de ellos,
el señor Olaguíbet, porque el sei1or Lozano ha si~.º ya e~plérldidamente celebrado por el creador de las Actual'.de.des" a propósito. de un almuerzo reciente donde •se ~,e.e estuvo el maravilloso orador a la altura de los mas
grandes en la ciencia (y el arte) de la palabra hablada.
Por lo tanto, la verdadera revelación ha sido la del seño; Olaguíbel ~n su primer discurso pronunciado-bajo
el mas¡¡o de- nn · brindis- en el almuerzo Servando Gu•;'l"tiérrez.~;- dos ilustres mexh:a'rtcrs estµvieron-porque . .... .

'

.

CONDI KOITIA. ·

I

�TOPICOS DEL DIA

DESDE JAUJA

~

*. *

z¿ ·

*. *

*•*

•

.

la esperanza de llegar a la meta, y poder decir que, cumplidos nuestros anhelos, ya no le pedíamos ni amor al
l\Ii buen amigo:
mundo ni piedad al cie!o. Afortunadamente se desvaneció
Comprendo que he sido egoísta, y no quiero seguirle la tenebrosa nube, y ya contemplamos azul y diáfano el
siendo. _ Tiempo hace que se me introdujo muy adentro
horizonte.
en el a lma, un júbilo tal que casi me asfixiaba; pero quise
¿ Comprendes ahora que haya sido egoísta por tánto
gozarlo a solas, y hasta contigo esquivé compartirlo. t iempo, guardando para mi exclusivo disfrute una feliciHoy, arrepentido de mi egoísmo, resuelvo contarte de dóndad de tal tamaño? ¡ Lo que habría sido de nosotros
de y cómo vino hasta mí esa oleada de alegría. Sé que
los manumitidos de Jauja, si por uno de esos caprichos
te mostrarás deferente y no me pondrás las tildes que en
geniales de los grandes caudillos y redentores, el Parigor merezco, sobre todo al verme entonando humilde- triarca rechaza el agasajo de la silla, no dispuesto a promente el mea culpa.
longar su martirio, fiel a lo dicho por el Anuario sobre el
Ya supondrás que del Constitucionalismo procede la
odio a los mullidos cojines y a los perfumes cortesanos!
o!eada, porque a él consagro mis mejores momentos ; pe- ¿ A quién hubiéramos entonces yuelto los ojos húmedos y
ro el cómo me vino, no puedes adivinarlo, y a descubrí r- lánguidos. para que posara sus carnes redentoras sobre el
telo va mi quincuagésima-cuarta epístola.
muelle sillón presidencial?
Alicaídos- y tristones estábamos todos los reaccionaY no es que carezcamos de genios en el arte de gobernar. ,
rios, pensando en que acaso nos halláramos al término
H ay plétora de ellos, con la yentaja inconmensurable de
del. dominio de Don Venus, cuando súbitamente, sin que que ninguno manoseó textos escolares, ni hojeó códigos,
nadie lo sospechara, nos despertó del letargo, con estré- ni co111pulsó archivos oficiales, porque han aprendido en
pito de cla rinadas de t r iunfo, la nueva de que el grupo
el ter reno de la práctica todo lo que dentro del espíritu
más ameritado de los caudillos de la revolución había
democrático es necesario saber para la difícil dirección
celebrado cónclave, determina ndo postular para la Pre- de los pueb'.os en perfecto goce libertario. Ninguno de
sidencia de esta República al Sup remo I ncautador.
estos varones, así lo atrapes al azar y con los ojos vendaTodavía así no nos d imos por satisfechos, porque dos, dejará de haber ejercitado amp liamente los derechos
aun quedaba la zozobra de que Don Venus rehusara el
de incautación, base inconmovible sobre la cual desofrecimiento; pero poco duró la incertidumbre : a la ma- cansa el edificio renovador. Pero justo era qur- ele entre
ñana siguiente ya sabíamos, por boca del mismo Patriar- el núcleo surgiera la figura predilecta, la incubadora del
ca, que, puesto que la nación lo solicitaba , dispuesto se
Plan Milagroso a cuyos capítulos se ajustó la tarea de
hallaba a seguir sacrificándose po r nosotros. ¿Alcanz&lt;:ts
reivindicación, tan fructífera en el monopol io y .reparto
a imaginarte el efecto que nos produjo aquel emocionan- de todos los bienes . . .... especialmente los ajenos, que
te rasgo de abnegac ión?
han sido los privilegiados por la ley.
•
Muchos creíamos que fatigado Don Venus de labrar
No lograrás figurarte en qué forma se recibió sobre
nuestra ven tura, demandaría el natural descanso; o bit:;n el \'asto territorio de Jauja la nueva de que Don Venus
imaginábamos que la prudencia de sus adictos convendría continuará firme a la cabeza de sus huestes, y de que será
en que es ya demasiado exigir del Magnate, y que por
todavía la celebérrima pluma-fuente de su uso personal
tanto, no se atreverían a pedirle mayores sacrificios.
la que fluya en plácidos decretos. Tú creerás que úniNada de esto aconteció: ni le tuviero n la menor com- . camente los afiliados en las amar illas columnas armadas
pasión, ni él ha puesto excusas, sino que con abnegación se alborozaron con el .suceso; puesto que de .ellas surg ió
sin precedente en n uestra historia política, está resuelto
el magno pensamiento. Te equivocas: nadie, absoluta~
a prodigarnos su amparo patriarcal, sacando fuerzas he- mente nadie, en todo lo largo y todo lo ancho de Jauja,
roicas de su propia flaqueza y entrando en campaña coha mostrado la más leve desconformidad. Y si bien no
mo si llegara de refresco. Positivamente es enorme la se nos ha permitido echar a vue lo las campanas, ni sacar
energía espiritual suya. Otro se sentiría abrumado con
a la calle manifestaciones ruidosas, por lo menos se nos
tánto y tánto derramar dichas en pro de las c'.ases des- ha tolerado q.ue guardemos un silencio de tumba, demosvalidas, y parodiaría poéticamente al Rey David, arro- tración inconcusa de nuestro perfecto asentimiento, si nos
jando el arpa y diciendo con agrio gesto: "Ya no toco." atenernos al proverbio que lo testifica: "Quien calla otorP ero el hombre se considera en pleno vigor. apto p~ra ga." Y nosotros, enmudeciendo como los doscientos mil
renovar sus labores, y seguirá pulsando el '&lt;l.cordado ins- cadáveres del pedestal. otorgamos nuestro voto en fatrumento, porque así lo han acordado los otros instru- vor de Don Venus. ¡ Supr.emas ventajas que sólo se adquieren por pueblos ya lib.ertos, y donde el sufragio no
mentos, lo cual prueba que hay concierto.
es una farsa vil, ni una trap isonda dictatorial!
¡ Mide tú nuestra desventura, cuando pensábamos en
¿ Te has enterado ya de la enorme diferencia que
la definitiva retirada de Don Venus a sus primitivos dominios vinícolas, para dedicarse, corno antaño, exclusi- existe. entre estos amplios métodos de elecció1i y los
adoptados artei,amente por la repugnantísima tiranía?
vamente al ganado caballar, mular y vacuno! Aquello
Huélgate, como yo, de tan radicales cambios opeechaba por tiera la consumación de su obra redentora.
rados
a la sou,bra c!el árbol libertario, y acepta un abrazo
Todos nos aferrábamos a la idea de que él, y sólo él,
de
tu
regocijadísimo am1gv,
ll evaba en sí las aptitudes indispensables para darnos
SILVERIO
...
el resto de felicidad a que con justo título aspiramos, en
A 3 de Diciembre de 19r6.

chace a Carranza por el mismo capí tulo. Y a l\facías, ídem.
del Emperador de Aust,ria,, Francisco José, dice que so- Y a Luis l\fanuel Rojas, ídem. Y a Palavicini, ídem. Y
bre · su tumbá deben inscribirse las siguientes letras: N. a Nicéforo y a Manuel Amaya, y al resto de la .. cuadrilla,
R: ¡; P. · .. Lo ·cual. traducido al castellano, significa: "Que ídem, ídem.
· Si H eriberto Barrón ocupó puestos de más relieve,
ne deséance en paz."
Los carrancistas, q_ue · encuentran muy lógico inju- fue porque los otros no pudieron alcanzar mayor categoriar la memorii\ del General Porfirio Díaz, se indig.nan ría. Pero y¡. está visto que la servidumbre, después de
.con ese estallido natural de · un francés. que tie.ne la obli- apoderarse de los bienes de los amos, ~mpieza a expulgación de odiar a los enemigos de su Patria. Un perió- sar a los que fueron "lacayos de confianza." Después
dico de D. Venustiano, protesta por la inscripción fran- seguirá con los de jerarquía más inmediata. Y así continuará desgarrándose la hampa. hasta que no quede uno
cesa, en los, siguientes términos :
"A.nte este acfo incalificable, ante esta falta de pie- , solo en pie
¡ Destrozaos los unos a los otros !
dad, de Jumanitarisrno, de decencia, n.o pueden menos
los hombres hortrados, que protestar enérgicamente, para
evitar que sobre Francia, que sobre la Colonia Francesa
Los periódicos que se tiran en imprentas incautadas,
en esta· República, formada e n su mayor parte por perso- afirman que, a don Venustiano le repugnan las adulaciones.'\
nas muy honorables, dignos hijos de la patria del Rey
Seguramente por eso han puesto a un Teatro de
S&lt;?l, caiga la responsabilidad de ese acto plvaje que só- Oaxaca el nombre de Don Jesús Carranza.
lo pueden aprobar, y aun lo dudo, los senlgaleses y malUn individuo enteramente inculto, sin la más remota
gaches, que con sus cuchillas siniestras tratan de inyec- idea de lo que es el arte, y que de fijo ne, puso nunca en
tra la civilización y la cultura al pueblo germano."
'
un Teatro los pies,
· • ¿ Se habían figura·d o ustedes a los siervos de Carrandando su nombre a un templo de Ta lía. : ..
dándole clases de humanitarismo, de piedad y de de¡ Cuánta abominació n, cuánta heregía !
ce~cia, a los vence.dores del Mame?
¿ Verdad qué es
r omo todos conocemos la afición que Don Jesús degracioso?
mostró por los ganados del Norte de México,
si ese nombre se pusiera,
,
• Francisco Villa, que se apoderó de Chihuahua por
no a un Teatro, sino a un corral,
medio de un golpl! de audacia, aprovechó su estancia en
eiilonces para cualquiera
la ciudad; para recoger todos los víveres; y después de
estaría lnenos mal.
unos cuantos días de latrocinio libre, se alejó, dejando a
Y todo eso con un gesto avinagrado de Don Venus·la infeliz ciudad, exprimida y exhausta.
tiano,. que siente asco por las adulaciones.
, Los -carrancistas llegaron otra vez y no han l9grado
.averiguar, ni siquiera el rumbo que tomó Villa.
El bandolero, como es -natural, dejó la ciudad, que
Un periódico carranci¡ta, hablando del v1a¡e de Do n
nó 'tiene importa.ocia si no se une a la frontera. Esto no
Venustiano a Querétaro, dice que lo hizo desde la Capile era posible, porque se exponía a que las tropas que atatal "en el m~mo caballo que lo condujo a la victoria."
ca'.sen Ciudad Juárez, fueran cogidas entre el_ Ejército
Lo malo es que no aclara si ésa victoria era algún
del General Bell, que está en el Paso y la col.umna expevehículo al cual ·ioa a ungir con el óleo de la incautación;
dicióna-ria del General Pershing. Por consiguiente, lo
o bien la fá brica de casimir.es que está cerca de la Capital,
mtjor para Villa era dejar Chihuahua, con el objeto de
y que se llama "La Victoria."
asaltar otra población.
Porque de otras ho se le conocen al Primer Je fe:~
. Pronto veremos cuál es el objetivo de este guerrilltto audaz.Un Coronel carranclán, en su retirada de Chihuahua
•
a Torreón, po r que Villa "venía dándole fuerte," se trajo
· Llegó a México un individuo llamado Genaro Riendo,.
quien se hizo aparecer como delegado del Papa. Aco- · entre las uñas el auto de un minero americano.
El com patriota de Mr. Wilson, echando "godemes"
gió bajo su protección a un 'sacerdote llamado Cortés,
que había sido excomulgado por el ,,Canónigo Paredes, hasta por los ojos, se dirigió a Don Venus reclamando el
auto, y añadiendo que a sus jefes se les podía disculpar
y eso bastó para que el Secretario de éste, · -1111 tal Ramír~z.-:-asumiera una actitud bélica y publicara un artí- el robo cuando revolucionaban; que ahora, ya- "consoliculo en donde adulaba a Carranza, y pedía que la Igle- dado" el gobierno, aquello no débía _tolerarse; pero que si
se tole raba,, pasaría su queja a \Vashingto n.
sia Mexicana se separase de Roma.
~ Devolverán o no devolverán el auto rohado;
. Después se supo que Riendo carecía de personalidad
y _que las bravatas del Secretario de Paredes, habían sipero se puede jurar
do enteramente superfluas. Solamente sirvió la imposque C)lrranza va a ordenar
• tur~ de .Ri~ndo, para que Paredes externara sus in tenque asciendan al Coronel . ... .
ciones y se .~rrancara el antifaz.
No será con un cordel,
según
fuera de desear,
El famoso "constituyente':. de Querétaro, desechó
porque es tanto como hollar
la credencial de Heriberto Barrón, por ,.conceptuarlo silos clerechos del cuartel.
cario de la Dictadura. Ahora, lo que precisa, es que re.. J

"'Le Courier du Mexique," al dar cuenta de la muerte

*•*

*• *

1

LA CANDIDATURA DEL
SUPREMO INCAUTADOR

.,

*•*

~

..

.

��+&gt;~++++++lt+++4++++++++++++++++t+H++++++++++M+++++++++++++++++++l+++++++ti++++++++

CARAS
DE MONTERR

La circunstancia de que en nuestra caráturla de
ha sugerido la idea de dedicar esta plana central a
En la parte superior aparece, a la izquierda, la
JOVITA REYES; en el centro, y en el mismo ord
y en la parte inferior, MARIA TERESA GOMEZ

++++++++++++++++++++++i'++++++++++++++++++++++++++,"'+'~,,..~~·,++++.¡.++,++t++++++
,.

+++++++++++++++++++++++++++++++++++ 14 H t+++++++++ 1Jt i +++ 1+l il 1+++H.¡ H +++++.¡, t++•H+

CIOSAS
UEVO LEON

Estado de Nuevo L-eón, nos
ciudad de Monterrey.
ELINA GARZA y a la derecha la señorita
tran IRENE VIVANCO y BLANCA NAJERA ;
TA GARZA VILLARREAL.

�CLEMENCIA
POR IGNACIO M. ALTAMIRANO
(Continúa.)

,BELLEZAS INFANTILES

bes que hay acciones que sobrepasan le esíera de lo común; yo no sé precisamente lo que quiero, no acierto a
expresárte mi pensamiento ... . se me figura que un proscrito perseguido por todo el mundo , un mártir, un hombre que subiera al cadalso por su fe y por su causa. abandonado de todos ,. hasta del cielo . .... ése sería el hombre
a quien yo amase ..... y me hago la ilusiún de arrebatarle
de las gradas del cadalso, de Ser yo su libertadora y de
1:evárme:e conmigo para hacerle sentir el cielo, después
de haber pisado los umbrales del infierno. ¡ Qué quieres! . .... soy así .. ... hay mucho de singular en mis deseos y en mis ideas.
-Sí, verdaderamente, y me espantas ...... l ;n condenado a muerte ! ... . . a nadie le ocurriría, te lo juro .....
apuesto a .que te has enamorado de algún héroe de novela.
-L~o pocas, ya lo sabes, y las que he leído no tienen condenados a muerte. Es una idea mía nada más.
-De suerte que mi pobre primo tendría que hacerse
coger prisionero por los franceses y conducir a Guaclalajara y fusi:ar en la p 1aza para que tú le amases después.
-Puede ser que no lo lograra simplemente con eso,
Isabel. Yo te digo , que no sé lo que quiero precisamente;
pero qu.iero la desgracia, y la desgracia emanada de un
grande rasgo del corazón.
-Amor imposible entonces.
11uy difícil ele todos modos, querida mía, elijo Clemencia suspirando y quedándose un momento pen~ativa.

XXI.
EL AMOR DE ENRIQUE

MOISES RUBEN GUAJARDO.
Hijito del Lic. José F. Guajardo, de Monterrey, N. León.

Quince días después de la com·ersación que acabo de
reierir, C emencia recibió un billete en que Isabel le suplicaba que pasase a ,·erla inmediatamente, pues estaba
enferma.
Clemencia se dirigió presurosa a la ca:n de su amiga a quién encontró en un estado lamentab!e. La hermosa rubia tenía impresas en el semblante las huellas del
más terrible sufrimiento. Los bellos co 1 ores hab ían desaparecido de sus mejillas, ·su rostro estaba enflaquecido y sus ojos azules perecían apagados por las lágrimas.
Luego que I:abel vio a C'emencia se le\'antó y se
arrojó en sus brazos sollozando con amargura.
- ¿ Pero qué es esto. Isabel? preguntó C.emencia besando a su amiga; ¿ qué te pasa? ¿ por qué te veo así?
¿ estás enferma?
-Sí, del alma; Clemencia, ,me estoy muriendo, y te
llamo porque en mi desesperación necesito confiarte mis
pe~ares, necesito que los alivies .....
-Y bien, hija mía, dime ¿ qué ha sucedido? Hace una
semana que no te veo, te creía feliz, muy feliz puesto que
me o!vidabas .... . y encontrarte así me sorprende: siéntate y hab'a .. ... .
-Me alegro de que hayas venido ahora; mi madre
. está ausente y podré decirte todo. Enrique .... .
-Ah, ya me lo esperaba yo. Enrique .... .
-Enrique no me ama ni me ha amado nunca; ese
hombre no tiene corazón, y tenías razón sobrada para

aconsejarme que no con liara rn sus palabras. ¿ Sabes lo
que ese libertino querla? Quería mi deshonor, quería mi
vergüenza.
-¡Cómo! ¿ es posible? ¿ se ha atrevido a insultarte
el infame?
-Comenzó, como te dije, por hablarme de amor con
el !l,"nguaje ele la 'sinceridad: dos semanas, ¿ comprendes?
do, semanas de un trato constante habían acabado por
hacerme perder la poca reserva que había ten ido para él.
V crle era una i1ccesidacl para mí, necesidad tanto más
irresistible cuanto que mi pasión ha llegado al extremo.
E,toy loca. no pienso sino en él, no hablo sino de él, no
quería virir sino para él: pero antes que mi felicidad estaba mi honra, mi honra. que Dios me d¡¡ bastantes fuerzas para conservar intacta y para defender aun a costa ele la paz del alma, porque yo no te ocultaré, he
jurado no volver a hablarle; pero le a~aré toda mi
vida: es un libertino, es un malvado, pero me es imposible borrar su imagrn ele mi corazón, me es imposible
aborrecerle y despreciarle como merece.
-Pero bien, interrumpió Clemencia cada vez más
asombrada de lo que oía; ¿ qué te ha dicho, qué te ha
hecho?
-Ya desde hace seis u ocho días sus paiabras eran para mí so,!'pechosas; había perdido su voz ese acento de
respetuoso cariño que había hecho tanta impresión en
mi alma sin por eso alarmar mi delicadeza. Sus miradas
no eran las del esposo. sino las del seductor mundano y
atrevido que se detiene en examinar a su víctima antes
de .sacrificarla. Sus ojos me hacían mal y me obligaban
a apartar de ellos los míos . llena de turbación. Tenía
miedo de hallarme a solas con él. r.Ii madre, confiada
como yo en el carácter caballeroso de este hombre, no
recelaba de su parte ninguna intención depravada., ni la
recela aún. porque nada he querido confiarle; me moriría
ele \'ergiienza si tuviera que decírselo. :Me hablaba de
pruebas de amor, de preocupaciones sociales, de que la
pasión no conocía límites ni reservas, de que él amaría
toda su vida a la mujer que se sacrificase por él, tanto
más, cuanto mayor fuera su sacrificio. Ya tú verás por
todas estas frases, que iba encaminándose a su objeto.
Xacta le rf.'spondía yo a esto, y escuchaba temblando semejantes expresiones sin parecer hacerles caso; o bien le
hablaba de nuestro matrimonio y de nuestro porvenir.
Pero ayer ,·ino y me habló sola, como otras veces, le vi
desde luego pensati\·o r triste , preguntéle qué tenía y me
respondiú que l:raga, con los restos de su ejército derrotado en 1lore1ia había llegado ya a Jalisco. que el ejército francés ,e había pues to en marcha para Guadalajara
y que sus avanzadas llegaban ya a León: que el General
Arteaga iba a salir de aquí dentro de dos o tres días, y
que naturalmente tendría que irs~ con él. Que nuestro ·
matrimonio, por todos esas razónes no podría realizarse
tal vez nunca , y que estaba resuelto a morir antes que
perderme; que me ~u¡,licaba, que me pedía de rodillas que
huyese con él, o si no me resolvía a abandonar a mi madre, que quería llevar la última, la más grande prueba
de mi amor para marchar tranquilo y no desesperarse pensando en que yo pudiera olvidarle por otro; que de esa
manera sería yo su esposa ante Dios, aunque las necias
fórmulas del mundo faltasen a nuestra unión. ¡ Ay, Cle-

�menda! tú comprenderás mi sorpre5a y mi dolor. Quedé
muda y temí morir. El, Enrique, el hombre a quien en
tan pocos día~ he podido amar con frenesí porque creía
que me amaba con tanta ternura como pure~a, porque
juzgué que en él se reunían toda; las cualidades. del
amante del esposo y del caballero. el hacerme semeJante
proposición! ¡ él creerme una de esas muchachas sin p~dor qne se entregan al primer oficial que las seduce; el
confundirme con esas desdichadas criaturas que abandonan Ía casa paterna y con el.a la honra. y siguen a sns
amantes en el ejército, siendo el ludibrio de todo el mundo! ¡ Dios mío!
La pobre joven escondía el semblante entre sus manos enflaquecidas, · y gemía con desesperación.
-¿ y luego? Preguntó con ansiedad Cle.me1'.~ia, a
quien aquel re 1ato había puesto en la mayor a?1tac1on.
-Y luego ese hombre esperó sonriendo 1111 respuesta;
creía haberme convencido; pensaba que mi si .encio, que
mi rubor primero, que mi palidez en seguida, que el temblor de mis labios. que la palpitación de mi pecho eran
señales de que el amor me vencía ..... me enlazó con sus
brazos y me miró de una manera singular.
1
-¿ Y bien, !.sabe!? me preguntó.
,
.
-Y bien, caballero. le respondí levantandorne violentamente y desasiéndome de aquellos brazos atrevidos
...... a esa ofensa que vd. acaba d~ inferirme, a mí que
le amaba porque no le conocía ..... no puedo dar a vd.
más contestación que seña'arle lc1 puerta de esta casa para que salga inmediatamente.
-Pero Isabel, dijo él asombrado.
-Caballero, salga vd. por piedad, sa'ga vd!
:_Isabel. va vd. a desmayarse, le ruego que me escuche, que me perdone......
.
-Déjeme vd. morirme ..... vd. salga, F.ores; cada
instante que vd. permanece aquí, me u traja .... Yo estaba próxima a desfallecer, aquello era superior a mis pobres fuerzas. Por fin Enrique salió con la cólera retratada en el semblante. Era un libertino humillado, Y no
un amante que ha cometido un erroT.
Esta es la historia. Yo me ade anté, vacilante de pesar y de \ergüenza, hasta un siJlón, y allí permanecí sin
saber qué era de mí, ahogada por los sollozos, trastornada. muda, sintiendo que dos lág.rimas , como dos gotas
de fuego, calcinaban mis ojos. ¡ Clemencia. C!emencia,
esto es horrible, no ames nunca, si has ele sufrir así!
Pasaron a 1gunas horas: mi madre me encontró abatida, l!orosa y pálida, y me preguntó qué tenía. No ~~
qué le respondí; pero calenturienta, delirante. me arroJe
en mi lecho, y allí dí rienda suelta al llanto que estaba
rompiendo mi corazón. X o dormí anoche esto lo debes
suponer; no salgo aún de mi aturdimiento, me pesa la
vida. no puedo arrancarme del a'ma este amor, y sin
embargo es preciso sofocarlo; el objeto que lo inspira es
indigno de él . . ... ¡ mi honra antes que mi dicha, antes
que mi vida! ese es hoy el grito de mi conciencia. ¡ Hermana mía! ¡hermana mía, dame valor!
Clemencia lloraba también, acariciando en su seno
el semblante de su infeliz amiga.
Después de a 1gunos momentos, repuso:
-Has hecho bien, Isabel mia, has .ido digna de tí.
Una joven como tú, virtuosa y a:tiva , debe sacrificar primero su vida que consentir en recibir tamaña ofensa. Ese
hombre no es un caballero, y como te lo decía, es un libertino gastado en los galanteos y en los placeres. No
dependió de tí dejar de amarle, eso no depende nunca de
nuestro corazón. La fatalidad se mezcla en todo esto;
pero ya que has resistido tan noblemente esa prueba penosa, ten valor y no temas; esas tempestades pasan. Es

tu primer amor, y por eso, pobre niña, sufres tan vio'entamente; pero la lucha no será mortal, tú olvidarás .....
-Temo mucho que no sea así, Clemencia; amo a Enrique cada momento más. y despreciando su conducta
no me es posible despreciarle a él. .... esto es lo que me
pasa . ... ignor~ si es uni locura, pero lo que siento es
extraordinario. ¡ Y se irá de Guadalajara, y me parece
que voy a morir!
Isabel apenas tuvo tiempo de sofocar sus sollozos,
porque Mariana entró en ese momento.
-C 1emencia, dijo al ver a la amiga de su hija; el
amor de ese hombre funesto está matando a Isabel .... .
se marcha. y mi hija no puede re,sistir su ausencia .. .
-¡Oh! veremos, Mariana, replicó Clemencia; el amor
de vd. y el mío la consolaran.
Y sentándose las dos junto a la bella rubia, que desfal1ecía, se pusieron a acariciarla, llorando también amargamente.

XXII
OTRO POCO DE HISTORIA
En efecto. como Enrique había dicho a Isabel, los sucesos militares tomaban un giro desgraciado. El general Uraga, con el ejército del centro, había atacado valientemente la plaza de Morelia, ocupada ya por tropas
mexicana3 a! mando del tristemente célebre D. Leonardo
Márquez. Y a pesar de la bravura de las tropas republicanas, el enemigo triunfó y rechazó a los asaltantes. La
estre .1 a de la patria se eclipsaba por entonces, y habían
llegado los tiempos de la adversidad.
Este ataque a Morelia ocurrió a fines de Noviembre
de 1863.
Uraga, dejando una división de tropas en el Estado
de Michoacán, se dirigió con el resto del ejército al Sur
de Jalisco y llegó a Zapotlán, donde estableció su cuartel general a fines de Diciembre.
Una vez desembarazado el enemigo de estas tropas
que habían estado ocupando los Estadas centrales. a ejado
tamb:én el general Dob ado que había marchado con
su división a Zacatecas, dejando sólo en el famoso cerro
de San Gregorio del Estado de Guanajuato, al valiente
joven coronel Jo , é Rincón Gallardo, patriota que perteuece a una familia aristocrática (del antiguo marqués de
Guadalupe ) y que sin embargo, enarbolaba con entusiasmo el pabe;!ón de la República; una vez libre, repito,
de estas gruesas masas de tropas nuestras, el enemigo
pensó en hacer avanzar sus legiones a los Estados lejanos y una división al mando del general Bazaine, compuesta de tropas francesas y mexicanas que habían abrazado su causa, se dirigió a Guadalajara, a donde se propuso llegar a principios de Enero de 1864.
El general Uraga juzgó inútil resistir en la capital
del Occidente. y meditó un plan de defensa que consistía
en fortificar las Barrancas, es decir, en establecer una
línea en el Sur de Jalisco apoyándose en las poblaciones
importantes de los distritos que lindan con la Costa, y
en el pequeño Estadó de_ Colima, importante por sus recursos y por su puerto de Manzanillo.
A este fin ordenó ~·l general Arteaga ( el mártir de
Uruápam.) gobernador entonces y comandante de Jalisco, que evacuara a Guadalajara en los últimos días
de Diciembre, y que se retirara, con el objeto de incorporarse al ejército del centro que ya tomaba posiciones
en la línea de referencia.
Arteaga así lo hizo, sacando sus pertrechos de Gua-

(Continuará.)

Notas

de Actualidad

El Secretario Lansing ha declarado enfáticamente
que por fin, ha logrado averigua-r el paradero del General
Félix Díaz, quién, según noticias de Agentes Confidenciales del gobierno norte-americano, se encuent¡a cerca de
la frontera de Guatemala. al frente de 600 hombres.
Es curioso cómo las autoridades de los E~tados Unt·
dos han ido dando cuenta del movimiento felicista.
Primero juraban que el General Díaz, estaba escondido en Estados Unidos y que el ::-Ofanifiesto había sido
publicado con el ánimo de atraer partidarios sin correr
peligros. Después se empezó a conceder como probable,
)a presencia de Don Félix en territorio mexicano. Más
tarde se admitió que se hallaba en el Estado de Oaxaca;
pero en virtud de capitanear una peq~eñísima partif:ia de
25 hombres, no ofrecía peligros serios al carrancismo.
Hoy, finalmente, se asegura que tampoco despierta graves temores, porque solamente cuenta con una columna
de seiscientos hombres.
Como se ve, le Secretaría de Estado norte-americana,
al negarle fuerza e importancia al movimiento felicista,
lo único que Jo'gra es confirmar su desarrollo. Porque'
al principio .negó su existencia; después dijo 'que el General Díaz estaba sólo; en seguida le atribuyó veinticinco escasos partidarios y hoy, lo sµpone ya con seiscientos correligionarios que lo aclam;n. Y Mr. Lansing, si;1 querer, está dando cuenta a todo mundo, del crecimiento del
Partido felicista.
Si sigue creciendo en la misma proporcióh, no está
lejano el día en que la, Secretaría de Estado tenga que
confesar, que a pesar de los esfuerzos norte-americanos
por consolidar a Carranza. la :Nación mexicana, acaudi-llada por el General Díaz, impondrá un régimen Tn°dependiente, que no ha necesitado ayuda extraña para establecerse. Y esfe régimen será un precedente gloriosísimo,
que inaugurará un nuevo capítulo en la historia de la
América latina.

!

** *

Alberto J. Pani, ya se encuentra de regreso; y aunque todavía no ha hecho declaraciones, las gentes creen
que Don Venustiano accedió a las condiciones que le impusieron sus protectores y amigos.
Pero ~ es tarde. Carranza caerá con o sin la ayuda
de Wilson~ Su situación es la del que Juega a la vibonta:
si la ensarta pierde; y si no la ensarta, pierde también.

***
Un telegrama de la ciudad de 1féxico comunica la noticia de que Carranza ha declarado a los pesos y a los billetes norte-americanos, como moneda legal. de circulación forzosa en la República Mexicana.
Es natural. Y no ha de tardar mucho tilmpo sin que
el Patriarca de Cuatro Ciénegas declare a la bandera de
las barras y las estrellas 'como la ''legal" en todo nuestro
país. Para eso lo hicieron Primer Jefe.

*,* *
En Sinaloa acaba de desembarcar, al frente de mil
hombres el General. Alvarado, qué proclama como j.efe
supremo de ·la reorganización nacional al General Félix
• Díaz, Al mismo tiempo los yaquis de Sonora tomaron la

\

•

población de Empalme, después de puh·erizar la guarnición carrancista de aquel lugar.
'"
Con estos dos acontecimientos, el carrancismo ha sufrido un golpe mortal en la región noroeste de la República. Y como allí fue donde tuvo más simpatía·s en el
aiio de 1913, se puede decir que Don Venustiano está P.erdiendo lo último que le queElaba.

***
C'na pregunt~ impertinent~: ¿Habrán vuelto a fumigar a Pani en su viaje de regreso?
I

1..,.-

***

La i;.i;uerra europea ~igue .d esarrollándose grandiosamente "El último episodio, lo llen'ó el aniquilamiento de
Rumanía, que fue empujada a la guerra, por las potencias
aliadas.
•
La ofensiva del Soma hizo creer a los rumanos que
la hora final de Alemania había sonado y se arrojaron a
la guerra con la esperanza de acrecentar sus dominios y
extender su importancia internacional. El error fue inmenso, y hov e~tán expiando, cuando menos temporal~1ente, la pérdida de la nacionalidad.
El alma se llena de tristeza al contemplar a este pueblo trabajador y heroico, víctima de sus ambiciones. Todo lo echó 'a perder en un día;'"'y lo que mañana readquiera, será porque lo reciba en calidad de dádiva. No
es el caso de Bélgica! Este pequeño reino sucumbió caballerescamente defendiendo un ideal. Rumanía lo único que hizo fue jugar un albur: lo perdió, y ah&lt;?ra ,no tiene derecho de quejarse. Bélgica alegaba un ensueño, y
siempre podrá invocarlo en su favor. Rumanía entró a
la tragedia por conveniencia:' Y por lo mismo, la conveniencia teutona puede sacrificarla despiadadamente sin
que el mundo proteste como ha protestado por la suje-

'

ción de Bélgica.

••

/'

***

/

,

E1i los cuarteles "constitucionalistas" tocaron dianas
cuan&lt;lo por primera vez les pagaron .e11 plata a los soldados, porque terminantemente rechazaron los, papeles
de Don Venus. ¡ Ahora sí que el bilimbique no se salva
ni rociándolo con agua de Lourdesl Como que su ap,oyo estaba en las bayonetas. Y'""'puesto que las bayonetas
ya no lo aceptan ..... .

***
-¿ Cuál es el objeto de tocador que más aborrece
Don Venustiano?
, -El corta-uñas.
-¿ Qué asignatura supnm10 en l~ Escurla X. de Comercio y Administración?
-La contabilidad.
-¿ Cuá'lcs son sus obras predilectas en la literatura
mexicana?
-"Los Piratas del Golfo," por Riva Palacio y "Los
Bandidos de Río Frío," por Payno.
-¿ Qué defecto grave le encuentra Carranztl a la cuadrilla de Ali babá?
\
~Que solamente tenía cuarenta ladrones.

-

�1U llt+tlltt Hl l l 1++++114 lt++++++HH+++++ft•I I I I Hl•l l++•+t t++++++l l l l H+++++++++
11

¿COMPRA USTED

Extractos .de Testimonios de Pacientes Agradecidos
La mayoría de estas p ersonas han tomado mis instrucciones a distancia, con buen éxit o. Vengan o Escriban.
Las Aldama s, N. L., México,
Mar zo 24 de 1913
Prof. M. C. Martínez: Me reconozco
bueno y sano de
los males que me
agobiaron por siete años, varios especialistas me decían que necesitaba operación. , Pero gracias a su maravilloso t ratamiento, estoy bueno.Florentino Salinas.

"Revista Mexicana''
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La Liendre, New México,
Agosto 1 de 1913.
P rof. M. C. Martínez : Deseo a usted
felicidad y éxito
en su noble tratamie"nto por medio
del cual he r ecobrado mi s a 1u d.
Por seis años o
más estuve sufrien
do una enfermedad que me dejaba
hasta sin sentido.
Me decidí a tomar
su tratamiento·, e
inmediatamente comencé a tener resultados, y estoy convencido de sus
métodos de cutar sin medicina, gracias a Dios y a usted y que Dios lo
deje gozar por muchos a ños, para ,
be neficio de todo aquel que esté enfermo. Adjuto halla rá mi retrato.R. M. García. ·

Prof. M. C. Martínez: Padecí séis
años de mi cuerpo
temb loroso, calambres, sofocación de
pecho y atarantamiento de cabeza.
Fui tratado por
doctores y medicinas de patente sin
resultado ninguno
hasta que con su
maravilloso tratamiento, comencé in
mediatamente a sentir alivio y hoy
me hallo buenp y sano.-Gregorio
Bautj.sta.- Moreheaq, Kan.
"A la faz del mundo me expreso .
manifestando mi sincera gratitud al
Prof. M. C. Martínez, por· haber me
devuelto mi salud, "
después de haber
padecido por espacio ·de diez años,
habiendo .gastado
centenares de pesos, en doctores y
medicamentos infructuosamente, él
con sus maravillos os tratamientos,
me ha devuelto mi
anterio r salud y por lo tanto, recomiendo sus servicios."-Maximiliano
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t

�SECCION RECREATIVA
Soluciones correspondientes
número 62.

REFRAN FECUNDO
Quien a buen árbol se arrima,
buena somb;a le cobija.
Con la· letras del refrán,
haciendo con1binación,
cinco nombres· de varón
y dos de mujer darán.

En \·ista de habérsenos extraviado
las ~oluciones &lt;le los problemas propuestos p_o r los _ Sres. Feo. Guerra
hijo, y Pab'.ó López, correspondientes al número 62. suplicamos a estos
FRIVOLIDAD
e,timables Sres. que r,os las vuelvan
1.-Donde
se pisa la uva.
a remitir para pn&amp;licarlas en esta
/
2.-Verbo.
sección. Aµrovechamos esta oportu3.-Verbo.
nidad para roga"r a nuestro amables
4.- Pareja , ( voz anticuada.)
co:aboradores que nos envíen siem5.-Pob!ación pequei1a.
pre dos hojas: en una de ellas, los
Los
cinco precedentes significados,
¡,roblemas; y en la otra. las so!uciosó:o se diierencían en la segunda leue~ de los mismos.
tra, que h:i de ser precisamente una
Chafadas propuestas por lsaura
de las cinco vocales.
Noriega en el número 63.
CHARADAS
Mexicana.-Azahares.
I.
Fueron resue'.tas por Feo. Guerra
hijo, P. K. Dor, l\Jario Montes, Ro-Por la feria y la vecina
saura }.lartínez y Ange!a T9rres.
habrá bailes en el todo.
Anagramas propuestos por r. K.
-¡Prima!
Dor y publicados en el número 63.
-¿ Y te atreves ¡ vive Dios! \
Lic. Nemesio García Naranjo.
a desmentir mis pa'.abras?
Lic. Ricardo Gómez Rebelo.
-¡Dos!
Guillermo Aguirre y Fierro.
II.
Alfonso Anaya.
"F.n materia de mujeres
Silverio.
tres dos primera 1'nejor •
José l. Rebollar.
1
Primera tres dos primera
Fueron resueltos por Luis Ngarín.
honrada, cual manda Dios."
Rosanra Martínez"- :\lario •Uontes,
Así un cura dos y prima
Francisco Guerra hijo, e Isaura ~ofresco y listo por demás,
riega.
me dijo una tarde al ver
Charadas propuestas por P. K.
una l toda conyugal.
Dor.
III
Calavera.
-¡J'odo, todo, todo, todo!
Escarabajo.
-¡ Allá voy! ¡Primera-tercia!
Torero.
-Yaya usted prima segunda
O garita.
con mucha prisa a la tienda.
Fueron resuelto, por Carlos RoIV.
b'es, Rosaura l\fartínez. Lo1a ContrePrima-dos al sol · de primavera
ras, :Mario :\Iontes, Prudenciana Cerestaba un todo ~n una
tercera.
vantes y Francisco Guerra hijo.
v.
Charadas propuestas por Isaura
-¿ Quiéres comprarme segunda?
~oriega.
-¡Prima!
Veneciano.
-¿ Por qué?
Pirámide.
-¡ Buena se pondría mi tercera cuarCariñosa.

grnn

Fueron resueltas por P. K. Dor,
M,irio 1'1ontes y Blas Al&lt;lape.
PROBLEMAS

ta.
VI.
-¿ A qué no sabes . cuarta, qué es

ésto que llevo en este cazo?
-Esto, primera ... segunda tercera.
- ¡ Qué vivo eres! ¿ Quién te ha ensefiado tantas cosas?
Un todo.

-¿ Y hasta dónde va a llegar?

-Hasta la primera-segunda.
-Creí que se trataba de una todo.

VIII.
-Ya primera que te casas¡e.
-¡ Eso ya es viejo!
-¿ Cuánto hace? ¿ lTn segunda?
-¿Tercera?"
. -¡ 11 u~h·o más! Dos todo.

IX.

l

-Primera segunda-primera el corazón, desde aquí lo siento. ¿ Qué te
pasa?
-¿ Tú sabes la faena que me he
traído para de3pathar efa tercera?
Creí que me liaba.
-¡Eres un mal torero!'
/

X.

-¡ Qué prima-cu~rta gracia me hace ese tercera-cuarta!
-Tampoco a mí me hace tercera..
segunda.
-Pues hay que decírselo con mucha todo.

,

El Ferrocarril mas Famoso de · Texas
¡SOLAMENTE 24 HOR~S A SAN LOUIS MISSOURI!
\

. Por quedarme con tercera
y,romper mi cuarta segunda,
vino segunda repetida
y en castigo me &lt;lió una tanda.
El que' es segunda tercia cuarta
y con esto se vanag:orí)i,
segunda prima con falta,
en el mundo como en la gloria.
Cuarta prima bonita flor
tenie,ndo una S en la Z
encontramos luego la treta,
el todo es un trabajador.

,.

r2
I

CUADRADO
I X ombre de mujer.
2 N 0111 bre de mujer.
3 Verbo en infinitivo.
. 4 Nornlm. de varón.
. 5 !\' ombre de varón.
3 4 s
LOGOGRIFO NUMERICO

2 3 4 5 6 7 8-Apellido.
1 2 3 4 5 6---Puerto Asiático.
·7 8 I 2 3-Dependencia.
3 4 1 2-Sacerdote Tártaro.
1
4 I 2-Presente de Verbo.
3 4-:tfota musical.
5-Cifra.

.....

¡

"

Un tren de acero, elegante, con carros comedores lujosísimos, locomotoras movidas por aceite, que no
molestan con carbones ni cenizas.

_,

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do, Texas. Servicio de carros dormitorios establecido últimamente, desde Nuevo Laredo a la ciudad de
México.
Escríbanos o háblenos por teléfono y tendremos el gusto de darle una información detallada.

•

202

AMBOS TELEFONOS

E. HOUSTON ST.

425.

\.

J. W. Kin~

·XI.

Pedro y Ramona tiene su todo
cerca del río;
Los párPadOs de mi Hermosa
ella en las tardes se dos tercera,
vienen a sEr Dos coRtinA¡;
en el estío
que a vecEs IA luz oCu!tan.
,
y
luego
come
prima tercera
VIL
la !Uz que a mí me iLuM1na.
que ellos sembraron a las orillas
Primera-tercera una tira de esta teFormar co~ la letras mayúsculas el
del mismo río. •
no1;1bre y apellido del autor de este la, que vcJy a ponerla en la segundaMario Villaldama,
, jercera,
cantar.
CRIPTOGRAFIA

• J

G. M. Bgnuiri

I

C. P. &amp;- T. A.

D. F. &amp;- P. A

LOS VEINTE CIUDADANOS QUE MAS VALEN EN MEXICO.
'Et Magistrado o ex-Magistrado mas honorable ......•••.•.••..•••.•••
El -!vlaestro más abnegado. . . . . . . . . . . • • ••....•..• , .• ; .•.•••••.•..••.
El Diplomático más sutil •............•..•..••..••••••••••••••••.•••
El Poeta más inspirado. . . . • . • . . • . . . • • •• , ••.••••••••..•••••••.••..••

················· ················
.,. .............. . ················
................. ················
················· .............•..

El Artista más original (Músico, Pintor, Escultor o Arquitecto) . • . • . . . • • • • . • . . • • • , , •.•••. , • , , . , ·,, • • •
El Orador más elocuente. . . . . . • • . . • . ...•••....•••...•••.•••...•.••.
El Periodista más firme y convicente .............................. ..
El Político más sagaz. • . . . . . . . . . • ••••..••••••••••••••.•....•....•••
El Militar más pundonoroso •.•••....•••.••.••.•••••••.•••••.••.••••
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El Sacerdote más puro. . . . ... . . . . . . . . . ............................... , ..... : . . . . . . . . . . . . . , .... · · . · . · · , ·
El Financiero más hábil. ........... . ......... , ................ , ... ..
El Historiador más verídico. . . . • • . • • ••..•••.•.••.••..••.•..•.••.••..
El Capitalista más emprendedor .••••..•••••••.••••••.•• , •• , •.• , •. , •
El Industrial más progresista •...••.•...•• , .••.••••••.•..• , , •••••. , ,
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El Gobernante o ex-Gobernante más recto .••••• , •••...•.. (. ••. , • , •••
El FunciQnario o ex-Funcionario más honrado .•••.••••••.•. ,,,., .•. ,

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················
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El mejor Abogado ..•........••....•••..•••.•••••••..•••..•.••.••••• ·················
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El mejor Médico. . . • • . . • . . . • ••.•...•.••.•••...••.••••••••.•••••••••
El Sabio más eminente........... : •.....•..••.•..•••••...•.. "' •••.•

El mejor Ingeniero

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.

•••••••••••••• ' ••••••••••••••••••••••

~

················· ............... .

�...
(Coaa1 de Rejúpiter, co~cluye.)
(El Angulo que FaÍtá, concluye.)
~

mara de Diputados la solicitud de facultades para reformar las bases y la ~structura de la educación nacio.nal, y
los otros dos, bellísimqs por cierto, pronunciados en Febrero de 1914. en la inaugtlración de los cursos universitarios y con motivo de la apertura del curso en la Escuela Nacional Preparatoria.
'

', * .-*

~

No obstante que García Naranjo es sumamente joven, su actuación es tan extensa y variada ,que para darla
a conocer por entero, necesitaría yo escribir centenares
de páginas; pero esto no cabe dentro de la índole de un
diario de información, y por eso a mi pesar, tengo que
·recortarme.
Como era natural en un temperamento tan nervioso
Y delicado como el suyo, la actividad poética fue la primera en poner de manifiesto la superioridad espiritual de
que está dotado. Al azar de la vida ha ido regando admirables estrofas y poemas enteros, de los cuales mencionaré aquí "Amores épicos," "El canto, de la raza/' "A Don
Quijote" y "La 'd olora de Campoamor."
·
Antes aludí a las afinidades que unieron en una personalidad moral a los cuatro amigos del Cuadrilátero:
entre ellas seguramente debe co.ntarse nuestro intenso
amor a España. amor que compartimos en México todos
los que recordamos que no sólo llevamos en las venas sangre de indios. sino también de españoles, no nos
tenemos por continuadores de la civilización azteca, que
ofrendaba palpitantes corazones humanos al Dios de la
guerra, sino herederos de la civilización europea, de ia
civilización cristiana. que Cortés llevó a bordo de las naves que incendiara frente a Veracruz para enfrentarse co11
lo irreparable. García Naranjo, que además es un fervoroso de los viejos tiempos, que está familiarizado con
la literatura de todos los pueblos, que se sabe de memoria
a Zorrilla y que lo recita admirablemente, ha dejado de
su am~r a España, valiosas e inequívocas muestras, y por
ese mismo amor ha conquistado preciados lauros y altas
recompensas: tales son el primer premio, de $500.00 qué
ganó en reñido concurso en el Centenario del Quijote,~
cuando· aun era estudiante, y el otro premio, no ·menos
disputado, que ganó en r909, .en los juegos florales de
C_ovadonga, inst ituídos por la Colonia española dé'" Mé.x1co.
Suya es, y ella expresa mejor que yo podría hacerlo,
su acendrado cariño~a la Madre Patria, esta estrofa rotunda, comparando la mutilada Victoria de Samotracia
con España:

pero que toda~ía maldicen en México los que aun· no se ·
dan cuenta del papel de España en la civilización atnericana, García Naranjo los ha cantado en esta bella· estrofa:
"i Beso amoroso y santo que borró los agravios!
¡ Oh momento supremo en que unieron sus labios

la Malinche salvaje y el heroico adalid!
'
Se esparció por la historia, un perfume de rosas
y el mundo preparóse para ver grandes cosas '
como si al . mis~o tie~po se alzaran de sus fosas,
Ornar, Ilhu1camtna, Jubo César y el Cid!
¡ Cuatro pétalos rojos de una rosa sangrienta,
cuatro rayos tonantes de una misma tormenta
cuatro nubes teñidas por el mismo arrebol, '
C!1&lt;!tro pueblos que juntan sus pasados divinos.
VIS!godos y aztecas, árabes y latinos,
son al mezclar sus sangres y fundir sus destinos
cuatro bronces hirvientes en un mismo crisol!"

***

A la caída del General Hue_rta. García Naranjo, como
tantos otros, marchó al de-stiefro a purgar el crimen de
haber amado mucho a su patria, de no haber pactado co~
el enemigo de nuestra raza y de haber honrado ~ su país
con su palabra _y con su pluma.
Aturdido y desorientado, como estuvimos todos al
principio. vagó primero por entre la barbarie de hierro /
de Brooklyn y de New York; más tarde paseó sus tristezas por esos muertos e irredimibles puéf;ro's de Centro
Améri~; y por fin fue a fijarse al c~razón de Texas, al
viejo San A ntonio, que es como la metrópoli de aquella
.mitad de patria que el yanqui nos arrebató sin razón ni
derecho en 48, pero que vive y palpita malgré tout.
Y allí, en medio de una población que sigue siendo
nuestra, porque sigue rezando a la Virgen de Guadalupe
y aclamando al Cura Hidalgo. cumple García Naranjo
la tarea más benemérita de cuantas han emprendido los
emigrados, fundando primero y sosteniendo después con
una fe asombrosa la "Revista Mexicana," la que él, en su
material de propagánda llama, "el mejor magazín de ta
América latina." Y lo es en verdad. no ya por los as~
pectos a que García Naranjo atie.nde cuando lo 'afirma,
sino principalmente porque la Revista cump'e. como ninguna otra publicación periódica, el fin para que fue creada: el de hacer patria.
Y García Naranjo ha sabido hacerla tan de veras, que
"Revista Mexicana" ya no es para nosotros un periódico,
sino un símbolo. más todavía, es un girón de nuestra
bendita bandera tricolor!
García Naranjo es invencible optimista: pero no con
el optimismo de los anglosajones, carentes del don de
análisis, ni con aquel otro, hijo del egoísmo, que pasa
junto a los dolore'S huma.nos sin sospecharlos. El optimismo d~ García Naranjo, como el de sir John Lubbock.
vive por la seguridad de que en el fondo de todos los ma"A pesar del estrago del tiempo, la Victoria
les, palpita el germen de bienes inefables y porque pien.de Samotracia guarda una actitud de gloria:
Están rotas sus plantas, su testa mutilada
sa, con el excelso autór de Finis patriae, que los hombres
La expresión de su rostro permanece ignorada
como las patrias sólo se redimen por el sufrimientó: con
Cq.nserva el triste aspecto de riµnas y de fosas'.
¡ Pero conserva en cambio sus alas luminosas I
soladora filosofía, tornando en realidad la leyenda de la
Así también Hispania: se encuentran sus blasones
lanza de Aquiles, símbolo de" la vipa, que curapa ella misEmpolvados; deshechas sus brav!as legiones·
Desgarrado su imperio y extinta su grandezi ·
ma las heridas que hacía!
Mas guarda todavía su ademin de fiereza,
'
Y en medio del sollozo de tristes funeralas,
Agregaré para concluir que García Naranjo es bueno
Levanta hacia los cielos la gloria de sus alas!"
como el pan, que su alma nunca se manchó con la baba
Idealista ferviente. adora de España hasta las heroicas
de la envidia, pues en lugar de abultar la propia persolocuras, y de su magnífico poema "Covadonga" son estos
nalidad, se esconde humildemente en un rincón, donde "vihermosos versos:
ve levantando a sus compatriotas y haciedo desde las páginas de la Revista, reputaciones aje.nas, sin cuidarse de
"Que 'nunca España pierda su locura;
que siempre adore su insegura suerte, •I
f
la propia; que es de una conducta privada intachable. y
que ostente, sus afanes de aventura ..... ,
que para ser como el ahijado de las Hadas, es hasta bll.fn
·
Don Quijote recobra su cordura
sólo al hacer su pacto con la muerte!"
mozo; que tiene una esposa, Angelina, tan bella como virPor último, los amores de Cortés y nuestra india be- tuosa y abnegada y, por último, que tiene tres hijitos adorables, de los cuales piensa, como el ilustre Gabriel Tarde
llísima La 1falinche, que fueron como el simbolo de la
que "son todavía las mejores de todas sus obras."
'
unión de dos razas con el lazo indestructible del:'amor,
0

....

· nido de sus recuerdos, prestándoles,.
con ·ello, los bríos y los - entusiasmos de la juventud; y por eso · los
jóvenes, entonces ajenos a estas luchas de despojo y de crimen. jurábanse guardar hombría, sangre y
abnegación para cuando fuese necesario oponerlas al "extraño enemigo" ...... al secular y odiado enemigo a quien tú le -debes la vida!. . ..
LA BANDERA.-(con mentido asombro.) Yo?
EL HIMNO.-Tú ! Si no fuera por él. dime. ¿ estaríamos codeándonos aquí, tú y yo?
¿ Ha brian desaparecido, acaso. las
Yiejas banderas, las gloriosas banderas olientes a pólvora y cargadas
de laureles. aq11eºlas que las di~.nas
y yo saludamos, victoriosas. en Puebla y en Tai;ámbaro, en San Lorenzo y en Querétaro?
LA BANDERA.-Xo te entien,lo una palabra!
EL HIMNO.-Es natural! Yo me tei1go la culpa por
hablar de esas cosas a un trapo sin
álma y sin leye.nda. No podemos
entendernos. Tú eres un "traste"
de utilería y yo soy un simbo lo. A I
tí te ha improvisado el desorden Y
a mí me ha encanecido la tradición.
Yo he vivido en las bocas de cuatro generaciones y a tí te han zurcido so~re un "parche" de albures,
entre eructos de alcohol. a la luz vergonzante de un pro!tíbu!o .. : .. 11 creces la leyenda que llevas: ~ r cito Constitucionalista · de México"
Vaya una ignominia!. .....
LA BANDERA.-Si pudiera oírte don Venustiano, apuesto a que no hablabas así I
EL HIMNO.-Hablaría peor! No le temo: no "puede" conmigq. Su manía destruc~ora no me alcanza; su odio a lo bello no me llega; su inbecilidad de
paquidermo ahito, no me rebaja.
Delante de mí se han descubierto
muchos grandes .... don Benito. don
Sebastián, don Porjirio ..... Huerta
¡ Conque, ya lo ves!
LA BANDERA.-¿ Grandes llamas a don Porfirio Y a
Huerta?
EL HIMNO.-Mira tú si lo serían. que prefirieron
la caída a la tr;aición !·
'L A BANDERA.-Eso dices tú porque estás contagiado
de científico; pero Díaz y Huerta
cayeron, arrastrados por la voluntad omnipotente del pueblo.
EL . HIMNO.-El pueblo! Siempre el pueblo! Siempre la eterna y odiosa disculpa!
¿ Quieres decirme dónde está el pueblo en cuyo nombre se han cometido tántas infamias, tántos crímenes?
¿ Qúiéres decirme cómo ha debido
interpretarse lo tornalizo y velei-

•

doso de su vo!untad si hoy adamaba y aplaudía al caudillo de la hora,
para dejarlo, poco después, desamparado y sólo en las· mismísimas
/
antesalas de la muerte? ¿ Es que,
acaso. hemos tenido alguna vez un
pueblo propiamente dicho. dueño y
señor de sus • acciones. forta 'ecido
por una recta educación cívica. celoso de su historia. orgulloso de su
deslumbradora tradición?
LA BANDERA.-Bnpezamos a tenerlo ahora!
EL HIMN0.-1Ientira! Lo que ustedes tiener :::hora
es una masa de hombres er,.:,:m,ga-·
dos en el libertinaje, en la vagancia
y en el crimen. El verdadero pueblo no está con ustedes. Se ha abste.nido de tomar parte en la sangrienta bacanal y espera, muriéndose de hambre. que llegue el mom.ento de dar manos a la obra. Esa
porción de la familia mexicana,· es
.la que ha pagado los yerros de todos. Ha sufrirlo la e~oísta indiferencia de los ricos y ht voracidad
imaciable de los salteadores uniforniados. Ha visto la cobardía de. los
unos y el desenfreno de los otros
y se ha quedado sóla en medio del
torbellino, impotente para salvar al
país de los tres graves males que lo
consumen: el miedo de los llamados aristócratas, la ambición de los
aventureros metidos a políticos y la
portentosa imbecilidad del peladaje
redentor, que no sabe leer ni escribir!
LA BANDERA.-Ya vendrán tiempos mejores! Por algo hay que empezar!
EL HlMNO.-Pues pídele a Dios que esos tiempos
no lleguen porque e-ntorices habrá
llegado tu hora y la de los tuyos! '
Pídele a Dios que el peladaje en que
ustedes se apoyan, no logre pisar
los dinteles de las escuelas, ni pueda recibir, jamás, la comunión espiritual que purificará sus instintos,
atemperará sus pasiones y lo hará
renegar de la hora maldita en que
se puso al servicio de los grandes
ladrones de México! Sí este milagro se realizara, no daría yo un
maravedí por la testa de tu Judas _
de Cuatro Ciénegas!
/

(Cn toque de atención interrumpe el coloquio.-Los soldados sus·
penden su rayuela y corren a tomar las al"mas. Abrense las puertas
que dan a la sala del coliseo y empiezan a salir los funcionarios que
se ahogan en las levitas ajenas. Los músicos requieren sus imple·
mentos ruidosos, el abanderado se cuadra, muy tieso, e inclina el
trapo de percalina al paso del Primer Thief.-En el pórtico, las sol·
dadeTas preparan los frijol~s "de la olla" o se expulgan, unas a otras,
con furor constitucionalista.
El Himno suena a maldición.)

Por la versión taquigráfica,

J.

RAFAEL RUBIO
(Rejúpiter.)

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c6-3oS2

El facsímil que publicamos en la presente plana, demuestra que el martes 12 de Septiembre se depositaron en el correo varias balijas de "REVISTA MEXICANA" cuyo peso neto ascendió a 1673 libras, Debemos
además, hacer constar que se consumieron 400 ejempla res en la venta de la ciudad y se remitieron 500 a las
Agencias anunciadoras del Norte, en calidad de propaganda mercantil. Se reservaron por otra parte, 100
ejemplares para el archivo y otros 300 para satisfacer los últimos pedidos.
1,673 libras equivalen a 26,768 onzas.
Esta última cantidad dividida entre tres, arroja el número total de ejemplares de "REVISTA MEXICANA" depositada en el Correo, o sea . . .... .. .. . . . . ¡ 8,922 Revistas!
El resumen de la circulación de nuestro último número, fue el siguiente:
Depositados en el Correo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8,922
Venta de la Ciudad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
400
Propaganda de anuncios en las ........ .. ..... : . .•
ciudades del Norte.. . . .... ....... .. .. . .. ...
500
Ejemplares reservados para cubrir pedidos .: ..... .
extraordinarios (ya están casi agotados) . .. .
300

TOTAL ... ... ... ... .... . . •.. .•. .•.

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Novela de un Jo,·en Pobre, por Feuillet.
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por ).fontepin, _un tomo empa~taclo .... .. .... . ,, 0.75
OBRAS DE ENSEÑANZA
La l\[ a trona, (Las Tragedias ele París,) por l\Ionlbntilla Número J........... ...... .. ......... $ 0.15
tepin, un tomo empastado ............ .. .... ,, 0.75
Mantilla Número 2. ........... . . . • . . . . . . ...... ,, 0.30 Xegro y Rosa, Xovela por J. Ohnet, un tomo
Tesoro de las Escuelas, o el Juanito mexicano .... ,,.0.50
empastado. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ,, 0.75
Lector mexicano, primero, por Oscoy... . . . . . . . . . ,, 0.30 El Poder de las Tinieb!as, drama en cinco actos,
Lector mexicano, segundo, por Oscoy ............ 11 0.35
p6r Tolstoy, un tomo empastado ............ ,, 0.75
Corazón, Diario de un Niño, por Amicis . ........ ,, 0.50 La l\Jontaraz, Xovela por Ponson du Terrail, un
Corazón, Diario de una Niña, por Cadena ........ ,, 0.50
tomo empastado . . . . . . . . . . . . . . ............ ,, 0.75
Aritmética Comercial, por Urcullu........ . ..... 11 o. 15
INGLES.
Compendio de la Gramática de la Real Academía. 11 0.40
Léame y Sabrá Inglés. por Henry 1fayer ........ ,, 0.75
Compendio de Gramática Castellana, por R. A. de
¿ Quiere l' d. saber inglés en diez días?
,, 0.25
la Peña. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ,, 0.60
Spanish English Conversation Teacher .......... ,, 0.35
Compendio de ~Ianual de Urbanidad y Buenas ).fa.
Diccionario Español Inglés, por Salva Webster,
neras, por Carreña...... . .. • .. . . . • ........ ,, 0.15
empastado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ,, 0.50
LITERATURA
PO ES IA.

I
I

Obras de Alejandro Dumas a $ 0.75 centavos tomo.
Historia de una Cortesana.
Memorias de un ).fédico.
Memorias de Garibaldi.
Tulipán Ne gro. .
Los 1'res ~fosqueteros, dos tomos.
Veinte Años Después.

Obras completas de ).fanuel Acuña ..............
Poesías completaas de Antonio Plaza ............
Poesías Completas de Juan de Dioz Peza .........
Cantos del Hogar. por Juan de Dios Peza .....•.
Poesías completas de Campoamor, tres tomos ..•
Parnaso Dominicano, por Osvaldo Bazil. . . . . . • • .
Parnaso Salvadoreño, por Salvador L. Erazo .....

,, 0.65
,, 0.65
11 0.65
,, 0.50
,, z.oo
,, 0.75
,, 0.75

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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REVISTA MEXICANA
SEMANARIO ILUSTRADO
VOLUMEN III.

PRECIO: DIEZ CENTAVOS.

NUMERO 67.

�REVISTA MEx1C.ANA
Semanario Ilustrado
ENTERED AS SECOND CLASS MATTER, OCTOBER 25, 1915 AT THE POST OFFICE
OF SAN ANTONIO, TEXAS, UNDER THE ACT. OF MARCH 3, 1897.
:-

Volumen m.

San Antonio. 1Texas, 17 de Diciembre de 1916.

SANGRE DE A ·GONIA
El Prlf'Cl" Jefe se quita la careta y después de su algún rtgor, Rstablecer la libertad, que es el reinado de
apostasía, que echa por tierra toda la mentira revolucio- la ley. Una de las más grandes conquistas de la ciencia
naria, pide un gobierno fuerte, y trata de construírlo con política moderna-a. consiste en haber demostrado la falsangre.
~edad de los principios jacobinos: la libertad nace de la
El Primer Jefe fracasará ·una vez más. Un gobier- iey; s6lo en ella encuentra a la vez que su expresión, w
-no es un poder de conciliación y de concentración, es 'l!I defensa, únicamente por la ley queda definido el limit6
órgano que mantiene el equilibrio entre las diversas cla- de la libertadl.
ses sociales, y lnunca puede llegar a obtenerse por la desEl carrancismo, "la revolución,'' que ha destruído totrucción de las contrarias. S~México existen, como do respeto a la persona, a la propie?ad, a la vida, y que
en .todos los países, clases divérsas; al gobierno tóca pro- ha desatado todos los crimenes sobre México, en Qombre
tegerlas a todas, sin que ninguna invada por la violencia de la libertad, es la mejor prueba.
el derecho de las otras. Y Carranza no solamente pienDespués del orden. y de la ley; podrá ser. posible
sa en dominar por las clases bajas a las clases superiores, formar la ley, pero corresponde a las mentalidades supesino que busca ese dominio por la violencia más irritante; riores de un país; y en la gravedad de las circunstancias
y su propósito es· contrario a la naturaleza de las cosas. actnales no hay otra ley, ni podemos encontrar otra suEsto obedece a que si para beneficio .de un pueblo, de- perior a la existente anteriormente. Para reformar la
ben de ser los hombres más fuertes, los más ilustrados, Copstitución, es estrictamente necesario· restablecesla en
los más íntegro• quienes tengan la dirección, hay detrás lo que se refiere a libertad.
Enseguida podrá el carácter, el pensamiento nacional
de Carranza intereses e~traño.s a quienes importaría aninar al pueblo y matar el espíritu nacional y apagar las cristalizarse, 4e acuerdo con sus tradiciones y con sus
luces d~civilización que en México lucían ya esplendo- deseos, en nu~as leyes, instituciones .y organización sprosamente, para que nuestra patria, grande y privilegiada , cial. Bajo Venustiano Carranza, el odio a la tradicióq,
bajo un régimen nacional que desarrollara sus energías y . la incapacidad para la cultura y la tiranía más ciega, no
sus riquezas, quedara, como lo va estando economicamen- sol~nte han impedido cualquicf°' manifestación dei alt~ a consecuencia de esta guerra oprobiosa, sometida ma nacional, sino que ROr primera- vez en nuestra historia, son los mismos jefes armados o sus agentes quienes
inexorablemente a la voluntad de sus verdugos.
En estos momentos solemnes, lo que más importa es ,se reúnen para deliberar, poniendo al pecho de la Rep6convencemos de la impotencia del enemigo de la patria blica el rifle del bandolero.
Cuando México haya reconquistado la paz, la ley poy confirmar por sus torpezas, nuestras ideas sobre lo que
drá mostrar al mundo las nuevas creaciones de sus legisn~esita el país y habrá de salvarlo.
\
Y es fácil descubrirlo estudiando el carrancismo: Lo ladores, de sus prohombres, de sus patriotas y de SW\ sa.
primero que México pide es orden; la revolución lo ha vios. Hoy, solamente el · Primer Jefe, alzando la copa,
agotado; se hizo por el Sufragio Efectivo y la No-Reelec- puede soñar en ser un reformador universal, cuando no
ción y hemos llegado, ~ los cinto años de lucha, a la su- sólo no es capaz de reformar a su país sino que lo ha
presi6n del sufragio, al militarismo q,ás- criminal, porque destruído.
El llamamiento de Carranza a los paíse~xtranjeros.
no es el de un ejército sino ~ de bandas armadas, y a la
estancia en el poder-de un hombre sin elección ninguna. fue hecho en nombre de la libertad: después de su pedi- ·
Orden, primero que todo: esa es la divisa funda~- mento de un' gobierno fuerte, nada queda sino una horrital para la reconstrucción nacional. Enseguida, o más ble comedia, en la que no hay sino dos desenlaces: '1 se
bien, al paso de los defensores del orden, garantías pa- restablece ~!. orden y se concilian los intereses de todas
ra todos: no más persecusiones, ni más asesinatos, ni las clases sociales, y éstos son los principios de hr-reacmás robos en npmbre de la libertad. La libertad es fru- ción, o los crímenes de Carranza disuelven al país.
Afortunadamente, la misión encomendada al Prito de la ley y la ley nace del· orden. No se legisla para
las revoluciones, no rige ley ninguna a la cuadrilla de ban- mer Jefe ha fracasado. Solamente para aniquilar una
nacionalidad puede haberse invertido el orden histórico
doleros bajo un jefe que no reconoce autoridad civil.
El punto de partida para la existencia, es l~ existen- y el papel social de las funciones de gobierno; pero la
cia misma, y en los pueblos, no en los individuos, es la resistencia continúa, y el carrancismo se destroza corroído
primera ttecesidad la de vivir. La paz dentro del país, por sus propios vicios.
La sangre del terror anuncia una agonía: después
la protecc1ón en contra del desorden interior, es la mayor
bendición que pod~mos recibir, y con ella viene en se- de Robespierre, (y él no enviaba a sus familiares ni a sus
guida la protección en contra de los peligros exteriores. ministros a depositar en el extranjero el wo nacional,)
El carrancismo es, en sí mismo, el desorden inierior y el surge Thermidor. La nacionalidad persiste,iuego el carrancismo ha fracasado. Por eso tenemos \ln optimismo
instrumento del ex~njero.
' Enseguida, si para guardar el orden, fue necesario irreducible.

re-

'

�,

DESDE JAUJA
A ro de Diciembre de 1916.
Estimado y fino amigo:

/

:Mis arraigadas aficiones urbanas no excluyen una que
otra jira campestre,. muy provechosa para reparar las fuer' zas que vamos desgastando los llamados "intelectuales."
De algún tiempo a la fecha, no he podido expansionar el
ánimo y fortalecer el cuerpo haciendo tales excursiones
debido a que las fincas rústicas donde solía yo dedicarm~
a la regalada vida de que nos hablaba Fray Luis. cayeron
bajo la férula de la incautación. Estoy en espera de que
tornen a poder de sus propietarios para remozarme con
el gusto que la naturaleza me brinda entre "sus perfumadas flores y sus pintados pajarillos," conforme decimos los· poetas de la emisión más reciente.
Pero esto no impide que, haciendo un viaje de retroceso a días ya- lejanos, evoque en esta mi quincuagésimaquinta epístola, los ratos de campesina charla sostenida
no pocas veces con un mocetón macizo y bien desarrollado, de piel tostada por el sol, pelo rizoso y rubio, ingenuo Y llanote él y que tenía a su cargo en una Hacienda,
las importantes funciones de vaquero. Recuerdo su nombre: se llamaba Pilar; pero allá se le designaba siempre
anteponiendo la categoría. Le decían: "el vaquero Pilar."
Tanto por su carácter abierto, como por lo agradable de su fisonomía, era de los mozos de la finca el que
más se enredaba conmigo en nutridas pláticas que· yo
hallaba muy de mi gusto dentro del ambiente rural. Llegó a cobrarme confianza. y no tenía escrúpulos en contarme sus amores con Ciriaca, moza garrida de un rancho vecino. Yo me solazaba COH aquellas confidencias inocentes, Y me permitía alentarlo cuando algún pasajero desdén de la muchacha lo traía al pobre. cabisbajo y tristón, hasta el punto de que los claros ojos le nadaban en
agua. Por este camino llegamos a ser buenos amigos; y
cuantas veces "bajaba al pueblo," según él decía, para hacer compras o recoger el importe de algún ganado que
acababa de entregar, procuraba dar conmigo para saludarme con esa sencillez ingénita en las gentes del campo.
Dejé de verlo por algún tiempo, debido a mi retraimiento para esa clase de jiras, conforme dicho queda,
cua¡1do una de estas mañanas tropiezo a vuelta de es~fina eon un fornido mocetón que me cede la acera, me s'onríe, se detiene viéndome y acaba por decirme: "¿POS qué
no me conoce, Don Silverio?" Eché una mirada de arriba a abajo al que me hablaba y vacilé, sin atreverme ni a
afirmar ni a negar que lo conociera. Aquella cara no podía ser otra que la de "el vaquero Pilar;" pero ¿y la indumentaria? Yo lo había visto con- chaparreras, sombrero ancho, espuelas, látigo en la diestra y camisa de manta debajo de la chaqueta de cuero de venádo; y el hombre que se me paraba delante. mostraba arreos bien diferentes. Ya iba a lanzarme resuelto a decirle su nombre, corriendo el riesgo de cometer un desatino, porque hasta la
voz me sonó extraña, cuando me salió al encuentro con esta exc!amación y abriéndome los brazos: "Soy Pilar, el de
la Hacienda de Don Próculo." Y despues del abrazo, no .repuesto yo del asombro, vacilé entre si tutearlo, como lo
acostumbraba, o enaltecerlo con el "usted" ceremonioso;
y salvé el escollo contestándole: "Conque Pilar ¿eh?

I EL V AQUERO PILAR
i Tánto gusto de que nos veamos!"

Y me quedé perple·
io ante aquel traje del color de la guayaba madura y
aquella ágúila clavada en el kepÍ.
Refirióme en pocas palabras cómo se habla lanzado
a la revuelta por "vengarse de los ricos abusadores,'' l1
causa de que mrsubrino del amo cargó con Ciriaca; y cómo e.n un par de años le plantaron el pajarraco que lleva:
ba sobre la frente, después de media docettl! de "agarrones" en que se había "peloteado" con el enemigo. N(j me
quedaba sino felicitarlo por sus éxitos y arremetl cott el
"usted" estirado y discreto, a lo que él puso reparos, diciéndome que lo tuteara como antes; que él era el "mesmo" para mí, y llevó su galantería hasta ofrecerme su
influencia si en algo podía servirme.
Llegaba a celebrar una conferencia importante con
el Jefe de la Plaza, y regresaría en dos días al lugar en
que se hallabá prestando sus servicios. En calidad de
grado, traía su carro especial, y en calidad de heridas, no
traía sino la que en el alma le causó la trastada de Ciriaca,
Y que por cierto había cerrado ya en firme. Menos mal
que no desconocía a sus amigos de otros tiempos; mérito que .no debo dejar sin mención y que en consignar
me complazco. Seguimos de charla minutos más, hasta
que con nuevo abrazo se despidió de m~ reiterándome el
ofrecimiento de "su influencia."
Cuando él se alejaba, no repuesto yo todavía del pasmo que me produjo la transformación, quedéme viéndolo
caminar muy garboso con aquella indumentaria que de
verdad no le sentaba mal, pero que co.n la imaginación
desprendía yo de su bien erguido cuerpo, substituyéndola
con la que le había conocido cuando no era sino "el vaquero Pilar." Y al perderlo de vista a lo largo de la calle,
continué mi camino barajando una porción de ideas insubstanciales sobre la volubilidad de las cosas de la vida.
Pero me faltaba otro encuentro: un amigo y correligionario mío que a poca distancia había presenciado la
escena, me atajó el paso para pitorrearse conmigo al ver
que en plena calle me abrazaba yo con un General de la
Gloriosa. Le referí todo para viudicarme, y vino de su
parte el comento en forma de chaparrón. "El eterno interrogante-me dijo-el eterno interrogante: ¿ Quién es
ella? Mira cómo la "seducción" de una Ciriaca ha obrado el milagro de convertir en General a un vaquero; y
mira cómo el que fue humildísimo Pilar de una Hacienda
se ha ter.nado en todo un robusto Pilar de la Democracia. Imagínate cuántas Ciriacas habrán contribuído a la
felicidad de Jauja, y cuántos Pilares serán hoy los que
sostengan el edificio de nuestra reconstrucción. Nada,
Silverio, aprovecha "la influencia" y "véngate de los ricos
abusadores." Ya lo sabes: "La venganza es el placer de
los dioses." Y ahora los dioses andan con traje color
de guayaba madura. como tú dices" ...... Y burlonamente
me dio palmaditas en la espalda, soltó una carcajada, y
se alejó a toda prisa, dejándome con la boca abierta. ¡ Y
con la boca abierta he seguido, pensando en el exvaquero
Pilar, hoy General de los Ejércitos libertadores!
Pero es tiempo ya de cerrarla, juntamente con esta
carta, que te lleva el reiterado testimonio de mi afecto.
Tu amigo, y colega,

SILVERIO.

Hemos dicho que la obra del Lic. Calero es un alegato y, efectivamente, tiene todas. las particularidades de
las producciones jurídicas. Examina la cuestión, desde
el punto de vista concreto; y dent.ro del perímetro reducido que abarca, su lógica es irreprochable.
No se preocupa de examinar la revolución mexicana
en su esencia, para mostrar al pueblo de los Estados Uni·
dos las conclusiones definitivas: se conforma con analizar
los hechos en su parte formal, para exponer las contradicciones en que ha incurrido el Presidente Wilson
Y
como cuando los artículos de un Código son terminantes,
le basta al abogado enumerar los hechos con claridad,
para que su alegato res.ulte incontrovertible, así también,
al Licenciado Calero, le basta enunciar el principio de Soberanía, y exponer los acontecimientos con método, para
que su libro sea irrefutable.
Si algún punto dudoso y débil puede atribuirse al libro del Licenciado Calero, es que constituye más bien un
ataque a la política wilsoniana, qu'°e una defensa clara y
terminante de la civilización de México.
Hubiera sido
muchísimo más fuerte, si, partiendo desde 1910, hubiera
demostrad'O que México era un país culto y floreciente,
convertido ahora, mediante la política internacional de
los Estados Unidos, en un escenario de inmoralidad y de
dolor.

dia mexicana. dijera donde estaban los gérmenes de la
destrucción.
Porque el norte-americano, al acabar de
leer la última página, puede exc!amar: estoy convencido
de que Wilson ha cometido errore;; pero ¿en la pugna
tremenda de 1910, hasta la fecha, quién tiene la razón?
Calero contesta que Carranza encabezaba la barbarie y
que Huerta era un histrión que se hacía pasar como campeón ' de la soberanía latina; en otros. términos, la pregunta permane.ce sin respuesta, porque el punto principal de
la cuestión quedó sin resolver.
Es indudable que el Lic. Calero, para juzgar esa cuestión. tropieza desde luego con el obstáculo insuperable de
su vida pública. que lo colocó enfrente del régimen porfiriano y luego enfrente de la Revolución; que después lo
hizo ser enemigo de la administración huertista sin ser partidario de la revuelta de Carranza: una vida pública. destanteada. que sólo ha formulado "negaciones," sin atreverse jamás a hacer una "afirmación" con su secuela ineludible de responsabilidades. Y el problema de México
no se resuelve censurando a los hombrés del antiguo régimen y del nuevo, por los detalles malos que ambos
partidos deben tener: lo que se requiere es plantear el
problema desde un punto de vista social, e·s coger el bando con el cual esté vinculada la existencia de la Patria,.
y luchar con él hasta el fin.

Para los norteamericanos, como también para todos
los mexicanos que no tienen oídos ni rencillas políticas, 110
hay en México sino dos grupos antagónicos que luchan
por tener el dominio político y social de.la Nación: el núcleo de las clases superiores, conocido en Estados Unidos como "Díaz party" y la demagogía plebeya despertada por Madero y encabezada ahora por Carranza, ¿ Reyes? ¿Corral? ¿Huerta? ¿Félix Díaz? ¿Limantour? Todos quedan e11globados en un solo grupo, a1~te el criterio
norte-americano. Madero y Villa, Zapata y Carranza. Pablo González y Obregón, forman el grupo rival que pro~
cura entronizarse en el paí.s.
Que Reyes y Corral se
odiaran, que Félix Díaz se separara de Huerta, constituyen
accidentes sin importancia en el desarrollo de la tragedia.
A pesar de sus divisiones, formaron una clase uniforme
en sus apreciaciones generales sobre la sociedad. rl individuo y el Estado, como también Carranza y Villa, a
pesar de estar luchando hoy, forman un todo compacto
y congruente.

De todas las "negaciones" del Lic. Calero, la que
encierra su último libro es la más trascendental porque
110 es en contra de un mexicano sino en contra• del Gobierno de los Estados Unid06-.
Y cuando se censura a
Estados Unidos, se favorece a )féxico.
Por eso desde
un punto de vista nacional, es un libro que todos los mexicanos debemos agradecer.

El Lic. Calero pudo haber planteado la cuestión en
los términos anteriores: así la hubiera planteado un historiador sereno; y al decidirse por las clases superiores,
(nos parece inadmisible que un hombre como Calero.
pueda aceptar la tesis contraria) habría dejado en el ánimo de sus lectores, uña impresión firme y segura. Pero
no fue al fondo de los acontecimientos, se quedó a flor
de tierra, y por eso repetimos que su libro es meramente
formal, un alegato excelente si se quiere, pero alegato
no más.
Después de leerlo, Wilson queda irreductiblemente
Esto es muy favorable para México; pero
condenado.
cuánto mejor fuera que, al exponer las causas d·e la trage-

Además, expone el Lic. Calero una tesis importantísima, a la cual precisa dar amplia publicidad.
Dice el
Lic. Calero que las pérdidas sufridas por los habitantes
de la República Mexicana•, durante los últimos tres años,
(nosotros diríamos desde 1910) deben ser pagadas por
la lJnión Norte-americana. que fomentó la revolución salvaje que ha destruído al país. Esta tesis tiene la virtud
de herir al pueblo norte.- americano, en su único punto
vulnerable. Este país no se conmuevG con la sangre norte-americana derrama.da en Carrizal; en cambio, hacerlo
responsable de las fortunas deshechas en México y amenazarlo COn las " futuras i1ide111nizaciones, constituye UII
acto de terror, que lo puede refre1{ar en sus combinaciones revolucionarias.
Esta parte del libro del Lic. Calero es tan interesante, que mere.ce desarrollarse en otro libro dedicado a pregonar esta justísima doctrina. Y ese libr-0, una vez escrito, debe de traducirse al fra.ncés,, al alemán. a todos
los idiomas, para que las víctimas de las revoluciones de
México, se aprendan de memoria los argumentos. y exijan de sus respectivos gobiernos, que impongan las indemnizaciones a los verdaderos responsables.
Esta doctrina del Lic. Calero, es la obra más benemérita de toda su vida. Y el libro que la encierra, se hace por ella sola, respetable y definitivo.

•

�El V értigo de la Rapiña
Carranza ha venido teniendo el acierto de mostrarse
preocupado por a!go que él juzga problema trascendental,
en los precisos momentos de un desastre para su bufa
administración. E.astan dos ejemplos.
11ientras el villismo estaba en su apogeo. Carranza,
meti.i:lo en \'cracruz, trazaba su risible decreto sobre el
divorcio. Y hoy, cuando en Q¡¡crétaro, rnlido de cuatro
o cinco mcntalidaddcs pervertidas y ,ele una caravana de
imbéciles, descoyunta con criminal osadía el Cúd;go Supremo de la patria, el_ inf~lsificable ha pcrflido por completo la fuerza que quiso 1mponcrk a punta de bayoneta.
Pero no se resigna a perder la partida, y va se habla
de que. ,·endr{ otra emisión de papel, bajo el. nombre de
"bono." Este no será probahle:nentc sino el mismo infalsificaolc con algún resello que le inyecte nneva ,·ida.
Porque el Gobierno no está para despilfarrar dineros en
la fabricación de otro papel. Es decir, acaba de ccH1,·encerse la" nación entera. de. que por falta de garantía. el
infalsificable desapareció de la escena, y ya se proyecia
introducir un nuevo signo ele cambio.
!'ara Carranza, I!ada son ni nada valen todos los millones ue pt&gt;sos Qt1e rn 1i~ron de !as l11stituc1onr·s de Crédito, legalmente garantizados; y no pudiendo cometer
abiertamente el ate,~tado de destruir a los Bancos. a:111qac los amenazó de muerte con su famo~o decreto de 1 ~
ele Septiembre, les hace la guerra rnharcle cid silencio~ 11~
mencionando para nada ese bi:J..:te en sus disposiciones
sobre asuntos mo:1etarios.

"'

Este •proce&lt;limiento, además de estúpido. es manifie~tamente criminal, por atentatorio parc1. todos los intereses del país. Carranza cree de este modo herir sólo a
los Bancos. sin meditar en que hostiliza también a tocios
!os que mantienen en su poder billetes de c;a procedencia.

Y cuando llega el momento propicio para abrir franca la puerta a la circulación de ese billete, porque acabó
el reinado efímero de su infalsificable, no repara el dai10,
~ino que persiste en él, discurriendo emitir bonos. Se nos
figura ver a un ebrio que de,pués de haber hecho públicamente las contorciones más ridícu!as ingiriendo tecp1ila, imagina que tomando coñac se le notará menos la borrachera. Cambiará de bebida. pero el desequilibrio de
la pantomima será el mismo.
A pesar de su 'terca hostilidad 'en perjuicio del elemento bancario, el público no se muestra pesimista con
el papel e.mitido por las lnstituci.,ones de crédito. Espera con relativo sosiego. aunque la esperá se t,.aduzca en
daño real mientras exista alzada sobre los Bancos la
mano dctentadora de Cai-ranza.
Como quiera que sea. lo que se ha palpado es que
nada pudo hacer hasta hoy en contrá de los . Bancos.
Su decreto fué uno de los •miles que l,rl lanzado para
perderse en el \'acío. Yalos de ciego qile azotan el aire
y nada más.
Obedecerá esto a influencias extrañas. ya
que desgraciadamente aquí se hace' ahora lo que se manda en otra parte: habrá contribuido a defender el go'pe
primitivo la circunstancia de abundar en plazas de los
Estados linidos el papel de nuestros Bancos: ello es
que fuera de trope:ías al l\acional y Londres, todo quedó hasta este momento en baladronada de brarn de callejuela.

•

t ++++++++.¡.++++.r•++-I•+•?-+•%&lt;+-H••Z.+.:.++•I-,:..z.++,i,.++,Io++•l-+H•O:•++·I-+•!•+++•H.Z•,t•++.¡.+-I•+++-?•++++++•I-+++++++

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Ya es tiempo Señor, que tengáis piedad de ~é,n; vuestres siervos aman aun sus mismas ruinas y sus piedras
dispersas. Y su tierra natal, por desolada que esté me-

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~.·

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.:,.

ele infalf.ificables. los empleados de los trenes e!éctricos
de .\léxico, que exigían sus salarios exclusivamcnt.e en
mttálico. !\o ob~tante el imperio de la Ley ~,larcial, fue
¡•rcciso lr&lt;1tar a esos hombres con todo co;nedimieuto.
~e dirigieron a Ca, rauza que iba entonces camino a Qu~
:étaro; y la contestación, i_ue c'ara y con~ndente: ·-~~ les
pagara a ustedes en mctahco desde el primero de D1c1embre." Esto· dijo Carranza. con lo cual trazaba el epitafiio
s'obre la fosa de su papel moneda. Porque aquello, operarios no podí¡w ser privilegiados: todos los del país pediría•¡ y obtendrían lo mismo; y el infalsificab'.e que Yino
a la vida con pomposos ditirambos de la cáfila de sen·iles,
' quedaba hecho poll'O al mediar el año ele pavonearse por
toda la Repúb lica.

I

ENRIQUE MARQUEZ .

,

\

Tus Templos que· allí fu~ro¡i joyas de arte,
y también de tres siglos el orgullo,
construídos nada más que para amarte,
de krvida oración, con el arru!lo,
son antros de basuras asquerosas,
o tugurios· de impuras mesalinas;
en cambio las mujeres pudorosas
que allí se tran::formaban en divinas,
son pobres limosneras, sin lo suyo,
y sin patria, palomas peregrinas.

""-

V.
Por desierta que esté, por desolada,
esa tierra que tiene en sus entrañas,
así en la población más celebrada,
como en la humilde aldea o en sus cabañas,
ías cenizas de un padre venerado
o de madre virtuosa y abnegada,
su recuerdo no puede ser borrado;
y en la mente está siempre tan grabada,
que vive en el azul de sus montañas
y en los nidos de amor ele su quebrada......

III.

..

De lágrimas un mar, un mar de llanto
invade aquella patria desdichada,
que consuelo no encuentra en su quebranto,
porque está por sus hijos desgarrada ....... .
son muy hondos, muy grandes sus pesares;
con el he gro crespón está cubierta:
la enlutada de la guerra, los azares,
y enemigo que tiene siempre alerta (?)
borrar quiere sus épicos cantares,
y ha franqueado, hurniilándqla, su puerta.

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I
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+
*+

ii
.•

VI./
Nunca, nunca, Señor, por desgraciada
que se mire esa patria tan querida
dejará de ser nunca nuestra amada,
dejará de ser nunca nuestra vida ....... .
Compasión para México pedimos,
tu perdón para el pueblo mexicano;
la virtud de la fe nunca perdimos;
y vivo es nuéstro amor guadalupano ....... .
Si motivo al castigo un día te dimos,
como PADRE, que os duela ya la mano.

San Antonio, Did'embre r2 de rgr6:

Si por sólo las emisiones de papel moneda se juzgara
a Carranza eso bastaría para execrarlo como el hombre
más funesto de este desgraciado país.
Calcúlese por
qtticn quiera poner ciiras bajo cifras y obtener la suma
total. a cuántos millones de millones de pesos alcanza el
robo cometido a 11éxico por sólo este concepto. Y todo
ello con la más descarada ele las desvergüenzas; porque
Carranza castigó a los cambistas acu~á!Hlolos de depreciar ~u papel, y acabó por seguir esa práctica aceptándolo
a ti¡,os irri~orios en pago de impuestos, para rematar hoy
el cinismo, negándose rotundamente a recibir en las oficinas públicas lo que. él lanzó a la circulación.

Y no satisfecho con es ta inícua ratería palpada por
to&lt;lo9 !9s ojos. arroja el estigma de d¡tentadores de los
intereses púhlicos a los Bancos, que si algún crimen cometieron fue el de haber-ante las bocas de ias carabinas- puesto sus dineros. en manos de los bandidos que
actuaban de revolucionarios, y ahora imperan como magnatcs.

:

Pero amamos, Señor, las mismas ruinas,
a esas pied.as dispersas las amamos,
porque son nuestras joyas diamantinas,
los restos,venerados que adoramos:
allí está, de cultura, insigne huella;
Y, aunque son del talento, los despojos,
son focos, sin embar~o, que destella
blanca luz, que ilumina los abrojos
que, en flores se conviertan, esperamos,
cuando cese el furor de tus enojos.

II.

Es rnús: !mee poco se negaron a trabajar a cambio

.
1
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""' tod,vi, """"' compa,ión ~- ,mo,.
1

'-S"eñor, Señor, que ante el enhiesto muro
de lo que fue tu Ttmplo tan querido,
tocado por amor tan santo y puro
como es el de la patria, el sacro nido,
donde al calor de nuestra madre amante
la luz vimos nacer del nuevo día,
lloraste como niño, en. el instante
que viste que tu patria se perdía;
tén compasión de México destruído,
y líbralo, Señor, ~e saña impía.

i
+
i

&lt;.\ qué· ,·iene ese orlio a los Bancos? ¿ Cuitl es el pcrjt1icio que la .re\olución recibió de clios? ¿No se les ·
ohlig/1 por las rlos facciones rn lucha-el carrancismo y
d villismo-a rontrihuir con fuertes sumas a título de
préstamo, o de de~pojo, puesto que ni un centavo se les
ha restituido' ¿Se pensó que atropellando a esos cstah1ccimirntos. el bilimbi11ue iba a subir de valor:? Si · tal
fue la esperanza, des,·anecida quedó ya eón la Yergan. zosa desa¡iarición de ese papel que ayer tomaron a regai1adil011tes los dcsdichaclos habit:intcs de este país. y
que hoy repudia,1 con ene,·gía. sin que Carranza, a pe, sar de la acostun brada a\'i'antez ele todos sus actos, haya adoptarlo mcd:c!a; para imponerlo . de •;1ucyo a la circulación.

I1

PLEGARIA

-i
*f

En el vértigo ck la rapma. hasta para su propio bien
oh:-a con estulticia este hombre. Pudo. desde su última entrada en l\léxico, hacer arreglos con los Bancos
emisores del país. que son al rededor de ninticinco; éstos le habrían ayudado a su sostenimiento; y ni hubie,
l .
~
...
ra ha )!(lo necesidad de e111itir el infalsificable con dcspre~t,b,o para su gobierno y dafio para la nación, ni el
billete dt Banco ,·aldría lo que hoy vale, ni el púb'ico
habría scnticlo la 1mpresi 'm de incertidum1fre que se le
irfiltró, ante' la amenaza de yer desquiciarse las Jnstitll(:io11cs de crédito por el necio radicalismo de Carranza.

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IGNACIO VALDESPINO.

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�EL SR. SUBSECRETARIO
Tenemos el gusto de publicar a continuación un artícu lo ele }.!oheno, en donde pinta la personalidad moral
de Rafael Nieto, Subsecretario de Hacienda en eso que
llaman gobierno carrancista. Pero antes de transcribir
, dicho artículo, vamos a recordar un detalle chusco, y que
sin embargo contribuyó poderosamente a la e}(al!ación
del señor Nieto, detalle que, sin género de duda, deben
tener presente en su memoria, todos los d-iputados a la
XX VI Legislatura fed~i:al.
Era a principios del mes de Octubre de 1912 y el
seiíor 11oheno se encontraba en la tribuna de Ja Cámara
de Diputados, pronunciando un discurso fulminador: procuraba en vano, que penetrara la luz en los cerebros maderistas, para detenerlos en su marcha hacia el abismo.
Analizaba la composición de las comisiones Y demostraba hasta la evidencia, que con aquel personal era inevitable la catástrofe. De repente el orador, al referirse a
las Comisione5--dé Hacienda, se fijó en un nombre hasta
aquel momento desconocido: ¡Rafael Nieto! "¿Y quién
es este Nieto-preguntó sardónicamente Moheno-que
sustituye en las comisiones hacendarías del nuevo Régimen a Don Pablo Macedo y a Don Joaquín Casasús?Con' Nietos no se va más que al desastre." Una carcajada res_onó ~n los escaños.. de los diputados y en las galerías del pueblo.
¿ y Nieto ?-Seguí&lt;!_ el pobre en su curul, _sin_ moverse de su asiento, entre las risotadas de todo el mundo.
Sin embargo, no se conformó con el ridículo Y se puso a
estudiar un discurso y a aprenderlo en seguida de memo.
ria. Cuando hubo termmado
su la bor de " preparedness,"
sea
tres
semanas
después
de
aquella sesión, en un moO
mento como ~tro cualquiera, se levantó el señor Nieto
de su asiento y pidió la palabra para la rectificación de un
hecho. Concedida que le fue, empezó a recitar una piececil!a oratoria, en que procuraba demostrar que "sí era
competente en toda clase de cuestiones financieras." Y al
efecto demostraba es.tar enterado de que existía talón
oro y' talón plata, de que la división del trabajo aumenta
Ja riqueza; y de algunos otros tópicos más, con los cuales se presentaba orgulloso para evide.nciar que nada tenía que envidiar a Leroy-Beaulieu.
El resultado fue adorable para la Cámara, que rió de
muy buena gana y más adorable aún para :Nieto,. ~ue
creyendo en su victoria, se sentó en su curul, refoc1landose con el resultado de su peroración.
El señor Moheno pidió la palabra, y en un tono de
sarcasmo, que sólo Nieto fue incapaz de sorprender,
manifestó a la Cámara que se había equivocado Y que. en
vista del discurso que acababa de escuchar, quedaba convencido de la gran capacidad financiera del señor Nieto.
Este se sacudió de júbilo mientras la Cámara Y el público se entregaban a la más franca hilaridad.
Esta es la biografía parlamentaria de Rafael Nieto.
Ahora, cedernos la palabra al señor Moheno, no sin
pedirle excusas, por completar su artículo con el re!at?
anterior, que él calló por modestia, en vista de la part1cipac1on que tomó en la formación de este "gran hombre" del Constitucionalismo.
0

Con arreglo a la Convocatoria del "gohierno de facto"
que el- Presidente Wi~son ideó para México, a la hora
en que yo escribo estas líneas debe estar reuniéndose en
Querétaro, tan llena de los recuerdos del emperador Maximiliano, la cuadrilla de revolucionarios que con el título

de Congreso Constituyente pretende elevar a la categoría de ley fundamental de la República, el catálogo de
crímenes y delitos de ese constitucionalismo cuyo más
firme empeño ha sido aniquilar la Constitución.
Y por una sugestiva casualidad, entre los periódicos
de México que me trajo el último correo, encuentro en
uno, "El Universal," junto con un retrato de Rafael Nieto, "digno" Subsecretario de Hacienda en el ''gobierno
de facto," una opinión de este caballero, en cuanto a la
coniposición del mencionado Congreso, que resulta muy
interesante.
Dice ''El Universal:"
"A nuest1/ pregunta ¿qué condiciones deben llenar
Los diputados constituyentes?, el señor don Rafael Nieto,
Subsecretario encargado de la Secretaría de Hacienda y
Crédito Púb lico, ha dado la respuesta siguiente:
"Pretender que al Congreso Constituyente vayan tan
sólo hombres doctos o inmaculados, es absurdo .... . ... "
Esto nos lleva de la mano a considerar la composición de aquel congreso, para lo cual nos bastará con acudir a los antecedentes, a lo que bien podríamos llamar
"la hoja penal" de algunos de esos señores.
Mis lectores saben que ,no acostumbro personalizar
los asuntos de prensa; pero hay ocasiones, como ésta, en
que no puede hacerse otra cosa; y si, como afirma un
viejo decir, es cierto que "para muestra basta un botón,"
yo espero que los poco·s que voy a presentar bastarán para que el lector imagine "toda la botonadura."
Y puesto que la casualidad me k&gt; pone delante, pa.rece natural que en lugar de desairarlo y preterirlo sin
cqnsideración a su categoría oficial, comencemos por
"el señor Subsecretario."

Nieto era también de los que sabían vagamente que
las finanzas son "cuestión de números;" pe-ro como la neces.idad es madre de la industria, presentía que allá en el
fondo necesariamente habría algo de más substancia; y
como si adivinara que al correr de los._ años llegaría un
momento en que México habría de sufrir esta capitis deminutio que de nación soberana la ha dejado reduc\da
a campamento de bandoleros; como si una ma·ravillosa
anticipación le advirtiera que en r914 la fantasía de un
maestro de Princeton erigiría sobre las ruinas de México un "gobi.trno de facto." decidió prepararse por medio
de un cuidadoso y eficaz aprendizaje. Así como en los
Estados Unidos .los que sostienen la necesidad de preparar el país militarmente para hacer frente al futuro "peligro europeo" piensa que una "guerrita" una guerra con
México por ejemplo, sería la mejor escuela práctica, el mejor "entrenamiento" del ejército americano que se pretende levantar, así el estimable bodeguero de San Luis Potosí, anticipándose también en esto, creyó que la mejor
preparación para sus "finanzas" del porvenir, en plen6 "gobierno de facto," sería ..... u ría quiebra comercial !
Y creyéndolo firmemente, diose al aprendizaje de
"números y fi nanzas," con tan invencible vocación y sorprendentes resultados, que sus acreedores se quedaron
didendo ¡mire usted qué ca'So!
Una vez armado caballero en aquel'a obscura encrucijad~ judicial, como lo fuera el buen Quijano en humildísima venta de un camino, resolvió hacer su primera salida formal; y, efectivamente, a poco, cuando el remolino
de la revolución maderista comenzó a soplar sobre todos
los basureros, nos lo encontramos en la Cámara de Diputados, donde si no usó jamás de la palabra en público,

- -.

, .

QUERIDO MO R ENO.

SU EMINENCIA GRIS

***

Seguramente en Cuba se imaginan que para ser Subsecretario de Hacienda en un gobierno cualquiera, por
muy "de facto que sea," lo menos que se puede exigir
del personaje respectivo, es alguna competencia en materia de finanzas. El "gobierno de facto" cree precisamente
lo mismo y por eso escojió para Subsecretario a don Rafael Nieto, en calidad de "financiero."
Mas como llevar a la Secretaría de Hacienda un discípulo de León Say, de René Stourn o de Leroy-Beaulieu
habría sido dar la razón al nefando científico Limantour,
de allí que la gloriosa revolución exigiera un especialista,
uno que trajera finanzas de nuevo cuño, y las del señor
Nieto no podían ser más suyas. En efecto, don Rafael
Nieto tenía hace algunos años, e.n San Luis Potosí, una
de las que allá solemos llamar "tiendas de abarrotes," que
aquí generalmente se llaman "bodegas;" dicho en lenguaje popular cubano, don Rafael Nieto era un respetable
bodeguero.
Pero la vocación no le llamaba por allí: la política le
tiraba con fuerza invencible. Y para ir por los naturales
derroteros, resolvió decir adiós al comercio de comestibles, para darse de lleno a la política, y dentro de la política a la especialidad de las finanzas.
En México no son raras las personas para quienes las
finanzas son un misterio del cual no tienen más que una
vaga idea, la de que es cuestión de números y con arreglo
a esa noción, en aquel deliciosó gobierno de don Francisco I. Madero, que fue una Beocia rediviva, se nombró
a un buen señor Reynoso para desempeñar la Subsecretaría de Hacienda, sólo porque era buen tenedor de libros!

en cambio sotto voce hizo circular en el mundo maderista
la noticia de su competencia "financiera."
Lle-go el año de 1913; con los vientos de Febrero nos
llegó también el cuartelazo de la Ciudadela qu&lt;:_ derribó
a Madero y encumbró a Huerta. Nuestro hombre aceptó filosóficamente los hechos consumados, y con una mansedumbre que no permitía adivinar sus arrestos constitucionalistas, siguió cobrando sus $ 500.00 mensuales y colaborando como legislador en el gobierno de la "U,mrpación." A poco se eclipsó momentáneamente, para reaparecer en 1914 a raíz de la amnistía de Abril; y cuando
el gobierno del general Huerta se derrumbó por obra de
\Vilson, el triunfo de la revolución gringo-constitucionalista- lo encontró hacienqo caravanas en la antesala del
1vfinisterio de Industria y Comercio, que est:rlr.r' a mi cargo, solicitando en sociedad con Emiliano López Figueroa y un sobrino influyente del general Huerta, una concesión petrolera en una isla del río Pánuco.
Mas como todo esto ni quita .ni pone nada a sus habilidades financieras, la revolución lo llevó a la Subsecretaría de Hacienda, a colaborar con el hombre maravilloso que según su propia y modesta confesión, posee
el secreto de "convertir los desastres en éxitos:" el eminente don Luis Cabrera.
Todo lo cual probará a quien lo dudare, que el habilidoso don Rafael no hablaba a humo de pajas cuando nos
decía por conducto de 'El Universal :"
"Pretender que al Congreso Constituyente vayan t an
sólo hombres doctos o inmaculados, es un absur do."
¡ Y tan absurdo[

·---

-.,

r .

Presento ahora a mis lectores al que no pocos reputan como el alma, el "strong man" de la revolución, como
le ha llamado recientemente un magazine americano, en
ese lenguaje de frases hechas, único que entiende bien
aquel público. Aquí está don Luis Cab rera, no para quien
quiera algo de él, como el otro don Luis, sino más bien
para los que traigan algo que pueda convenirte a él.
Luis Cabrera nació en plena Sierra de Pueb la, la tierra clásica y tradicional de "plateados" y salteadores de
caminos-que todo es lo mismo-y aunque no me consta que de tales fuera su estirpe, es notorio que sus más
cercanos parientes en la línea recta ascendente lo mismo
que en 1a colateral, han muerto a mano airada.
Sin bienes de fortuna, ejerció de maestro de escuela
de indios, donde se incobaron seguramente sus invencibles despechos, y sus estudios los hizo al lado y bajo la
protección de su tío don Daniel Cabrera, que le dio pan.
techo y calor; que. en una palabra, le sirvió de padre y
que hoy, cuando su sobrino es poderoso y opulento, vive
en tristísima mis.ería, idiota y paralítico, en la población
de Zacatlán, al amparo de una pobre lavandera, hermana
suya y tia de Luis Cabrera.
Graduado en la Escuela Nacional de Jurisprudencia,
se agregó como "barrilete" al desp.acho de los abogados
Me. Laren y Hernández, en la ciudad de México, donde
abundantemente comió el nauseabundo pan de los "científicos," contra quienes alimentó inconfesables envidias, a
las que Cabrera llama piadosamente "odios."
Una vez que salió de aquel despacho y antes, naturalmente, de que triunfara la revolución gringo-con$titucio-

na lista, no volvió· a tener más que el negocio del Tlahualilo, pero con ese bastó para su celebridad, la triste
celebridad de ser en toda la historia del foro mexicano,
el único abogado que haya patrocinado una reclamación
internacional contra el gobierno de su patria. No se necesitaba más para que fuera un prominente "constitucionalista." ,

***

Entre los revolucionarios pasa por ser un prodigio,
y al vulgo ilustrado del resto del país, le merece la opinión que gráficamente expresa esta frase, dicha cien veces a propósito de él:
-Es muy inteligente, pero, ¡ lástima que sea tan
malo!
Y lo cierto es que ni es tan malo ni tan inteligente,
aunque muchos, yo inclusive, hayamos creído lo primero.
Intelectualmente no pasa de ser un "listo" y en el terreno dt la ética, no logra llegar a 'malo," es sencillamente un ··maloide."
·
·
Que el alma de Luis Cabrera "está empedrada de malas intenciones," al revés del infierno que Jo está de buenas, según dicen, cosa es que nadie que lo conozca, puede
negar: pero eso no basta para ser malo. Las abominables intenciones de Cabrera son hijas de la envidia y se
resuelven en pura impotencia. Ser ruín no es lo mismo
que ser malo. Suponer que la mala intención baste para hacer malo a un ser viviente, es tanto como admitir que
una inofensiva lombriz, por sólo estar repleta de bajas
pasiones, se convierta en serpie.n te de cascabel.
La inteligencia de ~uis Cabrera, es, en todo caso, iné-

�dita o poco menos: toda su producción que pudiera llamarse intelectual, se reduce, en la prensa. a la serie aque• lla de cuatro o cinco artículos que él tituló "El Primer
Caso Concreto," escrita en auxilio del pobre diablo de
erueta;·y en la Cámara de Diputados a su latosísimo discurso sobre restitución de Egidos a los pueb'.os áe indíg&lt;.'nas, que si en su fastidiosa forma, es obra genuinamente
suya. en los datos lo es de Molina Enríquez. quien se los
proporcionó desde el primero al último. Sus otros discursos no merecen mención, como no sea a título de tediosos. \
·
Pero como indudablemente es un hombre "listo,''. Cabrera ha ,sabid~ sacar partido al ''primer caso concreto"
y al discurso de los egidos, para que no pocos le tengan
por un intelectual que allá en las profundidades del cerebro guarda misteriosos e inagotables tesoros de saber. Y
lo más notable del caso es que él mismo ha acabado por
creerlp.
Hay escritores que deben su fama a los "lectores que
los leen;" pero hay otros, numerosos por cierto, que la deben a los ''lectores que no los leen." Luis Cabrt&gt;ra pertenece a esta categoría.
Cn "caso concreto," aunque no sea de los suyos, me
va a servir para ilustrar el asunto.
Hace algunos años que don Torib.,jo Esquive! Obregón, escribió en México varios artículos de índole económico-financiera, atacando al Ministr-0 de Haciendo don
José Ives Liman tour. Si el público hubiera leído aquellos
artículos, fácÚmente habría echado de ver que no contenían el menor rastro de ciencia económica, sino apenas
aquellas cu&amp;tro generalidades que lleva en la cabeza todo
el que ha pasado la vista por un manual de economía política; pero Esquive! Obregón tuvo la fortuna de que nadie los leyera, y el público, que apenas se enteró de la
materia del debate, conservó la impresión vaga de que en
alguna parte de la República 1Iexicana vivía aquel apreciable Pacheco de las finanzas: "parece que anda por alií
un seiíor Esquive! Obregón que :s una esperanza financiera," se dijo entonces.
Esquive\ Obregón debió así su fama a "sus lectores
que nunca lo leyeron," y gracias a éstos, cuando el cuarte'.azo acabó con ~I maderis.tno y se trató de encontrar un
Ministro de Hacienda, 110 faltó quien dijera: "parece que
anda por ahí un señor Esquive!, etc."
Y Esquive! Obregón fue liinistro de Hacjenda, sin
·que tuviera más nociones de finanzas que de veterinaria.
?\o es otro el caso de Luis Cabrera.
Cabrera abusa de la pormenorización, por cálculo:
para producir, a "sus lectores que no lo leen" la impresión
del hombre dt lo~ detalles, que lo sabe todo, al pormenor. Y como por este medio consigue aburrir a los que
pretendieran leerlo, )nvariablemente consigue su objeto.
Leyendo los artículos, tomo escuchando los discursos
de Cabrera, invariablemente anotaremos en nuestro espíritu el siguiente proceso: el primero. que necesariamente
es muy ''largo, nos parece muy bueno; el segundo, más
largo todavía, nos parece muy aceptable, aunque no tanto
como el anterior; el tercero, larguísimo. nos obliga a torcer el gesto; el cuarto, interminable, se nos antoja decididamente malo y cuando aparece el quinto. arrojamos el
periódico o nos salimos de la galería, diciendo:
- Al diablo con el latoso!
De esta manera, desde el tercer artículo consigue Cabrera que "sus lectores" no lean más que los encabezados
y que desde el tercer discurso los diputados descabecen un
sueño o charlen alegremente sin acordarse más del orador. Pero en ambos casos el vulgo, que es la enormidad

aplastante, se queda con la impresión de que aquel seiíor
"sabe mucho."
En el fondo, Cabrera es un megalómano de la inteligencia y de la perver\idad :-"gusta de adoptar actitudes
feroces e imponentes, pero no hay que tomarlo en serio;
así como le seduce que lo crean muy inteligente, le complace que lo imaginen insondab!emente malo.
Pero la revolución, sin sospecharlo. ha venido a confirmar que no es ni una ni otra cosa, que no pasa ele ser
un ruín muy listo o un listo muy ruín. En la revolución
ha tenido dos actuaciones distintas: la política y la financiera. En la primera muchos emigrado&amp; y no pocos resi- '
dentes. en México le atribuyen el "preconstitucionalismo"
a favor del cual se ha podido consumar en grande escala
el aniquilamiento de las clases superiores de }.léxico, aniquilando, de paso, la riqueza de la intelectualidad nacional; pero en todo esto, como de costumbre, Cabrera no
ha desempeñado sino un papel secundario, de "barrilete."
Aquel diabólico plan fue inventado por Mr. Lind y ordenado, impuesto por, Mr. Wilson a la revolución que él ha
venido dirigiendo desde hace tiempo: Cabrera no fue sino
el "rábula" que le dió forma "mexicana."
En el orden financiero, toda la ciencia de Cabrera se
resume en aquella frase que él mismo pronunció en ocasión solemne, durante la permanencia en Veracruz, la líeca del carrancismo:
"Tomar el dinero donde lo haya."
Y en efecto, el dinero lo ha tomado abtfi1dantemente
de donde quiera que lo hubo; sólo que para tomarse lo
ajeno emitiendo papel moneda, asaltando la Caja de los
Bancos y apoderándose de los bienes de los emigrados,
bastaba el último de los "constitucionalistas:" no valía
la pena de ser un superhombre, que "convierte en éxitos los desastres," según de sí mismo dice Cabrera con
aquella deliciosa inmodestia que nos dio a conocer en la
Cámara de Diputados, cuando con aquellas significativas
sonrisas suyas se anticipaba, a sí mismo, como el poeta de
''Los Bohemios," las ovaciones que el público se obstinaba en negar:e.

BELLEZAS INFANTILES

***
La psicología de Cabrera aparece muy complicada para los poco versados en cierta cla·se de estudios: resulta
en el fondo, extraiío personaje, este medroso que adopta
posturas de provocación para esconder su timidez. Alelo
Daroni nos ha dicho, en un hermoso artículo, que Cabrera
ha pretendido hacer pasar por Sllya la frase de Bonafoux,
expresando el deseo de que, a su muerte, su cadáver fuese
arrojado a pudrirse enmedio de la calle en un barrio populoso, para producir una epidemi:1. Este fúnebre alarde, como el hecho de haber emparentado con Nevraumont,
el jefe de la cuadrilla de ladrones que en el corazón de la
ciudad de 1Iéxico asaltó, ·en 1891, la joyería de la Profesa
y asesinó a su dueiío, es una máscara de cinismo y arrogancia para disimular el pavor.
Alfonso Daudet en las inolvidables páginas de Tar!arín, para pintar las espliitáneas exagera.ciones del temperamento meridional, nos habla de individues con almas
de paloma y aspecto de pir~tas argelinos; Darwin. por
su p'arte, ha sorprendido en la naturaleza. animales inofensivos en lo absoluto, cuya única defensa consiste en
un aspecto de ferocidad que no es sino decorativo. Algo
ele esto hay en Luis Cabrera, puestas aparte las envidias
que gobiernan toda' su existencia; y si a mí se me pidiera
de él una síntesis gráfica, no vacilaría en ofrecer la siguiente:
Un alacrán ponzoñoso que se sueña Hidra de Lema!

QUERIDO MOHENO.

NrnA JUSTICIA GUAJARDO.
Hijita del Lic. Jo,é F. Guajardo, de Monterrey, N. León.

�EL CARRO COMPLETO DEJLA ÜRA TO RIA
En el curioso libro que Don Francisco Bulnes ha editado en id ioma inglés, al enumerar a los implacables agentes de la destrucción mexicana, se refiere a los abogados
que se dedicaron al Derecho Penal y ejercitaron su orato ria en los Salones de Jurados. Y los incluye como res• pon sables &lt;le la catástrofe, en los siguientes términos:
"T he defenders of the criminal class befo re popular juries const ituted another fraternity to be feared. These criminal advocates t urned
the courts into schools of oratory in order to increase their prestigc
in the eyes of the dictatorship and in those of the oposing attorneys."

Xo concebimos en \'erdad. cómo se pueda hilvanar
el " jurado de los peleles" con el "Plan de San Luis Potosí," ni como tampoco la defensa ele Florencio Morales,
hec ha por el Lic. Olaguíbel, haya contribuí&lt;lo en algo a
la Revol.ución del 20 de Noviembre. Claro está, que todas las defensas entraiían una disculpa de los crímenes
más atroces; pero aparte de que dichas defensas s.e hacen en todos los países, sin provocar revoluciones, sería
infame instituir un régimen de justicia en donde se proh ibiera al reo defenderse.
La, tesis. de Bulnes constituye un absurdo que ni siquiera vale la pena de comentarse. Nosotros vamos a
procurar explicarnos la génesis de dicha doctrina en el
cerebro peculiar del autor del "Verdadero Juárez."
Es muy general oír en México algo referente al famoso "carro completo" de los científicos. Se dice que
cinco o seis individuos acaparaban vorazmente todos los
negocios de la Secretaría de Hacienda; y que cuando alguien proyectaba alguna institución benéfica para la Nación, no encontraba asiento, desde donde pudiera expresar su proyecto, el cual fracasaba si no se hacía al través de uno de los afortunados que tenían "bo!eto perpetuo."
No nos toca examinar en este artículo si la voz popular tenía o no razón en lo- que al "carro completo"
de los negocios se refiere; pero sí nos consta que había
"carros completos" en todas las manifestaciones de la
inteligencia. En México había un "carro completo" para los poetas consagrados; otro "carro completo" para
los Abogados famosos; otro "carro completo" para los
1Iéditos eminentes; otro "carro completo'' para los fi:ósoios, para los historiadores, para todo lo que significase
acti'vidad mental. Naturalmente los oradores tenían su
carro comp!eto, y el que lle\'aba las riendas de ese vehículo era nada me.nos que el Ing. Bulnes.
Era el oraclo.r indiscutib'e, el indiscutido. Las lides
tremendas de su juventud lo habían consagrado; y a par, tir de 1904, se estableció en calidad de ejecutoria que discutir con Bulnes, era ponerse en ridículo. Era polemista; pero ya se sabía que no perdía nunca: ma 1abarista maravilloso de la palabra, para todo tenía réplica, y hacía gimnasia de su talento, golpeando audazmente sobre los dogmas nacionales. Y así como nos espantábamos de niiíos,
con las famosas hazaiías~e "Raja-cerros" y de "Arrancapinos," así también nos conmovíamos de pavor con el
' ·monstruo''-¡ perdón, Demóstenes !~que le enderezaba
un mandoble a J uárez, lo que era casi tanto como rajar
un cerro!
Y Bulnes seguía creciendo. Moheno elijo una vez que
la tr.ihuna estaba viuda desde que Don Pancho había salido de .la Cámara. Era por consiguiente, el árbitro, el
umco. El quería siempre que se le discutiese; pero,aqui aplicamos una de sus paradojas-se le había de discutir en su calidad de indiscutible.

Entretanto los años pasaban y una generación briosa apuntaba en los horizontes, mientras que el consagrado tribuno empezaba a exper,imentar el fenómeno
inevitable que él seiiala en un cuarteto cuya supuésta degeneración causó la ruina de 1I éxico. Su numen inflado
siempre a fuerza de comparaciones grotescas, empezó a
descender y dejó de crear. El público se divertía; pero
cada vez menos, porque se aprendió a l tribuno de memo ria: ya se sabía que para Bulnes las "debilidades habían de ser inquebrantables ;" " los canibalismos tenían
que s er burocráticos;" "los silencios se habían de oír;"
"las marchas tenían que avanzar hasta las retaguardias ;"
ya no era un secreto que derrochaba "giros por sorpresa,"
que sus metáforas eran de destanteo; que sus tropos eran
ele esos que pueden aquilatarse como bellos mientras sorprende n por su ingenuidad; pero que al convertirse en "clichés," engendran una r etórica mecánica insoportable.
Lo mismo le pasó a Bulnes con sus frases y comparaciones inesperadas: se fueron apolillando; se hicieron
literarias; perdieron su fresc ura y acabaron por sonar
siempre lo mismo. Bulnes se libró ele p lagiar mientras
fue joven; pem envejeció, y entonces en lugar de plagiar
a los clásicos como hacen los autores que carecen de orig inalidad, se empezó a plagia r a sí m ismo. Y entre copiar
a Homero y copiar al autor del Verd_ade ro J uárez, existe
algo de diferencia. Por eso cuando en su último libro,
dice "que más le hubiera valido a Corral fijar su residencia en la is!a de Corfú para dedicarse al estud io consolador de los clásicos" sentimos la misma impres ión que al
oír "cielo azul," "crepúsculo soñador," "poniente trági- •
co" y tantos otros clichés gastados que no suenan a nada, por haber sonado más de lo que debían.
Ya sabemos que Corral se ve chusco estudiando clási, cos; pero lo mismo se ve ría cualquier personaje si lo
pusieran en una actividad que contraste con sus facu ltades y sus costumbres. Don Benito Juárez, ded icado
al cultivo de los rábanos; el General Díaz entregado a
la teología; Don Pab:o Macedo aprendiendo pugilato y
otros m il cuadros más ''marca Bulnes," se pueden forjar mecánicame nte, sin que por esto creamos haber descubierto una nueva forma. ¡ Q ué fácil fuera el Arte si
pudiera uno sujetarlo dentro de una receta definitiva!
Y s i envejeció la forma de Horacio; s i los cánones
del Maestro de la lírica no ev itaron la petrificación artística dé los i mitadores,
¿ qué podremos deciJ- de las
formas de Don Francisco Bulnes? Mientras aprisionaron
pensamiento joven, maravi1laron a quienes las escucharon;
pero después que el autor hubo envejecido, cuando se
palpó que los contrastes empezaban a ser procurados,
que las paradojas no le brotaban ya ingenuamente sino
después de castigar horrib'.emente su cerebro, entonces la
forma dejó de cautivar y el tribuno entró en una época
de notoria decadencia.
En esta época empezaron a sonar los nombres de
nuevos tribunos que habían hecho su escuela ora toria en
el Salón de los Jurados populares. El públ ico pronunciaba con entusiasmo los nombres de Diódoro Batalla.
José .M aría Lozano, Francisco Olaguíbel, (Moheno fue
una revelación inesperada que se dio a conocer en 1912)
y otros más, cuya fuerza impulsiva venía empujando a la
generaci ón anterior de la cual era pontífice Don Francisco Bulnes. Diariamente ejercitaban estos jóvenes oradores sus espléndidas facultades y poco a poco fueron depurando su gusto hasta el grado de convertirse algunos

de ellos en verdaderas glorias patrias, admiradas en el
pero eso fue precisamente lo que más lo entristeció: no
extranjero.
era un desea 1abro sino algo definiti,·o que no se podría
Bulnes y su "carro completo" no veía. no podía ver nunca reparar. t\adie lo silbó; pero los silbidos a veces
que de repente, esos jóvenes sa 1idos de la nada pudieran suenan (paradoja esti lo Bulnes) como si fuesen ovacionés
entrar al cenáculo de los elegidos. No era posible to- delirantes: ·suelen marcar la apoteosis de un genio; c11
marlos en serio. El había "vencido" a Pallares y por cambio las palmas tibias, para los orgullos supremos, son
lo mismo no podía justar con aquel!os arrivistas (como el mayor ele los martirios.
llamó a uno de ellos el Lic. José R. ~spe) de la inteliAdemás, Bulnes, que tiene vanidad de inteligente y
gencia.
no vanidad de estúpido. no podía dejar de advertir que la
Pero la juventud se iba abriendo paso a pesar de to- pieza de Lozano había sido muy superior a la suya. Se
do y empezaba a consolidar su prestigio al través de la sintió por consiguiente, humillado ante el veredicto de
Nación. Entonces Bulnes, que hab ía estado si' encioso sí mismo.
por muchos años, decidió conservar el cetro oratorio y
Al día siguiente. un periódico cometió la indiscre-'.
se preparó a tomar parte en las lides parlamentarias d_e ción de decir que el Lic. Lozano había pu1verizádo en la
19u y 1912. Fue aquella !a agonía del talento de Bultribuna al Ing. Francisco Bulnes: ese reportazgo f~e para'
nes; algo parecido al atardecer del alma de William Pitt el autor del ''Verdadero Juárez" una herida que jamás ci- '
en la Cámara de los Lords. Pero ya no era el mismo;
catrizará. Por eso le preguntaba a un poeta. amigo susalía siempre victorioso; pero se veía que el triunfo defi- yo: ''¿ notaste tú que Lozano me pulverizara?_Porque yo,,
nitivo iba a quedar en manos de la gente nueva.
francamente no me siento pulverizado."
Y llegó el 111omento más doloroso para la vida del
Katuralmente. Bulnes no podía negar la alteza tribu-.
tribuno mexicano. El gobierno de !ladero envió a la
nicia de los que habían acabado con el carro. comp'eto;
Cámara de Diputados a sus dos Ministros más elocuende la oratoria. Tiene demasiado ta!ento para mostrar el·
tes-. para sostener que los Secretarios de E,tado. confordespecho de una manera tan disparatada. Pero su alma•
me a la Constitución de 1857, no tenían la obligación de ir
es un vo!cá11 y tenía que estal'ar por algún lado. ¿ Contra:.
al Parlamento a responder las preguntas que en éste les
quién fu'.minar su có 1era de rey destronado?
hicieran. Bulnes se puso del lado del gobierno y elijo maLa escuela de sus contrincantes: ¡ he a 1lí el enemigo!'
gistralmente los argumentos de siempre. los que ya sabíamos de memoria desde que nos encontrábamos en las Y el hombre que había defendido el pu!que y atacado a,
au!as. Entonces, el Lic. Lozano expuso una teoría des- Juárez, sci1aló con su índice vengador. la Sala de Jura-'
dos Popu'ares. Los Tribunales ele Belén habían destruiconocida hasta entonces algo nuevo y al mismo tiempo
fundado, a 'go jurídico pero original. y su discurso con- do su reputación ele omnipotente: pues que sobre ellos ca- ·
trastó con el de Bu'nes, como la naturaleza del seiíor yera el crimen de haber destruido a la Patria!
•
Y así fue cómo Bulncs ligó el Jurad o de los "Pe-:·
Corral. con los clásicos a cuya lectura debía entregarse
!eles," con la gloriosa de 1910. Esto, naturalmente. no·
en la is!a de Corfú.
Bulnes habló muy bien en aquel'.a sesión memorable; pasa de ser una hipótesis.

DAMAS DISTINGUIDAS

ANGELITA VI VANCO.
De Monterrey, N. León.

BELLEZAS INFANTI LES.

MARIA AUXILIADORA.
Hijita del Lic. J. M. Cuén, radicado
actualmente en Ensenada, B. C.

�LA CAMPAÑA DE LOS BALKANES
Rumanía ha quedado sometida a los Imperios teutones. En esta plana aparece el Mariscal Mackenzcn, en
dos grabados: en uno se Je ve conversando con el Príncipe de la corona Federico Guillermo; y en el otro, se mira rodeado de su Estado Mayor, al cruzar un río.
Los otros grabados, muestran al Príncipe Eitel Federico y al Duque de Brunsivick, hijo y yerno del Kaiser,
respectivamente, que han tomado parte muy activa en la
cam¡:aña cuyo desenlace fue la toma de Bucarest.

1
1

~++l~+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++~++++++++++++++++++++++++++i

�CORRESPONDENCIA DE LA HABANA
Habana, 3 de Diciembre de 1916.
Señor Lic. Don Nemesio García Naranjo,
Director de "Revista :Mexicana"
San Antonio, Texas.
Muy distinguido compañero y amigo:
Quiere uste,d a toda costa conocer el discurso del
Gobernador de la Isla Barataria Yucateca, y a fe que me
pone usted en grandes aprietos. Lo he leído. releído,
dándole vueltas ·por todas partes, y no encuentro el punto saliente o débil para iniciar el ataque: es un bloque
enorme, redondo, que ni los howitzer alemanes harían
mella en él. En serio no puede considerarse porque mueve a risa y en choteo franco, menos, porque mueve a
compasión. En consecuencia, declaro paladinamente que
no puedo complacerlo como serían mis deseos, y para no
caer en abierta rebeldía, limitaré mi labor a transmitirle
de esa notable pieza oratoria, que pasará a la posteridad
sin duda alguna, los trozos más salientes, con sólo algunos lijeros comentarios.
Después de los ditirambos ampulosos con que le ofrecen su candidatura para Gobernador constitucional los
partidos Socialista y Contitucionalista, se yerg.ue el que
pocos días antes ai1daba por las calles de Cananea pregonando a grito pelado "cabezas calientes de horno," y
con la arrogancia de un Cicerón y éon la impetuosidad
de un Aníbal, declaró que no creía "que hubiesen hombres insustituibles o indispensables y que por tanto bien
podría el pueblo haberse fijado, en otra persona para regir sus destinos , y que él mismo había pensado con frecuencia en la persona capaz de continuar la obra revolucionaria por la misma senda trazada por él." Arrepentido
de su acto de modestia, el ególatra Alvarado rectifica a
renglón seguido agregando: "Y o mismo creo difícil encontrar esa persona que continuara debidamente esa labor, porque cualquiera tropezaría con los obstáculos puestos por los enemigos, de la revolución, obstáculos que YQ,
por mi parte, ya he logrado vencer y dominar."
De donde resulta que, aunque no quiera creer. como
dijo al principio, en los hombres insustituib'es, los hechos demuestran lo contrario .en el caso suyo especial: él
mismo, con ser Alvarado, no encuentra quien lo sustituya, ni quién venza los obstáculos reaccionarios, y eso
que ya los había vencido y dominado antes.
Y no obstante ese convencimiento, él, Salvador. no
podría aceptar su postulación sin consultar con el Primer
Jefe. ¡ Bello rasgo disciplinario en un rebelde!
Quéjase, el infeliz. de la ingratitud de muchos que le
tienen por déspota. por tirano, por loco, él, que no quiere sino el bien general. Ahora veamos cómo demuestra
que ni es loco, ni déspota, ni siquiera tiene un pelo de
tonto.
Afirmó que ''jamás olvidará por qué había recorrido
los campos, incendiando las ciudades y matando a cuántos se oponían a su paso." Habló también de la lucha
con otras razas. que s~ aproxima, y se declara hombre
consciente, y por eso se prepara para ella con discursos
por donde quiera."
Amenaza con continuar la obra preconstitucional y
"cree que entonces dejará de encontrar obstácu!os, pues
ya no se podrá decir que el Gobierno está impuesto por
la fuerz~ de las bayonetas, pues ya tendrá entonces el
Gobierno la fars¡¡ de un Congreso que legalice sus actos."
Y después de esta sublime concesión, nadie tendrá derecho de llamarle déspota, ni loco, ni siquiera tonto.· Eso

es simplemente hablar verdad y hablarla franca y clocuentemente.
Comprueba su magnitud y respeto a la ley, refiriendo que conoce la correspondencia privada que eutra y sale del Estado y, sin embargo, a nadie ha perseguido nj
siquiera fusilado. Y, en efecto, así es la verdad: él gusta mejor de la horca. y en Mérida es ya histórico el árbol
del roble donde se han mecido tantos. cadáveres.
Y luego se presenta como un profundo y convencido
apóstol del socialismo enragé. "Yo sigo creyendo que
la tierra no pertenece a nadie, lo mismo que la luz y que
el aire." El es una enamorado constante y lo prueba ahora esta frase copiada. La dijo &lt;mando expidió la
ley agraria, la repitió en la ley del trabajo, y hoy la saca
a relucir nuevamente. Y eso que la había dejado descansar, escocido por aquel articulito de Fiores Magón, que
le recetó por ella una camisa de fuerza..
Con razón se
queja de que le llamen déspota, insensato y, sobre todo,
loco.
Y para dejar bien aclarado lo que entiende por cuestión agraria, espeta el siguiente argumento: repite "que
la tierra no pertenece a nadie; que es falso que pertenezca a determinados individuos porque la han trabajado,
pues. por lo general, el precio que adquieren los terrenos,
no se debe a trabajos hechos por los propietarios sino
al aumento de pob 1ación." Y exclama con aire triunfal:
"¿qué razón hay para que Don O:egario Malina o Don
Joaquín Peón tengan un montón de casas que van aumentando de precios conforme aumenta la población y, por
ende, van enriqueciendo a esos sei10res, sin ningún esfuerzo de su parte? Lo justo es que los terrenos pertenezcan al Estado, para que los beneficios del aumento de
precio, redunden en beneficio de todos."
¿ Verdad que este Ravachol carrancista dejó muy pequeñitos a sus maestros?
Para terminar, copiaré lo que dice de los Tribunales
de Justicia y de los abogados. Ensalza la honradez inmacu1ada de sus actos gubernamentales, la diafanidad de sus
procedimientos y la inquebrantable btiena fe con que todo lo ejecuta y discierne:
"Por lo que se refiere a los
Tribunales de Justicia, no sucede igual. Allí se siguen los
mismos procedimientos antiguos de compadrazgos y de
, chanchullos. La revolución no ha llegado allí. ¿ Por
qué? Porque hasta hoy. a pesar de todo mi despotismo
y de todo mi poder, no he logrado meter un poco de honradez en los abogados. Esos señores siguen haciendo
lo que les da la gana." Y luego de asentar esas verdades
tan amargas. se rectifica él mismo, sin pensarlo, añadiendo: "Muchos abogados se han ido a Yucatán, diciendo
que no pueden vivir en Yucatán. Y tienen razón: ya no
se puede vivir, porque se acabaron los compadrazgos,
porque ya no hay chanchullos."
¿ Verdad. Señor Director. que quienes sostienen y
predican que el clarividente Don Salvador Alvarado es
un insensato, un loco, un déspota, son unos ,·iles malYados, vulgares caluñrniadores?
Por lo expuesto, y cuanto más visto y leído, me anticipé a decirle que ese discurso no podía tomarse en serio porque movía a risa, y mucho menos en franco choteo, porque movía a compasión. Y ahora. ¿ de quién es
la culpita, (como dicen en Cuba)? De usted que se empeñó en conocer tal pieza y di~&lt;;ulpará a su amigo que lo
quiere.

LUIS PORTAL.

CLEME·NCIA
POR IGNACIO M. ALTAMIRANO
(Continúa.)
dalajara en los últimos días de Diciembre y saliendo él
mismo con sus tropas a los primeros días del mes de
Enero de 1864, después de haberse dirigido el infortunado
general Ghilardi con su pequeño grupo de patriotas, a
Aguascalientes, en donde encontró a los pocos días una
muerte tan desgraciada como heroica en unión del patriota Chávez.
El gobernador de Jalisco se estableció primero en
Sayula, dejando todavía algunas fuerzas de observación
tendidas hastíl Zacoalco y aun hasta Santa Ana, a pocas
leguas de Guadalajara.
Bazaine, con su ejército de franceses y afrancesados,
ocupó sin combatir esta última ciudad el día 5 de Enero
de 1864.

XXIII
LA ULTIMA NAVIDAD
Conocidos estos sucesos vuelvo a tornar el hilo de
mi narración, por lo cual retrocederé ha.sta los últimos de
Diciembre de 1863. época en que todo el mundo en Guadalajara hacía ya sus aprestos, ora para salir también
de la ciudad con el gobernador republicano, ora para recibir a los invasores.
Muy pocas familias se anticiparon a las tropas republicanas en la salida de Guadalajara para el Sur de J alisco. Las. más lo hicieron después, por una especie de pánico que se apoderó de ellas al sentir la aproximación de
los franceses; aunque justo es decir que la mayor parte
de las referidas familias eran compuestas de liberales y
buenos patriotas que preferían las vicisitudes de la peregrinación, y aun el destierro, a vivir entre los enemigos
de 1féxico. Muchas de estas familias partieron para California; y para las más acomodadas, efectivamente era
San Francisco el mejor punto que podían elegir en aquel
tiempo de borrasca y de adversidad.
Las tropas de Arteaga tenían ya sus disposiciones
tomadas en virtud de las órdenes superiores; pero permanecieron en la plaza hasta los primeros días de Enero, como he dicho.
Enrique Flores y todos los jefes y oficiales del" cuerpo
a que pertenecía, incluso el coronel e incluso también
Fernando Valle, cuya tristeza aumentaba cada día, así
como 'su amor a Clemencia, deci~ieron pasar lo más ruidosamente posible aquellos últimos días ele su permanencia en Guadalajara.
·
La Navidad estaba próxima, mejor dicho, era al día
siguiente. ¿ Cómo no pasar con alegría esa fiesta de la
intimidad, esa fiesta del corazón, en unión de las personas queridas que iban a quedarse bien pronto abandonadas tal vez para no vol:verse a ver nunca ?
Después de la Navidad, estaban la guerra, la montaña , las privaciones, la derrota, tal vez la muerte. Era,
pues, necesario libar el último cáliz de placer hasta
la postrera gota; era preciso celebrar el último banquete
de la familia con entusiasmo, con delirio.
Clemencia dijo a Flores, a Valle y a sus compañeros:
-La Navidad se celebrará aquí en casa; haremos
un gran baile, tendremos una agradable cena, nos ale·

graremos por última vez con los nuestros, y después,
que vengan los franceses y nos degüellen.
Los oficiales se pusieron locos de contento.
La noche del 24 llegó; noche hermosísima en nuestra patria como en todo el mundo cristiano, y en que hasta los desgraciados y los malos se alegran y ríen.
. Ya conocen vds. la casa de Clemencia. Pues también la noche del 24 era un palacio de hadas. Se iluminaron el patio y los corredores, -se pusieron por todas
partes gigantescos ramilletes de flores y ramas de arboles cubiertas de heno y de escarcha. Se dió, en fin, a
la casa el aspecto tradicional de las fiestas de NocheBuena.
El invierno con sus galas de nieve, con sus pinos y
sus musgos (lo cual es una exageración en Guadalajara,
donde ca·si no hay invierno) contribuyó ·a embellecer
aquella mansión opulenta en que iban a tener lugar las
alegrías íntimas dentro de pocas horas.
En el salón se había colocado ese pretty German toy,
como le llama Carlos D ickens, ese árbol de Navidad, precioso capricho no introducido todavía · en México, y que
es el objeto de la ansiedad de la infancia, de la alegría
de la juventud y de la meditación de la vejez, en esos
países del N arte donde aun se mantiene vivo con el calor del hogar y el amor de la familia.
Había sido un capricho de Clemencia poner ese árbol, en cuyas frescas ramas había colocado algunas- de
sus más queridas alhajas, pañuelos, y pequeños juguetes
que habían de repartirse entre sus afortunados amigos,
con entero arreglo ¡ti estilo alemán: sólo que aquí en
vez de niños eran valientes oficiales republicanos los que
iban a obtener esos preciosos obsequios, como una muestra de eterno recuerdo.
A la media noche debía hacerse este reparto, como
es costumbre. Además, Clemencia prO'siguiendo sus imitaciones del extra.njero, había dispuesto que inmediatamente después de despojado el árbol de sus adornos, el primer wals. que se bailase fuese como el wal'S de media noche en el último del día del año, el baile de los amantes,
es decir, en el que debían escoger los hombres a sus preferidas, Y ésta1s a los dueños de su alma. Tal vez no todos
los amigos tenían allí a las amadas de su corazón, pero
Clemencia en todo esto tenía una mira enteramente
personal suya, y poco se cuidaba de los demás.
Isabel había sido convidada, como era de suponerse;
pero la pobre niña aun sufría los tormentos del desengaño, cada vez más amargo a medida que pasaba el tiempo.
Por fin el salón se llenó. Era bastante amplio para
dejar un gran espacio donde estaba colocada la mesa en
que se hallaba metido el árbol que ,aparecía deslumbrador
con sus pequeñas y perfumadas bujías y con sus brillantes juguetes y alhajas.
Este espacio quedaba libre; e.n el resto del salón se
comenzó a bailar.
Enrique dió la señal llevando por compañera a Clemencia.
Ya desde ese momento Fernando notó ciertas inteligencias entre su pérfido amigo y la hermosa joven, inteligencias que habían comenzado en las visitas que en los
últimos días había hecho Enrique a la coqueta, segura·
mente nuevo objeto de su galantería, después de la re-

�pulsa de Isabel, repulsa de que Valle no tenia conocimiento, pues también hacía tiempo pue había dejado de \isitar a su prima.
El pobre joven se colocó en un rincón,
y desde a .lí procuró· observarlo todo. palpitándo'e el corazón de dolor y de miedo, porque ya le daha miedo pensar que Clemencia se enamorase también &lt;le Flores.
Esto se explica: Fernando estaba entregado ciegamente a su amor a C:emencia, y no había para él medio
entre ser amado o morir.
El baile siguió alegre.
El reloj dio las doce de la noche, y todo el mundo
vino a agruparse en derredor del árbol de Navidad.
Comenzóse la rifa ... cada uno sacó su número y
C!emencia fue distribuyendo la alhaja o el juguete que
correspondía a aquel número.
Llegó su turno a Fernando.
Sacó el número 13, número fatal entre los fatales.
c· emencia bajó de una rama del árbol un lindo paiiuelo
de batista que tenía este número.
-Valle, dijo ia joven alargando el pañuelo a Fernando. Isabel y yo hemos bordado juntas este paiiue!o ....
por esto debe ser:e a vd. doblemente querido.
-Le guardaré como una re'iquia sagrada, respon·
d;ó f,ernando.
-Y cuando reciba vd. a 1guna herida, empápele vd. en
rnngre generosa, esa será la mejor manera de honrarle.
- Y o lo prometo. murmuró Fernando pa 1ideciendo.
Acababa de sentir ese extraiio temor que la vista de Clemencia '.e había causado la primera vez que la vió.
Después de distribuídas las a:hajas, los concurrentes,
forrnando grupos para examinar el objeto que les había
tocado ~n suerte, se fueron dirigiendo a la pieza en que
estaba puesta la me·3a para la cena.
Fernando, pensativo y lleno de funestos presentimiert·
tos, en vez de seguir a los demás se co · ocó junto a una
puerta del salón que daba al corredor, y casi se puso a cubierto con una gran corti'lla.
•
De repente dos personas pasaron junto a la puerta,
por el lado. de afuera , caminando lentamente.
Eran C'e mencia y Enrique.
-Será una alhaja querida, decía Enrique; pero hub:era yo preferido el paiiue'.o bordado por tí. ¡ Qué fortuna de chico; la otra vez una flor, ahora un pañuelo.
-¿ Y tengo yo :a culpa, Enrique? Pero no seas niÍlo ..... toma y consuélate-tu árbol de Navidad es mimano, y ePa te a!arga e.;to: ¿ estás contento?
-¡Ah! ¡ qué dicha! y sonaron dos besos apagados
que Enrique daba al objeto que le a 1argó Clemencia.
-Retrato y cabello que pediste ... Ahora, enójate.
Los jóvenes se a'ejaron.
Fernando cayó desplomado sobre una silla. Lo que
acababa de escuchar era cuanto podía sucederle de imprevisto de horroroso. de terrible.
Poco después le fue preciso salir al corredor; se ahogaba .... estaba loco. Si alguna vez hizo propósitos insensatos, fue entonces. Su pecho era un vo~cán. su cerebro ardía, y no le venían a la boca más que blasfemias.
Se acordó de que traía guardada y cuidadosamente envuelta la flor que Clemencia le había dado a!gunos días
antes. Sacóla del pecho y la arrojó con cólera sobre el
mismo jarrón japonés en que estaba la planta que la había producido.
-Conservarla, dijo, sería adorar la burla.
Pero su ausencia había sído notada en la cena, y C!emencia, acompañ,a da de Enrique, vino luego a buscarle.
-Fernando, ¿ no viene vd. a cenar? le dijo la joven.
-No, mil gracias; me siento un poco mal; prefiero
estar aquí, ·respondió Valle secamente.

-Hombre, ¿ se está vd. haciendo · el romántico en
una noche como ésta?
-Amigo Flores, conténtese vd. con ser dichoso y déjeme en paz, replicó \'a le sin poder co1Henerse.
-Amigo \'alle, dice v&lt;l. eso con un acento tan trágico que me causa terror, y sobre todo, a esta seí1orita:
¡ se diría que está vd. rabioso!
-Rabioso no es la pa!abra; indignado sí, como un
hombre sincero que descubre una perfidia .....
-¿ Perfidia de quién?
-Hombre, me interroga vd. mucho, y a su vez se
pone vd. trágico, lo cual me da también terror, y sobre
todo a esta seiiorita.
-Vamos vd. se ha vuelto loco, Fernando: por fortuna yo desprecio a vd. lo bastante para hacerle caso.
-¡ Dios mío! ¡ Dios mío I dijo Clemencia muy agitada
al notar el ademán de \'a1le, que próximo a estallar, pudo sin embargo dominarse y se contentó con sonreír, '
mirando a Enrique con un gesto de supremo desdén.
-Seiiorita, señorita, no tema vd., añadió; e;;te cabal: ero y yo nos conocemos hace tiempo. y sabe que soy
re.;petuoso en ciertos lugares ..... en otros ya es diíerente; tiempo nos queda ..... en cuanto a vd., :e pido mil perdo:1es por mi descortesía hoy, 'y por mi candidez antes.
y .... el permic o para retirarme ..... .
-l;ero, seriar \ a.'e, van a notar que se aus enta vd.
así de una manera singu:ar .... se dirá ....
-~ ada ..... yo ruego a vd. manifieste a su papá que
me retiro porque estoy un poco enfermo. Ya me conocen
y no lo extrai\arán.
Y luego. volviéndose al 'ado de F lores, 'e cog:6 un
brazo y :e dijo sordamente:
-¡11aíianal
-Sí, mai,ar.a re3pondió éste llevándose a Clemencia.
qne hab:á perdido enteramente su aire altivo y que parecía trému'a de emoción.
-Por Dios, y qué va a suceder?
-\·a a suceder que le mataré, C emen~ia; hace tiempo &lt;Lue me fastidia e,te personaje de Byron y ahora coa
1H&lt;1s ¡ust1c.a.
¿ Se creía con derecho qu1zis a tu amor?
Ihbía tom:ido a compasión y la amabi idad por cariño.
Pues es modesto el joven.
-Enriqt:e pror:1éreme qne no le har::s nada.
-Oh! en cuanto a eso yo estoy aco:tumbi"ado, a:nor
m'o, a hacer tragar las amenazas a quien me 'as dirige.
Pero no ternas. no es mi espada la que él verá enfrente,
sino mi látigo.
Clemencia generosa por carácter, se sint:ó ma'. a' escuchar e,ta fanfarronada, que traspasaba los .imites de .o
veroJÍmil.
-¡Oh no! dicen que es mny v:i'iente Fernando.
· -A pesar d~ eso sentirá mi látigo.
--Adiós alegría de ~aviciad! murmuró Clemencia enjugándose sus lágrimas; ya no voy a tener gusto. en toda
la noche, y vale más que esto se acahe pronto.
-Pero ¿ por qué. mi vida? dijo Enrique inclinándose
a besar los perfumados cabellos de Clemencia .... te preocupas mucho con las pa:abras de un imbécil. Vas a ver
si te quito la pena. Bai1aremos el primer wals, no es
esto lo convenido?
-Sí, pero se acabará todo después.
Entraron. La cena se concluyó alegre, pero la frente de Clemencia permaneció nublada y triste.
Tocó se el wals consabido; Enrique hizo prodigios de
galantería y de imaginación para distraer a Clemencia;
pero ésta sonreía tristemente, ocu:taba bajo su larga y
( Continuará.)

'f OPICOS DEL DIA
En nuestl'o número pasado. pr,eguntábamos ingenuamente si las autoridades sanitarias de Laredo, Texas,
se atreverían a perpetrar una nueva fumigación en la personalidad de su Excelencia Don Allrerto Pani. La prensa diaria, de información, satisfizo nuestra curiosidad,
diciéndonos que el Sr. Embajador fue fumigado en su
embajada, aunque no en su persona.
Procuraremos explicarnos.
D. Albertó, escarmentado por la fumigación anterior, descendió del tren de Laredo, Tamaulipas, y pasó por el puente de peatones, dejando que su séquito, en el carro especial, cruzase por el
puente internacional.
Las autoridades sanitarias, que
esperaban a Su Excelencia para ungirlo. con los óleos de
la creolina, encontraron únicamente al séquito, y sobre
los secretarios y attaches, procedió la fumigación.
Y así fue como el Ing. Pani se escapó, en su segundo viaje diplomático, de ser tratado como bacteria.
¡ Los viajes ilustran!

** *

,

Carranza no firmó el protocolo.
Esta es una de tantas martingalas, cort' las cuales cree
el Primer Jefe pasarse de listo. r tantearse a la Historia.
Así también, el habilidoso de Santa Ana, se.•"negó a firma1- los tratados de Guadalupe, para concluir ~ guerra,
de cuyo desastre era el único responsable.
Carranza cree que con no firmar el protocolo, se lava las manchas del 21 de Abril de 1914 y 13 de Marzo
de 1916.
P.ero tiene enfrente la sombra de Azueta, acusándolo
como infidente y traidor I

***

Un consulillo carrancista tuvo el cinismo de declarar,
en una de las ciudaies fronterizas de Arizona, que en pago de las concesiones hechas por D. Venustiano al Gobierno de Estados Unidos, éste le iba a entregar a tocios
los desterrados políticos que viven en Yankilandia.
Eso es lo que sueiian los carrancistas, lo único que
en realidad les prebcupa.
Que Pershing salga o no de
México, es cosa secundaria y trivial: lo interesante es• te- ...
ner víctimas para inmolar en sus altares.
La repetición del fusilamiento de García Granados:
¡ esa es la verdadera bandera de la Revolución!

***

Villa, después de todo, es un· tipo curioso. Dice que
va a tratar a las americanos como si fueran chinos.
Los americanos, por su ' parte, han tratado a los embajadores carrancistas como a súbditos del Celeste Imperio.
Si esto no es reciprocidad internacional, que venga
Calvo y lo diga.

***

Alemania, después de lograr la conquista de Ru.manía, acaba de proponer la paz a las potencias aliadas.
Ojalá que éstas se convenzan de su imposibilidad para
destruir al Imperio teutóii y acepten lós preliminares de
tratados. Porque la paz del viejo mundo está vinculada
con nuestra redención.

***

1f urguía ha iniciado, en la ciudad de Chihuahua, un
régimen de terror, del cual no se escapan ni los mismos

carrancista~. . Se dice que dos oficiales del Éstado Mayor de Jacinto Treviño, fueron pa'sados por las armas; y
que éste. se escapó milagrosamente, en virtud de haberse
informado, por casualidad, que se trataba de asesinarlo.
Entretanto, la fuerza de Villa va en aumento, y se
espera, de un .momento a otro, un nuevo asalto sobre la
ciudad de Chihuahua.
¡ Y todavía hay gentes que consideran ilusos a quienes anuncian el desplomamiento de Carranza!

*'&lt; *

Arnulfo González, gobernador carrancista nombrado
últimamente por Carranza, para fastidiar a las gentes de
Chihuahua, acaba de declarar, en un manifiesto, que la expedición de Pershillg es una verdadera desgracia para
México.
Para México, sí; para Carranza, en cambio, ha sido
la más bonancible de las fortunas; por.que con ella se le
ha ayudado materialmente y se le ha permitido protestar;
en otros términos, se le han otorgado J.os beneficios de
su traició'n y se le ha prestado un disfraz de rebelde, pa· "',
ra que pueda conquistarse sim¡,ttías en México.

***

I

El "1:nternational News Service," comunica la noticia de que entre las fuerzas de Osuna y Cardona, (dos
generales carrancistas) se trabó una encarnizada lucha el
lunes próximo pasado, en la estación ferrocarrilera de
Chihuahua, porque' ambos pretendían apoderarse de un
carro de maíz.
¡ Infelices soldados!
,
¡ Quién les hubiera dicho hace seis años, cuando se
lanzaron a luchar, en pos de libertades, que habían de ter~
minar disputándose un mendrugo de pan I
¡ Los frutos glorio,os de la Revolución!

** *

La prensa informativa de este país anuncia que el
Presidente \Vilson va a hacer todo lo posible porque se
restablezca la paz de Europa.
Las santas intenciones del Presidente puritano, no le
llevarán a cerrar la.s fábricas de armas. E;n otros térn~i~.
nos, el pacifismo de :\Ir. :Milson, nos parece semejante a
la moralidad de un ,cantinero que, para corregir el alcoholismo, en vez de cerrar su tienda, ingresar a una Sacie·
dad de Temperancia.

***

Una de las cosas extravagantes de la Constitución
de ;857, consis.te en llamar a nuestra Patria "Estados
Unidos--:Mexicanos" en lugar de ''México," nombre tradicional y sagrado que debemos conservar y que en realidad cons.ervamos, a pesar del precepto constitucional
que bautiza al país efe otra manera.
Un diputado al aquelarre de Querétaro, con cierta
dosis de buen sentido, propuso la supresión del nombre
"Estados Unidos Mexicanos;" pero a fuer ele carrancista, en lugar &lt;le sustituirlo por el nombre auténtico de
"México," propuso el de "República Federal Mexicana,"
que también es extravagante y artificial.
Naturalmente, fue derrotado. Porque si la revolución se hizo para desmexicanizar a México, ¿ Cómo se
había de tolerar la supresión de un nombre cuyo defecto principal consiste en haber sido copiado de la Unión,
Americana?

- ...,

-v'

"T·-- __.....

�Extra~tos de Testimonios de Pacientes Agradecidos
La mayona de estas personas han tomado mis instrucciones a distancia, con buen éxito. Vengan
Las Aldamas, N. L., México,
Marzo 24 de 1913
Prof. M. C. Martínez: Me reconozco
bueno y sano de
·
los males que me
agobiaron por siete años, varios especialistas me decían qué necesitaba operación. Pero gracias a su maravilloso tratamiento, estoy bueno.Florentino Salinas.

PROF. M.C. MARTINEZ
Poderoso Sanador.

ug% SO SPRING STREET.
LOS ANGELES, CAL.

La Liendre, New México,
Agosto 1 de 1913.
P¡of. M. C. Martínez: Deseo a usted
felicidad y éxito
en su noble tratamiento por medio
del cual he recobrado mi s a 1 u d. 1
Por seis años o
más estuve sufrien
do una enfermedad que me dejaba
· hasta sin sentido.
Me decidí a tomar
su tratamiento, e
inmediatamente comencé a tener resultados, y estoy convencido de sus
métodos de curar sin medicina, gracias a Dios y a usted y que Dios lo
deje gozar por muchos años, para
beneficio de todo aquel que esté enfermo. Adjuto hallará mi retrato.R. M. García.

O

Escriban.

Prof. M. C. Martínez: Padecí séis
aíios de mi cuerpo
tembloroso, calambres, sofocación de
pecho y atarantamiento de cabeza.
Fui tratado por
-doctores y medicinas de patente sin
resultado ninguno
hasta que con su
maravilloso tratamiento, comencé in
mediatamente a sentir alivio y hoy
me hallo bueno y sano.-Gregorio
Bautista.-Morehead, Kan.
"A la faz del mundo me expreso
manifestando mi sincera gratitud al
Prof. M. C. 1fartínez, por haberme
devuelto mi salud,
después de haber
padecido por espacio de diez años,
habiendo gastado
centenares de pesos, en doctores y
medicamentos infructuosamente, él
con sus maravillos o s tratamientos,
me ha devuelto mi
anterior salud y por lo tanto, recomiendo sus servicios."- Maximiliano
Mascareñas.-Ocaté, N. México.

Las Enfermedades de los ojos son epidémicas en los
Estados del Sur de los Estados Unidos
y millares se están curando con

La Pomada Fortificante
DEL DR. J. H. McLEAN para los ojos.

Es un remedio· eficaz e inocente en sus efectos.

Puede usarse en niños y adultos.

De Venta por F. ~A. CHAPA,
EN SAN ANTONIO TEXAS.

A 25 centavos la caja,
y se encuentra en todos los establecimientos donde se venden drogas.

PLATICAS INTIMAS. Esquilo y Bécquer
Aquella pobre vieja se llamaba Soledad; pero todos esperando que virase el viento para desatar las velas de
los chiquillos la designábamos con el nombre de Micho- su barca y marcharse a la pesca, cuando aquel animalón,
que nadie esperaba, salió de entre las piedras de la orilla
leta, y sólo por él la conocíamos.
Tarde a tarde, al sonar las tres, la vieja llamaba a y se echó sobre el inerme pescador que no tenía en la
mano ni una despuntada cuchilla con qué defenderse.
nuestra puerta: iba por los restos de la comida.
Sus manos, duras y nudosas, daban invariablemente Cuerpo a cuerpo lucharon brutalmente bestia y hombre,
cuatro golpes, y al oírlos, todos los habitantes de la casa y tras breve combate que el río y el cielo presenciaron
impasibles, Silverio calló sin vida sobre un charco de sanexclamábamos en coro:
gre roja que espejeaba al sol, y el caimán, con torpezas
-Ahí está ya Micholeta.
Yo, dicho esto, me lanzaba como gamo hacia el za- que no gastó en la lucha, dió la vuelta gravemente, y se
guán, y después de abrirlo con trabajo, porque mis ma- hundió en el agua .....
- j Ah !-decía la bronca voz de Micholeta ;-¡ esto no
nos eran muy pequeíias y la puerta muy grande, salía a la
calle, saludaba con una amplia sonrisa a la vieja, y me se llama sufrir! ¡ esto, esto l. ....
Y la mano de la vieja, huesosa y negra, pintaba en
sentaba en el quicio para verla y oírla hablar.
-Micholeta-le decía;-ahora vas a· comer perdices, el aire un signo, como de hoz que corta para tomar venganza .....
porque ayer fue papá a caza ....
Yo me asombraba, yo compadecía a la vieja; pero
Y Micholeta respondía:
-Tánto he sufrido en este mundo, que ya nle da lo mis ojos, que lloraban hasta por un pajarillo herido, continuaban secos ante aquellos trágicos relatos.
mismo un mal mendrugo que un fino bocado ....
Una tarde Micholeta dijo, toman4o en sus manos mi
Y comenzaba a referir historias, todas negras, todas
largas, todas acontecidas en lejano tiempo y en lejanos muñeca:
-Es bonita esta niña .... ¿La quieres mucho?
sitios. Algunas se habían desarrollado. junto al mar, en
una choza que el huracán destechó por fin una noche de
-¡ Ya Jo creo 1-le respondí.
tormenta. Otras, en la soledad del bosque, bajo los piY después de un silencio en que la mujer pareció
nos negros y apretados. Allí fue donde el montero, por huír hacia el punto más remoto .de su pasado, comenzó a
odios y rencores no extinguidos, mató al marido de la arrullar la muñeca y dijo de pronto, con la voz suavizada
vieja cuando éste volvía a la casucha, tranquilo y descui- y temblorosa, como quien evoca un sueño:
-¡Niño mío! ¡niño mío! .... ¡Mi Silverio! ..... Paredado. Aquello había -sido violento, co~o salto de tigre
sobre un carnero indefenso; y el hombre había caído cuan ce que lo estoy mirando .... con la boca pequeñita, llena.
largo era entre los zacatones que en el lindero del pinar de risas y gorjeos, como los pajaritos en los árboles ....
se alzaban. Mucho tardó la vieja buscándolo por el mon- Yo lo llevaba a lo largo de la playa, apretado contra mi pete, y por fin lo había encontrado, dividido en dos, el cuer- cho, y él, con su dedito sonrosado, apuntaba hacia el mar
po por un lado, la _cabeza en otro, cortada brutalmente señalando alguna vela que pasaba .... No, no es verdad
por el hacha. No más los gatos monteses oyeron los que mi Silverio haya sido grande y que un caimán lo degritos locos de la infeliz mujer que a cuestas tuvo que vorara .... no, no; aquí lo tengo, pequeñito, aquí está ...•
llevarse los restos del que fue su marido, para velarlos so- Duerme, duerme, niño mío .... Voy a cantarte ....
Y Micholeta, como si hubiese perdido el juicio, con
bre una mesa .....
Micholeta, en el quicio del zagúan, alzaba todavía las una insinuante voz que yo nunca le habíit oído, tarareó
crispadas manos. pidiendo venganza al cielo; y yo la mi- ' así, apretando la muñeca contra su corazón:
raba con ojos dé asombro, no comprendiendo bien cómo
La playa en que tengo el nido,
1
se podía vivir en el fondo de un monte, ni cómo podía
se llama de Pomaré;
'!' JI'. ,,a_
velarse, sin temblar de espa11to, un cuerpo cuya cabeza
junto a la mar he nacido,
está separada del tronco.
junto a la mar moriré ..... .
La vieja Micholeta contaba todo aquello con bronca
La voz de la vieja, enérgica y segura cuando relataba
voz; y yo 1a veía en silencio, presa de la admiración que
las
tragedias
dolorosas de su vida, hoy al modular un
siente quierrestá delante de un sér extraordinario que no
cantar
sencillo,
se volvía sollozo ..... Aquel solfeo sonaba
pertenece a este mundo ....
•
. Aquella tragedia, alta y monstruosa, despertaba mi a llanto.....
asombro y mi piedad, aunque sin provocar tnis lágrimas.
junto a la mar he nacido.
Que amaba yo a la vieja, era indudable; allí estaba, para
junto a la mar moriré .....•
decirlo, la ración que de mi postre le apartaba diariame11Todo eso estaba empapado en lágrimas .....
te; pero, ¡cosa extraordinaria!; a pesar de sentir por MiNo pude resistir más tiempo, y me solté llorando.
choleta una inmensa compasión, las lágrimas no moPero como los niños no pueden tener su dolor a solas,
jaban mis pupilas. Y con ellas bien abiertas y brillantes,
corrí hacia adentro en busca de mi madre.
veía a la vieja levantar la mano, ya para maldecir a los
-¿ Por qué lloras ?-me preguntó asombrada.
que tanto mal le hicieran, ya como para entresacar de la
Y yo le respondí:
maraña del pasado algún suceso nuevo que mostrarme.
-Lloro porque Micholeta está cantando .....
¡ Con qué frescura de detalles lo recordaba todo 1
, Entonces mi padre, que en más de una ocasión me
Su hijo, su hijo el mayor, un hombre ya maduro y
había sorprendido, serena, escuchando las trágicas histo_ corpulento, pescador de oficio, a quien las olas drl mar rias de la vieja, dijo fijando en mí sus ojos:
respetaron siempre, había muerto en la playa de llll río
- Cuando esta niña lleve el vestido largo, se asom(como pudo acontecerle a un cortador de cocos,) atacado brará con Esquilo; pero llorará con Bécquer ....•
por un caimán .... La lucha había sido terrible; MicholeY dijo la verdad mi padre.
ta, desde la puerta de su choza, con los brazos en alto,
MARIA ENRIQUETA,
presenció el combate. Silverio dormitaba sobre la arena,

�SECCION RECREATIV.A
Problemas correspondientes
al núm ero 64.

,,

Problemas '"propuestos por Aniceto B. Zapata.
Jesús González Ortega.
Fue resue'.to por Francisco G~erra hijo, lllario 11,~ontes y Lo(a Contreras.
Anagramas propuestos por Ana
H. García.
Porfirio Díaz.-Ignacio A. Bravo.

Sé dos tercia con un ter cia dos al
(que mata
Después toma una prima tres de
Segunda cuarta prima brebaje y en
...(un tris
Quedó listo para el deprofundis.
COLMOS
10.-¿ Cuál es el colmo de un violinista?
20.-¿ Idem de un be hedor?
Jo.-¿ ldem idem de un carpintero?
CHARADA DE ARTILLERIA

-Félix Díaz.
°'" Fueron resueltos por Mario Mon' tes, Lota Contreras y Refugio de la
Garza. Francisco Guerra hijo resolvió el primero y el último y Luis A.
Algarín resolvió únicamente d último.

Charadas propu~stas por Ana A.
García.
1a.-Emiliano Zapata.
2a.-Cinematógrafo.
Fueron resueltas por Francisco
Guerra hijo. Mario Montes {¡nicamente la segunda:
Anagramas propuestos por Ana H.
García.
Ignacio A. Altamirano.
J. Rafael Rubio.
Jos é María Lozano.
Fueron resueltas las dos primeras
por Aifredo Garcilazo y 11ario Montes. E l tercero po fue resuelto.
Cha radas propuestas por Enrique
Treviño.
1a.-Ca fetera.
2a. -Baranda-1:s..
Fue resuelta la primera por Franci~co Guerra hijo, Lola Contreras y
Baudelio López. Xadie pudo resolver la segunda.
Charadas propuestas por Tsaura
Xoriega.

l.

1lf uy tercia dos, prima cuarta, la
( tercia cuarta
Esa t ercia cuarta de Tetuán
Así cual cuarta dos, quiso a dos
(quinta
El estrecho pasar el Tnglés todo
De la tercia cuarta de Tetuán.

II.
Es buen todo el tuno
En I talia nació sobre el prima cuarta
Su prima dos conoce, es tercia cuarta,
Cuarta, seguna, C'd. su obra que es
(buena.

III.
Tercia prima al subir al todo

-¿ Qué tal, Pepe?

-He parndo unos días niuy malos,
pero ya me primera-segwfcla.
-...'..¿ Qué has ten ido?
-¡Friolera! Que aquí, entre uiía y
carne, se me clavó una primera-tercera manejando una todo.

UN SOBRINO PEDIGüEl'l'O
ui( muchacho de provincias. que es-

TI.
2

3 4 5 6-Xomhre femenino.
4 I 2-?\ombre femenino.
I 2 4 6-cc-!\ ombre masculino.
6 :," 2-l\ ombre femenino.
, s-N ota musical.
6-Consonante.

412

CHARADA
Tengo yo en cuarta prima
prima segunda que bella
y una niña tercia cuarta
que me da µenita de ella.r
l; na gata tercia prima
es muy hue,1a conipaiíera.
y si las uñas prima cuarta,
habita la carbonera.
Está muy claro mi todo;
pero si dudare alguno.
vaya a la \' ieja Castilla
y pregúntele a l'namuno.

FUGA DE VOCALES
.
'
1
.n p.n. s . . lz . . n l. c.mbr.
D . . n m.nt. &lt;l.! X.rt. h l.d.
S .. íi.; n .. v. ·Y .l h .. l.
L .. nY .. lv.n c.n s. s.d.r ..
S .. ñ. c.n .n. p.lm.r .
Q... n .1 .r .. nt. l.j.n.,
S. . lz s •. l. t. r. . y tr. s t.
S . br . . n p.ií.n .br.s.d.

tudiaba en la Universidad Central,
paraba en 11a-dri(I en ca.sa de un tlo
suyo, hombre amab;e y complaciente si ios liay; pero. a la vez, formal
y se,·ero, a quién su bemano, o sea
el padre del estlldiante, rogó no faciii1ase a é:e.te ningún dinero sino a
medida que lo fuese necesitando para evitar que gastas.e,mucho de una
CHARADA NARRATIVA
vez.
J
Un sei10r aficionado a las antigiieCierto domingo, el chico se acercuarta p rima con un arqueólodacles
có a su tío y le dijo:
-S1 me diera usted tanto dinero go, que le invita a ver cierto much 'e
como tengo ahora, podría gastarme &lt;le primera, segunda, tercera, cuarta
seis peseta3 en divertirme con mis que tiene en su carn.
\ •Acuden ambos al lugar &lt;le la ocuamigos.
Le &lt;lió el tío lo que pedía, y el rrencia, y al seiior no le gusta tanto
estudiante ga~tó la,;· seis pesetas du- el trasto de primera, segunda, terce~a, cuarta, como un tercera, cuarta,
rante la semana. Al domingo si&lt;le primera, segunda, que hay encima
guiente ,o vio a Jecir a su l10:
Si me diera ust1:d tanto clinl'ro co- de él.
1110 tengo. podría gastar seis pc,etas.
TRIANGULO
El tio le dió la cantidad, y gastadas las seis pesetas en la semana,
al tercer domingo el chico hizo su
petición en la misína forma. Pero
al cuarto domingo ya no pudo hacerla. por la sencilla razón de que ya no
le quedaba ni· un cé¡itimo.
¿ Cuánto dinero tenía el sobrino el
)
primer domingo?
Substituir lo,, puntos por letras, de
manera Q.).le en la primera línea reL OG OGRIFOS NUM:ERICOS
sulte, nombre de una salsa; en la seI.
gunda, nombre femenino; en la ter2 3 4 S 6-.N'ombre masculino.
cera, nombre masc·ulino; en la cuar3 I 2 5 6-Nacionali&lt;lacl.
ta, el nombre de una calle; en la
S 4 2 1-Nombre femenino.
quinta, forma verbal; en la sexta, voz
S 2 r-Nombre femenino.
usada para auyentar a algunos ani4 5-Nota musical.
males y en la séptima. vigésima_¡oc6-Consonante.
.tava letra del abecedario casteflano.

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At Evening Dusk .................... Schumann.
Moonlight Sonata, quasi una fantasía.
Adagio sostenutto.
Allegretto.
Presto.) Agitato . . . . . . . . . . . . ....... Beethoven.

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II.

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PRO GRA M A

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Sa Ia de Ba1'le d e1 H ot e1 Menger. D'1c1em
' b re 19, a 1as 8. p. m.

Etude in G. flat maj · · · · · · · · .'. · · · · · · · · · · · Chopin.
Nocturne in F. sharp maj . . . . . . . . . . . . . . . .
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Prelude D. flat maj . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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W altz in C. sharp min .............. ·,: . . .
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Mazurka m . mm . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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Gran Etude in A. min . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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eoncert p re1u d e . . . . . . . . .
Marro'n .
H emes1c
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Butterflies ( original) . . . . . . . . . .
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By the Wate Spring .......... Schumann-Marrón.
N eb u1ose, ( ongma.
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Sobre las Olas, Paráfrasis contrapuntal sobre el tema del celebrado vals del inmortal compos1'tor mexicano J Rosas
Marrón
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IV.

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Gran Napolitan Rapsodie ........ Marrón.

NOTA.-Se usará piano marca Steinway.
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Esq. Houston y Navarro.- PRE I

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~

J·

�LA SEÑORITA EV ANGELINA
IMPRESIONES DEL HOSPITAL POR "EL NUMERO CUATRO."
Algunas enfermeras habían roto el recato con que suelen
velar su existencia extrahospitalaria, y por ellas mismas
sabíamos cuáles eran sus antecedentes, el lugar en que
nacieron y el rango de su familia. Nadie sabía en cambio, cual era el origen de la señorita Evangelina; nadie
podía precisar el lugar donde naciera. M urmurábase
que sus progenitores habían sido castellanos, y así lo pregonaban las castiz'as inflexiones que a las palabras imprimía la blanca joven. También se asegura:ba que era
de principalísima familia, y tampoco esta creencia andaría muy descarriada, porque al puro decir acompañaba
tan eximio porte en las maneras, que con la virtud adquirida de exquisita educación, trascendía la ingénita de los
nobles instintos heredados. También se afirmaba-y esto es muy gentil-que Evangelina la dulce, la que en la
paz del asilo, como en la sala poblada de drogas y estertores ha ido a buscar dicha y sosiego, Evangelina la pura, no ha podido romper una postrera ligazón que la in. corpora al mundo ....... ¿Es ilusión que de enfermo a enfermo se transmite, o realidad que los oídos atestiguan? . .
A la señorita Evangelina la envuelven suaves rumores que
no se perciben al pasar otras enfermeras. En éstas, el
uniforme se adhiere al cuerpo exhuberante como si velase
para acallar cualquier grito traicionero de la carne.
¿Por qué la falda azul de Evangelina no apaga los
tenues murmullos que el enfermo presiente? ....... ¿ Son
ilusión que de enfermo a enfermo se transmite, o realidad que los oídos atestiguan? ..... .
Niegan sus amigas; sonríe Evangelina cuando el indiscreto pregunta por la verosimilitud del origen que a
los cantantes murmullos se asigna ..... Verdad patente o
ilusión de enfermo, todos aseguran que bajo el corpiño de
su albo delantal, que en la penumbra de la noche le da
visos de luminosa aparición, lleva siempre un ramo de violetas que diariamente corta del jardín cercano ..... De su
cuello, dicen, pende un rico medallón con un retrato .....
Aquel vestigio suntuario-girón de alguna esperanza
fallida; tal vez capricho coquetón e ingenuo; quzás adorada reliquia que rozó otro cuerpo in0lvidable-me hace
pensar en un próximo ciclo triunfador sobre la resolución
inexplicable que la hlciera ingresar al Hospital.
Un día, mientras asea mi lecho, me atrevo a interrogarla:
-Señorita, ¿ha tenido usted muchos novios?
Ella se inmuta al escuchar la inesperada pregunta;
el pudor tornasola sus níveas mejillas, y mirándome honda, serenamente, me contesta sin pasión y sin enojo:
-¡ Qué preguntas se le ocurren I
-¡ Tan pura, tan buena! ..... ¡ Dígame si ha tenido algún amor!
·
Mi enfermera sonríe y dice ingenua:
-He tenido varios.
-¡Ah!. .....
-Mis padres, mis hermanos .....
-Hablo de más altos amores.
-¿Más altos? .... Amo a Dios; amo a la Virgen Santísima .....
-¿ Y a ningún hombre?
Torna su rostro a arrebolarse y sus ojos tornan a
mirarme profunda, insondablemente. Con tono suplicante, minoso, en que no discierne afirmación ni negación,
me dice:
-¡No ·me haga esas preguntas!

Tantas veces como le hablo me responde de análoga
manera.
-Me da usted pena, señorita. La vida puede serle
bella y prodigiosa. ¿ Por qué ha huído del mundo, desterrándose en este ambiente de miseria?
Ella sonríe y contesta: '
-¡Número cuatro, número cuatro!. .... ¡Qué curioso
es usted!
-Usted es digna de ser amada. Merece ser feliz y
disfrutar de la vida.
-¡ Calle, adulador, calle!
-¿ Por qué me dice que calle cuando así le hablo?
Nada me hace sospechar que la desesperanza de unos
amores frustrados la haya inducido a salir del siglo. Es
verdad que cuando se los miento huye en seguida; pero
no se ofende. Tampoco asegura como otras, que toda su
ilusión está en el Hospital.
La señorita Evangelina, es complejísima y enignática en su misma sencillez y candor. Ante la anunciación
de Fray Angélico he pensado en ella. La dulzura transparente y serena que supo crear el maravilloso' pincel del
Beato de Fiésole, la había visto yo dormir en la faz de
mi enfermera: algo también resplandecía en ella del místico arrobamiento que se admira en el soberbio lienzo;
pero Evangelina me interesa más porque juntamente con
lo que tiene de espiritual y divino, presiéntese la aleación
de un sueño mundanal que la atormenta.
En vano he pretendido sustraerme al decisivo seíiorío que la señorita Evange!ina ejerce sobre todos los enfermos. La perenne flacidez de mis exhaustos miembros; el pertinaz desvelo que por las noches sufro y la
comida es~asísima han d,eterminado en mí una sobreexcitació)'l nerviosa y una tan acerba irritabilidad, que aumenta en' el decurso de los días, y sólo busca pretextos para
estallar ruidosamente; pero si ella se muestra por casualidad, disipase pronto el amargo humor que me hace
rijoso e insociable. y su benévola sonrisa, su seráfico mirar, obran sobre mis nervios con la acción de un milagroso ·sedante.
¡ Quién fuera confesor para explorar los misterios de
esa alma nobilísima, y conocer la rara materia de que está forjado éste. para mí, vaso preciosísimo de pura e ideal
esencia!
Habana, 1916.

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                    <text>R EVISTA M EXICA-N A
SEMANARIO . ILUSTRADO
'VOLUMEN III.

PRECIO : DIEZ CENTAVOS.

NUMERO 68.

�•

Librería de

REVISTA MEXICANA

REVISTA MEXICANA
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Semanario Ilustrado

OBRAS VARIAS

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s

La~

ENTERED AS SI::COND CLASS MATTER, OCTOBER 25, 1915 AT THE POST OFFI.CE
OF SAN ANTONIO, TEXAS, UNDER THE ACT. OF MARCH 3, 1897.

Volumen III.

San Antonio, Texas, 24 de Diciembre de 1916.

Número 68

ACERCATE, BELTRAN,
VIEJO FLAUTISTA...........
El distinguido pianista mexicano, Luis Alfonso Ma- estruendos surge muy de vez en cuando, la nota llorosa
rrón, abrió un paréntesis de Arte, en nuestra vida agitada del autor. Se nos figura que la melodía del cancionero
de luchas y de asperezas. Nos deleitó con Chopin; nos mexicano, después de vagar errante por el mundo, vestida
subyugó con Beethoven; y eón sus dos popu!ares cancio- de bohemia, tropezó con un gran señor que la vistió de
nes mexicanas, hizo pasear nuestro espíritu nostálgico seda; que colgó de sus hombros un manto imperial de terpor los escombros de la Patria ausente.
ciopelo rojo, bordado de flores de lis doradas; que puso
No haremos crónica del concierto, porque nuestro pulseras de brillantes en sus muñecas y collares diamantiperiódico no puede dedicarse al Arte en estos momentos nos en su cuello; que luego colocó en su frente, antes, soen que todas las energías deben ponerse al servicio de la ñadora y abstraída, una diadema triunfal; y que finalreconstrucción del país. Diremos como el poeta:
mente, enjugó todas sus lágrimas, consoló todas sus peCantar a Filis por su dulce nombre
nas y puso en su rostro melancólico y dolorido, un gesto
Cuando grita el clarín: ¡ despierta hierro I
majestuoso de reina ....... .
Eso no es ser poeta ni ser hombre.
Así se nos figura la melodía de Juventino Rosas,
Por eso nos limitamos a decir que Marrón ejecutó recompuesta y ejecutada por Luis Alfonso ·Marrón.. Al
la sonata del "Claro de Luna" magistralmente y que al escucharla, pensamos que si viviera aquel peregrino del
interpretar a Federico Chopin, supo ser dulce, sin ser azu- Arte, que pasó desparramando su genio como esos semcarado; y tierno, sin l!egar a
bradores que después de dejar
la sensiblería. En cuanto a
caer la semilla sobre el surlas dos canciones · populares
co, no se vuelve a acordar de
"Estrellita" y "Sobre las
ella; si el inmortal cancioneOlas," formaron, a nuestro
ro resucitara y escuchase su
rnodo .de ver, la parte fundavals favorito, tocado por Mamental del concierto, porque
rrón, puede ser que se sintieUnas Pa8cuas felices
nosotros lo examinamos desse
cohibido y mortificado,
1) precursoras de mejores tiempos.
de un punto de vista nacional,
como esos campesinos de ;os
y esas cadencias empapacuentos de hadas, cUyas hidas en las lágrimas de todo un pueblo, contribuyen pode- jas humildes se llegan a casar con príncipes fantásticos y
rosamente a congregar el espíritu disperso de la Patria .. . misteriosos.
Marrón recompuso la tom•da del Bajío y el vals inAsí pensábamos, mientras escuchábamos al artista
mortal de Juventino. En ambas piezas se mostró como que nos mostraba un "Sobre las Olas" magnífico y venun artista opulento, un gran señor del contrapunto, que cedor.
derrocha por doquiera las gemas maravillo~as de su riqueTerminó el concierto y con él esta ensoñac1on roza musical. Su estilo es oriental, lleno de fausto y mag- mántica. Nosotros oímqs a Marrón como los cadetes de
nificencia, con un esplendor rítmico que subyuga y des- la Gascuña escuchaban las melodías populares del flautislumbra. Oyéndolo recordamos sin querer a Don Justo ta Beltrán,
Sierra, qu69 para describir el estilo de Castelar, evocab;:¡
"una de esas canciones
los tejidos de Madame de Sevigné-(parafra~eamos al
en las que cada nota es. una hermana."
maestro por no conservar en la memoria su frase inimitable)-que eran de oro, recamados de oro, con flecos de
Y así corno despu~s de escuchar el milagroso pífano
de oro y semivelados por una gasa de oro ......... .
del rápsoda popular, sentían los cadetes palpitar el alma
"Estrellita", fue sacada del Bajío por Manuel M. de toda la Gascuña., así también nosotros, al oír desde el
Ponce, quien la presentó al mundo, ataviad:l con las joyas destierro las canciones de nuestro pueblo, lujosamente
del Arte; Marrón la volvió a componer y la presentó más adornadas por la sabiduría musical, sentimos que el eselegantemente a los salones; pero es la misma: no obstan- píritu de la Patria, desprendido de todas sus impurezas,
te sus adornos, lleva el primitivo sello de profunda me- se prepara para hacer una eclosión triunfal!
lancolía que ostentaba en los "gallos" de lps pueblos,
La ternura es un tónico; el sentimiento es un forticuando los mozos la entonaban para arrullar el sueño de ficante: por eso los compañeros de Cyrano de Bergerac,
sus amadas.
después de oír a Beltrán, luchaban con más denuedo; y
En "Sobre !:is Olas," la transformación fue completa. por eso también, nosotros, después de deleitarnos con, el
La vieja tonada popu'ar de Juventino, -se convierte en un artista, volvemos más decididos que nunca a defender la
bimno brillante y heroico. Parece un torbellino, de cuyos t rinchera del patriotismo y del honor!

'.'Revista Mexicana "
De8ea a sus lectores]} agenteB,

'

�LOS PADRES DE LA CRIATURA
l.

,

Estos asuntos personales son tan contrarios .ª 1111
deseo de mantenerme en la serena región de las ideas.
que no puedo ocuparme de ellos sin que me asalten todo género de escrúpulos. Muchos tuve q~e venc.er para
comenzar esta serie de artículos cuya finalidad quiero explicar: sobre todo, me decidió a acometerla el .voto de
varios mexicanos a quienes hablé de el!a Y que Juzgaron
patriótico el intento y de segura. eficacia el m.e,dio.
Mis lectores que hayan segmdo con atenc1on la agonía de México, seguramente saben que en estos mo~1entos se reune en Querétaro una asamblea de carr~nc1stas,
que ilegalmente se hace llamar Congreso Constituyente
y que pretende re\·estir de formas le_gale~ uno de los ~~­
yores. si 110 el mayor crimen de la historia: la destrucc1011
metódica y premeditada de todo un pueblo. el pueblo mexicano, por medio del asesinato. de la peste _Y del hambre,
y el aniquilamiento de la nacionalidad mexicana por ut:a
serie de traiciones y de intrigas que reduzcan nuestro pa1s
a la con-dición, tal vez muy próspera pero para nosotros
inaceptable, de un protectorado a1i1ericano. Y yo, que no
he olvidado lo que sucedió hace treinta meses, cuando la
opinión hispanoamericana fue sorprendida por una labor
de prensa, de origen i'ringo-constitucionaiista. q.ue se propuso y logró enterrar bajo los azahares del h11~1eneo: lo
que no fue sino brutal violación de nuesha patria. quiero
dar a conocer a mis lectores, qué cosa sea ese Congreso
Constituyente.

***

blo. que consta de dieciséis millon~s., de .habitantes. ~
quienes ni se les ha consultado su op1111011 111 se le~ permite expresarla; que las elecciones supuestas para tt1tegrar
aquel Congreso constituyen la más descarada de las. farsas políticas que se viera jamás, 110 sólo porqu~ el m1sm?
"decreto" que convocó a ellas privó de voto act'.~º Y pasivo a todos Jos ciudadanos, con la sola excepc1on de los
notoriamente carrancistas, no sólo porque el estado de
anarquía reinante en todo el territorio nacional, de que
· ·
e1
clianamente
da cuenta e¡ ca b'e
, , excluve
·
, por absurdo
.
supuesto ele una votación real, sino porque el d1spar~t~~
do "decreto" de suspensión de garantías que s~ exp1d10
días antes. con el objeto de agravar el terror remante en
}.léxico, vino a declarar expresamente. lo que ~o era un
misterio para nadie: que quien pretend1er~ de.svtar. el curso de aquella farsa sería asesinado sin 1111sencord1a en el
mismo instante.

** *
}.{ ucho más eficaz que todo eso resultaba. ·e.l, otro pro·
cedimiento: el de dar a conocer la compos1c1on del f~moso Congreso. presentando al lector los c.ar~cteres mas
salientes y específicos de algunos de los prmc1pales Congresistas. Si se reuniera una asamblea donde entrasen
los más conspicuos figurantes del hampa habane~a,, desd.e
las casas de bajo lenocinio y las oficinas ele ?ru_iena criminal, hasta las alturas del Castillo del. Pnnc1pe, Y al
frente de ella se colocara media docena de intelectuales fra·
casados y libres de todo lastre moral, t~ndría~os un sketc~
del Congreso de Querétaro; y conoc_ida a.s1. la composición de la asamblea, sin trabajo podna ad1vrnarse lo que
será.n sus frutos, por una sencillísima aplicación de l.a
. sentencia popular que condenó al encino a no producir

Dos procedimientos se me presentaban_ para el e,fecto.
Consistía el primero en escribir una sene de art1culos
doctrinales y por medio de ellos demostrar .... muchas
cosas; prir:ieramente, que la Constitución que ele allí salga será nula por su base. como engendr~da fuera. ele la
Constitución vigente: la ele Cuha. por eicmplo, dispone
que para hacerle reformas. el único procedimiento .legítimo consiste en presentar la iniciativa correspondiente
ante las Cámaras del Congreso, a fin ele que sí ambas.!º
aprueban, se re·úna seis meses después una Convenc1on·
Constituyente que las revise y én su caso apru,ebe; Y
cualquiera reforma que no sea conforme a esos ~anones.
no tiene absolutamente ningún nlor. Del propio modo
la Constitución mexicana que está vigente a pesar de tocio, aunque el carrancismo la esté haciendo p~dazos con
la inconsciente complicidad de tocio este Contrnente. esa
Constitución también establece el procedimient~ un_1c~
legal para reformarla. que c.onsiste. en. que c.ua!qu1era m1ciativa de reforma o adición constttuc10nal, mcluso Y con
mayor razón su reforma total, sea pr'.meramente apr,obada por las Cámaras federales y despues por la mayona.
cuando menos de los veintisiete Congresos locales, ~,ue
corresponden a los veintisiete Estados
la Federac1~n.
y así como toda reforma a la Constituc1on de Cuba, solo
sería válida a condición de ceñirse extrictamente a lo que
dispone le Constitución actual. así mismo es nula ele an1
temano la obra de aquella reunión ilícita, que se titu a
Congreso Constituyente. porque comienza violando la
Constitución de la República.
Se podría, además. demostrar que las declaraciones o
la voluntad de una asamb'ea donde sólo está representada
una clase, compuesta no más que de unos cien mil individuos, no puede aceptarse como Ley Suprema de un pue-

?~

más que bellotas.
Estas explicaciones pienso bastarán para convenc~r
al lector de que esta /'!'g alería" de Constituyente~, presti·
giosamente iniciada por Rafael Kieto, 110 se, inspira .en el
estéril propósito de atacar a seres . ~ue ,sol_o oc~s1onalmente pueden ser objeto de la atenc10n pub,ltca, smo que
su tendencia es conseguir que el lector se de cuenta com:
pleta. sin necesidad de grandes esfuerzos, de I~ ~ue sera
aquel Congreso y su obra, por medio del co~ocm11ento ele
los "meneurs" que han de gobernar al abigarrado conjunto.
·, d.
De tiempo atrás se viene diciendo por los peno 1cos
de }.f éxico. que el trabajo de dar forma el Proye~to de
Constitución, fue encomendado a Luis Manu~l RoJa~, de
Jalisco, y José }Jatividad 11acías, de GuanaJu~;o: ~u~to
es. por lo tanto, que anticipemos a uno Y otro el d1vmo
gusto de la inmortálidad," presentándolos al lector, aunque 110 sea más que por aquellos tres o cuatro rasgos que,
con ser tan pocos, bastan sin embargo para conocer el
perfil y la estatura moral de estos caballeros.

II.
La impresión que Luis :Manuel Roja.s produce a qui.en
lo ve por primera vez, es la de un enaJenado: la nerviosidad e inadaptación de sus movimientos, lo incoherente
y desmazalado de algunas conversaciones s~yas Y sobre todo su mirada, la mirada de aquellos oJoS que dan
vueltas sin parar, prestan a Luis Manuel Rojas el aspecto característico de un alienado.
y efecfr 3 mente. en el curso de su existenria Lu1;

mente por la policía. a causa de su inequívoco aspecto de
Manuel ha estado ya tres veces sujetó dentro de una caorate; y de regreso de su "misión diplom~tica." recibió
misa de fuerza.
como recompensa. la direccit' n de I;¡. grandiosa Biblioteca
Fue la primera ,·ez en su ciudad natal. la opulenta
Xacional y por ai1adidura el encargo ele &lt;lar forrna a la
Guadalajara. a la sazón que cursaba matemáticas. Que
nueva Constitución, esto último en consorcio con don
su cerebro fuera una perfecta antítesis del de Pascal o
José Natividad 11acías.
que el trabajo ele generalización que la matemática impone, le produjera el mismo efecto que las lecturas de las
caballerías al buen Quijano, el caso fue -que una bella mañana, Luis :Manuel no pareció por el aula. Echáronlo d~
menos sus compañeros, diéronse a inquirir el motivo de
En la Habana hace tiempo que Luis Manuel sería
su ausencia, y no sin pena se enteraron de que estaba
huésped de l\Iazorra.
En cambio, a José Natividad Macías no podría aloencerrado en un manicomio, loco de remate.
Cuando de allá lo sacó su familia. para co-•inuar su
jársele allí: para éste habría que buscar alojamiento que
curación en la propia casa, estaba incapacitado para se- ~ofreciera mayores seguridades, Porque si Luis Manuel
guir estudiando: aunque los accesos furiosos parecían ha- peca' por falta de sentido, a José Natividad le sucede tober pasado, su cerebro seguía perturbado y para ver de
do lo contrario: éste se pasa de listo.
José Natividad :O,Iacías pertenece a aquella clase de "aborestituirle el juicio, se encargó su curación al doctor Acegados de pueblo," que careciendo de ocasión para sobresaves, bien conocido en Guadalajara.
•
lir en ll_na ciencia yerdadera, se dan insensiblemente a una
Como casi todos los enfermos de su especie, Luis
Manuel alimentaba innncibles pero bien disimulados
exégesis jurídica sui generis que envidiaría Guzmán de Alfarache. La .defensa de un tutor que no lleva sus cuentas
rencores contra su médico; y un día que éste iue a hacon aquella nitidez que la ley apetece; la retorsión de un
cerle la Yisita ordinaria, con esa astucia de ciertos enfermos del cerebro, que el vulgo. no se explica y que suele
testamento, de tal suerte que los bienes sucesorios pasen
engañar aun a los especialistas. hizo al doctor AceYes en- a poder de quien menos pudo imaginarlo el testador; la
trar en su cuarto. y una vez allí, con una varilla de la caprolongación indefinida de un concurso de acreedores,
ma de hierro, se lanzó contra el confiado facultativo, pre- hasta hacer que todos los bienes desaparezcan en beneficio de un síndico doloso ...... he ahí otras tantas espetendiendo quitar la existencia a quien de la suya y de su
flaca razón cuidaba empeñosamente. Este suceso hizo
cialidades características del gremio. ¡ Con cuánta razón
necesario encerrarlo por segunda \•ez en el manicomio.
el constitucionalismo escogió a José Natividad para ponerlo al frente ele la Universidad :Nacional, como un modelo ofrecido a la juventud, ya que su fama lo acredita
por capaz de atajar el curso ele la misma justicia divina,
mediante
el oportuno y prudente empleo de excepciones
Los alienistas saben que en ciertas formas de locura,
dilatorias
y artículos ele previo y especial pronunciala entidad morbosa evoluciona gradualmente de la manía
miento!
furiosa a una imbecilidad contemplativa e inhibitoria, que
No obstante tamañas aptitudes, José Natividad no
permite la convivencia del enfermo con sus semejantes.
Es muy probable que ese fuera el proceso de la enfer- encontró lo que llaman los americanos su "chance" hasta que el general don l\lanuel González fue a Guanajuato
medad de Luis Manuel, porque en los últimos años no se
en
calidad de pro-cónsul, con facultades omnímodas. Los
ha sabido que tenga accesos furiosos, salvo dos abortados
que
Je conocieron siendo Presidente, de 1880 a 1884 1 se
durante su actuación como diputado maderista y ha podihacían lenguas de ciertas cualidades suyas, sobre todo de
do vivir suelto sin agredir de hecho a nadie, aunq,ue conservando a~pecto amenazador y con una incapacidad ma- sus excelencias como amigo; y deben haber sido ciertas
porque no es largo el registro de los gobernantes hispanonifiesta para toda labor prolrmgada y de provecho.
americanos,
que' entregan el mando sólo por cumplir del.;na vez que pasó a su categoría de los que el vulgo
beres
de
amistad,
como lo hizo él con su compadre el Gede ~léxico llama "locos ma1:~os." Luis 1Ianuel pudo conneral Díaz.
sagrarse a la política y al periodismo, pero siempre con
Pero precisamente las cualidades qué hacían de él un
éxito nulo. ha.sta que llegó el ciclón del constitucionalisamigo sin tacha, contribuían a que fuera pésimo gobermo, que ha soplado con fuerza y persistencia bastante
nante. ya que, omnipotente en su ínsula, dejaba a sus amipara levantar por los aires aun aquello que parecía hagos
que hicieran su volutad en tocio.
ber caído más a fondo .v más a plomo.
'y esto era tanto más grave cuanto que sus mismos
En la prensa. donde fue favorecido por don Rafael
allegados lo reputaban por rijo.so y mujeriego hasta un
Reyes Spíndola, ele qu ién más tarde ha sido incurable
extremo difícil de ponderar.
enemigo, a fuer &lt;le "libertador" que no soporta cadenas
Malas lenguas aseguran , pero yo no puedo salir de
y menos las de una gratitud envilecedora y denigrante,
ello
garante, que cuando de aquella flaqueza se percató
cultivó la especialidad del "periodismo de recortes." En
José K atividad, sin abandonar la curia, antes para hacerpolítica fue primero científico puro. pasó desµ.ués a la
la más productiva y jugosa. resolvió "ejercer" a ratos,
subclase de Corralista y al triunfo de !ladero se mostró
maderista fervoroso, acaso por la afinidades con el Após- aquel del que don Quijote asegura que "es oficio de discretos y necesarísimo en la república bien ordenada, y
tol, resultante del estado mental de ambos. Al servicio
que no le debía ejercer sino gente muy bien nacida; y aun
ele esta última fe política suya se distinguió especialmenhabía de haber veedor y examinador de los tales, como
te por el hecho de pedir, a fa caída de l\Iadero. la intervenlos hay de los demás oficios. con número deputado y coción de la Casa Blanca en los asuntos interiores de su
nocido, como corredor de lonja."
país, en un memorial dirigido ·al Presidente Wilson, que
Sea como fuere, lo bien averiguado es que a poco ya
por aquellos días alcanzó amplia publicidad y gran resocontaba
el hombre con ahorros suficientes para comprar
nancia.
a don Ramón Alcázar, la tan traída y llevada hacienda
Por último, al triunfo del Carrancismo fue enviado
de "Chichimequillas." donde este no sospechado "libercomo "agente confidencial" a Guatemala, donde en lug~r
tador." se portó de tal manera, que logró revivir en la mede inspirar confianza alguna, se hizo vigilar estrecha-

***

*• *

..

�moria de sus peones de campo, la de los ya olvidados
"encomenderos."

***
11urió el genera1 González. y este suce.• o que José
Natividad recibió como el fi11 de su carrera,
en realidad la causa remota y subterránea de que al cabo de los
~. . .
...
.
.
'
anos, \ mxex a a transformarse en el glorioso libertador que
ahora es.
·

fu;

-

En efecto, nombrado gobernador don Toanuín Ob regón Gonzáiez, hombre de los mejores an~ece;lcntes. 110
mateado aún por los abusos del po.d er, uno de sus primeros actos fue notificar . a José Natividad, q'-1e debía cam bia r de aires. porque lo~ de Guanajuato no ibaa a st•rle
propicios en lo succsirn.
Y esto !o llevó a la capital de
la República,
Viejo ya, rci1ido de antaño con el jabón y el cepiPo
de dientes Y, en general. ignorante de los háh;tos cortesanos, él mismo temió que no podría prosperar rn aquel
nuevo ambiente; pero su buena fortuna le dep,aró un &lt;'11cuentro con el antiguo y poderoso gonza;ista tlon Gumcrsindo Enríquez, quien le abrió su despacho de all(lga&lt;lo,
a donde ingresó en concepto de "barrilete" que decimos
en México; y una vez a:Jí, no le fue difícil irse colando.
Con la segura intuición del que "sábe más por \·iejo
que por diablo." adivinó que allí le daría magníficos resultados el empleo, a grandes dosis. del inbcnso político: v
así Jlevó nubes de incienso en adoración de los científico-s
·Y de Corral y del partido cató!ico naciente, pero sobre
\

todo. del General Díaz. Y es fama que fue él quien desenterró de polvorientos archivos y devolvió a la circulación. esta reverencia de un cortesano de Heliogába!o:
Oh Jovius! tu orina huele a ambrosía!
"
Se explica, por lo mismo . que después del 25 de ;\layo fuera José ;,;ati\•idad un enérgico adversario del odiado dictador!
Al advenimiento ele! madcrismo, cuando Gustavo :\ladero abrió en aquel despachito de .la ca'.le de Londres. en
plena co'onia Juhez. su oticina de "negocios" po 1íticofinancie:·os. José Xatividacl no podía faltar allí; y efectin:-ne:lte fue un asi&lt;luo visitante de la caile de Lo~dres.
El golpe de Estado del 10 de Octubre, lo llevó a la
Pcx1itenciaría de donde lo sacó !a i11flucncia de José :\Iarla Lozano; y para corresponder la generosidad de é;te.
apena, cayó el General JI uerta. se apresuró a suscribir un
documento qúe publicaron los cé:ebrcs "renovadores,"
llenando de injurias a Lozano desterrado.

***
Y ahora. lector amigo, que ya conoces estos intere~antes ra&lt;gos, parece natural ,Que tú y yo nos preguntemos: ¿qué Ya a salir de Querétaro? ¿la nueva Constituciún justificará su paternidad?
.
Es ley biológica bien conocida, que cada cosa engendra su ,crnejante: y si esta ley no se infringe en Querétaro ¿cómo va a rcsu'tar la Constitución concebida en el
ayuntamiento de la locura y el fraude,
QUERIDO. l\WHENO'.

La Salve del Destierro
Crepúsculo en ensueño. El 1mar azul de raso;
Una bruma de oro, muy pálida, en ocaso;
Palpitaciones de ala en los blancos celajes;
En las ondas dormidas, ténue fimbria de encajes;
El diamante de un astro que en el cielo se inicia;
Una brisa que pasa como una caricia ..... .
Y en el hosco recuerdo una suave fragancia,
Venida de los dulces jardines de la infancia,
Un tímido murmullo que de pronto crecía,
Una voz que cantaba.
Mi corazón oía.
- Salve, Virge_n Morena, que de lo alto viniste
A d efender al débil y a confortar al triste.
A a nim ar al caído con la noble con5.anza
Y a encender para el pobre la radiosa esperanza.
Salve a T í, que buscaste a las almas sencillas,
Y a quien el indio extático adoró de rodillas,
Cuando en sus manos rudas, torpes y temblorosas,
Sintió cómo se abrían del milagro las rosas.
F lores de la leyenda, vivas y pintorescas, ·
Que en el alma del pueblo estarán siempre frescas,
Porque cuando el orgullo escéptico te niega
E n la s ombra te mira la fe-divina ciega-; ·
Y eres tierna plegaria del humilde en los labios,
Y la h umildad ingenua sabe más t¡ue los sabios.
Aurora de ventura, celeste mensajera,
\
Que eres un santo símbolo y fuiste una bandera;
Bálsamo del herido, del infeliz, amparo;

'

Tesoro para el mísero; para el errante, faro;
Del infortunio, abrigo; de una raza, alegría ..... .
Aquella voz temblaba.
Mi corazón oía.
-Salve, hoy, que; implacable,· un huracán de guerr a
Obscurece tu cielo y sacude tu tierra ;
Hoy, que sopla la muerte sus fúnebres clarines,
Y que derraman sangre de hermanos los Caínes;
Hoy, que la vil codicia que acr ecienta el suplicio,
En la tiniebla aguarda el momento propicio;
Hoy, que, victima inerme de •la infame locura,
Ve la patria doliente, con inmensa amar gura,
Sin labranza el terruño, y sin p an los hogares,
Y sin luz las conciencias, y sin Dios los altares.
Salve por las mujeres, salve por los ancianos,
Por los ni~os sin padre, que enclavijan las manos;
Por las vidas segadas sin piedad, por los muertos,
En los campos tendidos con los ojos abiertos;
Por los seres que sufren,\ por las almas que lloran,
Por las frentes postradas, por los labios que imploran;
Por todos los dolores que no encuentran consuelo;
Por todos los martirios que se vuelven al cielo;
Dios nos salve a nosotros! Dios te salve, María! . .... .
Y aquella voz lloraba.
Mi corazón oía ....... .
F. M. de OLAGUIBEL.
Habana,

12

de Noviembre de 1916.

r

AUTO DE FE

POR EL LICENCIADO

R. GO M EZ ROBELO

-------------------------------------------=

En este año, que no es de gracia, reinando soberana
los, cada ocupación era una nueva o r gía de balazos sobre
sobre nuestro desdichado México .la barbarie de D. Ve- los muebles, sobre las estatuas y sobre los cuadros, signus, han adoptado los escolapios de la Capital una cere- nos de riqueza, patrimonio de tiranos y huella de cienmonia que honraría a los vasallos de Clopin Clopinel, el tíficos.
' ·""
P ríncipe de los truhanes.
Fusilar una estatua, es uno de los chistes más en boSegún refiere un periódico de México, en el que se ga entre las hordas de D. Venus; mas para los que van
dan el gusto de refrendar su tontería aquellos reporteros a enriquecer al país con la multiplicación de los propieque hoy se han convertido en cuistres, los "estudiantes" tarios, para los zapat istas, aquero no es un placer: es, una
organizaron una manifestación de regocijo con motivo de
obligación: y quemar, no un libro sino una biblioteca, allas vacaciones de que disfrutar án hasta los primeros días go como la defensa de la vida: como la purificación de la
del entrante año.
tierra, como la fumigación de una sala de apestados: El
~ra diferenciarse de los estudiantes de otros tiem- parásito redentor tiene odio a la creolina; pero aun más
pos, ahora que todo está renovado en nuestro pobre país, a la química porque la creolina puede agotarse; pero con
se reunieron en el Palacio Nacional, y de ahí se dirigieron químicos, se inventan nuevos desinfectantes, y con una
al Jardín de la Corregidora, en donde, "con todas las forlógica que es infalible porque no depende de la razón
malidades, procedieron a hacer un auto de fe con un li- cuanto del instinto, ataca el peligro por la base.
bro, práctica ritual en esta clase de regocijos."
Para los "estudiantes" de este régimen y hay que comAlgunos llevaban trajes femeninos, y también bailaban. padecerlos, porque no sufrimos tanto nosotros, como haNo merece la ocasión la solemnidad de una protesta; bran de sufrir ellos cuando se den cuenta mañana del mal
pero sí es oportuno recordar que los estudiantes de anta- que sus actuaies "profesores" les han hecho, nada por
ño, no se reunían frente a Palacio: no iban a dar ex.hibi- tanto más natural, más ingenuo, más de acuerdo con él
ciones de mojigangas a los funcionarios púb!icos, ni ves- espíritu de las ~scuelas en que flota el irr espirable ~ire de
t ían de mujeres: es que entonces no había tampoco en la la intelectualidad carranc!ana, que quemar un lib ro.
ciudad autoridades de gustos tan chavacanos como las de
Para qué querría un zulú un stradivarius. Ni qué plaahora, ni era secretario de la Guerra Alvaro Obregón.
cer podría proporcionar a un manchú una tragedia de SóLas manifestaciones que hicieron los estudiantes en foc ~es. Ni para qué podrán necesitar libros los carranclaotras épocas, fueron las de la deuda Inglesa, las del anti- nes! Pobre juventud! En todos los tiempos, ha sido lo
rreeleccionismo, la de protesta en contra de la intromi- más bello, sentir la libertad del espíritu que va más allá
sión de los extranjeros, todas "cosas de hombres;" pero de las enseñanzas del maestro y que en la soledad, en
también sucedía que era Presidente un hombre de hierro lecturas de primer orden, en contacto con los autores gey eran profesores maestros como Pa'.lares, Labastida, Par- - nia!es, rehace sus ideas y rectiñca sus errores; tocaba a la
do, el Dr. Lucio, el Ingeniero Jiménez, el Chicho Prado, generación educada bajo la imbecilidad carrancista, camy tántos otros y a ninguno de ellos hubiera sido posible biar el horror a la rigidez escolástica, por el horror ~l
desarrollar en sus alu mnos espíritu tan chocarrero como libro.
para vestirse de mujeres, ni ingenio tan romo como para
Bien hecho! Después de que los grandes autores han
quemar un libro.
sido tan calumniados, tan echados a perder por los reporEn lo que sí yerra el bueno del escritor que redactó
teros convertidos en profetas y por los maestrescuelas
la nota reporteril, es en llamar a esa barbaridad una prác- de pueblo disfrazados de pensadores, ningún beneficio
tica de ritual : Los libros no se quemaban antes de la enmayor que el de quemarlos. Es más piadoso y ahorrarán
t rada de D. Venus : eso ha sido invención de los liberta- a las generaciones subsiguientes el trabajo de leerlos endores, y a ellos corresponde el privilegio exclusivo.
tre un ambiente que se nutre con la sabiduría de Sánchez
Por eso no llamamos a los actuales asistentes a las Azcona, por ejemplo.
escuelas, "estudiantes," sino "escolaµios." .
Así pues, quedamos en que no es una práctica ritual,
Porque no son otra cosa y por desgracia para las
sino en que lo va a ser: representa no las vacaciones, sino
aulas. ¿Quemar un libro? La cosa tiene el ingenio de un
la entrada de D. Venus y la nueva vida intelectual en MéSolano. Si intentaban celebrar el fin de las tareas es- xico.
colares, podían quemar un banco, en representación de
Desde ese punto de vista, pertenecerá al cer emonial
la discip!ina, o un birrete, como símbo'.o de la autoridad de la próxima Universidad Carranclana, en la que para
del magíster; pero quemar un libro, no pudo ocurrirse si- d¡¡.r clases ~erá primer requisito no saber leer y de la que
no a discípulos de Palavicini y de Natividad Macías.
será Rector, el hombre mts célebre por maltratar autores:
Y después de todo, tienen razón: es fácil de imaginar el General Alvarado.
lo que enseñarán los dómines actua!es, súbditos fieles del
Los jóvenes "estudiant!s" de ' hoy, prometen, para
constitucionalismo : Esta revolución ha sido la de !os maes- cuando lleguen a ser unos Venustianos, celebrar de una
tros normalistas: las nociones de todo les prohibieron sa- manera digna su emancipación: incendiarán a la Repúber nada y ahora que les tocó su turno y además de enciblica.
clopédicos de manuales, les corresponde la investidura de
D. Venustiano, en este sentido ha reformado hasta
miembros de la manada carranclana, han de haber inspilos cimientos el edificio nacional: gracias a él y como se
rado a los escolapios un santo horror a los libros.
siga desarrollando bajo su sombra el ingenio de los jóD. Venus empezó por hacer garras la Constitución:
venes, no va a quedar en México, piedra sobre piedra.
han ardido las casas, las iglesias, las obras de arte. Para
Y, ent onces, la práctica de ritual será la de quemar
celebrar la libertad no han tenido mayores festines los liios pantalones, para que no se avergüencen los estudianbertos de D. Venus que los de destrucción. Según cuentes de quemar libros y de vestirse de mujeres para divertan los testigos de los repetidos triunfos de estos vándatir a ios carranclanes.

�TOPICOS DEL DIA

DESDE JAUJA
A 17 de Diciembre de 1916.

Periódicos de la Capital de la Re.pública, nos clan
menta de" que los estudiantes, iniciaron sus vacaciones
con un ceremonia, en la cual se quemó un libro.
De seguro que ese libro no fue " La Sucesión P residencial" de Madero ni '' Procelarias" de Pino Suárez.

***

Fn e!¡tudiante que fue rep rendido por su padre. con
mo tivo de la quemazón de libros. se defendió en los siguient es elocuentes términos:
"Quemar libros, padre, ha dejado de ser un crimen.
Anta ño, con los libros se alcanzaban altas jer~rquías y
nobles consideraciones. Los libros llevaron a 1fariscal,
a S ierra, a Altamirano, a Pallares y a Lerdo de Tejada,
hasta la cátedra, la curia y el gobierno mismo del país.
H oy no. Mientras más ignorante es uno. más facilidades tiene para prosperar. Cándido Aguilar no necesita saber leer para ser el Jefe de nuestra Cancillería y Vida!
Garza Pér.ez, invocó su desconocimiento de la Ley para
asesi nar a Don Alberto García Granados.'
"Tú sabes que mi hermano terminó su carrera de abogado con éxito brillante; ¿y de qué le sirvió? Se encuentra
a hora desterrado de la Patria. En cambio su compañero
Chartr ín-¿Te acuerdas de Chartrín ?-que en diez años
no fue capaz de terminar su Preparatoria? es ahora nada
menos que el brazo derecho de Pablo González.
"Los libros volverán a ser venerables en el porvenir.
ahora no. Estamos entre salvajes: pues quitémonos hast a el último barniz de cultura para adaptarnos perfectamente al medio. Así sufriremos menos."

** *

Los diputados al aquelar re de Quer étaro. acordaron
prohib ir a los sacerdotes de cualquiera religión, que estab'.ecieran escuelas dentro de la Repúb 1ica 1'1e"icana.
Esto, na turalmente, 110 se opone a que un profesorcillo llamado Osuna. que es Ministro Protestante-o que
lo fue-sea el D irector General de la ensei1anza en el Distri to y Territorios federa les.

***

Kos ha llegado la noticia de que en el propio aquelarre de Querétaro, hubo la necesidad de desarmar a los
"Dipu tados," pues varias veces las discu~iones amenazaron acabar a tiros y somb~erazos.
E l caso es típico y no amerita comentarios.

***

D. Yenustiano. que tuvo el tino de enfermarse el r6
de Septiembre. para no salir al balcón de Palacio-¡ vy
'Qué miedo!- a tocar la Campana de Dolores, ha sentido
deseos de pasar la próxima Navidad en Saltillo. Como
las comunicaciones entre 11éxico y Ycracruz• están cortadas y hasta se asegura que Pueb'a y Orizaba cayeron
en poder de los fe licistas, nada tiene de particular que D.
Ven us se aleje de la hoguera y busque refugio en climas
fríos en do ndf puede celebrar las Pascuas con absoluta
tranquilidad.
¿ Dónde pasará el año nuevo? ¿ Seguirá más al
Norte?
Pront o lo veremos.

** *

El General Scott, acaba de declarar solemnemente

que la movilización de las Guardias Xacionales sobre la
frontera mexicana, constituyó para las armas norteamericanas el más estruendoso de todos los fracasos. Y no
conforme con esta significativa confesión, hizo saber que
si dichas guardias nacionales hubieran sido enviadas a
11éxico, se habrían despedazado las unas a las otras sin
necesidad de luchar con ningún adversario.
Esta preciosa declaración, hecha por el Jefe del Estado 1[ayor Norte-americano, viene a notificar al mundo,
que los Estados Cnidos se encuentran completamente desarmad9s.

***
Hace un mes aproximadamente, que los conferencistas de Atlantic City, clausuraron sus sesiones después defirmar un protocolo, q1:1e no se convirtió en artículo de
Ley porque Carranza se resistió a ratificarlo.
Los conferencistas se reunieron luego en Philadelphia,
y después de volver a conferenciar, acordaron repetirli
la remisión del mismo protocolo a fin de que lo firm.e.
La próxima reunión se verificará el 2 de Enero en la ciudad ·de N ew York.
En resumen, las conferencias comenzaron hace tres
meses su labor en K ew London; continuaron en Atlantic
City; siguieron en Ph iladelphia; van a reanudar sus t rabajos en la metrópo li neoyorkina; y de seguir los mismos
pasos. se t ransladarán a un Pullman para proseguir en la
diplomacia errante que han venido a poner en boga.

***
Corren rumores de que D. Yenustiano fue herido en
Querétaro por un h ijo del señor Don Alberto García Gra nados, ex-~Iinistro de Gobernación, qu~ fue asesinado en
la ciudad de México en Septiembre del año próximo pasado, por orden expresa de Carra'nza y en complicidad
con Pablo González.
La noticia podrá ser exacta· o falsa. Pero lo que sí
es indiscutible es que D. Venustiano lleva en el alma,
como herida incurable, el recuerdo de García Granados.
Las ba!as que mataron a aquel honorable funcionario,
mataron también para siempre el sueño de sus noches.
Aquel asesinato lo sacudi:á toda su vida. por la cobardía
con que fue ejecutado. y sobre todo por su esterilidad.
Decía Talleyrand, hablando de la muerte del Duque
de Enghien: eso es más que un crimen, es una imbecilidad. Lo mismo puede decirse del asesinato de Don
Alberto.

** *
Pueb ' a y Orizaba cayeron en poder de las fuerzas felicistas; Jalapa se halla en poder de otros revolucionarios;
Torreón va a ser evacuado por los carranclanes; Parral,
Jiménez. Santa Rosalía y 1Iapimí han vuelto a ser ocupados pot las fuerzas villistas; la guarnición de Casas
Graneles fue aprehendida en masa y su jefe tuvo que fugarse a Estados Unidos; el ferrocarril Internacional que
liga a Torreón con Ciudad Porfirio Díaz. fue cortado en
Bermejillo; don Venustiano proyecta abandonar Querétaro para pasar la Navidad en Saltillo: tales son las últimas
noticias.
¡ A que las prox1mas Pascuas van a ser unas verdaderas ascuas para Carranza !

Bondadoso amigo mío :
Voy a descorrer el velo de un misterio. Don \' enustiano ha tenido siempre particular empei10 en ocultar
la fecha precisa de su .nacimiento. no ya por cuestión de
años, como acostumbraban las niñas célibes que llegaron a
"cierta edad," sino por lo que mira al día mismo en que
vino al m undo.
Se sabe por boca de contemporáneos suyos, que nació el 28 de Diciembre; o sea el día consagrado a los
Santos Inocentes, martirologio al cual "le saca el cuerpo," seguramente porque él aspira a vivir y morir bajo
más glorioso patrocinio. De ahí tal vez su tenacidad en
no declarar que nació ese día, y sostener que fue el anterior o el posterior, no importa cuál de ellos: lo indispensable es que nadie se entere de que está comprendido
entre las criaturas degolladas por Herodes.
Cualquier despreocupado pensará que éstas son futilezas propias de gentes superficiales; pero es el caso que
nuestro Primer Jefo no confiesa ni a tiros que v10 la luz
el 28 del mes que está a los comienzos de su segunda
quincena.
.
Y esta resen·a, que ha guardado desde muchísimo antes de que perteneciera a la del General Reyes (porque
ésta fue la segunda, y aquel'.a la primera ) se ha acentuado
hoy que Don \' enustiano llegó a Supremo lncautador.
Este puntillo de amor prop.io nada tiene de raro: existen muchos antecedentes históricos análogos. Personajes que se cambiaron el nombre de pi 1a, y hasta juntamente el apellido, porque otros les sonaron más eufónicamente, podrían citarse a puñados. JI: u estro Primer Jeje no ha incurrido en semejante frivolidad; y bien hubiera podido hacerlo, porque en cali'dad de bonito, no parece que lo es mucho el nombre que lleva. salvo en sus dos
primeras sílabas que recuerdan a una deidad mitológica,
emergiendo de las espumas del mar, detalle por el cual
yo gusto siempre de designarlo bajo esta forma poético
-olímpica, que estimo más, de su agrado, aunque él no
la adopte de una manera ostensible en sus decretos y demás documentación oficial.
Como quiera que sea, Don \' enuslÍano ha seguido luciendo el nombre de bautismo tal como se lo aplicaron.
y en lo único que ha demostrado rebeldías es en la fecha de su natalicio.
"Compre.ndo que voy a causarle un disgusto serio ha·
ciendo público este dato importantísimo sobre su preclara existencia, la cual abraza dos períodos capita les: el del
pretorianismo y el de la incautación. Pero a hombres de
su talla, destinados a ocupar sitio luminoso en la historia,
hay que no quitarles un atómo de la verdad de sus peculiaridades. Y la fecha precisa de su nacimiento ha de ser
trasmitida a la posterioridad. sin un minuto de discrepancia, para no alterar puntos relacionados con la Cronología carranclana.

1

EL NATALICIO DE
DON VENUSTIANO

Si se tratara de Juan Lanas, importaría bien poco di1-ucidar el hecho. A los an§nimos se les ve nacer, desarroll:rrse y morir, sin que a mortal alguno le interesen un
comino.
Sepan, pues, los futuros biógrafos del patriarca que
éste nació el "merito" día de los Santos Inocentes, lo cual
no ha sido obstáculo para que despojándose de esa cándida investidura, en el curso de su vida política, haya dado pruebas de obrar enérgicamente, ciñéndose a los augustos códigos de la incautación, que sobre ser de nuevo
cuño y monumento de su especial manufactura, como los
bilimbiques, tiene la característica de virilidad y fuerza
propiaJ de los hombres macizos.
¡Ah! ¡Lo que son los misterios del porvenir! Es casi
seguro que al nacimiento del Patriarca, en torno de su
cuna, han de haberse hacinado los comentarios. por virtud de la coincidencia de venir· al mundo el infantito el
día mismo en que la Iglesia conmemora los Santos· Inocentes Mártires.
Será una criatura priYilegiada · con dones de mansedumbre y dulzura-diría alguna devota anciana.
-¡ Pobrecito niño !-exclamaría algún aprensivo visitante- llegará a ser víctima de las humanas crueldades:
trae ya la marca de su sacrificio.
Y véase cómo aquel inocente que llegó provocando
tales comentarios, resultó ser, a pesar de su sello nativo,
el iniciador de un movimiento popular a cuyos resplandores, la ;\ladre Iglesia Católica, que dio nombre a Venustianito, vio derribar sus templos, expulsar a sus oficiantes. incendiar sus confesionarios, mutilar sus imágenes, incautár&amp;ele sus vasos sagrados, etc., etc. Pero en
parte se cumplió la esperanza sobre la mansedumbre y la
dulzura; porque de ellas dio muestras durante quince años
en que dulce y mansamente soportó resignado el sacrificio de ocupar un sillón de la Senaduría porfiriana.
¡arodiando la coplilla infantil, podría yo decir a la
nac1011 redimida:
. Inocente palomita,
no te dejes engañar:
el 28 ele Diciembre
nació el Jefe carranclán.
Si mis cuentas no yerran, esta quincuagésima-sexta
epístola, aparecerá en el número correspondiente al Domingo de. N aviciad. Y en clase de homenaje al Patriarca.
he creído oportuno sacar a luz su nacimiento, con escrupulosa aclaración de la fecha exacta en que la humanidad
tuyo la inesperada fortuna de ver cómo el futuro renovador de Jauja surgía entre los próvidos viñedos de Cuatro
Ciénegas.
Y que las generaciones del porvenir sean servidas de
estimar mis esfuerzos en pro de un punto de tan descomunal importancia.
Te abraza con todo cariüo tu amigo,
SILVERIO.

�LA MAQUINA LOCA
Desde hace más de un aiío estamos anunciando la caída de Carranza; y como ·una serie de circunstancias excepcionales lo han apuntalado, las gentes que sólo ven la
parte externa de las cosas, empiezan a creer que. el ap.azamiento constituye una verdadera consolidación.
Muchas veces al contemp:ar el curso sinuoso y enrevesado de un río, nos parece que se aleja del mar, porque
sigue una pendiente que aunque está más distante de la
costa, en cambio marca el descenso que hacia ella la acerca. Lo mismo pasa con las cuestiones sociales: creemos
que se retarda su solución, por un acontecimiento que
en realidad las precipita.
En Diciembre de 1912, el gobierno maderista parecía
haberse consolidado definitivamente porque llegaba al fin
del año después de haber aniquilado las insurrcciones de
los Generales Reyes, Orozco y Diaz. Ocupaba militarmente todas las p,azas y parecía haber destruido todos los
peligros. Y sin embargo, en medio de e•sta posición aparentemente envidiable, estaba herido de muerte. El mal
principal se enco.ntraba en sí mísmo.
Entonces escribimos desde las columnas del diario
"La Tribuna," el siguiente artículo que se intitulaba "La
Máquina Loca/' el cual se cumplió al pie de la letra. No
nos enorgullecemos de esta profecía porque no encierra
clarividencia alguna. Anuñciar la caída de :Madero en
Diciembre de 1913 era tan natural como decir ahora que
Carranza se derrumbará. Así como el que toma cianuro.
se muere, así también, el que gobierna como gobernó }.ladero y como gobierna hoy Carranza. tiene que s.ucumbir
trágicamente.
I
El artícu:o de refere1kia es el siguiente:

***
Imaginaos una vía férrea llena de curvas pronttnciadas que bordean cumbres escabrosas; con fuertes declives que acrecientan la velocidad de las máquinas; construída en terreno frágil y movedizo que vuelve toda marcha vacilante y trepidatoria; con rieles oxidados encima
de durmientes podridos, que se acuestan en algunos trechos a unos cuantos centím!tros del precipicio, y en otros.
sobre puentes colgantes, cuya atrevida posición sacude
los nervios con el calosfrío del peligro. Suponed en seguida, que sobre ese camino espeluznante se desliza con
\'elocidad de rayo, una locomotora trágica, cuya caldera
hirviente marca en su manómetro la .presión tremenda de
ochenta atmó.,feras, sin palancas para disminuir la rapidez de la marcha vertiginosa. sin frenos para contener
la brutal carrera. sin maquinista que guíe. sin fogonero qne
apague la lumbre, sin fuerza humana capaz de conjurar los
horrores de la' próxima tragedia .... Sí, figuraos todo eso,
luego, pensad que esa via íérrea la constituyen las terribles circunstancias del momento; que la máquina infernal
y clesenfr~nada es el gobierno maderista; y que el ti:en,
arrastrado por esa fatal locomotora, lleva a bordo quince millones de seres desdichados, que caminan lúgubremente al exterminio.
Xo podremos decir si la locomotora descarri'.ará en
esta o aquella fecha determinada; pero sí aseguramos
categóricamente, que de un modo ineludible, sobrevendrá
el descarrilamiento irreparable. Tal vez ocurra la desgracia al cruzar por una curva cerradísima¡ quizá se

p1c1os. no hay potencia por milagrosa que sea, que pueda
burlar'.os y llegar con felicidad al codiciado puerto.
Tal es nuestra dolorosa situación! Asi se presenta
nuestro brumoso porl'enir.
Por lo pronto. la máquina sigue corriendo; la Yelocidad sigue aumentando; los obstáculos son cada vez mayores; la intranquilidad crece en las almas; el pánico como una garra, sujeta a todos los espíritus y en todos los
labios temblorosos y descoloridos, empieza a correr la
misma frase lúgubre: "Vamos a la Muerte."

efoctúe la caútstrofe en un declive pronunciado; probablemente se desplome la caravana de vagones al salvar uno
de estos puentes audaces suspendidos sobre el vacío. Y
es inútil que se l~ncen hurras y se entonen aleluyas, cada
rez que el triste convoy salva milagrosamente uno de
esos pdigros, considerado por todos como segurísimo
sepulcro: el tren podrá todavía sobreponerse a varios obstáculos, pero 110 existe poder humano que logre libertarlo de. su inevitable destrucción.
¿ Por qué es el actual gobierno una máquina loca? Por
que. se puede decir de él lo que decía 1Iirabeau del Ministro N ecker: "No sabe lo que puede ni lo que quiere ni lo
que debe." 11archa inconscientemente hacia la fatalidad,
con la misma sonrisa que lievó Luis X VI hasta el patíbulo. l'na constante ilusión ilumina su rostro, y en vez de
espantarle la falta de brújula, considera su excursión hacia la muerte, como un viaje idílico a la Isla de Citeres ...•

Los defensorrs del régimen made;ista se limitan a
decir que el Jefe del Estado es un "hombre bueno," de
inmejorables intenciones, sin darse cuenta de que la bondad individual. no substituye la imantada aguja en las
embarcaciones perdidas y desorientadas.' "Un hombre
bueno" está en su sitio dirigiendo un hospicio o curando
enfermos desvalidos, o educando niños pobres; pero jamás la dulzura de carácter ni la santidad de las conciencias han servido para encarrilar a los pueblos en la senda •
del progreso y de la paz. A nadie se le ha ocurrido nunca
decir que son "buenos ho;nbres," Pericles en Grecia ni
Alejandro en 1facedonia ni Rarnsés en Egipto, ni Marco
Aurelio en Roma, ni Enrique Cuarto en Francia, ni Btsmarck en Prusia, ni Juárez en nuestra Patria. Decirle a
un gobernante "Hombre bueno," es tan injurioso como
decírselo a un artista o a un sabio, o a cualquier espíritu
extraordinario que fulgure o florezca en los rlistintos ramos de la actividad humana. P~r eso Napoleón, que era
conocedor profundo de la psicología de los pueb!os, escribía a su hermano José las siguientes palabras, que merecen esculpirse en un bajo-relieve de granito: "Cuando
se dice de un Rey, que es-buen hombre,-el reino está •
desmoronado."
Detrás de la locomotora ciega, van veintisiete carros
de µrimera que se llaman Estados, y tres furgones de segunda, que pueden asimilarse a los Territorios federe. 'es ..
. . . Todos estos vagones se encuentran desvencijados,
crujientes, vacilantes, con los ejes torcidos, con las ruedas descentradas, con los pisos rotos, dispuestos a ceder
ante el primer golpe que se les aseste. Y efectivamente,
así ca111inan nuestras entidades iederativas. Los Gobernadores sólo vienen a esta Capital con el objeto de conseguirse dinero. para voh-erse a componer la herrumbrosa maquinaria. Afán inútil! }.J ientras la misma locomotora siga tirando. no habrá más rumbo cierto que el total derrumbamiento.
¿Y la vía de la muerte? Ah! Esto es lo más pavoroso
de la tragedia. Cruiar las circunstancias actuales, sería
pel igroso hasta para un ferrocarril flamante, dirigido por
un habilísimo piloto. El comercio agotado, el crédito perdido, las industrias exangues, y sobre todo, la Interven~ión extranjera amenazadora y brutal! Cualquiera de estos abismos bastaría por sí sólo para que todas las máquinas rodaran estruendosamente: reunidos estos preci-

*. *
Asi escribimos hace tres años. El cuadro e~ _,1ora
peor. La vía férrea casi no existe; Los carros se encuentran diez veces más deteriorados; lá 1ocomotora corre
con más velocidad. La única diferencia consiste en' que
entonces el maqúinista era un "un buen hombre", que
conducía inconscientemente a su país al desastre, y el m~quinista de hoy es un ''traidor," que lleva delibera.clameñ~e
a su Patria al exterminio.
·
·
r.

OYENDO A HOFFMAN ..
•

eximio, constituían las fiestas, las verdaderas grandes fiestas &lt;le la Ciudad de liéxico, cuya conciencia acudía a los
teatros en una peregrinación resplandeciente de alegría.
La 1Iariani, la Vitaliani, la Reiter, Novelli, }.fimí Aguglia, en el drama; los estrenos de las gran.ele¡¡ obras
musicales como Lohengrin, La Coud.enación de Faust~.
"Hantzel und Grettel," y tántos otros en la músic¡¡. dra~n,ática. La Tetrazzini, la Guerrini, la Barrientos, como cantantes; y luego, los músicos: el Cuarteto de ..Bruselas,
Cuando Hoffman estuvo en México, la capital era
Kreis!er, Burmester, Hoffman: esos eran los suc~sos
uno de los centros más activos de cultura y de estudio.
Las generaciones jóvenes, se habían libertado del positi- que conmovían a la gente que piensa, a la que represenvismo en que se momificaron los impulsos de. la genera- taba el cerebro y el corazón de la divina metrópoli de México, y basta recordar el viaje al teatro, el encuentro en
ción anterior, y nutridas con nuevos ideales, confiaban
él, la asistencia: todos eran motivos. de una animación que
en hacer un lléxico más fuerte. más brillante, más a 1 to
que el pasado. porque no lo incrustarían en .un doctrina- J:enaba de flores, de risas, de luces, de color Y. de perfu·
.mes el derrotero. ¡ y el espectáculo de la sala! lle.na .de
rismo inmóvil.
mujeres bellísimas, y después, aquel aplauso nutrido· y
Las estériles disquisiciones sobre el lugar de cada uno •
delirante que saludaba a los artistas y que les daba en las
de los conocimientos, habían cedido al deseo de ampliar
palmas el homenaje de una ciudad que vivía euamorada
los conocimientos mismos, y, lejos de atribuir a las ardel ideal y que se embriagaba en las excelsas dionisiacas
tes y á los impu'sos generosos el papel de productos de
de la belleza!
lujo. cuya aparición maravilla a los sectarios del utilitaCuando oíamos a Hoffman en San Antonj-0, ~Ct)tÍamos
rismo, habian e!udido las filosofías de segunda mano y los
la diferencia: puede decirse que aquí cada, qui;er\ .. va. ~al
sistemas para forniu'arios. inspirándose en el pensamienteatro por su lado, vuelve. a su casa a iniciar la rutina.rlia.to original de los grandes, auto/es y bebiendo en las fuenria. con la 1\1is111a frialdad de los otros días: ~1.1 hlé1Ci&lt;;o
tes primitivas.
nos reuníamos para it, nos reuniamos para ~s.&lt;;uchar· y;:o.s
En aquellos tiempos, ya sr iniciaban los dos movi- reuníamos, al final, para prolongar en la charla Íntima,
mientos: e,1 que deseaba la renovación de la patria por sanla delicia que nos inundaba y para dar salida al entusiasgre joven y por pensamientos nuevos, y el que meditaban
mo que no podía conte.nerse en un solo corazórt. . , . .:
en la penumbra de su conciencia los que no ansiaban sino
Ese era el }.léxico qtte halló Hoffman.
Y mientras
vengar eq la especie los crímenes de la abstención y los oíamos al maestro en el "Bethoven Hall," hoy que su .catonn;ntos del despecho.
beza está cana y su técnica es tal que no pue.d~ ser desigLos más grandes artistas no desdeñaban acudir a una
nada sino como perfecta; mientras ..iniciaba su co.nci:er.to
capital culta en la que no solamente encontraban la escon el "Rayo de Luna," pensábamos en cuál sería el astimación que satisface al maestro, sino un acogimiento
pecto de la Ciudad. esa misma noche, ahora que ya-triuncordial y cálido.
'
•
fó la revo!ución. ahora que los teatros están mudos, y el
En aquel tiempo, la llegada de una gran compañía 1léxic.o manumitido no tendrá en muchos, muchos años,
dramática, de un cantante de primer orden, de un artista
espectáculos como aque.los.

Hoffman daba una audición en San Antonio, y al
anuncio de esta nueva, tan sencilla, resurgieron con la
evocacíón de las audiciones inolvidables dadas en i\Ié_xico por el maestro. las imágenes del teatro. de la concurrencia, de los entusiasmos de aquel tiempo, tan próximo y ya tan diverso del actual, que autoriza a escribir sobre aquél como si fuera. de una vida que pasó en un :-1 éxico que se íue.

�EL COLLAR. DE PERLAS
-Aunque hasta mañana me repitas que me apure,
¿crees que iré más de prisa?

verdadera enfermedad, bautizada por los médicos con un
nombre estrambótico.

-Ciertamente, no te imaginas hasta qué punto te
hace cargoso esa manía. Siempre la misma cantilena:
"Susana, vamos a llegar tarde. Susana, arréglate pronto." Si siquiera fueran oportunas estas exhortaciones ...
Pedro no; -siempre vienen en el momento en que estoy febricitante_, agitada, pronta a llorar de enervamiento.

-Eso es la cleptomanía. Reflexionando, recuerdo
que Odette manifestaba una admiración malsana por mi
collar. ''¡ Qué haremos! ¡ Cómo me gustaría uno igual!"
Suspiraba calculando su peso, sus ojos brillaban ele codicia.

-Naturalmente: nada saben notar los hombres. No
has advertido que desde ha.ce media hora buseo un objeto que no encuentro.
-Mi collar de pedas, simplemente.
-Lo he revuelto todo, he abierto los cajones, vaciando el a!halajero, revisando los roperos, y nada, nada. Sin
embargo, ayer, cuando volví a casa, lo tenía; de esto estoy segura.
-Fastidioso, puedes decirlo; una joya de treinta mil.
Y luego, la quería mucho. Me recordaba algo muy grato ..... .

-Evidentemente, el collar ne se ha ido solo; ha sido
necesario que alguien le haya enseñado el camino.
-¿Quién? He ahí el problema. Es bastante difícil
señalar al culpable; y sin embargo, las sospechas son limitadas. En efecto, puesto que no ha habido saqueo, ya
que ningú,n otro objeto ha sido tocado, fuerza es que el
ladrón sea alguna de las personas que nos rodean.
-¿El servicio? Ya he pensado en ello. Hoy está reducido a dos personas, pues que ayer diste el pasaporte
a un "chauffeur." Quedan la cocinera, que jamás pone
los pies en el dormitorio, y Raquel ..... Pero hace ocho
años que esta joven se halla a mi servicio y jamas he tenido motivo de queja. Respondo de ella.
-Como personas extrañas sólo ha venido Odette.
-¿ Que no sospeche?

¡Hum!

•

-¡ Oh, no te enojes!

Tu Susana se siente ,tan feliz
de haber encontrado sus perlas.

~

-No la acusoj pero no puedo dejar de hallar bastante curiosa ta: coincidencia. Esta mañana yo tenía mi collar; esta noche compruebo que se ha eclipsado misteriosamente.. Los sir.vientes están descartados. ¿A quién
he recibido en el intervalo? A Odette. Más claro .....
-¡Bah! ¿No·de'tienen todos los días en las grandes
tiendas a mujeres de mundo que roban pieles, puntillas
'/ hasta objetos de ca·si 'ní~gún valor? Parece que es una

-¿ Crees que el fiscal podría perseguir de oficio? Des·;·
pués de todo. tanto peor para Odette. Cuando 11110 es'
inocente, no tiene la menor idea de dejarse arrestar.
'

,.

-¡\'aya! ¿ Lo crees? ¡ Y yo que acusaba a Odettc ! En

JACQUE~ CONSTANT.

NOTAS .CURIOSAS
\' éase el origen de los nombres de algunos países:
España viene del fenicio Spania, que significa septentrional, o de Spaniga. abundante en conejos.
Portugal es corrupción de Porto de Cale.
Francia se !'amó así por los francos. conquistadores.
Jta'ia se dcri,·a de Italo, hijo del Telegone, rey de
Arcadia.
Inglaterra. de Ingle o anglos, pueblos de la Baja Sajonia.
Irlandia, de Erin o hier. que significa Occidente.
Escocia, de una tribu así llamada.
Noruega. quiere decir canto del Norte.
Austria. país del Este.
Ho'anda, suelo bajo.
'.Turquía, pueblo bajo.
Rusia y Prusja, traen su origen de las tribus esclavas Rusi y Prusi.
Alemania, se compone de las voces al y man, todos
los hombres.
Dinamarca de Dam y mark, confín o país de Dam,
su fundador.
Suiza tomó su nombre del Cantón Suitz o Schwitz.
Grecia de la tribu helénica de los Graü o Graeci.
Polonia de los \'Oces pole y poin que en eslavón significan lugar propio para cazar, campiña.
Bélgica de Bclgae, pueblos originarios de las oril'.as
del Volga.

-Sin precisar contra quién, naturalmente .. No quiero
aparecer acusando a Odette, por más que ahora esté persuadida ele su culpabilidad.

•

-¡ Es espantoso! No puedo dar un paso sin ser asaltado por media docena de periodistas que me piden datos acerca de tu collar. Hemos huíclo de Aix; nos hemos
reintegrado a este París triste, donde se oye hablar todos los idiomas, menos el nuestro. ¡ Sacrificio inútil! La
persecución continúa. Tu bendito collar está en camino
de hacerse legendario. ¿Por qué no lo has puesto bajo
llave o te lo has hecho robar en otro momento? Durante el invierno, este incidente habría pasado inadvertido;
pero en la época del veraneo, cuando todos los diarios
están faltos de temas ..... .
-Sí, desde luego; pero ¿cómo te explicas esta nueva
interview del "J ournal ?" Sin embargo, yo te había recbmendado que no abrieses la puerta a nadie. Comprenderás; esos demonios de reporteros endilgan un discurso
cuando nada se ha dicho. Si se abre la boca está uno
perdido.

¿ Acaso se sabe ..... ?

-No exageremos. Odette es una relación y no una
amiga. El hecho de que a menudo salgamos juntas, no
implica que yo pueda garantizar su honestidad

-¿ Declarar la verdad al juez dt; instrucción? Sería
simplemente un disparate. ¡ Para que los diarios se bur·
tasen de nosotros! No deseo ponerme en ridículo. No
hay más que· calfarlo todo.

-Es cierto, no podría vofver a ponerme mi collar.
Espera: ya he hallado la solución. Enrique, "chauffeur,"·
partirá en auto: cuando haya llegado hasta una comarca.
apartada,
nos enviará el collar bajo un, falso nombre
-¡Mi collar, caramba!
cuidando de no ser reconocido. En cuanto recibas la en-Estaba-¿ no me engañarás. querido?-en el bo!si- " comienda. darás parte al juez de instrucción y -r-,tirarás
la denuncia.
llo de mi abrigo ..... .

-Lo que es ella no vale más que él. Se dice que su
origen es un poco turbio. En el fondo son gente sospechosa, tanto, que yo me pregunto por qué frecuentamos
su trato.

***

-No, no la defiendo; pero esa pobre jo,•en me inspira
piedad. Al fin y al cabo, nada demuestra su culpabilidad.

-}.Iaridito mío, tengo que darte una buena nóticia: lo
he encontrado.

-Escucha: vas a formular una denuncia de robo.
-¿ Ir a la fiesta de gala del casino sin mi collar? ¿Y
por qué no con peinador? Ya oigo el coro de mis buenas amigas: "Mirad, Susana ya no tiene las perlas. Las
habrá dejado empeñadas." No habría en Aix más que
una opinión.

el fondo, el hecho me sorprendía, pues es una excolente
muchacha; y si se la puede sacar de este atolladero ....

** *

-¿ Fernando? ¡ Oh !No es para ella tan amable como
todo eso. Es muy tacaño, y creo, por otra parte, que no
se siente muy feliz con ella. Desde luego es un "rasta."

-Puede ser que haya nacido en Francia; pero ha vivido mucho tiempo en el Brasil, donde hizo fortuna rápidamentente con ciertos enjuagues en negocios un tanto
obscuros. Jamás me ha gustado. ¿ Has notado que tiene
algo de cruel en la mirada?

de que en este momento hubiese sido dete~ida. Tanto
menos cuanto que su marido la ha abandon~do.

-¿Un jovencito tímido? ¡\'aya, te has dejado ablandar! Y bien, el hombrecito tímido ha logrado sacar una
sugestiva instantánea de tu persona.

***
París miden

Los boulevares de
35 metros de ancho;
la Ringstrasse de Viena. 57 metros; la Unter del Linden.
de Berlín. 65 metros; las cal'es principales de New York,
25 a 45 metros; las de \\'ashington. más de 50, y la Avenida de París, de Versalles, roo metros.

-Se ve bien que salías del baño. Tu mismo peinador
lo indica. ¡ Qué interesante es esto para mí I Todos mis
amigos han venido a estrecharme la mano pidiéndome
con sonrisa zumbona noticias de tí.

*•*

-¿ El sumario? Y bien; esa desdichada Oclette sigue
sosteniendo que es inocente. El juez sólo ha podido sacar en limpio que engañaba a Fernando con un industrial de Grenoble; que tendría gran necesidad de dinero,
¡ qué se yo! Por cierto que no me sorprendería la· noticia

•

Se sabe de tiempo atrás. que en la. luz. la solar principalmente, se encuentra una ,·erdadera fuerza de vida. No
hay que generalizar, sin embargo, porque no todas las
variedades de luz son vivificantes. Si se coloca una campana de vidrio azul sobre una planta. ésta se marchita en
seguida y muere en poco tiempo. Pasa precisamente lo
comrario si la qmpana es de vidrio amariLlo.

. En la India hay un pueblo que vi,:e todavía en un estado de primitivo sah-.i.tismo. y del cual se ha dicho algunas veces que carecía en absoluto ele religíón. Sin embargo, los "todas," que así se llaman estos salvajes, deben
ercer en a'go. cuando rezan; pero sus plegarias 5611 de
una se11ci'lez incomparab'c, reduciéndose a decir: "¡ Que
todo esté bien!"

·* * *

Si un comerciante l'ega a deber en Rusia más de '
$ 772 y no tiene esa cantidad en caja para cubrir su deuda en cualqier momento, basta eEa sola circunstancia pa·
ra declarar la quiebra.

*. *
l:'na de las costumbres de la _ép~ca de apogeo del' imperio romano, m.\s digna de men~ón. es la que hacía que
fueran apreciadas las mujeres, tanto más mientras más
rubias eran, por lo que las morenas. por hermosas que
se les quisiera suponer. eran tratadas sobre poco más o
menos, como esclaYas. No se sabe de cierto la razón
de tan curiosa preferencia; pero es de presumirse que se
trataba de una simp'e cuestión de moda.

*•*
El famoso conde de Arancla, fue el primer gran maestre de francmasoneria española, fundó en 1870 el Gran
Oriente nacional de España.

*•*
En China es un acto muy descortés el de recibir a un
huésped con la cabeza descubierta; por eso, cuando una
visita llega a la casa de un hijo de Canfocio y éste se ha·
tia casua 1.mente sin sombrero, corre a ponérselo.

*• *
El pueblo o ciudad más antiguo del mundo es Damasco, pues todas las demás ciudades de su tiempo han
desaparecido. Tiro y Sidón fueron casi tragados por el
mar; Baalbek. la ciudad del Sol, está en ruinas; Palmira
se halla enterrada en el desierto, y Nínive y Babi 1onia,
desaparecieron de; las orillas del Tigris y del Eufrates.
Por tanto, Damasco es la única ciudad que queda de
los días de Abraham.

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.¡.

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ii
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:

EL FUTURO REY DE
POLONIA.
Las cancillerías de Alemania y Prusia han anunciado
oficialmente la futura creación del reino de Polonia,
y hasta se empieza a rumorar que el primer monarca
del

nuevo

Estado

será

el

Príncipe Leopoldo de Baviera, yerno del finado Emperador d e

rey.
superior, se mira al príncipe
Leopoldo, pasando revista
a sus tropas, después de la
entrada triunfal a Varsovia;
en la parte central, se le ve
examinando unos. planes de
campaña; y en el grabado

1
+

i1

1
:¡:

�CLEMENCIA
POR IGNACIO M. ALTAMIRANO
(Continúa.)

BELLEZAS INFANTILES

NlftAS BEATRIZ FANTUZZI Y GILDA MOLINA
De Cananea, Sonora, México.

do
ba
de
fe

del pronto arreglo de aquel negocio; pero aun estahablando
con él cuando un ayudante vino a llamarlo
sedosa pestaña alguna lágrima que asomaba a sus radianparte
del
coronel,
y con urgencia. Encontró a su j~tes ojos negros, y en un descanso dijo a Enrique mirándoindignado.
lo fijamente con los ojos entrecerrados y llenos de pasión:
-Sé que ha de-safiado vd a muerte al comandante
-¿ Me amas, Enrique?
Flores. por yo no sé qué palabras que dijo a vd. anoche
-Más que a mi vida .....
-Pues no hagas caso a Vall~..... ¡desgraciado! él en el baile.
-El se lo ha dicho a vd., mi coronel?
me quiere también ..... .
-El
me lo ha dicho.
-Esa es una razón de más ..... .
-Pues
bien, es cierto; me ha ofendido gravemente,
-Esa es una razón para tenerle piedad .... quizás yo
Y yo he creído conveniente reparar este agravio retándotengo la culpa de que esté enamorado así, y celoso.
le; sería yo un hombre despreciable si no lo hiciese así.
-Tú le quieres algo, Clemencia.
-Y ¿vd. no sabe que nuestras leyes militares prohi-Que le quiero? .... Si yo no amo más que a tí, a tí
ben
bajo severísimas penas el duelo? ¿Vd. no sabe que va
no más, y desde el primer momento 1 y tu amor me ha
a
hacerse
reo de un delito grave, y que yo estoy resuelcostado .lágrimas y sufrimientos atroces ..... te amo, te
to a imponer a vd. un castigo terrible si insiste en su proamaré siempre.
La ardiente joven decía estas palabras con ese apa- pósitq? Caballero, yo no permito en mi cuerpo, ni menos
rente disimulo con que hablan siempre en un baile los en estas circunstancias, semejantes lances de espadachienamorados, que no parece sino que platican acerca de nes; yo haré fusilar, conforme a Ordenanza, al que inla música, de los candiles y de los vestidos.
Pero la tente siquiera, estando c~mo estamos, frente al enemivoz de la joven era tanto más enérgica cuanto más apa- go, promover duelos por cualquier motivo. ¿ Es vd. valiente? ¿Está vd. ofendido? Pues tiempo hay para progada, llena de ternura y de resolución.
bar su valor combatiendo por su patria y para lavar su
Y sus dedos oprimían convulsivamente el brazo de
Enrique, y los latidos de su corazón parecían ahogar sus ofensa, procurando en el primer combate portarse mejor que la persona que insultó a vd. Un militar no se
palabra·s.
pertenece:
su vida es de la patria, y arriesgarla en otra coEstaba apasionada frenéticamente.
sa
que
en
su defensa.es traicionar a sus banderas. ¡ HaEl baile concluyó pronto; Clemencia no estaba contenta ya.
¿ Temía por Enrique?
¿ Temía por Fernan- bríamos de dar el escándalo de un desafío deante de los
do?
Quién sabe! lo probable es que temía por cual- franceses! Batallas son las que debe vd. desear, y no
quiera de los dos, pues bien sabía que ella era la causa lances de honor; matando o muriendo vd., quedaría deshonrado en un desafío personal. El comandante Flores
de lo que iba a suceder.
ha probado su temple de alma en los combates 1 no neceAsí es que otra vez, al recogerse en aquella aristocrática y deliciosa estancia que ya conocemos, en la no- sita dar nuevas pruebas de ello, y en cuanto a la ofensa
che del té, volvió a repetir pensativa y llena de rw1or- que haya podido inferir a vd., él le invitará, llegado el caso, a avanzar sobre el enemigo, y entonces el que se quedimientos, las mismas palabras:
de atrás será el que tenga que confesarse vencido. Así
-¿ Qué he hecho, Dios mío? ¿ qué he hecho?
deben hacerse los desafíos en tiempo de guerra, y no exXXIV
' poniendo a la vergüenza a su cuerpo y a los jefes con
reyertas personales, estériles para la causa que defendeEL DESAFIO
mos Y criminales a los ojos de la sociedad. He ordenaAl día siguiente muy temprano Fernando v1110 a des- do a Flores que no acepte el reto de vd., y si tanto él
pertarme.
como vd. intentan llevarlo a cabo, a pesar de mis órde-Doctor, me dijo, vengo a inferir a vd. una molesnes, el general tendrá conocimiento de ello, y yo ofreztia. Tengo que arreglar u1~ asunto de honor con el Co- co a vds., que los haré fusilar. Así es que vd. prescinde
manda'nte Flores, que me ha insultado anoche. No he de su propósito, retira vd. toda indicación, y dentro de
creído conveniente encargar el arreglo de este negocio pocos días yo proporcionaré a vds. una liza más noble
a ninguno de mis capitanes. y suplico a vd. que me sirva Y más honrosa; y como es preciso castigar a vd. por ese
de testigo. Entre vd. y yo no han mediado relaciones conato de infracción del Código militar, vd. permanecerá
de amistad; pero creo que no rehusará vd. prestarme este a~restado hasta que salgamos de Guadalajara, que será
bien pronto.
servicio de caballeros.
-No tengo inconveniente, le respondí; estoy a la
-Está muy bien, mi coronel contestó Valle comdisposición de vd.
prendiendo que su jefe tenía razón en todo; pero' indigContóme entonces el lance de la noche anterior, y
nándose interiormente de que Enrique hubiera corrido
me dio sus instrucciones. Quería batirse el mismo día
a denunciar al coronel aquella ocurrencia.
y escogía como arma la espada. Era un duelo a muerte'.
El razonamiento del jefe era enteramente justo; peFui a ver a Flores, recibióme con arrogancia, desig- ro la cólera hervía aún en el pecho del joven ofendido,
nó como su testigo a un amigo suyo de Guadalajara, a y aquel desprecio lanzado por su enemigo delante de Clequien citó para una hora después.
mencia le manchaba el rostro como un bofetón o un la- No habrá dificultad ninguna, me dijo; dentto de tigazo. Algo hubiera dado por ,no pertenecer al ejército
tres horas Valle estará complacido.
o por hallarse lejos de la guerra y frente a frente de un
Me despedí inmediatamente y fui a dar aviso a Fernan- rival tan soberbio como insolente.

�Et duelo no se llevó a cabo, y Valle se desesperaba
pen.sando que Clemencia supondría que él se habría resignado a sufrir en silencio la atroz injuria que había recibido en presencia de ella.
• ·
-Doctor, me dijo llorando de ckse~peraciún. no me
queda más recurso que el suicidio.
-El suicidio será peor, amigo mio. le. respondí, y
me asombro de que ve!., regufarmente tan juicioso. 110
pueda dominar ahora ese sentimiento ele có:era pueril
Realmente el coronel tiene razón; un desafío cuando los
franceses van a llegar, sería inexcusab'.e. La espada de nl.
no debe cruzarse sino con la de los enemigos de la patria. En el primer corubate vd. se cubrirá ele g'oria o
morirá, y de una u otra manera quedará biep puesto a
los ojos de su rival y los de esa sei10rita. que sería la
prim~ra en censurar a vd. una qugrella personal en los
momentos mismos en que el enemi&amp;I? se presenta fre1~te
a .nosotros. ¡ Qué due:o, ni qué suicidio! El combate
mañana, y olvidemos hoy e~as miserias de salón que sólo pueden afectar a quien .llevando una l'ida ocio3a no tiene otro campo más hermoso en que demostrar el temp'.e
de una alma altiva y honrada.
Logré por fin convencer a Valle, que se resignó a
. callar y sufrir, con la esperanza de hacerse matar en el
primer encuentro. Entretanto permaneció arrestado y no
volvió a ver a nadie en Guad~lajara. encerrado como
estaba en su alojamiento, en donde pasó todavía unos
seis días de tormento y de irn~1aciencia.
Por fin se dió la orden de marchar. y el cuerpo salió de Guadalajara con dirección a Sayula. Lto sucedió
el día de Enero de 1864. El día primero. y cuando se
hacían los aprestos de marcha, el coronel del cuerpo. e.n
nombre del general Arteaga, puso en manos de Enrique
Flores el despacho de teniente coronel, que el general
en jefe del ejército acababa de enviarle. por recomendaciones de buenos amigos que el simpático comandante
tenla en el cuartel general.

lia que venía en el carruaje pues todo indicaba que había
hecho una jornada larga y _penosa. Las mulas parecían
fatigadas. el coche ma'tratado, y los mows caminaban
cabizbajos y taciturnos, seiial del fastidio que les había
producido una caminata poco común.
De repl'nte y en un recodo del camino el carruaje
,e detuvo como por un ohst:ícu:o, las mulas desfallecían,
pero el conductor les aplicó latigazos tan vigorosos que
los pobres animales hicieron u'n esfuerzo supremo y partieron con tanta fuerza que el carruaje, después ele haher
' dado un gran sa.to, volcó. cavendo sobre uno de sus
costados.
Las personas que iban en él dieron un grito espantoso, al que respondió otro del caballero que venía detrás }' que se apeó en el acto del magnífico caballo que
montaba. y corrió a donde el carruaje yacía arrojado
y en el peligro de ser arrastrado por las mulas, que sin
ser contenidas más que por el posti '. lón. se espantaban
r querian continuar su carrera.
-¡ Dios mío! ¡ Dios mío! ..... grita ha el caballero,
lleno de angustia.
-~o hay cuidado papá, nada nos ha sucedido gritó
una voz ligeramente a:terada por el susto.
-¡Clemencia! ¡hija mía! ¿y tu mamá, y tus amiga~?
Ya comprenderán veis. que las familias que iban allí
eran las de C emencia e Isabel.
Por fortuna tanto esta~ jóvenes como las seiloras
no tuvieron novedad y si no fue un desmayo que sufrió
Isabel. a causa del terror. no tuvieron que lamentar sino
pequeiias contusiones.
Por lo demás. el carruaje tenía hecha pedazos completamente una de sus ruedas, que detenida en un hoyo,
obsüculo que detuvo el carruaje momentos ante~. se había roto, al tirar las mulas apuradas. por los latigazos
del cochero.
lJn instante después y con auxilio de los criados, las
jóvenes fueron transportadas a oriJ.las del camino, Isabel
vo!vió en sí en los brazos de 11ariana que no perdía su
presencia de espíritu, el carruaje fue le\·antaclo, y sólo
XXV
afligió a la famiiia la dificultad de su situación.
En efecto, era imposible continuar el camino. inutiiiEL CARRUAJE
zado como estaba el carruaje. El cochero manifestó la
imposibilidad ele componer la rueda rota, y los mozos
Era el 5 de Enero de 1864. y ya a\·anz~da la noche.
aiiarlicron lo que el cabal'ero sabía: que no había cerca
que estaba fría y nebulosa.
ningún pueb'ecito, ninguna hacienda a donde refugiarse
lln carruaje tirado por seis mu;as caminaba con toda
C!-a noche, o de donde traer un carruaje nuevo. Zacoalco
la ligereza posib 'e con dirección al pueb:o ele Zacoalco,
estiJ.ha todavía a cuatro leguas. y era improbab'e que allí
distante todavía como unas cuatro leguas.
pudiese ~onsenguirse un coche. Era. pues. preciso pedirEn pos de él seguían un caba'lero y seis u ocho crialo a Sayula, adonde el general Arteaga había llegado. o
dos, uno conduciendo tiros de refresco y otros algunas
resignarse a hacer la caminata en los caba 1los de los momulas cargadas de pettcas y colchones.
zos. mientras que éstos seguían a pie.
Evidentemente en el coche debía ir una familia prinI'cro las seiioras se juzgaron ¡ncapaccs ele montar a
cipal.
cabal'o. y además los golpes que habían recibido, aunque
Ya he dicho que ese mismo día 5 ocuparon los franpequei1os relativamente, les hacían sufrir bastante para
ceses mandados por el General Bazaine, a Guadalajara,
que pudiesen caminar a cahailo por espacio ele cuatro leArteaga la había e\'acuado el 3 con sus tropas.
guas. ¡ Qué hacer en ton ces?
A la aproximación de las fuerzas invasoras, varias
-Si me hubieses escuchado. Clemencia, decía el cafamilias no pudiendo soportar la idea de recibir a los
ba!lero con vivas muestras de pesar. nos habríamos queenemigos de la patria, se apresuraron a salir y tomaron
dado en Santa Ana. habríamos tenido un buen a'.ojamientodas ellas el camino de Zapotlán para dirigirse a Co!ima,
to y nos habríamos ahorrado esta desgracia.
punto que estaba enteramente a cubierto, . por entonces,
-Es muy cierto, papá, respondió la joven; pero la
por la línea de defensa que había establecido ti general
consideración de que los franceses podían seguirnos y
Uraga en las Barrancas.
de que tal vez nos íbamos a ver envÚeltos en mayores diEl camino de Guadalajara a Sayu'a por tal motivo
ficultades, estando los republicanos cerca, me hacía imhabía estado frecuentado por los emigrantes desde el día
pacientarme. Prefiero, a no ser por los trabajos que
3, pero ya el cinco lo estuvo sólo por algunos rezagados
hago pasar a vds., todo esto a quedarme cerca de Guadaque habían salido de la ciudad pocas horas antes de que
lajara.
llegaran a ella las columnas francesas.

A este número pertenecía probablemente la fami-

...

(Continuará.)

CORRESPONDENCIA DE LA HABANA
Señor Lic. Don N'emesio García Narrnjo,
Director de "REVISTA MEXICANA"

'
denara la a~rehensión de la señora Marruf.o deportándola .
poco despues a Campeche, custodiada por 50 hombres.

***

San Antonio, Texas.
Señor Director:
Es_ta correspondencia abrirá un paréntesis en la esc~br~s'.dal de los temas políticos para consignar una nota
s1111pat1ca y significativa.
Trátase del acto verificado ayer en la Escuela de En!~rmeras del Hospital Número Uno, donde un grupo 'de
~~ve~es,. alu~nas, ~e aquel establecimiento, sustentó con
mas l1s~nJero ex1to el examen correspondiente para obt~ner e_l d1?l.oma de enfermeras "graduadas." El acto en
s1 es s1mpatic?,. porque señal3: el triunfo de un esfuerzo,
puesto al serv1c10 de la caridad Y el bien; pero lo es má~
para nosotros los mexicanos. porque ese grupo de "
ses''
h d' 'fi
nur
.
se .ª i~n1 cado cuidando con generosa solicitud Y
piadoso rnteres a todos aquellos compatriotas nuestros
que, en su pobreza, han acudi&lt;lo a tan benéfico asilo.
Al nombre de las señoritas Margarita Soler Cons elo Barreta, 11aría Elvira González Y María Gonzile p ~
· las i~uevas graduadas, como al del Director, Me:ico~1~
&lt;lemas personal del Hospital Kúmero Uno se.
. , .
re ¡
·
,
U111ra s1emP .. a grat1tu~ _de los mexicanos que, en este doloroso
ex1ho, han rec1b1do tantos beneficios en aquella casa.

** *

Los •viajeros• llegados últimamente de v.1 uca t'an, re fi eren c?n nnpres1onantes detalles, los acontecimientos que
su.cedieron al proceso Y sentencia de los presuntos comphca~os en el complot a que me referí en mi información
anterior.
·
quien
pasó en revisión la sen.Salvador Al vara d o,

B~jo el patronato de Alvarado Y organizados por
co~~c1dos elementos socialistas, están celebrándose en
1Iencla los Congresos Obrero Y Feminista.
D.e las sesiones q1te efectúen Y los acuerdos que se tomen. mformaré a usted oportunamente. .

** *

Ayer desembarcó en Santiago de Cuba el señor do
Fede.
·
Carvajal, último Preside1úe
'
n
.
neo H ennquez
Constitu-·
cwnal de la República Dominicana.
. En Agosto último, cuando se iniciaron en Santo Don_imgo algun?s disturbios revolucionarios, el señor Henriquez, CarvaJal, que residía en Ottba, fue llamado por sus
coterr_aneos como Presidente de transacción, que aceptaron srn reservas todos los elementos que se disputaban
el poder.
La actua_ción del señor Carvajal se hizo notar por su
elevado patriotismo; pero no satisfizo al gobiet'no americano que por conducto de su ministro en aquel país apoyado po~ alg~nos buques· de la escuadra, exigía del íntegro func10n~no, concesiones que este rechazó dignamente
Tal actitud originó el desembarco de fuerzas arma~
d~s que _ocupan ~ctualmente la pequeña república y ob'ligo al senor Hennquez Carvajal a separarse del poder sin
entregarlo.
'
Dejo a usted, señor Director, los comentarios Y reflexiones que estos hechos sugieren.

¡ffl,.... , .

P. PEREZ.

ª

tencia: co111:1utó la pena de muerte por la extraordinaria
de vemte anos, a .º?ho de los sentenciados, dejándola en
firm,e ~~ra ,el Cap1tan Mora Y Teniente Capallej; del ba~al!on J esus Carranza;" EveI'io Rosado Osario Manuel
Iendez Marrufo Y Fructuoso Pe raza; jovenes 'todos, el
mayor de los cuales apenas contaba 23 años.
Fueron inútiles los esfuerzos que para salvar la vida
de Mora Y sus comp~ñeros hizo la sociedad Meridana,
representada por nutridas comisiones de damas Y caballero.s, Y fue inútil también la gesti9n de los cónsules extranJeros que, en ?leno, solicitaron la clemencia de Alvarado. Este manifestóse renuente a toda s"úpl.
L
.
.,
1ca.
.ª _eJecuc10n. fu~ pública y tuvo lugar en el espacio
que limita lo; ed1fic10s de la Penitenciaría Y Hospital, en
cuyas cercamas
.
.
.
. se congregó la multitud que mconsc1ente o cunosa asiste siempre a tales actos.
. ,Los reos hicieron alarde ele valor y serenidad distingu1endose Fructu_o_so Peraza, que despielióse tranquila~1ente de sus familiares Y _fue saludando en camino al pat1bulo, a todos sus conocidos, repitiéndoles que iba a la
muerte con la convicción de su inocencia
Ejecuta?ª la sentencia, los cadáv~re~ fueron recogidos por p~nentes Y amigos que, al hombro y seguidos por
gran cantidad de pueblo, los transportaron al cementerio
donde los esperaba un grupo mayor. considerándose qu~
no fueron menos de cinco mil las personas que asistieron al sepelio.
Refiéreiime que al arrojar sobre el féretro de 11éndez Marrufo las últimas paladas de tierra. su madre,
que se encontraba entre los asistentes. hízole jurameiito
de vengar su muerte.
Este incide?te, que impresionó mucho a los circunstantes, fue motivo para que el Gobernador Alvarado or-

'

EL CASINO MEXICANO
:°esde ha~e muchos años se hacía necesario que los
mexicanos res1?entes ~n San Antonio, tuviesen un centro
de cultura social. :Mientras todas las colonias extranjeras, mostrando un gran sentimiento de solidaridad, se
acercaban en _las grandes fechas patrióticas y religiosas,
grupo mexicano permanecía desintegrado, fragmentario. consumido aparentemente por mezquinos egoísmos.
Hoy tenemos el gusto de participar a nuestros lectores, que antes del fin del año quedará solemnemente inslata?o el Casino Mexicano, y que los mexicanos tendrán
e~ el un "hogar" para toda la colectividad. En lo sucesivo.' c~ando lleguen el 16 de Septiembre o el 5 de Mayo,
la N~v1dad o el Ai10 Nuevo, ya sabemos que hay un lugar
de Cita, UII Centro general en donde puedan comunicarse
nuestras alegrías Y nuestras esperanzas
Ya no s~ trata de un proyecto: es una. viviente realidad.
El Casmo quedará instalado en la casa número 204
de la _ca~le ele ~.ar~en. Contendrá una sala de recepciones,
una. b1bl10.~eca, gnll-r~o~,''. gimnasio, billares. terreno para Jugar Lawn Tenms, Jardín infantil, etc.
En ~na palabra. tendrá toda clase de atractivos para
hacer ma~ llevaderas las amarguras del déstierro.
Habra ~os clases de socios; propietarios y suscritores. ~os .pnmeros elegirán en uno de estos días a la Mesa Directiva, a la cual entregarán el Casino instalado·
los ac~uales. organizadores. No debemos terminar est~
nota s111 enviar un aplauso al Sr. D. Manuel Mayo Barrefnechea. Secretario de la Junta Organizadora, a cuyo esuerz? tenaz y fe inquebrantable se debe que en unos cuant?s d1as se haya realizado lo que pareció un anhelo imposible durante muchlsimos años.

e!

�SS~o~o~n!9N RECREATIVA
'

pues en todo, tienen ya sus reuniones
la flor Y nata de los ladrones.

al número 65.

IV.

la
2a
Ja
4a
sa
6a
7a
8a
9a
IOa
l ra

Charada.-Augusto.
Charada.- Margarita.
Charada.-Corbatas.
Charada.-Caballero.
Charada.--Camarones.
Charada.-Nort e.
Charada.-Sorpresa.
Charada.-Pantalones.
Charada.-Pacheco.
Charada.-Macario.
Charada.-Roberto.

Con la primera letra de mi segunda
que. una flor de gran renombre
,
deb iste de ser marcado, viejo barbón
cuando tu prole tan vagabunda
enea bezaste hacia mi t odo .
llegaste ai\oso en prima te~cera
Y ..~ un foragido de tu legión
d1J1ste tres prima hasta que quiera.
.

V.
~os ~rima ya de jugar

- F_ueron resueltas todas por la senonta Isaura Noriega · De c1mos
.
to~as, porque la última hace uso de una
ltb~rtad, como escribir "ber" con "b''
labial,., lo cual , dificulta muc h'1s1mo
.
su
so luc10n ..
Francisco Guerra hijo, re~olvió todas menos la primera; :Mario Montes
resolvió todas menos la ra 8a
.
L 1 C
'
y ua,
o ª1 . ontreras Y Rafael Aldasora,
reso vieron ~sas mismas, mrnos la
9a Y Emetena C. González de Ca t,
S , M ,
n u
. y a ra r art111ez, resolvieron las 2a,
Ja, 4a, sa, 7a, 8a y roa.

GRATIS PARA LOS MEXICANOS

Si a dos prima pretendes ir
de t odo en la cercanía
.
yo tercia aconsejaría ,
tus vituallas conseguir
P~_es prima dos tres s'olamente
d1Jo Carranza allí a la gente.
mi solución son cuatro sílab.as.
Problema propuesto
F
Mendoza.
por eliciano

EL HERALDO DE MEXICO
acredit ado bisemanario de los A
,
·
. .
ngeles Cal
'.
., va a introducir unportantes
m~J~ras e~ el próximo año y distribuira bo~itos obsequios entre todos
sus suscnt ores.

..

,

,

. Cru~ de ' r~ diamantes que su propietario. llevo
a una 1'oyer'1a para que
.
se le ltmp1ara. El joyero dejó 2 diam~ ntes para él Y la entregó con la
misma cuenta. ¿ De dónde. quitó los
dos que faltan?
Problema propuesto por , Federico
Mendoza.

ººººººº

De 7 ceros se escribe un nombre
formando de ellos 4 vocales r 3 co;1~
sonantes.
Charada propuesta por I D
Rojo.
e
uque

Mi prima es inflección

III.
Estimado amigo cuarta primera
ae¡unda tercia prima la faltriquer~,

'

UN PERIODICO MEXICANO

VI.

Charadas Geográficas, propuestas
por Lector Asiduo.

COSAS DEL TIO SAM

D.g q. · 4 s . n 6
I q · · 6 s. n 4 . dv . rt.
D.g.• q. · s.n 6 t.n C .. rt
C.m . 5 Y S ro.
.

por el prima tercia en su lugar
Y a todo, viaje has de emprender

Calandraca.-Sol.
No fue resuelto por nadie.

IT.
Si con dos tercera
cortar pudiera
tus sucias barbas
de prima primera,
las pobres larvas
caerían al lodo 1
Y hasta tu tres tercera
al verte en t odo
te aborreciera.

. ~uga de vocales propuesto por Felic1ano Mendoza.
1

Y s1 qllleres tercia, t ercia comer

ADIVINANZA
Le6n
_ . Trece.- Fue resuelta po r Ia
senonta ..Isa u ra K oriega , F• ranc1sco
.
Guerra h1Jo, Lola Contreras Y 11 .
Montes.·
• ano

I.
A todo Barbas de Chivo
dejó en tal condición
qu~ en dos t res, ninguno ser vivo
deJa de enviarle su maldición.
De punta a punta de la frontera
todos te !1borrecen viejo Carranza
pues ya la gente no tres primera
porque les quitas tú la pitanza.

:Muy común Y familiar
Mi cuarta que es negac,ión
Completa mi todo que es :
Gn ')apo" inmundo, barbón
Q,ue de "Ciénegas" salió
Y al que no lo adivinare'
Le digo que es un ladrón.

de un verbo muy esencial
P rima segunda ,ts planeta
Que por la tarde verás
Tercera la encontrarás'
Un parentesco cercano

Una postal de usted será bastante
~ara que a vuelta de correo reciba
EL HERALDO DE MEXICO" enteramente gratis, por un mes s· l
'ódi
. te
per~ co no le interesa, no está usted
obltg~do a pagar ni un centavo por
los e3emplares que reciba Y, de todas
~aneras, su dirección le será agradecida y más tarde puede traerle buenos ~esult ados. Usted siempre obtendra beneficio. Nosotros le diremos
como.
. " EL HERALDO DE MEXICO"
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Loa An¡eles, California.

•

J

�EL NIDO DE RUISEÑORES

Por THEOPHILE
GAUTIER

TRADUCIDO ESPECIALMENTE PARA "REVISTA MEXICANA", POR D.M. L. DE H.

Extractos de 1'estimonios de Pacientes Agradecidos
La mayoría de

Al rededor del castillo había un hermoso parque. El
parque estaba poblado de piijaros de todas c'ases: ruiseñores, mirlos, tórto'as y gorriones; todos los pájaros ele
la tierra se habían dado cita allí.

ciado un grito destemplado, ni una queja disco1:¡lantc; cuando lloraban lo hacían pausadamente y con moderación. El
sentido musical desarrollado en ellas a expensas de los
demás, las hacían poco sensib!es a cualquiera otra cosa
Durante la primavera, su fol!aje era tan espeso que
que 110 iuera la música. Vi\'Ían en un ensueño vago y
cada rama ocultaba un nido y en cada rama había una or111e!odioso y casi no , percibían el mundo real. sino a traquesta. Todos los pequeños músicos alados, se disputaYés de los sonidos. Descifraban admirablemente el susuban su fronda; piando los unos, arrullándose los otros·
rro del fol'aje, el inurmullo tle las fuentes. el suspiro de
los de más allá hacían trinos y cad,·ncias a;gentinas, po;
los vientos en la chime.nea, el lenguaje de los pájaros, la
aquí se ejecutaban verdaderas partituras como armonías
gota ele lltn·ia cayendo extremecida sobre los cristales de
las \'Cntanas, todas las armonías íntimas y externas, pero.
de un órgano, en frn, verdaderos artistas no hubieran ejecutado mejor.
preciso es decirlo. no experimentaban entusiasmo alguno
por las puestas del s~l. ni podíá apreciar una hermosa
Pero en el casti 1lo había también dos bellas primas
pintura. como si sus helios ojos azules y negros estuviesen
que cantaban mejor que todos los pájaros del parque;
cubiertos por una nube espesa.
una se llamaba Fleurette y la otra Isabel. Ambas eran
lindas. dulces. encantadoras y cuando lucían sus alhos vesTenían !a enfermedad de la música. Por ellá velaban y se olvidaban el~ comer y beber; no amaban otra
tidos, si en sus frentes no se hubieran advertido las palco3a en el mundo.
pitaciones de la vida, se las habría tomado por áng~'es a
¡Oh! sí! amaban otras cosas más: a Valentín v a sus
quienes no faltaban más que alas. Cuando cantaban el
flores. A \' a' entín, porque se parecía a las rosas -Y a las
viejo señor ).Iaulevier, su tío, consen-aba entre las surosas porque semejaban las mejillas de Va!entín. · Pero
yas sus manecitas, temiendo que se le escaparan en su
vuelo.
todos estos amores estaban en segundo término. ¡ \' erdacl
Os dejo imaginar los due 1os y torneos que se hicieron es que Valentín sólo tenía trece años!
Por las noches rn mayor placer era cantar cerca de
en su honor. Su reputación de· belleza y de ta'ento corría
su ventana, las melodías que habían compuesto durante
por todo el mundo y sin embargo ' no se mostraban Nguliosas.
~
el día.
Vivían en el retiro no viendo otras personas que a
Los maestros más célebres venían desde lejo~ para
oir'as y competir con e'las; pero apenas e scuchaban los
,u pequeiio pajecillo \'alentín, lindo niiio de cabe los ruprimeros acordes, rompían sus instrumentos declarándobios y al seiior de ).! auievier, quien a pesar de sus case Yenciclos.
bel1os b:ancos. se mantenía orgulloso de haber potliclo soEfectivamente era la suya una música tan me!odioportar por sesenta años sus arneses de guerra.
sa
r
agradable. que los querubines del ciclo acudían a la
Pasaban su tiempo en arrojar granos a !os pajaritos,
liza ' con otros músicos ce'estes, llevando e n el alma las
decir sus plegarias y principalmente en estudiar las ohras
me' ocl;as para glorificar al Señor.
maestras y repetir juntas algún motivo, madrigal o YiL'na tarde ele mayo, las dos primas cantaban un
l!ancico o cnalquier trozo de música se'.ecta. Tenían tamduo.
Nunca trozo más brilante y me'odioso había sido
bién sus flores predilectas que regaban y cuidaban por sí '
ejecutado.
l'n ruiseñor del parque'.' parado sobre un romismas. Su vida se deslizaba así entre esas dulce,; y poé- '
sal.
las
escuchaba
atentamente. Cuando hubieron conticas ocupaciones. permaneciendo en la sombra y al abrí- '
go de las miradas del mundo; pero no obstante su 1110- ' c'uído se aproximó a la YCntana y les habló en su idioma:
"¿ Queréis entrar conmigo en un torneo de canto?~des tia y sencillez, el mundo se ocupaba de ella;;; ¡Xi el ruiseiior, ni la rosa, pueden pasar inadvertidos; su canto .\' · La;. do, primei~as contestaron afirmativamente diciéndo'e
s.u perfume los de átan siempre .), nue~tras dos primitas. " qm e;;tahan prestas y que podían comenzar. El ruiseñor
dio principio: era todo u.n proiesor. Su pequeña garga.neran a 1a vez ruisefiores y rosas!
·
ta ~e inf!aha, su, ojitos se agitaban to&lt;lo su cuerp~ se exVinieron duques y príncipes a pedir su úrnno . El
tremeria y eran cadencias interminables. notas, arpegio5,
E:i1perador ele Trebizonde y el Sultán de Egipto, envial'Sra 'as; subía, baja ha. aflauta ha los sonidos haciendo priron su embajadores para proponer su alianza al sciior ele
morosos trinos de una pureza desesperante. Se diría que
11aulevier; pero las dos jovencitas no querían cambiar de
su voz tenia alas como su cuerpo. Seguro de haber alestado, tii siquiera volver a oír hablar de semejantes procanzado la victoria se detu\'o.
pos1c10nes. ¡ Tal vez un secreto ins tinto les había heLas dos primas se hicieron oír a ·su vez y le sobrecho sentir que su misión aquí en la tierra . queda ría cum- ,
pasaron. E'! canto fül rui~eñor pareció después del suyo,
plida permaneciendo siempre solteras y que su can to basel tímido gorgeo de un pajarito.
ta ha a llenar sus alas de alegría!
El virtuoso alado intenta un último esfuerzo; canta
Habían llegado a aquella comarca muy pequeñitas.
una
romanza de amor, después ejecuta una sinfonía briLa ventana de su cuarto daba al parque y habían sido
llante
que corona con un raudal de notas a!tas , \·ibrantes,
arrulladas por el canto de lqs pájaros. Apenas comenzaagudísimas
, fuera del alcance de la \'OZ humana.
ban a anclar cuando el viejecillo Blondiau, organista del
s eiior Maulevier, había puesto s us peque'fias manecitas
sobre las teclas ele marfil del c'aYicordio; no habían tenido otro juguete y habían sabido cantar antes que hablar. Cantaban como se respira: naturalmente.
Esta educación había influido singularmente sobre
sus caracteres. Su infancia armoniosa las había apartado
de una turbulenta y charlatana puerilidad. Nunca habían

Las jovencitas , sin dejarse amé drentar por aquel supremo esfu e rzo, hojearon sti. libro de música y contestaron al ruiseñor de tal manera, que Santa Cecil ia. que las
e scuchaba desde el cielo, se puso pálida ele ·enYiclia.
El ruiseñor ensaya todavía cantar una vez más. perosemejante lucha le había agotado completamente; comenzaba a faltarle el aliento; tenía sus plumitas erizadas,

estas personas han tomado mis instrucciones a distancia, con buen éxito.
Las Aldamas, N. L .. México,
Marzo 24 de 1913
Prof. ~f. C. 1Iartínez: 1\fe reconozco
bueno y sano de
los males que me
agobiaron por siete años, varios especialistas me decían que necesita
ba operación. Pero gracias a su maravil·oso tratamiento. estoy bueno.Florentino Salinas.
La Liendre, N' ew México.
Agosto I de 1913.
Prof. M. C. Martínez: Deseo a usted
felicidad y éxito
en su noble tratamiento por medio
del cual he recobrado mi s a I u d.
Por seis años o
más estuve sufrien
do un'a . enfermedad que me dejaba
hasta sin sentido.
Me decidí a tomar
su tratamiento, e
inmediatamente comencé a tener 'resultados, y estoy convencido de sus
métodos de curar sin medicina, gracias a Dios y a usted y que Dios lo
deje gozar por muchos años, para
beneficio de tocio aquel que esté enfermo. Adjuto hallará mi retrato.R. M. García.
-

PROF. M. C. MARTINEZ
Poderoso Sanador.

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Escriban.

Prof. 11. C. 1fartínez: Padecí séis
años de mi cuerpo
tembloroso, calam,
bres, sofocación de
pecho y atarantamiento ele cabeza.
Fui tratado por
doctores y medicinas de patente sin
resultado ninguno
hasta que con su
maravilloso tratamiento, comencé in
mediatamente a sentir alivio y hoy
me hallo bueno y sano.-Gregorio
Bautista.-)..Iorehead, Kan.
'':\ la faz del mundo me expreso
manifestando mi sincera gratitud al
Prof. 11. C. Martínez, por haberm€:
devuelto mi salud,
después de haber
padecido por espacio de diez años.
habiendo gastado
centenares de pesos. en doctores y
medicamentos infructuosamente, él
con sus maravillosos tratamientos,
me ha devuelto mi
anterior salud y por lo tanto, recomiendo sus servicios."-Maximiliano
Mascareñas.-Ocaté, N. México.

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sus ojos se cerraban contra su voluntad y estaba a punto
de morir.
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"Cantáis mejor que yo-dijo a las primitas-y el orgullo de querer venceros me cuesta la vida. Os pido una
co~a solamente: tengo un nido y en él tres polluelos.
Lo encontraréis en el tercer rosal de la grande avenida
que conduce a la fuente. Enviad a buscarle: educad y
enseñad a mis polluelos a cantar como vo·sotras, puesto
"
que yo voy a morir."
Al decir las últimas palabras el ruiseñor, inclinó su
cabecita y murió. Las primitas le lloraron mucho porque
había cantado muy bien. Llamaron a Valentín, el pequeño paje de cabellos rubios y le explicaron donde estaba
el nido. Valentín, que era muy inteligente encontró fácilmente el lugar; llega al nido y lo toma con grandes
precauciones, estrechándole contra su pecho. Fleurette e
Isabel, de codos en la v'entana, le esperaban con gran impaciencia. Yalentín puso el nido en sus manos. Los tres
pajaritos levantando la cabeza abrían grandemente sus
piquitos. Compadecidos de los pequeños huerfanitos, se
pusieron a darles de comer a uno por uno.
Cuando ya fueron un poco más grandes. comenzaron
su educación musical como lo habían prometido al ruiseñor vencido. Al éabo de poco tiempo era ttna maravilla verles tan do.mesticados y lo bien que cantaban. Revoloteando por el cuarto, se paraban ya sobre la cabeza
de Isabel o ya sobre los hombros de Fleurette. Se acercaban también a los libros de música y se hubiera dicho
en verdad que sabían descifrar las notas, tan atentamente
miraban las figuras blancas o negras, con aire de notable inteligencia. Habían ya aprendido todas las pi~zas
de las dos primas y au-n comenzaban a improvisar por sí
mismos algunas muy hermosas.
Isabel y Fleurette vivían cada vez más solitarias y
por las noches se escapaban de su cuarto sonidos de una
melodía sobrenatural. Los ruiseñores perfectamente· bien
educados, tomab;rn parte en el concierto, cantando casi
tan bien como sus maestras, quienes por sí mismas habían hecho sorprende1~tes progresos.
Sus voces habían adquirido una brillantez extraordinaria, vibrando de una manera metálica y cristalina superior a los registros de la ,·oz •natural; pero las pobre~

ntnas enflaquecían notablemente y sus bellos c@lores se
marchitaban habiéndose vuelto tan pálidas y transparentes como las ágatas.
Apenas comenzaban los primeros. compases de su
canto. cuando una pequeña manchita roja se dibujaba en
sus pálidas mejillas y se iba extendiendo hasta que terminaban; entonces desaparecían, pero un sudor frío corría
por su piel y sus labios temblaban extremecidos por la
fiebre. ¡Nunca su canto había sido más· bello! Había algo que no era ciertamente de este mundo y al oír aquellas voces sonoras y potentes salir de aquepos delicados
cuerpecitos, no era difícil preveer lo que acontecería, que
la música rompería el instrumento.
Comprendiéndolo así, éllas también se pusieron a tocar el clavicordio que habían abandonado por la vocalización.
Pero una noche, la ventana estaba abierta, los pájaros se arrullaban en el parque, la brisa suspiraba dulcemente; flotaban armonías en el aire, que no pudieron resistir la tentación de ejercitar un duo que habíap compuesto la víspera.
Fue el canto del cisne, un canto maravilloso, empapado en lágrimas, subiendo hasta las alturas inaccesibles
ele la gama y bajando en escalas de notas hasta las más
sonoras; algo tan brilante y tan sentido, un diluvio de
gorgeos, una cascada de·s lumbradora de arpegios, una especie de fuegos artificiales de música imposible de describir ..... Y la manchita roja se iba extendiendo cubriendo
casi toda la mejilla ..... Los ruisei1ores las miraban y escuchaban dando muestras ele grande inquietud, agitaban
sus alitas, iban y venían sin poder guardar reposo.
Al llegar al trozo final de su composición, sus voces
tomaron un timbre de sonoridad tan extraño y lúgubre,
que no era difícil comprender, que no eran ya seres viYientes los que cantaban. I;os ruiseñores habían remontado el vuelo _cuando las 9os primitas cayeron muertas.
¡ Sus almas habían partido con la postrera nota! Los ruiseñores dirigieron su vuelo recto hasta el cielo, para llevar a Dicis el supremo canto y el retuvo a todos en su
paraíso para Que oyeran siempre la música de las dos
niñai.
Pasadena, Julio de 1916.

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, . . . . . . S 1.00
cuadernado en piel
$ 0.50
El N ,ño

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                    <text>�Librería de REVISTA MEXICANA

REVISTA MEXICANA

T enemos el gusto de participar a nuestros lectores, que desde hoy
ponemos a la venta las siguientes obras:
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COLECCION DE HERMOSAS NOVELAS DE LA
BIBLIOTECA "LA NOVELA DE AHORA"
MUY PROPIAS PARA LA FAMILIAS.
ELEGANTE MENTE EMPASTADAS
A 45 CENTAVOS.
Un Tío a Pedir de Boca, por Lebrún.
El Treinta y Cuarenta, por About.
Aventuras de Elena Rolleston, por Reade.
El Hombre de la Oreja Rota. por About.
Rosa de 1fayo, por A. Silvestre.
La Capitana del Yucatán, por Salgari.
El Sacerdote de Phtah, por Salgari.
Los Pescadores de Ballenas, por Salgari.
El Rey de los Cangrejos, por Satgari.
Invierno en el Polo Norte, por Salgari.
El Cura de Aldea, por Balzac.
Una Vida del Diablo, por Musset.
La Mujer del Capitán, poi: Mael.
Miss Rove!, por Cherbouliez.
Agencia Matrimonial por Pradeles.
Novela de un Joven Pobre, por Feuillet.
La Novela de un Hombre H0nrado, por About
Tartarí n de Tarascón, por Daudet.
H istoria de una Conciencia, por Enault.
El H ombre del Perro Mudo, por Bisson.
La Virgen Viuda.

Hermosa Colección de 20 Cuentos, a .. .. . .. .. .... $ 0.40
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BIBLIOTECA DE RECREO
Cuentos. 2 por 25 centavos. 35 tomos distintos a 15 centavos cada uno.
OBRAS DE ENSEÑANZA ·
Mantilla Número I. ... .. .. ... ..... . . ....... ...
Mantilla Número 2 .. ... ....... .... .. . . . . . .. ....
Tesoro de las Escuelas, o el Juanito mexicano . . . .
Lector mexicano, primero, por Oscoy . .... . . . ....
Lector mexicano, segundo, por Oscoy .. . . . . . . . . . •
Corazón, Diario de un Niño, por Amicis . ... . . ...
Corazón, Diario de una Niña, por Cadena ... .. ...
Aritmética Comercial, por Urcullu.. .. . . . . . . ....
Compendio de la Gramática de la Real Academía.
Compendio de Gramática Castellana, por R. A. de
la Peña. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Compendio de Manual de Urbanidad y Buenas Maneras, por Carreño...... . ... ......... .....

El Hombre que Ríe.
Historia de un Crimen.
Cartas a la Novia.
Los Miserables, dos tomos.

$ 0.15
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,, 0.50
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LITERATURA
Obras de Alejandro Dumas a $ 0.75 centavos tomo.
Historia de una Cortesana.
Memorias de un Médico.
Memorias de Garibaldi.
Tulipán Negro. · .
Los Tres Mosqueteros, dos tomos.
Veinte Años Después.

PO ESIA.
Obras completas de Manuel Acuña . . . .. ...... . . .
Poesías completaas de Antonio Plaza ... . ........
Poesías Completas de Juan de Dioz Peza . . . . . . , ..
Cantos del Hogar, por Juan de Dios Peza .......
Poesías completas de Campoamor, tres tomos . ..
Parnaso Dominicano, por Osvaldo Bazil. . . . . . . . .
Parnaso Salvadoreño, por Salvador L. Erazo .. . ..
0

VOLUMEN III.

SAN ANTONIO, TEXAS,

2

DE NOVIEMBRE DE 1916.

NUMERO ESPECIAL.

Redactor: GUILLERMO AGUIRRE Y FIERRO

OBRAS DIVERSAS.
Los Tres Detectives, por Lawrence ...... . . .. ... . $ 0.75
La Hija del Terrorista, por Lawrence . ....... . ... ,, 0.75
Wav~rley, por Walter Scott . . ... . . ..... .. .. , . . . ,, 0.75
E l Crimen y el Criminal, po r Richard . . . .. ... .. .. ,, 0.75
Cartas a la Novia, por Marce! Prevost .. .. .... . .. ,, 0.50
Modelos de Discursos para todas las circunstancias
de la vida . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ,, I.00
La Guerra Europea, 1914-1915, por Gonzalo Calvo,
un tomo a la rústica .. ........ .. .. . .... . .... ,, 2.00
La Guerra Europea, 1914-1915, por Gon~alo Calvo,
· un tomo, empastado. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ,, 3.25
A Cuchillo. episodios de la guerra eu ropea, por
Eduardo Zamacois . . . . . . . . . . . . . .. ... . . .. · · ,, 0.75
La Baronesa de W orms (Las Tragedias de París,) ·
por Montepin, un tomo empastado . . . . . . . . . . . ,, 0.75
La Matrona, (Las Tragedias de París,) por Montepin, un tomo empastado . . . . . . . . . . . . . . . . . . ,, 0.75
Negro y Rosa, Novela por J. Ohnet, un tomo
empastado . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . , . ,, 0.75
El Poder de las Tinieb'as, drama en cinco actos,
por Tolstoy, un tomo empastado . . . . . . . . . . . . ,, 0.75
La Montaraz, Novela por Ponson du Terrail, un
tomo empastado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ,, 0.75

INGLES.
Léame y Sabrá Inglés, por Henry Mayer . .. .. . ..
¿ Quiere Ud. saber inglés en diez días?
,, 0.60
Spanish English Conversation Teacher .. . .. .. ...
,, 0.1 5 D iccionario Español Inglés, por Salva , Webster,
empastado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Semanario Ilustrado
SIITERED Al SECOND CLASS MATT:CR, OCTOBER 15, 1g15 AT THE POST OPPICK
OF SAN ANTONIO, TEXAS, UNDER THE ACT OF KARCH 3, 18g7

+11111+11111,~+++++ltlllll+tl+llllllltt+t~lllllllllllttllilttltlll+++lltllllllll

obras de Ponson du Terrail a $ 0.75 centavos tomo.
Hazañas de Rocambole, dos tomos.
Resurrección de Rocambole. dos tomos.
La Ultima Palabra de Rocambole, dos tomos.
Las Miserias de Londres.
La Soga del Ahorcado.
Obras de Eugenio Sué a $ 0.75 centavos el tomo.
Los Hijos del Pueblo, dos tomos.
El Judío Errante.
Juan Cavalliere.
Matilde.

JOYAS PARA Nrnos

Colección de

El Conde de Bragelone, dos tomos.
La Mano del Muerto.
Los 1'.Iohicanos de París, dos tomos.
Obras de Víctor H ugo a $ 0.75 centavos tomo.

,, 0.75
,, 0.25
,, _0.35
,, 0.50
,, 0.65
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,, 2.00
,, 0.75
,, 0.75

"QUASIMODO"

EDITORIAL MACABRO
Detén el paso, viandante,
da tregua a tu caminar
y en este triste lugar
reposa por un instante.
Su soledad no te espante,
que su silencio te advierte
cómo en po!vo se convierte
todo, al fin de la partida.
¡ Las miserias de la vida
se refugian en la muerte!
Soy un simple enterrador;
ando removiendo huesas
y busco entre todas esas
tumbas que hay en derredor,
algún secreto dolor,
alguna intensa esperanza,
algo que sólo se alcanza
al final de la caída,
algo que manda a la vida
la muerte, como enseñanza.
En esas huesas guardadas
en enlutados cajones,
se agitaron las pasiones
como fieras enjauladas.
Esas tumbas o¡vidadas
tienen cada una escondida
una historia incomprendida.
¿Quiéres saberla? ¿Eres fuerte ?
Ven ; te mostraré la muerte
desde el dintel de la vida.
En ese gran mausoleo
de doradas inscripciones
sobre éuyos eslabones
se quiebra el fulgor febeo,
duerme el fallido deseo
de un mentido redentor

que a su patria fue traidor
que insuperable creyóse,
pero que al fin desplomóse
en la tumba sin honor.
En esta tumba, reposa
una mujer, una anciana.
Fue buena hija, buena hermana,
buena madre, buena esposa.
Por eso sobre su fosa
siempre hay unos ojos fijos
y entre pena y regocijos,
• pero siempre con amores,
han hecho aquí brotar flores
las lágrimas de sus hijos.
Allí duerme un General,
mal soldado y mal amigo,
que le entregó al enemigo
más de alguna capital.
El, amontonó un caudal
no limpiamente ganado;
falleció desprestigiado
_con justicia y con razón,
y la pública opinión
ni muerto lo ha perdonado.
En fin, vamos recorriendo
todas esas sep\ilturas,
y en las más densas negruras
ya te iré la luz haciendo.
Tiembla, que el lance es tremendo
porque hay muy negros pasados.
Mas, a todo acostumbrados
mis ojos de enterrador,
te mostraré en su interior
los "sepulcros blanqueados."
EL ENT ERRADOR.

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························~····•·tlllllllttttlllltltlllttltl+lttlltllltllttllllllll
LIC. PRAXEDIS DE LA PE&amp;A
Respetable por su edad,
nunca fue viejo en vigor.
Era activo, emprendedor
y un amigo de verdad.
El que tuvo su amistad
fue dichoso, de seguro,
Y aun hoy en su lecho obscuro
a todos tiende los brazos.
i Los muertos le dan "sablazos"
cuando tienen un apuro!

Duerme aquí un ex-director
del Colegio Militar,
que con enorme impudor
vendió su espada y su honor
a un bandolero vulgar.

** *
LIC. EMILIO RABASA
Fue, despreciando los yugos
del formulismo español,
de los que a Niágara "Fol"
fueron a hacerse tarugos.
Falleció para su mal
lejos del México amado
sin haber nunca externado '
1,
su talento colosal.

***
HERIBERTO BARRON

ROTONDA DE HOMBRES ILUSTRES
LIC. FRANCISCO

CARVAJAL

i

Las mañas del que reposa
bajo esta pesada losa,
ya las sabes, pasajero.
Si llevas algún dinero
no te acerques a su fosa ..... .

~

* .. *

GRAL. EDUARDO ITURBIDE

JESUS URUETA
Fue Presidente de transición
cuando triunfó la Revolución.
Dejó el Palacio por la azotea
cuando la cosa se puso fea.
Fue al Mexicano, se entró en un coche
y rumbo al Golfo se fue de noche.
Murió de miedo, dice un rumor;
pero otro dice: murió de amor!

***
MANUEL BONILLA
Fue de :los hombres sencillos
entre los hombres formales;
mas fracasó. Pobrecillo.
Murió vendiendo tamales
"de chile y de picadillo."

***
JESUS FLORES MAGON

***
LIC. QUERIDO MOHENO
El orador elocuente,
el de la frase candente
y la chispa original,
yace "de cuerpo presente"
y ocupa doble local. ....

***
DR. AURELIANO URRUTIA

De ministro, amordarzar
intentó al Cuarto Poder;
mas un castigo ejemplar
recibió. Tenía que set.
Uno que acertó a pasar
por junto a su tumba ayer,
refirióme al regresar
que no deja de gritar
que ya "no lo vuelve a hacer."

Las gentes murmuradoras
contaban de este señor
que era incapaz de darle agua
al gallo de la Pasión;
mas su historia de galeno
envuelve una duda atroz:
¿fue más bravo en Coyoacán
o más en Gobernación?

+++++++ol•+++++++++•U•+++++ ! •lo+++++¡.,¡ H+++++ ++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

"Le aserraron el cráneo,
le estrujaron los sesos
y el corazón ya frío
le sacaron del pecho."
Y en su escuálido abdomen
encontraron los médicos
diez galones de whiskey
y otros tantos de ajenjo.

.,¡_

***

MANUEL CALERO
Un político aquí duerme,
de inteligencia ejemplar,
y como lo miro inerme
voy de su estado a abusar,
para decir de contado
que su habilidad fue rara:
Brincara como brincara,
él siempre caía parado.

GRAL. FELIPE ANGELES

...

1

Sin haber sido jamás
un general de renombre,
supo ser deveras hombre
y no "hacerse para atrás."
La canalla pudo más,
y este general sencillo
murió, sin ser ningún pillo
de los que a Huerta sirvieron
Y luego plazas vendieron
para engordar el bolsillo.

** *
LIC. FRANCISO ESCUDERO

***
LIC. PEDRO LASCURAIN

La tumba de este señor, destila,
en el verano, puro tequila.

***
LICENCIADO MIGUEL DIAZ
LOMBARDO.
¿Quién a Villa le fue infiel?
Miguel.
Y ayudó sus fechorías?
Díaz.
Pero en huír no fue tardo .. . .. .
Lombardo.
Sobre esta tumba, ni un cardo
está, y menos una rosa.
Y se explica, pues reposa
aquí Miguel Díaz Lombardo.

Ante esta tumba detente,
viandante, humillla la frente
Y a un "grande" rinde tributo.
Aquí yace un Presidente
que duró medio minuto.

** *
RAUL MADERO
Jardinero que cuidas las plantas
del triste panteón,
cuando llegues a su mausoleo,
ten gran precaución:
es de los de Parras,
ten mucho cuidado
con el azadón ..... .

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GRAL. ALBERTO RASGADO.

JOAQUIN Pll'l'A.

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Llegó al Gunter Bar un día
y no encontrando "fri lunch,"
dijo: a mí no me la pegan,
y se comió el mostrador.

En su vida desdichada,
con la seriedad en riña,
fue político de "piña,"
de fresa y de limonada.

pquaera dqeulé les digo a ustedes
"almuerzo" murió· · · · · ·

De firmeza si:mpre ayuno,
rico en convencionalismos,

***
LIC EMILIO V AZQUEZ GOMEZ
Solamente en gobernar
supo en su vida pensá'r;
peco murió de repente ..... .
y aun piensa en resucitar
para hacerse Presidente.

***
GRAL .. LUIS TERRAZAS.
No permitiendo que sus ganados
tomara el pueblo "libertador,''
vendió sus reses a los soldados
del invasor.
Pero por muchos hechos aislados,
fue un gran señor ....... .

** *
GRAL. JUVENCIO ROBLES.
Pequeñito de estatura
no fue jamás un portento:
Una rachita de viento
lo trajo a la sepultura.

***
GRAL. GUILLERMO. RUBIO
NAVARRETE.
Este bravo militar
de pericia y de cachaza
y de conducta ejemplar,
descansa en la mejor plaza
que en vida supo tomar ..... .

** *

se colgó todos los "ismos"
y falleció sin ninguno.

*,* *

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1

ENRIQUE C. CREEL

***

Al morir San Pedro le dijo: "Eres bueno;
para e11trar al cielo paga sólo un cobre."
Y él, tras una pausa, dijo: "Me condeno,
porque estoy muy pobre ...... "

MR. WOODROW WILSON
Hablando siempre de amistad
a pueblos libres oprimió,
y la más sórdida maldad
un brazo fuerte en él halló.
Que se gozaba el hombre en ello
muy claro aquí se platicó.
Murióse al fin de un descabello
que míster Hughes le propinó.

** *
ALVARO OBREGON
Aquí descansa un pobre garbancero
a quien la plebe lo hizo "general"
y que robando a todos su dinero
nunca lo' hizo tan mal.
Encima de su losa, por las dudas,
este epitafio está que bien lo abona:
"quince uñas nada más, pero filudas;
una mano nomás, pero ladrona."

GRAL. J. J. PERSHING
Corriendo detrás de Villa
de fatiga falleció,
y eso, que, según hablilla,
Arango compró una silla
y sentado lo esperó ..... .

***
F. V AZQUEZ GOMEZ

***
LIC. E. MAQUEO CASTELLANOS

JOSE l. REBOLLAR.

i

Murió siendo siempre el mismo.
(Conste que no hay conclusiones)

** *
JOSE l. NOVELO
Este vate fecundo,
gran desconocedor de la hidalguía,
lanzóse al otro ti.undo
dejando en los recodos de la vía
muchos versos ...... y nada de poesía.

** *
FEDERICO GAMBOA
Quiso ser Presidente, mas fue tánta
su intrepidez, que se rompió el mecate.
En su epitafio esta verdad se canta:
"Para presidenciar, más que una "Santa"
tiene poder el humo del combate ........ "

***

.

GRAL. J. REFUGIO VELASCO

~' * *

murió de una indigestión
de "notas editoriales"

Talentoso y viril, fue de una prole
que nunca tuvo al infortunio miedo,
y a Castelar su inspiración robó~e,
y defendió a su patria con denuedo;
pero ..... se indigestó con el atole
que Huerta supo darle con el dedo ....

•

JOSE IVES LIMANTOUR

***

LIC. RODOLFO REYES

•

Señor Feudal de la era porfiriana,
sus millones en vida amontonó
y la baja miseria mexicana
nunca en cuenta tomó.
Una noche sombría, el alma en pena
de Don Porfirio se le apareció;
Y pensando en la "Casa de Cadena"
Don Enrique de susto falleció.

Los con él avecindados
sufren hondo padecer,
por más que están enterrados
y nada deben temer;
mas temen los desdichados,
y por algo debe ser,
los tome por diputados
y los vay!l a "disolver"

Víctima del carrancismo,
sufrió la mar de ptisiones,
pero le avisó a "talones"
y se asió del felicismo.

Diose una ley para que dos hermanos
que fuesen ambos bellos,
se enterraran unidos. Por graciosos
y modestos y hermosos
los dos están aquí. Rogasl por ellos.

** *

LIC. MANUEL GARZA ALDAPlli

Formal entre los formales,
poeta por afición
a chismes gramaticales,

PABLO Y MIGUEL MACEDO

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*

En ser Vice basó los ideales
que sembraron de flores su sendero;
pero le hizo de chivo los tamales
el "apóstol" Madero.
Murió sin desmayar, siempre esperando
el logro de su noble aspiración,
y siempre consolábase exclamando:
"fuí el cerebro de la Revolución."

'

Como poco le vi, no sé su historia
ni cómo en su carrera se portó,
ni si arrastró su espada por la escoria
o si no la arrastró.
Y o no sé si en aquel "licenciamiento"
un beneficio líquido alcanzó
o si sólo un patriota sentimiento
3U obra presidió.
Yo no sé si por miedo o por descuído
su país a las hordas entregó.
Yo de este general tan discutido
sólo sé que murió

***
GRAL. IGNACIO A. BRAVO
Fue el azote de pillos y bribones,
de patrio amor y de firmeza lleno
y doquiera que estaban sus legion;s
temblaban los amigos de lo ajeno.
No obstante sus amargas decepciones
y sus años, murió ~rme y- sereno,
porque una vez, ¡ trompetas y trombotes !,
al hablar lo asfixiaron los bigotes!

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ERNESTO MADERO

LUIS CABRERA

Por orden de Lucifer,
todo el personal, esclavo
ete~no de su deber,
trabajaba en esconder
hasta el último centavo.
Alguien preguntó: ¿qué es esto?
¿van a entrar los carrancistas?
Y el diablo dijo molesto:
-¡ Ojalá! Pero . . ... no insistas . . .. .
es que viene don Ernesto.

Cuando en New London no pudo
a su patria enajenar,
ta! como el viejo barbudo
se había dignado ordenar,"
tanto el fracaso le pudo,
que bebió hasta reventar
¡y el pobre murió de crudo!

JOSE F. ELIZONDO
En un habanero hogar
lo anonadó la tristeza,
y él inclinó su cabeza
(como bola de billar.)
Y murió, (que el Señor lo haya
recibido con placer,)
suspirando por volver
al "país de la metralla."

LIC. JOSE ELGUERO
Fue un escritor eminente
que sintió e hizo sentir
y con su pluma valiente
supo acariciar y herir.
Murió de miedo latente,
no fácil de describir.
no tánto por el "presente,"
cuanto por el porvenir.

***
JOSE LUIS VELASCO

•
Respirando quijotismo
y poniéndose en un tris,
por luchar por su país,
se unió con el carrancismo.
Se halló con que no es lo mismo
comer que romper los platos,
y tras de pésimos ratos
que por bueno se ganó,
decepcionado murió
de cobardes y de ingratos.

***
J. RAFAEL RUBIO (REJUPITER)
El poeta original,
el exquisito humorista,
el inagotable artista
cuya pluma era un panal;
lejo~ del suelo natal,
víctima de la tristeza,
hastiado de la vileza
de que este mundo rebosa,
falleció al fin y en la fosa
no le cupo la cabeza.

•

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***

** *

++Ut+++l++++lrl HHt+++lol l•+++lo+...+++++H++++4•+++++•t++•l;fi,l l++++tH++HI I t:11111+1 I I
PABLO GONZALEZ
Con justiciera ironía

Era Gobernador (Jesús, qué risa!);

~oor;ue~li::!:n 1;::;:e~:~:

~~t:~ési:~~~;:~:i;~:r~i~;séapronto!)

cuando la lumbre sentía
cerca de las chaparreras.
Tras de robar mucha plata
murió; y dicen las consejas
que si, ya muerto, por lata
le dicen: "viene Zapata,''
no va a .parar hasta ~exas.

y llegó a conseguir, pero a gran prisa,
que lo llamaran tonto.

** *
JACINTO TREVrno
Al igual que otros, estudió
en el Colegio Militar
y nada de particu~ar
de sus estudios consiguió.
A carrancista se metj
por afición a lo "incautado,"
de general usó el bordado,
unido a la carranclanada,
y al fin de cuentas no hizo nada .. . ..
más que morir desprestigiado.

** *
AMADO NERVO
Fue delicado poeta
agradable y delicioso
que un poema cadencioso
bordara en cada cuarteta.
Pero a nadie se le pasa
apuntar este detalle:
que fue candil de la calle
y obscuridad de su casa.

** *
1NG. ALBERTO PAN!

***
CANDIDO AGUILAR

•
De casaca se vistió
para asistir a un consejo;
pero se miró al espejo
y de susto se murio.
Y sobre su lecho obscuro
escribieron los guasones:
"no a todos les está elJ. puro,
nomás a los hocicones.

***
RAFAEL MARTINEZ, Rip-Rip.
Los ojos son espejo
dicen, del alma.
Si es así, tú la tienes
medio apagada.

t+++++ltlllltl+t++++t11++111tt&gt;1++11+111+++t++++++tlloJ+++t++t+++1+t••+1111+tt+++•

GUSTAVO ESPINOSA MIRELES

Ingeniero sin ingenio,
pero que supo ingeniarse
siempre en busca de un sol nuevo
dirigiendo sus visuales,
tras su gestión diplomática
benéfica para .... .. .. nadie,
murió de amarga tristeza
ante su final desastre,
cuando los ferrocarriles
llevar no pudo a remate . . .. . .. .

•

***

IGNACIO BONILLAS
Pluralizó el ape'llido
del popular don Manuel,
y abonillado perdido,
el resultado es sabido:
resultó más chusco que él.
Desbarró el pobre sin tasa,
no obstante lo campechano,
y era, según cierta guasa,
muy conocido . . ... en su casa
y en la de don Venustiano.

** *
EMILIO P. NAFARRATE
Unióse por afición
al carrancista montón,
y por ciertas "instrucciones"
en Brownsville hizo incursiones.
En su losa está esculpido:
"aquí duerme un foragido."

***
RAFEL ZUBARAN.
Fue reyista, y maderista,
y licenciado ;
y villista, y carrancista . . ... .
¡cómo ha estado? . .. . . .

** *
ISIDRO FABELA
"No pronuncies una frase
en los brindis, le dijeron,
porque eres tonto."
"No le hace,"
dijo1 y brindó; y aquí yace
porque se lo conocieron.

***

LIC. ROQUE ESTRADA
A encaminar incautos
le ayudó al chaparrito •
Madero, con discursos
marca barrio Tepito.
Ministro lo hizo Venus,
pere, di.ró un ratito;
que el pobre era tontito.
y a su muer:te, se supo

***
EMILIANO ZAPATA
Aquí duerme el Plan de Ayala.
Tú que a Morelos llegates,
lo qui°sites, te amolates.
¡Abranse que lleva bala! •

+++++++++l t,+++++•11 ¡ J&gt;l+l++H+++•l ti H•l+++++++++++++++++++++++++l••l l l l+•l•+t,t+a,+ot++++

•

�"'°l+H+++t 1111 ti l+Ul 11 U+Htt l Ht l++t+l++++tl IUHI tll tll I UI I UH ti l+U l l t l lHl lltt•í
· EL KAISER
El mundo se iba a hundir hecho pedazos,
¡ y él supo sostenerlo con sus brazos!
El a su vez hudióse en lo profundo ..... .
¡ y no lo quiso sostener el mundo!

***
JOFFRE
Junto al Marne le abrió tumba
a este bravo su nación,
y hoy su consagrada huesa
es la mejor fortaleza
contra el avance teutón.

***
POINCARE
Sabio y artista, se dijo
mucho de su ilustración;
mas fue ante todo buen hijo
defendiendo a su nación.

** *

MACKENZEN.

EL PLAN DE SAN LUIS

• Al fin murió trayéndose a la tumba
inviolado laurel;
pero Rumanía, Montenegro y Serbia
murieron antes que él. ...... .

PETAIN
El caso es sabido y viejo:
{
en Verdún dejó el pellejo. •

***

** *

LOS DOS FERNANDOS

EL DE TACUBAYA

•

Alemán se hizo el aliado,
y el alemán se hizo francés;
pero ello ningún revés
ocasionó en n¡igún lado.
Aquí descansan los dos
¿Podrá perdonarlos Dios?

** *

y

EL CZAR

** *
FOCH
Descansa en glorioso lecho
cubierto de flores, un
sér, que fue el brazo derecho
del defensor de Verdún.

** *
CASTELNAU
Entre llanto y regocijos
vino a su mansión postrera ..... .
¡ porque murieron sus hijos
defendiendo a su bandera!

***
JORGE V
A la mitad del camino
se lo "almorzó" un submarino.

En una gran ceremonia
lo mataron en Polonia.

,

***
V. MANUEL DE ITALIA
De verdor su tumba viste,
y no le va mal la veste.
Le ocasionó morir triste
no poder tomar a Trieste.

***
EL REY ALBERTO
Fue toda su desgracia
saber lo que era honor ....... .
Su tumba, más que tumba
parece un resplandor

***
ALFONSO XIII
Al pleno de bizarría
y respetado monarca
del país de Andalucía,
le arregló cuentas la Parca
en una gran cacería.

"" &gt;++++++++++++++++++++++++++++
• t+++++++++1-+++++-i •t+++++.Z.o&gt;+++++++++++++++++++++t,t+
•

EL PARTIDO RENOVADOR

~

Nació en San Luis de las tunas,
como su nombre lo indica,
de una mente huera y chica
y de talento en ayunas,
A muchos les dio fortunas
y a otros dejó sin camisa;
pasando sobre él de prisa,
apuntan los pensadores:
a veces produce horrores
lo que al principio da risa.

***

BRIAND
De la Entente la política
con acierto dirigió.
Nadie le lanzó su crítica,
Está aquí . ... . . porque murió.

~

Lo fabricó un licenciado
con pujos de socialista
cuando la gleóa porrista
se hallaba en pleno reinado.
No dio ningún resultado
que se pudiera palpar,
pues no así se ha de llamar
al fracaso retumbante
que hizo que su "fabricante"
a Texas viniese a dar ....... .

***
EL PACTO DE LA CIUDADELA.
De chiripada nació,
y al país puso en un brete,
porque Rubio Navarrete
a la buena no apuntó.
Al indio Huerta elevó
a Jefe de la Nación;
mas cierta combinación
de aquellas de fina clase,
lo destrozó por su base
con un boleto al Japón.

***

EL DIVORCIO
Con Félix F. nació
y, como era natural,
con tipo tan inmoral
luego se desprestigió.
Por fortw1a falleció
en la hora en que los entes
dictadores incipientes,
se quedaron sin "parné,"
pues práctica nunca fue
de las personas decentes.

***
EL DE AYALA
Nació de padre gañán
con canana y chaparreras,
al fulgor de las hogueras
de la Cima y Ticumán.
Del partido carranclán
fue el terror y del villismo,
mas, pleno de cretinismo
y carente de ley sana,
sólo sirvió de macana
para romper el bautismo.

***
LA "INCAUTACION"
Hija fue de Venustiano
y ahijada de Luis Cabrera.
Murió de mala manera
cuando dejó el Puritano
de manejar la gallera.

***
EL DE GUADALUPE
Aquí descansa el PLANON
de un barbón de Municipio,
.que como excelso principio
proclamó la "incautación."
Dejó en ruinas la nación
de la guisa más insana,
y tuvo muerte de rana
cuando en ya felices días
triunfaron las profecías
de la Monjita Matiana......

Duerme aquí un hato de pillos
que de cretinismo lleno,
no hizo más, según Moheno,
que renovar ...... sus bolsillos
a costa del oro ajeno,

***
EL "BILIMBIQUE"

.

Los "treinta-treinta" redentores
no le pudieron dar valor,
y origen fue de mil dolores
de Pelustiano el triunfador.
Simbolizó lo que no vale,
lo ruín, lo vano, lo vulgar.
Si hay un cristiano que le iguale,
Venus se tiene que llamar ........ ,,

l

"4....~l+M+l+ll+l+H+++l l l++•I &gt;+111 Hl l I l l l ltH+ + I U++l l l++++t++I • t••++J 1111 Ut I J lj l tlrJo++•.-

�·····················································~++litllllllltllt+llllttlll
GENERAL FELIX DIAZ
Aquí duerme un bandolero
audaz, valiente, viril
y astuto ...... pero servil
ante un poder extranjero.
Llenó de sangre el sendero
por donde marchar le plugo,
y, de la amistad verdugo
y asesino del hermano,
sus dientes hincó en la mano
que antes 1e arrojó un mendrugo.

** *
ROQUE GONZALEZ GARZA
De vendedor de retratos,
se pasó pésimos ratos.
Cuando llegó a diputado
maderista, fue silbado.
Se hizo revolucionario,
y apenas consiguió el diario.
Pero llegó a Presidente
cuando "Ulalio se fugó,
y tánto gusto le dió
que murióse de repente.

***
JUAN SARABIA
Cuando llegó a diputado
dio el timo de independiente,
mas recibía diariamente
consignas de "Ojo Parado."
Después por Huerta amnistiado
hizo gala de valor,
y sin pizca del pudor
que le conocimos antes,
se unió con los traficantes
que venden el patrio honor.

* .. *
SANTIAGO R. DE LA VEGA
Como activo dibujante
dio vida a "Multicolor;"
mas quiso ser escritor
y nos resultó un farsante.
Salir, nunca pudo, avante,
y vejetó siempre errando,
porque despierto soñando
en figuras redentoras,
el pobre cada diez horas
estaba rectificando.

Como soldado empezó
su prestigiosa carrera,
y por su heroica bandera
su ardiente sangre vertió.
A ser Ministro llegó,
aunque su triunfo fue breve;
y hoy, nadie a manchar se atreve
ni su tumba ni su historia,

Lo mataron las revistas
parlanchinas y menguadas
que hicieron los carrancistas
en imprentas "incautadas."
Mas fue el único, el leal,
el que, pasando por todo,
supo levantar dei lodo
el pabellón nacional.
He aquí su cadáver yerto;
mas tiembla, turba maldita;
tiembla, sí, porque este muerto
¡ se me hace que resucita!

¡porque guarda su memoria
el heroico "VEINTINUEVE!"

***

LIC. ANTONIO D. SOTO Y GAMA

***

Soñaba ser Presidente
amor del zapatismo,
pero murió de repente
víctima de una potente
congestión de cretinismo.

an

GRAL. MANUEL MONDRAGON
Fue un excelente artillero,
técnico de los mejores,
y causó serios sudores
a las gentes de Madero.
Pero ... .le falló su escuela
y de "flor de un día" sirvió
en pencil que se llamó
"pacto de la Ciudadela."

** *
JOSE MARIA MAYTORENA.
Con don Venus asociado
quiso su país vender;
mas murió desesperado
porque esto no pudo ser.

***
CNEL. ESTEBAN

***
GRAL. ENRIQUE GOROSTIETA

CANTU

Gustó a todos su civismo,
pues su manera de ser
nunca permitióle hacer
ronda con el carrancismo.
De su añejo porfirismo
hizo su firme bandera;
pero en la hora más fiera
Estuvo "neutralizado" ... . ... .
Murió esperando, sentado,
la carta que le viniera.

+

1

***
FRANCISCO CHAVEZ
Aquí yace un policía
que todo, todo sabía .. ..••
excepto lo que tenía
en dinero en su alcancía.
¡ Regular pico sería I

** *

GRAL. HIGINIO AGUILAR
De la experiencia el consejo
escuchó, pues era ducho,
y por diablo supo mucho,
pero supo más por viejo.
Mirando por su pellejo,
proclamó su rebeldía
cuando ante Venus rendía
parias un grupo traidor;
y murió siendo el terror
de la carranclaneria.

Cuando Huerta, ya en el ruedo,
iba rumbo a la nación,
bte, por no sé que enredo,
cometió una indiscreción.
Los muertos le tienen miedo,
dicen que pierde el jabón.•.....

** *
GRAL. EMILIO P. CAMPA

1
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Del de voluntad de roca,
del batallador eterno,
el triste final me choca :
lo mandaron al infierno
en una "máquina loca."

ING. DAVID DE LA FUENTE
Purgando agenos deslices
murió. De verdad lo siento,
pues atesoró un talento
más grande que sus narices,

** *
GRAL. JOSE I. SALAZAR.
A bandidos constelados
con cruces y con galones,
les dió sendos revolcones
con sus briosos "colorados."
Fue de aquellos señalados
por el odio de1 Coloso;
mas, de su raza orgulloso
y amante de su bandera,
a la canalla extranjera
nunca supo "hacerle el oso."

.

l.

** *
ING. ALBERTO ROBLES GIL
Aunque en vida demostró
juicio, tesón y talento,
fue Ministro de Fomento ...••.
pero nada fomentó.

** *
DON TEODULO
Amigo de razonar
y de hacer filosofía,
se propuso cierto día
sobre un burro meditar;
y mirando aquel jumento
de la cabeza a los remos,
exclamó con sentimiento:
"¡álgame Dios, lo que semos!"

•
***
ELISEO ARREDONDO
En Washington, gran ciudad,
su cretinismo lucía;
mas cuando de frac vestía
provocaba hilaridad.
De la extranjera amistad
no desanudó el ovillo;
por eso alguien, con sencillo
criterio mondo y lirondo,
dijo que estaba A-rredondo
muy ídem para blanquillo.

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VENUSTIANO CARRANZA

JUAN SANCHEZ AZCONA

Leviatán un tizón enrojecido
esgrimía en la diestra chamuscada,
y al ver que se llegaba a sus dominios
Venustianó Carranza,
echó lumbre por ojos y narices
y exclamó retorciéndose de rabia:
"Vade retro, barbón; ya te conozco
y sé cómo las gastas
y sé que si te llego a: dar permiso
para entrar a mi casa,
inundas el infierno con las chinches
y los piojos que llevas en las barbas .... ,.
Y es fama que don Venus desde entonces
por los espacios vaga
y el cólera y el tifus y la fiebre van regando sus barbas.

De posibles no fue, por vida mía,
aunque sí de apetitos siempre bravos;
y ha seis años en México vivía
mendigando los "dracs" de a seis centavos.
La "democracia" diole resultado,
al igual que a otros muchos traficantes
y cuando al fin murió desprestigiado
¡ el sordo usaba anillos de brillantes!

** *

***

GRAL. MARCELO CARA VEO

LUIS G. URBINA

·························••+••··················································
LOS HERMANOS CEDILLO
EMILIO VALENZUELA
Hijos del Plan de Guadalupe,
nietos del ídem de San Luis,
tener supieron, según supe,
a la honradez siempre en un tris.
Sobre esta fosa el pueblo escupe
como revancha ,!ll infeliz.

***

***
JOSE JUAN TABLADA
Fue ligero y sutil como la espuma,
fue poeta exquisito y delicado;
mas se picó los dientes con su pluma ..... .
y murió envenenado!

** *
Por el Partido Católico
luchó valiente y formal.
Se comió un Cirio Pascual
y se "petateó" de un cólico.

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SALVADOR DIAZ MIRON

***

Murió el poeta grandilocuente
que supo alzarse sobre la escoria
y hacia la meta marchar de frente.
Las musas lloran, bajan la frente,
y las campanas tocan "a Gloria.''

** *

•

FELIX F. PALAVICINI

Su ilustración fue firme, fue substanciosa
lo mismo que el aceite de bacalao;
mas alguien, a su muerte grabó en su losa:
"El detractor del Indio de Guelatao.''

Era un pobre charal enamorado
de las cosas ajenas, que tenía
por don Venus amor muy arraigado,
un amor que más flaco lo volvía.
Y sucedió que un día
este hombrecillo breve
que fue gato en los tiempos de Porfirio

:

y que no tuvo en su conciencia nieve,
mas fue de los expósitos martirio,
recibió su retiro
de la ubre jugosa que mamaba;
y ya el pobre charal tanto lloraba
que de repente se volvió suspiro. . . . . .

***
LIC. PEDRO DEL VILLAR
Aunque en don
y en su defensa no
murió muy lejos y
por las butacas del

Félix vivió esperando.
lo hizo mal,
suspirando
Principal.

***
GUSTAVO SOLANO
Aquí reposa el más bruto
verdugo de la poesía.
Cuando menos, producía
cien burradas por minuto.

El prominente porrista,
el autor de más de un lío
en la época maderista,
murió siendo carrancista
con el cerebro vacío.

* **
LIC. J. LOPEZ PORTILLO
Sintiendo amargas melancolías
quiso a la patria presto volver
y al carrancismo le pidió frías ..... .
-¿ Y fue reyista? ¡ No puede ser!

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ING. FRANCISCO BULNES

•

** *
JOSE NATIY,IDAD MACIAS

La lengua del gran Cervantes
dejó por el habla dura
de un pueblo de judaizantes;
y hoy, muerto, lo mismo qut antes,
hallar el medio procura
de curar la calentura
con fugas de consonantes.

UC FRANCISCO ELGUERO

** *

'

· DR. DAVID CERNA.

Muchas ternuras brotó su lira,
cantos excelsos, himnos de amor.
Quien lo recuerda, gime y suspira
porque no vive ya el trovador.
Mas los que glosan todo el pasado
que a nuestra patria' renombre dio,
ya en sus memorias han apuntado:
"contra Carranza nunca escribió."

Fue valiente, resuelto y esforzado,
mas, faltando a su origen "colorado,"
en mala forma terminó sus días,
pues fuese al otro lado
en pos de carranclanas garantías.

Tocado de patriotismo,
se unió con el carrancismo
para "defender" su suelo;
y en premio de su candor
se platica que el Señor
le hizo un lugar en el cielo.

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                  <text>Publicada en San Antonio Texas por Nemesio García Naranjo. Contiene información ilustrada de la vida pública de México durante periodo revolucionario, así como de América Latina y el mundo. Además contiene notas de actualidad, literatura, historia, ciencia, economía.</text>
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                <text>Revista Mexicana : Semanario ilustrado,  1916. Año 3. No. Especial. Noviembre</text>
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                <text>Publicada en San Antonio Texas por Nemesio García Naranjo. Continene información ilustrada de la vida pública de México durante periodo revolucionario, así como de América Latina y el mundo. Además contiene notas de actualidad, literatura, historia, ciencia, economía.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>��I J •
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18LIOTECA CENTRAL
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Er:1 los Estados r: E,J.:nµJero, J~m~StM:. adelantado': $+~•.:....:"'dm!'!ro·SdP1~;:,¼ &lt;«fl~,t

•

Apártado pÓ!tal núm. 49 (h1"). -· ·

, -~DMlNlS'rRADOR!

Gm,.,tFJRMQ

IDMINISTRlCION: GILLB DBL GOLISBO

1)11 LA PEÑA.

mvo ~-608.
J

MBXICO.

•

�REVISTA MODERNA.
INDICE DEL ARO IV.

'

J

Pi,ra.

ALARCON P. A. n.e:.
El mulo, el burro y el caballo.........

to

ARGÜELLO H. SANTIAGO.
Viaje al pala de la decadencia. . . . . . . . . . .
Id.
id.
.. .........
Id.
id.
.. ..........
El poema de la Locura ... . . . . . . . . . . . . . . .
Id.
id.
. ...............
BARREDA GABINO.
Algunas ideas respecto de Instrucción Primaria. ............ .
...... ...... ..
Algunas ideas respecto de Instrucción Primaria........................ . ........
Algunas ideas respecto de Instrucción Primaria........... . .....................
Algunas ideas respecto de Instrucción Primaria.... .............................

224
301
346
365

38!

217

2i6
292
311

BARREDA L uis.
)Iemoria eterna ..... - • • • • • • · · · · · · · · ·
l08
Job.. ..
. ..... • . - . • • • • • · • • · • · · · · · · · · 204
BAUDELAIRE CHARLES.
Embriagaos............ ......... ·; . ... . 200
Cada uno con su quimera..... .. ...... .. . 304

JflvfLA5· 1'}00·

BERNARD JJIJAN.
Fiestas de poetas ......... .

214

BLOY LEÓN.
El Cristo de los ultr11je~ . . . . . . . . . . ..... . 1!:0
HOURGET PAUL.
Lawn Tenni8. . ......... . .............

.

72

HRYAN W. C.
Upon the mouotains distant head ......... 3i1
Oh the fairest of the rural maids . . . . . . . . . 371

01rPRÓXIMAMENTE A LA VENTA.~

CAMPOS RuBÉN M
Flor y Fruto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31
El dictado del muerto.. . . . . . . . . . . . . . . . . . 106
Un egolsta.................. .. ... . . .. . ... 124

Pi,rs

CA)IPOS RUBl!N i\1.
Cuento de Abril. . .... . ..................
Felipe Yillanueva G .................. . ..
Pecado de amor ....................... , .
Cuento bohemio.
A muerte . . . . . . . . . ............. • .. • • • • •
Paisajes parisienses , . . . . . . . . . . . . .. , . . . .
De Natura rerum ... . ................. ...
lrn noctámbulo.... . ......... . ......... . .
El nocturno en sol. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Un suicidio . . . ... .... . .. . . .... ....•.. . .
CARDUCCI GIOSL h.
Recuerdo de infancia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Da Bologna................. • • • • • • · • · ··

154
175

20ti
26f.
~85
29S
:H4
353
:16!-i

:lSl

4S

CASASéS JOAQU1N D.
Al esclavo escanciado1· . . . . . . . . . . . . . . . • . . 157&gt;
La Campesina . ................ .. . . ..... 371
~Iontes, valles y almas... . . . . . . . . . . . . . . . . 371
CLEARCO MEONIO.
A una tórtola ciega............ •• ••••·•·•

:JO

COUTO CASTILLO BERNARDO.
Pierrot sepulturero . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 142
Una obsesión.......................... • 159
DÁ VALOS BALBil&lt;O.
A Campoamor.... ... .. .. . ...............
Las Ingenuas. . .. . . . . . . . . . . . . . . .. .. . . . . .
El nombre de l\Iarfa, .... . ...............
Los grandes poetas norte americanos . . . .

157

235
27;,
3:?:1

D'ANNUNZIO GURI.BLE.
In morte di Giuseppe Verdi. .. . .. ... .. .. . 11!)
Da Milano. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . IS3 •
DARÍO R ualllN.
Rodin..... .. . .. . . . . . . . . . . . . . . . .. . .. . . . . !)9
Poesla..... .... ..... ..... .. .. .. . ..... ... HG

I
DELGADO RAFAEL.
;\largarita.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 282

�u

ReVISTA MOIJER A.

. .·

.

Un refractario ...... .

.

-......

. ....•... • ...

:H

t&gt;Í,\Z llIRÓ.'.\ s \LVAlJOR.
Telegrama. .. . ........... . .. ... ...• ... 2hi
ldilio .....•..........•.................. 2fi2
1:1 Riln~asma . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2G'.l
1-'f,llREH Jo,t T&amp;1N10AD.
Cruciticat...... ...... . . . .. ........... lf'i
Las g-uitarra~ .... : ..................... 181
(?ft

HEvu

\NQ¡.; ANATOLE.
~:1 ultimo suciio de Luis X\'... ........... ~ti

FLUAS Jlt;atBBk:ro.
El berolsmo del traidor ....... .

.. 14!'1

LÓPEZ DE ~IATUHA.'.\A Jos•:.
nor de Ototlo ........ . .

LUC:O;'\ES

~I.\RQl'I~A EDt' ARDO.
La mnjer danzando ................
La Balada de los Golfos ... ... .. -~.....

GU l'H:ImEZ NJ\JERA :\IA~UEI,.
Non Omnis .l\foriar............. .• ...... , . 1;1
1\ illiam Shakespeare . , • . . .. ...•.... lSi

JI \LPEf([:-JF'.,..KAMIU Kí E.
l~u In casa do TolstoY . . . . . . . . . . . , ... . . . . 2:-if1
ld.
id.
. . . . . . . . . . . . . , . ... ~iO

HEREDIA Jo f; M. os.

1¡;;

1\(IR.\BEAU OUTAVJ,l .
De •El Jardln de los S,1plicios•... . .. . .

11:!

. . . . . ....... . ~16

La tristeza del Converso.
La luwmana Agua. . . . . • . .
. . . . ..•.
Enigma.
. ....•. .. ..... .
Implacable ..................• • .. • • •. •.

1,¡

. . . .. . . . . . . . ..

l\i:?
193

275
3J5

.

.. ......... ... ..... ....

UF.ltltEUA Jhntc,
Doliente ... ...... .

llUl' SlIA~S JORIS KARL.
Del libro •En Racle• .

..... IOCJ

EtPrnamentt' ..

1:1 Tr,mvla . . ..... .

. .......... 110

JONCl~:HES T.i.ONCD Dl!I.
La Balani;oire.. . . . . . . . . . . . . . . . .
H
Lll battement de ses seins. . . . . . . . . . . . . . 41

:umuc ALsEni o.
Un paisaje I" t un 6tat d'il1M
Lf,; {Arrm: JULJ,5.
Juan Uichepio ....

.. ... .... 2i4

.. . ...• • :Ji:?

(.ÓPEZ PORTILLO y HÓJAS JosE.
Las tres apoteosis de 'Margarita. ... .. .....
Tres sonetos . .. ....... .. ... .......... • . .

l'E IU.:S H. D.
í,R F.voluclou del teatro C1ual4n.

g¡;

il

'.

S ~LAZAH AREL ll.
In memoriam. .

. . . . . . . . . . ..•.. 227
Golondrinas . . .
. . . . . . . . . ... ... . ... 2fiO
!::o Oración .......•.....••.•.•... . ....... !:8.7

SCHWOB MAl:CEL
La ~ds notas de la tlirnta . . . . . . .

. .... 120

. . l li

SILVA Ju • As1·:.-.c1ó:-i.
Xupc1al, ..•....•...•......•..•...• . . .. .
:',[1,1 uight drcams.... .. . .. . .. . . . . . . . . . . .. 511
Vejeces ... ..•... .. •. • . • • • • • • · • • • · · · 141
Las C11~Ahd11s........... .... ....... . .. . . 2H
• ·octurno
............. ........
l\Iur,rto,

. 2-'º..
......

G7

Le ~(isql'l ............. .

...~

l'l'G..\ y A0AI. MA?\ t;.CL.
P.:iemas en prosa.. .. .. ... ...... ...... .
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Para el Aloum de Isabel S. de Coron:t .... :li l
El Bla ón de la Duquesa. . . . . . . . . .
. :k.G

lll-:BOLLEDO J-:rnts.
Faunaha. ..... . ... .
. . . • . . . . :l2
L,i Bordadora.•.....
4!,
l'oesia . ..... .. .. .. • .. . • • • • • • • • • • • • • • • li;j
Poema Cíclico.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . i!i
Crepúsculo. ..
. .. . . . . . . . . . • .
92
La Yejez del SAti ro.. . . . .. . . . . • . .. . • . . . . 11 l
Yoto..... . . . . . . ...................... . 127

................

Cuño ....••..........•........ ..•• .... 13-S

s:;

Nocturno .. ..

Magna \'oluptas.......... ..... .......... J(i.q
Estampa ....... . ............•. -~ ... .. .. 170
Venus P!a... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19!)

TE e A

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EN TWA

u. A.~&amp;..

TABLAD.\ Jo~g Ju.x.
Poesía en honor rle Jo;; po,•tas :rnglo •ame•
1ka11oi1 ......••..•............ . . . .... !H!l
La IHII~ j- d.: Tjuang To,~ . . . . . . . . . . . . 3i

THECJRlET .boRt.s.
La Mau,;ión .. .. . . .

. . • . . . . . . . . . .... ;¡,9

.TOLSTOI Litó:¡.;¡ Pt:rl'o muerto ..
El credo de Totsroi'.

BE:-lAlm Jm.E~.
El Péndulo... ... ..... .

Sl' LI, Y Pnuonl)llllf'.

Jos1-:.
Lobreguez................ .

OTJI•);\° lil,\I\IH:t..

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J A UfE:3 J'ItA?-iCISCO.

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Enrique Sienkiawlcz ...

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La Fiebre.. . .. . . . . . . . . . .. . . . . .. . .
1i 4
Ln. ertería rota. . . . . . . . . . . . ......... ... . 171
llú,lca de Oriente .......... . ..... . . . . . 17.J.

Yo no si:........................... ...

La canción del trovero....• .- . . . . . . . . . • 2t.8
Ofrenda .. ... .. .. . .....•.... ..... ... ..... :ll2
Saudade~. . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . .•.. n,o
La mirad/\ de tus dulcei; ojos.
:J&amp;O

STEELl:11. D
Bailad of rhe hand,, . .. ...... .

Tarde de Otoiio
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Lucharemos . • . . . . . . . . . . . • . . . .
Do,. rico~ . . ......... ,........ . . . . .
Los; dos hermanos.
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El IlltieCto. . .
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Mu,11. de ,\jeujo
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Dulclnel\ PrE:ludio .
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l?u libro de Justo Sierra
l)i.-.curso. . . . . . . . .
A los Estudiantes .

Su mano... . . . . . . . •.
Lavó su cuerpo con nmbrosla. .
Discur~o. . . . . . . . . . . . .
....... ..
Dlecnr:.o. . . . . . . • . . . .
El Cole6 1 '.'lhlitar. . • .

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¡ - - ! ...
Uu viaje dej) da~
Piedad ... ! . .

U manto &lt;le punitenci11 . . . . . . . . . . . . . . . .
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Xotas1llbnogr. flcas....
. ... .. .. . .. 101
Henovare. . • • • .
l'rerrafwlista........... . ............. 113
Lu:1.
de luna...... .
Trag~dra Ohscura. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 122
(..!ue tire -ren ieDlpre •
Notas Ilibliogr:\ficas ....... ..... ..... .. .. 131
,Juárez . . . . . ..... .
,\ la sombra de un Hém1e~.. . . . . . . . . . . . l J;;
Otoñal... . ... . . . .
lfaiinn11...... . . . . . . . . . . . . . • . .
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Solo .....
llemar,lo Couto Castillo . . . . . . . . . . . . . . . . . l i l
Himno á Leún Bloy.. . . . . . . • . . . • . . • . . . • . ! SG SI.\' f'mMA.
Tipo,, que se van..... .. . ... , .......... . 1!:18
El Festh·al de la •Hevbtn .)10fféMa•...
Leodemain ............................. :?O:,
A nuestro Director. . .....•.. : .
Tipos que se Vilo •.•...... •••.•.•• . ••. •. .. 2:14
Acontecíniiento literario en la .\mérica la•
De S1111~· Prndhomme. . . . . . . . . . • . . . . . . . . . 236
tina. .. ............ ..... . . . .. . ..•.•••.
Arieta .. ... ...•..•...••.. ....... ....•... 262
\'enta
&lt;le •Lascas• .... ........ .... .......
il'lor de Acanto.................. • ....... 28!
cr;Ua&gt;
de Erne•to Elorduy.... .•....... ..
El Daimlo.. . . . . . . . . . . • . . . . • . . . . . • . . . . . . . 28-1
C(,n-:·ocatoria..
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Las princc~as ....•..........•...... .. .. 300
Programa de la ,•elada Anglo americanA.

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�ARo IV

MÉxICO,

1a

QUINCENA. DE ENERO DE

1901

NúM,

1

REVISTA MODERNA
ARTE Y

D I RECTOR : JESUS E. VALENZUELA.

.

CIENCIA.

JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de Dubl án.

"LA PIEDAD" DE MIGUEL ANGEL.-ROMA.

�PRELUD/o

Jl-l .Sr. q)on Enrique -e·. {Jreel) al bombre -culto) al prote-ctor -generoso) al an,ligo -cordial) -con mi estima-ción) -con 1ni gratitud ;y -con
.
.mi -carino.

;lfápoles) :Mayo de 1899.

J.

u.

NOTA.- Este es el prólogo de una Tragedia en tres Poemas Liricos, que se publicará
próximamente e n Europa.

�MASCARAS TRAGICAS:

ÜFELIA.
SHAKESPEARE.
CERVANTES.
DoN QuIJOTE DE LA MANCHA.
SANCHO

11

,,

p ANZA.

HAMLET.

Estando sentado en _el antiguo sitio augural en donde se retinen todas las adivinaciones, escuché un ruido estridente de pájaros que gritaban de una manera siniestra y salvaje.
SOPHOKLES.

•
ESTROFAS CORALES:

EucARISTíAs.

ÜFÉLIDAS.
DULCINEAS.
FAUNALIAS.
ALUCINACIONES.
CALUMNIAS.
MALDICIENTES.

j USTICIAS .

. . . . io faro una finzione che significa cosa grande
LEON ARDO DA VINCI.

�~..,,,..._,,....,,,...,,.._,,..-""'....,,,.....,_,_,,.._,,.._,-_............,_,,..,.,,.._,...,,,...../"'..r,J"'.,,,,""..,,...._,,,.....,,....,,,.,..,.,_,...,_,~~_,..~~

N BOSQUE sibilino, antiqitfaimo, de in·
tensa flora ur. erable, sacudido á 'Veces po1·
soplos pode1·osos de génesis y á 'Veces aletargado en hondas pausas de expectación.-Es el reposo de una farde caliente.
-Las 'Vívidas púrpuras solares se desgarran en los ramajes nudosos, y caen,pesadas, ab1 mnantes, sobre los pmdos. Bajo
las bó'Vedas de sombm, al borde de las
fuente.~ rítmica.~, vagan las creaciones femeninas de la humana Fantasía, las que besan, las
que oran, las de carne triunfal, las de alma sacrifican te, altei·nando estrofas afrodisias y
versículos eucarísticos con la infinita avidez del amor .. .. A lo lejos se perfilan, amenazantes, los torreones guei·reros de 1tn castillo feudal; y más alta que el vuelo solemne de las águilas, más alta que el vuelo solemne de los espíritus, se alza, altiva, soberbia, indomable, la
montaña; que siente en si, do1·so la fatigosa ascensión de las 1·azas épicas.-Bajo un pórtico
de mármoles sagrados, Shakespeare contempla á Ofelia, que en el fondo, entre las filtraciones ardientes del sol y las redes frescas de las hojas-nítidamente blanca- c01·ta flores y
persigue ma,·iposa.~, atando y desatando sus ilusienes .. . .

SHAKESPEARE.

· Ob, delicia de mis ojos! hija mártir de mi poesía! Te formé con versos diáfanos y con
sangre virginal; y para hacer más bella tu inocencia, la ofrecí, como una hostia, al divino Dolor. Llevas en tu cuerpo adorablemente frágil, los gérmenes de mis tumultuosos amores desesperados .... En la. ideal transparencia de tus pupilas azules se esfuman crepúsculos de
recuerdos cansatlCls y de esperanzas sensitivas que se marchitan y se descoloran y se mueren
en la anemia de la luz .... Y vas, vas con tus hermanas, en el cortejo trágico que atraviesa
el sendero ensangrentado de los siglo~, en pos de la. histol'Ía muerta, delante ele la historia
viva . ... Tú eres la que mas amo, la que adoro, porque en ti puse la mayor dosis de sufrimiento posible á la vida: un átomo más de dolor te hubiera cle~hecho en la inconsciencia, en
la nada estéril, como queja &lt;le agonía .. . . Pero fuiste mujer, y bella, y casta, y tierna: el
amor te díó el suplicio, el genio te dió la inmortalidad. Naciste estrella de una lágrima, caricia de una lascivia, perdón de una blasf&lt;:1mia. Tu carne está hecha de apetitos de mi carne,
tu alma está hecha de oraciones ele mi fe. Cómo brilla, bajo las claridades del zenit, lamadeja de oro de tu cabellera! Ríe, canta, tiende el alma, como ala de paloma, hacia los ensueños venturosos ... . Seguidla, acompaiiadla, tejiendo la mágica cadencia .de las rimas, oh inmaculadas Eucaristías ele alabastro, Eucaristías de los peplos blancoó!-Te concedo una bo-

�8

REVISTA MODERNA.

ra de felicidad, de felicidad completa, colmada, rebosante, para que tus manos recojan las flores del campo, tus labios los arpegios de la fronda y tus g racias las sonrisas del cielo! Después .. .. ay! después tendrás que aspirará. plenos pulmones el polen del deseo y de la universal fecundación .... amarás .... sufrirás . . .. hasta que el esplritu del amor pueda engendrar
en el espíritu de tu belleza un Dios!- 1\lientras yo pienso en los prol:&gt;lemas inicuos, y forjo atle·
tas con mis gritos de libertad, y justicieros con mis virtudes crucificadas, y asesinos con mis
rencores y con mis odios; mientras contemplo el derrumbamiento de las etapas malditas en los
voraces vórtices del castigo; mientras siento que la duda se afana, cada vez con más ahinco,
cada vez con más rabia, ay! y cada vez con menos fortaleza, en levantar la lápida del secreto, la losa inconmovible que cierra á los efimeros la E.'ntrada de los reinos de la muerte .... ,
tú, gota de bálsamo, cae sobre mí cabeza! harmonfa de paralso, brota de mi lirn! onda de juventud, báñame de primavera!

LAS EUCARISTIAS.

E ST.llOFA.

Pausas prolíficas del Ritmo universal! sonrisas infinitas de Flora exuberante!
palpitaciones azules de la Poesfa creadora!
Ya las diosas invioladas desatan la cadencia de oro de las citaras anacreónticas!. . ..
Ofelia, la niña de cuerpo adorablemente frágil, abre su corazón, como una copa, para recibir el néctar perfumado de la vida.
Gotas de la luz, ambrosias de la rosa, frescuras de la fontana, caed, caed en esa
copa de consagraciones! . . ..

REVISTA .MODERNA.

!)

�REVISTA MODERNA.

ANTIE!.TROFA.

11

As! un cruel destino pesa sobre tu limpia frente: las locuras desenfrenadas, las
pesadillas aterradoras, te encenarán en la torre de la Alucinación ... .
Y serás la Victima.
Nosotras recogeremos tu cuerpo, y se lo llevará, por el camino del cielo, la plegaria piadosa.
Las diosas suspenderán los festivales ..... .
Y el Dolor, poeta inmortal, el Dolor de frente solemne y de ojos proféticos,
arrancará de los bordones llricos los preludios de la esperanza y los credos del
amor! .....

Ofelia, co1i el Coro de E1trofas, desaparece e1i las misteriosas profundidades del bosque. Shakespeare, apoyando en su mano la frente vigorosa, medita . .... . Una r áfaga pasa
sobre los árboles, rápida, com o aliento, como profecla . ..... A lo lejos se escucha un clamo .
1·eo . .. ... Luego, el silencio se abate, infinito . .. . . .

•
OFELIA,

con los ojos llenos de una risión maravillosa:

Padre, padre, escucha! Lo he visto, lo he vuelto á ver ... . .. al caballero sangriento .. . . .
allá, en la explanada del castillo feudal, sobre su caballo flaco ..... , agitando con grandes
movimientos su lanza y dando fuertes voces al viento como si amenazara á alguno .. .... ;
su lanza brillaba, parecía tener una esti-ella en la punta . . .... ; y todo él estaba cubierto de
sangre .. .... de sangre . .. ... . de púrpura! Al verme, espoleó su caballo gritándome: , Oh,
mi señora Doña Dulcinea!» y yo corrl, corrl, tt·opezando y levantando, hasta que un lamento
ensordecedor de mil bocas implorantes detuvo su persecución y mi fuga. VI que hombres,
mujeres, niños, surgi1:mdo como por magia de todos los poros de la tierra, lo arrastraron en
un torbellino ... . . .

SHAKESPEARE.

Oh, si, es verdad, no es ilusión, surgen de todas las grietas de la tierra, de todas las brutalidades de la vida: son los infelices, los mutilados, los que tienen el pan escaso y el alma pro·
diga, los que demandan reparación y justicia. El caballero sangriento es su paladín. No
temas que te cause daño; es uno de los mejores corazones que conozco: más noble que un
blasón, más foerte que una torre, más casto que una vestal, más entusiasta que un enamorado, más loco que un poeta y más poeta que un loco . ..... Se llama Don Quijote de la ~lancha:
asombró á los humanos con sus hechos, y es tan lustrosa su leyenda que ha dado envidias
á la historia.

OFELIA.

Yen, padre, dime esa leyenda; nos sentaremos en el pórtico al abrigo del sol, y te escu
cbaré hasta que se fatigue tu palabra. Me soñaré pdncesa, con un caballero vencedor en la
justa y vencido de mi amor... . . . .

/,pa1·ece Cervantes, el Mutilado, de mirada intensa, de boca irónica, hé1·oe, poeta.

�12

REVISTA MOUER~A.

SHAKESPEAR!i:.

Llegas á tiempo, fiel amigo: de ti hablábamos, es decir, hablábamos de Don Quijote. Ofelia lo ha visto en la explanada y la persiguió confundiéndola con su beldad. Yo he calmado
sus temores; y gustando de los maravillosos relatos tuyos que con su gracia rebosante de
enseñanzas, son diversión sana de la infancia y consuelo apacible de la vejez, quiere saber
los trabajos y los amores del incansable manchego. Yo hubiera sido un eco; tú eres la voz
viva: habla, aqui en el huerto sagrado, y con las frases abundosas de tu fértil elocuencia, mientras el sol estalla en colores triunfales, dinos las hazañas épicas que grabaste en tu poema 1
de bronce.

OFELIA.

Y o premiaré A vuestro caballero con una corona de flores. Son unas flores que semejan
mariposas: tienen los pétalos extendidos, como alas salpicadas de puntos de oro, de gotas de
carmin, de hebras rubias ...... Crecen en un misterio del parque, donde no llegan los pasos
de los sátiros bribones. Cuando las vi por primera vez, ere! que se iban A volar, en banda•
da . . . . . . El creerá, como yo, que se van á volar ...... y me reiré de su engaño .... . .

CERVANTES,
saliendo de un éXtasis:

Galante Ofelia, de más dulce hablar que los coloquiod pastoriles y la miel de las colmenas! presta el oido atento, para lección de tu espiritu y para regocijo de tu curiosidad, á las
proezas que de villorrio en villorJ·io y de corte en corte, legaron al mundo, con la vocingleria de la fama, el nombre de Don Quijote de la Mancha á la risa de los estúpidos, A la coro·
pasión de los sabios, al deleite de los más, al estudio de pocos y á la imitacióñ de los menos.
Nació en la guerra: fué el retoño de mi bt·azo roto de soldado y de mi herida conciencia de
hombre; floreció en mi sangre, en mi deber, en mi aspiración y en mi dolor; contempló, desde
la cumbre de vértigo qlle sólo el genio y la locura escalan, el mundo q:ie trabaja con
tragél:lias en la harmonia del amor y de la virtud, á cada paso tejida y desgar\·ada, tejida a.qui
con la atracción de dos besos y desgarrada allá con la repulsión de dos odios; y como yo,
calóse entonces la dura celada, empuñó la adarga vengadora, y pronunciando el nombre de
su dama, Doña Dulcinea del Toboso, {dama fantástica y real, hecha con todos los anhelos
de la ternura varonil, siempre presente y siempre ausente, verdadera como la esperanza y
alucinante como la verdad), se anojó con su sueño al sueño de la vida en débiles lomos de
flaco rocin, á desfacer entuertos y vengar agravios, regando en el camino heroico su pródiga sangre como semen de venideros mártires y de futuros redentores!-Siempre ha sido cómico lo trágico: su largo cuerpo huesoso-escueto como el Infortunio,-y sus clamorosos
apóstrofes bélicos, excitaban la risa de los venteros locuaces y hacian cosquillas á las mozas festivas, cuando llegaba á los cortijos aporreado y maltrecho por duros puñetazos, pero
orgulloso como un vencedor, pues del:,e saberse que nunca la realidad logró desmentir á los
engendros de su magln, sino antes bien, éstos á ella la desmintieron siempre. Y a.si, por sendas ignoradas y recónditos vericuetos, acudla á donde más llagas necesitaban cura y á donde
más angustias demandaban consuelo, levantando sobre la humana miseria, como egida protectore, la lanza de la andante caballerla y ensordeciendo la comarca con sus voces iracundas de reto y de muerte.-No conoció el egolsmo que nutre su insaciable abdomen con las
ajenas miesf;s, ni los espasmos del amor que se aletarga en mullido lecho de abominaciones,

REVISTA MODERNA.

13

�REVISTA MODERNA.

15

y que de dios fecundador-tronco de las razas bellas-se convierte en bestia lasciva- matriz
de los pecados y de las degeneraciones;--fué, es, y será eternamente un batallador, un guerrero de la gran conquista, un héroe de ideal, un poeta de fortaleza, que en cada etapa del
augusto tiempo, reencarna con su anhelo en la frente, con su Dulcinea en el alma, con su
palabra justiciera y fustigante, con sus miserables y magníficos arreos de guerra, sobre su
paciente y fiel rocln flaco, y sin parar mientes en las cobardes adverteucias del buen sentido
(el buen sentido! escurlero glotón, amante del vino, de la pereza y del chascarrillo, que montado en un asno sigue á su amo malhumorado y jadeante), va en pos de una quimera, ele
una alta justicia, rl e una pura verdad, lanza en ristre contra los molinos de viento que voltean sus paletas, como brazos de gigantes, en la fantasmagorfa sangrienta del ocaso y de la
locura!! ...... i\Iirad!

En el fondo de la escena, bajo el incendio de un sol tropical rojo y devorado1·, sob1·e las
espaldas de roca de la montafía se destaca la figura sangrienta de Don Quijote, rodeado de
viudas impl01·antes, de maldicientes pavorosos, de mutilados trágicos que en coro solemne
claman reparación y justicia.

OFELIA,

extdtica, adorante:

Qué hermoso es vuestro caballero! cómo brilla, sangriento, cobijado en las púrpuras
magnificas del sol!

SHAKESPEARE,

clavando en Ofelia sus ojos de penetración y de ai·cano:

Se levanta hasta las altas heroicidades de la fe, midiendo sus arma~ con el Mal, el
manchego que busca como único premio de sus afanes la frente de Dulcinea, para poner en
ella el beso de todas las purezas y de todos los respetos.

DON QUIJOTE,

agitando su lanza:

Seguidme todos, todos los que tengan cuitas, que yo soy Don Quijote de la Mancha, armado caballero andante, y tengo por misión de mis deberes castigará los cobardes que maltratan á la mujer, á los avaros que roban el grano á los pobres, á los tiranos que cortan la
lengua a los profetas, á todos los hi de puta que han puesto su grandeza y su altivez sobre
cimientos de 11\grímas y de sangre; y asi sean fuertes como titanes, vigorosos como gigantes,
vive Dios que he de dar al traste con ellos y con sus atrincheramientos, para ejemplo en la
historia, para gloria de la orden de la andante caballería, para prestigio de mi nombre en
las generaciones venideras, y como debido homenaje á la Señora de mis pensamientos, la
casta, la intachable, la serena, la tierna Doiia Dulcinea del Toboso, que me sostiene y me
ampara y me guía en estas descomunales proezas contra los malandrines de la tie1·ral

�16

REVISTA MODERNA.

LOS :\IALDICIENTES.

ESTROFA.

ANTIESTROFA.

Fue de odio el grito primero que exhaló la tierra hacia los cielos impasibles.
Es de odio el grito que se estrella en las márgenes de la historia.
Rueda la turba humana con sus festivales, con sus locuras, con sus himnos
guerreros, ay! y con sus apóstrofes de blasfemia y de muerte.
l\-Iatar, Señor, es un derecho y puede ser una Yirtud!
Si somos, si tenemos un lugar en el planeta, si damos nuestro esfuerzo á la infinita acción, si en nuestras frentes chispea la luz de un pensamiento, si nuestros
indices señalan en los confines del desierto la promisión riente y tranquila, si
nuestras lenguas han dicho la parábola del bien, por qué entonces se nos persigue, se nos acosa, se nos befa, se nos corta la lengua que habló, se nos troza el
dedo que señaló y se nos abate la frente que pensó?!
l\-fatar, Señor, es un derecho y puede ser una virtúd!

Tú eres, noble caballero, el paladJn de nuestros generosos combates; tú eres
el incansable, el proteó, el armipotente, el que se consagra sin transacciones ni
condiciones á la causa de la miseria y de la redención.
El lecho de la infamia es de una aterradora fecundidad.
El golpe de tu brazo no cesa de caer sobre la injusticia, que parece tan eterna
como tu -pQderio.
A la lid! á la epopeya! blandiendo las picas del odio; haciendo puñales con nuestros rencores; tú, mujer, convirtiéndote en Fuda; tú, poeta, calentando el verso
hasta el ex:te~·minio ...... todos, todos en pos de Don Quijote, al asalto de la Tiranía!

Bajo la flámula del Sol implacablé, entonando im Salmo de muerte y de gloria, el grupo trágico se pierde en las qiiiebras de la monta1ia. Del picacho más alto se desprende una
águila, solemne y profética, llevando al Oriente un presagio.

l{EVISTA MODER~A

L7

�REVISTA MODERNA.

19

OFELIA,

deslumbrada, cae en un pensamiento hondo. Luego, rompiendo la pausa, con la voz ligera·
mente nerviosa, voz en que tiembla un, furtivo preludio timidlsimo, como si una nueva cuer•
da, como si una nueva fibra de la harmonía femenina hubie1·a palpitado con el p1·i·
mer acoi·de de sit anunciación:
Y, decidme: todos esos prodigios los cumple poi· su dama? .... . .. Oh! debe ser buena y
bella, como mi doliente hermana Desdémona.

CERVANTES.

Sí, dulce niña, bella y buena es, como Desdémona, como tú misma ..... .

SHAKESPEARE,

interrumpiéndolo vivamente, da d su expresión un tacto de caricia inefable, y salpica gra·
nos de amor y chispas ele poesía en el corazón de Ofelia, que se abre con avidez para recibir la divina simiente:
Dt1lcinea! Dt1lcinea está en tí, no la sientes? es tu linea, toda tu línea, desde el pie que
sostiene el ánfora de tu cuerpo hasta la cabeza que la remata; es la bondad transparente de
tus ojos azules; es tu cabellera que desata su madej a rubia bajo doseles de frondas; es tu ma·
no que en su suave concavidad guarda dones para el elegido; es tu sonrisa brillante como
ala trémula de colibrí; es la exuberancia de tu alma que se proyecta sobre la realidad embelleciéndola con las form LE inmaculadas que flotan en el celaje, que se columpian en las
ramas, que nos miran en los astros y que nos besan en los sueños!. ..... Eso es Dulcinea,
eso eres tú: un delirio de amor, una esperanza de ventura, una necesidad de caricia ...... .
Diosa fabricada con adoraciones secretas, y que con sus flancos henchidos de voluptuosidad
surge de las amargas ondas del mar y de las amargas lágrimas de la vida! Y poi· ella todo,
para ella todo: pensamos, sentimos, luchamos, nos disputamos en el torneo la hoja del laurel
sagrado y nos arrojamos á la pira de los holocaustos para arder en la glorificación esplen·
dente de los dolores! . ... . .

OFE LIA,

c?n el bochoi-no del pudor en la cai·a, como si se sintiera súbitamente desvestida:
Dios mio! sus palabras son manos febriles que palpan mi cuerpo .... alientos qu e me queman los oídos ... ... bocas que se pegan á mi boca..... . . ojos que se desmayan sobre mis
ojos ...... rocio caliente de germinación divina!. ... . .

SHAKESPEARE,

con mds vivacidad:

El te busca, te ama ...... Ama'.o, ámalo y sufre . .... . es tu destino. Yo te empujo! yo
te lanzr•! Que lloren en tus ojos todas las lágrimas con que he llorado! qu e se tuerzan en tus

�RE\'ISTA ~lODER~A.
REVISTA MODERNA.

20

labios todas las quejas con que me he quejado! que se extiendan en tus brazos todas las imploraciones con que he implorado! que 11e arrastren en tus rodillas todas las súplicas con que
he suplicado! que la ingratitud, la perfidia y la mentirll, pisándose sus mantos sombríos, te
sigan y te acosen como furiosas erine3 implacables! que seas el carbón que arrojado al fuego se hace diamante, el polvo que arrojado al génesis se hace astro, la belleza que arrojada
al amor se hace alma! Ve, ve á tejer la corona de flores par11. tu caballero andante ... .. Don
Quijote ...... el caballero de sangre .... . . el caballero de amor!. ... . .

Transfigurado, irresistible, ordena á Ofelia que salga, se1ialándole con el indice el bosque
sibilino que flamea de sol occiduo. Ella, con la cabeza sobre el vecho, pálida como virgen exangile, dúctil, inconsciente, hipnotizada, camina hacia el fondo, paso á paso .. . .
En estos instantes aparace llAiJfLET, que, al verá Ofelia, sacude la cabeza para tirar
una preocupación sombría, ?J clava .ms ojos, sus t11·andes ojo.~ intelectuales y tristes, fi·
jos, fijos, en la blanca silueta que se desvanece . ...

CERVANTES,

aparte:
Oh, g&lt;lriio! prendes el fostón de hiedra sobre la ruina, yergues el signo de libertad sobre
el estrago, abres alas seráficas sobre la muerte! Eres compara.ble á esas catedra.les de la alucinación mlstica, donde dla. á dla desfilan ante la cruz las penas enlutadas, se lamentan ante
la madona. las angustias llorosas, se castigan con el silicio los pecados blasfemantes, y donde
todas las almas, en la hora suprema de la igualdad y de la comunión, depositan y juntan sus
arrepentimientos, como átomos de incienso, en la casoleta sagrada de las purificaciones, que
eleva al cielo, hasta las plantas de Dios, la blanca. espiral de la plegaria en demanda de paz
y de misericordia! ....

HAMLET.

Cómo á veces su figura espiritual, de sacerdotisa. extática, oficia el amor dentro de mi
alma! Al verla, .espiro un manojo de flores, echo á vola.r hacia. el oriente un enjambre de
versos, me cercan y me arrastran los coros de las Ofólidas triunfantes! Entonces siento que
se reposa el pensamiento, el psicólogo insomne que me eséarba 'y m'! ma.ltrata y me profana
la conéiencia!
.,
' " · ·· v. • • • • •
• ,

-

,,

-

.

·..,

LAS OFÉLIDAS.

ESTIIOt'} .

Nacimos de un Ideal que se de1,barató en ritmos diáfanos; la santa poesla descolgó del firmamento nuestras diademas, extendió tapetes de margaritas á nuestros pies y enhebró en nuestras cabelleras los r11yos fantomáticos de la luna y
los estambres de la neblina. azul de la mont11iia!
A los compases de nuew·a voz eólica danz11n en rondas las hijas efímeras de
la sonrisa, las Esperanzas de oro.
En nuestras miradas cintila, como Yéspero, la melaocolia piadosa.
Yelamo~, esculturalmeote blancas, sobre los Recuerdos yacentes.
Buscamos los corazones altivos para. unirlos á las inmaculadas bellezas, celebramos con cánticos y con besos los himeneos espirituales que dan inmortalidad
religiosa. al germen ennoblecido ele la fecundación!

1

2i

�REVISTA MODERNA.

ANTI-

23

Ven, príncipe rubio, ven! Tu pensamiento se enloquece entre los espectros del
mundo arcano, oyendo las indescifrables confidencias de los muertos.
Ven, príncipe rubio, ven! Ahuyentaremos de tu lado la Fiebre, pálida, convulsiva, de pupilas hipnóticas, de cabellera flamígera, que arrastra á través de la
vida el coro fatídico de las alucinaciones!
Ven, príncipe rubio, ven! El verso de Dios canta en la harmonía fulgurante de
los espacios y en la plegraria nupcial de las almas. Somos las caricias de la Poesía, somos las ternuras del Amor. Ofelia es el amor; sé tú el Poeta.
Amala, ámala, y Canta!

r

ESTROFA . .,,

l

Arrebatado po1· el coro, desaparece Hamlet en el ensueño . ...

SHAKESPEARE
á Cervantes:

Tu lo sabes, maestro de maestrns: el genio es más poderoso, más creador que el sexo; e.s
el gran Sexo hermafrodita, incubo y súcubo, que á si mismo se fecunda dando vida inmortal y magnifica. Los hijos de la carne humana son eflmeros y miserables; están formados por
dos mitades de amor que se juntan en un espasmo y se separan luego sin haberse complementado, sin haberse fundido. iUiralos labrando el mundo: tal parece que apenas sus manos
arrojan la semilla, caen ellos mismos, unos en pos de otros, á los hambrientos surcos ...... .
Oh, qué rápido abrir y cerrar de ojos, qué rápido abril' y cerrar de conciencias es la vida!
Todos pasan, pasan: polvo que sufrió un momento en una idea, polvo que brilló un momento
en una piedad, polvo que se irguió un momento en un deber, y que vuelve al gran laboratorio donde le dan nueva forma raquítica y nuevo destino frágil las manos febriles de un Dios
incansable. En cambio, qué definitivo es el amor del genio! sopla eu la arcilla perdurables
espiritus de ideal; forma tipos gigantescos con los vicios y los crímenes, y rugen entonces,
por los siglos de los siglos, los reyes trágicos y los papas lascivos y las cortesanas ambiciosas; condensa en figuras épicas los credos de la justicia y del bien, y se alzan en las cumbres

�ARo IV
24

MÉXICO,

211

QUINCENA DE ENERO DE

1901

NúM,

2

REVISTA M1JDERNA

de la historia los mártires descalzos, los caballeros andantt:s y los profotas videntes; sintetiza
en bellezas los aromas, las músicas y las luces del universo, y cruzan por la humana fauta•
sla la divina Dulcinea con su esperanza y la eucarística Ofolia con su locura! ....

REVISTA MODERNA

,

ARTE Y
PlRECTOR: JESUS E. VALENZUELA,

CIEN-CIA.
JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de Dublán.

CERYANTES.

Siento palpitar la tragedia!

SHAKESPEARE.
SI, es la tragedia de nuestro(dos espíritus que se han:encontrado y van á chocar sus fa~
langes armadas de rayos!

TELON.

..

\

' 'l\foISÉS11 Dl'.l l\lIGUEL ANGEL.-ROMA.

�</text>
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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>A.Ro IV

REVISTA MODERNA.

152

Después de tan extraña escena, el polaco volvió á mi su rostro grave y somb-rio, noble, majestuosi·
simo . . .. ¡No, decididamente, pensé, éste no puede ser un demonio.

-Caballero, me dijo, no se sorprenda usted de esto; es muy natUl'al; estos seres débiles, cobardes,
incapaces de gr&amp;ndes energías, se dominan por 'una voluntad firmz, templada á fuego, sang:-e y dolor,
como la mía .... Pero me conviene una cosa para no provocar la superstición en cualquiera partido de los
ejércitos . .. . que por ahora no refiera nada de Jo que ha visto . .. J\I;\s tarde .. . . á ver si más tarde se
acuerda usted de mi y de este episodio.
-Doctor, le ,loy mi palabra de honor.
-Gracias, amigo. l\Iire, vamos á sorprender, nosotros á los franceses, perJ necesitamos ser pocos y
buenos para no ciar á sospechar . . .. Escójame unos diez ó doce bravos .. . .
-Pero . ... ¿y con qué orden?
·
- Ese es el ayudante del capitán y él mismo ratificará la orden ... . ¡Ya verá usted si nos vengamos!
- ¡Despierta!-ag1·egó1 sacudiendo. el ·cuerpo del traidor dormido. Al instante entreabrió los ojos suspirnndo y mirándonos atónito. Yo partí á escoger gente para la empresa, con ciega confianza en aquel
terrible hombre.

MÉxrco, 2 1 QurNCENA. DE MAYO DE 1901

REVI S TA MODERNA
AR T E
OlRE

cr~
r-~

: JESUS E. VALENZUELA.

V

CIENCIA .
JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de Dubldn.

l;~

~
~

~~

Todo fué á pedir !lo bo~a. Avanzamos en las tinieblas; el suriano iba sombrío, mudo, marchando ma·
quinalmrnte como un sonámbulo, delante del Doctor .... Y tras ellos, yo, con la pistola en la mano iz·
quierda y el machete desenYainado en la derecha, y tras de mi, armados con carabinas, reatas, puñales
y machetes, doce lf&amp;mbres de los mejores tepiquei'íos de Corona .... LJc;-gamos al mezquite. Silbidos de
culebras . . . . sombras que se agitan, cuchicheos : ... Nos dejan pasar los puestos avanzados .... y henos
rumbo á Lomas Prietas, donde el campamento francés duerme más tranquilo que nunca .. . .
Pasamos frente al primer centinela, quien, sin un grito, cayó de una buena puñalada .... ¡adelante! .. . ,
Otro ..• . Y ese si gritó, pero rodó de un culatazo .... Un minuto después, frente á los fuegos del vivac francés, llegamos ocultos por una loma y caímos como un rayo .... ¡Quó refriega! y entonces vi que
el más terrible en batirse contra la guardia que nos hacia fuego en dosorden, e1'a el Oficial Ayudaute.
Atroz fué la mortandad .... pero los valientes francescs-¡oh! hay que confesaTlo! al fin se rehicieron á retaguardia, guareciéndose tras otra loma.
Retrocedimos batiéndonos en retirada, cargados de botln .. , . ¡Ay! el polaco quedó tendido de un
balazo en el ct·ímeo, y el cAd,wer del traidor suriano, literalmente acribilla.do, fué conducido por los
nuestros al campamento donde todos ignoraron su traición .... ¿para qu6 deshonrar su memori!l, si habla muerto dándonos un triunfo espléndido, bien que no fuera sino instrumeuto de a.que! sombrío doctor polaco, cuyo nombre verdadero nadie supo en México ... .

,.

llEttlBERTO

FRÍAS.

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.l . . . •

NóM. 10

:

$ANTA BÁRBARA,- PAl.MA EL VlEJO. -YENE Zl¡\,

�REVISTA l\lODERNA.

CUENTO DE ABRIL.
A Don J csús E. Luj,\n,

IGNON, escucha:
Una vez la reina Mab convocó á los genios de los prados-era en el buen tiem·
po en que los pájaros se aparean, macho y hembrita, para gozat· sus nupcias de
primavera: era el buen tiempo en que voz de tórtola se ha oído on nuestra región,
como en el Cántico de los Cánticos;-el tiempo de la canción era venido y la rei·
na Mab envió sus heraldos flordelisados á ordenar á los silfos y á los gnomos que
llevaran A su palacio encantado las llores más preciosas, las gemas do cuna más
ilttstre y más joyantes para aderezar su tocado, pues que la reina Mab languidecía de amor.
Los "'nomos pequeñuelos, enanos, semejantes á nibelungos, con caperuza encarnada, ojos malignos,
barba Ju:nga. y nariz de ave raptatora, con su jubón gris y su calzón corto, con sus calzas de Mephisto
y su pipa bohemia., trajeron divinas flores de piedras preciosas trabajadas por lapidarios invisibles: rosas
simbólicas de una flora extraña, cuyos pétalos eran jacintos y zafiro~, cuyos pistilos oran sardónicas y
berilos, cuyos cálices eran ágatas y calcedonias, cuyos estambres eran crisoprasos y sardios, cuyos sé·
palos eran crisólitos y esmeraldas.
Los gnomos, atropellándose por alhajará la r~ina l\lah, calan de vientre y se l_evantaban derrenga•
dos ó saltaban en un pie como las zancudas, ó teJlan rondas en torno de ella, mientras ella ponía las
ros~s de gemas purísimas y aguas semivivas sobre sus cabellos de Berenice, sobre sus orejas pequeñas
de lóbulos encendidos, sobre su cuello desmayado de hebrea Noeml, sobre sus hombros marmóreos y nutridos de Cleopatra, cual broches siderales de su real clámide impalpa~le, sobre la c~njunción y arr~nque de sus dos pechos culminantes y cupulados, sobre sus dedos gráciles y blanqu[s1_mos,_ sol¡re su cm·
tura que podrla caber en una ,;arreticra ele Venus .... Pero los gnomos huyero_~ cab1zb11Jo~, ~o~·q_uo la
reina Mab desprendió las rosas maravillosas de su cuerpo lttmlneo y las esparc10 como lluvia 1nd1scente sobro el tapiz pérsico de los musgos grumaclos de rocío. .
.
.
Vinieron entonces los silfos senHljantes á risueños amorcillos desnudos, de cbtu·neos carrillos rcdon·
ele morbideces
d os como los de los C(•firos que mecen á las llores y á. las nubes, .de. manos hoyueladas,
·
d
ue harian el deleite de un sádico; vinieron los silfos de alas lep1dopteras y traJeron abraza as, entre
;us pequeños brazos, peonias y stellarias, convólvulus y gloxinias, hya._cint~rns y cala.dios, orquídeas y
lemátides Ja.s flores más raras y más preciosas robadas al a.Iba en los Jardmes y verandahs, nympheas
e hellianth'us tronchados A flor de agua en los lagos, beleños y cactus arrancados á. las grietas de los
y eñascale~, y cubrieron con ellas los pequeños pies de la diosa que parecía 1''lora emergiendo de un bú·
~aro de rosas; pero la reina, que babia sonreido al mirarse ceñida de flores, empenachada de llore~, s~spiró y las deshojó pensativa, y los pétalos cayeron en lluvia de alas de libélula y constelaron su clam1de
transparente enhebrada de haces de sol.
.
..
, .
.
.
Entonces oyóse una música melodiosa de gorJear de paJaros, una mus1ca deleitosa. que hubiera
arrobado á Stephen Heller, que parecia escapada del clavicordio de Boecherini y se esparcía por los bue·
uecillos de los ribazos, poi· los resonantes alcores eu busca de la ninfa Eco: era una parvada de syrin·
;as y plagiaulos asidos á los labios de pequei'íos fa~nos salvaje~, que sem~oc~ltos en una nube de polvo
dorado al sol, flnglan la irrnpción de un hato capnno, pero que al despeJ11r a plena luz mostraron sus
rostros aún imberbes, sonrosados y picarescos y sus pitones tiernos de corzo joven. La polifonía de su
música áulica. no era ritma.da, pero como la música de las ave~, era de una vaguedad embelesadora y
hacia soñar á la reina l\lab en deliquios de amor ... ,
«·Oh reina de los sueños!-meciala el canto-soy el alma silvana de H éllade pastoral, soy el idilio
bióni~o, el que tus poetas brumoso9, desde Ossian á Shelley, no sintieron, sino soñaron! .... Soy el aroma
panida que el Nasson aspiró con su intensa avidez de placeres, y que el mo_ribundo ~yron so~amente be•
bió en un efímero hálito desde la prora de su nave! .... Soy la alegria, la siempre mua alegna, la locue·
la danzal'ina de cosquillsaqte hoca ávida. de besar, que enjoya los deditos nacarados de sus pies desnu-

155

dos en el arroyuelo borbollante mientras pesca conchuelas menos encendidas que sus mejillas de duraz ·
no! .... Si c¡uieres amar, vé á los ciLrmenes 1lichosos en que el verso es llol', en que la cigarra vive do
rocío y de luz de sol, y es vibrante élitro siempre sonoro do la eterna poesía bucólica! ... .
Y el &lt;&gt;11suelio ele la música purísima ele los caramillos se mecla en el viento, encarnando la poesía
de las cosas vil·ientes en el alma de las flautas, y la reina de los sueños languidecía ele amor porque la
primavera iba á su so'.edad y la primavera era su hermana, su so1·0Jlina innamorata, pasionante como ella
de algo más alto que llenara ni vacío de su corazón! .... La música de las syriugas también pasó en un
vuelo; también los pequeños faunos capricornios se dispersaron dando cabriolas, porque la reina l\Iab
oía sin oír la canción alada, oía sin oír el murmurio de agua corriente de las notas y escuchaba otra mú·
sica. sin nombre, la música de los sueños sum:sos á. su imperio, que la arrullaba en un vaivén de hamaca
celeste prendida:\ un cuernecillo de Bebe y;\. una estrella ele la Lyra .... Y t:quella música sin nombre
musitaba. en su alma una balada plañider11, mesta, como el surcar ele las palomas torcaces, y la canción
ora de a.mor .... y la flébil canción era de amor ... .
Y oye, bella l\Iignon, lo que pasó. Un paje rubio y liutlo - el pajll Abril - ¡,idió permiso para besar
los pies ele la hechicera l\fab, y no bien ella son riendo lo besaba en la boca - tan gracioso y gallardo
ora! con sus crenchas bloncllsimas y crespas, su truza y medias de. seda lila, manos sensuales, ojos dor•
mido~, boca pequeñita como botón de flor! - el mozo, dechado ele zalema y gracia, la dijo:
-Reina! mi selior el principo l\Iayo, que so halla á las puertas, to envla este joyel en prenda de amor,
~- desea, rendido de pasión, besar tu boca y dormir en tus brazos ....
- Y acaso tu seño1· es más bello que tú? ....
- 1\Ii príncipe i\fayo es hermoso como Lohengrln y Morsa mor! Las dos sangrns generosas de los hé•
roes de ensnefio parecen florecer en sus ojos azules y en sus cabellos brunos, en su perfil nazareno y en
su altivez latina ! llli señor es el dios de amor, pues que cuando él llega sube la savia, bulle la sangro
embravecida y riega los corazones én pasión y deleite!. ... El imperio de mi seño1· no tiene murallas ni
fronteras! .... Sus siervos son la vida, la juventud, la ftllicidad, el amor! .... Todo lo que florece y es·
plrndr, lo que vibra y se expande, lo que riega dones generoso y fuerte; la vida ebria de salud y poder;
1·ua11to sueña, cuanto vuela, cuanto se encumbra y magnifica está presto al poderlo de l\Iayo que despier•
ta fioros y encienrle hmacanes de pasión, que hace germinar los bienes fecundos de la esperanza y del
:imor!
-Bienvenido! Amor! Alma del ciclo! - cla1J1ó la. enamorada l\fab cuya voz era más hechicera que
las Ha utas, cuya tPz era más suave que las rosas. - Vé, paje mio, puesto que eres su paje, vé y procla•
ma que soy suya porque es mi rey y mi iios y mi amor!. ... Que los prados sean estrellados de flores y
los cielos florecidos do estrellas! .... que las nubes empavesadas boguen y traigan á las sílfides y las ha•
das á presenciar mis reales bodas! .... que las ondinas y las sirenas hiendan las espumas con sus aletas
de pedreria y sus bifurcadas colas de delfín! .... que las amad riadas de cabelleras verdes como crisóli•
tos hechos guedeja•, surjan de los bosques al conjuro de Pan!. ... que las ninfas broten como flores de
c11r11e de los alcores y los boscajes, y vengan danzando en ronda de amor á ceñir como diadema de rosas \'ivas el lecho en que yacerá en mis brazos mi bienamado !
Y cuentan que desde entonces, desde que el paje Abril corrió gozoso á llevará su señor la buena
nue\'11 , á su paso brotaron las yemas do los ramajes, se constelaron los musgos de flores micropétalas,
los céfiros mecieron blandamente á las nubes, la luz sonrió en el cielo brumoso que era imperio de l\fab
~- la esperanza en los corazones apasionados de soñar . ... Y cuando l\Iayo imperator entró á banderas
,le~plegadas por el arco de triunfo de Oriente ....
Poro, aunque yo quisiera contar las bodas de i\íayo y l\Iab, este es solamente, linda i\Iignon, el cuento dll Abril ....
1!)0 l.

fü·¡¡f;N l\1. CAl\IPOS.

AL ESCLAVO ESCANCIADO!\.
C.ATULO.
OD.t X.\ T/1.

Esclavo, que 1"11.lurno aiiejo ~irve~,
\ 'en y escancia en mi copa el más amargo,
Cumpliendo de Postumia, que es más ebria
Que el gnno de las uvas, los maudatos.
Linfas que sois la perdición del vino
ld d~l austero ii. refrescar los vaso~;
Beber el vino puro
Xos !lCOJISE'ja Baco.
1TOAQtrf~ V. CASASÚ:,,

�REVISTA MODERNA.

J·RvtLAS' :Jol'

LA l'?[;VIGT A MoD[;rQNA
ou~

I-IA oRG-ANIZADo

rn

iNviTA Á UD· AL ~[~TiVAL ARTÍSTÍC?o

1-ioMrnAJ~ Á DoN RAMóN DE CAMPoAMoR.

MAYo 3 Db 190!

FROGRA:MA.
D. Ramón de Campoamor,

I.-A. En Réve ................................. .. ..............
B. Le Cíe! sourit aux roses .... . .............................
Canto, Sr. Luis Goda1·d.
]I.-Impresión literaria .........................................
lII. - :Mefistofele... . ............ . ................ ....... ..........
Canto, Sr. Lic . .Jo.si! B. Xava.

G. Campa.
Schumann.

1V.-Campoamor Intimo.. . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . ..............
\'.-A. Solitude de Sapho .........•..............................
R Fleur d'Automme. .. ... . . . . . ........................ . ..
C. Canzonetta... . . . . . . . . . . . . . . . . ...........................
rioloncello, Sr. Arturo Espinosa.

Sr. Francisco A. dti Tcaza.
i'll11ssenet.
Popper.
Phaladhilc.

Sr. Luis G Urhina.
Bono.

\'J.- Recitación: • Los Amores de una Sant11,• de Campoamor.. ..... Sr. Luis Quintanilla.
vrr.-Vision fugitiva..... . . . . . . . . . . . . . . . . . ....................... i'llassenet.
Canto, Sr. r:ustaro Mm·tln cz
ynr.-Poesia .. . ... ..... ............................... .... ..... Sr. Balbino Dávalos.
IX.-Guaran~·, balada..... ......... ... . .. . ...................... Gómez.
Sra. Virginia r:alvdn de Xava.
X. -Discurso ..................... ............. .................. Sr. V. Salado Alvarez.
XL - Dúo de •La Bohemia • ....... .. .............................. Puccini.
S,·a. Virginia r:alvún de Xava y S1·. Lic. José B. Navt.1,.

Xrr.-I. Andante .................................................. Rubinstein.

II.

F1XAL.

A CAMPOAMOR.

Dolientes mis coplas lloren
La muel'te del gran poeta
Campoamor,
Y al Arte consuelo imploren
Contra esta nueva saeta
Del dolor.

El que grabó en las brillantes
Facetas de un par de versos,
Con humor,
Las dichas agonizantes
Bajo los golpes adn•rsos
Del amor;

De las cuerdas enlutadas
Que gimen tristes y sord11s
Al vibrar,
Broten las quPjas ahogadas
Que tú, Juventud, desbordas
De pesar.

l~I que 1Iendo lloraba.
El que cantando gemía
Sin doblez,
Aunque la hiel que ocultaba
Furtirnmente vertia
Cada vez;

Tu poeta, el más humano
Cantor de las emociones
Que te agitan,
1::1 que enhebró con su mano
Estrofas de corazones
Que palpitan;

Tu poeta, el más profundo
Cantor de tu grey dorada,
Juventud,
,\bandonó ya este mundo,
Aun joven en su avanzada
Senectud.

El que dió forma á tus sueños,
Persiguiendo las más Yagas
Fantasías,
Y descubrió los risueños
Ardides con que propagas
Tus falsias;

¡Cuántas veces, en las horas
Que al vivir parece largo,
Campoamor,
~Ie quitaron tus doloras
Con su miel más de un:amargo
Sinsabor!

TRIO Op. 16 Nº. l.
Sr. Julio :lluiron, piano; Sr. Arturo Aguirre, viollo; 8,· Arturo E~pinosa, violoneello.

ló7

�158

REVISTA .MODERNA.
¡Cuántas más, en los anhelo11
Del juvenil arrebato
Comprendl
Que dabas ardor y vuelos
A más de un ensneiio grato
Para mi!

Y halago para el oído,
Y talismán para el alma
Sor.adora,
En el corazón herido
Diseminaban su calm:t
Bienhechora.

Y cuántafi, alegre ó tristr,

Sin ilusión ó soñando
Dulcemente,
A eudir á ti me viste,
Las claras aguas buscando
De tu fuente.

¡Ah! la traición, la mentirn,
La envidia de gente necia
Que te infama,
De;:ongan presto su ira,
Que el almo Dios de la Grecia
Te reclama!

Porque de ti, la poesía
Brotó sin pompa ni aliiio
De ocasión,
Lo mismo que brotarla
J)el alma blanca de un nit1o
La oración.

La admiración franca y viva
Le,·ante para tu gloria
Pedestal
Donde eternice la oliva
Tu fresca Inspiración doria,
Ya inmortal!

Tus quejas, engalanadas
Con dulces rimas por fleco11,
Repartlan
Ayel', risas y humoradas
Que los más lejanos ecos
Repetían.

Sigan doquiera sonando
Tus cantos, tan parecidos
Y diversos,
Eternamente halagando
Los ju,·eniles oídos
Con sus versos.

A tu perspicacia aguda
La vida fué un engañoso
Carnaval,
Donde el filósofo:duda
8i alguna vez es dichoso
El mortal.

Sigue en las almas vertiendo
Tu escepticismo inseguro
De creyente,
Que en el mundanal estruendo
Te dió fü-meza de duro
Combatiente.

Las bandadas de tus verso11,
Con retóricas vulgares
Siempre en guerrn,
Jban, pájaros dispersos,
Hacia todos los lugares
De la tierra.

Y al diapasón de tu estro
Que en la pena y la alegria
Fue jovial,
Hoy que te honramos, maestro,
Extlngase la elegía
Y surja el himno triunfal!
BALBISO

DÁ VA LOS.

UNA OBSESION.
l'A•u JKSÚS URUETA,

~N U:\' pequeiío mueble Luis XV, comprado por mi últirnamentP, encontn\ Pn el fondo de
un cajón, la carta que aquí se lee:

•Querido amigo:
Lo que te escribo va á extraiíarte profundamente; pero no tienes una idea del estado de excitación y de pesar en que me encuentro. Tú, el mejor compañero de otros
dias, el que conoció todas mis dichas y todas mis angustias, eres el único que puede oir
y t'onsolar mi desolación. Ven, ven á vivir al lado mio. á ser el compañero de otros tiemJ ~ pos; sólo que ahora ni reiré, ni seré el bullícioso endemoniado de entonces .... Ven, amigo mio, pues temo por mi pobre razón harto sacudida ya!
Debes recordar que poco tiempo después de haber tú dejado la vida de alboroto y desorden que
juntos arrastráramos tanto tiempo, para, sabiamente, encerrarte en un retiro de paz y labor, te escribi
diciéndote:
• Amigo, al fin encontró lo que necesitaba: la criatura sumisa y tranquila á cuyo lado refugiarme, el
sér hecho para el amor, tolerante con mis caprichos, humilde á mis deseos, y que va, desde hoy, á ser
mi compañera. Te hablaba de ella, de su rostro apacible, de su mirada serena y acogedora, de sus cabe•
llos abriéndose en la mitad de la frente y descendiendo rectos sobre las sienes, como los de una virgen
Pre rnfaelista. Te ex ponla el caso de conciencia en que me hallaba, pues siendo ella una criatura honesta, el deher me exigía darle mi nombre, cuando mis convicciones, ó por mejor decirlo, mis estúpidas
preocupaciones se oponían á todo lazo oficial y definitivo. Sabia bien que ella no deseaba sino obede·
cerme; su madre, su casa, todo estaba pronto á sacrificar á mi menor deseo; con el mismo gusto, qué digo, con el mismo entusiasmo hubiera salido para la iglesia que para el peor de los lugares por mi designado. En su pobre vida de mujer yo era el esperado, el amo indiscutible, el Bienvenido que la mujer
aguarda pronta á entregarse. Con mi habitual egoísmo y abandone.', me dije: •ya habrá tiempo• y )a hice mía.
~Iurió su madre y hube de traerla A vivir conmigo sin pensar en darle estado, preocupado solamente del encanto que de todo su pequeño sér emanabn.
Tú M puedes figurarte los dos años de entera, de completa felicidad que A su lado he pasado. Yo
nunca creí en la felicidad, no creí que un hombre algo refinado pudiera sin gran esfuerzo soportar durante dos años las mismas caricias, las mismas facciones y las mismas cosas. Pues bien, yo, el mismo escéptico egolsta que tú conociste, ho sido f11liz al lado de esa mujer; feliz como sólo puede serlo un hom•
hre destinado á pagarlo inmensamente cnro, tal como ahora me pasa; cada día que se '"ª• cada. hora que
\'UCla, lamento más esos dos años y los deseo con más intensidad; he quedado herido para siempre, he
quedado tal como debe haber quedado Adán después de su expulsión del Parafso.
Durante los dos años que de ,·ida tu,·o mi pasión, nunca pel\,Sé engañarla; no te asombres, pues no
la c(Jnociste; jamAs tuvo dos veces el mismo beso ni repitió la misma caricia; jamás de sus pequeños labios salieron frases vulgares; engendraba todas las seducciones y las bondades todas; era indulgente, y
tú sabes que cuando más deseo se tiene de eugaiíar, cuando el demonio de la pel'versidad se aguza más,
es cuaudo se ven contrariedades é inoportunos celos. En ella, si bien á la hora dada brotaron terribles
como los de la verdadera enamorada, mientras no supo, mientras no hubo quien viniera y dt!stilara las
&lt;ludas en su conciencia, jamás pasó por su mente la idea de que yo pudiera ser falso; yo era para ella
todo lo grande y todo lo hermoso, como elln era para mi todo lo adorable.
Te acuerdas de Carlos X? A él 1 sólo fl el debo mi desgracia; él, la mano negra que se oculta en la11
sombras y hiere para siempre; él, el falso amigo creado para pica1· como la vlbora, mortal y traidoramente; él, el miserable Yago entrado en mi casa para atormentar, para emponzoilar y hacer la noche eu
nuestra felicidad. Tú sabes que lo busquó para provocarlo en un duelo, en el que todavía tuvo la suel'•
te de herirme 1 él á quien debiera aniquilar tan sólo con la fueru de mi odio!

�106

REVISTA M1JDERNA.

Un dia, al llegar, encontré á Julia toda en llanto; mi asombro, tú puedes imaginarte cuAI fué cuando á mis caricias sólo contestó con reproches. Yo quise saber, lo exigl. ... y supe. El miserable!. ... el
que diariamente se sentaba á mi mesa sonriendo, le habla hablado de mi, de mi pasado, de las mujeres
que yo habla tenido y de todo cuanto yo habla hecho; habla citado fechas, dado pruebas; babia añadido
que mi intención era hacer lo mismo con ella; si no me babia casado, si hasta entonces le habla negado
mi nombre, era para impunemente pode1· abandonarla una vez cansado de ella. La pobre criatura. a.dor11da, se sacudía de dolor cuando entre sollozo y sollozo murmuraba esta declaración.
En \'ano intenté consolarla. Después de las lágrimas vinieron los reproches coléricos; en ella se despertó la rabia de la. mujer que confiada hasta entonces se ve engañada totalmente. Yo no era lo que ella
creía ni lo que ella amaba; vino el despecho que quiere herir, \'engarse, y un nuevo sér se reveló ante mi;
el débfl, el sumiso, el bondadoso, se tornaha en la leona iracunda que sólo quiere arañar y destruir.
• Te casarás conmigo- decía-yo no seré como las otras, no, á mi no me engañarás, oh, no, á mi no! Te
casarA8! te cnsará~!• y este grito brotaba constnntemente de su ir11, como ln espuma del agua que se agita.
En su mirada encendida habin rencor, había 1le~precio, y mi orgullo, mi orgullo estúpido de hombre se levantó contra lo que m.is amab11, contra lo que sentía amar aún en ese momento en que la desconocia. •¿Casarme? y quién podrft oblignrme? acaso tú, que has venido por tu gusto?,
A mis palabras siguió un rato de silencio; la vi asombrada á su vez de ver levantarse una cólera contra la suya, una fuerza contra la que ella creía tener P.n ese momento. Luego, después de brcYe pausa
y de dar unos pasos sin dirección, fué á la mesa de noche que á su lado tenla, y empuñando el revólver
contra mi, rlamaba maquinalmente: Te cas1trá~, te casarás, yo ....
Me rel, hice un esfuerzo para arrojarle mi ironía, y pálid1t, sin decir una palabra, volvió el cañón
contra su frente. Ue miró un instante con una mirada que nunca más he podido olvidar, con una mirada indescriptible que me persigue en la sombra de las noches y me atormenta en los malos sueños. Babia en la expresión de esa mirada decisión, rPproches, pero reproches llenos todavía de amor .... Yo no
di un paso, no hice un gesto, no levanté el brazo para detenerla; al contrario, curioso, con curiosidad
pen-ersa, aguardaba, y aun parecla desafiarla con mi actitud.
Una detonacióo, y yo me precipito á tiempo aún para recibirla en mis brazos ... una última conYulsión, luego nada, un borbotón de sangre cubriendo su rostro, bañándola toda:
Quién podrá exactamente describir y analizar todo lo que yo sentí en esa noche al velar á la que
tanto habla amado, á la que claro sen tia amar más y más ahora que no exis tia. Sólo tengo vagos recuerdos. Su cuerpo, las lineas de su perfecto cuerpo se destacaban sobre la negrura del tapiz fúnebre extendido sobre el lecho bajo de ella. La blancura de sus manos, la lividez cadavérica de su rostro, resal•
taban vi\•amente sobre el negro como los marfiles de una laca. Lll herida de la frente había sido vendada y sólo un pequeño punto rojo manchaba la seda que la cm·olvla; rns cabellos sueltos le sen-ian de a!mohada. En sus pequeños labios, antes tan risueiío~, nido ele caricias y ahora fríos, insensibles como los
de un mAnnol, habla un ligero plil'gue doloroso. Los párpados cerrados apartaban para siempre do mi
su mirada. Luego, no recuerdo mAs .... Ráfagas de aire entrando para mecer la luz de los cirio~, ha•
ciendo pasar resplandores amarillos por el rostro de la mue1 la. Xotas qu&lt;'jumbrosas é irónica.mente alegres de organillos, aletear de moscas y los toques de las horas sucediéndos&lt;', resonando bruscos, pesado@, inexorables, en el silencio lle la nochr, y muchos pensamientos, mucho dar vuelta en mi cabeza á
ideas y recuerdos.
Yo revh·la las escenas y las caricias de esos dos años, y la nla, la vela invariable, impasible, hundida en las profundidades de su sueño de muerte; tomaba. su mano fria, la llamaba, no pudiendo, no queriendo admitir que estuviera muerta Muerta, y por qué? qué habla hecho y qué hablamos hecho? Ella
continu1tba impasible y la seriedad de su rostro me decía todo lo que nos separaba: estaba muy IPjos! yo
no existía más para ella! Aquella desaparición, el pensar en la soledad del dla siguiente y lo definitivo
rle su muerte me ponl11n r11hioso, desesperado contra mi impotencia y la fuerza del que crea seres para
aniquilarlos con tanta. facilidad.
P,msaba en mi culpa, en mi críminal orgullo. Un movimiento, una palahra, una súplica, hubieran
bastado pa1•4 que ella estu,·icra viva, prodigándome sus caricias y murmurando á mi oldo sus palabras
amantes .... Yolvla á verla .... el mismo pliegue en su rostro, los ojos siempre cerrados, los cirios prestándole luminosos resplandores y bronceando los largos hilos de su cabellera suelta.
i\Ie arrepentía, me odiaba, y todo era. en vano; ninguna, absolutamente ninguna fuerza darla dulzurA á sus sonrisas ni brillo á sus ojos. Los días se sucederlan á. loR dias y era. en vano esperarla. Los
hombres continuarían los mismos hechos, los mismos gestos, las mismas palabras, nada ni nadie cambiarla, y ella, ella que debiera agitarse y moverbe como los dPmás, quedaba sumergida para siempre bajo la tierra, y todo por no haberla hablado, por no haberla detenido. Para mí, la constante desolación.
Para ella. .. . . ?
La vi salir y no tuve fuerzas para acJmpañ1trla; manos extrañas cerraron para siempre su nueva
morada; las últimas palabras que le fuel'On dirigidas, salierc,n de labios que jamás la hablan besado; yo
quedé aturdido, anonadado, como se queda después de las grandes catAstrofos.
Cuando resignado ante lo irremediahle do su muerte, comencé la larga peregrinación, la espantosa
revista de los objetos y las menudencias que ella habla escogido y en cuya familiaridad viviera, comen·
zó ese largo via- crncls de la reconstrucción, detalle por detalle, de mi antel'ior felicida1. Todo me la recordaba, en todo la encontraba, y todo estaba lleno todavla. de su presencia.. Los espejos no olvidaban

REVISTA MODERNA.

161

su imagen, los guantes no perdían aún el molde ~e sus manos, babia almohadas que conservaban el
hueco formado por su cabeza, y la mancha., la fatal mancha de un rojo n&lt;&gt;.gruzco, se me presentaba. á ca.tia momento resucitando la escena
·
No pudiendo resistirá todo esto, abandoné la casa donde juntos conociéramos tantas \·enturas y
donde tan amargos ratos pasaba á solas. Comenzaron días largos, tediosos, de continuo errar y huir de
su recuerdo como un ingrato; los días en que se lucha por no vol\'er al relicario donde se esconde su
memoria y donde su imagen flota.. Llegaba hasta la casa, miraba las puertas cerradas, los balcones va·
cios, todo diciendo el abandono y la muerte, y sintiéndome débil, iba y bebia hasta embotar mi dolor;
pero ent'lnces la visión de su cuerpo al caer en mis brazos, la expresión, oh! esa expresión de amoroso
rl'proche salida de sus ojos al d!'jllr la vida, la sangre cubriendo su cucrpt', me atormentaban, apareciéndome como la más espantosa de las pesadillas.
Después de algún tiempo, ,·olví decidido á trabajar sin descanso. !'asé inclinado sobre la mesa muchos dlas y muchas nochrs, lh-n:111llo nerviosamente bojas y hojas, 1¡ucriendo con el cansancio y las ideas
ficticias substraenne á mi plln3amiento. Con frecuencia las mismas palabras que yo escribía, toca•
ban, despcrtahan mi herida, y con frecuencia, oh·idando por un momento, me voh·la buscándola á mi
lado como lo hacia cuando rlla me acompañaba :l trah11j11r; ai no rncontrarla, botaba la pluma, quedando más hundido todavía en mi dolor.
Pero es al liegar 11qul cu11n,Jo comir11z11 lo más nrgro, lo '111", siempre &lt;&gt;.goi~ta, me preocupa más de
10110 este drama. No te rías.
Una nochr, despué,1 de varias ho ras de trabajo, bcnli uu ligero ruido t1·as du mi; como estaba bastantJ nervioso, me vold bruscament.-; excuso decirte que nada encontré. Seguí trabajando algo preocupado ya y desconfiando de las sombras que abundaban fuera del radio luminoso de mi lámpara; poco rato
,tespués sentl ó creí sentir un ligero toque en el hombro; quedé frlo, pensando en que ella me advertía
as! cuando quería interrumpir mi t ·ahajn, y sentí una ansiedad terriblr; no me atreví á volver el rostro,
no respiraba casi, temeroso de encontrar algo tras de mi. D~spnés de un rato de lucha volví al fin la ca•
ra con lentitud, haciendo rui ,lo y e~fuerzos .. .. nada! sólo las medias sombras y el brillo dorado de las
encuadernaciones. Respiré larg11ment&lt;•, sintiendo consuelo; pero temiendo aitn, dejé la pluma y sin vol •
1·erme más, sintiendo frío en la frente, ful directamente á mi cama.
Inútil es decirte que no pude dormir un momento; el menor rnido, el toque de las horas, el crujir de
un mueble, el paso de un rntón, todo me producía sudores fríos y sobresaltos á pesar de cuanto razonamiento juicioso me hacia.
Pero des1e entonces, amigo mio, siempre es lo mismo; todo me sobresalt,t, trabajo siempre con el oi•
de alerta, queriendo sorprcnder cada ruido. En una plllabra, tengo miedo, miedo dt1 la pobre suicida á
quien tanto amé. Tengo miedo de que vuelva, mie_do, sobre todo, de la expresión de su última mirada,
que nunca puedo ni podré olvidar. No estoy loco, no, pero la siento errando invisible á mi alrededor, y
tengo miedo, miedo de ella; pero de tal manera, que nunca. ni por nada lllfl hubiera atrevido á escribir
esto de noche, temeroso de sentir el golpe én el homhro ó s us pasos avanzando silenciosos con precaución: tengo miedo!
Tengo miedo, si, y de ella; ven, vo:1n y libram:i de este pavo r, de esta constante insoportable anguslia. Sintiendo alguien á mi lado, me sen tiró fuerte. Ifo pensarlo en casarme, en traerá mi lado algo que
me escude de ell11; pero no, sentirla celo~, y n11nc11 porlrla bcs1tr ni estrechar á mi mujer, sin sentirla invisible entre nosotros- dos.
No es que haya dP.jado de que1·erla., no; la amo y la deseo como nunc:i, pues mis dlas no serian tan
negros estando ella á mi lado. Pero tú lo Yas; la amé mucho, me amó mucho, fui muy feliz y ahora es
preciso que pague con el peor de los castigos: temiéndola, queriendo refugiarme contra ella.
Lo ve,! ahora mismo al escribirte, el sonido quejumbroso de una puerta al ser empujada por el
viento .... (es por el viento?¡ me ha hecho' estremecer y enfriarse mi frente sin que pueda atreverme li
,·olver el rostro.
T.ingo miedo! Ttmgo miedo! ven, amigo mio, \·en, ó no sé lo que será de mi

BERXAI:DO

COUTO CASTILLO.

�163

REVISTA .MODERNA.

m
Yo unía en mis tli~cursos con cliau1autina sarta
al aticismo Iieleno, la sobriedad de Esparta
~- así recto era el juicio, sabroso era el conceto;
Juntábanse en mis actos Platón y Alcibiades
y siendo bello y grave tenían mis verdades
con amargor de prédicas almfbar del Himelo.

IV
¿Por qué siguió al Olimpo del Gólgota iufccundo
la soledad, y en rapto de amores imprevisto
las razas· empuñaron el lábaro de Cristo
que trajo las tristezas al júbilo del mundo?
¡Qué mal le habla hecho la vida á ese iracundo
demoledor! Dionysos amable, hubieras visto
la sangre de tus twas en el brebaje.misto
del cáliz, y sus hojas servir de pudibundo
Fajero "á las estatuas ollmpicas! En vano
radió en defensa tuya la espada de Juliano,
la humanidad trocaba su primogenitura
Por las lentejas .. . . ó por la ' gloria que se abria
y yo, ateniense, el sello mostraba en mi tonsura
ele! Nazareno, ¡Padre de la melancolía!
F.n Roma, Enero de HJO l.
A~1Ano

N1&lt;:1tvo.

EL FENDULO.

I
Nemcoi~, vil'ja loba, conozco tus desmaucs,
tus dientes han mordido mis carnes de granito,
11acl con la sonrisa del divo Aristofanes
" Tú la hiciste mueca del pálido Heraclito.
• Yo tuve un culto en Delphos;deluzeran mis manea
hoy negros; era fácil el hoy tedioso rito;
por U me son hostiles mis padres los titanes
y no hay un sitio para mi risa en lo infinito.
Ayer me tuteaban los Dioses soberanos
y yo tiraba besos a Zeus á ~os manos,
bebiendo el vino dórico de mi lagar, mas luego
surgió cual monje estéril el dogma que me aflige
y el diáfano Pontífice Máximo que rige
la Iglesia, uncióme al culto del místico borrego.

JI
Ayer apet~a~ _cuánto fulgor en el paisaje,
qué suave desposorio de mitos y de vida!
atado iba coú~cinta de lino el gran follaje
de mis cabellos rubios, y mis áureas cnemidas
Al sol ardian; _era la túnica mi traje,
la túnica que deja contemplar las mullida:1
pan tonillas cubiertas por un vello de encaje,
jleda y cosquilla al beso de tod1\8 las armidaa,

Nadie notó ele pronto la casa abandonada y algún tiempo siguieron Yivicnclo como si nada hubi11ra sucedido. Primero que nadie, enmuclc::ió el grillo invisible desde que la última brasa se extinguió eu
la chimenea.
Luego la única gallina que vagaba en l!l corral subió la escalera, picoteó la puerta cerrada, tC'ndió
el cuello hacia la ventana y como los desperdicios cuolidianos no caían, se salió.
E l gato se cansó de ronronear, acurrucado inútilmente para sentir en su dorso la enjuta mano qu11
tan bien conocía. Olfateó el piso, maulló con despecho, araiíó las sillas y por el granero se escapó.
Una noche las ratas, tras de roer el último mendrugo del cofre, destaparon el azucarero vacío y
no volvieron más.
Las arañas encogidas no esperaban para hilar sus telas mils que el silencio, pues un rnmor regular lo turbaba aún.
Pero bruscamente el péndulo se detuvo. No se había parado poco á poco, sus tic-tac debilitándose
hasta el tic- tac supremo: dejaba ele andar como un;i persona herida en pie y que no se crela enferma.
El corazón de la casa no latía ya.
Las gentes de la aldea vecina empujaron la puerta y ll!rnntaron del suelo á la viPja Maria Teresa
caitla boca abajo, y muerta iL solas, sin prevenir.
JuLKS

(Trad. de ,Revista Moderna•).

RENARD.

�REVISTA MODERNA.

DEL LIBRO ('EN RADE."
Era un inmenso desierto de vcso seco mas allá de todo limite, que hui a indefinidamente de la vista,
un Sahara de lechada endurecid;, en cuyo centro se levantaba un monte circular, gitantesco, de flancos
agrios, agujereados como c~ponja~, micados con puntos rlcslum')J'antes como puntos de azúcar, de cresta de nieve dura, esculpida como una copa.
Separada de este monte por un valle cuyo sucio raso parcela amasado con lodo resecado de cerusa
y de creta, otra montaiía lanzaba :í. alturas prodigiosas una cima de estaiío semejante á. un embudo; dijérase de esta montaiía, repujada, inflarla de enormes gibas, que era una colosal ola, desmochada en la
extremidad, hervida al fuego de innumerables hornos y cuya globulosa ebullición, súbitamente comprimida, congelándose repentinamente hubiese quedado intacta.
-Sin duda, pensó Jacobo, estamos en pleno Océano de las Tempestades y estos dos monstruosos
cAlices tendidos hacia el cielo son las cúspides crateriformes de Copérqino y de Képler.
-No, no me he equi\·o ~ado de \"ia, dijo, contemplando la leche helada de aquella superficie casi pla·
na que solamente se volvía hinchada y granulosa cuando se iba del pie hacia la cima.
Con serena certidumbre se orientó: allá lejos, hacia el Sur, aquello que aparece vagamente, semejante á un gran golfo es el i\Iar de los Humores, y aquellos dos horribles chancros que guarnecen su entrada,
son á no dudar el Monte Gasscndi y el Agatarchites.-Y somiendo, pensó que después de todo era uu
slngularisimo país la Luna, donde no hay ni vapor, ni vegetación, ni tierra, ni agua, nada sino rocas y
corrientes de lava, nada sino circos estratificados y volcanes muertos, y luego, ¿por qué la astronomía
habla conse1Tado aquellos nombres inexactos, aquellos calificativos anticuados y extraños con que los
viejos astrólogos bautizaron aquellas series de llanuras y de montes?
Voh'iósc hacia su mujer, sentada é hipnotizada por aquella blancura y le explicó en pocas palabras
que serla imprudente a\·enturarse en el mediodla de aquel astro porque alll es donde se encuentra la
zona volcánica, la aglomcracióu dP. cráteres extinguidos, de sierras encajadas unas en otras, de cordilleras que casi se tocan y dejan apenas correr entre sus pies rugosas veredas que parecen talladas en lonjas calcáreas ó taladradas en masas de albayalde.
Ayudóla al fin á lernntarsr; ella lo escuchaba escrutando sus labios, comprendiendo sus palabras, pero no oyéndolaF, puesto que ningún medio atmosférico podía propagar el sonido en aquel planeta despro\'isto de aire¡ y volviendo la espalda al paisaje que contemplaban, tornaron i'1 subir al norte, costearon la
cadena de los Kárpatos, flanquearon el desfiladero del Aristarco, cuyos pitones se perfilaban erizados
como colas de cangrejo, dentellados como peines; avanzaban fácilmente, deslizándose más bien que andando sobre una especie de vidrio escarchado bajo el cual aparecían vagos helechos cristalizados cuyas
nervuras y relieves brillaban iguales á surcos de plata bruiíida. Imaginaba pasearse sobre bosques acamados, sobra arborizaciones laminadas extendidas, bajo un agua diáfana y firme.
Desembocaron en una nueva llanura, el mar de las Lluvias, y allí también, apostándose en una emi•
mencia, dominaron un pais11je ilimitado erizado de Alpes de yeso, encascarado por Etnas de sal, hinchado de tubérculos, ab,,tagado de kistes, escorificado como cagafierro.
Y de igual manera que en un plán estratégico, alturas inmensas, innumerables Chímborazos podian
barrer la llanura; el E'uler y el Pytheas, el Timocaris y el Arquímedes, el Autolyus y el Aristilo, y al Norte, casi en los confines del Mar del Frío, cerca del Golfo ele los Tri~, cuyos bordes rocallosos se incurvan
sobre el suelo liso, el ;\Ion te Plato lanzaba, formidable, la costra dislocada de las lavas, a Yarias leguas,
levantaba perchas de estuco y mástiles de mármol, descendlan rolles gigantescos de alabastros, precipi·
tábase en masa de rocas blancas agujereadas como madréporas, lucientes como fondos de criba.
Dijérase que todo aquello se iluminaba solo, la luz parcela irradiarse, subiendo del suelo, porque
arriba el firmamento estaba negro, de un negro intenso, absoluto, regado de astros que ardían por si
mismo@, en su sitio, sin derrama1· ningún fulgor.
En el fondo, el Aristilo asemejábase á una ciudad gótica, con sus pico@, los dientes al aire, cortando
con su sierra el basalto estrellado del cielo; y detrás y delante de esta ciudad superponlanse otras dos
ciudades, mezclando á la edad media de una Heildelberg la arquitectura morisca de una Granada, em·
brollando en un caos de países y ele siglos, minaretes y campaniles, agujas y flechas, troneras y alme·

165

nas, barbacanas y dombos, trinidad monstruosa de una metrópoli muerta, tallada en otro tiempo en una
montaña. de plata por los torrentes en ignición de un suelo.
Y abajo, todas aquellas ciudades se recortaban en somb:-as de un negro crudo, en sombras de dos
leguas de largo, y simulaban un montón de instrumentos de cirugla enormes, sierras colosales, bisturls
desmesurados, sondas hiperbólica·s, agujas monumentales, trépanos titánicos, ventosas ciclópeas, un estuche entero de cirujano para Atlas y Encelado vaciado desordenadam ente sobre un mantel blanco.
Jacobo y su mujer permanecían estúpidos, dudando de la lucidez de su vista. Se frotaron los ojos¡
pero apenas los tornaron á abrir los confundió la misma visión de una ciudad lavada en plata sobre un
fondo de noche y proyectando con los dibujos erizados de las sombras las exactas formas de instrumen·
tos tenebrosos, esparcidos, antes de una operación, sobre un lienzo blanco.
Luisa tomó el brazo de su marido, volvió á bajar á la llanura y ciando vuelta á la derecha aventuníronse en el valle que encajonan de un lado el Timocario y el Arquímides, y del otro los Apeninos cuyos picos, el Eratosthenis y el Huytens, elevan sus vientrns de bombones que se adelgazan poco á poco
y se terminan en cuellos de botellas, con los golletes destapados y rodeados ele cera blanca.
Es extraño, dijo Jacobo, hemos llegado al Pantano de la Podredumbre que ni es pantano ni huele
A nada. Es verdad que el Océano de las Tempestades está perfectamente seco y que el Mar de los Humores que debla aparecer graso como un lago de pus es simplemente un exorbitante plato de porcelana
grietada, rayada con cintas grises por las lavas.
Luisa abría las ventanillas de la nariz, husmeaba la falta de aire. No, ningún olor existla en aquel
Pantano de la Podredumbre. Ninguna exhalación de sulforo de calcio que ocultara la disolu~ión de una
carroña; ningún husmo de cadáver que se saponifica ó de sangre que se descompone, ningún osario, el
vaclo~ la nada, la negación del aroma y del ruido, la supresión de los sentidos del olfato y el oído. Y
Jacobo desprendía, en efecto, con la punta del pie, b'oques de piedra que descendían rodando como bo•
las de papel, sin producir ningún sonido.
Avanzaban con penoso impulso; aquel pantano cristalizado parecido á un lago tle sal, ondulaba, co·
mo descalabrado poi· una viruela g igante, acribillado de marcas rerlondas, tan grandes como esas fuen·
tes construidas en Versalles b11jo el reinado del Gran Rey; á trechos, ficticios arroyos zigzagueaban,
&lt;'stdados por la refracción de no se sabia qué, de hilos del gris violáceo de los yúdos; en algunos sitios,
:ipócrifos canales comunicaban falsos estanques que se teñian del rojo malsano de los bromos; en otro~,
heridas incurables levantaban rosadas veslculas en aquella carne de mineral pálido.
Jacobo consultaba un mapa que conservaba plegado en la bolsa de un vestido de fabricación ingle•
saque no recordaba haber llevado nunca. Aquel mapa, publicado en Gotha, bajo el cuidado de Julius
Po.irthes, le parecía de indiscutible claridad, con sus masas puntuadas, sus detalles en relieve, sus deno•
mi naciones latinas: Lacus l\fortis, Palus Putredinis, Oceanus Procelarum, tomados del viejo mapa Selenográfico deBeer y de l\'Iaedler, del que no ei·a al cabo m:\s que una copia reducida.
Veamos, se elijo, podemos elegir entre dos caminos. O bajar el estrecho formado por los bordes del
Mar tle la Serenidad y el cuello del l\fonte Hoo:n11s ó subir pot· el desfi ladero del Cáucaso hasta el linde
1lel L1go de los Sueño3 y volverá bajar, siguiendo las monta1ias del Taurus hasta el Jansen.
E-;te camino parecía ser el más fácil y el más ancho, pero alargaba millares de leguas el itinerario
que se habla trazado. Rosolvió escabullirse por los senderos del Hremus, pero tropezaba con Luisa á ca ·
u,l p:i.io entre do, m:.iral!as de C3ponjas lapidifica las y de coke blanco, sobre un suelo ve!"rugoso, hin ·
chado p_or borbollones endurecidos de c!oro. Luego se encontraron frente i1 una especie de túnel y de·
bieron soltarse y caminar uno tras otro, en aquella galería semejante á un tubo de cristal cuyos cortes
encendidos como puntas de diamantes alumbraban la ruta. St'tbitamente la bóveda se levantó, ahondán•
uose en una c!1imenea de a'to-!io:-no, tapada en su extremida,J, á distancias incalculabes, encima de ellos,
con una rueda ele cielo ll&lt;'gro.
- H emos llegatlo, murmuró Jacobo, porque esta abert11ra es el pico hueco del i\Ienelaus. Y en efecto, el túnel terminó, desembocaron cerca del Cabo Arechttsia, no lejos del l\Ionte de Plinío, en el ~lar de
la Tranquilidad, cuyos contornos simulaban la blanca imagen de un vientre, marcado con un ombligo
por el Jan.sen, sexuaJ.o como una mujet· por la gran V de un golfo, bifurca&lt;lo en dos piernas separadas
por los Mares de la Fecundidad y del Néctar.
Caminaron rápidamente hacia el ~Ionte Jansen, dejando á la izquierda el Pantano del Sueño, teñido
de amarillo como una charca co11gulada de bilis y el l\lar de las Crisis, una plancha condensada de lodo
del verde lechoso de los jades.
Escalaron taludes escarpados y se sentaron.
Entonces un espectáculo ext1·aorclinario se desarrolló ante ellos.
Hasta desaparecer de la vista, un mar furioso rodaba sus ola,, altas como catedrales y mudas, Por
toJ.as partes cataratas de espuma cuajada, avalanchas petrificadas de oleadas, tonentes de clamores Afo
nos, toda una exasperación de tempestad apila.da, anestesiada en un gesto.
To Jo esto se extendía tan lejos que los ojos desconcertados perdfan la noción de medida .v acumulaban leguas sobre leguas, sin posibilidad de distancia ni de tiempo.
Aqul, sedentarios maelstroms ahuecábanse en inmóviles espirales que descendfan en incolmables
abismos en letargo¡ alll despeiiábanse manteles indeterminados de espuma, convulsivos Niágaras, extcr•
minadoras columnas de agua que lle desplomaban sobre abismos donde babia mugíJ.os adormidos, brincos paralizados, vórtices tullidos y sordos.

�166

REVISTA MODERNA.

Rdlexionaba preguntándose d espué5 d e qué cataclismo se habían cougclado aq uellos lrnracancs y
se hablan extinguido aquellos cráteres? después ele qué formidable compresión de ovarios había sido
contenido el mal sagrado, la epilepsia de aquel mundo, la histeria ele aquel planeta que escupía foego y
soplaba trombas, retorciéndose violentamente en su lecho de lavas? después de qué irrecusable abjura.
ción la fria Setene habla caldo en catalepsia, en aqu el indisoluhle .:.ilencio que reina desd e la eternidad
hajo la inmutable tiniebla de un cielo incomprens ible?
¿De qué espantosos gérmenes habían salido, pues, aquellos montes desolados, aquellos Himalayas do
Clterpos calcinados y huecos? ¿qué ciclones habían secado aquellos Pacíficos y arrancado las vegetacio•
nes desconocidas de sus bordes? ¿qué diluvios supuestos de flamas, qué estallidos desaparecidos de
rayos hablan escarificado la corteza de aquel astro, trazado ranuras más profun&lt;las que á lveos de rios,
ahondado fosos en los cuales hubieran podido correr con facilidad cfüz Brahmapoutrns?
Y m:is ll'jo~, más lejos todavía emergían del circulo de los horizontes adivinados, más cadenas ele
montañas cuyos interminables picos rozaban el cuvérculo tenebroso del cielo, un cu,·i•rc11lo colocado so•
lam~ute sobre puntas de clavos en las cimas, esperando que un sobrenatural martillo lo hnncii esc de un
golpe para cerrar herméticamente la indestructible caja!
Juguete de un Titán iumenso, de una niña gigante y enorme, eufática caja qu e conti.. nc simulac.-os
en azúcar de tempe~tades y de llanuras, de ro cas de cartón y volcanes huecos en cuy o aguj ero el hijo
de un Polyphemo podía encajar su d edo meñique y levantar as!, en el vacío, la colosal osamenta de
aquel juguete inaudito, la luna espantaba la razón, aterrorizaba la debilidad humana.
Y entonces Jacobo sentia esa pesadez del bajo vientre, esa contracción de la vejiga que produce la
angustia prolongada del vaclo.
l\liró á su mujer; estaba trllnquila y con su binoclo, que no movia, consultabn, como una inglesa con•
sulta su guia, la carta que tenla, desplegada, sobre sus rodillas.
Aquella quietud y la evidencia de tener junto de sí, de poder tocar si lo quería un sér manifiesto y
,·ivo, 11paciguaron sus trances. Aquel vértigo que le sacaba los ojos fdera de los párpados y los cond~cla ll•ntamente hacia el fondo de un abismo, se desvanecla en aquel momento en que su vista descansa•
ha, ii dos paso~, sobre una criatura conocida, cuy a existencia era palpable y segura.
Lurgo, se sentía bajo sus vestidos vacío como aquellos montes tubulosos, sin entrañas d e mctaloi•
des, sin corazón de rocas, sin venas de granito, sin pulmones de metales. Se sentia ligero, casi fluido,
presto á elevarse si los vientos desconocidos ele aquel astro fueran á soplar. El frío exasperado de los
polos y las consternant(!S caolculas de los Ecuadores se sucedían sin transición en torn'l suyo, sin que
lo advirtiera, porque experimentaba. la impresión que se habla desemlrn.razad&lt;&gt; al fin de la corteza tempo·
ral de un cuerpo; pero repentinamente revelábase también el horror de aquel Llesierto lúgubre, de aquel
silencio de tumhas, de aquel doble mudo. La agooia atormenta&lt;ia de la Luna. recostada b:ijr¡ la losa funeraria de un cielo lo enloqueció.
Levantó los ojos para huir.
- l\Iira,-dljole ingenuamente su mujer,-ya encienden.
i::n efecto, en aquel momento, el sol rasó las cimas cuyas crestas desgarradas S8 irradia ron dlJ tlamas
IJlancas como un metal en fusión. Rampaban resplandores á lo la.rgo de los picos en cuyo centro el cono
del Tycbo hormigueó, terrible, abriendo sus fauces de fuegos sonrosados, rechinando sus dientes de bra·
s1t~, ladrando sin ruido en el imperturbable silencio de un firmamento sordo.

Jon1s

KAI:L

HÜYSMANS.

MAÑ'ANA .... !
Mañana, cuando lleguen los veutnrosos días,
El amante episo~io que yo anhelo y tú ansia~,
Yo dejaré tu freute de lirios coronada
Y tú armarás mí brazo con la invencible espada!
~n el latid que duerme, tus dedos musicales
Despertarán los himnos gloriosos y trinnfalf'~j
Bordarás, mi princesa, una tapicerla
Donde azul y enlutada, tu pasión y la mla,
Tus cándidos anhelos y mi tristeza bruna
Temblorosos se abracen en un rayo de luna!
Te asomarás al trágico abismo de mí alma,
Con tu mirar tranquilo lo dejarás en calma
Y las virtualidades fecundas de tus ojos
Han de cambiar en lirios los áridos abrojos!
Al ceñirme la espada murmurarás: •combate!•
Y si una sombra impura sobre mi st"n· se abate
Ha de caer al fuego que irradia tu corona,
Sierpe vencida bajo tu planta de madona!

Mañana entre las alas tle un dulce ritomelo
Nuestros seres amantes ascenderán al cielo
Que alumbra co:i sus ala&lt;, dorarlas la Quimera;
Mañana nuestro ensueño tendrá. su Pdmavera!
Borda entre tanto aquella rara tapicería
Donde se unen temblando tu alma blanca y la mi11;
Deshoja lirios albos sobre el hondo misterio,
Toca un claro preludio sobre el negro 5alterio
Que ya brota la aurora de los lll'icos días
Nuestro am'.lr! .. . . el instante que yo anhelo y tú ansías!
1

(Tracl de Revista Moderna.)

Mllxico, l!JOI.
J o 5t,; J UAN

TA131, .\l) .\.

�ARo IV

MÉXICO,

1ª

QUINCENA DE JUNIO DE

1901

NlJM, 11

REVISTA MODERNA
ARTE V
DIRECTOR: JESUS E. VALENZUELA.

CIENCIA.
JEI•'E DE REDACCION": JESUS URUETA.
Tip. de Dublán.

MAGNA VoLUPTAQ
Eucirnde en la obsidiana de tus ojos
La mirada más tierna y más amante,
Y matiza el marfil de tu semblante
Con la lumbre solar de tus sonrojos.
Cierra tus brazos n ítidos y flojos
En torno de mi cuello palpitante,
Y restrega en mi pecho jadeante
Tus pezones coléricos y rojos.
;'llirame dulcemente, dulcemcntP,
Destilando tu beso disolvente
Y sonoro en mi labio que se inclina,
Y déjame chupar tu lengua u ntuos11.
Que exacerba mi fiebre voluptuosa
Y me tienta como u na golosina.

LA l\IADO)(NA DELT, A l\fELAORA~A.-BOTTICELLI. - FlllENZ~,

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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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                <text>Revista Moderna Arte y Ciencia, 1901, Año 4, No 10, Mayo, Segunda quincena</text>
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                <text>Couto Castillo, Bernardo, 1880-1901, Fundador</text>
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                <text>Urueta, Jesús, 1868-1920, Jefe de Redacción</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>ARo IV

MÉXICO,

1ª

QUINCENA DE JUNIO DE

1901

NlJM, 11

REVISTA MODERNA
ARTE V
DIRECTOR: JESUS E. VALENZUELA.

CIENCIA.
JEI•'E DE REDACCION": JESUS URUETA.
Tip. de Dublán.

MAGNA VoLUPTAQ
Eucirnde en la obsidiana de tus ojos
La mirada más tierna y más amante,
Y matiza el marfil de tu semblante
Con la lumbre solar de tus sonrojos.
Cierra tus brazos n ítidos y flojos
En torno de mi cuello palpitante,
Y restrega en mi pecho jadeante
Tus pezones coléricos y rojos.
;'llirame dulcemente, dulcemcntP,
Destilando tu beso disolvente
Y sonoro en mi labio que se inclina,
Y déjame chupar tu lengua u ntuos11.
Que exacerba mi fiebre voluptuosa
Y me tienta como u na golosina.

LA l\IADO)(NA DELT, A l\fELAORA~A.-BOTTICELLI. - FlllENZ~,

�171

REVISTA MODERNA .

ESTAMPA.
A JOSÉ JOAQl' ÍN GAMílOA.

•
No recuerdo &amp;i en un breve antifonario
Que ensangrientan purpurinas inícialeF,
O en las góticas ventanas do un santuario
Encendidas por las luces YC'speralt&gt;s,
Vi un emblema doloroso y amoroso:
Un ardiente corazón que como un cirio
Esparcía sus destellos sin reposo
Atizado por su amor y su martirio
Y clam(•: sC:,lo el divino Nazareno
Puede ser inaccesible á las miserias
Y trocar en mirra y bálsamo el Ycneno
Que difunde In amargura en sus arterías.

Solo El sabe como lámpara fürviente
Mantener su corazón siempre encendido,
Que su sangre sacrifica dulcemente
Por abrojos penetrantes oprimido.
í\Ias los nuestros, corazones infülices,
Enconados por la ortiga del anhelo,
Y con signos de indelebles cicatrices
Aun después de la expiación y del consuelo,
Ob! los nuestros estáu llenos de maldade11,
Son humanoF1 son capaces de perfidias,
Frascos plenos de vitriolos, de impiedades,
De venganzas, de ponzoñas y de envidias.
Y los ojos en el &amp;imbolo doliente
Del piadoso corazón siempre encentliclo 1
Que su sangre sacrifica dulcemente
Por abrojos penetrantes oprimido,

Pedl amor para los tristes corazones
Que son vasos do blasfemias y de agruras,
Porque están envenenados con pasiones
Y apretados por cilicios de amarguras.

BERNARDO COUTO CASTILLO.
cJeune pbilosopbe en dérivc
He ven u sans avoir é té

..

l~-o~~~¡~·o¡-~.~~¡~~:~¡;;,~·q·,;e Ji~·¡·,;¡,?;
,.

•ll ,•&lt;&gt;yait tl'Op-Et voir est un aveuglement.
TRISTAN

m:: un pálido tripulante en el siniestro Buque Fantasma del Tedio.

'

CORBIERE.

De pie sobre
la borda, en los crepúsculos, en las noches y en las auroras, contemplaba sereno
y estoico todas las ilusiones que se perdían y se borraban en la playa cada vez
más distante.. .. Blancos frontones, luminosas columnatas, floridos capiteles
y astragalos, pinares y alamedas, surtidores cayendo en las piscinas, pavanas,
serenatas, madrigales magias del perdido Trianón! Y el bajel errante y siniestro se alejaba con raudas singladuras, con su pesada bandera de terciopelo
que el viento no lograba mover, con sus mil lampiones, como un gran ataúd, como un enorme y oscilante catafalco .. . .
Todavla en el curso del éxodo tristisímo, como el negro navío doblara un cabo del país del Ensueño, el pálido viajero alcanzó á ver, sobre una roca de oro, surgiendo de un bosque de laureles, á la última ilusión que vestida de blanco agitaba su pañuelo blanco como queriendo alcanzarlo, en un impoten•
te, en un vano, en un desesperado aleteo.
Fué la última vez que el pálido viajero sollozó . . . . Después nada, nada, ni las orfobrerias del pleni•
Junio sobre el carey glauco de las aguas, ni las satánicas y rojizas aul'Oras boreales encendidas al paso
del bajel, ni las estrellas enAticas, almas desesperadas que se al'l'ojaban del cielo al mar profundo, na•
da, nada conmovió al viajero pálido que, como una cariátide doliente, vivía y velaba inclinado sobre
el mar.
Ni las sirenas, que fascinantes y al'l'ulladoras florecieron una noche con sus hombros, sus senos y
BUS vientres desnudos el verde jardín océanico, lograron enardecer de deseo aquel eterno rostro pálido¡

�172

REVISTA MODERNA.

REVI~TA MODERNA.

bien sabia él que las sirenas serian al fin tan viles, tan falaces y tan pérfidas como las mujeres- súcubos
de sangrientos labios y ósculos astringentes que sorbieron fragancias y blancuras en su fugaz alma
de niño.
Y sin un deslumbramiento ni un entusiasmo para los prestigios de Armórica, seguia el pálido viajero
inclinado sobre la borda del siniestro navío, como un abrumado atlante, como un telamón doloroso á
cuyos pies el mar, el mar amargo y negro, el mar de tiniebla y de hiel parecía su vida, su pobre vida toda deshecha en Jlanto .... !

La noticia del fallecimiento ele Couto, violenta y cruel como su muerte, se propagó cuando artistas
y literatos reunidos en la exodra honraban la memoria del gran Campoamor. Agravaron su luto los terciopelos de aquel duelo y el gemido de la orquesta resonó más ampliamente como abismándose en las profundidades de la nueva fosa que se abría.
Mi amigo, mi camarada, partió sin que me fuese dado acercarme á su lecho de agonfa; yo hubiera
querido estar ahí para reconfortarlo, para ocultar á sus ojos la paz convulsionada de Gorgona, con que
la vida se asomó por última vez á su lecho de muerte; para darle la seguridad de su triunfo induda )le,
la certidumbre de su misión cumplida á pesar de su existencia breve pero fecunda.
Quién sabe si entre los relámpagos lúcidos d tJ la fiebre no haya visto derrumbarse alguno de sus
proyectos más que;·idos como el de reunir en artístico y refinado volumen, ilustrado por Ruelas, la colecdón de sus e Pierrot, • osos Picnot tan amados por él y á quienes animó con las virtualiiiades de su pro·
pia a lma exquisita, comunicándoles sus ensuefios, sus tedios, sus amores y sus lirismos todos. Porque
el •Pierrot• de Couto no fué el galante •Gilles• de \Vatteau, ni el chic de Gautier, ni el funambulesco y
frívolo de Banville, sino el que con su brumoso crayon ha litografiado \Villete en tanta macabra esc;ena,
el Pierrot que Yerlainc fijó en aquel soneto:
•Ce ll1t!St plus le rcveur lunaire clu vieil air
Qui riait aux areux dans les dessus de porte;
Sa gaité, comme sa chandelle, hélasl est morte,
Et son spectre aujourd' hui nous hante, mince et clair. ,
Pierrot-Hamlet, cuya veste fué tramada en los telares de la Melancolfa con las brumas sutiles del
esplin; Pierrot, que ha hecho su Luxemburgo en la necrópolis y ahí por encima de cenotafios y mausoleo¡J se iergue con los brazos abiertos como una gran cruz blanca sobre el disco a perlado de la luna que
1
tramonta ....
El •Pierrot Sepultul'ero• fué tal ,·ez la última obra firmada por el com;iaiíero á quien lloramos; ¿habeis visto esa exquisita fantasía, ese raro relieve tombal cincelado en un blanco mármol cruzado por jaspes pavorosos; esa inqu_ietante melodía tocada en un Stradivarius de negro ébano y en donde el arco
irqnico mezcla sordos espasmos de dolor y agrias risas estridentes? . . ..
Al pie de ese articulo ya impreso quedó en la página un espacio blanco que el formador, perplejo,
no sabia con qué llenar. ¿Couto verla ese hueco al corregir sus últimas pruebas? Aquel claro, aquel espacio albeaba como una lápida; •no hay con qué llenarlo, • reclamaba el impresor. Y lo llenó el siniestro
Destino y en aquella blancura donde nadie adivinó la piedra de una tumba, una mano amiga y temblornsa trazó un epitafio inesperado!

Artista exquisito, aristócrata y refinado fué Couto, un sediento de Ideal. Casi niño, pero ya virilizado
por una admirable precocidad, hizo un viaje á Eul'opa y en París, en pleno Montmartre, en las basllicas
del Arte Nuevo y de la Belleza de todos los tiempos, fué crismado y armado Caballero. Con qué ardí•
miento, con qué verba elogio&amp;a y entusiasta hablaba en el curso de nuestras sabrosas pláticas, de los episodios de su vida parisiense frente á una tela de Manet ó un bronce de Rodin, en las veladas deun cabaret de intelectuales, á lo largo del Boul'.Mich, ó bien de su Suiza amada, idilios en el lago Leman ó crepusculares éxtasis ante la Jungfl'aU en Interlaken!
De esos episodios que encantaban su vida, de ese viaje temprano, de esos deslumbramientos anticipados provino su mal ulterior. Bruscamente arrancado á aquellos Paraísos que eran la patl'ia digna de
su alma delicada, volvió á México y el purgatorio comenzó con la inaudita hostilidad del medio. El
artista raro y exótico pasó invisible ante los ojos testáceos del burgués estólido . .. ..
Los afanes de gloria se com·irtieron en anhelos de olvido; hay dolores que necesitan cloroformarse
y hay infiernos que á falta ele luz celeste imploran las l'ojas luces de bengala de cualquier Paraíso Artificial.
El caso de Edgarcl Poe con diversa per~pectiva, pero con igual fuerza trágica.

173

Una marina de De Groux; un inquietante lienzo de Amoldo Broklin:
Sobre un mar de tinta va el Buque Fantasma, con su bandera de pesado terciopelo que el viento no
logra mover, con sus mil lampiones como un enorme y vacilante catafalco ....
Tras de inmensas veladas nostálgicas, tras de largas noches polares, el pálido tripulante ha ca{clo
fulminado y muerto.
Un tropel negro y silencioso lo amortaja y el olvido amarra á sus pies una bala ele cañón .... El bajel detiene su marcha y desplomado desde las altas bordas un cacláve1· cae al mar, al negro abismo en
raudo y vertical desplome ....
Algo inaudito. Las aguas fosforeseen y de las ondas glaucas emerge un tropel de sirenas cuyos bt·azos se disputan un pálido cuerpo de efebo, libre de mortaja, iluminado por la lnz de una nueva vida.
Cantando rftmicamente, las sirenas nadán hacia la playa y playa la avanza hacia las sirenas hasta que el
efebo libre, ágil, transfigul'ado, radiante, pisa las arenas de oro de la orilla, lanza un grito de redención
y cae sobre el piadoso seno de una virgen extraterrestre arcángel ele Botticelli-Venus Juminosa- l\fadona celestial!
Son las nupcias eternas del artista en el país del eterno Icleal!
México. l\Iayo 1901.
JOSÉ J UA N

TABLADA.

PAIX.
Tremblement des bannicres de pourpt·e dans les batailles,
Hennissement convulsif des chevaux cabrés sous les lances,
Hurlement des clairons aux poings de la Rage qui s'élance,
Regards hlancs, dans la mc!ée, de ceux qu i defa.illent,
Et ces tas de cadavres, les doigts crisp és aux armes, par la plaine,

Ou le canon, voix me mo de la mauvaise destinée, tonne,
Et la honte du soleil d'été ou le deuil des pluies d'automne
Sur ces charniers d'ou la mort exhale sa noire haleine,
Al'riól'e, o cauchemar du sommeil de la Terre!
Car ce printemps fait éclol'e au sein rosé des meres
La bouehe des petits enfants qui cloucement crient,
Et de la vallée aux !aes Juisants a la montagne, source des eaux,
Voici, parmi les brises et les ailes légcres des oiseaux,
Souner, battant comm3 des cre:Hs, toutes les cloches de la Vie!
STUART

i\IERRIL.

�REVISTA .MODERNA.

175

DEL "LIBRO DEL DOLOR."
LA FIEBRE.
No te vayas, espera, no es la hora;
Abrázate á mi cuerpo;
Cuando te vas me quedo solo y triste
Y vuelven los recuerdos.
Las obscuras cortinas de mi alcoba
l\Ie parecen espectro~;
En el aire hay cabezas que se rlen.
Espera .... A ,er si duermo ....
¿Que va á venir? ¿Quién? ¿Ella?
¿Te burlas? ¡Tienes celos! ....
¡Cómo quieres que venga, si le han dicho
Que la vas á matar, y tiene miedo!

LA ARTERIA ROTA.
Como corre la sangre de la hedda
Dejé correr en vano
El curso inútil de mi estéril vida.
Hoy, que exangüe me siento, á cada gota
Quisiera lo imposible, por mi mano
L igar la arteria rota;
Yivir de nuevo modo la existencia,
Y no del que condeno
Cuando á solas pregunto á mi con,:ieucia,
¿Fui sabio, he-sido artista, he sido bueno?

MUSICA DE ORIENTE.
Cierra el piano: las cadencias
De las danzas orientales no recuerdes,
Las cadencias de las danzas orientales
Que mis sueiios arrullaron tantas vece~.
Xo mul"icron mis rencore~;
Dormitaban en su nido de serpientes,
Y ya asoman las cabezas triangulares
Evocadas por la música de Oriente.
FRAXCIS&lt;;O

A.

DE

!CAZA.

FELIPE VILLANUEVA G.
A )[anza.oo, Elorduy, Valenzuefa, Velázquez,
Fuentes y Lnvat, (amigos del ~Iaestro).

UGUSTO de Plateo, en un heroico poema, cuenta que en la toma de Clesiphon la
l\Iagnifica, habiendo obteuido de Oma1· el sátrapa Harmosan como última gracia, que no se le diese la muerte mientras no bebiera, hizo pedazos la crátera
de ónix henchida de vino, y Ornar impasible exclamó:
- Si hay en la vida algo sagrado es la palabra de un héroe: que el persa viva!
Recordaba yo este generoso poema una tarde en que, en íntimo coloquio de
arte con los fieles amigos del artista muerto, me propuse escribir un estudio sobre el l\Iaestro bienamado, sobre su obra malograda y peregrina, sobre el relieve de su per~onalidad artística, vigorosamente perfilada en unas cuantas composiciones, fragantes aún,
porque no han sido profanadas lo bastante para que se marchiten ...... Recordaba yo ese caballeresco
poema, y una lejana increpación tardía concatenaba la cyocación del sátrapa sagaz como Ulises ante la
imperial generosidad del islamita, y la avidez del moderno artista nuestro para beber su vino hasta las
heces! ...... .Ah! por qué, por qué no estrellaste tu crátera lienchida contrn el mármol del pórtico de la
gloria á que hablas ascendido! ..... Por qué no rompiste tu vaso de ónix, seguro de la clemencia de la
fortuna, que te habla sonreído como querida, y con tu pluma empapada en el vino esparcido no e&amp;crj,
biste una rapsodia á Anakreón, en honor de que llegó á viejo!

�REYlSTA MODERNA.

REVl::3TA ~10DER~A.

Apuraste la vida de un solo trago, como un bttrgrnve huguiano, despreciaclor de la gloria y de la
muerte ...... y las dos te abrieron los 1.u·azos y te besaron en la boca!

va es de nuestro corazón, de nuestra alma, lo que no pudimos decir porque nos fué negado ese don, pero
que sentimos como nuestra interna poesía expresada en notas, expandida en ritmos musicales de morbidez encantadora. Y como la música es el lenguaje de las vaguedades que más satisfacen nuestros sueños
ardientes de idealidad, porgue no pierden su espiritualismo tl'aducidas en palabras, la música de Villanueva-nuestro malogrado poeta del piano-con la psiquis de su poesía virgen, fresca, palpitante, encarnada en notas, nos domina por la ternura que es debilidad, por el fuego intenso de que está poseída, por
su salvaje colorido americano que hace vibrar las cuerdas en ráfagas de pasión hurncanada.
La música de Villanueva es intensa, vehemente, apasionada, ávida de expresar el amor y la vida,
pues no he conocido un artista que tenga la avidez de placeres que Villanueva. El desanollo de sus composiciones es rápido; no hace sino enunciar una frase, abierta, franca, sentida, cuando ya la apasiona, la.
retorna y la crece, expandiendo su vida con los modernos procedimientos musicales y apoderándose del
espíritu para hacerlo vibrnr al través de los nen·ios del organismo humano con la sensación refleja del
arte.

176

Felipe Villauue,1 a vino un dla á México en plena juventud, con la simiente embrionaria dd arte en
su espiritu, con sus dedos ágiles y sus ojos vivos para leer las notas que su violln vibraría ávido de ser
escucha.do. En los escaños de l::s orquestas zahirió de pronto aquella cabeza turbulenta de indio puro,
hirsuta., hosca, de púas de ágave en la rebelión de sus bigotes mongólicos, rostro de frente estrecha y
torva, bajo cuyas cejas ceñudas y airadas, los ojos centellantes, relampagueaban en la lectura febril de
un presto, de un vivace, de alguna suma dificultad que salla., á primera vista, limpia y pura dt! su arco
victorioso. El artista, ignora.do, puesto que era temido, soñaba ardientemente un estadio más vasto para.
luchar: no habla venido á ser corifeo, sino rápsoda: no venia tripulando la trirreme Argas en la banda
de remeros de estribor, sino en la prora, fiero, inflexible, taciturno, en busca de un vellocino de ore,!
Rodó en las orquestas-como tantos artistas obscuros que no han tenido el carácter de Villanueva!Y la audición constante de la música moderna, cuyo renacimiento florecía en l\féxico {i la sazón, exasperó al joven músico y lo decidió á realizar un medio madurado para desligarse de toda colectividad: ser
pianista. Estudió el piano con ardor, con fiebrr, con la tenacidad genuina de su raza; de dla ganab¡i el
pan y de noche velaba en el estudio, y de prrnto, cuando nadie había sospechado su transformación,
surgió como pianista hábil, como técnico disriplinado. La conquista del más ingrato de los instrumentos, pero también el más completo, le abrió amplío horizonte en la vida artlstica de México; su facultad
de leer á primera vista la música polifónica más abrupta, las fugas y los cánones, lo familiarizó con los
compositores inabordables; sus dedos de estructura ingrata fueron domados por su voluntad poderosa
y flexibilizados por su poderoso temperamento artístico, y al adquirir la indepenc.encia en la digitación,
en lucha diaria con los técnicos preceptistas, adquirían la facultad de hacer sentir y soñar, de acariciar
las teclas y matizar los sonidos con una poesía desconocida que principió á delinear dichosamente su
personalidad de artista.
Su interpretación, netamente subjetiva, causaba asombro y placer, No era otro imitativo que su1 •
gla anodino y meticuloso, vaciando una naciente aptitud descolladora en los moldes viejos para anquilozarla lamentablemente. No! era un artista fuerte, un violador de preceptos académicos (valga la frase en
música), un temperamento en rebelión que ponla su espíritu y su corazón en la asimilllcíón de las sensaciones que interpretaba. Era un cerebro creador ansioso de la paternidad, seguro de bi mismo, ávido de
poder increpar á los maestros que evocaba diciéndoles: •¡ahora yo!•-y este predominio innato, esta seguridad de su fuerza, este soberbio reto de su ambición irreductible y consciente, lo hicieron sacudir su
inacción creadora, su catalepsia larvada de compositor. Midió su saber y se encontró débil , y á los veinticinco años, sin aula ni mae.:.tro, sin lee. el francé~, comprl&gt; su D11rand y su diccionario y pú-ose á traducir y á estudiar armonía y composición.
El pianista ambidextro se asimiló la ciencia por virtud de sus facultades analítica~, y F.:lipe Villanueva surgió armonista y compositor.
Conquistó su renombre con una sola composición, su Vals poético, apasionado y tit:ruo, que descubrió súbitamente los tesoros del alma del músico, su sensibilidad y su refinamiento artisticu. El corte
chopeniano de la composición la permitfa, sin embargo, alzarse libre, sin ninguna reminiscencia, con originalidad y frescura envidiables en un te.mperamento americano que tan soberbiamente debutaba. como
creador. La primicia fué echada á volará los vientos del cielo, los artistas y las so:fadoras la interpretaban con avidez, con del13ite, con unanimidad aclamativa; pusiéronla en su selección de poetas dtl! piano, entre las más bellas páginas de Grieg, de Stephen Heller, de Chopin, de Tschaikow.,ki. Su nombre
fué acariciado por la celebridad: Villanueva, y el pacto judío con Syllock-ah! si el artista hubiera surgido en Europa!-el pacto ruin con el editor espoleó al músico á sacudir la savia de su vida malograda.
Diez y nueve son, por desgracia (pues si antes había escrito otras, fueron su juvenilia), las composiciones editadas para piano que nos dejó Villanueva: cuatro mazurkas, la primera en re mayor, la segunda
en la menor, la tercera en re bemol mayor, la cuarta (Au bal) en do mayor; tres valses, Causerie, Amor,
Vals poético; once danzas, dos En el Paraiso, dos Venus y Cupido, tres Amorosas, tres llumoristicas,
una Un sueño después del baile, y por último, un Minueto póstumo. Póstumos son también su ópera
I{eofar, cuya instrumentación fué terminada por su amigo Juan Hernández Acevedo, muerto hoy también, y un Gradual y un Sanctus de Requiero, escritos para voces y orquesta.
Siento restringirme á delinear mi impresión estética de las composiciones de piano solamentt·; pues
la apatla de nuestros snobs dilectantes para todo lo nuestro, que ha atrofiado las facultades lírico- dramáticas de nuestros compositores, si bien se admiró en una sola audición póstuma de que Villanueva
hubiera compuesto tan hermosa música, no volvió á patrocina1· ni á alentar siquiera la resurrección del
Keofar, y yo, lejos de )'léxico, no tuve la ventura. de prnsenciar el póstumo triunfo del Maestro.
La predominante sensación al oír la. música de Villanueva es la de él. Es él. Se le siente, se le oye,
no se confunde con nadie. Y esto que parece tan sencillo, este don de personalidad, ¡cuántos quisieran
poseerlo, aun de los consagrados por la gloria! La poesía de su música entra en el espíritu por derecho
de conquista, en linea recta, como el perfume de una flor que no hace sino brotar para ser sentido y go•
za.do, como una. mujer. bella que no hace sino pasar para ser soiiada y deseada. La música de Villanue-

177

Si estudiamos la estructura de su minneto rn sol sostenido menor (pó:;tumo), su mejor obra, si acaso
no la rn,is característica de su procedimiento, l'11contramos, corno en todas sus composiciones, una ascención rápida que lo hubiera llevado en bre\·es aiios á componer obras de aliento, refinadas por su selección asimilativ11. El alleg1·eto ben legato prescrito para la composición le imprime un aire flébil, galante,
cortesano, que evoca inmediatamente la danza antigua; los ritmos están trazados sabiamente sobre los
periodos musicales, en harmoniosa polifunía c·nco11H•1Hlada á dedos que sepan ligar y sostener cantos dis•
tintos. Con la indicación constante y mi11uciom de las ligaduras rftmicas, era superflua la indicación de
los pedales, supresión que el ¡;ni.fico ingenio de Ernei,to Elor,luy comparaba un día, refiriéndonos al
estudio Si oiseauj'étais .... de Henselt, á fa pn·scripción de los guantes en una recepción de etiqueta.
Bajo la aparente sencillez melódica. riel miuul'lo, fic ,·e que está trabajado con amor y ardimiento para
lograr las bellezas modulatívas y cadt'nciosa,; las progresiones descendentes por semitonos están tersamente harmonizadas; el colorido, que llega apenas al mczzo forte en fas dos primeras partes, se inicia
pia.nlsirno en el trio cantabile, y aquí si, para sostener el bajo en pedal constante y el mismo dibujo de
tres notas de la mano ízquierJa, está prn;cl'ito molto ped., que manejado hábilmente nos lleva por indi•
cación de un crescendo á. un fff appassionato, ulla erupción reprimida del alma del Maestro, de la que
declina en un decre$cendo suave, lánguido, para cam· en un pasaje amoroso en sordina, de un contra•
punto sencillo que se pierde cantando en un l'n~ueño lrjano, y de pronto despierta en otro grito de pa·
dón acompañado de disonantes acordes exasperados y estridentes, espasmódicamente patético, hasta
que descansa en un diminuenclo imitado para volve1· por medio ele una modulación magistral al pri•
mer motivo y terminar con dos frases cortadas, que tanto gu~tllhan á. Villanueva y que son de un efecto
delicioso.
He hecho un esquema del minul'to póstumo-yo que siempre esquivé el aula!-porque es desconocí•
rlo en México y porque su m:izurka en re bemo 1, para mi la más inspirada, la mAs ardiente, la más apa•
sionada de Villanueva, es conocida de cuantos entienden música. En esta composición el músico drjó
encarnada su personalidad,·su fragante y fresca imaginación perfumada de amor, su poder de expandir
hasta un grito de espasmo la pasión de su vida y de su alma: el arte! Arte por él sentido y creado, arto
suyo, netamente suyo, á pesar Je quienes han pretendido ver una reminiscencia ele Massenet en una do
s11s mazurka~, y para regocijo de los cuales hariales oír yo la frase integral del vals amor de Villanueva
en el leit motii:e d~l andante cantabile de la sinfunia núm. 5, opus 6-! de Tschaikowski. Bah!. ... . Esas
cerebracioncs idénticas, y por lo t!Prn.is fugaccl', de una frase de cinco notas, no se tiene sino cuando un
artista se llama Villanucva!
.... De su vida? Ah! ya he dicho que no he conocido uu artista con la avidez de placeres que Villanueva!. ... Su intensa vida pa,ionante, sedienta en nuestro desierto de arte, soñaba en las rosas y las
ninfas de las fiestas danzantes d ,j Eleleo, re.y por el tirso ílorccielo dtJ yedras, rey por la diadema do
pámpanos de oro, y soñando hacer de su juventud una Cleopatra, buscaba con frenesí al despertar de una
noche de amor la perla yacen ti\ en las hece~! .. . ..
Su talento y su carácter le dieron el predominio efímero lid su vida malo;;rada sobre sus contempo·
r,ineos que reconocieron su superioridad intelectual; su sinceridad rnda le abrió los corazones de cuantos le rodearon; sus genialidades eran ingenuamente bella~.
Una noche D'Albert dió un concierto en ~léxico y tocó la mazurka en re mayor de Villanueva. El
pianista comagrado besó en la frente al composito1· desconocido en Europa, y dijo esta frase: cEs el artista más genial que he encontrado Pn América • Y en tanto nuestro músico, frenético de júbilo, decla á
i;us amigos:
-Hasta hoy he sabido que mi mazu1 ka era tan hermosa!
Su facultad de lee1· música á primera. vista era prodigiosa. Cuando se puso en escena por primera
vez en México el Falstaf de Verdi, Gino Golisciani presentó el spartito para orquesta, invitando al artista á revisarlo, y Vi llanueva lo redujo á piano, integro, á. primera vista. Sucedía con frecuencia que Villanueva pasara toda una nGcbe tocando musica suya, y alguna vez una sola composición, su Vals poé·
tico, ante un auditorio de artistas y dilectantes encantados ele oírlo, de su auto-interpretación ardorosa
y deleitosa. En cambio, no babia nerviosidad que lo sublevarn tanto, como la. de ser invitado á. tocar aute per,soQas que m~nifestaran curiosidad de oírlo, y ocasiones hubo en que un salón henchido ele admi ·

�178

REVISTA MODERNA

radores suyos, verdaderos ó falsos por snobismo, se quedara esperándolo inútilmente: lo cual no era obstáculo para que la aristocracia de l\Iéxico se lo disputara en el profesorado.
Pero donde el músico se hallaba en plena bohemia dorada, era entre los suyos. Sentado a l piano con
\' icente Lucio, el exquisito y pundonoroso pianista muerto antes que él, Villanueva devoraba febril las
páginas más abstrusas de Bach, de Beethoven, de Schumann, de Brahms, haciendo la delicia de selectos
oy1:,ntes; y cuando los dos artistas habían encumbrado á su pequeño auditorio al cielo del arte, deseen·
dían á las praderas floridas pobladas de ninfas desnudas de Léo Dé libes, el músico amado de Villanue.
va, el consentido por la semejanza entre la música sem,ual y carnal del artista galo, nieto de Grecia, y
la música esencialmente profana de nuestro artista.
Los ballets del exquisito autor de Sylvia hacían el deleite del músico malogrado, que hubiera hecho de la danza criolla ame1 icana el poema de la sensualidad ritmada - apenas hizo el preludio de ese
poema! - ; poema truncado también por el enervamiento del exquisito cubano Cervantes y que ha necesita.do del talento exótico de Cécile Chaminade y Emíle Pésard para llevar á Europa una ráfaga apenas
del deleitoso ballet indiano! Chopin universalizó la mazurka de su Polonia, pero hasta hoy ningún americano ha podido universalizar la danza. Y Villa.nueva tenia. ese poder! . . . .
Fué en América el portaestandarte de un renacimiento moderno en música; superior á Gottschalkconsagrado por Chopin-y á 1\fílls en procedimiento artístico; superior á nuestros compositores en potencia creadora; superior á las celebridades anónimas neo continentales que prefieren la virtuosidad reproductriz é infecunda á la creación de arte propio, Yillanue,·a, que pudo ser el consumador, fué solamente el precursor! ... . Una mañana- el 28 de i\Iayo hizo ocho afios- cundió {t la hora siniestra del abrevadero en el bar, entre el 1\Iéxico elegante y llaneador abrasado de sed, en la avenida morisca rebosante
de vida, con la celeridad de contagio de las noticias siniestras, la nota del dla: Villa.nueva había sido
muerto por una pulmonla fulminante. Habla muerto en unas cuantas horas, súbitamente, sin que la pasividad atávica de sus parientes,- pasividad genuina de una raza en la que el artista fué excepcional
rebelión,-hubiera opuesto ninguna resistencia al golpe traidor de la muerte. Sus amigos acudieron tarde, á blasfemar del destino impasible sobre el cadáver ó á contemplarlo aterrados y aterradores, y cuando el Maestro bienamado fu6 conducido para siempre al cementerio, pudo decirse como en las Tristes,
que en su morada desierta todos los rincones tenían lágrimas!
·
Cayó! Dísipóse! Extínguióse! Su cuerpo fué devorado y pulverizado, y de su obra póstuma no quedaron ni ,·estigios; fué banida y srp11ltada por sus piadosos y bienaventurados parientes en su pueblo
natal. El Santo Oficio de la estupidez secuestró hasta la última página de música, hasta el último manuscrito del Maestro. De su obra inédita no quedó ni piedra sobre piedra! La fatalidad, á la que él venció en buena lid cuando vivía, con su genio indomable y su voluntad inflexible, tomó la revancha á su
muerte y IH'gÓ hasta el menor brote de recuerdo en muchos que se pregonaron sus amigos!
Empero, como en la canción de Stechettí, el cancionero amado del Maestro, han brotado desu sepulcro ardientes rosas al calor de nuestra evocación de aquella tarde - ¡oh ,·osotros sus fieles amígos!-en que
os prometí perfilar, aunque fuese en esquema la obra malograda y peregrina de Villanueva.... .. Son
flores nacidas de su corazón, de su apasionado y pobre corazón enfermo de sentir y de sofia1· . .. Son las
rosas de su juventud tronchada en flor, las rosas simbólicas de su sangre ardiente y generosa que regaba un cerebro potente y alentaba un espíritu superior y dilecto, consagrado por el arte y por la gloria! .. .. Y hoy que rendimos este pequeño tributo débil y tardío á la sagrada memoria del artista muer•
to, pa1·ece que un eco doliente se levanta de su sepulcro y plafie á vuestra amistad piadosa como en la
canción del poeta, y que el alma del sentido múgico os dice que esas flores son
i canti chi pensai, ma che non scrissí. ....
()h! bieua1nado 1\laestl'o1 lllalogrado l\foestro, duerme ..... duorme ..... !
RuBÉN

U. CAMPOS.

Jl lJJ\fJl JYlARQVE2Jl
Cuando tu boca me bcs11 1
en repetirm e se obstina
que vienes, en línea expresa.
ele una elegante marquesa
que murió ·en la-guillotina.
Pero, si no cuento mal,
mucho más noble soy yr,
pues mi título ducal
es el • Contrato Social •
de Juan Jacabo Rousseau.
Mí uniforme es este craso
y obscuro traj e simplista,
pero ¿hay un contraste acaso
entre tu falda de raso
y mi corbata de artista?
La mejor prueba es que igualas
nuestro amor sin un reproch e
y que, olvidan~o tus galas,
como una estrella con alas
has puesto un beso en mí noche.
Tú creerás que me fascinas
refiriendo los detalles
de tus castas heroínas,
las marquesas libertinas
que pecaban en Versalles.
Pero asisto á tus tiradas
que deshojan flores secas
como á un viejo cuento de hacla11 1
donde hay joyas olvidadas
en teatro de muñecas.
Tu vetusta raza ignora
los modernos despertares
y es por eso que te azora
la violencia Yengad'.lra
ele !ns rachas populares.
P ero si el color te enfada
y si la plebe te enoja,
¿por qué me ofreces, malvada,
tu boca más encarnada
que mi escarapela roja?
París 1901.

MANUEL

UGARTE.

�--EL CRISTO DE LOS ULTRAJES.
CUADRO DE HENRY DE GROUX.

•
OS intelectuales piden un Dios y mucbos no vacilan en implora1· abierta y públicamente á
Nuestro Señor Jesucristo, "des Dieux: le plus incontestable,·• decía Baudelaire.
Es cosa infinitamente digna de observarse esa misteriosa impulsión do los esplritus jó•
venes en el sentido de una renovación del Cristianismo; evolución hasta ahora litera.ria
qu(parece haber comenzado en "Las Flore~ del :\Ial" y que P.ml Yerlaine ha milag1·osl•
mente acelerado en estos últimos tiempos.
E~te, el único gran poeta q 11e haya llevado francamente su corazón á la Iglesia desue hace unos seis
siglos, rejuveneciendo por un prodigio de genio todas las viejas im\genes que el ateismo ó la costumbre
hablan desteñido hasta el ridículo, glorificó el Santo Sacramento y la Oración en tan bellos versos, que
la juventud incrédula do la poesla contempóranea se vió forzada á admirarlos con entusiasmo y á
convertirse en discípula, y eso ha llegado á un extremo tal que hoy el Catolicismo tiene el caráctet· de al•
go como una aristocracia del pensamiento.
Agreguemos que los artistas moderno@, y sobro todo los pintores, ofrecen bien pocos consuelos á los
peticionarios de Sublime
Por todas esas razones, estimo veinte veces asegurado el triunfo del "Cristo de los Ultrajes," la tenta•
tlva más formidable de espil'itualismo cristiano que se haya llevado á cabo en pintura, desde los prede•
cesores de aquel paganismo edulcorado que se llamó el Renacimiento.
Notad que no se trata de ninguna manera, de un asunto que pudiera conjeturar fácilmente la imagi•
nación de los críticos y cuya banalidad salvarla una ejecución más ó menos divina. Poi· el contrario, el
cuadro se encuentra á distancias telescópicas de los lugares comunes imaginables de la iconografla re•
ligiosa.
Es el Sufrimiento del Cristo, tal y como lo han relatado los santos visionarios en los libros de diaman•
te que sobrevivirán al Juicio Final de las literaturas; tal y como lo han certificado los Antiguos Testigos
quti se hicieron "degollar'' por obedecerá la orden de ser "configurados á la muel'te;" en fin, tal y como
la Iglesia, no de la Edad Media, sino de todos los siglos, lo enseña en su terrible Liturgia.
Es el huracán de las torturas inimaginables, sin el contrapeso de ninguna eficaz piedarl p11rJ. ~I agoni·
zante voluntario, cuyo Ultimo Suspiro extingue el Sol y enturbia las constelaciones.
Se ha hablado de "vitrail'' y de Primitivos, de pesadilla y del sombrío genio de Flautlc~; se ha hablado
de Rubens y de Delacroix. De qué-oh Seüor!-no se ha hablado, puesto que tocia la prensa de Bólgica
ha mugido alrededor de ese monstruo de magnificencia cuyo aspecto desconcertaba la corrección de
una raza pi11torera inmovilizada hace doscientos años?
Ah! y sin embargo es bien sencillo y verdaderamente no exige el caso tanta erudición, puesto que es pre•
cisamente lo necesario para que una vi!'ja pescadora del pals vasco ó de la Flandes occidental, se prosterne con la frente sobre la tierr«, exhalando gemidos de piedad, como si se le plantase ante los ojos algún tríptico de Juan ele Brujas ó algún sanguinolento Ecce Horno de Alonso Cano!
Porque es enteramente incontestable que tal debe ser el objetivo supremo de todo trabajo de arte ex·
clusivamente religioso. Una imagen piadosa ante lo cual ningun pobre pucliera orar, no parecerla acafO
lo que puede imaginarse de más idéntico á una prevaricación sacrilega?
Véase, pues, el cuadro de llerny de Gl'Oux en su muy poderosa sencillez:
El Hombre de los DJlores está de pie sobl'e el m'lnte fil.moso que la tradición tlcsigua como el túmulo
del primer Desobediente.
A su derecha un irónico é impasible bl'uto pretoriano coronado por brillante penacho y que podda ser
el pastor de ese rebaño militar de tan completo embrutecimiento que se distingue en último término.
A su izquierda, un individuo inexpresable, mellcla dó eunuco y de descuartizador, que poclrla tomarse
poi· la cu~t?dia viva ó p'Jr el relicario de muchos miles de años de humana crápula.

REVISTA MODERNA.

181

Es e3e el co:nac del lamentable Señor que se ,·a á crucificar, el cicerone indeciblemente abyecto de las
ignominias, de las maldiciones y de los espantos.
Vocifora, designando la Ylctima á la multitud, y esa es la señal del más dem oníaco tropel de canallas
que un pinto1· ardienclo sobre si mismo como una solfatara haya jamás tenido la auclacia de representar.
La rabia de ese populacho de puños crispados parece ten er, según el espfritu delos cuatro Evangelios,
algo, mucho, de profético y de sobrehumano.
Los niños mismos-pánico detalle! - aullan á la muerte y blanden sus débiles brazos contra el pecho
11ngustioso del Cordero divino.
Clovis y sus Francos están endiabladamente lejos, por cierto! y mientras más se mira, más se nota
que están lejos, indiscernibles, más allá de los siglos, en el hormigueo del Caos bárbaro!
Jesús está solo, absolut~mente solo y frente á frente de ese mundo condenado por él, mundo horri•
hle que no es más que la basura del antiguo Paraíso perdido y barrido por los Querubines.
Ese Dios hecho hombre se ha despojado tan completamente á si mismo que no ha querido guarda1·
ni siquiera el átomo de Divinidad que le hubiera sido necesario para no tener miedo. Sufre y tiembla en
su Carne como los débiles entre los más débiles.
Que ahora se sostenga como puecla. Los mismos Angeles han huido, los Angeles brillantes descendidos del cielo para reconfortarlo.
Es tiempo de que aquello concluya, pues de lo contrario no le quedaria más Sangre que derramar
por aquellos poseídos sobrti la pobre Crnz saludable.
S1ngra, en efecto, terriblemente, por todos los piquetes de su Corona y sobre todo por las innuma·
rabies plagas de aquella Flagelación milagl'Osa que la franciscana Maria de Agreda valuaba en más de
cinco mil golpe:; de flagelos emplomados. Y está de tal manera rojo bajo la púrpura de su barapo que
en verdad se creería que es l~l el verdugo de los demás.
Puo sus manos que serán traspasadas en breve, sus manos exangües de supliciado, tan enardecí ·
das por el dolor que se les adivina capace3 de consumir el firmamento, las recomiendo pa.rticularmente
á los exploradores de abismos que no temen inclinarse sobre la miseria infinita ....... .

L1 pt·óxim1 ex:po3ición pública de esta obra extraordinaria, cuya intensidad sobrepasa los pa•
roxismos más proclamados, obli¡(ará de seguro á la critica á modificar un poco sus fórmulas.
Algunos comprenderan sin duda, no solamente que se trata de un lienzo al cual nada se asemeja en
toda la pintura contemporánea, sino ante todo que se está en presencia de una fuerza absoluta repre•
sentada por un extranjero á quien el porvenir pertenecí\.

...................................................... .. ... .... .... .. .... .........................
A parte de algunos jóvenes escritores de quienes Bélgica se asombra, parece que el rey Leopoldo
ha sido el único en su pueblo capaz de adivinar la grandeza del autor, ese adolescente de genio, copiosamente insultado por la multitud, asquerosamente renegado por algunos .,· constreñido á refugiarse en
París que es el eterno pabellón de esos laJ&gt;idados sublimes.
Toca, pues, á Parls exclusivamente, al intelectual Parí~, donde la justa gloria no es siempre escati•
mada, el honor de prohijar á semPjante náufrago del cielo!
LF:ON

(Trad. de e Hevista Moderna•).

BLOY.

�QUE ME MlrtE SIE)lPIU: ......

Hay \'er~os que brotan como hilo e.le agua,
l111y versos que estallan como rna centell:i,
versos que son chispas candentes de f,·agu:i,
~, versos m;\s dulces que labora de Ella.

Y por eso pago con versos los besos
que anhelante libo en su boca roja,
cuando me dci:plomo de sus brsoi-, t&gt;Sos!
. . . . . . como ('lle del árbol tembl;rndo la hoja.

Pero algo los vcrtiOS ap:iga y acrece
el urente encanto; y son sus miradas,
hay en ellas tanto que flota y se mece..... .
en cielos no vistos noches ignoradas.

Cuando me besaba chocaban sus dientes,
calda de perlas en páteras de oro.
l\las eran los versos tan indiferentes
cu:indo me miraba ...... que es lo que yo adoro.

Que me mire ~iempre, como aquella tarde
en que el sol en amplia púrpura cala,
con esas pupilas negras en que arde
la luz de la noche, y la luz del ella.
JESl"S

E. V ALENZUELA.

ACONTECIMIENTO LITERARIO EN LA AMERICA LATINA.
"LASCAS."
«Durante la segunda semana del mes que comienza quedará terminada la
impresión de «Lascas. » El libro es fruto de vigorozo esfuerzo que conquistará
á su autor nuevos é inmarcesibles lauros, y que honrará las letras castellanas .
Las poesías que forman el volumen revisten forma eximia, y encierran
conceptos en que esplende soberana belleza.
«Lascas» constituye, cuanto á la forma, un prodigio de exquisitez. Es la
obra de un poeta para quien el arte no tiene secretos, para quien el verso es
instrumento dócil, y para quien la palabra, austera á veces, á veces suntuosa,
no es más que el ropaje que ha de vestir las ideas.
Salvador Díaz Mirón no es un artífice, sino un artista, y un artista que
tiene la más alta, la más noble, la más exacta noción de lo grande y de lo be•
llo. Y precisamente porque sabe que es la Verdad la eterna inspiradora de to•
do lo que está destinado á perpetuarse en el Tiempo, es profundamente humana la maravillosa labor de nuestro egregio bardo.
En «Lascas,» no hay nada que haya sido visto, ó vivido, y, recuerdos y
esperanzas, anhelos y dolores, propios ó ajenos, han sido engarzados en metros, en ocasiones insólitos, decorados por rimas heroicas.
Todo aquel que conozca Veracrnz habrá de reconocer en el libro edificios
y paisajes, que el poeta ha copiado con fidelidad de espejo.
El libro ad viene al mundo de las letras con buen sino y en momento propicio. En el instante en que el país entra de lleno á la vida intelectual, y en que
el escritor halla estímulo y premio á sus afanes, en el aplauso de un público
inteligente y culto. )&gt;

El Otden, de Xalapa, Veracruz, Junio 2, 1901.

�MÉXICO,

ARo IV

2'\

QUINCENA DE JUNIO DE

NóM,

1901

12

REVISTA
A. RT E
DIRECTOR: JESUS, E. VALEN ZUELA.

Y~CIENC I A. .
li.

JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de Dubldn,

CRUCIFICAT.

- -----

-

-----

--

AL llU CÓ Ll CO AlllEDICU(()

DR. D . JOAQUIN' ARCADIO FA.GAZA.

'
Al pie del monte el pueblo vocifera,
~laldice, rscupe, hiere .... •¡Profetiza! •
Prorrumpe el eco al estallar con risa
Entre un rugido de enjaulada fiera.

.

.

..

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• •·""
&gt;

. ...

• Ut!sdt udd• clama por la vez postrera,

La impura voz que al manso martiriza;
•¿Por qué me desamparas?• . . .. y agoniz:i
En medio de una oleada pasRjerr..
El Rey de los Judlos vueh·e ~· clani
Sus ojos de perdón mirando al cielo,
Y al expirar sobre su grry esclava,

~

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Cada gota de sangre por el suelo,
Del cáliz de su amor, el crimen lava,
De la raza dispersa y bin consuelo.

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LAS GUITARRAS.

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AL J,IO MAXGEL MARRO:- .

Bajo agreste fl!stón de umbrosas panal",
Fresco dosel en la enervante siesta,
La turba campesina está de fiesta
Sueltos los chales, flojas las chamarras.
De mano en roano rebosantes jarras,
S ueltan el jugo que al amor apresta,
Y almas del canto, como sola orquesta,
Dan su alegre concento las guitarras.
\'ibra el aire encendido en cada boca,
Y en cada pecho la pasión respira,
Que en un mar de miradas se entrechoca.
Cada mujer es junco que suspira
Al compás de la danza alegre y loca
Y cnda corazón es una lira.
JOSÉ TRINID.\D

FF.RRER.

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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                    <text>MÉXICO,

ARo IV

2'\

QUINCENA DE JUNIO DE

NóM,

1901

12

REVISTA
A. RT E
DIRECTOR: JESUS, E. VALEN ZUELA.

Y~CIENC I A. .
li.

JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de Dubldn,

CRUCIFICAT.

- -----

-

-----

--

AL llU CÓ Ll CO AlllEDICU(()

DR. D . JOAQUIN' ARCADIO FA.GAZA.

'
Al pie del monte el pueblo vocifera,
~laldice, rscupe, hiere .... •¡Profetiza! •
Prorrumpe el eco al estallar con risa
Entre un rugido de enjaulada fiera.

.

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. ...

• Ut!sdt udd• clama por la vez postrera,

La impura voz que al manso martiriza;
•¿Por qué me desamparas?• . . .. y agoniz:i
En medio de una oleada pasRjerr..
El Rey de los Judlos vueh·e ~· clani
Sus ojos de perdón mirando al cielo,
Y al expirar sobre su grry esclava,

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Cada gota de sangre por el suelo,
Del cáliz de su amor, el crimen lava,
De la raza dispersa y bin consuelo.

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LAS GUITARRAS.

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AL J,IO MAXGEL MARRO:- .

Bajo agreste fl!stón de umbrosas panal",
Fresco dosel en la enervante siesta,
La turba campesina está de fiesta
Sueltos los chales, flojas las chamarras.
De mano en roano rebosantes jarras,
S ueltan el jugo que al amor apresta,
Y almas del canto, como sola orquesta,
Dan su alegre concento las guitarras.
\'ibra el aire encendido en cada boca,
Y en cada pecho la pasión respira,
Que en un mar de miradas se entrechoca.
Cada mujer es junco que suspira
Al compás de la danza alegre y loca
Y cnda corazón es una lira.
JOSÉ TRINID.\D

FF.RRER.

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�REVISTA MODERNA.

187

HIMNO A LEON BLOY.
Bienaventurado el que piensa
Pn el pobre: en el dia malo
lo librará Jebovli.
SALMOS, 41

Lámpara del exegeta;
Oleo viril del atleta;
Lira de oro del poeta!
Los relámpagos de sangre de tus prosas iluminan
El tropel de águilas negras que en su larga noche van;
Hay granizos que lapidan, hay centellas que fulminan
En las iras de tu verbo donde truena el huracan! ....
Oh látigo del beluario!
Peregrino del osario;
Saeta del sagitario!
Arrebata sus serpientes á Gorgona y á las furias
Y blandidas por tu diestra como un haz flag~lador
Que sollozen las maldades y que ululen las Lujurias
Azotadas por tu rabia de implacable vengador!
Flor de lis del proxeneta;
Agua clara del asceta;
Clarin aúreo del profeta!
Eres águila surgiendo del plumón de una paloma,
Es el blanco Paracleto quien inspira tu furor
Y por eso entre fragancias pavoroso, tu cdio asoma
Cual león rugiente y negro bajo de un rosal en flor!

Oh liagelo del suplicio!
Crin y acero del cilicio!
Luminar del santo oficio!
Que á tus trágicas hogueras y á tus rojas guillotinas
Del burgués y la hetaira llegue el pálido tropel,
Que el traidor sucumba al fuego de tus cóleras divinas!
Que los réprobos naufraguen en los mares de tu hi el!
Oh brava espada! pelea!
!ncendia: divina tea!
Hacha incansable: golpea!
Pobres ojos empañados que no ven en tu exegésis;
Que son lámparas extintas ante el rostro de Jesús! ....
Miserables de los sordos á tu airada parenésis
Cuyos senos no temblaron al abrazo de la Cruz!
Cruz de hierro del templario;
Oliban del incensario;
Ventanal en el sagrario;
Oh gigante! con montañaR cargarás tu catapulta
Y tu fronda y tus arietes formidables crujirán
Cuando pávida contemple la canalla que te insulta
En el cielo la tormenta y á sus plantas el volcán.
Lucha, hiere y en la meta del cantar en que te ensalzo
Oh verdugo inexorable! Oh profeta del Amor!
Aparece en el sangriento pedestal de tu cadalso
Como un Dios de represalia, de venganza y de pavor!
JOSÉ JUAN TABLADA.

WILLIAM SHAKESPEARE.
OTELO.-IAGO.-DESDÉl\IONA.

I querido amigo Eduardo Herrera tuvo la benevolencia de dedicarme un ehtU·
dio precioso y erndito que ha publicado el Siglo XIX sobre el Sueíip de una
~.{oche de Verano. Atiza mi buen amigo la ardiente lámpara que vigilante con·
servo en el altar de Shakespeare; renueva en mi propósitos pasados de escribir
cuanto pienso y cuanto siento del trágico britano; intentos de reunil· y revisar
lo que ya tengo escrito y publicado acerca de no pocas obras del excelso poet.i"
ta; anhelos de segúir por esa senda, deteniéndome á admirar cada uno de los
dramas que tan maraYillosamente construyó con pentélicos má rmoles; impetus, en suma, no de hacer el
análisis, la crítica, de esos monumentos perdurables de la literatura, pero si de expresar largamente el
efecto que me producen, los estfmulos que me avivan, los sentimientos que me encienden, los recuerdos
que me dejan.
¡Ah, si tuviera la en trada franca de que disfruta el Sr. Herrera en el idioma inglés, y que le permite
registrar hasta sus más secretos recodos y escondrijos! ¡Si tuviera la competencia qu e ti ene él pa1·a j uz•
gar á Shakespearel Pero carezco de tales privilegios y por eso me arredro.
Se entra con miedo al estudio de Sbakespeare como qu ien por primera vez entra e n el bote para
cruiar el Oceano. Con nada puede comparart&lt;e tan propiamente el trágico inglés como con el mar. Co•

�188

REVISTA MODERNA

REVISTA MODERNA.

mo él tiene pellas y como (:1 tiene mon~tmos. Como él copia, en sus noches de calma, los innúmPros astros, y como él se levanta, enfurecido, en fol'midables ímpetus.
Sentimos en sus dramas que la inmensidad nos abl'uma como si navegáramos en alta mar. Es entre
los trágicos lo que era la fuel'za entre los mithos. Se asemeja á Esquilo y también se asemeja á Rabelais.
Sus carcajadas son de semidios homérico y sus imprecaciones desesperadas son de Job. Nada humano le
es extrl\ño, como no lo era para el hombre de Terencio. Esquilo no sabia l'eir; Rabelais no sabía llorar: Shakespeal'e aterra como el uno y ridiculiza y befa como el otro. Cuando asciende al ideal, es la
más alta cima; cuando baja á. las profundidades recónditas de la observación, es la mina más pl'O·
funda.
Su corona está. hecha de diamantes arrancados y de estrellas desprendidas. Todo el drama está en
él, como estaba todo el universo en la gran nebulosa. Visto fuera de su obra, como creador omnipotente
é impasible, es un dios; visto en sus personajes, es la Humanidad. Su altitud fatiga, desespel'a á veces,
como fatiga y desespera la ascensión á una montaña cuya cúspide es casi inaccesible. Se llega á Euripides, se llega á Sófocles, se llega al talón de Esquilo, se llega á la rodilla de Al'istófanes: no se llega á
Shakespeare.-¡Está más alto!-nos dice Moliere.-Más arriba-nos dice Calderón. Como el gigante de la
balada huguiana, puedo bien exclamar:
Je combattais l'orage et ma bruyante haleine
bans leur vol anguleux eteignait les éclairs;
Ou, joyeux devant moí chassant quelque baleine,
L'Océan á mes pas ouvrait sa vaste plaine
Et mieux que l'ouragan mes jeux troublalent les mers.

Entre sus grandes antepasados, unos son dioses creadores olfmpicos, serenos; otros son hombres
que gozan y sufren, como gozamos y sufrimos. Sólo Shakespeare es dios y hombre. Está á nuestro lado
y está muy arriba de nosotros. Se nada en su obra colosal sin encontl'al' la orilla. Se le ama, pidiéndole
pel'dón. ¡Y qué buzos los que han bajado á sus profundidades!
Todos los grandes entendimientos, todas Jas gl'andes ambiciones v·an á él, como l'ÍOS caudalosos á la
mar. Este, halla perlas; ese, corales; aquél, se ahoga; pero el tesoro inmenso no se agota. Le vemos en
esta de sus fases ó en esta otra, como los griegos veian á Dios, ya arrastrado por caballos marinos, en
la cerúlea superficie, bajo la forma de Poséidon; ya rigiendo en la selva. las energias de la savia bajo la
forma de Pan. Cada critico levanta un templo al dios, para honrarle en una &lt;le sus primacfas, en una de
sus excelencias, en una de sus formas; pero el Dios en su verdadera, total y única substancia, no ha sido
visto por ninguno. Víctor Hugo lo entrevió en uno de sus éxtasis supremos¡ y cayó de rodillas y sus labios sólo pudieron balbufü una oración.
Al perderse en la obra de Shakespeare se experimenta vago terror, como si la noche nos sorprendiera en un bosque intrincado. Hay estrellas en el cielo: Ofelia, Julieta, Desdémona, Cordelia, Perdita ...... Hay buenas hadas que se hacen collares con las gotas de rocío y canuajes con la cáscara. de
las avellanas. Puck, el buen Robín, retoza con Cbicharillo, y traveseando, desnata la leche, desajusta el
molinillo, evita que la cerveza espume, tropieza con los labios de la vieja que apura el jano y hace que
se derrame la bebida; se interpone de súbito entre las bocas trémulas de los enamorados que se besan, y
asusta con sus trápalas á los mozos y mozas del lugar.
Oberon y Titania se abrazan á la somlHa de un·no me olvides. Grano de Mostaza recoge velloritas espigadas y Ariel trenza hilos de perlas con la luz de la luna. Pero duendes y trasgos picarescos, hadas
gentiles y bondadosos geniecillos, no son pobladores únicos del bosque.
Tras el caduco tronco de una encina, chispean, como ojos de jaguar, las pupilas de Otelo. Rozan
nuestra cabeza las alas de murciélago de Galiban. Oímos chocar en el aire los palos de escoba en que
montan las brujas de ~Iacbeth; hervir en la eriaza la marmita hechiceresca y bríncar á los sapos entre
ortigas. El espectro del padre Hamlet, clamando venganza, camina á la plataforma deElsenor. Las sombras'van escondiendo sus puñales, al lecho de Ricardo III; Lady Macbeth vaga insepulta con su fatídica
lámpara en la mano. Es verdad que Falstaff l'le, que Ofelia gorjea, que Desdémona canta, que Julieta
curruca, pero también Shylock gruñe, fago grazna, Gloster ulula, Otelo ruge. En esta selva del teatro
shakespeariano hay cosas espantables que hielan la sangre y que erizan el cabello.
Tiene alondras y tigres, ruiseñores y brujas enamorados y ase6inos. ¿Qué fuerza la de este genio
que tan bien se hace amar como temer; que ora es rendido trovador y ora. implacable justiciero? No hay
para él regiones desconocidas. Es un viajero que está de vuelta de todos los palses. No sólo vivirá siempre: en todos los tiempos ha vívido. No sólo crea: reanima y resucita. El historiador reconstruye labo·
riosamente una figura, dato á dato, con pedazos de viejos crnnicones, con hojas de anales, con páginas
de memorias: Shakespeal'e pone la mano sobre el mármol de la tumba, exclama: ¡Surge! y la estatua yacente cae volcada, la lápida se alza y el héroe muerto se levanta. Asi, al poder de su conjuro, aparecieron en la escena Coriolano, J ulio César, Ricardo III, el rey Juan, Enrique IV. Son ellos, con sus propias
i4eas, con sus mismas pasiones, con su lenguaje peculiar. Y Shakespeare no es su poeta: es su contemporáneo_. Antes que Michelet, el trágico britano, había comprendido que &lt;la historia es una resurrección.•
Antes que Macaulay, habla aplicado los procedimieutos de la anatomla comparada á la reconstrucción de

r

189

las grandes personalidades humanas. Antes que los coriftlos de la moderna escuela histórica, babia dado tanta importancia al pueblo como al héroe.
Los historiadores de su época eran simples analistas: él, poeta, era un supremo historiador. Esta maravillosa adivinación, esta videncia extraordinaria, sólo pueden explicarse con la frase de un tribuno _insigne: ,Los poetas son como las alondras: ven la luz antes que los demás.• Xi el pasado misterioso, m ~¡
porvenir, secretos tienen para él. Creemos haber encontrado una f~rma nueva p_ara expresar los _éxtasis
del amor, el torcedor de la ambición, los arrebatos de los celos; y s1 es exacta, s1 es verdadera, s1 es humana, está en Shakespeare, está en el balcón de J ulieta, en el palacio de l\lacbetb. ó en la alcoba de Desdémona.
Aquel hombre nos saqueó el porvenir. Porque mientras la humanidad exista, las grnndes pasiones
serán siempre iguales, y él domó A todas, y á. todas ellas nos presenta, como á. monstruos enormes, en esas
jaulas de bronce que llamamos sus h'agedias. Shakespeare es sublimemente vulgar. Eso que murmura J~lieta, es lo que nos dice nuestra Amada al despedirnos de ella. Eso que rumia Shylock, es lo que rumta
el usurero al prestarnos algunas monedas. Nada más vulgar que un ¡te a~o! ~ un ¡me muero! Y en es~
frase están todos los idilios y en ésta todas las tragedias. No creo que en nrngun otro poeta haya cabido tanta humanidad como en Shakespeare. Mi admiración, excesiva acaso, podia pronunciar el nombre
de Víctor Huero• pero en Shakespeare está la humanidad; en Vlctor Hugo están la humanidad Y él. El
b 1
•
)
•
con su tradíciñn, con sus pasione.;, con sus amores, con sus odios. Toma á los pcrsonaJes que e sirven
para encarnar una idea suya. Habla en ellos. Su gigantesca voz r~suena siempre, com? la del Océano
cuyos tumbos se escuchan aun antes de que aparezca á nuestros o¡os. Shakespeare, es '.mpersonal. Una
vez concluida, se aleja de su obra, como Dios de la creación. Ya ha dado leyes á sus cnatUl'as; que lue•
go obren por si solas. Y no aparece, no habla ni fi losofa en el curso del drama: está en él; pero como el
cielo, muy arriba.
A mí me atrae el estudio de Shakespeare, como atrae el mar. Bien sé que en mi frágil barca de vela
latina en mi barca construida para que en ella cante barcarolas á muy corta distancia de la playa, voy
á perderme en esa inmensidad. Y sin embargo, me aventuro con la audacia de quien no sabe to~avía lo
que es la alta mar. Pero este grave estudio desespera. Miro á Hamlet, lo observo, creo haberlo visto, haberlo escuchado, haberlo comprendido, que ya es mio, y al volver la hoja al día siguiente, me encuentro
con otro Hamlet que ni siquiera conocía.
Un nuevo critico me Jo describe, una nueva frase me lo revela. Y así siempre. ¡Pero imposible separarse de Shakespeare! Unas veces nos tiene entre sus brazos y otras entre sus garras. Ya nos ata con
lianas, ya nos sujeta con sus uñas. Nos sentimos humillados, y, no obstante, lo admiramos. A ocasiones,
es el canto de un ruiseñor extraordinario y lo olmos extasiados como el monje Alfeo al ave del Paralso¡Oh, qué suavidad! ¡Oh, qué dulzura! ¡Oh, qué terneza! Tiemblan de voluptuosidad las hoj as nuevas'. una
alondra se columpia en la escala de seda por donde Romeo acaba de subir; inunda el bosque, paremdo á
la nave de una catedral gigantesca, un inmenso himno nupcial; las palomas juntan sus cuerpos blancos
y sus picos color de rosa, Ofelia pasa recostada en los almohadones de encaje que le forma la es~uma
del arl'oyo: se inclina el sauce, no para humedecer sus ramas ~n- el agua, si~o para es~uchar meJOr la
canción de la blanca Desdémona; los cristales de la ventana got1ca se rubonzan al senttrse tocados por
la aurora como la mejilla de una vir,,.en besada tímidamente por su amante; se sienten besos que no se
oyen; se ;lln almas de niños en el alb;, y se dice temblando:-¡que no acabe! ¡que no se extinga! esta melodla tan voluptuosamente casta! que suenen siempre esas palabl'as tiernas que son las ;1ue anb.elam~11
auspirar al oido de la mujer á quien queremos! ¡un minuto! ¡un instante! ¡que no acabe! t luego el follaJe
chasca como si una fiera oculta brincara de repente.
La nuca presiente la mordida del tigre. El corazón retrocede encogiéndose como un cazador sorprendido! He ahi el drama! Y las manos de Sb.akespeare son tenaza~ que caen sobre nuestros hombr?s,
y caemos. ¡Oh, qué terror! La hermosa joven muerta, tendida para siempre sobre el mármol; la muJer
que traiciona; el padre, triste y errabundo, abandonado por sus hijas; el niño estran~ulado en su cu~a!
la mancha de sangre, que jamás se desvanece, en la mano de Lady Macbeth; las bruJas que salmodian
en el afre su canto diabólico: ¡lo honible es lo hel'moso! ¡lo hermoso es lo horrible! ¡todo lo monstmoso!
todo lo malo, todo Jo deforme, ventreando,. arrastrándose ó irguiéndose; todo el dolor que nos aguarda
en esta vida1 alzándose y diciéndonos: ¡aqul estoy! y más allá, tras los obscuros lindes de esa comarca
de donde nadie ha regresado, envuelta en la azul obscuridad de la luz hiperbórea, lo desconocido, lo infinito, y Hamlet pensativo, contemplándolo sin poder arrancar!e su secreto. Shakespeare es entonces
brutal.
· •.i
Nos estruja, nos golpea, remueve la daga en la herida, aprieta nuestl'O cue~lo; es el fdroz burgrave
clavando cien y cien veces su puñal en el pecho de la esposa culpable; nos sentimos suyos, como la p~loma del milano· como la oveja del boa; como el niño del oso que lo ahoga; queremos correr y nos sent1 •
mos con ralees; trémulos, é imprecantes mu1·muramos: ¡Piedad! ¡Perdón! ¡Ya no! ¡Ya no! Oíd el •Otelo•
representado poi' Salvini ó por Rossi. El terrol' que se siente es el tenor del árbol que no puede correr.
¿Quién ha hecho cantar ó rugir de esta manera, como en órgano colosal, todas las pasiones. h~manas?
¿Quién nos conoce como Shakespeare nos conoció? Cuando Jo estudio, acércome ~ él con re~1g10s0 l'espeto como se acerca el levita al velado tabernáculo. Parece que me acerco á un Juez. Su mirada entra
' cuerpo y da en el alma. Nada digo, porque adivino que ha ~e contestarme: ya. 1o ~:
él Me. 'si.en
' t
en mi
descubierto, aprehendido, y todo lo malo que ha.y en mi se anebuJa y esconde co-mo s1 qms1era hb1-arse

?

�190

'

..

REVISTA MODERNA.

de ser vlsto. Asl se esconde el robo en la manga del ladrón. Así se bajan los párpados ante el que ya conoce nuestra culpa. Pero seamos audaceF. La vela latina de mi frágil barca se destaca sobre el azul del
horizonte. Naveguemos algunas brazas en el ma1·1 y sirvan de preámbulo estas lineas á lo que me propongo escribir más tarde sobre Shakespeare.
Otelo es el más soberbio león del teatro shakespeariano Sentimos al encontrarnos con él, lo que el
niño al dar con un lobo en lo más intrincado de la selva. Pero la fiera altiva y desdeñosa, pasa sin
hacernos daño. Sólo azuzada, provocada, herida, sacude la melena, encaja la garra, hunde el colmillo.
¡Qué hermoso es este monstruo! No posee la hermosura vulgar, la que todos comprenden, sino la arcana, la recóndita; no la que surge coqueta de la espuma del mar, con un espejo en la mano, sino aquella á que es preciso descender por torcidas y tenebrosas galerlas, llevando en la mano una linterna sorda.
Es bello, porque es bello el valor, porque es bella la gloria, porque es bello el triunfo. Un himno guerrero
acompafia su voz, como el sonido de la flauta acompañaba las palabras de algunos oradores griegos. No
enamora á Desdémona: la conquista. No es ella su amada: es su preaa. La abraza como el mar abraza á
la tierra. La posee como el sol posee á la nieve que sus rayos deshacen. Casi no cuenta sus hazañas:
aparece, y las adivinamos. Se reflejan e.1 su corazón de plata y en sus pnp;las llameantes. Desdémona
las sabe y su amor nos las dice al oldo en voz muy baja.
En •Romeo y Julieta• hay pájaros que cantan; en cHamlet• hay buho, que aletean: en cOtelo• hay
bestias feroces que luchan y se desgarran las entrañas en la arena candente del desierto. Aquel hercúleo molde humano va á recibir, como chono de bronce derretido, la más horrible de todas las pasiones:
los celos. Necesitaba ser tan fuerte y recio, para no romperse y saltar en añicos. Para eso alumbró su
cuna el sol de Africa, para eso endurecieron su corteza carnal las tempestades en el Océano y las batr.llas en la tierra. La vida lo preparó como uua sabia domadora, para esta lucha con el más indómito de
los monstruos.
Llega este drama á la escena, como una flota empavesada al puerto. La luz de la montaña, alumbra
lanzas, cascos, banderas, olas que llegan á la proa de los navíos y se anodillan ante el vencedor. Los
niños cantan un himno triunfal; las mujeres corren al encuentro de sus amantes; los viejos sienten que,
al agudo toque d-el clarln, despiertan y se levantan en sus almas glorias muertas. Otclo, no viene á la
escena por su propia voluntad; el mar lo arroja.
Después, toda esa pompa desaparece. El drama se va ennegreciendo como el cielo cuando sube la
noche de los abismos á los montes y de los montes al espacio. Ya no ondula el raso ele los trajes venecianos; ya no hechizan los ojos la púrpura y el armiño de los mantos. Otclo queda ~olo, como una sombra
más intensa y más negra entre las sombras.
Consideremos brevemente las tres figuras que van á destacarse sobre el lienzo obscuro. Desdémona
es la blanca. Parece una paloma que no encontró su nido y que vuela perdida en medio de la noche.
Ninguna otra figura de mujer, en el teatro de Shakespearc, tiene el encanto místico de ésta. Se va de la
casa de su padre, porque el amor se la lleva. No resiste, como la barca del pescador no resiste á la ola
que la empuja, ni el pétalo de rosa á la ráfaga de aire que lo arranca. El amor la besa en los ojos y ella
le dice como obediente virgen: soy tu esclava! Es el señor ausente que ha venido. Ali! está su sillón, la
copa servida, el lecho preparado. Como la biblica Ruth, dice á su esposo: • tu pueblo es mi pueblo, tu
Dios es mi Dios; alli donde tú mueras, mol'iré yo; y alll donde te entierren, quedaré enterrada.• Es una
niña enamorada de los cuentos. Otelo la cautiva refiriéndole los peligros que ha corrido. Y todavla en
su última noche, Emilia, como nodriza cariñosa, le nana cuentos y la anulla con canciones. No conoce
la vida: va á conocer la muerte nada más. Cuando expil·e, se la llevarán los ángeles entre sus blancos
almohadones, como en una cuna. Está unida á aquel soberbio guerrero, que es el hombre en su expre•
sión más alta, y parece una virgen. Cuando habla con Casio, creemos que va á decirle: jugaremos juntos. Cuando se acerca á Otelo tiene la mirada de la niña que no quiere entrar sola á un tenebroso corre•
dor y que dice muy tímida: acompáñame! Sin impuros deseos la vemos desvestirse, desatar sus trenzas, y
entt·ar al lecho que no parece nupcial, sino de novia. Tiene miedo y reza á la virgen para que la cuide.
¿tiiedo á qué? No ha hecho daño á ninguno, pero siente ese miedo vago de los niños al ladrón, al apare·
cido, al ogro de los cuentos. Sencilla y cándida, quiere volver á ver su blanco traje de novia, y se duerme
con él, como una niña con su muñeca. Su amor es tan quieto, que Otelo la encuentra ya dormida.
¡Qué tranquilo es su sueño! Le cierra suavemente los párpados y le dice á la muerte: •¡hermana, aqul
está ya!, Lo que va á pasar después es una pesadilla de que despertará en el cielo, Pesadilla, esto es,
algo que no es, qu~ no puede ser, algo que serle uno cuando lo recuerda ya despierto. ¡Amar á otro... !
¡Qué sueño tan absurdo! ¿Se puede amar á otro que no sea el esposo? ¡~Iorir ámanos de Otelo .... . . !
¿Matan acaso los que aman? Desdémona se reirá en el cielo de este sueño. Ahora está dormida; suave
respiración mueve sus senos; su brazo blanco cae desnudo á un lado del lecho, mientras con el otro opri·
me todavía, para que no se lo roben, el vestido de novia. Está soñando con las guerras, proezas y campañas de su amado; lo ve soberbio en el fragor de la pelea ó luchando cuerpo á cuerpo con monstruosos
at1imales en los desiertos de Africa. ¡Qué hermoso es! ¡qué bizarro! ¡qué valiente! Pero la pobrecita, acob,rdada, le dice en sueños, con ternura inmensa: Deja que yo te quite la coraza. Todo eso hiciste para
que yo te amara y ya te amo. No me de.jes, ya no te vaya~; tengo miedo! Y si te vas, llévame contigo!
Ninguna de las herolnas de Shakespeare es tan deliciosamente niña como Desdémona. Cuando Otelo r~tlere al Senado las artes que empleó para seducirla, nos la pinta escu ~bando con ávidos o Idos lo que

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él la contaba de caribes, de antropófagos, de seres que tienen la cabeza debajo del hombro, de los riesgos que él corrió por mar y tierra, de cavernas lóbregas, de montañas que llegan casi al cielo. Desdé•
mona oia todo atentamente, y cuando los quehaceres de la casa la llamaban á otra parte, los despachaba
aprisa y volvía al punto. Cuando se encuentran solos, ella, como un amante pide un beso, le ruega que
le refiera e toda su vida por entero., •Y si teneis-le dice-algún amigo que me quiera, enseñadle á que
me cuente esa misma historia y seré suya., ¿No veis? Está enamorada del cuento, está enamorada del
héroe; no del hombre. •Ella me quiso-dice Otelo-por los peligros que yo habla corrido, y yo la amé
por la piedad que de mi tuvo.•

She loven me for the dangers I ad pass'd
And I loved her that she did pity them.

Hay algo de filial en este amor.
Cuando Otelo la rechaza brutalmente, ella se reprocha á si misma culpas que no conoce, que no ha
cometido, con la sumisión de la buena hija que cree siempre justas las reprensiones de su padre. Habla
y su voz tiene deliciosos balbuceos infantiles. Y este es precisamente au mayor encanto. A Juliet1. se la
besa en los labios; á Desdémona en los ojos. Cuando mucho se ama, parece que el corazón se vuelve
niño. Un rayo de sol lo alegra; una palabra seca lo aflige. La voz de la mujer querida, en las supremas
expansiones de ternura, es la voz del niño que despierta en su camita. Mamá! y te amo se parecen mucho.
¡Cómo se encoge el corazón de pena al ver á aquella criatura blanca é indefensa en las garras del
milano! Los hijos de Eduardo abrazandose convulsos en su lecho al oír las pisadas de Gloster, inspiran
menos compasión. Nos rebelamos contra Otelo; se busca el cuchillo de monte para lanzarse contra la
fiera y clavárselo en la nuca; pero á poco, Otelo nos desarma; su dolot· nos arranca la boja aguda: fué
brutal, pero irresponsable como la piedra que cae, como la ola que se encrespa, como el bosque que se
mcendia!
Pongamos en contraposición con la ideal belleza de Desdémona la fealdad torva de lago. Desdémo·
na, es blanca; Otelo, rojo; lago, negro.
Acaso el drama más terrible de Sbakespeare sea el Otelo. Aquella sombra parece hermana de la lnrnensiJ ~oche. Pero Jo negro no está en la tez del africano; lo negro está en el alma de lago.
Cuando suenan loa pasos qe Otelo, creemos oh' las pisadas de uµ león. Cuando lago se aceri:;a per

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cibimos el ruido de una culebra que se arrastra. Otelo es negro. Tago es amarillo Otelo es brutal. lago
es demoniaco.
La progenie de lago es de monstruos; en ella están Caio y Judas. Ni Caliban que personifica la perversidad en el teatro de Shakespeare, es más repugnante. Porque Caliban es como diablo y lago es como hombre. Tiene todas las pasiones reprobadas, todas las pasiones patizambas, todas las pasiones contrahechas, todas las pasiones que se arrastran, que silban, que se esconden, que babean, que detestan
la luz, que caminan torciéndose, que muerden: es envidioso, es cobarde, y para defender su cobardía y
su envidia, las enconcha en la astucia.
Hay pasiones grandes; pasiones que agitan á las poderosas; pasiones que matan; pero como mata el
león ó como mata el águila. Estas pasiones tienen garra; pero tienen también melena hermosa ó recias
alas. Así son los celos, así es la ambición. Las de lago, son vicios ó deformidades. Las otras inspiran
miedo, y éstas asco.
Otelo es la fiera; pero la fiera noble, que no ataca sino acosada, azuzada, urgida. lago es lo contrario de un domador. El acosa, azuza, punza á. Otelo, lo encierra en la jaula, lo excita y provoca su rabia
desde afuera, y cuando ya lo mira enfurecido, entreabre la puerta y le arroja á Desdémona para que la
devore.
En esa fiera babia azuzado antes todas las fieras de los celos. En esa naturaleza primitiva y fecunda, babia sembrado todas las plantas venenosas. Y después ya es Otelo irresponsable, como el león herido
qua devora á su victima, como la tierra que devuelve en árbol lo que en su simiente recibió. Por eso Otelo no inspir11. indignación, sino piedad.
¿Quién no compadece, quién no ama á. Dtisdémona? Shakespeare es incomparable para crear inocencias :sublimes y maldades gigantescas. lago es más perfecto que Luzbel; Desdémona mis hermosa
que Eva. Su misma be.rmosura y su misma bondad la matan, como la propia luz consume al cirio. Porque es tan hermosa y porque es tan buena, la ama mucho su esposo, y porque la ama mucho la asesina.
Es un tesoro .... y por eso la entierran.
Ella es el tipo acabado de la mujer que ama. Por su amado, deja á su padre, y comete la ingratitud inevitable del amor. Nada la detiene y se va con él, como la esclava con su ame, si él la llama. ¿Que
es feo? ¿Que es negro? ¿Y qué importa? ¡Es su dueño! Ella sabe que es hermoso. ¿Qué importa que no
lo sepan los demás? ¡Mejor! Asi sólo será de ella·esa hermosura! La Cordelia del Rey Lear, es la hija por
excelencia, esa hija que es como madre virgen de un anciano. Julieta es la enamorada. Desdémona es
la esposa. En Ofelia llora la hija, habla la hermana, canta la niña. En Desdémona no: sólo babia la esposa. Dió su vida á Otelo: por eso no se queja cuando se la quita. La tenia prestada, era de él.
¡Qué admirable creación! Menos blanca que la de Ofelia, pero más de carne.
Perdonemos á Otelo que la mate, y o.os parecé que dice bien, cuando grita después de sofocarla:
¡Tuve razón! ¡Tuve razón!
SI; tuvo razón! Para él le habla robado ella todo su caudal de amor. ¿Y para qué? Para darlo á. otro.
Y la adúltera merece la muerte. Jesús perdonó 1\. la Magdalena, á la cortesana, á la impura; pero no dijo que perdonaba á la mujer adúltera. Y eso que esa mujer no era la suya.
Otelo mata á Desdémona; pero no deja de amarla: ¡qué honda filosofia! Ya está muerta y todavla
quiere besarla. Ya es cadáver y aún le parece muy hermosa. ¡Que no sepan ni las •castas estrellas, su
delito! El fué justiciero: no será delator.
Cayó sobre esa vida, apagándola tan naturalmente, como cae la noche sobre el mundo.
Después: cuando sabe que es inocente su Desdémona, ¡qué explosión de dolor! El león entonces hinca las garras en su misma carne. Ruge como si le hubieran robado su cachorros .. .. llora como el niño
arrancado de los brazos de la madre. Es una criatura y una fiera.
No se ve criminal, no; Sf. ve solo. No se castiga; no se mata; se va con ella.
MANUEL

GUTIÉRREZ NÁJERA.

LA HERMANA AGUA.
Hcnn:ina Agua, alabemos al Señor.
( Espiriti, de San Francisco de A sis).

Á QUIEN VA Á LEER.
Un hilo de agua que cae de una llave imperfecta; un hilo de agua, manso y diáfano, que gorjea to•
da la noche y tocias las noches cerca de mi alcoba, que canta á mi soledad y en ella me acompaña; un
hilo de agua: ¡qué cosa tan sencilla! Y, sin embal'go, esas gotas incesantes y sonoras me han enseñado
más que los libros.
El alma del Agua me ha hablado en la sombra, el alma santa del Agua, y yo la he oldo con recogimiento y con amor. Lo que me ha dicho está escrito en páginas que pueden compendiarse así: ser dócil,
ser cristalino: ésta es la ley y los profetas; y tales páginas han formado un poema.
Yo sé que quien lo sea sentirá el suave placer que yo he sentido al escucharlo de los labios de Sor
Aqua, y éste será mi galal'dóo en la prueba, hasta que mis huesos se regocijen en la gracia de Dios.
EL AGUA QUE CORRE BAJO LA TlERRA.

Yo canto al Cielo porque mis linfas ignoradas
Hacen que fructifiquen las savias; las llanadas,
Los sotos y las lomas por mi tienen frescura.
Nadie me mira, nadie; mas mi corriente obscura
Se regocija luego que llega Pl'imavera,
Porque si dentro hay sombras, hay muchos tallos fuera.
Los gérmenes conocen mi beso cuando anidan
Bajo la tierra, y luego que son flores me olvidan.
Lejos de sus raíces las corolas felices
No se acuerdan del agua que 1·egó sus ralees .....
¡Qué importa! yo alabanzas digo á Dios con voz suave.
La flor no sabe nada, ¡pero el Señor si sabe!
Yo canto á Dios corriendo por mi ignoto sendero
Dichosa de antemano; porque seré venero
Ante la vara mágica de Moisés; porque un día
Vendrán las caravanas hacia la linfa mía;
Porque mis aguas dulces, mient1·as que la sed matan,
El rostro beatífico del sediento retratan
Sobre el fondo del cielo, que en los cristales yerra;
Porque copiando el cielo lo traslado á la tierra,
Y asi el creyente triste que en él su dicha fragua,
Bebe, al beberme, el cielo que palpita en mi agua,
Y como en ese cielo brillan estrellas bellas,
El hombre que me bebe comulga con estl'ellas.
Yo alabo al Señor bueno, porque con la infinita
Pedrería que encuentro de fnegos policromos,
Forjo en las mistel'iosas grutas la estalactita,
Pórtico del alcázar de ensueño de los gnomos;
Porque en ocultos senos de la caverna umbría.
Doy de beber al monstruo que tiene miedo a.! dia.
¡Qué importa que mi vida bajo la tierra acabe!
Los hombres no lo saben, pero Dios si lo sabe.

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REVISTA :MODERNA.

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La nitidez es ruego, la albura es himno santo,
Ser blanca es orar; siendo yo, pues, blanca, oro y canto.
Ser luminosa es otro de los cantos mejores¡
¿No ves que las estrellas salmodian con fulgores?
Por eso el rey- poeta dijo en himno de amor:
«El firmamento narra la gloria del Señor. •

Asi me dijo el Agua que discurre por los
Antros, y yo:-Agua hermana, bendigamos á Dios.
EL AGUA QUE CORRE SOBRE LA TÍERRA.

Yo alabo al cielo porque me brindó en sus amores
Para mi fondo gemas, para mi margen flores¡
Porque cuando la roca me muerde y me maltrata,
Hay en mi sangre (espuma) filigranas de plata¡
Porque cuando al abismo ruedo en un cataclismo,
Adorno de arco-iris triunfales el abismo,
Y el rocío que salta de mis espumas blancas
Riega las florecitas que esmaltan las barrancas¡
Porque á través del cauce llevando mi caudal,
Soy un camino que anda, como dijo Pascar,
Porque en mi gran llanura donde la brisa vuela,
Deslizanse los élitros nevados de la vela¡
Porque en mi azul espalda, que la quilla acuchilla,
Mezco, aduermo y soporto la audacia de la quílla,
Mientras que no conturba mis ondas el Dios f11erte,
A fin de que originen catástrofes de muerte,
Y la onda que arrulla sea onda que hiere ..... .
¡Quién sabe los designios de Dios que asi lo quiere!
Yo alabo al cielo porque en mi vida errabunda
Soy Niágara que truena, soy Nilo que fecunda,
Maelstroom de remolino fatal, ó golfo amigo;
Porque mar di la vida, y diluvio el castigo.
Docilidad inmensa tengo para mi dueño:
t1 me dice «Anda,• y ando; •Despéñate,• y despeño
Mis aguas en la sima de roca, que da espanto;
Y canto cuando corro y al despeñarme canto,
Y cantando mi linfa, tormentas ó iris fragua,
Fiel al Señor ..... .
-Loemos á Dios, hermana Agua.

t

Sé tú como la Nieve que inmaculada llueve.
Y yo clamé:- Alabemo.s á Dios, hermana Nieve.
EL HIELO.

Para cubrir los peces del fondo, que agonizan
De frío, mis piadosas ondas se cristalizan,
Y yo, la inquietüela, cuyo perenne móvil
Es variar, enmudezco, me aduermo, quedo inmóvil.
¡Ah! Tú no sabes cómo padezco nostalgia
De sol, bajo esa blanca sabana siempre fria!
Tú no sabes la angustia de la ola que inmola
Sus ritmos ondulantes de mujer, su sonrisa,
Al frio, y que se vuelve- mujer de Loth- baoquisa:
Ser banquisa es set· como la estatua ele la ola.
Tú ignoras esa angustia: mas yo no me rebelo,
Y ansiosa de que en todo mi Dios sea loado,
Desprendo radiaciones al bloque de mi hielo,
Y en vez de azul oleaje soy témpano azulado.
Mis crestas en las noches del polo son fanales,
Reflejo el rosa de las auroras boreales,
Las luces fugitivas del sol, y con deleite
De Seraphita, yergo mi cristalina roca
Por donde trepan lentos los morsos y la foca,
Seguidos de lapones hambrientos de su aceite ..... .
¿Ya ves cómo se acata la voluntad del cielo?
Y yo recé:-Loemos á Dios, hermano Hielo.

LA Nll!JVE.
EL GRANIZO.

Yo soy la movediza perenne; nunca dura
En mi una forma; pronto mi sér se trasfigura
Y ya entre guijas de ónix cantando peregrino,
Ya en témpanos helados, detengo mi camino,
Ya vuelo por los aires trocándome en vapores,
Ya soy iris en polvo de todos los colores
Ó rocío que asciende, ó aguacero que llueve ..... .
Mas Dios también me ha dado la albura de la nieve,
La albura de la nieve enigmática y fría
Que cae de los cielos como una eucaristla,
Que por los puntiagudos techos resbala leda
Y que cuando la pisan cruje como la seda.
Cayendo silenciosa, de blanco al mundo arropo:
Subí á la altura niebla, desciendo al suelo copo;
Subl gris de los lagos que la quietud estanca,
Y bajo blanca al mundo ...... ¡Oh, qué bello es ser blanca!
¿Por qué soy blanca? En premio del sacrificio mio,
Porque tiritCI para que nadie tenga frío,
Porque mi lino todos los frlos almacena
Y Dios me torna blanca por haber sido buena!
¿Verdad que es llevadera la palma del martirio
Así? Yo .caigo como los pétalos de un lirio
De lo alto, y no pudiendo cantar mi canción put·ll
Con murmurioa de linfa, la canto con blancura.,

¡Tin !in, tin tio! Yo caigo del cielo, en insensato
Redoble al campo y todos los cóspedes maltrato.
¡Tin tin! ¡muy buenas tardes, mi hermana la pra1lera!
Poeta, buenas tardes, ¡ábreme tu vidriera!
Soy diáfano y geométrico, tengo es,ualte y blancura
Tan finos y suaves como una dentadura,
Y en un derroche de ópalos blancos me multiplico.
La linfa canta, el copo cruje, yo .... yo repico!
Tin tin, tin tin, mi torre es la nube ideal,
¡Oye mis campanitas de !impido cristal!
La nieve es triste, el agua turbulenta, yo sin
Ventura, soy un loco de atar, tin tin, tin tio!
. . . . Censuras? No por cierto, no merezco censuras;
Las tardes calurosas por mi tienen frescura~,
Yo lucho con el hálito rabioso del verano
Y soy bello . . . .
- Loemos á Dios, Granizo hermano.
EL VAPOR .

El Vapor es el alma del agua, hermano mio,
Asi como sonrisa del agua es el rocío,
Y el lago sus miradas y su pensar la fuente,
Sus lágrimas la lluvia, su impaciencia el torrente,

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�REVISTA MODERNA .
Y los dos sus brazos, su cuerpo la llanada
Sin coto de los mares y las olas sus senos;
Su frente las neveras de los montes serenos
Y sus cabellos de oro liquid,,, la ca~cada.
Yo soy alma del agua, y el alma siempre sube:
Las trasfiguraciones de esa alma son la nube,
Su Tabor es la tarde real que la empurpura:
Como el agua fué buena su Dios la trasfigura ... .
Y ya es el albo copo que en el azul ri'ela,
Ya la zona de fuego que parece una estela,
Ya el divino castillo de nácar, ya el plumaje
De un pavo hecho de piedras preciosas, ya el encaje
De un abanico inmenso, ya el cráter que fulgura ....
¡Como el agua fué buena, su Dios la trasfigura!
-¡Dios! Dios siempre en tus labios está como en un templo,
Dios, siempre Dios .... ¡en cambio yo nunca le contemplo!
¿Por qué si Dios existe no deja ver sus huellas,
Por qué perennemente se esconde á nuestro anhelo,
Por qué no se baila escrito su nombre con estrellas
En medio del esmalte magnifico del cielo?
-Poeta, es que lo que buscas con la ensoberbecida
Ciencia que exige pruebas y cifras al abismo .. ..
Asómate á las fuentes obscuras de tu vida,
Y ahí verás su rostro: tu Dios está en ti mismo.
Busca el silencio y ora: tu Dios execra el grito;
Busca la sombra y oye: tu Dios babia en lo arcano;
Depón tu gran penacho de orgullo y de delito ....
-Ya está.
- Qué ves ahora?
-La faz del infinito.
-¿Y eres feliz?
- Loemos á Dios, Vapor hermano.
LA BRUMA,

La Bruma es el ensueño del agua, que se esfuma
En leve gris. ¡Tú ignoras la esencia de la Bruma!
La Bruma es el ensueño del agua, y en su empeño
De inmaterializarse lo vuelve todo ensueño.
A través de sus velos mirificos parece
Como que la materia brutal se desvanece:
La torre es un fantasma de vaguedad que pasma,
Todo en su blonda envuelto, se convierte en fantasma,
Y el mismo hombre que cruza por su zona quYeta
Se convierte en fantasma, es decir, en silueta.
La fü·uma es el ensueño del agua, que se esfuma
En leve gris. ¡Tú ignoras la esencia de la Bruma,
De la Bruma que sueña con la aurora lejana!
y yo dije:-¡Ensalcemos á Dios, oh Bruma hermana!
LAS VOCES DEL AG UA,

-Mi gota busca entrañas de roca y l!ls perfora.
-En mi flota el aceite que en los santuarios vela.
- Por mi raya el milagro de la locomotora
La pauta de los rieles.-Yo pinto la acuarela.
-1\fi bruma y tus recuerdos son por extraño modo
Gemelos; ¿no ves cómo lo divinizan todo?
-Yo presto vibraciones de flautas prodigiosas
A los vasos de vidrio.-Soy triaca y enfermera
En las modernas clinicas.-Y yo, sobre las rosas,
Turiferario santo del a.Iba en primavera.

REVISTA MODER~A.

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-Soy pródiga de fuerza motl'iz en mi caida.
-Yo escarcho los ramajes.-Yo en tiempos muy remotos
Di un canto á las sirenas.-Yo, cuando estoy dormida,
Sueño sueños azules, y esos sueños son lotos.
-Poeta que por gracia del cielo nos conoces,
¿No cantas con nosotras?
- Si canto, hermanas Voces.
EL AGUA )I ULTIFORME,

• El Agua toma siempre la forma de los vasos
Q11e la contienen,• dicen las ciencias que mis pasos
Atisban y pretenden analizarme en vano:
Yo soy la resignada por excelencia, hermano.
¿No ves que á cada instante mi forma se aniquila?
Hoy soy torrente inquieto y ayer fui agua tranquila;
Hoy soy en vaso esférico redonda; ayer apenas
Me mostraba cil[ndl'ica en las ánforas plenas,
Y asi pitagorizo mi sér hora tras hora:
Hielo, corriente, niebla, vapor que el día dora,
Todo lo soy, y á todo me pliego en cuanto cabe;
¡Los hombres no lo saben, pero Dios si lo sabe!
¡Por qué tú te rebelas! ¡por qué tu ánimo agitas!
¡Aymé! ¡Si comprendieras las dichas infinitas
De plegarse iL los fines del Señor que nos rige!
¿Qué quieres? ¿por qué sufres? ¿qué sueñas? ¿qué te aflige?
¡[maginacrones que se extinguen en cuanto
Aparecen .... en cambio yo canto, canto, canto!
Canto, mientras tú penas, la voluntad ignota;
Canto cuando soy linfa¡ canto cuando soy gotn,
Y al ir, Proteo extraño, de mi destino en pos,
Murmuro:-¡Q11e se cumpla la santa ley de Dios!
¡Poi· qué tantos anhelos sin rumbo tu alma fragua!
¿Pretendes ser dichoso? Pues bien, sé como el agua;
Sé como el agua, llena de oblación y herolsmo,
Sangre en el cáliz, gracia de Dios en el bautismo;
Sé como el agua, dócil á la ley infinita,
Que reza en las iglesias en donde está bendita,
Y en el estanque arrulla meciendo la piragua.
¿Pretendes ser dichoso? Pues bien, sé como el agua;
Viste cantando el traje de que el Señor te viste,
Y no estés triste nunca, que es pecado estar triste.
Deja que en U se cumplan los fines de la vida¡
Sé declive, no roca; trasfórmate y anida
Donde al Señor le plazca, y al ir del fin en pos,
Murmura: ¡Que se cumpla la santa ley de Dios!
Lograrás, si lo hicieres así, magno tesoro
De bienes: si eres bruma, serás bruma de oro;
Si eres nube, la tarde te dará su arrebol;
Si eres fuente, en tu seno verás temblando al sol;
Tendrán filetes de ámbar tus ondas si laguna
Et·es, y si océano, te plateará la luna.
Si eres torrente, espuma tendrás tornasolada,
Y una crencha de arco iris en flor si eres cascada.

As! me dijo el Agua con mistico reproche,
Y yo, rendido al santo consejo de la Maga,
Sabiendo que es el Padre quien habla entre la noche,
Clamé con el Apóstol:-¡Seiíor, qué quieres que haga!
A l lADO

Enero de 1901.

NERVO.

�REVISTA MODERNA.

H,9

Habló dunnte una hol'a con exuberancias y entusiasmos de fanático de los terciopelos cortados, de
los viejos facistoles y de la pasta de cedro taraceado y guarnecido con plata sobredorada de un viejo antifonario de Catedral ....
Por fin se agotó su verba, volvió del pasado y al encontrarse de nuevo en esta edad ingrata y estérll p•r• el bibliófilo, tuvo un hondo suspiro y una patética expresión de profunda tristeza. Dejé de verlo largo tiempo y hoy acabo de saber que murió hace meses en la miseria más trágica ....
Un alemán colega suyo en bibliofilismo, estuvo asechando su agonla y dándole algunas sumas de
dinero que después 11e pagó con los mejores libros de la rara y valiosa colección.
Y quizás ese bibliófilo haya sido el último aficionado de corazón, el vástago postrero de una raza de
eru~itos y de obscuros artistas extinguida hoy entre nosotros ....
México, 1901.
JosÉ J uAN TABLADA.

t

'·

TIPOS QUE SE V .AN.

EL BIBLIÓMANO.

O vi durante mucho tiempo husmeando por las alacenas de libros viejo!', en los antiguos
portales ó bajo el cobertizo del jardln del Seminario á la hora matinal en que los jardineros disparan el grueso chorro de las mangueras sobre las auraucarias y los laureles
de la India, en los calurosos mediodlas y aun al atardecer, cuando los estudiantes delas
vecinas escuelas recorren los escaparates en busca de alguna obra de texto al alcance
de su limitado peculio.
Tenia el individuo en cuestión la cara de un buen sujeto y al través de sus toscos
anteojos su mirada azul y desleída brillaba con el vago reflejo de un alma inocente y adormecida. Un
paltó marrón cubría invariablemente su busto encorvado de lector incansable y por sus bolsas asomaban siempre las pastas de pergamino ó marroquln de los raros volúmenes. Era un bibliófilo y lo demostraban sus miradas ansiosas que revisaban pacientemente los anaqueles, el ademán acariciador y sensual con que asía el libro que le parecía de médtÓ y la manera rítmica y parsimoniosa con que volteaba
las hojas para ver al trasluz el exacto registro de las páginas.
Alguna vez lo seguí en las horas vespertinas al cafetln vecino al mercado de libros y punto de reunión de estudiantes famélicos y de empleados en huelga de oficina .... Ah!, después de sentarse, sacaba
uno por uno los libros recientemente adquiridos, pasaba amorosas y satisfechas miradas por la elegante tipografía ó por los anchos márgenes, y si notaba una hoja grasienta ó demasiado amarilla ó llena de
moho, sacaba de su bolsillo un pequeño estuche, aplicaba el ácido oxálico, el cloro ó el polvo mineral
hasta que la página limpiada recobraba su antigua tersura ó su color original.
En cierta ocasión pude convencerme del fervor de su culta manla y de su rara erudición. Habla
entrado al café acompañado de otro individuo con quien durante cierto tiempo estuvo platicando en voz
baja; pero de pronto su voz se elevó y sus vivos ademanes realzaron la viveza de su discurso:
- •Le digo á Ud. que ya no hay libros- decía á su intel'iocutor, que ante la verba torrencial del bibliómnno osaba apenas aventurar uno que otro monosilabo,-le digo á Ud. que el aficionado no tiene
que hacer ya! Yo sigo viniendo ni mercads, por costumbre, po1·que me pesarla dejar pasar una casualidad, una chance imposible; pero es una quimera .... nada se encuentra!
Le parece á Ud. que vale la peua de molestarse este Kempis de 1700 ó estas Fábulas de Esopo; el
cuero repujado del eucologio es un primor¡ los grabados de las Fábulas en cremaille1·e tienen mérito
l'nmo simple xilografía; pero en esencia no son nada .... Ya no hay libros, amigo.
l),•sde las •Cadenas• y los , Portales,• de unos veinte años á acá, no recuerdo haber comprado nada qud valga la pena. Mi última adquisición séria fué un manuscrito del Barón de Humboldt con croquis á lápiz de flores tropicales ....
•Las Cadenas• si vallan la pena; ah! encontró el Padre Grajales aquel in 8°, un Virgilio de 1500 marcado con el ancla y el delfín de Aldo Manuncio! ¡Qué letras aldinas, amigo mio! El Padre compró ese
libro en diez pesos y ahora dicen que está en los Estados Unidos en la biblioteca que fundó el millonario Astor. . . . ¡Calcule lo que los yanquis habrán pagado por éll
Y el bibliómano siguió hablando; deploraba los actuales tiempos y tenla entusiasmos extáticos al hablar del paimdo. Disertó sobre los incunables, sobre los speculum y sobre los donatos, sobre las ediciones xilográficas y á propósito de las encuadernaciones suntuosas de Gascón, de Morris y de Grollier,
Habló de las ediciones de la Cruz de Lorena, de los Libros de Horas y de los Ars moriendi1 del
Oatholicon y de la B iblia Jfazarina, de Venecia y de Maguncia, de Estíene y de Plantln.

VENUS PIA.

Si pues eres hermosa, y el encanto
De tu helada blancura me recuerda
La palidez lunar de las estatuas
Y la adusta expresión de Citerea,
Despoja de prestados atavíos
Y velos importunos tu belleza,
Y revive á mis ojos la tranquila·
Actitud de los mármoles de Grecia.
Nada de cinturones en tu talle,
Ni en tus brazos adornos de pulseras,
Ni sortijas gemadas en tus dedos;
Ni un hilo de diamantes en tu fresca
Garganta, ni coturno que deforme
Tu pie y señale el raso de tu pierna;
Sin que sujete el haz de tus cabellos
La dentadura cruel de tu peineta.
Yo mirué á tus plantas, a1-robado,
El altivo perfil de tu cabeza,
Tu frente de contornos impecables,
Tu afilada nariz, tu frente estrecha,
Y las combas turgentes de tus senos
Y el gálibo triunfal de tus caderas.
Contemplaré tus gracias sin que turbe
Mi culto la malicia, sin que encienda
Mi sangre la lujuria, y exultando
Ante las perfecciones de tu excelsa
Forma, sólo distinta de una estatua
Por tus labios sangl'ientos, por tu trenza
De azabache, y tus ojos sin la fria
Expresión de Latona y de Minerva.

Jea

�ARo IV

MÉXICO,

P

QUINCENA DE J ULIO DE

1901

NúM, 13

REVISTA MODERNA
ARTE Y
DIRECTOR: JESUS E. VALENZUELA.

CIENCIA.
JEFE DE REDACC ION: JESU S URUETA.
Tip. de Dubldn.

EJM:ERIAGAOS.

S necesario estar siempre ebrio. Todo está en eso: es lo único . Para no sentir el horrible
fardo del Tiempo, que quiebra vuestras espaldas y os inclina hacia la tierra, es necesario embriaga1·se sin tregua.
¿Pero de qué? De vine, de poesla, de virtud, á vuestro antojo. Pero embriagaos.
Y si algunas veces, sobre las gradas de un palacio, sob re la y erba verde de un foso,
en la soledad lúgubre de vuestra habitación os despertais, ya disminuida 6 desapare·
cida la embriaguez, preguntad al viento, á la ola, á. la estrella, al pájaro, al reloj, á todo lo que huye, á
todo lo que gime, á. todo lo que rueda, á todo lo que canta, á todo lo que habla, prnguntad qué hora es;
y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, os responderán: Es la hora de embriagarse. Para no ser
loi esclavos mit·tirizados d el Tiemp:&gt;, emb:·iagaos, embria.r ao; sin d esca.n,o! D J vino, d e poesla 6 de
virtud, á vuestro antojo.
CrrALtLES

BAUDELAIRE.

FLOR DE OTOÑO.
Ven á escuchar mi cántig a oportuna
bajo el palio triunfal de la glorieta,
donde está deshojando tu poeta.
sus blancas ilusiones una á una.
Siento un largo Yahido que se adnna.
con la agonla &lt;le la tarde quieta,
ya baja el leñador de la meseta
y se dibuja el peplo de la luna.
Qué bello, junto al lago adormeci&lt;ln,
léjos del cieno y de la humana lidia,
besar tus labios rojos, mi sultana;
Mientras tornan las ave;; á su nid o
y los cisnes contemplan con envidia.
tu elegate perfil de americana!
Jos1~ LÓPEZ DE MAT URANA.
Buenos Aires.

PETA L LES pt;i LA PnurAvERA. -BOTTICELLT. - FIRENZE,

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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                    <text>ARo IV

MÉXICO,

P

QUINCENA DE J ULIO DE

1901

NúM, 13

REVISTA MODERNA
ARTE Y
DIRECTOR: JESUS E. VALENZUELA.

CIENCIA.
JEFE DE REDACC ION: JESU S URUETA.
Tip. de Dubldn.

EJM:ERIAGAOS.

S necesario estar siempre ebrio. Todo está en eso: es lo único . Para no sentir el horrible
fardo del Tiempo, que quiebra vuestras espaldas y os inclina hacia la tierra, es necesario embriaga1·se sin tregua.
¿Pero de qué? De vine, de poesla, de virtud, á vuestro antojo. Pero embriagaos.
Y si algunas veces, sobre las gradas de un palacio, sob re la y erba verde de un foso,
en la soledad lúgubre de vuestra habitación os despertais, ya disminuida 6 desapare·
cida la embriaguez, preguntad al viento, á la ola, á. la estrella, al pájaro, al reloj, á todo lo que huye, á
todo lo que gime, á. todo lo que rueda, á todo lo que canta, á todo lo que habla, prnguntad qué hora es;
y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, os responderán: Es la hora de embriagarse. Para no ser
loi esclavos mit·tirizados d el Tiemp:&gt;, emb:·iagaos, embria.r ao; sin d esca.n,o! D J vino, d e poesla 6 de
virtud, á vuestro antojo.
CrrALtLES

BAUDELAIRE.

FLOR DE OTOÑO.
Ven á escuchar mi cántig a oportuna
bajo el palio triunfal de la glorieta,
donde está deshojando tu poeta.
sus blancas ilusiones una á una.
Siento un largo Yahido que se adnna.
con la agonla &lt;le la tarde quieta,
ya baja el leñador de la meseta
y se dibuja el peplo de la luna.
Qué bello, junto al lago adormeci&lt;ln,
léjos del cieno y de la humana lidia,
besar tus labios rojos, mi sultana;
Mientras tornan las ave;; á su nid o
y los cisnes contemplan con envidia.
tu elegate perfil de americana!
Jos1~ LÓPEZ DE MAT URANA.
Buenos Aires.

PETA L LES pt;i LA PnurAvERA. -BOTTICELLT. - FIRENZE,

�TIEI, REGINA.

LEN'"DE:hd:AIN'"_
(CAPITULO DE UNA NOVELA).

Clamando á tu piedad en mi suplicio,
Como en un claustro lloro en mi amargma,
Hincándome las puntas de un cilicio
De anhelo que me hiere y me tortura.
Tu solo nombre mi aflicción modera,
Y cuando á ti suspiro y en ti pienso,
Perfuma mi aflicción, como si fuera
Tu nombre un grano de oloroso incienso.
¿Me verás con tus ojos soiladores
Y tne darás tus manos bendecidas
Cuando hayas comprendido mis dolores
Y cuando hayas tocado mis heridas?
Cuando hayas comp1·endido mis dolores

Y cuando hayas tocado mis heridas
Me verás con tus ojos soñadores
Y me darás tus manos bendecidas.

Eres la fuente que la sed apaga,
E res sombra apacible, eres frescura,
Y para el corazón que es una llaga
Un bálsamo divino de ternu ra,
Mi amor fundir espera tus enojos,
Y ya mi amor ha vi!,to á la esperanza
En el azul abismo de tus ojos
Relucir como el signo de la alianza.
Y quiere tu bondad mi sufrimiento,
Y ante tu solio mi pasión se inclina,
Oye mi voz, alivia mi tormento,
Tu1mrs EnuRNEA, STE LLA MATt' TINA.

L camarista había abierto la ventana ... La turbia claridad de una mañana
pluviosa se detuvo bruscamente en la flo1 ación arabesca de la cortina deslavada y derramó en la estancia sus cansadas y opalinas penumbras. Era
triste aquel cuarto de hotel! ... triste como las existencias náufragas ó aventureras ó vagarosas que alli hablan acampado, dejando en los lienzos raldos, en los maderos despintados y en los muros maculados y grasosos las
sucesivas huellas de su paso.
Cuántos, en medio de una vida de crimen, de miseria ó de orfandad habían hecho alto ahi! Los sitios de placer, los parques desiutos, los palacios
inhabitados, los lugares donde ha vivido la alegria, guardan siempre un
grato vestigio de Jo que fueron; tienen basta en sus ruinas una sonrisa melancólica. Pero ahí, entre aquellas cuatro paredes, en aquella atmósfera s:,turada por el miasma humano, la tristeza babia dejado su desconsuelo, la miseria su huella y el
vicio su sombra, lo mismo que el huésped anónimo que sobre la mesa olvidó la caja de medicinas, por
igual que la parrja enamorada que trazó en el muro dos nombres, en recuerdo de una noche nu pcial
misteriosa y furtiva, tal vez improvisada banalmente al azar de un encuentro callejero. Y todos aquellos huéspedes, la miseria que se refugia, la tristeza que se enclaustra, el crimen que vigila y los amores
que se esconden, hablan drjado en aquel cuarto el olor de sus alientos y el polvo de sus vestidos . . .
Aquéllo era la tosca falsificación del hogar; aquéllo era un mercado donde se vendla el reposo como
en otras partes se vende el vestido ó el alimento. Y triste, triste, con esa helada tristeza con que á veces
se despierta del sueño, como si sorprendiéndonos aletargado!:! y rendidos nos hubiese envuelto en sus
brumosos hipnotismos, el genio de las melancollas infinitas, l\Iiguel se incorporó en el lecho ...
Se habla acostado á las dos de la mañana; la tristeza que empañaba su espiritu le permitía verá
penas, como el apoteosis de un teatro radiante á través de un telón obscuro y desgarrado, la fantasmagorla de la noche anterior, las luminosas horas ele una noche, palpitantes con la ternura de un amor,
brillantes con los reflejos lujuriosos de la riqueza, perfumadas por los efluvios florales más que carnales
de una mujer hermosa! Entre los vahos de su presen te hastlo, en la memoria de Miguel hacían este cuadro los recuerdos: La mujer! ese era el sol radiante, ese era el astro, el centro de la pléyade á quien rodeaban los demás recuerdos, brillantes unos como flores de oro y esfumándose otros, los más lejanos, en
opalinas vaguedades de vla- láetea.-Ella vestida con los atavíos de la mujer que espera al Amor, en
postura teatral y lánguida, con la mirada radiante y sorprendida sobre el diván cuyo extremo se levanta como la negra prora de una góndola. Ese era en su memoria el núcleo, y Juego esparcidos en
desórden el mármol de un tocador; el bronce de un candelabro, los pliegues imponentes de u n cortinaje, el frú- frú de una falda, un perfume penetrante y capitoso, la desmadejada cabellera lustrosa
desplomándose lacia y en silencio; el chapln que cae y el ruido de su tacón sonoro. Y luego á las altas
horas de la noche, la salida furtiva, el deslizarse á lo largo de las paredes en la noche fria, flagelado por
un viento glacial que al bañarle el rostro revivla en sus labios el perfume evocador y almizclado, el
efluvio enervante de Ella, asociado á los placeres de la noche, el perfume de su alcoba, de su cuerpo, de
sus besos ...
Ahl Y qué despertar! Y qué maldición, encerrar aquellos recuerdos de erótica gloria entre las paredes de aquel cuarto miserable y vulgar! Si Ella lo viera ahí, ella que alguna vez, en un arrebato de
su libertinaje adorable le habla manifestado el caprichoso deseo de ir á verlo á su casa! ¿Su casa aquel
cuarto alquilado y ella ahl? Y le pareció á Miguel verla entrar y al principio mostrar levantando el velillo, la sonrisa de su rostro divino; pero luego traicionar la extrañeza, el desagrado, el desdén al fin que
debla despertar aquel tugmio en su sensibilidad exquisita de mujer rica y poderosa. Y tal idea, con el
poder que hubiera tenido la misma realidad, colmó el hastlo y la tristeza que aquella maiíana de lasitud
Yde enervamiento habían sucedido en el Animo de Miguel á la noche de excitación y de amor, Una reac-

,.

�REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA .

ción, algo como una ola de amargura tenebrosa, asomó en su espiritu, se reflejó en el gesto imperioso
de su rostro, y de prento, desbordante y poderosa, ahogó con su cólera las ondas de su tristeza resignada.
Tomó un cigarro que lió distraldamente, mirando á lo alto, con esa mirada que n~ ve cuando una
imaginación trabaja, con el ceño contraldo en el rostro inmóvil. As! estuvo un-minuto, un minuto nada
más; el rApido momento en que los átomos simpáticos se unen, el instante preciso y fatal que engendra
la vida en la unión de dos seres que se aman, el minuto propicio y fecundo en que cae sobre la tierra
que lo aguarda, la semilla que ha de germinar.

Galanes que, á las primeras
tiranías del amor,
más flores pedis al valle
y al firmamento más sol;

20t

Poderosos de es te suelo,
cuya vana ostentación
abismo fué donde el oro
de vuestras arcas rodó,

.. ........ .... .. ..... ....... ... .... ............. ... ............... ... .. .. ..... ..... ............ ....
.... .... ........... ... .... ..................... ... ............ ... .. .... .. ..... . .... .... ............
. . . .. . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . .. . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . .. .. . . . . . . . .. .. .. . . .. . . .... ........ .. .. ..

Y en ese minuto, al ,~alor del egolsmo lastimado, á la sombra de una ambición hambrienta y desaforada, Miguel sintió en su espiritu lacio y desmoralizado, lo que nunca sintió en los veinticinco años de
su vida, una fuerza que se levantaba, un poder que surgla, un impulso que era luz y era potencia y á
cuyo fulgor apareclan empapados en claridad todos los caminos del éxito antes hostiles y llenos de sombra y que ahora se tendlan propicios ante sus ojos, como invitáudolo á emprender una marcha triunfal
hacia el áureo alcázar de sus sueños!
Y sintió algo también, algo tampoco sentido nunca, algo nuevo y doloroso, allá muy recóndito, en
lo más profundo de su sér. Sin explicarse por qué pensó en su madre y sintió un no sé qué abominable
como si la hubiera abofeteado ... Y luego con la misma ignorancia del misterioso por qué, pensó en una
novia muy querida, en una novia de los años juveniles, de esa Primavera en que para exhalar el amor
como un perfume estalla el córazón como una flor; novia querida con ese amor que recordado después
de muchos años, nos hace dudar si alguna vez hemos vivido alguna existencia de ángeles, en algún
mundo de ensueño .. .
Y al pensar en aquella novia cuyo puro recuerdo guardaba en su esplritu lacerado, como uno de
esos relicarios que sorprenden á veces en el cuello de una prostituta ó sobre el pecho de un galeote, Mi•
guel sintió el escalofrlo de una profanación que hubiera cometido en sueños y que al despertar le atel'l'a; sintió como si él mismo hubiera derribado aquel cuerpecito de niña y sobre él, sobre su único afecto
de inviolada purezal-pálido alta1· de misa negra- hubiera él mismo impulsado la epiléptica y cnpulosa
desbandada de un sabbat, los ebrios y ululantes tropeles de una bacanal desenfrenad&amp;!
Jo~lll Ju.aN TABLADA.
México, 1900.

Cuantos lloraís vieja cuita
ó sentls torpe rencor
y en cadena de pesares
oprimido el corazón,
Los ojos por consolaros
volved al árabe Job,
libre de toda.alegría,
presa de toda aflicción.
No de gloriados caudillos
persigais el esplendor,
que á vencidos y triunfantrs
confunde el tiempo veloz.

1'

Y pues dichas vaticinan
concordia, paz y perdón,
sueño de justo no espere
quien sangre humana vertió.
Ni de prócer altanero
demandeis nunca favor
si el yugo vil os reserva
de constante adulación.

JOB.
( Romance arcaico).
¿Quién si penas te rindieron,
- ¡oh, poeta del dolor! al recuerdo de las tuyas,
graves las propias halló . ... ?

Bien haya tu libro hermoso,
astro de tal resplandor
que, en la noche de las almas,
conducirlas sabe á Dios.

¿Cuál retablo, cuál estrofa
ó qué música ni voz,
á disputarte llegara
tan sublime condición?

Más alta poned el alma:
dejadla que vuele en pos
de quien merece más culto
y reverencia-mayor.
Del que, próspero y mendigo,
á las gentes·ofreció
de esperanza y mansedumbre
la no aprendida"_lección.
Del que triunfe de si propio,
y en cada nuevo rigor
canta al brazo que le hie re
un himno de bendición.
Luis BARREDA.

�REVISTA MODERNA.

PECADO DE AMOR.
ADRE! piedad para mi tribulación!-musitaba la pecadora con voz me•
]odiosa y apasionada.-Padre, yo le amé, le amo aún con todas las
potencias de mi alma ...... A pesar de su ingratitud y de mi expiación, á pesar de que él me abandonó á mi dolor como se abandona á
un leproso en su lazareto, yo le amo y le amaré hasta la muerte, basta más allá de la muerte!
La luz violeta del crepúsculo agonizante ponla diafanidaiies alabastrinas en aquel perfil blanquisimo de mujer de amor, mujer de treinta años cuya blancura mate y lumfnea era una profanación de su es•
tructura bizantina, de virgen-mártir inviolada, por la tremenda lasci•
via que despertaba la sola contemplación de sus ojos negrísimos y dolorosos, de su pequeña y purpúrea
boca semejante á un botón de flor reventado, de sus dedos largos, exangües y ardientes de tísica. La luz
violeta del crepúsculo agonizante esquemaba apenas el espectro del septuagenario levita hundido como
una momia asiria en la pequeña cripta del confesionario, los ojos marchitos, las falanges estriadas y
retráctiles, el cuello descarnado cuyos nervios recordaban los bordones de un violón. La luz violeta del
crepúsculo agonizante condensaba sus últimos fulgores en aquel rostro fascinante de mujer de amo1·, y
cstiqueaba con pavorosidad tumularia aquel espectro claudicante.
Y la pecadora proseguía:
-Padre! amor tan culpable y tan divino como el mío, no lo ha habido en la tierra ...... Yo co11ocl
el dolor de la violación y la maternidad sin haber sentido placer, porque me casaron sin amor, tiránica•
mente, y me arrancaron mis dos hijos, con la misma tiránica barbarie, sin que hubieran probado mis pe•
chos. La estirpe de demonios que hizo alianza con mi estirpe de siervos, me enclaustró en un palacio SO·
Jitario cuyos balcones fueron tapiados, cuya puerta férrea y enmohecida no chirriaba Pino para dar pa•
so á mi señor, al odiado fornicario, de cuando en cuando, en noches siniestras para mi!
Una noche, el viejo criado de mi prisión, se presentó en mis habitaciones ¡&gt;or la primera vez, pálido,
temeroso, y me dijo con el rostro abatido, sin osar levantar sus ojos del suelo:-•Sdiora, he cometido
un grave delito y vengo en demanda de perdón .... y lo que es más, de ayuda para encubrir ese delito!•
-Yo me puse á temblar espantada, temiendo una abominable revelación, y él prosiguió:-•Señora, an•
tes de servir aquf, yo serví á los señores de Noguerido muchos años; les debo grandes favoreE; ellos han
muerto, y el último descendiente de ellos, el niño Raúl, caldo en la pobreza y en la lucha por la vida, es
perseguido yo no sé por qué, pero no debe ser poi· un crimen porque no es un criminal; ha venido á pe·
dírme ayuda y yo le he dado asilo, lo he salvado de la policía frenética de cuyas garras pudo escapar...
Señora, yo pido clemencia para él y para mi!
Yo estaba helada por el asombro. ¡Pedirme clemencia, perdón y auxilio á mf, una secuestrada en
cuerpo y alma! ...... Era, acaso, una burla cruel? No! porque el pobre viejo imploraba mi gracia con
sincera humildad; y no bien le contesté que él era el guardián de aquella cárcel y que por mi parte no
diría nada, puesto que no hablaba con nadie, el pobre viejo me miró con un relámpago de sus ojos ríen·
tes, jubiloso, y desapareció á; dar la buena nueva á su protegido.
No pude dormir aquella noche. La presencia de un desconocido en mi prisión, de un joven, puesto
que el viejo criado le había dicho niño; su nombre que oído fugazmente me hirió como un dardo, Raúl
Noguerido, su persecución, su infortunio, todo me pesaba como mi propia desdicha.
A la madrugada dejé el lecho y llamando a Andrés le pregunté si el fugitivo se hallaba todavía
oculto; me contestó que sí y me pidió permiso en su nombre para ofrecerme personalmente sus agrade•
cimientos ..... .
¡Dios mio, qué hermoso era! Fiero, torvo, nervioso, con la cabellera florida al viento, con sus ojos
fulminantes á veces, pero á veces tristes, con su barba precoz y sedeiia del matiz de las avellanas sobre
sus mejillas sonrosadas de sangre pura, á pesa1· de su insomnio y su trance no bastante á domar su al·
ma fuerte. Al verme él se rubol'izó basta los lóbulos, contrastando su rubor con su aspecto altivo, y yo
debo haber estado pálida como la muerte, porque sentí un fluido helado en mis arterias.
-Señora, me dijo con ansiedad, no soy un criminal, soy un perseguido político; se me busca para
suprimirme, para hacerme desaparecer, y mi libertad y mi vida son necesarias para el triunfo de mi par·

207

tido; me acordé que Andrés fué leal á mí casa y be venido á pedirle hospitalidad; yo sabia que guarda•
ba esta propiedad, pero no que la habitara usted ...... Pido solamente un refugio en las habítaci.-.es de-- ~
Andrés por breves días, mientras pasa la efervescencia de mí persecución, para poder comunicarme con
mis partidarios y huí1· de la ciudad. . . . .
Yo no ol, no escuché más, estaba subyugada, fascinada, vencida por el poder magnético de Raúl;
contesté balbuceando que hiciera lo que le pareciera prudente y apenas se retiró, cal anonadada y temblorosa como si fuera á moril' ...... oh, sí! no era criminal, no era reo ...... quó digo! e1·a grande, era
bueno, era noble, era bello!. ..... Temí por su vida con un pavor hasta entonces para mi desconocido,
como si fueran á arrancar de mí corazón algo menos sagrado pei·o más humano que el amor de mis hijos á. quienes no conocí sino por un dolor moral y físico tan tremendo, que me había dejado insensible.
Pero ahora que despertaba de mi catalepsia criminal é inconsciente, de mi pasividad de hembra secues•
trada, de hembra infamada por el arrancamiento de los hijos de mis entl'añas bajo el pretexto de que no
se nutrieran con mi leche enferma, la savia que yo sentía acumularse en ondas rebosantes en mis pechos
úberes, pero con el fin demoniaco de que mi cuerpo no perdiera su hermosura, ahora que mí alma despertaba en rebelión ante el conjuro de algo que es más poderoso que la muerte y que la vida, sentía despertarse todos mis afectos muertos en el amor de aquel hombre&gt;, sentía que todas mis pasiones latentes
haclan erupción condensadas en aquel cráter.
Me levanté de un salto, como una tigre sorprendida en su sueño; llamé á Andrés imperiosamente,
por la primera vez de mi vida, y le ordené que dispusiera y amueblara una habitación digna de su hu ésped, al otro extremo de los aposentos. La orden seca y breve me produjo un temor pueril, el de habe1·
herido al criado y que alejara a Rnúl de la casa; llamé nuevamente y le recomendé con dulzura dijera
al joven que no tenla que temer nada, que aquel alejamiento provenía de mi situación delicada y para
el'itar la murmuración de la servidumbre, por otra parte segregada en su departamento por estricta orden, si llegaba á descubrir ó sospechar su estancia. Le hice llevar libros al solitario, dos ó tres pobres
libros que eran los únicos que poseía, y pasé la mañana y la tarde agitadisima. y febril. Llegó la noche
y mi sufrimiento fué indecible ...... Raúl escaparía, hui ria atormentado por la incertidumbre y la ner•
viosidad de la lucha ...... Huiría al azar, ;\. la ventura, siguiendo su destino, y yo le perderla ...... le
perderla cuando apenas lo habla conocido!. ..... Creí CIÍI' un ruido lejano de una puerta que se abría y
ya no pude más: salté del lecho, eché sobre mis hombros un peinador y salí semidesnuda, azorada, palpitante, creyendo llegar ya tarde para impedir la fuga ...... Bajó los peldaños trémula, sintiendo con
la frescura de la piedra en mis pies desnudos y ardientes un consuelo ...... Era un pleniluriio de Agos•
to, suavemente velado por copos de nubes bogado ras ...... Hollé el césped del pequeño parque perfumado por las lilas ...... y de súbito, frenética, loca, venturosa, hallé refugio en unos brazos constrictores y sentí que una boca anhelante se prendió á. la ardorosa mía ...... !
-Sé tu historia-me decfa después en mis brazos-tu amarga y horrible historia cuya pavorosidacl
me ha relatado Andrés ..... .
Y yo riendo y llorando de felicidad, le respondía:
-Pero hoy ya soy dichosa. contigo, ya soy dichosa por ti!. ..... DJ mis brazos tan sólo to arrancará
la muerte!
... Ah! Padre! Amor tan culpable y tan divino como el mio no lo hubo en la tierra!. .. La dulce can·
tividad de mi prisionero de amor, fué para mi un suicidio insaciable de ventura!. .. Me destruí, me agosté, me eonsumf, me abrasé como liana al fuego, bebí con avidez la copa henchida de mi vida que me
escanciaba mi amado ya tarde! ... Mi csplritu y mi cuerpo manchados se purificaron en mi dón soberano,
011 la donación que de mi sé1· todo y de mi vida toda hice en aquellas perennes nupcias!. .. Mi amado,
ebriante de amor y deleite los primeros días, se dejó mecer en aquel paréntesis extraño de su vida azarosa, se dejó lleva1· á flor de agua en el barco de velamen de púr pura de nuestro lecho flotante en pleno
cxtasis, se dejó aprisionar en la cadena de nardos floridos de mis brazos!. .. Yo supe adunar al ardo1· da
Xoemi la Sulamita, el pudor de Bethsabee, sorprendida infinitas veces por Raúl al borde del lecho ó al
borde del baño, con el solo ropaje de mi tez de azucenas!. .. Oh, Padre! be sido muy culpable! ... pero
yo sabía que la irresistible s.:iducción de mis encantos era mi única arma para detener á mi amado, en
CU)'O corazón, secretamente, sin que él mismo lo comprendiera, comenzaba á germinar la flor envenena•
llora del hastio ... ¿Qué frases mías podian cautivarlo, á él que lo sabia todo, á él, que en los instantes
de ebriedad me decía palabras tan bailas, que á su sonido yo me St:ntia desmayat· y morir de dicha? ...
¿Qué encantos cortesanos desplegar ante él, si yo no poseía ningunos, enterrada viva lej()S del mundo? ... A veces quedábase él pensativo, con la mirada errante por el panorama de lucha y de glol'ia q\1.6
evocaba su imaginación rauda, espoleado por su sed irreductible de brillar, de predominar, de triunfar,
y asaeteado por el remordimiento de su inactividad, contraía su boca un rictus sardónico y plegaba S\I.S
cejas la garra de águila de la ambición. Entonces creía yo perderlo para siempre, y como mi fuerza nQ
era el ruego, cautivá.balo con mi aroma de flor, con mi desnudez de flor, con mi frescura deleitosa ele
flor, con mi alma y mi cuerpo sin artificios ni hipocresías, con mi resignación silenciosa que él lela eQ
mis ojos que le decían: "si te vas me muero" ... y tras esos desfallecimientos volvía como en la rueca de
0ufalia á tejer las hebras de sol de mi amo1· en cenit, y en renovados holocaustos proseguía yo desbor·
dando mi vida, precipitando mi muerte por donar una felicidad que me hizo y me hace aún tan ven•
turnsa!
La tisis q\l.e galopaba furiosamente en i:¡¡i organismo para rper mi juveµtQ.d predestin11-da y atáyica 1

�208

REVISTA MODERNA.

ponla fulgores prodigiosos cu mis ojos quemantes, en torno de ellos ojeras deleitosas que crau la adoración de mi Raitl, y regaba con diafanidades lunescentes mi cuerpo bellisimo, donándole la apariencia de
las manzanas legendarias del Mar llluerto ... La combustión vertiginosa de mi sangre precipitaba mi vida
á. una última explosión do hermosura prodigiosa; pero me moría, Padre, me morfa de amor y ele ventura, me morfa y me muero de tanto haber amado!
La pecadora se detuvo un instante para reanudu entre sollozos la narración de su inmensa desdicha, la huida de su amante que habla bebido el amor hasta las heces y corría á. bchc1· la gloria, la ambición, el poder, sus grandes ideales no saciados ... Pero el sacerdote ya no la ola.
Recorría pesaroso, con la videncia de su claro intelecto, su vida entera semejante á. una sabana desierta, sin anfractuosidades, infecunda y maldita .... su infancia consag1·ada á. Dios, su juventud consagrada á. Dios, su vejez consagrada á. Dios ... ¡Cómo! era posible que una pasión humana pudiera a.si
arrasar una vida cual un tifón un litoral entero? ... ¿Qué cosa era, pues, el amor humano que consumla en breYes dlas una Yida, en tanto que la Yida. de ól no se consumla aún en el amor divino despuéa
de setenta años? ... Qué mal tan tremendo y tan deleitoso era el amor que a.si consumla en una hoguera
de delicias á los predestinados á amar?
Sus ideales de mlstico se le aparecieron como él, envejecidos, ma1·chitos, claudicantes ... De niiío
soñó en los coros seráficos, de adolescente en los principados arcangélicos, de hombre en los tronos y
dominaciones coronadoras de los mártires, de los vencedores por el sacrificio, de los triunfadores de la
carne y del mundo, sublimados por la exaltación y la transfiguración extática ... Pero él no habla conocido las grandes pasiones y por tanto no habla jamás luchado con ellas; su abnegación habla sido estéril, no habla surgido acrisolado en la prueba, no habla ganado la palma en buena lid ... y ahora, en sus
sueños de anciano, vela como premio el descanso, un humilde escaño entre los ancianos celestes, una
pensión vitalicia para la eternidad entre los inútiles, entre los inválidos anónimos ...
Y aquella muje1· de amor estaba ali!, volcánica, trágica, expirante, consumida por el fuego de una
pasión, devastada por todas las amarguras, devorada por todos loe dolores, apuñaleada por todas las ininfamias, por todas las monstruosidades, por todas las tiranlas, por todas las iniquidades humanas ... y
pedla clemencia, ella, para quien jamás clemencia hubo! ... y demandaba gracia, ella, para quien jamás
descendió el roclo de la gracia: ... Ardía encandecida hasta consumirse en su amor, y la infortunada
confesaba humildemente su divino pecado, divino puesto que la fulminaba como un castigo, y venia
arrepentida implorando piedad ... !
Lentamente, los ojos marchitos del viejo llenáronse de lágrimas, que en la penumbra violácea semejaban tenues fosforescencias en las cuencas de una calavera exhumada ...
La pecadora lloraba rauda.losa.mente, y el Jordán de su llanto bañaba lustralmente su alma hasta
dejarla pura, más blanca que su cuerpo blanqulsimo ... Lloraba inconsolable, interpretando la meditación doliente del sacerdote por una negación condenatoria ...
De pronto el espectro levltico se irguió, extendió sus dos manos trémulas y senilmente bendecidoras, y exclamó con voz augusta y conmovida:
-De todo mi corazón te perdono! ... Véte en paz ... !
Pero ya era tarde!
La pecadora habla caldo de bruces, muerta en una hemoptisis, y su pequeña boca florida besaba en
un supremo beso de amor un lago de sangre purpurina.
R U HÉN

1901.

l\f. OAl\IPOS.

&lt;POEMAS CRUELES).
A

JESÚS URUETA-.

I
Despertó; abrió los ojos con la inquieta
Cobarde timidez de un sueiío largo
Súbitamente roto por la brusca
Invasión de la luz .... Amanecla.
Un florón palpitante de reflejos
Se prendió á la ventana, entró en la alcoba,
Hizo arder el cristal de los espejos
Y se estrelló en la puerta de caoba;
Corrió con rapidez por los tapices
En cuyo fondo pálido y obscuro,
Pintó franjas de luz, rojas y vivas,
Que fingieron sangrientas cicatrices
Abiertas de improviso sobre el muro;
Limpió, de un golpe, al oro agonizante
De la cortina, el polvo de la sombra,
Y abrió el cáliz exótico y gigante
De los lirios azules de la alfombra.

Incorporóse Carmen con pereza,
Entreabrió los labios voluptuosos,
.Y con mobln de hastlo y de tristeza
Alzó los brazos finos y nerviosos.
Echó h~cia atrás con movimiento franco
La clara cabellera en que flotaban
Los rizos con rebeldes desenfrenos,
Y apareció por fin, desnudo y blanco,
El torso de alabastro que manchaban
Las dos pálidas rosas de los senos.

Despertaba de un sueño sin visiones,
Negro, brutal, profundo, en el que hundida
Se sintió muchas horas; un abismo
Que, de pronto, en violento cataclismo,
La arrojaba sin fuerzas á la vida.
Y asombro sin palabras era el suyo;
Entre sus ojos que el temor velaba,
Sombríamente g laucos, el cocuyo
Intenso de la fiebre chispeaba.
Miró á su alrededor . . . ¿En dónde estaba?

�210

REVISTA l\WDER.N"A.
Reconoció la alcoba .... De repente,
Sobre el lecho en desorden,
Por inquietudes locas removido,
Contempló con estúpida fijeza
Que habla en la almohada una cabeza
De Holofernes dormido.
¿De quién era la testa innoble y tosca
Que junto á si tenla,
Y entre cuya expresión, salvaje y hosca,
Se deslizaba un gesto de ironia?
¿De quién era esa faz-á. un tiempo llena
De placer, de cinismo y de desg1·acia~
Encuadrada en la indómita melena
Luciente, ruda, sudorosa y lacia?
¿De quién era, de quién, aquel cetrino
Rostro de frente estrecha y boca astuta,
Casi perdida entre la barba hirsuta
Húmeda aún de besos y ele vino?

Carmen parpadeó; las manos trémulas
Hundió en la clara cabellera rubia,
Sacudió la memoria, y una lluvia
De recuerdos cayó, con el esfuerzo
Iracundo y cruel de sus congojas,
Como del árbol que sacude el cierzo
Con temblor invernal, caen las hojas.
Fragmentos de episodios se estrellaron
En su cerebro lóbrego, y silentes
Se desgranaron, duros ó deshechos,
Confundidos, cercanos y remotos,
Sin precisión ni claridad á. trechos,
Y á trechos con facetas relucientes
Como cristales rotos.
Y allí encontró, más firme y más sarcástica
La postrera impresión de lo pasado:
La última noche orgiástica,
Y el último beodo enamorado.
Aquel hombre salvaje y atezado,
De su lecho escondido entre las sedas,
No ora de una visión el devaneo,
No era tampoco un hombre, era un desea
Que le arrojó un puñado de monedas.

Recordó que con hipo y vacilando,
Al terminar la encanallada escena,
La habla ól conducido al lecho blando
Y allí la desnudó, canturreando
Una frase de amor, vulgar y obscena.
No obstante, ¿qué extrañaba? ¿qué era aquellojl
Una aventura sin valor, sin nota
En su vida común .... ¡ah! cuántas veces
Se despertaba así, con languideces,
Triste, cansada, adolorida, idiota.
Pero quizá por sugestión ignota
Venciendo su iudolencia y su quebranto,
Enti-e la luz de ámbar de aquel día
Carmen se puso á meditar, en tanto
Que Holofernes dormía.

lI
Ese mismo florón de oro y grana,
En época feliz, dulce é incierta,

REVISTA l\1ODERNA.
A.sornado al cristal de otra ventana
Muchas veces le dijo en la mailana
Con un bo-rito de luz: • vamos, despierta!•
.
Sólo que entonces ni incendiaba csprJos,
Ni ardía en la caoba de la puerta,
Ni manchaba tapices .... ¡Y quó lejos
Debió de haber volado la memoria
Para traerle, tan brillante y viva,
Aquella evocación intempestiva
De la casta leyenda de su historia!
En la cámara humilde y bien oliente
A salud y á violetas, sin disgusto
Ni cansancio, cala de la altura
De un sueño azul; con Infantil sollurn
Agil erguía el delicado busto,
Flexible, sastlsfecha, sonriente,
Para ver, con mirada pudorosa,
En el intacto lecho una radiosa
Cabeza de Jesús adolescentr.

Era su alegre despertar de esposa!
Su vue:ta de una noche do delicia,
En que sintió, cual rápido aleteo,
La cobarde opresión de la caricia
Que apenas palpa y huye-temerosa
Sonámbula del púdico deseo.y al recordar sus goces juvenilee,
Cayó como una flor en negro río
Una gota de miel en la dantesca
Corriente acibarada de su hastío,
Y temblaron sus senos con la fresca
Sensación de una lluvia de rocío!
Después .... sig11ió sumida en el letargo,
Meditativo y hondo,
En que nada se piensa, y sin embargo,
La idea nos ahoga y nos oprime,
Y de la sima en el obscuro fondo,
Un pensamiento informe, pero amargo,
Combate y clama, y se retuerce y gime!

. ... Y no, no era verdad; no fué su vida
La infeliz y escabrosa confidencia,
La narración compuesta y aprendida,
Elegiaca y vulgat' de una existencia;
El cuento burdo que á la vez clemencia
Y admiración implora,
Dicho en voz baja y con falaz semblante
Por distraer la· necia y repugnante
Embriaguez dél amado.de una hora;
La tragedia que urdía en sus ex~esos
Con el afán de sorprender, de pnsa,
Una lágrima indócil en la risa
Y un ¡ay! de compasión entre los besos.

No fuó su carga de dolor humano
La que la hizo caer; no _fué la ira
Desesperada, ó el despecho insano
Quien la empujó hacia el burdel. .. . ¡mentira!
¿A qué el engaño inútil? Algo era
De lo que en alta noche y en secreto
Le confesaba á alguna compañera

2 ll

�213
212

REVISTA l\lODERNA.
Con frases cortas y ademán inquieto.
Y la verdad iluminó el abismo:
Su desdicha y su mal no estahan fuera;
Se hallaban dentro, en ella, en su organismo.
El psíquico poder que desentraña
Y analiza, formóle una inconsciente
Clarividencia lúcida y extraña.
Corría por su sangre y daba vuelta
Bajo su piel de raso, el invencible
Ardor, porque en su sangrn iba disuelta
Una pasión satánica y horrible
Que dormitaba mucho, y de repente
Se alzaba más resuelta,
i\Iás tenaz, más cruel, más insolente!

Ahora lo vela¡ ya el destino
Desde temprano le marcó el camino. , ..
En la niñez aún, sus ilusiones
De blancura serena y eucarística,
Sus ardientes y largas oraciones,
Sus arrobos y éxtasis de mlstica,
Sus alucinaciones ....
Más tarde, cuando siente la pureza
La primera obsesión de los sentidos,
Sus duros arrebatos concluidos
Y deshechos en llanto y en tristeza;
Y al fin, cuando el amor vino discreto,
En la hora solemne de la cita,
La tentación curiosa, la infinita
Ansiedad de romper con el secreto ....
¿Por qué al verla tan vil y degradada,
Hender su faz doliente con la injuria?
Era forzoso: estaba condenada
A cadena perpetua de lujuria!

La irreflexiva rebelión colérica:
¡Qué dramático fin para un &lt;'medo
Tosco! .... Y aparecla el ansia histérica
De matar .... ¿y por qué?
-¿Por qué? .... Por nada,
Por ver sangre...... y también por asco y miedo.
..**
Para abreviar su vida atormentada
Se entregó hasta sentir que el inseguro
Y débil cuerpo, hermosamente tísico,
Halló en el fondo del placer impuro
El sufrimiento espiritual y el físico!

Y cuando la tormenta se perdla
Y los anhelos fuertes y rabiosos

Una noche sintió que, rebosante,
En la alcoba nupcial, callada y tibia,
Azotaba su cuerpo palpitante
Una pérfida onda de lascivia,
Y el dla en que ella cometió el delito
Alguien le gritó «¡ven!• con un inmenso
Y voraz apetito;
Y entonces fué-¡oh lúgubre descenso!Cuando pasó, sin que ella lo recuerde
Con la precisa claridad que anhela,
Del beso alado que se posa y vuela
Al ósculo bestial que lame y muerde!

•
**
Centelleó la trasparencia verde
De sus ojos de mar! .... ¿Por que brotaba
Del sueño Ain visiones y profundo
Donde acababan de dormir, hundidos,
Sus recuerdos? ¡Qué dulce es ese mundo
De todos los olvidos!
¡De)u locura inicua era la esclava!
¡Cuántas veces, insomn(entre la sombra,
Al concluir un delirante espasmo,
Deslizábase á tientas por la alfombra
Con repentino y trémulo entusiasmo,
En busca de un puñal! .. . . Era obstinada

1

f

Se alejaban y ella resurgla
De aquellos frenesíes dolorosos,
¡Qué mudas y qué dóciles tristezas!
De volver al.hogar .... ¡cuántos empeño~!
¡Qué afán de melancólicas ternezas,
De voces blancas y de castos sueños!
¡Qué despiadado y funeral suplicio
Sentarse de su alma en los escombros!
¡Qué infamante su lúbrico ejercicio!
¡Qué pesado llevar sobre los hombros
El cadáver del vicio!
Viendo niños lloraba-¡oh desventura
De la que vive en el pantano inmundo!Ser hembra y no ser madre¡ ser impura,
Y sufrir ante un niño la tortura
De un vientre ya estrujado é infecundo!
. .. . ¡Qué pobre voluntad! Cuando soplaba
Sobre su vida solitaria y yerma
El cálido huracán que la arrastraba,
No tenla la culpa .... era una enferma,
Una enferma!
Y al ver cómo temblaba
En el cristal el oro de aquel~dla,
Triste, sin fuerzas, reprimiendo el llanto,
Carmen se puso á sollozar ....
En tanto
Holofernee dormla .... !
LUIS G. URBINA,

�215

REVISTA MODERNA.

FIESTAS DE POETAS.

Eugenio Manuel ha sido denotado cinco veces; una más que Víctor Hugo á quien la Academia rehusó en cuatro elecciones. Me parece que la Academia se honrada, dando á este poeta de corazón Y de
sentimiento, el sillón de otro poeta que fué su amigo, el de Henri de Bornier; hay dos competidores probables, pero son jóvenes y pueden esperar.
Manuel ha escrito mil poemas perfectos, de los cuales diez por lo menos son obras maestras.
Si no hubiera escrito el Ausente ese acto que sirvió de debut á Sarah Bernhardt en la Comedia Francesa, ni los Obre1'os, ni esa Robe, q~e es un modelo de emoción, ni los poemas patrióticos del año terrible, bastaría solamente mencionar la • Canción de llluerte,• tan corta y que no puede leerse en voz alta,
sin sentir húmedos los ojos.
Leedla:

CHANSON DE MORT.
Janvie1' 1871.
l\Ion Pcrn, oú done vas- tu ?- Je vais
Demander une arme et me battre ! ....
- Non, pcre! antrefois, tu servais:
A notre tour, les temps mauvais!Nous sommes trois-Nous sel'Ons quatre

ONOCEJS los Conciertos Modernos?
Están organizados por un comité en el que brillan, entrt- otras celebridades, Frani;ois Coppée, Julio Clal'6tie, Anatole France, G. Lanoumet, Julio Lemattre,'Piene
Loti, Massenet, Sully Prudhomme, Richepin y André Thuriet.
Tales nombres imprimen á esta empresa un completo eclecticismo, lo cual ha~e
que los Conciertos obtengan grande éxito. C'ida semana se organiza una especie
de festival, dedicado á la vez, á un poeta y á un compositor, y el festival se repite
dos veces. Primero en Montmartre, en la Sala de los Ag1·icultores, calle de Atena!', y al dfa siguiente en
el otro lado del Sen:i, en la Sociedad de Hoi·ticultura, calle de Grenelle.
Cada salón puede contener mil doscientas personas, y en cada festival se niega la entrada á mucha
gente, l_o cual parecerá extraño, pero es exacto. Es fá cil explicar la afluencia de concurrentes, por dos
motivos: Primero, por lo selecto del programa, pues artistas de talento interpretan las principales obras
ó los principales fragmentos del poeta y del músico en cuyo honor se celebra el festival. .... y además .. . .
(porque es preciso decirlo todo) las localidades son casi gratis.-Copio en apoyo de lo dicho, de uno de
los últimos programas, la insidiosa anotación siguiente:
•Como este festival se da por invitaciones, no se cobran las localidades. Sólo se percibirá un franco
y cincuenta céntimos por derechos de entrada.•
Si hemos de hablar claro, la entrada cuesta treinta céntimos, y uo es caro por escuchar diez actores,
cómicos y cantantes, que interprentan de las dos á las cinco de la tarde, una antologla de dos maestros.
Para dar á estas fiestas artlsticas un carácter literado, la sesión va precedida siempre de una corta
conferencia; las conferencias generalmente se escuchan con gusto y Leo Claretie ha obtenido en ellas
grandes triunfos.

Los organizadores me han dacio la sorpresa de pedi rme las tres últimas conferencias; la primera sobre Alfonso D.1udet y Bizet, la segunda sohre Pailleron y Yerdi y la tercera sobre Eugenio l\Ianuel y
Ambrosio Thomas.
Al estudiar la obra de Eugenio Manuel, una de las cosas que me han sorprendido y que me habrían
escandalizado, si desde hace mucho tiempo no hubiera aprendido á no escandalizarme de nada de lo que
pasa en el mundo de las letras, es mirar que el exquisito poeta de los Obreros, no pertenece á la Academia, donde seglll'amente hay hombres de gran valer; pero donde escasean los poetas.
Observad que Eugenio Manuel no ha desdeñado el ir á llamar á la puerta del edificio del puente de
las Artes. La pdmera tentativa data. de 1876; el sillón de Patln estaba vacante y fué electo Gaston Boissier por veintisiete votos; Eugenio Manuel sólo obtuvo un voto, exactamente como Leconte de Lisie cuando se presentó por primera vez. Cuatro años después, en 1880, á la muerte de Julio Favre, Manuel se
prn11c11tó de nueva cuenta, y esta vez obtuvo trece votos; pero le denotó el abogado Rousse que obtuvo
dieciocho, mientras que Henri de Bornier sólo obtuvo tres, y UDG Paul de Saint-Víctor.
En 1881, tercera tentativa para el sillón de Duvergier de Hauranne y tercera derrota; entonces fué
electo Sully- Prudhomme por dieciocho votos, contra once de ·lllanuel, dos de Fl'ani;ois Coppée y uno de
Bornie1·.
En 1884, á la muerte de d'Haussonville, la Academia nombró en su lugar á Ludovico Halévy por
quince votos y diez del autor de • La Robe.•
Por último,'.en 1° de Mayo de 1890, quinta tentativa para el sillón de Emilio Augier. !labia trece candidatos; ved el resultado de cinco escrutinios:
Thureau- Daugin, ocho votos; Lavisse, diez; l\Ianucl, seis; Pierre Loti, seis; Brunetiern, tres; Ent'ique
Houssaye, dos; Zola, dos; André Theuriet, uno; Barbier, cero; Favre, cero; II. Becque, cero.
Según la costumbre, la elección se difirió para seis meses después y triunfó Freycinet.

-Le jeuue est mort: voici sa croix.
Retourne au logis, pauvre pcre!
La nuit vient, les matins sont froids.
Nou3 le vengerons, je l'espcre,
Nous sommes deux-Nous serons trois !
-Pcr&lt;&gt;, Je sort nous est funeste,
Et ces combats sont hasardeux:
Un autre est mort. l\fais je l'atteste,
Tous seront vengés: Car je reste!
Il suffit d' un! -N ous serons deux.
Mes trois fils sont lá, sous la terrl',
Sans avoir eu meme un linceul.
A toi ce sacrifice austcre,
Patrie! Et moi, vieux volontair&lt;&gt;,
Pour les venger, je serai seul!
El poeta que ha escrito tales versos, tiene derecl~o á sentarse bajo la Cúpul~ y _si la puerta de la Academia se ha cerrado ante ól, cinco veces, deberían 11· á tomarle de la mano é mv1tarle á sentarse en el
sillón vacante por la muerte de otro poeta.
.
Pues qué, ¿ la polltica absorbe á tal grado á esos caballeros del puente de las Art~s, que olvidan que
están alli para nombrar hombres de talento? ¿ Qué haceis, vosotros, Coppée, _Bru_net1ere, France, Claretie, Sardou, Lemaitre, Sully- Prudhomme, Legouvé y otros; todos los que deb1era1s col~¡:ar al talento ante todas las consideraciones de bastidores y de intrigas?
Pero volviendo á Manuel; antes de hablar de é l, le pedí contribuyese á mi información. He aquí las
hojas que me envió:
.
¿ Cuáles han si,.lo, la alegría mayor y el mayo1· dolor de vuestra vida?
.
. .·
Si se trata de la vida intima; contestar, ¿ no serla tocar las más santas emociones ~el alma Y au 1es"'arse á heril' los sentimientos más delicados, abrir ante las miradas de los indiferentes o de los burlones,
santuario en que se alimenta, en culto secreto, el inviolable recuerdo de las felicidades y de las tristezas de este mundo. Amores compartidos, matrimonios benditos, cunas angélicas, duelos no consolados,
¿ no es la materia banal y sagrada de todas esas contestaciones?
_.
y aun cuando yo también evocase_Ia alegría sin igual que hace cxpenmcntar e~~ sí legal, eRe _sí . timido y sonriente que se escapaba de los labios de la joven amada; aun cuando yo_ d1Jese el_ ~olor umco
• h" o ante la faz helada de la madre querida, ¿ habría enriquecido vuestra mformac1on con tales
d e Un
IJ 1
•
•
• ? S'
confidencias? ¿ Quizá sea preciso hablar de la vida moral y poner en Juego la conc1enc1a
1 nos atreviésemos á ser sinceros, la mejor acción serla la mayor de las felicidades, c~mo la peor falta seria el d~lor más agudo. ¿ Esperais tales confesiones? Y si, pasando á otro orden de ideas, despertase la memo na
del ciudadano y del patriota, ¿ habrá dolor comp:i.rable al que sentimos cuando los vencedores de 1871,
pisotearon las calles de París? Pero entonces, ¿ la gran alegria?
¡Ah! esa no ha llegado aún.
.
.
Si separamos todas esas respuestas, ¿ qué queda? La vida cornente con todos los sucesos felices ó
desgraciados que la forman.

:1

�HEVI~TA MODERNA .

216

ARo IV

Pern, ¿qué psicólogo, para contc~taro~, sabría compal'ar, clasificar, gratluar, pesa1· tautas satisfacciones ó penas iucesivas que tienen su ella. y su hora y que se jnzgan tan diftirentemente A distancia?
¡ Cuántas alegrlas y dolores que se transforman, se atenúan, se volatilizan y palidecen! ¡ Cuántas pasiones que Sll calman!¿ En qué se convierten cuando uno envejec&lt;', c~os triunfos y esas contrariedades, esos
encantos y esas desesperaciones? Sin embargo, quisiera concluir y puesto que interrogais-especialmcnto quizá-al poeta y al autor, siento más facilidad para contestar.
Separemos los grandes asuntos, familia, patria, deber, hechos para el respeto y el silencio; tlcscl'n·
damos Aaventuras más vana~, á impresiones más accesibles y ponderables. Entonces, diré que mi mayor
alegria literaria ha sido conocer el triunfo, iba á decir, la popularidad, sin haberla solicitado ni buscado
PQr ejemplo, en la rno" r&lt;'prcsentación de mi drnma Los Ob1·eros, en el Teatro Francés. ¿ Y el mayor do lor? ¡ Ab ! no os riaif: es el de ser traicionado por su~ amigoF, en las horas decisivas, cuando se tenla In
ingenuidad de contar con clios.-Euyenio Mantu l.
Esta es una confesión completa.
Cualquier comentario 11!. dcbilit11rla y vnlt\ rn:1s to: minar.
JEA:S

(Trad. de •Revista Moderna.•)

CÁNTIGA.
I
Ya sé que es inútil, y adoro tu blanca. hcrmosur11 1
más fú!gida y pura
que el lfmpido ciclo del alba gentil. ... !
Ya sé que es inútil, y amándote voy, alma mi11,
y en honcla agonia,
sin fll ni esperanzas me muero por ti!
JI
Y cómo no amarte? de amor hechiceros
tus húmedos ojos parecen lejanos luceros:
murmullo en las hojas del Ar bol tu voz .. . .
tu imagen parece que flota en el viento ... .
granada es tu boca; tu aliento,
lisonja del airn y aroma de flor!

m
Ya sé que es inútil! .... Jamás nuestras alma~,
á la sombra feliz de las palmas
del verjel do la dicha hallarán,
ni el sueño inefable de blanda ternura,
ni rápidas horas, ni paz, ni ventura,
ni el agua serena del mismo raudal!

Ir
Adios, alma mla! la pálida luna
que oyó de mi canto la queja importuna,
también desdeñosa,
como tú, me negó su fulgor ....
¡Dulclsimos ojos, lejanos luceros,
ay de mi, si jamás he de veros,
y anheloso de luz, en las sombras,
l'l'l'ante camino, muriendo de amor!
:\[ILK.

BERNARD.

MÉxICO,

2¡\

QCJINCENA DE JULIO DE

1901

N-0-M, 14

REVISTA MODERNA
ARTE V
r&gt;il!l~CTOB: ,JESlJ8 F.. VALEN7.UEí,A.

CIENCIA.
,JEFE DE TIEDACCJO::-:: JESl:18 URU ETA.
T i}) d e D11Udn.

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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                <text>Revista Moderna Arte y Ciencia, 1901, Año 4, No 13, Julio, Primera quincena</text>
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                <text>Couto Castillo, Bernardo, 1880-1901, Fundador</text>
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                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                <text>Urueta, Jesús, 1868-1920, Jefe de Redacción</text>
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                <text>Peña, Guillermo de la, Administrador</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Pecado de Amor</name>
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        <name>Tribi Regina</name>
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                    <text>HEVI~TA MODERNA .

216

ARo IV

Pern, ¿qué psicólogo, para contc~taro~, sabría compal'ar, clasificar, gratluar, pesa1· tautas satisfacciones ó penas iucesivas que tienen su ella. y su hora y que se jnzgan tan diftirentemente A distancia?
¡ Cuántas alegrlas y dolores que se transforman, se atenúan, se volatilizan y palidecen! ¡ Cuántas pasiones que Sll calman!¿ En qué se convierten cuando uno envejec&lt;', c~os triunfos y esas contrariedades, esos
encantos y esas desesperaciones? Sin embargo, quisiera concluir y puesto que interrogais-especialmcnto quizá-al poeta y al autor, siento más facilidad para contestar.
Separemos los grandes asuntos, familia, patria, deber, hechos para el respeto y el silencio; tlcscl'n·
damos Aaventuras más vana~, á impresiones más accesibles y ponderables. Entonces, diré que mi mayor
alegria literaria ha sido conocer el triunfo, iba á decir, la popularidad, sin haberla solicitado ni buscado
PQr ejemplo, en la rno" r&lt;'prcsentación de mi drnma Los Ob1·eros, en el Teatro Francés. ¿ Y el mayor do lor? ¡ Ab ! no os riaif: es el de ser traicionado por su~ amigoF, en las horas decisivas, cuando se tenla In
ingenuidad de contar con clios.-Euyenio Mantu l.
Esta es una confesión completa.
Cualquier comentario 11!. dcbilit11rla y vnlt\ rn:1s to: minar.
JEA:S

(Trad. de •Revista Moderna.•)

CÁNTIGA.
I
Ya sé que es inútil, y adoro tu blanca. hcrmosur11 1
más fú!gida y pura
que el lfmpido ciclo del alba gentil. ... !
Ya sé que es inútil, y amándote voy, alma mi11,
y en honcla agonia,
sin fll ni esperanzas me muero por ti!
JI
Y cómo no amarte? de amor hechiceros
tus húmedos ojos parecen lejanos luceros:
murmullo en las hojas del Ar bol tu voz .. . .
tu imagen parece que flota en el viento ... .
granada es tu boca; tu aliento,
lisonja del airn y aroma de flor!

m
Ya sé que es inútil! .... Jamás nuestras alma~,
á la sombra feliz de las palmas
del verjel do la dicha hallarán,
ni el sueño inefable de blanda ternura,
ni rápidas horas, ni paz, ni ventura,
ni el agua serena del mismo raudal!

Ir
Adios, alma mla! la pálida luna
que oyó de mi canto la queja importuna,
también desdeñosa,
como tú, me negó su fulgor ....
¡Dulclsimos ojos, lejanos luceros,
ay de mi, si jamás he de veros,
y anheloso de luz, en las sombras,
l'l'l'ante camino, muriendo de amor!
:\[ILK.

BERNARD.

MÉxICO,

2¡\

QCJINCENA DE JULIO DE

1901

N-0-M, 14

REVISTA MODERNA
ARTE V
r&gt;il!l~CTOB: ,JESlJ8 F.. VALEN7.UEí,A.

CIENCIA.
,JEFE DE TIEDACCJO::-:: JESl:18 URU ETA.
T i}) d e D11Udn.

�REVISTA MODERNA.

DISCURSO
PRONl 'XCIADO POR El, SR, 1,IC, JESÚS T'RUETA EN LA VELADA ORGANIZADA POR LOS ESTl'DJA1'TES DE
,ltrlHSPR('DlsX('IA EN HONOR DFJ JUÁ1rnz, r, A NOCHE DEL

18 DE ,JULIO DE 1901 EN EL TEATRO DEL RE-

'&lt;ACDIIENTO,

O YESTJ m:: mi discurso con los luengos ropajes luctuosos de las graves oraciones fúnebre~; esta fecha no es una fecha de duelo colecth·o,
sino de universal regocijo; el 18 de Julio no es el día de la muerte, es,
se1iores, el dla de la resurrección. Que resuenen en los aires los himnos favoritos de la patria, y desparramen todas sus flores los verjelfü;
que los jóvenes dancen al son de las músicas sagradas, y los enjambres canoros de la poesía palpiten y vuelen como abejas de oro; que
todos los corazones se fundan al calor de un mi!lmo entusiasmo, y un
inmenso grito de júbilo suha al cielo anunciando los festivales de un pueblo! El versículo de la Snlamita
es eternamente cierto: el amor triunfa de la muerte. Benito Juá.rez no está bajo su lápida mortuoria convertido en ceniza; está dentro de nuestras almas convertido en idea, en sentimiento, en aspiración. Carifio
i1 la patria, deseo de libertad, sacrificios por el deber, luchas contra el mal, recuerdos de dolor y de g loria,
icleales tambiím de dolor y de gloria, todo eso es Juárez. Sublime transfiguración del hombre! Pudo el
pueblo engaiiado por el golpe brusco y por el poder alucinante de la realidad, llorar un día sus más
amargas lágrimas, ver ennegrecido por fatidicas nubes el porvenir, y en torno del pabellón cresponado maldecir al cielo y clamar;\ los infiernos! Juitrez, en su ataúd, descansaba. Se le creía muerto. Alli
acudieron sus discípulos de patriotismo y de infortunio, y en vez ele sentir la dolorosa agonía de la esperanza, sintieron brotar en sus almas una esperanza nueva .... Entonces fné cuando Guillermo Prieto,
infundiendo rn la frase toda la fuerza vital de su infinito anhelo, gritaba: c¡Dc pie, sefíor, ele pie!» y á ese
grito poderoso como nn conjuro, se hizo el milagro: el muerto sacudió el snclario y se puso de pie en la
concil'ncia nacional!
0

De los combatientes de vanguardia muy pocos quedan, y pronto abandonar:ln el puesto de honor.
l'neden caer, no importa! El hombre al morir, retofía en su descendencia, y sus obras no se pierden en
la incesante elaboración de la historia. Bazaine proviene de los grandes traidores y Gambetta de los
grandes defen~ore1,; Esquilo y Cervantes tienen la misma filiación gloriosa de héroes poetas, y en los
anales de nuestro muodo, siempre que el espíritu humano ha estado en peli.,.ro de muerte se han repe°
ti'd o 1as salvadoras epopeyas de Maratón y Salamina. El hombre dura mientras
dura su 'esfuerzo, por
eso son inmortales los que trabajan por la libertad. Las naciones deben sus enorglas más á los muertos
que a los vivos. El polvo que piensa no ,·uelve al polvo. La idea es fuerza de incalculables resultados:
penetra, se difunde, se transforma eternamente, es el espíritu de que habla Goethe, •tejiendo en los talle•
res del tiempo el ropaje viviente de la divinidad. • Toda pal,ibra fecundiza, toda predicación deja su semen en _el surco. Los libros de los enciclopedistas se co11virtieron en la sangre de la revolución burgue~a; los hbros de los pensadores modernos serán la sangre ti•• la t·eyolución obrera. Renan dice bien cuando dice: • pucae la iglesia anatematizar á Yoltafre, puede la influenciada y temerosa mano de la madre
quitarlo de tu biblioteca .. , . de tí no lo arrancarán jamás, porque Yoltaire eres tú mismo!• La idea en ae•
tividad atraviesa la historia en una serie de encarnaciones di,·ersas: Hidalgo con el tiempo se llamará
,Juárez; el T'Pnsador ;\lexicano aparecerá un dla en la Academia de Letrán con las facciones cobrizas del
Xigromante, Y la mirada de lumbre de ;\forelos fnlgurar?1 rle nuevo en los anteojos del "'eneral Zara.,. 0 za' La historia es una pasión, porque rs una pasi ·n lit viin: grandioso combate perclu;able en que las

,

219

Vtll·dadc~ y las bellezas y las virtudc~, se conquistan en lt&lt;'catombes i1imcnsas que marcan con su rastro
rle dolor y ele sangrn el lento itinerario humano!
.
,
.
Ei creencia comunisima que no tll¡temos en nuestro~ anales patnos un solo hecho de Ulllversal trascent!cncia, que nuestro"s martirios y nuestros triunfos son triunfos y martirios puram~nte nacionalei:.
La re,•olución francesa, se dice, es un hecho 1rniversal; la Reforma mexicana es un hecho local. No comprt•ntlo In historia con tan mezquina filosofía.. f:I progreso •~o se m~tila. Todo o~tá_ encadenado, todo
rienci sn 11'1' . El movimiento de un astro coopera á la armon 1a del unfferso; el mov1m1ento de un pueblo
coopera :í ·la armoní1t uo la humaniJatl. Para la obra final de redención y de amor, poco importan las
difon•1tcias de razas y de medios; en el fondo de las más contrapuestas tendencias hay elementos comunc~1 y todos los ideales se fusionan en un ideal supremo, profnnclamente humano, religión de todos, de
los que sufren y de los que gozan, de los parias y ele los libres, Zcus luminoso para los gl'iegos, Dios ~e
misericorJia para los por¡¡•e~ de es¡&gt;iritu, verdad serena. para el sabio, inmaculada belleza para el artista. Sobre todas las patrias está la gran patria, la naturaleza infinita. Todos tenemos obligación de darle
nuestras actividades para fecundarla, toclos tenemos derecho á los brotes de sus entrafías. Para comprender al hombre en sus ohras, es ante todo indispensable estndiar su nacionalidad¡ pero luego, el ani~lisis
tld&gt;e taladrar hasta las últimas capas del cspiritu, descuhrir los e!cmentos irreductibles, despojar do revt•stimientos posteriores el n11cleo primitivo, poner :'L desnudo la fibra humana, la que al vil:lrar hace vi·
brar nul•stro corazbn &lt;'ll sus más atávicas profundidades, arrancándonos !,\grimas con el Quijc,te, esa sublime el&lt;'gia de la risa, ó haciéndonos estrcml'cf'r con los tr:'1gicos 1•stremecimientos ele Hamlct ante los
peligrosos bordl's de lo insondabl&lt;'.

Pues i,icn, llenito Jnárez t•~, ante todo, mexicano: las grnndezas de su carácter son las grandezas del
carácter de su raza, realzadas en (•I como una concreción y como una slntesis¡ pero sobre todo, ea un
miembro ele la humanidad, una figurn de primer orden entre las grandes figuras ele la historia, r.anrlillo,
hc'\ro&lt;',-tomo estas palabras cu su significación épica-de los que se ha dicho, en intencionada frase, que
no tienen patria, porque sns actos son como gotas de sangro que circulan en el organismo entero de la
humanidlld, nutriéudolo de vida y floreciéndolo ele amo1 !
¿Cuáles son los elementos profundamente humanos del carácter de Ju,irez? Lll cou~tancia heróica Y
la fe en Dios. He recogido, seiiores, de los labios de mi padre, un hecho sencillo en su magnitud, que
aiios ha relataba YO ante la tumba del Ilencmérito, y que quiero deposita1· hoy en la memoria ávida de
la juventud porq~te revela mrjor que cualquier análisis, el espíritu de J nárez, espíritu •de hierro Y de
roca,• com~ el del rebelde encadenado esquiliano. Los pat1·iotas que á través del desierto conduelan
el arca santa con las reliquias del pueblo, llegaron á Chihuahua, llevando la patria, como Danton, en las
suelas 1le sus zapatos. En una sala, apenas alumbrada por las agonizantes luces del crepúsculo y eu la
triste penumbra del fondo, estaban sentados J uá.rez, Iglesias, Lerdo, Prieto .... ya dii¡puestos ásalir rnmbo al Norte, pues de un momento á otro se escuchada on las calles do la cilfdad el red~ble de las ava~1.adits francesas. Todo, como esa sala, estaba triste; algo muy querido parecia acompanar en su agoma
al crepúsculo .... La cara ele Juárez tenla la impasibilidad dura de una máscara de bronce. Las tormen•
tas de su alma no relampagueaban en sus ojos. No estaba cansado; no sufría. Se habló de la situación
del país: el señor Lerdo disertó sobre derecho internacional, como siempre, admirahlement~; Guillermo
Prieto dijo algún chiste, como siempre, delicioso. La atmósfera estaba saturada de angustia. • • • Aquellos hombres espectrales no se movían, no se iban, no huían! Juárez dijo á sus visitantes: • Aún hay tiempo de fnmar un cigarro; nada está perdido; creo poder volver dentro de cinco años á cmocar la bandera
en el Palacio Nacional.• Cinco años! No pasó uno, y la bandera ondulaba en la capital de la República,
:'1 los soplos ele la libertad! De manera que ese hombre, sin dinero, sin ejército, en los limites de su país,
cuando nadie crela en él, excepto él mismo, pensaba resistir cinco años más! Con una perspectiva asl de
negra, asi de vacía, desdeiiaba el puiial que le ofreciera la tentadora sombra ele Catón! Nó, no tiene
razón el Nigromante, no fué sublime el suicidio del romano, porque aún algo le quedaba que hacer por
la República, sufrir y espei'ar; no fllé sublime porque perdió la fo, pot•que dudó de su alma. Juárcz es
más grande: derrotado por el destino, todavia pedia cinco afíos de infortunios para vencer al destino!
Bit-n se conoce que la hoguera de Cuahutomoc iluminaba su conciencia!

Nadie creia on él, triste verdad! F.rn el dla sagrado, el 15 do Septiembre, El General Bl'incourt
ocupaba Chihuahua. Al derredor de la humilde pirámide que levantó el cariiio popular sobre los restos
de Hidalgo, se cometla un sacrilegio: los franceses y los traidores celebraban la independencia de nuestro suelo! En cambio, algunos buenos patriotas organizaron on 1-a capilla (le la Parroquia una. lllisa dl'
DuPlo, y alli fneron con sus hijos las madres eulntadas ¡\. llorar la mnerte do la patria, {~ enterrarla
para siempre., .... Las oraciones cra1i gemidos; en las baldosas arrastraban las gasas fonerarias; lo,i
ojos húmedos se clavaban en el llag1\Clo cucl'po iwl Redentor¡ el órgano sollozaba el misererr; el incienso

�HEVT!::&gt;TA MODERNA

REVISTA MODERNA.

euvolvla en uubes seráfica1:, las cabecitas de los muos...... Juárez! Juárcz uo volverla, imposible!
Y uo sólo en las lejanas fronteras, no sólo en la pobre parroquia de mi pueblo, sino en toda la extensión
del pais, hubo un abrazo implo de conquistadores y traidores, y una misa de dueto de todas las madres
y de todos los hijos, bajo la negra, bajo la infinita soledad del cielo! Juarez! oh, Juárez uo volvería, imposible! Juárez volvió. Ah, Señor! si ese hombre, que tuvo que combatir no sólo á los franceses, no só.
lo á los traidores, no s1lo al clero, sino también el escepticismo del pueblo, y que venció no sólo á los
franceses, no sólo á los traidores, no sólo al clero, sino también el escepticismo del pueblo, no figurara
en la historia de la humanidad, no fuera una gloria universal, tendrlamos derecho al mal, á la destrucción, al suicidio, arrojando nuestros fastos y nuestras virtudes y nuestros pensamientos y nuestros ideales y nuestras almas, á la combustión satánica de un infierno devorante y de una muerte ignominiosa;
Benito Juárez no es el Benemérito de las Américas, es Benemérito del mundo entero!
Y hoy que hemos perdido la fe en las quimeras del jacobinismo, pero que la tenemos cada vez ma•
yor en las verdades de la ciencia; hoy que ya no nos exalta la raudalosa elocuencia dantoniana arras!
trando en su furia mantos desgarrados y cetros rotos, pero nos entusiasma la serena voz de la filosofía
que deposita limo fecundo en tas almas y jamás desborda cóleras destrnctoras de su profundo cauce•
hoy que nos burlamos no poco de las disertaciones incoloras y pedantescas de Robespierre y estudiamos
en Ronssean un caso patológico; hoy que los reyes, los frailes y los nobles, que habían perdido la fisonomía humana con los corrosivos de la literatura demagógica que los llamaba y los llama, hidras, vampiros, e11driagos, nos aparecen en la historia cientlfica con sus facciones normales, como hombres semC'.
jan tes á las demás hombres, algunas veces liberaleP, complacientes, a1 tista~; hoy que analizamos y que
nos explicamos, sin odiarlas •á priori,• las etapas más infaustas de la crónica humana; hoy que ya no
creemos que la regeneración universal brote de no discurso epiléptico de encrucijada, aplaudido por el
populacho ebrio que deserta de las escuelas y de los talleres, y armado de formidables picas levanta &lt;'11
triunfo á Marat, grotesco y patibulario, sobre los bonetes rojos; hoy que no creemos en la utópica democracia del •Contrato Social,• idealmente bella, como un diálogo platónico, trazada á maravilla con l1t
armonía matemática de los silogismos, pero falsa de toda falsedad; hoy, por último, que vemos cvapo·
i-orse en el horizonte las últimas humaredas de la Con·,ención, devorada por sus propias llamas, estamos
en aptitud de comprender la personalidad real del señor Juárez, pasándola del mito á la ciencia, pero
sin destrnir el mito que es arte, de la leyenda á la historia, pero sin destrnir la leyenda que es poesía,
cumpliendo así con el deber que como ciudadanos y patriotas tenemos de preservarla de todo homenajr.
falso y de toda injusticia sacrilega, á riesgo de que la posteridad la encuentre mutilada y sucia bajo el
polvo del tiempo, como encuentra el arqueólogo los restos de los palestritas de mármol y de los atletas
de bronce que yacen en la tierra divina del arte, devastada por la ,·iolencia y por ta ingratitud! ( 1)

pavorosos y formidables arreos de combate.- Nó, no puede ser de ellos el scño'.· J_uárez.. El ho1~b~·e q_uu
castiO"ó todos los abusos para defender todos los derechos, el hombre que castigo todos los pnv1leg10s
para"defender todas las garantías, el hombre que castigó to~as las ~presiones para defender todas las
libertades, no es un cismático, no es un sectario, no es un rntrans1gente, e3 un Reformador. La base
de su obra es esencialmente económica; el fin de su obra es esencialmente moral. Fué un hombre de
paz, fué un hombre de amor, fué un hombre de progreso. Su esplritu no está en el odio ciego é inmoral
de las edades muertas, tenddamos entonces que odiarlo y Dios sabe cuánto le veneramos; está en el respeto del pasado, en el trabajo del presente, en la fe del porvenir, en el conocimiento de lo que hemos si•
do, de lo que somos, de lo que seremos, abarcando la prodigiosa evolución que si aún nos ha dejado en
tas extremidades de la mano las garras del carnicero velludo y delincuente y en las capas más hondas
del alma al apetito bestial y la pasión impura, empieza á poner en nuestras f1·entes los primeros destellos de la divinidad, como un beso matinal de la infinita poesla del amor!
y si alguna vez,-qné sabemos!-las pasiones estallan en tragedia, si la lucha se hace inevitable, si
Jos parches de Tirteo resuenan y marchais en las filas •cnbriendoos el pecho con el orbe del escudo,
blandiendo en la diestra la lanza sólida y agitando la terrible cimera sobre el ca.1co,• defended bizarra·
mente la figura de Juárez, dando actos heroicos á la fama clamorosa, defendedla en nombre del arte, cu
nombre de la cie_ncia, en nombre de todos los lienzos pintados, de todas las estatuas esculpidas, de todas las verdades conquistadas, en nombre de los que ostentan cicatrices resplandecientes, en nombre do
los que encienden el astro de ero de la piedad en las cimas de la conciencia, en nomb1·0 de los que bajan
con la lámpara de Aladino á las enh·aiías de la vida., en nomb1·e de los que llevan al costado una lira.madre de la estrofa que se desbarata en c:&gt;lores, en lágl'imas ó en cóleras,-cn nombre de la patria que
nos concreta, en nombre de la humanidad que nos contiene, y viriles, fuertes, invencibles, como hacen
los héroes de la Iliada con los caudillos rotos en la brnga, c:ibdd y proteged la figura de Ju;í.1·ez con una
muralla circular de clavas resonantes!

220

A la juventud toca tarea tan meritoria. Qué mejor homenaje pode1s rendir al muerto ilustre, que
hacerlo vivir incesantemente, con todo amor, en vuestras meditaciones y en vuestros estudios? 03 lo
disputan dos bandos enemigos: el Clero y la Jacobinerla. Uno 11roviene de Jernsalem primero y de Ro
ma después, de la ·ciudad pontifical y hierática, autoritaria y solemne, llena de ascetas con callosidades
en las rodillas y la.minas de oro en las frentes. No es divino; dejó caer en la sangre y en el lodo de la
vida el ideal de Jesús; es humano, es decir, bueno y mato. Sus grandes acciones le han dado lustre, su!!
grandes crímenes le han valido anatema. 8alvó la ciencia antigua de la rapiña de los bárbaros y prendió los leiíos del odio bajo las plantas de Juan Huss y de Jerónimo de Praga. Y hoy, contaminado por
el industdalismo febril del tiempo, en vez de abrir el Reinado de Dios con las llaves de Pedro, penetra it
saco en las ricas heredades del capital con los instrnmentos del agio y de la astucia. Y si desoye la santa palabra de León, de ese anciano blanco y bueno, cuyos labios manan amor como los panales miel, y
cuyo esplritu asciende á la muerte como una hostia sobre la humanidad arrodillada; si no vuelve, en pe1·egrinación expiatoria y en demanda de misericordia fL los huertos de Galilea; si con los supremos cxorcfsmos del arrepentimiento no arroja de su alma el Demonio del Vicio, entonces se entregar:i. ata&lt;lo de
pies y manos á las implacables justicias flamígeras de la Historia!
8i el Clero niega á Juá.rez, la Jacobineria lo deforma, porque lo hace objeto de un fanatismo, colo·
cAndolo como santo del calendario demagógico. Cisma, intransigencia, odio, guillotina, parlamentos clubs
llenos de humo de pipas y de vociferaciones de muerte, la decapitación ele Dios en el cielo y la feliciclad
salvaje sobre la tierra: bellos ideales! Tuvieron los jacobinos su papd en la Historia, tni.g ico siempre y :'t
veces grande. Hoy, han pasado de moda: son siemprn grntescos y nunca grandes. Se parecen al caba·
llero de la Noche y de la Muerte de que habla Tennyson, que oculta las tiacas fuerzas de un niiío bajo
(r ) Co n moti\'O de la calurosa d elensa que hizo de la J acobincría el estudiante D. Lázaro Villarrcal, que me precedió esa
noche en la tribuna, me ví obligado á aludir ásu di!rurso en estos 6 parecidos términos: " El vibrante orador de Ja Escuela de
J urisprudencia ha hecho una entusiasta apología del jacobinismo.. . . Es joven, aún vive con su ensueño en Jns turbulencias de
la Conven c_i,6n francesa. Y quié'.1, no ha sido jyobino en su j u\'cnlud ? Pero nosotros, que hemos perdido la fe en las quime•
ra.~. •• •_et~. Itago esta o~Jserrnc1on, porque algunas personns ha n supuesto q ue yo nirgo esas palab ras, habiendo ordenado que
s'." suprmuernn en la publicación que h i,o " El Imparcial" de mi cliscurso, No las niego, ni contrnrio; p!'ro como fueron improv1,·11das,_ como no estaban en mi mnnu scrito, "El Imparcial" no pudo imprimirlas.

Conclu ,·o. A vosotros os toca, jóvenes egregios, rehacer la patria moral, la patria intelectual, la patria,
viva y verdadera, la bella, la espléndida, la gloriosa patl'Ía, tal cual la contemplaban, con los ojos em ·
briagados de ideal, los hombres generosos que por ella afrontaron las cárceles, los destierros y la muer te. Yuestros padres le dieron el alma y la sang1·e: dadle vosotrns el ingenio. ~o qu.eremos apagarnos
en la historia. Recoged en el corazón la constancia y la gloria. de los magnánimos que hicieron la. Reforma, preocupados por la ciencia y el arte que deblais cultivar. Y el arte y la ciencia amadlos cou
verdadero amor; amadlos pot· si mismos, más que por los frutos que puedan produciros, más que por las
alabanzas que puedan conquistaros; amadlos como el ejercicio y la maniftistación en que la nobleza del
hombre aparece, en que el valor de las naciones se externa. Y sed buenos, y creed: creed CIÍ el aruor,
en la virtud, en la justicia; creed en los altos destinos del gé11e1·0 huma.no que asciende al zenit por las
vlas de su ideal transformación. Que la ciencia os csfaerce, que el arte Ol? consuele, que la patda os
bendiga!

o

y

�REVISTA MODERNA.
La hojarasca crepita dispersa
por las calles tortuosas del rancho,
do se ve agonizar un destello
t1·as los viejos postigos cerrados.
Y se escuchan, al par, el chasquido
de las ramas crujiendo en el árbol
y el pesado caél' de las gotas
en las áridas sendas del campo.
Las tinieblas se cuajan. El cielo
doloroso, en un ch-culo trágico
va ciñendo del torvo paisaje
los perfiles y el hórrido espacio.

Bajo un cielo plomizo y ventoso,
por aristas de piedra cortado,
el paisaje n!onótouo duerme
en profundo y solemne letargo.
Todo es gris: la silueta del·111011tr,
el inmóvil y frío remanso
que refll'ja en sus ondas obscuras
un jirón sepulcral del espacio;
los barbechos de glebas grieta.das,
donde yace el rastrojo hacinado,
olvidadas están las-coy undas
y descansan los roto(arados;
los cona.les de piso fangoso
que han hollado~pezuiias y cascos,
sobre el cual, por el aire impelidos,
flotan acres y fétidos vahos;
el humilde jacal del labriego,
mal envuelto en los-grises andrajos
.que el aliento de Otoño arrebata
del humoso fogón-solitario;
el derruido y vetusto convento
de sillares musgosos y pardos,
otro tiempo de monjes refugio
y hoy albergue de espectros y cárabos;
hasta el río de gárrulas ondas
y cristales bullentes y claros,
so las húmedas nieblas, yacente
hoy está, moribundo y helado.
Ya lobrece. Las sombras nocturnas,
como espesa humarnda, borrando
van el triste confín de occidente
con un negro y furioso brochazo.
Zumba el Bóreas; los vientos aúllan
remolinos de polvo aventando
y barriendo las nubes que conen
en tropel tumultuoso y fantástico.

El relámpago azul fosforece,
una cá1·dena herida trazando
en la lóbrega nube, que se abre
al sentir el feroz latigazo.
Todo es negro: las sombras envuelven
valle y bosques, montañas y llanos
que aparecen tan sólo un instante,
á la eléctrica luz del rel.impago.
Todo es negro: la noche profunda
va extendiendo sus alas de cárai:;o
y el terror culebrea en los nervios '
el cabello y la piel erizando.
'
A lo lejos, al fin ele la senda
que se incrusta en los duros peñascos,
donde empieza á afilar la montaña
sus aristas de pórfido y cuarzo,
empotradas en la áspera roca
y asomándose al hondo barranco,
$US ruinosas paredes levanta
en la sombra rural camposanto.

En la lúgubre noche, las hienas,
espantoso festín husmeando,
el recinto de muerte profanan
con su aullido agudísimo y largo.
A través de 1011 rotos sepulcros,
en la lívida faz de los cráneos,
¡con qué horro1·, con qué horror aparece
terrorífica mueca de espanto!
Tal vez sienten la garra acercarse, . ...
y alli están, impotentes y trágicos,
¡y del mundo, y del cielo, y del alma
olvidados, oh, Dios, olvidados! ....
)IASUEL JOSÉ

OTlJÓN.

3 ·

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,~ ·-=--::..;;.=-~~---=--n•::FJ.1-

�REVISTA l\10UEHNA.

225

\·ida dll Lautos trances de angustia¡ me salva.ria de la reciente borrasca del mar d · l\lármara sólo parn
cru:tarme de brazos ante lo conocido, frente al !dolo anciano que ya n:icla pro:nctr, vien&lt;lo la Esfinge
mut•rta en cuyos labios de piedra se cl'istaliza el infantil problema? ....
:\le paseo por el cuarto, en andar instintivo, y me detengo un monrnnto junt1.1 ,le! ta11dour, esa estufa
a pagad 11, semPjante á mi espíritu, porque guarda en el fondo la ccni:ta fda.
l\le acuesto, á la hora en que el sol se va dejando colgado en el Levante su u~carlata manto pérsico,
sobre tapices apilados á la usanza de Oriente. Eso tiene para mi algún encanto, porque as! no se acostaba mi padre. i\Ie duermo creyendo en los fantasmas y en los genios de las leyendac¡ tártaras.
Un canto me despierta, con el alba: es la antigua canción sagrada con que el almohezln sal uda el
nuevo dla en lo alto de los minaretes: Allah illah Allah, -i:é Moltammed 1·e~·oul Allah!

VIAJE AL PAIS DE LA DECADENCIA.
11.
EN STAMBUL.

UANDO desperté, eran ya las diez de la mañana. Habla niebla en mi cabeza. i\lu
incorporé sobre los cojines y pasé la. vista sobre mi raro vestido exótico. Me hallaba trajeado abigal'l'adamente, á la turca. l\le froté los ojos, dejé pasar entre mi
abierta boca un bostezo alicóncavo, moví mi cuerpo soporoso con desenrosques
de boa, y lentamente fué la quilla cortando la neblina letárgica, y los rayos de
luz dijeron de rumbos y latitudes. Luego tendióse la vela mnemotécnica en viaje
reti·oactivo hacia el recuerdo, y fueron pasando las lejanas indecisas riberas: mis
vuelos de pájaro incansable; los escollos, famélicos de cascos, listos siempre á triturar mi nave con la
sáxea mandíbula; mi3 ansias nunca extintas, mi sed de goces, la Dicha en fuga, la Quimera, perseguida
por todos los puntos cardinales, siempre lejos, danzando fantásticamente, espPjismo del inmenso desierto .... todo, todo, hasta no llegar á la fiesta próxima, al desenfreno de la víspera, en que el Placer ebrio
y harto regó su vaso de torpezas sobre el deslumbramiento de los tejidos asiáticos.

Hacia varios .ueses que un steamer me habla llevado á aquella misteriosa Stambul; y el oro que salió profusamente de mi bolsa pródiga franqueóme de un golpe muchos portales esculpidos.
Habla presenciado ya soberbias fiestas; pero el jolgorio de aquel dla anterior estaba muy lejos de las
zambras decentes de los pachás y de los mushires: aquello fué un desborde encanallado, una baraúnda
báquica y priapesca que me hizo amanecer con acérrimos ardores de piel y con vagos dolores de hipocondría. Aún me parece ver las cobrizas bandejas de donde se espil'ala el odorante efl uvio de las pastillas del Serrallo mezclado con el humo del lembaki; músicos árabes sonando su tan tan ó entonando
canciones fantásticas de Oriente; bujías que deseuelgan su leve gaza rosa desde sus globos de tulipanes
de ópalo sobre trajes recamados de perlas y sobre las colgaduras de Smirna. Aún siento un mi boca el
sabor del blanco vino de Ismidt, el único que dejan á labios mahometanos las suras del Profeta; y recuerdo, como en la brumosa lejanía ele un sueño, la salida del salón, la entrada al tugurio, el festival asqueroso, llegado al paroxismo .... De mi vuelta, nada. Sin duda me trajeron en brazos los buenos hijos de
Allah, y me dejaron ali!, sobre el diván, fardo de huesos, carne abita, vestido con mis prendas constantinopolitanas.

E l calor me sofocaba. Tiró el turbante, las polainas doradas, la chupa de flotantes mangas. Me tendi, desnudo, en los cojines, y pensé .... ¿Habrá algo nuevo, algo virgen, algo que desflorar con lamateria ó con el alma, algo que haga temblar las vibraciones entre los viejos flancos de la interna lira?
l\Iás! .... más! .. .. Oh! .... el Hastío! ....

No quise salir. Q11edéme en casa, precioso palacete del barrio del Taxim, de espaldas en mi lecho,
escuchando el ruidoso movimiento de la calle. ¿Ya no me quedará nada que ver? ¿Habré escapado con

Beshir, un negl'illo que se halla á mi servicio, me trae una hurncantu ración de cafc de la Arabia.
Va í1 retirarse y le detengo.
-Oye, vas á conducirme al instante á la casa del hodja más famoso que conozcas.
-¿El señor le tiene miedo á Cheiton? ....
Yo sorbía mi café, abrasándome la boca, precipitadamente.
llablo conmigo, entre dientes:
-Que me dé algún brebaje maldito. Dicen que hay simples en O.-icnte que abren las puertas de los
paraísos y enseñan muchos nuevos á los que nada encuentran en el suyo. Que venga el Artificio! Con
la fiebre se goza, porque pasa el corcel cargado de mentiras y esas mentiras son divinas realidades para
el que oye extasiado el repicar de cascos del Delirio. Quiero que la Verdad esconda sus toscas ubres
laxas y salga la adorada l\Ientira, para que haga brillar sus lentejuelas que dan á mis ojos fulgores de
diamante, y venga la amable Calentura á vaciar en mi vaso su precioso licor de cáñamo indio! Yo quiero
que me engañen! ....
El muchacho se aleja de mi lado, algo medroso.
-El señor no está bueno.
Salimos.
-¿Es muy lejos?
-En el barrio de Gálata, sefior.
Andamos. Yo no hago más que buscar las pilas du Volta du los llam uantes ojos otomanos tras de las
rPjas de los shakisirs y á través de las misteriosas celosías de los haremli!.:es. Es lo único que me queda:
la quimera del goce en el regazo. Siempre que veo de lejos la esperanza es asomándose en el pórtico
rojo de dos labios carnosos; siempre que la dicha me canta sus promesas es sentada-paloma lista al
\·uelo-sobre el torneado alabastro ru:;:algún hombro desnudo. Mas la luz intermitente vacila con el más
débil soplo de mi fantasma negro, y el oro de la débil opulencia solar se anega de tiniebla en angustiosa
11gonia de crepúsculo¡ la Esperanza oculta su anhelosa cabeza y ciel'l'a con pavor sus puertas, y el pájaro emprende el vuelo y va á. perderse entre los hondos enigmas de lo azul. Y, ya en tinieblas, mi vihión abre sobre mi sus alas memb:anosas, más obscuras que la noche profunda, mancha fatídica, condensación ele abismos, rotulada la frente con esta enseña livida: EL HASTio!
Sigo caviloso, sin notar casi á las gentes con quienes topo: el arrogante lilca clarineando color en su
uniforme, los derYiches, que salen de alguna mezquita funeraria y en cuyos labios aún tiembla la oración de difuntos; las viejas j11dias, con sus jubones lentejueleando al sol y sus gorritas verde manzana;
el regimiento que pasa, las fanfarrias, el bey, los alabarderns con trajes recamados de oro y tocados con
luengas plumas glaucas .... Cuanto se agita y bulle y es pe.jea en los trajines de las calles musllmieas
,·ale muy poco para mi. Nada veo. Sólo tengo ojos para mi escenario interior, en donde se ha prendido
un nuevo lampadario, una nueva esperanza, otra dicha en promesa, que no es la de la dama de la puerta roja ni de la arisca paloma del torneado alabastro: una luz de hechicero, luz de santuario tenebroso,
destello tumulario, promesa de ultratumba: el brevaje del hotlja!

Llegamos.
Oyó atentamente el relato Je mi mal, con gravedad de físico, con la indiforeucia de quien ha visto
mucho raro en su cllnica.
-Hágase usted la cuenta de que se halla en un templo de su religión, á. los pies de un sacerdote.
Confiésese usted conmigc. Si después de oír á usted, le juzgo bien listo para recibir la impresión de algo que por el momento me reservo; si es usted bueno para el caso y su organismo se halla preparado
iniciaré á usted en misterios de apariencia vesánica, misterios impenetrables para los seres bien equili'.
brados, para los a~euros felices y para los cerebros que gozan de la pasividad dichosa de lo sano, pero
que para usted-si, como creo, me resulta bueno, esto es, enfermo- constituirán la fuente más eficaz ele
gratas impresiones, gratas por bellas y por nuevas.

�226

Dije:
-Señor! El viajero ha llegado á la ciudad, ha recorrido todas sus barriadas, ha frecuentado todos
sus paseos, ha caldo en todas sus charcas y ha saboreado todos sus encantos. Ya nada le resta, Y aúu
tiene que vivir en ella mucho tiempo. ¿Qué mayor tortura?. . . . . Todo lo he visto, señor! En esa gran
ciudad de cantones dispersos que llamais Mundo todo está ya gastado para mi. Turista fatigado, me
angustia la monotonía. Como los melancólicos hijos de Albión, el spleen me devora.
-¿Habeis agotado vuestros puntos de viaje?
-He estela.do todos los mares y recorrido todos los caminos. Lo he visto todo. Castillos que boste•
zan, como yo, de tedio á las orillas del Rhin y palacios de mármol que reflejan la nostalgia de sus fastuosidades en los canales de Yenecia; el gorro de enfermo de los volcanes escandinavos y el humo que
sale de la ancha pipa del Vesubio, ese criollo ciclópeo que acuesta sus perezas en azules cojines y mira
á su adorada Nápoles, favorita del ardiente Sur, ceñida su cintura con el chal de sus colinas color de
primavera; he oldo la linfa leda de las Castalias y el desplome tonante de los Niágaras ...... Todo .... .
Todo!. .... Vahos ardorosos del trópico y carámbanos árticos; rostros rubicundos, caras morenas, cutis
ebanáceos, ojos oblicuos, pieles rojas ..... Todo ..... todo, señor! Me he adherido á todas las mesnadas; he tenido comercio con todos los rebaños del mundo: con los hijos de Sem y con los hijos de Jafet y
con los de Cam el Maldito. Y nada. Tras la nueva visión, el fantasma que viene y sopla, y la luz que se
apaga, y la sola compañia de la sombra con su letrero lfvido!. ... EL HASTío!
-¿Ha.beis afrontado peligros? ¿Uabeis conocido monstruos espantables? Hay goces en el rirsgo....
¿entendeis? ....
-Del pals de los drusos, descendí á las llanuras beduinas donde hay hombres feroces cuya piel es
un ébano historiado por absurdos tatuajes. Desafié las iras del sacerdocio profanando vuestra l\Iezquita de Eyoub, aquí donde hay esclavos misérrimos cuyas plantas sangran á los chasquidos del com·bash;
me batl con un orangkubub en los hoi;r¡ues de Borneo, y hasta creo haberme sentido aprisionar por el
monstruo hermafrodita que encierran las floridas en sus breñales laberlnticos.
-La mujer! Adormeceos en el desenfreno. Que el bochorno de la caricia cálida dé sopor voluptlto ·
ijO á vuestros miembros, ó que el Céfiro puro de una pasión platónica traiga frescuras nuevas á vuestra
alma. Iníciaos en todos los secretos de la Astarté fenicia; penetrad en los caldeos templos de la Venus
l\Iilita, llevando en las manos los sfmbolos del Falo y del Cteis; desenfrenaos en las fiestas ludicas de lle,·
li, ó buscad una Electra que os descubra sus sueños virginales á través de su cendal blanco y purísimo
corno la intacta evanescencia del ampo.
-lle sufrido todas las iniciaciones. lle descendido por todas las escalas. La mujer de Loth me ha
visto haciendo gala de todo lo inaudito, y sobre mis embriagueces nefandas ha caído mil veces el l\Iar
l\faerto. Los lapones me han cedido sus tálamos nupciales; be mordido sabrosas manzanas lascivas del
país de los Faraones en medio de los recuerdos magníficos de Carnac y entre el tumulto de las fiestas de
Tsis; me he bañado en el Termodonte con las bijas de aquellas soberbias amazonas del Cáucaso; he gozado las dulces mistagogias de la Anaitis armenia y del templo sirio de llierápolis ..... He bebido mucho ..... Me be embriagado con todo! Ya nada tengo que beber!. .... He amado y he poseído. lle saciado el espíritu, y mi vientre ha sufrido las repulsiones del abito. Aquí, en vuestra vieja Stambul, paseé mi amor-un amor casto-por las umbrosas riberas del Bósforo, á la hora en que habla sobre el
agua rieles de luna y som·&gt;ras de yalis, sombras temblorosas en la linfa corriente;. y aqui también crucé
vuestra ensenada, bajo el faro de Diana, en caique aligero, recostado sobre tapiz de seda, entre cojines y mantas '.opulentas, en la bullente combustión de mi sangre, envuelta mi cabeza con una cabellera
de sultana, y sorbiendo en labios,-copa roja de oriental cornalina-todo el incendio de los vinos do
Chipre ..... lle sido en esto muy avaro, señor. Mis arcas han ti,nido hambre y sed de esos tesoros. He
oido el severin saliendo á deleitarme de toda garganta de mujer. Me han arrullado con la frase felpuda
_,. cálida de sus caricias las perezosas odaliscas de los grandes harenes, á través lle la rica muaelina de
los yashrnacks, lo mismo que las hijas del pueblo, bajo el pobre feredjé de sucia lana; la esclava de las
montañas de Circasia y la cristiana armenia que pone sutiles redes de oro sobre la red de su cabello de
endrina. He levantado el habbara azul de las bohemias, he sentido todas las epilepsias del afrodisiasma
bajo el humilde techo de los gourbis y bajo el roble esculpido de vuestros magnates, entre biombos de
Yedo y entre las a.greñas cortinas de las Rarabús de Polinesia. He conocido, señor, todas las carnes. Os
repito que nada tengo ya que ver, y nada nueYo encontrarla ni en el culto de los Cabires ni entre las
orgías de Samotracia,
El viejo me miró fijamente.
-Bien, me dijo, esta.is preparado. Ya1s á emprender un gran viaje ideal que os proporcionará supremos goces.
De un estuche, un frasquito, imposible de pequeíiez, como el dedo meñique de algún Puck nigromántico: Una gota en mis labios, :r una ducal refulgencia en mi cerebro. Vesubianas incandescencias
en mí sér. Transfiguración. El suelo que se escapa, y, por mis ojos atónitos el desfile de una radiosa fuga de soles chispeadores.
l\Ii corteza se helaba. l'IIe rl salir de mi propio cuerpo yerto, y, otro yo, etéreo, impalpable, provisto

227

REVISTA MODERNA.

REVISTA .MODERNA.

de suaves alas angélícaP, remonté el vuelo, y seguí á una visión, no fatidica y negra, mas luminosa, son- ,
riente y adorable.
Llegamos, la visión y yo, á la cumbre de un monte, en donde tiene el Yéi-tigo su nido. Entonces ví
á mi gula en toda su verdad. Las formas de un efebo, pero sin materia real, impalpable y et(•reo como
,·o. En sus ojos habla ortos de genio. Sus labios- tan frescos que todos los juzgaran recién apartados
~el matemo seno-eran hechos para la Gran Sabiduría. Cada una de sus sonrisas era una luz de Ciencia. En sus labios estaba la clave de los obscuros enigmas.
- Yamos!
Tal dijo. Y partimoB.
S.lNTJA(;0 ,\RGÜELLO

(Continuará).

IN MICMORIAM.
18 de Julio de 1901.

I
Ah! la humildad en su escarpada. hondura
Lo que ilusiona y resplandece crea;
Anida el ruiseñor en la espesura,
Y se forjan los rayos en la obscura
~ubc que sin cesar relampaguea.

Grano maduro que voraz levaula
El ave, la maleza que te escude,
Y de grano que fuiste serás planta
Y rnn.r pronto tal vez, árbol que cauta
Si eufurcci,lo viento te sacude.

Espíritus geniales, la coyunda
Del dolor, frentes altas encallece;
¿Qué peiíascos el musgo no eircuudal
Aun la misma mujer, mujer fecunda,
Tan sólo por fecunda pa'ídecc.

Y d débil en la lidia titubea;
El paladio que abona tierra inculta
Con sangre, no es alondra que gorjea
Cuando tímida el alba pestañea
Y al funeral atardecer se oculta;

Es el que lucha, como férreo arado
Que repuja el rozar de las arenas;
Se despedaza, pero labra el prado.
¡Oh! Ulises que marchaste á un resultado
Desoyendo el cantar de las sirenas!

A tí el audaz enviado de la. infecta
l\Iansión de los humildes-Oh! videnteEsperan las Repúblicas; inyecta
Tu constancia en sus venas y proyecta
Tu sombra sobrn el Nuevo Continente.

u.

�228

REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.
II
Almas sin sueños, sia amor, sin rosas,
Que girais en el mundo atolondradas,
Taciturnas, enfermas, dolorosa11,
Como enjambre de negras mariposas
Eu cristalino globo encarcelada,;

¿Que abógan~e cn el polvo de los añosSeñal de olvido y pequeñez- las grandes
Pirámides de Egipto? Oh! desengaños!
Tú eres más grande que ellas, son peld11i'íos
Para llegar ít donde estás, los AndeR.

No lloreis; ya volvieron las pertlidas
~aves conquistadoras de idcaleF;
Las pupilas secad, enrojecidas
Por angustioso llanto, como hcriJas
.Abiertas con finísimos puñalce.

La. envidia, el dolo y el rencor-serpientrsNo han de morderte mientras fe y anhelo
De una raza patriota representes;
¡Oh! nunca, nunca rasgarán los dientes
De las mont11ii11~, el azul del cielo.

,."'..
Brillan proas, y cascos, y timones,
Y en las olas que cantan, ríen y huyen,
Refléjanse rojizos pabellones
Y parece que extensos cuajarnucs
Sanguíneos, se fragmentan y diluyen.

Y,,¡ 111ito Poli femo- aún no se al1•j11;
J'cro aunque su ojo y su vigor recohrn,
No apagarán sus piedras la. bermt&gt;ja
Lumhre dlll Sol, que al declinar srmPja
lrn incPnRario dn brniihlo colH1•.

De palomas un vuelo inmatulado
Feliz augurio-pasa ante la vista
Centellante del pueblo entusiasmado,
Como si el aire hubiera arrebatado
Un montón de pañuelos de batista.

E11ci11a, estrella, luchador, querube,
,(Quién ha dicho que has muerto? tu almasube
Mientras tu cuerpo lo prott&gt;ge un saucr;
El genio es linfa que se trueca en nube
Y aquf abandona con dcscl(•n su caucn.

Llegan de lejos hálitos de frondas
Y en su brutal respiración de fragua,
El mar anilla sus espumas blondas
Y arremolina sus flexibles ondas
Como si alguien soplase bajo el agua.

Y esos tenues sonidos apaga.dos

Retumban en los montes los cañones,
Como espigas se doblan las cabezas,
Inmóviles están los escuadrones;
Ya viene el vencedor, entre pendones
Y al compás de triunfales l\Iarsellesas.

Ecos claros redobles de tamborrs,

r

De los címbalos presas de temblore~,
,,an iL ti, como pájaros cantores
Que vuelan á los fértiles sembrados.

Oh! pasa triunfador, nadie solloza.
Su lengua el entusiasmo que desatl';
La lid sangtienta terminó, reposa.,
Y en la tumba, panoplia prodigiosa,
Ye [L colgar tu arma.dura de combate.

III
Tú guiaste las naves combatidas
.Atrevido J asón; los idiiales
Son tus leyes en mármol esculpidas,
Radiantes, como antorchas encendidas,
Sólidas, como enormes catedrales.

Oh! Juárez: quién tu excelsitud restringe?
Tú fuiste aquel que viajador se finge,
-1\Ias no pesando sobre tí un estigmaQue del error despedazó la esfinge
Y de las almas descifró el enigma.

Exhalaste un enérgico reproche
Cuando de esclavos la legión gemia;
Como el aljófar bienhechor, de noche
Bajaste raudo de tu Patria al broche
Y la dejaste al dei;puntar el día.

A1rn ,. C. SALAZ,\11.

229

�230

REVISTA .MODER~A.

I

--.-

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.....
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.
"'--:Z ..:., --~:·u., ~

:

tIUAREZ.
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o.,.

..:

( POR ET, COmTt; DJ,J EST UDIANTES DE TOl,l' ( A.)

~

~o era un acto patriótico, &lt;'ril hnmnnn;
la civilización es infinita;
.Y Juárez ~l.'ifalaba con la mann
In tnmba que devora y resucita.
Ln. humanidad, por la difícil sencla
&lt;l&lt;&gt;I Bien y ,Je! Amor, tuvo en el alma
aliento al fin para arrancar la vcn&lt;la
.Y abrir los ojos y ceiíi1· la palma.
La palma del martirio que transforma
&lt;'ll trinnfador al siervo que se agita
cual germen en F.! Cosmos .. . . ¡La lleform11! .. . .
La civilización es infinita.
¿Dónde estaba Jesús? No era &lt;'n &lt;'I t&lt;'mpln.
St1rcaba sin rumor el Tiberiades,
y en onda inmó\'il su divino ejemplo
ma sombra á través ele las Edades.
¿,F.ra fe la mentil'a? ¿Luz la sombrn?
¿Un dolor el placer? ¿''irtud el Yicio?
Oh! Dios! quien te conoce no te nombra
si á ti no se alza en duro sacrificio.
Y surgió el Bien con el Amo1· eterno
&lt;la un estancado mar de odio y maldad&lt;•~;
y se vió que Jesús, sobre el Infiemo,
~meaba sin rumor el Tiberiades.

H
u,

o,_¡

Y vino la traición, ¡con qué perfi&lt;lin!
y alzóse la República, ¡qué gloria!
y fué la roja sangre en esa lidia
la tinta de las hojas de esa historia.
El dolor nunca vence ni quebrantn
si sopla el Ideal sobre la frente;
l:i. libertad! la libertad .... es santa,
si pasa como Dios de gente en gente.
Remembranzas de mártires soldados
que iluminais así nuestra memoria,
triunfásteis al morir, inmaculadoi:,
y alzóse la República, ¡qué gloria!

~

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lil
w

'

...

...

¡Citar un episodio, diez ó ciento!
que pulse aquí su lira el Infinito ....
llay uu orgullo enerme, el pensamiento,
y no alcanza á pensa1· lo que está escrito.
i Vencer á vencedores de Magenta! ....
¡Crnzar las bayonetas con los Zuavos! . . . '
Dió Zaragoza afrenta por afrenta
y vió el mundo lucha1· bravos con bravos,
¡Oh madre intelectual, excelsa Francia,
era de nuestras águilas el grito
voz de jueticia, nunca de arrogancia;
que pulse aqul su lira el infinito.

�232

ARo IV

REVISTA MODERNA.
El suelo se agrietaba, eran hostiles
hasta las piedras mismas del camino,
se doblaban las testas más viriles
bajo el adusto ceño del destino.
Mas cuando agujereada por las balas
flotó en Chihuahua, rota, la bander11,
en manos del indígena, las alas
tendió de nuevo el águila altanera;
de la tierra los púgiles brotaron;
llegó hasta el corazón soplo divino,
y á la voz de ¡República! se alzaron
hasta las piedras mismas del camino.

MÉXICO,

l8

QUINCENA. DE ÁGOSTO DE

1901

NúM, 15

REVISTA MODERNA
A. RT E
DIRECTOR: JESUS E."VALENZUELA.

V

CIE N CIA..
JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de D1tulát1.

Bajo el cielo del Norte, sin reposo,
sobre este suP.lo á la esperanza abierto,
¡qué uniforme en la historia más glorioso
que el frac de don Benito en el desierto!

........................................

¿Ois .... ? No es el caiión el que resuena,
es la férrea y veloz locomotora
que los mercados y las arcas llena
y su penacho tiile con la aurora.
Oh ¡Juventud! El sol surge radiante.
Empavesa la nave, llega al puerto .. . ..
Juárez no muere! ¡Juárez ..... !y adelanll'!
sobre este suelo :\.la.esperanza abierto.
JEsú.; F,, V ALENZUF:LA.

VENTA DE "LASCAS."
El Gobierno del Estado ha vondido al Sr. D. Ramón de S. N. Araluce toda la edición del libro do Yersos de Salvado:· Dlaz !\lirón. Es, por tanto, á aquel caballero á quien deben dirigirse las personas que
deseen adquil'ir la obra de nuestro egregio vate.
El contrato celebrado entre el Sr. Dehesa y el jefe de la importante casa librera es digno de la aten·
ción del público, por diversos conceptos
En primer lugar, la compra de diez mil Pjemplares de un libro, revela claramente la difusión de la~
letras en el p11ls. El Sr . .Araluce, que conoce su negocio, debd contar con que la mayor parte de los volúmenes sen vendida en la. República, y debe estar seguro de que en ella encontrará gran número do
lectores.
Y la adquisición demuestra que en 11éxico es ya estimado, en todo lo que vale, el esfuerzo del hombre que consagra sus energías al cultivo del arte de la palabra. En periódicos y revistas serán publicacados muchos arllculos en loor del eximio poeta veracruzano; pero ningún elogio será mejor que el que
al bardo ha tributado el Sr. Araluce, al desembolsar no pocos millares de duros, sirviendo de intermediario al autor y sus admiradores.
Por último, el Sr. Diaz Mirón ha procedido con una generosidad verdadernmente insólita. El comprador ha pagado S!l.27 por cada verso, por cada rengloncito del libro, y el poeta ha renunciado á respetnl)le suma en beneficio de la juventud que se educa en el Colegio Preparatorio de Xalapa.
El producto de •Lascas,, será empleado en obras para emiquecer el caudal, ya considerable, de la
biblioteca de ese establecimiento.
La donación parece haber pasado inadvertida. No hemos leido en periódico alguno los encomios
que el desprendimiento del Sr. Dlaz Mirón merece; pero si sabemos que tal acción, digna del alto y fuer·
te cantor, ha suscitado ingente sentimiento de gratitud en los corazones ele los jóvenes estudiantes, y en
los de todos aquellos que se interesan por la instrucción popular.

El Orden. Xalapa- Veracruz.

l\IADONNA DELLA ARPlE,-ANDREA DEL SARTO - FLOKENCa.

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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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ARo IV

REVISTA MODERNA.
El suelo se agrietaba, eran hostiles
hasta las piedras mismas del camino,
se doblaban las testas más viriles
bajo el adusto ceño del destino.
Mas cuando agujereada por las balas
flotó en Chihuahua, rota, la bander11,
en manos del indígena, las alas
tendió de nuevo el águila altanera;
de la tierra los púgiles brotaron;
llegó hasta el corazón soplo divino,
y á la voz de ¡República! se alzaron
hasta las piedras mismas del camino.

MÉXICO,

l8

QUINCENA. DE ÁGOSTO DE

1901

NúM, 15

REVISTA MODERNA
A. RT E
DIRECTOR: JESUS E."VALENZUELA.

V

CIE N CIA..
JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de D1tulát1.

Bajo el cielo del Norte, sin reposo,
sobre este suP.lo á la esperanza abierto,
¡qué uniforme en la historia más glorioso
que el frac de don Benito en el desierto!

........................................

¿Ois .... ? No es el caiión el que resuena,
es la férrea y veloz locomotora
que los mercados y las arcas llena
y su penacho tiile con la aurora.
Oh ¡Juventud! El sol surge radiante.
Empavesa la nave, llega al puerto .. . ..
Juárez no muere! ¡Juárez ..... !y adelanll'!
sobre este suelo :\.la.esperanza abierto.
JEsú.; F,, V ALENZUF:LA.

VENTA DE "LASCAS."
El Gobierno del Estado ha vondido al Sr. D. Ramón de S. N. Araluce toda la edición del libro do Yersos de Salvado:· Dlaz !\lirón. Es, por tanto, á aquel caballero á quien deben dirigirse las personas que
deseen adquil'ir la obra de nuestro egregio vate.
El contrato celebrado entre el Sr. Dehesa y el jefe de la importante casa librera es digno de la aten·
ción del público, por diversos conceptos
En primer lugar, la compra de diez mil Pjemplares de un libro, revela claramente la difusión de la~
letras en el p11ls. El Sr . .Araluce, que conoce su negocio, debd contar con que la mayor parte de los volúmenes sen vendida en la. República, y debe estar seguro de que en ella encontrará gran número do
lectores.
Y la adquisición demuestra que en 11éxico es ya estimado, en todo lo que vale, el esfuerzo del hombre que consagra sus energías al cultivo del arte de la palabra. En periódicos y revistas serán publicacados muchos arllculos en loor del eximio poeta veracruzano; pero ningún elogio será mejor que el que
al bardo ha tributado el Sr. Araluce, al desembolsar no pocos millares de duros, sirviendo de intermediario al autor y sus admiradores.
Por último, el Sr. Diaz Mirón ha procedido con una generosidad verdadernmente insólita. El comprador ha pagado S!l.27 por cada verso, por cada rengloncito del libro, y el poeta ha renunciado á respetnl)le suma en beneficio de la juventud que se educa en el Colegio Preparatorio de Xalapa.
El producto de •Lascas,, será empleado en obras para emiquecer el caudal, ya considerable, de la
biblioteca de ese establecimiento.
La donación parece haber pasado inadvertida. No hemos leido en periódico alguno los encomios
que el desprendimiento del Sr. Dlaz Mirón merece; pero si sabemos que tal acción, digna del alto y fuer·
te cantor, ha suscitado ingente sentimiento de gratitud en los corazones ele los jóvenes estudiantes, y en
los de todos aquellos que se interesan por la instrucción popular.

El Orden. Xalapa- Veracruz.

l\IADONNA DELLA ARPlE,-ANDREA DEL SARTO - FLOKENCa.

�TIPOS QUE SE VAN.
EL HERBOLARIO.
::

N LOS mercados céntl'íco11, en los tianguis de_los pueblos suburbanos ó simplemente en la esquina de un barrio populoso y apartado, habreis visto,
sin duda, sedente en la estoica y melancólica postura del •Indio triste•
hecha célebre por la estatuaria aborígene, al indlgena herbolario.
Tiende en el pavimento su ayate y sobre él dispone los raros y di&amp;imbolos productos con que trafica: ralees y yerbas disecadas, frutos
barrocos y semillas extrañas; despojos de reptiles, quelonios y tartlgrados y restos bizarros de la fauna y la flora nacional.
A él acuden las comadres ignorantes y fanáticas del arrabal, que lo
respetan y lo consideran como pozo de ciencia Empirica y fiel guardián
de los mil secretos de la terapéutica popular. El herbolario vende •ojos
de venado • contra la •jetatura;• piedras 1:ersales para el aire que hace sufrir á los niños; colorines, apizizinques eu nahuatl para el mismo fin; caparachos de armadillo para las fiebres; cuahutecomate para
la pulmonla y toda especie de yerbas aromáticas, de simples, habas, bellotas, regímenes de palmas, tubérculos, bulbos y ralees á los que la superstición del pueblo atribuye virtudes infalibles y eficaces y
que quitan un padecimiento como con la mano, según el gráfico decir popular.
Para las masas ignaras, el herbolario tiene algo de hechicero y en sus pupilas brilla el fulgor misterioso de los espesos bosques donde herboriza al claro de luna.
Pero en el fondo, el arbolario, como se titula á si mismo, no es más que un charlatán que á sabiendas
y hasta maliciosamente especula con la ingenua credulidad de su clientela.
Se han dado casos en que administrando torpemente una de sus drogas despache al parroquiano á
mejor vida, y no es remoto que tercie en los brutales erotismos del pueblo facilitando el Satyrion indígena que engendra furores y locuras, ó que intervenga en las obscuras venganzas facilitando venenos
tan activos como la nuez de cabalonga, la cicuta ú otros semejantes.
Es también este misterioso traficante quien abre al pt•eblo el siniestro paraíso artificial de la mariguana, penetrando furtivamente á cárceles y cuarteles.
El herbolario tiende á desaparecer y se va á la tradición y á la leyenda, mirando de reojo los grandes vasos luminosos y multicolores de las boticas y farmacias que lo arruinan. Se va juntQ con el evangelista á quien la instrucción que se difunde anoja como el rayo de sol al hosco buho; se va á semejanza
del aguador, del pintoresco ctortugo• que usaba en su tráfico como valor fiduciario los encarnados colorines, como tanto tipo tradicional, legendario y pintoresco á quien la civilización destierra y que se ven
substituidos por los fonografistas ambulant\ls, por los motoristas de los tranvlas eléctricos, netos heraldos
del vencedor Progreso.
JOSÉ
Del Libro en prensa: •ROSTROS y MASCARAS.•

JUAN

TABLADA.

De Pnul Vcrlaine.

Somos las niñas ingenuas, de bellos
ojos azules y lisos cabellos,
que en las historias apenas leidas
vivimos dichosas y desconocidas.
Y amos enlazadas de por la cintura
y ni de la aurora la luz es más pura
que de nuestras almas, nuestros ideales
y nuestros ensueños los puros cristales.

Agiles corremos por valles y prados
rien.io y cantando, sin otros cuidados,
todas las mañanas y tardes hermosas,
que cazar a!ligres á las mariposas.
Rústicos sombreros de humilde aldeana
libran nuestro cutis de la resolana,
y nuestros vestidos de tela muy leve
son de UD¡\ extremada blancara de nieve.
Los Richelieux, los Caussad, los Faublas
son los pretendientes que nos buscan más,
los que nos prodigan melosas mirada@,
saludos, suspiros y boquibabiadas.
Mas sus ademanes se quedan corridos
ante el pliegue irónico de nuestros vestidos,
y ruedan de bruces todos en tumulto
cuando nuestras faldas les huyen el bulto.
De las lujuriosas imaginaciones
que forjarse suelen esos moscardones,
en nuestrn perverso candor nos burlamos,
mas algunas veces á sentir Ilegarros
que dan más de prisa sus palpitaciones
bajo de las batas nuestros corazones,
sospechando vagos signos clandestinos
de amantes futuras de los libertinos.
BALBlNO

DÁVALOS.

�LE l\.IISSEL.
Daos un l\Iissel datant du roí Fran~ois Premier
Dont la rouille des ans a jauni le papier
Et dont les doigts dévots ont usé l'armoirie,
Livre mignon vétu d'argent sur parchemin,
L'un de ses fins travaux d'ancienne orfébrerie,
Oi.t se sentent l'audace et la peur de la main,
J'ai trouvé cette fleu(flétrie.
Et pcut-&lt;!tre dans l'air sombre et léger du soir
Un cceur comme une fl.amme autour du vieux formoii·
S'éfforce en palpitant de se livrer passage
Et peut-étre le soir il attend l'Angelus
Daos l'espoir qu1une main viendra tourner la page
El qu'il poul'l'a savoir si ríen ne reste plus
De la fleur qui fut son hommage.
Eh bien! rasure-toi chcvalier qui partait
Pour combattre a Pavie et ne revins jamais,
Ou page qui tout bas aimant comme on adore
Fut un aveu d'amour d'une Ave l\laria ....
Cette fleur qui mourut sous des yeux que j'ignorc
Depuis les trois cents ans qu'elle répose 1:\
Ou tu l'a mise, elle est encore!
SuLLY

PRUDIIOi\lME.

DE SULLY PRUDI-IOMME.
I
En un l\Iisal del tiempo de Fi-ancisco primero,
Obra exquisita y rara de un antiguo joyero,
l~ucologio vestido de plata y pQrgamino
Que los años tiñeron de ,:olor marfilino,
En sus hojas de margen á pincel exornnda
Hallé esta florecilla marchita y disecada.
I[

Tal vez surg.e en el airo sombrlo de la nocli c
Un corazón ardiente como una flama roj11,
Quizá se acerca al libro y en torno al virjo broche
El Angelus espera con la crüel congoja
De que una mano venga para volver la hoja,
l\Iostrándole á su anhelo que ya no queda nada
De aquella flor que fuera su ofrendn enamorada!

m
Consuélate ¡oh guerrero que á Pavía marchaste
A combatir y nunca del campo regresaste!
O tú, tímido paje, que la pas;ón unciosa
Confesaste de hinojo~, en una Ave María ....
Aquella flor marchita con muerte misterio, a
Hace trescientos años, en su lugar reposa
Y donde la de.jaste descansa todavla!
JOSÉ JUAN

TABLADA.

ALGUNAS IDEAS RESPECTO DE INSTRUCCION PRIMARIA
PRESENTADAS EN FORMA OE or:.TAMEN POR CABIDO OARRRDA,
,( LA coi11$tÓN NOMBRAD\ EN VNA JUNTA DE AMIGOS, REUNIDOS CON EL ODJETO DE PROMOVBR LO QUB PUOll!SE se:R ÚTIL
l'ARA DIFL"NOIR LA JLUSTRACIÓ» EN MÉXICO.
APROGADO roR DlCIJA COMISIÓN, TANTO BN LO GENERAL, COMO BN LO kELATIVO /.. LA rAR.1'E
R&amp;SOI.UTIVA

co~ QUE TERMINA.

INDIVIDUOS QUID COMPOSIERON LA COliISION DICTAMINADORA:
CC. Gabino B:1rreda, Ignacio Ramirez, R:ifa.'31 Martínez de la Torre, Guillermo Prieto, Roberto Esteva.
L'education con~titue le prémier des arto le scul
pleinem~nt général. celui qui perfeccionne l'action
en amellorant l'6~cnt.
A. t.:omte. Systcme de Polit poslt, t IV. p P46,

PARTE PRIMERA.
DE LA INSTRUCCIÓN OBLJGA.TORIA.

E algún tiempo á esta parte una :dea preocupa casi exclusivamente los ánimos
en llféxico en materia de instrucción pública: la instrucción primaría. Esta, como la ralz de nuestros conocimientos, y como la única que puede por hoy te,
ner fundada esperanza de lle.gar á ser realmente universal, se ha atrnido todas las miradas de los hombres pensadores y amantes del verdadero prngreso:
todos han comprendido que, la principal y más poderosa rémora. que detiene
á nuestro pafs en el camino de su engrandecimiento, es la ignorancia; todos
más ó menos perciben que la falta de ilustración de nuestro pueblo, es la que lo convierte en pasivo é
incensciente instrumento de los intrigantes y de los parlanchines, que lo explotan sin cesar, so pretexto
de servirlo, haciéndolo á la vez víctima y verdugo de si propio.
Un grito unánime se ha levantado, como una consecuencia necesaria de esta convicción, en favor de
la instrucción primaria universal y aun obligatoria. La perfecta sinceridad de esta creencia se ha sobrepuesto, en fin, por todas partes, á los nimios escrúpulos de ciertas conciencias metafísicas que, creyendo
ver en la instrucción obligato1'ia un ataque :í. la libertad individual, se resignaban á vernos morir de
inanición antes que tomaT una medida que nuestro estallo social demandaba imperiosamente, pero que
violaba, decían ellos, uno de los de1'echos del hombre. ¡Como si su primer derecho no fuese el de vivir y
el de procurarse su desanollo y su bienestar!
La magnitud y la evidencia del mal, haciéndose la. consideración predominante, han hecho en este
caso desaparecer toda concepción ontológica, y en vez de acudir á un articulo del supuesto código expedido por la Entidad llamada Naturaleza, todos, aun á riesgo de ser inconsecuentes, procuran hallar
el remedio en la supresión de aquella circunstancia que han reconocido ser la causa del mal, dando de
esta suerte, sin saberlo, un completo triunfo á las ideas positivas sobre la ontologla.
Todos comienzan por fin á comprender, ó al menos á. dejarse llevar por los que asl lo comprenden,
que el Derecho Natural y todos los demás códigos á que el hombre se ha sometido, más ó menos voluntariamente, son, ein excepción, su propia obra y no tienen ni pueden tener otra sanción real que la de una utilidad común reconocida en sus preceptos considerados como reglas generales de conducta: todos se han
resuelto, por fin, á obrar en esta materia, como si estuviesen convencidos de que la positiva utilidad general es la verdadera piedra de toque, en legislación como en cualquiera otro asunto; todos comienzan
á percibir que la higiene de las sociedades puede, como la de los individuos, libertarse de la obligación
que hasta aquí habla tenido de presentar sus más inconcusas reglas como preceptos de la Divinidad ó de
la entidad Naturaleza: esta sanción teológica ó metafísica de los preceptos de la ciencia, comienza ya á
ser innecesaria en la medicina de las naciones, como ha cesado, hace tiempo, de serlo en la medicina de
los hombres considerados individualmente; todos, en fin, si no en la teorla, al menos en la práctica, han
venido á colocar, siquiera una vez, los de1'echos de la sociedad sobre los derechos del hombre; y nadie vacila ya en imponer, en nombt·e de la utilidad general, la obligación de adquirir y de hacer que los hijos
adquieran la instrucción primaria indispensable.
Nosott-os poddamos, si nuestra misión fuese exclusivamente práctica, conformamos con e~te resultado empírico, y, por decirlo así, instintivo de la evolución de nuestra sociedad, y aprovecharnos de él
para llevar adelante nuestro propósito de contribuir con todas nuestras fuerzas al mPjoramiento y ge-

�238

REVISTA MODERNA.

neralización de la educación de la niñez, sin inquietarnos por las objeciones que se formulan contra una
doctrina que cada día gana más y más partidarios, ni fatigarnos en fundar aqul una opinión q~e cada
vez se hace más y más preponderante; pero la circunstancia de encontrarnos á la cabeza del pnme1· _establecimiento de instrucción secundaria de la Nación, y el hecho de ser todoR los que nos hemos reumdo
para esta noble empresa, profesores de instrucción pública, nos imponen el deber de dat· á nuestros actos y á nuestros propósitos otra base más racional y menos emplrica que el simple hecho de amoldar
nuestra conducta á la opinión tl'iunfante: por otra parte, la circunstancia de que muchas personas del
partido liberal creen todavía de buena fe que la obligación decretada por la ley, de adquirir l_a in~:ruº:
ción primaria, es inconciliable con los principios que profesan, y que están por lo tanto en obhgac10n, s1
quieren ser consecuentes con t&gt;llos, de desecharla y aun de combatirla, exige de nuestra parte algunas
palabras que bagan ver lo infundado de una opinión, cuyo más culminante defecto lógico consiste ?n ~uponer que todas las consecuencias rigurosamente deducidas de un buen precepto práctico, son también
buenos preceptos en la práctica.
Esta lamentable confusión entre lo que es propio de los axiomas y lo que es propio de las reglas; esta creencia, ó más bien, esta rutina de supone1· y dar por cierto que, as! como se pueden sacar indefinidamente consecuencias de un axioma sin temor de llegar á un error, mientras no se quebranten las re.,.las de la deducción, asl también se puede, sin limitación y sin peligro, extender un buen precepto ge:eral á todos los casos que él puede abarcar, sin dejar jamás de ser útil, es un hecho que parecería increlble si la experiencia no hubiese acreditado que él es no sólo posible, sino muy frecuente, y origen fecundo de males de gran trascendencia.
Sin duda son muy pocos los que sostendrian en principio tan absurda doctl'ina; todos repiten á porfía que no hay regla sin excepción, pero cuando llega el caso de sacar fruto de tan importante verdad,
obran como si jamás hubiesen oído habla1· de ella. Tal sucede con lo que respecta á la libertad. Es inconcusamente un precepto muy útil el de respetar la libertad individual; es una regla que forma el credo
liberal, la de que el gobierno no tiene que intervenir en los actos privados del individuo y de la familia;
pero ella tiene por confesión universal un considerable número de excepciones: nadie cree que se falta
á Ja re.,.la cuando la autoridad pública impide que un individuo atente á la vida ó propiedad de otro, ó
cuand; castiga al que ha cometido esas faltas, po1· más que esto haya sido en lo intimo de la vida privada ó aun de la familia; nadie combate como un ataque á la libertad la persecución del fraude ó la falta
de cumplimiento de un contrato. Todos, sin desconocer que estas son restricciones, las aceptan corno indispensables y como una condición sin la cual la sociedad no podrla existir; todos convienen en que si la
libertad se extendiese hasta proteger ó autorizar el asesinato, el robo ó la mala fe, la libertad en vez de
un bien seria una calamidad. Mas luego que se sale de estas verdades trilladas y de estos lugares comunes que están en el dominio público, la oposición sistemática comienza, y cada uno ob_ra_ como si la~ restl'icciones que él por pura rutina admite respecto del principio de libertad, fuesen las umcas excC&gt;pc1ones
á que pudiese estar sujeto.
Yo quiero suponer por un momento que tales personas tengan razón en opinar de ese modo; quiero
conceder que efectivamente no se han encontrado hasta hoy más casos que los ya mencionados, en los
cuales sea conveniente coartar la libertad individual, y que en todos los otros que se han examinado, la
observación ó el raciocinio han hecho ver que la libertad cabalé ilimitada, ha producido y debe producir mayor suma de bien que la coacción legal. Como es evidente que este supuesto examen no ha podi•
do abarcar todas las clases de casos posibles, ni siquiera la mayor parte, es claro que él no podrla garantizar la conclusión absoluta y universal de que: una medida por solo el hecho de no conformarse á
Ja re.,.la, debla forzosamente condenarse como mala. Semejante conclusión sólo podrla ser aceptada como r:gla, para aquellos casos en que, no t~niendo tiemp~ para investigar los re_sul_t~dos de ~na determ!·
nación, ó careciendo por cualquier otro mottvo de los medios de hacer esta aprec1ac10n, nos vtésemos obligados, como sucede con frecuencia, á tomar desde luego una re_solución.
En tales circunstancias, la prudencia y buen sentido aconseJan conformarse con la regla general y
desechar todo aquello que le sea opuesto, porque de este modo se tiene mayor probabilidad de acertar.
Mas cuando las circunstancias son diferentes, cuando, como en el caso de que ahora tratamos, se puede,
con Ja necesaria anticipación y en perfecta calma, apreciar las consecuencias de una ley, pesando y contando con exactitud lo que se pierde con ella y lo que se gana, para lo cual podemos servirnos no sólo
del raciocinio, sino también de los preciosos y abundantes datos que la experienci~ ha suministrado ya,
renunciar á nuestra calidad de hombres y someternos ciegamente á un precepto solo porque él es bueno
en la generalidad de los casos, podrá ser más cómodo, podrá darnos, si se quiere á poca costa, cierto barniz de lógicos y de consecuentes á los ojos de aquellos que no conocen la lógica sino por la superficie;
pero nunca será ni más digna, ni más moral, ni más provechosa pa~·a la nación.
.
¡Convertirse voluntariamente en autómata 6 en máquina que solo ~uede andar por los neles que se le
han tendido de antemano, es apagar temerariamente la luz del porvemr, es aferrarse al pasado como al
non plus ultra de la perfección, es, en fin, renegar para siempre del progreso y del perfeccionamiento de
las sociedades v de sus instituciones!
Para nosot;os la obligación general de adquirir, por lo menos, la instrucción primaria, no es cuestión
de principios ó de rutinas; es cuestión de conveniencia, es cuestión de prog:·eso, y lo que es más aún, de
existencia social.
Nosotros no venimos aqui á sostene1· hipócdtamente que ella no implica una restricción de la líber-

REVISTA MODERNA.

23!)

tad individual y aun de la doméstica, sino tan sólo que ella es tan conveniente y tan necesaria como las
que hemos mencionado ya, y como otras muchas que son aceptadas por todos, y cuyos fundamentos sociales en nada aventajan á los que pueden alegarse en favor de ésta; venimos, en fin, á defender que debe se1· adoptada sin vacilación como sin ambajes.
Se trata únicamente de decidir si la obligación de servir en la guardia nacional ó en la milicia per·
manente; si la de concurrir en calidad de jurado á los juicios criminales; si el deber que impone la ley, y
nadie contradice, de prestar testimonio en juicio sobre los hechos que se conocen, aun cuando sea en con·
tra de nuestra voluntad; si el de pagar los impuestos y otros muchos que se nos imponen en nombre de
la soJiedad y como una condición de su existencia y de su estabilidad, son menos restrictivos de la libertad, ó pueden presentar en su apoyo mejores razones que las que"podrlan aduci1·se en favor del debe_r
que tienen los padres de proporcionará sus hijos la mezquina ración de alimento intelectual que constt·
tuye la inst,ucción primaria indispensable; se trata de saber si los mismos á quienes 1~ ley impone la indeclinable obligación de proveerá sus hijos del alimento del cuerpo, han de tener el mmoral DERECHO
de matar su esplritu de inanición intelectual.
Poner la cuestión en este teneno es decidirla en favor de la instrucción primaria obligatoda, la cual
se resume en la obligación que la ley declara existir en los patlreR, de contl'ibuir, en la esfera de suposibilidad, á la instrucción de sus hijos•
Yo sé bien que aquellos que se pagan de palabras y de ficciones y no buscan el fondo real de los hechos, dirán r¡ue si se admiten ciertas limitaciones á la libertad, como las de respetar la vida, _la ~r?piedad
y Jos derechos de los demás hombres, es sólo porque semejantes deber~s emanan de los prmc1pws ete_r·
nos de justicia, de las prescripciones de la moral y del derecho natural, y que nada de esto puede decirse respecto de la obligación de que ahora nos ocupamos. Puro cuando se despoja ese lenguaje de todo
el misticismo que él encierra y de toda la vana ontologia en que se apoya; cuando con un esplritu de verdadera investigación cientlfica y positiva, se pregunta uno ¿qué hay de común en todos esos actos positivos ó negativos que son tenidos generalmente como deberes universales? ¿Qué circunstancia importante existe 1:1n todos ell9s, que pueda explicar el asentimiento público que han obtenido siempre en lo general, y que cada ilia se hace más universal y más inquebrantable? No es dificil percibir r¡ue todas las
veces que se ha reconocido, de un modo empírico sin duda y como instintivo, pero irrecusable, que un
hecho era imcompatible con la existencia de la sociedad, tal hecho ha sido inmediatamente prohibido
en nombre de la justicia, de la niol'al, del derecho natu1·al ó de la reli,qión, dándole asi una sanción
metaflsica ó teológica, según el estado mental del pueblo correspondiente, ó más bien de la parte
más cultivada de éste, pero eu to&lt;lo caso una sanción muy propia para hacerla aceptar y respetar por
todos.
Asi se comprende por qué las primeras exigencias sociales que han asumido este carácte1· de deberc~ universales, han tomado casi exclusiva.monte la forma negativa, siendo, más que preceptos, prohibiciones. Porque las condiciones de existencia de una sociedad pl'imitiva, son muy poco numerosas, y
pueden en ri"'or limitarse á las garantlas más elementales del individuo y de la familia, tales como la
de Ja v¡'da del\rÍmero, y la propiedad y honra de ambos. De este g(mero son, por ejemplo, casi todas las
consignadas en el Decálogo promulgado por Moisés, bajo la única sanción que podla convenir Auna sociedad en embrión.
En efecto, si se exceptúan las tres primera~, que más que á la moral se refieren al culto, de las otras
siete, pertenecient.is, segt'.m la inmejorable expresión de Ripalda, al provecho del prójimo, seis por lo menos son negativas, á la vez que todas son condiciones de orden y de estabilidad de una sociedad cualquiera, porque tienden á garantizar la existencia y seguridad del individuo y de la familia.
Pero cuando el estado social ha exigido deberes positivos para su estabilidad, nunca se ha vacilado
en prescribidas, aun cuando sean como el de eombatir por la patria, con peligro de la vida y de la propiedad ó á riesgo de caer en la esclavitud.
A ~al grado ha predominado, aunque de un modo puramente instintivo, el intMés social, que en los
pueblos pobres y gueneros, como Esparta, el robo era más permitido que la poltronerla, y en Atenas el
despojo de la propiedad ajena no se castigaba sino en el caso de haber sido ejecutado con poco talento
ó destreza, porque ese pueblo cifraba todo su porvenir en su predominio intelectual, como el pri,uero en
el de sus armas.
Cuando el exceso de la población ha llegado á hacer poco sensible la pérdida de la vida de unos
cuantos individuos, y el bajo precio del trabajo hace muy onerosa la manutención de los individuos que
no pueden trabajar, el precepto positivo de alimentar á los hijos y á los padres ancianos, as[ como el negativo de no atentar á la vida de nuestros semejantes han perdido su vigor, y el padre ha podido, como
en China, sin castigo y aun sin remordimiento, ahogar en los ríos á su prole superabundante, y el hijo
quitar la vida á sus ascendientes á quienes no puede mantener, recobrando as! unos y otros los más
salvajes derechos de la libertad individual (1). Por el contrario, á medida que la civilización ha ido avan(r) Locke es el primero que ha presentado esto_s y otros he~hos semejantes, co_mo _una prueba que hasta hoy nadie ha llegado á refutar, de la falsedad de la opinión que sostiene que existe, en nosotros un mstmto 6 unttdo moral, _en virtud del cual reconocemos instintivamente lo que es bueno y lo que es malo: en si, lo. que es conf?rme y lo que_ es ~on_trano á la m_oral.
Si tal sentido existiese, dice este eminente filósofo, no sena concebible que naciones enter.as in frmg1e;en tra~qu1lament~ y por
siglos enteros las sugestiones de la conciencia. La explicación que se busca en la corrupción y en la perversidad! podna á lo
más servir para uno que otro ca;o aislado, pero no par~ millones de_ hom~res, muchos de l?s cuales cumplen estnctamente ~n
todo Jo demás con lo que consideran sus deberes. Decir lo contrario se~1a, en efecto, _lo mismo 911e sos~ener que to~o~ los mdi viduos de una nación, teniendo vista, extravían voluntariamente su cammo en pleno d1a, como s, anduviesen en las tm1eblas.

...

�REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

zando1 las condiciones de existencia sociales han ido también creciendo, y la libertad individual del ciu•
dadan 0 ha menguado en proporción de las obligaciones que se le imponen, aunque ganando siempre en
goces y en seguridad y en garantías; as! sucede con la obligación de la guardia nacional, de los cargos
concejiles y demás que he citado arriba. Bajo este respecto la transformación social puedo llegar á ser
completa con el progreso de las ideas, hasta prohibirse como un crimen de lesa sociedad y por lo ta?to
de lesa moral, lo que primero se protegia, no sólo como útil, sino como indispensable. Tal ha sucedido
&lt;ron la institución de los esclavos primero, y luego de los siervos. Mientras se juzgó que la esclavitud Y
la servidumbre eran indispensables para la existencia social, ó para usar el lenguaje de la ciencia, mientt·as se creyó que una y otra institución eran condiciones estdticas esenciales de toda sociedad (1), una
y otra institución se garantizaron y protegieron por las leyes, para proscribirse má~ tarde co~no _del~to,
que la Inglaterra ha equiparado al de piraterla, y perseguido como á tal ol comercio que la mst1tuc1ón
misma hacia indispensable. El periodo de transición se ha visto muy marcado en nuestros dlas cuando
las mismas naciones declaraban legal y moralmente licito en Nueva- Orleans, en la Habana ó en la Mar·
tinica, el mismo hecho que era un crimen en Nueva-York, en Madrid ó en Parls.
Esta aparente anomalfa é inconsecuencia, no lo es en realidad sino para aquellos que crceu en laii
distinciones absolutas en materia de justicia y de legalidad, y bajo este respecto el catolicismo Y el pro·
testantismo, que han tenido la direeción moral de esos pueblos, no podt·án jamás justificarse á su punto
de vista de tan monstruosa contradicción. Sólo la ciencia puede colocarse, aqul como en todo lo demás,
al abrí"'~ de toda inconsecuencia, y sólo la polltica que en ella se funde, verse libre de la penosa obligación
persistir en una medida nociva ó de abandonar otra útil, para ~o quebrantar las reglas d~ la lógica. .Ante la ciencia, todas las de esa clase se reducen á simples_ cuestiones de hecho_s, toda~ cons~itu~en
otros tantos problemas de estdtica social, en los cuales se trata simplemente de averiguar s1 una mst1tución es ó no una condición esencial para la existencia social, ó bien para su indispensable evolución; Y
según que la solución á que se llegue sea en un sentido ó en otro, asf la institución conespondiente será
ó no justificable y moral.
.
.
De esta suerte podrá no haber más inconsecuencia en defender que una ley o una prescnpc1on
cualquiera es buena para una nación ó para una época y mala para otra, que la que habría en afirmar
que la permanencia en el seno de la madre es una condición esencial de vida para el feto, Y de muerte
para el niño, ó que el contacto del aire atmosférico es nocivo y fatal al primero, é indisp~nsable al s~gundo, ó bien que la instrucción primaria obligatoria es inútil é impracticable en Pata goma, y necesana
en México.
Así pues, tratando la cuestión en el terreno cicntffico, llegamos á la misma conclusión que habíamos
alcanzado en el terreno puramente práctico y empirico. La instrucción primaria obligatoria es cuestión
de conveniencia y de estabilidad social. Si declaramos que ella es útil y conveniente, no debemos preo•
cuparnos de que tal obligación pueda parecer contraria al principio de libertad; sillegamos á ~emo_strar
que en el estado de civilización actual la iostrucci~n. ~el pueb~o en ~l grad~ que alcanza_ la pnmana es,
no ya como parece á primera vista, una pura cond1c1on de meJoram1ento, s1~0 una necesidad que es p~eciso llenar para asegurar la existencia, al mismo tiempo que para hacer posible el progreso de.las sociedades actuales, la cuestión quedará definitivamente resuelta, no sólo e~ favor del derecho, smo de la
obligación por parte de la autoridad de imponer ese deberá todos los cmdadan~s.
Tal demostración no presenta dificultad después de la que tenemos establecida.
Hemos visto que la instrucción primaria es un alimento del espíritu, y en la época actual, el más parco y el más elemental, sin dejar poi· eso de ser sustancial, que las sociedades pueden propinará l~s pueblos. La instrucción primaria es para éstos lo que la leche para los infantes, y como tal, necesaria á la
vez para su desarrollo y para su existencia: porque en cierto grado de simplicidad y de esencialíd_ad'. las
condiciones dinámicas se convierten en condiciones estáticas. En efecto, cuando el progreso, o s1 se
quiere, la evolución, es una ley, como sucede en los seres dotados de vida, lo que asegura la existencia
asegura también el progreso, y lo que eR indispensable para el segundo, lo es también para la primera.
El que debe por una necesidad indeclinable marchar, si no lo hace para adelante, fuerza es que lo
haga para atrás; y la marcha hacia atrás ó el retroceso, es la muerte en la vida de las naciones como en
la de los individuos; la muerte, más ó menos próxima, pero segura.
Hoy día la nación que no avanza, y que no avanza á pasos de gigante, 1·etrocede, ó al menos se q1rnda tan atrás, que su posesión equivale á un retroceso, y el retroceso, lo repito, es el suicidio.
Ahora bien, ¿deberá México suicidarse, siquiera sea en nombre del principio de libertad que no
puede él mismo tener otra justificación, sino la mayor suma de bienestar social que está destinado á pro•
porcionar?
¿Habrá quien pueda ya vacilar entre la muerte y el progreso? ....
Esto no tiene más que una contestación, que estoy seguro será el grito unánime de todos los hom·
bres de corazón: ¡MARCHEMOS! ó en el expresivo lenguaje yankee: ¡Go AHEAD: ADELANTE! y sin mirar
atrás.
Asf Jo ha comprendido el pueblo más práctico de la tierra, el pueblo norte americano: para él la ignouncia es la muerte, y por eso ha decretado en todas partes la instrucción obligatoria, pasando por encima de todos los escrúpulos, y cada dla está mi\s satisfecho de su resolución. Une democratie ignoran-

te, dice Laboulaye, est une democratie damnée. De l'autre coté de l'Océan on ne se fait pas illusion su1·ce point ( l). Mas aún, ese pueblo tan apegado á sus prácticas religiosas, ha instituido escuelas lib1·es subvencionadas por el Estado á condición de que en ellas no se enseñe ninguna religión ni se practique nin gún culto. • Á mesure que la liberté c'est afffrmée, dice el mismo autor, on a compris que l'éducation po•pulairn n'intéressait pas seulement le fidéle; on a vu, on a sentie qu'it y avait la pour la republique une
•question de vie ou de mort,• y por eso no han 'Vacilado en sacrificarlo todo ante el porvenir de la sociedad. Por lo demás, en Holanda las escuelas libres funcionan también con beneplácito y provecho general. Y, cosa notable, allf el principal defensor de la separación entre la escuela y la Iglesia hasido el clero católico, porque, dice Reyntiens (2), él se encuentra allí en mi1wria. Lo que condena en México como
una grande inmoralidad allí lo encuentra licito y apetecible. ¡Siempre la misma imposibilidad de aplicar
en la práctica las doctrinas de bondad absoluta!
Ni creencias religiosas, ni opiniones polfticas, han detenido, pues, á la Holanda ni á los Estados- Unidos, para decretar una medida salvadora, luego que se han convencido de que la simple espontaneidad
de los ciudadanos era insu'fi.ciente para satisfacer la necesidad pública. ¿Se detendrá México cuando ya
tiene andada la mitad del camino? La República que ha sabido establecer con más lógica y más franqueza la co~pleta separación, no sólo de la escuela, sino también del Estado y de la Iglesia, ¡se parará
ante un escrupulo de pura palabreria? .... No, no se parará: una pueril vanidad, no le hará suponer
que la simple espontaneidad de los padres que ha sido ineficaz en Prusia, en Holanda, en Bélgica y en
los Estados-Unidos, bastará entre nosotros para curar un mal más gra,·e aún. ¡México decretará la instrucción primaria obligatoria. El diatrito no se quedará atrás de la mayor parte de los Estados de la República!

240

d:

(x) Se sabe que el grande Arist6tele; no podía ni concebir que pudiese existir una sociedad sin esclavos.

2H

GABINO BARRED.A.

LAS CRISÁLIDAS.
Cuando, enferma la niña todavl11,
Salió cierta mañana,
Y reconió con inseguro paso
La vecina montaña,
Trajo, entre un ramo de silvestres flores,
Oculta una crisálida,
Que en su aposento colocó muy cerca
De la camita blanca ....
Y unos días después, en ol instant~
En que ella expiraba,
Y todos la veían con los ojos
Velados por las lágrimas,
Y eu el momento en que murió senLim,,s
Leve rumor de alas,
Y vimo!I escapar, tender el vuelo,
Por la antigua ventana
Que da sobre el jardín una pequeíia
Mariposa dorada .. ..
La prisión, ya vacía, del insecto,
Busqué con vista rápida;
Al verla, vi de la difunta niña
La frente mustia y páliJa,
Y pensé, si al dejar su cárcel tristo
La mariposa alada,
La luz encuentra, y el espacio inmenso
Y las campestres auras,
¿Al dejar la prisión que las encierra,
Qué encontrai:án las almas?
J osÉ Asus c1ós SILV .A.
(1) E. Laboulaye. L'insfruc. pub. et le souffrage univers.
(2) Reyntiens. L'enseignemcnt primaire en Angleterre.

�REVISTA MODERNA.
Finalmente, in cita á sentimientos y actos malos, pues suscita en contra mia como era do suponer la
ira y el 1:encor de los que tienen el entendimiento obscmo é incapaz de razona:·. Algirnos de ellos :Oe
han escnto cartas en las que el furor se desata hasta amena7,arme de muerte. e Ya estás entregado al
anatema. Después ele la muerte serás arrojado á las penas eternas y reventari1s como un perro. Cai"'a
sobre ~f el anatema, demonio viejo .... Maldito seas., Así me habla uno de esos hombres. Otro censu~-a
al gobierno, porque no me ha encerrado todavía en un monasterio, llenando su carta ele groseras inj11-

EL CREDO DE TOLSTOI.

(El célebre escritor ruso que en estos últimos años no sólo ha conmovido hasta los cimientos el Imperio
de los Czares, con sus obras de carácter social, político y religioso, sino que traspasando las fronteras y
cruzando los mares se ha hecho leer con interés en todo el mundo civilizado, fué, como es sabido, excomulgado por el Consejo Sinodal de la Iglesia ortodoxa, de la que es jefo el Czar de Rusia.
La esposa de Tolstoi" publicó una sentida protesta contra aquella medida eclesiástica.
El excomulgado, por su parte, ha contestado á la excomunión con el documento que á continuación
reprod ucimos, con el propósito único de dará conocct· á nuestros lectores los cargos que el Sinodo le
hizo y la dd'ensa que contra ellos formula el escritor condenado).

I
lle who ber,i11s by lovi11,q ch?-istirmU¡¡ bettfr
ll11m trutil, witl vroceetl by toi;inr, hís ott·n Sectm·
l'hurcl, bette,· than clwistianity, and enrl in lo·
ving himself better tl1an all.
Cou :R1LG •:.

(Quien empiece por rtcdicar amor más granda
al uristianismo que á la verrtad, seguirá. dcdi•
eando amor más grande á su particu lar secta ó
iglesia. que al cristianismo, y acabará. ¡,or profosar mis grande amor á sí mismo que á todo lo
existente)

L principio uo pcn~aba yo responder al decreto &amp;iuodal que me concierne. Pero
el decreto me ha proporciouado numerosas cartas de corresponsales desconocidos: unoi,, que me censuran vivamente por negar Jo que no niego; otros, que
me incitan á creer en lo que no he dejado ele creer, y otros, finalmente, que
afirman una coincidencia mental conmigo, probablemente ilusoria, y me deJtw
muestran una simpatía á la cual probablemente no tengo el menor derecho.
l\Ie resolví, pue8, á contestar directamente al decreto, denunciando su iujuhticia, a~í como á las opiniones que de mi han formado tantos corresponsales á quienes no conozco.
El decreto del 8inodo está tachado por numerosos vicios. Es ilegal ó premeditamente ambiguo; pues,
como acto de excomunión, no se conforma con los reglamentos eclesiásticos, á tenor de los cuales son
dictadas las sentencias de tal índole; y si no se ha querido más que declarar que quien no c1·ee en la
Iglesia ni en sus dogmas no pertenece á la Iglesia, como nadie ha de ponerlo en duda, huelga del todo.
¿Qué objeto había de tener el decreto, por consiguiente, sino el de parecer una sentencia de excomunión, sin serlo eu realidad? Y, efectivamente, como una excomunión ha sido estimado.
Es arbitrario, porque me acusa á mi exclusivamente de no crner en puntos de doctrina que enume•
ra, cuando casi todos los hombres instruidos profesan un descreimiento idéntico al mio: descreimiento
que no se han recatado ni se recatan de expresar en todos m:&gt;mentos, en conversaciones, confernncias
públicas, en foJletos y en libros,
Es injustificado, porque el argumento capital en que se apoya es la propaganda de una doctrina
falsa y corruptora; cuando me consta perftlctamente que el número de personas que comparten mis opiniones no pasa de no centenar, y es sabido que la censura ha dificultado la circulación de mis obras hasta el punto de que la mayorla de los que han leido el decreto del Sínodo no tienen la menor idea de lo
que tengo escrito sobre la religión. Lo atestiguan las cartas que he recibido.
Contiene una afirmación á todas luces inexacta, al hablar de tentativas infructuosas, llevadas á
cabo por la Iglesia, á fin de reintt&gt;grarmo en su seno, cuando jamás se han hecho conmigo semejimtes
gestiones.
Representa lo que en lenguaje jurldico se llama una calumnia, pues se ha disfrazado en él la verdad
á sabiendas, mediante afirmaciones que tienden á causarme daño.

1

..

CONDE DE TOLSTOI.

rías. Un tercero escribe: •Si el gobierno no te hace desaparecer, ya sabremos nosotros hacerte callar,• y
acaba la carta con maldiciones. «Para hacerte polvo, malvado-me dice un cuarto-sabré valerme de
medios infalibles .... ;• siguen improperios que la decencia me prohibe copiar.
En algunas personas con quienes me encontré, después de publicarse el decreto sinodal, apercibl ya
señales de esa violenta ira.
El 25 de Febrero, el mismo día de la publicación, pasaba yo por una plaza, cuando oí que alguien
profería estas palabras. «Ahi va el diablo en forma humana., Y si la gente hubiese sido otra, acaso
me habría apaleado como al infeliz muerto á garrotar.os hace años j1rnto á la capilla de Panteleimonovskaia.
El decreto dei Sínodo es malo; pues, en conjunto, los renglones del final, en que los firmantes hacen saber que rnegan á Dios para lograr hacerme igual á ellos, no siL·ven para mejorarlo e n Jo más
mínimo.
Y no es menos injusto en los detalles que en el coujunto. Dice que , un escritor célebre en todo el
mundo, rnso por su nacimiento, ortodoxo por el bautismo y la educación, el conde TolstoY, vendido á las
seducciones de su orgulloso espll'itu, se ha rebelado audazmente contra el Señor, contra su Cristo y sus
santas instituciones, y ha renegado abierta y públicamente á su madre la Iglesia orto don, que Je dió alimento y crianza.,

�244

REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

Es exacto, en absoluto, que he renegado á la Iglesia que se llama ortocloxa. Pero no he renegado :\.
la Iglesia por haberme rebelado contra el Señor.
Bien al contrario, la he rl'negado porque he querido servirá Dios con todas las fllerzas t.le mi alma.
Como concibiera dudas acerca de la verdad de la Iglesia, me impuse el deber de consa.gr..r varios años
al estudio teórico y práctico de sus enseñanzas, antes de renegarla y de separarme del pueblo al que me
ligaba amor inefable. Me esforcé en leer cuanto atañe á esas enseñanzas: me dediqué al estudio y examen crítico de la teología. dogmática, y mientras tanto, me sometla escrupulosamente, durante más de un
año, á todos los mandatos de la Iglesia, observando los ayunos, asistiendo á las funciones.
· .A.si me he convencido de que las enseñanzas de la Iglesia forman teóricamente una falsedad hipócrita y dañina, prácticamente una mezcla de bajas supersticiones y de brujería, que oculta por completo
el sentido recto de la doctrina cristiana.
Entonces fué cuando realmente renegué á la lgle:oia, cuando acabé de cumplir sus ritos.
En mi testamento encomiendo á mi famiiia que no permita que se me acerque, á la hora de la muerte, ningún representante de la Iglesia, que procure hacer desaparecer lo más pronto posible mi cadáver,
como se hace con las cosas repugnantes é inútiles, á fin de que no moleste á los vivos.
Me acusan de consagrar mi actividad literaria y el talento que Dios me otorgó á propalar en el pueblo teorías adversas al Cristo y á la Iglesia. Preténdese que con mis escritos-esparcidos profusamente
por los disclpulos que tengo en el mundo, y especialmente dentro de nuestra querida patria,-trabajo
con fanático ardimiento con objeto de echar abajo los dogmas de la Iglesia ortodoxa y aun lo que es
fundamento de la fe cristiana. Todo ello ea falso. Jamás me he cuidado de propagar mi doctrina. Cierto que he escrito obras en las cuales he trntado de formular la interpretación mla, de las enseñanzas de Cristo. Cierto que no he escondido esas obras á cuantos me han mauifesta.do el deseo de cono•
cerlas.
Pero nunca me he ocupado personalmente en hacerlas imprimir. Nunca he dicho mi manera de entender las enseñanzas del Cristo, sino á los que me han interroga.do acerca de ello, explicándoles mis
pensamientos de viva voz, ó bien entregándoles mis escritos cuando los tenia en mi poder.
Dícese en el decreto del Sínodo que niego la existencia de un Dios en tres personas, Creador y Pl'Ovidencia. del universo; que niego á Nuestro Señor Jesucristo, Dios hecho hombre, Redentor y Salvador
del mundo, que padeció por todos los hombres y por la salvación de ellos, y que resucitó de entre los
muertos; que niego la concepción milagrosa de Nuestro Señor Jesucristo; que niego la virginidad de la
Santfsima Madre de Dios, antes y después del nacimiento de su hijo. SI, es verdad, niego una trinidad
incomprensible, ast. como la fábula de la caída del primer hombre, absurda en nuestros días; niego la historia sacrílega de un Dios nacido de una virgen para el rescate de la raza humana.
Niego todo esto, es verdad. Pero á Dios espirita, á Dios a.mor, á Dios único, principio de todas las
cosas, no lo niego, no . .Aún más: solamente en Él reconozco existencia real y se me presenta el sentido de la vida en el cumplimiento de su voluntad, cuya más elevada expresión está en la doctrina cristiana.
Se ha dicho también que no creo en otra. vida, más allá de la tumba, ni en la eternidad de penas y
castigos.
Si no se pone diferencia entre el concepto de otra vida y la idea del Juicio Final, del infierno lleno
de diablos, sitio de tormentos eternos para los réprobos, y del paraíso donde los elegidos gozan de per•
petua felicidad, es muy cierto que no creo en la vida. más allá de la tierra. Pero si creo en la vida eterna, y creo que el hombre es recompensado según sus actos aquf y fuera de aqul, ahora y siempre. Lo creo
tan firmemente, que á mis años, puesto al borde de la sepultura, me debo esforzar á menudo para no pedir
con ansia la muerte de mi cuerpo: es decir, mi nacimiento á una vida nueva.
Y estoy persuadido de que una buena. acción, cualquiera que sea, va acrecentando la dicha de mi
vida eterna, tanto como la va disminuyendo cualquiera mala acción.
Dicen que niego todos los sacramentos, y es del todo exacto. Tengo tocios los sacramentos por sortilegios viles y groseros, inconciliables con la. idea de Dios y las enseñanzas del Cristo, y además, poi'
transgresiones de los preceptos categóricos del Evangelio. En el bautismo de los recién nacidos encuen.
tro una corrupción del significado que puede tener para los adultos que adopten á conciencia el cristia,
nismo. En el sacramento del matrimonio, administrado á dos seres que por adelantado y voluntal'iamente se han unido ya, lo mismo que en la aceptación de casos de divorcio y en la consagración de las se•
gundas nupcias que contraen personas divorciadas, veo contradicciones declaradas del espfritu y de la
letra. de la enseñanza evangélica.
En el perdón periódico de los pecados, conseguido mediante la confesión, veo una ilusión peligrosa
que forzosamente ha de fomentar la inmoralidad y desvanecer toda vacilación del ánimo ante el pecado.
En la extremaunción y en la consagración de los monarcas, en el culto de imágenes y de reliquias,
en todas las ceremonias del culto, como rezos y exorcismos fijados por el ritual, veo prácticas de estúpida brnjeria.
En la comunión veo una divinización de la carne, contraria á la doctrina cristiana. En la canonización veo el acto inicial de una serie de imposturas, junto con una transgresión de la. enseñanza del Cristo, quien prohibió en absoluto hacerse llamar maestro, padreó doctor. (~fateo, XXIlI, 8- 10).
Finalmente, como para presentar el colmo de mi bajeza, dicen que después de haber ultrajado lo más
sagrado que tiene la fe, me he atrevido á escarnecer el más santo de los sacramentos: la Eucaristla. Es

245

ciertlsimo que me atrevl á describir c&lt;,n sencillez, objetivamente, todos los movimientos que ejecuta. el
sacerdote al preparar el pretendido sacramento; pero es completamente falso que ha.ya algo sagrado en
tal ceremonia. y que sea un sacrilegio describirla lisa y llanamente tal como se efectúa. No hay sacrilegio en llamar)abique-á un tabique y no altar¡ ni lo hay en dech- que una copa es una copa y no un cáliz,
Pero comete un sacrilegio, el más horroroso, el más repulsivo de los sacrilegios, quien emplea cuantos medios tiene-á·su disposición para engañar, para embaucará la gente, sacando partido de la inocencia de niños y hombres del pueblo para darles á entender que si se rompe de ci~rta manera un pedazo de
pan,-articulando ciertas palabras, mojado después en vino, recibe la naturaleza. divina; que si el sacerdote: lo eleva en nombre de un vivo ó de un muerto, proporciona al primero la salud y mejora la suerte
del segundo en la otra vida; y, por último, que cualquiera que se coma aquel pedazo de pan, se mete en
el cuerpo al mismo Dios.

II
¿Cómo nadie se da cuenta de lo honible que es todo eso? Las enseñanzas del Cristo son desfiguradas, convertidas en una serie de chabacanos sortilegios: baños, unciones, movimientos del cuerpo, conjuros, deglución de pedazos de pan, etc..... hasta no quedar nada de ellas. Y si alguien viene á declarar que esa brujería, esos rezos, esas misas, esos cirios, esas iconas no tienen nada que ver con las enseñanzas del Cristo, quien tao sólo ha dicho á los hombres: amaos unos á otros, no devolvais mal por mal,
no juzgueis, no mateis al prójimo .... entonces todos cuantos lucran con el engaño, prorrumpen en protestas airadas, y con increlble audacia proclaman públicamente en sus templos, imprimen en sus libros,
en sus periódicos y en sus catecismos que el Cristo no ha prohibido nunca jurar (prestar juramento), ni
matar (ejecuciones capitales, guerras), y que la doctrina de la no resistencia al mal es una invención, una
diabólica añagaza de los enemigos del Cristo (1).
Pero aún hay algo que horripila más que esta fal~íficación, y es la conducta de los hombres que sacan prover.ho de la mentira, no engailaut.lo solamente á los adultos, sino valiéndose del poder que se les
otorga para inducí1· al error á los niño~; á los niños, que hicieron exclamar al Cristo: •Maldito será quien
los engañe.&gt;
Horripila pensa.1· que esas gentes, en pro lle sus mezquinos intereses, se rebajen hasta practicar tan
mala ob1·a, y oculten á los hombres la verdad revelada por el Cristo, cuando esta. Yerdad les proporciona.ria un bien mil veces más preciosa que su triste labor.
Pórtanse como aquel bandolero que asesinó á toda una. familia de cinco ó seis personas para quitarles una blusa vieja y cuarenta kopeks, cuaudo sus victimas le habrlan regalado todas las ropas y todo
el (linero que poselan con tal de que les perdonase la vida. Pero no podía portarse de otra manera, como
les sucede á los impostores en materia religiosa. Con alegria vivisima les multiplicarlamos las rentas considerables que disfrutan, les aumentarlamos la opulencia en que viven ahora, sí renunciasen á perderá
los hombres con sus mentiras. Pero no pueden dr.jar de hacerlo. Y esto es aterrador. Y por esto tenemos
el deber, más que la facultad, de hacer públicas sus supercherlas. Sí algo -puede llamarse sagrado, no
son en verdad sus pretendidos sacramentos, sino esta obligación de denunciar, así que la hemos puesto
en claro, su impostura religiosa
Puedo contemplar indiftlrentc :l un chuvache ocupado en azotará su luolo ó en untarlo con requesón agrio, sin sentirse inducido á molestar sus cl'Cencias, porque sus actos son hijos de supersticiones que
me son extrafl.as y no ultraja nada de lo que consit.lero sagrado.
Pero cuando hablo con hombres que practican sortilegios y profesan bajas supersticiones en el uombre de aquel mismo Dios por quien aliento, y de la misma doctdna. del Cristo que medió la vida y puedo
da1·la á todos los hombres, entonces no me es posible contemplarlos con serenidad, y ni su gran m'1mero,
ni la antigüedad de la superstición que practican, ui su podcdo, ba"Sta~a sofocar mi indignación.
.Al dará sus actos el calificativo adecuado, me limito á hacer lo que deho, lo que no puedo dejar do
hacer, desde el momento que creo en Dios y en la enseñanza. del Cristo. Si á gritos me llaman sacrílego
porque descubro su engaño, solamente demuestran con ello la enormidad del daño que han causado, y
han de alentará todos cuantos creen en Dios y en la enseñanza del Cristo, á redoblar sus 1sfuerzos para
desvanece1· la ilusión que esconde á los hombres el verdadero Dios.
Deberían llamar sacrílego al Gdsto, que arrojó del templo bueyes, carneros y negociantes, y que ~i
volviese ahora y viese lo que en su nombre, en su Iglesia, se hace, con mayor y más legitima ira tirarla
en montón corporales y banderas, cruces y copas, cidos é iconas, todos los ínstt·umentos de brujeria!l, todo lo que ayuda á separar de Dios y de su enseñanza á los hombres.

Tal es lo que contiene, verdadero ó falso, el decreto del Slnodo que me concierne. Es cierto que no
creo en todo Jo que, al parecer de los firmantes, es articulo de fe. Pero creo en muchas cosas, sobre las
cuales quisieran ellos publicar mi incredulidad.
(I) Discurso de Ambrosio, obispo de Jarkol.

�REVISTA MODERNA.

246

Creo eu Dios, que para mí es espiritu, amor, principio de todas las cosas. Creo que está eu mi, como
yo estoy en él. Creo que la voluntad de Dios no ha sido jamás exprnsada con claridad mayor que en la
doctrina del hombre Cristo; mas no es licito considerar á Cristo como Dios y dirigil"le oraciones, sin cometer, á mi juicio, el mayor de los sacrilegios.
Creo que la verdadera felicidad del hombre consiste en cumplir la vJluntad de Dios; creo que lavoluntad de Dios es que cada uno de los hombres ame á su prójimo y le trate como desearía él ser tratado;
lo cual resume, según dicen, el Evangelio, la ley y los profetas.
Creo que el sentido de la vida se reduce á procurar que aumente el caudal de amor en cada uno de
nosotros, y creo que el desarrollo de esta potencia de amar nos proporciona en esta vida un bienestar creciente siempre, y en el otro mundo una felicidad tanto más perfecta cuanto mE'jor hayamos apTendido á
amar; creo, además, que este acrecentamiento del amor contribuirá más que cualquiera otra fuerza a
fundar sobre la tierra el reino de Dioi:; es decir, á snstituil· una organización de la vida en que la división, el engaño y la violencia son omnipotentes, con un estado nuevo en que reinarán la concordia, la
verdad y la fraternidad.
Creo que para progresar en el amor, disponemos de un medio sólo: la oración. No la oración ostentosa en los templos, reprobada categóricamente por el Cristo (Mateo, VI, 5-13), sino la oración de que nos
dió Él ejemplo, la oración solitaria, que restaura y corrobora en nosotros la conciencia del sentido de
nuestra vida y el sentimiento de que dependemos no más que de la voluntad de Dios.
Quizás mis creencias ofendan, aflijan ó escandalicen; y aunque molesten y ofendan, no tengo suficiente poder para mudarlas, como no lo tengo para mudarme el cuerpo. Tengo que vivir, y tendré que
morir muy pronto,-cosas qne no interesan á. nadie más que á mi. No puedo creer más que en lo que creo,
á la hora en que me preparo á volverá Dios, de quien soy emanación. No digo que mi fe haya sido la
única incontestablemeute verdadera en todas las épocas; pero no sé encontrar otra más sencilla, más clara, ni que mejor responda á los anhelos de mi entendimiento y de mi corazón.
Si repentinamente se revelase otra fe que me satisfaciera más completamente, la adoptarla sin perder
momento, pues nada prevalece ante Dios sobre la verdad. En cuanto á. devolver mi adhesión á las doctrinas de que me emancipé á costa de tanto penar, no puedo hacerlo en manera alguna. El pájaro que
tendió el vuelo, no se encerrar/\. otra vez en la cáscara de huevo de la cual salió.
«Quien empiece por amar más al cristianismo que á la verdad, amará pronto á su secta ó Iglesia más
que al cristianismo, y acabará por amar A su propia persona (su descanso) más que á todo el resto del
mundo.• En dirección inversa, he atravesado las fases que describe Coleridge.
Empecé amando á la Iglesia ortodoxa más que mi propio descanso; luego he amado al cristianismo más
que á. la Iglesia ortodoxa; ahora á. la verdad más que al mundo entero. Pero, hasta el momento presente,
la verdad está confundida para mí con el cristianismo, tal como Jo comprendo yo.
Confieso, pues, el cristianismo. Y gracias á los esfuerzos que hago para confü-mar mis acciones con
mis creencias, vivo en paz y alegría, y puedo, en medio de la paz y la ale¡;ria, encaminarme á la muerte.
LEÓN TOLSTOI.
Moscou 4-16 de .Abril.

TELEGRAMA.
De Jalapa, el 5 de Agosto de 1901.-Recibido en México á las 101/ 2 a. m.-Sr. Jesús E Valenzuela.Redacción de •La Revista l\Ioderna •
Te suplico encarecidamente que en tu ya acreditado periódico hagas constar, en mi nombre, que
no soy 1&gt;! autor de los versos que con el titulo de •Sueño, y con mi firma, aparecen en el numero 120 de
•Fin de Siglo• ó sea en la edición correspondiente al 3 del actual mes. De seguro que allí tales rimas
constituyen una rE'producción, pero jamás las he escrito, y ni acostumbro vestirme con el plumaje del
pavo real, ni quiero aceptar culpas ajenas, que ya con las propias tengo sobradas. No es la primera vez
que formulo protesta semE'jante.
SALVADOR

•

DÍAZ ~JIRÓN.

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.

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.

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-

--

-

TARDE DE OTOÑO.
A RodoÍfo Reyes.

En Oriente las cumbres hirsutas
enderezan sus conos enhiestos
bajo un palio de un lndigo obscuro,
bajo un trágico toldo de estruendos,
en el cual, como alfanjes de plata, ·
resplandecen relámpagos trémulos ....
Ven á ver el paisaje, es hermoso:
tras la gris nublazón de los cielos
se amortiguan los rayos occiduos;
en los cumbres, los pájaros negros,
los que adoran las cosas inmundas,
los que atacan lo inerme, los cuervos,
se revuelven con júbilo, como
soberanos señores del viento,
y la racha, con ímpetu rudo,
silba y silba .... ¿Vendrá el aguacero?
Es la tarde otoñal. ... ¡Qué admirables,
qué gloriosos serian los versos
con que canto tu noble hermosura,
impecable y magnifica, si ellos
desgranaran e! ritmo inefable
de esta tarde de ritmos excelsos
en que un alma sonora palpita
en la tierra, en el aire, en el cielo!
¡Opulenta, grandiosa armonía!
Roncos gritos de cólera, lejos,
ailá arriba, en las nubes preñadas;
aquí abajo, en la fronda, en el viento,
en los rubios trigales que undulan
con su espiga gentil de oro viejo,
ya suspiros que acaban cantando,
ora quejas que acaban riendo,
ó resoplos de mar, ó rumores
de caricias, de arrullos, de besos ....
Mas ya vuelan las hojas en alas
de la racha .... ¿Vendrá el aguacero?
*"'*
¡Oh, qué lindo clavel entreabre
su corola de purpura y fuego,
sobre el oro triunfal de tus bucles
perfumados, sedosos y lnengos!
Me recuerda un maizal que yo he visto
en las milpas cercanas del pueblo ... .
Era un mar con sus hondas doradas ... .
De la mar rumorosa en el centro,
la amapola, ostentando sus flores
del color del clavel de tu pelo . . ..
Pero caen las pristinas gotas
como vividas gemas, fulgiendo,
y las nubes aligeras vuelan,
y rebullen graznando los cuervos,
y el 1·elámpago sigue brillando

�REVISTA MODERNA.

248

bajo el trágico toldo de estruendos
que coronan las cumbres hirsutas,
en Oriente ..... ¿Vendrá el aguacero? ... .

¿Sabes tú, qué pensaba, mi rubia?
No te rlas, declrtelo quiero:
recoger esas llmpidas perlas
en el cáliz a1·diente y bermejo
de la flor de tus labios, más roja
que el clavel de:tu blondo cabello . ...
Mas . ... ¡qué bella explosión de fulgore&amp;!
Ge abrillanta con claros destellos
ese palio de un lndigo obscuro
que cornna los montes enhiestos ....
¡Gloria al sol que ha rasgado la bruma!
Esa nube pr.e liada de estruendos,
era informe montón; hoy pru·ece ... .
¡hoy parece un ideal terciopelo!
La esmeralda del monte revive ... .
H11sta el hosco plumaje del cuervo,
al tocade la luz, ya presenta
primorosos cambiantes de ace1·0!
¡Claro obscuro, tu encanto sub~•uga!
¡Almo sol, tu pincel es soberbio!
¡Gloria á ti, gran artista celeste!
¡Y á ti gloria, oh Rembranrlt, oh m1testro!
Mas .... la racha ha c1tlma&lt;lo su furia. . . ..
¡No vendrá, no ven&lt;l1·á d aguacero!

....

ARo IV

MÉXICO, 21l QUINCENA. DE AGOSTO DE

1901

NóM.

16

REVISTA MODERNA
ARTE V
DLRECTOR: ,TESU S F.. ' VALE~ZUELA.

CIENCIA.
JEJo'F. DF. HEDACCION: ,JESU S URUETA.
Ti¡&gt;. tlt D11bld11.

No vendrá .... Mira el arco de triunfo
que Iris teje, con mágicos dedos,
con los rayos del sol que disuelve
en el agua suspensa en los cielos .. ..
También mi alma, á tu casta hermosur11,
con la luz ide11.l del ensueño,
ha tejido mil arcos de triuufo
en mis trovas de amor, en mis veri;o~!
Pero ¡mira! ¡oh prodigio! Del valle
sube un águila, en rápido vuelo .. . .
Va á la cumbre, á. la roca, á su nido
donde aguardan sus hijos hambriento&amp;:
Mas el ave vacila .... jadea .. . .
¿Qué tendrá? ¿Por qué abate su vuelo?
¿Qué acongoja á. la reina del aire?
¡Ah, tal vez de un combate sangriento,
pero noble, y viril, y pujante,
vuelvr, rotas las garras de acero!
Se desploma, vencida, en la roca . . ..
Al sentir su presencia los cuervos,
azorado11, emprenden In fuga.
en desordeu, temblando de miedo!
Pero no, que ya vuelnm, se agrupan,
exploran, observan con ojo certe1·0 ... .
¡Ya lo saben! ¡El rey agoniza!. . . .
¡Ya le atacan!...... ¡Oh viles!...... ¡Oh...... ¡cuervo&amp;!..... .
DI, mi bien: ¿no te indignan? . . . .
¡Oh gloria!
¡Yo, á tus plantas! Tu frente!. . .. ¡Mi beso!
~lérida.- Yuc11.tán, 1901.

José I. N9VELO.
GAl, ATEA. -l\fARQl' E!!TE,

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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                <text>Fondo Alfonso Reyes</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>REVISTA MODERNA.

248

bajo el trágico toldo de estruendos
que coronan las cumbres hirsutas,
en Oriente ..... ¿Vendrá el aguacero? ... .

¿Sabes tú, qué pensaba, mi rubia?
No te rlas, declrtelo quiero:
recoger esas llmpidas perlas
en el cáliz a1·diente y bermejo
de la flor de tus labios, más roja
que el clavel de:tu blondo cabello . ...
Mas . ... ¡qué bella explosión de fulgore&amp;!
Ge abrillanta con claros destellos
ese palio de un lndigo obscuro
que cornna los montes enhiestos ....
¡Gloria al sol que ha rasgado la bruma!
Esa nube pr.e liada de estruendos,
era informe montón; hoy pru·ece ... .
¡hoy parece un ideal terciopelo!
La esmeralda del monte revive ... .
H11sta el hosco plumaje del cuervo,
al tocade la luz, ya presenta
primorosos cambiantes de ace1·0!
¡Claro obscuro, tu encanto sub~•uga!
¡Almo sol, tu pincel es soberbio!
¡Gloria á ti, gran artista celeste!
¡Y á ti gloria, oh Rembranrlt, oh m1testro!
Mas .... la racha ha c1tlma&lt;lo su furia. . . ..
¡No vendrá, no ven&lt;l1·á d aguacero!

....

ARo IV

MÉXICO, 21l QUINCENA. DE AGOSTO DE

1901

NóM.

16

REVISTA MODERNA
ARTE V
DLRECTOR: ,TESU S F.. ' VALE~ZUELA.

CIENCIA.
JEJo'F. DF. HEDACCION: ,JESU S URUETA.
Ti¡&gt;. tlt D11bld11.

No vendrá .... Mira el arco de triunfo
que Iris teje, con mágicos dedos,
con los rayos del sol que disuelve
en el agua suspensa en los cielos .. ..
También mi alma, á tu casta hermosur11,
con la luz ide11.l del ensueño,
ha tejido mil arcos de triuufo
en mis trovas de amor, en mis veri;o~!
Pero ¡mira! ¡oh prodigio! Del valle
sube un águila, en rápido vuelo .. . .
Va á la cumbre, á. la roca, á su nido
donde aguardan sus hijos hambriento&amp;:
Mas el ave vacila .... jadea .. . .
¿Qué tendrá? ¿Por qué abate su vuelo?
¿Qué acongoja á. la reina del aire?
¡Ah, tal vez de un combate sangriento,
pero noble, y viril, y pujante,
vuelvr, rotas las garras de acero!
Se desploma, vencida, en la roca . . ..
Al sentir su presencia los cuervos,
azorado11, emprenden In fuga.
en desordeu, temblando de miedo!
Pero no, que ya vuelnm, se agrupan,
exploran, observan con ojo certe1·0 ... .
¡Ya lo saben! ¡El rey agoniza!. . . .
¡Ya le atacan!...... ¡Oh viles!...... ¡Oh...... ¡cuervo&amp;!..... .
DI, mi bien: ¿no te indignan? . . . .
¡Oh gloria!
¡Yo, á tus plantas! Tu frente!. . .. ¡Mi beso!
~lérida.- Yuc11.tán, 1901.

José I. N9VELO.
GAl, ATEA. -l\fARQl' E!!TE,

�REVISTA MODERNA

DE UN LIBRO EN PRENSA: "PAISAJES PARISIENSES"
UN SUEXO DE MARGOT.
URANTE el viaje, Margot sólo habla percibido las miniaturas y los matices de
las cosas, como si el mundo fuese un juguete japonés, colocado, para distraer
languideces elegantes, en el boudoir de una modista célebre. Sus frases hablan
sido detalles preciosos é inútiles que cosquilleaban agradablemente el oido sin
decir nada: (•Hermoso color de nube para cinta de un sombrero de viaje, ... .
«Como esa luna, pero con más relieve, es el broche de diamantes de René• ... .
•¿Sabes?; la naturaleza es muy grande; prefiero el jardín del Luxemburgo•). Sin
embargo, aquel cerebro de marfil, pequeño y minucioso como una máquina de
rtJloj, había tenido durante una noche de ferrocarril la visión de un gran drama.
Pero, apesar de todo, confieso que mi asombro fué grande cuando, al reunirnos en el comedor del
hotel para tomar el desayuno, me refirió con gestos graves lo siguiente, que compendio tanto como puedo,
aun á riesgo de hacerle perde1· su sabor original.
~!argot ba~la soñado que estaba en su pequeño departameolo de la Cbaussée- d'Antin, de regreso
del Odéoo, leyendo un periódico de modas, mientras Luisa, que ya habla calentado el lecho, la despeinaba con un peine enorme, fabuloso, que desgarrnba al moverse las cortinas persas que sonreían desde
los vidrios. De pronto oyó grandes voces y vió una multitud compacta, que pasaba por la calie, agitanJo teas encendidas. Era un tl'opel intermin.tble de harapientos. Pareclan borrachos. Uno de ellos, el más
grande, el que llevaba un pañuelo rojo anudado alre:ledor de la cabeza, agitaba una pica y parecla dil'igir á los demás.
-Son los amigos,- dijo Luisa, apoyando la cabeza en la ventana para verlos pasar,
(¿Los amigos? ¿Aquella turba de andrajosos que bajaban por la calle lanzando alaridos salvajeF,
aquella escoria humana barrida por un viento de pasión, eran los amigos?)
-Son los amigoF,-insistió Luisa, como si hablara para sí,- porque son los que sufren.
Y con un gesto tranquilo se de~pojó del delantal y la cofia, los puso sobre la mesa, hizo un saludo
,'r salió.
Margot la oyó bajar las escaleras. Y á través de un vidrio que ella misma empañaba con su respi·
ración, la vió salir á la calle y unirse á la multitud que segula pasando, en pelotones de miseria, como
un torrente que bajaba de la montai'ta, después de un deshielo.
-Es indiscutible que todos están locos,- pensó Margot.-¿Qué voy á hacer ahora? ¿Quién me traerá los escarpines al bajar del lecho?
Y tuvo una de esas ideas caprichosas de mujei· engreída. Se anudó el pelo sobre la nuca, se calz{,
los guantes, se echó sobre los hombt·os su abrigo de teatro y bajó resueltamente las escaleras. La puerta
no estaba cerrada. Lo,; porteros habían salido. (¿A dónde iban, á esa hora?) Y sobre la acera, cerrán•
dole el paso, habla un charco de sangre ....
l\fargot se estremeció. Era la primera vez que vcia sangre. Tuvo miedo. Luego se remangó el vestido de baile Y pasó. Sus botinas de charol se reflejaron confusamente sobre la mancha roja. La calle
estaba desierta. Parecla que todas las gentes de la ciudad habian huido. A Jo lejos, muy lejos, se ola un
clamor de multitud, tajado por disparos de armas de fuego. ¿A dónde h? Se arrepintió de babet· salido.
Su proyecto de refugiarse en casa de Nelly, le pareció impracticable. ¿Cómo atravesar esas calles solitarías y obscuras donde los pasos resonarlan tras ella como si vinieran persiguiéndola?
Entonces se detuvo al borde de la acera, apoyándose contra el muro, sin saber qué hacer.
¿Debla avanzar hacia el misterio que la esperaba en el fondo bonado de la ciudad, ó ¡•egresar á su
casa vacla Y pasar otra vez sobre el charco de sangre? Optó por Jo primero, y echó á correr por el bulevar Haussmann.
Bajo la luz amarilla que escuplan los faroles, se velan regueros de sang1e que se perdlan bajo las
puertas. A la distancia se oían los gritos de la muchedumbre, y A veces un cañoneo apagado,

25 L

l\fargot s!'guia corricuJo. De pronto oyó un ruido confuso de gentes que se acercaban en tropel. El
viento trala rnchas de canciones y carcajadas. ¿Eran vendimiadores que volvían de una aldea? l\fargot
tuvo la curiosidad de verloF; una curiosidad imperiosa, como un deseo carnal. Y se acurrucó en el hue•
co de una puerta.
Las primeras claridades del día comenzaban á levantarse sobre la ciudad. El tropel confuso se acercaba. Se oía el ruido sordo de los pasos. l\fargot sintió un frfo agudo que la hizo crujir los huesos. Y la
multitud desembocó sobre el bulevar ....
Los hombres blandlan picas, cuya punta enrojecida goteaba sobre los rostros. Las mujeres llevaban
gorros encarnados. Todos repetlan estribillos siniestros, que l\fargot no habla oldo nun..:a. Y pasaban,
pasaban sin tregua, con las mismas caras bestiales y los mismos gestos groseros.
De pronto, resonó un grito. Alguien la babia descubierto y la designaba con el dedo A los demás.
Uu grupo se precipitó sobre ella y la rodeó. Fué un entrevero salv11je. Un hombre la besó en la boca.
Una mujer le escupió á la cara.
¿Qué hacia a.llí?-le preguntaron, la ciudad pertenecía al pueblo.
l\fargot respondió frases entrecortadas y quiso desasirse para huir. PtJro no le permitieron mo'Verse
Estaba prisionera. Un hombracón de pelo rojo la cogió por el talle y se la echó A la espalda. La lleva ron en hombros. La multitud- seguía cantando. ¿A dónde la conducían?
La vislumbre de la aurora apenas permitía distinguir las caras. En el limite del bulevar asomaba
un sol encarnado de lluvia. Atravesaron cien calles. Las ventanas estaban cerradas y habla mucha san•
gre sobre las veredas. Margot se b11ndia las uñas en la garganta para ahogar los gritos. Estaba helada
de tel'l'or. Sus ojos permanecían clavados sobre el esqueleto de guillotina que se levantaba en el fondo
de la calle. Trató de convencerse de que no era para ella. ( •l\fargot no habla hecho daño A nad ie. ¿Por
qué razón la matarían? ¿Porque habla amado el amor, el Champaña y los trajes de Paquin? Las mujeres hermosas han nacido para eso.•)
Pero, apesar de sus razones, tiritaba de miedo. Quiso llamar, suplicar, ofrecerse .... Pero no podlan
escucharla. Las canciones abogaban su voz frágil. Trató de desasirse pal'a bajar y huir, pero dos manos bmtales le detuvieron las piernas . . ..
Y la guillotina estaba allí. La dejaron caer sobre el entablado y ella se desplomó como si no tuviera
huesos. La multitud segula cantando. Margot tuvo la sensación de ver el sol por última vez. La noche
se apoderó de su alma. Por su memoria pasaron, al galope, mil recuerdos. Después se hizo el vacío Sintió algo helado en el pescuezo, lanzó un grito que no pudo oír .... y el golpe fatal la despertó.
Pero el horror de la pesadilla la persegula aún. Le quedaba algo asf, como la amargura de un presagio.
- Ocurrirá,-me decía, con la boca llena de fresas,-ya verás como ocul'l'irá. La ciudad comenza·
1 á á arder y nadie podrá apagar el incendio. El fuego cundirá por el mundo. Lo que siento, es no poder
realizar mi capricho, de poseer un castillo en Anjou. El imbécil de Vidart tartamudea que son muy caros.

Il[ANUEL

UGARTE.

�REVISTA MODERNA.
escudriña. con calma grotesca,
se derrumba cual muerto de uu rayo,
sumérgese y pesca.
Y al trotar de un rocín flaco y mocho,
un moreno, que ciñe moi·una,
transita cantando cadente tontuna
de baile ja1·ocho.
Monótono y acre gangueo,
que un pájaro acalla, soltando uu gorjeo,
Cuanto es mudo y selecto en la hora,
en el vasto esplendot· matutino,
halla voz en el ave canora.
vibra y suena en el chorro.del trin&lt;,!
Y como un monolito pagano,
un buey gris en un yermo altozano
mira fijo, pasmado y absorto,
la pompa del orto.

Y á la puerta del viejo bohío
que oblicuando su ruina en la loma
se recuesta en el árbol sombrlo,una rústica grácil asom11,
como una raloma.
A tres leguas de un puerto bullente
que á desbordes y grescas anima,
y al que á un tiempo la gloria y el cli1111t
adornan de palmas la frente,
hay un agrio breñal, y en la cima
de un alcor un casucho acubado,
que de lejos diviso á menudo,
~r rindiéndose apoya un costado
Pn el tronco de un maugo copudo.
Distante, la choza resulta monter11.
con borla y al sesgo sobre una mollera.
El sitio es ingrato, por fétido y hosco.
El cardón, el nopal y la ortiga
prosperan; y el aire trasciende á bofiiga,
á marisco y á cieno¡ y el mosco
pulula y hostiga.
La flora es enérgica para
que indemne y pujante soporte
la furia del soplo del Norte,
que de octubre á febrero no es rara,
y la pródiga lumbre febe11,
que de marzo á septiembre calde11..
El Ol'iente se inflama y colol'a,
como un ópalo inmenso en un lampo,
y difunde sus tintes de aurora
por piélago y campo.
Y en la magia que irisa y cornsca,
una perla -de plata se ofusca.
Un prestigio rebelde á la letra,
un misterio inviolable al idioma,
un encanto circula y penetra
y en el alma es edénico aroma.
Con el juego cromático gira,
en los pocos instantes que dura;
y hasta el pecho infernado respira
un olor de inocencia y ventura.
¡Al través de la trágica Historia,
un efluvio de antigua bonanza
viene al hombre, como una memori11,
y acaso como una esperanza!
El ponto es de azogue y apenas palpita.
Un pesado alcatraz ejercita
su instinto de caza en la fresca.
Grave y lento, discurre al soslayo,

Infantil poi· edad y estatura,
sorprende ostentando sazón prematura,
elásticos bultos de tetas opimas;
y á juzgar por la equivoca traza,
110 semeja sino una rapaza
que reserva en el seno dos •tima~!
Blondo y grifo (J inculto el cabello,
y los labios turgentes y rojos, ·
y de tórtola el garbo del cuello,
v el azul del zafiro en los ojos.
Dientes albos, parejos, enanos,
que apagado coral prende y liga,
que recuerdan, en curvas de granoF,
el maíz cuando tierno en la espiga.
La nariz es impura, y atesta
una carne sensual é impetuosa;
y en la faz, á rigores expuesta,
ia nieve da en Ambar, la púrpura en rosa,
y el júbilo es gracia sin velo
y en cada carrillo produce un hoyuelo.
La payita se llama Sidonia.
Llegó á México en una barriga:
en el vientre de infecta mendiga
que, del fango sacada en Bolonia,
formó parte de cierta colonia
y acabó de miseria y fatiga.
La huérfana ignara y creyente
busca sólo en los cielos el rastro;
y de noche imagina que siente
besos ¡ay! en los hilos d(un astro.
¿Qué ilusión es tan dulce y hermosa?
Dios le ha dicho: «sé plácida y bella;
y en el duelo que marque una fosa

pon la fe que contemple una estrella,!
1,Quién no cede al consuelo que olvida?
La piedad es un santo~remedio;
y después, el ardor de la vida
urge y clama en la pena y el tedio
v al tumulto y al goce convida.
be la zafia el pesat· se distrae, desplome de polvo y ascenso de nube.
¡Del tizón la ceniza que cae
y el humo que sube!
La madre reposa con sueño de piedra.
La muchacha medra.

�REVISTA .MODERNA.
Y por siembras y apriscos divaga
con su padre, que duda de serlo;
y el infame la injuria y estraga
y la triste se obstina en quererlo.
Llena está de pasión y de bruma,
tiene ley en un torpe atavismo,
v es al cierzo del mal una pluma ....
¡Oh pobreza! ¡Oh iucuria! ¡Oh abismo!.

REVISTA MODERNA.
reverbera con tales reflejos,
que ciega, causando vahídos.
El ambiente sofoca y escald11¡
y encendida y sudando, la chica
se despega y sacude la falda,
y asi se abanica.
Los guiña pos revuelan en ond11.s ....
La grey pace y trisca y holgándose tarq¡¡ .. . ,
Y al amparo de umbráticas frondas
la palurda se acoge y reFguarda.
Y un bonego con gran cornamenta
y pardos mechones de lana mug-rienta,

y una oveja con bucles de armiño,Ja mejor en figura y aliño,se copulan cou ansia que tienta.
La zagala se turba y empina ....
Y alocada en la fiebre del celo,
lanza un grito de gusto y de anhelo . . . ,
¡Un cambujo patán se avecina!
Y en la ex:celsa y magnifica fiesta,
y cual mácula errante y funesta,

un vil zopilote resbala,
tendida é inmóvil el ala.
SALVADO!t

DÍ.-\Z i\IIRÚN.

NOTA.-Del libro "Lascas." Reproducido con autorización
del autor.

Vestida con sucios ji1·ones de paño,
descalza y un lirio en la greña,
la pastora gentil y risueña
camina detrás del rebaño.
Radioso y jovial firmamento.
Zarcos fondos, con blancos celajes
como espumas y nieves al viento
esparcidas en copos y encajes.
Y en la excelsa y magnifica fiesta,
y cual mácula errante y funesta,

un vil zopilote resbala,
tendida é inmóvil el ala.
El Sol meridiano fulgura,
suspenso en el Toro;
y el paisaje, con varia verdurx,
parece artificio de talla y pintura,
según está quieto en el oro.
El fausto del orbe sublime
rutila en urente sosiego;
y un derribo de paz y de fuego
baja y cunde y escuece y oprime.
Ni céfiro blando que aliente, que rase,
que corra, que pase.
Entre dunas aurinas que otean,tapetes de grama serpean,
cortados á trechos por brozas hostiles,
que muest1·an espinas y ocultan reptiles.
Y en hojas y tallos un brillo de aceite
simula un afeite.
La luz torna las aguas espejos;
y en el mar sin arrugas ni ruidos

255

�REVISTA MODERNA.

EN LA CASA DE TOLSTOI.
L rápido de Moscou i Koursk se detiene muy temprano, á las cinco y media, en Yassenki,
última estación cerca de Tula y á doscientas verstas de Moscou. Para llegará Yasnai'a
Pol'iana, retiro de Tolstoi', falta recorrer una docena de verstas en carruaje.
El caballo se aventura en el camino 6l!cabroso, que serpentea á través de la estepa
ondulada con bajas colinas. Alrededor, prados verdes, campos de trigo dorado, macizos de árboles; abedules, tilos, pinos, que forman luego bosques espesos. Se comprende el apego de Tolstoi: por este cluminos~ claro,, en ruso Yasnai'a Poli'ana, que no de~a sin~ con tristeza
y raras veces, donde pasa casi toda su vida y absor~e el amor de la nat~~a.leza_,. al mismo t1?mpo que su
aversión por la vida facticia de la ciudad, de la sociedad, de la falsa c1vihzac1on. •De quti asombroso
poder son las impresiones sacadas direc~amente de la natura~eza: • d?cla un dl~ Tolstoi' á uno de sus co•
legas rusos. ey cómo aprecio á los artistas que beben su 10sp1rac1ón exclusivamente en esta fuente
eterna é inagotable. Ella sola da la fuerza !. revela la verdad. •
.
. ..
~
En YasnaYa PolYana fué donde Tclst0Yv10 la luz en 1828. Alll fue donde v1v10 los anos de que babia
con tanto calor comunicativo en la Infancia, su primera obra, que lo colocó luego, á los veinticuatro
años, entre ¡08 grandes esc.ritores rusos. •Felices, ~elices tiempos de la inf~ncia, que no volverán ya!
Cómo no amar cómo no acariciar sus recuerdos! Ellos refrescan, elevan m1 alma y son 111. fuente de
mis más puras,' de mis más dulces alegrlas, , dice el joven autor. Y todos los que lo han leido no podrán
olvidar ese principio de capitulo, esa estrofa de poem11. en ~~osa. E~ _Yasna"ia PolY_ª?ª fué donde se casó
y vió nacer á sus numerosos hijos; alll donde n~s ~e~crib10 la Felicida~ ~e f aniilia, nos c?ntó los con·
movedores amores de Lévine y Kity en Anna Karemne y narró la prod1g1osa epopeya de (.,uerra y Paz;
alll también donde creó, sobre bases nuevas, su famosa escuela popular, donde ensayó la existencia
de colono modelo, donde venció la dolorosa, la formidable crisis moral que iba á conducirlo al suicidio,
y donde, finalmente tranquilo, hizo de si mismo un misionar~ convencid~ de la bondad y de la verdad
cristianas. Asl, pues, excepto el tiempo consagrado á los primeros estud10s en ~Ioscou, luego á los de la
Universidad de Kazan, en el servicio al ejército; el pasado en el Cáucaso, en el Danubio, en Stlhastopol y
una corta escapada al extranjero, todo el resto, medio siglo, esa existencia tan nutl'itla, tan gloriosamente variada ha transcurrido en el cuadro limitado de aquella vieja mansión señorial. ¿Dónde enconti·ar un ejempl~ má.s brillante del poder del genio, poderoso poi· su sólo contacto con el poder de la naturaleza?
Estos detalles desde hace tiempo familiares, se precipitan á mi memoria por una asociación de ideas
muy natural. Est~ es interrumpida por la aparición de un burgo, muy grande, pero desierto, tl'iste: cabañas destartaladas, transeuntes raros y taciturnos, animales de movimientos cansados. ¿Alll está el
cluminoso claro?, No, felizmente. Veinte minutos más y mi automedonte meiudica con su látigo las pri•
meras cabañas de la aldea. Pasamos por la única y ancha calle bordeada de cada lado por irbas de madera, algunas de ladrillos rojos, casi uniformemente recubiertos de ra~tr__ojo ennegrecido ~or el !iempo;
el conjunto de los tonos es gris, sin embargo, de aspecto más halagueno que el burgo mmed1ato; se
siente alll la proximidad de los castellanos benefactores. Hombres y mujeres me saludan con aire afable acostumbrados como están á visitas de extranjeros. La habitación de TolstoY no debe estar lejos.
Ad~ierto, eu efecto, alli arriba de la cuesta, las dos torrecillas blancas que marcan la entrada del dominio de Yasna'ia PolYana. Pero no se tropieza con las alas de una puerta cerrada, la puerta no existe. Entre quien quiera! Y se entra, y se abusa á menudo de aquella patriarcal hospitalidad.
Una larga calzada de abedules umbrosos, de troncos argeutados, conduce á la habitación; se costea
un estanque, luego una banda de tierra destrozada, cortada en medio por una malla de lawn tennis. Al
ttn estii. ali! la caEa: una elevada construcción de un piso, cuya blancura de cal deslumbra bajo el sol·
Sobre la fachada, un balcón de madera, anchas ventanas y por el lado que se llega una terraza con ba•
laustrada, construida por el mismo Tolstor, según se cuenta. Después de rodear la ter~aza, mi carruaje
se detiene frentP al portón de la casa TolstoY sale algunos instantes después en traJe de burda tela

257

azul, se acerca á mí~ me da la bienvenida. y me invita familiarmente á acompai'íarle al baño, que toma
todas las mañanas en el estanque que vi al llegar.
Desde mi última visita á Moscou-hace dos años y medio - no obse. vo cambio alguno en el exterior
dtl Tolstoi', únicamente su barba que era gris, está ahora blanca del todo. Supe qué su salud ha mejorado mucho y que nunca se ha sentido tan apto y tan infatigable para el trabajo; para el t1·abajo intelectual, debo agregar.
En efocto, ya no labra los campos, ni siega, ni hace zapatos. Sus ejercicios Cisicos se reducen al paseo, á la equitación, al juego de lawn tennis, y durante la mayor parte del dla, de ocho de la mañana á
dos ó tres de la tarde, escribe en su gabinete de ti·abajo. Tolsto'i acababa de desinteresarse una vez
más de su famosa novela Resurrección, y se habla puesto á trabajar en otra obra de imaginación, que
tiene por protagonista á uno de sus compañeros de armas de Scbamyl y que se desarrolla en el Cáucaso. Habla ido á preguntar á un viejo general, res-pecto á varios hechos de la campllña de los Rusos contra el temible I mán. Ai,J, puc!l, A pesu de todo, el temperamento arlibta sigue dominando en él á lavoluntad del pensador, y Tolstor vuelve á su anti9ua manera que quiere r enegar y que produjo tan admirables creaciones. Pero no hay que hablarle de eso, yo tu\•e la prutlba á mis expensas, cuando durante
el corto trayecto que separa e! estanque de la casa, le interrogué respecto á Resurreccción y le dije que
esa nueva obra, según lo que yo sabia, debla dar vasta materia al historiador de Tolstor. l\Ie contestó
vivamente:
-Pensamos de tan diferente manera, que ha de seros verdaderamente dificil escribir una historia
sincera de mi vida ó un estado exacto de mis obras.
Un poco cortado por esta contestación inesperada, sobre todo despué3 de la cordial recepción que me
habla hecho en l\Ioscou, y la correspondencia que de alll se habla seguido, Je supliqué sencillamente que
precis11.ra la difo1·encia de nuestras opiniones. Entonces, sin duda alguna, bajo el imperio de un desrontento ajeno al objeto de nuestra conversación, pero despertado por mi alusión á sus obras, me dijo:
- ¡Oh! no solamente Ud. , sino todos cuantos han venido á verme y han publicado a.rtlculos y tomos
enteros respecto á mf;'por:ejemplo, el escritor alemán Lowenfeld (1) y hace poco tiempo el articulo de un
periodista franci&lt;s que vino para la coronación del Tsar y que se creyó obligado á venirme á visitar de
paso. Y Ud., ¿no estuvo aqul con motivo de la Exposición de Nijni- Novgorod? Si, al menos, hubiera
Ud. ido para darse cuenta de todo lo que importa no hacer ..... .
Yo soportaba, sin duda, el malhumor provocado por aquellos, que sin ser partidarios suyos, han
querido aprovechar su estancia en Rusia para irá ver al eremita de Yasna'ia. PolYana, y contar en seguida su visita con un puntillo de broma parisiense. Con el fin de reaccionar contrn esa prevención del
momento, le dije sencillamente que el objeto principal de mi viaje no era la Exposición de Xijni, le recordé que desde hacia mucho tiempo reunla materiales para su biografla, y que hoy mismo llevaba, con
el objeto de someterlos A su apreciación, una especie de paralelo entrn él y Dumas, hijo.
Como lleg.íbamos ya al p3queño lago, nuestl'a conversación se interrumpió y TolstoY desa.pa:eció
en el gabinetito levantado ti. la orilla del estanque. En menos de diez minutos t uvo tiempo para desnudarse y anojarse de lo alto de un trampolin á lo más profundo del agua, para nadar con sorprendente
Agilidad para su P.dad y pl),ra volverse á vestir y seguir nuestra conversación. Zlfo asombró más todavla, como asombra a sus visitantes, por su manera de andar, por sus movimientos casi juveniles, y despué~, por su resistencia para largas caminatas y para toda clase de fatigas corporales. Este admirable
anciano, que frisaba entonces en los setenta afios, vegetariano empedernido que se alimenta únicamente con legumbres (excluyendo basta la leche y los huevos) es verdadera.mente extraordinario. Es un belllsimo ejemplar de la especie humana, cuya contemplación de cerca instruye y aprovecha hasta en su
existencia puramente material. A él podrla aplicarse, sin que parezca banal, el conocido ref,·án: lllens

sana in corpore sano.
Tomamos el té; todos dormlan en la casa, excepto la más joven de sus hijas, encantadora niña de
doce años, y su institutriz, que almorzaron con nosotl'Os. Inmediatamente después el maestl'o se retiró
á su gabinete de trabajo.
Frente á un gran vestlbulo me indicaron una puerta que comunicaba con una larga pieza, dividida
por un tabique y una biblioteca. Alegrando la intimidad del mobiliario, la luz entra alll á torrentes por
dos ventanas y por una puerta que da á la fachada. En la primera mitad, reservada especialmente pa,
ra los huéspedes, está un canapé que sirve de lecho, y en la pared algunos retratos de familia y de es.
critores rusos y extranjoro11. Tourgueneff- Fet (el delicado poeta), ambos amigos antiguos de TolstoY;
Schopenhauer (retrate, con dedicatoria), Dickens, y el famoso grupo de colaboradores del contemporáneo y de quienes ya he hablado: Tolstoi', Tourgueneff, Grigorvitcb, Nekranov, etc., y en el éentro, en un
nicho, el busto del difunto hermano de Tolstor, el conde Nicolás, c•1ya noble imagen está evocada con
fiel afecto en Infancia, Adolescencia y J1wentud, y últimamente en Resurrección, con el nombre de Nicolás Inteniev. La biblioteca está formada con libros de diYersas lenguas, la mayo1· parte donados de
sus autores y con dedicatorias no menos poliglotas; además, las obras de los émulos rusos de Tolstor,
las del maestro de los pensamientos de su juventud y quizá de su edad madura: Rousseau, cuya influencia confiesa Tolstor haber sufrido, más aún, hubo una época en que tuvo el culto de este filósofo francés
basta querer llevar su imagen sobre el pecho, como un amuleto¡ Moliere, Pascal, Goethe, Sbakespeare,
(1) El úQico que

na escrito Insta ahora un1 biografía completa de Tolsto'i.

�258

REVl~TA MODERNA.

Víctor Hugo, Sócrates, Voltaire, Diderot, Saiot-S1moo, Benjamlo Constant, Spiooza, Schlegel, Henry
George, Mathew Arnold, Spencer, Griesbach, Rein, W. L. Harrisoo, Adin Ballou, Juan Crisóstomo Y
otros filósofos y teólogos antiguos y modernos; historiadores franceses y rusos, principalmente los que
se hao ocupado del periodo del Primer Imperio y de la guerra de 1812, y consultados por Tolstoi', cuando escribió la Guerra y la Paz. Por último, el Antiguo y el Nuevo Testamento, en sus textos originales,
hebreo y griego, la Vida de los Santos y los Comentarios franceses, ingleses y alemanes del Evangelio,
del Talmud, del Koran, de la doctrina de &lt;;'akia--1\fouoi y una multitud de obras citadas por Tolsto'i en
sus escritos sobre la moral cristiana. Recuérdese el prodigioso número de ob1·as filosóficas y literarias
analizadas por él, en su reciente libro: ¿Qué es el Arte?
Y todo el público se preguntará. cuándo y cómo un solo hombre pudo encontrar tiempo suficiente
para escribir á su vez, tantos volúmenes, proseguir su activo apostolado y crear obras de arte, &amp;i llega
li saberse que el mismo escritor ha traducido y comentado los cuatro Evangelios, en tres gruesos tomos,
inéditos en Francia; que ha refutado muchos escritos religiosos y que para su obra inédita: «La Critica
de la Teologla dogmática,, ha debido leer casi todos los escritos de los Padres de la Iglesia y los de sus
comen~dores y que con el mismo fin, aprendió el antiguo eslava, el griego y el h~breo, conociendo ya
el frances, el alemán, el inglés y el latlo.
No olvidemos indica1·, antes de salir de esta pieza, que en la viga superior de la puerta del tabique,
Tolstoi' pensó colgarse, cuando estuvo obcecado por la idea del suicidio.
Del vestlbulo, donde hay también una biblioteca, se llega al primer piso y la puerta del fondo es la
del gabinete de trabajo del maestro. Esta pieza, abovedada como una cueva, con piso de madera blanca, servia hace pocos años aún para depósito de provisiones; todavla se ven las argollas de donde pendían los jamones, ahora ocupan ese lugar, una sierra, y en los rincones, se veo enfilados útiles de labranza, de zapatería y otros instrumentos de agreste uso.
El escritor se encuentra en esa, pieza más aislado y nadie va ali! á molestal'le, como sucedía en la
época que su gabinete de trabajo estaba instalado en la pieza más confortablemente amueblada, que es
hoy el cuarto para huéspedes.
El mobiliario del primer piso, recuerda el de la casa de Moscou; el gran comedor que sirve como
salón, que se utiliza nada más en invierno y en la época de lluvias, porque en la buena estación, las comidas se sirven en la terraza ó bajo los árboles, en el centl'O una gran mesa y á lo largo de los muros,
sillones antiguos y sillas, y solamente la serie de retratos de antecesores con corazas ó peluc11s empolvadas, nos recuerda que estamos en un castillo y no en una quinta.
Es bien sabido que la familia Tolsto'i pertenece á la nobleza más antigua de Rusia y está aliada á
las casas de los priocipes Gortschacov y Volkhonsky. Dos antepasados del conde León desempeñaron
papel muy importante en la historia de Rusia. Uno de ellos fué amigo y consejero de Pedro el Grande.
Allf se veo, como en Moscou, un piano y dos bustos cuya particularidad consiste en haber sido ejecutados
por dos pintores amigos lotimos del escritor: Repine y Gué. Los mejores bustos que de Tolsto'i existen
son los del escultor Guozbourg y otro, reciente y muy notalile, debido al cincel del príncipe TroubetskoY. Como en Moscou, también la pieza que sigue es la de la-condesa y alU se ven las huellas del buen
gusto y de la elegancia de la gran dama. Observé especialmente un soberbio retrato del maestro, pintado por Kramskoi' y otro no menos bueno de la condesa.
Después se llega á los departamentos privados.
El jardín, muy vasto, fué sembrado casi totalmente por el conde, en la época en que se dedicó, con
la pasión que le caracteriza en todo, á trabajos de agricultura. Entre los árboles frutales, dominan los
manzanos. Cuatro estanques ornan el jardín; uno de ellos, el que está cerca de la entrada principal, tiene las dimensiones de un lago pequeño. Tuve el placer de pasear allf en bote, acompañado por la hijita
del conde, que es muy diestra en el remo. A propósito de esto, diré que habiendo llevado á bordo, á algunos chicos aldeanos, de la edad de la Srita. Tolstoi', me asombró verlos raquíticos y enclenques junto
A ella. Esto consiste, tal vez, en que las condiciones poco felices de su existencia han retardado su desarro 11 o.
La condesa me esperaba. Fui en el acto á !~ terraza donde encontré toda una sociedad. La castellana, sentada frente á un samovar, tenla á su derredor á algunos de sus hijos; ningún cambio noté en su
fisonomía; el mismo rostro fresco y joven, que le vi en l\foscou, sólo algunas canas mncladas á su abundante cabellera negra, después de la reciente mue_rte de su hijo Juan. Estaban con ella sus bijas Maria
y Alejandra y sus hijos Ellas, Andrés y Miguel. Los otros hijos, Tatiana, Sergio y León, estaban ausentes. Entre los visitantes, se encootl'aba Tscberkov, uno de los más fervientes partidarios del conde y que
se ha ocupado en hacer entre el pueblo la propaganda de sus obras por medio de condiciones muy baratas.
Es una personalidad muy interesante, fué brillante oficial de la Guardia ímperial; elegante, inteligente, aristócrata y rico, renunció su carrera para dedicarse exclusivamente á su obra de propaganda.
Se encontraba también su compañero Birukov. Aristócratas ambos y habiendo dejado el ejército, sacrificados á su obra, penetrados de las mismas doctrinas y practicándolas de una manera muy concienzuda, tuvieron que destel'rarse. Echerkov vive hoy en Inglaterra y Birukov en S uiza, y ambos siguen publicando obras tolstoi'stas, uniendo el ejemplo á la palabra.
Otra figura interesante: un joven médico de Galitzia que cuenta las persecuciones que tuvo que su
frir por parte del gobierno austl'iaco, pot· insubordinación á la ley militar. Después de haber desempo·

REVISTA MODERNA.

259

liado durante cuatro meses el cargo de médico mayor, rehusó un día hacer toda clase de servicio militar.
Llevado ante un consejo de guerra, se le condenó á presidio y fué enviado á una compafíia disciplinaría.
Ali! resistiñ más que nunca. Le encerraron en un manicomio, donde se le tuvo en observación, hasta
que los médicos declararon que ya no estaba loco. Pidió una licencia do tl'es meses -y se la concedieron
de un año, pues el gobierno tenla prisa por desembarazarse de esa onj:i. peligrosa. Entonces decidió
irá. YasoaYa Poli:ana.
Mientras que yo escuchaba esa oanacióo, observé el uniforme del joven hijo de TolstoY Andrés
Lvotvitcb, que hacia en esos momentos un año de 'l"oluotariado, y pude ratificar que, como bac~ ya tiempo, las opiniones están divididas entre los hijos de Tolstor: las mujeres siguen las teorías del padre y los
hijos las tradiciones de la mlldro. En otro articulo dije ya, que Sergio Lvovitch ha sido funcionario, y
!le~pués de su matrimonio abandonó su empleo para consagrarse á la administración de sus pl'Opiedatles. El segundo, Ellas Lvovitch, se casó á los 21 aííos y se convirtió inmediatamente en un ao-ricultor
modelo que se 0cupa nada más de sus terrenos. Lev. Lvovitch, de salud muy delicada, se encoo~raba en
Suecia, que es la tiel'I a de su esposa. Junto á la madre se encontraba l\liguel, que cuenta 14 años y á
quien basta jugar como suficiente ocupación.
Las dos hijas mayores de Tolstor, Tatiaoa y l\Iaria, se han dedicado en cuerpo y alma á las ideas de
su padrE'; en los últimos afios, que el hambre cayó sobre Rusia, fueron para él auxiliares infatigatles en
la organización de ref~ctorios gratuitos en los distritos del gobierno de Toula. Las divergencias de opi11iooes entre ol conde y la condesa, no comprometen en nada, sin embargo, la tranquila harmonía que
reina entre todos los miembros de la familia. Sólo quiero transcribir una observación, que me parece
juiciosa, hecha por la Condesa en el curso de nuestra conversación en Yasnai'a Poli'ana. Se trataba del
Pode1· de las tinieblas, obra clasificada ya en el repertorio do todos los teatros rusos y que produce á los
director~s. sumas considerables; como Tolsto'i no quiere percibir nada de derechos de autor, se priva
llbÍ de aliviará muchos miserables que vienen á llamar:á su puerta.
Hay cerca de la casa un olmo viejo, denominado el árbol de los pob1·es, bajo el cual los necesitados
de los alrededores no esperan nunca en vano los auxilios de su bienhechor. Sin embargo, TolstoI desA~_rueba ~n principio la filaotropfa que se manifiesta solamente por medio del socorro pecuniario; cues•
t10n de simple c01·tesía, como dice él, no puede rehusarse, así como no se rehusa un vaso de agua á
quien lo pide. Pero el dinero dado va con frecuencia en eontra de la intención del donador, pues es e1
factor más seguro de depravación. En cambio, no economiza trabajo ni tiempo cuando se trata de rA·
dactar una petición de justicia en favor de un solicitante iletrado, de procurar medicinas á un enfermo
de aconsejar los medios para aumentar el rendimiento de las tierras, de autorizar ~el corte de leña e;
sus dominios, do ayudar á una viuda retrasada en sus labores agrícolas, en una palabra, cuando se trate de cualquier acto, de cualquiera palabra, que consuele en la desgracia, que ali\·ie una miseria ó instruya á un ignorante. Además rle los habituados del á1·bol de los pobres, ¡cuántos otros de todas las partes del mundo le escriben ó van á visitarlo para confesarle sus penas y pedirle la solución de los más
graves problemas de la vida! Quo sea un verdadero sufrimiento, una noble resolución y este escrutador
de conciencias sabe reconocerlo y decir con toda franqueza la palabra esperada.
A las tres de la tarde, la comida reune á todos los huéspedes de la casa. Entre los convidados, unos
(Tolbtoi', T~chertkov, Maria Lvovna, etc.) se dedican á los alimentos vegetales, mientras que los demás
comen carne. Y en esto también se hace sentir la doble influencia. Tolsto'i llena de atenciones á los vegetarianos, mientras que la Condesa tiene otras tantas para los carnívoros.
Después de la comida, TolstoY, acompañado de sus dos bijas más jóvenes y de uno de los huéspedes, fué á jugar una partida de lawo-tennis, mientras la condesa fué á traer su eámara fotográfica para
sacar una prueba, porque la fotografla es la distracción favorita de la señora de TolstoY. Desgraciada~eote el aparato no es para instantáneas, y á la dama le cuesta un trabajo enorme conseguir que sumarnlo no se mueva.
Ya, durante nuestra conversación de la mañana,. el conde, sauiendo que yo tenla la intención de escribir la historia detallada de su vida, me babia dicho:
- ¿Desea Ud. contar mis hechos y mis gestos? ¿En qué quiere Ud. que el público se iote1·ese por mi
,·ida privada?
Por la tarde, después del tennis, reanudamos nuestra conve1 sacióo. Intenté demostrar al conde
que el público está siempre ávido de detalles sobre la vida p1 h·ada de los hombres que se imponen á s~
atención, Y que esta curiosidad es comprensible, sobre todo cuando se trata de escritores de moralistas
de hombres políticos; en una palabra, de todos los removedores de ideas. El público qui~re saber si s~
manera de ,·ivir está de i::cuerdo con sus teorías. Y para apoyar esta argumentación. cité al Cristo de
quien Tolsto'i sigue las enseñanzas con tanto fervor, al Cristo que predicó no sólo co~ la palabra, ~ino
con el ejemplo.
- No está probado, me dijo; no siempre llevó la vida de abstinencia que se cree le o-ustaban los festines cuando la ocasión se presentaba.
'
"
-Pero no delante del público.
- Si.
. . ¿TolstoI _me quiso dai· á e~tender con esto, que ante todo hay que considerar Ja verdad de los principios sostemdos por un moralista y no debe uno inquietarse de la manera de ponel'los en práctica?
Abordé la cuestión por otro lado. Para pintar un estado de alma, el artista describe las manifesta-

�REVISTA MODER~A.

REVISTA MODERNA.

ciones exteriores, asl como el medio material en que se mueve su pel'sonaje, y hace más accesible la
idea abstracta que quiere exponer, materializando la acción. Así, pues, si se quiere hacer verdadera·
mente obra útil é interesante, el biógrafo debe proceder de la misma manera, porque colocando al escl'i,
tor en toda su realidad y presentándolo con sus ideas familiares, hace más completa la inteligencia de
sus obras. Pero también esta vez mi argumentación fué inútil.
-Pero, dijo el conde, cuando pinto un personaje ó describo una situación, no es con un fin determiuado, Digo sencillamente lo que veo y lo digo porque lo veo.
Esta contestación interesa, porque nos l'evela la manera de proceder de Tolsto"i y nos demuestra que
á. pesar de sus teorías, el artista ha seguido siendo artista. Pero seguía evitando el terreno en que yo
habla querido colocarme.
Sin embargo, cuando una objeción nos parece justa, ¿no es precisamente cuando la eludimos, por
medio de una respuesta ajena á la cuestión? Al hacerlo así, TolstoY me concedió la razón, por decirlo
así, y con toda tranquilidad de conciencia puedo seguir el curso de mis indiscreciones.
Además, dos horas después, Tolstor mismo me recordó una pregunta, que debe parecer la más indiscreta de todas. Esta pregunta fué:
-¿Vive Ud. según los preceptos que predica?
-¿Recuerda Ud., me dijo~ su pregunta de Moscou, que no contesté porque me lo impidió la partida
del tren? Pues bien, puedo decirle, con toda conciencia, que hago todo cuanto de mi depende, por arreglar mi existencia según los preceptos del Cristo, tal como los comprendo. Vivo lo más sencillamente
posible y mis necesidades no son muchas, y si no llego á hacer Jo que debía, es porque me falta la
voluntad.

Biljo el cual las esquilas ,·olt1•1111 1
l\Ie figuro que sois los sonidos
Que al contacto del sol se conde1111an.
Al rnzar en las tardes brumosas
De mi cuarto las grises vidrieru,
Remedais mariposas que espfa¡1
Tantas flores que adornan mi mesa.
¡Oh si vierais mi alma, la cubre
Con su encaje sutil la tristeza,
Como envuelve la blonda del liquen
Deshilado y verdoso las piedras.
No os asusta la lluvia ni el viento·1
Ay! de todo mi espíritu tiembla;
Es un lago: las auras le estrían
Y un insecto sus linfas inquiet;,
Eu los tibios crepúsculos áureos,
Cuando el sol entre nubes se aleja,
Entre nubes albeantes, y finge
Un turibulo rojo que humea¡
¿Qué escuchais apiñadas é inmóvjles?
Algo os cuenta la brisa. ¿Qué os cuenta?
Qué el rumor de de los saucos torcidos
Como biceps de enormes atletas?
Por qué á veces seguís la tortuosa
Dirección de extraviadas veredas1
Que se enlazan, ó cruzan y cinchan
De las lomas las gibas escuetas.
SemPjando las hondas pisadas
De un gigante avestruz, ó las huellas
Que señalan doblando los cardos
De un gran carro las llantas inm~nsas?
Por qué os amo? Quizás poi· lo frágil?
Por la irónica risa que llena
Y que os hincha,la dulce·garganta
Cual venero"que allí borbotea?
No lo puedo explicad No, no puedo.
Golondrinas, teneis compañeras
Que sollozan; ¿porqué ·estais cantando?
¡Oh las almas que está~ prisioneras! ....

260

(Concluirá) .

GOLONDRINAS.
A JCSÚ8 E. Valcnzucla.

¡Oh volved, golondl'inas, brillantes
Como extremos de lanzas guerreras,
Golondrinas cual cruces que flotan,
Golondrinas como anclas que vuelan.
Vuestro alegre charlar rechinante,
Me entusiasma, me arroba y semeja,
El rüido fugaz que producen
Al girar en sus goznes las puertas,
Dora el sol de la torre vetusta
La simbólica y alta cruz fénea,
Y parece de lejos, un cirio
Que ilumina las pobres aldeas.
Las volutas del templo, los nidos
De argamasa y pajillas esperan;
Oh volved, golondrinas, brillantes
Cerno extremos de lanzas guerreras.
En los tensos alambres que estiran
Tenazmente los postes, faena
Incesante de postes que suben.
O descienden corriendo las sierras,
Os he visto alinear; agraciadas
Sacudir el plumón, la cabeza,
Y las breves espaldas lustrosas
Cual pequeñas casacas de seda.
Y os he visto bajar al arroyo,
Y ~ngir, señalando una estela
Con el pico que busca otro pico,
Diminutas barquillas veleras.
Si girais en redor del cimborrio

261

Agosto de 1901.
AemL

C. SALAZAR.

LOS DOS HERMANOS ..
E tcnid~ una visión. Se me aparecieron dos genios, dos ángeles:.
Digo ángeles y geni&lt;'s, porque estaban desnudos y porque áe fos homb
i
I
entrambos partlan
. largas y fuertes alas. Los dos son J'óvenes. El
, uno t·IPne fros
01masf'f
11 enas, tersa Ia piel y negros los bucles de los cabellos.
Sus ojos obscuros, medio velados, con largas pestañas; la mira dainsinuant,• A,•ida Y alegre;_ el ro~tro encantador, un tanto atrevido y un algo maligno....
'
. . Los Ia_b10s rOJOS y abultados se estremecen, y el muchacho sonrle con autoiiclad
e mdolenc1a como persona segura de su poderlo.
Una apretada corona de flores, descansa muf'llcmcnte sobre sus brillantPs CRbellO!i
•d .
hasta sus he1·mosas y aterciopeladas cejas.
.
., y casi esc1endeAbrochada con una flecha de oro, abigarrada piel de leopardo cae li"erRmente desd 8118 d 00 d
hombros hasta sus caderas airosas.
"
e
re
os
Las plumas de sus alas tienen reflejos dorados, y las extremidades son de ttn encarnado .·
.
estuviese
· d
f
·
'1vo como s1
.
n moJa as en resca sangre. De vez en cuando se estreme:ien rápidamente las alita8
d
ciendo un rumor argentino como el de la lluvia en primavera.
pro u -

�262

REVISTA MODER~A.

El otro maucebo es ama.ril'ento y ílaco. A cada movimiento de la respiración se le marcan en el cuerpo las costillas.
Tiene el pelo rubio, fino y lacio; ojos redondos y enormes de un tono gris pálido; la mirada es muy
clara y muy inquieta. Todos los rasgos de su fisonomía, así la aguileña nariz como la saliente barba
donde sólo apunta un escaso bozo, parecen aguzados, y la baquita que adorna una dentadura de pez,
se mantiene entreabierta. ¡Los secos labios no habrán sonreldo nunca!
Es un rostro correcto, terrible, despiadado; pero tampoco la cara del otro, del buen mozo, con ser tan
bonita, no expresa compasión.
En torno de la cabeza del segundo flotan algunas espigas, ya desgranadas, que sujlta un tallo marchito, y en torno de la cintura ciñe un trapo de jerga gris; sus alas de un azul mate se mueven á compás, con lentitud amenazadora.
L'.ls dos muchachos parecían inseparables compañeros; andaban abrazados; la mano torneada del pri·
mero colgaba, como sobre un racimo maduro, sobre la clavícula seca del segundo; y la afi!ada mano de
éste, de flacos dedos, se extendla como un manojo de culebras sol;)re el blanco pecho de aquél.
Se oyó una v.:iz, y ve:eis lo que me dijo:
-Están en tu presencia el genio del amo_r y el genio del hamb1·e, hermanos mellizo,, im¡ u'sc re I de
cuanto existe.
Todo cuanto vive se mueve por el alimento ó por la reproducción.
El Amor y el Hambre .... tienen el mismo objeto. La vida no puede c~sar jamás; necesita sostene:·se
y necesita crear también.
lVAN

TURGUENEF.

YONO SÉ.
A M. A.

• Yo no sé por qué me niegas el favor de tu consuelo

y? no sé por qué, si es cierto que estás llena de merce'des
Ni~gas todas á quien te ama, yo no sé por qué si puedes '
Se1 benévola eres dura, ser volcán y eres de hielo.
Yo no sé por~qué tu mano, por qué el cáliz de tu mano
Desbordante de caricias y colmado de presentes
'
Los
E esconde de mi anh e10 , cua1 1as conchas trasparentes
1 rocío de sus perlas en el fondo :le! océano.
~h tus l~bios insinuantes! oh tus ojos soñadores!
~u1é~. b~biera de sus mieles! quién postrado ante su espejo
e mu a1 a en tus pupilas y mirando su reflejo
En tus labios apurara dulces néctares de flores.

y y o te vi desde muy lejos, nave esbelta y misteriosa,

ARIETA.

. o te_vi sobre las aguas en la noche tan obscura,

1, oscilaba como el casco ele una nave tu cintura
y tu manto se agitaba como vela temblorosa.

Sueño en un ángel que me sonrla;
En una aurora llena de sol,
Cuando en las sombras del alma mla,
Que empalidece la nostalgia
Nazca el amor .... !
Sueño en las glorías de un mediodía;
En unos ojos llenos de ardor;
En una fuente que cante y ria
Cuaudo en los triunfos de su alegria
Viva mi amor . ...
Slleño eil la tarde brumosa y fria
De algún Otoño desolador;
Cuando inclinando su faz sombrla
Entre los hielos ele su agonla
Muera mi amor .. .. !
Sueño en la noche tenaz, impía,
Que envuelva airada mi corazón
Cuando transcurra la vida mla
Sin esperanza, sin alegria,
Sin un amor .... !
JOSÉ JUAN

TABLADA.

Con mis manos suplicantes y mis voces desoladas
;tmo un náufrago yo entonces te pedí piedad y ay:H\11
, as_ la nav~ pasó absorta, mas la nave pasó muda,
'
Ent1 e el rmdo tumultuoso de las ondas encrespadas.

N Siempre, siempre el imposil_ile que tortura y que destroza,
un~a, _nunca la esperanza que es venero de alegl'ia;
Soy mcienso cuando tú eres escultura ciega y fria
Y cuando eres roca dura yo soy linfa que solloza. '
Yo no sé por ~u(i la virgen á quien amo de rodilla@,
La m_adona de OJOS tristes y de boca sonrosada,
No difunde en mis tormentos el fulgor de su mirada
Como el sol en los santuarios sus espléndidas gavillas.
Yo _no sé por qué la roca que la linfa despedaza
En mitad dd océano se levanta fieramente
Contemplando inconmovible y escuchand~ indiferente
A la ola que la besa, que la ciñe y que la abraza.
Sól~ sé que yo era un:árbol agitado por el viento
Con diamantes de armonía en cada una de sus hojas,
Donde nunca se posaron á quejarse las con.,.ojas
Donde nunca se detm•o crasitando el sufri;ient;,

y que el árbol que cantaba la esperanza y la ventura
~orno _un arpa milagrosa, con la escarcha del olvido
Y_ el rigor de los desdenes, ha quedado sin un nido
Sm una hoja y sin un ave, destrozado en la llanur~.

�ARo IV

~1Éxcco,

l 1t

QcrINCENA. DE SEPTIEMORJ,; DE

1901

NúM. 17

REVISTA MODERNA
AR'1"E

, ... CIENCIA.

DIRECTOR: JESUS E. VALENZUELA.

JEI&lt;'E DE REDACCION: JESU S URUETA.

Tip. de Dubld11.

EL INSECTO.
OÑl:: que estábamos veinte pcrsouas en un cuarto muy grande y con las ventanas abiertas.
Entre nosotros habla mujeres, niños y vie.jos. Hablábamos todos de un
asunto muy vulgar, gritando y armando confusa algarabla.
De repente penetró en la habitación, produciendo un agrio chirrido, un
insecto alado, de unas dos pulgadas de largo. Revoloteó algún tiempo y se
posó en la pared.
El avechucho se parecía á una mosca y tambii\n á una avispa: tenía el corselete de un color rojo sucio;
del mismo color las alas planas y dura~; las patas muy vellurlas y st&gt;paradas y la cabeza gruesa y angul('.
a11, eran de un tono encendido, como de sangre.
El bicho movla la cabeza sin parar, de arriba abajo y ,le tforecha á izquie1·da; de repente se despe6 aba de la parnd, revoloteaba con estridente ruido, y vuelta á la pared y vuelta á sac~dir la cabeza con
repulsiva terquedad. A todos nos causaba asco, miedo y terror; todos comentábamos. su fea traza y todos gritábamos •á echarlo fuera.• Todos sacudían el paiíuelo, pero á distancia respetuosa, porque nadie se atrevla á aproximarse¡ y cuando el horrible moscardón alzaba el vuelo, todos, sin querer, retrocedían.
Solo uno de nosotros, un joven pálido, nos miraba con sorpresa, se encogla d"l hombros y sonrela. Eralti imposible darse. cuenta de lo que pasaba ni explicarse nuestra agitación.
Sólo él no veía al insecto ni oia el pavoroso estridor de sus alas.
De repente el horrible moscardón clava en éllos abultados ojos .... se despega del muro y posándose
sobre la cabeza del joven le pica en la frente entre ambas ct&gt;jas .... El joven lanza un debil ¡ay! y caé
exánime.
El feo avechucho salió volando y entonces comprendimos quién era. Era la muerte.
IVAN

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TURGUENEF.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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NúM. 17

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DIRECTOR: JESUS E. VALENZUELA.

JEI&lt;'E DE REDACCION: JESU S URUETA.

Tip. de Dubld11.

EL INSECTO.
OÑl:: que estábamos veinte pcrsouas en un cuarto muy grande y con las ventanas abiertas.
Entre nosotros habla mujeres, niños y vie.jos. Hablábamos todos de un
asunto muy vulgar, gritando y armando confusa algarabla.
De repente penetró en la habitación, produciendo un agrio chirrido, un
insecto alado, de unas dos pulgadas de largo. Revoloteó algún tiempo y se
posó en la pared.
El avechucho se parecía á una mosca y tambii\n á una avispa: tenía el corselete de un color rojo sucio;
del mismo color las alas planas y dura~; las patas muy vellurlas y st&gt;paradas y la cabeza gruesa y angul('.
a11, eran de un tono encendido, como de sangre.
El bicho movla la cabeza sin parar, de arriba abajo y ,le tforecha á izquie1·da; de repente se despe6 aba de la parnd, revoloteaba con estridente ruido, y vuelta á la pared y vuelta á sac~dir la cabeza con
repulsiva terquedad. A todos nos causaba asco, miedo y terror; todos comentábamos. su fea traza y todos gritábamos •á echarlo fuera.• Todos sacudían el paiíuelo, pero á distancia respetuosa, porque nadie se atrevla á aproximarse¡ y cuando el horrible moscardón alzaba el vuelo, todos, sin querer, retrocedían.
Solo uno de nosotros, un joven pálido, nos miraba con sorpresa, se encogla d"l hombros y sonrela. Eralti imposible darse. cuenta de lo que pasaba ni explicarse nuestra agitación.
Sólo él no veía al insecto ni oia el pavoroso estridor de sus alas.
De repente el horrible moscardón clava en éllos abultados ojos .... se despega del muro y posándose
sobre la cabeza del joven le pica en la frente entre ambas ct&gt;jas .... El joven lanza un debil ¡ay! y caé
exánime.
El feo avechucho salió volando y entonces comprendimos quién era. Era la muerte.
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�REVISTA MODER~A.

CUENTO BOHEMIO.
A

W AI.I.Ar &amp;_ G ll.I.PAT RI CK.

E mi vida, amigo mío, de mi azarosa y turbulenta vida bohemia, es esta una sen•
tida remembranza que yo guardo al calor de mi cornzón que muchos cre~n
muerto . .. . porque se esconde bajo mi pecho como la madrépora bajo el oleaJe
inútil, para dar silenciosamente su floración coralina, que salida á flor de agua
se metamorfoseará súbitamente en mad1·eporita fosilizada ... .
De mi vida hast!ada de placeres, he arrancado este e11plicgo tardío que aro·
mó con su aroma uno de mis más bellos días, ya lejanos .. ..
Eramos: un amador de la música y de las mujeres- ho,\· mue1 to!- de altane1·0 perfil aquilino de Robert Henick y corazón de niño; un artista de ojos leopardesc?s. y ~asio~es violenta11, que debió haber florecido en Florencia y en el ciclo de Benvenuto; un p~qmdcrm1co c1tareda
membrudo, de dientes blancos y ojos bovinos, que cuando bebía de un trago su nno, golpeaba al drscansar el vaso; un pensativo de brumosas miradas grises, que soñaba sin encarnar jamás su sueño, de
cloróticas manos simiescas y lasas como sus cabellos marchitos, . ... y un cancionero obscuro . • . .
Todos éramos buenos muchachos- qué corazón hay maleado á.:los veinte años?-y bebiamos el vino
sano de nuestra adolescencia como una maiiposa la miel de su pl'imavera. Libábamos el amor en bocas
bermejas que eran copas vivas, y el placer en copas c1 istalinas que cantaban la canción de Lorelay
henchidas de Yino del Rbín, la canción de l\Iignon henchidas de vino de Ilungda, la canción de Carmen
henchidas de vino de Xerez! Sirenas ardientes, afroditas sexuadas para amar, locuelas mariposillas noc .
turnas deslumbrábanse con la luz de nuestra juventud combustionada de alegria, y venlan á rondar en
torno de nuestros ojos brillantes, de nuestras bocal! fresca11, de nuestras cabelleras copiosas, de nuestras
mejillas sonrosadas, de nuestras vidas briosas, pujantes y potentes . . . . Ah! la juventud, la salud y la
fuerza, los tres dones soberanos que encarnan la única felicidad en la tierra!. . . , . Venlan jacarandosas
v borbollantes de risas sonoras, comian con sus deditos nacarados en nuestro mismo plato á semejanza.
de los p:ij aros que picotean los duraznos, bebían en nuestro mismo vaso echando atrás el cuello mórbido como las aves alectridas, nos brindaban fresas rosáceas y ciruelas purpúreas de boca á boca, en un
vuelo de besos, y encadenados en sus brazos como los egipanes de cabelleras de algas en los brazos de
las nereydas oceánidas, nos dejábamos sumergir en las sirtes del deseo sedientos de gozar y despertá·
bamos al peán de las cornamusas que saludaban al padre Sol, en una perdida isleta basáltica y sobre
un lecho florido de llquenes errantei,!
Y bien! Una tarde nos hallábamos en torno de una mesa suntuosamente decorada de botellas ebrias,
cascos cuyo vientre habíase Yaciado en un glu glu de risa loca! Haces de flores tropicalinas agonizaban
en búcaros de Falenza y fru tas s:ipidas de cálidos climas, mameyes y ananas, sandias sacarinas y api·
fiados racimos bananeros a lrnLr.claban el ambiente con su olor carnal. Hablá bamos de cosas galantes, de
alegres y festh os episodios cuyo recuerdo se abatía como un enjambre de cantáridas sobre nuestras cabezas torbellinadas en la loca fiebre de amar, de expandir nuestra radiosa vivacidad de organismos ple·
tóricos; y después de los postres az ucarados bebiamos á pequeños sorbos el rico caf~ de nuestra.a ~-egas.
Aquel, por lo visto, habla sido un buen dla; las monedas cantaban en nuestros bols1llos con mus1ca argentina y n os proponlamos pas,u· la noche estrellada r n bulliciosa rondalla flan eadora, al són de las
mandolina tas a rrulladoras, al trav(•s d(• las callecitas de lilas blancas y bugambilias moradas de Coyoacáu, dond e u uo de los ama•lon•s servia r corteja ba á cierta primorosa. rubia de cabellera de hebras
di' sol.
Y á pesar de nUl'btra alegria, n os hallábamos contrariados: faltaba alguien de nosotros, el soñador
pensativo de brumosaR miradas g rises, que hacia varios dlas no espectraba su taciturna faz dantesca
ante nuestros ojos maravillados. Y nuestra locuacidad estallaba en frases grotescas:
-Duerme apaciblemente el sueño de la embriaguer.:!- decla Reróo, el artista de oj os de jaguar,

.267

- Lo encontraste bebido?- preguntó el citareda chasqueando la lengua con tanta fruición como
cuando hacia gemir las cuerdas de su cita1·a plañidera.
-Hecho una uva!. ... Parece que había naufragado en Oporto!.. .. Al intentar levantarse le faltó
tierra, y dijo dando una gran cabeceada hacia adelante:--•Sintomático .. .. eb? . .. . sintomático!•
-Y qué suerte corrió? ....
- Ful el Simón de Cirene de su via- crucis; yo querla dejarlo piadosamente reposar sobre el mármol de la mesita del café, pero el propietario se opuso con ostensible falta de caridad, y entonces lo remolquó rumbo á su casa; en el camino se despejó lo bastante para ver á la luz del gas una hembra pequeliita, enlutada, que bdncaba las lagunas del empedrado como un pájarn- mosca, enseñando un breve
choclo y una media calada . ... y entonces mi hombre reaccionó como por encanto y huyó en pos de la
trotadora . .. . .
- Por la entrada triunfal de Baco en Tracia!-interrumpió Oronoz, el aguen-ido mujeriego.-Eso es
bello!. .. . Oh poder del amor!. ..... Dejadlo que se embriague de amor y que duerma tan dulce sueño!
-Decías bien, Herón, que duerme apaciblemente . . .. Hace ocho días que duerme . ...
No bien decia esto el nasón cuya tremenda tisis que debla fulminarlo, se resolvía en una perturba·
ción constante de sus núcleos genésicos, cuando Herón, que estaba de frente á la entrada, exclamó:
- Dioses! . ... Qué miro . .. . !
Y al volver todos el rostro vimos entrar al pensativo de cabellos luengos, con un niño pequeiiito en
cada brazo; los bambinos tralan puesto el &lt;ledo dentro de la boca, y nuestro amigo aparecia risueño, pero con una somisa grave, y un rubor desconocido empurpuraba sus lóbulos y sus mejillas.
Una aclamación estruendosa vibró en el viento:
- Ave, ob patriarca! ... .
-Bien por el de Paul! .. . .
- Sinite parvulus!.. . . No lime tangere! .. ..
- Otro huevecillo de Leda? .... Cástor y Pollux? . ...
- Fundaste orfelinato? . .. .
- Entra, oh multíparo! ... . Siéntate y cuenta!
El recibió esta andanada sin inmutarse; todos nos hablamos ltwantado y Je hablamos quitado los pe·
queños á quienes proveimos de azucarillos y de frutas; Oronoz, que tenía el vino encantador, rela regocijado y hacía frases dispersas:
- Dios es pro,·idente y cuando da, da ámanos llenab!. . . . Aléarate1 foliz mortal1 que has encontrado muletas para tu no lejana paraplegia! .. , . Serán los báculos de"tu matusalé11ica v ejez! . . .. Essau pillosus erat, vero Jacob erat llanus!- agregó acariciando las dos cabecitas que, ciertamente, eran la una
crespa y vellosa, y la otra blonda y suavísima.
La fonda habíase quedado desierta. Nuestra algazara habla hecho huir á los bebedores de café y
helados; éramos dueños del recinto empalidecido por la agonla de la tarde, y alll, en aquella penumbra
propicia, nuestro pensati\•o amigo dijo as!, alzando su vaso henchido de vino rubio:
- .... Será el último!. .. . Amigos mios, oíd lo que os voy á contar .... . y no riais, que es esta mi
despedida de vosotros, de la hermosa vida bohemia que hemos vivido!. . . . . - Te acuerdas, Herón, del
encuentro que tuvim~s con aquella muchacha enlutada?. . . . . La seguí y la increpé, conferenciamos y
me aceptó; antes de llegará su casa, bebl aún, y cuando llegamos no supe de mi y me dormí profundamente. Al otro día, aún semidormido, oí algo semejante á un parloteo de pájaros, abri los ejos y me
quedé asombrado: yacía á medio vestir en un colchón extendido sobre el suelo; un rayo del sol de oriente venia sesgado al t¡-avés de unos pobres tiestos floridos, y filtrándose por los cristales de la ventana
abierta, dornba con su luz bella un grupo rafaelita: dos niños - estos picaruelos que veis- parloteaban
alegremente en un balbuceo del que yo no ola sino la música; me velan y relanse, acaso quedan que
despertara y alargaban el cuello para pronunciar un sonido inarticulado, y volvían á reir con el alegre
despertar de la infancia; cuando abrl los ojos su risa estalló .... . velanme como si ya fu~semos amigos!
Mi asombro creció cuando vol vi el rostro. Junto á mi dormla Angela, la saltarina de los pequeños lagos pluviales; su corpiño entreabierto dejaba ver un cuello de tez dorada semt'jante al ámbar rosa, sus
brazos eran redondos y hoyuelados, su cabello desceñido era de jalde seda floja; la pobre falda negra
yacía como un capullo del que hubiera surgido tan ruhia crisálida, y sus choclos salpicados de barro
parecían esperar impacientes la morbidez de los pequeños pies de linea purísima bajo su estil'ada media 1·osa y negra que se perdla entre su caracol bordado .. . . Y nada mb! ... . ni un mueble, ni una si•
lla, ni un perchero! . .. . Las paredes desnudas reflejaban el sol con tristeza, y en el centro de la habitación, el cuadro higubre y divino de la inocencia y del pecado, fatalmente unidos por un sarcasmo de la
suerte! . . . Dios santo! . . . . ¿Cómo pudo aquella muchacha rodar á semejante vórtice?. . . . . Qué depravación era necesaria para que llevar~ alli á sus amantes de una noche?. . . . . Sus hij os- porque se veía
(!Ue eran frutos de aquella mujer,-apenas menor uno del otro diez meses, habrlan a sistido inconscien•
tes á la horrenda profanación! .. .. Ah, la miseria, la espantosa y trágica misei-ia! . ... .
De súbito Angela despertó. Se incorporó azora da, me miró con ojos enloquecidos, inundó su rostro
la ola de un intenso rubor purpúreo, y después, palideciendo, dijo con voz sorda:
.
- Ah, señor, qué he hecho!. . .. para qué vendríamos aqul!. ... el alcohol, el maldi to alcohol de ano•
cblj .. . . yo estaba loca. . .. qué vergüenza! .. . •. desgraciada de mi. . , . . !
Y estalló en sollozos.

�RE-VISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

268

Los uiños, asustados, hablan enmudecido; y en la lobreguez de la estancia tlesnuda, los sollozos tle
la pobre muchacha resonaban fúnebremente. Yo estaba abismado, deprimido, tenebroso. La hora apasionante del despertar orgiástico, la crisis tremenda de nerviosidad, me abatía como á una bestia un golpe en el testuz; me sen tia miserable, manchado, abyecto, hundido en el fango de mis extravlos!.. . . Mi
soledad hastiada de placeres, mi juventud malograda en vagos y febriles deseos de algo que no viene
jamás, mi taciturnidad desencantada, mi impulsiva sed de amor atizada por el alcohC1l, mi esperanza
violada. y apuñalcada en la marchita senda de mi vida .... todo pasó en tétrica danza macabra por la
vesania de mi cerebro entenebrecido, sepultándome en el antro de mi drgradación espontánea! ....
- Mamá .... pan!. ... Mamá .... pan!
Este lamento de los niños, en quienes despertaba el grito de la vida, el latigazo del hambre en las
entrañas, me sacudió hasta la médula de mi ser y me hizo reaccionar.
-¿No cenaste anoche?-pregunti'~l mayor acariciándolo.
El movió la cabeza negativamente.
-¿Ni tu herm¡mito? ....
El niño dec.ia que no, c0n la cabeza, y me miraba pesaroso.
Entonces sentl que mi sangre aflula á mi corazón ungiéndolo para la lucha! ¿No habla yo dese&amp;tlo
inútiimente algo que llenara el vacío de mi vida? .... ¿No tenla ante mi una miseria. humana que redimir, un infortunio que exultar? .... Ah!. ... Sil- Ahora recordaba!. ... Ella me habla contado su histo•
ria, su triste episodio vulgar de seducción y abandono.... Uno de tantos truhanes de casaca la habla
gozado y la habla botado en el fango como se bota una breva saboreada!..... ~le había abierto su alma, á mf, pobre paria, pobre náufrago de la vida, á mi, el primero de quien no ola sensualidades ni lasch·ias para su boca de granada, para sus ojos de antllope, para su primorosa gracia. de danubia.na. blonda! .... Y por eso, por nuestra súbita simpa tia, por nuestro doble infortunio, hablamos querido ahogar
en vino las penas ideales en mi, y tremendamente reales en ella!
No pude más. Atraje á Angela y la besé castamente, si, castamente sobre sus cabellos dorado!!, y
dichoso y alegre de haber llenado el vaclo de mi vida inútil, la dije con amor:
-Que no sea lo de anoche un sueño!. ... ¿Quieres? .... yo trabajaré para tollos, para que nuestros
hijos-y mostré á los pequeños- no vuelvan á acostarse con hamb1 e!.. . . S.i acabó todo! -... S,, o!Yitló
todo! .... Aniba!. . . . . . no llores, perezocilla, á Juchar, á. vivir y á amar!. ....
. . . . -Ved por qué-concluyó- es este el último vaso que bebo con vosotros! .... Ya. no soy mio! ...
Eh! salud!. ....
Pero ninguno de nosotros rcspondla , y, brusc1mentt&gt;, al encenderse el gn!I, ,·i q ue mis hrrmano•, al
bebrr, mezclaban el agua con rl Yino!
I'

RUBÍ::S

l!JOI.

•

DEL LIBRO "LASC.4.S .. ,

:\I. CA:\IPOS.

mancas y finas, y en el manto apenas
visibles, y con aire de azucenas,
las manos-que no rompen mis cadenas.
Azules y con oro enarenados
como las noches limpias de nubÍa.dos,
los ojos-que contemplan mi3 pecado&amp;.
Como albo pecho de paloma el cuello¡
.,· como crin de sol barba y cabello;
y como plata el pie descalzo y bello
Dulce y tdste la faz; la veste zarca ....
Así, del mal sobre la inmensa charca
Jesús vino á mi unción, como á la ba,rca.
Y abrillantó á mi espll'itu la cumbre
con fugaz cuanto rica certidumbre,
como con tintas de refleja. lumbre.
Y tmele retornar; y me reintegra
la fe que salva y la ilusión que alegra;y un relámpago enciende mi alma negra.
Cárcel &lt;le Veracruz. El 14 de Diciemlire &lt;le 1893.
S ALVADOR

DÍ,\Z :\IIRíJX

i(i!l

�REVISTA MODERNA.

EN .LA CASA DE TOLS~fOI.
(GO~&lt;JLUY.E.)

La visita que hicimos á los aldeanos de Yasna1a Poltana babia sido muy instl'Uctiva, y Tolsto'i mismo tomó gran interés en ella. Además de la insistencia de la Condesa en hacerme aceptar la hospitalidad más cordial, yo tenla deseos de alojarme en casa de algún mujick, para observar así, más de cet·ca,
lo que es la vida l'USa, cosa que sólo conocla pot· mis lecturM. Tolstol" se of1·eció á acompañarme á buscar alojamiento.
Desde luego nos dirigimos á la caga de un aldeano, propietario de una que se distingula de las
otras porque era de ladrillo en vez de ser de madera. E~taba dividida en dos partes: una para el verano, ocupada por la familia del aldeano, y otra para invierno. Esta parte estaba mucho más limpia; pero, en cambio, ali! estaba el horno para hace1· el pan, y la atmósfüra era intolerable. Fué necesario llevar más adelante nuestras investigaciones.
Al conducirme á la casa da otro aldeano, el conde me advirtió que iba á presentann() uu tipo interesante. A una edad bastante avanzada, aquel hombre habla tenido la fuerza de voluntad de dominar
su gusto por la bebida y habla ingresado á la sociedad de temperancia fundada poi· TolstoL
-¿Fumás todavla? ¿No puedes corregirte de ese defecto? lllira cómo tienes la barba cerca de los
labios.
-¡Qué quieres, \'uestra Sarenidad! es la única satisfacción que me queda.
En la boca de aquel campesino, como en la de muchos otros, ese Vuestra Serenidad no tenla nada.
de obsequioso. l\le impresionó la sencillez con que se tutean el condti y los mujieks, y cuán desprovistas de aftlctadón están sus relaciones. Con frecuencia le llaman familiarmente abuelito. Dd hecho, el abuelo les habla como viejo mujick experto y al corriente de todas las Q,ecesidades de las gentes del pal.,. En
la casa de este mujick encuentro lo que busco. La casa es tambiün de ladrillos y la pat'te que se reserva para el invierno no está calentada; además, la familia parece vivir con holgura y el alojamiento re•
lativamente confortable. Convenimos en que volverla á las once de la noche y que me esperarlan.
Después de cambiarnos algunas frases el conde y el mujick, tocantes á la cosecha y á algunos otros trabajos de la aldea, nos dirigimos hacia el extremo opuesto de la. única calle. Alll era donde habitaba Pedro, un mujick de rara inteligencia y muy al corriente no sólo de las ideas de Tolstoi', sino de las de mu•
cbos otros filósofos extranjeros.
Caminando, encendí un cigarrillo.
-Hay, exclamé, tan pocos placeres en la vida!
-Si yo no prohibo el placer, me dijo el conde; por el contrario, y no encuentro nada tan antinatural
como el ascetismo. Solamente aconsejo la abstención de placeres malsanos.
Pedro estaba frente á su casa, ocupado en apalear trigo. Con la mirada radiante y los brazos extendidos hacia nosotrns, vino á nuestro encuentro é inmediatamente se entabló una conversación muy
animada, sobre todo por parte de Tolstot Sentado á la turca, sobre una especie de mesa, improvisada
por una tabla colocada en un tonel, el conde charló du1·ante más de una hora con Pedro, tratando diversos asuntos y exponiéndole, entre otros, la teorla de la nacionalización del suelo de Henry George, el célebre economista americano.
Seguramente, jamás babia escucha.do una exposición tan clara y tan sucinta á la vez, de un sistema sociológico tan abstracto como es ese.
-La tierra no es la misma en todas partes, decla Tolsto'i. En unas partes es muy fácil cultivarla,
es muy fértil en las proximidades de los grandes centros de cultivo. En otras no; mientras más ventajosa sea, mls solicitantes tendrá y aumentará de valor. Asl, pues, según el sistema de Henry Georges,
toda la füna rasa :i. R!'r propiedad del Estado¡ .,· eso es lo qne llama la nal'ionaipaciún del sucio. l rna

271

lt~y establece, que á contat· desde determinada fecha, la tierra no pertenece ya á tal ó cual propietario,
sino á la nación entera. Se procede entonces á valorizar el terreno; el que tiene mayor número de solicitantes se valoriza más caro; el que tiene menos, más barato. Asl, por ejemplo, entrn nosotros, en el gobierno de Toula, la tierra buena para el trigo, se valorlza1·á en 5 ó 6 rublos la deciatina (poco más de una
hectárea , la tierra para hortaliza, cercana á las aldeas, á 10 rulllos la deciatina. En la ciudad 1 la deciatina costará de 100 á 500 rublos; en !'lfoscou y en Petersbu1·go, en parajes céntricos, de 1,000 á 10,0::&gt;o
rublos. El producto de esos alquileres se empleará en las necesidades del Estado, substituyéndose en
esa forma todos los impuestos interiores y exteriot·es. Segitn ese sistema, Sofía Andrei'enal (la condesa
Tolsto'i), po;· ejemplo, que posee aqui mil deciatinas, se verá obligada á pagar al Tesoro de la nación, de
6 A 8,0J0 rublos por año, porque hay en sus propiedades varias categorías de terrenos. Pues bien, la
condesa nunca podrla pagar semejante impuesto, y se verla obligada. á abandonar la mayor parte de
sus tierras. El campesino, por el conti·ario, pagará por deciatina dos rublos menos de lo que paga hoy,
y tendrá siempre cerca terrenos vacantes, que podrá alquilar á razón de 5 ó 6 rublos pot· deciatina.
Además, no solamente no tendrá que pagar ningún otrn impuesto, sino que obtendl'it más baratas todas
las mercl!nclas, tllnto rusas como extranjera~, puesto que no pagarán derechos de entrada ni impuesto
Interior.
-Oh! si, comprendo muy bien. Ya he leido á Spence1·.
Encuentro esta escena en Resurrección, cuando el'hóroe de la novela, el pl'lncipe Nekhludov, intenta hacer comprender la misma teol'ia á. sus campesinos. Esto indica que no hay nada en esa obra que
no haya sido tomado del natural, y que en Nekhludov hay mucho de Tolsto1.
La conversación con Pedro recayó sobre la cuestión del clero. Ya en esta vez, el mujick fué quien,
por creyente que pareciese, tomó la pa.la.bt·a para demostrar r¡uo el clero es el prime1· obstáculo para la
clifusión de la verdade1·a doctrina cristiana, y que el objeto de los saee1·dotes es obscurecer la verdad,
con el fin de adquirir influencia y bienes materiales.
Se hacia tarde y era tiempo de regresar. Dejamos al mujick y seguimos hablando de las consecuencias de la aplicación del sistema de Henry George.
Por considerable que sea esta reforma y por utópica y revolucionaria que pueda parecerá espíritus
limitados y timoratos, dijo Tolsto'i, no por eso deja de ser tan fácil su realización, como lo fué la liberación de los siervos. Bastada. querer. Hace cincuenta. años a.penas, ¿acaso no parecla imposible y revolucionaria la liberación de los siervos? Hoy, no podemos comprende1· cómo una institución tan inhu• mana pudo subsistir tanto tiempo. De la misma manera, si la reforma reclama.da por Henry George se
llevase á cabo, nuesti·os descendientes, dentro de cincuenta años, se preguntarlan sorprendidos, cómo
los hombres que más trabajaban e1·an los que ganaban menos, y estaban allrumados de impuestos y trabajaban toda la vida en provecho de los que no haclan nada.
-Ah! si el joven Tsar quisiera inaugurar su reinado con esta grande obra! exclamó. Conquistarla
mayor gloria que la de sus antepas11.dos; como no la ha soñado ningún pl'lncipe del pasado ni del presente, en el mundo entero. ¡Cuán insignificante aparecería entonces la liberación de los siervos por su
abuelo Alejandro H, ante la realización de esta reforma mil veces más profundas, á la vez que pacifica
y racional! Y agregó:
~ 'l'en~o intenciones de escribi1· al T.;ar y de exponerle francamente m:s ideas. . . . \' alor que no
titme gran mórito en vet·dad. El T,¡ar es hombre, y pot· 10,anto asequible á todos los sentimientos humanos. En cuanto á mi, estoy demasiado viejo para teme1· más incomodidades ... .
Pl'onunció estas palabras con tanta calma y con tal acento de sinceridad, que se hubiera creido que
pensaba en alta voz. Al dla siguiente, TolstoY babia trabajado, según su costumbre, hasta la hora de la
comida. Inmediatamente después tuve intenciones de leerle ese paralelo, todavla incompleto, que habla
establecido entre él y Dumas, y que le! al maestro francós tres meses antes de que mul'iei·a. Le dije que
cntl'e él y Dumas yo encontraba muchos puntos de semejanza en los caracteres, en los escritos y hasta
en la manera de vivil·. Pero no hay que decir que existen g1·andes divergencias, que provienen de los
diíerentes medios en que naciel'On y de que no pertenecen á la misma raza.
-Cómo! exclamó, ¿todavía está Ud. con esas? ¿Todavla c1·ee Ud. en la influencia del medio sobre
el alma humana? Entonces creo que no podremos comprendernos. Lo admito de parte de esos liberales ó de eso3 revolucionarios que rechazan todo sobre el medio, que pretenden que es preciso cambiar
todas las cosas en su derredor antes que modificar al homure; esos esplritus perezosos, de voluntad débil, encueutrnn muy cómodo hacer quo 1·eca.iga la responsabilidad de todos los males sobre la organización sociitl. Es mucho má~ fácil trallajar cada día, cada hora, ca,ta minuto, eu e l perfeccionamiento
propio.
- Y la teoría darwinista ¿serla falsa?
- Xo confundamos dos cosas diferentes. Sin ser absolutamente partidario de esa teoría, puedo admitit' la influencia material de los medios; pero el esplritu puede y de!Je substraerse á ella. Pasando en•
tonces á los hechos, insiste en ese ejemplo de comparación entre Dumas y él, ejemplo propuesto por el
mismo Tolstc,l": la influencia del medio en que nacieron y vivieron, sobre sus ideas. ¿Xo encontramos
en el maestro ruso, miras necesariamente lógicas más amplias que las del maestro francés? Tolstor nació en un teneno sin• cultivo, poi· decirlo así; siempre ha estado frente A un horizonte ilimita.do y ha po• dido ver muy lejos; el edificio de la naciente civilización l'Usa no obstrnla sus miradas, porque casi todo
estaba por construir. En Francia, por el contrario, la vil'ja 1·a-za gala evoluciona dC!lde haco largos si-

�21Z

REVISTA MODERNA.

glos, que ha empleado en le,·antar su edificio social, después en derl"ibarlo y luego en·reedificarlo sobre
los mismos cimientos y casi del mismo estilo.
--Han subsistido muchas imperfecciones, y Dumas no pudo ver sino esas imperftlecioues de detalle:
las vió y las señaló efectivamente, pero sólo en el fin de sus días; y elevándose más y más, pudo divisar
Jo que el medio ruso habla permitido á Tolsto'i ver antes que él: el amor á la humanidad, la solidaridad
de las razas.
- Ah! sí, el ruso, el hombre universal! el hombre de la humanidad! exclamó Tolsto'i. Ese fué un sueilo de Dostoiewsky! ....
Y encogió los hombrns, demostrándome as! cómo estimaba ese sue1io.
-Si, prosiguió con tono tranquilo, el espMtu de los hombres puede manifestarse fuera de toda influencia material. Efectivamente, ¿cómo puede explicarse que Jesús é !salas hayan prndicado en Judea
lo mismo que, varios siglos antes que ellos, hablan predicado: Budha en las Indias, Confucio en China
y Zoroastro en Persia? Nadie puede dech- que esos hombres hayan conocido las ensefianzas de sus predecesores. Todos los hombres tienen en el corazón el mismo amor: la raza nada tiene que ver en eso y
no hay medio ambiente que impida sus manifestaciones. As!, desde hace largo tiempo que había reconocido en Dumas un alma humana, y sin haberlo conocido nunca personalmente, tuve la impresión, al
saber &amp;u muerte, de que acababa de perder un amigo.
Después, reanudando nuestra conversación sobrn el D.1.rwinismo, Tolsto'i me mostró los trabajos del
filósofo inglés Henry Drumond, el célebre autor de •La evolución y el progreso del hombre,&gt; donde se
hace resaltar la crueldad y la inconsecuencia del famoso principio de la lucha por la vida, que los da1·winistas hacen intervenir para explicar la evolución del mundo orgánico en general y de la especie humana en particular. Pero descuidan completamente otra ley, por lo menos tan importante y sin la cual
ningún se1· viviente podría existir, porque tiene su origen en la necesidad de reproducir, lo cual provoca, en primer lugar el amor maternal, ese amor que en las sociedades humanas se desarrolla progresivamente para llegar al sentimiento altruista. La sociedad no podría conservarse, si no hubiera lucha,
más que entt·e los individuos: es indispensable otro factor: la lucha por la vida en provecho de los serne·
ja.ntes. Tal es la fórmula de Henry Drumond. Toda su vida, me dijo Tolsto1, comprende dos funciones
primordiales: la nutrición y la reproducción. La primera exige la lucha egoísta y la segunda la protección de las demás vidas humanas. Los darwinistas sólo han considerado las necesidades de la nutrición,
de lo cual han deducido su ley única é implacable de la lucha por la existencia individual ó de la supervivencia de los más fuertes y de los más aptos. Asi, pues, sin la protección de los que nacen, así como
la de los débiles para los fuertes, el mundo detendría su marcha; sin los sentimientos de simpatía, de
amistad, de generosidad, de solidaridad y hasta de sacrificio (desarrollados en los animales superiores
y más aún en el hombre, por el perfeccionamiento lento del atractivo sexual y del afecto familiar) ninguna sociedad podría organizarse ni crearse. ¿Cómo explicar entonces la evolución social del ser humano, llegada hasta la consciente solidaridad, si no es por la evolución del amor, que existe latente en
la naturaleza?
Eu resumen, la opinión de Tolstoi" e,1 lo relath·o á la acción espiritual del individuo sobre las masas
--l\Ioisés, Budha, Sócrates, Jesús-no descansa en razonamientos puramente especulativos, sino er:. definiciones científicas que tienden á probar que las leyes de la materia no pueden aplicarse sin restricción
á las manifestaciones del espíritu, del alma, y que ésta puede tener sus leyes propias.
La hora era ya avanzada y me resolví á decir adios á mis huéspedes. Expresé á Tolsto"i mi deseo
de volverle á ver en mi próximo viaje á Rusia, y me contestó:
-Si estoy aquí .. .. si no, hasta más ver en el otro mundo.
¿Quiso decir que le quedan pocos años de vida, como le gusta repetirlo desde hace algún tiempo?
ó ¿cree en la supervivencia, creencia que no expresa en ninguno de sus escritos?
Mi incertidumbre se ha disipado hoy. En una obra nueva y todavía poco con:,cida, la Doctrina
Cristiana ( !) TolstoI nos presenta una atrevida hipótesis sobre la inmortalidad del alma, hipótesis que
para él es certidumbre y que no ha sido formulada nunca- que yo sepa- por algún otro, con semejante convicción.
E. HALPÉRINE-KAl\IINSKY.
Trad. de •Revista Moderna.•

~
~
., ~-~.
F

BALLAD OF THE HANDS.
Hands like petals of roses, fragile fingers of childhood
Seeking the bosom mate,·nat, the fountain of life ancl of being.
Thus in ineffable beauty, the hands of the infantile Jesus,
Bathed in milk and in light, as roses in dew and in sunbeams.
Hands pink-dyed with hot kisses, or rosy red with the heart- blood
That spriogs to the fingertips at the tender caress of a lover;
Hands like tluttering doves in the depth of the passioo of Joving,
Clasped on the throbbing heart that beats to the pulso of anotber.
Ifands both supple and strong, that passing along the piano
\Vaken to song in a dream of life-or of nothing.
Hands that express by a touch the sob or cry of the heartache
That ftoats forever upon the restless tide of the Infinite.

•

Hands as spotlcss as snow, that from the shade of the mantle
Gleam like pearls and mumine the prayer ascending to heaven;
Himds that hold in their clasp the well-worn circlet of prayer beads,
Symbol divine of the cndless chain ofhumanity's sorrows.
Hands of light and of !ove, that in the night of hcart hunger,
Bring consolation and pity, hope and Truth the undying;
Hands of eternal kindness; hands of the sacred and mysticAh! for we ali are brothers-brothers in pain and in sorrow.
Pallid hands of the dead lying cold on the pulseless bosom,
Resting in peacc at last, the !ove or martyrdom ended.
Hands that a1·e full of questions, of aspirations and longings;
Hands that, apart or together, are stretched in pleadings to heaven.
Hands of the benediction of old and tremulous priesthood,
That rise from the ocean of Time in mute and inutile oblation;
Hands of the Father Leon, bearing aloft from the altar
The body and blood of the Christ who died for the people.
Hands that bear in the battle the sword red-tinged with the lifeblood
That flows from the heart of a nation, fighting for life and for freedom.
Hands of the prince and the plowboy armed with destruction and terror;
Bloodred hands of the soldier that bear the sword in tbe battle.
Hands disfigured and hard that, from the arid and fruitless
Soil of the mountains wrestle a meagre existence.
Hands of miner and artisan steeped to the &amp;houlder in labor,
Bearing the barden of life in silence and sop·ow.
Hands that wtlre boro to labor, the firm, strong hands of the freemen,
Never at rest, but striving above us, below us, around us,
Ever they challenge the future unknown with the watchword of cProgress.•
Let theirs bé the harp to sing the grand song to the nations.
T.RANSLATION BY H. D. STEELE.

From the Spanish of Je~tís E. Valenzuel&amp;
(1) L'\ R,vt,t r .ll1.l•r111 p 1',li.1r.í p:-í.dnnm:ntc ft.tJm ·nto; &lt;l~ e.;t:i our.,, &lt;ksco:i,,d l.t atin cu ~I t'xico.

(") El original Cl!.Stellano de e~la ¡&gt;oe:;ía fué publicado por la Re.•ÍJ/11 .Vo.fem,, en la

1 ;'

quincena de Enero de 1900.

�ENIGM:.A. ..

/

Ca,\·ó la sombra y vi taimado auhelu
quo noche:\ noche la extensión escala,
busca en vano en los astros el walhala
donde mora mi espíritu gemelo.

A

UN PA ISAJE EST U~ ETAT O'A)IE.
I{.

F.Amie.l.

LOVIA tenuemente sobre el campo, el v1m.le ramaje de los sau.:es se hincha1,a sollozando acariciado por el viento, y en el espíritu de El goteaban
lentas y una á una las lágrimas de las fallidas esperanzas, de los dlas inútileP, de los vanos ensueños, de las estériles pasiones.
Sobre aquel ampllsimo marco de naturaleza deliciosamente entriste•
cid a, bajo la tienda gris del firmamento, Ella destacaba su elegante sílueta de l\Iate1: Doloro~11, ele mujer moJerna embellecida por el sufrf.
miento.
Durante diez años, habiala amado El, desheredado y soberbio, con amor humano, sin esperanzas y
l'll silencio. Por mucho tiempo la creyó feliz; y celoso de la dicha que otro recibia; suponiendo que Ella
habia:cntrevisto la ventura, bendijo al Destino.
Pero ahora, al contemplarla nimbada por la doble aureola del Dolor y del Arte, destacando su ele,
gante silueta sobre aquel marco de naturaleza entristecida, no fuó ya amor humano lo que por Ella sin,
tió, sino adoración, culto poi· la l\Iadona de Dolor y de A1'te, que paseaba junto á El su desencanto y su
¡n,·lancolía, bajo la tienda gris del firmamento, entre el sollo:.:o de los sauces y las lágrimas del cielo .
•\ntes, El, en sus tedios, en sus ti.,istezas, en sus miserias, sólo encontraba vacío infinito.
Ahora, en sus miserias, en sus triste¡¡;as, en sus tedios, an-odillaba su esplritu ante el santuario que
hal,ía levantado á la :\ladona de Dolor y de Arte, y en forviente plegarla le deciai
«Jfa Don11a, só la buena amiga mía hasta la hora de mi muerte. Con tus liliales manos restaña las
hci idas que en mi esplritu abrieron mis estériles pasiones y la vida .... con tus miradas puri:1imas ilumina las tinieblas de mis esperanzas .... con tu angélica voz, con tu voz celeste, con tu voz ungida por el
Arto, acalla mis tol'turantes inquietudes .... y con tu cabellera ei;plendorosa como astro, calienta y resucitn el cadáver glacial de mis ensueños,
ALD.E;RTO

LED(;C,

Como un ave de luz herida al vuelo,
que riega los plumones de ijU ala,
una estrella de súbito l'esbala,
rayando el lapislázuli del ciclo.
¿Es lágrima de un mundo ese aerolito?
¿Es Ella, que abandona el infinito
para buscarme en la existencia ingrata?
.... Oh! tú:dlmelo, Diana soñadora,
que entre la tarde que murió y la aurora,
dibujas tu paréntesis de plata!
Agosto: de IDO l.
All.1D0

Xi':R\'U.

E L N01\1BRE DE MARIA.
(DEL LIBRO "lOH rOLl.lllC!," D&amp; STECll&amp;TTI.)]

No porque pase el tiempo, ni por fria
indiferencia ó seducción tirana,
no por los cambios de la vida humana
te olvidaré jamás, amada mla.
Aun en el estertor de la agouia,
cuando asome la noche sin mañana,
al reco1·dar nuestra pasión Jejan11,
sollozará tu·nombre, mi l\larla.
Y alguien dirá quizás:- la hora drl llanto
llegó para el rebelde: anepentido
ese nombre aclamó bendito y sauto!
~lab uo. Eu el lecho funeral caldo,
murmuraré tu uombrn con encanto,
recordando lo bien -que me has querido.
BALBIKO

D.~YALOS.

�REVISTA MODERNA.

ALGUNAS IDEAS RESPECTO DE lNSTRUCCIOi\ PRrnJAl,IA
PR KS ENTADAS 8N t-'OR'.\IA UK 01.:.T,urns 1·u1&lt; GAlll~O DARUBOA,

.\ LA lO'.\ll~IÓN' SIJ\IORAU \ BN L'i t\ Jl.'NTA DE AMIGOS, RRl,.'NIOOS CO!'f El. ODJKTO DE PROMOVER LO •it,.;H r t·u1~E M!.R

L' I IL

l'ARA DIFlSOJR LA ILl':;TttAC1&lt;.&gt;s f.N , ,tx,co.
APRUH..\00 l'OR OIC IIA CO'.\ll~IÓN, TANTO K S LO CE~BRAt , C0'.\10 BN LO NPLAll\'O .\ LA 1•AR~'E

RRSOJ.UTJ\'A CON QUE 1·ERM INA,

INDIVIDUOS QUID COMPUSIERON LA COMISION DICTAMINADORA:
CC. Gabiu &gt; B:trred!l, lgnaci'&gt; Ra.mirez, Rafa.el M1rtinaz de la Tvrre, Guille:-m:&gt; Pl'ieto, Rl)bertl) Esteva.
L'educatlon constituc le prémle1· des arl~ Je ~cul
plclnem~nt généra\, cclui qui perfeccionnc l'nction
en amelioraot l'•geot.
A. Comtc. Syst~mc de Polit posit, t !\'. p PIIL

PARTE SEGUNDA.
DEL MIÍ:TODO QUE DEBERÁ ADOPTARSE.

t.:A~DO so lia. logrado resolvor, aunque ¡¡ea do uu modo 1::t11¡nrico 1 la cuestión preliminar relativa á la obligación legal de adquirír la instrucción
prima1·ia, se cree generalmente que ya no se ha de menester otra cosa sino aLrir escuelas y mandará ellas á los niños, sin cuidarse de los métodos que en ellas han de seguirse para la enseiíanza. Pocos, muy pocos
son los que comprenden, ó siquiera sospechan, que el mótodo en la instrucción primaria, no menos que en la secundaria, es la más importante
consideración pa1 a el buen éxito.
Casi todos creen que lo indispensable es que los ni1ios se instruyan,
importando muy poco, á su juicio, la manera de lograrlo.
Por nuestra parte, la convicción que tenemos de la impo1-tancia del método, es tal, que si fuese po·
hible entrar en posesión de un buen método de instrucción sin practicado y por lo mismo sin instruirse,
." si al propio tiempo se nos pusiese en la alternativa de elegir, entre una vasta instrucción con un mal
método, y la adquisición cabal de uno que fuese bueno, pero sin instrncción de ninguna clase, no vacila riamos en preferil' el segundo extremo al primero, bien persuadidos de que, en materia de educación,
nada hay comparable á la importancia del método.
Felizmente, semejante disyuntiva no es posible, pues el mejor madio de adquirír un buen mctodo do
instrucción, es el de ejercitarlo instruyéndose con su ayuda.
Por este motivo, al habernos reunido con el objeto de procurar, por cuantos medios estén á nuestl'O
11.lcance, la ilus tración del pueblo, y muy especialmente la de la generación que hoy se levanta, y que
maiiana formará la sociedad que nos ha de suced~r, nos hemos impuesto como principal tarea, la de propagar los métodos de enseñanza que c1·eemos no sólo prefel'ibles, sino indispensables para nuestro fin,
el cual no es otl'O sino el de formar una sociedad de hombres y no de maniqules; de personas capaces ele
ver l11s cosas como son y no como se las han querido otl'Os mostrar.
Nosotros nos hemos propuesto contribuir al mt&gt;joramiento de la instrucción primaria, porque nos asist-0 la más firme convicción de que este es el único camino, seguro aunque lento, ele poner r emedio á los
males q ue aquejan á la sociedad actual, y muy especialmente á la nuesti·a.
Las creencias antiguas desaparecen rápida y progresi vamente; pero ellas al desaparecer no son reemplazadas por ningunas oti-as, ó bien las que las sustituyen, no teniendo por base ni la experiencia ni la
observación de los hechos, sino tan sólo las fantasías, más ó menos bien intencionadas de sus autores, se
desvanecen más f.i.cilmente que las primeras á la menor contrariedad en la práctica, por lo mismo que
carecen de una base objetiva capaz de garantizar la evidencia de sus principios.
lrnas veces esa falta de fe en 111.s nuevas creencias, se muestra con franqueza en nuestras palabras
y Pn ntlP.,t1·Q~ escrito:1, no menos que en nuestras acciones, las cuales rev~ll\n una 1J1arcada tendencia a!

277

retroceso, para buscar en tos principios mismos que se hablan abandonada, un refugio contra el c.sccpti•
cismo absoluto, al que cada nueva decepción tiende fatalmente á conducirnos.
Otras veces esta mismll. falta de fe en nuestros llamados principios se echa de ver en las medidas Yiolentas ii que apelamos para sostenerlos, medidas con las cuales dejamos ver el fondo de nuestra alma, en
la que en vez de convicción hay capricho, en lugar de entusiasmo tiran la y pueril vanidad ofendida por
la contradicción.
Si se quiere subir hasta la fuente de eso sistema que tan funesto ha sido á la humanidad y que se
condensa en la conocida máxima: cree ó te mato, no es dificil lleg11.r á ver que ella es una emanación di•
recta de la manera con que hemos adquirido nuestras creencias, es decir, del método de nuestrn educación. Si ella está basada en la fe indiscutible y no en la convicción, el único medio á que podemos recur1·ir para obligar á los demás á ser de nuestra opinión, será el de la fuerza, el ~e la amenaza y el del cas•
tigo.
Se piensa generalmente que semejante máxima es exclusiva de Mahoma, porque él y sus sectarios
fueron los únicos que supieron formularla con precisión; pero en el fondo, ella es la norma dela conduc
ta de todas las teologías y de todas las doctrinas basadas en la metaflsica ontológica. Todas partiendo
del principio de una autoridad superior al hombreé indiscutible, llegan á la misma terrible disyuntiva.
Todas son idénticas en este punto, la doctrina de mansedumbredel Crucificado y la doctrina del sable del
profeta de la Meca, están en perfecto acuerdo en el fondo de la argumentación; la amenaza, ora de pre•
Htllltl', ora de futuro, pero siempre la amenaza, siempre la fuerza para lograr el asentimiento, para lograr
la fo, no la convicción. Las discusiones de los teólogos de todos los tiempos, versan sobre los deta:Je~,
11unr·a sobre los hechos fundamentales; éstos no se discuten, se creen bajo pena de muerte. ¡Siempre el
mismo dilema, ó crees, ó te mato!- La metaflsica ontológica, esa especie de teologla degenerada, no co·
11oce tampoco otro procedimiento: el que no cree en las supuestas leyes de sus entidades imaginarias, eso
debe morir para convencerse.
El sanguinario Robespierre, es el ~fahoma do la polltica ontológica, como este último es el Robcspie·
rrn de la potltica teológica. Pero no, esta comparación no es exacta sino en cuanto á los medios; el fin
csiablcco entre ambos personajes una inconmesurablo distancia. ¿Qué comparación cabe bajo el pur.to
do vista de los resultados, entre el glorioso fundador de la civilización musulmana y el sanguinario l\ intolerante tribuno, que asl mandaba al cadalso á los católicos realistas por su falta de emancipación men·
tal, como á Danton y sus amigos, á quienes tachaba de inmorales porque hablan avanzado más que t·l
en esto punto? (I J ¿Qué comparación cabe eetre el que logró, con ayuda de sus inmortales sucesores,
transformar un pueblo salvaje en el emporio de las ciencias y de las artes durante la Edad l\Iedia, y el que
no supo afianzar uno solo de los progresos de la revolución, comprometiéndolos todos con su absurclR.
metafísi ca, é iniciando y apresurando la retrogradación que debía drstruirlo~! Si yo he puesto j untos estos dos nombres, es sólo para que se vea que las opiniones más encontradas pueden, en virtud de estar
cimentadas en un mismo método, conducir á medidas idénticas, y para demostrar que la inquisición y el
terror son hermanos gemelos hijos de un mismo principio: la sustitución ele Ja autoridad sobrehumana á
la convicción basada en la utilidad.
Yista ya, por medio de esta indispensable digresión, la inmensa importanciR. que acordamos al métouo con ayuda del cual surtimos nuestra mente de conocimientos, de creencias y de ideas, no so extraíiani que nuestro principal objeto al querer tomar parte en el movimiento que se nota, más ó menos,
pero por todas partes, en favor de la instrucción primaria, haya sido el de que ésta se cimente sobre
bases diversas de las que hasta hoy le han servido de apoyo, para lograr asl, de un modo seguro, y
1•11 realidad rápido, aunque con apariencias de lento, una verdadera reganeración social pacifica y fructuosa.
Si se examina lo que hasta hace poco se tenia hecho en mate1 ia de instrucción, tanto secundaria como
primaria, pero muy especialmente primaria, se verá que todo consiste en la acumulación de principios -y
1lc concepciones abstractas, que se presentan á los niños, or.1 bajo la forma de definiciones, ora bajo la
d e axiomas, ora bajo la de reglas que los educandos deben depositar en su mente exactamente formuladas y, poi· decirlo as!, digeridas ya. Este papel de parásitos asignado as! á la inmensa mayoría do las
inteligencias, y que no exige, por su parte, otl'O esfuerzo que el de la simple absorción de materiales ya
rlaborados, no sólo estimula la pereza, sino que debilita y atrofia los órganos de nuestras más importantes facultades, no dejando en actividad sino la memoria. A fue1·za de no almacenar otra cosa que las
abstrncciones y las concepciones generales emanadas de inteligencias ajenas, se acaba por creer qu e nada hay que hacer y que no nos queda sino aprender Jo que otros han hecho ya; se cae, en fin, en la manía de buscar siempre autoridades y no pruebas, textos y no hechos.
Fn lu;;-ar do cultivar y robustecer todas nuestras facultades, sólo se ejercita la memoria duran to la
educación primaria, y todo aquello que no puede aprenderse asl, ó se abandona ó se enseña de un m.o do
puramPnto mecá nico, sin ningún esfuerzo verdaderamente intelectual. ¡Qué mucho que más tarde, cu11.ndo esas inteligencias han de dirigirse por si mismas, en asuntos prácticos, en los cuales tendrán que formar sus propias concepciones generales, para sac1tr de ellas los preceptos que deben normar su conclnc(1) La cducaci,:n puramente literaria de este dictador, no pcrmitla que su vista traspusiese los límites de la ontologfa ronlradictoria de Roussenu; y los monnrquistas que estab:m más acá del jacobinismo, y los Daotonianos que estaban m:ís allá, eran
á sus ojos igualmente criminales: ambosdcbfan !tr con\'encidos con e l perentorio argumc':.to de la m.iquina de Guillotin.

�REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

ta, se encuentren con dificultades insuperables, y busquen para todo el arrimo de una autoridad cnalquiera, siquiera sea la menos digna.
Este funesto resultado se agravaba antes, de un modo lamentable, en la educación secundaria, con
el estudio de la lógica puramente deductiva con que se iniciaba la instrucción secundaria, iniciación que
muchos creen hoy todavía indispensable. Este estudio, con el cual sólo se enseñaba á interpretar propo·
siciones formuladas ya, á poner de manifiesto las verdades más ó menos claramente impllcitas en ellas,
:l. manipular y resolver sin cesar verdades axiomáticas ó tenidas por tales, sin agregar un solo hecho
nuevo que pudiera comunicarles alguna Yida y fecundidad, no era ciertamente propio para formar hombres de iniciativa y de progreso, sino rutineros ergotistas enemigos de toda verdad que no fuese una
emanación silogística de sus inatacables textos, ó revolucionarios igualmente intolerantes, que entusiastas por el progreso y sintiéndose aprisionados en una red que no sabian desenmarañar, precisamente
porque en ella se encontraban presos desde sus primeros años, se resolvían á romperla con violtlncia, con
la idea de recobrar su libertad. Por desgracia, y como una consecuencia natural de esa misma educa·
ción viciosa, al querer emanciparse de sus primeras traba~, so han visto, sin sentirlo, prendidos en las
mallas no menos apretadas de la ontología.
Mucho erraria, poi· lo mismo, el que se imaginase que nuestro objeto se alcanzaría con sólo la multiplicación de las escuelas, ó con modificar ius programas, aumentando ó extil}guiendo tales ó cuales
materias; no, cualquiera que sea la importancia de esas cuestiones, y nosoti-os se la asignamos muy grande, ella le cede á la inmensamente trascendental del método. Como medios propios para inculcar, gene·
ralizar y facilitar la aplicación de un buen método, es como consideramos de suma utilidad el examen
de los programas de estudios primarios. Es inútil añadir que lo mismo pensamos de los programas de
los estudios secundarios. l\Iucho se atiende á las materias y poco ó nada se piensa en general en los métodos. Nosotros creemos que es una gran falta. El estudio ele ciertos ramos es muy importante para la
educación, precisamente porque ellos requieren indispensablemente ciertos procedimientos lógicos que
caracterizan un método.
Si los defensores de las antiguas ideas hubiesen comprCllllido á fondo esta verdad y su tl'ascendental
impol'tancia, no habrfan jamás admitido rn sus programas ciertos estudios, que exigen y desarrollan por
necesidad el método objetivo. El perjuicio inmenso quP. hizo la brecha Íl'reparable que abrió en ciertos
sistemas el cultivo de la astronomla y de la füh:1 1 d d la qulmica y de l11. geologla, de la botánica y de la
zoologla, como elementos de educación, aun cuando en gdneral limitados á ciertas clases, no pudo felizmente ser previsto ni sentido en su principio, sin lo cual la repugnancia instintiva que esas ciencias inspiraron siempre á la teologla, se habría cambiado en una guerra abierta, que habria retardado aunque
jam:\s impedido su desarrollo.
Ni el terror ni la inquisición renacerán) a. ,o por las objeciones que se les han hecho por los filó•
sofos ó por los moralistas, sino porque el punto de vista ha cambiado, pol'que el método de resolver las
cuestiones es diferente, porque la observación y la nperimentación se han substituido á la autoridad,
porque la ciencia se ha sobrepuesto á la ontologla.
Es, pues, á cambiar, sistemar y apresurar el puuto de vista, á darles á nuestras concepciones otro
principio y otro objeto, á donde deben dirigirse todos nuestros esfuerzos. ¿Quién no comprende entonces por qué clamamos para que él se inicie desde los primeros pasos de la educación? ¿Poi' qué deseamos
contribuir á tan importante progreso con nuestras débiles fuerzas? Ellas son débiles, sin duda, pero confiamos en que seritu eficaces porque son conscientes y no automáticas, cimentadas en la convicción y no
rn el simple hALito.
Si como lo esperamos, logramos propagar y difundir esta convicción en los que inmediatamente tienen á su cargo la importante misión social de la educación de la niñez, no duclamos que bien pronto se
harán sensibles sus saludables resultados.
En el arte de la educación, como en cualquiera otro, dos puntos son los que deben fijarse previamente: 1°, el fin que uno se propon&lt;', y 2", el plan que debe adoptarse para conseguirlo; vamos á tratar muy
someramente ambos puntos, porque no es ni remotamente nuestro Animo escribir un curso de pedagogla,
sino sólo dar los principales fundamentos de nuestl'O modo de ver. No diremos, pues, sino lo que creamos
indispensable para nuestro fin, dl'jando para m:\s favorable oportunidad el necesario desarrollo de estos
preceptos.
Comenzando, pues, por el objeto de In educación en general y de la primaria en particular, es evi•
dente&gt;, sPgún lo que se ha indicado ya, que ó no se ha pensado en él ó se ha equivocado enteramente. La
educac1ú11, según puede colegirse hasta del nombre mismo con que frecuentemente se le designa, es y debe ser un verdadero culti1;o. La similitud, ó ml'jor, la identidad fundamental de ambas cosas, ha sido
siempre reconocida de un modo tan universal y tan espontáneo, que así se dice en todos los idiomas, que
se cultiva una inteligencia, como que se educa una planta, y viceversa. Ahora bien, el cultivo, para toma!' la expresión que mfts cuadra á nuestro Cfbjeto, el cultivo puede emprenderse con uno de dos fines:
ó con el de desarrollar al indivicluo con todas sus p'ropiedades ó atributos, ó con el de procmar el mayor
desenvolvimiento de unas á expensas ele las otras: se cultiva el tl'igo y demás ce reales para obtenerlo
con todas sus propiedades, pero en mayor abundancia; se cultivan las !."'.isas ó las dahalias para lograr
que sus pétalos se multipliquen;y embellezcan, aun cuando set&gt;. á costa de sus estambres. Esto segundo
constituye una monstr1w,~idad á los ojos de la filosofla de las causas finales y de la metaffsica ontológi•
ca, porque con t'~ll elasc de cultivo, vamo.v contra los ftnes de la naturaleza, impidiendo la re¡,rodncción

por semillas) mutilando lo que ella ha creado. Otro tanto debieran, en realidad, decir respecto del primer modo de cultivo, y en general, respecto de tocia intervención humana en las obras de la creación, si
por una feliz é inseparable inconsecuencia de esas añejas doctrinas, no se tuviesen siempre listos dos pesas y dos medidas para juzgar nuestras acciones de todo género segtm las circunstancias. Sea como fuere, es un hecho que el hombre puede, conformándose con las leyes fundamentales de la organización
vl'getal, modificar, dentro de ciertos limites, cacla dla más y más amplios, los caracteres espontáneos
de los vegetales, y que á esto se llama cultivo, ora se trate de la una, ora de la otra especie de resultados.
¿A cuál, pues, de estas dos clases de cultivo pertenece ó debe pertenecer la eclucación de la niñez?
Es decir, ¿qué fin debemos procurar alcanzar con ella? La respuesta á. esta pregunta exige una distinción preliminar entl'e el cultivo moral, intelectual y corporal ó ffsico.
El cultivo moral pertenece inconcusamente á la segunda especie, á aquel en el cual nos proponemos
obtener el predominio de ciertas facultades á expensas de otras. Nuestra existencia moral se compone
naturalmente de dos clases de inclinaciones; unas, reconocidas como buenas y provechosas para todos;
otras, calificadas con justicia de malas y de nocivas . El cultivo, en este caso, debe consistir en hacer todo aquello que sea propio para robustecet· y hacer predominar las primeras, debilitando, y si es posible,
haciendo desaparecer las segundas, para que en nuesti·os actos sólo se haga sensible la influencia de los
buenos instintos. Esto, en concepto de los ontologistas arriba citados, deberla. constituir también una
monstruosidad, con el mismo titulo que la producción intencional de una flol' sin espinas ó de una vaca
sin cuernos; esto, á su punto de vista, deberla reputarse como una punible infracción del derecho natural de la flor, de la vaca ó del hombre, á quienes ella dió los inalienab'.es d erechos de llevar espinas y
cuernos, de tener envidia, avaricia, etc., etc.
Por fortuna, en virtud de la natural y ya mencionada inconsecuencia de esas doctrinas y de los que
las profesan, el cultivo moral se ha mantenido siempre en esa dil'ección, aun cuaneo para ello se ha~·a
creido indispensable invocar otros motivos ajenos á la sociedad y á la utilidad.
Pero si el cultivo moral debe inconcusamente pertenecer al sistema de los desarrollos y de las atrofias parciales, y, por clecirlo asi, ele compensación, no sucede otro tanto con el cultivo intelectual; en é l
uo hay compresiones que ejercer ni atrofias que solicitar, porque ninguna de estas facultades es nociva,
ni siquiera inútil; alli todo se debe robustecer, todo se debe estimular, Pjercitar y adiestrar, porque to,lo
es indispensable y aun insuficiente para satisfacer nuestras necesidades.
Cualquiera que sea la dh·isión que se adopte respecto de las facultades intelectuales, preciso t•s
siempre reconocer que somos más ricos en pasiones que en inteligencia, y que si en aquellas hay mu·
cho que refrenar, en ésta la pobrrza ele nuestro caudal nos obliga it tener continua necesidad ele todo él.
Observar, analizar, generalizar, denominar ó nombrar, describir, definir, clasificar, y por último, inducir y deducir, son incesantes é indispensables ocupaciones de nuestra vida práctica ó especulativa. Sin
inducción ó deducción, es decir, sin inferencia basada en antecedentes, no hay previsión, y sin previsión,
ni ·e1 más trivial asunto puede conducirse.
4,hora bien, se comprende fácilmente que el éxito de cualquier negocio depende de la exactitud de
_nuesfra previsión, y ésta, a su vez, de las infürencias, ora inductivas, ora deductivas en que se funda.
Pero la inducción, y aun la deducción, no son posibles sin el conjunto de las otras operaciones mentales:
1uego su cultivo es igualmente obligatorio para todos los hombres que quieran merecer el nombre de
libres, y conducirse por si con conocimiento de causa.
Si se quieren educar hombres en vez de máquiuas ó acémilas, es preciso que la educación del entendimiento sea completa y universal.
El modo de asegurar 111. necesaria subordinación de los inferiores á los superiores en cualquie ra categorla, no es impidiéndoles que discurran, como en el sistema que ba caducado, sino poniéndolos en aptitud de apreciar la inevitable necesidad, asi como la inconcusa utilidad de esa obligación.
~o es pl'eciso para esto formar un pueblo de sabios ni de filósofos; pero si es necenl'io tratar de fo rmar una generación do hombres lógicos, prácticos, que conozcan el enlace natural de los hechos, ~ a r ntre si, ya en sus relaciones con nuestra organización.
Esta lógica inflexible de que todos los hechos están siempre saturados, este enlace invaJ"iable entro
los antecedentes reales y los consiguientes efectivos, es lo que nosotros deseamos que se inculque durante la primera educación.
Nosotros queremos que, en vez de esa armonla puramente subjeLiva é ideal con que se ha procura•
do contentar hasta aqui la imaginación de los niños, y aun la de los adultos, se les haga palpar la a rm onla l'eal de las cosas, como ellas son y como todo el mundo las ve.
Sin eluda, presentando, según se acostumbra hoy, un enlace puramente subjetivo, como objetivo,
danclo un arreglo de nuestra propia creación como un hecho realmente observado y demostrado, se pu cide con notable faciliclad satisfacer á una inteligencia infantil; pero esta corta ,·entaja no se alcanza sino
con el sacrificio del porvenir de la inmensa mayorla de los educandos. Solo aquéllos que reciban u na
educación secundaria completa, serán los que más tal'de podrán llegará comprnnder que el enlace de
nuestras ideas de las cosas, no es siempre una garantia del enlace de las cosas mismas, que aquello que
noaotros creemos vel' muy claro con los ojos del esplritu, suele ser muy diverso de lo que al fin log1·amos
ver con lo, del cuerpo. E11ta verdad que, pre,entada al principio de nuestra c11rrera, babrin. Fido la base

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�REVISTA MODERNA.

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.ARo IV

de uu sistema de convicciones completo y firme, viene ,i. ser, cuando se reconoce tarde, un motivo de amarga decepción y aun dt1 incurable y estéril escepticismo. Pero lo que hay de más grave es que la inmensa
mayoría tiene que conformarse para siempre con esta instrucción, condenados á vivir continuamente en
un mundo de puras entidades subjetivas, que ellos toman por seres reales, lo cual los mantiene en una
especie de perpetuo sonambulismo, durante el cual se alimentan de fantasmas, pudiendo vivir de realidades. No quiero presentar otro ejemplo de este subjetivismo excesivo, que esa monomanla espiritista
que ha invadido hoy no pocas cabezas, y en virtud de la cual se pretende hallar en el mundo subjetivo
de los espfrltus la solución de los problemas pbjetivos de nuestro mundo material.
No hay necesidad de añadir que ni la más sencilla de esas deseadas soluciones ha podido encontr11rse por ese camino, y que los csplritus nunca contestan otra cosa sino lo mismo que ya estaba en la mente de su cándido consuitor.
Es urgente, por tanto, acabar con J¡i. raíz de tantos desvarios, que hacen á los hombres un perpetuo
juguete de los ilusos ó de los charlatanes. Otra enfermedad mental que esta especie de educación está
también destinada á curar, y sobre todo á prevenir, es la tendencia todavía muy general á creer que los
nombres de las cosas encierran en si todo lo que hay que sabe1· sobre éstas, y en buscar, por lo mismo,
la prueba ó la refutación definitiva de nuestros asertos en las definiciones, en vez de procurar hallarllls
en las cosas y en los hechos.
Esta propensión á transformar toda ciencia y toda noción en un puro a1 te cabalistico, lejos de curarse se agrava en la educación ulterior, con ciertos estudios profesionales, como los del Derecho, por
P-jemplo, en los cuales, tratándose de prescripciones positivas y escritas, nada hay más natural que el estudio de las palabras en que ellas están concebidas. Pero si el titulo de verbo1·um si,qnificatione puede
ser decisivo en la interpretación ele las leyes de los hombres, en la de las leyes de la Naturaleza, los he•
chos y no las palabras deben fallar en definitiva. Y sin embargo, ¿quién no ha tenido ocasión de deplorar la conducta inexplicable de hombres d,• alta capacid:v1 y de inmensa erudición, que en asuntos prácticos cometen los más graves errores á fuerza de P11•artar silogismos fltndados cu puras palabras?
La necesidad de corregir desde los p1irncros aiio~, con la preoión de la realidad, esta tendencia cabalistica, 110 puede, pues, ponerse en duda.
En la educación objetiva y práctica es, puc,:, donde ú uieamente ebtá el remedio y la verdadera re.
generación de nuestra especie, por el &lt;'jerclcio completo que ella exige y proporciona á todas nuestras
facultades.
Con una instrucción de puras palabras, eomo la que se ha dado basta aquí, aplicación y memoria
son suficientes, y este trabajo de plast(cidad puramente pasiva dt1 nuestro cereb ro, en el cual se limita á
retener lo que le viene de fuera sin prJ,ducir cosa algun 11, no es riertamente propio para mejorar, sino
para entorpecer y debilitar, con el transcurso del ti11mpo, nuestras facultades mentales, bajo la influencia
incesante de un verdade1·0 atavismo intelectual.
La necesidad de un cultivo completo ele nuestro entendimiento, emprendido sistemáticamente desde la primera edad, se recomienda también por el atractivo mismo que él presenta pa ra el niño, y el consiguiente estimulo que de aqui resulta, asi como también por una fatiga menor y menos rápida.
Sucede con el f'jercicio mental como con el corporal; la fatiga sobreviene muy pronto, aun con un
%fuerzo poco intenso, si él exige la tensión permanente de un solo sistema de músculos, y con mayor
razón si es la el,~ 11110 solo, mientras que un esfuerzo mucho mayor podrá prolongarse por largo tiempo,
si se reparte n:tcrnativamente en dos ó más. Una persona que no podría permanecer en pie é inmóvil un
cuarto de hnra, sin experimentar una fatiga y una laxitud indefininibles, podrá caminar horas enteras,
no sólo sin fatigarse, sino hast:i. con placer. l\fás aírn: la tensión continua de un músculo lo debilita, lo
atrofia y lo paraliza en vez de robustecerlo, como lo hada el ejercicio alternativo.
Otro tanto, y por la misma razón fisiológica, sucede con nuestras facultades intelectuales; la tensión
continua de una sola de ellas, aun cuando sea moderada, es muy pronto seguida de cansancio y de fastidio, que son su indicio y su resultado seguro.
La verdadera economía de la fuerza intelectual, as! como la de la muscular, no consiste en no solicitarla, sino en exigirle esfuerzos poco prolongados, aun cuando sean frecuentes; con estos dos requisitos
el ejercicio es una base ele progreso y un manantial ele bienestar, ora se trate de nuestras facultades flsicas, ora de las mentales.

MÉXICO,

2,i QUINCENA.

DE 8EPTIEMDRE DE

1901

18

MO DE RNA
ARTE Y
DIRECTOR: JESUS .E. VALENZUELA.

CIENCIA.
JEFE DF. TIEDA CCION : .JESUS URUETA. '

Tir.

( Continuará).
GAlllNO

NúM.

BARREDA.

Pnon.T.l~

DE l\I1ouEL A::.GEL.--CAPILLA SlxTINA. ROMA,

de Dublan.

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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                    <text>REVISTA MODERNA.

280

.ARo IV

de uu sistema de convicciones completo y firme, viene ,i. ser, cuando se reconoce tarde, un motivo de amarga decepción y aun dt1 incurable y estéril escepticismo. Pero lo que hay de más grave es que la inmensa
mayoría tiene que conformarse para siempre con esta instrucción, condenados á vivir continuamente en
un mundo de puras entidades subjetivas, que ellos toman por seres reales, lo cual los mantiene en una
especie de perpetuo sonambulismo, durante el cual se alimentan de fantasmas, pudiendo vivir de realidades. No quiero presentar otro ejemplo de este subjetivismo excesivo, que esa monomanla espiritista
que ha invadido hoy no pocas cabezas, y en virtud de la cual se pretende hallar en el mundo subjetivo
de los espfrltus la solución de los problemas pbjetivos de nuestro mundo material.
No hay necesidad de añadir que ni la más sencilla de esas deseadas soluciones ha podido encontr11rse por ese camino, y que los csplritus nunca contestan otra cosa sino lo mismo que ya estaba en la mente de su cándido consuitor.
Es urgente, por tanto, acabar con J¡i. raíz de tantos desvarios, que hacen á los hombres un perpetuo
juguete de los ilusos ó de los charlatanes. Otra enfermedad mental que esta especie de educación está
también destinada á curar, y sobre todo á prevenir, es la tendencia todavía muy general á creer que los
nombres de las cosas encierran en si todo lo que hay que sabe1· sobre éstas, y en buscar, por lo mismo,
la prueba ó la refutación definitiva de nuestros asertos en las definiciones, en vez de procurar hallarllls
en las cosas y en los hechos.
Esta propensión á transformar toda ciencia y toda noción en un puro a1 te cabalistico, lejos de curarse se agrava en la educación ulterior, con ciertos estudios profesionales, como los del Derecho, por
P-jemplo, en los cuales, tratándose de prescripciones positivas y escritas, nada hay más natural que el estudio de las palabras en que ellas están concebidas. Pero si el titulo de verbo1·um si,qnificatione puede
ser decisivo en la interpretación ele las leyes de los hombres, en la de las leyes de la Naturaleza, los he•
chos y no las palabras deben fallar en definitiva. Y sin embargo, ¿quién no ha tenido ocasión de deplorar la conducta inexplicable de hombres d,• alta capacid:v1 y de inmensa erudición, que en asuntos prácticos cometen los más graves errores á fuerza de P11•artar silogismos fltndados cu puras palabras?
La necesidad de corregir desde los p1irncros aiio~, con la preoión de la realidad, esta tendencia cabalistica, 110 puede, pues, ponerse en duda.
En la educación objetiva y práctica es, puc,:, donde ú uieamente ebtá el remedio y la verdadera re.
generación de nuestra especie, por el &lt;'jerclcio completo que ella exige y proporciona á todas nuestras
facultades.
Con una instrucción de puras palabras, eomo la que se ha dado basta aquí, aplicación y memoria
son suficientes, y este trabajo de plast(cidad puramente pasiva dt1 nuestro cereb ro, en el cual se limita á
retener lo que le viene de fuera sin prJ,ducir cosa algun 11, no es riertamente propio para mejorar, sino
para entorpecer y debilitar, con el transcurso del ti11mpo, nuestras facultades mentales, bajo la influencia
incesante de un verdade1·0 atavismo intelectual.
La necesidad de un cultivo completo ele nuestro entendimiento, emprendido sistemáticamente desde la primera edad, se recomienda también por el atractivo mismo que él presenta pa ra el niño, y el consiguiente estimulo que de aqui resulta, asi como también por una fatiga menor y menos rápida.
Sucede con el f'jercicio mental como con el corporal; la fatiga sobreviene muy pronto, aun con un
%fuerzo poco intenso, si él exige la tensión permanente de un solo sistema de músculos, y con mayor
razón si es la el,~ 11110 solo, mientras que un esfuerzo mucho mayor podrá prolongarse por largo tiempo,
si se reparte n:tcrnativamente en dos ó más. Una persona que no podría permanecer en pie é inmóvil un
cuarto de hnra, sin experimentar una fatiga y una laxitud indefininibles, podrá caminar horas enteras,
no sólo sin fatigarse, sino hast:i. con placer. l\fás aírn: la tensión continua de un músculo lo debilita, lo
atrofia y lo paraliza en vez de robustecerlo, como lo hada el ejercicio alternativo.
Otro tanto, y por la misma razón fisiológica, sucede con nuestras facultades intelectuales; la tensión
continua de una sola de ellas, aun cuando sea moderada, es muy pronto seguida de cansancio y de fastidio, que son su indicio y su resultado seguro.
La verdadera economía de la fuerza intelectual, as! como la de la muscular, no consiste en no solicitarla, sino en exigirle esfuerzos poco prolongados, aun cuando sean frecuentes; con estos dos requisitos
el ejercicio es una base ele progreso y un manantial ele bienestar, ora se trate de nuestras facultades flsicas, ora de las mentales.

MÉXICO,

2,i QUINCENA.

DE 8EPTIEMDRE DE

1901

18

MO DE RNA
ARTE Y
DIRECTOR: JESUS .E. VALENZUELA.

CIENCIA.
JEFE DF. TIEDA CCION : .JESUS URUETA. '

Tir.

( Continuará).
GAlllNO

NúM.

BARREDA.

Pnon.T.l~

DE l\I1ouEL A::.GEL.--CAPILLA SlxTINA. ROMA,

de Dublan.

�REVISTA MODERNA.

----·--

- ---- - --. - -::._
_.,._:..::,.~ ,,.

-.-

MARGARITA.

o me

atrevo á decil' que ella fué causa de todo. Acaso la buena se·
fiora tuvo razón, Era madre y debía alejar á sus hijos de todo po•
Jigro. Pero ello es que la muchacha fué á dar, mediante la aprobación del Cura, y gracias ó. sus buenas relaciones y á su pruden.te
influjo, á la casa del Sr. Lic. D. Marcelino de Aguayo, persona c1·1stianlsima, de mediana edad, riquillo, muy acreditado en el foro,
bien reputado en el pueblo, casado y .... sin hijos!
El Cura vió claramente en el asunto, y le dijo á. Doña Carlota:
-¿Lo has pensado bien, bija mla? Diez años lleva esa criatura á tu lado· de ti ha recibido piadosa educación, y si tú has visto
hasta hoy á l\largarita como á. hija tuyn, ella- que' es buena, dulce- te ama y te respeta como s1. te d e·
biera Ja vit.la. Tienes razón, si que la tienes, y yo soy el primero en concedértela.
_
.
Tus hijos van siendo grandes, son unos chicos simpáticos y listos. Paco tiene _ocho anos (¡como pas_a
el tiempo! no parece sino que ayer fué el bautizo) y quien no lo sepa creerá qu_e tiene catorce;. Eduard1to tiene doce, y quien por primera vez le vea y le trate dirá, no lo dudes, qull tiene más .de qumce..son
excelentes muchachos, excelentes, hija. ¡Dios te ha bendecido en ellos! No creo, como_ t~, quo el peligro
sea.inminente .... Todo depende de la manera como los eduques, y del modo c~mo dmJas tu c~_sa. • • •
-SI, Padre; pero .... recuerde Yd. lo que pasó con la muc~acha.aquella á quien.con ~anto ~armo a~~gicron en la casa de D. Prudencio Lóp&lt;'z,, .. Vd, sabe en que paro todo. Un matnmom.o des1_g~al,-1),
di-monos de santot!- puso término á la a,·entura y al escándalo .... Alfonso mere?[ª 0~1a muJe_i · · • •
-SI, bija mla; pero tú me permitirás que te diga que Alfonso, que es pers~na rn~ehgente, ncay c~ltn, no era ni es modelo de honestas costumbres, y_ que en el hogar- sea esto d1~ho sm ofensa de la cristiana caridad-no ha tenido nunca buenos ejemplos. Se puede ser rico y laborioso mercad~r; se puede
gozar, como D. Prudencio, de magnifica fama _comercial; se puede ~~n~r el respeto que el dmero trae Y
lleva, y, sin embargo, no ser ni buen esposo, DI buen padre de fam1ha.
- ·Padre!
- ks la verdad, hija mla¡ y, en casos como éste, debe deci1·se discretamente, para explicar las cpsas . .. . Pero, en fin, tu resolución es irrevocable .... Irá esa niíia á casa de Aguayo .... Y tú quedarAs
tranquila.
Y allá fué dos días después,
•Y qué aunpa que era! ·Qué exuberante juventud! ¡Qué grácil hermosura la de la pobre huérfana
par~ quien desde muy temp:·ano tuvo la vida ruJezas de madrastra celosa, crueldades é inclemencias de
enemigo sañudo,
.
.
Esbelta donairosa mórbida y siempre vibrante, con todos los fulgores del cielo en los OJOS, todas
111s negrura~ de la n,ocho eu la crencha, en laa mejillas rosas de Abril, e~ los labios cla_veles granate y en
Ja boca finísimns perlas; decidora y suelta de palabra, y graciosa y gentil, era Marganta una presea, un
tesorn, di riamos, poniendo en cuenta lo hacendoso de la doncella, cualidad en ~uo parecen ir sumad_as
casi todas las virtudes domésticas, en Margarita todas muy claras y resplandee1ent~s, y sólo. en ocasiones empañadas por cierta ligereza y cierto coquetismo incipientes, y una vehemencia de ~as1ones aftlctivas v un raro ardoreillo de alma que era causa de miedo y desazón en Doña Carlota, siempre que 1~
núbil 'muchacha, en los arranques de su afecto, acaso de gratitud, y, sin duda alguna, de cariño purfs1-

283

mo, abrazaba y besuqueaba á los niños, sus lindos hermanitos, como ella solla decir, y como ella no dejaba de repetirlo en frecuentes crisis de pasión, que eran precursoras de largos dla3 de tedio, de profundas melancollas y de tenaces añoranzas.
Doña Carlota, al considerar todo esto, se decía:
-¿Cuál será el despertar de mis hijos, movidos por las efusiones impetuosas de esta criatura?
Esta pregunta, á la cual no daba satisfactoria respueJta el exiguo caletre de la prudente señora, determinó, como queda dicho, la separación de Margarita.
Volvió Doña Carlota á su casa, y aprovechándose de la ausencia de los chicos, llamó á la doncella
para comunicarle lo que tenia resuelto de acuerdo con el Cura.
-¿Qué mandaba V d.?-dijo la joven.
-Siéntate ahi, en ese sillón, frente á mi. Tengo que hablarte de un asunto muy serio.
La señora, que en el fondo era buena, sintió un nudo en la garganta. No sabia por dónde empezar.
Por fin, liabló dulcemente, con suma delicadeza, como si temiera ofender á la joven.
¿Qué dijo? ¿Cómo de insinuación en insinuación logró que la joven recibiera la terrible noticia?
La doncella, asustada como si estuviera próximo á caer sobre su cabeza, convertido en menudos trozoF, el techo que las cubrla, preguntó:
-¿Por qué?
-Hija mia:- respondió la dama-por moti\•os de conciencia.
Pronto comprendió la joven que la dulzura de la señora,- asi la nombraba- no era más que un vo•
Jo ocultador de algo ofensivo y por extremo cruel. No replicó, no dijo nada en contra de la resolución
que le hablan comunicado; pero no pudo ocultar su emoción al sa1&gt;er :í. qué cnsa debla ir.
-¡No,- exelamó- allá no!
Quedóse sorprendida doña Carlota, é iba A replicar, cuando l\largarita, serena ya y resignada,
agregó:
-Tiene usted razón; allá, allá! Si, si, con mucho gusto!
Y mientras la señora se retiraba ansiosa de poner término á tan temida y pez:osa escena, la infeliz
huérfana se quedó pensando en la triste desolación de su vida, en el abandono de su alma, en la crueldad con que la apartaban de lo único que para ella tenia luz, flores y alegria, en aquel amor plácido y
apacible de los niños, en quienes había puesto todas las ternuras y todas las cnerglas de un corazón ado·
lorido. Ella, ella tenla la culpa de cuanto le pasaba. ¿Por qué, por qué habla puesto su cariño en ague
llos muchachos'?
Y en las arcanidades ele su mente los llamaba con este nombre, y aun queria encontrar otro, otro
más despreciativo. Pero la idea de despreciarlos le quemaba las sienes, y bajaba hasta sus ojos en lágri·
mas que calan en su corazón como gotas de plomo derretido ....
Oculto el rostro entre las manos, le parcela á Margarita ver á los niños &lt;le vuelta de la eb"cuela: Paquito, cariñoso y amable; Eduardin, grave y atento, ambos con sus libros y sus pizarras bajo el brazo,
ansiosos de llegará la casa en busca de la acostumbrada merienda. La doncella creía verlos entrar;
verlos cómo llegaban en busca do ella, para quien tenlan mimos y caricias.
Recogió cuanto tenla, guardó todo en un baúl, y se dispuso á salir.
- No urge,-dijo la señora- no urge, bija mla .... mañana ....
-¿~iañana? No, señora, lo que ha de ser tarde que sea temprano ... .
- Pero, bija ....
Y la joven insistió en irse, é insistió de tal manera, que doña Carlota le dijo:
-Bien . ... Te llevaré; pero sabe que el Sr. A guayo tiene entendido que irlas mañana.
- No; jamás!- replieó.-No será eso motivo de gran disgusto para ese señor. Pnede Vd. estar segú·
ta de que me recibirá muy cariñosamente!. ...
Estas palabras de la doncella parecieron extrañísimas á doña Carlota, poro no le causaron alarma.
-Vamos, hija mla .... puesto que lo deseas. Un criado te llevará todo.
En el camino una y otra callaban. Doña Carlota presentía algo fatal. Margarita lloraba á mares, peto disimulaba su pena y enjugaba sus ojos furtivamente.
Casi al llegará la casa de Aguayo la joven se detuvo ... . Doña Carlota pensó que Margal'ita no
querla entrar; que repentino arrepentimiento la detenla.
Mas la joven enjugó sus lágrimas, y sonl'iendo tristemcntr, dijo en tono irónico que para doña Car•
lota pasó inadvertido:
-Seilora: ¿cree Vd. que ese señor sea bueno conmigo?
-Si, hija mía. Es un hombre muy honrado ... , de lo más honorable .... Asl lo dicen todos, asl me
lo aseguró el señor Cura.
- ¡Ahl Pues si así es ... . ¡mejor! eso más tengo que agradecerá Vd. Ha sido Yd. como mi madre. . ..
'rodo Jo que soy y cuanto ,•algo á Vd. lo debo , .. . Salgo de la casa de Vd. muy agradecida. ¡Es tan dulce la gratitud! A los niños les dirá V d..... ¡No, nada! ¡No les diga V d. nada! Pero .... que los quieran
como yo, que los cuiden como yo los he cuidado.
Y entrnron en la casa.
El Sr. Aguayo salia en aquellos momentos. Al verlas lanzQ una exclamación jubilosa.
- ¡Bien venidas! ¡Bien )enida Margarita! No esperaba yo verlas hoy., .. Pasen ustedes!
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�REVISTA MODERNA.

284

Tres días después recibió doña Cai-Iota una carta brevísima que decía así:
•Señora:
cl\Ie apartó Vd. de lo que más queda yo, de lo que más amaba, de lo que amo aún, ele esos lindos
nilios, ¡.,or quienes ful y era buena. ¡Dios se lo perdone á Vd. Le acompaiio &lt;'Sa carta para que se imponga de ella. ¡Es muy interesante!•
Su agradecida servidora,
llfarga1·ita.

Doña Carlota desplegó el pliego, y leyó con ansiosa curiosidad lo que en él estaba escrito.
Era una declaración amorosa dirigida á l\Iargarita por Aguayo. ¡Y qué declaración! La infamia y
la lujuria la hablan dictado.
La buena señora, asombrada, se cubrió el rostro, y exclamó para si:
- ¡Tenla razón el ser.or Cural
R1F.1tJ r,

DF:LGADO,

A MUERTE .... !

FLOR DE ACANTO.
De tu frente cayó la última rosa,
Y transida te arropas en el manto
Mientras en la vidriera temblorosa
Viento y lluvia otoñal riman su canto .... ,
Son las ojeras en tu faz llorosa,
Pálida y triste como flor de acanto,
Alas »egras de inmóvil mariposa
1':mpapada en el iris ele tu llant(l,
IDobla tu frente un fúnebre tui banteDe :\gatas negras y crespón sombrío . . .
Y siento an,e ,u dieha agonizantt&gt;,
Como una tumba, el corazón vacío,
Y abrumado mi ser como un atlante

Bajo el pesado mármol de tu hastío!

EL DAIMIO.
(J. :IJ. ele H crcilia.)

~IAÑANA DE BATALLA.
:Bajo la negra fusta guerrera que rcstall11,
Relincha y belicoso sacúdese el bridón,
Y el acerado peto y el bronce de la malla
De sables que se chocan imitan férreo son.
Quitándose la hirsuta máscara de batalla
El jefe envuelto en hierros, en laca y en crespón,
Mira el volcán en cuya pálida nieve estalla
Sobre un purpúreo cielo la aurora del Nippón;
Pero mira hacia el Este surgir glorioso al a&amp;tro
En la fatal mañana dejando un áureo rastro
Deslumbrante surgiendo por detrás i;lel estero;
Y amparando sus ojos del hostil arrebol
Abre de un solo golpe su abanico de acero
1':n cuya blanca seda se inflama un rojo Sol!

Josi1 JUAN TABLADA,

México, 1901.

UANDO el capitan Héctor Flor penetró súbitamente en la alcoba dJ su esposa,
para darla el último beso, quedóse livido, helado, teuebroso: Carmen atraia hacia
ella, prisionero en sus brazos desnudos, á. Rodrigo Rubio, el brillante alférez que
era el amigo más querido de Héctor, su compañero de infancia y de campañas.
Carmen, de espaldas al portier que habla levantado su esposo, no le vela; y frenótica, apasionada, enhiesta y vibrante de amor, con sus rublsimos cabellos sueltos y flotantes, pequeñita
y nerviosa, alzada en la punta de los pies, demandaba un beso de la boca esquiva y adorada .... un beso .... un beso .... el del adios y de la muerte .... !- en tanto que Rodrigo, aterrado, en presencia de su
amigo que contemplaba el grupo siniestramente torvo, luchaba por desasirse de los bellos brazos desnudos en las amplias mangas del peinador arrolladas, y fascinado por las mi1·adas fulminantes del esposo,
no osaba proforir palabra . ... Un presagio centellante hizo volver el rostro á Carmen, y al verá Héctor
dió un grito, desasióse y huyó pavorida, dejando á los rivales frente á frente.
El capitán rompió el breve silencio lúgubre que siguió á la huida de Carmen, y dijo con voz sorda y
¡¡oc.::
- El regimiento parte tl011tro di! una hora: tendró tiempo de sabor si eres tan cobarde como traidor.
-Estoy á tus órdenes!--contestó simplemente Rodrigo.
Veinte minutos después se hallaban de nuevo frente á frente, pero esta vez libres de sus.dormanes
y de sus kepis, ante dos testigos inflexibles en asunto de honor: el viejo coronel Yáñez, veterano del 47,
de ojos de acero bajo sus crespas crjas níveas, de profundo corazón dolorido porque el leal viejo babia
s~ntado sobre sus rodillas á Carmen chiquitina; el otro era el mayor Roló, de barba mosaica y tristes
ojos azules, que amaba á Rodrigo Rubio como á un hijo.
El pacto había sido á sable: á muerte, pues los cuatro personajes de la tragedia siniestrn estaban
o\Jstinados en que uno de los rivales quedara suprimido.
-Mi mayor, mi padre!- habia suplicado el joven alftirez-yo amo á esa mujer con amor indomable,
J:¡e sido estigmado á causa de ella. con los dicterios más candentes por mi mejor amigo .... y además ya
no puedo sufrir que ella sea suya .. . . Era la primera vez que la volvia á ver después de casada, al regresar de mi ausencia interminable, llamado repentinamente de Yucatán para incorporarme en la brigada
expedicionaria del Rio :Mayo .. .. i\li mayor! que nuestro duelo sea á muerte!
Por su parte, el c1pitán Fbr babia pedido al viejo veterano que no aceptara ninguna transacción,
que exigiera un lance mortal, y el coronel había corrido á pesar de sus reumáticas piernas y habla encontrado al mayor Roló que también le buscaba.
- No hay tiempo que perder, señor coronel: tengo la elección de armas y pido que sea á sable.
El coronel titubeó un segundo; conocía la superioridad de Rubio desde que era cadete en Chapulteper, para manejar la temible arma; pero lo serenó la justicia del esposo ultrajado y pensó en la superioridad moral sobre su adversario en el lance supremo.
- Convenido .. . . Y á muerte!
-A muerte!
La espera de veinte minutos había e~acerbado la fiebre de Héctor. No era una vendetta vulgar la
1,uya, una susceptibilidad de soldado herido en su pundonor, sino una revelación espantosa de su mancilla que tenia el deber de castigar. Reconstrnia el proceso de su infortunio; su casamiento en que él se
ha'Jfa fingido ser amado .... ah, si! ahora comprendia su triste ilusión; no había sido amado, sino acep•
tatlo; había sido el amparo de la soledad de Carmen . . .. Pero, acaso el aborrecido rival no habla preparado largo ti empo, tenazn¡ento, su tr/µnfo propio y la infelicid11-d !Je Jl~ctor? .. , . J1ecordaba pítidamepte.

��"PAISAJES PARISIENSES."
( LIBRO DE )l. UG \JtTE).

PROLOGO.

A LUIS G. U:::lllN,\.

Mis castillos he trocado por los lauros del trovero,
Por la lil'a mis esmaltes y mis nobles oriflamas,
Y en)os.blancos plenilunios, cual Vida! aventurero,
He cantado los amores: soy el bardo de las damas.
Y el enojo de las damas he sufrido como Arnaldo,
Cual Rudel he sorprendido las bellezas más adustas,
Y pregona mi linaje la trompeta del heraldo
En las iras del torneo y en la gloria de las justas.

El sentido hedescifrado de los viejos armoriales
Y ·conozco la inocencia por la plata de las frentes,
L~ virtud por las doradas cabelle1·as señoriales
Y el candor por el armiñ0 de los hombros transparentes.
Los sinoples agresivos de los ojo~ me han herido,
El azur de las ojeras me ha confiado sus secretos,
y á los ojos verdiobscuros mis rondeles he ofrecido,
y al azur de las ojeras he cantado mis sonetos.
En los gules de los labios abrevé mis ilusiones,
En las lises de los·senos he guardado mis quimeras,
y he 1·ondado las ventanas adornadas de blasones,
Sorprendiendo rostros blancos á través de las vidrieras'
· En el mote de mi emprns(preconizo_mi bravura,
Y en el puño de mrestoque mi blasón e(un tesoro:
Un escudo, y como emblema de esperanza y de bravura
En su campo que es de sable reluciendo un fénix de oro.
EFRÉN

REBOLLEDO.

U ANDO acabé de leer el manuscrito .de esta obra, fuíme á contemplar cam·
po abierto al cielo, y por la luz de éste bai'íado, paisaje libre, la llanura
castellana, austera y grave, amarilla en este tiempo por el rastrojo del
recién llegado trigo. Era que me sentía mareado y oprimido; habfanme
dejado los Paisajes pm·isienses de Manuel Ugarte cierto dejo de tristeza,
de confinamiento, de aire espeso de cerrado recinto. Quería respirar á
plenos pulm1mes.
El titulo de esa obra. es de suyo paradógico: Paisajes parisienses. Un
recinto cenado, en que las edificaciones humanas nos velan el horizonte
de tierra viva, una ciudad parece excluir todo paisaje. Mas en solución,
¿es que hay barrera ó liude entre la naturaleza y el arte, entre lo que hace el hombre y lo que al hombre
le hac&lt;!? A los que me dicen que van en busca de naturaleza huyendo de la sociedad, suelo decirles que
también la naturaleza es sociedad, tanto como es la sociedad naturaleza. Ciudad, portentosa ciudad, no
ele siete, como Tebas, sino de infinitas puertas, de henchidas viviendas, ele enhiestas torres berroqueñaP,
de vastas catedrales en que sostienen bóveda de follaje columnas vivas, ciudad es lo que llamamos naturaleza, y á su vez selvática seh·a, seln1. de savia rebosante es cada ciudad. Puede, pues, hablarse ele
paisajes parisienses.
El único reparo que á la congruencia entre el titulo y el contenido de esta obra pondría, es que se
habla en ella mucho más del pai-,anaje que del paisaje parisiense, no la descripción de lugares, como del
titulo podrla esperarse, sino el relato de hechos y dichos de los que los habitan es lo que la constituyen.
Mas aun así y todo, ¿no se refleja acaso en el paisanaje el paisaje? Como en su retina, vive en el alma del
hombre el paisaje que le rodea. Y aún es mejor presentárnoslo así.
Porque hay dos maneras de traducir artisticamente el paisaje en litera.tura. Es la una describirlo
objetiva y minuciosamente, á la manera de Zola ó de Pereda, con sus pelos y sefíales tocias; y es la otra,
manera más virgiliana, dar cuenta de la emoción qne ante él sentimos. Estoy más por la segunda. •Era
un prado que daba ganas de revolcarse en él&gt; ó como dice Guerra Junqueiro:

Pastos tft0 mimosos que quizera a gente
Transformar- se em ave para. os nft0 calcar.
El paisaje sólo en el hombre, por el hombre y para el hombre, existe en arte. No censuro, pues, el
que titulándose Paisajes la obra de Ugarte, apenas figuren éstos más que como decoración ó fondo de
las animadas figuras.
Los paisajes de este libro son grises, otoñales, clesfallecientes, de amarillas hojas arrastradas por el
viento implacable al pudridero, paisajes de un sólo rincón de bosque ciudadano, vistos á una sola hora.
á una sola luz, de una sola manera. Porque estos Paisajes, lo he de declara1·, y sin reproche, son monótonos, monocromos, la misma nota en ellos siempre, cascada nota que suena á hueco. Una nota triste, de
arrastrada melancolía, una nota que parece surgir del cementerio del viejo romanticismo melenudo y
tlsico. Sus alegl'ias parecen fingidas y forzadas, sus risas suenan á falso.
Una vez más la bohemia, las grisetas, los estudiantes, los pintores, las aventuras amorosas ·cácilei;,
Jllürger de nuevo. Confieso que es un mundo al que no han logrado llevarme la atención, ni que logra
convencerme. Por esto mismo he leido con calma el libro de Ugarte, con empeño, por dejarme penetrar
de su espíritu, á ver s(con~igo de una vez gustar el encanto que para otros tiene el mundo, el espectáculo de esos pobres mozos «estragados por la bebida y la lectura, que cultivan la úlcera de la vida bohemia, con la esperanza de arrancarle el extraño pus de una nueva modalidad.• Tampoco !!Sta vez me

�rno

REVISTA MODERNA.

REVISTA .MODERNA.

ha conmovido la bohemia. No só si adl'ode ó á su despecho, pe1·O lo cierto es que me resulta habc1· cse1·ito Ugarte un libro de edificación moral, un sermón contra la vida de bohemia.
l\Ias después de todo, tratándose como so trata do un joven muy joven, ¿qué importa lo que Ugarto
nos diga, la letrn do su libro, el resultado de su esfuerzo? Lo interesante es el alma que en él ha YCrlido, es la música &lt;le su ohrn, rs el intento de su esfuerzo. E::1 para mi la suya una voz mits de esta juYcntud inorientada mPjor aún que desorientada, occidentada m.\s bien. Uno mils que vicno por su •jornal
de gloria,• gloria que es •eco do un paso• -son suyas ambas cxpresi11ncs-para desvanecerse luego, primero cu muerte, en oh·ido al cabo, al correr de dlas, meses, aiios ó 1,i1los. Uno m:ís á la pelea por la
sombra de la inmortalidad, ya que perdimos la fü en su bulto, por la perdurabilidad del nombre, del fiatus
t:ocis, ya que no creemos en la substancialidad del alma; uno más inficionado del erostratismo que á todos nos corroe, del mal del siglo; uno más que aspira á. que so cierna su nombro sob1 e el despojo de su
vida; uno más que nos ofrece su • provisión de ensueños para combati1· la vida • á cambio del jornal do
gloria para combatir el espectro de la muerto. ¿Quién rehusa sor padrino do la criatura de un compaiíero as! de ilusiones y ,·anidades?
Lo que estas páginas te ofrecen, lector, son cuadros de miseria en que el trato sexual forma el acorde de fondo. No el amo,·, no tampoco la sensualidad, ni menos la pasión, porque todo aparece aquí fríamente pragmático, como en un cronicón medioe,·al, con tenue colorido en las frases. Son unas relaciones sexuales que parecen regidas por un código, no por consuetudinario menos rlgido ni menos frlo quo
otro código cualquiera. Hay cosas atroces, como las razones por las que l\Iarla, que amaba de verdad
á Berdahin,• so entregó con ropugnanciii al primer desconocido •para poder ir al dla siguiente con la
frente alta, en la s&lt;1guridad de que ya era mujer.• Pocos códigos más otrozmentc rlgidos, más ele esclavoi:, que el código consuetudinario que semejante cosa decretase. Me complazco en creer que tal artlcu•
lo no existe, que lo hecho por Maria obedeció á oti-os móviles más humanos, al hambro acaso, ó que no
amaba de verdad á Berladún aun cuando ella misma creyese otra cosa. Su ocurrencia me sabe al:o á
literatura pow· épate1· le bourgeois.
Las figuras que por aqul desfilan, gesticulando al recitar su recitado, p111·cocn sombras chlnesoaa,
sin carne ni sangre, ni nervios, ni músculos, sin apetitos apenas, sombras que en el tablado repiten las
contorsiones y muecas que les enseiíaroo, atentas á una liturgia estrictamente formulada. Una opaci,
dad y languidez enormes las envuelven. Si es así ese París, debe do ser bien triste á pesar de sus car,
caj11das, risas y besos que parecen responder á acotaciones del papel de la comedia¡ carcajadas, risas y
besos del teatro. El tal Parls debe ele amodorrar al alma con sus dibujos de Steinlen y sus estrofas da
Rictus; parece una ciudad de almas cansadas, de donde huyera la espontaneidad parn siempre.
Todo esto, la opacidad, la languidez, la monotonla, la sombra-chinesquerla, todo esto deja una im•
presión honda, la impresión que me llevó luego de leido ei:te libro, á respirar aire libre á plenos pulmo
nos, á restregar mis retinas con la visión reconfortante de la austera y grave llanura castellana.
En medio de esta pesadilla acompasada y opaca, incidentes de una amargulsima realidad ,·iva, no
teatral, como el de la niña de los anteojos en Una aventura y sobre todo en Graveloche, aquel pobre
hombro que •corría perseguido por otros, como una bestia, cruzando entre los carruajes y atropellando
A los transeuntes, mientras los que venlan detrás de él gritaban ¡á él! ¡,l. él!. ... ¡es el ladrón! El fugitivo
so abrla paso entro la multitud, con los ojos fuera de las órbitas, latigueado por el miedo. Y el grupo de
perseguidores acrecla, se multiplicaba, se convertla en ejército, clamoreando su insulto, sin saber siquiet
ra si h1.:bla robado. Bastó que alguien lanzara la acusación terrible, para que todos hicieran coro, feli•
ces de hincar la garra en la víctima. Nadie se preguntaba las circunstancias del robo. Nadie trataba de
asegurarse de que el robo existla .... • Aquí se pone de manifiesto uno do los más bajos instintos humanos, el instinto policiaco, tan bajo como el instinto judicial. Y ¡aquel pueblecito de tísicos de Los Cal·
dos! Hay, por otra parte, un Sevilla en Pa1·ls, que será, en efecto, Sevilla en Paris, puesto que no es Sevilla en Sevilla; una Sevilla de teatro traducida al f,·ancés, una Sevilla tan genuina y castiza como aquella sevillana que en 188) encontró en la Exposición¡ una sevillana de ancha carota rubia, con su mantilla
de madroño~, y que hablaba el ca~tellano con un horrible fraseo de las erres y un accntuadlsimo acento,
francós.
Mas lo quo sobre todo me llama la atención en este nue\'O peregrino de la literatura, en esto mozo.
que viene por su (jornal de gloria,• es la iniciativa para la fl'ase¡ es su caracterlstica. Aqul leereis: masticar besos¡ espolear carcajadas; cascabelear una alegria delirante, ó bien risas¡ borbotear risas; caracolear frases dudosas¡ trompear canciones; mariposear la tentación de un beso¡ la lengua aleg1·e de un estudiante que campanea! ¡presente!; baila1· alegrias con los labios; bufonear amores; relampaguear el placer chisporroteando besos; hilar palabras en una conversación incesante y sorda; deshojar margaritas de
porvenir; hincharse los labios para el beso .... IY quó sé yo cuántas más! Lo •de una carcajada hueca
galopó bajo la noche, • es pura y exclusivamente f1·ancés. Algo de forzado á las veces en tales frases.
hay que reconocerlo, como en la de aquel reloj que •afectaba cierto sadismo• y •desangraba lentamente los minutos.• Y expresiones vivamente gráficas como cuando Mauricio e daba manotadas sobre sus
convicciones para no perder pie,• mientras la embriaguez •era un anteojo que ponla los objetos á su alcance y le permitía masticarlos hasta arrancarles la savia.•
En la metáfora propende, y es propensión reveladora de mucho, á apoyar lo concreto y real en lo
absti·acto é ideal, lo definido en lo indeterminado, como si el mundo de la abstracción nos fllese más in·
mediato que el mundo de la realidad concreta o~Ativa. As( qos babi!\ de •una franja de cielo obscuro,
~
.. '

lnvaTiable, como un!! pincclada_de dolor sobre una vida; de •un tragaluz que so abre sobre un patio co.
mo una ambición sobre un imposible;- de que •el poeta levantó los ojos como dos reproches • ó de que
clas panteras se paseaban como instintos en una cárcel de voluntad.• Porque si decís que los instintos
se revuelven en la cárcel de la voluntad como panteras en sus jaulas, el proceso psíquico de la metáfora.
es el directo y corriente. Esta manera inversa es reveladora de mucho, Jo repito; puede servir do señal
tlpica con que conocer á. un escritor. Ei el slntoma más caractJristico de la peculiar manera que de vor
los paisajes parisienses tiene Ugarte: él nos explica aquel tono de triste teatralidad de quo hablaba.
El lenguaje . . .. esto exigirla todo,un tratado en que me explayase sobre las faltas y sobras de esto
lenguaje que hasta cuando es correcto parece traducido del francés. Un lenguaje desarticulado, cortan te y frlo como un cuchillo, desmigajado, algo que rompe con la tradicional y castiza urdimbre ele! viejo
castellano; un lenguaje de ceñido traje moderno, con hombreras de algodón en rama, con angulosidades
de sastrerla inglesa, con muy poco de los amplios pliegues de capa castellana, de capa en que embozar
se dejándola flotar al "ionto, sin rotundos periodos que mueren como ola en playa. No lo censuro; todo
lo contrario.
Esta tarea revolucionaria en nuestra lengua, con sus excesos y todo - ¿quó revolución no los trae
consigo? ~ hará su obra. La prefiero á la labor de marqueterla, cepilleo y barnizado de los que aspirando á castizos, por castigar el estilo castigan al lector, como decia Cia1·í11. Lo he dicho muchas vc!ces,
hay que hacer el español, la lengua hispano- americana, sobre el castellano, su núcleo germinal, aunque
sea menester para conseguirlo retroceder y desarticular al castellano; hay que eusancharlo si ha de llenar los vastos dominios del pueblo que habla español. Me parece ridlculo el monopolio que los castellanos de Castilla y palses asimilados quieren ejercer sobre la lengua literaria, como si fuese un füudo do
heredad. Ni aun la anarqula lingiUstica debe asustarnos; cada cual procurará que le entiendan, por la
cuenta que le tiene. Roto el respeto á la autoridad de una gramática autoritaria y casulstica á la vez,
cada cual verterá sus ideas á la buena de Dios, según la gramática natural, en el lenguaje que más 4
boca le venga, y todas las divergencias que de aquí surjan entrarán en lucha, serán eliminadas ó selcociooadas éstas ó las otras, se adaptarán al organismo total del idioma á la vez que lo modifiquen aquóllas, é irá asl haciéndose la lengua por dinámica vital y no por mecánica literaria, por evolución orgánica, con sus obligadas revoluciones y crisis, y no por fabricación mecánica. Cuando empiece en E,paüa
á conocerse cientlflcamente la lingülstica y no en abstracto y muerto, sino en concreto y vivo, es decir,
aplicada á nuestro propio idioma, cuando se generalicen los conocimientos respecto á la vida y desarro·
llo de ésto y do cómo lo hablan los que no lo escriben y cómo lo escriben los que apenas lo hablan, entonces se sabrá para quó puede servit· el artefacto ese de la gramática y para qué no sirve, y que es tan
útil parn hablar y escribir el castellano con corrección, como la clasificación de las plantas de Lineo lo
es para aprenderá cultivar la remolacha, el cáñamo ó el olivo.
Cuenta que no defiendo los galicismos que algún purista podrá contar en esto libro; ni los defiendo,
ni por ahora los censuro. l\Ie limito á hacer observar que formas hoy corriontos fueron galicismo ó ita
lianismo ó latinismo en algún tiempo, y que prefiero una lengua espontánea y viva, aun á despecho du
tales defectos, á una parla de gabinete, con términos pescados á caña en algún viejo escritor y giros quo
huelen á aceite. El criterio, en cuestiones estas de estilo, corrección de lenguaje y buen gusto (!!) ha sido
&amp;iempre para mi el más claro signo de osplritu progresista ó retrógrado. Tendré siempre á un Hermosi.
lla por un reaccionario redomado, aunque se nos parezca más liberal que Riego y renegando de todo
Dios y todo roquo. Vuelvo á repetirlo, una de las más fecundas tareas que á los escritores cu lcugua
castellana se nos abren es la de forjar un idioma digno de los varios y dilatados palscs en que so ha do
hablar y capaz de traducir las diversas impresiones é ideas de tan diversas naciones. Y el viejo oastella.
no, acompasado y enfático, lengua de oradores más que de escritores- pues en España los más de estos
últimos son oradores por escrito-el viejo castellano que por su [ndole misma oscilaba entro el gtongo•
rismo y el conceptismo, dos fases de la misma dolencia, por opuestas que á primera vista parezcan, oi
viejo castellano necesita refundición. Xecesita, para europeizarse á la moderna, más ligereza y má3 pro cisión-á la vez, algo de desarticulación, puesto que hoy tiende á la anquilosis, hacerlo más desgranado,
de una sintaxis menos evolutiva, de una notación más rápida. La influencia de la lectura de a.ntores
franceses va contribuyendo á ello, aun en los que menos se lo creen.
He aquí porqué me parece la presente obra una obra de alguna eficacia en el respecto lingiii,;tico.
Revolucionar la lengua en la más honda revolución que puede hacerse; sin ella, la revolución en las ideas
no es más que aparente. No caben, en punto á lenguaje, vinos nuevos en viejos odres.

20 1

l\IIGUEL DE

Salamanca, Julio de 1901.

UNAMUNO.

�REVISTA MODERNA.

ALGUNAS IDEAS RESPECTO DE INSTRUCCIOK PRIMA1'IA
PR~ENTADAS EN FORMA DE ot:TAMRN POR GA DINO OARREDA ,

.\ L'\ COMl!-&gt;IÓN NO'.\IURAO \ eH l NA JUNTA OE A~IICOS, RKCNIDOS CON EL OBJETO DE PROMOVER LO 12UI! J'liUIESR SER ÚI IL

rAHA 0IFCN0IR L A JLCSTRACIÓN EN Mtx1co.

.A PHOUAOO roR DIClf,\ CO~IISIÓN, TANTO &amp;N LO (iB!',;ERAL, COllO •x LO UELA"J J\'O .\ LA PARiE
RBSOLUTIYA CON QUE TERMINA,

293

sos excepcionales, ni es aplicable sino con inteligencias más avanzadas y no con los que comienzan á dar
los primeros pasos en la via de la instrucción. En esta época, más que reglamentar, se necesita robustecer, y para esto la forma espontánea de nuestra actividad es la. más eficaz; quere: 1:eglamentar antes do
tiempo es siempre un medio seguro de impedir el desarrollo. El compás de la mus1ca, para el que ya sabe and~r, es un medio de facilitar la marcha y de hacerla menos fatigosa, pero jamás será propia para
enseñar á los niños á dar los primeros pasos.
La inteligencia de los niños que van á recibir la instrucc:ón estit, por decirlo as!, dando EUS prime·
ros pasos. ¡A qué engrillarla con esas fórmulas abstractas que no puede comprender ni menos utilizar!
Las tendencias espontáneas de su actividad, son las que deben secundarse y fomentarse. Ahora bien, supuesto que los niños tienen tanta afición á examinar los objetos materiales, como repugnanci11, invenci•
ble por las concepciones puramente ideales, por la presea tación de los objetos materiales dtlbe comenzar
toda. lección 1 si se quie1·e que ella sea interesante para el niño, y por lo mismo, fructuosa: al objeto concreto tomado como punto de partida, se debe volver después de cada sin tesis abstracta: en suma, al mé•
todo franca y completamente objetivo es al que debe recurrirse.
Es imposible que en esta exposición de nuestt-as creencias sobre la materia, hayamos de formular, nl
someramente, todos los preceptos del dificilísimo arte de esta clase de enseñanza, en la cual lo abstracto
debe ir constantemente ligado á Jo concreto, para quitarle la aridez que es aqnl, como en cualquier otro
caso, una causa de infecundi&lt;lad. Hay¡ sin embargo, una circunstancia sobre la cual queremos expllcar
nos, porque ella nos parece capital. Se debe procurar, hasta donde sea posible, sobre todo, durnnte el
primer periodo, que sean los objetos reales y no su representación la que se ponga en manos de los educandos; decimos que esta circunstancia es capital, porque ella es la que permite dar una plena satisfac,
ción á la necesidad que se advie1·te en las inteligencias infantiles, de llenar la mente, por el conducto de
todos sus sentidos, de nociones objetivas que permanecerán en ella depositadas, •!orno materiales indispensables de sus ulteriores combinaciones subjetivas. Es de observación vulga1· que los niños no quedan
jamás satisfechos con que una noción cualquiera del mundo exterior les llegue poi· un solo sentido; necesitan emplear el mayor número posible, y sólo cuando se satisface esta instintiva necesidad es cuando
se logra concentrar por algún tiempo su atención. La educación del tacto, sobre todo, es para ellos un
complemento indispensable de las otras sensaciones: para ellos, ve1· llega á ser sinónimo de palpar, y su•
freo una notable contrariedad, muy nociva. para la atención, cuando estos dos sentidos no se asocian.
Esta irresistible tendencin, que la pedantesca pedagogla antigua calificaba de vicio, que era preciso
corregir¡ ha venido á recibir una plena sanción con los adelantos de la fisiologla moderna. Esta ha demostrado que multitud de nociones que se atribulan directamente á la vista, ó que se creían innatas, son
el resultado de la combinación de la vista y el tacto muscular, es decir, de la conciencia del esfuerzo de
los miisculos, ó bien de esta última sensación con el tacto cutaneo; tales son las nociones de distancia, de
movimiento¡ de tamaño, de volumen, de peso, de densidad, etc., etc. l\Iás toda.vla, la distinción, que nos
parece ·tan absoluta, entre lo subjetivo y lo objetivo, entre el mundo exterior y el mundo interior, se caracteriza principalmente por la intervención del tacto muscular en las nociones que atribuimos al mundo extel"ior, y su falta completá en las puramente subjetivas ó del mundo interior. Un hombre, diceBain,
que careciese de todo movimiento, no se distinguida, ó más bien, serla todavla. inftlrior, en cuanto á la
distinción del mundo subjetivo y del mundo objetivo, á una persona sumergida. en un perpetuo sueño;
él confundiría todo con su propio ser, y toda distinción entre una y otra clase de fenómenos, desaparecerla. En efecto, sólo la posiblidad permanente y segura de tener un conjunto dado de sensaciones, mediante ciertos y determinados movimientos de nuestra parte, es lo que viene á despel'tar la idea de un
mundo exterior é independiente de nosotros, y también lo que nos parece una prueba inefragable de su
existencia. Si yo, con los ojos cerrados, afirmo que todos los objetos que estAn en la pieza en que escribo existen, es porque estoy cierto de que, mediante el movimiento de mis párpados, que llamo abrir los
ojos, dichos objetos se pl'esentarán á mi vista, como también creo que podré cerciorarme de su existencia por medio de mis otros sentidos, si me acerco á ellos con ayuda de los movimientos convenientes de
mis miembros.
Esa permanente posibilidad de asociación de nuestras sensaciones, mediante ciertos movimientos
conscientes de nuestra parte, constituye, pues, todo lo que hay de evidente y de inconcuso para nosot1·os
en la existencia objetiva. ¡Qué extraña preocupación ha podido entonces inducir á la educación sistemática, á convertir á los niños en simples receptáculos pasivos de sensaciones, sin permifüles que su propia
acti,,idad muscular las combine en las diversas fol'mas propias para hacer en ellas la impresión más pro•
funda y duradera.
Por este motivo, nosotros queremos que, en caso de ser indispensable, se refiera la representación
dol bulto, á la representación dibujada de las cosas, y ésta á la escl'ita y á la oral. En todo caso se debeprocurar que los niños, al comenzar su educación, tl'abajen y cultiven su mente, con las cosas mismas y
no con sus signos: no sólo porque esto les es más fácil, sino porque esto los habitual':i. á saber que cuant.lo tengan que hacer uso de puros signos, en vez de cosas, como por ejemplo, de puras palabras, l11s oom•
binaciones que con estos signos se hagan, no tienen valor, sino en cuanto á que son una señal de lasque
pueden hacerse con las cosas, lo cual les quitará á las palabras, y en general, á todos los signos ó slmbolos, ese carácter que todavla conserva para la mayoría de las personas, en virtud del cual quieren, A
fuerza de revolver y de manipular palabras, encontrar verdades nuevas que sólo los hechos pudieran pa•
tentizar,
0

INDIVIDUOS QUE COMPOSIERON LA COMISION DICTAMINADORA:
CC. Ge.bino B..lrredi, Igaa.ci'&gt; Ra.mirez, R:i.f&lt;l.el Martinez de la.Torre, Guillermo Prieto, Roberto Esteva.

l,'.,ducatlon conijtitoe Je pn:mltr des arts le scul
pleinem~nt général, cclui qui perfecclonne l'netion
en amellorant l'a¡¡cnt.
A. Comtc. Systcme de Pollt posit, t IV. p P4G,

PARTE SEGUND.\.
DEL MJ,;TODO &lt;it' E DEDERÁ ADOl'TAR!;E.

El consejo que 11nL11ral111c11to surge de esto principio lle íisiologla psicológica es: quo uur1111to el cultivo mental so debo procurar el empico de todas nuestras facult11des y no de un11 sola, para logra1· su .descanso alternativo y hacer provechoso el ejercicio intelectual.
De esta manera, no sólo se logran\ fortalecer nuestras facultades naturales, sino retardar la. fatiga do
un modo notable. E11ta última. circunstancia es de suma importancia., porque ella permite prolongar algo
más el tiempo de cada lección, sin determinar el agotamiento cerebral, que tan funesto es para, el desarrollo ulterior de las facultades correspondiente11.
Se debe á todo tranco evitar que en el curso de una lcoción sobrcv,mga la. fatiga mental; antes de
que ella deje de ser interesante para los alumno~, debe abandonarse, so pena de esterilidad, cq&amp;lldQ no
de ir1·eparable perjuido.
Se vi-, por lo que precede, cuál dobe ser el fin que debemos proponernos en la oducaoióu de la ni1'fra,
que era el primer punto que dcseabamos examinar: queda ahora por resoh'er, cómo se podrá obtener es,
to cultivo, simultáneo y siempre grato, do todas nuestras facultades mentales.
Todo el mundo ha podido notar que no es el deseo de aprender lo que falta á los niños, bien al con·
trario, todos cono::cn la insaciable sed de aprendizaje que 1011 devora, la. oual se revela á cada momento
por sus preguntas sobre todas materias. ¿Por qué, pues, esa ansia. de sabor so transform1 en la escuela
en una repugnancia. insupernble, la. cual hace del mismo niño, que en su casa era vivo y penetrante, un
tipo perfücto de obtusidad y do torpeza? La. principal, si no la única razón de este cambio que sorprende muy desagradablemente á muchos padres de familia, es: que en su casa y con sus hermanos y familia, los niños parten del conocimiento de los objetos que hie1·en sus sentidos, p11ra buscar la. generalización
abstracta que debe enlazarlos con otros conocidos, y en la. escuela se les quiere hacer partir de la concepción abstracta para llegar luego á. lo concreto, ó lo que es peor todavla, para quedarse estacionados
en el terreno abstracto puro, y por lo mismo, incomprensible para. ellos; es: que en su casa y en el trato
s;icial, el carácter objefü·o y material de sus puntos de partida, hace que la atención se cautive con la
poderosa ayuda. de todos los sentidos; es: que en la Tida común, á diferencia de lo que pasa en la vida
pedagógica, la generalización es un resultado y una suma inductiva de todo lo que hemos ave.iguado,
y no un punto de partid11 desde el quo debemos deductivamente llegar al caso especial que pueda más
tarde presentársenos; y la inducción .nos es más espontánea, y por lo mismo más atractiva que la deduc•
cióo, como la suma es más sencilla que la división.
La práctica común de poner ejemplos para aclarar, como se dice, la regla general, es la confesión
palmaria de esta verdad; pero ella. no hace sino paliar el mal en UQa de iUs consecuencias naturales, la
falta ele claridad, mas no la curn. El Ycrdadero remedio está en la inversión del punto de partida. El mé,
tp1lo común de e1Jsoiianza, que no es otro, segt'.¡Q l¡en:¡os inclicl\,qo,, C\uc f?l ~e,h\ct\yo1110 es iíti\ s¡qg en ca,

�lmvts1'A MODERNA.
Nosotros queremos que so dt•jc iL la actividad del niilo toda la libertad y la espontaneidad propia para su desarrollo y para su fecundidad¡ que el profesor no haga en lo posible sino allanar el camino; que no explique lo relativo ¡\ un objeto, sino cuando haya logrado despertar suficientemente la curiosidad de los niños, y después de haber hecho que ellos por si mismos describan y expliquen Jo que
pueda estar á su alcance, con la menor ayuda posible; aunque sin permitir que la impotencia para superar las dificultades, haciéndose sentir demasiado en aquellas tiernas inteligencias, venga á ser causa
de fastidio.
En cuanto á las demás explicaciones, el profesor deberá darlas siempre proporcionadas á la capacidad de los educandos, y mantJniéndose siempre en la estricta verdad de los hechos.
De este modo el preceptor podrá, durante el tiempo indispensable para que los niños adquieran las
nociones técnicas indispensables de lectura, escritura, etc, hacer que conozcan las principales adquisiciones y descubrimientos de la ciencia; cambiando así totalmente su punto de vista, transformando muchas de sus simples creencias en convicciones, y haciendo ver la posibilidad de efoctuar la misma transformación respecto á otras creencias, que poi· entonces tienen que admitir sin las pruebas suficientes, y
bajo la fe de los que saben más que ellos. Por ejemplo, al habla1· de los principales hechos de nuestro sistema planetario, no se detendrá á dar las pruebas de sus asertos, las cuales serian incomprensibles para
ellos; pero si les hará saber que estas pruebas existen, y que si alguna vez logran tener los conocimientos matemáticos necesarios, lo que ahora deben admitir como una simple c1·ee12cia, podrá llegar á ser
una profunda convicción.
Nada deberá omitirse para hacer sentir al niño, cuando sea oportuno, este importantlsimo carácte1·
de la fe moderna ó cienllfica, que consistt en ser demostrable. Esta perspectiva permanente de poder
tl'&amp;nsformar la pura c1·ocncia en convicción, la fe en demostmclón, no sólo es un estimulo viv!simo é
incesante para aprender, sino que también viene á ser el mejor y más eficaz remedio y preservativo
de la intoleranria y de la tiranía. El que está cierto de poder com'encer, no se verá jamás tentado á
imponer una creencia por la fuerza; podrá compadecer al que no está en aptitud de comprender una
demostración, pero nunca perseguirlo: propenderá, más ó menos, á instruirlo, mas no á exterminarlo.
¡Quién no percibe la inmensa importancia social y moral de semejante cambio! ¡Quién no aprecia el
profundo contraste que existe entre estas tendencias y las que hemos manifllstado ser propias de las creencias absolutas é indemostrables! Y, ¡quién podrá entonces no unirse á nuestra empresa de apresurar y
cimentar un cambio tan saludable!
Fácil es comprcnde1· por esta somerfsima é incompleta, aunque un poco larga, exposición de nuestros deseos, qué elevación de ideas, qué dosis de buen juicio y de prudencia, y qué vasta, y sobre todo,
variada y sólida instrucción, se requiere en los profesores para cumpfü tan importante misión social. Fácil es ver cómo so eleva así el carácter de unos funcionarios que hoy se miran tan rebajados.
Poro tal vez se creerá, por este motivo, que para llegar á ser prof.:sor de instrucción primaria St necesita llegar á. ser un sabio consumado, y que, por lo mismo, á fuerza de querer lo mejor se hace imposible la consecución de lo bueno, y se paraliza, en vez de fomentar, la difusión de la instrucción.
Este temor no es realmente fundado. Aun poniéndose en el punto de Vista más exigente, un alumno
que saliese do los bancos de la Escuela Preparatoria, tendría, si babia hecho sus estudios completos, la
suma de conocimientos necesarios para desempeñar tan trascendentales funciones, con sólo que practicase durante un año el arte de la enseñanza á la vez qne sus fundamentos cientlflcos, es decir, basados
en las leyes de nul'stra propia actividad flsica y mental.
Poro si es Ycr&lt;lad que esto seria suficiente, no lo es menos que esto st:r!a indispensable también. No
6s posible que un profesor de primera clase desempeñe su dificil encargo con la suficiente espontaneidad1 y por lo mismo, con la necesaria facultad de adaptación á las exigencias de cada caso, si no ha adl}tlfrido una sólida instrucción en cada una de las ciencias que se ocupan del estudio de las propiedades
de las cosas ú objetos que le van á servil' de punto de partida para sus lecJiones. Cada objeto requiere,
para ser explicado convenientemente, el auxilio do todas las ciencias reales; y como, según hemos indicado, es muy conveniente que la iniciatÍ\'a del punto sobre que debe principalmente versar la lección ó
explicación, parta de los alumnos mismos, si se quiern que el éxito sea compl11to, es forzoso que el profesor esté preparado para todo evento.
Cada objeto puede ser sucesivamente el motivo de una lección fructuosa de aritmética, porque sien·
do susceptible de ser numerado y dividido en partes, lo es también de que con aplicación á él se haga la demo!ltración de cualquiera de los teoremas de la ciencia del cálculo; puede ser el motivo de una aplicación 1fo In geometr!a, porque tiene figura y extensión; de una exposición de leyes físicas, porque tendrá
peso, sonoridad, propiedades caloríficas, color y demás atributos del dominio de la óptica; y por último,
poseerá propiedades eléctricas. El tendrá ciertos caracteres químicos, que se prestarán á explicaciones
muy utiles é interesantes, sin dejar de ser sencillas; él procedera dil'ectamente, ó al menos, tendrá entro
sus elementos, por poco que sea complexo, algunos que ptrtcnezcau al reino animal ó vegetal, y que exijan el conocimiento de las ciencias de la organización y de la vida, y que den oportuna ocasión á lecciones muy interesantes y muy útiles sobre uno y otro punto, y sobre el enlace y conexión de la primera
con la segunda y Yiceversa. Por último, un objeto cualquiera que so tome como punto de partida, será
f,nzosamente ó un producto directo de la naturaleza ó un resultado del arte; pues•bien, tanto ·en un caso coJto en otro, será fácil llamar la atención sobre la manera con que el hombre ha Influido ó ha podido
lnflofr en su producción. Si pertenece, por ejemplo, á la segunda categorla, os claro que tal fin se logra•

295

RBV1S1'A MODERNA.

til con sólo explicar los diforcntes procedimientos do su fabricación, asi como la relación esencial que
tengan entre si las partes diversas do que conste. Si fuese, por el contl'ario, un pl'oducto natural, so llamará la atención al modo con que el hombre ha logrado mejorar, á su punto de vista, las cualidades útiles ó agl'adables que él posefa primitivamente en menor grado, ó bien quitándole otras que nos convenfa
que no tuviese.
Do esta suerte, con ocasión de una pera, poi' ejemplo, perfeccionada por el ingerto, se podrá demostrar do un mc,do tan sencillo como eficaz, de qui• manera la humanidad so ha el'igido en la tierra á fuerza de estudio y do observación, en una Providencia efectiva, que mejorando sin cesar, en los limites de
su poder, las condiciones del planeta, se hace acreedora á nuesti·a creciente gratitud, con tanta más razón1 cuanto que. careciendo de omnipotencia, no puede se1· mol'almente responsable de las imperfeccio·
nes que no ha podido aún remediar. De esta suerte, los servicios prestados, y que no es posible desconocer, suministrarán, sin esfuerzo y sin ficción, una ocasión favot·able para el cultivo de nuestl'Os más no·
bles instintos, permitiendo y suscitando á cada paso una sincera y pura efusión de gratitud, sin mezcla
posible de reproche,
Si la perfección moral se condensa, como dice admirablemente Ripalda, en la Caridad, y si la caridad, según el mismo, no es otra cosa sino el amor á. nuestros semejantes, no es posible poner en duda la
eficacia superior de este medio de moralización, comparado con la situación contradictoria de otras doctrinas que por una parte presentan al hombre como el origen de todos nuestros males¡ á la humanidad
como un enemigo del alma, del cual debemos huil', y por otra nos prescribe amario como á nosotros mismos. ¡Como si un precepto puramente especulativo, por más que vaya cimentado en terribles amenaza!'¡
pudiese Impedir las desastrosas pero lógicas consecuencias do unas premisas inflexibles!
Esta bl'evfsima recapitulación, basta para demostl'&amp;l' que la instrucción cientifica del profosor, debe
ser, sin hace1· mérito por ahora de la literaria, sólida y general, tal como la que se da, en fin, á los alumnos de la Escuela Preparatoria, y que no puede ser menor, so pena de esterilidad ó al menos de una mu•
cha menor fecundidad en los resultados de su misión.
Estos profosorcs, sin embargo, capaces de desenvolver asi todas las faculta.de! de los niños, hacien·
do que ellos mismos analicen las cosas para llegar á las genol'alizaciones á que se presten, procurando
que las describan asemPjándolas á otl'OS objetos ya conocidos, que las definan, etc., etc., no haciendo más
que ayudarles siu sustituirse á. ellos, y que Juego completen la lección hecha por el niño con todo ague•
!lo que crean com·eniente, y que no ha podido estar al alcance de aquél, no pueden ser nunca tan comunes ni tan numerosos como seria necesa1'io para satisface1· las exigencias de la instrucción primaria, si
todos los maestl'os debiesen estar á esa altura; pero esto no nos parece, al menos por ahora, indispensa•
ble; basta con que se procure que en las principales capitales haya algunos de éstos que servirán de modelo á los demás: éstos fol'm&amp;l'án la primera clase. La segunda será formada por personas de menos ins•
tl'ucción, pero educadas siempre en este sistema, que aplicarán también, aunque con sujeción á ciertos
textos dispuestos al efecto. Podl'á haber todavfa otra clase tercera de profesores, para escuelas de me•
nor importancia, para quienes será preciso redactar texto'! en los que se haga la aplicación del método,
y de los que no deberán apartarse ni en un ápice, propagando así el sistema aunque de una manel'a ca•
bi automática, pero siempl'O con notable ventaja para loll alumnos.
Decit· que esta clase de profesores están destinados á desaparecer paulatinamente con los progresos
do la ilustración, es una cosa que casi no ha menester indicarse; pero reconocer que ellos son por ahora
indispensables, es otro hecho que no nos parece menos obvio.
Asl, los que sinceramente deseen contribuir á la difusión de la inst:-ucción primaria, pueden cooperar muy eficazmente á tan noble fin, do dos maneras diferentes, pero ambas eficaces La una será formando, con sus cons&lt;&gt;jos y sus lecciones, profesores de los de segunda clase, para lo cual podrán tomarse
de las escuela$ gratuitas, tanto federales, como municipales ó Jancasterianas, cierto número de jóvenes
que se hayan distinguido por su moralidad y aprovechamiento, y formar después con ellos profesores capaces do dirigir las escuelas primal'ias que puedan ir vacando, ya sea en el Distrito, ya en las poblaciones do los Estados limítrofes.
Las relaciones sociales y polfticas de todos los que nos hemos reunido aqul, serán la principal palanca con que deberemos remover los obstáculos que pudieran dificultar el logro del segundo ot.jeto; pero
para ello es preciso que todos contraigamos aquí el solemne compromiso de ponerla al servicio de nuestra causa, que es toda de pl'ogl'eso y civilización.
La segunda manera con que podemos contribuir á este patriótico fin, será, el redactar tratados propios para servir de guia á los proferores, tanto de primera como de tel'cera clase, en perfecta conformidad con los principios establecidos arriba, y teniendo presente que dichos manuales deben servir de norma y pauta á unos y á otros, y que aunque los de segunda clase puedan apartarse algún tanto del texto,
sobl'e todo en lo relativo á pl'esentar á los niños casos nuevos y variados, en los cuales puedan ejercitar
su inteligencia y aguzar su sagacidad; los de tercera clase están obligados á ceñirse estrictamente á lo contenido en el manual, el cual, por tanto, deberá contener todos los detalles que se juzguen necesal'ios, y
aun los que sólo sean útiles, aun cuando dichos manuales parezcan voluminosos, pues es preciso tene1·
presente que ellos no van á servir á los alumnos, sino á los maestl'OSi ó más bien, á aquéllos por intel'me·
dio de éstos.
GABrno BARREDA.

�2!!6

ARo IV

REVISTA MODER~A.

EL ULTIMO SUEÑO DE LUIS XV.

MÉXICO,

1ª

QUINCENA. DE ÜCTUDRE DE

ARTE V

ANATOLE

I

FRANOE.

NúM.

19

REVISTA MODERNA
DIREC T O R : JESUS ;E. VALEN ZUELA.

AJO el murmurio lento de las últimas palabras de absolución, el rey, muy débil, se
durmió.
El anciano sacerdote, de rodillas, hizo la acción de bendecir. Después, y con
una mano sobre el brocado del gran lecho aparatoso, se levantó.
Durante un minuto contempló, pensativo, al moribundo, lamentable, cuyo
Mstro tumefacto destacábase, violado, sobre la blancura de las sábanas en la media sombra del baldaquino de cortinas de seda azul.
llnbo un largo suspiro, lleno de filosofía, en el sacerdote; luego, atravesando la gran cámara, vacía
y muda, abrió con precaución la alta puerta blanca.
El cuchicheo hipócrita de las conversaciones se extinguió. Silenciosamente, según las estrictas leyes
de la etiqueta, la corte, en traje de gala, llevando todas sus insignias y decoraciones, entró con lentitud
y de pie, ceremoniosa, púsose á mira1· la muerte de su viejo rey.
Entretanto, I,uis XV tenia un gran sueiío: estaba muerto, y bajo un cielo azul, donde las estrellas de
oro se agrupaban en flores de lis, al través de una llanura inmensa, hacia el horizonte pálido, andaba él,
buscando el camino del paralso.
Andaba, andaba .... y ante él ninguna estrella se elevaba en el firmamento para guiar hacia Dios á
Su Majestad Crist1anisima.
.
Luis XV sentíase fatigadp, y pensaba que era. muy descortés el Padre Ci,lestial, al mostrar tan poco
interés en darle la bienvenida.
- En verdad, sófo en Versalles hay modales cultos, se dijo.
De pronto apareció, caminando á su encuentro, una ligur.a extraña: era un gran cuerpo decapitado,
revestido esph'•ndidam~nte-con una casulla de oro incrustada de piedras preciosas; una aureola cerniase
encima de su cuello sangriento, y llevaba en las manos, cubierta con una mitra de plata, una cabeza de
barba blanca.
Luis, cel Bien Amado, , la reconoció. Sin duda, San Dionisio venia á saludará su alma, de parte del
Alllsimo, después de haber recibido sus despojos terrestres en su antigua abadía.
Pero se equivocó: San :Oionisio no lo conocla y le preguntó quién era.
-$oy el rey de Francia, y busco el paraíso.
_
El santo no demostró sorpresa: ¡habla visto tantos reyes de. Francia!
-A la derecha, siempre á la derecha, dijo.
Luis XV readquirió valor, y se hundió de uue\'O en la llanura ilimitada .... En el cielo, de un azul
sombrío, las flores df.1 liS palldeclan.
Anduvo, 1;1.nduvo, y siempre el horizonte monótono retrocedía.
Pareoíale muy duro al anciano monarca, encontrarse tan solo en aqu-11 desierto. l\leditaba y se decía que en aquel otro mundt&gt; debia ser él muy pobre cosa, para estar asi, tan abandonado. Habla siempre creído que un rey áe Francia era uno de los primeros cerca del buen Dios, y be aquí que ahora envidiaba á M. de Cboiseul, desterrado, en su pequeña corte de Chanteloup.
Al fin, columbró, arrodillado sobre la arena, á una mujer de larga cabellera. áurea, y á quien encontró parecida á esa pobre condesa cuando en el pequeño boudoir de Luciana Leonard, la peinaba.
Y al pensar en esas cosas, Luis •el Bien Amado,• suspiró.
La mujer le dijo:
-Soy Maria Magdalena¡ ¿qué buscai..l'
Luis XV inclinóse con galantería, y sonriendo ante los bellos ojos ele la pecadora rubia, respondió
t¡Ue era el r&lt; y de Francia y que buscaba el paraíso.
-A la izquierda, siempre á la izquierda, le dijo la Magdalena.
Aquella voz de mujer cantó largo tiempo en el alma del pobre rey, durante la penosa ruta.
El cielo volviase Mgro y las flores de lis ya no irradiaban en él. Tan sólo flotaba una como nebulosa cl1ua.
.
Luis XV se sentia cansado, muy cansado, y el horizonte desplegaba á su vista, inmutable, la-1esesperanza de su linea inffoita.
Por úftimo, cayó la noche, y, sin ver nada, el rey seguía andando.
Pero súbito, en la sombra, un grán ,·iejo le detuvo. Llevaba una llave de oro y una larga espada.
- ¿Qué busc.ais?
_
-Busco el paraíso, contestó el monarca. San Dionisio me ha indicado el camino por la derecha: Matla Magdalena por la ízq~ierda.
- Verdaderamente, exclamó San Pedro, no seguis la buena via .... Pero ya adivino quién sois: sólo el rey de Francia es capaz de tomar consejos de !J1Ujeres ligeras y de hombres sin cabeza.
Y en.el firmamento nocturno, las flores de lis se desvanecieron ....
Uu tintípeo _de campanilla resonó, argentino. El rey abrió los párpados hinchados; vióse en su gran
cámara, en el fondp' de su lecho aparatoso. Lentamente, llevando el viático, un obispo avan:r.aba. To•
dos los cortesan•os,: tt'e 'ródillas, doblaban, bajo las pelucas blancas, las cabezas pensativas.
Y parecíale- l&gt;«eno á Luis •el Bien Amado• el hallarse aún sobre la tierra y ser rey de Francia,
Y c~rró los _oj_o•
Un cirujano se ir¡clinó sobre él: en seguida, alzando la frente, hizo un signo.
El ciipitán'dé guardias vino y se colocó á la cabecera del lecho.
-Seño·res, ¡el rey ha muertb!
Repitió ·dos veces:
..: - ¡El"rey ha muerto!
Luego, sacando la espada, gritó, gritó:
•
¡Viva el rey!

1901

CIENCIA.
,JEFE DE REDA C CJON: JESUS URUE'J'A.
'l'ip, de Dubldn.

PROFETAS DE MIGUEL ANGEL,--CAPJLLA SIXTJNA. ROM,\,

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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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ARo IV

REVISTA MODER~A.

EL ULTIMO SUEÑO DE LUIS XV.

MÉXICO,

1ª

QUINCENA. DE ÜCTUDRE DE

ARTE V

ANATOLE

I

FRANOE.

NúM.

19

REVISTA MODERNA
DIREC T O R : JESUS ;E. VALEN ZUELA.

AJO el murmurio lento de las últimas palabras de absolución, el rey, muy débil, se
durmió.
El anciano sacerdote, de rodillas, hizo la acción de bendecir. Después, y con
una mano sobre el brocado del gran lecho aparatoso, se levantó.
Durante un minuto contempló, pensativo, al moribundo, lamentable, cuyo
Mstro tumefacto destacábase, violado, sobre la blancura de las sábanas en la media sombra del baldaquino de cortinas de seda azul.
llnbo un largo suspiro, lleno de filosofía, en el sacerdote; luego, atravesando la gran cámara, vacía
y muda, abrió con precaución la alta puerta blanca.
El cuchicheo hipócrita de las conversaciones se extinguió. Silenciosamente, según las estrictas leyes
de la etiqueta, la corte, en traje de gala, llevando todas sus insignias y decoraciones, entró con lentitud
y de pie, ceremoniosa, púsose á mira1· la muerte de su viejo rey.
Entretanto, I,uis XV tenia un gran sueiío: estaba muerto, y bajo un cielo azul, donde las estrellas de
oro se agrupaban en flores de lis, al través de una llanura inmensa, hacia el horizonte pálido, andaba él,
buscando el camino del paralso.
Andaba, andaba .... y ante él ninguna estrella se elevaba en el firmamento para guiar hacia Dios á
Su Majestad Crist1anisima.
.
Luis XV sentíase fatigadp, y pensaba que era. muy descortés el Padre Ci,lestial, al mostrar tan poco
interés en darle la bienvenida.
- En verdad, sófo en Versalles hay modales cultos, se dijo.
De pronto apareció, caminando á su encuentro, una ligur.a extraña: era un gran cuerpo decapitado,
revestido esph'•ndidam~nte-con una casulla de oro incrustada de piedras preciosas; una aureola cerniase
encima de su cuello sangriento, y llevaba en las manos, cubierta con una mitra de plata, una cabeza de
barba blanca.
Luis, cel Bien Amado, , la reconoció. Sin duda, San Dionisio venia á saludará su alma, de parte del
Alllsimo, después de haber recibido sus despojos terrestres en su antigua abadía.
Pero se equivocó: San :Oionisio no lo conocla y le preguntó quién era.
-$oy el rey de Francia, y busco el paraíso.
_
El santo no demostró sorpresa: ¡habla visto tantos reyes de. Francia!
-A la derecha, siempre á la derecha, dijo.
Luis XV readquirió valor, y se hundió de uue\'O en la llanura ilimitada .... En el cielo, de un azul
sombrío, las flores df.1 liS palldeclan.
Anduvo, 1;1.nduvo, y siempre el horizonte monótono retrocedía.
Pareoíale muy duro al anciano monarca, encontrarse tan solo en aqu-11 desierto. l\leditaba y se decía que en aquel otro mundt&gt; debia ser él muy pobre cosa, para estar asi, tan abandonado. Habla siempre creído que un rey áe Francia era uno de los primeros cerca del buen Dios, y be aquí que ahora envidiaba á M. de Cboiseul, desterrado, en su pequeña corte de Chanteloup.
Al fin, columbró, arrodillado sobre la arena, á una mujer de larga cabellera. áurea, y á quien encontró parecida á esa pobre condesa cuando en el pequeño boudoir de Luciana Leonard, la peinaba.
Y al pensar en esas cosas, Luis •el Bien Amado,• suspiró.
La mujer le dijo:
-Soy Maria Magdalena¡ ¿qué buscai..l'
Luis XV inclinóse con galantería, y sonriendo ante los bellos ojos ele la pecadora rubia, respondió
t¡Ue era el r&lt; y de Francia y que buscaba el paraíso.
-A la izquierda, siempre á la izquierda, le dijo la Magdalena.
Aquella voz de mujer cantó largo tiempo en el alma del pobre rey, durante la penosa ruta.
El cielo volviase Mgro y las flores de lis ya no irradiaban en él. Tan sólo flotaba una como nebulosa cl1ua.
.
Luis XV se sentia cansado, muy cansado, y el horizonte desplegaba á su vista, inmutable, la-1esesperanza de su linea inffoita.
Por úftimo, cayó la noche, y, sin ver nada, el rey seguía andando.
Pero súbito, en la sombra, un grán ,·iejo le detuvo. Llevaba una llave de oro y una larga espada.
- ¿Qué busc.ais?
_
-Busco el paraíso, contestó el monarca. San Dionisio me ha indicado el camino por la derecha: Matla Magdalena por la ízq~ierda.
- Verdaderamente, exclamó San Pedro, no seguis la buena via .... Pero ya adivino quién sois: sólo el rey de Francia es capaz de tomar consejos de !J1Ujeres ligeras y de hombres sin cabeza.
Y en.el firmamento nocturno, las flores de lis se desvanecieron ....
Uu tintípeo _de campanilla resonó, argentino. El rey abrió los párpados hinchados; vióse en su gran
cámara, en el fondp' de su lecho aparatoso. Lentamente, llevando el viático, un obispo avan:r.aba. To•
dos los cortesan•os,: tt'e 'ródillas, doblaban, bajo las pelucas blancas, las cabezas pensativas.
Y parecíale- l&gt;«eno á Luis •el Bien Amado• el hallarse aún sobre la tierra y ser rey de Francia,
Y c~rró los _oj_o•
Un cirujano se ir¡clinó sobre él: en seguida, alzando la frente, hizo un signo.
El ciipitán'dé guardias vino y se colocó á la cabecera del lecho.
-Seño·res, ¡el rey ha muertb!
Repitió ·dos veces:
..: - ¡El"rey ha muerto!
Luego, sacando la espada, gritó, gritó:
•
¡Viva el rey!

1901

CIENCIA.
,JEFE DE REDA C CJON: JESUS URUE'J'A.
'l'ip, de Dubldn.

PROFETAS DE MIGUEL ANGEL,--CAPJLLA SIXTJNA. ROM,\,

�1-IEVISTA MODERNA.

"PAISA,JES PARISIENSE~ ...
PIA!ffET, n:ARTF..-PARJ8.

'(l()t),

OSAS de asfalto . . . (l risetas marchitas por el hambre clorótica b11jo la opa.
cidad brumaría del cielo parisino, y ebriantes do neurosis biíqnica al fulgor
agrio de las burbujas de luz con que ha foerizado al orbe el l.J1·ujo de i\lenlo
Pa1 k; una atmósfera hollinada por el humo de las pipas inexting-uibles, y entre ella, eetiqueados vigorosamente á golpes sobrios, los brigautes del amor y
del placer, los usurpadores del viejo corazón romántico, degenerados, sin sangre y sin alma 1 gastados y pasados de pi acere~, vaclos ele genialidad, son:'1mbulos de la antigua alegria gala!
Ah! mi bienamaclo artista! .... Tu sangre ardorosa americana y tus ironlas gozosas ele \'Cinte niío~
son las que han flameado en hipostasis efímera, en cerebros sorbidos por el vampiro absintio '!-. t'n t'S·
tremecimientos galvanizados de organismos muertos para las rapsodias de que has sido rápsoda!
Seria necesario peregrinar it Prnga para saludar con un bock de ce1Teza ntbia il la antigua bohemia! La del banio latino ha bebido rn demasla y hase t'nvt'nen1Hlo del mal tremendo, De tanto bt'her,
Baco se ha vuelto viejo!
F.l artista argentino, 11'lolesce11to y Yibrátil, ha sido 1•crsonaje dE&gt;corativo en ese carnaval de Ooyn;
ha llerndo flU temperamento soita1lor y cxótico á la saturnal moderna y ha fusionado su clelicacleza srn~ith·a en personajes que aparecen como i·l '}nenia que hubiest'n sido, soiía&lt;lorrs románticos sotinclos en
Ami•rica por los que hemos transmi¡..;rado ele Bohemia merccrl l. \'elciclndes de la fortuna;~ RPntimos tri~ ·
t1•za ni ver que el alcohol y la luju1 i!l. son las dos notll!I del lcitmotif de esos p11isajes.
Pero el artista ha hecho bien. Su naturismo de paisajista de almas ha trabnjado frente á las modulos
desnudas del ropaje romántico de ;\limi Pinsoo; y sus griseta:,, perversas como lllarcela ó abnegadas como Raquel, van y vienen bajo la bruma, en formas rosas ele asfalto, en la espera inexorable del brusco
aletazo de Amor que las tendc1'1!. de espaldas. El limo de la vieja Lutecia es fecundo para germinar esas
frágiles anémonas, y así l'garténos presenta una selie ele croquis en que á amplios trazos se destacnn
fue, temen te perfiles y escorzos de mujeres fohrile~, sedientas de amor1 flageladas por la vida, en des bandada al Erebo del vicio, 11turdicndo la tr:igedia ele su ju\·entucl mancillada en torno il las mesas del
call.arct- li1pidas marmóreas de toda \'irtt11l-renclir!as en botln fácil á los corsarios del amor y del placer, híbridos, usurpadores de la vida de bohemia, cuyos ch11mbcrgos y melenas y pipas han profanado
para hacer antifaz á su holgazanel'la de sostenido;!
El peregrino paisajista ha copi'ado las buhardillas penumbrosas, los &lt;'amaranchones húmedos, l'l
vit•jo Pads anguloso y patinado por los siglo,, Ja poe~ia ele las cosas que se extinguen, que naufragan
en vorágine destructora barridas por la orientación nueva dol arte humano. Lo imagino, irresoluto en
su poder de. prosista vigoroso, antes de singlar hacia la. constelación que lo atrae, antes de l11nzar su sólida barca velera en el erostratismo que lo corroe-línamuno halló la frase,-esfumado ya en su tendencia socialista, volver lo.; ojos á l&lt;1 aclolcsccncia perdida, la bohemia dorada, y apresurarse á espigar ern
haz de paisajes que no vueh·en, 1" jm·cnilia de sus sueiios de poeta, flor que cuajó de pulpa de tt'1. de
ninfas la primavera del durn ,ner, ,. que en el espléndido estío se transf'ormar.'1 en carnosos frutos!
Y, pródigo de su pall'ta virgeH, ha cromatizaclo los matices en penumbras ele ensuelio ~·hadado to•
qurs vigorosamente flamencos E\U In expresión nueva, en la frase personal suya, en súbita revelación do
procedimiento propio; rclil•\ t'l' h ri"Jltcs re¡dzan sus croquis cuando pinta • mordisqueos de besos, ó cua ndo nos h1tce oít carcajarlas (11\\l a litigan en la noche. Bien hallado! Podrá p&lt;trecer grot,~sco á mansos ra·
moneadorrs de la pl,'tci la \Jt'...l"l\ O\ ,•llanesc11; podri\ enfermar la neurast •nia aguda ele los almibarados
malabares &lt;le la fras&lt;' 11rn ne, ·· 'ert•, :rifecuncla y hueca; pero rscnlpir11 la iien:.a('icin rl'a.lista t'n l'l l'Splriln
1lt• 1011 '}UP buscan ·1• &lt;', arte 1 1 •'ofo1 ,. el placer ele la humanidad.
A pesat· de ,1 jtn-entntl II
ta a 11\ lnz del arte en plena ¡wiman rn gala; (1 pe~ar •lel oleaje icono,
cla11ta que hate las literaturns ·nuel'tf', ·mtroTnizando un ~ro_cedim_iento _grandiosan~ente c~ótico ~ara
1,icn de pocos y parn mal cl11 muchos, ;\lan-'tlel Ugarte no es m 1&gt;1mbohEln, n1 romano, DI neognego, DI sa-

29!)

Láuico, ni m.bti.c{,: es liumano, es amplio y seusiLirv, es pa:,io11ario y g~ueroso para seutir con el herma 110
que sufre á su lado; canta el amor y el placer y lanza su anatema contra las injusticias de la Yicla; hace
de su don de intelectual un ariE:te en defensa de los 11gobiados y los vencido~! Sabe que el artista surge
para cumplir una mi~ión!
Posee la natural elegancia de un verdadero escritor. Sin exagerar la mod11, sin exudar la frase, i,in
huronear el vocablo, tampoco gusta de lambrequinar su moderno trofeo ele prosador americano proclamando abolengos de aristocracias hispánicas, hoy tronadas en letras!. ... Escl'ibe como siente, como piensn, en amplio cosmopolitismo de ideas focundado en temprano \'iaje :i l~ttropa y América, cuando su cspiritu abierto como un cáliz de flor d11ba fL las auras del cielo el aroma de sus afocciones de mozo!
U n dla, en el mes de las sabanas floridas, en el fructidor pluvioso en nuestras zonas, l\Ianuel
l'garte llegó {~ nuestra cittdad consagrada por un siglo ele sangre y hierro, deseoso de ver el pals ro mántico y novelesco hollado por los legionarios ele dos impel'ios, anidado por el águila aventurera ele
G11lia y por el águila bifronte de Aui,tria Hungría .... El garzón cayó en plena sangre latina, en plena
sirte de placeres que habla ele arrojar un poco más tarde ;'t las playas de la muerte el caditver de 011estro
llernardo Couto Caslillo-cl pequelio- cl consentido ele los artistas .v cl1i las mujeres .... Estábamos to·
dos .. . . y estábamos juntos .... y Ugarte so sentó i1 nuestra mesa cual :,i l.iubicse sido u11 hermano au•
sen te que volvía d•• un largo viaje; se hablaba ele amor y ele arte, los tlos problemas únicos y absorbe11tes de la ju·: 'Pt,1 1 soi1atlora; inquirlamos con a\·idcz recíproca las intimidades ele las dos pl(yac!es milirnntes, lama cu J:1 tia del Plata y la otra en el valle de los lagos muertos de .\náhuac. Las noches fres
cas volaban con su; constelaciouc~ doradas, después de los días pradiales, y errábamos al fulgor cinlil11ntP. de los astros persigttiendo el beso de una rima soiiada ó el beso ele una boca bermeja ....
Y una de aquellas noches, en el calor de una polémica surgida PII torno A una mesa cubierta 1le
ho&lt;•kq tic cerveza ambarina, ligarte vibró esta frase:
-Xo \'algo por lo que he hecho, sino por lo que har(•!
Osado pensamiento que revt'laba ingenuamente su fuerza inlorna, ,qn confianza rn la labor te11az clu
la c,bra madurada tt focgo lento, r¡ne en breve habla ele cumplirse en esa bella. pl'imi cia paginada que
son los l'afanjes parisie,ue.~.
Abro al acaso los lindos óleos de caballete, y hallo croquis tan hermosos como La ll1wia en el bosque, Rnjo la luna, Las alc/taas, que me recuerdan un sueiio ido, que me arroban e n el sueiio acariciado
en v11no, de los sitios dontlc noc,1e :í. noche mi esplritu yerra en torno de Lutecia cual mariposa nocturna
rn torna &lt;lt' la luz¡ !ec, T'11a m·,,n/ul'a, para mi el mrjor cuento, y entreveo las marinas holandesas á fuerlNl tintas sobre fon rlos grisrs r oigo • el bordonear e.le las aguas, en los canales henchidos ele bergantines.
En Gravelocllf hay un de:,file completo; es la bohemia e11 brama, bacantes y faunos expoliados por
na('chn~, G11mbrinuc; y YenuQ, 1ir1 p&lt;'rsigui(•ndose en una pradera ó en una. selva ele J-U•Iladt&gt;, sino afrodisi:rntlose en los café•-, cant11ntes con danzantes vientres desnudos ,v copl11s más fuertes que uo mal'isco
pimcntilclo con Cayena. La saturnal moderna en t&lt;•do su esplendor; las Ménades revoldn ,lose desnudas
en los divan es de los tallct'c.,, ante ojos ardientes de .pi ntores ,ic vellocinos de \'tinus y de poetas obcedidos por el i;cxo, cuya má~ alta jerarquía proclaml\ Felicien C.:hampsaurd! . ... Adios raptos ele Dejan ira
de Helena y ele Europ11!. ... ~o hay si110 pobres rosaq de asfalto que e~peran un brusco aletazo de Amor
para caer de espaldai,!
El romanticismo para siempre ha mul!1-to! La bohemia de esos Paisajes es una bohemia de hastlo! ..
y para curarme el alma de ese contagio- todo libro que lo produce es libro fuorte - voy á oír á Ruggiero Leoncavallo, Yoy á oír su música viva y ardiente, trasplantada ;i 18'38 para 1n-ocar la~ canciones de
Alfrrrln ele i\ínssrt y Henrt:\ínrgcr ...
,lfimí l'i11so11 la biondi11f'tltt ....
... . y veo A Sclta1111anl, A CollinP, 1L í:odolfo, á i\larcelo, vivos, e11 c111·ne y hul'so, cortPjando á i\fiml, A
;\[usette r {1 Femia, las hlondina'l ele grande.g soml)reros mariposas y volantes abanicaclores, y oigo la algazara del caft'· ;J[omus y la fiesta qur llena todo un pntio y toda una ciudad y toda una época y toda
una literatma, y sondo y suspiro al rrcordar los dichosos tiempos idos para siempre, y me entristPct'
Pquiparnr esa huida ;'t la de mis vcintr aiíos, mis veinte primaveras bien muertas.....
Uimí Pinscn la biondinetta ha muerto tambi(•n, y no la despertará nadie, jamás, sino en un drama
lirico 6 en una página de arte! En tus paisajes ílota la sombr.a ele i\limí, hermano mio de los Paisajes
pm·isienses, pero es solamente la poesla que has hecho sonrefr en las buhardillas en que agonizan b11jo
la bruma del realismo esas pobres grisetas, esas pobres musas dr ajenjo .... !

lle e roN i\l. CAi\lPOS

�LAS PRINCESAS.
rnr.

T11t:OnORF. O'F. ll.\S\'11.11!).

MEDEA.

Me lea, la lacrolna que alienta lll.! amor I mln,
Canta con el mar negro y el 1io que delira
Y en el astrn que Ilota sobre sus ondais mira
El reflejo albeante de su cuerpo desnudo.

"

HVIAJE AL PAIS DE LA DECADENCIA"
POR SANTIAGO ARGÜELLO H.

Pálida encantadora, cerca del Pbasio mudo
Canta y la vespertina rilfoga que suspira,
Pniéndose á sus versos con un rumor de lira,
~ni cabellos en cren&lt;'1Jas doradas desanuda.

(CONTINÚA.)

CAPÍTULO 1I. .

Sus miradas ardientes en el profundo cielo
Clav!rndose disciernen ensangrentado velo ....
L•tl'l!'O arranca en la falda de la montaña bruna
Las planta8 que recelan el trá¡;ico veneno,
Mientras que luminoso brllla su erecto seno
Como un pulido mármol al rayo de la luna!
C:Í..EÓl?ATRA.

tlora el rlo en la calma de la noche enc&lt;&gt;ndi&lt;lai
Lloran eternamente los rumores del Nilo,
Y los dioses eternos del alto peristilo,
Y las nrgras esfinges en la grande atenida.
La luna sobre un 11rngo matiz crisoberno
1Je nébulas, empapa con luz desYanecicla
A Cleopatra. desnuda, vencedora y dormida
Sobre un e!trai1o lecho que finge un cocodrilo.
Y mientras que dormita- maldición y tesoro
Del mundo- un dios de jaspe con cabez.a de toro
Se inclina y ,,e su seno donde la luz se posa¡

8n seno en"que los fuegos-rutilantes abrojosChi&amp;pean inflamando su brasa azul y rosa ....
r lll lclolo de jaspe se le queman los ojos!
MESALIN".A.

Ardiente, arrebatada por su pasión constant&lt;',
.llPsalina qne nunca. su fiebre desaltera,

Prendida en las espaldas la piel de la pantern,
La ,·rndimia &lt;'&lt;'lehra con sn joven amante.
Estrecha con sus h!'azos de nieve, delir:rntí',
A 8ilyns y lP clire: «Sir misterio quisiera

DE VI.AJ~.

AJAi\10S.
Y era una laguna, de orillas recortadas en circulo perfecto, azul y fúlgida, como
una gran turquesa liquidada. Ni clamas blancas, ui ondinas. Ni siquiern el pcccsito
nervioso de las claras fuentes. Agua sin rizos, cal,ellera de india.
Bajo la azul diafanidad, se columbra, allá en el fondo, un tri{111gulo. Y en medio
de ese ti·iángulo, un ojo abierto que mira fijamente ....
Eu derredor del lago, en tres iguales segmentos, tres raros y pasmosos palados, cada uno cou su
h ucrto florido.
EL EfE110, encaminándose al primer edificio:
-Entremos aquí.
Dió un afrl~bonazo, y la puerta, como un párpado con sueño, apenas separó sus pestai1as.
Entramo;;.
El salón era fri.o r tr;6le, lin reloj recordaba nucstl'O etemo desfile con el desfile eterno de su arena•
l ua a ,·e disecada mostraba su esqueleto, epilogo, fin, término del alígero músico del Alba. La dueJia tamhiéu se bailaba a!li, con un dedo en la frente. En sus ojos estaban apagados los ch·ios de la esperanza.
Ese roi;tro era tdste.
l'nsamos al huerto.
EL ErEBO:

- Fíjate bien en todo, para que nada oh·ides. Es preciso que te instruyas, para Ilegal' al dificil país
:'1 &lt;loude vamos. ¿\'es cuántos árboles, qué millares de arbustos, qué museo de frutos? Toca. En esta mau~iún todo ti ·ne vida. real. Aquí nada es fingido¡ aqul no hay espejismos. La fantasla no ha bollado jamás
el 11msg-o de este huerto. Esa Flora es un organismo en función, como los r¡ue tit conoces. ¿Te gusta aquel
ramaje? ¿T&lt;i desagrada. la calvicie irregular de esa cnpa? ¿Sientes que alienta tus pulmones la esencia de
ci;:i roi;a? ¿To hizo gritar el aguijón de esa ortiga? ..... Ya lo ves: lo uno es bello, y lo otro inarmónico;
(·~to rnna, y a&lt;¡ul'.-llo hace sangr:U' ~ enferma. En este huerto crece lo grande y lo pequeño, lo agradable
y fo feo, la flor que &lt;•mbriag:1 y la r¡ue destila tósigos. La \°mica condiciú_n que busca la Sei1ora es qnn la8
¡,:antas sean adorables y s:ípido~ los frntos para el olfato y la lengua de loR hom1,res clespie1·los.

Besar tu pie~ r¡nc t• .'aja humanidad lo ,· icra! ... •
Y del lagar 1 '. ,· . o ~ e&lt;:rapa dcsbordantr!
Y al fin el e I e, :lanza y al ritmo de la Jira

Estruja la bRcautr qn • rema·y que delira
Los p!tmp11no~ ¡ 11rp11r·
y rn lncos:embelesos,
Con l~ io~ don le •Ri•t;;Jn in uvllB exprimidas
El rostro 'el rf" " mactll{ con sus besos
Y dPjan ~,· r:ir,c ins ceiiiles 1le mordidas!

Yo:
¿El nombro ,re la Sciíora? . . ..
EL .EFJ:::80:

-La r erda1I.

Salimo~ por la. mi$ma put.'rta, apenas entornada misteríosamAnte. .
f-:l seguntlo edificio el'a. de m:ínnol. Severo, silencioso como un templo. D~ntro, el aire olía á incien•
i;o y llc\·aha cu sus ondas anullós de invisibles paiom11s.

�REVISTA .M.ODER~A-

R.EVlSTA MODERNA.

La dueña-rostro sace¡-dc,tal en donde juega una sonrisa evangélica,-tr11jeada de alhcscrmte liuo,
dPja caer sobre nosotros una mirada apacible como uua ala matorna.
En el huorto:

paladearéis eon gusto y hallaréis saboroso lo desabrido é ingrato. Ella sabe arrancar el rayo luminoso
de la cntrai'ia ele sombras del abismo. Si olla os scííala un precipicio, 110 haya temores! Arrojáos en ól, y
estad seguros, que hallareis alas suaYcs que os llevar{m por los países de la nota y del tono, euvolvi{•ndoo:; en la irisada evanescencia de las gasas del sneiío.
¿Quieres tú saber quien es? .... Pues descúbrete ante la universal cmperatd11. Es la ma.dre uberrima
tic todos los hijos del Sol. Es la Señora dCI todos los castillos. Los pccherns, los siervos de ese gran feudo
csteril-la Estulticia-que desparrama sus grajos á los cuatro vientos, no la tienen respeto, porque no
alcanzan á verla tal como es. Pero ella recibe los homenajes de todos los heroicos caballeros, que por su
amor rompen lanzas, y cuyas mansiones seiíoriales son capillas en que ai•den á. millares los cirios, en altares de radiosa opulencia, donde se ve la lumb.-e de las velas como inversas lilgrimas de oro.
Ponte ele rodilla11, que pasa junto á ti la Belleza!

Ec.

Et'EDO:

-Esas flores y esos frutos son benéficos. Su esencia panaceica adormece los males. Y los racimos no
embriagan, antes son suaves y purificadores. La lumbre que l~s dora, limpia de toda mácula. La acl"itud,
la amargura, la insania están IPjos del ':&gt;cnéfico zumo. Aquí verás cortezas en llagas, ó deformadas con
la erupción pustulosa de sus goma8; aqul abren sus ramas árboles fantásticos, frondas de calentura; mas,
erectos 6 jibosos, organismos evidentes ó fantasmas botánicos, todos llevan la marca de lo bueno. A Dios
incensan con la emanación ,·ivificante de sus broches, y al mundo ofrecen la copa de sus cálice~, donde
rebosa el fluido de la eterna salud. Amor! Eso trinan sus pájaros, castos y tiernos, eucarísticas aves de
los púlpitos; eso rumorea el alisio, cuando sopla, en sus juegos, sobre la abisinia cabellera de los copudos robles; eso murmura el agua que en chouo adamantino sale de las menudas bocas de querubes de
mármol y que, al caer en el pilón de alabastro de la fuente, se va rompiendo en menudas chispas líquidas. Amor es la palab1·a ritual en este templo. Y, á. su conjuro, caen las impurezas del alma, y el aire
que se inspira satura ele inocencia, y se abarca lo inmenso con la débil pupila y se tocan los limites del
cielo. Aquí sanan las almas como en una pila bautismal.
Yo:

ij
1

-¿Y la dueña se llama? ....

Ee,

EFEDO:

-'303

Yo, tembloroso:
-¿ l•:s cll 1? .... ¿\' ústoc, sou :;us Arboles, y esos racimos son su:; fruto:;,~ aquellos ra111illetes-pc&lt;lrurías con espíritu ele astro-son sus vivos ramilletes de fio1·es? ....
EL EFEBO:

-Tú lo dices. Ahora compara pn lo que antes 1·i,te. Aquf, cu esto ja1·di11, uo hay un árbol jiboso, ni
qna rama desnuda, ni una copa sin gracia. Las hojas muestran siempre sus trajes dr. primavera. !?Jora
aquí mantiene su perennal sonrisa, y Pomona luce en toda época la opulencia de sus mejillas rosadas, y
03 su vientre eternamente ftictmclo. Nada toques, para que no te e4pongas á sufrir desencantos. Ve y admira y goza. Aquf hny arbustos reales, pero hay también otros fingidos. Xada pruebes tampoco, porque,
si ha,v plantas cuya savia da salad y acrecienta la vida, es bien f:ícil que rn cuentres cicutas y beleiios
.\qui no todo es cierto, ni ~odo rs bueno, pero sí todo es bello.

-La Bondad.
Yo:

El tercer edificio guardaba sorpresas divinales. Era un joyel donde jugaba la luz en dclicio~os avatares cromáticos. Pebetero, viola, iris, nectar, cojln; sueño y verdad, i:azón y fantasía, arrullo del sentido
y éxtasis del alma.
Su jardín, un deslumbramiento. Cada flor, un broche sideral. En las hojas-verdes láminas de hia•
linas sonoridades-rociaba, brotando de los alrg1·es buches,-surtidores con alas-una lluvia trinadol'll. de
rítmicos aljófares.
Allí, bajo cortinas de follajP, Julia y Mesalina refocilan su lascivia sobre imperiales púrpuras; y mi1s
lt'jos, de pie en su nube, con.su manto Jánceado de estrellas, l'l!aría, el lucero del alba, la torre marlilefia
la que sojuzga Ía cabeza vipérea con la seda rosada de su planta, prende en sus labios la aurora mística,
la sonrisa de la Madre Virgen. Allf vuelan los ángeles de l\Iilton, sueiía l\Iargarita con las joyas ele Faus•
to, caracolean con escarces bélicos los palafrenes de Orlando y Radamante. Allí se elevan las dovelas de
los palacios asirios, se enrizan las volutas y las zodarias de licornias de los capiteles pérsico~, se enfilan
las tiesas cariátides y las ceñudas momias de un templo de Isambul. Allí zumba la avispa musical ele las
manolas en:tos chispos bordones de las vihuelas; Anti genes abre los panales de 6U flauta; se ado1 mecen
los oídos sultánicos al modular la ojaleha ele una odalisca granadina; dicen panderos y castañetas sus
alegrías truhanescas, sollozan las serenatas de Schubert, ó repiquetean sus armonlas ideológicas los walkirianos cascos. A la orilla del pilón de esa fuente dejó sus faunos Praxiteles, y Fidias sus deidades cris lefantinas. A los bisos de la irisada lumbre, se esponjan las plétoras de Rubens, Rembrandt despliega
sus antítesis .de luz, riega Veronc:0 sus divinos oros patricios y se elevan las sagradas ondas ele! turibtt•
lo ante las figuras de Angélico, que sueñan sumergidas en sus beatas penumbras de crepúsculo.
Sentl que pasaban por mi cspiritu sacras fulguraeiones. En mi tabernáculo brillaban los rayos ,fo la
custodia y los bordes áureos ele la pixide, y apareció en el ampo de la forma la divina Prcsccncia.
Er, 1wEno:

- Esa que va por los paseos del jardín, bajo arcadas uwbreiias, sobre raras alfombras ele pétalos, es
la Seííora de la divina morada. Su cabeza 11cm siempre la guirnalda de luz de las aureolas. Haga la
mueca del dolor, labre en su rostro la arruga de la risa, gesticule la pena ó muestre el gozo, sople la
vela ó prenda los altares, siempre fascina, siempre encanta, siempre tiene su voz los terciopelos del anu·
llo, siempre cae bien la caricia de luz de sus miradas, y sus labios destilan zumo de viñas y hay en sus
pupilas rerplandorc, •le OHnwo. 8i ,,icne de sus manos, bebed sin pcua. vuestra copa de aclbar, segurns
&lt;le que vai1. ¡_ paladtar ambrosía, :í. sabiendas ele que apur,íis -el líquiElo de In amargura. Ella sa.be dar
,•~Jts S-Orp•·l'/ftS. Ella !-ahr t'ngnií/lros, parn que no sint,íis la asperrza ele las rlro~as; y, en SlLprrsePnei...1

-¿\" hay bicmprc buen acuerdo cutre la:; tres ~cilorab? ¿No acacccu limltroftls disputas? ¿'Nu mueve
la a ntri ti a {t las dudiaH, 11i las impulsa á internar su dominio en el dominio ajeno?

-,
- Las tres conocen liicn su denolcro. Xiuguua atiendo á. la Avaricia, porque de nada serviría aten!lerla. Los árboles de la una son reales, como has visto. Saludables ó nocivos, repugnantes 6 armónicos:
:úempi·e reales. La cluefía, al cultivarlos, se arellida la Ciencia. La otra tiene plantas graciosas ó desgarbadas, verdaderas ó il'reale!', pero siempre buenas, formal y fundamentalmente buenas. De jardinera, sp
llama la l\Ioral. Esa que acaba de pasar junto á ti, y ante cuyos fulgores caíste de· rodillas, todo lo aparta, lo que sólo es uncno y lo que sólo es cierto, porque en su suelo enraizan nada más que los árbole¡¡
que llevan cu su s venas la savia de lo bello. Los labradores la conocen cc,n el nombre de Estética. 'Cad:iuna de ellas tiene fin propio. ,\dmitcn elemento 1jeno, pero jamás prescindirían de su esencia íntirqa.
Yo;
-¿Pero no llegan á veces á confundirse sus dominio~? ¿No es bello lo que es bueno y lo. que es cier
to? ~~o es bt¡cno lo que es cierto y lo c¡uo es bello?

Ef,

EFEBO:

-,-:'.\Ittchos, como tú, han 'ufritlo tau lamentablo errnr. l [ay ,los colores: blanco y negro; hay dos tiem•
pos: día y noche; dos estados: ,ida y muerte; dos ideas: Dios y Lucifer, Omrnrz y Arimán, Bien y i\Ial.
'f.'oc!o, en el mundo, se halla entre esas dos planchas antinómicas. Hijos de Dios, hijos ele la Luz: el Bien,
J¡i. Yerdad y la Belleza. El rayo idea rasga el tenebroso seno de la noche-ignorancia. La \'oluntad obliga á despreciar las ll ores que encubren la infección de las ciénagas, cuando los rayos cerebrales, anan,cando la venda, alumbran la turbia podredumbre ele las alcantarillas. Cuando la Verdad se enciende, la
Voluntad enseña lo quo debemos cumplir, aunque la ruta se halle cubierta ele abrojos y de ortigas. Su
dedo nos muestra la Tierra P rometida: la luz celeste. En el fondo del humano sé1· hay cuerdas de una
arpa misteriosa que suena il ,·eces la melodía del goce: arpa eolia tocada por et aire, ese artista sutil que
escurre sus alas invisibles á través de la ·!)jiva del sentido. Esa arpa limpia con el suave plumero de sus
uotas el polvo helado de la melancolía, otra forma del-~fal, de la :,foche y ele la ~focrtr.
El pensamiento y el sahcr sou holloi;, como antagónicos ilr la Unic•hl;, qur e·~ fra. Ef que np, cncl1•
go:rn, porque aprende.

�REVISTA l\lODERNA.

30J

El acto moral y voluntario es bctlo, porque se opone al desenfreno y á la muerte 11('( ahna. l;oza el
que obra bien, porque obró bien.
¿Y el que escue, a la mi'.Lsica del arpa iuterior y siente la embriaguez iusensual, por quó goza? ..... .
Vedlo! Ya está en éxtasis, con la mirada fija en el vaclo, viendo lo imposible, en In radiosa transfigu ración de los videntes!
Belleza cientlfica, He/leza m01·al, Belle.:a o tética, _bijas de la Belleza Luz, bija de Dios, uija del
cielo.
La Ciencia goza por el iutenis de la verdad; la :Moral goza por el interés del bien; la Estética goza
porque goza. No hay eu ella interé~. El placer es su sombra, su efecto indispensable, como lo cierto y lo
bueno lo son de sus hermanas. El placer, haMa en el dolor, hasta en las lágrimas.
l\Iira esos árboles, por última vez, y saca el provctho necesario de mis palabras. Todas las plantas de
este huerto encantan, aunque :ti tocarlas se desvanezcan como un copo de ensueño, y aunque sus pomas
encierren en el jugo la ponzofia del mal. El sabio tiene el árbol de la Ciencia¡ el sacerdote cui da el árbol
del llien¡ y el artista hace brotar la flor divina del árbol del placer absoluto: del goce por el goce. l\Ias, si
acierta á nacer entre los surcos un tallo verdade&gt;·o, que no se disipe en la reg.ión de lo&amp; delil'ios, y que
lleve en su sabroso seno la fu ente ele la. vida y eu sus corolas el polvo azul y mágieo cl&lt;1I arte, habráse
realizado la portentosa unión¡ habrA naciJo el sér trino y uno, la divinidad soñada poi los profetas ideales; se habrá llegado á la gran suma, y se verá la presencia sublime, excelsa, rara, de una slntesis celeste, de un reguero de estrellas marcando en zona fúlgida el camino que lleva á la morada del Dios úuico•
Esa planta florece en el fondo cll•l lago azul, junto el triángulo, que encierra cntrn sus lineas el ojo del
infinito.

(Con{ i11ttard.)

CADA UI\O CON Sil OUI~1ERA.
"'

BAJO uo grao cielo gris, en uua grao llanura pohorosa, 1,1u camiuos, ~in c11spetl, i,i11 uu cardo, biu
una ortiga, encontn'. á varios hombres que marchaban cncon·aclos.
Cada uno llevaba sobre su espalda uua enorme Quimera, pesada como uu saco tic hari un ó de carbón, ó como la fornitura de ~n infante romano.
Pero el monstruoso animal no era un peso inerte; al eout1·ario, envoh ia y oprimla al homlirc con ::;us
miLsculos elásticos y poderosos; se asía con sus dos filosas garras del pecho de s u montura, y su calJeza
fabulosa r emataba la frente del hombre, como uno de llr¡uellos cascos horribles con los que los antiguos
guerrnros esperaban aumentar el terror del enemigo.
Acen¡uéme á uno de aquellos hombres y le pregunté dónde se diriglan as!. l\le respondió &lt;JUe uo Jo
sabia, ni él ni los otros, pero !}lle evicll'nlemenle iban á alguna parte, puesto que eran impuls:vlos por
una invencible necesi dad de andar.
Detalle curioso que ol1se1Tar: niuiuuo de aquellos viajeros mostraba aspecto irritado cootra el
monstruo fc1 oz suspendido do ,.u cuello y pegado á su espalda; dijérase que Jo consideraba como si formara parto de si mismo. T odos aquellos rosti·os fatigados y graves no manifestaban ninguna desesperación; bajo la cúpula csplinética del ciclo, con los pies hundidos en el polvo de un suelo tan desolado co •
1110 el cielo, caminaban con la fisouornla resignada de los que están condenados á cspe1·ar siempre.
Y el cortejo pasó li. mi lado y Stl sumergió en la atmósfera del horizonte, en el s itio en que la super·
fieie redonda del planeta so oculta :\ la curiosidad de la vista humana.
Y" dttrante :ilgunos momentos me obstiné en querer penetrar aquel misterio¡ pero muy pronto la il'l'e·
sistible IndiferC&gt;ncia se abatió sohl'C mi, dPjándome más pesarla.mente agohindo de lo que ioan &lt;'llos bajo
sus apla,;tAntr~ Quim!'ras.
CHARLES

Tnt d. rlc •Hevihta :\Ioderna ·

DAUDEL\lltE.

DEL LIBRO «POEM"AS_,,

¿IJui(,11 te trajo? ¿,¡ué impulso misterioso
te arrojó á mi camino? ¿,¡ uf potencia
-illft!rual te 1110.¡lró mi obscura ,·ida
~- te 1li."o: \hl est;'L, tómala y hi,·rel11?
llttú destino safiutlo, qué destino
acopló tu existencia y mi existencia?
Yo fui como árb&lt; 1jo,·en, cu mis ra mi1s
escherzó sus ari-ullos lilornl'l11
y colgaron sus niJos las alourlras
,- sus mieles l11hraron 111s ahrjas.
LI sol cloral.ta ú fur;;o mis f'nll:1ji,~,
la luna con sus luces macilentas
nacaraba mis frondas satinadas,
el viento descrenchaba mi cimera.
)f,1¡¡ Uilcistc .i. mis píes, germen malútto
, creciste á mi amparo, infame yedra
y enredaste iL mí tronco tus beju cos
y prendiste festones dondequiera.·
Yo dije: Fs lll,o hennana, l'(U; se ac~ja
:i mi, &lt;¡llf'
liftmda,·r¡uetlorezea!
\" p1·onto1 t'On t11s tallos lr&lt;'pa,lores,
tentáculos floridos ele frim1•1ica,

�306

Rl!:VISTA J\IOUERNA.

l{E V1S'fA i\lOIJER~A

y el romance concluye de la suelte
q u e ,•erá en breve término quien lell .

me exprímiste la i;avia de la \'ida,
me chupaste los jugos de las v enas.

Desde culouccs me si¡;uc. y es cu vauu
c¡ ue me esconda: no hay uoclie a.saz espci;a
donde uo dés conmigo, no ha.y cnsuei'ío
que me arrope ni caos que me envueJrn.
Eres tú la que en lo Intimo del alma
co n el alma dialoga. y la condena,
la que convierte en pan mi eucarísti,1 1
la heterodoxia. si n cuartel, la réplica.
Te llamas el quién sabe! ese quién sabe
111ás ¡ay! demoledor que las trompetas
de Jericó, te llamas el acaso,
el quiz&lt;i .... y eres ogro de creencias.

¡111t ¡,nlpo! y lo peor es que t..: a111al,a,
que aunque la v oz dom¡ razón aui;tera:
,.\p(trtala de tí, me repella,
¿no Yes que te estraug-u la y to envenena i'•
~o la quise atender. Estaba solo
y tú mr. acompaiiast&lt;'; mi alma era
ignorante y sencilla, y le dijist&lt;':
«Analiza, in,estiga, canta, crea!•
Si, te amaba, te amaba sobre tocias
las cosas .... bandolera!
me atraían tus ojos, esos ojos
dilatados cual mares si n ribera~,
esos ojos tan negros y tan grand es
con pcsta1ias tan grandes y tan n, gras.
Una tarde llegaste á mi reliro,
yo miraba los montes y las selvas
y con voz que era un eco, me dijiste:
,¿Qué miras, qué meditas, en qué piensa~?•
,Pienso, te dije, en la bondad del cielo
que la vida creó; la vida es buena.•
e La vida, respondiste, es un engaño,
la muerte es un ensueño y una tregua,
para morir se nace y en la tumba
se unermeun solo instante y se d espierta •
,So elr~pi erta! ¿Y por qué? •
«Porque nos llam:111
otra v,·r. las angustias, la contienda,
y es preciso acudir á su llamado •
•¿Y 1lci..pués?• ,Otra muerte nos espera.•
¿Y tlcspués?•: «Otra vida• «¿Y cuándo acaba,
respóndeme, por Dios, esa cadena?•
,S u postrer eslabón estii muy lrjos!•
• Pero en dónde remata! • • Es tan ímnt&gt;us,i
la .iscala. evolutiva, aquella. escala
que el beduino J acob en sueiios viera! •
.. . ... Sentí al oírte
la Jatiga del bólido que brega
en medio del espaeio y busca limite
1¡ue detenga su giro y no lo encuentra;
la fatiga que sienten de seguro
en su ronda inmortal Paolo y Fran ccsca,
la fatiga de tantos eslabones,
la fatiga de tantas existencias,
,. se hizo cu mi espíritu la noche,
~ua noche de estigia. sempiterna .
Tus ojos la atraían, esos ojos
dilatados cual marrs sin riberas,
r~os ojos tan)1cgros y tan gran1les
i:on pe~tai'ias tan ~ran&lt;IPs y tan ur~ras
(Xota hen~: J~I poeta continúa

su proceso do todos loi; 5íStPmas,
de todas las ob.;curas teo~ouia,.;,
de todas las maraiías csotéri-ca~,
de todo(los pn1gn11nas po:,ili\·os
que dc1 rnrnlian aliares .,· desdeñan
la hipi&gt;tl' is &lt;lo Dios, &lt;le to,!o t'I trisl!!
,lclirar 110 las r:ir.as, a11rslcsia
&lt;·on &lt;¡Uc atlucrlll&lt;'ll las razas su am:tr¡nna
,I1i crmrn.r como somhras por la tirna,

Te escapas como el auge! eu la lucha
con .Ta.cob, de mis brazos y forcejas
en la, sombra, y atrofias, como el ángel,
tocándolo, el tendón de mi dialéctica.
:\lultiforme y á veces ca.rii1osa,
i;i me voy á caer de mi quimera
tu mullido colchón de escepticis mos
&lt;'xticndes sobre c&gt;I lodo ele la tic•rra.

•

:"\o te puedo dejar: estoy tan solo!
uo me puedo esconder porque me encuentras,
no te puedo matar por que me mato,
no te puedo apagar porque me hielas . ...
lurnortal, ten piedad de mí calvario,
dcscii1e los tentáculo~, ogresa.,
que lastimas las llagas de mis plantas
clavadas en la cruz de la impotencia. ....
Ya no quiero el veneno iconoclasta
ele tus libros hincha'.los que no enseñan
má.s que á dudar .... Escóndeme tus ojos
dilalados cual mares sin riberas,
esos ojos tan negros~· tan grandes
con pestañas tan grandes y tan negras ... ,

Ilueno, es fuerza acabar! Si Dios ex ibte
Dios me puede acorrer Tú nunca r eza~;
pero yo rezaré; tú nunca lloras;
lloraré por los dos; tú ni.mea sueñas;
pero yo soiiaré; porque me l'ian dicho
&lt;¡ue soñar es orar. Al fin, lobezna,
vas á ver cómo crujen tus cartílagos
bajo el pui1o del úngel y tt1s vértebras
en los brazos del ángel!
Cristo, Brahma,
Alá, Jovc, Adonaí, quienquier &lt;¡UC seas,
retira de mis labios e,tc cáliz,
Padre, ten compasión de mis tribléza,!
Sollviame la carga ele una estéril
ju,·entud que íntoxic~ la increeucia,
ó dame una fo tal cual la tenla.u
los guer reros antiguo:, en su empresa,
los mlsticos doctores en su dogma,
los viejos quiromantes en su estrella..
Ilolando en Dn:-audal, Huy en tizona,
Consíaulino en su signo, Magdalena
en su C1 blll, Sansón en sus Cl\uello~
.v, lhrri·,11 .,· Xiflhllr 1•11 fitls príncrsai,!

307

�30'8

REVISTA MODERNA.

REVISTA 'MODERNA.
Y b'll1.1, dice envolviendo en el escándalo
&lt;le sus vastas pupilas mi alma entera:
•Dios ha muerto ... hac!3 mucho... le matamos
Nietzsche y yo, en el azm· y en las conciencias.
,·eu, levanta tus ojos al vacio:
, ¿qué ves?•
•La via Láctea, sementera
de soles .... ,
•No por cierto: es 1111 caditvcr,
el cadáver de Dios en las esferas!,
Y al decir estas cosas naufragaba

mi razón en sus ojos de tinieblaF:
esos ojos tan negros y tan grandes
con pestañas tan grnndes y tan nrgras!

...

DE JOSE M. DE HEREDl~.

EL DUQUE DE EROGLIE.

..
VE CROOl,IE YLU!RTl~B.
U;&gt;,i )a muerte del_ duque de Aumale l.1

cn•.lt-mia Francesa perdió al rná:;
literato ele los prlncipes. Le quedaba d scfo1· duque de Broglic. Acaba
de morir. La Academia difícilmente lo reemplazará., pues pertenecla ii
una raza que va desapareciendo: la de los grandes señores literatos.
La casa de Ilroglie, si bien no es do las m{1s antiguas de Francia,
puede seguramente contarse enh·e las más ilustres de este pals. El pri•
mero de esta familia que llegó á Francia, futi un conde de Broglie, origi·
u~rio de Cheri, en el Piamonte, que despuós de habet· sido paje del príncipe Mauricio de Saboya y haberse distinguido en los campos de batalla,
ijiguió la fortuna de :lfaz1J.l'Íuo, fné nombrado teniente general y murló en 1656 en el sitio de Valencia.
Desde entonces, los Ilroglie empezarpn á hacer camino en la corte. Creados duques franceses y conllcs del Santo Imperio, cuentan eon tres M1J.1·isca,Jes de Frnncia, ministros, obispos. Pno de éstos, Carlos
Francisco, fué el célebre con-esponsal ..ecreto del rey Luis. XV.
El abuelo del que ac.aba ele morir, desp_ués de hab01· prestado ,ms servicios en la guerra de la in&lt;le¡,r udrncia norteamericana, fué nombradQ diputado de Colmar en los Estados Generales de 1789, aprobó
los principios de la revolución, y, mientras que su padrn mandaba ol ejército de los príncipes desten-ado.,,, cQmhatió contra ,~llos en las orillas .del Hhin, con el grado de mariscal ele campo. Como la mayor
parte de,los generales de familia noble que se aclhiricrnn iL la revolución, fué guillotinado. Su hijo Víctor, par do Francia, casó con la hija de la célebre madame de Stai:1, y después de la revolución de 1830
fué rnrias veces ministt"o. Hombre ele estri.tlo distinguido, ha 4cjado numerosos escritos politicos é interesantes Sourenirs.

El w,,yo1· de sus hi,¡o~, qw~ sirvo de teun á esta ~orrespondencia., Jacques Víctor Alberto, priucipey
111(ts ta1\lo duque ele D ·o~li nació el 13 de Junio de 1821. Diplomático, hombre de estado, historiador, diputado, ?'ua&lt;lor, mini :-u·o, nadie ig nora la. importancia de su figuración politica después de la caída del
impr rio y c.lnrautc 10;; ~rimcros :mos de la r!'púU1ica. Jefd de _la clorecha realista, fué el alma de la coali&lt;·iüu ,1uc ,lcspu~s clu hahcr derroca.Jo á i\l Thiel-111 trató cu vano 1le restablecer la monarqnla y prndujq
,~ caMa del rnal"i,~al de ~lac Uahon.

No prcll'nc.lo en esta, rápidas líneas consagradas á la memoria de un homl.Jre lan ilustre como mal
conocido, hacer un retrato definitivo, narrar la v ida pública y analizar la obra de historiador del duque
do Broglie. La más Iai-ga y seca de las nomenclaturas de la que estos primeros párrafos pueden dar una
idea, no seria suficiente. l\Ie limitari'•, pue@, á escribir algunos recuerdos, algunos rasgos del personajt•
qu~, quizás, t'.lnd. án el don de mostrarlo tal como se le j uzgaba por los que no lo conocian y tal como era
realmente para los que tuvieron el honor du tratarlo de cerca.
Su nombre, que han ilustrado la guerra, la diplomacia, la política y las Ietra11, este nombre que se
pronuncia de manera diferente á la que se cscribe-¿no habrá sido esto una de las causas íntimas y ohs&lt;"nras de la poca popularidad de los que lo Ilevaron?-este nom"l)re de Droglic evoca siempre en mi rl pa•
sado ya muy lejano de mí primera juventud.
l\fe recuerda, en la antigua abadla de San Yícente de Sentís, donde fuí educado, la gran sala capitular completamente blanca que nos scrYía de comedor, donde se alineaban las mesas presididas por los
buenos sacerdotes, excelentes humanistas que nos enseñaban el amor de las letras griegas y latina~, al
mismo tiempo que el respeto por la lengua francesa.
Descansando contra la pared del fondo se levantaba una tribuna que ocupaba el lector. Su voz, do•
minando· el ruido de los cubiertos y el rumor de las conversaciones en voz baja, rctum haba bajo la bóve•
da de piedra cuya noble y fría arquitectura parecla hecha para el estilo grave y sobrio de La historia
de la iglesia y del imperio 1·omano en el siulo IV. ¿Quién me huuiera dicho entonces que el autor de ese
libro, cuya lectura escuchaba distraidamente, serla un dla mi colt"ga en la .\cademia Francesa?
Los años pasaron para mi rápidos y numerosos. La política es casi siempre, para los que los estudios históricos sumergen en el pasado ó la poesía arrastra hasta los suctios, algo sumamente indiferen te
y hasta odioso. Pern el terrible sacudimiento de IR,0 conmo,·ió todos los espíritu;. Ftté necesario preocuparse de los destinos de Francia, desmembrada y ,·iolentamenteagitada. J~ntonccs el nombre del duque
de Broglie, aplaudido ó detestado, pásaba de boca en boca. Su actitud el 24 de :\Iayo, sus discursos t'n la
11samblea y en el senado, en fin, el golpe de cst1vlo del 16 de Mayo de IR7i y la rlisoluciún &lt;le la Chmara,
lo hicieron tan impopular como célebre.

tJn lindo dla de verano de ese mismo año, mi vit&gt;jo amigo, el buen clliLor .\lphonsc Lcnwrre halJl;t
reunido i~ algunos poetas en Yille d'Avray, en la casa deliciosa del delicioso pi11to1· Corot, que es hoy la
suya. Habíamos festejado á un hués¡Jed famoso que, si no escribía versos, le gustat.an y loe comprenclla. Era Clambetta. Estuvo encantador en su graciosa sencillez, y durante nuestra libre y famW,a.r con ·
versación se mostró lleno de imaginación y de alegria gauloisis, amable y atrayénte como sahfa $&lt;'rlo.
Nos sedujo á. todos. Sentados bajo la ·sombra ele los tilos, rodeados de flores, en la calurosa atmó!Jf~,-a~le
una linda tarde templada por la frescura de las aguas, escuchábamos al tribuno que, con una clocuei:ei:i.
tan seductora como ingeniosa, comenta ba espiritualmente á Habelais, cuando, á propósito c1·.eo.dePicrochole y de sus aventuras, uno de nosotros, no recuerdo cuál, hizo alusión á la politica •del ..mcnnento_ y
pronunció el nombre del mariscal presidente. Inmediatamente se ci-uzaron las preguntas, las' exclafua•
ciones de todos. ¿En qué &amp;ituación estamos? ¿Cuál es su opinión? ¿Qué cree usted? ¡La situación es grave! ¿Quieren echar abajo á la república? ¡Yan á restablecer la monárquía!-•Pero no, pero noi• protes·
taba Gambetta, algo desagradado de verse asl repentinamente conducido á las p1·eocupacionés un mo •
mento olvídadas.-;Tened cuidado! Ilan cambiado los pref~ctos, disponen de todo el clero, de los banqnciro!', do los magistrados y del ejército.•
-•,o tanto como I h11&gt;s. parecen creerlo. Ademas, en último e-aso, no tcndriamos temor al dirigirnos
al duque de Aumale. Ejr rce el mando, en Besan~-on, del más espléndido, del mejor cuerpo clol ejúrcito
que hay en Francia; haríamos de él, si fuese necesario, algo parecido ii un Stathouder, y les aseguro quo
el duque no restaurarla ni la monarquia del derecho divino, ni un reinado constitucional. ¿Y por otra
parte, quién se animaría á ir hasta el fin? Fourtou, que parece tener veleidades de audacia, se arriesgarla quizás si se le clt'jase en libertad de obrar. Pero Broglie no se lo permitirla. Es, sin embargo de todo,
demasiado francés, demasiado geltilhombre, demasiado duque, para mezclarse on semejante empresa y
mancharse los puiíos con sangre. ~o hay hombre más desagradable, más seco, más agl"io, más alt11.nero;
pero es necesai-io reconocerlo, es un cahallero, un politico sutil, uno ele nuestro!f primeros historiadores,
orador notable, pero . ... -y su voz se convirtió en un trueno irónico y aleg1·e- .... pero, un orador que
nadie escucha.• Y no pudiendo resistir al placer de termi nar con nn rasgo m!ts brillante, por mhs injus,
to qne fnr~e: •¡En suma, un :\faquiavelo de corredores!•

Q11i11cci aiíos m1ís tnnl1·, huela mis visitas_ 11cadómicas. '/o fné sin cierta 11prcnsión qne sal v,\ por n z
primera la gran puerta 1lrl hnlPI de la rne ')olfcrino, cuyo pi!IO tercero ocnP_aba el duque de Broglie. La
tiesura del lacayo á quien entregué mi tarjeta, la altura de los salones quo adornaba, sifi ('Omplemen to
alguno de plantas ú ohjt'tos preciosos, PI mobiliario reglamentario, dP nna riqueza fria y anticuada, to do parcela acordarse con la idea que mo habla formado de un doctrinario aristocrático. l\Iucho me 1101·prendió la acogida que me dispensó el duque de BrogJie.

�• 310

1:EVISTA J\JODERNA .

:--;e 1110,.(rú, al p1 íntipio, de uua urbauill~tl t·.\.•¡1tbh a, 1ll' 1111a li1111ra al Lira, 111:ís bic11 r~sen·a&lt;l,L que
nltancra, que se animó poco después con un ligero tinto tle 1;impatía. S,1 fisonomía, eucuatlraua por cabollos de plata finos y rizados, debió habc1· sido sumamente atrayente. Se habla couscn·atlo fresca, delicada y diS'tinguica con sus ojos celestes y penetrantes. Durante nuestra conversación, que se prolongó
mús de lo que se usa en estas visitas de ceremonia, me dijo, con su voz entrecortada, sorda y seca, cosas
muy halagiieñas.
Cuando se levantó para acompañarme, no!(· que s u estatura, que no era superior á. la mediana, parcela más alta de lo que era realmente, habiendo conservado algo de la esbelta elegancia rle la juventud L:i. mano que, al Ill'gar :\ la puerta, me tendió con gracia, apretó la mla con una especie de apuro
Inquieto ó tlmitlo, y com prl'n rll que no estaba acostumbrada á este gesto banal que prodigamos á todo
el mundo.
Salí tic esta ptimera cntrevi:,ta, sorprcutlido y hasta encantado. Después he visto frecuentemente al
duque do Broglie cu su casa, asistiendo á sus miércoles, y casi todos los jueves en la Academia, á los
que concurrió con gran asiduidad hasta los últimos dlas de su vida. Antes de la apertura de la sesión, se paraua generalmente delante de la chimenea, bajo el retrato de nuestro fundador Richelieu, y
conversaba con sus colegas. Su csplritu adornado y armado de todas armas, se ejercitaba alll con complacencia. 8in embargo del traje moderno, estrecho y obscuro, tenia buena figura, aun compllrada con
le. efigio altanera y fastuosa do! gran cardenal, del duque rojo, del otro Duque.
En el curso de nuestras discusiones, en las que se interesaba y que consideraba como una inversión
de sus vastos tral.Jajos históricos, daba pruebas de los más variados conocimientos, de la más amplia in·
teligencia y del gusto más seguro. ~o olvidaba que era nieto de :IIme. de Stac', y parecía casi tan orgulloso de su talento como de su nacimiento. Su pequeño libro sobre Mallierbe es. á mi modo de ver, una
verdadera obra maestra, en el que las ideas más nuevas, las más atrevidas, las más justas, se encuentran
rxplicadas en una forma de una sobriedad y de una perfección clásicas. No pude deja1· de escribirh• mi
opinión sobre la obra. Este elogio, de parte de un poeta, pareció impresionarle vivamente y me lo prohú
en ,•arias ocasiones. Su altivez tan famosa, que tantas veces le ha sido reprochada y que le ha enajc11n•
do tanta gente, no era, me parece, sino el producto de su cli:,tracción y de su timidez naturales, :\ Lt;
qnc se agregaba un respeto demasiado grande por hi mismo.

ALGUNAS IDEAS RESPECTO DE INSTR UCCIO\ PRI.\IAI\IA
l 'RESP.NTADAS l!'N l·ORi&gt;J.-\ UK ()J:·1,Ufb;;\: l'v1~ C-:,\UISC. DA~IOWA.
.( L A co~11qós !'\'O\IPR.\U.\ E'l [~.\ JU.-..TA UR ,\'.\llG05, Rel'NIUOS cos EI.Oí,JRTO Dl': PRO~MntR

U ) IJ{,'R

l'l'.lllF..5E SFR lTIL

rAttA mn.::--tJR l.A JLliSTRAC(ó:,.. r::~ '.'\IÉ'.\ICO.
. \ PROOAlJO roR OJCHA COM!Stó:,..•, TANTO E:; LO CF.!',;KR.-\l, COlfO El\ LO fU-f.A1l\'OÁ , ..:\ PAR.'E

RF.SOLUTJ\'A CUS" QYB TKRMIX.A.

INDIVIDUOS QUE OOMPOSIERON LA OO}fJSION DICTAMINADORA:
CC, Gabino B&lt;Lrred3, Ignacio Ramirez, Rafael Martinez de la Torre, Guillermo Prieto, Roberto Esteva.

•

l.'cduratior: con,ti tuo le· p1·éinier eles nrls ¡,, s,, 11 1

p l c•lncm:,nt g,·11&lt;-rnl. cl'!ui ,111i perfel'dnnnc l'ai•1io11 •
,·n nmc horanl l'•!&lt;'Cllt.
A. l'on·tc Systi·mc lle P olit posit t J\'. p w;.

PAnn: TEIWEIL\.
MIWIUAS l'IlÁl'TlC.H.i Ct'YA SANCIÚN l.EOAL I IlEE LA CO)lli\lÓN tJ UE ~RilÁ PllOl'I.\
l'AR \ DIPl'LSAR LA INSTR!'CC!ÓX PllBIARfA.

Rallamos juntos algunas veces, terminada la sesión, y caminábamos por los mttrlles, hablando sobro
los temas más diversos. l\Ic eran sumamente agradables estas conYersaciones con un hombre de tanw
valer y tanta experiencia, que habla conocido tocias las grandes figuras de la edad heroica de 11111!s•
tro siglo.
Un dia que me reprochaba, con suma amabilidad, por otra parte, de haber exagerado en mi &lt;lbcur•
so do recepción los méritos de Lamartine, como ciudadano, le contesté: •Permltame que le diga que U,t.
juzga á este gran hombre, un tanto como discípulo del doctrinario Doudan; con las prevenciones do u11
contemporáneo, de un adversario; en cuanto á nosotros, lo vemos ya en el pasado, como en una gloria
de poesía. Ud. me ha hecho el honor de enviarme recientemente la colección dt:1 las cartas deliciosas y llenas ele emoción de su madre. En una de ellas so lee:- perdone si cito inexactamente, pues cito de memo ria,:-- i·i:6riéndose al joven poeta tic las Meditaciones, que emprendla viaje parn l◄'lorenoía: • He visto á
Lamartine que tiene casi tanta belleza como genio.• Hay en esa colección cartas de una fiueza verdaderamente exquisita; una, por ejemplo, entre muchas otras, en la que su madre le reprocha el que UJ. sepa see en los bosques de Brog:ie, siempre en compañia ele un libro ó de un amigo con quien Ud. habla d,i
política, ~- 111 aconseja que mit·e la naturaleza á su alrededor, que se lije cómo abren las flol'cs, cómo crecen las hnjas de los árboles y qué dibujos forman las nubes al correl' par los cielos.&gt; - •:'\Ii madre tenia
razó11, 11i,io somiendo, y comprendo ahora, un poco tarde, que lo pintoresco es bueno algunas veces, aun
hasta en la historia.,-Quedó un momento pensativo y continuó poco después: • Para volver iLlo que decíamos del S r. de Lamartine, creo como l'cl., mi querido colega., que cuando un hombre ha llenado un
papel en la hil,toria con \·alo1· y sinceridad, se cleberia. siempre tomar en cuenta l:Ls circunstancias prno •
i;as y los obstáculos que so le presentaran en su vida, y no juzgarlo sino por sns virtudes.•
Me detengo ante estas bellas palabras. El duque d e Broglie ha muerto en la plenitud de sus fuerza•,
rlr~pu&lt;'•s de Rnn vida bie.n empleada, cuyo fin ha sido ele una dignidad discreta y serena. Era nn francé,i
,1,, ¡;rn11 raza, tic un raro valor intelectual y moral. Ctta.lquicrn que sea el fallo que cada uno, según su!!
¡rnsionc~, pueda pronunciar sobre el hombre p1'i\:-lico, se clebe1 li. las puertas del nuevo siglo que se ini _
da, saludar con respeto fL esto representante de una época distinta, :°Leste pr.rf,•.cto Pjemplar ele las Yirtn
1lrs trndil'ionalr11, :í esta gran figura que ncaba de dest.parPcer.

I}.

,,.

JOSÉ MAldA DE

Hr.REDTA.

JU :m:¡¡ ,~: T~do habitante del Distrito, ó mejor, ele la llcpública, tirne ohhgac1ón de adquirir la instrucción primaria antes de los t:l

aitos de su edad.
.. Segun.da: ~ólo se admiliran como excepciones las de imposih1hdad fis1ca o moral, en los casos que una ley reglamentaria seiiale.
Tercera: Los Ayuntamientos y autoridades pollticas tendrán la
. .
.
facultad y la obligación de imponer penas, principalmente pecu111an~~• á los que no cumplan con el precl'pto legal, clrjando de proporcionar la instrucción primaria á
sus hlJOS.
Cuarta: Dichas penas serán ;;cncralmente co1t1ts, aun con relación á las facultades de los remisos,
pero a~licadas con_ inexorable rigor, {~ingresar:m :i.l fondo de Instrucción primaria.
Qu10ta: ~clemas ~e las p_enas ~ecuniarias, la ley se servirá ele otros medios para hacer que el precept? de_ la 10str~1~c•~n obl1gatona tenga verificativo, tales como las penas iL los patrnnes ú amos que
a_c~m1tan a su serv1c10 o en sus talleres niiios r¡ue no hayan adquirido ó estén adquiriendo dicha instrncc1on.

. Sexta: A e'.:cto ele fa~ilitar el cumplimiento de la pre,·ención anterior, Ja9 escuelas tendran una sc•cclon para los nmos que solo concurran medio día, ya sea en la mañana, ya en Ja tarde.
S_t:•pti~a: Lo~ A~·untamientos de todos los lugares percíbirfo en sus respectivas clrmarcacioncs, la!!
~ontn buc1ones dir~ctas que se establecer:\n en cuanto fu·e re necesario para tener abierta, para cada sexo
o parn ambos r_eumclos, una escuela primaria por cada 500 habitantes, siempre que los fondos orcl inarioR
no fueren suficientes para ello.
Octarn: Para que _nadie pueda dudar de la verda lera necesidad de imponer dicha contribucitJn, asl
c?mo el~! em~leo efectn·o de sus productos en el fin i\. que están destinados, la autoridad polltica uombrarn una J_unta mspectora, com~uesta 1lc personas de reconocida moral y acomodadas, que se consicl erartm
romo miembro~ de~ -~y untamiento para sólo el caso ele percibi1· la contribución ó de eJCigir Jas cucntns :'L
los que lia~·an lll mm1str:\llo ~sos fo ndos.
Nornna: El ní1_mrro de n~icmbros ele esta jnnta Sl'r:l iiual al de los concejales, y para los cft&gt;clM
,!el articulo lll · 'n-Or, trn,lra n voi y Yoto rn las Rcsioncs que exprl'R:unentc se cit:1.rrm para tratar P~O.'l"
aqnntos.
J&gt;(•cima: I-:1 Ayuntaml&lt;'nlo, integrado -eon la junta Inspectora, en la forma expresada en el articula
noveno, pod,·A nombrnr y remover libremente ,¡ todos los cmpleaclOH qne intervengan en el cobro y adm i,

•

�REVISTA MODERNA.

312

AÑO

nistración del fondo de instrucción primaria formado con la contribución mencionada; pel'O los proft!SO·
res serán nombrados exclusivamente por el Ayuntamiento como tal.
Décimaprimera: La duración de estas juntas inspectoras será. de cuatr-0 aiios, haciéndose cada ario
nue,·o nombramiento de un número de miembros igual á la cuarta parte del total, prefiriendo en todo ca
so para estos nombramientos á los padres de familia..
Décitnasegunda: Cada siete años, la. autoridad polltica, con acuerdo del Ayuntamiento, integrado
con los profesores del lugar, hará la declaración ele lo que en el septenario siguiente debPril. entenderse
por 1xsTnt:cc1&lt;'1~ PRBIAJtrA, sin que rn ningún caso pnecla (•sta comprender menos que: lectura, escritn
r11, ortograffa castellana, las cu/ltro reglas de aritmética, elementos ele historia nacional y gimnasia.
Dí•cimatercera: Este programa sólo comprendcr:'1 el mi11i11111m de instrucción que un niño deberA adquil'ir para considerarse satisfecho el precepto legal; pero de ningún modo se opone á que la enseñanza
voluntaria que se dé en dichas escuelas abrace mayor número de conocimientos útiles, ni mucho menos
i1 que se establezcan escuelas primarias de perftccionamiento, en las cuales la instl'ucción será más am·
plia y completa.
Décimacuarta: Sin emplear co11cción de ninguna clase, se procurará por la couvicción, los estlmu•
los y el buen orden y moralidad de las escuelas, y especialmente de los profesores, que los niños de todas
las clases concurran {1 las escuelas y adquieran en ellas la. instrucción primllria m{1s 1,ien qne en el domicilio.
Décimaquinta: Los profesol'es titulados serím de 1", 2" y 3" clase.
Décimasexta: Para adquirir el titulo de l3 clase se requiere: haber concluido la instrucción prlma!'iit
y la secunda.ria, y sufrir un examen teórico-práctico de los métodos de ensei'ianza, muy particularmente
ele! llamado objetivo, ser de buenas costumbres y de buenos modales.
Décimasl&gt;ptwia: Para obtener el titulo de 2" clase, se requiere acreditar, por modio de examen, ce•
t111· suficientewte instruido en los ramos siguientes: lectura, escriturn, gramática castellana, aritméti•
ra, incluso &amp;I i(stema métrico- decimal, geografía física y política, histo1 ill del p11 is, ser de buenas costumbres y "" buenas modales, y haber practicado por seis meses lo menos la enseiianza objeti\'a..
Décima,'\cttwa: Para tener el titulo de 3" clase se requiere: 11creditar en la misma forma, aunque en
un g1·ado menor, la instl'Ucción indispensable en los mismos rllmos exigidos para la 2" clast&gt;, quedando
por lo mismo en cada. caso libre el jurado ele ex11men para decidir si deberá expedirse titulo do 2ª ó do
:r clase.
Décimanovcna: Ninguna eseuela sostenida por los fondos públicos podrá cstu dirigida por profosor
no titulado.
Vigésima: Anualmente se puLlil':u·,í. un censo de los niiios que ashten ii las escuela9, comparando el
11i1mero ele éstos con el total ver1hrlPro t'., al menos 11.pro~imativo, calcula,to :\ r11zón lle un nii'lo por cad11
cinco ó seis habitantes.
:\1éxico,

1 go&amp;to

IV

MÉXICO,

2ª

QUINCENA DF.: ÓCTUflRE DE

1901

ARTE Y
01 RECTOR: ,JF.RDR R. VALEN7.UBT,A.

,

'('

CIENCIA.
'

,JEI•'E DE REDACCTON: JE~UR UBUET,-\.
1'i]). ¡le n11blá11.

...

l•

BARRED.\.

OFRENDA.
ltes¡11 ·nodo un olor 11~ pri1trn\·1•ra,
Me incitb como un ramo de jazminf'.~
'l'u @eno, y en tus mieles y ~atines
Re armrucé&gt; cantando mi quimt'r/l.
I_Jniel'O h ajo el frescor de ad&lt;1nni!l1•rn
tus ojos, mil'i.r nuevos confint''1,
't distraer mi luto en los jardineR
l 'ml,rosos de tn suelta cahellera.
l)¡,

Y en cambio de lns lises e,plendentrs,
En cambio de los mfsticos presentt's
lJue me dar:í tu mano bondadosa,
Mi ju\'entud, que exhitlMA en las 1-iradai
De tu altar, :í la lnz dP tu1 mir1t1las,
Su perfnmf' r"mo nn/l tn 1rro1ia.
11 IUN

20

REVIST.A

15 de 187.;
GAlll)(O

NúM.

HEROLI.EOO.
PROPET.\~ DE i\frGl'EL

A~ol!lr•.--CAPILLA

81xT1NA

Ro.u4,

�</text>
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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                <text>Urueta, Jesús, 1868-1920, Jefe de Redacción</text>
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                <text>Peña, Guillermo de la, Administrador</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>ARo IV
24

MÉXICO,

211

QUINCENA DE ENERO DE

1901

NúM,

2

REVISTA M1JDERNA

de la historia los mártires descalzos, los caballeros andantt:s y los profotas videntes; sintetiza
en bellezas los aromas, las músicas y las luces del universo, y cruzan por la humana fauta•
sla la divina Dulcinea con su esperanza y la eucarística Ofolia con su locura! ....

REVISTA MODERNA

,

ARTE Y
PlRECTOR: JESUS E. VALENZUELA,

CIEN-CIA.
JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de Dublán.

CERYANTES.

Siento palpitar la tragedia!

SHAKESPEARE.
SI, es la tragedia de nuestro(dos espíritus que se han:encontrado y van á chocar sus fa~
langes armadas de rayos!

TELON.

..

\

' 'l\foISÉS11 Dl'.l l\lIGUEL ANGEL.-ROMA.

�26

REVISTA MODERNA

REVISTA MODERNA.

27

EL HIMNO DEL ULTRAJE.

En estos momentos, Parls vive en el Odio.
Las palabras de concordia, las santas voluntades las aspiraciones al bien, la ciencia, la moral,
la ~oesía, el espíritu, todo, todo se dobla bajo las
ráfagas formidables de una tormenta ~emoni~~ª·
La gran ciudad está poseída por la fiebre v1s10naria.
El Gobierno tiene miedo, mucho miedo, Y se hace
criminal.
La Iglesia, hipócrita y rufiana, atiza ~encores,
entrechoca intereses, cava sepulturas, sonando un
instante en la: restauración de su tiranía.
El Ejército, asesino latente, sintiendo palpit~r en
su seno el alma de Napoleón, el asesino glor10so,
cree que el Rey se despertará, vengador, del sueño que duerme bajo el domo de oro de los Inválidos.
La Prensa gigantesca, con sus millares de ojos
ardientes, con sus millares de lenguas caldeada~,
oraculiza fatídicamente sobre su trlpode, como Pitonisa demente.
y la gran ciudad poseída por la fiebre visionaria,
lanza á lo largo de sus avenidas y á lo alto de sus
torres, un grito histérico, robusto, e~orme, brutal,
mientras pasan bajo el Arco de Tnunfo, ª?vueltas por las épicas clámides del sol, con la vida es•
pectral de las evocaciones, las legiones de muertos
de la historia! ....
Detrás de los legionarios viene un tropel de perras flacas, bravas, hambrientas, el tropel de las
Envidias, aullando, mordiendo, devorando honras,
vorazmente, vorazmente ... .
Cada vez más sonoro, sonoro hasta vibrar en to•
do el mundo, aquel grito es un himno, es el Himno
del Ultraje,

Es el alma humana el instrumento más perfecto
de la l\lúsica. Los mares rientemente melodiosos ó

turbulentamente sinfóuicos, los cielos con sus ~ulgurantes harmonlas piadosas, ó con s~s. tra~e.d1as
de astros devorados, no alcanzan el d1v100 hnsmo
del alma que arna y del alma. que odia.

Un dla. un Poeta arrojó una. palabra. de justicia
á su pueblo. El pueblo se embraveció, tormentoso.
Pueblo pasional, era grande amando_ y fué grande
odiando. y de su odio brotó el ultraJe,

•*•
Los sarcasmos mordían a 1 P oeta, 1as 1'nJ'urias le
abofeteaban, las calumnias iban hasta el ~ondo de
su corazón á desenterrar sagradas memorias para
profanarlas, á su sed le daban hiel, á su virtud es
pinas, á su dolor latigazos, á su cuerpo cruz, á ~u
alma anatema .... El seguía, en medio del olea.Je,
alumbrando con las iradiaciones de su frente!

PRADERAS DE OTOÑO.

Llora el Otoño que se va! Llora sobre las auroras opacas que se levantan bostezando en lechos

Fué llevado ante la Justicia, Alli dijo que su obra
era buena, de paz, de amor, de poesía, Sancho Panza ¡0 condenó. El pueblo aplaudió á Sancho Panza.

El Hinmo del Ultraje crecla, crecía, crecla., • • •
tocaba los limites de lo humano, entraba al espacio puro de lo divino .. , . . alli era un Himno de
Amor!

y yo pienso que no hay una gloria más grande
que la de ser odiado tanto, puesto que el odio, ¡oh
Zola! no es otra cosa que la cólera del amor.
Paris, 1898.

de frios plumones, en alcobas de muselinas densas;
llora sobre los helados mediodías que pasan, todos
bruma, con un sol eeca.rlata enmedio, como polares osos blancos de jadeante lengua roja .... ; llora
en los largos crepúsculos que ahondan el tedio y
magnifican la. melancolla y en cuyo albor indeciso
palidece un cadáver: el Sol, y albea un fantasma:
la Luna .. ..

Dónde están mis tardes mexicanas, de largas nubes sombrías y vivos ampos dorados, áureas y negras como la piel de una tigresa .... ? Llora el Otoño inconsolablemente .... ! Los vidrios de mi ventana. están llenos de lágrimas, y en estos instantes
en que la nostalgia se obstina en besarme como
una odiosa querida, el primer huracán del Invierno golpea brutalmente la vidriera dolorosa con el
bofewn de un rufián sobre una mejilla inconsolable ....

JESÚS URUETA.

Llega este Invierno sonando una glacial •tocata•
en su clarín de hielo. Lo preceden sombríos heraldos de negras armaduras crujientes, de grandes
airones tempestuosos .... En el yerto campo debatalla se arremolinarán las ventiscas y se desplomarán los a.ludes .... ; hay legionarios que despedazan
los témpanos para hacer hachas; toda una falange
aguza lanzas y dardos de hielo,.,, Y en brutal de ·
safio, en provocación insolente, choca el Invierno
su álgida rodela con el broquel del sol, sonoro y
áureo!. ... Los rayos del sol se tienden lacios como
aljabas de oro lanzadas por brazos pusilánimes ...

Ya no tiene el So! áureos paladines que llenen de
púrpura el estadio, sino efebos c~bardes que tien·
den flavas antorchas nupciales cuando el Invierno,
para preñarla de huracanes, busca en su tálamo á
Nivosa .... Pero aún el Otoño vive, y antes de que
el Invierno triunfe celebrará luminosos festivales
el Otoño, triste y glorioso como un César decaden·
te, sabio en sus magnificencias, pródigo en sus
pompas, agonizando entre flores que se deshojan,
entre perfumes que arden, entre hetairas que can•
tan, dejándose morir suntuosamente como un Em·
perador Bizantino!

Entre los dias álgidos y pluviosos del Invierno
qué avanza, hay en el Japón luminosas maña.nas y
tardes magnificas. Los jardines, antes de dej arse
besar por la nieve, hacen alarde de un brillo inau•
dito, y en praderas y bosques, donde los bambúes
echan á volar sus últimos plumones de esmeralda,
donde los cedros resisten austeros como ascetas y
vigorosos como guerreros, brilla el •momiji,• con
su milagrosa. policromía! El •momiji• es el arce
nuestro, el «era.ble• de Francia, el •maple• de la
corona británica, el •Acer polymorphum,&gt; en fin,
de los botánicos .... Con las otoñales crisantemas,
con la primaveral flor del cerezo forma la regia tri logia en el poema floral del Japón ....
Como los griegos las •Antesteria.s,, como los latinos sus •Floralias,• como la peca.dora Niza con•
temporánea los floridos combates, el Japón ce'ebra

•

�28

las fiestas de sus jardines. La vida social de este
pueblo refinado está regada de flores, está regida
por un ceremonial y uua etiqueta donde las flores
enardecen sus tintas y exhalan sus aromas. Ellas
intervienen en los nacimientos, en las cfian~ailles•
y en las nupcias; acompañan al asceta que se despide de la vida y al paladln que va á encontrar á
la muerte; hay flores para la cabecera del enfermo
y para las canas del anciano; otras riman el ritual
de los sagrarios ó recelan en su corola una muda
plegaria para implorar de las divinidades agrlcolas la lluvia y el buen tiempo; hay flores que sólo
deben ser contempladas al fulgor de la luna, otras
para las fiestas de thé, para los cinco festivales ó
para la ceremonia del incienso y peonias ó camelias, lotos ó iri!i, crisantemas ó claveles, tienen sus
funciones, sus atributos y sus virtualidades ..... .
Un daimio ó una musmé, un samurai ó un bonzo,
poseen su biografla escrita con flores y todos los
actos de su vida, placenteros ó adversos, tiernos ó
ingratos, se sintetizan en unas cuantas flores que
duermen marchitas, siendo la historia de una vida,
en el seno de un cofre de laca.

El cmomiji• esplende bajo los fulgores dorados
del sol de Otoño y las flores de ese árbol único con
sus hojas, sus ramos polimorfos y policromos. Cuando llegando á Oji, el mágico suburbio de Tokio,
contemplais el primer •momiji,• en vuestra admiración surge una duda y vuestras ideas se resisten
á admitir la verdad del prodigio! Tenéis enfrente
un árbol casi arbusto cuyos brazos brunos y caprichosos soportan un follaje milagroso! Aquel árbol
es de un paisaje de las cl\Iil y una Noches• ó surgió de la paleta del Veronés hecha semilla? Es en
realidad, un árbol ó bien una orfebrería, un capricho de los mosaicistas nipones? Las hojas de aquel
arbusto son de un color rojizo-azafranado al primer golpe de vista; pero acercaos y mientras una
ráfaga otoñal sacude sus frondas, ved cómo las bojas cintilan con lumbres doradas, con verdes fosforescencias, con brillos de topacios y granates, con
flamas de fogata, chispas de ascua, brillos de san.
gre en coágulos, rubores de coral y llamas de fuego fatuo!. . . . Tomad una hoja, quizás es amarilla,
surcada por vénulas de carmln, ó color de oro viejo oxidado de escarlata, ó blanca y franjeada de
esmeralda, ó toda de carmln y ocelada con máculas de nieve .... El Sol de Otoño declina; en la casa de thé, frente al bosque de •momijis• hay una
parvada de cmusmés• no del todo honradas, que
beben •Saké,• el licor nacional, en dedales de porcelana. Una turba de estudiantes de grises kimonos y latina alegria aplaude la danza ondulante de
una cgueisha• cuyo rostro es la máscara de un Pierrot y cuya breve boca es un húmedo grano de coral ....
La bailarina ejecuta el paso de baile en que su
cinturón de brocado se desata y en que su hermosura se entrega á los besos de los mil íncubos que
revolotean en torno suyo .... Va á caer el cinturón,
la hermosa va A entregarse; los laudes suspiran
amorosos y femeninos y de las cuerdas de los ne-

29

REVISTA MODER ·A.

REVISTA MODERl'\A.
gros salterios parece que surge un tropel de sátiros
jadeantes .... Las miradas se encuentran y desfallecen .... ; los labios avanzan hacia las bocas ....
y en aquel crepúsculo inolvidable se desembozó el
Sol, surgiendo de repente entre una nube obscur&amp;
y cayó sobre los •momijis• en glorioso torrente de
lumbre .... Y aquellos árboles policromos y polimorfos temblaron bajo las últimas caricias de la
tarde, se incendiaron como un fuego de artificio Y
lanzaron su alma al cielo, chispeando, rutilando,
centelleando, como la erupción de un joyero oriental, arrojando á puñados, con sus brazos negros,
rubles y topacios al Sol y glaucas obsidianas y turbias ágatas y perlaa tornasoles y negros diamantes
á la Noche que atropellando el crepúsculo, los envolvió por fin en su tiniebla infinita!. ...
Yokohama, J!JOO.

BUCOLICA.
Pasó el verano japonés de siestas soporosas y
desesperantes bochornos .. .. Las musmés han plegado sus abanicos y cerrado sus sombrillas de pinturas desvanecidas, como decoradas al pastel, ó
pintarrajeadas con la violenta policromía de los
mosaicos .... Breves abanicos y grandes parasoles
yacen ahora en el fondo de los baúles de alcanfor
y sándalo, junto á los brillantes ,Kimonos• que
preserva de la destrucción la momia de una cantárida ("'J .... Al fin se ha nublado aquel Sol implacable cuyo enrojecido yugo dobló á los animales
jadeantes; á las flores que, bajo brutales ósculoi.
de fuego, perdlan sus aromas como una virginidad;
á los árboles que sudaban savia; [i las aguas que
cambiando la alegria de sus cristales por turbios
vahos, se arropaban dolorosamente en la bruma,
desvanecidas por aquella lumbre que llevó su tórrido estupro hasta el seno de los claros manantiales ....
Cuando las Náyades y las Ninfas de las fuentl'B
se sumerglan en lo más hondo de los estanques, huyendo la brutal embestida del Sol lujurioso; cuando al cruzar los aires encendidos, caian sofocada&amp;
las palomas tornasoles .... entonces, sobre los pinos de negras cortezas que lloraban ámbar liquido, en medio de las flores violadas, entre los blancos lirios salpicados por la sangre del hymen bestial, habla un sér único, feliz y jubiloso ....

Era la cigarra aquel sér! Su júbilo era una locura, su dicha una histeria, su felicidad un paroxis¡•¡ Las japonesas creen que "la mujer que posea una cantárida, tendrá siempre hermosos trajes, .. y cuidan siempre de depositar en el fondo de sus armarios el cuerpo de uno de esos
coleópteros .... Esta creencia puede explicarse de dos modos:
las propiedades cáusticas del brillante insecto, ahuyentando á
la polilla mantienen en perfecto estado el guardarropa 6 bien
hay que admitir un sentido perverso y recordar las virtudes
eróticas de la cantárida, que en la Edad Media, incorporada en
los filtros, determinaba los "embovedamientos de amor? .. E l
carácter japonés, ingenuo 11. la vez que refinado, hace inminente
esta duda.-J. J. T.

mol .... El repiqueteo de su cascabel agrio saludaba el albor de las madrugadas serenas; el rechinido de su violln estridente señalaba los medios dlas
y bebiendo gotas de Sol se iba. la cigarra embriagando, hasta que congestionada por la lumbre y
por la luz, borracha de fulgores y destellos, llenaba las siestas abrumadoras con la musical locura
de sus chirridos, inflando su grito de duende hasta
convertirlo en alarido, rompiendo con redobles
inauditos los pequeños tambores de sus élitros, basta que por fin en aquella orgla de sonidos, en aquel
sabbat vibrante alcanzando su máximun, atronaba
los aires un estallido ensordecedor .... Las mil facetas de vidrio caían quizás hechas astillas? reventaban los crótalos y las panderetas? Las sonajas y
los sistros, como racimos estrujados, desgranaban
sus cascabeles? .... Nada de eso! A poco el estridor volvla, el canto se obstinaba y después de los
clamores meridianos y de los alaridos de la siesta,
la cigarra encontraba el modo de profanar, en selvas y jardines, el casto silencio de las noches de
luna!

Ese cauto acompañó mis dlas de más acerba nostalgia ..... Soñando con mi amada cuya imagen
destellaba en mi memoria. como una custodia en
una capilla desierta, me internllba en el misterio
de las selvas profundas, buscando un silencio digno de la doliente majestad de mi amor, anhelando
una intensa penumbra sobre la cual pudieran irradiar todas las claridades de la querida imagen
evocada! Llegaba hasta el seno de los boscajes
donde tienen sus templetes los dioses rústicos; el
césped estaba tibio como si acabara de servir de lecho á las hamadryadas desnudas y bajo la sombra
húmeda se ahondaban al ras de la grama, diáfa-

nas cisternas, en cuyo fondo habla inmóviles car-

pas y murenas dormidas ....
Pero en aquellos dias encendidos, en aquellas
mañanas incandescentes, en aquellos sofocantes
crepúsculos cuyos soles chirriaban al hundirse en
las negras aguas de la noche, mi pupila hastiada
de luz no pudo encontrar una penumbra, y mi oido exasperado por obsesoras vibraciones no pudo
descansar en el silencio ....
La cigarra agria, estridente, convulsiva, profanó
esos silencios absolutos que el alma del poeta llena
de suaves eufonías, de murmullos amantes y de
apasionados suspiros! .... La aterciopelada voz de
mi adorada, la inflexión doliente de sus quejas, el
susurro de sus confidencias, la airada vibración de
sus reproches, la sofocada angustia de sus sollozos
y la alegria infinita ,le sus risas, todo ese tesoro de
melodlas, de arpegios y de trémolos que el silencio
y el amor hubieran evocado eficazmente, se perdieron entre la odiosa vibración infinita de los insectos estivales! ....

•
••
lloy que sopla el viento de Oto ño, caen de las altas frondas, con las hojas amarillas, los enjutos despojos de las cigarras muertas, y las veredas y los
senderos se cubren de hojas mustias y de breves
cadáveres .... Hoy el silencio autumnal es propicio á las amantes evocaciones, y la voz querida encanta mi oldo con hondos arpegios y suspiros de
harmónica.
Y si el aura vesperal hace crepitar la hojarasca,
me halaga la ilusión de que mi amada marcha vengadora, haciendo crujir dolorosos, bajo sus pisadas
leves, los muertos élitros cuya música agreste fué
ayer adversa á los ritos de nuestro amor ... !
Honmoku. Japón, 1900.
Josil Je.1.N TABLADA.

No morirá tu rápida sonrisa
sin que yo la recoja entre mis labios;
es, bañada de olor, soplo de brisa
que el cardo conmovió de mis agravios.

¿Cómo te emocioné?. . . . Con una etitrofa
que nunca olste en tu triunfante marcha,
y era de crueldad, era una mofa
envuelta en los cristales de la escarcha.

Diosa impuible en vano con mis ruegos
ay! puse un ormesl bajo tu planta,
tus ojos todos luz estaban ciegos
y muda á mi reclamo tu garganta.

La heriJa fué de amor .... ó de despecho,
pero á mi te volviste sonriente,
apretando las manos contra, el pecho,
cubierta al punto de rubor la frente.

No era tu desdén; tu indiferencia
lo que en mitad del corazón me heria:
mi presencia A tus ojos era ausencia,
y mis versos sin luz, ni poesla.

Oh secretos sin fondo del cariño!
Oh misterios eternos y sin nombre!
Casi, momentos antes, era un niño;
en el instante aquel, era yo un hombre.
JEsús E. VALENZUELA.

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REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

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FLOR Y FRUTO.

,

La parda sombra de gallardo pino,
El agua amena, !impida y sonora
No tornarás á ver, ni el alba aurora,
Ni la nube, el zafü•, ni el sol divino.
Entre el ramaje de olmo peregrino
Tu volar suspendió liga traidora
Y de esclava el dogal, en negra hora
Te puso al cuello tu infeliz destino.
Y la selva al dejar y aura natía
Tan vivo fué el dolor, tu pena tanta
Que apagó para ti su luz el día.
Si encadena la suerte aquí mi planta
Y si tu patria ¡ay misero! es la mia,
Ven, llégate, avecita . . .. ¡llora, canta!
CLEARCO

MEONIO. (• )

1900.
(") Bajo este pseudónimo, que es su nombr; entre lo~ Arcad~s,
escribe el insigne poeta limo. Sr. D. J oaqum Arcadio Pagaza,
Obispo de Veracruz, á quien la " Revista Modern'.'-" agradece
debidamente la honra que le ha dispensado al enviarle par:t su
publicación este bellísimo soneto.

..

Viola tenia los cabellos blondos, tan rubios como hizo corresponder de ella, que estaba orgullosa de
las espigas de estío, y tan caudalosos que un paje ver rendido á sus pies al galán más famoso entre
bien hubiera podido llevarlos como la cauda de su la garzonia turbulenta; las citas á media noche fuereina.
ron concedidas pronto; las frases quemaderas de
Viola tenla, además, la pequeña boca siempre en- Rogerio abrasaron el corazón apasionado de Viola,
treabierta por una sonrisa; sonreía siempre, son- sus nervios vibrátiles se espasmodiaron en los dulreía sin saber por qué la extrema sensibilidad de sus cisimos coloquios y concluyeron por rendirse á la
nervios cubiertos por una tez blanquísima y sede- soberana voluntad del venc~dor; y una noche en
ña, salia á flor de su boca en una perenne sonrisa que él desplegó todo el prestigio de su palabra
seduciente. Pasó, pequeña y graciosa, abanicando arrolladora, la niña, rendida, le dijo en un suspiro:
con sus blondas la :nesita en que nosotros bebíamos -•¡Ltévame!•-'-y él no"tuvo más trabajo que alzarla
un espumoso bock de cerveza, esparciendo la fres- en sus brazos codiciosos para que salvara las mecura de su sonrisa en la tarde calenturienta de dias rejas de su balcón bajo, y raptarla, semidesAbril .. ..
nuda y palpitante, para hacerla suya.
-¡Qué primor!-dije yo.
El idilio duró breves meses. El seductor, prote- Semeja la encarnación de la alegria, y tiene gido por la. orfandad de Viola, pudo ostentarla en
una historia bien triste,- dijo mi amigo, y prosi. triunfo por la ciudad, más bella que antes de ser
guió:
raptada, florida y joyante, caitla en sus brazos ,coA Viola, que adolescente era un botoncito de ro- mo abejaruco seducido por fascinadora serpiente;
sa, le impresionaban los amorfos románticos de los pero cuando Viola, en su inocencia sorprendida,
pollos más guapos. En las noches de luna, placlale comprendió que su pureza habíase deshojado; cuanflanear con sus amigas por los senderos floridos de do, atada á su amor fatal, vió desaparecer la plélos jardines solitarios, y allá iba t ras ella, tras ella yade de sus amigos y el cortejo de sus amadores,
solamente, una nube de jovencitos blasonados con alejados unos por el estigma social de Viola y otros
los nombres más aristocráticos, á cortejará la pri- por miedo á Rogel'Ío, la dulce niña comenzó á enmorosa Viola que sonreía, sonreía siempre en su tristecer y á marchitarse. Su gracia deleitosa, la
inconsciente promesa de felicidad. Por ella hubo sonrisa, desapareció con su pureza y su alegria, y
desafíos de futuros caballeros, lides de amor por cuando el amante la vió pensativa y desconocida
su sonrisa, navajas abiertas por atavismos macare- en su taciturnidad, pronto se hastió de ella. Las
nos en callejuelas desiertas á donde los pequeños macabeas y el bar lo atrajeron de nuevo; las copas
Don Juanes iban á disputarse á Viola.
desdeñadas por el ardor de la conquista femenina
Su fama de cautivadora esparcióse por la ciudad; llenaron el vacío de su desencanto; pero encontrólas muchachas casaderas la miraban con envidia se súbitamente repudiado por las bellas á quienes
disfrazada de curiosidad; los garzones conquis- saludaba en la calle y friamente acogido por sus
tadores inscribiéronse en la corte de amor del he- amigos: solamente sus camaradas de taberna le
chicero botón de rosa que en breve tiempo, mila- acogieron alegremente pidiéndole noticias intimas
grosamente, se había abierto en magnifica flor de de Viola, con curiosidades de libertinos que olfajuventud, aunque sin dar aún su olor, como el nar- tean un nuevo placer.
do de Sulamita. Y esa flor, abatida por mariposas
Rogerio no era tan depravado que no repugnasedientas, por abejas insaciables, debía ser tron- ra tales preguntas; alejóse también de los antiguos
chada en breve. Una mañana en que pasaba la camaradas que pisoteaban una pureza que solapreciosa por una de las avenidas brillantes, en el mente él habla tenido derecho á hollar, y enconardor del medio día, ataviada y seductora en su trándose súbitamente desencantado, joven, rico, lisonrisa turbadora, al pasar frente á un bar elegan- bre, un día desapareció dejando á Viola bajo un
te, una cortina de seda se alzó con presteza y dos sobre un rollo de billetes. La dulce niña se vió enojos ávidos devoraron á la niña, que acariciada por tonces abandonada y sGla, á la merced de una ronellos, rub11rizóse y sonrió ....
da de codiciosos de su belleza y juventud; pero es-En verdad es guapa!~ dijo Rogerio Aldaz á ta vez no era la garzonia florida de los aristócratas
dos camaradas con quienes libaba alegremente,imberbes, sino una ronda fatídica de banqueros,
y juro por la infancia de Baco que la gozaré como viejos sátiros, libertinos, matronas que la asediagozo esta copa!
ban, la acosaban sin descanso. Pintábanle con aboY vació su bitter de un trago.
rrecible hipocresía su desamparo, su irremediable
Desde entonces el irresistible calavera asedió á miseria, su falta de sostén; unos cínicamente declaViola sin misericordia: más audaz y más práctico rábanle su amor y su deseo; otros cobardemente
que los amadores platónicos de la linda rubia, se franquéaban su puerta en nombre de antiguas

�REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

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amistades de sus hijas ó de sus hermanos con Viola; pero ella se mostró inflexible, incorruptible, inexpugnable.
El amor hablala abierto los ojos á las traiciones
de la vida; comprendió la fatalidad de su calda
cuando la sonrisa desapareció de su boca; lloró la
ausencia de Rogerio y su cobarde abandono con
lágrimas amargas; pero la alivió nn celestial consuelo al sentir en sus entrañas la renovación de su
vida. Desde entonces prometióse, arrepentida y
fuerte, no descender-en·la pendiente, ser toda para su bijo, ofrecer á la adolescencia del niño la
honradez de su vida pura, para que él al comprender la vida no se sonrojara de ser hijo del amor.
Pero en su ignorancia de las necesidades y las miserias no pensó que el dinero se agotarla, y encastillada en su casa fué 1:onsumiendo uno á uno los
billetes que constitulan su efímera fortuna. Una
mañana vió con terror que cambiaba su último billete y que desaparecía rápidamente. Llegó el pri·
mer día en que faltó el dinero y su criada .le aconsejó vender una lámpara; poco á poco fué vendiendo todo lo que poseía, y al aproximarse por momentos su alumbramiento, no le quedaba más que
.un colchón para recibir á su hijo, pues habla ven·dido su lecho para afrontar los gastos del parto.
La criatura nació, linda como un querubín, un ni.ño, y la pobre y feliz Viola, apenas se puso en pie,
lo llevó al Orfanatorio, á que se lo cuidaran mien,tras ella trabajaba en un taller para ganarse la
,vida.
Habían pasado más de dos años cuando el bri~lante calavera Rogerio Aldaz volvía de un viaje
por Europa, donde babia bebido y gozado á sus

anchas, donde habla saboreado todos los placeres
con la avidez con que un día vaciara una copa de
bitter. Volvia con un joven gentilhombre español
á. quien le mostraba su ciudad con el orgullo de
mostrar la única ciudad mexicana de abolengo
ilustrlsimo; y una tarde en que con su tarjeta se
habla hecho abrir las puertas del Orfanatorio, enseñaba á su amigo los diversos departamentos cuando se detuvo de pronto ante una aparición que lo
dejó arrobado y petrificado:
Una rubia primorosa, humildemente vestida, daba el pecho á. un pequeñito bambino, y la púrpura
del pezoncito del casto y culminante pecho era tan
viva como la boquita que se contraía en ávida succión. La joven contemplaba al niño que la sonreía,
y Viola sonreía también, con su antigua risa infantil y cautivadora. En un instante Rogel'io evocó el
paisaje de su felicidad de amor, la sonrisa que lo
habla cautivado y enardecido y que ahora le des•
pertaba una emoción intensa y desconocida, pro_funda y dulcisima, ante aquel niño que era su vivo retrato, el retrato de Rogerio niño en uno de
los cuadros de la galerla señorial de su familia.
Alzó Viola los ojos sonriendo siempre, y al reconocer á Rogerio lanzó un grito; cubrióse el pecho
súbitamente y púsose encendida como la grana,
mientras Rogerio, flaqueante y dichoso, arrepentido y venturoso ante la flor y el fruto de su vida,
decía lacrimoso estrechando á la madre y al niño
contra su corazón:
-Marqués, esta es mi Viola muy amada y este es
mi hijo, y os pido con toda mi alma que apadrintlis
mi boda!
RuBÉN M. CAMPOS.

FAUNALIA.
A Ciro B. Ceballos.

Lloró la Danza en el tecla.do,
Del camarín flordelisado,
Como un suspiro sofocado
Sonó un arrullo de palomas.

Sangraban labios de granate,
Tentaba11 bocas hechiceras,
Y las lÜjurias, su acicate
Encarnizaban en el mate
De las olimpicas caderas.

Atormentaban los turgentes
Senos el lino de las batas,
Y en las alfombras insolentes
Se deslizaban indolentes
Las zapatillas escarlatas.

Bregaba el pecho sofocado
Por el fulgor y los aromas
Del camarín flordelisado,
Y suspiraba en el teclado
Una parvada de palomas.

Desparramaban sus reflejos,
Ojos, turquesas y diamantes,
Y retrataban los espejos
Los azabaches y oros viejos
De los toisones lujuriantes.

Las crespas barbas en horquilla
.Acariciaban la caduca
Coloración de la mejilla,
O deslizaban su cosquilla
Por el armiño de la nuca.

Kipris brindaba su ambrosla,
Baco sus uvas y sus lauros,
Y en el desorden de la orgla
El baile lúbrico segu[a
Como un galope de centauros.

Y en los espejos biselados
De aguas glaciales y serenas,
Se destacaban reflejados
Broncos tritones irritados
Ciñendo grupas de sirenas.

Y entre la luz y los aromas

EFRb REBOLLEDO.

MUSA DE AJENJO.
Tus ojos de ftllpa oscura
tienen extrañas virtudes
que provocan la locura.
Con su fijeza inquietante,
parecen dos ataúdes
que acechan almas de amante.
¡Cuán tristes son tus amoreb!
El lecho en que hemos soñado
fué un cementerio con flores,
y el surco de mi quimera
parece un crespón atado
~n la curva de tu ojera.
Mudos los dos en la sombra
del diván, con miedos vanos
soñamos que alguien nos nombra.
Y en la bruma de las dudas
vemos que pasan gusanos
sobre las carnes desnudas.
No se lo que eres. Tu boca
es un secreto sin dueño,
y hay en tus besos de loca
un vago mar de ambrosía
donde navega un ensueño
como un bajel, hacia el día.
Pero tus ojos de estanque
donde flotan cuerpos muertos,
detienen el noble arranque
y dan al alma angustiada
una impresión de desiertos
por donde marcha la nada.
Cuando la noche ha llegado
y la ciudad se ilumina,
consuelas al que ha llorado:
tu sexo, es un vaso lleno;
tu amor, es una neblina,
y tu espasmo, es un veneno.
Eres diosa y cortesana.
Hoy criminal, tu persona
puede ser santa mañana.
Y es justo que estés serena,
porque, si hay Dios, te perdona,
lo mismo que á Magdalena.
MANUEL

Par!s, 1900.

UGARTE.

(Colaborador Argentino).

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REVISTA MODERNA.

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REVISTA MODERN' A.

UN REFRACTARIO.
A J érome Doucet.

Del zanjón de Waterloo donde se desangraba,
acomodado sobre un codo, Pitois miró la llanura.
Estaba roja de soldados muertos. Entonces el rigodón de la Guardia hipó en su memoria: c¿En dónde puede uno estar mejor que en el seno de su familia?• ..... .
-«Es verdad-dijo Pitois-y me voy á buscar el
camino de la muerte para volver á encontrar á los
antepasados.•
Con firme puño desenvainó su sable, é iba á hundirselo en el corazón, cuando advirtió, acostadas
cerca de su saco, las tristes orejas de un vecino, de
un camarada herido que le miraba resoplando. Era
su viejo caballo Bautzen. Entonces, sintiendo que
dejaba á alguno en la vida, el dragón se levantó,
arrojó su sable, y como hundiese la mirada, indeciso, en los años que tenla que vivir todavía,
distinguió á lo lejos pequeñas cosas, que lo llamaban ..... .
Era un sueño de campiña de los días posibles, un
rincón en las flores y en los recuerdos. Hizo levantar á su caballo y partió.
Después de los Adioses, rico de una renta de quinientos francos que le producían once campañas y
ocho heridas, vino á establecerse en Beaume-JaRoche, en Bourgogne, y llevaba con él, además de
una bala de Blücher que rodaba siempre en su
vientre, un reuma de Borizow-y su camarada
Bautzen.
Era un caballo de dieciocho años, peludo, con los
dientes salidos y las clavículas huecas. Tenia las
pestañas blancas, un poco de roña en la nariz, el
hueso de su quijada cortaba como una navaja de
barba. De gris sangulneo que era en Essling, se
había vuelto tordillo en Waterloo-de pesar tal
vez-en seguida blanco y después amarillo. Y ahora, un poco embrutecido, sin aliento y sin haba, la
cabeza baja, parecla no saber ya qué color tomar.
El burgo que habitaba, en lo alto, en un pequeño pedazo de azul, entre una iglesia de cuatro escudos y dos setos de higueras, contaba diez pequeñas fogatas y treinta buenas almas. F.I soldado se
habla hecho alli un jardln, é inmediatamente, curiosas, apresurándose á ver al veterano, se hablan
presentado bellas damas imperiales, rosas de la
Malmaison.
Pero ¿qué hacer de ellas? Las manazas del soldado no habían manejado sino sables; ignoraban
el arte de los ramilletes. ¿Su perfume? Su vasta nariz era un abismo en donde el alma de las rosas,
timoratas, no pasaba más ali{~ de los bordes. Fueron útiles, sin embargo; como los que hacen matl'imenios, Pitois las sembró de abejas, no las abejas primerizas, sino las bellas rubias del Manto.
Una racha de invierno sobre sus flores, tales eran
hoy sus batallas. La humanidarl, después de la

muerte del Emperador, no era ya sino un sueño
para el soldado. El caballo de Luis XVIII pisoteaba la Redingote; sobre el águila borrada se habla
pintado una flor blanca, no babia felicidad verdadera sino en su propia casa, cerca de su bagage,
liado para la partida.
Y as!, entre sus abejas, su caballo, sus rosas, habla llegado A encajar la Euroi1a en su jardín, á rehacerse un sueño, corolario del grande, una especie de Imperio empequeñecido, pero lleno de flores.
Un dfa el alcalde fué á verlo. Esto pasaba en el
jardín; Pitois escuchaba, la cabeza baja, y á medida que el otro hablaba, palidecía.
-Entonces, dijo, es verdad: el rey, como decfs,
quiere verme?
-A vos y á los otros. Quiere hacerse presentar
todos los viejos soldados del Imperio y examinar
los retiros.
-Es preciso ser educado ..... .
-¡Ah, bueno; si no lo fuéseisl
El viejo suspiró. Era un hombre testarudo que
no había caminado sino sobre cuatro ideas en veinte años.
-Es duro, señor Alcalde, para uno de la Guardia, como yo. Si no fuera este Bautzen que no
quiere sino forraje fresco. . . . . . El otro le tendió
la mano, pero Pitois guardó la suya. Se separaron.
Pero en el jardin quién ha hablado? Qué nueYa
de desgracia repentinamente pone en confusión á
las rosas? Se levantan las faldas, hacen mimos; son
rosas más rosas, y miradlas, rosas de vergüenza.
•Demonio! señor, cantan las abejas, se nos olvida,
nosotros os e,;cuchábamos.•
El padre Pitois las miraba conmovido.
Desde entonces no lo abandonaron. Zumbaban
sobre su cabeza, le cosquilleaban los cabellos, el
cuello y los dedos, entraban en sus orejas, en sus
bolsas, y aun una se posó en la extremidad de su
nariz como una amenaza. Llegado el dfa fué á ver
á Bautzen.
De su jacl\lón de glicina~, todo costroso de gloria, el caballo lo miraba venir. Pitois se instaló, y
con una voz temblorosa que cuchicheaba:
-Dime, Bautzen .. . .
El caballo quiso relinchar. Se inflaron sus narices, de donde cayó un poco de polvo muerto.
-Es preciso que vayamos á Dijon-dijo el soldado-el rey quiere vernos.
Bautzen abrió los ojos repentinamente; en ellos
pasaba 1814 como una triste imagen.
-Si, mi viejo, dijo con una caricia el veterano,
adivino ... Pero es preciso no faltar á esta cita bajo pena de reventar de hambre. No es moco de pavo uo monarca. Levántate.
El caballo no se movió.
-Levántate! gritó Pitois, ó te llamo Cobourg!

El caballo se levantó.
Cuando fué ensillado, quiso salir,-pero era preciso pasar por el jardln ... Alli estaban las abejas.
Defendían la puerta, erizadas, furiosas; se hubiese
-dicho que hablan tomado las armas-y alrededor
de ellas, apeaadumbradas, confusas por el escándalo, las rosas encoglan sus pétalos y bajaban sus
dulces caperuzas.
-Me fastidiais al cabo! gritó el soldado.
No habla concluido, que muertas todas repentinamente, las rosas imperiales se deshojaron ....
-Diantre de historia!. ... se admiró el viejo.
Pero las abejas volvían en multitud. Entonces,
eomo todas pareclan decirle que se quedara, sin
comprender, las arrojó con su bastón, montó en el
caballo, y ya en la silla, con la blusa florecida y la
cruz sobre el corazón, Pitois tomó el camino de Dijon para irá ver á l\1r. Bourbon.
Cuando estuvo en medio del camine,:
-Un pequeño trote, Bautzen.
El caballo alargó el cuello, y temblando sobre
sus cuatro pies, relinchó un reproche. Esto era lo
más lamentable: no podía huir como las abejas, ni
.avergenzarse como las rosas.
-Un galope! Vamos, Bautzen, despiértate.
Pero Bautzen no se despertaba. Aturdido sobre
sus cuatro zancos, miraba la colina; después como
si adivinase que el rey estaba detrás, falseó de las
rodillas, y se detuvo.
-Cojeas! gritó el viejo.
El caballo esta vez no tuvo la fuerza de relinchar. La colina llegaba, llegabl\. No era muy alta;
una cabra la habrfa saltado. Pero el caballo no tenia ya piernas, y á pesar de todos sus deseos, los
celos lo decidían. Tembló y sacudió la cola ... Sus
ocho campañas lo detuvieron.

-Tú. también! gritó Pitois.
Continuar el camino á pie?
El rey habría quizá pasado, y el camino hasta
Dijon es largo. Esta fatiga Jo aterró. Llega un dfa
en la vida en que el granadero cansado encuentra
su colina, él también, la pendiente en que lo espera
la muerte.
-Por el flanco derecho. Volvamos á casa.
Bruscamente volteó la brida y vió esta maravílla:
Bautzen que tomaba el frote. Entonces, estupefacto, se puso á soñar en sus abejas y en sus rosas.
-Estas bestias son como su amo, no quieren hacer sino su antojo. Que se borre mi retiro! Nada de
pan: rosas. Comeremos pasteles de miel, verdad,
Bautzen?
El caballo tomó el galope.
-Ah! dijo Pitois, parece que tú no ama
Diez y Ocho .... Hace un momento no eras tan g
llardo.
Fué obligado á contener á Bautzen que se desbocaba.
Todo era calma en su casa cuando entró. Las rosas hablan reflorecido, se habían abierto; se hubiera dicho una sonrisa sobre cada tallo. La colmena
á su vez se volaba hacia él, acariciadora. Sentía á
las buenas amigas sobre sus brazos, en sus cabellos, en todas partes, á lo largo de su blusa y sobre
su sombrero! El mismo Bautzen estaba cubierto de
ellas;-y como un gran sol, caldo en la tarde, envolvía de púrpura la campiña, para recompensar al
soldado le hicieron como al Otro, un autoritario
manto sangriento, alado de abejas de oro, bajo el
cual, orgullosamente á caballo, entt-ó en su pequeño jardfn, como un emperador!

Traducción de •Revista Moderna.•

GEORGKS

D'ESPARBES.

T HEROS .
I
El tren partió de la estación, machacando con sus
patas de hierro las placas giratorias, como si gustara de expresar con el ruido la alegria que Je po-

see al verse libre. Echaba sin interrupción y á compás bocanadas de humo, como los chicos cuando
fumap su primer cigarro, y al mismo tiempo repar~fa á uno y á otro lado salivazos de vapor, asemeJándose á un jactancioso perdonavidas ó á demonio
travieso. Ni siquiera volvía la cabeza para saludar
á los empleados de la linea, ni á las señoras y caballeros que poblaban el andén. Descortés y sin
otro afán que perderse de vista, dejó atrás los al~acenes, los muelles y oficinas de la pequefia velocidad, ~l cocherón, los talleres, 1a:casilla del guarda aguJas, Y se deslizó por la Co1·tadura un brazo
de tierra cuya mano tiene:la misión de a~ir á Cádiz
para que no se lo lleven las olas.
Corriendo por allí, velamos el mar de Levante,

las turbulentas aguas y el nebuloso horizonte, que
bien podríamos llamar el campo de Trafalgar; veíamos por otro lado la bahía, en cuya margen se asientan sonriendo alegres ciudades y villas; veíamos
también á Cádiz, que daba vueltas lentamente cual
fatigada bolera, y tan pronto se nos presentaba por
la derecha como por la izquierda.
Después, el tren pisó las charcas salobres de la
isla, abriéndose paso por entre montes de sal. Franqueó los famosos caños en cuyos bordes España y
Francia han dirimido sus últimas contiendas· cruzó las célebres aguas en que flotó el manto d~l último rey de los godos, y se dirigió tierra adentro
avivando el anhelante paso. Llevábale sin duda tan
aprisa el exquisito olor de las jerez1mas bodegas,
que más cerca estaban á cada minuto, y por último
la inquieta maquinaria dió resoplidos estrepitosos:
husmeó el aire, cual si quisiera oler el zumo almacenado entre las &lt;:.ercanas paredes, y se detuvo.
Estábamos en la más colosal taberna que han vis-

�-

to los siglo~, llena de lo más fino, delicado y corroborante que en materia de néctares existe. Al llegará aquel punto del globo, ningún viajero puede
permanecer indiferente. Ve un glorioso campo de
batalla sembrado de despojos, los mutilados miembros de la sobriedad vencida y destrozada por su
formidable enemigo. El triunfo de éste es completo.
Su insolente orgullo ha poblado de emblemáticos
trofeos el campo. Millones de vides coronan de ver·
des pámpanos la tierra. Toneles hacinados se alzan
en pilas, ó ruerian como bonachos que han perdido la cabeza. Todo es bulla, animación, mareo.
N'l se puede resistirá la tentación del hijo de Noé.
Es del color del oro y tiene el sabor de la lisonja.
Beberlo es tragarse un rayo de sol. Es el jugo absoluto de la vida, que lleva en sus luminosas partl·
culas fuerza, ingenio, alegria, actividad. Su delicado aroma se parece á un presentimiento feliz; su
gusto estimula la conciencia corporal. Engaña al
tiempo, borra los afios y aligera las cargas que nos
hacen doblar el fatigado cuerpo. Lleva en si un espíritu poderoso que se une al nuestl'O, y juntos forman una especie de seráfico genio, el cual, si se ensoberbece, puede trocarse en demonio.
Yo ful de los seducidos, y antes de que el tren
partiera me llené el cuerpo ele rayos de sol. Poco
después admiraba las viñas, respetables madres de
aquel insigne vencedor de las naciones, cuando sen·
tí que me tocaban el hombro.
Sorprendióme esto, porque me creía solo en el
coche; volv!m~ con presteza y,
II

•

.... en efecto, era una mujer; quiero decir, que
al volverme vl á una mujer. Al partir de Jerez hallábame solo en el coche. ¿Cómo, cuándo, por dónde habla entrado aquella señora? He aquí un pun·
to dificil de aclarar, mayormente cuando mi cabe·
za, forzoso es declararlo, no gozaba del beneficio
de una perspicacia completa.
• Caballero ....
A esta palabra siguieron otras que no pude entender bien. Tengo idea de haber dicho:
«Señora ....
Pero no estoy seguro de lo que tras esta palabra
balbucieron mis torpes labios, aunque debió ser alguna frase de cortesía.
Es indudaLle que yo estaba aturdido, no sé en
realidad por qué, como no fuera por el maldito zumo de oro que había alojado en mi. Hallábame cortado y absorto, y seguramente contribuiría mucho
á esto el aspecto singularisimo y por mi nunca visto de aquel!~ persona.
Causábame estupefacción indecible su persona y
su traje, del cual no podía apartar los asombrados
ojos: y ~n verdad, no es fácil imaginar atavíos más
originales. No debla sostenerse que el traje de la
dama fuese extravagante, sino que no tenla traje
alguno.
Tengo idea de haber dicho á medias palabras, teiiida de rubor la cara y apartando los ojos:
• Señora, tenga usted la bondad de vestirse ....
Ese traje, mejor dicho, esa desnudez no es lo más
á propósito para viajar en pleno dia dentro de un
coche del forrocarril.

37

REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

36

Echóse á reír. Era de una hermosura sobrehumana.
Yo recordaba vagamente haberla visto en pintura, no sé dónde, en techos rafaelescos, en cartones,
dibujos, quizás en las célebres Horas, en relieves
de Thornwaldsen, en alguna región, no se cuál, poblada por la imaginación creadora de los dioses del
arte.
Nada de cuanto modelaron griegos, ni de cuanto
cincelaron florentinos, puede superar á la incompable estructura de su cuerpo. Su rostro era como el
que la tradición artística da á todas las ninfas acuáticas y terrestres, á las diosas que fueron,• A las jubiladas matronas simbólicas que durante siglos han
representado en doradas techumbres el pensamiento humano. Más perfecta belleza no vi jamás; pero
no era fácil contemplarla, porque sus ojos eran como pedazos del mismo sol, que dedlumbraban y
ofendían quemando la vista, de tal modo que per·
derla la suya el observador si se obstinara en mirar sin vidrios ahumados la hermosa imagen. De
sus cabellos no diré sino que me parecieron hilos
del más fino oro de Arabia, perfumados de aroma
campesino, y que en ellos se entretejían amapolas
y espigas en preciosa guiarnalda.
Su vestido era, más que tal vestido, una especie
de túnica caliginosa, una flotante neblina que la envolvía, ocultando ó dejando ver, según las posturas
de la dama, ésta ó la otra parte de su cuerpo. No
tenia yo noticia de aquella singularlsima manera
de presentarse en sociedad, y si he de hablar claro,
el atavío de mi noble compañera de viaje parecióme en el primer momento escandaloso y desenvuelto en gran manera. Pero bastaron algunos minutos de observación para formar juicio más favorable. En las divinas formas, en la actitud graciosa
y natural de la viajera, así como en sus palabras y
ademanes, resplandecían la castidad más perfecta
y la más irreprensible decencia.

m
Y eso que la señora, si no era el mismo fuego, lo
parecta. Dílogo, porque echaba de su cuerpo un
calor tan extraordinario, que desde su mis'8riosa
entrada en el wagón empecé á sudar cual si estuviera en el mismo hogar de la máquina.
-Sef:.ora,-le dije respetuosamente, limpiando el
copioso sudor de mi rostro,-perm1tame usted que
me aleje todo Jo posible de su persona, porque, ó
yo no entiendo de verano, ó es usted la misma Ca·
nlcula en c;erpo y alma.
Sonrió con bondad, y rebuscando en cierto monalillo que á la espalda traía, ofrecióme un abanico.
Felizmente yo llevaba espejuelos azules con los que
pude resguardar mi vista de los flamlgeros ojos de
la señora. A pesar de estas precauciones, cuando
el tren se precipitó por las llanuras de la izquierda
del Guadalquivir, la irradiación calorífica de mi
compañera aumentó de tal modo, que destrocé el
abanico sin poder refrescarme. Las perspectivas,
ora interesantes, ora comunes del viaje, aburríanme soberanamente. Los pinos valsaban en mareantes círculos ante mi vista; marchaban en columna
cerrada los olivos de Utrera, como ordenados ejér·
citos que van al combate, sin que estos juegos de

óptica, ni el variado espectáculo de las sucesivas
estaciones, ni la cercana presencia de Sevilla, que
desde el último confín visible nos saludaba con su
.Giralda, aplacaran mi mal humor.
Sevilla nos vió llegar al fin junto á sus achicharrados muros que quemaban como calderas puestas al fuego. Reposaba la placentera ciudad bajo
mil toldos, adormeciéndose en la fresca umbría de
sus patios. Las cien torres, presididas por la veleidosa mujer de bronce que da vueltas, á ciento veiutidos varas del suelo, desafiaban al furioso sol. Cual
condenados, cuyo itinerario de expiación ha sido
invertido, subían á los infiernos.
No pude contenerme, y dije á la dama:
cP1·esumo que usted se quedará en esta estación
que tan bit-n cuadra á su temperamento.
-No señor-repuso con la timidez de una novicia.-Voy á Madrid.
Y diciéndolo, se acercó á mi. Creí hallarme de
súbito en la proximidad de un incendio, porque no
era ya calor, sino llamaradas insoportables, lo que
el misterioso cuerpo de la endemoniada ninfa despedía.
-Señora, señora, por amor de Dios-exclamé.
-Es muy doloroso para un caballero huir .... Es
un desaire, una grosería, pero ....
Me hubiera arrojado por la ventanilla si la rapidez de la locomoción no me lo impidiese. Felizmente, la misma que tan sin piedad me achicharraba,
brindóme con refrescos, que sacó no sé de dónde,
y esto me hizo más tolerable su platónica respiración y aquel tufo de infierno que de su hermoso
cuerpo emanaba.
Ibamos por la alegre comarca que separa las Dos
famosas Hermanas andaluzas á orillas del florido
río, entre naranjales y olivos, saludando cada dos ó
tres leguas á un pueblo amigo, tal como Lora, Peñaflor, Palma. Ya cerca de Córdoba, mi sofocación
puso á prueba mi paciencia, pues sintiendo que los
sesos me burbujaban como si hirvieran, y que mi
sangre se iba pareciendo á un metal derretido, tomé la resolución de librarme de la molesta compa·
ñera que desde Jerez traia, y al punto, una vez parado el tren, apresuréme á poner en ejecución mi
pensamiento, dando parte del caso á los empleados
de la vía.
No sé por qué ae reían de mi aquellos malditos,
oyéndome formular mis justas quejas. Podría colegirse que yo me habría expresado en frases incongruentes y desatinadas. Era para reventar de
cólera. El mismo jefe de la estación tratóme como
á un loco cuando le dije:
-SI señor, si señor. Va en mi coche una señora
que echa fuego por los ojos, y por todo el cuerpo
uu calor tan vivo que se podrían asar chuletas y
freír pescado sobre las palmas de sus manos. Esto
no se debe permitir .... Es un abuso, un escándalo.
Me quejaré al inspector del Gobierno, al Gobernador, al Gobierno mismo.
Movióles la curiosidad, más que otra &lt;:osa á registrar el departamento. En él continuaba la dama.
Yo la vi. . .. era ella misma sin duda; pero no ya
con aquellos ligerísimos ropajes que tanto llamaron
mi atención, sino vestida con el habitual modo de
nuestras damas. Sus ojos picarescos y vivos no des-

!umbra.bao ya; su cuerpo no tenía rastro de haber
pasado por el infierno; llevaba en la cabeza el vulgar sombrerillo adornado de espigas, mas todo conforme al arte de las modistas, sin nada que trajese
á la memoria el tocador de las diosas.
IV
Mudo y perplejo la contemplé, y no es dudoso que
me deshice en cumplimientos y excusas, achacando
á desvanecimiento de mi cabeza la increíble equivocación en que había incurrido; mas apenas marchó el tren camino de las sierras, volvió la dama á
presentarse en su primera forma y desnudez, con
los mismos cendales vaporosos que contorneaban
sus bellas formas, con el mismo ornato de rústicas
espigas en la cabellera de oro, los mismos ojos que
no se podían mirar, y la propia irradiación abrasadora de su cuerpo. El calor que despedía era ya un
calor ecuatorial, intolerablr, un fuego que derretia
mi persona, como si fuese de cera. Quise saltar del
coche, llamar, vocear, pedir socorro; mas ella me
detuvo. Cal exánime, sin fuerzas, todo sudoroso,
desmayado, sin aliento; creo que mis facultades se
alteraron profundamente; perdí la noción de todas
las cosas, se nubló mi juicio, y apenas pude formular este pensamiento angustioso: •Estoy en las calderas infernales.,
Arrojado cual cuerpo muerto sobre los cojines,
aspiraba con ansia el rarificado n.ire. La diabólica
aparición llegóse á mi: sostuvo mi cabeza, dióme á
beber no sé qué delicado y refrigerante licor que
facilitó el trabajo de mis pulmones, difundiendo
, cierta frescura por todo mi cuerpo, y entonces me
senti mejor; mis excitados nervios se dilataron, dándome algún reposo; y al aclarárseme los sentidos,
pude oír el discurso que con dulce voz me dirigió
la señora, y que si mi memoria no me es infiel, fué
de este modo.
V

• Yo soy la plenitud de la vida, la cúspide del año
natural; soy la ley de madurez que prellide al cumplimiento de todas las cosas, la realización de cuantos conatos bullen en el seno infinito de la Naturaleza. .Antes de mi, todo es germen, esfuerzo, crecimiento, aspiración; después de mi, todo decae y
muere. Soy el logro supremo y la victoria que se
llama fruto, victoria admirable de las múltiples
fuerzas que luchan con la muerte. Por mi vive todo lo que vive. Sin mi la Creación serla en vez de
gloria y triunfo, una especie de bostezo perenne,
el fastidio de los elementos al verse sin objeto. En
el hombre, soy la edad del discernimiento y del trabajo; en la mujer, la fecundidad y el amor conyugal; en la Naturaleza, el desanollo de todos los seres que al verse completos se recrean en si mismos,
apreciando por su propia magnificencia la magnificencia del Creador. ins cabellos son el sol; mis
ojos la luz; mi cuerpo el ardoroso ambiente que al
pasar reparte la existencia; mi sombra el rocío que
bautiza las nuevas vidas; mi habitación es el cielo
con sus admirables ritmos; mi trono, el zenit. Soy
la sazón universal.

�REVISTA MODERNA.
REVISTA MODERNA.

ao

•En mi curso infinito, guíame el dedo de Dios.
Cuando aparezco, ya está todo preparado. Bástame sonreir para que el mundo se llene de frutos.
El labrador me espera con ansia, porque mi benignidad ó mi cólera deciden su suerte. Dóile abundantes mieses y regalados frutos; le anuncio los
mostos que llenarán sus tinajas; multiplico sus ganados y sus colmenas; aumento para el pescador
los inmensos rebaños de los mares, y al industrioso
le ofrezco días largos, al enfermo alivio, al sano
alborozo, expansión al rico, consuelo al miserable.
• Celébranme los hombres de todas castas, y los
que cultivan la tierra festejan mis clásicos días destinados al comercio, á la amistad, á los campesinos
banquetes, á las regocijadas bodas. San Antonio,
San Juan, San Pedro, el Carmen, Santiago, Santa
Ana, San Lorenzo, la Virgen de Agosto, San Roque, la Virgen de Septiembre son en el orden religioso mis triunfales fechas.
•Mis dias son fecundos y la vida se duplica en
ellos, porque avivo las pasiones de los hombres, y
exaltando su entusiasmo, les llevo á las acciones
más osadas. Acúsanme de incitar á las revoluciones y de seducir á las muchedumbres, agitando en
mis manos ardientes la bandera roja de la emancipación. Me vituperan por triunfos populares, y yo,
-sin pronunciar sentencia sobre esto, tan sólo digo
-que derribé la Bastilla, que destruí al vencedor de
Europa no lejos de estos sitios por donde vamos,
-que también aqui salvé al mundo cristiano de las
huestes de Mahoma. Yo abolí la Inquisición de España; yo detuve á los turcos á las puertas de Vie,na; yo he realizado mil y mil altísimos hechos cu_yo número no puede contarse, pues son más que
las vueltas que en todo el curso de nuestro viaje
dan las ruedas del coche en que velozmente cami.namos.•

VI
Y era la verdad que caminaba con rapidez, traspasando ya la fragosa sierra que es muro de Castilla. Habla caldo mansamente la tarde, y con la mudanza del cielo la señora aplacaba sus insoportables ardores, como fragua en que mueren durmiéndose las brasas. Sus ojos seguian brillando, mas no
con el resplandor del sol, sino con claridad blanquecina semejante á la de la luna. Su cuerpo despedía tibieza grata, que poco á poco se iba trocando en frescura. De este modo, la repulsiva diorn,
cuyo contacto sofocaba, se convertía en el sér más
bello y amable que imaginarse puede, y todo convidaba á reposar á su lado con sosiego y descuido,
viendo roda1· las horas y los astros, sintiendo pasar
el aire rico en fragancias.
Sus miradas me causaban dulce arrobamiento.
Vi en sus pupilas algo semejante al plateado reflejo de un lago tranquilo, y su sonrisa me sumergia
en dulce éxtasis. En sus labios observé no sé qué
eosa semejante á celestiales puertas que se abrian.
Asi pasamos toda la noche, recoriendo de un cabo á otro la tierra ilustre que sirvió de campo á la
inaginaria contienda de lo ideal con el positivismo.
Pero la noche recogla sus obscuridades para huir
.á punto que salían á saludarnos los primeros árbo-

les de Aranjuez, no lejos de donde celebran pacto
de amistad eterna Tajo y Jarama.
Rueda que rueda y silba que silba, entre polvo y
ruido, llegamos al fin á Madrid, donde mi compañera de viaje, profundamente aficionada á mi persona, no quiso dejarme, y me siguió en el coche, y
se aposentó en mi mismo cuarto, y se sentó á mi
mesa, vuelta ya á su primitivo estado, ó sea á la
desnudez abrasadora en que se apareció, pero conservando siempre aquel natural fantástico que la
hacía invisible para todos, excepto para mi.
Por el dia, hfzome sudar la gota gorda, y me sofocaba con solo acercar á mí las yemas de sus candentes dedo~; mas llegada la noche, recobró su
constitución tibia y placentera, alcanzando de mi
las amistades que no podfa concederle á la luz del
sol.
Lo más extraño es que habiéndola invitado á comer en los Jardines del Buen Retiro, la bendita señora descubrió de súbito unas mañas que me pusieron en gran det1asosiego, y fué que en mitad del
yantar, pretextando que su natu:aleza lo exigía,
empezó á menudear copas y á vaciar botellas con
tanta prestezn, que aquella no era señora, sino más
bien una bacante.
VII
No bien hablamos concluido de comer, cuando
la dama, enteramente transformada por todo aquel
liquido que habla metido entré pecho y espalda, empezó á hacer los más desaforados desatinos que pueden verse. Agitó primero las palmas de las manos,
al modo de abanico, haciendo correr un aire cálido
y seco que tostaba. Después rompió á reir con carcajadas estrepitosas de insensato, y cayó espantosa
lluvia, que puso como nuevos á los parroquianos
de aquel hermoso sitio, obligándoles á dispersarse.
Corrió después la niña con tanta rapidez que parecla vendaval, rompiendo las bombas de vidrio, alzando las faldas á las señoras, arrebatando sus sombreros á los galanes, desgarrando el telón del teatro, dóblando los árboles, haciendo gemir las ramas y cubriendo de hojas los mecheros del gas. No
he visto dispersión tan precipitada, pánico tan horrible ni confusión más grande. ¡Y cómo reta la picara al ver tales estragos! Yo procuraba calmarla,
mas esto no era posible. Temí que la llevaran á la
prevención por sus diabluras; pero la muy tunanta
tuvo la suerte (como todos los pillos) de que no la
viera la policla.
Después que desató sobre Madrid la importuna
lluvia que tanto molestó á los paseantes, sopló á
diestro y siniestro, y he aquí que comienza un frío
seco y displicente que hace tiritar á todo el mundo.
Estirando los cuellos de sus ligeros gabancillos, y
abrigándose con pañuelos de la mano á falta de
otra cosa, los madrileños corrían á sus casas, y gruñendo murmuraban: •¡Qué demonio de clima! ¡:\1aldito sea Madrid y quien aqul puso la corte de España!,
La misma autora de tantos desastres andaba con
capa aquella noche burlándose de los cortesanos y
de su cólera. Yo no pude contenerme y le eché en
cara su conducta, diciéndole que no me parecla pro-

3!)

cia; ningún río caudaloso la ha escogido para pasearse en ella; ningún bosque arraiga en su suelo.
Más allá, arroyos y lagunas, en cuyo espejo se
miran hileras de chopos, anuncian la frescura de
próximos montes cuyas primeras estribaciones acomete el tren sin que le estorben rocas ni pantanos.
Venciendo las grandes masas de la cordillera, que
convidan á la ascensión, el tren se empeña en subir
á Reinosa, la encapotada vecina de las nubes, Y lo
consigue.
Más allá, un monte huraño se empeña en detenernos el paso. ¡Pueril terquedad! En castigo de
su impertinencia es atravesado de parte á parte, Y
el tren pasa como la aguja por la tela. Después todo es fragosidad, aspereza, bosques en declive que
se agarran á la tierra y á las rocas con sus torcidas raíces: anoyos que se precipitan gritando como chicos que salen _de la escuela. Pero antes vimos el Pisuerga, un miserable hilo de agua, que
describiendo más curvas que un borracho se dirige
al Sur, y el Ebro, un niño que pronto será hombre,
y marcha hacia Levante.
Nosotros marchamos con las aguas que van hacia el Norte. A poco de salir de aquel largo túnel,
que parece una pesadilla, se nos presenta á la deViII
recha un chicuelo juguetón que marcha á nuestro
-Madrid es feliz-le dije,-si usted le abandona. lado brincando, haciendo cabriolas, riendo y echan-No, porqué allí dt&gt;jo mis delPgados, que son do bromitas á todas las piedras y troncos que en su
como yo misma.
camino encuentra. Es el Besaya, un modesto do
Excuso decir que la señora, transformada por la que nos acompañará gran trecho.
noche, era la más grata compañera de viaje que
Mientras descendemos con no poco trabajo la gipuede concebirse. De tiempo en tiempo sus ojos gant11sca escalera del Cantabria, el pillete, en vez
despedlan lividos relámpagos, lo que me puso algo de trazar curvas como nosotro~, de monte en monintranquilo; pero no pasó de ahl, y á la claridad te, baja á saltos, y le vemos en la hondura, riendo
que difu_ndlan sus miradas por todo el espacio, vi Y jugando. Pero no quiere abandonarnos, y en Bárel Esconal, monte de arquitectura al pie de otro cena de pie de Concha se nos pone al lado izquiermonte; vi los extensos pinares, cuyo bailoteo al pa- do, y por todos aquell,is valles y cañadas nos va
so de minueto me recordaba los olivos de Andalu- dando conversación con mucha cortesía y sosegacia; traspasamos la alta sierra en cuyo término do estilo.
Santa Teresa ha dejado su imperecedera memoria
En una garganta tapizada de lozano verdor, hasobre un caserío amurallado que parece montón de llamos las Caldas, una gran tina entre dos montaruinas.
ñas, y poco más allá, agujereando montes y franArévalo, Medina, los graneros y las eras de Cas- queando precipicios, salimos á un ancho y hermoso
tilla, nos vieron pasar, y sobre el suelo amarilleaba valle. Allí el Sr. Besaya se despide cortesmente de
la paja recién separada del grano. Pasábamos por nosotros, pues su amigo (el Saja) le espera en Tolos dormidos pueblos, que ni al estrépito del tren rrelavega para il' juntos á tomar baños de mar. Le
despertaban, y cuando avanzó la noche y aumentó damos las gracias por su atención y seguimos.
el silencio de los campos, nuestro inmenso vehlcuLas praderas verdes y limpias á nada del mundo
lo articulado parecla un gran perro fantástico que son comparadas en belleza; los bosques de castacorría ladrando de provincia en pl'Ovincia.
ños se extienden por las laderas, á. cuya falda riValladolid la dormida se quedó á mano izquier- cas huertas y frondosos maizales recrean la vista
da, obscura, grande, glacial, acariciada por su y el ánimo con su lozanla. Atravesamos por entre
amante Pisuerga, que anhela despertarla y apenas rejas un gran río que dicen Pas, y poco después
lo consigue. Atravesamos luego los frescos viñedos olemos el mar. Sin duda está cerca. Anúnciase en
y. deliciosas huertas de Dueñas la tro"'lodita
que irregulares charcas, como dedos retorcidos; vemos
o
1
vive en cuevas. Vino al poco rato Venta de Baños, después sus manos que agarran la tierra, y por úlque es un mesón puesto en una encrucijada de vlas timo un enorme brazo que se introduce entte dos
férreas en desierto campo. Torciendo ligeramente cordilleras.
á. la izquierda, tocamos en Palencia, ya inundada
de sol, sin soltar jamás el manto de polvo que la
X
cubre, y luego atrave,amos la tierra de Campos,
¿Y mi compañera de viaje?
surcada por el arado de uu cabo á otro, toda seca,
llana,_ ardiente, verdadero mapa trazado sobr(\yesAl llegar aqul, mejor dicho, desde que dejamos
ca. Nmguoa montaña grande ni chica ha encontra- aquellas fastidiosas llanuras castellanas, desaparedo apetecibles aquellos sitios para fijar su residen- cieron los accidentes caniculares que tan aborrecípio de personas bien educadas molestar al prójimo
y turbar diversiones licítas.
Echóse á. reir de nuevo, y me dijo que en Madrid
no pasaba semana sin hacer alguna travesura de
aquel jaez; que la alegria de la capital y su constante humor de bromas era contagiosa, por Jo cual
ella no podía resistir á la tentación de dar chascos;
que se complacía en deshacer las fiestas, en trastornar el tiempo, en soltar los frios del Norte después
dtl sofocantes horas, y que se divertla mucho viendo el descontento de la gente madrileña. Añadió
que no pudiendo eximirse de asistir á francachelas
y comilonas, la obligaban á empinar el codo, y que
una vez alterado el sentido, hacia las mayores locuras, casi sin darse cuenta de ellas.
Yo le dije que la vela camino de Leganés si se
repetían sus pesadas bromas; pero ella, riendo de
mi enfado, me contestó que al día sí.gqieqte el calor serla más insoportable.
Así fué en efecto, por Jo cual tomé las de Villadiego hacia el Norte, metiéndome en el tren al pie
de la montaña del Pl'incipe Pío: y he aqul que no
había andado dos metl'OS la máquina, cuando mi
compañera y amiga tomaba asiento junto á mi.

�40

ARo lV

REVISTA MODER~A-

ble me la hablan hecho. Amenguóse el resplandor
molesto de sus ojos, que brillaban, si, pero empañados por tenues celajes; dejó de echar fuego como fragua su hermoso cuerpo, y pude acercarme
libremente á ella, sintiendo, antes que calor, un
dulce temple que á un tiempo confortaba cuerpo y
alma.
Despertóse de improviso en mí Yiva inclinación
hacia á ella. Hablamos, se animó mi conversación
con requiebros y se salpimentó con suspiros, me
entusiasmé, coqueteé, me entusiasmé más, me declaré, hicele proposicioaes de matrimonio. ¡Ay! liumanos, ¿sois mortales porque sois débiles, ó sois
débiles porque sois hombres?
Condújome la taimada á un delicioso lugar, nombrado Sardinero, vecino al Océano, verde y cubierto de flores como un jardín, reuniendo en si la suave tibieza de la tierra y la frescura del mar, un
verjel con playa de doradas arenas, donde las liolgazanas olas se extienden desperezándose al sol,
un montecíllo encantador, primaveral, compendio
de todas las bellez.as de la Naturaleza.

Mi compañera, á quien desde aquel instante llamé mi esposa (porque consintió en serlo con pérfida
complacencia), me sumergió en el mar, me invitó
después á paseos y meriendas. ¡Oh, que felices días
pasamos! ¡Qué apacibles noches! ¡Cómo rodaban las
horas sin que sus pasos sonaran sobre aquel césped
florido ni sobre las cariñosas arenas de la playa!
Yo era el hombre más feliz de la creación basta que
un día, ¡infausto día!. .. Nunca babia visto á mi
compañera tan hermosa, ni tan alegre, ni tan amable ....
Nos bañamos juntos, disfrutando del halago de
las olas, asidos de las manos, mirándonos el uno al
otro, cuando de repente desapareció no sé cómo ni
por dónde, dejándome lelo, lleno de desesperación.
Busquéla por todos lados, dentro y fuera del agua.
No estaba en ninguna parte. Me eché á llorar y sentí frío, un frío que penetraba hasta mis huesos.
¡Triste, tristísimo día, horrible fecha! La recuerdo bien.
Era el 22 de Septiembre.
B. PÉREZ GALDÓS. .

NUESTROS COLABORADORES EN EL EXTRANJERO.

Oomunicamos á nuestros lectores que habiendo adquirido la colaboración
del Sr. Abogado Nicola Rubino, eminente escritor italiano, director de «La
Crítica» de Nápoles, tendremos el gusto de comenzar á publicar artículos suyos, brillantísimos de forma y vibrantes de sentimiento. Tendrán ocasión
nuestros abonados, desde luego, de gustar y de admirar las sensaciones de arte oriental_que nuestro nuevo colaborador nos ha enviado con el título de «Piccoli Azzurri d'Oriente. »

EN _HOMENAJE AL DUQUE JOB,
Organizará en su salón la Revista Moderna, la noche del día 3 del próximo
Febrero, un festival artístico.
Oportunamente se repartirán las invitaciones.

.......

MÉXICO,

1ª

QUINCENA DE FEBRERO DE

1901

NúM,3

REVIST A MO DER NA
ARTE V
DlRECTOR: JESUS E. VALENZUELA.

CIENCIA.
JEFE DE REDACCION: JESU S URUETA.
Tip. de Dt1bld11.

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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753953&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Revista Moderna Arte y Ciencia, 1901, Año 4, No 2, Enero, Segunda quincena</text>
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                <text>Valenzuela, Jesús E., 1856-1911, Director, Fundador</text>
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                <text>Couto Castillo, Bernardo, 1880-1901, Fundador</text>
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                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                <text>Urueta, Jesús, 1868-1920, Jefe de Redacción</text>
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                <text>Peña, Guillermo de la, Administrador</text>
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                <text>15/01/1901</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Faunalia</name>
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        <name>Flor y fruto</name>
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        <name>Himno del ultraje</name>
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        <name>Jesús Urueta</name>
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        <name>Musa</name>
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        <name>Praderas de otoño</name>
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                    <text>REVISTA MODERNA.

312

AÑO

nistración del fondo de instrucción primaria formado con la contribución mencionada; pel'O los proft!SO·
res serán nombrados exclusivamente por el Ayuntamiento como tal.
Décimaprimera: La duración de estas juntas inspectoras será. de cuatr-0 aiios, haciéndose cada ario
nue,·o nombramiento de un número de miembros igual á la cuarta parte del total, prefiriendo en todo ca
so para estos nombramientos á los padres de familia..
Décitnasegunda: Cada siete años, la. autoridad polltica, con acuerdo del Ayuntamiento, integrado
con los profesores del lugar, hará la declaración ele lo que en el septenario siguiente debPril. entenderse
por 1xsTnt:cc1&lt;'1~ PRBIAJtrA, sin que rn ningún caso pnecla (•sta comprender menos que: lectura, escritn
r11, ortograffa castellana, las cu/ltro reglas de aritmética, elementos ele historia nacional y gimnasia.
Dí•cimatercera: Este programa sólo comprendcr:'1 el mi11i11111m de instrucción que un niño deberA adquil'ir para considerarse satisfecho el precepto legal; pero de ningún modo se opone á que la enseñanza
voluntaria que se dé en dichas escuelas abrace mayor número de conocimientos útiles, ni mucho menos
i1 que se establezcan escuelas primarias de perftccionamiento, en las cuales la instl'ucción será más am·
plia y completa.
Décimacuarta: Sin emplear co11cción de ninguna clase, se procurará por la couvicción, los estlmu•
los y el buen orden y moralidad de las escuelas, y especialmente de los profesores, que los niños de todas
las clases concurran {1 las escuelas y adquieran en ellas la. instrucción primllria m{1s 1,ien qne en el domicilio.
Décimaquinta: Los profesol'es titulados serím de 1", 2" y 3" clase.
Décimasexta: Para adquirir el titulo de l3 clase se requiere: haber concluido la instrucción prlma!'iit
y la secunda.ria, y sufrir un examen teórico-práctico de los métodos de ensei'ianza, muy particularmente
ele! llamado objetivo, ser de buenas costumbres y de buenos modales.
Décimasl&gt;ptwia: Para obtener el titulo de 2" clase, se requiere acreditar, por modio de examen, ce•
t111· suficientewte instruido en los ramos siguientes: lectura, escriturn, gramática castellana, aritméti•
ra, incluso &amp;I i(stema métrico- decimal, geografía física y política, histo1 ill del p11 is, ser de buenas costumbres y "" buenas modales, y haber practicado por seis meses lo menos la enseiianza objeti\'a..
Décima,'\cttwa: Para tener el titulo de 3" clase se requiere: 11creditar en la misma forma, aunque en
un g1·ado menor, la instl'Ucción indispensable en los mismos rllmos exigidos para la 2" clast&gt;, quedando
por lo mismo en cada. caso libre el jurado ele ex11men para decidir si deberá expedirse titulo do 2ª ó do
:r clase.
Décimanovcna: Ninguna eseuela sostenida por los fondos públicos podrá cstu dirigida por profosor
no titulado.
Vigésima: Anualmente se puLlil':u·,í. un censo de los niiios que ashten ii las escuela9, comparando el
11i1mero ele éstos con el total ver1hrlPro t'., al menos 11.pro~imativo, calcula,to :\ r11zón lle un nii'lo por cad11
cinco ó seis habitantes.
:\1éxico,

1 go&amp;to

IV

MÉXICO,

2ª

QUINCENA DF.: ÓCTUflRE DE

1901

ARTE Y
01 RECTOR: ,JF.RDR R. VALEN7.UBT,A.

,

'('

CIENCIA.
'

,JEI•'E DE REDACCTON: JE~UR UBUET,-\.
1'i]). ¡le n11blá11.

...

l•

BARRED.\.

OFRENDA.
ltes¡11 ·nodo un olor 11~ pri1trn\·1•ra,
Me incitb como un ramo de jazminf'.~
'l'u @eno, y en tus mieles y ~atines
Re armrucé&gt; cantando mi quimt'r/l.
I_Jniel'O h ajo el frescor de ad&lt;1nni!l1•rn
tus ojos, mil'i.r nuevos confint''1,
't distraer mi luto en los jardineR
l 'ml,rosos de tn suelta cahellera.
l)¡,

Y en cambio de lns lises e,plendentrs,
En cambio de los mfsticos presentt's
lJue me dar:í tu mano bondadosa,
Mi ju\'entud, que exhitlMA en las 1-iradai
De tu altar, :í la lnz dP tu1 mir1t1las,
Su perfnmf' r"mo nn/l tn 1rro1ia.
11 IUN

20

REVIST.A

15 de 187.;
GAlll)(O

NúM.

HEROLI.EOO.
PROPET.\~ DE i\frGl'EL

A~ol!lr•.--CAPILLA

81xT1NA

Ro.u4,

�REVISTA MODERNA.

DE NA1"URA RERUM.
,\ DlE hubiera creldo, al ver la galana pareja en plena bizarria de
edad, suspensos los dos peregrinos de amor en esa última cumbre
ele Ja vida en que se detienen los séres pensantes por la postrern
YCZ para tramontar los cuarenta años-porque hay así etapa~ en la
eflorescencia humana, en las que se descansa por décadas baJO una
apariencia. inalterable físicamente, p_r'.mero en la _adoles_cencia,_luego en Ja'juventud, después en la. vir1ltdad;- nadie hub1ern. sonado
q ue la "'entil pareja o-ranada. y lozana, ella con su pesada masa de
"' ne.,.rlsimos y"' pujantes, él con su cabeza empolvada d e me.
cabellos
ve como Jo; cortesanos versalleses, ella. y él con los ojos límpidos,
las mejillas Lersas, los miembros ágiles y briosos, hubiesen arribado á. 1~ cumbre de la vida de otra manera. que llevados por Jas mañanas y ]as tardes en el capitonado !ando amenazado ~e volcarse _al em_puje del altanero tronco de frisones equinos; mecidos con indolencia en un~ cadenciosa cracoviana o
torbellinados en el maelstl'Om de un vals en la. feérica. gloria. de un sarao; reclinados ella. en el ~n!epecho
y él en el fondo del palco, ella para. ser admirada y él para admirar. á sus anchas ~a fruta proh'.b1da q~e
sus catalejos api·opincuaran hasta su boca; bogadores los dos, en fin, en el barquichuelo _alhaJado _Y JO·
ya.nte de Ja Fortuna, esa pical'illa hada que cuando se deja coger por las a~a~. cual man posa ~bn~ de
miel, y aprisionar en una caja fuerte de hierro, premia á. quien la dona tal p1:1s10n, acu_mulando m_fatrgable noche á noche, en unión de los gnomos Japidal'ios y audfabristas, pirámides de piedras prec10sas ~•
columnas de superpuestas y selladas águilas de oro!
. .
.
Así, con las pasables molestias de un Pullman de recreo, parecían a~u~llc,s ~os _viaJeros h~~er arnbado á. la cumbre alpestre desde la cual contemplaban risueños el pa..~oramico pa1saJe ~e la. felicidad e~cumbra.da después de regar flores, a.guas, mieses y uvas por las ca.mpmas fecundas en bienes. Pero nadie
Rabia., ahora., la. violenta prueba en que su corazón habiase a.cdsolado !
. .
.
Veneranda y Gabriel conociéronse sin ninguna aventura novelesca: él daba clases de pa.isaJe al oleo
na las recibia en su mansión suntuosa de heredera. única. de una gran fortuna, rodeada. de una corte
~eeprimas parasitarias sobre las que imperaba. como una dogaresa. U:n ejé~cito de criados y lacay~s
servia a.l pensamiento, obedeciendo sus más infantiles deseos que por rnfantiles á. menudo eran quimericos.
Por ejemplo: cierta mañana despertóse en su lecho de infantina, recamado de ~londas a.len&lt;;?nesa.!l, c_on
el deseo de amar· v como el ideal ele las criaturas románticas era por aquellos anos hoy corndos-D1os
mio! mi juventud' ha florecido entera de entonces á hoy!-un soñador solit~rio ~ a~~sionado á la man~ra
de Jos héroes romancescos crea.dos por la corte planeta.ria de Hugo, el garzon pa1saJ1st~ a vio ose ~omo cm·
tillo al dedo al caprichuelo púber de la. hermosa.. Y as! fué que al presentarse en_ el hnd~ estudio que se
dirla soñad¿ por Saudro para. desnudará las Gracias y copiadas desnudas, Gabnel tui:bose al v~r á Veneranda zalamera y ruburosa. venir á su encuentro, tenderle s1t mana. hoyuelada Y gu1arl_o ~si, a semejanza. de un arcángel á un joven Tobla.s, hacia al caballete donde alboreaba apena~ un pa1saJe ~unar, en
el momento preciso en que Febea tramonta y el lucero del dla precede como un paJe á la. cuádriga voladora de Faetón ....
Gabriel comprendió que la. impei·a.dora q ueria ser amada y ser obedecida, i se aprestó á la lucha.
Era pundonoroso, y pugnó por no quedar ata.do al carro de victoria, aun cuando fuese a~a~~ con cadenas de flores. La insinuación de la señorita bien nacida, si bien impetuos~ e~ el a_r!·anque _1n1c1~l, no tra~asó empero el limite de la. donosura de una dama que se respeta¡ y tal rnsmuac1on pars1mQn1osa cautt~ó A Gabriel. Yióse nbruma'1o por las atenciones de Yenerandn en i;u casa, rn los salones que ambos

'.ª

frecuentaban, ella con el poder de su belleza. y su oro, él con el poder de su prestigio de a1·tista; la mlll'muracióo, preludio del himno triunfal consagi·ador de los afortunados, los envolvió en una oni!a sonora
r¡ue .i Veneranda la. hizo sonrefr y al pintor sublevarse, y entonces se alejó de su discípula.
Ese alejamiento determinó la unión de aqueJlos dos séres que parecían haber nacido para encarnar
ol poema do la juventud vencedora por la belleza. y la. fortuna. Et artista fué llamado á la presencia do
la hermosa; la explicación surgió firme y franca dados sus cara.ctc1·es altivos; el mundo, que ambos destleiíaban, fué proscrito en el pacto de alianza para toda la ,·ida¡ el idilio romántico bien pronto se transformó on dichosa. realidad, y la. pareja de amor, laudada por el himno tdunfal consagrador de los afortunados, paseó con la insolencia. inconsciente de los felices, su cauda de murmurnciones cobardes envi. el limo de la. gleba
' que
clia.s con antifaz de g::.lanterlas, bajas pasiones plebeyas, que to mismo fecundan
los co1·púsculos de la sangre azul. Sentimientos bastardos que brotan cínicos ó disimulados, pero que son
sedimentos latentes del mal en todo organismo humano!
Asl, aquella doble rnlla de fracs encarnados y de hombros desnudos por entre la que pasaban triun,
fantes Gabriel Henán y Veneranda de Villamar, en el salón resplandeciente de su mansión fastuosa Ja
noche de sus bodas, aquella doble valla cortesana escondía bajo su sonrisa. pala.ciega, tenuemente sardónica, los dardos romos de sus pasiones innobles.
·
El pintor no se curó de analizar almas, y se dejó mecer en la. hamaca de seda de la alegria. Sus a.mi.
gos invadieron la mansión se11orial riendo ruidosamente; en el gran patio embaldosado piafaban los ca.
ballos y ladraban los lebreles impacientes de pa1·tir {1 las famosas cacerías; al regresar, como una banda
de cosacos, invadían las despensas y rociaban con añejos vino~ bor.,.oñones los ciervos asados los jab 11 lies al horno, los civets de liebres traillas por manojos, las perdices °agachonas y las gangas a~oradizas,
qne baclan reventar las bolsas de caza, abundantlsima. en las posesiones del señorío de Villamar. En el
recinto hospitalario todo era estrnendo, luz, música, felicidad. Et canicter franco y abierto de Gabriel,
e mvertido súbitamente en gran señor·, atrájose las simpatías fáciles de quienes secretamente lo hablan
desdeñado a.l subir i1 su rango, y Veneranda, al principio feliz en su plenilunio de miel, bien pronto vió,
c:&gt;n asombro primero y despné3 con rnncor creciente, que ya no era la única, la reina, la mimada, Ja imperadora en su mansión. Todos buscaban á Gabriel: las invitaciones eran para él¡ los honores para él¡
ella. quedaba en segundo término y 1st felina fierecilla que dormla en su corazón, como en el corazón de
toda mujer, elespertóse como unajagua.resa de su sueño de amor . ... \'eneranda toruóse tornadiza, nerl'iosa, celiuda, irasciulc .... su cólera hacia crisis é iba á estallar como un cráter ....
Y asi fuú que una maiíana en que Uabriel acompaliado de tres amigos ordenó en alta voz desdo 11u
tlc,spacho que engancharan el landó, poi· respuesta vió presentarse ,'t nn lacayo purpúrno de confusión,
que balbuceaba:
-La señora ordena que no se enganche! ....
Gabriel palideció de rabia y de vergiienza, pero dominándose súbitamente, dijo .i. sus amigos con
jovialidad:
-Vaya! . ... pues toma.remos una calandria!
-Si!. ... si. ... una calandria.! - corearon-y partio1·on, quel'ienclo en vano ocultar la afrenta bajo
una falsa. alegria.
Al dla siguiente, muy temprano, Gabriel presentóse tranquilo en las habitaciones de su esposa y la.
Invitó á dar un paseo matutino-hacia un tiempo espléndido. Veneranda, que esperaba impaciente una
escena. tremenda, quedó desconcertada.- «Será en el paseo• -pensó. Y se decidió á aceptar. Esta. ,·ez si
engancha.ron con apresuramiento; pero en el carruaje Gabriel hablaba de co3as indiferentes, con la mis•
ma. tranquilidad asombrosa.-• Dios .... !- pensó Venei-anda.- ~i me hubiese casado con un hombrn sin
delicadeza!• Al terminar la calzada do milenarios ahuehuetes, Gabriel ordenó al lacayo que se internara
en un barrio solitario.- • Yaya un capricho!• -pensó Veneranda; y al llegar frente á una casa de humildo
aspecto, llenán hizo parar al carruaje, rogó á Yenernnda que bajara y despidió el cupé.
.,
-Pero ele qué se trata?-preguntó ' ' eneranda alarmada.
-Volveremos en el trnnvia que pasa ahí, á unos cuantos metros,-contestó él cou serenidad que la.
~ranquilizó.- Deseo que veas esta casita que comprí• ....
~ Pe1·0 estás loco?- dijo ella riendo - y entraron los dos.
El corazón de Veneranda dió un vuelco. Las dos únicas habitaciones pequelias estaban abiertas; eu
una de ellas habla un caballete, pinceles, lienzos y bosquejos prendidos á los muros blancos, una hamaca y dos ó tres sillones de mimbrr; en la otra había un humilde lecho a.lbeante, un tocador de roble, un
ropero provisto de batas, faldas y ropa blanca. y un lavabo de pol'Celana En el ·pasillo que conduela A la.
cocina, bajo un cobertizo de trepadoras y campúnulas en flor, vclanse una mesa de comedor y un armario con loza y cristalerla.
- Veneranda - elijo el pintor con voz trnnquila, uescubrióndose - cuando yo me casé contigo, era Jo
que soy, un paisajista que se gana la vida con sus pinceles, y tú me aceptaste asl. Esta es mi habitación
que yo he guardado por cariño á mi vida de bohemio¡ ayer he solicita.do mis antiguas clases y por foi·
tuna me las han dado todas ot1·a. vez .... Yo ti·abajaré con a1·dor, para que no te falte lo que decorosa·
mente necesita una mujer .... Estás en libertad para nombrar quien administre tus bienes y puedes hacer
de ellos el uso que quieras ... . pero mientras no haya impedimento leg al, ti enes r¡ue vivir conmigo y
compartí~ lo mio .... Espero ele tu dignidad y ele tu nombre que aceptar:ís mi honrada pobreza!
Cuando Yencrnnda tlci;pertó del delirio febriciente que la fulminó al recibir e l tremendo golpr, en-

�REVISTA MODER~A.

316

REVISTA MODERNA.

contró ;1 su lado [1 su doncella más querida, que la consoló con frases carii1osas y la. ayudú á recordar
discretamente el motivo porque se encontraba allí. Era la rubia una compañera de infancia de Veneranda, y en sus brazos lloró la cuitada sus penas; pero ante Gabriel se mostró indiferente, estoica, no
quiso rogar ni causar compasión. Sufriú con heroismo las impertinentes preguntas de sus amigas, que
se interesaban por su salud y acudían á verla, pues toda la ciudad sabia el suceso y el lejano barrio se
veía concurrido por soberbios carruajes de flamantes libreas. Encumbrados caballeros suplicaron i1 Gabriel, por el linajudo nombre de Veneranda de Yillamar, por su nombre de artista, pero el pintor semostró inflexible. Levantábase por las maiíanas y partia á dar sus clases; prodigaba al regresar atencione!!
y cuidados á su esposa, que los recibla con una impasibilidacl marmórea, y la vida se deslizaba así, con
una monotonía languidecente para la reina destronada. Su orgullo herido se rebelaba contra la idea de
pedir gracia. El choque del dardo del vencedor contra la coraza de su altivez, la halló blindada para toda flaqueza, para toda vulgaridad, y la diosa no descendió de su plinto á las correrías de los tribunales!. ... Los dlas retemplaban á fuego lento aquellas dos voluntades indomables ... Quién podla rom•
perlas ni domeñarlas .... ?
Ah!. ... La eterna madre, la eterna avasalladora, la santa Naturaleza!
l"na noche Veneranda, it punto de dormir~e, sintió en su seno el latir de ot:a vida! ... . Tmcorporósc
palpitante, trémula, azorada, venturosa, y rompió á llorar. Gabriel acechaba, como todas las noches, insomne, desgraciado, y al oí1· los sollozos saltó de la hamaca, donde reposaba, y corrió al lecho ele \'ene
rancla, que abriéndole sus brazos le dccla ruborosa y solloimntr:
- Ya nó .... ! Perdóname en nombre de nuestro hijo!
HUBÉS

1901.

OTOÑAL.
¡Qué honda melancolla
la de esta tarde póstera de Octubre,
en que se apaga agonizante el dla
b11jo el nublado que los cielos cnbrP!
¡Cómo citen las hojas
en la solemne selva solitaria!
Cual aves tristes cuyas alas flojas
~e alzan como se alza mi plegaria;

]\f. CAMPOS.

317

¡Cuánta)u(en los ojos,
cuánto candor en la serena frente,
cuántas sonrisas en los labios rojos
Y en las almas qué luz indcficiente!
¡Qué blanca era la vida.
al escalar los rápidos peldaiiob!
¡Qué fácil y que dulce la subida!
¡Qué lejos los funestos desengai1ob!
¡Qué folices nosotros
yendo ele cara al porvenir seguro!
Hoy tiemblo por la vida de los otros
y amargo cáliz de ausicdad apuro.
El dolor es lo úuico
que hay inmortal sobre la dura tiena·
falaz se embosca, como aleve púnico,'
nos acocha, nos mata y nos entierra ....
Ese rnmor de hojas
trotando por las sendas UHJ liaco daf1o;
de mi verdor as! tú me despojas
uh \'ida! sin cesar, año por aiio.
El árbol en la noche
con sus ramas escuetas y desnudas
rompe con su actitud el negro brocho
de mis penas incógnitas y mudas.
Pero hojas y aves
volverán á mecerse entre sus ramas
cuando la primavera sus suaves
'
brisas le traiga en su fulgor de llamas.
Xo a.sí los pobres seres
que consumidos por su propio fuegu
ay! nacen del dolor de las mujeres
para sufrir, llorar y morir luego.
JESÚS

E. \'ALENZUELA.

Sin fuerzas, sin aliento,
ltHlibrio de los cierzos gemidor&lt;'~,
rxhalando en las ráfagas del viento
las notns ele sus últimos amorrs.
LI\ escarcha se avecina

y la tarde se aviene á mi tristez11,

y en la onda profunda y cristalina
miro cómo emblanqneco mi cahPza.
Amor! no asl la viste
en las manos del sét· que me amó tnnto,
qu.e iL mi lado jamás estuvo triste
y yo mismo conduje al camposanto ....
¡Qué alegre la maiíana!
Doraba el sol las fértiles campiñas;
y á la mfstica voz de la campana
un enjambre en la iglesia, PI de las niñas.
Tras ellas los rapaces
c¡ue picante atezara el aire patrici,
entre risas y cármenes fugaces,
esperando intranquilos en o! atrio.

('ELLA," DE ERNESTO EL0RDUY.
El Maestro inspirado, cuyas coiuposicioncs son la delicia de nuestras damas y de nuestros art' t .
~esprendió una página do su álbum inédito para ofrecerla galantemente á la Rei;ista "fifoderna, qu~\:s
ltcne el placer de ponerla en manos de sus lectoras.
y
Ellas podrán soiíar, interpretando esa página apasionada escrita en voluptuoso ritmo de danza .¡0
que ha soiiaelo al concebirla el compositor que es nuestro poeta del piano, por su genio y su corazó;,

--

..,

�LA EVOLUCION DEL TEATRO CATALAN.

OS que le conozcan sólo por sus pri,11cras obras ó por alguna de las que se han traducido
al castellano, se sorprenderán no poco al verle con los últimos trajes que ha adoptado.
Lejos se halla ya de las comedias y dramas de l'itarra, su popular sostenedor de otl'OS
tiempos, y aun el mismo e; uimerá no constituye ya la última novedad que puede ofrece1· al espectador curioso. El teatro catalán evoluciona ambiciosamente hacia lo nuevo,
ó, en opinión ele algunos, decae y se deshace siguiendo equivocadas direcciones. Dejemos la discusión de si decae ó se eleva, para fijarnos sólo en algunos hechos que demuestran que indudablemente evoluciona.
:· Las tendencias más ó menos ibscnianas presentidas, á vece~, por (:uimcril, han sido afirmadas con
mayor decisión y llevadas más lc&gt;jos pot· un dramaturgo joven y ya conocido del público barcelonés: Ignacio Iglesia$. Cosa de media docena de obras que lleva impresas ó representadas le han servido parn
lltraer sobre si la atención de los que aprecian sus buenas cualidades y adivinan en él un autor fecundo,
conocedor del teatro y con aspiraciones que no se contentan con poco. Iglesias tiene ya amigos y enemigos que le ensalzan ó deprimen, exccsirnmente á veces, gracias á sus tendencias; pero el hecho es que
i•I representa una nota personal y digna ele tenerse en cuenta en el teatro catalán de hoy. Las nueYas
ideas sociales y religiosas preocúpanlc impuls:\ndolc it convertir el drnma en arma de combate, y apláudanse ó no tales ideas, siempre resultar:°ln características de la época y demostrarán que la literatura ralala11a no anda rehacía en seguir las corrientes extranjeras; antes al contrario, se las asimila prontamentt•.
Su lifarc elcma escandalizó á algunos poco tiempo atrí1s, y entusiasmó á otros; sus J-&gt;rimers /reds han
parecido también, últimamente, audaces, revolucionarios, y obtuvieron un éxito ruidoso la noche del eslrcno, pero sin sosteuer:.e después, acaso por ser esta obra menos teatral que otras del autor, y no clt&gt;jarse arrastrar facilmcnte todo el público hacia lo~ senderos que sigue el escritor cataliin. Así y todo, hubo
revistero que en el entusiasmo que abundó en el estreno de Jt:ls pri1ne1·s f'reds comparó la obra con Elec·
tra, y dijo que tocia la segunda no tenia la fuerza sugestiva de una sola escena, la última, del poema
,lramcítico. ele Iglesias. En cambio, á esa admiración ha seguido la frialdad ele otros, 11ue ese es el peligro que suelen ofrecer los dramas de combate. Sea como fuere, todo parece indicar que Ignacio Iglesias
es el hombre del porvenir en el teatro catalán, y que su audaz imaginación ha de agitar no pocas ideas
de las que suele decirse que promueven tempestades, si tempestad cabe en ese vaso de agua de mrnRtra
\"ida literaria, sea ella catalana ó no.
Por caminos no muy distantes de los de Iglesias anda también D . .Tuan Toncndell, distinguido escritor mallorquln que desde Palma fué á Barcelona para que en ella se estrenara su drama Rls encarri·
lat.~. El éxito obtenido por el Sr. Torrendell fu(• completo, y el teatro catal;in ha hecho una nueva y valio~a adquisición que no deja de ser muy significativa. J.:[,q encm·rilafs es una protesta calurosa, vibrantt',
cotltra el caciquismo que nos corrompe, y, al propio tiempo, una enérgica afirmación de patriotismo local. Jpdependientemente de su valor literario, tiene la obra importancia política, pues pocas veces como
en la noche del estreno se habla visto en Barcelona i, un dramaturgo luchando con tanta oportunidad
por lo mismo que constituía aquellos días la gran preocupación de no pocos de los espectadores. Pero
no sólo han llegado oportunamente Els enca 1'1·ilats, sino que son una de las obras más serias y cultas del
teatl'O catalán. Produce una impresión de agradable sorpresa aquel diidogo de un realismo algo parecido al de S udermann, con atrevimientos y vuelos i'i lo Jbsen; arrastra el furgo j uvenil &lt;le! protagonista, y
acaba uno por simpati,1,ar con él y aplaudirle, aun cuando flaquea un poco ó no parece j ustifi carse bastante á la la primera impresión cuanto le ocurre. Algo se ha echado en cara, si n embargo, al autor ele
este drama, considerimdolo como invoroslmil, que no es más que copia c&gt;xacla de lo que t'n la realidad
acontece; pero no en la realidad ele las ciudades, sino en la lugarciia, lo que no es precisamente lo mismo.
El defecto capital de la ob ra, en m: concepto, es la. pequeñez del motil'O principal sobrn que gira, el
cual, si en la vida de una población subalterna se agranda, en el teatro parJce muy reducido si no se com·

��REVISTA .I\JOl)F.flNA.
plica con otros. 'rambi.:n cierto tono declamatorio le perjudica; pc1·0 eso puede decirse que es, en gran
parte, defecto del género. Lo indudable es que el autor es una esperanza para la literatu1·a catalana, .,·
que hay que apuntar su nombre en la lista ele los que valen y pueden darnos un teatro verdaderamente
literario. Dios ponga acierto en sus manos, que no nos sobran dramaturgos de buena fe.
De esa clase ele ol,ras :\ las dos que ha pul,licado hace poco .\peles ~lestres, la transiciún es algo
hrusca si se atiende súlo á cualidades externas. /Jramas ¡,,.ics las titula, y lo son por 111As de un conrrp•
101 por lo que la música y el canto inter\'ienen en ellos, y por lo que participan de poesía lit'ica.
Constan &lt;le un acto cada uno, por hahrr siclo escritos expresamente para rl llamado 'Tea! re l ,ll'Ít'
rala/1í, donde sr impuso rsa condicibn, y rslim rscritos en \'erso, lo qur parrce un retroceso rn la ro
rrirnte grneral; prro no le impitle al autor decir cuanto quiere casi con la misma naturalidad dr la prosn.
Es,LS dos ol,ritas, puestas en excelente mt'1sicll por los maestros catalanes ~forera y r :ranados, oMuvierou
muy buen hito cuantas veces se representaron, y en ese éxito hay una pruel,a m1is de ,1ue el público !,ar•
celonés admite y aplaude ya en el teatro obras literarias que algunos años atrás se hubieran calificado
ele muy bellas, pero irreprescntal,les por no tener las condiciones teatrales que pan:clan imprescindibles,
Ya ahora no lo son, y !,asta la poesla, lo mismo que la idea de alcance misó menos social, para que todo
quepa en aquel molde antes tan estrecho, y no tan ampiio aún como algunos desean. La lloso11s y l'ica1·ol (titulo de esas dos obras de :IIestrns) contribuyen también, pues, en cierto modo A la evolución en sen•
tielo de la completa libertad del género teatral.

¿Y qué diremos de otras tres obras en un acto que acaba de reuui1· en elegante volumen Santiago
nusiiiol: L'ale9ría que passa, l!:l jal'llí af1a11do11al y li!fales y l •'o1·mi,ques:' Ya aqul no so intenta tlmi•
damente que el público acepte algo, sino 11ue se le impone como cosa nue\'a que en ott·as partes se admitirla con elogio, y CD nuestra tierra no podemos, por lo tanto, rechazar. Estamos en pleno teatro sim•
bolista, en el que la observación de la realidad no es un fin, ni mucho menos, sino un pretexto ó un medio
para qae el slmbolo vaya á inlluh' en la multitud. ~o se describe sólo por el placer de realizar belleza; no
se trabaja para conmover sin resultados práctico,: se predica, se lucha para desviar á un pueblo, harto
práctico y positivo, del !,ajo culto á los J,ienes materiales, para eleval'lo al culto de la Idea, de la Belleza,
y con (•I al del Poeta y del Artista, nue,·os elioscs que deben sustituir al Creso que inspira admiración á
11\s ignorantes multitudes. Sin duda que el teatro de Santiago Rusifiol es, bajo cierto aspecto, el mAs nuc•
,·o y revolucionario entre nosotros, porque el autor no teme el fracaso: se arroja á él y logra convertirlo
en &lt;~xito más ó menos completo, pero bueno, en fin. En el Teal1·e !íl'ir se han aplaudido con entusiasmo
J,'a[1f¡ría qtte pa~.M .v Cit1ales y l•'ormi91t1?~, la primera mis que la segunda, por mAs clara, humana:,
bien redondeada; pero es característico que un puro slmbolo, que se mueve lo más lejos posible de la tic•
rra vil y trata &lt;le apartar ele ella á los hombres, baste para reunir un público de gente práctica, como
suele considerarse á los catalanes, y arrancarles un aplauso hahli1ndoles &lt;le la. Pocsla y predicándoles el
desprecio de las riquezas. Mucha idealidad ha &lt;le haber latente-, para eso, en aquella multitud; mucha
predisposición iL educarse-; mucha facilidad, tambi&lt;'·n, para admitir las nue,•as corrientes, no sólo en el tea•
tro, sino en la vida. Que todo eso es lo que evoluciona CD Cataluña.
H. D. PERJ::s.

ETERNAMENTE.
{Para A. C. )
) o 110 s1'• r111,·· lle, aba &lt;'n su radioso
Seml,lantc ele l1t tez inmncnlada,
Ni comprPndo qué fueg-o mistrl'ioso
llnmin&lt;i PI l'l'istal ele su mirnrla.
81•11lf llogar rn cauce prodig-ioso
Las notas ele una risa rnamor11d11,
Y sin quererlo casi, temeroso,
Clav(• mis ojos en su faz rosada.

Re alejú para siempre de mi lado
Y mo hizo entristecer con su pnrtidn,
D~spni·s , ino el re-cuerdo clPI nusrnl.-;

Y ahom tras lo mucho qu(• he llorado ,
Comprendo la risibn: f11nrli(1 mi ,·ida
'l. he guard1ulo rl troquel rtPrnllmenll'!
México, IH0I.
,JUAN

R. ORCÍ.

�NOCTURNO.

C&lt;)NVOOA':'l~ORIA.
convoca á. los littll'atos querctanos ó residentes en el Estado, á
un certamen de •gay saber&gt; que se verificará en esta ciudad el 28 del próximo Diciembre.

L HERALDO DE NAV1DAo

TEMAS

Leyenda sobre arnnto queretano.-Pi'osa ó verao. - Premio del S. Gobierno del Estado.
Romance bistórico.-Tema libre.-Premio del I. Ayuntamiento de la Municipalidad
de Querétaro.
Poesía lirica.-Metl'O y asunto libres.- Premio del Colegio Civil del Estado.
• El Decadentismo en i\Iéxico.•-Prosa ó verso.-Premio de la Sociedad Politécnica.
•.:'\13.vidad.•-Po.&gt;esla cm liberta1 de metro.-Premio de la Junta de Navidad.
llASES DEL CEIRTAME){.

Q.1eda abierto el certamen desde hoy hasta el 15 de Diciembre en el Colegio Civil del Estado, adon de deben enviar su9 trabajos los concurrentes al ce1·tam3n, dirigiéndolos al Secretario del Jurado Cali•
ficador.
Los aspirantes enviarán dos wbres cerrados: uno contend1·á. la composición con un lema que sirva.
para distinguirla, y la indicación del premio á que aspiran¡ en el otro, en cuyo dorso escribirán el mismo
lema, irá. el nombre del autor.
Todas las composiciones poéticas que se presenten, tendrán derecho á. competir por el Premio de
Honor, además del coi-respondiente al tema. que elijan sus autores entre los señala.dos por las Corporaciones que bondadosamente han protegido esto certamen otorgando los premios.
El Premio de Honor consisti!'á en la flor natural y el derecho de elegir la Reina do la fiesta. Los do·
rni1s se1·án objetos de arte.
El Jurado Calificador dará su dictamen el dla 21 de Diciembre, y se harán conocer por la prensa los
lemas de las composiciones premiadas y el nombre del poeta que haya merecido el Prnmio de Honor.
Los sobres que contengan los nombres de los autores premiados, serán abiertos en el acto del cer,
tamen, y la Iteina de la fiesta entregará á los ag1·aciados la recompensa á que se hayan hecho acree,
do1·es. Los sobres en que vayan los nombres de personas que no hayan obtenido premio, serán destrnidos, sin abrirlos, en presencia del pii.blico.
Si por cualquier motivo, el poeta agraciado con la flor natural no se presentare á elegir la Reina de
la fiesta, ni nombrare representante que lo haga, el Presidente del Jurado hará la designación respectiva.
Las pooslas que so presenten no podrán exceder de 2:j0 versos, ni los trabajos cu pl'Osa de 1,60:J palabras.
Al otorgar los premios se atenderá al mayor mérito relativo, y el Jurado se reserva el derecho do
doclara1· desiertos los temas que juzgue conveniente.
Si alguno de los miembros del J urado no asiste á las reuniones en que se califiquen los trabajos, danin el veredicto los miembros que se hallen presentes.
Los trabajos premiados so publicarán en el último número de &lt;EL HERALDO DE NAV!DAD, • y los no
premiados quedarán á disposición do sus autores, hasta el día 31 de Enero do 1002, en la Secretarla del
Jurado.
Será mantenedor de los Juegos Florales el Sr. Iog. D. Adolfo do la Isla, y formarán el Jurado Galilicador los señores siguientes:
Lic. D. Alfonso M. Septién, Presidente.-Lic. D. Gabriel Estrada, Yicepresidente.- Lics. D. Benito
Reynoso y D. Germán J. González, Dr. D. l\Ianuel Godoy y D. Joaquln Aguilera, Vocales.-Farm. D
Manuel Albamirano, Secretario.
Querétaro, 1001.

A \' eces, cuando en alta noche tranquila,
Sobre las teclas vuela tu mano blanca,
Como una ·mariposa sobre una lila
Y al teclado sonoro notas arranca,
Cruzando del espacio la negra sombra
Filtran por la ventana rayos de luna,
Que trazan luces largas sobre la alfombra;
Y en alas de las notas á otros lugares
Vuelan mis pensamientos, cruzan los marrs,
Y en gótico castillo donde en las piedras
Musgosas por los siglos, crecen las hiedras,
Puestos de codos ambos en la ventana
l\Iiramos en las sombras morir el dla
Y subir de los valles la noche umbrla 1
Y soy tu paje rubio, mi castellana,
Y cuando on los espacios la noche cierra,
El fuego de tu estancia los muebles dora,
Y los dos nos miramos y sonreímos
Mientras que el viento afuera suspira y llora!
¿Cómo tendéis las alas, ensueños vanos,
Cuando sobre las teclas vuelan sus manos!

-·-·En los lnímodoil bosques, cu otoiío,
Al llegar de los fríos, cuando roja~
Vuelan sobre los musgos y las rnmn.~
En torbellinos las marchitas hojas,
La niebla al extenderse en el vacio
Lo da al paisaje mustio un tono incfo: lo,
Y el follaje do huyó la savia ardiente
Tiene un adiós para el verano muerto ,
Y un color opaco y triste
Como el recuerdo borroso
De lo que fu é y ya no exisl&lt;',
En los nntiguos cuartos hay armarios
Que en el rincón más intimo y cliscrNo,
De pasadas locuras y pasiones
Guardan, con un aroma de secreto,
Yíejas cartas de amor, ya desteñidas,
Que ob ligan á evocar tiempos mejore~,
Y ramilletes negros y marchitos
Que son como cadáveres de flores
Y tienen un 0101· triste
Como el recuerdo borroso·
De lo que fu6 y ya no existe!

�3l6

REVI~TA MODERNA.
Y cu las almas amantes, cuando piensan
Eu perdidos afectos y ternura~,
\,tuo de la soledad do ignotos días
No ,·endrán á endulzar horas futuras,
IIay el hondo cansancio que en la ludn
Acaba de matar ,i. los he: idos.
\'ago como el color del bosque mu~tio,
Como el olor de los perfumes idos,
Y el cansancio aquel es trbtu
Como un recuerdo borroso
De lo que fué y ya no existe!
Jo11i:.:

ASIJNCION SILVA.

EN"' EL POZO.
(DE LA LECTURA . DE MADRID.)

I
LA uua de la tarde comenzó el cai1oneo, que no otra cosa parecfa aquel con•
denado est1 urndo de los barrenos. Todo el cerro, agujereado como un panal,
retemblaba; sobre las casitas del pueblo Yolaban trozos de piedra, pedazos ne•
gruzcos Y di~f'ormes, como aves obscuras manchando el espacio azul. Allá, &lt;'ll
lo alto del crrro, sonaba la corneta avisadora con un tono qu&lt;'jumbroso, casi
doli&lt;'nte, qtw apagaba á intcrl'alos el tronar espantoso de los hnrrenos que l'II
larga tila il.iau estallando.
La gerte huía del~~ call_es, esquivando el peligro que todos los dlas, de un modo regular, se presentaba. La gran expl~tac100 mmera, ~I par que ahondaba, se extendla. Y mientras que de allá abajo, de
t'ene_brosa~ p1:of~nd1da.des, venían v1bra~iones silenciosas y movimientos bruscos do ta piedra, de aquel
cno1 me laJo a cielo abierto con que secc10naban el cerro, sallan estos trueno~, E'stos pedruscos volado•
re~, estos estremecimientos que haclan bailar las cosas.
Pedro y Pablo- á quienes llama.ban los santo.~ apóstoles-salieron &lt;le la casa con ta cestilla al IJrazo
Y lo~ ca~diles de hierro en la mano. A despedirlos salió á la puerta la mujer del primero, Mariquita ta
H~lw1pw -y en verdad que lo era y míLS lo parecía entre aquella gente tan sucia, en la que el polvo del
mineral formaba costra.-Y como la corneta segula avisando, ella los detuvo un momento, dcb1tjo ele
la me~quina pana que orlaba la puerta.
- Esperar. Esto acaba ya. No me acostt1mbro á estos ruidos ., .. ¡mal,litos 1rnan tos barrenos'
Y los apóstolos se reían como unos sanguangos:
'
- ¡Barrenos los de allá dentro, ¿eh?
Y entre broma y risa la comprometieron para que ol domingo liajasc alli1, al catorcu piso, ÍL la C!t1la
donde ellos estaban hacien&lt;lo el pozo, y comerlan los tres á la vera del malacate, alumbrándose con el
candil, bajo la bóverla vcrdin&lt;'gra sudando vitriolo, en R'}uella inmensidarl subterrimca que parcela un
pedazo del infierno.
-¡Aquello es cnauti bay que ver, cordera!-dijole Pedro.
- Y el ~ozo nuestro (porque nu_estro es, habiéndole contratao) es un scíior po;,;o y ahí están los ingleses que lo d1gau,- agrego Pablo, mirando con extratia fijeza á Mariquitn..
-Vaya, que iré. ¡Pues no os ponéis poco tontos con el pozajo!
- Es que de allí sacamos el cónquibus, y lo que habremos do sac:ir ....
- En él me entierren- dijo Mariquita,--si salimos de pobres.
- Eso no. ¡Ajolá! Por tí más que por mi lo queclrla.
- Digo lo misrno.-Y Pablo le dió un envión con la cesta.
- Se acallaron los tiros. Graciai; iL Dios. Hasta la mar!rugada, ¿uh?
- ¡.\dió~, scrran:i!
H
-¡Qu é huena es!-dijo Perlrr, con su apacihlo condi ción de hombre gr:rnd11llón, recién casado, que
Pncontró lo ()Ue le hacia falta.
- Buena, y limpia, y hacendosa y como hay que ser - contestó Pal&gt;lo - Amigo, has tenido suerte.

REVISTA MODERNA.

327

Y eutrambo~, hablando de ~Iariquita y enumerando sus perfecciones, se fueron intemando en aquel
laberinto minero, erizado de obstáculos y accidentes. Bajaron por sendas ·estrechas abiertas en lo esté·
ril; rodearon el laboratorio, en cuya alta chimenea ondeaba un penacho :negro de humo; pasaron sobro
las vías en que las locomotoras silbaban desesperadamente; bordearon el canaleo, en que el agua cobriza va d!'jando su cáscara riqulsima en los viejos lingotes de hierro; llegaron á los hornos de fundición,
donde hubo que tomar un trago que el capataz ofrecía, delante de la llama espantosa, policroma, en
que se derretían masas de cobre, de azufre y de arsénico .... y siguieron hasta la base del cerro, todo ól
envuelto en un vaho que salla de todas partes, suavizando la fuerte coloración que el óxido de hierro
ponlll en la tierra y en lo~ peiíascos.
Allá en lo hondo, como una grieta abierta en aquel campo rojo sin una mata verde que alegrnse la
\'isla, comenzaba el túnel maest1·0; el túnel de ent1·ada. Arrnstrábanse las pequeíias locomotoras silban•
do sin cesar y dejando en la bóveda manchones de humo negro. A un lacio y otro de las vías marchaban en hilera los obreros del rele,·o, que iban á hacer su jomada en las profundidades de la mina.
A poco, saliernn del túnel y se pararon un instante en el fondo de la corta, {L la luz y al aire. Poi•
muy acostumbrados que estén los ojos, el espectáculo es siempre grnndioso ó imponente. Era aquel un
anfiteatro magnífico: desde el suelo, en que las lluvias habían d!'jado algunas charcas de agua muy limpia, se elevaba la múltiple g,aderia, los bacanales de la explotación; allá arriba corrían sobre aquellos
bancos de mineral las carretillas carg14das; más alto, colgaban á racimo los hombres atados, oscilando á
compás del pico, como ajusticiados; y por encima de todo, el pico pei1ascoso del cerro, algo inclinado,
como midiendo la hondura con que los hombres lo iban deshaciendo. Un breve pedazo de cielo azul, vis•
to como desde un pozo, extendia su nota alegre sobre aquella desolación.
En torno de la gradería colosal se abrian, como fauces negras, las bocas de galerías antiguas y modernas. Las unas anojaban humo; las otras, agua turbia que venía de los trabajos.
Los apóstoles miraron todo aquello con la indiferencia suprema del trabajador avezado, y hablan•
do de cosas del negocio, entraron por la galerla en curva, que venia á ser prolongación del tímel. Allí
encendieron los candiles.
A medida que adelantaban por aquel antro, se percibían mils formit!.ables unos rugidos atronadores, como el resuello de algún monstruo; á poco, se fuó haciendo, primero visible, luego deslumbrante,
el resplandor de una inmensa llama: una masa de vapor blanco lo enl'olvia todo, y entre el conjunto de
extraños rnidos, de claridad y de niebla, confusa y alocadamente se movían figura3 negras, fantástica~,
que corrían anastrando cosas gemidoras, que rechinaban resbalando cutre aquella bruma caliente.
El monstrno de la caverna era la gran máquina de múltiple oficio: ella tiraba de las ,·agonetas en
ristra, que se extendlan por las galerías llenas de sombras; moría las perforadoras de grandes barrenas
con puntas de diamante; impulsaba los émbolos de las bombas dcsaguautes, y hacia salit· de los ventiladores los chorros veloces de aire que hacían habitable aquel espantoso laberinto.
El estruendo era tal, que los obreros se hablaban por seii.as. A la saliJa ele aquella explanada, al
cruzar por delante de una galería en plano inclinado, Pedro súbitamente clió un empujón á Pablo, con
tal violencia, que lo echó á diez pasos. Yolvióse éste entre iracundo y sorprendido, y viú pasar rngiente
y negra, la fila de vagonetas cargadas, que parecían despef1arsl'; un sl'gundo más, y lo hubiesen despedazado.
En la larga convivencia entre el peligro, que es constante, de todos los minutos, de todos los días,
estos actos de noble salvación pierden su importancia, como la pierde el accidente que quita la vida.
As!, los apóstoles siguieron su marcha, sin que el salvarlo dijese nada al salvador, ni éste pensase
más en que, gracias á. él, el mundo conservaba un hombre.
Fueron dejando atrás los lugat·es del ruido, los sitios cu que rugían las máquina~; cada vez se iu·
tornaban más en el corazón del filón Norte; el mineral se hacia más firme. más compacto; las vetas sudo·
rosas del sulfato tendian sus anchos tapices; de la bóveda irregular y rocosa pendían millares de esla·
]actitas azules, torneadas, cirios traidores de vitriolo, que á cualquier imprudente mil'ón dejarían ciego.
Pasaron por un ti-abajo, en que una pobre gente destajista echal&gt;a el quilo. Allá en la crnz que formaban las dos galerias, moviase la luz de un candil con recios Yaiveues: no se veía el mine1·01 pero se
ola su voz apagada en la masa de piedra, repartida en aqnelln.s negras oquedades: ¡pegao estrí¡ ¡pe•

flªº está!
Pedro y Pablo se echaron de un salto en el hueco de una cuadra, en el rectángulo socavado en la
roca donde dos pacientisimas mulas destinadas al arrastre comlan su pienso, acostumbradas ya á esos
espantos del munrlo subterráneo.
Tardarían ocho segundos en estallar los barrenos, uuo á uuo, como los cañoucs de una batería. La
masa de mineral trepidaba como un instrumento sonoro; las moléculas todas vibraban con siniestra amenaza; la bóveda crujía ... . y el bramido de la explosión se pe1·dla en las vías obscuras, insondables, como un lamento de las cosas grandes, heridas y profanadas.
Las mulas dejarnn de comer, enderezaron las orejas, y, al acabarse el estruendo, volvieron al pieu·
so, á. defender la vida, con la calma humilde y pacienzuda de animales que no ven la luz, que ya nunca
se ~sperezarán en los prados.
Al llegar los apóstoles á la bifurcación de la •galeria de los mucrtos•-allí murieron quince granadín-0s y veintidós portuguefies -bajaron, como siempre, A echar un cigano con los de p erp.:uta lo~ tra•
baj~d&lt;H·es del quince, que iban ahonrlan clo, haciendo el nervio central de aquel piso nuevo.

�328

REVISTA MODERNA.

- ¡l!:h, los amigob! ¡Cuiuao, que hay requisa, y andan tricornios de venteo!
- ¡Ah, bah! por aquí no llegan. Está esto muy hondo y hay mucho monte.
Aquellos tranquilos dudadanos, escapados de presidio unos, fugitivos de la justicia otros, todos con
su negra culpa encima ele los lomos, trabajaban á. jornal, para un contratista tiránico, empleados en una
faena homicida, pero contrntos de no ser esclavos ele la sociedad; de ser libres en algo, en esto de morir siquiera.
Y por catorce reales, daban barrenos, metidos en una charca de agua verde, corrosiva, que les ulrrraba espantosamente las piernas, y por toda defensa se ponían tapones de cera en los boquetes ulcrrosos, en la carne recomida .. ..
Desterrados de Ja luz, preforlan aquella libertad negra, aquel mundo dantesco en que morían aplastados, despedazados, envenenados, corroldos, hasta al punto de ver la blancura de sus huesos; su propio esqueleto moviéndose en el afán de la·,•¡da, debatiéndose en un infierno sin esperanza, pero libres al
fin, en esa bárbara libertad del dolor y de la muerte.
Acabado el cigarro, subieron los apóstoles á. su piso, graves, silenciosos, atentos á toda señal de peligro. Ya no habla vida por alli, ni luz, ni movimiento. Era un gran espacio deshabitado y tranquilo.
La soml&gt;ra lo llenaba todo.
Antes ele llegar á. la caiia donde estaba el pozo, oyeron el martilleo de sus barrenero~, y, saliendo
de la hondura, la copla clásica, el gemido popular, cristalizado como el mineral en aquellas rrgiones
1rnhtcrránras:
•¡Pobrecitos los minero~,
qué desgracialtos son!•

ARo IV

MÉXICO,

P

QUINCENA DE NOVIEMBRE DE

1901

NúM.

21

REVISTA
ARTE V
OtREC ron: JESlJS E. VALEN7.UT&lt;::LA.

CIENCIA.
,Tf.::FE DE REDACCTON:

.n::sus

URUETA.

Ti p. tlt D11l,l ,i&gt;1.

LOS GRANDES POETAS NORTE-Al\fERICANOS.
DISCURSO DEL SR. BALUINO DA VA LOS.
IC:URA08 un bosque inmenso en donde la naturalt•z1. hubiese tlesarrolltulo con

llI

El muchacho del tordo dorrnla como un bendito en la plataforma de dos tablones tendida sobre rl
pozo. l'n vuelco algo violento, una pesadilla, nada, cualquier cosa, y rl much11cho hubiera e11ldo á trrinta metros, encima de los barreneros. Allí se ,·i vla ele milagrn.
La luz de los candile~ salla del pozo con una claridad tenue, mo1 tecina
Pablo, de un puntapié despertó al muchacho, en tanto que Pedro, echado sobre el cilindro del torno,
gritabit á su gente: ¡Aquí estamos ya! ¿Ha habido algo?
-Nada. Cada ,·ez más m!\s &lt;lura. r•:stos llevan toda la carg 1.
- Pues á pegar, y afuera.
l'no &lt;Ir los trabajadores se cogió á la cuerda, hizo In lazada por lu que pasó el muslo, y puestos al
torno los dos apcísl ol es, subiú rápidamente, en tanto que el compaiíero quedaba 71ega11do. Con la luz del
candil dió ruego á las mechas, que á esto llaman pegar, y asii:ndose á la cuerda, subió luego; apenas
echó el cuerpo fuera, se retiraron .odos á la galería central, y el muchacho, bamboleando el candil, dió
las voces de ¡pegao esfd.' según es de rigor y de saludable costumbre.
-Las mechas esas tienen fallas. Hay que cambiarlas, porque á lo m&lt;&gt;jor se corren, y va á. haber
aquí una san f'ran cía el ella menos pensado- dijo el barrenero.
-::'lle engañaron en el almacén. Ya vola,·on el otro ella cinco de la pe1·1 éula, y es eso que las mechas
no sirven, y no las tiran aunque reviente ol_munc\o. ¡Asl reventaran ellos!
F.n esto, los dos baucnos hicieron explosión.
- ¡lh1e1rn carga, compadre!
- La que admitieron. ¿No lo dije?
-¡Ya habrán drjado bálago! Ea, puc~, á descansar, que para nosotros so hizo el mundo: echa una
mano, chiquillo.
Y uno en pos de otro, los apóstoles bajaron al pozo, lleno aún de vapores y de polvo, y de ese olor
1le la dinamita, que hace añicos la piedra mlis dura, y cuanto más dura, mejor.
En el acto se pusieron A escombrar, á. limpiar el pozo, y allá iban volando los esportones, á los que
1111 mal movimiento los hubiese volcado sobre aquellos hombres que no tenían huida posible.
Empezaron después A embocar sus barrenos, y golpe tras golpe se fueron enfrascando, hablando á
vuc,•s rle sus cosas, á veces silenciosos, absortos en la faena, en aquella lucha brava &lt;&gt;n que el músculo
y el acero atacan á. la roca y la roca se resiste con su plutónica dureza.
Los dos ap,íslolr-s hablan venido ali! de lados distintos, empujados por In necesidad y el trabajo: primero, Pablo, que tuvo ,·arias alternativas en su vida de minero, -:,· cuando se vió con algunos posibles,
los malgastó, los disipó en breve vida rrgalona, única que concebía digna del hombre. Después llegó
Pedro, entre un turbión de geute sin trabHjo, gra,·e, ajuiciado, de blanda condición, y en todo reglado y
serio. El azar del trabajo los juntó un dla, y ya no se separaron, Acaso afirmó su amistad la diferencia
de caracteres, pues cada uno admiraba en el otro lo que en él faltaba.
r Conti nuará),

exuberancia toda la vida, toda la energla, toda la potencia virtual de sus gi·rmenes, con fecundidad de madre universal y potente, y que libre, ,·igorosa,
pródiga en su inagotable abundancia, y sin la pasiva labor del lento transcur
so de los siglos, de un solo empuje poderoso y resuelto hubiese hecho qu&lt;&gt; la
creación se efoctuara .... Alll la vegetación derrocharla sin esfuerzo un cau
da! perenne de helleza sobre los mil detalles á. que extiende su manifestación
el alma de la flora; alli lo necesario y lo fortuito, lo caprichoso y lo elrlibcrarlo,
lo fino y pomposo como el lirio silvestre, y lo tosco y salvaje como el tronco
fuertemente 1111,loso y rudamente erguido, tendrlan la noble y espontánea expresión de su forma; las flore~, las hojas, lasco: tezas y aun las piedras, al amor de la luz deshecha en matices, lucirían iL la limpi·
dez del aire, y á la. frescura del rocío, y á. la fecundación del sol, .,· al embelesamiento del misterio, y ;\.
la consagración del tiempo, supremo santificador de lo g rande!
l•'.n eso bosque he entrado: vagué en él con asombro; seguí curioso sus sendas intrincada~; penett i·
rn su espesura; me aproximé á la margen ele sus torrentes, siguiendo complacido su curso ó remontándolo en busca del manantial apacible para. clavar los ojos en el mistel'io azul de su fondo; más ele una
nr. me detu,·e t1 reposará la. sombra de sus árboles, repitiendo menta,nente los trinos oídos al pasar, ú
ya perdido en las inextricables malezas que encubren á menudo peligrosos pantanos, sorprendl en el gri·
to estridente de un gran cuervo la nota polar de mi camino; y ,-¡ también entre sus llores los asfódclos
del nuevo arte cultivados con mimo por los gnomos que peregrinan hacia un inquietante ideal aun no
entrevisto, y aspiré las brisas embalsamadas de gloria y sápidas á resinas naturales,·" muchas veces me
adormecl al hechizo de algún himno solemne y religioso.
En ese bosque entré, y de ese bosque vengo para contaros no lo que vi, sino lo que he admirado, no
lo que es, sino lo que me ha parecido; y os daré lo que traigo: unas cuantas impresiones vivaces, tres ó
cuatro paisajes esbozados de prisa, el ritornelo de algún gorjeo perdido, la fugitiva silueta de algunas
~ombras ... . y varios nombres gloriosos!
Si: supe alll de muchos seres que en esplritu lo habitan, cuyos nombres recogla mi oído á.vidamen•
mente. Es todo un mundo de almas que se han estremecido de emoción y que de emoción me estremecieron, un mundo nuevo dentro del Nuevo Mundo, creado de ayer á hoy, desarrollado en menos de un siglo, emanación de un pueblo que pasma con su modo grandioso ele improvisar prodigios; un globo
transparente de poesía cristalizado preciosamente en el centro de una enorme hornaza de tt·abajo.
¿Los primeros nombres que oi? Fueron muchos, ele esos que solamente se nos dicen cuando preguntamos por ellos: nombres humildes, de humildes seres desaparecidos de la memoria de los hombres y recogidos alguna vez, no por la piedad ni la veneración, sino por la paciencia, en los anales literarios de
cada pueblo. ¿A que repetir ninguno de esos nombres, si no han de hallar eco en vuestros recuerdos, ni
Riquiera dejarían en niestro corazón la reminiscencia de una simpatla pasajera?
Para que el fuego de la poesla arda en el pecho humano, basta que los sentimientos que alll suelen
albergarse no se hayan convertido en cenizas; que alguno predomine ó persista en los momentos en que
la vida ó la naturaleza le envio una rAfaga pasional, feliz ó desoladora, poco importa, pero ,·iva. J\Ias si
la llama ha ele manifestarse y alumbra1· inmortalmente, preciso es que la produzca un combustible rico,
,\' que esplenda con fnlgor excepcional de intensidad y color propios, de forma hermosa y nueva qur
la distingan ele las otras y no permitan eonf1tndlrla nunca ni con las llamaradas que más 11e le parezcan
F.n nuestro vecino pueblo del Xorte, d1trante los dos primeros siglos ele eu existencia, rl diecisietr,
en que la inmigración fué colonizándolo, y el dieciocho, ósea el de su independencia, siglos que die·
ron A Inglaterra los nombres de Shaltespenre, l\filton 1 Dryden, Swift1 Addison, Pope, Johnson y Burns,

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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                <text>Urueta, Jesús, 1868-1920, Jefe de Redacción</text>
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                <text>Peña, Guillermo de la, Administrador</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Convocatoria</name>
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REVISTA MODERNA.

- ¡l!:h, los amigob! ¡Cuiuao, que hay requisa, y andan tricornios de venteo!
- ¡Ah, bah! por aquí no llegan. Está esto muy hondo y hay mucho monte.
Aquellos tranquilos dudadanos, escapados de presidio unos, fugitivos de la justicia otros, todos con
su negra culpa encima ele los lomos, trabajaban á. jornal, para un contratista tiránico, empleados en una
faena homicida, pero contrntos de no ser esclavos ele la sociedad; de ser libres en algo, en esto de morir siquiera.
Y por catorce reales, daban barrenos, metidos en una charca de agua verde, corrosiva, que les ulrrraba espantosamente las piernas, y por toda defensa se ponían tapones de cera en los boquetes ulcrrosos, en la carne recomida .. ..
Desterrados de Ja luz, preforlan aquella libertad negra, aquel mundo dantesco en que morían aplastados, despedazados, envenenados, corroldos, hasta al punto de ver la blancura de sus huesos; su propio esqueleto moviéndose en el afán de la·,•¡da, debatiéndose en un infierno sin esperanza, pero libres al
fin, en esa bárbara libertad del dolor y de la muerte.
Acabado el cigarro, subieron los apóstoles á. su piso, graves, silenciosos, atentos á toda señal de peligro. Ya no habla vida por alli, ni luz, ni movimiento. Era un gran espacio deshabitado y tranquilo.
La soml&gt;ra lo llenaba todo.
Antes ele llegar á. la caiia donde estaba el pozo, oyeron el martilleo de sus barrenero~, y, saliendo
de la hondura, la copla clásica, el gemido popular, cristalizado como el mineral en aquellas rrgiones
1rnhtcrránras:
•¡Pobrecitos los minero~,
qué desgracialtos son!•

ARo IV

MÉXICO,

P

QUINCENA DE NOVIEMBRE DE

1901

NúM.

21

REVISTA
ARTE V
OtREC ron: JESlJS E. VALEN7.UT&lt;::LA.

CIENCIA.
,Tf.::FE DE REDACCTON:

.n::sus

URUETA.

Ti p. tlt D11l,l ,i&gt;1.

LOS GRANDES POETAS NORTE-Al\fERICANOS.
DISCURSO DEL SR. BALUINO DA VA LOS.
IC:URA08 un bosque inmenso en donde la naturalt•z1. hubiese tlesarrolltulo con

llI

El muchacho del tordo dorrnla como un bendito en la plataforma de dos tablones tendida sobre rl
pozo. l'n vuelco algo violento, una pesadilla, nada, cualquier cosa, y rl much11cho hubiera e11ldo á trrinta metros, encima de los barreneros. Allí se ,·i vla ele milagrn.
La luz de los candile~ salla del pozo con una claridad tenue, mo1 tecina
Pablo, de un puntapié despertó al muchacho, en tanto que Pedro, echado sobre el cilindro del torno,
gritabit á su gente: ¡Aquí estamos ya! ¿Ha habido algo?
-Nada. Cada ,·ez más m!\s &lt;lura. r•:stos llevan toda la carg 1.
- Pues á pegar, y afuera.
l'no &lt;Ir los trabajadores se cogió á la cuerda, hizo In lazada por lu que pasó el muslo, y puestos al
torno los dos apcísl ol es, subiú rápidamente, en tanto que el compaiíero quedaba 71ega11do. Con la luz del
candil dió ruego á las mechas, que á esto llaman pegar, y asii:ndose á la cuerda, subió luego; apenas
echó el cuerpo fuera, se retiraron .odos á la galería central, y el muchacho, bamboleando el candil, dió
las voces de ¡pegao esfd.' según es de rigor y de saludable costumbre.
-Las mechas esas tienen fallas. Hay que cambiarlas, porque á lo m&lt;&gt;jor se corren, y va á. haber
aquí una san f'ran cía el ella menos pensado- dijo el barrenero.
-::'lle engañaron en el almacén. Ya vola,·on el otro ella cinco de la pe1·1 éula, y es eso que las mechas
no sirven, y no las tiran aunque reviente ol_munc\o. ¡Asl reventaran ellos!
F.n esto, los dos baucnos hicieron explosión.
- ¡lh1e1rn carga, compadre!
- La que admitieron. ¿No lo dije?
-¡Ya habrán drjado bálago! Ea, puc~, á descansar, que para nosotros so hizo el mundo: echa una
mano, chiquillo.
Y uno en pos de otro, los apóstoles bajaron al pozo, lleno aún de vapores y de polvo, y de ese olor
1le la dinamita, que hace añicos la piedra mlis dura, y cuanto más dura, mejor.
En el acto se pusieron A escombrar, á. limpiar el pozo, y allá iban volando los esportones, á los que
1111 mal movimiento los hubiese volcado sobre aquellos hombres que no tenían huida posible.
Empezaron después A embocar sus barrenos, y golpe tras golpe se fueron enfrascando, hablando á
vuc,•s rle sus cosas, á veces silenciosos, absortos en la faena, en aquella lucha brava &lt;&gt;n que el músculo
y el acero atacan á. la roca y la roca se resiste con su plutónica dureza.
Los dos ap,íslolr-s hablan venido ali! de lados distintos, empujados por In necesidad y el trabajo: primero, Pablo, que tuvo ,·arias alternativas en su vida de minero, -:,· cuando se vió con algunos posibles,
los malgastó, los disipó en breve vida rrgalona, única que concebía digna del hombre. Después llegó
Pedro, entre un turbión de geute sin trabHjo, gra,·e, ajuiciado, de blanda condición, y en todo reglado y
serio. El azar del trabajo los juntó un dla, y ya no se separaron, Acaso afirmó su amistad la diferencia
de caracteres, pues cada uno admiraba en el otro lo que en él faltaba.
r Conti nuará),

exuberancia toda la vida, toda la energla, toda la potencia virtual de sus gi·rmenes, con fecundidad de madre universal y potente, y que libre, ,·igorosa,
pródiga en su inagotable abundancia, y sin la pasiva labor del lento transcur
so de los siglos, de un solo empuje poderoso y resuelto hubiese hecho qu&lt;&gt; la
creación se efoctuara .... Alll la vegetación derrocharla sin esfuerzo un cau
da! perenne de helleza sobre los mil detalles á. que extiende su manifestación
el alma de la flora; alli lo necesario y lo fortuito, lo caprichoso y lo elrlibcrarlo,
lo fino y pomposo como el lirio silvestre, y lo tosco y salvaje como el tronco
fuertemente 1111,loso y rudamente erguido, tendrlan la noble y espontánea expresión de su forma; las flore~, las hojas, lasco: tezas y aun las piedras, al amor de la luz deshecha en matices, lucirían iL la limpi·
dez del aire, y á la. frescura del rocío, y á. la fecundación del sol, .,· al embelesamiento del misterio, y ;\.
la consagración del tiempo, supremo santificador de lo g rande!
l•'.n eso bosque he entrado: vagué en él con asombro; seguí curioso sus sendas intrincada~; penett i·
rn su espesura; me aproximé á la margen ele sus torrentes, siguiendo complacido su curso ó remontándolo en busca del manantial apacible para. clavar los ojos en el mistel'io azul de su fondo; más ele una
nr. me detu,·e t1 reposará la. sombra de sus árboles, repitiendo menta,nente los trinos oídos al pasar, ú
ya perdido en las inextricables malezas que encubren á menudo peligrosos pantanos, sorprendl en el gri·
to estridente de un gran cuervo la nota polar de mi camino; y ,-¡ también entre sus llores los asfódclos
del nuevo arte cultivados con mimo por los gnomos que peregrinan hacia un inquietante ideal aun no
entrevisto, y aspiré las brisas embalsamadas de gloria y sápidas á resinas naturales,·" muchas veces me
adormecl al hechizo de algún himno solemne y religioso.
En ese bosque entré, y de ese bosque vengo para contaros no lo que vi, sino lo que he admirado, no
lo que es, sino lo que me ha parecido; y os daré lo que traigo: unas cuantas impresiones vivaces, tres ó
cuatro paisajes esbozados de prisa, el ritornelo de algún gorjeo perdido, la fugitiva silueta de algunas
~ombras ... . y varios nombres gloriosos!
Si: supe alll de muchos seres que en esplritu lo habitan, cuyos nombres recogla mi oído á.vidamen•
mente. Es todo un mundo de almas que se han estremecido de emoción y que de emoción me estremecieron, un mundo nuevo dentro del Nuevo Mundo, creado de ayer á hoy, desarrollado en menos de un siglo, emanación de un pueblo que pasma con su modo grandioso ele improvisar prodigios; un globo
transparente de poesía cristalizado preciosamente en el centro de una enorme hornaza de tt·abajo.
¿Los primeros nombres que oi? Fueron muchos, ele esos que solamente se nos dicen cuando preguntamos por ellos: nombres humildes, de humildes seres desaparecidos de la memoria de los hombres y recogidos alguna vez, no por la piedad ni la veneración, sino por la paciencia, en los anales literarios de
cada pueblo. ¿A que repetir ninguno de esos nombres, si no han de hallar eco en vuestros recuerdos, ni
Riquiera dejarían en niestro corazón la reminiscencia de una simpatla pasajera?
Para que el fuego de la poesla arda en el pecho humano, basta que los sentimientos que alll suelen
albergarse no se hayan convertido en cenizas; que alguno predomine ó persista en los momentos en que
la vida ó la naturaleza le envio una rAfaga pasional, feliz ó desoladora, poco importa, pero ,·iva. J\Ias si
la llama ha ele manifestarse y alumbra1· inmortalmente, preciso es que la produzca un combustible rico,
,\' que esplenda con fnlgor excepcional de intensidad y color propios, de forma hermosa y nueva qur
la distingan ele las otras y no permitan eonf1tndlrla nunca ni con las llamaradas que más 11e le parezcan
F.n nuestro vecino pueblo del Xorte, d1trante los dos primeros siglos ele eu existencia, rl diecisietr,
en que la inmigración fué colonizándolo, y el dieciocho, ósea el de su independencia, siglos que die·
ron A Inglaterra los nombres de Shaltespenre, l\filton 1 Dryden, Swift1 Addison, Pope, Johnson y Burns,

�330

REVISTA MODERNA.

y en que México produjo cuando menos una Sor Juana lné3 y uu Alarcó:1 1 gracia~ á. la plena 111:i•lurez
de la grandiosa literatura española; en el vncino pueblo, repito, esos dos siglos no legaron á la literatura un solo nombre inolvidable: los deseos habían tenido otras miras, los esfuerzos habían tendido á otras
glorias; las energlas se hablan empleado en la conquista del suelo, en la c1·eación de la riqueza, en el
establecimiento de la religión, en la educación de la inexperiencia, en el reconocimiento de los propios
derechos, en la conquista de la libertad. ~aclan por todas partes las universidades, pero aun no era
tiempo de que esparciesen su eficaz contingente de ilustración y de ciencia para enseñar á las ideas á
presentarse bien y á engalanarse con elegantes vastiduras. Las primeras, quid, (lUe aparecieron con
cierto ropaje literario, y éste muy sencillo y severo, sin la µrnuo1· pompa, ni bizarrla, ni aliño, füeron los
escritos de Franklin, gran sabio, gran político, gran pensador; pero á quien no puede llamarse un literato. Las letras no existieron allí, sino hasta que Washington IrYing, en 1809, publicó su primera obra do
importancia, la •lí:nickerbocker History of New York,• y en cuanto á la poesla, ·que es á lo que únicamente me propongo referirme y es posible hacerlo en ocasión como é3ta, en que la brevedad se impone,
no alentó con vida fecunda y viril, sino hasta que un joven, casi un niño, Bryaat (quien tenla entonces
dieciocho años), en un inspirado momento de meditación sobre la muerte, lanzó en 18:6 su 1'/wnafopsis á la justa admiración de sus contemporáneos. ¡Quién hubiera dicho entonces al joven poeta, que
su vida se prolongaría hasta dejarle ver el mayor florecimiento de aquella poesla cu.,·os albores le habla
tocado presenciar, y cuya prim3ra nota personal y dnrable brotaba de su alm1!
Hubo, con todo, en medio de los primeros balbuceos de aquel lenguaje poético, cnando las avccillu
del lirisml ensayaban sus vuelos y sus trinos, cuando comenzaba á agitarse en 103 C3pil'itu3 el inmortal
anhelo de explol'l\r el muodo de la inuginación, lleno de tentadores misterios; da recor1·e1· con él la Ól'·
bita inmensa del ensueño y contemplar bellezas nunca vistaQ, hubo entonces, sin du'la, quienes on momento feliz sorprendieran al paso la sensasión fugitiva, la idea profunda, la esperanza indecisa, y cautivaran la mariposa ideal, con la redecilla de la canción ligera. Asi Philip Fl'eneau, en cuyas venas corda sangre francesa, escribió con delicada gracia sus cantos patrióticos, que aun suelen citarse, aun•
que rara vez son leídos, y John Howard Payne dejó unido su nombre á la famosa canción •Homr,
Sw' eet Home,• extra Ida de una de sus muchas obras d1·amáticas que el o!,' iuo sepulta, y Dral.e fn(, una
grande esperanza que la mnerte1 torpe segadora, no dejó marlura1·. H&lt;J querilo, sin embargo, antes de
abandonar el cementerio ruinoso, recoger unas quPjas que suenan todavía como un lamento prolonga•
do á través de un siglo, y que sigue siendo plácidamente acogido en los corazones sensibles: las estancias de Hichard Henry Wilde, compuestas mu~hos años antes de que el Romanticismo apareciera. Oidla~, prestándoles con vuestra propia imaginación la poética vaguedad qne han perdido en mis versos:

Mi vida es cual estiva rosa
que se abre al cielo matinal,
,\' que al caer la tarde hermosa
rnocla marchita del rosal¡
pero en su humilde lecho frio 1
vierte la noche su roela
cual triste llanto de pesar,mas ¡ay! por mi no han de llarár.
Mi vida es cual hoja de otofio1
c¡ue al rayo pálido lunar,
tiembla en el último retoiío
presta á arrancarse y á volar¡
pero antes que huya, la deplorn
el árbol con la gemidora
queja que el viento al pasa1· damás ¡quién por mi suspirará!
:\li vida es cual la débil huella
que en una playa deja el pie,
mientras la ola no se estrella
sobre la arena en que se ve;
pero ese mismo mar, que osa
borrar la huella misteriosa,
rugir parece de pesar,mas ¡ay! por mi no han de llorar.

Mediaba ya el siglo XlX, y la literatura, en analogla con todas las oti;as manifestaciones intelectuales, florecla plenamente en Norte Amórica, cuando el gran novelista Dickens, el más grande quiz,'l que
haya producido Inglaterra, pues que superó á \Valter Scott y no ha sido supe1·ado poi· George Elliot, al
desembarcat· en Nueva Yo1k en su viaje á América, la primera pregunta que formuló, t'ué ésta. ,¿Eo

REVISTA .MODERNA.

331

dónde está ll'.·yaut?• Ury~nt! tal era el nornbre que se irnponla entonces. El autor de Thanatopsis se hallaba en!ª ~itad de su vida Y ya gozaba de celebridad europea; ya no era una grande esperanza, sino
u~a glona cierta'. ya .en ~~s versos no había intermitentes claridades, sino una luz continua y clara.
Cierto es que su_ '.nsp11·ac1on no fué muy alta, ni muy poderosa, ni muy variada; siempre k, caracterizó
una contemplac10n serena, una ecuanimidad inaltt"rable, y la critica moderna sólo á cuatro ó cinco de
sns producciones no les escatima su elogio. ¡Ay! es tan destrnctora la vida! l\Ias en este escaso níimei·o
d_e versos de indisputable mérito, y en todos los demás que e3cribió, se rernla un poeta de buena cepa,
s 1 no un gran poet~, se ve obra consciente y no acierto casual; se advierte la fecundación del pensamiento en un cerebro vigoroso J grande. L1s fuentes ele su inspiración estuvieron en la naturaleza y en su
temperamento reílex!v.&gt;, no en su corazón, ni en la delicadeza artlstica, á que Longfellow, y especial~nente Poe, debu_lan _s_u grandeza. Pero en su poesla hay siempre un aliento tan sincero y solemne, que
mfunde una adm11'1\c1on respetuosa. En las composiciones encomendadas á la hábil recitación de Urbi•
na, apreciaréis esta impresión, mejor de lo que yo pudiera explicarlo.
He ~ich~ un nombre que sucede, y se une, y aun eclipsa al de Bryant: el nombre de Longftlllow.
I:;1101:~ s1 fue tan precoz su inspiración como la del primero, ni tampoco me he detenido á. ínquiril'lo de
sus b10~rafos, porque me hubiera bastado abrir por cualquie1· parte un tomo du sus verso~, repasar
cualqmera de sus estrofas para saber que quien las habla escrito era poeta desde la cuna: el primer rayo de sol que penetró en sus ojos debe haber tropezado con un rayo de poesla ávido por brotar de su
nlma. Con él nació el verdadero poeta nacional norteamericano, el poeta cuyos versos sonarlan familiarmente en la imaginación curiosa de las ladies, en la contemplación reflexiva del hombre grave y en uoca del pueblo. Su poesía era un raudal espontáneo que del corazón lt! manaba manso y caudaloso como las aguas del Iludson. Quien una vez lo haya leido tiene que amado, y siempre se acordará. do ?I
con ~l g1:ato recuerdo con que se rememoran las frescas ilusiones de la jn,·entud. Sabe conmover porque el mismo canta poseldo ele una emoción ve1·dadel'I\ y porque su pecho no tiene puertas cerradas á
las_ impresiones que lo agitan, sino que las descubre, y las impulsa y las dispersa con la naturalidad de
quien no acostumbrn ocultar na·la, y las traduce sin esfuerzo en la m \s bella forma musical y artlstica.
Aunque m:i.s espontáneo, era en sus procedimientos casi tan minucioso com:i Poe. J&lt;'ué el introductor del
hexámetro dactllico en la versificación inglesa. Predominando en su modo de ser el sentimiento personal Y dado su temperamento un si es, no es, fomenino, tuvo el raro mérito de no incuri·lr jamás en el sentiment_alism? ~ue hace insoportable la poesfa afoctiva. El célebre consejo de Ho1·acio dolend¡¿m est primmn ipse ti_bt, parece haberle servido de norma á su carácter. Del cariñoso abandono con que dl'jaba
escapar las ideas bandadas de alondras, se desprende un encanto penetrante y suave. Sus faculta
~ades poétic~s, además, habian hallado singular flexibilidad en el conocimiento de las literatnras extqrn
Jeras_ á que mces~ntemente le llevaba su inclinación favorita, y es cosa sabida que, ,moque Br.raut futl
el pnmero en abrn· á sus_ contemporáneos una senda hacia la poesla española, Longfellow se complacla
en hacer magnificas vers10nes, como la que escribió de las coplas de Jorge l\lamique.
?ºn tales facultades creadoras, su natural fecundidad y los muchos años qu¡; se prolongó su exis·
tenc1a, no es raro que haya escríto mucho, ni que cutrn lo suyo uo todo sea excelente. ,Escribió doma•
siado,• ha dicho de Longfellow, Emerson, otro poeta célebre y filósofo amedcano. Si, escribió demasiado, ~~ro eu la demasla de sus escritos está contenido mucho bueno, y esto basta. La fuerza de su con•
cepc1on no desfallecla en las obras de aliento; de suerte que lo mismo encomiaba los grandes ideate6 de
la humanidad en composiciones breves, como en •El Salmo de la Vida, ó en •Excelsíor,• que refería en
extensos poemas, aventuras caballerescas, como en el •Estudiante Español • ó idilios de amor como en
' poema que oo/npuso,
'
• F,vangeJ'ma,• ó leyendas heroicas como en •Híawatha,, quizá el más hermoso
digno de que se le llamase la Canción de Gesta del pueblo americano.
De sus piexas fugitivas, he querido recoger la más bella: un primor de delicadeza, de poesla y de
forma.
Un dla_ fatigoso por molestas contrariedades, ó penosos esfuerzos, ó sólo por la inestética vulgari·
dad de la vida, el poeta, de vuelta en su tranquilo hogar, descansando cómodamente junto á la ventana
desde donde divisa á lo lejos las casas del pueblo, contempla cómo va declinando el dla en la luz morte'.
cina del crepús~ulo, c~mo
acrecentándose la sombra por la niebla nocturna, y la tristeza del paisaje
Inunda su esplntu de mfimta melancolla al vago pensamiento quizás de que aquel aspecto de la naturaleza no e_ra sino la reproducción incesante de la eterna transición de las cosas: nacer, vivir, morir. La
muerte s10mpre al cabo de todo; la muerte de la luz, la muerte del dla, la muerte de la ilusión, de Ja es~~ra~7.a, del deseo; la ~uerte amenazadora, desesperante, inevitable. El dia agonizaba y el poeta se sintw triste, pero no de tnsteza amarga y dolorosa, sino de esa melancolla consoladora que suelen sentir
los corazones ~enel'Oso~,. extt·año sentimiento en que se confunden la piedad, el amor y la impaciencia
de con_oc~1· el bien defin1t1v?· Entonces el po~ta, no solicitando un consuelo, no buscando una divagación,
no Pº'. airancars~ una espma punzadora, smo para acompañar su propia emoción con la emoción ajena,
se dirige á. la muJe1· que está. á su lado, hasta cuyo corazón se ha comunicado quizá la miBma impalpable
melancalla, y le dioe estos versos:

:ª

Mnrió el dla, las alas de la noche
su sombra caer dejan,
como la oscura pluma desprendida
del águila que vuela.

i,

�REVISTA MODERNA.
332

REVISTA MODERNA.
Brillan tras de la niebla y de la lluvia
las luces de la aldea,
y al verlas, siento el corazón henchido
ele súbita tristeza:
de una honda inquietud, ele un vago anhelo
que no parece pena
y que no es al dolor más semejante
que á la lluvia, la niebla.
Ven á leerme unos sentidos versos,
algún dulce poema
que calme esta inquietud y que disipe
las vulgares ideas.
No quiero nada de sublimes bardos,
ni de grandes poetas,
cuyos lejanos pasos formen eco
del Tiempo en las riberas.

l1 ues como el son de las marciales marchas,
sus versos nos despiertan
el afán y el esfuerzo de la vida
y hoy paz el alma anhela.

1)e un humilde poeta escuchar qltiero
las palabras sinceras
que broten de su alma como !,\grimas
que de los ojos ruedaó.
be un poeta que tras penosos &lt;!las
j' trás noehes de prueba,
aun guarde en el espiritu harmonfas
de misteriosas cuerdas.
i-;sos los cantos son que el pulso inquieto
amansan y sosiegan,
los que vienen, después de la plegaria,
cual bendición serena.
Búscame de tu libro preferido
el canto que más quieras,
y al blando hechizo de tu voz canora
las rimas se embellezcan.
La noche, entonces, cantará y al punto
levantarán sus tiendas
los cuidados, cual árabes medrosos
que hacia el desierto huyeran!
Sólo breves palabras os diré de John Gre,m!eaf Whittier, de quien os traigo traducida también con
la mejor voluntad y buen deseo, una do sus más sugestivas producciones. Lo mejor que en su elogio
puedo decir, es que ha sido el único poeta que comparte en su pals la simpatla profunda, ilimitada y ardiente que á Longfellow se tiene. Fantasía despierta, inteligencia viva, sentimiento rico, ha sido un despilfanador magnánimo de la preciosa pedrerla de su imaginación, y rara vez se cuidaba de recunir ú
los engarces del arte para legar A 111. posteridad irreprochables joyas. Es, para mi gusto, superior á. Holmes, y aun á. Lowell, de quienes me veo obligado á. sólo consignar los nombres. Cuando pasen por vuestras manos las poeslas de "\Vhittier, no dejeis de leerlas, y os s0rprenderán el poder y la melodla de su
lirismo. Sobre todo, leed «Bárbara Frietthie, • y este cuadro idílico de encantadora sencillez y enconada
il'onla contl·a. la mezquindad é hipócritas exigencias de la vi la mo clerna. Hablo ele l\Iaud l\fnller. Pres
tadle toda vuestra atención pues la merece

MA.UD MULLER.
Magda Muler, un dla veraniego
el heno rastrillaba con sosiego.

Bajo el tosco sombrero de aldeana
brilla su hermosa faz rústica. y sana.
Canta y trabaj:i, y su canción sencilla
repite desde un árbol la. pardilla..
l\Ias al mirar á la ciudad, que asoma
blanca en la falda de distante loma,
calla su dulce voz y vagamente
rara inquietud dentl'O del pecho siente,
extraño anhelo que decir no osara,
de algo mejor en su existencia ignara.
De la. ciudad, el Juez viene bajando,
la crin castaña del corcel frotando.
Vuelve la brida en la arboleda umbrosa.,
por saludar á la doncella hermosa,
y agua le pide de la fuente pura
que cruza el prado y corre á la llanura.

Del más fresco remanso, la rapaza
llena. al instante su estañada. taza,
y roja de vergiienza por su ropa
y sus descalzos pies, tiende la copa.

•Nunca, pl'Orrumpe el Juez, mejor bebida
por más hermosa mano fué ofrecida. •
Y le habló de la yerba, de las flores,
de las aves, de insectos zumbadores,
del campo, de la siega, de si acaso
vendrían nubarrones del ocaso,
y)\Iagda se olvidó de su desgairn
y de su linda pantorrilla al aire,
y Avida oía, inmóvil la pestaña,
llenos los ojos de sorpresa. extrafía,
hasta que el Juez, como quien ve quo aliusa,
se despidió diciéndole una excusa.
,ilirándolo partir, Magda decla
suspirando:-•Su novia yo sería!
De raso él me vistiera, blanco y fino,
y brindara por mi con rojo vino.
P;ldre su grueso casacón tendría,
y mi herma.no su bote pintaría.
Para mi madre un traje muy decente,
y juguetes al niño diariamente.
Yo al infeliz, abrigo y pan le diera,
y todo servidor me bendije1·a.•
Atrás el Juez miró, ya·en la colina,
y aun en pie á l\Iagda vió, gallarda y fina.
«Forma .mejor ni faz más delicada,
la fortuna de hallar fuérame dada.
Y su modestia y actitud serena .
la. hacen a.parecer prudente y buena.

333

�314

REVl~TA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

Si fuese mili, y yo, cual la doncella,
un segador del heno que corta ella,

su pipa enciende, y fétido á cen•eza
inclina, dormitando, la cabeza,

uo Yivicra entre pleitos de dos faces
ui tantos leguleyos leuguaraces.

ve á su lado un correcto caballero
amoroso y cortés, fino y severo,

i\lu.,ir
overa
al buey, cantar
i1 el a,•t•,
o
J
•
sano, robusto, amante, quieto y grave.•

y se consuela de su bieu perdido,
exclamando no m;\~: •Pudo haber sido!,

lilas recordó A su madre, á sus hermanas,
do su alto rango y su riqueza vanas,

Infortunado Juez, triste doncella!
Potentado inftiliz, perdida estrella!

y ol J ucz, cerrado ol corazón, al uoblo
corcel azuza, y huye á troto doble.

Piedad os tenga Dios! .... piedad nos guarde
á. todos cuantos vemos, ya muy tarde,

Esa tarde, alelado, en plena cortr,
dió en golpear la mesa al pianofortl•,

en confines lejanos y risueños,
disipados por siempre nuestros suefio~,

canturreando un airecillo á. Elisa,
,¡ue á sus colegas le causaba risa;

y hemos la triste frase repetido,
la más triste quizás: •¡Pudo haber siJo!

y ella, en la fuente, pensativa ci;tal1a,
siu uotar que la lluvia comenzaba.

Porque todos guardamos sepultada
una grata esperanza malograda,

¡:;¡ halló esposa. do cuantioso dote

cuya pesada losa, á nuestras prnces,
hacen rodar los ángeles, á veces!

quien, como él al poder, amó el escote.
Pero en su duro corazón luciente
de frlo mármol, suele de repente
ver la imagen de Magda que atraviesa
cou los ojos abiertos de sorpresa.
Y al mirar frente i1 bi un ,·aso ele viuo,
su~pira por la fueute del camino.

1 en SU$ ricos saloues repujados,
cierra los ojos por fingirse prados.
Y el grave magistrado, bUspiraudu
dice: •Si fuera libre, como cuando
al bajar rni caballo la coliua,
divisé:\ la. descalza campesina!,
Ella se uuió á un patán pobre y grosero,
que ele chicos le ha dado un semillero,
y el trabajo, y la pena, y la crianza

serios motivos son do su mudanza.
Y también, cuando el sol ardiente expira,
si el heno fresco rastrillado mira,
y oye la risa plácida y risuefia

del agua que en la fuente se despcfia,
mira hacia la arboleda y le parece
que un gallardo jinete se aparece;
,. con tlmida gracia, enrojecida
baja los ojos y huye de la vida.
De su cocina los estrechos muros,
como en Yirtud de mágicos conjuro~,
se abren á. veces en brillantes salas;
vuélvese el torno, piano; el hollin, gala~;
elegante candil, la humilde ,·ela,
y en Jugar del patán, que en la pajuela.

335

¡(.¿ué trágica y sencilla manera de presentar un idilio! ¡Con qué grito de suprema angustia y dolor
unirnrsal da carácter humano y condensa en un sollozo eterno la historia, siempre vieja y siempre nueva, como la llamó Heine, de un caso de amor no realizado. Esta composición de Whittier es de una ficción poética tan estrechamente unida á. la realidad, que quien la conozca no dejará de guardar un paisaje inolvidable y una frase que en lo sucesivo repetirá más de una vez: •¡Pudo haber sido!•
Sólo hablaré yo de dos poetas, pero ¡qué poetas! Cualquiera de ellos merecerla, y lo ha tenido á me•
nudo, el homenaje de un exclusivo y minucioso estudio. A11te la. imposibilidad de emprenderlo, no os
daré de uno y otro más que una ligerisima semblanza de su carácter literario, cuando para conocerlos
fuera preciso analizar detenidamente su vida, sus obras y su genio. Llamáronse \\'alt \\'hitman &lt;'I uno.
Edgar Poe, el más grande.
Fué el primero, un esplritu inquieto nacido del seno dd pueblo rudo, dt:I pueblo habituado al traba,
jo áspero, á las faenas pesadas. Dotado de una extraño talento y creyéndose profota con misión do pro•
pagar sus propias ideas, enalteció la igualdad, la democracia, el trabajo material, las reformas útiles, los
progresos estupendos, las conquistas bravas y temerarias. Se preocupaba más del conjunto que de los
detalles, ó al menos, así lo creía él, aun en los casos en que practicaba precisamente lo contrario¡ es decir, cuando el pormenor y la minucia absorbían su atención to la. Desdei1oso por sistema de lo accesorio,
de lo convencional, de lo rutinario, de lo preceptuado, desechó sin miramientos de su forma poótica, el
metro y toda rima obligada, quedándose únicamente con el ritmo, no por condescendencia, sino porque
no podrla descubrir los medios de proscribirlo. Su ritmo, con todo, no es regular ni armónico, sino ca•
prichoso en extremo. De suerte que su versificación, si es licito designar con esta palabra lo que nunca
ha significado, es para la generalidad de los lectores, de lo mAs intolerable y estrambótico, y sólo unos
pocos la admiran como forma exquisita y ura. En su pals, especialmente, donde su modo de entender
la democracia difer!a tanto de las ideas corrientes, donde su enemiga á las instituciones y al convencionalismo repugnaba tanto oon las práoticas generales, donde sus excentricidades poéticas, el más importante elemento á que ha debido su celebridad en oti-as partes, rompía con todo lo conocido, desorientan•
do las ideas y oscureciendo de confusión la mente; en su pais, amante de la claridad y de lo positivo,
uo ha. llegado á. alcanzar la fama y reverente admiración que le tributan en Jo,¡ cenáculos literarios de la
moderna Europa.
La concepción poética de Whitman aparece principalmente caracterizada por una imaginación ágil,
activa, meridional, casi francesa, llena de esplendor y de ti-ansformaciones, imaginación que hace pensar
en los afios de vida vagabunda de " 'hitman, imaginación capaz de los más raros hallazgos y de la más
iusolcnte Yulgaridad. Sabia encerrar sus ideas en el molde caldeado de la impresión viva y quitarles
luego su momentúnca forma á merced de un pasajero capricho ó de un voluntarioso arrebato. Aunque
es imposible lra•lutirlo dándole una forma analógica, ensayo el decil'Os este cauto suyo .1 la Dcmo·
cracia;
Venid, yo haré que el Continente indisoluble sea,
Yo haré la más brillante raza que el sol alumbrará,
Yo haré tierras divinas y magnéticas
Con el amor de hermanos
Con la vida de amor de camaradas.

�386

REVISTA .MODER!'JA.
La hermandad plantaré, fuerte cual troncos
á la vera de todos los ríos americanos, y á la
orilla de los grandes lagos,·y sobre todas las pradera~;
Yo haré indivisos pueblos que unos á otros se
cilian con los brazos por el cuello,
Con el amor de hermanos,
Con la vida de amor de camaradas.

Al pretender hablaros ele EJgar P.ic, me acomete un santo pavor, pero me salva un i-ecuerdo: pien so en que no es él un extraño para nadie, que á todos nos ha asombrado con sus extraordinarios relaLos; que su nombre ha corrido de boca en boca llegando á hacer ya tan fa.miliar, que comenzamos á olvidarno3 de su país y de su época para colocarlo entre los poetas universales y de todos los tiempos,
bañados perpetuamente por la luz de la inmortalidad. Conocéis su vida, sabéis sus desventuras, habéis
sentido el pod~r subyugadot· de su genio. E,; de un amigo, de un amigo excelente de quien os hahlo, ya
que es muy común que entre los muertos ilustres á quienes no tratamos nunca se cuenten nuestros mejores amigos. Era, como poeta, un sér excepcional en quien ·concurrían á format· la gran facultad creadora de que estuvo dotado, las aptitudes de un artista exquisito; la delicadeza más impresionable á las
manifestaciones, aun las más abstracta~, de la belleza; el sentimiento más depurado y fácil para la vi bración, y una imaginación caudalosa y una ideación pintoresca y un oído que adivinaba las melodías
que deben cantar dentro de las palabras para que siempre y siempre suenen deleitosamente en el alma.
Da todos los poetas de América, él es quien m:is ha influido en la literatura francesa, y en la literatura europea, y en toda la literatura moJerna, ya qne de cuarenta a1ios acá, ninguna inteligencia electa, ningún
espíritu curioso, ningi'.rn batallafor Je las letras puede haberlo desconocido por completo. Aun entre sus
contemporáneos, á muchos tuvo cautivos con la novedad de su genio. Fuera de su país, talentos de primer orden, como el de Baudelairc, como el de l\Iallarmé, han buscado el contagio regenerador de aquella poesía enferma, anormal, siniestra, taciturna y triste, y amándola, enalteciéndola y propagándola, infiltraron en sus obras aquella pura esencia, de donJe muchos han extractado también substancias tóxicas para excitarse el de3equilibrado ingenio. Los decadentes de hoy no provienen de Vedaine, no descienden de Baudelaire, proceden de Edgar Poe á través de los últimos. En cuanto á Poe, no es posiulu
lijarlo antccesore~; su inspiración arranca de su propia originalidad: no tuvo maestros, no Ltwo aholengo
literario, no tuvo inspiración refleja; es único, os él.
Siempre ha habido artistas que en la esmaltacióu de la frase y cu la irisación del ver:;0 1 e111plce11
quiutalcs de escrupulosidad y de buen gusto; siempre ha habido pensadores que conclenscu con la virtud concrcliva de la penetración, un fondo de verdad abstracta cu una imagen; siempre ha habido supersticiosos y visionarios que interpreten las apal"iencias de Jaq cosas ó sus alucinacione~, como anuncios fatídicoB; siempre ha habido filósofos que tiendan un hilo ordenadot· á los hechos, inadvcrtiJos du
que las verdades que adquieren se les desprenden á momentos, para rodar al montón de las f.-uslcrias
engañosa•; pero el arte de P.ie, la im:iginación de P.ie, el tempet·amento de P.ie, la profundidad que se
adivina insondable en su raciocinio y en su emoción, únicamente en él se amalgamaron, produciendo un
maravilloso conjunto de sinceridad y artificio. Y es que contaba con una fuerzil. suprem1: la claridad,
,·irtud perdida para tantos; una transparencia inalterable de sentimiento y de reflexión, da exp:·csión y
de ideas, que deja á descubierto los pensamientos como las esti-ellas en una noche diáfana.
Tampoco era un vano ornamentista de vocablos ociosos con epítetos vacios: aun en su, com¡1osicio 11es puramente melódicas como • Las Campanas, • aun en las más engrilladas con la rim:i dificil, como
• 1&lt;:l Cuervo,• aun en la!; que su autor mismo llamaba •composicione11 g1·oseras de su primera a'.iolesccucia,• la palpitación del pensamiento es sensible. Pero donde la personalidad de Poe se destaca especialmente, es en los cuadros, un tanto simbólicos en que trazaba las impresiones más vivas de su vida, .cu
las extrañas baladas pasionales y aéreas, donde el ensueño y el amor volaban juntos. De entre ellas he
elegido una, y esforzándome en conservar la mayor fidelidad posible, me he atrevido á despojarla de sus
mPjores galas para daros algo de Poe, aunque sea en forma opaca y desvaída.
l\Iallarmé, hablando de esta poesía en sus escolios al gran poeta, refiere lo siguiente: ,No es un misterio que la Elena que suscitó el incienso divino del canto de amor dejado por Poe, es una de las más
brillantes poetisas de América, !\frs. Sarah Helen Wihtman, muerta hace poco y con quien el poeta pensó contraer segundas nupcias en 1848. La prime1·a vez que la vió, solitario y noctívago en una ele las
calles de Pro\'idencia (Rhode Island), antes de entrar en su hotel, fué á través de la verja de un hermoso
jardín: quedóse largo tiempo respirando la belleza de la dama y de la hora. Esta nobilísima mujer, autora de •Horas de vida y otros poemas• y de • Baladas foéricas, • era viuda; y particularmente encantadora, su primer nombre virginal de Lepowar ó Lepoer la hacia desde autos pertenecer al viejo linaje,
llOrmando antaño y después inglés, que dió sus antepasados al poeta»
Así cantó Poo la fauLástica lryenda de su hallazgo:

A ELENA.
Te vi una vez- sólo una vez-hace aiíos:
N'o debo decir cuantos- mas no muchos.

REVISTA MODERNA.
Fué en Julio, á media noche; de lo alto
La luna llena, al remontar, buscando
Como tu alma, hacia el confin del ciclo
llápida senda, de su luz de plata
El vaporoso velo desprendía
Con quietud, y bochorno, y somuolcucia,
Soln·e la faz erguida de las rosas
Que al sonreír, morían encantadas
Por ti, por tu presencia y tu poesia.
'foda de blll:::co, en lecho de ,·iolctas
Reclinada te vi, mientras la luna
Sobre la faz erguida de las rosas
Y en la tuya dolientP, descendía!
¿Fué el Destino? (también Do'.or se llama)
¿Fué el Destino quizá quien esa nocho
A la entrada del huerto me condujo
Para que de las rosas somnolientas
Aspirase el olor? Rumor alguno
Llegaba en derredor; todo dormía
En el odiado mundo, todo, salvo
Tú y yo! ¡Oh cielo! ¡oh Dios! cuál lato
l\Ii corazón ante las dos palabra~:
¡Salvo tú y yo! Detúveme, y al punto
Que te miré, desvanecíóse todo!
(No olvidéis que aquel huerto era encantado!¡
Y se fué el globo perla de la luna,

Y los bancos musgosos, frescas floreF,
Laberínticas sendas, lacios árboles,
Todo despareció, y aun de las rosas
l\Iurió en brazos del viento el casto aro111a.
Expiró todo, menos Tú - no, cxcc¡iLo
Algo menos que tú: salvo el divino
Fulgor de tus pupilas, sal\'o el alma
De tn, ojos inmensamente abiertos.
l:iólo á ellos l'i- y un mundo me mostraron. Sólo á ellos vi - sólo á ellos muchas horas Sólo á ellos vi, mientras brilló la lt111a.
&lt;iné episodios de amor salvaje y raro
Eu el &lt;;ristal grabados parcelan
De aquellas esferitas celestiale~!
Y qué negro dolor! y quú sublime
Esperanza! y qué inmenso mar de orgullo
Calladamente quieto, y qué atrevida
Y profunda ambición, y qué insondable
Facultad para amar inmensamente!
Pero la cara Diana, al fin hundiósc
Tras tempestuosa nube en el ocaso,
Y tú, fantasma, huiste deslizándote
Bajo una tumba de árboles. Tus ojos
Sólo han quedado siempre, y no se irlau!
Alumbrándome fueron esa noche
i\Ii solitaria senda, y no se han ido
(Ay! cual mis esperanzas!) desde entonces.
Síguenme, y de mi vida son los guias.
l\Iis siervos ellos son, y yo ·su esclavo.
Es su deber iluminar y arderme;
i\!i deber, ser sairndo por su brillo,
Y ser purificado por su fnego
Y ser santificado por su lumbre;

337

�838

REVISTA MODERNA.

REVIm'A MODERNA.
Ellos inundan mi alma de belleza
(Que esperanza es también) y allá en el ciclo
Son dos astros que adoro de rodillas
De noche en mis desvelos taciturnos,
Y que en el esplendor del medio dla
Los miro aún: dos titilantcs Venus
Por el fúlgido sol jamás extinta&amp;!

Después de estos versos, no quiero hacer un resumen , no quiero formular una conclusión, no quiero
agrngar un epilogo al discurso que se me ha cncomen'.lado dirigiros. ¿A qué borraros la impresión de
esa poesla lumino3a impalpable y etérea?
IlALlllNO

339

recuerdo ó en una. g1•au aspiración. La primera estatua fué un ídolo, el prim~r monum ento fuó un santuario, la primera poesla. musical fuó un himno.-Los gritos frenéticos de la Baca.na!, desgarrándose en
el dolor supremo y a1·monizándose en el supremo placer, los cantos salrnjes de la voluptuosidad y del
crimen en la leyenda. que el dios andrógino de voraces sexos alumbra. de rojo, agitando su tirso inflamado sobrn la fauna.Ha. enloquecida. de brama y de sangre, se convertiráu en la palabra elocuente, en la
palabra perfumada de miel ática que Platón pone en boca de Dio tima de Mantiuea., celebrando en el «Banquete• las excelencias del a.mor, que, •al aproximarse á la belleza se dilata, engendra y produce• las
formas perfectas de la virtud, que resplandecen en la conciencia como los Inmortales en el 0iimpo;- se
convertirán igualmente, mientras Jeova.b, cruel y pavoroso, sacuda con sus cóleras la tiena y la incendie y la. ahogue, en el viento de los himnos lúgubres, en el huracán del profotismo que agita en enormes
convulsiones la historia. de Israel;-se convertirán, por último, cuando el Dios de los Parias alumbre con
su mirada de misel'icordia el horizonte, en la voz de esperanza y do amor, que canta en los castos labios de Jesúi, como un pájaro matinal saludando el orto glorioso ele la aurora en los rosales de
Galilea!

D.\.llALOS.

•La tristeza es más vieja que la risa,• dijo Paul Verlaine en un verso melancólico de sus Lilttr¡¡ias.
Yu creo que tienen la mismi edad, c1·eo que son gdmelas; croo m \~, que se aman, que se uuscan, que se

DISCU-E,SO
pronuuoiado al pie de la estatua de Virgilio en h Biblioteca Nacional en la velada que, bajo el
patrocinio de la "Revista Moderna," organizóla Delegación Mexicana en homem1je á
los poetas anglo-americanos, el dia 6 de Noviembre de 1901.

N un famoso cuad. o del Tiziano, couocido cou el uomure clo la «.\ssunta • Ja

Virgen, envuelta en los pliegues palpitantes de su manto, se eleva, a:.moniosa y noble, de la tierra. inicua al éthe1· di{tfano, llevando en ofrenda. á
Dios los dolores y las piedades, las angustias y las esperanzas de la multitud humana qui', maravillada. y extática., contempla el milagro del amo1· que
violó las leyes de la. pesantez con las a.las de la. poesla! Y ta.! parnce que esa
Virgen tenenal no sube atralda. por influencias divinas, sino empuja.da. por
voluntades humanas; no es un robo hecho por el cielo al mundo, es un don
H ....,,
del mundo al cielo¡ no es la elegida del Señor, es la enviada de los hombres;
es la mensajera. del corazón, el símbolo de la plegaria., que acompañada. de
• itmos Y ungiJa cou lágrimas, va., á través del maravil'oso l\Iisterio, á coger en los resplandecientes huertos siderales, racimos de estrellas, rosas de amor, ilusiones de oro, quimeras blancas, cantos hibleos y
venturas edénicas, para tl'aernos, á nosotros los Efímero3, el dh·ino consuelo de la alucinación y del
olvido!

El artista veneciano hizo obra maestra. porque hizo obra. simbólica.. En cada hombre, en cada alma.,
mora esa. madona, esa plegaria, esa estrofa, que, en las horas intensas de pasión se lanza. á los ensueños
infinitos para ha.cernos vivir la ,·ida momentánea de un paraíso breve. El arte c~menzó siendo una. oración. El arte es una. 01:ación. El a1'1e será siempre una oración. En los templos; en las fiestas litúrgicas,
e~ las pompas decorativas, en los ceremoniales hieráLicos, naciernn y se desarrollaron la arquitectui·a, la
pintura, la e,culturn, la danza, la música y la. poesía, asociando poderosamente las almas en un gran

completan. Cargadas de aiíos, realizan el prodigio de la eterna juventud, se han bu dado del tiempo: una
conserva sus lágrimas transparentes y la otra sus labios luminosos. Son las dueiía.s soberanas de la humanidad y las inspiradoras de todo arte. El blanco pueblo de los má"moles, la. G1'ecia, destina.do á reir,
lloró algunas veces: Aristofanes lo deleitaba con su gracia pervm·sa y llrica, despana.mando violetas
sobro la. mesa brillante del festín, y bebiendo besos, hasta la embriaguez del deseo, en las bocas pródigas de las hetairas; pero Esquilo, en sus noventa tragedias, nublaba la escena con los vapores densos del
tdpié délfico, que envolvian en el misterio y eu el terror la lucha de los titanes, altos y fuertes como tones de piedra, mientras las Euménides recorrían el tabla.do con sus ojos hipnóticos, sus garras carnice•
ras y sus alaridos estridenteR, y las Estt·ofas del Coro se erizaban de exámetros vibrantes como lanzas,
caldea.dos como cóleras é implacables como maldiciones! El tormentoso pueblo de los profetas, el torvo
fara.el, destinado á llorar, tuvo uua sonrisa- Hl Cantar de loi; Canlare.~1 - somisa. pastoral, somisa de sol
tibio sobre un lecho ele mandrágoras frescas, somisa. de ojos atlorautes y de labios golosos, idilio que to·
&lt;lavla huele á mir rn, idilio que todavía sabe {L leche cándida y á miel virgen; y quién sabe, sciíores, qué
i;ea más bueno, quiéu sabe, sefíoras, qué sea más bello, si los oráculos lanzados por la elocuencia mesiá·
11ica- como piedras disparada.e de la honda de los benjaminitas,- ó la dulce palabra de la muchacha de
Sulem á su amante: •Sostenme en tus brazo~, que desfallezco do amor! • -Si penetramos á. los cármenes
donde alberga la electa Egería de Henan, sorprcndenimos muchas veces á la ~lusa de perll l judío, á la. vestal
do ftente serállca, á la suave Animadora del incomparable artbta, con los ojos cuajados de llanto entre
las flores cuajadas de rocío, mientras de sus disertos labios so osca.pan cláusulas rotas de recuerdos
profanados ó silencios largos de pausas inquietantes. Si nos aventuramos en la lírica doliente de Leo•
pardi, de ese homure enorme que parece un enorme páramo; si pegamos el oido en su corazón ele Laooconto, como eu un caracol marino, para escucha,· la tormenta, la tormenta que gl'ita su perenne nota
monocorde á los negros cielos impasibles, nos encontraremos, surgiendo d.i la infernal al'idez del dolor,
una. visión blanquísima, ay! la misma quo todos hemos invocado en lo5 paroxismos, la hermana del
amor, á. la que el poeta tiende los brazos epilépticos con un anhelo inllnito, con una esperanza tan grande como su angustia: la ~fuerte, resplandeciente, pura, bUP,na, en cuyo «virglneo seno• se encuentra el
reposo de la lucha, el olvido ele la ingratitud, el suciío sin suciios, el alivio do la vida, la caricia do
Vios!

Dentro de estos polos gira. y alienta el arte humano. El que los choca en el estruendo do la epopeya
triunfal, el que los trasega en la antitesis de la tragedia enmascarada, el que los liga en el broche de la
llrica radiante, es el artista supremo. :Miguel Angel, Heethoven, Rubens, Cervantes, Shakespeare, c1·earon
mundos con esos dos elementos. Las obras de estos hombres de-alma innumerable, de estos Imaginífi.cos,
son como la. obra de la Divinidad, carne y espíritu, brutalidad y genio, crimen y virtud, ulasfemiay ale!uya,
rugido y salmo, porque arrancan de las profundidades cavernosas de la prehistoria, donde la Hambre desencajada y el Delito llvido ladran como el Anubis con cabeza de chacal de la mitologia egipcia, y se leYantau
en una crncieute ascensión de idealismo, de belleza y de bon9ad 1 sobre las civilizaciones derrumbadas por
los siglos brutales, á la región serena, donde los amores del alma, purificados de toda mancha, esplenden en
las esferas diamantinas de la universa.! armonla! La larva es un elemento de la belleza; el odio es un elemento del 1:1mor; Satán es un elemento de Dios. De cuántos dolores, de cuántos martirios, brotó de la piedra
la. divina Noche de mármol que reposa en el mausoleo de Juliano de Médici, y que algún dla. despertaré al
conjuro de mi arte, para hacerla pronunciar versículos sibilinos; de cuántos dolores, de cuántos martirios
brotó ese acorde lúcido, altísonante, hlmnico, que brilla y chispea y se desbarata en la.s somidadcs de

�3m

REVISTA MODERNA.

la Sinfonía Pastoral, como un penacho cristalino; de cuántos dolores, de cu:intos martirios brotó á la luz,
en la Comunión de San Frnncisco, la cabeza fascinada del santo, esa cabeza que expresa indeciblemente todo lo que hay de ventura en el renunciamiento á la vida, y la hostia blanca, esa hostia de armiíío
que el sacerdote levanta entre sus dedos, y que remata el cuadro como una oda luminosa; de cuántos
dolores, de cuántos martirios brotó á la brega Don Quijote de la l\Iancha, escueto como el Infortunio,
que, amparado por la sublime locura contra los desengaííos del mundo y las burlas de la verdad y las
falacias da la perfidia, acomete denodado y heroico contra el mal tlniversal, dando al traste con legiones
de gigantes, aun cuando los bausanes de los ventorrillos den al traste con él, y adorando, en todas las
maritorues que encuentra á su paso-por intensisima y n~pida autosugestión-la forma de la más bella
creación de la poesía, pues Antígona y Ofelia y Beatriz y Laura y :i\Iarga1 ita y Fantina, por vestidas que
estén de luz inmaculada en el Paralso de la inmortalidad, tuvieron ay! un cuerpo en esta tierra, ftlero·n
mujeres, las moldearon en la arcilla de Eva y de Pandora, mientras que Dulcinea es la l\lujer, el arque,
tipo la síntesis1 el ideal y está hecha toda entera de espíritu puro, de ilusión intacta y de esperanza vir•
"'en:
.., ' de cuántos dolore~' ·de cuántos martirios brotó á la ternura la dulce Cordelia,-oh, Santa! Santa!
Santa!- en el drama paroxismal del Rey Lear, cuya lectura nos hace cae1· en las convulsiones de los rapsodas que recitaban á Homero, y del que dice magnificamente Víctor IIugo: • Construcción inaudita. El
poeta toma la tiranía, de la que más tarde hará la debilidad; toma la traición; toma la abnegación; toma
la ingratitud que comienza por una caricia, dando á este monstrno dos cabezas; toma la paternidad;
toma la realeza; toma la feudalidad; toma la ambición; toma la demencia, que reparte en tres locos, el
bufón del rey, loco por oficio, Edgar de Glocester, loco por prudencia, y el rey, loco por miseria. Encima
de este amontonamiento trágico, levanta é inclina á Cordelia.-Hay formidables torres de catedrales,
como, por ejemplo, la Giralda de Sevilla, que parecen hechas todas enteras, con sus espirales, sus escaleras, sus esculturas, sus celdas aéreas, sus cámaras sonoras, sus campanas, su masa, su flecha y toda su
enormidad, para soportar un ángel abriendo sobre su cima las alas doradas.,

Crear, dar vida: eso e3 el arte, eso es el am 1r. lJijos del am:&gt;r son los homb1·es perecederos que pU&lt;;!·
hlan el mundo; hijos del arte, son los tipos inmortales que pueblan la leyenda. En el amor vive la discordia; cu el arte vive la paz; el amor es prolífico en guerras nefandas; el arte es fücundo cu rccoucilia•
cioucs armoniosas. Yo he escrito, cu una evocación que hic•~ de espectros trí1gicos, estas palabras que
me inspiró un demonio shakcsperiano: •El genio es más poderoso, más creador que el sexo; es el grau
Sexo hermafrodita, Incubo y súcubo, que á si mismo se fecunda dando vida inmortal y magnífica. Los
hijos de la carne humana son efímeros y miserables; están formados por dos mitades de amor, que se
j1mtan en un espasmo, y se separan luego sin haberse complementado, sin haberse fundido. l\Hralos llt.brando el mundo: tal parece que apenas sus manos arrojan la semilla, caen ellos mismos, unos en pos de
otros, á los hambrientos surcos .... Oh, qué rápido abrfr y cerrar de ojos, qué rápido abrir y cerrar de conciencias es la vida! Todos pasan, pasan: polvo que sufrió un momento en una idea, polvo que brilló un mf&gt;·
mento en una piedad, poh·o que se irguió un momento en un deber, y que ,·uelve al gran laboratorio donde
le clan nueva forma raquítica y nuevo destino frágil las manos febriles de un dios incansable. En cambio,
qué definitivo es el amor del genio! sopla en la arcilla perdurables espíritus de ideal; forma tipo sgigantcscos con los vicios y los crímenes, y rugen entonces, por los siglos de los siglos, los reyes trágicos y los papas
lascivos y las cortesanas ambiciosas; condensa en figuras épicas los credos de !ajusticia y del bien, y se alzan cu las cumbres de la historia los mártires descalzos, los caballeros andantes y los profetas vidente~;
sintetiza en bellezas los aromas, las músicas y las luces del universo, y cruzan entonces por la hu1naoa
fdutasfa la divina Dulcinea con su esperanza y la eucarística Ofelia con su su locura! .... 11

El arte ha dejado su símbolo eterno ec la figura de Prometeo, que romp9 con su ft'entc colosal las
mitologías obscuras de las edades que agonizan en el recuerdo, y clavando la pupila brava y ardiente
como Helios en las lejanías del horizonte, desde la roca Scltica donde el perro alado de Zeus Je muerde
y le devora las entrafías, propone,- como la Esfinge,-cnigmas que el esplritu humano escrnta todavía,
y echa á volar oráculos solemnes que atraYiesan desde hace siglos la historia, sobre la humanidad que
los mira perderse en las incertidumbres del porvenir. Este castigado orgulloso, este rebelde indomable,
hijo del heroísmo y de la belleza, ha pasado y pasa por las metamorfosis mas dolorosas: viene de las rni·
nas, de los misterios, de los sepulcros, de los pórticos por donde entraban los carros vencedores y 11!.s
músicas victoriosas, de los agoras frenéticos, de las matanzas abominables, de los juegos excelsos, cami•
uando, caminando, sin cansarse jamás, de ciudad en ciudad y de gente en gente¡ el tribunal ateniense Je
condenó con el nefando nombre de Sócrates; los judlos le crncificaron con el nefando nom'&gt;re de Jesús;
para él ardían los leños de una hoguera de odio en la Plaza de la Seííorfa, mientras se representaban las
mascaradas libertinas de Lorenzo el 1'fagnlfico; el brazo airado de la Patria injusta lo empujó, siendo
Dante Alighieri, á las inclemencias del e.1:ilio; le han cortado la lengua y ha vuelto á hablar; le han sujetado los miembros y ha vuelto á moverse; le han roto las fibras del corazón y su corazón ha resonado dQ

REVISTA MODERNA .

Hl

nuevo cou los cantos de la ft&gt;; y hoy, sacudiendo su cabeza secular, abriendo, como la puerta de la verdad, su boca inmensa, y golpeando los bordones trágicos de una lira de broncr, clama redención cou
Tolstoi, con Zola, con Bjornson, con Ibsen, con León XIII, á través de los pueblos que tienen hambre y
sed de justicia, para ser nuevamente desterrado, anatematizado y execrado por la envidia de los dioses
y ror la ingratitud de los hombres! Y as! irá, como dijo Jsaías: • de tribula·ción &lt;'ll tribulación y de rsperanza en esperanza!• Matadlo mil veces, no importa, es el Poeta! Cuenta, seííore~, el elegiaco Phanoclt's,
que después del asesinato de Orfco, su cabeza y su lira ftleron arrojadas al mar, ~- las olas las llernron :í
Lesbos: desde entonces, el canto y el gracioso ejercicio de la citara fncron amados en la isla, - melocliosa
ontre todas.-Matadlo mil veces, no importa, es el Poeta! Las azules olas resonantes de jónicos ritmos
llevar:\n su cabe?;a y su lira:\ la Isla de la Poesfa, donde nuestras vlrgcncs lesbianas las recogerían con
sus piadosas manos.

Redención y justicia he dicho. Este es el ideal moderno del arte. Pero acaso no lo ha sido siempre?
Más ó menos consciente, más ó menos oculto por la poesía erótica de los artistas menores, más ó menos
desdeiiado en las decadencias galantes, siempre ha cumplido su misión apostólica de concordia y ele fra.
ternidad. Esta misión se acentúa más cada día, á medida que crecen la inteligencia y el corazón de les
humanos. Podemos distinguir, con uu pensador italiano, la virtud antigua de la virtud moderna, caracterizada aquella, casi exclusivamente, por el valor físico,-producto de la guerra,--y caracterizada la
otra, casi exclusivamentr, por el ,·alor moral, producto del industrialismo. Los héroes antiguos eran los
soldados· los héroes modernos son los obreros. •Si el entusiasmo del pueblo se dirige en apariencia á los
que arri~sgan en la batalla su propia vida, un sentimiento intimo nos dice á todos que la gloria moral
más luminosa, no es saber morir, sino saber vivir bien. Hacer el sacrificio de la existencia combatiendo,
es, no. lo niego, una acción noble, pero es una acción breve, confortada por millares de i,ugestioncs que
la hacen menos difícil; trabajar honradamente tocia la vida, sufrir trabajando y no plegarse á las t&lt;&gt;nta.
ciones, es una acción larga que no tiene conforto de nyudas ui esperanzas de gloria. Y entre el soldado
que muere en el campo, y el operario á quien sólo la ley de la naturaleza y el trabajo matan, después de
haber luchado largamente dla por ella con la miseria, conscn·ando intacto y limpio el cristal de la propia
honradez; os confieso que prefiero al segundo, porque ma~·or valor y mPjor heroísmo me parece el combatir cuotidianamente la dura y obscura batalla de la vida, que mirar de frente, ~ pero sólo un instante,
-á la muerte. El mundo antiguo se regia y debla regirse por la fucríla fisica, y por lo mismo tenla 1wccsidad del valor físico. El mundo moderno se rige y debe regirse por otras fuerzas,-más morales que
materiales,-y por lo mismo; tiene necesidad de otro valor,-más moral que material;-esto es, de un valor que no desarrolle, como el valor flsico, el sentimiento ele la combatividad, sino el sentimiento, más
civil, de la solidaridad. i\lieutras el ideal del ciudadano se resumía en el tipo del que sabe superar á m
semejante con las armas, era lógico que el objeto ele la vida consistiese en buscar en el hombre un ene·
mio-o
y la ,,Joria
en suprimirlo
ó en esclavizarlo. Ahora que el ideal se resume en el • tipo del que •aventat, ,
t:,
.
ja á los demás en moralidad, en laboriosidad y en intcligcncia,-es lógico que el obJeto y la glona de la
vida consistan en tratar á los hombres como bermanc,s, en ayudarles con nuestras fuerzas y en mejorarles con nuestro ejemplo. • (Sighcle). Estanobilisima concepción humana se impone como el ideal del arte
moderno. Las obras que la bosquejan tienen asegurada la inmortalidad. Los •Burgueses de Calais• de
Rodin, el «Cristo clt los Ultr11jcs, dc_De C:roux, •Germinal • y •Trab11jo• dc. Zola, el • Poder ele las Tinic·
bias, de Tolstoi, •llumillados y Ofendidos• de Dostoievsky, •Condenación de Fausto• ele Uerlioz, , ;\Iiscrables• de Víctor IIugo: he aqul, citados al azar, algunos de los grandes poemas de piedra, de ¡)Oesla, de
pintura y de música que más hondamente conmueven el espíritu fraternal moderno. Pero el presente es
un viajero apresurado y fobril, siempre está de marcha, apenas le advertimos cuando ya se escapa .. . ..
Sabéis que Fausto no lo pudo detener, le dejó la túnica de la felicidad entre las manos .... Sólo la muer •
te es inmóvil; detenerse es morir. El Egipto, rígido y cataléptico como sus colosos de granito abrumados
de pereza, vivió menos en sus largos siglos, que Athenas, nerviosa y risueña como Afrodita, en la mafiana azul de su leyenda. Por eso el arte evoca el pasado y presiente el porvenir, tomando dos formas grandiosas: arte de la resurrección, la historia, y arte de la adivinación, el profotismo. La historia dije; no, me
repugna ese nombre femenino, lo substituyo por un nombre viril: Historio. A llistorio me lo imagino
como un coloso formidable, hcchc, eon un pedazo de Atlas, con una cabellera de cedros del Líbano y de
relámpagos cósmicos, con una boca clamorosll como el Océano y como el desastre, haciendo la máscara
del sepulturero en una tragedia titulada ,Las Violaciones Sagradas • Escarba, amontona, clasifica, coo1 •
dina, limpia los restos venerables, sopla vida en la muerte haciendo nacer el poema del recuerdo, remat:i
el Partcnon con los Frisos de Pidias, nos da la voz de Clcopatra, nos trae en sus brazos la Venus de l\Iilo,
nos dPja en el Palacio Ducal el Triunfo de Yenecia, nos encuentra la República de Cicerón, nos• cstitn·
ye siete columnas del templo ele Esquilo, abre los arcos de triunfo sobre la cabeza calva de Julio César,
se les vuela de las manos la Yictoria de Samotracia y cierra la puerta de Lorenzo Ghibcrti sobre la opu·
lenta Pinacoteca del Renacimiento.-EI profetismo es de mayor tamaííc: pierde su cabeza entre las cons·
telacioncs de lumbre; á su sensorio llegan los misteriosos nacimientos del ruido, del gusto, del olor, de
la resistencia y de la luz; á su espíritu llegan las lentas germinaciones de la verdad, de la bondad y de
la belleza; se burla de los filósofos rumiantes¡ desinfla esas odres de viento y de pedanteria que se llaman

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REVISTA MODERNA.

Academia~; sufre inmcnsamentr; goza imnensamcnlc; habla cu parábolas¡ es radiante como el sol mcri.
diano; es obscuro como la primera tiniebla; es loco¡ es genio¡ es el gran arfüta de la Esperanza! Y estos dos
titanes, uno abajo, en lo hondo, en lo insondable, y el otro arriba, en lo infinito, en lo imperforabl11, hacen ohm común, fabrican el producto más precioso del amor humano: la Relleza Divina!

Seiiorrs rrprrsmtantcll de la República Norte- Americana. que habids tenido In exquisita bondad dr
asistir 1\ nuestro festirnl: erais primero los Bárbaros, fuisteis después los Extt·anjeros, sois ahora los Her manos. Es justo que los hermanos posean en común las bienes de la tiena que ha elaborado el arte. ~ o
fué este poeta, Yirgilio dulcísimo, sonoro como abeja siciliana, puro como nido tle tórtolas, claro como el
~Iincio y sabroso como los panales, quien dijo: •todo es común entre amigos?• Nos quedamos, pues, con
vuestros poetas, que tan sabiamente nos ha dado á. conocer Balbino DAvalos. De hoy en adelante, serán
nuestros. Yo creo, señores, que todo tiende al comunismo: la politica, la propiedad, la ciencia, el arte, signiendo la ley de rrgresión aparente que hace volver !i sus formas originales todas las manifestaciones
tic la actividad humana. Pero ese gran proyecto de federación internacional, ideado por el profetismo,
esa concordia. uni\·ersal de inteligencias y de corazones, tiene por base la fortaleza de las nacionalidadrs, que ;\ su vez tiene por ccndición la cultura de los ciudadanos. Por lo tanto, la realización de tan
magno sueí1o es lrnta, lenllsima. Tengamos paciencia y fe. Algún dla nos encontraremos en la 'l'ierrn
Prometida, en la Ciudad del Ideal, de la que esta fiesta da. una idea. anticipada, como el boceto da la idea
de la escult,ua y el croquis del cuadro, especie de vaga anunciación difusa, pues la. palabra santa ha dicho que siempre que los hombres de buena voluntad se reunen en el nomhre de Jesús, el reinado do Dios
,qo realiza en la. tierrn.
Seiioras y Seiiores: Estamos en un templo y no lo profanamos, ya. os dije que el arte es una oración.
F:stas bóvedas augustas guardan los ecos de muchas voces qne han implorado misericordia y paz¡ en
rstas baldosas se han arrodillado muchas culpas arrepentidas¡ de este santuario han partido para el cielo
llls humildes plrg:u·ias de los pobres de espíritu, vestidas con los sucios ropajes del trabajo ó desnudas
como la miseria, pero belllsimas de fe y ele amo,·. H11ga111os nosotro11 lo mismo, mandemos á trav(,s drl
Misterio, :\ los re!lplandecientes huertos siderales, nurRtra estrofa, nuestra. l\ladona, nuestra ascención
randa, para qnr nos traiga, prl'ndido !'O lo!! crlajl's rnhios eon qnr SI' arropan las Auroras. el Mito consolador di' la rtrrnn Poe!lia!

JESÚ!I TTIWE1'A.

/-

..

~ r- -: ~
"-:· .

LA MUJER DAN½ANDO.
(Ut:L Ll nRO .Efll,Of:. 1.'i),

D1mza, mujer, porque las aguas rorrrn
y las flores derraman
pl'rfunies de placer, y las estrrll11s
se deshacen en J;'1grima~I
Damrn, saliendo de la muerte ohs(·nrn
que oprime tus espaldas,
y lns clO!: flores blancas de tnR manM
•
rn la noche lernnt11!
Ofr(•crto al continuo movimiento
de la vida que pasa¡
loor ctemo :'L la actitud cambinnt,1
qui\ trnn~pnrrnta el fnrgo di\ las nltna~I
:\lnr,·,i la flor tlorada dn tn c11&lt;•rpo
al compi1s de lil danza;
11,•jn empapado rn tu perfume rl 11i1·11
y tl!'l'l'Ocha la luz de tus miradas!
Como incensario tu cabr:rn ondulr
corona.da de llamM¡
como incensario del amor oculto
bajo las ricas aras.
F:ntrógate á las danza&amp;! A mis ojos
brilla transfigurada
bajo la lluvia musical, que llena
de un chorrear de fuente tus entra1ias.

México, Novirmbre do 1fl01.
T~ haces sagrncla, hundiéndote en las ola~
de la música vaga;
todo tu cuerpo, abriéndose, descubre
el interior misterio que lo embarga.
:Mujer danzando, enamorada viva,
tus hombros se adelgazan
como corriente ele agua por la noche:
tus pupilas se agrandan!
1-:res como milagro que se Inicia.
b11jo el cambiante velo de las danza~;
como suave nenúfar que se mueve
con movimiento oculto sobre el agua.
Se ha desprendido mustia de tu frente
la p1 imera guirnalda¡
se han desprendido mustias de tu e~piritu
las ideas prestadas.
Tú sola reinas en la. Danza.Ruedan
flores blancas de almendro por tu espalda,
te envuelve una luz sua ,·e, y por los ojo~
se te derrama sobre el mundo el alma.
Dijérase que el Universo entero
copia el compás alegre de tu danz11¡
que, oscilando, las flore@,
la imitan encantadas.
EDUARDO

MA RQUDL\.

�ARo IV

Mixico, 2ª

QUINCENA. DE NOVIEMiiRE DE

1901

Ntar. 22

MODER.NA
ARTE Y
OIRECTOH: JESlJS E. VALEN7.UF. LA.

CIENCIA.
,JEFE DB REDACCJON: JESUS U RUETA.
Tip. dt D11l,ld11.

SEGUNDA CONFERENCIA PAN-AMERICANA.
LA Dr-:LEGACIÓN MEXICANA al Congreso Pa.n-.\mericano, se honra de invitará Ud. al festival artístico que se verificará en la Biblioteca Nacional el,¡ del
corriente á las 9 p. m., y que ha organizado bajo el patrocinio de ,&lt; La Revista
Moderna,, como homenaje á las letras anp:lo-nmericanas.
México, Noviembre de 1901.

PROGRA1IA PARA LA VELAD..\ ANGLO-AMERICANA.

I.-QUINTETO.-Op. 44..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

R. Schwnann .

.\llegro brillante. Piano y cuerda.

II.-D1scuRso. -Balbino Dcívalos.
III.-Qu1NTETu.-Op. 48 .. ...... ..

T8chaikowsky.

Tema ruso.-Cuerda sola.

IV.-PoEsíA.-José .Juan Tablada('=').
V.-LA TRUCHA ... . . . • . . . . . . . . . . ............. • .... Schube1'/.
Variaciones. Piano y cuerda.
VI.-Lectura de POESÍAS A:itERICANAS, por Luis R. Frbina.

VIT.-QurNTET0 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Christian Sinding.
Andante y Scherzo.-Piano y cuerda.
VIIL-ALocucróN.- .Jesús Urueta.
IX.- CAPRICHO.-W'edding Cake. TValse... . . . ........ C. Saint-Siien:,.
Piano y cuerda.

(-tJ Los versos del Sr. Tablada y las traducciones del 8r. Casasús que lryó el Sr. Urbin11, sci·án pu•
blicadas en el próximo número de la Rei·ista.

PROP&amp;TAS DE MIGUEL ANOB:L,-CAPILLA SIXTINA. ROl!A,

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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753953&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Revista Moderna Arte y Ciencia, 1901, Año 4, No 21, Noviembre, Primera quincena</text>
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                <text>Valenzuela, Jesús E., 1856-1911, Director, Fundador</text>
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                <text>Couto Castillo, Bernardo, 1880-1901, Fundador</text>
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                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                <text>Urueta, Jesús, 1868-1920, Jefe de Redacción</text>
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                <text>Peña, Guillermo de la, Administrador</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>ARo IV

Mixico, 2ª

QUINCENA. DE NOVIEMiiRE DE

1901

Ntar. 22

MODER.NA
ARTE Y
OIRECTOH: JESlJS E. VALEN7.UF. LA.

CIENCIA.
,JEFE DB REDACCJON: JESUS U RUETA.
Tip. dt D11l,ld11.

SEGUNDA CONFERENCIA PAN-AMERICANA.
LA Dr-:LEGACIÓN MEXICANA al Congreso Pa.n-.\mericano, se honra de invitará Ud. al festival artístico que se verificará en la Biblioteca Nacional el,¡ del
corriente á las 9 p. m., y que ha organizado bajo el patrocinio de ,&lt; La Revista
Moderna,, como homenaje á las letras anp:lo-nmericanas.
México, Noviembre de 1901.

PROGRA1IA PARA LA VELAD..\ ANGLO-AMERICANA.

I.-QUINTETO.-Op. 44..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

R. Schwnann .

.\llegro brillante. Piano y cuerda.

II.-D1scuRso. -Balbino Dcívalos.
III.-Qu1NTETu.-Op. 48 .. ...... ..

T8chaikowsky.

Tema ruso.-Cuerda sola.

IV.-PoEsíA.-José .Juan Tablada('=').
V.-LA TRUCHA ... . . . • . . . . . . . . . . ............. • .... Schube1'/.
Variaciones. Piano y cuerda.
VI.-Lectura de POESÍAS A:itERICANAS, por Luis R. Frbina.

VIT.-QurNTET0 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Christian Sinding.
Andante y Scherzo.-Piano y cuerda.
VIIL-ALocucróN.- .Jesús Urueta.
IX.- CAPRICHO.-W'edding Cake. TValse... . . . ........ C. Saint-Siien:,.
Piano y cuerda.

(-tJ Los versos del Sr. Tablada y las traducciones del 8r. Casasús que lryó el Sr. Urbin11, sci·án pu•
blicadas en el próximo número de la Rei·ista.

PROP&amp;TAS DE MIGUEL ANOB:L,-CAPILLA SIXTINA. ROl!A,

�REVISTA l\lODERNA.

"VIAJE AL PAIS DE LA DECADENCIA"
POR SANrl'JAGO ARGÜBLLO H.
1CONT IXÚA),

CAPCTULO 111.

LA VOZ DE NUESTRA MADRE LA ESTETICA.

l 'NA 1,úplira 111i11, el Efcho la habló al oído. Y ella, la radiosa, la excelsa duefia dr

~q~cl huei to &lt;'nrantaclo, 11i,intió. Y, de pir, rntre muguetas, lises, margaritas y
J~c.mtos, que C'nhC'stnban sus florrs en contorno como en un altar ele oloroso:s
~,nos a~ngados,_haliló. ~u 1·0;,. tenla el reo que deben de teurr las arpas celes tiales. l~n su,; OJOS archan las zarzas del nreb, y tras ellas relampa,,.ueaba J
mirada de Dios.
"

ª

"01!. mis fiele~! En uombfe del divino Verbo, os hablo!
Vosotros, los sacerdotes de m_i culto, no drjéis ni un momento mi santuario! Si el sacerdote dt&gt;ja el
ll"mplo, ec apaga In luz sacra. DrJad que otros v11yan al mercado Que vuestros labios me est(•n e
d
liletnprr,
. r zan o
Se~ vestal~s, e~t~ es, sed purob! P~ra ello, no adulterar mis ritos, no mezclar otro aceite al de mi
l:\mpa1a. Sed_ 1mpud1cos, sed falsos; no importa: seréis puros en el Arte, porque el Arte Jo pmifica todo.
Apartad los OJOS de nuestro santo fin, y habréis caído en impureza.
Para hacer obra buena, obra mía, b.acerla sólo para mi.
.,.El sacerdote, cuando_ o_ficia, no debe v~r al pueblo, sino á Dios. Ha de hacer que tiemble la frase del
enf.,ma sobre la oblata
· es b'1en que asi
. d1vm11 1 aunque C'I publico murmure, porque no comprenda. 1· aun
sea. L a palabra mfst1ca debe llevar en sus bordes las orlas del misterio.
Si os hace temblar P.I harapo, si tenéis miedo al hambre si os asusta dormir baJ·o la est 11
Ri,,.áis no de "'•s
·
¡ ·¡
,
'
re a, no me
.,, ,
JCI que os UnJan con e o eo de mis órdenes. Para sen·irmp es preciso que med't
\' : I b
1
del tonel de Diógenes.
'
cis ,l a oca
Si á todo os avenis, seguidme!
Yo soy la dicha. Yo soy quieu ha encontrado el go~e de la pena, quien ha exprimido el traje ne"ro
!~e~~a~oche parn hacer que broten las gotas argentinas de los astros, gotas del zumo ~ider11l &lt;le
ti•

1:

Todo 1~ regenero en el goce. Cuando vierto mi divino elixir C'll el vaso del llanto quien Jo apu
.
cuPntra ;,' sien te la delicia del llanto.
'
rn rn
i\~i ~lniro fin ce el placer. Quien piem1c de otro modo, no me conoce. El que juz&lt;&gt;ue mis obras con un~
1U:J d1stmt11, yena.
"

347

Ub. hijos mios! Si queréis reconocerme siemprr, interrogaos: ¿por qué me agrada ésto? Y si no sabéis
por qui, decid que es obra mía.
Xo digáis que soy la Realidad! No digáis que soy lo Ideal! Realidad sin ideal, no serla Arte. Ideali•
dad sin !a forma de lo real, no me comprenderíais.
La Realidad es vuestra carne, la corteza en que envolvióse la Divinidad, el Ideal, para que naciera
Cristo. Si á Jesí1s le quitáis lo invisible, lo divino, deja de ser Cristo, para ser sólo un hombre. Si le quitáis el cuerpo, lo perderéis de vista. Jesucristo es la materia iluminada con la luz del Eterno.
Si os afiliáis al Realismo, llegaréis á ser sabios, no artistas: hijos clP mi hermana la Ciencia, no mios.
Ser realistas es negar :'l Cristo y adorar al hombre.
Si os llam.'lis idealistas, y renegáis de la Yerdad tangible, como los otros renegaron del Ideal, sert':is
unos impostores. El Ideal no se ve, Dios no se percibe, sino tras la envoltura del hombre.
El hombre es una arpa sensitiva. Diversas notas hay en cada una de sus cinco cuerdas. Si alguien
las toca, goza el arpa misma con sus melodías, y gozáis vosotros con la conciencia de sus vibraciones. Y
bien, aún sin que vibren, el Arte os hace creer que las cuerdas de vuestra arpa han vibrado, ó más bien,
las hace vibrar mentalmente con el soplo del genio. El Arte es la gran superchería. Es la sugestión de la
conciencia, que llega á ser hasta deleite del sentido. (¿uien hace vibrar fa cuerda sin tocarla, ese es ar•
tista.
A la entrada de mi huerto esta la Sensación. Ali! pace la bestia. Vosotros dPjáis atrás la Sensación,
para intel'nal'os en el Sentimiento.
Los sentidos son como las ventanas de ,·uestro palacio. Por una entra la luz, pero á las otras tambii•n
Jlpga el reflejo. Si no comprendéis esto, volveos. Confundíos con el sensato Pttblico!
El sonido deja tras si una vibración que forma como una rítmica penumbl'a; el calor tiene sua,·rs
desmayos de esfumino, pi01·de su intensidad precisa y se apaga en una anemia cromática; la llnea fina A
veces en misteriosas vaguedades .... El dla empieza y acaba en los cl'epúsculos, donde el Angel medita
y sueiia. La vibl'ación moribunda, el tono suave, la linea imprecisa, son deliciosos crepúsculos en q1rn
Aneiinn y meditan los ángeles del Arte. Entonces se oye en el pnlacio rnido de alas, y no distinguis bien
por cuál ventana se intel'Daron. Vosotros, los que seguís mis huellas, podéis sacar partido de esa enc1m•
tadol'a confusión sensol'ia. Si no podéis hacerlo, volveos!
Hijos mios, ved de no confundirme con nadie! A muchos de vosotros se os ha presentado la Xove•
dad- dama que os ha llamado á engaño,-y habréis creidll reconocer mis perfecciones en las suyas. Piiro
al cabo, cuando la edad ha marchitado sus encantos, habéis podido verla como ella es. No reincidáis. Sabed que lo bello no conoce tiempo, y es, como tal, inmarcesible.
Servidme bien, pal'a que os acepte por hijos. Aprovechaos de todo en honor mio, hasta de lo bajo, con
tal .que de ello pueda saltar la chispa de los pedernales. Todo puede ser\'iros para poner el pie y rernon•
tal'OS en busca de la luz celeste.
El arte es la potencia vital de la expresión. Si pl'esentáis la figura de un agonizante, si hacéis la pin•
tura de un cadáver, si evocáis la fantasmagorla de un cerebro febril, haced que tengan vida los desmayos,
poned fuerza vital en la expresión de la muerte, pasad por nuestros ojos la visión intensa de una orgía
deensueiío,ylogradque sintamos la realidad actual de los delirios.... Pero no olvidéis que el Arte siem•
pre lleva sobre el deslumbramiento de sus ígneas pupilas la pestaña que tiende una penumbra en donde
flota el misterio. Lograd que hagan ver vuestras creaciones lo que no se ve en ellas. Buscad las escapa•
das hacia la l'egión azul. Haced que pase la potencia expresiva viendo el cielo á tra'l"és de la blonda del
l'nsueiío.
Y hari•is obra de arte.•
Díjo.
Y el sol acribilló de oro el follaje, y los pájaros sonaron su guzla en la mils soñadora ele las orquestaciones, y las flores tuvieron embriaguez de perfllme, y las bojas hi ciC'ron brillar bajo la luz sus adere.
zos de roclo.

~ os

intemamos por olorosas sendas en aquel jardín de las clt&gt;llcias.
Yo:

- Y esos lindos rhalels que asoman á lo lt&gt;joe, como palomas durmiendo entre las f,·ondas?.
· F.r, F.nmo:

Alli moran las hijas de Nuestrn i\lallre. Aquella que J er·gue su imparidez olímpica y que es blanca
como una corola de anémona 11emo1·osa, es el arte escultural y plástico: la Estatuaria. l\lira, aquel bello
templete en cuya puerta está sentado el arco iris, pertenece al arte de las formas y de los colores: la
Pintura. Ese otro palacio, de donde sale la voz triunfante de los cobres y en donde tiemblan los trémolos,
como en la niebla de una fragua melódica, es del arte de los ritmos: la Música. Pero recoge toda tn fuer•

�348

REVISJ'A MODERNA.

za adwiratin para el último: aquel que rie en sus calados y encajes y que en la esbelta aguja de su torre
luce el diamante de una pluma de oro. Alli está el arte de la palabra y de la idea, la Poesia, que es música
y pintura, color y ritmo, orquestación é imagen.
Yo:
-¿Y por qul- llamáis Poesla al arte literaria? ¿No es eso restringirla? ¿Por qué no la nombrAis Literatura?
EL EFEBO:

-Si arte do la palabra, Literatura; si arte bella, Poesía. Prosa ó verso, Poesía: arte purn, desinteresada jovialidad del esplritu. Vaya por caso la Ü!'atoria. El periodo que deslumbra, la música torrencial
de la palabra, la voz evocadora, el sésamo de los entusiasmos, de las lágrimas y de las exultaciones; la
vehemencia expresiva, las a.las que transfiguran al hombre en semi4iós .... , eso es Poesfa! La parte utilitaria, el fin benéfico, la certidumbre lógica, nada tienen de común' con la Es"tética. Es bien que apren•
das á separar la broza del terrón minero. Poesía es la que hace gozar por ella misma, sea que muestro
la tersa ondulación de la prosa, ó que se orl11, rizada de compaseR, con los flecos sonoros de la rima.
Poesla es goce inútil.•

POESIA

EN IIO~OR ü~ LOS POETASNORTE-A)IERICANOS.
La musa en el obscuro hipogeo reposa!
Así duerme en 1a:cárcel de su botón la rosa;
Asi bajo la tierr(duerme la gema pálid,i;
Así el canto en.fa Jira; así la mariposa
Dormita bajo el yerto pavor:de la crisálida!

Nos acercamos 11.I palacio, y penetramos en los dominios de la dueña.
El efebo me mostró con el dedo unA. encrucijada.
EL EFEOO:

~Cada camino conduce á una región distinta. Este, el pals de la capa y de la espada, de los St&gt;gismundos y ele los Locos Manchegos; ese, á los infiernos dantescos, á las epopeyas de la Gloria ó del A ver•
no, al itrbol en que se arrullan los célebres amores; aquel va á la patria del lmmottr, al nido de las águi las shakespereanas; el otro, á las brumas del arte metaflsico, del arte sacerdotal y humanitario; y l'so
mayor, es la gran ruta hollada por el fanatismo; la que lleva peregrinos á las reliquias rlo la Meca y dt\
Jerusalén, :í. la vasta comarca ele las tradiciones de lo bello; el sendero restrospecfivo que conducr. ;i la ~
necrópolis del pensamiento ....
i\Ias el uuestro es aquel, mezquino como atajo, á creer en su comienzo angosto y ahogado, A trechos,
ele maleza. Ese nos llevará al país ele lo raro, al pals tle los fakires enigmáticos, al pals del L11berinto .... ·•

Anduvimos, anduvimos ....
Y, al caer la noche, oímos como un ruido de colmena. Era el eco de las saturnalr.s del pals ele
.Francia!

(Continuard).

En vano el imperioso:conjuro de la idea!••.•
r~u vano en el_'granito-con el_~incel_d~ oro
El artista inspirado y afanoso _golpea.•• · ·
Pi&lt;&gt;'maleón a&lt;&gt;'ota sus ansias y su lloro
Si; conmove; tu mármol ¡oh helada Galatea!
Qué aletazo de sombra mató t_u flama, ¡oh cirio!
Qué incubo abrió las alas sobre.tu .b.lanco lecho
y rodeó tus ojos de ojeras de martmo • • • ·
Qué vampiro clavando sus g~rras en _t~~pecho
Sorbió sobre tu boca tu espintu de Lmo? . . ..
En vano en_los. cdstales de _la·onda citerea
l\lás cándida y más rubia que el ámbar y la c,pun:a ,
La todopoderosa, Ja emperatriz,· la'.Dea,
Emerge y opacando la claridad febea,
Al cielo y á la tierra bajo su imperio abruma!
En vano de Setene bajo la luz de_oro
Lle.,.¡ el nupcial cortejo y en el florido lí~eu
Do;de arden las antorchas -yJas syringas gin1cn
Al eco sollozante del timpano sonoro
Estallan en la noche los cántico(del himen!
En vano de Dyonisos las tropas vocingleras
Al sol de la vendimia recorren lasipraderas
y envuelve con guirnaldas y sisti·os resonantes
El séquito en delirio de faunos y bacant~s
Al cano esplendoroso-que: arrastran las panteras~
En vano surg11 Pallas y en su broquel_se irisa
.Convulsionada .y)o1·va la faz de !(Medusa,
Deleites y pavores 1~ piéride)ehusa,
.
Ha tiempo que no logra la luz _de una sonns~
Brillar en la nocturn~ tl"istez~. d_e la -~I¡¡,sa.

y sin embai·go alienta. .... Cuando l-a b~isa led~
r::ntre I;is frnqd¡is haca gemir el harpa eolia,
·

�850

REVISTA MODER~A.
La Musa en el delirio transfigurada queda
Y absorta, levantando su frente de magnolia,
Escucha las canciones de Apolo Citareda!

;

Toda vibrando, ardiente, como la Pithia loca,
Cercada la melena de un nimbo que cintila,
Del tálamo re~urge y al grito que la invoca
Los himnos musicales palpitan en su boca
Y la pasión inflama su fúnebre pupila!. ...
Quó auroras iluminan el hondo tenebrario?
Qué antorchas inflamaron los subterráneos limbos?
t,\uién en tu frente ¡oh Musa! dejó tan claros nimbos?
Acaso las heridas de un Eros sagitario
Las nieves de tu seno llenaron de corimbos? .. . .
Hesurges victoriosa del hondo cenotafio!
Revives al vibrante conjuro del poeta
Y con el ágil diestra de Diana cinegeta
Sobre tu estela borras el fúnebre epitafio
1&lt;:rguida ante el conjuro de Apolo l\Iusageta!
Abraza la teorba, suscita el hondo arpegio!
Apura hasta las heces tu copa de ambrosía!
Y al implorar tus cantos la egregia Poesía
Que vibren tus esti-ofas y que tu numen rogio
Se inflame como un faro sobre la noche umbría!

REVISTA .MODERNA.
Su t&gt;
"'enio entre las sombras de la existencia fioge
Un sol sobre las noches infinitas del Polo,
Su Musa poderosa fué una imperial esfinge
Sin l•~dipo ....
Los genios lo adivinaron sólo!

Ardiendo en los altares de la verdad fué un cirio!
Los abismos celestes exploró su astrolabio,
Las simas infernales sondeó su delirio,
El fue"'O
del profeta quemó su noble labio
0
y albeaba en su pecho la semilla de un lirio!

1 su uumen fué lámpara de oriental Ala.dino
Que alumbró las riquezas del más regio tesoro!
Así heroico el Poeta recorrió su camino
Con la frente abatida y olvidando en el vino
Que el burgués lapidaba sus broqueles de oro! .. •.
Bebió en cáliz de ónix el licor miis acerbo,
Fué su espirito un astro sepultado en un limbo,
Un eclipsA brotaba sobre el sol de su verbo
y en sus sienes la lumbre sideral de su nimbo
A pagó con sus alas tenebrosas el Cuervo.

En tu carcax apronta las líricas saetas!
Evoca en tu salterio los más ardientes sones
Y sangren traspasados de amor los corazones
Cuando al loa1· la egregia virtud de los Poetas
Tus labios musicales prorrumpan en cauciones!

Ananké fué el estigma quo su frente lucía,
y por eso las sombras ocultaron al dla!
Su avatar en la vidá fué el fatal .\nanké,
Y por eso los astros de la noche sombría
1:&gt;on propicios al culto del di,·ino Poé ... .

Los próceres aguardan, la silenciosa exedra
A tu clamor consagra sus ámbitos de piedra ....
Inflama con tus fuegos á sabios y á gentiles
Y sé para ese bosque la enamorada yedra
Y arrójales al cuello tus brazos mujeriles!

¡Oh vestal Mu,a y Pióride! oh virgen soi1allo;·a!
Abre el libro de Edgardo muy antes que la aurora
Llene de sangre el brillo de la última estrella,
y e,·oca entre las sombras á Ligeia y Leonora
y habla faternalmente con la torva Morclla.

Canta ¡oh lira! los bardos de la pujante América
Qt1e al Septentrión llevaron la egregia apoteosi11,
De Bryant y Longfellow el alta virtud férica
Y de Poe la Musa, diYinidad histórica,
Y del poeta Whitman la (•pica neurosis.

Ahi las perlas lucen y sangran los claveles . ...
¡Oh princesa! en sus versos hay trovadores fieles
y amantes sepultados por un hondo Leteo.
Llora sobre esas páginas y dale por trofeo
Tu llanto á ese Poeta que no tuvo laureles.

Bryant sueila en la vida fecunda y en la muerte
Su musa es la Tristeza; pero su plect1·0 fuerte
Enflora en el salterio la trágica harmonia,
Así la ThanatopsiS:dulces consuelos vierte
Juntos al más acerbo clamor de_la elegia . . ..

Y en honor del poeta sobre su tumba fria
Entona el más amargo clamor de la Elegla! . . . .
Despeina tus cabellos luctuosos y dolientes
1 queda en sus umbrales silenciosa y sombría
Como fúnebre esfioge de pupilas ardientes . .. .

El numen de Longfellow como un Oriente irradia!
J:.:s refulgente aurora que todo lo ilumina,
Y en su inmortal Poema la cándida heroína,
Lirio lleno de lágrimas, en el jardín de Acadia
Surge como un arcángel de luz Evangelina!
Y pasa en el recuerdo la novia sin ventura!
En las brumosas piayas del doÍ¿roso exilio
Arrastrando los velos de su nup\!ial blancura,
Y al fin desv1u1ee:ida sobre su amante idilio
como un sauz doliente sobre una sepultura!

Si,es Longfellow:e1 bardo de las primaverales
Selvas americanas, si se refleja~el cielo
De sus rimas sonoras en los tersos cristales
Edgard Poé, nimbado de fuegos infernales
Es el trágico numen del hondo desconsuelo.

Esfin&lt;&gt;e de azabache con ojos de topacio
Uuard:la torva l\Iusa de Edgard Poó el palacio,
Pero llegan los ecos de súbitos clamores
y al ~on de los clarines y de loa tambores
Conmuévase con ópicos rüidos el espacio . . . ,
Es \Vbitman que aparece! Sus liricas legiones
No lucen áureos cascos como los mirmidones,
Pues nunca ensangrenta1·on las tierras ni las aguas;
Su amor llenó de mieses los áridos terrones
Su afán forjó los hierros en las ardientes fraguas.

351

�:l5;?

REVISTA MODERNA.
Es Wbitman el humano y el lírico poeta!
El que miró en sus claras videncias de profota
Un águila triunfando sobre una flor de lis.
Es él el demagogo que toca su retreta
Honor á las legiÓnes del buen poeta gris!!
Sobre su noble frente donde el invierno hiela
l'n gorro frigio luce su gran escarapela ....
llajo plebeya blusa se oculta el negro frac,
!·'.s una Marsellesa do libei·tad. su estela:
Y así pasa-el ,·aliento canto1· del Potomac.
Bryant ol pesaroso, Longfellow el cli\'ino,
EJgard Poé, vidente de misterioso sino,
Y Whitman, el que asume la voz de los prof'&lt;!ta~!
Ante vuestras grandiosas magestades me inclino!
Honor á los laudes y ~loria á los poetas!
La !,lusa llora en vuestros alth·os mausoleo~,
Y deja cual ofrenda de Ji I icos trofeos

La sangre de sus venas y el llanto de sus ojo~;
Diamantes que .se irisan á los rayos febeos
Y corimbos ardientes, deshojados y rojos!!
¡Oh genios! de las altas regiones siderales
Do viven venturosos los estros inmortales
Descienda vuestro numen del bien inspirnrlor
Y cesen las discordias y vivan los mortales
!' nidos en el Credo Divino clol amor!!

\ á vuestro influjo ruireu las gentes ,·enideras
De olivos coronadas las épicas cimeras
Cesar á los cañones su ronca tempestad
Y á todos los colores de todas las banderas
Tendiendo un arco- iris sobre la humanidad!
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"BA por la calle plena1nente feliz, ritmdo á los duendecillos danzarines quelibeluleabau ante sus
ojos enantes é inflamados por el absintio; su vieja corbata. deshecha. flotaba a l viento como
un Yelacho, su fieltro hongo plegábase innoblemente sob1·e sus luengos cabellos grises y semejaba un murciélago sobre una chimenea, sus harapos destroza.dos remedaban grotesca•
mente una americana abotonada y un pantalón holgado; y de su barba en torbellino surgía
una nariz perfilada en Bízancio y asomá.base á. menudo un engarce de dientes blancos tras
sus labios marchitos, quemados por la combustión diaria de alcohol.
Iba perseguido por las risas estudiantiles que ígno1·aban la vida, y estigmado por las indignaciones
bcrguesas .... que ignoraban también la vida!
Pero úl reía al crepúsculo de oro, á la esplendorosida.d vesperámica. de aquella tarde en que el vencido seguía el libeluleo de los duendecillos que rondaban sus ojos, cual sí fuesen flores nocturnas abiertas al fulgor de los astros ....
De pronto el noctámbulo detúvose frente A una taberna henchida de bebedores; atisbó y escudrü1ó
buscando sin duda un camarada á. quien ha.rponea.1· un trago, pero como no lo descubriese, detúvose
pensativo á las puertas. Ya no rela. Sus ojos fla.meantes devoraban con mirada ávida losvasos rebosantes de bebidas plebeyas que eran sorbidas por bocas febriles y recordaban un filtro envenenado sorbido
por vampiros. Era sábado, y los obreros acudían al tributo sabatino con religiosidad druídica; aguijaban hacia la tabema ::nsiosos de dejar en ella su misero jornal ganado de sol á sol en faenas de negros;
espoleaban á eclipsar en el alcohol su sol de sangre, la fatalidad fulminadora que los habla echado de
bruces en la ergástula moderna de la gleba aplasta.da por el trust de los fuertes! Grupos haraposos, de
cuerpos espectrados, de pechos caquéxicos roídos por la ol,ra de zapa de la tisis; grupos miseros del rebaño esquilado y alimentado con bellotas, se atropellaban por abrevar en el Leteo innoble que da el embruteci,uiento á trueque de la salud, de la dignidad, de la inteligencia y del bien!
El noctámbulo husmeaba con deleite, como zorro hambriento, el hálito de las irnforas abiertas, escapado en emanaciones acres, volátil y envolvente, cual si los esplritus del alcohol flotaran en el aire dotados de sagacidad sujestiva, y filtrándose por los sentidos fascinados, intoxicaran el ardor báquico, mits
temible que el uror de las bacantes, en el espil'itu que una vez sedien'to de alcohol, no se saciará jamás,
transformado el organismo· á quien alienta en un tonel de Danaídas! ·
El noctámbulo entrístecióse lúgubremente al no encontral' ningún amigo. Cruzóse de brazos y reclinóse sobre el alféizar, y sus ojos se perdieron explorando 1a·negru1•a del barrio desierto, el zigzagueo
morisco del México leyendario que guarda aún vestigios de la ciudad virreinal. Yo le habla seguido, y
asombrábame de no verle enyilecido hasta. mendigar un poco de alcohol; el hombre sufría, hablase le
vantado sin duda de un largo sopor del coma y empezaba su consuetudinal'ia correría nocturna en busca del amargo placer. ¿Era pues un ebrio que descendía IÍ la al&gt;~oeción trnhajosamt'nlr, rn lnr ha pOI'
'ialvar del naufragio un resto de vm-güenza imHil .-.. ? · ·
Le toqué suavemente en un hombro:
-~Quiere uste4 beber conmi 9 o una copa?

�REVISTA MODERNA.

.REVISTA MODERNA.

J'.:t me miró desconcertado. Yo prosegul:
-Soy destEmocido en este barrio y no me agl'ada beber:Solo .. . ,.
. .
J~I sonrió ante mi sonrisa y se apresuró á aceptar. Nos instalamos en un nncoa de la taberna, ~epa·
rados del oleaje que burbujeaba en c1·eciente marea. Yo platicaba de cosas flotantes en un sueuo do
hastlo, palabras que se escapan cual d(una válvula del cerebro vigila~te, siempre en com?ustión, en
tanto que ól bebla ávidamente, entregado á una súbita confianza. A medida que bebla, sus ~JOS volvlan
á s(Unelr ¡\. los duendecillos que danzaban ante sus ojos en ronda de silfos enamorados de abierta~ flo_res
nocturnas. Las cien mil lamparas de Aladino de la embriaguez encendlanse en su cerebro en feér1ca iluminación constelando las tenebrosidades de sus males .... y sonreía, sonrela con la incierta Y cuasi de·
mente so~risa de los seres debilitados por la orgla perpetua. Su alegda necia me exasperaba, me quemaba, y de pronto, cruelmente, le increpé:
-¿Usted no ha sufrido en su vida?
.
.
Un latigazo chasqueó en su espiritu. Sacudió la cabeza para espantar la nubecilla alada de los s1~fos danzantes, vuelto brutalmente á la realidad, á la torturante realidad que bula su pobre cerebro v1•
sionario, y en voz jadeante, dolorosa:
.
.
-Usted también .... !-dijo-usted también cree como los demás, que yo me embnago por mnoblo
vicio!. .... Ah, si!. .. . . Soy un vicioso, soy un relapso, soy un perdido, soy un leproso que me arrastro
en las sentinas satánicas!. ... Pero también soy muy desgraciado!. ... Hace diez aiíos era yo bueno .. ,.
Vivía honradamente, trabajaba para ganarme la vida en labores ele escritorio, pues me encontré desdo
muy joven solo en el mundo y no pude cultivar ni mi inteligencia ni mis brazos en ejercicios espe~ula•
tivos ó prácticos; yo era animoso y fuerte; con mi rudimentaria educación afronté la lucha, y despues do
fracasos vulgares en los luchadores débiles, llegó un día en que creí asegurado mi porvenir, aceptado
y considerado en una gran casa sólidamente establecida de luengos años atrás. Pronto me vi rodeado
de bienestar moral, pues se me confiaban trabajos delicados y comisiones honrosas, y varías veces ful
en representación de mis jefes á arreglar negocios de importancia en lejanas zonas algodoneras de Du.
rango que eran manejadas por la poderosa nl.'gociación de que era yo empleado. llli pulcritud en ves•
tir, mi cortesla nativa para quienquiera que fuese, mi carencia de placeres viciosos, dióronme pr~s~igio
y despertaron simpatías en torno mio; y yo, halagado y deslumbrado por aquella alborada de fehc1dad
que había sido mi sueño, amplit'.• mi modesta ambición hasta desear la redención de mi soledad, una dul•
ce compañera de amor ... .
Una mañana, la marea rebosante del Empedradillo arrojó hasta mi una morena encantadora, do
t•,ios moros apasionados y lánguidos, de imperial cuerpo hebreo graciosamente blondado y coquetamcuto aparasolado por un fresco sombrero de primavera. l\Ie miró, tentadora y complaciente en le,·c souri·
sa, y me cautivó. La sl.'gul encantado, vencido por su seducción, con el pecho oprimido por secreto do·
lor al ver In cauda de deseos que iba estelando su belleza turbulenta; con asombro y alegria vi que al
retirarse de la brillante avenida, se all.'jaba de las calles aristocráticas y se internaba en un barrio hu•
mildo, hasta que traspuso los umbrales de un entresuelo de balcones volados y florecidos de malvas rea,
les y geranios. Al entrar, la hermosa me despidió con una sonrisa, que fuó mi golpe de gracia. Me trans•
formó en sombra de la morena encantadora, pero mí timidez para las mujeres me impedla acercarme,¡_
olla, hasta una noche en que Gracia misma fué quien me llamó y en voz flébil, melodiosa, insinuante,
que revelaba para mi una ingenuidad adorable, hizome confesarle mi amor, contarle mi vida, abrirle mi
corazón en esa impetuosidad re.primida largo tiempo en los seres privadc,s de afecciones; nos amamos, ó
más bien, la amé con frenes!, concentl'ando en ella mis adoraciones de níüo y de mozo, los cariiíos do
mi alma apasionada, tal'dlos y granados en la soledad, que despertaban al beso del sol cual explosión
de rosas salvadas de la sombra, de la muerte,
Gracia me venció, me dominó, me ató á la más dulce de las esclavHucles; los contados días en que
la tiranuela me pel'mitla verla, era yo muy dichoso; palpitábamé el corazón en vuelcos precipitados
cuando, venciendo mil peligros s •gún ella me decía, asomábasc presurosa al balcón y cambiaba conmigo unas breves frases, ordenándome imperativa y sobresaltada que huyera; y yo obedecía venturoso y
ávido de partir con ella el peligl'o que se quedaba á desafiar sola, pero inclinándome á su mandato. Por
frases escapadas al azar en medio á su perpetua nerviosidad, supe que la vigilaban constantemente, que
la tenlan recluida en aquel hal'rio por haber rehusado casarse con un hombre quien alJOrrecía; que
pertenecía á una familia acaudalada y que nuestro amor debla permanecer secreto basta el día en que
nos unióramc,s á despecho del mundo. Pal'a comprobar sus aserciones, veiala á. menudo suntuosamente
,·estida, en carruajes con librea, pero sin blasón, ó dando el brazo á elegantes caballeros que ella me de·
cia eran amistades de su familia; pero esto á mi no me sorprendía ni me inquietaba, pues adoraba á
Gracia con idolatría, con fanatismo y jamás la sombra de una sospecha pasó rauda por mi frente.
Al contrario, viéndola joyante y deslumbradora de lujo, la ambición m(espoleó ·para equipararwc
á Gracia, para conquistarme la independencia y la riqueza con mi propio)sfuerzo. Trabajaba día y noche, sin flaquear, penetrándome de las combinaciones mercantiles que mi jefe supre:.10, satisfecho de mi
fidelidad bien probada y de mi prodigiosa actividad,'.dejábameestudiar y muchas veces resolver, sancionando mis decisiones. Llegué á ser necesa1·io, llegué á se1· participe y socio de la casa, y por último, un
cll-a manifesté á mi jefe mi resolución de separarme bajo su patrocinio para fundar una negociación
propia y libre. l\Ie abrió los brazos y me conceqió lo que pedia, augurándome un porvenir brillante y
ofreciéndome su apoyo en todo.
·

Para celebrar mi emancipación, fui invitado á su mesa, donde me presentó ,~ sus hijos, no ya como
subalterno, sino como uu futuro negoaíante,-•y aun futuro competido1·,• - aííadió sonriendo. A los pos•
1, es, ful invitado por el menor de sus hijos, calavera de notoriedad, á pasear en canuaje después de una
partida de bolos, y ya á solas los dos, tropezamos con una banda de amigos suyos, elegantes desocupados que iban de juerga, y nos enfrascamos alegremente en los bares elegantes, bebiendo lo que ellos
querían, pues á mi me era indiferente optar por cerveza ó brandys ó hitters; al caer la tarde la emhria•
guez estaba en todo su esplendor .... jamás habla sido yo tan feliz! l\Ie sen tia aclamado en el pórtico
triunfal de la vida! :i\Ie sentía fuerte, vencedor, igual á los brillantes jóvenes que me abrumaban con sus
amabilidades.
Uno de ellos propuso de pronto que nos traslaJáramos á casa de Carmen.
- ¿Qué Carmen?-pregunté. Y un coro de carcajadas me contestó.
--Cómo!- apostrofó Ruiz Ordaz.- No conoces á Carmen, la matrona mits ilustre de l\Ióxico?.. ... No
has rcbafiado en su harcmlike?
Y yo, que me sentía capaz de restaurar un rapto de Sabina~, fui ele los primeros en lcvautarmc. Su-

35.t

:á

355

bimos á dos carrnajes que esperaban á sus due1ios bajo la lluvia, y arribamos á uua casa aislada cu uua
de las más distantes colonias, rodeada de inmuebles y pequeños palacios solitarios.
Fué una frrupción. No bien cerramos la puerta, un himno báquico saludó á la antigua pupila de lupanar ascendida á reína, dominadora en su amplio peinador y bajo la masa empenachada de sus cabellos
rojos. Mi presentación fué una cortesanía de ópera bufa. ·Y ~in más ceremonia nos instalamos á placer
sobre los anchos y muelles divanes de aquel recinto que parcela un enorme lecho blando, suave, sensual, capitonado de sedas y blondas; los camarines veíanse entrnabiertos, esparciendo tiobre las alfombras rosadas y lilas fulgores atenuados de lámparas veladoras de los misterios del amor; y el ambiente
cargado de violeta enervaba, adormía, ensoííaba la inte!igencia, ell tanto que los sentidos abrían sus
válYulas y aprestábanse á las luchas gloriosas de Eros!
- Violante, Laura, Amelía y Rosa me visitarán hoy, dentro de, un instante;- escucbé que decía la
matl'ona.-Adoración y Berta vendrán al momento que se las llame; pero nos falta una .... . Ah!. ... . la
misteriosa con quien dormiste, Ordaz, la otra noche!. . .. ¿Te gusta? .. ..
- No,- dijo el joven con displicencia,- es demasiado apasionada para ser sincera ..... prefiero ,i
~osa . . . ..

�REVISTA MODER:SA.
-Yo la quiero!-d.ije impetuoso, enardecido ante la confidencia.
Carmen miró uno pot· uno á los jóvenes, quienes se apresuraron á garantirme.
- Confla en él como en mi, Carmen,-concluyó mi introductor.
Ella se inclinó ante mi, en actitud de quien se disculpa, y en este instante cuatro muchachas precio.
tta~, elegantemente ataviadas, entraron saludando con intimidad, cual si_recibierau ellas en su propia
casa il amigas del alma, con besos y graciosos diminutivos. La faunalia entró en pleno período efen·csccnte; las copas de champaña burbujeaban heridas y prismadas de luz; las risas sonoras volaban en el
viento cual enjambres de golondrinas locaEi; al entrar las otras dos primorosas llamadas á gran prisa, la
algazara creció desbordándose en estruendosa orgial Los amadores habianse apareado, mas esperaban
por galantet·la á. que todas lu parejas estuviesen completas, y como la desconocida tardase, las ninfas
eran devueltas á la gracia antigua, á la belleza antigua, á la revelación pagana de lasJormas._no ·velarla@, sino apenas por cabelleras sueltas .... ! Rosas vivas, rosas frescas de pistilos dorados ó negrísimos
en Yellazones sedeñas, surgían cual crisálidas de capullos reventados, entre maliciosos pudores, ruegos
apasionados y besos sonoros y asaltantes .... Yo estaba embriagado más que de vino de embelesamiento morboso.... Ah, si! .... aquel era un haremlike, ó una bacanal romana, ó una saturnal_.griega! La
docilidad con que las hermosas hablanse apresurado á complacerá los libertinos,'probaba una asidua
costumbre en aquellas tiestas galantes!
De pronto, el rodar de un coche oyóse en la calle, Carmen vió al trnvóS: de las persianas y dijo: • Es
clla!, -y entonces uno de los jóvenes se adelantó y ordenó en tono teatrah
-Si entra, que entre como Frinea!
-Sl, si! .... -Corramos todos.-Como J&lt;'rinea!
Laura y Ordaz salieron al encuentro de la recién llegada y conferenciaron con ella. Se resistia entre risas, pero nuestt·a decisión era inapelable, y por último, un aplauso de Ordaz nos dió el triunfo. Diez
minutos de espera anhelante, y luego un estremecimiento cuando ella entró, seguida del joven, arrebujada hasta la frente en una colcha, y al descubrirse, impúdica, sonriente, vencedora por su soberbia belle•
za lujJiriosa, un grito de triunfo unánime y un grito de horror mio, porque aquella mujer era Gracia! .. .
Al decir esto, el ebrio sacudióse en una embestida espantosa de rabia, de dolor, de desesperación,
de frenesí; bebió de un trago su vaso y lo azotó vacío despedazándolo contra las losas; en tanto que
yo, taciturno, en rebelión conh·a la eterna fuerza aplastante, volvla sañudo los ojos ante un abominable
cuadro: los ebrios, en el paroxismo del furor báquico, gritaban enronquecidos hinchando la taberna, so
íuj¡¡riaban con una. exaltación demoniaca, los ojos inyectados y fuera de las órbitas, el equilibrio perdido, la lengua trabajosa y torpe! Los venenos emponzoñados hervían en aquellos organismos gastados
por el trabajo diario y por el implacable vicio; y en medio á aquel pandemonium execrable, á aquella
sinfonía satánica de aullidos horribles y crispadores, el vencido esperaba ¡;u único descanso en la tiena:
el libelulear de los duendecillos en torno de sus ojos errantes. , .... !
HlQI.
Hus,;;~ ilI. CAMPOS.

SOL01 ....
A D, L11is D. Molina.

En la sombra,
cuando empiezan á encende1·se las estrellas,
yo no sé (en el misterio) quién fue llama, quiélimc nombra,
oigo pasos tras mis huellas;
y á la luz-polvo de plata
de la suelta cabellera de la luna, que me miran
unos ojos muy profundos y muy negros,·y dilata
su tristeza mi suspiro en los céfiros que g-iran,
La campana lejos, lejos,
li los 'últimos reflejos
de la tarde,
lanza y llora su sonata de plegaria
\Tésper surge, treme y arde
solitaria.
Alguien habla á mis oídos i1 las veces
y :í. la pálida vislumbre
cabecean melancólicos los sonámbulos cipreses.
En el cielo cuánta lumbre!
En mi alma
sombra, sombra, sombra y sombra,
en el seno de la noche cuánta calma!
;.Quién me llama? ¿quión me nombra? ....
Su recuerdo! que persiste,
que me agobia de tristeza;
.r P/l&lt;J pasa tambi~n trist~
y se prende como ni111bo de piedad á mi cabeza!

JEs~s E. YALE~Z UEL.\

E~ELFOZO.
(DE LA LECTURA , DE MADRID).

(C ONTl~ Ú A ) ,

P.idro opinó que el hombre suelto no suele hacer ni honra nl dinero, y tuvo la suerte ele enamorarse,
y A poco vió realizado su ideal. Su casamiento con la Relimpia no alteró la vida de los dos amigos: siguieron viviendo bajo el mismo techo, cada vez más unidos en la tácita sociedad de bienes, y á poco, á.
gestiones de 11.1. Relimpia, obtuvieron la contrata de aquel pozo en que esperaban hallar la base de un
bienestar que, sabiamente dirigido, pudiera traerles algún dla el descanso con que el obrero sueña, y l's
la obsesión de los que aún no han perdido del todo la esperanza. l\Iuchos antiguos obreros de la mina
andaban por alll, enriquecidos, aburguesados, dando á sus hijos una educación que los alt&gt;jaba del medio en que ellos se criaron. Y estos ejemplos avivaban la sed y el hambre de posesión.
Sabiase que el azar, el capricho, el favor, vallan más que el trabajo y la conducta para estas rápidas
ascensiones en el medio social; y por esto las pobres mujeres se deshacían en halagos, y los débiles hombres en solicitud servil, en tomo de los jefes y mangoneadores del negocio. Habla que vivir, y no- toda
aquella riqueza inmensa que extralan de la tierra habrla ele marcharse así porque si, sin df'jar siquiera
lns migajas en las manos encallecidas.
Todo aquello era conuptor: desde el trabajo que vol\'la al hombre á lo condición de bestia, hasta el
favor que casi siempre lo hundía en otra condición de servidumbre.
Era un pueblo anormal: no tenía patria, no tenla Dio:1, no tenla vida jurídica: alll no había más que
La Compmi.ia. Era el Dios, era la patria, era el Gobiemo ..... lo era todo. Cosas suyas eran el suelo, el
subsuelo, el aire, el agua, la vida, la honra y la hacienda de aquel enjambre humano, que la necesidad ó
la codicia removla.
Así Pedro y Pablo, mientras dejaban caer los martillos sobre los barrenos ~• éstos entraban millme•
tro á millmetro en la masa de mineral, p~nsaban en la La Comvatiía, en aquel sér todopoderoso, que con
un gesto invisible, con la más simple acción, podía sacarlos de aquel pozo, ele aquella pobreza, y hacerlos
ricos, dichosos, sin que tuvieran que temblar ante el porvenir.

JV
Cerca de la media noche llegó el relevo: lo menos tres horas hacia qu~ P¡iblo se fué para sacar del
almacén dinamita y cápsulas y hacer formal reclamación sobre aquello de.lu mechas.
Al muchacho ele! tomo lo despabilaron de su modorra perpetua, adquirida en aquellos grandes ratos
de obscuridad y de inacción; salió Pedro del pozo; estallaron los barrenos, y fueron los dos trabajadores
á continuar ahondando, á luchar con la roca, como héroes tranquilos y silenciosos.
Solo, y satisfecho de ánimo, por el resultado de la jornada, iba Pedro por aquellas galerías que sudaban vitriolo. La eterna noche le envolvía; el silencio de las profundidades deshabitadas esparcía su espanto .. . . y fué allá, en el cruce de los últimos pisos, á treinta metros del boquete rojo por el que entraban los de perpéuta, y alll gemlan 6 cantaban, según por lo que les daba la desesperación. donde encaróse con él el mayor granuja de la mina, un tagarote que vivía de sus gracias en aquel mundo negro,
del que no salla porque le gustaba, porque aquello le parecía hermoso, y porque le daba la gana de no
ver el honible sol ni la horrible tierra con sus amargas desnudeces.
Comía en todos los ti·abajos, bebla en todas las cantinas, dormla en todas las cuadras, se calentaba
en todas las calderas, se refrescaba en todos los ventiladores .... Alli no había invierno ni verano, ni primavera ni otoiío: todo el tiempo era uno, como era una la humanidad que trabajaba y moría.
Era el hombre libre, el hombre ideal, sin lazos, sin afectos, sin necesidades, sin angustias, sin debe·
res . . . . habla tenido que renunciar á la tierra y á la luz, pero fué renuncia gustosa. Que no le hablasen
de las cosas que succdlan alú.i an·iba. Y de las de arriba y las de abajo, eEtaba muy al corriente.

�REVISTA MODERNA.

REVISTA MODERNA.

Era el lector de periódicos en los corros ele ol.Jrcros; y en los descansos de cigarro y comida, veíase
al zagalón leyendo, medio declamando, cosas muy radicales, á la luz del candil enganchado en la piedra.
Aquella pobre gente envejecida bajo la costra de polvo mineral, soñaba con un mundo J(ljano, con
una ciudad fantástica habitada por la \ ' erdad y la Justicia .. ..
- ¿Allá arriba? ¡Bah! ¡Pronto hizo un año!- derla burlescamente el lector, que no crela posible bourlarl ninguna, á no ser del noveno piso para abajo.
·
Rste trástulo tan simpático como inevitable, se encaró con Pedr&lt;', y meneando el candil- que uno
cnalquiera llrnal'la cl(I aceite, - rnmpiú A cantar con admirable brlo:

pe ó embriagado, que entraba y salla de los cal'riles sin darse cuenta..... Anduvo abí, con ti candil encendido, como alma en pena, y al llegar frente á los hornos, sentóse en un risco á pensar, hablando solo,
gesticulando. La llamarada espantosa. que salia de aquellos montículos de arcilla rcfractal'ia, con sus re·
!;impagos verde!', azules, l'Ojos, en que se fundían el cobre, el azufre, el arsénico, toda aquella endemoniada compostura de las piedras que sus brazos anancaban, le atraía: parcela juntarse en un abrazo
plutónico y aniquilador con aquella otrn llamarada. silenciosa que le devoraba las entraííae.
Paree la que el siniestro fnlgot· de aquellas cosas rugientes que se derretían en los hornos, le iba metiendo la luz, corno de un hachazo, en lo más doliente de su propio sér. Y vela ...... vela ya bien claro.
l~I hombre razonaba, y sentla que toda la amargura de su razonamiento le confortaba en vez de aniquilarlo.
- Que ese le guste máe, es cuestión de suerte: yo creo que en su pellejo baria lo mismo. Es más mu.
chacho, más alegre, tiene un don .... Que se quisiel'an antes de que un mal viento me tl'ajera aqul, es una
cosa, vaya, que tenla que pasar. Pero ¡engañarme! ¡Esos con quien se parte e) P,an y la vida ...... ! ¿Por
quú no me dijel'on: mira, esto está acotado, ¿eh? acotado, pol'que es del amigo? y ya podla quedar en el
cochino mundo una sola mujer, esa; otra mejor, la diosa de Venus, y para Pedro sel'ia como esto: piedrn,
tierra, una cosa que se ve y en que no se repara ....
Pero ¡a.hora que la quiero!. ... ¡Sabel'IO ahora! ¿Cómo los voy á mirar? ¿Para qué voy á tr;.bajar y :'1
pasar fatigas? ¡Se acabó la alegria, se acabó el mundo!
.
Y con ambas manazas en la cara, enco1·va.do por un gran dolor que entraba en todo su sér como la
.~anr¡ria ardiente y roja do un homo de fundición, quedóse allí largo rato, iluminado desde lejos por la
rspantosa llama que convertía en masa liquida y radiante, de una pureza infinita, los negros peclruscoR
arrancados al corazón de la tiena.
¿Por qué esa llama no envolvía al mundo y lo derretía, purificándolo, convirtiéndolo en un raudal
deslumbrantt', que escupiese la escoda y surgiera en {mreos chorros, abrasando en un momento tortas
las iniquidades?

358

• Abre el ojo, compaclrr,
que te la pegan,
y vas pasando por eso
fatigas negras.•
- Hola, Lagarto: ¿qué demonios cantas?
- Nalta. Abre el ojo, compadre . .. . etcétem.
- Vaya, está el día alegre.
- ¿El ella? ¿Hay aquí ella? No me habla enterado. F,3to se cstiL poniendo muy mal. Hay que írsr mlts
11li:1jo ... . A ver si esos ropasueltas acaban el piso, y nos mudaremos. ¡Hace aquí un aire . ... !
Y como ni irse Perlro, el Lagn1'lo se quedó parado, haciendo rscs con el candil y cantando í1 gritos
¡Que te la pegan,
que te la pegan,
que te Ia, r.i:~a~, ..•.
rnvolviósc aquél como un Ligrc, agarró con las manazas el b:·azo d(•I canfor, y ron nnn calma que cleR·
mimtla el semblante, dijo:
-Bastarle copletas: ahora mismo, ít decir lo que SPp:i!'; ;i ,·cr A qué viene esto.
...., " • .
-¡Ah! pero tú crees .... ¡Valiente bruto!
..
-Creo que tú nunca babias en balde, ¡granuja! Siempre quieres decir algo ..... y lo dices: te conozco. Yo te di el pan aquí dentro, ¿te acuerdas? Bueno. Pues suelta el barreno y que vuele el mundlY.
- Por mi, que vuele¡ pero suelta.
.
- ¿Yes ese pozo cola.ero? ¿Tiene veinte metro~? ¿i\Iás? . .... Pues como soy quien te está agal'l'ando,
oye: como ese candil tiene luz, si no hablas ahora mismo, de una p11tada te tiro al pozo. ¿Sabes que es
verdad, eh?
- Bueno, ¿y qué? Por eso no Yas á dejar de ser un . .. .
-¿Un que?
-Lo que la gente dice: demasiado amigo de PalJlo.
-¿Eh? ... .
-SI. Y no de ahora. De antes.
- ¿De antes? ¡De antes! A ver cómo eso eso: de antes que yo . . . . . . ¡Ya, ya! ¿Sabes lo que me parece
tocia esa música? Una cochina mentira.
-Yo creo lo mismo. Pero suelta ....
-Si no lo pensase más que tú, ahora mismo se acababa: ¿,·es? Ahl el pozo, ar¡ní li'1. Lo dicho: ,te una
patada, adiós el granuja, con lo que lleva dentro.
- Es que tenclrlas que echar al pozo {L medio mundo: :i los de arriba y á los de ahajo; ¡vaya una
salida!
-Oye, Lagarto: ¿soy un hombre de bien? ¿me emborracho? dilo: ¿soy tirano para el compaiíet·o? dilo.
Cuando algún pobre cae en esta guerra sorda de aqui abajo, ¿no acudo? Estos brazos, estas patas y el
aquel de adentro, ¿no están siempre lo mismo para el trabajo que para el compaiíero que los necesita?
Aquí, donde si los unos no somos por los otros, la vida es un cohete, ¿me has visto renegar? ¿me has ,is•
to huir ni echat· fantesia? ¡Dilo!
-O te callas ya, ó lloro; mira que lloro, porque eres bueno, y noble, y lo que te pasa no lo mereces,
¡Cofa~ rle allá aníba!
· - Úyeme: sí á mi, ¡que soy un hombre! me pagaran asi, me trataran asl, judiquearan conmigo de esa
~~nera, c~ando nadie ha ~uesto á nadie un cuchillo al pecho para que diga. si en Jugar de no, ¡óyemr,
h1Jo! te lo Juro, ¿,·es? te lo Jm·o, serla una fiera: lo más bárbaro del mundo. Porque ..... ¡caramba! ¡mira
que eso es gordo! ¡:\lira que no puede ser más gorrlol ¡A ver si encuentras algo que sea tan pero y tan
Ri¡.motivo . . . . !
h

•••

V
Con esta plldora en el cuerpo, Pedro se dejú ir il paso lento, no como otras veces, que se tl'8ga·1a el
camino. Al pasar por el fondo de la corta miró A lo alto y vió una estrella blanca que refulgía en la soledad azul. Pasó por el tt'rnel en que las máquin11s silbahan estt·(lpitosamente detrás de aquel minero tor-

,1
'/

l.

359

Bien tarde era cuando llegó P&lt;!dro á su casa: dijo que se senlla mal, y no quiso comer. Pablo no estaba: andaría poi· el pueblo enreda.do en alguna seria partida de tute ó en otra cosa por el estilo.
En la alcoba, en que apenas cabía la cama matrimonial, , ·ió Pedro la chaqueta del compañero. La
llelimpia la cogió de un puñado y la tiró fuera, diciendo:-Todavla está aquí ese asco: no tiene una
manos para echar remiendos.- Y luego, para echarla más lejos, la hizo volar de un puntapié.
-¿Ves? Lo mismo haría con tu compañero, ese cochino apóstol.
Pedro sintió que a lgo muy grande, muy terrible, iba á estallarle dentro, en el pecho ó en la cabez11:
agarróse á la cama mientras se tragaba un gemido mortal, de esos que salen desganando .... y cuando
ya tuvo fuerzas, al tenderse como quien se echa en la sepultura, dijo con voz desfallecida, entrecortada,
humilde, con la voz de un vencido:
-Anda, mujer. ¡Qué cosas dice:,!
Fué aquella, para el apó8lol Pedro, una noche espantosa. Sentía ei amargo prodigio de las distancias: aquella mujer, cuya respiración le inflamaba el pecho, estaba muy lejos, al lado allá de un abismo
infinito, de un mar brumoso y sin orillas . . ..
Tenia ali! su cuello, su corazón .... le bastaba alargar un poco las manos, crispar algo sus músculos
acostumbrados á batirse con el mineral: más blanda es la carne que la pied1,a; más pronto sale la vid~
qu~ un pedazo ~e pirita de su masa . . . . Pero siempre la distancia sería igual: dormida ó muerta, aquella
ruuJer estaría lrJos, separada de él por un abismo infinito, por un mar brumo-so y sin orillas.
Y Pedro sentia que una llama intensa y cruel a~laraba todas sus ideas: parecía vivir en otl'o mundo.
Las cosas las veía con uua lucidez desgarradora. El, que era torpe para todo lo que no fuera trabajar
dent1:o d~ min~, trabaja.ha ahora en la profllndidad del pensamiento, en el problema angustioso de su
propio v1v11·, amargado ya, destruido para siempre, como un mal trabajo que se derrumba aplastando :i
los pobres obreros que no saben lo que hacen.
- ¡Con mala veta hemos dado! ¡Ah, qué condenada veta!
Y así se estuvo hasta que la luz del dla vino á echar de la cama al mundo trabajador.
Al mediar el dla, cuando los barrenos empujaban á las gentes hacia las casas, salieron los dos apr!stoles de la suya, con el equipo del trabajo.
Pedro iba distraldo; no dijo á su mujer aquellas cosas que la solía decir con un lenguaje rudamente amoroso, áspero y codiciable como el mineral nativo, casi puro, y, por lo mismo, raro.
- Mala cara lleva el vecino- dijo á la Relimpia una de las comadres del barrio.- Cuidelo usted porque en esos pozancos en que trabajan, se cogen calenturas y baceras y cosas del padrejón que tumba {1
un cl'istíano. Yo estuve alli vendiendo aguardiente cuatro meses y siete dlas' .,v si no salgo' me entienan·,
que aquello hay que verlo. Ni las benditas ánimas estarían á gusto!
-~···
- Vea usted, vecina, cómo ese brnto ha puesto la almohada ... . chorreando· y con un churrete &lt;le
mineral que da asco. ¡Xo se qué hacen estos hombres!
'
-Eso es que el suyo ha llo1·ado. De allá abajo no se sacan más que esas cosas: calentura bacern
'
'
pa ti 1'!'J'6 n . ... y llanto. :No le arriendo la ganancia.

!ª

�360

REVISTA MODERNA.

ARo IV

MÉXICO,

1ª

QUINCENA DE DICIEMBRE DE

1901

NóM. 23

n
Llegó el domingo aquél que los apóstoles tenían designado para su comilona intima: como Pedro andaba malucho y muy desganado, esmeróse la Relimpia, gran gisadera y asaz primorosa, en aderezar
una comida no para mineros, sino para apóstoles de verdad y aun para obispos, según el decir de Pablo.
.Ent1·e los tres cargaron con la vianda: Pedro llevaba el talego del pan y la fruta; la Relimpia, aquellos manjares más jugosos y delicados, tales como la tortilla de jamón de patatas, el conejo encebollado,
el lomo en manteca y las suaves albóndigas en que habla cargado la mano de ajo y de pimienta; Pablo
llevaba 1\. cuestas la imponderable bota de las cacerlas, un mediano peJIPjo, cuya pez daba al vino
hlanco un saborcillo por demas áspero y agradable.
Al pasar por la fundición, salió el capataz á dar el alto.
-¿Sangramos ese horno, ó qué?
-Tráete la henamienta,-dijo Pablo descargándose.
Acudió el capataz con el jarrillo de lata, y éste por mi, este otro por la compaña, ahora esotro por.
que salga bien lo del pozo, allí se hubiera quedado bebiendo hasta el dia del juicio.
Pedro no bebla, ni hablaba, ni estaba alli: miraba con extraíia fijeza á un punto de aquel infinito
amontonamiento de rocas rojizas; buscaba con la vista aquella piedra donde se sentó en una noche triste y aflojó las riendas de su dolor, delante de la espantosa llama policroma y voraz que parecía querer
purificar al mundo. Y sin poderlo remediar, gimió de un modo tan desgarrador, tan lamentoso, que todos le miraron sorprendidos.
Pedro cayó en la cuenta y sintió rubor de su propia pena. No sabia qué decir, y como siguiendo un
anterio1· razonamiento que le hacia daño, balbuceó con doliente incoherencia, á modo de explicación,
más para él que para los otros:-No sé qué hacer .... As! Dios me maldiga si sé qué hacer; pero hay que
hacer algo.
-¡Atiza!-dijo el capataz.-En metiéndose en pozos, se van los tornillos. Poi· ésta, que es sangre de
.Jesucristo, juro que lte visto más de seis locos en la mina, y todo por esa manla de saber si )o q'\le ha_v
ahajo es duro ó es blando. ¡Duro y más duro, pedazos de bestias!
A la entrada del túnel la Relimpia tuvo un momento de vacilacióo.-La verd.td, que se necesita estar locos para venir de campo, ah!, debajo de la tierra. ¡Peste de mina!
Pedro marchaba delante sin curarse de los demás, con un aire de sonámbulo, sin ver ni olr, y murmurando como trna especie de rezo:--¡Hay que hacer algo, hay que hacer algo!
Pablo advertla fl. la Relimpia, la guiaba, la desviaba del peligro .... deciala cómo sus hermosos ojos
peligralJ11n si en una brnsca nostalgia de la luz y del cielo, mirasen hacia la sombrla bóveda cuajada de
pérfidos cirios de ,·itriolo. Eran azules, eran bellisimos; pero 111 traición se escondla en aquella gota colgante, que temblaba como una turquesa liquida á la luz de los candiles.
Y la l.'elimpia, que era de piadosas entrañas, y el dolor físico la conmovia, lloró la atroz injusticia
humana, el sufrimiento de aquellos pobres hombres medio desnudos, ulcerados, marcaJos con todas las
cicatrices del trabajo afrentoso, que en sucesiva y amarga visión se le iban presentando.
¡Qué mundo aquél! ¡Y alll vivfan hombres y bestias en la paciente promiscuidad de una labor del in·
fierno! ¡Qué riqueza negra y más hedionda!
- Vaya, sentarse y echaremos un trago,-dijo Pablo al dar vista al boquerón del piso que iban haciendo los de perpéuta.
-Aquí no: más allá. Yo os lo diré. Ilay aquí un sitio .... ¡Valientes tragos se toman alll!
Pablo miró á la lletiinpia, y ésta, apoyando su dedo Indice en la sien, hizo como que barrenaba. Alguna cosa t,mia Pedro que le bal'l'enaba el sentido . . .. no estaba muy católico que digamos.
- A&lt;]ui. ¿Veis qué buen sitio? Aqu! me senté yo la otra noche y hablé: ¿sabéis con quién? con La·
r¡arto, ese cochino embustero.
-Algún traguete se tomarla, porque el granuja no lo echa en el candil; lo cual que hace muy bien
y le alabo el gusto. Amigo, esta vida hay que pasarla á tragos: vaya, empina esa señora bota y pon esa
cara alegre. Come, bebe, y riete del mundo.
- A ver si con tanto empinar la bota vamos á dejar aqul los huesos. Yo estoy aqui amedrentada¡ si:
me da miedo de pensar lo que tenemos encima.
Y la Nelimpia miró á la bóveda rocosa, y mentalmente midió aquel monte altlsimo que se alzaba sobre !JUS cabezas.
- ¡Dios! ¡Si todo esto hiciera así, nada más que asl. ... !
- Digo que tendria razón en hacerlo-exclamó Peq1·0.-Hay aqul muchas marranadas que pedfan
eso: el hundimiento, as!, asl, poco á poco .... como yo lo baria si tuviera puños como tengo coraje.
- ¡Cállate, animal! ¡Mira que decir esas cosas aqui dentro!
Y agitada y nerviosa, la Relimpia.se pus~ en pie:--Yá~O!)OS: me p_one mala esta condenada negrura. Esto es para los demonios, no para los hom~res. ¡Y se r!en los _muy bestias!

REVISTA MODERNA
ARTE V
o:nECTOn: JE:SUS E. VALENZUELA.

CIENCIA.
JEFE DE REDACCION: JESUS URUETA.
Tip. de Dubldn.

------

( Cmcluird),
1

PROFETAS

Dl!l MIGUEL ANGEL,- CAPlLLA SIX'J'IN!,-ROMA.

�</text>
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                  <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753953&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                <text>Revista Moderna Arte y Ciencia, 1901, Año 4, No 22, Noviembre, Segunda quincena</text>
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                <text>Valenzuela, Jesús E., 1856-1911, Director, Fundador</text>
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                <text>Couto Castillo, Bernardo, 1880-1901, Fundador</text>
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                <text>Fundada por Bernardo Couto Castillo (1880-1901) y Jesús E. Valenzuela (1856-1911), la Revista Moderna apareció quincenal y luego mensualmente entre 1898 y 1903 en la Ciudad de México, aunque tuvo distribución en diversos estados de la república y, esporádicamente, en el extranjero. Aunque los contenidos eran en su mayoría literarios, también se aceptaban artículos de divulgación científica, notas de actualidad y, sobre todo, la participación de artistas plásticos, de entre los cuales, el principal fue Julio Ruelas. Se incluían también traducciones de escritores extranjeros (franceses, japoneses e ingleses mayoritariamente) y obras de autores hispanoamericanos. En su primer año se publicó quincenalmente y llevó el subtítulo de Literaria y Artística; posteriormente, de 1899 a 1903, pasó a ser la Revista Moderna. Arte y Ciencia con una periodicidad mensual durante el año II (1899). Posteriormente volvió a publicarse cada quince días a partir de 1900 y hasta septiembre de 1903, cuando terminó su primera época y se convirtió en la Revista Moderna de México –que dejó de publicarse en 1911.</text>
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                <text>Urueta, Jesús, 1868-1920, Jefe de Redacción</text>
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                <text>Peña, Guillermo de la, Administrador</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Viaje al país de la decadencia</name>
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