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                    <text>LA PLUMA
• todos los
.
es a los pianistas, a los mecanógrafos • Y a
res, a los po~~.,5 ~~;~~os: r efinados y l?odelros~5¡_~manía enfermiza. Debe protemperamen ·
·i·smo debe entar a e10
b. n el tacu I
t
.
•
¡ tactiles simplcmen e.
M . etti-es arbitraria, Y
Ab ora ie •
ponerse !~ ar_móo~=~os cinco sentidos-~oncluyel ":;1itros muchos sentidos.
e La d1stmc1 n
uro descubrir y cata o.,
•
podrá a b-1en seg
. . t
algún dia se
á este descubrim1en o.•
C R C.
El tactilismo favorecer
. .

•••
otros poemas. r.arcía
D •t ri Ivanovitch: La fJen!an~ Y . Pdr ·ate! SugeslioLibros recibidos.- -:1a 1921.-Juan Ramón Unarte.
Díaz-RodríMonge, Sa~José de c:!~es.1t;omant y C.ª, _B~uselas, ~~~:-""iiadrid.-Carlos
nes nortnaltv°:s a lo~ Jo,:;o encantado. l\ovela. Bib!1oteca ~lío Gómez de la Serna.
guez: Peregrma o e p "da Selección y traducciónJe J Madrid.-Alfonso ReBaudelaire: Pros6 e~~~ez-de la Serna. Diblioteca Nueva, Madrid -Simpatías J
Epílogo de RamE n ~s y divagaciones. Bi~\ioteca uzv_;:; uevo·, por Ramón
u!lda serie, Madnd, 19 2 1 . - ' 1 r Ramón Gómcz de
yes: Elcazador! nsay
diferencias, psmcra l 1:~;id 1920.-HI Paseo det
Páginas escogidas
Gómez de 1i3 0 c-r11·gicos Griegos. Esguílo, Sóf6ocles: -t~;la~a de Agustín l\li\lare5
la Serna.- - ~ r notas de P. Girard, vers1 n cas / fJido Nove la picaresca.
con introdu~c16n y . - - F Iscar Peyra: La bolsa .v a . ·11 trad. de Alfonso
Carlo. Calle¡a,. l\ladGndK Cbeste rton: Et candor del P; B, ":"La ruta de ta fJida.
Calleja, :\ladrrid.- ·. ·
rancisco Carmona Nenc,ares.
Reyes. Calleja, Madnd.PítBaroja: Bosguejo critico. 1921.
•
ProProsas. Madrul, 1920.•
L'Europe Nort';Jtl/e, Pans.-Le ¡.
-Mercure de Fr ance, Pans--;- La Revue de f Epogue, Pa~ ,;.Revistas. .
~ Connaissanct, Pans.R ,pertorio Amencano.
J!.rés Ciflique, Pans.- a Aires - A thenaeum, Zaragoza.- e . s ºarís -Cultura
Vida Nuestra. BuRe?os Le l·ra"ouiltot, París.-Be/Mles-Ltet~1de o'. A,.-nuittctura,
r
,
n aso
on ev1 t: . - 1
•
d
é d Costa 1ca.San J os ' e
-Die Aklion, Berhn.-regBab' J B enos A ires.-P oesia e
Venezolana, Caracas.
/lea La Habaua.e, . u
Mad rid.-Cuba Co~te!!'por1mé,'.ica Cádiz.-H ermes, Bilbao.
arte, Ferrara.-Espana Y
'

AÑ O Il.

1

MADRID, JUNIO 1921

NÚM.. 13.

:J

Prt;fº'.¡¡.~es

~

LOS CVERNOS
DE DON FRI OLERA
ESPERP l: NTO ~ SV A VTOR
DON RAMÓN DEL V ALLE-INCLÁN
ESCENA Q UINTA
LA ALCOBA DEL BARBERO. Pegada a la pared, la cama
angosta y hopada, con una colcha vistosa de pájaros y ramajes, un paraíso portugués. Tras de la puerta, la capa y la gorra colgadas con la
guitarra,fingen un bulto viviente. Por el ventano abierto penetra con el
claro de luna, el vmtalle silencioso J' nocturno de un huerto de luceros.
Y la brisa y la luna parecen conducir u 11 diálogo entre el vestir;!o de la
puerta, y el pelele que abre los brazos sobre la copa negra de una /zi.
guera, en la redoma azul del huerto. Entra el galán con la raptada, encendida, pomposa y con suspiros de soponcio.
21

320

32 1

�~LA PLUMA

LA p L ¡; ,\l A
DORA LORETA

¡Demonio tentador!, ¿a donde me conduces?

PACHEQUJS

¿Olvidas que
rejada?
nuestra sangre estuvo a p1que
.
de correr empa-

PACHEQUlN

¡No me ciegues!

¡A tu casa, prenda!
DORA LORETA

¡Buscas la perdición de los dos! ¡Tú eres un falso! ¡Déjame volver
honrada al lado de mi esposo! ¡Demonio tentador, no te interpongas!

ÜJ

.~

·Y para nada más?

~

·y
1

PACKEQUlN

¡Estabas ofuscada!
DO~A LORETA

¿Y ahora no es ofuscación dejar mi casa, dejar un ser nacido de
mis entrañas? ¡Considera que soy esposa y madre!
PACHEQUÍN

¡Todo lo considero...! Y también que tu vida peligra al lado de
ese hombre celoso!
DORA LORETA

¡No me ciegues y ábreme la puerta!
PACHEQUÍ~

¡Olvidas que una misma bala pudo matarnos!
DO!'IA LORETA

¡:-;o roe ciegues! ¡Ten un buen proceder, y ábreme la puerta!

PACHEQUfN
DOÑA LORETA

para quererte, demonio tentad or.,

;Por ué
PACHEQUfN
•
q entonces huyes de m1. lador.
·Porq
1

ue me das miedo!

DOÑA LORETA

·No
PACHEQUfN
'
paso a creerlo'• l•Tú b uscas verme desesperado!
¡Calla, traidor!

s·
i

333

DOÑA LORETA

,., o pretendo romperlo' ·P .
,.
que estoy en el mundo pa~a'm~16.
deJame
1.ra1 por ella! \'olver al lado d e m1. hUa,

DORA LORETA

Yo le elegí libremente.

PACHEQUÍN

¿ v1 as que ese ho b
dos con su pistola? ¿Qu~ ~=y~árlbaro,
a losenlaza
dos nos tuvo encanonar azo para
r corazones?

PACHEQUlN

¿Ya no soy nada para ti, mujer fatal? ¿Ya no dicto ninguna palabra a tu corazón? ¡Juntos hemos arrostrado la sentencia de ese hom. bre bárbaro, que no te merece!

·ct

DO~A LORETA

DOÑA LORETA

PACHEQUfN

me amases, esta nas
, recogida en m. b
is razos, como una paloma

·P
DO!'i.\ LORFT.\
e or qué as·1 me 11ablas c
' uand o sabe·s que soy tuya?

¡Aun no lo has sido!

PACHEQUfN

.

�LA PLUMA

LA PLUMA
.d cosa
ahora no me p1 as
pero
. . te cansarás de tenerme,
Lo sere)
ninguna.
PACHEQUÍli

DORA LORETA

l&gt;O~A LOP.ETA

Me pondré de rodillas.
una romántica!

PACHEQUÍ!&lt;

¿A dónde vas?
•o

Cuando te contemplo, amor m1 ,

En ese achaque, no
. me superas.
DO~A LORETA
me entra como éxtasu,.
¡Qué noche de luceros!

¡Tú la rompes!
¡No me ciegues!

DO~A LORETA

¡Pachequín, respétame! ¡Yo soy

¡Es de rosas y espinas nuestra cadena!

¡Soy esposa y madre!

PACHEQUÍN
DORA LORETA
PACHEQUfl'I·
DORA LORETA
PACHEQUfN

Temo que te asesine ese hombre.

PACHEQUIN

DO~A LORETA

Siempre la inocencia resplandece.
·La propia para un idilio!
1

PACHEQUÍN

DORA LORETA

. Dame una prueb a d e amor puro!
1

Pudiera no querer darte acogida: En tal caso, prométeme ser mía.
DO~A LORETA

l'ACHEQUIN

•La
1

¡Tuya, hasta la muerte!

·das1

que me p1

·

DORA LORETA

Ten un noble proceder, y ábreme la puerta.

PACHEQUÍN

Te acompañaré para prevenir un arrebato de ese hombre demente.

PACHEQUÍN

¡Franca la tienes!
¡Adiós, Juanito!
¡Adiós, Loreta!

oO?lA LORETA
PACHEQU{:-ó
DO~A LORE'lA

¿No quiere usted mirarme?
PACHEQUh

¡No puedo!
J24

DORA LORETA

¡Xo esponr,as la vida por mí!. ..
Es deber que tengo.

PACHEQUÍN

PA(HEQUJN, MUY :JAQUE, se pone la gorra en la oreja y empuña el estoque. La tarasca sale delante con el pañuelo en los ojos. Sobre la ccpa negra de la higuera, se espatarra el pelele en un círculo tk
lt1aros.

�LA PLUMA

LA PLUMA
p

ESCENA SEXTA
LA SOMBRA 1JE DON FR!OLERA, pasa gesticulante tobrt
los muros de la sala daminguera. El quinqué de porcelana azul tiene un
temblor e,,rlenque.
DON FRIOLEJlA

¡Pin! ¡Pan! ¡Pun!... ¡No me tiembla a mí la mano! Hecha justicia
me presento a mi Coronel: -¿Mi Coronel, cómo se lava la honra?y sé su respuesta. ¡Pin! ¡Panl ¡Pun! ¡Listos' En el honor no puede
haber nubes. Me presento voluntario a cumplir condena. 1Mi Coronel, soy otro Teniente Caprilesl Eran culpables, no soy un asesino.
¡Mi Coronel, no soy un asesino! Si me corresponde pena de ser fusilado, pido gracia para mandar el fuego: ¡Muchachos, firmes y a la
cabezal ¡Adiós, mis queridos compañeros! Tenéis esposas honradas,
y debéis estimarlas: ¡No consintáis nunca el adulterio en d Cuerpo
de Carabineros! ¡Friolera! ¡Eran culpables! ¡Pagaron con su sangre!
¡No soy un asesino!
RECHINA LA PUERTA, y en el umbral aparece Doña Loreta.
Tras ella, en la somhra del pasillo, st apu,zta la figura del barbero con
el kepis sobre una aja, y la capa acandilada por el estoque. D01ia Lore-

DO~A LORETA

ascua!, nunca tu esposa de·.
~o d e guardarte la debida fidelidad.
DO~ FRIOLERA

¡Pruebas! ¡Pruebas!

·T
.
DOjlA LORETA
' amb1én yo las pido, Pascual!
.

DOS

Co

DO~A LORETA

¡Pascual!

DO~A LORETA

mo el propio sol
1
resp andece. 1Quién me acusa? .
bárbaro! ¡Un celoso
no me calumnies'. demente! ¡Un turco sanguinario'. '·M'áUtan~.~ro
hombre
DOS FRIOLERA

•

~De dónde vienes? ¿Y ese h ombre por qué te acompaiia?
PACHEQUÍN

Para testificar que tiene usted una perla por esposa. ¡Una heroína!
DON FRIOLERA

¡Pruebas! ¡Pruebas!

tá cae de rodillas ju1ttanda las manos.
,f

.

PACHEQUfN

¿No le satisface a usted 1
ya en su domicilio, para ha~er~:chot de que un servidor se constituen rega de su señora?

DON FRIOLERA

ooi;;A LORETA

¿Qué respondes?

¿Conoces tu sentencia?
oo:--A LORETA

Pascualín, si me repudias de esposa, que sea de una manera decente, y sin escándalo.
DON

FRIOLERA

En España, la mujer que falla, tiene pena de la vida.
3a6

•·RIOLERA

,Loreta, es preciso que resplandezca tu mocenc1a!
.
.

.

PACHEQUfN

DéJele usted que Jo medite , Dona
- Loreta.
DORA LORETA

Ten un impulso generoso, Pascualin.

�LA PLUMA
LA PLGMA
DORA LORETA

PACHEQUÍN

¡Rencoroso!

. Teniente la razón de las cosas.
•
Comprenda usted, m1

DON FRIOLERA

¡Es inaudito!

T

DON HI.IOLEIU

,
No puedo soportar tu presencia.
.
al de esta casa.
Pachequml, s de cinco minutos.
concedo un p azo

e

DORA LORETA

¡Palabrotas, no, Pascual! ¡Eres un soldadote y no me respetas!
DON FRIOLERA

PACHEQUÍN

¡Mi Teniente, es usted u

n dramático sempiterno!
DON FRIOT.ERA

, ·co ' O el primer
, d udo si eres un c1m
Pachequm,
PACHEQUÍN
paña.

Caballero

Me avistaré con ese hombre y Je propondré un arreglo a tiros. Es
la solución más honrosa.
de Es-

DORA LORETA

¡Y si te mata!
DON FRIOLERA

Te quedas viuda y libre.

Soy un rom ántico , mi Teniente.
DON FRIOLERA

o un duelo a dos pasos en el cernenYo también, y te propong
terio.
DO~A LORETA
¿Vuelves a tus d ud as' Pascual?
DON

FRIOLERA

DORA LORETA

Pascual, esas palabras son puñales que me traspasan. Pascual,
yo jamás consentiré que expongas tu vida por una demencia.
DON FRIOLERA

No sé cómo podrás impecfirlo.
DORA LORETA

¡Me tomaré una pastilla de sublimado!

Llámales garfios infernales.
PACHEQUÍlS

DON FRIOLERA

El sublimado de las boticas, no mata.

y O me retiro.
DON

FRIOLERA

.El demonio te lleve!

'

DORA LORETA

·
Pascual!
¡Qué proceder el de ese amigo,
DON FRIOLERA.

¡No me subleves!
3ll6

DORA LORETA

¡Una caja de cerillas!
DON FRIOLERA

Serán inútiles todos tus histerismos.
DORA LORETA

¿S~es de mala data para mí,

Pascual?

�LA PLUMA

LA PLUMA
DON

¡Déjame!

FRIOLERA

DORA LORETA

DOÑA LORETA, desgarrado el e
anca,jlojo el corsé sueltas l
.
g sto, temb/011a y rebotada el
'
as ;arelas de las e u
reaparece con una botella de .
naguas, sale corretona y
amsete esca, citado.
'

¡Pascual, tendremos que divorciarnos si persistes en tus dudas!
Estás haciendo de mí, la Esposa Martir.
DON FRIOLERA

DORA LORnA

¡Vaya, esto se acabó' Pascual
el rega~o de Curro Cad~nas.
, vamos a beber una copa juntos: Es

¡Quieres la libertad para volar al lado de ese hombre! Nos divorciaremos, pero entrarás en un convento de arrepentidas.
DORA LORETA

¡Tirano!

DON FRIOLERA

Yo no bebo.
DO~A LORETA

DON FRIOLERA

Bebes, y vas a emborracharte conmigo.

¡Has destruido mi vida!

DON FRIOLERA
DORA LORE'IA

¿Pascual, por qué me haces desgraciada? Recógete, Pascual. Procura conciliar el sueño.
DON FRIOLERA

¡Contigo, jamás! ¡Te aborrezco!
DOÑA LORETA

Pues te emborrachas solo.

El sueño huyó de mis párpados.
DOÑA LORETA

DON FRIOLERA

¿Para olvidar?
DOÑA LORETA

¡Pascual, ten juicio!
DON FRIOLERA

Naturaca. ¡Bebe!

¡Mi vida está acabada!

DON FRIOLERA
DORA LORETA

¡No bebo!

Pascual, tienes una hija, me tienes a roí...
DON FRIOLERA

DORA LORETA

¡Te lo vierto por la cabeza!

¡Loreta, me has hecho dudar de todo!
DORA LORETA

Pascual, no seas injusto.
· DON FRIOLERA

¡Quisiera serlo!
J,O

DON FRIOLERA

¡Espera!

EL TENIENTE RECIBE l
rar/a, derrama un kil, dea copa con mano temblona,y al a1tuo
la mosca a la n,uz.
-r

�LA PLUMA

LA PLUMA
DOS rnJOLERA
DOflA LORETA

¡Otra!

DON FRIOLERA

DOÑA LORETA

¿Intentas embriagarme?
DOÑA LORETA

¡Otra, digo'.

¡Es Pachequínl ¡Loreta, pon una sartén a la lumbre! ¡Vas a freirme los hígados de ese pendejo!
¡No me asustes, Pascual!
DO~ fºRIOLERA

DON FRIOLERA

¡Y no tendrás más remedio que probar una tajada!

·Si con esto olvidase!
1

DOÍ'lA LORETA
DOflA LORETA

¡Ya la cogiste'.

A Jo menos te dormirás y descansaremos.
DON FRIOLERA

DON FRIOLERA

¡Ese Pachequín es un busca pendencias! ¿A qué fué ponerse tan
gallo? ¿Duermes. LoreW

No me dormiré. ¡No puedol
DORA LORETA

¡Bebel
¿Cuántas van,)

Duermo.

DO~A LORETA
DOS FRIOLERA

DON FRIOLERA

Tú, con tu actitud, le diste alas. Responde Loreta.
DO~A LORETA
DOÑA LORETA

¡No lo sé, bebe!

DON FRIOLERA

¿Quién está oculto en aquella puerta?
DO~A LORETA

¡El gato!
¿Cuántas van?
¡Bebe!

DON FRIOLERA
DO~A LORETA
DON

FRIOLERA

Quién está oculto en aquella puert • ¿
Enciende una ceril~a, Loreta
ta? ¡No te escondas, miserable.
DOflA LORETA

,,.

¡Bebel

Me he quedado sorda de un aire.
¡Impúdica!
¡Mierda!

DON

FRIOLERA

DOÍ'lA LORETA

DQ/;,A LORETA TOMA el quinqui, y d~fando la sala a oscuras, se mete por la puerta de escape pintada de azul, recogidas sobre
una cadera las sueltas enaguas.
DON .FRIOLERA

Si tú ocupas la cama matrimonial, yo dormiré en la esterilla.
JlJ

�LA PLUMA

LA PLUMA
DORA LORETA

¡Duerme debajo de la escalera, como San Alejo!
DON FRIOLERA

¡Loretita! Donde hay amor hay celos. No te enojes pichona con
tu pichón. ¿Duermes Loretita?

ESCENA SÉPTIMA
EL BILLAR DE DORA CALIXTA. Sala baja con pinturas
absurdas, de un sentimiento popular y dramático:-Contrabandistas de
trabuco y manta jerezana; manolas de bolero y calañés, con ojos asesinos; picadores y toros, alaridos del rojo y el amarillo.-Curro Cadenas,
toma café en la mesa más cercana al mostrador, y conversa con la dueña, que sobre un fondo de botillería, destaca su busto propincuo, de
cuarentona.

Con dos barajas.

DOÑA CALIXTA
CURRO

De ahí saldrá la bomba.

DOÑA CALIXTA

Sentiré la desgracia de Don Friolera. ¡Era un sujeto muy decente!
CURRO

Había dado un cambiazo.
DOÑA CALIXTA

Otro vendrá que le haga bueno.
CURRO

En ge_neral, 1~ clase de oficiales es decente. El mal está en los altos espac10s. ¡Allí no entienden si no es por miles de pesetas' -La
parranda de los guarismos es aquello!
· 1
DONA CALIXTA

DOÑA CALIXTA

¿Currillo, ha oído usted esa voz de que expulsan de la milicia a
Don Friolera?
CURRO

Usted estará mejor enterada, Doña Calixta.

¡Si usted no pisa por esos suelos alfombrados!
CURRO

. ¡Qué sabe usted los palacios donde yo entro! Un servidor ha deJado por las alturas más pápiros que tiene el Banco de España.
DOÑA CALIXTA

DORA CALIXTA

Pues no lo estoy.
CURRO

Como tiene usted de huésped al teniente Rovirosa.
DOÑA

CURRO

Tómelo a guasa.

CALIXTA

Ese señor, para guardar un secreto, es la rúbrica de un escribano.
CURRO

¿No están reunidos los tres tenientes, en el piso de arriba?
334

Currillo, es usted un telescopio contando.

DORA CALIXTA

&lt;\illese

un m0mento. ¡Arriba hablan recio!
CURRO

Me parece que disputan por una jugada.

�LA PLLJMÁ

LA PLUMA
EL TENIENTE DON FRIOLERA, escoltado de un perrillo
con bor!cl en la punta del rabo, entra i!&gt;Z la sala de los billares. Zancudo, amarillento y flaco, se llega al mostrador, bordeando las grandes
mesas verdes, y saluda, alzada la mano a la visera del ros.

¡Ni una palabra más!

CURRO
DON FRIOLERA

¿Tú me comprendes?
CURRO

¡Totalmente!
DON FRIOLERA

.

DON FRIOLERA

,Tengo el corazón lacerado! '•M't muJer
. me ha salido rana!

Doña Calixta, una copa de aguardiente, que no voy a pagar.
DOj¡A CALIXTA

¡Siento la ocurrencia!

Tiene usted crédito.

DON 1''RIOLER'I.

DON FRIOLERA

¿Ya lo sabías, verdad?

Salí de casa sin tabaco y sin numerario. Tuvimos una nube en
el matrimonio, y no he querido pedirle a mi señora la llave de la
gabeta.

CURRO

Andaba ese run-ru n. F umese
.
usted ese hbaco
.
'
, mi. temente.

CURRO

Doña Calixta, si aquí me autoriza, esa copa la paga un servidor.
DOS t'RIOLER"-

CURRO

DON FRIOLERA

Estoy en ayunas
por la depositana
. d'e ym1puede
honor!marearme. ¡En2añado
~por el amigo y

Currillo, esta prefiero debérsela a Doña Calixta.

CURllO

La vida está llena de esos casos.

CURRO

Lo cual quiere decir, que tomará usted otra.
¿Para que nacemos?

DON FRIOLERA

¡Bueno!

DON HUOLERA
CURRO

Con gesto confidencial, se a/Jarta al fondo de una ventana, y hace
señas al otro para que le siga. Curro Cadenas. toma z,na expresión de

Para rabiar. Somos las
dos entre nuestros padres. ~~~s:~utnc'.ª" ~e los buenos ratos habiurna u&lt;;tcd el veguero?
0

sorna.

DON FR10LERA

ame una cerilla. ¡Gracias'. Mira como me tiembla 1
a mano.
DON FRIOLERA

¡Mira, hijo, bebo para sacarme un clavo del pensamiento!

Eso son nervios.

CUkRO

2,
JJó

33'

�LA P-L U ~l A

LA PLUMA
DON FRIOLERA

CURRO

¡Es el fruto del puñal que 11evo en el corazón!

De tener que solicitar el retiro, ¿cambiaría usted de residencia?

CURRO

·1
ue los señores oficiales esMi teniente, and~ usted con pupi a, q
tán reunidos en el piso alto.
DON FRIOLERA

.

.
in-

..
. ·Ya sabes que nuuca he sido
Desprecio el vil metal, hiJO mio.·' en sin acordarse de este ve·
a ellos que prevanqu ,
teresado •l Déialos
J
terano.

No lo he pensado.

DON FRIOLERA
CURRO

Le debo a usted una explicación, Don Pascual. La casa que usted
habita, a mi señora le hace tilín. ¡Es una jaula muy alegre!
¡Maldita sea!

DON FRIOLERA

CURRO

. te, no va por a h.i el motivo de esa reunión.
A lo que se mien
DON FRIOLERA

¡A mí, plin! Tengo el corazón lacerado.

DON FRIOLERA APURA LA COPA servida en el mostrador,
se encasqueta el ros y con las manos metidas en los bolsillos del capote,
sale a la calle, silbando al perrillo que le sigue, moviendo la borla
del rabo.

CURRO

.
. , . alir ara usted una novedad, nada bueDe esa reumón, pudi1:1a \e fo~man a usted Tribunal.
na. Mi teniente, se corre que
DON FRIOLERA
•

1 ·Q

¡Fnolera. t u

e me forman Tribunal? ¿Y por qué?

Parece mochales.
Completamente.

DON FRIOLERA

En ellos, solamente yo soy juez.
CURRO

Asi debía ser. Una pregunta, m1· tem·ente.
DON FF1OLERA

Venga.
338

CURRO
DORA CALIXTA

Siento su desgracia. Era un apreciable sujeto.

CURRO

Parece que Por sus pleitos familiares.

DOnA CALIXTA

Un viva la Virgen.

CURRO
DOnA CALIXTA

Doña Loreta merecía ser emplumada.
lURRO CADENA~ SE ACERCA al mostrador y pomposo tk;a
,aer un machacante hacilndolo saltar. Espera la vuelta dando lumbre
a un habano, y bajo el reflejo tk la cerilla, su cara es luna llena. Rtcióido ti dinero, se lo guarda con un guiño.
J39

�LA PLUMA

LA PLUMA
CURRO

Doña Calixta, tengo en cierto lugar una pacotilla de género inglés, y cornea sobre esa querencia un toro marrajo. Doña Calixta,
usted podría rouletearlo.
DOÑA CALIXTA

DOÑA CALIXf A

Esas no son novedades.
CURRO

¿Doña Calixta, quiere usted que hablemos sm
. macaneos?

No me penetro.

DOÑA CALIXTA
CURRO

Yo bailo al son que me tocan.

En cuanto le apunte el nombre, está usted más que penetrada.
DO~A CALIXTA

Acaso.

Pues oído al repique· Ha
1 .
al teniente Rovirosa.
. y a a vista un negocio, si usted camela

CURRO

Yo sabría corresponder ...
Puede.

CURRO

DO ~A CALIXTA

DOÑA CAL.IXTA

Apenas llevamos trato. Buen
,
en sus guardias. Yo aquí. La c eºstadiasfi. Buenas noches. Él, arriba o
u n a n de mes.

CURRO

CURRO

No se ponga usted enigmática, Doña Calixta.
DOÑA CALIXTA

¡Cw·rillo, usted anda en muy malos pasos!

Otra cosa me habían contado.
DOÑA CALIXTA

Hay lenguas muy embusteras.

CURRO

Hay que ganarse la vida, y todos nos debemos ayuda mutua,
Doña Calixta. Nosotros, los que con sudores y trabajos hemos sabido juntar unas pesetas, habíamos de sindicarnos como hace el proleta.riado.

CURRO

No ha sido en desdoro, Doña Calixta.
DOÑA CALIXTA

¿Qué le habían contado?
DOÑA CALIXTA

¿Currillo, el buey suelto, bien se lame!
CURRO

Doña Calixta, hoy todo está cambiado, y hasta son mentira los
refranes. Vea usted cómo el obrero se conchaba para subir los jornales. ¡Qué vá! Hasta el propio Gobierno se conchaba para sacarnos
los cuartos en contribuciones y aduanas.

CURRO

Que el teniente es hombre de gusto.
DOÑA CALIXTA

¡Y que me deshace la cama!
CURRO

No señora. Que usted le da achares.
341

�LA PLUMA

LA p L U :0-1 A
DOÑA CALIXTA

Menos mal.
CURRO

y lo he creído, porque usted es muy inhumana.
DOÑA CALIXTA

¿Me querría usted otra Doña Loreta?

CURRO

Conforme. Mis ideas, también son antirrevolucionarias. El que
tiene un negocio, y cuatro patacones, no puede ser un ácrata. Pero
se guipa alguna cosa, y comprendo que el orden social, se tambalea.
Doña Calixta, los negocios están muy malos. Ahora hablan de suprimir las aduanas, y a nosotros es matarnos: Si todos los artículos entran libremente, se acabó el contrabando. ¿Qué hace usted? Poner
una bomba.

CURRO

. el ..mismo
caso · Usted es libre, Doña Calíxta.
~
Nunca sena
DOÑA CALIXTA

¡Yo no!

DOÑA CALIXTA
CURRO

Porque usted ya se apaña retirada del matuteo.

Nunca se es libre para pecar.

DOÑA CALIXTA

CURRO

¡A Dios gracias!

Hacer hijos no es pecado.

CURRO

DOÑA CALIXTA

¿Y quién los mantiene?

Acuérdese usted de cuando andaba en estos trotes, y saque un
ánima del Purgatorio.
DOÑA CALIXTA

CURRO

Le rezaré un rosario.
CURRO

El Erario Público.
DOÑA CALIXTA

¿Quiere usted cegar a su alojado con dos Veraguas?

Eso será en las Repúblicas.

DOÑA CALIXTA
CURRO

¿Dos Veraguas son cuarenta machacantes?

y por las señales, no tardará en España.
DOÑA CALIXTA

Aquí no estamos por esas modas de extranjis.
CURRO

Por de pronto, ya le han dado mulé a Dato.

CURRO

Esa es la veri.
DOÑA CALIXTA

¡Me los tira a la cara! ¡Ni que fuera un pelanas! Llegue usted a la
corrida completa.
CURRO

No da el negocio para tanto.

D0ÑA CALIXTA

Unos asesinos.

DOjA CALIXTA

¡Miau!

�L.~ PLUMA
REAPARECE DON FRIOLERA, el aire distraído, los ojos tristes, gesto }' i·i.ra!(l'S tú manidtico: Entra furtfro, y se sienta en tm rincón. El perrillo salta sobre el mugriento terciopelo di/ diván y se acomoda a su lado. Acude Bara/locas, el mozo tú/ cafttín.
BARALLOCAS

lDesea usted algo?
DON FRIOLERA

¡Un veneno!

PERROS DE LOS CAMINOS

BARALLOCAS, CON GESTO CONCILIADOR pone sobre la
mesa un servicio di café, y con la pu,zta de la servilleta, ahuyenta al
perrillo, del regalo del diván. Se pega en el labio la colilla que lleva en
la oreja, enciende, humea, y ocupa el puesto del perrillo, al lado de Don

Perros tu los caminos
hoy viene al campo v:estro amigo a veros.

Friolera.

El alma mía tiembla como un niño
pero tiembla di amor y no tu miedo.

BARALLOCAS

¡Hay que ser filósofo!
DON FRIOLERA

¡Pues yo no lo soy!
BARALLOCAS

¡Mal hecho! En España vivimos muy atrasados. No se inculca
la filosofia en los matrimonios, como se hace en otros países.
DON FRIOLERA

¿Te refieres a la ley del divorcio?
BARALLOCAS

¡Amigos míos, puros,
amigos verdaderos!
Si yo tuviera el corazón más sano
l.:; pusiera a cantar en el sendero,
perros de los caminos tk los campos
que saludáis, ladrando, a los viajeros.
/ Viajeros tk la tarde y tk la noche,
peregrinos del sol y di! misterio!

¡Ya nos hemos entendido!
BARALLOCAS GUIÑA UN OJO, y se ln:anta para acudir a
la mesa dotzde acaban de sentarse, El Ai,io del Melo1tar, Curro Catknas, y Ne/o el Peneque. El perrillo recobra de im salto su puesto en el
diván, y sacude el terciopelo con la borla tkl rabo.
(Se continiuzrá)
344

Perros di los caminos,
hoy vino al campo vuestro amigo a veros.
Vuestros ladridos esta tarde tienen
un ritmo di canción para mi ens~--·
345

�LA PL~_A.

MENDIGO
1lfendigo que me sales al camino
y me alargas la mano
para que yo confirme tu pobrez~,,
¡Dios te dé mejor suerte cada dza~
Yo tengo juventud; yo teng_o suenos
de oro. E ¡ mar es mi camino. Amo
las rosas frescas y las noclzes e1aras.
• esfiuente de ternuras,
El ama
1ma
l
mi corazón maestro de bondade~···
.Es algo de esto lo qu,e tú me pides?
~Por que no tengo cobre, no lo tuve
ni lo tendré jamás!
.
¡Mendigo anciano,
·
'
una
tu mano prolongada hacia lmi,, es
ironía formal! ¡Somos igua es.:
Tú times plata en la cabeza,fuera;
oro en la cabeza, dentro. , ~
yo teno-o
o
¡S olo nos fialta el cobre! ¿Te sonries.

FERNANDO GONZALBZ
Isla de Gran Canaria.

CARTAS DE JORGE ISAACS
A JUSTO SIERRA
Madrid,
Sr. D. Cipriano Rivas Cherif.

22

de mayo de

LA

1921.

PLUMA,

Mi querido amigo:-Pocas figuras más representativas en la literatura
americana que el autM de Maria. Jorge Isaacs toma la pluma ... y al punto se le saltan las lágrimas. Y cunde por América y España el dulce contagio sensitivo, el gran consuelo de llorar.
El romántico caballero judío, hijo de un judío inglés establecido en
Cauca, está hecho-afortunadamente-para despistar cierta tendencia a
sustituir la critica literaria con artimañas sociológicas. Tendencia según
la cual este creador de la novela criolla, puesto que hay lágrimas &lt;'n él,
debiera ser indio por los cuatro costados.
Caudillo liberal, escritor doliente, hombre de aventura y de ensueño,
vive peligrosamente y muere en la pobreza-como muere la gente honrada-buscando unas utópicas minas en unas tierras inexploradas y salvajes, con la ambición de dejar cierto bienestar a los suyos. Los editores
lo han robado; sus enemigos políticos lo persiguen. Pero él tiene fe en la
bondad humana, porque le rebosa el corazón.
En nuestras combatidas tierras de generales y poetas ¡gozan y sufren
tanto los b.ombresl A veces me pregunto si los europeos entenderán
nunca el trabajo que nos cuesta a los americanos llegar hasta la muerte
con la antorcha encendida. ¡Qué espectáculo el de América, amigo míol
Aquéllos caen de muerte violenta, y éstos se matan a sí mismos, en un
esfuerzo sobrehumano de superación, para adquirir el derecb.o de asomarse al mundo. cPoetas y generales•, decla Rubén Darlo. Y algun0s,
que sól..&gt; quisiéramos ser poetas, acaso nos pasamos la vida tratando de
traducir en impulso lírico lo que fué, por ejemplo, para nuestros padres,
34'7

�LA PLlJMA
LA PLUMA
la emoción de una hermosa carga de caballeria, a pecho descubierto y
ata.cando sobre la metralla.
Jorge lsaacs se dirige un día a Justo Siprra, el gran mejicano de los
tiempos de Porfirio Diaz. Le pide auxilio, siente que puede abrirse con
él. Justo Sierra fué tuda su vida un consejero y un maestro. Protegió a
los poetas y educó a tres generaciones. Gran prosista, historiador elocuente, hombre de ademán apostólico, pero contenido en la mesura académica, escribió sobre nuestra historia páginas tan sinceras y valientes,
que todavia nos asombran. Como nos asombra que se hayan podido escribir-sin escándalo ni falsas actitudes heroicas, sino llenas d~ serenidad
e intt:ligencia-en aquella época de pax augusta, cuyo secreto parece
haber sido no poner nunca el dedo en h llaga. Justo Sierra ponía el dedo
en la llaga y, como en el consejo de Kipling, siendo muy bueno "'j muy
,abio, ni hacia aspavientos de muy bueno, ni hablaba a lo muy sabio.
Junto a la naturaleza ardiente y solit&amp;ria de Jnrge lsaacs, contrasta la vida
del gran mejicano, recortada en el perfil impecable, al gusto de una sociedad etevnte y exigente. Justo Sierra es ese hombre prudente de Vauvenargues que no necesita abandonar el bullicio de la Corte para ser bueno
y superior, y tal vez por sólo eso lo es má'&gt; que quien se aisla en la Te•
baida egotsta, donde no hay tentaciones ni conflictos de la conducta.
He aqui tres cartas de Jorge Isaacs a Jm,to Sierra. LA PLUMA las publicará por primera vez. Los críticos colombianos sacarán de ellas algunas noticias curiosas. Yo no puedo leerlas sin conmoverme. Veo a\ trasluz-todos los dolores de mi América; y algo muy mlo, que no acierto a
formular yo mismo, despierta en mi: algo entre recue1do y amenaza ...
Tal vez sea el contagio de las lágrimas.

Justo Sierra no pudo hacer Cónsul de Méjico a Jorge lsaacs. ,L"gra•

ria auxiliarlo en algún modo? &lt;Cuár do ap,enderrmcs a dar a los ht mb1 es
lo que es suyo? Pero 'Yª lo eutiendo: lo p1 opio de Jorge lsaacs eran las
lágrimas.-Mis amigos de Mé1ico podrán imaginar conmign-¡ellos que
lo conocieron! - cómo habrán resonado en el alma de Justo Sierra las la~
mentaciones del autor de María.
Y usted, amigo Cipria no, perdone estos desahogos sentimentales, qu~
tan pocas veces me consiento, y dé cabida en LA P1.UMA a las cartas de

Jorge lsaars .
.Muy suyo,

ALFONSO REYES

• ••

•Bogotá, '5 de marzo de ,888.
Sr. D. Justo Sierra, etc., etc.
Mº ¡·
México.
' es ,mado amigo· Lo saludo f t
placer al repetirle que ~o he olvida~ ec _uoi5a;e~te, y tengo mucho
en honra y estímulos debo a su b ~ ~1 o v1 are nunca todo lo que
Pronto he de escribirle Ia·go on a . .
.
por objeto recomendarle a rr:i c' y •ras lineas tienen únicamente
U. q~e quizá vaya pronto a ese
nota el Sr. D. Juan de Dios
E Sr. U. afamado escritor en e I b"
miembro de una familia lle d
º. º':° ,a, talento admirable, es
sus ilustres varones han pr::ta~on:e~=~mt~nt?s por los servicios que
de buenos, de a tivos tii bu nos d
b_epubl1ca, desde 1810: sangre
venas: ama lo que ellos ama y e sa ,os demócratas corre en sus
estaba obligado a ser.
ron; muy joven todavía, sabe ser lo que

;::;:.ª

. Se le proscribe y, según me ha d. h
.
el tendrá necesidad de ganarse la vi~c o su noble y virtuosa madre,
c16n de la América española . d a co_n su pluma en alguna na.\!évico.
' sien o casi seguro que prefiera ir a
Ruégole a usted, lo mismo que al Sr D F
mexicanos que a Colombia aman
. . ..~osa y demás ilustres
más de lo que merezco h
y cofn su carmo me honran, quiza
' agan en avvr del Sr U 1
,
or un h ermano mio Co
.
· • o que hanan
P
para ellos.
.
mumqueles esta carla, que es también
Soy su leal amigo y s. s.,
JoRGE ISAACS.•

***
clbagué (Colombia), 4 de mayo de 1888.
Sr · D. Justo Sierra, etc., etc.
.
México.
Rec1ba un abrazo m10.
· iQu,"é n sabe cuándo le pueda dar uno de
veras!
Acabé los estudios de la costa fer
Las hulleras que descubrí en el G0 lf0 Jm~te, con ~ucha fortuna.
e rabá (Danén del Norte)
349

�LA

LA PLUMA
PLUMA

son una riqueza fabulosa. Estoy ya asociado para coronar la empresa, contratar en el extranjero, etc., etc., con la fuerte y bien acreditada casa de los Sres. José Camacho Roldán &amp; Compañía. El !&gt;ocio
administrador de la casa irá en junio y julio u los Estados Unidos y
a Europa, ocupado en esa labor, y en agosto o septiembre me reuniré en la Costa con el in~eniero docto que el Sindicato constituido al
efecto envíe a estudiar las hulleras. Hallarán que son más de lo quesobrio en mis informes-he dicho.
Es vía recta ya. Sólo se requiere un último esfuerzo, y ya está,
como dicen los chilenos. Le prometo que tan luego como deje organizado aquí, después, el bienestar de mi familia y el trabajo de mis
dos hijos mayores, Lisímaco y Jorge, me dirigiré a los Estados Unidos, para de ahí, ya estudiados por algunos meses, pasar a México.
Lo demás dará tiempo.
Quizá vuelva medio muerto de mi último viaje a Urabá, etc. Pero
~cómo no he de tener merecida la felicidad de ver a mi familia completamente dichosa algunos años?
Le recomendé a usted hace dos meses al Sr. D. Juan de Dios
U., d1stinguidísimo escritor de Colombia, que salió desterrado. Sé
que usted, el Sr. Sosa (a quien saludo cariñosamente) y sus muchos
amigos liberales; harán por U. obra buena. Mil y mil gracias a
todos desde ahora.
U., acá para los dos, tiene la desgracia de ser aficionado a
beber. Mucho lo aconsejé, y lo aconsejó su virtuosa e inteligente
madre, para remediar aquel mal. Por temporadas, deja el maldito
vicio, y entonces su cerebro es un foco inagotable de luz, y las tinieblas, los buhos y los vampiros están de pésame. Puede ser que allá,
solo, teniendo que hacerse a las consideraciones, cariño y admiración de hombres como usted, U. se domine y se cure para siempre. ¡Cuánto ganaría con ello Colombia!. No sé cómo le insinuará o
le hará in!&gt;inuar usted algo en e¡e sentido. Le ruego lo haga. Pero,
¡verá usted qué manera de escribir, qué fuerza intelectual de mucha•
cho, qué alma tan grande!
Los Sres. Aguilar e Hijos, tipógrafos de esa ciudad, me han escrito la carta que hoy contesto, y me tomo la libertaJ de incluirle
esa cor.testación, porque conviene la vea usted. Me dijeron (15 de
octubre del 87) que le habían entregado a usted una caja con 100
350

ejemplare~ de la última edición de María que han hecho. Si el núme~o d~ eJ?mp!ares del obsequio hubiera sido siquiera de 250 ó 3oo
(y. abna sido Justo), podría presentarse en la prensa mejicana como
eJemplo aprov~chable en toda la Amé, ica latina, el procedimiento
~aballcroso y Justo de los Sres. Aguilar. Ruégole remita los libros a
d:~::ena al Sr. Amaranto Jaspe, muy bien aforrados y recomenSu leal amigo,
ISAACS.»

***
«Ibagué \Colombia), 19 de marzo de r889 .
Sr. D. Justo Sierra, etc., etc.
Méxicv.
Mi bondadoso a_migo: Reciba usted un cariñoso abrazo. Meses
ace que no le escub~. Desde mayo del 88 he tenido que traba ·ar
~uramt ente ebn unas minas que están como a seis leguas al Suroe;te
e es e pue lo, en hoscas montañas.
. En mi ~l~ima c~r~a le hablé del envío de 100 ejemplares de Mala_ultima t:d~ctón he_~ha en México. Son obsequio bondadoso
del 8 s senores Agu1lar e !ftJOS. Ellos me escribieron el 15 de octubre
7d Y en su carta dec1an que los 100 ejemplares serían puestos
en po er de uste?. En Bogotá, amigos a quienes hablé de eso desean
que lleguen los h~~os, y si la edición es tan bonita como m~ lo aseguró el ~~c.tor M~Jta, serán esos ejemplares muy estimados.
t Es ~1~1c_1l enviar con acierto a Colombia la caja. A Panamá puede
~rs ed ~mgu ~eta a alguna casa respetable, para que la remita a Baandq~illa._ S1 puede venir directamente a este puerto de Barranquilla
ve.n ra . h_ien ~~comendada a los señores Ferbuson No uera y~
les escnb1r_é d1~1éndoles a quién deben remitir la caja
Ho~da
puerto_ del mtenor, en el río Magdalena. Mucho agradeceré a usted
sus cuidados, etc., en el envío de esos libros. Los señores Camacho
~o;dán Y Tamayo deben recibir en Bogotá los libros. Si el docto;
ª vador Camacho Roldán estuvo en la ciudad de México en 1 888
como se me asegura, tendría el placer de tratar a usted; si así ha su~
h

~1:,1:e

!

351

�LA

PLUMA

cedido, ya tiene usted el medio de enviar los libros a Colombia cort
seg . ridad; él se lo habrá dejado en sus indicaciones.
Y a otra cosa.
En todo el mes de abril pr6ximo volveré a la costa atlántica con
el fin de visitar, con un ingeniero que ha de venir de Europa, las
hulleras que, en el golfo de Urabá o Darién del Norte, descubrí en
1887. Si mi apoderado en Europa y Estados Unidos para agenciar
ese negocio, el doctor José Camacho Roldán, hermano de D. Salvador, acierta en sus procedimientos y labor, como lo espero, la Compañía que tome a su cargo la explotación de esas riquísimas hulleras hará cuantiosas, incalculables ganancias. TemQ únicamente que
se retarde por algún motivo la negociación del doctor Camacho Roldán. Esto contraría en absoluto mis proyectos para lo futuro. En el
resultado de mi penosa labor en las costas del Atlántico-que estudié mucho desde 1882, desde Cabo Falso a Punta Espada, en la
Guayra, hasta Pisisí, en el Golfo de Darién-tengo fincada la esperanza de aliviado vivir en lo venidero, y la posesión de algún patrimonio para mi familia. A veces me figuro que son inútiles mis esfuerzos para adquirir esa fortuna modesta; que debo resignarme a
que no tenga mi familia, mientras exista yo, más de lo puramente
indispensable para no caer en horrible miseria. Asi luchamos desde
1862. No se espante usted de esa fecha: somos valientes, y habiendo
yo tenido ocasión de enriquecerme en altos puestos públicos que
ocupé desde 1876, si no hubiese preferido a todo mi honra, mi po•
breza es hoy mi orgullo.
Temo también que, gobernando hoy a este país los hombres que
usted sabe - conservadores ultramontanos- ~e estorbe de algún
modo, al fin, que yo obtenga resultado definitivo de las arriesgadas
lnbores de que antes hablé. Mucho valen para el país, realmente,
aquellos yacimientos de hulla, tan inmediatos a Colón; mucho le valen por su grande riqueza, que el co1nercio del mundo aprovechará;
pero ¿qué quiere usted? No he trabajado en un país que sepa y pueda recompensar tales esfuerzos afortunados:hecha en México, la Argentina o Chile tal obra, hoy seria yo rico. Aqui es diferente; aún
no poseo ni una casa humilde para hogar de mi familia, y todavía
batallo para vivir en pobreza. Si mi espíritu fuera capaz de míseras
fatuidadss , ya me habría imaginado que tantos dolores y a¡¡onias de
3S'

LA PL lJ l\.lA
años
ya·nos son la gloriosa tortura d
.
h~rarse en vida otros infelices conqui:t ¿¡°e en vano han querido
;~~)~~ue hhoy disfrutan sus c~mpatriota: º;:s de la honra y bienyo acer nada que me ha
.
ro no: todavía no he
aquellas almas excelsas.
ga merecedor de los tormentos de

y bien, amigo mío seamos
.
~ás tarde no me acus~ la e
_pre~1sores: necesito serlo ara
sido fran~o al hablarle a us~en;11~cia de. ceguedad y de ~o hai~~
s~ escnb1ó en los periódicos de Mécosas mtunas. Eso que en 1886
~~6~-• er~ la verdad. Así había suce::~~ ~obr~8 mi angustiosa situa_e 1 2 a 1884, así desde
p iem re de 1885, concluída la
fomprometieron los mentores del ¡°~mpa_na desastrosa en que nos
o que publicaban nobles escrito , eral1_smo en ese año. Yo ne ué
de mi país. Usted vería q~~!ámex1canos, negué la verdad ~or
abn r~motor, de Barran quilla.' ¿Y sab:~:t eJcn_to mío, publicado en
de Iegac1ón mis compatriotas/ Un la! Jo - e ; orno agradecieron m
os redactores de aquel eriod· . ,ge bello, un quidan, uno
;~oqg;¡• porque dizque los fedact~(~t~~
_b¡°'la soez,. digna del
C
me ocupaba yo en la co t
. .
OJ1 a no hab1an sabido
~lornb1a. ¡Verdaderamente hai• a, m s_1 me hallaba en México o en
co ... ¿Para qué decirle a usted
cre1do que yo estaba en Méxi-

~~~r

~zi

m1:;1

yo muc ho entonces en el in d. t
lrabConfiaba
.
•Jo_s, y en ellos arriesgaba la ºd d ~e IR o buen éxito de mis
cornSpaneros en las playas de los ;1 -ª•_ eJando las tumbas de mis
1 los resultados d
es1e1tos.
fuerzo, tendré que pad:~!u~~: labor se re t:irdan o se frustra mi estos que está ocasionando el
quedare endeudado con los gasEuropa y Estados Unidos· será i Je ./~, D. José Carnacho Roldán a
~uemos habitando este lugar do7,~:1 a e que mi familia y yo ~ontiella vive como desterrada desde
. 880; -~endré que ausentarme' de
~º• deJandola en tristeza y casi abcua~quier modo, en busca de traba-

:¡~'.

emas1~do para mis fuerzas ami an ~n.ada, como otras veces. Ya es

~orno siempre, la indiferencia «r!: ~to, y en tal situación tendré
d:~ en este lugarejo-ricos para viv~t~sa~ de los. payos ricos qu~
~s hombres que hoy gobie1na
C iu1-y la Indiferencia cruel
n el Cauca podría est bl
na o omb1a.
23
a ecerme menos difícilmente; pero se ne3S3

�LA PLUMA
cesitaría, para eso, poseer siquiera un pequeño capital. Y en esa co•
marca, donde nací, tal vez no me dejarían vivir, por temores y celo
del partido conservador; allí soy amado de los mozos liberales que
han combatido a mis órdenes victoriosamente.
¡En qué manera podría usted, ayudado del Sr. Sosa y sus otros
amigos, tenderme manos que me ayudaran a salvar este abismal
Después, todo sería hacedero y soportable; todavía estoy vigoroso,
aún puedo mucho .
Usted sabe que en México se han hecho ya catorce ediciones de
Maria, y las hechas en los demás países de Hispano-América, sin
contar éste, pasan de veinticinco. ¿Qué resultado supone usted que
daría en ~léxico algo que se hiciera con el fin de excitar a los editores del libro a formar un fondo que recompensara, siquiera en parte,
mis derechos como autor de este libro? ¡Qué efecto dari•, hecha des·
de allá, una excitativa semejante, a los demás editores de América
que, perjudicándome tanto, han hecho ediciones sin consentimiento
mio? Hagan en ello, usted, el Sr. Sosa, el Dr. D. Mejía y mis otros
bondadosos amigos, lo que juzguen mejor y más delicado. Si nada
creen bueno hacer a ese respecto, apruebo de antemano lo que resuelvan.
Otro medio es posible. Si el señor general Díaz sabe quién soy y
de lo que puedo hacer juzga, ¿tendría inconveniente pa1 a honrari,,e
con el nombramiento de Cónsul general de México en Colembia? ¡Lo
permiten las leyes mexicanas? Yo me esforzaría, a fin de servir ese
empleo de modo que mi labor no fuese inútil para México; y si algo
puede valer mi profunda gratitud, el ciudadano eminente que hoy
preside aquella nación tendría, no sólo mi gratitud, sino la de mis
hijos y la de los colombianos que me aman.
Aunque escritos con el alma, trazar esos últimos renglones ha
sido más dificil para mi que escribir muchos capítulos de aquel libro
-poema de mi corazón-que usted admira. Prosa de la existencia .. .
¡Cuánto cuesta el vulgar vivir! ¡Lo que uno es capaz de hacer por
amor a estos niños adorables que han sido mi único consuelo y ale·
grial ¡Cuán espantoso y cruel es pensar que los dejaré en el mundo
d~svalidos!
No relea usted esos rengiones. Proceda como mi hermano.No ol·

•

354

.

LA PLUMA

vide, al proceder en un sen!' d
bre;que no pido limo
t o u otro, que está de
.
con mi trabajo·
s~aa los editores que en A é ~or medio mi nomPresidente de
es digno de admiración; ;~~a han esp~culado
no de toda la Améric;
yo soy, por casta de nato ªtata miento el
laboran bendeci&lt;j
a ina, hermano de todas I ura eza, c1udadanuestros libertad:r~y luchan gloriosas, complemas talmdas que en elia
s.
en an ° la obra de
Adiós ho
bre del S
y. Sus cartas me vendrán b'
Le enr~aDrgro. He11rbique de la Espriella. ,en a Cartagena, bajo el so-

Mi:~:'

r~: .

un a razo

·-

o mi respuesta lar a
cannoso para el Sr. Sosa
ad recibir otra de él g a su carta de 27 de abril d 1 81~e habrá llegaSu leal am·
.
e 7 No he vuelto
,go y seguro servidor

•

JORGE ls.UCS

Posdata -Le •
·
cial de Col~mbia incluyo, _t~mado del número 262
.
26
tudiad_as por mí
de d1c1embre del 8 7) lo 0 ~~
. del Diario Ofi·
~ncog,da algo l~ d ~ta entonces se publicó L • soore hulleras esy obtenido. ¡Sería ~rfs conservadores-apla~di~ prensa del país1 reproducir en Méx·
Y admiró lo hecho
tco esos documentos?•

h

�L A PL UM A

LA CA NCIÓ N GRI S
¡L luvia de ciudad!
Sonsonete triste
sobre los cristales...
·Luz de enfermedad!
I
.
1/oy todo se vzste
de tonos iguales.
Luz apa1ttallada,
disfraz de las cosas
gozosas ... ¡De nada
sirve que !zaya ros~s!
Se han tornado grises
flores de tristeza;_
se han tornado lises
rancias de nobleza.
Huyó la algarada .
que un bum d~a tra;o
sobre mi agobiada
mesa de trabajo.
Oh la luz go::osa ...!
1
Ho; ¿porqué 110 brilla
su color de rosa
sobre la cuartilla?
¡Días soleados/

La 1•ista viajaba,
corría y brincaba
sobre los tejados.
Hoy, tan solo mira
la borrosa tira
del turbio paisaje,
los lzilos da encaje
que teje la lluvia,
flecos para el traje
de la tierra rubia,
y la calle muerta,
tediosa, desierta,
y la r~sa abierta
lieclza flor de lis...
¡ Todo, al alma mía
trae la letanía
de melancolía,
de monotonía
de la canción gris!

UN MATRIMONIO OCTOGENARIO
¡Qué vi9'os son los dos! Por u,za inercia extraña
no han muerto. Cada día su vejez envejece.
La hija qHe les dió 11ietns, ahora los acompaña,
y casi al mismo tiempo se arruga y encanece.
357

�LA PLUMA
. Qué viejos son los dos! En ella, como en él,
parece que la Muerte modela su
. boceto
todavía de carne, todavía de pul,
el esqueleto.
b ar de.¡:;nitivamente
para l ar
'P
1

Tienen el dorso en curva; la diest-:a ªf!arrotada
al cachavón de palo, caído el brazo izquierdo.
r:. 'o tristeza ¡nada!
,
do
Bucean en los anos
... J."rl
Todo es hielo en la trama borrosa del recuer .

- Te acuerdasr Aquí, un día, reco~damos aquello ...
¿
t·
memorzaHi "uca, cuéntanos, tú que ienes.
lo; dos viejos escuchan, mu,y estirado el cueh_llo .
un renglón de su zstona.
y agranda dos los oios
J
'

y cruza un Juego fatuo por la mente dormida,

=

_,,. la existencia recobra,
su fittgaz Parp 0
•d.
y se entibian sus venas con ttn soplo de vi a,
siuue
lentamente su obra
.
la J',,-uerte
mientras
'l!l
.,

ANGBL ESPINOSA
• libro en prensa eT orrentes y remansos••
Del

HENRI DE TOULOUSE-LAUTREC
hace ya una veintena de años que murió ToulouseLautrec, el valor y la magnitud total de su obra no han aparecido claramente hasta muy poco tiempo antes de la guerraSu obra dispersa, manifestábase tan pronto en un procedimiento, tan pronto en otro, sin excluir los más diversos: óleo, pastel, grabado, litografía, y se expresaba lo mismo en un cartel que en la cubierta
de un libro, o incluso en un simple programa, y amoldándose siempre a
la actualidad; obra que se nos presentaba en fragmentos, y aunque tuviésemos la noción de su valía no podíamos medir con exactitud su alcance.
Además, la extraña personalidad, fantástica, robusta al par que enfermiza de Lautrec, atrayente y sarcástica, seductora y desconcertante, rebasaba, o parecía rebasar el marco de su obra, hecha como jugando, y a la
que parecía no conceder importancia. Dijérase que brotaba sin esfuerzo
de sus dedos; no incitaba a penetrar en su intención profunda.
Fué menester la exposición organizada en París, en junio de 1914,
por la revista «Les Arts• para descubrirnos verdaderamente la obra de
Toulouse-Lautrec en todo su esplendor, viviente, conmovedora al par que
implacable.
Sabiase muy bien que sus dotes hablan sido prodigiosas, tales que ni
Daumier, ni Forain, ni Degas, a quien puede aproximársele, le han sacado ventaja. Parecía no proceder de nadie, no venir de parte alguna: apenas si su lápiz incisivo recordaba a veces ciertas «abreviaturas• del arte
japonés. En la exposición de 1914 nos encontramos ante las fuentes propias de est~ singular artista: eran puramente clásicas, riquísimas, selectas.
UNQUE

35'?

�LA PLUMA
Vimos alli lienzos como la Blanch{sseuse, pintados tan sólida y clásicam&lt;!nte como las primeras obras de Degas; dibujos que eran prolongacióu de los pintores franceses del siglo xvm; allí vimos aparecer de súbito sus cimientos profundos,,su conocimiento sagaz de la tradición francesa pura, a la que agregaba una percepción de la vida febril, jovial o
melancólica, que le pertenece por modo exclusivo. ·
Si la vida que llevó Henri de Toulouse-Lautrec no es de las que las
Academias recompensan con premios a la virtud, fué al menos singularmente adecuada para suministrarle los espectáculos que con más fidelidad convenian a sus medios de expresión.
Toulouse-Lautrec era exiguo, deforme, de ingrato rostro: especie de
gnomo que mezclaba una cachaza desconcertante con una petulancia imprevista; aunque entristecido por su desgracia corporal, ocultaba su melancolía honda bajo apariencías joviales o alborotadas; se vengaba de la
vida escrutándola hasta el fondo; la recorría desde lo alto de la escala social a lo más bajo, complaciéndose más en lo bajo, porque alli se le aparecia más franca en sus vicios, en sus amarguras y en sus goces, en sus
apetitos y en sus engaños
.
Descendiente auténtico de los condes de Toulouse, una de las familias más rancias de la aristocracia francesa, le plugo sobremanera considerar el circo, el bar, el pueblo que se divierte, la liviandad de los ociosos en los sitios de esparcimiento, la melancolía de la cvida alegre•, el
similor del music-hall, la iluminación chillona de los teatros, el oropel de
las ferias.
En ese respecto ha sido el historiador sin igual del Par[s que se di•
vierte baila canta o sale a escena, entre los años 1884 y 1900. Todas las
celeb;idade~ efímeras de los cafés-conciertos y de los teatrillos, han sido
así eternizados por el lápiz de Toulouse-Lautrec. Aunque sólo fuese como
documento su obra merec[a sobrevivir, pues no será posible escribir
la historia de la vida parisina entre una y otra guerra, sin referirse a sus
dibujos, a sus carteles,a sus litografías. Ese atractivo de_l documento f~é lQ
primero que, a los testigos o a los sucesores de tal periodo, nos seduJo, al
encontrar con satisfacción en su obra los recuerdos vivos aún de esa época.
360

LA PLUMA
~ero en la obra de ~oulouse-Lautrec hay mucho más que una simple
notación: p~see la_ autoridad de un historiador y la agudeza de ingenio
de un moralista. Ciertas obras de Lautrec igualan en psicología a las de
un Watteau: están en los dos polos de la melancolía, pues Watteau se inclina a la ternura mientras Lautrec propende a la amargura. Ha sido en
su arte Y en su tiempo lo que Chamfort o Rivarol fueron en sus escritos
un siglo antes.
Al examinar la obra de Lautrec, al recorrer sus diversas páginas, penetradas todas de luces, de cánticos, de danzas, de frenesí, nos hallamos
en presencia de un testigo, de un testigo que no quiere dejarse corrom~er, t_estigo implacable. Jamás se permite aderezar la verdad según un
ideal impuesto, ni siquiera según una idealización personal: su gozo es
com_prender, gozo particular, más próximo a la tristeza que a la alegria.
Sed1ento de verdades, casi puede decirse que de ellas se alimenta: si la
belleza existe y sus encantos, sólo quiere buscarlos en los acentos más
Tivos de la vida. No se puede amar la verdad en arte más que ToulouseLautrec la amó; en su obra no hay concesión algusa a los hábitos espirituales del aficionado o del gran público.
En un rincón de Folies-Bergeres o de un bar, en un lugar sospechoso,
rodeado de golfas y de sus amigos, p:uecía que iba paseando con indiferencia una laxitud extrema, el desánimo peculiar de los •Sitios de diversión•. cuando a ellos no solamente se lleva el cuerpo y los nervios, sino
también el alma Y el juicio; otras veces parecía haber ido allí tan sólo por
su placer personal, por participar en tal agitación, en tales realidades o
en t~les apariencias de gozo: pero miraba y observaba siempre, dueño de
su vista, y notaba en su mirada lo esencial.
La_ verdad es que para sorprender as!, de una ojeada, los elementos
más diversos de una escena compleja, y combinarlos en un conjunto igualmente verdadero, sin que ninguno de esos elementos perdiese su carácter de visión aguda, ni su detalle expresivo, menester era que ToulouseLautrec tuviese, en cierto modo, un ojo de facetas, como los insectos.
Coa una puntualidad cruel, terrible, se apoderaba de la deform ación característica, del visaje que ponen en un rostro la luz cruda, la fatigc1, la ale361

�LA PLUMA

LA P J. U: M A

- - - - --

gría, o simplemente los afeites. Sal&gt;ía arrancar lo que toda realidad con.
tiene de caricaturesco natural; pero en lugar de servirse de ello, como
hubiese hecho otro, para hacer reír o sonreír, Toulouse-Lautrec sólo se
cuidaba de ser amargamente veraz, de ir h:i.sta el fondo de las almas, de
las apariencias, de las alegrías, alborotadas hermanas de la suya propia.
Y todo esto, dijérase que expresado con nada. Con el arte más sucio·
to y breve acertó a traducir la compleja vida del gozo parisino, ese mundo cuya industria es el placer, esa trepidación en que la necedad y la
grosería se mezclan con las flores del espíritu más exquisitas, con la gra•
cia conmovedora y la feminidad delicada. Toulouse-Lautrec, no sólo sabía
verlo todo en un abrir y cerrar de ojos: sabía expresarlo todo con sencillez. A menudo, le basta una línea ondulante, rápida, nerviosa, para situar
un personaje o describir con exactitud pasmosa, el sombrero o el vestido de una mujer, el gesto y el carácter de un hombre. No falta ningún
detalle, o al menos así paree~, porque sólo pone lo necesario. En ese camino, nadie acaso haya ido tan lejos como él: hizo con los grupos, con
los personajes humanos, lo que un pintor como Jongkind había hecho con
el paisaje y los navíos; con unos cuantos trazos sabe dar no sólo la estructura exterior, sino el espíritu íntimo, el sentido interno.
Más sorprendente aún es la variedad de su tecnica, la multiplicidad
de sus medios, lo que podría llamarse su «obediencia del te na&gt;; escoge
sin vacilar no sólo el trazo sino la materia misma que mejor ha de convenir a su asunto. Apenas si alguien más que Deias ha sabido mezclar tan
bien la nerviosidad de la visión, la penetración del trazo, con tanta suavidad de materia: Degas es a menudo más grande, pero no más penetrante ni más refinado.
Al pronto, el arte de Toulouse - Lautrec parece sólo duro, mordente, satírico, preciso, pero mirándolo bien se advierte la finura igual
del espíritu y de la materia. Un arte como el de Lautrec sólo puede ser
producto de una selección larga, de una civilización culminante, de una
aristocracia de pensamiento y de visión por mucho tiempo sostenida. Por
eso hay pocos que sean más característicos de su raza; a pesar de algun.t,- s'.! n ...j1.nzas, del todo exteriores y pasajeras, con el arte japonés, es
362

u~ arte francés_ por esencia, y que manifiesta las asombrosas contradicc10nes ádel gemo
l · de esta nación. En Lautrec , como en la na t ura1eza firanc_esa m s cu tlvada y refinada, la mente parece dominarlo todo: la necesidad d:_ ver las cosas tales como son, la voluntad constante de no dejarse enganar por hombres y cosas, se descubren al punto: pudiera casi
creerse
. que han sustituído a todo lo demás·, pero m'1rand o d e cerca se
perc1~e la afluencia ~e una ternura, una delicadeza, una sensibilidad, ~na
especie de voluptuosidad deliciosa y discreta que, pese a todo, no aciertan a esco~derse. En algunos retratos de mujeres, el de Madarne Korsikoff, por e¡e~plo, T?ulouse Lautrec rivaliza con las pinturas más delicadas de Reno1r. La pmcelad_a obedece a la sugestión de la materia que
pr~tend: re~resentar, se enza en las pieles, se ablanrla suavemente en la
ep1derm1~, hiende vigorosamente la madera de un sillón O el marco de un
cuadr~, sm_ caer n:unca en la mezquindad de los pintores que sólo saben
el oficw. Sm embargo, más aún que en esas delicadezas, y aunque en
~na~ se muestre con tanta holgura corno en todo, donde se le ve más
dueno de su arte, más inolvidablemente personal es en los retratos de
hombres, Y sobre todo en las grandes escenas del Moulín de la Galette
en las escenas d~ teatro, Y en cuanto revela la vida nerviosa de su tiem~
En esos con_¡~ntos ha sorprendido, como nadie lo había hecho antes,
: ~~;ema movilida~ de la vida; la obra de Lautrec es una especie de
a e1 oscopo_ de la vida de París, en el que cada momento está animado
de una es~ec1e de frenesí interior, que los personajes parecen retener con
gran traba¡o.
Toulouse-Lautrec ha sido el historiador puntual y necesáriamente
cru~l: de _una _época de neurasténicos y sobreexcitado's, pero también de
;;ra.1r~tu~ ~n~u1etos c~yos escrúpulos y vacilaciones volvieron a poner en
e ~utc10 tant~s tde~s y sentimientos, y contribuyeron con ello a traer
ese penodo_ s1?gular de trepidación sin progreso una generaada de conv1cc10nes más firmes y de energías irresistibles.

iº·

:::::¡:

G. JBAN-AUBRY

�EN Lt\ MUERTE DE UN AMIGO
FEDERICO JAIMER

¡cSeñor, abre tus brazos a esta ~lma p~r/ecta:
que un camino de gloria y un jardzn sonriente
sean sendero y reposo!
d
·G.ue le ruta del grave reino de lo ;Ignora o
car/ibie en rosales blancos ~~s ásperos zarzales
y en impolutos lises los guz1arros al solo
contacto de su planta
.
bendita por la sana ;fuvent~d _varoml!
¡tlue sus ojos conserven el ultz1;1~ destello,
cSeñor, y que en sus labios la ultima palabra
tiemble perennemente!
.
.
.q¡ que el último beso maternal, de znfimta
/8
,.
·t ti
pasión deje su huella sacratzszma zn ac a.
¡tl~e tu piedad le acoja, ;f)ios _mío¡ y en tu seno
él sea el preeminente entre los elegzdos.

'Y cuando halle el descanso en el tibio regazo
de la atlántica tierra natal, y ella le estreche en un pro/undo abraz_o secular; cuando al sueno
de la muerte acompane
el armonioso canto del mar; cuando el reposo
sea, en fin, el absoluto, el grande, el verdacfe~o
¡9lleja los gusanos, cSeñor de su magnanzmo
corazón!¡ Permanezca
su corazón que era todo bondad y amor,
todo paz y dulzura!
LUIS B. INGLOTT

LETRAS BELGAS
Maeterlinck han esparcido lejos la gloria de la literatura belga. Incluso puede decirse que han creado esa gloria
y revelado a toda la Europa intelectual la existencia de nuestros escritores. Antes, Rodenbach, en d escenario de París,
había acertado a conquistar una clientela vasta, pero desapareció muy
joven, y su obra no le ha sobrevivido. Cuando se intenta releer hoy
Bruges-la-morte, considerada comúnmente como su obra maestra, no sorprende ese disfavor: la novela, de atmósfera falsa y de psicología pueril,
está lo más lejos posible de las exigencias y de la grandeza del arte humano; es obra de &lt;literato•, en el peor sentido de la palabra. Charles van
Lerberghe, por su parte, no disfrutó jamás de popularidad real, pero su
muerte, que data de quince años, no le ha privado del afecto ni de la admiración de todos los artistas, y La Ckanson d' Eve sigue siendo mirada
por la mayoría de los poetas como la obra maestra del simbolismo
francés.
Nada diré aquí de Verhaeren y de Maeterlinck. Ya no me perténecen:
se salen demasiado del marco de las letras belgas. Verhaeren merecía
aun más que Maeterlinck esa gloria universal, pues pocos hombres han
simbolizado con tanto vigor y profundidad la mente y el alma de su tiempo. Rogaré tan sólo a los lectores españoles de Verhaeren que no sean
rigurosos con él por las últimas obras que ha firmado: la guerra le convirtió en cantor oficial de su Gobierno, e incluso el genio es incapaz de
ERHAEREN y

365

�(

LA PLUMA

LA PLUMA
artas ue durante el año 1916 cambi? con
soportar tamaño fardo. Las c
r ~ el año último en L'Art LibreRomain Rolland-yo las he pu~ ic~ od l hombre de vasto corazón y de
d segma sien o e
d
l
. entud Seria en verda 'crue
muestran que en e1 fon . o t de nuestra JUV
·
'
1
d
. da llena de amor, i ec o
fl
de sus últimos anos
mira
ran oeta la aqueza
e injusto reprocharle a un g_ . d~do con la tragedia de Occidente.
-sobre todo cuando han coinc1 t
'6 con varias obras de teatro
•
tó su reputac1 n
_
h
Maeterlinck, que c1me:i
1
. te y los treinta anos, no a
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0 entre os vem
compuestas sm levanta_r man
lle merezca ser mencionado.
es e
escrito desde hace diez nad~
se creyó filósofo, se apoderó de él
el día ya lejano en que Maeterli~c B ·1F,nestre de 'Stílmonde no es susu reciente our1:,
n ,It P.
.
·d
una decadencia ráp1 a, y
.
1 folletín más mediocre del reu, a.
como quiera que se le 1D1re, a
penor,

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risien.

**•

.
las letras belgas la constituirá toda_ la
La materia de esta crómca de
.
e ha acompañado o seguido
roducción
desconocida
en
el
extEranJero
sqeuha
apoderado. Aquí hay una
P
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de que 11ropa
a los dos o tres escn 0res
. f . r en su mayor parte, pero
d'
claramente 10 eno
escuela numerosa, me iocre 0
- do de artistas de grandes vuelos,
en medio de la cual distíngues_e un. punAa , h una producción anual co, . •
lver en s1lenc10. qui ay
q ue sena imcuo envo
d sus detalles pero de 1a que es
.
t diada en to os
'
piosa, indigna de ser es u
.
treintena de volúmenes-que no es
menester entresacar una cumplida
poco.
.
.
u e de la literatura belga empezó hacia
Es costumbre decir que el a g
Bél .
Es de notar que los inven.
d la «Joven
g1ca».
1880 y grac1as-·al grupo e
·1samente los miembros de
'
.
d
a fórmula son prec
tores y propagandistas e es
I
de una Academia (fundada
.
pados hoy en e seno
.
la •Joven Bélgica», agru
. de sindicato de func1onaás parece una especie
hace dos meses), que m
.
El
enacimiento• de 1880 es una
· d d de escritores.
•r
ríos que una soc1e a
·ca había producido hombres notab1es,
fábula. Antes de esa fecha, BélgtD C ter autor del inmortal Uylenspiep . ez y Charles e os ,
.
h
como Eugene irm
.
G
Eckoud v Edouard P1card aCa ille Lemomer, eorges
J
ó
88
gel, y en I o, m
De toda esa generación de •J vebian publicado los tres obras maestras.
366

nes belgas,, sólo V erhaeren es gra nde, y sus compañe1·us más alborotados son, por el contrario, infinitamente pequeños. Es probable, por lo
demás, que colmada su ambición de prebendas, sinecuras y condecoraciones, nos harán gracia de sus obras.
Esa Academia ha producido el resultado excelente de separar la cizaña y el buen grano: en efecto, bajo sus pórticos, y en las gradas que a
ellos conducen, se atropella la turba de periodistas, de bardos patrióticos
y de novelistas moralizadores que ahogaba a los verdaderos artistas. Y
cuantos honran nuestra escuela, Gregoire Le Roy, Neel D uff, André
Baillon, J. F. Elslander, Fernand Crommelynck, Pierre -Broodcoorens-no
falta ninguno a la Iista-estan todos lejos del templo de yeso sobredorado,
en un aislamiento que los engrandece.
Por eso hay que ser indulgente con la «Academia de Letras Francesas de Bélgica». A nuestro sufragio positivo, la Academia ha sumado el
suy0, que no por ser negativo pierde su elocuencia singular ni su significación. Me atrevería incluso a decir que es una consagración.
Algunos de los escritores que acabo de nombrar, y a los que·serla menester añadir una docena de nombres muy cabal, no son desconocidos;
Páris ha dispensado a las obras de Baillon, de Neel D off y de Crommelynck, un suceso caluroso. Espero tener ocasión de subrayar pronto la
importancia de cada uno, y de poner así de relieve los esfuerzos, caóticos
todavía pero ya fecundos, de la generación que nos sigue, muchos de cuyos miembros han firmado, a pesar de sus veinticinco años, obras que
quedarán. Por hoy, y tras estas consideraciones generales, quisiera hablar de Fernand Crommelynck a propósito de su obra nueva ú Cocu

magnifique.

·

..

"'

Crommelynck había escrito y dado a la escena en Bélgica, desde hacía
diez años, algunos dramas desiguales, en que la expresión trágica se atascaba en mil y una convenciones. Verdad que su Scuplteurde Masques era
ya una gran cosa, pero los Amants puents, que le siguieron, estaban por
bajo de su talento. Ya se temfa que Crommelynck no acertase jamás a
367

�LA PLUMA
LA PL U 11 A
p
hace seis meses, nos revel6
liberarse por completo, cuando Lugoe oe,
Le Cocu magni.fiqu,e. .
M drid la emoción que en toda la Prensa
Sin duda son cooocldos efn • ª.
dita en tres actos•, como el autor la
. . h
ovido esa&lt; arsa mau
d L'O
pansina a prom
h
ecipitado hacia el teatro e
euintitula, y el ímpetu con que se a~
de Francia. Hacia ya diez años
vre todos los aficionados y lo~ art: a si por an drama, y nadie ha con.
que la gran ciudad no se apas'.ona :n :an oco tiempo.
ue ef triunfo rápido y completo del
quistado en Parls tanta celebridad
Hay que afirmar, por otra parte, q
Crommelynck se ha puesto
Cocu magnifique se justifica p!ename:: ~:~aturgos de su tiempo, e inen fila, sin disputa, con los m s gran
tachen de exagerado. Aun soy
di .
tiempos Que no me
.
d los críticos franceses al a s1cluso de to d os los
.
ue la mayor parte e
. .,. d
.
, n los nombres de Moh,:;;re, e
menos afirmatlvo q
yas crómcas aparecia
guiente del estreno, en cu
e ha o ilusiones acerca de lo que pueden
Shakespeare y d~ Ibsen No m . ~b ervo tan sólo que Crommelynck
valer tales cote-Jos-al contrario. . s comparto enteramente la opinión
puede afrontarlos sin que le a~ldsten, ~ d"
que ú Cocu magnifique
d Leon W erth y de otros vanos cuan o . Lcen
e
l teatro occidental.
señalará una época ~ueva en e
t humana y dolorosa. Abarca un
Esa cfarsa inaudita• es pavorosamen e
frenes!. y una clarividen1 ·d
lo desenmascara con un
d
lado entero de a vi a y
b d d punta a cabo por el hálito e
cia casi horribles. La obra va arre ata a e el que en ciertos momen . t
s tan enorme tan cru ,
las tragedias m ái; in ensa ,
'
abrumado por la acción que
tos hasta el autor parece arrastrado, parece

f:

ueña de Flandes, Bruno, esha concebido.
.
Trataré de resumirla: en una ciu~ad peq al ante los amigos la belle, .
h
do con Lwsa, y ens za
critor publico, se a casa
h
Bruno exaspera asl sus de.
L hombres la acec an, Y
•
za de su muJer. os
.
de Luisa, su compañero de 1a inseos. Un día llega a su casa ~n prl1mo
ntos de su mujer' y llega hasta
e a decirle os enea
di .
d de súbito la mirada co ciofancia; Bruno se pon
ue juzgue cuan o
'
La
desnudarle el seno para q
'
a puñalada los celos.
sa del primo le hunde en el corazó~ co~o ;:r someter ~ su mujer a la
tragedia se urde en torno de Bruno. mpleza
368

vigilancia dé Estrugo, especie de idiota que le sirve de escribiente; luego,
para asegurarse más, la enmascara, la cubre con un manto impenetrable,
la guarda para si solo, cerradas puertas y ventanas. Pero los celos le torturan, y en el curso de una de su,; tremendas conversaciones monologa•
das con Estrugo se le ocurre la idea de que sólo la certidumbre de su infortunio podrá calmar sus celos. Luisa, por amor de Bruno, y para cuidarle, para curarle, consiente en prostituirse con su primo. Bruno aguarda, bajo la escalera que conduce a la habitación conyugal, que se consume
todo. Cuando Luisa vuelve, sumisa y heroica, la maltrata; la acusa de haber simulado una escena de amor con su primo a fin de extraviar sus sospechas. Y poco a poco, le trae todo el pueblo; Bruno, para saciar su pasión, quiere que su mujer le engañe con todos los hombres. Luisa consiente. Pero Bruno con nada se calma. Llega a esta declaración formidable: si Luisa acepta a todos, es que el verdadero, el S'&gt;lo, el único amante
no está entre ellos; él solo r.o vendrá, él solo no puede venir, y toda su
invención no sirve de nada. El acto segundo termina con una escena de
demencia, en la que, armado de un fusil, Bruno, en acecho, exclama:
&lt;¡Aguardo al que no vendrál•
Después, el pueblo anda revuelto. Las mujeres se encarnizan con Luisa, que aparta de ellas a sus maridos. Y mientras la rabia de Bruno se
exaspera cada vez más, y una tarde de Carnaval hace la enormidad de
entrar enmascarado en su casa para coronarse a sl propio, se urde un
complot contra Luisa. La turba, con teas e instrumentos burlescos, invade la casa, se apodera de Luisa, la arrastra hasta el rlo, y las mujeres le
darían muerte si uno de sus primitivos adoradores no la arrancase de sus
manos. Entonces, una última escena pone frente a frente, ante la turba
levantisca, a Bruno y al pastor que ha salvado a la infeliz, y ésta consiente en seguir a su protector, haciéndole jurar primero: c¡Dime que al
menos podré serte fiel!• El telón cae en el momento que Bruno, rodeado
de una zarabancia burlesca, percibe su decaimiento y su locura.
Perdóneseme si he resumido mal un drama gigantesco y de tan furiosa
realidad. Es imposible dar, ni siquiera débilmente, una imagen de esas
escenas tumultuosas, en que cada personaje crece hasta llegar casi a la
~4

369

�LA PLUMA
~ d de Ull abDbolo, J do~ iió 'Obstante,, tedoe pidécea co. ,
hombres. Teatro de laéroes, en el sentido griego de la palabra: deade
Otelo no se habfa sacado jamás a luz los celos tan ·brutalme nte, ni jamás,
desde Moliére, se habla impuesto la risa al espectador en algunos m~
mentos tan brutalmente. Pero, dada la incoherencia y la inconveniencia
de las comparaciones, prefiero evocar a Shakespeare, pues la escena fran- ,
cesa ao ha conocido jamás tal aproximación ni tal lllezcla de sentimiento■ y de pasiones contradictorias. Los celos, con cuanto ~cierran de risible, de ridlculo, de est6pldo-y de santo, de noble, de doloroso, animan
ú Coa1 tlUlpi/il¡w, donde se percibe de súbito que ese sentimiento,
esa inquietud, es una forma paroxlstica del amor, o por mejor decir, una
slntesis del amor, del Dliedo y de la avaricia.
Ignoro lo que hará mañana Femand Crommelynck, y si el á ito triunfal de su obra le será funesto. Pero ~ que ya cuenta en su pasado-dirla
en nuestro puado-con una obra maestra del teatro europeo, el drama
que-por repetir la frase de Leon Wertb-con el Paf1Uóol Tmadly de
Vildrac séiiala el comienzo de una nueva era. Eso me basta. u locu
magnifir¡iu, representado por primera vez en Parla hace cuatro meses, ha.
sido ya traducido y representado en cinco idiomas. Deseo que Espaiia no
tarde en conocer esa trapdia del Norte, donde el corazón humano se
mira con temor.

370

PAUL COUN

APUNTES PARA UNA GEOGRAFIA
MUSICAL DE EUROPA. 1920
Y VI. ESPAÑA

(1

para acabar no habrá
.
paila. y está de moda est dm~ r~~ed10 que hablar de Eahabemos iiastado algu o cd a mus1ca espailola. A fuerza de
nos to a la buena fe de
cencia en hablar en cien m.
.
nuestra adolesde la renovación musical de 1 Es ñ d revistas de la cescuela espailola•
tesis ha llegado a cuajar y p:r a~7 fa contemporánea y otras cosas as(, l~
buena fie-ya no adolesce t d ft uera continúa babi and ose con una
sica espailola.
o e- e amante e escuela• moderna de múUES•••

~Por ahl fuera tan sólo? Los P .
de cuarta plana y los reclamos d nmerdos en creer de veras los anuncios
,....... d
e conta uría son los p . .
- - e UD caso hay de algún h
bl
.
rop1os interesados.
onora e profesional q
·
.
ue nos viene a contar 1o que en la e Prensa extr .
. .
anJera...• ha dicho de él
nuestra amable oficma mformati va. Porque está l
c aro que a veces se si t
or
ante
el
extranjero
y
ese
'
b
d
.
en e UD poco el rub.
.
•
n e uno e alh como los d ás .
siente ae paso el sonrtJjo de lo q I d
.
em , mientras se
L é
d
ue os emás escnben aquí
a poca e las «escuelas&gt; no es a I·
.
.
las personalidades, la multici licidad y a t~ues_tra: La neta división de
psicología de 103 artistas y I p
h ~e cntenos, la C•Jmplejidad de la
e vasto onzonte de los "d i d'
que 1os lazos comunes e ntre e'I s
h
• ea.es •versos hace
. . u 'lean oy m~nos que sus diferencias.
371

�LA PLUMA
Apenas podrla encontrarse un factor común menos vago que el siglo, el
compatrietismo, la vida dentro de la misma estrechez de límites. La filiación que permite engranar una bola en su rosario es cada vez más dudosa,
pero, entre nosotros, entre los españoles, ¿es por riqueza este embarazo?
¡Ayl Aqul donde en todo llevamos un buen retraso de medio siglo-¡medio?-, en esta falta de disciplina vamos a la vanguardia: pero serla ridiculo
querernos engañar~ no es por los incatalogables¡ es porque en nuestra baraja, los López, Garcias y Fernández se llevan los tres cuartos de los palos. Con el que nos queda tendremos suficiente para toda la originalidad
restante.
Pero, ¿qué es \o que pasa, y por qué estos pocos más originales son
los que ganan todos los triunfos? (Los ideales, a lo menos). Muy sencillo:
son los únicos que valen. Al principio la baraja entera se pone de patas
en cuanto estos amanecen. Luego, tienen que transigir; poco a poco terminan por tragárselos del todo, y, a la poslre, cuando sienten que el campo no es ya suyo y que ya no está su acera de moda, lían precipitada•
mente sus bártulos y sin atender a los coches que pasan por medio y sln
reparar en el barro del arroyo, se precipitan desatentados hacia la acera
concurrida sin pensar, ¡pobres!, que desembarcan en ella llenos de cazcarrias.
Todavia hay entre nosotros cnacionalistas• al buen estilo del año 6o.
Esta fué una fase más reluciente que adoptaron algunos clasicistas apolillados del viejo régimen, y algunos románticos, mixtura de cLucia:. y de
cTristán•. sintieron también la veleidad nacionalista y en ella hicieron
sus pinitos.Ahora,después de que la guerra tes ha hecho ver que el romanticismo no es negocio, y que, sobre todo, no es reclamo que atraiga ya a
los jóvenes incautos a sus academias, se ve por toda Europa el espectáculo de los que se han decidido a cambiar de rón:.lo, comenzando a hacer girar el espejuelo modernista. Machacan a los rusos y a los franceses
en su espeso mortero y brindan a sus neófitos una informe papilla sazonada de jota, muñeira o sevillanas, según cual sea la zona española, y
hacen mirar a loi; tiernos bobitos por un Kaleidoscopio de culos de vaso.
Sin un momento de duda, entre este espiritu de mixtificación y la
372

LA PL'. UMA
pobre
·
éconstancia moral del mocito b ar b ero tanendo
su
d I'
nmos sta; pero ¡quién nos diera el l
.
man o ma, prefealdea soplase en su pipiritaña!
a ma mgénua que en el fondo de su
Desde hace años vemos caer en la Corte h
musiquitos provincianos que
' oy uno, mañana otro, los
• é' y
nos preguntan con ap r . C
tr r siempre la misma rcspuesta.. 1Con n Ingunol Las
u o. po
&lt; on , qué
• maestro
nas
que
entre
nosotros
podrl
•
•
•
qms1mas
.
d
aO maneJar srn a1arla es
•b·t· persavirgen e la. mentira escolástica , no t·1enen tiempo
.
a
sens1
para d d i tdad
. aun
e 11 o. D emastado poco tienen para sus propias atenc·o po er ed1carse a
gor, por las que deben velar más·
. t nes que son, en riquiera de los más conocidos· de 1 ' yá a~aban enviando al neófito a cualel pupilo ha cambiado el . .
os m. s mfluyentes. Unos meses después
atre campesmo por l h
,
sal, y su ingenuidad por la pedantuela
. . e. umazo del café Univeren que haya caldo Se defi d b.
pohtiqu1Ua doctrinaria del grupo
· h en Ien 1en estos g rupos, masonerfas de camia que un día u otro
11
acen o r una obrita del
"é 1
gración fulminante Bueno· p
t
ex rec1 n legado. Cansa.
. ase o ro
y de este modo nuestro jardín m~sical 'ar
.
que esos escaparates de horticultor cu
' _J di~ botánico, parece mejor
el e encanto de una hora:..
yos t1estec1tos en flor apenas tienen
Frente al perfil tan fuertemente acusado
, .
la, la cescuela:., la «música de t
. de la mus1ca popular cspañoot
ar e,. que Jamás lo h t .
ros, menos podrá tenerlo en l t ,
a emdo entre nos1
••
ª et apa
1920 Si lo ' ·
.
or pos1t1vo en nuestra música
1
•
umco que tiene un vacierto aire de parentesco que
ua , prese~ta algún rasgo común un
0 que consigue p
c
·d
•
. . •
ons1 eractón de e escuela espa - 1
ara ese mov1m1ento la
no a•, se debe más
f
res qu_e a la semejanza espiritual que los Albé . a sus uentes populamz, Falla, Granados, Esplá
o Turma pueden tener entre sf N d .
ya
no
h
·
ª
ª
importa
esto·, he mos referido que
.
ay escuelas; el último refle'o d
cierto modo, este existe en los no~br:s e:as f~e el cnovecentismo:. y, en
como el individualismo de otras
.
enc:1onados, pero este, tanto
punto de partida común un o . naciones, ItaHa, por ejemplo, tienen un
c .
,
nente que los atr
arnmos; pero, entre nosotros los q 11
ae aunque por diversos
los cuatro puntos cardinales. i.os d ue á evan_ al~ún rumbo, marchan hacia
cm s se hm1tan a dar vueltas alrede•

e:~

373

�LA PLUMA
dor de un huertecito sub-urhano y a cuidar sus gallinitas, aves de su
inspiración. Poco vuelo-dirán-pero buen caldo. Si a l&lt;J menos es así,
~ea ~nhonbuena ..
Es en esto en donde nosotros encontramos la causa Je nuestra inferiorid:id. Mal de mediocridad. Miseria de corazón y miseria de talento.
Vulg::iridad y pretensión. En síntesis una falta total de cultivo. Nuestras
músicos en su casi totalidad (dos o tres sólo se escaparon) están en barbecho y faltos de riego. De vez en vez una ola abrasadora de chabacaneria remueve su arenisca. Un escalafLn es lo que ven brillar en aquel lejano templo de la fama al que, según Byr,m, es tan difícil trepar. Al templo
de Minerya, dirigid vuestros pasos: años de servicio, quinquenios, jubilación, glorias nacionales, patriotismo bicolor, chin-chin, Academia y va-

1921- CONFETTI -192l
Al pasquín luminoso del día
El clarín colo,in del harapo
Es airón cascabel de alegría
De la turba exaltara del tr«-po.

mos muriendo.
Que ni nuestra materia musical es inferior, ni nuestro temperamento
actual es más débil que el de otros paises lo prueba tanto nuestro reper•
torio popular admirable-tanto más cuanto menos conocido y más salvaje-como el valor personal que las e dos o tres&gt; personalidades que poseemos tienen, lo mismo «en sí•, que en comparación con las figuras más
notables extranjeras. El temor está en que esas son personalidades aisladas, sin que se entrevea una sucesión futura. Su semilla cae en la esterilidad d_el medio, tanto como los sermones de otros, clamantes en el desierto.
Pero insistamos. Puede que por nuestros clamores lleguen a conmoverse
las mismas peñas. Gritemos a esos otros «dos o tres&gt; que no se marchen
demasiado lejos y que no perdamos el contacto. Y todos, de acuerdo, dediquémonos a conve.:cer al musiquito que en el fondo de su aldea sopla
en su pipiritaña que no venga a la corte, que ignore el escalafón, que
huya de la mediocre turbamulta de los programas de concierto, que cante
al aire de su tierra, que toque su guitarra a la luna de su aldea.
Alegre, fresco y puro
va mi cantar
a la vera, verita
u•
del naranjal.

ADOLFO SALAZAR

374

Sollozante su facies de harina
Don Humor rubriquea la farsa
Con la sierpe de la serpentina
y el flautín de la bufa comparsa.
¡Policrómico reir jacaresco
Alariza en el móvil tropel
Bajo un púrpura palio chinesco
Y una lluvia-color, de papel!

DÍA

.

Dominical
HervfJr

·Grito bermejo! Agudo

¡

La trayectoria
de la
naranja

Al
Sol.
375

�--

LA PLU~A

~OCHE
bt el picacho brilla

La lumbre.
Todo dolor es una
Cumbre!

r

( \ ) HÉLICE

y
Exaltar la pasión. Redoblar los ajanes •· ·
1Si no estuviese el mundo
Lleno de sacristanes!
Pero sí.:

CIPRÉS TEA TINO
Ciprés teatino Jemenil Y pardo
Dt una página extranjera
Otra vez regreso a España
Okl
España. Empresa de loco.
¡Ntgro fluir
de
agua clara!

ANTONIO BSPINA

1

...

LIBROS Y REVISTAS
Ramón Gómez de la Serna.-Libro Nuevo. Madrid, Imprenta, Mesón de
Paños, 8, 1920, El paseo del Prado.
Cuando, hace casi tres lustros, conocimos a Ramón Gómez de la Serna en
las aulas universitarias, había publicado ya su primer libro. Apenas si se vislumbraban en aquellas páginas las señales ciertas de su condición actual; pero
en el segundo volumen de su producción-Morbideces, 1907-manifiéstase acentuadísima la propensión a subvertir el orden exterior de las formas literarias
al uso, que le ha dado carácter propio en la literatura española de diez años a
la fecha. El lector, ajeno al movimiento literario que en peñas y cafés se fragua, cuya curiosidad dispersa se siente un día y otro solicitada por la incansable labor diaria de Gómez de la Serna en periódicos y revistas, si quiere de
un,, vez y p ua mucho ti@m po, darse enti-ra cuenta de lo que es y significa esa
literatura, extravagante en cierto modo en las columnas harto utili,arias de los
periódicos, lea el Libro Nuevo, cifra y compendio de la mane,·a en que ha cristalizado la juventud literaria de su autor, uno de los pocos temperamentos que
dt-spués de los modernistas han aparecido en España y sus colonias espirituales.
No se recomienda ciertamente por su amenidad la lectura del Libro Nuevo,
entendida la amenidad en la acepción vulgar por que se guía el lector que
compra los libros para distraerse. Le falta, premeditada y resueltamente, la infusión de su espiritualidad en una mdquina, trasunto de la historia '1umana.
Ramón Gómez de la Serna ha querido desligar la expansión lírica del propio
ánimo de toda reducción a la más fácil comprensión del público; no ha querido hacer una novela, un poema, una crónica, una serie de reflexiúnes; se ha
propuesto tan sc'.ílo escril&gt;ir, tal y corno se lo inspiraba unas vc1:;es la contemplación del mundo, rebuscando otras con empeñado ahinco, las relaciones más
óispares en apariencia entre cosas que la dbtancia, la calidad o nuestra percepci6n distribuyen en el tiempo y en el espacio con diferente peso y medida,
difíciles de reducir a común deno1Uinador. Suprimido además casi siempre
uno de los término~ de la comparación, las imágenes así obtenidas cobran l!na
ell:traña rareza en que el lector se pierde de primera intención, pero a fuerza
377

,.

�LA PLUMA

LA PLUMA
r sernos tan fáciles como las frade repetirse el procedi~iento, acaba: f:antas centurias. Adolec~ el Libro
ses hechas de uso corriente en una . a nio. En ese punto es quizás mu_cho
Nuevo, para nuestro gusto, de exceso de i~s"!o quiere, de los modos ex_Pres1v&lt;?s
más representativo de lo que s~ autor m F rzando un tanto la equ1valenc1a
peculiares de la sociedad espanola actual. , o entre la manía chistosa, dt• forpudiera muy bien establecerse tn Jª~~n;iniritualidad s11ciuta de que hace gala
más netamente burguesas, y el a ~- e de la Serna. Salvada, naturalmente, la
sin respiro ni descanso Ramón omez
dignidad literaria.
á .
como El Tritón-verdadero poemda e¡°
Hay en el Libro Nuevo P gmas
.
revela en Ramón Gómez e a
prosa-o Los maniquíes, ~uyo_l_írico h~r~1~:~cleristico del escritor nato. Las
Serna ese poder de imag~nac1?n crea. o. ~o en esta antología-no otra cosa
traducciones al francés, 10clu1das as11r~o gana el estilo lento y forzado a la
parece el Libro Nuevo-, 1:1u~stran_ cu ~-d·ana con cierta depuración gramaimitación expresiva d_e 1~ ms1stenc_1a_ c~l¡d~d d~ la imagen poética.
tical que en nada per3u_d1ca a l_a on_g1~ Gómez de la Serna entre sus gregu~Con muy buen sent,1~0. ha ms:rta o estrar,jeros, que comentando y exa rías varios artículos cnticos espanoles Y
definen
,
tando su pc::rsonalidad literaria la e~lic;.n y ación h~rto difusa, sembrada aqu1
Menos nos gusta El pase~ 1el Pra ºi iy~g s a untes humorísticos, cu~10·
y allá de preciosos_ ati~bos h_n~os, gr;rcl~s~~1:ira ,iaga de Fígaro. ¿Qué hub1er~
sas notas informativas,_preSididas P d O d grabadc,s interesantes, con que s
perdido el libro, ingemosamente orna
e
alli dispersas?
autor se tomara el trabajo de ordenJr la~_nota: l{amón Gómez de la Serna nos
La admiración que profesamos e an ig;o staciones exageradas del culto a
mueven a hacer estos reparos a esas manl1 netes disposiciones naturales y los
. . .
la ongmahdad
en qu~ perv_1·erte tan exce e
C. R. C.
mejores frutos de su mgemo.

***
Alberto Masferrer. - Pensamientos .Y Ffwmas.

Notas de Viaje.-J. García

Monge, editor. San José de Cost~ Ri~a, i~:\alvadoreño, nos dice el proloDe D. Alberto Masferre~, col!ec1do ht~~a ue cfué en los comienzos de su
guista de este librito en sucmta mtroduc~~ nd q ompa Diríase un árbol exucarrera literaria escri!or d_e muiha soná~~of sf carg~do de frutos. No sacriberante de florescencia. Despu s, :s~ f
la esencia de la idea en sazón. Y
fica ahora al matiz desl~mbrante e a ;fse como para hablar a los niños, se
así, si alguna vez su estilo s7 hace se:c1 e~~amiento.»
acendra de savia y resulta vigoroso d p
t
otas a la atención del lector
.
n Rica publica
. e1 S r. G arc1'a
No es la primera
vez que señalamos
J en
é des as
Costa
las excelentes e~icion~~ que e~ Sa~ ~!lud:ble reacción que en !ª literat~ra
Monae, cuya onentac1on pres1de ª
t
las normas corrientes anos
ame;icana más reciente se observa, respec o a

if'a

..l
'

atrás. Efectivamente adviértese cierta afición a contener la exubt:"rancia y entusiasmo exteriores en límites más asequibles al temple europeo. Son 101
Pensamientos y Formas del Sr. Masferrer a modo de impresiones, poemas cortos en prosa, reflexiones al vuelo, limpiamente escritos, serenamente inspindos en la realid:1d circunstancial de todos los días. Y nos atraen singularmente en el simpático volumen las Notas de Via_je, evocaciones de paisajes,
tipos y costumbres centroamericanos, con que rara vez le es dado solazarse al
lector que bu~que en la literatura trasatlántica una emoción, si no exenta de
las preocupaciones europeas universales, cuando menos referidas a su influencia en el ambiente americano o a su contraste con los elementos atávicos
característicos del Nuevo Mundo.
Aparte el interés puramente in(ormativo o pintoresco de los artículos: En
lzaleo, En Alegría, Lamateper, Procesión del Santísimo, hay páginas como las de
En Guatemala, inspiradas por «Una caravana de indiecitos trotando por la
Octava Avenida», verdaderamente poéticas y sugestivas.
Sería de desear que librito~ como este de D. Alberto Masferrer adquirieran
cierta difusión entre los lectores españoles, que por la falta de atención de los
libreros a la literatura americana, viven tan ajenos a la realidad, desfigurada
en fiestas de raza y otras mentiras fáciles.
C. R. C.

*

*•

Dmitri Ivanovitch.~La Ventana y otros poemas.-Publicado por J. García
Monge. San José de Costa Rica. C. A.,

1921.

Dícenos de Dmitri Ivanovitch D. Manuel F. Cestero en las breves páginas
con que lo presenta a los lectores de La Ventana y otrns poemas que «es un
corazón de niño dentro de un cuerpo de líneas fuertes que recuerdan los dorsos y los biceps de los discóbolos helénicos. Amigo del pueblo, aprovecha
todas las ocasiones para defenderlo de la tiranía capitalista•, pero «cuando de
versos trascendentales le hablan, de versos sociales, de literatura de tal o cual
clase, protesta enérgicamente y dice en voz alta, que la poesía no tiene otro
papel que llenar en el mundo que el de deshojarse, como una margarita, a los
pies de las mujeres.&gt; «Le" gusta el cenáculo, detesta la asamblea, los congresos
de todas clases y la manera como se devana actualmeMe la madeja de la vida.
Despreocupado del mundo que le rodea, hace vida triste, alejado de todos;
Dmitri no es sociable. La casaca, el cuello tieso, los chalecos rebajados, el
corbatín blanco, los escarpinei; no se han hecho para él.• Con todo, «no es un
radical de los que se dan la mano con los nihilistas que aspiran a destruirlo
todo; es un socialista de la escuela de Lenín en muchos de sus aspectos. Y no
irá a Colombia, su patria, sino cuando allí impere un Gobierno comunista.&gt; En
cuanto a se fi!iación poética, no se han de buscar en los versos de Dmitri Ivanovitch preciosismo, satanismo o modernismo, que toda esta poesía (la de
La Ventana y otros poemas) parece ajena por completo a ese gran movimiento
de renovación poética que inició Rubén Darío en América y España.•
Para nuestro gusto, las poesías amatorias de que se compone este volumen,
379

�LA PLUMA
LA PL U ~I A
d a los preceptos literarios de los
quizá por su misma corrección át~!11¿:raad~lecen de impersonalidad, { s~b~e
imitadores de los grandes r&lt;;&gt;m n l~e~te universal, no tanto por vo un an:
todo, de inadaptación al med101aª~~mpañía de espectros retódcos en que s
soledad del poeta, c..omo por
C. R. C.
complace.

•••
.
hl -Figuras. Evocac1oocs,
escenas.-Prólogo de Gon·
·t Aricl Madrid.
zalo Zaldumbide.-Bib iotec.
, d
nfcreocias leíd.ts en el Ateneo
Reúne en este volu~cn d._ Sr. A;;~ii~le~sp~ilicadas·en periódicos d~A~~:
de Madrid algunas crónicas c1rcuns
. s dedicadas al Romancero en m n
.
dos 'bocetos dramáticos. L_as pcigin~
D José Joaquín de Olmedo, al
~~c\f Poeta de la lndepcndenc1a Al:~:1::ª'motivo del descubri1n;iento de ~u
ce~vantish Monta_lvo, ª. Rod? y ~ ~~vcli;ta insigne, soli_ci~an espetal~e~!een~
estatua en el Retiro, vivo aun e.
de la ·uvenil cordialidad, el erv1en
atención del lectorl luego CO?¿ag1adrritual hispanoamerica?ª· E~altado. cant~;
tusiasmo del autor por la uni -~t~~puoe lo que tiempos y d1sta~c1as sep/t:8'ctºdel
de la lengua c;1 stellana cuya v1 t d en ejercitar con rara eficacia esa vi
I nSr Arrovo se complace sobr~ do ºa'mp1·1os alti!iOnantes, rotundos, las exce e
1
·
en peno :&gt;S
l
·
idioma para expresar
, a americanos y espano es.
C R C
cias de la patria ideal, comun
• . .

Céaare Arroyo.-Ret~

t"

•••
... ..
cción directa del inglés ~or MaJorge Borrow.-La Biblia en Espan_~- TG1aunada. Jiménez Fraud, editor. uuel Azaña. Tres tomos. Colecc1 n
Madrid.
.
s ha en LA PLUMA no te
•
d
estra publtradas mese
,. t
hacerlo
Lector, si las págmas e mu
r La Biblia en España, apresura. e a
te
indujeron ya desde lu;go a c::p;:s de agradecer el consejo. El ~1~rolaq~: en
ahora. Seguro estoy e que
ól 1 mejor de cuantos ban VIS O
t
recomiendo es, sin hipérbo~e, ;ods t~~bién el más veraz y atinado de cuan os
un año pero en muchos, Y srn u ª los españoles.
se han.escrito nunca acerca ~e Espana y
dar sin distingos un libro nuev;,
Suele ser tan rara la oc!s1ón
rec~:i~~mbico t}Ue quizás al pronto ~~e. a

t:

~~~e:~~~,
.~:::~i;.ñ:i~·u;:rlij~!1~:1~n~:~~:1,n
,~:;:g::. ~~:tº~:::;~:lt;it
aventuras prmonts
mi descargo, que

.Y
,Y
O
•
Sagradas Éscrituras. Vaya por_ de Ia_nttn~~stdal con el dilecto editor q;e an
modo al&amp;uno la menor c_oncomitancta mercanóa literaria que ofrecer;e.. e~go
acertadamente ha escogido tan bufºªúblico que cuenta corrobora m1 ~~¡n1?6n,
entendido, por lo demás, q~~
en España, no obstan~e la poca ~a~:~ l~
apresurándose a comprar (
't"ca en la Prensa, circunsc1,.laesta vez
que Je presta la escasez de a en l

Y.B,;u~

38o

..1

fecha a un estudio en t:xli.c.:mo suge:ith•,:, y justo de D. Gabiiel Alomar eu •Los
Lunes de El lmpa,•cia/., 1 y a una glosa muy interesante de Eugenio D'Ors en
La Libertad. Quéjanse los editores de la desorientación que en el público se
advierte, pese al incremento de la venta de libros en estos 6.ltimos años. Suya
es la culpa en mucha parte, pues que son pocos los que se cuidan de enviar
sus nuevas producciones a los periódicos y revistas, donde la publicidad mercantil ba sustiluído por lo general a las recensiones en que el lector pudiera
encontrar una guía fácil donde escoger. De ahí también la dificultad con que
el informador literario tropieza para mostrarse imvarcial en la relatividad de
sus juicios .
La Biblia tn España es ante todo, y esta virtud es la más recomendable en
un libro, de los más entreter.idos de cuantos le es dado leer al simple aficionado. Interesa y atrae como una novela, como una buena novela se entiende,
en que la fuerza creadora del autor. lejos de falsear la verdad con deformaciones monstruosas por forzar la emoción, a eJla se atiene estrictamente, extrayendo de los hechos toda su sustancia, con poner de relieve lo que esencialmente los caracteriza y define.
Se leen los tres repletos volúmenes de La Biblia e,z España, de un tirón,
sin respiro ni fatiga , Jlevado de uno en otro curioso paso por la amenidad del
relato1 siempre vario y esp léndidamente natural. Cerrado el libro, los sucesos
que en él se cuentan, adquieren en el recuerdo tal consistencia, que luego no
nos parece ya haberlos leído, sino visto, o cuando menos oídolos contar. De lo
que se infiere que de sus páginas emana esa simpatía que constituye la primera condición de la obra de arte en que se unen la invención del autor y la
pasión del p6.blico.
Ahora bien, no depende ese interés inmediato que la lectura del libro de
Borrow suscita, del relato desaforado de escenas en que se multipliquen las
aventuras extraordinarias. En t:se respecto, puede decirse que la primera
impresión es precisamente contraria a la de una novela de Baroja, por ejemplo, en la cual el protagonista sufre y busca peripecias cuyo interés, en fuerza
de acumular el autor acontecimientos desordenados, se pierde, apenas 'Vuelta
la página, en turbia confusión. Es decir, en términos vulgares, que los personajes de Baroja parecen siempre unos embusteros, mientras que .Don Jorgilo el
Inglés nos da idea de un hombre veraz por excelencia.
Por más que en la ligereza de esta gacetilla no se expliquen cumplidamente
tales sugestiones, el lector advertirá en la lectura de La Bi/Jlia en Es)aña hasta
qué punto es pertinente, y aun obligada, la comparación con los libros de aventuras novelescas que pretende hacer Baroja, no ya porque en ellos haya asomo
de plagio o imitación de un libro como el de Borrow que quizá.3 desco11oce,
sino precisamente por la modernidad de este, por la agudísima sensibilidad que
lo caracteriza, pareja de la que remozó nuestro ambiente literario algunos años
hace, cou la uueita a la 1·ealidad de los mejores españoles. Por eso, aun más
que el parecido con la literatura de Baroja, sorprende agradabilísimamente en
el libro de Borrow la semejanza con el mundo novelesco de Galdós. Hay escenas, como la de Quesada en la Puerta del Sol, cuando el motín de La Granja, o
381

�LA PI, VM A

LA PLUMA
las visitas de Borrow a Mendizábal, Istúriz y Alcalá Galiana, dignas de las más
acabadas páginas de los Episodios Nacionales 1 tipos como la honrada María
Díaz, o su marido el labrador de la Sagra, Baltasaríto, la familia del recaudador de contribuciones, el gitano Antonio, el posadero de Córdoba, estatuas
vivas de ia misma cantera en que fueron tallados los seres que aÜiman la
serie magnífica de las Novelas lontemporámas. Y hay alguno, como el alcaide
de la cárcel de Corte en Madrid, sin par en la moderna literatura española.
Se observa, es cierto, que a Borrow le interesan muy poco los monumentos;
no es un turista. Su condición de misionero le pone a cubierto del vicio artístico con que suelen ver ~spaña los extranjeros, y no pocos españoles a su
zaga. Pero si las piedras rara vez le producen otra impresión que la simplemente admirativa, ¡qué penetración de mirada en cambio para contemplar las
personas!, ¡qué humc1nísiroa comprensión la suya para ver a través de la fisonomía de un labriego, de la picardía de un gitano, de la doblez de un posadero, el carácter que lo personifica! Y sobre todo, ¡qué simpática perspicacia
para descubrir en los acontecimientos que se suceden en su peregrinación la
fuerza inconfundible de una raza augustal
Claro que fü,rrow no es un misionero, sino un artista. Un artista que no se
limita a escribir libros, ni que para escribirlos viaja, sino que quüre vi11ir al
aire, al sol, andando por el mundo, sin más pasi9n que la de comprender. Se le
ve vagar, vagabundear, por las páginas de su libro, no ya como simple espectador, ajeno a las personas y a los sucesos que le rodean, sino metido entre
aquéllas y gozando éstos. Su humorismo, verdadera,nente sano, sin recovecos
ni reparos. es lo que le diferencia y le eleva de cuanto hay en derredor suyo.
No es, pues, La Biblia en España un libro pinto,·esco. Es, repetimos, el mejor acerca de los españoles y el pais en que vivimos. La emoción que los panoramas castellanos, andaluces y ~allegos le producen, la sincerísima visión de
los paisajes por donde cruza caballero, el franco afecto cou que se decide por
la gente dal pueblo , el desprecio con que mira a las clases superiores(?) de la
sociedad española, le han servido no ya para escribir un buen libro de viajes,
sino para cifrar en una pintura acabada el juicio sereno, verdaderamente filos6fico de la Península y sus extraordinarios habitantes, cuyo carácter preside
la gravedad.
Apenas atraviesa el viajero la raya de España viniendo de Portugal, parece
como que le capta la naturaleza con su fuerza encantadora, inspirándole el
relato de Badajoz a Madrid, por Mérida y Tala vera, sin duda uno de los pasajes
más hermosos del libro. Y en su compañía va tras él desde entonces el lector,
sensible al estupendo trasunto de la realidad que con la relación de sus andanzas le ofre ce Don Jo,·gito et Inglés. Tan verdade,·o es el libro que hoy, con
los ochenta años transcurridos desde su publicación en Inglaterra, tiene, aparte
la novedad de su primera traducción en español, un interés de actualidad, porque los sucesos que en él se cuentan atañen, no a lo circunstancial, sino a lo
caracte1"istico 1 a lo fundameotal de España.
Por añadidura, la versión castellana de La Biblia en España es modelo de
traducciones. Fuera hipocresía que, a cuenta de mi compañerismo con el tra-

ductor, disimula&amp;e la excelencia de su obra 1No
,
obligue al mentido recato con que suel d·.1 1cr~o que la razou de amistad
del ~migo. Estimo, por el contrario, que\ 35 ~~:!aª~s~ ~~ed el público la obra
a qu!en nos une amisrnd son precisamente las
C: a i_ ~ es de las personas
rencias en el trato humano, y la proclamación d~~e~~-tifican nuestras prefey º? condescendencia benévola, La traducción de L
sus obras deber'
p_etimos, modelo de ellas, , pare· a en un
.
.
t ia ~n éspaña. es, rec1ón española de la sintaxis expte'siva dpe to a hmp1~za de léxico, a naturalizalá ·
d u
,
un pensamiento ext. ·
d
e s1cas e ..norabn y superior a ellas en fiderd d l
. .
ranJero, e las ya
pos donde_ toda confusión literaria tiene su asi~nªto ~ ongmal. En, estos tiem•
es la versión castellana de La Biºblia m E-p _
º. tantas teonas barrocas
buen gusto en que el lector no advierte p~~/~\'::e e}~mdpdlo !de ~laridad y d~
provechosa.
'
m a
e e stilo, la lección

ª

~~ble

c.

R.

c.

•••
Libros recibidos.-Anfflnio Battistella· L R
.
.
undici secoli di storia. Venecia MOccccx -R· . a .;¡ublt~a di Venezia ne'suoi
Barcelona, 19 .
XI.
egrno · Boti: A,·abescos mentales.
13

Revistas.-Mercure de France París -L'E
gris Civique, París.-La Conn.iissdnce p. ,
1f::"ºP;, Nouvel!e, París.-Le ProVida Nuestra, Buenos Aires.- Athe~ae:,:1sz a evue de l'Ep~que, París.San José de Costa Rir:a.-Le Crapouitlot Pa~· arj~~ª--¡ Repertorto Americano,
e es- et~res, París.-Cuitura
Venezolana,Caracas.-Die Aktion Berl' 1
Madrid. - Cuba Contemporánea, ia Ha1;~na. egjf;!Je"J'1-~ºtev1deo.:-Arquitectura,
H •
, . uenos Atres.-Poesia ed
arte, Fcrrara.-España y Amlrica Cád'
selas.-Vida, La Coruña.
•
iz.- e,mes, Bilbao.-L' Art Libre, Bru-

;,.s.-

GACETILLA
Sarah en Yuste y el bnrgalés de pro.-Bnllante
.
.
tarde del ensayo general d,.. la f t
estuvo el Ateneo la
del natalicio de Sarah B~r~ardh1:s c~n q•e se lceleb_rará el primer centenario
de instrucción, a oir de labios autori::d e ;1ue e 1?1ªr_1scal Joffre vino, en viaje
del Marne, no habíamos hallado re al ?S ª1 exp 1cac1ón auténtiq de la batalla
esta vez faltaba el 5 . Alt .
g O igua en la sala del Ateneo. Cierto que
.
1•
am1ra porque no s 1"b
vocación &lt;du plus grand historie~ de l'Espa e, e a a es~rechar lazos, última
tes fraternales allende el Pirineo· ero asi ~ , co°:1º. le dicen en los banquetant~, aunque fuese un minist;/ de u:~1 un mm1stro, que es cosa imporsum1dades cortesanas, y un enjambre d~ 6 ~ Y atarug~d~, con más algunas
han e!!. torno de Sarah exhalando .
~ micas y de com1cos que revolotea-

t

•~Yo soy la Crehuet! ¡Yo soy Mean~~1t·~od1s~ordes revelador~s de su emoción:
s1ll6n, sobre el estrado Sarah rec d'b bfu1 Medrano ... !&gt; Vista de lejos en su
'
or a a astante a la Doña Inés de Castro con-

�LA PLUMA
servada, ign6rase con qué pretexto, en el Museo Moderno. Cuando la mutilada
venerable vió adelantarse con paso vacilante al Conde de Romanones, la gratitud inundó su pecho: creyó que el homenaje consintia ton un remedo 1 que bubi~e sido una adulación: 01,! quelk delicalesse!-dicen que murmuró-. Uht L'
Espagne! Quel pays cktrJaleresque et cotirlois! Se atribuye al efecto adormecedor
de esta primera impresión agradable, la serenidad 1 isueña con que aguantó las
admoniciones, exorcismos e improperios de aquella tarde: casi todos la regañaron mucho; parecía que estaban reconviniéndola por ~us pecados, y exhortándola al arrepentimiento¡ parecía que estaban recomendándole el alma. Y ella,
dulcemente empedernida, escuchaba sonriente y sin hacerles caso. Azorín, a
pesar del acento áspero, entrecortado y conminatorio que gasta para !cer, no
hizo mella en su ánimo. Por lo que fué menester apelar a los grandes medios:
avanzó un hombre cejijunto, y blandiendo un papel ante las propias narices de
Sarah, profería con voz estentórea:
-¡Señora! ¡Yo soy de Burgos .. .!
Y se callaba para observar el efecto de sus palabras.
-¡Señora! ¡Yo soy de Burgos ..!
(Nada. No pasaba nada. El ser de Burgos, ¿tiene algo de particular?)
-¡Señora!, ¡soy de Burgos, de la vieja tierra de Burgos!-repetía en vano.
(¿Sería Martín Antolínez, el burgalés natural? No. ¡Era un hombre enviado
por el Gobierno. que se llamaba Aparicio!) La resistencia de Sarah pudo más:
y lo que iba toruaodo un giro amenazador .acabó en general algazara; el público
fué el último que se rió.
Rodeada de personajes, Sarah recorría en parihuelas el pasillo en busca de
la calle.. y al mirar distraídamente las filas de retratos, se pasó la mano por la
frente y como quien recobra el sentido preguntó:
-¿Dónde estoy?
-En el Ateneo.
-¿Y de
esolos
que es~
Uno
personajes presentes se palpó la nariz con suavidad, en demanda de una idea, y exclamó:
...J.
-Es la Holanda del pensamiento en España.
-¡¡
Y
elliens!!I
burgalés de pró, ansioso de instrulrSe, preguntaba: ¿Q11é ha dicho? ¿Qu~
ha dicho?
-Ha dicho: ¡¡Ten... 1!

PIN DBL VOLUMEN II

I•

�</text>
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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                    <text>LA PLUMA
cEn el año de 1898 (At¡uf comienza el v,jamen de la gtneracidn del 98), afortunado y fecundo creador de superhombres, favorecidos con el prodigio de la
literatura infusa, y fundadores de una España nueva para su uso particular, se
exarcebó la crisis a la vez artística y social por la repentina irrupción en el
genio (¿será en et gremior) de compositores dramáticos, de mil o dos mil jóvenes, hasta entonces dedicadc,s a otras labores de su sexo, y que fijas las miradas de águila sobre las contadurías, reclamaron vacantes de ingenio dramático
bien retribuído y exigieron en tumulto el total programa de solidaridad y reivindicación obrera: igualdad de jornal, prohibición del destajo, obturación de
bocas inútiles, vía libre basta las cumbres del Parnaso y rebaja de edades para
el pase a la reserva de dramaturgos a fin de •refrescar las escalas,; y esto lo
han conseguido porque todos están frescos.,
Ya se conoce que esos dos mil jóvenes eran unos perdis; y, claro, &lt;qué iban
a hacer? Pues una barbaridad como esta: •Creyeron suficiente alzarse de puntillas (nunca l,a sido suficiente alzarse de puntillas) y estirar los brazos (¿para
clavar banderillast) para llegar con la punta de la pluma a dC'nde la de Tamayo trazó el surco luminoso, que no ven los ciegos de entendimiento ni los que
cierran los ojos por no admirar, y ante cuyos resplandores no tiene sombras
ni máculas la pureza artística, ni la Ciencia enigmas ni secretos, y cansados de
aquel martirio (el de estar de puntillas), inverso del de Don Quijote (que estarla de manos, por lo visto), reputaron más cómodo que el excelso poema dr&amp;·
mático descendiera a la altura de cualquier transeunto.,
(¡Hum! ¿Qué pretenderá hacer aquí ahora ese transeunte? Nada bueno, probablemente) ¿Y cómo se pone a su altura el poema dramático? Véase: cAI
efecto, prohibieron la forma poética, •ya llamada a desaparecer»; la tésis fundamental, el argumento ingenioso, la acción, la pasión, la emoción, el efecto
escénico, el estilo noble, el concepto profundo y la frase primorosa calificada
de latiguillos y embelecos cursis para engañar al inocente espectador; y con lo
poco que quedaba de lo que fué literatura, fabricaron el llamado arte •sincero,, que si lo fuese habría de declarar vencida su parva elocuencia por la pantomimo muda del cinematógrafo.• (¡Ah! Ya sabemos a dónde iba el transeunte:
al cine.) cEn esta que el pobre grande hombre !!amó e desdichada patria nuestra,
tan pródiga en coronas de laurel hasta para los que fueron del comercio de esta
corte, y en la que dentro de poco no podremos dar un paso sin tropezar con estatuas pre:naturas, al mismo tiempo que aguantamos a los eriginales, no ha habido un azulejo barato para inscribir el nombre del que es gloria nacional y orgullo de la R. A. E... ,
La Academia aprueba el •preinserto dictamen,, y D. Emilio Cotarelo, secretario de la cdependencia de la superioridad•, se lo comunica al director de
Bellas Artes. El cual se habrá quedado sin respiración. También nosotros. Pasado el primer susto, solicitamos de la Academia que eleve una estatua, aunque sea de las prematuras, al autor del informe, e inscriba su nombre en un
baldosín, que siemprl" costará menos que un azulejo, por barat~ que sea, y lo
ponga a la altura de cualquier transeunte... , 1para q.ie no tenga que alzarse de
puntillas cuando lo h&amp;ya menester!
256

r

1

I

MA DRID, MAYO 1921

1

NúM. 12. :

LOS CVERNOS
DE DON FRIOLERA
ESPERPENTO
SV A VTOR
DON RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN
ESCENA SEGUNDA
COSTANILLA DE SANTIAGO EL

.

Puerto.-Casas encaladas
t
.
VERDE, subiendo del
Pacheco, Pachequín el B~/bea zos florido~, morunos canceles.-:Juanito
ro, cuarenton coio y
· udo
torera y kepis azul raso-uea l
.•
:;
narzg , con capa
'
o
a guz.arra sentado ba · l • l
cotorra, chillón y cromático D ~ L
i_¡o e Jau ote de la
ae una c
.
. ona oreta, la señora tenienta, en la re a
asa fronteriza, se prende zm clavel en el rodete.
':l
PACHEQUfN.

17

Una jaca terciopelo,
Un trab_uco y un puñal...
A tus pies, gachona mía
Pongo todo mi caudal. '

�LA PLUMA

LA PLUMA
U

COTORRA.

PACHEQUÍN.

Le debo una esplicación, Doña Loreta.

¡Ole! ¡Viva tu madre!
DOÑA LORETA.

, '
·Hasta la cotorra le jalea a usted, Pach equm.

1

DOÑA LORETA.

¡Qué miramiento! ¡A mí no me debe usted nada!

PACHEQUÍN.

¡Tiene un gusto muy refinado!

PACHEQUÍN.

Han reclamado mis servicios para rapar las barbas de un muerto.

DOÑA J,ORETA.

DOÑA LORETA.

¡Mala sombra!

Le adula.

PACHEQUÍN.

PACHEQu1N.

No sea usted satírica, Doña Loreta.

Un seryidor no cree en agüeros. Falleció a boi:do el Capitá d 1
Joven Pepita.
n e a

DO°ilA LORETA.

Qué toma usted para tener esa voz perlada?

DOÑA LORETA.

¡Por eso hacía señal la campana de Santiago el Verde!

PACHEQUÍN.

. a muy flamenca.
Rejalgares que me d a una vecm
DO°ilA LORETA.

Serán rejalgares, pero a usted se le convierten enjarabe de pico.

PACHEQUÍN.

A las siete es el sepelio.
DOÑA LORETA.

¿Falleció de 5u muerte?
PACHEQUÍN.

PACHEQUÍN .

·Usted
no me ha oído suspirar!
1

Falleció de unas calenturas, y lo propio del marrn·0
ahogado.
es morir
DOÑA LORETA.

DORA LORETA.

Me he quedado sorda. de un aire.

Y lo propio de un barbero, morir de pelmazo.
PACHEQUÍN.

PACHEQUÍN.

Son rejalgares, Doña Loreta.
DORA LORETA.

Pero no los recibirá usted de mano de vecina, ples toda la tarde
se la pasó el amigo de bureo.
258

¡Doña Loreta, es usted más rica que una ciruela!
Y usted un vivales.

DOÑA LORETA.
PACHEQUÍN.

Yo, un pipi sin papeles, que está por usted ventolera.
2

59

�LA PLUMA

LA PLUMA
DOÑA LORETA.

¡Que se busca usted un compromiso con mi esposo!

PACHEQUÍN.

No paso a creerlo.

PACHEQUÍN.

Ya andaríamos con pupila, Doña Loreta.
DOÑA LORETA.

No hay pecado sellado.
PACHEQUÍN.

DO¡;:A LORETA.

Como sus murgas esta servidora.
,

LoreNtoa?es caso par.ejo. ¿Qué prueba de amor me p1"de usted, Doña
DOÑA LORETA.

¿Y de saberse, qué haría el Teniente?
DOÑA LORETA.

¡Matarnos!

Ninguna. Tenga usted juicio y no me sofoque.
PACHEQUÍN.

PACHEQUÍN.

¿Va usted a quererme?

No llame usted a esa puerta tan negra.
DOÑA LORETA.

¡Ay, Pachequín, la esposa del militar, si cae, ya sabe lo que la
espera!

PACHEQUÍN.

¿No le agradaría a usted morir como una celebridad, y que su
retrato saliese en la Prensa?
DOÑA LORETA.

DO:ÑA LORETA.

Ha hecho usted muchas picardías
der que las pagase todas juntas.
en el mundo, y pudiera suce..

PACHEQUÍN.

¿Es posible que no la camele a usted salir retratada en A B O
DOÑA LORETA.

DOÑA LORETA.

Usted se olvida de mi esposo.
PACHEQUÍN.

Quiérame usted ' 4 u e pata
. . ese
. toro tengo yo la muleta de Juan
Belrnonte.
DOÑA LORETA

Ko puedo quererle, Pachequín.

PACHEQUÍN.

¿Quiere decirse que le es a usted inverosímil?

PACHEQUlX.

S1 había de aplicarme usted el castigo, lo celebraría.

¡La vida es muy rica, Pachequínl

¡Tío guasa!

PACHEQUÍN.

.

PACHEQUÍN.

¿Y tampoco puede usted darme el clavel que l uce en el monor
- ,

DOÑA LORETA.

¡Completamente!
26 0

DO¡;:A LORETA.

¿Me va mal?

�LA PLUMA

LA PLUMA
PACHEQUÍN.

Le irá a usted mejor este reventón de mi solapa. ¿Cambiamos?
DOÑA LORETA.

Doii,a Tadea pasa atisbandn. Et garabato de su silueta, se recorta
so~re el destello cegador;, moruno de las casas encaladas. Se desvanece
ba;o un po~che,y a poco su cabeza c(e lechuza, asoma en el ventano de
1tna guardzlla.

Como una fineza, Pachequín. Sin otra significación.
PACHEQUÍN.

DOÑA TADEA.

¡Profanos!

Un día la rapto, Doña Loreta.
DOÑA. LORETA.

Peso mucho, Pachequín.
PACHEQUÍN .

¡Levanto yo más quintales que San Cristóbal!
DOÑA LORETA.

Con el pico.

ESCENA TERCERA
EL CE11v!ENTERIO DE SANTIAGO EL VERDE: Una tapia
blanca con apreses, y cancel negro con una cruz.-Sobre la tierra removida, e~ capellán ~eza atropellado un responso, y el cortejo de mu:ferucas
Y marineros se d1spersa. Al socaire de la tapia, como una sombra, va el
~eniente Do~ Friolera, que se cruza con algunos acompaiiantes del entierro. 7uanzto Pacheco, cojeando, pingona la rapa, se le empareja.
PACHEQUÍN.

DOfvA LORETA ríe, haciendo escalas bU,chonas, y se desprende
el clavel del rodete. Las mangas del peinador escurren por los brazos
desnudos de la tenienta. En el silencio expresivo del cambio de miradas,
una beata con manto de merinillo, asoma por el atrio de Santiago. Doña
Tadea Calde1ón, adusta y espantadiza, viendo el trueque de claveles, se
santigua con la cruz del rosario: La tara&amp;ea, retirándose al fondo de la

¡Salud, mi Teniente!
DO:'.'/ ~-RIOLERA.

Apártate, Pachequín.
.1-ACHEQUÍ~.

. ¡Tiene usted la color mudada! ¡A usted le ocu1:re algún contrahe!Ilpo!
DON FRIOLERA.

reja, toca hierro.

No me interrogues.
DOÑA LORETA.

¡Lagarto! ¡Lagarto!

PACHEQUÍN.

Manifiéstese usted con un amigo, mi Teniente.
PACHEQUÍN.

Ya nos cuelgan el pecado.
DOÑA LORETA.

¡La mujer más honrada, no está libre de una calumnia!

DON FIUOLERA.

~achequín, ya llegará ocasión de que hablemos. Ahora sigue tu

eammo.

PACHEQUÍ::-1 .

Conforme, no quiero serle molesto, mi Teniente.

�LA PLUMA

LA PLUMA
DON FRIOLERA.

¡Oye! ¿Por qué sales del cementerio?
: PACHEQUÍN.

He venido dando convoy al cadáver de un parroquiano.
DON FRIOLERA.
1Poca

PACHEQUÍN.

¡Salud, caballeros!
EL PENEQUE.

¡Salud, y pesetas!
PACHEQUÍN.

De eso hay poco.

cosa!. ..

EL PENEQUE.
PACHEQUÍN.

¡Y tan pocai

Pues son las mejores razones en este mundo.

DON FRIOLERA.

No hablemos más. ¡Adiós!
PA.CHEQUÍN.

CURRO.

Esas ladronas nunca dejan de andar de por medio: Ellas y las
mujeres son nuestra condenación.

Todavía una palabra.
DON FRIOLERA.

¡Suéltala!

EL NIÑO .

¿Tú que dices, Pachequín?

PACHEQUÍN.

¿Qué le ocurre a usted, mi Teniente? ¡Abra usted su pecho a un
amigo.
DON FRIOLERA.

Verías el Infierno.

PACHEQUÍN.

Aprendo la doctrina.
EL NIÑO.

Cultivando a la tenienta.
CURRO.

PACHEQUÍN.

¡Le hallo a usted como estrafalario!
DON FRIOLERA.

Estás en tu derecho.
Don Friolera, haciendo gestos, se aleja pegado al blanco tapial de
cipreses, y el barbero, contoneándose en el ritmo desigual de la co_jer~,
aborda un grupo de tres sujetos marchosos, que conversan en el can~pillo, frente a la negra cancela. Aquél de la bufanda. calzones de odalisca
y pedales amarillos, muy pinturero, es el Niño del Melonar. Aq~el
pomposo pato azul con cresta roja, Curro Cadenas. Y el que dogmatiza
con elfagot bajo el carrik y el kepis sobre la onja, Nelo el Peneque.-

¡No es mala mujer!
EL PENEQUE.

. Cartagenera y esposa de militar, pues dicho se está que, buen
pico, buen garbo, y buena pierna.
PACHEQUÍN.

En ese respecto, un servidor se declara incompetente.
EL NIÑO.

¿Todavía no le has regalado unas ligas a la tenienta?
PACHEQUÍN.

_Caballeros, con tanta risa van ustedes a sentir disnea.

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL NIÑO.

EL PENE&lt;¿UE.

~s la obra de los galones. Se ha desvanecido. En una pacotilla
de cien duros, a la hora presente, te pide un quiñón de veinticinco.

~o te ofendas, ninche.
PACHEQUÍN.

Doña Loreta es una esposa fiel a sus deberes. La amistad que me
une con su esposo, es la filarmonía. Don Pascual es un tenómeno
de los buenos haciendo sonar la guitarra.

PACHEQUÍN.

Hoy los duros son pesetas. No están las cosas como hace algunos años.
EL PENEQUE.

EL PENEQUE.

¡La mejor guitarra está hoy en el presidio de Cartagena!

¡Y todo e5te desavío nos lo trajo el Kaiser!
CURRO.

EL NIÑO.

¡Y aún ha de tardar el arreglo! La España de cabo a cabo hemo5
de verla como está Barcelona. Y el que honradamente juntó cuatro
cuartos, tendrá que suicidarse.

¿A quién señalas?
EL PENEQUE.

Al Pollo de Triana.
PACHEQUÍN.

Don Pascual tiene un estilo parejo.
EL PENEQUE.

No Je conocía yo esa gracia.
PACHEQUÍ:S.

¡Un coloso!
CURRO.

No miente el amigo. A Don Friolera vengo yo tratándole hace
muchos años. En la Plaza de Algeciras le he conocido sirviendo en
clase de sargento, y tuve ocasión de oirle algunos conciertos. ¡Es
una guitarra de las buenas! Entonces Don Friolera estaba tenido por
sujeto mirado y servicial, de lo más razonable y decente del Cuerpo
de Carabineros.
EL NIÑO.

Se alejan haciendo estaciones. Sobre las cuatro figuras en hilera ondula _una ráfaga de viento. Anochece. El Teniente, con gestos de maniac~, ~zene bordeando la tapia, pasa bajo la sombra de los cipreses, y contm~ la ronda del cementerio. Bultos negros de mujerucas con rebozos
salpz~an el campillo. El Teniente se cruza con una vieja que le clava
los OJOS de pajarraco. Pequei'ia, cetrina, ratonil va cubierta con un manto de merinillo. Don Friolera siente el peso de 'aquella mirada y una
súbita iluminación. Se vuelve y atrapa a. la beata por el moño. '
DON FRIOLERA.

¡Doña Tadea, merece usted morir quemada!
DOÑA TADEA.

¡Está usted loco!

O

¡Menudo cambiazo el que ha dado! Hoy pone la cucaña en el
Pico de Teide.

DON i'RIOLERA.

¡Quemada por bruja!
DONA TADEA.

EL PENEQUE.

Pu0s la mucha familia no le obliga a ese rigor.
266

¡No me falte usted!

�LA PLUMA
LA PLUMA

DOÑA TADEA.
DOl\ FRIOLERA.

¡Usted ha escrito el anónimo!
DOÑA TADEA.

¡Respete usted que soy una anciana!
DON FRIOLERA.

¡Usted lo ha escrito!

¡Se atreve us_ted con una pobre vieja, y con q uicn debe atreverse
mucha ceremonial
'
¡Mujer infernal!
¡Grosero!

DON FRIOLERA.

¡Chiflado!
DON FRIOLERA.

¿Sabe usted a lo que me refiero?

Pero usted sabe que soy un cabrón!
DOÑA TADEA.

Lo sabe el pueblo entero. ¡Suélteme usted!

DON FRIOLERA.

Va usted a escupir esa lengua de serpiente. ¡Usted me ha robado
el sosiego!

DON FRIOLERA.

Ya la suelto. Perdone usted este arrebato, Doña Tadea.
DOÑA TADEA.

DOÑA TADEA.

Piense usted si otros no le robaron algo más.
DON FRIOLERA.

Debe usted sangrarse.
DON FRIOLERA .

¡Aborto infernal!

¡Perra!

DOÑA TADEA.
D0¡:;A TADEA.

¡Suélteme usted! ¡Ay! ¡Ay!
DON FRIOLER.\,

¡Bruja! ¡Me ha mordido la mano!
DOÑA TAOEA.

¡Asesino! Devuélvame usted el postizo del moño.
DON FRIOU:RA.

;Arpía! ¿Por qué has escrito esa infamia?
268

DOÑA TADEA.
DON FRIOLERA.

DOÑA TADEA.

No sé nada, ni me importa.

DOÑA TADEA.

¡Usted ha escrito el papel!

DOflA TADEA.

¡Mentira!

DON FRIOLERA.

¡Me dá usted lástima!
DON l&lt;'RIOLERA.

¿Con quién me la pega mi mujer?
DOÑA TADEA.

Eso le incumbe a usted averiguarlo. Vigile usted.
DON FRIOLERA.

¿Y para qué, si no puedo volver a ser feliz?

�LA P L U i\l A

LA PLUMA
DOÑA TADEA.

Tiene usted una hija, edúquela usted cristianamente, sin malos
ejemplos. Viva usted para ella.
DON FRIOLERA,

¿El ladrón de mi honra, es Pachequín?
DOÑA TADEA.

reaparece
sobre la banda, de luz que vierte
.
la reia de
·
mznguera, alumbrada.por ..
,
:1
una sala baja y do
D e .
quznque de porcelanaª"" ¡ S d. •
on 1 ·rzolera, sentaáo ante el vel do
~u . e etzene a espiar.
'lb
a r con tapete de ll
.
un a um de retratos: Se pe b l
.
ma a, sostiene abierto
.
rcz e e puenly cr· t ¡·
ca;a de música Don v . l
zs a zno Jttllteado de St'
·
rrw era en el ren ·
.
•
,
:J•o/º aman/lo d.el quinqué es un
fantocha tráa-ico La beat
b
·
a se acerca y p
l
.
'
ega a a re¡a su perfil de lechuza. El Teniente le·vanta la b '
ca eza, y los dos se miran un instante.

¿A qué pregunta, señor Teniente? Usted puede sorprender el
adulterio, si disimula y anda alertado.

DOÑA TADEA.

¡Esta tarde me ha dado usted un susto!
DO:-i FRIOLERA.

DON FRIOLERA.

¡Antes había recibido una puñalada en e1 corazon!
,

¿Y para qué?
DOÑA TADJ:A.

Para dar a los culpables su merecido.

DOÑA TADEA.

¡Es usted maniático, 5eñor Teniente!

DON r'RIOLERA.

¡La muerte!

DON FRIOLERA.

Doña Tadea, usted está siem .
de su guardilla usted sabe q . pte como una lí.ichuza en la ventana
Tadea maldita,, usted ha escri'::t~,
i cada casa... ¡Doña

:~~~frn~~le e,

¡Virgen Santa!
La vieja huye enseñando las canillas. Don Friolera se sienta al pie
del negro canctl, y da.ndo un suspiro, a media voz, inicia su monólogo

DOÑA TAD!i':A.

¡Jesús Maríal
DON FRIOLERA.

de cornudo.

¡Aún conserva la tinta en las uñas!

ESCENA CUARTA
LA COSTANILLA DE SANTIAGO EL VERDE, cuando las
estrellas !tacen guifios sobre los tejados. Un borracho sale bailando a la
puerta del Billar de D~ña Calixta. La última beata vuelve de la novena:
Arrebujada. en si, manto de merinillo, pasa fisgona metiendo el hocico
por rejas y puertas: En el claro de luna, el garabato de su sombra tiene
r·eminiscencias tú vulpeja: Escurridiza, desaparece bajo los porches y

DORA TADEA.

¡Falsario!
DON FRIOLERA.

¿Por qué ha encend'd
1 o usted esta hoguera
DOÑA TADEA.

¡Calumniador!

t!ll

m:

alma?

�LA PLUMA

LA PLUMA
DON FRIOLERA.
DON FRIOLERA.

¡Sólo usted conocía mi deshonra!

¿Quién ha escrito el anónimo, doña Tadea?

DORA TADEA.

¡Papanatas!
DON FRIOLERA.

¡Doña Tadea, merecía usted ser quemada!
DOÑA TADEA.

¡Y usted llevar la corona que lleva!
DON FRIOLERA.

Yo soy militar y haré un disparate.
DOÑA TADEA.

¡Ave María! ¡Por culpa de dos repróbos, una tragedia en nuestra
calle!

DOÑA TADEA.

¡Yo sólo sé mis pecados!
La vieja se arrebuja en el manto, desaparece en la sombra de la callejuela, reaparece en el ventano de su guardilla, y bajo la luna, espía
con ojos de lechuza. Santinguándose oye el cisma de los mal casados.
Don Friolera y Doña Loreta, riñen a gritos, baten las puertas, entran
y salen con los brazos abiertos. Sobre el velador con tapete de malla, el
quinque de porcelana azul alumbra la sala dominguera. El movimiento
de las fiffuras, aquel entrar y salir con los brazos abiertos, tienen la sugestión de una tragedia de fantoches.

DON FRIO LERA.

DON FRIOLERA.

¡Es inaudito!

¡Considere usted el caso!

DOÑA LORETA.

DOÑA TADEA.

;Porque lo considero, señor Teniente!

¡Palabrotas, no!
DON FRIOLERA.

DON FRIOLERA.

¡Dejarse cortejar!

¡El honor se lava con sangre!
DOÑA TADEA .

DOÑA LORETA.

¡Una fineza no es un cortejo.

¡Eso decían antaño! ...

DON FRIOLERA.

r,,¡ :,; l'RIOLERA.

¡Has abierto un abismo entre nosotros!

¡Cuando quemaban a las brujas'.
DOÑA TADEA.

.
·Señor Temente,
no t enga usted para mí tan negra entraña!... Pudie/a ser que no hubiese fornicio. Usted, guarde a su esposa.

DOÑA LORETA.

¡Farolón!
DON FRIOLERA.

¡Estás buscando que te mate, Loretal

�LA PLUMA

LA P L U \.l A
PACHEQUÍN.

DOÑA LORETA.

¡Hazlo! ¡Solamente por verte subir al patíbulo lo estoy deseando!

¡Verdugo de su señora, que no se la merece!

DON FRIOLERA,

DON FRIOLERA.

¡Ladrón de mi honor!

¡Disipada!

PACHEQUÍN.

DORA LORETA,

¡A las mujeres se las respeta!

¡Verdugo!
Don Friolera blande un pistolón. D01ia Loreta con los brazos tn
aspa y el moño colgando, sale de la casa dando gritos. Don Friolera la
persigue, y en el umbral de la puerta, al pisar la calle, la sujeta por los

DON' FRIOLERA.

¡No admito lecciones!
DOÑA LORETA.

1Pascualínl
DON FRIOLERA.

pelos.

DON FRIOLERA.

1Pascual! ¡Para la esposa adúltera, Pascual!

¡Vas a morir~

DOÑA LORETA.

DOÑA LORETA,

¡No te ofusques!

DON FRIOLERA.

¡Os mataré a los dos!

¡Asesino!

DON FRIOLERA.

¡Encomiéndate a Dios!
DORA LORETA,

¡Criminal! ¡Que con las armas de fuego no hay bromas!

DOÑA LORETA.

1No dés una campanada, Pascual!
DON FRIOLERA.

Abrese repentinamente la ventana del barbero, y este asoma en _jubón de franela verde, narigudo y magro, el pescuezo todo nue;J.
PACHEQUÍN,

¡Va el pueblo a consentir este mal trato! Si otro no se interpone,
yo me interpongo, porque la mata.
Empu,iando un estoque de bastón, salta a la calle, y con su ;.•aneo
desigual, se dirige a la casa de la tragedia.
DON FRIOLERA.

¡Traidor! Te alojaré una bala en la cabeza.
274

¡Pido cuentas de rrú honor!
¡Pascualínl

DOÑA LORETA.
DON FRIOLERA

¡Exijo que me llames Pascuall

.

PACHEQUÍN.

¡No lleva usted razón, mi Teniente!
DON FRIOLERA,

¡Falso amigo, esa muJer debiera ser sagrada para tí!
2 75

�LA PL tJ ~\ A

I; A PL ÚMA
PACH!:QUÍN.

¡Así la he considerad o s1emp1•el.
.

PACH EQUÍN.
"f

¿Doña Lorela, qué hacemos?

DOi'I FRIOLERA.

DOÑA LORlff..\.

¡Rezar, Pachequínl

. , te dió esa flor que llevas en el rodete?
¿Loreta, qmen

PACHJl:QUÍN .

DOÑA LORETA.

Una fineza.

¿Vamos a dejar que nos mate como perros? ¡Doña Loreta, no puede ser!

PACHEQUÍN.

DORA LOR ETA.

~o vea usted en ello mala intención, mi Teniente.

¡Pachequín, tenga usted esta flor, culpa de los celos de mi esposo!

DOÑA LORETA.

,

1

¡Pascualm.

DON FRIOLERA.

r ,
¡Pascual! ¡Para tí ya no soy Pascua m.

' ,· nI

DOÑA LORETA.

.
ya no me quieres!
¡Rechazas un mimo,

Doña Loreta, con ademán trágico, se desprende el clavel que baila
al ex tremo del mo,io colgante. Pacluquín alarga la mano. Don .Friolera, se interpone, arrebata la flor y la pisotea. La tarasca cae de rodillas, abre los brazos y ofrece el pee/to a las furias del pistolón.
DOÑA LORETA.

DON FRIOLERA.

¡.Mátame! ¡Moriré inocente!

¡No puedo quererte!
PACHEQUÍN.

que tiene,
Perdone que se lo diga, pero no merece usted la perla
mi Teniente.
DON FRIOLERA.

. honra Vais a morir los dos.
Con vuestra sangre, lavaré m1
.

DOX FRIOLERA .

¡Morirás cuando yo lo ordene!
Una núia, como moJia de feria, descalza, en camisa, con el pelo suelto, aparece dando gritos en la reja.

PACHEQUÍN.

Mi Teniente, oiga razones.
DOÑA LORETA.

-e· ol
1 1eg .

·No ves resplandecer nuestra inocencia?

~

DON FRIOLERA.

¡Encomiéndense ustedes a D"tos1
z76

o

¡Papito! ¡Papín'.

LA NIÑA .
DOÑA LORETA.

¡Hija mía, acabas de perder a tu madre!
Don Friolera arroja el pistolón, se oprime las sienes, y arrebatado
entra en la casa, cerrando la puerta. Se le ve aparecer en la reja, tomar
en brazos a la 1iiña y besarla llorando, ridículo y viejo.
27 7

�LA PLUMA
DON FRIOLERA.

¡Manolita, pon un bálsamo en el corazón de tu papá!
Doña Loreta, caída sobre las rodillas, golpea la puerta, grita sofocada, st araña y se mesa.

LA VOZ DE LA SANGRE

DO~A LORETA.

¡Pascual, mira lo que haces! ¡Limpia estoy de toda culpa! ¡En
adelante, quizá no pueda decirlo, pues me abandonas, y la mujer
abandonada, santa ha de ser para no escuchar al diablo! ¡Abreme la
puerta, mal hombre!. .. ¡Dame tu ayuda, Reina y Madre!
La tarasca bate con la frente en la puerta y se desmaya. Pachequín
mirtJ de reojo al fondo de la sala silenciosa, y acude a tenerla. La tarasca suspira transportada.
DOÑA LORETA.

¡Peso mucho!

Los e/zopos junto al río,

PACHEQUÍN.

¡No importa! Mientras no pasa este nublado, acepte usted el
abrigo de mis tejas.
Se abren algunas ventanas,y asoman en retablo,figuras en camisa,
con un gesto escandalizado. Pachequín se vuelve y hace un corte de
mangas.

Los chopos junto al río,
y _iuz molino aldeano en la chopera...
y o soy un molinero pueblerino
que hace de serlo escudo de nobleza.
El teje-t1;je del cedazo, arriella
mis tiempos de inocencia.
el fragor de la limpia, '
puso sentido de heroismo en ella.

PACHEQUÍK.

¡El mundo me la dá, pues yo la tomo, como dice el eminente
Echegaray!
DOÑA TADEA.

¡Piedra de escándalo!
:FI.1."'- DE LA ESCENA CUARTA

(Continuará.)

y un molino aldeano en la clzopera,

y el rum-rum que acompase
los ensueños al ritmo de la muela...

.
Yo
. .estoy tan pronto al duelo de z·tuszones
civiles... En la aldea,
oh el pan que yo me haría, molinero
de mi propia cosecha.
No
un pan bien en m'safi
. serviré
l
•
na,.
szno a otana recia,
aromosa y dorada
hermana pura de la linfa fresca.
Oh el agua del venero del ribazo
des11-uda, y casta, y buena.
'

�LA PLUMA
Agua del manantial de la arenisca,
ba;o la exultación de la noguera:
dentro la odre pauzuda de la herrada
que cuenta del abuelo ~n las hij.uelas,
fueras como en un caliz;
. .
-el cobre antiguo, en la penumbra incierta,
luce en sus otoñales tonos cálidos:
tal si sería una ánfora de aquellas...!
Oh el pan y el agua honrados,
sin esta ingeniería cominera!
-El pan a cachos (oh el cuchillo frío)
y el agua, en hacineta.
Los chopos junto al río,
un molino aldeano en la cliopera...!
y
l
~
En catarata se me van os anos,
y en dura y vivaz vida de tormenta;
pero vendrá el reposo ... ¿Con la muerte?
·Quién sabe! Aguarda, aldea,
que aun gustaré la gracia del minuto.
Recostado en la hierba,
Y absorto en el lucero de la inja1tcia
•
•
,3_ de amor cual nunca honesta,
mt• mirauu;
,
devanaré del !zuso del recuerdo
la pesada madeja,
humilde Cincinato,
de estirpe hidalga y sangre molinera.

'~ .

LUIS G. BILBAO

APUNTES PARA UNA GEOGRAFIA
MUSICAL DE EUROPA. 1920
V. ALEMANIA

m

la pelota de Viena a Munich o de Berlín a Praga no sale
de un círculo perfectamente definido que sería prolijo e inarmónico querer fragmentar. El arte musical de los países centrales de Europa no es sino un sólo tronco del que salen ramas de diversa robustez y gala, pero, en síntesis, cuno•. Han pasado por
él las épocas floridas, las de follaje umbroso, los otoños abundantes, los
esplendores crepusculares: al fin, el cierzo y el deshoje.
-Espernmos-dice el tenaz-, vendrán otras primaveras. 1Ayl, ya
vuelven cada año, para mostrarnos que el tronco caduco sólo se alegra ya
ciin tímidos rec~rdos. Se marcharon las frondas y con ellas voló el pájaro que anidaba en su verde laberinto. Pero, además, cualquiera que fuese
su suerte, lo positivo es que el tilo seguirá siendo tilo y nosotros no queremos tilo ya, sino ciruelo. Toda la Europa musical es hoy un jardín joven: rosal florido o verde limón, la pájara pinta de la música actual no
quiere cipreses, ni robles, ni olmos copudos.
Y la lucha está en la música de los países centrales-que de vez en
cuando llamaremos pluralmente Germanía-, en que UAOS quieren renacer en clavellina y otros se empeñan en continuar el rebotín, tímido o presumido, pero de mu) buena familia.
ALTE

�LA PLUMA
LA PLU:\1A
La sustancia de la c,&gt;sa está, a buen seguro, en que en los dos siglos
casi cumplidos en los que la música germánica volaba en su vertigino~1
ascensión, el torbellino que levantó, arrastró consigo a todas las débiles
semillas de las músicas no centralistas-eslavas, magyares, bohemias... quienes apenas se atrevieron a levantar la voz, contentándose con exhalar aquí O allf algún gritito de golondrina, algún pio, algún cú-cú que era,
precisamente, lo que dió al tono general su momento especial de ambiente, de poesía natural. Hoy todo se vuelve pensar que Haydn fué Haydn
porque llevaba sangre croata, que la Moldavia anda?ª por dentro ~e
Schubert como la Polonia por Chopln, Hungrla por L1szt y la Bohemia
por Smet~na, por Dvorak y por Mahler. Ta\ ve_z esto se~ ciertísimo. A lo
menos es por aquí por donde la Germanía musical empieza a mostrar su
carne viva entreabriéndose un poco el figurín romántico o la peluca más
añeja. Son' los específicamente alemanes los que continúan hoy siendo la
reata y si el verlos da tristeza, ¡qué pensar de algunos españoles que se
, ,
l
'
durmieron en la rama seca de un árbol que no en1. e suyo.
Wagner, y cierra Alemania. Cada cual cogió el cepillo, se limpió las
botas, se atusó el cabello, dió una vuelta en la plazoleta y se preguntó:
¿Por dónde tiro? Unos, los que en el fondo habían sido ajenos al fenómeno Wagner, se agarraron por los fald0nes e hicieron la cola tras de la familia Kammermusicalista. A la zaga de Schubert, Raff, Mendelssohn,
Schumann y Brahms. Esta es la numerosa reata específicame•, te «alemana&gt; de los p~st-románticos. Otros, como el buen Bruckner, que era de
Linz, y Hug•• Wolf, que era de Styria, exclamaron llenos de flama: ¡~unque no hagamos teatro, ¡viva Wagnerl Estos son los ultra r?mántlcos.
Otros, como el bohemio Mahler o el muniqués Strauss, menos 10flamables
y más optimistas, creyeron que el hilo del ro~anticismo ~uro esta~a rotoi
que había que volver a la sinfonía bcethoveniana o al hunga~o Ltszt, e
inventor de la música de Wagner. Este romanticismo era, en cierto modo,
de nueva planta: !lamérnoslo el neo-romanticismo. En fin, otros como el
bavarés Max Reger creyó de necesidad el volver más atrás, a Juan Seb~stián B:1.ch, acaso para retrotraerle a la sentimentalidad actual en una 011x.
tura romántico-contrapuntista.
282

Entre tanto, Rusia y Francia derrochaban a manos llenas su talento
musical, descubriendo cada día nue vas cosas extraordinarias. El impresionismo llamaba a las puertas de la Europa central, quien ocupada en
cerrarle el paso dejó que 110 sentimiento subversivo que había germinado
en Bohemia casi simultáneamente con Rusia se hiciese camino. El e nacionalismo&gt; en Bohemia y en Hungria dejó pronto de ser un simple c,..,ndimento en la universal cocina germana para tomar carta de naturaleza.
Cuando los primeros avances del impresionismo se pusieron en contacto
con él, nació un día nuevo para la música europea. Fueron las colecciones de canciones populares, tratadas de un modo nuevo despertado por
el impresionismo francés en los húngaros Bela Bartok y Zoltan Kodaly•
Dos nombres que no se podrán olvidar en la historia, y que, si deben mucho a Debussy y a Ravel, no es menos lo que a ellos les debe Strawinsky
y algún otro de más mezidionales latitudes.
Ambos son el refugio-espléndido refugio-de lo que babia quedado
en los países germánicos de sensibilidad viva y de emoción desnuda. Si
se piensa que junto a ellos algún bohemio como Novak es quien únicamente les hace compañia, no es posible dejar de sospechar que entraba
en ello algo de la conciencia popular que dictaba su politica de independencia nacional.
Parece ser de lo más claro en estética que la razón que motiva los
cambios y reformas dentro de la textura de un arte no es sino la consecuencia de la interna evolución psicológica-y aún fisiológica-del artista, la cual le mueve a expresar cosas distintas y de distinta manera. El
código de artificios no es más que un producto «a posteriori&gt;, colección
de los puntos en que todos los artistas coinciden. Su generalidad los convierte en fórmula, esto es, en ley. No hay nada de extraño, pues, en que a
la psicofisiología de la Germanía musical le fuese normalmente extraña la
filología del impresionismo. Ahora bien, las filtraciones se hacen gota a
gota, Y poco a poco algún modismo, algún giro impresionista se fué co~a~~o ~n la redoma germana hasta despertar un interés profundo, a mi
Ju1c10, 1~terés mayor por lo extraordinario del fenómeno que por la importancia del hecho mismo. Casi sin darse cuenta, la fina esencia debus ,83

�LA P L U .\1 A
LA P L U &gt;1 :\
.
las firmes costumbres alemanas un desasosi~go
sista l~egó a producir en de·ó de impedir algunas miradas de reojo a las
J
l , ya una incipiente desconfianza.
especial,. que no por leve
h
las que se e1a
«glorias del Wal a11a•, en
l
o se recataron y con gesto aleHubo gentes como Bartok y K_o da yOque n ás cautos como Schoenberg,
.
l
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. • ·
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. .
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. .
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.
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depuración, sino por exceso de
1 . presionismo francés «imSi por seguir el parangón, llam~semosáa' im e confundiría los térmi.
.
(
decir crom t1co, qu
presionismo colonsta• por 00
.
.
de Schoenberg de.
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l
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E
h los limites de la tonah,
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.
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el cauce de la tonahberia llamarse ,1mpres10111s
&lt;n no se conoce enar
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l'
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.
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.
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'h'l'..,
d
de
relaciones
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.
p0&lt;:1 1 111a
·
284

Schoenberg se verifica con menor rigor que en el ruso y con un sistema
rítmico mucho más vago, lo cual le vale el dictado de «atonalidad• qui&gt;
nosotros no compartimos. En principio, ese sistema nos parece algo más
trabado y organizado que el anarquismo tonal de Prokopieff-una espe cie de modulación constante (pero no continua), en pequeños trocitos tonales, algo como un mosaico-que ha sido titulado •heterofonía•.
Imag:ném0nos que un ])intor para dar mayor vivacidad de color a su
paleta intenta suprimir los contrastes entre tono y tono, estableciendo
entre cada dos colorl!s vecinos una progresión impalpable: el resultado
será no una mayor vivacidad de color, sino, al contrario, un amortiguamiento. Lo conseguido por Schoenberg es una monotonía gris y sin transparencia, sin relieves y sin calidades, donde consonancia y disonancia no
tienen un valor de contraste y donde a falta de cadencias hay falta de simetría y, en total, falta de forma.
Se nos hab:a mucho ahora del •expresionismo• que parece ser un derivado de esos procedimientos. Dicen que pregonan la «Formlosigkeih:
si predican la atonalidad, la falta de forma no será más que una consecuencia. El barro, sin agua, es polvo. No habrá modelador posible. Pero,
por las muestras, esos «expresionistas• son mucho más moderados de lo
que se dice. Confesamos que todas las noticias que de ellos nos llegan
son bastante escasas y bastante confusas, pero los «datos», cuando llega
alguno, nos muestran que los Pfitzner y los Schrecker, que brillan entre
lo más avanzado del momento alemán, no son sino unos románticos moderados; otrQs, «nacionalistas•, no pasan de ser de un tradicionalismo modesto y los vestidos más a la moda acaban de ponerse el uniforme debussysta. De todos ellos, nosotros nos quedamos con la tuerte musa de
Bartok y de Kodaly, p&lt;;!ro reconozcamos, desde luego, que las veleidades
de reforma o de renovación de la joven música centro-europea no son sino
un movimiento reflejo de la sacudida debussysta.
Segismundo Pisling, el más fino comentador de la música alemana actual, escribía en 1920: «Exixtierte Debussy nicht, müsste er erfunden
werden.•

ADOLFO SALAZAR

,,

�POEMAS EXTRAVAGANTES
EL PALO DEL TELÉGRAFO
El telégrafo ha tomado chocolate,
y ha dejado
las jícaras boca abajo,
atadas por los alambres chismosos,
en el aparador de los palos enhiestos.
Los mástiles que zumban
como si tuvieran dentro una colmena
de abejas más locas que mujeres.
Porque cuando
el telégrafo se descuidaba tomando
sit merienda frailuna,
las buenas y malas noticias
se golpeaban gritando,
en el corazón vacío
de aquel cadáver de árbol.
Un cadáver puesto de pie,
11 con música dentro.

EL CONCILIO

En la frutería
hay un concilio de los más ecumeuicos.

EL cesto de las berengmas
,stá lleno de obispos.
Sobre ellos se ostenta
la púrpura cardenalicia
de unos tminentísinios t,miates.

y presidiendo a todos
un melón de Valenci;
blanco y gordito,
'
es como un papa
al que se le vi sobre la coronilla
hasta el rabito
'
del solideo.

LA SEÑORA NOCHE
Estaba la ciudad a oscuras.
Como si se hubiese inundado
con salsa de calamares
o hi,biese desteñido la Lluvia
los manteos y las sotanas
de todos los curas.
Como el amor es invisible
no imp01-taba la oscuridad
para no ver la cara al amor.

y el amor que es un dios muy dios .
'
estaba en todas partes.
Pero no se veía mas que la noche
con su negra toca de duen~a.
Porque la noche en aquella hora
tan indiscreta y tan discreta
era la excelentísima uñora '
doña Alcahueta.

�LA PLUM A
EL PEÓN
¡Ah!

.

El primero que jugo a
fue el se,ior )'e~alt.

!p ,

eon1

el hombre que ltabfa crealÍQ
,1 su imagen J' sem~jmzza
le parecioº ridículo
, 1 ultranza,
(.,01110

LETRAS ITALIANAS

del paraíso,.
. . . la serh1ente
( ,ogw
r
estirti,uÍJJla por i'a cola, quiso
:ue tuviese 111illones de le;:uas de larga.

V dió al munda muchas vueltas con ella.

y de pronto, tirando,
salió el esferóide gira11da
entre una estrella J' otra estrella.
}' este es el momento
que todavía está bailando.

en

Y

COJl

ello, Ye01:alz se quedo muy ~ontento.
.
Porque era el primero que ;ugaba al peon.

PEDRO DB RBPIDB
Palma de ,1/allorca. Ah, il

288

IQ2l

critico G. A. Borgese nos da motivo hoy para una reflexión
no muy sucinta acerca del esp{ritu y los resultados de gran
parte de la literatura de hoy; si nuestras conclusiones no son
muy halagüeñas, no es nuestra la culpa, sino de los tiempos
que corren
Pues señor, hab{a una vez un crítico: crítico agudo, aunque veleidoso,
rico de recursos y dialéctica, aunque inconstante; de todas suertes, critico
famoso, crítico ilustre.
Se llamaba G. A. Borgese; y sus ensayos, reunidos en varios volúmenes, obtenlan lectores y beneplácito. Pero de pronto, el critico aquél de
quien se esperaba la obra definitiva, un tratado de estética o un gran ensayo sobre algún poeta del pasado, anuncia de improviso una novela.
¡Nada menos que una novela! Golpe de bombo en torno; estrépito en los
clrculos literarios; estupor en el público; rumores en el gallinero y e:i la
platea; y en fin, expectación solemne en todos.
Un hombre que llega casi a los cuarenta años con veste de critico,
que tiene una estética propia y es, sin discusión, agudo, severo, sutil, el
día en que siente la necesidad de salir de sus costumbres, y de irrumpir
en una zona adonde apenas si se ha asomado como espectador, ese día,
digo, debe ser de fiesta; para él y para los que tal ven.
En caso contrario, es decir, si no existe una exigencia interior, si no
siente el impulso de una fuerza sobrehumana, que quiere romper a toda
costé, la epidermis, se puede intentar también este ejercicio: pero sin abrir
las ventanas a todos los vientos (paucis amiás).
No ha sido así, por desgracia. G. A. BorgE&gt;se ha abierto no sólo las
ventanas, sino también las puertas: y Rubé, su novela, su primera obra de
arte, su primer parto original, ha visto, pues, la luz; y todos, amigos y no

[I

L

�LA PLUMA

LA PLUMA
.
f ·¡ rse con él tranqu1.1amen t e, de co&lt;los en el Vt:•
ami os, han podido re oc1 a
.
.
1 d;r
e ha dicho algún critico severo.
a N~ he de repetir, sin embargo, l~~uc&lt;&gt;sa, un verdadero parto desgraque la novela de Borgcse e~ muy po
. d
ciado, un aborto.
-di ámosl i al punto-ante un ingenio e
No, señores, no. Estaaos &gt; nfe un artista, no se puede negar.
t
primer orden, y, ¿por qué n~c~itón ni un jugador de ventaja, n; ~~~~;
G. A. Borgese no es un
d
's exóticas a gusto de mo is i
1 é ito de dinero; no elabora roga
.
~oc~tuelas de diez !ir~.
si se ha decidido una vez escnta a
¡Nol Si ha hecho la novela,/ 1 mundo el recién nacido, sus razoabrir las ventanas y ~ ostrar a ~fa ~u~n consciente y honesto era su tranes tenia· quiero decir, que sa
d
•
'
.
á
t El fenómeno que ebaJ~ero el punto duro ~e la cuestt~n :eºn:t E:q:r~cto, hemos abierto_ la
bemos y queremo~ co1~s1derar, es di~: una ran esperanza;. con_ esa s1mnovela con simpatta, s1 no ll~va~os reconoci~o ingenio inspira siempre.
atla ea suma, que un ho~ re e hemos dado cuenta de nuestro error.
p Desde las primeras. páginas _nos
cuidado, los personajes están preLa novela est~ ~scnta con d1sC:~traordinaria valei;tía; los capítulos;
sentados con dec1s1ón, es más, co la obra son precisos, y estam?s po
la técnica, el corte~ la nervadura d\ tas de oficio poseen una técmca tan
decir que matemáticos. Pocos nove is
bia y segura.
. 1 d ma del protagonista, con sus
sa El interés no decae un momento!de e~\a narración habillsimamente.
O
sosteni
e]as de es•
• d d En suma pocas nov
.
. alternativa; y sus ca1' da·i;, está
.
·
to
emoción
vane
ª · treinta' anos,
- están conduc1Hay equihbr~o, gus '
ún de los últimos
tos últimos tiempos, más \ ' . de medios y de recursos.

das JJ~~a~:J0~º;0 ~ª~;:;\e:s~tros ;:tt~:;~fU:::i~~~c:n~\, si no bastas~
1
Borgese, lo repetimos, e5iun t\arla por convencernos de ello defif'su obra de crítico~ esta no~ete~:ªun defecto, defecto tal, que tlodos
tivamente. Pero esta nove a i
. no borran. Esta nove a no_
méritos susodichos, no obstante su pr:~:~~o que quisiéramos haber visto
escrita hoy no es u
. .
obra que parezca
. d .' mil novecientos vemt1uno.
f cio
nacer en el año de gracia e . e resentado con un pequeño pre a '
S 1. G . A• Borgese nos lo hub1es
h
uip que escn'b'1 esta novela • cuando
• tteen que dij~ra,
ej_emplo: e e ª1n mil' novecientos ? _mil ftovec1en o~
nla veinticinco anos, qué sé
divertiros, me he dec1d1do a sac¡¡rlo de
dos, y ahora, por capncho o po
cajón ... &gt;

~!

Pº:

290

Yº;

Si G. A. Borgese hubiera hablado as{, nosotros probablemente aplaudirlamos sin reservas y le dirla111os al amigo: «Muy bien, tú que en pleno
danunzianismo construiste una novela de verdadera vida, con personajes
no diremos que sanos, pero vivos, y con un estilo, no digamos que perfecto, pero compacto ciertamente y en modQ alguno danunziano... •
Tal le diríamos a G. A. Borgese; y su novela nos parecerla hermos.1
casi toda, como obra nada vulgar que es.
¡Pero hoyl Hoy, que nos vemos todos reducidos a buscar con una linternita débil una salida cualquiera; hoy que todos nos hemos hecho pobres, humildes, y descarnados, por esta necesidad de lo esencial que nos
muerde, por este miedo de lo superfluo y lo inútil, que nos hace temblar...
hoy que los mejores de nosotros intentan retrotraer la propia imaginación a puntos de partida contenidos y humildes, porque hemos comprendido y comprendemos cuán inútil es repetirnos y repetir lo que alguien,
más grande que nosotros, ha dicho ya en forma definitiva... ¡Hoyl

***
Y con todo, semejante fenómeno ¡cuán obstinado aqul, y cuán lejana
parece su desaparición! Nunca como hoy se leyeron en Italia tantas novelas donde lo que más cuenta es la trama, más o menos complicada,
pero siempre capciosa; donde los acontecimientos sucédense pedestres,
minuciosos, enlazados estrechamente uno a otro por todas las casualidades, incluso las más vacuas; donde falta incluso esa honesta limpieza del
estilo, ese gusto de la palabra que los g1andes de todos los tiempos nos
han enseñado siempre también. Por un Pérez de Ayala ¡cuántos Hoyos
y Vinent tenemos asimismo nosotros! ¡Gente que hace novelas porque ve
en el género una probabilidad de estrépito y de fama, sin preparación,
ain moralidad, sin una necesidad profunda de decir, de decir, de decir!
Pero entendámonos: Borgese no se confunde con esa multitud, y yo
deseo que no haya equlvocos a tal respecto. Aunque Borgese viva en
Milán, es decir, en ese centro de literatura comercial y frívola, '1e que os
he hablado en otra ocasión, Borgese no se confunde con nadie; e incluso
cuando escribe una novela históricamente extemporánea, artlsticamente
está a muy diferente altura, respira un aire muy distinto. Condeno su novela, repito, porque ha nacido harto tarde, pero con todo el respeto con
que, si viviese por ejemplo Fogazzaro, condenada mañana una novela
suya. Los tiempos han traicionado a Borgese: aunque creo también que
pueden haberle perjudicado no poco en estos últimos años ciertos hábitos
de saloncillo y de redacción con esos escritores que arriba decfa: milane-

�L:A PLUMA

LA PLUMA

. ,.
o cmilaneses• sin distinción~ por lo que
ses de distinguida prosapia, s1, per
escriben y publican. esta conclusión puede ser la justa; por cótn!°a1~i;;
Es más, creo que
.
.
y no una vez tan s o,
ese se ha dado en esto~ último~ tiem~~~• día• de Treves) precisame~te_
~n sus «Crónicas literaria~• h( «I:1bro¡e escritor; como si quisi~a a priori
algunas novelas del susod1c u t1pod ba aunque con propósitos y pro. ti"ficar la obra que dentro le ma ura ,
JUS
l
d s
.
cedimientos más e eva o .
1 o es un hombre cualquiera.
Filippo Rubé, prot~gonista de :i°:1enª~vnelista, un hombre ~e ~uesAntes bien es, o tal quiere hacer e deza con todo, bajo de mstmtos
tro tiempo, enfermo de deseos de ~:S;oy at?~ndan, inteligentes, p~o no
de medios: una de esas figuras q
ara vencer con ánimo digno y
~onstructivas; inadecu~~as, en s~ma~Ja sino dispuestas a trampear
puro las sorpresas tnvial~: !fas ~on a;tucia para vencerlas. (¡Oh,
sin comprometersf", a m:~~J ,[~s la guerra (ri:presentada en páginas ~ lián Sorel del Rouge et ivozr.1
. el ansia del amor verdadero y as
caces y bellísimas), es 1~ tr~sgu~rra~o~selas y dramas en una obra y en una
dudas del a 'llor no sentido, _vanas
mpuesto, tan firme, tan eficaz, que
sola ersona; y el todo, repito, tan co tan exi entes, y sobre todo con
si no~otros los lectores
moral df Bor:gese, la obra no nos
un hombre del talent9 y
o or entero enemigos.
é
hallaría severos en modo alguni, d Rouge et Noir de Stendhal, &lt;por qu
y además, además... Despu s e N lo reguntamos con sorp~esa
vie'le al mundo una novela como ést:~tic~" detía comprender la vam?ad
y con dolor. P9r4ue Bo~gese, co~jo c con ~na técnica tan gasta~a; y s~ no
de volver sobre.un mo!1vo !te:i~~e que le faita algo. Mas ved, sm em arlo ha comprendido, quiere , . anacronismo de esta época.
.
otro de los pocos escritores ?tgo G. A. Borgese, no es el ~o~coB
g , Mirad, por ejemplo, a S~¿v10 e~:~º~nte la inmediata, la más próxima
nos y fuertes de la generac1 n pr
,
.
a la nuestra. ..
d
uro es no se puede negar, un
Silvio Benco, trie~tino, es h~~ra é~~~s d~ e¿ estos dlas una _novela,
ran artista; y he aqut que tamb1 n cuán antigua en la construcción y en
g_n duda alguna bella y noble, per? 1
ha más excusa que Borgese.
~'1 estilo! Ciertamente que Benco t1e~fs ~~ces de hoy, de última hora. Sus
l'rimeramente porque su/om:u:~s años atrás, y cuando ne, te~ia:~s
mejDres obras se remontan a
l rosa dannunziaoa, Benco in
en nuestros oí_dos_más que ~lec~ ~o:op'i contenido fantástico, dese&lt;;&gt;so
taba, con origmahdad, nuhve ~., l e te amanerado, de encontrar un cannno
de salir del circulo estrec o e ar

Jª

Jt

n~!~~l~~~~i!~Y

f

resplandeciente y claro, su camino. Mente compleja y de rica imaginación, no se contentaba con un puesto de segundo orden, y aunque su esfuerzo no tuviera recompensa y quedara e , téril, veíase ya apuntar en
él el drama que más tard~ habla de encontrar en nosotros los jóvenes su
momento más turbulento y doloroso. Yo recuerdo además ciertas prosas
de vida triestina que por entonces escribía él en un periódico de Trieste:
rápidas y, no obstante, densas, en una manera deliciosa, entre fantástica y
melancólicas. Entendámonos: la novela que ahora n0s da, Ntll', at1nosjera
cúl so/e (Caddeo, Editor, Milano) no indica en modo alguno que aquella
su sensibilidad de antaño se hava atrofiado, o el escritor pervertido. Esta
novela tiene páginas nobilfsimas, y es pródiga en esfumaturas, paisajes,
detalles excelentes. Pero no es todavía, como hablamos esperado y querido, la obra maestra de Silvio Benco. L o sé; a los cincuenta años no es
posible cambiar de manera y de estilo; por lo menos, es difícil. Pero hubiéramos querido de Benco su obra maestra, la obra en fin en que todas
las experiencias y las ansias de treinta años de trabajo, se acumulan y declaran. Por el cootn•rio, no está aqul, o Pstá muy rara vez, el Benco de
aquellas prosas melancólicas y fantásticas que dedamos. No le falta poesfa; jamás es duro ni contrahecho; no es de ningún modo pobre de expresión ni oscuro, pero ha olvidado, por ser fiel a una trama, que contaba
poco, lo que con&amp;titula su meta de los últimos años: su estilo. Hay novelista, pero no siempre estilo, en el sentido de que basta 110a distracdón
común o una ne cesidad pedestre del relato para estropearle la cadencia,
perturbarle la imaginación y, por lo tanto, debilitarlo. Entiéndase bien
que todo esto acaece en el curso de una novela de más de trescientas páginas; y con todo, a grandes intervalos, y no sirmpre infelizmente; tanto
que, acabada la lectura, aún entre descontentos y malos sabores, el lector
dice: &lt;¡Qué lástima; hubiera podido ser una obra de primer orden y no
es más que una oove:a bien hecha, bien construida, exquisitamente contada; pero nada más, ay, que una novela!• Come la de Borgese.

***
Continuando la relación, podemos también ocuparnos de Francesco
Pastoochi; poeta dannunziano antaño, que librándose a tiempo de la imitación, surgió en algún momento con cantos frescos, y suyos.
Pues bien, también Pastonchi abre hoy su cajón cerrado de muchos
años atrás; y saca ue poema de no sé c11ántos miles de versos, todo en
sonetos: It randagio (Moodadori, editor, Roma). Haré gracia al lector de
una larga digrr·sióo, pero lo que se ha dicho de Borgese puede valer tam-

�l, • f

LA PLUMA
LA PLUMA
bjén para Francesco Pastonchi, si bien Pastonchi no tenga las responsabilidade! que, por el contrario, debemos atribuir a Borgese a toda costa;
de una juventud ardiente y viva, de una sensibilidad lo más aguda y perspicaz; y en fin de un gusto nada firme, sino variable. Pastonchi, no. Pastonchi, aun cuando escribia de critica, siempre ha permanecido alejado y
severo; y, entendámonos, en una \ejania y severidad, nobles, clásicas,
aunque no humanísticas; Pastonchi, es la más hermosa figura de conservador en nuestra literatura. Cuantas veces lo he leido y escuchado,-y
véase ahora la segunda edición de su novela Il víolínísta (Latteo.-Torino) a la cual antepone una nota, en que no obstante las promesas y esperanzas de renacimiento, reconoce en su obra de ayer honradez de intenciones y de estilo,-cuantas veces lo he leido y escuchado, he tenido
siempre la convicción de que este estupendo talento no se abrirá nunca
a las corrientes nuevas, de tan firme, rlgido y en modo alguno elástico, y
asi me gustaba y me gusta. Es un fenómeno anacrónico, de otros tiempos, pero hay en tales firmeza y rigidez, una concienc-ia artistica nada voluble, y como la tragedia de un momento histórico, ahora ya pasado. Ciertamente, Pastonchi hubiera podido salvarse sélo con que hubiese sentido
y expresado el conflicto entre esta su rigidez irreductible y las mutaciones del gusto y de la estética, que luego se han sui::edido; pero no ha sentido el conflicto y no lo siente. Pone oido, ag1ua la mirada, atiende de
grado y presto, con todo su ser; pero su sensibilidad intima, su yo profundo no responden a la curiosidad an~iosa de los sentidos: permanecen
opacos y frios, en su glacial lejanía. En Pastonchi no hay drama, crisii,;
ni lucha; y la obra maestra que esperábamos no se ha logrado.

***
Otros de la misma generación, Novaro, por ejemplo, han acercado
también el corazón a este tumulto de los más jóvenes; y de ello se ha derivado, pues que son mas sensibles y ágiles, un arte más suelto, aunque
aproximativo, y más vivo. ll cuore nascosto (Treves, editori, Milano) de
Angelo Silvio Novaro no es todavía la obra maestra de este e;,critor insigne; pero tiene ya elementos e impulsos que no recuerdan en modo alguno, o recuerdan poco, al poeta pascoliano de la Casa del Signare.
Novaro es comedido, mas no cerrado como Pastonchi; y por eso, incluso cuando la sensación es pequeña y minuciosa, saue darla con una
precisión sobria y moderna. Quizás alguna vez le perjudica esta moder ·
nidad, no sé por qué mal fundida o insuficientemente conseguida; pero
29..

c~ando_ no fatiga la propia emoción
.
.
sigue cierto lirismo de sabor nuevo' y e~ s;gmda le hall'l. un ntmo, conNo diremos otro tanto de otro e' v~r ~ eram~nte bello.
la Aleramo, que se hizo años atrás sc_nt~r, es decir, de una escritora, Sibibilisimo, ya muerto, Giovanni Cen~-s\gmendo las huellas de un poeta nouna donna, logrado y fuerte b , ~ cual, después de Jt romanzo di
mundo de hoy y no los halla 's usca esesperadamente ataderos con el
,
.
• us versos Momen!t'
r
saggto, especie de novela lfrica (editad
, su prosa en Ll paesrevelan aún la dolorosa tentati d
_os por Bemporad, de Florencia)
de apoyo en una técnica que n:ªes~aq~~en se esfu:rza e~ buscar un punto
frec~entemente de rodillas sin fu
natural, y co1ea, tropieza, cae
esc~1tora, un libro de prns¡s varia~z:s: tos convence n:1ás de esta misma
cunoso, exquisitamente cálido· A
enso y tornadizo, femenilmente
r~ncia). Esta rebusca interesan.te ~e ~:s / stando (Be~porad, editor, Flod1versos, es propia de la mujer· y como s~:-~s Ál motivos más lejanos y
con gusto, nácenle páginas ~oment
I J a
eramo se entrega a ella
d?nde se ve que esta mujer; cuando hos de verdad_era fortuna expresiva:
p1ándola de las escorias l'b
aya esclarecido la propia vena limotro libro (no sé si poema tor~~c::1 podrá en verdad, un día, dar ;lgún
donna, sino que ofrezca verdad
a) que no sólo conmueia como Una
ord·mana
· potencia
• y verdad. eramente un document o h umano de extra-

Jª

d ' :Zi

***

Mirad por el contrario a U o o· .
, .
porciona hoy materia de obser~aci¿:tt1, el ul!tm? escritor que nos promás o menos, de Gabriel d'A
.. Ugo ÜJettt es coetáneo, sobre poco
al
nnunz10 pero sus novel
gunos anos no recordaban a d' A ' .
as cortas de hace
babia en ellas algún recuerdo s· nnl unz10 u otros modelos recientes. Si
me nes t er pensar en Maupassant·
, 1 un
se Ma
es encontraba alg un
· pred ecesor, era
u~a ironía y un escepticismo qu~ sólo r~;assant menos fuerte, pero con
bien, el público y la crítica olvida
a vez tuvo el gran francés. Pues
tal vez porque no eran much
ron presto aquellas novelas de Ojetti
profundas; pero si hoy que t;~~ :~ª:u~~~que no :ran bastante cálidas
n~vel_a corta, y es la composición de mo , p~quenos_ y grandes, hace su
ÜJettt, i,;e tiene la sensación de que en ~ª• s1 hoy, d1g?, ~e cogen las de
cabo una novedad y como el gé ,
pheno dannunz1amsmo, serían al
do
é
·
nero se a empobrecid
h d
, pero aqu lla, al menos en Italia fué
f
o y a egeneratorc1endo la boca, sino con simpat' ,
su uente, se las considera, no
Los qmmentos
· ·
ia.
cuentistas de hoy
de ali' h
.
cuenta que el modelo está m y l .
,
i an saltdo; pero tengamos en
u e10s aun de ser cabalmente imitado.

y

�LA PLUMA

LA PLUMA
No es nuestro propósito, sin embargn, hablar del Ojetti de entonces,
que no nos interesa, o nos interesa apenas como hecho lejanQ, que sólo
ha de tener en cuenta quien dirija una ojeada retrospectiva, con intención
reconstructiva e histórica; sino del Ojetti de hoy, del Ojetti de última
hora. Mas ~qué dirlais, ¡oh, lectores!, si el Ojetti de hoy no fuese ya el de
ayer, es más, si en modo alguno recordase al cuentista gracioso e irónico
de aquellos tiempos?
Irónico, a decir verdad, sigue siéndolo; pero sus Confidenze di pazzi
e di savi (Treves, Milán) no cuentan ya un menudo suceso cualquiera en
sus partkulares externos, con la técnica minuciosa, triturada, dispersadora, aproximativa, de la época. Aqu[ hay el escorzo de un drama o de
una comedia humana, dado con diálogos y soliloquios, sin minucias, sin
particulares, sh alarde de fondos. Pequeños comentarios de vida cotidia·
na; pero tan descarnados, tan esenciales, tan expresivos y eficaces que
de ellos surge un Ojetti nuevo, no comedido corno antes, sino fuerte; no
más divertido tal vez, pero sintético, escueto, moderno.
No sabemos ni indagamos dónde puede haber encontrado Ugo Ojetti
( que, desgraciadamente para él pierde tanto tiempo con su critica de
arte) tal fuerza de simplificación, ni cómo habrá enfriado los instintos d~
su estética de antaño. Diremos tan sólo que ante un Borgese, que aún
no ha cumplido los cuarenta, que nos da una novela minuciosa y detallada y, lo que es peor, vieja, y un Ojetti, de más de cincuenta, qne asl
se empobrece y descarna, este último aparece como un hombre todavla
riqulsimo de posibilidades, y lo que cuenta más, joven de medios y de
ánimo, y capaz todavla de sorpresas.
Si estas nuevas experiencias encuentran en el artista renovado un
motivo central de reunión y un punto firme de partida para una obra orgánica, cualesquiera que sea (memorias de esta época, novela, qué sé yo)
quizás se pueda esperar mañana, de Ugo Ojetti, un potente escritor moderno.

MARIO PUCCINI

Memento. -Cesare Pascarella Prose (Sten-Torino).- Virgilio Bondois. 1 tre
delitti di Barbabl(i (Giusti-Livorno).-f ttore Cozzani. 1 r:icconti delle cinque
terre.-J.farcella Caecilia. 1 salmi dell'anima (L'Eroica Milano).-Umberto F,·acchio.. 11 perduto amore (Vitagliano-~lilano).-.Adoifo Albertani. Facce allegre
(Treves-Milano).-G. Boine. La ferita non chiusa (La voce-Fitenze).-G. Daine/Ji. Passeggiate geogratiche (La voce-Firenze).-G. Pa¡ini. La vita di Cristo

296

(Vallecchi-Firenze).-P.M. Marlini 11 ¡ r
,ulli. Teatro (Bemporad-Firenze).-·C/a~,;,.'º ;,ero (Bempor~d-Firenze). -A. No0
cbelli-Bologna) -P. 1urat" T
.
reves. Polémica socialista (Zani.
·
'· renta anm di critic
· ¡ (
•
na).-R. Petauonie La religio d.
ª socia e Zamchelli-Bolog2
re. Notte di befan;. Come vi ;i:c~ (;;:~u~tira (Zanic~e!li-Bologna).-S/zake.rpeaAnna Errera. Ellen Keller (G B p · . C. ~banni. Lemonnier-Firenze).Tasso (Battistelli-Firen'°)
c. l.. . .,, arav1a-Tor100).-E. Donadqni. Torquato
. .
- .-L·e ,ce mt1mi~liano v·t
1 d 11O · .
spmto
(Battistelli-Firenze)
L.
·
ª e /11.{
spmto ed • eroi dello
. ~
.
. - 7 ircsa
1o. a píceo! d
Gmo Arias. La questione me .d. al
a ama \" ondadon-Roma).nome d'Italia. (Lattes-Torino).~~&lt;;~nicb_elh-Bo~ogo ),-D'Aze¡,lio. Kel
Scienze e Lettere-Roma) G B ¡¡·º .'º·. iccoh solchi (S. Bardi. Librería di
• e lllClOnt lo e iJ
¡
·
.
no).-N. 1 om#UJSio. Prose (R C ,., M·1 .
pa coscemco (Qumtieri Mila,
• a,,eo• 1 aoo).-,1 Om d
L'
.
· . " eo.
espenenza etica
d eJ 1 Evangelio (Laterza-Bari).-L Hu
tuJCOrda. Studi foscoliani (Laterza-Bari)sso. c'{et~s~as10 lLaterza-Bari).-S. Macia.no), etc.
.- lass1c1 del fanciullo (Carabba-Lan-

i;\/

HORAS
P{. fhancisco, !Mario, !Pablo.

f

61 niñito lloraba ...
/6ran las cinco
de la alborada!
01 niñito se en/erma...
¡eálido vaho
lanza la tierra!
01 niñito se ha muerto ...
i fEajo las nubes
el sol se ha puesto/
GUSTAVO S. GALARRAGA

•

�LETRAS ALPMANAS

CANCIONES PARA NADIE
SI LA LUNA SE FUESE.··

$i la luna se fuese,
llena de los suspiros de los tristes,
inflada de suspiros, hacia ª"iba,
hacia arriba, nosotros no podríamos
suspirar por la noche en la terraza
de nuestros sueños raros, como ahor~
que sabemos que un corazón de .espejo
nos escucha y nos habla, y tiene un ritmo
de compasión /raterna.
$i la luna se inflara de suspiros
y se escapara del azul, ¿qué haríamos
los que de ella tenemos este blanco
de muerte dentro del cansado cuerpo?
ROGBLIO BUBNDIA

INTRODUCCIÓN

m

Francia-en Occidente-se acepta con harta frecuencia el
catecismo nacionalista, según el que la inteligencia creadora
y la sensibilidad han abandonado la Europa central y el arte
y la literatura son patrimonio de los países latinos. La ola de
cnorctismo• que siguió hace treinta años al descubrimiento de Ibsen, y la
ola de «rusismo• de que fué iniciador Tolstoi, no modificaron ese estado
de espíritu. Se dotó a los escandinavos y eslavos, también con detrimento de los germanos, y varias generaciones creyeron benévolamente en la
inexistencia intelectual de los Imperios del Centro.
Sin embargo, hubo que citar algunos nombres y mostrar algunas obras.
Como ciertos espíritus indisciplinados y curiosos se resistían a aceptar
las tesis de la crítica oficial, la prudencia mandaba adoptar frente a ellos
la buena táctica de la ofensiva defensiva. Fueron, pues, a buscar algunas
novelas y algunos dramas de Ompteda, Sudermann y G. Hauptmann, los
tradujeron, los publicaro n, creando en torno suyo un movimiento de curiosidad tan grande como ficticio. Y como tales libros eran muy 1nalos, y
esos escritores de una mediocridad soberana, no tardó en ofrecerse la
ocasión de ponerlos en ridículo, y, tras de presentarlos co mo dignos re~
presentantes de la Alemania intelectual, de enterrarla con ellos. La treta,
ba~tante hábil, había salido bien en pintura, con la exportación de Bi:icN

�LA PLUMA
~A PLUMA
klin, Hans Thoma, Franz von Stuck y Liebermann. Pero es fuerza convenir en que éstos no nos ocultaban nada notable, mientras que la mampara
de los Sudermann servía para tapar obras, hombres, tendencias y aspiraciones de primer orden.
Sudermann, Ompteda, Hauptmann. Alin en los tiempos en que su
reputación era grande en su pals, no fué indiscutida. Todos los verdaderos artistas de Alemania se sublevaban contra esos grandes «petits bourieois•, contra las simplezas más o menos lacrimosas de sus comedias y de
sus libros, contra el carácter melodramático de sus concepciones y de sus
doctrinas sociales, contra su falso romanticismo disfrazado, so capa de
realismo, contra todo lo que les inutilizaba para una acción fecunda y
atrevida. De influencia y reputación liarto semejantes gozaron en Paris
Georges Ohnet y Catu\le Mendes. ¿Quién hubien podido, sin lllªla fe,
decirle a Alemania que simbolizaban la producción literaria, la escuela
literaria francesa?
Hoy ya no se lee a Sudermann ni a Ompteda; Hauptmann, calla. Sin
embargo, en las revistas occidentales continúan citándose sus nombres.
Aun se pretende enmascarar con ellos el inmenso movimiento renovador
que sacude, en todas las artes, a la Alemania contemporánea. Con todos
sus defectos, el Expresionismo es una fuerza opulenta y ardiente en demasía para que Europa pueda seguir ignorándola. Los que se obstina~en
en despreciar esa revolución tan vasta podrían llevarse una gran sorpresa.

*

*.

El «expresionismo• es una palabra. En si mismo no es más significativo que el impresionismo de Claude Monet o de Ravel. Pero esto sólo
tiene importancia relativa. Lo que importa es el movimiento y no su titulo, y jamás he sabido por qué en torno de éste se encendían tan ardientes disputas entre personas que, por otra parte, estaban perfectamente
de acuerdo sobre la esencia y el papel del expresionismo.
Es menester penetrarse bien de esto: el expresionismo no es una escuela ni casi una estética; es una concepción nueva y casi una mentalidad.
300

. El expresionismo es una reacción contra I
.
simbolismo de Bocklin y la ( 1
•
e realismo, contra el falso
.
a sa serenidad de Hodl
sismo» excesivo del post.
er, contra el •virtuo1d
wagnensmo, contra todo l
a o que fuese, se alejaba de la vida ara
. o que, por cualquier
el momento en que la expa '6 I p
hundirse en las fórmulas. En
ns1 n a emana se e t di
~ del mundo, en que el músc lb 1
x en 1 por todos los pafvigor y elasticidad, una generaciuón da emán. demostraba dondequiera su
· ·d
e escntores y d
tt·
0 pnm1 a por la red de las trad· .
e ar stas se sintió
.
1c1oues en que habla
.d E
msmo se desenvolvió en tres etapas La
.
nac1 o. 1 Expresioagrupó hombres muy diferentes
.b
pnmera, de preparación lenta
u
d fl
' Y ª arca más de diez añ La
'
q e es e orecimiento, se dilata or los
os.
segunda,
cera, cuyo desenvolvimiento segui
di cuatro años de guerra. La terN" quiero hacer a uf enu
~os a. tras dfa, es la de procreación.
tan sólo que el prime; period~erac1~nes m tra~ar listas de méritos. Diré
Heinrich Mano y se pr 1 , comienza, en literatura, con el siglo y con
Unruh, hasta to~os los qu: onga h~s~ René ~chickelé, hasta Ivitz von
y la salud de antaño y le l"bpor un a o devolvieron al idioma la nobleza
S d
l ertaron del menospreci
u ~rmann, y de otro elevaron la sensibil' d d
o en que l? tenian los
mama a un plano más a
r
' a prudente e Intima de Alesu espfritu, hasta el pun':;~;~ete. humano. Enriquecieron su técnica y
tar todas las aspiraciones En ~ onzar todas las conquistas y de Jomeny Lelunbruch en escultur~. Pe~~n:ura, Franz _Mar~ representó ese papel,
artes plásticas.
o puedo m quiero hablar aquí de las
El segundo periodo se inauguró brus
.
momento en que Ale
.
camente y con violencia en el
.
mama estaba profundam t
b .
SIS de nacionalismo que en tod
1
en e tra ªJada por la criguerra. Puede incluso de .
os os paises acompañó a la declaración de
pasión colectiva de la m cl~~:e dque _entre esa insurrección intelectual y la
Por primera vez Al
~ l ~ existe una correlación estrecha y directa
, emama, aislada por compl t bl
.
ronteras
se
vió
obli
d
. .
e o, oqueada en todas sus
1
'
ga a a v1v1r de si misma N
.
cambio de ideas de obras d . fl
.
. o era posible el ínterde la idea naciv~al excit ,b t\1n uenc1as; al mismo tiempo, la exaltación
examen de concie~ . h~ a os cerebros y los corazones. A modo de
cia, zose el balance de las riquezas morales, y se
301

�LA PLUMA

LA PLUMA
descubrió el auge de la curva creatriz, hacia una libertad orgullosa, pero
vigilada rigurosamente por una disciplina interna. Diéronse cuenta de las
posibilidades que constituían el -µatrimoniu de la generación trágica y los
pusieron a prueba. El Expresionismo se propagó durante la guerra con
una rapidez y un vigor inauditos, y puede decirse que fué un momento
del pensamiento alemán. En literatura, Kaslmir Edschmid, Car\ Sternheim,
Georg Kasser, W. Hasenclever, y otros más-en pintura veinte grupos
\ocales ligados entre si p•lr el mismo propósito de expresión directa, percibida y producida a costa de deformaciones violentas, pero también en
provecho de \a furrza-, \levaron hasta el fin las primeras 'Tentajas con·
seguidas por sus hermanos mayores. Se atrevieron a desembarazarse de
todas \as tradiciones y a crear, sin cuidarse del pasado ni de las reglas de
la retórica, un arte nervioso y apasi&lt;&gt;nado. Acabo de decirlo: en provech,&gt;
de \a fuerza. Hay incluso demasiada fuerza en esa rebelión, y ello les costará caro a algunos expresionistas. El abuso de la fuerza conducirá a los
más grandes, por ejemplo, a K1simir Edschmid, a una especie de gongorismo, que es el alarde y la ostentación de su seguridad.
Demasiada fuerza. De ahi vendrá la decadencia, o más bien la desagregación del Expresionismo-tercer período al cual estamos asistiendo-. Ya no hay ritmo expresionic:ta, sino ritmos expresionistas. Y el
fracciona l'ieoto vuelve a empezar, con todos sus peligros y todos sus beneficios. Creo, en resumen, que éstos son más numerosos que aquéllos.
Tras la gran concentración de 1914, que creó lazos duraderos entre todos
\os miembros de \a generación, y estableció relaciones entre su manera
de ver y su manera de juzgar, conviene que una desmovilización de \os
espíritus devuelva a cada cual la independencia, y que la corriente expresionista se divida en arroyos múltiples. No debe confundirse \a rigidez
con \a cohesión, ni la uniformidad con la armonla. El Expresionismo no
habrla podido evitar las dos primeras, si se hubiese prolongado má~,
pues solamente la fe y el entusiasmo de una gran rebelión hao podido
infundir vida en una empresa casi unánime. Hoy, una gran distancia separa, por ejemplo, a Else Lasker-Schuler de Ernst von Barlach- o a
los pintores del Str,rm de la escuela de Darmstadt. Pero serla difícil 'com3oa

prender
a unos sin conocer a otros, y sin red . l
,
comun de que proceden.
ucir os a todos al tronco

***
En resumen·
,Q ué es e1 Expresionismo? E
•
• •&lt;
. .
J~nto, de uAa importancia y una fecundida
s ~n mov1m1eoto de conhbertar, incluso dislocándolos I "d·
d considerables, que tendió a
1 10ma y el p
' e ue
·
d.º ble yugo realista y cieot:fista
I
ensam1ento
alemanes del
tiempo atrás por precursores ten~
~s ahogaba. Preparado de mucho
y en proporciones diferentes flo ce~ó• mteresantes desde puntos de vista
· 16 mtelectualmente
·
,
rec1
con rap1·d ez en cuanto la guerra
a1s
a Alemania
del res
trastornó todas las artes, y ho se d.
to del mundo, alcanzó, tocó y
de es~uelas y de grupos, emp;renta::lve en un número harto crecido
reaccione~ ya no les son comunes.
entre sf, pero cuyas actitudes y
Conoc1endo ese punto de art'
.
bien, sobre el que descansa t:ia l~d:i~apital, ese punto de apoyo, más
será m~s fácil seguir dfa tras dfa en el a de la Alemania intelectual, nos
de los hbros y de los hombres. E t . curso d~ estos artlculos, el jue o
todo caso histórica quizá se
s a mtroducc1ón, teórica, diría yo y eg
•
a poco ame
p
,
n
prender la crónica de las letras I
na._ ero no me atrevería a cms10
fi' d
e nera1es de su evolución conteª emanas
á
Jar e esta suerte las !focas
g
mpor nea.

PAUL COLIN

•

303

�LA P L UMA

LA CORPOREIDAD DE LO ABSTRACTO

EL EN T USIASM O

IMAGEN ES Y REPRESENT ACIONES

Es h01n:bre de arranques frenéticos

que odza la asnina seriedad

de lo_s letrado_s gravedosos, héticos,

EL CRIMEN

reacios al bnnco y a la hilaridad.
Cuando eljúb~lo inflama sus mejillas,
zurra a su coima-la Locuacidadtrep_a a los árboles, anda en cuclillc/s
'
se descoyunta de fraternidad.

El Alcoholismo y la Epilepsia
hubiéronle en rápido coito.
Enfermo nato, la 1ispep_sia
es de sus males el zntrozto.

«¡Briáreo, tus brazos necesito
porque me los ezige la amistad!»
-clama. Y, en un salto inaitdito
se ase a los pechos de la Eternitkd.

Agrias la boca y la pupila,
cerrado el ceño, y el perfil, adusto._ .
Torvo corvo y enclenque, le hornpila
la san~re. Es blanco y débil, como el Susto.

LA PERSEVERANCIA

Sin embargo, es enófilo, y ~l _vi1:o
arma de odio su brazo pusilanzme, . .
que, al dar la muerte, ens~ñase J!, _sin tmo
si.embra metal en la materia examme.

«¡ Oli! mi testa granítica es tan dura
'
tan ~ecia como el pedernal;
so~rza, pausada, mi andadura.
mi obstinación, pura, fatal. '

Más ¿quién le juzga, si hace de su tesis
-el atavismo-plúmbeo parap~to,
y rezuma atrición-la diaforesiseste hombre alcólwlico y analfabeto?

No_e~iste, en rigor, el obstáculo.
(Dzque: d:esmayo de impulso).
La tenacidad es mi báculo.
el vigor del cosmos, mí p;lso.

El masca eternidad, porque es un brote
de la naturaleza; agrio motivo,
ubicua esencia, perennal azote...

«Erre que er re» la divisa
el lema de mi escudo recio'.
(Ca_balgan otros más de prisa;
de ir a buen paso no me precio.)

Se le quiebra la tráquea en el garrote,
y se descuelga al punto, redivivo.

Que tengo las orejas largas,
Y el trote corto, de pollino,

escupen las bocas amargas,
cuando llego con bien a mi destino.
20

�LA PLUMA

LA PLUMA

Pero la vida es buena y corta,
la senda llana, y yo me tuerzo.
A mi, e:z verdad, ¿qué se me importa
nada, si arde de estímulo mi esfuerzo?&gt;

EL HASTÍO
Ya nadie le recuerda.
El valentudinario financiero
se hundió en el trueno de la quiebra,
al romperse/e el báculo del credito.
Ahora, yact empotrado
en un sillón de cuero,
bajo una manta,junto a los cristales,
soplándose los dedos.
Y sin embargo, este hombre
puede rehabilitarse un momento:
Con acudir a Lucifer, su amigo
, .
y colega, en demanda de un emprestito ...
Mas la ruta de Fausto
en perspectiva, aburr~ al ex-ban~uero,
que tiene agua y aceite en el estomago
y grises telarañas en los sesos.
No se le antoja divertido
tornarse a lo preterito.
Le basta con ro,,nperse las mandíbulas
en astillas, a fuerza de bostezos.

EL DESEO
Ojo avizor -¡el apto!- va a la lucha
seguro,firme en su virilidad.
Tiene lo!j músculos de bronce. Ducha
su cuerpo a diario. (¡Qué modernidad!)
Viril y serio, desconoce a Trigo,
el de la pornográfica obsesión.
Mas le_esclavizt;, _el baño, con su amigo
-capcioso y f acil- el termosifón.
Es disculpable que de fauno ejerza,
porque no sabe madrigalizar.
(Suplica _el débil; el robusto, fuerza.
·Algo evuiente, que es de lamentar!)
S~rio, !que serio! (Seriedad de angustia,
o;os .fi;os q~. escrutan la ocasión.)
Su masculinidad nunca se mustia.
El es un vástago de Salomón.
¡Aglutinante de las sombras! ¡Nexo
de las antítesis! Suma verdad.
Este hombre llega, en gracia de su sexo,
a las entrañas de la Realidad.

EL ERROR
Perseverante, contumaz,
conservador, fanático-se obstina.
Buen católico, insulta a quien no opina
como el opina. Su ánima falaz
de clérigo cazurro o de mujer
necia, forja un altar para su yerro.

�LA PLUMA
De su brazo se dice que es de lzierro.
El asegura que lo da a torcer.

LA SUSPICACIA
Esta medusa lleva_ en s~ tentáculos
la tksazón y la discordia.
Em1ullvese en viscosidatks .
cu marisma, cobartk y astuciosa.
En el concúbito tk las hipótesis
p,·otervas, ella, en éxtasis, se goza.
Y, al cuslizarse sobr~ la ,pitk_r~nis
de la Credulidad-virgen atomta- ,
con su urticante cuidoblasto encima.e
en ella la erupción cu la zozobm.

JUAN JOSB DOMBNCHINA

NOTAS DE UN CICERONE
EXPOSICIONES DE ,PRIMAVERA
o siempre coinciden los nombres con la verdadera significación
de las cosas. En Arte menos que en nada, y en Madrid menos
que en cualquier otra parte. Este año, no obstante, por primera vez desde hace muchos, la primavera del calendario ha florecido en nuevos brotes espirituales. No ha habido la cExposición• oficial, cuyo olor a barniz y cuya parada de inauguración regia
trascienden al paraje acotado eu el Parque, en torno al lago; ha faltadogracias al obligado barbecho alterno-la gran batuda de cuadros condecorados y la rutinaria curiosidad del vulgo aburrido ante tantos malos discípulos de peores maestros. Pero hemos tenido Arte de Primavera.
En pleno invierno aún, se adelantó con el tiempo falaz a la estación,
Victorio Macho. lHemos de saludar en él a un buen escultor? lDecir adiós
a una esperanz, ? Seamos amigos de la verdad. Macho es un magnífico temperamento que cierta perversa inclinación a la «literatura,-a la mala literatur.i se entiende-está a punto de echar a perder para siempre. Algunos
bronces-cabezas de estudio en toda la extensión de la palabra , alguna
talla en madera, en que el autor no disimula la pelea noble con la materia
modelable, nos revelan en él al artista en plena posesión de medios expresivos y, lo que vale más, en el buen "amino. rero la obsesión de los mismos temas e incluso de la misma disp,)sición espectacular de la exposición
309

�1
LA PLUMA
LA PLUMA
con que triunfó Julio Antonio de la indiferencia pública, y, sobre todo, la
horrible propensión al colosalúmo, que se anuncia amenazador en sus
más recientes proyectos nos hacen temer por su salvación.

•••
En el mismo Palacio de Bibliotecas y Museos ha estado instalada hasta
hace poco la Exposición Vdequez-Dlaz - Daniel Vázqu ez-Dlaz y Eva
Aggerholrn-. ¿Hasta qué punto pudiera sernos permitida una incursión
aventurada por el campo de las explicaciones psicológicas, que nos sirviera para catalogar a este matrimonio artísti"co? Porque lo más importante
de la Exposición Vázquez-Dtaz no son los lienzos y las estatui\las que a
nuestra consideración se ofrecen, con ser muy grande el atractivo que
para los ojos tienen, sino la personificación en este pintor y esta escultora
de la pasión en que vive y ~e agita el arte contemporáneo. Una y otro se
nos muestran en su obra tan cogidos por los problemas actuales de su
arte, que más que la obra en si nos seduce el ansia intelectual que manifiesta, la elucubración laboriosa que precede a cada nuevo empeño que se
proponen.
J&gt;erseguidores ambos de una expresión peculiar, r-ás recogida ella, más
osado él, bao dado en el ambiente de nuestro mundillo artístico un grito,
merced al cual Madrid no es ya una península que el alto Pirineo convierte en un islote sin ecos. Las pinturas y estatuas del matrimonio VázquezDíaz sitúan y definen de una manera muy personal las últimas tendencias
de las artes plásticas en el resto del mundo. La gran cuestión de la reconstrucción arquitectónica, la nueva ley de pesos y medidas después de
penetrado el natural y descompuesto en su propia luz, el sentido Hrico de
la naturaleza, el barroquismo humorista, e incluso el debate entre el público y el artista acerca de la sinceridad mútua, cosas todas en el orden
dtl día artlstico del mundo civilizado, adquieren en la obra conjunta de
Daniel Vázquez-Díaz y su esposa una significación dramática, que trasciende de la esfera del arte a la de la moral social.

\

No temas , Icet or, que este aprendiz de ·
.
no sociológico a cuenta de . ú
cicerone incurra en desliz: algunmg O problema art( ti
¿ha de proponer una vez más la
.
s co. Nuestro catecismo
capc10sa pregunt 1.
-¿ Q ué es el Arte?
ª·
- « Una obra sin nombre.&gt;
A tan augusta voz y h ac1endo
.
coro a I fi
.
da en su pedestal, sus hermanas d l . a gunlla de terracolta acurrucaba n a Iza d o en la punta de
.
. e mismo barro y d e l mismo
espfritu se
1os pies, y señalando a su padre el escultor, le
han dicho:
-«Tú serás rey.&gt;
Sebasti_á~ Miranda, ríe gozoso de su obra
B .
(Expos1c16n-Sebastián Mi d
d~ B!bliotecas y Museos.-Pase:ª:e ; ~ ronces y Terra-cottas.-Palacio
pubhca.-Horas de visita· de o
coletos, 20.-Mayo 1921.-Entrada
.
nce a una y de cuatro a siete.)

• • •
Pero la consagración de esta p .
la moraleja sin la muestra retros e:7av:ra no ~endrfa la ejempld.ridad de
estos dlas atrae al buen afic,·onapd t vla .e la pmtura de Regoyos, que en
· d e Recoletos, sede
- de nuestro pequeño reo o. a. mismo pa 1ac10
e st e ano
Hf' aqui un h b
ac1m1ento artístico.
d
.
om re, pensamos ante
d
e pintor tan humana ansia d .
~JS cua ros, que puso en el oG~(J
t f
•
e tnmortahdad t
h •¡
an ranc1scano or!TU/lo que fué
.
' an umi de perseverancia
· l
o.- ,
un artista Se
,
c1a es. Apenas sí tuvo tiempo de b . 1.
propuso los problemas esenaparéceseoos nimbado d 1 . a nr os ojos a la luz. Hoy su nombre
·
e os siete colores del · · T.
n.a en una nube por la que el sol asoma
. ins. iene su pequeña glov1a, a un mundo reverdecido.
, sonriendo entre lágrimas de llu~M

• • •
311

310

�LA PLUMA
cia del público y la ioclinaci6n de los novel"
de t&lt;:ndencias que durante mucho tiem
~~tas a n~evos modos conciliadores
duct1bks. . .
po an podido parecer opuestas, irreRoma.nt1c1smo
so n P" I3 b ras que d ·
·
•v clasicismo
·
que previameute no se e3tablezca el alcance de ic~n poco.º nada, a mcuos
Pero,
de
todas
suertes
no
se
ave
s1gmficac16u
en cada caso •
d
•
o t tu.a gran cosa su
con
d •
erna, a1 par que procura interpretar líricam
. ec1r que la novela moa la manera romántica se lirn1'ta
t'
ente la vida real, exacerbándola
·
· • d ose normas ' en cierto Ymod
con 1ene en
. del relato
impomen
. punto a l ª extens16n
lector, a fuerza de depurar el novel'
lclás1ca~, purga?do la sensibilidad dei
La Silvia de Nerval es una d
is a a pr~p1a capacidad de expresio'n
.
e esas raras Joyas
·
corre,r el tiempo mayor poder d
t .,
, cuyo encanto cobra con el
d
tejida la tnima inconsútil de la fá~~¡3P i3c1on. _El ~parente descuido con que va
cen de la breve historia un modelo a, ~ grac1.1 sm par de su lírico humor haEl ~gua en cisterna de Eduardo )f:r ul~i~ble de eterna juventud literari~.
c?nstante preocupación por oner su o~ , a revela de nuevo en su autor esa
no sentimental de su tiemp! El am ic tazon d_e poeta al unísono con el horaun ta?to barroco de tan expr~sivo e~ ente _ex?tico, el relat? cálido, vehemente
patetismo de los incidentes novele~cosmov~?11entdo dramático de la acción el
san ai crítico.
cau ivan esde luego al lector e int~re-

t°

Bdictones 'de La Pluma.-Serie 1. Bduardo l\1arquina: Agua en &amp;is·
terna.-Gerard de Nerval: .Silvia.-Madrid, 1921.
Empezamos, al cumplirse el año de la primera salida de LA PLUMA, a exten·
der su esfera de acción. Vuestro favor, lectores, cuya constancia nos compensa
de su limitación al escogido grupo de aficionados a las buenas letras con que
le es apenas dabl~ sostenerse a una revista española. muév&lt;'nos a intentar en
campo más vasto la prosecución de la obra emprendida. De dos males graves
adolece la producción literaria en España: es el uno la desorientaci6n y el des·
barajuste en que las casas editoriales más poderosas comercialmente, acostum•
bran servir al público la abigarrada muestra de su industrir; el otro, el des·
amparo en que suele hallarse el escritor, a merced del plato de lentejas que el
editor le ofrece. Aspiramos con las Ediciones de LA PLUMA a abrir el primer
surco en el camino de toda posible redención en ese respecto.
La serie de novelas cortas y cuentos con que inauguramos nuestro proyecto
no responde a un criterio cerrado, desde un punto de vista literario, n i mucho
menos nos proponemos esos ridículos s;-ñuelos para señoritas, para militares
con o sz"n graduadón, para colegialas más o menos desenvueltas, que c-on títulos de
un sentimentalismo pseudo-artístico y portadas de pretenciosa baratura se
anuncian en las terceras planas de los di11.rios jesuíticos como elas obras más a
propósito para tenidas en el cestillo de la costura&gt;. Pero sí queremos que una
cierta armonía, una orientación general, una norma, imprima a nuestras colecciones ese carácter de continuidad, cuya falta tanto se echa de ver en la libre•
ría Las
española.
dos primeras novelitas de nuestra colección tienen un parentesco, en
modo alguno derivado del menor propósito arcaizante en la de Eduardo Marquina, y que no todo el mnndo echará de ver a primera vista; pero que a una y
otra determina dentro de la modernidad de nuestro intento. ¿Qué es la novela
moderna? iQué elementos la distinguen como tal género de las obras de ficción
cuyo interé,; es para el lector más de curiosidad hist6rica que el puramente
recreativo de la simple lectura) Agotadas hoy dia ya todas las posibilidades de
fórmulas y recetas naturalistas, analíticas, realistas, es manifiesta la preferen-

H:!ruos procurado en estos tomitos 1
mundo no más que un sencillo decor ' a alcance, por su precio, de todo el
rantí_1 la firma de Angel Vivanco cuyosen_~atpresentaci6n, de que es buena o agracia.
'
ª vme as adornan LA PLUMA con tao fina

***

C. R. C.

Ramón
~érez
de Ay
ala: Et sendero
doctnnal
de vida
y naturaleza
-P andante. Momentos, modos, ditirambos
•~l río es un camino que- anda • ;emas.-~cMXXI. c_a:leja, Madrid.
•
la pr~mera composición del nuevo .libr sta poética reflex1on de Pascal preside
vemtitantas poesías, fechadas en los a~ en que Pérez de Ayala ha coleccionado
paz dd sendero a la reciente de Et e dn~s 9-ue corren de la publicación de La
s n et o innumerable.
o ~He ahí la vida: ese río y esos versos·
n as, remansos espumas
d
·
Ese río, agua de 'antan-o • mo os, momentos ...
.
, ya pasada·
Y en e 1 mismo cauce otra agua.• '
Desde las sienes canas d e 1as montañas eminentes, los nos
son como las
ideas.
'
•··· corre el sendero andante
~~~~e la paz del sendero hasta el sendero innumerable

..............

siempre monótono, ~¡~ 1~;~;~ ~-~~;~ • • • • • • • · • • • •
como prosa abundoso, encauzado c~mo el verso.•
3 13

�LA PLUMA

LA PLUMA
En este primer poema se cond::nsa y define la intención del volumen,
intención que no se manifiesta sujeta a un pe nsamiento ge nerador 1 cuyo ritmo
interior y cuya apariencia respondan desde luego a la idea arquitectónica de
El sendero innumerable, sino que se declara a través de tantas inspiraciones
ocasionales como constituyen este tomo, con el cual se explica la ascensión
del poeta desde el lirismo sentimental de La _pas dll sende,·o a la filosofía lírica
de sus últimos versos.
Es decir, que estas poesías de oc.:tsión vienen a corroborar, una vez hacinadas, la voluntad artrstica de su autor, teosa siempre a un.:\ interpretación
intelectual del universo, ora el esfuerzo creador halle expresión cabal en la
novela, bien en el poema, o Yd en la crítica. En el transcurso de un año 1 Ramón
Pércz de Ayala, cuya labor se dispersa en periódicos de España y América ,
disimulando su constancia, cuando no distrayéndola de la producción imaginativa en que quisiéramos verle perseverar, en el transcurso de un año ha dado
a la estampa vario ejemplo de esa interior armonía intelectual, que constituye
a nuestros ojos su mayor precio como escritor, y que le hace tan raro en
nuestro desquiciado ambiente literario. Los poemas recogidos en El sendero
andante, aparte el interés que puedan suscitar en el simple lector, tienen para
el crítico el atractivo mucho mayor de completar, exponiéndola paladinamente, la evolución personal de su autor, dentro si.empre de un criterio y de
unos principios, que desde los primeros versos de Pérez de Ayala a su mejo1
y más reciente prosa. determinan su carácter, tan destacado y principal en la
literatura española contemporánea.
Educado felizmente en e l gusto de los clásicos, su lirismo conserva siempre
esa virtud latina de la cantidad, cuyo secreto no está tanto en pretender ajustar una medida fija y un -ritm o preciso a la expansión del propio sentimiento,
cuanto en modular éste con inflexiones graves, cuya tonalidad y extensión no
pueden corresponde r exactamen te a un precepto retórico de pura forma exte•
rior, sino a una emoción pura, que, por serlo, se expresa, no con el balbuceo
ala lo-como pretenden los pergeñadores de fácil es cantilenas sin sentido-,
mas con vigor y precisión de. palabra, sintaxis musical y prosodia noble, en vez
de la onomatopeya histérica a que lo:-, mal os poetas ultramoderoos preteriden
reducir la razón del sentimiento que debe ser la buena poesía.
Muy poco han influido en Ramón Pérez de Ay ala los modernos poetas franceses. Apenas si en sus primeros poemas de La paz del sendu·o se advierten
ciertas concomitancias con Francis Jammes, y para eso más en lo que hace a
relaciones exteriores de temas, que pudiéramos decir nostálgicos, que a semejanza de ideas, propósitos y resultados ulteriores. Tan dispar nos parece la
inspiración de Pérez de Aya la y la de los simbolistas y parnasianos franceses,
cuya contextura espiritual adaptó genialmente a nuestro Mxico y a nuestra
conformación Rubén Darío 1 que con ser manifiesta e inconfundible la huella
de éste en la obra lírica de Aya la, nunca le imprime ese pare,;ido inferior de
la im itación superficial por el cual han trascendido a la moderna poesía española los más livianos ecos de la ultrapirenaica. Antes bien , la influencia de

Daría en Ayala es la fecunda
r • d
conscie-nteruente y sin servilisio.p opia e uno en otro espíritu correlativos,
No sería dificil asimismo, pe ro no son t;i
empe ño, estudiar la influe ncia de los e~ s notas lugar adr.cuado para tal
Aya~a. Con ello se comprobaría una vez r-:;,C.{&gt;res poetas inglesc~ en Pérez de
5
e_n cierto modo, que se observa entre es _esa corr: spondenc1a, tradicional
tiempos, y sobre irre ductibles diferencias dªº~les e.ómgleses a través de los
Mas las coincidencias inHui·os y re! . e e ucac1 o y temper~meoto.
. ·r,
,
ac1ones que aq ·
·
no s1gn11can que puedan s~r desde lue d.
.
ui se apuntan a la ligera,
Pé_rez de Ayala, cuyo ma or recio a n go_ 1scer_n1das, en _una obra como la de
phc_ada armonía _de su pirso!atidad lit~:::r:5i OJOS, r~pet1mos, está en la comdec1r que la. única fecunda de o
- ' ª. más mteres~nte, y es1.oy por
generaeión del 98.
'
uestro.:, escntores poslenores a la llamada

c. R. c.

•••
Lui•.Araqu.lstaln
.
,
.-Elj e¡-tf'f'O yanqtn.-Publicaciones
España.--Madrid,

1921.

Dmase que el mundo vie'o e
de sí la guerra, se preparab1 a' e:~:r:entado por las ruin_as que ha dejado tras
nos estúpido que el de la paz armala r un régim~n d_e ':•da internacional me•
Y con dudosa eficacia los choque d
a prevemr, Siquiera fuese con timidez
cuando una ma.no imPrudeote . ~. e os csagrados intereses• inconciliables
país sin experiencia ha derrib ;s I umento de la voluutad irrefrenada de u~
de uai?eS difícilmen'te levanta~o
tocob~en?s-en un santiamén el castillo
por tanto, desengañadas: el castill/ d~ si~ Is u~1ad de otras ra_zas ya maduras, y
paz, ya que uo de justicia, entre los ueblos ocie ad de ".~:1_0;1~s, garantía de
u?~ sola park· (en este caso, la Re iiblica d.\ aunque se1ta ~hc1to echar sobre
b1hdad de la ineficacia probable dJ p t e lo~ Es_tados Un1dos) la responsamanca de nacimiento, y que, por aña;i~~r~onshtutivo de una soci!:dad coja .Y
dente que el apartamiento de los Est d
' ~asas enormes re pudian, es ev1fuerza más poderosa en la tierra aca~a
~01dos, que son bol'." e~ conjunto la
tema de paces en que el mundo 'tr b . e ar su verdadero s1g01ficado al sisdi~pub solapada de los ambicioso a ªJª por entrar: ~uspens!ón de hostilidades,
ápice de la pujanza alguno se vea ~o1:-º;dla beg~moma mundial, hasta que en el
por su existencia En este orve . _z o,? diga que se vé fórzado, a guerrear
dos se disponen ~ represe!tar etr· inmediato, nada risueño, los Estados UniJa ba~carrota y el hundimiento de~~s~idpape~9ue Alemania representó hasta
cesa:1as para convertirse en azote de '1 1r10. 1e~en las fuerzas impulsivas OC·
1
apetitos, técnica industrial pote t's' ª trtad a1en_a: sobra de caudales y de
de una misión superior conduce~t~ i~;:i, y. a per~uas160 de hallarse investidos
macía norteamericana. Estos .
la me1oram1ento del mundo bajo la suprcabsorbente de aquella Repúb!:pudso~, con~rontados con la política exterior
llama, cen razón el cpeligro y~n~'ui:.c aran astante bien lo que Araquistain
Medrados estamos sí1 d espu és d e eSta guerra, dcspu~s de haber entre visto

r

º;°

ºJ

�LA PLUMA

LA PLUMA
la verosimilitud de lo que ha~ta 1914 parecía imposible: la ruina de la civilización europea, no ya provocada por los bárbaros venidos de fuera para aniqui·
larla, sino por !os mismos que han creado esa civilización y la disfrutan-me•
drados estamos si después del cataclismo todas las mudanzas que pueden es•
perarse se reducen a una traslación del poder, a un traspaso del cetro y de la
espada-. ¿La conciencia humana es, pues, insensible a este género de experiencias, y siempre se ha de sacrificar a los mismos. ídolos? Parece inexplicable-viene a decir Araquistaín-que conociéndose el funesto destino de todas
las grandes ambiciones de imperio que se han abierto camino en el mundo
moderno, todavía se renueven sin cesar y compitan por sucederse. En el caso
de los Estados Unidos, añade, hay algo de fatal; es un fenómer.o biológico; es
el resultado del crecimiento prodigioso de un pueblo excesivamente joven, en
quien preponderan los instintos. Si los Estados Unidos le 11cvan a Europa cincuenta años de ventaja en el progreso material, están, en cambi.&gt;, más de medio siglo atrasados en punto a finura de sentimientos y a la capacidad para
situar los problemas en un plano puramente jurídico y moral. Todo es cuestión de cantidad y de magnitud; curstión de hacer más, no de hacer mejor. En
su engreimiento juvenil, ya ponen los hitos del imperio e.más grande del mundo•, y no es improbable que allí retoñen, multiplicados, tos mismos yerros que
han puesto a Europa a dos dedos de perderse. Según esto, revivirá en América el histrionismo bélico-religioso que se ha desacreditado en Europa, y asistiremo:: a la promulgación de otra alianza entre un ouf'VO pueblo elegido y la
Divinidad, para el má.s pronto exterminio de sus competidores. Muchas 'lllciones han pasado por esa locura; también los españoles; pero ¿queda aún en el
mundo un pueblo lo bastante joven e inexperto para recibir de butl'na fe una
propaganua que sólo pueden hacer los bribones o los embrutecidos? Quizá. Y
el norteamericano, lector de la Biblia (uno de cuyos destinos ha sido el de proveer de textos a los sanguinarios v perHguidores), ocaso descubra-si cuenta
para este siglo con la protección segura del Señor-algún versillo en que se
ordene la destrucción del amnkcita, e~to es: del mejicano o del nicaragüés1
detentadores de las tierras que manan petróleo.
Es caracteríi.tiC&lt;&gt; del pensamiento de Araquhtain la robusta afirmación del
poder creador del individuo ea el onl--n moral. Así. cuando contempla el porvenir, harto sombrío según é-1 mismo lo pinta, no se desanima, t•i se deja imponer por ninguna ley económic.a pretendidamente inexorable. Las probabilidades son inciertas y confusas; de esa suerte, la acción del individuo puede ser
decisiva. El auge de los Estados Unidos, por ejemplo, ¿llevará a una guerra
universal? La mejor propaganda de la guerra-viene a decir Araquistain por
vía de respuesta-es tenerla por inevitable. Araquistain no cree que el resultado de la guerra europea vaya a ser no más que una nueva distribución del
poderío en el globo. Apunta una era distinta esencialmente dt- la anterior, porque la revolución que se ha operado en el mundo del trabajo basta para cualificar la civilización venidera. Los Estados Unidos representan hoy la extrema
intransigencia frente a los valores que germinan.
M, A .

• ••

la_n~cesidad de transformar el a
ó
m1s5ones continuas del pc.nsamifnrt~t ~ de manos, el beso y el abrazo entraosentada la teoría general Marin~tti
.
::~~~• escala al propio tiemp°o de valore~r~:c~il:fnmeral esca_!~ educativa del
.
para e ta:;ttltsmo o arte del
A saber:

Primera escala• plana, con cuatro categorla.J d. 1
Primera categoría· ta t
e actos diferentes.
. pe olmduy s_eguro, abstracto, frío
ape e cristal.
·
Papel de estaño.

..... .

Tercera categoría : excit_ante, ·tÍbÍo·, ~~s~fil~i~o:
Terciopelo.
e
Lana de los Pirineos.
Lana.
Crespón de sed a-lana
etcétera, etc.

�LA PLUMA
• todos los
.
es a los pianistas, a los mecanógrafos • Y a
res, a los po~~.,5 ~~;~~os: r efinados y l?odelros~5¡_~manía enfermiza. Debe protemperamen ·
·i·smo debe entar a e10
b. n el tacu I
t
.
•
¡ tactiles simplcmen e.
M . etti-es arbitraria, Y
Ab ora ie •
ponerse !~ ar_móo~=~os cinco sentidos-~oncluyel ":;1itros muchos sentidos.
e La d1stmc1 n
uro descubrir y cata o.,
•
podrá a b-1en seg
. . t
algún dia se
á este descubrim1en o.•
C R C.
El tactilismo favorecer
. .

•••
otros poemas. r.arcía
D •t ri Ivanovitch: La fJen!an~ Y . Pdr ·ate! SugeslioLibros recibidos.- -:1a 1921.-Juan Ramón Unarte.
Díaz-RodríMonge, Sa~José de c:!~es.1t;omant y C.ª, _B~uselas, ~~~:-""iiadrid.-Carlos
nes nortnaltv°:s a lo~ Jo,:;o encantado. l\ovela. Bib!1oteca ~lío Gómez de la Serna.
guez: Peregrma o e p "da Selección y traducciónJe J Madrid.-Alfonso ReBaudelaire: Pros6 e~~~ez-de la Serna. Diblioteca Nueva, Madrid -Simpatías J
Epílogo de RamE n ~s y divagaciones. Bi~\ioteca uzv_;:; uevo·, por Ramón
u!lda serie, Madnd, 19 2 1 . - ' 1 r Ramón Gómcz de
yes: Elcazador! nsay
diferencias, psmcra l 1:~;id 1920.-HI Paseo det
Páginas escogidas
Gómez de 1i3 0 c-r11·gicos Griegos. Esguílo, Sóf6ocles: -t~;la~a de Agustín l\li\lare5
la Serna.- - ~ r notas de P. Girard, vers1 n cas / fJido Nove la picaresca.
con introdu~c16n y . - - F Iscar Peyra: La bolsa .v a . ·11 trad. de Alfonso
Carlo. Calle¡a,. l\ladGndK Cbeste rton: Et candor del P; B, ":"La ruta de ta fJida.
Calleja, :\ladrrid.- ·. ·
rancisco Carmona Nenc,ares.
Reyes. Calleja, Madnd.PítBaroja: Bosguejo critico. 1921.
•
ProProsas. Madrul, 1920.•
L'Europe Nort';Jtl/e, Pans.-Le ¡.
-Mercure de Fr ance, Pans--;- La Revue de f Epogue, Pa~ ,;.Revistas. .
~ Connaissanct, Pans.R ,pertorio Amencano.
J!.rés Ciflique, Pans.- a Aires - A thenaeum, Zaragoza.- e . s ºarís -Cultura
Vida Nuestra. BuRe?os Le l·ra"ouiltot, París.-Be/Mles-Ltet~1de o'. A,.-nuittctura,
r
,
n aso
on ev1 t: . - 1
•
d
é d Costa 1ca.San J os ' e
-Die Aklion, Berhn.-regBab' J B enos A ires.-P oesia e
Venezolana, Caracas.
/lea La Habaua.e, . u
Mad rid.-Cuba Co~te!!'por1mé,'.ica Cádiz.-H ermes, Bilbao.
arte, Ferrara.-Espana Y
'

AÑ O Il.

1

MADRID, JUNIO 1921

NÚM.. 13.

:J

Prt;fº'.¡¡.~es

~

LOS CVERNOS
DE DON FRI OLERA
ESPERP l: NTO ~ SV A VTOR
DON RAMÓN DEL V ALLE-INCLÁN
ESCENA Q UINTA
LA ALCOBA DEL BARBERO. Pegada a la pared, la cama
angosta y hopada, con una colcha vistosa de pájaros y ramajes, un paraíso portugués. Tras de la puerta, la capa y la gorra colgadas con la
guitarra,fingen un bulto viviente. Por el ventano abierto penetra con el
claro de luna, el vmtalle silencioso J' nocturno de un huerto de luceros.
Y la brisa y la luna parecen conducir u 11 diálogo entre el vestir;!o de la
puerta, y el pelele que abre los brazos sobre la copa negra de una /zi.
guera, en la redoma azul del huerto. Entra el galán con la raptada, encendida, pomposa y con suspiros de soponcio.
21

320

32 1

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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>LA PLUMA
a ,las
atencl.ón SO"tenida
.
írancesas que /lconsagran
~.
• cosu
·
Entre las revistas
Ad ás de las crónicas
po1ibcas,
inespañolas se cuenta L'Europe_ No~v\tros ~:n buenas recensiones de cuanto
serta periódicamente 1!nª. revista e l
aquí se publica de algun interés.

**•
. .
arís) re resenta, en lo político y social.
El semanario Le P1·ogrés Civu¡ue (P uí Esp'tiia. Se halla, no obst3:nte su gran
un papel análogo al que representaba aq 11 mamiento a la generosidad de sus
difusión, en un apuro grave, y _hac~e~en ~il francos. La suscripción se cu~re
lectores, pidiéndoles un donatlvpo
, Civique cuantos atienden a las senas
b
leer Le rogres
.
pront_amente. .D e eén úblico planteadas hoy en Francia.
cuestiones de mter s p
. . 1R
.
dí . Lusitania Madrid, Ed1tona e11:s,
Libros recibidos: Rogeho Bl~e: i \o.-Mario 'puccini: Viva l'anarckta,
1920.-Canci~nero de amor..:.._~ª~~iam'e/ Vida de los mártires, trad. de Rafael
Bemporad-F1renze, 192 1.
•
Calle·a Madrid, Calleja, 1921.
J •
• •
, -La Connaissance, París.-N?s, Oren~e.es, Pans.
B
Ai.r·es -Re,.u·tono Amencano,
Revistas•• Belles-Lett1
.
v,·d
Nuest1·a
uenos
·
-r
E,,,, Ar uitectura, Madnd.- 1
Vía LibYe San José de C. R.- 5rana
sa! José de C. _R.-Die Aktion, Ber~~-París.-Le' Carnet-Critique, París.-Le
y América, Cádiz.-~eYcur~ de Fra~o~velle París.-La Revue de l' Epoque, PaProgrés Civique,. Pans,-;L EPdo_fe Sevilla ...'.....Atkenaeum, Zaragoza.-L;i Ronda,
rís.-Le Crapouillot, Pans.- gina,
Roma.

ª

,'

GACETILLA
&lt;Si Churruca hubiese derrotado a Nellion en Tra-

PeqtJ.eñas causa■...
d
fectos: ...yo ganaría ah ora tanto dinero como BerProducen ¡ran es e
nard Shaw•.
R. de Maeztu (El Sol, 5 de marzo).

falgar ... •

*

**

E n Madrid, y en ...-arlas expesiciones:
-Aaah....
-¿Eh?

.

.

-¡Hil ¡Hi! ¡H1!
-Oooohl
-¡Uh!

192

Algunos críticos de arte.

A.&amp;O II.

1

MAD RID , A B RIL 1921

NÚM. 11.

~

LOS CVERNOS
DE DON FRIOLERA

ESPERPENTO

SV AVTOR

DON RAMÓN DEL VA LLE-INCLÁN
PRÓL O G O
AS FERIAS DE SANTIAGO EL VERDE, en la raya
de Portugal. El corral de una posada, con entrar y salir de
gentes, tratos, ofertas y picardeo. En el arambol del corredor, dos figuras asomadas: Boinas azules, vasto entrecejo,
gozo contemplativo casí infantil y casi austero, todo acude a decir que
aquellas cabezas son vascongadas. Y así es lo cierto. El viejo rasurado,
expresión mínima y dulce de lego franciscano, es Don Manolito el Pintor: Su compañero, un espectro de •ntiparras y barbas, es el clérigo he193

�LA PLUMA

LA PLUMA
reje que ahorcó los hábitos en Oñate:-La malicia ha dejat:° en olvido
su nombre, para decirle Don Estrafalario-. Corren l!sp~na por conocerla, y divagan alguna vez proyectando un libro de dibtqos y comentos.

DON MANOLITO.

El tuno que lo lleva, no lo vende.
DON ESTRAFALARIO.

¿Se lo ha puesto usted en precio?

DON ESTRAFALARIO.

Qué ha hecho usted esta mañana Don Manolito_?_¡Tiene usted_ la
exp;esión del hombre que ha tenido una conversac1on con los angeles!
DON MANOLITO.

•Qué gran descubrimiento Don Estrafalario! ¡Un cuadro muy
mal~, con la emoción de Goya y del Greco!
¿Ese pintor no habrá pasado por la Escuela de Bellas Artes?
DON MANOLITO.

·Hace manos de seis dedos, y toda clase de diabluras con azul,
alb~yalde y amarillo!
DON ESTRAFALARIO.

¡Debe ser un genio!
DON MANOLITO,

¡Naturalmente! ¡Y se lo pagaba bien! ¡Le llegaba a tres duros!
DON ESTRAFALARIO.

En cinco puede ser que nos lo deje.
DON MANOLITO.

DON ESTRAFALARIO.

1,

DON MANOLITO.

._

¡Un bárbaro! ... ¡Da espanto(
DON ESTRAFALARIO.

¿Y dónde está ese cuadro, Don Manolito?

Vale ese dinero. ¡Hay un pecador que se ahorca, y un diablo que
ríe, como no los ha soñado Goya! ... Es la obra maestra de una pintura absurda. Un Orbaneja de genio. El diablo que saca la lengua y
guiña el ojo, es un prodigio. Se siente la carcajada. Resuena.
DON ESTRAFALARIO.

También a mí me ha preocupado la carantoña del diablo frente
al pecador. La verdad es que tenía otra idea de las risas infernales,
había pensado siempre que fuesen de desprecio, de un supremo desprecio, y no: Ese pintor absurdo me ha revelado que los pobres humanos le hacemos mucha gracia al Cornudo Monarca. ¡Ese Orbaneja
me ha llenado de dudas, Don Manolitol
DON MANOLITO.

DON MANOLITO.

Esta mañana apuró usted del frasco, Don Estrafalario. Está usted
algo calamucano.

DON ESTRAFALARIO.

DON ESTRAFALARIO.

Lo lleva un ciego.
Ya lo he visto.
J;&gt;ON MANOLITO.

¿Y qué?
DON ESTRAFALARIO.

Que si usted quiere lo compramos a medias.

¡Alma de Dios, para usted lo estoy siempre! ¿No comprende usted que si al diablo le hacemos gracia los pecadores, la consecuencia
es que se regocija con la Obra Divina?
DON MANOLITO.

En sus defectos, Don Estrafalario.
1 95

�LA PLUMA

LA PLUMA
DON ESTRAFALARIO.

¡Que cae usted en el error de Manes! La Obra D\vina está exenta
de defectos. No crea usted en la realidad de ese diablo q\le se interesa por el sainete humano, y se divierte como un tendero. Las lágrimas y la risa nacen de la contemplación de cosas parejas a nosotros
mismos, y el diablo es de naturaleza angélica. ¿Está usted conforme,
Don Manolito?
DON MANOLITO.

DON MANOLITO.

mu:7to~or qué sospecha usted que sea asi el recordar de los
DON ESTRAFALARIO.

Porque ya son inmortales Todo n t
.
un día pasaremos: Ese saber .iguala a~~~ ri ª11,e nace de saber que
la Revolución francesa.
om res mucho más que

Póogamelo usted más_claro, Don Estrafalario.
DON ESTRAFALARIO,

Los sentimentales que en los toros se duelen de la agonía de los
caballos, son incapaces para la emoción estética de la lidia: Su sensibilidad se revela pareja de la sensibilidad equina, y por caso de cerebración inconsciente, llegan a suponer para ellos una suerte igual
a la de aquellos rocines destripados. Si no supieran que guardan
treinta varas de morcillas en el arca del cenar, crea usted que no se
conmovían. ¿Por ventura los ha visto usted llorar cuando un barreno destripa una cantera?
DON J,lANOLITO.

¿Y usted supone que no se conmueven por estar más lejos sensitivamente de las rocas que de los caballos?

DON MANOLITO.

¡Usted, Don Estrafalario, quiere ser como Dios!
DON ESTRAFALARIO.

quisiera
.
SoyYo
como
aquelver
mieste
p ·mundo
t
' co0 1ª perpe~bva
de la otra ribera.
aneo e que usted conoció y
preguntarle el cacique• qué deseaba ser, contestó:
' Yo,
que
una vez, al
difunto.

EN EL CORRAL DE LA POSADA

..

s~ ha juntado un corro de feriantes -B . l , y al cob1JO del cor_r~dor,
dino revelan sus bultos los m - .
a;o a capa parda de un vze_;o !alar. El Bululú teclea un aire
un teatro rudime"!-.tario y popuy el acólito, rapaz lleno de malicias se
SZ:71J'tula zampoña,
ver los muñecos. Comienza la re1,re~ent,,,..;
,
a;o
a capa, para mo-r
.,..,.on.

;;:/;::itn

r:~/:O::ie f

l&gt;ON ESTRAFALARIO.

Así es. Y paralelamente ocurre lo mismo con las cosas que nos
regocijan: Reservamos nuestras burlas para aquello que nos es semejante.

EL BULULÚ.

¡Mi teniente Don Friolera, saque usted la cabeza de fuera!
VOZ DE FANTOCHE,

DON MANOLITO.

Hay que amar, Don Estrafalario: La risa y las lágrimas son los
caminos de Dios. Esa es mi estética, y la de usted.
DON ESTRAFALARIO.

La mía no. Mi estética es una superación del dolor y tle la risa,
como deben ser las conversaciones de los muertos, al contarse historias de los vivos.
1g6

Estoy de guardia en el cuartel.
EL BULULÚ.

. ¡Pícara guardia! La bolichera, mi Teniente
c1ende a usted a coronel.
Don Friolera, le asvoz DE FANTOCHE.
¡Mentira!
1 97

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL BULULÚ.

EL FANTOCHE.

¿En qué oficio trata?

No miente el Ciego Fidel.

EL BULULÚ.

El Fantoche, con los brazos aspados y el ros en la oreja, hace su
aparición sobre un hombro del compadre, que guiña el ojo cantando al
son cu la zampoña.

Bur'.os aceiteros conduce en reata, ganando dineros. Mi Teniente
Don Friolera, llame usted a la bolichera.

EL BULULÚ.

EL FANTOCHE,

¡A la jota jota, y más a la jota, que Santa Lilaila parió una marmota! ¡Y la marmota parió un escribano con pluma y tintero de
cuerno, en la mano! ¡Y el escribano parió un escribiente con pluma,
y tintero de cuerno en la frente!

·,Comparece, mujer deshonesta!
UN GRITO CHILLÓN.

¿Amor mío, por qué así me injurias?

EL FANTOCHE.

¡Calla renegado perro de Moisés! Tú buscas morir degollado por
mi cuchillo portugués.
EL BULULÚ.

¡So! No camine tan agudo, mi Teniente Don Friolera, y mate usted a la bolichera, si no se aviene con ser cornudo.

EL FANTOCHE.

• 1

.(

¡A este puñal pide respuesta!
EL GRITO CHILLÓN.

¡Amor mio, calma tus furias!

EL FANTOCHE.

d. Por el oro ~ombro del co1npadre, hace su aparición una moña, cara
e 1una Y pe o ae estopa: En el rodete una rosa de papel.

¡Repara Fidel que no soy su marido, y al no serlo no puedo ser
juez!

EL BULULÚ.

EL BULULÚ.

Pues será usted un cabrón consentido.
EL FANTOCHE.

Si la camisa de la bolichera huele a aceite, mátela usted.
LA MOfk

¡Ciego piojoso, no encismes a un hombre celoso!

Antes que eso le pico la nuez. ¿Quién mi honra escarnece?
EL BULULÚ.
EL BULULÚ.

EL FANTOCHE.

,. Si pringa de acei~e, dele usted mulé. Levántele usted el refajo
sa_quele_ usted el fal~on para fuera, y olisquee a qué huele el is a·o'
1ru Temente Don Friolera. ¿Mi teniente, qué dice el faldón?
p pJ '

EL BULUL(J.

EL FANTOCHE.

Pedro Mal-Casado.
¿Qué pena merece?
Morir degollado.
198

¡Válgame Dios, que soy un cabrón!
1 99

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL BULULÚ.

Dele usted, mi Teniente, baqueta. Zúrrela usted, mi tei:iente, el
pandero. Abrala usted con la bayoneta, en la pelleja un aguJero. ¡Mátela usted si huele a aceitero!

a la puerta. Del Burgo, Cabrejas, Medina y Valduero las cuatro parejas, con el aceitero!
'
EL FANTOCHE.

¡San Cristo que apuro!

LA MOÑA.

EL BULULÚ.

Vertióseme anoche el candil al meterme en los cob~rtores: ¡D_e
eso me huele el fogaril, no de an?ar en otros_ amores! ¡C1eg? maihroso, mira tú de no ser más cabron, y no encismes el corazon de un
enamorado celoso!

Al pié de la muerta, suene usted, mi Teniente un duro por ver
si despierta. ¿Mi Teniente, cómo responde?
'

EL BULULÚ.

¿Cómo responde? Con una higa, y el duro esconde bajo la liga.

¡Ande usted, mi Teniente, con ella! _¡Cósala usted con un puñal!
Tiene usted, por su buena estrella, vecma la raya de Portu~al.

EL FANTOCHE.

EL BULULÚ.

¿Mi Teniente, es alta la media?

EL FANTOCHE.

¡Me comeré en albondiguillas el tasajo de esa briboru., Y haré de
su sangre morcillas!

EL FANTOCHE

¡Si es alta la media! Media conejera.

EL BULULÚ.

Convide usted a la comilona.
LA MOÑA.

¡Derramas mi sangre inocente, crue~ enamorado! ¡No dict~ sentencia el hombre prudente, por murmurac10nes de un malvado.

EL BULULÚ.

¡Ole, la Trigedia de los Cuernos de Don Friolera!
Termina la_ repr~sentación_. Aire de fandango en la zampoña del Compadre. El acolito de;a el socaire de la capa, y da vuelta al corro, haciendo saltar cuatro personas en un platillo de peltre. En lo alto del mirador, las cabezas vascongadas sonríen ingenuamente.

EL FANTOCHE.

¡Muere, ingrata! ¡Guiña el ojo y estira la pata!
LA MOÑA.

¡Muerta soy! ¡El Teniente me mata!
El fantoche reparte tajos y cuchilladas con la cim~tarra de Otelo:
La corva hoja reluce terrible sobre la cabeza del compadre. La Moiia
cae soltando las horquillas, y enseñando las calcetas.
EL BULULÚ.

¡Mi Teniente, alerta, que con los fusiles están los civiles llamando
200

DON MANOLITO.

Parece teatro napolitano.
DON ESTRAFALARIO.

Pudiera acaso ser latino. Indudablemente la comprensión de este
hum_or y esta moral, no es de tradición castellana. Es portuguesa, y
~s cantabra, y tal vez de la montaña de Cataluña. Las otras regiones,
literariamente, no ~aben nada de estas burlas de cornudos, y este
don~so buen sentido, tan contratio al honor teatral y africano de
Castilla. Ese tabanque de muñecos sobre la espalda de un viejo pro201

�LA PLUMA

LA PLUMA
DON MANOLITO.

sero, para mí, es más sugestivo que todo el retórico teatro español.
Y no digo esto por amor a las formas populares de la literatura...
¡Ahí están las abominables coplas de Joselitol
DON MANOLITO.

Porque usted es anarquista.
DON ESTRAFALARIO.

¡Tal .vez!

A usted le gustan las del Espartero.
DON ESTRAFALARIO.

DON MANOLITO.

¿y de dónde nos vendrá la redención, Don Estrafalario?

Ciertamente.

DON ESTRAFALARIO.
DON MANOLITO.

Cada cual tiene el poeta que se merece.

Del Compadre Fidel ¡Don M
r
más que su Orbanejal .
ano ito, el retablo de ese. tuno, vale

DON ESTRA}'ALARIO.

1.

Esas coplas de toreros, asesinos y ladrone!", son periodismo
ramplón.
DON MANOLITO.

Usted, con ser tan sabio, las juzga por lectura, y de ahí no pasa.
¡Pero cuando se cantan con acompañamiento de guitarra, adquieren
una gran emoción! No rne negará usted, que el romance de ciego,
hiperbólico, truculento y sanguinario, es una forma popular.

DON MANOLITO.

¿Por qué?
DON ESTRAFALARIO.

Está más lleno de posibilidades.
DON MANOLITO.

No admito esa respuesta Don E t t
.
y no tiene derecho a responderme c~~a :lano. {!sted no es filósofo,
que hereje como Don· Mi
1d U
p dantenas. Usted no es más
'
gue e namuno.

DON ESTRAFALARIO.

Una forma popular judaica, como el honor calderoniano. La
crueldad y el dogmatismo del drama español, solamente se encuentra en la Biblia. La crueldad sespiriana, es magnífica, porque es
ciega con la grandeza de las fuerzas naturales. Shakspeare, es violento, pero no dogmático: Time la bárbara alegría de un cosaco
quemando aldeas, violando mujeres, degollando viejos inútiles. La
crueldad española, tiene toda la bárbara liturgia de los Autos de Fe.
Es fría y antipática. Nada más lejos de la furia ciega de los elementos, que Torquemada: Es una furia escolástica. Si nuestro teatro
tuviese el temblor de las fiestas de toros, sería magnífico: Si hubiese
sabido transportar esa violencia estética, sería un teatro heroico como
la !liada. A falta de eso, tiene toda la antipatía de los códigos, desde
la Constitución a la Gramática.
202

DON ESTRAFALARIO.

. ¡Adiós gracias! Pero alguna vez h
. ay que ser pedante, Don Manolito. El Compadre Fidel es s
fl"
upenor a yago Yago
d
a l
que con 1cto de celos quiere ve
. ·
, cuan o desata
espíritu _mucho más cuitivado sól~g~!~• ~entr_as q~e ese otro tuno,
a. e divertirse a costa de
Don Fnolera. Shaks eare ri '
zón de Otelo: Se des~obla en~~sc~~ el ~t~d~ de su corazón, el coraoro: Creador y criatura
son del mismo barro human E t o~ e
mento deja de considerar-e
n_ an o ese Bululú, ni un solo mode su tabanque. Tiene un: digu~1~~ºJ dpeor_z:at1:1raleza, a los muñecos
mmrg1ca.

r

L

DON MANOLITO

.

o que usted echaba de menos en el diablo de

ffil.

Or b aneJa.
.
203

�LA PLUMA
LA PLUMA
DON ESTRAFALARIO.

Cabalmente, alma de Dios.
DON MANOLITO.

¿Qué haría usted viendo ahorcarse a un pecador?
DON ESTRAFALARIO.

Pachequín. Ya me tenía la mosca en la oreja. Caer, no ha caído.
¡Friolera! Si supiese qué vainípedo escribió este papel, se lo comía.
Para algunos canallas no hay mujer honrada. Solicitaré el traslado
por si tiene algún fundamento esta infame calumnia: Cualquier ligereza, una imprudencia, las mujeres no reflexionan. ¡Pueblo de canallas! Yo no me divorcio por una denuncia anónima. ¡La desprecio!
l..oreta seguirá siendo mi compañera, el ángel de mi hogar. Nos casamos enamorados, y eso nunca se olvida. Matrimonio de ilusión.
Matrimonio de puro amor. ¡Friolera!

Espantarme las moscas con el rabo.
FIN DEL PRÓLOGO

ESCENA PRIMERA
E CABO ESTRIVEL Una ciudad emSAN FERNAND_O D
. tales de los miradores, el sol enpingorotada !obre canti~es. En los cr~a tur uesa del mar. A lo largo
ciende los mismos cab1tlleo~quebn¡aduras telámenes y chimeneas. En
de los muelles, un mecerse
ar ode . t'agarita del Resguardo. Olor
la punta, est remecz·da por bocanas
b
Olaire,de brea. Le vante firesco. El
de caña quemada. Olor de ta a,co. ;; barco de guerra. A la puerta
hi11ino inglés en las rn~zotas C.º1J:/: ca;~inero, y en el marco azul del
de la garita con el fusil tercia '
. 1 pipa del teniente Don Pasventanillo, el gorro de. c;tartel, uu:aº;;,:lra~raposa, cautelosa, ronda [a
cual Astete-Don Fn~ era ·
iedra y escapa agachada. La piegarita: Por el ventaniilo asesta una
Don Friolera lo recoje turulato,
dra trae atado un papel con un escrt o.
y espanta los ojos leyendo el papel.

.f

DON FRIOLERA.

·E to es un rayo a mis pies! ¡LoreTu mujer piedra de escánda!º· l ~ i fuese verdad tendría que
ta con sentencia de muerte! ¡Friolera. dS I En el Cuerpo de Carabinedegollarla! ¡Irremisibleme~te c~ntn~i;n será el carajuelo que le ha
ros, no hay cabrones. ¡Fnole;·
Afortunadamente no pasará
trastornado los cascos a esa u ar ... ueblo de canallas. Pero hay
de una vil calumnia: ~ste pueblo, es ~~I solivianta ese pendejo de
que andarse con pupila. A Loreta m

df ¡

204

SE ENTERNECE contemplando un guardapelo, colgante en la catima del reloj, suspira y t11fuge una lágrima. Pasa por su voz el trémolo de un sollozo, y se le arruga la voz, con las mismas arrugas que
la cara.
DON FRIOLERA.

¿Y si esta infamia fuese verdad? L~ mujer es frágil. ¿Quién le iba
con el soplo al teniente Capriles?... ¡Friolera! ¡Y era público que su
esposa le coronaba! No era un cabrón consentido. No lo era ... Se lo
achacaban. Y cuando lo supo mató como un héroe a la mujer, al
asistente y al gato. Amigos de toda la vida. Compañeros de campaña. Los dos con la Medalla de Joló. Estábamos llamados a una suerte pareja. El oficial pundonoroso, jamás perdona a la esposa adúltera. Es una barbaridad. Para muchos la es. Yo no la admito: A la mujer que sale mala, pena capital. El paisano, y el propio oficial retirado, en algunas ocasiones, muy contadas, pueden perdonar: Se dan
circunstancias: La mujer que violan contra su voluntad, la que atropellan acostada durmiendo, la mareada con alguna bebida: Solamente en estos casos admito yo la.caída de Loreta. Y en estos casos
tampoco podía perdonarla. Sirvo en activo. Pudiera hacerlo retirado
del servicio. ¡Friolera!
VUELVE A DELETREAR con las cejas torcidas sobre el papel:
Lo escudriña al trasluz, se lo pasa por la nariz, olfateando: Al cabo lo
pliega y esconde m elfondo de la petaca.
205

�LA PLUMA

LA !&gt;LUMA
DON FRIOLERA.

¡Mi mujer piedra de escándalo! El torcedor ya lo tengo. Si es verdad quisiera no haberlo sabido. Me reconozco un calzonazos. ¿Adónde voy yo con mis cincuenta y tres años averiados? ¡Una vida rota!
En qué poco está la felicidad, en que la mujer te salga cabra. ¡Qué
mal ángel, destruir con una denuncia anónima la paz conyugal! ¡Canallas! De buena gana quisiera atrapar una enfermedad y morirme
en tres días. ¡Soy un mandria! ¡A mis años andar a tiros!. .. ¿Y si cerrase los ojos para ese contrabando? ¿Y si resolviese no saber nada?
¡Este mundo es una solfa! ¿Qué culpa tiene el marido de que la mujer le salga rana? ¡Y no basta una honrosa separación! ¡Friolera! ¡Si
bastase!. .. La galería no se conforma con eso. El principio del honor
ordena matar. ¡Pim! ¡Pam! ¡Pum!. .. El mundo nunca se cansa de ver
títeres y agradece el espectáculo de valde. ¡Formulismos!... ¡Bastante
tiene con su pena el ciudadano que ve deshecha su casa! ¡Ya lo creo!
La mujer por un camino, el marido por otro, los hijos sin calor, desamparados. Y al sujeto en estas circunstancias, le piden que degüelle, y se satisfaga con sangre como si no tuviese otra cosa que rencor en el alma. ¡Friolera! Y todos somos unos botarates. Yo mataré
como el primero. ¡Friolera! Soy un militar español y no tengo derecho a filosofar como en Francia. ¡En el Cuerpo de Carabineros no
hay maridQs cabrones! ¡Friolera!
ACALORADO, SE QUITA EL GORRO y mete la cabeza por el
ventanillo, respirando en las ráfagas del mar. Los cuatro pelos de su
calva bailan un baile fatuo . En el fondo del muelle, sobre un grupo de
mujeres y rapaces bambolea la caja vacía de un muerto. Pachequín, el
barbero, que fué llamado para raparle las barbas, cojea detrás, pisándose una punta de la capa. Don Friolera, al verle, se recoge en la garita. Le tiembla el bigote como a lo.s gatos cuando estornudan.
DON FRIOLERA..

¡Era feliz sin saberlo, y ha venido ese pata coja a robarme la dicha!... Y acaso no... Racionalmente esta sospecha debo desechar!,.
,106

¿Qué fundamento tiene? ¡Ninguno! ¡El canalla que escribió el anónimo es el verdadero canalla! Si esa calumnia fuese verdad ateo como
soy, _falto de_ los cons_uelos religiosos, náufrago en la vid~... En estas
ocasiones, sm un amigo con quien manifestarse, y alguna creencia
el hombre lo pasa mal. ¡Amigo! ¡No hay amigos! ¡Tú eres un ejemplo, Juanito Pacheco!
·
Se recobra, cambia el gorro por el ros y sale de la garita. El carabinero de la puerta se cuadra, y el teniente le mira enigmático.
DON FRIOLERA.

¿Qué haría usted si le engañase su mujer, Cabo Alegría?
EL CARABINERO.

Mi teniente, matarla, como manda Dios.
( Continuará.)

�LA PLUMA

LA REALIDAD INVISIBLE
(1917-1919)

(LIBRO INÉDITO)
NOSTALIA

¡ESTA ansía de apurar
todo lo que se va;
de hacerlo permanente,
para irme de su siempre!

Abierto todo,
a ver si nos parecemos
a su cuerpo; a ver si somos
algo de .su alma, estando
entregados al espacio;
a ver si el gran infinito
nos echa un poco, invadiéndonos,
de nosotros; si morimos
un poco aquí; y allí, en él,
vivimos un poco.
¡Abierta
toda la casa, lo mismo
que si estuviera de cuerpo
presente, en la noche azul,
con nosotros como sangre,
con las estrellas por flores!
4

2

¡NUBE blanca,
ala rota-¿de quiénr:que no pudo llegar-¿a dóndd-

3
DEJAD las puertas abiertas,
esta noche, por si él
quiere, esta noche, venir,
que está muerto.

¡COSAS que me has de alumbrar
-vistas si'empre, sin ser vistas-;
cosas que tengo que ver
en ti, luz de cada día/

5
NUEVA VJDA
¡ALEGRIA que tienes tú por mí!
-¡Ay, tarde clara y buenal¡Otra vez a vivir!

�LA PLUMA
¡Atrás, atrás, atrás; a comenvzr_de nuevo;
jos, más lejos-yo abro, con mi~ brazos
en cruz, el mundo-, lejos el comienzo;
lejos, lejos, lejos el fin!

8
CANCIÓN; tú eres vida mía,
y vivirás, vivirás;
y las bocas que te canten,
cantarán eternidad.

¡La vida toda, nueva.mente, enmediol
¡Tú, de cristal, de alma!
¡Ay, carrera diáfana y feliz!

9

LA ofensa que me Izas lzecko
en el sueño, me sigue echando sombra
-como una nube estaciouadaen el día, sin fin.

6

SETIEMBRE
VOY a taparle a su carta
los p¡es, que esta noche kara
ya Jrü,, a la madrugada.

¡Ay, qué insistencia
tan triste; qué batalla
inmensa, sofocante, inestinguible,
en no sé qué de mí! Parece
que mi se~eto luclta, en mi ;nconsciencia,
con tu misteri,,;
¡que medio yo enterrado, lucha
con me~a tú que vuelas!

·7
MAR IDEAL
LOS dos vamos nadando
-agua de flores o de hierropor nuestras dobles vidas.

,

i .

'

\
10

-Yo,por la mía y por la tuya;
tú, por la tuya y por la mía.-

,.
De pronto, tú te ahogas en tu ola,
yo, en la mía; y, sumisas,
tu ola, sensitiva, me levanta,
te levanta la mía, pensativa.
210

VUELTA

ARBOL que trai~o en mí, como mi cUl'rpo,
del jardín; agua, alma;
¡qui música me hacéis allá en mi vida·
cómo soy melodía y ritmo y gracia
'
de ramas JI de ondas,

�LA PLUMA

LA PLUMA

de ondo.s y de ramas;
rcómo me abro, con vosotros, y me cierro,

cojie1ido el infinito,
y dejándolo ir-luces y al&lt;Zsl11

LA tierra se quedó en sombra;
granas, las nubes ardían;
y yo pensaba en la muerte,
que ha de partirnos un dia.
12

¡A Y, mañana, mañana,
que no lo seas sólo de la infancia;
mañana, lumbre p11,ra
de la madurez, nunca
ya relegada por la vida;
presente eterno, májica i;onquista!

puede ser mi eternidad,
¡quépoco tiempo más único!
y 14

i VID A mía, ardiente ámbito
que te dilatas, sin fin,
'
cada instante-corazón
que quisiera tener todo
..-.,,
dentro de su tierna carnepor cojer
'
en ti la libertad fúl_;ida
de tus flechas infinitas!

q

JUAN RAMÓN JIMBNBZ

!

'

- ¡Ay, luz de nuestra sombra,
echada de nosotros por la tarde,
con pureza de madre,
sobre el oculto prado de las rosas solas!13

LA OBRA
¡SÍ, para muy poco tiempo!
Mas, como cada minuto
212

213

�Shelley o en Verlaine, cuando un poeta es regocijado en su obra, de seguro que no es por mucho tiempo, y no tarda en buscar una compensación a esa sonrisa pasajera en oleadas de tristeza.
Sin embargo, un día nació un poeta feliz, precisamente en la época en
que los poetas eran más melancólicoll, más desesperados, en pleno mundo
moderno, y en el país mejor dotado de sentido crítico en el mundo: en
Francia. Fue Théodore de Banville.

UN POETA FELIZ

(I

.

-

s raro casi sin ejemplo, que un gran poeta sea feliz y que su
obra.exprese por modo exclusivo el deleite de vivir y los atr~ctivos del universo. La serenidad del propio Goethe y su aleJamelanmiento de tantos dolores no se sustraen tampoco a
colla que sazona toda la poesía humana, al menos en Europa. D1~e que
solo la melancolla y la tristeza, el dolor y la angustia son susceptibles de
expresión fuerte y de ese acento particular que presta a las palabras más
usuales la dignidad súbita y duradera del lirismo. No obst~nte, sabemos,
no sin vaguedad, que los poetas de Persia ponfan sus deleites en las flores en las caras bonitas y en las golosinas, pero la poesia persa la vemos
a t;avts de narradores y traductores que le han robado un poco su sabor,
y ni Ornar Khayam ni Hafiz tienen siempre alegre el corazón. Los gr~ndes poetas chinos, tan breves, parecen,_ por lo. que de ellos sabemoS, tm•
pregnados de amargura; ni los latinos m los griegos nos presentan el caso
de un poeta verdaderamente contento de la vida Y capaz de hallar en ~e
su contento un móvil de la inspiración; el propio Horacio se nos anto¡a
un solterón a veces satisfecho, a veces gruñón, más que un ser humano
halagado por la vida.
De ordinario, el pesimismo es la atmósfera de la gran poesía; ya la
busquemos en Dante O en Villón, en Shakspeare o en Camoens, en
214

!ª

Hoy, al parecer, está un poco olvidado, o al menos se le hace poco
caso; muy atenuada ya la gloria de Víctor Hugo y de Lamartine, y acrecida
la de Baudelaire y la de Verlaine, la fama de Théodore de Banville, que
tenla un poco de todos esos poetas, se ha obscurecido algo; pero tengamos por cierto que es una nube pasajera: el nombre de Banville y sus páginas mejores sobrevivirán mucho tiempo, mostrando el hechizo mayor y
lo más delicado que el genio poético francés ha visto nacer.
No era solo un poeta: era la poesía misma. Tenia el mágico don de
transmutar en belleza cuantos objetos tocaba, con una gracia, una vena,
una vivacidad sin par. Y en una época que contaba con dos poetas tan
abundantes y hábiles como Hugo y Gautier, lució muy a menudo tanta
holgura e ingenio como ellos.
Puede y debe decirse que en Francia, nadie, desde los orlgenes de la
literatura, ha dominado como Banville el instrumento de la poesía. Cierto
que Víctor Hugo tenia a su servicio un vocabulario inagotable; Gautier
pose(a el arte de dibujar los contornos con mano segura y armoniosa;
• Verlaine acertó, divinamente, a dar a las palabras de uso diario una acepción lírica; pero ni el mismo Villon, antaño, ni el inimitable La Fontaine en el siglo xvu, ni Vigny, ni Musset, ni nadie en nuestro tiempo ha
desplegado un «virtuosismo, par~jo del de Banville sin caer jamás en el
mal gusto ni en las amplificaciones h'l:eras.
En Banville, todo es encantador: el hombre, sus pensamientos, sus imágenes, su apreciación del mundo, de las cosas y de la gente. No es que
viviese, como suele decirse, en las nubes; conoda muy bien lo bueno y lo
malo, los defectos y los vicios de su época, pero tenía el don extraordi:115

�LA PLUMA
I

1

•

nario de evadirse, a su antojo, a una región todo armonla, claridad, belleza.
Murió hace unos veinte años, tras una vida dilatada, que el amor al
arte llenó por entero. Conoció el triunfo siendo muy joven, pues no tenla
diez y nueve años cuando publicó sus primero~ poemas, que e~an ya perfectos y personales. En Francia no se ha conoc1do un don poético tan precoz. De ordinario, los primeros versos de un poeta, aunque lu~go haya de
ser grande, se resienten de su admiración por otros poetas. C1ert~ que en
los primeros versos de Banville hay un poco de Hugo y de Gaut1er, pero
hay mucho más del propio Banville.
.
.
Los volúmenes Can·atides y Stalact{tts, primeros que pubhcó, son de
inspiración abundante y perfecta; y tras de mostrar en esos poer:ias la amplitud de un lirismo que tomaba los temas en la antigüedad, ~":1so pro~ar
de qué manera sabia extraer ese lirismo de escenas muy fam1hares,. contemporáneas; de qué manera podla encerrar en un verso representac1~nes
divertidlsimas, incluso chocarreras, caricaturas muy finas,_Y ere? un hbro
único, Odes Funambuksques, donde la raca ingeniosid~d ae la n~a, de la
imagen y del ritmo llega a tan alto punto, que no tiene semeJante en
Francia.
iHabéis visto algu&amp;a Vf'Z uno de esos prestidigitadores que t~man u:
sombrero y un huevo, cascan el huevo en el sombrero y emp1e~an d
pronto a sacar de él un conejo vivo, unas flores, unas banderas, kilómetros de cinta, cohetes chispeantes, y le devuelven luego el sombrero a su
dueño como si todo aquello fuese cosa naturalisima y al alcance de ~uaL
quiera? La poesía de Banville en las Odu Funambulesques es del mis~?
orden: espiritual, sorprendente, siempre seductora, perfumada, exqutst·
ta. Si toma un objeto, un tema tan moderno como el sombrero de que
se vale el prestidigitador, saca de él flores, cohetes brillantes, pero no
flores imitadas, flores de papel o de trapo, sino flores de verdad, suaves,
olorosas.
Por prendado que estuviese de las bellas formas griegas? no l? estab~
menos del punzante aguijón del espiritu moderno; le hubiese sido fácil
abandonar sus pensamientos al hechizo de las formas y de los paisajes he·
:n6

LA PLUMA
lénicos, por los que alimentaba intima afición; pero amaba, ante todo, la
vida. Cierta frase suya es significativa: cuando en la muerte de Baudelaire tomó la palabra para rendir el postrer tributo al gran poeta, tan menospreciado en vida, le alabó sobremanera por haber aceptado al hombre
moderno en su plenitud; también Banville aceptó plenamente al hombre
moderno, no según Baudelaire, que penetró en lo más recóndito de nuestras inquietudes o de nuestras aspiraciones, pero con el afán de mostrar
su insospechado atractivo. Bien se vió cuando a Théodore de Banville se
le ocurrió cultivar el periodismo, no fugazmente, sino durante mucho
tiempo, y más por gusto que por necesidad; raro, suntuoso periodismo. Se
ignora por qué inimitables vias, lograba siempre sacar de cualquier tema
chorros de chispas, y envolverlo en los mágicos colores de su ingenio.
Portentoso era su don verbal: cuantos le conocieron proclaman que en
Francia, donde los buenos conversadores no faltan, nadie ha igualado su
deliciosa vena, inexhausta, sorprendente.
Poetizó cuanto iba tocando, y el dia que se le ocurrió escribir para el
teatro, lo hizo con la misma fortuna. De todo el teatro poético francés del
siglo XIX, sus obras serán probablemente lo único que quede, ya sean en
prosa, cómo Grlngoire, ya en verso, como Le Baúer, Ftorlse, Les Fourberies de Nerlne, Socrate et sa femme, o Le Beau Leandre. Es al verso
francés, en el teatro, lo que Marivaux y Musset son en la prosa. Teatro
de ensueño, donde nadie ha acertado como él, incluso cuando sus rivales
han sido el Verlaine de les Uns et les Autres, o el Rostand de /,es Romanesques o de Cyrano.
En:prosa escribió cuentos, en demasía olvidados, y crónicas, donde parece conservarse el eco se su palabra. En poesia, mostró mejor que nadie
la infinita ductilidad de la lengua y de la métrica francesas; cultivó todos
los géneros, empleó todas las formas, hasta las más extrictas: sonetos, baladas, rondeles, letrillas; las vivificó y renovó, tratándolas, incluso las más
dificiles e ingratas, como quien juega.
Ostenta la frescura, la ingenuidad de los poetas franceses del siglo xv1
Y toda su habilidad técnica; su gracia, su elegante abandono se parecen a
los de La Fontaine; y nunca le falta el acento moderno, los modos de ser
217

�LA PLUMA
y de expresarse propios de un espíritu cuya vida terrestre ha transcurrido
en la segunda mitad del pasado siglo. Seguramente es una de las figuras
más amables de todo el arte francés, y con justicia le dedicó cierto día un
escritor inglés un libro suyo con estas palabras: «a una de las almas más
exquisitas que han santificado nunca la humanidad•. A través de toda su
poesía o de su prosa, circula el aire, resplandece ·el sol, las formas se mueven armoniosamente, y el corazón se hinche de amor, de esperanza y de
alegria, de alegría profunda, exaltada, segura. La poesla de Thédore de
Banville es una poesía de paraíso terrenal.

G. JBAN-AUBRY

AMANECER
( Descripción y glosa.)

flrio de puñal
g color de acero.
'JI soledad:
sombra de lo quieto.
(:De lo que vive quieto,
sin saber si está muerto
sin sentirse viviendo.) '

!Primeramente,
del profundo miedo,
nace un temblor
--g no del viento-.
fNace un temblor
en el árbol escueto
Y en la superficie
de mi cuerpo.
efe estremecen los gallos
lúbricos g los pe"os
guardianes, g los pájarros
cazurros.
, :n8

�'
LA PLU~A

LA PLUMA

A LA PUESTA DEL SOL
.Cuego,
la columnita blanca
del fogón tempranero,
vacila, y se derrumba
para siempre en el viento.
{;l temblor
es lo primero. ..
.Cos niños
no pueden saberlo,
no deben saberlo, ·
pero si las madres
y los viejos
y los libros sagrados
de los pueblos.
!Por esto dormimos
hasta luego.
{;s preferible
irrumpir en un mundo lleno
de esplendores, y canto y fuerza,
en triunfo completo
del día,
que salir inquieto,
medrosico
y jorobado de miedo.

'

I

... 'JI «l irse,
abro sin órbitas
los ojos. CIJeo
la gloria póstuma
y pienso:
Cf;odo y todos
así se fueron,
más allá de los montes,
más allá de mi pensamiento.
Cf;al vez sepan
que yo quedo
en esta limpia, gigante azotea,
sin luz y pronto sin cielo.
11

/;l chapitel de un campanario,
duro pico recto
en el delirio escarlata,
del adiós postrero
fija mi vista
y mi sentimiento.
cSin dogmas,
pero con mandamientos,
llevamos nuestra cruz
de cara al cielo.
221

�LA PLUMA

LA I&gt;L UMA
111

euando el oro es sangre,
un verdor inmenso,
transparente, sigue
su vuelo,
y se remonta
en azul intenso.
9lllí la estrella:
el primer lucero,
húmedo,
tierno,
adorable.
eomprendo
los románticos
excesos.

'

'

1

1

IV

Sajo mi azotea,
en la masa negra del pueblo,
surgen estrellas
de aires siniestros.
$Pavorosos,
quietos,
amarillos
puntos de entierro.
'Godavía
flota en el viento
el pañuelo claro
del viajero
222

por encima
de los montes fronteros.
¿$ecordará sus chopos
y el apacible huerto?
V

'1/a son miles las bellas
viuditas del cielo.
Lloran, a ritmo
perfecto,
sin destruir
la belleza del universo.
¡eJ.ué lejanas,
en todo secreto,
de la sorda
luminaria del pueblo/
¡CVivir con ellas,
lejos, lejos,
en el mar düatado,
en el doble /imamentol
VI

eomienzan todos
los motivos del miedo.
&amp;l más cobarde,
el ladrido del perro.
VII

.Cos álamos templan
sus ramas al viento
223 t

�LA J?LUMA
que nace, que fliene
de noche a paseo .
.Cos álamos barren
0 crean los sueños.
VIII

¿:Por donde vas ya,
viajero?
¿t;stás en el mar,
0 en un país feo,
sin fiestas, sin, flores,
sin felices, corazones nuevos?
¡5Dime tu dicha,
l;rrante y l;ternol
IX

;/{ace frío.
eorre más viento.
!Bajo, al querer
de mi cuarto libresco.
9l manejar
espectros.
CVete con !Dios,
tú, viajero.
CVoy a seguir
educando a estos pequeños
que quedan conmigo.
9l estos
alborotados, pero fieles
pensamientos.

X
PosTRACI ÓN .

¿91, qué seguir
en el engaño viejo?
¿:Por qué decir
que el sol es viajero?
¿9,t,entiré también
al pensar que se fueron
madre, hermana, novia,
juventud y ardores primeros?
¿Wo seré yo
quien se aleja de ellos?
CVivo,
en efecto,
bajo la techumbre
de un hogar nuevo.
CVivo,
en efecto,
bajo el dosel
de un ideal nuevo.
CVivo,
en efecto,
bajo la inminencia
de un cambio perpetuo.
cSigo mi órbita,
huyendo
de los cariños
que me quieren sujeto.

I

�LA PLUMA
'Godos vivimos
huyéndonos.
.Ea vida es
la careta del miedo.
eada hora
es un crepúsculo nuevo.
eada hombre, cada cosa,

UN MANIFIESTO Y DOS POEMAS

un viajero,
, b 't
or salvar su or z a,
que,
. .l. te o maltrecho.
huyeptrzun,an

J. MORBNO VILLA

rEYI rGUERRILLEROSJ
Super jiu/mina Baóyloni1...

9

la margen del río he levantado mi tienda. Viviré solo;
cazaré por el día, y a la tarde, mientras se enciende la
Jumbre,
miraré reflejarse en el agua el sol poniente. El
'
.
a1resuave se llevará en lo alto la alta trenza del humo y
esperaré el momento en que brota la llama, música de la hoguera,
sola música en el silencio.
¡Ey! 1Guerrilleros!
Por el rfo veré pasar lentas las balsas, confiadas del mar; tal vez
lejanamente, cuando hrille la estrella, cantará un remero.
¡Eyl ¡Guerrilleros!
A la orilla del camino he dejado mi hatillo. Voy a cortar la flor
campestre y la hoja olorosa. Me mirará la moza que airea el heno y
gozaré su nuca entre sus trenzas reidoras; por taparle la boca he sentido el relámpago de sus labios y el corazón de su lengua entre mis
dedos.
'
¡Ey! ¡Guerrilleros!
Baj0 el álamo gigante brota un arroyo y hace al escondite travesuras bajo los berros.
¡Ey! ¡Guerrilleros!

�LA PLUMA
solo mi hatillo a la
t - voy a su. b.u.. -Subiré
·
'
é ·
A lo alto de la mon ana
1 de sendero: Buscar m1
t áspero sin sena
é1
espalda, ante mí el mon e b .. ,' paso entre los brezos, rec:petar a
·
camino entre la fron d a, me a ruée I · il\o que fuma una pipa
ante
fin a trama de la araña y saludar ª1 gr I del c·1elo veré la gloria del
. . f erte e azu
'
d
su puerta. Arriba respirare u
\ante como los soldados e
1 daré al mar tremo
sol en su ocaso y sa u
.
. voz se oirá a lo lejos.
Jerges. Gritaré con voz recia y m1
¡Eyl ¡Guerrilleros!
. tan profundamente t que
. si ·Vamos a reir
·Eyl ·,Soldados solitano 1
•
o s1· fuese corazón od o
1 •
os a reir com
1 V
nos temblarán las piernas. i am . .
or amor de lo eterno, por
' p r amor de lo v1e10, p
nuestro cuerpo. 1 o
d lo bello'
O or amor e
·
•
1
1
amor de o nuev , P
¡Ey!........ ¡Guerril1eros.
•

los arbrid vuestros peeh osI Iffsparad
l
.
·Soltad vuestras flechas, a
t ·ella para vuestro ojal,
1
d I
cosl Cortad una es L
• t
Je
cabuces, desperta os e
.
de mi amada. Con la Vía Lác ea
Yo arranco Orion para el lazo . é sus ojos y oleré el clavel de su
haré un chal y al través suyo mirar 11 Nuestro gozo es tan ser'io que
risa. ¡¡Mucho cuidado con las b::::~¡s montañas y las sacudiremo~
d a miedo a las gentes. Abrazard . ve Arrancaremos unos rayos a,
l · dos e me •
· ·
hasta qued11.r todos sa pica
h Nos envolveremos en un g1ron
sol y nos los clavaremos en el ~:~ o~ofundamente nuestras pierna;;
1 Y hundiremos en el suelo
p
d
azu
do por el otro la o.
. d'
que romperemos el mun. d d tú estás.-Ni tú tampoco. N1 na ie.
-Pero yo no iré hacia on e
l t. y el de más allá.
.
d alerta y a la tuya e o to
Contestarás a m1 voz e
t
ará al mundo entero.
cadena que a ron
1
Formaremos una
¡Ey! ¡Eyl ¡Ey! ¡Guerrilleros
to de la meditación. RespetaPLRO a la tarde llegará el momend_ á tu frente como yo,-lejos
•¡
· Hun 1r s
•
remos el momento del s1 enc10.
1
da cumplir su función teade mí-en el suelo, para que el so pue
228

L:A PLUMA
tra! y envolverte con su sinfonía de órgano. Luego, calladamente, recogerás tus sandalias, descansarás a la linde del sendero, te pondrás
en la oreja la flor campestre y en la boca la ramita de romero. Levantarás tu tienda al borde del río, te sentarás sobre las piernas cruzadas para ver correr el agua entre los áloes, salpicada del último
suspiro del sol, y mientras llega el instante de que brote la llama mirarás al humo calmoso perderse en la más alta claridad.
1

Surtidor.

,

SEÑALES

Quisiera ser como la brisa que pasó por prádos de violetas para
llegar hasta ti, pero mi alma es de vendaval. Déjate transportar por
mi arrebato. Acurrúcate entre mis brazos y al través del tumulto de
las nubes en que se enredan azorado$ .los luceros adolescentes te
lle,·aré al paí&lt;; que nunca has soñado. Te llevaré con vuelo furtivoal paraíso del que me arrojó mi fantasía. ¡No tiembles por la lengua
flameante! Di bajito el conjuro y mi corazón abrirá temblando sus
puertas.
T

.

***
Cuando Jos árboles se embozaron en su secreto y las- flores del
prado envolvieron su chal por la cabeza, a la hora en que el grillo
e:hó su cítara a la espalda, ·:olviendo quedo a su cabaña, cuando el
cuclillo se durmió cansado de cantar en vano y la urraca hizo el último ruido con su vuelo negro-¡ay!, así es mi canción-¡cu-cul¡cu-cl!!, tiernai perenne, monótona y sin esperanza-, todo se oculta
entonces y el silencio cae a plomo del cielo. ,
t
l
¡Sal tú, luna míal Estallaré en un brote hasta tu altura y los mil
espejos de mis brazos te copiarán infinita. Todo yo seré uno y mil,
-mil angustias en un solo deseo-y las mil lunas de mis lágrimas
caerán con una música inefable en la estremecida negrura en que
0

229

�LA PLUMA
LA PLUMA

otras mil lunas te esperan. Mis deseos se fundirán en mis recuerdos
y aún temblantes huirán en. el ~orbo del, r~moli~o para que de nuevo los lance mi corazón hacia h en una ultima s1stole.

•••

en un trémolo inmenso y mi canto es en él un sordo sollozo repetido.
Pan contempla ávidamente sus cuernos rizados al refrescar en
mí sus belfos jadeantes. Mi alma inagotable se evapora en el silencio
abrasado. A lo lejos una flauta apagada me ofrece el duo imposible.

"

Todo amanecerá en una sonrisa sonrosada. Yo canté desde por
la noche. Llego al claror de la aurora después de cantar ~n vano l~
noche entera. ¡Dame mientras dura tu mañana ~l b~nefic10 del olv~lio! Déjame despertar contigo, primavera; en mis cristales van a mirarse todas tus flores.

*•*
Mi alma es clara y tumultuosa. Mira al través de ella, Y para ti
abrirá el arco iris su abanico.
Trazará para ti su espléndida aureola, y tú en el centro, cruzad~
las piernas, perdidos los ojos en el cielo pr~fun_do par~cerás una_d1. · d d de Oriente. y O llevaré hasta ti mis nzos tremulos,~nsas
:~n~ ):grimas-para besar tu vestido. Te ~antaré mi vida palpitante;
te llevaré en el hueco de mis manos m1 corazón, puro b_orboteo.
Bajo tus pies abriré mi cor0la cristalina, te ofreceré todo m1 ser en
extrema reverencia y las palomas tornasol picotearán los granos de
colores que estallan en mis supremas volutas.

* *•

1~:

Refrescará mi húmeda esencia el ardor del paisaje griego. Los
abrasados olivos de mi esfuerzo ocultan el terror pa~ida. Ruedan
ojos chispeantes. Gimen con sordina los deseos excitados al olor __
la carne desnuda. Esplendores carnales relampaguean en el espeJlS•
mo lejano de donde brotan los ardores de la tierra en la lenta d~nza
de su remolino. De la axila de Afrodita brota una perla. Todo vibra

El Arquero.

.

(

.

Por ser hoy el día de la primavera toma tu arco, arquéro · divino,
y vámonos a disparar al sol las flechas de n~estros deseos. Hinquemos en tierra la rodilla. Demos al aire el pecho. ¡Ese b~azo hacia
atrás! Gime doblándose el arco, y todo mi cuerpo, en una tensión
extrema, saltaría igual que la saeta.
1Ey! ¡Bien tirado, tirador! ¡Mira cómo zumba la cuerda!-¡Tu flecha va a quebrar un rayo al soll-Tras de ella saltaré en una curva genial y mi parábola me hará caer al a!:iombro de otros mundos.
¡Cómo resplandece tu cara! El sol no tiene llamas tan bellas como
tu cabellera enloquecida; el relámpago de tus ojos rinde a hts más
atrevidas flechas. ¡Calla! 1Callal Tus palabras se me clavarían en la
carne, Sebastián tembloroso; pero t~das flor,ecerían, de tal modo al
llegar a mi alma que la primavera misma tendría envidia. ¡Primavera!
Para nada quiero vivrr sino para tu gloria. Ten mi cuerpo mismo si
mi podredumbre puede servirte tanto co~o la de un mendigo; pero
deja que mi jugo más puro engalane el sendero por donde pasan los
pies que no cambiaría por tus flores.

***

r &lt; r ,. ,

l

1

Todo mi arco reverdece a tu aliento, y la cuerda se distiende en
una laxitud perfu nada. Pero, ¿dónde han volado mis flechas? Por
sus plumas ha pasado el estremecimiento de la vida nueva y han
escapado en busca de presa. ¡Eh! 1Cuidado, flechas mías! ¡Moderad
2 31

�LA PLUMA
el ímpet1,1l Recordad vuestra agudeza. Sois demasiado duras para el
beso, y será mortal vuestra caricia.-¡No importa! ¡Dejadlas! Quieren
el corazón palpitante.-(¡Ambiciosasl ¡Yo me quedaré en el paisaje
soñado, redondas colinas, vallecito para mi reposo!).-

•••
¡Ahl ¡Qué descanso, el de en tu pecho! Sólo tú te me abres cuando todas las puertas se me cierran. Mis brazos están rotos y mi arco
se cae de mis manos. Déjame, Diana, que me pierda en su noche y
sienta renacer mi vida al ritmo suave de su vientre tibio.

Como el bordón de mi arco, así es mi expresión, honda y grave.
Le clavaré en la tierra y haré de él un arpt eólica qua llegará hasta
las estrellas. Abril, tus brisas le harán sonar en lentos rumores de caricia. Tus furias c.iesatadas, pasión, le harán vibrar hasta temblar la
tierra.
El aire entero llevará por el óltimo escondrijo el eco de mi canto
-monótono y profundo-y a su arrullo colgaré mi arco del pico de
una estrella, balancín que mecerá mi ensueño. No tengas miedo de
la altura. Dame la mano, te subiré hasta mí. En un abrazo silencioso
y est1·echo veremos en lo hondo pasar los mundos envueltos en tristezas. Nos llegarán sus suspiros en un temblor ligero, veremos el
brillar de sus ojos cuando miren a la altura, y el vientecillo amigo
nos traerá en homenaje el eroma de la primavera.

ADOLFO SALAZAR
21

marzo

1921.

J

. Para 1z: viento fuerte,

•••
11
1

EMOCIONES PEREGRINAS

viento dtl mar y viento de la tierra,
-camarada de nuestro pensamientotodas mis ilusiones y mis penas,
en un cantar amargo
que tenga miel en la garganta a,·e
:t na.
lI

La carne se tleslzace
,
Y la noche es tierna. ·
Tú lle.gas al 1tmbral en busca -1
,
,,, za,
yo, voy buscando a mi alma en ,as
; t1nu
. . b;,as
euando llegues a mí
·
seré polvo entre el polvo de /,a t urra;
.
,
cuando yo 1/e~ue al alma qzu me guia
ya habrán muerto en la noclte las tstrt!las.

�LA PLUMA

LA PLUMA
ll l

Sobre el mar esta noche
se ha perdido soñando el Pensamiento.

-¿De dónde viene?-el alma me z'nterroga.
Yo le pregunto: -¿Qué eres? y el Silendo
murmura: -¡No te importa/

¿Ha perdido su ruta
o ha encontrado el camino verdaderg?
Su retorno a la playa
lo anunciarán el mar y los luceros,
con un silencio hondo,
y un derramar de lumbre por los cielos...
O habrá bsrrasca sobre el agua, y sombra...
y sombra... y sombra, en el espacio inmenso .. .
Según la buena o mala
nueva que traiga el alma en su regreso ...

Mi alma es esta noche
un ánfora de sueños y de estrellas.
Hasta el final de toda ambición mía
cada sueño me lleva,
y las estrellas de oro son caminos
por donde el alma va hacia Dios, abierta ...
V

Hay una barca azul que ahora navega
por el sereno mar de mi memoria.
¿Adónde va? ¡Quz·én sabe!
234

VI

Mas todo, hermana mía,
será para nosotros como un sueño.
Se perderán los árboles de oro
y hurtará Dios al sol los claros fuegos
para encender las lámparas astrales;
y se hundirá en la nt'ebla el pensarm'ento ...
y acaso algún lucero nos sorprenda
a media noche hablando con el vi'ento ...
Vl I

Y he de llegar un día
hasta tu hogar pidiéndote posada;
yo que te he dado el cobre que posees
para evitar la ruina de tu casa...
¡Bien sé que en el camino de la vida
algún ladrón ha de robarme el alma...!

FERNANDO GONZALBZ
Isla de Gra~ Canaria, I92I.
23,5

�LA PLUMA ¡
guste de _ta!es representaciones, y aficionado
arte, tan Injustamente venid
yo sobremanera a ese
o a menos en la
'd
..
ch as gentes cultas hirió pa f I
cons1 erac1on de mu,
r tcu armente mi at
'ó
¡os espectáculos que
en los t t
enc1 n la torpeza de
.
ea ros de la villa
t
·
se. Sm duda influyó no
.
y cor e suelen ofrecerpoco en m1 opinión el
]a temporada teatral de p . 1
recuerdo reciente de
an , rnn fecunda en d' r
compendio de los mejores pro ósit
l ver idas enseñanzas,
Y Norteamérica.
p
os en ese respe~to, de toda Europa

EL TEATRO
DE LA ESCUELA NUEVA

m

un año por este tiempo, regresaba yo de pasar unos
meses en París. Sólo quien pudiera ver entonces el renacimiento tumultuoso de la capital del mundo a la
vida pacífica, se dará cuenta de la triste estupefacción
que en ánimo sensible como el mío hahía de causar el regreso a esta
corte de la Mancha que es \fadrid, donde toda quietud tiene inconmovible asiento. No me importa arrostrar, a fuer de sincero, la posible confusión con tantos e!epañoles con pensión de ida y vuelta a
quienes no quisiera parecerme. La sensación fué como de caer de un
sueño a un pozo.
Poco a poco fuí discerniendo en aquella primera impresión, que
al principio se me antojaha algo así como una parada sorda en una
marcha acelerada y sonora, los molivos de mi disgusto. Que no derivaba precisamente del desacuerdo entre la realidad que aquí se me
ofrecía y un vago ideal inasequible, sino de la simple comparación
de un ambiente propicio a todos los entusiasmos con la sequedad
agostadora de este en que naufragan las más fáciles esperanzas.
Espejo de costumbres el teatro, y no tan solo por las que en los
escenarios se representan, mas por las que significa el que el público
ACE

236

Entonces y con denodado atr . .
ev1m1ento se me ocurrió la idea de
fundar un teatro que no f
uera uno más.
y menos que nada un teatro artístico
Pero entendámonos.
.
Nacidos los teatros llamados de t
mática de la injusta tira . d
ar t. del deseo de libertar la drama e empresar10s ¡
abuso que de tal calificac'ó
h
y ogreros, el uso y el
i n se
a hecho d
. t te, ha derivado su concepto · t·
. e vem e anos a esta par¡
pns mo a cierta acep · ·
¡
a cua1 tanto vale decir teatro t· t·
c10n vu gar, ::.egún
d d .
•
ar ts ico como ab 'd
e uc,r erróneamente la cal'd·
'
urn o, en fuerza de
1 '1d d e una
· ·
represent · ·
razon mversa del gusto del . bl'
Co
ac10n escénica en
pu ico.
sa que s b
.
verd a d' nunca es eficaz.
o re no ser siempre
.
Procede el error de la persistencia en
cuya boga ha malogrado ta t .
. esa fe estética o esteticista
1
,
.
n os ingenios que
tica la obra de un esp,·r·t
.
'
ve en a creación artís1 u superior as
'bl
selecto de la humanidad
1
' equ1 e tan solo a un grupo
temporáneos, desligada dee~ ed que ap~nas cabe alguno de sus cond d
o a emoción social
.
es e luego para el gran p. bf'
E
, e mcomprensible
vado semejante dogma a s~s •c_olt.. stablecida así la jerarquía y Ilet
u imas consecuen ·
1
an e un espejo sería dechado d ,
c1as, e monólogo
excelencia, tan só.!o superable :~eneros teatrales y arte cumbre por
go propio.
p la muda contem , Jación del ombli237

�LA PLúMA
.
ex eriencias más fructíferas en punto a
los nombres que ilustran las
De otra parte, incluso las ~
. t t I de que son pionurs
.
d lecen a mi ver de c1errenovación ea ra '
de
la
moderna
escena,
a
o
.
d
.
mejores tenlativas
. 1 de la representación rahace al fin esencia
.
1
ta confusión en o que
I de obtener la mayor comunión
ede ser otro que e
é .
mática. Que no pu
t d s Ahora bien el verismo ese mposible entre autores y espec a ~~e .b
esa c~n sus detalles de
co que ha dado lugar a la come,_1~ urgeuno' es lo mismo que sim·t '6 naturlf. is,a-qu
propiedad y su rec1 ac1 n
. . - tanto como la fantas:a decoratribuído al desequilibrio
ple y a veces es todo lo contt ano h '
ás modernos an con
'
t
áf ca de todos los países, y
tiva de los tea ros m
. . . 'd
la producc1on ram 1
..
d ¡
que se observa en
l
del comercio espmtual e
mucho más en el nuestro, tan -~bª. z~~\a subversión del buen orden
mundo. Se origina ese desequ1 , no 'ó dramática la preponderan..
. e en la representac1 n
teatral, que reqmer
t . . de los actores y el serv1c10 escia del texto sobre la interpre ac1on 1 t se vale para comunicarse
"ó
·
esivos de qut: e au or
cénico, medios expr
fi es exclusivos de la acc1 n
• .
0 en modo alguno n
con el publico, per
6 . s más atentos a explotar
La . disciplina de los c mico '
l
representable.
m
. .
• turales que a atemperarlas a os
el fácil éxito de sus cond1c1o~e::1 n_~ d de 'papeles exige; la necesidiferentes caracteres que la d1~ers1 a l des decorativos y mojigan11
te de encubrir con a ar
dad, por o tra par ' .
ue suelen escribirse para re egas la pobreza literaria de las obras g da tras temporada, alimentan
nar los carteles de novedades tempora
.
el mal y corrompen el gusto. .
ede ser obra de unos
·ó que se impone no pu
.
Pero la restaurac1 n
' rt I de exquisitez, a mndel teatro, a t u o
.
pocos, ni se trata de, excluir
. . rime con su benepláciguna categoría de pubhco.
ta las salas madnlenas, imp
f
El que recuen
h" tó . al éxito de los dramaturgos y
to cierto carácter de sanción ts ~,ca
bres de Jacinto Benavente,
cómicos en boga. En ese respecto os nom
238

LA PLUMA
los Hermanos Quintero, Carlos Arniches, María Guerrero y Fernando Mendoza, Lara y Loreto Prado, significan algo con lo que se podrá estar o no enteramente conforme, pero que revelan direcciones
artísticas creadoras cuando menos de modalidades adecuadas, no
siempre sin lucha, a una clase media de espectadores perfectamente
definida.
La producción dramática española, posterior al Tenorio-y hasta

el Tenorio desde los últimos clásicos del gran siglo apenas hay más
jalones en la rota tradición que Moratín y el Don Alvaro-, adolece,
sin embargo, de falta de carácter, no ya porque rehuya los temas
calderonianos, grotescamente degenerados en Echegaray, pongo por
caso, sino por su irrealidad representativa, no obstante la invención
de la fotografía y su influencia en la literatura. Y quizá por esa misma influencia, un tanto nefasta con sus pretensiones de supeditar el
arte en general a la instantánea sin composición, es decir, sin concepto general que resuma, explique y de tina en tipos genéricos, en personajes, las personas, y en dramas los acontecimientos cotidianos
cuya fatalidad escapa al simple observador.
Durante el último tercio de siglo y en los primeros aiíos de éste,
Galdós, y en la actualidad Valle-lnclán y Unamuno, se esfuerzan,
por distintos derroteros, con intenciones manifiestamente dispares,
en reanudar la representación dramática de la vida española en el
teatro, con cierto conceptismo harto más tradicional que los mejores
intentos de continuar la tradición en sus formas literarias exteriores.
Mas hay entre ellos y el público un valladar casi infranqueable, que
cómicos y empresarios defienden con absurdo denuedo. No quiere
esto decir que sus obras constituyan, a mi juicio, indiscutibles cánones. Pero ya el hecho de que no supediten su inspiración al criterio agarbanzado de empresarios y cómicos, ni desdeñen tampoco la
colaboración del espectador, antes bien, la estimulen incluso irritán239

�tA PLUMA
dola, denota una inquietud mucho más atractiva para el buen aficionado que la fácil transigencia en que se frustran algunos temperamentos sensibles, pero flacos y sin resistencia contra la adversidad,
o en que hallan escandaloso acomodo otros, desfachatados simuladores de toda nobleza arüstica y social.
No se me oculta, pues, desde un principio, la dificultad de conseguir mi propósito, toda vez que es menester no tanto renovar los
procedimientos escénicos al use,, en sus detalles más llamativos a
primera vista, siquier no conciernan a la esencia de la representación, como sus normas fundamentales. Es decir, que fundar un teatro nuevo significa constituir una cooperativa espiritual, en que
autores, cómicos y público, mas que la complacencia en un espectáculo perfectamente realizado, se propongan la contemplación en
cada ensayo de un ideal, inacabable de tan vivo.
La primera experiencia intentada no pudo ser más halagüeña. Ya
en distintas ocasiones habíame invitado mi amigo Manuel Núñez de
Arenas, presidente de la Escuela Nueva, a constituir una sociedad
dramática que representase las obras del teatr@ moderno extranjero,
tan insistentemente desdeñadas por los empresarios. La circunstancia de celebrarse a principios del pasado verano el Congreso General de la Unión de Trabajadores, nos sirvió de aliciente. En pocos
días se improvisó, con unos cuantos muchachos, de buena voluntad
todos y con excelentes dotes escénicos algunos, una representación
en el Teatro Español de Un enemigo del pueblo. El éxito clamoroso de
la prueba, me convenció de que podíamos contar con un elemento
sin cuya buena fé todo empeño sería inútil: el público. El público,
que arrebatado por la acción del drama, intervenía con ingenua simplicidad en favor del héroe ibseniano, cuya pasión de hombre fuerte
triunfaba de todo prejuicio político en el ánimo de una masa de espectadores socialistas.

LA PLúMA
Aquella noche pusimos la primera piedra del Teatro de la Escuela Nueva. No todo el mundo sabe la labor que la Escuela Nueva se
propone. Ni es esta ocasión de dirimir una cuestión ?e.límite~..He de
hacer con todo, una salvedad. Presidida por un soc1ahsta m1htante,
la Es~uela Nueva no es, sin embargo, un partido político, ni menos
una añagaza encubridora de proselitismos inconfesables .. Sus fin_e~,
eminentemente sociales, sí, tienden a borrar en la cvmumdad espmtual del trabajo esa diferencia absurda que separa 1&amp; l~bor del ob~ero
manual de la del intelectual, sin exigir a uno y otro mnguna abdicación de la personalidad, sin que esa mutua inteligencia signifique la
menor participación en una acción ajena a la obra pura del pensamiento. La mayoría de los socios de la Escuela Nueva no somos socialistas y lo que es más, los hay individualistas exaltados. El teatro
de la Escuela Nueva, por ende, goza de absoluta autonomía artística
y administrativa dentro de la agrupación, y si hemos querido de~orar con nombre tal nuestro propósito, es porque, aparte la debida
conmemoración del éxito a que debe su nacimiento, y la simpática
trascendencia que de tales títulos se deduce, por lo que significan de
aprendizaje y de juventud, nuestra creencia de _que e~ t~atro es ante
todo una acción social y por ello la suma expresión artisbca, nos mueve a preferir el beneficiarnos de su influjo-semejante en algún respecto de su intención a la Sociedad Fabiana de L&lt;,ndres, ~u.ya cabeza más visible desde el continente es Bernard Shaw-e mJertar en
ella nuestra actividad de la manera más adecuada ·a nuestro gusto,
antes que suscitar nuevos apartadijos tan sólo diferenciados por la
sutileza de un nombre sin obra.
No sólo tuvo Un enemigo del pueblo un éxito de buen público.
Había entre él no pocas personas de calidad que supieron prever, a
través de la imperfección inevitable del improvisado ensayo, las posibilidades de una continuidad menos azarosa. Don Ramón del Valle-

�LA PLUMA
Inclán y el poeta Luis G. Bilbao, incansable perseguidor del ocio
ajeno, soliviantaron de nuevo en las amistosas veladas veraniegas de
nuestro círculo, mis aficiones teatrales, y al amparo de la revista España, y con graciosa intervención conminatoria de Díez-Canedo, surgió otra vez en el horizonte la inconsútil arboladura de mi teatro
tantasma.
Ya en vías de realización el proyecto, bajoJ la dirección augusta
del propio autor de las Comtaias bárbaras, interrumpiéronlo ciertas
dificultades económicas, con que nuestro optimismo no contaba, y la
obligada ausencia de Valle-lnclán, retenido por la molicie familiar en
,
su casal gallego. Pronto, sin embargo, recibieron nuestros súbitos
ímpetus y desmayos un impulso definitivo en pro de una realización
inmediata de tales quiméricos afanes. Y si ahora la idea toma cuerpo
y se afirma en una realidad prometedora de mejores esperanzas, débese a la deliciosa terquedad de una mujer-apenas si lo es todavía-cuyo talento literario, de tan varonil humorismo, augura ya
para sus muchos lectores las singulares gracias cuya exuberancia ha
de hallar adecuada expansión en la escena. He nombrado a Magda
Donato, verdadera musa de carne y hueso, insospechada negación
viviente del feminismo de penúltima moda de nuestras ridículas,
¡ayl, por lo general nada preciosas, estampa de la simpatía, e infatigable trabajadora. Nada serían nuestras mejores intenciones sin su
risueña voluntad.
Otro poeta, fiel a la belleza inmaculada, nos brindó desde luego
su concurso entusiasta. Y el nombre de Juan Ramón Jiménez figura
ya entre los beneméritos creyentes de esta fé a cierra ojos en un teatro nuevo.
El Ateneo, representado en el secretario de su Junta de Gobierno D. Victoriano García Martí, y especialmente D. Andrés González
Blanco, en nombre de la Sección de Literatura, nos prestaron desde
242

LA PLUMA

::1

luego benévolo apoyo y
. h
o emos podido anunciar un abono
cuatro primeras funcio~es
co que colmaba la sala de' la :a11:nsayo obtuvo por parte del póbli~
La representación del drama d S del Pr~do, cordialísima acogid
a.
. e, ynge Ymetes hacia el m ar, d e cuya
ttraducción por Juan Ram ó n Junene
a a nuestros lectores , y d e esa pequz y- su esposa hemos dado cuenLa
guarda cuidadosa sir . .
ena maravilla cervantina q
'
nuevo
'
v10, cuando men
ue es
f
. ' con espectadores más peli
os, para experimentar de
/ncJones teatrales al uso la pruebgrosos, por más avezados a las
. lo; es d~cir, la posibilida~ de hall· a logra~a _con Un enemigo delpueJuez. y sirvió para que, con Ma dJr un pubhco colaborador más que
~a~~ec~n y Fernando Bilbao al!o d~~nato, apuntaran ya Francisco
c1 n an de conseguir de
o mucho que el estudio
sus naturales condiciones có .
y la
partiéronse los demá!:
ca
d ,
· papeles de acto
micas. Rem mara e~1a, Asunción Ruiz Medran res y tra~oyistas en fraternal
- tlte, Pepita Serrano, Adela M o, cuya ~rac1a infantil tanto r nores Benito Pui
y ercedes Barno mis a .
p o
timo y . '
g, Luz, Cano Coloma Alb' 1
m1gos los sepnmero Augusto Ferná
,
10 ' rtega, Xammar ól
comparsa y pintor cuy
ndez, alternativamente galán ó' Y_ . •
os apunte d
.
c mico
ya la orientación simplis~a e~c:~:hvos tan acertadament:
ueva.
f
respecto del Teatro d 1

O

~:: 1:1:º~
e·

e a

um~lenos agradecer a la Prensa
q~e ha visto en nuestro intento ta
la d~f~r_entisima atención con
apenas sugería. Crítico ha ha::~s pos1b1hdades que nuestro ene a Correspondencia de Esp ~
o como el Sr. Aznar Navarro
cuenta de la representación det;; que ha puesto a contribución ~
~cerca ~e la e!iicuela de arte dramát~;oeo, algunas apreciaciones mías
que es. el Teatro del v·1euxolomb1er
de París· SonroJ'árame
_
empeno de ju!,tificar la pobrez d, a no advertir en la cita el piadoso
la vastedad de nuestros deseo: ;o:~:s;os primeros resultados con
orrás, el Sr. Alsina, el señor

:ª-'1

2 43

1

�-RoWa14.Aogel Vegue, Andrenio, los críticos anónimos de El RetafJlo y El Tie,,,po, los fotógrafos de La Tribuna y Hoy, han contribuido
a difundir la buena nueva de nuestra intención, disimulando las muchas faltas de nuestra impericia de bisoños. Gracias les sean dadas,
y con ellos a Luis Araquistain, que desde las columnas de La Voz
nos ha animado a tomar ejemplo de los actores argentinos, nuestros
huéspedes, y entre bastidores del Teatro de la Escuela Nueva nos

presta su ayuda.
Pero qúiero que todo el mundo advierta en nuestro propósito,
-90bre cualquier linaje de consideraciones, el decidido buen humor
que nos anima, y que esperamos nos libre por siempre jamás del terrible estrago de la pedanteria. Amén.

C. RIVAS CHBRIP
X

o

SIMETRf AS
1

fMi alma vibrando en mis 'Versos.
'Y la tuya con ellos vibra.

6~ las aguas dormidas de un estanque
mi alma se duplica.
11

!Por el fNorte
la tormenta,
por el 6ste
la galerna.

'Y la 'Vida en la rosa de los 'Vientos
jugada a La ruleta.
11 I
e 1',;oda., laa CNaa údfraa., ao,r
wtelodioaaa. 'G'odal lot eoau pn:r
fartda. .a• eanto.•
Cutn.a..

flormas de infinitas melodías
trazan las dormidas golondrinas.
¿Cuándo os lanzaré, notas aladas,
de los telegráficos pentágramas?
VALBNnN ANDRBS ALVARBZ

�"IRIS"

LIBROS Y REVISTAS

{;[ rayo de sol
busca
mi sentimiento,
y quiere
que yo cante
a los
siete
colores
que en su seno
reposan y esperan
la
gota
de
agua
'Y no puedo siquiera
cantar
su
luz
blanca
y
diáfana.

Mario Pnccinl.-Viva l'anarckia-Romanzo di un r,iaggiatore in ;oe.r/a.-Bcm-

v.1 .

9

JOSB DB BBNITO

..

pórad, Fire nze.
No es propiamente una novela, aunque así su autor lo subtitule, el filtimo
libro de nuestro colaborador italiano. No hay en él trama, intriga, ni apenas
acción que guíe al lector a través del alegato que Mario Puccini se propone en
cerca de cuatrocientas páginas de nutridísima prosa, cálida, colorida, animada
de esa vivacidad característica de sus crónicas de LA PLUMA, subsistentes
incluso a pesar de la' traducciún, siempre desteñidora del estilo. Casi sin ficción
alguna, con la menor cantidad de elementos imaginativos, el alegato nos lleva
derechamente a la moraleja de la conclusión. Que viene a ser esta, en fin de
cuentas: Desquiciado el mundo por la tremenda convulsión de la guerra y trocados los valores morales sobre que se sustentaba el compromiso social en qnc
florecía el progreso humano, bienvenida sea la anarquía definitiva, la destrucción del orden actual en que perecen degeneradas las normas de una civilización caduca. Porque del caos resurgirá el orden nuevo y la vida recobrará su
sentido.
Ahora bien, con innegable acierto crítico, ha huído Mario Puccini de hacer
semejante generalización en términos abstractos,.sino que la ha referido a su
país y, más estrictamente aún, ha planteado el problema con toda la sinceridad
que su espíritu de hombre de letras lo siente; es decir, reduciendo su vaste&lt;!ad
a las proporciones inmediatas de su conciencia de italiano, para quien el tumulto y confusión actuales significan una solución de continuidad en la tradición profundamente humanista de su patria.
No es tampoco cosa, sin embargo, de adoptar posturas trágicas ni ademanes exagerados. Para llegar más derechamente al ánimo del lector y ganarlo
con la evidencia, no es menester un tratado de pura didáctica, de doctrina escueta; rehuyendo, pues, otro señuelo novelesco que el del título, se puede exponer el panorama espiritual de Italia después de la guerra tal como lo ve un
hombre de buena fé. Así ha hecho Puccini.
Su viaggiatore in poesia no es un &amp;oñador divagante por mundos fantásticos;
es un comisionista literario que va recorriendo las principales ciudades de Italia para ofrecer a los libreros y a los lectores la mercancía de un editor que

•

247

�· LA PLUMA

LA PLUMA
quiere restaurar con la lectura de los clásicos el principio edu~ativ?, rebajado ahora basta el extremo que significa,1 los escaparates de las hbrenas llenos
de cubiertas procaces, fácil incentivo del gusto perver~o.
El tal comisionista recorre de punta a punta la penrnsula, p~dece Y se conmueve ante la agitación social subve, lidora, justifica en su ám~o los desmanes del desvalido babia con el profesor, con el lego, con el artista, con el pa•
triarca de las let;as. De la ruina de sus mejores esperanzas ~e salva la m.is
fructífera. El ¡viva la anarquía! de este espfrilu sut_il, de este ánimo ponderado
que es Mario Puccini, no es el grito de deses~erac16n, que nos sacud~, de. los
grandes tétricos rusos anteriores a la revolución; es el a)erta, sarcásh~o Sl se
quiere, pero seguro y confiado, de quien se siente nutrido de la savia de un
clasicismo renovado de generación ~n generación.
.
Libro eminentemente representativo de la _hora actual, resume ~t~a ~anarckia Jas mejores cualidades de su autor, e°; quien s~ .t~m~lan Y equihbi ani las
modernas experiencias literarias de ese crisol de c1v1hzac1ones que es Ital a.
c. R. c.

• **
Carlos Pereyra.-La obra de España en América.-Biblioteca Nueva, Madrid,
11

Este nuevo libro del Sr. Pereyra es un intento de sistematización históri~a
de la obra de conquista y colonización de América por los españo_les; es decir,
que no se dirige tanto a esclarecer tal o cual episodio poco conocido de aquella secular cadena de proezas o a rememorar entre alabanzas las que todos
general
.
creemos conocer, como a ordenarlas en e 1 marco d e una expl1. cación
mi'
declarando cuáles fueron los datos esenciales (geográficos, étnicos, econó •
cos) que los conquistadores y colonizadores tuvieron que barajar Y las fuerz:s
profundas que actuaron permanentemente en aquella al parecer desordena
empresa así como el aprovechamiento inteligente de esos dat_os Y fuerzas por
las cabez'as directoras de la conquista y colonización. El criteno con que e 1 s~ñor Pereyra utiliza las noticias que ha reunido es irreprochabl~: cLa tendenc~a
del autor-escribe en el prólogo-es esencialmente_ ~rítica. Esllma que una ª •
miración indiscreta daña tanto o más que una hoshltdad cerrada, sobre todo
cuando lo que se busca no es defensa de causas, sino descubrimiento de verdades. Convertir leyendas negras en leyendas blancas es tan ilegítimo como
contrario. Y en los tiempos de fineza analítica que alcanzamos, puede ser m s
temible para los que escribeo sobre asuntos históricos verse conde!iado_s por
una son.risa que por una franca desaprobación•. Si el estudio de la h1sto~1a. colonial americana suscita a la postre en el ánimo del Sr. Pereyra un senti~uen
to admirativo por la obra de España, no es-podríamos decir remedan
e
humor a veces acerbo del Sr. Pereyra-no es culpa suya: la grandeza de esa
obra se impone por sí sola. e Esos sentimientos no existían en el au~or _antes
de comenzar sus estudios y como le fueron sugeridos por vía tan mdir_ecta
que muchos de ellos naci~ron revisando afirmaciones autiespañolas de his!0 •
riadores a quienes consideraba en posesión de la verdad, tienen toda la deSlO·
teresada pureza de su origen intelectual&gt;.

ª

lº

° 1

, ..a

•

La economía del libro del Sr. Pereyra es una comparación de la obra colonizadora de España con la de los anglo-sajones. El fallo del autor es favorable
a los españoles. Ni nuestras conquistas en América «fueron obra de la miseria
desesperada de aventureros famélicos que buscaban enganche en las gradas de
Sevilla», ni los colonos ingleses eran puros apóstoles de la libertad y de la tolerancia, comlil se ha supuesto. El oro, te fabuleux ,nétal, era un señuelo, pero
no fué jamás el nervio de la conquista: la explotación agrícola y ganadera prestd la base permanente y sólida sobre que se asentó el dominio español, e hizo
posible la continuación de aquellas empresas, concebidas algunas con percepción genial del futuro y realizad..1s v consolidadas las más con una especie de
•empirismo organizador» de muéha fuerza, que no dejaba de medir y aprovechar, aunque no lo hubiese aprendido en cátedras ni libros, el valor de los
recursos disponibles. Introdujeron los españoles en América la civilización de
su tiempo; ya se sabe. Además, el continente descubierto y conquistado por
ellos fué objeto de estudios desinteresados, de investigaciones científicas, y los
trabajos de los españoles en América, sobre todo en el orden de las ciencias
naturales, aportaron una contribución valiosa a la cultura universal. Pero entre la magnitud de aquella obra, que el Sr. Pereyra califica con justicia de colosal, y sus resultados postrimeros, la desproporción es manifiesta. Ni la colonización robusteció, que digamos, el cuerpo político español, ni prosiguió con
la pujanza que mostraba en las primeras décadas, ni l,s creaciones de España
en América parece que tuvieron el arraigo y el vigor necesarios para afianzar
su normal crecimiento. ¿Por qué causas? El Sr. Pereyra señala dos: una insuper~ble, por ser de orden natural, la configuración geográfica de América, que
dispersó la acción de los españoles, estorbando la concentración del esfuerzo'.
y otra de mal gobierno: la desastrada política naval y comercial de. la Corona,
que con el sistema de privilegios, sin enriquecer el Tesoro, apartó de la espansión económica en América y de la defensa del imperio colonial a la masa
de la nación.
El Sr. Pereyra ha pensado y escrito su libro con la infatigable preocupación del prestigio histórico de E spaña, tanto más de agradecer cuanto que
el Sr. Pereyra no es español de nacimiento , 3unque lo sea de raza. Tan lo es de
raza, que el más fino español, puesto a redorar los blasones de la patria, difícilmente le aventajaría en celo. Esa capacidad de desposarse sin reservas con
una causa española, de emocionarse ante nuestro pasado (aunque en ciertos
aspectos, por ejemplo, en lo tocante a la rivalidad con los anglo-sajones, el
tema del Sr. Pereyra está más vivo y patente para los americanos que para los
españoles) es un brote amablfl: de nuestra sensibilidad nacional t\ue retoña
transplantada en otras tierras. El autor no llevará a mal, con todo, que hagamos algunas salvedades frente a ciertas apreciaciones suyas, tales como las
relatiyas al influjo de la expulsión de los jesuitas en la pérdida de] imperio
ooh:~mal, al verdadero papel de la Inquisición y a la intolerancia española.
~m1gos y detractores del Santo Oficio han vertido en polémicas estériles más
tinta que sangre de herejes vertió la propia Inquisición; sólo que la tinta es
menos costosa. Y el definitivo valor de algunas de esas posiciones lo muestra
el hecho de que, tras de prevenirnos mucho contra el anacronismo, lo más
'49

�LA PLUMA

LA PLUMA

•

fuerte que suelen decir (y acaso probar) los que se chacen'cargo de la diferencia de tiempos•, es que los estragos de la Inquisición no fueron tantos en número como se supone. Así el Sr. Pereyra, que tiene en este punto predecesores españoles ilustrísimos. Más que nada, el Sr. Pcrcyra toca el tema pera delllOStrar que si los españoles fueron caigo• intolerantes y crueles, no lo fueron
menos sus rivales y detractores los anglo-sajones. Quizá. Es un relativo con•
suelo para el amor propio .nacional pensar que todos hemos escrito muy but:·
nos capítulos en la historia tic la barbarie. En nuestro tiempo prosperan forro.is
de cipresión y de bárbara tiranía que escandalizarán a otras generaciones. Lo
que no está permitido es aferrarse en formas de intolerancia retrasadas con
relación al espíritu predominante en cada época.
En general, cuanto uno lee tocante a la declinacién de España en América,
no deja de suscita» en el ánimo un desencanto melancólico; no por ver frustradas antiguas ambiciones de predominio, con las que uno nada tiene ya que
ver, sino por el despilfarro de las ener&amp;ías y capacidades de un~ raza prócer,
que !.e extenuó sin recompensa proporcionada. Y a este propósito, hurgando
en tales historias, descubro, y confieso humi~demente, mi incapacidad para
elevarme al codio histórico,; no puedo aborrecer al inglés por las piraterías
del Drake. Ni es posible aceptar ningún discurso sobre la decadencia española que pretenda explicarla por la envidia de los otros pueblos conjurados para
pet"dernos, como no sea en el sentido profundo de la advertencia del poeta:
... Colón pasó los godos
Al ignorado cerco de esta bola.
Y es más fácil, ¡oh España!, ca muchos modos,
Que lo que a todos les quitaste sola,
Te pued;,n a tí sola quitar todos.

M. A.

•••
8ergio Yuly evich Wltte.-Mánorias.-Vcrsión castellana de M. Domenge.
Dos volúmenes. Madrid, Calleja, 1921.
Los hombres y las cosas de Rusia están desde hace años en el plano de la
actualidad candente, con lo que nada ha salido perdiendo nuestra ilustración
particular. Antes, muy pocos hubieran podido dedr de Rusia más que el personaje de Gogol: cRusia es un inmenso imperio•, salvo los jóvenes que por
abrazar la profesión de cónsules profundizaban, si puede decirse así, en la ¡,te'!•
grafía política elemental. La revolución ha concluido de encadenar la cunos1dad y las preocupaciones del mundo a los fastos rusos, y no habrá hoy persona algo leída que no haya empleado la mente en esta operación: esbozar una
explicación de aquel cataclismo fundándola en el estado moral deJ pueblo
ruso, revelado en su literatura. Que la atención de nuestro público está, como
en todas partes, vuelta hacia Rusia, se prueba por la frecuencia relativa con
qui: aparecen libros de autores rusos o tocantes a Rusia. ¡Grande ha debido de
ser la conmoción, para repercutir sensiblemente en la bibliografía española!
Estas 1lle111orias del conde \Vitte tienen importancia. No diremos que sean

,50

un ?ibro csensaciona\., en el sentido de que revele algún secreto capaz de cambiar la ~p:e~iación (lUe hasta ahor~ se.haya hecho de ~iertos personajes y sucesos h1stoncos: el proceso del zarismo se ha substanciado a plena luz, los testimonios pululan, y la causa está fallada. Pero el libro, abrumadora acu~ación
contra d régimen imperial y sus hombres, es de gran fuerza por dos razones:
por el punto de vista conservaaor y la calidad del personaje ql!e lo ha escrito,
y P&lt;?r pr_esentar ordenados, ensartándolos en et hilo de la política interna de
Rusia, htlo que durante años tuvo entre los dedos el autor, los hechos culmi·
naates en el cuarto de siglo que precedió a la gran guerra, y los móvilt-s usuales de una Corte, dt' un Gobierno, de una casta, que c.;xplican plenamente las
catástrofes ulteriores, cuando no las justifican. Witte es uno de esos estadistas
reformadores por instinto de conservación, que suelen aparecer en todos los
pueblos cuando uc régimen secular fatalmente se desquicia. Dotados de mejores cluces•, de más talento o de más calor humanitario que 111 gencrnlidad de
los hombres de su misma extracción, e incapaces por •tra parte de ponerse
sin reservas al servicio del porvenir, que en su t·sencir, ks repul(na, pretenden, por 1~ común en balde, s~crificar la mayor p:,rte de la carga con tal de llevar el 11av10 a puerto. Su destmo es desagradar a todos v frac.is ~r. Sus frn:-tra&lt;los pl~ne~ ~irven, ulteriorme~te. para ~liment.ir en_ los ingenuos ele idl-as sanas la 1lus1on de que tales o cuales calastrofcs pud1crcm evitarse con un ¡.,oco
de cordurn, sin perder por ello los buenos frutos de una gran reforma. Aquel
fracaso suele ser merecido, y esta ilusión no pasa de ser tal, porque ótr'a cosa,
en trances como esos en que la~ almas crujen, sería-lección inmoral-el tt'iunf~ de la_ h~bili~~d, de las componendas y de las frías combinaciones del empinsmo sm esp1ntu.
Memorias del género de las de Witte pn..tenden casi ~iempre persuadirnos
qu~ el auto_r, aunque él no 1,, declare, es un grande hombre. En el caso de
~1tte, esa 1mpres1ón es más fuerte, porque, colocado en una posición interme~16, y ~ás _atento_ en su coudu~ta a la oportunidad fogaz que al vigor de una
1deolog1a bien articulada, necesita defrnderse haciendo fuego por las dos bandas. Sin disimul~r su desprecio por los revoiucionarios, desnuda, moralmente,
a la caterva oficial de la Santa Rusia. y es más sañude con los Emperadon·s,
los grandes duques, y los generales, que con los caGecillas del terrorismo; al
fin, é~tos le hicieron menoli daño que los palaciegos. Y la verdad es que el
hombre que pretende haber tenido siempre razón solo, contra tocios sus contempor_áneos, altos y bajos, \·erdugos y víctimas, no abriga mediana opinión de
su mérito.
De origen noble, conservador por temperamento leal a la dinastía, Witte
~ropugn6 una política de concesiones graduales y de moderado con5titucionahsmo. Ya en los comienzo'i de su carrera «la opinión pública estaba envenenada por el espíritu de lib1ralismo, que, en esencia, es enemigo de todos aquello~ que se destacan a causa de su posición o su riqueza; de aquél espíritu que
amma a las muchr-dumbres revolucionarias y que, años más tarde, fué respons~blcs del re1;&gt;u_gnante asesinat? d_e un emperador tan grande como Alejandro Ir.. Participó en las organ1zac1oncs secretas para la represión del terroris2,1

�•

LA PLUMA

LA PLUMA

Teatro Selecto Centemporáueo.- Biblioteca Nueva, Madrid.
mo. «Los revolucionarios-decía en una carta-deben ser combatidos con sus
propias armas, particularmente por me~io de. una orga!1ización secreta que
tuviera por objeto contestar a cada mamfestac1on terronsta coc un co_ntragolpe de igual naturaleza&gt;. Pero le disgustó el modo que tenía .d~ funcionar
asociación («La Santa Hermandad»), llena de _«gentuza an:b1c1osa&gt;. Propu~o
que en el periódico oficial se pu~licara la r:lac1ó~ dC; sus m1em,bros, Pai:ª qu~,
por miedo a los terroristas se dieran de baJa los 1nsmceros; as1 ese purificana
)a organización,. No Je hicÍeron caso, y se marchó. Witte tení~ una idea grandiosa del porvenir de Rusia, fundado en la paz, en la e~plotac1ón de los recu~sos naturales del Imperio y en el afianwmiento de la l~b7rtad de los camp_es1nos mediante la propiedad individual del su~lo. Fué n¡m1stro de Ferrocarriles,
reorganizador de la Hacienda J?ública, neg?c1ador_ a~ortunado de la paz con. los
japoneses, y presidente del pnmer ConseJO de mm!s~os de la Rusia cons~1tucional en los días críticos de 19051 cuando se orgamzo en Petrogrado el pnmer
Soviet. Fracasada su política de conciliació_n entre el ~artido ~e)a &lt;;=o~te Y los
constitucionalistas, Witte se retiró del Gobierno y casi de la_ vida publica_.
Al referir su intervención personal en las grandes cu~sbones_que agitaron
a Rusia en los últimos treinta años, ya fuese~ de orde~ 1nfernac1onal (expansión en Oriente y guerra con el Japón, mane¡os del Kaiser alemán antes Y ?espués de la Conferencia de Algeciras, contratación de los grande_s empré?tlt?s•
etcétera), ya de orden ioter~or (proyecto~ d&lt;: re~ormas, pe~secuc1o~es de Jud1os
y terroristas, bárbara reacción de Stolypm, mtr~gas pala~mas), y.71tte traza un
retrato poco lisonjero de la Rusia _prepote~te; s1_n excepción c~s1, todos aquellos personajes, desde el zar al último f1mc1onano, ~on una g~v11la de locos, fanáticos, aventureros, ineptos y simples canall~s, ávidos ~e millones, Y mancha•
dos de crímenes. Un capítulo en~ero es~á dedicado_ a Nic?lás. ll; «_su carácter
-dice-es esencialmente femenmo; es mcapaz de Jugar hmp10 y siempre busca medios clandestinos· no tolera a su lado a nadie que le aventaje en tal_ento;
era partidario de una política agresiva»; la ~arina era uoa m~jer histénc~ Y
desequilibrada con fuerza de carácter suficiente para contagiarle su estado
morboso. DesfÚan por estas páginas tip~s de vaudev_ill~ y siniestrosyajarracos;
así Stolypin, en cuya época «la pena capital se convirtió en un as~smat? cometido por las autoridades gubernamentales•. Toda esta parte del libro tiene un
interés patente para el lector español.
.
. . .
El Sr. Domenge ha traducido e,stas J!fem~rzas de la ed1c1ón m~lesa.1:a tra•
ducción no está mal. Nos parecena meJor s1 el traductor se hubiera suJetado
menos a la sintaxis del idioma de que traduce. Pued: que sea erróneo_ nuestro
criterio, per(I esa sujeción, sin añadir nada a la fide_hdad, mengua el vigor expresivo del texto castellano. Con te.do, .e~ta traducción es clara; _no es ~na de
esas traducciones que es menester «ad1vmar&gt; a atr~vés de una _mebla v1sc?sa.
Nos permitiríamos señalar, a riesgo de pecar de exigentes _(¡quién estará !1bre
de estos pecadillos?) algunos descuidos: como e Cuartel Jat!no• por «Barno la~
tino»; «billones de rublos•, por miltiar1s, y otro m~y ext~ano (pág. 127. vol. ,1).
«Inasmuch nuestro ministro de Negocios Extran¡eros, ignoró... etc.&gt;. Cre1a
mos que i,;asmucl, era un adverbio.
M.A.

!ª

De muy pocos años a la fecha se ha producido en la librería española un
evidente cambio en el criterio general porque se regía nuestro comercio de
libros. De una parte, ha surgido la editorial planteada en gran escala, con cierto burocratismo germanoyanqui, si no adaptado aún a las .realidades del mercado hispanoamericano, grandemer,te prometedor para lo futuro; o bien se
han transformado en un sentido más propiamente literario do! 41ue fué origen de su fortuna, algunas casas ya muy prósperas antaño. De otra parte,
se ha presentado en nuestro horizo11te, todavía tan limitado, el editor co,1sciente, rarísimaJavis hasta ahora por estos incultos yermos. La cColección Granada», del Sr. Jiménez Fraud, y la •Biblioteca Nueva», del Sr. Ruu Castillo,
revelan en ese respecto un progreso innegaale en nuestro ambiente, tan ingrato por lo común a toda tentativa de orden espiritual.
Una nueva serie inaugura ahora el Sr. Ruiz Castillo con cuatro pequeños
volúmenes de teatro, escogida muestra de la dramaturgia europea poco conocida todavía en España. Dos dramas de Andreief: La vida del nombre y Hacia
las estrellas, otro de Galworsthy: La l,uelga, y otro de Bjornson Bjornsterne:
Laboremus, respectivamente traducidas por Tasio, Luis Araquistain y Enrique
Díez-Canedo, denetan en el Sr. Ruiz Castillo la persistencia en esa varia yacertada elección característica de sus ediciones anteriores. Distanciados en el
tiempo, en el espíritu que los engendró, en el clima social que los ha producido, aparecen los cuatro volúmenes unidos ante nuestra consideración por un
nexo en cierto modo común: el de la inquietud desagradable que desde luego
su lectura nos produce. Inquietud y desagrado que, sin embargo, solicitan en
nuestra atención muy diferente curim,idad en cada caso.
Quizá, no obstante lo manido del tópico, pueda volver a ser lícito, a propósito del Labonmus de Bjornson, el habhr de las brumas nórdicas de que tanto
se abusó por estas latitudes, con mucha menos justicia, allá por los años en
que empezamos por 'iquí a entrever a Ibsen. Sin que por esta vez nos sea dado
achacar nuestra relativa incomprensión a esa vaga niebla en que los malos
traductores solían dejar el sentido original de aquella sobras de suyo difíciles,
por extrañas a nuestro temperamento. Enrique Díez-Canedo une a su conocimiento de lenguas extranjeras el mucho más raro del habla castellana, con lo
cual y su buen gusto y excelente juicio, reduce a las posibilidades del nuestro
cuantos problemas lo sean tan solo de expresión. Pero él mismo señala en su
prólogo a Laboremus la característica distintiva de Bjornson con respecto a
lbsen, que hace de la condkión eminentemente noruega de aquel, la cualidad
de su_ boga exótica. en tanto que éste nos conmueve más por hombre que por
noruego. La moral e incluso el procedimiento artístico de Laboremus se nos
~tojan ya un tanto caducos. Lo cual no quiere decir que no creamos necesario Y hasta imprescindible para nuestra curiosidad su lectura, como provechos(sima la reacción que en nuestro ánimo produce.
• De muy otro orden es el desasosiego que los dos dramas de Andreief despiertan en nuestra conciencia. Y no porque nos sacuda el arn:bato de que nos
sentimos arrastrados casi siempre en la gran literatura rusa. Antes bien, el
253

�LA PLUMA

malestar que nos invade leyendo La vida del luJmj re Y, J!acia las estreltas, se
origina, a nuestro juicio, del desacuerdo entr~ el sentimiento del autor, que
parece querer hallar en el occiden,talismo s~ci~l de Europ~ _un descanso a sus
torme ntos de místico eslavo, y nuestro sentimiento, prop1c10 a _abras_arse e.n
esa gran hoguera espiritual de Rusia. En uno ";( otro drama, la misma rnge~UI•
dad con que se afrontan sin la menor to~tuos1dad pla~entera ! los sentidos
teatrales, los problemas vitales por esencia, nos a~gustia y agobia, más que sobrecogernos ni ganarnos por el terror o la compasión .
La lluelga, título español de La lucha, de ~al_w_orsthy, nos ofrece otra
ocasión de comprobar, con ciertas salv~dades, un JWCto análogo al que la comparación de Bjornson e Ibsen u:is sugiere. Galworsthy pu~ue representar a
nuestros ojos el polo espiritualmente opuesto a su compatriota Bernard Shaw.
Las comedias desagradables de éste nunca lo son sino por voluntad querel_lante
de su autor, que no consigue irritarnos _con s~s sorpresas de tan aguda hteratura. La lluelga, en cambio, retrata la vida m1_sma con harta verdad, ~o. nos
ahorra ninguna de las vicisitudes de la_ co~ed1a humana tal_ y como adiano se
nos ofrece en las columnas de los penód1cos. Sobre 9.-u ~ nmguna uu~va aportación significa, en punto a visión del natural y cons1gu1ente ~oraJeJa, al clasicismo ibseniano de que :;e nutre el teatro e~ropeo C?~temporaneo.
De desear sería, con todo, que su influencia benef1c1ara de algún modo al
nuestro estéril y caduco. Bienvenido el aire saludable que nos llega por estas
ventaniÜas y respiraderos que el Sr. Ruiz Castillo abre a todos los vientos de
Europa.
C. R. C.

Libros recib idos.-Alberto Masfen:er: Pensamientos y formas. Notas de
viaje. García Monge, San José de Costa R.ica, 1921. Manuel González Zele~oo
(Magon): La propia. Segunda edición. García Mooge, San José de Cost_a Rica,
19 21.-Jorge Rodembach: La ciuda_d d~ las aguas pmerta~. Novela_. Versión c~stcllana de R. Cansinos-Assens. Editonal América, Madnd.-Enn9-ue F~denco
Aroiel: Diario intimo, tomo segundo y ú.ltimo. Traducción de Mana Ennqueta.
Editorial América, Madrid.-Obras de Remy de ~0~1 mont: Una noche e~ el Luxemburgv. Traducción de J. ~ómez de la _Serna. Biblioteca Nu~va_, Madnd.-E/
sueño de una mujer. Traducción de J. Gomez. de la Sern_a, Biblioteca Nuev:a,
Madrid. -Georges Duhdmel: Vida de los márttres. Tradución de Rafael CalleJª·
Calleja, Madrid.
R~vistas.-Hermes, Bil':laa.-Letras, Córdoba.-Athenaeum, Zaragoza~Pá¡;ina, Sevilla.-España y Amirica, Cádiz.- \ os, Orer:,se.-Reperforio Am~ncano,
San José de Costa Rica.- Vida Nuestra, Buenos A ires. -Claridad, Santiago de
Chile.-Cuba contemporánea. La Habana.-Die A.ktion, Berlín. -Le Crapouillot,
París.- Le Progrés Civique, París.-La Revue de l'Epoque,, París.-Me,·cure de
France, París.-La Connaissance, París.-Belles-Letfl•es, Pans.-La Ronda, Roma
l'he Atlantic Monthly, Boston.-Cultura Venezolana, Caracas.
Z$4

LA PLUMA

•

GACETILLA
La voz del pasado, o vejamen de la generación del 98,-De fijo
que ustedes no leen la Gaceta. Bien. Nosotros tampoco. Pero hay hombres
para todo: un amigo nuestro que emplea sus ocios en cerner la prosa oficial
con la maligna y casi siempre fallida esperanza de hallar entre esa ganga un
grano de oro, nos envía un número del periódico del Gobierno (12 de febrero
de 1921) que pronto será una joya bibliográfica. ¿Dónde diablos ha ido a refugiarse la amenidad? Se trata de un dictamen eyaculado por la Academia Española apropósito de la adquisici6n de las obras de Tamayo para las Bibliotecas
públicas. Cumplimos el deber de copiar unos trozos de esa pieza de crítica literaria descomu~al, para instrucción del lector y en prueba del respeto que
nos merece el cnteno de los encargados de velar por la observancia de las
tradiciones que nos legaron nuestros mayores majaderos. Acerca de la paternidad de la obi'a tenemos fuertes dudas, no obstante la firma que lleva al pie;
¡está probado q11e lo que no se le ocurre a un académico, se le ocurre a otro!
Ea todo caso, la Academia ha prohijado el fruto de ese vientre anónimo.
El informante empieza triscando en el pradecillo de la ironía: «... como de
lo escueto del texto burocrático sólo resultara que un Sr. D. Joaquín Tamayo,
solicitaba la adquisición para las Bibliotecas públicas de las obras escénicas de
un tal&gt; D. Manuel Tamayo y Baus, creímos probable una coincidencia de
nombres y apellidos, y que se trataría de una modesta tentativa literaria, necesitada del apoyo moral de esta Corporación... • Pero no; se trataba del propio
autor del Drama Nuevo (¿cómo lo habrán sabido?), y la Corporación sa pregunta escandalizada: «Pues si las obras de D. Manuel Tamayo no pudieran honrar las Biblotecas españolas, ¿cuáles serían dignas de preferencia?&gt; En efecto,
¿cuáles? De seguro que no las de Novo y Colson. «Convendremos-prosigueen que la pregunta (alude a la que le kace el seño,· ministro) pueda ser efecto de
tramitación reglamentaria deferente para esta dependencia de la superioridad,
y no de _lamentable desco~sideración hacia el gran dramaturgo.• Convenido.
¿Qué opma la «dependencia de la superioridad,? Opina que «... lo solicitado...
es urgente en esta época de inundación y turbia literatura y de premeditado
de~acato contra los viejos escritores... La juventud modernista, necesariamente iconoclasta, ya que agota sus entusiasmos en la propia estimación, finge no
conocerle, después de saquearle, y le ultraja para eludir riesgos de competencia, po_rque es más fácil silbar al catedrático que aprer.der la asignatura.• Luego, el_rnfor~ante da_ un sallo atrás y escribe: «La labor esquisita del ingenio
p~rec~ó lesiva a los mtereses del pelotón de torpes, y el tribunal supremo de
ah.manas del Parnaso que despertaron al ruido del aplauso popular decretó
pnmero la flagelación y escarnio del escritor, y como este aún alentase, fué
condenado por la conspiracióu del silencio a la pena de muerte en vida (na/mente, la pena de muerte... en mue,·te debe de hacer muy poca impnsión); al destierro en pobladtl (¿po,· qué nor); a la incomunicación con su patria; al aislamiento
en el vacío o en ambiente deletéreo; porque los gases asfixiantes no son moder_na invención teutónica (jte veo, ge,·manófllo.?; ya en España la envidia literana había enseñado a envenenar el aire.•

�LA PLUMA
cEn el año de 1898 (At¡uf comienza el v,jamen de la gtneracidn del 98), afortunado y fecundo creador de superhombres, favorecidos con el prodigio de la
literatura infusa, y fundadores de una España nueva para su uso particular, se
exarcebó la crisis a la vez artística y social por la repentina irrupción en el
genio (¿será en et gremior) de compositores dramáticos, de mil o dos mil jóvenes, hasta entonces dedicadc,s a otras labores de su sexo, y que fijas las miradas de águila sobre las contadurías, reclamaron vacantes de ingenio dramático
bien retribuído y exigieron en tumulto el total programa de solidaridad y reivindicación obrera: igualdad de jornal, prohibición del destajo, obturación de
bocas inútiles, vía libre basta las cumbres del Parnaso y rebaja de edades para
el pase a la reserva de dramaturgos a fin de •refrescar las escalas,; y esto lo
han conseguido porque todos están frescos.,
Ya se conoce que esos dos mil jóvenes eran unos perdis; y, claro, &lt;qué iban
a hacer? Pues una barbaridad como esta: •Creyeron suficiente alzarse de puntillas (nunca l,a sido suficiente alzarse de puntillas) y estirar los brazos (¿para
clavar banderillast) para llegar con la punta de la pluma a dC'nde la de Tamayo trazó el surco luminoso, que no ven los ciegos de entendimiento ni los que
cierran los ojos por no admirar, y ante cuyos resplandores no tiene sombras
ni máculas la pureza artística, ni la Ciencia enigmas ni secretos, y cansados de
aquel martirio (el de estar de puntillas), inverso del de Don Quijote (que estarla de manos, por lo visto), reputaron más cómodo que el excelso poema dr&amp;·
mático descendiera a la altura de cualquier transeunto.,
(¡Hum! ¿Qué pretenderá hacer aquí ahora ese transeunte? Nada bueno, probablemente) ¿Y cómo se pone a su altura el poema dramático? Véase: cAI
efecto, prohibieron la forma poética, •ya llamada a desaparecer»; la tésis fundamental, el argumento ingenioso, la acción, la pasión, la emoción, el efecto
escénico, el estilo noble, el concepto profundo y la frase primorosa calificada
de latiguillos y embelecos cursis para engañar al inocente espectador; y con lo
poco que quedaba de lo que fué literatura, fabricaron el llamado arte •sincero,, que si lo fuese habría de declarar vencida su parva elocuencia por la pantomimo muda del cinematógrafo.• (¡Ah! Ya sabemos a dónde iba el transeunte:
al cine.) cEn esta que el pobre grande hombre !!amó e desdichada patria nuestra,
tan pródiga en coronas de laurel hasta para los que fueron del comercio de esta
corte, y en la que dentro de poco no podremos dar un paso sin tropezar con estatuas pre:naturas, al mismo tiempo que aguantamos a los eriginales, no ha habido un azulejo barato para inscribir el nombre del que es gloria nacional y orgullo de la R. A. E... ,
La Academia aprueba el •preinserto dictamen,, y D. Emilio Cotarelo, secretario de la cdependencia de la superioridad•, se lo comunica al director de
Bellas Artes. El cual se habrá quedado sin respiración. También nosotros. Pasado el primer susto, solicitamos de la Academia que eleve una estatua, aunque sea de las prematuras, al autor del informe, e inscriba su nombre en un
baldosín, que siemprl" costará menos que un azulejo, por barat~ que sea, y lo
ponga a la altura de cualquier transeunte... , 1para q.ie no tenga que alzarse de
puntillas cuando lo h&amp;ya menester!
256

r

1

I

MA DRID, MAYO 1921

1

NúM. 12. :

LOS CVERNOS
DE DON FRIOLERA
ESPERPENTO
SV A VTOR
DON RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN
ESCENA SEGUNDA
COSTANILLA DE SANTIAGO EL

.

Puerto.-Casas encaladas
t
.
VERDE, subiendo del
Pacheco, Pachequín el B~/bea zos florido~, morunos canceles.-:Juanito
ro, cuarenton coio y
· udo
torera y kepis azul raso-uea l
.•
:;
narzg , con capa
'
o
a guz.arra sentado ba · l • l
cotorra, chillón y cromático D ~ L
i_¡o e Jau ote de la
ae una c
.
. ona oreta, la señora tenienta, en la re a
asa fronteriza, se prende zm clavel en el rodete.
':l
PACHEQUfN.

17

Una jaca terciopelo,
Un trab_uco y un puñal...
A tus pies, gachona mía
Pongo todo mi caudal. '

�</text>
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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>Azaña, Manuel, 1880-1940, Redactor</text>
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                <text>Rivas Cherif, Cipriano de, 1891-1967, Redactor</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>LA PLUMA
Buenos Aires. Cooperativa Editorial Limitada, 1920.-R. Mesa Fuentes: Elogi1&gt;
de la Fiest• de ta Prima1Jera. Santiago de Chile, 1920.-Manud ugarte: Las esjOllláneas. Barcelona, Biblioteca Sopena.-José María Salaverría: Santa Teresa
de Yenh Enciclopedia, Madrid.-Pedro Prado: A/sino. Editorial •Minerva&gt;, Santiago de Chile.-Luis Araquistain: España en ,t crisol. :Editorial cMinerva&gt;,
Barcelona.
Revistas,-&amp;,aña, Madrid.-Belles-Lellres, París.-Cuba Contemporánea,
La Habana.-L:i Ronda, Roma.-La Gonnaissance, París.-EJ Espectador, Barcelona.-Letras, C6rdoba.-Yuoentud, Santiago de Chile.-Nos, Orense.-Arg-uitectura, Madrid.-Claridad, Santiago de Chile.- Vida /Vuestra, Buenos Aires.Reju·torio .Americano, San José de C. R.-Die A/ilion, Berlín.- Via Lióre, San
Jo~ de C. R.-Le Carnet-Crilig-ue, París.-España y América, Cádiz.-Mercure
de France, París.-Hermes, Bilbao.-Aclion, París.-Athenaeum, Zaragoza.-La
Lectura, Madrid-Le Progrt!s Cioig-ue, París.

AÑO 11.

.\IADRID, MARZO 1921

NúM. 10.

FEDRA

GACETILLA
Los chicos de la escuela... ultraísta.-Siguiendo la moda de Parísdel año pasado-unos cuantos jóvenes que pretenden ocupar las avanzadas
literarias, celebraron noches atrás la primera velada ultraísta. Pese a la excelente disposición de los espectadores, el espectáculo resultó sobremanera
lato. Sobr.S tiesura de ateneo provinciano y faltó, no digamos ya humour, sino
simple buen humor. Nosotros sólo sacamos en consecuencia que el señor Lasso
de la Vega no sabe francés, que el señor Paskiewiu-perfectamente caracterizado de polaco-no sabe español, y que ninguno de los demás lectort·s sabe

TRAGEDIA EN TRES ACTOS
ACTO TERCERO

dad4.
A la manera de... «Padre nuestro que estás en los cielos; santificado sea el
tu nombre, venga a nos el tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en
el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy, perdónanos nuestras deudas,
así como nosotros perdonamos a nuestros deudores y no nos dejes caer en la
tentación, más líbranos de mal, amén.

1

1.ª

F1,;DR.,, muy débil, casi moribunda, apoyándose eo el brazo de E
FEDRA.

VSTAQUU.

Por fin va a acabarse esta tortura'
· Llega la hora del
d escanso!
EusTAQUIA. p
FEDRA.
/ro, q~é ~a~ hecho, hija mía?
No podia vivir más no d' . .
~re e hijo enemistados p~r ia ~1v1r en este infi~mo;_pahto, sin mi Hipólito' M p h m1 y sobre todo sm Hipódrá a verme morir ·a dasa a orlabvendrá, no? Ahora venrme e eso de viático
l , 1t·
•
mo ... no. el primero' Ah .
d
... e u 1' uia?
así, Eustaq
.
o1 a ven rá a perdonarme, no es
EusTAQUIA. s·i, se le ha llamado y Pedr
.
y en vista de tu estado d .º6 en su f?ndo ansiando verle
, 1 su vema ...

128

129

•

�LA PLUMA

'LA PLUMA

.
. to lo hecho; ahora quiero
.... Ahora s1eénl . él no! Me moría... no
Vendrá... vendrá
· · pero con , sm
de él
vivir vivir, v1v1r,
e iba a su cuarto, hoy ya ,
d'~ más' Cada vez qu
·unto a la que fue su
po 'lo a U~rar allí y desesperrme,~ luego ese Marcelo,
~:a• se me rompía el cora7:
penetrábame hasta lo
t~rrible Marcelo... su ~d 1 guarda mi acusador.
ese
ª que 'adivinar
· · lo .
más hondo; era ~1· demonio
l ée tenía
. . nado m1 secreto, o s '
d
Ha a 1v1
la
No es lo peor eso.
t
odré decir la verdad, toda
lEusrAQUIA. y ahora, ante la muer e, p dre e hijo, vivirán e~ paz_'!
FEDRA,
d d a Pedro. y ellos, pa
d án de este m1 sacuver a
.
erte Se acor ar
d ?
• mí sobre m1 mu
·
• me lo conce es
su1; u' , \timo favor, Eustaqu1a,
fic10? n u
d )
EuiTAQUIA- Habla.
No; me lo conce es.
FtoRAEusuQUIA - Habla!
Otóro-amelo!
. .
FEDRA,
~torgado...
.
.
lt1·ma
confesión,
la
de
m1
enor
P
EusTAQUIA.
mi Virgen.
Toma esta carta. Es m1 us·n ello la Virgen,
FEDRA,
meo- es la verdad entera. ~aria Cuando haya yo m':1e1 de l~s Dolores,no lll:e per~~ta bo~a que llevará su último
to, cerrados estos OJOS y a Pedro, a su padre. Se la enbeso, entrega esta carta
tregarás?
EusrAQUIA. Sí!
Me lo juras?
.
FEDRA,
Te
lo
juro,
pero...
.
.
en
su
memoria
...
EusTAQUIA,
no'· quiero vivir pura
Oh,
no,
·•
,
,
· lma
Fl;DRA,
.
No descansana m1 a
!
EusTAQUIA, Pues lo que es as1...
Así;
solo
la
verda~
H1pu~~~\uedase
bajo
el
pesot:eu:
FEDRA,
. ,ase al infierno s1
después de muer

FJDRA,

~d.~

~~e~~r~~~~:rQ;:~~r:~:=~~b:~~~~r~:

2~:n!~·/!1º0
h" sobre m1 recue .
dre e lJO
ómo murió?
a mi madre... e
~USTAQUIA. Deja eso!
130

•

EusTAQUIA.
FtDRA.

EusTAQUIA .
FEDRA.
EusTAQUIA.
FEDRA.
EUSTAQUIA.
FtoRA.
EUSTAQUIA.
FEDRA . •

Sí, murió pura, besándome. Y yo moriré pura también.
Solo la verdad purifica. Todo lo verdadero y lo verdadero solo es limpio. Si no me presento con la verdad,
cómo me admitirán en el cielo y me perdonarán lo mucho que he pecado en gracia a lo mucho que he amado? No es verdad, ama, que Nuestra Señora de los Dolores, que su divino hijo me perdonarán?
Si crees, confiesas y te arrepientes ...
Oh, sí, sí, ahora creo, ahora sí que creo y reconozco y
confieso mi crimen... el último sobre todo, el de mi
muerte. Perdón, Jesús mío, perdón! Jesús mío, maestro
del dolor, tú con el dolor me has dado la fé salvadora.
Nunca hubiese creído que en vaso tan frágil como
cuerpo de mujer cabría tanto dolor sin hacerlo pedazos.
Pero esto que has hecho, Fedra, esto es un pecado
muy grande!
Sí, lo sé, pero dí, no es un sacrificio?
El sacrificio habría sido decir la verdad, toda la verdad.
Sin la muerte? No, sin muerte no hay sacrificio.
Pero la muerte es Dios quien ...
Dios me la manda!
No blasfemes, Fedra!
Oh, Jesús mío, sigo loca, loca; cúrame con la muerte tú
que te dejaste matar en cruz para curamos ... Perdóname! Y ahora vamos, entremos, quiero acostarme; no
puedo ya tenerme en pié ... Vendrá, sí, vendrá! (Se retira apoyada en el brazo de Eustaquia.)

PxDRO

P!DRO.
lliRCELO.
PEDRO.

y

MA1tCIIL00

(entrando con Marce/o.) De modo que...
Esto es cosa grave, gravísima. Ya ayer me ternia... Y
esta mañana peor! Temo ...
Hasta...
131

�LA PLUMA
Sí, hasta eso. Ha sido terrible, fulminante ... no me lo
explico ... alguna traidora dolencia... pesares .. .
Y grandes ...
PEDRO.
El corazón está deshecho.
M.ARCELO,
Sí, deshecho el corazón, pero, dime, por lo que más
PEDRO.
quieras, Marcelo, dime, sabes algo?
De su enfermedad?
MA_RCELO.
De
la de su alma.
PEDRO.
El alma no entra en mi profesión. Y si he de decirte la
MARC"iLO.
verdad no creo en ella ni en sus enfermedades.
Pero...
PEDRO.
Dejemos ahora eso. Lo urgente es tratar de curarla si es
MARCELO.
posible y me temo que no; alargarle la vida cuanto se
pueda y será muy poco, y en todo caso y esto es lo
más seguro, que no sufra. (En este nzomento sale del
cuarto Eustaquia.)
Sí, sí, nada de sufrir! (a Eustaquia.) Cómo va?
PEDRO,
EusTAQUIA. Cada vez peor.
Entremos a verla. ( Entran.)
MA.RC"iLO.

LA PLUMA

MARCELO.

3.ª
EusuQUIA,

Esto se va... Pobre Fedra! a lo que llevan estas pasiones! Jamás la hubiese creído capaz de semejante cosa.
Y no puedo quitarme de la cabeza a su madre y aquella
muerte tremenda. Parece que con aquel beso, lo único
que de ella recuerda ésta, le transmitió su alma y su
sino. Y esa medalla, esa medalla, qué cosas secretas ha
oído! qué ardores la han calentado! Me pidió más agua
(llama) y salí a respirar. Parece morirse de sed ... está
que abrasa (a Rosa que aparece.) Trae más agua, Rosa!

ROSA.
EusTAQUIA.

RosA.
EUSTAQUIA.

RosA.
EusTAQUIA.

RosA.
EusTAQUIA,
132

ªª

t

EusTAQUIA .a: HIPouTo.

HIPóLITO.
EUSTAQUIA.
HIPóLITO.
EUSTAQUIA.

(desde_ la, puerta.) y o.
Oyh, Hipolito, adelante'
Fedra?
·
Mal,
muy
mal
se
llamado. ·
'
muere Y de prisa. Por eso se te ha

HIPóLITO.
EUSTAQUIA.
HIPóLITO.

Se muere? de qué?
De pasión!
Qué fatalidad' Jamás lo h .
la culpa (pasa Rosa h . ~b1ese creído. y yo, yo tengo
PEor qué?_ por no hab~e~i~~~rto llevando el agua) yo...
•ustaqma... !
Ah, vamos.
No, eso nunca nunca n
ner remedio a tiem o , C ~ca. .P~ro ac!15o pude yo poadiviné antes?
t. orno v1v1 tan ciego? cómo no lo
bres!
orpes, qué brutos somos los hom-

EUSTAQUIA .
HIPóLITO.
EUSTAQUIA.
HIPóLITO.

qul

4.ª
EusTAQUli

A y D.ios mío! morirse así ta .
sin sustancia ... y cuand '·b n Joven, t!ln de repente, tan
0 1
Quién? Fedra?
amadrmar mi boda...
Sí, me lo había prometido
ba excusarse diciéndome aunque ya al último buscaría la ~esgracia a mi matri~~::ala mano y que llevaEs posible. Pero ya l
· .
Esto, ésto sí que par~c;ef, no ~o qu1e~e él cielo...
pobre señorita Fedral V raer esgracia... mal agüero
al ir a salir.) Aquí e~tá oy por el agua ( desde la puert;
Quién? (Vase Rosa.) ···

y Ros.&amp;..

Y cómo sigue?
Mal, muy mal, cosa perdida, Rosa.

EUSTAQUIA.
HIPóLITO.

Algo ...
No vemos la sima hast
pude vivir junto a ella~ue .esta:nos a su borde. Cómo
besos?
n ciego. cómo no entendí sus

�LA PLUMA
EUST/..QUIA.

LA PLUMA
EusTAQUIA.

Es que hay cosas que vosotros los hombre!! creéis se
os deben de juro y por eso no reparais en ellas. Un
hombre rara vez entiende de diferencia de amores; sois
todos egoístas, libertinos por egoísmo y por egoísmo

Mira, tu padre está ahí dentro·
c~lo, y no conviene que te u ' en e~ cu;irto, con Mars1 ~ale, y sin aviso. Ve ahi :fa ver_ as1, tan de súbito)
gmen sale. (Vase Hipólito.)'
gabmete, y espera. Al-

virtuosos ...
Eusn.QUIA Y MA1tCELO.

Dxcaos y RosA.

(que sale lloranrfe.) Pobrecilla! da pena! Me llamó, me
dió excusas por no poder ya amadrinar mi boda; «aunque te lo prometí)) decía... como si fuese suya la culpa...
Y consejos! No tendré otra ama que más me quiera.

RosA.

(Vase.)
EusTAQUIA II

134

EusTAQUIA.

Disgustos...
L
d isg~stos
º; ha
que
sido? no matan así· Necesito saber la verdad·

MARCELO.

EUSTAQUlA.
EUSTAQUIA.
MARCELO.

HxrouTO.

Sí, mi virtud, una virtud ciega, era egoísmo. Sintiéndome firme no sentí que se caía ella... Y luego aquella
vida de campo en que busqué alimento a mi exceso de
vitalidad... aquello me hizo torpe. Y yo que recuerdo
habérsela recomendado a ella invitándole a ir. conmigo,
solos los dos, al campo! Acaso habría sido mejor, acaso
habría yo visto claro más a tiempo ... No, no me lo per-

dono ...
ya tarde...
EusrAQUIA. Es
Siempre es tarde. Pobre madre! Y quiere verme antes
HIPóLITO.
de morir? También yo. Para pedirle perdón de mi torpeza, de mi ceguera, de mi brutalidad de cazador que
no advertí cómo se caía y no la sostuve a tiempo, antes
que la cosa no tuviese ya remedio ...
Y ahora este terrible paso ... no ha sabido esperar... Ya
EusTAQUlA. le decía yo que esperase, que era aun joven, que erais
füpÓLITO.

(saliendo.) Bueno señora ah
cer, solos, usted tiene qu~ s ~ra !que estamos, al pareesto?
a er a verdad; qué ha sido

MARCELO.

7.ª

H1PÓL1TO.

MARCELO.

jóvenes...
Calla, calla! Un padre nunca muere!

EusTAQUlA.
MARcELO.

EusTAQillA.
MARCELO.

EuSTAQUIA.
MARCELO.
EUSTAQUIA.
MARCELO.

EUSTAQUIA.
MARcELO.

Pues ... lo que usted supone.
'
Se tomó unas pastillas ...
Tres o cuatro Pero o D"
No tenga ust~d cuid~d~·
n Marcelo .. J
caso. y no preo-unto
,'
cua es mi deber en cada.
Qué? qué es lo ºque ad1?~s, porque lo otro... lo adivino
Para qué soy medico,
, . ivmar
•
señora? Ad ,
,
dre, a la madre de Fed h
emas conoci a su ma
aig_o, po, rradición de
":inocido a su he,mana,
DeJemos viejas historia
, e su abuela...
Sí,
dejémoslas·
pero
st·
..
sangre...
,
, nora, hay cosas que van con la

:t• I?f

r:.;.;J.

si

Don Marcelo!
No, si no he dicho nada! Bien
,
.
b~e Pedro y eso que de
trate de disuadir al po11
S1, de ella qué tenía u ed ª ··:
, .
Nada; es ella misma q ~ ecrr? q~e tiene ahora?
No la juzoqmen se ha Juzgado!
Ved d· ºu~mo~, pue~, nosotros.
. r a , se Juzgo, se condenó ha
tidad de la cosa juzgada! p b ; que respetar la santanto a ver cerca otro enferi/e edro! E~ fin, voy en
falta. (Vase.)
' aunque aqm ya no hago
1 35

�LA PLUMA

LA PLUMA
I 1.ª
PEDRO
EusTAQUIA

PEDRO.

EusTAQUIA.
PEDRO.

y

PEDRO.

por usted y por...
. do del cuarto)
(sal zen
· Pregunta
,
Ahí, en el gabinete esta. 1 vea (va Eustaquia a busPues, sí! 9~e ven~a... 9ue :ame ·f~erzas para soporta~
car a H_ipolzt~) Dios mb10 't Estoy acorchado. No sé s1
esto! M1 debilidad me as a.
vivo ...

PEDRO.

EUSTAQUIA.
PEDRO.

EUSTAQUIA.
PEDRO.

EUSTAQUIA.
PEDRO.

10.ª

EUSTAQUIA.
EusTAQUIA, P11DRO e H1PÓUTO.

.
ueda cabizbajo frente a su padre que le
Entra Hip6lito coi:i Eustaqu1a ytsee~ silencio con la mirada.
mide un momen o
PEDRO.

H1PÓLITO.
PEDRO.

HlPÓLITO.
PEDRO.

HIPóLITO.
PEPRO.

HIPÓLITO.
PEDRO.

H1PÓLITO.
PEDRO.

136

Estás otra vez aquí ya?
Me mandaste llamar.... h matado' (se cubre la cara.)
Yo no! ella... ella a qmen as
.
Padre, padre, per~ónll
ll 1 y es ella ella la que dice
Perdón? Ve a pedd~rrtsel º. a e e~it"te ella p~rdón ... l ve si su
te llama para pe 1 e o... p
corazón es grande!
· · d tan ciego, por
Sí, necesito su perdón, por haber v1v1 o
no haber...
más tarde aún, entra!
Es ya tarde! Pero antes que sea
entra a que te perdone, entra!
Contigo, padre...
1 1 O has dejado acaso de ser
Eh? cómo? No! enltra so_ o~ cara de la muerte ... ve tu
mi hijo? Veos so os, ca1 a
obra en todo su horror!
1

Padre
Te he· dicho que entres! (entra H•"'
iroTt
i o.)

y

EusTAQUIA.

Yo también quiero morirme, ama, y que mw-amos todos! Para qué vivir? para qué haber nacido? Y luego ...
Luego ... qué?
Nada, cosas que oye uno por dentro, dichas por una
vocecilla de demonio cuchicheándonos en lo obscuro,
cuando se está a solas y no quiere uno oir, no debe oír...
No, no debe oírlas ...
No oye usted? esos sollozos dentro! qué se dirán?
Entre usted a oirlo!
No, eso es sagrado! Ahora llora... ahora silencio... qué
silencio!
( aparte.) El último beso... el primero!
12.ª
DICHOS e HIPÓLITO.

HIPóLlTO.
PEDRO.

HIPÓLITO.
PEDRO.

EUSTAQUIA .
HIPóLITO.

EusTAQUIA.
HIPÓLITO.
EusTAQUIA.
HrPÓLITo.

(saliendo descompuesto.) Se está acabando, padre, y
quiere despedirse de ti.
Qué, te perdonó?
Sí, y Dios nos perdonará a todos!
Terrible penitencia la que té aguarda, terrible! ( entra al
cuarto.)

Qué?
Esto es superior a mis fuerzas; vale más luchar a puñetazos con un oso enfurecido. Diga, ama, qué ha sido
esto?
Hijo mío!
Vamos, qué ha sido?
Pues, lo que te figuras ...
Qué ho1rnr! Sí yo, yo la he matado con mi ceguera, yo!
Pobre madre! pobre padre!
137

�LA PLUMA
LA PLUMA

HIPÓLITO.
DICHOS

PEDRO.

EusTAQUIA,
PEDRO.

HIPÓLITO,
PEDRO.

EusTAQUIA,
HIPÓLITO.
EusTAQUIA.
HIPÓLITO.
EUSTAQUIA.
HIPÓLITO.

HIPÓLITO.
PEDRO.

HIPóLITO.
PEDRO.

HIPÓLITO.

y

PEDRO.

(saliendo.) Descansó al fin. (Siéntase sollozanao.) Cuando
entré apenas si tenía fuerzas para mirarme ... ese perdón
acabó con las que le quedaban ... ni pqdo siquiera darme el beso de despedida... parecía no verme ... miraba
no sé a donde ... Sólo sacó un hilito de voz para hablarme de no sé qué última confesión escrita que usted,

ama ...
Eso para más adelante ...
No, ahora, ahora mísmo!
Pero padre ...
Padre? eh? qué es eso? a ver, qué es? aún hay más secreto? sabré al fin la verdad toda? (va hacia el hijo.)
(interponiéndose.) No, no! sea! ( entrégale la carta que Pedro se pone a leer.)
( a Eustaquia.) Y eso, qué es?
La verdad.
La verdad? toda la verdad?
Sí, la verdad toda!
Oh ... (intenta ir al padre, pero se detiene) pero sí, sí!
ahora hace falta la verdad, por él, por roí, por ella, por
su mejor memoria y por la verdad misma sobre todo!
(yendo a Hipólito con la carta en la mano.) Y esto que
dice aquí, hijo, qué es?
La verdad!
Toda la verdad?
Sí toda; la verdad desnuda, la verdad después de la.
muerte.
Y por qué no me la revelaste antes, hijo mío?
Quién? yo? contra ella? contra tí? contra tu paz, tu sosiego y tu honor? y para qué? solo para defenderme?
Sí, bien hecho! eres mi hijo, hijo mío, de mi sangre!

PEDRO.
138

•

PEDRO.

HIPóLITO.
EusTAQUIA.

Pero cómo has podido dejar así Oh
como loco, no sé lo que me d. ···
, n?, ~o, no, estoy
to o vivo... Hijo! hijo! hijo mí1;io ... no se s1 estoy muer-.
(yC:'-do a sus brazos.) Padre!
(mientras le tiene abrazado.) Después d
una santa mártir! ha sabido morir'
e todo ha sido,
Sepamos vivir, padre!
·
Tenía razón, es el sino!
FIN

MIGUBL DB UNAMUNO·

�HAIKAIS
DE LAS CUATRO , ESTACIONES
A Adolfo Salazar.

I
6n la capilla de la noche
velos de nieve
¡Primera comunión de invierno!

II
f]{oy le ponén a los aleros
las golondrinas
sombreros de paja.
· (Un baikai de entretiempo.)

'Godavía ... Pero no:
mira el campo, las nubes, tu alma:
¡ya!... Pero no: todavía...
III
.,Ca tierra llega hasta el mar
y llega el mar hasta el ~íelo
y el cielo llega hasta q)zos.

IV
fil[ escaparate todas
las riquezas del año: .
.liquidación por derribo.

BNRIQUB DffiZ CANBDO
"1 40

..

EL RETRATO DESCONOCIDO
una gran ansiedad y un temor inexplicable en conocer de cerca la vida de aquel viejecito de mirada abs-traída, que estaba retratado tan finamente, con tanta
pulcritud, en aquella fotografía del año 60. Este retrato .
conservaba aún aquella indefinible expresión, esa expresión que sale
muy de adentro, de un dibujo a la pluma, que encontré un día en el
archivo de mi casa y que representaba a un joven, a un adolescente,
con un libro abierto sobre la mesa y mirando, al través de la ventana, el campo. Era un dibujo de vagos contornos, con líneas apenas .
insinuadas, que me hizo pensar en algunos de los primeros retratos
de Rossetti y en la impresión que me producía el campo, cuando salía a verle, en una larga convalescencia. Aquel adolescente había vivido en medio de una gran paz. No tuvo sobresaltos su vida, ni brus-co~ cambios, ni un gran dolor, ni una gran alegría. Sin embargo,
cuando el adolescente es un viejecito, que viste de negro, asiste todas las mañanas a la iglesia, es hermano de muchas cofradías, tiene
en la mirada, en esta mirada de un retrato perfecto, algo que no se
puede uno explicar sin pensar en un dolor misterioso, en una callada ansiedad, en un presentimiento, en una resignada tristeza que estf..t

D

ENÍA

�LA PLUMA
iLA PLUMA

ue deja en el corazón la
lejos del vivir cotidiano y aparente, per_o q señora que tanto le coaso Hoy la anciana
'
S bé
.
'
h detalles de su vida. a r
.huella honda d e su p
.
va a contar mue os
nocio y le quiso, me
. t
te este retrato pulcro, fino, son.algo de lo que ahora pres1en o an
,riente.
. . . cu ·o retrato me enseñas, hijo mío,
Era muy bueno este v1eJecito, yd
meneé a preguntarle. Era
·
señora cuan o co
.,
.me ha dicho la anciana
t asados en la que él nac10 y
'
.
la ciudad de sus an ep
&lt;tan bueno que en
1 11
ban el buen señor. Nónca tuvo pnen la que tú naciste, todos e . ama
d mandó a nadie por deu'd'tos cuantiosos, nunca e
1
sa en cobrar sus re 1
,
1
·t d de sus rentas entre os
rtió mas de a m1 a
das muchas veces repa
or Ame'rica cuando era
'
y ··
r Europa Y P
pobres de su ciudad. iaJO pv . . d
via·¡es formó una bibliocuantos D1anos e sus
'
.
. "6
;joven; escnb1 no se
ba los días enteros. Fué siemsa en la que pasa
teca selecta y numero ,
. tt
pestre· nada me gusta com,
, ·t b ólico un espir u cam
•
,
,pre un espm u uc
,
.
has veces En ella se caso y en
,1,
• a Je oí decir mue
·
.mi ciudad camresin • . . d
t no suvo una paz inefable, 1a
.,
.
ya smtten o en or
J
f
ella muno, anciano '
·de la adolescencia, esa paz pro unpaz nunca olvidada de la nmez y d odía turbar.
.da, fuerte, venida de 1~ al_to, q:e natea :ensamiento doloroso, este re•
Pero este mirar ensimisma o, es
t
t ato tuvieron una raíz
El
.
t parece ver en es e re r '
.cóndilo sentir que e
.11 de aquel noble señor.
.
da
soc:egada
y
senci
a
muy honda en l a v1
.
.
. da iba siendo cada vez
.
.
que esta vida, que su vi
,1)ensaba de cor.t muo
.
.
f ·ón de otra vida antoda ella era inevitable repe ici
menos suya, que
.
.
. nte llena de aparente sileQcio,
. d
vida misteriosa, vac11a ,
tenor' e una , .
d ella conturbada, triste, fata l.
ero
allá,
en
lo
intimo
e
,
D ue's de un gran á\bun
·P
·
a pausa esp
,
Hizo la amable ancia~a un ·1 h bia unas cuartillas, amarillentas
.
retrato· Junto a e a
. .
d , aquel bello retrato y compren,dorado saco un
,
ran emoción cuan o v1
. .
1 d 1 ulcrv viejecito y a aquel d1buJo, que
ya. Senh una g,
.dí que se parecia tanto a e p

me hacía pensar en Rossetti. Luego leí las cuartillas, y después mi
ansiedad y temor por el vacilante viejecito se convirtieron en una
cálida simpatía humana .
Las cuartillas, con letra muy clara, decían así:
«¡Oh adolescente pálido, de frente limpia y de triste mirar!, ¿dónde te he visto una vez en la vida? ¿Qué misteriosa voz me dice junto
a mí, que también tengo tu misma mirada, más hacia aJentro que
sobre el vano espectáculo de afuera, y la tristeza de lo irremediable,
lo impreciso y lo fatal? Como esta voz me dice, ¡oh retrato amigo!,
que hay una línea tenue que nos une a tí y a mí, que hay en mi espíritu vacilante el mismo impulso, ·1a misma ansia que en el tuyo, que
tu vida va siendo mi vida también.
Nada sé de tí ni quiero saberlo. Viviste hace muchos años, pasaste sin que te conocieran; un silencio, una amable penumbra te
envolvió en la vida. Hoy he preguntado-¿quién observaría el temblar de mi voz?-¿de quién es este retrato? Y alguien ha comenzado
a recordar. «No, no es de Diego, el hijo menor de mi pobre hermano; no, no es de él, pero ¿cómo se le parece tanto?:. He querido ver
los retratos de Diego, y he sentido una gran alegría al comprender
que este adolelicente pálido, de mirada triste, con la fusta de juguete
enarbolada, como para dejarla caer suavemente, sin ruido y sin enojo, no era Diego, no se parecía en nada a Diego, un mozo altivo de
figura donjuanesca. Sigues siendo desconocido, y por eso tienes sobre mí, ¡oh figura ondulante y frágil!, aquel secreto influjo de Hylas,
el mancebo perdido, o alguno de los príncipes suaves que pintó
Van Dyck.
Algún día te buscarán en el álbun de los grandes escudos; verán
tu puesto vacío y nadie pensará-¿cómo se habría de pensar?-que
yo he sentido una rara alegría cuando he abierto las planchas doradas
del feo libro, he cortado las líneas de papel que te aprisionaban, te
143

�LA PLUMA

he colocado un buen rato sobre mí, he comenzado a hablarte y para
no apurar este difícil goce te he guardado cerca de mis cartas, y un
pensamiento amable y cándido se ha apoderado de mí. El pensamiento de un diálogo sin palabras, en la media noche cuando todos
los ruidos se hayan apagado y el cielo se haya cubierto de esplendo,
lunar. ¡Oh, adolescente, todo parecía feliz bajo la luna!»

EL VIAJE DE ESPAÑA

JOSB M.ª CHACON Y CALVO

ELCHE
(;/ cauce abrasado
de un río sin agua;
sobre la ladera
-rojiza, escarpadaun
pueblo mu11
blaneo que no es flrC
JC'I
.,
. •
vrán ni {}a/ata.
equmez,
ffosado en gentil

mariposa alba
5_:lbre
el rojo peta/o
de un clavel u,
Je cnc,urcza
C"JA
•
t , ch
.,
e es un 'lJZtano del jardín de 9lrabia. ,
6ste betunero

~tsenor
s~brá el fl&lt;orán palabra a palabra?
ventrudo que el an J,

uen pasea
con culmosa marcha
•
¿aguarda el expreso en que h J
el tMah
a ue venir
a
orna nuevo de la era cercana?
¿i7antasía todo?

'º
144

¿9l uno, aunque anda suelto, reclusión le cuadra?
1 45

�LA PLUMA

!B ·emos del tren. tJxigeno y sot
&lt;lJ rea1•J
creen
iaad · $,.yan los fantasmas.
s del tren y, la realidad,
.
.
!Ba1amo l
- 'JI ahora con substancia.
nos torna a ensueno.
.
,
(;stamos en (;[che, es decir, «aq::i:• b. I
en c/1,ra ia
l
¡y a la vez estamos, penos,
.Eas palmeras son...
¡una extravagancia/
-{;so desde .fuego- .
!Pero éstas, tan altas
son, y tan robustas,
y tantas ¡y tantas!
-!Baedeker nos dice
que de cien mil pasan'}/ hay en este bosque
de la flora rara,
un ímpetu tal,
una... yo diria seguridad clara,
; un hervor de vida que se siente plena
y no cede raya;
que uno, amedrentado, regresa a su tren,

al otente y la fuerte encina,
se mete en su jaudla.l
!Pájaro que sabe e nog P
del roble y del haya,
yo no se, q ue· hacer en medio de este bosque,
del trino y del ala.
.
.
(;n la paz del extraño silencio
y la luz extraña,

LA PLUMA
los mástiles fuertes de los fuertes troncos
¿aguardan la vela que les troque en nautas?
.Ca quietud inquietante g nooisima
del bosque asombroso, enfermo de afasia,
a los nervios lleva
a tensión tan alta, ·
que si el tren no parte...
/qué haré de la lira, del trino, del ala/
¡{;/ bosque de G/chel
¡/;xótico ingerlo en tierras de /;spañal
¡Claridad g silencio/
J'Y un bosque es umbria que cantal
Gn tierra de absurdos,
(;/che es el absurdo por antonomasia.
:M.ástiles que esperan
la vela pirata;
columnas de templo
que se hunde, o se alza
-entre nieblas se muere la tarde,
g en neblina nace la pura mañana-.
(;/che, en mi recuerdo,
es:la vieja estampa
del viejo libro de familia, que uno
de chiquito, a diario hojeaba.
Cosas que pasaron en los lueñes tiempos,
g en tierras lejanas,
donde uno no ha ido g no puede ir
porque, « la quimera, solo van las almas.
147

�LA PLUMA

(;l bosque de (;lche
es la plenitud del ;lslam de &amp;spa~a.
.Eos tJmeyas tienen el solar aqur,
en que hacer su casa.
#

tSi el pasado vue~ve,
los vientos clama,
como fNietzche, ,oco, a
cobijaréis un dia, palmeras,
la tienda blanca
de tJmar, el del verde estandarte
y la media luna dorada.
(;l templo de &amp;lche
la deidad agua~da. ¡, • este templo;
ffor eso nos de1a tan 1rro
con toda su traza,
no tiene sentido;
es... «la cosa rara&gt; .
. duda;
lo «raro&gt; es «curioso", sin 1m
y
.
mueve las a as.
pero lo curioso no
LUIS G. BILBAO•

COMIENDO PERDICES

.

felices?
Comiendo perdices-final dichoso de cuento de hadasestaban cuando nos volvimos a ver. Otro que yo hubiera
aceptado como auténtica aquella estampa de la felicidad,
cuyos colores tan bien mentían los que el amor enciende. A mí no
me era dificil penetrar la verdad, por mi intervención, no tan liviana y azarosa como ellos mismos quizás supusieran, en la extraña
aventura de su boda. Creo que, en todo caso, me bastara no más mirarlos para descubrir luego la superchería de su contento. Es menester
la ceguera profesional de un juez, la ingenuidad de una criada lugareña, la torpe envidia de las amigas casaderas, para confundir la engañosa apariencia de una luna de miel, harto ajustada a un modelo
clásico, con la felicidad natural e insospechada.
Para mí la actitud de ella fué una revelación. Despojada de todos
los atributos que mi imaginación había ido acumulando en adorno
de su figura en tantos años de amistad desinteresada, comprendí en
un punto mi derrota moral. ¿Era la misma mujerr
El vulgo de sus conocidos no experimentaba el menor desasosiego, la incertidumbre más pequeña en su identificación. Yo, por
mi parte, nunca hubiera arrostrado tampoco el escándalo de una declaración negativa de su personalidad. Mis ojos reconocían los su_

II

RAN

149

�LA PLUMA
yos; el rubio bermejo de su cabeza ensortijada, de ángel rebelde fogueado en el infierno, y cuya mirada celeste hubiérase contagiado
del verde pecado terrenal; la pálida tez picardeada graciosamente por
leve paño pecoso bajo los ojos; la boca, gordezuela y entreabierta;
los apretados dientes, cuya correcta hilera había conseguido descabalar, obligando caprichosa a un dentista a destacar ligeramente un
colmillo-lo que añadía cierta malignidad a su sonrisa, hasta entonces sobrado inocente-; el hoyuelo de la barbilla; el cuello de chico;
y las manos, aquellas manos inconfundibles, no tanto por delicadas
cuanto por expresivas-¡singular convergencia espiritual de todo su
ser en las uñas pulidas!-Era ella.
Pero la manera como insistió en hacerme ver su felicidad; el im¡:mdor con que una y otra vez repitió palabras capaces, por manidas, de
encanallar los sentimientos que encarnan, que sólo el silencio puede
salvar de una ruina definitiva ante la propia conciencia; la exacta
correspondencia de gestos e inflexiones de voz con la emoción que
pretendía representar, y que tan mal se compagina con la verdadera,
ridícula siempre por el desequilibrio expresivo que la sinceridad s.upone, me convencieron de mi derrota, repito. Toda mi labor educativa de tantos años mo5trábaseme cuán vana en la primera comprobación experimental.
De limitarse a ostentar su dicha con cuantos artificios sugiere la
astucia, sin pretender la aquiescencia de su marido, aún hubiera podido yo seguir creyendo en cierta complicidad conmigo, en cierto
disimulo que me asegurase la mutua inteligencia de antaño, en algo,
en fin, que permitiera atribuir su ventura, no al abandono de sí misma a una fatalidad placentera, mas a la voluntad triunfadora, al humorismo consciente con que yo había querido fortalecer su terquedad femenina. Aquel empeño en solicitar el asentimiento de su marido me descubrió la realidad terrible. Estaba vencida. ¿Y él?
150

LA PLUMA
· Él desafiaba impávido m·1 reproche y
~1s pal~bras la menor alusión alevos . no e~ que yo deslizara en
p10 sentir hasta el punto d
a. Pero, ¿como disimular el
l
e que no se d I t
proen e movimiento apenas perceptibl
e a e en el gesto contenido
en sus matices más recónditos al a e'. en el tono de voz, familiare~
·
t ud sm
• recelo ni recato?migo
· h emos comparti.do .la JUven
. con. q UJen
M1 propia naturalidad, la forzada
mdiferencia complaciente con q
·
ue me most b
ue,
sm
osar
confesárnoslo
cada
I
ra a en aquel momento
q
tn:s, eran indicio evidente de I
cua' tanto habíamos temido los
os callados c
m
º. a cuenta de su traición. Traición
. argos que nutrían mi ánimeJante a esa grosera catástrofe en ' entiéndase bien, en Rada seu~~ mujer, la dignidad de dos hom!ue_ su~I~ perecer, a manos de
pmtu que hasta entonces nos había . es, _tra1c1ón, quiero decir, al esmsp1rado, traición al desinterés
queE~uiaba nuestras acciones.

espectáculo de aquella felicidad
me ~rovocaba invencible naúsea. i:as cartas en que uno y otro
toda v~a daban pábu((; a la esperan:e lefineron su fatal encuentro,
guardia de su independencia Mº t . mbos me confiaban la salvaun refugio contra la vulgarid~d ,en ras_ se reservaran en mi ánimo
a~untaran, en holocausto a la ~ poco t~portaba que las gentes se
d1cación. Aún hoy, al cabo del /ral social, el tanto de aquella claumo en mi opinión de entonces ~:pohvuelvo a leerlas y me confirc~rreo, como escritas que esta~an
o ~e recibirlas¡ en el mismo
ntficar a mis ojos la confabulación
a misma fecha, no podía sigme mostró patente. Decía él:
en contra mía que al verlos se

e:~

«En la frontera, a tantos de ta t
&gt;H ' t
nos.
.
e eme de vuelta. ¡Y qué vuelta' Q .
.
rusmo de un telegrama p
: mzás sena preferible el lacoara anunciarte · • 1 ·
cumplo cuarenta años.
m1 u tima aventura. Hoy
» y mañana me caso.

I

�LA PLUMA

LA PLUMA
&gt;Lo que oyes. Sé que no te producirá tanta impresión la noticia
en sí, como el dártela con !;Olemnidad para nosotros improcedente.
Aunque nunca hemos descartado la posibilidad de ajustar nuestros
actos a la pauta normal de la vida exterior, desde luego estábamos
tácitamente conformes en rehuír toda complicación que menoscabase nue,tra integridad moral. Si hay en el mundo una fraternidad sin
,entimentalismo es la nuestra; fraternidad en que has conquistado la
primogenitura sin comercio de lentejas-por más que digas que soy
yo el inspirador de tu filosofía, sé muy bien hasta qué punto es tu
seguridad la que me alienta-. El suceso no merecería, pues, comentari• que subrayara la simple participación de boda, sin las circunstancias que lo han originado. La sorpresa no está en que m• case,
sino en quién es la novia.
&gt;Como en las novelas que no leo, volvía yo hace una semana de
la última ronda por mi mundo. De haber sido un romántico melenudo, tendría a estas horas la boca amarga con el gusto del hastío. De
haber corrido en pos de juveniles engaños, estaría desengañado.
Esto por lo que hace al viaje. No creas, sin embargo, que el aburrimiento ha entrado por mucho ni por poco en mi decisión.
&gt;Volvía, como te digo, perfectamente sereno, cuando he aquí
que, al llegar a la frontera, me encuentro, por azares del desbarajuste ferroviario, sin equipaje, y, lo que es peor, sin dinero, en absurda
obediencia a los últimos decretos fiscales del ministro de Finanzas
francé,. Total, que en protestas vanas se me fué el tiempo, y con el
tiempo el tren. No me quedaba más solución que aguardar el de la
noche. Y al hotel de la estación me dirigía ya, cuando, al cruzar la
sala de espera, me sentí asaltado por una mirada irresistible.
&gt;Es lástima que el abuso vulgar haya achabacanado la palabra,
porque no hay otra que mejor sirva para el caso. Restitúyela todo
su sentido. A ti no voy a disimularle la verdad, que nadie más sería
152

capaz de comprender, sin atribuir lo
.
s? ... y no temas que infli·a a
sucedido a un flechazo amor smceraclón innecesaria. J
nuestra harmandad la ofensa de u:a
&gt;Aquella mirada que fué .
mis OJOS
· en las pupilas
' de queprimero
· atrayente, concitó
surtí un e fl ~vio
ª.• y vencido ese pequeño sobresalto que produce siempre lo im
do ya n uestras atropelladas p previsto
Ib
, apen as me dt. cuenta cuana ras reconstituían con cie~ rotos
pormenores un pasado vivo
en recuerdos imprecisos
&gt;Ella y yo hemos
pensado un
·
en no solicitar antes, de uno y ot~omomento que habías hecho mal
en que ahora se juntan tus me· • , esta nuestra mutua comprensión
nos ha enturbiado el ánimo el JOres afanes. Pero ni en ese momento
defendernos contra nosotros mfs::ar q_ue nos juzgaras incapaces de
dado con que nos has tenido sin s, m mucho menos que en el cuibra de celos. Después hem
conocernos, hubiera la menor soro
. tu sabiduría en losmotivos d e esta ocasión noos acertado
a descu bnr
b ta
sus
contingencias
no de pen d an
de tus
hilos
'
o
s
nte
E
·

aú:

&gt; n _fin, que ella me da el descanso
la serenidad, las zapatillas de orillo
, la paz, el sosiego, el reposo,
, que ya voy necesitando ...
&gt;Porque son cuarenta 1
»Salud.&gt;
os que cumple este don Juan.

y la firma al pie.
La carta de ella prestáb
esperanza se apoyaba:
ase más todavía al equívoco en que mi

:AQuerido
ta~tos de tantos, en la frontera
maestrillo· No
.

primera quiebra de su ~onfi::ah: des~edido de usted por evitar la
q_ue _estoy curada de toda sensible~a~l Cre? tenerle bien probado
cmd1do de la menor consideración .
ego1smo con que he presa cubierto de sospecha I
de orden familiar y social me po
a guna en ese respecto · He d eJa
. do mi casa
ne
1 53

�LA PLUMA

LA PLUMA
sin duelo ni zozobra. Pero ya en el umbral de la suya para decirle
adiós, me he vuelto atrás poseída de no sé qué extraña cobardía
ante el presentimier.to de una escena excesiva. No hay por qué negar que el humano barro en que usted ha sabido encender la lamparilla ardiente en que me consumo, me liga esta vez a una preocupación indigna de discípula de tal maestro. Pero he preferido soslayar
la despedida, a arrostrar su desprecio de usted si mi flaqueza se derramaba en lágrimas importunas. Por lo demás, no se trataba de pedirle consejo. Demasiado sé que usted no puede por menos de aprobar mi empeño. Mi vocación de aventurera quizás sea innata; a usted cabe, sin embargo, por entero, la responsabilidad de mi decisión;
a usted debo el afáu de vivir los sueños, de convertir la novelería en
realidad.
&gt;Y ahora, una noticia sin importancia: Me caso mañana.
&gt;La gente a quien haya escandalizado mi fuga, no acertará jamás
a comprender la lógica de mi fantasía. Se les antojará que para este
viaje no hacía falta tan inusitado aparato. Cualquier otra solución
más inmoral hubiera parecido más adecuada a mi gusto por la libertad. A usted no necesito decirle cuánto más fiel a sus enseñanzas
soy casándome, que no alardeando de fáciles travesuras.
&gt;Una vez pasado el Bidasoa-mi Rubicón-, me senté en la primera sala de espera. Proponíame no más encontrar un compañero
de viaje. Cuando vi entrar al elegido de mi capricho voluntarioso, le
impuse nuestro común destino. El azar solo ha intervenido para reunir en el tiempo de un horario de ferrocarril y en el espacio de una
estación dos criaturas de un mismo pensamiento: el de usted.
&gt;Este don Juan ha de encontrar en mí, cada día, el renovado ardor, la complicada variedad de deseos, el eterno femenino que la limitación de las demás mujeres le ha obligado a buscar en una tras
otra. Por algo me dijo usted, no sé cuándo, que yo era una entele154

quia viva, una entdequilla de
ma 'd
carne y hueso. Quiero hacer de m1··
n o un sultán monógamo.
&gt;H&lt;ista la vista.&gt;
Y aquí su nombre.
Pese
a la intención de ambos, encaminada
.
J'b
ya . d
l rarse de mi tiranía, el texto de una
sm uda alguna a
y otra carta denota cuán arraigada estaba en su ánimo . tó .
habíanme servido para i m1 rle nea, arma la más eficaz de cuantas
nocu ar en aquellos d
.
mentación el humor inmunizad
. os SUJetos de experior contra Ja deg
.6
.
n moral de
1a H umamdad. No me inf1m1'dó ' pues gran co enerac1
1
..
que bastara tan poco tiempo
' .
sa a noticia, ni creí
, A
para arrumar en
,.
mio. I reunirnos de nuev f é
su espmtu la obra del
o u cuando eché d
1
proceder quirúrgicamente .
.
e ver a necesidad de
si no quena cont ·
cend encia con la realidad cot'd'
ag1arme de su condes1 1ana.
-Niña mía-le dije aprovechand
de él en busca de cioarrostá
o. una ausencia momentánea
No te rías; el caso e; grave É:t: ~ per~1~a. Tú verás lo que haces
que afrontes una prueba h; . s p1rrem1s1blemente perdida, a meno~
11
d
ro1ca. rueba hero.
ama o a sugerirte. Allá te las com
i~a que no soy yo el
No hubo más. ¿Para qué? N' h ~ongas contigo misma.
vé y . d
1 ac1a falta mas ta
.' s1 udara yo de mi fatal influ.
.
mpoco. Así la salmi confianza, la esquela rosa tan ~~• aqu1 tengo para robustecer
su I mente perfumada, que recibí
la misma mañana del e'-t - '
- rano suceso de l
1,
por los periódicos el nú
d
a ca ,e de...-Todos sabéis
mero e la casa -L
.
morandum descuidadamente I 'd d .
a esquela simula un mese
t
o v1 a o al revers d l
.
pre extaba su en-:ío El
t
.
o e aviso con que
.
·
pre exto decia·
Querido maestrillo Le es
.
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·« sin
· empacho Hemos
·
peramos
maña
.
na a cenar. Puede usted
·
·
variado el me ·
szempre perdices, cansan.
nu, por aquello de que
&gt;Su fiel discípula.&gt;

�LA PLUMA

LA PLUMA
. e!lcrt·to con lápiz:
En el' reverso se !eta
«Lunes.-Ritz.
&gt;Martes.--Real.
.
:.Miércoles.-Estudio Zub1aurre.
&gt;Jueves.-Té Legación.
&gt;Viernes.-Filarmónica.
&gt;Sábado.-Prueba.
&gt;Domingo.-?&gt;
. 0 nada en esta clave!
. .
1Y el Juez Instructor no ha v1st
ya de mi reivind1cac1ón
Yo fuí a cenar aquella noche setguroveces a aliviar mi espera
d.6 dos o res
profesora!. La doncella acu t
l tardanza inusitada de sus seno•
con oficiosas suposiciones sobre a ·t ·ón que su demora apenas
. d de innegable ag1 ac1 '
res. É l llegó pose1 o . .
recobró al punto.
justificaba. Pero a mt vista_ se • -insinuó la doncella al ver que
-La señora no ha vemdo aun
.
ás al comedor.
o
nos encaminábamos sin m
. atención a sus menores m me apresuré a llenar el
Quizás fuera efecto de mi exces1vab
. ·entos· pero me parec1·6 que duda a, Y
v1m1
'
d" minuto:
gran silencio aquel de me io
Es que hov tenia prueba.
. n nutó Parecía como
•
l bra no se 1 ,
•
1
No obstante recalcar yo la pa a '
turas en qué templar e
. . le prestara nuevas apoya
. . intervenc10n
s1 m1
lta al maestro
ánimo.
. .
d.. flemático-no le ocu
Veo que la d1sc1pula- lJO
.
.
l marido ignora.
. . d
. aun las menudencias que e
\la me babia invita o a
n1
1
uela en que e
Yo entonces saqué a esq
.
.cenar y le mostré el reverso.
eda llenar todavía el hueco
~Se la traigl)-insistí-para que pu
una interrogación al
h
como ves, por
. .•
"ble que le haga tra1c1on
a ora, d el domingo , detentado
.
, a manana es post
destino inmediato. De aqut d l apuntación habitual.
. si. no se ayuda e a
la roemona,
156

-¿Vamos a buscarla-interrumpió él entonc.?s-, y cenamos en
cualquier parte?
La doncella se atrevió a proponer la posibilidad de que nos cruzáramos en el camino sin vernos.
Pero a esta objeción supo responder él con tan sosegado aplomor
que recobró del todo mi estima.
-No; sé muy bien dónde está la señorita.
A la criada, por otra parte, no podía extrañarle tal extravagancia,
hecha como estaba al caprichoso afán del matrimonio por trastrocar
las costumbres, no bien empezaban a serlo.
Echamos escalera abajo, y luego calle arriba, sin vacilar él en la
dirección, ni yo en seguirle. Entramos en Lhardy, pidió el reservado
a su nombre; nos sentamos a comer.
Cuando aparecieron las perdices me miró y se sonrió elegantemente.
Yo respeté su silencio acerca de ella. Ya en los postres, solicitó
de improviso mi opinión. Y se la dí sinceramente satisfecho de haber recobrado sobre él un ascendiente que me pertenecía de juro.
Ni que decir tiene que ni él al pedírmela, ni yo al dársela, hicimos
la menor alusión al suceso material que la ecasionaba.
-Te reconozco-Je dije-, y celebro ese auto-rescate en que te
complaces. Creo que de cuantas actitudes propones, la más difícil, y
por lo tanto la más digna de nuestra especulación, es la fuga. La
propia entrega a la justicia de los Tribunales, el arrostrar la cárcel e
incluso el patíbulo, el desafiar la audiencia pública, revelan una gran·
cobardía. La confesión, la aceptación de la defensa abogacil, las protestas de inocencia, no son, en fin de cuentas, sino procedimientos
acomodaticios para esquivar el miedo físico a la huida. En la huída,
por encima de toda otra consideración, hay que proveer materialmente, y no con argucias sentimentales ni moralejas a la propia sal157

�LA PLUMA

vación. Un verdadero hombre de acción, que aspire a perpetuar su
memoria en la pantalla cinematográfica, no en gestas literarias, no
debe aceptar otro punto de vista que el de la fuga.
Desde la frontera me puso un telegrama que interceptó la policía. Después no he vuelto a saber de él; espero, de un momento a
otro, carta suya, datada en algún país con el que no haya Tratado
de extradición.
El Juez instructor no ha conseguido hacer la menor luz en el sumario.
Y, sin embargo, o mucho me engaño-sólo la complicación innecesaria que en un ánimo policíaco susciten los folletines de ese
género, puede turbar la simple vista hasta el punto de hacer indesdfra ble la verdad en sus señales más claras.
El cadáver, en posición de decúbito supino, fué hallado entrada
ya la tarde del día siguiente. La dueña de la casa adujo en su descargo la frecuencia con que ocurría el que una pareja amorosa permaneciera silenciosamente recluíca horas y horas en aquel mismo
gabinete clandestino de cuarta plana, sin que a ella le fuera dado
permitirse curiosidad alguna que menoscabara la discreción en que
su clientela confiaba. Había oído, sí, a la hora del crimen sin duda,
cierto ruido como de persecución, rodar de sillas, y sofocados gritos
y risas. Pero lo estimó como amoroso Juego. El criminal, a quien no
había visto entrar, por voluntad de la asesinada que al contratar la
habitación exigió abrirle ella misma la puerta-cosa, en verdad, un
·tanto extraña, ya que suele ser la dama quien, en casos semejantes,
se recata, y el galán quien espera; pero, ¡son tan incongruentes las
exigencias ae los enamorados!-el criminal salió tan inopinadamente, que nadie en la casa-la dueña, una amiga corredora de alhajas
y la criada-se dieron cuenta de su huida.
Levantado el cadáver, y hecha la autopsia, los forenses dictamiC1.aron que babia muerto estrangulada.
58

LA PLUMA
La declaración de la duncella ent
.
e~ebrec16 más el misterio. Aseguraba la muchacha que ni 1 ,
1 d'
e menor disgusto pa ,
os ias anteriores al suceso l " 1· .
. recia empañar en
,
a 1e 1c1dad del m t ·
.
servia desde su instalación en M d ·ct
a nmomo, a quien
ª
ri • La noche ant
en la mesa para cenar el seño h b'
. .
es, sentados ya
•b
•
r a 1a rec1b1do u
t
o rec1 o no esperó siquiera el «boton
n~ car a, cuyo sobre
es&gt; del Continental que fué a
llevarla. El señor luego d 1 1
,
e eer a, había mirad
senora, que parecía muy risueña también
o muy sonriente a la
-Es un anónimo-había dicho el _·
.
cella entraba con la sopa.
senor, a tiempo que la don-

-¿Y no sabes de quién?-había c
go a reír los dos.
ontestado ella, rompiendo lueEn el registro judicial se encontró el a 6 .
tracto en mi primera declaració
fi
n nimo, que me fué mosLa esquela decía:
n, a n de que reconociera la letra.
«Tu mu·Jer te engaña. Soy yo quien te 1 •
de celos, porque te quiero s· .
o dice; yo, que estoy loca
¡
· 1 quieres detalle
os. Te espero en la calle de (
.1
s, manana puedo dárte'ód'
y aqu1 a calle y el ,
n icos han divulgado) L
numero que los pet
. a casa es de absolut
ti
roa e abriré la puerta. A las ocho.&gt;
a con anza. Yo misLos peritos calígrafos estuviero
.anónimo era de puño y letra d !In conformes conmigo en que el
e e a.

C. RIVAS CHBRIF

1 59

�LA PLUMA
sufre deseo de elevación y no aspiraciones mediocres, ni mucho menos
estériles compromisos.

LETRAS ITALIANAS
de nuestros escritores alguna
quisiera destacar ~e la ma;:s demás, y en cierto sentido
figura menos confundible qu~l var a cabo un esfuerzo nada
más expresiva, tendrla qu~enete -No existe hoy, como otra
común. y el por qué es ev1 ran ~rosista que domine sobre la
0
1
vez hemos ::t;::c::r :r~: :::::. s~:e!e ho[h:ntr:r::~::t:~s : ci::m~:
0
masa y dé
é de la desaparición de Goe
(p
a la influencia del
Ale_mania ~;~~:), que los escritores, a fin ~: ~:::~:e una concienc~a
temao un
uieren antes que na
consumen s10
gran poeta muerto, q
l t En tal rebusca se afanan y
to es
l
roblemas de ar e.
i las cosas, el momen
clara de os P
Claro que estando as
é
s de transide las poca
d
poco menos.
resulta o o
.
presenta los caracteres .
. en talentos criesencialmente tip1co y
mo hoy ha sido Italia tan nea fi bre de re.
N ca en efecto, co
.
s jóvenes tanta e
c1ón.- un ,
o se ha sentido en 1o.
el treintenio que
ticos: nunca comob~cZ: de investigación. M1entrasl e~gera navecilla de
·miento Y no
barcaban en ª
.
1 los escritores se em
nac1
d"do
~a o liviana ofrecida por
nos ha prece
'
n la fama pequen
ria1 . ·t· ción o se contentaban co
. rte de los jóvenes se asoma se
h la mayor p:i
l .ona· y el esa im1 a
un público amorfo, oy
d. lo desentraña, lo se ecc1
,
·t,limente al propio mundo, loe::~
abrasa en ellos todas_ las :::~:en
fuerzo es tan intens;e;:e~sta rebusca, este ansia, esta ~::s1::• quien las.
simpatia; como que reve
dades, y los cansa. . .
por lo demás asent1m1ento y
u1EN

;;da,

En los elementos supervivientes de la vieja generación (y digo vieja
por entendemos y distinguirla de la joven) la crítica nueva ha ido descubriendo en estos últimos tiempos valores auténticos que quedaban en
sombra; y esta tensión, esta afición a investigar son asimismo indicio de
seriedad: en cuanto se muestra evidente en los jóvenes el deseo, y aún
diríamos la necesidad de esclarecer a toda costa el pasado antes de buscar el porvenir, y de ver con lucidez el camino que los ingenios de ayer
han recorrido.
He aquí el caso de Albertazzi: Un escritor que produce desde hace
veinte años, solitario, encerrado, testarudo, en una forma de arte suya
que no halaga el gusto ajeno, antl!s bien lo irrita, humorista fino y comedido, clási!:o en las intenciones, seguro en la escritura, honrado. Renato
Serra, el joven crítico del grupo cvociano", fué el primero en darse cuenta; pero tal reconocimiento se ensancha ahora, y se ocupan de él otros
críticos de primer orden: Cecchi, Pancrazi, Tonelli, Spaini.-Hemos dicho
escritor clásico, y no retiramos el terrible y grande epíteto.-La palabra
tal vez responda imperfectamente al concepto que queremos expresar;
pero es, por otra parte, la más próxima, la más segura, la menos incierta.-El arte de Albertazzi, enteramente humano, compuesto, todo color,
es en efecto de los raros que obedecen a la tradición, en cuanto saben
mantenerse siempre en una linea de sobriedad, ya que no excelsa: con
caracteres netos y precisos en punto a la escritura, con toques leves y,
con todo, firmes, de!representación.-En suma, Albertazzi es, a diferencia
de otros muchos novelistas italianos de hoy, un verdadero escritor.-Las
novelas que Carducci no escribió, las ha escrito Panzini, ha dicho el propio Serra; pero nosotros diremos que las ha escrito Albertazzi. En efecto,
el arte de Panzini es harto nervioso, e incluso cuando grande, femenino de tono; de suerte que responde poco o nada al temperamento carducciano, firme, huesudo, rígido.
Albertazzi sí que se le parece; y no sólo en aquellas novelas que evocan mundos y lugares pasados y lejanos, sino también los modernos de la
1(

160
161

�LA PLUMA
LA PLUM A

. .
sin embargo nervio- sin nerviosidad Y
rente
·1· de Bolonia de Romana,
·onados· sin ímpetu apa
• .
todo, emoc1
•
E m1 1a,
sos· sin excesiva emoción y, con
; pesar de ello agilísimos.
·. es muy verdad que apenas_ eny De ahí nace la vena de Albertazzt, y . ro es sie,1,pre carducc1ana,
é abrevarse, pe
,cuentra luego otra agua en qu
.
de factura y de esqueleto: ,
l demás bien poco si en Albertazz; n~
Mas esta semejanza dma por. o
o humor que es comp eta
·
cunoso Y seren
s caracin"luso responde en su
existiera y personalis1mo, un
' yo de su temperamento; y q_ue - la que desde niño ha resmente su , .
l h dado vida, y en
tere!i fijos a la tierra que os a
d
buscan mepirado.
las cortas, cuan
nO
Sus novelas, y sobre todo sus nov:. os s"' desarrollan las más veces
dios históricos o resueltamen~e fantá:, 1c fi~l.-La lengua, aunque rot~, es
.
de Emilia labonosa, tenaz,
. ·embre ha recurndo a
en esa tierra
'
_ .d
Albertazz1 s1
.
,
ura,
de los escntore:;
·taliana·
y
por
anad1
la toscana, la 1
' '
italiana, amante como es .
las buenas fuentes del habla
.
los del diez y seis.
.
bre todo de los trecentlstas y
. l de la mayor parte de
antiguos, so
r desgracia, a
como, po d h"1spazos '{ muchas veces sorSu fantasía no es plana,
.
· a to a c
'
·
· a1os novelistas italianos, sino v1v ~ b. eran desechado, hieren la 1mag1~á
rendente.-Motivos que otros u 1 a de la nada aparentemente, P_ón de Albe,tazzi de tal suerte , que creé, nsele en complejas y azarosas.
&lt;:t
r ras trubraca(y es inútil investigar
•
l
zobulas deleitosísimas, y tramas ige
as ra
Pero lo que cuenta sobre todo en s~.º de conocer, de seccionar el hornnes de ello) es la necesidad d: estu iar,
d
no· y por eso,
. h la Humamdad.
bre, o mejor d ic o,
.ó está en segun o p1a . .
L
En su obra, toda otra preocupact n
estamos ante un clásico. . os
l éndo\o de que
,
rec1sadecía, nos convencemos ey .
\ hombre, porque \o ve1a~ ~
dásicos contemplaron esenc1al~~nte ~versal sin exciuir la esp1ntual. y
mente en el centro de toda la :1 a un and~ sonríe sobriamente ante sus
Albertazzi ama a los hombres, rncluso ~un sentimentalismos, sobrio y razocon un amor s1
defectos y manías; pero

°

1 .

nado.
t62

• *

*

El caso de Panzini es menos triste que el de Albertazzi. Es muy verdad que Panzini ha trabajado veinte años sin aceptación del público ni de
la critic:i-; pero desde el día en que Borgese, Cecchi, Serra, Prezzolini y
algún otro empezaron a estudiar su obra, Panzini ha avanzado mucho.
Discusiones críticas, concesiones periodísticas: y luego, la fama, un público que fué aumentando poco a poco, el acatamiento casi unánime de
la nación. Hoy Paozini es de los escritores más leídos y más gustados.
Hay ya quien habla de repeticiones, de cansancio y hasta de senilidad:
porque Panzini produce mucho, y los escaparates de las librerías tienen
siempre de muestra algún libro suyo. Pero Panzini no nos parece a nosotros en modo alguno cansado ni envejecido. Cierto que su arte no da
ya aquella clara y d iamantina poesía que admiramos en La lanterna dí
Diogene; pero por otra parte se ha reforzado y ensanchado; y mientras
en un tiempo se contentaba con coger apenas cierta tranquila poesía de
las cosas y de las vidas humildes, hoy, turgente, parece, por el contrario,
preocupado de los problemas esenciales de la vida, y trémulo se vierte
en dolientes elegías.- Sus últimos libros ll díavolo nella mza librería
(Moñdadori) y ll mondo erotando (Treves), no son novelas, sino páginas
líricas de sarcasmo y de pena, donde raramente el poeta se abandona a
las descripciones cristalinas de un tiempo, y solamente eleva su grito sobre las tristes consecuencias de la decadencia moral del siglo: por de contado, en páginas ligeras y perfectas como suyas.
Sea como quiera, este escritor está todavía vigoroso y con fuerzas, y
yerra quien lo cree al margen de su actividad. Yo &lt;liria más bien que,
prt:cisamente hoy, si logra la fuerza de síntesis que sólo los más grandes
tuvieron, su dolor, su ansia y su arte podrán confluir, límpidos, en una
obra orgánica y definitiva: en la verdadera obra maestra, en suma.

***
Pirandello no ha sufrido como Panzini una oscuridad de veinte años,
y mucho menos la durísima suerte de Albertazzi. No diremos que su fama
haya estado ha1&gt;ta ayer a la altura de sus méritos; pero es cierto que desde que se asomó al arte no le faltó la atención del público y de la critica;
r63

�•
LA PLUMA
y si en estos últimos tiempos su posición se ha reforzado y es considerado

como uno de los más grandes y nobles escritores italianos, débese sobre
todo a que ha dedicado últimamente su actividad al teatro, el cual, y no
sólo en Italia, tiene el mérito (o el inconveniente) de conducir a un escritor al contacto inmediato con la muchedumbre: contacto que lue~o se resuelve en ei aplauso y la fama.
Luigi Pirandello es un escritor casto. Y digo casto, no porque rehuya
las situaciones veristas ni haga ostentación de moralidad, sino porque yo
siento en él, como tal vez en ningún otro escritor moderno, una honradez
de intenciones muy rara hoy en dia. En efecto, aun cuando la poca fortutuna de sus primeros libros le sugerla que el camino para llegar al público
era muy otro, supo obstinarse en un tipo de arte escéptico, amargo, enervante, fiel a su temperamento, que le llevaba a verlo todo tras una lente
de desconfianza e incredulidad.
Cójanse sus primeros volúmenes y hojéense los últimos publicados por
los editores Battistelli y Treves, el Carnevau dei Morti y Tu Rldi. En
ellos está Pirandello con su sonrisa cortante, tras de sus personajes y sus
¡ áginas, con su obstinada y singular amargura que raramente encuentra
un filón de bondad, y a él se aferra.-Han tardado en llamarle maestro;
pero hoy dla, entre los novelistas italianos, él es ciertamente quien presenta sobre todos los demás una muchedumbre de figuras varia y numerosa; el que más se ha acercado, aunque sólo sea de pasada, a todos los
problemas del alma y del cerebro humano. Su arte no es llano, libre, fácil:
es triste y desconsolado: pero tanto más convence y llega a nuestro ánimo, cuanto más se abandona precisamente al espasmo de la negc1ción. Si,
alguna vez sentimos en sus novelas el sofisma; otra nos parece que sus
personajes han n~cido más del razonamiento que de la vida; pero hay
tanta originalidad, por lo demás, eu sus movimientos fantásticos y psicológicos y tanta coherencia, que el lector está dominado y vencido, incluso antes de que dude de la verosimilitud de lo que lee y oye.
Muchas discusiones ha suscitado también su teatro, por llevar a la escena personajes y acciones extrañamente, y aun dir!amos diabólicamente
trazados; pero pues que el arte es también malicia, además de instinto, su
164

LA PLUMA
teatro
.
. qu
. d responde a esa castidad d e conc1enc,a
'b
sm uda,• personal y nuevo • El est,·1o de Pira d 11e arn a declamos·, y es
.
n e o ¡cuán adherido está a
1a materia, a la sustancia de sus creac,onesl
D
d
llozante como es, puede sorprend
espe azado, roto, casi sobriedad clásicas· pe ·o •i bº
~r a un amante de la Unea y de la so'
" ien se mira nos da
ra podido expresarse de otro mod ,d
m~s cuenta de que no hubieº.' ~ que su construcción angustiosa
responde perfectamente a la
angustia V1sual y 5
• •
ta1, en una palabra, es su estilo.
ens1t1va del escritor: que

•••
y lleg~mos a los más jóvenes. Uno de 1
los más discutidos es Marino Mo tti E
os ~ás notados y también de
sorprendido nunca. Quien recuer;e ,"us ste_ escntor, en verdad, no nos ha
poesfas debió sentir en el Moretf d
primeras novelas y sus primera,
ser más tarde, lograda la madure l : ~nton~s lo que había de llegar a
ba los personajes delicados y s fz:d os veinte años Marino Moretti amaexc
ºó
u n os que a los tr · t
•
~pc1 n, sus personajes. y su arte
etn a y cinco son, sin
~ac10so, también hoy, aunque cada
ayer nos parecía delicado y
~steza, se nos muestra pequeño, humilde s veteado de melancolía y de
vierte en este escritor un sufi . .
. y' en el fondo, amargo. Se adno h bº
nm1ento continuo y pat t
. en e, como si la vida
u iese encontrado para él una hora b
¡°mo hombre, tiene el mismo carácter de uena, 01 hallado cario.o alguno.
s~ arte: tímido, bueno, incapaz
e hacer mal; una verdadera alma d
~arece nacido en época ajena a la su ea franciscano. Marino Moretti, que
tiempos vertiginosos que le ha
dy '. que no parece responder a los
re ·
n pro uc1do sufre
,.
b
,
, en e,ecto, como nadie·
P c1samente porque no tiene ti
y se ie ob ligado todos los d' uerza asta a.te fis ·tea 01· moral para luchar ,
retr~sado; como uno de esos1::;e:n; ntuevta renunci~. Yo le llamarla un'
· atrá s, a un paso más t(• .nd an o enfermizos Y cansados, que
la vida d eJa
pues que su arte es en cuanto hum~~ o _Y tardo que el de los más. Pero
un carácter, leemos a Moretti e
'. e srncero, y pues que tiene en fin
·
de niño, su casi calculada timºdon 5 impatia .y gusta
.
mos su tierna
dulzura
eoriqu
' ez, que lo distingue d 1 d
ece con contornos aunque i d .
e os emás, que lo
,
n ec1sos, personales. He aquí dos nue-

día~:

165

�•
LA PLUMA
LA PLUMA

,.

vos volúmenes suyos: La voce di Dio y Lestofanti (Treves), y he aqui
una vez más a sus personajes que parecen temblar de continuo con los
vendavales de fuera, como si estuvieran todos en un claustro o en una
estufa bien cerrada. l!Cuántos son ya los personajes de Marino Moretti?
Una muchedumbre: y si intentamos coordinarla, la vemos andar pesadfi.
y tarda, como una procesión religiosa, en una atmósfera indecisa, sin sol
y neblinosa: hombres, mujeres, niños, unidos todos por la cadena del dolor que por lo demás pesa sólo lo bastante para humedecer sus rostros
de lá~imas y dar a sus cuerpos un grave cansancio.

•••
Rosso di San Secondo no es todavia un escritor formado, pero no se
puede negar que es rico de posibilidades y susceptible de desarrollo.Yo prefiero este tipo de escritor, porque quien desde las primeras obras
se logra, ya se sabe la meta a que puede llegar; mientras que quien lucha, quien se afana, quien a cada paso se ve obligado a buscar el camino
que le parece haber perdido, ese, a mi t&gt;ntender, puede quizás no triunfar; pero si triunfa tiene ante si un espacio más vasto y horizontes menos
cerrados. Rosso di San Secondo es, por lo demás, uno de los escritores
bien dotados que no saben todavía su propio mundo. Ha dado ya a la
literatura narrativa y al teatro varios volúmenes y comedias, y ha conseguido un nombre envidiable. Pero por lo que hace al arte está todavia
por colocar. Ha dado, es verdad, en las Elel{ie a Marike, en Ponentino y
en otras páginas, discreta medida de su ingenio. Ha escrito una novela
sólida, La fuga, una comedia irónica,· Marlonette che pasione!; mas, en conjunto, es un escritor sin hacer todavia.-Del Occkio chi·uso (Bellini,
Roma) a lo commemoro Loletta y a la recentísima Festa delle Rose (Treves), ha progresado notablemente, pues en sus primeras síntesis dramá·
ticas se nadaba harto en la literatura; pero, sin embargo, no puede decirse en conciencia que tenga aún el dominio de S\J:S propios medios, que
sepa, en suma, lo que debe decir.
Es muy verdad que un escritor puede desperdiciar tres o cuatro años
o malgastar en experiencias cuatro o cinco volúmenes; pero me parece
166

que San Secondo
empieza a desperdiciar d emas1a
. d o. De la se "d d .
.
.
gun a , mcluso excesiva, de sus primeras páginas, a., 1a marcha mcoh
ña d e las últimas,
el
paso
es
ilógico
y
el
·
dº
.
erente
.
proce 1m1ento f tá · y extrapue
e
dec1r
en
sustancia
qué
se
pro
d
.
pone m. a d ónde va an st1co;
T' no se
aun en la rebusca, se afana todavía o
t bl
. a parar.- iembla
rituales con el mundo de fuera p p Ir es a _ecer ciertas relaciones espi. ero a relación no
¡
con claridad, y cuando cree habe r la a1canzado con i se e · revela. todavía
. .
un nada se la veda de nuevo co trº~é
d 1
mprov1sada mtu1c1ón,
10
•
'
ns
n o o a desb d d · •
mverosímilmente extrañas· Con t od o, en estas pági a an a as !lógicas
o
.
das Y no satisfactorias se siente .
. .
n s, aunque equivoca'
viva Y casi simpática l fi
tor, y no se pierde la esperanza de ue a
ª. _gura del escridiapasón, cese en un momento d d q
p sada esta cns1s, ahora en su

a o.

••*
y detengámonos ahora un momento en otr .
. .
sa la crítica desde las columnas d
. º. Joven, que s1 bien profe.
e un gran d1ano roma
b
Y esencialmente
.
' poeta · Hablo d e E mi·uo Cecch1. En E no ~es, soá re todo
conocidos sus ensayos críticos· los ás b 11
..
spana ser n pronto
~anctis; pero, repito, Cecchi n~ est:todoeé~::m duda desp~és de los de
libro: La storla della leterattuY&lt; . le (T
sus ensayos m en su noble
tividad critica y de coment . -a ing. se reves), en las páginas de su acano, en suma La figura d
t .
muy otroa
. caracterese yesno
e Joven
. . relieve considerada en t o dos sus
¡
•¡ tiene
.
e 1 espmtual y el moral· En e~ect0 , 1os tiempos
.
,
os
u
timos
no le da
t 1
n, Y a vez no le
d arán nunca la razón precisam t
jano y anacrónico qu~ no pued;n e porque en su acción hay algo de letumbres de los hombres de h
~ngran:rse en modo alguno con las cosnas de un diario romano y oy. lomo , ~ dicho, habla desde las columºd
, , como os cnttcos de todo el
d
v1 ad periodlstica ha de versar
I
mun o, su acti ducción mediocre y a
d
' por o general, y perderse, sobre la propaga a que su país le da S ·
·
que ejercita esa profesión hu 'Id
.
. e1s o siete años hace ya
~
m1 e y tnste: y con todo
1
•
anos, nadie ha podido acus 1
d
,
' en se s o siete
dios, de concesiones p tiºóardo nunca e compromisos, de términos me• ar
e un punto el
·
¡
de tanto tiempo no se ha apart d
pnmer da y hoy, después
'
a o un centímetro de la línea que se im167

�LA PLUMA
puso. Tales firmeza y austeridad no han sido sin amarguras. Ahora bien,
como el lector comprenderá, si esa austeridad no tiene compensacion~s
inmediatas, es rica y densa de compensaciones intimas, y he aquí que un
día, en este joven contrito y severo que no ha pedido honores a la vida
ni a los hombres, que ha aguantado insultos y enemistades, he aquí, digo,
que despunta tlmida, pero segura, la obra poética, tl libro personal. Quien
comprenda cierta soledad augusta y cierta tenacidad, sabe ya lo que Emilio Cecchi puede haber dado en el libro susodicho, que se intitula Ptscí
Rossl (Vallecchi, Firenze). ~Qué ha dado? Una sensibilidad cargada y
constreñida, el dia que encuentra sú vena y trabajosamente descubre sus
raíces, ya se sabe cuán clara y segura puede ser, cuán rica de pensarnieato y densa de calorías, aunque Umida. Ptsci Rossi es un libro del
que no se puede hablar en una crónica breve, porque cada página, y aun
diremos cada palabra, es viva y justa. Además, no es libro de poeta,
libre y suelto, sino de un hombre que se afana dolorosamente en busca
de un mundo nuevo, y, lo que es más raro, habituado a las selecciones,
a las eliminaciones, a continuo y febril temor de lo supérfluo. Esta lucha
no persiste en todas las páginas; pero claro que en un nuevo libro ciertos
ataderos con la cultura, ciertos peligros de tropiezos y salidas falsas, que
todavía se transparentan, desaparecerán; y el poeta surgirá de su crisálida Hmpido y cristalino.-Pero, repito, más que en sus resultados inmediatos, hemos querido considerar hoy a Emilio Cecchi como problema
en desarrollo, y, as{ considerado, se puede declr en verdad que es de los
más interesantes y prometedores de nuestra generación.

MARIO PUCCINI
Memento.- Savi L"pes. Le orittini neo-latini (Hoepli-Milano). - Nicola
Moscardelli. L'ultima foglia (Vallecch1-Firenze).-V. Spinazula. L'artc di Dante
(Riccardo Ricciardi-Napoli).-G. D, Ruggiero. Storia della filosofía (LaterzaBari).-Edizioni Politúlu de •ll Soleo&gt; (Cittá di Castello).-G/i Scienziali ltaJiani (Nardeccbia-Roma).-f. Pastoru:lu. 11 Randagio (Mondadori-Roma).E. Bo11aiuti. Escursioni spirituali (G. Bardi-Roma).-A. Tilglur. Filosofi Antichi
(Athanor-Todi).-Ennini. Poeti epici latini (Istituto Calogerá-Roma).-Manzo,ú, Carteggic, (Hoepli-Milano).-Turri. Dante (Barbera-Firenze).-P. Barólra.
Quaderni di memorie (Barbéra-Firenze).-Corrado Ri&amp;ci, OrC::ed ombre dantesche (Lemonnier-Fireoze.-Lettere di S. Gerola1'W (Desclée-Roma).-E. Tret11s. Santo Frence1co (Battistelli-Firenze), etc.
168

ANDANDO
Dí lo mismo m la tOTTe

que en la choza del pobre:
la palabra que cueste,
nunca la que te sobre.

Paso de caracol,
lleva el sol,
Aprende:
marcha lenta y peremne.

Aquí, mata de trébol.
Allá, flor del espino.
Lefos,
un /ir,:o.

�LA PLUMA

LA PLUMA

A éste, la paz del día,

"Líbrete DZ:os...!" te dirá la gente.

y al ,tro el sombrerazo.

n,:os no te debe li"bra, de nada;

Al hada del sendero

ni del beso hedz·ondo, ni del filo del hacha.

todo, todo y aun algo.

Todo nos salva.

Cogerás de la nieve,

Un pantano podrúio,

porque tu corazón
se quen,a de otra suerte.

un bosque transparente,
lagos con barcarolas
mares con misereres

y cogerás la flama

atraviesa; de todo

de todos los saharas;

nos queda lo que debe.

porque los corazones

Porque al fin, el destino

se pasman
llegando a derta raya,

es llevar en elpecho,
acribillado el lirio
que brotó la mañana
de nuestro natalicio.

y hay que arrofarles
llamas.
No hay mayor alegría

La flor se desbarata

que cumplir lo temido:

lo mismo con el beso

posarás por la barra

que con la puñada.

del puente quebradizo.

170

17 0

•

�LA PLUMA

DE LAS MONTAÑAS
Así, como vosotras, en tl mitin
de ta naturaleza multifqrme;
junto al valle de almendros
y la fresca ladera
y ti río y los fardiºnes.
Así, como vosotras, en el mitin
de nubes y de soles,
siºn adornos, sin cambios,
en sobriedad eterna,
un tanto arisca. lefos
y por encima de nuestros te1ados.
J. MORBNO Vll.LA

... CASTILLO FAMOSO
embarullado y sin norte en lo material, a merced de
la improvisación en el ordenamiento exterior de su vida,
no está menos indeciso al borde de las rutas del espíritu.
Su cuerpo aumenta (leso es crecer?) con todo lo que, viniendo de otras partes, aquí se aglomera; pero aun no se le vé con
vigor propio sobrado para echar en el suelo raíces tan profundas
que no se puedan arrancar. ~o procede de dentro a fuera; toma lo
que le dan; engulle, pero no asimila ni depura. Toda novedad superficial es posible y se le abre un crédito proporcionado a su insolencia de advenediza. La mente de Madrid .se despierta ahora del sopor
infantil, y su curiosidad, que empieza a irritarse, se esparce en devaneos. Madrid recobra sangre, y goza sinti•ndose vivo, como el que
maltrecho y todo, se escapa de un trance de muerte. Si la villa se remoza, se alegrarán los nietos de mis amigos; de aquí a cincuenta
años, nacer o vivir en Madrid puede que sea nacer o vivir en alguna
parte. Sin coherencia ni densidad, al Madrid de hoy le falta el galardón de la madurez inteligente. Ni gusto, ni estilo.
A Madrid le cupo en suerte estilizar la decadencia de España; de
la gloria apenas si conoció más qu'! el orgullo, de la grandeza, el empaque, de la opulencia, el sinsabor de haberla disipado. La villa debía
de ser entonces horrenda, fosca a pesar de esta luz, pero destiló losresiduos de un espíritu ya amanerado y sutil, y ardió con una llama.
ADRID,

l7J

�LA PLUMA

.quizá venenosa, única: pocos espectáculos habrá visto el mundo
como el de aquella hoguera en que vino a suicidarse una civilización
peculiar, macerada por el fanatismo candente, por la guerra, y por el
aislamiento. Fué Madrid, sus ingenios, su gusto, su público, quien
redujo a líneas de arte ese mundo agonizante y su proyección profunda en el pasado. Quizá solo en aquel tiempo baya sido Madrid verdadera capital de España, y por ello una gran literatura nacional es,
de paso, por más "de un rasgo, madrileña. A través de esas obras
literaiias se vé muy bien al pueblo a que iban dirigidas, sobre todo
a través del teatro. Los mejores espíritus de la época arengaban
desde las tablas, y al avivar en el auditorio la memoria poetizada de
sentimientos y hechos colegidos en las gestas y en el ámbito nacionales, producíase la conmoción instantánea y contagiosa que solo la
palabra hablada suscita; el público no imponía su gusto en la mera
estructura formal, imponía su alma toda, quería contemplarse en
aquel espejo, y así, cada victoria del genio era el destello de una
conciencia despierta aún, que se acendraba, y que ansiaba perdurar
cuando ya apenas le restaba cuerpo donde albergarse. Por este hecho se mide el verdadero valor del advenimiento de la capital política a la primacía literaria; y como entonces no había un ágora, el
pueblo madrileño, apasionado por su teatro, entretuvo el hogar único
donde las esperanzas, los ensueños y los desvaríos del espíritu de la
gran familia ibérica hablaban en libertad. Prodújose el fenómeno
propio de las grandes épocas de unidad espiritual, que a veces sobrevive y a veces se adelanta a la dislocación o al agrupamiento territorial: hubo una materia poética común a todos los rangos de la
sensibilidad, y que, elaborada por los mejores con insuperable dignidad de estilo, era popular.
Madrid dimitió esa función presidencial en beneficiQ de nadie, o
.más bien se quedó sin asamblea en que presidir. Yo tengo escasa
174

LA PLUMA

afición a lo pintoresco, y al repasar la ten
.
dos siglos de estupor, muy cum lido
ue vida de Madrid en sus
leñas más preciadas lejos d
p
s, algunas de las flores madrila vida de España ,M d ºde envanec~rme, me humillan. Índice de
, a n se encogió s
hi 6
su propia salaa, y tuvo un or ullo de ' e ac c , recociéndose en
de hacer de la necesidad v!tud
pobre, ese orgullo que pretencomo para afrectar a quien n
y s~ revuelca en ella, y la exhibe
drid oficinesco y jacarandoso o ~e aviene ~ com~artirla. Fué el Masus fines, que decía· «De
~i~d cont~adictor interno, sin idea de
verlo.• El día en que .Mad ºd a n al cielo, y allí un agujerito para
n , encerrado en sus
t t .
.
que empezaban a disputarle la rim .
.
cua ro apias, vió
a un localismo rival n
d p acta, se d1ó tal vez cuenta de que
cendencia y que lo pl:bpue e op~n~rsele otro localismo sin trans.
'
eyo madnleno no debe
d
riosidad de barrio ja á
.
pasar e ser una cuE
, m s un valor de ctrculación nacional.
n las promesas actuales de re
. .
.
pruebas de nuestra buena vol t ~ac~m1e~to m~nle~o abundan las
acaso hagamos otra capital y ~~aª Es ~dn~ rev_1~e sm memoria, y
los valores esquilmado Co
pana sm visible soldadura con
s.
mo es hoy un islot
d
mundo en que apenas
f .
e a yacente a un
tor, quisiera empezar apart1c1pa, Madrid, para advenir a centro direc'"
en erarse y a no quedar •
. .
siempre mal. Pero le
ialta el archivo de la e
tumbos entre la ingen~~e~enci~, y anda sin tino ni contraste, dandG
llega, y le ocurre lo
a y e recelo. Tan pronto se pasa como no
do el hombre más p!uvee a_ldpaleto desconfiadillo y crédulo, que sienm o contra los timo
que se deje timar. Nótese el re
s'. apenas pasa día sin
oye el «argumento de cult
speto y veneración con que Madrid
·
ura•, aunque consista
¡
simple expresión verbal S 1 1
por o común en
. o o e argumento patriótico le aventaJ·a y
cuando luchan qu
t · t·ismo vence. Esa es la delan'
tera que les 11 , e no es raro' el pano
evamos a los pueblos se . bá b
cultura tiene tanta fu
.
m1- r aros, donde la idea de
erza que sirve para arrancarles en su nombre la

M

1 75

�LA PLUMA
independencia. La cultura en Madrid se emplea para todo: para rogar
que no se escupa, o lanzar una empresa industrial, o cohonestar la
pedantería, o defender un arte pedestre, o proscribir la jovialidad del
humor. Es broquel imperforable que sirve, cuando menos, para detener el primer golpe. Luego cada cual, puesta la ropa en salvo, nada
como puede. ¡Y qué de negocios hemos visto, que en otras partes se
contentarían con la etiqueta de su utilidad, autorizarse en Madrid
ante los pazguatos con las ínfulas de la cultura! Eso comprueba el
vigor del resorte, y le da a Madrid cierto viso de pueblo colonial.
Pero el simple respeto exterior y afectado es, si se compara tiempos
c◊n tiempos, una adquisición formidable, y lo mejor sería cultivarlo
hasta que cale y deje de ser el cobertor de un desdén profundo que
ya no se atreve a ser cínico. En rigor, la mente de Madrid no eo; aún
bastante.,,afilada para escindir y disecar las especies intelectuales, ni
las especies intelectuales mismas ~on aquí tan robustas y varias que
puedan ni necesiten combatir entre sí para que las mejores sobrevivan. Esto es lo que explica y disculpa la buena voluntad con que
Madrid se amolda a las con... 1usiones provisionales de los aprendices. En Madrid, el triunfo es de los que empiezan. Es que no hay
críti:::a, me dicen. Cierto; o más bien la crítica es proporcionada al
vigor de las obras que se producen. Un caletre bien formado y
amueblado, puesto a tasar Jo que hay aquí con un criterio valedero para más de seis meses, no tardaría en granjear fama de
caníbal. O por lo menos, tendría que degollar a muchos inocentes, cuando lo mejor es quizá dejar que sigan viviendo a
crédito hasta que sus esperanzas y las nuestras acaben por fructificar o se marchiten solas. Todo hombre que se parapeta detrás
de unas gafas y se recalza el sobaco con un cartapacio henchido de
papelotes, y calla, abrumado por la gravedad de sus descubrimientos
de principiante, me parece respetable, y estoy pronto a seguirle una

LA PLUMA
vez y otra hasta los bordes de los Mediter .
.
hace, por lo común Madrid
raneos que mvente. Así
.
'
' que no se acuerda de
d
sm cesar a la experiencia fatigosa de un
. ~ª- a, y retorna
aprend1zaJe mtt"rminable.
Madrid descubre cada lustro . 1
, mc uso cada año el
la santidad, el poderío, y se aco e
. • amor, 1a am bición,
nal obligatorio que el corazón _g gustoso sm otra espera al doctrivida le duele como un chasco Jovedn PS~omulga. Cada lección de la
.
pesa o. 1 sus guías no t d
n guar que no hay cerros en Úbeda· ue
ar an en aveque las nieblas llegan puntuales a'I q
las lechuza~ son blancas;
todo, este no es un país tan mal obe;mpezar Bru~ar~o (después de
marismo, se llama a enga ·o L g
nado), Madnd, mcapaz de hun • es vuelve la espald
abandonados gastan la ma t .
a, Y 1os maestros
.
es na en probar que s
ó ·¡
Jan en pureza a los a etitos de
us m v 1 es aventaMadrid no aprende lu ex . lo~ prede~esores que fracasaron. Pero
.
penenc1a es discontinua L
en el punto de partida. y habiendo oído
. o repone todo
voz trémt1Ja
,
preguntar tantas veces con
por q~é están las dos osas
de banarse en el mar siempre medrosas

no se le ha ocurrido, para poner a
_'
mandar a la escuela a los
prue'Ja la calidad del lirismo.
ignorancia de la astr )no ~re~ntantes, no sea que se trate de simple
sado que está por nacer~ 1a. ero ese sería el Madrid docto y avi-

BL PASBANTB BN CORTB

e

p

ti)

176
1 .1

1 77

�LA PLUMA

cSn el rincón mostraban sus perfiles austeros
'Gestigos del heroico simbolismo de ayer,
'Y entre una paralela de epígramas fumaban
C:uatro femmes savantes ajenas a EMoliére.

AL POETA ARGENTINO EVAR MENDEZ
..,.
te he evocado esta noche en París
-.:,var, •
· ya,
GJ
l f'1' ,t que te ad"zvzna

eon le pnnce
;,; ar,z c:r◄
l
t
b
confrére te saludan os va es

cSn la niebla fluyente de los vasos pletóricos
9Je ca/é, de cerveza, de ilusión o de geen
;i)ibujó la voluta los enérgicos rasgos
9Je una cara silueta: ¿9?.ictus era o ;Joaquín?

0

'Y
como a ueln.
la «Closerie de .lilas»
G.ue gestan g orza en

- sentimentales, de
.
cu bl, de tus vemte
anos
cfl,a
J
t u es,'
•'uerzo y tu gran
p le ios de 0nsueño, ue
&lt;Gas a ac
h or el arte que amabas
cSinceridad de luc a P_ d 9l uel Pauvre Lelian...
9l traves de la magza e q
• ·tas a la .luna
'° t , tus complicadas vzsz
,
\.;On e . , l reino de l a misan
· t ropza
'JI tu excurszon a
. dote una
, te salvaron las musas dan
,
'Y como
.
d . Primavera, Poesza ...
fllor en Ma1, que es eczr
· tas precoces
9lllí estaban algunos d adazs
a11
,
l . l ue les daba c1,wnon.,
Con sus ~ubes
s~ agitaron libérrimas,
.tas han e~asle '°h l O » fR.oberto y 9lbsalón.
flaltabas tu Y e « \.; u '

J;9/,~:

flverio trajo en sus ojos dormilones y lúcidos
.Ca seda incomparable de su bella amistad
'Y oyó en lenguaje eslavo reverencias la obra
;i)e ffngenieros, poeta de una nueva verdad.·
Cf;rajo el vizconde el dardo de su fina ironía
flJerard su fantasía, su pluma 9)'/;sparhés,
'Yo traje en mi recuerdo .Ca Pua y .Ca &lt;:Siringa
'Y fMonsegur y Crespo trajeron su ajedrez.
flrente al poeta jóven que cenó cien estrellas
flJebiendo luego el lírico licor en el caJé:J
'lin estudiante pálido nos recordó en su jerga·flue así inzció sus años el glorioso !l)onnay.~--

-·~

.Ca pléyade entusiasta puso en tensión ¡~;·;,das
!De oro de la lira... cSurgióJEMoreas, CVerlaine...
179

�LA PLUMA
LA PLUMA

!Paul flort melodizaba sus sencillas leyendas
Yo recité a .Cugones, a ff{errera y a 9?..ubén.
~obre la brisa eólica que aligeró la atmós(era
Cargada de quimeras, de humo azul, de pasión,
~intióse imponderable en sus alas inmensas
.Ca música del viento que desala ~anón.
Pues viejos cancioneros, bardos ilustres, críticos,.
flilóso/os que inquieren nuestra razón de ser,
{;uardan fresco el espíritu y el corazón alegre
Con la luz que proyecta sobre ellos la mujer.
:Dos hastiados misóginos en agudas saetas,
Concretaron la oculta potencia de su spleen,
Un futurista ameno negó a 93ergson, y un sabio
:Dijo que el infinito tendrá algún día fin.
fl&lt;.arys, hindú sereno, sostuvo ideas graves
t2ue ~are 'Galo!f, el vate ruso, oyó y aplaudió
Y ante madame Orlo/f que vivia cien éxtasis
fliloso/aba el verbo sutil de ~ercereau.

91,lguien lloró al poeta con t
tlue al punto su sollo
h. an honda emoción
P
a1
zo se zzo gr
ura -viher el ~uerte
l
ave,Y total:
a,
/4
esca tor que
l .
.¿ouscó y hall ' l
en e marmol
o as manos de la Marcha Nupcial.
Cuando cesa la orquesta d, l
'G'rás de la dicha al
e as almas los ióvenes
'Yo me d" . .
t' egres y ruidosos se van
zrz10 so o como anf .
,
fMe asiste en el cami l lana a mz casa,
no a uz de 9Udeharán.

'!f.

pues que tu recuerdo me ac
-•
!Poetzca que quiso regalarme !Pi ompano en la noche
'Y puesto que d, [/¡
.
aul flort,
fl.ue sabe del ;;ac: ~a;cza tu sensibilidad
r, e amor, del dolor...
'Y tienes una lira ar
!Para soñar y vives t p la ~antar y un alma
'be envío con la pros: g. .ºrz~ en un rincón,
P
•
szn rztmo de · • l
..La Joven /ortaleza de . . .
mz epzsto a
mz vze1a a/ección.
VICBNTB .MARTINBZ CUIT~O
París, Febrero

Ciencia y literatura, pintura y escultura,
'Godo el bagaie lírico de tu t2uartier .Catín
~e estremeció un instante cuando una voz adusta
!Pronunció en la velada el nombre· de fRubén.
180

1921.

�LA PLUMA
de los predominantes en la crítica de la sociedad española al comenzar el

LIBROS y REVISTAS

siglo.
Quien pretenda orientarse en lo que acerca de España y de sus destinos se
ha pensado y escrito por los españoles contemporáneamente al desastre, as(
como en los años que más de cerca le siguieron, advertirá que toda aquella
producción, en su fase puramente crítica, si tiene hoy un valor documental e
informativo, puesto que nos revela un estado de conciencia ya histórico, no
puede imponérsenos por el vigor de sus conclusiones ni, menos aún, por la
autoridad de sus métodos. Lo primero que hicieron «algunos» buenos españoles en aquel trance fué naturalmente chillar, enfurecerse, o plañir, y rasgarse las vestiduras. Pero fueron solo algunos. Si su escaso námero, y la sordera com6n, los inutilizaron como i.ombres de acci6n, la falta de reposo y la
turbación del alma (causada por \a noble angustia ante el presunto aniquilamiento inminente de Espada) no les preparaban mejor para una crítica s6lida,
que exige tiempo y postula la esperanza. Con un pie en la acción politica inmediata, y otro en la filosofía de la historia y en la crítica, se corre mucho peligro de no hacer en ninguno de los dos campos cosa de provecho. La perdición
del español moderno, que es no saber o no poder partir como se debe las vocaciones y no acertar a realizarse plenamente dentro de los limites escogidos,
no perdonó a los pioneers de la regeneración nacional. Sus escritos son en demasía turbulentos y están contaminados de arbitrismo; muchas de sus conclusiones las contaría maese Nicolás, el barbero, entre los «advertimientos impertinentes que se suelen dar a los príncipes». En rig•r, los inventores y propugnadores del europeísmo dejaron tras de sí una obra que, en conjunto, es lo
menos europea posible.
Refiriéndose a Costa, Araquistain echa de menos un serio estudio crítico
de la obra del cleón de Graus,. Estudio difícil, porque la producción de Costa
es múltiple y desigual; estudio que para ser completo y veraz, debería explicar
la obra por el hombre, puesto que lo descomunal en Costa fué el c:irácter.
Se ha hablado de levantar el mausoleo de Costa en la cima del Moncayo. Bien;
pero del .Moncayo mismo se sabe qué altitud tiene y de qué materiales está
hecho. Yo no quisiera escribir (porque no lo pienso) nada que parezca irrespetuoso para Costa. Vivió como un héroe. Fué el corazón español lacerado. .:Encarnó una España llena de honradez y de buena fe, que aspiraba fervorosamente a salvarse sin salir demasiado de sus antiguos quicios. Su formación
historicista y su temperamento excesivamente conservador prestan un alcance
insospechado a su idea de «reconstitución». Costa pasa por haber arrinconado
ciertos chirimbolos histórioos de que se había hecho un uso desmedido; quizá
sea así; pero otros le eran caros, y le emocionaban, sólo por su prestigio espaliol. Costa, como todos los espaiioles de s..1 tiempo (¿llegan a dos las excepciones?), fué también un sorprendido, un desengañado; en su inmenso coruón, el
fracaso despert6 ecos formidables; pero el atrezzo oratorio del siglo XIX ocupa
todavía harto sitio en su alma: se vé que hay demasiada batalla de Villalar, demasiadas Cortes de Castilla, demasiado Justicia de Aragón... Y acaso también
demasiada confianza en el leal entender y en la cordura de capa parda de los
honrados varones concejiles. En suma: la solidez de su punto de vista histórico
113

�LA PLUMA

,.

y la eficacia del resorte moral que pretendía disparar nos parecen muy discutibles. ,Costa-observa Araquistain-sintió profundamente la emoción de España y de lo español...; pero se le escapó lo genérico humano•. Me inclino a
darle la razón, a pesar de que Co11ta repite mucho: ,Antes libres que solventes, antes hombres que españoles•, porque probablemente solo quería expresar con eso la rebelión contra el Estado oligárquico y caciquil. Menos dudoso
es que el programa de Co3ta, despensa y escuela, no pasa de ser una fórmula
previa, preñada de cuestiones capitales, de los verdaderos problemas. Araquistain se pregunta: «¿Qué escuela quería Costa? ¿Y cómo yeía la distribución
de la riqueza?» Con la respuesta a tales preguntas se mide todo lo que hoy nos
separa de aquel hombre. En general, la violencia y la minuciosidad de la visión inmediata que Costa obtiene de las cosas, le achican el horizonte; ta1 es
la plasticidad de su imaginación, que todo se representa en ella con relieve doloroso; de ahí su estertor, sus urgentes clamores, y la asignación de plazos brevísimos para el hundimiento total de España; la futil superficialidad de ciertos
e remedios• quizá viene también de la ansiedad que no admite espera: resulta
que España ha de salvarse por obra del Estado (unas Cortes, unos jueces), el
c1;1al necesitará salvarse primero a sí propio mediante un esfuerzo cuyos mó•
viles y trámites no se veo muy claros. En lo alto, como garantía intangible,
está el «cirujano de hierro•; su función consiste, en último término, en ~uplir
la conciencia colectiva de sus compatriotas.
El criterio con que Araqui11tain. se aplica a j11zgar las cosas de España (criterio que no es solo personal, sino expresivo de lo que significa actualmente
el europefsmo) difiere del de Costa por más de una razón. Su preocupación
dominante es el hombre: el fin de toda acción pública, de toda política, C6 elevar ilimitadamente la dignidad de cada individuo. En el caso de España, son
aceptables los caminos que conduzcan a establecer la equivalencia entre lo
español y lo humano: que lo específico nacional no sea una minoración de valores universales o un estorbo para percibirlos. En el orden:político, ese liberalismo se realiza mejor que nada por la democracia. Araquistain, que en política es socialista militante, ve en el socialismo cun retorno a lo elemental por
entre la maraña de las desviaciones históricas•. cEl socialismo -aiiade-, como
todo grao movimiento espiritual, parte de la idea de humar.idad para coocluír
en el individuo concreto y físico, pasando por la nación étnica y geográfica•.
Ese modo de anteponer la categoría de humanidad a la categoría nacional, y
esa consideración superior del movimiento ascensional del proletariado (prescindiendo aquí de lo que sea meramente esp{ritu de partido o de clase), movimiento que Costa no ponderó como era debido, son, cuando se refieren a los
problemas de España, dos rectificaciones importantes al costismo. Pero hay
otra quizá más profunda; consiste en fiar menos en una revolución constitucional y política que en la transformación moral del individuo, en nuestro caso,
del español. Cuando se tiene del carácter nacional la idea que Araquistain expoae en los &lt;iltimos capítulos de su libro, no se puede poner mucha espcrania
en el milagro de una convulsión social, aunque de ella salga abolida la propiedad.
,Atonía del sentido moral para todo lo que cae fuera de la órbita doméstica•:
tal es la dolencia española. Y eso ¿cómo se cura? No será por la coerción extc184

LA PLUMA
rior. Araquistain
. se da así la mano con quie
~gra_ron h. ero1camente la vida (con h
, nes_. p_ensando en otra España conc1ón
mtenor del. hombre nuevo• y o no
ero1smo
d1st10to
ro'
A a · t ·
estoy Je·
d del de Costa) a la ,,
rma_r qu1s am; y s1 uno se pone a catalo
J OS
e com:;&gt;artir la opinión de
v;erte que todos los propósitos desiote gar Jªs observaciones personales, ada canee de nuestros ojos han e
. resa os que se han ido tronchand
comEo por ser frívolos, o' pueri)e;e~,~~ nf tanto por ser estúpidos los gesto~cª!
. sa preocupación moral do0::ina cr ener e~ ~1 corazón una cloaca.
viene que este su libro despierte en el etl cspmtu d_c Araquistain y de ella
ce or resonancias graves.
M. A.

f

•••
Zonobia Camprabi de Jlménez J
Esjada, traducciones.-I. JinetesyLA~anl Ramón Jlménez: El Yirasol ., la
'
,._za e ma,· de Job.o B S
J
Nunca como ahora se han vi~to los e
'
. yngc.
ta;;t colmados_de traducciones. A juzgar sC:pF~es de las librerías españolas
e_ /r~s, pud1e~a creerse en una cxplos[ó r da c~an_da que de ellas hacen los
f~~a°E el afán 10tcrnacionalista caractcrí~ti~: c~n~s1dad en el_ púb!ico, contauropa. Mas son tales el desconcie
e ª producción literaria de
~e obras extr_anjcras y la falta de criteri~to en que se multiplican las ediciones
e a su elección, que luego se echa d
he, salvo raras excepciones presi
ra!1cia no se debe sino a la escasa r~ ver . asta qu~ punto semejantt- 'exube:
~1c~ que para el editor supone la idqi~~~~~n
y.ª la ventaja econó1 1 n desplanola
an¡eros.
e a propiedad de títulos ex
r De ahí q uc 1a ¡abor en c..c se r d
cothlabToración con su esposa ~~s ob.:~af.udan
IRamó'?' Jiménez, cuya de0
rana
agorc sigoifi
'
a versión modelo d R
~~~ctor quizás no'advier~u;,;J~~~/:¡~~rf;pccció; en_ cada caso, algo má~
er que de e llo depende en much
' ero_ ª~ importante a nuestro el!falta suele mostrarse la producción / parte la d1gn1dad litcrari;. de que tan
~f~ ~~: m~lgtastado muchas palabras ~~~~·c1!:!p~!~ idcl tordpchabuso pcriodístid
micn o a la atención del lector
ecua o a menester ahora
,:d. Córrese el riesgo si no, de que vo~=~r qu~ las ~es~ituya su prístina clari. reza, moral, cuando referidos al ar
. os 1nsushtu1blcs, como conciencia
b1~~ la moral arlistica de Juan Ram¿~ rcrgan toda eficacia expresiva. Ahor~
na ' ad en las letras españolas sus r
im ~ez_ d~fine de tal modc; su perso_dan tan singular relieve ¡ su ac~~~~~clnnc1p1os deri_vados de la Dclleza
vure~~os que mejor expliquen la serena ar!~~~ca de vc10te año~, qnc no hay
•
en que su obra se deseoni •No serán• pues, nunca sus traducciooc
mucho menos apartamiento del ca . s mer? ~escanso de la labor original
prolongación de aquella, y hasta~'~¡° pro¡1c!o a su inspiración, sino natu:
mana, como si quisiera ayuda 1
~ra ec1rsc que su explicación más
cruzada por el triunfo del esp(ri;ucsib:~P;f hcsfudcrlzo ~on el ajeno en la común
u e a berra.

~f:1ª
1

{;'ºª

;:1

q:~

�..
LA PLUMA

LA PLUMA
Inauguran con Jineles hacia el mar Zcnobia Ca~prubí y Juan Ra~ón Jimé•
nez una nueva serie de traducciones, cuyo solo utulo general El 'J,,-ast1l y la
Espada dice más oon s11gestiva concisión que cien páginas de advertencias y
progra:nas. El nombre de Synge, la boga de cuyos dramas ha trascendido a
Europa no ha mucho, es desconocido en España. Un grupo de a1!cionados y
actores incipientes :preparan para .muy en breve la reprcsentac1ó_n de este
cuadro trágico en que alienta el espíritu heroico_ de esa Irlanda, q~izás menos
enigmática para un público español que para el rn_glés. Teatro poético en toda
su excelsitud, no se diluyen los caracteres dramáucos en vaguedad de ensueño
sin evocación posible en la escena¡ antes bi_en, hieren dire~tament~ _nuestro
sentimiento con la representación escueta, simple, de la realidad estilizada en
los menudos pormenores cotidianos que llenan la secular gravedad del
tiempo.
.
.
Escrito Riders to tite sea en una a manera de deformación poética de un
dialecto gaélico, han procurado sobre todo los traductores_ la fidel!d~d literal,
sin adaptarla a ninguni, modalidad popular española que c1rcunscn~1era a ?e•
terminada región, en el ánimo del lector o del _espectad&lt;?r, el ª~J?ho sentido
humano de esta tragedia, en que la muerte gobierna la vida trad1c1onal de sus
personajes, no ya con la vaga fatalidad, un tanto literaria, de los dramas de
Maeterlinck, sino con esa su terrible pr&lt;'sencia de todos los días.
C.R. C.

***
Eduardo MarqaJna: E.I beso en la herida.-Novela.-Estrella, Madrid

}:i

•••
Aa«a.to Strlndbcrg: Da,ua Macabra
Publicaciones «España•, Madrid

19~0.

Escriia acaso con el pie forzado impuesto por el editor a la serie de •Novelas para mujeres• en que ésta se incluye, revélascnos una vez má~ patente el
esfuerzo de trabajador incansable con que Eduardo Marquina, líneo, drama•
turgo, novelista, multiplica su activida? literaria.
.
.
Adviértese en todas sus obras un smcero afán de comu01cac1ón con el púb!ico, empeño en que suelen fracasar la mayor parte de los e~crito~es, por
desestimiento voluntario y altivo unas veces de la menor trans1genc1a, de la
menor abdicación personal en aras de la mutua comprensión¡ por el deseo
exagerado las más de obtener el aplauso _aun ~ cost~ ?el propio sentir. Mar•
quina se propone honradamente la conv1venc1a esp1ntual con el lector, con el
espectador, concediéndoles sí, desde luego, el derecho a la amenidad de la novela o el drama que ofrece a su consideración, pero sin renegar del lirismo,
de la presencia del poeta que dignifica cuanto toca.
El beso en la herida es, pues, una novela eminentemente romántica, pese al
ambiente natural en que sus amorosas peripecias se desarrollan. Romántica,
en cuanto al autor, sin rebozo, exalta a conciencia la abnegación de una mujer
wwrena y slfJillana, destacandú la pasión en que se consume la protagonista
sobre el sencillo cuadro de la vida diaria. Romántica .además en cuanto al procedimiento del novelista, que parece haber querido imponer al lector un ritmo
acelerado a medida que la narración avanza, disimulando el drama que ha de
estallar luego, bajo los claros tonos, la limpidez del aire, el grato olor a Sevilla
186

J

de la primera parte cuya com
• •
cia de Valera, para preci itars~O 1C16 n nos recuerda a veces la alambicada gras11cesión de acontecimie!tos rá i~spufs conforme la a~ci6n transcurre en una·
mente acumulados, como en
amente expu_eSt os e mcluso melodramática1
Alarcón o de Fernán Caballero. l\~e~~~Jraasm~rtéticas de D._ Pedro Antonio de
parezcan falsos inventados si . .
. icamente, decimos, no porque nos
n_eos, e~to es, p¿r reducidos.' pa~ ~~s:~~ca~~ó¡° huma_na, sino por extemporáCJO de tiempo breve en realidad
gu ª emoción del lector, a un espalando en la lenta progresión de 1~:ra t~n gran des~arga como se ha ido acumu-·
el romanticismo de Et beso en la he,-~;rtulos anteriores. En resumidas cuentas,
sobrado de la que tan fielmente a areceno se nos m~estra_ falto de vida, i;ino,
rcl11s, bt'llos frescos, firmes 6leot ta en sus pá;1?as pmtada-lindas acuac~mo el de la gitanilla plañidera s~brel eta! belhs1mo apunte al agud fuerte,
misma, contada por la gente ue l .
e cadáve~ de_ Almudena-. La vida
el p_oetA dramático, cuya nob~ in:e~~:ó~T~l ei91a historia, espiritualizada por
capitulo, sacados del Shakespeare de Ot ¡, ~e ªJ;n los versos que glosa cada
La 1 empestad y, sobre todo de e,
e ~: e 0 ~ 0 Y ~u_lieta, de Ha,,,/et, de
'
omo gus1t:1s, espeJO de hnsmo dramático.
C. R. C.

192

;.-

T rad

.

uccióo de Manuel Pedroso. _

Coincidiendo con &lt;'1 anuncio de la í
~ el Teatro de la Princesa ha inau ur;acasada cor_npañía dramática alemana
rial, dando la primera versión caste,1 d~ sus pubhcac1ones esta nueva editoq~e demuestra la persistencia en sus ªºIt
e un/fª~ª de Strindberg. Elección
huo del semanario España el mirad e I ores e mismo propósito loable que
una curiosidad mal avenida con el aº: eu~opeo ~e cuantos españoles sienten
Es lástima que el buen aficion d
o ambiente nacional.
probar con la representación esc~nfc! ~ea;ro no haya tenido ocasión de coma buen seguro para el lector que b
e e ecto de la lectura, desconcertante
agrado de la facilidad.
usque ante todo en una obra iiteraria, el
No es, sin embargo, Danza .A:facabra un d
rama.oscuro. Por el contrario, los
1:3racteres muéstranse tao descarnados
t!camente, que nos sobreco en el án. por 1a p~s16n 9ue los gobierna dramáSino con la fatalidad implac:ble de 1~:o n~ c?n irrealidad de fantasmas vagos,
en toda su desnuda crueldad.
sentimientos humanos puestos en juego
El espectáculo de la vida exa b d
.
en.el que el Mal triunfa ioclus~ ~r 1 ~ en un confh_cto ~e terrible sencillez,
ahí toda la tragedia. Horrible e
upre~a purificac1ón de la muerte. He
espíritu como toda concep&lt;.iónpe:~oª? ldepres1va~ao!es bien, fortalecedora del
La composición del drama a ri~a _me?te pe mista. .
severa línea de los sentimientos pu
".1~ta desproporcionada, se ajusta a la
el desequilibrio aparente, efecto de~ ~6:_1g10ao ~on un rigor tal que justifica
a .,1ca estricta con que se desarrolJa la.

ºyª

!

tª

187

�LA PLUMA
acción lenta, saturada de reservas diná:nicas, que hacen inevitable la explosión
'final de cada acto y armónica la relación total de las escenas, desmedidas a
fuerza de agotar el dramaturgo toda la capacidad de pasión-de mala pasiónde sus personajes.
Creciente la boga de Strincfüerg en el Norte de Europa de la guerra a la
fecha, llenos los teatros de Alemania del gran público que acude a las representaciones de sus obras, cuya actualidad ha llegado este año incluso a París
-donde el teatro extranjero suele obtener pocos sufragios, quizás por la perfecta adecuación del propio al ambiente francés-, la publicación de Dansa
Macabra revela el prurito digno de encomio de continuar la obra de España,
al tanto siempre de las modalidades exóticas susceptibles de ejercer una influencia renovadora en nuestro público y en nuestros escritores.
c. R. c.

**•
Ja.an de la Bocina: Los Maestros del Arfe Moderno. l. De Incres a TouJou,eLautnc.-Madrid, Calleja.
Reunidos en volumen, que tendrá adccuaaa continuación en otro próximo,
cobran estos artículos periodísticos toda la significación que su autor se propuso al escribirlos. Leídos en serie se nos muestra mejor la intención del cr(tico, supeditada en cada caso a un concepto estético, en modo alguno abstracto
ni puramente especulativo, antes bien fundado en la interpretación lógica de
las obras que considera. Además, esta consideración y aquel concepto, enderezados no ya a construir ninguna teoría sistemática, sino simplemente a exponer ante el profano las causas y efectos inmediatos del arte contemporáneo,
pretenden ante todo dar a los hechos su plenitud, revelándolos no en su anatomía, minuciosamente desligados, vacíos de su propio aliento, mas coa la apariencia, el color, la animación de la vida misma.
Constituyen este primer volumen hasta veintidós semblanzas de los pintores y escultores cuya obra determina las corrientes artísticas más importantes
del pasado siglo: Oc lngrcs a Toulouse-Lautrec, los uombres de Corot, Dclacroix, Courbet, Puvis de Chav~nncs, Mcunicr, Manet, Rops. Degas, \Vhistlcr,
.Fantin-Latour, Rodin, Odilon Rcdon, Monct, Pisarro, Sisley, Renoir, Cézanne
Gauguin, Carriérc y Van Gogh son, cuándo jalones de etapas netamente definidas en la historia del arte, cuándo simples puntos de referencia en que apoy.a.r
la visión crítica del arte contemporáneo. No se propone Juan de la Encina
ningún empeño erudito, sí solo divulgar, interpretando a los ojos del público
su significación, las teorías en que los artistas encauzan el prurito de expansión espiritual. ¿Qué carácter, qué íntimo sentido tienen el academicismo de
lngres o la romántica exaltación de Dclacroix? ¿Cómo se explica la gran conq11ista de la luz por lo? pintores impresionistas y el audaz retorno al concepto
grávido de la representación plástica, que implican las tendencias ahora predominantes? ¿Hasta qué punto se funden y triunfan en superior armonía de
contrarios las dircccionc::s más opuestas en principio? ¿De qué suerte se influ:-yen mutuamente medios técnicos inventados con muy diferente propósito del
188

LA PLUMA
fin estético a que luego sirve ? ·Q
~as :e~c•b·ones ~~rendidas deci~e~ l~ép~~nud~J indcidencias, qué azares ajenos a
~n e a or cntica no es menester
ucc1 n e la obra maestrar ¿Qué consuda per la torpe repetición acadé:rra con~ervar una tradición pura, ervergentes a las nuevas auroras&gt; ·Qué ca,_abnendo todos los días los ojof de 1
de los artistas en lucha con ·el
d~nsenanzas se desprenden de la vida he o·ªs
l~s de l~s -~anifestaciones liter1:r~a~ºo ambi~n~c? ¿Qué transfusiones espir:t~~~
!~~~~t~:::tª11 en ocasiones pcrnicios:1:;~~~s~~:ce!u :ipoác~
predstan.
singular
mmo
e pmtores
y
Tales son algunas de las consider .
tura de los amenos artículos de J
ac1ones que al aficionado sugiere la 1
nas afean tal cual descuido en el
de la Encina, cuya limpidez literaria a e~=
voca-dt tan li~eral-al traducir los
alg~na que otra interpretación eciuíque errores fácilmente subsanables en do_s.
e alguno~ cuadros, erratas más
e 1c1ones sucesivas.
C. R. C.

~!~u

tgJ

c. R. c.

�LA PLUMA

LA PL UfMA
,

. o al texto impreso de una (a-

ción a Dario.-No a Dano, srn E el último número de
Una c&lt;;&gt;rrec . La haila,'ina de los ji~s &lt;fesnudos. Cdo provisional-nuestro

mosa poesia ~uya.
a la palabra último un sen I
vidcntemenEspaña-y quE1s1é_ramobt::.canedo señalaba el erro~ cor: ~~::ora de aquella
colaborador nnquc . . 6 en El canto errante la prunc
te a su juicio, se ,mpnm1
composición:
Iba en un ¡aso rttmico y felino
A auances dulces, áriles o ~u'!4s,
C•n airo de animal y de d1vmo
La bailarina de los jies desnudos.

. fi . y al hacer la indica1 t xto repite e1mo. •
d
1·m•
En vez dcbl a~jc~i;~:~:r~:fa~
coerrección que su_g~~~mo; :º:¡
de
0
ción, apunta a,e c
or la economí l de la compos1c1 ' al 0 uien por habérpucsta, más aun qu~ fa hemos visto así. Qu~siéramos 9-~e arime~tc o en ma•
·toda ella. Pero nunc
haberla visto unpresa ongm.
sela oído decir _al poetafio p~: o invalidara nuestra hipótesis¡- El primero es
nuscrito aut~ntic?, c~n :alidad han venido luego a confirmar ª~ticular a DíezDos testimo01osllo~quín D. Juan Alcover, que, en c~rt~oi de Miramar, la
,del noble p~eta ma
n el oeta una tarde en un _mira ue fué por cierto
Canedo le dice: «Pasé coen M~llorca· entrevista inolv1dab_le
d de un ocaso
segu~da v; que écs~~vfargo silcncio'impucsto porJa ~bhfo~ ~os recordamos
la últ1i:nª· cspu ~zo palidecer intcosam~ntc a
~~ilarina de los pies des•
rmarav11loso,. que .
Darío recitó preosamcnte a d ·t dice:
versos propios y a1cn1~·
verso de la estrofa que uste c1 a
.nudos, y, en efecto, e ercer
..
Con algo de animal y de dmno.•
.
.
a la memoria unos
l
rta de Alcovcr, se oos v,1cnenal
lur. son los
Al citar este trozf de
vierte o las anteriores l~ncas . g~or~os hoy en el
versos suy~s, sobre Ro~~~ Darío con el título de L liostt, m e
versos dedicados a u
libro Cap al tard:
41 ·¡
Ha arrib,zt un h•me intensament j ' '
gue la dolsa lira ¡unteja ¡er joch; .
~ ·ne-~aporta
un até /,cálit,
a terra mve,
,_
porta un até jove d1l pais del foc .

~::~f:

.°i_;

·J

L

:.i~:

.
mar ue en • Los Lunes de El¡,,..
El segundo testimonio e~ de Gabri~~rº rot~n~amentc e~ que siempre(~~

:?~a1E:~€! 1;::i~ty~;?~}~?}::7i;~:;:2~~:.

0

·{sfe,.a~~~:;i~:~~it
~te ~r:,masl
¡ d'go como es oa u •
b
d
leo esa bella poes a '1 b fi /'no es efectivamente, a sur a.•
J..a repetición de la pa a ra e '
'

Así, pues, las futuras ediciones de Rubéa Darío habrán de tener en cuenta
esa corrección, que ao es un descuido del poeta, como otros que Alomar y
Dícz-Caocdo han citado, sia.&gt; mero error de copia o de impresión, rutinariamente aceptado luego.

Bl semanario «España•: Esta revista, fundada por García Bilbao hace
seis años, dirigida eo sus comienzos por Ortega y Gasset, y ulteriormente por
Araquistaio, cesa de publicarse. El punto a que ha llegado la carestía de los
medios materiales de confección de un periódico, y la apática reserva de nuestro público, que cuando su devoción es mayor, suele no pasar de uoa actitud
expectante, fiando la defensa de aquello que le place más a la buena voluntad... ajena, han dado con ella en tierra. Volvemos a quedarnos sin periódico
libre. Ciertos tipos y clases de la sociedad española se alegrarán, porque el
semanario Espa,1a, que ha machacado sin tregua en la recia costra de la insensibilidad nacional, veía corroborada su autoridad por el rencor de los beocios
recalcitrantes. Si, eo contra de nuestro deseo, la desaparición del semanario
España es definitiva, y quienes lo han defendido hasta lo último dejan a otros
la dificultosa tarea de reemplazarlo, ni su fundador, ni quienes lo han dirigido
y orientado deberán pensar que su esfuerzo ha sido estéril. España no es un
propósito malogrado. Quien pretf'oda conocer las inquietudes, las esperanzas
que, en una fase crítica de la vida espiritual española, han agitado a lo más
selecto de la generación que ahora llega a la madurez, tendrá que buscarlo en
esas páginas. &amp;paña ha removido muchos falsos valores enquistados en el
aprecio público, ha puesto en circulación otros nuevos; las líneas generales de
,u acción suponen una idea de lu que debiera ser nuestro país, tao distinta de
la realidad presente, que los españoles de mañana, si valen más (esperámoslo)
que los de hoy, mirarán en el pensamiento director de Espa,1a un brote precoz
de su propio espíritu.

***

La invención del cine ¿pned• compararse a la de la imprenta?La excelente revista parisina Le Crapouillot, nacida en las trincheras, acaba
de publicar (16 de febrero) un número cspccialmcotc dedicado al cinematógrafo. «La invención de la imprenta-escribe M. Pcrrot-no fué sino un perfeccionamiento mecánico en el desenvolvimiento de la escritura manuscrita.
La invención del cinc es, por el contrario, uoa revolución; es una transformación completa en la manera de expresarse y de comprender, uoa especie de
esteoo-ideografía, legible por todos». Artículos sobre la estética del cine (Alcxandre Arnoux, Galticr-Boissiére, Delluc, Braga, Colio), al~uoas fotos, y muy
buenos dibujos de Oberlé, Jean Loup, Foy, Naza y otros, componen un número
que los españoles devotos de este nuevo arte leerán con provecho. Y al que
más le aprovechará será al autor de los insufribles e letreros chistosos» con
que empezaron a estropear las cintas en un cine de la calle de Génova, y que
ya ha hecbo escuela.

�LA PLUMA
a ,las
atencl.ón SO"tenida
.
írancesas que /lconsagran
~.
• cosu
·
Entre las revistas
Ad ás de las crónicas
po1ibcas,
inespañolas se cuenta L'Europe_ No~v\tros ~:n buenas recensiones de cuanto
serta periódicamente 1!nª. revista e l
aquí se publica de algun interés.

**•
. .
arís) re resenta, en lo político y social.
El semanario Le P1·ogrés Civu¡ue (P uí Esp'tiia. Se halla, no obst3:nte su gran
un papel análogo al que representaba aq 11 mamiento a la generosidad de sus
difusión, en un apuro grave, y _hac~e~en ~il francos. La suscripción se cu~re
lectores, pidiéndoles un donatlvpo
, Civique cuantos atienden a las senas
b
leer Le rogres
.
pront_amente. .D e eén úblico planteadas hoy en Francia.
cuestiones de mter s p
. . 1R
.
dí . Lusitania Madrid, Ed1tona e11:s,
Libros recibidos: Rogeho Bl~e: i \o.-Mario 'puccini: Viva l'anarckta,
1920.-Canci~nero de amor..:.._~ª~~iam'e/ Vida de los mártires, trad. de Rafael
Bemporad-F1renze, 192 1.
•
Calle·a Madrid, Calleja, 1921.
J •
• •
, -La Connaissance, París.-N?s, Oren~e.es, Pans.
B
Ai.r·es -Re,.u·tono Amencano,
Revistas•• Belles-Lett1
.
v,·d
Nuest1·a
uenos
·
-r
E,,,, Ar uitectura, Madnd.- 1
Vía LibYe San José de C. R.- 5rana
sa! José de C. _R.-Die Aktion, Ber~~-París.-Le' Carnet-Critique, París.-Le
y América, Cádiz.-~eYcur~ de Fra~o~velle París.-La Revue de l' Epoque, PaProgrés Civique,. Pans,-;L EPdo_fe Sevilla ...'.....Atkenaeum, Zaragoza.-L;i Ronda,
rís.-Le Crapouillot, Pans.- gina,
Roma.

ª

,'

GACETILLA
&lt;Si Churruca hubiese derrotado a Nellion en Tra-

PeqtJ.eñas causa■...
d
fectos: ...yo ganaría ah ora tanto dinero como BerProducen ¡ran es e
nard Shaw•.
R. de Maeztu (El Sol, 5 de marzo).

falgar ... •

*

**

E n Madrid, y en ...-arlas expesiciones:
-Aaah....
-¿Eh?

.

.

-¡Hil ¡Hi! ¡H1!
-Oooohl
-¡Uh!

192

Algunos críticos de arte.

A.&amp;O II.

1

MAD RID , A B RIL 1921

NÚM. 11.

~

LOS CVERNOS
DE DON FRIOLERA

ESPERPENTO

SV AVTOR

DON RAMÓN DEL VA LLE-INCLÁN
PRÓL O G O
AS FERIAS DE SANTIAGO EL VERDE, en la raya
de Portugal. El corral de una posada, con entrar y salir de
gentes, tratos, ofertas y picardeo. En el arambol del corredor, dos figuras asomadas: Boinas azules, vasto entrecejo,
gozo contemplativo casí infantil y casi austero, todo acude a decir que
aquellas cabezas son vascongadas. Y así es lo cierto. El viejo rasurado,
expresión mínima y dulce de lego franciscano, es Don Manolito el Pintor: Su compañero, un espectro de •ntiparras y barbas, es el clérigo he193

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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>El paseante en corte</name>
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                    <text>LA PLUMA
apuro del hombre que ha perdido su yo. La gran víctima de la guerra eu A lemania es el individuo. Al volver de la guerra, perdido el hábito del silencio.
del coloquio íntimo y de una vida fundada en h duración individual, no sabían escuchar su alma, no podían reanudar una vida personal. El hombre queha perdido su yo, ¿es el prototipo de la generación presente? ¿O no es eso más.
que una apostasía pasajera, y el alma volverá de su destierro para ser 1Qás
humana que antes? Tal es el problema en que estriba el porvenir de la vida
del espíritu en Alemania.

Libros rccibldos--Juan de la Encina: Los maestros del arte moderno. Madrid, CaUeja.-G. IC Chesterton: Pequeña Historia de inglaterra, versión caste-

AÑ"O II.

llana de A. Reyes. Madrid, Calleja.-Calderón: Teat,·o. 1: Et Alcalde de Zaiamea.
La 'IJida es sueño. Et mágico prodigioso. El prínci¡e constante. Prólogo de J. Gómez Ocerín. Madrid, Calteja.-Lope de Vega: T,atro. 1: Peribáiie,: y el comendo:dorde Ocaña. Ltt est,·eila d, Se'IJilla. El castigo sin venran,:a. La dama boba. Prólo
go de A. Reyes. Madrid, Calleja.-Napoteón explicado ¡or si ,,,ismo. Memorial de
Santa Elena, por el ·Conde de las Cases. Tres volúmenes. Madrid, Calleja.Don Juan Manuel: El Conde Lucanor. Prólogo y notas de Sáochez Cantón. Madrid, Calleja.-Rubén J)ario en Costa Rica. Ediciones Sarmiento, cuadernos 1-¡
y 18; 1920. San José de Costa Rica.
Rev1stas.-España, Madrid. - Hermes, Bilbao, diciembre. - La R1mda,
Roma, agosto-septiembre.-Cuba Contemporánea, La Habana, noviembre y diciembre.-Pe~aso, l\1ontevideo, octubre.-Die Aktion, Berlín, núms. 49-50-51-52.
Esjaña y América, Cádiz, diciembre.-Re.flector, Madrid, dieiembre.-Escena,
Madrid.-Vida Nuettra, Buenos Aires.-Repertotio americano. Noviembre y
diciembre, 1930. San José de Costa Rica.

MADRID, PEDRERO 1921

NÚM. 9.

FEDRA
TRAGEDIA EN TRES ACTOS
ACT,O SEGUNDO

FIIJ)RA y EUSTAQUIA.

GACETILLA
¡Adiós, j11ventudl-Estos días anda retirándose de la escena (por lo menos de la escena peninsular) Rosario Pino. Mucho nos ha gustado siempre esta
actriz, representante-según hemos leído-de la feminidad en las tablas. (Por
lo visto, las demás actrices, o no son femeninas o representan la feminidad,
en otros sitios). Recordamos con fruición algunas muestras de su repertorio
que suenan, sobre poco más o menos, así:
-•~No hallais, querida mía, que la señora de Monsigny rebasa verdaderamente esta noche las conveniencias?
-¡Sí a fe! No sabría deciros en qué medid:1 me intriga su aparente enredo
con el señor de Trevoux.
-¿Quien es, después de todo, el señor de Trevoux con quien tanto se
mnestra?•
Y luego don José Laseroa escribía: «Es un plato de ternera sin ternera.
¡Excusez d" peuf• ¡Inolvidable tiempo!
64

EUSTAQUIA.
FEDRA.

EUSTAQUIA.
FEDRA.

EusTAQUIA.
FEDRA.

5

Per~, hija mía, te veo enflaquecer, ir...
Muriendo, ama, muriendo. Esto no es vivir. No sé qué
hacer para defenderme.
Acude a la oración, hija, reza...
~o me brotan las oraciones libremente. Algunas vez he
mtentado rezar, pero se me resiste, pienso en otra cosa
en él, Y esto me parece sacrilegio ... No es posible no '
me faltan ganas de rezar...
' ···
Aunque sea sin ganas... Además, eso te distraerá...
~o, eso me enciende más ... Mira, ama, en estos últimos
tiempos, antes del día aquel, temiendo estallar al cabo
65

�LA PLUMA

EUSTAQUIA.
FEDRA.

EUSTAQUIA.
FEDRA.

EusTAQUIA.
FEDRA.

EusTAQUIA .
FEDRA.

EusTAQUIA.
FEDRA.

· si con él me encontrase a solas, cada vez que a punto de
ello estaba santiguábame antes para que la santa señal
de la cruz me defendiese y apretaba contra mi pecho
esta santa medalla, la de mi madre, que me diste. Pero
un día, buscando ese estallido, deseando salir de una
vez de aquel infierno, dejé de santiguarme para tener
valor de declararme, pero aquel día estuve más encogida, más azarada; a cada momento sentía ganas de ir a
un rincón para santiguarme allí a hurtadillas ...
·
Por qué no lo hiciste ante él?
Habría sido tanto como declararme. Ko, no podía, y
echaba de menos la santa señal... ardíame la frente como
pidiéndomela ... me faltaba la cruz ...
Y era esa cruz que no tomaste sobre la frente la que te
protegía!
Más ahora? ahora nada sirve una vez roto el nudo de la
lengua ... Rezar... rezar... con estas cosas no sé ya si creo
o no ... Pero rezo, rezo a la Virgen Santísima de los Dolores ...
Reza a su hijo ...
A quién? al hijo? no! nol Desde que abrí mi pecho a él,
a Hipólito, quémanme sus miradas. Y él me las hurta y
me esquiva y ya no me besa. No le creí tan astuto como
para encubrir a su padre que no me besa ya como antes
me besaba.
Lo que yo me temo es que al cabo su padre se percate
de ello ...
Acaso sea lo mejor ...
Qué dices?
Que así no se puede vivir, ama. O se me rinde o se va
de casa; le echo de ella. Verás en cuanto le amenace.
Ahí val (a Hipólito, que pasa por elfondo.) Hipólitol (yendo hacia él.) Hipólito!

LA PLUMA

HIPÓLITO.
FEDRA.

HIPÓLITO.
FEDRA.

HIPÓLITO.
FEDRA.

EUSTAQUIA .
FEDRA.

EUSTAQUIA .
FEDRA.

HIPóLITO.
FEDRA.

. HIPóLJTO.

EUSTAQUIA.
FEDRA.

EUSTAQUIA.
FEDRA.

HlPóLJTO.

Fmu
HIPóLJTO.
FEDRA.

HIPóLITO.

66

(entrando.) Qué me quieres? acaba!
Tengo que hablar contigo a solas.
Pues habla y acaba.
No, pero a solas contigo.
A solas ya te he dicho que nol
(cogiéndole.) Sí, vete, ama vete!
Pero, hija...
'
Vete, si no doy voces, llamo a Pedro y se lo digo todo
todo...
'
Serias capaz?
Ahora soy capaz de todo. O hablamos a solas una vez
o me confieso a tu padre, Hipólito.
Pero para acabar?
Para acabar, sí! Vete, ama.
Váyase!
Me quedaré aquí fuera ...
Cómo? qué? en mi casa? es que se me trata como a
una...
Fedra?
Vete, ama, vete o será peor!
Váyase, ama, s_í, v~yase. Me basto y me sobro yo solo.
y men~s _mal si as1 se acaba de nna vez esto, porque no
es ya VlVlr. (Vase Eustaquia.)

FEDRA.

1:

HIPOuTo.

Bien, acaba!
Hipólito!
Qué, volvemos a empezar?
Sí, vuelvo! Mira que no como , que no d uermo, que no
67

�LA PLUMA
LA PLUMA

vivo, que tus ojos me queman, que muero de la sed de
tus besos, que esto es el suplicio de Tántalo... Por qué
no me besas como antes, Hipólito?
Y me lo preguntas, madre?
HIPÓLITO.
Así no puedo vivir...
FEDRA.
Ni yo tampoco! .
HIPÓLITO,
Lo ves? Y tenemos que vivir, vivir ante todo! Para algo
FEDRA.
somos jóvenes...
Y él viejo, no es así?
HIPóLITO.
No
le nombres, Hipólito!
FEDRA,
Sí, le nombraré, pues que su nombre es todavía para tí,
HIPÓLITO,
pobre madre, un conjuro. Pedro, tu marido, mi padre ...
Calla, calla! No puedo vivir, no vivo así, viéndote a diario, sintiéndote cerca de mí, bajo el mismo techo, de día
y de noche, respirando el aire mismo que respiras, tu
aliento. Desde que...
Pero cómo empezó esto, madre?
HIPÓLITO.
No empezó! Te quise siempre, desde antes de conocerFEDRA.
te, y luego que una vez casada te ví por vez primera, estalló ...
Los amores sanos no nacen sino como en el campo el
HIPóLJTO.
amanecer, poco a poco ...
No, poco a poco ya no! de una vez!
FEDRA.
Pues mira, me iré, pretextaré algo para un largo viaje y
HIPÓLITO.
en tanto te curarás.
No, no te irás, no quiero que te vayas, y no me cw·aré,
FEDRA.
no quiero curarme! Pero ... resistamos, sí, resistamos ...
tienes razón! Mas tus besos, Hipólito, tus besos! siquiera los de antes...
Aquellos no pueden volver; les arrancaste su inocencia!
HIPÓLITO.
Con que no, eh? con que no? Pues bien, oye y fíjate, mis
Fi:DRAúltimas palabras, las definitivas; óyelas y piensa bien en
ello. Tu padre ha debido de notar ya que no me besas;
tu padre ve mi demacración y mi desasosiego; tu padre
aunque se calla ha de sospechar ya algo, lo sospecha, y
se lo he de decir yo ... yo ... yo!
Qué vas a decirle?
HIPÓLITO.
61

FEDRA.

HIPóLlTO.
FEDRA.

HIPóLITO.

Que eres tú quien me solicita!
Fedra! Fedral
(arr_ogante.) S~, le diré que eres tú y esta casa se os convertirá en un mfiemo ya que no quieres sacarme de él
se lo diré!
···
Maldita seas! (vase.)

Faou.
PEDRO.

FEDRA.
PEDRO.

PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.

FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO .
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.

Y

Paoa.o,

( que ha oído las últimas palabras de su hijo entrando)
Qué es eso, F~~ra? qué ha dicho? qué es lo 'que ha dicho nuestro h1Jo? callas? he oído bien? no te maldecía?
Vamos, Fedra, habla!
Querellas domésticas ...
No, no, no, .i:sas palabras en mi hijo tan comedido siempre, tan cannoso, tan dueño de sí... Desde el día aquel
en que le abordaste por lo de su casamiento observo entre vosotros dos yo no sé qué... parece rehuirte... ué
etrs ello?ilva?mos, habla! qué ocurre en esta casa antes ian
anqu a
(Fedra apoya la cabeza en el pecho de su marido y romhe
a sollozar.)
-r
Vamos, cálmate, hija mía...
(estremeciéndose.) Hija?
podrías serlo ... Vamos, cálmate! Dime qué es ello}
c t?-º él te maldecía así, él, mi Hipólito? y a tí que le·
qmeres tanto ... ?
Le quería...
Le querías ... y ahora?
Ahora...
Vamos, qué hay?
L~ que hay es que tu hijo ...
Mío? y tuyo ...!
Ojalá lo fuese!

s¿,

69

�LA PLUMA
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.

FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
P EDRO.

F EDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO .
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.

7•

Pues ...
Que no se siente ya hijo mío ...
Qué? te ha faltado al respeto?
Al respeto...
Vamos qué? acaba... me tienes en ascuas ...
Que tu'hijo es casi de mi edad misma... podría ser mi
hermano ... mi marido.
Qué? Habla claro, Fedra!
Más claro aún?
No, más claro no, sobra! Ahora se me aclaran las nieblas de estos días. Hay cosas que no deben decirse.
Pero es posible? vamos, dí!
Déjame, déjame!
f
Y tú, Fedra, tú?
Yo? es que puedes creer...
No, no quiero creer. .. y tú?
Figúrate lo que habr~ lu~~ado ... lo que lu_c,ho...
Oh mi hijo, mi propio hiJo! pero él tamb1en ha luchado.'.. lucha... sí, sí, qué es si no esa manía de la caza?
busca en ella el olvido de su pasión... pobrecillo! pero
dime, qué te ha dicho?
Decirme ... poca cosa... casi nada...
Oh no, no, no; son recelos tuyos, figuraciones, suspicacias ... quién sabe? vanidades de mujer!
Pedro!
No, no puede ser! no es!
Desgraciadamente sin poder ser es.
Y tú, Fedra, tú?
No te dije que lucho...
Pero por qué?
Es al fin tu hijo, mi hijo ...
Voy a llamarle y que se explique aquí, los tres cara a
cara...
Oh, no hagas esol
Cómo?
No, déjale!
(llamando.) Eh, también tú?

LA PLUMA
FEDRA.
PEDRO.

Llámale, pues (aparte.) Dame fuerzas, Virgen de los Dolores!
( a la criada que aparece.) Que venga Hipólito! Ahora se
pondrá todo en claro. Esto es horrible... no puede ser!

DICHOS E Hu&gt;ÓLITO.

PEDRO.

HIPÓLITO.
PEDRO.

HIPóLITO.
PEDRO.

HIPóLITO.
PEDRO.

HrPÓLITO.
FEDRA.

HrPóLITo.
FEDRA.
PEDRO.

HIPóLITO.
PEDRO.

HIPóLITO.
PEDRO.

HIPóLITO.

( Entra Hipólíto cabizbajo; Fedra se cubre primero la vista
con las manos, pero luego apoya la cara en las palmas y
se le queda mirando fijamente.)
Por qué maldecías a tu madre, hijo! callas? vamos, habla, por qué la maldecías?
Ella te lo dirá, no yo, padre.
Me lo ha dicho ...
Entonces ...
Y qué, no te defiendes? no lo niegas? confiesas, pues, tu
infame pasión?
·
Yo, padre, ni niego nada ni nada confieso.
Ah, con que además hipócrita? te creía todo menos eso;
en mi familia no los ha habido nunca ...
Y ella, por qué no habla ella?
Yo, Hipólito, he hablado, he dicho cuanto tenía que decir, a tí primero, a tu padre después. No he hablado
claro?
Sí, muy claro!
No te propuse la paz? Y tú te has empeñado en traer la
guerra, tú. Es la fatalidad, bien lo sé, pero ...
Es_to es mon~truoso, lo que aquí pasa. Debiste, hijo, lo
primero confiarte a mí, abrirme tu pecho ...
Perdón, padre, perdón!
Perdón? ha:y ~osas imperdonables! Y el perdón presupone arrepent1m1ento y penitencia!
Sufriré la que me impongas!
No podemos ya vivir los tres bajo un mismo techo.
Me iré de casa.
71

�LA PLUMA

LA PLUMA
F:&amp;DRA,
PEDRO.

FBDRA.

HIPÓLITO.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.

7.ª

Y qué dirá la gente?

Diga lo que quiera! Aunque la gente no sabrá nada, no
debe saber nada; esto ha de quedarse aquí, enterrado,
entre los tres... si no haría algo que no puede decirse!
Oh no, todo se arreglará ... !
Cosas hay sin arreglo...
Cómo? luego insistes? Vete, Fedra, déjanos solos!
Pedro, Pedro!
D0janos, he dicho.
Por Dios!
Déjanos! (vase Fedra.)

PEDRO.

PBDRO E HIPÓLITO,

PEDRO.

HIPóLITO.

HIPóLITO.
PEDRO.

HIP ÓLITO.
P.&amp;DRO.

HIPóLITO.
PEDRO.

(tras un breve silencio.) Pero hijo, Hipólito, cómo te has
atrevido a poner ojos ... ojos? y labios en tu madre? cómo
has osado revelarle nada? era esa tu caza? callas? vamos,
habla, ven acá, confíate a mí! Sí, sí! es una desgracia, lo
sé ... Qué? callas? no lo niegas? Oh, esto es horrible! Qué
has hecho, hijo, qué has hecho de la tranquilidad de tu
padre? y yo que la traje a casa sobre todo por tí, por tí,
hijo, para que tuvieses madre ...
Ojalá no la hubieses traído! Pero te juro, padre, que soy
inocente!
Inocente? inocente de qué? Luego Fedra miente? habla!
miente? luego ... ah! eso es acusarla!
Nunca, padre, nunca, nunca!
Inocente? Ah, sí, comprendo ... inocente ... claro! pues no
faltaba más! pero la inocente es ella ... ella!
Padre!
Vete y no volvamos a vemos; será lo mejor!
Padre ... antes de irme ...
(se adelanta a él y luego arredrándose.) No, no, no, me
quemarían la cara! No, vete! (Cúbrese la cara con las manos y solloza. Hipólito se va lentamente.)

Imposible! él, él, mi hijo, mi hijo único! Costó la vida a
su madre, a su pobre y santa madre! Aquellos primeros
años, cuando volvía yo a casa sobresaltado, imaginándome que le hubiese ocurrido algo y al llegar y encontrarle durmiendo tranquilame·n te en su cuna me inclinaba a pegar casi mi oído a su boca para sentirle respirar. .. sí, estaba vivo! Mi hijo, mi hijo único! Será un castigo por haberle dado madrastra? por no haber respetado mejor la memoria de su santa madre ... Pero ... me
sentía tan solo! No me bastaba él! Y por qué no le casé
con ella? Oh egoísta, egoísta! No tuve paciencia a que
me diese nietos, quise tener más hijos ... y de Fedra! no
le quise solo! Fué la carne, la carne maldita! Será esto
un castigo? J\ili hijo, mi propio hijo, mi hijo único!

8,ª
FE.DRA

FEDRA.
PEDRO.

F1mRA.
PEDRO.

FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.

y

PBDRO.

(entrando) Qué, se fué?
Sí, se fué. Y aún juraba su inocencia!
Cómo? Se atrevió ...
A neg~r su fa!ta~. a acusarte? no! aún no ha llegado a eso; aun es m1 h130! Pero ven, Fedra mírame a los ojos
así! Es verdad eso?
'
'
Sí, eso es verdad!
Y tú, Fedra, tú?
Te he dicho que lucho ...
Pero por qué?
Por domar mi corazón de madre!
Y tú antes ... vamos, antes de esa declaración no te habías percatado de nada?
Hace tiempo ...
Y cómo no me lo dijiste?
Esperaba que el tiempo ... la lucha...
73

�LA PL'GMA

LA PLUMA
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.

FEDRA.
PEDRO.

FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.

PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.

Y sabiendo eso consentías que te besase, le besabas? ...
No ves que era echar leña al fuego ... ?
Sí, pero otra cosa habría sido provocar antes de tiempo ...
Antes de tiempo? Estas cosas deben ahogarse antes de
tiempo. Mi hijo, mi propio hijo! mi hijo único! Esto, Fedra, debe ser un castigo ...
Un castigo?
Un castigo, sí, por haberte traído a mi casa, por haber
querido tener de tí otros hijos, por no haber guardado
mejor la memoria de su madre, de su santa madre ...
Sí, yo tengo la culpa, yo!
Cómo? tú? tú tienes la culpa?
Sí, yo, por haber cedido a venir a tu hogar a cubrir el
hueco que dejó otra mejor que yo; yo, por no haberos
dejado solos a padre e hijo.
Quién tiene la culpa, Fedra, quién? El? tú? yo? quién
sabe de culpas? qué quieré decir culpa? qué es culpa, dír
(mirando al suelo.) No sé...
·
No sabes lo que es culpa? Fué la mujer, la mujer la que
introdujo la culpa en el mundo!
Pedro!
Alguien llega...
Marcelo, de seguro. Este llega siempre a destiempo y no
quiero ·verle ahora...
Por qué, Fedra? sabe algo? sospecha algo?
Me voy. Volveré así que se vaya (vase.)

PEDRO.
MARCJtLO.

PEDRO.

MARcELO.
PEDRO.
MARCELO.

PEDRO.

MARCELO.
PEDRO.
AllAR.cELO.

PEDRO.
MARcELO.
PEDRO.
MARCELO .
PEDRO.

MARCELO.
PEDRO.
PEDRO

MARCELO.
PEDRO.
MARCELO.
PEDRO.
MARCELO.

74

y MAR.CELO.

Qué? _se ha salido Fedra?
Querías verla?
Como médico, a ver cómo sigue ...
Agitada ... ya ves ... disgustos ...
Sí, y en ella por constitución de herencia una neurocardíaca...

MARCELO.
PEDRO.
MARCELO.
PEDRO.
MARCELO.

Y qué, dí, qué? cuando te ha hablado de sus dolencias ...
Yo no soy confesor, soy médico, Pedro.
Pero dime, tú eres mi mejor amigo, tú ... no es verdad?
tú eres como mi hermano...
Conzo, otra vez como ... Repórtate, Pedro, que no estás,
bueno hoy...
No, no lo estoy!
Se te conoce y estando así no se debe querer hablar de·
ciertas cosas ...
De qué cosas?
Qué sé yo... de cosas de familia ... íntimas ...
Pero tú sabes, tú ...
Yo sólo sé que estás, contra tu costumbre, fuera de tí,
que tu mujer anda fuera de sí también hace algún tiem-•
po y que tu hijo vive más dentro de sí que nunca; te
parece saber poco?
Pero no sabes más?
Ni debo. Y basta de esto. A otra cosa. ·
A otra cosa... a otra ... y entras y sales aquí como en tu.
casa... Oh, esta intimidad a medias...
Entonces me retiro ...
Que se yo ... pero no, ven, ven, te necesito, necesito
dentro alguien de fuera, oye. No estoy bueno, no! no sé·
lo q~e pasa en mi derredor. Lo sabes tú? pero cállalo,
eh? s1 lo sabes, cállalol cállalol que no lo sepa nadie ni
tú mismo! No, no sé lo que me digo. Hablemos de ~tra
cosa.
Sí, es lo mejor. E Hipólito?
~ipólito, otra cosa! Qué? qué sabes de Hipólito? Vamos,.
d1 1 qué sabes de él?
De_ tu hijo? De tu hijo apenas puedo saber cosa. No necesita de mis servicios.
Lo crees?
Pues no he de creerlo? Tu hijo está sano, enteramente
sano; es el único sano de la casa. Gracias al campo.
Y de la cabeza?
Perfectamente bien. Tu hijo es uno de los hombres más.
75

�LA PLUMA

LA PLUMA

PEDRO.
MARCELO.
PEDRO.
MARCELO.
PEDRO.
MARCELO.

PEDRO.
MARCELO.
PEDRO.
MARCELO.
PEDRO.
MARCELO.
PEDRO.
MARcELO.
PEDRO.
MARCELO.

equilibrados, más dueños de sí, más serenos, más sanos
que conozco. Pocos padres más afortunados que tú ...
Pues mira, Marcelo, tengo motivos para sospechar que
no anda bien de la cabeza.
Quien no anda bien de ella eres tú, y esa tu sospecha
me lo confirma.
Es que no sabes ...
.
Acaso quien no sepa eres tú...
Habla más claro, Marcelo, sin enigmas!
Enigmas los tuyos, Pedro. Y te dejo. Donde hay enigmas sobro yo; soy incompatible con la Esfinge. Te dejo.
He llegado en mal hora. Adiós.
No, no, quédate!
No me quedo; estorbo. Hasta pronto.
Y de esto, Marcelo, sabes, de esto ...
De qué?
De lo que no sabes, ni palabra, eh? ni palabra!
Pedro!
Si no ... si no ... en fin, no sé, vete! (tomándole la mano.)
No sabes nada, nada, nada...
Demasiado sé con no saber nada ...
Del enigma... ni palabra! Si no ...
Adiós! (vase.)

FEDRA

ROSA.
FEDRA.

RosA.
FEDRA.

RosA.
FEDRA.

ROSA.
FEDRA.

ROSA.
FEDRA.

ROSA.
FEDRA.

ROSA.
FEDRA.

10.ª

.PEDRO.

Que infierno! Sabrá algo? Sospechará algo? Pero no soy
yo, yo quien me delato? Habrá que negar a todo el mun.do la entrada en esta casa. Una cárcel... un sepulcro...
Que nadie lo sepa, que nadie lo sospeche ni barrunte,
que nadie lo adivine. El honor ante todo! (vase.)

ROSA.
FEDRA.

RosA.
FJ:DRA.

RosA.
FEDRA.
,FEDRA.

(entrando.) Ah, se han ido los dos! Qué es lo que he
hecho? Estaba loca, loca, no sé lo que me hago...

ROSA.
FEDRA.

y RosA.

( desde la puerta.) Señorita...
Entra, Rosa, entra. (aparte) Así no estaré sola... conmigo.
Querría decirle ...
Habla sin miedo, qué?
Como no ha vuelto a decirme nada de aquello ...
De qué? de qué no te he dicho? Vamos, habla!
Pero no se acuerda, señorita?
De qué es lo que no me acuerdo? anda, dí!
Pues ... de lo de amadrinar mi boda...
Aaah! sí, sí, dispensa, Rosa, es verdad! no me acordaba
ya de ello! Ya ves, con tantas cosas y con esta pobre
cabeza... Y bien, qué? persistís en ello, en que sea yo•
vuestra madrina?
Nosotros? Eso queremos saber, si sigue usted en ello ...
Yo? Pues mira, Rosa, no es por volverme atrás, no! no!
no! yo no soy de las que se vuelven atrás, no! lo entiendes? yo cuando digo una cosa la sostengo, sabes? sí, la
sostengo ...
Pero es que lo he puesto yo acaso en duda?
No, no, tú no lo has puesto en duda, no, tú no! Pues
bien, sí, seré si queréis la mad1ina de vuestra boda, pero
me parece que no os conviene ...
A nosotros?
No, no os conviene. Yo llevaría la mala suerte a vuestro matrimonio; serias infelices; yo tengo mala mano,
muy mala mano...
Aprensiones, señorita...
Desgraciadamente no!
Como me lo prometió ...
Es verdad, te lo prometí, pero desde entonces 8.cá...
Sí, ya he notado que la señorita se está volviendo otra .. _
Cómo? qué? qué es lo que has notado? díl

�LA PLUMA
ROSA,
FEDRA.

RosA.
FEDRA.

RosA.

Nada... nada...
dílo!
Vamos , dí , qué has notado?
. d' t
Por Dios, que me da mie o ....
Miedo? Yo? de qué? vamos, habla!
No, no, no se puede seguir más en esta casa.1 (huye.)
13.ª

FEDRA.

( que lzace ademán de seguir a Rosa, pe:o se detie1;e.) Bah!

or una criada! Estoy loca, lo,ca perdida. Yo misma me_
~elato. No se puede seguir as1; hay que acabar y acabar
de una vez y del todo. Tengo que ~elarles en paz y 9-uedarme en paz también yo ... en la umca paz para mt ya
pos1'ble... en la última paz , en la que no acaba, en la paz
eterna!

FIN DEL ACTO SEGUNDO

MIGUBL DE UNAMUNO

JULES LAFORGUE
sería buscar su nombre en los manuales que con la pretensión de enseñar literatura se atienen de ordinario a normas
oficiales y a las recompensas académicas. No obstante, acaso
nadie, ni el propio Stephane Mallarmé, ha influido tan profundamente en la generación francesa joven. Hace algunos años, cierto
poeta nuevo, escribía de alguien: • Era un joven como los demás; pero había leído mucho a Laforgue, y de eso siempre queda algo.&gt; Nada más
cierto: fácil es descubrir en un momento, entre los franceses jóvenes cultivados, a los que han leido a Laforgue y a los que no lo han leido. Hay
otros maestros más grandes, se puede discernir influencias más visibles;
ninguno de nosotros en Francia puede olvidar lo que debe a Baudelaire,
o a Verlaine, como a Balzaco a Flaubert; pero el gusto por Laforgue es un
sentimiento tan especial, penetra tan hondo en nuestro corazón, que no
le tenemos sólo admiración, e incluso quizá no sea admiración tanto como
ternura, donde las exigencias del corazón y de la mente al propio tiempo
se satisfacen.
Murió a los veintisiete años, dejándonos só lo tres volúmenes: uno de
poemas; el segundo, de cuentos, titulado Moralités legendaires, y el ter&lt;:er0, colección póstuma, que contiene cartas y fragmentos; pero aunque
se hayan leido una vez sola, ya no se olvidan nunca; y si se leen, se vuelve a ellos en busca de su gracia, fresca al par que penetrante como ninguna, en busca de un alma fraternal que ha conocido nuestros deseos,
ANO

79

•

�LA PLUMA

LA PLUMA
nuestros ensueños todos, y nuestras melanc')llas también, que el poder de
su genio inimitable magnifica.
1t
No oiréis jamás a nadie, a menos que esté desprovisto por comp e_ o
de tacto, afirmar ruidosamente su admiración por_~for_gue: no se::o;ª;~
d"das pero su obra entera implica tal d1screc1ón, un p
re a escon i
'
do que lo natural es imitar su actitud al hablar de él.
alma tan conmove r,
· d
A é
Su vida cabe en muy pocas palabras: nació, por casuahd~ ' en m rica del Sur, de una familia bretona, que, poco de~~ués, ~olv'.ó parae:s~::
blecerse en el Mediodía de Francia, en Tarbes: v1v1ó algun tiempo
l
ris muy oscu_ramente y cai;i en la miseria, trabajando sin descéandso ~n
~
'
•
t f é elegido lector de franc s e a m
tivarse: después, repentmamen e, u
. d 188&gt;
eratriz Au usta: pasó asl cuatro años en la corte de Alemama. e
~ 1886, y v;lvió a Paris, donde murió de tisis el 20 de agosto de 1887'
casi el dla de cumplir los veintisiete años.
No puede decirse que Jules Laforgue haya sido nuestro cmaestr_od•, no
.
.
ioguno le hemos conoc1 o, Y
sólo porque murió tan Joven, smo porque n
es para nosotros, sobre todo,fraternal.
. tó a los diez años de su muerte: sus obras hablan
Laforgue nos cooquis
Al
·mer pronto
sido publicadas en folletos rarísimos, por lo general.
pnl .
. t
d B udelaire· y de Ver ame, c1er o
descubrfase en sus obras un poco e a
d
Theocvirtuosismo•, una holgura y un giro de la mente que recuer an a
dore de Bainville (en sus Odes. Ftmambuksques), pero con un acento y

t

una {ronia tierna, exclusivamente suyos. .
.
diera paMás tarde un critico le comparó a Henn Heme: al pronto pu
recer exager~da la comparación: es más exacta de_lo que p~ie; peroe!
.
i de Reine es más seca y rechina más: tras la rronla de
o_r~ue p
iron a
d b
grado se expandma, pero
clbese la ternura de un corazón que e uen
que conoce harto los peligros que presentan las frases huecas del romanticismo exasperado.
· f ,
en otros momentos, coTenfa corazón ardiente e inteligencia na, y,
.
.
.
. t d c nsiste en esa alianza
azón frío y ardiente intehgenc1a: su geruo o o o
r
tu . hasta en sus burlas hay una profundidad desconcertante, y sus
fil:sóficas se bañan siempre en el sentimiento de la vida. Con ser

f:::
80

más idealista que nadie, tampoco nadie ha tenido más cabal sentido de
la realidad: lo expresó en un grito ya clásico: c¡Ohl ¡Qué cotidiana es la
vidal&gt;; si con esto padece, si aspira a metas eternas, la vida le alcanza y
le conmueve precisamente por lo que tiene de cotidiano. Nadie quizá, eo
Francia, ha padecido con tanta grandeza esa aspiril ~ión a lo infinito, y
ese discreto y profundo enternecimiento ante la vic.Ja efímera. Como dijo
en una de sus ceñidas sentencias, que con tal facilidad toman forma y
color de adagios: cEI hombre se agita y Todo le arrastra,&gt; Sus poemas
están por entero impregnados del sentimiento de la inutilidad de todo
esfuerzo humano, y al propio tiempo sabe que toda nuestra dignidad
existe cabalmente en la medida que desafiamos esa inutilidad, y obramos
y pensamos como si fuésemos eternos.
Ni aun en las rebeliones de su orgullo contra lo transitorio le abandona la ternura, profunda, verdadera como ninguna, por ser tan directa
y tan verdaderamente humana. Rehunde su propio corazón a fuerza de
burlas; pero siempre está dispue!&gt;to a socorrer el corazón de quienes sabe
que padecen su mismo mal. Ni en sus poemas ni en sus cuentos se hallará la sensibiliddad lacrimosa y literaria que debilitó la expresión de un
Musset, pongo por caso; su alma, tierna y joven, posee una firmeza estoica, pero de un estoicismo sonriente. Sabe padecer, y sabe hasta dónde
se puede padecer, cuando a las exigencias de la emoción se añade la
fiebre de una mente que lo mide todo en su valor verdadero; y así dijo:
•Se necesita, de tiempo en tiempo, una separación, una tristeza de estas,
para mantener en el corazón la suavidad de la infancia&gt;.
En los poemas, nota la forma más directa de su emoción; en este respecto casi puede decirse que cuanto ha escrito en verso es el brote primero de los pensamientos cuya expresión completa se encuentra en las

Moralftls ligmdaires.
De sus poemas, el grupo que lleva por título Les Complaintes, es único
en nuestra literatura: cada Compiaínte se explica por las otras, forman un
todo, y bajo su apariencia negligente, sarcástica y desmadejada, son, con
toda seguridad, los testimonios más puntuales, más profundamente verdaderos de un alma de francés joven y cultivado, de fines del pasado siglo_
6

8r

�LA PLUMA

LA PLUMA
En los poemas exhibe a veces un virtuosismo que el propio Theodore de Banville no rebasó; pero incluso ese virtuosismo le cansa, y se esfuerza por despojar al verso de todo atractivo externo para no conservar
más que ;,u esencia conmovedora, y esto le llevó a escribir sus últimos
poemas ea una espe-::ie de verso libre que, en ciertos casos, como en el

Solo de Lune, aún no ha sido rebasado.
El volumen en que recogió sus poemas, bastada para asegurarle la
inmortalidad; pero aquel joven de veintisiete años dotó a la literatura
francesa de una colección de cuentos, que por la seguridad, la personalidad, la resonancia del estilo, puede rivalizar con las obras más líricas dt:
Flaubert, o los cuentos mas bellos de Villiers de l'lsle Adam.
En la colección de las Moralills légmdaires, Jules Laforgue intentó (y
consiguió) mezclar dos tendencias contradictorias: la de la introspección
filosófica y la de la ironla sonriente más moderna. Son seis cuentos en
prosa: Hamlet ou lts suites de la plélé .filíalt; Le Miracle dts roses; úlzengrln,.fils de Parsifal; Saloml; Pan et la Syrinx; Persle et And1omlde, y
en una lengua maravillosa por la agilidad, la riqueza, el ritmo, los saltos
imprevistos y las súbitas salidas, evocó a través de esos personajes legendarios las obsesiones de un alma moderna.
Se ha dicho en cierta ocasión que su Hamltt era más Hamlet que el
auténtico: el monólogo que pone en su boca es, en efecto, de una penetración psicológica que no hubiese rechazado Shakespeare, si hubiera vivido en nuestro tiempo. ,Morir, yo, vamos; hablaremos de eso más tarde; tiempo tenemos. Morir, ya se sabe; se muere uno sin darse cuenta,
como se cae todas las noches en el sueño. No tiene uno conciencia del
transito del último pensamiento lúcido al sueño, al sincope, a la muerte.
Ya se sabe; pero no ser más, no estar más, no participar. No poder siquiera oprimir contra su corazón humano, una tarde cualquiera, la tristeza secular que cabe en un simple acorde del piano•.
En cada una de las Moralitls ltgendaires las sonoridades cambian,
pero el timbre es siempre el mismo: a pesar de la iron1a presente, el corazón asoma siempre la punta de la oreja, si cabe decirlo as1. Nunca insiste, ni pesa, todo es discreto; cómo sabe poner su leve pincelada hasta
82

en una simple descripción de paisaje· por eiemplo
et la Syrlnx:
'
'
• en este trozo de Pan
,El álamo, árbol tan distinguido que er
.
llorón, llora por el obscurP.cimiento d l ige su hora, tembló. y el sauce
ensombrece las lejanías y las c r
Le as aguas. La soledad inquieta
mas. as ranas van , em
y 1as estrellas no tardarán las estrell
..
pezar a cantar,
La
'
as no pueden tard
lectura de las obras de Lafor e s
ar.•
fácil, en el sentido de esa facilidad fn1m~;:~ en prosa o en verso, no es
obras hueras; pero aplicándose a 11
de la mayor parte de las
de re~exión, se descubre uo aspec:oº;a:eae:cuentra tan copiosa materia
nla lfnca peculiar dtl g . 1:
• g do, tan moderno de esa iroe010 rancés que ilumina n 61
1
actual, su ardiente escepticismo
.
o s o a a generación
1 tr d' .
Y s11 entusiasmo tacitu
.
a a ic16 n de la s~nsibilidad fr
.
rno, pero mcluso
Yo sé que todos los d
. ancesa, ~• puede decirse asf.
cerca de veinte años segu~ m1 g_en~rac1ón que leímos a Laforgue hará
•
•mos smt1éndonos al
1
conmovidos: por mi parte ya no 1 1
'
vo ver a él, fascinados
0 eo nunca sin
•
'
'
mo amigo con quien lo lela antaño
.
pensar en aquel carfsiª:'.go muerto en la guerra, y que en
los días terribles de la batalla d
de Laforgue hallaba la fuerza baet er un, tan sólo en las tiernas ironías
d
s ante para sosegar
•
os y su esplritu casi abrumad
sus nervios extenua.
o, como en uno de
a quienes, en noche de trá .
esos seres de elección
fd b
g1cas aventuras pode
fi
i um re de verle apaciguado
l
'
mos con ar, con la cerdura intolcráble.
' e corazón, abrasado aún por una quema-

°

V

G. JBAN-AUBRY

�LA PLUMA

III
Arribo.
La estancia en silencio
Descanso.

IV
El Dolor
(Pensamiento importuno en mi paz: dril y blanco)
Es dura escuela
Pero
El Reloj.
doctora
en la vida.
Ris-Ras de
persianas.

CONC ÉNTRICA
I
Mediodía
Melodía de candente mediodía .
Saetas de ascua de trigo amarillo.

I

V

•

Trigales rojos...
Veo ...
Ensueiio unánime
Apenas
Veo.

II
La casa bermeja
(oli'· Su parra ...
su patio ...)
Lejana.

r.
, ·¡
1.nmovi

No viene
No llego .
-Agua en jarrodel patio!
¡ Tumbarse desnudo en las losas mojadas
Debajo
de
uH-

toldo
s&lt;Jf#brio...

Vl

I

'Negaciones interiores
Que piden disculpa
Y parten!
Párpados entornados
Y sorda atención de nadie

ss

�LA PLUMA
_ Saetas de ascua de trigo amarillo Milodía de candente mediodía.

VII
Medwdía.

SI
Aquello
Estuvo en nada.
Un momento quizás Y• •·
Pero
En mí vmcitron egoísmos de hombre
y·en tí prejuicios de moral sensata.
Igual
. .
.
Aconteció siempre en mi historia
Con cuanto quise conseguir
Igual
¡A punto kttyóse cuanto a punto estaba.1
Para mt
Aquello y lo otro y esto
Siempre, siempre
.
Desvanecióse cuando a punto estaba.
Para mí
(¡Nunca ...!) tofÍQ
0kt Todo
¡Siempre

Estuvo en nada!
ANTONIO BSPINA GARCIA
86

EN TORNO A GANIVET
este Madrid no sabe uno jamás a qué carta quedarse en
el juego de las valoraciones literarias. El silencio envuelve
por igual a muertos y a vivos, o, peor aún, los envuelve
la alabanza pegajosa de los estúpidos, especie de engrudo
que deja al artista y a cuanto representa, inabordable e intocable. Cualquier pretexto es bueno para eximir a la inteligencia de la penosa y comprometida función de juzgar; penosa porque es esfuerzo, y comprometida
porque la opinión propia, si es libre y expresa, puede ahuyentar a una
clientela, o enojar al patcón, o frustrar la esperanza de un destino de seis
mil reales. A los grandes se les deja dormir en sus hornacinas por puro
respeto. No se nos ha olvidado que al morir Galdós opinó D. Antonio
Zozaya que !a pretensión de criticar la obra de D. Benito era empresa
superior a la inteligencia humana. A los menores se les dispensa el
amistoso favor de desdeñarlos. Madrid, tan conservador en todo, lo es
más que nada en literatura, por falta de discernimiento. Ante valores
coetáneos de los toros de Guisando, tenidos por actuales, todavía es de
ritual quitarse el sombrero; subsisten, como el buen paño que no se
vende en el fondo del arca, a fuerza de no usarlos. Acuñada uea reputación, no corre peligro de desgastarse nunca, por la sencilla razón de que
no circula. Muere un escritor. Pasarán años, lustros, siglos acaso: no se
observará que sus obras se reimpriman, ni que se le dediquen artículos o
libros, ni que se hable de él entre gente de letras, ni quedará ya rastro de
N

87

�LA PLUMA

LA PLUMA

.su influjo en la literatura viviente. «Este es un escritor olvidado»-dirá
para si el discreto-. Error. Un accidente basta para demostrarlo: si el azar
de una lectura, de un viaje, o una fogarada de patriotismo local encienden
un pec,ho ingénuo en admiración súbita, se apresura1a comunicar al público
su descubrimiento: trátase de vindicar una gloria perdida. A esa voz responden las ranas desde sus charcos. Resulta que todas las ranas de la
península venían infundiendo eu sus renacuajos ese mismo culto. Muévese iran estruendo. Así el ladrido de un can suscita en el silencio de la
noche el ladrar de los demás canes de la aldea. Alborotan hasta reventar.
Luego se abate sobre el escritor otra montaña de silencio, que puede
tener la densidad y la duración de la gran pirámide de Egipto.
De tales explosiones suele quedar memoria: una estatua, el nombre
de una calle, una lápida en gerundio. Si el héroe o genio no tomó la precaución de marcharse a la tierra sin dejar huella, está además expuestísisimo a que le zarandeen el esqueleto. En España, lo primero que se hace
-con los hombres ilustres es desenterrarlos. Del cadáver con pretens;ones
de celebridad que no ha sido «reivindicado• alguna vez, bien se puede
creer que usurpa su faina. La manía de la exhumación sopla por ráfagas,
como la del suiddio o la del desafío. Hace años, el Parnaso español pudo
meter que era llegado el día del juicio final: .no dejábamos a nadie yacer
tranquilo. Hubo un ir y venir de ataádes y un trasiego de huesos que
apestaba. Los poetas, siempre desvalidos, no se defienden. No así un
santo que hay en mi pueblo, hecho carne momia, en una caja de sándalo
y plata que huele muy bien-a santidad. Un obispo quiso traérselo a
Madrid, y el santo no lo consintió en manera alguna. Apenas la procesión
que se lo llevaba salía por las puertas del pueblo, se nubló el sol, comenzó a llover, se desbordó el río, y los fieles, gritando ¡ Milagro! 1Milagro!
obligaron a devolver el santo a su iglesia. A!&gt;egundó
obispo con otra
tentativa, y el santo volvió a llover y a tronar y a sacar el río de ma~e,
con lo que para siempre le dejaron en su capilla y en su cofre. Las glonas
de tejas abajo, menos bien en cour, no pueden desencadenar los elementos naturales sobre esas comisiones gestoras y juntas de centenario que,
con estilo de sub-comité electoral suburbano, hablan de «timbres• Y de

71

88

•florones», y se arrojan sobre los restos gloriosos para llevarlos de una
parte a otra, reprentando al vivo la fábula del asno cargado de reliquias...
En estos dfas que corren, la gloria póstuma de Ganivet padece un
recrudecimiento eruptivo. Se habla de él en algunas casas doctas; algún
periódico vocifera su nombre, no sin erratas, confundiéndolo insistentemente con Gavinet, el pensador hurdano, cuyas obras habremos de editar
a bajo precio, andando el tiempo, para qué lleguen al gran público; responden a tales clamores ecos de provincias remotas. Ganivet reaparece
con igual reputación que tuvo en los comienzos del siglo, cuando un
golpe de mano de la critica lo impuso audazmente a la devoción del público: la de inventor de España: apóstol y fundador de la patria espiritual
venidera. La persistencia de los lugares comunes que con periodicidad
mensurable se condensan en torno de Ganivet revelan, o que no se le
lee, o el desuso del juicio. Si este escritor estuviera tan presente en nuestro ánimo como suele afirmarse, la mente, al surcarlo, no lo respetaría
como a un fetiche. Creo .más bien que a Ganivet se le lee de joven, y
no se le echa de menos en la edad madura. Los que leyeron a Ganivet
hace veinte años y conservan el recuerdo de una impresión considerable
vuelvan a leerlo y a leerlo despacio, confrontándolo con las cuestion~
-serias que atacó: hallarán un caso personal interesante, una tragedia intelectua~, pero de su ob_ra se encontrarán a una distancia igual al progreso
cu111phdo por el espfntu del lector en punto a reflexión y orden y en el
-dominio de sus medios y de los problemas.
Ganivet es el tipo acabado del autodidacto, de cultura desordenada y
retrasad~, mente_ sin disciplina. Grande es la actividad de su espíritu;
lee'. medita; escnbe alguna vez. Todo lo va a poner en tela de juicio.
Quiere llegar a la «fuerza madre•, aislar «el eje diamantino alrededor del
cual giran los hechos del diario vivir», esculpir con sus manos su propia
alma. Pero si~mpre se nos aparece como abrumado y aterrado por los
problemas mismos, y escapándose de ellos mediante una pirueta. En el
fo~do,. ~s que solo le interesa su propia persona. La fugacidad de la vida,
la mutihdad del esfuerzo, ensombrecen su ánimo; impropera al Destino
89

�LA PLUMA
que no le permite escribir su nombre en la esfera celeste. No conoce la
ternura ni el amor, ni la naturaleza apacible. Su desesperación es sombrfa
y seca. Se resiste a aceptar la vida; y puesto que el vivir carece de objeto, le dará de su persona lo menos que pueda, encastillándose en su
fiera soledad. Es un bilioso, huraño; vive «requemado física y moralmente•; es misántropo y misógimo; en rigor, poco sensible: eso es lo que
le faltó para ser un gran artista.
Tal es Ganivet en el Epfstolario, breve colección de cartas que despiertan la maligna curiosidad de conocer no tanto las ulteriores epísto~as
del autor como las de su amigo y corresponsal Navarro Ledesma. Un biógrafo con más inteligencia y mejor gusto que Navarro, menos ofuscado
por la amistad, no tan propenso al énfasis espafiolista, más delicado Y
sutil, en suma, habría escrito en torno a Ganivet un libro magnífico probablemente; el hombre mismo, su ambición intelectual; su locura y su
muerte y aquel su sentimiento trágico del vado y de la insipidez de la
existen~ia son por sf solos temas fecundos; pero, tratados históricamente.
haciendo ~urgir a Ganivet del medio en que se crió y no se educó, hubiesen sido el germen de un libro que aún no existe y que acaso ya nadie lo
escriba: tan difícil es restituir el ánimo al punto crítico de fines de siglo.
Está por hacer el drama del español que, en el umbral de !a madurez.
cuando ya ha conseguido despojarse de los harapos con que vistieron su
inteligencia juvenil, entrevé su fracaso y descubre que no le restan medios ni tiempo para advenir a los órdenes superiores de la cultura. Tal
fué fntimamente el conflicto en que sucumbió Ganivet, victima de esta
época que no entendia ni entiende la pasión intelectual;. conflicto q u~ a
pocos perdona, del que unos se evaden arrojándose a ciegas en el histrionismo, y que otros devoran p.ua sí, con la triste certidumbre de haber marrado el blanco. Sólo no arriesgan nada los que, mejor orientados,
empeñan desde luego su talento, grande o chico, en las batallas del arribismo, donde no se pierde más que la vergüenza. En Ganivet, sobre la
desproporción entre los fines y los medios, hállase además una prevención hostil contra el ambiente europeo en que espiritual y físicamente
tenía que vivir sumergido. Él no lo dice. Acaso no se da cuenta. Con
90

LA PL U ~1 A
todo, cree uno verlo a dos dedos de considerar la civilización entera,
como una engañifa, y la historia de los pueblos cultos como una inmensa
mistificación. En esto es muy de su raza, donde pululan los hombres (sobremanera odiosos) a quien «no se la da nadie&gt;. Ganivet es demasiad°'
propenso a explicar los hechos históricos (los verdaderos y los imagina-dos) por pequeñas causas. Esa hostilidad, estrecha el encierro en que ya
él de por sf estaba puesto. No acertó a librarse. Si hubiera amado más,.
habría coqueteado menos y la salvación hubiese sido posible. Se excedióen aplicar por medida su existencia personal. Y cuando cree haber llegado al «eje diamantino•, abandona cabalmente toda veleidad critica, y
apacienta, en ¡,áginas de noble contextura, los sentimientos nacionaleshereditarios y las esperanzas españolas marchitas.
Navarro Ledesma, que no escribió la biografía posible de Gani vet (y,
perdió el tiempo en escribir la de Cervantes, libro nulo), proclamó desde
la tribuna del Ateneo la misión del autor del Jdearium: « ••• si existe una
España joven, robusta, pensadora, valiente y capaz de redimirse por los.
hechos y por las obras del espíritu, el alma de es a España debe identificarse con el alma de aquel Ganivet, el filósofo, el poeta, el patriota: el in-mortal&gt;. Cierto: un hombre inteligente no se encuentra todos los días, ni,
aun entre literatos; pero Ganivet fué mucho más que eso. Ganivet fué el
primer superhombre, precursor de la humanidad futura, tipo moral y
físico perfecto, con su pequeña cabeza y su sotabarba: c ... era un hombreúnico y señero, distinto y desligado en todo y por todo de los demásseres humanos: un eslabón roto de esta servil cadena que humanidad se
llama: era más, mucho más que el vulgar homo sapiens, codeado y des-preciado aquí y allá diariamente ... No creo desvariar afirmando que era,
mi amigo un extraño ser, precursor de razas futuras, en las que, por virtud de no sé qué misteriosas selecciones, llegarán a condensarse calidades
y partes meramente humanas con otras de tipos zoológicos más antiguos,
y más fuertes ... • Bien. La arenga de Navarro fué aclamada en el Ateneo.
Pasó entonces por el cenit la estrella de Ganivet y lograron sus escritos
relativa difusión. Su figura de profeta y sus ideas llegaban a tiempo. Ha-blando de España, era el único que hablaba de ella con amor y dolor sin91

�LA PLUMA
perder el recato; no agredía, no injuriaba; no se le vió retorcersefen bas•cas de iracundia fluente; sus esperanzas, y los juicios históricos en que las
fundaba, caían sobre el lacerado corazón español como bálsamo lenitivo.
De entre las confusas memorias que nos restan de tales años, sobresale la
actitud general de criticismo acerbo, petulante, tan poco informado y tao
miope como la gárrula oquedad españolista tronchaga por la guerra. El
pesimismo era un refugio de la yaoidad; una tabla de salvación personal.
A los españoles de entonces, tanto como el hecho mismo de su reciente
derrota, les avergonzaba el sentimiento de haber hecho el ridlculo. Les
·.gustaba recibir badilazos en los nudillos: Costa les llamaba brutos, puercos, eunucos, y se hundía el firmamento con los aplausos. Tal estado de
espíritu no podía durar mucho, y, en efecto, no duró: fué mudándose en
,cuanto expiraron sin catástrofe los plazos señalados por Costa, y en cuanto
los españoles se dieron de bruces contra este hecho: que el seguir siendo
un pueblo es una carga que no se dimite sin más ni más y cuando se
,quiere. Ciertos escritos absolutorios de Ganivet-radicalmente opuestos
a ese estado de ánimo-fueron muy bien recibidos. Al fin se hacia justi.,cia pc1r un hombre moderno, librepensador, y que (¡cómo no había de estar enterado!) escribía desde el extranjero. Fué sobre todo bien recibido
por los jóvenes posteriores al ciconoclastismo&gt;. Había surgido un nom·&lt;bre que poder alabar, al menos en público, sin' ponerse en ridlculo. ¡Qué
descanso para las pobres almas, fatigadas de ser maldicientes! ¡Qué gozo
poder abandonar una postura incómoda y aflojar los músculos faciales
-c~ntraidos por una mueca de altivez, de hosquedad perenne; y poder
olvidar la propia y abrumadora importancia para dar vado a los instintos
de probidad y bondad que pocos pierden en absoluto! La causa profunda
,de la exaltación de Ganivet al rango de guia y maestro de una España
venidera consiste acaso, más que en la substancia ideal de sus escritos,
en una coincidencia de problemas de juventud. Todo Ganivet es un afa,noso tanteo de la vocación. La España de hace veinte años, ioorieotada,
-empezaba por preguntarse qué podría hacer, y los jóvenes, sobre todo
los jóvenes, los que aún no sabían a qui gene-ración iban a pertenecer, se reivolvíao, como Ganivet se revolvió, en un enredijo de cuestiones previas.

LA PLUMA
uanivet-dice en alguna parte Uoamuno-hubiera rechazado el calificativo de intelectual. Era ante todo un hombre; un creador... Cierto;
pero_ aspiró a crear por el pensamiento, y a la energía, persistencia y profun~dad de ~u pensar sacrificó no pocos ornamentos de la vida. Quería,
ser mdepend1ente, como en todo, en la función mental. Pretendía elaborar nuevas ideas, o ensayaba combinaciones nuevas de ideas recibidas
Este es un mérito que debe tenérsele muy en cuenta, porque estamos e~·
España, donde (y sobre todo en su tiempo) el oficio de escritor público
no supone siquiera la posesión de las primeras letras, y menos todavía
del ~ábito de discurrir. Escritores de fama hemos conocido que, tras de
publicar una veintena de volúmenes, han podido llevarse la mano al cráneo dicie~do: ~¿Pará qué servirá esto que bulle dentro?» Achaque viejo,.
como sena fácil demostrar buceando en esa formidable Biblioteca de Rivadeneyra, a donde a todos nos gusta decir que vamos a aprender el castellano· L o umco
' · que puede hacer creer en el reverdecimiento probable
del esplritu español es el hecho manifiesto de haberse enriquecido el
caudal_ de ideas circulantes, la apetencia más viva de adquirirlas y el
afáo-rncluso indiscreto, pueril-de lucirlas. Pero Ganivet ,fué tan inde
d"
,&lt;
-·
p~n •ente como él se propuso y se figuraba ser? Su noble esf11erzo ¿se ha
VlS to recompensado por algo verdaderamente nuevo ni sobre t~do de
~uficient~ solidez? No lo creo. Le faltaba quizás técnica; de fijo le falt~ba
•~formación; cuando rehace 1~ fisonomla de España está preso de sugestiones emocionantes, pero deleznables; pretende resolver ciertos problemas cuyos simples d:itos sólo una crítica severa podrá algún día fijar.
J?e todos los escritos de Ganivet, el ldeariitm Español es el que más .
~os '.mporta por el momento. El Jdearium es un libro •inspirado,. Le
mspira el amor a España, el sentimiimto patriótico. Su móvil profundo es
1~ necesidad de no verse-en cuanto español-solo, perdido en la historia, Y e_1 cons1gu1ente
· ·
deseo de poner a salvo los valores que naufragaban ..
El senti~o general del ldearium es de reacción anticrítica; su espíritu, de
conformidad con la tradición, que es especiosa, y como siempre, saca del
mero hecho de haberse ido formando la razón mayor para subsistir e imponerse. Tal género de escritos rara vez evitan el peligro de alterar fr[93

Q2

..

�LA PLUMA
•volamente las representaciones históricas. Pueden estar bien como efusión lírica, pero entremeter el sentimentalismo vago en tratados de filosofia de la historia, si es bueno para consolarse de añoranzas, lleva en de,rechura a éonfundir una emoción con un juicio, y al amparo de un goce
estético pasan de contrabando, como verdades probadas, las imaginaciones del autor. En el ]dearíum, libro atrayente, entre otros motivos, por
el calor y la honrada intención con que está escrito, ese defecto es obvio,
así como la flaqueza y confusión del discurso. No siempre se sabe cuándo
,el autor expone y cuándo aprueba. Pasa con excesiva sencillez de la críitica al donaire. Pretende explicar demasiadas cosas a fuerza de alegorías,
y en lugar de poner al descubierto la raíz de un hecho, lo envuelve en
una paráfrasis, en algo superpuesto que coincide con su forma, pero sin
--declararla más. Su propensión a pararse en simples diferencias verbales
entre las cosas, o, por el contrario, a establecer meras analogías verbales
entre las cosas, es funesta. Sea ejemplo su •explicación&gt; de política insular, peninsular y continental, que nada explica; o bien: la prueba de
•que los españoles nunca hemos servido para la gran organización militar,
es que a nuestro general más ilustre sólo se le llama Gran Capitán ... (Entonces, cuando nuestros abuelos le llamaban a Napoleón el Capt"tán del
.siglo, &lt;qué entendía Ganivet? ¿Que era inepto para ascender a comandante?) Una idea fundamental del libro es la supuesta e virginidad• del espíritu español; ocurrencia fútil y sin sentido, figurada en la primera página
del libro con una alegoría extravagante y equivocada, y desenvuelta lue·go en esta forma: ha habido una España romana, una España visigoda,
,una España árabe, una España europea; &lt;por qué no ha de haber una
España española?-En definitiva, esa España virgen, o esa España por
,nacer, postulan las normas tradicionales: e Continuemos-dice-con nues~tro sistema tradicional que, malo o bueno, es el fin nuestro.• El programa nacional del porvenir «debe estar sustentado en los sillares de la tradición..., porque habiéndonos arruinado en defensa del catolicismo, no
cabría mayor afrenta que ser traidores a nuestros padres y añadir a la
,tristeza de un vencimiento, acaso transitorio, la humillación de someter,nos a las ideas de nuestros vencedores.&gt; No es esto un arranque arbitra94

LA PLUMA
rio; de las corrientes de ideas que ha combatido España durante tres y
más siglos, dice: «La Reforma no fué más que la manifestación de la rebeldia latente en espiritus que acaso no fueron nunca cristianos&gt;; y la
filosofía moderna, «desde Bacon acá... es de un valor ideal nulo.&gt; Como
el personaje de cierta novela que eón un «SÍ&gt; y un •no&gt; iba al fin del
mundo, Ganivet, con esas ideas, va hasta los confines de la historia. &lt;Qué
flOS está reservado a los españoles? «España debe intervenir a titulo de
nación católica en la cuestión romana, y a título de nación cristiana en
'la cuestión turca.&gt; La cuestión romana que nosotros tenemos que arreglar es la del poder temporal de los Papas. No es para asustarse; Ganivet
,cree que el poder espiritual vencerá a la potencia política establecida en
Roma.
En general, puede decirse que Ganivet no era un crítico demasiado
sagaz~ Las filosofías de D. Pedro Antonio de Alarcón le parecen cosa
buena; del criterio de D. Marcelino Menéadez y Pelayo en los Heterodo~os españoles, dice que es amplio y generoso; de doña Emilia Pardo Bazán piensa que no debió salir nunca de Marineda; Taine le parece un espiritu poco o nada francés; Velázquez es un genio «aislado•; el propio
Velázquez, y Goya, son genios ignorantes, no porque desconozcan las reglas, sino por carencia de reflexión técnica. Hombre de prevenciones
indomables, que le hadan rebotar con asco ante el solo enunciado de algunos problemas de nuestro tiempo: «El pueblo como organismo social
me da cien patadas en el estómago, porque me parece que es hasta u~
crimen que la gentuza se meta en cosa que no sea trabajar y divertirse...
Mucho amor, y mucho palo para los pequeños.• &lt;y las pobres mujeres?
•~l p_orvenir próximo de la cuestión femenina parece ser la gradual emancrpacrón, y con ella el rebajamiento del hombre y de la sociedad. y si
llega un día en que la mujer de carrera, hoy tolerable por ser uJt bicho
raro, se encuentre en todas partes..., habrá que suplicar a la Providencia
que caiga sobre nosotros otra nueva invasión de bárbaros y de bárbaras,
porque puestos en los extremos es preferible la barbarie a la ridiculez...
La civilización trae el rebajamiento, y el caso particular este de las mujeres nos lo patentiza•.
95

�LA PLUMA
Ganivet se ha confesado y retratado en sus obras. El progama del estudio que eseá pidiendo consiste en mostrar el tránsito de su exaltación
romántica de la personalidad y del concepto que tuvo de la voluntad a
los resultados capitales de las ideas que barajó: el despotismo político
ilustrado (La conquista del reino de Maya), la restauración del ideal his•
tórico español (Idearium), y la insurrección antisocial del individuo (Lo~
trabajos de Pío Ud). No es ya prematuro afirmar, aun sin conocer las
conclusione!l de ese estudio, que Ganivet, sea cualquiera la estimación en
que definitivamente se le tenga, debe decaer de su rango de apóstol de
la España futura: ni las aspiraciones que agitan a nuestro pueblo, ni las
ideas profesadas por demagogos y pensadores de :algún fuste vienen
de él.

PIEDRA BLANCA

f

CARDBNIO

ºr este tiempo /ué cuando a la 'Vuelta
una torpe ilusión desvanecida,
a¡eno al escarmiento, le dí suelta
de nuevo al alma y la salvé con 'Vida.
~

'G'u corazón, huido a donde /ragua
la soledad su triste encantamiento,
yerto y mudo yacía, como un agua
. . to
que se estremece al blanaiJo m ov1m1en
de. sonámbulas
ondas• 'Y ,uzmago
1 ,
b
s~n. sa er mi virtud; niño inocente
tzre la P_iedra y al romperse el lago
descubnmos un mund&lt;&gt;' di/erente.
U~ mundo cuyos límites no abarca
quzen educa su vista en la costumbre;
7

96

91

�LA PLUMA
LA PLUMA

un mundo como aquel a donde el 9lrca
patriarcal arribó, cuando la lumbre
del renacido sol secó la fria
mar desbordada, fforeció el capullo
de la rosa otra vez, y la armonía
pacífica fluyó en el tierno arrullo
de una paloma mensajera.

;}/ada
de cuanto en la luz vibra y el sonido
difunde, se le oculta a tu mirada
ni deja de tener eco en mi oído.
;Jlacen nuestras dos almas una sombra
sola, fundidas desde entonces, una
sombra en pena vagando por la al/ombra
de quimérica plata, que la luna
extiende a nuestros piés en los caminos.
'Y a los dos, para siempre de la mano,
leyendo en las estrellas, los divinos
designios se nos muestran y el arcano
de nuestra vida.
!Desde entonces, sueños
y realidades truecan su figura

ante tus ojos y los míos, dueños
de la razón y esclavos de locura:
(!Dueños de una razón sin otra norma
que el propio corazón -única piedra
filoso/al- 6sclavos de la /orma
simbólica del árbol con la hiedra.)
!Después el tiempo inexorable arranca
la flor de cada día ...
6 inconsciente
ante el enigma de esta piedra blanca
que evoca una e/émerides, la gente
tal vez no alcance a comprender y sienta
m_~edo del monstruo que le sale al paso,
hz¡o _de nuestro espíritu en que alienta
lln centauro con alas de pegaso.

A UNA MUSA VIVA
cSi, ya lo sé. .Ca !Primavera
rosas enciende en las mejillas,
per~ el tiempo no tiene espera,
veras las hojas amarillas.
99

�LA PLUMA
LA PLUMA

'Verás el campo mudo y yerto
con una mortaja de nieve,
tu corazón será un desierto,
pesadumbre tu gracia leve.
0sa luz tan clara y tan pura
en que viertes el pensamiento,
se perderá en la nada oscura,
tu voz no volará en el viento.
:Por más que le aprietes la venda·
a la f é que hace andar la noria.
¿Cómo quieres que no comprenda.
que la existencia es transitoria?
~e tornará opaco el color,
y flácido tu cutis terso,
se apagará con el amor
la música del universo.
.llegará un triste amanecer
que no oirás el gallo cantar.
- !De vivir alegre al no ser
hay muy poco trecho que andar~

-musgo mísero, que no yedraborrará cuanto te recuerde.
'Ven aqui, gocemos ahora,
por que no nos castigue !Dios,
de este sol que los montes dora.
{;l mundo es de nosotros dos.
{;l aire las nubes se lleva,
los torvos pesares se van,
abandónate y sé como {;va,
_yo seré el inocente 91.d.án.
'Grasciende la divina pauta
.Y el cielo se copia en la finfa.
Slaré de cañas una f[aut~.
cloy el sátiro, tú la ninfa.
.9 (1 suave son de este concierto

el cuerpo del alma se ayuda,
cuando de la siesta despierto
estás a mi lado desnuda.
-$e desgarra el último tul
irrumpe el sol, la vida empieza
'
pintada de verde y azul
renace la naturaleza.
•

.luego después, sobre la piedra
de tu tumba, una yerba verde
100

J

-

�LA PLUMA

LA PLUMA

'JI en líquido cristal fluye la /uente

ENDECHA
'Gus pasos no delatan ya mi huella
ni me alivia el andar tu blando peso,
falta en l~ música del mundo un beso ...
!Pero aún lloramos con la misma estrella.

SERENIDAD
91,cordes la razón y el sentimiento
el ánimo viril van ya templando
y responden sumísos a su mando,
el gesto, la actitud, el movimiento.
'[J{i gira veleidosa a cualquier viento
la veleta del alma; porque el cuando
y el cómo de las cosas, según ando
por la vida me muestran su elemento.
!De suerte que me tomá ese reposo
en que la luz divina se reparte
por la naturaleza indiferente.
102

el perenne concepto con que el arte
pone paz en la lid en que ardió el coso.

SOLEDAD
'Gráeme la soledad en sus horas lentas
los mudos ecos de un a/án diario
que en cien rotas memorias, el horario
marcan del tiempo en huellas incruentas.

'JI así, vano ha de

ser que luego mientas
románticos tormentos en tu almario,
espíritu s1,1,ti/ que al incendiario
corazón soliviantas con tus cuentas.
!Porque me he visto ya en el claro espejo
de esa razón serena que en un punto
ilumina el camino de los hombres,
y no he menester más de tu consejo,
!Dolor, que con 9/,mor vas siempre junto.
cSé que uno y otro sois tan solo nombres.
C. RIVAS CHBRIT
103

�LA PLUMA

TEATROS
W AGNERISMO
recuerdo no alcanza al estreno de La Walkyria en Madrid, que tantas veces hemos o ido referir con escándalo:
¡Aquellas representaciones en que el dir~ctor llevaba la orquesta con la partitura de piano en el atnll ¡Aquella traducción castellana-¿de Luis París?-que equiparaba el drama lírico de
Wagner a la ópera española, culminante como tal género en esta frase de
la Raquel de D. Tomás Bretón:
c¡Judías para rato hay en Toledo!,
¡Aquella resistencia de los abonados, que sólo ante la «Cabalgata• se
rendian ...1 Pero aún guardamos memoria del primer Sigfríed, que e~tonces se llamaba Slgfrído, y era el magnífico tenor Giuseppe Borgatti, en
quien Naturaleza y Arte daban espléndido mentís a la teori~, después tan
en boga, de que las óperas de Wagner, mal cantadas al estilo ale~án, estaban mejor que cantadas bien al estilo italiano. La interpretación d~
Borgatti, no superada en el Real de entonces acá, unía a 1~ má~ pura emt ·
sión de voz, propia del bel canto, la fuerza, la gracia, la animación dramática, en fin, de la escuela de Bayreuth.
•
Y, sobre todo, recordamos la que pudiéramos llamar cons.zgrac{ón del
Real al culto wagneriano con lá primera serie de la tetralogía completa
y el estreno de Tn·stdn e [seo, bajo la dirección de Walter Rabi y con
UESTRO

104

varios cantantes alemanes, algunos tan excelentes como la señora Gusalewitz. Entonces fué cuando el wagnerismo, como tal profesión de fe,
alcanzó el punto máximo de su desarrollo entre nosotros. Se generalizó
en el paraíso el uso de las guías temáticas, cuando no de la partitura
completa¡ se consideró irreverente la repetición tradicional de los trozos
hasta entonces inveteradamente interrumpidos por los ap)ausos de una
claque mal educada en debuts y despedt"clas de «divos,; decreció por modo
considerable la venta del argumento de la ópera a la puerta del teatro; y
hasta se constituyó una Sociedad wagneriana, que tuvo cierta prosperi-dad y no poca influencia en los eclécticos programas de la Banda Municipal. Aprendimos los neófitos a preparar debidamente el ánimo con
ayunos y penitencias (a que obligaban las horas, mal acordadas con las de
comer, de los espectáculos wagnerianos, y la dureza y estrechez de los
asientos desti nados en las alturas a los elegidos), y aun a hacer antes de
cada representación severo examen de conciencia. Bien es verdad que,
recién salidos del colegio, no nos parecían tan rígidas semejantes prácticas de religiosa comunión, a que jesuitas, agustinos o laicos de la Institudón Libre de Enseñanza nos tenían acostumbrados a los jóvenes. Únicamente los alumnos de los Institutos del Estado pudieron librarse de tales
nor_mas y resistir con cierto ingénit0 nietzscheanismo a la tentación wagnenana, merced a la indisciplina en que se habían enseñado.
No lo decimos a humo de pajas; estos livianos apuntes para una historia del wagnerismo en España, que brindamos al erudito acaparador de
datos, son exacto trasunto de nuestra experiencia personal. Hemos cono&lt;:ido al ingénito nietzscheano suso aludido. Era compañer0 nuestro en la
clase de «Teoría de la Literatura y de las Bellas Artes,, de la Universidad
Central. Y fué el único que se negó ter uinantemente a asistir con los demás a las representaciones wagnerianas. La preparación, a cuanto decia,
le había aburrido. Nosotros, inflamados del entusiasmo que el catedrático de la asignatura acertó a comunicarnos, no comprendíamos tanta ini.ensibilidad. La preparación se nos antojaba perfecta: Nos eacaminábamos los alumnos departiendo amigablemente con el profesor hacia las
primerílS frondas de la Moncloa, presididos sin duda por el romántico es105

�LA PLUMA
piritu de Rousseau, y logrado que habíamos el primer banco libre, el más
despierto de la clase abría la traducción de la Tetralogía, de venta a la.
sazón en la Contaduría del Real, y en medio del grupo que en derredor
suyo formábamos los demás, hasta seis u ocho, empezaba a leer:
«Acto segundo, Lugar abrupto. Aparece Brunilda en lo alto ?e una roca.
WoTAN
(Al pie, con escudo y lanza.) ¡Apresta tu corcel, virgen guerrera.
apresta tu corcell
.
BRUNILDA.
¡H6 hetoh6! ¡Ho, hotoh6! ¡Hotoh6!» (el lector asp~ra~a 1~ hache
fuertemente, pero no elevaba la voz con alardes h1Stn6n.:cos. antes bien, Ida con sobriedad y mesura). •1Aaay, háya1. ¡Aaay,
háyai...l•
Luego, en el teatro, guía en mano, comprobábamos con regocijo que
la austeridad del director alemán no nos escamoteaba ninguno de los largos parlamentos señalados en el libro c~n un asterisco-:--para eterno op:obio de la tradición ¡taliana que se atrev1a a cortar el hilo de las Parcas.
las discusiones familiares de Wotan y Fricka, o la relación del Viajero-,
y la comprobación de nuestra resistencia nos servia de descanso y nuevo
aliento para los actos sucesivos.
La guerra, que tanto ha influido en los destinos del mundo neutral.
en el que va incluido el sereno limbo de las Artes, ha trast~ocado órdenes y jerarquias, derrumbado imperios kolosales y descubierto muchas
fuentes cegadas. ~Que se ha hecho de nuestro wagnerismo?
La facilidad que en el desequilibrio económico de Europa hallan las
Empresas para proporcionarnos espectáculos inasequibles antes al público madrileño, nos ha deparado el poder asistir, no ya a unas cuantas representaciones de Wagner-perfectas en punto al estilo ~onvenient~ a
tales óperas y sobresalientes en lo que hace a la acabada mterp ·etac1ón
de algunos papeles principales, como los encome~dados a l~ ~eñora
Dahmen, al señor Kirchof y al señor Lattermann-, smo a la rev1s1ón de
nuestro wagnerismo de un tiempo, y deducir una enseñanza decisiva, que
bien pudiéramos condensar en este grito: ¡El wagnerismo ha muerto!
¡Viva la música de Wagnerl
De todo el aparato retórico, de toda la balumba pseudofilosófica, del
106

LA PL U ~l A
concepto grandioso cuya realización corona en Bayreuth el imperio germánico del arte, quedan una ópera magnifica, Trlstdn e /seo, algunos ac-tos de otras, modelos de expresión dramática por medio de la música, tal
cual escena sublime, y un mundo de cartón-piedra y oropel escénicos envuelto en el vapor de agua y las fogatillas con que se figura en el Real
cel fuego encantado•.
Por lo que hace a los espectadores, se ha llegado a una transacción,.
que hubiera parecido antaño imposible, entre el patw y la cazuela. Se
consienten y disculpan las estridencias de algunos ejecutantes; se permite
la admiración calurosa al protagonista, con menoscabo de la adhesión a~
conjunto indisoluble; se agradecen los cortes en la partitura, y ya no se
hace demasiado hincapié en las diferencias, antes fundamentales, entre la
gran ópera y el drama lírico, diferencias que no están tanto en la pretendida superioridad del argumento wagneriano sobre el libreto de Meyerbeer, cuanto en la dignidad artistica de una y otra música.
La experiencia hubiera sido cumplida si la Carmen cantada después
de la Tetralogía, justificara con una interpretación menos desmayada el
entusiasmo de Nietzsche por la posibilidad de una música medite"ánea,,.
melódica, sana, natural; y más todavía si en el repertorio del grupo francés se hubiese incluido el Pelkas et Melisande. As{ como así, la batalla
está empeñada ahora en el Circo de Price, en torno a Debussy. El público de la Quinta y La Revoltosa, de la Overtura de Tanhauser y La boda
de Luis Alonso, ha protestado la /ben.a del autor de L'apres midi d'unfaune. La culpa es del Sr. Pérez Casas, que acata la dirección del Circulo
de Bellas Artes en la confección de sus programas. Bien está que se proteja y estimule la produccióu art{stica nacional; no es la mejor manera
pretender sacar al glnero chico de las casillas donde yace. El señer Arbós,
a quien vimos dirigir un Concierto de música española el año pasado,
en la Ópera de Paris, pudiera decirnos si aquel público tan comprensivo
supo o no discernir entre el fárrago de Pows gitanos y demás colorines.
locales, la música, española si, pero música sobre todo, de Manuel
de Falla.
Pero los bailes rusos anuncian su vuelta a Madrid para la próxima,.
107

�LA PLUMA

LA PLUMA
primavera. El estreno de El sombrero de tres picos será digna señal de la
.colaboración española en la Sociedad Artistica de las Naciones.

FLORENCIO SÁNCHEZ
No para estrechar lazos, que de tan apretados ahogan a veces, sino
para representar comedias, ha venido a Madrid la Compañía Argeatina
de la señora Camila Quiroga. El éxito no ha podido ser más halagüeño .
Desde el primer dla la prensa batió palmas en su honor, y el público, un
tanto remiso en acudir, llenó el teatro en las últimas representaciones.
Bien que no hayamos podido asistir a todas, faltos de tiempo, harto
aprovechado por la Compañía en dar variedad al cartel, y nada sobrados
de plata con que pagar los elevados precios señalados a las localidadespues la D irección artlstica, con exagerado respeto sin duda a nuestra independencia crítica, no nos ha favorecido con ningún billete de los prodigados a los periódicos-, hemos conseguido formar juicio acerca del
teatro sudamericano-ya que no sin cierta preferencia por:los autores ar,gentinos, se nos han dado obras de algún escritor chileno y, las mejores,
de un uruguayo.
No era desconocido en España el nombre de Florencia Sánchez, e incluso José Tallavi había representado con poco éxito en el Español un
drama suyo, Los muertos. Ha sido, con todo, para nosotros una revelación,
y es de esperar que, visto el triunfo de Ba"anca abajo, alguno de nues·tros primeros actores lo incluya en su repertorio.
A nuestro entende.r, Ba"anca abajó es la obra maestra de su autor,
,cuya temprana muerte añade tan romántica simpatía a su figura. Los mis,mos elementos que componen en términos generales el resto de su teatro-de que hay escogida muestra en una reciente edición d@ la cEditorial Cervantes•, de Valencia-, lucha entre padres e hijos, la fa,alidad
-del medio ambiente, la enemiga entre el campo y la ciudad, el anárquico
pesimismo que la realidad le inspira, se concretan con simplicisima y
,grande fuerza dramática en Barranca abajo, donde el color local, la re1,producción exacta de tif,OS y paisajes, la viveza del diálogo, sólo sirven
1o8

de marco a un conflicto sentimental que, si circunscrito en su apariencia.
exterior a caracteres argentinos, alienta con una pasión humana que lo
hace universal. Hasta Florencio Sánchez, el teatro rioplatense bárbaramente popular en las primitivas pantomimas de circo gaucho, mera adaptación de los géneros inferiores del europeo en las primeras comedias na-cionales, podrá ser de costumbrts más o menos argentinas, pero no es
teatro. Después ...
Después, y por lo que hemos visto, es demast'ado teatro, en la peor
acepción de la palabra. Se parece harto al mal teatro de todas partes, y
especialmente al italiano. Las comedias de salón se parecen al teatro italiano imitado del francés. Cierto que, dicho sea en honor de los dramaturgos sudamericanos y contra la mal enteadida protección que se dignan,
dispensarles algunos críticos de la madre España, no pretenden seguir
las huellas de Calderón, Lope, ni Tirso. Ventajas de no tener tradiciones
arraigadas... en las columnas de los periódicos.
La Compañía de la señora Quiroga es buena. El conjunto que ofrece·
es muy superior al de cualquiera de las españolas. Interpreta acabadamente las obras de carácter popular. Se ve que los actores argentinosimitan el ejemplo de los italianos, y aún mejor diríamos que lo son. La
señora Mancini, los señores Escarsela, Acchiardi, Olarra y Fregues, la señorita Arnoedo, son cómicos de primer orden. La señora Quiroga, muy·
bella, los preside dignamente y, lo que es más, nunca sacrifica a su lucimiento personal el reparto de una obra, ni condiciona su representación,
la circunstancia de tener ella o no el primer papel.
Los actores argentinos han ido de Madrid a París. ,Alli verán cómo,
todo el arte teatral no está en el Boulevard ni en el Francés. Ni se arredren melancólicos ante los esfuerzos de Gémier por bajar del escenario
a la pista, de que sus antecesores argentinos desertaron. Verán que el
teatro más moderno, de tan realista o de tan idealista, no tiene decoraciones. Lo cual evita, por lo menos, el ponerlas malas.

UN CR1TICO INCIPIBNTB

�LA PLUMA

APUNTES PARA UN A GEOGRAFÍA
MUSICAL DE E-UROPA. 1920
IV INGLATERRA
de las cosas que parecen haber sido carac~erísticas de
Inglaterra, fué la fidelidad guardada a l~s pas1~nes que la
conquistaron del modo más rápido e 1m1:rev1sto. ~o~ lo
menos en arte, o, más por lo menos todav1~, en, mus1ca.
En este aspecto, Inglaterra tiene con Esp·~na mas. de un
punto común; pero en el plano de su modernida~ musical, 1~ ?1f~rencia es completa, porque mientras lo que caracteriza a la nac1on msu:
lar es su firme voluntad de tener un estilo moderno, entre nosot:os, s1
existe éste es bien a pesar de la pluralidad de gentes de) ,ofic10. No
hay que c¿ntar, claro está, co~ los «s_eniors» de la ~rofes1on: En ln.glaterra, tanto como en Espana, se dieron una mana especial para
erigir una falsa tradición a la que rodearon de todos los resp,etos Y,
como era falsa, daban el grato espectáculo de q?e ~ua nto mas acatamiento guardaban a sus formas exteriores, ma~ hndam~nte se les
escapaba el espíritu de la cosa. Si hoy pretendiese algmen qu~ el
modernismo tan activo despertado en Inglaterra ?es?e fecha re~ien\te, no es más que una repetición del fenómeno md1cado, podna teNA

m

11er apariencias de razón si, por fortuna, aquel país no contase con
.algunos músicos que, esta vez, hagan creer que se trata de algo de
más hondo arraigo.
Amorcitos ligeros de solterones a los que se guardó luego fidelidad perdurable. La vieja gran Bretaña: comenzaba a aburrirse de
sus músicos isabelinos, cuando llegó como un cometa de radiante
cabellera el exuberante Haendel, todo sonoro del más espléndido
italianismo operístico. Un siglo después, todavía reinaba sin rival en
los corazones más embebidos por el sentimentalismo de las «ballads»
cuando otro hermoso invasor, galantería llena de encajes los emborrachó con su perfumado marrasquino; Mendelssohn tenctría todavía
en Inglaterra una adoración muy estilo Nuevo Testamento, tanto
com_o Haendel lo f~~ al estilo del_ Viejo, si otro músico de las postrimenas del Romanticismo no hubiese aparecido por el Oriente rena110 con todas las exigencias del perfecto músico protestante.
La impersonalidad brahmsiana era, en efecto, la más perfecta hechura en que acomodar el espíritu musical inglés de fines de siglo.
'Toda la música victoriana parece la creación irremisible de un pastor
evangelista. Tschaikousky fué después su último estremecimiento.
Luego, pasa de un salto a la época moderna, en donde las más diversas tendencias conviven con los residuos tradicionales en una
amable e indiferente cortesía.
La fragmentación c!el credo actual se apodera de Inglaterra sin
haberle dado lugar a gustar de las efímeras irisaciones del simbolismo y del impresionismo. En música, simbolismo quiere decir estéti-0a, e impresionismo, técnica. Cualesquiera que sean las tendencias
de los novísimos compositores ingleses, hay en ellos menos intención del inte.riorismo peculiar de aquella estética, y menos luminosid_ad '! frescu_ra externa pr~pia de los materiales que utilizaba el impre-s1omsmo. S1 se busca que es lo que constituye el esqueleto de un
arte, esto es, el sistema orgánico que le hará tenerse en pié, se en•contrará que, naturalmente, es un principio constructivo, y será él
1~ que ~segure su ~liación con mucha mayor veracidad que sus manifestaciones exteriores. La herencia artística, como la fisiol~gica,
n? se obtiene por procedimientos circunstanciales, sino por filiación
directa. De aquí la conveniencia de los cruzamientos que en arte son
tan eficaces cuanto combatidos.
11 I

u,10

�LA PLUMA

'

1

LA PLUMA

Fuera de Eugene Goossens, que siendo el mus1co más ~onsiderable de la joven escuela inglesa, no es un inglés de raza, los demás
muestran en su sistema óseo demasiado homologismo con lo escolástico de su país para hacer sosP,echar que lo joven en ellos no es
más que sus treinta años. Diversos «ismos&gt; los caracterizan; pero en
ellos-como también en Italia y en España-esos matices, ¿son algo
más que veleidades? Vemos unos orientalismos puramente superficiales, unos modernismos «fin de siecle&gt;, unos nacionalismos que
andan informándose, indagando razones que presentar, y hay 1 final
irremediable, unos tradicionalismos que se remontan, como en todas
partes, a los tiempos heroicos del clave y la espineta.
Pues, con todo eso, la música contemporánea de Inglaterra tiene
un color propio, y no la aqueja ya aquella impersonalidad de sus antecesores. ¿Y en qué consiste? Pues en el fenómeno general que se
observa en toda la geografía musical europea, y que consiste en que
la gente nueva descubre lo que, !:iiendo tradicional er.. su país, lleva
en su fisiología, ¡;erfectamente asimilados, gérmenes de un exotismo
renovador.
Clara y lisamente: que su organismo artístico está «mejor alimentado&gt;. (Academia=cristalizacióo. Conservatorio=clorosis. Aquéllo significa parálisis; éstos, degeneración.)
Pero véase que una cosa muy importante diferencia el poder de
asimilación de los jóvenes músicos ingleses, consecuencia de su
buen deportismo, de las ifl\Ítaciones pasivas, exteriores y sedentarias de las viejas épocas a la moda de Haendel, etc., etc.
Nosotros pondríamos un nombre a esa función del excelente organismo de los jóvenes ingleses: «facultad de occidentalizau. En
efecto, ahora que se habla de un occidentalismo musical de creación
reciente, se ve que es la nueva escuela inglesa quien ha sido la iniciadora. No tenemos mucha simpatía nosotros por esa facultad, cuyos ingredientes son ciudad
sociedad. Algo gris, gasolina, gran
hotel y smocking a sus horas. Entre la facultad de asiaticismo de
los rusos, de mediterranismo de los franceses o la del expresionismo
actual de los alemanes, que consiste en encontrar la tripa de carnero
a través de la cuerda de violín, desde luego preferimos las dos de
en medio.
Si se me pre¡untase por algún ejemplo de lo más típico de: ese

occidentalismo, contestaría sin re
Lord Berners, profundamente disti~~~o mostrand? ~ &lt;?oossens y a
les-por lo demás-, y tan gran hom~reen sus ?tstmhvos personateur e~te otro; Goossens con su creciente d~~~2c10
aqttél, como ama1
• ª " n por la dureza y la
enérgica expresión de ¡0 pétreo y 10
se en puntas d e .:nstal
·
estallido d mticizo
. .
, Berners con su romperzadas en todas direcci¿nes.
e ns,1s cortantes como aristas, lanEllos, tanto como los músicos de tend
.
~han-Williams, nacionalistas como lrela enc1as_poéticas, como Vaunl Scott, u ori~ntalistas como Bantock-~~• o P!ntorescos éomo Cynos vamos aleJando demasiado de
\J no c1!amos más, porque
parse por la riqueza del color y la 192~)~d c0m1enzan a despreocupe~~liare_s a las primeras músicas ~:~c'f~' ad _del material sonoro.
Mus1cos ingleses de menor nombradí: g o, mixtura r~so-francesa.
más fieles a esos principios en cuy d , ~ero . muy estimables, son
do Scriabin y Schoenberg es
~ eca enc1a tal vez hayan influíBerners parece enfrascado ~n d~~~:~~s e atent~mente ~n las Islas.
do fórmulas casi algebráicas
F. xpres1ón musical, buscanGoossens busca en algo que ta;;:;,.:us ragmmts pkysiologiques, y
gún informes reservadísimos en ~ n 1:reocupa en Alemania Y, seun sistema exclusivamente
á . spaSa: el fundar la música sobre
acaba de estrenar seria di ná ~tco. u poema Etern«l Rytkm que
I
A
d d S
n m1camente lo qu
Tr
• •
ccor: e choenberg es al arm . _
e e1 vcrscluedenu
Ahora toma
ontsmo puro.
trales.
mos el tren para buscar a éste en los países cen-

di

ADOLFO SALAZAR

+

112

8

113

�LA PLUMA

BUSCANDO SU HUELLA
C:omo arriba
no le encuentro,
la escalera
bajo presto:
quizá le halle
en el huerto.
CVoy al banco,
voq al seto,
voy al pozo, b4jO el tilo
predilecto;
llamo y busco,
voy y 'Uengo,
más... en vano,
que en el huerto,
cual arriba,
nada veo...
C:omo manos invisibles
van los vientos
a su paso
sacudiendo
con gran furia
,14

los abetos.
..Clueven hojas
llueven pétalos ...
&amp;n el pozo verdinegro,
sacan agua:
sube el cubo y va gimiendo.
C:on angustia
voy y vengo;
por la verja
salgo y entro.
CVuelvo arriba...
Qrave y lento
el reloj
mide el tiempo...
..Cos salones,
en silencio,
se recogen
tras la sombra y el misterio.
'llna 9,tusa
alza el dedo

señalando
hacia el cielo...
'Godo solo
todo escue;o
como páramo,
cual desierto
'
como triste
cementerio...
cSalgo al punto
Y el extenso
corredor
atravieso.
&lt;Subo al alto ' mas t,10 mzsmo·
•
nada encuentro
.
.Ca veleta,
···
en extraño voltejeo,
hace burla
de mi duelo.
fe_or el largo caracol
szlba el viento
.Ca redonda ci:raboya
es un ojo que da miedo...
.Coca, bajo
los estrechos
escalones;
huyo luego
por los grandes
aposentos
silenciosos,
Y de nuevo,

-

angustiada,
corro al huerto.
.l:os
rincones escudrzno,
.J
touo exploro, toJ
uo veo·
la avenida
·
de los fresnos
el ruinoso cobertizo
.
donde duermen los cone¡os
e l estanque,
'
los senderos
los recodos.:.
¡fN~da encuentro/...
¡fNz sus pasos
hallo impresos
en la tierra!
¡fNi los ecos
de su voz
guarda el viento!
fJdo es todo,
nada espero;
han volado
los
gorriones
de los suen-os,.
•1
J
soto queuan
los recuerdos
como buhos
agoreros...
'Una lágrima rebelde
una lágrima de fuego:
rueda y cae
por el suelo

'

�LA PLUMA

-gruesa gota
que, sediento,
traga ansioso
el sendero.'Goca y entra
el temido sufrimiento...
'JI a su yugo, resignada,
tiendo el cuello...
,..fJunto al tilo
predilecto,
-ya sin hojas,
cual fatídico esqueleto,sobre el banco de madera,
caer dejo
el gran fardo
de mi cuerpo...

';}legra nube
cruza el cielo
cual un torvo
pensamiento,
cual presagio
de un gran duelo,
9,(,uere el sol;
hunde el viento
sus rencores en las ramas;
tiembla el seto,
y en el pozo
verdinegro
que los musgos
han envuelto,
la mohosa carretilla
lanza un grito lastimero...

MARIA BNRIQUBTA

116

LIBROS Y REVISTAS
Jnllo Camba.-La rana r,iajera.-•Calpe•, Madrid-Barcelona,

1920.

Al pie de la cubierta y frente al título de la casa editorial, se lee: Los humoristas. Est~ rana viajera figura, pues, clasificada por el coleccionista en un rango literario que la define ante el lector, para quien "l libro ha de ser, por la
etiqueta, cosa densa. Al crítico le quedan dos caminos para juzgarlo: Limitarse a la autoridad de las retóricas y decidir si está bien o mal según se ajuste o
no a los preceptos doctrinales del humorismo como tal género clásico-aprendido en las clases-, o deducir lo que es el humorismo de lo que los humoristas-con voluntad de tales-escriben. Nosotros preferimos este segundo criterio. Y con arreglo a él se nos muestra el humorismo, por arte de Julio Camba,
como amenísima manera literaria de decir en broma las cosas de sentido
común.
Julio Camba confiesa lisa y llanamente en las dos primeras págiuas, la
intención del libro: Hace ya algunos años, el director del periódico doude a la
sazón escribía, le mandó al extranjero. •Mis artículos de entonces-dice-,
como los que más tarde escribí desde otras capitales, tenían la pretensión de
estudiar experimentalmente el carácter nacional, pero el único sujeto de experimentación que había en ellos era yo mismo. Yo estoy en mis colecciones
de crónicas extranjeras como una rana que estuviese en un frasco de alcohol...
Y si lo que quería mi director era observar el efecto directo de la civilu:ación
europea sobre un español de nuestros días, ahí tiene el resultado: una serie
constante de movimientos absurdos y de ,.ctitudes grotescas. Ahora el poeta
vuelve a su tierra, es decir, la rana torna a la charca... ¿Cómo encontrará su
charca la rana viajera, después de una ausencia de tantos años?
•Mientras he estado ea el extranjero, yo he tenido un punto de referen.cia
para juzgar los hombres y las cosas: España. Pero esto era únicamente porque
yo soy español y no porque España me parezca la medida ideal de todos l?s
valores. Ahora, y para hablar de España, me falta este punto de referencia.
Forzosamente haré comparaciones con otros países. Y no sólo resultará que
España no puede ser un modelo para las otras gentes, sino que no sirve ape117

�LA P L U l\J A
LA PLUMA
nas para los mismos españoles. La rana encontrará su charca muy poco confortable.•
Continúa por lo tanto Camba la dirección moralista del grupo de escritores
conocidos en bloque por la «generación del 98•. Sólo que al tono elegiaco ha
sucedido la alegre ironía, y al énfasis serio, la simplicidad ligera. En el fondo
la intención satírica es la misma, y el mismo también el lírico egotismo de entonces, si bien disimulado cuidadosamente, con cierto pudor, que evita toda
expansión propiamente poética ¿Esta limitación preconcebida, puede llegar a
constituir un defecto por encallecimiento de la sensibilidad? En todo caso preferímoslo cien veces al exceso contrario.
Fino costumbrista, agudo observador de la realidad diaria en su aspecto
cómico, ha sabido Camba en sus crónicas de El Sol-de que son excelente
muestra las reunidas en este volumen-conferir a su obra una dignidad rarísima en la nefanda literatura de los periódicos, dignidad no tanto literaria cuanto de intención, por el espíritu liberal quP. anima sus divertidas moralejas en
las que siempre se advierte un sincero propósito antifilisteo.
Si por acaso el lector echa de ver en las sátiras de La rana viajera cierta
falta de imaginación, es decir, de esa voluntad de interpretación cómica del
mundo por la reducción de la realidad al absurdo, con que suele por lo general mostrarse el humo,- de los humorislas extranjeros, ello demuestra hasta qué
punto el humor de Camba se alimenta en la observación directa de la vida española, de suyo tan absurda y disparatada que háse\e de buscar el contr~ste
grotesco inventando paraísos, perfectamente terrestres en cualquier otro clima
espiritual.
.
Ha conseguido Camba una popularidad merecida y, lo que es más, _la ¡usta
apreciación ele su esfuerzo artístico púr huir de los dos grandes enemigos d~l
espíritu del escritor: la vulgaridad, en que se pierden los afanosos de glona
callejera, y la pedantería, en que se malogran los sedientos de lisonjas de corrillo. Habrá quien quiera confinarle en el género chico, diciéndol~ ~ue el género chico es el grande, y quien pretenda incitarle a hacer oposiciones a la
cátedra de Salmerón&gt;, valga el tópico anacrónico. Camba, que merced •a la
vis cómica nativa ha sabido ascender del periodismo a la literatura-aún hay
ciases-, nos debe, con o sin etiqueta de humorista, un libro nacido para tal, no
sólo la selección anual de sus crónicas, cuyo mayor precio a nuestros ojos está
en el sentimiento de unidad que las preside.
C. R. C.

•••
Ra~ón Gómez de la Serna.-El drama del palacio deskabitado.-EditorialAmérica, Madrid.
Reúae este volumen cinco poemas dramáticos en prosa, escritos hace ya
tiempo por su autor, e incluso publicados separadamente en ediciones juveniles, según dice la advertencia inserta a la mitad del libro, donde se cuentan
ade:nás algunas curiosas vicisitudes de tal cual de estos ensayos teatrales en

J18

su n~nnata vida escénica. ~o se induye_ el más interesante acaso, si no nos
enga°:a nuestro buen recue_rdo de su pnmera lectura, el titulado Un cuento de
1
Calle1a, recientemente reimpreso por la Editorial de este nombre· e
•
Beatriz, ~fortunada réplica a ~a Salomé de Osear Wilde, que con el adtE
El lunát1C11, nos parece lo me1or del tomo.
'
No quiere Gómez de la Se_rna que sus dr~mas formen parte de ese «es antoso Teat,:o para leen. ¿Cons1gu_e su propósito? A nuestro juicio, no. Un &amp;-ítico ext_ran1ero, grandemente aficionado a la producción de Gómez de la Se
le estima como uno de los mejores poetas españoles contemporáneos ri:1•
duda alguna, el gran temp7ramento literario de Ramón, como él gusta ll~a~~
se. a. sec~s, propende al hnsmo, y a~aso uua de las razones a que se debe su
o~~g1nahdad está_ en _la desproporci6n, el desequilibrio entre los temas ue
ehJe Y su expres1óu madecuada, voluntaria, conscientemente arbitraria. q
Adolecen, pues, su~ dral!1as de falta de vigor dramático, y, no ob4stante !&gt;U
b~eved~d, de ~x_ceso hterano, ?e poca concisión. Más que tales dramas son
divagaciones lineas en prosa dialogada.
'
Es verdad que la ma~or parte, si n_o todos, son obra de juventud, primeros
tanteos en que lo_ más digno de aprecio, cuando se publicaron, era su rebeldía
a las normas cornentes entonces; y si hoy no seducen desde luego al sim le
lector, como alguno_s trozos escogidos de la literatura posterior de Ram~n
son suipamente curiosos para el crítico, que ve esbozuse en ellos ¡¡,_ maner~
Yª tan acu_sada y personal de este escritor, sin duda el más literato de los jóvenes nacidos al mundo de las letras después de los que en la actualidad ostentan y aun detentan el nombre de maestros.
•~nevas carpeta~ con dramas esperan la hora propicia de un teatro que
necesite el repertorio del que no quiere ir al teatro.• A buen seguro, que por
~';1Y apartado del nu~stro que pueda ser cuenca el criterio artístico de Ramón
?!lle~ de la ~erna, siempre nos sorprendei-á con nuevas muestras de ese esp1ntu mdefin1ble que alimenta la obca del verdadero artista.
C.R. C.
• **

~~a~

Romain Ro,lland.-Clerambault. Histoire á'une conscience libre pendant la guerre.-Pans, Ollendorff, 1920.
í «Pa~a mí-dice Cl_erambault-es libre el hombre que puede desprenderse de
~ frop10, de sus pasiones, d e sus instintos ciegos y de los del medio y de los
e momento, n~ para obedecer a su razón, como suele decirse-la ;azón tal
co:;io la entendéis, es un engaño, es una pasión más endurecida intelect~ali:;'" a, Y por tanto fanatizada-, sino para tratar de ve~ por encim~ de las nubes
he J?Olvo que levant:1n los rebaños en el camino del presente, para abarcar el
d onzo~te, a fin de situar lo que sucede en el conjunto de las cosas y en el or~n umversal.:. para op~n~rse con plena conciencia [a las leyes del universo)
siuson ~ontrana~ a la fehcida? y al bien. Porque la libertad consiste en esto
q e e 1 ombre libre es por s1 solo una ley del universo, ley consciente, únic~
que está encargada de hacer contrapeso a la aplastante máquina ... • Cleram119

•

1

�LA PLUMA
bault adquiere penosamente esta idea-idea capital del libro-y la formula,
poniéndola como base de su polémica contra todos los que. sea rutina o cálculo, se dejan engullir por el calma multitudinaria•. ~ntes de hacer ese d~scubrimiento, Clerambault-poeta famoso, burgués feliz, no muy sobrado de rnteligencia-no era libre: no era libre en la paz, pues no se hab1a preguntado cuál
podría ser el valor verdadero de sus ideas generosas y vagas, ni de su creencia
en el advenimiento próximo de la fraternidad universal, confrontándolas con el
«conjunto de las cosas•; no era libre en la guerra, al comienzo, cuando apenas
repuesto del estupor que le produjo el derrumbamiento de sus ensueños, se
puso a cantar, confundido con la turba, «despersonalizado•, la guerra y la patria. La furibunda acometida que da a la patria, a la nación, cuando están en
guerra, no la dió contra el ficticio r~~oso anterior, bajo_el qu~ ~e escondía un
orden podrido, En el fondo, tan prisionero de la multitud v1v1a Clerambault
antes de la guerra, como al arrojarse al arroyo del boulevard, 3:ullando su patriotismo; pero en esa segunda postura. hundido _m,oral y m~tenalmt;~te en las
turbas, víctima del contagio, está lamentable y ridículo, ébno. Un h1~0 de Clerambault, Máximo, se alista voluntario. «Una oleada de alegría heroica arrastraba a su generación. ¡Hacía tanto tiem~o que aguardaba (yaº? se atrevía ª. esperarla) una ocasión de obrar y de sacrificarse!» Cua?do las n~gr_atas r~ahd~des de la guerra. sin quebrantar el ánimo firme, enfrian el ard1m1e~to Juvenil
de los primeros tiempos, y se inicia la divergencia de los combatientes con
los civiles en la apreciación del giro de la campaña, Máximo perece. Golpe
terrible, que despierta la conciencia de Clerambault. En rigor, era hombre 9.ue
había reflexionado poco. El infortunio, que a muchos les hace con~~er a Dios,
a Clerambault le cura de frivolidad. Pensando en la muerte del h1Jo, se pregunta: «¿Para qué? ¿Por quién? Era men':ster. al m_enos ~ersuadirse que por algo
grande y necesario.• Pero: «aunque tuv1ese1s vemte mil veces más razón_ en la
lucha, la razón ¿vale los sacrificios con que hay que pagarla?• La conclusión_ es
negativa. En la guerra, quienquiera que sea el victorioso, siempre es vencida
la Humanided. Y entonces, sobre el pobre Clerambault, se desploma esta verdad: el culpable del estrago, el culpable de aquel derroche de las energías juveniles de Europa, es él, y con él su generación, la de los hombres maduros,
que han ofrendado la sangre de sus hijos al ídolo patriótico, en que no creían;
ante los muertos se acusa, y les pide perdón. Es el momento en que _la conciencia de ClerambauJt cobra libertad; es come si adviniese a la dignidad de
hombre: «Todo el que es hombre de verdad-dice M. Rolland en el prólogodebe aprender a estar solo en medio de todos y a pensar sólo por todos, Y
caso necesario contra todos.• Clerambault lleva valientemente el. fardo de su
su libertad. H;cen falta almas como la suya: «por la sumisión cadavérica de las
iglesias, la intolerancia sofocante de las patrias, y el unitarismo _entontecedor
de los socialismos, volvemos a la vida gregaria.• ¿Y cuándo más mtolerante la
patria que en el trance peligroso de una guerra? Clerambault emprende contra la aberración del instinto patriótico, contra la inútil matanza, contra el heroísmo infecundo, una aventura desigual. No le basta que la luz se baga en su
alma: quiere desligar su responsabilidad e impedir que se pierdan todos; la
alternativa es clara: o dejar que el daño SI! cumpla, dejar que los demás se
120

LA PLUMA
pier?an, o arriesgar.;e a hacP.rles daño, a lastimar su fe, a granjearse su odio
por mtentar salvarlos. Clerambault acomete la gran quijotada. Publica su e Demanda de perdón a los. I?uertos•, un adi_6s a la patria que amó. «¡Patria! ¿Po.t
qué nos has hecho tra1c1ón?... P~tna vendida a los ricos, a los traficantes con
el ~lm~ y los cuerpos de l~s naciones... que te gozas en encender el celo san1:umano de los pueblos, diosa de presa, falso Cristo que revoloteas sobre la
mata!lza, con tus alas en cr_uz y garras de halcón. ¿Quién te arrancará de nuestro cielo?• ~lerambault se p~e~a la vida. La familia y los amigos le abandonan;
una campa°:ª de rr~nsa, dmg1da por su camarada más antiguo, Je denuncia
com? enemigo pú_bhco; encartado en un proceso «contra el gran complot derrotista•. un patriota frenético lo asesina.
Monsieur Roltand advierte desde el principio que este su libro no es una
novela. En efecto, es un libro de historia y de moral. Describe la repercusión
de la guerra en un espíritu honrado, since1:o y generoso, pantalla puesta por
el autor para proyectar sob_re ella los conflictos que agitaron la vida intelectual
Y, moral en_ cuanto se. ro~f)IÓ la paz _de Eu_ropa. El propio Clerambault apenas
si es un ca1ácter, un 10d1v1duo, un tipo. Cierto que padece .-o sus sentimien!OS personales, en su afecto de marido y de padre; pero eso, en realidad, nos
interesa poco, nos conmueve poco; se ve de sobra que eso no tiene más que
un valor figurado. En Cl_erambault se agita y sufre una conciencia que no siempre p_are_ct; encerrada, s1 puede decirse así, en los límites extrictos de una pers~na 1nd!v1d~al; creemos ve1 un alma enorme, difusa, prendida aquí y allá,
P r los ambitos del mundo, a las vidas torturadas de que es vocero Clerambault. Lo q11e nos importa en este poeta es el conflicto mismo que define y representa, Y en la medid_a que el conflicto se ha insinuado en nuestro espíritu.
El autor h~ye de reducir el tema a un caso dramático particular, y desde un
punto de vista de filósofo de Ja historia y de moralista juzga a Jos hombres en
l.a guerra, Y_ sus móviles, y el valor de las ideas que soÍían defender: el fallo es
condenatono.
Aunque no sea «Clerambault» un libro autobiog1·áfico las observaciones
:\1. Rolland ha podido_hacer a su propia costa desde 19'1 4 se hallan de seg_ 0 aprovechadas en la pintura de los desengaños y malandanzas porque atrav;er5a el apóstol del humanitarismo. Y también se saborea esa experieneia en
~ ~rm~nto á~ido qu': destilan muchas páginas, por las que desfila usa galería
e tipos (sab10s, escritores, políticos militantes, y gente! sin notoriedad: burgueses, soldados), en algunos de los cuales se aglutinan rasgos tan peculiares
ue nos tienta el maligno gusto de ponerles un nombre conocido El curso de
1&lt;Ios
' ·
·
b'1 est ª d os d e _ammo
porque ,·a pasando Clerambault no es ciertamente
autod ~gráfico. ~a id~a ~eueral del libro ha obligado al autor a suscitar en el alma
e persona1e principal todas las reacciones imaginables que podía producir la
iUCrra. Cada una de ellas, aislada, es verdad históricamente· quien más quien
menos,_ei~ nuestra corta experiencia personal, todos hemos podido comprobar
que existieron. Verlas pasar por un mismo sujeto ya es muy raro; el arre!)ato
bon ~ue el gran corazón de Cleramhault se va aohiriendo a ellas hace de este
re un ser descomunal. Así, tras el primer desengaño de s~s esperanzas
,pac cas, Clerambault se abraza al embeleco de la «guerra contra la guerra».

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qi:

ºm

12(

�LA PLU.MA

LA P L U 11 A
•Quería persuadirse que aún podía aceptar el hecho de 1~ g~erra y participar
en él, sin renegar de su pacifismo de ayer, de su humamtansmo. de anteayer,
ni de su optimismo de siemprt-... Clerambault ccmeozab~ a ~abncarse una tesis, un ideal-absurdos-donde se acordaban los contrad1ctonos: la guerra contra la guerra, la guerra por la paz, por la paz eterna.• Esa fu~, durante las hos- .
tilidades la tésis oficial, y sirvió para lo que los no conformistas _b~n lla!11ado .
después pintorescamente e/e bourrage du cr4ne•; en ella no participó, cierto,
M. Rollaod, que desde el primer día se colocó cau-dessus de la melée• y emprt-ndió su resonante campaña por la unidad moral ~e Europa y l?s derechos
primordiales de la humanidad. Cabalmente, en este libro, coronamiento de sus
polémicas de esos dños, M. Rollan~ _fustiga a lo_s pens.1;dores conterráneos suyos que pusieron la Razón al serv1c10 de los odios nacionales. cEn l~s guerras
de hoy día, que engloban a pue~los entero~, se hace lev~ del pensamiento; tanto como los cañones, el pensamiento mata, mata el alma, mala más allá de l~s.
mares, más allá de los siglos..• A las insa~as de los pensadores de Al~mama
respondieron sin tardanza las extravagancias de los h~bladores de Pans y ~e
otras partes.• Clerambault ap:e~dió que Kant _conduc1a a Krupp, tr~gaba. sin
chistar los singulares descu~nm1~ntos_ de los mtelectuales d~ su pa1s, •pisoteando el arte, la ciencia, la 10tehgenc1a, el alma del otro pa1s, en el _decurso
de los siglos, trabajo de delirante mala fe, que negaba al pu~blo enemigo to~o
genio, y encontraba en sas títulos de gloria más excelsos el signo de su 1Dfam1a
actual.,
Las figuras secumlarias que rodean a Clerambault representan sendas respuestas personales ~l confl.icto implicad? e~ el hecho de la guern. ¿Qué v":le
en si la idea de patna, y basta dónde se 1ust1fican por ella los estragos (materiales y morales) de una guerra como esta? Y después: ¿Cómo se acomoda la ~onduct&amp; a la respuesta dada en lo íntimo de la conciencia? Muchos de esos. tipos
quedan descalificados moralmente. Todos se somet~n ": la norma pat:1ótica,
aunque por muy varios modos. Por de pronto .. • •_el 10st10_to de la pat_:-1a es ~l
único, acaso, que en las condicione_s a~tuales se hbra de a1a~s~ en la vida cotidiana. Los demás in.1tintos, las asp1rac.1ones naturales, el legitimo ~fán de amar
y de obrar, se veo, en la sociedad, ahogados, mutilados, constreñidos a pa:sar
por las horcas de las apostasías y de los compromisos. Y cuando el hombre, al
llegar a la mitad de su vida, se vuelve para n:iirarlos, ve que todos llevan en la
frente el sello de su derrota y de sus cobard1as; entonces, amarga la boca, s_e
avergUenza de ellos y de sí propio. Sólo, el instinto de la patria ha p~r~anec1:
do aparte, sin empleo, pero sin mácula. Y c_u~ndo resurge, resurge 1DV1olado,
el alma que lo abraza traslad~ a él su~ aa:ib1c1one~, sus a~o:es, sus deseos a~dientes traidonados por la vida. Med1c. siglo de vida oprimida toma el desquite.• Así Camus, el o.;uperpatriota, un bruto, un filisteo: •La horda en armas c?ntra el extranjt-ro... eograndr.ce a la muchedumbre de los que vegetan en la impotencia de un egoísmo anárquico; los sube al pi~o ~uperior del egoísmo org":nizado. Camus se despertó de pronto con el sentimiento de que por vez pnmera no estaba solo en el mundo.• Y a su lado, el periodista patriotero que de
escalón en escalón había llegado a mirar como sagrada no ya la patria, s_in&lt;? la
guerra; y entre los perspicaces, un sabio cobarde, que no obstante su intlm~

infidelidad a la patria, oficia de pontifical eu las sesiones imprecatorias de la•
Academia, y otros intelectuales, que (dos veces heroicos) aceptan con frialdad
un sacrificio estéril. Con ser tan reales sus sentimientos, no vemos que esos
tipos se muevan en .in medio donde haya aire y sol; falta una onda vital que
los envuelva a todos y los haga vibrar. Forman galería, mas no sociedad. Son.
piezas de museo, descritas y catalogadas a maravilla, dispersas en un ambiente
enrarecido, yerto. Ya se dice que el libro no es una novela. Aun como historia,
erraría quien pretendiera tomarlo por un ccuadro• de la conmoción moral provocada en Francia por la guerra. Había todo lo que M. Rolland cuenta. rero se
echa de menos algo. ¿El qué? No sabría decirlo; aca90 el perfume de las virtudr.:5 humildes, simplemente humanas, de la generosidad, del dolor sin palabras;
en fin, aquella atmósfera que no podía respirarse sin enternecimiento, y que,
trasladada al libro, bañaría a las figuras que por él pasan, haciendo que fuesen
su~ perfiles menos escuetos, menos hirientes, y creando una gradación de térmmos.
La moral de este libro, ,cuál es? ¿Qué uos propone? Con el c?so de Francia
por tema, Clerambault predica una lección universal. Nos muestra al hombre
arrastrado por fuerzas ciegas, por obscuros instintos idealizados; al hombre
víctima del Pensamiento. ¿Va a fulminar Clerambault desde el ápice de su indignación una sentencia condenatoria sobre todos esus pobres pueblos cuyasumisión le irrita y que tienen por santa una causa en cuanto les exige sacrificios cruentos? Clerambault es compasivo; el amor a los hombres desborda de
su corazón. cSe preguntaba si la ley de amor que sentía dentro de sí no estaría
hecha para otros mundo~ y otra humanidad.• Es además optimista. Llegó un
día en que •apartó los ojos del hecho irreparable de la guerra y de los muertos, para volven,e hacia los vivos y hacia el porvenir que está en nuestras ma"?'·• Cleram_bault a_o~ocia .e~ ~vangelio de una sociedad en que los grandes
dioses: ~~tna, Justicia, Familia, Derecho, se vean por lo menos decapitados
de ~u ~niaal mayúscula. Y que esta guerra, lejos de sumir a los jóvenes en el
pes1m1smo. IP.s abra el camino del porvenir: •Hechad la cuenta de estos duros
años; h~béis sufrido por la patria. tQué habéis ganado? Habéis descubierto la
fraternidad de los pueblos que se bateo. ¿Es pagarlo demasiado caro? Que uno
de los frutos de esta guerra de naciones, sea al menos la fusión de la espuma
de las clases, la unión de las dos juventudes, el mundo del trabajo manual y el
del pensamiento, que deben, completándose el uno al otro, renovar el futuro.•
_¡Cuántos q~e han padecido la crueldad de la guerra se rebelarán ct&gt; ntra la
!és1s de este hbro, se negarán a admitir que han hecho un sacrificio por una
idea vana, aunque grandiosa! Pero este país es líbre-dice soberbiamente Clerambault refiriéndose al suyo-cpo1·que siempre ha tenido y tendrá almas
como la mía, que se niegan a sufrir un yu~o que su conciencia repele.•
M. A.

***

Teatro Anti~uo Bspañot.-Nuevas ediciones de Lope de Vega, Vélez de
Guevara y Calderón.

. Ha_st_a hace veinte años puede decirse que no le era dado a un español emi•
tir op101ón alguna acerca d e nuestro teatro del siglo de rro, que no implicase·
123

122

�LA PLUMA
\

'LA PLUMA
.acatamiento al intangible dogma:de f~ nacional. Por entonces empezaron algu•
nos de los más significados náufragos ideales a arrojar por la borda el lastre
-de aquella tradición literaria cuyo ca~dal pretendía_n salvaguardar las. Academias. Data de poco tiempo la tendencia a una reacción, menos apoteótica o ca,tastrófica, en punto a líteratura, de las que h_asta aquí nos han g~iado.
.
Cierto que por lo que hace al teatro clásico, nada se ha reahzado escénicamente desde la restauración antaño de unas cuantas corneciias de Lope; Calde:rón, Tirso o Moreto, por la comP_a~ía Guerrero-M_eod~za, _con u!1 gusto que hoy
nos parece de todo punto inadm1s1ble. No ha habido s1qwera d1rect~r capaz de
.afrontar la representación íntegra de las obras cuyos títulos aprendimos a venerar de memoria en las aulas del bachillerato. Pero el lector no 9C ve tan constreñido como antes a los ingratos volúmenes de los Autores Españoles de Rivadeneyra, o a los menos asequibles aún de las ediciones académicas; y. si no
.hay todavía colecciones completas qu&lt;: sustituyan a aquellas y la~ meJ~ren,
·váose ya publicando con cierta regulandad, acelerada en estos filtJmos tiempos, nuevas vulgarizaciones de este tesoro, mítico hasta ahora para los más de
los españoles.
Tres tomos de teatro clásico, ordenados con diferente criterio cada cual Y
con rarísimo acierto todos tres, ofrece a nuestra consideración el Sr. Gómez
Ocerio. Coostituven el primero, El remedio en la desdicha y El mejor alcalde el
Lectu_ra
,rey (Lope de Vega: Comedias, I. «Clásicos castellanos•, edición de
1920) por él anotadas y prologadas en cola?o:ación con Ra~ón M. Tenre1ro.
Ateniéndose los prologuistas a los descubnm1eotos más recientes acerca de la
vida de Lope, y especialmente a la biografía ~e _Rennei;..y_ Castro, refieren a
grandes rasgos las andanzas del Fenix !~nen mbm~ relación, ~on su obra, Y
-destacan luecro en ponderado apunte cnnco las cualidades poeticas que prestan a su teatt~o el secular verdor con que se nos muestra frondoso. No es 81 r~medio en la desdicha de las comedias más famosas de su autor. Pero no ha movido a los coleccionadores al elegirla el menor afán erudito, sino, sin &lt;luda, el
deseo de restaurar en un rango preeminente, dentro de la jerarquí~ de las
•obras de Lope, una de las más acabadas. Que bastara, aparte los méntos comunes a sus hermanas el haber ea ella un carácter como el del moro celoso,
tan raro en el mundo trágico español, poblado ~e fautasma_s y ~ntelequ)as, de
dogmas y conceptos, pero escaso en personas vivas, para 1ustificar el 10terés
-que suscita a nuestros ojos. Por lo demás, af?r.tunados comentadores, se han
ilimitado Gómez Ocerin y Tenreiro en esta ed1c1ón, a anotar al margen _de las
. pá¡!;inas, aquellos pas~jes o palabras cuyo sentids oscuro o desusado dific~lta
la simple lectura del profano, y a señalar afortunadament~ las fuentes de _rnspiracióo del poeta, tan empapado siempre en el ali~nto nacional de las crónicas.
En otra edición clásica (Calderón: Teatro. Calleja, 1920) nos muestra Gómez
"Ocerin la disc,eccióo suma que le distingue de tantos e~uditosa la yio_let~ como
suelen corromper el propósito de estos libros que, dedicados al publico mdocto, no tienen otro propósito que el de d_a~ limpios textos, con breves prólogos
,en que cabe siempre, al par que la noticia elemental acerca del autor, alguna
fina consideración crítica. Se insertan en ese tomo ;Et alcalde de Zalamta, La
wida es sueño. El mágico prodigi11so y El príncipe constante, selecta muestra del

fª

1

1 1'

1

124

género trágico de Calderón en sus modalidades características. Dada nuestra,
natural propensión a confundir términos y perspectivas, no estaría de más intentar algún día cierta gradación razonada en la admiración que del ejemplo de
n!1estros cl_ásicos se_ deduc~. En el magnífico c~mino de perfección de la poesia dramática espanola, qu1z~s el mod~lo máxim~ es ese Alcalde en que se cifran por modo caba_l tantas virtudes dIBpersas e 10cluso desperdiciadas en laexuberancia. de_ nue~tra mejor época litera.ria. El punto de honor español cobra
aquí plena s1gn1ficac1ón humana y un senhdo de augusta serenidad, hasta entonces nunca logrado con verdadera eficacia literaria, y degenerado después.
en el mismo teatro de Calderón.
El rey en su imaginación, de Véle2 de Guevara, publicada en las ediciones
del Teatro Antigu~ Español, del _Centro de Estudios Históricos, completa con
otro modelo la sene qui", con diverso método y adecuadísima intención en
cada case, nos propone Gómez Ocerin. Aquí el rigor erudito, la simple exposici.ón_ d~cu~enta~a de un texto inédito muéstranos hasta qué punto, una sana
d!sc1phna hteran~ nunca ~enoscaba, antes b!e!l· realza la labor de investigac1ó~. Et rey en su imagznaetón, cuya fábula deliciosa tantas afinidades tiene con
vanas obras de- otros coetáneos de Vélez, señaladas detalladamente en una-.
n_ota del e_i,rég~ta, _es, dentro de los cánones por que se rige con harta poca vanedad la msp1rac1ón de nuestros grandes dramáticos, de una perfección técnica c?mparable a las comedias mejor compuestas del autor de Reinar después de
morir.
Otro volumen de Lope, con que inicia la colección de su teatro la Eeitorial
Calleja, reune Pe1·ibáiiez 'V el comendador de Ocaña La estrella de Sevilla Et castigo_sin vengan~~ La
~oba, p~o!ogado por Alfonso Reyes. La sen~-illez, la.
clandad, la agihs1ma d1sttoc1ón espmtual, peculiares de la literatura de nues-•
tJ:o colaborador, se mu~stran por modo notable en las breves pero jugosas pá•
gmas en que evoca la v~da del monst,·uo de la naturaleza jalonada por las pasiones amorosas_cuya realidad supo mate,·ializar-Lope no era el Dante-artísticamente en heroínas cuyo pseudónimo poético mal encubre su condición ver- &lt;Nl.dera. Un juicio, no por sucinto menos justo, determina el valor positivo que·
hoy J:&gt;ªr~ !1osotro~ puede tener la lectura de las obras en que mejor se declara·
la ag1tac1on exterior, el leve reposo, el desorden lírico, el gusto por la intriga.
novelesca, de la fuerza natural que fué Lope de Vega.

r

1ª~ª

C. R. C.

***
Jo■é. María de Cossío.-Epfstolas para amigos.-Imprenta y Librería de la,
Viuda de Montero, Valladolid, 1920.
·

Dest~adas efectivamente a los amigos a quienes van dirigidas estas epístola~ p~é~1cas, D:º_ha querido el autor _que trasciendan 11. los lectores sino en lim1tad1s1ma ed1c1ón fuera de co'?erc10. El mismo tema general presídelas a todas, saber, la alabanza de la vida campestre, lejos del bullicio ciudadano, tan
rep~tida desde que el mundo es mundo, o cuando menos desd-! que los poetag;,

ª.

12s

�LA P L U il A

LA PLUMA
~estudian retórica. Limpios, claros, correctos, estos versos de José Mada Cossío,
no logran sin embargo transmitirnos la emoción virgiliana que el autor pretende· y ello quizá se debe a que por huir de las modas efímeras del momento, se
atiene con exceso a las normas de un clasicismo un tanto de segunda mano.
.Parece como si cantara el campo por haber leído sus excelencias en el propio Virgilio si se quiere, mas no por haberlas sentido.
Al final dullese el poeta, en una ~omposi~ión así titulada, de no p_odcr. expresar sus sentimientos con la eficacia patética que él descara. Su s1ncendad
"lllaoifiéstasc en noble lucha con el exceso lírico a que suelen entregarse los
románticos degenerados. Pero una cosa ~s la contenc~ón digna y otra la poesía
-preceptiva, que cela con normas aprendidas la emoción personal.
Más que cantar la serena soledad de un. dolor-que_ el poeta 1:1º s~ _atreve a
afrontar Jiricamcnte-diríase que quiere distraer el ámmo con c¡ercic1os P?é"ticos, si desprovistos de personalidad, nutridos e~ cambio de ~i~rta_pcrfccc16u
académka rara en estos tiempos en que los colonncs de la ongmahdad suelen
a duras p¡nas encubrir la desnudez de la ignorancia.
C. R. C.

***

Ventora García Calderón. - Cantilenas. - Ediciones «América Latina•.
París, , 920.

De la musique ar,anl toute cJUJse.
tout le reste est lit terati,re.
Si fuera posible resumir un juicio en un epigrama, ninguno c_u~pliría mejor al último libro del señor García ~alderóo, que el que tr~nscnb1mos refundido de la poética verlcoiaoa. Música ante todo, y ~uy b1e':1 acord~da por
cierto son estas Cantilenas si nacidas al azar de ocasiones diversas, 10spiradas to0das por un mismo se~timiento lírico, m~y cáracterístico del ambic_nte
literario anterior a la guerra que tiene en Pans su Meca. Lo demás es litei!,t

ratura.
Pero el desenfado genial de Verlaine y el entusiasmo con que le hacen coro
los filisteos, pueden atribuir a tni opinión un equívoco q_ue imp~rta salvar. E'nteodámooos: será despreciable la literatura como matena poética, c_uando pretenda aparentar una cualidad distinta de la propia, por_ ejemplo, la mgenu~dad
natural; pero si el poeta lo que se propone es cantar sinceramente la_ rcahdad
de su vida, ¿qué v.,rdad, ni mucho menos qué belleza menoscaba ~a literatt,ra,
que no es simple técnica artística, sino una atmósfera mor.al, a¡ena muchas
veces a la profesión de e!:'cribir, y que no t~do el mu_º?º resiste~
Ventura García Calderón, peruano de ongen, pans1én de afición, poeta por
·temperamento, hubiera exhal3:do románti~amente generosos_ exces~s, a no
disciplinar la expansión del ánimo con el ngor de una expresión cefilda. Sus
versos no nos sorprenden tanto por el aliento qu_e los inspira, común a to~a
una época estética, cuanto por su d&lt;"coro,. su sobriedad, S? rotundez, la gracia
de su movimiento. Los poemas en prosa msertos ~n Ca~ttlenas muestran hasta
.qué punto la elocuencia americana, la ex:u~eranci~ nativa del ~utor, cobran
,plena eficacia expresiva ajustadas a la música del ntmo Y de la nma.
C. R. C.
126

Toledo.-En Les Marges (enero 1921), M. CamiJle Pitollet habla de la imperial ciudad. M. PitoJlet viene publicando en esa revista unas notas de viaj~
por España. en las que a la emoción contemplativa se mezclan los recuerdos
literarios. «¡Oh ciudad relicario, que abres de par en par a los delirios de la
imagin:tción las p~ertas de la _Historia ..:! Decir Toledo es erigir sobre el azul
heráldico de un ciclo de Casti\la las piedras rubias que corona el campanile
gótico de una catedral legendaria; pero es también desencadenar las ondas rumorosas de ese río donde bebieron los poetas del idilio y de la égloga, de la
epopeya y del auto sacramental; y es, en fin, revivir la espléndida época de
esos varones castellanos firmes y elegantes como las torres de sus palacios,
ouros como el t~~ple de sus espada~. Luego todas esas fantasmagorías se esfuman en una v1s1ón de Thcotocópuh... Como en un batir de alas, paSd entonces el alma española, y las palpitaciones de esta Patria que sólo aguarda, para
vo)ve! a ser grande a vers~ li~re de la incuria de algur:os malos pastores madnlenos, le clavan a uno, sm piedad, un momento a la d11ra roca donde, anonad1do, está soñando. ¡Oh Toledo, sombra de Jo que fuiste, musco silencioso
fría necrópolis adormecida&lt;?º la gloriosa vega y acunada por el rumor del Tajo:
a través ~e tus blancos molinos y tus verdes cigarrales, no eres más que una
e~peratnz muerta, C';1Yª momia rígida, sin diadema ni manto, yace en sepulcro
abierto, para que curioseen los filisteos y se delecteo los artistas. Pero tu alma
sig~e viviendo. Y vivirá siempre, en Arte y en Historia, reliquia eterna, trofeo
racial.•
Xenh1s en el infterno.-El propio M. Pitollet, hablando de letras catalanas, _nos cuenta en La Co11naissance (diciembre 1920) la abjuración del germanofihsmo, hecha desde Berlín, por un escritor barcelonés. «A nosotros-comenta M. P.-tales confesiones nos colman de profunda alegría. Y al consig·
narlas en estas páginas efímeras no podemos por menos de anotar el caso de
ese alambicado sofista de X1nius, que, en plena gue rra, tomó sobre sí-verdad
que, acaso, contra sus propios sentimientos y a través de mil reservas prudentes-la defensa de Alemania y de sus métodos... Hoy, Xenius, tras de salir,
dando portazos, de la Veu del poeta Carocr-aspirante (!oh Cataluña, vela tu
faz) a un consulado de España-, continúa sus glosas en el Día Gráfico, enemigo de la Llip regionalista. Pero ocurra Jo que quiera, no debería olvidarse jamás por nosotros que en el momento más crítico fué traidor a la latinidad. Pecado contra el Espíritu, que no se le perdonará... •
¿Guitarra?-En Aclion, suntuosa revista de vanguardia, Jean Coctcau inserta un poema en prosa, Le mauvais ooyageur, donde se habla de España; ,España, tinta de china y corrida de tinta roja. España, jaula de loros. España,
que besa a la muerte por debajo de la pierna. España, guitarra que recibe telegramas. España, persiana del cielo. España, abanico del mar!•
Libros reclbidos.-León Tolstoi: Caudillo Tártaro; versión de R. Cansinos-Assens. Madrid, Editorial América.-Jacioto Grau: La ,·etiención de :Judas.
Madrid, Editorial América.-Pedro Miguel Obligado: El ala de sombra, poesías.
(27

�LA PLUMA
Buenos Aires. Cooperativa Editorial Limitada, 1920.-R. Mesa Fuentes: Elogi1&gt;
de la Fiest• de ta Prima1Jera. Santiago de Chile, 1920.-Manud ugarte: Las esjOllláneas. Barcelona, Biblioteca Sopena.-José María Salaverría: Santa Teresa
de Yenh Enciclopedia, Madrid.-Pedro Prado: A/sino. Editorial •Minerva&gt;, Santiago de Chile.-Luis Araquistain: España en ,t crisol. :Editorial cMinerva&gt;,
Barcelona.
Revistas,-&amp;,aña, Madrid.-Belles-Lellres, París.-Cuba Contemporánea,
La Habana.-L:i Ronda, Roma.-La Gonnaissance, París.-EJ Espectador, Barcelona.-Letras, C6rdoba.-Yuoentud, Santiago de Chile.-Nos, Orense.-Arg-uitectura, Madrid.-Claridad, Santiago de Chile.- Vida /Vuestra, Buenos Aires.Reju·torio .Americano, San José de C. R.-Die A/ilion, Berlín.- Via Lióre, San
Jo~ de C. R.-Le Carnet-Crilig-ue, París.-España y América, Cádiz.-Mercure
de France, París.-Hermes, Bilbao.-Aclion, París.-Athenaeum, Zaragoza.-La
Lectura, Madrid-Le Progrt!s Cioig-ue, París.

AÑO 11.

.\IADRID, MARZO 1921

NúM. 10.

FEDRA

GACETILLA
Los chicos de la escuela... ultraísta.-Siguiendo la moda de Parísdel año pasado-unos cuantos jóvenes que pretenden ocupar las avanzadas
literarias, celebraron noches atrás la primera velada ultraísta. Pese a la excelente disposición de los espectadores, el espectáculo resultó sobremanera
lato. Sobr.S tiesura de ateneo provinciano y faltó, no digamos ya humour, sino
simple buen humor. Nosotros sólo sacamos en consecuencia que el señor Lasso
de la Vega no sabe francés, que el señor Paskiewiu-perfectamente caracterizado de polaco-no sabe español, y que ninguno de los demás lectort·s sabe

TRAGEDIA EN TRES ACTOS
ACTO TERCERO

dad4.
A la manera de... «Padre nuestro que estás en los cielos; santificado sea el
tu nombre, venga a nos el tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en
el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy, perdónanos nuestras deudas,
así como nosotros perdonamos a nuestros deudores y no nos dejes caer en la
tentación, más líbranos de mal, amén.

1

1.ª

F1,;DR.,, muy débil, casi moribunda, apoyándose eo el brazo de E
FEDRA.

VSTAQUU.

Por fin va a acabarse esta tortura'
· Llega la hora del
d escanso!
EusTAQUIA. p
FEDRA.
/ro, q~é ~a~ hecho, hija mía?
No podia vivir más no d' . .
~re e hijo enemistados p~r ia ~1v1r en este infi~mo;_pahto, sin mi Hipólito' M p h m1 y sobre todo sm Hipódrá a verme morir ·a dasa a orlabvendrá, no? Ahora venrme e eso de viático
l , 1t·
•
mo ... no. el primero' Ah .
d
... e u 1' uia?
así, Eustaq
.
o1 a ven rá a perdonarme, no es
EusTAQUIA. s·i, se le ha llamado y Pedr
.
y en vista de tu estado d .º6 en su f?ndo ansiando verle
, 1 su vema ...

128

129

•

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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8JB&amp;a,JOl'E"c4 CEIVTFfA L
. L. .

4
------. J.

~

VOLUMEN SEGUNDO

MADRID
I

9 2 t

•

l

�'

-

ÍNDICE DEL VOLUMEN II

19 21
«.la pluma es la que asegura castillos, coronas, reyes
y la que sustenta leyes.•

ENERO A JUNIO
NOMBRO 8.0 (BNERO)

lllPJ.\.&amp;NTA ARTÍSTICA, DE S.UZ HERMANOS
NORTl1 21. MADRID; TELiFONO

17-65 J.

Miguel de Unamuno: Fedra (acto 1.0 ) • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •
Luis Fernández Ardavín: Motivos lfricos..............•........
Cardenio: Fantasías. La muerte de Lepe................... ... .
Goethe: El Caminante. (Traducción de Ramón M.ª Tenreiro) .... .
Mario Puccini: Letras italianas .......•..... .. .... • ...........
Alonso Quesada: Teatro clarucho. Poesía ..................... .
Valentín Andrés Alvarez: Simetrias. Poesías................... .
El paseante en Corte: •..castillo famoso...................... . .
Federico Garcla Lorca: Poesías...•..•........................
Libros y Revistas: Ramón Pérez de Ayala: Belarmino y Apolonio.
Alberto lnsúa: Las fronteras de la pasión.-Manuel Ugarte:
Cuentos de la pampa.-John Brande Trend: :TluM§slery o/Ele/u
Tlu Dance o/tlu Selsu.-Van den Borren: Orlande de Lassus.Homeco Seris: Una nueva vanedad de la edicwn príncipe del
Quijote.-La crisis intelectual en Alemania!•...... . .........
Gacetilla .••....•..•.•.........•••••.•..................•..

1

16

19

25
31
39
41

43

49

54
64

w

�LA PLUMA

LA PLUMA
Pqinu

NOMBRO 9.0 (FBBRBRO)
Miguel de Unamuno: Fedra (acto 2.0 ) . . . . . . . . . . . . . . . . . . • • • • • • • •
G. Jean-Aubry: Jules Laforgue ... ...... . ...... . . - . . . . . . . . . . . .
Antonio Espina: Poesías.... . ........ . .... . ........... , . . . . . .
Cardenio: En torno a Ganivet. . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
C. Rivas Cherif: Poesías .................. .. .. • .. .... , . . . . . . .
Un critico incipiente: Teatros.. . . . . . . . . . . . . . . . . ... • . . . . . . . .
Adolfo Salazar: Apuntes para una geografla musical de Europa. IV
Inglaterra .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
María Enriqueta: Buscando su huella, poesla.. . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Libros y Revistas: Julio Camba: La rana víajera.-Ramón Gómez
de la Serna: El drama del palacio deshabt'tado. -Romain Rolland: Clerambault,-Teatro antiguo Español. Nuevas ediciones
de Lope de Vega, Vélez de Guevara y Calderón.-José María
de Cossie: Epístolas para amigos.-Ventura García Calderón:
Cantilenas.-Revistas....................................
Gacetilla ............... . . .... .... .................... .. . : .

65
6g
84
87

"

181
192

97
104
110
114

117

1 28

NOMBRO 10 (MARZO)
Miguel de Unamuno: Fedra (acto 3.º).... ... ................ ..
Enrique Diez-Canedo: Haikais de las cuatro estaciones. . . . . . . . . .
Jesé Mª. Chacón y Calvo: El retrato desconocido.......... . . . . .
Luis García Bilbao: El viaje de España. Elche_ Poeslas...........
C. Rivas Cherif: Comiendo perdices, cuento........ . ...........
Mario Puccini: Letras italianas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
J. Moreno Villa: Poesías . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El paseante en Corte: ...castillo famoso .. .. . . .. .•. ... . . , . . . . . . . .
Vicente Martlnez Cuitiño: Al poeta argentino Evar Méndez. Poesia.
Libros y Revistas: Luis Araquistain: España m tl criso/.-Zenobia

Camprubl de Jiménez y Juan Ramó n Jiménez: :Jineus hacia tl
mar.-Eduardo Marquina: El beso en la luri.ia. -Augusto
Strindberg: Danza macabra.-Juan de la Encina: Los maestros
&lt;kl Arte Moderno.-José M.ª Chacón y Calvo: Hermanito Mmor
Una corrección a Darío.-Revistas........ . ... . ............
Gacetilla. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

129

140
141
145

149
16o
16g

17 3
178

NUMBRO 11 (ABRIi.)
Ramón del Valle Inclán: Los cuernos de don Friolera. . . . . . . . . . .
Juan Ramón Jiménez: La realidad invisible. Poesías...... . . . . . . . .
G. Jean-Aubry: Un poeta feliz ... . .. . .........................
J. Moreno Villa: Poesías.....................................
Adolfo Salazar: Un manifiesto y dos poemas....... .. . . ........
Fernando González: Emociones peregrinas. Poesías.... . . . . . . . . . .
C. Rivas Cherif: El Teatro de la Escuela Nueva.. . . . . . . . . . . . . . . .
Valentín A. Alvarez: Simetrías. Poeslas....................... .
José de Benito: Iris. Poesía.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Libros y Revistas: Mario Puccini; Vív.i l' anarchia!-Carlos Prreyra: La obra de España tn Amln"ca.-Sergio Yulyevich Witte:
Memorias.-Teatro selecto comtemporáneo.- Revistas. . . . . . .
Gacetilla. . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

193

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214
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255

NOMBRO 12 (MAYO)
Ramón del Valle lnclán: Los cuernos de don Friolera...........
Luis G. Bilbao: La voz de la sangre. Poesla....................
Adolfo Salazar: Apuntes para una geo~rafía musical de Europa. V.
Alemania... . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Pedro de Répide: Poemas extravagantes.......................
Mario Puccini: Letras italianas • • • . . . • . • . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . .

257
279
281

286
289

...

�LA PLUMA

Gustavo S. Galarraga: Horas. Pocsfa..........................
Rogelio Buendfa: Canciones para nadie,. . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . .
Paul Colin: Letras alemanas.. . . . . . . . . . . . . . . . • . . . • . . . . . . . . . . . .
Juan José Domenchina: La corporeidad de lo abstracto. Poesías...
Notas de un cicerone: Exposiciones de Primavera...............
Libros y Revistas: E. Marquina: Agua en clsterna.-G. de Nerval:
Sílvia.-Ramón Pérez de Ayala: El sendero andante.-Luis Araquistain: El pelz"¡¡ro ¡ianqui.-Alfonso Reyes: El cazador. Szm.
palías JI diferencías.-F. T. Marinetti: Le taclt'lísme...........

297
298
299
304
3og

312

ERRATAS
Página 113, línea 18 dice:physiologiques. Debe decir: psychologiques.
Página 230, línea 9 dice: Mira al través. Debe decir: Mírame al
través.

NUMERO 13 (JUNIO)
RamGn del Valle lnclán: Los cuernos de don Friolera...........
321
Fernando González: Poesías..................................
345
Alfonso Reyes: Cartas de Jorge Isaacs a Justo Sierra............
347
Angel Espinosa: Poesías........... . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . .
356
G. Jean-Aubry: Henri de Toulouse Lautrec.....................
359
Luis B. Inglott: En la muerte de un amigo. Poesía.. . . . . . . . . . . . .
364
365
Paul Colín: Letras belgas ............. ... ...........•. •..... .
Adolfo Salazar: Apuntes para una geografía musical de Europa. VI, .
España.....••..•....................... • , ·. • • • •• • • - • .. •
371
Antonio Espina: Poesías .......................... •• .. • ..... •
375
Libros y Revistas: Ramón Gómez de la Serna: Libro nuevo-Et pasto del Prado.-Alberto Masferrer: Pensamientos§ formas.Dmitri Ivanovitch: La ventana y otros poemas.-Cesare Arroyo:

Retablo ... ................................ • . • .... • • • • . • .

377

Gacetilla ..............•...................... , •., •. , • • • • • •.

383

Página 371, línea 14 dice: uno de allí. Debe decir: uno allí.
Página 373, línea
cia rural.

1.ª

dice: constancia moral. Debe decir: constan-

Página 373, lineas 1 7 y
se parece mejor a esos.
·

18

dice: parece mejor que esos. Debe decir:

Página 373, línea 29 dice: mencionados, pero este tanto como. Debe
decir: mencionados; él tanto como.

�A~O 11.

MADRID, ENERO 1921

NúM. a.

PEORA
TRAGEDIA EN TR ES AC TO S
PERSONAJES
FBDRA.
PEDRO, su marido.
HIPóuTO, hijo de Pedro y al nado de Fedra.
EusTAQUIA, nodriza de Fedra,
MARCELO, médico, amigo de Pedro.
RosA, la criada.

11

argumento generador de esta tragedia es el mismo dtl H1de Eurípides y de la FEDRA de Racine. El desarrollo
es completamente distinto del de ambas tragedias.
De los personafes de aquéllas sólo he conservado con
sus p ropios nombres tradicionales a Fedra e Hipólito, la nodriza (-.poCfocr) de Euripides, Oenone en Racine, ha cambiado en mi EusTAQUIA. En Eurípidesjiguran además Venus, Diana, Teseo, dos nuncios,
criados y un coro de muferes trezenias, y en Racine, Teseo, Aricia, Teramenes, lsmena, Panopey guardias.
L

PÓLITO

�LA PLUMA

LA PLUMA

ACTO PRIMERO

Déjalo, Fedra!
Es decir que sí, que luchó. Y dime, venció acaso?
EusTAQUIA. Y qué es vencer?
P'EDRA.
Eso me digo también yo: qué es vencer? Acaso vencer
es lo que dicen ser vencida ...
EUSTAQUIA. Fedra!
En fin, murió. . Luego, aquella infancia que se me borra
FEDRA.
como un sueño de madrugada ... Después el convento
en que me educaron las madres ... Ojalá hubiese entrado para siempre en él! A punto de ello estuve; quería
tanto a la madre Visitación! Pero pudiste más tú ·Eus'
taquia, y no sé si te lo agradezco...
EusTAQUIA. Ni yo ...
FEDRA.
Y v~no _mi mat~imoni? con Pedro, tú sabes mejor que
nadie como. Fm vencida por su generosidad y entré en
esta casa, la de Hipólito ... Empezó llamándome «madre:t.
~adre! que nombr_e tan sabroso! cómo remeje las entranas! pero ... la fatalidad! la fatalidad!
EUSTAQUIA. Hablar de fatalidad es querer ser vencida, Fedra!
FEDRA.
Y era él, su padre, mi marido, el que al principio, viéndole tan encogido y tímido le decía para animarle: «anda
hijo, da un beso a tu nueva madre... a tu madre!:. Aque~
llos besos... ! No ves aquí, ama, la mano de la fatalidad
o de la Providencia?
EusTAQUIA. Te veo en mal camino.
FEDRA.
Eso es lo malo, ama, el camino, pero una vez que se
llega...
EusTAQUIA. Adónde?
Fl:DRA.
Adonde sea, que se yo... , al destino!
EUSTAQUIA.
No digas eso, por la Virgen Santísima!
FEDRA.
A ella pido ayuda y consuelo en mi aflicción... Pero no
puedo más, ama, no puedo. Cada vez que llamándome
madre me besa al despedirse, una ola de fuego me labra
la carne toda, se me aprieta el corazón y se me anuda
la garganta. Y debo de ponerme blanca, no? blanca
como una muerta...
EusTAQUIA. Te he dicho que le esquives. Esas cosas salen a la cara.

EusTAQUIA.
FEDRA.

FEDRA

y EusuQU.IA.

Pero qué, no se te quita eso de la cabeza, Fedra?
Ay, Eustaquia! si hubiese de ser de la cabeza solo, ya
se me habría quitado; pero ...
EusTAQUIA. El corazón es más rebelde, lo sé.
Y ahora es cuando más me acuerdo de mi madre ...
FEDRA.
EusTAQUIA. Acordarte? No puede ser...
Sí, aunque te parezca mentira me acuerdo de esa madre
FEDRA.
de la que perdí toda memoria... toda ... ? de esa madre
a la que apenas conocí. Paréceme sentir sobre mis labios su beso, un beso de fuego en lágrimas, cuando
tenía yo... no sé... dos años, uno y medio, uno, acaso
menos ... Como algo vislumbrado entre brumas . .
'
EusTAQUIA. Sueños.
Tal vez...! Y dime, ama, tú que tanto conociste a mi
FEDRA.
madre... !
(tristemente.) Siii ...
EusTAQUIA
Cómo era?
FEDRA.
EusTAQUIA . Te he dicho más de cien veces que dejemos eso.
No, no podemos dejarlo y menos ahora; necesito de
FEDRA.
estos recuerdos.
(aparte.) Si lo supiera todo...
EusTAQUIA
Nunca has querido hablarme de mi madre.
FEDRA.
EusTAQUIA. No lo he sido, no lo soy para tí yo?
Pero la otra, la que me llevó en sus entrañas ...! Qué
FEDRA.
fatídíca niebla vela su memoria? Por qué me lo callas,
Eustaquia! (abrazándola.) Vamos, háblame de ella ...
EusTAQUIA (acariciándola.) Ten juicio, hija, ten juicio. A qué viene
ahora estor
Y me lo preguntas tú, tú, Eustaquia, tú? Ahora, en
FEDRA.
estos días de lucha, es cuando más necesito de su memoria. Dime, luchó ella?

EusTAQUIA.
FEDRA.

2

3

�LA PLUMA
FEDRA.

EusTAQUIA.
FEDRA.

EusTAQUIA.
FEDRA.

EusTAQUIA.
FEDRA.

EusTAPUIA.
FEDM.

EusTAQUIA.
FEDRA.

EusTAQUIA.
FEDRA.

EusTAQUIA.
FEDRA.

EusTAQUIA
FEDRA.

EusTAQUIA.
FEDRA.

EusTAQUIA.
FEDRA.

EusTAQUIA.
FEDRA.

4

Lo habrá echado de ver él, Hipólito, ama? Lo habrá
advertido su padre, mi marido?
No lo creo, pero más tarde o más temprano ... Hay que
acabar con eso!
Sí, tienes razón, voy a acabar con ello; pero sabes cómo,
ama?
No quiero saberlo!
Es que lo sabes ya.
Fedra, Fedra, este amor culpable ...
Culpable? qué es eso de amor culpable? si es amor no
es culpable, y si es culpable ...
Claro, no es amor!
Ojalá no lo fuese!
Ay, hija, la más grande de las culpas es el amor!
No puede ser, ama, no puede ser! He querido resistir... ,
imposible! Pido consuelo y luces a la Virgen de los Dolores, y parece me empuja...
Por Dios, no desbarres!
Es que no soy yo, ama, no soy yol
Pues quién?
No lo sé; alguna otra que llevo dentro y me domina y
arrastra...
(aparte.) Como su madre!
Y tú te empeñas en no darme el consuelo y sostén de
decirme c9mo luchó y venció mí madre ...
Hablemos de otra cosa!
Esto es providencial, Pedro...
Piensa en él, tan bueno, tan noble ...
Pensar... pensar ... de qué sirve pensar sólo? con pensar no se hace nada.. .! Muy bueno, muy noble, muy
amante, pero es el medio de que para traerme a su hijo,
a convivir con Hipólito, se ha valido la Providencia ...
Dí el Demonio más bien...
Qué más da... ! Pero no puedo más y voy a acabar. Viviendo con él, cada día a su lado en la mesa, viéndole
cuando acaba de levantarse de la cama, con el sueño
todavía en los ojos... es como una llovizna continua,

LA P LUMA

EusTAQUIA.
FEDRA.

EusTAQUIA.
F1mRA.

EusTAQUIA
F EDRA.

EusTAQUIA.
FEDRA.

EusTAQUIA.
Fi:oRA.

EUSTAQUIA .
F:EDRA.

EUSTAQUIA.
FEORA.

EUSTAQUJA

cala hasta el tuétano! Y luego a los besos de costumbre heme hecho ya, pero cuando al pasar me roza ...
qué cerco!
Resiste, hija, resiste.
No cabe resistencia. Esto así, contenido, me abrasa; revelado ~ curaría mejor. Está escrito, es fatal! Y si al
menos tuviese un hijo que me defendiera...
Haz cuenta ...
Oh no, no! él? no! Un hijo mío, de mis entrañas uno
a quien hubiese dado mi pecho (estremeciéndose/ pero
a Hipólito...!
(cubriéndose la cara.) Lo que se te ocurre! Estás poseída, embrujada; creería en un bebedizo ...
Y por qué no? Los que no sienten, los que no viven,
los que no aman ni sufren llaman superstición a eso del
bebedizo. Qué más bebedizo, dí, que su aliento esparcido por toda esta casa?
Piensa...
Otra vez piensa...
.
Piensa, sí, que es el hijo de tu marido, que es tu hijo...
Y como a tal le quiero ... no...! sí! Cómo pueden juntarse los dos amores, o salir el uno del otro? Y luego a
él, a Pedro, como a padre ...
Respétale, pues, como a tal!
Respeto ..., respeto ... , qué triste, qué frío es eso del respeto! Cuando tengo que abrazar a Pedro veo en él en
sus ojos sobre todo, los de mi Hipólito... , son los ~ismos, y me hago la ilusión ...
Calla!
Eso quisiera yo, que se me callase lo que llevo dentro...
(abrazándola.) Pobre hija mía! No sé qué decirte que
no te lo hayas dicho ya tú antes. No es esta dolencia de
las que_ se curan con palabras ajenas. Y luego se me
sub~ m1 mocedad al pecho ... , recuerdos ... , sí, sí, es una
fatalidad haber nacido mujer. Pero aquí viene tu marido y me retiro (vase.)

s

�LA PLUMA

LA PLUMA
FEDRA.
FxDRA

PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.

fEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
FÉDRA.
PEDRO.

FEDRA.
PEDRO.

FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.

6

y

P.11DRO,

su marido.

( entrando.) Buenos días, Fedra, qué tal hoy?
Mejor, Pedro, algo mejor.
Y esajaqueca?
Bah, quién hace caso de ella... ?
Cuídate; no te levantes tan temprano y sobre todo no
te preocupes demasiado por cosas no merecedoras de
ello. Eres en demasía cavilosa, Fedra, le das sobradas
vueltas. a las cos.as, y hay que tomarlas cop-io vienen ...
No siempre es posible.
Y vivir, vivir! E Hipólito?
Qué?
No ha vuelto aún Hipólito?
No, todavía no ha vuelto.
Dichosa caza! Así se le van los días; hace tres que falta, y así se le van los años. Es bueno, honrado, trabajador, pero fuera de su trabajo parece no vivir sino para
la caza. Corre el tiempo, nosotros solos con él, yo caminando a viejo y ... vamos, te lo diré de una vez, Fedra,
sin perspectiva de nietos!
·
Pedro!
He hablado de esto varias veces con Marcelo, que es
quien me aconsejó cuando andaba tan delicadillo el chi"
co lo de la caza, y Marcelo...
Dale con Marcelo ...!
Pero por qué esa mala voluntad a mi mejor amigo? dicen que es siempre así... celos acaso?
Celos? yo? de él? no ... pero...
Caprichos, pues! Bien; se va el tiempo que vuela! A
sus años debía Hipólito pensar ya en casarse.
Qué dices?
Y no le he observado en camino de ello. Tú que por la
edad tienes con él más confianza, tú que eres su confidente, su hermana más bien que su madre, no le has
oído nada de esto?

PEDRO.

FEoRA.
PEDRO.

FEDRA.
PEDRO.

FEDRA.
PEDRO.

FEDRA.
PEDRO.

No, nada!
No habéis nunca hablado de ello?
Nunca!
Pues es preciso que le abordes, Fedra, que le sonsaques
su ánimo, que le hagas ver que hay una edad en que
~e debe pensar tomar estado y no vivir como un hongo, que yo pues no tengo hijos de ti, quiero tener níetos de él...
,
Pero, Pedro, cómo quieres que yo...?
Tú? pues claro! cosa más fácil... Si a ti no te atiende,
a quién atenderá? Porque él, tan seriote, tan esquivo,
ese oso cazador y cazador de osos, contigo se ablanda.
Te adora...
Lo crees, Pedro?
Que si lo creo? Te adora! Él lo tapa, como sus sentimientos todos, pero adora en ti, no lo dudes. Y tú, tú
le quieres como a hijo propio, no?
Le quiero, sí, le quiero con toda mi alma!
Ya sabía yo bien al tomarte por mujer que él recobraría madre! Es, pues, menester que abordes con él ese
punto, y creo que le persuadirás. Aquí viene!

D1cRos e H1PÓUTO, que entra en traje de caza, deja la escopeta a un lado,
abraza a su padre y luego a Fedra, que le retiene un momento.
PEDRO.

HIPÓLITO .
PEDRO.

HIPÓLITO.

FEDRA.

HIPóLITO.

\
(aparte, al ver cómo Fedra retiene a Hipólito.) La convencí; hoy le aborda.
Qué ataque de ternura es éste? qué tramabais?
Que no nos abandones tanto, hijo ...
Ya sabes, padre, que necesito de la caza. Debo al aire
del campo la vida y aborrezco la ciudad. O el hogar,
esta nuestra casita, o el monte!
Pues el hogar!
Hay que salir de él, para mejor quererle y a.preciarle.
Los hombres caseros, comineros, suelen serlo por egoís7

�LA PLUMA

F.!DRA.

HIPÓLITO.

FEDRA.

HIPÓLITO.
FEDRA.
PEDRO.

HIPÓLITO.

FEDRA.

HIPóLITO.
FEDRA

HIPóLITO.
PEDRO.

HIPóLITO.

FEDRA.

HIPóLITO.
FEDRA.

8

mo. El que se encierra en casa es para mejor molestar
a los suyos, por falta de valor para luchar con los de
fuera. Hay que salir de casa para gustar todo su encanto, y adónde mejor que al monte? hay sociedad como
la de los robles? La vida de campo, bajo el cielo libre, al
aire libre, sobre la santa y libre tierra, mejora al hombre. ALií no hay odios ni envidias; los robles, los arroyos, las rocas no envidian, no odian .. .
Ni aman!
Que no aman... ? No, como nosotros no! y por eso nos
purifican y elevan. La naturaleza no sufre fiebres ni necesita luchar para querer. Por eso t:S el verdadero templo de Dios. Cuánto mejor, madre, que fueses más a él
que no al otro ...
Contigo? cuando quieras!
Sí, tengo algún día que llevarte conmigo de caza...
Sí, síl
No me parece mal...
Conmigo de caza. Ya verás cuando te tumbes al pié de
un roble, cara al cielo, cómo se te curan esas aprensiones y se te acaban esas palpitaciones de corazón. No
hay como el campo; allí se ve todo claro!
Pues quiero ir contigo a él para que lo veamos todo
claro!
Y yo creo traeros del campo algo de su aliento, no es
así? No oléis a tomillo, a mejorana cuando entro?
(husmeando.) Sólo huelo a ti/
O queréis que sea como esos ...
No condeno tu afición, hijo. Es una de las más nobles
y te libra de vicios. Pero entre esos libertinos que ensucian su hogar y tu braveza y despego rústicos ...
Despego yo? yo braveza? por qué? porque no ando con
arrumacos y lagoterías? El cariño no es babosería ni
violencia...
Hombre, no cabe decir eso así, tan en redondo ...
Pues sí, en redondo, el amor no es violencia.
Es que hay amores que no se concibe sino violentos...

LA PLUMA
HIPóLITO.

FEDRA.

HIPóLITO.
PEDRO.

HIPÓLITO.
PEDRO.

HIPóLITO.
FEDRA.

HIPóLITO.
PEDRO.

HIPÓLlTO.
PEDRO.

HIPóLITO.

Te empeñas, madre, en no comprender la ternura, au~
sintiéndola. Eres demasiado exaltada en tus sentimientos ...
Demasiado? Cosas hay en que no cabe demasía, creo ...
Cuando vayas conmigo al campo, madre, verás si se te
curan las demasías ...
Bueno, basta de metafisicas! Yo, Hipólito, no dudo de
que nos quieres, pero obras son amores y no buenas razones ...!
Obras? qué quieres de mí, padre? qué queréis de mí?
qué tramábais?
Ya te lo dirá tu madre!
Madre, qué es esto? qué significan las palabras de
padre?
Ya te lo diré ...
Dímelo! ahora!
Bien, os dejo.
Para qué? no! quédate!
Os explicaréis mejor a solas.
Si es conjura... bueno! (vase Pedro.)

F EDRA x
HIPóLITO.

FEDRA.

HIPóLITO.

FEDRA.

HIPóLITO.
FEDRA.

HIPóLITO.

HrPOLITO .

Y bien, qué es ello, madre? callas? qué es? (poniindolt una mano sobre el hombro, a lo que tila se estremece.)
Vamos, habla! Tu beso me pareció antes más largo, más
apretado ...
Y acaso más caliente...
Tal vez. Me diste miedo con él. Hace algún tiempo que
me das miedo; noto en ti algo extraño que me sobresalta, y luego esas palabras de padre ... vamos, qué es ello?
Nada, un capricho ...
Caprichos padre? lo dudo ...
Dice que se siente solo ...
Ko estamos nosotros con él?
9

�LA PLUMA
FEDRA.

HIPÓLITO.
FEDRA.

HIPÓLITO.
FEDRA.

HIPóLITO.
FEDRA.

HIPÓLITO.

FEDRA.

HIPÓLITO.
FEDRA.

HIPÓLITO.
FEDRA.

HIPÓLITO.
FEDRA.

HIPÓLITO.
FEDRA.

HIPÓLITO.
Fi.DRA.

HIPóLITO.
FEDRA.

H1PÓLITO.
FEDRA.

10

Sí, pero dice que a tu edad ...
No comprendo...
Desea que vayas pensando ya...
Ah, acabáramos, en casarme!
Eso! Y tú?
Yo?
Sí, tú, tú no piensas en casarte, no?
Por ahora, no! casarme? para qué? Y sobre todo no es
ésa resolución que deba tomarse así, en principio y por
principio; eso viene ello solo. Hay que dar al tiempo lo
suyo. No es cosa de una vez resuelto casarse, echarse
uno a buscar con quién. Y hoy por hoy, como no fuese
con Diana... Ahora si, lo que dudo, llegase a enamorarme...
Quién sabe...
Claro, nadie puede decir «de esta agua no beberé».
Quién sabe si no lo estás ya...
Quién? yo?
Esas cosas no se confiesan y menos a los padres ...
A los !?adres tal vez nol Pero tú, en rigor de verdad, no
eres m1 madre ...
No, no lo soy, no!
Aunque lo seas por ley y por cariño ...
Oh, por cariño! Pero de veras no estás enamorado?
acaso tengas ...
Te aseguro que no!
Bah, bah! Este despego, este salir tanto de casa, por
dos, por tres, por ochó y hasta por quince días con
achaque de la caza... Ah, Hipólito, Hipólito; a una... a
una mujer no se le engaña...
Engañarte? yo? a ti? Te juro que si llegase a enamorarme
serías tú quien primero lo supiese ...
Oh, gracias, gracias, Hipólito, pero enamorarte... de
quién?
De quién? Vaya una pregunta! No te entiendo, madre.
Ya me entenderás, Hipólito, ya me entenderás. Y si tú
te casaras, si te hicieses de otra...

LA PLUMA
HrPóLITO.
FEDRA.

HIPÓLITO.
F:ED.RA.
HIPÓLITO.
F.tDRA
HIPÓLITO.
FEDRA.

HrPÓLITO.
FEDRA.

HrPóLITO.
FEDRA.

HIPÓLITO.
FEDRA.

HIPÓLITO.
FEDRA.

HrPóJ,ITO.
FEDRA.

HIPóLITO.
FEDRA.

HIPóLITO.
FEDRA.

HIPóLITO.
FEDRA.

HrPóLITO.
FEDRA.

HrPóLITO.

Si me casara ... qué? (silencio.) Vamos, dí, qué?
Que no podría yo vivir viéndote de otra!
(alarmado.) Cómo? qué? no te entiendo bien, madre!Tú de otra? imposible!
(arredrándose) Madre!
.
. ,
(yendo hacia il.) No me llames madre, por Dios, H1polito, llámame Fedra!
Fedra!
No, así nol nol no así, Hipólito! Me entiendes ahora?
No quisiera entenderle ...
Lo ves claro ahora sin salir al campo?
Ah! Y era esto, esto, el calor de tus besos?
Sí, esto era, Hipólito, esto; ven, mira...
No! no!
Es la fatalidad, Hipólito, a la que no se puede, a la que
no se debe resistir...
Piensa en mi padre, Fedral
Tu padre es quien me empuja a til
Y era para esto, para esto para lo que te dejó ahora sola.
conmigo? para esto?
Pues bien; sí, me he aprovechado, lo ves? él, él mismo
me ha hecho romper mi secreto para contigo, él ha provocado que me salga a la boca el secreto del corazón.
Y de la bocal
Sí, que brote en palabras el secreto de mis besos! Todo
era hasta romper el nµdo que ligaba mi lengua; ahora
todo está claro y me siento libre, libre de un tremendo
peso; ahora respiro ...
Ahora empiezas a ahogarte, madre, y a ahogarme...
De ti, sólo de ti depende, Hipólito. Quiero ser tuya,
toda tuya!
No, lo que tú quieres es que sea tuyo yo!
Si, mío, mío, mío y sólo míol
Tu hijo ...
Pues bien, hijo, ven a mis brazos!
No, ya no! _Me voy, y no volveremos a vernos a solas...
11

�LA PLUMA

LA PLUMA
FEDRA.

HIPóLITO.
FEDRA.

HIPÓLITO.
FEDRA.

HIPÓLITO.
FEDRA.

HIPÓLITO.

Que no? Nos veremos, sí, y más que nos veremos! Hipólito, ven...
(arredrándose.) Antes querría verme con una jabalina
acorralada!
Tan mala... , tan fea te parezco?
Estás loca, madre, loca perdida, y tu locura es contagiosa...
Pues ven, ven que te la pegue, y locos los dos, Hipólito,
los dos locos...
Y él, mi padre, imbécil, no es eso? No, adiós! Y no volveremos a vernos ... , al menos a solas ... adiós!
Espera, Hipólito, siquiera el de siempre, el de despedida,
hijo...
Hijo? ya no! tuyo no, de él, de él siempre, de lmi padre,
de tu marido! Y... el de siempre? no, sino el de nunca ya.
adiós! pobre madre! (vase.)

RosA.
FEDRA.

ROSA.
FEDRA.

RosA.
FEDRA.

RosA.
FEDRA.

RosA.
FEDRA.

RosA.
FEDRA.

ROSA.
FEDRA.

RosA.
FEDRA.

RosA.

5.ª
FEDRA.

Oh, yo le rendiré, yo! No puedo más. Esto es más fuerte que yo. No sé quién me empuja desde muy dentro...
Aquel beso de fuego en lágrimas ... Y es el deber, es el
amor filial o me desprecia? Sí, sí, me desprecia... Una
jabalina acon-alada ... tan fea soy? Quiere a otra, no me
cabe duda, no es posible si no... Mas no, no, no, es leal,
generoso, veraz. Sí, sí, es su padre (cubriéndose la cara),
¡qué horror! Soy una miserable! loca, sí, loca perdida!
Virgen mía de los Dolores, alúmbrame, ampárame! No
puedo estar sola, llamaré con cualquier pretexto. La soledad me aterra (llama.)

FEDRA.

FKDIIA

M-ARCELO
FEDRA.

MARCELO.
FEDRA.

MARCELO.
FEDIU.
MARCELO.
FEDRA.

Fsou. y RosA, la criada.
FEDRA.

Anda, Rosa, recoge eso y llévalo. Espera, di, tienes
novio?

Sí, señorita.
Y te piensas casar con él?
Si nó para qué le tendría?
Es cl~o. Y dime, le quieres mucho?
Bastante...
Nada más que bastante?
Luego que nos casemos veremos...
Y va a ser pronto?
En cuanto él consiga una colocación que busca.
Eres demasiado joven todavía.
Pero si una no se casa joven, señorita ...
Qué?
Qué sé yo ...
Es verdad. Mira, te hago estas preguntas, Rosa, porquequiero ser la madrina de tu boda.
·señorita!
Sí sí eso me dará acaso buena suerte.
'
A ' nosotros
más!
No sé, acaso ... mas en fin yo os amadrinaré. Pero vete_
(aparte) siento pasos. (Vase Rosa.)

MARCELO.
FEDRA.

y

MAIICELO

(entrando.) Qué? cómo va la paciente?
Paciente? le he llamado yo acaso?
El buen médico no debe esperar a que se le llame...
Médico? y bueno?
A ver hoy el pulso.
No, es por tomarme la mano.
Bueno, ya sé bastante.
Qué es eso? qué dice usted? qué es lo que sabe? Y_ con·
qué derecho usted, el amigo íntimo y de la infancia de
mi Pedro, el que entra aquí como en su propia casa...
Y con qué derecho supone ústed, Fedra, lo que calla?-·
Oh, no se le escapan ciertas cosas a una mujer...!
13

�LA PLUMA

LA PLUMA
MARCELO.
FEDRA.
MAR.CELO.
FEDRA.

Enamorada, lo sé!
Cómo? ¿Qué es eso de enamorada?
De su marido, claro está!
Basta, basta! ( aparte.) Hay secretos que revientan por
los ojos.
8.ª

PEDRO.
.MAR.CELO.
PEDRO .

(entrando.) ¡Hola, Marcelo!
Bien y tú, Pedro?
Bien. Ví salir a Hipólito, Fedra, y me parece que iba preocupado, inquieto; no contestó acorde a lo que le hablé ...
Le abordaste?

f"EDRA.
PEDRO.
_MARCELO.
hDRO.

Sí...

Drc110s

.MARCELO.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
.MAR.CELO
FEDRA.
MA.RCELO.
PEDRO.
FEDRA
MARCELO.
PEDRO.
MA.RCELO.
FEDRA
MARcELO.

y PEDRO

Y nada, no quiere oír hablar de eso ...
Vaya, me voy, pues tenéis que hablar...
No, Marcelo, no es nada. Y a ti podemos decírtelo todo.
Es sólo que me parece es ya hora de que Hipólito vaya
pensando en casarse, en traernos primero nuera, después ... quién sabe ... nietos, y encargué a Fedra, que de
tanto ascendiente sobre él goza, le abordase ese punto ...
Muy delicado ...
Y qué dice?
No quiere oír hablar de ello...
En fin, ya me lo contarás, porque sacabl:!- una cara...
( aparte.) Pobre Pedro!
Sí, ya te lo contaré, pero ahora... (aparte) No me voy,
no le dejo con él.
Repito que me voy, pues tenéis que hablar ...
No, tú eres como de casa.
( aparte.) Qué ceguera!
Los que son como de casa sin ser de ella estorban más.
O se es o no se es; pero lo de como si se fuese ...
Pues bien, tú eres de casa!
Uno más?
(aparte.) Qué bruto! (alto.) Vaya, me voy!
No; yo. Adiós! (vase.)

FtDRA.

PEDRO.
FgDRA.
PEDRO.
FEDRA.
PEDRO.
Fl':DRA.
Pl':DRO.

F.EDRA.
PEDRO.

F1mRA.
hDRO.
FEDRA.
PJ:DRO.

F:tDRA
PEDRO.

F:tDIU
PEDRO.

y

PEDRO.

Y bien, qué dijo?
Dijo...
Qué?
Que no piensa en eso; no está enamorado ... para qué
casarse?, dijo ...
Luego no le convenciste?
No le convencí, no!
Para cuándo, pues, tu persuasión? tú, que siempre me
persuades de cuanto se te antoja? Ah, Fedra, es que no
pusiste ni empeño ni calor en tu demanda...!
.
Que no?
No no porque tú eres de las que consiguen cuanto se
' ' Si hubieras sabido hablarle al corazon
. ...
proponen.
Calla, Pedro! calla, calla!
Lo ves? tampoco tú quieres que se case, tampoco tú...
Yo?
Sí, tú; no quieres otra mujer en casa, no quieres
nuera...
Pedro, qué dices?
Sí, estoy harto de saber que las madres suelen tener celos de sus nueras, pero yo creía que tú, Fedra, tú, siquiera por mí...
(cubriéndose la cara.) Calla, calla, calla!
Bien, egoístas todos... egoísta él, egoísta tú ... al fin sois
jóvenes y en tanto el pobre viejo...
(yendo a él y abrazándole.) Pedro!
Convéncele, Fedra, convéncete!
ll!1" DEL ACTO PRIMERO

MIGUEL DE UNAMUNO

�LA PLUMA

¡.Cas lágrimas de mi llanto,
lentamente
las convierto en poesía
decadente...!
¡G.ué triste verdad es ésta:
debiendo de estar llorando
todos estamos de fiesta ...!
'Y al final
la pena de irse callando
es mortal...

MOTIVOS LÍRICOS
EL VINO TRISTE
;

I

'Y aunque pienso no adivino

'Ya vuelvo a estar triste, amigo;
ya sé que, aunque no lo quiera,
la tristeza va conmigo
escondida,
y estoy alegre por Juera
de mi vida ...

la causa de este misterio
de tener tan triste el vino
y de estar,
igual que en el cementerio,
tristes en el lupanar...

fNada me ha de libertar,
porque mi vida interior
es la que me hace llorar
y sentir
que sólo es consolador
el morir...

Il
ELLAS ME DICEN...

0llas me dicen:-Oye, ¿tú no quieres?
¿fNo te han querido nunca las mujeres...?'Y yo las digo: -cSí, pero ya no.
-¿Porqué?
"
-Porque no os tengo fe.

.los libros me dan espanto;
la mujer, melancolía.
2

17

�LA PLUMA

Porque no quiero yo.Y ellas exclaman: -¡{:}h, si lo supieran!
¿Gres un hombre que huye los cariños?
-clí. Yo tan sólo ya quiero que me quieran
los niños...
III

FANTASÍAS
PERO HAY AMOR

Yo llenaba mis versos de ideas tenebrosas,
y ella, en cambio, llenaba de brazados de rosas
los jarros de mi estancia...
¡tlué modo tan distinto de comprender las cosas!
Para mí era la vida petulancia,
y para ella, fragancia ...
¡(:)lor de Palmerones y capullos de flrancial
Sl,rrojé las cuartillas tediosas
y la cogí. del talle para aspirar las rosas!
¡Gl amor es la única comprensión de las cosas!
LUIS FBRNA.NDBZ ARDAVIN

11

LA MUERTE DE LEPE, O ERUDITOS AL
CIELO Y EL GARROTE MÁS BIEN DADO
en la Biblioteca. Arrastrar de sillas, tintineo de llaves,
crujir de vidrieras batidas contra los armarios, bisbiseo de
coloquios entrecortados, sobre un fragor continuo de pisadas, voces y derrumbamiento de pilas de libros; en fin, el _estruendo propio de una sala de estudio. Humaredas azules, escapadas
de los cerebros en ignición, se espesaban en el aire. Más de cinco minutos tardó en recobrarse del mareo repentino y del susto.
Repuesto un poco, esquivando con dificultad los empellones de los
viandantes (aquella tarde de lluvia, el torrente circulatorio de la capital
hacia en la Biblioteca un remanso\ recorría con los ojos las hileras de pupitres.
-Entre tantos imbéciles-decíase angustiado-,¿no estará mi hombre?
Estaba. Tras una cortina de libros se alzó su voz inconfundible, entre
saxofón y clarinete:
-¡Matías: las obras de lbsen, las obras de San Isidoro, las obras del
marqués de las Guadalerzas, el Derecho civil del señor Sánchez Román!
La Creación (al menos, el ámbito de la Biblioteca) enmudeció. Las miradas convergieron en el sitio donde sonó la voz; un halo blanquecino

II

NTRÓ

19

�LA PLUMA
LA PLUMA
circula un cráneo, del que se alcanzaba a ver la bóveda .calva, removida
por corrientes subcutáneas. Cuando la reflexión dió treguas al espanto, las.
lenguas se desataron:
-1Qué tiol
-¡Vaya un cliente!
-¡Se ve que es el cerebro de más circunvoluciones de España!
-¡Viva la raza!
Pero ya salía de la Biblioteca, acompañado por el visitante.
-Siento interrumpir su trabajo, señor de Lepe.
-En efecto, estaba en un momento de inspiración. Me he puesto a.
redactar una nota bibliográfica sobre la Descripción de la basllica de Sarz
Sekrln, y me va saliendo una monografía copiosa, como para renovar estos estudios. ¿Qué le voy a hacer? No es uno dueño de su vena, ~verdad?
Yo tengo sobre el románico ideas propias (véase mi programa inédito de·
Arqueología transcontinental comparada). ¿Qué mé quería usted?
-Maestro, como los ejercicios han concluido, y la votación es mañana ...
-Ni una palabra. Para mi, el catedrático es usted, sin discusión.
-¡Oh! Tantas gracias...
-Espero verme continuado por usted. La Historia literaria ya no me
interesa. Mi actividad es polimórfica, y, por decirlo asi, tentacular; nada
me impide dar cima a mi gran colección de Pensadores hebraizantes de
Bembibre (ya sabe usted, la escuela de que procede todo el racionalismo
moderno), y acabar el raspado y Jeterioro críticos, definitivos, de los códices de Silos; pero mi apetencia actual es otra: en cuanto dé la última
mano a la tragedia...
-¡Ahl ¿Una tragedia?
-Si, Los Ilergetes; obra de afirmación nacional: Indivil y Mandonio representan el espíritu vernáculo frente al extranjerismo invasor. En cuanto.
la deje a punto, voy a entregarme a mi gran proyecto: investigar las insti~
tuciones protectoras del trabajo en el primer Imperio asirio; el Instituto deReformas Sociales patrocina la obra. Hay que marchar con los tiempos.
En cuanto a ust~d, por mí váyase tranquilo; pero tiene un competidorte20

nible, y en el Tribunal hay tres señores de la cáscara amarga. Trabájelos,
muévase. ¿Quiere usted un consejo? Vea a la presidenta de la Junta de
Damas de Honor y Mérito y al Comisario regio del turismo. ¡Ya está usted en la pista!
Trabajó. Se movió hasta echar el bofe. No sentia la lluvia. Se cayó en
las zanjas, de cegato que era ¡y tan distraído! Y cada vez que le llevaron
a la Casa de Socorro le dieron friegas y coñac para reanimarle, pero no
ropa nueva, ni le quitaron el barro de las botas. Entraba hasta el despacho con el paraguas chorreando, y en el aire caldeado todo él empezaba
a vahar como puchero a la lumbre. (La policía, para encontrar l(?S hilos
de su conjura, no tuvo mas que seguir las huellas que fué dejando plan_
tadas en las alfombras.) Veianlo entre brumas. El veía tipos borrosos, que
no le hacían c;iso o le oían en silencio, mirándole con desdén. A las señoras les pareció pedante y tosco. Los varones graves le confirmaron de ingenuo y frlvolo. Sacaba fuerzas contra el miedo, y quería persuadir a todos de sus méritos. Le impon!a como nadie el hombre que se paseaba a
grandes trancos, por lo oscuro, las manos en los bolsillos, y que de vez en
cuando se paraba para atender a la conversación y le dirigía miradas
torvas.
-Vamos, vamos. No se ponga usted asi. ¿Es cuestión de vid- o
muerte? Si ahora no cohabita usted con el éxito, todo llegará.
-¿Y mi método? ¿Y mis ensayos?
-Acabará por hacérsele a usted una buena cabeza; pero aún cultiva
usted la arbitrariedad.
-¿Porque he dicho que Gonzalo de Berceo es una criatura ridícula?
Es mi sentir.
- ¡Qué pifia! Está usted falto de informaéión.
-Pero tengo los datos esenciales. Sé que Lope de Vega adivinó el telégrafo: por eso en mi programa ya no le llaa:.o el Fénix de los Ingenios,
sino el Marconi español. Si Fox .Morcillo no se llega a ahogar, hubiese
construido un sistema filosófico. Más: NUé hizo Descartes? Aprovecharse de las ideas de Francisco Sánchez. También sé que la Inquisición no
,quemó a don Ephraim de Santa Maria, el poeta, sino a su padre.
11

�LA PLUMA
-Muerto don Marcelino, eso no es cuestión.
-¡Europa nos envidia el rito mozárabe!-clamó desesperado.
-Est:i por ver.
-¿Y mis investigaciones? Probado ya que el Quijote es obra con clave, he hallai o en la aventura de los yangüeses una alegato por la Sociedad de Naciones.
-Eso ¡al señor Altamira, al señor Altamira, al señor Altamira...! ·
-¡He refutado la tesis de Rodríguez Marin sobre la cena de Don Quijote!
-Es interesante. Más objetivo...
-¡Y como soy amigo de Cejador, no les pondrá a ustedes en su Hütoria si me tratan sin piedad!
-Mejor, acaso. s~ aliviaría la crisis de los transportes.
En lo oscuro profirió una voz:
-¡¡Creí que se movía usted en otro plano!!
Se derrumbó el teatro. Vióse el opositor amarrado a un escaño de p,n&lt;&gt;
con entalladuras obscenas hechas a navaja. Los curiosos atendían ampliando con la mano el pabellón de la oreja. El autor de los Ilergetes emitia un ruido oficial melifluo.
-El tribunal deplora, por mi boca, no disponer de dos cátedras. Los
dos competidores son de mérito sobresaliente. Por mi parte me impond ría
cualquier sacrificio con tal de no verme en el caso de elegir ...
-¡A mí! ¡A mí! ¿Verdad?
_
Eligieron al otro. Revolcándose en el banco, escupía a los jueces.
-Le hemos preferido porque, al fin, es hijo de viuda pobre...
El público rompió a silbar.
-¡Canallas! ¡Farsantes! ¡A ellos! ¡Mueran!
Los estudiantes apedrearon los tranvías. Se interrumpió la circulación •
en la calle de San Bernardo. En el Ateneo empezaron a recoger firmas en
un pliego. La Policia hizo varios disparos al aire.
Se restableció la calma.
-Señores-exclamó uno del públi&lt;:o-. Es inútil matarlos a todos. Lo
22

LA PLUMA
mejor es producir ahora mismo una vacante para que el hombre insigne,
preterido por ese motivo tan fútil...
-¡Está en la ley de Reclutamiento... !
.
.
átedra
¡Propongo
que
el
presidente
del
tnbuC
- ... pued a ocupar una .
•
nal se suicide en el acto!
El tribunal, sobrecogido, se retiró a deliberar. Volvió a poco. Ríos de
lágrimas corrian por el rostro de los juec~.
. .
-Señores: rechazamos el suicidio por mmoral; pero no el martmo. Yo,
presidente, no me suicido; pero estoy pronto a dar mi cuello ~l verdugo,
si alguien del público se presta a serlo, para que el derecho tnunfe de la
legalidad.
Y el secretario, blandiendo un martillo, según el rito, voceó:
-¿Hay quien quiera dar garrote a nuestro Lepe, el divino? ¡A l~ ~na!
Instantes de congoja, en que el silencio pareció eterno. El publico,
rompiendo las compuertas del pavor,, prorrumpió en imprecaciones dolientes:
-¡Grande es el sacrificio, ¡oh Lepe!, y riguroso es el Destino que fulmina sobre ti sus rayos por tu misma excelsitud! ¿Qué Virginio, qué Scé\fola, qué Guzmán el Bueno igualó tu civismo? Trasp_a sado estoy de
horror.
El secretario: ¿Hay quien quiera dar garrote a nuestro Lepe, el divino?
¡A las dos!
El público: Vuelve a mi la esperanza. Nadie viene. Veo los redondos
ojos dorados del pájaro nocturno brillar sobre t'\ cabeza. La diosa le envía en tu amparo. Te cobija en la sombra de sus alas.
El secretario: ¿Hay quien quiera dar garrote a nuestro Lepe, el divino?
¡A las ...
-¡Yo quierol
Se adelanté un enmascarado con una guita liada al talle.
-¡A las tresl-gritó el secretario, dando un martillazo-. ¡Queda adjudicado el garrote!
El público: ¡Mas, ay, que ni el Padre de los Númenes puede esquivar
los decretos del Hado! Esfuérzate, pues es llegada tu hora. El arroyo de
23

�LA PLUMA
mis lágrimas te abre el camino de la Estigia. Ofrenda tus obras a Carón,
que las arrojará al profundo p1ra que no zozobre el barquichuelo. Consuélate, que vas a entablar coloquios perdurables con tus sombras dilec•
tas, y entre el Tudense y el Brocense sabrás por fin quién fué el Anónimo de Córdoba. Y tú, implacable, ¿quién eres? ¿Qué ánimo te mueve? ¡Oh,
cruell ¿Quién te envfa?
El enmascarado agarrotó con mucha sutileza a Lepe en su sillón. Apiló contra él sus obras completas y las prendió fuego. Arrojó sobre la mesa
una tarjeta, y dijo al marcharse:
-Soy el Análisis Objetivo, del Centro de Estudios Históricos.
Se encendió una discordia fratricida. U nos, pedían la cabeza del ejecutor. Otros, que le diesen una recompensa. La Policia le echó el guante;
pero él manifestó una cédula absolutoria s uscrita por su víctima: &lt;Ahorcado y conforme. Lepe.• Pusiéronle en libertad. Los bandos se acometieron con furia. El G-obierno declaró .que su deseo era que no hubiese vencedores ni vencidos, y nombró una Comisión de arbitraje. Los pliegos
puestos en el portal de la casa de Lepe se cubrie ron de firmas. Los que
u.o firmaban para protestar contra la ejecución, firmaban, a ruegos de los
árbitros, para solicitar del Gobierno el premio del ejecutor. Terminado el
entierro, el cortejo fúnebre fué a depositar los pliegos en la Presidencia
del Consejo. Así, el entierro fué cuna imponente manifestación de duelo•,
y se pudo conceder al ejecutor la Cruz del Salvamento de Náufragos.

EL CAMINANTE
CAMINANTE.

D ios te bendiga, mujer,

y al dulce niño

M UJER.

CA.RDBNIO

CAMINANTE.

que nutre tu pecho.
Deja que aquí, en esta roca,
a la sombra del olmo,
deposite mi carga
y a tu lado repose.
¿Qué oficio te lleva,
en el calor del día,
por el sendero polvoriento?
¿Traes mercadr,¿rías de la ciudad
por las aldeas?
¿Te sonríes, extrar~jero,
ante mi pregunta?
No traigo de la ciudad
mercaduría alguna.
Fresco viene el crepúsculo.
Muéstrame el hontanar
del que tú bebes,
amable mujer moza.

.........

�LA PLUMA

LA PLUMA
MUJER.

CAMJNANTE.

MUJER.
CAMINANTE.

MUJER.
CAMINANTE.

MUJER.

CAMINANTE.

MUJER.

CAMlNANTE.

MUJER.
26

Aquí arriba, por la senda rocosa.
¡ Ve delante! A través del bosquecillo
llega el senderq a la cabaña
donde yo habito,
junto a la fuente
de donde bebo.
¡Huella de la ordenadora mano del hombre
entre las malezas!
¡Tú no has dispuesto estas piedras,
profusa diseminadora, Naturaleza!
¡Aún más arriba!
¡Cubierto por el musgo un arquitravef
¡Te reconozco, espíritu formador!
¡Has impreso tu sello en la piedra!
¡Más allá, extranjero!
¡ Una inscripción sobre la que piso/
¡Nada puede leerse!
¡Idas sois, vosotras,
palabras hondamente grabadas,
que debierais mostrar La piedad de vuestro amo
a millares de nietos/
¿Te asombras, extranjero,
por estas piedras?
Arriba son muchas las piedras
alrededor de mi cabaña.
¿Arriba?
Ahora a la izquierda
subiendo por el bosquecillo.
Aquí.
¡ Oh, musas y grru:iasf
Esta es mi cabaña.

CAMINANTE.

MUJER,

CAMINANTE.

MUJER.
CAMINANTE.

MUJER.

¡Las ruinas de un templo!
Aquí al lado, abajo,
surte la fuente
de que yo bebo.
¡Ardiente te agitas
sobre tu tumba, gl!nio!
¡Se ha hundido sobre ti
tu obra maestra,
oh inmortal!
Espera, voy por el vaso
para qne bebas.
La yedra ha revestido
tu esbelta forma divina.
¡ Cómo os afanáis
por elevaros sobre los escombros,
par de columnas!
¡ Y tú, la hermana solitaria de allí al lado!
¡Cómo, desde lo alto,
11tajestuosamente enlutadas,
con lúgubre musgo en la sagrada cabeza,
miráis vuestras hermanas
rotas a vuestro piel
¡Del zarzal a la sombra,
cúbrenlas escombros y tierra
y la alta hierba ondula sobre ellas!
¿Así estimas tú, Naturaleza,
la obra maestra de tu obra maestra?
¿Insensible destrozas
tu santuarior
¿Siembras cardos en él?
¡Cómo duerme mi niño!
27

�LA PLUMA
LA PLUMA

.CAMINANTE.

MUJER.

"CAMINANTE.

MUJER.
28

¿Quieres desca1tsar en la cabaña,
extranjero? ¿O prefieres
quedar al aire libre?
¡Hace fresco! Toma al ni,io,
para que vaya a buscar agua.
¡Duerme, duerme, amor mío!
¡Dulce es tz, reposo!
¡Qu.i blandamente respira,
rebosando celestial salztd!
¡ Tú, nacido entre los restos
de un sagrado pretérito!
¡Pósese su espíritu sobre ti!
Aquellos sobre quienes flota
gozan de cada uno de sus dias
con dignidad de dioses.
¡Ábrete, colnzac/p germen,
magnífico ornamento
de la resplandeciente primavera,
y reluce entre tits compa1ieros!
¡ Y al caerse los pétalos marchitos
ascienda de tu seno
colmado fruto
que bajo el sol madure!
¡Alabado sea Dios... ! ¿Y duerme todavíar
Nada tengo que pueda ofrecerte
con el fresco trago,
sino un trozo de pan.
Te lo agradezco.
¡ Con q1té delicia florece todo en tomo
y verdea/
Pronto regresará mi marido

CAMINANTE.

MUJER.

MUJER.
CAMINANTE.

de las ltazas a casa.
¡Quédate, quédate, lzombrel
Y toma con nosotros la cena.
¿ Vi·¡;Ís aquí:
Allí entre aqitellos muros.
Ya mi padre lzizo la clzoza
con ladrillos y piedras
de los escombros.
Aquí vivimos.
Dióme como mujer a un labrador
y murió en nuestros brazos...
¿Has dormido bien, corazón 11iíor
¡Qui avispado está y q11,i juguetón
el bribonzuelol
¡Naturaleza, que en eterno germinas!
Creas a cada ettal para el goce de la vida;
a todos tus lzij'os, maternal, Izas dotado
de una heredad, de una cabaña.
Arriba, en la cornisa, edifica la golondrina,
ignorante de los ornatos que embadurna;
teje la oruga en torno a la amarilla rama
el albergue invernal de su nidada;
y tú, ¡olz, hombre!,
de las ruinas excelsas del pasado,
compones, como de remiendos, una choza
para tu abrigo,
y sobre tumbas gozas ...
¡Adiós, 11iujer feliz!
¿No quieres quedarte?
¡Dios os guarde
y bendiga a vuestro lzijol
2c,--.

�LA PLUMA

MUJER.
CAMINANTE.

MUJER.
CAMINANTE.

MUJER.
·CAMINANTE.

¡Buen viaje!
¿Adónde me llevará aquel smaero
que sube la montaña?
A Cttma.
¿A qué distancia está?
/
Tres leguas buenas.
¡ArEós...!
¡ Guía tú mis pasos, Naturaleza!
¡El caminar del extran:fero
que marcha sobre tumbas
de un sagrado pasado!
Condúceme a un asilo
resguardado del Norte,
(Í,()nde breve alameda
proteja de los rayos del mediodía.
Y cuando regrese
con la noche a mi cabafia,
dorada por los últimos rayos del sol,
haz que me reciba una mujer cual ésta
con el hy·o e,, los brazos.

J. W. GOBTHB
{Trae!ucc i611 de R. M. Tenrcico.)

LETRAS ITA LIANAS
1~ Italia inteligente espera su nuevo poeta y mira, sin
un amor excesivo, pero con simpatía, a los cinco o seis escritores que luchan con seriedad por hallarse a si propios y al
Arte, entreténgome yo a veces estudiando en los escaparates de las librerias los escondidos rostros de los libros de crítica y de
pe11samiento y las reimpresiones de los clásicos, y advierto que las novelas fáciles y mediocres con sus cubiertas triviales ocupan el primer lugar
de esos escaparates, mientras las obras de los críticos, de los filósofos, de
los hombres de estudio en general, se recatan tímidamente en segundo término. Echamos de ver que no son muchas; pero ya a primera vista descubrimos nombres de resonancia mundial a estas fechas; son obras de Croce,
de País, de Farinelli, de Anile; son reimpresiones de Tommaseo, de Dante,
de Manzoni, de Foscolo. Pero el público fija su mirada preferentemente
en la primera línea de los escaparates; y sólo algún joven curioso o tal
cual hombre de lentes, se esfuerza por llegar alU donde se han refugiado
los pensadores y los grandes escritores de ayer.
Ahora bien, si el Hbrero no los considera, si la muchacha vestida de
seda y calzada con chapines de raso no los busca, si al estudiante no le
preocupan, el jove'l curioso y el hombre de los lentes fijan la mirada lar1:º rato en aquellos frontispicios, y luego de reflexionarlo mucho, acaban
comprando el pensador y el clásico.
IENTRAS

31

..3•

...

�LA PLUMA

LA PLUMA

Y cuando veo al joven curioso y al hombre de los anteojos decididos
a tal adquisición, ya no temo por la literatura de mi país ni por Italia.
Pues ¿qué pueden contar las cinco mil muchachas vestidas de seda Y los
cinco mil estudiantes que compran la novela de moda, qué pueden contar,
mientras haya un solo joven que se fija en los libros serios, y ni por un
momento mira las cubiertas lujosas de las noveluchas?
Ya no temo, porque esos dos compradvres tímidos, pero reales Y tangibles, me dicen que la seriedad, la honestidad, la elención de los bu.enos
estudios no han muerto todavía en Italia; mientras que presto morirán,
no quiero decir dónde, los pobres alimentos de los novelistas de tres al
cuarto.

•••
En tanto, la Italia inteligente está toda alterada por la reciente co~vcrsión de Giovanni Papini. No es un rumor falso ni una actitud reclamtsta; Papini, el satánico Papini, entra en el seno de la Santa Madre Iglesia.
Los periódicos hablan de la con versión, en los círculos intelectuales se la
discute, un periodista se ha avistado con Papini y le ha interrogado para
saber la verdad. Y Papini ha dicho: «sí señores; yo ya no veo la verdad
sino en el Eva?gelio.• Y está esr,ribiendo-es más, se dice que terminando-una obra profunda y de gran volumen: la vida de Jesucristo.
Se puede discutir a Papini cuanto se quiera; y tanto más hoy que la
nueva generación se acerca a nuestro último clásico, aún vivo, Verga,
como buscando en la obra-toda l)umanidad-de este gran esc;ritor, un
nuevo punto de partida, después de veinte años de rebusca, de manías,
de cabriolas puramente verbales. Papini es ya un recuerdo de nuestra juventud y nada más. ¿Quién lo lec hoy en Italia? Tal vez algún joven de la
nueva generación, que oye pronunciar su nombre, y busca ansioso sus
obras; pero l0s hombres maduros y los jóvenes de treinta años están tao
lejos de Papinl, como si al siglo pasado y no al nuestro perteneciera. La
verdad es esta: Papini ha sido un constructor. Quien construye, y con material humano, quizá esté durante algún tiempo en un plano más modesto
que el dialéctico o el sofista; pero ya llegará el momento en que se le bus3i

cará con preferencia y se hará la luz eÓ torno SU) o. Papini es, ciertamente, uno de los más vigorosos, si no de los escritores más profundos de Ja
genLTació~ actual_; pero no _ha dejado, por desgracia, y tal vez no dejarámás que hbros ammados, violentos, libros de destrucción; allí donde otros
más mode~tos y encerrados dentro de sí, come, Panzini o Pascoli, fijaban
en verso o en prosa momentos y pausas de la vida. Si, hubo uu momento
en que todos hemos crefdo poeta a Papini; pero fué una ilusión suya y
nuestra; más nuestra, acaso, que suya, pues que intentó sus notas líricas
con poc.a convicción, con poca emoción, y aprovechándose admirablemente del eJemplo más modesto de Softici y de otros jóvenes menos conocidos
que él. Mas Papini renace, a cuanto dicen las crónicas, a nueva vida, con
la obra que está escribiendo, y nosotros, que le estimamos, esperaremos
esa obra con tuda la fe que él se me, ece ) nos inspira: porque su tormento_ por encontrarse a si mismo es, com,idérese como se quiera, de los más
tr~g•_cos y dc,lorosos; como el de un prisionero que busca por todos los
~ed10s, con manos, boca y dientes, el romper las cadenas que le suJetan.

•••
Otro di~léc~ico y crftico de mucha fama es Borgese; dudoso a su vez
duran.te algun tiempo entre la poesía y la critica, lejos de la propia comprensión, ¡,~r? obstinado en hallarse, Borgese, a quien los jóvenes estima~ Y los vteJOS respet~n, ha abandonado tiempo ha la poesía, y aun la
:rihca, como tal expresión cuotidiana, o al menos frecuente. Pero no ha
bandonado sus estudios predilectos; y aunque desde las columnas d
uno de _nne~tros grandes diarios, ll Corriere della Sera, escriba de polític:
i-tde ~•stona, corre la voz de sus estudios acerca de un gran problema
t erano ~oderno; es decir, de que prepara su obra máx1ºma Entretanto,
aparecen. en_ los escaparates sus libros agotados, que Treves. reim rime v

r;-

!uaen;)c:,~b~~c;u:\:P;~~ura ~trnprar.1:e aquí la Storia della cr~íca
. mer ' ro, y la primera muestra digna de su noble
p ersonal,.dad d e escritor.
Borgese posee como nadie en Italia la facultad de comprender desde
3

33

�LA PLUMA

LA PLUMA

blema y de resolverlo con claridad y
luego dónde e~tá el ~udo ~e un pr:eden echarse en olvido, ni aun hoy,
fuerza. Sus artículos hteranos no p
tan vivos como cuando
.d
olumen no parezcan
no obstante recoga os en v
d
charse en olvido, tan ta es la
. .
.ódicos· no pue en e
1
¡os leímos en os peri
' .
d. léctica formidable y su ong1c itor inspira con su 1ª
simpatla que este es r
h terminado porque Borgese es
·6
otra parte no a
'
nalidad. Su func1 n, per
' t·1 en estos años de guerra y de
.
y fecundo· y su es 1 o,
d
todavla muy Joven
'.
.
se ha reforzado y adens:.i o, y
.. d
61 ::io ha perdido, sino que
polltica, no s o
.
d
na obra nueva de singular mtt e1, y
es menester esperar de él, s10 du a, u
potencia.

•••
está también a su vez, de cuando en cuand~,
Croce, el célebre Croce,
h
"nistro de Instrucción Púbh,
obstante ser a ora mi
en los escaparates, y no
.
t b·en parece acelerarse, más por
ca su producción no se detiene, ~n esd_t1 'r..aterza que por su voluntad
•
.
d
fidells1mo e i or
'
'
obra de sus amigos y e su
. .
tá estudiando importantes re,or. E f to como m1nastro es
.
y su trabaJo. n e ec ,
.
otra parte reimpresiones o
l'
que p'll.bhca son, por
'
.
.
filosóficos, antaño aparecidos en rev1smas, y los vo umene_s .
colecciones de estudios hteranos y
. . s·endo la figura más
.
Pero Croce continua •
é
O
tas
campo del pensamiento Y
memorias acad micas.
.
.
. d
omento h1stónco, en e 1
, .
representativa e este m
. tiempo 00 "igue como cntic desde hace a1gun
.
.
de la alta cultura, pues qu
.
él y pudiéramos decir leJos
cola producción actual, que nace ya a1ena a '
.
d
·stcma filosófico.
. •de sus ideas Y e su si
. G fle su más digno hermano espm
No le ha abandonado Gic,vanm I en ªd.'t.ntas ha seguido siempre con
. .
·d as persona es y 1s 1
,
tual, que, s1 bien con '. e
.
.
Gentile se cuenta entre los filófidelidad la dirección ideológ!ca croc1anab.
er encerrada en un pequeño
ás productivos y su o ra, ay
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sofos mo ernos m
'.
úblico más vaitO, y merec1 o
mundo de lectores, se ha extendido a un p
la adhesión de los di~cípulos.
. des ierta ahora la curiosidad italiana
Otro pensad:&gt;r, Gmseppe Rens'.,
p b t· ada Es acérrimo luchador.
-6
f
fernente y o s 10
•
con una producc1 n con mua,
Z . helll por Perrella, sucédensc
Sus libros, editados por Sandro n, p or ,ame
,
34

violentos, polémicos, audaces. Combate el ide~lismo crociano con un fervor, una nitidez, una gallardía que, como decía, llenan de curiosidad a los
hombres de estudio. Partiendo de unas cuantas premisas negativas y de
lucha, se afana ahora en construir su sistema, basado y fundado en el es•
cepticismo. Pero la simpatfa que inspira en torno a sf no es pueril y menuda, pues que Rensi muestra, pese a sus intemperancias verbales, ser un
talento nuevo y moderno.

***
Otros pensadores, crlticos y filólogos siguen, por el contrario, su camiM tranquilamente. Ettore Romagnoli, uno de los más insignes grecistas
italianos, ha roto muchas lanzas contn la cultura y los métodos de estudio alemanes en sus libros Lo scimmione in ltalía y Mintroa e /.o scimmione (editados por Zanichelli), pero hoy, aquietado ya, trabaja en traducciones del griego, ensayos sobre poetas griegos y comedias. De estos dfas es
la p11blic.. dón de sus tres comedias: U triltico dell'amore e dell'ironia
(ed. Zanichelli), en la cual encontramos al perfecto traductor de las ironías
fen-ces del divino Aristófaoes. Cario Pascal, por el contrario, no abandona
sus trabajos filológicos. Nobles trabajos los de Cario Pascal. Quisiera -yo
que se conocieran en España los estudios realizados por el célebre latinista sobre Horacio, Catulo, Virgilio, Tacito (ed. Battiato), y, sobre todo, su
obra más vital, Scritti vari sulla letteralura latma (ed. Para vía), donde este
alto ingenio desentraña con singular agudeza el pensamiento y el arte de
los más preclaros escritores de la antigua Roma. Tiene el don de colorear
111cluso la materia más árida y puramente cieotffica, de darle vida, fuerza,
interés, y con una simplicidad de medios que pocos poseen.
Arturo Farioelli es, por el contrario, harto conocido en España, y no
tendré que esforzarme en recordar sus estudios acerca de ella. Hoy, en e1
quadrigésimo aniversario de su profesorado, Italia le festeja. Bien lo merece el maestro, el hombre de estudio, que ha dado a conocer en Italia, en un
admirable ensayo, a vuestro Calderón, y a muchos escritores alemanes
ayer desconocidos en Italia. Farinelli es catedrático de literaturas comparadas en la Universidad de Turfn, y, más que autor de ensayos, es un
35

�LA PLUMA
LA PLUMA
maestro admirable. Sus disclpulos reúnen hoy en volumen (ed. Bocea) tales lecciones, documeRtándolas históricamente y dándoles unidad y cuerpo, para que se acerquen a Farinelli los j?ven~, n~ ya c_on la simple curiosidad que inspiran las obras de pura mvest1gac1ón, sino aquellas que
tienen un punto de partida y una meta claros y definidos.
Otra obra critica muy leída y comentada en estos dias es el Balzac in
Jtalt"a, de Giuseppe Gigli (ed. Treves), estudio exacto e inteligente llevado a cabo sobre fuentes históricas del tiempo, del periodo en que Balzac
vivió en Italia, período nada extraordinario por lo demás, del cual sale
Balzac empequeñecido, y, como hombre, lleno de máculas y fla'luezas.
Dos buenos estudios acerca del Dante atraen también en estos dlas la
atención de los doctos sobre el gran poeta cuyo centenario se celebra
en 1921: uno de Cortese (editado por Angelo Signorelli), y otro de Falorsi (editado por Lemmonier), diversos en cuanto a método y ejecución,
pero útiles entrambos para el conocimiento de los problemas da_ntescos.
De Giuseppe de Lorenzo, cuya fama rebasa ya las fronteras, reedita Laterza un volumen de ensayos sobre el Bttdismo, a que dedica estudio y pasión De Lorenzo años hace; y Zanichelli La ltrra e fuomo, obra de poesla
y ciencia bien fundidas, y una de las más bellas de cuantas ha producido
este singular poeta y hombre de ciencia. El propio Zanichelli nos da los
Saggi di scimza e di vita, de Antonino Anile, médico napolitano, conocido
también en Italia como poeta, y que por la singularidad de su filosofía
tiene muchos lectores en todos los campos.
y he aqul después las reediciones de los clásicos, las más caras a
quienes gustan los libros, jóvenes y no jóvenes. Infatigable en este aspecto es La\erza, que con sus Scriltori d' Italia está levantando un monumento duradero en favor propio y el de Italia; libros que por su aspecto
exterior, el carácter de letra y el cuidado en las reprnducciones son verdaderamente perfectos. Otra colección de clásicos imprl.mese en Italia por
la Unione Tipografica Edilrice 1 ori1use, guiada, cuidada, dirigida por uno
de los más notables hombres de letras italianos, Gustavo Ba\samo Crive1\i; pero asi como la colección dt" Laterza, por su alto precio y su fiso no ·
mia aristocrática está destinada más bien al mundo de los filósofos y de
36

•

los hombres de estudio, ésta de Balsamo Crivelli tiene intenciones más
vastas; y en efecto, es la más buscada por los jóvenes, los estudiantes, los
padres de familia. Un nuevo editor de Florencia, Luigi L. Battistelli, inicia entre tanto una colección ibérica antigua, comenzando con los dramas
de Calderón, que serán muy buscados. La lista podia ser aún muy larga;
~ero creemos que es bastante por hoy, si bien es menester decir y repetir que, no obstante parezcan prevalecer en el movimiento editorial italiano las obras decadentes y amenas, muchos editores ofrecen obras puras
y nobles. ¡Acaso no es de hoy también la traducción de la Jú"ada, que
Nicolo Festa, grecista insigne, ha intentado nuevamente, e impreso Sandroo en belllsima edición? ¿No es de koy la reedición, en un solo volumen, de todas las obras del Dante, nobilísimamentelimpresas por Barbera?
~y no más de ayer el nacimíento de una colección extranjera de Bemporad, de otra, extranjera igualmente, de Quintieri, de una colección de
obras inmortales en las ediciones de la Risorgimento, dirigida por Caddeo?
As!, pues, no desesperemos.
Porque incluso en el género oarrati vo no nacen sólo obras antiguas·
'
y, aunque de raro en raro, alguna joya reluce.
Ved en las ediciones de Mondadori, de Roma, ll díavolo nella mla líb1 er~a, de Alfredo Paozini, obra maestra de prosa fina, humorística y humamsta, ! otra de Tommaso Monicelli, Crepuscolo, en que el ingenio de
este escritor recoge algunas de sus novelas, delicadas de tono y exquisitame~te humanas. Y de hoy, en las ediciones de Bemporad, de Florencia
(e~i~or que se lanza ahora con buen éxito a la literatura amena), son Verg,mtd, de Fausto Maria Martini, obra de prosa clara, en la que se narra sin
literatura, antes bien con mucha y verJadera poesia, el retorno de un
cuerpo Y de un alma de la muerte (Martini fue gravemente herido en la
guerr~, Y tuvo un brazo y una pierna atrofiados) a la vida; y l a pace túgli
angelz, d~ Francesco S~pori, novela honrada y, aunque no muy robusta,
noble Y smcera; Y Na7a 1ripudians, de Annie Vivanti, obra tal vez exageradamente dramática, pero expresiva y humana.
En Italia trabajan bien este campo, los jóvenes sobre todo. Giannino
Omero Gallo, por ejemplo, ha hecho en tres volúmenes Le oasi túl dolo31

�LA PLUMA
rt, que ahora reimprime Zanichelli, la prueba segura de una prosa sin retórica y altamente poética. Los oasis del dolor son las ciudades donde la
guerra recogió en hospitales famosos a los heridos y moribundos. Y es de
ver cómo este prosista poeta describe esas ciudades y el dolor que en
ellas reside, en una prosa cálida y densa, con un fervor poético que nunca
rompe los moldes clásicos, que no cae en fin en el énfasis. La obra lleva
un prólogo de G.briel D' Annunzio.
En suma, aun en el campo de la fantasla, si bien raramente y no siempre con éxito, hay quien trabaja con celo y ,eriedad, y se yen en los escaparates novelas y tomos de poesias de escritores conocidos o no, Ma rio
Borsa, periodista de renombre, lla publicado en la casa Edilrict Risorgimmt,, de Milán, una novela, La casdna sul Po, en que se refiere sin pedanterla la historia moral y espiritual de un joven italiano, al que la guerra ha aplacado ansias y dudas, conduciéndole de nuevo, luego de crisis
espirituales y rebuscamientos, a la casa rústica donde nació. Y han publicado buenas novelas Giuseppe Lipparini (Le /antas/e della r:ovant Aurora), Mario Sobrero (La vloktla di Parma), Enrico Franchi (Prlmavtrtlta, novelas cortas y cuentos, Marino Moretti (La voct di Dio), Ugo Malato
(Li·monella se dlverte), Paolo Arcari (La facda che non capisce), Pierangelo Baratono (Commmtl al libro delk Jale), Ferdinando Paolieri ( Novelle
{ncredibíll), Lina Poretto de Stctano ( Le notí della puríld).
Esta ennmeración es harto menuda y estéril para que valga ser co1:tinuada. Pero sirva de testimonio de que en la Península itálica hierve algo
que no es humo tan sólo, y de que, en fin de cuentas, con todo nuestro
pesimismo, no ha muerto nuestra esperanza.

MARIO PUCCINI

DE LOS POEMAS BURLESCOS

TEATRO CLARUCHO
(PROVINCIA)
'Gelón y una lira en el centro.
'Gimbre. !Desparece la lira sin ruido.
cSe oscurece la sala.
cSilencio y principio.
!Decoración dara,
"
de color de ojos de !Rosario !Pino.
;,Muebles lijeros, como !Rosario !Pino. CJJaporosas
cortinas, como !Rosario !Pino. ;No está derecho el /orillo.
6stá puesto de prisa, como !R.os'lrio ;lino y su arte,
que es imperceptible y rapidísimo.
!Palabras en la escena:
don ;,Manuel .linares !R.ivas, diluido ...
fR.osario !Pino y la segunda dama
también fR.osario !Pino.
!Parlan. fR.isas de acotaciones.

�..
LA PLUMA

LA PLUMA

(6goísmo
del don :Manuel .linares que pone su propia gracia
g luego la manda a reir con un paréntesis rigi.do.)
6moción encasillada de antemano.
:Molde de un puding lírico.
Un 'Vaciado dramático.
tJ una sordina literaria. tJ una sensación de oficio.
Pasa el amor, con un bienestar de magnesia
por un tubo digesti'Uo ...
Comedia de vals, de vals que no se oye
sino en el corazón que es donde tiene el nido .
.lágrimas de clase media. 6sparcidas, hacen una
enorme, que es cual un lienzo cristalino
que cubre el escenario.
6s como un telón de cristal sutilísimo .
.Ca emoción al través de esa lágrima...
¡'Gela de araña que teje el artesano espíritu!
'Godo es, como el agua olvidada
en un vaso aburrido;
como el día que cae en un parque
. que tiene una estatua g sabe a domingo;
como un hombre que guarda sus horas
en un armario y las saca g las usa con tino_...
C:omo un sueño entreabierto de siesta ...
C:omo un honesto baño tibio ...
40

'Geatro clarucho . .linares. !Rosario.

Pro'Vincia. ¡;Mongolia g datismol
!Datismo de cielo, datismo de alma.
Programas datistas. fH.astío pianísimo ...
!De nada me vale el silencio ...
rcSe llena el silencio, de voces sin grito .. I
ALONSO QUESADA

SIMETRIAS
I

Gl alma turbia y sombría.
fR.ocío, gotita limpia.
Cuando ella vuela al azul
baj as a la tierra tú.
6/la desciende del sueño
cuando tu v uelves al cielo.

�•

LA PLUMA

•

II

flué en un bello día de abril
cuando !Dios me dió aquel tesoro;
/ué una bella noche de .luna
cuando lo llevó el !Demonio.
III

6spacio g tiempo,
quimeras,
quimeras del Pensamiento.
¿Jy(is pasos en el 6spacio
y mis ritmos en el tiempo,
quimeras,
quimeras del Pensamiento.

Y tú que lo creas todo,
Pensamiento,
que te creas a ti mismo,
Pensamiento,
quimera de una quimera,
Pensamiento.
VALBNTIN ANDRBS ALVARBZ

. .. CASTILLO FAMOSO
AURID-lcntitud, desbarajuste, trabas inútiles-se compendia.
en el tranvía. El jaulón con ruedas que arranca a trom¡;¡icones, se enhebra por calles tortuosas y va de atasco en atasco,,
preñado de broncas, dejando a los clientes frustrados, boquiabiertos, al mari:en de la vla, es una pieza capital de la armazón
madrileña, y si todas las restantes se perdiesen, ella sola bastaría para
reconstruir nuestro sistema urbano. El tranvía es espejo de las costumbres-como el teatro- pero no las corrige, ni mucho menos deleita, misión que le achacábamos al teatro en clase de retórica; antes las
recoge, las encauza, propiamente las encarrila para sacarles friamente el
jugo. El tranvía zurce corruptelas dispersas; celestinea entre la tardanza y
el mal humor; acopla la suciedad con el despotismo. Todo ello es acarreode la villa, que, á lo mejor, se espanta viéndose así condensada en el tranvia. Madrid entonces pretende que el tranvía es una calumnia que le levantan; pero no: nada hay dentro del tranvía que no vaya suelto por esas calles. Hasta el hedor: si en el interior del tranvía hiede a cinematógrafo, eso
lo pone el público, el mismo público que en el cinematógrafo hiede a tranvía. Es más que un achaque de la capital. No le diré, pues, a Madrid: «Me
duelen nuestros tranvías• (como a algunos les ha dolido la Península ibérica) reeditando otra parodia del j' ai· mal d votre poüríne, que inventó una
preciosa memorable. Más propio es encaramarse a la torre de Santa Cru z;
43

�LA PLUMA
LA P L U i\I A
y gritar desde ali!, como almuédano delegado por la Academia de Ciencias Morales y Polfticas: • ¡Hermanos, las ciudades tienen los tranvías que
~e merecen I•
El tranvía es el vehiculo perteneciente al esbozo de progreso material que apuntó en Madrid hace veinte años; se entiende el tranvía con
trole. Cuando España acabó de perder las colonias, el tranvfa empezó a
perder las mulas; sucesos correlativos inaugurales de un período históri~o. No lo he mos olvidado: hubo renovación espiritual y apetencia súbita
de ventajas y adelantos prácticos; descrédito de oradores; auge de inventores, adornados con el prestigio que les usurparon después los pedagogos;
constitución oficial de la «generación del 98•, con escala cerrada y amortización de las vacantes; disquisiciones doctas acerca de la aptitud política
de la raza. Se comprendía que aoui iba a pasar algo. Madrid fué perdien,do la calidad de apacible lugarón manchego: llegaron unas cupletistas
francesas: los señoritos se vestían de frac para asistir al primer music-hall
de la Alhambra: de la Puerta del Sol salió una mañana el tr~nvía eléctrico del barrio de Salamanca: pareció máquina mortífera, innecesaria (¡en
Madrid no hay distancias!), y se la obligó a ir despacio (¡qué más quería
~llal) para que los peatones pudieran pasearse tranquilamente, sin mirar
atrás, por entre las vías. Desaparecieron los encuartes: golpe mortal para
lo pintoresco madrileño. Las mulas en reata, que bajaban al trote la cuesta de Atocha, rebotando los ganchos en los adoquines, con un bigardo
caballero en la grupa, ¿qué se hicieron? Y el desconcertado coro de blasfemias, trallazos, voces y patear de cascos herrados, áspera ofrenda de la
exasperación de Madrid, ¿no lo echan de menos las hostiles divinidades
carpetanas? Así como la introducción de la libertad ahuyentó a los frailes, y la del agua del Lozoya dispersó a los aguadores, el flúido eléctrico
acabó con las mulas del trnn via y sus encuartes. Pero, al fin, de la especie
fraile y de la especie aguador-ornamento del viejo Madrid, único en las
galas-se sabe lo que ha sido: el fraile ha vuelto, y los aguadores, solt:idas las cubas, se abatieron sobre los ministerios, embajadas, senadurías y
otras gangas; los más generosos se pusieron a capitanear movimientos de
-Opinión. En cambio, de las mulas nada se sabe. No es creíble que se ha44

yan extinguido; cierto que los híbridos... Pero también los frailes son hibridos, si n o de nacimiento, por vocaci0n y de resultas, y la especie sobrevive, pese a la esterilidad de sus individuos.
Error fué el de amputarle las mulas al tranvía, propio del aturdimiento en que nos sumió el desastre. La nación bebia los vientos por el europeísmo y aceptaba a tontas y a locas cuanto viniese de fuera, sin pararseª meditar si era conforme a nuestras tradiciones y al genio de la raza. El
tranvia eléctrico estará muy bien en el extranjero, pero lo que es aquí ha
sido un fracaso; la prueba es que no anda. Cada pueblo tiene sus móviles
peculiares; es inútil preteuder cambiárselos. La mula, animal español por
excelencia, más típicamente español que el Loro, es la bestia que mejor
cuadra a sus compatriotas racionales, mirados como carga transportableLa mula es áspera, brava, testaruda, personalista; pero esos defectillos no
son sino espinas de la bondad e ingenuidad radicales de su carácter. Es
sufrida, sobria, recia; levanta los cascos de buen grado, pero en varas o
en ganchos, en reata o en bolea, acaba siempre por tirar; sólo es variable
el número de palos que necesita. Las mulas se han asociado mil veces a
los destinos de la Patria; los sucesos capitales de nuestra historia han pa•
sado casi siempre en mula, o se acometieron en mula; desengancharlas.
del tranvía fué un atentado de leso espíritu nacional.
Entre los carros de la carne y los carros de los muertos (que son los.
otros medios de transporte más notables de Madrid) el tranvía sin mulas
está haciendo, en mi opinión, triste papel. tA qué se debe la grandiosaapariencia del carro de la carne sino a la bien entendida restauración de
la reata de mulas, tras un destrenamiento fugaz? Las cinco bestias, el
carro de gran porte que se bambolea y se derrumba de un adoquín a otro,.
Y los cuatro bipedos Vt!rdinegros, untados de grasa, con sus blusillas cortas y sus trallas, que con un estentóreo ¡¡Rrrr... oooühll gobiernan el
rumbo de las caballerías, forman un cortejo único, inolvidable, enviado
por los barrios bajos a las sumidades de la villa a boca de noche, y pasan
sonando, tronando, apestando, con bazuqueo y roce de carnes desolladas
Y batir de los tendales de cuero que sahuman al vecino con el vaho de la
sangre. ¡Pavorosa máquina! ¿Es la re~ogida de los muertos de una gran.

45

�LA PLUMA

LA PLUMA
tbatalla, o pasan los relieves del festín de Moloch, o es la comitiva triunfal
de una sub-raza de caníbales que lleva los cuerpos de sus víctimas a al,guna escondida caverna para devorarlos a placer! Junto a esa visión truculenta, el tranvía, muy fértil de por sí en vejaciones y percances, se nos
antoja un poco insulso, una especie de comedia casera para.familias bur,guesas Y gentes de buen conformar. Lo mismo si se le compara con el carro de lus muertos. Todos juntos, previenen las postrimerías del madri&lt;leño. El catecismo conoce cuatro postrimerías del hombre natural; las del
madrileño no pasan de tres, pero son horrendas, y no hay ninguna que
corresponda con la postrimería gloriosa de los justos. Ir en tranvía, o colgado de un gancho ea el carro de la carne, o abrigado en un coche estufa
-de las pompas fúnebres, son las tres últimas cosas que pueden sucederle
al habitante de Madrid, a poco que propenda a trasladarse. Incluyo lo del
carro, porque, sobre no estar muy cierto de la condición que sus clientes
,gozaban en vida, reliquias de espíritu franciscano me incitan a considerar
los cuadrúperlos como hermanos menores, y los saiudo, cuando los veo
pasar abiertos en canal, como a convecinos frustrados. De igual modo,
veo en los ocupantes temporales del coche fúnebre a nuestros convecinos
-más sensatos, que optan por ausentarse definitivament€, descontentos y
fallidos en su calidad de pasajeros. Se adivina que, resignándose a perder
de una vez todo el tiempo que tenían, se han tumbado para hartarse de
•dormir, diciéndole antes al cochero: «¡Por horas[ Un paseo hasta las afueras. Ve despacio. ¡Hace un sol tan hermoso!• Son los únicos viajeros que
-están seguros de llegar a su destino. Pero no se dan cuenta del ridículo
aparato con que los llevan; de no ser así, poco tardarían en rebela1se. Ni
perciben las palabras impías que se pronuncian a su paso. Siendo yo estudiante de leyes, volvía con unos compañeros de no sé que lección prác'1:ica, y como nos cruzásemos con un entierro, el docto catedrático que aos
acompañaba, dijo:
-¡Mirad, hijos; llevan a enterrar al de cujus!
Andados los años, me encontré aspirante a la Filarmónica; me recon,-comfa por la tardanza en el ingreso, y cada vez que topaba con un entie:aro, hacíarne esta pregunta, risueña como la esperanza:
46

-¿Sería socio de la Filarmónica?
Tampoco se dan cuenta de la loca alegria que respiran los acompahantes del duelo. Quien se para a mirar el desfile de los coches de un entierro sorprende, Tentanilla tras ventanilla, en los rostros que no se creen
observados, todos los matices de un regocijo animal estúpido; el regocijo
de quien acaba de salvarse de un gran peligro. ¡Imaginan que no se han
de morirl Y van dulcemente mecidos por el deleite de hacer coro en un
suceso aciago que, de momento, los deja indemnes. Pero lo que asombrarla verdaderamente a los muertos, si lo viesen, seria el barullo y la prisa
con que los enterradores regresan a Madrid, una Tez desembarazados de
-su carga; ponen los caballos al trote; se despojan, haciendo un montón
-con ellas, de las insignias funerarias (bastoncillo de zahorf, como para
alumbrar muertos ocultos; peluca de estopa rucia y sombrero bicorne): parecen mascaradas y cabalgatas del Carnaval, que al llegar la noche, rendidas de vocear y correr, abandonan el jolgorio.
Yo no creo que los muertos de Madrid viajen con tanta aflicción como
.aquel de la fábula:
Un mort s' en allait tristement
s' emparer de son dernier gtte;
un cure s'en allait gaiement
enterrer ce mort au plus vite.
¿Tristemente? En Madrid, morirse es cordura. Si el saltatumbas le despa-cha au plus vt'te, el muerto se ríe de él y de la vana agitación de los enterradores. Los madrileños conscientes se mueren por sustraerse al tiempo, por bogar en la eternidad, por dar a su vida el fondo perteneciente a
su ritmo lento. Corno viajeros, los muertos son los únicos madrileños que
or~anizan su experiencia personal y saben la inutilidad de tener prisa.
No así el madrileño que per~iste en viajar en tranvía. Es un tipo atolondrado; pueril, para quien llegar a la Glorieta de Bilbao o a la Puerta de
Atocha vale la pena de zambullirse en el remolino de groserías y de arbitrariedades vejatorias que asalta los coches. Aún no se ha abierto bastante
-camino la idea de que el tranvía es sólo u11 lugar de esparcimiento y re47

�LA PLUMA
creo para familias modestas, campo de operaciones de galanteadores furtivos, vehículo de enfermedades infecciosas, depósito ambulante de malos
humores; pero no carruaje que puedan utilizar las personas que se estimen. En tranvía viajan las gentes más feas de Madrid; sobre todo en verano; son los clientes de Bagaria. Viajan también los más pazguatos: los
que toman siempre la dirección contraria, los que nunca saben el precio
del billete, los que le cuentan al cobrador, al guardia, al viajero contiguo,
adónde van y con qué motivo. Viajan los más impertinentes; los que ocu pan el estribo o la portezuela como finca pro,Jia, las familias que discuten
sus asuntos íntimos en el instante de subir o apearse, concierta'\ bodas,
organizan excursiones, se recomiendan negocios y cambian prolongados
y tiernos adioses. Viajan las señoras gordas, los viejos perláticos, y esas.
hembras temibles rebujadas en un mantón de ocho puntas, con una cesta
en el brazo izquil'rdo y un chiquillo en el derecho. Viajan los peor educados, que compiten en aspereza de genio con el conductor {quien apuñala
con los ojos el espacio y da vueltas a fa manivela con igual furia que si le
retorciese el pescuezo a su mayor enemigo), y con el cobrador (que nos.
alarga, entre reniegos, el billete, bien untado de saliva, especie de cédula
de excomunión). Viajan los conquistadores castizos: uno muy moreno, cejijuni:o, de bigotes puntiagudos, de pavoroso mirar, que al mismo tiempo
subyuga, protege y perdona a una jovencita que va en el interior... Yo,
que siempre voy a pie, los desprecio. Pero a ninguno tanto como a .estos.
dos: al hombre servicial, que abre solícito las barandillas de la plataforma
para que salgan otros, o le avisa al conductor cuando han acabado de
subir los viajeros; y al señorito que desde la acera sale corriendo para dar
alcance al tranvía, y lo atrapa, y de un salto cae en la plataforma como
quien cae de la luna, y mira sonriente a los demás viajeros mendigando
un chispazo de simpatía, y no le hacen caso, y él se ve muy solo, muy
extraño, y se azora, y no sabiendo qué hacer rompe a silbar el andante
de Beethoven oído. la tarde anterior en el concierto de Price. Este es el
Gran Camarlengo del Augusto Colegio de Cretinos.

VELETA
Viento del Sur.
Moreno ardiente.
Llegas sobre mi carne
trayéndome semilla
de brillantes
miradas. Empapado
de azahares.
Pones roja la luna
y sollozantes
los álamos cautivos, pero vienes
¡demasiado tarde!
Ya lze enrollado la noche de mi cu,ento
en el estante.

Sin ningún viento
¡lzazme caso!
Gira corazón,
gira corazón.

BL PASBANTB BN CORTB
4

I

�LA PLUMA

LA PLUMA
Aire del Norte.
Oso blanco del viento.
Llegas sobre nti carne
tembloroso de auroras
boreales.
Con tu capa de espectros
capitanes
y riéndote a gritos
del Dante.
¡ Oh pulidor de estrellas!
Pero vienes
demasiado tarde.
Mi almario está musgoso
y he perdido la llave.

y está cautiva el ave
que dibuja con trinos
la tarde.
L as cosas qne se van no vuelven nunca,
¡todo el mundo lo sabe!,
y entre el claro gentío de los vientos
es inútil quejarse.
¿ Verdad chopo maestro de la brisar
¡Es inútil quejarse!
~

SÓLO TU CORAZÓN CALIENTE
Y nada más.
lvli paraíso, un campo

Sin ningún viento
¡hazme caso!
Gira corazón,
gira corazón.

Brisas gnomos y vientos,
de ninguna parte;
mosquitos de la rosa,
de pétalos pirámides.
Alisios destilados.
Entre los rudos árboles,
flautas m la tormenta.
¡Dejadme!
.
Tiene recias cadenas mi recuerao
50

.sin ruiseñor
ni liras.
Con un río discreto
y una fitentecilla.
Sin la espuela del viento
sobre la fronda
-vi la estrella que quiere
ser hoja.
Una enorme luz,
que fuera luciérnaga de otra,
En un campo de
miradas rotas.

�LA PLUMA
LA PLUMA

Mi corazón se vuelca sobre la fuente fría.

Un reposo claro
y allí nuestros besos
( Lunares sonoros
dtl eco)
Se abrirían muy ltJos
Y tu corazón caliente.
¡Nada más!

(¡Manos blancas lejanas,
detened a las aguas!)

Y el agua se lo lleva cantando de alegría.
(Manos blancas lejanas,
¡nada queda en el agua!)

FBDBRICO GARCIA LORCA

MI CORAZÓN REPOSA JUNTO
A LA FUENTE FRÍA + + + +
( Llénalo con tus hilos,
araña del olvido.)

El agua tU la fuente su canción le decía.
(Llénala con tus hilos,
araña del olvido.)

Mi corazón, despierto, sus amores decía.
( Araña del silencio
téjele tu misterio.)

El agua ele la fuente lo escuchaba sombría.
( Araiia del silencio
tijele tu misterio.)
53

52

�LA PLUMA

LIBROS Y REVISTAS
Ramón Péres de Ayala,-Belarmino y Ajolonio.-Novela. Madrid. Calleja, 1921.
• Saber poco o, mucho, ¿de qué sirve? ~3:da ciencia, d~ por sí, es ~na abdicación al conocer mtegro. En la edad teolog1ca, la humamdad ~e figuraba haber
penetrado el sentido de la vida y la mue~te; el ho~bre se hab1~ a~ostu~brado
a la presencia de lo absoluto en cada realidad relativa; el conocimiento mt~gro
se ofrecía al alcance de la mano. En la edad científica, cada sabio no y_e s1 no
lo que tiene delante de las narice_s. Para a~~ender al concepto y emocion de la
vida, 0 situarse en el punto de vista de Sin&lt;?, C?~º hace el filósofo, o zambullirse con todas las potencias en los dramas md1viduales. El drama y la filosofía son la única manera de conocimiento.&gt; Así dice, en la sobremesa de una
casa de huéspedes, Don Amarant0 de Fraile,_ •ostentando _didácticamente un
tenedor de peltre, al modo de férula_&gt;. Belarmmo_ y _Apol~mo son la representación viva de los dos modos de arnbar al conocim1ento mtegro que el Sr. de
Fraile, iróaico y pedante, propone en las primeras páginas de esta novela.
Belarmino como su antecesor el tudesco Jacobo Bohme, es zapatero y filósofo; Xuantip~. su mujer (Xuana, la Tipa): se pare~e a la mujer de Sócrates, no
sólo en el nombre, sino en el humor agno y dommante con que aten~za_ a su
marido. Belarmino, por seguir las solicitaciones del dnteleto», el geniecillo o
demonio que se rebulle en su alma, aban?ººª poc? a poco el ~~nester zap ateril, afronta serenamente (dos veces estoico), la m1sena,_p_ara v1:-ir, en la co~templación de la Idea: e Su deber era abandonarlo todo, vivir de limosna, sufr~r
penalidades dormir bajo los porches, alimentarse de hierbas, con tal de seguir
la voz del I~teleto.&gt; Se afana en buscar una explicación del Universo. No le
satisface repetir, como las gentes vulgares, palabras y pal:i-bras, sin pararse a
escudriñar en su significado. •El aquel de la filosoha-dice-no ~s más que
ensanchar las palabras, como si dijéramos, meterlas en la horma. Si encontr_ásemos una sola palabra en donde cupieran tedas las ~osas ... , eso es la filosofi~,
tal como lo apunta mi inteleto.&gt; Belarmino, desprovisto de cultura y de técmca, maneja un lenguaje en embrión, que desconcierta y suspende a sus colo-

54

cutores, y un tecnicismo de su inventiva. Pero la sorpresa y la risa que su modo
de hablar provoca, sólo son duraderas en Ios espíritus superficiales: «De las
palabras no cuenta la estructura, sino el timbre y la intención. La cuestión de
la filosofía está en buscar una palabra que Jo diga todo cuando nos da la gana.•
Así, Belarmino, leyendo y meditando el Diccionario (epítome del universo).
descubre que en el Diccionario están todas las cosas, porque la cosa y la p:1.la•
bra es uno mismo; nacen las cosas cuando nacen las palabras, cuando un clnteleto• las conoce y les da nombre. Belarmino, entonces, trueca l)iccionario
por Cosmos y Cosmos por Diccionario. Agudamente va cambiando la aplica- ·
ción de los nombres a las cosas, quitando a los vocablos la significación que
les ha dado la rutina, y pone en libertad los conceptos, los sf!res que en ellos
estaban sepultados. Son creación suya, invención de su inteleto. En suma, Belarmino acomete una reconstrucción idealista del universo. Pero no la articula
en teoría o sistema: cuando cda en el blanco•, como él dice; cuando descubre
la •luz increada., cae en definitivo ensimism,miento, corta la comunicación
verbal con los demás hombres, vive, apenas con apariencia carnal, en los prados elíseos de un asilo.
Por su la~o, ~~olonio penetra el sentido íntimo de la vida y del mundo.
merc~d a la _mtu1c1ón poética. Es un imaginativo, rebelde a la disciplinf y al
estud:10, sensible con exceso, propenso a enternecerse, exuberante, enfático.
Respiraba en verso. Suponía que cada persona es víctima de una pasión y los
hom?res mufi:e~os de una pieza con un solo resorte. Tiene de común con Belarm1?0 el 0~1c10 de zapatero, la ignorancia, la falta de medios de expresión,
la actitud res!gnada ante el infortunio: Apolonio va a dar también con sus hueso_s en un asllo. Pero en la novela, a Apolonio ese le ve• menos que a Belarmmo. Esto puede depender de dos causas: O porque la historia de Apolonio
está contada, en buena part'!, por un tercer personaje. y sus gestas, referidas
a la huella que han dejado_ en la vida personal del narrador, aparecen para el
que lee en un p_lano más distante que las de Belarmino, las cuales pasan todas
ante nuestros OJOS: o I?orque (Y_ esto es lo más probable), Belarmino se va formando por la ~ed~taci?n y el d1acurso, en un lapso de tiempo q ue nos permite
º?servar su ag1tac1ó n mterna, dejándonos así más fuer~e impresión de humanidad Y de vida, al paso que Apolonio, por el arrebato que naturalmente le
posee, se zambulle desde luego y para siempre en el piélago que Belarmino
descubre sólo tras un largo rodeo.
El autor, h~ce vivir en esos dos personajes una dialéctica. Encerrado cada
u:~ enslos lun'.~e~ de su vocación, Apolonio y Bel~rmino se niegan mútuamente;
P 0 e a opos1c16n se resuelve en una armoma superior que los abarca a
~ntam?c:is, En el fondo, Belarmino y Apolonio son dos apasionados de la vida
e esp,ntu. L?s ?ºS se esfuerzan por comprender y crear. ·B~larmino pretende
ril?e~sar_ el Dicc~onario, es ~ecir, el_ Cosmos; quiere profundizar las potencias
º . ¡etiv~,. de _la vida, convertir la existencia en formas de pensamiento. Apolo010 Sspira a IDCorporar en formas dramáticas las ideas que hierven en su caletre. ou do_s •rancheros de la cultura&gt;, dice de ellos el Aligator personalmente
'
,,
dmueven. ansa y compasi·ón,· son d os I·1ustres grotescos, maniaticos,
portadores
e una idea grande; la magnitud de esta fidea refrena las burlas en el ánimo

55

�LA PLUMA
del lector, solicitado al mismo tiempo por la admiración y la lástima. Son rivales, pero su rivalidad •no era zapateril, sino de otro orden más íntimo y personal&gt;. Los sucesos de la novela prestan la coyuntura para que la conciliación
necesaria se produzca. Como medios de abarcar el conjunto de la vida, la filosofía de Belarmino y la intuición artística de Apoloaio se completan. Apolonio
ve en la filosofía de Belarmino la expresión de la poesía que hay ca toda cosa;
Belarmino ve en la poesía de Apoloaio la expresión intuitiva de la verdad de
las cosas. En un campo neutral plantado de asfodelos, Apolonio y Belarmino
s~ encuentran por fin, exentos cuanto es posible de toda ligazón terrena y a
solas con sus ideas; allí, en el asilo, los dos zapateros, que creían odiarse, acaban dándose un abrazo: es la soluci6n armoniosa de la antinomia; el desenlace
del conflicto intelectual figurado en ellos.
El autor dice que no sabe qué pensar en la pugna de lo qu~ Belarmino y
Apolonio representan; pero la soluci6n apuntada nos permite creer que lo sabe
perfectamente, sobre todo si a esa solución se le da su valor verdadero recordando que los dos héroes se va1 por último a vivir con el cura don Guillen, el
hijo de Apolonio, súbitamente enriquecido. El tal don Guillén parece estar en
la novela para corregir, completándola, la doctrina de don Amaranto de Fraile
acerca de los modos de penetrar el sentido íntimo de la vida: junto a la filosofía
y la ibtuición poética, don Guillén es la intuición religiosa. Estando aún en el
seminario, la crítica bíblica le quitó la fe; percibió la nulidad de los testimonios
hist6ricos del cristianismo. Pero rehizo su creencia cristiana por un acto de
voluntad de creer, robusteciendo y exaltando el elemento espiritual de su ser.
Testimonios y dogmas son cosa secundaria. Lo importante en el cristianismo
es la creación del espíritu. Esa religión depurada no le impide a don Guillen
seguir siendo cun. Asciende a la virtud más áspera: la castidad, y se esparce
en proyectos de mejoramiento social, conducentes a satisfacer el común deseo
de felicidad que es lo primordial humano, y el consiguiente derecho a la felicidañ que todos tienen, «pero derecho aquí mismo, en la tierra•. Don Guill~n.
como Bclarmino y Apolonio, es un entusiasta, un hombre de arrebatada vida
interior, fortalecido por ella contra las borrascas y las pesadumbres, para quien
no existe al parecer más realidad que la del espíritu y sus obras; otros personajes de la novela viven también abrasados por una llama, tienen el mismo
empuje, pero los dos zapateros y el cura, dentro de ese violento gii:o, conservan un continente sereno, uua confianza en la vida, una sonrisa que les presan aureola de santidad. Y esto importa señalarlo, porque el demiurgo beaévo•
;o que los inventó, no podía, dentro de la 16gica de su invención, n'!garse a
colmar (figuradamente) sus esperanzas. Cuando don Guillén, contra liU deseo y
su consejo, se encuentra heredero de una beata millonaria, saca del asilo a los
dos zapateros, y llevando de la mano a An~uslias, la inocente pecadora, desaparecen los cuatro de nuestra vista, como si asccnd iesen al cm µíreo. • Viviremos juntos una vida venturosa•, dice don Guillén. «Seremos todos felices• ,
dice la infeliz Angustia~. •¡Qué dramas voy a escribió exclama A polonio.
•¡S6lo es verdad el amor, el bien, la amistad!,, concluye Belarmiao. Este desenlace, que en otra novela de distinta fórmula no tendría cabida, acaba de dar
a la historia de los do~ zapateros su significación profunda. En la escena, ente-

56

LA PLUMA
nebrccida de súbito, queda sólo el Aligator epilogando sobre los sucesos pasa&lt;los; sentirnos que Belarrnino y Apolonio han subido al limbo luminoso de los
hombres que injustamente se frustran.
¿Cómo se hace de dos personajes de ese porte materia novelesca? Mostrándonos su oposición con el ambiente (una ciudad asturiana) y el rechazo de sus
palai&gt;ras y actitudf's incomprensibles en el ánimo de una colección de tipos,
en su mayoría ridículos o poco inteligentes. Y tejiendo, en segundo término,
una sencilla historia de amores frustrados, en la que el influjo funesto de la
rivalidad de ambos zapateros interviene decisivamente en el momento oportuno. Este momento es aquel en que la novela hace crisis, el más feliz del libro;
hasta que llega, los pcrsoc,ajcs van poco a poco cobrando significaci6n a nuestros ojos, y se aumenta el caudal de alusiones y preocupaciones intelectuales
que Belarmino, a su modo, maneja o sugiere; pero está la acci6n como en suspenso; las fuerzas que van a jugar en la novela se acumulan y amr.na.zan.
Cuando el autor les da suelta, prodúccse en las posiciones relativas de los personajes la mudanza esencial, la cri.lis; nOll lo cuenta en un capítulo que es, no
s61o el mejor de esta novela, sino probablemente lo mejor que Ayala ha escrito hasta hoy como novelista: la fuga de los novios, la pérdida de Angustias, la
captura del St'minarista y, sobre todo, la muerte de Novillo, el vejestorio enamorado de la solterona, y la revelaci6n del dolor en el corazón de la ridícula
F~licita, están tratadas con una seguridad de mano, con tal tino, con tan sobrio
p10cel, y coa tan perfecta inteligencia de la gradación de los sentimientos, que
nos parecen en oxtremo bien. Esta es la t:úsp:de de la novela. Ea la arquitectura del libro, las líneas eeneralcs y los recursos técnicos empleados se corresponden con cierta simetría antes y después de ese momento, como en dos
vertientes.
Una palabra, para cerrar esta nota, ::-especto del estilo. Pérez de Ayala
es uno de los pocos (poquísimos) escritores contcmpo1·áacos que pueden dar
razón cabal de los vocablos y giros que empican.
Es todo lo contrario del alarido, de la arbitrariedad, de las piruetas, del
descoco, en suma, de la barbarie . Me parece que una cosa es renovar el idiom~, Y. o_tra cscri_bir mal, a secas; y está uno harto de ver que, no sólo j6vencs
prmc1piantes, smo gente madura, y hasta viejos maestros, rivalizan en humillar el ~astelbno a la llaj1:za de los medios de expresión de una mente cerril,
~acubncndo con pr~t7n~1das a_nsi11.s de remozamiento lo que no es sino brutalidad natur~l o do°:11~10 msufic1ente del habla. Pérez de Ayala apura la capacidad c~pres1va del 1d1oma al ~ervicio de una scnsibi!idad y una cultura modernas, 5111 romper su estructura clásica. Nadie le confunde con los autores d•
trasuntos y jasticlies. Su asimilación del genio del idioma es demasiado seria
para es~. A veces parece un arcaizante. tan s6lo porque restaura ea su sentid? prop_10 los vocablos que, ~al cmpleadc,s, iba? perdiendo todo valor y signifi~anc1a. Por la pausa del ntrno, y por la densidad v encadenamiento de Jos
pcnodo_s, su castell~no co_ntiaúa uua gran tradición én la novela literaria. En
'!,e~armmo y A1_olomo s':1bs1stca todas las cualidades de su estilo; gana en prec1;1ón, en sobriedad, virtudes que implican rigurosa disciplina en quien, como
Percz de Ayala, gusta finamente el &lt;sabor carnal&gt; de las palabras, y sabe oír'

57

�LA PLl'M .4.

LA PLUMA
la cadcnoia de frases amplísimas. Esta prosa de abundante caudal (pero sometida a una técnica siempre alerta), tersa y unida como el haz de un espejo,
se presta mejor que a nada a los discursos, disquisiciones y rcfcrcnr.ias p.iestos por el autor en boca de algunos de sus personajes, y a pasar insensible y
suavemente de una alusión en otra, a gusto de la fertilidad del ingenio. Pérc~
de .Ayala es parco en describir la naturaleza exterior; cuando posa en ella los
ojos, la interpreta en notaciones breves, agrupadas alrededor de una imagen
principal, en la que vienen a cobra1· trascendencia poética las Hncas escuetas
de la visión corpórea. Esta actitud oc Pércz de Ay ala, se opone (no es el único que la ha adoptado) a la tendencia que venía predominando en la novela~
explicarla seriamente por lo que de sus ideas generales pueda colegirse en su1escritos, requiere un repaso de todos sus libros.
Pérc:t. de Ayala escatima sas novelas. Hada ocho años que no publicaba
ninguna. ¡Ah! ¡Ese periodismo, ese periodismo literario, por qué ha de absorver a los que valen para cosas mejores!
M. A.

***

Alberto Insúa.-l,as fronteras de la pasión (Novela),-Rcnacimiento

1920.

El hablar de literatura de e:'Cportación y de importación no implica menoscabo ni reducción a términos exclusivamente comerciales del valor artístico de
obras y autores. En lo que va de siglo, la europeización literaria iniciada en las
postrimerías del pasado se diYersifica en dos tendencias definidas: de afirmación nacionalista la una, muestra de lo típico español con vistas a la exposición
unir,ersal; de adaptación española de los modelos extranjeros, la s•gunda. Los
nombres de Blasco Ibáñez y Jacinto Beoavente presiden, en cierto modo, una
y otra dirección. No se ba producido aún la corricntt&gt; en que se fundan ambas.
dando a lo característico español la significación humana por excelencia de las
grandes obras rusas y escandinavas, pongo por ejemplo de literaturas nacionales influyentes en el espíritu moderno.
Alberto lnsúa se esfuerza en aclimatar entre nosotros un género eminentemente francés. Hay un tipo de novela parisiense que subsiste en el favor del
gran público amorfo, pese a los vientos y mareas de las renovaciones literarias posteriores, derivado, sí, de la gran tradición novelística francesa, pero
bastardeado al someterse a la prueba dtl lector sabidillo, siempre más fácil de
hallar que el lector inteligente. En España la novela psico1ógico-amorosa,
pu!'de d!'cirse que no ha tenido hasta la fecha cultivadores capaces de darle
carta de naturaleza. El éxito de Ft-lipe Trigo amenazó con una ola de imitadores de mala condición, relegados luego de los escaparates de las librerías al
vendedor clandestino de libros pornográficos. El propósito de Insúa no~ parece muy loable, en cuanto intenta dignificar literariamente, según reglas establecidas en los modelos del género, la novela erótico sentimental, tan desprestigiada.
Las fronteras de J:z pasión es el caso triste de un buen burgué~ madrileño
con ínfulas de enamorado a la alta escuela. Casado por conveniencias ~aciales
58

con _,m je.Jaso tú ,·arne, halla rlesp11~s el amor en figura de mujer edueada en el
e%1' anJero. El deber _pone a la pasión una frontera infranqueable. Separados
m s que por la fatahda~ por la vida corrünte, cuando el ~namorado vuelve ;
~cr a la amada_ de un d1a, respeta la felicidad maternal de aquella mujer y
uyc a sum,erg1r su dolor en la vulgaridad diaria.
. Tal en lineas generales la trama de la novela, en que el autor se ha ateo¡do al n atural co~ fiel empeño, aun a ::osta de que pudiera disminuir el inter • nove1esco la pmtura real de un ambiente tan anodino.

c.

*

R.

c.

**

Manuel U1arte.-Cuentos de la Pampa.-Calpe.-Colección Universal.-Madrid,

1920.

Por pr~mcra vez se editan reunidos en castellano estos cuentos a bl"
?dos en erent~s periódicos y revistas, y antaño coleccionados en t~!diic~ió:
rancesa ontes_ e_ la Pampa.-Garnier Hermanos, París), e italiana (Racconti·
~el{ª A,mpa.-Bibhoteca Amena, Fratelli Treves Milan). éJaro es el propósito
e autor, re~ueltamentc dec!ai:ado ad,-más en el breve prólo O del volumen·
f,~:~r de r~he~c lo ca~actcristtco americano, denko de los 1rmites de la lite~
tant/ espanolla, efs dcc_1ór, rebuy_endo la imitación de temas netamente ibéricos
como a a ectact n exótica en pos del m del
t
·
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que es también el nuestro, •debe existir una mo~ali~aex ran1~ro. A su juicio,
buscar lógicamente esa modalidad en América Los d americana, y h_ay
que
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~~~~t~~ 1:~e:ri.~~ ~:s~~~a:a::~~~!~ªt::~;;a:~ -~!u/;~r::;i~t:::~ªt~
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~d~~:ªdes~~s~1i~~, ~!~:r~t;:::;::f~fi!.~~~~o~ l~e~~esl1:C:!;~ª~~:. ~~~~cd:}
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renovación mundial

~~ntro de esa. modalida_d_ general, alienta en los catorce cuentos ue com00
~utor p~; ~~':~p~~;t~oe~fttj/:trosp~c~!v0 , que refleja la preferiÍlcia del
1
mento del cosmopolitismo ar cnt~noen e _iemp~ como parece, dado el increprovincianc, todavía de las cfudades de trernta a_no~ a la fecha. En el ambiente,
colonial, late el dra~a vi~leoto de I cu)'.~ esp~n?l!smo conservaba u.o aspecto
caballos salvajes-, tiñendo de un ro~o ~ ~I prt~iti(a-el gaucho, el malón. los.
Y lo que es m.is, la intención
J • e ama_ a u~ del alba nueva.
rada por el interés o I
d jropiamente hterana está sobre todo avaloatrae y distrae al le~to:e =seo e r_elato, que, aparte toda otra consideración
, poco cuno~o que sea.
~
C. R. C.

***

Jobo
E lche.-The Dance •f tite Seises.-Music Brande
&amp; LettersTrend
-L ·d-Tlu MY_Slery 0,.,
J
.
on res, abnl, 1920, enero, 1921.
El autor de estos dos ensayos b
ú .
Mr. J. B. Trend, es persona tan c:º r~ m s1ca y esce_nas religiosas en España,.
noci ª como apreciada en los círculos artís59

��LA PLUMA
LA PLUMA
• y por masas. Perdido el sentido de lo individual y particular, abarcan fácimen-

De sumo interés para el bibliófilo y el erudito, no lo es menos para la cul·tura española en Norteamérica h. nueva contribución del señor Seds a los estudios que tan dignamente preside la Hisjanie S,citty.
c. R. c.

***

La crlsia intelectual en Alemania .--Antes de la guerra, escribe monsieur
.Bernard Groethuysen en La Nouve/le lfevue Franfaise (noviembre), 1~ literatura y la filosofía constituían en Alemania un mundo apar'&lt;:. El pensamiento era
un refugio cerrado a las ideas del día, donde se veían las cosas sub ae1e,·nitatis
sje&lt;:ie, y no se quería saber nada de política. Las circunstancias han cambiado.
La et.!rnidad es poca cosa frente a las exigencias del presente. Por es~ e~ ahora tan difícil aislar la literatura y la filosofía del conjunto de los mov1m1entos
sociales y políticos.
La crisis intelectual de Alemania es uu hecho que todo el mundo conoce:
Jos espíritus fermentan, los viejos no saben qué ha cerse ~n un II?undo que ya
no es el suyo, los jóvenes, desesperados o exaltados, no tiene n p1~dad para los
viejos; antes de poseer una convicción hacen el gesto correspond1ent_e, y a ve-ces, a fuerza de repetir el gesto, se forma en ellos algo muy parecido a una
convicción; la cambian después por otra, variando de absoluto, f:X~re$án_dolo
siempre con palabras tajantes y sonoras, que ocultan mal el abat11mento mterior. Tales son los síntomas generales de la crisis.
Antes de la guerra, con saber en qué punto del espacio y del tiempo se e staba, parecía bastante. Ser alemán o ser de su siglo parecían co~as igualmente
naturales. Lo cual no significaba más que hallarse colocado en cierto~ cuadros,
en los que la vida evolucionaba, siguiendo el orden que le era particular. La
_¡ucrra trastornó en mucho las concepciones del tiempo y del espacio, y todo
el mundo se entregó a la historia universal. El orden de los tiempos es ahora
,un problema para los alemanes, y a fuerza de pensar en él, han perdido el reposo y la estabilidad.
El abandono a la vida y la confianza en el momento presente parecen hoy
perdidos. El hombre, en nuestros días, parece que no sabe obrar sino desp1;1és
de rehacer el plan de la historia. Pero los alemanes no sólo se han convertido
en historiadores; han pasado también a la cate6oría de personajes históricos.
Es un efecto de la gran guerra. A muchos les produjo gran alegría, al principio,
desempeñar un papel en la historia universal. Y aun después de pasar por la
experiencia de que la historia se hace a menudo a costa de los que creen hacerla, el prestigio de los historiadores no menguó; los hombres de la gene~ación presente parece que ponen toda su confianza en los constructores de historia, que pretenden interpretar el destino de cada uno sacándolo de los datos
de la historia univusal. No se oye hablar más que de siglos y épocas; todo es
mundial y universal. Todo se vuelve visiones apocalípticas. ¿Pero es cosa probada que por despreciar al individuo ha adquirido la nueva generaci6n gran-deza real? Más cierto es que la guerra continúa en los espíritus. En el fondo de
las concepciones históricas de sus sabios, hay un cierto afán de manejar pueblos,
.de no contar los individuos más que por unidades; se si¡ue pensando en masas
62

te tiempos y pueblos; pero es de temer que figurándose ver las cosas en grande,
no hagan más que perder la visi6n de los matices.
Hacía Dotar Goethe que las guerras estimulan la voluntad más que el entendimiento, el espíritu político m~s que e.l espíritu artístico,_ y se pierde toda
relación directa con el mundo sensible. As1 ahora, en el comienzo de toda pro&lt;lucción artística hay un yo quiero; una convicción muy terminante precede y
&lt;lirige Ja inspiración. El artista no _se abandona más que a lo que le parece l_egítimo, y convencido de haber edificado un mundo conforme a las reglas, disfrutará del placer de tener ruón, de haber cumplid• sus deberes de hombre
moderno.
Todo estriba en eso, en los actuales momentos: tener o no tener razón, ir o
no con su tiempo. La obra de arte presenta una intención, más que una reali-dad; una exhortación a una cosa, más que la visión de una cosa. En el fondo,
esos poetas y artistas son moralistas.
La crisis artística y literaria de hoy se parece to todas las crisis de ese género. Periódicamente, el arte se rebela contra el arte, la literat ura contra l a
literatura. El artista y el poeta, en esos momentos, parecen reprochar a su
arte no ser más que arte, y a las imágenes, no ser más que sombras. Es una
tensión entre el arte y la vida, pero tensión interior, porque se trata siempre
de difecencias entre Jo qne el artista siente y los medios de que el arte dispone
para expresado. La tendencia entonces es a suprimir cuanto se interpone entre el artista y la obra de sus visiones. Se busca un arle directo, que retorne al
alma, de la que se ha apartado, o por convenciones, o por bien parecer. o-y
-esta es la teoría actual-dejándose guiar por una realidad que no es la suya
propia, la realidad de las cosas exteriores. El arte parecerá más verdadero por
expresar sin rodeos Jo que pasa en el alma del artista.
La crisis del arte se complica con una crisis de sentimiento: esa alma que
busca la expresión inmediata es un alma en pena. Pero no pretende expresar
sus sufrimientos con gestos patéticos. Buscan lo grotesco con preferencia a lo
patético para expresar la dt:sesperanza.
La generación actual está poco preparada para la tragedia. Antes de la guerra, la vida y la literatura eliminaban de la conciencia los elementos trágicos.
El único gran poeta trágioo de entonces, el sueco Strindberg, compuso la tragedia del individuo GUC ha padecido en cuerpo y alma, y cuyos sufrimientos
t!enen un v~lor trfgicc:i humano. La tragedia que ahora se representa es histór~ca, demasiado histórica para poder ser humana, y como na venido del exterior más que de dentro, le falta el yo trágico. Si los sucesos son trágicos, los
personajes apenas lo son.
La juventud intelectual alemana. arrancada bruscamente del refugio que se
había labrado, se ha encontrado con las puertas cerradas cuando ha querido
volver a él. Se ha juntado en bandos y grupos errantes, lo único que se ve
donde antes se veía iD.dividuos. Pero el individuo no ha abdicado voluntaria~ente su personalidad. Busca en el grupo lo que en sí propio no halla, y poméndose de acuerdo con otros, se cree original. Grita y gesticula; pero no logra convencernos de su originali&lt;lnd: por dd&gt;ajo de sus gritos, se percibe e l
63

�LA PLUMA
apuro del hombre que ha perdido su yo. La gran víctima de la guerra eu A lemania es el individuo. Al volver de la guerra, perdido el hábito del silencio.
del coloquio íntimo y de una vida fundada en h duración individual, no sabían escuchar su alma, no podían reanudar una vida personal. El hombre queha perdido su yo, ¿es el prototipo de la generación presente? ¿O no es eso más.
que una apostasía pasajera, y el alma volverá de su destierro para ser 1Qás
humana que antes? Tal es el problema en que estriba el porvenir de la vida
del espíritu en Alemania.

Libros rccibldos--Juan de la Encina: Los maestros del arte moderno. Madrid, CaUeja.-G. IC Chesterton: Pequeña Historia de inglaterra, versión caste-

AÑ"O II.

llana de A. Reyes. Madrid, Calleja.-Calderón: Teat,·o. 1: Et Alcalde de Zaiamea.
La 'IJida es sueño. Et mágico prodigioso. El prínci¡e constante. Prólogo de J. Gómez Ocerín. Madrid, Calteja.-Lope de Vega: T,atro. 1: Peribáiie,: y el comendo:dorde Ocaña. Ltt est,·eila d, Se'IJilla. El castigo sin venran,:a. La dama boba. Prólo
go de A. Reyes. Madrid, Calleja.-Napoteón explicado ¡or si ,,,ismo. Memorial de
Santa Elena, por el ·Conde de las Cases. Tres volúmenes. Madrid, Calleja.Don Juan Manuel: El Conde Lucanor. Prólogo y notas de Sáochez Cantón. Madrid, Calleja.-Rubén J)ario en Costa Rica. Ediciones Sarmiento, cuadernos 1-¡
y 18; 1920. San José de Costa Rica.
Rev1stas.-España, Madrid. - Hermes, Bilbao, diciembre. - La R1mda,
Roma, agosto-septiembre.-Cuba Contemporánea, La Habana, noviembre y diciembre.-Pe~aso, l\1ontevideo, octubre.-Die Aktion, Berlín, núms. 49-50-51-52.
Esjaña y América, Cádiz, diciembre.-Re.flector, Madrid, dieiembre.-Escena,
Madrid.-Vida Nuettra, Buenos Aires.-Repertotio americano. Noviembre y
diciembre, 1930. San José de Costa Rica.

MADRID, PEDRERO 1921

NÚM. 9.

FEDRA
TRAGEDIA EN TRES ACTOS
ACT,O SEGUNDO

FIIJ)RA y EUSTAQUIA.

GACETILLA
¡Adiós, j11ventudl-Estos días anda retirándose de la escena (por lo menos de la escena peninsular) Rosario Pino. Mucho nos ha gustado siempre esta
actriz, representante-según hemos leído-de la feminidad en las tablas. (Por
lo visto, las demás actrices, o no son femeninas o representan la feminidad,
en otros sitios). Recordamos con fruición algunas muestras de su repertorio
que suenan, sobre poco más o menos, así:
-•~No hallais, querida mía, que la señora de Monsigny rebasa verdaderamente esta noche las conveniencias?
-¡Sí a fe! No sabría deciros en qué medid:1 me intriga su aparente enredo
con el señor de Trevoux.
-¿Quien es, después de todo, el señor de Trevoux con quien tanto se
mnestra?•
Y luego don José Laseroa escribía: «Es un plato de ternera sin ternera.
¡Excusez d" peuf• ¡Inolvidable tiempo!
64

EUSTAQUIA.
FEDRA.

EUSTAQUIA.
FEDRA.

EusTAQUIA.
FEDRA.

5

Per~, hija mía, te veo enflaquecer, ir...
Muriendo, ama, muriendo. Esto no es vivir. No sé qué
hacer para defenderme.
Acude a la oración, hija, reza...
~o me brotan las oraciones libremente. Algunas vez he
mtentado rezar, pero se me resiste, pienso en otra cosa
en él, Y esto me parece sacrilegio ... No es posible no '
me faltan ganas de rezar...
' ···
Aunque sea sin ganas... Además, eso te distraerá...
~o, eso me enciende más ... Mira, ama, en estos últimos
tiempos, antes del día aquel, temiendo estallar al cabo
65

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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>Azaña, Manuel, 1880-1940, Redactor</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>LA PLUMA
Libros recibidos: V. García Calderón: En la veróena de Madrid. Amúica
Latina, París, 1920.-Giuseppe Manfroni: Sulia soglia del Vafica1UJ (1870-1901),
Volumen l. 1870-1878. Bologoa, Nicola Zanichelli, ed.-Gioo Damerini: A-,r di
Venezia. Bologna, Zanichelli, 1920.-Giannino Omero Gallo: Le Oasi del Dolore tII, III). Bologna, Zanichelli.-Giuseppe de Lorenzo: M,rale Budd!,ista. Bologna, Zanichelli.-Arturo Issel: Fra le neóbie del passato. Bolo~na, Zanichelli.Concetto Pettinato: I)ora 1·ossa. Bologna, Zanichelli.-Antomno Anile: Ne/la
scienr.a e nella vita. Bologna, Zanichelli.
Revistas: La Lectura, Madrid, agosto.-Arquitectura, Madrid, abril.-Hermes, Bilbao, octubre.- Vida l\fuestra, Buenos Aires, agosto y septiembre.-España, Madrid.-E.11aña y América, Cádiz, octubre.

AÑO I.

1

MADRID, DICIBMBRB 1920

Gacetilla.
Tradncciones.-Puestos a traducirlo todo, lSe debe traducir también
el nombre propio y el apellido del autor• de la obra trucidada? Vemos anunciadas traducciones de las obras de Carlos Maurras, Arna/do Benett, Renato Benjamín, Salvador Giacomo... Esperamos que, no tardando, se traducirán las tragedias de Pedro Corneja y Juan Raiz, el Novum Organum, del canciller Lord
Tocino; las fábulas del cbuenhombre• Lafuente, los laracteres, de Juan del
Brezo; el Gil Bias, de Renato El Formal; las obras selectas de Juan Estuardo
Molino; las de Juan Pablo Juez, y tantas otras poco conocidas hasta ahora. lmit~mos a madame Emitie Le Brun, que más de una vez ha citado a Anatolio
Fran:ia.

• **
De la influencia del clima en la resolución de loa enredos escénicos.-Ingente es la figura literaria del Sr. Linares Rivas; coloso de la dramdturgia española, tiene un pie en la ribera de la comedia chistosa y otro en
los bravos riscos de la tragedia, rústica o urbana.
A este último pie le brotó, años ha, una Garra. Hasta entonces nos había
deleitado (moviendo sin tregua el otro) con esas comedias en que todos los
personajes, tontos, al parecer, se toman el pelo mutuamente: «Tu padre vino a
Madrid arreando mulos.&gt;-«Peor hubiese sido que los mulos le arreasen a él.&gt;
Si la calidad de este diálogo erá insuperable, el Sr. Linares logró al menos encontrar para su Gan·a un conflicto hondísimo: la lucha, en el corazón de un
bígamo, entre el amor y las leyes. Cuando La Garra se representó en el Uruguay, que es país adelantado, el bígamo se m~rchaba con_ 1~ segunda mujer, la
amada; cuando se representó en Eslan, el b1gamo se su1c1daba, pero un cura
le daba la ahsolución; y al representarse en la Princesa, ¡qué hubiera dicho el
abono!, se mataba sin que le absolviese nadie.
Dícese que hay otra versión de la obra, apropiada al público de Compostela. El lector adivinará con qué gusto vamos a comparar los rugidos de Cristobalón en Lara con los que ensaya Borrás para espectorar esa tragedia en el
Odeón.
288

Peeegeínación.
1
bn momento crepuscular
pensé cantar una canción
en que toda ia esencia mía
se exprimiría por mi voz:
predicaciones de cSan :Pablo
o lamentaciones de ;Job,
de versículos evangélicos
o preceptos de &lt;:Salomón
¡0h 9Jiosl
¿ff{acia qué vago C:ompostela
iba go en peregrinación?
¿C:on C/Jalle-fJnclán g con cSan f/?oque,

NÚM. 7.

�LA PLUMA
adónde íbamos, 6eitor?
¿'JI el perrillo que nos .eguía
no sería, acaso, un león?

LA PLUMA

11

!lbam&lt;M sig,,.iendo una vasta
muchedumbre de todos los
puntos del mundo, que llegaba
a la gran peregrinación.
&amp;ra una noche negra, negra,
porque se había muerto el clol.
fNos entendíamos con gestos
porque se había muerto la voz.
$.einaba en todo una espantosa
y profunda desolación.
¡t)h !Dios!

¿'Y adónde íbamos aquellos
de aquella larga procesión
donde no se hablaba ni oía
ni se sentía la impresión
de estar en la vida carnal
y si en el reinado del/ ay I
y en la perpetuidad del ¡oh/
¡tJh, ;i)iosl

290

.Cas torres de ia catedral
aparecieron. .Cas divinas
horas de la mañana pura,
las sedas de la madrugada
st1ludaron nuestra llegada
con campanas y golondrinas.
¡tJh, !Dios/
;Jamás hablamos visto
envuelto en oro y albor,
emperador de aire y de mar,
sino aquel '8eñor ;Jesucristo
sobre la custodia del '8ol,
/oh, !Dios/,
para te querer y te amar.
C:Visión fué de los peregrinos,
mas brotaron todas las flores
en roca dura o campo magro,
y por los prodigios divinos,
tuvimos pájaros cantores
cantando el verso del milagro.
:Por la calle de los difuntos
vi a Wietzsche l/ :JCeine en sangre tintos,·

�J

LA PLUMA
parecía que estaban juntos
¡e iban por caminos distintosi

•••
.Ca ruta tenía su fin.

'JI dividimos un pan duro
en el rincón de un quicio obscuro,
con el fMarqués de $radomm.

LA PLUMA

t;l perfume que nace de tu sustancia propia
unge los palpitantes senos de la floresta,
!J la estación que ríe bajo su luz de fiesta
hace tus gracias suyas y tus sonrisas copia.
!Pues al paso de 9lora la 'Gierra se conmueoe
y con formas de oro, de púrpura, de nieve,
de azul, la maravilla de su misterio expresa;

así, llena de música, la selva melancólica,
traduce por el canto de la flauta bucólica
lo que arde, lo que aspira, lo que ama y lo que besa.
fMaravilloso champiñón decorativo
que floreciste tantas funciones sanguinarias
en las luchas carlistas, y que por ser tan varias
tus formas, te conviertes en tiara del esquivo;

RUBBNDAIUO

hacia adelante, o hacia atrás, casco, aureola,
ya redondez de hongo, o arista de peñasco,
9ll ponerte en mi testa, me siento un poco vasco,
ya f!parraguirre, o bien 'llnamuno, o .Coyola.

floca.
9l tus pies 'Griptolemo, déa, su cornucopia
vierte, mientras tus manos alzan sobre la testa
encrespada de oro la simbólica cesta
en donde el f!ris mágico sus riquezas acopia.

293

�edad de oeo

LA PLUMA

(Jiiatoñetas de niños de toda, clase. y pa~a)

dijo el castellanito: cPor el duro, voy a traerle al señor cinco grillos
de lolii buenos... »

(1913=1920)

2

GuadaHama

Clib•o inédito)

(Madrid)

el geiUo ,~al

•Qtt
'

1

(Madriá)

angustia el grill? aq~~I de aqu~ljunio raro-junio cóncavo
Y profundo-, alh encuna de ffi1 ventana abierta, tan dentro
de mi soledad, como un cascabelón en el mismo centro ir:iterior de mi oído! Mi sueño era un infiriito de pesadilla y sobresalto:
era todo el cielo negro de verano, hecho monótono goterón sonoro
Y pesado, de estrella de plomo y eternidad de sombra; el mar inmenso de betún nubiano, condensado en una breve ola terrible y ahogante, que, en cada rítmico golpe, me atragantaba; era el mundo en
concentración, que descansaba sobre mis sesos auditivos, preso yo
por la cabeza-¡qué tirones!-de él.
_ ... Por fin, no pude más; y le dije al niño del portero, dueño del
grillo real, que si me lo quería vender; que le daría un duro o dos
.
o cmco,
lo que él quisiera; con la idea de llevarme el acerado 'anima-'
lito oscuro al Retiro y hÓspedarlo entre la yerba más distante.
El ch~quillo abrió unos ojazos enormes, asombrados, que a mí
me parecieron dos grillotes melancólicos, de honda música triste,
creyendo yo que se le convertían en pena, con mi pregunta.
¡No, gracias al dios del silencio, existente, parapií, aquel día! Me
29•

torrecilla de la Prosperidad, mísera, y los pardos chopucos invernales del Canalillo, se cortan hoy sobre un cielo sucio, vagamente estriado de verdes, telón acuoso del Guadarrama.
Marylin, de pronto, ha arrastrado a Walusia a una ventana, y,
encaramándola un momento, le ha dicho: «Walusia, mira, hoy no
hay Sierra. Se la han llevado esta noche los ladrones.»
W alusia alza sus vivos ojitos negros a los míos, abre sus braci. llos gordos, encolchonados de triples mangas que se le han subido,
sofocándola, y al fin se echa sobre mí, llorando desconsolada, como
si sucediese una cosa horrible: «¡Hoy no hay Sierra, Juan Ramón;
hoy no hay Sierra!»
3
el desmonte
(Madrid)

L

I

A

niño está sentado-¿desde cuándo?-en la húmeda arena dura,
esperando no sé a quién que lo ha dejado allí sin valimiento¿esa mujer del mantón blanco a cuadros marrones, oculta casi en el
desmonte, con un guardia civil?-. En la esplanada sucia, como la
mujer y el guardia no están, están solo el niño chico y la tuna· grande, que nace opaca y friolenta-octubre-, deslumbrada del crepúsculo, tras la torre de la Guindalera.
Un momento, el niño, en la volubilidad de su mirar, ve la lunaluna, tunera, cascabelera-, y, echando la cabeza atrás, le tiende
L

E

2 9S

�LA PLUMA

LA PLUMA
cuanto puede sus bracitos. Luego, el cansancio se le une &amp;I olvido·
Y mira un bichillo que pasa, se queda oyendo una corneta desento~
~acta que raja tristonamente el ocaso de dramáticas fajas, o se entretiene en recorrer con su dedo el charquito que, como un filtro sin
llave, acaba de dejar bajo sí.
...Llora un_ poco, pero también se olvida y se cansa del llanto; y
otra vez, perdidos los ojos arriba, le tiende sus bracitos, en un peq~eño esf~erzo inmenso y desesperado, a la luna, que va ennochec1endo, brillante ya y definida, toda la alta soledad.
. 4

(Madrid)
s invierno, y está siempre con su mantoncillo de pico, cuarta
parte, cortado, de uno de mujer, tapándose con él la boca. Graciosísima, la niña. Su cabecilla redonda, peinada lisa-cierto esmero
¿de quién?-, y su tieso rabito trenzado con una cinta blanca al fin
me recuerdan la luna llena con una estrella cerca-que a su vez me'
recuerdan un barrilete nocturno, con un farol en la punta de la cola
=¡qué misterios, cuando pequeños!Ya me conoce, y sus ojitos nuevos y alegremente tristes me ven
venir, y me sonríen, desde todos los lejos de estas calles. Yo, en vez
de darle el dinero que ~a al bolsillo colilloso del hombre borrado de
la esquina, la llevo a una panadería o a una confitería y le compro
algo que le guste; y ella se viene conmigo paseando y contándome
cosas, hastaJtue se come del todo lo que sea.
Creo que se siente defendida por mí. Sin duda, se figura, confusamente, que su padre de la esquina es hombre de no sabe qué grandes derechos-El Tío de la Lista, Ravachol, El Destripador de mu296-

5
la matiposa
(Madrid)
la asturiana polaquita, buscando, como siempre-los ojos
verdes saltados contra el suelo, ávidas las cargadas manitas
· rojas, sorbiendo distraída su nariz-, buscando por la tierra cristalitos,
bichillos, palitroques, ¿qué?, se ha encontrado una mariposa blanca
medio muerta, al pie de un chopo. La ha cojido, limpiándose las ma- ·
nos en el delantal, con la inocencia de una delicadeza virjen que
«quiere ser&gt; delicada, y, corriendo, la ha puesto sobre una gran marARYLfN,

la mendiguiUa

E

jeres, La Mano negra, El Verdugo, alguien trájico y estraño, destacado en entrevistos crepúsculos matutinos y vespertinos de telarañosos suburbios bajos, con desnudeces y tizonadas; de lo que ella ha
oído aquí y allá, y no une ni entiende-; y si le anda cerca, la
niña me dice, disimulando contra mi abrigo: «Señorito, tenga usté
mucho cuidao, que está ahí mi pare, y no quiere que yo coma dulses.&gt;

M

garita:
«Ahí. Para que se muera a gusto.&gt;
Las manos a la espalda, nerviosamente entrecojidas por los dedos, sacando la barriguilla, caída la cabeza, ha buscado con sus ojos
marinos mis ojos, segura, sin pensarlo, de haber hecho una cosa
grande, merecedora de mí.
Un momento después, olvidados los dos, un punto, de la mariposa, 1a mariposa no estaba ya en la margarita. ¿Se la había comido
un pájaro? ¿Había revivido al impulso de la flor movida por la brisa? ¿Se la llevó el aire a la corriente próxima? ¿O se había evaporado
sencillamente, como de rocío, en una asunción milagrosa, desde el
alma de la flor, por el cielo radiante del entretiempo?

�LA PLUMA
Marylín, cuya sombra alargaba por el cerro el sol bajo-campo
.agriverde, con cerca agrirroja de ladrillo-, me miraba sorprendida,.
diciéndome con las manos inquietas lo que no podía ni sabía decirme con la boca. Su esplicación era más cierta por no ser nada, y►
por no ser nada, la convencía y me convencía.

Caegos
I

y6

el

fNo tienes perdón.

«perlodi&amp;ta&gt;

(Madrid)
que, con la noche de la calle mal alumbrada, apeEs nastan semenudo
ve. Le sale a uno de cualquier parte, de uno mismo casi,.
y me clava en el brazo un periódico que a él lo tapa.
Grita entonado, el papel ya bajo el brazo, las manos eri los hondos bolsillos de su chaquetón de otro: «¡La Corres, con la muerte deGallitooo!»
«¡Chiiico!», le riñe la hermana, algo mayor que él, abriendo la.
ventanilla de su casita encendida y abrigada del puesto; «¡que eso
no eees, que eso era hace cuatro dilias!»
Él se va derechito y empinado a ella, y: «¡Tú! ¡que hace cuatro
día; pero si lo sé, si es pa vendé, boba!»
Da media vuelta, y con un lastimoso contoneo torero militar de
sus poquedades y miserias, mirándose la sombra que le saca una farola de gas-verdelimón en la maraña cobriza de un arbolucho aún
seco, que hospeda a la media luna-, se dice, oyéndose él sólo
«¡Soy má chulo yo!»

JUAN RAMÓN JIMBNBZ

{;l 9l,rcángel de la balanza,
considera menguado al hombre
que la ocasión desampara.
'Yo no sé qué mosca de oro
/ascinó tu alerta mirada;
go no sé por qué te dormiste
cuando la ocasión alboraba.
'Yo no sé como no sintieron
tus manos-proas de esperanzael encontronazo divino
que hace posibles las hazañas.
l;n el CValle de ;fosa/at,
el 9l,rcángel-la acción sagradate rechazará por inválido
con un ademán de su espada.

-

�L A PL U MA

. .. ...
V

[Pues el momento vino a ti
con todo lo que tú soñaras,
y lo deiaste patinar
y hündirse dé nüevó -en·¡a nada.

:for 9lmistad quiero deci.r descanso,
acog~dor albergue, hospedería,
burladero interino de la lucha.
Cualquier otro concepto me fastidia.

II
VI

6n el trance resbaladizo

'Vas derramando tu vida
en un sinsentido ameno,
como las nubes
por el cielo.
'Y después vendrán las llantinas,
el remordimiento cruel;
nube cargada
quiere llover.

pude ver que tu mano era
de yeso {río.
9l mi vacilación angustiosa,
que duró minutos o siglos,
tu mano, en vez de acudir,
quedó plegada a tu egoísmo.
¡!Descuida! 'Ya no se ·tocan
nuestras manos ni en el infinito.

J. MORBNO VILLA

III

¿'Y para qué la petulancia,
cuando sabes que yo te admiro
sin !cáscára?
IV

Cepos pusiste en mi senda nocturna;
yo los colmé de flores y agua pura.

.

'

�LA PLUMA

el

vte,o
Cuento teat,a(.

E

el Sabina!, pueblo del interior, distante muchas leguas de la costa,
tienen los hermanos Isidro y Matías Sosa una 'tienda en la que se
vende de todo, comestible_s, bebidas, telas, quincalla, granos... Los
•negocios no andan bien. En peor situación que su hermano está Matlas,
el cual, cargado de hijos y de deudas, vive en un pago cercano al pueblo.
En éste, en la plaza única y en la misma casa en que se halla la tien•&lt;la, vive Isidro con su suegro el señor Alejo, su mujer CarÍnita y su
hija Lola.
N

• ••

Habitación baja de la casa de Isidro. En el fondo un alto paredón, en
·el cual se abre a la derecha la ancha puerta que da a la plaza y a la iz. quierda una ventana.
A poca distancia de la puerta y en sentido perpendicular a la pared
•del fondo, se encuentra el mostrador, ancho y tosco, que divide la escena
en dos partes desiguales; a la derecha, el espacio destinado al público que
entra a comprar, y a la izquierda, otro espacio, convertido en almacén y
atestado de fardos, cajas, toneles... En los rincones, montones de maíz,
trigo, habas ... A la izquierda, las habitadones de la familia. En el primer .
piso viven Isidro, su mujer y su hija.
Hay en ese piso una galería exterior, de la que parte una escalera angosta, por la que se baja a la tienda. En una habitación del piso bajo
,duerme el Sr. Alejo.
-302

*•*

Es el dla del Patrono del pueblo, en pleno invierno. A las seis de la
mailana es aún noche cerrada.
Las campanadas lentas del alba y, poco después,el golpear de los cascos de varias caballerlas en el empedrado de la plaza.
.
•. d d
Fuertes porrazos en la portada. Una voz ronca y enérgica gnta es e
afuera:
-¡Isidro!
(Los cristales de las ventanas ~ue ~ao a la galerla se iluminan. Una voz aguda de muJer gnta:)
- ¿Quién es?
MATÍAS.
¡Pazl ¿Eres tú, hermana Carmen?
CARMEN.
Ya voy, hermano Mattas.
MATÍAS.
¿Qué hace Isidro!
.
CARMEN.
Ya va. Se está acabando de vesttr •
.
¡Cuerno con el gaodull Bajen pronto a abnr, que hace un
MATÍAS.
frío de todos los demonios.
CARMEN.
1Volando, hermano Matíasl
.
l en
(Al cabo de un rato aparece en la galería Isidro, faro
mano. Grita desde arriba, mirando a la plaza por una
ventana:)
¿Hermano Matías?
MATÍAS •
1Presentel
ISIDRO.
¿Cómo te ha ido?
d
Ya te lo diré, hombre. Baja de una vez y abre esa con eMATÍAS.

ISIDRO.
MATÍAS.
ISIDRO.
MATiAS.
ISIDRO.
MATfAS.

nada puerta.
. d ¡
tó )
(Isidro baja; quita los barrotes y cerrojos e por o.
1Bueoas y santas nos dé Dios, hermano Matlasl
Buenos, hermano Isidro.
¿Qué tal te ha ido!
Regular.
.
¿A qué hora saliste de la ciudad?
subir
Daban las Animas cuando las bestias empezaban a
303

�LA PLUMA

ISIDRO.
MATÍA.S.

MATÍAS.

ISIDRO.
MATÍAS.

ISIDRO.
MATfAS.

la cuesta de San Nicolás. El condenado maltés no pudo
d~spacharme antes, porque la quincalla la tenía aún sobre.
el muelle.
¿Traes los percales, los mantones, la loza, los calderos?
De todo viene un poco. Empecemos ¡,or el encomienzo (al
arriero). Ea, señor Suárez, a descargar. Y abra mucho el
ojo, 110 me rompa nada, si no quiere que yo le rompa a
usted una pata. Encomience por la yegua. Tú, enciende
de una vez la farola. Me·da rabia de tropezar con tanto
chisme, que no vale dos pesetas.
(Isidro enciende la farola, que cuelga de una viga, encima
del mostrador; el arriero entra y sale.)
Pues, como te iba diciendo, salimos de la ciudad a las
ocho de la noche, y como ahora son las seis de la mañana,
más o menos, resulta que me traigo en los huesos mis
diez horas de caminata. Suerte que la noche estaba clarísima, con mucha estrella. U nicamente en el paso de La
Plata tuvimos algo que sentir... Cuidado, señor Suárez,
atienda: ese bulto ~n el rincón... Bien... Se presentó neblina, y como había llovido la tarde de antes, resbalaba el
piso como si lo hubieran fregado con jabón. Por cierto
que estuve a dos dedos de ir a tomar la mañana al otro
barrio, como el otro que dice.
¡Jesús! ¿Cómo fué eso, hermano Matfas?
Pues si; en lo más amargo de la cuesta, resbaló la yegua
que yo llevaba de cabestro, y por un milagro no fuimos a
juntar nuestros huesos, los míos tan aperreados como los
de ella, en el fondo del barranco.
¡Perra vida!
y todo por cuatro cuartos, jinojo; por salir del apuro de
hoy pa entrar en el de (mañana. ¡Ay, hermano Isidro! Si
tú me hubieras hecho caso, a estas horas estaríamos en

LA PLUMA

ISIDRO.
MATiAS.

ISIDRO.
MATÍAS.
ISIDRO.
MATÍAS.

ISIDRO.

MATÍAS.

ISIDRO.
MATfAS.

Cuba o en Buenos Aires, a paleando los pesos, en vez de
arrastrar esta miserable vida de ratones, entre sustos y
amarguras.
Escucha ... ¿Y el pagaré?
Por ese lado, menos mal. Tenemos ocho días por delante.
No pude conseguir más del condenado Procurador. Si a
los ocho días no le pagamos por lo menos dos años de
intereses, vendrá la ejecución, el embargo... La curia se
comerá la tienda, y esta casa que fué de nuestros viejos.
1Y nos dejarán en la calle, a pedir una limosna, hermano
Matfasl
No seas gallina, hermano Isidro. Aún nos quedan algunas
cartas que jugar. Por lo pronto, el día de hoy es nuestro.
¡Hombre! ¿El día de hoy...?
El día de hoy es nuestro, este día de la fiesta del Señor
San Sebastián, Patrono de la Villa del Sabina!. Verás
cómo en la venta de hoy sacaremos para pagar los intereses y aun algo del príncipal al maldecido Carranza.
Eso estarla bien, si no fuera la competencia, como el
otro que dice. Pero no cuentas con Santiago el Largo, con
ese infernal jorobeta, que ayer tarde publicaba por todo
el pueblo una rebaja del veinte por ciento sobre los artículos de quincalla, esos mismos que has traído de la ciu•
dad, exponiendo tu pelleja.
¿El jorobeta? Dale memorias. Ese no abrirá su tienda en
todo el día. Si quiere jeringarnos, tendrá que esperar a la
feria del año que viene.
¿Qué me dice, hermano Matias?
Hermano Isidro: pongo en su conocimiento, que en la
asomada de los Pájaros, alli donde la vereda hace una
vuelta, ¿sabes?, casi a la vista de Aregayeda, en el tramo
más angosto y más peinado-que· da frío de mirar pa
305

�LA PLUMA

LA PLUMA

ISIDRO.
MATIAS.

ISIDRO.
MATIAS.

lsIDRO,

MAl'IAS.

lsIDRO.

MATIAS.

lsrnRo.
MATÍAS.

ISIDRO.
MATIA.S.

306

bajo-, hay ahora cerrando el paso, un peñasco más gordo y más pesado que la Catedral.
¡Jesús, hermano Matiasl
Yo mismo lo puse alli, cen estas manos cQmO tenazas que
heredé del viejo Matías Sosa. ¿Qué te habías figurado? Yo
mismo lo arranqué de la ladera y lo arrastré volteando
hasta el camino, arriesgando esta perra vida que no vale
cuatro cuartos.
Resulta, pues...
Resulta que el pas:&gt; de la Plata está cerrado. Los arrieros de· Santiago el Largo tendrán que dar la vuelta grande
por Verdejuelos. No llegarán al Sabina! antes de las dos
de la tarde. Somos los dueños del mercado, co~o el otro
que dice. Venderemos al precio que nos dé la gana. Hun·
diremos al jorobeta.
Y •.• ¿no habremos gravado nuestra conciencia, hermano
Matías?
(Ríe.)
Acuérdate de lo que padre nos decía: ¡Antes que nada,
muchachos, a portarse bien!
¡Portarse bien! Eso lo pudo decir el viejo, que tuvo siem·
pre una suerte loca en sus compras y en su labranza; pero
nosotros, pobres diablos, arruinados, sin una perra, en la
última encavadura, ¿qué otro remedio nos queda sino robar como todo el mundo?
¡Qué cosas tienes, hermano Matías!
Sí, como todo el mundo. No me vuelvo atrás.
(Tentado de risa, querieftdo contenerla.) Es gracioso, muy
gracioso. Conque todos ladrones, ¿hi?
El robo, hermano Isidro, es tan natural como la respiración. Robamos sin sentirlo, sin darnos cuenta. La vida es

ISIDRO.
MATÍAS.

ISIDRO.

un paseo con las manos metidas en los bolsillos de los
demás.
Yo robo, tú robas, ¡¡hi, hi!!
Aquél roba. Todos robamos.
¡¡¡Hi, hi, hil!!

* **
LOLA.

ISIDRO.
MATÍAS.
LOLA.
MATÍAS.

Lou..
MATÍAS.

SUÁREZ.

MATiAS.

ISIDRO.

(Bajan_do la escalera con la tacita de café para el ab el )
No gnten, no griten, que va-i a despertar a papá
PD~dre, écheme la bendición. Buenos y santos tío Mat~~:·
1Os te haga una santa.
'
·
¿(onq~e al señor Alejo le llevan el café a la cama?
También se lo llevarán a usted cuando te
h
años cc,mo él.
nga oc enta

l1 ~-

Lo dudo. Primero, porque no llegaré a ellos y segundo
p?rque, aunque llegare, me figuro que no habrá hijo n:
met~ que me alcance una taza de sustancia.
No diga eso, tío Matías. Un padre es un padre.
(Incomodado con el arriero.) 1Señor Suárez, señor de la
p_achorra, guárdese ese pasito moderado para l
s1ón
. aa bpr_oce. ddel Santísimo Corpus! 1Vivo • vivo! Q mero
nr la
tlen a al ?olpe de las siete, desde que empiecen a repicar.
Don Matias, más no puedo hacer, créame. Me esto cayendo de pura debilidad ...; atiénteme las manos /verá
que las tengo como el yelo...
.
Hable cl~ro, señor mio. Necesita combustible, ¿verdad?
A_ ~er, Isidro, saca el ron; pero no el bautizado, no· el leg1hmo de Jamaica.
'
(Beben. Grito agudísimo y ruido de loza que cae y se rompe en el cuarto del abuelo.)
¡Misericordia! ¿Qué es eso?

�LA PLUMA
LA PLUMA
Condenada chiquilla, &lt;QUé te pasa?
(Bajando
la escalera, como una loca.) ¡Madre a moro.sal
CARMEN.
¡Mi niña! ¿Qué tiene mi niña?
(Saliendo del cuarto, despavorida.) ¡El abuelol
Lou.
¡Ay,
mi padrito de mi alma!
CARMEN,
¡Espere.
madre; no entre ahora, por Dios! ¡Espere!
Lou.
¡Confesión,
confe1ión!
.
ÚRMEN,
¡Callen,
condenadas
mujeres,
ordinarias,
gritonas!
Ba10,
MATÍAS.
muy bajo, que va a enterarse la vecindad. Ven acá, Lola,
¿qué pasa?
Entré ... a llevarle el café al abuelo ... Todo estaba oscuro ...
Lou.
Le llamo ... No me contesta •.. Me figuré que estaba dormido... Le tiro por una mano ... ¡Ay, que la tenía yelada
como el granizo.. .! ¡Ay, que está muertito, créame, señor
padre; créame, señora madre!
¡Muerto sin confesión!
.
¡Quietos todos! Nadie resuelle... Vista hace fe ... Yo les
MATÍAS.
diré a ustedes lo que pasa... Mucho silencie... (Enciende
una cerilla y entra en el cuarto del abuelo. Si~encio m~droso. Al cabo de un instante sale. Las dos mu1eres e Isidro le rodean, ansiosos.)
KUJER'lS B Isrn. ¿Qué hay? ¿Qué ha pasado? ¿Qué tiene el v~ejo?
Bajito, caramba, bajito. Pues ... nada ... no tiene compostuMA'IiAS.
ra ... Se fué con Dios.
(Llorando a gritos.) ¡Ay mi padrito! ¡¡Ay mi abuelito de
ARM.
Y
Lo
LA.
C
mi alma y de mi corazón!!
.
¡Silencio, escandalosas, ordinarias, mal criadas...! :'a1s. a
MATfAS.
despertar a toda la vecindad. (Brutalmente.) ¡S1lenc10,
IstoRO.

rayol
Matías habla bien. Más que lagrimas y suspiros, aprovechará al difunto un padre nuestro por el ánima •
Eso es. Rica idea. Vayan, vayan mis niñas a rezar un pa-

•

SUÁREl •

M.lTIAS.

SuAREZ.

MAT!AS.
ISIDRO.

MATIAS.
ISIDRO.

MATlAS.

drenuestro por el ánima... Adentro, no tengáis miedo. Yo
dejé encendida la vela... Adentro, adentro. (Entran las
dos mujeres en el cuarto del abuelo.)
(Muy atento.) Yo, por servirles, podrla ir por el cura.
Usted ajunta las caballerías y se marcha volando pa la
cuadra, ¿sabe? Y si yo llego a saber que el señor Suárez
le cuenta a alguna persona, quien quiera que sea, lo que
aqul ha pasado, es a saber, que el tío Alejo ha fallecido,
usted me conoce, señor Suárez, usted conoce a Matías
Sosa, el del Sabina!, pues le juro por la salvación de mi
ánima que donde quiera que le coja le parto el espinazo,
¡Cuidado con eso, señor don Matfas; cuidado con eso!
Usted no me conoce. Por el rigor yo no voy a ninguna
parte. Por el bien, un niño me lleva por delante con una
caña ... Ya sé que usted me lo pide con polltica, con muchísima política. Por eso yo le digo al señor Sosa que
Fortunato Suárez no despegará la boca para mentar al
señor Alejo; y si le preguntan que si ha muerto, dirá que
e.s vivo ... Usted no me conoce, señor don Matías. Por el
rigor, yo .. .
Bueno, hombre, bueno. Andando.
(Sale Suárez.)
¿Has visto qué fatalidad? Es tonterfa empeñarse, desengáñate. No hay más remedio que bajar la cabeza y canfor~
marse con la desgracia.
No me vengas con gallinerías. ¡La desgracia! ¿Qué mayor
desgracia que ser un gandul, sin coraje ni voluntad?
¿Pero qué quieres hacer, hermano !.latías? Con un cadáver dentro de la casa, ¿cómo es posible abrir el establecimiento? Quedarfamos sin dignidad, deshonrados, como
el otro que dice, a los ojos del público.
Entonces, tte conformas con perder el día de hoy, la oca309

�LA PLUMA

ISIDRO.
~ATIAS.

i.SIDRO.
MATIAS.

IsIDRO.

MATIAS.

ISIDRO.
MATIAS.

sión de la feria, la venta segura, el precio que nos dé la
gana, sin competencia?
¡Hay un cadáver dentro de la casa, señor!
¡Y de aquí a ocho días habrá dos, porque cadáveres, cuerpos putrefactos, comidos de cuervos, son los hombres
arruinados, sin una peseta, a quien todo el mundo da con
la punta del piel
Pero hay que cumplir con la sociedad, hermano; hay que
hacer el duelo.
¿y quién te dice que no se haga? Pero se hará a su tiempo; por ejemplo, a las dos de la tarde, cuando hayamos
concluído nuestras operaciones.
Pero el cadáver, hermano Matías. ¿No sabes que la gente
está acostumbr~da a ver todos los días al viejo, sentadito
junto a aquella ventana? Si hoy publicamos que no sale
por estar malo, los vecinos querrán entrar a acompañarle,
a darle un rato de conYersación. Y si entran, hermano
Matías, excuso decirte; si entran y le ven tendido como
un leño en aquella cama y nosotros tan frescos despachando detrás del mostradór, excuso decirte, hermano Matías,
cómo quedaremos. Quedaremos como un trapo, como ...
Asl seria si no vieran al viejo; pero como le verán, hermano Isidro, como le verán sentado allí, junto a la ventana, como todos los días.
¿Qué dices, hermano Matías? ¿En qué piensas, por Dios
vivo?
¿Te has figurado que Matías Sosa, este hermano tuyo que
anoché mismo le ha visto dos veces la cara a la Muerte
en el paso de la Plata, va a retroceder ahora por estúpidas consideraciones a un cuerpo sin vida, a un pedazo de
palo, cuando se trata del pan de sus ocho hijos? Tú no
me conoces. Mírame bien, hermano lsidro. Yo no soy un

.,

ISIDRO.
MATIAS.

l

ISIDRO.
MATIAS.

IsiDRO.

MATIAS,

IslDRO.

MATIAS.

ISIDRO.
MATIAS.

CARMEN.

ISIDRO.

hombre, soy una fiera capaz de derramar la sangre del
prójimo y la mía.
Sosiégate, hermano, no te acalores, no te precipites.
Acabemos de una vez. Dentro de poco saldrá el sol y empezarán los repiques... Ya se siente el rebullicio de la
gente en la plaza. ¡Qué feria vamos a tener! Haremos
doscientos pesos, trescientos quizá, rescataremos el pagaré, nos salvaremos de Carranza y de la Curia. ¡Animo,.
hermano Isidro! Entre los dos cargaremos al viejo y le
pondremos, allí, vuelto de espaldas en aquel sillón.
¡Jesús mío!
Al verle tranquilo, envuelto en su capa, la gente se ·figurará que está dormido.
Las manos me tiemblan, hermano Matías. Las gotas de
sudor me caen de la frente ... ¿Ves? Yo no sirvo para estas cosas.
¡Miserable gallina! ¡Quita! Lo haré yo solo.
No, no, espera, yo te ayudaré. El Señor me perdone ...
Pero escucha ... , ¿y Carmen? ¿Te figuras tú que Carmen
consentirá que le toquen el cuerpo sagrado de su padre?
¿Quién lleva los pantalones, ella o tú?
Pero señor, de todos modos hay que contar con ella,
como principal interesada que es en el cadáver.
Conformes. Pero, ¡vivo, vivo! Mucho tiempo hemos perdido ya.
(Isidro, desde la puerta de la alcoba, llama a su mujer.
Salen madre e hija. Diálogo en voz baja entre Isidro y
Carmen. Protestas y gestos de horror de ella: exclamaciones sofocadas.)
·
(Rompiendo a gritar.) ¡Jesús me valga! ¡Mi padre, los restos sacratísimos de mi padre! ¿Estás en tu juicio?
Espera, mujer, no te sofoques. Si no se trata de perj11di31 1

310

�LA PLUMA

CARMl!N.

MATIAS.
CARMEN.

MATIAS.

ISIDRO.
MATIAS.

ISIDRO.

CARMEN.

MATIAS.

CARMl!N.
MATIAS.

31:?

cario en nada ..• La cuestión e~ tenerle de cuerpo presente, como el otro que dice, un par de horas ... ¿A él qué le
importa? Más bien se alegrará de hacei-nos un favor.
Eso no es cosa tuya. Tú no eres capaz de eso. La ocurrencia debe de ser de tu hermano Matías, que nunca ha
creído en el ánima, ni en la justicia de nuestro Padre celestial.
Sí, señor¡,; la ocurrencia es mía, y como yo lo mando no
hay más remedio que obedecer.
Pues te equivocas. Primero me matan que dejarte manipular el santísimo difunto.
Pero, condenada mujer, ¿no comprendes que ese cuerpo
ya no sirve para nada, que es como un pedrusco, como
un pedazo de palo?
Eso, un pedazo de palo, que ni siente ni padece. Lo mismo que yo te decía, mujer.
¿Prefieres, mujer estúpida, verte arrastrada _por esos sue•
los, echada de esta casa por el granuja de Carranza, que
te rematen hasta la camisa y andar errante por esos campos con un palo y unas alforjas, pidiendo limosma, pasando hambres y vergüenzas?
Espera, hermano Matías. No la sofoques. Ya verás cómo
acaba por comprender la razón.
¿Y el pecado? ¿Tú no cuentas con el pecado grandísimo
que vamos a echar sobre nuestra conciencia?
Ea, bastante tiempo hemos aguantado tus majaderias. Se
me acabó la paciencia. ¡Sus! ¡Largo de aquí!
¡Her¡nano Matías, por caridad divinal
¡Largo de aquil
(Carmen sube lentamente la escalera. La chiquilla la sigue, sollozando. Matías, desde abajo, les impone silencio.)

LA PLUMA
CARM:SK.

LOLILLA.

MATus.:
CARMEN.

Lou.
MATIAS.
CARMEN.

LOLA.
MATIAS.

lsIDRO.

MATU.S.

Ism:ito.
MATIAS.
ISIDRO.
MATIAS.

lsIDRO
MATIAS.

¡Ay, Redentor mío! ¡Ay, Madre amorosa, qué dolor tan
agudo!
¡Hi, hil
¡Cállense, cállense!
¡Ay, qué corona de espinas! ¡Ay, qué hiel y vinagre! ¡Ay,
qué callejón de la Amargura!
¡Hi, hi, hil
¡¡Cállensell
¡Ay mi padre, ay mi padritol ¡Un alma tan buena, tan devota de la Santísima Virgen y del glorioso patriarca San
José!
¡Hi, hi, hil
11Cállensell
(El llanto de las mujeres se aleja. Ya no se oye.)
Ea, ya estamos libres. ¡Jinojo, vaya unos trabajos! ¡Triste
cosa tener que ganar las miserables perras con el sudor
del cuerpo y las amarguras del alma! En fin, ¿qué hemos
de hacer? Vamos, hermano Isidro, a la obra ... ¿Qué es eso?
¿Qué te pasa? Estás temblando...
No lo puedo remediar. El corazón se me encoge cuando
pienso que lo tengo que tocar con mis manos. ¡Ay, hermano Matfas, qué paso tan fuerte!
¿Conque le tienes miedo a los muertos?
No lo puedo remediar.
¡Idiota! ¿Tú crees que los muertos viven?
¿Qué sé yo?
Pues si viven, no están muertos . Entendámonos. Una
cosa u otra. De modo que tú... ¿te quedas en tierra?
(Casi llorando.) No puedo, hermano Matías; no puedo.
los brazos se me parten.
Quita, hombre, quita; da vergüenza... ¡Iré yo sotol No
necesito de til rNo necesitó de nadie!
313

�LA PLUMA

LA PLUMA

MATIAS.

ISIDRO.
MATIAS,
ISIDRO.

MATIAS.

IsIDlilO.
MATIAS.
ISIDRO,
MATIAS.

IsmBo.

MATIAS.
314

(Entra solo en el cuarto del abuelo. Al salir, marcha pe~
sadamente, con la cabeza erguida, jadeante, llevando en
brazos el cadáver, envuelto en una capa.)
¡Vivo, hombre, vivo! ¡Pon el sillón de espaldas a la puerta .. .! Así... ¡Ea, ya está!
(El cadáver queda sentado· en el sillón, de espaldas al
público; sólo se ve la €abeza blanca, apoyada en el respaldo. Matías se deja ca.er sobre un fardo. Respira con
trabajo.)
¿Qué tienes, hc&gt;rmano Matías?
¡Qué he de tener! ¿Te parece poco todo esto?
Tienes razón. Tú eres muy fuerte, pero no eres de hierro. Debes estar rendido. ¿Quieres tumbarte un ratito en
mi cama? ¿Vamos arriba?
¿Dormir yo ahora, cuando va a empezar la batalla? Esta
noche dormiré, si puedo. ¿Sabes lo que me pide el cuerpo? ¡Ron! ¡Venga ron! Echate una copa, que· bien la necesitas. Tienes la misma color que el difunto ... ¡Buen par
de gallinas estamos!
(Beben. Pasa algún tiempo.)
¿Oyes? ¡La señal...!
¿La señal? ¿No serán tus oídos?
No sé; me pareció oír muy claro el golpe del esquilón.
¡Espera, espera un poco .. .!
(Ambos atienden. Golpes débiles, agudos, espaciados de}
esquilón.)
¡Sí, es éll ¡La señal! ¡Ahora la campana...! ¡Benditos repiques,· que alegran y refrescan el alma!
(Los golpes de la campaña, lentos y acompasados al principio, se precipitan luego, se confunden en resonante algarabía. Estallido de cohetes.)
¡Te acabaste al fin, noche de perros, maldecida noche de .

MATIAS.

EL

GENTIO.

MATIAS.

horror y pesadilla! ¡Ya no tengo miedol ¡El padre Sol está
ahí fuera, llamando a la puerta, metiendo por las rendijas-.
monedas de cinco duros! ¡A la obra, hermano Isidro!'
¡Abre el portón de par en par, que entre el padre Sol!
¡Que entre todo el mundo!
(Isidrn abre el portón, Penetra en la tienda, con el sol deL
amanecer, una oleada de gente; hombres que vociferan y
cantan, mujeres que ríen, chiquillos que tocan trompetillas y tambores.)
(Frenético, medio borracho, golpeando con una pesa eL
mostrador.) ¡Adelante, señores míos! ¡Vengan todos a
honrar la casa de Matías Sosa, la primera tienda de la
villa del Sabina!! ¡Aquí encontraréis toda clase de artículos, nacionales y extranjeros, de todas las partes del universo mundo; comestibles y bebidas, lanas y sederías, pañuelos y mantones, quincalla y perfumería! ¡Alto! ¡Esperen un poco! ¡¡La religión siempre por delante!! ¡Caballe-ros, digan todos conmigo: nViva nuestro Patrono San
Sebastián!I
¡¡¡Vivalll
(Isidro se acerca tímidamente al mostrador, protestando
con el gesto contra el escándalo.)
Sí, sí, por D ios; tienes razón; ya no me acordaba ... (Vociferando.) ¡Vean ustedes si en esta familia hay honradez,
si hay ... caridad! ¡¡¡Si hay cristianismolll ¡Mientras loshijos se desloman trabajando, el viejo duerme tranquilamente en ur. sillón!
(Voces en el público, unas que preguntan, otras que con-testan.)
-¿Está dormido?
-Sí, está dormido .
-Dormido ... dormido ... dormido ...

�LA PLUMA
(Las voces, los cantos se atenúan, degeneran en murmullo, que poco a poco se apaga... El silencio se.extiende, se
prolonga indefinidamente...)

Melodías líeicas

..
1

LUIS Y AGUSTlN MlLLARBS

1'

)

Calendat?ío.

jiooiembte.
ffor la /R.eal Orden Otoñal
se declara el frío oficial

la magia del ritmo
!Dama cuarentona
-u hombre de prebendacuándo, el ritmo va
mula canonesa;
cuándo, cabo fino
de ágil hacanea
-trote menudo
y corta crencha.
&lt;:Jh !Dios, que el milagro del ritmo ya esdivertida invención de veras.
'Y ley del vivir. 'Y del triunfar.
!Porque es, entre todas, saber la senda.
'Y entre las mil lucecitas del cielo,
formar la nuestra.

y la poesía sentimental.

C:aen las hojas y los nidos,
los árboles se han declarado
en huelga de brazos caídos.
fllnimas, campaneo tétrico;
las golondrinas se marcharon
(caducaba su kilométrico).

'Y cuando anda el vivir en trastorno
y está como a golpe de ruleta,
saber ponerse en el color
en que la 9ortuna parará su rueda.

C/;odos hablamos del Ocaso
de que la vida es un fracaso

y referimos nuestro caso.

Dicta Ca (foa

F. VlGHl .
...-s 16

1

'Verso mío, has de tener
la alegría triun/al de 9Jeethoven;

�LA PLUMA

y ha de ser, tu canción,

ebrio trovar de ruiseñores.
61 maestro del ritmo que riges,
f ué el riachuelo, sierpe saltarina,
bajo la ventana de la alcoba
en que, infante, ensoñabas tu vida.

'Y f ué tu maestro la senda

,l

Apuntes
paea una qeogcafía musical
de eucopa.=1920.
&lt;-.&gt;)

por las brañas y los lentiscos,
en que ibas, ausente y poseso,
hilando el copo de estos linos.

'Y la golondrina que chiaba eufórica,
divirtiéndose en saltos mortales,
cuando rosa y o,o· venía el alba,
cuando oro y rosa se iba la tarde.

'Y la fina aguja del chopo
-lama, buril y estiloque dibujaba por las estrellas
sobre el cielo sus Jeroglíficos.

***
-'Y habéis de tener, mis versos, la honda
fluidez del canto gregoriano:
que a la carreta cargada de mies
no le va el ritmo del tren rápido.
LUIS G. BILBAO

in
líAllA
razones de tiempo, las que establecen el aspecto del mapa
en las geografías artísticas! Madre de todos, Italia hubiera comenzado, en otro siglo, una serie de papeletas!análoga a esta. Hoy, va
exactamente detrás de Francia y de Rusia. Y con fruto esto, aunque esté
todavía un poco verde y áspero al mordi9Co, mientras que lo parvo de su
cultivo alemán apenas produjo una cosecha débil, incolora y blanducha.
Saludemos el desfile de los buenos esplritus que prepararon el terre•
no-Sgambati, Martucci, Alfano-; pero no hacemos aquí historia retrospectiva. Para combatir la degenerada actitud de dentro de casa, llamaron
a las virtudes del vecino, que, al trasplantarlas, se llenan de veneno. Se
cegaron voluntariamente al luminoso camino del estilo-la intensa esencia de su raza-, tuvieron veleidades germánicas, que pasaron en seguida,
y las cuales esgrimían como arma contra los que derrochaban en malos
pasos la rica herencia tradicional y, en resumen, hubo un espacio temporal de incertidumbre, de decaimiento y de desorientación, hasta que llega•
ron los ecos de las músicas de Rusia y de Francia.
Júbilo general y rebato de corazones a voleo. Cada cual agarró un
trozo de la túnica salvadora, y armaron la más jovial algarada. La Italia
musical de nuestros días es el árbol lleno de pájaros, en el que cada uno
-canta su propia alegría por haber encontrado lo «nuevo&gt;.
Diferencia en esto de España, de casi todos los países musicales, en
ROFUNDAS

P

319

�LA PLUMA
LA PLUMA
general; mientras que el periodo tr~nsit_orio, ~l que media ~ntre el w3:gnerismo hasta el despertar de la conciencia nacional, es sensiblemente igual
al seguido en España. El wagnerismo no empapó del mismo modo a Inglaterra, que seguía con sus adoraciones mendelssohnbrahmistas; a nosotros, si; pero despertamos al mundo nuevo con menos alegría que los
italianos, que se recobran como después de un mal sueño disipado.
Unos países son, esencialmente, sinfónicos, aun cuando miren hacia el
teatro. Otros, como Italia, son, sustantivamente teatrales, aun pensando
en hacer música de cconcierto&gt;. Las primeras impresiones del arte ruso.
sirvieron en Italia para colorear, con algún matiz de novedad, a la
música de escenario. El realismo de Mussorgski producía una impresión
grave entre los pocos que lo conocían, los cuales lo ocultaban con un cuidado que parecería gracioso si no fuese ignorante; este afán de ocultar
ocurrió también entre nosotros.
Entendido a medias, el realismo del autor de cBoris&gt; conducía al
verz'smo. Contra él-esto es, contra lo exótico en el arte teatral italianose alzaron los músicos de la estirpe nueva, porque, además, ese teatralismo sensacional condensaba todos los vicios de la decadencia italiana, mal
encubiertos por un traje que preteudía estar a la mod~, y porque por ~ntre ellos no circulaba más que una sangre corrompida y un propósito
de engañar al incauto con sw espantajos sentimentales.
En este sentido, el &lt;verismo&gt; es_ un 3:traco estético al público d~ ~?ntos· del mismo modo que el sensacionahsmo de Strauss lo es al pubuco
de Íistos. Arte de pícaros, en una palabra; aquél, con la ~anzúa de la. melodía en lo blanco de los ojos; este otro, por sus momgotes grand1filosofista s.
.
En un ambiente tal, con las emanaciones mefiticas del pantano vensta
y las de la cloaca-máxima straussiana, se comprende que la pureza de
intenciones del simbolismo francés o la fresca sangre sonora de los rusos
apareciesen como efluvios de un paraíso encantado.
Algunos de los- primeros ':11ús~cos ~el crin~vamento&gt; hablan incluso
estudiado en Alemania, y sentido Juveniles veleidades ~or Bru~kner y p~r
Mahler; pero Francia, con su ~orizon~e claro a lo Puv1s, les htzo sacudir
las sandalias y acogerse al s~ave ambiente del te~plo nuevo. Luego, la
irrupción de Strawinsky les tnfl.amó con un neofit1smo ~•~no de generoso
entusiasmo. Alguno de los nuevos proclamó que la mus1ca empezaba el
día del estreno de Le sacre du Printemps.
.
.
Nunca se vió un trompeteo más entusiasta, llamada al cammo recién
abierto. Y con·el desprecio de los operistas y el asombro de los demás,
320

un g~po de ardit{ comenzó a trabajar en Italia, apenas sospechados de
los mismos que los habían hecho nacer, y apenas sostenidos por la fe ni
el aliento de nadie.
Hoy mismo, de~~ués de Pizzetti, de Casella, de Malipiero, de Castelnuovo, de Tomassiru, el cuerpo general de opinión en Alemania O ea
Francia, en Inglaterra o en España o aun en la misma Italia no cree de
un modo convencido en la autenticidad de la joven música italiana. Veremos despu~s que esto mismo ocurre respecto de los nuevos compositores germán~cos. A lo qu_e _menos se acostumbra el público es a que un
pueblo cambie en su tradición o la haga evolucionar. Parecería tan raro
hace unos pocos añ?s qu~~er convencer de que Francia, por ejemplo, no
era sólo Gounod-Saiot-Saens-Massenet, y Alemania no Beethoven-Schumann-Wagner, como que Italia no era tampoco Bellini-Verdi-Puccini. y
otro tanto al afirmar que habla una floración musical tan nueva como rica
en ese país, o en Inglaterra o en Espafta.
Nada menos pertinente que hablar de &lt;escuelas&gt; en esas tierras asi
como tampoco en la nueva Alemania. Entre los jóvenes italianos ap~nas
ha)'. otros rasgos co~~nes que los del temperamento o los que dan la seme1anza de las cond1c10nes que los han lanzado a la lid. Hay un cgrupo&gt;
-la escasa docen~ de n~mbres que todos los días repetimos (1)-, pero
no otra cosa. La diferencia de temperamentos, de intenciones, de sensi•
bilidad y aun de procedimientvs (dentro de la generalidad de lineas que
su genealogía les da), es mayor que la semejanza de sus rasgos comunes.
J?efinense éstos como sensuali~ad palpitant~ y ~lerta; viveza de imaginación, de concepto, de percepción y de reahzac1ón; agudeza de intuición
y claridad sintética, un amor por la expresividad de la disonancia y una
limpieza de línea con una acentuación sui glnerls en el modelado, que es
tradición permanente en el arte italiano. Una cosa son todos: italianos
hasta la médula; brotes de un árbol tradicional, cuyas ralees se extienden
~n lo má~ hondo de l_a historia, con sus ventajas consiguientes y con sus
mconvementes también; un arte todo en el aire y en el rayo de sol· un
arte_ todo en el brillo de ojos y en el cascabeleo del oído. Pero ¡qué gran
motivo éste! ¡Qué verdadero su impulso a la creación! Lejos de las inconfesables gestaciones del verismo y de la ciénaga sensaciomi.lista.
Esos músicos italianos son e puros&gt;. He aquí su principal valor. Lo
que les mueve no es la baja palpitación grosera de los post-románticos
sinfónicos u operistas.
'
(1) Véase la nota bibliográfica sobre el libro de G. M. Gatti en este número.
321

�LA PLUMA

lo

Y, por
menos, hoy es esa condición su más alta ventaja. Su obra
no puede aspirar a otros cumplidos mas que por lo limpio y bello de sus
orlgencs. Ahora que, para ser obra verdaderamente, le falta aún mucho
camino. No dudo yo de la vitalidad de la tendencia; por eso creo que la
obra vendrá. Hoy estamos todavia en los propileos. Algunos, Casella,
Malipiero, parecen ser las primeras concreciones estelares de la nebulosa. Pero todo en ella es movimiento y evolución material. Es tan fina la
sensibilidad de un Mario Castelnuovo, tan !frico el dramatismo de Pizzetti, Malipiero está tan deslumbrado por la iridiscente palpitación de la
disonancia, Casella tiene un temple tan fuerte y tán noble; todos ellos,
Davico, Santóliquido, Victorio Gui, Perrachio, Alaleona, Balilla-Pratella,
tienen tan rica vena y tan aguda vibracióR, que la obra no se hará esperar. Sin duda se está ya formando. Mucho de lo ya hecho integrará ese
corpus total necesario. Hoja3 tiernas, de su abundancia nacerá la opulencia del bosque nuevo.
.
Hasta entonces contentémonos con el jardín.

ADOLFO SALAZAR

t
l

t

La co.s tu m bce

E

ec~ _de socieda.d ~ue pregonaba el regreso y consiguiente instalac1on de los senores de Serrano en su hotel del banio de Argüelles, había suscitado de nuevo la maledicencia madrileña en torno a las segundas nupcias del joven ez ministro conservador:
-¡Casarse sin guardar luto siquiera a la otra pobrel
-¡Tirar así una carrera política por la ventanal Porque esas cosas se pagan, ¡vaya si se paganl
-¡Darle madrastra a la niña!
-¡ Y qué madrastra!
-¡Si los hombres de talento hacen a lo mejor cada cosa! ¿Qué
necesidad tenía de casarse con ella?
-¡Pchs! ¡Vaya usted a saber! Quizá todo sea cuestión de costumbre.
Tal vez no estuviera muy lejos de lo cierto el caracterizado senador que tan experimentada opinión aducía.
Viudo de aquel modelo de esposas
L

«cristiana, amable, cariñosa y seria•
322

323

�LA PLUMA

LA PLUMA

que, como el cantor de estas rancias virtudes, era del campo de Salamanca, donde poseía pingües heredades, César Serrano, apenas
transcurrido el novenario, volvió a sentir la comezón de tomar
estado.
En lo que influyó no poco el consejo de la mujer que había arrebatado a la legítima la sobremesa de la cena diaria, transcurridos que
fueron los cinco años primeros de los diez que estuvo casado.
-Mira, César-le dijo-, tengo miedo. Lo que oyes. Míedo de
qua te me vayas. Ya ves tú lo que son las cosas ... Ahora que se ha
}levado Dios a la otra pobre ... Y es que me has dicho tantas veces
que yo era tu libertad, 9.ue al verte libre tengo ~iedo. C~ate. Cásate
para que yo esté otra vez segura de que necesitas de mt. De tu mujer nunca tendré celos.
.
Entonces, desafiando la unánime oposición de deudos y correhgionarios, se casó con ella.
Hicieron el viaje de novios imaginándose que lo eran, y por mejor ayudar al ánimo a recobrar ciertos virginales :~ntimiento; que
yacían dormidos en el recuerdo. A la vuelta, la fam1ha enarbolo desde luego bandera de paz-tal significó a sus ojos el blanco pañuelo
con que les saludó desde el andén la niña, huésped de la abuela durante la paterna luna de miel.

***

Sentados en el sofá como estaban, echóseles la noche encima.
-¿Estás contenta?
. .
Ella, por toda respuesta, se le quedó mirando, luego mclmó ruborosa la cabeza y así permaneció un instante, fijos los ojos en el ca324

lado del delantalillo, cuyas puntas tenía graciosamente cogidas con
cuatro dedos.
-¿Estás contenta? Di.
Tomándole la barbilla con cariñoso imperio, le obligó a levantar
la vista.
-¿Lloras?-Y le besó calladamente los párpados.
.
-¡Tonto!-replicó ella desprendiéndose de sus brazos; y limpiándose el dulce llanto con el pañuelo de su marido, devolvióselo
luego al bolsillo superior de la americana, de modo que asomara dos
puntas coquetas-. ¡Que si estoy contenta! ¡Pues podía no!
-¿De veras, Churrunga?-Esto cogiéndole ávidamente las manos, a la vez que buscaba en sus ojos la verdad de tan tierno halago.
-Te voy a pedir... una cosa-le interrumpió.
E intentó disimular con mentido carraspeo la emoción que su
voz delataba.
-¿Qué quieres?
-A ver si vas a creer que se trata de algo importante...
-Me asustas ... ¡Habla!
-¡Qué bobada!
-¡Acaba de una vez, mujer, no me tengas así!
-¡Ay qué gracia! Pero tontín ...
El afán de restarle importancia al favor, aumentaba el recelo del
marido.
-¡Por algo se me antojaba a mí que no estabas satisfecha del todo!
-¡Eso sí que no, César...! Quería decirte simplemente que ... ,
¡pero no te enfades! Queria decirte que no me llames ya Churrunga.
Él echóse un poco atrás, sin dejar de mirarla, y se limitó a contestar pausadamente:
-Ya.
-¡No creas que es por mí! ¿Que por quién? Al pronto, parece
32 5

�LA PLUMA

LA PLUMA
una simpleza. Es... por ti. Piensa que soy ... tu mujer. Y, sobre todo,
que tengo que ser una segunda madre para tu hija.
Se hizo un silencio. Duró lo que el eco dél reloj de cuco al dar
las nueve.
-¿En qué piensas?
-En que... ya no eres, no puedes ser Churrunga; pero te iba tan
bien. ¿Cómo te voy a llamar ahora?
-¡Ay qué gracia! ¡Como si yo no tuviera nombre cristiano! ¡Y
poco bonito que es!
-Pues... ¡sí que es verdad! Mira que no haber caído... Rosa.
Rosita.
Al conjuro de aquel nombre parecia como si los apasionados sentimientos de antaño se le trocaran en los propios del ánimo matrimonial.
La niña no cenó aparte como en casa de la abuela, sino con ellos,
para que se acostumbrara a no ser huroncilla.
-Es muy mona; se parece toda a su madre.
Y así diciendo, cogióle de la mano la madrastra para llevarla a
acostar ella misma.
Luego de bien arropadita le dió un beso en la frente, y volvió al
comedor.
Su marido, e~ zapatillas, bostezaba ante La Correspondencia.
-¿Qué haces ahí? ¿No sales? ¿Y por qué? ¡Tienes que salir! ¡No
faltaba más! ¡Nada de sacrificar costumbres! En los años que hace
que te conozco, no has dejado de salir una sola noche de tu casa.
Le obligó a calzarse de nuevo, le ayudó a ponerse gabán y sombrero le dió un beso en la mejilla y, empujándole a la puerta, permane~ió luego en el rellano hasta verle desaparecer escalera abajo.

126

***

.

1

11

l

Echó a andar como sonámbulo. Cansado de vagar por calles y
callejas, despertó al ruido de las palmadas que él mismo daba, inconscientemente, ante un portal.
Abrióse en esto el balcón de un entresuelo, cuya vista érale también familiar, y oyó una voz femenina que decía apresurada:
-No llames al sereno. Ya baja la chica a abrirte.
Se pasó la mano por los ojos. Entró.
En el oscuro recibimiento le salió una mujer al paso:
-Creí que no volvías más.
Y como penetró resuelto, seg uiale ella corredor adelante dándole
quejas:
-No tengo un perro. ¡Hasta el casero me ha mandado un recadito! Gracias a que los porteros son buena gente y han hecho
que me fiaran en los ultramarinos, que si no... ¿A ti te parece n
medio regular? ¡Dos meses sin dar señales de vida! ¿Pero te has
quedao mudo? ¿O es que pintan morros? ¡Pues di que sólo eso faltaba?
A su grito de asombro, cuando estuvieron a la luz del gabinete,
respondió risueño el intruso:
-No soy un apache; no se asuste.
-El caso es que a primera vista...; pero, ¿quién es usted?
-¿Qué más da? Ya nos conoceremos... Por lo pronto, no se preocupe de esos piquillos que dice deber, ni se acuerde de ese perdido.
-Pero... ¿quién?
Y le miraba entre espantada y curiosa, engolosinada con la aventura. La•criada, que atisbaba con recelo desde el pasillo, cuando le
vió echar mano a la cartera se retiró discreta a la cocina.
- No vaya usted a creer tampoco que estoy de remate. Apuesto
a que vamos a ser muy buenos amigos. Yo no quiero nada. Nada
327

�LA PLUMA
más que libertad. Un poquito de libertad ... de tapadillo. Después de
cenar... todas las noches ... la libertad ... Churrunga.
Estaba ganada.
-¡Ay qué paso más chusco! ¡Y vaya un nombre que me pone!
~Que, ¿no te gusta? Ya verás qué bonito suena.
-Más que el mío desde luego.
-¿Cómo te llamas?
-¡Anda! ¿Y a usted qué le importa?
-Es verdad, Churrunga, es verdad.
Y se dieron las manos.

~

1

Teatcos. .
«pigmalión.&gt;

C. RIVAS CHERIF

Shaw, detenido años ha ea la Ciudad Lineal-diez o doce van
transcurridos desde la representación de Mrs. Warren's professíon
con el título de 1 rata de blanca¡ (I) en el Teatro Artístico que alli
dirigía el señor Miquis-, ha vuelto a entrar en España por San Sebastián
,este verano, y en Madrid por el Pasadizo de San Ginés. Coincidiendo con
el estreno de Pigmalión, la empresa de Eslava ha publicado en los periódicos una nota oficiosa dando cuenta de la representación en un teatro de
Londres de una comedia de la firma Martínez Sierra. La noticia alimentó
en nuestro ánimo cierta falaz esperanza: la de que semejante intercambio
no fuese tan sólo efecto de un azar casual, sino de un propósito general
beneficiosísimo para el público madrilef\o. Pero nuestra ilusión se desvaneció, no más vimos levantarse el telón en la comedia de Bernard Shaw,
y aun antes, al salir el propio señor Martínez Sierra a leernos, a telón corrido, unas cuartillas explicativas del alcance y significación de la obra
que se iba a representar. El empresario de Eslava, cubriéndose con la
pinta, nos advertía que el Pigmaü'ón era, como todas las de su autor, una
comedia inverosí'11til, escrita para un público-el inglés-que, muy realista en la vida, gusta, al revés del nuestro según el exégeta, de la inverosiERNARD

B

lMP ROMPTU
CVamos a cantar sin copla,
vamos a cantar por cantar,
como el viento cuando sopla
por el encinar.
· 'jj vamos a hacer de manera
que para decir su intención
cante cada. cual lo que quiera,
mas todos a un son.

1
'Í

329

�LA PLUMA
militud en el teatro. Cuentan que uno de los primeros actores más aplaudidos por la claqut y de que más se ufanan los gacetilleros, decía, resu.
miendo en sucinta opinión la que P{gmalt"ón le merecfa, que en España..
tenemos 25 autorea dramáticos como Bernard Shaw. Quien no haya
visto la representación de Eslava juzgará excesivo el número. Nosotros►
sin embargo, nos atreveriamos.desde luego a contar hasta tres, y claro que►
entre ellas, a la firma Martínez Sierra. Ya sea :efecto del expurgo
del tradu.c tor, ya de la dirección artística al dar a la obra el tono con que
ha sido representada, es lo cierto que de la gracia c,riginal dei Pigmalión
apenas si queda otra cosa que la liviandad caracteristica de las comedias.
de Benavente, de Linares o de la firma Martinez Sierra. A ello ha contribuido no poco la int~rpretación, adaptad-i a las condiciones de la señora
Bárcena, sugestiva en extremo, pero cuya acusada personalidad tan repetidamente perjudica a los varios caracteres que le están encomendados
en el reparto de las obras. Llámese Desdémona, Margarita Gautier o Nora,
siempre es Catalina. Nosotros casi preferiríamos que Naturaleza no hubiera dotado a la señora Bárcena de tan delicado metal de voz, voz para
dar el sí de las níñas, cuya ingem1idad teatral cuadraría tan bien a su temperamento.

UN CR1T1CO INCIPIBNTB

330

I',
t

l tBROS Y REOtSt~S
Ramóa

Meaé■ des

Ptd&amp;l.-E.rJudios liJ1rario1.-Atcnca. S. E.-Madrid.

Tanto se ha abusado en estos últimos tiempos del dictado encomiástico de
maestro, atribuyéndolo con vano halago y sin sentido, ora a quien le quedaba,
mucho todavía por aprender, ya a quien de poder enseñar algo diera malísima·,
ejemplaridad a los supuestos discípulos, que es menester, en casos como el presente, llamar la atención del lector sobre la justicia y conciencia con que lapa-Jabra se empica. D. Ramón Menéndez Pidal lo merece sin que semejante título,
Je acarree la enojosa compañia de cuantos lo detentan una temporada, según
Jo impone la moda pasajera de una generación, en el caso más favorable, cuando no de un corrillo.
Heredero de cierta preeminencia magistral, de que había hecho un trono su
glorioso antecesor, ha sabido depurar, reducir a proporciones científicas, el legado espiritual de Meoéndez y I'elayo, cuya leyenda amenazaba, en boca del
vulgo, arruinar la obra fecunda del historiador literario. Meoéndez y Pelayo era•
unfenómt1'o, declarado vo~ pojuli monumento nacional. Había que reaccionarcontra la maravilla, sacrificándola en aras de la sana razón. Desprovista de todo
oropel, mantiénesc incólume la memoria del gran escritor a través de la obra
del crítico, profusa, desordenada , excesiva, discutible en su magnificencia. Menéndez Pida! personifica ese criterio clásico que ha sido menester para encau- zar dentro del sistema europeo, digámoslo así, de la crítica literaria, el caudal de
la erudición española. Criterio que implica tanto el rigor en los métodos de investigación cuanto el estudio de la literatura desde un punto de vista propia-•
mente literario, espiritual, no sujeto tao sólo al tecnicismo de la papeleta que ·
mata.
Tal la enseñanza que se despr ende de estos Estudios, leídos por su autor·
en recepciones a cadémicas o publicados en diferente s revistas de 19 02 a la fecha; trabajos que, no obstante aparecer coleccionados modestamente sin otro.,
orden que el cronológico, no son ensayos nacidos al azar, hijos de la ocasión,
sin más nexo entre sí que el de la pluma que los ha escrito, mas que responden.,
331

�LA PLUMA

LA PLUMA
.:a una unidad de concepto, que trasciende al lector sugiriéndole la serena

al ~errar el l_ibro se i:os_ antoja ronca de so2tener el mismo tono agudo de la
pnmera págma a la ult~m~.. Adolece principalmente, a nuestro juicio, la obra
entera d_el deseo_pec11har_1s1mo en las ~scritoras de dar una impresión de fuerza varonil. La senora ~spma descubre su feminilidad en la invención, allí donde para más rea(zar_ 1~ tremenda fatalidad del sino adverso mezcla inoportunam~nte el drama_1,nd~v1dual a la tragedia colectiva, drama por otra parte tan dilwdo en la _d&lt;::cr1pc1_ón del fondo, que no capta nuestro interés.
Esta op~mon der!va de una discrepancia fundamental t&gt;ntre el gusto artístico de la_ senora !tsprna y _el nuestro. Digamos en holocausto a la verdad que la,
razón, _s1 es el publico _quien la da, parece estar de su parle, pues que en el
poco tiempo transcurndo desde la salida de El metal de los muertos está ya a
punto de agotarse la primera edición.

gra-

vedad intelectual que en tales páginas alienta.
Presídelas, sin duda, en punto a su importancia, el estudio sobre La Crtftli,ca general, al que sigue en nuestra preferencia el discurso acerca de La j&gt;rimitiva poesía Hrica española con que inauguró D. Ramón Meuéndez Pida! el pasado año el prirnero;deJsu presidencia del Ateneo. Muéstrase en todos ellos, aun
en los que _;¡retenden ser sólo apuntes o notas breves de ternas apenas esbozados, el mismo sentido general, que s11.be recrear a la luz de hoy día los fundamentos de un espíritu español, persistente en la literatura castellana.

C. R. C.

•••

c.

·Concha Espina.-El ,mtal dz los muertos. Novela.-Gil Bias. Madrid, 1920.
Al criterio absu.rdo de la r:nayor parte de los editores y libreros españoles,
atentos, al parecer, al sistema de venta preconizado en el inveterado refrán del
buen_ paño encerrado en el arca, ha sucedido de algún tiempo a esta parte el
prunto de anunciar a la norteamericana, es de cir, con exagerada despropor
-ción entre la mercancía que al público se ofrece y su calidad. No es esta la
única concomitancia que el lector, a poco curioso que sea, observará entre la
última novela de la señora Espina y los procedimientos artísticos y editoriales
-de que suele valerse al escribir y publicar las suyas otro de nuestros primeros
escritores, según la fama ambirnuodial, el Sr. Blasco Ibáñez. Tengan o no que
-ver semejant~s nclamos con el mérito literario de las obras así expuestas a la
pública conside ración, revela n en todo caso un afán mercantil digno de respeto, ya que la indife rencia o la falta de información adecuada del común de
los lectores exculpan el exceso ditirámbico.
Et metal de los muertos es una novela-llamémosla así pues que tal nombre
le da su autora- sumamente interesante en cuanto al propósito. Creemos que
ila señora Espina ha intentado romper la monótona liviandad del ambiente
con una obra cuya gravedad correspondiera con épica grande za a la crisis sodal del mundo. Que el alegato puede St&gt;r considerado obra de arte, es cosa
palmaria aun antes de Zola, y a partir de él según ciertas reglas todavía no subvertidas en su género. La trágica cuestión de Ríotinto es de por sí tan apa!&gt;ionante, que incluso a través de las informacioces p eriodísticas impresiona a
todo ánimo sensible. ¿A qué obedece, pues, que su lectura en las páginas de Et
metal de los muertos no suscite en el nuestro esa emoción expiatoria propia de
las grandes obras? (que no son siemp re las más voluminosas). En nuestro en·tender, a que la novela no está lograda.
Pese a la precisión detallista con que la señora Espina acumula cuantos términos técnicos le ha podido proporcionar el estudio documentado del lugar de
la acción, y quizá precisamente por ese exceso, int:xpresivo para el profa•no, se confunde el lector, un tanto abrumado por el esfuerzo de la autora, que
332

R.

c.

***
Mario Pu~cini.-Essere o non essere. Racconti.-Edizioni A. Mondadori.Rorna.
;

!,a interesantísima crónica con que ha inaugurado Mario Puccini su colaboración, ~n LA PL_mu basta µara dar, a través de la imparcialidad informativa
del cntico, un_a idea clara del propósito literario que anima al autor de Essere
o non essere, dignamente presentado ya a nuestros lectores por Enrique DíezCanedo. La lectura de los tres cuentos que componen el volumen nos confir~an e?- es": idea, que juzgamos de provechosa ejemplaridad en el desconcierto.
litera.no reinante. La hermandad hispano-italiana es, por otra parte, tan indudable,_que todo fenómeno social, cuanto más literario, tiene para nosotros doble ahc1e1:1te po~ el solo hecho de producirse en un país tan afín al nuestro.
. ¿Qué mtenc16n revela Mario Puccini en medio del desaforado lirismo futuns~a qu_e ~a sucedido, juntamente con la nueva disgregación dialectal de laumdad italiana, al genial D'Annunzio? La de volver al natural. No haya equívocos. Pero tampoco m_ayores sobresaltos. Esa vuel~a. al natural ¿puede significar
nunca ya la aceptación del 11aturalismo como d1v1sa? No; el mero hecho de
propo~er como modelo al octogenario Verga no implica en el homenaje al
autor_ ilustre de l.avalle~·ía rusticana la consagración de la teoría ve,-ista, que
constituye a nuestros OJOS el peso mu•rto de su literatura. La elección de tal
maestro_ sign_ifica la co_ndenación del énfa~is d'annunziano y del desbarajuste
del mannettismo. Es simplemente un llamamiento a la honradez literaria.
Pero ~n los tres cuentos que integran Bssere o non essere-Kitorno al mondo,.
G_aratten, L_a veritá-hay además un humorismo de tan buen temple, quiero decir tan cermdo a través de ese criterio sutil hecho en fuerza de buenas letras
que ello solo basta para hallar en su lectura el reposo deleitable de que est~
faltas cuantas solicitaciones suelen hacernos los libros, monótonos en su mons-truosa inconexión, que nos brindan los escaparates de la •ueva Europa.
33J

/

�•

LA PLUMA

LA PLUMA
Tenemos noticias de que algún editor es_p~ñol piens~ publicar, no tardando,
Ja traducción de este último libro de Pucc101. La elecc1on nos parece lo más
.acertada.
C.R.C.

*

**

&gt;Guido M. Gatti.-Musicisli moderni d'/lalia e di fuori.-Pizzi

&amp;: C. Editori,

Bologna, 19,0.I
El nombre que encabeza e sta colección de artículos críticos es_ e l que ea
.Italia significa lo más claro y más intelige?te , a la par 51ue lo_ meior informado~
de entre los escritores musica les de su pa1s. Y este pa1s, Ita ha , es uno de lo
,más afortunados en posee r escritores de esta índole: Fausto Tonefra?ca,
Giovvanni Bastiauelli, Domenico Alaleona, entre_otros, SI? contar los mús1_cos
mismos que impulsan el movimiento de renovación, el «nnovamen_to• ~usical
, ue dió cuerpo a )a «Sozieta Italiana de Musica ~oderna~ y a la simpática reiista .Ars nova. Casella, Pizzetti, l\falipiero y el ag1ta~o _Bahlla Pratella defienden
, con la pluma los ideales que dictan sus obras de mus1ca.
.
.
Estudiar éstas de acuerdo con esas ideas estéticas y defio,1~ .la persooah?~d
de c;ida uno de esos músicos es lo que Guido M. Gatti,_el c11t1co de
Critica .
6tusicale, de Florencia, de otras revistas milanesas y director de It Piano Porte
. ~a de las más interesantes revistas m?dernas: de la cual hablare':°o.s enCe~a
sección), intenta en su serie de estudios pubhcados por la casa p¡zz1 &amp; • e
, Bolonia.
.
l"b
nueve·
Los músicos italianos de los que Gatti se ocupa ea su 1. ro son
. •
.Franco Alfano, Alfredo Casella, Mario Castelnuovo-Te~esco, Vmzem:o _Dan~o,
Vittorio Gui, G. Francesco Malipiero, Luigi Perrachio, lldebrando P1zzettt Y
,F. Balilla Pratella. Se ve que todos ellos pertenecen . al gr~1po moderno &lt;;1e su
aís y que el e~critor no ha pretendido un_a _ordenación 01 por ~d:ides 01 por
-~iscutibles categorías. Fraternidad y cord1ahdad ~on las c_arac_tensbcas de e~e
ru O ue no cuida de otras consideraciones smo de 1r directamente ~ a
'. ~on~uiJa de su arte y a tirar fuerte de las orejas del o,·ecdziante, el auditor
neutro y pasivo.
1 ¡·b ·t d Guido
Ocho esbidios sobre músicos extranjeros completan e I no e
•Gatti. Son todos ellos los que más interesan en el momen~o actual a ~d~s los
entusiastas por el nuevo arte musical: Emmanuel Cha~ne~, ~laude . e ussy,
Eugene Goossens, Gabriel Grovlez, Jobo Ireland, Enk Sat1e, Cyril Scott Y
,{)éodat de Severac.
.
d d fi ·
personaEl juicio crítico de ese escritor y su _rápida manera e e mr un~ erle traelidad hace que se le siga con el mayor mterés y mueve el deseo ~e _e Es lá
li ando de,músicos como Strawinsky, Bartok, Falla, Schoenbery, Scnabrn
P .

1:ª

i.

Guillermo d• Torre.-Manifiesto oertical.
De entre los jóvenes que con más ardimiento preconizan la conversión del
~undo litera~io ~ la va~a fe cat~lica que i~radian las numerosas capillas futu!"l~tas, expresiomstas, sm:~ul!ane1stas, dada1stas, ultraístas y creacionistas, diseminadas por el ~undo, d1st10guese en Madrid por su fervor apostólico Guillermo ~e Torre, asiduo colaborador de la revista Grecia. Ha publicado ahora un
mamfi~:t? exornado co? grabados en ma_dera de la señorita Borges, manifiesto
de facilísima comprensión, pese a los sistemáticos detractores de las nuevas
fórmulas, aunque no de fácil lectura por la rigurosa disciplina esdrújula a que
el Sr. Torre somete su estilo. Y sólo hemos de oponer un reparo a la novedad
del P:~pósito que M_ani_fiesto ver~ical exalta: la de su arcaísmo. Porque, aun
transigiendo con atnbuir un sentido figurado a tan ardua posición, ¿cómo no
ver las afinidades retóricas de semejante teoría con alguna de las metáforas
más coreadas estos últimos aiíos, verbigracia, la de una España vertebrada y en
pie? Y en último término, ¿no podría un especialista descubrir en el r,erticalism,
del Sr. Torre antiquísimos vestigios de la mística pasión de San Simeón Estilita?
C. R. C.

•••

Corpus Barga.-Parfs-Madrid.-Un viaje en el año r9.-Madrid, 19w.
Algunos amigos de Corpus Barga han editado en lindo· volumen, fuera del
-comercio, las crónicas en que antaño refirió su viaje aéreo de París a Madrid
con el aviador francés De Romanet. Por gracia especial de su autor, un hombre
raro en el mejor sentir,., de la palabra, nos ha cabido en suerte uno de esos curiosos ejemplares.
Ya la verdad que merecían el ser coleccionados aquellos artículos en que
el simple lector hallará grande complacencia, el bibliófilo avara satisfacción en
poseerlos, y e5pecialísimo interés el historiador literario; pues que tal viaJe representa la prlmera y preciosa tentativa en lengua española por describir ade~ua_d~mente, sin corrección, pero con propiedad aérea-no a ras de tierra-, el
incipiente vuelo del hombre.

....

C. R. C.

Libros recibidos: Maeztu, Unamuno, Campion, Baroja, Mourlane: Del espíritu de los r,ascos. Biblioteca de Hermes, vol. l. Bilbao, 1920.-Rafael Calzad11:
La ~alria de Colón. Buenos Aires, Roldán, 1920.-Manuel Ugarte: Cueutos de la
Pampa. Madrid, Calpe, 1920,-Luis del Valle: Emociones. Zaragoza, Editorial
Athenacum, 1920.-E. Mazorriaga: Platón el Divino. Estudio preliminar a la
traducción directa de sus «Diálogos». Tomo l. Madrid, Biblioteca Clásica, 1920.
335

. 334

�LA PLUMA
Ramón Menéndez Pida!: Un aspecto. en la elabo,-arit/n del Quijote. Discurso leído
en el Ateneo. Madrid, 1920.-Christian Roeber: Poemas. Biblioteca Poética, número 1. Septiembre, 1920. Buenos Aires. Valentín de J:'edro: Kimas de pasión.
1
Madrid, 1920.
Revistas: España, Madrid.-Spanien, nÚf!l 4, Hamburgo.-La Lec/u,-a, noviembre, Madrid.-He,-mes, noviembre, Bilbao.-Nos, núm. 1, octubre, Orense.-Die Aktion, 47-48, Berlin.-Vida, núm. 3, La Coruña.-España y América,
noviembre, Cádíz.

Gacetilla.
Azorin de Tarascón.-:-Ha estado a pique de perderse para 'los fastos de
la energía española la gesta de Azorín en París. Agradezcamos el desenfado con
que el propio Azorín nos cuenta en El Sol sus proezas. En 19:8, Azorín se fué
a la guerra. No en viaje colectivo y segu,-o: «Fuí a París solo, silenciosamente,
sin reclamos de Prensa, en los momentos de más angustia para la hermosa
ciudad: en la primavera de 1918. Los alemanes habían avanzado hasta ChateauThierry; salía a bandadas la gente en los trenes; el formidable cañón de largo
alcance lanzaba, cronométricamente, por el día sus proyectiles¡ los aviones
dejaban caer durante la noche sus bombas. En mi cuartito del hotel (jamais
on ne se se,-ait cru devant la demeure d' un ké,-os ...) en estas horas trágicas, en el
silencio de la gran ciudad(... mais quand on entrait, coquin de so,-t...!), leí al
divino Racine, al divino Cervantes(... un komme était assis, devant le gué,-idon).&gt;
Caro ha podido costarle a España el irrefrenado ardimiento de Azorín: afrontar, solo, el bombardeo de un cañón, que para ser el primero que oía tronar no
era un «pequeño cañón&gt;, como antaño hubiera podido creerse, sino un cañón ..así de grande!, y, lo que es peor, ¡cronométrico! ¿Qué harán Pepita, Rosita,
Carmelita, D. Antonio, D. Fabián, D . Andrés y de.más entes azorioescos al
saber el peligro que ha corrido su epónimo? Pero una duda nos asalta. ¿Estaba
realmente solo Azorín? ¿No le acompañaban siquiera el comandante Bravida,
Costecalde el armero, Bezuquet el boticario? Porque estos eran sus camaradas
de aventuras, según cuenta la historia: L'int,-épide Azorín kabitait alo,-s, á l'entrie de la flille, la troiriéme maison á main gaucke su1· le ckemin d'Á'llignon...

PIN DEL VOLUMEN 1

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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                    <text>LA PLUMA

...
"l

l

~~ ¡·
. ")" ,1
►

1

¡

ALBERro.-¡Ellal&gt;
y un trozo de la escena X. Alberto, oficial de húsares, regresa de la guerra
carlista y describe una carga de caballería:
cALBERTo.-Mi puño vigoroso movió el acero como un relámpago lejos y
cerca, sin tregua ni piedad y en sangre tinto. La gente, acobardada, ensanchó
el cerco; lancé el caballo, y un jefe enemigo se interpuso. Empuñaba un sable
como yo; el furor le cegaba como a mí; sus ojos brillaban como los míos...
¡Plaza!, gritamos, ¡Plaza!, y nuestros aceros chocan y chispean prontos al quite.
De un tajo cercené su mano izquierda al par que él con su diestra armada deshizo la testuz de mi caballo.
MARQUÉS /muy agitado).-¡Caballos había muchos!
AtBERTo.-El mío me arrastró a tierra.
l'l!ARQUÉS (con ansiedad).-Pero un tigre salta.
ALBERTo.-¡Y salté como un tigre!&gt;
La crítica estuvo acorde al proclamar el triunfo del drama: •Todo el mundo
estaba conforme-escribía El hstandarte-en que la obra del Sr. Novo y Col•
son pertenecía a las que poseen el raro privilegio de acallar los gruñidos de
los descontentadizos, de los envidiosos•. Pero no lo estuvo al apreciar su tendencia: «El Sr. Novo y Colson-decía D. José de Laserna en Et Imparcial-no
fué anoche a plantear en el teatro Español ningún problema jurídico, ni sociológico, ni teológico, ni de ninguna clase, como viene siendo uso y costumbre
en estos últimos tiempos». Ea cambio, para el Sr. Ruiz Contreras: «Dos problemas tenebrosos perturban a todas horas nuestra sociedad, amenazando el
pedestal en que ésta se apoya: la familia. Estos dos problemas, enunciados
concisamente, se reducen a estas interrogaciones: Si el hombre duda, no ya del
amor de su mujer, sino de la concepción de su hijo, ¿cómo .se cerciora?, ¿cómo
castiga? Si el hombre, seguro de la concepción de su hijo, no fía en la pureza
de su mujer, ¿cómo se decide,, ¿cómo perdona? En uno y otro caso faltarán
siempre definitivas pruebas. El primero de estos problemas ha servido al s.e ñor
Novo para escribir un poema tan abundante de verdad y poesía que seduce y
convence.,
Nosotros deducimos que la importancia del drama del Sr. Novo estriba en
haber propuesto un medio de prueba (cuando menos sorprendente), para cerciorarse de la «concepción del hijo»: abofetearlo.

AÑO l.

1

l\'.IADRID, NOVIEMBRE 1920

NÚM. 6.

Apuntes y canciones.

I

f.lCay una mano de niño
dispersa en la tarde gris,
o en la tarde gris se borra
una acuarela infantil.
tJtoño tiene en el sueño
un iris de abril.
...no sueñes más, cazador
de escopeta y galgo.
'1/a quiebra el albor.
241

�LA PLUMA

II

'lf es una mañana
tan coloradita

como una manzana.

1

Prosper Mérimée nació el 27 de
septiembre de I803 , en Par{s,y murió en Cannes, el 23 de septiembre
de I870.

II I

0n el lagar, rojo vivo;
agua en la pera madura,
oro en los chopos del rfo.

IV
¡fMas... ya seca tos,
y las hojas negras
en el ventarrón/
V

{Jolpes de martillo
en la negra nave, .
la del galón amarillo;
y en los aros de un tonel
jocundo y panzón
para el vino nuevo
de tu corazón.

ANTONIO MACHADO

A

de verdad, no es posible; pero bien se alcanza que merece
algo más que estimación.Nada suyo nos inflama, y por mucho apego
que se tenga a nuestros autores excelentes, se puede muy bien no pensar
para nada en él, durante meses, a despecho de Carmen. Si por ventura
le hacemos objeto de nuestra atención, ya no nos deja en mucho tiempo.
Los recuerdos de su persona, tanto como la lectura de sus obras, diluyen una especie de irritación en nuestra curiosidad vivísima: no se llega
fácilmente a penetrar sus razones de ser; acontece incluso que no se le des- ··
cubre ninguna. Si nos esforzamos en aprehenderlo del todo, por alguna
parte se nos va, y el verle escaparse así, escurriéndose de nuestras manos,
nos colma de mal humor.
Parece que lleva máscara: quien le examine se convence de ello, y
busca por donde irá a asomar, como suele decirse, la punta de la oreja;
pero no se advierte rareza alguna en ella ni en la barba: la máscara
tiene tanta naturalidad que muy bien pudiera ser, al fin y al cabo, su mismo rostro. A veces se asoma a él una expresión en que, al parecer, su
corazón se refleja: cree uno haber sorprendido la intriga, tocar al 5n un
nudo; nada de eso: la trama es tan tupida que todas nuestras presunciones se disipan ante la superficie, sin perforarla.
MARLE

(1) M. G. Jean-Aubry nos favorece con este artículo, que se publica, al mismo tiempo que en LA Pwiu, en varias revistas extranjeras.
243

I

�LA PLUMA

-

A punto de cansarse de buscar, se aparta uno de tal hombre; pero
cabalmente su inmovilidad es lo que nos hace volver a él; sobre todo,
porque percibimos que no la finge, y que la reserva, e incluso el encogimitnto, le son tan naturales como pueden serlo a tantos otros la indiscreción y las efusiones.

.u
ti

I

**•
Hijo de un pintor académico, cuyo padre habla sido intendente, y de
una institutriz irreligiosa, viva, seca, a ratos pintora, le transmitió el uno
su espíritu ordenado, la prudencia normanda, la otra el odio a los curas,
cierto don para las réplicas, y la inveterada propensión a no poder enternecerse; ambos, la facultad de ver claro, de mirar con precisión, y esa
pertinacia particular, que ni los grandes ni el pueblo tienen, y que nunca
h a sido en Francia la virtud menor de los burgueses. Añádase aún la rigidez de hábitos, la tiránica puntualidad y la sumisión a los trastos caseros
que lo más a menudo convierten a un hijo de familia en un solterón
ocsde sus veinte años, y aún cuando se decida a casarse.
Sin embargo, cuida su espíritu y su vestir, con esmer9 elegante, aplica
su obstinación al saber, y acierta a dar a su prudencia el precio de las
amistades más firmes.
Esa elegancia corrige la excesiva rigidez que en otro caso hubiera
tenido su porte; no llega al cdandysmo• de un Delacroix o de un Eugenio
Sue; ni en el esplendor de la ju 'i'entud, adoptó aires de león; no muestra aquella «hermosura diabólica• que arrebataba en el joven Musset.
Esbelta es su apostura, pero se echa de menos en él la belleza del rostro,
la elevación del pensamiento y la dist\nción natural que realzaban la
alcurnia hidalga de Lamartine o de Vigny al rango de la primera nobleza.
Su vestir no tiene la elegancia intermitente del de Balzac, ni la extremada
a veces, a menudo dudosa, y siempre conquistadora de Beyle; es elegancia habitual, mesurada, sin ningún esplendor llamativo, y tan distante de
las exageraciones de la moda como de los usos rancios.
Un poco rígido siempre, no por eso parece militar; desde la juventad
244

LA PLUMA

despliega más bien un género de soltura semi-circunspecto propio de los
secretarios de Embajada que ya han dejado por los salones, con sus primeras ansias, sus primeros desaciertos. Hubiera podido vestir, sin parecer
ridículo, uniforme militar; llevó sin esfuerzo, sin creer en ellas, la casaca de
senador, la de académico; lo mismo hubiera llevado la de ministro, si hubiese amado o despreciado a los hombres lo bastante para pretender dirigirlos.
De la misma índole es la elegancia de su espíritu. Es su preocupación
cotidiana, y de recia estofa; nada le debe a la ambición, ni al afán de brillar. Si su certero golpe de vista o cierta acritud de su natural, han podido
hacer a menudo de Mérimée un hombre chispeante y valerle más de un
buen ~~• sirviéronle de distracción momentánea, más que de regocijo,
y su vida entera se nutrió del gusto de aprender para sí mismo. Supo latín, griego viejo, griego moderno, inglés, ruso y español, sin que a ello le
compeliese más obligación que la de su curiosidad.
De lo que sabe quiere saberlo todo, y no ve inconveniente en ignorar,
de lo que ignora, todo; si algo disimula, más es la extensión de su saber
que la de su ignorancia, disposición harto rara en el mayor número, en
unos tiempos en que cada maestro de escuela empezaba a creerse más sabio que Aristóteles, y tantos minúsculos ingenios se ponían a esparcir.
obligadamente, esa mitad de nada que constituye sus conocimientos.
En su espíritu, por bien provisto que esté y refinada que sea su elegancia, pone la misma discreción que en su vestir. No se le verá ostentar sus
dotes, ni, de espaldas a la chimenea, asumir con gracia remilgada el papel
de hombre diserto; dialoga recatadamente en el hueco de una puerta o en
uno de los rincones del salón, desde donde, de vez en cuando, dispara, alzando o bajando la mira y el tono, un dardo veloz y agrio. Son las flechas
que estrictamente necesita para proteger su retiro.
Por conservar siempre fría la cabeza, guarda en sus relaciones tanta serenidad de juicio como en sus burlas; no sufrió decepciones sino en la medida en que a veces se le antojó algo más que amistad; de la amistad, en
cambio, gustó casi todos los aspectos, no quizá los más amables; de fijo
los más segaros. No es vasto el número de sus amigos, pero todos de lo ·
2-45

�LA PLUMA
LA PLUMA

u
ti

más honorable y de provechoso trato, Víctor Jacquemont o Henry Beyle,
Jean-Jacques Ampere o Panizzi, o Turguenief.
Impone respeto a todos, basta a quienes le quieren poco, tratados por él
sin miramientos; incluso le agradecen su sinceridad, porque no le mueve
la envidia, ni la esperanza de recibir nada en cambio. Da lo que le place,
sin esperar ni pedir cosa al~una; sabe hacer un favor, gunde o chico, y
hacerlo con discreción. Si a veces se enoja, aún más contra si propio que
contra los prójimos, es que también se juzga con claridad y mide su capacidad lo mismo que la ajena. Su extremada carencia de entusiasmos e ilusiones, presta a su trato una igualdad perfecta que hubiese sido harto insulsa si no la hubiesen salvimentado los recursos y gracias de su saber.
Por lo demás, aunque su idea de los hombres es tan pobre, no llega a aborrecerlos; gusta un placer perverso midiendo sus defectos, y sabiendo de
antemano a lo que as{ se expone, resígnase a pedirles sólo distracción
para su aburrimiento. &lt;Por qué habrla de huir de los hombres? Ama el retiro, como todas las cosas, con moderación.
Exterior, modales, lenguaje, juicio, saber, sentimientos: por donde se
le mire es ccortesano cumplido•: mas no enteramente en el sentido antiguo. Víctor Cousín, que le trató, pero que era de esos filósofos de quienes Pascal ha dicho que no ven exactamente lo que tienen ante si, ha declarado que Mérimée era un ccaballero&gt;. Eso es, cabalmente, lo que no
fué, lo que le falta, lo que no puede alcanzar para que su figura sea grande o conmovedora, y nos arranque algo más que estimación.
Es, no un caballero, sino un «gentleman•; no por defecto de linaje,
que otros sin mejor abolengo: acertaron a ennoblecerse basta ese punto.
Para ser caballero hay que sumar a la distinción de la cuna o del ingenio,
la adhesión firme a una creencia, y hallarse pronto a darlo todo por ella,
incluso la vida; ya sea, como el cruzado, por el rescate de un sepulcro,
ya, si se trata de un ateo, en honor del amor, o por puro amor del honor.
El caballero puede, si se le antoja, ser anticuado, ignorante, incluso
insolente a ratos: el levantado corazón y los graciosos modales compensan las faltas; en este punto, acaso más que en otro alguno, es cierto que
la fe salva. Sin esa vasta fe, aunque se tenga toda la cortesania del siglo,
246

no se pasa de gentleman. Es el antiguo «cumplido cortesano• que viste a
la moda de Londres, y acepta los convencionalismos, los usos, el sastre
de fama y la tiesura; no importa haber nacido en París o en Manchester:
caballeros, Sbelley o Byron, pero tan sólo gentleman un Guizot o un Mérimée. En comparación del caballero, el gentleman es siempre un poco mezquino y escaso, se le ve muy tasado el paño, y que nunca olvida que es
imprudente gastar demasiado, inconveniente perder demasiado. El gentleman no ignora la cotización de los valores mundanales; su mengua es no
tener por verdaderos los que no están sujetos a medida, y poner respeto
en demasía allí donde fuera menester amor.

***
Nacido en el albor del siglo, un año después que Víctor Hugo, nace
para la literatura en el momento de florecer el romanticismo, hacia el que
ninguna de sus dotes naturales le inclinaba: puede incluso decirse qUie
todas le alejaban de él, excepto su afición al colorido y su don dramáti
co. ¡Pero cómo gradúa sus colores más sombríos, frente a las intemperan
cias de Dumas, padre, y de Hugol Y cuando más vivamente brilla, no va
a dar ni en la blancura de las palideces lamartinianas ni el abigarramiento
improvisado de las Orientales. Sin embargo, sabe mejor que nadie el partido que puede sacarse de lo exótico como trampantojo, y en el certamen
de imaginaciones pintoreicas en que rivalizan los románticos, les gana a
todos la partida, fabricando en unas semanas, sin salir de Parls, una supuesta colección de retratos, de impresiones y de poemas dálmatas; la
Guzla, con la que se dejaron engañar, entre otros, Goethe y Puchkin.
Hubiera, pues, podido cultivar la falsificación con más fortuna que la
cultivaron muchos otros: e, incapaz de experimentarlos, ostentar sentimientos descomunales, desencadenados, salvajes, a pesar de la cortedad
de su aliento y de la flaqueza de su pecho. Parece que si lo ensayó, fué
sólo para demostrar la facilidad del juego; y, siguiendo su inclinación más
cierta, cuando toca los grandes sentimientos, no es para inflarlos, sino,
todo lo contrario, para mondarlos hasta el hueso.

��LA PLUMA

LA PLUMA
corazón de las jovenzuelas educandas del convento; lo mismo que en
todo Le Carrosse du Saínt-Sacrement.
En l' Occasíon, la atmósfera del convento en La Habana, los estragos
que causa fray Eugenio el confesor, las rivalidades y las pasiones de aquellas niñas españolas, sus pudores y sus audacias, se evocan con tan fina
pincelada y tanta gracia que puede colocarse a la Mariquita de Mérimée
entre la Marianne de Marivaux y la Clara d' Ellebeusse de M. Francis
Jámmes. Por su parte, Le Carrosse es una obra maestra; merced a una de
esas ironías que no faltan en la historia literaria, el joven dramaturgo sólo
acertó de veras en una comedia, ágil y ligera como ninguna. Tanto acertó, que es de lamentar que no llevase más adelante la aventura, pues, entre
las tétricas rocas fingidas de su obra dramática y las piedras estériles de
sus documentos históricos, ese sainete brotó como flor hechicera, inesperada y solitaria.
Le Carrosse du Saint-Sacrement enlaza Les :feux de l'Amour et du
Hasard a ll ne fautjurer de 1 íen: la obra está llevada como jugando, tan
pronto sueltas las riendas, tan pronto tirantes; el secreto de este acierto
de Mérimée es que se atrevió a dejar e11 libertad aquel ingenio que tenía,
vivo y malicioso, fácil para acudir a sus labios, pero que parece haberse
ahogado, de ordinario, en su tintero.
Alguien ha tenido recientemente la ocurrencia de volver a representar
esta obrita, fracasada antaño en el Francés merced a los silbidos de espectadores demasiado presurosos en salir a la defensa de la religión, que suponían ultrajada. Asombro han producido su frescura, sus cualidades mil:
intriga ingeniosa, verdad en el acento de los personajes y sus oposiciones.
Desde la torpeza del secretario Martínez hasta la amorosa credulidad del
virrey, desde la cólera refrenada del licenciado y la untuosa benevolencia
de monseñor hasta la maulería de la Périchole, insinuante, desenvuelta,
humilde o arrogante, todo es seducción, hechizo y fantasía. ¡Por qué no
habrá escrito más a menudo con tan buena tinta! Allí queda lo mejor de
su juventud, del tiempo en que aún le parecía que ante la malignidad de
las mujeres, mejor es sonreír que lamentarse.
Al alejarse de la juventud, su mente apenas percibió en las maulas fe-

meninas otra cosa que los aspectos más sombríos, y empleó precisamente
lo mejor de su talent(• en pintar, con negros colores, a las mujeres, al mismo tiempo que deseaba verlas a su alrededor en grupo lo más numeroso
posible.

***
No le guardaban rencor. Muchas tuvo por amigas; las amaba asumanera, con interés, sin amor, como a niños temibles: se complacía en las
menudas atenciones, era muy obsequioso, pero se mantenía sobre aviso.
A decir verdad, le daban mied.:&gt;; siempre conservó algo de hijo único,
formal, que por temor al desenfreno no se atreve a dormir fuera de casa,
que se retira, empero, lo bastante tarde para regalarse con un poco de
licencia, aunque siempre lo bastante temprano para poder dar un beso a
su madre. Se empeña en pasar un poco por calavera; eso siempre seduce
bastante a las mujeres; pero no tiene gusto, ni salud, ni valor para serlo,
El miedo al engaño le retiene, y el temor a los arrebatos, temor burgués. Visita a las mujeres en su casa, pero sin morar jamás ~n ell~, Y en
cuanto a recibirlas en la suya, el solterón no lo tolera. Se las 1Dgema para
serles desagradable en la justa medida necesaria, a fin de desalentarlas en
sus veleidades de dominación: y como otros afectan ser amables, él fingía el
mal humor para estar a cubierto de sus ataques y atraerse algunos favores.
Más de veinte años se entregó a ese comercio en sus Letres d une Inconnue. Despliega juntamente la seducción y la firmeza necesarias
ret~nerlas. Las trata como a niños indómitos; ellas le tratan como a mno mimado. En ese juego se pasa la vida.
Muchos hombres cuando no las desprecian por ello, alaban a las mujeres por haberl.es a~ado, y los otros se alaban de haberlas amado. Mérimée se inclina poco a la loanza, y a la loanza propia menos que a la de
nadie: quizá, en el fondo, no tenía de qué alabarse, y su ~usto era demasiado certero para no percibir esa mediocridad. Las muJeres que hayan
podido entregársele, han debido de hacerlo por tiempo bastant~ breve
-salvo en la correspondencia-, como algunas se entregan al médico o al
confesor, por despecho, ociosidad, perversidad, necesidad, lástima, o . in-

Pª~:

251

�LA PLUMA

-

cluso camaradería, mas no por pasión o amor. Tiene la discreción profesional d,:I médico y del confesor: por añadidura, no sería propio de un
gentleman hacer gala en sus dichos o en sus libros de sus conquistas: ade
más, sus preámbulos, sus prudencias, eran harto suficientes para infundir
sin tardaoza en sus conquistas la idea de la amistad en lugar de la del
amor. Con las mujeres jugaba a quién engaña a quién, como con las literaturas extranjeras y los monumentos históricos; ¡pero con mucho menos
acierto! Están más vivas, son menos frías, y a menudo, su ardimiento se
fatigaba muy pronto de no poder encandilar su natural refractario.
Si es verdad-dicen que no, pero el caso entra en sus maneras-que
Sainte-Beuvc, viendo a George Sand desasosegada por su temperamento y
sin saber a quién ofrecérselo, le procuró a Mérimée, el hipocritón debió de
regocijarse mucho, a solas, con el caso, hasta bastante tiempo después de
sucedido. Nos imaginamos aJoseph Delorme, entre bonachón y apicarado,
guiñando un ojo y relamiéndose de gusto, al término, desde luego previsto, de aquella asombrosa conjunción: era el encuentro, sin ceremonia, de
Don Juan y de Cleopatra, o quizá, más sencillamente, el de la carpa y la
liebre. A la mañana siguiente la dama bajaba de cuatro en cuatro la escalera
de Mérimée, sosteniéndose la falda y llevándose el papel, los cigarros, las
plumas y el tintero que trajera consigo; apenas en su casa, escribió a su
•proveedor&gt; quejándose del envío. La verdad: aquello no le cuadraba.
&lt;Cómo era posible que se mostrase dispuesto a contentarla, sin poner en
ello al menos un poco de éxtasis? Los más ardientes entusiasmos se deshacían en espuma contra semejante iceberg; los arrebatos más fogosos no
podian derretir sus témpanos. George Sand no pudo aguantar la mirada
inquisitiva que no parecía sorprenderse de nada, ni al hombre cuya mesurada solicitud descifraba a una persona como si fuese una inscripción.
En fin, para decirlo todo, George Sand no buscaba sino holgarse con él, y
pase que fuera hasta en público, pues habría de saberse por sus libros,
pero no sobre una mesa de operaciones.
A Mérimée no le gustaban las hembras doctas: supo tenerlas aún a mayor distancia que a las demás. Se esquivaba con facilidad: no por falta de
seducciones: si su rostro no las tenla, su espíritu poseía muchos atracti252

LA PLUMA

1

t

vos, y en el trance de la muerte todavía suscitó pasiones. Gustaba de
exhibir cierto cinismo de expresión, un cinismo elegante, que no desagrada a las mujeres, pero por mucho que se aventurase no iba a ciegas: en
eso era como ciertas audaces vírgenes inglesas, que siempre sabeo hasta
dónde llegan.
Mérimée siempre teme perder la cabeza, sabe muy bien que es lo más
valioso de su persona.
De palabra o en sus escritos se las da de valentón, de incrédulo, de
perverso; diríase que se dispone a poner por obra el espiritu implacable
de Les líaisons dangereuses; pero se detiene en el tocador, todo lo más llega
basta el umbral de la alcoba: adora estar entre mujeres, con dificultad
prescinde de su compañía; pero, tocante a su amor, prefiere reducirlo a
materia de conversación, y, ya encanecido, se le ve seguir siendo con la
mayor naturalidad puntual secretario, taimado en su galantería, de la corte
de amor de S'.-lint-Cloud.
. Hay hombres que no se casan para poder hablar bien de las mujeres,
como hay otros que sólQ se casan para decir o pensar mal de ellas. Mérimée, que no tuvo motivos de queja de las mujeres, se atrinchera en la recámara de su celibato, donde, con fría tinta y aguzada pluma, narra una y
otra vez la perfidia del eterno femenino: la mujer implacable, a quien
mueve, no la pasión ni los sentidos, sino la malignidad pura, el demonio
de la perversidad, el atractivo del mal causado por gusto, una especie de
desinterés satánico, cuya suprema flor brilla en Carmen; este cuento es el
fruto postrero de su imaginación misógina y el más célebre de todos.
Sin embargo, en esa galerla de mujeres inicuas que va de Madame de
T rouville a Carmen no son las figuras sombrías las que mejor sostendrán
su nombre: casi nadie lee Carmen, remitiéndose a la ópera de Bizet, que
la deformó más de la cuenta; la Périchole y Colomba, que sólo son maliciosas y atrevidas, se leerán mucho más tiempo.
No se ha engañado la opinión que mira en Colomba el mayor titulo de
gloria de Mérin,ée. Mateo Falcone, L'Enlévemmt de la Redoitie, L'Abbe
Aubain son obritas maestras; pero la grandeza sencilla de Colomba es más
rara. Sin contar que merced a Co!omba adquirió el mérito de incorporar
253

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LA PLUMA

u

de golpe toda la Córcega a los dominios literarios franceses, y transcurridos ochenta años aún la conserva para s{ solo. Mérimée realizó en esa
obra un magno esfuerzo de imaginación: doscientas cincuenta páginas de
invención son un aliento desusado para quien, de ordinario, se afana por
ser breve. Cierto, aun en Colomba, habría mucho que reprender: el joven
Ors Antonio es de una insulsez desesperante, y su enamorada inglesa,
Miss Lydia, no pasa de ser un fantoche que va de la sequedad a la tontería; allí hay bandidos un tantico letrados, un paisaje harto inconsistente;
pero la figura de Colomba todo lo anima y vivifica, y se olvidan los defectos: tiene la grandeza de una idea fija, una belleza casi antigua, algo que
es al mismo tiempo vasto y limitado, a la vez insólito y clásico.

**

*

El gran esfuerzo de Colomba parece haberle agotado: en los cinco
años siguientes no escribió mas que tres cuentos-verdad que uno de
ellos es Carmen-. Después, el autor se acaba; ya no había de escribir
mas que aburridos estudios históricos, fríos dictámenes académicos, y algunas traducciones excelentes. A los cuarenta y tres aiíos, cierra su vena,
que parecía al comienzo abundante y fácil. Cietto que ya es inspector de
monumentos históricos, es de la Academia francesa, y de la de Inscripciones y Bellas Letras; pudiera creerse que sólo había cultivado las letras
por ganar esa inmortalidad provisional; pero Mérimée era de esos espíritus que desean honores no más que para palpar su vanidad. La verdad es
que su juventud no había sido sino lumbre de paja, y que la última chispa se había extinguido antes de tiempo. La animación, la burla y la malicia juveniles fueron enfriándose con extremada prontitud. Al perder la
mayor parte de sus gustos, sólo le quedó su natural: su natural se inclinaba al orden, y sus gustos a las libertades.
Educado en la observancia de las r{gidas normas burguesas, siE transgresores le inspiran irresistible afecto: el aventurero, el paria, los gita·
nos, los bandíttl, son los héroes gratos a su corazón. Empezó, a sus
veinte años, por un lromwel, antes que Víctor Hugo; el tema estaba en
254

el ambiente literario¡ Balzac empezó también por ahí. AtJn puede achacarse la culpa de esa elección al romanticismo; pero más adelante no es
romanticismo ni pura casualidad, si escoge, para pintarlos, a los ladrones
y gitanos de España, a D. Juan y Enrique de Guisa, a los bandidos corsos, o a Don Quijote, a Catilina o al falso Demetrio, a todos los que, por
motivos plausibles o no, o simplemente por gusto, rompen con las leyes y
el Poder. De igual modo, en tiempos más cercanos, se le vió acoger bien
el golpe de Estado, y no desaprobar a Napoleón III sino en los días del
Imperio liberal.
En el fondo, conocedor de sus cortas fuerzas y de su escasa inclinación a la violencia, lo que le gusta es contemplar, mentalmente, la fuerza
y la violencia ajenas. Ser gentleman le ahoga; harto le gustaría verse salteador de caminos, pero salteador con buenos modales, por supuesto,
pues no es de su agrado la fuerza bruta, y no tiene ni pizca de militar. Lo
que le place es esa violencia mesurada que piden los preparativos de un
complot, realzada, si el caso llega, por la generosidad: su héroe, como
para otros muchos espíritus de la época, criados entre los excesos de energía de los ejércitos napoleónicos y la etiqueta arcaica &lt;le la corte de los
borbones, es el bandido hombre de mundo, que mantiene la observancia
de la urbanidad en medio de su desprecio de las convenciones; pero su
héroe no es Zampa, ni Fra Diavolo; no es el bandido pico de oro que recita una perorata a la entrada de un valle que lleva ca la libertad de las
montañas•, o exhibe ante cualquier recién llegado la franqueza jovial de
don César de Bazán: su héroe es hombre de pocas palabras, sin familiaridad ni rudeza, posee el temple flexible del acero castellano, la galana altaneria del hidalgo.
Bien se percibe todo lo que le llevaba hacia España: pudo imitar el
alma dálmata, comprender a Inglaterra mejor que hombre alguno de su
tiempo, inaugurar la Córcega, y, uno de los primeros, llegarse, a través
de Gogol, Puchkín y Turguenief, a la híbrida fermentación rusa; su patria
de letras es España. Antes de su primer contacto la comprendió y la
amó, y sus Lettres d'Espagne, de 1830, están, hoy todavía, colmadas de
verdad y de hechizos. Sin trabajo percibió cuanto España encierra de in255

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tenso y comedido: era conforme a su corazón: era la proyección viviente
de cuanto hubiese querido y no osaba ser.
Al alcance de ese calor, su juventud aletargada se animaba de nuevo.
El marco español le ronda desde antes de su primer viaje, de su primer
libro. Durante los veinte años que se ocupa en obras de imaginación, no
cesa de recurrir a España: fueron sucesivamente los estudios sobre Don
Quijote y Cervantes, La, Famílle de Carvajal, La, Perle de Tolede, Lettres
a'Bspagne, Le Musée de Madrid, Les Ames du Purgatoíre, Carmen y
L'Húto{re de Don Pedre r.w, roí de Castt"lle.
Cuando se !e acabó el gusto de escribir y no le quedó más que el hábito; cuando el último ardor de su espíritu hubo pasado, y el cronista
mató en él al cuentista, España no le prestó ya la inspiración deseable: el
intenso ardor del alma castellana o andaluza dej, de encandilar su yerto espíritu; se contentó, en punto a cosas españolas, con lo aportado por
su imperial amiga Eugenia de Montijo, y ya no vió de España, a través
de las brumas del recuerdo, sino lo que puede verse desde Biarritz,
adonde iba con la corte imperial. Por la fuerza con que lo español le posee
se mide la vivacidad de.la imaginación de Mérimée: es la piedra de toque
de su espíritu: cuando ya no le conmueva, su obra ha concluído; en adelante no hará más que trabajos.
Todavía durante veinte años esos trabajos, crónicas de historia, traducciones, dictámenes de arquitectura, servirán para distraer el aburrimiento de su natural apagado. Su gusto por lo verdadero le había in clinado siempre hacia la historia. Antes que Vitet, antes del Cz'nq-Mars, de
Vigny, de la Catheríne de Médícis, de Balzac, de Notre Dame de Parzs, de
Les troís mousquetazres, adelantándose a los imitadores de Walter Scott,
escribió La :facqueríe y la Chront'que du régne de Charles IX Aunque escritas en la primavera de su vida, y en una de sus épocas mejores, son
obras fastidiosas: aún peor fué Don Pedre, una vez pasada la juventud.
Sabido es que Mérimée no tenía ni la acritud candente de un Saint-Simon, ni la calurosa fuerza de resurrección de un Michelet: escribía meras
crónicas, a las que necesariameate les faltaba el haberlas vivido.
Por respetable que sea, y a pesar de su abundancia y del interés que
256

\

en algunos lugares presenta toda esa parte de su obra, sólo para Mérimée fué qe algún precio, pues con ella cumplía sus deberes de inspector
de mr.inumentos históricos, o mejor aún, mataba el tiempo: porque encontraba menos aburridos los unos que el otro. Cumplió sus funciones a conciencia, con honradez, con buen gusto, como lo hada todo;
sin duda ha librado de la ruina más de un monumento antiguo; pero de
toda la tinta que en eso gastó, la única que aún nos parece fresca es la
de las traducciones del ruso, y la del precioso folleto sobre Stendhal.
Al hi&gt;blar de Beyle, Mérimée no evocaba solamente al autor de la
Chartreuse, sino los años de su propia juventud, el tiempo lejano ya en
que veía a Beyle en casa de los Stapfer, de Delecluze o de la condesa de
Teba: en que, novel en la carrera de escritor, escuchaba con avidez al ex
oficial de dragones y ex comisario de víveres, que había estado en Italia,
Alemania, Moscú, y visto a Napoleón, y que de todo ello no sacaba grandilocuencia alguna, sino anécdotas escuetas y vivas, agudezas, paradojas
e historias de mujeres. Acertó a descubrir un espíritu asombroso donde
tantos otros no veían sino a un hombre gordo y bajo, algo fátuo, que cortejaba a las señoras.
Comprendió a Stendhal y amó a Beyle. •Pocos hombres-ha dichome han agradado más, y no hay ninguno cuya amistad haya sido para mi
de mayor precio.» Baste eso para reservar a Mérimée una hornacina en la
capilla stendhaliana. Pero se ha querido decir que le debe a Beyle casi
todo: eso es ir un poco lejos, es, incluso, errar el camino; el apodo de
Sten.ihal flaco, que se ha dado a Mérimée, por mucha gracia que tenga, es
injusto. Se ha pretendido que Stendhal le había enseñado mil cosas a Mérimée, y, ante todo, la manera de ver; pero la visión de un escritor es precisamente lo que no se le puede enseñar, es tan suya como su cuerpo; esas
maneras de injertos o de transfusiones no existen más que en la imaginación de los que creen que uno se fabrica a voluntad, y que el natural obedece a los programas. Tiene de común con Stendhal su volterianismo y
su afán de ver claro: fuera de eso, las divergencias son más que las semejanzas. Stendhal es un buen muchacho ingenuo que quiere echárselas de
disoluto; en Mérimée hay más de la mitad de un libertino que a toda cos257

�LA PLUMA

m guarda las maneras de un gentleman. Stendhal es todo imaginación,
primer 'DOVimiento, generosidad cordial; es siempre amigable, ~ propensión a darse a todos no se agota: después razona, traza planes, sienta reglas, decreta cómo se seduce a una mujer, y llegado el m~ment?,
apenas si se atreve a hablarle, no sabe cómo estar, es ardiente e tnhAb'.l,
ingenioso, delicioso, dice lo que hay que decir y lo que ~e. ~ebe call~; .stn
embargo, entre cada dos impulsos del corazón, no hay 1u1c10 más_lucido
que el suyo. Mérimée carece de primeros movimientos, o más bien son
retráctiles; su propensión a economizar le impide entrega~se. Stendhal se
lamenta d~ la necedad de su tiempo, se asusta de los esp1as a cada paso,
maldice la ruindad de las mujeres, pero sabe hallar en todas partes cebo
para su interés, su indiscreción o su pasión; en fin de cuentas, no hay en
el mundo lugar donde no se divierta; porque Beyle le divierte a Stendhal
hasta lo infinito. Mérimée se aburre de Mérimée.

.l.

•••
No es un aburrimiento trágico, un aburrimiento literario a lo Chateaubriand rugiente a lo Flaubert, o rechinante como el de Baudelaire, es un
'
·
· · oto
aburrimiento
que se arrastra y que se conserva bien,
un a b urnmie
cuya acritud no llega jamás a ser cólera, un aburrimiento que ~u~stra e~e
género de paciencia y esa urbanidad constante que sólo la mdiferencia
puede dar.
Su inc!tferencia, cada vez mayor, acrece su pulcritud primera. Entre la
turba de pequeños ambiciosos que se afanan por adular al Em?e:ador, 0
tratan de ganar algún empleo lisonjeándole o atacándole, ~énmee sabe
devolver al César lo que César le ofrece, y se contenta con distraer lo mejor que sabe a la emperatriz, a quien sigue mirando un poco como en ~tros
tiempos, cuando, siendo niña, la llevaba a la pastelería; la emperatriz le
compensa ahora los pasteles de antaño. Quizá es el único que en aquella
Corte dice verdaderame~te lo que piensa. Se le ve ir y venir, con su porte
siempre rígido, pulcro en el atavío, pero conforme a una moda lig:ramente
atrasada que hace sonreír a los jóvenes, a quienes ni siquiera mira, Y_ cuyas mejores obras le parecen, erradamente, muy ridiculas. Se le ve ir Y
258

venir, puntual, con paso firme, sin premura; los que encuentra a su paso
no le quieren: saben que tiene su opinión y que apenas les hace caso, pero
le estiman, con todo, y envidian su cortesacía, su firme adhesión a los
amigos; saben que ha escrito, con estilo ieco y preciso, media docena de
cuentos que durarán más que muchas obras orgullosas. Las mujeres, de
quienes ha dicho tanto mal, halagan a cual mejor su espirit11al incredulidad. Mérimée corresponde con menudas atenciones.
Va al Instituto, al Senado, a las Tullerías, con el mismo andar correcto
con el mismo porte rígido, sin premura... De súbito, todo se desmoron~
en torno suyo, el Imperio se derrumba, Francia es puesta a sangre y fuego. Huyen los que le querían, y en favorecerlos emplea su postrer esfuerzo._ Quebrantado, llévanle a Cannes, para curarle. ¡Qué sol podrá ya rearumarlol Está al cabo de todo, incluso del escepticismo. Senador, académico, familiar de los grandes, muere sin que le hagan caso, y quien se
había complacido en el variado espectáculo de la maulería de las mujeres
ardientes y osadas, se extingue en los castos y serviciales brazos de dos
viejas solteronas inglesas.

G. JEAN-AUBRY
Agosto-Septiembre,

1

1920.

�· LA PLUMA

la cabalgada del nooicio

LA PLUMA

1
.,

Estoy montado en el caballito,
el caballo que corre, el caballo que vuela, porque es dt cartón•
Atraviesa el Océano como un submarino,
como un submarino con alas navega debajo del mar,
y luego recorre el espacio
y sube a la Luna y baja a la Tierra, porque es de cartón ...
Hoy no cabalgo en mi mula,
la mula que mata al jinete y es ella inmortal
(cuidado caballo la mu?a cocea).
De la mula desciendo un instante,
monté el caballito, y volando voy ya;
mas tengo temor,
como soy un novicio no puedo librarme
de caer al abismo del sentido vulgar.
Pero el caballito la intención presupone-y ampara;
¡oh la sacra intención!,
y corre el caballo y vuela el caballo, por que es de cartón.
Y el volar del caballo es una melodía
de silencio, y es un color que no tienen palabras.
(Los colorts del Iris sí tienen palabras).
Y vuelo y vuelo en mi caballito de cartón
¡Oh el encanto aviatorio del vuelo primero,
en un aeroplano que es un caballo de cartón
y que está separado de ta mula,
de la mula vieja, inmortal y de mal olor... !
Pero tengo que volver a montar esa muJa,
y además soy fotógrafo.

Me esperan mi mula y mi fotografía.
hn mi fotografía hago retratos al minuto
subido sobre la :mula, que de vez en cuando me arrea una coz.
Me esperan mi mula y mi fotografía.
Ya volveré otro rato, caballito, ¡adiós!

Una cot?cida de tocos ·

...

Suena el clarín que nadie oye,y sale e/ toro.
El toro par-ece un perro y un eiefante;
tiene siete cuernos que no son cuernos;
los cuernos del toro canz·no y elefantino son navajas.
Acomete,y asoma el bandullo de un torero,
otro torero l uego con las tripas fuera.
Todos los toreros dejan su sangre en el ruedo.
Suena otra vez el clarín que nadie oye.
Mi caballo de cartón va a matar a/ toro·
le da pases naturales con una muleta in~isib/e.
Los siete cuernos, que son siete navajas, están ineficaces.
El toro muere de un soplo de mi caballo de cartón.
Nadie aplaude. No gusta el espectáculo.
Pero mis palmadas resuenan como una ovación.

NILO FABRA

260
261

�LA PLUMA

c~6nicas
de "la Dame de Cceu~".
Otoño.
primeras músicas, las primeras tardes, todavia sin fuego,
ante un rescoldo de amistad interrumpida por un veraneo -lento,
aliviado tan sólo por unas cartas que comenzaban siempre asi:
«Hija, me aburro enormemente.&gt;
Las últimas hojas de los tisicos y de los poetas. «Dentro de poco no
ha de quedar ninguna•, nos decimos al ver sacudidos los árboles por uno
de estos días de racha, en que lluvia y viento se disputan el señorío de
las calles desapacibles. Pero las hay tan tenaces, tan resistentes, que se
pegan a la rama y duran, y duran, como esperanzas de hogar pobre. Cuando las echamos de menos, ya verdea la masa arbórea del parque vecino.
«Acompáñame a casa de la modista... • • Vamos juntas al concierto de
Sauer... &gt; «Te espero mañana a tomar el te... &gt; Tal es la sustancia de las
esquelitas que van llegando en la bandeja ..• • Ven a callejear conmigo ... &gt;
¡Callejear! Ser un elemento más de la muchedumbre que se apretuja,
de seis a ocho, en unos cuantos metros de acera, ante los escaparates deslumbradores, las vallas de los derribos, la curiosidad momentánea y el
lento alud infranqueable de los coches que bajan y suben por el arroyo.
Pensar que nunca hubo en Madrid tanta gente como ahora, como en estos
días, como en este momento, en que todos salen a verse, a reconocerse, a
escudriñarse con los ojos, para volver a una larga indiferencia.
Porque seremos muchos; pero somos siempre los mismos. Anteayer

O

262

TOÑO... Las

nos reuniamos veinte personas en un salón. La tetera servia de contrapunto a las conversaciones. Ayer, diez y ocho de las veinte, mas dos desconocidas, nuevas presentaciones, apellido que nunca se entiende la primera vez, llenábamos un reducido local de exposición. Hoy, los mismos,
hemos cambiado saludos y sonrisas de palco a butaca ea un estreno. Mañana comeremos juntos los más en casa de uno de nosotros. Pasado mañana nos vemos en un baile o en un funeral; si buscamos un paseo solitario, a todos se les habrá ocurrido pasear a solas por el mismo sitio; nunca
hablamos de la muerte; pero, cuando nos llegue la hora, segura estoy de
que todos iremos a parar al mismo patio.
Grata es la compañia, en algunos momentos; deliciosa, muchas veces,
la conversación; pero ver siempre, oir siempre, hacer siempre lo mis:no,
es un suplicio dantesco. ~Qué leyes de atracción invencible forman estos
grupos de sociedad? Por mucho tiempo los huimos, pero el día en que un
diente de la rueda nos coge, toda nuestra carne se va tras él sin remedio.
Esto se nos habla olvidado, en la dispersión veraniega, a los que no
fuimos arrastrados tan fuertemente que sólo cambiásemos de lugar la costumbre. Ya está aquí el otoño a decirnos que no hay evasión. Los que
hablan del retorno eterno dicen verdad. ¡Quién pudiera salir hacia la eterna f11gal
Bajemos el tono. Ya está a.qui todo el mundo. Hay que contestar a tantas preguntas...
Nada, hija. Yo acabé por meterme en un monte de la provincia de
Avila, tocando a Extremadura, y sólo hice vida animal. Ni labores, ni libros, ni cartas apenas. Sólo contar cinco kilómetros de ida y otros cinco
de vuelta, por la carretera, o subir a un pico, y volver derrengados, pretexto para descansar una semana enterita. Cuando no pude más, volvf ami piso de la calle de Goya, y no salí más que por la mañana. ¡Unas pan
za.das de leer! He descubierto a madame de Stael y a Juana de lbarbourou, a Emily Dickinson y a Magda Donato, a George Sand y a ... Alfredo
de Musset. ~No habrá firmado el uno los libros de la otra, y al contrario?
Te sonrfes de mis descubrimientos. No sé por qué. Tal vez porque lo
viejo te parece ya muy conocido y lo demás un camelo; pero te aseguro
263

�.......................______ ......

LA PLUMA

.... . r-

que no. Tal vez porque me ves entrar denodadamente por los caminos del'
feminismo-por lo menos en cuanto a lecturas-; ¡tú que leíste a Samuel
Butler desde que te enteraste de una opinión suya: la de que el autor de
la Odisea era una mujer! Este s[ que es descubrimiento ... Ahora acabo de
recibir un nuevo tomo de Marcel Proust; ya tengo lectura para todo el invierno.
Y nada más, hija m[a, nada más. Las murmuraciones y los escandalillos, tú me los traes. Si aqu[ no quedaba nadie... ¡Ahl, ¿el salón de otoño?
Pues mira; eso que te dije antes del aburrimiento de verse los mismos
en todas partes sucede allí con los cuadros. Parecen los mismos que habla en primavera y que el verano les ha sentado mal. Hay una sala bolchevique tan arrebolada como yo cuando volvía a mi casa después de haber estado unas horas al sol, en el monte, los prim-eros días. No lo entiendo, ni lo _entenderé, mientras no nos decidamos, mujeres y hombres, a dejar estos tonos mortecinos de nuestro vestir, resto de pasadas edades
ascéticas. Me encanta una &lt;maternidad• de Vázquez Diaz. Quieren convertirme al solanismo, y creo que los cuadros de Solana están bien; a mí
me han convencido de la necesidad absoluta e impres~indible de los museos. Yo no tendría un cuadro as[ en mi casa, aunque te digo que me parecen bien. Hay, en otra sala sin vientos de revolución, dos retratos de
Miguel Angel del Pino, que sí, que me gustan: voy a ver si quiere retratarme antes de que se vuelva como Benedito.

LA DA.MB DB CCBUR

r

J

..........

._.Cinematógeafo.

1

..
l.-Lu2..
Al principio nada fué.
Ni el agua para en ella el pez.
Ni la rama del árbol para la f aiigada
ala delpá;aro.
Ni la fórmuta impresa para casos de duelo.
Ni la sonrisa en la faz de la niña.
Al principio nada fué.
Sólo la tela blanca,
y en la tela blanca nada.
Por todo el aire clamaba,
muda, enorme,
la ansz'edad de la mirada.
Y Di"os movió su diútra
y puso en modón la palanca.
Saltó el mundo todo entero
con su bri"nco primeva/.
La tela rectangular
le opr1:mz'ó en normas severas,
le organz'zó bruscamente

�LA PLUMA

LA PLUMA

C()n dos líneas verticales,
eon dos líneas kfJrizontales.
-La cabelléra suelta al vi"entoy en el tefer y el aestefer
· · · · ···
de la tela del senHmiento.
Y el primer día de la creación,
se levantó de su rincón
y vino a asomarse a la tela:
en la mano diestra llevaba
el primer corazón del hombre, ·
que era el último corazón.

tl.--Oscuridad.
El arco voltaico de.fa
desparramarse su alma,
y lo entenebrece todo
la luz, madre de t-inieblas.
Ha vuelto la tela blanca.
Pero ya es otra; se hizo
tela maravillosa.
Entre hz"lo e hz"lo de su trama
está encerrada toda cosa,
y guarda, avara,
et mundo entero perdido.
Y todas las almas sz"enten

su curso como de estrellas
que flivieron en ,ya/fes flfJridos de ta tierra.
Y el caos tomó ante los OJOS
todas las formas /ami'lzares:
la dulzura de la colina,
la dnta de los bulevares,
la mirada llena de inquz·na
de los traidfJres de melodrama,
y la ondulación de la cola
del perro ne! a su amo.
El hombre tuerto sintz"ó
tjue su OJO de crz"stal iba a quebrarse
a la embestt"da de tantas visiones,
En el fondo gritaba un erudito
«¿Y la palabra, y la palabra?&gt;
Y todos los esfuerzos del mundo,
la fuerza lograda y gastada,
las máquinas maravz"llosas
para fJolar, para correr,
para amar, para aborrecer,
se pusieron a funcionar.
El primer día de la creación
humillado, pobre y vencido,
se marchó a llorar a un rincón.
Pero ya el instinto acechaba
en los OJOS de la muj'ttr

�LA PLUMA

y besaron labios humanos.
Ahora vueltas al espado

1
j

extratm-enaJ,
siguen rodando hasta el día
que el destz'no astral las torne
a acercar al mundo puro
de la tela blanca.

PEDRO SALINAS

los ttabajos del ()ombee...
i:os trabajos del hombre grandes en sí son éstos:
coger leche en vasijas de madera;
coger espigas punzantes y tiesas;
guardar vacas al lado de las frescas choperas;
sangrar los abedules en los bosques;
retorcer mimbres junto al vivo arroyo;
clavar y remendar zapatos viejos
junto al hogar oscuro, junto a un gato sarnoso,
junto a un mirlo que duerme y unos niños que juegan;
tejer, alzando un ruido retumbante,
cuando, a la media noche, cantan agrios los grillos;
hacer el pan, hacer el vino;
sembrar en el jardín ajos y coles;
recoger huevos tibios.
FRA,;NCIS JAMMBS
(Del libro D, I' ,A,.g/lus d, /'.Aube a I' .A1'gll"s dt Soir, próxim&lt;&gt; a publicarse, traducido por E. D!ez•
Canedo.)
~

68

Peoposiciones sobte el Hai::k.ai

A

salir til bazar literario la última novedad-flor exquisita del jardín
japonés-, se descubre que, más o menos sospechadamente, esa
flor se daba también en nuestros climas.
,Pero era el mismo su perfume, penetrante tanto como sutil? Si la arabesca geometría de su aspecto simulaba un reflejo ficticio, por entre la fina
traba de sus hojas no se enreda igual aroma.
Cultivemos, pues, la variedad nueva. Nuestro invernadero occidental
puede hacerla crecer de una manera insospechada.
L

**

*

Desde el primer momento, los franceses, al practicar el Hai-Kai, han
soslayado la identidad métrica; realmente, para la poesía actual una simple novedad silábica no podía tener atractivos demasiado fuertes. Es el nú ·
cleo poético encerrado en el Hai-Kai, su concepto de una forma leve y re.
donda-en la agudez de sus puntas estrelladas-, menuda a tent"r dans la
main y ágil como un éter, el motivo principal para la sugestión. Gota
transparente, el rayo se quiebra en ella luciendo sus siete colores: sea ésta
su estética; un puntillismo de sensaciont&gt;s que construya la imagen en e}
fondo de la intuición.

***
No se trata de reproducir una forma exótica característica, sino que,
penetrado su principio, pueda servir para sujetar alguno de los vivos des~&amp;9

�LA PLUMA

LA PLUMA
tellos que se escapall por los intersticios de la poesía occidental. Hay en
el Hai-Kai algo de la vibración estelar; palpitante, claro, inmediato... y remoto.
Nace el Hai-Kai a flor de agua; burbuja irisada y vertiginosa, vuela por
el azul, breve espejo universal, y al instante aprecia el ánimo que nos separa de él una distancia infran9ueable.

•••
La armonía vocal interesa más en el Hai-Kai europeo que su construcción métrica. Su brevedad no tolera una repetición silábica; aun la asonancia es ya redundante: que la eufonía resulte de la armónica variedad sonora de la silaba. Ninguna sensación podrá darse dos vec;es en un HaiKai; tampoco, acaso, en una serie de ellos enlazados por un principio íntimo. Cada palabra, como cada sílaba, debe poseer una virtud propia y
distinta, pincelada de un matiz puro y limpio. Libre y redonda en su individualidad, cada una está sometida a la necesidad de la anterior, dictando la ley a la que sigue, necesidad .e n que se encuentra la libertad su- ·

prema.

***

En la pulsera de Hai-Kai es análogo el principio.

•••

El titulo es como la llave de su esencia secreta. Hoy se da sólo titulo a
cada grupo de Hai-Kai. Pero se podría, en rigor, aclarar con ese rayo a
cada uno; enganche de luz que seria como la vértebra de la serie, dejando
a cada Hai-Kai una libre indiferencia para s.1s compañeros.

** *
Una gota de ironía, a veces, daría su sazón. Pero el lirismo del HaiKai proviene de la atmósfera en que se mueve, herencia del tono musical
de que ha brotado.

•**

iSe me perdonará por buscar un preludio en esta lira nueva?

***

Aaciu ea la calle ·desierta
Fria claridad perfwnada

Loa _..,lal!lt6■ lleaee.de triw

tnterioc
Flores sobre la mesa
El blanco mantel se ofrece
Abre la risa de tus labios

encuentro
Furtivo sobresalto transparente
Ya estás en la sazón armoniosa
No me ha olvidado tu mirada

El mar a través de las hojas
Arpegios de velas lejanas
Te has disuelto toda en el sol

Oíafe
El humo se enreda en el paisaje encharcado
Un árbol seco sobre los lívidos desgarrones fugaces
Tibio dormitar junto a tu cuerpo

Cotidianamente
Las dos Sol-Ventas
Gris Vaivenes Cocido

Nº4

ADOLFO SALAZAR

�LA PLUMA

1

J

... castillo famoso.

t

i

ADRID, apenas habitable

el resto del año, me place en octubre-si la
otoñada es benigna y nos regala, tras las tormentas de septiembre,
remedo de abril, con días suaves, de luz tranquila, propicios al devaneo ambulativo. Sólo en otoño está Madrid en su ser. Mayo florido, es
un mes cargante, sin más día pintoresco qúe el día 2, en que los milicianos,
barruntando a Murat, plantan sus tiendas y emplazan un cañón al pie del.
Obelisco, y cruzan el fusil ante el peatón asustadizo, diciéndole con voz
grave: c¡Atrás, paisano... !&gt; La primavera, cuando la hay, tiene en Madrid
demasiada sazón. Le sobran sugestiones violentas;_sus promesas parecen
amenazas. Es desmedida, como la pasión de los que matan por amor. -En
primavera, llena el ámbito madrileño la toreria-. En verano, ya se sabe que
Madrid no existe. Lo devora el sol. Los madrileños emigran, o revientan
como las chicharras el día mismo de Santiago (cornadas en la capea de
Vicálvaro, puñaladas en la corrida de Alcalá); redúce~e la vida de los que
permanecen a las funciones vegetativas; triunfa en la calle, a su modo, el
pueblo menestral; comilonas nocturnas sobre el asfalto abrasador de las
glorietas, tertulias a lo largo de 1~ aceras, música de voz y guitarra a la
puerta de la taberna; fuera de eso quedan la miseria triste, las pretensiones abortadas de unos pocos, y los señoritos que a las altas horas pasan
en manuela por la calle de Alcalá, de vuélta de las verbenas, haciendo
la vida del hombre malo. El otoño devuelve a la villa su equilibrio, y a
nuestro ánimo el reposo. En otoño, los m¡¡drileños están de mejor humor;
su semblante parece menos hostil, menos agresivo su mirar. Acaso el oto-

M

•

I

\

ilo nos exime de una vida estricta~ente mbana; Madrid es me.nos riguroso, pocque le necesitamos menos. Conta¡los son los dfas cleme~tes; Madrid
traspone. el telón brumoso de las Awmas, y se arroja en el invierno. La
urbe nos atenaza de mil modos, lc,s humores se destemplan, se articulan
gestos de violencia sin objeto ni fruto. Violem:ia exacerbada en los modales. Violencia en la expresión de los gustos: hay conciertos que parecen
sesiones patrióticas del Congreso. Violencia en las opiniones: el autor de
este melodrama es un Sófocles, este grotesco rimador, un Lope de Vega•
Llena el ambiente madrileño la politiquería. Madrid fatiga el telégrafo con
las vanidades de los tiburones parlamentarios. Llegada la primavera, le
entregan la antorcha al torero.
El Madrid antiguo me lo imagino siempre con luz de otoño: para el
caso, Madrid se abisma en la antigüedad cada ayer; todo lo más, cuando
el recuerdo personal se borra. La villa vive al dfa, no deja rastro apenas,
no se defiende contra el tiempo. Nada evoca menos que Madrid. Ha devanado sus siglos en silencio; lleva a cuestas un pasado sin fechas, sin perspectiva ni relieve. Su luz ha debido de ser esta luz de octubre, que pone
olvido del mundo y torna amable la vida mientras se toma el sol; pero
también parece que la vida misma se apaga cuando la luz se va. Madrid
venia. a ser un personaje harto desvencijado, con menos años que achaques y más pretensiones que talegas, retirado en sus tierras, divirtiéndose
con poco en sus holgorios caseros, sensato hasta aborrecer las aventuras,
campechano y servicial ,pero mal provisto para visitas de cumplido; en
fin, chombre de recato, de los de en mi casa me como, y otras hidalguías
celosas, cartujo de alojamiento, atusado de visitas, calvo de amigas&gt;. Tenía una solana para los días despejados del invierno, 1ma huerta para explayarse en verano, las noches de más calor se aventuraba a bajar al soto
y a una alameda al borde del rlo.
Madrid, hidalgo perezoso, rural como quien más, vivía de las tierras,
suyas o ajenas, y de lo que le daba un pequeño comercio que habla puesto a nombre de un pariente pobre trafdo de provincias. Pero a fuer de señorito, no habla visto nunca el campo. Sfrvale su fealdad de disculpa.
Para hallar algún deleite en la visión de esas tierras calmas, de ~os yesa273

�LA PLUMA
res, de esas lomas áridas que asedian a Madrid por las tres cuartas partes
de su perímetro, hay que ser algo poeta o un •mucho usurero. Los lugares amenos de esto, vallecitos carpetanos son del rey: Madrid, para no
ahogarse de polvo en los espartales de San Bias o en los altos de Maudes, tenia que meterse en un café o hacer la revolución. Y de hecho, la
conquista del Retiro, 6nico ccampo» que los madrileños han sabido gozar en medio siglo, quizás es el legado más valioso, sin duda el más durable, de aquella cEspaña con honra• parida por la álgarada de Septiembre.
¡Y hubo que derribar para eso un trono.centenario!
Desde el Retiro ha vuelto la villa a dirigir una mirada desdeñosa a los
andurriales de Vallecas, ya de antiguo aborrecidos. En estos años, Madrid
ha oido hablar del paisaje castellano, del horizonte castellano; el tema de la
meseta y sus hechizos, entronizado por dos o tres buenos poetas, ha degenerado en muletilla de juegos florales; Madrid se ha resistido a tomarlo demasiado en serio. c¿El horizonte castellano?-se dijo-¡Veámosloh Y en
el paseo de coches alzó un tabladillo-como un mozo travieso que arrima
una mesa a la pared y sobre la mesa pone una silla y se encarama a lo
alto-pará asomarse por encima de las tapias del Retiro. «¡Ah! ¿Es esa la
conmovedora parda gleba, el sayal franciscano, la tierra madreh-exclamó, cegado por las nubes de polvo que levantaba un regimiento de artillería al avanzar fieramente por el camino viejo de Vicálvaro. Y no ha
vuelto más. Al mirador del Retiro se asoman algunas extranjeras pazguatas que fundan un sistema de historia española en la desolación del Cerro
de la Plata y el provinciano a quien, por tanda, le corresponde ofr y «ver•
que el Cerro de los Ángeles es, en efcto, el cen.tro de España.
El paseante, madrileño ni poeta ni usurero, egoísta tan sólo, propenso
a la contemplación, se angustia al trasponer los chopos que bordean los
altos del canalillo. Virtud de la luz de otoño alumbrando estos collados,
es mostrar desnuda su paz lúgubre. Yo no he visto nada más triste que esas
cuestas lustrosas, de visos leonados-el estfo ha curtido los rastrojos-con
un asilo, un hospital, un convento de ladrillo flamante, agrio, en lo alto; o
que esos arrabales donde los hoteles alternan con los muladares. Madrid
lucha aquí con el desierto, pero con poco gusto de embellecerse la vida;

L

aw~ • •

'Jµpidoa,

~~---

_

pi:aÚras y uemes,
perdidos? T,
• ladol!e ..Madrid, al pie de lá Moncl09, lmá ugett-.
¡aeliciosos, qae hMt: años vimos arribcados, ~ 1•

vie1
1fsimos, para ensayar elí ~ terreno un c n l t i ~ .
• qae
Carlos III defendió durante sus últimos años la vida de un árbol del camino del Pardo. Y el Rey le deda: •Cu~ndo yo muera, ¿quién te salvará,
pobre arbolito?» Aquel rey beato y de pocos alcances era, por lo visto, un
sentimental, y ya presentía el adveñiníiento- &lt;ti!l t~cnico desalmado que
esgrime su suficiencia contra la amenidad y la fantasía.

EL PASEANTE EN CORTE

Soneto blaneo.

1

rRima con esta paz la paz del alma
-vesperlt'no crepúsculo en el campo,
remanso s{lencíoso en la conáenciao es que el mundo su luz de mi la tomar
rEs la verdad esto que ven niis ojos
-las cosas señaladas con mi nombre
cada cual con su peso y su medidao mi mirada crea el Universo?
Una interrogaáón más en la sombta,
un salto para el vuelo en el vacío, ·
sin que por eso una respuesta ,:lara
ni un apoyo en el aire nunca encuentre.
Tal esta sed que lenta me consume
:¡ tk vago itkal sólo se abreva.
C. RIVAS CHBRIP
275

274

\

�LA PLUMA

del ama y el cura
(la gente murmara).

l

l

:&gt;(\

!Perr"8 con fXll'laTUX1$

guardan chivas blancas
y reses tudttncas
de robustas ancas. o'X\,

reew

en Ceroeca.

!Recuas de animales
potrancas lechales
toros sementales
médicos rurales.

CA la moUMta dct Cenmmuda.l

aT

~

v.:
flerias de Ceruera
en la !Primavera;
gente bullanguera

por la ca"etera.

1 Ol9ft0

9{,[ sol matutino
despierta el camino
y canta un albino
sonoro molino.

~.\'

.fa moza galana
sueña en la ventana
del molino. {}rana
la espiga temprana.
,- '!i

q¡
276

H

!Pasó con presura
la cabalgadura

·,

Un carrero-tralla !.t U ffi. )
que al aire restalla-.
!Detrás la canalla
que vende quincalla.
f.Mendiaos
tiñosos,·
ó
mineros ruidosos;
pernianos, colosos
cazadores de osos.
~ozos de la raga
de !IJurgos; de 9/,maya,
pico que atalaya
Castilla y CJJizcaya.
277

�LA- PLUMA

/ !Blanca molinera/
por la carretera
suena la pandera
g el amor espera•
.Se abre la primera
flor de !Primavera.

teatros.

..

FRANCISCO VIGID

el• Tenorio•.

D

de difuntos. Elevan las campanas su voz antigua sobre el sordo,
distante rumor del tráfago ciudadano. Difundido en el aire, grato aunque pobre tufillo de castañas asadas-¡cuántas, calentitas, cuántas!- Puebla el inmenso cementerio peripatética muchedumbre. Pasan
las gentes deletreando los epitafios inexpresivos. Memorias lapidadas.
Las menos tienen estatua; y esa, yacente. Sólo una se yergue en tan ruinosa desolación. ¿Piedra viva o espiritu tallado en mármol? ¿La corona que
le ciñe la frente es aquel lauro oficial de un tiempo? No, renuévalo todos
los años el sentimiento popular. Estamos ante la efigie de Zorrilla, poeta
nacional.
No venimos a desafiar su fantasma convidándole a cena impla. Descanse en paz gloriosa. Que no descienda de su pedestal, que no recobre
su figura pintoresca, que no vuelva a arrastrar la ralda capa romántica por
el polvo de la picardia española. El españolismo con que lo vemos no es
ese de juegos florales y fiestas de raza enclenque. El Dios de Don :Juan
Tenorio le ha salvado para siempre de las miserias terrenas.
Por única vez en el año tienen 10s fastos teatrales una significación
trascendental, un sentido de rito religioso. Avivemos esa llama, no se extinga el resplandor de tan sagrado fuego. Todas las demás representaciones que dia tras dia se suceden con mentida variedad, adolecen de vaIA

e(

·mueo
.Alto es el muro que orilla mi camino, y su
tksnudez rectilínta st prolonga hasta lo infinito.
Lo mciende el sol como tnorme hoguera, to· blanquea
la luna como sepulcro.~ 1if, e:•
De dla, de noche,pesado, inflexible, oigo detrds
del muro tu paso.
SI que estás allf, que me buscas, me quieres,pálido
con la palidez marmórea de la última vez que te vi.
SI que estds ahí; mas no encuentro puerta que
abrir, nipuedo forzarlo con brecha.
Paralela a tu paso camincJ sin ofr más sin
. mds que ese recl,amo único; '
seguir
esperando encontrarte al fin, mirarte dichosa a la
cara, desma_Jar dlchosa en tu ptcho.
Pero el fin cada vez mds se al,Ja, y en mi no hay ~a
fibra que no estl cansada;
y al otro lado del muro, tu paso se escande a
martillazos en el :atir de 11tls arterias.

ADA NBGRl
(Trad. E. D. C.t

279

�LA PLU1,1A

I¡,\ PLUMA

etas-, Vamo11 al teatro por distrw' el ecio o el ltdio de un «abajo "1A 11,•
tria. y-,n01tlatigado el ánie . - esNpi. . risa o sent'-ie.-a\ism&lt;&gt; -f
f-,OS •lto. De vez en &lt;:_uant&amp;, al cual pelledi8ta 6n_ge n o • ~ ~ -~

•ffO t:

~ arU4co i clama con vo~• - - - •
la creación de'1fn teA.lr1
nacional. Algún diputado recoge platónicamente en el Congreso la idea
quimérica, y dos o tres cómicos viejos se aprestan luego con harta premura a hacer valer sus derechos de antigüedad en el futuro escalafón de actores patn·os.
No es eso. No ha de serlo. ¿Puede haber en España un teatro nacional, popular? ¿Qué pautas tradicionales, qué leyendas, qué mitos lo sustentarían? .Sólo el Don Jua,t Tenorio de Zorrilla resume en estos tiempos las
cualidades propias del teatro, del teatro español.
Gallardo y calavera, Don Juan es el .mismísimo demonio; satánica fatalidad le empuja. Y en una frase se sintetiza el drama: c-úusticia por
doña Inésl-¡Pero no contra do"1 Juanl• El jurado popular de tres generaciones ha sabido hacer esa justicia. Magnifica y consoladora tragedia de
la redención por el amor.
·
Hasta ahora la representación ritual del Tenorio ha conservado su virtud, pese a las profanaciones burlescas, no ciertamente del vulgo más indocto, con que la leyenda ha pasado al dominio público. cConvendría ir
pensando ya en restaurar el prestigio escénico del Don :Juan de Zorrilla?
Mientras ha habido actores educados en la manera romántica de D. Pedro
Delgado, mientras, mal que bien, han sobrevivido los tipos de doña Inés,
del Comendador, de Brfgida, de Ciutti con el empaque tradicional" que los
caracteriza a ojos del pueblo, el Tenorio ha sido a modo de misterio
litúrgico. Pero no hay ahora actor capaz de representar dignamente el protagonista. A los mejores les falta. la prestancia personal, el decoro caballeresco; los que más se precian de guardadores de una tradición, que nada
tiene que ver con la que nosotros preconizamos sino en aquello que por
deleznable y caedizo la frustra, son tan defectuosos de facultades, tan entecos de cuerpo, que justifican sobradamente la impresión que hace pocas
tardes, en el Español, recibía un pequeño espectador al lado mio, según
colegí de esta pregunta a su padre, viendo la escena del primer acto en•
280

tre el raquítico don Juan y et €oaeadador. tonante baria: «cPor qué le
,..W. ae hombre a e• _.o?&gt;
··
..\ttotado, ,-es.. et fW.6--5nw.lemente rc¡...;.niico, cde qu~ nuevos mo•os
~ representaciS. •,_~"!' )!.-,,~"Falta aú en el teatro español contemporánlo e sentido estétleo, fáltales a los atrectores de escena
la visión critica, el concepto de la plástica moderna. Las dos partes en que
el drama de Zorrilla se divide muestran bien a las claras esa diferenciación esencialmente española, tan caracterjgtica de algunos grandc,s pintores, entre 1a primera apariencia de las cosas materiales y su espiritualización en la parte supPrior del cuadro. Amor profano y amor divino, pecado
y contrición postrera, picardía y misticismo, muerte y transfiguración.
cSe ha representado nunca hasta ahora el Tenorio destacando tan poético
contraste? De esa manera se disimularía, corrigiéndolo sin enmendar una
tilde al autor, el vicio que en nuestro sentir desvirtúa la fuerza de la tragedia: la persistencia de la figura de Don Juan, después de muerto, con la
misma consistencia carnal que en los actos anteriores, sin el tránsito de
su ánima en pena, desde que el capitán to mató a la puerta de su casa
hasta que entra en la gloria asistido por el espíritu de doña Inés.
Hemos dicho que la representación anual del Tenorio tiene una tras•
cendencia popular de que nuestro teatro carece-fuera de ciertas reliquias
de fiestas religiosas, como la Pasión, de Elche, la Semana Santa de Sevilla,
o la procesión de tos endemoniados, de Jaca-. ¿Quiere esto decir que la
posible restauración del teatro español deba, a nuestro juicio, seguir una
tendencia puramente literaria, es decir, inspirada en temas ajenos a la realidad actual, preñada de futuro? No. Que a tener Don :Juan un hijo, tal
vez éste desafiara a Dios muy de otra suerte que cautivando novicias.

UN CRÍTICO INCIPIBNTB

�LA PLUMA
mental a la novela, se desprende de la posición ideal en que el autor se coloca,
al contemplar la vida desde el vértice de los cincuenta años. Hay aquí una visi6o panorámica, limitada y ordenadora del mundo de nuestros sentimientos a
la que se afi.ade una agridulce sensación de renunciamiento. Y por esta puerta,
no me parece avcnturadQ afirmarlo, Baroja descubre una perspectiva cristiana
de la vida.
·

•••

llBROS Y ReOtS!AS
Pío Baroja.-La sensualidad pet"f!ertida (novela).-R. Caro Raggio, editor.
Madrid.
La historia de Luis Murguia, cque no es un literato, ni siquiera un dilettanti
de la literatura, sino un curioso, un aficionado a la psicología, un crítico de una
i.ociedad vieja, arcaica y rutinaria&gt;, y que pretende dar en su biografía cuna
impresión exacta de la sociedad española de a fines del &amp;iglo XIX y principios
del xx:•. es una historia interesante, algo melancólica y bastante superficial.
Nuestro héroe nace en Cádiz,_por casualidad, se queda huérfano en edad temprana, le llevan a un colegio de Barcelona, se traslada después a Arnazábal y a
Mota del Ebro, estudia en Villazar y en Valladolid, se establece en Madrid,
donde ensaya sus fuerzas para luchar en la vida; sin saber qué hacer, va a París y vuelve desilusionado completamente y sin haberse enterado de lo que
París es; hace vida de provincias, regresa de nuevo a Madrid, encuentra un modesto pasar, viaja por España comisionado por un chamarilero; vuelve a París,
tiene una aventura amorosa con cierta rusa que le hace traición ... hasta que,
por último, perdido en tales andanzas lo mejor de su vida, se establece otra vez
en su país de adopción, situado seguramente a orillas del Bidaso.t, donde es de
suponer que terminarán sus días escribiendo a ratos perdidos y en otros momentos cultivando su pequeña huerta de Itzea, si no recuerdo mal.
Ni una sola emoción fuerte, ni una sola sacudida violenta conmueve esta
existencia sencilla, primitiva y vasca. Una niñez triste, ya descrita en otras ocasiones, sirve de fondo a una vida de pequeños sucesos descoloridos que, a pesar de todo, nos interesan por hallarse próximos a nosotros y porque se quiebran en planos sentimentales exactos, al parecer.
Baroja abandona en su nueva obra el camino inseguro de las divagaciones
filosóficas y nos ofrece estos que él denomina Ensayos amorosos de un hombre
ingenuo en una époea de decadencia, que se leen con fruición. Novela formada
con recuerdos propios, presenta un doble interés en sí misma, y aparte de lo
que signifique en la evolución literaria de su autor: uno, el principal, a nuestro
juicio, es el que presta al relato cierta cordialidad o efusión que iluQ1ina como
una luz dorada y suave ciertas páginas de la obra. El otro, que da unidad senti282

J. A. P.

AHonao Reyea.-E/ plano oblicuo (cuentos y diálogos). -Madrid, octubre de

1920.

La personalidad de Alfons~ Reyes nos sugiere la respuesta a una pregunta
que acaso nadie ha formulado todavía, con estar en la conciencia de todo crítico; es esta: El descubrimiento del Nuevo Mundo literario, sintetizado en términos generales en el viaje y la conquista de Rubén Darío, ¿qué continuidad ha
tenido en las relaciones hispanoamericanas de estos últimos veinte años? Rubén Darío significa la participación española en el concierto europeo, participación cuyos últimos vestigio¡; habían desaparecido al cerrarse el romanticismo
como tal escuela. Ahora bien, ¿qué hay del Pirineo para arriba en el m_apamundi literario, aparte el caos revolucionario? Hay ... todo lo demds; es decir, la
literatura por la literatura, tendencia eminentemente francesa y que acaso
pueda constituir un peligro de degeneración intelectualista; pero que en España,
y hoy por hoy, es el único refugio de todo ánimo libre. Libre, se entiende, de
la contaminación grosera de un medio ambiente torpe, como lo es en el que se
aboga nuestra literatura contemporánea.
Esa tendencia intelectual es la que, adornada del más fino humorismo, representa Alfonso Reyes, escritor en quien se cumplen verdaderam~nte las afinidades electivas hispanoamericanas, tan gastadas en las salvas ofic1ales.
Distingue a Alfonso Reyes entre los cultivadores de nuestras 17tras una
ecuanimidad rarísima, no ya en sus hermanos del Continente-tan diferentes,
pero caracterizados a nuestros ojos con ciertos rasgos hipe1 bó~icos col!1unes-,
sino en los españoles de hoy, mel'lguados herederos de la castiza sobnedad_de
espíritu. En este _plano oblicuo nos ofrece la realidad sutilizada en una eX:pre_s1ón
literaria, sujeta, sí, al rigor filológico, pero en el que las papeletas científicas
vuelan, convertidas en pajaritas, en alas del arte.
En las J&lt;ejúblicas del Joconusco (ilfemorias de un súbfli~o alemdn), cuento qu~
llena las páginas centrales del volumen, nos par7ce as1~1smo el ce!1tro esp1ntual del libro, el punto ea que convergen su sentido clásico, su gracia moderna,
su medio tono tan digno y sugestivo, irradiaotes hacia las últimas modas y los
últimos modos de la l:&gt;uena sociedad literaria.
Si literario en demasía se te hace, lector, El plano oblicuo, en que Alfonso
Reyes te propone las cosas todas, esto es, ordenadas en una perspectiva de
alusiones que se escapan a veces a tu ignorancia, ¿es justo achacar a defecto
suyo tu falta de gusto por las buenas letras?

C. R. C.

�LA PLUMA

LA PLUMA

S. R. C~Jd:-Ckác~aras de_cef~.-(Pensamientos, Anécdotas y Confidencias).
Madnd, 1mp. y hb. de N1colas Moya, 1920.
c':,o que los franceses llaman ~d _1,-iste edad de los lul.o1, podría calificuse
tamb1én ~ edad de los ,:etrat~s. _Proxuna debe estar tu muerte cuando tus am~
gos y admll"adores te piden tns1s~ntemente el busto. Ap.resúrate a complacer~
les antes que t~ ,cabeza, que com1;nza a desecarse, se convierta en calavera.&gt;
Ye. co_n ocas1on d_el retra~o al oleo que uno de nuestros primeros pintores
está haciendo de CaJlll, hab1amos offio comentar ea alguna tertuli"a 1·t
·
·
"6
1 b"ól
. .
1 erana,
esa m15.ma._preocupac1. n que e I ogo ms1gae corrobora en la reflexión suso
trans~nta. Tal pe!1sam1ento 1 pr~side con serena gravedad, a1Jenas ·d isimulada
por cierto hum?nsmo me_l~ncóhco, pese a la rudeza aparente con que a veces
s 7 expresa, las mteresantis1mas _páginas de las Clzáckaras de caji, en que el sabio emplea sus mal llamados ocios.
. 1:'ocas l~cturas tan apasionantes como ésta, no tanto por la novedad, el &lt;\trevun1ento n1,Ja manera de exponer pensamientos, anécdotas y confidenciag1 vúlgares. las n_ias vec;s. en fuerza ~e huma~s, como porque' en ella se descubre
·con ~mcenda_d ,trag1ca, el dolorido senh: de uno de los pocos homb,es cuyo
he~01smo ~ot1d1ano resplandece ya con.mm.aculada gloria en la desolación. d panola. Tuste consuelo el que de estas 1rón1cas chácharas se desprende, consi~
deraad? la soleda~ a que un Caja! se ve condenado en el yermo espiritual de
su patria. ~oble eiemplo e; de su vida-que la vejez aureola de un nimbo clásico-consc1_entemente pred1~ado en la severa admonición fi nal del libro:
•··· Un ¡_oven pnede ?~cirio todo;_tiempo habrá de rectificar ignorancias,
err~res o ligerezas.~~ v1e¡o debe aspirar a ser reflexivo y grave, pues le falta•
rá tiempo para escnb1r su fe de erratas.
Si las f11:erzas JlO flaq11eaa demasiado, lo más cómodo y socialmente loable
para el _anciano e 7 continuar y desarrollar _la obra iniciada en la juventud. y si
se considera déb_il ~ agotado pa~a la función creadora, escriba sus recuerdos,
c_ontando a sus d1sc1pulos y admiradores, para ejemplar enseñanza, cómo realizó la ardua empresa que le condujo al éxito y a la fama.&gt;
c. R. c.
***

rá cae año de Revista-dice el Sr. Cossío-como el documento más precioso,
auperior sin duda a los Estudios literarios, y aun a estos mismos Estudios de
Literatu,-a y A,-te, para penetrar en los orígenes de la personalidad de don
Francisco, porque allí aparecen ya definidos y tensos, no algunos sino todos
los hilos rectores con que se ha tejido el opulento tapiz de su labor intelectual
y de su vida. Tres son los más fuertes: el espíritu filosófico, la acción social
educadora, y la multiplicidad de intereses o inextinguible curiosidad, que le
mantuvo en perenne vibración, y permitiéndole renovarse cada día, le otorgó
graciosamente el don de aquella eterna actualidad en que siempre viviera.&gt;
Finísimo crítico, no se engañaba ciertamente D. Francisco al considerar tales artículos de su mocedad, «tan sólo como hijos de ese afán que el espíritu
siente por representarse sus propias ideas e impresiones, segwi los acontecimientos de la vida van solicitando su atención, y promoviendo en él un círculo
de reflexiones desordenad.:.s e incompletas&gt;. Al lector desapasionado de hoy
le asaltan repetidamente, leyendo las páginas literarias, o filosóficas, o de pedagogía, que nos quedan del Sócrates sin Platón que fué D. Francisco Giner, esta
reflexión amarga: ¡Malaventurado país, y tiempos desgraciados estos en que un
hombre tal, ha tenido que sacrificar, quizá, su propia obra en aras de una labor
social-de simple roturación del baldío patrio!
Quedan sus discípulos, se me dirá. Cierto, mas no con ellos el impulso vivificador del maestro, cuya virtud no estaba tanto en la profesión de un sistema
determinado, como en el propio ánimo generoso, disperso en un trabajo sin
emulación en foerza de humilde. Y no será la menos inquietante, la consideración del escaso resultado obtenido por la Institución Libre de Enseñanza,
como vivero de artistas y literatos. ¿No será, acaso, muestra palmaria del fracaso de una educación integral, el verla reducida, en sus frutos artísticos, a
cierto dilettantismo, que mal encabre con severa frialdad protestante, la simple
ausencia de catolicismo?
Y entiéndase aquí catolicismo, en su acepción más universal, ajena a toda
confesión religiosa.
c. R. c.

Prancls~o Giner.-Obras completas, III.-Estudios de Literatura y Arte.-

• ••

Madrid, 1919.

Jblien Tienot.-Un demi-siecle de Musique Franfaise.-F. Alean, Paris, 1919

. En la serie ?e l~s obras de D. Francisco Giner, que sus discípulos publican
p1ados~mente, mcluyese abora e~tos Estu1ios de Lite,·atura y A,·te, editados
por pnmera vez en 1876, colecc160 de arhculos «escritos en su mayor parte
p_oco después de los veinte años , edad en que no es dado a la medianía producir sazonados frutos•: según decí~ entonces su propio autor.
Por demás sugestiva es la sucmta referencia que D. Manuel B. Cossío, co•
labor~d◊r de D. Francisco de por vida en la obra de la Institución Libre de
Ensenanza, hace, en el prólogo de este tercer volumen de la Revista Meridio•
nal, A&lt;: qt"~ada, en que los primeros artículos de Gine~ vieron la luz. •Queda•
284

1

La colección de historia, biografía y estética musical que publica el célebre ·
editor de ·filosofía contemporánea Félix Alean, reanudó sus trabajos apenas
empezó a despuntar la paz por el horizonte. Nada más oportuno q ue continuar
esas publicaciones con una que abarcase en una ojeada general la música francesa comprendida entre las dos guerras: la primera, clarín que hizo despertar el ánimo nacionalista de los músicos franceses, mientras que la segunda los
encontraba ya en la plenitud de la sinfonía.
JuJien Tiersot, abundante tratadista en materia de musicología, dedicó permanentemente su actividad al estudio de la música de su país. Sus libros sobre
la Historia de la Canción popular en Francia y sus colecciones de cantos re285

�LA PLUMA

LA PLUMA
gionales y de viejas melodías son indispensables para el estudiante del folklore; al tiempo mismo sus trabajos históricos sobre Ronsard y la m&lt;isica de su
época, Rouget de l'Isle y su vida, la música durante la revolución francesa,
13erlioz y la sociedad de su tiempo, gozan de una reputación bien cimentada,
mientras que sus Musiques f,ittoresques y sus Notes d'etl,nograp!,ie musicale son
de lo más valioso en este género, tan atractivo como poco cultivado.
Su nuevo libro goza de una cualidad general a esta biblioteca musical: una
rara ecuanimidad y amplitud de espíritu que se traduce por la claridad en la
visión y el desapasionamiento en los juicios.
Recorrer la historia de la música francesa contemporánea desde su resurgimiento al año siguiente de la guerra franco-prusiana, al fundarse la Sociétl
Nationale de Musit¡ue, y llegar hasta las últimas consecuencias de la Socilté
Musicale lndependante, sabiendo analizar con la misma simpatía y tranquilidad
de ánimo al viejo Saint-Sal!ns o a Mauricio Ravel, es un mérito de que pocos
podríamos alardear.
Cincuenta años de vida musical significan un período decisivo en la historia
&lt;ie este arte. No es posible hoy desconocer las flaquezas de los fundadores de
la Nacional, ni negar las virtudes de los músicos posteriores a 1900; pero sí es
justo reconocer a éstos como los creadores del más espléndido jardín musical de Francia, y no lo sería el olvidar que aquellos viejos músicos fueron quienes prepararon el terreno y que aun realizaron muy bellas conquistas. ·
Monsieur Tiersot divide su libro en trece capítulos. Su enumeración hará
ver con qué orden recorre este fértil período de la historia musical: Antes
de 1870, los supervivientes.-1871, la fundación de la Sociedad Nacional y Héctor Berlioz.-Bizet.-La generación de 1871.-Saint-Sal!ns, Lalo y sus contemporáneos.-César Franck.-D'Indy y la escuela franckista.-Gabriel Fauré y la
escuela de Saint-Sal!ns.-El conservatorio.-Bruneau y Charpentier.-Claudio
Debussy.-La joven generación.
Pocos estudios más serenos sobre Debussy y los jóvenes existen en Francia
que los del Sr. Tiersot, a pesar de no ser un entusiasta sin reservaa; y es digno
de señalarse el que para ese autor no haya pasado inadvertido el intenso interés del más joven sector musical español por las nuevas manifestaciones del
arte francés.
Una extensa bibliografía aumenta el valor de este volumen.-S.

"

..

Paul Landormy.-Bral,ms.-F. Alean, París, 1920.
A la obra anteriormente reseñada de Tiersot sigue un estudio crítico-biográfico de uno de los músicos alemanes más desdeñado, considerado como el
caso típico de la opacidad germánica. Jobannes Brahms, que ha provocado los
entusiasmos más irrazonados junto a la denigración más despiadada, necesitaba
un estudio como el actual, en el que un perfecto equilibrio de ánimo y la más
justa medida crítica saben ponderar los tan desiguales niveles existentes en la
obra de ese músico.

Paul Landormy es tan conocido entre musicólogos como entre filósofos, repartida su actividad entre ambas disciplinas, y, compositor ademís, sabe ver
cor;,. claridad en la regron en que se mueven las intuiciones y la voluntad inconcreta de los creadores.
.
El estudio de Landormy está dividido en cuatro partes, en las cuales la segunda y cuarta comentan a las otras dos, la 1Jida; el l,om/Jre; la o/Jra; el a,·tista.
Ese capítulo en que el autor describe con tan sutil análisis al «hombre• aclara
singularmente al que critica al «artista•. El ánimo blando, sentimental, enemigo
de violencias y de brusquedades-temperamento de sedentario-explica bien
la excelencia de Brahms a los géneros menores, su «romanticismo de pequeña
envergadura, sentimentalidad burguesa que se contenta con algunas fantasías
al claro de luna y con un pesimismo sin protesta•. Su falta de energía para
crear formas nuevas ni aún para rebelarse contra las antiguas, en una época de
plena revolución, le lleva a contemplar con mirada fría los monumentos clásicos que pretende insensatamente imitar. Así llena esos anchos bastidores de
sustancia inerte o gro!.'era, por turno, según se cree inspirado por sentimientos
poéticos o entu~iásticos.
Saber evitar esas pretenciosas obras en las que Brahms fracasa, pero buscarle en la agradable penumbra de sus obras menores, es lo que Landormy aconseja
con claro razonamiento.-S.

"

..

Carl Van Vecbten.-Tt,e Mu¡ic of Spain (preface and notes of Pedro G. Morales).-Kegan Paul, Londres, 1920.
La Biblioteca de Música y Músicos, de los editores Kegan Paul, Trench
Trubner &amp; C.º, de Londres, contiene obras del mayor interés, entre las que los
estudios crítico-biográficos se unen a los trabajos de divulgación y a las exposiciones históricas.
EÍ último volumen publicado del Sr. Van Vechten, sobre la música en
España, participa de esa triple índole. Se comprenderá, pues, que en unas 160
páginas, s6lo puede contemplarse el arte musical español en muy rápido desfile.
El interés de Inglaterra por la música española crece cada día; un libro bastánte completo en su información y que acoge por igual todos los géneros musicales, desde la danza más popular a las obras &lt;;le más refinado arte, pt1ede, a
falta de trabajos más detallados, servir bien de introducción, pero hace desear
que se le vea pronto sustituido por otros más detallados y puntuales.
El prólogo de Pedro García Morales presta una utilidad grande a ese libro,
ciñendo su materia un tanto disuelta y ajustándola a un principio de unidad
crítica. La falta de valoración de las categorías, sen~ible en el Sr. Van Vechten,
se remedia así, en todo lo posible, por razón de la excelente información y del
seguro juicio crítico de García Morales, que no se olvida de señalar los ú ltimos
acontecimientos-no por ser los últimos los menos significativos de nuestra
vida musical.-S.
·

�LA PLUMA
Libros recibidos: V. García Calderón: En la veróena de Madrid. Amúica
Latina, París, 1920.-Giuseppe Manfroni: Sulia soglia del Vafica1UJ (1870-1901),
Volumen l. 1870-1878. Bologoa, Nicola Zanichelli, ed.-Gioo Damerini: A-,r di
Venezia. Bologna, Zanichelli, 1920.-Giannino Omero Gallo: Le Oasi del Dolore tII, III). Bologna, Zanichelli.-Giuseppe de Lorenzo: M,rale Budd!,ista. Bologna, Zanichelli.-Arturo Issel: Fra le neóbie del passato. Bolo~na, Zanichelli.Concetto Pettinato: I)ora 1·ossa. Bologna, Zanichelli.-Antomno Anile: Ne/la
scienr.a e nella vita. Bologna, Zanichelli.
Revistas: La Lectura, Madrid, agosto.-Arquitectura, Madrid, abril.-Hermes, Bilbao, octubre.- Vida l\fuestra, Buenos Aires, agosto y septiembre.-España, Madrid.-E.11aña y América, Cádiz, octubre.

AÑO I.

1

MADRID, DICIBMBRB 1920

Gacetilla.
Tradncciones.-Puestos a traducirlo todo, lSe debe traducir también
el nombre propio y el apellido del autor• de la obra trucidada? Vemos anunciadas traducciones de las obras de Carlos Maurras, Arna/do Benett, Renato Benjamín, Salvador Giacomo... Esperamos que, no tardando, se traducirán las tragedias de Pedro Corneja y Juan Raiz, el Novum Organum, del canciller Lord
Tocino; las fábulas del cbuenhombre• Lafuente, los laracteres, de Juan del
Brezo; el Gil Bias, de Renato El Formal; las obras selectas de Juan Estuardo
Molino; las de Juan Pablo Juez, y tantas otras poco conocidas hasta ahora. lmit~mos a madame Emitie Le Brun, que más de una vez ha citado a Anatolio
Fran:ia.

• **
De la influencia del clima en la resolución de loa enredos escénicos.-Ingente es la figura literaria del Sr. Linares Rivas; coloso de la dramdturgia española, tiene un pie en la ribera de la comedia chistosa y otro en
los bravos riscos de la tragedia, rústica o urbana.
A este último pie le brotó, años ha, una Garra. Hasta entonces nos había
deleitado (moviendo sin tregua el otro) con esas comedias en que todos los
personajes, tontos, al parecer, se toman el pelo mutuamente: «Tu padre vino a
Madrid arreando mulos.&gt;-«Peor hubiese sido que los mulos le arreasen a él.&gt;
Si la calidad de este diálogo erá insuperable, el Sr. Linares logró al menos encontrar para su Gan·a un conflicto hondísimo: la lucha, en el corazón de un
bígamo, entre el amor y las leyes. Cuando La Garra se representó en el Uruguay, que es país adelantado, el bígamo se m~rchaba con_ 1~ segunda mujer, la
amada; cuando se representó en Eslan, el b1gamo se su1c1daba, pero un cura
le daba la ahsolución; y al representarse en la Princesa, ¡qué hubiera dicho el
abono!, se mataba sin que le absolviese nadie.
Dícese que hay otra versión de la obra, apropiada al público de Compostela. El lector adivinará con qué gusto vamos a comparar los rugidos de Cristobalón en Lara con los que ensaya Borrás para espectorar esa tragedia en el
Odeón.
288

Peeegeínación.
1
bn momento crepuscular
pensé cantar una canción
en que toda ia esencia mía
se exprimiría por mi voz:
predicaciones de cSan :Pablo
o lamentaciones de ;Job,
de versículos evangélicos
o preceptos de &lt;:Salomón
¡0h 9Jiosl
¿ff{acia qué vago C:ompostela
iba go en peregrinación?
¿C:on C/Jalle-fJnclán g con cSan f/?oque,

NÚM. 7.

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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>LA PLUMA
Tia se ha quedado-al menos esa era su (iltima palabra-dofia Sofía Casanova.
El embajador-un ave rara entre nuestros diplomáticos, que se preocupaba inteligentemente de cada español que a él acudía-y yo, hicimos lo imposible por
convencerla de que saliese de Varsovia. Un automóvil tuvo a su disposición,
mientras centenares de pobres mujeres esperaban toda la noche a las puerta
de las agencias de viaje por ver si conseguían aún un billete&gt;.
La infanta doña Paz se quedó, pues, en Varsovia para poder contar lucio
en el A B C horrores bolcheviques.

-m
m
-Lo que ustedes oyen. Años ha, de paso Su Alteza en Salamanca para Alba

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,1

'"1'i

...¡.
- 11

,.

de Tormes, donde a la sazón propugnaba la construcción de una basílica, obsequió a lo principalito de la población con un té literario. Una de las señoritas
invitadas, felicitándose con otra de la admiración que juntas- profesaban por
dofia Paz de Borbón, entonces colaboradora de La Correspondencia, insinuó:
-Escribe unos artículos preciosos, sobre todo los que firma con el pseudónimo cSofía C.,asanova•.
Por cierto que la señorita en cuestión, a quien en vano buscamos _pan
ofrecerle la crítica literaria en LA PLUMA, como le presentaran luego a un distinguido escritor, de tournle de feria por aquellos días con la Compañía Guerre•
ro Mendoza:
-¿Cómo?-exclamó ingenuamente-. ¿Don Gregorio Martí11.ez Sierra? ¡Y a
mí que me tenían dicho que era un pseudónimo de su señora!

Nosotros, no.-Ambos interesados nos han contado el caso en sendas cartas publicadas en los periódicos. La Internacional publicó una Balada de los /J,u.
nos burgueses, escrita por D. Pío Baroja, quien al saberla denunciada por el fis•
cal de Su Majestad solicitó de su amigo el Sr. Azorío que intercediera, dadas
sus relaciones con personajes influyentes, por ver de arreglar el asunto. Ello
es que el juez, oída declaración al Sr. Baroja, ha procesado al director de L,z
/nternacio11al, Sr. Nuñez de Arenas(!!!), quien, acostumbrado a padecer persc•
cución por la justicia en calidad de socialista, ha aceptado sin protesta el endoso
Pero el Sr. Baroja, soliviantado por uo justo comentario del semanario España, se confiesa cobarde (quizá por emular a otro amigo del Sr..Azorío, Mon
taigne, no por su cobardía glorioso, sino por filósofo), y aún dice que el señor
Nuiiez de Arenas no es un Cid...
El A B C manifiéstase conforme con el insigne escritor. Nosotros, no.

A1'i O l.

1·

MADRID, OCTUBRE 1920.

NÚM. 5.

la condena de Unamuno

S

se midiera el valor de los sucesos por la atención y el espacio
que les consagra la Prensa diaria, nos parecería, al recordar ahora la condena de Unamuno, que desenterrábamos un tema fabuloso.
Pero el le~tor sabe que la lesión inferida por aquel fallo al derecho
justo no se ha reparado, el escándalo perdura. ¿Y en qué ha de mostrarse más tenaz el escritor sino en la defensa de la libertad de escribir? No por franquicia profesional. Combate por un derecho que no
es sólo de su gremio, sino investido naturalmente a la conciencia
humana.
En España se disfruta virtualmente de cierto número de libertades: a condición de no usarlas. Así la de emitir el pensamiento. ¿Qué
importa proclamarla en una ley, si luego los intereses de una familia, de una corporación, de una compañía la aniquilan a fuerza de
definir como delitos todos los embates posibles de un juicio independiente? La condena de Unamuno descubre a los más distraídos lo
monstruoso de esa legalidad. Tan monstruosa, que no se atreverá a
llevar hasta el fin sus rigores. Tiraniza, pero se esconde si la opinión
I

193

rl
t1

:...

�LA PLUMA

.
1

general, más sensible que la ley, sirve a Unamuno de salvaguardia.
Lo deja para otra ocasión, para víctimas menos notorias. Mas la vejación subsi,c;te. Ni deja de ser cierto que unos jueces han marcado a
Unamuno para cliente del penal. Eso es abominab!e.
Nosottos no pedimos perdón para Unamuno. En un periódico
que publicaba el facsímil del autógrafo de un parricida, hemos leido
una reverente petición de indulto en pro de Unamuno. ¿Qué dejaremos para el parricida, la víspera del garrote reparador? Q1.üen sale
condenado de esta aventura es la ley. Quítenla. Pero la sentencia
debe quedar, por cualquier medio que se busque, soberanamente incumplida.

ltalía en 1920

A D. Ramón del Valle-Inclán.

,,

El aire está impregnado, en Italia, de acre aroma
de sangre humana. Un viento de social cataclismo
agita almas y fábricas. Es q;,_e la vieja_ Ro~a,
la vieja loba, muerde a su lttJO, el ~apztalwno.
Por Oriente, otra vez el evangelio asoma
como hace veinte sirlos asomó el cristianismo,
y otra vez esta tierra, en su mágica redom~,
futtde emoción y nfJrrna, la ley y el bolchevismo.
Aquí la vida Iza roto su _se~ular durez_a,
y sólo tiene como el Re1taczmzento, u,n dique
de gracia, perfecéi-ón, equilibrio y bellew.
.
Vos, don Ramón, que sois el primer botchevique,
y el último cristiano- que sois fuego y juste~aconsentidme que nuev~ tan buena os comunique.
Lu1s
Milán 26 de septiembre de 1920.
194

JORNADA TERCERA

LA PLUMA

En estos días Luis Araquistaio viaja por Italia. Desde allí le ha enviado a
D. Ramón del Valle-Inclán el soneto siguiente, que nosotros publicamos-sin
licencia del autor, merced a la complicidad amistosa del destinatario-porque
en él se condensa la emoción que los albores de la revolución italiana han suscitado en su espíritu:

,,,'

facsa y licencia de
la Reína Castiza ==

ARA.QUISTAIN.

oeCORAClOJi

e

ande(abeos con. algaeabía ~ de eefleíos. Consolas de
pan2.a ~ y ~n los mueos bailando una dama ~ (os
reteatos de la Oinastía~
~ Gean. ~otonda. Oos damas caducas ~ ag~upadas a(
pie del beaseeo ~ picotean con pico agoeeeo, ~ tembloe.Jsas las tueetas pelucas~
~

ESCENA PRIMERA

=

H

'ABLA una Dueña. Gesto de intriga, - la voz un leve rumor áivulga, =Y la otra Du,e,ia, bajo la liga, - con un remilgo
caza una pulga. ,-...

UNA DUEÑA.

¿Mulliste las almohadas y has hopado
bien el edredón?
1

9s

�LA PLUMA

ÜTRA DUEÑA.
UNA DUEÑA.
ÜTRA DUEÑA.
UNA DUEÑA.
OTRA DudA.

UNA DUEÑA.
ÜTR A })UEÑA .
UNA DUEÑ A.
OT.11A D uERA.
UNA DUEÑ A.
ÜTRA Dui,;R •\.

UKA Dm:ÑA.
ÜTRA DUEÑA.

..

UNA DmtÑA.

,

ÜTRA D UEÑA.
UNA D UEÑ A.
ÜTRA DUEÑA.

¿Está dispuesto el ponche? ¿Lo has cargado
de azúcar y ron?
¿Pusiste en la cama dos garrafas
por calientapiés?
¿Y dos vasos de agua? ¿Y unas gafas?
Hoy no es el marqués.
Tú sigues esa cuenta. Yo me pierdo.
Lleva apuntación.
¿Pero tú no lo fías al acuerdo?
¡Qué exageración!
¡Ya las luces del alba, y la Señora
sin dejarse ver!
¿Le habrá ocurrido algo?
La demora
me da que temer.
¡Y en la casa parece que hay jaleo!
¿Qué malicias tú?
Que aquel rufo del tufo y del manteo
demanda alhajú.
Quiere vender dos pliegos de aleluyas
con corona real.
¿Qué ha pedido?
¡Un millón!
¡Las cosas tuyas
me dejan mortal!
Yo presiento un escándalo.
¿De veras?
Tengo para mí
que el Rey Mambrú tramó con sus gateras
un atraco aquí.

LA PLUMA

C ÚBITA

U

bulla resuena; . . las madamas se hacen cruces - y hace su entrada en escena ... 111 Señora, entre dos luces. _

UNA DUEÑA.

LA SEÑORA.

¡Santo Dios! ¡Santo Fuerte! ¡La señora
con un almirez!
¡Qué mareo de luces! ¡Es traidora
la viña de Jerez!

~

ESCENA II

-:.=.

M

ARIMORENA de ganchete-=, con el majo de Lavapiés . . y el
señor don Gargarabete -=-e- aparecen dando traspiés. ~ Con
risa chispona conjuga._. la alegría del peleón-.:. la Señ~ra. Y es su
pechuga -=-e- hiperbólico acordeón. .:-=LA SEÑORA.
LAS DUEÑAS.
LA SEÑvRA.
LAS DUEÑAS.
LA SEÑORA.
LAS DUEÑAS.

LA SEMO.R.A.

DON GARGARÁBUE.

LA SEÑORA.

¡Cuánto me he divertido, bailando el agarrado!
¡Pero es posible! ¿Cómo? ¿Con quién?
Con un soldado.
¡Me convidó a buñuelos y copas de aguardiente!
¡Mañana se despierta General, de repente!
¡Me habló mal de la Reina! ¡Y del Rey, un espanto!
¡Qué infamia! ¡Qué insolencia!
¡Nunca me reí tanto!
Pues como era un cobista, me dijo: Barbiana,
tú eres la que debía ser nuestra Soberana.
¡Y marcó unos compases de la polka-habanera
entornando los ojos, que me dieron dentera!
Y don Gargarabete en un rincón, más soso,
dormitando...
Señora, porque estaba celoso.
Pasemos a mi alcoba, pues tengo humor reumático
y corre un gris más fino que un joven diplomático.
1 9T

�LA PLUMA
LA PLUMA

_. ESCENA III -=
'óLO quedan en la rotonda .-o el manolo y Marimorena. -=- Él
como un (falto hace la ronda. .:-e- Y ella ríe de la faena . . .

S

LUCERO DEL ALBA.

MARlMORl'.NA.
LUCERO DEL ALBA.
MARIMORENA.

Lucno

"

DEL ALBA.

MARIMOR1tNA.

LUCERO DJ:L ALBA.
MARIMORENA.

LUCERO DEL ALBA.
MARIMORENA.
LUCERO DEL ALBA.
MARIMORENA.

LUCERO DEL ALBA.
MARIMORENA.

LUCERO DEL ALBA.
MARIMORENA.

LUCERO DEL ALBA.
MARIMORENA.

¡Vaya que la comadre se trajo una faena
con aquel militar, de lo más macarena!
Y la que tú con mangue trajiste, no se diga.
Y ahora me alegro verte bueno. ¡Dios te maldiga!
¡Lucero, yo contigo espántome la murria!
Estuviste templada, igual que una bandurria.
¡Pues sí que me camelas!
¡Y te camelo un poco!
¡Vamos, mírame, niña!
¡Lucero, tú estás loco!
Con ser taa resalada, eres un caramelo.
Descifra esto que digo, que no es ningún camelo.
Agradezco, Lucero, tan finas alabanzas,
pero ahueca.
¡Gitana!
Acabaron las chanzas.
¡Ahueca!
No me voy, por menos de un abrazo.
¡Ahueca, mala sombra:
¡Me das el jicarazo!
En durmiendo la curda, se te pasa el berrinche.
¡Dame un beso, paloma!
¡Te lo daré por chinche!
Uno y no más, Lucero.
Con tal que sea muy largo.
Tú no me pongas prisa.
¡Tú no hagas un embargo!

ALE una Dueña de improviso -= y da en la puerta una espdntada ..:-. poniendo en las cejas el viso
temblón de su mano anugada . .:-=-

,S

LA

DUEÑA.

MARIMORENA.

LA DUEÑA.
MARIMORENA.

LA

DUEÑA.

LUCER0 DEL ALBA,

LA

DUEÑA.

LUCERO DEL ALBA.
LA DUEÑA.
LUCERO DEL ALBA,
MARIMORENA.
LA DUEÑA.
LUCERO DEL ALBA.

LA DUEÑA.
MARIMORENA.

=

¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús! ¡No he visto igual descaro!
¡Perdiste la cabezal
¿Dar un beso es tan raro?
¡Réplicas todavía!
Pregunto.
¿Tú no sabes
que al juntarse los picos hasta pecan las aves?
Y qué puede saber, si acá es una chiquilla.
Cuando menos, las máximas del Barón de la Andill a
¡Qué corrupción de tiempos y qué contaminados
los jóvenes de ahora! ¡Qué siglo de pecados!
Diez años fuí casada, y ese beso imprudente
no le di a mi marido. Le besaba en la frente.
¡Pero no son iguales todas las criaturas)
Pues que tengan recato, y que besen a obscuras.
Oye, Marimorena, yo no te predicaba
esa doctrina.
¡Cierto! Pero es una tan pava.
¡Qué ejemplo escandaloso en los mismos umbrales
de la cámara regia!
Somos dos criminales.
Pero usted nos perdona, señora doña Pepa,
y nos guarda el secreto para que no lo sepa
la Comadre.
¡Es posible que le diese un insulto
al saberlo!
¡Ay, mi madre, el Rey llega en tumulto
con toda la caterva de su tertulia!

�LA PLUMA
LA DUEÑA.
MARIMORENA.
LA DUEÑA.
MARIMORENA.

LA PLUMA
¡Cielos!
No falla, que a la Reina viene a pedirle celos.
Misia doña Pepa, hay tremolina en ciernes.
¿Si quiere entrar, qué hacemos?
Decirle que hoy es viernes.
~

CON

ESCENA IV-=-=-

=

su camarilla llega
el Rey. No falta ninguno: ,_. Don Tragatundas, el Tuno-.... con sus hábitos de pega,-=--=- Torroba con
su talega.-= El Intendente, la arisca-=, Infanta Doña Fraucisca y sus madamas chillonas-= con las mismas cucamonas= que en el·
juego de la brisca.

=

EL REY.
LA DUEÑA.

/ 1
..,, 1

Buenas noches, señoras damas.
Buenas las tenga el Rey mi Amo.
¿Qué os trae, Señor?
Las dulces llamas
de Himeneo, con su reclamo .
Abridme la alcoba.
LA DUEÑA.
¡Imposible!
MARIMORENA.
Hoy es viernes con abstinencia.
INFANTA FRAN'.CISCA. Lunes, niña.
MARIMORENA.
Me es muy sensible
oponerme a vuestra creencia,
y sosteneros lo contrario.
Hoy es viernes.
INFANTA FRANCISCA.
¡Qué disparate!
MARIMORENA.
Eso reza mi calendario.
DON TRAGATUMDAS. El calendario de un orate.
EL REY.
Est6y aquí con mi derecho.
de Rey Conso rte.
200

¡Celebrándolo!

MARIMORENA.

EL REY.

Y quiero llegar hasta el lecho

de la Reina.
¡Jesús qué escándalo!
¡Hoy es viernes!
¡Qué paparrucha!
Hoy es lunes.
LA DUEÑA.
¡Vaya un antojo!
MARIMORENA.
Hoy es viernes y está malucha
la Señora.
EL JOROBETA.
¡Mírame este ojo!
Abre la puerta de la alcoba
para que entre el Rey Consorte,
que al Rey sostiene la joroba
de Torroba.
LUCERO DEL ALBA.
¡Vaya un soporte!
Pues el peso de estos diateles
Sostiene el Lucero del Alba.
EL JOROBETA..
Lo celebro, que sus laureles
me voy a poner en la calva.
Luc.rno DEL ALBA. Sueña usted con la Lotería,
compadre.
EL JOROBETA.
Y acierto en los sueños.
LUCERO DEL ALBA. Usted tiene la fantasía
de todos los hombres pequeños.
LA DUEÑA.
MARIMORENA.
EL JOROBETA.

EL

-:-o

ESCENA V=

=

Gran Preboste acude
blandiendo su bastón,
elude ,_ el Rey tras un sillón. -=--::•

=y

la figura

EL GRAN PREBOSTE. Con este paso inverecundo
habéis colmado la ancha copa
201

�LA PLUMA

LA PLUMA

de mi paciencia. Todo el mundo
fuera de aquf. ¡Vaya una tropa!
Ved
que los pleitos se transigen
EL SOPÓN.
donde la gente oye razones,
y éste cortabais en su origen
para siempre, con dos millones
¿En
dónde vi tu catadura
EL GRAN PREBOSTE.
antes de ahora?
¡Qué pupila!
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE. ¡Tú tenias la guilladura
de ser prelado de Manila!
Señor, reconozco mi yerro.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE. Lo vas a pagar en el palo.
Tened presente que en mi entierro
EL SOPÓN.
os hará la Prensa un regalo.
EL GRAN PREBOSTE. Yo me río de esa amenaza
encubierta. Con un plumazo,
a la Prensa pongo mordaza
y a las Cortes doy cerrojazo.
Si declaras en dónde escondes
las susodichas escrituras
eres libre. Si no, respondes
con la vida de tus diabluras.
EL SOPÓN.
Dejad tranquila la garrota,
que por romperme a mi la crisma
no adelantábais una jota
en la solución de este cisma
TRAGATUNDAS.
Señor Gran Preboste, los fueros
del Rey defiendo.
EL GRAN PREBOSTE,
¡Para chasco
que a mí me asustasen tus fieros,
Tragatundas, y tu charrascol
¿Qué pretende la Real Persona?

EL REY.

MARIMORENA.
EL REY.
MARIMORENA.
INFANTA FRANCISCA.
EL GRAN PREBOSTE.

EL REY.
EL GRAN PREBOSTE,
INFANTA FRANCISCA.

EL GRAN PREBuSTE.
EL REY.
EL JOROBETA.
EL GRAN PREBOSTE.
TRAGATUNDAS.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
LUCERO DEL ALBA.

M

ETIENDO mano a la faja= escupe por el colmillo, - y el
muelle de la navaja,= ¡crac!, ¡crac!, canta como un grillo.=

EL JOROBETA.
202

•

Dar un escándalo esta noche,
porque estoy hasta la corona,
cansado de hacer el fantoche.
¡Abrid esa puerta!
¡Imposible!
¡He de entrar; estoy decidido!
No seais, Señor, irascible.
¿'{ sus títulos de marido?
Con un decreto en la Gaceta
mañana os declaro demente.
Vuestra pretensión indiscreta
me obliga imperativamente.
¿Por qué te mostraste avaro
para mis justas pretensiones?
¡Si no hay un cuarto!
¡Qué reparo!
Recarga las contribuciones.
No diseutas lo indiscutible
Me va faltando la paciencia.
¿Quién es ahora el irascible?
No lo puede negar vuecencia.
¡Qué colección de botarates!
¡Defendemos al Rey Consorte!
¡No consiento que los maltrates!
¡Habrá un escándalo en la Corte!
¡A quien Cristo se la depare,
que San Pedro se la bendiga!
Señor Jorobeta, repare
que no le pinche la barriga.

¡Será lástima que en la jeta

�LA PLUMA

LA PLUMA

le pinte a usted otro lucero!
LUCERO.
Usted, compadre, es un poeta.
EL JOJWBETA.
Y usted, compadre, un embustero.
EL REY CoNSOR.TE. ¡Ulpiano, no seas Quijote,
que con la sangre me desmayo!
INFANTA FRANCISCA. Ya desenfunda el chafarote
Tragatundas. ¡Qué Dos de Mayol

CON

simultáne~ !ªpateta,= como en un drama JaJ:~nés, -=-i:- se derrumban d Jorobeta
y el mam,lo del Avapzes. -=---

=

EL GRAN PREBOSTE. Se viene al suelo la Monarquía,
como ,ma vieja, de un patatús.
Vuestra celosa monomanía
tiene la culpa.
EL REY CONSORTE.
¡Jesús! ¡Jesús!

..

·'

Q

r

=

=

eJ

=

LA REINA.

¡Me despertasteis con el ruidv!
¿Qué es lo que ocurre?
Quiere pasar
a saludaros vuestro marido.
Ya oi los trinos de su cantar.
¿Y estos dos muertos?
¡Una desgracia!
¡Qué cosas pasan!
¡Un aire fuél
Para llevarlos a la farmacia,
ponlos derechos de un puntapié.

MARillfORE'&lt;A.

EL REY CONSORTE.

¿Entre dos muertos ahora, qué hacemos?
¡Quien daba coba se va de aquí!
TRAGA.TUNDAS.
Con los fusiles gobernaremos.
EL REY CONSORTE. Se necesita de un maniqul.

MARIMORENA.
REINA.
MARIMORENA.
LA REINA.
LA

C

=

=

ON los nudillos
tras de la puerta,
golpe de alerta ,:;c. pide
atención.
Marimorena
tose, pretende
que tenga el
duende~ contestación . .=-z.

=

=

¡Con nuestros gritos ya la Señora
se ha despertado!
EL REY CONSORTE.
¡Pobre de mi!
EL 1NTENDENTE.
De arrepentirse pasó la hora.
MARI MORENA.

204

~

ALE la Se1iora, con la papalina
puesta sobre un ojo, y da11do
gzei1i.:das.
Las fofas mantecas, tras la muselina ~ del
camisón blanco, tiemblan sonrosadas. -=--=,

UiEBRA el b11stón en la rodilla
y se filtra por un t~piz -=saludando a la camarilla
con el pulgar m la narzz. .a-:-

,

¡Ya no podemos salir de aquí
¿Y aqul qué hacemos?
T.1tAGATUNDAS.
Estar alerta,
y no movernos.
EL REY CONSORTE.
¡Válgame Dios!
Ya mi consorte tras de la puerta
está llamando con una tos.
Me pongo enfermo.
TRAGA.TUNDAS.
Si desertamos,
habremos hecho tan sólo el buey.
Quedad. Ahora somos los amos
y mis espuelas dictan la ley.
EL REY CoNSORT:1.

=

RESUCITADOS por la punta con una mueca cejijunta

EL JOROBETA.

=

del chapín de Marimorena
saltan los muertos en escena.

=
-=-i:-

Me resucito bajo la coba
205

�LA PLUMA

EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA,
EL REY CONSORTI!.

LA REINA.

e

LUCERO DEL ALBA.

....

de tus pedales. ¡Vaya calor!
¡Con peteneras, vuelves, Torroba,
del otro mundo!
¡Cuestión de humor!
Esto me barre las telarañas.
Me habéis tomado por maniquí.
¡Marido mío de mis entrañas,
me congratulo de verte aquí!
La luz apago con el trabuco
como en el baile del Avapiés,
y desenredo con este truco
todos los hilos del entremés.

Apuntes
paea una qeogcafía musical
de eucopa.::1920.
1:1i

{(

LA VOZ DE UN CIEGO EN LA PLAZA:

¡Extraordinario a la Gaceta con el nombramiento del nuevo arzobispo
de Manila!

REGONES y campanas el alba simboliza, ~ aptJ;ga d~ ,·epe_nte
sus luces el gitiñol,
y en el reino de Babia de la Reina Castiza ~ meda por los te.fados la pelota del sol.

P

=

=

FIN DE LA FARSA

RAMON DBL V ALLB-INCLAN

206

RUSlA

N

o se pretendfrá que Rusia, que fué quien comenzó la revolución musical que hubo de renovar totalmente el ambiente, dando fin a la
hegemonía alemana, haya arreglado ya sus asuntos artísticos de manera que
sea fácil para el observ,idor trazar un cuadro de su estado presente y examinar su porve111r probable. Lo fácil es, sobrevenido un cambio, ver cual
era el sistema de ideas o de cosas que el cambio da por canceladas y, establecido su programa, definir la orientación que quiere seguirse. Pero estas
intenciones siguen luego cauces muy distintos de los proyectados, empiezan
a embarullarse las líneas de conducta trazadas en un principio con tanta claridad, surgtn tendenchs de todas clases y en todas direcciones y el final es
un conjunto perfectamente complejo, cuyo factor común es la voluntad de
cambio respecto al primer estado de cosas.
La reja del arado de Glinka y Dargomijski penetró muy profundamente en el suelo musical ruso. Los cinco artistas de la Koutchka no fueron
sino los primeros sembradores en ese terreno tan hondamente removido. Y
la colecta fué espléndida; ningún pafs de Europa puede oponer una más
rica consecuencia a una revolución artística; ni aun Alemania, que verificó
con Beethoven el más grande cambio de concepto estético que haya sufrido
arte alguno.
.
·
El estado musical en Rusia durante la épo:a de los &lt;cinco&gt; es de una
definición fácil: dos ramas, una cada vez más poblada, que era la de los nacionalistas innovadores. Otra, cada vez más escuálida: la de los occidenta207

�/
LA PLUMA

..... .

listas, en la cual, sin embargo, ~e daban brotes de una notable riq~eza; tal,
Tschaikowsky. Más tar_de, sobrevieQe la época de los contemponzadores:
gente de raíz vieja que acepta un barniz moderno y gentes de procedencia
Izquierdista que aceptan puestos oficiales y comienzan a pregonar el moderantismo.
Por haber aceptado Rimsky un puesto er. el Conservatorio de Petrogra.
do, comenzó a relajarse el fuerte espíritu de comunidad que unía a los cinco. Y sin embargo, aunque puedan discutirse ciertos escrúpulos técnicos
suyos y aunque sus óperas sean ya para el artista ruso actual un tipo
de música envejecida, pocos músicos han llegado al fin de su carrera con la
juventud de inspi_ración que dictó el Gallo de ~r~, obra que nos sirve de
partida para considerar el periodo actual de la mus1ca rusa.
Giasunof fué la hechura perfecta de ese eclecticismo á que aludíam os, y
traza un camino en el que se encuentran músicos capaces, pero cuya influencia nos parece exigua en el arte del siglo nuevo: Taneief, el gemelo de
Glasunof; Rebikof, que pretende un titulo de precursor por sus atrevimientos de escritura; Rachmaninof, Medtner, Tcherepnin, en quien se hace más
visible la nueva forma del antiguo «eclecticismo• a lo Tschaikowski; Grechaninof, cuyo eclecticismo tiene mayor percentaje de s¡mpatías • kutchkistas•· en fin otros varios, cuya personalidad no levanta del nivel medio.
Este art'ículo no es simplemente informativo. Así, pues, estos músicos,
más o menos notables, no entran en nuestra consideración, hoy, más que
que n o entraron en la papeleta pr\~era de estos Ap_untes. l~s nombres,
mucho más sobresalientes, de los mus1cos que en Francia se s1tuan entre los
fundadores de la Societé Nationale y los de la Societé lndependante, esto
es de Fauré, Saint Saens y Franck, hasta Debussy y R3vel.
' Nuestro objete-acaso convenga repetirlo-es, simplemente, 1:1 ~e trazar
el ambiente musical de la época de guerra, y ver, después, los mustcos que
comienzan la época nueva. Pocas son las ideas anteriores a 1914, que han
resistido al vendaval. Son las figuras que han podido resistirlo las que nos
interesan: la época nueva, la de la músic~ 1920, comienza con ellos Y de
ello!'" vienen los músicos de hoy, confiesen o no, les agrade o no, esa
genealogía.
.
.
Igor Strawinsky parece haber nacido del h~evo eng endra~o por el
Gallo de Oro. Ejemplo alquitarado de las mas puras . esencias_ rusas,
Strawinsky mira ansiosamente hacia Europa, donde es mas conocido que
en su propio país.
_.
.
Alejandro Scriabín pare.:e conc~ntrar en ~us am?1c1ones de pr?fundtd~d
todo lo que fué núcleo del arte omdental, e tnfundulo en su ardiente misticismo moscovita. Scriabin es el repatriado ,espiritual que vuelve a Rusia
cargado de ideas europeas.
208

LA PLUMA
Strawinsky y Scriabin, marcan los lfmites extremos del mapa musical
ruso. Poderosamente renovadores, son, cada uno en su puesto las más
altas fi_guras d~l arte ruso en la época guerrera. Pagano el uno: hasta la
barbane. Místico el otro, hasta la barbarie también. La desenfrenada sensualida~ ~n uno_, es ardiente continencia en el otro. Vuelca Strawinsky todos
los arcoms posibles en su orquesta. Scriabin se limita hasta una monocromía monástica.
En su inquietud por recónditas complejidades del espíritu, Scriabin se
entenebrece; su música se hace obscu ra de lenguaje, confusa en la intención
y negra de colorido. Resplandores rojizos al fondo· llamas sombrías
rosas negras, titula a sus obras, en busca siempre del éxtasis de la divin;
embriaguez prometeica.
Strawinsky, en cambio, como el príncipe de su cuento, salta alegre al
país de la fantasía. Pocas fantasías más ricas que la suya, pletórica de imágenes extraordinatias, de paisajes maravillosos, en una verbosidad inagotable, con un singular cuidado de la precisión y de la claridad, del t ono puro
del tra~o ~alien~e y decidido, de la expresión mordaz, aguda e incisiva. '
Scnabm sena a la Edad Media, lo que Strawinsky al Renacimiente.
¿Y no fué, precisamente, toda esa ideologíc1 y sentimentologfa medioeval
lo que la guerra arr~stró, para dejar más ciará la atmósfera? Apenas comenzó esta frontera ternble del mundo de ayer y del actual, Scriabin moría de
un envenenamiento de la sar,gre. Acaso sus ideás no fuesen más que un
síntoma. Y fué, en 1914, cuando el «Ruiseñor» de Strawinsky comenzó a
cantar sus trinos, nacidos en la flora exquisita de jardines lejanos.
*

*

*

Es solamente en el aspecto exterior de su música, esto es, en el colorido,
en las formas generales de su melodismo, de su instrumentación, en el
•corte» de su estilo, en Jo que Strawinsky muestra ser un discípulo de
Rlmsky. Pero el íntimo carácter de esas obras suyas, la estética que yace
en el fondo de ellas, le acerca más a Mussorgsky. Conforme el admirable
autor de «Petruchka» avanza en su carrera, más clara se hace en nuestro
concepto esa filia.:ión con el genio que escribió «Boris Godunoh. Las primeras obras de Strawinsky son, claramente, las de un discípulo del autor
de «El Gallo de Oro•; alguna de ellas está basada en las mismas leyendas
en las que su maestro halló fundamento para las suyas; a veces los personajes son los mismos de la pintoresca tradición popular; otras, hasta son
las mismas melodías, sacadas del común acervo. Pero después de La
Consagración de la Prímavera, de la segunda redacción de El Ruiseñor,
209

�LA P L U ~1 A

......

l1

-

LA PLUMA

de las piezas pequenas para teatro o para instrumentso, apenas qued~ .Y.ª
un lejano aire rimskiano para dejarnos ver, clara y desnuda, una sens1b11tdad pareja a la de Mussorgsky.
y aun, seguramente, es la personalidad de Modest~ Mussorgsky la más
grande más profunda y más intensa y a la vez la más ignorada, después de
Beetho~en. No llevó un arte ya maduro a la exalta_ción más brillante--:como
\Vagner hizo con el romanticismo post-beethovemano-, pero removió su_s
cimientos estéticos de una manera tan profunda como el autor de la Her_oica; con unas consecuencias menos inmediatas, porque su _obra estaba JeJos
de poseer la necesaria perfección técnica, y porque su¡¡ ideas corrían. ~or
cauces muy lejanos a los que seguían las grandes corrientes de la mus1ca
europea.
i
ta · d
Estamos mal acostumbrados, además, a j~zgar de 1a. mpor nc1a e un
artista por lo que consigue y no por Jo que sugiere; prefenmos una obra perfecta, aunque de una estética caduca-tal el wagnerismo~a un~ obra nue~a
que ensanche considerablemente el horizonte-tales Berltoz, L1szt, Chopm
mismo-. Los casos como el de 13eethoven y el de Debussy, 1enovadores y
perfectos, son poco abundantes.
.
.
.
Realismo y nacionalismo, a Jo que puede atiac!use otro factor. -~umonsmo, son los cimientos de Mussorgsky, ya preparados por Dar~?m11sky. ~stos tres datos, ¡han sido tan mal entendidos! Una fal~a c_oncepc1on ~el r~absmo mussorgskiano se extravió en el «verismo• a la 1taha~a; el nac1ona!!smo
de los Cinco, visto de un modo superficial, engendró lo •pintoresco• _regional
en que abunda la música espai'lola. En cuanto al humor, es una piedra de
toque para los espíritus: su finura o su grosería salta al punto.
Sólo después de comprender bien el alcance de las obras pequ~ftas de
Mussorgsky-el Cuarto de los niños, sobre todo-, es _c~ando com_1enza a
verse con claridad el arte moderno: verdad en la ex~res1on,_ naturalidad en
la manera expresiva, sinceridad en el acento, ause!'c,a d_e ltteratura-(¡qué
fácil es el reproche de quienes creen que la ausencia de )t~era~ura excluye la
imaginación, concediendo sólo el naturalism?l)-sl~~l1f1c~c1ón en los pr~cedimientos, desdén por los dogmas escolá~llc~s, ehm!n~~ón de superflut•
dades· en total una aspiración hacia la virgmahdad pnmtt1va.
E;, precisa:itente, Jo contrario de Scriabin y Jo !undamental ~e Strawinsky. Los jóvenes músicos de Francia no andan leJOS de esta tesis. Veamos si no, nuestra primera papeleta.
.
Tres razones alejan a Strawinsky del impresionismo fin de siglo: pnmera, su concepto de la limitación y del equilibrio e~ la f~r~a, adecuada armonfa de continente y contenido; esto es, un «souci• clas1co; _segunda, claridad, justeza y verdad-a veces elementalldad-e!l l~ ~xpres1ón: otra norma
clásica; tercera, fantasía y humor. Acaso este pnnc1p10 sea el más honda:zJ()~

mente clásico de los tres; pero nos ahorraremos hoy la impertinente exé¡es~;l vez el propio músico, hombre de agudo cultivo espiritual, definiría
esos tres principios diciendo que eran: el primero, clásico; el si:gundo, primitivo; el ttrcero, arcaico. Protéstese si se quiere. Ya volveremos sobre esto
en alguna ocasión.

** •
Strawinsky, que del nacionalismo «tradicional» de Et pájaro de fuego y
Petruchka pasó al nacionalismo •sustancial» de La consagración de la
Primavera, muestra en sus últimas obras un nacionalismo «elemental&gt;, es
decir, de las «esencias• que forman el carácter de un pueblo. No es otro el
nacionalismo de Mussorgsky o el de Beethoven o el de Debussy.
Los músicos que le siguen no podían caer en el «nacionalismo programlstico•, que siendo la conquista de los cinco es hoy tan antl::uado y trivial
como t-1 programa romántico de los «poemas sinfónicos». Añadamos como
inciso que solamente van en Espaf!a más allá de eso Manuel de Falla y Osear Esplá. De los músicos posteriores a Strawinsky, ninguno que yo sepa
puede llé,marse discípulo suyo. En rigor, alguno puede haberle sobrepasado en la agresiva exteriorización de sus inspiraciones; pero me parece que
nadie en su pafs ha aguzado más que él su sentido estético. La influencia de
Strawinsky se ejerce más en Francia, en Inglaterra, en Italia y en Espai'la
que en la misma Rusia. Los dos músicos jóvenes de Rusi~, Sergio Prokofief
y Nicolás Roslavetz, no han tenido aún tiempo de llegar a esa fina depuración del último Strawinsky, alquitaramiento que, como en Ravel, casi podía
llegar a considerarse como una cristalización académica, en su noble significado.
Hay aún en ellos ciertas confusiones, especialmente técnicas, de procedencia scriabiniana, ambiciones de trascendencia estética contrarias tanto a
Strawinsky como a los •seis• franceses; pero estas ambiciones no son nada
«literarias•, sino puramente musicales, acercándose en esto a Schoenberg y
a algunos italianos, que son tambien simpáticos a los jóvenes fran~eses. Esta
atracción, sensible en Roslavetz, no lo es apenas en Prokofief, cuyo furioso
anti-occcidentalismo corre parejas con su feroz vocabulario y lo agresivo de
sus modos de expresión. Este indómito autor de la Suite escita se une al
Strawinsky del Sacre du Primptemps, en cuanto a nacionalismo «sustancial&gt;. Y, sin embargo, acepta sin grandes protestas los bastidores europeos
de forma, como hicieron los músicos viejos de su país de los que antes se
habló.
Roslavetz prefiere los pequeftos moldes de la música de cámara. Partida -

,

211

�LA PLUMA
rio, al parecer, de un cierto impresionismo constructivo, su música no es tan
rebelde como la de Prokofief; pero en cambio, no tiene su poder rítmico, y
su poco agradable colorido no va suplido por lo enérgico de la expresión,
má!: bien incierta, nebulosa, tefiida de una incertidumbre mística y visionaria.
Algún escritor ruso considera a Nicolás Myaskowsky como representativo
de una «derecha&gt; moderna, y a Miguel Gniessin como el de una «izquierda&gt;
strawinskista. Lo poco que de ellos conocemos nos hace mirar con escasá
confianza esta opinión; más viejos ambos que los otros dos músicos mencionados nos parecen también mtlnos representativos de una tendencia «actual&gt;, contemporánea, 1920. Con mayor simpatía mirábamos a otro joven,
Stantchinsky, que murió apenas comenzó la guerra sin hacer más q11e promesas, aunque bien atractivas. Se nos habla de otro Nicolás Oboukov
(sus Poemes liturgiques han hecho que un critico f~ancés le considere como
una especie de «Dostoiewsky musical&gt;), como del verdadero producto
«post-guerre&gt;. Acaso lo sea.
Hemos hecho omisión de un sin fin de nombres de menor interés al que
Roslaveti y Prokofief presentan para las consideraciones que guían estos
Apuntes. A la hora en que los escri bimos nos parece ver claro que el músico nuevo de Rusia, posterior al vendaval guerrero, el músico de 1920 es
todavla lgor Strawinsky.

ADOLFO SALAZAR

CMlSC&lt;::LÁ)'i&lt;::A)

' ' 1920
(libco inédito)

''

I

JAmocl
las rosas son la misma rosa,
¡amor!, la únz"ca rosa;
y todo queda contenzao en ella,
breve imafen del mundo,
¡amor!, la únz"ca rosa .
TODAS

....

-

2

(la verdad y Gtiünewa(d)
LA pena te defó
sin alma, como muerta.
Y te caúte, iºngrávi~a y pesada, entre los brazos
de quien te lastimaba,
en una concesión total de vzaa y muertt.

212

�LA PLUMA

LA PLUMA

¿Qué flor marchita
más tristemente bella así, az"ucena
de carne exacta y leve, dulce nardo de este mundo,
entonces casi estrella de otro mundo;
nardo de entre dos mundos?
No cuerpo con el alma en ascensión,
sino alma caída de cuerpo celestial
parecías allí, en el suelo negro
-mal tenida ;or brazos
que no te comprendían - ,
¡lunar de luna errante
sobre la miserable escoria;
lunar de luna errante!

J
Canción
COJEREMOSflores

y nos las daremos.
Los ¡adi"ós! serán
-¡alegres/para al punto vernos:
¡Qué qui"etos los OJOS
en tos OJOS grandes!
Besos porque sí.
214

¡Si'fendol
Los divinos árboles.
De oro será el río,
si"empre, aunque anochezca.
Si vamos al delo
por algo,
diremos: ¡Espera!
4
¡JlfISERIA del iºnstante!

Pensé destrozar todo
el diºvi'no trabafo de tantos días puros
-de tantas horas solas,
de tantos máJi"cOs mi·nutos
y de tantos segundos innni"tos-;
desbaratar en un instante, ¡ay!,
por inúti"l, por feo, por absurdo,
el camino de fue.

Y echarme al barro
miserable y con#nuo ...

Y dí gopes a bellas JºYªs fráfiles,
y maldife el amor y la hermandad,
y me gustó comer, hablar, dormir ...

�LA PLUMA

LA PLUMA

5

estío

'

¡EL salto!
¡Qué gozo en las blancas piernas,
gradosos brazos!

IJ

Debafo, el agua.
¡Son flores;
flores del prado y la carne;
secretos, voces!

sobre mz"s manos sangrientas
y aplastadas de las moles
que tienen que separar,
que soportar, que rafar,
hasta sacar la sonrisa,
la floredlla, la estrella,
la lágri·ma, la üusión!

7

Anoebeeee
(Beisa y agua)

Corri·endo, el agua.
¡Son lunas;
henas del cuerpo y del delo,
mufer desnuda!

6

líbet?tadoe
¡(ON qué dz1/i,cultad, tz"empo,
te voy robando tus foyas
-¡tantas foyas, tantas!,tus silendos-entre carro
y grz"to, entre bailoteo
y luz agria!¡Cómo brülan
216

\

RIILLOS tenues, puros,
en lo oscuro corren
-red plata en lo azul-,
trayéndome flores ...
-¡Ay, el agua eterna,
por la #erra negra;
la infinz"ta brisa,
por la sombra fría!··· Trayéndome estrellas;
y estoy en lo oscuro,
como un árbol lúgubre
nutrido de mundos.
217

�LA PLUMA

LA PLUMA
8

el solo amigo
No me alcanzarás, amigo.
Llegarás ansi·oso, loco;
pero yo me habré ya ido.

,v

~.

qué espantoso vacio
todo lo que hayas de_¡ado
detrás, por venir conmigo!

¡Madre mía, tierra,
sé tú siempre ;oven,
y que yo me muera!
- Y tú, mt"entras, madre
mía, con más frescas
hofas en las piernas.-

-¡Y

¡Y qué lamentable abismo
todo to que yo haya puesto
enmedio, si·n culpa, amigo!No podrás quedarte, amigo..
Yo quizás volveré al mundo;
pero tú ya te habrás tao.

~,

__; ¡

1

"'"e1

9

·-1

Pcímaoeea total
¡MADRE mía, #erra,

otra vez más verde;
más plena, más bella!
- Y yo, mientras, hifo
tuyo, con más secas
hofas en las venas.218

y

IO ·

AL lado de mi cuerpo muerto,
m·Z: obra viva.
¡Oh día
de mi' vida completa
en la nada y el todo,
-la flor cerrada con la abZ:erta flor-;
el día del contento de alefarse,
por el contento de quedarse,
-de quedarse por ale_;arse-; el día
del dormi'rse gustoso,sabiéndolo,por si'empre,
tnejable dormt·rse maternal
de la cáscara vana y del capullo seco,
al lado del eterno fruto
y ta in/i,nita mariposa!
JUAN RAMÓN JIMBNBZ

�LA PLUMA

leteas italianas.

(t)

Oiscuvso pt?e(ímínae.

Q

quiera, de una ojeada comprensiva y sintética, abrazar los
varios fenómenos y diversas corrientes de la literatura italiana del
día, sin asomarse un momento al pasado, a fin de indagar, aunque
no sea sino aproximadamente, las causas psicológicas e históricas que han
influido sobre los escritores de hoy, llevará a cabo un esfuerzo estéril. E1
p asado próximo está por entero lleno de un nombre, que fué asimismo
fenómPno moral y psicológico de toda una generación: nombre y fenómeno que se llamaron d'Annunzio. Este escritor, durante. un periodo
de cerca de treinta años, ha tenido nuestra literatura sometida a su férula,
impidiendo a otros escritores originales y fuertes el contacto con el público, y, por tanto, la luz de la fama. No parezca esto absurdo. La producción
de d' Annunzio en los años que corren del go al grn fué tan continua y·
férvida, que el público, y no sólo el italiano, de nadie más que de él se
preocupó. Únicamente cuando su producción se debilitó, y las crónicas,
empezaron a abandonarle, se oyó alguna otra voz; y no siempre voces
nuevas, frescas, del momento.
UIEN

(1) Inaugura hoy LA PLUMA su colaboración extranjera con una crónica italiana de Mario Puccini.
En poco más de treinta años de edad, puede Mario Puccini presentar una
obra que tiene valor sustantivo. En espera del libro Essere o non essere, que
está a punto de publicar, hablan por él dos volúmenes recientes: La Vergine e
la Mondana, novela, e I Bn"vidi, cuentos y narraciones breves;; hay en ambos
páginas rpuy bien logradas, trasunto de existencias humanas directas, vistas y
vividas. Mas acaso en obras como Jioville, de 1914, o en los p,1isajes y cuadros
de guerra publicados en uno de los cuadernos de eLa Voce•, Come ho visto il
Friuli, aparezca mejor que en esos antes nombrados, libros de público, ante
todo, la sensibilidad refinada y moderna, en el pensamiento y en el e-stilo, de
220

La fama de Giovanni Pascoli, de Giovanni Verga, de Alfredo Panzini, de Luigi Pirandello, de Adolfo Albertozzi, puede decirse que es de
ayer; y tened en cuenta que los tales son contemporáneos de d' Annunzio,
o desde luego bastante más viejos que él. Giovanni Verga, por ejemplo, que
es nuestro más grande novelista vivo, ha cumplido en septiembre ochenta
años. Cierto que su fama es más antigua que la de d'Annunzio; pero sus.
obras más fuertes, e incluso las dos maestras: I Mala voglía y Mas/ro Don
Gesualdo salieron a la luz precisamente cuando se delineaba el fenómeno
d'Annunzio; de suerte que sólo algunos críticos y un público restringido se
dieron cuenta de que Verga, con aquellas dos novelas, se unía de pronto
a la gran tradición manzoniana, fuera de toda escuela o programa. Apagada un tanto la fama de d'Annunzio, o por mejor decir, una vez acallada un
tanto la curiosidad de críticos y lectores en torno al poeta de los Laudi y
al novelista del Fuoco, en la aclarada atmósfera de la república literaria
italiana, surgieron casi de pronto algunos de los escritores hasta entonces
en la sombra. Mas, como sucede en los momentos de rebusca, presto se
cayó del énfasis d'annunziano a melancólica pobreza de tonos y sonidos. Los
poetas que antes habían imitado a d'AnnuAzio, repitiendo sus defectos con
mucha modestia y sin originalidad, se acercaron a los poetas de FrdnCia y
de Bélgica, a las 1zón famosos, a Jammes, a Maeterlinck, a Rodembach. De
los cantos heroicos se pasó, sin tránsito lógico, a los humildes cantos de
las cosas pequeñas y modestas. Pascoli, poeta, encontraba en tanto imitadores y lectores; y en la prosa narrativa empezábanse a silabear los
nombres de AUredo Panzini, de Luigi Pirandello, de Adolfo Albertozzi
este escritor italiano. Foville es, con justicia, en opinión nuestra, el más celebrado de sus libros; novela en que el accidente y el episodio tienen menos significación que la resonancia de los más leves acontecimientos exteriores en el
alma del personaje central; la dolorosa agudeza de ks impresiones y el indeciso fluctuar del alma adolescente son expresadas por Puccini en páginas de
segura belleza.
Actualmente sigue con atención la literatura española en los cuadernos de
la Rivista d'Italia. Sus crónicas de LA PLUMA tendrán, por tanto, a más de su
importanci;, particular, el atractivo que ha de comunicarles un escritor que conoce las letras espaiiolas y sabe cuáles son las corrientes que hoy dominan en
nuestro espíritu.
E. D. C.

•

221

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LA PLUMA

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-

LA PLUMA

y de Federico De Roberto. Ahora bien, unos cuantos años antes
de la guerra hubo un verdadero despertar artístico, por obra, sobre
todo, de una revista batalladora, La Voce, de Giuseppe Prezzolini.
Esta hoja, de apariencia modesta, surgía de las cenizas de una revista noble y luchadora también, el Leonardo, donde habíanse adiestrado escritores originales y de fuerza, como Papini, Soffici, Cecchi, Borgese, Jahier, el
propio Prezzolini. Las batallas de La Vc,ce quedarán en nuestra historia literaria como un índice de renovación de las conciencias. Muchas famas, y
no ciertamente la última la de d'Annunzio, fueron discutidas con severidad
y justicia, y se dieron a conocer, señalándose a la admiración de los jóvenes, muchos escritores hasta entonces obscuros. Como la revista estaba
hecha por jóvenes y a los jóvenes hablaba, su éxito fué enorme. Contribu•
yó indudablemente a mejorar el gusto del público y a dar a los jóvenes
en formación una dirección coherente con los tiempos. Desaparecieron
,como por encanto, o quedaron adocenados los escritores falsos, los imitadores de d'Annunzio, los novelistas de vena fácil, y la atención de los lectores inteligentes se volvió al grupo aquel que, por imprimirse la revista
en Florencia, se llamó florentino . Papini, antes ignorado o poco menos,
fué buscadisimo, y los nuevos libros que escribía o los de antaño reimpresos, encontraron lectores a millares; Soffici, Jahier, Prezzolini, obtuvieron
-en poco tiempo notoriedad y fama. Pero la eficacia de La Voce no sólo
reverberó sobre los escritores de quienes la revista emanaba, sino que diremos que benefició a todos los artistas nobles de Italia, y más que a na-die a Croce, a Di Giacomo, a Panzini, a Lucini, a Chiesa y otros escritores
honestos y olvidados. Los jóvenes en ;ría de formación sintieron en sus pulmones un aire que no era el mismo que al nacer habían respirado, y casi
.automáticamente se propusieron algún problema !erio, y no los últimos, el
estilo y el conocimiento de sí mismos.
Incluso aquellos que habían sido arrastrados por la verbosidad de Marinetti y aceptado las cláusulas que Marinetti imponía a los adeptos del
futurismo, renegaron los dogmas del ruidoso jefe futurista por un arte menos eléctrico y tonante, más de acuerdo con su temperamento. Comenza•
ron, en fin, en tal momento a tomar cuerpo los pocos escritores que hoy
222

•

cuentan algo. Había, es verdad, el caso Gozzano, poeta enfermo de
tuberculosis, que, en pleno d'annunzianismo, había cantado con arte finísimo _pequeñas cosas tristes de provincia; el caso Lucini, poeta enfermo
también, todo cerebro, que había reaccionado, puede decirse que por sí
solo, contra el d'annunzianismo, y el caso Cena, poeta sobrio encerrado en
u~a vis!ón ~lásica y fiel a los antiguos ritmos; pero potente ~n la concepción e icástico en el estilo; los más de los jóvenes, sin embargo, y de los
~u~ Y~ no lo eran, buscaban todavía un camino a fuerza de pruebas, de
1m1tac1ones, de calcos.
Tal el período de ante•guerr~, que pudiéramos decir, aunque de transición, felicísimo; porque cada día marcaba un nuevo descubrimiento. Cier•
to que d~spués muchos jóvenes de aquel tiempo murieron en la guerra 0
reaparecieron después muy cambiados; no obstante lo cual quedan de algunos el nombre y tal cual pequeñ.i joya. Palazzeschi, Serra, Govoni Linati, Onofri, Pea, Cecchi, Jahier, Baldini, Cardarelli, Cicognani, Rébora,
Ungaretti, Saba, De Robertis, Pancrazi, Moretti, Boine, Moscardelli, etcétera, quiénes en un campo, cuáles en otro, despertaron no pocas esperanzas e hicieron en verdad pensar que se acercaba para nosotros también
una hora dichosa. Pero del mismo modo que mató La Voce, la guerra dispersó estas fuerzas jóvenes y bien dispuestas. De todas suertes, ese período, si no ha dado a Italia un gran poeta y un verdadero gran prosista, ha
apagado el énfasis, que habla llegado a ser la expresión natural de quien
hacía versos o novelas. Y mientras que de la guerra volvían inmutables,
Y aun con nuevas fuerzas en cierto sentido, los Soffici, los J ahier, los Baldini, otros jóvenes se libertaban de la imitación y volvían a la prosa y a la
~oesía con una simplicidad de medios de expresión y de imágenes que
sin duda alguna indicaban un progreso sobre los balbuceos de la anteguerra.
Pero los beneficios de la guerra no paran aquí. Aquella necesidad de
honradez y de orgullo, aquella inquietud y aquella ansiosa rebusca de la
J&gt;elleza, se reflejaron, como era natural, en todas las expresiones del ingenio, y aun puede decirse que en todas las esferas de la cultura. Las casas
editoriales, antes cerradas en torno a los autores propios, y deaicadas a ·
223

�LA PLUMA

LA PLUMA

un comercio tranquilo y metódico años hacía, buscaron fuera de Italia y
en lejanas épocas obras dignas de ser conocidas por el público curioso; y
mientras Laterza, de Bari, se convertía en editor de Benedetto_C~oce _y
de algunas colecciones perfectas como el f:~rpus ~e ~os Scrltton d /taita,
los Jtiloso.fi antichí e moderní y los Classzcz stra~teri, y ~arabba, de Lanciano de colecciones fáciles y modernas, a módico precio, como los Antíchí ; moderní, Scrittori n,,strí y Cultura delfanima (dirigida po~ Borgese
la piimera, y por Papini las otras dos), en las cuales velan la luz ignoradas
obras de otras literaturas y de la nuestra, Treves, Bemporad, Sandron,
Barbéra, Lemonnier, Lattes, Formiggini, Ricciardi, todas las demás grandes casas editoriales que pareclan encerradas de cincuen~a años atrás en
un programa inmutable, despertaron_ publi,ca~do obras de Jóven~s y de extranjeros, y acogiendo con sincera s1mpatta, mcluso a los escntores más

.. ,◄

...

-

J

audaces.
· d
La guerra entretanto hacia aumentar aut~má~came_nte las tira as.
Mientras antes de la guerra el editor italiano no 1mpnmfa smo 1.000 ó todo
lo más 2 _000 ejemplares de un volumen, durante la guerra, y despu~ sobre todo, !as tiradas se elevaron a un mínimum de 3.000 y a un máXJmum
de 6.ooo, y los libreros afirmaron que nunca como entonces habla estado
tan buscado el libro.
Por desgracia esta avidez no siempre era noble. Leían más ~os jó~enes,
si; pero leían más también las mujeres, los des~cupados, q~1enes Jamás
habían abierto un Libro y ahora lo buscaban por simple necesidad de entretenerse· de suerte que, terminada La guerra, y aún dura, comenzaron a
prevalece: sobre los buenos escritores los med_iocres, los que halagan los
bajos instintos humanos y escriben novelas fáciles, de lectura agradable Y
ligera. Cierto que no toda la producción actual es de ese género; que
casas editoriales como La Voce, de Roma (nacida por obra d_e Pr_ez~oh~1
• as de Ja anti'gua revista)·' Vallecchi, de Florencia; R1cc1ardi,
sob re 1as cemz
ú
de Nápoles; Treves, Bemporad y otros de la vieja guardi~, que dan al P a.
blico obras de arte y sanas tentativas; pero no es menos cierto que la m •
yor parte de los lectores se nutre de malas novelas _Y. cu:ntos menos qu~
mediocres. Para un libro de Alfredo Panzini, de Lmg1 P1ran_dello, de
zia Deledda, de Federico de Roberto o de Adolfo Albertazz1, que es sie •

~ª!

?:

224

pre una obra de arte digna y seria, ¡cuántos volómenes de conocidos o ignorados manipuladores de drogas eróticas no ostentan los escaparatcal
Algunos jóvenes, seriamente dotados, reaccionan, y se comprende, contra
literatura tal, fácil y adocenada. Y hay UD Marino Morctti, prosista de
raza, con una visión modesta, pero sentida, de la vida; hay un Michele Saponaro, que en sus no•elas, todo sol, hace vivir a sus campesinos puglieses con vigorosa sensualidad agreste; hay un Guido da Verona, escritor
que imitaba en sus primeros ensayos a d'Annuazio y que ahora ha encontrado su drama en una nostálgica rebusca de mundos y horizontes lejanos, •
y habla un Federigo Tozzi (muerto en Roma a los treinta y siete año1)
musculoso, sólido, el prosista más robusto que ha tenido Italia después de
Verga, y otros que es inútil recordar puesto que tendremos ocasión de
encontrarlos en nuestras crónicas futuras.
Jóvenes serios y fuertes no faltan, en fin, y mientras los Panzini, los Pirandello, los Albertazzi, es decir, los ya célebres y que tienen un público
fie,, continúan imprimiendo uno o dos libros al año, los escritores de
treinta años trabajan febril e intensamente y superan muchas veces a los
viejos en productividad.
Giovanni Papini, que durante cuatro o cinco años ha sido el ídolo de
los jóvenes, calla desde hace algunos; pero corren voces de que su silencio preludia un trabajo ferviente, su obra maestra. Esa lit~ratura fácil y de
tono erótico a que hemos aludido, tiene por ahora su centro en Milán
tanto que algún critico que la combate culpa de toda esta enfermedad literaria a la gran ciudad lombarda, que enriquecida con la guerra tal vez alimenta natural e inconscientemente el cáncer del erotismo. Nosotros creemos, sin embargo, que el mal es más profundo y que está menos localizado, y que debe buscarse más que en una ciudad, en toda la nación, a la
desbandada aún en busca de un apoyo firme y moral. Roma, entretanto
da prueba, literariamente al menos, de mayor seriedad, y algunas casas edi:
toriales surgidas en la capital en estos últimos años, primera entre todas
la de Arnoldo Mondadori, que es al par tipógrafo de finísimo gusto, parecen contraponer la seriedad de su obra a la fácil labor de las casas edito•
riales milanesas. Entre estas últimas, ha adquirido mucho crédito y públi-

us

�LA PLUMA

...

....

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l
""

..

co la Vitagliano, dirigida por Cavacchioli, poeta y autor dramático de ágil
ingenio. Pero todos estos fenómenos y tentativas, repetimos, son transitorios y de prueba; y, por lo demás, lo que importa es que de veras nazcan
el gran poeta y el gran prosista, que hoy por hoy no aparecen aún en el
horizonte. Hay en Roma una revista, La Ronda, que lucha a su vez por un
principio de sana reconstrucción. Sus tres o cuatro redactores no hacen
las primeras armas y todos tienen grandes dotes de ingenio y preparación;
pero si el retorno a las fuentes clásicas que los escritores de La Ronda
propugnan es laudable, no me lo parecen tanto las prosas y poesías de
estos poetas, que escriben con fidelidad y nitidez italianas, pero que tienen
muy poco o nada que decir. Son ingenios bien educados y despiertos,
pero con la sola excepción de Baldini acaso, esterilísimos. De todas suertes la tentativa de La Ronda es un fenómeno ·de este trabajoso momento
histórico que no hay que olvidar, porque representa el esfuerzo, en una
hora de obscuridad, por mantener viva, aunque no sea sino con medios
pobres, de poco aliento, la luz de la tradición. Todo consiste en ver si nace,
mañana o cuando sea, el poeta potente que refuerce esa luz y la levante
más en alto.

MARIO PUCCINI

...

-

lA AJY(lStAO flRJY(e eJi lOS JY(ARes CAÓtlCOS

.Ea amistad, firme en los mares caóticos,
-ola indecisa entre ser y no ser,
vagos vientos de versátiles rumbos,
impulsores de velas simultáneas,
tropel de nubes en flúido tránsitoes un frágil esquife zozobrante
en las aguas precisas de los puertos.
JORGE GUILLEN

teAtROS
lnaugut?ación de tempoeada
en efecto, el espectáculo dentro del espectador? Bien puede ser que
haya algún aforismo cierto. La3 circunstancias concurren a evidenciarlo a nuestros ojos, por lo que hace a los teatros de Madrid. Volved la
vista atrás en cuanto alcanza vuestra memoria de los fastos teatrales y
convendréis conmigo en la fatal vulgaridad de afirmar la excelencia de cualquier tiempo pasado sobre los que ahorá, más que correr, se arrastran lánguidos. Un dilema se ofrece a nuestra consideración: o es mustio collado,
en verdad, lo que fué Itálica famosa, o los campos de soledad que Fabio
con dolor contempla no son sino la ruina del propio ánimo, mejor dispuesto antafio a distraerse con mentidas ilusiones. .,El caso es que la solemnidad ritual de que aparece rodeada en nuestro recuerdo la inauguración
de la temporada en los teatros ha perdido todo prestigio, y apenas si solicitan nuestra atención las falaces promesas que los carteles pregonan por
las vallas de los derribos .
No hace tantos afios que la apertura de la Comedia, precedida de profusos programas con la efigie fotográfica de la primera actriz coquetonamente apoyada en frágil góndola de boudoir, suscitaba nuestra avidez por
asistir a los estrenos en que había de seguir luchando con la indiferencia
del público pagano-profano-e\ autor que entonces significaba la europeización, por decirlo así, de la escena espaflola; europeización que consistía en imitar el amsiente bulevardero, favorable a las toi'lettes del modisto
Antoine, con que realzaba su natural encanto la susodicha primera actriz.
Hoy, clasificado ya aquel dramaturgo innovador en el primer puesto de
una escala de mutuas claudicaciones con su público actual, desaparecida o
punto menos aquella primera actriz, la inauguración de la Comedia ha ido
perdiendo poco a poco el ficticio empaque de que se envaftecia el circulo
STÁ,

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227

�LA PLUMA

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estrecho de sus abonados, hasta perecer del todo a manos del Sr. Mufioz
Seca, principal proveedor de la casa.
Se me antoja, sin embargo, que en tal desmerecimiento hay alguna ventaja para el arte, por más que pueda parecer paradójico lo que digo. 8s
ésta: creían antes los Intérpretes del Sr. Benavente, ponio por caso, que
estaban representando comedias cuasi divinas en fuerza de humanas, lo que
no era cierto. Los cómicos condenados a aprenderse los papelones del seftor Muftoz Seca saben que aquéllo no tiene sentido común. Procedimiento
exclusivo para ir discerniendo cuáles son las obras buenas.
1 Y conste que, en punto a las llamadas astrakanadas, discrepamos de la
mayor pane de cuantos críticos y gacetilleros ilustran nuestro desayu~o
con referirnos el resultado del estreno de la noche antes. Es decir, de qmenes se pronuncian, ante las comedias del Sr. Muftoz Seca, en contra del
género grotesco. De una vez, y para siempre, nos complacemos en afirmar
que entre una atrocidad del autor de El rayo o un bombón empachoso,
mal oliente a perfumer~a barata, de los que con :a.moroso empefio co_nyugal
nos sirve con torpe insistencia el ~utor de Cancion de cuna, prefenmos la
producción del hijo predilecto del Puerto de Santa Maria. Claro que el seftor Mufloz Seca parece hallar un gusto especial en revolcarse en la barbarie
seftoritil que le ofrece el público de la Comedia. Pero la farsa es un género
literario siempre más digno que las ñofieces escritas pensando en los padres
de las hijas de familia.-Las hijas suelen tener un gusto más cerca del bueno cuanto más natural.
Es posible, pues, que el Sr. Escudero, que, en legitima defensa de sus
Intereses de taquilla, tan diver~os gé~eros ha ensayado en el.teat_ro de q_ue
es empresario, no haya procedido guiado de la menor conve~1e~c1a artística
al imprimir a la Comedia el carácter que lo disting-uia estás ultimas !emporadas. Pero había conseguido formar un cuadro de Compaflfa bufa cien veces mejor como escuela de actores, que las hechas ai manerismo verista propio de lo~ de Lara, feudo por derecho de conquista del Sr. Linares Rivas,
verdadero representante de la beocia espaflola contemporánea. El Sr. Escudero ha prescindido este afio de las primeras figuras de su Compaftia por
cuestiones de índole económica, en que toda la razón estaba de parte de los
actores. Ha contratado otros más jóvenes y ha ascendido merecidamente a
algunos como la seftorita Redondo, lindísima, graciosa, y que tal vez sea
de tas p~cas damas de que podría hacer una buena actriz un director artí~
tico que tuviera alguna idea de las posibilldades del teatro moderno. Lástt•
ma que, como es de temer, se malogren esas esperanzas con representar
comedias sin sentido.
No es fácil, por otra parte, ballar un director artístico que tal nombre

LA PLUMA
merezca. Desde que el Sr. Martfnez Sierra se dedicó de lleno al pingüe ofi.
do de mixtificador teatral, amparado ante el público tras el éxito de la excelente ingenua Catalina Bárcena, se ha puesto de m~ el que las CompHfas
se anuncien dirigidas por un literato. Apenas•si se aprecia resultado propicio para el arte. El pabellón, lejos de cubrir la mercancía, arrastrado por las
tablas se mancha, o se descolora cuando menos. Leed los carteles de la
temporada recién abierta. ¿Qué ofrecen, no ya de sugestivo, de meramente
decoroso?
Se ha descentralizado de pocos aflos a esta parte el arte dramático espaflol, en cuanto los teatros de provincia se ven más frecuentados por los
primeros actores y actrices que, erigidos en capitanes no bien oyen el pri•
mer aplauso de la claque en un muús, constituyen en torno suyo un eúnco
de aprendices y se lanzan a representar un repertorio trasnochado. Imitan
semejantes_Compafilas el procedimiento usual en las italianas que antafto
nos visitaban asiduamente de paso para América. Imitación que trae consigo, claro está, el defecto característico de aquellos cómicos: la propensión
a exagerar el tipo central del protagonista, en detrimento del conjunto escénico, sin que, por otra parte, nuestros actores sientan la misma neceslda&amp;
de renovar el repertorio, antes bien repitiéndolo precisamente en cuanto tiene de deleznable, sólo porque la maestría de un Novelli o de un Zacconi
ilustraron la representación de un Papá Lebonnard o de un Oswaldo.
Y no se me escandalice el lector al ver equiparados personajes taR dispares. El Oswaldo de Los espectros que representan nuestros cómicos adolece de la grave enfermedad con que lo deformó, ¿para siempre?, a nu~stros
ojos la genialidad de Ermete Zacconi. Tal como se hace desde que lo mterpretó este gran comediante, el drama de lbsen puede alternar en el cartel
con La carcajada, pongo por melodrama. El público, sometido al error de
los actores, no ve más que la imitación repugnante de una parálisis progresiva. Se siente sobrecogido como cuando en la calle se detiene a contemplar
los espasmos de un accidentado. Habrla una manera fácil de probar mi opinión. Bastaría repres~ntar la obra sin primer actor, con cualquier galán joven discreto, desempeftando, en cambio, una primera actriz el papel de la
madre. Tal vez el drama recobrara su virtud perdida.
En la confusión ayuna de todo criterio con que comienzan este año los
teatros de Madrid, presa los principales de Compa~las de paso, atenta~ tan
sólo a la seguridad de las buenas entradas del domingo por la tarde, sm la
menor preocupación por dar a su trabajo una dirección ordenada, obsérvase, no obstante, un curioso fenómeno: la coincidencia en querer honrar la
memoria artística de D. Benito Pérez Galdós-tan a duras penas soportado
por los directores artísticos y empresarios en vida del maestro-dando

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�LA PLUMA

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pomposamente el nombre de homenaje a la simple representación de aquellas de sus obras que menos necesitadas estaban de una revisión, bien porque el públko háyalas recibido siempre con aplauso entusiasta, ya porque significaban en su labor no tanto el punto culminante de su batalla con
los espectadores habituales de los teatros, como la propensión a condescender, en menoscabo de la propia personalidad, con ciertas prácticas viciosas
de la época. Ni Borrás, ni Morano, ni la sefiorita Palou han intentado una
representación cuidada de Realidad, de La fiera, de Alma y vida, atentos exclusiva y equivocadamente al lucimiento personal que supone el hacer los protagonistas de El abuelo, de Amor y Ciencia, de La de San Quintín. Hora es ya de que vayan enterándose los directores de que, no obstante la excelencia de los dramas y comedias de D. Benito Pérez Galdós sobre
los de su tiempo, en el mundo hay más, y, sobre todo, de que es sobremanera ridículo el jurar en vano por su glorioso nombre, y sacarlo, como el
cuerpo momificado del santo Patrón de Madrid, en abono de la propia holgazanerfa artística.
·
¿Cómo ha respondido el público a las insinceras solicitaciones que con
motivo de la inauguración del Centro, de la Princesa, de Eslava.se le han dirigido en sueltos de Contaduría y recensiones oficiosas? El público ¡e ha limitado a ir al teatro, sin más, pervertido por su afición a ver los cómicos,
no las obras, que en la constante feria provinciana que es ahora Madrid, se
sostienen en los carteles un número de veces más en relación con el censo
de forasteros que con su mérito literario, o con el gusto-de los espectadores. Sin embargo, menester es confesar el deprecio de la producción sentimental, de la alta comedia, como se decfa hace algunos afios, que se observa con la vuelta al teatro que en términos generales podemos llamar
romántico, clasificación que damos aquí en su sentUo más amplio, y que en
el repertorio qae estos días se hace, tanto lo representa el drama de Víctor
Hugo con que abrió sus puertas la Latina-tan favorable por su situación
a un ensayo de verdadero teatro popular-como el Don Alvaro, los amantes de Teruel, el Cyrano del Circo de Price, o las pellcultu habladas del Cómico. Refúgiase la comedia burguesa en Lara y el Infanta Isabel, campa la
opereta infecuada en el Reina Victoria y la Zarzuela y agoniza el género
chico en Apolo y los teatroa de barrio.
¿Será cosa de cantar unas honras por la eterna salvación del género chico? Sea. Pero con una condición, con la de que esté de veras muerto. En
pleno florecimiento del sainete lírico en Apolo, cuando había en el teatro de
lá calle de Alcalá una Com pafifa tan adecuada a las obras que se hacían en su
escenario, que sus primeras figuras fuera de aquel marco no han prosperado
artísticamente, la alta crítica discutía en serlo los engendros de D. José

LA PLUMA
Echeiaray, y menospreciaba los cuadritos de D. Carlo~ Arniches. Nos amenaza el peligro contrario. Es posible que de la Restauración a láfecha el mayor
precio de la literatura dramática espafiola esté en los pequeftos modelos de
o Ricardo de la Vega. Ahora bien; desde que el achabacanamiento d~I gén~ro inundó Espafia entera de chulos sensibleros exportados de Madnd en
piececitas de hora, de cuya sensibler!a ~ueda~ ¡~7! nefand~s rastros en boca
de tas tonadilleras al uso, dió esa publica opm10~ que se 1_mprovisa e~ las
redacciones de los periódicos en considerar el s~mete cas:tzo con la misma
actitud prosopopéyica que una novela de D. R1c~rdo Leo?, valga por E~paña tradicional, y combinado todo ello con las fiestas sat~etescas, las peinetas, las mantillas, el Goya de cuadro vivo, lo_ falsamente pmtore~co en fin,
se ha inventado una aureola absurda a un~ ltteratura! c~yo ménto era la
simplicidad, la gracia popular, el buen sentido de lo com1co..
Muy bien nos parece, por tanto, que ~I grupo de •Amigos de Vallelnclán&gt; que tiene anunciado para este invierno un ensayo de teatro docente, es decir, dirigido a intentar una restauración de la buena literat~ra ~n la
escena, se proponga comenzar sus tareas r~presentando ~r~ actos s1gmficatlvos de una estética modernísima, depuracton de un clas1c1smo generalmente ignorado como tal: La guarda cuidadosa, de Cervantes; el Manolo, de
D. Ramón de la Cruz; El hombre del destino, de B~rnard 5haw.
. .
La concisión, la brevedad son notas caracterfsttcas del actual mov1m1ento artlstico en todos los órdenes; un drama de Shakespeare ?ºs parece _más
una novela que una obra escénic~. De ~u~vo cobra oportuntdad la antigua
discusión entre clásicos y románticos, s1 bien los térmmo~ en q_ue antaflo se
apoyaba estén hoy subvertidos. Será menester tantear, ~tscerntr !?ara ver de
hallar la fórmula de colaboración entre el autor dra111:áttco, sus tntérpretes
y su público. Esa colaboración no puede producirse sm una buena ~oluntad
y una buena fe de que carecen los empresarios, los autores, los cómicos, los
espectadores de los teatros abiertos en Madrid.

UN CRITlCO INCIPIENTE

231

210

�LA PLUMA

LA PLUMA

Ofos gcises
Me place mt'rar tus ojos,
porque mirándolos, veo
pat'sajes entrt'steet'dos
bajo encapotados delos,
con horizontes lluviosos
y con árboles escuetos...
Me place ver tus pupilas,
porque son vivo reflejo
de las mañanas de norte
junto al escampado puerto,
mientras combaten las olas
desgarradas por el viento...
Como los de los 'lttarinos,
qtu Jaben mirar muy lej'os
y descubrir en las rutas
más distantes los veleros,
ius ojos, grt'ses,profundos,
absortos, ausentes, bellos,
parecen estar mirando
a la distancia, un ensueño...
Por eso adoro tus ojos;
y aunque no me quieran elfos,
he de contemplarlos siempn,
porque mirándolos, creo
atravesar los paises
que son mi amor y están lq"os;
porque mt'rando tus ojos
vimen a mt' pensamiento,

un las tempestades /oroas
M los cantdbricos puertos,
los ancl,os mares de Islandia
bajo el reposo de inflierno...

.MARIA BNRIQUBTA

tnciso
.Amo a tas mujeres con cara de chico,
de nervz"os modernos y at're comercial
(la que hace cake/a esa me es igz.al).
&amp;usto de las damas del cheque§ del éter,
las que nunca olvidan que siempre es un rato
(la gatita tímida, esa... para el gato).
Adoro a la Eva de sensorio equivoco
que al amor prefiere el turbio amorío
(las z'ntelectuales de los eztrav{os).
Las que ,;on la borla de sus ojos dt'cen
qui morbo es la clave de nuestro apetito
cuales los resortes de nuestrDs delt'tos.
La mujer lzt'stn'ónica maquülada y frívola
que sabe angustiarme y sabe embrujarme

y sabe reirme y sabe engañarme
y siendo honorable es cocotte y artista,
de nervz·os actuales y aire comerdal,
la que nunca olvida que siempre es un rato.
( La gatita tímida para Don Torcttalo.
LA que hace caketa para Don Vital.)

ANTONIO BSPINA GARCIA

�LA PLUMA
A. de la Sota.-Divagaciones de un transeunte.-Con pró)og~ de Joaquín ~e

•u

llBROS Y ReDIStAS
.J. Moreno Villa.-Velázquez, con 39 fotograbados.-Colección Popular de
Arte.-Calleja, Madrid.

_

Sincérase el autor de esta interesante monografía en las Breves consideraciones -/inale~ de haber seguido, en gracia a la idea divulgadora de los editores

..

.. 1

de la colección en que figura, el camino tradicional en estudios más extensos
;as líneas c~onológic~s trazadas por el Sr. Beruete (padre), del que le separa l¡
mterpretación estética.
¿Cómo resume la suya el poeta Moreno Villa, sutil exégeta de Velázquez?
Dos tipos hay de pintores, según Wickoff: los que buscan la Naturaleza, lascosas, y los que buscan las impresiones de las cosas (naturalismo e ilusionismo).
El proceso de Velázquez va del naturalismo al ilusionismo, de sus primeros bodegones, en que aprendió a dar carácter propio, material, a las cosas, a sus cuadros _de_ apogeo, e!l que proyecta como un realista y pinta como un ilusionista.
Siguiendo la vida y obra del pintor desde los estudios de sus maestros sevillan_os Herrera y Pacheco a su postrera elevación al cargo de aposentador de
Palacio, apunta Moreno Villa la influencia innegable que en el carácter flemático de "."elázquez ejercieron Italia, los Países Bajos y, directamente, no obst~nte el mdocto no sepa apreciarlo, el Greco. De Velázquez en adelante, todo
pintor, en vez de copiar la realidad, inventa un convencionalismo para dar la
impresión de lo que ve. Deducimos, pues, del ensayo de Moreno Villa que ese
punto de culminación del arte pictórico qqe señalan el retrato de Inocencio X,
o Las meninas, estriba en que resumen la composición clásica, a la que añade
Velázquez la pintura de la atmósfora.
Nos parecen discutibles algunos curiosos extremos de la teoría que Moreno Villa extrae de la contemplación del gran pintor español. Tal, por ejemplo,
la negación de cierto sentido irónico en el Esojo y el Menijo del Prado. Agudísima nos parece, en cambio, la observación relativa al estatismo de los Borra-

chos-cóacanal paralftica&gt;.

C.R. C.
2,94

• **

Zuazagoitia.- Ilustraciones de Aurelio Arteta. -Editorial Vasca. - Bilbao, 1920.
cSi yo acertara a dar a las cosas un aire importante, podía titular este ~r_ólogo cDe:cómo descubrí un humorista&gt;, nos dice D. Joaquín de Zuaza_go1ba.
cEsperemos que estas y otras muchas páginas-aún no escritas-de Aleian_dro
de la Sota sean con el tiempo como los pequeños anales de nuestra generación,
de esta generación unida, como pocas, eR un mismo amor hacia su pueblo Y en
un mismo deseo de su engrandecimiento espiritual.&gt;
Las crónicas recet::idas en las Divagaciones de un transeunte nos muestran a su autor como hombre joven, simpático, fino, de mundo, del verdadero
gran mundo. A través de sus páginas, veréis que no pr_etende deslumbraro?,
abrumaros ni imponer su gravedad sobre nuestro descuido. Mas ta_mp?co solicitará constantemente vuestra risa, ni el disloque de vuestra adm1rac1ón ante
paradojas, chistes, ocurrencias más o menos literarias. Es simplemente_ un observador amable de su pueblo, a la vuelta del extranjero. Un hombre b;en edu_cado, en toda la extensión de la palabra. Ni os dirá todo lo que sabe as1 de primera impresión, ni ocultará su afición por descubrir en las cosas m~nudas, en
la vida diaria d~ su pueblo, cierta trascendencia, apenas apuntada, Jamás traspuesta en exageradas hipérboles.
.
Adolece su estilo de localismo, inevitable acaso, pero aun eso le da c1crt&lt;&gt;
gracioso desgaire, que, lejos de irritarnos, nos seduce por su lige~eza. ~• lo que
es más, se advierte en todo el libro un sincero deseo por hallar hteraname~te
la fórmula, encontrada ya por el magnífico dibujante Arteta, cuyas ilustra~10nes, sobre todo la que acompaña a la dedicatoria, rev~lan esa p~rfecta unión
de la tradición clásica con la emoción del momento, mconfund1ble sello del
arte grande, del Arte simple.
c. R. c.

Eugenio D'Ors.-Glosas. Páginas del Glosario de Xenius (1906-1917).-Versióo
castellana de Alfonso Maseras.-Biblioteca Calleja.
Nada menos que cder Socrates des modernes SpanienS• cuenta el trad11;ctor
de estas Glosas, que llamó a Xe:iius un crít_i~o alemán; de «sumn~a d~ los tiempos nuevos&gt; parece que las calificó un cnhco francés. «En el 1ardm de Academo ha aparecido el prescriptor por excelencia, p~nsado_r y poeta a la vez,
moralista y rápsoda, constructor y conductor, a u!1- mismo tiempo, de un pueblorejuvenecido. Este prescriptor, este filósofo y artista, este constructo:. Y normalizador es nuestro Eugenio D'Ors•, dice su introductor al lector espanol, D. Alfonso Maseras.
Semejante ditirambo nos parece excesivo y desde luego induce a que el lector se prevenga en contra del libro. Eugenio D'Ors, ha hecho popular en Barcelona, desde las columnas de La Veu de Catalunya el seudónimo_ de Xenius,
con que ha firmado diariamente, durante algunos años, el GIDsari de que nos.
235

�LA PLUMA

LA PLUMA

....

ofrece ahora la Casa Calleja escogida muestra. El suceso cotidiano, la noticia literaria, el acontecimiento internacional, hallan en Xenius un comentador siempre agudo, justísimo a veces, y (l,rbitrario las más. Arbitrario se proclama el
propio Xenius en un sentido filos6fico. Las pretensiones filos6ficas de Eugenio
D'Ors son quizá el motivo de que la lectura de sus glosas no despierte entre él
y nosotros esa corriente de simpatia que precede a la captaci6n del lector por
parte del autor de un libro. No pretendemos discutir su sistema; es cosa que
DO Dos compete, ajenos como somos al cultivo científico de la filosofía. Pero
hay en la literatura de Xenius, pese a su deseo de universalidad, un sabor inconfundible, que para cuantos no han nacido en el Principado, le sitúa en su
verdadero lugar: el sabor catalanista. Ese sabor, al par que le confina dentro de
la Mancomunidad política en cuyo servicio, tan mal correspondido en fin de
cuentas, se han malgastado basta ahora los más puros anhelos de Eugenio
D'Ors, hace desmerecer su obra, en la cual se adviene esa desproporción entre la apariencia y el fondo, característica de muchas obras del separatismo, literario o no.
Por lo demás, ¿cómo no estar de acuerdo con la teoría clásica que Xenius
pregona en contra del sentimentalismo romántico? Es muy posible que en líneas ge.e.erales aceptemos su programa literario, ya que no su tono magistral.
Valdría la pena de estudiar comparativamente la influencia de Xenius en Cataluña y la del señor Ortega y Gasset en tierras de Castilla; influencias que no
sabemos si serán tan divergentes como la direcci6n respectiva de sus corüeos,
pues Xenius aspira a la serenidad clásica y el señor Ortega se anega en barroquismo.

c. R. c.
Strindberg.-Et viaje de Pedro, el afortunado. Traducido del sueco por Rafael
Mitjana.-Colección Grnnada. Jiménez Fraud, editor, Madrid.
La personalidad literaria de Strindberg es aún poco conocida entre nosotros. De sus numeresas obras, creo que es esta la primera que se traduce al
castellano. El viaje de Pedro, el afortunado, a través del mundo de sus deseos
para hacer la experiencia de la vida, llevado por el ímpetu de una juvenil generosidad, es ameno, interesante, satírico y tiene un desenlace moral. Resulta
pues, un viaje... entretenido. A pesar de t&lt;,&gt;dos los desengaños que el héroe sufre, la vida sigue llamando ardientemente a su corazón; y el mundo continúa
poblado para él de cosas maravillosas, llenas de ir6nicas significaciones, que
dialogan entre sí, animadas por una superabundancia de energía.
La belleza de la obra de Augusto Strindberg me parece que radica no sólo
en la espontaneidad y viveza del diálogo, ni en el sostenido movimiento de la
acci6n, rápido como el vuelo de la fantasía, sino en el espíritu que la informa,
optimista, de confianza en un más allá mejor. El caso de un hombre que pretende realizar la felicidad, individual o colectiva, y fracasa, y que encuentra su
salvación en sí mismo o en el amor, aunque lo último sea tan difícil como el
ll6

propio autor nos dice, es ciertamente un caso que ofrece poca novedad. Lo
que nos interesa de todo ello es la fácil resignaci6n con que el héroe acepta las
lecciones de la experiencia y el entusiasmo con que acomete nuevas aventuras, puesta en alto la espada de la esperanza, cuando aún no se ha repuesto de
los descalabros que acabara de padecer.
La traducción ha sido hecha por Mitjana con gran respeto al original, según se desprende de las r.otas que la acompañan en un castellano correcto y
sobrio. Un estudio literario de Strindberg la precede.
J.A.P.

*

* et*nofl•e temjs.-Un volumen. París, ChiLes amia de Proudhon.-Proudlwn

ron, 1920.
En los primeros años de este siglo las enseñanzas de Proudhon, eclipsadas
por la difusi6n del marxismo, recuperaron la atenci6n de algunos sociólogos y
economistas franceses considerables, y fueron «utilizadas• por antidem6cratas
militantes, venidos de campos opuestos. Se form6 un grupito de gentes (radicales, socialistas, sindicalistas) que tenían de común su amor a Proudhon, al
país y a su tiempo. Se constituy6 también un Ce,·cle Proudhon, donde algunos
teorizantes del sindicalismo revolucionario y los más notorios propagandistas
del nacionalismo integral colaboraban para extraer de los escritos de Proudbon
un sistema, o siquiera argumentos, cuando no diatribas contra la democracia,
Los trabajos de aquel Cercle nos han dejado, por lo menos, un volumen: Ca/ziers du Cercle Proudhon (París, Nouv. Lib. Nat., 1913). Los «amigos de Proudhon, , que pretenden servirse del espíritu proudhoniano para ayudar a la democracia francesa a reorganizarse, no para conducirla a renegar de sí misma,
han empreudido la publicación de una serie de monografías en que se estudia
el pensamiento del fil6sofo en función !le los problemas de reorganización social derivados de la guerra. En este volumen de que hablamos colaboran
MM. Augé-Laribé, Berthod, Bouglé, Guy-Grand, Harmel, W. Oualid, R. Picard,
G. Pirou y J. L. Puecb. El valor del orden político frente al econ6mico y profesional, la formación de una ideología de la tendencia revolucionaria, la enseñanza técnica y la organizaci6n del taller, el socialismo y los problemas agrario~, y otras cuestiones del día se ilustran en este librito con la aportación de
las doctrinas, planes y previsiones de Proudhon acerca de ellas. Nos han interesado especialmente el estudio de M. Pirou (Proudlzonisme et Marxisme), que
al revisar el pensamiento de Jaurés, tentativa de conciliaci6n entre Proudhon
y Marx, rehace con brevedad un capítulo de la historia de las ideas socialistas
en Francia antes de la guerra; el de M. Puech (Proudhon et la guerre), que restituye su sentido exacto a la filosofía de la guerra de Proudhon, de quien se
había intentado hacer un apóstol de la violencia, y el de M. Bouglé (Proudhon
fédéraliste), que admite como problable un ensayo de soluciones federativas
por reacción contra los resultados de la concentración política y econ6mica,
reprobadas por Proudhon. Nos placería ver restaurados en España los estudios
proudhonianos, puesto que el pensamiento de Proudhon habría de ocupar en
una historia de las ideas de nuestro país en el siglo xix un lugar importante,
M.A.
237

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LA PLUMA

Reviata de libros.-Enero- .11arzo rpzo.

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En el ambiente morbosamente antiliterario en que se asfixia la vida española, una revista como la que Luis Bello dirige con tan acertada orientación es
elemento de primera necesidad.
No obstante el retraso, ofrece este último número singular interés. Y de
entre la lucida colaboración crítica, destácase especialmente a la consicteraci6n
del lector un artículo, muy sugestivo, del propio Luis B~llo, sobre La n011el#I
rus• 1n España.
El tema es por demás atractivo. De las innumerables traducciones de que se
surte, con exceso, a nuestro entender, el actual mer,:ado de libros, las novelas
rusas llévanse la palma en el favor del público. Es natural que así~ea. Bastaría
la revolución social de Rusia para justificar tal curiosidad. Luis Bello atribuye
gran parte d1&gt;l éxito a lo que pudiéramos llamar el dinamismo iliterario de la
literatura rusa, a su aparente falta de composición, a su bárbaro naturalismo, o
ausencia de las cualidades clásicas de la novela francesa.
¿Hasta qué punto es esto cierto? Y, dado que lo sea, ¿hasta qué punto puede
,ser beneficioso? Se cierne sobre la literatura española un grave peligro, el del
hechizo eslavo, proverbial en todo el occidente- de Europa de tiempo atrás. Aficionados como solemos ser a tomar, cual vulgarmente se dice, el rábano por
las hojas, es de temer una reacción antiliteraria promovida por los :r.isrnos lite•
ratos, iafluídos tal vez del exceso de intelectualismo que en Francia, por ejem
plo, se observa, pero que en España ha de·tardar todavía muchos años en constituir un mal cuyo remedio sea la invocación a la barbarie.
Luis Bello no hace más que plantear, en esta primera parte de su articulo,
tan considerable problema. Creemos que es cosa de meditar las consecuencias
-de abrirnos incautamente a la invasión del caos rus6filo. ·
C.R. C.

'*

* '· *México y sus luchas internas. Bilbao,
Libros recibidos.-Luis F. Seoane:
1920.-Kahlil Gibran: El loco. Costa Rica, 1920. García Moage, Ed. «El Convivio,.-Alberto J. Ureta: Florilegio. ,Costa Rica, 1920. García Moage: Ed. «El
Convivio•. - Ricardo Fernández Guardia: La miniatura. Costa Rica, 1920.
García Monge, Ed.-K. Hamsun: Hambre. Madrid, 1920, «Editorial América•.E. Heine: Literatura alemana. ldem, íd.-W. Shakespeare: Ensuei,o de ur,a noche
de ve,·ano. Idem, íd.-E. ~escltanel: Las cortesanas griegas. ldem, (d.-D. F.
O'Leary: El Congreso Internacional de Panamá en I8Z6. ldem, (dem.-Vice~te
Lampérez. Los grandes monasterios espa,ioles. Colección Popular de Arte, Madrid,
Calleja.-Ramón Pérez de Ayala: Promete@, Luz de domingo, La caída de los
limones. Novelas poemáticas de la vida española. Biblioteca Calleja.
*

* *
Revlstas.-Hermes. Bilbao, septiemb1e.-Spanien.
Hamburgo, números t
y 3.-Hispania. París, junio.- Vida Nuestra. Buenos Aires, julio.-D1e Aktion
Berlín, septiembre.- Tlida. La Coruña, agosto.-España y América. Cádiz, sep·
tiembre.-España. Madrid.-.Revista de libros. Madrid, enero-marzo. -Pegaso.
Montevideo; julio.-Ariuitectura. Madrid, marzo.
2

238

Gacetilla.
Los preTlsores del poi:venir.-Se asegura que el Sr. Muñoz Seca, no
contento con inundar los esce11arios con las flores de su fecundo ingenio para
e dilatar el bazo• a las generaciones actuales, se ha precavido contra la esterilidad de la vejez. •Ahora que tengo talento-ha dicho a unos amigos suyos-escribiré treinta argumentos y los guardaré en un cajón, para hacer otras tantas
comedias cuando ya no se me ocurra ainguna intriga.• La anél"dota, aparte de
la amenaza que encierra, sirve para probar que el Sr. Muñoz Seca ha cceído
tener talento una yez en su vida.

***
Non voglio raggiouar niente di novo ...-Se va a dar en el Español La
Bofetada, de Novo y Colson. ¡Ahí nos las den todas! El director de la Academia
Española,deseoso de reverdecer los laureles de sus colegas, ha influ(do-dicenpara que esa obra se represente. Si el Sr. Novo, adelantándose al ejemplo del
Sr. Muiioz Seca, hubiese escrito hace treinta años dos docenas de comedias de
reserva, no estaría tan borrado de la memoria de los hombres. «He tenido doce
éxitos verdad en el teatro-dice el Sr. Novo en una página autobiográfica-;
pero sólo de una obra mía he logrado ver la rep1'ise•. Para disponernos a presenciar la de La Bofetada nos hemos acercado a un volumen en 4.º, de cerca
de 900 páginas, titulado Teatro de Novo y Colson, con prólogo del Sr. Fernández
de Bethencourt. El prologuista se disculpa con el lector en este estilo:
e Un muy sincero afecto, la fraternidad académica, una idea, por su parte, de
mis medios literarios, te lo aseguro, y por ti mismo lo verás, de todo punto superior a la realidad, parecen ser la razón única de esta sinrazón, que hace que
Teas al pie de este prólogo, o lo que result&lt;1re, el nombre de un modesto historiador... • Las razones que a juicio del prologuista justifican la publicación del
cTeatro• del Sr. Novo deben de ser las mismas que van a justificar la nprise
de La Bofetada: • ...los más de los que llenan de su producción nuestros teatros, en lo que les permiten y toleran franceses, belgas, italianos y hasta suecos y noruegos, o traducen descaradamente de los primeros, o piensan en francés y en francés hablan. La poesía nacional, no la remilgada, tísica, contrahecha y deforme de nuestro absurdo modernismo, apenas se refugia en tres o
cuatro, cuyos nombres simpáticos me cuesta mucho trabajo no estampar aquí
con todo el elogio que les es debido.• Tras el prólogo hemos leído La Bofetada. Es muy buen drama. En la imposibilidad de reproducirlo aquí todo, ofrecemos al lector, íntegra, la escena IX del acto I:
«MARQds.-¡Alberto!
ALBKRTO.-¡Padre!
MA11.GAIUTA.-¡Ah!
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ALBERro.-¡Ellal&gt;
y un trozo de la escena X. Alberto, oficial de húsares, regresa de la guerra
carlista y describe una carga de caballería:
cALBERTo.-Mi puño vigoroso movió el acero como un relámpago lejos y
cerca, sin tregua ni piedad y en sangre tinto. La gente, acobardada, ensanchó
el cerco; lancé el caballo, y un jefe enemigo se interpuso. Empuñaba un sable
como yo; el furor le cegaba como a mí; sus ojos brillaban como los míos...
¡Plaza!, gritamos, ¡Plaza!, y nuestros aceros chocan y chispean prontos al quite.
De un tajo cercené su mano izquierda al par que él con su diestra armada deshizo la testuz de mi caballo.
MARQUÉS /muy agitado).-¡Caballos había muchos!
AtBERTo.-El mío me arrastró a tierra.
l'l!ARQUÉS (con ansiedad).-Pero un tigre salta.
ALBERTo.-¡Y salté como un tigre!&gt;
La crítica estuvo acorde al proclamar el triunfo del drama: •Todo el mundo
estaba conforme-escribía El hstandarte-en que la obra del Sr. Novo y Col•
son pertenecía a las que poseen el raro privilegio de acallar los gruñidos de
los descontentadizos, de los envidiosos•. Pero no lo estuvo al apreciar su tendencia: «El Sr. Novo y Colson-decía D. José de Laserna en Et Imparcial-no
fué anoche a plantear en el teatro Español ningún problema jurídico, ni sociológico, ni teológico, ni de ninguna clase, como viene siendo uso y costumbre
en estos últimos tiempos». Ea cambio, para el Sr. Ruiz Contreras: «Dos problemas tenebrosos perturban a todas horas nuestra sociedad, amenazando el
pedestal en que ésta se apoya: la familia. Estos dos problemas, enunciados
concisamente, se reducen a estas interrogaciones: Si el hombre duda, no ya del
amor de su mujer, sino de la concepción de su hijo, ¿cómo .se cerciora?, ¿cómo
castiga? Si el hombre, seguro de la concepción de su hijo, no fía en la pureza
de su mujer, ¿cómo se decide,, ¿cómo perdona? En uno y otro caso faltarán
siempre definitivas pruebas. El primero de estos problemas ha servido al s.e ñor
Novo para escribir un poema tan abundante de verdad y poesía que seduce y
convence.,
Nosotros deducimos que la importancia del drama del Sr. Novo estriba en
haber propuesto un medio de prueba (cuando menos sorprendente), para cerciorarse de la «concepción del hijo»: abofetearlo.

AÑO l.

1

l\'.IADRID, NOVIEMBRE 1920

NÚM. 6.

Apuntes y canciones.

I

f.lCay una mano de niño
dispersa en la tarde gris,
o en la tarde gris se borra
una acuarela infantil.
tJtoño tiene en el sueño
un iris de abril.
...no sueñes más, cazador
de escopeta y galgo.
'1/a quiebra el albor.
241

�</text>
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          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>LA _PLUMA
Gautier no vió Avila; algunos dioses menores se han aplicado a manifestar sil
reacción espiritual frente a la ciudad de la Santa: así Martinenche, en sus Propos d' i:!,spagne, y P. Suau en su Espagne, Te,·re d'epo/le, entre otros. M. Pitollet,
que fué profesor de lengua y literatura españolas en Hamburgo, trató hace
años de sintetizar los rasgos específicos de una ciudad de Castilla en una conferencia titulada: .Muy noble, leal y lteroica ciudad. Ahora quisiera hablar de Avila
en su realidad objetiva. Dejemos a un lado, por de pronto, a la Virgen de Avila. Santa Teresa es un hecho de historia que cada cual puede interpretar seg6n
sus propias teorías. Dejemos también la arquitectura. Las murallas se desmoronan, escandalosamente abandonadas, en torno de esta Siena en decadencia,
cdonde las calles son horribles, donde las viviendas, de granito grisáceo, hielan
el alma; donde la catedral es una fortaleza, donde nada es del presente, ni
siquiera las dos posadas con pretensiones de hotel, que uno se apresura a abandonar por el oasis de Madrid, donde, al menos, el Palace y el Ritz constituyen
dos islotes de vida europea en ese gran aduar de prostitución, de caciquismo,
de haraganería y de verbalismos.• En Avila florece la miseria castellana rural;
unos cuantos señoritos iletrados perpet6an, sobre la plebe harapienta y pueril,
el antiguo sistema de explotación de la ignorancia y de la superstición en provecho de una casta que ni siquiera tiene la excusa de monopolizar la elegancia
del espíritu. Quiere recordar tao sólo que en Avila, además de Torquemada,
inquisidor general, duerme su &lt;iltimo sul"ño El Tostado; con ellos se completa
el tríptico: Teolog{a, Inquisición, Misticismo, en que se resume la expresión espiritual de Avila.

• ••
Grecia.-Revista decena! de literatura.-Director: Isaac del Vando-Villar.Madrid.
Ha reaparecido en la corte esta revista literaria que antaño se publicaba en
Sevilla. Ultraístas, creacionistas, dadaístas colaboran en ella, más que con ardor
apostólico, con académica insistencia. Traducen al español el último grito europeo, del cual nos Jlega amortiguado el eco a través de los Pirineos-todavía
los hay-. Pero revelan, pese a todos los distingos que pretendamos oponerles,
y aun a su pesar a veces, un sincero afán revolucionario por trocar los medios
de expresión que la antigüedad clásica nos ha legado con el Renacimiei:to, del
que las artes viven.
·
No todos los humoristas líricos de Grecia solicitan por igual nuestra atención. Gerardo Diego, Adriano del Valle, la gnbadora en madera Norah Borges, y especialmente Jacques Edwards nos parecen dotados de cierta personalidad, difícil de destacar entre las estrechísimas reglas de la nueva estética.
Bien venida sea Grecia, juvenil vanguardia de la batalla que compartimos
contra las fósiles fortalezas en que adolece nuestra literatura contemporánea,

c. R. c.

ARO l.

1

HADRID, SBPTIÉMBRB 1920.

Nú.M.

4.

fat?sa Y licencia de

la Reina Castiu

==

JORNADA SEGUNDA
OeCORAClÓJ"l

N

ocf)e de oe1!ano. ~ luna en la t
Ho f1!agante de t?osa Y faam{n
4 ' Un pa::
ca la t,~mula tnaaa ~ con fuegos dsu encafe cal=
e baldosín~
e Cuna sobt!e
'
et cá
inte1!columnio deseu b1!e e ( espacio ~ donado
de ~
uasta
mat!a vea( ~ CeistaUnas (á
'
el topacio nr de (a ( ·
__
mpa1!as quieb1!an
~. U en t1!t.S palpita el C1!istal ~

J l,

:/:-a;a·

144

1.45

�LA PLUMA

LA PLUMA

-

-----

-=- ESCENA PRii\1 l{RA -=DoN LINDO.
·I
1

P

'LATICAN en el estrado -= bajo el círculo dorado -=- 'Y trén,u/o
de la luz . . Don Lindo, y un jorobado, o=. guitarrista de ta-

EL JOROBIITA.

ólado - . tn el género andaluz. o=EL JOROBETA.

DON LINDO.
EL JOROBETA.
DON LINDO.
EL JOROBETA.

DoN LINDO.
EL JOROBETA.
DoN LINDO.
EL JOROBETA.

..

DoN LtNDO.
EL JOROBETA.

DoN LINDO.
EL JOROBETA.

DoN LtNDO.
EL JOROBETA.
DoN LINDO.
EL Jea.OB&amp;TA.
146

I

Parece que esta noche pendonea,
en un baile de trueno la patrona,
la veremos llegar con una pea.
Si te diese lo mismo decir mona.
Cómo te pagas del hablar finústico.
No se aviene conmigo el modo chulo.
Del castellano sarraceno y rústico,
prefiero recibir la coz de mulo.
A ti te gusta la extranjera parla,
corbatas de París, te de Inglaterra,
y donde esté una furcia anonadarla
diciéndola: pardón. Nombre de perra.
¡Ay, Torraba\ ¡Torraba, yo me muero!
¿Qué tienes, Querubín?
¡Que mi alma llora!
¡Torroba, ya no estoy en candelero!
¡Iguales el Señor y la Señora!
Torroba. en prenda de amistad...
Supongo
que pretendes tocarme la joroba
para mudar la suerte, y no me opongo,
que la amistad la entiende asi Torraba.
En h desgracia se agradece un acto
tan lleno de ternura.
No seas niño.
Yo pongo a tu servicio mi artefacto,
y tú me das un duro. ¡Ole el cariño!
¿Por qué no hablas al Rey en mi provecho?
Ya no atiende el patrón mis letanias.
Confórmate a tu suerte: a lo hecho pecho.
Tú privas siempre aqui.
Son tus lllanias.

DoN LlNDo.
EL JOROBETA.

DON LINDO.
EL JOROBETA.

DON LINDO.
EL JOROBETA.

DON LINDO.
EL JOROBETA.

DON LINDO.
EL JOROBETA,

DoN LINDO.

EL JOROBETA.

DoN Lnmo.

¿Te figuras que a estar en capitales
me t_ocas por un duro la joroba? •
¿Que es un duro, gachó?
Veinte reales.
¿Y e~o es P~gar su mérito a Torroba?
Aqu1 no existe protección al arte
Y tendr~ que volverme a los cafeses
con la tior~a. Oyeme un aparte:
me está sahendo el Rey, Plata-Meneses.
Los reyes son volubles.
¡Ya lo veo!
¡Pero luciera yo cuatro entorchados!
Tal como soy, a nadie aguanto un feo
y tengo hecha_ la cruz a estps estrados'.
Pero _tras la m1 cruz de Caravaca
me Vln? con empeños cierto Ieg~
que_ quiere hablar al Rey, y naturaca,
Ulp1ano To~roba que haga el ruego.
¡Poco que tienes tú la cara dura
para saber negarte!
¡Asi se pasa!
No has gastado conmigo esa fi nura.
La, finura del hombre es en su casa.
¡T_u estás con el patrón en candelero!
Mientras le traigo historias del Casino
o de las Cucas. Acabando, cero.
A _otr? le cuentas ese cuento chino.
Mi remo fué una nube de verano
aun ~uando no lo creas. La tortllla
volv1óseme en un vírame la mano
Y hoy nada pinto con la Camarilla'.
Por lo cual, me verás tomar soleta
tan y cuanto al patrón y al lego a;iste.
No volverás a 01rme una falseta.
En los cafeses ganaré mi alpiste.
Tu lego es un fantasma.
Cuando veas
al lego entrar.-Si el Rey le otorga audiencia
que si le otorgará. Sé sus ideas
'
en par~cidos casos de conciencia.
¡No quieres ayudarme!
147

�LA PLUMA
EL JoROBBTA.

LA PLUMA
Mira, niño,
una venda le pones a tu herida,
pues nunca vuelve, si se fué, el cariño
¡Torraba sabe mucho de la vida!

-ESCENA TI-=-

E

=

L Rey sale de su alcoba:
calzones de mameluco, .._ melifula
voz de eunuco, -=-:- saludo amable de coba. -=--=-

EL

REY CoNSORTE.

EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.

Et

REY CONSORTE.

EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JCJROBETA.

EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.

EL

REY Co:-.soRTE.

EL JOROBETA.
I'

EL REY C&lt;:&gt;NSORTE.
148

¡Buenas noches! ¡Me alegra tu visita,
Ulpianol ¿Por dónde se flanea?
Por el mundo ganándome la guita.
¿Y por el mundo qué se ~hismorrea? .
¡Hay de todo, Señor! Chismes de hamo~
chismes de vecindad, de portería,
y hay alguno también, extra()rdinario,
que tiene premio de la lotería.
¡Ya me lo contarás!
.
Tengo un amigo,
que me deja a mi chico, si lo cuenta.
En la antesala está, vino conmigo.
Deja marrullerías, y revienta.
Es el caso, Señor, que con el ruego
de hablaros, me ha venido un franciscano~
varón de mucha ciencia, aun cuando lego,
Que da consultas para el Vaticano.
¿Y sabrá divertirnos?
¡Se diquela!
.
¿Y en la antesala está?
Matando un sueño.
¿Queréis que le haga entrar?
¿Y esa novela
merece oirse?
¡Mi palabra empeño!
1Dos cartas extraviadas! ¡Dos palomas
que llegan a posarse en vuestro alerol
¡Ulpiano, no gastes esas bromas!

EL JOROBETA.

[

EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL RE·, CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

EL JOROBETA.
EL REY CoNSORTB.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

¡Os las quieren vender!
¿Cuánto dinero?
Ha de pedir para sacar su escote,
que es un tío más listo que Cardona.
¿Le has metido los dedos?
Por el lote,
un millón pagará la Real Persona.
Rebajará si es hombre de conciencia.
No es sujeto cerrado a las razones.
¡Tendré que revestirme de paciencia!
¡Le sacais al Gobierno dos millones!
¿Trae encima las cartas?
¡Es muy guaje!
Veré de averiguarlo.
¡Justamente!
Si las trae le enfrío de un viaje.
Don Lindo, hazle pasar. Tú sé prudente.

-= ESCENA III

-✓~

LAS

alabardas con sus regato11es -=-z- baten. Sale una bruja de e,rtremés. ,oo, En las manos, calzadas con mitones,= alzado pulcramente el guardapiés. -

UN ü]IER.
LA INFANTA.
EL RRY CONSORTE.
LA INVANTA.

EL JOROBETA.
LA INFANTA.

EL JOROBETA.

LA INFANTA.

¡Su Alteza la Infanta Francisca!
¡Me vengo aquí con mi calceta,
y a echar una mano de brisca,

hasta perder una peseta!
¡Estoy sin humor, abuelita!
¡Jesús, con tus malos humores!
¿A ti qué te pasa?
¡La guita
que no le da sus resplandores!
¿Ese, quién es?
Un tío camama.
Y sobre todo un atrevido.
Tú guardas silencio.
149

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL JOROBETA.
LA INFANTA.

EL REY CONSORTE.
LA INFANTA.
EL JOROBl!.TA.
LA INFANTA.
EL JOROBETA.
LA INFANTA.

EL REY CONSORTE.
LA INFANTA.

EL JOROBETA.
LA INFANTA.

~

EL REY CONS..)RTB.
LA INFANTA.

¡Madama,
perdone vu si la he metido!
¿Dónde hallaste a ese jorobeta?
¡Abuelita, Ulpiano Torrobal
¿Es tocador?
Es un chancleta
que a la guitarra le da coba.
¿No sabes callar?
¡Soy San Bruno!
Y aunque me ahorquen no hago chis.
¿De dónde sacaste a ese tuno?
Me lo han mandado de París.
¡Yo recuerdo a este jorobeta!
Fué punto fijo mi joroba
un año entero en la saleta.
¡Mi amigo Ulpiano Torrobltl
Ven, echaremos una mano
de malilla, ya que mi nieto
está de non.
Con Ulpiano,
quería tratar un secreto.
Para decirme que me vaya
no me vengas con fah1edades;
me voy sacudiendo la saya,
que yo soy Doña Oaridades.
oo

ESCENA IV

-:.o

EL

Sopón,_fingido lego me~dica_nte, r.-:. asoma m la puerta, humildes
los o;os. r.-:. La alfor¡a a la espalda llena de rebojos . . y po,la capucha oculto el semblante. .:::e

LA INFANTA.

EL RBY CONSORTE.

LA INFANTA.
EL JOROBBTA.

LA INFANTA.
150

¿Oye, ese lego franciscano,
quién es? ¡ Me parece un bendito!
Es un pariente de Ulpiano.
¡Qué gracia tiene!
¡Baila el vito!
Como el lego de aquella historia,

EL JOROBETA.

Et
LA

SOPÓN.
INFANTA.

EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.

EL JOROBETA.
EL REY

CONSORTE.

EL SOPÓN.
EL REY CONSORTE.
EL SOPÓN.

EL REY

CONSORTE.

EL SOPÓN.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JIJROBETA.
EL REY CONSúRTE.

EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
EL R ,;:y CONSORTE.

EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

que bailando por los mesones
llenaba la alforja. ¡Y la gloria
ganó con esas oraciones!
¡Hay que ver la sabiduría
que se guarda en esa sentencia!
¿Mucha verdad?
¡Mucha Misia!
¡San Pedro es un pozo de ciencia!
Una limosna te prometo:
pasa por mis habitaciones.
Os dejo con vuestro secreto
y con vuestras conspiraciones.
¿Cuántas reverencias debo hacer, hermano?
Tres reverencias es bastante.
¿Diga, hermano, debo besarle la mano
al Rey?
Si os la pone delante...
Llega, buena pieza; bésame la mano.
¡Ya tus intenciones por Ulpianol
¿Esas dos palomas que de tu capillo
vienen a posarse sobre mi bolsillo,
en cuánto las tasas?
Piden dos millones.
¡Jesús!
La pareja.
¡No me desazones!
Hijo, te las llevas; pues no tengo antojos.
¿Verdad que es muy caro? ¡Pídeme los ojos!
Os las regalara, si fuese su dueño;
pero un penitente me metió de empeño...
Tú no me la pegas.
Aquí sabe mucho.
¡Las cartas! ¡Las cartas!
Le entró el arrechucho.
¡Con tu regateo me das un sofoco!
Vea, hermano lego, de bajar un poco.
Son las instrucciones de mi penitente.
¡Pero ese sujeto debe ser un ente!
¡Y la otra, la tonta de la pandereta!
¡Se pierde de buena!
¡Y de algo coqueta!

sé

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL SOPÓN.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

EL SOPÓN.
EL REv CONSORTE.

O

¿Tú no la conoces?
¡A bien que uno es lego!
¡Y la susodicha encubre su juego!
Hablemos, hermano, sin hacer sondajes,
y sin chalaneo. ¿Cuánto son sus gajes?
Corriendo el peligro de extralimitarme,
cincuenta mil duros.
¡Igual que matarme!
Esas escrituras pondrás en mi mano
mucho más baratas. ¿Verdad, Ulpiano?
¡Verdadl Dos millones son mucho dinero.
Con uno es bastante.
¡Calla, majadero!
Uno es justamente cincuenta mil duros.
¡Con tus metimientos me sacas de apuros!
¿Dónde están las cartas?
Donde las esconde
aquel penitente.
¿Y quién me responde
de que no es engaño? Trata tú, Torroba,
el negocio, y mira cómo le das coba.

VN un mohín adecuado = hace mutis el monarca,
beta se enarca
como un Ministro de Estado.

EL JOROBETA.

EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓ,,.

=

=

=

EL JOROBB1' A.

EL SoPóN.

EL JOROBETA.

EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.

No haga cucamonas.
Ulpiano Torroba, ve por el talego,
y tendrás lo hablado de mano del lego.
Verás un milagro de lo más sencillo:
que las susodichas vuelan del capillo.
Me asalta una duda, y he de ver primero
si son milagrosas, igual que el dinero,
mis manos. La chunga aquí finiquita.
¡Afloja las cartas!
Afloja la guita.
El hábito al suelo.
¡Me quedo en pelota!
¡ 1 a mí qué me importa esa chirigota!
¡Jesús qué impudencia!
¡Dame esos papeles!
Guárdatelos, hijo, que para babeles
me basta el convento. A mi penitente,
de lo aqui pasado, le póndré al corriente.

=

ESCENA IV=-

y el jorfJ-

¿Diga, hermano lego, rezan aquel cuento
de la buena pipa, allá en su convento?
Si esconde las cartas en la bocamanga,
sáquelas, hermano, para que haya changa.
Siempre aquel que paga pone condiciones.
¡No se encuentran en la calle los millones! ·
¿Se permite, hermano, que pregunte al lego?
Diga usted, hermano.
¿Dónde está el talego?
No se apure, hermano, porque está en recaudo
contra los rateros.
¡Previsión que aplaudo!
¿Y cuál es el cuño?
Onzas peluconas.
¿Quiere las contemos?

'T'RABANDOSE en los hábitos, el lego se escabulle, . . y sale corre-

J - teando el Rey, del camarín.= La vágula libélula de la sonrisa bulle
sobre su boca belfa, pintada de carmín.

=

=

EL REY CONSORTE. ¡Te dejó las cartas! ¡Se fué sin dinero!
EL JOROBETA.

¡Le vuelvo su fama, que es un caballero!
Me dijo: cTorroba, las pongo en tu mano.
Cobra, que en mi celda te espero, Ulpiano.•
Y al hombre que pone esa confianza
en mi, no le juego una mala chanza.
EL REY CONSORTE. ¡Pero yo no tengo tanto numerario!
EL JOROBETA.
Se pide al Gobierno, como extraordinario.
EL REY CONSORTE. No he visto las cartas, y no sé siquiera
el valor que tienen.
EL JOROBETA.
¡Una friolera!
¡Valen dos millones, como dos pesetas!
EL REY CONSORTE, ¡Tanto!

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL JOROBETA,
EL REY CONSORTE,
EE JOROBE.TA.
EL REY CONSORTE.

EL JOROBETA

E

¡Tienen golpes, que ni los poetas!
¡Dame que las Jea!
¡Os dan un sofoco!
SI son como dices, quizá pida poco.
Hazme tú lectura de algunos renglones.
¡Mala letra tiene en las ocasiones!

L Rey f)one en la oreja-:-=- la mano, en curvatura, -:-=-y con la voz
perpleja, -=- Torraba hace lectura.

=

EL JOROBETA.

EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE,
EL JOROBETA,
EL REY CONSORTE,
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

e Ayer te he guipado, yendo de paseo,
&gt;Y esta pavitonta cegó e~ t~_mante?·
&gt;¡Me muero por verte, rn1 mno grac1osol
&gt;¡Te quiero por tuno y por asqueros~l&gt;
¡No sigas! ¡~o sigas\ ¡Conozco su est1l?I
¡Viene una metáfora que levanta en vilo!
¿Se dice metáfora cuando hay un descaro?
¡Metáfora! ¡Vaya un boquible raro!
Para el Gran Preboste escribí este pliego.
Pido dos millones.
Uno para el lego.
Y según te explicas, quizá pida poco.
¡Pedidle la luna!
¡Dirá que estoy loco!
Pido dos millones.
Quien pide la luna,
en buena gramática, pide una fortun_a.
Pido dos ir.iliones, que es lo categónco.
Al pedir dinero, no hay que ser retórico.

"RUZÁ Don Lindo la azotea_. y melancólico_solfe~ ~ !'Uspiros.,
que al viento se van. .a- Y el Rey con som zsa aszatica o.::- aco•
ge la melodramdtica o-::- desesperación del galdn. -.i.

O

EL REY

CONSORTE.

¡Ven acá, Don Lindo! Llama a mi Intendente.
Quiero consultarle, que es hombre prudente.
Y a Don Tragatundas pasa igual recado.
Quiero consultarle, que es hombre bragado.

-= ESCENA V=
R

ECHINA una puer~a:

-=-:- Sale repentino o-::- un viejo la~ino . .
que estaba debas. ~ Y enfrente aparece, -=o torciendo el
mostacho,-=-=- otro mamarracho-=-=- al mismo compds.-=-:-

A vuestro real deseo el Intendente
acude. Y por allí Don Tragatundas.
EL lNTENDl!:NTE.
¡A la orden del Rey me bago presente!
¡ Yo saco mis pistolas de las fundas!
TRAGATUNDAS.
EL REY CONSORTE. ¡Ya llegará ocasión!
¡Ni oste ni moste!
TRAGATUNDAS.
EL REY CONSORTE. Mándale sacar filo a la matona.
Quiero envidarte contra el Gran Preboste.
¿Y qué voy a hacer yo con esa mona?
TR.AGATUNDAS.
¡A mi hombres duros y de pelo en pecho
¡A mi los demagogos proletarios!
Uno por uno me los escabecho,
y que haga la Prensa comentarios.
¡A vuestros pies está vuestro Intendente!
EL INTENDENTE.
EL REY CONSORT&amp;. Reclamo tu consejo de hombre cuco
para sacar el máximo cociente
de ciertas cartas que me &lt;lió un frailuco.
EL INTENDENTE.
¿Hay cartas otra vez?
¡Con indulgencia!
EL JOROBETA.
EL INTENDENTE.
¡Ya pesqué esos rumores por palacio!
¿Y qué hay que hacer?
EL JOROBETA.
Estúdielo vuecencia.
Bueno es pensarlo y resolver despacio.
EL INTENDENTE.
Llfs dos palomas portan en los picos.
EL JOROBETA.
Dos ganzúas que abren las gabetas
del Gobierno. ¡Llegó la de ser ricos!
TRAGATUNDAS.
¿Qué se puede pedir?
¡Muchas pesetas!
EL JOROBETA.
EL REY CossoRn. Al Gran Preboste mand o este despacho
conminatorio. Pido dos millones.
EL INTENDENTE.
En el pedir no debe haber empacho.
TRAGATUNDAS.
Se piden tres, y son tres particiones.
DoN LINDO.

1 55

�LA PLUMA
LA PLUMA

O

VERA el Intendente el pliego -=- con un guiño de gitano,
cobrarlo, palaciego, ~ al Rey le besa la mano. -

EL

JOROBETA.

TRAGATUNDAS.

EL JOROBETA.

TRAGATUNDAS.

EL JOROBETA.
TRAGATUNDAS.

El. JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

EL JOROBETA.

oc-

y al

Mi general, c:mmigo no se cuenta.
¡Ahora reparo ~n ti, Domingo Siete!
Desarruga ese ceño de tormenta,
que a mí no se me asusta con membrete.
Yo no suelto las cartas sin la guita
de un millón, para el lego franciscano,
y a quien no esté conforme se le invita
a tomar una copa con Ulpiano.
¡En presencia del Rey no hay desafíos!
¡Es un convite!
No te pongas jaque.
Te doy un puñetazo de los míos,
y revientas igual que un triquitraque.
Pruébelo su merced.
¡Que está empalmado!
¡Ulpiano Torroba, no me irrites,
que estoy de tu joreba jorobado!
¡Buena correspondencia a mis convites!

=

ToRNA el l1ltendente
con andar pausado,= solemne la fre11J te ~ y el cuello estirado. ?=EL INTENDENTE.
EL REY CONSORTE.

EL INTENDENTE.
EL REY CONSORTE.
EL INTENDENTE.
EL

REY CONSORTE.
DON LINDO.
EL REY CóNSORTE.

156

Hice del dos un tres.
¡Perfectamente!
¿Hallas bien los conceptos, la manera... ,
lo del impedimento dirimente
y del divorcio ...?
¡Todo de primera!
¡Es un escrito digno de la Historia,
¡Me complace que sea de tu agrado!
Yo me lo aprendería de memoria,
si no estuviese tan desmemoriado.
¡Don Lindo!
¡Majestad'
Al Gran Preboste

TR.t.GATUNDAS.

D

lleva este pliego. Aguarda que lo lea,
y vuelve aquí.
Que sepa ese armatoste
que si niega los cuartos, hay pelea.

ON LINDO toma el Mensaje ,:.e. e indinándose, suspira . .::--:- Y
Si, Majestad-un guaje- ~ sopla haciendo tararira. e-::-

~ESCENA VI._.

L

=

LEGAN dando voces atorbellinadas
la Infanta Francisca y
dos de sus dueñas,~ torcidos los moños, las lenguas trabadas,
- y un mimo grotesco de niñas pequeñas• .:-.:LA INFANTA .
UNA DUEÑA.

LA ÜTRA DUEÑA.
LA lNFANTL
UNA DUEÑA.
LA ÜTRA DUEÑA.
LA INFANTA.

EL JOROBETA.
LA INFANTA.

Et. REY CONSORTE.
LA

INFANTA.

¡Qué espíritu mundano! ¡Qué sacrilegio!
¡Disfrazarse de lego de San Francisco!
¡Y qué hablar renegado(
¡Su florilegio,
Son las fulminaciones de un basilisco!
¡Vengo muerta del susto! ¡Jesús qué lucha!
¡Yo le arañé la cara!
¡Yo el colodrillo!
¡Yo traje entre las uñas, con la capucha,
esta tripa con pelos!
¡Toma el cerquillo!
¡Qué endiablada ocurrencia la de ese tuno!
¡Si parece un Demonio de pesadilla!
¡Ay, si con él no sueño, mañana ayuno!
¿Qué gritan esas lenguas de taravilla?
Manda hacerme una taza de malvavisco,
pues vengo con el pulso sobresaltado.
¡Aquel lego no era lego francisco!
¡Un pícaro muy grande, y un deslenguado!
¡Las barbas que llevaba, barbas postizas!
¡El cerquillo lo tiene puesto Ulpianol
¡Y las cartas! ¡Las cartas! ¿No te horrorizas?
¡Dos cartas que te afectan, tiene en su mano!

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL REY

C()NSORTELA INFANTA.

EL JOROBETA.
LA INFANTA.

EL REY CONSORTE.
LA INFANTA.

EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.

E

L REY CONSORTE.

¿Dónde visteis al lego?

EL }OROBErA.

Fué a visitarme.
Me vendía las cartas por cierto pico.
¡Vino como el Demonio para tentarme!
Ya no tiene esas cartas.
¡Cállate el picol
Entre las tres logramos meterle preso.
Lo guardo Pn un armario, bajo esta llave.
A mis años no pueden achacar eso
a una concupiscencia. ¿Verdad?
¡Quién sabe(
¡Mi honor inmaculado[ Le daré suelta.
Ya no paso la noche con ese pillo.
Hay que mirarse mucho, que en cada vuelta,
sacándonos los trapos, hay un corrillo.
¡Heroico Tragatundas, corre a salvarme!
Es el segundo armario que hay en el fondo.
¿Adónde vas, Torraba?
Voy a e&lt;:lipsarme.
¡Aún ha de regalarnos tu cante jondol

LA INFANTA.
EL Jo1toBEfA.
EL REY CONSORTE.
LA INFANTA.

EL JOROBETA.

LA

INFANTA.
CONSORTE.
LA INFANTA.

EL RJty

EL JOROBETA,.

LA INFANTA.

=

=

EL REY

CONSORTE.

LA INFANTA.

EL REY CONSORTE.
EL, JOROBETA.
LA INFANTA.

EL JOROBETA.

LA

INFANTA.

¡Explícame, abuelita, qué pretendías
tP.niendo en un armario cerrado al lego!
Esta noche bailarnos unas folías.
¡Qué preguntas las tuyas, y qué borrego!
La gazuza le hiciera cantar de plano
dónde esconde las cartas de esa simplona.
¡Si las dichosas cartas tiene Ulpianol
¿Me permite ausentarme la Real Persona?
¡Que tú tienes las cartas! Dámelas, niño.
Toma, para que fumes, una peseta.
Se agradece, Misia.
Si es un cariño.

COLTANDO el naipe sobre el tapete= s; alza una dueña de mal
cariz,
y la otra dueña grita en falsete, -=-o- y acompañando su
sonsonete ~ abre los palmos en la nariz. .:-o

U

C'ONANTES las espuelas, que despiertan los ecos
fabulosos dt
tantas hazañas en Marruecos.= parte Don Tragatundas, ti bigote teñido.= R.etemblón en la adusta brama de im resoplido.
Y
entretanto las dueñas de la lnfanta Francisca, . . apartadas dtl
corro, se entregan a la brisca. ~

U

¿Oye, vendrán las cartas a mi estafeta?
Irán magnetizadas.
¿Cuándo?
Mañana.
Si las tiene escondidas en el capacho.
¡Pide un millón por ellas este Juan Rana!
¡Llega acá que te huela! ¡Tú estás borracho!
Niño, como no busques que te remoje,
vas a darme las cartas. ¡Yo las reclamo!
El ejemplo del lego me sobrecoge;
pero quiere las cartas el Rey mi Amo.
¡Mira que otros más listos no te las roben!
Ya las tengo escondite.
¡Dios alabado!
Tú no puedes leerlas, que eres muy joven.
Ya sabe lo que dicen.
¡Te habrás volado!

=

UNA DUEÑA.
LA ÜTRA DUEÑA.
UNA DuEÑA.
LA ÜTRA DUEÑA.
UNA DUEÑA.
LA INFANTA.
LA ÜTRA DUEÑA.
UNADUBÑA.
LA ÜTRA DUEÑA.

¡Te gané! ¡Te gané!
¡Qué tramposa!
No se puede jugar contigo.
¡Te gané! ¡Te gané!
¡Qué gran cosa!
¿Tú nunca pierdes?
¡Y lo digol
Mari-Rosita, cuando pierde
siempre se enoja unas migajas.
¡No me enojo!
¡Y está que muerde.
Lo que digo es que no barajas.

�LA PLUMA

LA PLUMA

= ESCENA

VII -

E

NTRA Don lragatzmdas, una mano aferrada oe. del espantadt&gt;lego, en la cerviz rapada.= Y exprimiendo los ojos,y doblando
,I zancajo ~ saca el iego la lmgua a modo de badajo.
Aflojad un poco la mano,
que voy a escupir el galillo.
Lo tengo en los dientes.
Hermano,
TRAGATUNDAS.
se lo traga, y es más sencillo.
EL REY CONSORTE. ¡Parece que fuiste a la guerra!
¿Sales del saco de los gatos?
EL JOROBETA.
Eso granjean en mi tierra
LA INFANTA.
los terceros de malos tratos.
Yo no m(:rezco ese reproche
EL SOPÓN.
por proponeros un negocio.
Quisiste estafarme esta noche.
LA INFANTA.
Te ganó la mano este socio.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
:Ulpiano, no seas iluso!
Tú sólo guardas una copia.
¡Me la has pegado! Y por tu abuso
EL JOROBETA.
otra vez me sumo en la inopia.
Yo pido a todos mil perdones,
EL SOPÓN.
pues el amor a la Corona,
más que el amor a los millones,
me trajo aquí.
Y esta persona.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
Del negocio nada se saca,
divulgado que sea el secreto.
Haya prudencia.
¡Naturacal
EL JOROBETA.
Tiene pupila este sujeto.
EL SOPÓN.
Dejemos el guiño de engaño,
hablemos con claras razones,
y sin jugar a hacernos daño.
¡Muy buenas amonestaciones!
EL JOROBETA.
Procedamos honradamente
EL SOPÓN.
repartiéndonos los dineros.

=

EL SOPÓN.

1

160

EL bITUIDENU.
ELSoPóN.
El.JOROBETA.

¡Se juntó demasiada gente!
¿Pues cuántos somos, caballeros?
Tres y no más. El Rey Mi Amo,
este lego de San Francisco,
y el que le trajo.
LA lN:P'ANTA.
¡Yo me crispo!
EL INTENDENTE.
¡Yo me hago cruces!
TRAGATUNDAS.
¡Yo me inflamo!
LA INFANTA.
~Quién ha cerrado en el armario
a este tuno?
LAS Dos DUEÑAS.
¡Con nuestra ayuda!
LA INFANTA.
¡Un lnctimiento innecesario!
Me bastaba sola.
EL SOPÓN.
·¡Sin duda!
TRAGATUNDAS.
¿Quién ante el Rey te puso ahora?
EL INTENDENTE.
¿Quién dió el consejo más prudente?
EL SOPÓN.
,!Y quién inflamó a la Señora? ·
UNA DUEÑA.
¡Ay, qué lego concupiscente!

ROMANT!CA se desmaya, _.Y com_o ~iern s de Ayuno, . . al pe.
cado dando baya o:, un zanca10, inoportuno, . . asoma bajo
la saya.=
LA INFANTA.

Ex. REY CONSORTE.

,;

EN

¡Ay que le ha dado un patatús,
a esta niña q•le quiero tanto
por tu culpa! ¡Jesús! ¡Jesús!
No enseñes las piernas!
¡Qué espanto! :

=

ESCENA VIII -

el salón, con una morisqueta, ~ atortolado irrumpe et majadero-=-:. que portó al Gran Preboste la estafeta - del Rey,y el
casó erplica aspaventero. Do:N L1Nno.

¡Traigo turbados los sentidos!
¡Qué juras y qué palabrotas!
¿No os cantan, Señor, los oídos?
¡Ay, que viene! ¡Siento sus botas!
161

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL REY CoNSOlt.TI!.

RANDO hacia la puerta, .o-e, en zoeobrante alerta, ~ calla l11
reunión. oc, Las pisadas, con eco~ difust1, por ti hueco . .
rodaban cu/ salón. .oo Ponía un estr11,mbote
al re.&gt;onante trote .,.

M

=

EL SoPÓN,
LA lNrANTA.
EL SoP6N.

EL JoaOBBTA-

¡No es oportuno que me vea!
¿Te conoce?
¡Seguramente!
1Tú has tenido la mala idea
de ir con las cartas a ese ente!
¿Qué has pedido por las mi6ivas
al Gran Preboste?
La bicoca
de un destino en Oases Pasivas.
¡Con poco sellaba tu bocal
¿Y dinero?
•
¡Ni una moneda!
1Mas ved que me atrapa!
Te escondo
de mi meriñaque en la rueda.
¡Pero sé formall
¡Yo respondo!
oc,

E

se oculta el lego Francisco . .oo Lleta
el Gran Preboste: Llamas
y bramas cu basiliseo . .::-o

EL GRAN Pn»osTB.
LA INFANTA.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN. •

=

¡La docta tertulia del Amo!
¡Faltabas tú!
¡Y acudo al reclamo!
¡Cúcúl

• VUELTA de fantoche,
del viejo 11iandónl

'

oc,

oc, golpe

=

de bastón,

Deja ese gesto de amenaza.
LA INFANTA,
EL GRAN PREBOSTE. ¡No se burla nadie de míl
Es el cuclillo en 'a terraza,
LA INFANTA.
que se alegra de verte aqui,

t

S

=

ACA las orejas, ,=,o guiña la pu1&gt;i/a
otra vez se asila.
r , ,.. .11 cabe las viejas -

LA INFANTA.

ESCENA IX . .

N el ruedo de las damas

~EBOSTE.

?º~

tlgolpttkl bastón• .,,..
EL SOPÓN.
EL R.Ev CoNsoan.
EL SoP6N.
LA INFANTA.

Por mi nota est4s al rrl
Una ofuscación
co ente...
se os puso, Señor, en la frente
como un moscardón.
EL REY CONSOlt.TE. Teng~
cartas de una damL
LA INFANTA.
¡De ptttmtnfl
EL REY CONSORTE. Y tú, celoso de su fama
me das a mi...
'
EL GRAK Pauosn. Por la camama
un potosi.
¡So.~ dos carta" falsificadas!
LA INFANTA.
¡D11olo Bias!
EL JOROBETA.
¡Yo tengo las cartas!
EL GRAN Pu»osn.
.
Copiadu
de man? aJena las tendrás.
En la pista de esa impostura
he dado orden de prisión '
contra un tuno que en su frescura
pretendía la sinecura
de una mitra.
EL SOPÓN.
¡Era la ocasión!

EL GRAN

No te inquietes: Es uipiano
EL JOROBETA.
que hace dos voces.
'
EL GRAN PREBOSTE Las
t
¡De chipén!
CONSORTE.. ¿Pue~~eª~:i~~?n de su mano.

iL ~RY

E~ R!:Nc::;Bosu. De. un_ escritor republicano.
EL GRAN PRE~~:~~ C1~ueopc1eosas q~e e~toy en Belén!
·

,a.e,

mirada ftrocht . .

n conc1enc1a
qu~ estáis tocando el violín.
EL REY eONSORTE. 1N t un. dfa más en evidencia!
LA INFANTA.
Hoy pido el divorcio.
EL REY CoNSORTK
L
.
¡En latín!
EL GR p
· 1 e escnbo al Papal
1 AN
REBOSTE.
~
R
No hari caso
•
S enor y ey.
Pongamos las bestias al paso
Y hablemos a ley.

�LA PLUMA

SOS OE Nlet2SCttE
Et REY CONSORTE. Mi nota no cierra el camino
de una transacción.

(Páglna1 de un Hb,o en p,enaa.)

Et GRAN PREBOSTE. Pero lo hace tan supino,
Et RBY CONSORT&amp;.
Et GRAN Paimosn.
Et REY CoNSORTE.
Et GRAN PREBOSTE,
LA MANTA.

Et GRAN PREBOSTI!.
Et JoROBBTA.
Et REY CONSORTE.

que no siendo del Club Alpino
es imposible la ascensión.
Siento decirte que no es cuerdo
buscarle al gato los tres pies.
Tomaré en Consejo el acuerdo
de meteros en Leganés.
~Te niegas a todo convenio?
¡Claro que sil
¡Abusas! ¡Conoces su genio de gilll
Me vendían por un destino
esas cartas, y no piqué.
Si no ha picado en un comino,
imagino
que voló el parné.
¡Mi divorcio, como otras veces,
no quedará en conversación!
1Apuré las últimas heces!
¡Mi pundonor hizo explosión!

C'us regios ojos el velo .::-::- de las

u·

lágrimas ofusca, .::-::- y en la faltriquera busca,.::-::- para sonarse, un pa,iuelo. -=-o-

Et GRAN PREBOSTE. Bebed uná taza de tila,
Majestad.
Y tras una noche tranquila
meditad.
Con vuestra venia me retiro
y os beso los pies.
LA INFANTA.
¡Tragatundas, pégale un tirol
No lo dejes para después. ·
Et REY CONSORTE. ¡No, Tragatundasl ¡Me horroriza
que corra la sangre por mí!
¡Una pali'za,
eso sn

EL

Rey vuelve la pupila;,.... mete, como el avestruz,,::,:, el pico baj•
la axila ,::,:, y se le apaga la luz . .:o
PIN DE LA SEGUNDA JORNADA

16-.

RAMON DBL VALLB-INCLAN

Beomas, Aedides y Oenganzas

Probad mis platos, señores,
comiendo abriréis la gana
y os parecerán mañana
me.fores.
Repetid, os aconse.fo
(JUe mezcléis con apetito
lo reciente con lo añe.fo
os t'nvr:to.

Ayer me cansó buscar
hoy encuentro;
y cuando el viento me azota
si navegar contra el viento.

�LA PLUMA

LA PLUMA

-----COlOQUlO

¿Estuve enfermo? ¿He sanador
~ Y quién mi médico Ita sidor
¡Ah! si todo lo he olvidado:
mi médico fui el olvido .
t1A6lA el PROOER610

Sená'llo y raro, dulce y severo,
pulcro y astroso, fi,no y grosero
ser todo quiero.
Y que se cuente:
Hombre viviente
fué loco y cuerdo;
era paloma, era serpiente
y, a veces, cerdo.
ttecce ttorrto

Soy la llama; soy la llama,
y al alumbrar me consumo,
y lo que toco se inflama,
y queda ceniza y humo.
¡Soy la llama, soy la 1/amaJ
166

el PR011MO

Quien del pró;imo se fú
un guía a su lado aguante:
yo voy solo, que me guíe
quien t¡ztt"era, pero delante.

el

l16€Rt0

Me detengo y escucho
el latir de mis venas:
m rumor me Iza engañado;
pensaóa oír cadenas,
¡qué mucho
si" estuve encadenado!

ett oeRAtlO
"Hay que comer nuestro pan
,on el sudor de la frente",
te dirán:
¿Sudandor ¡Qué desatino!
/ Vaya un consefo imprudente!
Con el sudor de la frente
hay que beber nuestro vino.

�LA PLUMA

LA PLUMA
LOS MUY SU'ttLeS

Entran mefor de puntillas que a gatas:
por el ofo de la llave y no por la puerta fra,ica.

¿lnvestigarr ¿Cómo, cuándor

y auNp,U escribo a grandes bazor
cada ras{fo es una falta.
En cambio, lo que concibo'
de un modo que no se usa
jcon qué claridad transcribo,
Al que leerme rehusa
¿qué más le da si es confusa
la letra con que lo escribor

Al peso
del libro impreso
r,as arrastrando tu vida
y cayendo y levantando
lzasta la última caída.

El que ha de llegar, llega, porque puede

y porque le place,
y nada le importa que diga la gente •
si es temprano o tarde.

Mi pluma no corre, salta
voy escribiendo a pedazos

Una mufer me decía
al despuntar la mañana
¡Si eres feliz en ayunas
qué será si te emborrachas!

Cuando hablo,
para no cansarte, amigo,
con las cosas que te digo
me pongo disfraz de diablo:
nzas no me sirve de nada
el diabólico disfraz,
fa bondad de la mirada
no la cubre el antifaz.
Traduoclón do

PRANCISCO A. DB !CAZA

�LA PLUMA

Peeegeinos cueiosos
1oege 8011~ow y + +
la Bib(ia en españa

T

Borro~, de familia de labradores, establecida desde muy antiguo
c~rca de L1skeard, en Cornwall, se fugó de su casa, siendo todavía mozo,
por esqmv_ar las consecuencias de una fechoría juvenil, y sentó plaza de soldado
en 1783. Diez años más tarde, cuando era sargento, se casó con Ana Preferment
hija de un agricultor de East Dereham, Norfolk, de abolengo francés prnbable~
mente. En 1798,_ ~omás Borrow obtuvo el grado de capitán, del que no pasó
en su carrera w1htar. En 1800 le nació un hijo, Juan Tomás, que fué pintor y
solda_d o y acabó por emigrar a Méjico en busca de fortuna, murie ndo en aquellas berras e? 183~. El S de julio de 180~ nació, en East Dereham, el hijo segundo del m~tnmomo Borrow, Jorge Enrique, el cual, treinta y tres años más
tar~e, ha~1a de ser popular en Madrid con el nombre de Don '.Jorgit, el znglés.
La rnf:mcia de Jorge transcurrió en diferentes poblaciones de Inglaterra y de
Escocia, ~ ~;ce~ a los cambios de guarnición del regimiento en que se rvía su
padre. V1a¡o primeramente por las provincias de Sussex y Kent, y en 1808 y
1810 estuvo otra vez en su pueblo natal. Jorge era •un niño triste que gustaba
de permanecer horas enteras en un rincón solitario, con- la cabeza caída •sobre
el pe~ho, dominado ror ~n abatimiento peculiar; a vece~ sentía una impresión
de miedo muy extrana, sm causa reah. Sus padres le de¡aban vagar libre mente
por los campos. En 181~ conoció a Ambrosio Smith, el gitano a quien después
repre s1;ntó en sus escritos con el nombre de Jasper Petulengro, y se juraron
f~atermdad. El_ desarrollo mental de Jorge fué algo tardío. Comenzó los estudios ~e humamdades en Dereham, y los continuó en Edimburgo, después en
Norw1ch, Y el_ a~o 181 S en la «Academia. Protestante , de Clonmel (Irlanda),
adonde e l re gumento de su padre fué destrnado. La vida escolar Je curó de su¡
OMÁS

"'70

hábitos insociables y de su reserva. A Jorge le gll6taban los estudios pero no la
sujeción de la escuela. Sentía inclinación natural por los idiomas, /Ios aprendía con desusada facilidad; su memoria era descomunal. Amaba la vida al .iire
libre y los deportes. Las aventuras, propias o ajenas, reales o soñadas1 encandila?ªº su imagin~_ción. En Irl~nda, además de aprender la_ lengua del país, se
babia hecho gran Jinete. Termmadas las guerras napoleómcas y licenciado el
regimiento, los Borrow se establecieron en Norwich. Jorge leía griego en la
Gramma,· School, y de un emigrado francés tomaba lecciones de este idioma
de italiano y de español; cultivaba, además, la caza y el pugilismo. Los gusto;
y las costumbres de Jorge Je hicieron antipático a su padre; no se Je parecía en
nada; ten~ale por un verdadero ~itano, y, desentendiéndose de él en Jo posible, le deJaba hacer cuanto quena. En 1818, Jorge se encontró de nuevo con
Ambrosio Smitb, o Jasper Petulengro, y, yéndose con él a un campamento de
gitanos, los acompañó por ferias y mercados, se inició en s 11s costumbres y
aprendió su idioma.
Llegado el momento de adoptar una profesión que le diese para vivir, Jorge, dudoso entre la Iglesia y el Foro, se decidió por el último; así se lo aconsejó un amigo en situación semejante a la suya, diciéndole que la abogacía cera
la mejor carrera para quienes (como ellos) no pensaban ejercer ninguna, . El
padre de Jorge le costeó el aprendizaje, colocándole en 1819 de pasante en casa
de 11.nos curiales de Norwich. Pel'.O Jorge debía de tener mediana afición a los
.pleitos. Aprendió galés, danés, hebreo, árabe, armenio, y en el despacho de sus
maestros trabajaba en traducir de esas lenguas al inglés; su amigo William
Taylor le enseñó el alemán. Así vivió el pobre cinco años, amarrado a un oficio tan opuesto a su vocación. Quizá la lectura de libros de viajes y aventuras
le fué entonces más gustosa y necesaria que nunca, como desquite de la aridez
de su empleo. A Jorge Borrow le gustaban mucho Gt1 Bias, el Peregrino d&lt;Bunyan, Steroe, el Chi!de Harold, y, sobre todos, De Foe. ,¡Oh genio de De Foe,
yo te saludo!-exclama en su autobiografía- . ¡Cuánto no te debe el mío pobrísimo!,
En 1824, el capitán Tomás Borrow murió, dejando por heredera de sus escasas rentas a su mujer. Jorge, que llegaba entonces a la mayor edad, se marchó a Londres a buscarse la vida en cuanto terminó su contrato de pasantía.
Llevaba por todo capital un legajo de traducciones; pero sus esperanzas eran
muchas. Su primera estancia en Londres fué poco placentera. Luchaba con la
escasez, con la falta de salud, con la inseguridad del trabajo, y padeció además
la crisis característica de la juventud al encararse indefensa con la vida y las
amarguras de la vocación, que busca a tientas su camino. Jorge se interrogaba
acerca del valor de la existencia y de la verdad. «¿Qué es la verdad? ¿Qué es lo
bueno y Jo malo? ¿Para qué he nacido? ¿Todo perecerá y será olvidado, todo es
nnidad?&gt; Y no encontraba respuesta. satisfactorid. El futuro misionero era en!onces ateo empedernido; su amigo Taylor, además de enseñarle el alemán, le
inculcó la irreligión. La tristeza y el descorazonamiento de Jorge fueron tales,
que sus amigos temie ron verle poner fin a sus días. Por aqueJla época publicóBorrow algunas traducciones de poesías e xtranjeras (var ios romances espa-.
171

�'
LA PLUMA
LA PLUMA
fioles) (1); escribió, por encar~ de un editor, una colección de «causas c61ebres• (2), y tradujo para una revista fragmentos de leyendas danesas (3). Pero
en ,825, el periódico en que escribía desapareció; riñó, además, con el editor
que le daba trabajo y se quedó en la calle con sus manuscritos y un puñado de
-dinero. Supónese que el ammcio de un librero le indujo a escribir, para zafarse de sus apuros del momento, una Vida y aventu1·as de José Sell, obra publicada, al parecer, con otros cuentos y narraciones en una colección que hoy no se
aabe cuál fué. Vendida la obra, Borrow se marchó de Londres, abandonando la
literatura, y viajó a pie en busca de salud corporal y de paz para su ánimo.
Cuatro meses duró su vida errante. Volvió a encontrar a Jasper Petulengro, y
se fué con él a vivir en hermandad con los gitanos, trabajando en hacer herraduras, y preso en las redes honestas de una linda moza de la tribu. Dt"spués
compró un caballo y recorrió Inglater,ra e~ b~s~a
aventuras. Cuando cst~s
\•iajes concluyeron, Jorge Borrow tema vcintidos anos. Era alto, flaco, zanquilargo, de rostro oval y tez olivácea; tenía la nariz encorvada, pero no demasiado larga; la boca bien dibujada y ojos pardos, muy expresivos. Una canicie precoz le dejó la cabeza completamente blanca. Las cejas, prominentes y espesas,
ponían en su rostro un violento trazo obscuro.
·
Jorge Borrow, al escribir, andando el tiempo, sus narraciones autobiográficas se empeñó en rodear de misterio ciertos años de su vida (1826-1832), y con
alu~iones más o menos veladas quiso dar a entender que se había visto envuelto en misteriosas aventuras y dado cima a dilatados viajes por países como la
India, China y Tartaria. lgnórase, en efecto, lo que Borrow hizo en esos años;
pero en sentir de sus biógrafos más autorizados, es excesivo tanto misterio. Probablemente, Borrow vivió todo ese tiempo sin ocupación fija, viajó un poco y
escribió por gusto y por encargo. En 1826 se publicó una colección de sus traducciones del danés (4) con otras composiciones suyas. Dos años más tarde apareció una traducción de las ,Memorias de Vidocq (s; atribuída a Borrow; insertó en
-algunas revistas trabajos de menos importancia. Viajó por la Europa occidental y parece que estuvo en Madrid, pero este viaje no pudo entrar en el marco
de La Biblia en España.
.
Un gran cambio sobrevino en la vida de Jorge Borrow durante el año 1833,
que decidió de su destino. Conocía Jorge Borrow a una familia residente en
Oulton Hall, cerca de Lowestoft (Suffolk), de la que formaba parte Mrs. Mary
Clarke, de treinta y seis años, viuda de un marino. Un reverendo pastor, relacionado con esa familia, indujo a Jorge Borrow a solicitar de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera un empleo donde pudiera utiliz~r su conocimien-

d:

(1) cBcroard's Address to his army•, aballad from the Spanisb; cThe aingiqg Mariner•, a balla4
from the Spanish¡ cTbe French Pcincess•, a hallad from the Spanish. En cMonlhly 'M agazine• , vol. S1
(1S.4),

, ,

.

,

.

(2) cCelebrated Trials, and ~Remark..able Cases oí Cr1manal JUns.prudence, from the earhe1t recorda to the year 1825&gt;. 6 vo1s. Knigbt and Lavv, London. 182s.
(3) cDanish Traditions aod Superstitions.• En cMontbly lfagazine&gt;, vols, sS, 59, 6o.
(4) cRomantic Ballads&gt;, translated from the Dinish, and Miscellaneous pieces, by Geor,e Bonow; Norwich, S. \Villdn, 1826.
.
(s) c)1emoirs of Vidocq&gt;, principal agent of the P'rcnch police unli\ 1827. Wntco by him■elf
translated from the French, 4 •olt, London. Whittaker Treacber and Arnof, 1828•19.

to de los idiomas. Jorge se fué a pie a Londres, y en veintidós horas recorrió

una distancia de ciento veinte millas. En su frugal pobreza, Jorge sólo gastó en
el viaje cinco peniques y medio, en un litro de cerveea, medio de leche, un pedazo de pan y dos manzanas. Los señores de la Sociedad Bíblica, después de
examinarle de lenguas orientales durante una semana, le preguntaron si estaba dispuesto a ap1ender en seis meses la lengua manchú. Aceptó Jorge, y con
un buen viático se volvió a Norwich, ya en diligencia; estudió con ahinco, y a
los seis meses triunfaba en las pruebas a que sus futuros jefes le sometieron.
Por aquellos mismos días, Jorge Borrow se retractó de su ateísmo; ya fuese
por influjo de Mrs. Clarke, o porque las ideas que le inculcó su amigo Taylor
arraigaron poco en su espíritu y se marchitaron al acercarse la treintena, lo
cierto es que Borrow profesó un protestantismo t.m fanático como el ateísmo
que abandonaba. No tardó en asimilarse el «tono misionero• ni en adoptar la jerga propia de sus patronos. Cuando aún se hallaba en curso su nombramiento, uno
de los secretarios de la Sociedad Bíblica censuraba así el estilo de una carta de
Borrow: «Perdóneme usted si, como sacerdote y mayor que usted en años, aunque no en talento, me atrevo, con la mejor intención, a hacerle una advertencia
que podrá no ser inútil.&gt; Acota una frase que ha llamado la atención de alguno de
dos excelentes miembros de nuestro Comité•: aquella en que «habla usted de
la perspectiva de ser útil a la Divinidad, al hombre y a usted mismo. Sin duda
quiso usted decir la perspectiva de glorificar a Dios, pero el giro de sus palabras
nos hizo pensar en ciertos pasajes de la Escritura, tales como Job, XXI, 2, cte.•
La respuesta de Borrow debió de ser tal, que el mismo reverendo le escribía:
«El espíritu de su última carta es verdaderamente cristiano, en armonía con
aquella regla sentada por el mismo Cristo y de la que Él dió, en cierto sentido,
tan prodigioso ejemplo, que dice: «El que se humille será ensalzado.• Finalmente, la Sociedad Bíblica aceptó los servicios de Borrow y le envió a Rusia,
para donde salió sin dilación, a mediados de año, a colaborar en la transcripción y colación del manuscrito de la Biblia, traducida al manchú, y en la impresión del Nuevo Testamento en la misma lengua.
Jorge Borrow estuvo en Rusia hasta septiembre de 1835. Sirvió con celo y
buen éxito a la Sociedad Bíblica; visitó Moscú y Nowgorod y proyectó t1n
viaje a China, a través del Asia, para distribuir el Evangelio por el Oriente. El
Gobierno ruso le negó los pasaportes. Ese proyecto de viaje fué, en opinión de
uno de sus biógrafos, el único motivo que tuvo Borrow para creer, y hacérselo
creer a sus lectores, que había estado en el Oriente remoto (1). Durante su
estancia en Rusia tradujo al ruso unas homilías de la Iglesia anglicana, y publicó en San Petersburgo dos colecciones de poesías traducidas por él al inglés:
Targum (2) y el 1 alismán (3).
(1) «¿No le ha chocado a usted nunca-le escribía en una ocasi6n su amigo el danés Hasfeldt-cuánto
se parece usted al buen hidalgo Don Quijote de la Mancha? A mi juicio, podría· usted pasar fácilmente
por hijo suyo,&gt; W. Knapp cLife, writings and correspondeace oí George Borrow&gt;. London, Murray
1890, Vol, I, pág. 1qo.
(2) cTargum, or metrical translations from thi rty Janguages and dialects•, by George Borrow. St. Pe,
tersburg, Schulz an Beneze, 1835.
(3) cT?ie Talisman», from the Rusiam of Alexander Pu1hkio 1 with other pieces. St. Petersburg,
Se bulz and Benere, 1835.

173

�LA PLUMA
En octubre de 1835 volvió Jorge Borrow a Inglaterra, y, apenas llevaba un
, mes en su país, la Sociedad Bíblica decidió utilizar de nuevo sus servicios, enviándole a Lisboa y Oporto con encargo de acelerar la propagación de la Biblia
en Portugal.
Ni la Sociedad Bíblica ni Jorge Borrow preveían entonces que sus campa. das en la Península iban a tener la importancia que después adquirieron. Para
la Sociedad, el envío de Borrow a Portugal era un empleo interino, en espera
•, de que se decidiese su viaje a China. Borrow ignoraba si tendría o no en Portugal libertad suficiente para lanzarse a una propaganda intensa ni si el ánimo
,de la gente se hallaría bien dispuesto para recibirla.
Jorge Borrow se embarcó en Londres el 6 de noviembre de 1835, y llegó a
,Lisboa_&lt;;! 13 del mismo mes (1); visitó los alrededores de la capital, hizo una
excurs1on por el Alemtejo, y de estos viajes y de sus conversaciones con el representante de la Sociedad Bíblica en Lisboa nació la determinación de aplazar
· sus trabajos en Portugal. Borrow resolvió pasar a E~paj'ía, Salió de Li,boa para
Badajoz el I de enero de 11361 cruzó la frontera el día 6, detúvose-en Badajoz
·-diez días, y por Mérida, Oropesa y Talavera llegó a Madrid. Por el camino fué
madurando su plan de campaña: le pareció necesario, ante todo, hacer una
tirada de la Biblia en castellano, porque sólo podían circular las impresas en
el reino. Pero lo difícil no era eso· lo difícil era obtener permiso para imprimirla sz'n notas, Desde la invenciód de la imprenta, hasta 1820, no se había impreso en España ninguna traducción de la Biblia descargada de comentarios Y
notas. y que fuese, por tanto, de tamaño manual y de precio reducido, accesible a todos. En 1790 apareció la traducción de Scio, en diez volúmenes en folio,
y en 1823, la de Amat, en nueve volúmenes en cuarto. Al amparo de la fugaz
libertad política instaurada por la revolución de 1820, se imprimió en Barcelona (1820) el Nuevo Testamento, traducción de Scio, pero sin notas; desde entonces, hasta la llegada de Borrow a España, nada más se había hecho. La J:&gt;ropaganda de las Sociedades Bíblicas no consiste1 esencialmente, en predicar
una confesión determinada, sino en difundir la lectura de la Biblia, poniendo al
alcance ~el. mayor número el texto genuíno de la Escritura. Como, en opinión
de l&lt;?s cristianos reformados, los dogmas y prácticas de la Iglesia romana con·
trad~cen la letra y el espíritu del libro sagrado, basta la lectura de su texto aut~nhco, y la :estauración del sentido propio en su inteligencia e interpreta•
c1ón, p~ra m(nar J.as bases de la dominación papista. Así, Borrow, abundando
e_n las 10tenc1ones de sus directores, y con autorización expresa de ellos! ge~tionó desde !~ego el permiso que necesitaba para imprimir el Evange!t&lt;? sin
-notas, y_, ,vencidas no pocas dificultades, se dispuso a reimprimir en Mad~1d la
tr~d~1cc1on del Nuevo Testamento, de Scio, editada sin notas po,r la Soc1ed_ad
Bibhca en Londres, 1826. Borrow y la Sociedad lilíblica desconoc1an las vers10•
~es caste!l~nas de la Biblia, hechas por los antiguos reformistas españoles,
libros rans1mos entonces.
•
Borrow se fué de Madrid a los pocos días de la revolución de La Granja
(r¡ Fechas establecidas por Mr. Knapp, separándose de las que Borrow da en cThe Bible •
.:".5pain•.

174

LA PLUMA
-estuvo en Granada y Málaga (viaje no referido en La Biblia en España) se embarcó en Gibraltar, llegó a Londres el 3 de octubre, instó en la Socrcd¡d Bíblica la inmediata apertura de la campaña de propaganda en España, y, aceptados sus planes, se reembarcó el 4 de noviembre, llegando a Cádiz el 22 del
mismo mes. Por Sevilla y Córdoba se dirigió Borrow a Madrid, adonde llegó
·el 26 de diciembre. No perdió el tiempo. En 14 de enero de 1837 firmaba con
~d_rés Borrego ~l cont:ato para la impresión del Evangelio, y en I de mayo
-s1gu1ente se publicó el libro (1). Borrow obtuvo de la Sociedad Bíblica autorización para repartir en persona la obra por los pueblos, y, dejando en Madrid
encargado d&lt;: sus as.untos a don 1:uis Usoz y Río, emprendió, acompañado de
s? famoso cnado gnego, el larguísimo viaje por Castilla la Vieja, Galicia, Astunas Y, Sa_ntan?e:, que duró· desde mayo a noviembre de 1837. De regreso en
Madrid, 1mpnm1ó dos nuevas traducciones parciales del Nuevo Testamento·
u~a traducción _del Evangelio de Sao Lucas al caló (2), hecha por él, y otra dei
mismo Evangelio al vascuence, por un señor Oteiza (3).
La publicación del Evangelio en caló, la apertura tic un Despacko de la Sociedad Blílica en la calle del Príncipe, los métodos empleados por Borrow para
llamar la atenció°: del público hacia su obra y ciertas imprudencias de otros
agentes de la Sociedad en España, provocaron la intervención de las autorida~es y desencadenaron u?a borrase.., en la que naufragá la propaganda evangélica, f, a la larga, puso fm a los trabajos de Borrow en España; de ella nació
también 1:1n primer disentimiento entre la Sociedad y su agente, disentimiento
que termmó en ruptura. En enero del 38 el jefe político de Madrid secuestró
los libros existentes en la tienda abierta por Borrow; en mayo fué preso Do,i
Jo, ge por desacato a un agente de la autoridad y por vender libros impresos
fuera del reino, introducidos en España con infracción de las leyes vigentes.
Borrow ~uen~a en La Biblia en_ España la historia del secuestro y de su prisión;
pero om_1te ciertos hechos que mfluyeron grandemente en aquellas resoluciones
del Gob1,erno1 hechos que Borrow no conoció hasta después de salir de la cár-cel. Hab1a por entonces en España otro agente de la Sociedad Bíblica llamado
GraY,don,_q~e operaba principalmente en las provincias de Levante. Graydon,
-q1;1e _1mpnm1ó en Barcelona una edición del Nuevo Testamento y otra de la
B1b!1a (A: y N. T.), sin notas, en 1837, no se limitaba como Borrow a propagar
el libro, srno que repartía folletos, prospectos y opú~culos atacando al Gobierno moderado, y al clero español y sus doctrinas. Esta conducta produjo algunos
( 1)
l:l Nuevo Testamento, traducido al español de la Vulgata Latioa, por .el Rmo. P. Phelipe Scio
:e S. M...iguel, de las Escuelas Pías, obispo electo de Segovia. ~fadrid, imprenta a cargo de Don Joaquia
e laBarrera1 1837. En s.•, 53-4 páginas.
r·
( 2)
Embeo e ·Majar6 Lucas. Brotoboro rodado andré la chipé grie¡a, acána chibado andré o Roma·
a6 o chipé es Zincalés de Seoé.
El Evangelio. según S. Lucas, traducido al Romani, o dialecto de los gitanos de España1 Madrid,
2837. En 16."1 177 páginas.
Se¡unda edición: Criscote e Majar6 Lucas, chibado andré o Roman6 1 o chipé es Zincalés de SeséEl Evangelio según S. Lucas, traducido al Romaní, o dialecto de los gitanos de España. Lund.ra_.
1872. En 16."1 177 págs.
(3) Evangelio a San Lucas en Guissan, El Evangelio según S. Lucas, traducido al vascuence, [Ma,
?\d 1 imprenta de la Compañía Tipo¡rá6ca, &lt;838. En 16.º, 176 pá¡1•

175

�LA PLUMA
LA PLUMA
escándalos en Valencia, Murcia y Málaga; y como Graydon se pro~amaba, no
sólo agente de la Sociedad Bíblica, _sino íntim~ colaborador y asociado de Borrow, dió pretexto para que el Gobierno, mov'.do por lo~ _curas, desfogara su
inquina tratando a ~o~ Jorge ~on _extrema~o ngor. La pns1ón de Borrow y las
reclamaciones del mm1stro bntámco produ1eron, com&lt;? ~ucdc sup':m~r~e, una
reunión precipitada del Consejo de ministros, un ofrec1m1cnto de d1m1s~ón por
parte del jefe político e interpelaciones en las Cort~s. ccnsur_and? al Gobierno...
por su lenidad. Excarcelado Borrow, supo por el mm1s_tro británico la par~c que
la conducta de Graydon había tenido en sus pers~cuc1onc;5, -y se le ocur~1ó es•
cribir sendas cartas al Correo Nacional y a la Sociedad Bibhca des~utorizand~
y condenando el proceder de su_ colega. En la ca_rta al Correo_ Naeton~l, publicada el 27 de mayo, se titula «~mco agente autorizad~ en Espana d~ la~· B.• E~
la carta a sus directores de Londres, luego de rcfenr la&amp; entrevistas del ministro británico con Ofalia, dice respecto de Graydon: •Hasta ~I ~omento P:C·
sentc, ese hombre ha sido el ángel malo de la c~u~a de la B1bha e_n Espana,
y también el mío, y ha emple_ado tales proccd11_n1entos .Y :scog1do de ta~
modo las ocasiones, que casi siempre ha conseguido dern~ar IE&gt;s planes h~
cederos trazados por mis amigos y por mí para la propagac~ón del Evangelio
de una manera permanente y segura.• La respuesta de la Sociedad fu~ 1;1n cruel
desengaño para Borrow: rcconocíase en ella que Graydon era tan le~1ttmo representante de la Sociedad Bíblica como él; no se accedía a desautorizar Y con•
dcnar su proceder, y, además, se le advertía a Borr?w que en adelante se abs•
tuviese de publicar cartas como la del Correo Nacional. Por su _parte, el Go•
bierno español, tras algunos artículos oficiosos en que ~e. le exc1ta_b~ a proce•
der •con mano dura• contra los escarnecedores de la rehg1ó11, proh1b1_ó de Real
orden (25 de mayo) la circulación y venta del Nuevo Testamento editado por
Borrow.
En relaciones poco cordiales con sus jefes,, y frente.ª la hostil ida? resuelta
de los gobernantes españoles, Borrow no pod1a ya realizar en la Penmsula una
obra duradera ni fructífera. Aquel verano del 38 anduvo Don Jorge por la Sagra y por tierras de Segovia. El 24 de agosto llegó a sus manos_ la orden de sus
jefes llamándole a Inglaterra, y allá se fué, a través. de Fr_anc1a, Y en. tres o
cuatro meses que permaneció en su país zanjó sus d1fer~nc1as con los d1rect~res y logró que Je enviaran a España por tercera y última vez. El 31 de d1•
cie~bre de 1838 desP.mbarcó en Cádiz, y, salv? los tres _primeros meses qu_e
pasó en Madrid dedicado a la propaganda, casi todo el ano 39 est~vo en ?evilla, en relativa inacción. Allí fueron a buscarle l\~s. Clarke Y( su h1Ja, a qu~e!1cs
instaló en su propia casa de la Plazuela de _la Pila Seca. _Hizo, solo, _un VJaJC a
Tánger, donde Je alcanzó la orden del Comité de la Sec1edad Bíblica, dando
por terminada su misión en España, y en Tánger se aca~a brusc.-m_ente _la narración de sus aventurns. De retorno en Sevilla, anunció su matnmomo con
Mrs. Clarke (la Señá Biuda con Don Jorgito et Brujo), y comenzó l&lt;?s prepar~tivos para volver a Inglaterra. Una disputa con un alcalde de bar~10, en Sevl•
lJa, le costó ir a la cárcel, donde le tuvit:ron treinta hor~s; todav1a ~stuvo en
Madrid gestionando las reparaciones debidas por el agravio, Y en abril de i84o
176

.e embarcó para Inglaterra con Mrs. Clarke y su hija y su corcel árabe. Apen~ tomó tierra, se casó y fué_ ª. instalarse en Ou/lon Coitare (Lowestoft), pro~•edad_ de su esposa, donde VIVIÓ muchos años entregado a las pacificas tareas
hterarias.
~ primero que publicó foé su obra sobre los gitanos (1), en la que había
t,:abaJad~ m_ucho durant~ su perma~encia en, España. Contiene una descripc16n prelimmar de los gitanos de diversos pa1ses, y un estudio de la historia y
costumbres _de los de España, compuesto de observaciones personales y extractos de hb~os referentes a ellos. Siguen una colección de poesías populares
en caló, ~ecog1das verbalmente por Borrow, y un vocabulario. En Tñe Zincoli
se aprecia cuna fuerte personalidad y una observación extraorclinaria&gt; ( 2 )·
per~ cualquiera puede advertir el desorden con que está compuesto el libro'.
Es importante para conocer las costumbi;:es de los gitanos, y completa además
algunas aventuras que en La Biblia en España sólo están indicadas.
La publicación de Tñe Zincali puso a Borrow en relación con Ricardo F ord
docto en cosas hispánicas, que preparaba por entonces su Manual de Espa:
ña (3). Ford acons7jó a Borrow que publicase sus aventuras personales y se deJara.de ~xt~ac~ai: libracos españoles.. Al saber!que tenía entre manos una Biblia
en
!ns1shó en sus advertencias: nada de vagas descripciones, nada d~
erudición libresca; hechos,_ muchos hechos observados directamente; arrojo
para no caer en las vulgandedes; no preocuparse del buen decir· evitar las
g~oñerías y la declamación. Borrow se aprovechó de esos con~cjos. En su
r~t!ro de Oulton ordenó y completó los materiales de que disponía: diarios de
na1e, cartas a la Sociedad Bíblica, y en diciembre de 1842 se publicaba la
obra (4), que velozmente le llevó a la celebridad.
. S~ triunfo fué inmenso. En el primer año se agotaron seis ediciones de a
nul eiemplares en tr_es volúmenes, y una e~ición de diez mil ejemplares en dos
tc:imos. Dos veces reimpresa en Norteaménca aquel mismo año 43, fui'. tradu~a al _alemán, al francés y al ruso: en 191, iban publicadas más de veinte edi~ooes mgle?as de la obra. Borrow saboreó la popularidad; sus escritos postenores contribuyeron poco a sostenerla. Sus aventuras en España despertaron
en el p~blico un deseo muy vivo de conocer otros hechos de la vida del «héroe•. lt1cardo Ford le aconsejó que es~ibic~ su auto~iografía. Don Jorge, sin
levantar m~no, compuso el Lavengro, historia de su miíez y juventud, continuándola anos después (5), hasta la fecha en que comienza aquel misterioso pe-

lu/'!"ª•

h) The Zioeali, • · An Accouot of the Gyp1ie1 of Spain With an orifinal colleclion of their Sonp
ud Poet,y,and a cop,.,us DictionaryoftheirLanguace. ByGeor¡e Borrow ... ID two volwnes. London

Joha

M.urray, 1141.
'
t vol. London Chapman and Hall , u .
9
(3) • ~Hand-Book_ for Travellers in Spaln and Reden at Home.• London: Murray, ,s45 , •· ; 0 1. g,•
Laa ed1c1onea postenorea ~,tán abreTiadas o adaptadas a 101 itioervioa del ferrocarril. El •erdadero
•Jlord, no ha vuelto a parecer•. (Knapp.)
(4j Th_e Bible in Spain, or the Journeya, AdYeDture., and lmprisonements of u Eollilhman io a.o
• ttempt to c1rculate the Scripture1 in tbe Pen insule. By Georce Borrow, author of •The GypaÍea in
8 paln,, ln three To!ume,; London Jobo Murray, 1843.
1
.a.... (s)
Lano¡ro; the Scbolat"the Gypsy-the Priest. By Geor¡e Borrow... In three -,olume1, Lon•
_,,Lo, Jobo Murray, 1'51.The Romany Rye; a aequel to La...nrro. By Georie Borrow... h two •olumea
ndoa. John Munay, 1857.

(•) E. Thomu: George Borrow, the man and bis book1.

,

�LA PLUMA

LA PLUMA

.
a se hizo mención. La obra defraudó las esperanzas del
ríod&lt;? de su v1d,a_de que Y . . d" nación del autor, pronunciaron sobre cl!a un
público: los cntlcos, con gran m tg
"6 ri urosamentc veraz, y aparec1a un
fallo adverso; se aguardaba u?a n~rra~t má~ uc suficiente para desorientar
revoltijo de sucesos reale\ ~ ~~!11:;~~e de lo\ue algunos llamaron su !fracaal lector. Borrow se.~onso -~ 1 t\ntribuir a suavizarle el humor, cada d1a más
so•. La vanidad hen a n:&gt; i ~ a c . c·a la vida sedentaria de escritor. Sentía,
.áspero y.agri?· Llevaba ~o.n tm?ac1cn
uos • terrores• le atormentaba~. Bo.además, i~qu~c~udes rfh1tsas, ~~~0ufra de su patria: misiones li~e.ranas en
rrow quena v1a1ar y so ic1 emp . ero sin resultado. Hizo un v1a1e por el
Asia, el Consulado de Ho~g-Kong, pdatos acerca de la vida y lenguaje de sus
-oriente de Europa, Y recogt~ nuevos .
Macedonia Anduvo también por su
amigos los gitanos en H~ngna, V~aqu1a y y recogió parte del fruto de estas
país; visitó Gale~, Escocia y o¡rosl u~1~f!s~ obra importante que publicó. Desde
jornadas en un libro (1), que /é .ª -~ catorce años sin producir nada después de
1860 r~s~día en L~nd~s,l don e 1~v~oen tanta obscuridad, en tal silenci&lt;?, que &amp;!·
la apanc1óo de W1ld a es,_sum
or el deseo de conservar su antigua pr1guoos le creían m~erto; Estimulado
cultivaban ya con diferente método, se
macía en los estudios gitanoS, qu~ ~ r. ( ) del dialecto de los oitanos ingleses,
lanzó a publicar en 1874 un vocat_u ard10 E2 suma· Borrow se ,.sobrevivió; tan
·
• d perd"d
1 a.
obra que, al apareCcr , -•ra yaKana 1cua
_ a.odían devolverle
la notoneda
sólo la muerte-observa Mr. n pp p
hó de Londres en 1874 y se refu•
La muerte tardaba en llegar. ~orr&lt;?wdse dm=~~ 1869 El arriscado Don Jorge de
gi6 en su casa de Oulton;_ esta a v1u o e
ue v·ivía tr;ste y solo en una casa
otros tiempos era ~o anciano de ::~~:~~1~ q por el jardín recitand? poemas
de campo mal cuidada, Y se P
I dad y «sus conversaciones con
de su cosecha. S~ extraño c.o!1tincnte,ai~~nsfaefinca, crearon en torno s~yo una
los gitanos, a quienes permit~a a~am~n viéndole pasar le gritaban: ¡Gitano! o
especie de leyenda. Los fc ac ~-~• stra fué con su]~at:ido a vivir en su com•
¡Brujo!• Muy ce:,ca ya d~ 6md:u•uJi de 1881 el matrimonio se fué a Lowestoft
pafüa. En la man~na de 2
J m letamente solo; mucho les rogó quc,no se
a sus asuntos, de1ando ,ª Bor~~~ co o 1e di" eroo que ya otras veces hab1a exfuerao, p_orque se sen?afmo~u~~~~o alguJo. Cuando volvieron, a las pocas hopresado igual temor sm un ª
ras, se lo encootra.1:on ?1uert~.
f
en tér'lninos absolutos, el mejor libro
Aunque Tlle B1ble in Spain no uese,
diferencia respecto de sus otros
de Borrow, sería en t,odo caso, c~n eoo::~ción de nuestro público. El mérito
~scritos, el que. más bful~s tefdna ;;:ación de España le hicieron pop ula: en
intrínseco del libro y a.s1ogu ar re. do en varias naciones de Europa, motivos
Inglaterra y Nortearnénca y _conoc1_
e nuestro aís con más el de ser los
también valederos para ~u d1vulga~1ón a~te ioterefada'. actol'CS en las escenas
~spañoles, no lectores distantes, smo p

s"

:¡

tos

f

B Geor,:e Borrow... ¡,. three -.ol11m•.
(r) Wild Wa!es: its people, Lao,:uare, and Scenery. 1
•
Londoo, John Murray, ,~6_•1.' W d·B k ofthe Romany, or Bn,:li1h Gypsy Lan,:uar;e••. By G9oll
(2)
Romano Lavo•L1 .
or
oo
Borrow. London, John llurray, 18H·

y su tierra marco de aquella narración. No es muy honroso para nuestra curio-

sidad que hayan transcurrido cerca de ochenta años desde que vió la luz, sin
.ponerlo hasta hoy, traducido, al alcance de todos.
El libro fué compuesto, en su mayor parte, en los lugares mismos que describe. Borrow redactaba un diario de viaje, y remitía, además, a la Sociedad
Bíblica, cartas de relación de sus aventuras y trabajos. La Sociedad prestó a
Borrow las cartas luego de cerciorarse de que, al aprovecharlas, no cometería
ninguna indiscreción. c¡No he revelado los secretos de la Sociedad!» decía después Borrow; en efecto, no mienta su desacuerdo con los directores, y tribut?
a Graydon, el «ángel malo• de la causa bíblica, ardientes elogios. Las cartas d e
Borrow a la Sociedad Bíblica (1) son tan extensas como la mitad de Tlze Bible
in Spain; pero sólo aprovechó la tercera parte de ellas en la composición del
Jibro; lo demás salió de sus diarios, fundiéndose todo al calor de su espíritu
cuando recordaba y revivía a distancia las impresiones indelebles recibidas.
Tres son los temas de la obra: la difusión del Evangelio, Don :Jorge el inglés
y Espaiia. Los tres se enlazan en un conjunto armónico; la propaganda evangéJica es el propósito deliberado de que remotamente trae origen el libro, y
constituye su armazón interior; todas las idas y venidas de Don Jorge, todos
sus pensamientos van encauzados a la divulgación de la palabra divina. Los
homb1·es y las tierras de España, materia de su experiencia, constituyen, no
sólo una decoración de fondo, asombrosa por el relieve y el color, sino el ambiente en que se mueve y respira un personaje extraordinario, algo distinto
de Borrow, pero que es Borrow mismo, despojado de toda vulgaridad y flaqueza, elevado a la categoría de semidiós. De esos temas, el evangélico es el que
nos importa menos. España, país de misiones, España, país de idólatras, era
un punto de vista nuevo, dentro de nuestro solar, en 1835, e irritante para
quienes, dueños de la religión verdadera, habíanla exportado durante siglos.
No será hoy menos irritante para buen número de personas el antipapismo d e
Borrow; pero es improbable que los españoles descontentos, los no conformistas, rompan a gritar: ¡Al &amp;ampo, al &amp;ampo, Don :Jorge, a prnpagar el Evangelio de
Inglaterra! En el fondo, la preocupación de Borrow es de la misma índole que
la de los e idólatras•, sus enemigos. La regeneración de España por la lectura
&lt;lel Evangelio sería un programa que acaso hiciera hoy son reir.
El mayor número ~eguiría una opinión análoga a la de Mendizábal, que a la
insistencia con que Bonow solicitaba el permiso para imprimir el Testamento,
salvación única de España, respondía: «¡Si me trajese usted cañones, si metrajese usted pólvora, si me trajese usted dinero para acabar con los carlistas!.
Pero Don :Juan y Medio, y los liberales que hicieron la desamortización eclesiástica, no se atrevían a permitir que circulase el Evangelio sin notas. Aunque
movido por un fanatismo antipático, en favor de Borrow hablan su osadía personal, la consideración de que luchaba contra un poder omnímodo, irresponsable, y la de que formalmente pugnaba por un mínimo de hospitalidad y de
Hbcrtad, sin las que los hombres en sociedad son como fieras, y eso está siem(1)

•Letters oí Georre Borrow to tbe Bible Society•, edited by T. H , Dar!ow, 1911.
1 79

�LA PLUMA
pre bien, hágase como se haga. El libro de Borrow es un precioso documento
para la historia de la tolerancia, no en las leyes, sino en el espíritu de los españoles.
The Bi/Jle in Spain es un libro autobiográfico. cEl principal estudio de Borrow fué él mismo, y en todos sus mejores libros él es el asunto principal y el
objeto principal.. (1) No emplea en esta obra las confidencias, no se confiesa
con el lector; su procedimiento consiste en dejar hablar a los que Je tratan
para pintar el efecto que su persona y sus hechos causan en el ánimo del prójimo; asomándonos a ese espejo vemos la imagen de un Don Jorge muy aventajado: subyugaba y domaba a los animales fieros; los gitanos le adoraban; era
la admiración de los manolos; temíanle los pícaros; confundía al posadero ruin
y a los alcaldillos despóticos; encendía en sus admiradores devoción sin límites; era afable y llano con los humildes; trataba a los potentados de igual a
igual y hacía bajar los ojos al soberbio; nunca se apartaba de la razón, ni perdía
la serenidad; en suma: el héroe y el justo se funden en su persona; es un apóstol que propaga la palabra de Dios, pero sin el delirio de la Cruz, sin romper el
decoro; es un caballero andante que se compadece de la miseria, y a cada momento cree uno verle emprender la ruta de Don Quijote, pero ._sin burlas, sin
yangüeses, en una España que creyese en él y le tomase en serio. Apóstol y
caballero están bajo el amparo del pabellón británico.
Borrow se colocó, o colocó a su héroe en un escenario sin segundo, de tal
fuerza que, para nuestro gusto, el aventurero se borra, se disuelve en el paisaje o queda a la zaga de la muchedumbre española que suscita. Es difícil encontrar otro caso en que un escritor haya triunfado con más brillllntez de la
hostil realidad presente. Borro-:v lucha a brazo partido con la realidad española, la asedia, poco a poco la domina, y con la lentitud peculiar de su procedimiento acaba por poner en pie una España rebosante de vida. No se atuvo a
una realidad de cguía oficial&gt;. Lo que le importaba era el carácter de los
hombres, y no de todos, sino de los de la clase popular, donde los rasgos nacionales se conservan más puros. Labradores, arrieros, posaderos, gitano3, curas de aldea, monterillas, mendigos, pastores, pasan ante nosotros, y al verlos
gc&amp;ticular y oírlos hablar, creemos encontrarnos con antiguos conocidos. Unos
son pícaros, otros santos; unos son listos, otros muy zotes; casi todos groseros, muchos con sentimientos nobles, y unidos, en general, por un aire de familia inconfundible, y la verdad es que, con todas sus picardías o su zafiedad,
no puede uno dejar de quererlos. Tuvo además Borrow una espléndida visión
del campo, y lo sintió e interpretó de un modo enteramente moderno. Así.
Don Jorge descubrió y pintó, en realidad, lo que quedaba de España. Arranca•
dos los árboles, agostado el césped, arrastrada en mucha parte la tierra vegetal, asomaba la armazón de roca, con toda su fealdad y su inconmovible fll'•
meza.
El lector de La Biblia"en España apreciará seguramente el novelesco inte·
rés de algunos pasajes que parecen arrancados de un libro picaresco, el moví-

LA PLUMA
miento de ciertos cuadros propios de un cepisodio nacional&gt; el sabo d O tr
csce_nas de cos!umbres,
bosquejos de tipos y caractere; con t r e
as
méntos que es mnecesano ,eñalar; pero lo mismo ante ellos que ant:i~~sdo~ros
tos del_ hbro, y frente a la repulsión que ciertos juicios-ex resos
e ec~ntend1dos_-del autor puedan suscitar en el ánimo de un es _P 1
~ sobreta~ Pf.tv_emdo para no i?currir en las descarriadas apreciad~~~~ q~~n:;:~c:
e~ ~ 1 1~ se han proferido en nuestro país. La Bibita en Espaiia es un libro de
v1a1es, c~erto; pero _hay que entenderse acerca de su calidad. No es un informe
a la Sociedad Bíblica acerca de los progresos del Evangelio en Es - 01·
•cuadro
del
político,
~ana,
un
'é
d estado
·
- social' etc· • • de la naci'ón , 01• u n 1•t·merano
para rec1 n casa os, 01 una resena de las catedrales v otros monumentos p
- d
para ueo de lo~ snobs de ambos mundos; La É_iblia en España es unae~t~:ªd:
a~e, una creación, y con ª:reglo.ª eso hay que ¡uzgar de su exactitud del par •
czdo del retrato y de las «10venc1ones• del autor. Los paisajes los 1u' ares 1:a
figuras, están notados co~ puntua~idad; es excelente en la inteligencia le las'cos~~mbres y no hay en 4:l hbro ca11catura ni falsificación de sentimientos. Episo1os ~ompuesto~, no vistos por Borrow; personajes inventados a Jutinando rasgo~ d1sper~os, sm duda los na de haber; pero eso ¿es ilícito? PudYera compararse a creac~ó1;1 de Borro~ a una estatua de mayor tan,año que el natural La
verdad arlíshca del con1unto y su efecto conmovedor son innegables El Úb 0
no es s6 lo verdadero; es, en ciertos puntos, revelador.
·
r

!ºª

d~

-MANUEL AZA8A

.'

(1) 'Bd. Thomu, cap. IL

18o

11

�L.A PLUMA

-· castillo

M

famoso.

sin ser todavía el reino de Dios, es ya el Edén de los mendigos. Madrid incuba pordioseros, acoge a los de fu~ra, los pro!ege, los retiene. Circular por Madrid es he°:dir masas de m1serables-c1egos, tullidos, pustulosos-, 9u_e acosan, o g_1men, o cantan, o blasfem?n, o
insultan, o profieren amargu1s1mas seotenc!as sobre _el valor de la_ vida Y
de los bienes de este mundo. El paseante, s1 no mendiga, parece un mtruso
en ese vasto coto de la hermandad de la roña: los dueños son los pobres.
y en cuanto llegado el estio se marchan de ~adrid l?s. dos ~ocenas de
familias a quienes su fabulosa fortuna les p~rm1te no v_1v1r de hmosna, las
calles de la capital quedan por su,as. Madnd es un asilo suelto.
.
Sería un exceso decir que envidio a los pordioseros; pero los _admiro,
como a gente capaz de adaptarse sin vacilación al géoe~o. de vida más
acorde con el ambiente. En Madrid, donde todo está proh1b1do, cada :ual
hace lo que se le antoja. Recontar las vejaciones a que uno vive suJeto,
desde la Constitución del Estado hasta el minúsculo deber de conservar
los billetes del tranvfa, pasando por los mandamientos de la S~nta Madre
Iglesia y el Reglamento de la SocIEDA~ ~ILARMÓNICA, es operación penosa
y aflictiva. Un madrileño observante v1v1ría emparedado entre ordenanzas.
Pero Madrid es incoercible: el buen madrileño «se mata con su pa_dre• ~or
mantener su prestigio personal, fundado, como se sabe (remm1scenc1as
del fuero de hidalgufa), en el privilegio de hacer alguna cos~ q_ue al
común de los mortales se le prohibe. La cualidad de madnleno se
adquiere poco a poco a medida que se -aprende a quebrantar condesenvoltura normas que sólo acatan las gentes si? importancia. ~ -yida en
Madrid es un compromiso, renovado a cada mmuto, entre arbitrariedades.
ADRID,

18 2

individuales. Los mendigos perfeccionan el sistema. Quienes, saltando
sobre los falsos respetos humanos, profesan la mendicidad, abrazan una
vida libérrina, sin Dios, sin Estado, sin Trabajo, vida anterior al pacto
social, y se mueven con holgura entre dos infinitos de arbitrariedad: la
limosna y la policía.
Los pobres de pedir cuentan en la villa con el apoyo de la opinión
pública. Ante todo, por la secreta admiración de quienes no se atreven a
mendigar y quisieran una libertad ígual para su orgullo. El público protege a los pobres contra la autoridad cuando de tarde en tarde pretende
darles caza para encerrarlos en un asilo. El público (y no hay que decir los
pobres, que se defienden a mordiscos) acierta. Se sigue la angosta senda
de la mendiguez por conservar el albedrío, prefiriendo a la pitanza la
libertad. Encerrar a los pobres es malear la profesión. Si algún estadista
ininteligente, abundando en la manía de ordenarlo todo, hiciera de la pordiosería un organismo oficial, con su cuerpo de aspirantes, ingreso por
oposición, escala cerrada, jubilaciones y derecho a usar uniforme, nadie
querría, en términos tales, ser mendigo. Después, los madrileños amparan
y respetan a los pordioseros por motivos de religión. Los pobres son de
Dios. Un pobre es el arquetipo del cristiano. Veinte siglos de cristianismo son aún más fuertes que veinte siglos de literatura, y aun en el incrédulo la vista de un pobre remueve no se sabe qué confusos remordimientos y pavor, reliquia de emociones fenecidas. Perseguir a los pobres les
parece una impiedad tan grande como quemar los muertos.
Los pobres se reparten el imperio de las calles e imprimen sobre el
rostro de Madrid sus dedazos mugrientos. Hay pobres de puesto fijo,
que Madrid está habituado a ver como partes integrantes de los inmuebles junto a los cuales posan; si un día. los quitasen, el taadrileño no se
encontraría a gusto en sus calles, le faltaría algo, como si la fuente de la
Gbeles desapareciera por ensalmo. Sirven para computar el paso rápido
del tiempo, y uno se da cuenta de la brevedad de la vida al observar cómo
engorda y encanece la ciega del jardín de Riera, y cómo se le apaga la voz
al tullido de San Luis, y cómo, en general, se estragan y arruinau los más
recios ejemplares de la cofradía. Un puesto de pedir limosna, con su zona
de influencia bien definida y su parroquia fija, es uno de los negocios más
pingües a que pueden aspirar los jóvenes talentos sin empleo; y las familias que por ventura poseen algún monstruo y consiguen un lugar céntrico
para exhibirlo, ya no tienen que preocuparse del mañana. Menos importantes son los pobres que no están fijos, sino sometidos a un movimiento
de traslación rigurosamente medido, como el de los astros: pasan por los
mismos sitios a las mismas horas: la ciega gorda y sentimental, que aún
no ha concluido de cantar al son de su guitarra el vals que empezó hace
183

�LA PLUMA

....

veinte años; el ciego de la ocarina; el empresario de teatros arruinado
(según proclama el cartel que lleva al pecho); ese otro ciego misterioso
que recorre solito todo Madrid sin más que imprimir al brazo derecho un
giro natatorio; el chicuelo que clava en el cráneo de sus clientes un horrible cantar, a grito herido (voz impostada en el entrecejo), mientras su
acompañante, mocosa soñolienta, pasa el platillo de latón (¿hay algo para
el pobre ciego...?) y se restrega los párpados: tales son los más notorio$
de esta categoría. Debajo pululan las tropas ligeras de la hermandad, que
libran batalla a toda hora y en cualquier terreno, saquean al liberal y asedian al escaso, se desplegan entre dos esquinas, se concentran sobre un
café, envuelven a las familias dadivosas, cortaa la retirada al transeunte
esquivo. Son tantos y enseñan tales miserias, que algunos días Madrid
parece una ciudad atacada de la peste. Los muñones, las llagas, las cicatrices, por muy horrendas que sean, no pueden esconderse: son el orgullo
y la mejor arma de los pobres: hay que resignarse a verlos, como _nos
resignamos a ver los caballos destripados en la Plaza para que haya
fiesta.
No a todos les repugna la miseria astrosa. Hay quien come y bebe
en la terraza de un café, conversando amigablemente con un mendig&lt;1
que, en pie a su lado, paga con chuscadas la limosna. La buena armonía
en que viven ciertos pobres con los señoritos madrileños es un espec táculo único en el mundo. Ea los cafés de moda, donde se reúne la gente
aficionada a exhibir sus módicos placeres, circulan los mendigos por
entre las mesas, se mezclan en la conversación de la clientela, conocen
algunos de sus enredi\los, le sirven de correveidiles, hablan el mismo lenguaje y, en el fondo, tienen las mismas aspiraciones e ideas. En la otra
punta de la escala, el señorito es también un caso de adaptación cabal al
ambiente. En Madrid, para no chocar, hay que ser mendigo o señorito, y
de hecho, un señorito suele ser un pordiosero en vías de hacerse.
La mendicidad presta a la vida de Madrid un tono patético que por
otros lados no tiene. El hecho trivial de rehusar un periódico se complica
con emociones penosas cuando una voz lastimera nos dice que es cpara
ayuda de un panecillo•, o e para dar de comer a estos niños•; ·al salir del
café, en las noches de invierno, se tropieza con turbas de chicuelos desnudos que brincan de frío en el asfalto y hacen chistes a costa de su hambre; y si es en verano, ccuando los pobres viven•, no falta ninguna noche
esa pareja de ciegos que con voces cavernosas canta: • ¡Shiquiya, shiquiya.. .l 1Shiquiya delarmamiáa ...l• Y uno se aflige pensando que la copla, la
guitarra, las voces y el imbécil expresionismo de los ciegos, despiertan en
los oyentes una congoja placentera... En fin, los mendigos están en Madrid para curarnos de vanidades. Pero ellos, personalmente, no sufrea
184

LA PLUMA
nada; su vida no es menos fecunda en ioces que la de cualquier mortal.
Hace años andaba todavía por esas calles un mendigo monstruoso, cargado de años y de enfermedades, en verdad horrible de ver. Se arrimaba a
l?s transeuntes, y recreándose en el asco que producia, rezongaba: cSe!ionto, t_engo más _hambre que _un oso;·· Est?Y ~ás aburrido que la virgen,
señontol• Alguien le aconsejó un d1a: cMira, tu ya no puedes vivir mucho:
y para lo que haces en el mundo... ¿Por qué no buscas la celebridad? Coge
una bomba y tírala desde el galliaero del Real...&gt;
-¡La vida es muy amable, señoritol-respondió.

BL PASBANTB BN CORTB

Don Cacique (óleo)
Personaje torvo
MalJín
Alfondo la dramática Sierra tk Pancoróo
Sobre la nariz
Espe_juelos verdes
Donde se o_jeriza tu1 bio mal carl,:
Tipo de Satán
Mano de Caín
Muy Rey tk los NaÍIJes ji m~ sacn'stdn
El semblanteJalde
Capisayo gn's
Empinada m alto la vara de Alcalde

y

A pesar de eso
Un breve infeliz
De malas costumbres y muy poco seso.'
Personaje torvo
De un pueblo de la áspera Sierra de Pancorho
(Oh!
Lejos _de Parls...)

ANTONIO BSPINA GARCÍA

�LA PLUMA.

llBROS Y ReOlStAS
R. Blanco-Pombona.-Dramas mínimos.-Biblioteca Nueva.

...

«En estas cortas historias-nos dice su autor-trasudan el dolor y la imbecilidad del hombre en campos, pueblos y ciudades de América; en campos,
pueblos y ciudades de Europa. Lo más corriente en estas historietas-dramas
mínimos-ha sido observar al hombre viviendo su vida y con sus costumbres
peculiares en el país donde el autor nació. Pero como el autor ha salido de su
país y conoce otros pueblos, pudo, en otros pueblos, ver al hombre, y procuró
observarlo.
&gt;Ha descubierto, y en todas partes, cosa igual: un fondo idéntico de estupidez, de maldad y de dolor.•
De los cuentosji·anceses, y,¡nquis, de cualquier parte, americanos-el campo,
los pueblos, la ciudad-y españoles, en que divide su colección de D,·amas mínimos el Sr. Blanco-Fombona, los americanos nos interesan espedalmente, y si hu•
biéramos de elegir uno entre todos, el titulado El Catire llevaríase la preferencia, incluso sol;ire Los salvado1n de la Patria, sátira cruel de un levantamiento
revolucionario en Venezuela. Tal vez no consigue el Sr. Blanco-Fombona la variedad que se propone, en detrimento acaso de la fuerza con que se acusan los
caracteres que le son más familiares. Quizá ese fondo de estupidez, de maldad
y de dolor com6n a todos sus cuadros produce en el lector la impresión de un
prejuicio más que de una experiencia. En todo caso, sólo después de cerrado
el libro le es dado reaccionar al crítico. Tan sugestiva es la lectura de estas páginas, escritas en un estilo animadísimo, cortante, apasionado, cuya v;olenta
ironía recuerda a veces la de otro americano pesimista: Luis Bonafoux,
C. R. C.

*

*

Valery-Larband.-Poétes espagnols et lzispa110-américains contemporains.-lA
Nom,elle Revue F,·an;aise.-I 'Juillet 1920,
El Sr. Valery-Larbaud, distinguidísimo escritor francés, cuyas novelas, y so•
bre todo cuyas notas y traducciones de literatura inglesa, constituyen uno de
186

los .Pr!ncipales, atractivos_ de la Nouvelle .Revue Fran;aise, dedica en el númerode ¡uho un articulo muy 111teresante a algunos poetas españoles. No sin excu·
sarsc modestamente por tratar un tema extraño a sus estudios habituales
lle.vado de su :tmor a la lengua castellana y en atención al afectuoso requeri~
miento que ?esde las ~olumnas de F.sjaña le hiciera Enrique Díez-Canedo
Le symbol,sme_ fran;a,s et la ¡,_oésie espagnole moderne, libro del Sr. Zerega-F ombona, sug1érele algunas atmadísimas observaciones, tal la que apunta
como más eficaz en los poetas españoles la curiosidad que despertó la lectura
de Los Raros, de Rubén Darío, que la influencia directa del gran americano. No
obstante ser és.ta tan grande. Muy acer_tada nos parece, asimismo, la invitación
que hace a D1ez-Canedo-a quien diputa primero entre los críticos españoles ~onternporáneos-alentándole al estudio de que no es, en todo caso sino
prefacio el del Sr. Zerega-Fombona.
'
Habla d~spués con gran elogio de Ricardo Guiraldes, cuya novela Rauclzo
(Buenos A_1res, 1917), como antes su libro de versos El cencerro de cristal
(Buenos_ Air~s, 19!6), le co!oca entre los primeros, y el primero acaso, de la
generación hterana argentma más reciente.
Y por último, c_on ~olivo de Et humo dormido, de Gabriel Miró, insiste en
proclamar su ad_m1rac1ón por _Raf!1Ón Gómez de la Serna, de quien ya se había
ocupado, Y a quien
traducido incluso (Hispania, núm. 3, 1918, y Litteralure;
scptembre, 1919). Miró y Gómez de la Serna, con Juan RamónJiménez le pare
cen los más notables poetas españoles.
'
Y aquí se nos ocurre una reflexión, que no es esta la primera vez que nos
a.salta. ¿Cóm,o espírit_u~ tan franceses como_ e_l :del Sr. Valery-Larbaud (y entié~~ase aqu1 por espmtu _francés ~se claro JU1c10 de que Francia se enorgullece
lcg1timame_nte en sus escntores) pierden al contacto con la realidad española su
característico sentido de la justicia literaria?
Compartiendo, como compartimos, con el Sr. Valery-Larbaud la admiración
por Ju~n Ramón Jiméne~, .por.?abriel ~fir?, por Ramón Gómez de la Serna, ¿no
se advierte luego la prec1p1tac1on que s1gmfica,no ya el preterir algunos nombres
más! que acaso no conoce, no ?~stante s'-! larga estancia en España, pero aún
la cita en un solo haz de prestig10s tan dispares? Y si en ciertos aspectos .Miró
le.puede parecer un Jamm~s español, ¿cómo comparar su lírico preciosismo humilde con la pompa y sonondad d'annunzianas, pretendiendo asimilar la labor de
uno y otro en sus respectivos idiomas?
He~10s de congratularnos, con todo, de que la literatura española empiece
• .cons1_derarse allende el Pirineo con un criterio menos limitado que el de los
laispamstas de cátedra.
C.R. C.

?ª

•••

Clandio de la Tor.re.-La lzuella ¡,erdida.-Rafael Caro R:tggio.-Editorial
Madrid.

Es es~e el segundo libro de su joven autor, cuya asidua colaboración en el
IICm~nano España muestra la fina distinción espiritual característica de Et can1• diverso, volumen de poesías con que se dió a conocer recientemente.

�LA Pi..UMA
LA PLUMA
En el prólogo de La huella ;erdida sincérasc con graciosa modestia del
aparente desorden que preside sus páginas. Gustaba, dice, cuando niño, de ha•
-cer pequeñas escapatorias a cierto lu~ar llamado los Arenales, junto al mar de
su tierra canaria. Y al volver pretend1a 1 como ahora en sus .andanzas literariaa,
descubrir la propia huella, que ya no encontraba.
Revela desde luego tal preocupación cierto empeño, juvenil por excelencia:
el de renovarse para no morir en prematuro agostamiento. Y con ser pocos los
años-de 1914 a la fecha-que separan los cuentos e impresiones reunidos CD
este tomo por demás simpático y sugestivo, adviértese en La kuella pe,-dida el
propósito de condensar e intelectualizar cada vez más la expresión. Pero no
hay en realidad el desorden de que, excesivamente riguroso consigo mismo, se
.acusa. El tono sentimental es el mismo, y muy de nuestro tiempo, en las dos•
dentas páginas del libro. Un buen tono en que el sentimiento lírico corrige dignamente todo exceso con cierta prudente ironía, templada a su vez con cierto
romántico decoro. El apunte titulado Florín e Hijos (Compañía ilimitada) 5
quizá el más representativo del límpido humorismo de Claudio de la T_orre
acaso el primer escritor en quien empieza a vislumbrarse una posible literatura canaria, caracterizada en la sensualidad nativa del cuento Sur, que el comer•cio inglés de las islas, inteligentemente dirigido en un afán espiritual, atempera a la sonrisa del mundo civilizado.
c. R. c.

•••
.Manuel Ugarte.-EI pon,enir de la A.mlrica e~añola.-Valcncia, Editorial,
Prometeo,

....

1920.

«Un político ad usum-escribe el Sr. Ugarte-es un hombre que dice las
,cosas oportunas que pueden serle útiles. Un escritor, en la alta acepción de la
palabra, ...dice las cosas necesarias, aunque éstas puedan perjudicarle.• Guiado por esa idea de su profesión, el señor Ugarte no les escatima las verdades
.a sus compatriotas al hablar de los peligros que amenazan el porvenir de su
tierra, como no se las escatimó a los españoles, hace años, al escribir sobre Es•
paña. El señor Ugarte da la voz de alarma a los hispanoamericanos, excitándolos a defenderse contra la ascendente marea anglosajona. Agrupados los
hechos capitales de la política exterior de los Estados Unidos durante un siglo
-como los agrupa y repasa el señor Ugarte-es difícil sustraers:: a la impre•
sión de que el peligro es cierto y creciente: sean ejemplo Méjico, Cuba, Pana•
má, Santo Domingo. Y desde que la obra se publicó por vez primera-afirma
,el autor en el prólogo de esta edición, la definitiva-la salvación se ha hecho
más difícil.
En la composición del libro, como en toda la propaganda que ha hecho en
América y en Europa, el señor Ugarte se inspira en un patriotismo continental
y de raza, superior a las divisiones arbitrarias del territorio americano en. estados independientes. «No es posible hacer brotar de cada una de las veinte
repúblicas, nacidas de divisiones convencionales, una razón superior y diferell·
188

te que au1_1c la voluntad c,n _vista de un e&amp;fuc~zo seguro y un fin alto.• Esa ra•
aón superior ?rota de_)a unidad de raza y de idioma; por tanto, desde la frontera septentrional meJ1cana hasta el cabo de Hornos (incluída la variante O -.

tuguesa) ,debe formarse un bloque único-salvando en cuanto sea precisnp l~s
autonom1as locales-para oponerse, moral y materialmente al bloque sajón d 1
Norte.
'
e
Los sentimient~s del ~eñor Ugarte. respecto de España y sus opiniones
acerca de la her&lt;:nc1a espanola en América nos parecen justos; cualquier español de buen sent~do los aceptará. ~o.ternos que del programa de remedios propuesto po~ el senor Ugarte en la ultima parte de su libro, resulta que los hispano~mencanos, para no ser devorados por los yanquis, necesitan curarse de
los m1sm~s defectos y desechar er~ores muy ~arecidos a los que, según opinión
gene~al, t_1enen post~ada y desvalida a Espana. No somos bastante doctos en
amencamsmo pa~a Juzga~ de la e~~ctitud de la pintura, ni, sobre todo, de las
esperanzas de meJora! quizá el leg~tlmo temor al predominio de los sajones no
~aste para f!Oner en_Pte una América española robusta y unida: como que el pehgro yanqui no es smo el &lt;"xponente de la debilidad y desgobierno de nuestros
~ermanos de ultramar. En la contienda que el señor Ugai-te bosqueja, a Espana le cabe p~co que hacer, hoy por hoy; pero ningún español leerá sin cierta
ª!Dargura el hbro d:l ~ñor Ugarte, escrito con pasión contagiosa; como ocurre
s1empr~ que un esp1ntu noble concibe una mejor ordenación de las cosas que,
luego, implacablemente, no son.
M.A.

•• •
Manuel Conrotte,-La intervendon de E~aña en la independencia de los Esta.., dos Unidos de la América del Norte.-Madrid, Suárez,

1920.

¿Cuáles fu:ron, en definitiv~, la cuantía y la eficacia de los auxilios prestados por Espana a los colonos mgleses de Norte América rebelados contra la
metr?poli? Al proteger, andando el tiempo, las insurrecciones de las colonias
espanolas, en la forma y con los resultados que nadie olvida, los Estados Unido! fueron general~e!1te acusados de ingratitud. La excelente monografía del
senor Co1!r~tte se dmge a esclarecer aquella cuestión, y, de rechazo, muestra
que este ultimo cargo carece de fundamento «por haber sido la intervención
que España tuvo en la eman&lt;;ipac_ión de los Estados Unidos tan secundaria, que
sólo puede tomarse como ep1sod1O de escaso relieve en sus crónicas nacionales., Contien_e el lib~·o. una puntual .relación sacada de fuentes originales ( correspondencia de f!lm1stros y embaJadores_ de los países interesados, y notas
r~servadas de_ Flondablanca), de las negociaciones que precedieron a la conce116n de los pnmeros_socorros, de los térmi~?s y modo como se concedieron, y
de los pl~nes y conc1e~t?s, ya de orden m1htar, ya político, que los beligerantes estudiaron o suscribieron, hasta llegar al ajuste de una paz en la que todos,
ulvo los colonos rebeldes, salieron perdiendo. El auxilio a la insurrección ame181)

�LA PLUMA

LA PLUMA
·ricana fué para las dos Cortes borbónicas uo episodio de la dilatada contienda
con Inglaterra, disputándole la supremacía naval, España consideró que el teatro principal de la guerra estaba en Europa y concentró sus esfuerzos en dos
objetivos de carácter nacional: .Mahón y Gibraltar. Lejos de sentir el Rey simpatía por la causa de los rebeldes, el proyecto de auxiliar poderosamente a los
americanos en su propio país tropezó con la oposición decidida de Carlos 111:
cel reparo... de la inconsecuencia y mal ejemplo que el Rey daría para sus propios súbditos revoltosos del PerCi, Río de la Plata y Nuevo Reino de Granada,
era absolutamenk invencible sin faltar a lo que Su .Majestad debe a las más estrechas obligaciones de su soberanía.• La política de España en todo este negocio pecó de indecisa en los procedimientos; el hecho de que la potencia católica y conservadora por excelencia ayudase a unos revolucionarios protestantes y liberales implicaba una contradicción radical que el malhumorado don
.José Moñino no podía resolver, y menos podía sustraerse a las dificultades
de una política invariable, heredera de tradiciones ¡:randiosas y empeñada cu
sostener un programa mundial, pero sin súbditos, sin industria, sin dinero; asl,
· al final de cada aventura no cosechaba más que sinsali&gt;ores. El siglo que· pretendió regenerarse, continuó en demasiadas cosas la historia de España, ya esquilmada. La verdad es que, salvo la restauración de algunos estudios o la introducción de otros nuevos, nos interesa poco el siglo xvm español, tan melan· cólico y apagado como los Sitios Reales de sus monarcas cazadores.
M. A.

•••

.

Tomás M.orale1.-Las rosas de Hércules.-Madrid, Librería Pueyo, XCXIX
La mu a de este poeta no va vestida a la moda del día, mas tampoco se adorna con carnavalescas antiguallas. Si no está desnuda no ciertamente por pudor.
antes bien por mejor encendernos el deseo con los pomposos laureles que decoran más que encubren su mitológica monstruosidad. La musa de Tomás MoTales es una sirena arribada del más puro mar latino a las africanas playas canarias.
En cuatro partes se divide este segundo libro de Las rosas de Hércules (en
cuyo volumen primero, todavía inédito, anuncia su autor la reimpresión, con
otros nuevos, de los Poemas del Amor, de la Gloria y del Mar, publicados en
1908); Los himnos fervorosos; Alegorías; Epfstolas, Elogios, Elogios fúnebres; Paemas de la Ciudad Comercial, amén de un Preludio y un Envío a Leonor, su com·
pañera. La disposición exterior-incluso las viñetas de Nestor y Miguel de la
Torre y las guardas de Hurtado de Mendoza-recuerda li inspiración de lo_s
Laudi de D'Annunzio; la dignidad musical de los versos está -;in duda aprend!·
•-0a en la pauta cosmopolita de Rubén Darío; no pretende el poeta desmentir
su buena casta. Pero sin duda habría que buscarle más segura genealogía en algún robusto lírico español del siglo de oro, cuyo sentimiento se aviene me-

j~r a los poderosos ecos de la trompa épica que a los plácidos sone1 de la
hra.
Y así canta en la Oda al Atlántico:
cEl mar, el gran amigo de mis sueños, el fuerte
titán de hombros cerúleos e inenarrable encanto.•
y ve al otoño que
,Desnudo bajo el húmedo verdor de la espesura
la rubia sién corona con detonantes flores
y un sarmiento flexible que arrolla su cintura
deja caer uo pámpano que cubre sus pudores.•
y le reza a cRubén,
arca del sacro pensamiento latino!,
tu índice iluminado nos señaló un camino.•
-o llora serenamente En la muer/e de Fernando Jiortún:
cEspíritu apacible,
fino mancebo de la faz hermosa,
¡a qué lugar sensible
se partió, milagrosa,
tu juventud, que era como una rosa?•

..:r~·

¡; ;~~1;; ~4~¡1¡; ...

~i&gt;~~ii~~á~,' ~~~que en el mundo tuviste,
y a un mismo tiempo, era cortés y triste... •
Siempre acordada la voz elocuente al rumor sonoro del mar, que baña la
clara ciudad de la Gran Canaria, patria del poeta, cantor en ella de un vasto
horizonte surcado de velas latinas y humeantes chimeneas de acorazados britanos.
c. R. c.
Libros recibidos:

-E. Ontañón: Breviario sentimental, Madrid; Pu"yo, 1920.
-C. R. Avecilla: Mademoiselte Gris, Madrid; Sociedad G. E. de Librería.
-Luis Esteso: La Lujuria, Madrid; Pueyo, 1920.
-Luis del Valle: Emociones, Editorial «Atheneum•, 1950.
-Juan Sin Tierra: Ante la a'llalancha, Málaga; 1920.

Gacetilla.
La infanta Paz, los bolcheviques y la critica salmantina.-Hace
ya algunos días recibimos una carta de un amigo nuestro que escapaba de
Vai:sovia, y entre otros detalles menos interesantes, nos decía: cEn Varso191

190

�LA PLUMA
Tia se ha quedado-al menos esa era su (iltima palabra-dofia Sofía Casanova.
El embajador-un ave rara entre nuestros diplomáticos, que se preocupaba inteligentemente de cada español que a él acudía-y yo, hicimos lo imposible por
convencerla de que saliese de Varsovia. Un automóvil tuvo a su disposición,
mientras centenares de pobres mujeres esperaban toda la noche a las puerta
de las agencias de viaje por ver si conseguían aún un billete&gt;.
La infanta doña Paz se quedó, pues, en Varsovia para poder contar lucio
en el A B C horrores bolcheviques.

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-Lo que ustedes oyen. Años ha, de paso Su Alteza en Salamanca para Alba

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de Tormes, donde a la sazón propugnaba la construcción de una basílica, obsequió a lo principalito de la población con un té literario. Una de las señoritas
invitadas, felicitándose con otra de la admiración que juntas- profesaban por
dofia Paz de Borbón, entonces colaboradora de La Correspondencia, insinuó:
-Escribe unos artículos preciosos, sobre todo los que firma con el pseudónimo cSofía C.,asanova•.
Por cierto que la señorita en cuestión, a quien en vano buscamos _pan
ofrecerle la crítica literaria en LA PLUMA, como le presentaran luego a un distinguido escritor, de tournle de feria por aquellos días con la Compañía Guerre•
ro Mendoza:
-¿Cómo?-exclamó ingenuamente-. ¿Don Gregorio Martí11.ez Sierra? ¡Y a
mí que me tenían dicho que era un pseudónimo de su señora!

Nosotros, no.-Ambos interesados nos han contado el caso en sendas cartas publicadas en los periódicos. La Internacional publicó una Balada de los /J,u.
nos burgueses, escrita por D. Pío Baroja, quien al saberla denunciada por el fis•
cal de Su Majestad solicitó de su amigo el Sr. Azorío que intercediera, dadas
sus relaciones con personajes influyentes, por ver de arreglar el asunto. Ello
es que el juez, oída declaración al Sr. Baroja, ha procesado al director de L,z
/nternacio11al, Sr. Nuñez de Arenas(!!!), quien, acostumbrado a padecer persc•
cución por la justicia en calidad de socialista, ha aceptado sin protesta el endoso
Pero el Sr. Baroja, soliviantado por uo justo comentario del semanario España, se confiesa cobarde (quizá por emular a otro amigo del Sr..Azorío, Mon
taigne, no por su cobardía glorioso, sino por filósofo), y aún dice que el señor
Nuiiez de Arenas no es un Cid...
El A B C manifiéstase conforme con el insigne escritor. Nosotros, no.

A1'i O l.

1·

MADRID, OCTUBRE 1920.

NÚM. 5.

la condena de Unamuno

S

se midiera el valor de los sucesos por la atención y el espacio
que les consagra la Prensa diaria, nos parecería, al recordar ahora la condena de Unamuno, que desenterrábamos un tema fabuloso.
Pero el le~tor sabe que la lesión inferida por aquel fallo al derecho
justo no se ha reparado, el escándalo perdura. ¿Y en qué ha de mostrarse más tenaz el escritor sino en la defensa de la libertad de escribir? No por franquicia profesional. Combate por un derecho que no
es sólo de su gremio, sino investido naturalmente a la conciencia
humana.
En España se disfruta virtualmente de cierto número de libertades: a condición de no usarlas. Así la de emitir el pensamiento. ¿Qué
importa proclamarla en una ley, si luego los intereses de una familia, de una corporación, de una compañía la aniquilan a fuerza de
definir como delitos todos los embates posibles de un juicio independiente? La condena de Unamuno descubre a los más distraídos lo
monstruoso de esa legalidad. Tan monstruosa, que no se atreverá a
llevar hasta el fin sus rigores. Tiraniza, pero se esconde si la opinión
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193

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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>Imprenta Artística de Sáenz Hermanos</text>
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                <text>Azaña, Manuel, 1880-1940, Redactor</text>
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                <text>Rivas Cherif, Cipriano de, 1891-1967, Redactor</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>LA PLUMA
hay en sus filas proletarios subyugados y patronos abusivos. «Se comprende la
sindicación de aquéllos contra éstos; pero la de todos juntos, ¿contra quién?•
El libro es muy personal, escrito con brioso desenfado, a veces excesivo; no
h,.biera perdido nada con filtrar un poco más ciertas ideas, como en Jo relativo
a la especialización en las «profesiones científicas•; ¿y qué significa aquello del
«doctrinarismo que siembra la duda y el sensualismo que perturba nuestra
moral?•
M. A.

*

* *1920), Jules Romains inserta una nota
En la Nouvelle Revue Fran;aise (abril
acerca del «movimiento de los espíritus• en Cataluña. No pretende atraer las
reflexiones ni la simpatía del lector sobre la situación política del Principado,
ya que los franceses se han afanado durante un siglo en descubrir naciones
oprimidas y no es seguro que los resultados hayan sido buenos. El nacionalismo catalán, además, no es una doctrina de catástrofe; los catalanes no preparan metódicamente una guerra civil; piensan que una civilización elevada y armoniosa es un arma poco menos eficaz que la artillería. Veneran su poesía y su
lengua. Un pueblo ignorado, negado, se agrupa en torno de su centro espiritual
y comprueba su razón de existir ai contacto de su poesía. La nueva Cataluña
ha sido fundada por los libros. Una antología francesa de la poesía catalana
mostraría al lecter francés que la concepción corriente del carácter español,
aun despojada de ciertos rasgos de burda composicion, evidentemente falsos,
no puede aplicarse a los catalanes. La amistad intelectual de Francia y Cataluña se recomienda, además, porque en la obra de reconstrucción que ha de
hacerse en Europa para equilibrar u11a gran civilización intelectual, debe Francia buscar con cuidado a los que por sus dotes naturales y sus aspiraciones espontáneas son sus colaboradores inmediatos. Los catalanes poseen buen sentido, optimismo, gusto por la vida, sin el énfasis ni la ligereza meridionales,
justamente odiadas por los hombres del Norte. l'ero no es seguro que sean in vulnerables a las malas intluencia&amp; que puedan corromperlos.

Gacetilla.

1,

Gracias sean dadaa.-A todos los colegas que han acogido con palabras
corteses el nacimiento de LA PLUMA. Muy ruborizada, porque es jovencita, LA
Purra promete acentuar sus cualidades, y, ya que no pueda suprimirlos del
todo, promete al menos cambiar de defectos, que es también un modo de mejorar.
Nos place haber hallado en Castrovido, qur. nos dedicó en El Pafs un saludo tan inteligente y cordial. un coadyuvante para nuestra campaña de urbanismo madrileño. Llamado a colaborar en un diario más joven aún que LA
PLUMA, Castrovido abre una sección con el mismo título que la de nuestro Paseante en Corte. ¡Muy bienl Espernmos que dentro de poco todos los periódicos
reconoce~án a la estética de la villa la importancia que nosotros le hemos dado.
96

AÑO J.

1

MADRID, AGOSTO 1920.

NÚ.M. 3,

Fansa Y licencia de
(a

Reina Casti~a :: ~
APOSTILlÓN

~ovte tsabeUna. ~ Befa Setembvina. ~ i:;at?sa de
muneC05 •'--'J•i.a
M~rtctososecos~delossemanaeios
.
~.

eevo(ucion:irios ~ la Gotda, la flaca Y ec ~
Blas.• ~
Mt musa
.
.
b
d moderna ~ enat?ca la pierna,~
se( cim
va,
se
on.
ula,
_
se
comba
se
ac"u(a
.
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,
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~ con
e t?tngot?vango .._. titmico del tango ~ Y t?eeoge la
falda dettás. ~
PeRSOJ'iAJes
Re·la Reina. ~
· e{ Re"
.. eonso,t e. ~ lucel!o, JY[anolo, compadl!e de {a
ma.
~ JY[a11i=JY[o11ena, Aaafata. ~ e1 e,an Preboste -.. Un f
7
· -.IU U::
97

�LA PLtJMA

LA PLÜMA

11

diante sopiSta. e.-,c.... Don Gaogárabete, 1'ta,qu~ Lecbugutno, amante de (a
Reina. e.-,c.... Don t,inito, Genti(,,)1omb11e del Re1,1. ~ toln!o ba, fo11obado
guitan!sta, faoo11ite del Re1,1. ~ el estudiante eon düf•a~ de lego. ~
La lnfanta fiianc!sca. ~ El Ma11011 Gene,al Don 't11agatundas. ~ el ln,:;
tendente del Re1,1. ~ Dos camall!stas de la Reina. ~ Dos Damas de la
lnfanta. e-,.... Ronda de mafos calamucanos. ~

oeCOAACIÓ)'i

LucERO DEL ALBA.

Mil.1-MORBNA.
LucBRo DEL

ALu.

MARI-MORBXA.
LUCERO DEL ALBA.

n oet?de y eosa, una tfotesta ""?&gt; de fatdines u suetido:::
ie~. ~ los oioline, de la ovqucsta ""?&gt; ()acen papel de
,msenot?es. ""?&gt;
~ Cala la luna los follajes. ~ Y albea e( palacio eea( ~ que
act?obático en los mh!afes ""?&gt; del lago, da un salto moetal. ""?&gt;

e
,·

MARI-MORENA.
LUCERO DEL ALBA.
MARI-MORENA.
LUCERO DEL ALBA.

JORNADA PRIMERA,:,.- ESCENA PRIMERA

o::-

MARI-MORENA.
LUCERO DEL ALBA.

J l'N Manolo y

V

una azefata ..a- conversan bajo los negrillos.
Muere la tarde. Serenata~ de ranas y grillos. ,o.::,
MAiu-MORENA.

LUCERO DEL .ALBA.

MARI-MORl,NA.
LUCERO DEL ALBA.
MARI-MORENA,
LlJCERO DEL ALBA.
1

1

MARI-MORENA,
LUCERO DEL ALBA.
MARI-MORENA.

¡Con que está la señora soberana,
mi comadre, tan guapa y repolluda!
¿Y hay novedades?
Para la semana,
mediante Dios, saldremos de la duda.
Pues que nos traiga un príncipe.
¡Así sea!

LUCl!RO DEL ALBA.
MAII.I-MORENA.
LUCERO DEL ALBA.

Recibido el recado, acá roe vine.
¿Qué se ocurre?
Tuvimos una idea.
Puede que sin decirla la adivine.
¡Vaya que nol

MARI-MORENA.
LUCERO DEL ALBA.

r
98

Me llama la Señora
porque sabe que en mí tiene un te~plado,
que carga su trabuco en toda hora
para ~Ha. ¿Es verdad? ¿Fué bien hablado?
1Chap1ón, hablaste como un loro viejo!
No me hagas cambalaches con el nombre
El que llaman Chapión es un pendejo,
•
y Lucero del A!ba todo un hombre.
Perdona, Chapión.
. .
1No haya un disgusto!
AntoJa ir de mantón a la verbena
la Señora.
¡La Reina es de mi gusto!
¿Y cuál es mi incumbencia en la fae ?
L
d.
na
uego ispone ir de tapadillo
a un baile de candil.
, .
tViva la Pepa!
¿Tu tienes quien nos guarde?
El Tempranillo
el Zaino, el Mengue, el Toño Y Paco Che~a.
Los de siempre. ¡La flor!
¡Ténlo secreto!
Como el dar pasaporte a un cristiano
y para no olvidarte del respeto
.
hay _que ver de no estar calam:cano.
Mari-Morena deja que presuma
un poco, al escuchar tus dicharachos
El Lucero del Alba, si se ajuma
•
es más fino que el Rey de los g~bachos
¿Y cuál ~aile ha de ser el preferido?
.
El que vieras mejor.
¡Todos son buenos!
El del Rango, el Manolo, el Buen Cumplido...
99

�LA PLUM.A
MARI-MORENA.

·'

LUCERO DEL ALBA.

No faltan en ninguno calvatruenos..
Yo me najo. Pudiera el Gran Preboste,
si en conversa nos ve, ca~r de la luna.
Caso de preguntar, ni oste ni moste.
¡De mi nadie sacó verdad alguna!

E

L talle.ondulante con ondulaciones ,:,,e, de gata,y pimpante-=-=- rit11zo de tacones - .huye la azafata, y su risa fresca ,.. en la escalinata canta picaresca. ,:,,e,

'"'ESCENA II -

E

'L fraque azul abotonado, media guedeja, ,:,,e, y la gavina tkrribada
sobre ia oreja, -=-=- pintando chirlos en el aire con el bastón ,:,o

hace su entrada el Gran Preboste: un fantasmón. ~ Tose su excelencia, un ojo guiñado -=-=- bajo la humareda tk su
tagarnina. e,:, Con~toses, Lucero se marca,y alzado -=-=- el catite, a su
excelencia se avecina. EL GRAN PREBOSTE.
LUCERO DEL ALBA.

...
EL GRAN PREBOSTE.
LUCERO DEL ALBA.
EL GRAN PREBOSTE.
LUCERO DEL ALBA.
EL GRAN PltEBOSTE.
LUCERO DEL ALBA.

EL GuN PuaosTE.

LUCERO I,)EL ALBA.
EL GRAN I'ItEBOSTE.
LUCBRO DEL ALBA.

¡Me parece!

S ALUD~ y se a~eja Lucero

e,,,:, con marchoso compás de pies
apretandost pinturero -e,:. a la cintura el marsellés ,::-=,

~

¡Tú por acá!
Me tira aquella prenda;
la ando por camelar, y es piedra dura;
lleva sobre los ojos una venda,
y no sabe apreciar esta pintura.
¿Y aquellos barrios cómo están?
Lo mismo
que una balsa de aceite.
¿No hay barruntos
de jollfn?
Al que chiste lo descrismo,
y me engraso las botas con sus untos.
Si algo observas...
No tenga usía canguelo.

Allf nadie conspira. Por ahora
en su olivo se está cada mochuelo.
Saben que es mi comadre la Señora.
¿Quiere usía un cigarro? Es contrabando
de Gibraltar. ¡Tabaco peluquillal
Precisamente yo lo estoy buscando!
¡Procúrame una buena pacotilla!
No quiero despistarte de la caza
amorosa que sigues.
Se agradece.
Cuando observes jaleo por la Plaza
de Antón Martín, me avisas.

~

ESCENA III =

R EV?LANTE el suelto manteo ~ y al aire el tricornio, un So.. pon, salta en la arena del paseo -.:. con .flexible g-enu.fierzon.-=-.:Et SOPÓN.

EL GuN PREBosrn.
EL SoPóN.
EL GRAH PREBOSTE.
ELSoP6N.
EL CuN PREBOSTE.

Perdone su excelencia si interrumpo el discurso
genial de sus ideas, y en falta soy incurso.
Pero el ser pretendiente justifica mi falta
que la liebre se ha de matar en donde s;lta.
¿Tú me tomas por liebre?
Metafóricamente.
Prescinde de metáforas para ser pretendiente.
Al colgarme ese mote, también fuí metafórico.
¡Plaga de Salamanca es tu verbo retórico!

100
IOJ

�LA PLUMA
LA PLUMA
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE,

EL SOPÓN.
EL GRAN PllEBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE,
EL SOPÓN.

EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.

...

EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE,
EL SOPÓN.

¡No olvidemos Sevilla!
¿Eres tú sevillano?
Bautizado en la misma pila que Cayetano.
Bachiller in utroque.
¡Sopón! Y a lo que veo,
por alcanzar la sopa, arrastras el manteo;
despacha en tres palabras lo que quieres, taimado.
En tres palabras solas: ¡Quiero un arzobispado!
¡De oir tal insolencia, mi bastón se enarbola
para romperte el cráneo!
¡Es muy dura esta bola!
Sal de aqui, que pudiera costarte tu insolencia
tratos con el verdugo.
Espere su Excelencia
que exponga mis razones, y verá si hay pupila
al pretender el Arzobispado de Manila.
¡Sin duda que eres loco!
¡Loco! ¡Y la sinecura
pretendo de una mitra!
¡Ahf está tu locura!
Repasad este escrito.
¿Quién lo firma?
Paquita.
.
Da en la carta una cita.
¡Nunca tuvo estos rasgos la real escri~ural
¡A voces pide un trato de cuerda tu impostura!
Ese papel es copia.
¡Qué cosas la Señora
escribe! ¡Reconozco su pluma pecadora!
Pues la carta es trasunto de otra que está en recaudo;

EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL

GRAN

PREBOSTE.

EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.

EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.

EL

GRAN

PREBOSTE.

¡El nombre de la Reina!

si merezco la mitra declare V'Qestro laudo,

EL SOPÓN.
EL GRAN PRE:aOSTB.
EL SOPÓN.

EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN hEBOl!TE.

No te daré la mitra, pero haré tu fortuna,
si esas cartas me entregas.
¡Yo sueño con la luna!
¡Sólo os daré las cartas vestido de encárnadol
¡No admito condiciones, cuando estoy enfadado!
¡Entrégame esas cartas!
¡A cambio del anillo!
¿Pero estás ordenado?
¡He sido monaguillo!
Con el tricornio llevo oculta la tonsura.
Dame las cartas, deja dormir esa locura,
y no quieras que en una mazmorra te sepulte.
¿Dónde están esas cartas?
Permitid que lo oculte.
¡Despidete del dial
¡Le hago mi reverencial
Hablarán las gacetas de mi caso, Excelencia.
Les pondré una mordaza.
Jugando del vocablo,
puede el gacetillero asestar su venablo.
¡Meditad!
Si me pides la Insula Barataria,
te doy su virreinato. Pero a la estrafalaria
pretensión de una mitra, hazle cruz de renunoio.
Si te nombro arzobispo te pone veto el Nlmcio.
Señor, hay precedentes.
¡No seas embustero!
¡Mi palabra!
¡Es posible! ¡Los desconozco! Pero
si existen precedentes, ya no es un desatino.
Obispo de Pamplona ha sido el Valentino,
con sólo la tonsura, que luego fué casado.
¡Pues no tengo noticia yo de ese desahogado!
IOJ

�LA PLUMA

LA PLUMA
¿Quién hizo el n0mbramiento?
Su padre, que era Papa.
Tú llevas él Demonio debajo de la capa.
¿OíHeis de César Borgia, Duque del Valentino?
¿Ese que los poetas nuevos llaman Divino?
¡Con el hijo de un Papa te quieres igualar!
Atended que la mitra la pido en Ultramar.
¿Quieres ser Intendente?
Arzobispo es bastante.
Más gana un Intendente.
Pero queda cesante.
Pues te zumba esa mosca borriquera en el cráneo,
irás con ella a sepultarte en un subterráneo,
y educarás ratones, mientras te pudres vivo.
Permitid, Excelencia, que antes tome el olivo.

EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL S@PÓN.
EL GRAN PRJ,;BOSTE.
EL SúPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.

EL SOPÓN.

CE salva por pies = con el ¡fú! del gato = y

U

gro garabato.

EL GRAN PREBOSTE.

...,

=

el manteo es .., ne-

1

¡A ese tuno que escapa! ¡A ese del manteo!
¡A ese del tricornio! ¡A ese... 1 ¡No le veol
Haré que me lo arreste esta noche la poli
y recobre las prendas de una pluma panoli.

,e.e,

ESCENA IV=

'ACI ¡Tac! ¡T:Jc! Don Gargarabete ~ surge con fatuo taconeo .-c.
y el bastón con un moliuete
bajo las sombras del paseo.-.
¡ Tac!¡ Tac!¡ Tac! D~n Gargarabete.

T

EL GRAN PREBOSTE.

1'

DoN GARGARABETE.

=
=

¡Al veros, don Gargarabete,
sin querer se fruncen mis cejas!
¡Dejad, que me sigue el copete!

EL GRAN P1tRBOSTE.

Esperad que os diga mis quejas.
Ved esta copia. ¡Os han robado,
señor mfo, el originall
DON GARGARABETE.
¡Nunca a mi mano fué llegado
· este mensaje!
EL GRAN PREBOSTE.
¡Hay un rival!
DoN GARGARABETE.
¡Mañana le paso un florete!
¡No lo tolero!
EL GRAN PREBOSTE.
¡Calma!
DON GARGARABETE.
¡Por
mi gracia de Gargarabete
le llevo al campo del honor!
EL GRAN PREBOSTE.
Querido amigo, a lo hecho pecho.
¿Su merced en quién para mientes?
DON GARGARABETE.
En uno del Circo sospecho.
EL GRAN PREBOSTE.
¡Esas mallas concupiscentes!
DON GARGARABETE.
¡Los caprichos de la Señora!
EL GRAN PREBOSTE.
¡Y si la atajo en sus caprichos,
me lava la cara y me llora
con unos golpes y unos dichos!
¡Pero me extraño del secreto!
DON GAR.GARABETE.
¡Ha puesto los ojos tan bajo!
EL GRAN PREBOSTE. Convengamos que ese respeto
no hace honor a su genio majo.
Do;x GARGARABETE.
¡Y el Rey Consorte esto tolera!
EL GRAN PREBQSTE.
¡Para esto es el Rey Consorte!
DON GARGARABETE.
¡Y no le rompe la mollera!
EL GRAN PREBOSTE.
¡No son los usos de la Corte!
DON GARGARABET.E,
¡Aun ayer con sus embelecos
me retenía en los rincones!
¡Qué idilios en aquellos huecos!
EL GRAN PREBOSTE.
¡Qué ejemplos para los ratones!
DON GARGARABETE,
Vos pebiérais de poner coto

�LA PLUMA
a los idilios cortesanos.
Y promoviera un alboroto
inútil. ¿Quién ve tantas manos?
DoN GARGARABETE.
Pues el motln se viene encima;
todo el mundo protesta.
EL GRAN PREBOSTE.
¿Pero
porque la Reina se comprima
van a echar carne en el puchero?
Sin las intrigas de Inglaterra
no se moviera aquí una paja,
yo conozco mucho mi tierra,
pero el oro inglés Je trabaja.
Hoy tenemos ya puritanos
que hablan en contra de los toros,
de los garrotines gitanos
y nuestra indolencia de moros.
Puritanos que a toda hora
sacan a cuento la moral,
sin comprender que es la Señora
una Reina Meridional .
Esos tontos de mojigata
pretenden un grano de anís:
¡Que tenga la sangre de horchata
la Señora, como una mis!
DoN GAI!tGARABETE.
¡Pues está la gente que arde!
EL GRAN PREBOSTE.
Para acallar esos babeles
irá a les toros una tarde
con pañolón y con claveles.
No tratan con ningún doctrino;
he sido antes tabernero
y sé poner el agua al vino.
Este pueblo es muy novelero.
¡La señora tiene qna falta!

LA PLUMA
¡Una no más! La incontinencia
epistolar. ¡Su 'pluma exalta
el amor, con una inocencia!
Las palabras las lleva el viento,
pero las cartas son traidoras,
no dejan de hablar un momento,
son voces de todas las horas.

EL GRAN PREBOSTE.

IQ6

R

VMOR de risas. La fronda . . cruzan con paso sutil= dos tapadas,y la blonda -a,o, de sus mantillas enronda - con un misterio ti perfil.~
EL GRAN Pttl!BOSTE.

DoN GARGARABETE.
EL GRAN PREBOSTE,

DoN GARGARABETE.
EL GRAN PREBOSTE.

C

Allá van dos de zagalejo,
las caras con el rebocillo
muy cubiertas. Me llega el dejo
de un enredo de tapadillo.
¡Válgame Dios, una es la Reina!
No se irá sin darle un consejo.
Si acaso llora o se despeina,
vos tan terne.
¡Soy perro viejo!
¡Ingrata! ¡Perjura! ¡Traidora!
Es preciso llevarla el son.
Os ha tratado la Señora
igual que a la Constitución.

=

ON la ckiste,-a de soslayo - y un grito terrible m falsete
se
eclipsa Don Gargarabete o:. para no hacer un Dos de Mayo. -::;::.

�LA Pt tJ,MA

LA PLUMA
1, 1

~ESCENA

LA SEÑORA,
EL GRAN PREBOSTE.

LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.
!,.A SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE,
LA SEÑORA.

1111

1
1

' 1
1

EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.

1

'",11

...

EL GRAN

'L palacio entre los ramajes o-&amp;o del jardín se muestra y recata; -.:.
tiembla invertida en los mirajes . . de las fuentes, su columna:a. ~

EL GRAN PREBOSTE.

,. ,

LA SEÑORA.

E

1

'

ti:t GRAN Pitnosn.

v ..

¿Adónde se encamina la Señora,
me pudiera decir?
No te lo digo
porque vas a reñirme.
¡A buena hora
os acuerdan mis rifíasl
Ven conmigo.
¿Pero adónde, Señora?
¡Ven y calla!
¡Sin saberlo no voyl
¡Qué terco eres!
A un baile de candil.
¿Y esa canalla?
¿Quieres que vayan solas dos mujeres?

=

E

PREBOSTE.

LA SKÑOR.A.

EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PREJSOSTB.
LASEÑou.
EL GRAN P_REBOSTI.
LA SEÑORA.
EL GRAN PRnOSTE.
LA SEÑORA.

Et GRAN PREBOSTE.
fa. GRAN PREBOSTE.

EL GRAN PitEBOSTE.

LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.

LA SE~ORA.

A

MONADA la escolta cabecea .::-e- y bajo el cielo del jardín, levanta
una grotesca imagen de Y udea r.;:,. como aquel Paso de
Semana Santa~ que un indiano 1'8faló a mi aldea.~
108

=

¡No es sensato!
Mañana me presentas el decreto.
Hay Prensa, y puede darnos un mal rato.
Con la censura guardará el secreto.
¡Ya no hay nadie que crea sus embustes!
¡Ojalá fuera así!
¿Vienes conmigo?
Hay un asunto grave.
¡No me asustes!
Dos cartas que escribisteis a un amigo.
¿Y son, sin duda, comprometedoras?
¡Son cartas incendiarias!
¡No me cuentes!

¡Las cartas que escribimos las señoras

'N la sombra se inicia ia patrulla de jaques
que a Lucero del
Alba pidió Mari-Morena. ,.. Y en el claro de lun&lt;J los huecos meriñaques oo abren su rododendro sobre la blanca arena. ._
¿Pero sabéis, Señora, que en los bailes
de candil el Diablo hace las suyas?
¡No seas camastrón! ¡Harto los frailes
me cantan ese pliego de aleluyas!

¡lmagino que todo es una chanza!
¡Muy mal imaginado, señor mío!
Pues si alguno se entera de la danza
nos arman en las Cortes el gran lío.
Se disuelven las Cortes.

LA SEÑORA.

LA SEÑORA.

en cierto estado de delicuecentesl
¿Y qué piden por ellas los mambises?
¡La Mitra de Manila!
¿Dénde es eso?
Viene a caer allá por los palses
de Ultramar.
Les daremos ese hueso.
¡Y los vaticanistas son capaces
de arrancarnos los ojos!
rAy, qué empeño
por aguarme la noche! ¡Y qué incapaces
todos, para sacarme de un empeño!
Si no le das la Mitra, lo haces Duque,
Embajador, Ministro, General.

�LA PLUMA
EL GRAN PREB09I'E.
LA SEÑORA.

EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.

LA SEÑOR.A.
EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑOR.A.

EL GRANPuBOSTE.

L•- SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.

.

:Í...A SEÑORA.
EL GRA,, PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PRBiOSTE.
LA SEÑORA
EL GRAN PREBOSTE.

LA SEÑORA
EL GRAN PREBOSTE.

LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
110

Mi amada Reina no se me en(urruque;
haremos a ese tuno concejal.
¡Dichosas cartas de un corazón tierno!
¿Y a quién van dirigidas?
Aún se ignora.
¡Yo escribo muy formal por el invierno!
¡Serán de este verano!
¡Son de ahora!
De ahora no son.
¡Se tratará de un timol
¡Y tú eres el gatera, el de pestaña,
el que las ve venir! ¡Valiente primo!
¡Mira que haberte dado esa castaila
No me enojara de que fuese engaño,
aun cuando la Señora me moteje.
Serán cartas antiguas.
Pero el dailo
lo hacen igual.
¿Y quién será ese peje?
De estudiante sopón lleva bayetas.
¡No pudiste buscarme amor más bajo!
Pensé fuera disfraz.
Las enjaretas
con un maravilloso desparpajo.
¡Es favor que me hacéis!
No seas irónico,
y dime alguna frase de esas cartas.
Vuestro verbo de amor es anacrónico
en la boca de un viejo.
¡Ya me hartas!
¡Quién puede retener en el meollo
aquel volcán de vuestro diccionario!
¡Dime, al menos, qué trazas tiene el po llol

LA PLUMA
EL GRAN 1&gt;.REBOSTE.
LA SESORA.

MARI-MORENA.
LA SEÑOR.A.

MARI-MORENA.
LA SEÑORA.
MARI-MORENA.
LA SEÑORA.
Mur MORENA.

EL GRAN PREBOSTE.

MARI-MORENA.
fu. GJtAN PREBOSTE.
MARI-MORENA.
EL GRAN PREBOSTE.

l&gt;ues las trazas de ser un perdulario.
Estoy por recordar, y cuando creo
que voy a conseguirlo, doy de bruces
y se_ me va la idea de paseo.
Man-Morena llega a darme luces.
¿Qué manda la Señora?
,
Llega, hija.
¿Tu recuerdas si tuve una novela
en un baile de Poi?
Un estudiante.

No estoy muy fija.

¡Ha sido en la Zarzuela!
¿Hubo algo, verdad?
Un ramalazo
sanguíneo, que os duró sólo tres días.
Ya me acuerdo, mujer, de aquel pelmazo
¡Qué memoria la tuya ea cosas mías!
.
¡Ramalazo ~e sangre! ¿Y no diquelas
lo l1_ue requiere el caso, Mariquilla?
¡Yo, no señor!
¡Un par de sanguijuelas!
¿Dónde, señor?
¡Sobre la rabadilla!

LA f

alrulla calamucana -=-:. ba:fo la luna hace .
,
JO de la fontana . . al zambullido de la
zzg-zas oc. y el esperana -=o hace ¡cltás! ~

VoCEs oa T.A PATRULLA. ¿Qué ocurre? Q
LUCERO.
A .
¿ ué sucede? ¡Preveaidosl
EL
¿ qu1é11 hay que diñár 1
GRAN PREB9STI!
¡Qué ab d
se a, Excelencia?
LA Sl!ÑO!lA.
"
sur o es éste!
Con tus alaridos
los despertaste, Y es la somnolencia.
111

�LA i&gt;L u1iA

l

t de rer
J. ,1,,ona -=-=- bermeja
'NFLA la luna los carrillos -:,c. y su caro~
de risa detona ,e-e- por encima de los negrillos. -

EL GRAN PREBOSTE.
LUCERO.

EL GRAN PREBOSTE.
MARI-MORENA.
EL GRAN PREBOSTE.

LUCERO.
EL GRAN PREBOSTE.
MARI-MORENA.
LA SENORA.

Guarde la buena gente cortesla.
Ha sido un sobresalto motivado
a tanto tener ojo en la vigia
de la Señora.
¡Ya me he penetrado!
¿No gasta usla reloj.&gt;
Lo gasto, pero
no lo saco de noche entre estos pillos.
1No hay uno que no sea un caballero!
l 1
¡un caballero de cortar bolsil os ?
¿Y por qué antojas tú saber la hora
Porque el baile ha de estar en su momento
y no debe perderlo la Señora.
.
¡Siempre tienes mi mismo pensam1entol

Divagación a (a (ua
de las candilejas. ==

.

L

,110 • ..,
VCERO se precia con toses de guar
=-c. Rie la comadre feltz Y
carnal - y un temblor cackondo le baja del papo a1 anca
fondona de yegug, 'real. Ven , Lucero, a mi lado, y dame rosca.
LA St!ÑORA.

EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.

L

¿Disolveré las Cortes?
1Ya lo creo!
¿No te di mi palabra?
¡Que otra mosca
no pique a la Señora en el paseo!

A luna desde su ventana -=-=- celeste, contempla _el ran~afe ...~ : .
salta bu1lona la rana-=-.:- en la lttz de un móvil enca¡e. .:-::
la
un volatin .,.. en
na l a arquesta _,_ los grillos o=- y kace la luna l'
cima de los negrillos, - que le sirven de trampa m. ,_

=

PIN DE LA JORNADA PRIMERA.

RAMON DBL VALLB-INCLAN
Il:Z

Espejo de costumbres llaman al teatro los retóricos. ¡Qué mucho si los
moralistas fruncen el entrecejo considerando los espectáculos al uso! Y no
es que yo quiera romper lanzas ni cañas en pro de ningún pudoroso bombero de servicio. La moralidad de mis reflexiones es muy otra.
Pornefandas que puedan parecer las costumbres reflejadas en la escena,
nunca lo serán tanto como la de llenar el público los teatros donde todo
mal gusto tiene hoy aberrado culto. Y si, por lo quf' de otras partes hemos visto o nos cuentan, la epidemia ha prendido en el mundo civilizado
en general, en España adquiere ya los mismos caracteres endémicos que la
grippe, pongo por universal azote.
Nunca como ahora ha habido tan poca afición al teatro. Basta considerar los innumerables que funcionan, incalificables todos, con pingües rendimientos, sin duda. Desde la altiva Princesa a la ruin pesquería de la
Chelito, por no citar sino los coliseos madrileños de que toman bárbaro
ejemplo los de provincias y América, no hay un solo lugar donde distraer el ánimo de las miserias cotidianas.
En España no hay teatro, con sobra de ellos. Faltan el autor dramático, el cómico y el público. Con el género chico ha desaparecido el último
vestigio de literatura teatral, siqaier fuera de baja estofa la de los saineteros que en estos tiempos de pan llevar acertaron todavía a crear una
generación de intérpretes y espectadores, en la fecha postrera de un teatro iniciado por el batihoja Lope de Rueda, y culminante en la producción dramática del XYlIJ.
8
lll

�LA PLUMA

ol
ITT''

La decadencia actual del espíritu público, el derrumbamiento de la
-sociedad española, el desolado ambiente en que se consume la burguesla
de la Restauración y la Regencia, adviértense sobre todo en los espectácu¡os. No soy de los que juzgan más triste que otro alguno el del Congreso
de los Diputados, ni más vergonzoso el de las corridas de toros. Peores
me parecen el oropel, la ñoñez, el caótico escándalo que infestan los escenarios; sobremanera abominables las infames mixtificaciones a que suele darse el nombre de uatr,s artistícos. Contra ese mercantilismo de
mala fe debemos esforzar la voz cuantos defendemos en el arte un patrimonio común del artista y el público.
Los llamados teatros de arte, de que no hemos tenido en España
sino tal cual parodia esporádica, nacieron varios lustros ha, en pleno éxito del realismo escénico francés, al triunfar en el Boulevard los autores y
actores educados en el Teatro Libre de Antoine. Surgieron entonces los
teatros de arte como protesta estética contra el verismo fin de siglo. Opusieron al naturalismo la estilización. Ello ha dado lugar al romanticismo

dec01 ativo de ahora.

..

Estos términos antagónicos no se:emplean aquí de una manera definitiva, ni se pretende con ellos clasificar estrictamente las últimas tendencias de las artes escénicas. Diferenciadas en esencia, aseméjanse muchas
veces en tantos detalles exteriores cuantas son las influencias recíprocas
entre las formas tradicionales y las modernísimas normas. Intento señalar tan sólo las manifestaciones que jalonan, en la época critica que vivimos, el camino del porvenir.
Wágner, con su concepto sinfónico de las bellas artes, puestas a contribución en el drama sin esa supeditación de valores, esa jerarqula que
presupone todo teatro cldsíco, inaugura en la segunda mitad del pasádo
siglo la confusión estética en que se afanan hoy vanamente_ los direc~o~es
de escenas &amp;rtísticas. Al querer fundir la plástica, la dramática y la mus1ca
en la suprema slntesis de Bayreuth, erige una nueva Babel. La pretendida
armonia degenera en tumulto. Perece la idea monstruosa y sólo el músico se salva.
De los despojos del wagnerismo, de la simiente esparcida aqul y allá
114

LA PLUMA

;J

por los vientos antiwagnerianos
.
Renace remozada la danza· Lo'1· geFrllllllnanl nuevos modos del arte teatral.
•
•
e u er sadora D
sentido musical a los antiguos cá
d'
uncan, prestan color y
ra Imperio y Antonia la Ar en:one~ e la estatuaria. En España, Pastoprodigiosa intuición a que s·g
oáa epuran el zapateado de tablao con
.
,
1rve m s que de
ñ
c1ón que les dispensan literatos
f
cose anza de acicate la atenbailes rusos.
y ar istas. Corren Europa en triunfo los
. ~l apogeo del ballet difunde la afición a 1
.
mfluJo en el arte dramát·
.
a pantomima decorativa cuyo
1co anuncia la bo
d
'
ahora relegado a unos cua t
.
ga e1 teatro artístico, hasta
. .
n os escenanos de Mos , d M .
el prestigio de los cuales debf
ás
cu, e umch, de Parls
•
ase m a su rareza q
fi
.
'
e d ucac16n estética del p 'bl"
L
ue a su e cac1a en la
u ico. os nombres d
R •
antagonista Gordon Craig i"lust
e un e1nhardt, o de su
•
ran una nueva mod p
, .
no, las vastas escenas y com licada m
. . a. ero en ultimo térmificticia sencillez del otro i
_aqumana teatral del uno, como la
la decoración sobre el te~t:~;:::t~cn:. inversión nefasta: el predominio de

¡.

. La restauración de la paz ofrece dil d
.
c1onado al teatro Por do .
l
ata o campo a la cunosidad del afi.
quier, sa vo en Espa~
d .
terés por ver de hallar el es ectá
na, ~e a vierte el mismo inpúblico removida por la gup
clulo corres~ond1ente a la sensibilidad del
erra Y a revoluc1ón E F
·
te, tenemos este año diversos
. n rancia, especialmendramaturgia de los ti"
ensayos teatrales, susceptibles de incubar la
.
empos nuevos. No suel
p
para tnvenciones arduas d
. ,
e ser arfs lugar adecuado
.
e mnguo orden en c
t
• .
na se eJercita. Fiel guardad
.
uan os 1a actividad humaora, en cambio de un t d" "6
ea grado sumo la facultad d d"
.
,
a ra 1c1 n crítica, posee
•¡
e 1scern1r y elabor
f.
•
m1 able, la primera materia a t' ti
.
ar, en orma fác1Imeote asifrancesas. Tal es su prioci
i~ c~ import~d~ de allende las fronteras
donde el ciudadano un·
pla v1prtu -tal as1m1smo su limitación-. Por
.
1versa , en arfs mejo
c1clopédico resumen de los I b t .
r que en otra parte, halla ena ora onos del mu 0 d 0 d
.
tura experimental.
Y e toda exótica aven-

t

. Asf, pues, vemos a Lugné-Poe reanud I
.
ve10te años con el c1·cto "b .
ar a labor emprendida hace
•
1 semano que ha co ft 'd
.
la temporada actual del teatro de 'z•o
ns i u1 o casi exclusivamente
euvre, amén de tal cual novedad de

�LA PLUMA

1

.1

'l

..

segundo orden. La representación de Casa de Muñeca, interpretada este
invierno por esa Nora, cuyo temperamento sólo admite parangón con el
patetismo de Eleonora Duse, por esa colaboradora póstuma del propio
Ibsen-he nombrado a Suzanne Despres-bastarfa para justificar la obra
de Lugué-Poe que persistente en una tradición propia, aunque un tanto
estricta, rehuye el gran público, limitando el número de espectadores de
su teatro, a semejanza de algunas sociedades inglesas importantísimas en
el movimiento dramático contemporáneo; práctica beneficiosa para suscitar
la comunicación entre el escenario y la sala, pero que puede degenerar en
una especie de pseudo aristocraciaartistica, perniciosa para el arte mismo.
Opuesto al pequeño teatro ideal de l'Oeuvre, Fermln Gemier, Shylock
imponderable en el Mercader de Venecia que poco antes de la guerra le
consagró entre los primeros directores de escena, propónese lograr esa
comunión de actores y público en la obra dramática que constituye la virtud esencial del teatro antiguo. \Jno de sus primeros empeños ha sido el
de romper el marco habitual de los escenarios, guiado de una opinión fecundísima en futuras posibilidades, ya que no cierta en su realización ac.
tual; la de que la escena imprime carácter y suscita un género obligado. Y
así, ensayando grandes representaciones con numerosas comparsas en que
figuran gimnastas y atletas, movidas con un criterio plástico y musical, con
amplia arquitectura por fondo, en el anfiteatro de un circo, pretende crear
un espectáculo que corresponda a la conciencia social contemporánea en
la misma medida que el teatro y los juegos de la antigüedad clásica resumían artísticamente el espíriru del pueblo congregado para presenciarlos.
Si el resultado no responde a la intención de Gémier, débese a un error
de concepto, hijo de la confusión wagneriana antes aludida. La decadencia del teatro no consiste tan sólo en el aislamiento material del escenario, en el alejamiento tradicional de la perspectiva, en el estrecho marco
de la embocadura usual. Prueba de ello es que Gémier, suprimiendo los
prejuicios exteriores de la ficción teatral, en las tres obras represeatadas
esta temporada bajo su dirección en el teatro Antoine y en el Circo de Invierno, ha roto la divisoria entre las tablas y la platea, ha hecho que en
diversos pasajes de la representación los personajes circulen por entre el
116

,

LA PLUMA
. público, e incluso reciten desde un palco·
tisfechos o no del espectáculo h
, y c?n todo, los espectadores, sa, an permanecido a1·eno I d
,
s a rama, sin abandonarse por un momento a la e mociº6 n comun
que Ge .
tar. Pero es que ni la Maria d. l C.
mier pretende suscide Murcie-, ni el Edi"o rl'11 'Ieabrmedn'.fide Feliú y Codina-A~jardlns
.
-r , -J
as, i uso que no ref d'd
ta Samt-Georges de Bouhélºier en un .,,also estil d
. un. i o por el poe•
la Gran Pastoral adaptada de 1
• o e misteno medioeval, ni
as representaciones
1
podían tener para el públi·co d p f
popu ares de Provenza
e ar s más que u · t é •
'
de teatro de la Naturaleza s·10 ., d
nin er s pintoresco. Mezcla
•
,on o natural de j
lí .
dio, de escena clásica sin tragedi 1
,
uegos o mpicos sin esta.
a, e ensayo de Gém ·
más, h fbndo producto de la confus'ó d l
ier es un monstruo,
El Vimx-Colombler-que d 1 i~l e as artes, no de su armonía.
inicia vict~riosamente una reac;ió: sal:d:~l~ue se alza toma su nombreponderancia de la obra dramát"
S d'
en los teatros de arte: la pre.
tea. u irector artísti J
presande de toda representac1'ó . t'ó .
co, acques Copeau,
n pie nea del lu
d 1
•
ma, Y encomienda a la luz y 1 .
gar e a acción del dra.esHlo del autor, el sugerimie:t~u~:~ad: los a~tores, fieles servidores del
absoluta, tal es el camino La b
ecoración. De no ser esa la verdad
·
o ra de arte no
l
.
cosmos, pero sf la sugestión qu 1 .
.
es a representación del
pectador para que éste co
e e .amsta eJerce sobre el ánimo del esta contemplación que aquélmlponfga ideCalmente los términos que faltan en
e O rece. uando el h b ·
nuevo el universo se pierde en l
. . . om re intenta crear de
bidurfa clásica.
e caos. La hm1tac1óo es fuente de toda sa .

;.e

. El teatro del Vieuz-Colombler quizá adol
.
literaria, capaz de reducir verbi
.
ezca de excesiva contención
ámbitos de la catedral gó't·
glrac1a, el a~to sacramental propio para los
ica a as comedidas
·
.
proporciones de una capiUa protestante. Acaso Shak
espeare necesite más lib
d
con el vulgo, que no el tono en d
¡
erta , más contacto
tores harto cultos; tal ve h
emas a erudito y meticuloso de unos acque el austero recogimie:toa~a ~eo~ster el tabladillo al aire libre, mejor
ción de su nombre s·
be a se ecta asamblea educada en la venera•
Colombier paréce~e 110 e; argo de lo cual, la orientación del Vieuxtioción de géneros y ta s aclerlt~da, en cuanto implica ante todo la disco a 1teratura dramática.

7e

117

�LA PLUMA

~,

.· li!

;,¡

Más audaz, aunque menos consistente, existe ya en germen un teatro
futurista, es decir, que mira al porvenir. Sólo un espectáculo-concert ha
dado hasta ahora bajo la dirección del esteta Jean Cocteau. Hace ya
unos años, Marinetti-que ensaya hoy en Italia un teatro sumamente sintético, de acción quintaesenciada-proclamó en delirante programa la
supremacia del music-hall, expresión purísima, a su entender, del arte teatral contemporáneo. El intento de Cocteau y sus amigos, influido de los
bailes rusos, de las teorías de Gordon Craig acerca de la inferioridad de
la mímica del actor respecto a la máscara, y del marinettismo susodicho,
ha tenido brillante [realización, merced al apoyo de los ricos de pronto
y a los intérpretes de la pantomima, escogidos entre los mejores acróbatas y payasos, finamente caracterizados con grotescas cabezas de cartón,
y adiestrados en una mecanización humorística de verdadera gracia decadente. Porque, en último término, semejantes modos de arte revelan un
espíritu aristócrata gastado en agudas elucubraciones escépticas. La época
critica que el mundo atraviesa exige la creación de ese teatro social,
que de antaño apunta en diferentes tentativas. Tal se proponen las Fiestas
del Pueblo, organizadas recientemente en París con progr~as musicales
propios para grandes multitudes. En el pasado abril, los coros_de obreros
y la orquesta formados por monsieur Doyen bajo su batuta, interpreta·
ban en la sala del Trocadero la Novena Sinfonía ante una muchedumbre
fervorosa.
En España, la Escuela Aueva de educación socialista ensaya un teatro
fundado en el mismo criterio por que se rigen actualmente las escenas
efidalu de la República rusa. Pues que todo nuevo teatr_o propónese. ~l
renacimiento del drama legendario, de los graµdes mitos, cifra de cada c1v1lización, en tanto no surge el poeta trágico capaz de plaamar la historia
de su tiempo, menester será levantar el ánimo público con las representaciones heroicas de los tiempos caducos. Y que los grandes griegos, el
inglés único, los monstruosos españoles, los claros franceses, los ro~ánticos alemanes, el noruego fuerte, los rusos delirantes, abran caIWno al
futuro.
La reciente representación de Un enemigo del pueblo, de Ibsen, interu8

LA PLUMA
pretado por actores bisoños, ante un público popular, en el Teatro Español, con motivo del último Congreso de la Unión General de Trabajadores, ha revelado hasta qué punto es fácil la regeneración de nuestra
escen.a a base de.actores y espectadores no contaminados por el ambiente.
.Mientras subsista la organización actual de la sociedad, corresponde al
artista ~antener el fuego sagrado del arte puro, es decir, trascendente. Ha
de suscit~r la creación del tipo cómico universal, en el espectáculo de
cuya pasión purgue la Humanidad su afán, el Arlequín, el don Juan, el
Char~ot. Para ello es preciso luchar sin tregua contra el rebajamiento in~uStnal del teatro. Hay que orear la escena, organizar espectáculos al aire libre, fundar cooperativas de cómicos y autores en sustitución de las empresas explotadoras del negocio teatral, reeducar al cómico y al espectador libertándolos de los hábitos adquiridos en una rutina ayuna de ideal.
~ordon C.raig pr?pone como remedio la sustitución del actor, que humaniza excesivamente las proporciones y el tono de la obra dramática por
I
.
•
'
.ª manoneta mgrávida. Entre nosotros, D. Ramón del Valle-Inclán cuya
Juvent ud mtenor
·
· reverdece a cada primavera, ensaya con mano maestra
'
e.n su teatro la farsa heroica fuera del tiempo y el espacio de los escenanos actuales. Se habla de la posibilidad de contratar por una temporada
el Teatro del Pic,o'·
.
.
~· ~z, d e R orna, cuyas r~presentac1ones
descubnrían
como
antaño, los b a1·1es rusos, nuevos horizontes
.
'
a nuestros ojos cansados
de
tanta pobretería y desamparo artísticos.
'
. Pero nunca se insistirá bastante sobre la necesidad de fijar bien los térmmos y señalar difierenc1as,
·
· ·
.
en ev1tac1ón
de las confus10nes
a que suele
dar lugar nuestra ignorancia de las cosas más elementales. Hay que tener
: cuenta que en Madrid, donde no halla empresario para sus obras don
iguel de Unamuno, se llama todavía teatro popular al ~·an &lt;ros!. de
J,.
J•
,
Joaquín fficenta (padre), que aún se forman Compañías capaces
de representar los dramas imberbes de Joaquín Dicenta (hijo) y que de cuando en
cuando se e tr
.
.
'
. '
,
s ena, con pretensiones de renovación artística, una tragedia
del Sr. Grau.

C. RIVAS CHBRIP.

�.~.....:••-,•Mltt•Ye7. . . . .~........ ~ ~ - - - - • • ._

Poloo de Otoñ
...,. . .

............................,...•• •.I.

.... -~·--•"-~

I
Alza el viento otoñal sobre la lierra
potvo que antaño palpz"tó de vida,
y la nube reseca nos convz'da
-memento-a meditar; pero se cierra
con los ofos la mente, que en la guerra
no hay que pensar en paz, y la partz'da
sz'endo a muerte, la muerte el alma olvida
y a luchar por luchar no más se aferra.
Diríase que el corazón del mundo
se paró de latir, y en un momento
bafo el pálz'do cielo moribundo
nos llama al polvo seco el bafo vúnto
con sz'lbo de agonía gemebundo
en ocaso de otoño amarillento.

II
Es ocaso de otoño; dulcemente
va el río-una ola sola, llana y lenta120

LA Pi.UMA
llevándose la manta amarz·llenta
de las hofas que el viento del poniente
arranca de los chopos; contra elpuente
presa el agua entre pt'edras se lamenta
y el sol al enterrarse la ensangrienta
de luz; el delo pésame en la frente.
Las horas todas son una sola hora,
hora amarilla y tierna, hora de ocaso,
tinta en sangre que presto se evapora;
abierto al delo el corazón es vaso
donde la noche su rocío llora
cuando nos abre, al fin, el postrer paso

III
Postrer paso que vienes de ta cuna,
vas cediendo ya al canto que te briza;
el viento del otoño al agua rzza
con rzzo en que se rompe de la luna,
.que nace llena-¡espefo de fortuna!-,
el retrato en el agua; se agudiza
el oído al silencio y se enhechiza
d alma, lz'bre de z'lusz'ón alguna.
En este atardecer del tardo octubre
terrz'ble paz espesa, zrrespz'rable,
121

�LA PLUMA

como polvo de plomo el cielo cubre;
el mundo calla para que nos hable
este viento otoñal que nos descubre
las heces del reposo inacabable.

1 11

•
IV
Del fondo del reposo que no acaba
brotaste, mi alma llena, a contemplarte
sola y desnuda de universo, aparte
de la vida de muerte que se traba
con el polvo otoñal; se coronaba
de almas el cielo-espefo-al asomarte
y era el espefo celes#al del arte
tu creación, de que te hiciste esclava.
Pronto otra vez desnuda, tse testigo
potvo i·nerte ha de hacérsete, y el poso
de ese polvo será tu último abrigo,
quieto, mudo, i·ntangi·ble y tenebroso,
y a él llevarás lo que nació contigo
y arma fué de tu lucha y blanco)! coso.

...

MIGUBL DB UNAMUNO
Salamanca 24-9-1919

quía musical de Amécica
o

indigenismo y eut?ope1~ac1on
.,

., JI

D

de una temporada de orientalismo agudo y de más largo·
tiempo aún de orientalismo más tranquilo-y más convencional-,
comienza a quererse en la música un color «occidental• que no sabemos
todavía con clarid~d qué es lo que sea, pero que no nos ilusiona demasiado si lo que se entiende por «occidental&gt; en música es poco más o
menos el «color europeo&gt; con que se distinguieron siempre las consecuencias del germanismo musical.
ESPUÉS

Precisamente este exceso de europeización fué lo que provocó la•
reacción orientalista. Los pueblos que tenían música de un color propio
se resistían bastante bien a la intrusión germánica. Ésta se verificaba en
los planos pretendidamente superiores de la actividad artística de cada·
País; es decir, que los músicos so{-disants sabios, debían serlo por hacer
música alemanizante. No así los compositores de menor cuantía, que se •
refugiaban en la música popular. Tenidos en menos, gozaban, en cambio,
de los beneficios de la inmunidad. Y, por eso, cuando los efectos de la
inoculación germana se dejaron sentir con violencia y cuando, para antL.

12.1
123

�LA PLUMA

..

doto de ella, se pregonó el «nacionalismo», fueron aquellos músicos
menospreciados quienes se convirtieron en modelos para la gente que
vino después.
Tal fué lo ocurrido en Rusia. Munich y Leipzig se habían colado en la
vida musical rusa con grandes aires de plancheta; pero la reacción fué
fuerte y aquellos músicos rusos que hadan «música para cocheros» limpiaron bien el ambiente viciado. Como abrieron las puertas de Oriente,
todo un mundo nuevo de color, de melodía, de ritmos se derramó por su
país como una avalancha, y tan grande, que no sólo los inundó a ellos
sino que se extendió por toda Europa, tan beneficiosamente como un
desbordamiento del Nilo.
Estas curas de exotismo son remedios admirables, pero son remedios
heroicos: a vida o a muerte. Hay que reaccionar pronto; si no, se sucumbe.
Y Europa, después de asimilarse todo ese orientalismo, se afirmó vigorosamente en un retoñar simultáneo del arte musical de cada una de esas
naciones.
Y por eso se habla ahora-como consecuencia de ese impulso- de
buscar algo que pueda considerarse como típicamente occidentalista.
No sin peligro, porque el exagerado creerá necesario para mostrarse
«occidentalista&gt; el abominar del orientalismo anterior y caerá en un cerebralismo seco y frio, casi peor que el germanismo aquel que aborreda. El
occidentalismo nuevo paréceme que lleva malas trazas. Ya lo examinaremos en otra ocasión. Pero por el momento pensamos: ¿y si este movimiento hacia Occidente fuese tan vivo que impulsase a los músicos más
allá del Atlántico? Pues he aquí una nueva cura de exotismo que podría
volver a atemperarnos.
.
-Siempre y cuando que América fuese considerada como cosa exótica y no como la sucursal de Europa. (Artísticamente, a lo menos.)
Ahora bien, habría que decir a los americanos: Si nosotros hemo~ de
ir a buscaros, haced el favor de no venir a nuestro encuentro. Amencanizaos bien vosotros mismos, evitad las inoculaciones europeas.
Yo creo que esto lo sienten ya algunos músicos del doble continente.
,Hay aún muchos que con la cara negra o los rasgos aztecas se ponen cuello
124

LA PLUMA
planchado y fabrican música europea. 1Qué error profundo! ¡Como si no
fuera mucho más interesante ser negro o ser azteca! Mientras que Darius
Milhaud hace un coktail de ritmos del •quartier chocolat• neoyorquino
y de machichas auténticamente negro-brasileñas, pues hay cada ColeridgeTaylor que sueña con los ciclismos franckistas y canta a Hyawatha con
un romanticismo alemán que da tristeza. ¡Si a lo menos nos hubieran
sabido hacer un romanticismo longfellowiano, menos mal! Para el norteamericano de los Estados interiores, una música basada en las costumbres
aviejadas de esos Estados podría ser un buen descubrimiento. Encontrar
hoy la sensibilidad de hace un siglo y sus modas, 1qué cosa interesante!
. Más aún los negros auténticos, cuya música es prodigiosamente sugestiva: (Desde Dvorak hasta nuestros días de cabaret, el negrismo nos ha
enviado buenas cantidades de •color&gt; a los europeos.) Mayor confianza tenemos en Henry T. Burleigh y en Will Marion Cook, con sus «espirituales»,
tan llen~s de carácter y de fuerza-alegría y nostalgia en rara y exquisita
proporción-que en compolsitores como Charles-Martín Loeffler, que
ponen en música a Maeterlink (La Morte de Tintangiles), siquiera Loeffler
sea,con Parker-Carpénter y alguno más,un compositor muy distinguido.
El peor de los males musicales de los Estados U nidos es su furiosa
importación. Sus revistas de comercio musical dan vértigos a fuerza de
retratos, reclamos, bombos zepelinescos y la más absoluta vaciedad en el
fondo. Aunque desfila por todos sus Estados una tropa de virtuosos de
toda calaña, la labor de un Kurt Schindler, por ejemplo, haciendo cantar
~úsica regional, música negra, música de todos los países de Europa que
tienen algún carácter-España, Escandinavia, Rusia, Irlanda...-es mucho
más sana y más fecunda. Si la iniciativa cundiese por el interior de la gran
república podríamos ver multiplicados ejemplos análogos a la colección
de • Viejas canciones inglesas en los Appallachias del Norte&gt; y a colecciones de música indígena.
***
Esa riqueza indígena parece ser extraordinariamente grande en Méjico~
Algunos escritores como Manuel M. Ponce han hecho estudios interesan125

�LA PLUMA

..

,tes que nos informan de los bailes y tonadas que llegados de Europa
hacia el siglo xvm se aclimataron allí, mientras que se perdieron o poco
menos en España. Tal el «jarabe• descendiente probable de nuestro «zapateado• 0 de las «seguidillas» manchegas, mientras que hacia la costa, los
«&lt;lanzones•, «tangos• y «guajiras•, parecen haberles llegado de Cuba. La
vida musical de Méjico es hoy bastante activa. Conocemos los nombres
de muchos compositores y críticos. Escriben música y escriben artículos
que parecen di-stinados a demostrar que alli no s~ les pasa ~ada_ de lo que
,corre por Europa. ¡Lástima que esta preocupación les d1stra1ga en su
interés de lo que queda quieto allá al fondo de su tierra! En los libritos
que escriben leemos mucho sobre Beethoven, sobre Chopín, sobre Mussorgsky inclusive, junto a una constante loa a la_ músic_a. universal. ~l d~a
que la señorita Alba Herrera Ogazón pueda añadir a su mteresante h1stona
del arte musical mejicano un capítulo dedicado a los «músicos autóctonos•
(passtz le mot...) nos alegraremos vivamente.
.
¡Y cómo debe sonar esa manigua antillana! Cuba y Santo Dommgo
tienen una riqueza espléndida en música indígena, de un carácter y de una
originalidad potentemente acentuada, algun?s ~e cuyos acen~os no n~s
son desconocidos a las gentes de Europa, s1 bien se hayan ido desvirtuando a lo largo de nuestras costumbres coloniales. Ni Persia ni Arabia
•tienen más vivos colores ni más deliciosas inflexiones, ni ritmos más insinuantes1 ni timbres instrumentales más llenos de sugestiones. Un músico
genial y sin educación sofística podría crear con ellos algo tan rico y tan
, espléndido como un Borodino o un Rímsky...
.
.
Las Repúblicas Centrales reconstruirián a buen seguro una preh1stona
musical si estudiasen los instrumentos indígenas encontrados, y aun hoy
si vigilasen las costumbres musicales de sus indiÓs. La músic~ i~cásica, de
la que algo se ha recogido, está llena de interés, y las descnpc1ones qu_e
.se nos hacen de sus danzas y de sus instrumentos populares. En el Peru,
algunas colecciones de • Yaravies• quiteños han servido a compositores
españoles, y creemos que a alguno de su país. En cambio :n Santo
Domingo, junto a la «media tuna• y al «punto y llanto•, acompanados por
«cuatro• (guitarras pequeñas), al aristocrático «galeron• y al «zapateo»,
120

LA PLUMA
-~~rente del'd: Cuba, se encuentran aú::i en vigor los «areitos» típicamente
indios... También la «danza» de Santo Domingo, aun semejante a la habanera, conserva su original irregularidad rítmica. Muchos músicos dominicanos-la educación musical en Santo Domingo fué con la universitaria la
más antigua de América-ensayaron a llevar la «danza• al terreno artístico, Y muchos nombres sobresalieron en ese empeño, llevando la • danza
tropical» a Méjico, a Cuba (donde cedió su puesto al «danzón» de ritmo
más monótono y elemental) y a Colombia, donde se mezcló con el «bambuco» (otro pariente cercano de la habanera), a las «cumbias• características de los negros de la costa, a los •pasillos» y demás típicas canciones
-de los llanos Y a los ligeros «torbellinos» netamente colombianos y uno
de los más claros ejemplos del primitivismo constructivo en la músita
popular.
Algunas muestras de la música cultista de Chile han figurado en programas dedicados exclusivamente a músicos argentinos. Hoy es probablement: la Argentina la República que más trabaja por asimilarse en sus producci~nes «de arte• el canto pampero; pero es, creemos, la más pobre en
melodta popular. •Gatos» y «vidalitas» animan la ya abundante cantidad
de ~úsica debida a artistas del país que alternan en los programas de la
Sociedad Nacional de Música de Buenos Aires, quienes siguen ávidamente el movimiento de renovación musical de Europa y vigilan el rumbo
de las nuevas tendencias. Y como éstas son francamente contrarias a los
viejos dogmatismos, a los anquilosados criterios y a los formalismos caducos es seguro que la mejor lección que sacarán de ello será la de comprobar que es dentro de la misma América donde sus musas tienen el refugio.
Para ellos Y para nosotros, entre la decrépita Euterpe de nuestras longitudes Y la virgen musa cobriza inca, azteca o araucana, la elección no
parece dudosa.

ADOLFO SALAZAR

127

�LA PLÚMÁ
las otras! Algún día hablaremos de ellas.) Tengo todo eso que he dicho,
y tengo más: tengo cuatro veraneos en el magín y todos tiran de mí con

furia.

Ct?ónieas

dé "la Dame de
,Cuándo se va usted2 o el
vet?aneo de Bucidán. ~
. tos de conversación, todavía los ojos
no llevamos tres mmhu
·do por entero en ese exa.
. n nos habla no nos an recorn
'
.
e qw: .d
hostil sobre todo de las mujeres, que le deJa a u~o,
men r p1 o y
'
. d
ced de la sonrisa de aprobación
a no ser que toro!! la misma acti~~ ': ~::tiva y ya salta la irritante prepasajera o del signo de compas1 n e
,
gunta:
-¿Cuándo se va USt ed?
lo diga desde el
0
Porque es necesario que uno se lmharche&lt;Íici:e ~:n veces a la misma
.
d calor y aunque se e aya
. .
pnmer asomo e
,
b
firme de las conv1cc10-·
persona la fecha fijada, como para compro ar 1o
nes, nunca deja de preguntar:
.

T

•

ODAVÍA

d

-¿Cuándo se va usted?
.
rta A cualquier parte fuera de
Cuándo y no adónde. Esto poco impo .
Madrid. Al cabo Norte o a Pozuelo:
' y o sé cuándo, porque no sé·
Yo yo no sé cuándo he de irme.
n
.
la
, ···.
un kilométrico intacto; unos ahorrillos, porque. soy
adonde ir. T:ngo . ,
. . libertad tan completa, que m se me
escritora me1or retnbu1?~ que e(Px1ste, las otras?, se me preguntará. ¡Ah,.
ocurre pensar en el femm1smo. ero, ¿y
128

Oeeaneo oasc.J
La babia es de juguete; la playa, también. Pero el puerto, ría adentro,
es una cosa seria. Negra, apestosa como todo lo serio. Sobre la bahía de
jyguete, unas montañas, las únicas salidas al mundo, por donde va la carretera. Aquel lado, a la estación. Por allí viene, bamboleándose, cargado
de gentes, de baúles y cajas y de más gentes encima de las cajas y de los
baúles, el automóvil grande, a dejar en la plaza unos veraneantes afanosos, En los días de fiesta hay música en la plaza y los bailarines van y viene]J sueltos, altas las manos, de un lado para otro, con una rapidez convulsiva; primero se agitan los más cercanos al quiosco de la música; luego
· los inmediatos; y así se van contagiando, de grupo en grupo, todos, hasta
los chiquillos en los alrededores, como una aureola de la danza. La noche
es tranquila. Una voz de barítono en la fonda. Quizá, por la otra carretera, los vivos focos de un automóvil rápido. En las bajas sidrerías un doble
coro marinero. Y las luces del muelle, trazando la limpia curva, todas
iguales, menos las dos de la boca, más altas y de más profundo reflejo,
una verde, otra roja.

'

Oeeaneo leoantino
Sin movimiento, se suda. La tierra un horno, el mar un ascua, el cielo
como la imagen de la impiedad. Hay que tener cerrados los postigos, vestir trajes leves, conservar el abanico en la mano, poner los ojos en el cantarillo rezumante. Se van muriendo las moscas sobre el papel vinoso; parece que todas las del mundo vienen a ver morir a las elegidas por el destino. A lo lejos, el cabo se mete en el mar, coronado de pinos de alta
copa; la mirada cala el pinar por entre los troncos. Al anochecer, bajo las
frondas negras hay un incendio que no las consume. Por la parte llana,
9

�LÁ PLUMA
LA PLUMA
una nube de polvo es la carretera; dos palmeras, un huerto, una palmera,
otro. Nada más se levanta del suelo. Todo el día es una larga espera de la
noche divina, sin rumor, con todas las estrellas arriba, o en el plenilunio,
con una lechosa claridad que penetra hasta los huesos y deja transparente el alma, perdida, con la luz, en el cielo, en la tierra y en el mar.

Oe eaneo bl!itánieo

~

,¡
·11!•

.1....,.,,,,
111

,:111 ~

1
..

Pero aquí ¿no hay tierra? Suave felpa verde es el suelo combo; verde
la luz de las enramadas espesas, verde el rfo cortés, casi artificial. No hay
más que dos colores, el verde y el blanco: son blancas las canoas, blancos
los trajes de sport, blancas las aves, que al posarse en el cesped parecen
más blancas todavía. Y un cielo que no se atreve a ser azul, que no logra
ser verde o blanco y se mantiene gris, neutral. Los amigos recién afeitados, al aire los antebrazos musculosos, hechos a la raqueta y al rem~, las
sonrosadas amigas de rubio pelo y boca chiquita, del tamaño de una pasta para el te, y capaz, sin embargo, de tragarse, entero, un ensangrentado
rosbif, me aguardan. Y va volando la canoa por el río tardo, impelida por
el rítmico esfuerzo unánime, y salta la pelota casi rasando la red, y ·,asa
la bandeja substanciosa, complemento del trabajo abrasador, y la carne
roja pasa en el plato. Deporte, alimento, salud. Todo lo demás es cortesía.

Oe.eaneo septcmtrional
Dejamos el fijord de Trondhjem a bordo de un recio bergantín-el

Bjornstjerne o el Kong Haakon-y vamos, como los. vikings, hacia el botín, en demanda del sol de media noche. La costa, como partida a golpes
de hacha. El mar, como un mediterráne0. El crepúsculo lento, lento, lento. Conversación erizada de nombres raros, que luego correspoden a lo
más sencillo, a lo más patriarcal. Y, compañeros inseparables, los prismáticos. Todo Julio Veme renace en nuestra memoria; ¿habrá pemmícan suficiente a bordo? ¿Nos veremos atacados por el escorbuto? Y este aire, que
130

ho podríamos soportar más que aquf y en 1
ta, duro, el verano... Un día se a b, 1 e ~ue, a pesar de todo, palpi.
ca a e contmente· 1
claro; a tierra; más más arriba El k d k
.
, e mar se abre, más
'
·
o a , el hbro de
ver lo que nunca hemos visto.
apuntes ... Vamos a

* **

Estos son los cuatro paisajes que tiran de mf
.
potros de fuego. No sé cuál preferir Al l d d , descuartizándome, como
Buridán, que se muere de hamb É.l
a o e los potros veo al asno de
re.
se muere de h b
ceur se queda en la corte.
am re y la Dame de

e

Pero no se lo digan a nadie, por n·10S•••

LA DAMB DB CCEUR

li.tS OtOlet~s
Cuando en los huertos paternos vivía yo au'n
.
u ·
b
,
Y mz seno

P ro ignora a el ajan y las venganzas de amor,

una mujer tras la cerca pasaba a menudo· vol ,
lueo-o , 'l',,
,
vza
º mas pa zua, y eran como violetas sus ojoJ.
Mazos de violetas eran ba7J·o las ce1·as s
.
D'.
J
us OJOS.
z;e: ¿Por qué has de volver todas las tardes asír
Dijo, riendo: Un día sabrás este dulce mi., .
Nada
s,erzo.
en eI mundo es tan dulce: Y esto te basta por hoy.
Luego se fué sonriente. Yo busco lafiuente Y m
.
todos l d'
,
e mzro
os zas, por ver las violetas brotar
.
.

GWSBPPB LIPPARINI
(Tr. de B. D-C.)
131

�LA PLUMA
As( tendrá una continuación la maravilla del Exodo.
Hasta pronto, pues, y ah( le envio eso para la revista.
Suylsimo siempre.-Rubén.

Número 3.

Pata los amigos de Rubén Dacio
el primer número de L., PLUMA dimos cuenta de ~na pequeña cole~ci6n
de cartas de Rubén Darío, publicada por V. Garc1a Calder6~ en P~ns.
A título de colaboración, para la nueva edición de ese ep1stolano, publicamos once cartas de Rubén Darío a Amado Nervo, encontradas entre los
papeles de éste.
A. R.
N

E

Carias de Rubén Oa1?1o

De París a México.-Par!s 28 junio 1904.
Querido Amado: Estas Hneas son un post-scriptum de mi carta de ayer.
El articulo enviado servirá de prólogo a un (tachado: «pequeño•)
volumen de versos de Blanco-Fombona, titulado Pequdia Opera Lírica.
Vale et me ama.-Rubln.

Número 4.
Parls II noviembre 1905.
Mi siempre querido y admirado Amado: Fué en verdad una mala ocurrencia de la suerte el que, estando en España juntos, no 001 hayamos visto.

Número 1.

Su carta me ha traído su recuerdo y una prueba más de una de las
pocas amistades, entre iguales, que yo haya encontrado.
Mentalmente, es inútil que le diga que le he seguido a través de tiempo
y espacio, y que veo en usted al más admirable, sin discusión, de nuestros
poetas.

De Madrid a México.-(Recibida en México _el 21 de febrero de 1904)
Al Sr. D. Amado Nervo.-México.-Mi quendo poe_ta: Le ~ando_ un
O Estoy aqui con Francisca. He tenido un chico que tiene siete
gran ab raz •
·
b ·¡ y le
meses.-Me Voy a Africa • y estaré en París de vuelta en a n . - a
escribiré largo y cosas.-Ri,bén.

Su coto no es pequeño como usted dice. Caben en él montes y lagos
de la más pura belleza, que yo me he complacido en visitar.
Ya nos veremos, porque estamos a un paso.
No me deje de escribir cuando pueda.
Le abraza, Rubén.-Francisca le envia sus buenos saludos.

Número 2.

Número 5.

De Paris a México.-30,.rue Feydeau.-Parls, Junio 27, 1904.
Querido Amado: ¡Un gran abrazo! ¡Me dice Quintanilla que usted ven·
drá pronto! ¡Soberano!

30, rue Feydeau.-Paris 16 abril 19()6.
Querido Amado: Siquiera un saludo, ya que me encuentro relativamente mejor de mi dolencia. Acabo de leer dos preciosas cosas suyas en
los dos últimos nümeros de la .Revista Moderna.

a Amado ~evo + + +
•

132

133

�LA PLUMA

LA PLUMA
¿Cómo sigue usted? Ye tengo grandes ganas de ir a Madrid para que
hablemos¡ largamente. ¿Cómo sigue eso? ¿Publicó Chocano su libro? ¿Qué
«potins&gt; nuevos hay? París, por su parte, goza de su primavera.
Le abraza su, R. Dario.-.-¿Sabe usted si V. Vila está en la corte?

Número 6.
7 octubre 1909.
Querido Amado: Recibí su «mot&gt; a mi vuelta de París, donde he
pasado cerca de un mes. ¡Viaje indispensable!
Cuando quiera echar un párrafo, venga a la calle Claudio Coello, 60
-señas sólo para usted-, de preferencia por la tarde, tempran_o. Y quiero
saber también cuál es su hora en su casa.-Muy suyo siempre, R. Darío.

Número 7.
Claudio Coello, 6o.
Querido amigo: Voy a partir definitivamente dentro de poco, y antes
de irme tendría gusto en verle y despedirme. Me encontrará usted a cualquier hora. Suyo afectísimo, R. Dan.o.

Número 8.

' .,

(En papel del Mundial Mag-azz·ne.)
París 3 julio xgn.-Sr. D. Amado Nervo, Madrid.
Mi &lt;:J.Uerido Amado: Vamos siguiendo con Mundtal. ¿Cuándo me envía un cuento o versos? Mándeme cosas. Cuentos ·sobre todo. Harl
pagar al recz'bír.
¿Cómo lo trata el «Nuevo&gt; México? Yo, de mí, no sé nada aún. Más
bien malos barruntos, según algo que hablamos con Gamboa. Ya veremos.
¿Conoce usted al npevo Ministro de Instrucción Pública?
No he recibido los ntmeros de Revista Moderna. De todos modos, que
no nos traten tan duro, que no hemos hecho ná.
«Au revoir&gt;. Suyo afectísimo, R. Darío,

Número 9.
(En papel del Mundial.)
4 rue Herschel.-Paris 8 septiembre 19n.
Querido Amado: Sus Filosofías me encantan, y es, sobre todo, porque las mias son muy semejantes. Nos encontramos ante las cosas, y cambiamos una mirada de vaga iniciación.
A lo práctico: ¿Querria usted escribir una de esas «cosas&gt;, pero con
destinación plutot femenina, para Elegancías? Además de esto, ¿cuánto
cobraría usted si fuese esa colaboración fija, una página para cada número?
Esto es, dos al mes. Si ello está dentro del presupuesto de la Administración, crea usted que el «affaire&gt; está hecho. Y comience a enviar.
¿Es cierto que Pichardo ha desaparecido? ¿Qué hay de eso?
Su afectísimo y viejo amigo, R. Darío.

Número 10.
(Papel de Mundial-Elegancias.)
133, rue Michel Ange.
Querido Amado: Recibí sus nuevos versos. Ya vería los otros publicados. «Ella&gt; le inspirará más, igualmente bellos.
Un ruego: hágame el favor de averiguar si el Gobierno de Nicaragua¡a quien envié una nota conminatorial-en vez de enviarme a mí mis cartas de retiro, las ha remitido al Gobierno español. Le digo esto, entre
otras cosas, para saber si no me registrarán mi equipaje aún ... Es decir: si
sigo siendo tenido como miembro del Cuerpo diplomático en España.
El 25 salgo para Barcelona; diez días después estaré en Madrid. ¡Ya
nos veremos! Muy suyo, R. Darlo.

Número 11.
(Papel de Mundíal-Eiegancz'as.)
133, rue Michel Ange.
Excmo. Sr. D. Amado Nervo, Encargado de Negocfos de México,
Madrid,

�4A PLUMA
Mi querido Amado: No he podido antes de ahora anunciarle mi venida. Espero que haya algo de más calma en su justa tristeza.
Estamos muy gozosos de su continua colaboracién en Mundial y
cElegancias•, y esperamos se sirva seguir favoreciéndonos.
Durante mi viaje, tuve el pesar de saber la muerte de D. Justo. Sentí
no estar en París para que Mundi'al hubiera hecho el homenaje que aquel
buen maestro se merecía.
Querido Amado, mándeme sus bellos versos y sus lindas prosas.
No se extrañe de que esta carta no vaya escrita por mí, pues me
encuentro en este momento en cama, sufriendo una de aquellas crisis que
usted conoce, desde nuestra antigua intimidad.
.
Soy, mi querido Amado, su amigo de siempre, Rubén Darío.
París 28 diciembre 1912.

llBROS y ReOtStAS
Ramón del Valle-Inclán.-Divinas palabras.~ragicomedia de aldea. Opera Omnia. Vol. XVII.

PO€MAS oe CtRCUJ'lSíAJ'{ClAS PR0SAlCAS
es

UttA fACtUAA

..

Sueño roto por el Extraño
-tan pertinaz ante la puerta,
inmóvil quizá todo un mio
en su tintineante alerta
si de un vuelo no despestaño
la pupila en el alba muerta-:
reverencia al sabio e.rmitañB,
durmiente en su cueva sin puerta,
sueño roto por el Extraño.

JORGB GUILLBN
136

Don Ram6n del Valle-lnclán ha avalorado la edición en curso de sus obras
completas con esta tragicomedia que s6lo conocíamos, ridículamente mutilada,
con un criterio de sábado blanco, al publicarse antaño en El Sol. La obra ahora
aparece restituida en las frases y pasajes que la irrespetuosa direcci6n del periódico consider6 necesario supri11J.ir entonce¡;_
Un primer impulso reflexivo muévenos, sobre todo, a comparar las nuevas
lecturas que Valle-lnclán nos ofrece con el resto de la producción española actual. Contingencias, sin duda, del mercado de libros, han decidido en estos últimos años a coleccionar en serie sus obras, a escritores en plena madurez,
cuyo propósito no puede ser en modo alguno el dar su labor por cumplida, con
proporcionar al lector una visi6n de conjunto, que induce, desde luego, a la
crítica definitiva. La circunstancia, sin embargo, de pertenecer esos escritores
la generacz"ón del 98, obligado jalón en la Historia de España, y en la litera.
na por ende, ayuda a considerar semejante empeño editorial, como ese a
modo de público examen de conciencia, que corona con la numeración de sus
obras la vida activa del literato.
. En efecto, las recopilaciones de Azorín, de Pío Baroja, sugieren cuándo la
idea de caducidad, de agostamiento progresivo y prematuro, cuándo la del voluntario retiro al remanso de la serena crítica, en el caso más favorable, o de
la perdici6n en políticos sofismas indefendibles. La emoción que volvemos a
sentir leyendo las felicísimas promesas de una juventud que parecía pletórica,
apasionada, llena de esperanza, se quiebra gustando los frutos de ahora, sin
virtud germinativa, tristes ecos de un grito moceril, perdido luego en el propio vacío interior.
Muy otro es d caso de D. Ramón del Valle-Inclán. Gusta él de ponderar risueño su lozanía, y a fe que no le engaña la confianza en sí mismo. No hay en

ª.

in

�LA PLUMA

...

LA PLUMA

en España escritor más joven; condición, ajena al correr del tiempo, cuyas excelencias estimamos en más que todas las sabidurías que los años enseñan.
Como todo aquel que en el propio ~sfuerzo se complace, Valle-Inclán experimenta de continuo la necesidad de proponerse una nueva dificultad que vencer. No se abandona jamás a la e.noción circunstancial, ni se rinde a la hacedera repetición de lo ya logrado. Una vez que trascienden a su mirada, cobran
las cosas un sentido taumatúrgico, se desdoblan, se nos revelan en cambiantes
insospechados, se trasmutan por arte y gracia del creador que nuevamente las
saca de la nada en que la ceguera espiritual de los hombres las tiene sumidas.
Pero no obedece simplemente al capricho de la fantasía descarriada. Incluso en
las extravagancias a que se entrega alegremente, un concepto puro preside la
divagación. He aquí por qué nos parece de los raros escritores de conciencia,
para quienes la literatura se confunde con la moral más alta.
El escenario de Divinas palabras es el mismo de las Comedias bárbaras, perfumado de los mismos A1·omas de leyenda que difunde la música d~ la Sonata
de Otoño. La clásica unidad de lugar tiene en la obra de Valle-Inclán una intención más comprensiva que la¡eñalada en las retóricas. La decoración no varía:
las tierras de Galicia. El tiempo permanece asimismo detenido en la perenne
continuidad del paisaje que encuadra los sentimientos primitivos del hombre.
La acción está regida por las leyes naturales. En cada escena se desarrolla un
drama, insertado a su vez en la general tragedia. Cambia, eso sí, la luz intelectual que el autor proyecta sobre los temas eternos de la historia del mundo.
Ha querido D. Ramón del Valle-Ioclán en Divinas palabras extender el dictado genérico de tragicomedia, dándole una acepción más en consonancia con
el espíritu moderno, que la de mera sucesión de acontecimientos fatales contrastados con otros livianos, llamados a cortar con la risa la tensión dolorosa
que aquéllos suscitan en el ánimo. Ha intentado depurar esa norma, deduciendo la emoción tragicómica, no de la parodia que sigue a la escena grave, sino
del monstruoso desacuerdo entre la acción dramática y la contemplación del
público. Es decir, que en tanto los actores se rinden al espanto con que la terrible fatalidad los domina, el espectador ideal se siente movido a risa. Mientras que cuando los personajes del drama se elevan con hiperbólica ironía sobre las circunstancias macabras de la intriga, el espectador se siente sobrecogido. Efecto que consigue con una contrapo~ición de perspectivas sentimentales.
·
Y aún resuelve en Divinas palabras otro problema que solicita la atención
del crítico: el del estilo, quintaesenciada armonía en que se funden con un vigor
representativo, sobriamente obtenido, los tonos peculiares de la paleta de Valle-Inclán. El trabajo de eliminación, de condensación, de simplificación, con
que ha castigado la pluma, en una labor cada vez más consciente, ha reducido
ya el concepto casi dialectal de su prosa a los límites de la expresión pura.
Las palabras, henchidas de un sentido popular sutilizado, adquieren esa virtud
universal capaz de imbuir en cualquier efímera fi~ura humana el alma bíblica
de un mujik.

C. R, C.

Ramiro de Maeztu.-La crisis del Humanismo

B"br t
derna y contemporánea.-Barcelona EditoriaÍ-M' I 10 eca de Cultura mo'
10erva, 1 92 0 .
La obra de Ramiro de Maeztu es •
't" d
tad como fundamentos del Estado :n ~na en ica . e la autoridad y de la liberdes en el principio de función&gt; Una ?d erno Y u~ intento de basar las sociedaa este libro, a saber: cla de u~ los h~;a centra -y nu_eva-;-sirve de armazón
unos con los otros, como crien las escu bres
1 !1° se asoc)an mmediatamente los
ser genérico transindividual como m t: ª5 h~erales, m están asociados en un
que están asociados y se as¿cian en
ienen as escuelas _conservadoras, sino
en bienes colectivos y últimamente e11 as lcomune:, materiales y espirituales,
duce el autor la doctri~a ue llama 'L va_ ore~ umversales•. De esta idea detenida por el Renacimienio en la fó • \Pn¡naci~ de las cosas•, frente a la sostítulo, algo equívoco, de la obra.
rmu a • a pnmacía del hombre•. De aquí el
Al descubrir el Renacimiento el gra
, • .
.
didad, por lo menos en el campo de la n pr1n_c1_p10 de relatividad, cuya fecuntrasladaron los humanistas al homb si c1e~c1as exactas, no_se ha agotado aún,
creerse en la existencia de una mo rf o~ e1es todos de la vida moral. Dejó de
en sí mismas y porque participó.hara dob¡et~va, en la que las cosas eran buenas
absolutos• de Ja física de
. n . e ª ondad suprema. Con los «lugares
Renacimiento fué la crisiss~~f~ec;tr?n los &lt;v~lores absolutos• de la ética. El
Tras el_ período orgánico que si:ai&amp;!faºE~e~u~r~! Y de la f: en lo absol_ut?.
tada, viene, como dirían los sansimon.
ª ~ ia coi;i _su vida alegre y hmina, que todavía no ha llegado a su fin'.anos, el periodo critico de la edad modei-Una moral subjetiva reemplazó a ¡
t·
se as:ntaron los principios autoritari: anl;gua ¡nora! p~atónica y sobre aquélla
dos diferentes organizaciones de la S .Y d der;._ que sirven de fundamento a
mente por haber olvidado que el ho oi1e a . mbas han fracasado definitivapasada guerra es un reciente test' m. re es, por naturaleza, un pecador; y la
¿Sobre qué bases sería u
i°:10010 que confirma una vez más esta teoría.
La respuesta a tan rav~ p es, posible e:tablecer una organización social firme?
Sr. Maeztu Como v~rsad¿reg~?-t~ c~nSht~ye la parte constructiva del libro del
contestación sin cimentadae~e;~1p mas losóficas, el autor no aventura una
los capítulos: •Rebasamiento de \aª~in~t)Son fundamei_itales, a este respecto,
las cosas• y •Funciones y valores •.) e1 a y de la autoridad•, «La primacía de
Sobre el fondo de una fil
f' . r
. .
lucha en las escuelas medioei:1~ ra rea ista, idénh~a a la que suscitara áspera
con valor intrínseco-el Poder 1 Je~~~~ ue se ~J_an en cuatro los universales
tu profesa una moral ob'eti ,
.
' a Justicia y el Amor-, el Sr. Maezbién. Según éste nirigfu{h/\qu~_su·vedde apoyo a un derecho objetivo tammismo le ocurre' a un Esta rn re iene erecho a nada, corno tal hombre, y lo
nacen de la función ue de~~- Los_ derechos del Estado, como los del hombre
mial destinada a sustltu·
mpenan. De aquí, una sociedad sindicalista O gre~
1
Roma, en los dos siJJare:Jei3.im~~~i~~!11aldmelnDte e:Ó_sten, fundadas, como la de
-r
Y e omzmum.
.,_ He
. intentad o t razar como un
esquema
·
,. t
1 libro del Sr. Maezt
• muy imper,ec o por su brevedad,.
u, esquema o resqmen que no deja traslucir el profundo

:::S

!•

=

1

�LA PLUMA

LA PLUMA
interés y el singular valor de esta obra, que constituye, sin duda, el esfuerzo
más considerable realizado por un español en el extenso campo de las ideas
filosóficas desde hace mucho tiempo. De estricta justicia es reconocerlo, y si
las presentes líneas tienen algún propósito, aparte del de contribuir a la mera
propaganda de la obra, es el de estimular a su autor para que escriba otras,
animándole con el convencimiento de que sus palabras no son acogidas con
zafia indiferencia, sino con el respeto y la atención que merecen.
Libros análogos a La Crisis del Humanismo-que no es, por otra parte, cla
obra de un periodista atareado•, como modestamente dice su autor, sino labor
de largos años de incesantes estudios y de viva agitación espiritual-debieran
publicarse en nuestro país, al menos uno cada tres meses, y mientras así no
suceda, por lo que revela la falta, tanto como por la falta misma, España significará muy poco en el comercio intelectual del mundo, por mucha oceanogra•
fía o por mucha filología que se ha~a.
J. A. P.

***

J. Maynard Keynes.- Tite economic consequences of the peace.-London, Mac•

millan, 1920.
Este libro, de universal resonancia, se dirige a demostrar que las condicio•
nes de paz impuestas a los alemanes en Versailles son una violación de la p~labra dada y de la moral internacional comparable a la violación que c?metió
la propia Alemania al invadir Bélgica, y además, en el orden _económic~, de
imposible cumplimiento. Alemania rind~ó las armas en la creenci~ de que_ iban
a aplicarse los cCatorce Puntos» de Wdson; las notas y mensa¡es cambiados
entre los beligerantes para llegar al armisticio constituían un pacto obligatorio
para ambas partes. Pero la Conferencia de París, .Y e! Consejo de los Cu~tro,
en vez de limitarse a regular los •detalles de aplicación• del programa wilsoniano, cimentaron una •paz púnica», estran¡tulando a los vencidos, sin nin¡tuna
preocupación de humanidad ni de reciprocidad, y sin enterarse siquiera de lo
que pedhn el porvenir y la vida de Europa. Las causas de tamaño des~str~ son
principalmente de orden psicológico. ?.fr. Keynes_ muestra cói:n? han 1d~ influyendo en las resoluciones cde los Cuatro• la presión de la opim~n pó.bhca_ sobreexcitada, las combinaciones electorales de Lloyd George, las ideas arcaicas
de Clemenceau y la imprevista inferioridad de Wilson. Las P,áginas en que míster Keyoes describe los propósitos y el proceder de cada uno de los miembros
del Consejo de los Cuatro, sus métodos de discusión, y su manera de obtener
cfórmulas» que salvasen las apariencias, son fortísimas y de sabor muy amargo. El autor no habla de oídas: era representante oficial de Ja_Teso~e~í~ inglesa en la Conferencia, y dimitió el cargo al convencerse de la i!11pos1billdad de
obtener una modificación real de las proposiciones de paz. El libro es una acusación abrumadora: la incompetencia y la impostura se reu~iero~ para reorganizar el mundo, entre sorbos de te y las boutades de un a oaano violento y d_es·
ilusionado. Ya estamos viendo que el mundo no se somete; pero cla ~elegac16n
germánica-escribe Mr. Keynes-no acertó a exponer con palabras inJlamadas

y proféticas la cualidad que principalmente distingue a ese Tratado de c . t

· 1a ms~ncendad,.
· ·
•
uan las
os
1e han prece,d1_'do en 1a h'1st ona:
Mr. Keynes deja a 11n lado

cláusulas po!1t_1cas del Trata?o; estudia solo su parte económica.
~as cood1c1ones de paz henden ª. destru!r el sistema económico alemán,
arrumando ~us fundamentos: comercio exterior, explotaciones mineras, transpo~es y régimen aduanero. Per? después de arruinar a Alemania, el Tratado
le impone una cuenta de rep~rac1one~ que podrá llegar a doscientos mil millones. _Mr. Keynes, con estad1sticas cop!osas, p~u~ba que no se ha dejado a Alema~ua rec~so~ para pag~, y acaso m para v1v1r. Rectifica, además, la cuenta
de 10demmzac1óo por danos, y no es ésta la parte menos interesante de la ob
Por último, tras una _descripción del estado en que ha caído la Europa ceotr:t
y_que amenaza también~ ~os vencedores, Mr. Keyoes propone ciertos remedio~, que abarc~n: }a rev1s1?n del Tratado; el finiquito de las deudas interaliadas, el empréstito mter~ac1onal y reforma de la moneda, y las relaciones de
Europa central con Rusia.
El l!b_rp (Evangelio de_ l?s revisionistas) debe ser leído y difundido. Hay ya
~na ed1c1on francesa (Edzltons de ta Nouv. Rev. Fr.) y veo anunciada otra italiana. No será en Francia ~onde menos impresión cause el libro de Mr. Keynes,
que ~xpone en forma sencilla y con calma verdades que era imposible formular sin ser tachado de bochojite y defaitiste de la paix.
M.A.

León-Pelipe.-Versos y oraciones de caminante.-Madrid, , 9 20.
La apari?6n ~e un nue1:o poeta señálase siempre en los fastos del tiempo.
1:,os anales hterar!os del ano que corre datan ya con piedra blanca el primer
libro de León-Felipe. Se ha celebrado su advenimiento con inusitado aleluya
en este pozo del silencio que suele ser ttladrid. Bienvenido sea este poeta que
pretende permanecer «lejos de toda escuela y tao distante de los aotig11os ortodoxos ret~rico~ como de los modernos herejes•, porque e Mi voz-añadeC;l opaca y sin brillo y vale poca cosa para reforzar un coro. Sin embargo me
sirve muy bien para rezar yo solo bajo el cielo azul... ,
'
~on todo, pese a la soledad que desea para sus oracione31 como reza bajo
el cu:lo azul,__y; no en obscura capilla, le toma el alma cierto vago anhelo de comunión espmtual con sus hermanos los hombres:
•Poesía...
tristeza honda y ambición del alma..•
¡cuándo te darás a todos.. a todos...
al príncipe y al paria,
a todos...
sin ritmo y sin palabras!,
. No quiere •el verbo raro ni la palabra extraña,, sí que sus versos tengan el
mismo corte de recio paño que 1el manto de Manrique, coplero de su padre
141

140

�LA PLUMA
Chirrían los goznes rotos de una puerta;
el viento vellones de la nieve arranca,
y la vieja calle, dormida y desierta,
parece una cinta de seda muy blanca.

á dolo él coa un gesto propio, nuevo. Quiere que de su
muerto,una
auaqued
llehvecaho, so'lo queden, como de la rosa, el brillo y el aroma.
verso,
vez es
«Así es mi vida,
piedra,
como tú, piedra pequeña.

Una luz opaca de las sombras sube,
y el reloj-pupila de un monstruo de mitolas horas recita con voz destemplada.

.. . .. ... .. ········· ....... .

~¿~~

t~; 4~~ ~~- ii~; ·;~r~ict~-.

En el cielo negro se rasga una nube,
y por la ventana que da al infinito
se asoma la luna, curiosa y helada.•

para ser ni piedra
de una lonja,
.
.
ni piedra de una Aud1enc1a.

...........................

...........................

como tú,
que, tal vez, estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera.•
.
·
t
mo un balbuceo, silabeando casi las
Cortado el ntmo constantemea ~ co
t h mildad mal avenida sin
.
F ga de cierta compues a u
'
emociones, Le6 n- e 11pe se P~
. d
do Pero cuyos acentos nos ganan
duda con el clamor revoluc1oaano e 1 mua •
desd~ luego con su austero lirismo.
C. R. C.

* *
.
C
balán
"aminos
.Martinez or
.-..,,
•··-(Poemas.)-Editorial Levante.

...

é
r donde el poeta nos lleva, aliviándo•
No son ciertame_nte nuevo~ éstos po ellos las huellas de otros pasos, los
noslos con sus canciones. Adv1 r~enfes ~:ales vamos harto próximos. Pero se
ecos de otros can\ores, a la zag~ e ? ·tual para glosar temas marchitos ya_ en
da tan buena gracia nuestro gwa espvi
suave música a la letra conocida,
fuerza de repetidos, tan agudamde~te 1e p~:eescasa afición a descubrir nuevos
que no po_demos por menos de iscu par
.
sendei;os ideales..
.6
. ide los Poemas diversos, los Poemas s:n·
Una gran digmdad de exp~es1 n pres n Caminos ... A veces, el acierto p1ctimentalea, los Poemas ~eblil!Jdeddio fire~~~~s :a humorismo lírico de la mejor ley.
tórico revela una sens1 1 a
m:;i '
Tal el soneto Nieve:
«En las altas horas, el viento remueve
de los ventanales la cristal&lt;:ría. ,
La iglesia del pueblo es, baJO la, meve,
de una arquitectura de confitena.

C. R. C.
***
Luis Pemández Ardavín.-Láminas de folletín y de misal.-Editorial Pueyo.
Madrid,

1920.

Pocos poetas han logrado, como Ardavín, tan halagüeña fama con el primer
libro de versos. Ved la lista de sus obras, que preside esta nueva edición de
sus poesías, publicadas en diversos periódicos de 1914 a la fecha, y comprobaréis que el r~ombre de que goza se cimenta en Medit.:zciones y otros poemas,
' volumen publicado seis años hace, y ea una pieza dramática, La campana, representada por Enrique Borrás con aplauso y editada en 1919.
La labor de Ardavín es harto más copiosa, sin embargo. En ese mismo
tiempo ha estrenado un drama en colaboraci6u con Federico García Sanchíz, y
dos comedias musicales con el maest,-o Vives. No sé si la exclusión de estas
producciones en el somero catálogo susodicho significa voluntaria desconsideración a modo de feliz expurgo, o se debe a circunstancias ajenas a la autocrítica. No podemos sustraernos a la inquietud de semejante duda. La estimación
que por Ardavín sentimos no es, en modo alguno, independiente de su virtud
poética. Vemos en él un compañero de fatigas. No queremos que se rinda a la
primera sonrisa fácil del éxito falaz, ni al blando calorcillo del sol que más
caliente. Nos causa ~rto espanto que pueda ser presa de las malas compañías. La de Catalint13árcena-tan mal acompañada a su vez-, la del autor de
Bohemios, temas de sus versos actuales, llevan, ¡ay!, quizá a continuar la historia de España ante el abono de Za Princesa. Una vez estropeado el paladar
¿cómo discernir el buen gusto? Pasan los figurines de las modas y sólo la belleza queda. Todo el resto es ¿lite1·aturar Protesto: también la hay buena. El
autor de Meditaciones y otros poemas, el autor de La campana, sabe dónde está
la verdad, cuya amistad no excluye la nuestra.
c. R. c.

* * •

En Les Marges (junio d·e 1920), M. Camille Pitollet cuenta sus impresiones
de Avila. ¡Qué de sensaciones re~erva a sus devotos la tierra de España! En
punto a notación de paisajes hay que volver siempre al Viaje de Gautier; pero
143

�LA _PLUMA
Gautier no vió Avila; algunos dioses menores se han aplicado a manifestar sil
reacción espiritual frente a la ciudad de la Santa: así Martinenche, en sus Propos d' i:!,spagne, y P. Suau en su Espagne, Te,·re d'epo/le, entre otros. M. Pitollet,
que fué profesor de lengua y literatura españolas en Hamburgo, trató hace
años de sintetizar los rasgos específicos de una ciudad de Castilla en una conferencia titulada: .Muy noble, leal y lteroica ciudad. Ahora quisiera hablar de Avila
en su realidad objetiva. Dejemos a un lado, por de pronto, a la Virgen de Avila. Santa Teresa es un hecho de historia que cada cual puede interpretar seg6n
sus propias teorías. Dejemos también la arquitectura. Las murallas se desmoronan, escandalosamente abandonadas, en torno de esta Siena en decadencia,
cdonde las calles son horribles, donde las viviendas, de granito grisáceo, hielan
el alma; donde la catedral es una fortaleza, donde nada es del presente, ni
siquiera las dos posadas con pretensiones de hotel, que uno se apresura a abandonar por el oasis de Madrid, donde, al menos, el Palace y el Ritz constituyen
dos islotes de vida europea en ese gran aduar de prostitución, de caciquismo,
de haraganería y de verbalismos.• En Avila florece la miseria castellana rural;
unos cuantos señoritos iletrados perpet6an, sobre la plebe harapienta y pueril,
el antiguo sistema de explotación de la ignorancia y de la superstición en provecho de una casta que ni siquiera tiene la excusa de monopolizar la elegancia
del espíritu. Quiere recordar tao sólo que en Avila, además de Torquemada,
inquisidor general, duerme su &lt;iltimo sul"ño El Tostado; con ellos se completa
el tríptico: Teolog{a, Inquisición, Misticismo, en que se resume la expresión espiritual de Avila.

• ••
Grecia.-Revista decena! de literatura.-Director: Isaac del Vando-Villar.Madrid.
Ha reaparecido en la corte esta revista literaria que antaño se publicaba en
Sevilla. Ultraístas, creacionistas, dadaístas colaboran en ella, más que con ardor
apostólico, con académica insistencia. Traducen al español el último grito europeo, del cual nos Jlega amortiguado el eco a través de los Pirineos-todavía
los hay-. Pero revelan, pese a todos los distingos que pretendamos oponerles,
y aun a su pesar a veces, un sincero afán revolucionario por trocar los medios
de expresión que la antigüedad clásica nos ha legado con el Renacimiei:to, del
que las artes viven.
·
No todos los humoristas líricos de Grecia solicitan por igual nuestra atención. Gerardo Diego, Adriano del Valle, la gnbadora en madera Norah Borges, y especialmente Jacques Edwards nos parecen dotados de cierta personalidad, difícil de destacar entre las estrechísimas reglas de la nueva estética.
Bien venida sea Grecia, juvenil vanguardia de la batalla que compartimos
contra las fósiles fortalezas en que adolece nuestra literatura contemporánea,

c. R. c.

ARO l.

1

HADRID, SBPTIÉMBRB 1920.

Nú.M.

4.

fat?sa Y licencia de

la Reina Castiu

==

JORNADA SEGUNDA
OeCORAClÓJ"l

N

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144

1.45

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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                    <text>,LA PLUMA

Gacetilla.
Parangón.-En Le Correspondan/ del 25 de enern de este año, M. Marius
André, hablando del lugar que corresponde a la obra de Gald6s en la literatura española, escribe: «La Prensa conservadora y cat61ica rindi6-con una sola
excepción, a lo que creo-un homenaje justo, al par que mesurado en sus reservas, a aquel que no obstante sus errores y sus faltas quedará en la historia
como una de las más grandes figuras de la literatura española. El homenaje iba
dirigido al talento del autor, a su dilatada existencia de obstinado trabajo, y
también a una sinceridad, a una probidad superiores a toda sospecha, a una dignidad, gracias a las cuales, aun en la época de sus peores extravíos, cuando
proveía de armas a los enemigos de la sociedad, de la familia y de la religión,
supo conservar la estimación personal y la amistad de un Antonio Maura.•
Cervantismo. - La idolatría cervantista y el culto católico se van contaminando bajo los auspicios de la R. A. E. Leemos en un peri6dico:
«Con motivo del aniversario de la muerte de Cervantes, se celebraron ayer
mañana en la iglesia de las Religiosas Trinitarias, donde yacen los restos del
glorioso alcalaino, solemnes exequias por las almas de cuantos escritores cultiyaron las Letras patrias.
En el centro del templo se elevaba un severo túmulo, que ostentaba en la cabecera, sobre un almohad6n de terciopelo negro, cuatro tomos de una de las
primeras ediciones de «El Quijote&gt;, rodeados de laureles.
Una Comisión del Cuerpo de Inválidos, formada por doce mancos, daban
guardia de honor al túmulo, en recuerdo del famoso Manco de Lepanto.
La presidencia del duelo la constituían: el director de la Academia Española, D. Antonio Maura; el ministro de Gracia y Justicia, Sr. Guarnica, en representación del Gobierno; el general Fidrich, por el Ejército; el censor de la Academia y el secretario.
Las Madres Trinitarias cantaron una misa de «Réquiem&gt;, en la que ofició un
fraile dominico, asistido por dos capellanes del convento.
Terminada la misa ocupó la sagrada cátedra el obispo de Vitoria, que pronunci6 una sentida oración fúnebre ensalzando la vida épica de Cervantes y su
maravillosa obra literaria.
Después se cantó un solemne responso y se di6 por terminado el acto reli¡ioso con que todos los años conmemora el aniversario de la muerte de Cernntes la Real Academia Espafiola.•
Palinodia-Esta Revista NO CUENTA CON u cou.Bouc1ó11 de D. Mariano de
Cávia, D. Jacinto Benavente, D. Pío Baroja, D. José Ortega y Gasset, D. Ricardo
Lc6n, D. Julio Camba, D. Eugenio D'Ors, D. José Martínez Ruiz (Azorín), la
condesa de Pardi&gt; Batán, ni, probablemente, con la de D. Gregorio Martínez
fil=a.
Imponiéndonos cuantiosos sacrificios, hemos adquirido la SC"11'idad de que
•• colaborará en LA PLUM.A.
DON JULIO SENADOR GÓMEZ

A:R'O J.

1

MADRID, JULIO 1920.

1

NúM. 2.

e( abanico de MUe. MaUaemé.

-~ , •,

A

~

ve_ces, deDtodo un jardín sólo conservamos las alas de una ma
nposa. e la hija de Stéphane M 11
,
conservamos ya el recuerdo d
b . a arme, apenas muerta, sólo
tro le ha dedicado el busto d e,su 8.. ª?1co. En la poesía que el maes,
e a senonta Malla ,
d' .
entre las curvas electrizadas
t
rme se a ivma, etéreo,
que raza en va· é
b .
retrato casi invisible y s , l
'
iv n , e I a amco. Es un
•
'
era e menos pereced • meJor aun, trazo en el aire N
ero. raya en el agua, o
neutraliza los símbolos del ; o p_arece hecho de palabras: el poeta
ideas como si llevara alas enerl1ogutaJle, saltando sobre las puntas de las
s a ones La po ,
.
bro que una brisa leve d .
.
es1a es casi un requieeJa caer en los oíd d
Pero circula por toda ella
1 .,
os e una dama inefable.
una pu sac10n anh J
d el abanico. El abanico, encandilad
e osa, como el agitarse
zalete, y crea poco a poc
t
o, revolotea sobre el ascua del brao, en orno a la da
.
·
te (¡y tan dinámico!) donde . 1 b
ma, un espacio envolven.
,
vis um ramos u
•
_
mecidos; la mano fina que merece
. . nos OJOS sonadores, adorto de aire; la comisur~ de la boca apns1onar un ala; el pecho sedienY, tal vez, en un parpadeo, el brazo

�I'
1
11

11
I

LA PLUMA

LA PLUMA

1

blanco. El «país• (¿crepúsculo de rosa y oro quizá?), como el abanico
aletea, se borra. Del varillaje sólo queda un vago relámpago. Y
creemos escuchar, a modo de madrigal, el ris-ras del abanico, cuando
se deja caer en vuelo blanco.
La poesía de Mallarmé, tan recóndita como se quiera, nos aparece,
4esde luego, dotada de cierta innegable «belleza fisicu-primera condición que debiera exigirse siempre a los versos. La traducción en
prosa, tan literal como lo consienta la índole del idioma, nos permitirá «entender&gt; todo lo que haya que entender: trazar la línea de las
oraciones, y fijar la escena dramática que hay en todo poema (escena
dramática: escenario, personaje y acción). La segunda traducciónrítmica-nos acercará más al calor emocional, que no viene sólo de
«entendeu. La idea original, redibujada, irá entrando más en nuestros hábitos de expresión poética, merced a las infidelidades ligeras
que aquí-como en todo-son indispensables a la verdadera fidelidad. Así, además de entender, podremos gustar. Finalmente, la tercer
traducción procura crear de nuevo la poesía de Mallarmé, sujetándo·
se a la ley severa de su estrofa, con una equivalencia que esté más
allá de la literal. Algo perderemos de camino (lo que va de cparadis
farouche• a «huraña ventura&gt;), y no es extraño: ya saben los técnicos cuánto cuesta reducir a nueve sílabas castellanas las ocho sílabas
francesas. No me jacto de perfección; me conformo con saber que aspiro a la perfección.
I
O reveuse, pour que je plonge
au pur délice saos chemii:1,
sache, par un subtil mensonge,
garder mon aile dans ta main.

U_ne frakheur de crépuscule
a chaque battement
dont
le
co
·
. recule
l'h .
up pnsonnier
onzon délicatement.
te v1ent

Vertige! voici que frissonne ,
l'espac
.
e comme un grand baiser
qw, fou de naitre pour
ne peut . 'lli .
personne,
Jat r m s'apaiser.
ai S~ns-~u le paradis farouche

ns, qu un rire enseveli
se couler du coin de ta b
h
au r, d d ,
ouc e
on e I unanime pli?

Le sceptre d es n. vages roses
stagnants sur les soirs d'or
,
ce blanc vol fermé
, ce I est,
contre le feu d' bque tu poses
un racelet.

n
Oh soñadora para
en la pura deJi~·1 . que !º me sumerja
ª sin cammo
sabe, por una suti"I mentira
.
,
guardar mi ala en tu mano.'
te

~=

frescura de crepúsculo
-.,a a cada compás
cuyo golpe prisionero hace
el horizonte d 1· d
retroceder
e ica amente.
¡Vértigo! He aqu(
el espacio como
que se estremece
un gran beso

50
51

�LA PLUMA

LA PLUMA

que, loco de nacer para nadie,
no puede estallar ni apaciguarse.
¿Sientes el paralso feroz,
lo mismo que una risa enterrada,
fluir del ángulo de tu boca
il fondo del pliegue unánime?
El cetro de las riberas rosa
estancado sobre las tardes de oro, éste lo es,
este blanco vuelo cerrado que tú dejas posarse
contra el fuego de un brazalete.

III
Oh, soñadora, para hundirme
en la pura delicia sin senda,
aprende, con sutil error,
a guardar mi ala en tu mano.
Una frescura de crepúsculo
te llega, entre palpitaciones,
cuyo latir opreso ahuyenta
delicadamente el horizonte.
¡Oh vértigo! Ya se estremece
el espacio como un gran beso
que, loco de nacer en vano,
ni estalla al fin ni se apacigua.
¿Sientes el fiero paraíso,
como una risa subterránea,
fluir del rincón de tu boca
hasta el fondo del pfü·gue unánime:

He aquí el cetro de las playas rosas

suspensas en tardes de oro:
¡vuelo blanco que cierras y posas
junto al fuego de tu brazalete!

IV
Oh soñadora, para hundirme
en delicioso vuelo arcano
quieras-sutil error-asi:me
del ala, cogida en tu mano.
Hay frescor de ocaso en la lenta
pulsación Y, al preso latido
delicadamente se ahuyenta'
el horizonte estremecido.
¡Oh vértigo! Ya, tembloroso
el espacio un beso parece
,
que,
loco de nacer ocioso,
.
ni estalla ni se desvanece.
¿No sieni.es la huraña ventura
-y sorda como risa exánime-

que mana de la comisura
de tu labio hasta el pliegue unánime?
¡Oh cetro de la tarde rosa
que, en oro quieto, reverbera:
~!aneo vuelo que al fin se posa
Junto al ascua de la pulsera!

ALFONSO RBYBS

�LA PLUMA
-¡Pero si tienes todavía pegado el cascarón! ¡Qué has de saber
1

ú, infelizl ¡Si no has visto el mundo por un agujero!

1

Luego había un agujero para ver el mundo.
1

'

II

1

11 1

111

Alegoeía de }iaeeíso o el
mundo oísto poe un agujeeo.
1

.
llamaba doña Prudeucia.
abuela de Narciso se
·¡¡ Porque la buena señora ciEl nomb_re 1~ cudat::n~;:~ª:n:~ cuantos refranes y máxifraba su expenenc1a e
mas tormento de su nieto:
. - s hablan , cuando las gallinas mean.&gt;
«'1os nmo
«Cuando seas padre, comerás huevo.&gt;
hay ropa tendida.&gt;
«Callarse, que
d
casi siempre en menoscabo de
y otras advertencias por e1 or en,
. o «de los mayores en
. 'dad de Narciso1 naturalmente enem1g
.
1a CUflOSI
•

L

A

edad, saber y gobierno&gt;.
b. a su abuela se lo debe.
· Narciso es hoy un sa 10•
t d
Con o o, s1
·. to día sus imberbes dereEllo fué que defendiendo el nmfio _c1erde la vida sin esos limites
,
ti · ción en los bene c10s
chos a la par c1pa
ducación absurda, doña Pruarbitrarios de edad, inventados por ~na e
dencia le replicó con sorna compasiva:
54
1 .

A Narciso se le ocurrió en seguida que, pues el mundo era tan
ancho y los árboles estorbaban la contemplación del panorama, sin
duda el agujero a que su abuela se refería había de estar en alto.
La torre de la iglesia tenía cuatro ojos abiertos a los cuatro puntos cardinales. Se captó la voluntad del hijo del sacristán, valiéndose
como señuelo, por disimular su ambición, de los nidos que colgaban
del alero del campanarie, y una mañana de primavera hicieron «novillos&gt; a la escuela y se aventuraron por la retorcida escalera, fría y
oscura, que daba acceso a las campanas.
Una vez arriba, quedóse Narciso suspenso, prendida el alma en
aquella atmósfera azul y verde del cielo y del campo. Del mundo subía un rumor confuso en que triunfaban los gritos agudos de las golondrinas volanderas.
Allí estaba el mundo entero ante sus ojos. De un lado cerrábanlo
altas montañas, que se entraban por las nubes, sosteniendo el firma_
mento, de otra parte daba en el mar conf~ndido a lo lejos con el cíe_
lo en un beso azul; por la falda de los montes abajo corrían cien
arroyos de plata viva, reunidns al pie en un ancho río que, partien·
do la tierra en dos, vertíase al cabo en el mar.
Ya iba Narciso a cantar victoria. Cuando l!egó en esto a su oído el
eco distante de otras campanas cuya voz casi se perdió en el aire.
~1irando entonces hacia el lugar ile donde el eco procedía., acertó
a ver en lo más alto de la sierra que limitaba el horizonte terrestre
otra torre más elevada que la de su pueblo.

�LA PLUMA
LA PLUMA
Pasaron los años. Narciso, ya mozo, pudo comprobar desde aqueya torre serrana que el mundo de su niñez no era sino el angosto
valle natal, y que del otro lado de la cordillera, anchos campos y vastas ciudades perdíanse bajo la niebla que el alta torre rompía.

. Los carabin~ros leyeron en el pasaporte el nembre de Ja fugitiva:
Irene. Y la deJaron pasar el puente. Narciso le ofreció su automóvil.
V

III

'I'

Andando andando, Narciso, dueño de sí (que ya no tenia abuela), llegó otro buen día a la entrada de una caverna. Se metió de rondón por ella y siguió a través de una galería cada vez más estrecha
y oscura, hasta que, aguzada la luz que de fuera llegaba en sutilísimo hilo que apenas si horadaba la tiniebla, Narciso tuvo que volver
pasos atrás.
En el pueblo vecino contrató un zapador, por ver de abrir en las
entrañas de aquel monte la boca opuesta a la caverna, el agujero en
fin, por donde columbrar la variada extensión del mundo.
_
Pronto no bastaron dos zapadores, ni tres, ni ciento. La berra,
cada vez más dura y negra, resistíase al asalariado ahinco del ejército de minadores.
Así descubrió Narciso su mina de carbón.

IV

Tan~o bailaron_ Irene Y Narciso al compás del último vals tzigano
Y del pn~er rag-ttme de jazz-band en el hall del Gran Neutral-Hotel,
que los romeros levantaron los puños en alto.
Al des~ertar de un nuevo día, Irene se marchó, portadora de una
rama de oltvo, a reinar católicamente entre los príncipes cristianos.
VI

Narciso tomó el primer billete Cook de la nueva era.
Hasta llegar a una ciudad
t
- .
.
, cuya es ampa prod1g1osa conocía por
las taq~tas postales. Venecia contemplaba su morbosa hermosura en
el espeJo de la laguna.
1

Y .ª c~bo, Na_rci~o, como se asomara al pozo del gran patio ducal
t
con dtS raida cunos1dad de turista, luego sintió que le tomaba el
alma la fría sirena que en su fondo duerme. Absorto en la lejana luz
q~e del ~gua muda fluía, acertó a ver en el hondo agujero sus propias puptlas.
Así descubrió Narciso el mundo de su abuela.

Narciso se compró un Roll-Royce para acortar el tiempo.
Y un mal día, al llegar a un puente, cerráronle el paso los carabineros. Del otro lado del río fronterizo, venía corriendo, destrenzado
el cabello, una mujer, cuya túnica color de bandera, empujada por
furioso vendaval, ajustábasele al cuerpo en pliegues contrarios a
ritmo de la Victoria de Samotracia.
56

C. RIVAS CHBRIF

~

57

�1

1

"1
1

LA PLUMA

Oeesos oiejos.
(De un libro en prepat?ación.J

r ··-

"'J:,. •.;.

•..... ' ........................- · - - ... -~ ,.;v- •

la cendolilla que dan~a
Eres cándida y perversa,
llena de gracia pri'mz'tiva,
llena de grada natural,
llena de gracia z'rreflexz"va.
Eres como una brisa salitrosa
y atemperada que desde ta mar
viene y pasa riendo sobre la tz"erra seca,
que eso es mi alma.
.Sabes de las malicias, sin haberlas gustado,
adormeces los ofos lúbricamente;
toda entera palpz'tas, como una llama:
y eres fría y no sientes latir la carne,
esa carne que yo deseo.
A tu gracia espontánea de anz'rnal foven
¿quién le ha enseñado el gesto torpe, lascivo?
¿Por qué no te sonríes, como los ángeles,
con tu boca divina, que yo he besado,
yo solamente... sin que tú me besaras?

' 1
!

1
111

1

1 '1
1
1

1

1

' 1

Te adoro; yo te adoro, virgenci'ta
insensible y alada.
Te adoro por tu alacridad maravillosa
'
cuando en torno mío giras,
cuando en torno mío danzas
-como ante un sultán viefo una esclava
enamorada de un, pastor ausente-,
cuando brincas con pies rítmicos
alocadamente,
ebria de la danza
ebria de ti misma,
con las nariátlas rosadas tremantes
al aire los brazos como al.as·
el incipiente seno, fadeante ...
luego te apoyas en mí y tu alz'ento me halaga.
¡Oh, cómo te amo cuando en torno mío gzras y danzas,
Y me envuelves de anz'malidad z'nocente
Y como que me abres los sentidos a los días remotos
del padre Adán Y las selvas intactas:
la primera salida del sol
)

)

)

...

)

)

)

el mullz'do de la yerba tierna, infantil,
por donde volaban las prz'meras mariposas
que Dios crió Y luego te había de dar por pensamientos•
1910

RAMON PBRBZ DB AYALA

58
59&gt;

�LA Pi-UMA
Sabía yo que mis caballos nu servían en modo alguno para ir a Finisterre, porque los caminos y sendas corrían por barrancos pedregosos, por

el camino de Finistecee. '

1
'

L

a Padrón al caer la tarde, de vuelta de Pontevedra y de ~igo.
Tenía el propósito de enviar a mi criado con .l~s. c~ballos a ~an~ago
y alquilar un guía que me llevase a Finisterre. D1f1c1l m~ .serla Justifica~
con alguna razón plausible el ardiente deseo que tenia de ~ISltar e~te lugar,
pero recordaba que el año anterior me babia librado casi por milagro de
naufragar y perecer en los peñascales que bordean aquel punto extremo
del Viejo Mundo, y pensé que llevar el Evangelio a un_lugar ta~ apartado
y agreste sería acaso una peregrinación acepta a los OJOS d,e m1 Hacedor.
Verdad es que sólo me restaba un ejemplar de los que hab1~ llevado con~
migo en esta última etapa; pero tal reflexión, lejos de desa~1marme en mt
proyecto, produjo el efecto contrario: consideré que el S~nor, desde que
se reveló al hombre, se había servido siempre para cumphr la~ a:iás ~andes obras de medios insuficientes en apariencia, y pensé que el umco eJemplar restante podría por sí solo causar tanto bien com~ los otros cuatro
mil novecientos noventa y nueve de la edición de Madnd.
LEGUÉ

1

'

1

.
Giménez
Fraud, editor
(1) A punto de pnbhcarse
en la co1ecc1'6n GRANADA
ofrecemos
a nuestros
lectola
primera
versión
caste!la~a
dde
T
l~b
E
Bl~LE
~e~:gAINe
Borrow
de
cuyas
andanzas
-r es un capítulo car actensttco e 1 1 ro .e
,
,
por la Península hablaremos en el próximo numero.

ásr,eras y empinadas montañas; resolví, pues, dejarlos atrás con Antonio,
a quien tampoco quería yo exponer a las penalidades de un viaje como
aquel. Sin pérdida de tiempo mandé buscar un alquilador y le expliqué
mis intenciones. Díjome que tenía a mi disposició'l una excelente jaca de
montaña y que él en persona me acompañaría; pero al propio tiempo aña- .
dió que el viaje era terrible para hombres y bestias, y esperaba que se lo
pagase con largueza. Consentí en darle cuanto me pidió; pero con la expresa condición de acompañarme él en persona, como me había ofrecido,
pues no tenía yo gana de internarme en las montañas con el último bigardo del pueblo que se le antojase buscar, y que sería muy capaz de jugarme una mala pasada. Replicó con la frase que los españoles usan invariablemente para desvanecer la desconfianza o la duda: «No tenga usted cui- .
dado, yo mismo iré.&gt; Arregladas así las cosas satisfactoriamente, a mi parecer, tomé una cena ligera y me retiré a dormir.
Había yo eacargado al alquilador que me llamase a las tres de la mañana siguiente; pero no apareció hasta las cinco; supongo que se dormiría, .
pues eso fué lo que me ocurrió también a mí. Me levanté de un brinco;
me vestí; puse unas cuantas cosas en la maleta, sin olvidar el Testamento
que pensaba regalar a los habitantes de Finisterre, y luego salí, encontrando a mi amigo el alquilador, que tenía por las riendas la jaca en que había
yo de hacer la excursión. Era un animalito muy bueno, fuerte y sano, al
parecer, sin un solo pelo blanco en todo su cuerpo, negro como las alas.
del cuervo.
Detrás permanecía en pie un bípedo de singularísima catadura, en
quien por el momento no puse atención, pero del que he de contar mucho en lo sucesivo.
Pregunté al alquílador si estaba todo listo, y obtenida respuesta afirmativa, me despedí de Antonio, puse en marcha la jaca y con paso vivo.
salimos del pueblo, tomando al principio el camino de Santiago. El tipo
aquel de quien he hablado antes venía pegado a nosotros; pregunté al al-quitador quién era y por qué motivo nos seguía, a lo cual respondió que •

60

61

�1
1

1

LA PLUMA

,,

1,

1

1

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1

1

era un criado suyo y que nos acompañaría un rato para volverse luego.
Continuamos a buen paso, hasta llegar a menos de un cuarto de milla del
convento de la Esclav#ud, un poco más allá del cual, según me habían dicho, tendríamos que dejar el camino real; en tal punto, el alquz"lador se
detuvo bruscamente, y al instante todos hicimos alto. Pregunté la razón de
la parada, y no obtuve respuesta. El alquilador tenía los ojos clavados en
el suelo y contaba, al parecer, con intenso cuidado, las huellas de las va&lt;:as, mulas y caballos estampadas en el polvo de la carretera. Repeti mi
pregunta con voz más fuerte, cuando, después de una larga pausa, alzó un
poco los ojos, aunque sin mirarme a la can,, y dijo que creía que yo estaba en la idea de que me iba a acompañar hasta Finisterre, y que, si era así,
lo sentía mucho, por ser cosa imposible de cumplir, pues ignoraba completamente el camino, y además era incapaz de hacer un viaje tan largo
por tan mal terreno, no siendo ya el hombre que antaño había sido, y que
él estaba comprometido a llevar aquel mismo día a Pontevedra a un caballero que le aguardaba.
-Pero-continuó-como me gusta quedar siempre &lt;;orno un caballero
con todo el mundo, he tomado mis medidas para no dejarle a usted plantado. He hecho un ajuste con este individuo-añadió señalando al tipo
raro-para que le acompañe. Es de toda confianza y conoce muy bien el
camino de Finisterre, pues ha ido allá muchas veces con esta misma jaca
que usted monta. Además será un buen compañero de viaje, porque habla
•francés e inglés muy bien, y ha recorrido todo el mundo.
El hombre cesó al cabo de hablar; su engaño, desvergüenza y villanía
me produjeron tal efecto, que pasó algún_ tiempo antes de poder hallar una
•respuesta. Le reproché en términos muy duros su falta de palabra y le
dije que se me pasaban muy buenas ganas de volver al instante al pueblo
y denunciarle al alcalde para que le castigase a toda costa. A esto replicó:
-Señor caballero, con hacer eso no se encontrará usted más cerca de
,Finisterre, adonde tiene tantas ganas de ir. Siga mi consejo: meta espuela
a la jaca, porque, como usted ve, se hace tarde, y hay doce leguas largas
a Corcubión, donde pasará usted la noche; y desde allí a Finisterre, tam1poco es grano de anís. Con este hombre no tenga usted cuídado: es el me62

LA PLUMA
jor guía de Galicia, habla inglés y francés, y le servirá de agradable compañia.
Ya entonces había yo reflexionado que con volver a Padrón sólo conseguiría gastar tiempo, y que el intento de hacer castigar al individuo
aquel no me reportaría ventaja alguna; además, como me parecía un tunante :n toda la extensión de la palabra, tan buena era la compañía de
cualquier otra persona como la suya. Manifesté, pues, mi resolución de
segui~ a~elante, le diJe que se volviera, y le conjuré por Dios a que se
arrep~ntlese de sus culpas. Vencedor en este punto, pensó sacar nuevas
ventaJas; se colocó a una vara delante de la jaca, y me dijo que el precio
que yo me había comprometido a pagar por el alquiler de la jaca (todo
lo que me pidió, dicho sea de paso) era muy poco, y que antes de continuar había de prometerle dos duros más, pues sin duda estaba loco 0
boi:racho al hacer el t~ato conmigo. La cólera me dominó por completo,
Y sm pararme a reflexionar metí espuelas a la jaca, que le derribó en el
P?lvo ~ le pasó p_or enc_i~a. A cien varas de distancia volví la cabeza y le
VI en_ pie en el mismo sitio; el sombrero caído en el suelo, y que sin dejar
d: m1rarnos se santiguaba con mucha devoción. Su criado, o Jo que fuese,
leJos de socorrer a su principal, en cuanto la jaca se movió echó a correr
a .su lado, sin proferir palabra, 01· h acer otro comentano
· que golpearse
vigoro~mente u~ muslo con la mano derecha. No tardamos en pasar de
Esclavitud, Y un ln~tante después volvimos a la izquierda, metiéndonos
por ~n sendero desigual Y pedregoso que llevaba a unos maizales Pasamos Junto ª varios caseríos, Y llegamos, al fin, a una cañada cuya~ laderas estaban cubiertas de bl
'
.
ro es enanos, y que descendía suavemente hasta un nachuelo obscuro somb d
,
rea o por los árboles, que atravesamos por
u~ tosco puent~cillo. Ya entonces había tenido tiempo de examinar detem damente de pies cabeza a mi singular compañero. Su estatura estíráo ose todo lo posible quizá h b'
11
'
d
'
u tera egado a cinco pies y una pulgaª• pero el hombre tenía ciert t d ·
habla dotado de in
a en e~c1a a encorvarse. La Naturaleza le
que entre la . mensa cabeza, ponténdosela a ras de los hombros, por•
cuello A
t:zas q~e entraron en su composición faltó, por lo visto, un
.
a os se alanceaban unos brazos largos y musculosos. Era,

ª

lo:

63

�LA PLUMA

LA PLUMA

·i :

1

61" d como la de un atleta. Sus.
en conjunto, de armazón tan fuer!e
~ :u rostro, largo, largo, hubiera
P iernas eran cortas, pero muy gi e '
t o humano a no haber la
t
me1·anza con un ros r
,
.
guardado cierta remo a se
do su sitio natural a la nanz,
hos o1· os parados usurpa
b
boca tuerta y los anc
, de tres prendas: som rero
. . • 'bl Su vestido se compoma
que era casi mv1s1 e.
d I
ie1·0 y andrajoso; una esped
a y angosto e a as, v
'6
portugués, ancho e cop
b d Quise trabar conversac1 n
lzones de tela ur a.
é
cie de camisa, y unos ca
·¡ dor me había dicho, le pregunt en
con él, y, recordando lo que el alqu1 ª1 fi . de guía Al oirme volvió los
b . d ·empre en e o c10
.
6
inglés si babia tra aJa o ~1 .
clavándomelos en el rostro solt
ojos ~acia mí c?,n expresión s~~!~~:~ :res veces por encima de su cabeuna nsotada, d10 un salto y p
,
e babia entend'd
1 o,. r epetí fa pregunta en francés,
za. Comprend1 que no m
1 . el salto y las palmadas. Al cabo, en
y me respondió de nuevo con a nsa,

'

' 1

1

l.¡¡,
1 11

'

'

1

1

mal español, dijo:
de Dios y le entenderé a usted,
h bl n español por amor
,
Oí 1
-Mi amo, a e e
'
d prometerle otra cosa.
0
Y mejor aún si habla en gallego; no lpue o embustero de la tierra, y le
'lado
.
pero
es
e
mayor
lq
que le decía el a uz
r, al rometerle que le acompañaría. A su serengañó a usted en eso, como p
l hora dejé el profundo mar y
vicio estoy por mis pecados; que en ma
me dediqué a guía.
.
de oficio y que había pasado
de Padrón marinero
,
1 .
Me contó que era
'
d
-ola· sirviendo en el a, v1rte de su vida en la Escua ra espan ' la mayor pa
d la América espanola.
sitó Cuba y otras muchas p~rtes ~ d"
usted que yo sería un buen
-Cuando mi amo-contmuó- ed llJO ~ . verdad que ha salido de
. . 1 d" la verda , a umca
d
compañero de v1a1e, e lJO
11
. Finisterre se habrá uste
. ucbo antes de egar
su boca en un mes, ~
1 amo haya venido con usted; m1 amo
alegrado de que el cnado, y no e
,
d
do y yo soy como uste ve.
es muy torpe y muy pesa , 1
l ió a reirse a carcajadas y a pa1Dió dos o tres saltos morta es, vo v

ª

•

motear.
continuó-que ayer vine de La
-Seguramente no se figura usted- 11
os a Padrón a las dos de
•
uy buena carga· egam
h
Coruña con esa Jaca y m
.
' o estamos dispuestos a acer
la madrugada, y, a pesar de eso, la Jaca y y
64

este nuevo viaje. Como dice mi amo, no tenga usted cuidado; nadie ha tenido queja de la jaca ni de mi.
Hablando de esa suerte recorrimos un buen trecho del camino, por
terreno pintoresco, hasta llegar a una aldea muy linda en la falda de una

montaña.

-Este pueblo-dijo el guía-se llama Los Ángeles, porque su iglesia
la hicieron los ángeles hace ya mucho tiempo; debajo de ella pusieron
una barra de oro traída del Cielo, y que había servido de viga en la propia casa de Dios. Va por debajo de tierra desde aquí hasta la catedral de
Compostela.
Atravesamos el pueblo, que, según me dijo también el guía, tenía unos
baños muy visitados por los santiagueses. Torcimos hacia el Noroeste,
dando la vuelta a una montaña que alzaba majestuosamente sobre nuestras cabezas su cumbre coronada de peñascos desnudos; a nuestra derecha, en otra orilla de un valle espacioso, corría una elevada cadena de
montañas, que iba a enlazarse con las del Norte de Santiago. En la cima
de esa cadena alzábanse unas torres almenadas, llamadas de Altamira, al
decir de mi guía, restos de un antiguo castillo, ya en ruinas, que fué en
otro tiempo la residencia principal que los condes de ese titulo tenían en
la provincia. Volviendo después hacia el Oeste, no tardamos en encontrarnos al pie de un puerto muy empinado y escabroso, que conducía a
uaa región más alta. La subida nos costó cerca de media hora, y las dificultades del terreno eran tales, que más de una vez me alegré de haber
dejado nuestros caballos y de montar aquella intrépida jaquita; acostumbrada a los caminos, trepaba con mucho ánimo. y nos puso al fin, sin
daño, en lo alto de la subida.
Allí entramos en una choza gallega para reponer nuestras fuerzas y las
del caballo. El cuadrúpedo comió un poco de maíz, y los dos bípedos nos
regalamos con /n-oa } aguardíente, servidos por una mujer que encontramos en la choza. Salí fuera unos minutos a observar el aspecto del país,
Y al volver encontré al guía profundamente dormido en el banco donde
le dejé. Estaba sentado, muy tieso, con la espalda apoyada en la pared y
las piernall colgando a unas tres pulgadas del suelo, porque eran dema-

s

�LA PLUMA
él Cinco minutos lo menos estuve contemplansiado cortas para llegar a .
.
l de la muerte. Su rostro
f ndo y tranqmlo como e
.
do su reposo, tan pro u
fi
omías de santos y monJes que
h esas singulares son
me recordaba mue o
.
d los muros de los conventos en
tr en las hornacmas e
bl t
a veces se encuen an
. 1 b de vitalidad en su sem an e,
ruinas. No babia ni el _m_ás ~ge;~¡;;: ;:re~:r de piedra, tan informe y tan
que por el color y la ngtde p d
. d de Icolmkill que han desafiado
de esas cabezas e pie ra
,
e
tosco como una
.
Mirándole estuve hasta que empece as nlas intemperies de doce siglos.
ºd
d' haber huído de aquella malensando que la v1 a po ta
l n
tir cierta alarma, p
dí on fuerza por un hombro, y e trecha y extenuada máquina. L~ sacu cb do y luego los cerró. Durante
tó abrió los OJOS asom ra ,
,
d
tamente se esper ,
ºd . dóndé estaba. Le di voces
o con toda ev1 eoc1a,
unos momentos no sup ,
, d
·endo en luoar de llevarme
urmi
,
"'
b
P reguntándole s1• pensaba pasarse el dia
b l piernas arrebató el som rero
l .
se dejó caer so re as
,
.
a Finisterre; a o1rme,
r ó por la puerta corriendo y gnque yacía en la mesa, y en el acto sa 1
tando:
,
en un
-Sí, si, ya me acuerdo; s1game,
cap1ºtán , y le llevaré a Finisterre
vuelo.
.
todo correr la misma dirección que anLe seguí con la vista y tomó a
M vas a dejar aquí con la
e
tes traíamos-. Es pera-le grité-·' espera.
t ¿ Espera-.
Pero no volVI.ó l
1
J•aca? Espera; aún no hemos pagado e gas
to se perdió de vista. La
. h os
cabeza ni un instante, y en menos de ua
l mmu
h
comenzó a dar relmc
rincón
de
a
e
oza,
J·aca atada al pesebre en un
. de un modo extrano.
'
terroríficos,
a manotear y a erizar la cola Y 1a cnn
!ara
·
?
1
al ue temi que se estrangu
Tanto tiraba de ram , q
d qué significa todo esto
.
,
1 é ¿dónde anda uste Y
1
- Mu1er!-exc am - ,
·n t bién, y aunque recorn 1a
Pero la huéspeda había desaparec1 o am
obtuve respuesta.
choza dando fuertes voces, no
.
l s tirones que daba al ramal
Continuaban los relinchos de la ¡aca, y o
e ran cada vez más fuertes.
. do sobre la mesa una
~
ºté y arro1an
1
-¿Estoy rodeado de _ocos.-~n:rle el bocado, pero no lo consepesela desaté el caballo e tntenté p ó 1 . a a tirar hacia la puerta,
gui. Apenas solté el ramal comenz a 1ac

º:

66

ª

LA PLUMA
a despecho de cuantos esfuerzos hice para impedirlo.-Si te escapas
-dije -mi situación va a ser divertida.-Pero todo tiene remedio; de un
brinco monté en la silla, y un instante después el animalito me llevaba, en
repido galope, por un camino que supuse sería el de Finisterre.
La situación, divertida para el lector, era para mí bastante apurada.
Hallábame a lomos de un caballo fogoso, sin medio alguno de gobernarlo,
a todo correr por un camino peligroso y desconocido. No parecía ni rastro
del gula, ni encontré a nadie a quien pedir noticias. La verdad es que,
dado caso de alcanzar a un pasajero o de cruzarme con él, apenas habría
tenido tiempo de dirigirle la palabra: tan veloz era la carrera del caballo.
c¿Estará este animal enseñado a estas cosas?-pensaba yo-. ¿Me llevará
a una cueva de ladrones, que me corten el cuello? ¿No hace más que seguir por instinto a su amo?» No tardé en desechar ambas suposiciones.
La velocidad de la jaca amenguó; al parecer, había perdido el camino.
Miró en torno con inquietud; al cabo llegó a un arenal, pegó el hocico al
suelo, y de pronto se tumbó, revolcándose de una manera verdaderamente caballuna. No me hice daño, y al instante aproveché la ocasión para
ponerle el bocado, que antes llevaba colgado del pescuezo. Volví a montar y me puse a buscar el camino.
No tardé en encontrarlo, y seguí adelante. El camino iba por un yermo poblado de brezos y tojos y sembrado de pedruscos. El sol, ya muy
alto, calentaba de firme. Encontré alguna gente, hombres y mujeres, que
me miraba sorprendida, maravillándose, probablemente, de que una persona como yo anduviese sin gula por tales sitios. Pregunté a dos mujeres
si habían visto a mi guía; pero no me entendieron o no quisieron entenderme, Y después de cambiar entre sí unas pocas palabras en uno de los
cien dialectos de Galicia, siguieron su camino. Luego de atravesar el
descampado, llegué de improviso a un convento al borde de un profundo
barranco, por cuyo fondo corría un rumoroso arroyo.
. El lugar era bello y pintoresco; espesas arboledas poblaban las vertientes del barranco; del otro lado surgía una montaña alta y obscura. El
convento, muy capaz, parecía abandonad~. Pasé junto a él, y al instante
llegué a una aldea, tan desierta, por las muestras, pues no hallé ser vivien67

�LA PLUMA
LA PLUMA
te, m siquiera un perro que me saludara con sus ladridos. Me detuve en
una fuente de piedra, que vertfa sus aguas en una pila. Sentada en la pila,
con los brazos cafdos y los ojos clavados en la montaña vecina, estaba una
figura humana, que aún se presenta frecuentemente a mi fantasla, sobre
todo cuando duermo y me oprime una pesadilla: era mi fugitivo gula.
Yo.-Buenos dfas tenga usted, caballero. El tiempo está caluroso, y ese
agua exquisita convida a beberla. Tentado estoy de apearme y regalarme
con un trago.
EL GUfA.-Su merced no puede hacer mejor cosa. Hace mucho calor,
en efecto; lo mejor es que beba un poco de agua. También yo acabo de
beber. Pero le aconsejo que no dé agua al caballo, está jadeante y muy
sudado.
Yo.-Ya puede estarlo. He venido galopando lo menos dos leguas en
busca de un individuo que se comprometió a llevarme a Finisterre, pero
que me ha abandonado de la manera más exrraña del mundo: tanto, que
he llegado a creer que era un bandido, no un hombre honrado. ¿No le ha
visto usted, por casualidad?
EL GUfA.-¿Qué señas tiene?
Yo.-Bajo, grueso, muy parecido a usted, giboso y, con perdón de usted, muy feo.
EL GUfA.-¡Ja, jal Le conozco. Hemos venido corriendo juntos hasta la
fuente, y aquí me dejó. Caballero, ese hombr1t no es un ladrón; si algo es•
es un nuveiro, un hombre que anda por las n ,bes, y que, a veces, un soplo de viento se lo lleva. Si alguna vez vuelve usted a viajar con ese hombre, no le permita beber más de una copa de anis cada vez; de lo contrario, se subirá a las nubes, le dejará a usted y andará por ahi corriendo
hasta que dé con un arroyo, o pegue con la cabeza en una fuente; entonces, con un trago, vuelve a ser lo que era. ¿De manera, señor, que va usted a Finisterre? Pues vea usted qué rareza: un caballero !muy parecido a
usted me ajustó esta mañana para que le llevara allí también; pero se me
ha perdido en el camino. Me parece lo mejor que continuemos juntos hasta que encuentre usted a su gula y yo a mi amo.
Podian ser las dos de la tarde cuando llegamos a un puente, largo y
68

~inoso, muy antiguo al parecer, llamado, según el guia, puente de D
onso. ~travesaba una ensenada, o más bien una rfa, por ue el m on
estaba leJos; a nuestra derecha quedaba la pequeña ciudad ~ N
ar no
-Cuando at_ravesemo~ el puente, capitán-di" 0 el uf _::. oya.
a país desconocido, porque yo no he pasado nun~a d gNa , llegare~~s
terre, no sólo no he estado allf
. . . e oya, Y de Fm1s•
preguntado a dos o tres
nunca, pero nt siquiera he oído hablar. He
personas, desde que nos pus·
saben tanto como yo. Sin embargo bien . d
imos en camino, y
es seguir hasta Corcubión a u ' .
mira o todo, creo que lo mejor
,
nas cmco leguas de aquf d d
.
antes
de
cerrar
la
noch
.
d
,
a
on
e
quizá
11eguemos
.
e si amos con el cam·
quien nos gule; porque, como ya le h d" h
mo o encontramos
soluto.
e •c o, yo lo desconozco en ab. -~n buenas manos he caído-res ondl- C
Jor es ir a Corcubión y allf qu· á
p
. reo, en efecto, que lo me'
tz sepamos algo d F" ·
tre un gula que nos lleve.
e imsterre y se encuenEntonces, con nuevos brincos
b .
pido, deteniéndose a veces en
y ; ; nolas, echó a andar con paso ráformes, supongo yo aunqu
una e za con el propósito de adquirir in,
e apenas entendí una palab d 1 .
Y
sus
interlocutores
hablab
ra e a Jerga en que
él
an.
A poco llegamos a un terreno por demás a rest
mos y bajamos barrancos· vad
g
e y montuoso. Subi'
eamos arroyos y nos a ñ
1
manos en las zarzas, deteniéndonos a v
,
ra amos a cara y las
que había cosecha abundante p
e~es a coger moras silvestres, de
despacio. La jaca iba detrás d. 1 orí cammo tan duro avanzábamos muy
en el hombro con el hocico
gu, a, tan pegada a él, que casi le tocaba
.
.
pa1s era cada vez má á
que de1amos atrás un mor
.
s greste, y una vez
molino estaba en el fo dmod, ya no v_imos rastro de vivienda humana. El
n . e h una
hondonada, som breada por grandes
'
árboIes, y sus ruedas, al girar,
acfan un ruid tr·
.-¿Llegaremos a Corcubión esta n
o iste y monótono.
salir del valle, nos encont
oche?-pregunté al gula cuando al
ramos en un descamp d . lf .
'
L GUIA.-No· no pod
a o sm m1tes, al parecer
1E
'
emos, y este desea
d
.
so va a ponerse en seguida e
mpa o no me gusta nada. El
remos a la Estmka.
'y ntonces, como haya niebla, nos encontra-

;I

°

69

�LA PLUMA
LA PLUMA

1 .

1

'¡
'1

Yo.-¿Qué es eso de la Estadea?
EL GufA.-¡Qué es eso de la Estadea! ¿Me pregunta mi amo qué es
la Estadi'nha? No me he encontrado a la lfstadz'nha más que una vez, y
fué en un sitio como éste. Iba yo con unas mujeres, y se levantó una niebla muy espesa. De pronto empezaron a brillar encima de nosotros, entre
la niebla, muchas luces; había lo menos mil. Se oyó un chillido tremendo,
y las mujeres se cayeron al suelo, gritando: ¡Estadea, Est~a! Yo también me caí y gritaba: ¡Estadinha! ¡Estadinha! La Estadea son las almas
de los muertos que andan encima de la niebla con luces en las manos. Con
franqueza, mi amo, si encontramos a las almas, me escapo y no paro de
correr hasta tirarme de cabeza al mar. Esta noche ya no llegamos a Corcubión; mi única esperanza es que encontremos por aquí una choza donde
podamos defendernos de la Bstadt"nha.
La noche se nos echó encima antes de atravesar el despoblado; pero
no hubo niebla, con gran contento de mi guía, y un pico de luna alumbraba parcialmente nuestros pasos. Estábamos, sin embargo, en una situación muy triste: aquel era el páramo más desolado de la provincia más
agreste de España, ignorábamos el camino y apenas si sabíamos adónde
íbamos. porque el guía me dijo repetidas veces que no creía en la existencia de un pueblo llamado Finisterre, que sería, todo lo más, alguna montaña
solitaria señalada en el mapa. Si me ponía a reflexionar sobre el carácter
de mi guía, no encontraba grandes motivos de tranquilidad ni de aliento;
en el caso más favorable, era evidentemente un hombre medio tonto, SU•
jeto, por confesión propia, a ciertos paroxismos que no se diferenciaban
e!'!encialmente de la locura. Su insensata huida de cerca de tres leguas,
aquella misma mañana, sin causa aparente para ello, y últimamente su
loco y supersticioso temor de encontrar a las almas de los muertos en el
despoblado, caso en el que se proponía, según me dijo, abandonarme y
correr en busca del mar, me impresionaron fuertemente. Pensé también
en la posibilidad de que no estuviésemos en el camino de Finisterre ni en
el de Corcubión, y resolví acogerme a la primera choza que encontrásemos, para no correr el riesgo de rodar a un precipicio y rompernos la
nuca. Pero no se veía cabaña alguna; el despoblado parecía intermina-

ble, y por él anduvimos hasta que se puso la luna, dejándonos en casi
total obscuridad.
Al cabo llegamos al pie de una cuesta muy escarpada, a la cual subía
un agrio sendero.
-¿Será este nuestro camino?-pregunté al guía.
-No nos queda otro, capitán-respondió el hombre-. Subiremos, y
cuando estemos arriba veremos el mar, si es que está cerca.
Eché pie a tierra, porque subir a caballo por tal sendero en plena
obscuridad hubiese sido locura. Trepamos en hilera: primero, el guía; detrás, la jaca, con el hocico pegado, como de costumbre, al hombro de su
amo, a quien quería apasionadamente, y yo a retaguardia, agarrado con
la mano izquierda a la cola del caballo. Dimos muchos traspiés y más de
una caída; cierta vez rodamos todos por la falda del cerro. A los veinte
minutos llegamos a la cima; miramos en torno, pero no vimos el mar; un
páramo obscuro, apenas entrevisto, se extendía, al parecer, por todos
lados.
-Vamos a tener que acampar aquí hasta mañana-dije yo.
De pronto mi guia me tomó una mano.
-Allf hay lume, senhor-decla-; allf hay lume.
Miré en la dirección que me indicaba, y después de esforzarme un
r~to, me pareció ver a cierta distancia, muy por bajo de nosotros, un débil resplandor.
-Eso es luml'-exclamó el guía-, y procede de la chimenea de una

choza.

A la bajada del cerro vagamos sin rumbo no poco tiempo, hasta que
nos encontramos en medio de seis o siete chozas negras.
-Llama a la puerta de una cualquiera-dije al guía-y pregunta si
pueden darnos asilo por esta noche.
Así lo hizo, Y al instante apareció un hombre con una tea encendida
en la mano.
-¿Puede usted guarecer a un cabalhet"ro contra la noche y la estadeaJ
-preguntó el guía.
-Sí puedo, gracias a Dios-dijo el hombre.

�11

LA PLUMA

,,

I ¡

1'

l.

1

,,

Era de figura atlética; no llevaba zapatos ni medias, y, en conjunto, le
encontré muy parecido a los campesinos de los pantanos de Munster.
-Hagan el favor de entrar, caballeros; podemos acemodarlos a ustedes y también a la cabalgadura.
La choza donde entramos estaba dividida en tres compartimientos; en
el primero había yerba, en el segundo estaban las vacas y en el tercero la
familia, compuesta del padre y la madre del hombre que nos babia abierto y de su mujer e hijos.
- Usted es catalán, señor caballero, y va a buscar a sus paisanos de
Corcubión-dijo el hombre en regular español-. ¡Ah! Ustedes los catalanes son buena gente y tienen muy buenos establecimientos en las costas
gallegas; la lástima es que se llevan todo el dinero fuera del país.
No tengo, en cualquier circunstancia, el menor inconveniente en pasar por catalán; en aquel caso más bien me alegré de que una gente tan
salvaje creyera que yo tenía en las vecindades amigos poderosos y compatriotas que estaban, acaso, aguardándome. Favorecí, pues, su error, y
empecé a hablar, con fuerte acento catalán, de la pesca en Galicia y del
impuesto sobre la sal, El guía me miró ua momento con expresiói:i singular, entre seria y burlona; sin embargo, no dijo nada; se dió un palmetazo
en el muslo, como de costumbre, y pegó tal brinco que casi dió en el techo con su risible cabezota. Preguntando, supe que aún faltaban dos
leguas hasta Corcubión, y que el camino, por cerros y páramos, era
difícil.
Nuestro huésped nos preguntó si teníamos hambre; le respondimos que
sí, y trajo una docena de huevos y un poco de tocino. Mientras se aderezaba la cena, mi guía sostuvo con la familia una 13:rga conversación; pero
como hablaban en gallego no pude entenderlos. Creo que principalmente
se referían a brujas y hechicerías, porque nombraban mucho la estadea.
Después de la cena pregunté dónde podría descansar; el huésped me señaló una trampilla en el techo, diciendo que encima había un desván a
propósito para dormir, y en él encontraría paja limpia. Por pura curiosidad
pregunté si no habla en la choza ninguna cama.
-No-replicó el hombre-; ni las hay hasta Corcubión. Yo nunca me
72

LA tPL UMA
he acostado en cama, ni nadie de mi familia; dormimos en el suelo O en
la paja con el ganado.
Como viajero experto me abstuve de lamentarlo; subí por una escalera al desván, bastante ancho y casi vacío; puse la capa por almohada y
me tend( en las tablas, prefiriéndolas por más de un motivo a la paja. Durante un buen rato estuve oyendo a la gente aquella hablar en gallego, y
~ntre los intersticios del piso vefa los resplandores de la lumbre. Las voces se extinguieron poco a poco; el fuego se fué apagando y dejé de verlo. Me adormecí, desperté, me adormecí de nuevo, y caí por último en
profundo sueño, del que sólo desperté al segundo canto del gallo.

G.BORROW.
(Traducci611 de Manuel ~aiía.)

73

�LA PLUMA
1

l1

desprende un amigo, tendiendo la mano, a hablar de todo menos de
arte. Lo mismo que la Exposición Nacional.

11

I'
1
1

1

1

* *

Ceónicas

1

'

1,

de "la Dame de Cozue".

Para verla hemos tenido que volver otros días. La Dame de Creur
no ha perdido aún todas sus ilusiones. Todavía se figura que lamaravilla está acechando detrás de una puerta, y que sólo aguarda a que
la busquemos para mostrarse. ¡Ay! ¡Malogrado optimismo, expuesto
sin cesar a los golpes más rudosl
Cn «amigo del arte»-en el pequeño sentida de la palabra-,.
acompaña a la Dame de Creur.

Sa(ón.

E inauguró

1,

I

1

'

1

1

1

S

-Enséñeme usted lo esencial de la Exposición, lo indiscutible, lo
nuevo.

1

lo que llaman Exposición Nacional de -~ellas Artes
el 1.º de junio. En los jardines, todas y todos, se apmaban frent~
a las escalinatas inaccesibles aún para resolver, cada cual
s1,
una seria duda: ¿Está el Rey más pálido? ¿Está más delg~d:i. la Rema?
Cuando aparecieron en el pórtico, entre uniformes y levitas, Y desfiló la tropa, y resbalaron hasta el pie del palacio los charolados ~~tomóviles, ya la duda estaba resuelta, Poco después t~dos se precipitaban al asalto de las salas francas, dejando sola, banada en la verde
luz de las frondas, con raros manchones de sol en el cuerpo, a la Serenidad de Ciará que no se atrevía a seguir al público.
Un primer vi~tazo a las salas justifica plenamente 1~ actitud ~e la
diosa. Cierto que hay allí, visibles desde la entrada, mas c~mpaneras
suyas; pero sin duda las conoce bien y lo demás no le mteresa. A
nosotros, francamente, tampoco. Buscamos, entre la muchedumbre,
una sonrisa de amiga, una toilette, no un cuadro: a veces, por entre
dos cabezas, asoma un lienzo espantoso; pero ya, por fortuna, del
todo Madrid que se apretuja, sudoroso y risueño, entre los cuadros, se
74

Pº:

Él vacila un poco y se para delante de un Julio Moisés, un retrato
. de mujer joven, con ciertas pretensiones de elegancia. La Dame de
Creur ha debido hacer una mueca, porque su acompañante ha pasado de prisa a otro asunto. Ahora están los dos ante Za Senda, de·
Alcalá Galiano:

-A usted como mujer le interesará esto.
¿Como mujer? ¿Qué idea de la mujer tiene mi encopetado amigo?
A una mujer pueden interesarle las monjas, y hasta puede ser monja
ella misma, cosa imposible para un hombre, fuera de los cuentos de
Lafontaine (1).Pero ¿éstas.. .? ¡Ni pintadas! Es decir, ni aunque estuvieran bien pintadas. Esas monjas, ese mar, esa fantasmagoría de lu:c
que no parece sino el gabinete iluminado por bombillas rojas de las
casas cursis, no son de este mundo. Más de pintor hubiera sido el baño
de las monjas. Pero, para un asunto así, hay que tentarse la ropa... y
quitársela al modelo.
El acompañante quiere mostrarnos un Huidobro que nos rubori(1) ¡Qué horror de cita! ¿Qué pensarán de mí los eruditos? Dése por retirada.
75,

�LA PLUMA

111

,

1¡: 1

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1

1

11

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1

¡,

.za, a pesar de que estamos curada (así en singular) curada de espanto, y huimos, no tan de prisa como de otra sala, para imitar a la S11!0mé, que, en el fondo de ella, huye para ocultar una cabeza que ha robado, o quizá para que no vean 'iUS malas formas.
Hemos sonreído a unas criaturac; cte Hermoso que nos enseñan
los dientes, nos han atraido como en una tienda de chamarilero los
•. cacharros talavereños, los encajes de Lagartera, de Ramón de Zubiaurre, y en un gran Vázquez Díaz se ha encendido de repente a
nuestros ojos el arabesco de llama del San Mauricio de Teotocópuli;
sólo que aquí es una llama de alcohol, muy tenue. Pero éste es un
pintor. Si sus toreros no bastaran, véase un retrato de mujer, metido
en un rincón por el clarividente Jurado. Un retrato superior a casi todos los del concurso, al de Piñole, a la Madre de Grosso, a los de Zaragoza. Algún Llorens, algún Frau, algún Gómez Alarcón, algún Meifrén (sin que se enteren mis amigos, que no me lo perdonarían nunca) me atraen. ¿Y los Solanas? Si el ~amigo del arte• me dejara verlos
bien, yo los preferiría a toda la Exposición ... Pero me lleva ante unos
paisajes que le extasían y le hacen abrir mucho la boca: Regoyos.
.¿Regoyos? Migajas de Regoyos, honradas ahora por los mismos que
le colgaban, vivo, en la sala del crimen.
Pregunto:
-¿Y los maestros?
He ahí a Chicharro, distinto esta vez de su manera habitual, me
-dicen. A mí me parece que si Dolor no fuese de Chicharro merecería
serlo; y me parece con su mesa rústica y sus enlutadas figuras de
pueblo, tan artificioso como el tríptico de Armida. Ahí está Rusiñol,
con un paisaje, para no hacernos olvidar sus lienzos en que la Naturaleza se quedaba encantada, y Mir, con obras de menos quilates que
otras veces, bastantes, sin embargo, para sorprender al que no le conozca. Y nadie más...

LA PLUMA
Los maestros ya no van a las Exposiciones, o van por compromiso, o por la medalla de honor. En la Exposición de este año hay obras
estimables: faltan los diez o doce cuadros que hacen una Exposición
y a cuya sombra los mediocres parece que ganan.
Comparada con la pintura, la escultura es aún más mezquina. Ciará es imponente; el torso de Inurria me ruboriza; los otros... ¡Hace
tanto calor y está tan lejos y va tan poca gente al palacio de cristal!

***
-Una eximia escritora-no hemos de nombrarla-fué, hace años
elegida para la presidencia de una sección liter~ria en cierta doctt
casa que tampoco mencionaremos. Cuéntase que, reunidos por ella
en su morada particular, los individuos que formaban la sección detuviéronse a contemplar un busto de la dama, hecho tiempo atrás' por
un artista de renombre.
. L~ eximia escritora, dirigiéndose a uno de sus compañeros de sec
ción, llustre autor dramático, y mirando complacida la obra de arte
le preguntó:
'
-¿Verdad que entonces era yo muy hermosa?
El autor de Canción de cuna-ya dijimos que no nombraríamos a
nadie-, un poco azorado, contestó:
-Señora, y todavía...
En esta Expos1c10n
· · · Nac10nal
·
1 las Artes parecen formular una pre- guata análoga:
-¿Verdad que todavía somos bellas?
La Dame de Creur se azora y no sabe qué contestar.

LA DAME DB CCBUR

.76
177

1 1

�LA PLUMA

... castillo famoso.

M

está sin hacer porque lo hemos pensado po~o. M~drid crece en libertad, como zarza al borde de un camtno. S1 pensásemos más en él , Madrid seria una proyección de nuestro espíritu; a
fuerza de explicarnos Madrid unos y otros, acabaríamos por crearlo. Lo
contrario sucede hoy; cuantos aceptan el Madrid carreteril y polv iriento
que la espontaneidad desenfrenada va formando, y pretenden extraer de
la pobreza triste de lo pintoresco madrileño un valor duradero, se encierran, con abnegación poco envidiable, en una perspectiva no más amplia
que el horizonte de la calle de Tudescos y llevan a su esplritu, por todo
fermento, un puñado de broza municipal. El apetito de una mente activa
es sobreponerse al medio que la rodea, y transformarlo, adaptándolo a su
norma.. Mi ambición, es claro, no llega a tanto: la indolencia me retiene,
y el alma de déspota constructor que llevo dentro, dormita. Pero si yo
pudiese derribar Madrid (sin exceptuar la fachada del Hospicio, ¡qué diablo!) y, cediendo al insinuante Tentador, me comprometiese a reedifi-:arlo
en tres días, no iba á formarlo a imagen y semejanza de un concejal. Sin
ofensa de nadie, el alma de un concejal es el último arquetipo a que uno
quisiera acudir. La mente crea, por decirlo así, la realidad, y el concejal es un ser increado que se inserta en ella sin que nadie le llame y, por
,añadidura, la administra.
AL&gt;RID

11

78

Años hace, hablaba yo con un edil no del todo mal intencionado. Le
conocí de vista mucho tiempo antes de su advenimiento a la concejalía: corpacho musculoso, poca alz.ida, bigotes foscos y mofletes colorados. Vestido con una blusilla a rayas azules, y liado a la cintura un mandil
/ verde, cruzaba a diario por mi calle a la misma hora, de vuelta del matadero. Acompañábale un camarada y llevaban al hombro uno5 dornajos,
llenos, al parecer, de las sustancias innombrables de que hacían provisión para su casquería. Avanzaban con andar solemne, echando a compás
los remos protegidos por gruesos zapatones, y departían en un castellano
cazcarrioso, difícil de reconocer bajo aquella prosodia de la periferia. Pasado algún tiempo, le vi una noche en el palco municipal del Español:
más gordo, con piedras preciosas en los dedos, raya hasta el cogote y
mostachos corniveletos, mal domados por las tenacillas. Era cacique electorero, miembro de no sé qué partido histórico y primera vara del Municipio. Pasaba por ser un tipo madrileñisimo y él se lo creía. Ante todo,
estaba por Goya, y con ferocidad de hiena pugnaba por desenterrar el
cuerpo del pintor para llevarlo a la rnargen del rio, donde, a su parecer,
se pudriría más a gusto, arrullándole el sueño los pianos de la Bombilla.
Era entusiasta de la BANDA MUNICIPAL, cuando aún nos la envidiaba
el extranjero, y todos los veranos, durante la época de su mando, organizaba por Santilgo un desfile de la e histórica guardi I amarilla., tropel de
bigardos que daba escolta a una procesión de barrio, ofreciéndonos un
trasunto emocionante de nuestras vetustas glorias. En cuanto me aventuré a decirle que 1~ verbenaa son fiestas horrendas, tan faltas de amenidad como sobrada~ de aceite frito, se enfadó y me echó el fallo, llamán•
dome intelectual, con lo que me di por muerto en su aprecio. A pesar de
este fracaso, podría rehacerse Madrid metiendo en el cerebro de sus cachicanes lo que otros han pensado. Ninguna imposibilidad racional se
opone a ello. Si el filósofo animaba una estatua acercándole una rosa a la
nariz, podría probarse a poner un entendimiento concejil al alcance de
una idea; por mucho que digan, acaso le hiciera tanto efecto como al
bloque de mármol la fragancia de la flor. La dificultad nace del número.
Tan enteco y desmedrado está Madrid que no es capaz de digerir y asi79

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LA PLUMA

LA PLUMA
milacse el aluvión irrestañable de seros «primarios• que de todos los ámbitos de la Península viene sobre él y le pasa por encima. «Todos los días
entra un tonto por la puerta de San Vicente•, se decia antaño; esa estadística, establecida acaso por un timador, me parece fraudulenta; pero
aun siendo exacta, Madrid no tiene solera bastante para ennoblecei; al
tonto que viene por la puerta de San Vicente ni a los que entran por las
otras puertas. Madrid no es un hogar prei.tigioso. Es un parador. O si se
quiere, un campamento donde lai. generaciones se suceden como caravanas, y cada una encuentra por todo legado de las precedentes los tres
cantos ahumados en que se pone a hervir el put:hero.
Si no existe una idea de Madrid es que la villa ha sido corte y no capital. La función propia de la capital consiste en elaborar una cultura radiante. Madrid no lo hace. Es una capital frustrada como la idea política
a que debe su raniº· La destinaron a ciudad federal de las Españas, y en
lugar de presidir la integración de un imperio no hizo sino registrar hundimientos de escuadras y pérdidas de reinos. No conoció los tiempos de
esplendor. Carecía de fuerza propia, al revés de aquellas repiblicas de
mercaderes que arribaban a la cultura superior ahítas de riqueza. No tuvo
tampoco un tirano de gran estilo, de esos que sacian su amor a la yloria
levantando monumentos. Iba a ser emporio de dos mundos y quedó reducido a sede de una dinastía de locos, albergue de millares de frailes,
donde pululaban unos burgueses famélicos a quienes se permitía vivir
en casuchas inmundas emparedadas entre los conventos y los palacios
de la grandeza. El pueblo siempre ha estado ausente de la historia de
Madrid, salvo para gritar de hambre; y salvo también aquel día, madrileño como ninguno, en que se sublevó al saber que le ral?taban un infante que por casualidad era imbécil. Madrid, macerado por la pobreza
y aislado del mundo, no ha conocido más gloria ni diversión que las pompas regias. Tres siglos se ha pasado comentando los saraos palatinos,
los bailes de la grandeza y los entierros, corridas y bodas reales.
Madrid, extasiado ante las carrozas de los reyes, admiraba el esplendor
luiscatorceno de los arneses con orgullo apenas velado por una sonrisa
de superioridad benévola, como si alabase con ligereza elegante blasones
So

propios. Y ahora que la corte se ~ierde cada vez más en la baraunda de
la villa en auge, nos cuesta trabaJo captar la admiración y el respeto de
las tribus alcarreñas.
Pero el caso es que España necesita un Madrid Part1·endo de
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de Espana,
~ Ma d n·d se obtiene
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por pura deducción· Co
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drid participa de la perennidad de una idea que t l.
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BL PASBANTB BN CORTE

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�LA PLUMA

el espícitu público en fcan::
cía ducante el atmistícío.
1.-Rawn de una ac.titud peesonaL

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no pretendo que desde hoy se tome por defi~it~v~ mi punto
de vista, creo que se puede hablar del año d~l ar~1st1c10 como de
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lar por que ha pasado la conc1enc1a francesa, y del
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más leJ·os. El tiempo que media entre e 1n e as
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tifiicación de la paz es una etapa de mcertt um re y
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1 . d No era ya la guerra; pero la sociedad movilizada para la e ensa
::1t~dÍa volver a sus antiguos quicios con
misma pron~itud que los
dej!, ni era tampoco posible que los combatientes, ya estuviesen ena~decidos por la victoria, 0 exasperados por las penalidades de la· campana, o
• lemente deseosos de soltar la pesadumbre de las armas, se acomodasimp
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ran de buenas a primeras al blando descuido de la v1 a c1v1. arec~ co
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111• entre e ¡ momento el.e abandonar la trinchera y el de zambulhrse
nuevo en la oficina O en el taller hubiese habido una parad~, un s1lenc10
solemne, en que el espíritu público, recogido sobre sl mismo, esperó.
Subsistía la tensión de las almas; los pechos se hablan esforzado tanto
UNQUE

.1ª

que albergaban naturalmente la esperanza en una paz de grandeza moral
equivalente el sacrificio cumplido en la guerra. La opinión pública se cebaba de ilusiones y proy!ctos: el pais, salvado de la destrucción con tanta gloria (ignorábase aún a cuanta costa) iba a inaugurar una vida grandiosa. Germinaba el deseo de renovarse; más que deseo, era la convicción
de la ne~sidad de inventar. Todo tendria que ser nuevo: la economía, la
democracia, la universidad, el arte, el ejército; todo nuevo, y muy francés;
decíase que la nación, por salir depurada de aquel trance, y luego de hacer un leal examen de conciencia, iba a consagrarse, al amparo de garantfas razonables y con el apoyo mural y material de sus aliados, a enmendar yerros antiguos y a restañar la sangre de sus heridas.
El mundo nuevo engendrado por los diplomáticos tardaba en nacer; y
al irritarse las primeras esperanzas insatisfechas se acentuaba la impresión de vivir en lo interino y provisional. La lentitud y el sigilo de las
negociaciones, el prestigio intacto aún de ciertos hombres, a cuya sombra se agrupaban ya intereses bastardos que pretendían alzarse con la representación del interés general, y el incansable celo de la censura, manten:an en suspenso el juicio público. Los tópicos de la guerra subsistian,
y aunque eran inútiles o falaces, casi nadie echaba de menos otros. La
gente se dejaba gobernar por consignas caducas: unión sagrada, silencio,
aplazamiento de las discordias políticas; durante un año, la acción de los
directores de Francia ha consistido en aplazar la discusión de los problemas planteados por la paz. Al despertar de una pesadilla de cuatro años,
la gente mostraba un buen humor y una conformidad inverosímiles. Cada
cual a su manera se puso a crecuperar el tiempo perdido,: o trabajando
o divirtiéndose. El ansia de innovar no era menor que la avidez de goces;
asl fué de fascinador el espectáculo de la capital en esos meses. Nunca
ha sido París más olvidadizo y jubiloso. Un himno a la vida parcela levantarse de entre las ruinas; costaba trabajo descubrir, bajo la máscara risueña, la fatiga y el aplanamiento verdaderos.
Si se quiere dar a la interinidad que representa el año 1919 su significación propia, debe ser mirada como el tiempo que le ha hecho falta al
espirito nacional para percibir, entre las alegrias y los bienes de la paz,
83

�LA PLUMA
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el costo de la guerra. El terrible contenido de la paz, es decir, el problcde rehacer un país arruinado y exangüe, ha tardado en revelarse a la
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conciencia francesa tanto como tardó la guerra misma en ap~rec rsele en todá su magnitud. Mas por fatigada o distraída que estuviese la
atenc1·ón pu'blica , se ha visto al fin compelida a echar ciertas
. cuentas;
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. hoy
.
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&lt;Yn"ra
en
Francia
la
pesadumbre
de
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La
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ya nad 1e 1.,, v
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•
•
ha ido haciendo poco a poco, por cammos muy diversos, ya que la sen~1bilídad para una misma cuestión es diferente según la _zona de la ~oc1edad que observemos. Desde la_ comprobació~ de~ despilfarro de vidas !
.
s hasta Ja del fracaso de ciertos valores 1mphcados
en la causa
antib1ene
.
.
.
alemana, pasando por la incomodidad actual de la vida, por las 10ext~1~ables dificultades económicas y por las amarguras y reveses de la pohuca
interna y exterior, no hay ahora ninguna consecuencia de
guerra que
no h aya Producido ya su máximo efecto en el ánimo..colectivo. Yo no he
hablado con ningún francés que no vea en las cond1c10nes de la paz un
chasco penoso. El sentir general ha ido moviéndose des~e la co~fiaoza
al desengaño. Si la unión de todos los franceses se cambió en untó~ de
todos los buenos franceses, hasta declarar «fuera de la ley de_ la nación»
a los proletarios intransigentes, la preven_ción contra lo_ extranJero ha paado a ser manifiesta hostilidad. El entusiasmo por el aliado generoso (en:usiasmo momentáneamente superior a las irreductibles diferencias de los.
caracteres nacionales) y la frialdad, entre burl?na y recelosa,_ con el neutral, son ahora aversión y desprecio. Las dificultades crecientes, al socavar la confianza y difundir la inquietud, hao incub~do un hu~or quebradizo, pesaroso, no limpio de encono. Quien descnba los cammos por
donde tal mudanza se ha operado, habrá escrito, en cuanto afecta a la
opinión francesa, la historia del armisticio.
.
El solo intento de esbozarla pone ante el curioso un caudal de hech~s
tan. fecundo en enseñanzas, que al escoger para estas notas lo~ más capitales me he visto en un apuro del que no sé si he logrado sahr. Trátase..
en suma , de sorprender el momento en que el país recobra
. la libertad para
.
uzgar y somete a discusión el azote de la guerra con ánimo de descubnr
~uién se lo ha impuesto y por qué motivos, o de parangonar los estragos

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1

•

84

LA PLUMA
materiales y morales causados por la guerra con el principio que obliga a
participar en ella &amp;in consultar la conciencia individual, o de sopesar los
frutos obtenidos de tan terrible trabajo, aun habiéndolo aceptado con
mansedumbre o con gusto. Por desacordes que estén las respuestas que
cada cual obtenga, y por intrincados que sean los numerosos problemas
de orden histórico, o económico, o politico, que al liquidarse la guerra se
- plantean, la preocupación mayor es de orden moral. Se trata de valorar la
guerra. El hombre-en este caso el francés-, rebelde a su destino, interroga al ídolo que le devora. Escogeré, pues, ante todo, un cierto número
de testimonios, ya sean juicios proferidos directamente sobre la guerra,
ya estén formulados por modo indirecto en obras de imaginación. Es ajeno
a mi propósito examinar la influencia de la guerra en la literatura; las novelas y comedias en que se estudia los conflictos morales por aquélla suscitados, obras compuestas bajo la impresión de los sucesos por quienes los
han visto y sufrido, tienen valor excepcional en esa galería de testimonios;
sólo por ello las citaré aquí. Igual motivo nos lleva a hacer el alarde de
ciertas cuestiones de orden político, cuyo fondo es, en definitiva, una apreciación de la guerra, propuesta, no por un observador solitario, sino por
masas en movimiento.
No estoy seguro de que a todos interese tanto como a mí esta cuestión,
que además de su importancia intrínseca me solicita con la emoción retrospectiva del camino recorrido para proponérmela. Pero no voy a asociar a
nadie por capricho a un mero episodio de una biografía intelect11al.
¿Adónde nos ha llevado la guerra? ¿Qué ha destruído en nosotros? Estas
son cuestiones de interés general. Las devastaciones más terribles no son
acaso las que se ven en los campos de batalla, sino los estragos en los espíritus, que no se podrá reparar. La observación del caso en Francia es el
medio de abarcar una cuestión que importa a todos, aislándola en un campo de experimentación local. No es la primera vez que procedo asi. El
examen de la sociedad española contemporánPa me ha llevado, como a
muchos, al de otra u otras sociedades europeas más robustas y activas.
En las cuestiones de orden moral y práctico, en las que la persona que
observa es a la vez actor y espectador, conviene buscar los lugares en que
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�LA PLUMA

1

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la razón pueda ejercer con frialdad su función crítka para que el deber de
probidad intelectual no se quebrante en provecho de otros apetitos, también nobles, que nos estimulan a la acción. De las diferentes vocaciones
que pueden ofrecerse en la vida, yo preferiría siempre aquella que más
en derechura me llevase a ser con plenitud hombre de mi tiempo, es decir a incorporar a mi vida personal todos los problemas que agitan el
m:dio social en que me muevo. Es más dificil de lo que parece conseguir•
lo. El desdén, la timidez, pueden despistarnos. Hay que confundirse y dejarse confundir; hay que aceptar de antemano las limita~iones que e~a
sumisión impone. Si la romería pasa por el llano, prefiero 1r en la romena
a epilogar sobre ella desde un otero; prefiero ir en la procesión a repi.car
en la torre. Puestos a considerar las cosas de España, lo que más me importa es determinar bien mis relaciones personales con el medio; ?radúo
los sucesos que me circundan en lo que valen como pábulo de mis apetitos. La confluencia de la vida intelectual, puramente interior, con la vida
social y exterior, hecha entre todos, es el torbellino donde uno quisiera
estar siempre, como en el foco donde se condensan todas las actividades.
La síntesis formidable en que la idea es una pasión y los conceptos banderas, quisiera verla realizada en cada minuto. Si el deber es discur~ir con
pulcriturl y ahinco, paréceme que en el orden de la acción lo heroico es
proceder como un sectario, conocidas de antemano las relatividades Y con
la resolución de agotarlas. El riesgo es aminorarse hasta perder de vista
el punto de partida y deformamos engañándonos a nosotros mismos. Pero
en las cuestiones de orden político, en cuanto la razón se aplica a ob11ervar lo que al corazón no le interesa, el placer intelectual puro arriba sin
obstáculos al primer plano. Observar un medio con el que no est'á uno ligado por ningún interés personal, en busca de una verdad o de una información, cualquiera que sea el fruto que pueda dar, es un ejercicio indispensable para que el equilibrio no se rompa; ejercicio que he practicado
por instinto en más de ur.a ocasión.
Nacido en pafs llano, cuando por vez primera, siendo niño aún, estuve
en país montañoso, lo que aprendí a conocer no fué tanto la montaña
como la llanura. Al comparar la sociedad española con cualquier sociedad
86

LA PLUMA
europea robusta, que viva plenamente en el fragor de la vida contemporánea, lo que se descubre es el tardo paso de nuestro pueblo, aspeado,
rezagado, divagador; y el contraste entre el destino normal de un español
y el de otro europeo, nos enseña que la prerrogativa que gozamos o el
permiso que nos tomamos para zigzaguear, dispersándonos sin esfuerzo
por entre las mallas de una sociedad sin cohesión ni disciplina, no es
compensación suficiente del fracaso cierto de nuestras vidas.
El azar, tanto como mi gusto personal, me llevó años hace a tomar la
sociedad política francesa como pantalla sobre la que proyectar la silueta
española, y ver qué tal parecía. En aquel tiempo Francia vivía según ciertas normas que eran la trasposición de la ideologia que uno fraguaba cuando, puesta la vista en España, se entregaba al placer de rectificar lo tradicional por lo racional. Parecía el ámbito donde sin menoscabo del fondo
peculiar de la nación, más hueco se abría a 'lo universal humano. La autoridad concedida al espíritu critico placía a la soberbia intelectual. Reconociamos en tales normas algunas de esas verdades que uno acepta a fuer
de hombre y por las que, intransigente y violento, quisiera combatir como
español. La pasión que a todos nos mueve en cuanto nos vemos implicados en los problemas nacionales y la atrac•ción irresistible de una verdad,
superior a las contingencias locales, juntaban así sus fuerzas. La oposición
de intereses en política se transforma en un fanatismo espléndido cuando
se combina con el desprecio hacia el hombre a quien vemos sumidv en
un yerro intelectual.
Al preguntarnos ahora lo que ha devastado la guerra en el espíritu
francés, queremos averiguar lo que permanece en pie de aquella ideologia, no sólo en Francia, sino en nosotros; cuál era su fuerza de resistencia
y hasta qué punto han cambiado, no sólo el pensamiento, sino nuestra capacidad de entusiasmo y nuestros móviles de acción.

87

�LA PLUMA

Pío Batoja.- Lti caverna del humoris1M, Madrid, 1919.-Rafael
Caro Raggio, editor.

ltBROS y ReOtStAS
Pío Baroja.-Divagacio1tes Jobre la cu/tura.-Madrid, Caro Raggio, 1920.

Una conferencia leída en Bilbao y convertida en opúsculo por el editor. A
muchos literatos desencanta la Ciltuna fase de Barnja; yo no puedo considerarla sin emoción. E\'idcntcmcntc se viene preparando de tiempo atrás. Sorprende a muchos este deseo de conocer y buscar en campos ajenos al arte, propios
de la filosofía; pero, ¿no les sorprende que en estos ensayos ideológicos, el lenguaje sea positivamente el más apto que pndiéramos soñar para la conducción
del pensamiento? El literato, en Baroja, venía trabajando ya de antiguo, sin
darse cuenta tal vez, su prosa didáctica (muy lejana, sin embargo, del lenguaje
científico). Una p1osa clara y recta, sin anfibologías; e,1 cierto modo clásica,
puesto que no emplea mas que lo necesario para tocar la inteligencia o la sensibilidad.
Este opúsculo y el libro anterior La caverna del humorismo, se apoyan en dos
interrogaciones: ¿qué es :a cultura?, ¿qué es el humorismo? Parte de preguntas
como los filósofos; pero en el libro, por estar más cerca tod:wía de sus producciones lit&lt;!rarias, anda vacilando entre lo arbitrario y lo serio, mientras en el
opúsculo se encara con la pregunta severamente. ¿Viene de aquí el desencanto
-de alg~mos? Baroja, en efecto, tira por la borda la última taracea, el último sistema ornam~ntal. Ya la teníamos libre de todo convencionalismo retórico; pero
le quedaba la pirueta intelectual, el pensamiento giratorio y divertido. ¿Hace.
bien?, ¿hace mal? No creo necesarias estas preguntas. Baroja cambia. Sigamos
a ver lo que anda y lo que re:;bte. Lo interesante es la inquietud que con ello
revela. Por de pronto, acomete con brío juvenil los problemas que debieron
abordar ya los técnicos o documentados. Acaso no tuvieran interés sus aportaciones en un país extranjero-lo cual sería grave desde el criterio de universalidad-; pero en España tan remolona, ¿quién duda que camina sobre tierra
virgen?

J.

M. V.

En la dedicatoria a una joven lectora, excúsase Baroja de no poder ofrecerle
Falerno ni Cécubo guardado en cántaros sabbos, y sí sólo una bebida fantasista
más agria que d~lce y con más esp~ma que alcohol, elaborada por él mism~
con los frutos ácidos de su huerta. Smcérase después con un joven literato.
«Todos los escritores-dice-tenemos un ciclo parecido y vamos, tarde o temprano, a pasar por el mismo signo del zodiaco. Yo ya he pasado por el de la
novela, el del cuento, el de la crónica y el de la autobiografía. Ahora estoy en
el de las teorías estéticas.•
. Para expo~erlas se vale. de una ficción literaria sin intriga novelesca. Vanos cxcurs1omstas a las_ rcg1?i1e~ ;&gt;ola~es_ e_ntre los cuales el doctor Guezurtegui,
profesor a~~egado a la 1mag1nana Umvcrs1dad de Lezo, sorprendidos al rcgre•
s? de su v1aJe por J~ guerra, son internados en un c~mpo inglés de concentración. Descubren alh cerca la caverna de Humour-pomt, y con las conferencias
que dan otros profesores tudescos, compañeros suyos de amable cautiveria
Y sus i~pres_iones personales, e~vía el doctor Guezurtcgui sus comunicacione~
a la Umvers1dad de Lezo, escritas en los respaldos de las facturas del hotel.
en los prospectos de las sombrererías o los music-halls.
f:a caverna de Humour-point, confortabilísima, con calefacción central, con•
vertida en musco del humorismo, está comprendida, con el antro de Trophonius,
el antro de Baco, la caverna de Platón y la cueva de Zuaarramurdi en la espc1cología espiritual.
"
'
Al doctor Guezurtegui le parece que en el fondo de toda obra humana no
h~)'. sino egotismo y ~istema. Y se le antoja absurdo que sabiéndose cosas lejan1~1mas de astronomia, no sepamos qué es el humorismo. El doctor Guezurtc•
gu, n_o se sa~isface_ con las teorías de Bergson y de Kant acerca de lo cómico y
el ongen p~1cológ1co de Ja_ risa. De lo cual deduce que e hay que marchar, pues,
a la casua!1da~, tomar la idea del humorismo en bloque y llevarla de la dere~ha a la 1zqu1er?a, empujándola, y_ a ver si, a medida que se avanza en esta
taiea, v!n _apareciendo puntos de vista nuevos•, método que él mismo reconoce pnm1ttvo y malo, pero al cual impresionismo se entrega a falta de agarradero mejor.
. ;stima el catedráti_co in~enta?o por Baroja que el humorismo da, más que
nm.,un_a
otr_a for~a l1terana, la impresión de algo temperamental. Y así, cada
1
hu~ onsta literario le hace el efecto de una isla, sin comunicación con sus se
1~eJantes. De ~onde_ tenemos la isla de Shakespeare, la isla de Cervantes, la
s_la d_e Rabela1s, _la isla de Juan Pablo y la isla dt• Dickens. No dicen el doctor
n! .su mtérpr~te s1 en ese vago mapa tales islas constit,1yen al menos un archip1t:lago estético o moral.
El h~morismo para Guczurte¡:ni es un arte de contrastes violentos, un arte
suhvc-rsivo de los valoreg hum auos. •La tesis está c:n d humorismo· la antítesis
en el romanticismo; la ~ínte;.is en el humorismo. »
'

�LA PLUMA
Por otra parte, cel humorismo es improvisaci6n, la ret6rica es tradición. La
una aspira al orden por la sujeción, el otro al orden por la anarquía.&gt;

Al cerrar el libro, el lector ingenuo acaba por hacer suya la opiai6n que Baroja atribuye a su protagonista¡ es decir, que ccomo no tenemos un acuerdo definitivo para el uso de las palabras- o por lo menos, pensamos nosotros,
para el modo de usarlas el doctor Guezurtegui-ni un diccionario de conceptos
exactos y bien determinados, todas nuestras nociones son :mixtas y confusas.•
c. R. c.

Eugenio D'Ors.-l.a Bien plantada dé Xenius.-Traducción del
catalán por Rafael 1farquina.-Colección Universal Calpe. MadridBarcelona, xcxxx.
La Colección Universal inaugurada por la Compañía Anónima Calpe en julio
de 1919, con amplio criterio de divulgación popular, quizá desmedido, pero
plausible y alentador, inserta en el número 176 de los 20 correspondientes al
mes de marzo, La Bien plantada de Xenius.
Hace ya algunos años que este censayo teórico sobre la filosofía de la catalanidad• vió la luz paulatinamente en los Glosari que su autor publicaba en
La Veu de Catalunya. Suscitó entonces el interés de los círculos lite,·arios.
y a l decir de Ors en el prólogo a esta segunda edición castellana, pasó
luego a desordenar las mentes de algunas mujeres que con el delirio de
creerse la Bien plantada se albergan hoy en algún manicomio de Cataluña.
No se decidía, pues, Eugenio D'Ors a reeditar su obra. temeroso de contribuir
con ella a envenenar el ambiente. De 1912 acá no se había reimpreso. Si ahora
consiente en ello, es por creer que ha empezado a mejorarse ya e l gusto catalán. •perdido antes entre las abominaciones de un arte radicalmente reñido
con Jo clásico y con la simplicidad•, y que en esa mejora puede haber influido
algo la Bien Plantada.
¿Quién es la Bien Plantada, que tanto preocupó antaño a los habituales lectores de los Glosari, de Xenius?
La Bien Plantada es un arquetipo de mujer catalana, mide un metro ochenta y cinco de altura, viste a la moda holgada- del verano de 1911 1 tiene buen
apetito, es dormilona, poco dada al rubor, callada, y de tan distraída, casi sonámbula; no Je importan los hombres, pero le gustaría tener criaturas que fuesen suyas; llega, de improviso a veranear con su familia en un pueblecito de
la costa. Se llama Teresa, nombre lleno de gracia cuando se pronuncia a lamanera de los catalanes, «nombre simbólico, ardiente, amarillo, áspero• en Castilla, pero que adquiere otro sabor en la tierra del Sr. Ors, cun sabor a un mismo tiempo dulce y casero, caliente y sustancioso como el de la torta azucarada•.
Teresa es la segunda de tres hermanas. «La razón humana-dice Xeniushalla un profundo placer en distribuir cada una de las realidades que contempla, en tres partes ordenadas. Así tenemos: Esparta, Atenas, Macedonia- Es-

LA PLUMA
quilo, S6fo?es, Eurípi~es-..-~.-y Florencia, Roma, Venecia- ...y en la vida
v~get~l, _primavera, esho, otono», etc. Y Teresa siete amigas, nó.mero que «tamb!én satisfac7 a la razón&gt; ~ semejanza del número tres y sus múltiplos, que pres1?en la gracia ~e la Beatnz dantesca de la Vita Nor)(i. «La Bien Plantada: a la
G1oconda: La Gwconda: a Botticelli•.
En resumidas cuentas, Teresa tiene un novio y acaba por casarse con él.
«La Anécdota devora la Categoría.• Porque la bien Plantada era un símbolo de
la raza cat~l~na. La Bi~n Plantada, _com? alguna prima espiritual suya del otro
lado del P1rineo-Xenrns no nos dice s1 el padre de Teresa es algo pariente
de la madr~ de Colette Baudoche-! ~s como un árbol, raices en tierra y raices en el cielo-las ramas-. cLa d1vma carne en que está fabricada Teresa
bebe la noble savia de todos los muertos de su raza, que·es la nuestra, y d~
su cultura,.
•
_Se casa, en fin, la Bien Plantada, y asciende' a la gloria de las puras entelequia_s. _Se casa _con un _buen moz~, y al perderse en la vida cuotidiana, cobra
meridiana claridad a OJOS de Xemus, que al pensar en ella piensa en la danza
de la sardana, en_ Ampurias, en la escultura de Ciará, en el Canto Espiritual de
Marag~l, en el Liceo ~e Barcelona, en los grandes Trabajadores, capitanes de
Industria, y en el Presidente de la Generalidad, es decir, Repó.blica de la gentes de Cataluña.
. Eugenio D'Ors, dimitido recientemente de la Dirección de Instrucción Pó.b!1ca de la Ma~comunidad catalana, ha publicado hace un mes en La Jnterna&amp;tonal de Madrid una carta al subsecretario francés M. Emmanuel Brousse renegando, con ocasión de la visita de Joffre a Barcelona del catalanismo ofi~ial
opuesto al suyo, que no qu iere saber nada de catalane~ contra castellufos po r ~
que el suyo es el de Pí, el de Maragall, el de Arago.
'
C. R. C.

Rafael Calleja. - Rusia. füpejo saludable para uso de pobres y de
ricos. Madnd, 1920.-Biblioteca Calleja.
_Este libro es el primero de su autor, copropietario de una de las casas editonales ~spañolas más antiguas y fuertes. En el título, araciosamente literario
Y s~es~1vo, m~éstr~s~ ya la prindpal virtud del texto: ia sinceridad.
.
~biérale sido facll al Sr. CalleJa, como hacen otros empresarios de concienc~a me.nos escrupulosa, unirse con voz de falsf"te al coro de alabanzas revolu~ionanas en loor de los soviets de Rusia. Podía por el contrario haberse
acogido. C6 mo_d ame!l t e al seguro beneplácito de los conservadores
'
a •ultranza,
0 afil_iarse hteranamente a la Acción Ciudadana Pero el Sr Calleja es un ese,~
~mtu hbera_I, ~an consciente y organizado, en su caÍidad de bu~gués, como puea serlo _el ultimo de sus obreros, un hombre de buena fe.
«Considero tan justas-dice-las leyes que rigen la vida industrial, tan a decuadas a la naturaleza humana, tan beneficiosas para el interés común, que mi

�LA PLUMA
LA PLUMA

cVeláz~e~ pinta lo que ve, )?ero escoge lo que le gusta en lo que ve y sabe

10 que pue .e 10tentar reproducir¡ es uno de los secretos de su genio

visi6rt del problema social y de sus soluciones consiste en aplicar esas leyes
industriales a toda la vida social; que no será, o será siempre una lucha por
la vida, un predominio del más fuerte.•
Pero la fuerza cuyo predominio afirma el Sr. Calleja, no es la del ciego despotismo. Antes bien, el valimiento del vencedor en un régimen de nonesta
concurrencia.
Avaloran el ensayo del Sr. Calleja los apéndices que lo ilustran, en apoyo
de su opini6n. Complétalo el curioso esbozo de progrnma reformista, que cierra cumplidamente las 500 páginas del texto.
Lo afean cierta prosopopeya y esforzada altisonancia que en algunos pasajes entorpece su fácil lectura, tanto como en otros un mal disimulado desaliño
con apariencias de sencillez. Pero defectos son éstos de primerizo. No es el estilo literario cosa que se improvise, sino que requiere aprendizaje duro. Tiempo sobrado tiene por delante el Sr. Calleja para adquirir la maestría que hoy
le falta, pero que el lector ve suplida con cualidades harto raras, como son la
.ingenuidad, la valentía, la probidad, en fin, de que hace gala el joven autor de
Rusia. Espejo saludable.

C. R. C.

Auguste Bréal.- Velázquez.-Avec huit phototypies et un fac-simiJe.-París.-Edition George Crés et C.ª-xcx,x.

1

·•

La primera edici6n de este ensayo se publicó en inglés hace quince años.
'Había sido escrita a la vuelta del primer viaje de su autor a España. Al cabo
de diez años de estancia en Sevilla ha variado un tanto la impresión que:en
tonces le produjo la contemplación de la obra de Velázquez. Prefiere dejar, sin
embargo, sus anotaciones tal y como las escribiera a la sazón. El libro no pretende ser sino una invitación al viaje.
Cuenta M. Bréal en el prefacio una anécdota sabrnsa y por demás significativa. Todos los datos que le han servido para su estudio están tomados de Steveosoo, de Beruete y, sobre todo, del Diego Ve!ázquez y su siglo, publicado p&lt;;&gt;r
Car!Justi, en Bonn, en 1888, cuyas novecientas páginas de texto han contnbuído no poco a la boga europea del pintor espaijol. Ahora:bien, como M. Bréal
sintiera ciertas dudas acerca de la autenticidad de un Diario de Velázquez extractado por el erudito alemán, pregunt6le a éste reiteradafueote referencias
detalladas de tan curioso hallazgo. Al cabo, Justi confes6 que se trataba de una
composición suya ;obre documentos de la época, sin otro propósito que el de
seguir el ejemplo pe los histo1 iadores romanos y de su imitador Macaulay.
Muy otro es el procedimiento de M. Bréal. Doscientas páginas de clara prosa bástanle para trazar una preciosa introducción a la pintura de Velázquez.
cDisc 1tían-dice-cierto día dos críticos acerca del arte de la pintura, ante Corot, que les escuchaba con respeto y asombro. Quitóse, al cabo, la pipa de la
boca y dijo suavemente: La pintura no es una cosa tan complicada como ustedes dicen. Y se puso a pintar.
92

&gt;~~os. o¡os mai:avillosos, abiertos ante un país de luz.• Tal es la ·definición
que e pintor sevillano da este pintor francés.
C. R. C.

Luis Nueda.-De música. Epistolario de un melómano. Madrid,
1920.

ner~~ libro ~ifícil ~e co~entar con una noticia bibliográfica: pertenece al é1
ción en~r:º~~i~~e:: ~ eP1stolar en el que.llega pronto a hacerse difícil ]a distYn1
creencias del autor d 1u\pro~ne Y quién es el que rebate las teonas o las
1 ro. ay, desde luego, un tono general y es, con la
admiración total ha .
cosas y las ideas I cm ág~r y su ob~a, una simpatía también general por las
de •libelos, a Josa em~~s. o ~~nta, sm embargo, que no Je permita calificar
No es
. ~os hb,os de Nietzsche contra aquel gran dramaturgo musical·
un exc 1us1v1sta aunque no tema s J0 ¡ S N d
tra «interesantís·
'
er , e r. ue a, Y por eso eocuento nada vulgan
•i;u_ybellas¿, •muy originales•, •reveladoras de un talenky Rimsk R
r as ~ gmas de ebussy, de Strauss, de Borodin, de Strawins1
ge~io y el~~lea;e • "tch pero no pue~e por ellas modificar su opinión sobre el
por excelencia~~ que_ ace que cons!dere a Wágner como el •genio musical
Nueda. Todo eli' o m1smdo que D. Juho C~sares, que prologa el libro del señor
•bello y lo subt razon~ º. en vanos cap1tulos, en los que distingue entre lo
creadora» y la ~me»Ít d sc1erne ac~rca de _la ~emoci6n estéti~•. la •facultad
H
. • acu a cqmprens1va musical».
juicioi ::;~ libro de_l Sr. Nueda una cualidad esencial: el entusiasmo. Si sus
que se fea conn no stabs~acteréa algunos, la virtud simpática de su literatura hace
gus o e 10 er s su obra.

\vi

~1t;tt•

s.
Brnest Newman.-A Musical Motley.-London. John Lane.

1920.

Muy pocas de las obras qu
bl ·
, .
verdadero sentid d
be se pu .1can sobre mus1ca son •obras» en el
fondo y la raz6 o e 1a pa1a ra. Son libros en la .forma, y periodismo en el
la m6~ica y la dffi~~t~g~ra:ente, la ~alta de ?º concepto. estético general de
pio de unidad .
a
e. acer un libro &amp;~X:1~meote crítico y con un princilector general s; q~e ese hbro no resulte d1fic1l, pesado o sin interés para el
libros que habie s c ~ro ?ue .e~ Espafia este elector general, no existe para
el del Sr. Newm~ns°E reI a tus1ca, ~unque sea.de un modo fácil y variado como
ba creído n
. · . n _ng aterra 51• Y en cantidad abundante. Por eso el autor
ae trata sol=~esa{'od¡ustificar el ~arácter misceláneo de su libro advirti~ndo que
que su carácte:ºg: e ~na tcáoldecfinc1~n de_ artículos de periódicos diarios, r.on lo
ncra ea
e ido: ligereza y brevedad. De cincuenta artícu93

�LA PLUMA

LA PLUMA
los se compone esta colección, algunos en serie, como los que tratan del •pequeño poema musical,, los tres muy ingeniosos sobre •T~e elastic l~~uage•,
la «Música sin sentido común• y el ensayo sobre •Colocación en su s1t10•, de
los clásicos.
Newman es uno de los escritores sobre música más agudos y más perspicaces de su país. Su estilo es incisivo, rápido y seguro. Ve las cosas inmediatamente y atina siempre cou su lado flaco. Un ¡::olpe certero_ y desp~és un c~mentario irónico. Ha pasado el tiempo de la literatura musical dulcmea al estilo de Mauclair. Hoy el crítico tiene forzosamente que ser mordaz; le invitan a
ello tres cosas: la psicología de los compositores, siempre elemental aunque
quiere parecer complicada; el len~uaje de la ,ºb:ª• osci!ante entre_ la ~andidez
o la pretensión, y, por fin, el púbhco, este pubhco musical, con su mstmto para
escoger con toda exactitud la posición más desacertada.

s.

Daniel J. Mason.-Contemporary Composers.-New-York.-The

;

1

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!
1

1

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"'

Macmillan Company.
Este libro no es absolutamente reciente. Su «copyright» data de 1918, pero
como hasta ahora no ha llegado por nuestras longitudes ni se ha visto antes de
ahora su anuncio por los periódicos americanos, podemo~ dar cueuta de é) co~o
nuevo. En rigor, su novedad no es tampoco mucha: consiste en una recopilación
de artículos de revista que viene a completar la serie de obras en las que Mason recorre la historia del arte musical. Después de «Ileetboven and bis forerunners•, de «Tbe Romantic Composers• y «From Grieg_ to Brahms,, el volumen actual presenta a las figuras contemporáneas más sa!tentes: Strauss, Elgar,
Debussy y D'Indy, según el oraen seguido por el autor, que prece_de a sus ~ocetos crítico-bio&lt;1ráficos con un ensayo sobre cDemocracy and Mus1c• y termina
su libro con un :rtículo informativo sobre la música en la América del Norte.
Mason no es un «ecléctico•, felizmente para él, pero no es un intransigente,
felizmente para nosotros, que no participamos en sus entusiasm~s por Strauss,
Elgar y D'Indy. Ese escritor pertenece a la clase «mesurada• que mvoca el erespeto para las ideas ajenas• en compensación a su suave desdén para a9uellos a
los cuales son sus propias ideas las «ajenas,. En todo caso, se lee con mterés y
no sin cierto provecho. No deja de tener puntos de vista acertados y una buena
ponderación de valores, que es, en resumen, la base de la crítica.

s.

Camile Mauclair.-Les kéros tk l'Orchestre.-París, Fischbacher,
1919.

Con este título aparece un volumen parejo a aquel de la • Religión de la
Música• que, hace algunos años, constituyó un casi Nuevo festamento de los
aficionados. Ahora, ambos volúmenes llevan el título general de «Ensayos sobre la emoción musical&gt;. Es la misma literatura blanda, cálida, confidente, muy
94

para e) _u!o instit';1cionist~ y de estudiantes residentP.s. Camile Mauclair fundó
esta religión musical, ~ap1lla de 1~ otra religión de la belleza ruskiniana; pero
los santos que Mauc_la1r revercwc1a ~an sufrido un rudo golpe después de la
gu~rra. «No~ posso 10 cantar comm 10 soleva•, y el autor nos advierte que el
ruido del canón ha asustado al Hada. Si ahora publica recuerdos del tiempo
pasado, laud~s en aquellos m_ismos tonos que en su volumen primero, adviertt
que es en calidad de bomenaJe sobre la tumba de los genios, que en otro tiempo fueron el encanto de una tarde de conciertos.
. _Tales ecos de lo pasado son aún esa literatura convencional y ya desprestigiada ~or su exceso. •Escuchando la Novena•, ,La misa en re mayon, •Beethoven f Miguel Ang~h, «Al margen de J. S. Bach,. Ante las tumbas de Schumann
d~ Liszt, de _Chopm, de Pugno... «Un pcu de trop•, todo esto. Pero está muy
bien ese articulo sobre Gluck, músico checo, y es curioso otro sobre Karsavina
Y Mallarmé, per? DO aseguraríamos que les complaciese a ella ni a él.
Ya estaban ~ien en 1908 los artículos de un recelo antiwagneriano. Hoy noson más que evi_dentes. El gran pedan_tón de Baryeuth ha pasado a la gloria con
Meyerbeer,Berhoz y los de~ásteatrahstas románticos. Sic transit... , La de Wág.ner, para muchos, es todav1a un artículo de fe.

s.
A. Ossorio.-E/ alma de la toe-a.-Madrid, Pueyo,

1920.

h La Universidad_ no forma científicamente al alumno. La Facultad de Dere~o~m•a~Ylroduce smo v~gos, rebeldes, destructores, anarquizantes y hueros. La
los ab n de~ hombre Viene después.• Para contrihuir a ella, el autor ofrece a
.
og~dos Jóvenes el fruto de su ya dilatada esperiencia en punto «a la func~6n social_del _abogado, sus tribulaciones de conciencia, sus múltiples y heterogAbneas obligacwnes, la coordinaci6n de sus deberes a veces antaaónicos» es el que dema nd ª JUS
· t·1c1a
· an t e 1os T nbunales
·
·
"su consejo
·
d ogado
y dispensa
Ior ~oral tanto como
técnico, en los conflictos de intereses y de pasione~
sabre parti_cl!lares. Rl norte del abogado no ha de ser la ley, sino la justicia, y
er perc~?irla en cada caso es la suprema maestría. El Sr. Ossorio habla de
una sensac,on d.e .JUS
· t· ·
·
.
.
.
definid
teta, ~specie de revelación interior, que por no estar bien
á ti ª s¡ par_ece demasiado a la corazonada vulgar o al ojo clínico del médico
~~ \ ~- venguado que la justicia está de su parte, debe el abogado servirla
«h: 0 os 1os !ecursos que le sugiera su ingenio al manejar los textos legales:
deb~ que ser~ir_ el fin bueno aunque sea con los medios malos.• El abogado
u hé confi;~ unicamente en la fuerza interior; no ha de ser solo un docto sino
n roe.
cuadro que sirve de fondo a este parangón es desconsolado; y re::an~estro ánimo l?s posos de una aversión antigua. El Sr. Ossorio
Sal/suele ~ nza por la Magistrat~ra, que no es tan incapaz como dicen: «en cada
pañol a n/ber _más de un m~gistrado que atienda y discurra.• El letrado esd
pe 5 lee, el Sr. Ossono le aconseja que se gaste cuando menos diez
couros anufles en literatura. En lo económico, los abogad~s DO pueden l~char
mo exp otados frente a los explotadores; no pertenecen a una ni otra casta·

e!/ª

::v:

.

9S

�LA PLUMA
hay en sus filas proletarios subyugados y patronos abusivos. «Se comprende la
sindicación de aquéllos contra éstos; pero la de todos juntos, ¿contra quién?•
El libro es muy personal, escrito con brioso desenfado, a veces excesivo; no
h,.biera perdido nada con filtrar un poco más ciertas ideas, como en Jo relativo
a la especialización en las «profesiones científicas•; ¿y qué significa aquello del
«doctrinarismo que siembra la duda y el sensualismo que perturba nuestra
moral?•
M. A.

*

* *1920), Jules Romains inserta una nota
En la Nouvelle Revue Fran;aise (abril
acerca del «movimiento de los espíritus• en Cataluña. No pretende atraer las
reflexiones ni la simpatía del lector sobre la situación política del Principado,
ya que los franceses se han afanado durante un siglo en descubrir naciones
oprimidas y no es seguro que los resultados hayan sido buenos. El nacionalismo catalán, además, no es una doctrina de catástrofe; los catalanes no preparan metódicamente una guerra civil; piensan que una civilización elevada y armoniosa es un arma poco menos eficaz que la artillería. Veneran su poesía y su
lengua. Un pueblo ignorado, negado, se agrupa en torno de su centro espiritual
y comprueba su razón de existir ai contacto de su poesía. La nueva Cataluña
ha sido fundada por los libros. Una antología francesa de la poesía catalana
mostraría al lecter francés que la concepción corriente del carácter español,
aun despojada de ciertos rasgos de burda composicion, evidentemente falsos,
no puede aplicarse a los catalanes. La amistad intelectual de Francia y Cataluña se recomienda, además, porque en la obra de reconstrucción que ha de
hacerse en Europa para equilibrar u11a gran civilización intelectual, debe Francia buscar con cuidado a los que por sus dotes naturales y sus aspiraciones espontáneas son sus colaboradores inmediatos. Los catalanes poseen buen sentido, optimismo, gusto por la vida, sin el énfasis ni la ligereza meridionales,
justamente odiadas por los hombres del Norte. l'ero no es seguro que sean in vulnerables a las malas intluencia&amp; que puedan corromperlos.

Gacetilla.

1,

Gracias sean dadaa.-A todos los colegas que han acogido con palabras
corteses el nacimiento de LA PLUMA. Muy ruborizada, porque es jovencita, LA
Purra promete acentuar sus cualidades, y, ya que no pueda suprimirlos del
todo, promete al menos cambiar de defectos, que es también un modo de mejorar.
Nos place haber hallado en Castrovido, qur. nos dedicó en El Pafs un saludo tan inteligente y cordial. un coadyuvante para nuestra campaña de urbanismo madrileño. Llamado a colaborar en un diario más joven aún que LA
PLUMA, Castrovido abre una sección con el mismo título que la de nuestro Paseante en Corte. ¡Muy bienl Espernmos que dentro de poco todos los periódicos
reconoce~án a la estética de la villa la importancia que nosotros le hemos dado.
96

AÑO J.

1

MADRID, AGOSTO 1920.

NÚ.M. 3,

Fansa Y licencia de
(a

Reina Casti~a :: ~
APOSTILlÓN

~ovte tsabeUna. ~ Befa Setembvina. ~ i:;at?sa de
muneC05 •'--'J•i.a
M~rtctososecos~delossemanaeios
.
~.

eevo(ucion:irios ~ la Gotda, la flaca Y ec ~
Blas.• ~
Mt musa
.
.
b
d moderna ~ enat?ca la pierna,~
se( cim
va,
se
on.
ula,
_
se
comba
se
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~ con
e t?tngot?vango .._. titmico del tango ~ Y t?eeoge la
falda dettás. ~
PeRSOJ'iAJes
Re·la Reina. ~
· e{ Re"
.. eonso,t e. ~ lucel!o, JY[anolo, compadl!e de {a
ma.
~ JY[a11i=JY[o11ena, Aaafata. ~ e1 e,an Preboste -.. Un f
7
· -.IU U::
97

�</text>
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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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                <text>Imprenta Artística de Sáenz Hermanos</text>
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                <text>Azaña, Manuel, 1880-1940, Redactor</text>
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                <text>Rivas Cherif, Cipriano de, 1891-1967, Redactor</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>��I
SlSL.IOiECA

CENTRAL

U.A.N.L

VOLUMEN PRIMf&lt;.RO

I 1J

o; ,(--f

MADRID
I

9 2 O

..,

�.....

-·

•

1

-

ÍNDICE DEL VOLUMEN I

1920
coronas, reyes
«.Ca pluma es la que asegura castillos,
y la que sustenta leyes.&gt;

IMPRENTA ARTISTICA, DE SÁ.EZ HEJI.MANOS
NORTE, 21 , MADRID : TELÉFONO

17-65 J.

NOMBRO 1.0 (JUNIO)
Dos palabras que no están de más .....•......................
Enrique Dlez~Canedo: Madrid, poesías . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Manuel Azaña: A las puertas del otro mundo. . . . . . . . • . . . . . . . . . .
Pedro Salinas: Voz de jugar, poc:sfas.. ..... .. ............... ..
Adolfo Salazar: Apuntes para una geografía musical de Europa:
l. Francia....... . . • . . . . . • . . . . . . . . • . . • . . . . . . • • . . . . . . . . . .
La Dame de Cceur. Crónicas de..............................
El paseante en Corte: ...castillo famoso. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
~ - Alfonso Reyes: América.... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Libros y Revistas: Ramón del Valle lnclán: Et pasajero. Farsa de
la Enamorada del Rey.-Luis Bello: Ensayos e imag{nadones
sobre Madrid.-Ramón Pérez de Ayala: las Mdscaras.-Manuel Azaña: Estudios de política franctsa contempordnea.-Renner (A.) y Castro (A.): Vida de Lope de Vega. -Paul-Louis Couchoud: Sages et polles d'Asie..............................
Gacetilla ..... • ...•. • .. , .....•. , • . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

3
6

23
25
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33
37

42

48
n¡

�LA PLUMA

LA PLUMA

NOMBRO 2.0 (JULIO)
Alfonso Reyes: El abanico de Mlle. Mallarmé., . , , • , • •: , • • • · • · · ·
C. Rivas Cherif: Alegoría de Narciso, o El mundo visto por un
agujero ...............••.....•... •, •, • • • • • • · · · · · • · · • · · •
Ramón Pérez de Ayala: La cendolilla que danza, poesía.,••••••••
G. Borrow: El camino de Finisterre, ...•......•. • • , • • • • • • · • · · •
La Dame de Cceur: Crónicas de .....••....... , • • • • • • • · • • · · · · •
El paseante en Corte: ... castillo famoso ... , ...•. •., • • • • • • • •. · ·. ·: ·
Manuel Azaña: El espíritu público en Francia durante el arm1st1cio.
Libros y Revistas: Pío Baroja: Divagaciones sobre la cultura. La
caverna del kumorismo.-Eugenio d'Ors: La Bien plantada.Rafael Calleja: Rusia. Espejo saludable para uso de ~o~res :Y efe
rlcos.-Auguste Breal: Velázquez . . Luis N ueda: De n_ius1ca. Epts•
tolario de un melómano.-Ernest Newman: A Musicce Motley.Danie1J. Mason: Contemporar§ Composers. - Camille Mauclair: Les keros de l' Orckestre.-A. O&amp;sorio: El alma dt ta toga.
Gacetilla .....•• , ..........•.•........... • • , • • · · · • • · · · · · ·: ·

NUMBRO 3.0 (AGOSTO)
Ramón del Valle Inclán: Farsa y licencia de la Reina Castilcl. Jornada 1.ª•••••••••••••••••.••••••• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •
C. Rivas Cherif: Divagación a la luz de las candilejas...•..... •••
Miguel de Unamuno: Polvo de otoño, poesías ..•... ,,.,••,••• • •
Adolfo Salazar: Guía musical de América ...... , • , , • , • • • • • • • • • ·
La Dame de Cceur. Crónicas de ..•.....•••.... , . • , • • , • , • • • · · •
G. Lipparini: Las violetas, poesia .......•••... , • , • • , • • • , • • · • • ·
Alfonso Reyes: América .........•............ , , , • • , • • • • • • · · ·
Jorge Guillén: Poemas de circunstancias prosáicas.... , • • •, • •, • • •

49

54
58
6o

Libros y Revistas: Ramón del Valle Inclán: Divinas palabras.Ramiro de Maeztu: la crlsi.r del Humanismo.-J. Maynar Key•
nes: Tke economlc consequmces o/ tke peace.-León Felipe: Versos y oraciones de caminante.-Martinez Corbalán: Caminos.Luis Fernández Ardavin: Ld.minas de folletit. y de múal--Re
vistas .•.•..••.•..•• , •. , , • • • • • • • • • · · • · · • · · · · · • · · • · · · · · · ·

137

74

78

NUMBRO 4.0 (SBPTIBMBRB)

82

88
99

I

Ramón del Valle lnclán: Farsa y licencia de la Reina Castiza. Jor•
nada 2. ª ..........•.....................•.•........ , ...
Francisco A. de Icaza: Versos de I1ietzsche .• . ......•..........
Manuel Azaña: Jorge Borrow y la Biblia en España. . ........... .
El paseante en Corte: ...castillo famoso ••.•.•.••.•.............
Antonio Espina: Don Cacique, poesla.. . . •. . ...••... .. . . ... . ..
Libros y Revistas: R. Blanco Fombona: Dramas minímos.-Valery
Larbaud: Poltes espagnols et kispano-americains contemporains.
Cla11dio de la Torre: La huella perdt"da.-Manuel Ugarte: El
porvenir de la América española.-Manuel Conrotte: La intervención de España en la independencia de los Estados Unidos
de Amlríca.-Tomás Morales: Las rosas de Hércules . ....... .
Gacetilla ................•......•.•......................•.

186
191

97
ll3
120

NOMBRO 5.0 (OCTUBRB)

123

128
131

132
IJ6

La condena de Unamuno ..••..••.•.••..•••...•.....••..... ,. .

193
Luis Araquistain: Italia _e n 1920, poe~ía.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 194
Ramón del Valle Inclán: Farsa y licencia de la Reina Castiza. Jornada 3.• . .•....................... , ....._.............. .
195
V

IV

I

�LA PLUMA

LA PLUMA

Adolfo Salazar: Apuntes para una geografia musical de Europa.
II. Rusia ..•...•..•..•.•.....•.••.•••••.•...............
Juan Ramón Jiménez: 1920, poesías ......••..•.....•.•...••...
Mario Puccini: Letras italianas .•..........••..•.•.•.••.•...•.
Jorge Guillén: La amistad firme en los mares caóticos, poesfa.....
Un critico incipiente: Teatros ....•...••••.••••••.....•...•...
Maria Enriqueta: Ojos grises, poesla ••.••.••.•.•..•.....••....
Antonio Espina: Inciso, poesla. . • • . . • • • . • . . • . • . . . . . • . . ..... .
Libros y Revistas: J. Moreno Villa: Vtlázqtuz.-A. de la Sota: Divagadones de un tranuuntt.-Eugenio d'0rs: Glosas.-Strindberg: El viaje de Pedro, el afortunadc.-Les amis de Proudhon:
Proudhon et not,e tnnps.-Revistas ..•.•......•..•••..•....
Gacetilla ... , ....••...............•..•..•..•.••....•.......

207
213
220
226
227
232
233

234
239

241
243
26o

262
26~
268

282
288

NOMBRO 7.0 (DICIB.MBRB)
Rubén Darfo: Versos inéditos•.•...•.....••........•.•.......

NUMBRO 6.0 (NOVIB.MBRB)
Antonio Machado: Apuntes y canciones .......•....••...•.....
G. Jean-Aubry: Mérimée.......•..........•..•......•........
Nilo Fabra, poeslas .•.••.......•..•...•.......•.•........•.
La Dame de Creur: Crónicas de ...•.......••...•.......•.....
Pedro Salinas: Onematógrafo, poesías • . . . . . . • • • . • . . • . . . . . . . . .
Francis Jammes: Los trabajos del hombre, poesía . . • . . . . . . . . . . .
Adolfo Salazar: Proposiciones sobre el Hai-Kai............ . . . . .
El paseante en Corte: .,.castillo famoso.. . • . . . . • • . • . . . . . . . . . . . .
C. Rivas Cherif: Soneto blanco...............................
Francisco Vighi: Ferias en Cervera, poesla.....................
Ada Negri: El muro, poesia................ . . . . • • . • . . . . • . • . • .
Un critico incipiente. Teatro , ..•........•.......•. , . . • . . . . . .
Libros y Revistas: Pfo Baroja: La sensualidad pervertida.-Alfonso
Reyes: El plano ohlicuo.-S. R. Caja!: Chácharas de café.-Fran•
a

dsco Giner: Ohras completas. -Julien Tiersot: Un demi·-s{ecle
dt Musique FraníaÚe.-Paul: Landomry ,Brahms.-Carl van
Vechten: Tht mu.{ic o/ Spain ............................. .
Gacetilla..•.•......•.•.••.........•....•............•......

J. R. Jiménez: Edad de oro ................................. .
J. Moreno Villa: Cargos, poeslas............................. .
L. y A. Millares: El Viejo........•.•........•...............•
E. Vighi: Calendario, poes!a ..••.....•....•........•..•..•..
L. G. Bilbao: Melodlas lfricas................................ .
A. Salazar: Apuntes para una geografla musical de Europa. 1920.
ll. Italia .............................................. .
C. Rivas Cherif: La costumbre .............................. .
X. Improntu ..•................... .'..........•.............
Un crlttco incipiente: Teatros. PigmaHón ..•......•......•.....
Libros y Revistas . ......................................... .
Gacetilla.•.•.•..•....•.........•......•......... l.......•..

289
294
299
302
316
317
319
323
328
329
3J 1
336

26g

272
275
276
278
279

m

�AJl.o l.

11

Madrid, Ja.aio 1920.

l

ERRATAS

Oos pa(abeas que
no están de más.

.

~d~ subsanarse a tiempo, apaPor un e1Tor de aJuste, que no p .
e· matógrafo&gt; págil
de Pedro Salmas, e me
'
rece trastrocado e poema
t h que intercalar entre los
nas 26~ 268.º Pdaeralalep;gtl?n:º~~c~~:~ ~os ª;ersos de la página 267, a
versos 2. y 3.
,
partir del 3.0 , y quedará así:
.
con dos líneas horizontales.
y el caos tomó ante los ojos

!

etcétera.
á ·
68·
Tras el 2.º verso de la página 267, cóntinúa en la p gma z .
que vivieron en valles floridos de la tierra
y besaron labios lzumanos.

Página 275 soneto blanco: 6.o verso d.t ce·. las cosas señaladas C01I
'
. l
as señaladas con un nombre.
mi nombre. Debe dectr: as::e· fiormar lo nuestro. Debe decir: buscar
Página 3171 verso 14
·
lo nuestro.
TI.U

periódico, que hoy por vez primera, desconocido lector&gt;
llega a tus manos, apenas te dará en su forma actual el bosquejo de nuestras esperanzas sin límites; pero quisiéramos
que desde ahora se defendiese ante ti con algo más que la buena voluntad de sus fundadores.
Mientras fué sólo un designio, pábulo de nuestra fantasía doproyectistas, lo adornábamos con todas las perfecciones imaginables
y nos parecía muy bueno; por haber distraído unas horas nuestro
tedio y habernos hecho reir de gozo alguna vez pensando en et inesperado suceso de su nacimiento, nos es caro. Al arrojarlo, por decreto de nuestra providencia, a los embates del mundo, se emancipa~
toma puesto en la vida pública, y en cierta medida ya no nos perteaece; pero antes de echarlo a volar, clavámosle este cartel, para qu•
STE

,.

�LA PLUMA
todos sepan qué criatura es ésta y lo que se esconde bajo su titule,
y cuáles fines nos han movido a extraerla de la nada. Si después se
tuerce o descarría, la culpa será suya, no de sus primeros hacedores,
que se acogen, como es propio de su papel divino, a un augusto misterio y no darán más explicaciones sobre su obra.
LA PLUMA será un refugio donde la vocación literaria pueda vivir e11
la plenitud de su independencia, sin transigir con el ambiente; agrupará en torno suyo un corto número de escritores que, sin constituir
escuela o capilla aparte, están unidos por su hostilidad a los agentes
de corrupción del gusto y propenden a encontrarse dentro del mismo giro del pensamiento contemporáneo; romperá el silencio, astuto
-0 bárbaro, en que la producción literaria languidece; las letras, proscritas de casi todas partes por los empresarios, alimentarán estos coloquios, donde no se dará al olvido ningún esfuerzo personal que
nazca de aspiraciones nobles y se presente con el decoro formal indispensable para merecer la atención de inteligencias cultivadas.
LA PLUMA no es otra torre de marfil, como se usaban-de alquiler la•
había-hace años; léijos de eso, sueña con adquirir una difusión proporcional al ímpetu de que nace. Si LA PLUMA vive, la unidad de s11
obra será más que aparente y mostrará esa faceta de la sensibilidad
española actual, que, al adopt:u el modo literario, enfrena los retozos
del temperamento y ve en la sobriedad, pureza de lineas y claridad,
los estigmas inconfundibles de la obra del talento acendrado por la
disciplina.

MADRl
Quietud, pereza, sol; la vi.da
se paró de repente.
Las
. voces, como de otro mundo·,
t-rreal, pasa un tren por el puente.
Un organillo, y otro, y otro,
mezclan su alegría extraurbana
Pobres porfiados, no cefan
'
en su petición chabacana.
Uno Y una al fin se deciden
como de limosna, sin gana.

y otros después: a todos los mece
la musiquitla embaidora.
Con el ri'tmo de las pare.fas
da vueltas, st"n huir, la hora.
Altá lefos, en el horizonte
ólanca y azul, la Sierras; evapora.

�LA PLUMA

Sttena"o... Luego, dando tum!Hs,
pasa un simón desveneqado.

LA PLUMA

BRONCA

\
l.,

Espesas, como el vino tinto,
como los naipes resobados,
como el puñetazo en la mesa,
resonaron las palabrotas.
Y tembló el mechero de gas,
y en los frascos medio vados
del anaquel, y en el cinc sucio
del mostrador, y hasta en el negro
eafón lleno de calderilla,
se contestaron sordamente
el soez insulto y el golpe.
Pero todo los repelía.
Saltó la puerta, se hizo añicos
un vidrio, se lanzó a la calle
todo el grupo forcefeando.
Voces, blasfemias, y, prudente,
¿a curi·osidad en la acera: ·
trasnochador~s, prostitutas.
Unos arrastran al más dócil.
Al otro, despet"nado, terco,
un borracho, con voz pastosa,
le dice frases que no escucha.
Vuelven los dos a la taberna.
La calle, otra vez sol#aria.

~1eoo
Arrabal de la canalla.
Mis pasos; no hay otro ruido.
Un /aro/junto a una valla
trémulo, solo, perdido.
Corta el sz"/encz·o la tralla
de un pavoroso silbido...
Me detengo, estremecido...
La nocht, siniestra, calla.

BNRIQUB DIBZ-CANBDO

s

�LA PLUMA

A las puet?tas del oteo mundo.

I

vejez del prof~sor Benedicto, do la ~acuitad de Cie_ncias,
babia sido labonosa, setena como su vida entera. Un noclaro, de sesgo curso, de márgenes llanas, tal le parecía, al volver la vista atrás, el medio siglo ofrecido a su vocación docente. La
falta de peripecias no le inducía a lamentar la brevedad del camino,
tan corto en la perspectiva: habíalo medido paso a paso y gustado
el sabor de cada minuto merced a la insaciable voracidad de su pensar. En el umbral del último sueño, Benedicto iO persuadía de no
haber rehusado a su inteligencia en tiempo, cebo ni ejercicio, cuanto
pudo darle sin hartura, y estaba contento. Gozó su espíritu de libertad
precoz: una madurez temprana le eximió del arrebato, desquite de la
juventud, que se anticipa al ser; la disciplina sofocó las llamas de la
fantasía, horno de su vida interior; una ·prevención taimada, reliquia de su progenie rural, le mantuvo distante de los émulos. Emancipado de la ambición y del amor, túvose por el hombre más independiente del mundo. Su libertad interior le permitió arribar a la
contemplación y reducir toda su actividad al juicio. Estaba contento
y no le remordía el despilfarro de la vida porque había asistido at
paso de la realidad, externa e interna, como al de un raudal sobro el
que el entendimiento vigila y medita.

'

A.

Benedicto se insertó con lealtad en la vida , de su tiempo. Benetlicto era leal, pero no ingenuo; la lealtad no excluye la cautela. Fundó
■na familia, desempeñaba un cargo público, y cumplió siempre con
parsimonia los deberes, a veces enojosos, nacidos de su nombradía.
Pensaba poco bien de las personas, sin inquina: la capacidad deconcebir una Humanidad mejor no le ensombreció el carácter, ni se
nlió de su propia excelencia para ceñirse las ínfulas de conductor
de pueblos ni de escultor de almas. Conducíase a veces con timidez
siempre con reserva. Su obra maestra era el silencio, asilo de su dis:
ereción, creado por su voluntad tenacisima, que poco a poco dominó
1 apagó las explosiones de ira con que de joven acogía los renuevos
de la estupidez verbosa, pululante en torno suyo. Menos tardó en
conocer su falta de originalidad: equel talento vasto y rápido, certero
no ~bía inventar. Benedicto no se descoyuntó, ni se embadurnó par¡
fingir lo que no era; por pura decencia se libró del histrionismo. Encerr~do_en sus límites, ~ada dejó dentro.de ellos sin explorar. Y así
habt~ visto pasar los a~os, sin prisa ni susto, indiferente a los signos
exteriores con que el tiempo va contando la rapidez de su andadura.
La vejez, limpit1. Y ágil, ya tan dilatada, habíale traído en recompensa-pensaba Benedicto sonriendo-un descubrimiento inesperado:
en contra de las prevenciones juveniles y de la edad viril se ufanaba
do vivir una vida valiosa.
'
. Toda España conocía de nombre al profesor, pero muy pocos sabian a qué atenerse respecto de su persona. Cultivaba una ciencia
abstrusa, _s~n provecho actual ni clientela de discípulos y aficionados
que le hiciesen coro. Su nombre no servía p~ra exhibirlo en hilera
eon otras glorias del país al evaluar la aportación española a la cultur~ europea. Benedicto era popular por motivos aj:mos a la sabi•u~1a. Recordábas~ que había estado en las Cortes de 1869 a 1873
•~hado a un partido antiborbónico, no se sabía cuál; la Restauración le apartó de la política y \'Í vió I uengos años en la obscuridad

•

•

�LA PLUMA
sin más ocupación que la cátedra y los libros. No iba a misa; en la
Universidad y en la Academia votaba siempre con la oposición; teníasele por hombre muy de la izquierda. Al morir los caudillos de la
Revolución y de la República, la figura del profesor Benedicto comenzó a iluminarse y a ocupar la atención, como resto venerable de mejores días. Él no alteró su vida ni consintió en salir de su soledad
gustosa; pero en la presidencia honoraria de todos los Comités de
reorganización posibles leíase su nombre; los manifiestos renovadores
carecían de autoridad si no los suscribía Benedicto; los jóvenes aprendieron a venerarlo en el Ateneo al oir contar los fastos de la casa, y
los periódicos liberales moderados comenzaron a discernirte el título
de «insigne república». Benedicto no entendía bien lo que eso quería
decir, ni tampoco el mote de «maestro de maestros, que sus enemigos le arrojaban al disponerse a fallarle al respeto; pero dejaba hacer,
abroquelado en su indiferencia por las cosas ajenas a su vocación,
hostil a cuanto no pudiera remozar sus ideas o su ingenio. Su silencio parecía amenazador, o astuto, o profundo. Los hombres de orden, no oyéndole gritar, se hartaban de llamarle sensato. En la Academia solían decirle: «Si lodos fueran como usted, ya podíamos
aceptar sus ideas.» Benedicto, alarmado, trataba de adivinar cómo
parecería él a los demás para merecer tamaño elogio.
Nadie sabía si la vida del profosor era decente o pecaminosa, nadie sabía si Benedicto era ladrón, incendiario, estuprador o sodomita;
pero como no se le había visto cometer ninguna de las pequeñas
ruindades que en la vida pública van consagrando a tantos hombres
al odio, al desprecio o a la mofa de los demás, una admiración humillante dominaba a casi todos; la virtud de Benedicto pareció sobrehumana; los informadores políticos escribían: el austero profesor. Tan
sólo los hombres ebrios de ideal pero sedientos de soluciones concretas le zaherían: «¡Es un hombre puro; pero es un ideólogo!» Era,
en fin, Benedicto una especie de mito, un símbolo tanto más venerado
1

LA PLUMA
cuanto más vetusto; como el sol y la lluvia doran las piedras, así la
.admiración y las injurias de los hombres le habían por igual cubierto
de prestigio. Ni siquiera era seguro que para muchos fuese un hombre vivo.
Una noche la muerte le salió al través del camino y sin pedirle
licencia se le puso al lado. Benedicto, viejo y todo, no la esperaba
todavía; nunca la había visto tan de cerca, y la miró dudoso antes
de reconocerla, mientras su corazón, soliviantado por la incertidumbre, quería·escapársele del pecho. Iba por Recoletos oon mucha pausa,
atento a la delicia de la noche, noche de la recién nacida primavera
-de milagrosa dulzura, oreada por el húmedo aliento de los campos:
En los claros del cielo, de azul transparente, límpido, ardían pocas es1rellas. Mirábalo Benedicto, y su alma, al contristarse de súbito, exhaló sobre la belleza del mundo un vaho de lágrimas, porque había
entrevisto la inminencia de la despedida. Sintió en su cuerpo la mor-dedura de un accidente amer.azador; tal vez aquello no sería nada;
pero antes de apelar a los recursos defensivos de que podía echar
mano en su apuro, sudó y se angustió, atosigado por el pavor de la
-carne, como una bestezuela en la agonía: tuvo la evidencia dolorosa
&lt;1~ su fin próximo, Y como si lo leyese en caracteres de metal, cuyas
anstas se le clavaban en el cerebro, vió que aquel mal inexcusable
era el mal absoluto, sin enmienda ni desquite, y que los arbitrios a
-que los demás, Y acaso también él, pobre hombre, acudirían para su
consuelo, no eran sino engañosos afeites y lenitivos para ar.1inorar la
feal~ad Y aspereza del trance. Sondeó el abismo que la razón no podía
medir; saboreó:la amargura de aquel daño infinito; padeció en un segundo la tristeza de toda la eternidad en que iba a no ser. La sombra
volcaba sobre Benedicto un silencio frío, denso, tan grave, que el profesor dobló la cerviz y siguió andando en su insólita compañía.
A poco se serenó con un esfuerzo que le hubiera enorgullecide
menos de haber visto cobijada en lo profundo de su alma la espe-

•

�LA PLUMA
ranza de errar en el pronóstico. La dudafué su reírigerio bienhechor. Eo
la noche jocunda, de tan amorosa ternura, los negros pensamient~s sedeshacían como el humo: el dolor parecía abolido, la muerte una idea
anacrónica. Benedicto, riéndose de su pánico, se dejó _contaminar por
la infantil frivolidad del mundo y aguzó los sentidos. Sóplaba el viento,
en frescas bocanadas, trayendo olores campesinos, olor a yerba jugosa a tierra mojada. En el cielo bogaban nubes negras, espesas, bajas, de bordes plateados por la luz de l~ invisible luna. Barrunta~do
la lluvia, el pecho se dilataba cgn el ahento de la noche. Benedictorespiraba a pulmón lleno, se golpeaba el tórax con la palma de la
mano, pisaba recio. Llegó a su casa cuando las primera~ gotas de
lluvia se enterraban en el suelo polvoriento. Tan confiado iba, que searriesoó a la prueba de subir a pie, y echó escaleras arriba con paso
ligero~ sonriendo de su calaverada: Cerca ya de su piso,_el terror, más.
que el agotamiento físico, le paraltzó. Su corazón trabaJaba como un
fuelle roto; le pareció sentir inflársele las venas, en las que pugnaba.
por abrirse paso con punzantes latidos la sangre embalsada-. «¡E_stoy
deshecho-pensó-, estoy deshecho!&gt; Subió casi a gatas, poqm~o a
poco, los últimos peldaño~, estupefacto con el éxito d~ su tentativa.
El profesor rehusó por mucho tiempo darse a pa~bdo. Cuando la
esperanza no fué posible, Benedicto se amputó heroicamente el a~etitn de vivir, sin improperar a la vida ni al mundo ni cerrar los OJOS
a su hermosura. No fué rápida la amputación, ni menos, placentera.
La ruina fulminante de su cuerpo le irritaba, como la deserción de
unas fuerzas auxiliares, hasta alli serviles. Sus hábitos éranle cada
vez más caros y se aferraba en cultivarlos, aun los muy penosos.
Cumplía con ostentación sus deberes oficiales. Se dispus~ a ~o~mar
en los tribunales de la Universidad, e intrigó como un prmc1pianteambiciosuelo para que el Gobierno le enviase a cuchichear con otros.
sabios recónditos en cierto Congreso de Copenhague. Otra embestida del miedo le decidió a consultar con el médico.

LA Pi..UMA
En un día suspenso, ap1tcible, salió de su casa a la hora habitual
J bajó a la Castellana. Anduvo despacio, deleitándose en la súbita

aparición de los jardines. Aunque ya corría mayo no los había visto
tan frondosos y exuberantes como ese día. Creyó verlos por vez pri-mera en el momento de plenitud de su nueva vida. Era un milagro.te la luz. Nubarrones obscuros, preñados de agua, estaban suspendidos en el cielo, velado por celajes blanquecinos. Una luz igual, sin
reflejos, sin brillo, sin fuego, hacía valer con suavidad las líneas y
tonos de los segundos términos. Sobre las fachadas innobles de )as.
casas, a lo largo de las calles, r~bosando de las verjas o en los parques opulentos, los árboles se enseñoreaban del ámbito, desalojado.
por el sol deslumbrador. Las masas de verdura adquirían un valor
inusitado. Sus formas temblorosas, ufanas, lanzadas en el aire, se esponjaban en reposo. Benedicto apacentó sus ojos atónitos, dejando
escapar de sus labios exclamaciones de contento; parecíale no haber
gozado nunca un placer sensual tan puro; pero en su ánimo, traba-jado ya por la tristeza, trasminaba una emoción suave, una dulce congoja, muy semejante a la gratitud. Veíase como nunca en las cosas
que amaba: eran su imagen, casi su obra, donde se le aparecía su vida,
concreta. En esta elevación de amor, proyectaba sobre el infinito por-.enir el haz luminoso del entendimiento, y al pensar el mundo sinil, se desolaba.
Benedicto creyó siempre muy en serio vivir transido de humanismo; pero esa comunión terminaba en la muerte; su próximo fin manifestaba los límites de su don de simpatía. Su acabamiento persona) era la extinción del placentero fenómeno que llamamos realidad
exterior. Benedicto podía concebir el mundo sin él, pero no a él sin
el mundo. Sin temores ni esperanzas, aferrábase a lo que daba testimonio de su propia vida. En su emoción ante las cosas descubría
ahora un fuerte caudal de amor de sí mismo, y empezó a creer que
llabia vivido mucho menos encastillado y remoto de lo que siempre,

�LA PLUMA
',i&gt;ensó. Reconocerlo así, era de su parte, un acto grande de humildad.
Desahuciado por el médico, Benedicto halló que su hábito de ne
rebasar con el deseo la realidad, cautelosa prevención de su egoísmo,
exigía de él por una vez un esfuerzo ímprobo; pensó que ese sacrificio réscataba con creces las pequeñas fruiciones solapadas que la abstención Je granjeó en su vida. Lo cumplió a ojos cerrados, como quien
•pasa un brebaje; en fin de cuentas, lo que hacía era disminuir su dolor. Su enfermedad era una cárcel, o más bien la capilla de un reo,
de la que se fugaba por la imaginación. Esas evasiones le alegraban;
pero luego moría mil muertes, y Benedicto, como Juan Jacobo, quería
morir una sola vez. La soledad del verano le fué propicia. Cuando al
reanudarse el curso se supo en la Universidad que Benedicto no pro,fesaría más, los que habían de ser sus alumnos se alegr!lron, porque
era meticuloso, preguntón y, como un dómine antiguo, obligaba a
empollar.
.
.
Benedicto había dado el paso más dificil al aceptar su mmedlata
-destrucción; en las disposiciones que tomó luego y en las palabras
•que dijo para prevenir d desorden en su familia y templar su dol?r
y el de sus amigos, puso una serenidad fría, como si fuese de cor~on
duro y seco. Su mujer, muy devota, se escandalizaba de aquella lmpasibilidad, que le parecía simplemente pagana; sus hijas lloraban a
~scondidas; sus amigos visitábanle rara vez, por no alarmarle; pera
nadie dudaba de la proximidad de su fin, del que Benedicto no volvió a hablar ni permitía que le hablasen, para evitar todo riesgo do
,enternecerse y de parecer sentimental.
.
Un periódico salió cierta mañana «con la gravedad del sabio B~nedicto&gt;; el gran público se tonvirtió en espectador de aquella ag~nía. Que su enfermedad postrera y su muerte ascendieran con celen-dad a la categoría de sucesos públicos, contrariaba la displicencia del
profesor. Benedicto creía tener bastante con la desgracia de morirse,
y no podía pensar sin repugnancia en la curioiidad frívola de las gen12

LA PLUMA.
tes que peñoraba con millones de ojos los muros de su casa. Postraclo ·en un sillón, miraba Benedicto a través de los cristales declinar el
sol de cada día de invierno y desteñirse las nubes rojas del poniente
en el azul blanquecino del cielo. Una similituJ fácil presentábase a su
espíritu, y gustaba de estar solo, en silencio, para contar con melancolía los últimos latidos de su corazón y decir adiós a la vida, amable
aón como una esperanza antigua que no hubiese llevado fruto. La esposa de Benedicto no pudo ni quiso respetar el recato del moribundo. Sacó primero de la curiosidad pública una manera de consuelo
.
'
persuadiéndose que el mundo no había hecho hasta entonces cabal
aprecio de los méritos de su marido; pero la notoriedad del trance
agravó en el ánimo de la esposa el sentimiento de su responsabilidad ..
La muerte de Benedicto podía ser un ejemplo, y aunque sabía bien a
qué atenerse respecto de la irreligión del catedrático, era pecado no,.
esperar, Y pecado también no hacer todo lo posible para evitar al roer.os un escándalo. Mucho pensó y maquinó la buena señora; al recordar que Benedicto tenía amistad con un cura, correspondiente de
la Academia a que el profesor pertenecía, le hizo venir y con pocos
preámbulos le introdujo en la alcoba. Benedicto le sonrió y con el
cesto le invitó a sentarse. Parecía que le aguardaba.
_-Yo no quería venir, qwerido maestro-prorrumpió el cura-;.
me1or dicho, me hubiera privado del gusto de venir para no alarmarle sin motivo. Estos hábitos nuestros, cuando entran en casa de un
enfermo, parece que anuncian un peligro inminent~, y causan miedo;.
tal_es el mu.ndo. Pero mi deseo de hablarle era tan vivo, y aquellos
senores se mteresan tanto por usted, que me ·he decidido. Usted no.
es un hombre vulgar con el que hayan de tomarse muy en cuenta esas
preocupaciones, ¿verdad?
. -Ha hecho usted bien en venir, si era su gusto-repuso Bened~ct_o-, Y ~i mujer ha hecho mejor rompiendo la consigna de no recibir a n1d1e. Será tal vez lo último que yo haga en obsequio de us--

•s

�LA PLUMA
ted ... Para saber lo que tengo encima y lo que me espera, no aguarda·ba, es claro, la venida de usted; me basta con el médico y con míi
-observaciones propias. Yo no había previsto conexión algu~a entre
.mi muerte y la presencia de usted aquí; si usted no me lo dice ... nt,
hubiera caído en ello.
-¡Oh alma serena! Si yo no fuese cristiano y además sacerd~te,
tendría que admirar la tranquilidad de usted. El mundo aplaudirá,
porque ve en ello valentía y orgullo, pero yo no ap~ueb_o, ami~o mí~.
Ese desprecio por la vida es el resultado de la sab1duna; es_a 1m~as1bilidad ante la muerte es fruto de la irreHgión. Sólo la creenc1~ ~n
:Dios podría estremecer y caldear su alm~, aprisi~~ada en un esto1c1smo rígido, casi extrahumano; la creencia derrehna su corazón e~durecido cuando se acercase ese instante de comparecer ante su Juez,
•que hace temblar a los más justos.
.
..
.
-·Entra usted en materia sin rodeos! ¡Muy b1en!-d1Jo Benedicto rie~do-. Evíteme usted una polémica tardía. Si tiene usted un
fuego comunicable, abráseme, yo no me opongo, pero no me as~sto
•un argumento. y 0 no quiero defenderme, nunca me he _defendido;
no tengo sistema, no tengo ideas sobre el otro . mun~o °,1 sobre ~¡
destino. Sólo sé lo que encuentro al explorar m1 conc1enc1a:·· Per~iame usted que le rectifique en un punto: yo no dt:sprecio la v1da
ni estoy impasible ante la muerte...
.
.
,
-¿Teme usted el más allá? ¿Lo desconocido? ¿Temena usted ... •
Dios?
-¿Temer? ¡No! Hubiese querido vivir aún ~lgo más; no estoy
cansado, no he concluido... La vejez me ha ensenado a gustar el valor de la vida; hoy la encuentro más bella que nunca. ¿Cóm? s~rá
sin mí después de muerto? Desde el fondo de un cuarto sohtano,
entre papeles y libros, puede uno insertarse en la trama del ~mndo
con más vigor que sus apasionados dominadores. El ~estmo, la
Naturaleza, el Dios de usted, ¡quien sea!, son crueles conmigo Y coa

LA PLUMA
tantos otros que quisieran y merecerían vivir. Doblo la cabeza ante
la necesidad y de su mismo rigor inevitable extraigo la calma; no
tengo dolor, ni rebeldía, ni conformidad; tengo tristeza... La muerte
misma no es nada. Después de mi hora, bien sé que no me tentarán
las cosas que dejo aquí.
-Voy a rezar por usted y por mí; rezaré por los dos. Yo tengo ese
fuego que usted dice, porque tengo fe; si no acierto a comunicárselo a usted es que soy un gran pecador. ¡Sí!, yo tengo fe en Dios, en
Jesús vivo, que nos juzgará a todos, a usted también; conozco su justicia infinita y su misericordia, que ni a usted ni a mí nos abandonará si se lo pedimos de coraz9n. Usted no cree: ¡yo rezaré por los
dos! Abandone usted, amigo mío, esa pteocupación por las cosas tenenales que le ciega a usted. Si en su vida-vida retirada, tranquila,
:austera, según el mundo-no encuentra usted caídas graves, si ha
c~mplido usted incluso con lo que su conciencia racional Je pide,
piense que su deuda para con Dios no está pagada...
-¿Mi conciencia? Verá usted. Mi conciencia de nada me acusa ·oh
.
'¡
•
no me mire usted así!, ni me condena, porque no es un juez ... Es
una crónica donde se empalman los fastos de mi vida. Me miro en ella
Y veo cómo fui, cómo soy; es como una cinta que va arrollándose por
-una de sus puntas. Ni sé quién la puso en marcha ni cuándo se romperá. Mis gestos van pintados a lo largo de ella. Unos me parecen
plausibles, otro~ ridículos, feos. A Jo más que llego es a desear que
algunos no hubiesen existido; pero ¿acusarme?· 1de qué por qué ante
'é ?
't
,
'
quin
_-Plausibles unos, feos los otros. ¿No está usted viendo ahí la acusac1ó~? ¿Y cómo pueden ser ungs plausibles, otros no, sin una regla
supenor que sirva de contraste, y cómo... ?
-Amigo mío-interrumpió Benedicto-, no se sofoque; si no, la
c?nversación dejará de ser gustosa para los dos. Yo le estoy describiendo a usted un sentimiento mío, que es así como yo se lo pinte,,

•s

�LA PLUMA

LA PLUMA
sin que de mi parte pueda ser de otra manera. Usted me quiere replicar con un raciocinio; es perder el tiempo. Ni la ocasión ni mi gusto
se prestan tampoco a eso. Sepa usted, además, que esa regla superior
de que habla, yo la poseo. Tengo una moral. Cuando le he dicho a
usted que unos actos míos me parecen feos, no lo he dicho a tontas
y a locas. La fealdad y la inmoralidad se confunden.
-¿Y cuál es su moral, si puede saberse?
-Sí, sí. Mi moral es... ¿cómo decir?, la moral del bien ajeno, la sumisión a lo que pide el grupo en que uno está enclavado: familia,
,iudad, nación; el sacrificio, la anulación de los apetitos e instintos
personales ante la regla del bien colectivo ...
-¿Una moral de sacrificio sin Dios? ¿Una moral que pretende
domar las pasiones sin ofrecer recompensas ni amenazar con el castigo? ¡Qué absurdo y qué fracaso, amigo mío! ¿En nombre de qué esa
sumisión, en qué aras ese sacrificio?
-En nombre y en las aras de nuestra condición humana, de la
cual nace esta aspirabilidad sin límites que nos entristece, per0 también nuestro orgullo noble. Somos la conciencia del Universo. Frente
a mí, la Humanidad es eterna. Mis actos valen si concurren a aumentar esa vida de la especie y amplían la inteligencia y la libertad.
-¡Palabras, pedantería, orgullo tan antiguo como el mundo! Afeites con que la impiedad quiere encubrir su rostro corrompido. Debajo
de esas fórmulas vanas, de las que Dios está ausel)te, ocultáis vuestro egoísmo, vuestros apetitos adorados.
.
-Amigo y señor-dijo Benedicto extendiendo un brazo hacia el
-cura-, yo le he tenido a usted siempre por hombre despierto Y de
buena fe. Más candoroso que inteligente, lo digo con sinceridad, pero
libre de la impertinencia proselitista, libre, sobre todo,de aquel abyecto fanatismo que niega al disidente toda rectitud, toda pulcritud Y el
honor. ¿Será usted un cura absolutista, un cura guerrillero, ca~~ de
edio, capaz de perseguir, refugiado hasta hoy en las matematicas?
1i

t,erá usted de aquellos que a un error de la inteligencia le atribuyen
por causa una perversión moral?
-¡Perdóneme usted, perdóneme usted! He sido orgulloso no he
tenido caridad. Yo soy el más pecador de los dos. ¿No quer:á Dios
servirse de mí para esta obra? ¡De rodillas le pido a usted perdón!
No con palabras, con mis lágrimas quiero volverle al sentimiento cristiano...; es mi deber... , es mi más vivo deseo. ¡Me pesa haber sidoduro'y violento al hablarle!
-¡Oh, o~! ¡Basta... í ¡Qué escena! ¿No ve usted que me altera, que·
me hace sufrir? ¿Para esto ha venido usted? ¡Qué ofensas ni qué perdón! Serénese. Me desagrada que nadie se rebaje o se humille ante
mí ni por _causa mía. Si yo no tengo fe, no es de usted la culpa.
~en~?1cto entornó los ojos, fatigado. El cura se rehizo un poco y
pros1gu10 con voz más grave:
-Si no tiene usted fe, ¿le pesa no tenerla? ¿No desearía creer?
-Nunca me he sorprendido la menor veleidad de ello.
-¿Y no ec~a usted de menos a Dios, un Dios de amor a quien
ofrecer ~us acc10nes buenas, y aun ese mismo dolor que ahora siente al deJar este mundo?

-Sinceramente, no lo echo de menos. La actitud de los incrédulos que van por el mundo lamentando su incredulidad y envidiando
su fe a los creyentes me parece una superchería necia.
~~etlexione u~ted siquiera en la posibilidad, nada más que en la
pos1bll~dad de e~mvocarse. Examine la posibilidad de que haya Dios,
Y un cielo! un mfierno... ¿Qué sería de usted? ¡Vamos! ¡Conteste!
-Habna hechv un malísimo negocio.
-~ntonces, ¿no cree usted que vale la pena de pensar en ello y
de excitarse a la f~ Y a la penitencia, ya que no por amor, por miedo?
-La prudencia más elemental lo aconseja así. Pero dígame: ¿es
que no tengo que hacer sino tomar un salvoconducto expedido por
usted?
2

'

�LA PLUMA
LA PLUMA
-Tomarlo, sí. ¡Habiénd0lo merecido! Confiese sus culpas y arrepiéntase de ellas.
-Confesarlas, fácil es. ¡Hasta donde mi memoria alcance! Arrepentirme, no sé si sabré. Cuando repaso los sucesos culminantes
de mi vida encuentro muchas cosas que quisiera no haber hecho,
por ejemplo: alguna vez me he quedado con bienes ajeno~. ¡Oh, no
crea usted en un hurto infantil, no! Antes de ser catedrático, ante~
de casarme, cuando yo era un misterio para los demás y
mt,
unos cuantos miles de pesetas del Tesoro público, que yo tema que
administrar en un destinillo, pasaron a mi bolsa. Mal hecho, ¿verdad,
Pues mire usted, sobre eso se funda mi vida entera: ese dinero ~e
permitió vivir independiente, viajar, tener buenos libros, esp~ra~ ano
tras año mi aqvenimiento a la cátedra ... Yo ~reo que he restituido a
la sociedad con mi trabajo aquel anticipo forzoso.
-iQué abismo de sorpresas es la vida! Usted tiene a su carg•
un hecho así, y está sereno.
-¿Un hecho así? ¡Y algunos otros que le sorprenderían a u~ted
más! Todos ellos 00 me han impedido ser un hombre honrado. Mt corazón no se ha corrompido, siempre quise ser mejor Y me esforcé
por serlo.
-Si sus fechorías llegan a divulgarse, habría dado usted en la
cárcel con su honradez; el mundo Je habría despreciado...
_
-Ya me lo figuraba yo; por eso tuve buen cuidado en ocultar~•
delito. Lo conseguí. Era hombre honrado, y la justicia ~edía que mis
faltas no me perdiesen. Los delitos de los hombres h_onrados-es decir, de los que no han roto el equilibrio de la morahdad en favor del
mal-deben quedar, y casi siempre quedan, en la sombra.
-¿ y su conciencia? ¿Y su moral del bien ajeno?
.
.
-Mi conciencia se limita a recordarme eso que hice a mis vemte
años. Si ojease un periódico de entonces, recordaría los sucesos que
más me llamaron la atención y reconstituiría una parte del mundo

Pª;ª

11

exterior en que viví, como rehago un poco de aquel muchacho ya
olvidado. Muy bien sabía yo entonces que lo hecho era malo; tal vez
mi inteligencia me lo hacía ver así; pero no luché, no me atormenté.
Medio siglo después, ¿quiere usted que me aflija por lo que hice? Si
hoy poseo una norma de conducta elevada es que he progresado;
he vivido en el estudio, en la meditación, soy casi otro hombre.
-Sea usted cristiano un segundo al menos; vea su miseria, mire
que está a punto de oír su sentencia y piense que será terrible. ¿No
siente haber ofendido a Dios,
-¿Dios? ¡Desconocido!
-¡Infeliz! ¿Quiere usted condenarse?
-De ninguna manera, ya se lo he dicho. Una eternidad de tormentos es un peso superior a la resignación y a la ironía. ¿Qué hacer?
Recorniéndeme usted, por si acaso, a las potencias celestiales.
-¡Haga un acto de fe, dígame que cree en Diosl
-¿Basta decir si, aunque por dentro no crea?
-¡Oh! Aprovéchese al menos del terror de la carne. ¿No sabe
usted que va a morir, que su fin está próximo, más próximo de le
que cree, que tal vez esta conversación es la última tabla que la misericordia de Dios le arroja para salvarle? La hora llega, es inminente
despertar en la otra vida, ¡y qué vida si es para padecer sin fin!
-Me asusta usted, sí; me asusta usted; creo que me hace sudar
de miedo. Sería un destino bárbaro el mio; pero no me enciende usted
la fe, no estoy contrito; y yo no me niego, yo estoy bien dispuesto.
¡Qué más quiero que no ir al infierno, si lo hay!
-Satanás habla por boca de usted.
-No lo crea; soy un hombre de buena fe. ¿Volverá usted otro día
a continuar su obra? Hoy estoy cansado, muy cansado.
-¿No quiere ·usted humillar su orgullo, pedir perdón para que yoie absuelva?
-Absuélvame si puede y quiere; yo no roo oponge.

,,

~

�LA PLUMA
-¡Dios mío, Dios mio! ¡Qué obstinación! Ofrézcame al m:nos
hasta que yo vuelva que pensará en estas cosas, que se esforzara en
tener buena voluntad, que deseará lo mejor para su alma y se pon- ·
drá en las manos de Dios.
-Lo que yo le ofrezco es no cortar el hilo de mis pensamientos.
Su rumbo no sé cuál será. Y ahora, hasta más ver. Escuche: como
hombre y como sacerdote, prométame una cosa: usted no entrará aquí
sino mientras pueda conversar conmigo.
-¿Cómo?
-Que si pierdo la cabeza o el habla o los movimientos, usted no
pondrá más aquí los pies. '¿Estarnos?
.
·-sea. ¡Que se cumpla la voluntad de Dios!
Después de llorar con la esposa la contumacia del incr~dulo, el
cura se retiró sin perder por completo la esperanza. Su candad era,
por decirlo así, belicosa; quería expugnar el corazón de Benedicto
como una fortaleza guarnecida por Satanás. Y una voz secreta, la voz
.de su celo cristiano, decíale que aquella obra la cumpliría él, instrumento, aunque indigno, de la bondad celestial. Pe~cibió señales_ del
an eJ·emplo que Dios quería hacer en la conversión de Benedicto;
gr uelta al redil iba a ser notoria, como su descarno.
. p or vias
. mis
. tesu V
.
" .•
· sas se esparció la noticia de que Benedicto habia pedido
no
. co01es1on.
e Ya le han metido un curángano en la alcoba&gt;, decian unos, rechinando los dientes, en lo que se conocía su espíritu _infernal.
c·Oh la muerte les baja a muchos los humos!», decían otros, con
1 de
' triunfo, como si en la conversión d el enemigo
.
. an el
sonrisa
v1er
desquite de una humillación antigua.
Al día siguiente un periódico católico aludió veladamente _al suceso: cConforta el ánimo pensar-decia-que, como ha escnt~ un
gran historiador de nuestra gloriosa literatura, muy pocos espanoles
mueren en la impenitencia.•
El cura se preparó con muchas meditaciones y rezos para el nue-

LA PLUMA
vo combate de aquel dia; en lo mejor de su piadoso ejercicio paróse
a considerar la hedionda miseria del corazón humano, aun en sujetos
de vida pulcra en apariencia, como su amigo. ¡El austero profesor era
ladrón! Había robado, y pretendía además explicar y justificar su
desafuero con razones al alcance de cualquier salteador. Comenzaba
a sentir el cura, ante la iniciada confesión de Benedicto, un fervor
compasivo, cuando una idea de inspiración diabólica se enseñoreó
de su mente. El profesor ¿habría mentido? Toda aquella historia del
robo, el glacial cinismo con que la contaba, ¿no serían embustes improvisados para burlarse de su furia apostólica? Al cura le repugné
la idea y empezó por desecharla; pero era impaciente y soberbio; en
la posible chanza de Benedicto vió un agravio person:il, según el
mundo, y se consideró en ridícula. Coligió todos los rasgos del carácter de su amigo que abonaban sus sospechas, y pronto fueron casi
certidumbre. Después de todo, el tal Benedicto, ¿no había sido siempre un egoísta desalmado, un zorro, un burlón frío, en quien se prolongaba «el último eco de la risa de Voltaire?» El cura concluyó por
indignarse, y se lanzó a la calle encaminándose a casa de su amigo,
resuelto a poner las cosas en claro. Benedicto le deparó el chasco
final. El profesor había muerto dos horas antes, !:in pedir nada ni h1tblar con nadie, llevándose el secreto de su austeridad. El cura sintió
derrumbarse su cólera; sobrecogido de pavor, rezó ante el cadáver.
No se habrá olvidado aún el alboroto de que fué ocasión el entierro de Benedicto. La Iglesia, ayudada por la familia, reclamaba s~
despojos; los librepensadores querían, por su parte, hacer propaganda con el muerto. La disputa, breve, fué intensa, tanto, que se pensó arreglarla incautándose el Gobierno del cadaver para enterrarlo
con pompa militar. Al fin, Benedicto era una gloria nacional. e El espíritu ecuánime del Presidente del Consejo-decía un periódicoaccederá seguramente a_lo propuesto, con lo que se daría además una
prueba del amplio criterio liberal del régimen.&gt; El testamento de Bo21

�LA PLUMA
nedicto zanjó la cuestión: «Prohibo que me vistan después de muerto-decía-; prohibo los honores de toda especie. Quiero que me
entierren en el cementerio civil, en un hoyo sin losa ni nombre.•
Así se hizo, una tarde de márzo en que el vendaval, duro como granito, arrastraba locamente por el cielo jirones de nubes. Los secuaces de Benedicto congregáronse a mHlares para tributarle el homenaje postrero. Los más acérrimos subieron al piso, se apoderaron del
ataúd, y sin admitir que lo cargasen en el carro, se dispusieron a
eumplir el rito a que están sujetos los hombres de tal categoría. Consiste en llevarlos a los lugares que más frecuentaron en vida para figurar el hecho de la separación material causada por la muerte. A Benedicto le pasaron por delante de la Universidad y de la Academia,
por delante del Ateneo y del Congreso. Este rito, probablemente
local, no implica ya ningún sacrificio sangriento: se ha perdido la
costumbre de degollar, para enterrarlos con el muerto ilustre, a un
cierto número de sus colegas, camaradas y conmilitones. El paseo por
Madrid es sólo fatigoso; aquella vez lo fué como nunca. El frío arrancaba lágrimas a los portadores del muerto. La muchedumbre fué aclarándose. Ya anochecía cuando el cortejo llegaba a la carretera de las
,ventas. ~ntonces se echó de menos el carro fúnebre que los entusiastas habían despedido casi con amenazas. Dejaron el ataúd en la
cuneta, refugiáronse algunos en los ventorros del camino, volviéronse los má&amp; a Madrid, y cuando pasó un coche fúnebre, de regreso
del cementerio, se consiguió que recogiese a Benedicto ~ lo llevase,
ya Roche cerrada, al depósito, donde lo dejaron tendido. Pero Madrid había visto en sus calles una manifestación grandiosa. «Pueblo que así honra a sus muertos-escribía el redactor de un periódi•o-se honra a si mismo.&gt; El redactor tenia-y en gran manera lo
admiraban por ello-el don de elevarse de lo particular a lo general, que es en esencia el don de la sabiduría.

MANUEL AZA~A

Esta 11,ocke se me ha hu1'dido
casti'/lo de naipes.
El juego era serio. Un
casti1/o de naipes puede
ser albergue bienhadado
por toda la viaa. ¿Acaso
110 ltay hombres (Jut ta/tan mármoles
y ponen pi·edras encima
de piedras, supremo arte
que llaman de arquitectura?
Yo iba poniendo los naipes
u110 al lado de otro, todos
trabados por voluntad
y no por su peso propio.
Pero el azar pudo más:
a/tí estdn las cartas todas
desparramadas, y dicen '
fut ellas son para jugar,
para ga,iar lo perdt''do
u,, víspera
1se

�LA PLUMA

y perder lo que se gana
otro día. Nada más.
Para deshacer y hacer
como las aguas del mar.
«¡Jugador, fzuga tu carta
seriamente, que ya está
preparándote un castillo
mefor que et tuyo, el azar.. .!
¡Si es que ganas...!»
Pero yo p1:enso en que tengo
mue/zas cosas que guardar.
Y mientras el alma oye
voz de fugar y dudar,
las dos manos
sobre los naipes se van
a salvarlo todo, y vuelven
a empezar.
PBDRO SALINAS

APUNtes
paca una geogcafía musical
de eucopa.
(1920)
- Trrrcrrrrrrrr...
-¡Ras! ¡Rasl
-Se ha déscorrido el telón. lQué se ve en el escenario?
-Un cielo limpio, una luz suave, unos arbolitos tiernos, un arroye
daro.
-¿Será un paisaje nuevo o una segunda parte de la misma~
-La escena se ha cambiado, el ambiente es otro, los personajes soa
gente bisoña. Todo es distinto. No se quiere proseguir más la comedia
vieja. Conceptos, creencias, sentimientos, voluntades, todo titme un norte
diferente; se ha mudado de orientación. Hay otros dioses en los altares y
son más armoniosos los sacrificios. El nuevo mundo es una isla alegre, luminosa y florida en medio de un mar pagano. No profundo, sino transparente. No grandioso, sino lleno de reflejos. El aire es tibio y perfumado.
Corazón liiero y vinos claros.

I

Francia.

.

En estos apuntes para una geo~afla musical de la Europa contemporánea, Francia se lleva la papeleta más extensa. Ayer se la hubiera lleva-

ª•

�LA PLUMA

1
1

LA PLUMA

do Rusia; antes Alemania, Italia, Francia otra vez en tiempos más viejos.
No ahora, sino antes de la tormenta, Francia se babia preparado ya para
el cambio; virtualmente lo habla realizado ya, pero sólo después del
estruendo es cuando esto se comprueba, cuando se ve que el arte nuevo ha
p erdido todo contacto con el de antes de la guerra.
La transformación se opera en Debussy. Nos basta detenernos en Debussy sin remontarnos más atrás. La revolución debussysta es la primera
fase del cambio. Vamos a ver cuáles son sus aspectos diferentes; esta primera parte, o sea el periodo debussysta, es una protesta de la sensibilidad.
Primero, contra el cobjeto•, esto es, el asunto tratado. Segundo, contra los
«medios•, esto es, los procedimientos para tratarlo. El asunto fué, pues,
en slntesis, una protesta de orden estético; la cosa protestada fué el almacén sentimental del romanticismo y la técnica alemana con que se expresaba.

**•
Con Debussy la música cambió de clima, de atmósfera, de perspectiva.
Otro paisaje y otro ambiente.
Después de Beethoven, la música adquirió un valor de 01'den ético totalmente distinto al que tuvo en tiempos de Mozart y, con más razó:i en
tiempos anteriores. En este nuevo aspecto, el arte musical llevaba una ganancia y una pérdida. Parecidamente a lo ocurrido con la pintura, el arte
se elevaba en «consideración&gt;, pero bajaba al mermar su función natural;
decoración, embellecimiento de la vida. La «pintura de museo• se emparejaba con la «música de concierto•. Ganaba diariamente en intensidad, en
intimidad, en agudeza; pero se hada especialidad de competentes. To.davla
en tiempos de Mozart y de Haydn el arte de salón era sensiblemente el arte de la calle: no había diferencias profundas; los compositores se diferenciaban sólo por la calidad de alma. La «sinfonía• fué el vehfculo de la transformación. En la «danza•, elemental de construcción, comenzaron a trastro•
carse los términos. Se dió sin cesar cada vez más importancia a la trama y
menos importancia al bordado. Nada eso que se llama el «tecnicismo&gt; por
los profanos y el «sinfonismo• por los profesionales. La música se hacia
~

llD arte

de mover el corazón (valga la frase) en vez de ser un arte de tren-

.zar los pies. Beethoven le dió patente de trascendencia; y luego todo el si--

glo XIX se cebó furiosamente con el pobre arte sonoro, al que hizo exclusivo intérprete de sus enervamientos y lo utilizó de alcahuete.
La reforma debussysta es de una incomparable depuración y dignidad.
~brió las ventanas, entró el sol y el aire claro. Su música fué una música,
sensual que reemplazó a la música sexual y a la música intelectual del siglo
caduco. Quería volver a ser, como en tiempos del clave, un arte ingenuo
J valedero por su estructura sonora. Todavía, sin embargo, estaba lleno
de petulancias del mil ochocientos. Es verdad que babia acercado la
música más a los nervios y a la sangre, más al juego divino y eternamente·
nuevo de los sentidos; pero lo hizo precisamente con el mismo procedimiento vicioso de los románticos: por especialización, no generalizando.
Es verdad que habla abierto las ventanas, pero eran las ventanas del museo. Hizo entrar la luz clara en el salón, pero no sacó al jardín la estatua..
Llevó el fauno y la tarde de julio al concierto, pero no consiguió desnudarnos y llevamos al paisaje griego.

. Al lado de_ Debussy, que es el agente transformador, el más grande·
agitador artlstico después de Beethoven, existen dos factores muy notables
en el proceso de la renovación musical francesa. Además del valor puramente particular de cada uno de ellos, tienen una importancia general y
es la de haber hecho continuar el movimiento, dentro de su mismo pals,.
cosa no ocurrida en otros, según se verá más lejos.
Probablemente esos dos músicos a quienes nos referimos no aceptarlan de buen grado este papel de colaboradores. Entiéndase bien que no
lo~ señalamos nosotros como colaboradores del debussysmo. Nada más
lejos: lo que entendemos es que por ellos dos continúa el movimiento de
reforma, el proceso de evolución, la transformación, en una palabra, aún,
no conseguida.
Uno de ellos-Mauricio Ravel-, porque no se considera influido por·
la técnica ni las ideas de Debussy-y a muy ju,;to título. El otro-Erik.
27

�LA PLUMA
LA PLUMA
Satie-, porque en cierto modo se considera un' precursor de Debussy.
Y aun el ver citados juntamente a ambos artistas parecerá a muchoa
cosa chocante. En efecto, objetivamente, sus obras son profundamente diferentes y el concepto respectivo sobre la •categoría• del arte también.
Para Ravel el arte es t odavía la superhombria: por caminos de perfección
se encuentra el Olimpo. Satie es un tipo de nihilista. ~Superioridad? Hace
una mueca y se sonríe. Pero ambos creen en la profunda necesidad de la
construcción y de la depuración de todo lo supérfluo. Sólo que en Ravel
la complicación •material&gt; es natural y en Satie su sencillez aparente es el
extracto de un complicado alambicamiento. En el límite, ambos representarían la cristalización pura e inmácula de un tipo: esto es, el academis1110
en su más elevado concepto. El aspecto burlesco de uno y otro, el frío
sarcasmo que sus obras aparentan es, en cambio, un trait-d'union menos
importante de lo que pudiera creerse; pn'meramente, porque la ironía en
que se mueve casi todo el arte actual es una resultante de su puntó de
vista respecto a la triple posición del creador sobre el arte (antes), como
realización (en) y respecto al público (después); segundamente, porque la
ironía en Ravel está in adjecto y en Satie in objecto. Ravel hace muy seriamente su broma. Satie toma muy irónicamente su seriedad.
La importancia de Ravel, como copartícipe de la transformación podría definirse: consagra la radicalidad en el procedimiento. Pero la de Satie es mucho mayor: prepara al cambio de concepto ético, defunción y lo
thace precisamente afirmando la sustancialidad del principio clásico. En
casi todos l,os dichos y los hechos de la más joven gente francesa hay el
,mismo doble anhelo: quüar importancia y equilibrar como k,s c/dsícos.
0

•••
Los últimos retoños del laurel francés son gente bisoña que se ha agrupado alrededor de Erik Satie. Se titulan los •nuevos jóvenes», o mú corrientemente los •seis&gt;. Tienen un portavoz: Juan Cocteau (1).
1( 1) Véase su op6sculo Le Cog el r Arleguin. Lo qu.e citamos entre comillu
pertenece a este librito tan rico de sentido.
28

,Qné harán los •seis,? Extremar las cualidades que ~encontramos en el
arte post-debussysta: llevar cada cosa hasta lo colindante con el absurdo.

Al criterio de libertad técnica oponen un no-euclidismo aún más radical,
por eso, por ir a lo más interno de la rali. A la pretendida ekvación de
pensamiento, una buscada trivialidad, un caire fácil&gt;, sin grandezas ficticias; las sonatas de Poulenc son el mejor ejemplo. No quieren comprar
•valores firmes•; esto lo consideran en un joven como una verdadera vergüenza. Ni tampoco debe ponérselos en la piedra de toque; •todo valor
que se prueba es un valor vulgar•. Esto lleva consigo un renunciamiento
a la historia. Es· verdad y es trabajo costoso. • Es duro el tener que negar,
sobre todo, las obras nobles. Pero toda afirmación profunda necesita una
negación profunda.•
•Nada de sueños; pero sobre todo, si te afeitas la cabeza no te dejes.
tupé para el domingo.• •No se trata de cambiar de traje. De cambiar de
piel es de lo que se trata.• No se preocupan de adoptar una actitud de
vanguardia meramente decorativa. Saben que hay que ir escalón por escalón, so pena de tener que volver a subir para bajarlos. Están donde deben estar; •si una obra parece avanzada sobre su época, es simplemente
porque la época retrasa,.
Hombres vivos y artistas póstumos, proclama Cocteau. Les interesa, sobre todo, este aspecto de la vida ligero, fácil, gracioso, divertido, al dfa,
•música a la medida del hombre. Nada de nubes, ni de olas, ni de acuariums, ni de ondinas, ni de perfumes nocturnos. Una música a ras de tierra es lo que precisa; una música de todos los días,. •No más músicas en
las que uno se deja flotar largamente; quiero que se me construya una
música en la que pueda vivir como en una casa.» Satíe respondió escribiendo su •Musique d'ameublemenb .
Si están ya lejos de Debussy es porque velan que el impresiQnismo no
era más que el •contrecoup• del romanticismo, los últimos rumores de la
tormenta. Y su música es aún de la que hay que escuchar con la cara
entre las manos. No. Una música de tal índole es todavía sospechosa. Lejos, lejos del teatro y del teatralismo. cEl teatro está siempre corrompido;.
el café-concierto a menudo es puro.» Conviene adoptar una cierta actitud
frlvola. ~Comienza la gente a reírse? Buena señal. cNo es que todo lo que
29

�LA PLUMA

' que l1J bello y nuevo excita
haga reir a la gente sea bello o nuevo, sino
, fatalmente la risa de la gente.•
.
En Darius Milhaud acaso el más granado de toda esta cosecha, aun
verde; en Francis PouÍenc, acaso el más frescamente jovial, el más puro
(su rapsodia negra es netamente bella, y los trozos de. pi~º.º y las sonatas
positivamente deliciosos); en Georges Amic, el .•~ás mc1~1vo, más agudo
y más perspicaz; en Mlle. Germaine Tailleferre-lmsmo pn":1avera_l, verde
·-tierno- en Luis Durey, en Honneger, hay además de sus mtenc1ones un
rico val~r •objetivo•. No creo que su obra pueda ser con,iderada como
un movimiento sin consecuenci~.
.
Ciertam,.nte no es cosa tormentosa al buen viejo estilo romántico: ea
cosa simple y sonriente. Viento suave que ondula el mar dorado. C~b•ado
•el sentido de la •importancia•, ésta no se hace ya en hondura stno en
superficie. Los •nuevos• aspiran a hacer del arte un objeto de t~d?s loa
dias, que 'ayude al agrado del momento y que contribuya al ah_v10 del
trabajo cotidiano. Si se permite el juego de palabras, su obra quiere s~r
, profundamente ligera, en contra del romántico, que no pasaba de ser ligeramente profundo.
ADOLFO SALAZAR
• 1

de "la Dame de Cozue".

II

Dame de C&lt;.r.ur está en Madrid. No la busque:1 ustedes en Parisiana, porque esa no es la verdadera, y porque podrfa saltarles otra
figura u otro color. Bien cerca la tienen: ella misma les sale al encuentro en estas columnas impresas, si no con el corazón en la mano, con
dos corazoncitos gemelos en sendas esquinas del naipe.
Estos dos corazones se los ha dado el azar, padre suyo muy respetado, si no del todo respetable, para que corra por la vida como cumple a
una señora de su alcurnia. La Dame de Creur, como Magdalena, ha amado
mucho; lo cual equivale a decir que ha sufride mucho. Pues, en una época
en que tuvo que hacer de mecanógrafa, cuando vivía en Londres y la llamaban Miss Proserpine Garnett, se ocupó, aprovechando raros momentos
de ocio, en clasificar amores y penas por orden rigurosamente alfabético,
y en guardar los unos en un corazón y las otras en el corazó n de la otra esquina. Pero nunca pidió a su musa-la Musa de la Mecanograffa, claro está,
A

U1tjiort

en- famore
t jJtr fodio una s&lt;Ulta,

porque amores y sufrimientos no llegaron a dejar semilla de odio en nin-guno de sus corazones: los dos están igualmente floridos.
Sin querer, y dejándose llevar por su alma, femenina al fin y a la postre, la Dame de Creur ha sido indiscreta. Ha faltado, para empezar, a
la elementalfsima discreción que manda callar lo propio y sólo hablar de lo
Jl

�LA PLUMA
ajeno. ¿Quién le mandaba a ella decir que ha sido mecanógrafa? ¿No la
hará desmerecer tal profesión en el concepto de las lectoras linajudas?
Para consolarse, no le queda otro camino que el de una nueva indiscreción. a expensas propias: recordar otros tiempos, más lejanos aún, por
desgracia, en que fué pajarita de ciudad y atendía por Mimí Pinson. Entonces le importaban poco cuna y linaje: lo que le hace sentirse orgullosa de
aquellos días,
ce n'estpas, on se l'ímagíne,
un manteau sur un écusson
fourré d' her•nt'ne.

Advierte ahora la Dame de Creur que desde entonces le ha quedadocostumbre de acompañar su trabajo·con cancioncillas en boga; sólo que,.
para andar entre literatos, gente asaz burlona, lo disimula citando a los.
poetas-en el buen sentido de la palabra. P«rdónesele esta debilidad en
gracia a la sencillez con que la confiesa.
Otro grave defecto tiene aún, y este sí que teme que no se lo han de·
tolerar las gentes graves de la revista: es charlatana hasta dejarlo de sobra.
No necesitará probarlo de manera más elocuente que con este primer articulo, en el cual ha dicho de si misma cosas que a nadie le i~portaba
saber, y no ha llegado, en cambio, a decir nada de lo que se proponía..
Achaquémoslo a falta de espacio, puesto que ya, como todos los escritores, y aunque no tenga ni la idea más remota del original acumulado en la
revista, sabe que con esa excusa siempre se acaba bien un articulo.
En los próximos hablará de cosas más sustanciosas, si Dios no lo remedia. Y cuando no halle a mano asunto de actualidad palpitante, le bastará
echarla a uno de sus dos cor:azoncitos, que no han dejado de palpitar, y
extraer un recuerdo de amor o de pena, con que, lectoras mías, os pongáis
soñadoras. Ya sabéis que están perfectamente clasificados. De lo que nunca os hablará, tenedlo por seguro, es de los bailes de Tórtola Valencia;.
tampoco de trapos, plumas y modas: eso es cosa de hombres.

LA DA..'113 DB CCBUR

•·· castillo famoso.

I

no me insp_ir~ una afición violenta. Si el amor propio de mis.
paisanos. no se 1mta, añad"iré que Madnd
. me parece . ó d
desapacible y en la ma
1nc mo o,
Madrid es un poblachón
I yor parte de sus lugares, chabacano y feo
ma construido en el que
b
•
pita!. Madrid se apelmaza e
'
se es oza una gran cal
n unas costanillas en u
d
b
o alto de unas colinas (yeso d V 11
, ..
nos er~um aderos, en.
justicia) y no se atreve a esp::cir: ecas,. guIJiu:os. puntiagudos, sol de
(Prado-Castellana), es como plaza dee,: saltr de s1 m1sm_o. Su gran Coso
a contemplarse; no le sirve ara ir p eblo, a la que baJa Madrid a verse►
tad (asila llamaron unos c:nce·a1~ ~arte a_lguna: la Avenida de la Liberotras avenidas madrileñas
1
~publtcanos) desemboca, igual que
, en un rastroJo Más de u
'lió d
d orosos se debate en la angostu d
.
n m1 n e cuerpos su. i r
ra e estas calles grit
in e ices bestezuelas que se hubiesen d .
,
a y se atropella, 1,:omo
En Madrid lo único es el sol La 1 . ~Jado coger en una jaula sin salida_
ria, y se abate sobre las co~s couz :~~ a~able descubre toda lacra y miselas aniquila. Por el sol es M d "dn a una, que las incendia, las funde
n una población
J
•
d eI eorpus: suspensión del ªtráf:
.
para ueves Santo O d(a.
dos desfiles... (y en las casas
tiendas cerradas, formaciones, pausafresca penumbra con las ,dqw as ya las esteras, está el comedor en
'
ma eras entornada h
nn de la Castellana). Mad "d
s, asta que las niñas vuelMadrid cambia menos de lon no ~e parece alegre, sino est111endoso.
3
que se piensa. Cierra los ojos, lector: lqUé
ADR_ID

ª:d

u

�LA PLUMA

LA PLUMA

1

1

ves al acordarte de la villa? La mole blanca de Palacio y unas torres y cú•
pulas bajas perfilándose en el azul, sobre las barrancadas amarillas que
bajan al rio y dominan el Paseo de Melancólicos. .
Basta lo dicho para saber que yo no soy madrlleiiista. El madrileñisroo es necedad importada de la periferia. Hace años, un catalán que le
vendla adoquines al Ayuntamiento, quiso ser concejal, y en sus carteles
electorales se tituló madrileñista. Era una idea de empresario; después la
han hecho suya algunas casas de juego. Pero sin que el madrileñismo me
ciegue, conozco que Madrid solicita al desocupado paseante con alicien •
tes muy gustosos. Primero, en Madrid no hay nada que hacer, ni adonde
ir, ni (para un madrileño) nada que _ver, porque no es cosa de llegarse
todos los días al Museo a preguntar si han cambiado de sitio Las Meninas. Segundo, Madrid es un pueblo sin historia. Una «vieja ciudad• histórica empieza por infundirme un recelo provisional que se torna en ale•
jamiento definitivo en cuanto la historia que revela es, como acontece,
apestosa de estupidez. En Madrid nunca ha pasado nada, porque hace
más de dos siglos que en Espafia no ocurre casi nada, } lo poco que ha
ocurrido ha sido en otros sitios. Toda la historia de Madrid son unos besamanos y unas intrigas de cámara y alcoba regias. Con las Mmwrias de
Mesonero, la Estafeta de Palado, y la colección de Crímenes cllebrts, se
conocen todas las fuentes de emoción de los madrileños durante siglo y
medio. Entre Madrid y una ciudad histórica, hay la misma diferencia de
calidad que entre la Píazza de San Marcos y la calle Ancha de San Bernardo. Reconozo que el no ser Madrid una «vieja ciudad prócer&gt; es acaso
el más elegante atractivo que para mi tiene este pueblo.
Como en él he de pasar la vida, quisiera verlo acomodado del todo a
la honesta moderación de mis gustos. Yo no voy al teatro. Desde que los
gorilas escriben comedias para los analfabetos, asistir a un teatro es ac•
ción vergonzosa de las que se abstienen las personas pulcras. No voy
tampoco a las tertulias, donde la amistad es rara y la camaraderia irrespetuosa. No cuento en la tribu de los melómanos ni en la de los taurófilos, ni soy casinista, peñlsta o ateneísta, y hace muchos años que por higiene corporal y mental me abstengo de aquellas frecuentaciones a las
que mi lozana juventud debió las más violentas efusiones sensuales, enO

J4

tr~veradas de sentimentalismo
miento que de mozo me
exasperado. {Aludo al pasmo
no duermo .
produdan las funciones de . l .
y arrobati
, o1 leo, o me resigno al fastidi d
. ig esta.) Las horas que
empo, o paseo solo por las caU
o e m1 hospedaje, si hace m
&lt;l~a en invierno, de noche casi sie: y los alrededores de este Madrid :~
gusto
pre en verano. Debo a tan tno,ens1vo
. " '.
M
d · una rara erudición en personas
b a nd, por lo menos al todo Madrid y cosas madrileñas. Conozco a todo
~es y la mayor parte de su historia que sale a la calle; s~ sus costun
m sospechan mi existencia pud' . ¡A cuántos millares de personas
•
;uya y demostrarles que nada h:;:::tcontarles ep_isodios secretos
ero a un paseante 1 .
o para la mirada d 1
las calles El
e importa sobre todo la di
. . e que callejea!
·
reposo de la . d
spos1c1ón y el as
serenidad del es ¡ .
nura a y la comodidad d l
.
pecto de
apacible. M d .dP ntu ~ue devanea, y permite
e_ os pies, labran la
.
a n necesita enmenda
.
n cammar con descuido
porte me haga sufrir menos
rse y me1orarse para que mi ú . d
L
d. .
·
meo ea con ictón irritable de los ma .
::~ :e;estral razonador y sentencio:1:::• ~¡ del señorito alalo como
a ~umor a un defecto de la RAZA· amfiesta. Pero yo no atribu
otro motivo seria comer! 1
, hablar de la RAZA
yo
valla en torn .
. e e terreno al señor Alta .
con ese u
Homb
o, yo atribuyo ese mal humor 1
mira, que ha puesto una
re no tuvo d d
ª empedrad s·
de posar los pies : : ;u:er:~r ~a cabeza, el hijo de Mad:d n10e!:ijo del

d;~:

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1~, albote, dei"m0 .;';;:
. orresponde a la é oca
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. e c_tualidades y de la Ale a MaJa castiza de Goya, articulo

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~coocluye, pot hoy, co!:;~;;:::; ;•oce

35

�LA PLUMA
exportable, en el que ya no somos tributarios del extranjero. Esa •reintegración del gusto nacional en lo decorativo&gt; corresponde, por otro lado,
a un movimiento de ideas que va desde la desolada adjuración de lo español hace veinte años, a la xenofobia y patriotería incubadas por la
guerra.
..
.
Al atravesar por esas calles, el paseante se afhJe. Tantos pmáculos, coiomnillas y voladizos, tantas lineas rotas, tantos insultos a las leye_s de la
proporción, tamaña arbitrariedad, tal violencia, manti_enen el ámm? ~n
susto perpetuo y nos hacen saludar con alegría cualqwer caserón trivial
de la calle del Sacramento, que al menos no pretende torturar nuestro
gusto sometiéndolo a un canon indemostrable: Mad~d, ~n vías de_transformarse, es la capital del abandono, de la 1m?rov1sac1ón, de la mcongruencia; el paseante sería feliz si viese los· corr.ienz_os de_una era de moderación, en que el sentido critico, por recobrar su 1mpeno, refrenase l~s
ímpetus del genio frustrado y la audacia de los falsificadores, a caza de n-

1.-Para loa

...

amigo■

de Rub6n Darlo.

(Rubén Dario, Ejis/11/ario, con un estudio preliminar de Ventura García Calder6n. París, 1920, s.•,
73 páginas.-Biblioteca Latino-Americana, dirigida
por Hugo D. Barbagelata.)

., ,¡

eo• nueTOI.

BL PASBANTB BN CORTB
de prólogo al libro una traducción española del excelente artículo sobre Darlo que V entura García Calderón publicó en el M"curt &lt;k Franct del I de abril de 191.6. Hay cartas a Unamuno; entre
ellas, la célebre carta-célebre por tradición oral entre los amigos de Darío-con que contestó a cierta salida de mal humor del maestro de Salamanca, quien-si la tradición no engada-se dejó decir cierta vez que los
americanos traíamos las plumas debajo del sombrero. La carta de Darlo
comienza: •Le escribo a usted con una pluma que acabo de quitarme de
bajo el sombrero.&gt; Y acaba: • Usted es un espfritu director. Sus preocupaciones sobre los asuntos eternos y definitivos le obligan a la justicia y a la bondad. Sea, pues, justo y bueno.&gt; Hay también cartas a Julic,
Piquet, •Buen Samaritano de nuestro gran Rubén&gt;, escritas desde Mallorca, donde el poeta logró en sus últimos años-tan atormentados-algunas horas felices. Hay un fragmentQ de carta a Gómez Carrillo, que
Ventura dice publicar •no sin reservas mental~&gt;, por si Gómez Carrillo
hubiere colaborado con Daño al hacer la copia del fragmento. Hay algunu
cartas a Alberto Ghiraldo, que fué buen amigo del poeta. Finalmente, hay
1RvE

3f'

�LA PLUMA

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una carta a Piquet de Juan Sureda, escrita en Mallorca-enero de 1914-.
que se ha crefdo conveniente publicar a titulo de docqmento sobre la
vida que hacia el poeta en la isla. ¡Ayl A trayés de esa carta ingenua vemos a Darlo, una y otra vez, presa de lo que él mismo, con respetuoso
acatamiento del Hade, llamaba sus «crisis&gt;,
Puesto que no se ha retrocedido ante esto, bien pudo Ventura haber
recogido en el tomito unas cartas-sé yo que las posee-cambiadas entre Dario y Luis Carlos López, el originalísimo poeta colombiano, con
motivo de la colaboración de éste en el Mundial Magazine. Darlo se
puso solemne, y López lo despertó con gracia al sentidq del humorismo.
También sé yo de alguien que hubiera podido proporcionar interesantes
cartas de Dado a Amado Nervo, y acas0 acaso algunas dirigidas a otro
poeta mejicano que se refieren a un curioso incidente entre Dado y Salvador Rueda.
Según resulta de este pequeño epistolario, Darlo tuvo el propósito de
émprender, en América, al estallar la guerra, una cruzada por la paz, «que
es la única voluntad divina&gt;. Quería comenzar por los Estados Unidos,
«y el Méjico devastado por fraternales rencores&gt;. Las iuchas internas de
Méjico siempre le preocuparo'n como cosa propia. (En una carta a Piquet,
quejándose de sus males, dice: «A mf se me han declarado ya francamente Panchos Villa intestinos y riñones.&gt;)
Salvo algunas de las dirigiclas a Unamuno, las cartas son de carácter
francamente intimo. Se habla aquf de las «crisis», de los teóricos deleites del régimen de agua pura; de Francisca Sánchez y los ciento cincuenta francos que el poeta le obsequia para comprarse un abrigo; de las dificultades que nacen de la diferencia ~e caracteres, a pesar de catorce años
de unión; de enviar al chico a la escuela vecina... El libro sólo debe llegar
a manos de los amigos de Darío, para quienes parece destinado.
Días pasados he tenido ocasión de releer todas las cartas que nos quedan de Góngora. Salvando distancias, la nota fundamental de aquéllas se
repite en las cartas de Rubén Darlo: ¡La pobreza, la horrible inseguridad
económica, que es uno de los peores enemigos del almal «¡No tengo UD
reall»-exclama el poeta cordobés-. Y «¡No tengo un reall&gt;-contesta,
a través de los siglos, el poeta nicaragüeño-. Quién sabe qué pasa; que
38

LA PLUMA
no le pagan puntualmente los Guidos. «El Mundial no es mio-escribe a
Ghiraldo-. ¡Las cosas de siempre! Si yo hubiera tenido capital para esto,
estada muy rico dentro de poco ... &gt; Y más adelante: «... mi magazine Mundial. Digo mfo porque soy director. El negocio es para los capitalistas, ya
se sabe.» Y luego, lo de la Argentina no es seguro; ni siquiera lo de La
Ntu:ión, diario ,benemérito de las letras hispanas, que merece la gratitud
de tantos escritores. Verdad es que los libros producen dinero, sí; pero
· no para el autor, sino, como él mismo dice, e para este o el otro bandido». Y es que sólo queda una disyuntiva: o hacerse rico a toda costa,
como todos los que se hacen ricos, o acabar cuanto antes con el actual régimen del dinero: anular, neutralizar para siempre el problema económico.
Dejad pasar la noche de la cena
-¡oh Shakespeare pobre, y oh Cervantes manco!y la pasión del vulgo que condena.
Un gran Apocalipsis horas futuras llena:
Ya surgirá vuestro Pegaso blanco

II.-ijn memoria de José de Armas.
Ha muerto recientemente en la Habana, adonde habla sido llamado,
tras de varios af'los de ausencia, para dirigir un periódico, el escritor cubano José de Armas y Cárdenas-hermano de Augusto de Armas y Colón,
el de las Rimas bizantinas-, «Justo de Lara», por nomiy-e literario, y
Pepillo en la intimidad.
Pepillo foé huésped de Madrid durante mucho tiempo, y alguna vea
dió conferencias en el Ateneo sobre Shakespeare y Cervantes. Era muy
versado en literatura comparada de España e Inglaterra. Deja varios
libros de critica e historia literaria. A propósito de él, escribe José Maria
Chacón:
«Vivió Armas, durante los años de su niñez, en un impresionante ambiente polemista y luchador. Fué su padre un gran periodista, que ponía
el mismo ánimo de violencia y combate en las páginas polfticas, que mucho tiempo escribió para los principales diarios de la Habana y en el exa39

�LA PLUMA

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I'
1

men retórico de las poesías completamente inofensivas y completamente
-0lvidadas de López de Briñas.
&gt;Eran aquellos tiempos, en Cuba, de exaltación tribunicia: sus cualidades coinciden con las de la España de la Restauración. Armas, sin embargo, y como nuevo ejemplo de autodidactismo americano, realiza en ese
tiempo una obra de información segura, de espíritu sobrio, de critica mesurada y certera.
&gt;Su conferencia sobre Lope de Vega, sus páginas sobre La Doroúa, su
examen del falso Quijote, no fueron sólo una obra de utilidad critica, sino
la afirmación de una modalidad distintiva· en su pr:oducción, que es también singular característica en un selecto grupo de escritores cubanos:
la moderación, la clar,idad, el sentido preciso de la palabra adecuada .
Contra una aparente tendencia de las letras cubanas, que pudiéramos
designar con el pintoresco nombre de tropícalismo, estos escritores, dispares en el tiempo y en la obra realizada (Domingo del Monte, Nicolás
Heredia, José de Armas, Enrique José Varona ...), evitan todo matiz oratorio en su estilo, aspiran a una perfecta sencillez en la expresión, consiguen una justa correspondencia entre la idea y la palabra, dando a,i a su
obra un vivo sentido de claridad y armonía.
&gt;Armas, en su contrastada vida de escritor, fué depurando más y más
estas cualidades. Su excelente libro sobre Cervantes-obra divulgadera.
en gran parte, pero con capítulos muy personales y atrayentes-expresa
el momento de máyor perfección en este proceso. Y junto a las nobles
cualidades del estilo, en correspondencia con las notas más espirituales de
:la producción, hay en el escritor una curiosidad fecunda, un deseo fervoroso de contemplar con libertad la vida. En la lista de sus ensayos vere- ,
mos los temas más peregrinos para ser tratados por una pluma española
o americana: el Fausto de Marlowe, el diario de Samuel Pepys, el humorismo de Sterne. Ya, entonces, adquiere un pleno dominio de la lengua
inglesa, ejerce el periodismo en los l:stados Unidos, escribe largos años
en Tlze Sun, hace frecuentes viajes, como redactor del Herald, de Nueva
York, por América y Europa. (En uno de estos viajes, por su solo prestigio de periodista, consolidado en los Estados Unidos, salvó de una muerte
cierta a un presidente de Haitl, con su Consejo de ministros, sentenciados
40

1,

LA PLUMA
,a en juicio sumarísimo. Estos viajes, descritos con un sentido directo, en
la forma atractiva de conversación con el amigo a quien hacia tiempo no
veíamos, son unas de las páginas literarias más bellas, más llenas de intimidad que dejó Armas.)&gt;
Usted, amigo Diez-Canedo, recordará seguramente a Pepillo: solíamos
ir juntos a saludarlo. Vivía, casi desterrado, en un hotelito de la Guindalera. ~No es verdad que su trato era cautivador, y que no aparentaba los
muchos años que ya tenla, en aquella su complexión robusta de Júpiter
bondadoso? Se enteraba con el · mayor interés de los cvalores nuevos•, y
manifestaba sus opiniones con una sinceridad que no caía nunca en rude.za. No se adaptatia muy bien a la vida española._Sospecho que no llegó a
conocerla. Ya he dicho que vivla como desterrado, en destierro que compartía con él su hijo, el pintor; en destierro impuesto por los males de su
-esposa. La pobre señora padecía una enajenación mental que, a veces,
producía efectos exquisitos y encantadores. Su locura era la locura de la
.afabilidad, de la solicitud: le daba por ser maternal y hospitalaria con todo
-el mundo. Y como conservaba aún destellos de inteligencia, el resultado
-era tan hermoso que hacia preferir la locura a la cordura. Y el pobre Pepillo la contemplaba y llevaba con paciencia, con respeto, sin atreverse a
gustar de aquellos deliquios de bondad que no eran hijos de la razón: com~
se soporta un mal sagrado. La contemplaba y llevaba con paciencia ... pero
¡ya no podía escribir! Fuera de su obligatoria tarea como corresponsal del
New York, Herald, le resultaba muy dificil cultivar la viña del alma, amargad~ por el dolor y la ausencia. Además, una sorda enfermedad lo minaba.
Se pasaba los d[as en cama; en cama recibfa a los pocos amigos de su
confianza. Cuando se sentla muy solo, era frecuente que recibiera uno
alguna esquelita con una letra regular y clarísima, recordándole el caminG
de La Guindalera ... ¡Pobre Pepillo, tan superior y tan bueno, que viviend•
,en Madrid no vivla en Madrid, y teniendo una compañera amorosa no tenla
-compañera! Los hombres de su tiempo hablan muerto en gran parte. Y
cuando al fin, como Rip Van Winkle, regresó a su patria, fu~ sólo par•
-regr~sar a la patria de todos. Descanse en paz.

ALFONSO RBYBS
41

�LA PLUMA

1

vierte en su prédica ese tono de dómine fastidioso que acos~umbran algunos .
ensayistas a la violeta. El estilo limpio, claro, suavemente teñido de dulce ironía, nos gana, apenas abrimos el libro. Lo leemos sin sorpresa, pero sin reparo, no subyugados, mas sin desconfianza ni empacho. No es un maestro quien
nos habla; e~ un ami~
•
··C. R. C.

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Y Re O t S t AS &lt;i&gt;

Ramón del Valle-lnc14n.-El Pasajero. Claves lírfras.
Farsa de la EnamfJT'ada del Rey.-Sociedad General de Librería, 1920.
•Este gran D. Ramón del Vallc-Inclán me inquicta,-~ijo el gran Darío-.
y la inquietud espiritual, el perpetuo afán de rcl!1ozam1ento, son a nucst~os.
ojos las virtudes cardinales de este a quien no vacilamos en ll~mar el más JO·
ven de los escritores españoles. Ved, si no, lectores de sus últu_nos poemas Y
de esta farsa en que la invención del Boceado cobra una gracia actual, una
estilización modernísima de las formas antiguas, ved cóm_o a ~- ~amó1;1 del
Valle-lnclán no le sirve la maestría adquirida en una expencnc1a htcrana_de
cinco lustros, sino de trampolín divino en que apoyar un salto, más parecido
cada vci: a uo vuelo.
C. R. C.

.

Ramón Pérez de Ayala.-Las Máscaras.-Vol. I y 11.-Biblioteca
Calleja.

,,,

Reúne Ramón Pérez de Ayala en estos dos tomos su labor de crítica teatral, dispersa en diferentes periódicos y revistas de 1910 a la fecha. Mas con
haber nacido sujetos a la actualidad de las representaciones que los sugirieron,
no adolecen estos ensayos de esa efímera liviandad característica de las usuales crtf,ricas de estrenos. Antes bien, cobran a ojos del lector la unidad de concepto con que fueron escritos, la norma estética a que se ajustan, su teórica,
compostura, en fin, cualidades difíciles de considerar a primera vista en la intermitencia con que vieron la lw: primera en la Prensa.
Pérez de Ayala es ua escritor clásico. Y no se quiere decir con esto que nos
limitemos a gustar en él un estilo cuya principal virtud, a nuestro entender,
reside en la graciosa ironía que templa su nabtral elocuencia. Es clásico. en
cuanto no traza rasgo su pluma, por muy al vuelo que improvise, que no obedezca a un criterio propio, sí, pero nunca caprichoso ni mudable a par del
viento que sopla. Porque nutrido de buenas letras, cultivado su temperamento castizo con saludable disciplina británica, propóncsc en su literatura miras.
universales y trascendentes.
C. R. C.

Luis Bello.-Ensayos e imaginaciones sobre Madrid.-Biblioteca
. Calleja.
Está dedicado el libro a D. Benito Pércz Galdós, patriarca de Madrid. Ocupan buena parte de él las páginas dedicad~s a c?n~idera_r el Madrid de 1º!"'
Benito. Apunta de nuevo Bello con ese mohvo la ms10uac1ón ~e _a~gunos cnhcos al juzgar la obra de Galdós a la hora de ~u !lluertc. El m~r,lemsmo, ¿ha restado universalidad a nuestro novelador del s1gloxor?En realidad, con estos ~enísimos Ensayos e imaginaciones no se propone su autor otra cosa q~c suscitaren el ánimo de los lectores la propia preocupación. ¿Cómo compagma el amor
filial por Madrid con la conciencia de ciudadano del. mundo? Has~a aquí la
villa y corte no ha hecho sino pugnar contra el frío aliento de la sierra .Y el
soplo asfixiante de la Mancha, que alternativamente la p:15man y calc1nan.
Bello predica optimista la cruzada civil contra esas dos Furias. Pero no se ad(1) Daremos cuenta en esta sección de todo¡¡ los libros de que se nos remitan dos ejemplares.
•42

Manuel Azaña.-Estudics de política francesa contemporánea. La,
política militar.-Madrid, 1919. Biblioteca Calleja.
Este libro, del que apenas se ha ocupado la crítica, es el primero de una
serie que, bajo los títulos específicos de: l. La politica militar; II. El:lai&amp;ismo,.
y lll. La organiuz&amp;ión del sufraKJo, ha de tratar temas básicos, alrededor de los,
cuales ha girado la política fram:csa de fines del pasado siglo y principios del
presente
El propósito del autor al publicarlo no ha sido, como él mismo nos dice,
•abordar ciertos temas rigurosamente militares tocantes a la preparación técnica de un ejército para la guerra: tratamos-añade-de p0lítica militar, comprendiendo en el vocablo polítka no sólo aquellos hechos que atañen por modo•
inmediato a la gobcrnaci6o, sino cuantos puedan revelarnos la opinión de un
país y las fluctuaciones del espíritu público&gt;. Tales fluctuaciones de la opinión
pública se ordenan en la obra que nos ocupa con relación a una sola medida:.
43 ,

�LA PLUMA
·1a política militar, y así, viene ést.t a ser el hilo conductor que guía al Sr. Au.!1a
en su excursión a través de la vida pública francesa de los últimos cincuenta
años. Pero si el propósito o plan del trabajo eli el que se indica, otras son tu
razones que el autor tiene para escribirlo, y en el prólogo que Jo encabezaadmirable programa político, pleno de energía y de modernidad-quedan perfectamente determinadas.
Entre las obras que la exaltación provocada por la pasada guerra y sus problemas concomitantes ha sugerido, ocupan lugar preferente, en mi opinión, el
libro de Ramiro de Maeztu, La crisis del humanismo y estos Estudios de pollti&amp;a
francesa, de Manuel Azaña. Una y otra obra son como la refracción que en dos
espíritus selectos sufrió todo el caudal de pensamientos y emociones que la
magna contienda suscitara. Mas en tanto que la obra de Maeztu es un ensayo de
,.fundamentar filosóficamente una teoría de derecho público, mostrando los nuevos aspectos que en él introduce el principio funcional, el libro de Azaña, es,
-en esencia, una obra de historia, llena de interesantes indagaciones literarias
y de finas observaciones acerca de la vida intelectual del pueblo francés. Y he
aquí otra de las coyunturas del trabajo del Sr. Azaña, tal vez la más importante de todas, desde el punto de vista político, sobre todo para nosotros los españoles, acostumbrados como estamos a que la gobernación de nuestro país siga
rumbos desconcertantes, coyuntura que articula el libro entero y le presta UD
interés verdaderamente dramático, vivo y humano; y es que su autor ha tratado, yo creo que con singular complacencia, de poner de relieve el nexo que
existe en Francia entre la política y la inteligencia, esa inteligencia y sensatez que tanto echamos de menos en la dirección y cuidado de nuestros asuntos
•comunes.
El propósito del Sr. Azaña ha sido, en efecto, •descubrir la conexión de loi
hechos notorios, resonantes en la vida cotidiana, con los impulsos inteligentes
·&lt;J.Ue aspiran a dirigirlos o a crearlos•. Pero cuando se logra establecer una relación de dependencia, aunque sólo sea a título hipotético, entre los impulsos
espirituales que determinan una acción y sus resultados prácticos, se hace
•obra de verdadera historia, y este es, repito que a mi juicio, el mérito principal y singularísimo de los Estudios de polftica francesa, en los cuales los hechos
quedan explicados por Jo que hay en el hombre de original y de creador, por
sus ideas y sentimientos, sin escamotear el drama que resulta del choque de
tales ideas con el elemento pasivo o neutro de la realidad o de la vida. Así, y
para decirlo de un modo quizá demasiado conciso, los hechos quedan explica.dos por los hombres, frente a esa otra interpretación de la hiMoria en la que
los hechos se explican por las cosas.
No siento el menor escrúpulo, antes al contrario, tengo verdadero gusto 'f
,satisfacción en declarar públicamente que no he leído libro alguno en estos
ftltimos años que me haya producido mayor inte~és }'. deleite qu~ la obra d_e
Azaña de que tratamos. A una cantidad extraordmana de mat~nales_ reum-dos para llegar a la determinación de los hechos y de sus causas inmediatas y
remotas, a una copiosa y variada lectura y un conocimiento p~ofundo de. la
-vida pública y privada de la Francia contemporánea, une este hbro un es~~
.admirable, índice de la exquisita sensibilidad de su autor, en el que la 1lenb1-

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44

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LA PLUMA
lidad y la sencillez se combinan para producir un conjunto armonioso. Nada hay
en él de afectado, de barroco o deslumbrador. Es un libro francés, del mejor
francés, no ya por su asunto sino por su orden y proporción internos. El método y la claridad, esas dos virtudes cartesianas, lo presiden. Capítulos como
eLa restauración del optimismo•, o como •La teutomania y la guerra de 1870,,
o como •Reforma de la oficialidad: el espíritu militar,, están escritos con un
buen gusto, una sagacidad y una visión tan firme de las cosas, a que no estamos acostumbrados. Del mismo modo, el capítulo quinto, en el que se estudian y entresacan las opiniones antidemocráticas de Renán y Taiue, y las
nacionalistas de Barrés y Maurras, constituye el más feliz ensayo que conozco
de sistematización de las ideas de aquellos hombres, representantes de un extenso sector de la vida intelectual francesa.
Y junto a los análisis penetrantes y minuciosos, junto a las afortunadas reconstrucciones filosóficas, al lado de cuadros estadísticos y cifras de efectivo&amp;
'f reservas, el Sr. Aiaña va poniendo una velada y suave nota de ironía y de
buen humor, esa disposición espiritual, ya perdida, de los españoles de otras
épocas; porque, como el autor nos dice, •no hay que estar siempre a mal con la
frivolidad, pues es a veces una a:anera amable que tiene el talento de no darse importancia a sí mismo&gt;.

J. ÁLVAUZ PASTOR
Renner (A.), C. de la R. A. E., y Castro (A.), del Centro de Estudios Históricos: Vida.cu Lope cu Vega (1562-1635).-Madrid, 1919(12 pesetas).
Hay en la literatura española un alto monte inexplorado aún en toda su incente Y Pª".ºr.?sa mole: l_a obra de Lope de Vega. Su obra y su vida, aunque

los a~o~tec1m1entos más importantes de ésta, los más públicos, y también los
más 10timos, hayan hecho correr mucha tinta. En el siglo pasado, un erudito,
D. Cayctano Alberto de la Barrera, edificó, en las vertientes de aquella monta~a colosal! una imponente fábrica, poco menos intrincada y frond0sa que ella
m_1sma. Abnéndose _p~o en~re s_us macizos, apoyado en la lab&amp;r de otros estud10110s y en la pr?p1a 10vestigac16n, un norteamericano, Mr. Hugo A. Rennert,
lev~nt~. en la misma ladera, una mansión mb clara y ventilada, de accc-so.
fácil, ª!º secretos._ Esta obra, The Life of Lope de Vega, es la que se propuso .
~aducir D. Aménco Castro, acabando por refundirla, complementarla y precisar!~. Es ahora, en su versión castellana, mucho más cómoda y al gusto del
día, s10 _que le falte n~da sustancial; y todavía el Sr. Castro, en una parte suya
en totalidad, el apénd1ce B, ha añadido a la casa una glorieta o belvedere desde-·
donde se otean persp_ectivas y se descubren senderos y veredas. El que en
adel,ante baya de estudiar a Lope, deberá tener presente este libro, en que está
al d1a cuanto se sabe-y no es poco-de la vida del F enix de los Ingenios, y en
'l\le IC ap1U1tan, por obra del autor caatcllano, 1011 problemáll e11tético11 y Iitera45

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111

LA PLUMA

LA PLUMA

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.rios que su enorme producción suscita. Muchos habrá que quieran y deban
empezar por ahí a leer este buen libro.
E. D.-C.

Paul-Lui1 Couchoud.-Sages et Poetes d' Asie.-París, CalmanLevy.

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1

Y asf un centenar de hJikais en este sugestivo libro. El Halkai, estrofa de
tres versos-el segundo, de siete sílabas, los otros dos, de cinco-, son siempre, como se ve, apuntes gráficos de color y emoción populares, al alcance de
todos, y viene a representar la reacción frente a la poesía clásica y profesional. Como todo arte japonés, viene influyendo en Europa desde el siglo pasado. En España mismo podríamos citar algún influido.
Pero en Francia, durante la guerra, se ha cultivado mucho. Realmente, para
los momentos de emoción y peligro, nada se presta como el apunte, el /r.aikai.
·· Los otros capítulos del libro están destinados al ambiente japonés, al Japón
en armas y a Confucio. En todo rige un i-spíritu selecto y evocativo.
J.M. V.

No te hieles
-mamá ya no tiene dientesiarrito de agua.

-Rodó y sus críticos (Clarín, Valera, Rubén Darío, Jesús Castellanos,
Unamuno, Francisco García Calderón, Maria Eugenia Vaz Ferreira, V.
PérezPetit,MaxHenriquez Ureña,Ricardo Rojas, A. Gómez Restrepo, Pedro Prado, G. Zaldumbide, Alfonso Reyes, F. de Miomandre, C. Le Senne, C. de Castro). París, 1920, 8.0 , 348 páginas.-Biblioteca Latino-Americana dirigida por H. D. Barbagelata.
-Carmen Lira, Los cuentos de m{ Tía Panckita, San José ,te Costa
Rica, ediciones de J. Garcfa Monge, 19191 8.•, 16o páginas.
-Enrique González Martinez, Los cim mefores poemar de..., con un estudio preliminar de Manuel Toussaint, México, «Cultura&gt;, 1920, 8.º,
1 52 páginas.
-ldem, Jardines de Francia (traducción de poesías francesas), 2.a
edición, México, «Cultura&gt;, 1919. 8.•, 174 páginas.
-Rómulo Tovar, En el taller del platero, San José de Costa Rica, edición J. Garcia Monge, 1919, 8.°, 54 páginas.
-José Vasconcelos, Dívaraciones literarias, México, «Lectura Selecta&gt;, 19191 8. 0 , 100 páginas.
-Omar Kbayyam, Ruba~at, traducción en verso por José Castellot.
Prólogo de José Juan Tablada, Nueva York, 1919, 8.0 , 94 páginas,
-Artemio de Valle Arizpe, Ejemplo (novela). Dibujos de Roberto
Montenegro, Madrid, 1919, 8.•, 280 páginas.

El viento tendido
desordena las sabias rúbricas
de las gaviotas en el espacio.
Sobre una rama pelada
un cuervo tieso.
Fin de Otoño.

11

¡Olt, luna brillante!
¡Quisiera renacer
pino sobre una loma.

El autor, un discípulo de Anatole France. El libro me interesa especialmente por el capítulo titulado «Epigramas líricos del J~pón•, poemitas enanos, d_e
47 sílabas, que aun perdiendo mucho al ser traducidos, hacen su efi-cto. Poes1a
-discontinua, nada oratoria, ni explicativa, tal como la soñaba Mallarmé. Un
tanto insuficiente para el público latino, acostumbrado a vivir en el foro, llenándolo de ademanes y frases ampulosas. Aconsejaría su lectura a todo flOeta
español, sin embargo. No como diciéndole que nuestra poesía debe se: esto
-esto, es la poesía japonesa-, sino para que guste la belleza de l,a sobned~d,
y vea la perfecta armonía que reina en todas las cosas d,e un pa1~ con estilo
propio. Verá cómo se corresponden exactamente _la poe~1a y su p_mtura._Rara
vez los elementos visuales van mezclados con los 1deológ1cos: son unpres1ones
breves, y al mismo tiempo extensas, de la Naturaleza. El gran saber de los
orientales radica en la esquematización; así en la gotita de agua vemos reflejar·se el panorama y el carácter de todo el país.

¡Espanto!
He pisado en el cuarto
el peine de mi mujer muerta.

,\

Acosada por el joven,
la criada
traza una espiral.

Preñada de nueve meses
vientre adelante,
ella planta el arroz.
Al menor viento
las hojas tiemblan:
joven bambú.

,,.

Libros americanc,s

47

�,LA PLUMA

Gacetilla.
Parangón.-En Le Correspondan/ del 25 de enern de este año, M. Marius
André, hablando del lugar que corresponde a la obra de Gald6s en la literatura española, escribe: «La Prensa conservadora y cat61ica rindi6-con una sola
excepción, a lo que creo-un homenaje justo, al par que mesurado en sus reservas, a aquel que no obstante sus errores y sus faltas quedará en la historia
como una de las más grandes figuras de la literatura española. El homenaje iba
dirigido al talento del autor, a su dilatada existencia de obstinado trabajo, y
también a una sinceridad, a una probidad superiores a toda sospecha, a una dignidad, gracias a las cuales, aun en la época de sus peores extravíos, cuando
proveía de armas a los enemigos de la sociedad, de la familia y de la religión,
supo conservar la estimación personal y la amistad de un Antonio Maura.•
Cervantismo. - La idolatría cervantista y el culto católico se van contaminando bajo los auspicios de la R. A. E. Leemos en un peri6dico:
«Con motivo del aniversario de la muerte de Cervantes, se celebraron ayer
mañana en la iglesia de las Religiosas Trinitarias, donde yacen los restos del
glorioso alcalaino, solemnes exequias por las almas de cuantos escritores cultiyaron las Letras patrias.
En el centro del templo se elevaba un severo túmulo, que ostentaba en la cabecera, sobre un almohad6n de terciopelo negro, cuatro tomos de una de las
primeras ediciones de «El Quijote&gt;, rodeados de laureles.
Una Comisión del Cuerpo de Inválidos, formada por doce mancos, daban
guardia de honor al túmulo, en recuerdo del famoso Manco de Lepanto.
La presidencia del duelo la constituían: el director de la Academia Española, D. Antonio Maura; el ministro de Gracia y Justicia, Sr. Guarnica, en representación del Gobierno; el general Fidrich, por el Ejército; el censor de la Academia y el secretario.
Las Madres Trinitarias cantaron una misa de «Réquiem&gt;, en la que ofició un
fraile dominico, asistido por dos capellanes del convento.
Terminada la misa ocupó la sagrada cátedra el obispo de Vitoria, que pronunci6 una sentida oración fúnebre ensalzando la vida épica de Cervantes y su
maravillosa obra literaria.
Después se cantó un solemne responso y se di6 por terminado el acto reli¡ioso con que todos los años conmemora el aniversario de la muerte de Cernntes la Real Academia Espafiola.•
Palinodia-Esta Revista NO CUENTA CON u cou.Bouc1ó11 de D. Mariano de
Cávia, D. Jacinto Benavente, D. Pío Baroja, D. José Ortega y Gasset, D. Ricardo
Lc6n, D. Julio Camba, D. Eugenio D'Ors, D. José Martínez Ruiz (Azorín), la
condesa de Pardi&gt; Batán, ni, probablemente, con la de D. Gregorio Martínez
fil=a.
Imponiéndonos cuantiosos sacrificios, hemos adquirido la SC"11'idad de que
•• colaborará en LA PLUM.A.
DON JULIO SENADOR GÓMEZ

A:R'O J.

1

MADRID, JULIO 1920.

1

NúM. 2.

e( abanico de MUe. MaUaemé.

-~ , •,

A

~

ve_ces, deDtodo un jardín sólo conservamos las alas de una ma
nposa. e la hija de Stéphane M 11
,
conservamos ya el recuerdo d
b . a arme, apenas muerta, sólo
tro le ha dedicado el busto d e,su 8.. ª?1co. En la poesía que el maes,
e a senonta Malla ,
d' .
entre las curvas electrizadas
t
rme se a ivma, etéreo,
que raza en va· é
b .
retrato casi invisible y s , l
'
iv n , e I a amco. Es un
•
'
era e menos pereced • meJor aun, trazo en el aire N
ero. raya en el agua, o
neutraliza los símbolos del ; o p_arece hecho de palabras: el poeta
ideas como si llevara alas enerl1ogutaJle, saltando sobre las puntas de las
s a ones La po ,
.
bro que una brisa leve d .
.
es1a es casi un requieeJa caer en los oíd d
Pero circula por toda ella
1 .,
os e una dama inefable.
una pu sac10n anh J
d el abanico. El abanico, encandilad
e osa, como el agitarse
zalete, y crea poco a poc
t
o, revolotea sobre el ascua del brao, en orno a la da
.
·
te (¡y tan dinámico!) donde . 1 b
ma, un espacio envolven.
,
vis um ramos u
•
_
mecidos; la mano fina que merece
. . nos OJOS sonadores, adorto de aire; la comisur~ de la boca apns1onar un ala; el pecho sedienY, tal vez, en un parpadeo, el brazo

�</text>
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                  <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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Llega un momento en la vida en que todas
las energías del sér, coligadas al parecer contra
ellas mismas, se yerguen y formulan una tremenda pregunta: "Tú, amo y señor, ¿a dónde te diriges? estás seguro de aprovecharnos bien en esta ruta
que llevas?" Claro que hay hombres que no ·permiten a sus ideas hombrearse con ellos: esos no ~acilarán qn punto: sus grandes y pesados pasos desconocen la inquietud, como sus ojos no ven las
huellas rojizas del otoño sobre la arboleda del ,bosque. A este personaje de cuenta, muy señor mfo,
pequeño Falstaff cuyo único tesoro, la triple arruga del vientre bajo la rica tela del chaleco, es envidia de los muchos, yo le dedicaré mis admjracio.
nes sinceras en ocasióu futura.
Pero hay también otros. Estos piensan. Piensan y dudan. Piensan mucho; tanto, que su vida
es un ajetreo .constante de aquí para allí, de abajo
para arriba. Víctimas de su anhelo interior, de su
loco pensamiento siempre en tensión, ellos no supieron jamás sino una cosa; de la duda perpetua
de si mismos. Cuando a estos hombres se formula
el dilema, acontecen actos de inusitada pujanza.
Yo creo que su mundo, su delirante mundo, les
presta entonces el espiritualismo de los seres sobrenaturales. Parecidos a dioses, llevan su locura doquiera, i Iu minados por fuegos de crepúsculos desconocidos.
Y va pasando la lucha y los débiles tiemblan.
Y al fin ceden, y ante todos los peligros del mundo que se levantan contra ellos, doblan la cabeza y
reniegan de su locura. Apóstatas! La vida los absorve en sus ondas de cieno que nunca reflejaron
la claridad del astro. Pero los renegados llevarán
siempre en sí mismos el estigma . del recuerdo del
:lios ·que arrojaron del pecho; el odio en que confunden a sus antiguos hermanos-este odio mezclado de despecho que se siente por aquel a quien
se quiso y a quien ya no puede quererse-revela
bien que no eetán satisfechos de su suerte; mas,
que im¡.,orta! nadie tan fiel como el Mundo; por
una hora de vida, os dará arrobas de tierra; cada
gota de sangre la paga con la esplendidez de un
Sátrapa que fuese el más rico y el más desprendido de sus bienes horribles.

Poco ti¡mi,po después ha concluido todo, ¿comprendeís bien? Todo! Después de dos generaciones,
no resta nada de él en el Mundo .a,quion tanto
amó, sino su nombre grabado en una losa de piedra, con la observación quizás que pusieron l9s_herederos a' uno de aquellos difuntos del macabi·o
cuento de Mark -Twain:
Ha obtenido la recom¡:,ensa de sus
acciones en la tierra.

Luego vendrá el Diluvio de los tiempos. Acaso algún erudito capricho dése a investigar, armado de paciencía, y en el producto de su tarea de
algunos ,a fü¡s,-son tan dilatados síempre los sefiores eruditos!-aparezca él como la real persona de
Ramsés .II en los manuales de historia: como una
momia. El libro puede llamarse: La vida bwrgutsa a principios del S'iglo XX, o por estilo aniílogo.

***
Por cada mil 1uchadores vencidos, aparezca
quizás un vencedor. Es decir, no propiamente vencedor, sino fuerte, muy fuerte para seguir combatiendo y seguir siendo vencido. "¡Siempre vencido!", podía ser su lema y os garantizo que se enorgullecería de él. Y todas las inquinas de los hombres se levantarán contra él, y aparecerá en los
libros de los sabios que estudian las degeneraciones
del cerebro humano, pongo por caso el doctor
Nordau, y procurarán fotografiarle los etnólogos y
reproducirán su imagen en todas las escuelas con
un rótulo que diga: " Tipo anormal de hombre, degeneración visible." El parecerá no darse cuenta
de nada porque sus oios miran el vacío; sin apresurarse, que una vida tiene su tiempo medido con
buenos cronómetros, pasará sus días (¿bien? mal?)
hasta que llegue su fin.-'·¿De qué edad murió?
"Tengo tantos años como el Mundo", dice Eugenio
Marchbanks en la Cándida de Bernard Shaw. Así
fué su existencia.-Pobrecito!
Pobrecito! nadie murmuró una plegaria. ¿Cómo se llamaba? Misterio! Ninguno lo sabe de modo
preciso; unos dicen que se llamaba Louis; otros,
que Aloisius. Su apellido, de fijo, era Bertrand.
¿Quién ha oído hRblar de Aloisius Bertrand? ...
Silencio.

�PU LGARCl,LL,O
POR AMADO .NERVO
Mi amigo se muestra muy desencantado
de la diplomacia. Por poco que le apuraren, exclamaría. como Stephane Lausanne: (cEsa coja siniestra e imbéciL que se
llama la. diplomacia y que no sabe impedir la.s guerrasn.
La acusación es, empero injusta. Sin la
diplomacia desde Agadir se hubiese encendido esta. horrenda. conflagración europea. A1gunos atios la evit6, y no digo
un año 4::UD solo día de guerra que la diplomacia evitase&gt; santificaría a la. &lt;coja.
imbécil&gt; ...
Claro que nó es infalible y que cuando
se encuentra, como en el caso actual, entre pueblos que luchan por su existencia.,
por el ser o ~o Se'r, su eficacia tiene que
amenguarse y nulificarse en parte. , Quién
sabe, empero 1 si ella. sea. la. que nos traiga, antes de lo que pensamos, la paz.
Mi amigo, el decepcionado, está en otro
error: cree que la diplomacia sólo es eficaz cuando la. esgrimen los fuertes; y yo
creo justa.mente lo contrario. La diplomacia es, sobre todo, para los débiles. Sus
inagotables recursos han sido forjados
para. los países pequeños. Son el arma ·d e
los desl'alidos.
!
Recuerdo que hace un tiempo, un hispa.no-americano ilustre que se preocupaba
hondamente de nuesti:o problemas intern&amp;cionales, me escribió en demanda de
una opinión (él decía modestamente de mis
consejos), acerca del porvenlr de su patria.
Yo le escribí la siguiente carta ... que no ·
le envié janiás y que yace entre mis pape•
les desde entonces. (Un entonces en que
los conflictos no se habían agudizado como se ag~dizaron después):

.«Mi querido a.migo X, Y; Z (le escribía
yo):

«Me pide_usted ... algunos eoJ)§ejo3&gt; _ que
acaso pudieran servir un poco,_ un~po_quito, na.da más, &amp;' alguno de los hombres
que esián al frente de su nación.
¿Consejos yo? ¡Bueno!
_
11Por qué no ha.bía de dárselos si es lo
único que todo hombre lleva siempre en
la escarcela!
«!Hay poquísima gente quedé dineroen
este mundo; pero consejos quién no da!
«El consejo es l&amp;i moneda de que por
excelencia somos pródigos; moneda un
poco despreciada, pero que sin embargo
no ea.rece de valor.
«Claro que al pedírmela U$ted me honra
un poquitín, porque muestra que me cre0
ea.paz de opinar en asuntos vitales para
nuestras patrias. Más, a tal honra, debo
yo contestar con una actitud sincera, ingenua, necesariamente modesta.
&gt;Sé que no sé nada&gt; ...
&lt;Usted empero, previniendo mi objeción
insiste y yo recuerdo las palabras de un
sabio: 11Jamás he hablado con un hombre,
por ignorante que fuese, de quien no ha·
ya avrendido algo».
&lt;Y a mí personalmente me pasa lo mismo. Yo aprendo a diario alguna cosa; a
veces muchas cosas. ¿Y de qujénes le1i1
aprendo?
•Pues de todos los seres que merodean,sea. cual fuere su nivel mental, o el ple.no
de existencia. en que se mueven: de una
j,lanta, de ul'.l pájaro, de un insecto; de un
palurdo; de no importa qué hombre eleganie, distinguido, deportista, ... o jugador de bridge...
·

CARICATURA EXTRANJERA

E.S, rEC.1ALlo.qo
PCLO
O€
c°ASQCIE.1"~

-Pase, G~ermo: usted sigue ... !

L

«Por tanto usted:podrá, sin.d:uiiü, :á.1&gt;render algo de mí, sea cual fuere el nivel in\electual en que me juzgue colocado.
&lt;Va.mes, pues, al grano:
«Dice usted que no hay vecindad peor
que la de una potencia limítrofe, imperi&amp;•
lista, que tiene fauces tamañas y a la cual
no le vendría mal comerse al vecino, de
uno o de muchos bocados ...
&lt;Tal vecindad sin duda, es peligros&amp;,
tan peligrosa como fatal, yo ·q ue -qn p~s
no puede mudarse de casa, y el probleDia.
es grave, aunque no nuevo.
&lt;Desde que el mundo exiSte; y va par&amp;
rato, los países grandes quieren meren~
dar8-e a los países pequeños; y a veces lo
logran. Pero no siempre ...
«Es casi axiomático esto que voy a decir a usted: cuando uno no quiere que se
lo coman ... n0 ~e lo comen.
&lt;Siendo yo niilo me contaba mi •nan&amp;tt
un caso de historia natural, probablem~nte fantástico, pero de un amplio simbolismo.

nSllele acontecer que ciertas serpientes
quieren comerse a las ranas, cuya ca.me,
ya lo sabemos, es exquisita.
&lt;Cuando ven una rana, empiezan como
buen~s serpientes que son, por fascinarla ... lentamente.
&lt;Pero la rana no es tonta: luego que se
siente influida por aquella fuerza que no
puede contrarrestar, y antes de que tal
influencia. sea absoluta, busca por allí cerca una ramita., lo más larga y lo más sólida posible. Si es espinos&amp; mejor que
mejor.
&lt;Se pone esta ramita. en la boca, en sentido horizontal; la afianza. lo mejor que
puede y se deja pasivamente asediar por
su enemigo.
&lt;Este acaba por tenerla casi en sus fauces; pero la. ramita le impide tragarse el
batracio, que, naturalmente, se guarda
bien.de soltarla.
&lt;En vano los verdes ojos del monstruo
&lt;lardean sobre el triste anima.lito sus avideces y s:us ir-as todas: la, rana afianza su
rama ... y se salva)).

.::.:CSéfior Ogro, a vos que sois tan grand~, ian poderoso, tan fuerte, os sientan
bien 1_,., Justicia y la generosidad. Ayer,
po:' divertiros., seguramente, me quitásteis
la_ esmeralda que llevaba yo en el pecho
que era mi único joyel. ¡Os la pido!
'~volvedmela! Todo el mundo aplaudirá
vuestra actitud. Yo quedo b1·en , porque
~eco b ro dignamente lo mío; pero, vos meJ?r, _vos &lt;como las propias rosas&gt; porque
se dirá !{este ogro, que es el más poderoso
de los o~ros todos, es también el más justo. Nadie Jo fuerza-y qu en pudiera. forzarlo-a restituir la esmeralda, y sin embarg.o, la restituye. y ¡a quien! ¡a PuJgarc~llo! tan pequeñíó... Seguramente Pulgare1llo es un chico muy listo y seguran;i.ente el ogro es un gigante muy bueno.
«Debemos advertir que los fuertes tienen
&lt;debilidad&gt; de querer aparecer siempr
Ju sto s. La justicia es tan poderosa qu!
~un a los que nada pueden temer se les
impone Y hacen cuanto aJcanzan porque
cuando menos las apariencias de sus actos reluzcan de equidad
cHay otro tecleo aun, Y en él cabe de
cuerpo entero la diplomacia de Pulgarcillo: el tecleo de la conveniencia:
iiPulgarcillo puede asimismo decir al
Ogro:
;.
-«¡Senor Ogro, oídme, Y os probaré
hasta la evidencip., que no os conviene
apoderaros de mi esmeralda!
cY se lo probará, con sobra de razones
porqile la diplomacia de los chicos es má;
sagaz, más afiliada, que la de los grandes.
«Co~ e~te sistema acerca del cual pudiera decir rnnumerables cosas sin el "temor
de alargar desmesuradamente mi carta
de seguro, Pulgarcillo logrará conserva;

!

!ª

i~definidamente au esm~ralda. y aun pu.
diera suceder que el ogro proclamase con
voz estentórea:
-&lt;Esía eameralda es de mi exeele~te
a.migo Pulgarcillo Y me opongo resueltamente &amp; que alguien la toque&gt;.
•Pulgarcillo, empero no debe dormirse
sobre sus laureles.
«Q~e h~~~ Pulgarcillo mientra, el ogl'o
le deJa vivir y lucir su piedra preciosa?
«Pues éstudiará día Y noche la. vida ·étel
ogro Y de los otros ogros que tengan ~intereses análogos a los de éste ... A verie-Uará por qué el ogro es tan fuerte, de Qué 88
nutre, cómo se las arregla para :sobr8Í,a.s~~• de tod~ el hombro, como Sa-.11, a "los
hiJos de Israel.
r~ .,
«También Pulgarcillo puede crecer, imit~ndo _los sistemas del ogro; puede cl'9Cer
srn rmdo; puede crecer hat11ta tener derechos y prerrogativas que a nadie ni Por
mal pensamiento, se le ocurra v~lner&amp;r.
cYa hemos asistido en el m,,1ndo al desarrollo sorprendente de muchos Pu1garCi11os con voluntad... para que podamo1i1 'dudar de esto.
,
_&lt;El alimento de los gigantes y d&amp; los
dioses: &lt;the food ol the Gods&gt; de que hablaba Wells en una de sus novelas, no es
más qu_e la «Fe&gt;, no e1 más que la «Perleveranc1a&gt;; creer en uno mismo en persia·
tir!

•
&lt;Dijimos que el otro cabo de la vara
que sostiene la rana en sus mandíbulas es
1~ coh?si6n mJ,litar: a. saber, no s6loej~rc1to, smo o.n ejército homogéneo moralizado, imbuido en altos ideales; ~n fé-en
su mando supremo.

. «Yo quiero ■uponer que su país de usted
tiene cuatro millones de habitantes.
_•Pues bit;m, en caso de guerra, cuatro
millones de ~a.bitantes pueden d&amp;r, por lo
menos, tresc1eDtos mil solda.dos, perfectamente équipado11 armados. Y trescientos mil hombres que luchan apoyados por
todo su pueblo, dentro de sus fron"ter&amp;s naturales, que están animados por un soplo
de entusiasmo austero; gue conocen .palmo a palmo su terreno; que tienen un ni.
vel moral que les permite darse cuenta de
lo que es la patria, de Jo que vale, de lo
que le debemos, son invencibl8s.
&lt;El ogro diría en este caso:
--c:Pulgarcillo es duro de pelar ... C1a.ro que al fin y al cabo me lo comería: pero me costaría mucho dinero, mnchos sacrificios;:no me proporcionaría P-loria ninguna su vencimiento, y quién ;abe si al
fin el manjar se me indigestaba y tendría
que vomitarlo ...
&lt;Quizá se acordaría el ogro de Jos cuarenta mil boeros que durante treinta y un
meses se defendieron admirablemente de
tresci~ntos mil_ ingleses, les hicieron gastar miles de millones; perdieron s6lo cua.
tro mil hombres 1 han acabado por obtetener k&gt;das las liberta.des políticas. yacaso, si se traía.se de un ogro práctico pen~
sa.ría éste:
-«Más vale ser amigo del Pulga.reillo,
que, por lo demás, se desvive por complacerme en todo aquello que no se opone a.
su dignidad.
«Porque no hay que olvidarlo, amigo
mío, Y esta es la clave (sobrado diffciJ a
veoe_s) ~e la diplomacia de los pequeñosn
la digmdad de Pulgarcillo debe usiempre:

DE LA GUERRA EUROPEA

•••
•Pues a.migo mío dilecto, esta rama. de
dos cabos ... como todas las ramas, ,aunque bien mira.do pudiera haberlas de tres
o de cuatro, deben nuestros pueblos de
América, sobretodo aquellos queno pueden eomo puede la Argentina oponer a su1
enemigos una fuerza juvenil, pero ya eIperta y contundente, cogerla bien entre .sua
dientes ... y no se los comerán.
uUno de los cabos se llama diplomacia,
lo consideramos primero.
&lt;El otro se llama cohesión militar, lo ·
consideramos después.
tcLa diplomacia, ya lo insinué al principio, ha nacido en· los pueblos débiles;
los fuertes, ¡para qué la necesitan!
«Las pequeñas repúblicas y prin_cipa•
dos del Renacimiento, que subsistieron
hasta. que se consum6 l,a brillante unidad
de la península italiana, fueron admirables de diplomacia, porque no eran fuertes, y a esta diplomacia debieron mucha.s
veces su existencia.
&lt;Cuando Pulgarcillo es amigo del Ogro,
cosa que sucede a veces, no debe exigirle
ostensiblemente na.da.; el ogro se lo tragaría en un santiamén. Pero sí puede decirle•:

4

.
.·•c.:
.
L ~
~
.. ,La tumba del Mayor Redmond en el Ja:dín de J M ·
'.'~
.
la aldea. Después ds recibir heridas mortales' en Ja cªsr º:JasMen ~re: ha sido Oecorada~on::a.ores por los niños de
chaete, el Mayor Redmond fué llevadQ a un cam O O 1
e essi~~s'. durante el ataque frJandés en el bosque Wyts.
recobrado el sentido. Su cuerpo fué llevado a 1:tpehos~ita\~e lad D~ión Ui ster pero_ murió a . las pocas horas sin haber
enterrado en el jardín del Convento cerca de u a quena ª ea e
ere, algunas millas detrás de la línea de fuego
pellanes de las Divisiones Irlandesa'y de Uls'-•••f•• st,ªtua Y una eruta .en honor de Nuestra Señora de Lourdes Los
1
u::
e uaron
con .auores. Soldados pertenecientes
• la
d a a. ceremonia,
h. .y .los n1·ñ os de IA a Idea decoraron el ·sepulcro
. .
s oa 0 1v1s1ones 1ctc1eron 11na salva de despedida.

~ª

~l.

5
1

�LA ACTUALIDAD POLITICA

~

RECONSTRUCCION NACIONAL

LOS POETAS JOVENES

do en detractores por hábito de
los caudillos revoludonarios, dentro
Un asunto de gran trascendencia
nuestro
Gobierno si jamás llegarán
de los principios conquistados y
política para la marcha administraa comprender los ideales por los que
convertidós en Ley Constitucional.
ti va de la Nación, se ha tratado en
se ha luchado!
Nosotros, que no _somosyankó!ilos.
estos días, entre los Gobiernos de
El Gobierno mexicano haentrado
ui tampoco yankófobos, sabemos
México y Estados Unidos. Nos refe.en el período de reconstrucción naver en el acto del levantamiento de
rimos a la entrega de las municiocional y serenamente sigue y seguiembargo de municiones, por el Prenes que estaban detenidas en la fronrá su obra de ·redención. Nuestro
sidente Norte-americano un deseo
tera del norte, y que para la imporpneblo conoce los hechos y supo sa
de relaciones cordiales y un sentitación de ellas ya ba librado el C.
crificarse; en la bom en que los ceremiento de afecto y de justicia, entre
Presidente Wilson las órrlenes pertibros laboran y las ideae germinan,
aquel pueblo y el nuestro, romo pronentes a las aduanas americanas.
sabe también nuestro abnegado pueducto del intercambio de espíritu y
Hemos dicho que el asunto es de
blo continuar unido como antes, al
materia, de donde se deriva la espelado de los hombres que se preocutrascendencia, porque representa,
ranza convertida en realidad y exipan por el engrandecimiento de la
aparte de la justicia del caso, una
gida más que por los impulsos dela
confirmarión del reconocimieuto,
Patria.
codicia, por la natural tendencia al
Lo inconcuso para todo mexicano,
por parte de las autoridades ameriequilibrio de los pueblos que se preoes el altísimo concepto que políticacanas, hacia la obra reconstructiva
cupan por su porvenir.
mente merece nuestro país y nuestro
de nuestro país.
¡Qué importa que en la frontera
El Gobierno norteamericano ha
actual Gobierno en el extranjero.
americana bayaindividuosquemalcerrado las puertas para los detracEsta e• la base para nuestro fl.otraten con saña a nuestro pueblo y
tores sistemáticos de México, a los
recimient,o y prosperidad. ·
a nuestro Gobierno! ¡qué importa
eternos deturpadores del alma naJUAN NOVELL RUIZ
que de nuestra misma casta tengacional mexicana de euya regeneraJulio
de
1917.
mos individuos que se han convertíción y redención están encargados

COMO UN MANSO VENERO.,.
Como un manso venero mi juventud claudica, ...
Soy como un ala rota, ·como esperanza trunca·•
la vida mis internos espejismos complica.,
con sus torvos paisajes de tísica. espelunca.

MI MÁS CARO AMIGO
Es un mar levantisco que ni con malecones
ha podido aquietarse: es un mar muy lat·1n o ...
D
e la túrgida. a.gua los movibles montones
truenan bárbaramente: -tal el verbo marino.

C6mo sangra la herida sobre la vieja hora!
Qué transparente y mansa, qué glutinosa y triste
esta canción ignota de mi ser se evapora.
¡Todo porque fué tuya y tú no la quisiste!
MIGt¡EL D. MARTINEZ-RENDÓN

DESALIENTO MATINAL

Regando flores se asomaba el día
primaveral. Un ave en el vergel
manchado de granadas, desprendía.
por el pico su cáiiamo de miel.

Rue~a. en rápidas ondas el rebumbio pon tino,
y al distanciar la espuma de sus c uerpos
, \rotones
es porque en las aristas del malecón salino
soberbiamente proclamó sus evasiones.
Mar levantisco y fuerte de vi'b rante ambulancia·
11:1ar que asusta a la fácil Y vibrante el
.
i
d
eganc1a
I
e palmar que parece que agarrará la brisa.

y no h.ay nada tan be11amente enorme y retante
como la mmensidad y ]a ;alvaje prisa
&lt;leste mar ondul an te , rebotante y triunfante!
CARLOS PELLICER C.

salir incólume en sus rel&amp;ciones con el
ogron.

•

«Ya sé que los ogros, aunque bastos y
rudos, suelen set' pérfidos; sé también que
saben estorbar en cuanto pueden el crecimiento de los peque'ños. Pero ésta. ley del
crecimiento, am:go mío, es una ley de Dios
y todas las insidias y trapazas ogrescas
se estrellan fatalmente contra ella.
«Hay muchos países en el mundo, que
han crecido entre las fauces de ogros sin
misericordia, hasta que 11eg6 su día. de
sol, día. que no deja. de llegar jamás para
todos, absolutamente para todos los pueblos, como llega para todos los hombresl
«Sabe cuanto le quiere, etc.&gt;

buenas pruebas de cómo se vence a. los
gigantes ....

•

En cuanto a la manera de vol verse gigante (aprendiendo de los fuertes la ciencia de I a fortaleza.) nos la b&amp; mostrado
el Japón.
Hace muchos a,ños, en el palacio real

de Potsdam, en una fiesta, Bismárck, cuyas bromas y bravatas no eran de lo más
fino, cogió entre sus brazos de coloso al
entouces ministro de1 Japón, que era muy
pequeñito, y mostrándoselo a Guillermo
I, le dijo:
-..-¿Señor, veis aquí a Pulgarcillo? Pues
e~te Pulgarcillo pronto será un giga.ate&gt;.

6

MARTÍN GóMEZ-PALACIO

ASÍ COMO SE BORRAN LOS REFLEJOS.
Así como se borran los ;eflejo~
De luna ·sobre el agua del estanq1,1e,

Confundidos por un soplo q·u e p.as&amp;,

lQUIÉN ME PUSO EN EL ALMA?

CARICATURA EXTRANJERA

Se borraron los suenos imposibles
Sobre el silencio triste de ·...,1
- . ama
1 ...

¿Quién me puso en el alma esta ambición? ...
¿Qué águila o qué le6n fué mi ancestral? ...
¿En qué estrena latió mi corazón? ...
¿Qué cuerda me ha la.nzado a lo inmortal P...

•
Y aquí acaba, lector, mi buena carta de
hace algunos años
La diplomacia tiene posibilidades infinitas, aíiadiri'.a yo ahora, y debe procurar
siempre ser el triunfo de la. inteligencia.,
sutil, ágil, fuerte, de aquellos a quienes
]a naturaleza providente, que no deja a.
nadie sin defensa, otorgó tan eficaz arma..
¿Crees tú, lector, que existirían, por
ejemp1o los ratones aun, y serían tan poderosos como son en este mundo si los gatos fuesen omnipotentes?
Hay a veces masas enormes que caen
sobre los pequeños; pero siempre quedan
huecos en la superficie que_ aplasta y en
esos huecos se guarece la astucia qüe ma,ñana ha de burlar el contundente acero .. ,.
Ulises, que debía ser el patrono de lo ■
diplomáticos y que simbolizaba .el ingenio griego en lo que tuvo de más sutil, de
m4s agµdo, elegante y simpático, nos di6

Y como me invadiera el desaliento
del desliz taciturno de la tarde:.
Dios mio, exclamé tierno y cobarde
'
Y ser tan matinal este momento!

Así como se borran los re.flejog
De luna sobre el algua ...

En la. penumbra vaga
Soy romero de un orbe inmemorial
y ahora cruza este mundo mi can CIOn
. , ...
no podrían atraparme el bien ni el mal
¡ni siquiera torcer mi dirección!
'

Que idealiza. las cosas ' van s,·n h acer ru ¡ do
Por el sendero enarenado de silencio,
A mirar los reflejos en el agua
Irse perdiendo a1 roce de la brisa
Q~e trae una fragancia

¿Quién ha dicho el pl"incipio, quién el fin?
¿Qué pupi_la podrá mirarme sin
admirarse del vértigo en que voy? ...
¿La última vez que muera

Se a.garra macizo, pero...

m,· al ma,

en

qué abismo caerá mi fuerza? tQuién
podrá decirme cuyo anhelo soy? ...

De hojas secas y de flores marc"hitai.

Así como se borran los reflejos
De lÚna sobre el agua,

Se borraron en mi alma
Las estelas de todos mis ensuenos.

Jost M. SoLls

JAIME TORRES-BÓDl!:T

,

7

�ANTONIO DE LA GANDARA

ROR ALFONSO REYES

El cable ha transmitido ·recientemente, con su concisión espartana, la
noticia de la muerte de Antonio de
la (}ándara. Nosotros queremos consagrar a la memoria lamosa del
gran pintor, el pequeño holocausto
de nuestra admiración. ¿Fué · de lti
(}ándara realmente mexicano, como
la refieren personas serias que dicen
conocer asu familia? Sea como fuere,
el artista se nacionalizó francés y
francés tué su arte, en cuanto tal
adjetiva implica de elegancia y buen
gusto. Si México encierra la cuna
del artista, ¿podíramos enorgulle
cernos de ello, y no avergonzarnos
por no haber podido ofrecer un me.
dio propicio a su arte?
De la (}ándara es de los pintores
que supieron crear, para su bien y
para su mal, un tipo inconfundible
al que ajustan hasta donde pueden
sus modelos, según una idea perfectamente estudiada de antemano.
Como Botticelli, como Leonardo,
como Rafa'el, como ese gran visiona-

(DEL PROXIMO LIBRO "CAUONES DE MADRID", EDICION "CULTURA")

SúBITAMENTE.-Don Ra.món Mador: la eara es el dogma y la mano
rfa del Valle Inclán ha pronuncianea. Y aquí, al .hablar del sexo de
es el comentario.
do, en el Ateneo, una conferencia
los ángeles y establecer que toda
Habla
bien;
adivina
la
migromanteológica sobre el «quietismo estétiobra de arte es un andrógino, nos
cia española. Es gálante: ofrece la
co». Súbitamente: ¿qué conexión
ha recordado a Anatole France
teología
en
bomboi,era.
Pero
no
puede tener el asunto con la hora
cuando glosa a los filósofos griegos
sólo hace de abate florido, y, una
actual, como no sea una conexión
y a los Padres de la Iglesia; pero
vez
traspuesto
el
preámbulo,
sus
negativa y paradógica? ¿Acaso
también nos recuerda ( él se asom.
ojos comienzan a centellear, su voz
la reciente exposición de pintores
brará de oirlo) 11.J Padre Feijóo.
se
torna
cáJida,
y
su
mano
de
cele hizo volver sobre las contienAfronta la áetinición de la magia,.
ra,-más elocuente aún que sus padas del dinamismo y del quietis
¿La magia? El conferenciante valabras,-dibuja
y
discorrecontiuua.
mo? Él, por lo menos, no fo concila... Lleva la mano a la frente,
mente una curva rítmica isócrona,
fiesa. Habla como si viniera de otro
como si se acomodara la tapa de la
trascendental.
La
mano
va
y
viene.
mundo; ¡cómo si no supiera lo que
cabeza (un nuevo escalofrío ha coPor momentos, el índice parece alarnos está sucediendo! Es decir,-inrrido por el auditorio), y dice con
garse
para
apoyar
un
corolario
que
sisto,-súbitamente. Habla para
voz sofocada:
se quiere escapar. Otras veces, se
negar el movimiento IY todo, ante
. «¡Voy a ver zi puedo ezplicarme!
despliega aquella larga aleta de pez
sus ojos, está moviéndose, pintán.
La magia es, en uno de sus aspecy azota el aire, o bien se ostenta
dose y borrándose como los juegos
tos, aceleramiento de la vida, nuecomo
un
plano
de
proyección
para
de niños en la arena que decía Heva carga dinámica en el dinamismo
las ideas. Lanzadera metafísica, la
ráclito! Ac,;tso ese mismo estrépito
de la vida: don Illán el Mágico ha
mano
va
y
viene.
La
cara
es
fecunle ensordece; acaso el movimiento
visto desfilar la historia en un seda como una cifra, y la mano deabsoluto que nos embriaga ha acagundo, y en el reflejo de una redoma
senmadeja
las
infinitas
connotaciobado por asentarse en su ánimo
bemos leído todos nuestro~ años
nes de la cara.
porvenir.
con una impresión de constancia,
Afronta
el
absol11to
sin
caer
en
el
de_quietismo.
Valle Inclán el Mágico nos ha heridículo. Cuado habla de la muerte,
UNA CONFERENCIA TEOLÓGICA.cho
vivir varios años de vida in tenlo hace con conocimiento personal,
¿Qué nos importa, en efecto, el preen
media hora. 1
asumiendo la responsabilidad de
texto estético a que el conferencianDespués
de la conferencia, a la vez
haber estado muerto algún día.
te se acoge? Estético tiene que ser
que una emoción da linda y precioAconseja
olvidar,
después
de
aprensiempre su procedimiento, litera- .
sa finura, nos llevamos el sabor de
der y conocer, para no conservar
rías sus alusiones, artísticos sus realgo áspero, bronco y hasta sa 1más
que
él
olor
del
conocimiento:
cuerdos, porque todos hablamos el
vaje. ¿Qué ha sido ello? Lo diré: ¡la
Hagamos,-decíá el quietista Milenguaje de nuestro oficio. ¿Qué nos
manga vacía!
guel
de
Mo1ihos
en
el
siglo
XVII,importan sus fugaces definiciones
LA MANGA VA@ÍA.-Comoesosdescomo la nave que, llegada a puerto,
del clasicismo, ni qué sentido pue•
pertadores que vibran y brincan al
olvida
el
oficio
de
lavelaydelremo.
den tener? No es eso lo importante.
disparo de una potente maquina.
Busca nuestro teólogo una ilustraTampoco lo es lafalsacombinación
ri_a, aquel frágil :opaje huma:~o ha
la
doctrina:
se
acuerda
de
ción
a
que ensaya entre dos o tres teprías
vibrado y ha brmcado tamb1en·sa.
Velázquez:
Lo
imagina
trabajando
modernas, y ya viejas, y dos o
cudido por una idea más grande
en su galería de Palacio, a toda b otres teorías antiguas y eternas. En
que él. Entonces, al abrirse la mara
de
la
mañana
y
de
la
tarde.
No
rigor lo que nos seduce es el teo.
no derecha como un ala, al desarropinta
la
luz
occidental,
la
que
pasa,
logismo nativo de su discurso. En
llarse el brazo derecho como un re.
la que no existe; no pinta el acaso
esta nación de teólogos armados,
mo en una tempestad, el muñón izdinámico
d'el"momento
y
ni
repara,
el manco de Madrid cumple un sa.
quierdo se ha erguido, tremolando
en
«el
flemón
que
le
salió
aquel
día
·
cerdocio renovando el prestigio de
al aire,-con una elegancia ya sanal buen señor». Pinta lo estable,
las argumentaciones sobre el Para.
. grienta,-uóa manga vacía.
pinta
la
luz
general,
pinta
el
día,
cleto. Y, por geometría, por mate.
pinta el tiempo.-Y, para llegar a
t "Tengo la sensación de que atento y que ViTo a
mática, con constante referencia al
su lado. una Tlda más Intensa. y mis dura".
esta
compri,nsión
de
lo
estático
y
lo
punto, la línea, el círculo y la esfeperenne,-así como el místico árara, emprende,-coram populo, anbe
tratando del éxtasis, aconsejaba
te un auditorio de Ateneo,-la exenkegarse
'al movimiento girato.
posición del misterio del Espíritu
rio,-él
aconseja
mirar las cosas en
Santo, la homilia de la Trinidad y
el
recuerdo,
evocándolas
con razón
la definición de los Pecados Morquieta
de
amor.
.
tales.
Afronta
la
definición
de
losenemi.
EN EL ATENEo.-La sala está llegos del alma: el mundo perece con
na y hay más mujeres que hombres,
los ojos que ,Jo contemplan, es una
como sucede ya siempre en este
creación
de la luz; la cttrne perece
mundo. (¿Por qué amigos míos, por
con la carne. ¡Pero el demonio! El
qué?)
orgullo, el amor y el aborrecimienDon Ramón es una figura rudito; los pecados anteriores al hommental, de fácil contorno: el mirarlo
bre, anteriores a Adán, son los úniincita a dibujarlo: con dos circulicos que nos•eternizan. (Por el au.
tos y unas cuantas rayas verticales
ditorio ha corrido un temblor. No
queda hecha su cara (quevedos y
se
oyen aplausos, sino resuellos agibarbas); y con cuatro rectas y una
tados).
curva, su mano derecha(índice, corAfronta la difinición de la obra
dial, anular, meñique y pulgar),
creadora. Compara al hombre con
Cara y mano: lo demás no existe, o
el animal porque, como éste, produes sólo un ligero sustentáculo para
ce imágenes que se le parecen; pero
esa cara y esa mauo. De hecho, na-¿Sabe usted porqué no me simpatiza?
lo compara también con el ángel
da más necesita el maestro definí- j ........ !
porque, como éste, produce accio-Porque es usted horriblemente limpio.

"ª

ria Teothocopulos, cuya,~ espiritadas figurasserán pasmo de indoctos
y admiración de iniciados, De la
(}ándara será reconocido en los siglos por sus _figuras _fem~nin_as, esbeltas y le ves como si se 1mc1ara en
ellas un asalto del idealismo contra
materialidad: En esa,s alargadaS'
manos de mujer hay algo más que
simples caprichos de artista; en e~os
oios y en ese mstro de Ida Rubmstein hay algo más que un per~ecto
dibujo y un refin&amp;miento exqms1to.
Ese algo más es tal vez el secreto de
este pintor de mujeres que arrost;a
hasta el peligro de , la monot?ma,
que es algunas veces forzad? ~ mexpresivo, pero quenorenunc,a¡amás
a su idea antes se delecta en ella sabiendo q~e, llegada la hora, había
de concederle más de una obra ma·
estra.
Reproducimos algunos desus?ua·
dros, con la certidumbre de satisfacer la curiosidad de nuestros lecto-

res.
8

VALLEINCLAN,TEOLOGO

9

�LOS UL TIMOS MOSQUETEROS

a serlo, a costa de cinco vidas de aviadores alemanes. El as de ases fué más allá:
fué todo lo lejos que pudo ir, y a sus cinco pri~eros muertos sumó otros cinco, y
otros cinco y otros cinco; y pro·s igue la
terrible suma, hasta que en un mal día
llD&amp; bala enemiga, una traición del motor o un antojo del viento, pongan raya
a la cuenta y fin a la vida del héroe y a
su empeño .. .

POR ANTONIO G. LINARES
rarlo-los últimos mosqueteros de todos
los tiempos ...
Hablemos, si os place, de ·estos hombres, que son los favoritos de la gloria:
de esa gloria en pos de la cual van, sin
embargo, ahora millones de cortejos ...
Y yo os diré cómo un as comienza el
terrible juego de su carrera, y cómo le
acaba: prisionero como Garros; muerto,
como Pégoud, o loco de a.tar, como Navarre . ..

•••

Mas en tanto ... En tanto, ~ntFecomba"8 y combate, se obtiene un permiso un

•••

El ·&lt;ias de ases&gt; Jorge Guynemer,
que lleva derribados más de treinta aeroplanos alemanes, en otros
tantos duelos amuerte, de los que
salió victorioso.

No es que los mosqueteros fueran los
hombres más bravos de su tiempo ...
Fueron, sencillamente, los que sacaron
de su bravura mayor y 1IJ,ejor partido; los que supieron de arrogancia.&amp;
oportunas y de ostentoso .valor; los que
aparentaron prender sobre su capa de
heroísmo los alegres ca.sea.beles de la. locura: de una locura. gentil y ruidosa. 1 que
no fué sino ladina sensatez y maestría. en
el arte de lo que hoy llamaríamos, comercialmente, l'auto-1·éclame ...
Junto a los mosqueteros, y entre ellos,
vi vieron y murieron muchos hombres,
muchos héroes anónimos que no gustaron de notoriedad o que, aun gustando
de ella, no acertaron el conseguirla, por
desconocimiento de ese savoir-faire cuyos
dos capítulos esenciales son: saber vivir,
el primero, y el segundo, saber morir ...
No fueron, pues, los mosqueteros los
hombres más bravos de su tiempo. Fueron, en algún modo, los profes_ionales de

ia bravura.
Hoy, los ases, las grandes figuras de la
aviación de guerra, las humanas águilas
que ciernen su cruento prestigio sobre
las batallas del aire, son los mosqueteros de nuestro tiempo, y-hay que espe-

E ~ . ~" Dorme, qu_e abatió ve~nte
;,cr0 iJ,.,1.nos enemigos, y quien,
f,Jr su n'étodo especial de comu .ite, l\,,111;,n sus compañeros el
p1lvlv cieutí6.co.

10

Los menos, entre los ases que ahora
combaten, son los aviadores d9 historia:
los que, como Védrines y Gilbert, fueron
ya pilotos célebres dans l.e civil antes de
comenzar la epopeya que había de trocarlos, de inofensivos chombres-pájaros&gt;,
que eran, en temibles aves de presa, que
ahora son . .
Los más, y los más famosos mosqueteros del aire, no pensaban, ni re.mota.mente, en serlo, allá por Ju:io de 1914, al correr los últimos días de paz. Movilizados, fueron infantes algunos; coraceros
otros ; artilleros, no pocos; y más de uno
formaba en las tranquilas y un poco cómicas legiones de los escribas militares,
esgrimidores de pluma en campo de circu1ares y en columnas de libros mayore~ ...
Pero a sacar de sus quicios a estos
buenos muchachos vino la ínquietante, la
irresistible ambición... Los futuros héroes diéronse a pensar que en una trinchera, o al pie de un cañón, o galopando
en el torbellino de una carga, e incluso ante una máquina de escribir o ante un libro de cuentas, en un cuartel general, se
p~ede morir de un balazo, de una cuchi•
Hada, o del zarpazo triturador de un
obús; y esto con tan escasa gloria como
sobrada facilidad ...
En cambio, a bordo de una av1ón, allá
arriba., en el cielo y en 'la luz, la guerra,
en fuerza de ser nueva. y moderna, vuelve a ser vieja y antigua ... Y las más de
las veces, la lucha se convierte en un duelo singular, refiido, sobre.campo de azul,
por dos hidalgos ca.balleros del viento:
por dos fantásticos, maravillosos jinetes,
hacia los cuales, en la hora mortal, se
alza, admira.ti va y emuladora, la contero~ ·

El 1as1 Juan Navarre, que no ·
perdió la serenidad en veinte
duelos mortales, y que, en cam·
bio. perdió la razón en las veinte 1,jaergast con que celebró sus
victorias.

as es el que se ha contenta.do con llegar

Nungesser, el nas• que, con vein•
ticinco aviones a su activo, dis•
putó a Guynemer el 11recordn de
la victoria en el aire .

plación de amigos y enemigos: de cientos
de miles de hombres que abajo, sobre la.
tierra. dura, ·se agitan sobre la metralla.,
como bajo el piedeun giga.ate las hormigas ...
Razonando así, los inquietos, los ambiciosos, abandonarón la trinchera., el
escuadrón o la baterht. por el aeroplano ...
Fueron, en los campos de aviación, aprendices primero; luego, auxiliares; después,
pilotos; más tarde ametralladores; y al
fin, sumado el completo dominio del avión
el del arma que el avión utiliza, llega.ron
a doctorarse pilotos de combate ...
Entonces, volaron solos... Dos alas,
una ametralladora, y entre las alas y
tras de la a.metralla.dora, el hombre, con
la cifra de su destino y a.l amparo de su
suerte ...
Fueron águilas ... Lucharon ...
Para llegar a ver sus nombres impresos
en los comunicados del ejército, y sus
estampas traídas y llevadas por diarios
y revistas; para alcanzar la popularidad;
para ser ases, sabían que eran menester
las cinco victorias reglamentarias en cinco duelos a muerte ...
Lucharon ... Muchos, cayeron . . . Otros,
los hoy famosos, triunfaron ...
Pero hay ases, y hay ases dt ases ... El

Gilbert, uno de los raros y uno
también de los más valientes
aviadores de combate, que ya
antes de la guerra había logrado
fama como pacifico hombre-pájaro.

El 1asn Vialet, valiente y fiero
como un águila, vencedor en los
diez encuentros que ha tenido
con los aviadores enemigos, des·
de que tomó parte en la 1uerra.

viaje a París y una bombe formidable ...
No hay en la accidentada historia de
las «jnergas&gt; del mundo entero, nada que
iguale o que de lejos se acerque a lo que
· -tion, en París, las cjuergas&gt; de los ases .. .
En el automóvil que la Intendencia pone &amp; su disposición, y en el que las más
I
bellas cortesanas se disputan un puesto
(U honor, el as permisionario rueda mafia.na Y noche de resta.urarit en restaurJLnt,
de hotel en hotel, de teatro en teatro de
taberna en taberna ... Hay derroche~ dfl
champaña: hay avalanchas de• obsequios·,
h ay truenos de aplausos; hay femeninas
batallas, disputadas con estrategia de
sonrisas y metralla de besos ... El paso del
por las calles provoca una ininterrumpida manifestación de entusiasmo ... La
aparición del as en el bar de la Paix ori~
gina un tumulto, en el que se mezclan y
confunden las aclamaciones de todos los
idiomas y los delirios de todos los pueblos ... La entrada del as en el comedor
de Poccardi o del Maubertcausaundesbarajuste uní versal: el gerente abandona
su puesto para brindar al héroe la mesa
mejor situada, los más rancios vinos, los
manía.res más e~quisitos, las frutas más
perfumadas; y mientras el héroe come y
bebe, las mujeres f"ln las mesas vecinas,
vuelven la espalda a sus prosaicos gal anes, a sus gallos desplumados, para clavar en los ojos del águila caudal las ftecha.s de oro que esgrimen las pupilas de
una hermosa encendida en amor . .. ·
Ni los conquistadores, ni los caudillos,
ni los tiranos en su máximo día de poder
y de gloria, fueron jamás por una senda
triunfal comparable con esta. senda que,
al través de París, recorren los últimos
mosqueteros: loe inquietos, los insaciables ases los Guynemer, los Na.varre, los
Heurteaux, los Dorme . ..
A veces, sobre este cami".lo de rosas,
hay guijarros y espinas ... Días pasados,
el más famoso entre los pilotos, el as de
~es, al que jamás tocó la metralla. alemana, fué herido en pleno París y en el promenofr de un gran teatro, por una amante celosa que tiró a matar. De milagro la.
bala. no cruzó el corazón, pero no anduvo lejos. Y tendido sobre un lecho de hospital, el héroe medita acerca. de la seguridad que ofrece el campo de batalla y
a.cerca de los peligros que encierra el parisiense y tentador trotoir ...
Otro as de ases, Navarre: que no perdió
la. serenidad en veinte duelos mortales,
ha perdido 1 en cambio, la razón, al cabo
de las correspondientes veinte cjuergas&gt;
con las que París celebró sus victorias ...
Y la. otra noche, después de a.palear a
unas cuantas mujeres y de hacer trizas
los espejos de varios cafés, montó en su
-au\omóvil y, lanzándolo a toda marcha.

por calles y plazas, consagr6se a derribar agentes de Policía. Fué nna. batalla
campal, durante la q~e, inútilmente, trataron los cachazudos flics de defenderse
a tiro_ limpio contra el auto fantasma, al
que nmguna bala podía al"',anzar. Seis
agentes quedaron aplastados sobre las
aceras, Y N avarre, procesado por seis
homicidios ilegales, luego de haber sido
· glor~ficado por veinte homicidios legales,
h~ s1~10 declarado irresponsable por los
ahemstas, y encerrado
. en un manicomio ,
no es ya un héroe, smo la sombra, el recuerdo de un héroe que no acertó a morir

·a tiempo y en bel1eza . . .
~osqueteros son estos ases de ases, fa. vor1tos de la gloria en días en que millones de hombres la cortejan . . . Mosqueteros también como aquellos otros que esgrimían sus pesadas armas aferradas a
sus brazos nervudos, y apoyándolas en
sus pechos a manera de bastiones vivos,
ponían ante el enemigo una cortina de
fuego, la metralla de sus mosquetes -y
una muralla de gr anito-sus corazones
esforzados. . . Esperemos que sean también, los últimos mosqueteros de ~odos
los tiempos .

-a,

«Este Zeppelin fué_ de~ribado presa de las Úamas por un piloto de los regimientos:aéreos realesJ.
_, A!-1':'que-las maqmnas alemanas para la campaña aérea han causado daños en nuestra poblacion ~1vil, han sufr!do grandes pé:rdidas. En una sola semana fueron destruídos dos\Zeppelines y
dos h1droplanos, mientras en el frente e~an derribados 22 aeroplanos y 21 puestos fuera de combate. Re~pecto a la de:rota del Zeppehn que se ve la fotografía que reproducimos {uno de los
que perecieron en las pt1meras h.oras del 17 de junio), Lord French dijo: ((El segundo globo efectuó un ataque sobre una población de la costa de East Anglia cerca de las 2.30 a. m. fué bombardeado duramente por nuestras baterías de defensa y escapó.

ll

�OR'GULLO MATERNAL

O PARIS O VERDUN
O LA INTRIGA
Desde muchos afios antes de la guerr&amp;,
los alemanes seguían una política insinuante y. sagaz, dejando bastante abajo
-a los ingleses que han sido los de la fa.
ma, he.Sía ahora. La propáganda hábil
de lOs· a.lema.aes encubría perfectamente
la calida4 de sus procedimientos · , en
cambio·prócuraba inclinar las opiniones
1, la ide&amp; de tj_üe la rubia Albión era el
propfo"geñiÜ del mal, convertido en isla
por un absurdo fenómeno.
Hassa a.hora, es insondable el origen de
la propaganda germana. Ninguno de nosotros ipuede meter la mano a la lumbre
pá.ra &amp;segurar que cada frase denigrante
enderesada a Inglaterra. no procediera
de la -p'rem"edi.t ación imperial. Cada «Pérfida Albiówi, en letras de· molde, se viene tasando en marcos desde hace muchos
anos ...
Pero• enfin, antiguamente era soportable tal coSa. Hoy día la conducta que siguen los alemanes en su propaganda, es
irritante.
Se propusieron llegar a Paris; a.hulla.ron a las inmediaciones de la capital ll1z;
alberga.ron 1a. esperanza de convertir en
cenizas y escombros el Arco del triunfo,
a Mon M4tre, pero la furia republicana
rechazó el peligro. El Krompi-inz lanzó el
reto de que se &amp;poderaría de la herofoa
Verdum en quince días y aún las ruinas
de los fuertes franceses son resguardadas
por los poilus invencibles que contemplan
desde sus pu.estos las fraca.sadas huestes
del casco puntiagudo. Pensaron qu!3 serían dueños del mar con su famosa campaf'ia submarina y los· trasatlánticos de
los aliados suÍ-Can los mares llevando de
uno a otrO. lado coritingenie de tropas y
de víveres. La represalia ha sido insuficiente, t!!i·ta. . amplfa.mente probado, pero
aún les queda otra arma: la intriga.
En Irlanda constantemente encienden
una llamarada de discordi'a, que por fortuna., constantemente el l'eino logra comprimir; en España ya existen inconformi-.
da.des tremendas por virtud de la. intriga,
en complicidad con el marco y últimamente l!an· querido hacer fracasar el movimiento de libertad en Rusia, en los momentos mismos en que la nación jigante,
con la torpeza na\ural, da los primeros
pasos democráticos.
Loyd, George con su inconmensurable
talento hace abortar la acción germana
en Irlanda; el prudente Alfonso XIII man'iene de un mod.o penoso y difícil el equilibrio y, Kerensky I el flamante demócrata
rnso, con sabia energía, hace fracasar la
pérfida maniobra de los alemanes.
Pero ástos siguen pensando que su fallido inten\o de llegar a Paris, su imposible deseo efe apoderarse de Verdún y su
pretensión de adueñarse de lps oceanos,
deben compensarlos ·con· ,&amp;1go .''..

Frente al Palacio-de la Legión d~ Honor: Una anciQ.Jle. c~mpesina del brazo de su hijo recientem_enteJ J;lsetcho,
t : le¡ionano.
Dibu10 de • mon .

La práctica de disparos de torpedo se hace regularmente, por los pequeños navíos de
la gran flota inglesa, como el tiro de artille¡ ía se practica por las mayores unidades y cruceros. La primera ilustración muestra el momento en que un torpedo bien disparado entra en el agua para ej~utar ·s u «travesfai1-que puede ser extendida hasta algunas millas,
límite extremo de los nuevos torpedos británicos.-El torpedo cae, como puede verse, se·
gún un ángulo''muy'Cerrá'do respecto a la superficie del agua. Sn sumerge rápidamente de
cabeza-se esconde en su conejera, por decirlo así-para hacer su recorrido bajo el agua,
que es regulado por un mecanismo interior que maneja ciertos timones exteriores. Na,·ega al principio a una velocidad tremenda que va disminuyendo poco a poco, conforme
van vaciándose los depósitos de aire comprimido que dan fuerza a la máquina del aparato. El giróscopo guía el torpedo. En disparos de práctica, el torpedo vuelve a la superficie, como puede verse en lo segunda ilustración, para ser reco¡ido por un bote del navío
qu.e 1o• disparó, y llevado de nuevo a bordo.

13

•

�LA GRAN GUE·RRA

CINES Y TEATROS

APLICACION DE PANTALLAS DE HUMO PARA OCULTAR LOS BUQUES,

'

' t·

PRINCIPAL

DES'l'ROYERS INGLESES EN MANIOBRA

En este tea.tro se estrenó el último sábado e-Los Húsares Alegres&gt; de N an de
Allaril.:, obra. perfectamente mala. que llevó al ánimo de los concurrentes un deseo
horrible de obsequiar al autor un revólver y un en\ierro.
El Sr. Nan de Alla.riz tiene dereeho a.
la existencia, pero siempre que deje de escribir y sobre todo que no haga operetas.
Le preguniamos a un buen amigo de la
empresa por qué razón ponía.o en la escena obras (bueno, es decir) 1 como la de
Allariz y nos contestó que por que no
hay, que no ' nega.n.
Nosotros leemos en la prensa. espaftola.
que recientemente se ha estrenado en Madrid &lt;El Amor de los Amores&gt; resista.
original de D. Manuel Monc&amp;¡yo y que ha.
obtenido un buen éxito.
Desde hace mucho que se viene haciendo en Espafla y Sud-América una opere-

'

"

"

h, italiana. ' que ha gustado a todos 101
públicos y que se thula i&lt;L~ Duquesa. de
Ta.baríon, de Alfonso Sola y Geo Bard.
\. propósito de dicha. opere,a una artista. que ha regresado r8Cientemente a M~drid después Qe una gir&amp; por la Amério&amp;
del Sur, dijo a sus amigos:
«La. Duquesa de Taba.rin ha sido la obr&amp;
que nos puso a. flote en Buenos Aires ...
S in ella., hubiésemos tenido que regres4r
a nado&gt;
El Principal, según pudimos advertir,
está pasando por una situación difícil, y
si no se a.pela a mover bien Jo relativo a
obras ya estoy viendo a Poncho Castil1o
en calzoncil1os de bailo.
Diez, es un hombre inteligente y de fijo
ya. se ocupa. en buscar la solución a. l&amp;
crisis.
En mi concepto, ha.'brá que pedir «al¡ro•
al Sr. Torres Belefla.

TODA DAMA
debe cuidar su cutis.
Tengo lo que ella
necesita eara
ser hermosa.

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":iªr Y e~ c~::~:::~i: :so:am;;á:~:
· · · · d formación de batalla y algunas de nuestras escua ras aceo an
practicada en lo~e1crc1c~os e f é randemente empleada por los alemanes, principalmente en la batalla de Dogger Bank,
ca del humo, de recor arsc, : g
d t o ers sus más grandes navíos, y permiti~ cambios de dirección y poder así es·
con objeto de cubrir con hbumo e bsus es r ~ a los cañones ingleses de grande alcance. Los destroyers y los torpederos
capar. Otra razón era cu rir sus uques c:_~.. -•.. lla-de...b.wno..y. el co111bustible...depetr6leo que usan les permite baceJ1'
son gener-almente. los encargad.os .de. laacer.
_____.
el humo m61 denso a la menor sena1.

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que actúa en Arbeu.

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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Pegaso, Revista Ilustrada, 1917, Tomo 1, No 20, Julio 27</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>-

·REVISTA ILUSTRADA

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REVISTA SgMANAL
Registrado como articulo de segunda clase el día 17 de marzo de 1917

TOMO l
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Nadie podrá tacharme de parcial de Villespesa. Ape.
nas si he hablado con él dos veces. Y, todavía más, en
ocasi6n pública he señalado su abundancia verbal como un defecto. Pero el artículo que contra él publica en
un diario matutino el señor Linares Rivas, muéveme en
favor del poeta,, con traza de bedel, que hoy mora aquí.
Terribles son los celos de las mujeres, mas los celos de
los literatoa hol'l'ipilarían a la celosa má,xima. Un mohín , una entonación ele voz, una l'eticencit1, suscitan
odios mortale~. Y no parece sino que el señor Liuares
Rivas, mal contento con su propia reputación, quiere
cebarse en la de Villaespesa, desafiando a los submarinos. El desahogo del autor de La Garra no vale, empero, la estampilla quE leíranqueó las víasd-el Atlántico.
Lo que hay que deplorar. Por que el señor Linares Rivas goza merecidamente de un prestigio, y muestra gallardía hasta cuando se enea rga de macear en deleznables temas ·sociales, como el de Fantasmas. Su numen
es más propicio que el de Benavente: (¡Oh penoso engendro de La Ciudad Alegre y Confiada!)
El numen traicionó al señor Linares Ri vas al empujarlo contra Villaespesa. Villaespesa no se nos ha presentado como embajador, sino modestamente. Villaespesa no ha hablado mal ele los españoles, sino bien.
Villaespesa ha censurado a Rueda y lo ha alabado.¿ Por
qué, entonces, nos insinúa el señor senador y dramatur.
go que Villaspesa carece, en su tierra, de crédito mercant,il? ¿Juzga 9.caso que los mejicanos medimos la porci6n

de eternidad que se contiene en cada poeta por sus facilidades o dificultades para adquirir dinero, con firma o
con esc,,itura? Ni en Marruecos procederían así.
Don Manuel ha querido no sólo maltratar a su compatriota sino tratarlo vilmente. La senatorial impugnación resbala ele hablilla en hablilla, como si los lectores
mejicanos no merecieran algúu respeto. Es triste brincar el Océano con el prop6sito de desnudar a su colegA,,
nacido en el mismo solar. Que si tomaste de Goyena ...
Que si eres hipócrita ... Que si vales más ..... Que si .vales
menos .....Yluego, el estribillo: No sé cómo te calificarán en
Aléxico; en Mad~id ya sabei:nos qué pensamos de tí. Y Madrid va, y Madrid viene, y Madrid vuelve a ir, y Madrid
vuelve a venir. ¿Serán las vanidades del señor Linares
Rivas las de un baturro? Nosotros, señor senador, igno.
ramos cómo se llam,trá en Madrid un artículo como el de
usted contra Villaespesa; aquí, se llama nn artículo
chismoso.
Quizá el hábito de la política impulsa al señor Linares
Rivas a atropellar los fueros de la ética y de la estética,
ora relegando a Gabriel D' Annunzzio a un segundo término, ora insistiendo en el gobierno del bolsillo de Villaespesa. El señor senador pudo hablara nuestras multitudes
con 11ires relativos de oráculo y a nuestra oligarquía
mental con el decoro que presumíamos·en su lenguaje.
Pero el celo, el celo del oficio, la rivalidad que coloca a
los literatos en nivel inferior al de la mujer, lo ha hecho
hablar como un maledicente oscu,ro.

r
.....--.. ,!!lli.

(

:, ,,. ¡ .;'..;;_;!

�11

0EL LIBRO E:l\l PRENSA ANIMULA VAGULA"
POR MARIANO SILVA
LOS GRANDES OJOS DE LA VACA

En rµedio de la inquieta movilidad de los hombres es
dulce,t consoladora la indolente lentitud de los ganados. l',os _pB§tores de las églogas son tiernos y apasionados como las ovejas en tiempo de crías y los rústicosc
que para tanto entran en la novela y el cuento mexicanos, son fieros y sumisos como una vaca de ordeña o
rencor0sos y vengativos como el buey taciturno de una
fábula.
El ganado decididamente hace a los pueblos pastores
y muchos conservan esa fisonomía durante toda su historia. P «ra gozar cabalmente de la simplicidad de nuestras costumbres campestres-es necesario simpatizar no
poco con la excentricidad de los cerdos.
.El ganado que vive en las ciudaaes, que es el único
que puede ver un niño vagabundo, es ya otra especie
de ganado. El tiempo de una vaca que vive en un cortijo de la ciudad, está casi tan arreglado como el de cualquier empleado de una oficina. En esos animales, sobre
todo, _h emos hecho perder todo instinto de maternidad
a fuerza de educarlo~ para nuestros fines interesados•
Ante una vaca mansa que pasa cada tarde por l11s calles de la ciudad camino del establo, puede cualquiera
no sólo acariciar las crías, sino maltratarla11 y aun matarlas sin que la madre parezca entender que se trata de
Ja mitad de su alma. Esas vacas,gracias alas casas continuas y alineadas que les hacen imposible todll. esperanza de perderse unas de otras y a la vida de colegio
que tienen, han olvidado casi por completo el bramar y
tan lógicas rnn las costumbres de escuela, que cuando
nos presentamos en un establo y están todas las vacas
en sus corrales, bien comidas y limpias, vueltas hacia
la pila del centro que se surte de agua clara, hay un
momento en que nos parece que con su gran cabeza mu.
tila:da uniformemente nos saludan.
La mansedumbre del ganado no es sino la inacción
de la tristeza. Esa vaca, como su bisabuelo, podfa vivir

en el monte espeso sin conocer a los hombres y hacer
su vida noblemente sin regla ni aviso, bañada por el.sol
en las montañas o echada bajo un arbolen la sílista
o defendida del frío en una cavidad salvaje. PerQ e11t11
desde su nacimiento conoció a un dueño que la acarició
tiernamente, le dió alimento y Je enseñó costumbres
muy metódicas que le han dado enfermedades y la tie.
nen siempre achacosa y envejecida.
.
Todo esto y algo más en.contraríamos al asomarnos
a la dulzura de sus grandes ojos mientras pensativamente rumia la yerba.
LA CASA DESDE LA CIUDAD

Los niños que van perdidos por la Ciudad no distin.
guen, naturalmente, las casas por su arquitectura. Esta tiene en México, la moderna sobretodo, una tradición
muy difícil de descubrir para los que no han seguido
punto por punto la curiosa historia de nuestra civilización. Las distinguen solamente por el cuadro interior
que les deja ver la puerta cuando se abre. Si la puerta
está cerrada, la casa no existe para ellos y pasan ade
Jante. Por el contrario, con qué fijeza se detienen horae
largas en mitad de una calle tranquila, frente al patio
soleado de un" vieja casona en donde hay notas de color muy vivas y personajes pintorescos! Descubrir desde
afuera una ropa blanca tendida al sol y que se mueve
con el aire, es ya un motivo serio para detener los pasos de un niño que camina sin preocupaciones. Ver subir
a una anciana encorvada una penosa escalera de piedra,
ayudándose de su bordón y murmurando imprecaciones o seguir con la vista a un perro que entra con aire
confiado y sigue sin detenerse a través de los patios o
corredores, entre ruidosos muchachos que le arrojan
capas y sombreros y lo persiguen sin perturbar la idea
fija que lo lleva, son otros tantos motivos, simples pero
justos, de la atención de un niño vagabundo.
En las ideas de ese niño las calles fueron hechas para

~irar los interiores de las casas y no para notar que
das gentes grandes pasan de largo por la acera, siguíen- dándoles el ,mejor sueño en el hueco de una puerta
proporc10pap9oles la ocasión de un pequeño hurto p,!
d O la calle, sm asociarse a él ocuandomásdesaparecien. raque tengan pan.
"
o nesperadamente en la primera esquina
___ Los dioses de la calle, como es fácil suponer a des
Aunque al niño que va solo por la calle~ no se inquie- clío de las otras divinidades son enterament'e c· ·¡_pe1v11zata por en_contrar su caaa, las demás gentes no le intere- . dos ' y su ocupac1.6m m s seria consiste en formar
con
san pr_op1amente, puede haberocasionesen que le sirvan el humo de s1;1_s . pipas, las nubes cambiantes ~e se
para f1Jar un rumbo difinitivo a su vida: Pudiera ser ~en En todo el prón de cielo que limita lo largo deqla cae. f ste trab~¡o, lo desempeñan, por cierto, con respeto
que_ la figura del niño Goethe, arrojando con gran enpro nodo hacia la edad y costumbres más arraigadas
tusiasmo contra las piedras de la calle las t
t .
d e la calle que protegen. Pero si alguna nueva calle
brad·
d
ras os que.
izos e una coci11a, le sorprendiera en su camino· apare_ce en la Ciudad, se dan el gusto de un descuido·
o, con m_ás probabiblidades, ¡08 niños Juan y Margot ge alh resulta una verdad que, intrerpretada fríamenJ'
entretemdos, co:"o pasa en México, ,,on juegos muy hu- ...ª hecho fracasar, en México,a muy adelantadospaisa'.
JIStas, o sea: que las calles nuevas tienen un cielo inexmanos: En el prnner caso, sentiría la chispa del heroís- pres.1vo.
mo _Y s1 la responsabilidad le har.e temblar la voz pam
f¡1mque parezca frivolidad indigna, el orgullo de 00 ,.,
pe,;hr que le lleven con sus padres desde
t
te d á
,
·
ese mamen. ca, e es verse representada en una Carta Municipal a 1
o, no n r ya qué anotar en s11s Memorias
igual q~~ su mayor.disgusto es mudar el nombre 'con
Todos los símbolos de la falicidad doméstica,. desde un que. uac10 ;Y ha c~ec1do en años y experienria. En nin upar de p3:ntullas bordadas qne calienta el sol, hasta el na Patte ,está me¡or representada la firme dirección gde
gato _rollizo que_ duerme eternamente sobre un mueble, su_~ mu'.·os, que en_Jas líneas paralelas de un plano topo¡?¡I af1co, Y sólo alh se da cuenta de su importancia en la
adq~:eren en el mterior que el niño contempla, una pro. Crndad. Por eso las calles aman tiernamente a los topoporc10n desmesurada, y sirven para em µezar a eritén- gráfos,_:r en las crndades cultas como México, en ninguder a los hombres en su mejor aspecto.
~ oftcma,.falta un plano de la Ciudad.
_Uh"hiño', por el hecho de perderse, se asonia al porvemr Y se · convierte en el único personaje con quien la
EL CIELO DE UNA CALLE
calle-puede enviar sus mensajes a los hombres · por eso
le _encontraremos algo de superior en su semblante ¡0
Las
calles
tienen
alegrías
v
ratos
de
mal
h
'
mismo
_cu~ndo está 'Varias horas contra un poste, 'mi.
t"
d.
.
umor como
1enen mses y i;scla vos. En México, la torcida del A - ar- dando los Juegos divertidos de las nubes en el cielo O la
taqo se alegrar1a _s_eguramente si una cortesana, ~on
esen_:"Uelta de la luz en el ·crepúsculo que cuando se
" d o extrana del paso silencioso de un cbrtéjo fúnebre 0
1qmen
. bromea
d
. fam1harmente~, la atrav 1·esa y ' perd 1en
a pisa a, viene a enlodar su magn ífiéa bota en un ip- · aplaudé el de una banda de tambores.
8mndo charco. ¿Qmén podrá negar el desagrado de Ja
Las y~ri¡¡:á,q~a's d~ 'taa' ~alles son terribles. Yo supe,
!lota Veracruz con la presencia de un sombrero alto? un'/; ':'')~, .d~ U\l uovehsta mexicano, que colocó un episoS1 por acaso se det,iene allí largo rato, le descargará ¡~ dio ri_mcuh1 €11_una de l&amp;s más antiguas call~s de Méxilluvia Y el trueno para hacerlo doblar la primera esqui- co, Y d~sde que su libro salió a luz, no le faltó incidenna. La d~ Medmas, grave, se paga de los carruajes ele
te callejero que lamentar, mcluyendo la carrera trágica
gantes; s1 un tranvía llegara a pasarla se cambiaría de de lc~l ~ab_a llos de s_u c~che, desbocados el día de la bonoml;&gt;re.
o_n b1~n ..coqoc1dos de todos, los contratiempos de
En los retablos ?e las esquinas o en las cornisas de
o~ac10 rn l¡t V1a Sacra; y en los títulos de novelas
las ca,sas más antiguas, se albergan los dioses de. quie- pdohc!acas, s~ .~ a cuenta de la severidad a que han lleganes al¡i-u~os morta~es aseguran que son muy viejos, pe- , o algunas ~a)iell ..
ro con vigor todayia para decir malicias.
_Por últim'?, creo que el Cinematógrafo tiende a correLos perros calle¡eros y los niños v..gahundos son sus
gir
en los mnos, _desde temprano, cualquier descuido ¡¡_
~randes am1¡,i;o~; en ellos ve a los seres más perfectos
e una Repubhca, por eso los protege y los ampara, terar10 con_motivo de las calles, exagerando a la vista
las de&amp;grac¡as que pued~n ocurrirles.
.
'
á.

'

'fi3'

',,

EL ATAQUE DEL 6 I:E MAYO SOBRE "EL CAMINO DE LAS DAMAS"

•

El

Los p•imeros elementos, salen en pequeños grnpos, dq )as f'rincheras construídas en el terreno conquistado desde la ofensiva de abril.

progreso

.

'

'

''

•

sobre la meseta, detrás de la barre·ra móvi"I he'Cha ·por h

,_.

•

·,i7. -~

. '

á.rtilterfiCliá.ct{·ia~-fista·,q~e

•

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�SOBRE LA CELEBRIDAD MUSICAL
POR ALBA HERERRA Y OGAZÓN

Refiriéndose a la fama,-&amp; la verdadera,
tos de ninguna. especie por la. opinión
se entiende, a la que persiste en trompedel pilblico. No podemos imaginar a Ba.ch
tear hasta que el mundo entero presta OÍ·
o &amp; Beethol'en preocupados por el "qu~
do-,cierto humorista. inglés ha proporciodirá.o," y ansiosos, ant.e todo, de vender
nado una definición carifiosa: dice que
bien sus efectos. Natura.lmente, no son
"eso no se publica a seis céntimos duranpopulares. Si el verdadero músico sabe
ie la vida de uno".
lo que representan estos dos genios, para.
La observación posee, ciertamente, un
muchas otras personas que se creen mufondo de verdad: la. grande y perdurable
sicales, son nombres solamente,-con esnombradía no puede ser, en ningún casopecialidad Ba.ch, que vive por el esfuerzo
esa "palma sine pulvere" que todo espí•
de las academias y del&amp; devoción de unos
rhu bien constituido tiende a ambicioouantos iniciados.
Dar: ¡,quién no querría obtener el premio
El gran público no juzga intelectualsin el polvo ni la fatiga. de la carrera? ..
mente: se limita a consulta.r sus emocioPero es triste decir que sucede lo contra.nes,-y, a vaeces, este procedimiento es,
río; la mayor parte de los vencedores en
sin duda, el mejor. De ahí que el compoel heroico concurso no tienen tiempo de
sitor predestinado al triunfo, sea, siemrecibir su recompensa, y la palma inmorpre, el que más franco se muestra. p&amp;r&amp;
ial ca.e sobre ellos cuando son ya. insenhacer confidencias a su auditorio y mezsibles a todos los honores de 1&amp; tierr&amp;:
clarse a su vida sentimental. Este es el
ni peones vic\oriosos, ni admira.cione1
motivo del áxiio de Tschaikowsky en \oembria.ga.doras, ni siquiera un poco de
das partes. El profesional admira al
1imp•tía o benevolencia para estimular
compositor ruso por su genio y por su
el esfuerzo dilah,do, -sólo la aridez del
técnica, el profano lo admira sólo por su
polvo, del acre y asfixiante polvo .... ¡ a
maravilloso don de expresarlo todo mupesar de ser los vencedores! ....
sicalmente; al público que se extasía ante
Es de sospecharse que la celebridad,
esa inspiración torrencial, semi-bárbara,
como planta rara que exijiese su atmóspródiga en bellezas deslumbra.dora.a, le
fera propia, no puede alcanzar el desaimporta muy pooo detenerse a ana.lizar
rrollo má.ximo fuera. de un ambiente de
el rico ropaje armónico y contrapuntístitraKedia. La.s poblaciones que se dispuco, la &amp;sombrosa ciencia polifónica. que
tan la. gloria de haber visto nacer a Horea.lz&amp;n la hermosura de las ideas me. mero, ¿no son precisamente, las que perlódica.s. Tschaikowsky llega al fondo
miiieron al aed&amp; arrastrar la más mísera
del alma de las multitudes, las sacude,
existencia. deniro de sus venerables mula.a tortura, las deleita, las conquista,
ros? ....
porquesa.be ha.blarlessin retentivos ni reMe pregunto qué pensaría Ha.ende},
serTas, de si mismo- y porque su perso(suponiendo que pudiese pensar como un
nalidad es interesantísima., fascinadora,
l'ivoen la actualidad), si supiese que miabsorvente. La in~ensidad de su tempe•
les de seres humanos lo conocen, excluramento esl&amp;vo, la fuerza primttiva. y ca11
siva.mente, como autcr del Largo'' en sol.
si elemental de sus pasiones, le han obliLa. obraciiada ha logrado admisión en
ga.do a una sinceridad en la expresión,
muchos atriles de piano, o armonio, donque constituye el secreto de su frenética
de el Ha.ende} superior jamás figurará.
elocuencia. Chopin, -cuya férvida inspiEste simple hecho merece la atención de
ración tiene ta.otos puntos de contacto con
101 que han tomado a su cargo la cultula. de Tscba.ikowsky-, pasaba. por el más
ra. musical de las ma.sa.s, pero no conslibre y osado de los músicos en la expreUtuye el único ejemplo. Mendelssohn es
sión
de toda clase de intimidades emocio•
popular por sus 1 ·Roma.nza.s sin palana.les; no obstante, al lado de algunas
bra.s,''-no por la obertura. de '·La.s Hesohra.s del ruso, los más íntimos de sus
pérides"; Schumann ha merecido bien
nociurnos, con su atm6sfera de inverna•
del "gros public" como creador de 11 El
dero, su deliciosa inspiración que destila
Alegre Campesino'' .... En cua.nto a Rimiel, sU.s filigra.na.s rehechas y exquisica.rdo Strauss .... conveng-amos en que lo
tas-, parecerían insinuaciones va.gas, no
dejan famoso, rea.lmente, confundiéndolo
exentas de artiflcialidad, pálidos esbozos
con el Strauss que compuso música de
del domina.nte conflicto psicológico. Es
baile .... Oh, Rica.rdo II!. ...
innegable que Chouin cometió indiscreLa multitud acostumbra recoger las &amp;s·
ciones, dejó escapa.r buena p&amp;l'te de sus
~illas que quedan esparcidas en el taller
secl'etos; pero Tschaikowsky llora, ríe,
y muéstrase ciega. en absoluto para la
delira., y se desespera, en público, ha.ce la
obra acabada. y perfecta.. Liszt levanta
revelación íntegra de su alma, se confiesa
torbellínos de entusiasmo con sus Rapsotodo entero. Recuerdo a este propósito la.
dias,-meros engarces de aires populares
fra.se de un inteligentísimo amigo mío,
húnga.ros-,allí donde sus Poemas Sindespués de escucha.r aquel andante del
fónicos no serían gustados,ni aprecia.dos,
cuarteto en re mayor que hacía. llorar a
ni comprendidos.
Tololoi:
Existe, a.fortunadamente, cierto tipo de
-"Como divino, lo es, el Sr. TschAoicreador que-cifra toda su ambición en esk:owsky .... pero, ¡quá desvergüenza! ... ''
cribir como lo cree debido, sin miramienPues bien , esa desvergüenza es su carta de
6

recomendaci6n nara. todos los públicos,
oultos e inc .;]tos.
Hay compo-s ores "universa.les", y
otros que pa.recen existir pat·a. los "cliques". Diríase que ha sucedido esto úlmo al nobilísimo Bra.hms. Cierto que el
Brahms "beethoviano" de la sonata en fa
menor, es, y será. para siempre, universal.
Pero ese otro Brahms escolástico, secamente intelectcal, apegado a las fórmulas en detrimento de la emoción,-de lo
que constituye, según Delius, "la ca.rney
la. sa.ngre de la. inúsica"-, ese Brahms
ha. pasado a la categoría de 11 acquired
· taste"; y la fase de su obra. a. que me reft~ro se a.ntoja. maciza. filosofía. alema.na,
amazacotada y abstrusa, de la que se exprime la esencia ideológica gota a got•,
a. fuerza. de estudio insistente. El resuliado es que a. Bra.hms se le respete inmensamente a trueque de aplaudirlo con.
moderación; ya hemos visto que el público no se electriza al oír mucha.s de sua
mejores composiciones.
El efecto del tiempo en la reputación
de los compositores es como la acción
del mar en la. costa: altera su carácter.
La situación de Gluck ha cambiado, con
los al:los, de notable manera.. Si fuásemos
a calcular por los programas de actua.lidad, creeríamos que Gluck está. en artículo
de muerte, cuando muy menos .... o ya
muerto; sin embargo, históricamente, 01
uno de los más importantes músicos.
Despuás de todo, ¿quien será el mejor
juez musica.1, el crítico de profesión, inclinado siempre sobre las ptiginas de los
libros, o el auditor que nunca tra.ta. de
penetrar bajo la superficie .... ? Insisto
en que muchas de las apreciaciones surgidas de la intuición y el simple instinto
son el reverso de despreciables; y, en cambio, los conocedores incurren, con frecuencia, en curiosas equivocaciones. Por
ejemplo. alguna.s alma.s de superioridad
intransigente han maltratado a Meyerbeer .... a.ca.so porque tal cosa fué considerada., en cierta época, un signo de ilustración _suprema; pero los que conocen
algo de historia musical han salido en
auxilio del oprimido autor de ·'Hugonotesll, a.portando informaciones precisas
para beneficio de los críticos, en general.
Bueno sería que se cultiva.se uh poco más
el sentido histórico, ya. que es indispensable un conocimiento completo del intervalo de tiempo que ha mediado desde la
composición de una obra para llegar a
comprenderla de veras. Pero todavía se
necesita algo má.s.
Si hemos de seguir considerando a los
autores desde el punto de vista en que se
han coloca.do los que otorgan la. inmortalidad a Haendel fundándose en el 1 'Largo'' ,-esto es, de-sde el atril del armonio-,
tendremos muy pocas probabilidades de
juzgar con acierto. Para valorizar debidamente a Wagner, Liszt, Schumann,
etc., y a.ún a.! mismo Strauss y al propio
Debussy, es preciso poseer una buena dosis de cultura genera.! a.demás de los conocimientos musicales de rigor.•
En el "Chantecler" de Rosta.ad, el gaIJo duerme un poco más de la. cuenta. cierta mafia.na, y este deplora.ble suceso le
convierte en blanco de burlas para. los
animales a quienes afirmara., modestamente, qne su canto hacía surgir la luz
del dia. Algunos gallos 1 con toda la. apariencia de ina.pela.bes, recuerdan el canto
de ese héroe de corral: la aurora de un
nuevo genio puede ha.her despuntado
mientras '·Cha.ntecler'' dormía.... ,

DE ALFONSO TEJA ZABRE
decisión del comando &amp;le!!1án demuestra
que tgnoraba la tormaclón del sexto ejército
Y avanzó desafiando a su enemigo!
trancés, etectuada sigilosamente al amparo de
la tartaleta de Parls ....... Durante las batallas
No; no es juego de ansi~sa fantasía
que se tmcedleron en los dlas 7. 8 y 9 de SepLa
aparición de una ciudad que avanza:
tiembre, el se:rto ejército francés, reforzado
por parte de la guarnición de Paria ... "
Era que el sexto ejército salía.
Revelaciones sobre la batalla del Mame, por
Vibrante de valor y de esperanza.
el general argentino José Uriburu.
Para tomar su puesto en la porfía,
Cuando cruzan dos pueblos sus ca.minos
Y era también, como visión más cierta,
En el vasto palenque de la tierra,
La guarnición c"ie la. ciudad, alerta.
Como dos encontrados torbellinos,
Arma al brazo, los ojos avizores
Son a la vez salvajes y divinos.
Y en ar bol ando en los fusiles flores.
Pero más nos sacude y no~ at.erra.
Así, adornado 1 juvenil y fuert.e,
Ver jugar en el choque los destinos
Rojo y azul, cubierto de fragancia.
De un pueblo y de una máquina. de guerra!
Se enderezó París con elegancia
lJúsculos de Sajonia. y Mecklemburgo
Contra la obscura. máquina de muerte
Restirados en muelles de ca.miones;
Y cuando el viejo Mariscal de Francia
Sangre de la que fuera libre Hambur¡ro
Juntó a sus hijos al abrir la. aurorR. 1
Lubricando resortes y cadenas;
Y en la Cha.mpaiia. convocó a. revista,
Nervios de Wurtemberg, fibras lorenas,
Toda. la Ga.lia, con su voz sonora.
Corazón de Strasburgo
Fué contestando a. la suprema. lista.
Hecho fuerte, ¡oh dolor! contra sí mismo;
Se oyeron entre sombras matinales
Entra.Has de Silesia y Pomerania
Acentos a.ngevinos y bretones,
Reunidas en monstruoso mecanismo,
Normandos, loreneses, borgoflones,
Toda la. carne roja de Alemania.
Flamencos, girondinos, provenzales ....
Hecha un solo organismo
La voz de Alsacia, con el viento alado
Y obediente a la voz y a los conjuros
Mandó un ;Qua.ad memel como seiial de guerra,
Que salen de Berlín o del a.bismo!
Y respondieron a.l viril lla.ma.do,
Fné un otofio sangriento¡
Con tres cuerpos de ejército lngla.terra
Y una promesa fraterna.1 Italia.
La!máquina de muerte dio un sílbido
El simbólico gallo de la. Galia
Que en el mundo se oy6 como un lamento.
Adelantó un tentáculo
Anuncia que las sombras ma.tutinas
Se pierden ha.jo el sol, como neblinas.
Con toda su armazón en movimiento,
¡Rojo sol de Septiembre! Toda. Francia
Y al sentir la a.spereza de un obstáculo,
Sa dispone a. luchar con la penumbra
Cayó sobre la Belgiea su empuje
Bajo tu luminosa vigilancia.
Como en un colosal derrumba.miento.
Eres el mismo de Austerlitz. ¡Alumbra!
El humo brota y el acero cruje¡
"La

Lieja, Verba.eren, Maeterlinck, Bruselas,
Son trigo de oro bajo rudas muelas!
DHpués .... un salto y a.l galope, al vuelo,
El tumulto de carros in vaso res
Se dirige a París. Manchan el cielo
Sombras largas de pájaros raptores.
A París! A Parísl Los reflectores
Ya lo alcanzan con brusca refulgencia.
¿Qué podrá. la exquisita. decadencia
De un pueblo que a.rde con la triple llama
Del a.mor, del trabajo y de la ciencia?
Toman las masas grises apariencia
De animales prehistóricos en brama,
De Sa.int-Gond y Vitry, de los rescates
Y todo el mecanismo, de repente
Sujete. frenos, comba la. coraza.,
Extiende un brazo como enorme puente
Por encima del Marne, con la a.mena.za.
De herir a Francia. en su divina frente!

P~~¿ i~ g~~~-~i~d&amp;d -~é~Pi~~d~i~~-~·,
Sintiendo la. inminencia del castigo,
Se in~orporó en silencio, brusca.mentet

Cuatro veces el sol prendió su lumbre
Y cua.tro veces apagó su llama,
Sobre la exaspera.da. muchedumbre
Que mejor muere mientras más se inflama
Pero al fin, el incendio de sus lampos
Pudo lucir su redondez ustoria.,
Y a.somarse1 en la rufna. de los campos.
Como el sol de Austerlitz, a la victoria.
Los poetas futuros y la. Historia
Dirán la magnitud de estos comba.tes
Su inmenso horror y su tremenda glo,ria..
Hablarán del furor de los embates
Sobre Fére-Campenoise, del rojo espanto
De Mondement, enormes para. un canto.
Para Fooh y el ejército noveno
Levantará.o un pórtico sereno
Como el de Maratón y el de Lepa.oto.
Tendrá. el Marne1 como tiene Sa.lamina.
g1 mismo aspecto desigua.l de choque
En que pugnan las manos contra el bloque
Y se atreve el rosal contra. la encina.
Será como Veroolli: Cayo Mario
Detuvo con la égida latina
El impulso del cimbrio sanguinario,
Y a. los teutones que buscaban tierra,
Les dió tierra en un campo funerario ... .
No ·tr·i~·~i~;á, ·1·~ ·~,q~Ína. d~·gu~·r·r~1· · · ·

�LA GRAN GUERRA
La noticia más importante que ee
ha recibido en México en los últimos
días, relacionada con la guerra eu.
ropeit, es sin duda alguna la que se
refiere al estado de intranquilidad
. que reina en las al tas esferas oficia.
les del Imperio Alemán.
Hasta ahora no se puede saber
con toda precisión todo lo que ha
sucedido, pero ya tenemos plenamente confirmada la noticia de la caída de Betman Hollweg, el fatídico
canciller que tantos males ha llevado al infeliz pueblo alemán, aún
cuando no quieran reconocerlo así
los boches y sus partidarios. Ahora
es ya inconcuso que el canciller estaba fuera de las conveniencias polític!ls de Alemania. Unos dicen que
la caída obedece a la cond ueta del
Reischatg, otro. que a la labor del
príncipe heredero. Lo más natural,
lo más lógico es creer que ha sido el
Reischtag el cauaante de la dimisión de BetmanHollwegy claro que
al más inocente se le ocurre pensar
que tal suceso es el principio del desquiciamiento.
Nunca hemos pretendido dárnosla
de profetas, pero ya es de una evidencia absoluta la .trepidación que
amenaza relajar los cimientos del
Palacio de Potsdain.
:
Quizá en brevetiempolos que simpatizamos con la causa de la justi0
cia nos demos la inmensa alegría de
leer algunas otrits nuevas todavía
más substanciales. ¡Hay que esperarlo así!

•*•
La actividad rusa es otro de loa
enormes alicientes que preparan de
una manem maravillosa la situación de la Entente.
Desde el golfo de Riga hasta el territorio Rumano, dicen los últ,imos
cable:,;., la línea, rnsa es nn inmeni=.o
ca m µo de bata !la.
Nosotros q·u eremos admitir desde
ahora que los rusos no arrebatarán
extemitts !raujas de territorio a los
alemanes. Quizás no logren en cada
punto un éxito igual alqüeobtuvieron en Halictz, pero será preciso
que los imperios centrales conserven
cosntantemellte en las líneas de ba-

a Europa, sin dificultades mayores,
todo lo qne es preciso para la campaña y que puede faltar a los aliados. Sigue la corriente interminable de oro; los víveres y el material
de guerra salvan los mares sin con
tratiempos de ninguna especie. Los
submarinos, que tenían encomendada la misión de interrumpir el
tráfico marítimo, ni son suficientes
ni pueden contender con los buques
de g·uerra que pasan el atlántico
custodiando los enormes cargamen ·
tos y la única misión ridícula y criminal que pueden desenvolver es la
de atacar los vaporcillos neutrales
que se aventuran tfmidamente por
lo• océanos. Eso sí es fácil y de esos
triunfos tienen bastantes; casi tocios los días.

- - -~------ --

,,.
; J/;,~////_,,..,

El ministro de Marina von Capilla

YO PUEDO CREAR

talla las fuerzas necesarias para no
ser arrollados por las huestes del
general Korniloff.
Desde luego, las informaciones
inalámbricas dicen ya que los austro-alemanes están reforzando considerablemente las líneas in mediatas
a Lemberg, temerosos de resentir
un ataque del General Ruso.
En la parte snr de los Cárpatos,
los austriacos han llegado a sent ir
un pánico extraordinario. Yase habla de deserciones.
Así las cosas,. una ofensiva que
desarrollen las tropas franco-inglesas . y que indudablemente no se
hará esperar - obtendrá incalcul~
bles resultados.
Esto nadie puede dudarlo cuando

La situación para los alemanes, en
los últimos dias, parece que se agrava.
Los Rusos ocuparon Haliez y quitaron al enemigo cincuenta y cinco caftones y además hicieron catorce mil
prisioneros.
Hellferich y Zimmermann caen de
la gracia del Emperador. (¡Desgraciados!).
Natural.mente, el Emperador ha caído
de la gracia de Zimmermann y de
Hellferich.

YO PUEDO DESTRUIR

hemos visto que una ofensiva en el
frente de Francia y Bélgica, bien
preparada, no ha necesitado de la
colaboración de los rusos para al.
canzar los resultados más halagadores. ¿A que grado podrá llegar la'
desmoralización cuando la presión
sea únanime!
Los críticos militares anuncian
para muy pronto una acción con. ·
junta y simultánea. Este acto ten&lt;lráconsecuencias fatales en las líneas
de defensa y repercutirán en el Reischtag y Michaelis, el flamante can ·
ciller, se verá acosado por la inquietud y la zozobra de todo ellmperio.

•*•
Y como si todo lo anterior no fue-

está a punto de renunciar.
El kaiser ha reunido a los ministros

re suficiente, elAIII\irantazgo Inglés
ha dado órdenes terminantes para
que se estreche la vigilancia en el
Mar del Norte a fin de hacer más
efectivo el bloqueo impuesto al Imperio Alemán.
Como resultado de esta det:ermi
nación, el último martes, la Escuadra Ioglesa destruyó una flota mercante alemana frente a las costas
holandesas.
Cnatro buques alemanes fueron
hundidos y otros cuatro capturados siendo éstos últimos el "Peil'
worm, el "Brietzeig",· el "Ma.rie
Horn" y el "Heinzkb, Tuma_burg".
Tres buques pudieron escapar con
serias averías para refugiarse en el
puerto holandés de Rott.erdam.

También en el mar se despierta IH.
actividad que de una manera &lt;lesa,
trosa ha de contribuir a la deses.
peración de los imperios centrales.
Inglaterra suponía que se estaba
violando el bloqueo y ha podido
convencerse de que positivamente
los alemanes logra~an llevar víveres de Holanda. Pero ya no será
posible en lo futuro que salgan
ot,ras escuadrillas; la vigilancia se
rá eficaz, los puntos posibles para
verificar estas excursiones furtivas
han sida desou biertos.
Mientras que tales contrarieda.
des reciben los imperios autócratas,
el partido de la democracia abunda cada día en mayores facilidades.
Los Estados Unidos hacen Ilogar

y al canciller en consejos prolongados.

A la prensa se le pide que haga un
urgente llamamiento al pueblo alemán,
para que permanezca tranquilo CUALESQUIERA QUE SEAN LOS SUCESOS QUE SOBREVENGAN.
Pero Bethma.nn Hollweg, dice como
el personaje de "Aires de Primavera":
·'que de lo demás es tan bien.
"

•••

El colmo del agricultor.
Sembrar el pánico en los viveros de
Coyoaeán.-

*
••

L~s diputafios acaban de tomar la determinación de mejorarse la vida con.
las dietas.
Los maestros de escuela acabaran
c'on la vida, terminantemente, a causa
de las DIETAS que se toman.

• *

•

A una porción de masa, para hacer
pan, se le pone levadura y se aumenta.
Los -diputados en masa, se pone a la
LEVA y no les parece duro aumentarse una PORCION el pan.

�FIGURAS CONTEMPORANEAS
FRANCIS JAMMES
Del semanario ibero "España."
tomamos los siguientes apuntes sobre el ·exquisito poeta Francis ,Jammes, y con gusto los hacemos conocer de nuestros lectores pues contienen muyinteresantesaspéctos de
la vida de este noble literato.
«Al otro lado de las montañas que
limitanelhorizontedeFrancis Jammes, está España. Ha nacido este
poeta y vive de continuo en la deliciosa vertiente'septentrional del Pirineo, en esa «cara, verde y jugosa,
surcada por .venas fecundan tes, risueña y feliz, cuya «cruz» adusta y
brava corresponde alas tierras esp a

ñolas. Es natural de Tournay, donde nació en 1868, vivió en Burdeos
durante sus años de mocedad y estudios, fué pasante de notario y se
retiró en seguida, acompañado de
su madre, a Orthez. Poco lia salido
de allí, para viajar por los Países
Bajos, por la Argelia; de nuestro
país ha llegado hasta. Burgos. En
Paría ha pasado sólo breves temporadas, y desde su matrimonio solía
pasar los veranos en el pueblecillo
septentrional de la familia de su esposa, sobre el cual cayó muy pronto
la invasión alemana.Durante la guerra el poeta, movilizado, ha cum-

plido su deber de francés, principalmente en puestos administrativos.
Los que gustan de la poesía de Verhaeren no podrían imaginar mayor
contraste que el que junto aellaofrece la fisonomía poética de Francis
Jammes. Amael uno las multitudes,
las turbas, las grandes ciudades,
los hombres simbólicos, la complícación de la vida moderna; el otro,
de acuerdo con su existencia retirada, los campos, los seres humildes,
la pacífica sencillez aldeana, los héroes de todos los días.~
En 1898 apareció el primer tomo
de Francis ,lammes, que conoció el

DEL "SIMPLICISSIMUS", PERIODICO ALEMAN

Público. Antes había dado, en redu.
cidas ediciones, algunos deliciosos
folletos que se agruparon en aquel
libro titulado «Del ángelus del alba
al ángelus del anochecer»; le siguieron, en verso, «El luto de las prima.
veras» (1901); «El triunfo de la vida, (1902); «Claros en el cielo»
(1906); Las Geórgicas cristianas»
(1911), entre otras obras menores,
y en prosa, «La Novela de Liebre•
(1903), tomo que comprende con
otras las dos deliciosas novelas
«Clara d'Ellébeuse, y «Almaida
d'Etremonts,; «Manzana de Anís»
(1904); «Pensamientos de losjardines• (1906); «Mi hija Bernadette,
(1910); «Hojasenel viento• (1914)
y «El Rosario al sol» (1916).•
Las palabras siguientes de Enrique de Regnier, caracterizan bien la
poesia de J ammes: ,Es, decididamente, un poeta único. No escribe
versos sonoros o cincelados, ni estrofas de combinaciones sabias; no
es naturista ni simbolista; su estilo
es una. mezcla de precisión y de torpeza, natural la una, buscada la
otra. Este lenguaje, a la vez inhábil
y exquisito, es en él un encanto ...
No habla sino de las cosas más sen,cillas, más cotidianas, más humil-

LOScSUCESOS DE RUSIA

A ra!z d~! triunfo de ~~ revolución en R~sia, la intriga alemana se aprovechó de la
desorgamzac1on y pretend10 que el nuevo gobierno concertara la paz.--Proporcionamos
a nuestros lectores la fotografía de una contra manifestación patriótica en respuesta a los
esfuerzos pacifistas de los acólitos de Lenini: algunos ciegos de la guerra, guiados por
una enfermera pasean por las calles esta inscripción: &lt;La guerra basta la victoria completa.-Viva la Libertad&gt;.

_

des, pero habla de ellas con una gra.
cia deliciosa, con una emoción ingenua, con una exactitud que las hace visibles y p1,lpables. Las evoca
como las ha sentido».· Delicado y
sensual, lleno de piedad y de_ amor
más que para, los hombres para las

CARICATURA EXTRANJERA

•
Cómo veían los alemanes a los franceses, antes de la guerra .• , y cómo los ven ahora.
10

El subteniente Bill Broncho, antiguo campeón del lazo en Arizona,
hace su primer prisioreno a!emán.-(De LtF'E)

')

cosas, para los vegetales v los animales, interésanle sobre 'todo, en
los seres humanos, las almas indP
cisas de lasmuchachas,aldespertar
de su curiosidad ante la grandeza
de la vida que ignoran. La sensualidad y el tinteexótico-herencia de
antepasados antillanos-que lat-ían
en sus primeros libros, han ido esfumá.ndose ante un sentimiento ca.
da vez más profundo de la tierra.
que domina en las «Geórgicas cristianas•, su más importantepoema.
Ve J amIOes la naturaleza con la
sencillez de un primitivo, y a Dios
en el centro de ella, un Dios hecho
a imagen y semejanza del hombre.
Se proclama ahora el poeta católico sumiso y reprueba cuantas ínter.
pretaciones contrarias al dogma
puedan darse a su obra.
En Jammes, la constante sinceridad y el cultivo de los mismos temas han creado una «manera» que
ha trascendido de su poesía y que
en su poesía misma vuelve en ocasiones con aire de afectación. Pero
el escenario más amplio de sus obras
últimas, su técnica más firme, sin
renunciar a ninguna de·las características antiguas, le dan un puesto
entre los maestros seguidos por la
juventud. con los Péguy, los Claudel, los Maurras y los Gide.
Es Francis J ammes el hombre de
sus obras, sencillo, afectuoso. El que
esto escribe le oyó leer en París,
con voz penetrante, en un medio selecto y cerrado, «La oveja descarriada», drama cuya acción ocurre, en
parte, en Burgos. Rodeá.banle sus
amigos, algunos literatos jóvenes.
Frente al poeta escuchaba sonríen• te la lectura su esposa; una vidriera
a contra luz, sobre fondo oscuro,
copiaba la figura de ella, reduciéndola a los rasgos esenciales, como
eu un retrato de Carri8re.
11

�LA

ACTUALIDAD POLITICA

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·:-RIÉr,rtACIONES 1

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(~Estud,ad la hsitorla y la psicología
de las pueblos la~inos , y ~entiréis entonces, un profundo respeto hacia los

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El ~~l'!tc'tt¡:¡¡),t nico d~l pueblo mJxica1,10 no ha
sido c*~p~\?didi¡ todayía por las razas que DO poseen l~1,.pe4µliatidades fie nuestra alma'latina. Por
esto e¡, ' q-U:! •'tanlpoeo ,se ha podido comprender el
grito #e re'he)dfál qt1e hizo.. lanzar a la revolución a
los h~,¡¡n)ilres ,i:leMéxico que constituían el elemento mo~ª\t• eJntele~t1,1al ' del pueb](Í~ Se ha juzgado
con harta ínjusticia .en el extranjero al pueblo mexican~- en general Y esto se débe a la falta de serenidatl' en el est~d del proceso histórico de la nacipp ~e.;x:icaua e¡:1 sµ .anhelo de mejoramiento'social,
p~r l.~~; eso~ito~es q~~' han opinado sobre este asunt&lt;i\ lrá~cenoentál,. cól~aaos en "µii p,lano distinto
d~,~~ .~eali~ad. . ·:. , .
.
-----· _La revolución de Méxieo nacü1 •al ºc·onsumarse
el,~ten'tado ÍIUI(Oral a la Constitucii6¡¡¡ don .~l asesi'n~J'o d,E)l Presíqénte' de .la R_ep,ú blié~ ; ~ bastó est~
hecho, p.arn .qüe salieran de ·todos lo~ p(lcb,os ,honrades voces ai'tadas de protesta qm@ •' clarriaban por
ef ~~~tid~ dé j~;tici~; corno .Princj~i.fjfundaroental
reivi,11d\cador. d,e.hisp):ritu,&lt;il.e la ra'./ia, ,,y la revoluc1l'i.ri fu'íf "; .. ,,, ''..C:,,:· ,/t·•'
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e pne O a 1~0-amencaho; e esta lSta
mexicano, que, desp\rés dé 'c onteti.der·ín¡ ']~ ' lu'c ha
1
armada por , los fu,en;¡s. de la, legalidad,' \eya¿t~.su
voz con acentos d'l, sinceridad y . de ,h1¡1maµida¡d;:
(( ...... la R,wolución nG&gt; es.sólo ,1a Lueha,ar~ada,
ni son los campos ensangrentado&amp; ql'le ya se · secan:
es algo más grande,' és' el progreso de' la' hum'anidad, que se impone y ··del que a ' nosdtr.os por &lt;!asgracia, Pº.r fatalidad ,, o por ventu~a,' no·~ ~.a,'t~~~do
ser iniciadores en esta gran: h:¡c!;ia. , . y ,para ,que
cese la guerra, es .preciso que reine: en:la ,tierra la
justioiá».
: ,
Un pueblo corno el nuestro que puede 'tener un
guía de la magnitud del actual Primer Magistrado
y que al lado de él se reúnen hombres sanos que
en el presente momento de reconstrucción nacional estudian nuestras instituciones y restauran las
Leyes en una nueva organi'zación ·eoon6mica y social, científica y justa, nunca .será rtn · puebli&gt;"&lt;ie
raza inferior, sin perspectiva de ·rnejorami~nto. ·
. Lo qw¡' la raza mexicana eon ella tod¡¡ la ],ati'na desecha y despreciará sien;¡pre es e.l títu\o de
protección que estorbe su progreso e : impida al
hombre ser ciudadano libre y disfrutar ,de' todos los
bienes que la naturaleza le ha concedido c-·
Esto no deben olvidarlo los extranjeros y con
, e1tcis' sus Gobie~nos ºrespectivos . .
·,
ClOll

x

;;J?,as¡(&lt;l~:'i1;'cri~i~'. ~1i;aihp.s, ¡¡ ten~a~-OS r,uuy
se,rtes, las '. f:~la,b~as

1
1

hE tA kE~MÉS DEL í4 :bE jtft16

JUAN

NovELL Rurz

. ;_Julio, 191'¡,.

"''

. , ', 5NSAY0S S@@RE ,RGNSARD POR FRANCIS JAMMES
~

• .; 1' ,:; ':~

,.,,

Trad,. d,e ·Enrique. Gonzá(l,e,z Martinez.

.,

' ,

'

'

' '

¡:

•E;i:i;iaJ:0)1 'a, ¡ni ro,;,dreun ;va.e!&gt; ~nl.
.Si'allguna '\'éZ las aguas det ria- . quien ofrecían un vaso de cerveza
tigubcomo 'el que 'Ronsard debió de
chuelo llevan mi nombre a la posespumosa los burgueses de Brabanoftecer a:.fuan Brin'ól), . ¿Cómo sería . teridad como hicieron con el de Ronte. El albergue ara poético. Trepa.
Rónlili\id'I' Me lo figuro en: bata de
sard las aguas vandomesas; si algún
ban pámpanos. Se abrían enormes
día un adolescente después de aplasarmiño, y mientrru, fos viejos charosas a rae del suelo, porque las roparrones azotan los avellanos del
tar con suavidad el húmedo corazón
sae son flores, y porque los humildes que cantan romances call~jeros
Loir, sostiene en las manos un lide un clavel sobre el seno de una cocaminan encorvados hacis. ¡:a tiebracof :¡;9 \w.rü,~CJij~••:geraa, ~e,.{11tf9ilegiala, se preguuta cómo fui...
rra ... Era,-!!' hora del crc9púscmfo, al,
Que se responda:
roeneat ~~1l{;ffi l&lt;!'~tñlf/J&gt;·.1•Es ·•do.111~ngo
fin
d~l a,pacible estío ... :
y son f:ti;~r~~;d'f t~rde. Cfüa una
Un lluvioso día de Todos Santo•,
1
...
Aq,uel día, 'F rancie Jammes echó
rana en'.J11;,,~w9ag~, dlinde lasJanzas
Francis Jamrnes no aplast6 el hú,
unt1,
breve . ojeada. a.obre su gloria.
de la
salpiet/'. l,u~.. ~a,ría, Gimedo cor.azón de-un clavel sobre el
·F,~ta
g·Joria et--taba encima de la me-.
nebra:;a, o~ra cualq)n~ra .f ~tra y to
SPno de una muchacha. Por sabi ,1o
.
sa
en
el.sobre de una car.ta qoe ,un
ma !'SÍ!!lltb cerca.de él. Eri.t0nces, sin
se calla que no hay claveles de Oto-monje
le había escrito desde las riño. Pero fumó en su pipa. Tornó uñ
cerra1hi!llbro, •posa tran~úil'amen,
heras
de
un lago de'°. la Prusia del
te la 'Íl,t~ocupada map'ó ' sobre"fas •tiesto y plantó en él un oxalit para
Rhin;
en
otra
epístola .,de un holanrodiU~ÍLd·~•·~u;~.'iria\li¡:1 $.op.'rt~;ip,\~¡i.sa
estm;liar el sueño de las plantai
é
s
d~sconocido
ilaro-ail,o Walch, y
d.
en Uh~~hJ1!an~.:~obr~ ,IQ~ ¡nar~,. Pegada al muro de su alcoba, una
aguas,tiI&gt;'füas¡'.0DlHelena, en elpncro
estampa de Epinal representaba. en lacádili:,de una muchacha. Francis Jdiiiiijíes- sonrió. Después, vade PÚÍiÍFen -lÍ'POjÍa,:''én arqueros
";1 verda_d,ero retrato del Judío
dando"sóbre el dedo la ceniza de su
arrodillado~ 'sobr,r·1a·'1n11ralla,.= ~ue· errante", llll Judío errant.e tocado
pipa, sedispusó·a; ir a honrar a los.
desnudos-y COll ios 'easco,Vi?tiíúdos
con sombrero ridículo, con capa y
muertos.
tiend~Ike\~Q, ..eltoW)stnra;,!llá,;iiíla,"'!"'' pantuJJ:as azules, c.on traje rojo, y a

Dos interesantes aspectos durante l k
Jb d I ' ·
- Nuestros redactores Efrén Reb
a e~mes _ce e _ra a e ultimo 14 de Julio, en Chapultepec, a beneficio de los huérfanos de la guerra.
,.,
~
olledo, Jesus V11lalpando y José D. Frías comprando confeti a las bellas damas que atendían los puestos.

A espaldas del Café deDEL 14 DE JULIO
Chapulite.pec, se celebró
el 14 de Julio una luci- rnc~'--.....,..,,.--,,,,
da Kermes cuyos pro
ductosse destinarán a
los h uérfanoa de la¡
Guerra.
Lo. fiesta fué muv Ju.
cida por haber asistido
a ella lo mejor y más
granado de nuestra sociedad, el Sr. Fernando
Couget, Ministro de
Francia y algunos,
otros miembros del
Cuerpo Diplomático,
correspondiente a las
naciones aliadas.
Durant.e esta sim pática fiesta tu vimos oportunidad de presenciar
escenas verdaderamente emocionantes. Una
de las que más impre- )
sión nos causaron, fué
la siguiente:
Un poi/u que !tcaba
de regresar de las trinEl Señor Ministro de Frania, D. Fernando Couget, en la kermes efeccheras, después de hatuada el 14 deJulio en Cbapultepec.-EI Señor Cougety sus acomber cumplido con su depañantes al escuchar 1tLa Marsellesa».
ber y de ser licenciado

a causa de encontrarse
inútil para el servicio
por las heridas que ha
recibido, fu é estrepitosament.e ovacionado
por un grupo de mexicanos entre los que había algunas señoritas
las cuales le arrojaron
algunos puñados de
confeti. El poilu no pudo contener su emoción, se le arrasaron
l?s ojos de ~ágrimas y
•m saber como agradecer las muestras dP.
simpatía, se confundió
entre la multitud, mien
tras que los concunent.es, que presenciaron
aquella esc.ena, prorrumpieron en '·'vi va~" a la Francia, a
1 esa Francia inmortal
que nos arrastra irre
mediableJl1ent.e a su lado, en los momentos
en que lucha por la libertad y por la demo.
cracia.

POR LOS CAMPOS DBL SPORT

~ª

/~1!\YÍª,

12
:[

Con motivo de las fiestas del 14 de Julio, en el Colegio Francés se llevaron a efecto muy importantes encuentros sportivos.-Damos a
nuestros lectores una fotografía de la PRIMERA del «France, y uno d; los as_pectos d~l juego,

13

�JtJEGOS FLORALES
EN SALTIL,LO
~1 cAteneo Fuente:,, a ,fin de celebrar
eqn el. ma~or:_lucimiento el quincuagésimp am".'ersar¡i.9 de su fundación, prepara
una serie:de ~estas, que habrán de verificarse eriJos ' últimos· ~ías del próximo
mes de octubre y el primero de noviembre.

De teatl'os casi no hay que contar nada

Tenemos aún otra cosa de

a eKcepci6n del eltl'l'}UO de Villaespesaen
el .Fúbregas, que resultó del agrado del púbhco. Natut·nlménte qne pnr tra.tl'Ll'Se deuna obr,i del distinguido vate español.
Por el Cúlón, a la hora. e'n qne nuestro
per,iódico circule. v.t se hahrá rometido
un 1:lel::i!to: Onofro'tr. el incnurnen1'UJ•able
On?,f.r#tJ' (creo que mide dos metros) :-e
hatirá adueUndo de las tu.bias pa.1·a hace1·
cbilhtr a los estudiantes faltos &lt;le recu1·sos y con ello despet·tar el asomb1·0 del

que poder hablar. La pelícu-

EMILIA R DEL CASTILLO

la. ·'En Defensa Propia" que
ll~vó a la pantalla la Compa•
ñut Rnsas- Derba, el último
sá.ba.do, en el Teako Al'beu.
La cinta., por lo querespecta. a Rosa.s, está pedt&gt;eta. fi:n
lo l'elativo al g!'llpó de artistas se deja sentil' la falta de
un hábil directo1/de escena,

Ya lo hemos dicho anteriorpúl&gt;;!ico candoroso, ese conglomerado de
mente; éstas Compañías pue~
bm-gueses y horteras que piensa seriaden hacer buenas películas,
mente que Maciste y Onofroff son las
pero necesitan buenos direcavan~adas más presti_g-iosas del reino de
tores. El argumen~o de •·En
D. V\otor Manuel. Indudablemente que el
, Defensª"'Propia.u es infantil,
Colón tendrá buenas entradas ... o no estade muy poco interés: y tiene
mos en México. Con Onofroff presentará
muchos defectos que se pueel Cplón algunas otras diversiones para·
den señalar; pero no desea. lo cuaf suponemos estará pensando conmos ·poner un obstáculo con
''·}rata"r ~1 mono Cónsul o a cualquier chi yo
nuestra crftica a la labor ruemófens1vo de los que en lVelton asumen ·Ja ·-·r;,ttorta:·de nuestros paisa:nos
/oén el comienzo. Prometemo~
penos;a tarea de caruin:tr. sobre no barril.
En.· el Fábregas, traba3ará un~ co~npa- ¿. ser clementes y procurar ale □•
ñfa de perros. amaestrados, segun d1c~_nt~,.. tara todos los que integran
así e~ t¡ue ~uestr? Méxlco va a sentil· la
el grupo; pero por bien de
necesidad 1mpenosa. de protegepse con
ellos y, para ma.vor garantía
una enorrr.e carpa desde Ohapultepec hasdel éxito, será preciso decirta San Lázaro, mientrn.s no llegue la ópe•
les algunas verdades.
•
ra o una compañía. ele. vei·so que p1·oba.Si a la inmejol'ab-le t:wea
blemente tl'aerá el i:,oeta Villa.espesa.
fotográüca y a la buena voy ne es eso lo peo1·, sino qlle a. los a1·Juntad de los a.rtistas se avretistas del 'l'eatro Colón se ies dice: «Señn~a mm buena direedún de'"' esres, viene el reinado de los chivos&gt;¡ Siecéna: si además _se quehranrra Méndez necesita hacer del Co}i:-~o
tan ciertcs 01:irullos infunda.dos y lm: argumentos los hauna; arca&gt;:, ustedes deben ahuecar el a'.ta,
y no precisamente pa.ra que:avel'ig-üeb sicen quienes deben hacerlos r,
ya ha pasado el agm1cero, sino p.-11·a que
además, se someten a la api·0~
aS'.i...;tan desde el pl'inc.;ipio a la -shrnp1ítica
bación de algún jurado apto.
fieSta aCuáticaen que Neptuno pomlrá'en
será indudable que la ta.rf':1
'ritlfoulo a Pane; el expl'Opietariq ,de una
emprendida llegará a la cum·
· fambsa, alberca. Sentimos, señores, que
bre del éxito.
, noS Reamos obligados a mandar tocar
Estamos cie1·tos de que mu1'La Qrloudl'ina'' y no eS que ~descon&lt;,Jzi;hasperdonas competentesesca[Jlos que ustedes, en.otro tiemp-o, hayan
tarían dispuestas a coadyuaport8.do algunas . utilidades al teatra.,l,
var con la empresa RosasPrimern :ic;riz Je! Colün qne celebró sn beneficio el jueves
sino que ya ven ... lbs per1·os,loschivos,
Der-ba, sin necesidad de extiúltimo.
_el.público, etc&gt;.
·
pendios, a p!'oducir y selec,. ¡Lp..5: -f lores en el ojal de Sierra Méndez,
cionar los argumentos, con el
gidas personalmente por Gabriel d 'Anua·
;sient.en una inefable pena, a la vez que
único fin de que nuestro país se coloque
zzio, es muy natu1;al que se noten defi·
--.t.:.1os temores por la incoritineñcia de los
en buen lugar entre el comercio ciaemacientes los esfuerzos literáriós de la se•
' chivds, cuadrúpedos -a:ficionados desde
tográfico.
ñorita Derba.
os. tliempos de nue,s.tro padre Adán, a toMien,.tras Europ~ mande películas diri1os .los vegeta-le~.
d

-·-•

TEATRO COLON

-·-•

· • .El próximo Sábado 21 de Julio de 1917.
DE

DEBUT

ONOFROFF
Quien dará tres únicas funciones antes de embarcarse
para EUROPA.
! , •. ·1

[¡ ,

1

_

,

!En el programa ' general forma.do por
la Junta Organizadora de Festejos figur~ un - Torneo Literario, en el c~a.l se
~1sputar.á n la corona del triunfo los cultivadores de la gaya ciencia. El Ateneo
es~era que los escritores del país contribmr~n a la magnificencia de la noble lucha mtelectual que va a efectuarse, prestando su valioso conti_ngente; y desearía
que todos entrar~n en lrna, porque siendo
más grande el numero de justadores mayor _será también el mérito de la vict'oria.
Y ~iendo. de suy~ tan digno de alabanza
el rncentivo que Impulsa al Ateneo a llevar a cabo tan justificada celebración
cree que su excitativa será recibida co~
aplauso y eficazmente cumplida en cuya
virtud, lanza la signiente
'
CONVOCATORIA,
Se i~vita a l~s escritores nacionales y
extranJeros residentes en el país, o mexicanos que se encuentren en el extranjero
a los J_uegos Florales que se verificará~
en Salt1llo, el dfa 19 de noviembre próxim~, con arreglo a los temas y bases sigmentes:
TEMAS:
1-Tema ~ibre.-Composiciónen Yerso.
Prem10 del C. Presidente
de la Ropública ......... $ 350 oo
Premios del nAt.eneo Fuen·
te»: La Elor Natural y el
derecho de elegir la Reina de la Fiesta.
II.-Biografía del Chantre
D. Miguel Ramos A rü.pe.
Premio del C. Gobernado1· del Estado,. . .......
350,00
III. -Oda a la Ciencia.
Premio del Sr. Gustavo
Espinosa Míreles .... _. . .
300,.00
lV. ·-Episodio de la última revolución Mexicana.
Cuento en prosa.-Premto ·
de las Escuelas del Esta'- r
do...................
300 00
BASES.
I.-El Certamen queda abierto desde
la publicación de esta con;ocatoria hasta el día 30 de septiembre
próximo. Las personas que deseen
tomar parte dirigirán sus trabajos a la Secretaría del &lt;Ateneo
Fuente:i,., Saltillo, Coa.huila.
II.-Los aspirantes enviarán sus trabajos en dos sobres cerrados. Dentro
de uno de ellos irá. la composición
firmada con un lema y dentro del
otro el nombre y domicilio del autor. En el dorso de ambos sobres
se escribirá el lema adoptado.
III.-El Jurado Calificador, compuesto
por los señores Dr. D: Carlos Viesca y Lobatón, D. José García Ro·
dríguez, Lic. D. Artemio de Valle
Arizpe, Lic. D. Julio Torri y Lic.
D. Enrique de la Fuente, dará su
voto en la primera quincena de octubre, acerca de las obras presentadas, y hará saber por medio de
la prensa los nombres de los autores cayas composiciones han sido
premiadas, para que se presenten
el día de la fiesta a recibir de manos de la Reina la recompensa
otorgada.
IV .-Si el poeta premiado con la Flor
natural no asistiere a la flesta, podrá delegar el derecho de elegir
Reina·, en persona de su agrado;
y si J)or falta ¡de tiempo o por renuncia de tal honor no enviare delegado, el Jurado Calificador de
los Juegos Florales designará la
,...,persona que haga la elección.

V.-~os _trabajos que se remit~n serán
méditos Y. escritos en castellano.
La e~tens16n ~e las composjciones
se deJa a ra libre voluntád de los
concursantes, exceptuando el cuarto tema cuya extensión uo excedera de 3,000 palabras.
Vl.-Las obras premiadas serán leidas
en la fiesta por sus autores O por
la persona que ellos designen. Qued~ al arbitrio del Jurado la elecc1ón de las composiciones en pr.osa que se deban leer,. atendiendo
para ello a la extensión de las mismas.
VII .-No-se devuelven originales. El Ateneo se reserva el derecho de publicar, con la crónica de las .fiestas
las composiciones premiadas y la~
que des1g:ne el Jurado Callficador.
Sa.ltillo, Coah., Juni~ 1·5 de 19i7.
La Comisióri:
HoN0RATO TE1SsrnR.
DR. FERNANDO HERNANDEZ.
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l■ rtlnez

Jr.

ilROBLEIA NUIERO 13

17.
18.
19.
20.
21.

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BLANCAS: DlTD, P2AD, CliR, P3AR,
ASAR, R4CR. (6 piezas).
NEGRAS: P3AD, P3D, R4D, P3R, ('
piezai).

11.
12.
13.
14.

PXA
C5CR
TD!AD
C4TD (4)
P6R
C3AR
PXC
D2AD
D6CR+
C5R
DXPA+

15.
16.
17.
18.

19.
20.

.,

C3AR
CID
P3TD
D2D
P3TR
P4CD
PXC
PXP
R2R (5)
PDXC

EL LIBRO

DE LA FUERZA,
DELA BONDAD
Y DEL ENSUENO
ULTIMO LIBRO DE POEMAS
DEL======

Aba.ndona.n

:NOTAS
(t) Menoa complicado y mb 1egnro era 4. • • , C8AR

ee¡ntdo de CXP y dR P•iD,
(2) Si O.. , D20; 10. DXPC, TlCD; tt. D6TD
C3AR; 12. P&amp;R, PXP, etc.
r8) Mejor era retirar el A a3CD.

PARTlDA NUIERO 19

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5. 0--0
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RETRATO DE IDA RUBINSTEIN , POR ANTONIO DE LA GANDARA

NUM. 20.

PRECIO: 20 CTS.
JULIO 27 DE 1 91 7

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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                    <text>REVISTA

ILUSTRADA

SIEMPRE TENEMOS
EN CASA CUANTO LAS
DAMAS DESEAN.

LA GIUDBD DE LONDRES

ÉL ARCO DEL TRIUNFO

PRECIO : 20 .CTs.

NUM . 18.
JULI013DE1917

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PEGASO

Para la Estación de Lluvias

aREOBR·: JESUS B. GONZALEZ.

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Rebolledo.
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En el Extran jero, JO números ..... . .. .. $ 4.00
En la Capital, 10 números............ 2.00
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r

LA GAVOTA DE PONCE
POR GENAf.10 ESTRADA

Lentamente los violines van diciendo una frase elegante y acariciadora ... Dicen los violines las primerei!
e•trofas de un poema de amor, con la gentil cortesanfa
de un bardo de la corte, que recitara cadenciosamente
onos versos de homenaje. Lentamente los violines modulan el tema de las antiguas elegancias y en el aire leve de la gavota flotan reminis~entes perfumes de blasón,
suspiros que se recatan en frondas festivales, sonrisas y
epigramas, declaraciones de amor, frases imprecisas de
frivolidad y de querella, fragancia lejana de viejos ma.
drigales, Versalles (¡ Versa,illes, cité des eaux, jardín des
roisl) y Tirsis,· el adorable Mozart y .Francisco José
Haydn.
·cuchichean en la doble cuerda los violines, traen las
flautas dulces ecos de la vieja Francia y vienen a la memoría los versos de An_dré Fontaines, que evocan el esp!ritu de loé claveéinés, las caricias abiertas e11 rápidos
hurtos, las confidencias de amor de las antiguas vio-

las...

PONEMOS ATENCION ESPECIAL A LOS PEDIDOS FORANEOS.

SltMANAL□;

R&lt;lgi~trado como articulo de segunda clase el ella 17.de marzo da:1917 ;

parte de su valor.
AL PUERTO DE VERACRUZ

1

Y tras el preludio fugaz, del tapiz de terciopelo se
adelanta con suave y ritmado paso una evocación encantadora. Es Jo plástico que se anima con el erpíritu
de la Gracia; lo visual que se mueve con• el soplo de la
Tida; la materia que la chispa divina ennoblece. Y es,
&amp;súl y blanca, una porcelana de Copenhagu~Ja que a vanza al desmayado compás de la gavota ... ¿De quédeschapada rinconera, de qué vitrina en donde yacía eBtre miniaturas, abanicos y camafeos, de qué repisa de sánda:
lo, de qué remota chimenea se desprendió esta grácil fi.
gura que conduce el ritmo a su capricho y otra vez nos
deslumbra con la pueril y banal visión de los trianones?
¿Qué raro prestigio es éste que con tal palpitación de
Yida insufla movimiento a las figuras del Embarque a
Citeres?

Ante la sala maravillada se mueve la gracios11 por-

celana de Copenhague. Finge dos alas la sobrefalda que
cuatro dedos finos y punzantes sostienen levemente; loa
chapines van leyendo, en pasos acordados, fos lento,

temas de la gavota; recitan las manos en JenguRje expresivo nna comedia de cándida intriga y ora señalan
un macizo de los regios jardines del Señor Luis XIV, ora
forman pantalla a la respuesta de una declaración apasionada, ora se vuelven en rápido movimiento de énfasis
. o se abaten y ahuecan en la profunda inclinación del homenaje. Y los brazos se tienden diagonales, "hacia un
punto lejano, en llamada implorante; o se levantan con
con la suave ondulación de una guirnalda de rosas, o
con la firmeza de un tirso,en las fiestas galantes, o con
la linea asimétrica del estilo Luis XV, o forman un arco
leve y tembloroso, o se derrumban con la triunfal opu!encía de una cornucopia dibujada por Luca della Robbia, o se abren como las alas vastas de un albatros 80·
bre la majestad de los mares, o se pliegan como una muselina, o se enredan como las serpientes de un caduceo,
o ae cruzan gravemente como en una oraci5n musul-

mana.
Zumba la cuarta cuerda y el baile marea la crisis de
una intriga galante; t&gt;tra vez las yemas agudas se posan en la sobrefalda que menudas coronas decoran, y
cuando los pasos avanzan, se vuelve la cabeza para insinuar una respuesta y hay un presagio tenebroso en la
cinta negra de terciopelo, que en el brazo izquierdo denuncia un compromiso. Y mientras que los violines repiten lentamente una frase acariciadora y elegante, la
pantomima e8 una evocación _deleitosa, lo frívolo adquiere la fuerza serena de la belleza, lo plástico se disuelve en la gracia infinita del ritmo y hay entre la mdsica
y el baile una consonancia tan cumplida y un latido tan
· acorde, que parecen el diálogo de un mismo poema.
Por última vez dibuja la danza una figura elegante,
se esboza una declaración de amor, y mientras que el
tema recita sus postreras frases y sé desmaya en los arcos la tíltima nota, la figura azul y blanca se inclina
como el tallo de un lirio marchito y dobla profunda.
mente la cabeza, como una corola que se cierra en la
noche.

�VIVIENDO EN EL SILEt'-JCIO.

•

•

POR JULIO CORREDOR-LATORRE

Mi amiga es una artista de alma,
exquisitamente sensible y fuerte a
la vez; de una personalidad adorable, sedienta de infinito. Sus ojos
son dos ho"'ueras: llamean con una
tortura in~escriptihle, y su brillo,
al apagaree cuando los párpados se
besan, parece la agonía del astro
hundi~ndose en la tierra. Apasionadamente entreabierta siempre, su
boca lleva la irónica sonrisa de una
tristeza incurable. Mi amiga es la
más fiel evocadora de Cassa;ndra.
Ay;;r, a la muerte del sol en las
doradas colinas que circundan San
Angel, descendíttmos al valle incen.
diado. Hahhtbamos de a,-te. Mi
amiga, con unaserenida.d casi extática, me decía: ~ ·
,r ·
Debemos los l(nm-áncis poseer una
definitiva ,y fecunda tendeuci&gt;t ha-cia la personalidad. C&gt;td~ cual debe
realizar su arte segú11 su ua,tur~leza,
sentida y 'bellamente.' Nada 'de jaula para las alas. que han de t~nderse libres eu el Universo que llevamos dentro. Pe¡raso necesita espacio, sol, viento, libertad ... Sin marcarle rumbo, es precisb confofm'0.rnos con recoger las estrellas q he
brotaii bajo sus .cascos alígeros sobre el camino sin fin, lleno de músicas y de constelaciones. Seamos como somos, sin trabas, y si somos al·go, seámoslo plenamente, con toda
la originalidad de nuestra ·alma, cómo loa pájaros vuelan,comose despeñan los torrentes, como se abren
las rosas ..... .
Aprobaba yo aquellas frases deliciosas brotadas de labios ir6nicamente tristes: Pero quería saber algo delo que pensaba miámiga acerca de la vida, y expresamente la
interrogué: Y de la vida, de la vida
cruel, ¿qua m.e dice Ud.? .. . De ello,
nada; toca a Ud. hablarme. Y como viera mi négati"vacasi rotunda,
con vo1 suplicant.i reprochó mi silencio. Entonces le dije así:
·
•Deja que la tormenta de la vida
se inmovilice en tu ahna.... Qmero
enseñarte, aniiga mía, a amar ·en
silencio; ·quiero enderezar tus pasos
por •solitarios senderos, hacia un
mundo íntimo, hermoso y fuerte.
¿No escuchas en el silencio el ruido
de los astros?,¿N'9 percibes la, nél:¡1¡,
la del ensueño, prpnta a de,~componene en estrellas? ¿No oyes en lá
mudez de las cosas un vasto rumor
como de océano que se .agita1 · El
océano está en ti, Cierra tus oídos
•p

1

y· tus ojos y J;apa tu boca: habráa
de ver cómo los colores se funden en
la, som bray las escalas se desgranan
en la profundidad del silencio.
Refúgiate allí, donde nunca sepan
cuándo ríesnicuándo lloras.
·
Yo luí débil y lloré, pero como los
sollozos caveron en el fondo del silencio, no hubo rostros que me regalaran compasión ni risa. Vive en
tí misma, oh, amiga mfa, y serás infinita. .
·
Piensa que todo cuantó está fuera de ·tí es feo y malo, y ya serás
compasiva.
Busca el amor en el fondo del gran
silencio; allí la ironía y la bondad
tienen proyecciones divinas. 'Reír
con cárcajada que na,die oira es la
suprema ironía. Esa ironía es también piedad. Amiga, tu bondad no
quiere lamentarse ni llorar, y Fiin
euibargo, tu sonrisa trasluce lágri.
mas, tu frase sabe a sollozos.
· ¿Has sufrido? Hu.ve a tu centro.
.,Siéntete !ecuuda en la sombra. Radia, y vive en ti misma. Abandona
el miserable armazón de carne y
hueso .v vuela hacia el gran Amor
que es la gran fuerza. No te preocupes con nada de cuanto sea placer
o aliento del miserable esqueleto.
El esqueleto ni siente, ni quiere;
es la inconsciencia imítintiva y cruel.
Huye de los bufones que se llaman.
tus. amigos y de los farsantes que
te dicen vulgaridades. Son esqueletos que danzan, llenos de .miedo a
la muerte.y de odio a ,los vivos. El
favor de la inercia les comunicamo.
vimientos desat.intados y locos: ignoran el centro y se defienden con
la brutalidad de laBfuerzasincoercibles. Son los monomaníacos del pánico y losposeidosde lahipocre~ía.
Vive, oh, amiga, en el _fondo del
silencio, donde el recogimiento se expande cual un inmenso háJito de
pureza. En actitud silenciosa traba·jan los Dioses y los Héroe11.
Nunca el ~uído sórd0 de la plaza
pública dej¡¡,rá oír tu doior. -Sería
preciso , que lloraras c.on voz mug-iente; hasta que los mares se quedasen callados, para escuchar tu
gtan dolor. Tú que soñaste y 'Pª·
deciScte·. c0n sacrificio abnegado y
,,p~r,&lt;;Í; ~'Í que bebisteláo-rimas mientras el e~queleto danzab:3-al cc:mpás
'lle! vino, sufre en silenc10 para que
1.\J. 'dolor sea digno de· tu: ensueño.
. Llora/ amiga mía, pero que los ojoe
del esqueleto estén secos. El. esque.

leto ríe, ríe siempre, pero tú nunca
has reldo, porque siempre tu sonri811
pareció llanto.
Huye a tu soledad; allí vivirás por
sobre la Eternidad y por sobre la
Muerte. Refúgiate en la sombra pa.
raque la ilumines; busca lasombl'!I
q.ue es siempre silencio!!&amp; y compa.
s1va; afírmate en la vastedad de tu
Ensueño, y tremante de luz sé el
motivo de un bronce que el arti•ta
no ha creado: La, Alegl'1a del Dolar
sin espera,11za.

Sufre y no esperes. -La esperanza
sefia la negación de tu "!1-fllOr-y de
tu fuerza. El más alto coeficient,
de valor es aquel que corresponde a
una ínfima suma de e!\"oísmo.-No
esperes, ni olvidei:i, ni abandonPa
tu ser en la recia tormenta. Toda
renunciaciónescobardía, donde to.
da recompensa es quimera.
Sufre en el fondo del silencio; ha1
radiosa la sombra con tu recogí.
miento, y muérdete . la lengua an.
tesque proferir una queja. Abrázate a la hurañía de tu anhelo, oh,
alma; no desmerezcas ante las es.
pinas; adora el martirio de tus alas.
Fuerte e in vulnerable en la taciturnidad de tus fuerzas, adhiérete a
tu sueño y con él sufre y vela, vive
en él .Y parh él, y cuando ya estés
rendida, húndete como un sol en la
noche infinita de lo Irremediable,.
Pensativa, mi amiga no alzaba
los ojos. Largo rato anduvimos •i11
cruzar palabra. La ciudad empeza.
ba a divisarse; las fachadas dibuj~.
han manchas blancas entre los árboles. Instintivameute miré a,la i;e.
rranía: perdíase el sol detrás de ltt•
colinas, inundando el. cielo de p11r•
pura.
Cerró la noche.
Nos despedimos-y la doloro.sa silueta se pe¡dió en)a 1100,ibra.
México, junio 7 ele 191 7

CARICATURA EXTRANJERA

LA ACTUALIDAD POLITICA
LOS EMPRESTITOS
En los actualee momentos, es indudable que el punto político de mayor importancia para los hombres públicos y para todo ciudadano, es de los empréstitos.
El Ejecutivo ha llevado a la Cámara tres iniciativas
referentes a tres empréstitos. Una para cien millones de
pesos que se dedicarán a la fundación del Banco. de Estado; otra p.or ciento cincuenta millones de pesos destinados a cubrir el déficit en los presupuestos. ,mientras
118 organiza debidamente el funcionamiento general
económico del país y otra por cincuenta· millones que· se
e!!llplearán_en las Lineaa Nacionales para reparar las
v!as, reponer equipos, etc.
Toda la ·nación· está pendiente de la resolución que
tomen las cámaras respectoaesteinteresantísimo asunto, y toda la nación piensa unánimemente en la conveniencia de que la iniciativa presentada ante el Congreso
sea sancionada cuanto antes.
El Banco de Estado es ya una necesidad tan imperioque apenas 1i pueden subsistir el comercio, la industria y la agricultura y eso es una forma tan endeble y
tan raquítica que las transacciones resultan irrisorias.
El Banco traerá.por consecuencia además del fomento·
d11 tan importantes factores en la vida de la uación, la
circulación de una nueva especie de moneda que por su
indudable garantía será aceptada con toda facilidad y
.llP.rvirá de segt¡rísimo remedio para la situa~ión casi

~ª

VIDA LITERARIA
Y ARTISTICA
EJ martes diez del corriente en la Acad~i&amp; Metro~olita.na dió una conferencia
el Sr, Cat'los PJJ,lomar, sobre &lt;Los retuerdos de un estudiante mexicano en la
Univer'sidad de Lovaina&gt;.
Esta 'conferencia pertenece a la serie
que viene organizando L' Alliance Fran. C;&amp;i~e y de las ;cuales iremos dando cuenR a nuestros lectores.

Función en beneficio de la Cruz
Roja Italiana
El miércoles se celebró en el Teatro Arbeu una ' función de caridad org-anizada
pql" la Sociedad Itp.liana p~nte·AJig-hiei:i.
bajo el patronato del M1mstro·de Ita ha
Su EXcelencia el S:eñor Comendador don
A,lberto Martín Franklin y en beneficio
ele la. Cruz Roja Italiana.
Damos a pontinq.ación el programa:

!ERE PARTIE
I.-Ouverture. -Orchestra.
1I.-Ber11m·di-Be11s0. Canto della Trincea.. Coro e, solo per tenore.
·
III.-G. Ve1·tli-,.d.ida. "Ritorna Yincitor'! ,S\gnorina M. T. de la Llaca, acompag~~ttlo ·al piano del Maestro Sig. ' E.
Gúichané.
•
JV.-(a) (A_utoie Sconosciuto) Gavota
Antjea: 11La Dichiarazion~•- Cantata e ballat&amp; dalle Signol'ine: Linda e María Cos~
t,, 1 f11,bella e ~M11,rg;tierita Tazzer et da1
llpor\: Car lo Qo,ntreras_,. G. ~pez Mocte1u111a, Artur~ dé ·Veooh1 e Alc1de Pros- .
·
· ,
.
docime.

(b) Dtsma,·quoy-Gaqotta. ' ¡.a P1ccola

Marches&amp;" ballata dálla bambina ErmellDd&amp; Andrade .
V,-Mayerbeer1 Dinarah. Yalzer. Sig~or, CM1,ripa !,forray.

agónica en que nos encontramos. La restricción que hoy
encierra férreamente todos los proyectos, acabará rápidamente, y el país entero entrará de lleno en la reconstrucción; las rentas públicas irán aumentandÓ poco a poco hasta llegar al. equilibrio. Mientras tanto el
empréstito destinado a cubrir el déficit allanará ef camino al funcionamiento oficial, que necesita 09uparse
urgentement.i de la organización política.
El complemento del bienestar nacional tendrá que
consistir en la eficacia .de )as v,as de comunicación. D~
nada serviría tener dinéro si la~ trl!J}~~iÓ~esc. omer¡\ia:
les habían de supedita~lle a la late¡ d~ciencia .dalos
Ferrocarriles.
El país tiene elementos naturales de vida, maravillosoe. En los momentos en que la.revolución, principió ha- ..
bía miles de negocios en ipcubación, miles de negocios
iniciando sua primeros pasos; qna verd_ade~a fiebre .de. .
trabajo.
.,..
En los actuales momentos todo está ·aletargado y tímido en cuestión financiera;. pero Méxi~o volverá de su
desmayo rápidamente,),rícuestjona):&gt;lemente, si. a la eficiencia de una administración políj;ica serena y justa,"
se aduna el elemento poderoso del dinero.
Y el dinero únicamente puede venir al país por el empréstito oficial.

VI.-L. Monckton--.The Solditrs in tht
Park. Scena.
Dorothy: Signorina Soledad Pardo.Coro: SigOorina Fred Patterson, Singorine: Vera King, Lucie Power, Hatleen
Phillips, Hilda Lonergan, Louisa Lonergan, Maria Luisa Pardo, Mathilde Martín.
11 PARTIE
VU.-R. Leonca.va.llo. Coro della Croie
Rossa.
VIII. -Tchaikowsky -Jeanne D' Are.
"Adieu, Floréts,., Signorine Suzanne Po•
rraz.
IX.-lt's a long, long way to Tipperary.
Scena: Sígnorine C. Bloch de Pontecorvo, Signorina Katleen Phillips, Margaret
Lambert, Signorini: J. H. Alexander,
Phillips, Forest, Webster.
X.-El lrresistible.---,---Tango ballat,a., dalle Signorine Amelia ed Ermelinda Costa
e ·dai .Signori: Arturo de Vecchi et Alcide
Prosdocimi.
XI.-L. Delibes-Lckmé.-La. Figlia del
Paria. Signorina. Iolanda Baraldi
XII.-R. Mar'enco- Excelsior.-La. Concordia•(quadriglia dalla Nazioni Alleate)
e Apot.éosi
1~ Ballerina: Signorine Amelia Costa.
ltalia: Signorine•M. L. Pardo e Costa.
Francia: Signoriiie S. Porraz e M,
Martin.
Jnghilterra: Signorina Nock e King.
Belgio: Signorine Lonergan e Novk.
Stati-Uniti: Signori-ne Isabelle e Margherita fa.~zer.
Russia: Signorine Porraz e J. Appendini.
.
Servia e Montene~ro: Signorine Ca.terina Tazzera e Ma.ria. Andrade.
Gia.ppone: Signorine A. Taz2¡er e Gorletti., .1 t
.•
,
,
r., . 1
Rdu'ttiania: S'ignorine L. Lonérg&amp;n e S.
Pardo.
·'
·'
La Concordia: Sign6rina Annita Tamborrell.

Velada en memoria de Rodó
,
.. . [. ,.. .
,-.

•,

El viernes · de.la. semana '.P asada.· en. el
Anfiteatro de la. Escuel-a, Preparatoria tuvo verificativp una velada· organizada
por la Direcc1ón Gen.eral _de las Beilas
Artes, en memoria del ilUStre escrit.or
uruguayo José Enrique Rodó.
El progr,ama. fuá el ~iguiente:
1.-Egmont ......... , .. Beeihoven.
Por la Orquesta SinfóÍlica. Nacional:
11.-Discurso por don Carlos Gonzáles
Peña.
III. (&amp;).-Funerales .... Liszt
(b) .-. Rqmanza del Concierto en
Mí menor ......... -.. '.Chopin.
Por el Profesor D. Carlos del Castillo,
con acompañamiento de orquesta.
IV. 11 La doncella ,Verde'', poesía por
don Ramón López .Velarde, recitada .por
el Sr. Profesor D. Manuel de la; Balldera.
V.-Scherzo del ''Sueno de :u.na noche
de verano'' ..... ·........ Mendelssohn.
Por· la Orquesta Sinfó.nica Nacional.
NOTA.-La dirección de la Or.q uesta estuvo a cargo del Maestro don Manuel M.
Ponce.

El concur,o ~~ c;aricatu.r~s ide II La
·Argentina" •
En otro lugar d.e esta :revista publica•
mos uqas copias de las caricaturas..l).~e
obtuvieron elpremio eµ el concurso abierto por.Ja empresa del ·teatro Co16ó. ·· :
El Primer lugar cor-r e6pondió &amp;-~ .José
M~ Fernández,Urbina;y, ~l segundo. !L:.,(;J!,r-- _
los Neve.
,.,. ·'- . .., .. .... .•
El c9µ~mr~s,o_~s~uvo !J:!its q.°~s-~JadO ~ffe'io
que podía espllrarse dado e1- entuSiasiiíó
qne despertó~ ·entre- ~néAOtt'ds Antonia . '.::
Mei~. . . · ,. ·
... , ... ,, . ...
$_e -:. Pi:.esent~i,pn .alre9~9r •!?ef¡.tr~µia :·
caricaturas~ P.ero de ellas solaoíente va•.' lían ·Ja pe'z:1&amp; fas d8 Urb.ioá.·, lá.'S·ae :Nev'e ·
y' álg-una otra: Et jurado;e8tuvtr{cori acier-.(- ~
to al conceder loi prem.ii¡,s.
5

�¿QuJ voz sul'gic$ de pronto de gigantesca Íire~
¿Qu~ )!rito dio a. los aires el canto de ·la ira
con furias de tormenta, con soplos de huracá.o ·?
Un himno prepotente los montes atraviesa.
y tu Orfeón de -almas c&amp;nt6 la Marsellesa ·
cual si la voz saltar&amp; del cráter de un volcán.

.le trnttpeat~ fllO·h3Í1·11euX e11 1·enaclant recule.
HEREDIA.

,.

· Cual mano invisible que a un gigante la frente golpea.,
un són extra?umano pone freno a la turba que amag&amp;;
la p.~rda vacila, ·y la bestia aturditla jadea,
~~ueve' l&amp;s fauces, y su ola de furia se tra¡a..

.,-

CANTO A LA· BATALLA DEL MARNE

~a primera rige un corcel como un ampo de nieve,
cifre casco en punta circunda.do con férrea coron&amp; 1
·· ~n:_l,za. espuelas áu·reas, una espada en lo ~lto remu eve,
Y ~n lema sangriento en su escudo la hazaHa prego,na.

FRAGMENTO DE UN POEM_A INÉDITO

Ami Roland ,

~~nt:t

done v~tre ror.

CHANSON DE ROLAND.
1

Vil eodsor~lo de bi.ihres y de ha)c0Íles 1 un ·vuelo
..-ergüen.za. (le laa ' águilas, borra. el a.zul del cielo
y 1obrecoge el-rriúndó con pavor infinito. ,
En laa alas del Bóreas, un hálito maldito
_
arroja. aquella. nube encinta. d~ a.t•r_pgancia. :· ..
¡Oh, Fi-a.neia.. n.o confíes! ¡no du8rma.s, dulc~ Franci9,!
T9ea. \u c\lernO ebúrneo, primero entre prime.r os,
p&amp;la.dín inYeneible. ,Y&amp; ta. voz de Oliver_os
dicia. el prutlente voto. nesigual la part.1da,
llama. en tu auxilio al Viejo de la. ba.rba norida.
Toea tu cuerno, lleiie su són lo&amp; horizontes,
,acude. 101 ba.rrancos y desp~erte lps montes.
No importa. qµe al, e!lfuerzo salte la. purpurina.
1angr1 por boc• y ·Ojos. La. crisoelefa.ntJna
trompa. 1e ahueque y hiénda.se. Que·los épicos sones
aperciban jus\icia.s 'f o:iü8Tan corazones.
,1
N &amp;ZC&amp; el temblor augusto presagio de la.s grande•
ca\á.strofes del orbe; oye la voz de Flandes ·
que agoniza entre lloros ... ¿No sientes Que el avernO'
h&amp; soltado sus furias? ... ¡Roldán, toca. ttI cuerno!

•
••
¿Qa~ soplo de espanto llenó la Cil.mpifia. enantei Hrena
do &amp;lzaba.n su canto los hombres como una colmena., ·
donde a.ntes medraban la oliva. y el verde laurel?
Llegó la. manada de búfalo~ .c iegos cual -~ ube defor~e,
prefl.a.da de muerte, ol}scura y enorme,
audaz y cruel.
.
Na.da 'ha.y q\le detenga su bélico empuje;
na.da ha.y que resista, · ya llega., ya ruge ...
¡Satán unicortie anima las huestes y manda el tropel!
Allá se quedaba la inútil ofrenda
de vida• heroicas;• -l a piara tremenda.
cerró lo!il oídos al .lla'nto del hombre y a.l grito de Dios.
En vano los pechos se juhtan _en noble muralla:
al mar que vomitan las bocas, de fiera metra\l a. ,
hub'ieran caídó los muros enhiestos de cien Je1·icós.
Allá. 10 quedaron los templos en ruinas,
los porches de encaje, las torrea divinas
que alzaron plegarias al .IJJ.Í!!l~ieo azul_;
a.IJá se queda.ron, rení~te doliente de muertos escombrm,
101 Cristos viola.dos·, ll'evando en sus hombros,
-Aimbólico fardo-su pena. infinita clavada. en la cruz.
Allá se qued&amp;ron clamando castigo lás cárdenas huellas
de sangre virgínea. de ca1tas doncella.a
de 1enos de nácar que mano verdugo rebana. a cercén.
Allá la.s'" sangrientas y mútilu II..a.nos
·
en poi de la espada se crispan en va.nos
. •.
esfuerzoa o buscan las ágiles riendas de brioso corcel.
Allá queda el lloro de madres que vieron
matanzas de Her..odes; que en vano gimiei:on,·
que en ;Niobés de piedl'.'&amp; •coDvierte ~l;lolor.
El bál'baro teme, .el bárbaro &amp;u¡ur~
ven¡&amp;l}.z_a.Jutµr~,~ . . _.,. 1
'··
• i:0.mQla 1Li .q ue ub.' dfa aerá. venJ&amp;dor. ~·
¡L&amp; 11~be que tí-uen&amp; 1 l&amp; nube quepa.o,;
·,
que todo, lo ,rompe,. que todo lo mezela., q_ue todo lo &amp;l"ráíal ...•
La •~m\Jra, Ell 'sil~nclo . . . ' Ya nad~ ~e e&amp;O?,~ha, ~a, nada _s e ve.
Igleaiaa, estatua&amp;, t&amp;ll~res, beaterios. 'i . . •
. •
...,¡,&amp;,nube h&amp; p&amp;oado; y,a -r,in,11 la cala,..,_ de los C:elllenwr10~, ·
ya. nada e8ttí en plt/. ,,. · •.
., :
. --= :,

ó ;

"--.
......

'J

¡Oh, Franci_a., dulce !-'rancia! Tú deshojabas 1·osa_s
de divina alegría sobre las engafl.osa.s
erá.te'ra.s del banquete. Tu fina aristocracia
se alzaba sobre el mundo siempre llena de gra•eia.
Reclin.aba!I tr&amp;nquila tu sien en los laureles
de bien ganados triunfos .. , Cuando los cascabeles,
de un Momo vil y trágico, cascab~les terlidos
con 'inocente sangre, desgarran tus oídos
rompiendo el a.·rgentino preludio de la orquesta.
¡El espectro de Banquo se ha santa.do en ·1a ftestal

Allá. Vercingetórix que a.l fin de la derrotaecha. a los pies. del César la jabalina. rota,
enhiesto ante la hazai'.ia de horóscopo fatal¡
all~, sobre ol inmenso fragor de la contienda,
junto a los Doce Pares que exa.lte. la leyenda,
eL Imperante augusto de la b&amp;rba fluvial.

~ób're 1un potro negro va. a c_a ballo el ginete segundo,
:_ dect:40.~·Y. triste, arrastrando sus penas consigo;
· .lo f~g:.ut1la muerte, y lo agobia el estigma. del mundo,
Y uq de(l'o en su escudo escribió la palabra CASTIGO,

Allá ... Pero ¿quién puede coota.r loa capitanes?
quién nombra ,c ada uno de los heroicos ma.nes
que en,cielld.e n nuevas iras en c&amp;da corazón?
¡Oh, musa, di t-an sólo el nombre del que cierra
el ,rá.gico desfile, del ·auei'.io de la tierr&amp;
apena, hace hace un siglo! ... Es él: Napoleón.

~,~ tercer&amp; forma rige un pott-o de lomos bermejos,·
la guía el Espanto y la siiue voraz inuchedumbre
d~ rostros famélicos ... Una tea de vivos reflejos
es~_ribió en su frente la Traición con estigmas de1umbre.

.

•·•

Lleva. hac1á. atrás las manos, tiene frupcido el ceflo;
no porta el rico manto de su iaíperial én1uefl.o,
lilino el bicoraid-oscuro y el sobretod.p gris..
Es él, como cuando era seilor de. la v1ctóriii.',
cuando tejió guirnald.a s para tu eterna gloria.
con lauros de Marengo, de lena y A.us~rliU. ·

Sobi-e un corcel jalde la tercera figura 51e asoma .
El rojo turbante lleva inscrita la insignia moruna:
1 lá s~g_ue.el Infterno y la a,lienta la voz de Ma.hom&amp;,
-1 • Uvido augul'io la. rabiosa. y fatal media luna.

El mo~struo a.va.nza 1 ava.oza ... El giga.nte,eo °bloque
de p'u ntiagudos cascos, en formidable choque,
lo que se opone sa.Ita.1 vence lo que se obstina.,
Leviatii.n es un monstruo que dévora J camina.,
¡París .. , Ya se ~lame el Leviatán inmunpo¡
París que es toda tu alma y es el alma del mundo.
¡Parí¡'! ... Ya. va en su buSca el dr.agón que amedÍ-eÚta:
quiere saciar su gula y renovar la afrenta.
Ya se afi1an las garras, ya se aceran los picos,
ya se a.prestan las a.las a caer en 101 ricos
encantos de la, urbe, ya se prepara.a todos
a. besarla con belfos de sátiros beodos.
La lujuria se enciende; el violador codicia
repetir el insulto de la bestial caricia.

-qua !_oz en alto dice rudas pa.la.bra8 de ir&amp;;
de l.&amp; nube cárdena brota un haz de relámpagos rojos;
la ~UJJlbre dj_a,bólica ;qqe despiden los rayos, inspira
pavor en el .al.m.a. y una angustia suprema en los ojos

Es, é}. Alienta al débil, sostiene,al eaforz-&amp;do,
- •abe ordenar lu huestes, tiene el empuje. osado,
y hay eo aus oios de águiJa un contagi,o so ardor ,
~I presta a Joffre, el único, la. astucia de Odiaeo,
de Néstor la prudeacia, del hijo de Peleo
la. rapidez del paso y el ínctito vaJOr.

•••
¿Qué importa? La pucela ya oprime el níveo fl.~nco

Los invasores ceden; oyen' gemi~ la tierra.
miran el dique enorme que su camino ci~rr&amp;
como un .atajo el roble caído de través,
y son como corde~s que van despavorldo~
cual si de cien hi9'&amp;es oyeran los ru¡r\dOij ...
¡El miedo, como Heirmes, tiene alas en lo~ pies! .. .

d&amp;,1u cd.rcelide.,gu.er,ra.; ,va, va. de pllllta en blanc0,

la. espada en un&amp; mano y en otr,a su.'};,endón;
y del brumoso Norte, ya acude el caballero
·san Jorge sobre el lomo de su brid~n ligerO,
"! amaga, lanza. en ristre, las fauces del dragón .

.

•*
¡Oh, limpio honor de Francia, sin miedo .y sin repr1,ehe 1
no cejes, no vaciles!... Ya oró toda la noche
la virgen de Nanterre, la santa GeooVeva.
y pide a Dios el lauro de una victoria nueva.
En la. solemne hora, paseó su pupila
que domefió la furia de las huestes de Atila.,
por !IU París en sueño. En la calma. oportuna,
ascendió la plegaria por un rayo de luna.
Habló, salvando siglos. a su gloriosa hermana ,
y aquella. voz decía entre sollozos: "Juana,
monta de nue'vo el púgil corcel de aquellos días, 1
vuelve a escuchar los voces que entl'e sueños oías.
¡No es la rival de antaño! Otra pr~eba más ruda
tu protección impetra y demandi~ tu ayuda.
T~a. que arrojó tu cuerpo de virgen a. la flama.
de ignominiosa hoguera, hoy te busca y te llama..
No más viejas rencillas , no más odio profundo.
¡A\bión ~a con nosotros para salvar el mundo!''
Y una fe milagrosa en tus llanuras _prende¡
Genoveva te 'a mpara y Juana te defiende.
Por los ftoridos campos, épica voz se ha. oído;
la.ten los corazones con un solo latido.
·Es la justicia. heroica con la. maldad en guerra;
vomitan paladines los antros de la tierra
y las madres aprestan los hijos esfor¡ados . .
¡Quién tuviera mil vientres para fundir sold&amp;dos! ·
En tanto, la bandada siniestra s:e avecina;
Leviatán es un monstruo que ~ev9ra_y camina. ...
Satáa aviva el fuego ... De súbito, en los rojosfulgores del incendio ¿qué es lo qué ven los ojos?, . .
runa. sombra dittitesba surge de los Inválido! .. .•
Los ''hunos'' l• conocen y se detienen Pálidos
de pa.vor y de asombro ...
.¡,
.
En el .supremo insta.1:1te-,
Roldá.n, desde-la artura, ya tocó su Olifante. ·

¡Oh, Francia! ... Fue la hora. Un· toque declarinH
sacó de tus entra.nas los muertos paladines
al ver ante tus muros la trágica vir.ión. _
Y ante Je; nube cárdena, simiente de vesti¡l-01,
fue tu pasado a.uguSto desenvolviendo siglo!!
en -u na milagrosa y larga prooo&amp;ión.

En_.cá.rdena. nube que preñara de mal el destino
,,uatro formas .tétricas que dominan el pérfido bando,
s~ yerguen furiosas . . Un profundo terror repentino
les ata los miembros y detiene su vuelo nefando.

i?E ENRIQUE ;GONZALEZ MARTINEZ

.. ,. ................. ,. ······························· .. .

POEMAS DE EMILIO VERHAE,REN
Procuré en la traducción de estos p~mas
trasuntar .la rudeza origln.al del poeta que en
"Les Alles Rouges de la Guerre" apai-e'ce
más distante de todo ~mbelleclmlento en
la técnica.

AL 'IIBlCHST AG ,
•• a

ª*º

J.D F.

AL PUEBLO ALEMAN

• 1

\

•.

¡Alemania, Alemania, será tu eterna suerte
que una borda de re.yes ocupe tu valor
,
• 'eQ la infamia y la cólera, de hermanos en la muerte
en' realizar un crimen o prevaricación?
¿Y serás Tú, por siempre, hipócrita y brutal
y oscura y dura y huérfana del fuego del .Amor'/
¿Y tus vastos esfuerzos en la lucha vital
sólo harán a. tus pui\os que se crispen mejor? ...
Regla.mentas con orden y con sabiduría
el borrpr de la guerra, del combate el dolor.
1
¿Cuánd 0 sentirá:s bajo tu frente la. energía
· de c,rganiza.r org'ullo's santos de rebelión?
La crÚ~ldad en tus brazos, solamente, reposa:
un ·e gofsmo ásv.ero tu HiStoria redactó,
y no s&amp;bes que ·hay otra más grande y más hermosa:
la que da un alma al noble pueblo que la vivió.
¿Comprenderáij un día la fuerza omnipotent-e
de aquellos que ofrecieron todo su corazón
- aI'ideal que hízolos luchar trágicamente
- al fin de engrandecer al Mundo y su Seflor?
_ ¿TU, lo compren9,erás?.:, O e_starás humilladJ,'
-· ~)1. =tu~· em,pera,d()re's hasta. g'ue llegue el fin, · . :;,
· v."cOiiO.la.piedra.' iPn;ióvil So la tosca pisada . ,~-- .•
•Q'"'e1 c19'~ o y la atr'ent&amp; del suelo de Berlín?j,f~
_¡ ;:;:,:·,::

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'

J

-'-'

-

-.a

Y sucedíó,~n el R~ichstag, en Agosto, eti~:8erlín:
aquellos·· que gozaron· la fe -del Mundo, a.l--fin ,
se callaron delante del malvado camino .. *
y enso,l.Dbreció una nub~ la frente del Destino.
L~s que la proscri~ieron acogieron la guerra;
la antjgua ?juei;t:,e atro.z, tirana de la Tierra,
salió de su ca.sana. con su blanco sudario
.
para llfnar lo~ puebl_o s de· horror extraordinario.
Y ~e alarg6 -~H sombras.o bre Urbes llame"abtes,
se ruborizó el ~Qndo y segó los instantes
de ·aquella Alma g_Ué hacía el ardor de su pecho
para que fuera ull día el alma del Derecho ·
contra la audacia inicua y la fue'rz&amp; funes~a.
Fué preciso, alzar la voluntad QUe detesta.
al contrario que mata. La ha.tafia ha sido esta.
Hubo encariiiiamientoS de mutuos· Odios. Vaiia.
fué la luz del pasado frente al Ó.egro' ~aH.ana ... ·
Todo fué turbaciones,
a va.lancha de ·turias y rabias desboida.das.
Y en medio a las ca.Dlpiiias como ·en las- poblaciones
temían la existencia las almas a.sombradas ...
¡porque este fué, Ale"mania, tu delito' sfn nbmbre:
babe·r as~sinado atr9zmente la: id.ea : . , '
que en ·e~ _tiet?Pº de.. _paz Se metamorfosea ;
ell el ho~Pre áel hombre! ...
,,_' .··· ·

•

-' '(V~¡g/n~rito j

',

-

..., JOSE'D.FBIAS
1

'

' , ,

{ _:.-.• 'Méxi;Cér~-~Junio de 1917.
7 ,

�POÉMA lNEOlTO

. NA VIO 'l'ÓRPÉDEADÓ SE

DEBLÍZAN PÓR•LOS CORDAJB8

DE .EFREN REBOLLEDO

· En sus cándidas mano,
Los c&amp;scabeles negros
S\'lspiran en los pianos,
·ca~ti'n en los alegroa .
.En bulliciosa. :llest.a.
De nevados jazmines
Aunándose a !a orquesta
Se agitan sus chapines.

•
Y sus brazos de nieve
Que alza con gallardía
Son asas ·de una. leve
Anfora de armonía.

/'.

r~-""--·-i_"__

·.,,.,"".
,, ~==·•~~ --'

¡i_·=,6~ --'S'·

1

Las suarves castañuelas
Tl'inan en sus redondas
Falanges como oscuras filomelas ·
En la paz enlunada de las frond~!!I.

Vibran con -all;?orozo
Los crótalos triunfa!es
Simulando él retoZo
Del granizo que hiere los cristales.

Bailan sus labios rojos
Rasgando sus corolas -pel'fumadas, ·
Y hasta sus verdes ojos
Guifian un raudo baile de miradas.

Y al salir del.'tap"í.z, la bailarina. .
Aparece en la escena "". ..
Con la irrealidad de un&amp; ondina
En la ar-idez fuciente de la aren&amp;.

'

Coruscante aureola.
De s~ cuerpo, .l a saya.
Si se abre es amapola, ..
Lirio .si se desmaya.

.

~ vapor se in~lina rápidamente de proa y la mayor parte de los miembros de la tripulación se hallan a salvo. A]gu~~s
. homb~_es que estuvieron a bordo ha_st_a los últimos _momentos sobre el navío daiiado de muerte, logra.o escapar del peligro
~e ser tra,gados por la mar; se prec1p1tan por ]as escalas y por las cuerdas, pero como el vapor se levanta de atrás las héhce~ salen del agua, y entonces las cuerdas resultan cortas y es preciso saltar. A la derecha se distingue un vaporcito que
ocurre a socorrer a los náufragos. La fotografía. fuétoll¼ada. desde una lancha '})or uno de los miembros de la tripulación que
aoandonó el vapor oportunamente.

. Un espeso tapiz de palmas hue11a
Su pie, y al dibujar cada pastura
Lo mismo que una estrella
l.
Es casta y luminosa Su figura.

1

(Caricaturas d,e Neve)

adquiere una flexibilidad o, mejor
dicho, una plasticidad incompara ,
ble. Asi puede exponer sus divaga·
ciones sobre el suicido-bajo el pretexto del suicidio del médico Felipe
Trigo, que nunca ha sido juzgado
de manera más justa-ó sobre los
~fonso Reyes.• El Suicida.• Libro da
Junto al crítico, quizás en más · desaparecidos, notable capítulo que
Ensayos.- Madrid.- 1917.
profundos· ambientes, se agita la
conocen ya los lectores de PEGASO.
'fuerza creadora; porque Alfonso ReAl final del libro hav una se&amp;ión
Alfonso Reyes ha escrito un . nueyes es un artista a la veí que un
en que el · autor habla de su Obra.
vo libro. Y para quienes seguim'os
Explica que es un libro amorfo, un
comentador de artistas; un poeta a
con interéo nunca amortiguado la
la par que un crítico de poesía. Sus
libro abierto a una perpectiva, iudetarea del crítico mexi~ano en tieversos revelan toda una personalifinida, al modo de los Motivos de
rras distantes, este libro lleg1fa caldad y son el deleite de las clases
Proteo, de José Enrique Rodó, · y se
mar un justo deseo.
'·
más cultas. Se distinguen porcierto
refiere a.otros detalles, com() &amp;I nomBien que se expliquenlostextosde
lirismo literario y por su musicalibre dellibro. Hay quizás eifej\;tasecGóngora y 51ue se diluéhlen probledad insuperable: ¿Cuándo los vereción como un resabio de la desconmas de erudición hisP:t,na, pero -memos reunidos en volumen?
fianza del escritor hacia ·su ob.ra y
jor que estas útiles ta~~ no entorPero es ahora el pensador y el proparece que pretende sincerarse con
pezcan la· ac.tividad . . adora, ni
el público, o consigo mismo. ·. Para
sista de quién tenemos que ocuparapaguen la propi~ voz · terior. Duemí es una flaqueza; porque El Suinos. Los ensayos reunidos en este
ño de una pasmosa cultura humavolumen no tienen más nexo unos
cida no caerá en manos de quien
nista, Alfonso Reyes ha ,sa bid·o
con otros. que la personalidad del
necesi t.e explicaciones acercá de la
conquistar con sus trabajoá el priíndole de la obra; y si ·p o'r asomo
autor que va ligando sus ideas, al
mer lugar erí la critica mexicana
llega a caer, me figuro que dichas
mismo tiempo que se dejaarrastrar
de hoy. Por ló que se refiere a su
manos no volverán mucha:s 'págipor ellas ~ ·cuantas disquisieJones
labor en España, ha publicado ya
nas. Loados sean los dioSésl · ·
surgen al p'a so. El enstsyo; modo
varias obras .v prepara otras, como
Esperemos de nuestra fo'rtim¡¡, proEl Libro de Bi,eu Amor del Arci- · perfecto para el desarrollo de ideas
picia que. Alfonso Reses 'sif;a )'1,boy doctrinas, es bajo la pluma de
preste de Hita y un Quevedo, en edicoú•!eclli:rda 'NigálS.:'ndil:d:~ •
d011€s populares.
,. . . : .AHon_so Réyes, algo vital, algo _q u: . ' ·-·:.rando
. . · ·- --~' ... ---· · , . .. ·. ,... ... ..
s

--

LOS TREINTA Y OCHO BOCHES DEL AVIADOR GUYNEMER

El capitán Guynemér parece un
personaje escapado de una de esas
iovelas de capa y · espada., Puede
&amp;ftmarse que es, en el noble sentido
de 1.a palabra, un a provechado de
la guerra. Sin la guerra Guynemer
88taría enestosmom.entos, tranquilamente en la Escuela Politécnica.
Gracias a ella es ahora capitán y
!obre su pecho cintilan las siguientes condecoraciones:
Cruz de guerra con 22 palmas {1 Q
de máyo de 1917) .
,Medalla militar (21 de julio de
Í915),
Caballero dé la Legión de honor
(2t de diciembre de 1915).
Caballero de la Orden de Danilo
11e Montenegro.
Cruz de San Jorge de Rusia.
Cruz de Miguel el Bravo de Rumanía,
. Estrella de Kara George de Servia
·
,(~j._de marzo de 1!)17).
POI' último acaha.de promovérsel8

a un grado más en la Legión de
Honor.
En cuanto a , sus grados, los ha
obtenido con una rapidez sorprendente.
Enganchado.voluntario el 21 de
noviembre de 1914.
GUY.NEMER, ABANDERADO
, . DE LOS AVIADORES

Cabo en junio de 1915. ,
Sargento en agosto de 1915.
Subteniente el 4de marzo de 1916.
Teniente a fines de 1916.
Capitán en febrero de 1917.
Pero en cambio, qué serie de peligros, cuántas pruebas de aud8&lt;'ia y
de valor ha debido pasar este joven
piloto para triufar oficialment.e 38
veces! Además de los ti:einta y ocho
aparatos derribados, de que dan
cuenta los partes, 18 fueron probablemente destruidos también dentro de las líneas enemigas, pero tan
lejos que no pudieron identificarse•
Y no olvidemos que Guynemer no
fué siempre un "cazador". Efectúa
frecuentes reconocimientos y nunca
rehusa, como voluntario, de encargarse de dos misiones especiales.
Tal es, en resumen, la carrera militar de este piloto de 22 años, célebre
en el mundo entero.
Jorge Guynemer nació en París el
24 de diciembre de 1894. Para celebrar su mayoría de edad recibió
la Legión de honor: Bello regalo de
aniversario, que de antemano había
pagado a muy alto precio.
En la familia del as de los ases, las
armas y la toga fueron siempre las
9

�Í.Á. CATEt&gt;RAL DÉ

RiíIMS

su bravura. Üelicaclo y más que lo.
do enclenque, nunca se excita; pe¡-0
cuando encuentra q_ue es just.o ha'.
cerio, lo vemos batirse con cama.
radas mucho más grandes y m6'
vigorosos. Y así lo vemos un dla
presentarse con su traje ·destrozado
por haber defendrdo a un amigo
contra estudiantes cuatro años mi
yores que él.
1
A los dos años Guynemer entro
como interno al colegio Stanial111,
en donde tuvo numerosos premioay
accessits. En vacaciones su mayor
distracción era dedicarse a la meet
nica. Fabricaba aparat_os de · t.od111
especies, que él mismo inventaba.
Con una pequeña máquina·devapor
y una elécti-ica, realizaba pequeñllll
maravillas, hacia juguetes para
sus hermanos y construía nume~
sos objetos.
En Stanisla&gt;1 se decidió su~
ción. Un día voló sobre el ~
un aeroplano. 'ral Giott-0
de la virgen de Cimbué. Guyse dijo: "También yo seréaviador'',
Y asta idea lo ahsorve completa.
mente. Construirá aeroplanos con

BAJO EL il014BARDEÓ

EL CAPITAN GUYNEMER:
"AS DE LOS ASES"

La explossón de un &lt;305&gt; sobre el pavimento, el 30 de abril a las 3 áe la
tarde.-A raíz de los éxitos d~ los franceses en la Champaña, los alemanes co-·
menzaron a bombarq.ear Reims, lanzando hasta 8,000 obuses en un solo día sobre la desventurada ciudad y particularmente sobre la catedral. Esta se encuentra gravemente dañada al grado que la solidez de Üna d'e las torres está .
comprometida seriamente.-La fotografía muestra el. momento de la ex-p losi6n
de•un obús de 305 adelante de la catedral, sobre el pav-imento. Un soldádo escapa .del peligro ·echando a correr.

Quentin, hermana. del senador accarreras preferidas. Un caballero
tual de Calvados.
Guynemer figura entre los treinta
Jorge Guynemer es el menor de
que firmaron en 1365, el tratado de
tres hijos. Educado por su m_a dre y
• Guérande que puso fin a la guerra
sus hermanos, trae desde su infande sucesión en Bretaña. El trisabuecia una extrema sensibilidad que
lo del piloto fué presidente dél Triune, gracias a la educación ' del pabunal° de Maguncia, bajo Napoleón
dre, a ·un sentido de la vpluntad, de
l. Tuvo cuatro hijos de los cuales
la iniciativa y de la audacia llevatres fueron soldados: Uno de ellos,
dos
al extremo.
.
Oficial de Marina, murió a conseDesde
que estuvo en edad de racuencia de las heridas que -recibió
zonar
maduramente,
lo que llama
. en Trafalgar; otro fué muerto en
más
en
él
la
atención
es_ su aire reVilna y el tercero, enganchado alos
flexivo,
No
hace
nada
·a la ligera,
diez' y seis años, conquistó todos
todo
lo
medita
y
razona
sobre to.
sus grados en España y fué condedos los asuntos. A la edad de seis
corado con la Legión de Honor por
afios principió sus estudios -en París
una acción de guerra en el paso de
y los continuó en Normandia. En
Bidasocá, a los veintiun años, como
1900 su familia fµé a establecerse
su descendiente. El abuelo de Gu·ynea Compiégne, y JÓ'rge entró . al colemer fué prefecto del Imperio · y su
gio
de esta 'i,\lail,., en dono/ se hizo
padre entró a Saint-Cyr en ;sso
notable
por suli;grandes. ;disposiciocausóbajaen -1860 y en esta época
nes
para
tod~la&amp; materias y por
se -casó . con-la señorita- de Sain-t0
·.,

10

' ·'~",\~i

peq¡¡eñas máquinas; dejará loe
. RAPlD_A Y GLORIOSA CARR.E RA
jogu~tes para hacer cosas más serias. ·
Consigue un permiso y vaaCorbeaulieu, cerca de Compiégne y ejecuta
•
un vuelQ;c9mo pasajero. Tenía - 15
años. A lós 17, es bachiller en letras ·
y ci_encias y cursa matemáticas es:;,
pec1ales para preparar su entrada a 1·
la escuela Politécnica; pero su salud le impide cont.inuar el esfuerzo
de preparación.
En julio de 1914 iba a juntarse
con s•~ padre en Biarritz, cuando 8e
declaró la guerra. En ton ces no tuvo
lino
deseo: Engancharse. Cinco
vecealofatentó. Desesperado de obte
nerlo'consig~ió recomendación para
ti Jefe dela'0scuela de Pan, quien lo
aceptó como alumno mecánico. ¡Vic·
toria!iFba a ser soldado. La durísima vi-la que lo espera es para él una
fuente de voluptuosidad. Se hace
otar por su buena Toluntad
. , su
nen humor y su destreza comomecánic~. Entonces solicitó ser piloto.
_
1--Guynemer, ~ient_a plaza de v~luntario:(~1[21:de enero de ll:!15.~2. : Sar- ·
1
Por ".erdadero milagro su solicitud
gento ~n agosto de 1915.-3. Subtemente el 4 de~h:iarzo de 1916. - 4. Teniente
11 tre;mitada el 27 de enero de 1915.
en
de 1916,-5. , Capitán en febrei·o de 1917 .- ·E• n Jo s á ngu Jos d e 1a
. noviembre
_
1zqmerda y de la derecha Guynemer niffo y_.a·dolescente.
Se le concede licencia el 11 de marzo
yp~rte para Á. vord el 25 del mismo
mes::Haeta entonces había volado
en Á.vord. Allí causó la admiración
tiempo. Su maestría de princip.iante'
muy, poco, y realme'¼te s~ verdadede sus camarad(tS por la destreza dé
era notable; su valor parécía locura.
ro aprendizaje de aviador comenzó
sus vuelos, iiualq uiera que fuera el
El 22 de mayo partió para la reserva general , en donde recibiría
SIQUIERA HA FLORECIDO
una comisión en el frente. El 8 de
'
junio Guynemer tomó. su lugar en
la gloriosa N 3, la escuadrill!t de las
cigüeñas, que' bajo las órdenes del
,.
capitán Brocard, a.h ora comandan.
te, era ·especialista en la caza de
1118

urf:

&gt;f.. . --~~.
*

•

.j

,,

aviones y en las comisiones especia-

les..
.
Lleno de juventud, lleno de alegría.

.j

se divierte

'!

tienen para él un tono de protección

COJHO

un niño. Todo~

que le disg:u~ta, y decide imponerse.

Noeeperalaocasión, la busca y la en cuentra pronto. Desde·luego sus re.
conocimientos le valían la admirfl-

ción de sus observado,·es. Cierto día
fué

et

desempeñar 11.na misión foto-

gráfica y las baterías antiaéreas lo
batieron encai-nizadarnente. El ca·
Retrato del · célebre aviador ejeed\Íldo
en el frente de batalla ~o(' Enrique Rarné.-Guynemer reCi1;1ñte~el!~ prom9fido
al grado de capitá9 y ªJ\li~ij· jus~~•
llaman el c:As de los ases&gt;,P-~stá. a fa cabeza de todos los laureadoS ;Por victoi-iat
aéreas a causa de haber ¡ abatido a 1
aviones enemigos. Positivamente el iO'
-JJ\len aviador cuenta con el mayor námefO
de victorias a pesar d8 que algunas~
, s01;1. reconocidas pfici§Jmente ..,-GuyD8JDlf

~s sumamente mddesto y ·reóientemenW!1'
sido elegido por todos s\ls compdd
~ co·mo 'a.banderado .de los aviadore1.• ~

pitán que lo acompaflaba afirma

'!Jl" más de milobuséssedispararon

Uno de los manzanos aseP.rados por los alemanes ·antes de su retirada de
L' Aisne.-cTal soldado-dicen las instruccion,es a1e\1;nanas---:-,estará encargado
de aserrar los árboles frutal~s ... &gt; Muchas de estas o1ancas copas de árboles,
así tira.das, se unen todavía al tronco por algunos girones de corteza que les
proporciona l&amp; savia para florecer por última vez, en- su primevera úJtima. Se
diría q~e son enormes bouquets blancos o colores de rosa del)ositados sobre
la tierra1 Le. e:a. via, evideµtem~nte, faltará muy pronto; las flores se marchitará.~ sin dar sus frutos y son ,casi -cpnmove~oras, en su melancolía, estas pobres floraciones supremas d~ los árboles venerables que van a mbrir&gt;,=Pierre
Loti, {Tomado de «L'Ilustration).
-

contra ellos. Sin cuidarse de est€
diluvio Guynemer no ~nten t.a en· 10
más mínimo escaparse a los ataques, y sigue derecho s11 camino. El
.reconocimiento duró .Una hora~ y
cuando concluyó el trabajo, eí ia.
pitán hace a Guynemer señales de
regresar. El piloto se contenta con
tenderle su aparato fotográfico y
le suplica tomar algunos "chichés"
de los obuses que estallan al rede;1:\or del aeroplano.
11

~j

�FRANCIA.-DIRÉCT0R DE ORQUEBTA.-A :PROPOSÍTO DEL 14 DE -JULIO
Poca después el cabo Guyuemer
solicita el honor de realizar dos misiones tspeciales. Durante la segunda iba a eer víctima de una bala alemana. Cuando quería volar sobre
las líneas enemigas distingue un
campo qqe parecía especialmente
arreglado paraservirdeaeródromo.
Se prepara a descender, pero su naturaleza reflexiva, lo incita a observar mejor, y distingue horrorizado
que algunos alambres de púas han
sido tendidos en la hierba. Nuestro
héroe distingue cerca otro terreno
menos peligroso y va a aterrizar a
él, llegando miiag:rosamente con
buen éxito. Esta ha sido una de sus
más fuertes emociones. ·
Todas las mañanas, antesde salir
el sol, Guynemer se dirige hacia su
hangar, en donde examina y prepara
cuidadosamente su aeroplano. ¿Qué
espera entonces? Un boche, porque
esa es su verdadera vocación. No1
vicio, no puede esperar con pacien.
-Francra:· · ¡Ahora, todos ,juntos! ... .
cia a que se le confié un sitio deter.. -l;Iindenóur.g., Tirpitz, GuillermQ y su hijo (can.t ando) c:Allpns ~ enfant~ de
).a Pa~rie(leeE;eee • .. &gt; ,
_
,
,
.
·1
minado de combate para ejecutar
sus pruebas.
'
\
Guynemer, por principio no escribe nunca, y cuando lo hace, emplea
qu,e·no entra pm: recomendaciót¡ .eh . sa particul~rmente kónica se ·burla
ahora de las formalidades .y. de los
un estilo telegráfico. Su padre Je · su -carrera y que si - ht1biera permaexámenes· que exijen 1os 'recQtioci-.
pidió noticias suyas poco después
necido en -el servicio de las oficinas
mientas militares, y se compla:-ce en
de recibir el bautismo de furg9 y., civiles sería todavíaen este momenrepetir: Hice todo lo que iué posible
recibió esta respuesta: "l!lingppa
to uno de los que ocuparían los úlporque se me impidiera -la -e nt~
timos lugares. Gracias a él más de
impresión; curiosidad satisfecha' '·
a la aviación.
sesenta alemanes han sido puestos
Lo _que hace la.fuerza dÁ .ruestro
fuera de combate y más de un mihéroe es su voluntad, es su ardor
el trabajo y su pericia.
' .,
llón de francos d.e aparatos y motores fueron d ' struídos, Con una·sonriTal es el grnn Gu,vnemer, aquél
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to.

MEXICO, D. F,

i

Carta escrita por una 1ra.ncesita de ocho a!ios al rey de Éipana,

EL REY. DE ESPAÑA Y LA GUERRA
.¾
1~

Cón·h iidoci IOD de todo el
mun'do ll&gt;• aervicitis huiílani~
tario1 Que el rey de Eapafla

encuentra. prisionero y mamá irá seguramente a. caer
enferma. Majestad, yo os lo
agradezco:de antemano.-Si lviana.1 vuestra servirlora.- Silviana. Sartor, 14 A venida
Dantin. París. Tengo ocho
añosii.
El simpático monari!&lt;1 C&lt;rntestó en seguida a la pequeña, dici6ndole: «Querida se•
florita.: Yo bar6 todo Jo que
más pueda para. que;no llore
mamá., pero deseo que me
-proporeion6is datos precisos
sobre vuestro tío a fin de que
yo pueda hacer las 'gestiones
néces~;:"¡;~--Para sabei=..su esta·
do de salud, y si es posible, internarlo en Suiza.-Mis mejores recuerdoa.-Alfonso XII l. n
Tal conducta del=rey, como
es muy natural, despierta las
más grandes simpa.tías.

\''iene·p-h,,staDdo a los prisione~ ,ae gberra y ·a sus fa·miliares, desde que principió
le.1 flnorme tragedia. Tiene eStablecidas oficinas exclusivámenté tledicadas á' las ind&amp;.
· ~aciones. que le soliciten de
.un" y o\J•o htuido Reciente•
"!·e nte, et.rey recibió una emo~inb'a.bUÍe&amp;rt,á' de ·un~a francef'!i¡;i.t,a de ~ho afios. La cartia
~n.:éueii10n¾lié'e thás o n:i.enos
así: ~dl-a jesbd; .mamá. llora
di'ariame·nw tte·sae -que tiene
,• su~he,inano prisionero. Ma~jtiStlid, füam•á 'ae'alm de recibir ·,una Carta en que le dice
1e1iiá:Dlürie·n1ltftle hambre. ·M·a jestad, ei vos quisi,rais haet,r que· lo 11even a Suiza,
Jjuñ hace ya dos a.ftos qúe se

El Rey AlfonsoXIII en la oficina en que conoce de todos
los expedienres relativos a los prisioneros de ¡uerl'a.

EL LIBRO

DE LA FUERZA,
DE!LA BONDAD
Y DEL ENSUENO
ULTIMO LIBRO DE POEMAS

DEL======

----~---..
~,,,,.,..»
• •.• .. J

DR. , G ,ON:ZAi;::E;z

~

~ ~

MARTINEZ:

f"?, o ?" ..,.,,

~

...,,

~

. 1 '1"
.:.,,..,

&lt;' TfE VBN·TA' Elf 1:,A LI·BR-E•iÍA'•OE' :,
1

.. P
De.mas es~"tl:ñolas a.compafi'ando al distinguid~ vate esp~tipl en 1~ fiesta. organizad• en su l¡onor el ~ía ~ qel a~tl!al, en el Tívoli del Eli•eo,

· ! ' ·: '

o .·B . B::u :.a.. , :ia: n ó•.
· ESQ. DONCELES Y RELOX,

Coaie1'!'Ci6n auiógrafa del rey de Eapafl.11, 1

ft,

la Qiff• Sihiana Sarior.
13

�JUE'.GóS FLORALES
EN SALTILLO
El cAteneo Fuente&gt;, a. fin de celebrar
con el. mayor. lucimiento · el quincuagási•
mo a.n1versar10 de su fundac'6
una serie de fiestas que hab' án. pdrepar_a
fiearse e 1
'l • '
r n e ver11Des d o os u timos días del próximo
e octubre Y el primero de noviembre.
En el programa general formado
la Junta Organiz~dora de Festejos, fl~~~
ra un Torneo Literario, en el cual se
dia-putarán la corona del triunfo los cul,tvadores de la gaya ciencia. El Ateneo
qui los escritores del país contri•
1r.
&amp; magnificencia de la noble lu.
10
a
ectu~l que va a efectuarse, preslando su vahoso contingente· Y desearía
qáe todos entraran en liza, po~que siendo
m s grande el número de justa.dores ma
~or .será también el mérito de la vict'oria.
siendo. de suy~ tan digno de alabanz~
el incentivo que i~pulsa al Atenl:!o a lle•
var a cabo tan Justificada celebración
que su excitativa será recibida co~
!fr1ªudsoly eflcazm~n~ cumplida, en cuya
u , anza la sigmenie

•

~
La temporada de ópera que principiará
en septiembre se anuncia profusamente.
Sigaldi ha gastado ya un buen pico en reclamos. Las crónicas de la empresa. han
impresionado, seguramente, a los aficionados . Tenemos confianza en que la temporada corresponderá al entusiasmo de
los empresarios. Bravo y costoso entusiasmo al que deseamos los más curopli- .
dos éxitos.
: , · ·
Algunos estrenos nos ofrece Sigaldi,
nuestro viejo conocido; entre ellos dos
excelentes: Luisa, de Charpentier y Goyescas, de aquel infortunado compositor Granados, a quien los boches torpedearon.
Lo demás es del viejo repertorio, con
exhumaciones insignes como FalslaffAfricana y Hugonotes y una obra de Wagner:
el Lohengrin.
Oiga usted, Sigaldi: en esta materia
del drama musical, estamos de acuerdo 1
con no prnscribir lo viejo, aunqueen v.er- '
dad sea dicho, anhelamos lo nuevo. Hay
·obras que, a. pesar de sus largos años, hace
n;iuc~os que no se cantan en México y que
pued-en resiStirtriunfalmentenuevas audiciones. ¿Por qué no se acuerda usted de
ella_s:! ;Ya he1qos escuchado tantos 'Provadrll"es, tantas 'l'raviatas, tantas Bohemias,
táutas Ouvullerias! Vetustez pot· vetustez, ,,Ho:-otros cambia~·iamos a Leonor por Li11- ·
da de Glw.monix, dal'íamos a Rodúlfo por
G willermo Tell y pe1·111 ut.11·íamos a la. Gautie¡- y a dan.tuzzq por una audición de Don
'L'1u-lu.~ "o · de Et Prut"ttu,

,
e

'-

, \

***

"(J

Por la pantalla del Salón Rojo pasó 1el
.
'' último martes la película "Sangre y.,-Árena•~. tomada de la novela de Vicente Blasco Ibañez que lleva. el D?ismo nombr'"e.

··,

.

Natural era que toda la colonia. espa.fl.ola.
se apresurara a concurrir al Salón Rojo,
pues de tddos" 1es conocida. 1'a.tJ,"o puláPidad
rle que gozan. Vicente,_ no sólo e_
n tre los
iberos sino también elltr"é lnlinfda.d ' de
mexicanos·.
• ., .ti ,
'
La cinta está bien hecha e indudablemente que sostendrá el éiito péc\Jniario
por algunos días, en el Salón Rojo.
'
Pl'or,orcionamos a nuestros lectores l&amp;
reproducción de do-s escenas::lie ·ra película hispana, así como unas l;í~f;l~S1 toma.das del semanario madrileño "Mundo
Gráfico", que rtlvelan la ·aceptación Obtenida por la Cintaí '.'Sangr~ .- Y Are:na.",en
la capital del reino de Alfonso XIII.
''La nota teatral rilás sal\ente'tte la. semana. la. ha. constituido la pFQ)ección, en
el teatro de la Zarzuela de la ci"nt&amp;cinema·
tográfica dé Vicente Blasco lbañez, • 'Sa.ngre y Arena~', in&amp;pirada . en lQ. famosa
~ novela. del gran escritor va.lenéía.no, Y
hecha con· tmporta-Dtes y valiosos elem~ntos del natur~1 • .que, le prestan m_ayor ID•
terés y emoción. No se. recuerda en ~a.drid .f;an gratidé cúrios1dad,en e\ 'Púbhco,
como la despertada ahora por la. hermo·
.,. sa· producción cinematográfica.~ A; esta curiosidad ha correspondido UD; éxito g~an·
de, rotundo, acaso también srn preceaen·
tes. Todo Madrid está desfilando ·por el
teatro de la Zarzuela, 'ávido de conocer Y
de admirarlos emocionantes e.p isodios de
"Sangre y Arena".
"!f

,1

-·:•·

.: ir '--•~ ,.

•

SABADO 14 DE JULIO DE 1917.
A las 8 y media de la noche.

'

Estreno de la obra de FELIPE SASONE

CAMINOS DE ROMA
Día 17 de Julio suntuoso BENEFICIO del primer actor

JULIO TABOADA
Grandes Atractivos!
.,

Escogido Programa!
1 ,, ' '

., ,·. •

,,,,,. ,' '

'°

La Gomisión:
HONORA TO TEISSIER.
DR. FERNANDO RERNANDEZ.
.. LIC. GUSTAVO FIGUEROA,

CONVOCATORIA.
..

Un crepúsc-µlo desde~ la torre de la Vel&amp;,
:
·
Graaa.da.
'· ·

d.onde brillan mag--níficamente el maestro
Po!aeco,(el tenor Zenatello y el barítono
StracciaTi, junto a cantante_, que han adquirido ya un lar_g-o ronombre.
, Esperamos mucho bueno de elementos
t"a.íí afama.dos.

La. muerte d¡e¡Juan ·Gallardo.

º118

.

Primer prem"io en el Concurso de ca.ri•
ca turas de c:La Argeotina&gt;.

';.

Jb'1?8áªºtei

-JOSE M• .FERNANDEZ URBINA

S;\NGRE Y ARENA

L:r

SANGRE Y ARENA

•Otra sugestión a la Empresa Mexicana
de ópera: tenemos por ahí algunos com.positores que tienen· óperas muy estimables. Son mexiCanosque logra-ron ' obtener
envidiables triunfos en Europa. Allá 1 lol
maestros Meneses y Mor-n.les, ahora desaparecidos, oyeron cómo el aplauso triunfal celebraba una producción mexicana.
No; es justo (;lnterrar esasobrasdifiniti.vameiite: todavía·es ti~mpe de •ofr, en teatros mexicanos, la. musica mexicana de
lldegond,a y de Borneo y J1ilieta. ¿No sería.
mucho pedir que se cantaran siquiera por
una. vez?
La empresa traerá un b:uen cuadro, en

V.-~os ~rabajos que se remitan serán
Léd1tos Y. escritos en castellano.
a e~tens1ón de las composiciones
se deJa a la libre voluntad de ¡01
concursantes, exceptuando el cuar•
tema cuya extensión no excedera de 3,000 palabraa.
VI.-La¡ obras premiadas serán leídas
en a fiesta por sus autores o por
la persona; q~e ellos designen. Qued !" al arb1tr10 del Jurado la elección de las composiciones en prosa que se deban leer atendiendo
para ello a la extensió~ de las mismas.
_
VII.-No se devuelven oriiinales. El Ate•
neo se reserva el der4¡:!cho de publicar, con 13: ~rónica de las fiestas,
l_as composiciones premia.das y las
que designe el Jurado Calificador.
Saltillo, Coah., Junio 15 de 1917.

~e h:~vita a los escritores nacionales y
ex ranJeros residentes en el ·país, 0 mexi•
c~ros yue se encuentren en el extranjero
a os .uegos Flora.les que se verificará~
en Salt11lo, el día 19 de noviembre próxi•
mo, con arreglo a los temas y bases 1 1
p 1entes:
•
TEMAS:
I-Tema libre.-Composici6n en verso
Premio del C. Presidente
·
de la _República ... . ..... $ 350 _00
Prem10s del 11Ateneo Fuente,: _La Elor Natura! y el
deroohO- de elegir la Reina de la Flesta
II.-B~og:raffa del· Qhantre
D. Mi,uel R&amp;mos Arfa.pe.
Prem10 del C. Go bernadór del Estado
350.00
III. -Oda a la Cienci~ · · · · · · · ·
Premio del Sr. Gustavo
Espinosa Mireles ... _....
300.00
1V . -Episodio~ la última re. voluci6n Mexicana.
Cuento" en prosá.-Pr.emio de las Escuelas del Esta~
do ..... , ......... . ... . .. .
300.00
BASES.
l. - El Certamen queda abierto desde
1~ pu_b licación de esta con;ocator1a ~asta el día 30 d&amp; septiembre
próximo. Las personas que deseen
~mar parte dirigirán sus traba•
J0S a la Secretaria del c:Ateneo
Fuente&gt;r,Saltillo, COahuila.
JI. -~s asp1rantes enviarán sus traba.
Jds en dos sobres cerrados. Dentro
de,·uno de ellos irci. la composición
firmada con un lema·y dentro del
otro el nombre y domicilio del au•
tor. En ~l dorso de ambós sobres
se escribirá el lema adoptado.
III.-El Jurado Calificador, compuesto
por los sefiores Dr. D. Carlos Viesea y Lobatón,~'Q. ,José García Ro·
dríguez, Lic. D. Artemio de Valle
Arizpe¡ Lic. D. Julio Torri y Lic
p. Enrig~ de la Fuente, dará s~
voto en la •primeraquincena deociubre, acerca de las obras presentadas, y hará saber por medio de
la prensa los nombres de los auto~
res c¡i.yas composiciones han sido
prem~adas, para que se presenten
el día de la fiesta. a recibir de manos de. Ja Reina Ja recompensa
otorgadq..
lV.-Si el poeta. premiado con la Flor
natural Do asistiere a la .08sta, po.
drá delegar eli derecho de elegir
Reina, en pers.9oa de su agrado·
7 si J?0r :1a1fa_¡de -tiempb o por•re~
nu11c1a de tal lionor no enviare de•
legado, el Jurado Calificador de
]os Juegos Florales. designará la
per1ona que haga. la elección.

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Vargas Vila . .,. ....
Las JoyWJ de Mm·garii~; . B;.~-i~;i¿ ''
_Ei Mikigro de! vaso de Agua
Intimidades1 Flores de
Prólogo de Pompeyo Gener
Los Nocturnos del Generalife.

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1.80

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l. 80

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de los Cardenales
En el Destierro
· • · • · · · · · · ·· ·

Una Partida

:~ ..
1

• "

l.BO
7

ék ·Ájed;e~: ·A~;~~Í~ " o. o

castellano de la comedia' de
Giuseppe Giacosa. ..
7
La Copa del Rey de Th~k,"_i~"Nu~ '' 0, 0
sa Enferma con prólogo de Juan
R. Jiménez ..... , .......... . .. _. ,, l.B0
Alcáza,· de 1as Pe,·las
~mEpa'ras Votivas .. .":." .".".'_'~ ·:. ·_·_ ~: ',:
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                    <text>REVISTA ILUSTRADA
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MEXICO, O.

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a Través de los Siglos.
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IMPORTANTE OBRA.
EL TO"O 10 YA ESTA A LA VENTA

J. BALLESCÁ 8l Cía. Sucrs.
MÉXICO, D. F.
Apartado 15.

•

TOMO I
11

las órdenes por la. Fábrica.si se
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persona..

para. coser, tejer y bordar.

Registrado como articulo de segunda. clase el día. 17 de marzo de 1917

MEXICO, D. F., 6 DE JULIO DE 1917
11

NUM. 17

CRÓNICA

LA PICARDIA HONESTA
''LA ARGENTINA"

La palabra «picardía», cuyo significado según los
'léxicos incluye una actuación deshonesta, ha Yenido su.friendo un cambio. Y tal, que ho:v el título de esta crónica constituye sólo una antinomia aparente. De hecho
puede haber picardía sin encanallamiento. Así Rucede
con esta bailarina genial, Antonia ~,lercé, que ha edulcorado, con el encanto hibleo de l:lus baileR, quince o veinie
.noches ciudadanas.
Tres o cuatro veces-y para mi pachorra fogaril es
mucho-he encaminado mis pasos al teatro en donde la
musa desgrana sus inspiraciones. Y tres o cuatro veces,
ante el deleite que invade la sala, como si un bosque
bíblico vertiera sus aromas en ella, he agradecido a la
a.mistad de Ramón López Velarde las palabras animaqoras y descongestionantes que me llevaron por primera vez al dignificado recinto.
Es «La Argentina» una mujer Esbelta, de una estili,-zada simplicidad de líneas poco grata a la burg·uesía.
pero encantadora para la aristocracia del gusto. Tiene.
•engarzados en el óvalb de la cara, una boca sonreidora,
en la que, en apretadas hileras, lucen los dientes sumagia nívea, y dos ojos magníficos, cuyo deleitoso «reojo
plagia».
De un color zarco-como aquellos otros ojos zarcos
-&lt;le Mimí Aguglia, que también supieron un día, sólo un
día en que quiso la ilustre sustraerse al fiero destellar
. de la mirada trágica, hechizamos en las diabluras co&lt;¡uetas de «Santarelina»-, los ojos de Antonia ;\;lercé
: picardean, picardean siempre en alardes de gracia. Pero
1!Sta picardía no es la de la «clásica» bailarina de los tablados hispalenses, en la que el reir de los ojoR, adaptándot1e luego al atrevido movimiento corpóreo, no
siempre estético ni elegante. 110s produce una emoción
apenas dionisiaca, jamás artística. La mirada de lo!l
ojos de esta danzante, correspondiendo a una movili·dad unciosa, llena de Titrno y nervios, de toda la figura,
sugiere una sonrisa e1.t,átiea más que una ardiente y entusiasta eclosión. El decoro no sufre mpngua con e,.;ta
·danza exquisita, y lo,.; sentidos, excirn.«Jos por ella suavemente, van más al arrobo que el impulso.
*
*
No es, por cierto, eRta *danzante
una de esas maravillosas bailarinas que mueven los pies en juego funambulesco; no baila, como la gentil e indiscutiblemente
gran bailarina españ,ola Pastora Imperio. farrucas o
g arrotines· no hace el fiamenquismo de .A.malia Molina;
, eono tiene la'rítmica agilidad sorprendente de ~faria
nesa. Tampoco es la danzante hierática.. de actitudes

rituales que es la norte-amnicana Isadora Duncan, cuyos bailables, bellfRimos y llenos de arte supremo en
ciertos instantes, me pl'Odujeron en otros, sin embargo,
la impresión de lo artificial, de lo inadaptado que tan
bien ha dicho en su crítica Genaro Fernández Mac-Gregor. ~La Argentina» no es ni una ni otra cosa; ni la
danzante de actitudes helénicas, ni la «castiza» bailarina española. Es algo distinto, algo que se ~e antoja
((sui generis». Ni siquiera nos importan. al verla, los
pies, produciéndose, así, otra aparente paradoja, la de
estar ante una bailarina que no baila con los pieR. Su
arte no dei,cansa en ellos; aún-¿por qué no decirlo?en los momentos en que, al concluir algún baile, los
mueve rápidamente, en vivo zapateado, se esfuma el
embeleso .
No. El arte de esta mujer es la armonía, la constante armonía, la euritmia de todos los instantes de su
grácil figura. Ciertos momentos, ciertas «poses»-una
sobre todas, en una danza de Grieg-son unpoemacompleto, un canto a la gracü, merecedor de un mármol.
, . La flexibilidad maravillosa de su cuerpo, el juego
umco de los finos brazos, la deleitable mirada, el fresco
~· amable sonreír, son algo que no debiera pasar tan fugazmente..... .
* **
Un leve reparo. ya que he recordado una danza. de·
Grieg.
Las castañuelas, que esta gran artista ha ennoblecido hasta el grado de ser en sus manos magas un instrumento de arte; las castañuelas que hacen nuestro
encanto al acompañar, al µ,centuar los ritmos de la
danzarina en los bailes víddos de abolengo español. y
que, graciaA al claroscuro, diremos, que les sabe imprimir Antonia Mercé, pueden asimismo adaptarse a otra
música añn. no dan, sin embargo, una nota adecuada
en algnrios bailes. romo el de la citada danza noruega.
Poi' la grii.&lt;.:ia ele la, figura, bella y armónica aquí como P.11 ningún otro baile, llegamos casi al arrobo. En
un recogimit&gt;nto sileneioso. a,bstraídos en su visión exquisita, arribaríamos al éxtasis... Nos lo e~torba, quizás, el golpeteo de las tablillas de ébano, las que·no se
adaptan, a mi vet', aun así delicadamente tañidas, al
genio de una música norteña ...
La danzante exquisita, que nos deleitará tal ves
unas semanas más, ha venido a cumplir una bella misión, la de impartir a nuestras tristezas citadiuas ese
don divino que es la gracia...
..\ LE.J.\Xl&gt;HO Qrr,JAxo
3

�e~:i~~

LA VIDA DEL ARTISTA
POR MANUEL TOUSSAINT
Para el héroe todo es tragedia.
NIETZSCHE,

I

EL NIÑO QUE NACJO GRANDE
El pobre niño tenía la desgracia de' haber nacido grande. Así como hay hombres que al fin · de su vida siguen siendo
niH.os, él, Teodoro, desde que vi6 la luz
del Mundo llevaba sobre sus hombros
ternezuelos la edad de un a~olescente.
El bullicio de sus compañeros, los ruidosos juegos al aire no conmovían su espíritu trist-e. uEste enclenque chiquillo,
acabará por volverse idiota&gt;i, ~xclamaba
rudamente su padre; y a fuerza lo hacía
ir a jugar. Teodoro iba a jugar; pero sin
conocer los juegos, sil\ querer confesar
que no los conocía, con un horrible miedo al ridículo, equivocábase torpemente
y todos se burlaban de él.
.
Cuanto juguete caía en sus manos excitaba su curiosidad; para él, la nave de
vapor que surcaba las aguas de la fu,ente; el c3i'ión que arrojaba perdigones a la
distancia. eran motivo de gusto, no por
la activicÍád desarrollada, sino por el secreto origen de tal actividad. Rompíal~s,
estudiábalos, comprendíalos y todo el interés de los juguetes había concluido al
instante¡ daba los despojos a c\lalquier
chiquillo, o los tiraba la calle. Sus pa ...
&lt;lees se enfurecían, lo llamaban destructor; los regalos iban disminuyendo.

•••
Llegó el tiempo de ir a la. Escuel_a. Te~doro fué a la Escuela. Su aspecto paliducho, enfermizo, sus modales taciturnos atrajeron hacia él la antipatía de
sus 'copdiscípulos y la antipatía del maestro. Nádie sospechó que bajo .aquel cuerpecillo latiese el alma de un hombre y
todos se empeñaban en tratarlo como a
un niño· Teodoro fué abandonado a sí
ocismo· 1~ salvarOn sus propios esfuerzos; ~as concibió un odio feroz por el
estudio.
.
Los únicos compañeros de su infancia
fueron loa libros. Aunque aborreció sus
libros de Escuela, el hábito de leer había
·• arra.igado fuertemente en él; leyó ~ucho,
leyó cuanto tenía ante los ojos; sm que
nadie lo condujese, hizo de su cerebro un
almacén de ideas ajenas: los ~roblem~s
del mundo, del alma, de la soc~edad disputábarnse su energía. Largo tiempo pasó sin que despejase su espíritu de seme•
jantes problemas; con todo, ~lgo había.
de' obtener: su pasión por los hbros.

*••
Muchas contradiccio11:es de la vida se
habían presentado a sus ojos. &lt;Me falta
inteligencia, pensaba Teodoro, para poder comprender cosas que ahora me pa•
r;cen absurdas&gt;. Pasaba el tiempo, sus
4

facultades mentales engrandecían su ex·
periencia y su fuerza; mas Teodoro no
sólo no aclaraba sus dudas, sino que tenía cada vez más dudas. Llegó a creer
que el talento sólÓ era engendrador·de
contradicciones.
,
El golpe más rudo fué cuando aplic~ su
criterio-el talento razonante de un iconoclasta, pero funda.do en el mundo-a
lo que veía en su propia familia. Llo.ró
como un niño al comprobar que un abismo lo separaba de los suyos: éstos lo h~bían dejado formarse libremente, él tenia
un espíritu, y su espíritu renegaba de las
ideas de los suyos. Casi abominó de la
libertad que lo había obligado a alejarse
de su familia, porque la amaba, la a~aba con todo el ímpetu de su sér. «No importa que no esté de acuerdo ~on ellos!
llegó a exclamar, taparé los OJOiS de m1
razón y los oídos de mi conciencia; sólo
quiero tener sentimiento para ello si sólo
cariño, sólo gratitud!»
.
Pero la familia se percataba de las ideas
de Teodoro. y tal vez sin malicia, tal vez
por el mismo cariño celoso que lo :eía
alejarse de ellos, empezaro~ a ~aher1rlo
constantemente. La vida se hizo mtolerable. Para explicar su chifladura, el padre
de Teodoro inventó una malhadada neurastenia; Y todos se empellaron en curarlo, cuando no eran capaces de compren•
derlo.
l"b
Sufrió muchO; quitáronle sus 1 ros,
sostuvo discusiones horribles, e~ que l~s
palabras que no debía pronunciar aguijoneaban su lengua; procuró inútil~ente
·explicar sus ideas. Al fin se convenció ~e
que les había perdido todo cariño; ~ub1era segm"do con ellos ' mas le. pareció ser
una carg'a, un objeto de disgusto con-

diferente, la mayor parte de las veces;
entonces comprendió que los libros eran.
un medio y no un fin, como él imaginaba: debía conocer los espíritus de los demás, no para ser esclavo de ellos, sino
para encontra1·se a sí mismo.
y fúé desechando los libros después de
utilizarlos egoístamente. Tan severo como antes había sido complaciente, dejó
para su biblioteca espiritual escasos volúmenes; sólo conservaba los que resistían una segunda, una tercera lectura.
Con el vigor de sus pasiones, casi deseó
que se suprimiera la libertad de imprimir libros; era para él un crimen que el
autor no pusiese su espíritu en su obra,
que hablase a los ojos, a los oído_s, si~
decir nada al sentimiento y a la mtehcia.
Los libros no le bastaron para hallar
su personalidad. Encontró ·a finidades, pudo conocer diferencias profunda.s entu
·él y los demás; pero no se veía. completo.
Su instinto lo reportó al buen sendero:
entendió que si quería desarrollar S:u1
rasgos personales, era preciso estudiar•
se en el mundo. En un principio renegó de
todos los libros, el hábito le hiz.o reincidir en la lectura: entonces, libre de pre•
juicios, buscando las obras que más le
hacían sentir, leyó con un gusto no sos•
pechado: había aprendido a leer.
No encontrándose en los libros, Teodoro fué a buscarse en el mundo. Y al pri·
roer paso en el mundo, Teodoro, por fue~za tenía que hallar enfrente de su camino' a quien casi llenaba · todo el mundo:
la mujer.
Con la cabeza desbordante de teoría~,
con recelos fabulosos sacados de sus h·
bros Teodoro era fundamentalmente timid~. Su ingenuidad, la brillantez de
sus ideas su pronto conocimiento de las
personas,' diéronle infinitos éxitos con
las mujeres: pero su timidez no supo a.pro•
vecharse de tales éxitos; Teodoro era en.
vidiado por sus rivales que lo ju~~a~an
desdeñoso, sin sospechar ·q ue él con Justa razón los envidiaba a ellos.
.
Al fin, una mujer valiente logró cautivarlo. Teodoro pensó que había encon·
trado su ideal; volvióse éasi loco¡ ella tení-a para él todas las virtudes del mundo¡

tinuo.
T ¡
Entonces abandonó su hogar.
en a
. le «os· la Tierra C\Stentaba su amvem au ·
11 d
plitud: ¡como si se ofreciese a ser ho a a.
por sus plantas!

JI

LA MUJER y LOS LIBROS
Solo en el mundo, sus libros fueron los
, . os amigos. Hizo de ellos sil culto. su
UnlC
·dolatría el objeto de su v1'd a; d.iv1'diÓ su
~cti vidaÓ entre la sórdida batalla por la.
. le cia. parte miserable de sus días, Y
ex1s n ,
·a d puro
~sta otra vida subterránea, ¡1_ a. e
cereb ro, la Sola digna de vivirse, según
sus opiniones.
.
.
Pero los libros, dándole savia y ¡1gor,
también laboraban contra ellos m1~mos.
T d ro sistematizó sus lecturas: hizo un
eo o resum en de cada obra que leía.; el
breve
análisis detallado de las ideas de sus áu•
tores le hizo ve·r que él pensaba de modo

Carecería de importancia~~m~cte~ís==~
No hay catedrales ni monumentos ar
que valgan la pena.,••

go1peábase la frente, renegando de los
ai'ios que había pasado sin conocer ,emeja.nte hermosura., concreción de todas las
perfecciones humanas: Teodoro miraba
en ella la imagen de sus propios suei'ios.
La. realidad era otra.
Fueron días de locura inimaginable:
cuentos de hadas vividos a la luz del eré, pásenlo; olvido completo de la fea realidad humana. Sus cuerpos parecieron adquirir la. sutil U'gereza de los espíritus y
recorrer el Universo y el Paraíso. Entre
este bajo mundo, ellos llevaban la mara•
villa de su mundo, en que eran felices, en
que acababan llorandp de tanta felicidad.
temblando de pavor a la idea de perder
uno, la más Jeve mirada del otro.

•

**

Toda vía tra_nscurrió algún tiempo. Mas
ya no eran tan asíduos¡ lá. rectitud de él
pedía a gritos la separación; el temor de
hacerla sufrir lo contuvo aún. Separáronse, al fin; él era culpable, ella, la víctima., había sacudido a su verdugo ...
El pensamiento de Teodoro la hizo parecer a su vista bajo aspectos horribles.
Cada vez que el recuerdo le traía a la memoria un instante feliz, imaginábala con
perfidia incalculable, con defectos inhumanos. Así se curó.
No pudo pensar en ella serenamen~ sino después de muchos meses¡ esto lo inquietaba: ¿Estaría. perdido para siempre?
Logrólo más tarde: cEs mi primer amor,
dijo; además, debo agradecerle que me
ayudó a buscarme a mí mismo, haciéndome sufrir; y que, siendo sincera, dejándose conocer, me permitió alejarme de ella 1
con quient de vivir más tiempo juntos 1
habría sido muy desgraciado&gt;.
'f, por primera vez desde su ruptura,
vió su retrato, olió sus cabellos, acarició
sus recuerdos, con una voluptuosidad in•
descriptible.

las maravillas de su arte. El mundo &amp;preció el regalo: riéronse del poema; mandaron que ocultase aquella estatua, cuya
obscenidad era peligrosa; y un críticodon Cualquiera-dióle consejos para modificar su cuadro ....

*
••
Había sufrido tanto y su dolor había
pasado de modo tal a sus obras que, insensible al p&amp;recer, sólo sonrió amargamente. Destruyó sus creacciones y con
ellas el secreto de su personalidad, conquistada con tanto traba.jo ... Y se encerró en sí mismo, a solas con sus sueftos,
sin esperanzas, sin odios, sin recuerdos,
con el único sentiniento de haberle hablado al m'undo, a sabiendas de lo que. el
mundo había de responder.
Así esperó el fin de su vida. La gente,
creyéndolo loco, no se atrevía a acercársele. Sus ojos miraban tan fijamente un
sitio cualquiera que' los caminantes, cu.
riosos 1 seguían con la suya la dirección
de su mirada: pero era imposible mirar
lo que miraban los ojos del artista.

Pasó un ai'io. El tedio más profundo
embargaba a Teodoro. No había dejado
de querer a su ídolo, pero sentíase esclaclavo: esa. mujer robaba su actividad
completa, ofrenda que él hizo gustoso al .
principio, pero que ella a.hora parecía
110 agradecer. Intentó una ruptura; ella
no consintió.
Aquella cadena lo 'ataba fuertemente.
III
Pero Teodoro había empezado a razonar
EPILOGO
•
y cuando un amor admite razonamientos,
EL ARTE
está perdido: ha muerto de antemano.
En la cúspide redonda de una colina., a
La vida de Teodoro fué una. lucha por
Teodoro analizó; vió con mirada retrosla luz del incomparable crepúsculo de
hallarse
a sí mismo. Recorrió todos los
otoño, Teodoro espera la muerte. La clapectiva. eff su sér y en el espíritu de ella.
camiqos, hizo cuanto pudo hacer; al fin
ridad del cielo destaca la silueta negra
Wda. la historia; su naturaleza, anhelanllegó al Arte. Y en el Arte casi tuvo el
de bosques lejanos; pero la cima parece
18 de amor, había buscado nuevos paisaconsuelo de todos dolores .. Con mucho de
flotar ea el ambiente.
jes femeninos y con ellos, ahora, compa•
poeta 1 con grandes facultades técnicas,
raba ...
Sentado en una roca, Teodoro ve pasar
habí8' gustado pasiva.mente de la obra
junto a él parejas de ancianos. Van hacia
Ella, sin que fuese una mujer vulgar,
artística; de eso a crear sólo hay breve
la muerte, impacientes para esperarla. y
sintetizaba todos los atributos de su sexo.
distancia: Teodoro la franqueó.
oye con disgusto sus pláticas! estúpida.s
Su orgullo jamás le permitió creer en el
Conoció que el arte le permitía. comcomo las de los chiquillos. &lt;Estos Seres
-earifto de él, a pesar de los sacrificios
prenderse a sí mismo y expresarse a sí
odiosos sí han vivido, piensa Teodoro,
que hacía; el egoísmo de ella lo esclavimismo. Y dedicó al Arte todas sus faculparo ellos fué grata la vida porque no
zaba sin esclavizarse, Los gustos de él
tades. Volvióse asiduo concurrente en
int-entaron salir de la mediocridad; y
que ella no podía. sentir, la exasperaban
Academias y Escuelas; sujetó su e~píritu
van a morir satisfechos de sí mismos, de
y eran objeto de sus burlas. Su ingenio se
a
los caprichos de los d6mines que forjasu vergonzosa vejez que nada de glorioso
aguzaba cuando quería herirlo: sus palaban artistas; pero ellos trataron de ahotiene en mi pasado&gt;. Y recuerda de joven
bras de ser venenosas, lo hubieran magar su espíritu y de trozarle sus alas.
\ado.
su odio profundo por todos los viejos.
Horrorizado, huyó.
En un momento de suprema lucidez, se
Cu&amp;ndo conoció que los deseos de ella
irgtJió Teodoro sobre el filo de su roca.
no :ostentaban el sello de idealidad que
* •
Volvióse hacia la Humanidad, para lanque ennoblece todos lo:1 deseos humanos,
Y fué al verdadero Arte: acudió a los
zarle, en un grito postrero, el último
-casi abrigó odio por sí mismo. cUn amor
grandes altistas. En su mente erigió ·uria
despojo de su espíritu ...
que no tiene algo de sensual en el fondo
gran c&amp;tedra.l en que tuvieron capillas
Pero la muerte se llegaba, con gran al,es monstruoso, pensaba, pero es más
los genios que se armonizaban con él. Su
borozo de cascabeles.
monstruoso el que únicamente es sensuaveneraición entonaba himnos por los granlismo&gt;. Y aborrecía. de todo corazón a
des infelices de la Humanidad, por los
,quienes sólo eran siervos de sus instintos
que habían dejado ea sus obras parte de
.atávicos .
. EN MARTE
su dolor. Sus Héroes .fueron Miguel Angel y Shakespeare, Rembrandt y Beethoven, Verlaine y Wagner, Nietzsche y
Tolstoy...
·
Y fué ascendiendo y una seguridad
inesperada apoderándose de él. Estaba
en la plenitud de su vida; deseó crear algo grande, algo que fuese suyo, que fuese ÉL.
Y escribió el poema de su vida., .y mo. deló la estatua de su desgracia, y pintó
el cuadro de sus amores. Obras únicas,
en .que había puesto su personalidad inconfundible; y la había pues~o de tal manera que para él no quedaba nada; como
si hubiese empleado el sonido de su voz
para sus versos, la carne de su cuerpo para su estatua, la sangre de sus venas para su cuadro ...
Pensó hacer al mundo el regalo magní-Yo creo que ha llegado el mo:nento de
fico de sus tres obras. Y en una exposique los demás planetas abandonemos la neuEl gigante ciego, (DE LIFE}.
ción nunca vista, ofreció a la humanidad
tralidad.

•

5

•

�~
LAWN TENNIS
Toda de blanco,
Finge tu traje
Sobre tu flanco,
Griego ropaje.

En vano ilusa
Fijas el pie ... ;
Que no eres musa
Ni numen, que

SON TUS OJOS
DOS SAETAS A&lt;;,UZADAS·--···

De la Victoria
De Samotra.cia,
Finges la g'loria
Llena de gracia.

Sin que disciernas
Un viento lírico
Sobre tus piernas
Sopla satírico;

Pues aunQue fatua
Te alzes extática,
No eres la estatua
Gloria del Atica ...
Pisan el suelo
Yanke tus J)ies.
¡Y alto es ~l vuelo
De las Nikés!

New York.

Son tus ojos dos saetas aguzadas
Que humedeces en venenos de pasión,
.Y agonizo de pesar si tus miradas
No se elevan en mi herido corazón.
Son tus labios frescas rosas purpurinas
Que destilan suaves mieles de ilusión
Con que embriagan y también tienen espinas.
Que laceran mi dolido corazón.
Cual la hoja desprendida por el viento
Estremece de las aguas el crespón,
De tu nombre el satinado y dulce acento
Turba todo mi dormido corazón.
Yo ' la tierra donde pones tu pie fino
Besaría con ardiente devoción,
Y quizás tú, cuál del polvo del camino
Haces caso de mi pobre corazón.

JOSÉ JUAN TABLADA

EFRÉN .REBOLLEDO

ENSAYOS DE ESTETICA MUSICAL
POR MANUEL M. PONCE

I
LA MUSICA

1

No se disc?~ ya la naturalez~ profun-damente sub1et1va de la música. Entre los
grandes mist,erios de la Vida está el de la
,esencia de este arte dulce y poderoso, evocador Y creador, a un tiempo mismo de
]as más diversas emociones.
'
La estética musical-part.e de la est.ética
.general-pretende analizar y reglamentar
Jo.que a la belleza musical concierne; mas,
1 pesar de los profundos y sutiles estudios llevados a cabo por sabios eminentes, la obscuridad envuelve aún el origen
-de las emociones despertadas en nuestro
sér por la magia de los sonidos combinados.
L&amp; ~úsica descubre en nuestro espíritu
-0.n universo nuevo de emociones como
i&amp; luz ilumina y fija las líneas y lo's colores en la naturaleza.
No comprendemos: sentil1l.os 1 y eso nos
basta.
Creo que Schopenhauer ha dicho que la
rmósica es una verdad superior a toda la
realidad material. Llega esta hada hasta
las puertas del espíritu, y con la varita
mágica de las combinaciones sonoras alivia, enferma, cura o hiere, consuela o
atorme~ta a las almas e!egidas que esperan sedientas el manantial purísimo del
goce estético.
!1::ro la.. ._ superioridad innegable de la
musica sobre las otras artes sus herman~s, radica en su universalidad¡ pues,
mientras éstas-la poesía, la pintura, la
-escultura-hablan especialment,e a los espíritus cultivados, la música extiende su
dominio s?bre !os s_eres inferióres, y aun
so~re l(!s irraciona1es. ¡,Qué fuerza misier1osa impulsa a los animales, algunas
veces al oír música, r.ara dar muestras
de alegrí~ o de dolor/ ¿Qué instinto guía
al sal va Je para fabricar in&amp;trumentos
l En el próximo numero, publicarémos el set_un4&lt;&gt;1 ensayo de estétfoa musica,l trabajo lned!to
.

..Je maest'l'o Ponce.

!Ilusicales? Es que l_a música forma parte
mtegrant,e de la existencia, y acompaña
a la. humanidad desde que nace, con las
canc10nes de cuna, hasta que muere con
las graves armonías de las fúnebres ~archas.
_''Grito de dolor o de alegría-dice el Dr.
R1,el!lann,-inflexión _tierna o alegre, la
mus1ca es la expresión del sentimiento,
del_estado anímico; por este mismo hecho·
no solamente es comprensible1 sino enge~
dradora de sentimientos, de estados de
alma semejantes a los que la inspiraron
p~ra todos los seres organizados de l~
misma manera''.
Por su parte, Herder reconoce que los
movimientos sonoros son una imae-en de
los movimientos de nuestra alma: ''Soni•
dos-dice-que se suceden con lentitud o
con. rapidez, _en un movimiento igu¡l o
desigual 1 so.nidos graves o, ligeros. tímidos, rudos o atenuados, llamados también choques, palpitaciones, suspiros, o
las de emoción o de alegria . ... despiertan
en nuestra alma movimientos análogos.
Nuestro sér pasional se yergue o desma.•
ya, se estremece de gozo o se arrastra Iamentablement,e; tan pronto se impone como retrocede; la emoción le hace unas veces más fuerte y otras más débi1. En una
palabra, cambia su propio movimiento
su actitud, a cada modulación (cambio d~
dinámica), a cada acento que le conmueve, y, aun más, a. cada inodificación del
tono. La música toca en nosotros una especie de clavicordio que forma nuestra
propia naturaleza, en Jo de que más íntimo tiene".
Los sonidos dispersos que se agrupan
y ordenan conforme a la voluntad dominadora del compositor, forman, en la
obra de arte, un mundo ideal, en el cual
las notas adquieren importancia diversa,
como en el mundo real las personas. Una
sinfonía es un fragmento de vida, tan intensa como puede serlo en la rea.Jidad de
la exist,enCia. Las notas.adquieren un valor sonoro más o menos importante según la tonalidad en que se mueven. Hay

SATURNINO HERRÁN

AVATAR
•

Las conozo: son tus manos.
Son tus manos de enjoyadas azucenas;
S0n las penas de una pena ya sentida:
¡Ya he vivido estas escenas
en la vida de otra vida!'
Si el mal del antaño es el mal de ogaño;
si es el mismo mal:
son trasmigraciones de un eterno engaño
bajo el desengaño de un desdén igual.
Es la misma escena, y es la misma pena,
y es el mismo ambiente:
yo ya conocía tu actitud sedente
bajo las penumbras
de esta celosía.
Tras penas y vidas, los mismos instantes;
la tarde es ipglesa;
nublada:
¡cómo antes!
Su avatar reempieza la pobre alma mía,
e insiste en decirme cuanto te quería,
ya en otra tristeza
de otra vida mía.
FRANCISCO GONZALEZ L1&lt;..:0N

ESTE ETERNO SUSPIRAR
La luna que a cielo abierto
bruñe estucos, de tu huerto
sobre el rústico bardal;
y tu casa ya dormida;
y mi alma entrist.ecida
sin saber por qué será.
Y esta banca de cant,era
d8bajo de la espaldera;
y en el alma del jardín,
el alma de una violeta,
y de un grillo la retreta
con sus solos de violín.

Y de mi amor, cómo esquela,
el fulgor que se congela.
de la luna, en tu vitral,
y en el alma tanto fr[o . .

y estas tristezas, Dios mío,
Y ESTE ETERNO

sonidos preponderanies que gobiernanamparados por el ritmo-todo ese conjunto armoD;ios~ qne bulle y se entremezcla
en una vida ideal. En una obra polifónica, las notas simpáticas se buscan y agrupan en to!-'no a los sonidos conductores
41;6 constituyen lá melodía, formando
nucleos que se repelen en las disonancias
se unen en el dulce reposo de las cadencias.
Frecuente~ente se compara a la música
con la arqurt~tura, o más bien dicho, se
emplean térmmos de arquitectura al hablar de uaa obra musical. Y en verdad
la analogía existe, En una obra sinfóni~
ca hay te~a~ fundamentales que son como los c1m1entos y las columnas de la ·
de la composición. Ha.y arabescos que
adornan la construcción sonora: hay notas aguda~ que semejan agujas de cate.
d_ralei gótica~; melodías bellas como bajor1eJeves;, con1untos armoniosos como cúpulas brillantes ....
Pero más. que ~n l_as formas plásticas
con que la 1miw1,na.c1ón pudiera presentar
las ob_ras musicales, el poder de la música i:es1de _en el ca~po de las emociones.
Su 1mper10 es part1cula.rmente espiritual
En efecto, la ~úsiea es, entre todas la~
artes,Ja más _distante de
Naturaleza.
Todos los rmdos, el murmurar de uha
fuente, el. silvido del viento, el estruendoso rugir del trueno, el rumor de las
olas y otros muchos fenómenos sonoros
no s~n en manera alguna, música. El can~
to m~smo de los pájaros no puede darnos
una idea de lo que nosotros entendemos
por "frase musical''. Las tempestades
lo~ rumores del bosque, las cascadas, lo~
rmdos, en fin, de la N atural1:,za, jamás podrán ser reproducidos ni aún en caricatura, en una composición musical Se recurre _a los folletos explicativíls para
s~gest10narnos; pero en el fondo, la múSIC_a sólo puede expresar el terror. la inqme~ud, la desolación, el amor la alegría
la ~r1steza, los sentimientos, ~n fin, má~
i1;1t1mos del alma en sus innumerables variantes.
"Beet~oven d~ía Wilhe1m Gerhard:
, , Decr.ire appartien_t á la peinture. La
peut auss1, ~n cela, s'estimer
41 poSsie
heureuse, en compara1son de la musique·
; ;s(!.n doma!ne n 'est pas aussi limité que 1~
m1en; mB1s, en r~vanche, le mien s'etend
"plus loin da.ns d'autres régions· et l'on
1''ne peut pas atteiodre si facilem~nt man
'empire'' (Roma.in Rolland. Yie de Beethaven). (2) ¿El autor de la Sinfonía Pastoral se propuso "pintar'•' los paisajes
campestres y llevar al pentagrama el estruendo de la tempestad en su magna sinfonía? Evidentemente que no, después de
l~s palabras que acabamos de transcribir. El maestro expresó en armonías divinas los movimientos emocionales de
su alma fre:pte a las fuerzas desencadena,.
das de la fiempestad o ante la serenidad
de los campos .florecidos.
Conmover, elevar el espíritu, emocion_ar nuestro ser_pas~onal; ampliar los hor~zont,es de la vida ideal, dulcificar y suavizar las esperanzas de las almas amargadas por Io_s sufrimientos o la desesperanza. he ah1 la verdadera la nobilísima
misión de la música.
'
¿Cómo esas combinaciones de sonidos
pueden re&amp;lizar tales milagros?
Ese es el misterio.
Dice f:ambtt:rieu que si existiese un sér
c~paz de explicarnos la esencia de la múSICa, no podríamos comprenderlo.
Conformémonos, pues con sentir y gozar.
E°: nues_tro sér exist,e una especie de
clav1cord10, nos ha. dicho Herder.
Y bien, dejemos a la mano intangible
Y divin_a _de la_ música, que arranque de
ese espiritual Instrumento la.s emociones
~ás recónditas y las más dulces vibraCJones .
. ~n eJlo encontra1·émos la suprema fehcida.d.
(Del último número de ((Culturan)

º.

1,

SUSPIRAR .

FRANCISCO GONZALEZ LÉON'

''Coµiadre, cuando me muera .... "

(2) "Describir, corresponde a la Pintura:; la Poesla, en e1:1to. puede considerarse teliz en comparación con la muslca; su dominio no es tan limitado co.
m? el mfo; pero, en cambio, el mio se extiende más
Ie1os en otras regiones y no es posible alcanzar tan
fácilmente ml imperio".

7

�LA ACTUALIDAD POLITICA
LA SIGNIFICACION DE ALGUNAS COSAS INSIGNIFICANTES

Todavía en los momentos de escribir esta nota las
transacciones bursátiles en la ciudad de México son casi imposibles. En la bolsa de valores se entretienen los
espec~ladores de talla con las especulaciones de papel
mfals1ficable. No renace aún el movimiento de acciones.
Apenas se ofrecen quinientas, así sean de la Negociación
/,linera más prestigiada y se provoca la baja del valor de la especie en venta. A durae penas se pueden hacer operaciones mayores de cien hidalgos ein que la espectación babosa de la coyoteria no rodee la mesa en
que se liquidan los que pudieron "encontrarse."
&amp; ofrece la hipoteca, en primer lugar, de una Hacienda lamosa con un interés casi absurdo. La venta deima
casa es más difícil que cazar un elefante en el Desierto de
los leones o secuestrar el U. 53 en el Lago de Nativitas.
Los hombres de negocios duermen el fastidio de la inacción sobre sus carpetas incólumes. Piensan en la imposibilidad de que nuestro México vuelvaal florecimiento y al auje. La desmoralización parece adueñarse de
las columnas más fuertes del remate.
Y todo por la falta de fe en un futuro que indudable.

SITIOS DE MÉXICO
EL CERRO BLANCO*
POR ATANASIO G. SARAVIA
(Especial parn PegMo )

En aquellas tierras en un tiempo
heredad de los nobles señores de
Valdivieso y cabeza y asiento del
eondado de San Pedro del Alamo,
está una sierra, humilde y pobre Pi
se la compara con las sierras hermosísimas que Dios quiso poner en
nuestro Méxfoo; fértil y hermosa
junto alas tristes llanuras deraquitico monte que se extienden a su
laida. Cual si hubiese querido curiosear al paso de los trenes, alza
!rente a la via su mole escueta y alta, pero luego, como si desdeñosa
se apartara de aquel lugar cruzando ¡,or los rieles, se aleja hacia el
poniente internándose en terrenos
agrestes y bra,íos y su cuerpo es
cada vez más alto y sus quebradas
más hondas y más espesos sus gru•
pos de robles añosos y torcidos.
Asi va majestuosa hacia donde el
sol se pone, pero luego comienza
una lucha con otras cordilleras más
pequeñas cubiertas de espinos y de
derrumbes de rocas que le disputan
el paso a su cuerpo colosal; y al encontrarlas parece como si la sierra
enfurecida amontonase sus cerros

* A inmediaciones de 1&amp; Hacienda de
Covadong&amp;, en la Sierr&amp; del Yerbanis,
Estádo de Durango.
8

mente ha de llevar a las "Mosler" de los bolsistas pin_
gües utilidades.
Hoy por hoy, la escasez de numerario ha originado
en el interior del ~aisla parálisis casi total de las operac10nes de cuant1a y en el extranjero, hasta hace muy
poco, no había ni un solo céntimo dispuesto a traspasar
la frontera. El extranjero claro que únicamente a tenderle.
a razones del orden político; y es por estopor laque,con
bastante alegría hemos visto en la prensa diaria un anuncio de una casa deNew Work, ubicada precisameuteen Je.
calle de los sabios de la especulación: en Wall Street.
El tal anuncio dice "HACEMOS PRESTAMOS SOBRE
VALORES MEXICANOS INAC'.l,'lVOS. "
¡Ah, con que entonces en Wall Street hay dinero ye.
para prestar sobre valores mexicanos!
Eso quiere decir que México se consolida y que se
consolida de una manera franca pues es fama bien sabida por el orbe entero que en Wall Street el conocimiento
justo dela marcha política de una nación, es primo hermano de las tablas de logaritmos.

unos sobre otros aumentando sus
fuerzas y su altura, para al fin, fatigada, ir decreciendo hasta que,
confundida ya con aquellas pequeñas cordilleras, torcido aJ :norte su
rumbo, llega a bañar sus últimos
estribos en las aguas del río cuyas
estepa~ cantara, en soneto bien
grande, Manuel José Othón. •
Es una sierra triste, es una sierra
escueta y solitaria; nadie hizo allí
su mansión; nadie la habita, y sólo
cruza por sus breñales ásperos algún
ágil venado o el jabalí salvaje.
Allá en sus medios, donde su altura es más grande, donde sus robles
son más tupidos, donde no se dis•
tinguen senderos ni veredas y donde
reina constante sombra en sus cañadas a las que sólo besa el sol, en
pasajero saludo, a medio día; allí,
como si hubiese brotado de las mismas entrañas de la oierra y en crecimiento formidable la dominara
toda, se levanta extraño y gigantesco peñón. Cual si quisiera lucir
su estructura fortísima de ~re.nito
blanco, no admitió sobre sí ni nn
árbol ni un arbusto y se alza en medio de la sierra su vasalla como
desnudo atleta exhuberantede!uerza y de sol. Allí, solo, sin un peñón
hermano, levanta altísima su frente para mirar a muchas leguas en
contorno y parece imponerse como
:t

Río de N aza.s.

si fuera el alma de aquel país. Ye.
tranquilo y risueño cuando lo dora.
el sol parece la deidad que todo
aquel contorno protegiera; ya ceñudo y adusto cuando las sombras
lo envuelven semeja formidable titan que de su feudo cuidara. A su
pie, esparcidas en mil grupos pintorescos que cubren amplio valle, están las piedras que de sus lados rodaran, y mientras él parece desdeñarlas, éllas, mu.das y sumisas, se
tienden a sus plantas como inmenso castillo agrupado bajo torre dPl
homenaje gigantesco.
Es allí el rey; un rey desdeñoso y
solitario al que rinden tributo aquellas pobres tierras que no tienen ni
su fuerza ni su altura. Un pueblecillo se atrevió a tomar su nombre,
pero cual si temiese que el coloso lo
fuese a castigar por su osadía, tímidamente quedó semiescondido entre arboledas y barrancas; y eso
bien lejos, pues que a su vera no
consintió el gigante vivienda alguna para lo que·sembró su laida d&amp;
ri~cos y de arroyos. Allá, en el fondo del vallecillo donde se juntan dos
riachuelos, los pobres misioneros
franciscanos, fundadores de pueblos
y conveutos, bendijeron las casucas
en el nombre de Dios y llamaron al
poblado, en cristiano bautismo, el
Peño! Bl.anco de San Buenaventura.
Pasa. a la página 15

DEL LIBRO EN PREPARACION
"ENSAYOS y POEMAS" DE JULIO TORRI

DE FUNERALES
Hoy asistí al entierro de un amigo mio. Me divertí
poco, pues.el paneg.irista estuvo muy torpe. Hasta pa.
recia e~oc_10nado. Es inquietante el rumbo que lleva la
or~tor1a fúnebre. Eii nuestros días se adereza un paneglnco con lugares comunes sobre la muerte y ¡cosa infreible Y absurda! con alabanzas para el difunto. El
orador es casi siempre el mejor amigo del muerto es
decir, un sujeto compungido y tembloroso que nos ~ueve a risa con sus expansiones sinceras y sus afectos incomprensibles. Lo menos importante en un funeral es
el pobre diablo que va en el ataud. Y mientras las gente!' no acepten estas ideas continuaremos yendo a los
entierros con tan pocas probabilidades ·de divertirnos
como a un teatro.

plata y oro. ¿Por qué vaciláis? ¿para cuándo son los
~m1gos? Es~oy e~amorado locamente de ella. Apenas sé
s1 no desvar,o. Tiene los ojos llenos de asombro, sus senos palpitantes perderían a cualquier santo. Cuando
me ve se echa a temblar y si no fuera porque la amenazo con matarla si no me espera en la ventana a la
ch··te
no
e s1gmen , jamás la volvería a ver. Al hablarle se me
enronquece la voz, y a ella le entra tanto miedo que no
atina a decirme sino que me vaya y que la d e¡e;
. que no
me ha hecho mal ninguno; que lo haga por Ja Virgen
Santísima....... Sé bien que no me quiere; pero ¿qué importa? ya me irá perdiendo el temor. Tened compasión
de un hombre enamorado, y mañana haced de mí lo
que gustéis. Os obedeceré como un perro. y si algo 08
~asa por ayudarme, la Sierra, Madre no está lejos, y mi
cmturón de cuero se halla repleto de oro.
.

LA VIDA DEL CAMPO

EL ABUELO
El abuelo, -un viejecito de lustrosa y roja tez, ojos
azules y barbas de plata. que quiere a toda costa ser
amigo nuestro, -preside la cena de innumer~bles nieros Y nietas, y amigos y amigas. (Una vieja familia que
tuvo antepasados en Trafalgar.)
Hablamos de Darlo y Lugones y él cita a Don Antonio de Solis y a Moratín; de tennis y de flirt, y él desentierra sus lozanas mocedades de hijo de gobernador, en
no se qué ciudad de provincia, allá por el año detrein
la.
En el comedor resuenan las risas y los gritos alegres.
Todos hablamos en voz alta. Las gentiles primas sonrien llenas de bonevolencia, dicen propósitos agudos, o
amenazan con dengues y melindres al atrevido que respondió certeramente.
Alguien pide un cuento al abuelito. Todos ¡¡,plauden y
prestan atención. Y las caras se encienden por el rubor
ola malicia, porque nuestro olvidadizo abuelo nos relatá plácidamente un cuento picaresco de antaño, en el
que todas las cosas son llamadas por sus nombres, a la
lllllla usanza antigua.

EL RAPTOR
-Amigos míos, ayudadme a robar una novia que tengo en el &amp;al de Pozos. Tendremos que sacarla de su
lllsa a viva fuerza. Por eso os pido ayuda, que si ella
viera voluntad en seguirme ...... Iremos al galope de
uestros caballos por el camino real, en medio de la noe como las almas en pena. Os pagaré con esplendidez.
daré caballos, rifles, sillas de montar labradas con

Est•ce que l'ame des violoncelles est emportée daos le
cri d'unecordequi se brise?
(Villiers de l'lsle Adam. _
VÉRA. )

Va el cortejo fúnebre por la calle abajo, con el muerto
a.la cabeza. La mañana es alegre y el sol ríe con su
buen humor de viejo. Precisamente del sol conversan el
muerto y un pobrete-acaso algún borracho impenitente-que va en el mismo sentido que el entierro.
-Deploro que no te calientes ya a este buen sol, y no
cantes tus más alegres canciones en esta luminosa ma.
ñana.

-¡Bah! La tierra es también alegre, y su alegría un
poco húmeda, es contagiosa.
-Siento lástima po.r tí, que no volverás a ver el sol;
ahora luma plácidamente su pipa como el burgués quP
a la puerta de su tienda ve corretear a sus hijos.
-También amanece en los cementerios, y desde las
musgosas tapias cantan los pinzones.
-¿Y los amigos que abandonas?
-En los camposantos se adquieren buenos camaradas. En la pertinaz llovizna de diciembre charlan agudamente los muertos. El resto del año atisban ·desde
eus derruidas fosas a los nuevos huéspedes.
-Pero ..... .
-Algo poltrones, es verdad. Rara vez abandonan
sus camas que han ablandado la humedad y los conejos.
-Sin embargo ..... .
-La vida del campo tiene también sus atractivos.
9

�su Falstaff interior? Los retratos de 1o1
grandes lógicos de la humanidad ostentan figuras magras, raquíticas, miaerbles:
la lógica mata, ha dicho Shaw, y Ches.
tertoo ha seguido el consejo del mismo
Shaw, que nos propone matar a la. lógica.
La ha. asesina.do muriéndose: la vida en
su plenitud no conspira contra ella misma.
Este nuevo libro del humorista Cockney está fundado en su filosofía y trata
de la guerra. En Inglaterra sólo Bernard
Shaw pudo publicar, antes de la guerra,
un libro con ese título; fuera de ella, solo
Pierre Loti o all{un orador espafi.ol. El
volumen esta dirigido a un profesor aleman que escribía · contra Inglaterra, uno
de esos profesores de los que había eseri~
to an·tes nuestro autor, que han inventado la frase "voluntad de vivir", que quieren vivir y no pueden. Para el pensador
católico los crímenes de su patria son las
aociones que la han alejado del ron14ni,.
m.o 9 de la tradición católica de Europa;
las acciones que han asegurado el poder
de los .pueblos que no viven sentimental•
mente esa tradición; son el haber impedi-do que Europa. acabara con las 11 pira1erías impías" de Federico el Grande; el
.haber permitido que la derrota. de Napo.
león fuera mancha.da con el "f&amp;ngo y la
El Presidente de la República Fran~esa hace u~a visita a Noyon poco después de haber
sido reconqmstada.

HUMORISMO YANQUE

LA LITERATURA y LA GUERRA
UN LIBRO DE ' G . K. CHESTERTON
POR ANTONIO CASTRO LEAL
It we see blstory as a wbole tbere Is no more doubt that
the French peopleis tbe more
mll\tary than the re Is that tbe
German people Is the more

musical. Germany Is a great
and splendld natlon .
G. K .CH

'Con el escanda.loso título de Los crírned,e Inglaterra publicó hace ~lgunos me:
,.,.,
el literato ing\ésG1lbert Chesses un l'bro
1
1
terton. Este humorista Cockney, que_ocu . filosofía
deba.jo de las ideas
ta su propia.
·
más flexibles, ·es uno de lo_s sofistas más
ágiles, porque en él la. tesis y su cont~a.. son 't"u&amp;lea
ca.minos para la síntesis,¡
r10
,...
ue a.dorna. los razonamientos· como e
qges to de un acróbata
encima de . un tra.
ecio o la contorsión de una. serpiente en
pun escu do • Este ideólogo que desdeña. l6
(y
ya ern tiemµ0, oh Nietz~he!} la fuerza gica de las ideas, lo hace .porque. come
~uy bien. Es el literato me101:.u~tr1do de
Europa.. Vosotros los que esta.is informa-dos ~uperticia.lmente de todas las cosas,
vosotros los que conocéis quienes son los
primeros escritores del mu°:do d~ ahor~,
vosotros los que l~is las revistas c,sa.bía.1s
U Chesterton tuviera una filosofía? ¿saqbíais
e
61'
que es un pensador cat ico, ~n ortodoxo? Chesterton tiene su filosofrn, pero nadie la Contradice mas frecuentemen•
te que él mismo. nuno tiene ~ue ser. ortodoxo en muchas cosas,-ha. d1cho- s1 no
10

nunca. habrá thimpo para. pre licar nues•
tra. propia. herejía ' '. ¿Qué l ~ importa ~\
rigor lógico de las ideas a un hombt·e
que abandona. un banquete, d(lode exaltó

Cockney ha escrito brillantes páginas.
La naturaleza del pa.ngermanism0-dicepuede resumirse en esta alegoria; El caballo afirma que toda.s las demás criaturas esta.a obligadas moralmente a sacrificar sus intereses en bien de él, por la
especiosa razón de qne posee todas las
cualidades nobles y necesarias, y porque
es un fin en sí. Se le responde que si se
trata de subir a un árbol el caballo es
meno gracioso que el gato; que rara vez
los enamorados y los poetas le piden al
caballo que haga ruido toda la noche,
como el ruiseflor; que ·es menos feliz que
la merluza cuando permanece la1•go tiempo dentro del agua., y que, caando se le
abre, se encuentran generalmente menos
perlas que en las ostras. Se contenta con
responder (como es un caballo imbécil
responde de esta manera) que un pie de
una sola pieza vale mas que las perlas,
que el océano o que todo lo que se eleva
y todo lo que canta. Reflexiona algunos
ailos sobre los gatos y descubrE, al fin en
el gato "la cualidad característica. de la
cauda equina, o sea la cola" ; de modo
que )os gatos son caballos que balancean
eD la punta de los árboles la cola, que es
pendón equino. Halla que los ruiseflores
tienen patas, lo que explica. su dónde cantar: las merluzas son vertebrados y por
lo ta.oto caballos marinos; y aunque 1a
ostra. presenta en lo exterior diferencias
que parecen separarla del caballo, está
sostenida por la fuerza-natura. que llena
IOdo de la misma energ1a equinomotriz.
Este caballo es intelectua.1mente el caba- .
llo malo. Está en las fuentes intelectuales de una. merluza responder: 11 Si una.
merluza es un caballo ¿por qué he de someterme más a. tí que a mí? ¿Por qué este
caballo cantador llamado vulgarmente
ruiseñor, o este caballo trepador conocido hasta ahora como gato, caerán en adoración delante de ti por tu caballismo1 Si
\odas nuestras facultades na.ti vas son )os
\alentos de un caballo ¡,porqué tu no eres
11

sino un caballo sin talento? ' ' Como respuesra a. estos argumentos el caballo se
tmcabrita, mata. al gato, a.plasta a la ostra, se come a la merluza y persigue al
ruise!l.or, y así comenzó la. guerra".
El libro de Chesterton es rico Ao modos
brillantes de ve1· y de decir las cosas.
¿Quién había dado, antes que él, al epi•
sodio más romántico de la historia universal- la Revolución Francesa-un carácter de antigüedad clásica, como un grupo esculpido en donde las figuras mejores
están desnudas, y cuya fecha no se puede
recordar sin sonrisa, al saber que enton•
ces los paraguas estaba.o de moda y se ensaya.bao los sombreros de copa.? ¿Quién
ha sugerido una suerte más trivialmente
humana para Guillermo II, cervecero,
después de la guerra, cerca de Wiodsor?
La ideología épica, que conoce el lector
de la segunda página del llluslrated Londun News. da una idea de lo que es el libro; pero el libro es menos acrobático,
mas serio,-para que entendáis todos. Ante los acontecimientos de la batalla del
Marne el humorista. se conmueve: el des•
tino de su patria y la. muerte de los jóvenes ingleses despiertan en él una emoción
que enl'onquece su voz y aclara su estilo .
Sobre los muertos no se babia con paradojas: hay hechos que sólo un espiritismo de hechicería. puede discutir: por hoy
acostumbramos llorar sobre los muertos.
Y el libro, después de esa humana y tierna. lameot.a.ción no podía ofrecer una página. más, - y en realidad no hay ya otra.
página.

En otro lugar de esta revista publicamos la copia de un cuadro de Saturnino
Herrán; y en otra revista que se publica
en este lugar, publicaron una falsificación
del mismo cuadro, como para formarle
cuadro al que la hizo

- - iBuenos días, compadre .. !
-¡ ........ !

•

- - - - - -- - - ··-·-" ....
sangre dt, 1as sombras salvajes de BIO·
cher"; el haber sufrido que el rey de Dinamarca fuera despojado a la luz de1 día
11
por un bandido llama.do Bismarck; el
haber dejado que los prusianos 11Janf1rrones" dominaran las provincias frao·
cesas que no podían goberoar; el ha.her
abandonado a estos •'aventureros af1·
mados'' una posición tan importa.ate como Heligolandia: el haber elogiado "la
educación sin alma'' de Prusia.. }i;stos son
los crímenes que Chestertoo comenta en
su libro ¿son los únicos crímenes? ¡,son
Siquiet'a crímeoes'! Esta. nueva interpre·
tación U.e la. historia es tan trivial como
el at·repeutimiento de una viuda que h..,
bla.ra de su p1·imer enlace como de un
crimen. Cuando loglaterra. ha cometido
"sus crímenes" nunca dejó su pellejo ea
ellos, y algunas veces se cobijó con el ~
llejo de los démá.s¡ y supongo que a 11
misma foalaterra. no gustará esta ma·
nera de ve~ su historia. y que preferiría
simplemente que atacaran a Alemania Y
sus prejuicios. Chesterton ta.mbiéo sabe
hacer eso.-tan bien que él será. el repertorio cua.ndo a los escolares ingleses se
les haga. a.prender un chiste contra Pru~ia.
Contra. el pangermanismo el bumor1s\l

~

Nuestro grabado representa el momento en que un camión llt:ga al frt:1.1t: ú. b&lt;&gt;.iall a, llevanod
parque para la artillería. Los soldados se ocupan en descargarlo.

EPILOGOS

DE ACTUALDAD
PORDIOSEROS

Son tantos: La retina no llega. B.
distinguirlos en su abigarra.miento
1111iforme. Como siguiendo la. recóndita. ley del mimetismo, igualan el
tono g~nera) de su cue1710 y de su
vida con el claroscuro del man do.
Son la musgosidad que veµ-eta al
arrimo del hosco vivir de la roca ....
Y, sin embargo, ¿habéis considerado
alguna vez, como estetas o psicólogos, la existencia de los pordiosel'Os?

*'*•
Los grandes genios pictólicos,
T'elásquez, Rembrandt, -lfurillo, supieron ·eternizarla 111iseria,, el género
acaso más grande de la realista Ji.
teratura. espa1iola, la novela pica.
caresca, vivió de la. miseria. Mas los
p1imeros buscaban la. miseria pintornsca, el segundo vivía de la miseria. inteligente. Suestra miseria,
reina en la fealdad, rire de la a.b'.
.vección y del criwen. Por suerte
remota., suelen caer ante los ojos,
como aparecidos de un mundo lejano. pordioseros que parecen haber
limpia.do sn frente del estigma. de la.
maldad y del vicio.
Ellos mueven mi caridad ilógica:
.Y explotan mis aficiones estéticas.
Uno existía que semejaba haber sa:lido de un lienzo de Meissonie1·. Giga.ntesco, con el rostro brocfoeo de/'
bronce escultórico de la raza, rebujaba. su cuerpo en harapos que el
tiempo había teñido de mara vi/loso
color: era una armonía de verdes
tira.ndo a negro y negros reverdecí.
dos, bajo el toque vivo de una cobertura roja. Y la barba g1is de
plata oxidada, como un hálito de
esplendor ............ En su vida crepus.
cular, yo cruzaba sólo ,m instante:
veía/o venir a grandes pasos .v
dába,/e mi moneda con todo rn speto, en la esperanza de que, como
el cuento de Wilde, fuese un mi/Jo.
nal'io que había tenido el capricho
de disfrazarse de mendigo.
También mueven la caridad poi
la aristocracia de su aspee- to. A
veces, la. 111iseria, es e11 vidüible; est;1
viejecita temblorosa,, cuy:i efímera
vida. tiene la fragilidad de un dibujo
ideológico. atra.e más mira.das que
tantos seres rnlgannente felices,
1nie111bi·os de una g1w;,·a burguesía,.
11

�PAGl1'\JA HUMORISTICA DE

"PEGASO"

La señora, que hace un mes no va a
ninguna parte, se pone

1

·nerviosa. '' Se

interrumpe la neutralidad sin neceoidad
de que intervengan los intelectuales. Loeb,
cristalero, es feliz. Nuestro hombre pa
rece haber llegado del frente. Un •·tank''
para él es familiar e inofensivo como un
carro de mano y canta aün.

íll

'·Y yo le doy ''achares"
Haciéndole entender
Que tengo muchos más
A quien poder querer."

(/)

o
rr,

z

Prueba número 2.

)&gt;
(/),

o
rr,

r

)&gt;

G)

::o
)&gt;

Hay por ahl algunos monumentos coloniales que han caldo bajo la férula de
un albañil completamente ajeno a la existencia de Miguel-Angel . - (Véase prueba
No. 1-)
Otro monumento sufre las hábiles intuiciones de la casa Maxim's. (Véase
prueba No. 2.)

Prueba número l.

La semana pasada leimos en la prensa
un cable procedente de la tierra de Hindenburg que dice"Ha quedado prohibido a los artistas
de teatro estrenar trajes en cada obra
nueva que se lleve a la escena. Esta determinación obedece a la escasez de materias textiles."
¡Caray! Si asl siguen las cosas no serla
raro que a Maximiliano Harden lo lleguen
1 nombrar "Dictador de las hojas de

parra.''

Un amigo nuestro .sale del Colón y al
tomar un ··San Rafael vla las Artes" lo
bece imitando los movimientos de An .
tonia Mercé, en la Danza Campesina de
Grieg.
Canta a su señora:

z

'•Chiquilla vente a Triana
Chiquilla vente a Sevila"

G)

GiLERIA DE •PEGASO,

e

(Por qué me teme usted si llevo las dos manos ocupadas?
Porque usted puede pedirme que tome sus cosas y entonces soy yo la que : tie--ne ocupadas las manos.
1
i

La dirección de Monumentoa Artisticoa,
no sufre nade.

111

::o

::o
)&gt;

La sonrisa de la "Gioconda'' vista
por Enrique González Martinez.

Osear Wilde, y Leonardo de Vinci se
encuentran en el Peralso al lado de un
pintor da olla-El pintor de olla les lle.
me frecuentemente compañeros y les in.
terroge si conocieron en la tierra de San
Pedro Tlelquepaque al inconmensurable
Pantaleón Panduro.
Wilde medita, rememora.
Leonardo no parece haber oldo.
El pintor, entonces cambia la interrogación.
'Tampoco saben, compañeros, nada de
el i"Diablo' '7
-¿De el Diablo7 Oh, si, dice Leonardo,
el Diablol
-Yo me refiero a un cronista de teatro,
dice el pintorcillo.
En el Paralso se quema un fusible, como inevitable consecuencia de un corto
circuito.

GALERIA DE «PEGASO•

La sonrisa de Parrita vista por Herrrán.
J3.

�Manuel M. Ponce. - ESCRITOS y
COMPOSICIONES MUSICALES.
-Prólogo de RubénM. Ca.mpos.CULTURA.-lOdeJuliodel917

Gilbert K. Chesterton. -ORTODOXIA.
-Traducción de Alfom:io Reyes.Bil:,lioteca Calleja. -Madrid. 1917.
Primorosamente editado, bajo un aspecto a la vez serio y agradable, acaba
de llegar a nuestra redacción el flamante
volumen. Es de felicitar a los editores españo1es que tantas muestras de actividad
y a.cierto ofrecen en esta época de desolación.
- Los cultos lectores de PEGASO han
saboreado sin duda, el fragmento de este
libro que publicamos en ei número anterior y que basta para revelar la índole
de t~da la obra. Nunca defensa más hábil
se ha hecho del Cristianismo que esta
de Chesterton; tan hábil que piensa uno
-aunque, como recordarán los lectores,
Chesterton se queja amargamente de que
se le juzgue ligero-piensa. uno que el
mismo Cbesterton pudo ha.llar razones
igualmente buenus para atacar lo que

defiende, o para defender otro credo.
Además 1 acaso se nos juzgue demasiado
pedantes o demasiado desdeñosos, más
no creemos preciso aceptar ningún dogma¡ ser ateo no es tan peligroso como figuran los fieles, es, cencillamente1 no
preocuparse, o más bien, no ocuparse en
definir las propia.s ideas religiosas. Quizás Chesterton contaba con más adeptos
antes de haber descubierto que era un
ortodoxo.
La postura del ateo-del ateo que hemos
explicado, sin ademanes, sin discusiones,
sobre todo,-es notabiemente útil para
quien estudia la historia del problema
religioso, como parte del problema ~losófico: éste sabrá estimar la traducción de
la Ortodoxia que hoy nos ofrece nuestro
querido Alfonso Reyes, traducción qu_izás
excesivamente españolada para un hbro
inglés, pero escrupulosa y fiel hasta. donde puede serlo la. mejor.

TEATROS Y CINES

Nuestro querido colaborador y amigo 1
el maestro Manuel M. Ponce firma el último cuaderno de la publicación quincenal CULTURA, en que aparecen reunidos
alguno!! de sus trabajos 'literarios y mu.
sicales. Su conferencia sobre música. po-.
pular importante contribución a nuestro
Folk~lore nacional es el centro de la p&amp;r·
te literaria. Por primera vez se publica
en el folleto de que nos ocupamos el primero d~ una serie de ensayos sobre Estética Mmical y que gustosamente reimprimimos en otra parte de este periódico.
Contamos con la promesa del maestro
para continuar publicando la serie com. pleta que será así del dominio de los lec·
tores de PEGASO.

De venta en la Librería

"ATENEA''
Calle de Gante No. 1 - Apartado 5358.
MEXlCO, D. F.
FRANCISCO VILLA.ESPES•.

EN LA RETIRADA HINDENBURG

Mis mejr1res versos-- .
. .... $ 1.20
El Alto de los Boltemiús .
,, 1.80
Las ho1·as que pasan veladas de
Amo'l' . . . . .
. . . . ,, 1 1.80
Luchas, Confidenci~, Prólogo ·de
Vargas Vila.
. ............. , n 1.80
Las Joyas de }fm·garita, Brevim'io
de Am(I')·, La Tela de Penél.ope,
El Milagro clet Vaso de Agua .... ,, 1.80
lntiniidade.~, Flores de Almenél1·0 1
Prólogo de Pompeyo Gener .... ,, 1.80
Los 1ractu'l'1ws del GeneJtalife. Poesías ................... , , , • •·· • • • • 1,
Dofici Ma ría de Padilla, Las Cenas
de los Cardenales . . . . . . . . . . . . . . . . ,, 1.111
En el Destierro. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ,, 0.70
Una Pdrtida ile .Ajed.1·ez. Arreglo
castellano de la comedia de
Giuseppe Gis.cosa..... . ...... .- . ,, O.iO
La Copa de! Rey de Thul,e, La Musa Enferrria con prólogo de Juan
R. Jiménez ........... , • ..... , • • ,, UI
Alcáza1· de las Pe-das .... ......... , " 2.10
Lámparas Votívas ................ ,, 1.111
El Espe;o Encantado.. . . . ........ ,, i10
Judith.... .. .
. ... ·. ·•·•· · · · · · ., 2.10
Doña Maria de Padilla, Ed. Renacimiento . ........... • ••.... • • • • n 2.10
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ilfáscaras. Ensayos de crítica 2.10
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vol. I. Amé1-ica y Eu1·opa vol.

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HOMS.

~~~;J~!~:¡1!:~l-~~~~ .~. ~~- ,

M. A. BEOOYA. E! Hijo de! Doctor

4.$

tll

1Volj]'an ............ ....... , • • · • ,,

EDUAKDÜ

-Fíjate qtle Cristo nos mira.
,-NO le hace, está bien sujeto en la cruz.
,.,.

14

nmerte..

Dit et O 't
J.59
. .......... • • · •1

ZAMACOIS.

),,J~s de una_ ~o.che, este insignificante
cronista ha d1r1g1do sus pasos al coliseo
de la calle de Donceles, con el propósito
de concurrir al espectáculo que regentean
la señora Fábregas y el señor Martfnez
Tovar, y después de contemplar por espacio de algunos minutos los carteles de
Saturnino Herrán, q ae se exhiben en el
vestíbulo de dicho teatro, esteinsignifica.ntecronistahavuelto las espaldas y ha preferido buscar refugio cómodo en el teatro
Colón. Los cart,eles de Herrán, en el concepto de este cronista mínimo, hao sido y
serán lo lnejor de la temporada. Fábregas.
Hemos esc'!J.C1?-ado muchos elogios, las palabras cex1m1a&gt;, cnotable&gt;, cdistinguido&gt;
&lt;distinguida&gt;, &lt;talentoso&gt;, &lt;talentosa&gt;'
etc., etc., pero este insignificant,e cronis~
ta no ha podido justificar todavía. tales
elogios. ni t~les palabras y parece que
el público piensa en una fórma similar:
y la prueba es que la compañía que regentean la señora. Fábregas y el señor
Mart~nez Tovar, muy pronto, muy pronto de1a.rá algunos cuantos «rubios• en 1a
taquilla del Mexicano (del F. C.) y procurarán recibir como una justa reciprocidad algunos billetes con derecho a carro dormitorio.
Se nos dirá que «El Cardenal»; que ((El
Eterno Don Juann; que uLa. Cortina Roj&amp;»; que uAben-Humeyan. Está bien. No
negaremos que tales obras han merecido
prolongados a.plausos, pero la temporada en general, :nadie podrá negar:nos que
ha fracasado y más se a.preciará este fracaso si se tiene en cuenta el bombo y la
preparació:n de dicha temporada. Parecía.
que habríamos de sorprendernos con la
selección y la i:nterpretación de las obras;
que en el ambient.e artístico de México la
compa.ftía Fábregas habría de imponer
una huella luminosa y sutil, y a las cuantas semanas nos enco:ntramos en los programas el recurso desolador de las obras
policíacas. La temporada ha sido una
temporada vulgar. Todos los epítetos laudatorios de los cronistas-cumbre, ruedan
con pasmosa facilidad por los mal barridos escenarios, sin que los propios cronistas t'ra.ten de restañar el equívoco, como no sea con su indiferencia glacial o
su silencio penoso.
Presumiendo que me pueda.o considerar
parcial o que tengo mis predilecciones
por la. compañía del Colón, diré sin empacho que en el Colón tampoco hay maravillas, que el cuadro puede ser y es de
hecho deficiente; pero a Ta.boa.da no lo
fué a traer Diógenes a España; ya estaba entre nosotros. La empresa de este coliseo no ha llegado a decir al público ca-·
pita.lino que tiene tras del telón a la uosa.
mayor».
Ta.boa.da. trabaja humildemente, discretamente, a veces con negligencia, pero jamás-que yo Jo recuerde- ha. trata.do df
.colocarse por su propio dicho en sitios
ajenos a su propio valer. Esto ha contribuido indudablemente a que el público y
la crítica, estimando las cualidades del
·oven actor, no lo ataquen, y antes bien
o a.coja.o con ca.riño y le otorguen frases
de estímulo. La actitud nuestra, al decir
estas claridades, provocará la extra.i'i.eza
de,os muchos y la aprobación de los pocos, pero para nosotros siempre ha sido
más va.Jiosa la opinión de los menos y
queremos pensar que el)tre los menos encontraremos al mismo Ta.boa.da.
Actualmente Antonia Mercé, va.liándose de su arte y de su tal;,nto, ha pujado
las entradas en el Colón, h.a originado
que se piense menos en los actores y menos en la comedia y en el drama, pero de
todas maneras buena uarte del público se
interesa. y con justa razón, por la labor de
los principales actores del Colón. Inmediatamente podemos presentar un a prueba.:
«En la boca del lobo», obra escrupulosa.mente llevada alas tablas por la Sra. Castillo y por Taboada y en donde ella. y él
desarrollan facultades dignas del aplauso sincero. En fin, yo, insignificante ero-

¡

LEA UD.

nista, a.pe\O ª.~ fallo de los que sepan de
estas cosas, aun cuando el dictaminador
sea el propio ·uoiablo11, ese Satán que puede serlo en est,e mundo vulgar pero no
en el ~nfierno, pues ni el Dante ~i menos
Beatriz, tolerarían semejante desacato.
Sería el desprestigio de la flama y el
perol.
•
BUFFALMACO

CULTURA
EL PRÓXIMO NÚMERO PUBLICA

LA ARGENTINA
Ya comprendo· al sacrílego ti!3,trarca
que en su eJ.?lbriaguez de sanguinario artista
rompió de sus escrúpulos el arca
y entregó la cabeza del Bautista .
Y admiro al gran emperador ·esteta
que se perdió en el fuego de unos ojos,
porque puede ir al Accio un rey poeta
por un puñado de claveles rojos.
. Yo no sé si la sueño o si la miro
no sé si estoy despierto o si deliro.'
porque es tan suave el ritmo de su danza 1
tan voluptuoso el vuelo de su giro,
que parece, al llegiu, una esperanza
y se aleja después como un suspiro.
México, Junio de 1917.
l. FLORES MACIEL
CAMPEONATO DE FOOT-BALL

El último domingo, en los terrenos de 1 Club
&lt;España&gt;, fueron entregadas las medallas a
los campeones de foot-ball. El grabado repre•
senta a uno de los campeones en el momento
de recibir una de ellas.

EN HONOR DE UN POETA
Un grupo de los más adictos amigos de
Enrique González Martínez, obsequió a
est.e insigne artista, el domingo último,
con una fiesta íntima y cordialísima en
uno de los más bellos rincones del lago
de Xochimilco, para celebrar de tal manera, ~la aparición de El Libro de la Fuerza, de la Bondad y del Ensueño, esta. hermosa cbra que habrá de señalar uno de
los más gloriosos triunfos del arte lírico
de América.
Concurrieron a esta manifestación los
señores Rafael López, Ramón López Velarde, Est,eoan Flores, Genaro Estrada,
Manuel Toussaint, Alberto Garduñ'.o, José D. Frías, Alberto Cafias, ~esús B. González, Tizoc Tovar y Enrique González
Martínez, jr. Después de visitar algunos
monumentos del arte colonial y de! indígena1 los excursionistas fueron a comer
al paraje de Xochimilco Ion.

Hermano y Dorotea
de Goethe.
Prólogo de JULIO TORRI.
SITIOS DE MEXICO
Viene de la página 8

Como homenaje debido a su grandeza, es el primero que recibe lósrayos del soi cuando éste se levanta y es el último en verlo cuando se
pierde tras de los cerros que se alzan junto al ·Nazas. Luego se envuelve entre las sombras y mudo y
majestuoso espera el nuevo día indiferente en su fuerza y en su orgullo a todas nuestras peqúeñas miserias y agitaciones.
A veces, a su falda, cuando ya el
sol se apaga, brillan las luces de las
hogueras que encienden los pastores, y entonces, de cuando en cuando, turban el sueño de aquella sierra los agudos ladridos de los perros que ahuyentan del rebaño a
algún coyote desvelado y rapaz.
Un momento de ruido y luego, nada, como si la naturaleza silenciosa
descansase también entre las som-.
bras.
Vuelve el día; vuelve el sol a dorar los riscos de la cumbre y entonces alza el vuelo perezoso el águila
que anida entre las peñas, mientras
allá, bien abajo, pequeñas columnas de humo señalan el despertar
de los poblados.
Y asi pasa su vida aquel coloso
de granito blanco; extraño y gigantesco sigue alzando su frente lormi··' dable para mirar a muchas leguas
en contorno. Indiferente al tiempo
y a los hombres mira pasarlos añeis
y los siglos y sigue recibiendo_ el
vasallaje que a sus plantas le rmden aquellas pobres tierras que no
tienen ni su fuerza ni su altura1y que
en un tiempo fueran la heredad de
los nobles señores de Valdivielzo Y
cabeza y asiento del condado de
San Pedro del Alamo.
15

l

�DEPORTES

Sección de Ajedrez
A cargo de E. González Martinez jr.
e;;

PROBLEMA NUMERO 12
Por ALFRED DE MUSSET
BLANCAS: C5R, C40R, R80R, T1TR,
(•l -piezas).
NEGRAS: CICD, RlR (2piezas).
Las bla.nca.s juega.o y da.o mate ea 3 j11ga.das.

PARTIDA NUMERO 17
Jugada. en Santa. Flena, (1820).

GAMBITO ESCOCES
NEGRAS

BLANCAS

General X

Na.poleón I
l. P4R
2. C3A R
3. P4D

4.
"ANAHtrA0"-"A. B. O."
El domingo pasado fué el equipo de
foot-ba.ll &lt;A. B. C.&gt;· a. jugar con el
.«Anáhuac», de Pachuca., campeones de la.
liga. local. Se había. preparado una fiesta
· deportiva a beneficio de las víctimas de
El Ralvador. Desgraciada.mente, este festival no pudo llevarse a. cabo y el club
«Anáhuac» decidió jugar con el «A. B. C.•
ese mismo día. a. l¡i.s 2.30 de la. tarde. La.
línea del «A. B. C.• la. formaban los siguientes jugadores: Alfredo Lópezf en el
goal; Anselmo Za.va.la y Flores García.,
de full- backs· Lona; Cuellar y Niéto de
medios; Terréil, Huerta, Vázquez, Martí,nez y Hugo Enríquez de delanteros. ·
La tarde se presentó lluviosa. y el aire,
que 0$ famoso en Pa.chuca, estuvo so plan. do durante toli&lt;:&gt; el juego. Hubo momentos,
como al terminar la primera. mitad, que
la. lluvia caía. a torrentes sobre los, juga. dores. En el primer tiempo el juego estuvo interesante, distinguiéndose st,bretna. nera. el portero del «A. B. C.n, Alfredo
López, que paró magistralmente más de
.quince «shotsn fulminantes de los pachu'.quefl.os que se habían reforza.do con juga•
-dores Ingleses y Españoles, que no forman la. línea del «Anáhuac». Este club
~ostuvo utt encuentro el 10 de Junio con
.- .,el «Mil~tariza.ció01, que se había reforza-

do con Abiga\j Quiroz 1 An&lt;lrade, García.
de León y Enríquez, y resultó derrotado
2 a O. El «A. B. C.1 sólo llevaba. un juga.dor de primera fuerza y tuvo que enfrentarse con el 1Anáhuac1, reforza.do con
siete jugadores de primera., entre ellos
Freed Croa!, centro l!ledio del Pa.chuca,
y uno de los mejores jugadores del país.
Al terminar el primer tiempo el score estaba. O a O.
En el cambio de terreno el aire fué contrario al «A. B. C.•· Durante la. mitad de
este tiempo, la defensa del «A. B. C.• fué
brillante. Desgraciadamente, Anselmo Za.va.la introdujo el desórden cambiando de
lugar e interviniendo con todos los jugadores, hasta el grado de desmora.liza.r al
tea.m por com~~- ,En menos de quince
minu~s el &lt;Anáhuae&gt; M a.notó 5 goals,
entre el mayor desorden y confusión.
"A. B. C."-6~'DEL "ESPAÑ"A"
El próximo domingo jugarán los equipos &lt;A. B. C.&gt; y 611&gt; del &lt;España&gt; en terrenos de e!ite último. El &lt;A. B. C.&gt;, que
se ha. retirado de la liga. de segunda
fuerza que se disputa. la. copa. •Junior»,
jugará con otros equipos de su fuerza. en
distintas partes .del país. Es muy proba.ble qne dentro de una.s semanas haga. un
vía.je a.-Vera.eruz. Ya bendremos a nuestros lectores al tanto.
' l

G

.

')

l. P4R
2. C3AD
3., CXP
•· PXC
5. A4AD
6. D2R
7. D4R
8. PXP+d.
9. P XP
10. RlD
11. P XT (D)
12. a2R (1) ·
13. P4TD(Z)
14. AXT
15. A2R
16. RXA
17. RlD

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5.
6.
7.
8.
9.
10.

A4AD
P3AD
0-0
P4AR!
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11. P X D
12. a.Xc
13. D3CD!
14. T8AR+!!
15. a5cR-,...
16. AX A+
17. D7AR +
18. D8AR mate,

NOTAS
(1) Inútil, 12. .'; TXa o 12-DX PR eran l&amp;I 6111. .
Jugada&amp; buen&amp;S.
f2) Aquf todavía era mejor DX PR.

PARTIDA NUMERO 18
Jugada. eu el Café de la Regencia.

GINOCO Pl-ANO
,Jt[GRAS
BLANCAS
J. J . Rousseau
l. P4R
2: C3AR
3. A4A
4. P3AD
5. o--0
6. P4D
7. i,5cR
8; A4TR
9. CX PC! \1)
10. D5TR+
11. a.X P
12. P4AR
13. P5AR!
14. RlT
15. a.XC!!
16. P6AR!
17. A6TR+
18. AX D+
19. DSR mate.

X
l. P4R

03AD
A4AD
D2R
P3D
A3cD
7. P3AR
8. P4CR
!l. P XCJ"
JO RIA
11. D2cR(2J
12. P XPD
13. P XP + d
14. PXP '
15. PXT (D)
;16. DXAR
17. D2CR
18. RlC
2.
3.
4.
5.
6.

•

1

NOTAS
Dds Peones y una buena pet'spectlra de ali·
que, bleD valen la pieza .
(2) SI ll- C3AR; 12 D6TR + g1mando el cab&amp;Jlo.
(1)

•

E l superhombre submarino. (DE LIFE).

HOMBRE PREVENIDO VALE POR DOS
Va que la Estación de Lluvias se aproxima,
compre con tiempo un BUEN PARAGUAS.

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NUM . 18.
JULI013DE1917

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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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              <text>Julio</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Pegaso, Revista Ilustrada, 1917, Tomo 1, No 17, Julio 6</text>
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                <text>González Martínez, Enrique, 1871-1952, Fundador</text>
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                <text>López Velarde, Ramón, 1888-1921, Fundador</text>
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                <text>Rebolledo, Efrén, 1877-1929, Fundador</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>Urueta, Jesús 1868-1920, Redacción</text>
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                <text>05/07/1917</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>p

E
G
A

s

o

El inventor Marconi
en traje de Subteniente de Ingenieros de la
Armada Italiana.

Una de las alegrías de la vida
es poder vestir bien. En nues·
tra casa hay todo lo necesario
para vestir como lo manda la
moda.
• • • • • •

La Ciudad
de Londres
'La Casa de la Moda"

REVISTA ILUSTRADA
NUM

1 6.

PRECIO: 30 CTS.

JUNIO 2B DE 191 7

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DIRECTOR: JESUS B. GONZALEZ.

GERENTE: JOSE BALLESCA.

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Ramón López Velarde.
Enrique G. Martínez.
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Antonio Caso.
Jesús Villalpando.
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Efrén Rebolledo.
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Julio Torri.
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Alfonso Cravioto.
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Esteban Flqres.

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Juan B. Iguíniz.
Manuel Ituarte.
Carlos Lazo.
J. López Portillo y Rojas.
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Pablo Martínez del Río (Madrid).
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José de J. Núñez y Domínguez.
Eduardo Pallares.
Emilio Pardo Aspe.
Manuel de la Parra.
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Manuel Puga y Acal.
Alejandro Quijano.
Joaquín Ramírez Cabañas.
Adrián Recinos.
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Manuel G. Revilla.
Alfonso Reyes (Madrid) .
Manuel Romero de Terreros.
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Samuel Ruiz Cabañas.
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José Juan Tablada.
Alfonso Teja Zabre.
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Atanasio G. Saravia.

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Carlos Neve.
Antonio Gómez.
José Tovar.
Francisco de la Torre.
Alfonso Garduño.

Germán Gedovius.
Roberto Montenegro.
Angel Zárraga.
FC&gt;TC&gt;G-R..A.FC&gt;S: Antonio Garduño.-Gustavo F. Silva.-Alfonso Sosa.

P'RiCIOS DE SUBSCRIPCION:

En los Estados, lo' números ....... .. .. $ 3.50
En la Capital, 1:0 números. .. . . . . . . . . . 3.00

En el Extranjero, l0números ........ .. $ 5.00
Números sueltos............. . . . . . . . . . 0.30

OFICINAS: Avenida 5 de Mayo, 32.-ldlflclo de la Bancaria.-Dcpartamcnto, 122.-Apartado P'oatal, 1408.

La correspondencia de~e ser dirigida a la Gerencia.

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Registrado como articulo de segunda clase el día.17 de marzo de 1917

TOMO I
11

MEXICO, D. F., 29 DE JUNIO DE 1917

l

...

NUM. 16

0vmea.
POESIA Y ESTETICA

Socs. de G. y O. Branifl y Cia.
3a. de la Palma 34.
Ap. 303.

POR RAMÓN LÓPEZ VELARDE

LA FELICIDAD EN EL
HOGAR ES COMPLETA,
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Domingo 1 ° de Julio
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Noche 9.

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de los

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MODA A LAS 7.

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En las tres funciones, bailes

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ABONOS

POR

Antonia Mercé ''la Ar~entina"

Angel M. Diez
5 de Mayo 32.
MEXICO.

Para la semana próxima suntuoso benJflcio de

''La Argentina''

No sin gozo, registro aquí el florecimiento cordial y
mental a que asistimos. Los picos alfareros de las g¡o- mento, por su vida, el tipo, del literato. Prepara variás
Iondrinas, han trabajado. El barro de los nidos se ha obras y editará próximamente, quizá en tierra yankee,
puesto a cantar por el sur y por el norte, por levante y El Bestiario Piadoso (verso y prosa), un Breviario Erótico (prosa), y un volumen de versos, con asuntos de
por occidente. Escultores de quince años, poetas que Nueva
York.
aún no pican el Arbol de la Vida, pintores catecúmenos
El dia de 1914en queJesús Villalpando me.llevó a Comúsicos Gonzagas ...... todo un bando innúmero que ocu'.
yoacán
a casa de Tablada el poeta nos retuvo, indefinipa líneas limítrofes del arte y de la virginidad. Esta plaudamente
y nos atendió en su mesa como un gentilhomsible abundancia depingüinos-,,ntre los cualesapunbre.
Nos
leyó,
entre el humo de sus pebeteros orientales,
t.an ya cuantiosas promesas-significa, posiblemente,
el
prólogo
y
un
capítulo de su Iroshigué. Nos recitó en
una represalia del espíritu contra la mat,eria. Los misu
jardín,
en
presencia
de los sapos y las otras bestias
llares de aspirantes a la lira vincúlanse, por ley recónpredilectas,
los
poemas
en que los alaba. Nos hizo sendita, con la liquidación de los Bancos.
tarnos
en
el
umbral
de
su
pagoda. Nos mostró las repeYo debo confesar que estaba prevenido contra los
tidas
cartas
autógrafas
de
Lugones, un retrato de !aes.
jóvenes halcones, como los llama Rafael López. Pero
posa
del
Gigante,-con
dedicatoria
para la esposa de Ta.
también he de decir aquí que me han desarmado, conblada,
y
cartas
de
la
señora
de
Lugones.
Pinturas, ídovenciéndome de su aptitud apolínea. Es verdad que sigo
arcones
del
virreinato
......
un bello día.
los,
rosas
votivas,
incrédulo de no pocos mancebos, sin ponderación y sin
Con
una
nube:
un
criado
japonés
avisó
en
japonés la
enmienda; mas en último análisis, me he vuelto partimuerte
de
un·
o
s
pájaros
japoneses,
por
brusquedad
del
dario de esa hábil adolescencia en que militan, entre
.
clima
del
Valle.
Aquel
dolor
antípoda
no
dejó
de ensomotros muchos, José Antonio Muñoz, Martín Gómez Palacio y Carlos Pellicer Cámara. En su compacta legión brecernos. Perofué momentáneo. Tabladaasegurasiempre el bienestar de sus huéspedes con fetiches insólitos
vibra y sobra el ímpetu y ondean las esperanzas ilesas. y preciosos.
Alégrome de poder declarármeles adicto.
La producción del autor del divulgado Onix vaen deY porqu&amp; su vocación es elegante, hoy he querido
rechura
a la estética. Sus disciplinas estéticas son ineluatraer sus ojos sobre una figura en ·que se encierra una
dibles, enérgicas, crueles, inhumanas. Por eso la alcurde las n\áa severas aristocracias de nuestra poesía: José
nia de Tablada es una alcurnia esotérica, de horca y cuJuan Tablada.
chillo. Sus palabras, en verso o en prosa, aguijonean a.
De paso en ésta, ha accedido a obsequiarnos prosas los lectores del leudo, entorpecidos en los mesteres de
y versos, de su cosecha inédita. Si nosenvanecemos con
clerecía y de jug-laría. Clérigos y juglares han rimado,
t.ales dádivas, que serán el deleite del públicodePegaso, y es bien que sigan rimando, para que no falte un pronuestra vanidad se empareja con nuestra gratitud. No picio consonante en la aspereza a'e los caminos, ni en la
sonría, José Juan.
·
puerta de las pmmdas, ni en el altar. Pero que no troveTablada es para mí, por su cultura, por su tempera- el señor Ingenieros, porque ...... no hay para qué.

�EfuwilcZ~ ~~
EL PRIMER BESO
POR FRANCISCO VERDUGO FÁLQUEZ
(DE MCS MEMORIAS)

Poco tiempo hacía que había llegado
de la provincia.
.
Concluídps los estudios preparato_r10_s,
mi' fa mili a se había impuesto el sa~r~fic10
de mi separación, para que yo hiciera,
en la capital, la carrera de leye~, y, . al
f Cto por los días de esta historia, c~r. e e,
·
·
dncia ,
sa. b a y a 1 en la Escuel&amp;. de • Jur1spru e
mi primer año de Derecho.
.
En la hora en que mis estud10s m~ ~ejaban libre, un viejo abogado, antiguo
.
de mi casa 1 me ocupaba en su desamigo
•
d
darme
acho más con el propósito e ayu
!u la ~ida de estrecheces a que la pobrei
za de mis padres me reducía, que ?ºº e
profes10nal,
fin d e serv1·rse de mi práctica
_
. •
.
a
tenía
en
la
carrera
que t'l'
llll•
.que mngun
. ba ni con el objeto siquiera de u J 1-01a
'. hab"tlidades mecanográficas, de
zar m1s
que carecía eo absoluto.
.
Para mí aquella protección del P~?l·
niano contérraneo era doblemente va{º· ,
sa· primero, ya lo.tengo dicho, por b os
~ursos de dinero que, si no co~ a unrde . sí con poco esfuerzo de m1 parte,
anc1a,
.
b . después, por que en
me proporc10na a, Y
•
l
ledad de la capital, en donde m1 caa so
tanto misantrópico, pocas rerácter, un
a uella protección
lacio~es me ?apta::~ 0 0 de calorcito del
como que t:ai:e~:ogar lejanQ por el que
hogar, de q
te padecía agudas nos•
tan frecuentemen

J

talgias.
ésto solo la generosiNo se d~tuvo ent
En la azotea de su
d d mi protec or.
. d
da
e ,
e ueña pieza1 humtl e
casa hab1a una p
para guardar viebuhardilla que ser_v a ellos desperdicios
. t as tos todos aq u
]OS r
'
la calle en la esperanza
que no se bot~n a
fácil repat•ación;
de utilizarlos con _u~a .
hábiles roa•
ando limpiar, Y
.
esa pieza se m
a mi habitación.
nos la arreglaron par ho lo que yo neN e ·a ciertamente mue
d
º. 'b a, Y allí quedé instalado cómo a•
ces1ta

1

;r

ro:~!\ida se deslizaba entonce~, así
'lada en una tranquila plamdez1 s o
carr1
,
.
en tiempo, por
0
interrumpida, de tlelm p d mi madre ! le'
]as amores a ~ epísto as e · · · hasta
·os desc!.e su prrnc1p1 0
nas de conse)
e ehlocionaue de tal manera m
su fin, Y q ,
.
a su recibo, una
ban, qne µomanstempre~is días si bien
t de ·~m&amp;rgu1·a en
'
:no a . '
gura venía envuelta en
-esta misma amar
más que
dulce kisteza, en forma ~ue,
una aque 1 ~~entimiento. parecía una sua_
µena,
ex uisita satisfacción.
.
-veEn
Y _qen la Escuela,
Ja mañana, las clases
,
, i·i~, que yo decrn,1
por la tard-~, mi. prac
J l despacho del letrado, cerraban e
e~ ~o de miquelrncerdiario. En la noche,
.c1c
muy temprano, a casa, pues mi protector.
abril' sus puertas a des
tenía pro h l"b"do
l
horas para nadie.
4

Así era mi vida cuando vinieron los
acontecimientos que en seguida paso a relatar.

•••

~n el grupo de empleados del despacho
del abogado hubo, por e~te tiempo, una
vacante y fué recomendada, segun supe,
para ll~narla, una hábil mecanógrafa,
que un buen día apareció ya instalada en
su puesto.
María X, así se llamaba la nueva empleada, no tenía precisamente las proporciones de una belleza; tampoco era precisamente una fealdad; su tipo cabía, más bien en el molde de ese ejemplar de mucha:has a.graciadas y simpáticás, de que
tantas muestras tenemos en nuestras clases medias.
Puedo hacer su retrato, porque, no obstante los años tr~scurridos, lo te~go muy
. en la memoria,
• . esbelta
preciso
· , sm aleanzar la estatura alta; ligeramente morena y
empalidecida; la cabelle·:a fina y l~vemente ondulada; los ojos obscuro~ y humedos,
no muy grandes, mas sugest1vame~te expresivos; un tanto alargada la nariz: formando, sin emnargo, agradable conJunto
con la boca, de labios delgados Y nnviosos; y como marco, encerrándolo tr:do un rostro oval, subrayado por fil
me,ntón fino y s_u avemente hoyuela.do. Sn
cuerpo no alcanzaba todavía el com~leto desarrollo, denunciando esa edad im. a en que empiezan a perderse las
prec1s 'd e la niña , pero sin adquirtrse
formas
aún las de la mujer • .
No hay ni que decir que la entrada_ de
tal criatura al servicio del_despacho vmo
por traer un cierto desorden. entre los
í
jóvenes escribientes, puesto quelaparec ~'
élla una conquista nueva, en a
con aqu
,
o tra. . monotonía de exped10ntes y c n
v1eJa
t nta y
la muchacha no era o
,
tos. P ero
· · ·
con
o
de
otro
su
]UlCIOSa
do
de un mo
'
l
· .
ducta no tardó en poner raya a os imberbes Tenorios que, presuntuos~mente,
habíanla tomado, de buenas a primeras,
como una fácil doña Inés. .
Yo no figuré entre los desa1rad~s, _sen·n mente porque mi timidez provrnciana
c1
a permt.,.,ó figurar tampoco entre .los
no me
•
retendientes. C?mo un_ ~m ig~
3
,wdace p té y aunqne al princ1pt0 fui
sí me presen •
t la
"b"do
con ciertas reservas, pron o
1
rec1
h'
la
amis·
seriedad de mi conducta IZO qne .
tad que d ase h e cha , sincera y cordial.
. • • r
Todas las tardes, antes d~ prmc1p1,a
.
mis trabaJos,
si. trabajo podia llamatse
te í
hacía en el despacho, sos n a
lo que yo
· d
ecanóamable palique con la agracia a m
f
. fa y fué así como supe que, huér agr
J
desde su más temprana edad1.
naade . paure
veíase precisada a trabajar para ganat
su vida y la de su madre, una señora va-

letudinaria, que no podía ni siquiera dejar el lecho donde yacía, de ya largos
años.
En la atmósfera enemiga que las desai radas pretensiones donjuanescas habíanle formado a la joven, mi obsequiosa y
desinteresada amabilidad debió parecerle
a ella singularmente estimable; y éste fué
el camino por donde la_amistad_ fué a.van.
a ndo hasta convertirse, insensiblemente,
z
'
.
~
en una corriente de verdadera s1mpalll.a.
-Señor Licenciado,-díjome cierta vez
la muchacha, con ese tratamien~. qu.e
siempre me daba, no embargan.te mi. ms1piencia profesional;-seí'Ior hcenc1ado,
¿porqué no vino usted ayer? Créa~eque
lo extraíÍé.
y aquellas breVes palabras, de por sí
tan sencillas, fueron dichas en un tt:&gt;no
que me hizo profunda impresión, ~ hirió
yo no sé qué sensibles fibras de m1 sano
corazón de veinte años.
.
En otra ocasión, a la hora de salir del
trabajo, la joven se me acercó, y dándo•
me la prueba de una gran confianza, díjome suplicatoriamente:
..
-Oiga.me, señor licenciado; qu1s1era
pedirle un favor, que sólo vd. podría hacet·me.-Y me explicó: que todas lastardes a la hora de regreso para su casa,
un 'hombre la perseguía por todo~~º.ª·
mino habiéndose avanzado hasta d1r1gtr·
le audazmente la palabra; causándole a
ella este acto tal temor, que se había
puesto a temblar toda entera, no alcanzándole las fuerzas para rechazar al
atrevido, y me pedía que, para su protección la acompañase a su casa, sólo
por al~unas tardes, por mientras desa~arecía aquel peligro que tan intranqmla
la traía.
• n
-Yo a nadie pediría ésto, señor llce ·
ciado, pero vd. es tan bueno. c?nllligo . . ..
y me miraba con ojos anttc1padamente
agradecidos.
. .
Desde aquella tarde, todas las s1gmen·
tes, fuí su caballero: del despa~ho a su
casa, Y lo significativo fué, que desap&amp;recido el galán que aquella compai'Iía
motivaba, ni uno ni l)tt'o nos acordamos
EL MIEDO DEL MALa ·

de comunicárnoslo, continuando, como
siempre, el para mí agradable servicio.
Salíamos de la oficina al oscurecer, y
a pie, por(lue desde el primer día ella se
negó a aceptar de mi parte cualquier gasto, emprendíamos juntos el camino, recorriendo aceras y cortando calles, tomándola yo frecuentemente del brazo para librarla de coches y tranvías, y cogiéndole con cualquier pretexto, o sin
pretexto alguno, la mano, que ella me
abandonaba sin reparos, y todo sin que
uno ni otro trabáramos de ahondar en la
imprecisión de nuestro mútuo afecto.
Un incidenre vino un día, sin embargo,
a, dar el impulso que se necesitaba.
Ibamos por una de las aceras que invariablemente seguíamos en nuestro camino
diario, y avanzábamos distraídamente a
la calle, cuando un automóvil pasó, disparado, cerca de nosotros y a punto de
arrollarnos. Grande fué el susto de la
pareja y expresivos los comentarios.
-¡Qué barbaridad! ¡que la hubiera gol•
pea.do! expresé yo.
-Y a vd. que iba a lado de donde el
coche venía, agregó ella.
-De mí no importa; qué hubiera yo hecho si hubiera caído vd !
-No, no le hacía tanto de mí: poco se
•perdía; pero de vd. sí; ¡qué hubiera yo
hecho!
Al fin convinimos en que el peligro había sido para ambos, y que1 a) haber
acaecido una desgracia, lo mejor hubiera
sido que la hubiéramos sufrido los dos.
Todo aque1lo tuvo. el carácter de una revelación, de algo para nosotros inconfesado, que inconfesado continuó todavía,
pero que cada uno de nosotros llegó a
sentir como secreto intimo, guardado en
el fondo de nuestros pechos.
Un día ese secreto ·debía mostrarse _a la
luz y no trascurrió para ello mucho
tiempo.

•
••

Era una hermosa tarde aquella, luminosa. y tibia, ~orno tarde de abril.
Como lo teníamos por costumbre, salimos juntos del despacho María y yo, en
.... Y EL REMEDIO

LoR viajeros inquietos:

·
- ¿Qué pasa patron,
se trata de un
submarino?
a en
- No. Es que estoy vie~do la hor
el campanario ele la. iglesia.

La caza a los piratQ.s yista por un hullloriata.
1711 allcionado &amp;l la.zo a bordo de cada
hidroplano y eloa■tigo caerá del cielo...

dirección de.la casa de la muchacha, y
como de costumbre también, hicimos a
pie y pausadamente el trayecto.
Cuando frente a la casa llegamos casi
había anochecido, y un hermoso cuarto
de luna brillaba,· como un joyel, sobre el
purísimo cielo estrellado. La calle aquélla, alejada del centro, era poco concurrida y no bien alumbrada: y ya desde
tempranas horas mantenía.se silenciosa.
¿Fué entonces la soledad? ¿fué aquel silencio? ¿fué el misterio de la semioscuridad que se nos imponía? ¿o fué aquel
ambiente de poesía que nos rodeaba, envolviéndolo todo en el velo blanco de la
luz de la luna, bajo el palio estrellado
del cielo? No podría decirlo; lo cierto fué
que nuestra gárrula conversación de todos los días, en aquella vez decayó¡ que
hubo un momento en que no hallamos qué
decirnos con palabras, mientras nuestras
miradas se lo decían todo; e instintiva.mente, sin pensarlo un insante, repentinamente embriagados por emoción extra~
ña 1 con impulso irresistible nuestro bocas se b~scarony nuestros labios se unieron en un beso .. . .. .
¡Oh, eso no está bien! dijo ella, la primera, volviendo a la realidad. Y despidiéndose brevemente, entróse corriendo,
en su casa.

**•
Yo quedé como anonadado. Había sido
tan rápido, que apenas si podía darme
cuenta de ello. Hasta me parecía estar
.soflando.
Pero no tardó en venir la reacción, y
sentí una ola de algo ardiente que llenaba
mi pecho y encendía mi rostro. Un pen-

sS.miento me trastornó todo entero: ¡era
amado!
De un salto me lancé del lugar en donde había permanecido como enclavado
Y ~mprendí casi a la carrera, el camino ~
m1 casa. Me sentía tan ligero que pare•
cía que podía volar; una fácil agilidad
movía todos mis miembros. Y mientras
caminaba, me puse &amp;- cantar, por lo bajo,
una alegre canción en boga.
Pronto estuve a Ia puerta de mi casa.
Llamé impacientemente dos o tres veces
Y al ver al portero que, mal búmorado m~
franqueaba el paso, con esplendidez jamás antes usada, puse en sus manos un
duro, y yo sin darle tiempo para reponerse, empecé a subir, saltando dos o tres
e~calones a la vez, la escalera que llevaba a mi buhardilla.
Nunc.,a. me había parecido tan alegre
aquella pequei"ía habitación. Al entrar,
sentí como que la veía por la primera vez.
Sin hacer la luz, abrí la ventana de par
en par y me recosté en su antepecho. ¡Qué
hermosa estaba la noche! ¡ El cielo limpísimo, atravesado de parte a parte por la.
faja nebulosa de la vía láctea, y el cuarto
de luna, ya empalidecido, sobre el horizonte iluminado.
Me sentía sumergido en un piélago de
dicha; ¡ella me amaba!
La inmovilidad me cansó luego. Encendí la luz, me senté a mi estudio y abrí un
libro. Empecé a leer las primeras líneas ...
¡ella me amaba! Imposible pensar eu otra.
cosa que en ésto y cerré de golpe el libro.
Una excitación nerviosa me invadió:
sentí la necesidad de hacer algo con mis
Pasa a la página 14

EPILOGOS DE ACTUALIDAD
LA DANZA Y LA MUSICA

Siguiendo la, Íllnumerable armonía de la prodigiosa artista de la
danza que nos hechiza hoy, o el milagro alado del genio de Mozart,
ocúrrese al espfritu relacioúar ambos espectáculos con toda.. su vida.
La Danza, en su síntesis de arte
plástico y rítmico, sugiere se1·enidad al cerebm to1-turado por las
ideBB desgarradoras del tiempo;
¿podria imponerla quizás? La mú_sica implica un momentáneo olvido del exterior, acaso bueno, acaso
maligno, para descorr_er _an~e la
imagi11aeió11 absorta 1nd1ii111bles
perspectivas. A los acordes de LA
FLAUTAENCANTADA,¿quién osa
pmnu11ciar la palabra crimen? El
único signo pos1t1vo de hiena venturanza que tienen los habitantes
del cielo, consiste en que siempre
están escuchando bu e 11 a música.
Los ángeles revelados, en el gran
símbolo que encierra todo el Up~verso, llevan su a.mor por la, mus1.
ca como.un resto de alas que se aferra,fa.:"a su dorso:
- Vamos a ver a Nectario, Nectario tiene secretos para curar de la
tristeza y de la fatiga.
Y sus secretos se I"educía.,11 a 11110:
la Música.
"El viejo apmximó a sus labios la

flauta de madera, tan I"uda quepa.
recía haber sido hecha por el jardi.
nero mismo y preludió con a.Jgunas
frases extrañas. Después desaI"rolló
ricas melodías sobre las que brilla.
han las modulaciones, como sobre
la felpa los diamantes y perlas."

*••
La Danzá y la Música deben,
pues, figurar en la base de nuestra
educación. La agilidad del movi.
miento se trasmitirá al espíritu,
mientras los ojos comprenden la linea y los oídos el ritmo. Fuera · de
id0aciones éticas, el sentido de equilibrio y de armonía se robustecerá en nosotros. Artísticamente,
la ventaja que obtenga quien sepa
estimar estos teso1·0s, será inmen.
sa sobre el que, ciego, quede insensible ante ellos. Ademá.s, no olvidemos elnoble pensamiento de Wa/ter
Pater: l'odoArteaspira constantemente hacia la condición de la Música.
Y quizás lleguemos al prodigio
de que, como en un nuevo n1ito
de Orfeo, se adormezcan dentro
de nosotros, al són inimitable del ca.
ramillo, todas nuestras malas pasiones.
5

�POETAS HISPANO AMERICANOS

ji

GABRIELA MISTRAL
Fleles a nuestro atán de ditundlr el conocimiento de los poetas que florecen en Hispano
América, reproducimos hoy tres magolfl.aos poema.a de Gabriel&amp; Mistral. Las rlmas audaoes y
escabrosas, junto a una sumisión suavemente temenina, producen un erecto asombroso. Esta alta
poetisa chilena era, hasta hoy, desconocida en
México.

LAS MANOS COBARDES
Manos leves como el celaje
e inútiles como las landas
sobre cuyos dorsos sin musgos
los corderos no se solazan¡
decidme, pobrecilla.s trémulas.
qué hicisteis por aquel que a.mabáis.
Manos que el mundo llama puras,
sois peores que las que matan
los lindos infanticos rubios,
a media noche, en la mont&amp;t'ia.
Si no, contad a vuestro Padre
lo que hicisteis por el que a.maba.is.
Manos que en vuestras cuencas rosas
entibáis pa.lomita.s blancas
y sois madrinas de los lirios,
abajo, en la tierra moja.da;
Cristo va a haceros dos menuda.si
largas víboras encarnadas.
¡Oh, labradora que por tu hijo
y por ese que te besara
sobre la. dura. boca. virgen
matarás lobos 1 hombres, águilas!
alárgame tus manos puras
en cambio de estas condena.das,
¡ o las, desprendo de mi cuerpo
como el árbol suelta sus bayas!

MI CORAZÓN
I
SOBRE EL PICACHO

Sobre el picacho erecto veinte buitres
deben tener el nido vertical,
.
.
porque en las tardes con sus gritos quiebran,
como un remanso, el aire de cristal. _
y tal locura préndeles la sangre
que cuando en púrpm·a se muere el sol,
tienden los picos y las garras tensos,
como si fuera entraña., al arrebol.
y tal placer da el rojo a la pupila
que con la res suben al pedernal 1
porque más arda. el sol en 1as e~t,rañas,
por ver la garra vuelta manantla.l • • •
Les tenderé mi coL·azón desnudo,
sobre e: pica.cho, como un recenta.e. - •

TiE
A LA DISCIPULA

Aquel seilor que es dueño de mis días
y cuyas hablas óyense de hinojos,
a mí te entrega porque t,e apa.cieute
muchos vera.nos bajo de sus ojos.
Toda me lleno de tri bulacione~
y en vez de ruego sólo ftuye el llanto;
todo mi pecho quema la vergüenza:
¡ni a.un en la muerte he de angustiarme tanto~
Mis pobres brazos la Verdad busca.ron,
como a su madre, con ardor violento.
Aun no la gozo faz a. faz temblando;
sólo el a.roma. le bebí en el viento.
Por tanto, soy ian pobre como un huérfano
y la sed suele hacérseme alarido,
Yen todo sol y en todo viento llevo
el corazón confuso y arrecido.
Yo rodé más que los torrentes blancos
que se despeña.o como enloquecidos
y ya en el llano, al recoger mis carnes1
no eran más que un• cuenco de:gemidos.
Y si en las all::as por el valle paso
buscando niños de los leñadores,
basta. que en corro gorjeador y vivo
en pos de reí trascienden los alcores,
no es que yo sienta mi bordón divino
ni es que yo sepa a.gavillar candores,
es que ellos van por quiebras y senderos
llenando el viento. de su olor de flores,
y es oh, Dios mio! que amo la. fatiga
dulce que déjanme en el pecho amante,
¡y aun por las noches se me duerme alzada
la mano sobre un invisible infante!
Mas, mi Seilor me rige los tormentos ,
me alza y me rompe el brillo de sus hoces1
y be aquí mi amor, que es una mesa. pobre.
Él me lo arome porque tú lo goces;
Él me renueve como sus fontanas;
me colme como río en prima.vera.;
Él sople encima. de mi pecho trémulo
su hálito inmenso hinchado en las praderas.
Por las monta.ñas y la playa iremos.
Sus ojos hondos con la. luz te sigan;
y no he de hablarte de ellos; las ca.mp1:í.nula.s
azules es mejor que te lo diga.o:
ni he de allegal'te en mis palabras todo
su vel'bO al labio, tal como t:na poma,
lo verás en la temblorosa flecha
con que se aleja un vuelo de palomas.

II
SOBRE EL TORRENTE

Sobre unos riscos 'el torrente quiebra
la crencha. viva en frenesí hervidor,
y mella el risco como cera nueva.,
y avienta troncos cual si fuesen flo_r.
Porque ¡0 rompa entre su trueno vivo,
mi corazón eché sobre el hervor.

•Oh no me mires con los ojos húmedos,
t
1
·11
que yo no soy más que una pobrec1 a.
que al esperar los trigos de febrero,
de rubor llena, espiga de rodillas.

y que delante de las a.guas cándidas
en donde está.o los cielos palpitando,
porque miró las fuentes de su pecho,
los segadores suelen ver llo!"a.ndo.

.: ..
D E LA

1' •

ORTODOXIA

'

DE CHESTERTON

TRADUCCIÓN DE ALFONSO REYES.

A menudo he sofiado en escribir la. hissoria. de un piloto inglés que, habiendo
calculado mal su derrotero, descubrió
nada menos que la. antigua Inglaterra,
bajo la impresión de que era. una ignorada isla. del mar del Sur. Sin embargo,
siempre me sucede que, o tengo demasiadas ocupaciones o demasiada.pereza. para
emprenderla con mi dichoso cuento, y al
tia me he resuelto a deshacerme de él, utilizándolo a guisa. de ilustración para una
doctrina filosófica. Todos pensarán seguramente que el hombre que, armado hasta los dientes y hablando a seilas, desemb&amp;reó para. plantar la bandera inglesa en
aquel templo bárbaro que luego resultó
ser el propio pabellón de Brighton, ca.si
enloquecería. después de despecho. Y no
me empeiiaré aquí en negaros que mi personaje tenga. todo el aire de un loco. Pero si imagináis que el sentimiento de la
locura pudo ser su emoción dominante,
no habéis a.divina.do la. rica. naturaleza
romántica. del héroe de mi ejemplo. Su
equivocación fué, en verdad, la más envidia.ble de las equivocaciones posibles¡
y mi hombre, si era. como yo lo supongo,
no dejaría de reconocerlo así. Porque,
¿puede haber na.da. más delicioso quepasar, en unos cuantos minutos por todos
los grados de la. escala. patética, desde
las fascinaciones y terrores de arrojarse
a lo desconocid(1 hasta la. huma.nísima
&amp;e~rida.d de vol ver a lo familiar y propio? ¿Qué cosa mejor que darse el gusta•
zo de descubrir el Sur de Africa. sin la.
dura necesidad de desembarcar en tan le•
ja.nas regiones? ¿Ni qué pudo ser más
glorioso que animarse al descubrimiento
de la nueva. Gales del Sur para. convencerse a. la. postre, entre lágrimas de regocijo, de que la. tierra descubierta. no era
más que la Antigua. Gales del Sur? Por
lo menos, me parece que éste es el proble•
ma principal de los filósofos, y, en cierto
modo, éste es el problema. principal de
este libro. ¿Qué pudiéramos hacer para
llegar a. sentirnos, a la vez, tan admira.dos
del mundo como a.costumbrados al mundo? ¿De qué modo esta ciudad grotesca
y monstruosa., con sus múltiples moradores de múltiples pies y sus viejas y deformes lámparas, de qué modo todo este
mundo podrá ca.usarnos las fascinaciones de la tierra. desconocida., junto con la
lranquilidad y honor de la. propia tierra?
Demostrar que una. creencia. o una filosofía son ciertas desde cualquier punto de
vista. es empresa más que exagerada.,
hasta para un libro mayor que éste; fuerza. me será limitarme a una. sola senda.
de argumentos, y hé aquí la. que me propongo recorrer: prométome establecer los
&amp;rtfculos de mi fe, cual si tratara de res•
ponder e. esta. doble necesidad del espírilu huma.no: la. necesidad de mezclar lo fa~iliar y lo desconocido; a lo cual, y no sin
razón, ha dado la. cristiandad el nombre
de cromanticismo&gt;. Porque semejante palabra. parece que llevara en si todo el
misterio y plenitud de sentidos de la venera.ble Roma. Por otra. parte, a los comienzos de toda discusión com·iene lijar
lo que ha. de quedar fuera de la disputa;
y quien la. emprende ha. de decir, antes de
lo que se propone probar, lo que no desea probar. Lo que yo no deseo probar,
aquello de que hablaré aquí como de cosa recibida y normal entre el término medio de lectores a. que me dirijo, es la. certeza de nuestra. aspiración a una. vida a.cliva e imaginativa, pintoresca y rica de
Poéticas curiosidades, y tal como siempre y a todo precio parece haberla. procurado el hombre occidental. Si ha.y
quien mantenga. que la extinción es pre-

ferible a la existencia., o la vida opaca
a. 1a variedad y a. la. ventura, a. ése no lo
cuento entre los míos, con ése no hablo.
Al que escoge la nada, la nada. le doy.
Pero estoy seguro de que, en principio al
menos, la mayoría de las gentes con quienes me he encontrado en el seno de esta.
sociedad occidental donde me ha tocado
vivir, convendrá conmigo en que necesitamos de esta existencia de romanticismo
práctico: de esta. sutil combinación entre
Jo indefinible y lo cierto. Que necesitamos, pues, considerar el mundo de tal
suerte que podamos fundir la idea del
asombro con 1~ idea del bienestar; que,
en _suma, necesit_amos ser completamente
fehces en esta tierra de las mara.villas
sin conformarnos con pasarlo mediana:
mente. Y esta. es la. principal excelencia
de_ ~i credo, que aquí me propongo describir.
_
Pero volvamos al descubrimiento de
~u~st~o piloto. Tengo mis razones para
10s1st1r, porque yo mismo soy ese homb!-"9, yo descubrí a Inglaterra.. De una vez
diré que no veo el medio de evitar que
este libro resulte egoísta. y, para confesa.~lo todo, tampoco veo porque he de
evitar que parezca confuso y torpe. A lo
menos, semejant,e defecto me salvará del
cargo que más me desespera: el de ligerereza. Na.da. hay que yo desdeile tan sinceramente como la ligera. sofistería· y
acaso sea un bien para. mí que gene~almente se me achaque defecto tan despreciable. Porque no conozco na.da. más desprecia.ble que una. mera paradoja., una.
mera. defensa ingeniosa de lo que no admite defensa.. Si fuera verdad, como dicen por ahí, que Bernard Sbaw vive de
la paradoja., a estas horas sería uno de
tantos vulgares millonarios, porque hombre de ta.o pasmosa. actividad mental pudiera. inventar un sofisma. ea.da cinco minutos. La cosa es tan fácil como mentir,
por lo mismo que consiste en mentir. Pero lo cierto es que Mr. Sha.w tropieza.
siempre con una. seria. dificultad, y es que
no puede arries,';:"ar la. menor partícula.
de mentira. mientras no está convencido
de que es verdad. Y yo también confieso
ser esclavo de la. misma. intolerable cadena.. Nunca en mi vida he lanzado una
tt

Sobre laa n ubes

i,t_fit•ma~ión ~implemente porque me pareciera divertida; aunque no necesito afia.dir que también he tenido mi hora de va.na.gloria, y que entonces ha podido parecerme que cuanto se me antojara decir resultaría. divertido, simplemente porque yo
lo había. dicho. Una cosa es narrar nuestra últim~ entreyista con una. gorgona o
con un gr1fo-cr1aturas de Ja fantasíaY otra. cosa es descubrir que el rin~
ront.e existie, para complacernos después
en el hecho indiscutible de que tal parece que no existiera. Busca. uno verdades
sí; pero sucede que, instintivamente, sólO
va. uno tras las más extra.ordinarias verdades.-Yo ofrezco este libro, con mis más
cordiales sentimientos. a. todas esas benditas gentes que detestan mis escritos
por considerarlos (y hasta donde alean~ ·
Z?, no. les fa.Ita. _razón) como pobres mixt16cac1ones de Jugla.r, y burlas monótonas e iguales.
Porque si este libro es una. burla, lo es
contra. mí mismo; que yo soy ese hombre
que, armado de todo su valor, descubrió
un día lo que ya estaba. descubierto ha.cía. siglos. Si alguna. sonrisa parece flotar sobre estas páginas, es una sonrisa a
expensas mías; porque este libro es la explicación de cómo, un buen dfa, se me figuró ser ,el primero que desembarcaba en
Brig~ton. Pero la verdad es que yo era.
el último. Este libro canta. mis elefantinas aventuras en la prosecución de lo obvio . Y nadie puede reírse tanto del ca.so
como me he reído yo mismo; q,o habrá,
esta vez no habrá lector que se queje de
que he querido embobarlo; yo me soy el
loco de mi cuento, y no ha'brá revuelta
ni motín que pueda. arrancarme de mi
trono ridículo. Confieso paladinamente
todas aquellas ambiciones estúpidas de
fines del siglo XtX. Como lo suelen hacer
los chicos precoces, yo quise adelantarme a mi tiempo, como ellos; quise adelantarme, aunque fuera. unos diez minutos, hacia la. hora de la. verdad. ¡Y todo
para descubrir, a la postre, que andaba
yo atrasado en unos mil ochocientos
aiios! Y extremé la. voz con penosas exageraciones juveniles para pregonar mis
verdades. Y recibí el castigo más ingenioso, y que era el que más me convenía:
porque, aunque con mis verdades me quedo, ahora caigo en la. cuenta, no de que
sean fa.Isas verdades, sino simplemente
de 1ue no son mías. Cuando yo creía marchar solitario-¡oh contradicción cien
veces ridícula!-toda. la cristiandad me
estaba empujando por la espalda.. Posible es, y el cielo me perdone, que baya.
pretendido ser original: pero la. verdad
es que mi invento no resultó ser más que
una. mala copia de las tradiciones construída.s poi• la. religión civil iza.da. que todos conocen. El piloto de mi ejemplo creyó ser el primer descubridor de Inglat;e.
rra, y yo creí ser el primer dei;;cubridor
de Europa.. Quise ensayar alguna. herejía.
por mi cuenta y, al darle los últimos toques, me encontré con que mi herejía era
la. ortodoxia..
Puede ser que alguien se felicite de este mi dichoso fracaso. Ni faltará amigo
o enemigo a quien le interese saber cómo
fuí aprendiendo paso a. paso, en la.s verdades de aquella. leyenda errabunda, o
en las imposturas de esotra filosofía a la
moda, exacta.mente las mismas cosas que
hubiera :podido aprender en mi catecismo, si es que puedo decir que las be a.prendido. Quizás parezca entretenido 1 o quizá.
no lo parezca., el relato de cómo encontré
en un club anarquista. o en un templo babilónico lo mismo que pude haber encontrado en la. parroquia vecina de mi barrio. Si a alguien le interesa saber cómo
las flores del campo o las palabras leídas en un ómnibus, los accidentes de la.
política, o los tráfagos de la. juventud
confluyeron en mí, bajo una. ley determinada, para producir una convicción de
ortodoxia. cristiana., ése, yo confío, leerá.
con agrado estas páginas. Pero en todo
cabe la división del traba.jo: yo he escrito este libro ¿no es así?; pues bien: no
hay poder huma.no que pueda estrecharme a leerlo.
7

�DE "EL BESTIARIO PIADOSO"
DE JOSE JUAN TABLADA

LA CEBRA

Los Elefantes son santos. Comen
heno
seco y bebe~ aguaclar_a: SoporComo Juana de Ná pales, esposa
tan su cautiverio corno vie¡os Em· 'de un caballo, existió, acaso una tiperadores enclaustrados. Su enorgresa enamorada de un asno? ...
midad prehistórica, su ornmpot~n'ral se diría al ver este rnlípedo
cia
antidiluviana tienen un hábito
1ongileando que parece mestizo del
gris como el asno, rugoso como el
burro humilde y o-ris como la tiesapo.
rra y del felino de Hircania rayado
Su enorme cráneo, esconde un cede oro y de sombra como el crerebro.
donde las lunas de los siglos
púsculo.
rielan
sobre
la nieve del Himalaya
Animal exornado, tal nna fabuloy
el
Sol
de
los
milenios derrite fuesa bestia heráldica, si mi amada te
go
sobre
el
Ganges;
también duercabalgara, toda desnu~a, com?
men
allí
las
albórbolas
del pájaro
Lady Godi va, nadie veria su lum1Chakor
y
tiéndese
la
sombra
de la
no::;;a. carne en flor ...
higuera que amparó los arrobos de
Tanto así captan la mirada sorBudha. Y de la maciza sabiduría de
prendida oh bestia arlequinesca,
su cerebro, el humilde elefante no
las negr~s estrías simétricas de tu
deja pasar más que d~s go~s ~e
piel de oro!
inteligencia, por sus opllos md1sBroux Park, N. Y.
tintos apenas · perceptibles como
dos C\;entas de azabache medio enLOS ELEFANTES,
terradas en un surco ...
Los enormes Elefantes indiferenLos Elefantes son santos. Han retes mueven su cuerpo con rítmico
nunciado a la libertall, a las gregavaivén de ole¡ije y ba:l'. un vasto fl1:- · rias alegrías, a las siestas bajo las
jo de marea en las pizarras palpibaobas a los baños a la luz de la
tantes de su rugosa piel.
.
luna, e~ las ao-uas del r.runna, cuanViejos Elefantes de la Indi3:, que
do tras estria'.ente barriteo, las e~así os movéis durante horasyd1as,,.,
hiestas trompas jugaban a ernp(es acaso vuestro lento oscilar, un
nar hacia la luna ernperlados surtimovimiento de adoración, un baile
dores de cristal.
sagrado que os arroba? ..
Los Elefantes son santos. Han reDe tal modo sugiere aquella dannunciado a la cólera. Pensad en la
za, con que según el poeta Ka,b ir,
rabia posible de esos co!osos adormecidos!.. Esa montaña color de
se mueven los mundos ante la faz
tierra se cambiarla en un terremodeBrahma!

to· la trompa en catapulta, en ariete 'el broquel frontal; los colmillos
en rayos y en martillos ciclopéos,
los cuatro troncos de árbol, los
cuatro pilares de granito de las pa.
tas·poderosas.
Y más estridente que los caraca.
les de guerra y a la vez sordo como
los ruídos subterráneos precursores
del sismo y vasto corno el cóncavo
rodar del truen_o sería su pavoroso
clamor de ira, que rara vez se oye;
pero que hace temblara los coraza,
nes de los hombres como a las hojas de los árboles. . .
_
Y sin embargo es santo. Siendo
sabio poderoso, enorme y vetusto
paree~ tener una alma infantil.
Sus terribles colmillos son candorosos y sus ojillos parpadean tan
mansarnante como dos estrellas ge.
melas y remotas que fueran de fuz
negra...

¡Oh Elefante que llev!'1s sobre tus
fuertes lomos a esa m1ser1a que se
llama hombre, y la soportas y la
sufres con la desdeñosa indiferencia
con que yo sobre mi alma, llevo al
Dolor! ¡Oh Elefante que oscilas durante horas y días en misterioso)'
vasto vaivén de adoración, como
los mundos ante la faz de Brahma!
Yb quisiera consagrarte en un
poema que fuera como t_ú, vasto,
arbóreo terráqueo, humilde, san·
to, pod;roso y crisoelefantino!
Broux Park, N York.

ARTILLERIA FRANCESA VISTA EN PLENA ACCION DURANTE LA ULTIMA OFENSIVA DE LA CHAMPAÑA

'

~

'

· · de la artillería ha dabierto el camino. Se lanzan sobre las posiciones
d ¡ "T ks'' franceses
a los cuales la preparac1on
1
Avance e os
an
enemigas, franqueando todos,,los accidentese•o•,,~:r~:npo;~hibida
su reproducción en fotografías. Ya
, 1a ex 15t
• -e~c,·a de los "tanks b franceses
P •
' ¡eses que a b a b'_1an ¡ ab_ne
· ado
de hace algunos meses ya se conoc1a
talla del Somme
en 1916. Los ing.
_ con
1
~esquela primera máquina de este género apareció ebn eidcª,ífl/º
a decir ''cisterna" a causa de su forma y para desviar es~1as s_1emJ?!e
-se sa e
1 d ¡ na.bao en el taller con el nom re e
an ' es .
,
d de "Crema de menta" que en su 1magmac1 '!1escrupuloso secreto :re~~~n el terreno los "Tommys'' entusiasmados l~.bauhza;,on e~~ns:Jhªfº :edado el nombre de "Tank" aun a las máqut·
~osi~Je\_, C?,~~~~i~~,, o ''estimii.lante''. Despues recibió el norbr~ d~ tb~~1:mp~ña y fuero~ citadas en la Orden del día por el Gral. Nivelle,
s1gmfrancesas.
ca a
E s ta s se han distinguido .particularmente en la o ens1va e a
lilas
B

f~,

LA ACTUALIDAD POLITICA
¿MEXICO EN CAMINO A LA GUERRA?
Por medio de .un periódico diario un respetabilísimo
grupo de intelectuales mexicanos ha externado cual de- se debe indudablemente a la propaganda incensante,
be ser, según su modo de sentir, la actitud de México en eflcáz, costosa que los alemanes hacen por sistema, no
el conflicto mundial y casi por unanimidad, salvo ti- sólo en México sino en todos los países neutrales. Los
moratas excepciones, prevaleée la opinión de que Mé- aliados, triste es decirlo, han descuidado lamentablexico rompa sus relaciones con el Imperio Alemán. La mente un trabajo de resultados tal,l útiles para ellos.
encuesta ha resultado de gran consideración y quién Apenas unas cuantas ern presas extranjerás o naciona- ,
sabe si de consecuencias importantes; ya en la misma les han difundido el conocimiento de los países aliados,
ciudad de New York,-noticias exclusivas del mismo pe- conocimiento que basta por sí sólo a proporcionarles
adeptos, ya que concerlos es amarlos.
riódico por otra parte-los editorialistas de la prensa
México se encuentra en condiciones tan especiales y
yn.nqui dan por un hecho la entrada de México al lado
tan
precarias que el cataclismo mundial llama a su
de los países de la entente, augurando los resultados
puerta,
y clíficil parece que ésta permanezca cerrada; la
favorables que en la política interior de México origine
neutralidad
corre grave peligro. México es como un vi.
inmediatamente su cambio de actitud.
andante
que
se encuentra en un camino donde se cruzan
No tan despejado de brumas aparece el horizonte
potentes
máquinas
en distintos sentidos y no puede
para quienes vemos a diario el movimiento y la tendenpermanecer ecuánime; el vértigo lo arrastra, casi no es
cia de la opinión de nuestro pueblo. En ui:i editorial
dueño de permanecer inmóvil; sólo le queda el recurso
acerca de nuestrás relaciones con el país vecino estudiáatrapar ha bilmen te la máquina que le convenga. A
de
bamos dicha opinión tomando como resultante de ella
México le conviene indiscmiblemente ponerse al lado de
y dándola también como la nuestra propia, ésta conclulos aliados, éstos tienen la razón de su parte, su intelisión: México debe mantener una prudente neutralidad,
gencia y su trabajo ha llegado a hacerlos capaces de
dominando vigorosamente cualquier intento de los
dominar
la situación en poco tiempo. Alemania quiere
beligerantes por mezclarse en la vida del país. La enla paz esto es indudable, la quiere con todos o con alguno
-cuesta a que nos referírnos al principio ha ".Uelto al tade sus adversarios; querer la paz es confesar la derrota,
pete de la actualidad nuestra postura frente al conflicto
¿México iría por bravata, por puro quijotismo a ponermundial, por lo que, sin contradecir nuestro postulado,
se al lado de Alemania, cuando ésta se halla si no vencique todos nuestros lectores estarán de acuerdo en conda por sus adversarios, sí vencida por sus mismas ideas
slderar como el más provechoso, estudiamos en ésta
puesto que ya reniega de la guerra? Hay una verdad
nota, nuevamente, un problema de consecuencias tan
que nos enseña nuestra historia, es una triste verdad,
gravemente trascendentales.
una amarga verdad: México tiene que estar de acuerdo
Los Imperios Centrales cuentan en nuestro país con un
la política de los Estados Unidos, a menos que se
con
número abrumador de adeptos.
resigne a sufrir consecuencu&amp;ncias fatales, incluso la
· ¿Podrían justificar, llegado el momento preciso, la
misma pérdida de la nacionalidad. En estas circunstancausa de dicha adhesión? Seguramente que nó. Sus mocias tremendas el más elemental patriotismo compren-tivos para admirar a los enemigos de la civilización se
de que sería una locura echarle el guante al coloso del
fundan en nociones vagas o prejuicios no combatidos
Norte. No pasará medio año sin que los Estados Unidos
aún bastante: El valor de los alemanes que pelean en
cuenten con un formidable ejército, ¿qué serÍ&amp; de nosoproporción de uno a diez; el afán de las demás natros si lo hubiéramos afrentado, únicamente por simpa·ciones de Europa que tratan de hacer desaparecer a
tías a Alemania a quien nada debemos y de quien nada
Alemania; hasta la simpatía personal por el Kaiser, podemos esperar?
que ha llegado a ser como un ídolo de opereta, a la vez
Llegamos, pues, a esta conclusión evidente: México deque el odio injustificado que los gerrnanófilos han sabibe ser neutral, pero la guerra arrastra a México a la
do encende~ contra Inglaterra, país admirable del que guerra; -si esto sucede, México debe ponerse al lado de
nada o poco se conoce entre nosotros, son, a lo más,
la justicia, de los aliados. E.s indispensable-que la prolas razones que pueden darse del germanofilisrno de
paganda aliada se haga entre nosotros ~on toda intennuestras clases populares.
sidad, que se destruyan los errores que los alemanes
Los aliados cuentan con la simpatía unánime de los
han sabido divulgar para su provecho, que se muestre
intelectuale~; sus esfuerzos de propaganda los conducen a los ojos del pueblu la serie continuada de crímenes
casi siempre al éxito. Las razones de éstos son tan ob- que ningún heroísmo podría ya borrar de la frente de
vias que casi no merecen ser repetidas: Afinidades de los vándalo~.
raza, influencia grandísima en la educación, cultura
El gobierno de México, ante la magnitud Je este
francesa abundantemente repartida, y además de todo, problema debe velar eficazmente por el bien de nuestro
aunque no existieran dichas razones, la única, la funda- país, el bien de nuestro país antes que todo. Si es posimental, la que ha llevado a los Est,ados Unidos a poner- ble
mantener la neutralidad, sea en buena hora; si la
se del lado de la buena causa. la justificación plena que suerte nos lleva a la guerra, sepamos ir a la guerra,
tienen los países aliados en esta guerra y que viene a
vayamos noblemente a la guerra. En todo caso el goconfirmarles cada dia más las atrocidad&lt;,s alemanas.
bierno contará con la ayuda de todo el pueblo, condu_
Tal es el estado de la opinión de México en tan imporcido al recto camino por los que debén ser sus directante asunto; mucha parte de la afición gerrnanófila tores espirituales.
9

�c:~~E~J
CONCURSO DE CARICATURAS
DE "LA ARGENTINA"

Los cronistas de la prensa metropolitana y la empresa del Teatro Colón, con
objeto de estimular a los caricaturistas
residentes en esta capital y aprovechando
la visita que nos hace la genial bailarina.
de fama mundial, Sra. ·Antonia Mercé de
Paz, ·c LA ARGENTINA&gt;, han decidido con-

vocar a un concurso de caricaturas que
constituya, a la vez que un i.mpulso para
nuestros dibujantes humorísticos, un recuerdo para la admirable artista que tan
hondas impresiones estéticas nos deja.

Bases
1.-El objeto de este concurso es el de
premiar las tres mejores caricaturas de
&lt;LA ARGENTINA&gt; en· cualquiera de sus
bailes.
JI.-Cualquiera persona podrá tomar
parte en el concurso enviando una o más
~arica.turas de la referida artista.
111. _ Las caricaturas deberán ser de
un tamaño mínimum de veinte por trein •
ta centímetros,
IV.-Las caricaturas deberán entregarse en la Contaduría del Teatro Colón, dirigidas al Señor Don Alberto Diez, Gerente de la Unión Teatral, S. en P. Dichos
trabajos deberán enviarse firmados con
pseudónimo, y en sobre cerrado, marcacado con el mismo pseudónimo el nombre
del autor, con su dirección, recabándose
en la misma Contaduría el recibo correspondiente a cada trabajo que se envíe.
V.-El concurso quedará abierto desde
la fecha de esta convocatoria y se cerrará
el 30 de Junio a las 6 p. m.
VI.-Las caricaturas que se reciban se-

rán exhibid as en los pasillos interiores
del Teatro Colón.
VIL-Habrá tres premios para las 3
mejores caricaturas, repartidos en la forma siguiel'lte: primer premio, una medalla de oro con inscripción alusiva y cien
pesos oro nacional; segundo premio, una
medalla de plata con inscripción alusiva
y cincuenta pesos oro nacional; tercer
premio, un diploma y veinticinco pesos
oro nacional, cuyos premios son ofrecí•
dos por la Empresa del Teatro Colón.
VIII.-Los trabajos premiados serán
obsequiados 8, 11LA ARGENTINA&gt;) en su fun·
ción de beneficio, y dicha artista, esa mis•
ma noche, entregará en público a los agra·
ciados el premio correspondiente.
IX. -El jurado estará integrado por
tres de los m&amp;.s reputados pintores radicados en México y por un crítico de arte,
cuyos . nombres serán dados a conocer
oportunamente.
X.-Tanto las caricaturas premiadas
como las demás que a juicio del jurado lo
merezcan, serán publicadas en las principales revistas ilustradas de la capital,
previo ruego que se hará en ese sentido
·a los editores de dichas publicaciones.
NOTA.-Además de los premios ofrecidos por la Empresa del Teatro Colón, si
hubiese algunos otros que se ofrecieran
para este concurso, el jurado queda fa.
culta.do para otorgarlos en · la forma que
lo estime conveniente.

CONCIERTO EN EL ARBEU
El lunes de la presente semana en el
Teatro (1Arbeu, tuvo efecto un concierto
a beneficio de la Sra. Elisa Beraldi viuda
de Siene, en el cual se presentó la sopra·
no señorita Yolanda Beraldi.

LAS HORAS EMOCIONANTES DE LA VIDA EN EL FRENTE
DE LOS AEROSTATAS Y LOS OBSERVADORES EN GLOBO

El globo, derribado por un ataque
de un aviador alemán) se incendia
entre las manos de quienes lo manejan en el momento en que el observador acaba de abandoRar la canastilla.

En tanto que el globo acaba de

quemarse, dos hombres se esfuerzan por salvar la válvula, que es la
pieza más preciada del aparato.

MAQUINA PARA CAVAR
TRINCHERAS

PAGINAS DE UN LIBRO INEDITO
ESTEBAN
Esteban, el niño loco que vivía
deseando las estrellas para ofren.
darlaa ~n ramo a su madre muerta,
ha ~orr1do toda la tarde bajo las
car1C1as quemantes del sol.
De~p_ués ha subido a la azotea
del vie¡o convento, y creyó, un ins.
tante, haberlas hallado en las chispas que reflejaban los azulejos de la
torre. Pero no eran estrellas; las Je.
chuzas aaheron de los nichos aban.
donados y el viento heló el cuerpo
del niño.
Descendió al mundo implorando
la protección de los hombres· mas
éstos no. abrieron su pos ti o-o' a la
voz su_phcaute del pequeño ilumina.
do.
·

El empleo de éste aparato permite
economizar el tiempo y la mano de
Obra. Basta ver esta fotografía p&amp;•
ra comprender que no se trata de
trillcheras de primera linea. El uso
de las máquinas sólo es posible fuera de la mira del euemigo 1 par&amp;
hacer trincheras de precáuci~n en
terreno conquistado y para aquellas en que los jóveneB soldados ha•
cen su aprendizaje. El escav&amp;dor
prepara y facilita la tarea de los
zapadorea. La máquina ha sido di·
simulad&amp; con paja, para ocultarla a.
los aviadores enemigos.

CONCIERTO EN LA ESCUELA
NACIONAL PREPARATORIA
El últim·o domingo a las 11 a. ro. en el
Anfiteatro de la Escuela Nacional Prepa•
ratoria tuvo lugar el cuarto concierto del
CÍCJo de Conciertos Clásicos organiza.do
por la Dirección General de las BeJlas.
Artes.
Esta exquisita fiesta de arte fué dedicada Wolfgang-Amadeus Mozart y t:l programa fué el siguiente:
I.-El alma encantada de Mozart. Ru~
bén M. Campos.
II.-Ave Verum.-Coro de señoritas
con acompañamiento de órgano. Orga·
no: Sr. Prof. J. Buitrón.
111.-Serenata de la Opera ((Don Jua111,
Sr. Prof. Francisco P. de Jañiz. ' Piano:
Srita. Prof. Ofelia Euroza.
IV.-Doble Concierto.-Mi b (AllegroAndante-Rondo). 2 Pianos con acompa•
ñamiento de orquesta Sr. Prof. Ca.~•lo_s.
del Castillo y su discÍpula Srita. Cr1st1•
na Garza Leal.
V.-Obertura de la Opera «La FlA.~t&amp;
Encantada&gt;. Orquesta Sinfónica Nac10·
nal.-Director Sr. Prof. Manuel M. Ponce.
Todos los números en general fueron.
del agrado del culto auditorio pere espe·
cialmente el Doble Concierto y la Obertu·
ra de «La Flauta. Encantada&gt;.
El nombra.miento de Director de la Orquesta Sinfónica Nacional expedido en
los últimos días a favor de nuestro querido amigo el inteligente Profesor Ma·
nuel M. Ponce ha sido recibido con P~rticular beneplácito por parte de la sociedad mexicana que entien dede arte. N?so•
tros enviamos al agraciado con dicho
nombramiento nuestra felicitación Y un.
cariñoso apretón de manos.

Y Esteban vagó cubierto de sombras_ hasta caer desfallecido junto
al portico c~urrigueresco de la iglesia; el gemir de su labio hubiera
conmovido a los muertos.
Entre el vaho denso de la tiniebla
las múltiples estatuas del pórtico'.
y los ador'?os de las pilastras, y
hasta los mchos, se movieron en silencio y elevaron hacia ellos el cuer.
po inanimado; los santos de piedra lo besaban v las volutas se extendían para arollarlo.
A otro día, los vecinos vieron con
ason:ibro un nu~".º ángel de piedra,
sonriendo beatificamente en el viejo pórtico churrigueresco del templo.
Estaban, en aquella noche se había encontrado nadando e~tre es- ·
treUas, pero, al querer atraparlas,
smtió que sus dedos eran tan sutiles como los astros: él mismo se ha.
bía convertido en estrella.

EL MENDIGO
A Sarah

Hace mil años, mendigo de la vida y del amor, vine hacia ti, sollozando de frío, a pedirte el reflejo de
tus ojos. Y yo era lo bastante po.
bre para que mi desinterés pudiera
ofrecerte una vida y un infinito a.
mor. Los cielos en el Paraíso entrea-

brieron la sonrisa de un crepúsculo·
p_ero el viento oponía su soplo per'
t1naz, ¿,recuerdas?
Hoy vengo de nuevo a ti, agobia.
do al peso de mis tesoros: tu amor
de diamante, tus ojos de carbunclo
tu cabello de azabache tus mano~
parecidas a crótalos'... Y en mi
frente se clava rutilante corona de
espinas doradas. Nnnca, nunca sn.
lrí tanto como este día!
Y siento deseos de gritarte desde
la cueva de mis dolores: ¿Qué has
hecho de mi alma? qué has hecho
de mi vida? Te di toda la ingenuidad de una. infancia y tú hollaste
cada sentimiento, y diste a cada
palabra_maligno sentido y para ca.
da carmo se levantó escéptica a.
ma:-gura. En este caos se pierde mi
espmtu; ¿Que has hecho de mí? qué
has hecho de mí?
Pero· sólo me respondería el filo
de tu sonrisa.

TRIPTICO
Cuando hallé la mujer más bella
me dije: "He aquí mi tesoro· los
dioses están conmigo''. Pero r:..con.
tedó que su magnífica belleza fué mi
vencedora rival: mi amada sólo vi.
vía para su belleza. Y vime deso-ra.
0
ciado.
Fuí en pos de la mujer más buena.
Cuando la tuve, creí ser feliz. Mas
eran ta_n_t?s su virtyd y su espíritu
de sacrihcio por mi, que accedía a
todos mis caprichos sin contrade.
cirme jamás. Y al verme siempre en
ella como en un fiel espejó sin vicio
o cualidad diversos de Íos míos
maldije en mi corazón sus virtude~
y seguí viviendo en desgracia.
· · Llegóse a mí la más inteligente de
las mujeres. "Esta sabrá compren.
derme, y, comprendiéndome me
hará feliz". Y ella aplicó su ta:lento
a buscar la causa de mi amor: no
creyendo .en sí a fuerdeintelia:ente
ni en la bondad innata de los "'hom'.
bres, no creyó en mi cariño. Y a cada torpeza de mi labio enamorado
dio maligno sentido y la perversi.

dad de su ingenio amaro-ó mis días
J 'los suyos. Sufrimos 1"o indecible
hasta que, cansada, abandonóme
a !!'is propias fuerzas dejándome
un mcurable hastío del amor. Este
hastío fué la mejor obra de su inte.
ligencia.

OSTRACISMO
Yo crucé,-viajero ensimismadoyo crucé conelandartorpe de quien
no es dueño desu voluntad,lascom.
plicaciones de mi ostracismo mental. Era hacia fines del invierno y
~ne! ambiente flotaba como el deJO de un cantar. Pero la luz estrepitosa de mis arterias inundaba las
complicaciones selváticas de mi os.
tracismo mental.
Y la sombra regada por un llanto
('ra el único ideal:
Fuí a los viveros de las pasiones,
de las p_eque~as pasiones inexpresa.
bles e msípidas, y todo lo mezquino de mi sér parecía sollozar. Y to.
~a mi ambición se desgarraba de
impotencia ante la mediocridad· co.
mo el que gime, no pudiendo se; héroe, de no ser un gran criminal.
Y la sombra regadaporun llanto
era el único ideal.
Pequeños incidentes cotidianos
que nos destierran al reino del pesar, del pesar de mirarse uno a sí
mismo en la gran soledad; pesar del
que no halla, por más que busca al
rededor, la inmensidad; desgarra.
miento del que ve acercarse su deseo, y lo deja pasar... y pasa, por
una vez, no más.
Y·la sombra regada por un llanto era el único ideal.
Anhelo de postrarse de rodillas
frente a ELLA; sollozar, para que
los sollozos agoten el veneno del
pensar, y maten las ideas y sólo
dejen el idioma entrecortad¿ y bal.
buciente de quien de tanto amar ha
perdido el cerebro. Amar, amar,
a.mar!
Y la sombra regada por un llan.
to era e! único ideal.

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Al fin se ha publicado. Las diversas poesías de este libro que aparecieron en algunas revistas-'' Pega.
so" se enorgullecede haberdadolas
mejores primieias-olrecian magníficas promesas: pero la_ impresión
de conjunto ha sobrepu¡ado las esperanzas. Hay que verlo\ e1_1 su
opulenta unidad y en su v1tahsmo
ampliamente humano, hay que luchar con el gusto y la s1mpatia para decidir !ntimamente cuál poema
es el más cautivante, renunciando al
fin a lo imposible,hayquellegarante poemas perfectos, p~ra preguntarse sino es éste, encon¡unto, ef mejor libro de versos que se ha escr)tO
en México. Hay poemas hermos1s1mos, estrofassuperhumanas, versos
divinos pero obra de tal homogeneidad.' de tal perfección de conjun·
to, ¿existe acaso?
D¿spués de Los SenderosOcult_os,
diamante sin lasca .en cuyo brillo
interior han abrevado poesia las
nuevas generaciones, v!uo La Muerte del Cisne. Hasta el mismo nombre
era simbólico; se trataba de doblar
la hoja al libro mun~o que a fuerz~
de girar dentro de s1 m1smo, amenazaba da,r en monotonia y en falsedad, porque hablar d~ la vida
desde un sitio preconcebido y con
u!l tono tan personalquequienes_lo
imitaron casi inc\Jrrieron en pl~10,
era todo, menos conocer la y1da.
.Afortunadamente, el talento rige la
inspiración, la obra de art~ quedó
sólo como obra de arte; el hbro, como la mejor muestra de una estética personal. La m!lerte del Cisne
acusa bien las mq?1etud~s de una
evolución, pero _de¡a a~~1rar ya las
nuevas ensoñaciones lírica~. hay
más humanidad, más recog1m1e_nto;
se llega al purísimo canto _de ~m,cera emoción, como en los D1as m_ut1Jes, el maravilloso poema de rnt1dez
olímpica:

r

y mientras reconstruyo todo el pasado y pienso
en los Instantes trlvolos de mi divagación,
se me va despertando como un a.tan Inmenso

de sollozar a solas y de pedir perdón.

Se comprende que nos hallamos

lª frente al gran poeta que ha d~-

¡ado lejos los prejuicios de la estética: todo arte, toda unidad reside en
su propio corazón. Ilay que dejar
al canto volar hacia donde anhele,
hasta cerca de los mismos, ignorados senderos, mas nunca por sistema ni por filosofía:
La vida está cantando atuera.

la vida dice: ''ven acá";
en el )ard.in hay un olor de primavera
himnos de zumbos en el viejo colmenar''.

Tal es la liberación. Ahora, en
este nuevo libro veremos el ensanchamiento de la lírica por todas
las perspectivas del amor y del mundo. Hay, además, signos de madu rez como cierto afán humanis1mo
de preocupal'fle por la trascendencia
futura de su arte. Recordad el mag.
nifico soneto que empieza Mañana,
los poetas, de La Muerte del Uisne,
y ved ahora estas dos estrofas finales:
Tu ca.nto será tnútll, estéril e infecundo
si no halla en otras almas un eco trateraal,
8¡ va de puerta en puert&amp; llamando por el mundo
y, rech&amp;zado huésped, desmaya en el umbral,
QulzAe entre la angustia que colma el universo
por exoepelón atines con una nota ftel
y bagas un verso solo ... Mas sabe que ese verso
prolongad, tu espiritu, y vivirás en él.

Lo htesperado también nos ofrecerá su seducción. La fúneb_re cántiga de las almas muerta:s, ¡unto a
los pequeños cuadrosdel¡ardíu que
sueña y a la amable trascendencia
de la parábola del camino qne parece inspirada en Stevenson. El poeta
ha descendido de sn trono y sepára
sencillamente a hablarle a nna muchacha que no conoce el mar, sm
que se descubra petulencia ni vulgaridad. Acababa de cantarle a la
mañana y esa misma tarde escuchó
con gravedad la bala_da de l~s caminos. La vida es as1. Taro b1~n debe serlo la poesia; pero esto sulo los
grandes poetas pueden comprenderlo.
M.T.

Estos &amp;brigos y los cailones que protegían
IZ

DONCELES Y RELOX

FR•NCISCO VILL ...ESPESA.

Mis milJons ve1·sos-- . .....•..... . i! 1.20
El Alto de los Bohemios. . . . . . . . . . . , , 1.80

Las horas que pasan veladas de
Anior ..........• ,........

,, 1.80

Luchas, Confidencias, Prólogo de

Vargas Vila .................. .
Las Joyas de Margarita., Bret-iario
de Amen·, La 1.'ela de Penélope,
El Milagro del Vaso de Agua ....
Intimidades, Flora de Almendro,
Prólogo de Pompeyo Gener ....
Los Noctu1ws dd Generalife. Poesías. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Doña Maria de Padilla, Las Oenw.;
de los Cardenaks . . . . . . . . . . .. . . . .
En el Destierro. . . . . . . . . . . .. .. .. . . .
Una Partida de Ajedrez. Arreglo
castellano de la. comedia de

LIBRERIA PORRUA HERMANOS

,, 1.80

,. l.llO
,, 1.80
, , 1.80

,, 180
,, O. 70

L~b~8fa:i ~~ca!~h~ie,·ici'M~~" o.io
sa Enfenna con prólogo de Juan
R. Jiménez ..... , . . . . . . . .. . . . . . "
Alcázar de las Perlas. . . . . . .. . . . . . . , ,
Lámparas Votivas ................ ,,
El Espejo Encantado .... ........ . ,,
,Judith. . . . . . . . . . . . . . . . . .. ... . .. . . . ,,
Doña _.~aria de Padilla , Ed. Renacimiento ....................... ,,
Campanas Puscuales ............ ,,
El Reloj de Anna . ... ................ ,
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Revista. Mensual Ibero-Americana. Directores: Francisco Villaespesa, Luis G. Urbina.y José
Ingenieros. Colección completa
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E. HOMS. Las Unicas Rosas. Comedi a en dos actos .............. . . "
RAMÓN R. PÉR1'2. DE AYALA. Las
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teatral ..... . ..... ·........ . .. . 11
J. v. LASTARRlA. La .América
vol. I. Amé1-ica . y Europa vol.
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M. A. BEOOY A. El Hijo del Doctm·
Wolffan., ... •., • • • • • • • • • • • · · · · · "
EDUARDO ZAMACOIS. Duelo (1,
muerte .......... • . . •••••·•···· ·

l.i!O
2.10
1.80
2.10
2.10

2.10
2.10
1.20

10.00

1.IIO

2.10

•• IIO

2.10

,, 1.5()

LEA UD.

CULTURA.
El próximo número publica
una selección de - - - MANUEL M. PONCE

Vlovis Lamarre.-Histoire de la Litterature Latine.
París, 1901. Pasta. Francesa . . . . . ............ . ....
Paul Janet.-Historia. de la. Ciencia Política en sus relaciones con la moral. Madrid. 1910. Rústica ...... .
Abbé L. Laberthonniere. -Le Uatholicisme et la. Societé. París. Pasta Tela . ......................... .
Elle Halévy.-Le Radicalisme et la. _Science Phi!oso•
phique. París. 19Q4.. Pasta Tela. .................... .
L. Abréde Broglie. -Le Positi visme et la Science Experimentale. Paris. 1880. Pasta Francesa.. 2 vols ....
L. Picard.-La Trascendence de Jesus-Christ. París.
1905. Pasta Francesa. 2 vols . ............ . .. . ...... .
Lavisse &amp; Ramba.ud. -Histoire Généra.le du !Ve. Si0Cle
a nos Jours. París. 1894.-1901. Pasta Francesa.. 12
vols ........................................ , . , ... .
J. J. Jusserand.-Histoire Litteraire du Peuple Angla.is. París. 1896. Pasta Francesa.. 2 vols ......... .
Julleville.-Histoire de la Langue e, de la. Littérature
Fra.nca.ise. París. 1910. Pasta Francesa.. 8 vols .....
Augusta Comte.-Cours de Philosophie positive. París. 1892. Pasta Holandesa. 6 vols ................... .
Ernesto Guitart.•-Nociones de Economía SoCia.l. Barcelona. 1910. Pasta. Cartoné ....................... .
J. Michelet.-Histoire de Franca. París. Pasta Holandesa. 16 vols , ....................... . .......... , ... .
Pranoi1co Zaroo.-Historia. del Congreso Extraordinario Constituyente. México. 1857, Pasta Hotandesa. 2 vols .................... . ................ . .... .
Ricardo Rodriguez. - El Derecho Penal. México. 1902.
Pasta Ama.teur. . . . . . . . . . . . ....... , . . ... . ...... .
Fernando Vega. -La Nueva. Ley de Amparo de Garantías lndi viduales. México. 1883. Pasta Holandesa ..
lgn&amp;cio L. Vallarta.-El Juicio de Amparo. México.
1881. Pasta Holandesa. . .. . .. . .................... ,
l. L. Valla.rta.-Votos. México, 1894. Pasta Tela. 5 to•
mos ....................... •· •······· •·············
ltontiel y Duarte.-Derecho Público Mexicano. México. 1871. .Pasta Holandesa.. 4 vols ............. . .. . .
Adolphe Prins. -Science Pena.le et Dt·oit Positif. París. 1899. Pasta. Tela. ............ , . . .. . . . ......... .
Ricardo Rodriguez.-El Procedimiento Penal en México. México. 1900. Pasta. Holandesa .............. .
R Garra.ud.-Droit Penal FranQais. París. 1898. 6 vol.
Pasta Holandesa ...... . .......................... .
A. Weiss - Oroit International Privé. París. 1892. 6
vuls. Pasta.Holandesa ...... . .................. ..
Luis Miraglia.-Filosofía del Derecho. Madrid. 2 vol.
Pasta Espailola ....................... . ........... .
Ch. Lyon Caen Renault.-Traité de Droit Commercia1.
Paris. 1898. 8 vol s. Pasta Francesa. ............... .
IC. Thiers. -Discours Parlamentaires. París. 1879. 15
vol s. Pasta Francesa ......................... -- - ..
Anselmo de la Portilla.-México ea 1856 y 1857. Gobierno del General Comonfort. Nueva York. 1858.
Pasta Tela. ................... .......... ..
Manuel Rivera. -Historia Antiguá. y Moderna de Jalapa y de las Revoluciones del Estado de Veracrmi.
México. 1869. 5 vols. Pasta Holandesa ...... '. ..... .
W. H .. Prescott.-Histot·ia de la Gonquista de México.
.México. 181-1. 2 vols. Pasta Holandesa ............ .
Guillermo Prieto.-El Romancero Nacional. México.
1885. Pasta. Holandesa ................. . ..... . .
V, Salado Alvarez. -De Santa Anna a la Reforma.
México. 190!. Pasta. Tela con dorados ...... , ..... .
A. de Humboldt.-EnsayoPoHlícosobee la Nueva España. Pa.rís. 1827. 5 vols. Pasta Española ......... .
V.Salado Alvarez.- La Intervención y el ln:.perio. México. 1908. Pasta Tela. 4 vols .............•...•. • • •
-lantiago Ramirez.-Noticia Histórica de la Riqueza
.Minera de México. México. 1884. Pasta Holandesa.

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Eduardo Ruiz,-Historia de la Guerra de Intervención
en Michoacán. México. 1896. Con retratos. Pasta.
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Manuel Orozco y Berra.-Bistoria Antigua y de la
Conquista de México. México. 1880. 4 vols. Pasta

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Emilio Castelar.-Discursos parlamentarios y polítii.00
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4,00 Luciano.-Obras completas. Madrid. 1901. 4 vols. Pasta Española ................................. ~ .... .
Bodas de Horacio Fla.co.-Barcelona. 1882. Pasta Te80.00
la. con dora.dos ..... , . . . . .....
Guillermo Shakespeare.-Obra.s dramáticas. ~1a.drid.
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1904. 8 vols. Pasta Tela ..... .... .
Francisco Bulnes.-El Verdadero Juárez y la. Verdad
70.00
sobre la. IntervenCión y el Imperio. París. México.
1904. Pasta Tela ...... . ........................... .
ló,00 Francisco Bulnes. --Las Grandes Mentiras de nuestra.
Historia.. París . .México. Pasta Tela ....•..........
2.00 Dante Aligieri. -La. Vida Nueva. Barcelona. 1912.
Pasta Tela. Con Láminas ................ , ........ .
36,00 Las Creaciones de Schiller. Arregla.das en forma Novelesca por Enrique Massaguer. Barcelona. 1913.
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12,00 Maria. Ma.cleod.-Las Ct'eaciones de Shakespeare.
Barcelona.. 1912. Pasta. Tela .... , ................. .
4,00 A·g ustin Rivera..-La. Reforma y el Segundo lmperio.
México. 1904. Pasta Tela ..................... . .... .
3.00 L~renzo de Za.va.la.-Ensa.yo Histórico de las Revoluciones de México desde 1808 hasta 1830. México.
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1845. 2 tomos. Pasta Piel. ......................... .
Bernal Diaz del Castillo. -Historia. Verdadera. de la.
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Conquista de la Nueva España. México. 1891. Pasta holandesa. 3 vols. con láminas ................. .
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Samuel Basch.-Recuerdos de México. Memorias del
Médico ordinario del Emperador Ma.Ximiliano.
5.00
{1886 a 1887). México. 1870. Pasta Holandesa. ..... .
J. E. Hernández y Dávalos.-Colección de Documen4.00
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la Revolución Mexicana. comenzada el 15 de Septiembre de 1810, por el Ciudadano Miguel Hida]go
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8 00

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2.50
2.50
2.50

10.00

10.00
3.00

4-0.00
2,00

38.00

•

ó0.00

30 00

30.00

20 00

13

�INFORMACION GRAFICA DE LA FIESTA DEL PASADO DOMINGO
EN EL AERODROMO DE BALBUENA

IDEAL,-Desde hace algún tiempo qu€ te- ~''"
níamos deseos de hablar algo respecto a la
Compañía de Arcos que viene trabajando en
el Ideal, pero por una parte nos lo impedía el
corto espacio de que disponemos en esta revis't a para las crónicas teatrales, y por otra
el entusiasmo y el constante deseo de tratar
sobre el «tópico amable•, como llama el simpatice Florián.
Pues bien, la Compañía de Arcos, es muy
heterogénea. La Tubau es una inteligente
dama joven que desempeña sus papeles en
la comedia con gran acierto, luce, como variedad, una particular gracia, cuando canta
couplets, y en general, su labor anima al
aplauso. Arcos, también ha gozado justamente de las manifestaciones cariñosas del público, de un público especial que gusta de olvidarse de las fluctuaciones del cambio y de
las intemperancias del valor del infalsificable, con la tibieza de una sana risa que inspira la multiforme cara del humorista Arcos.
En cambio un famoso ,Trío España, que
trabaja en el propio teatro es una calamidad.
Toda la gracia que tienen los que lo integran
consiste en darle al tablado ciento cincuenb1
y seis patadas por segundo, plato más, plato
menos. Una demostración incontrovertible
de que los «crosseb o los texcelsior» son de
una resi:;.tencia verdt+niana y nada más. Debían consignarlos a cualquier cine democrático en un plazo no mayor de cuarenta y
.ocho horas.
COLON.-Sigue Antonia Mercé de la
Paz privando de entu'iiasmo a las gentes de
buen gusto. En los últimos días ha bailado
mósicadeGrieg y deMassenet, sobresaliendo
una «Danza Campesinu del primero. Durante esta misma stmana irá presentando algunas ».ovedades hasta llegar a bailar la «Danza
de los Siete Velos». Toda la intelectualidad
de México, toda la gente culta, noche por
noche deja en -la taquilla una cifra moderada y dentro del teatro, deja •p0lvo de manos&gt; de tanto aplaudir a la géntil- danzante.

La empresa del Colón y los cronista! de la
prensa metropolitana han organizado un concurso de caricaturas para premiar las tres mejores que se hagan de •La Argentina» en
cualquiera de sus bailes. En otro lugar publicamos la convocatoria.
"LA LUZ" .-No nos fuf posible decir
algo oportunamente relativo a la cinta im presiotiada por la señorita Emma Padilla y
el señor Agüeros. Esta fiilm nos ha demostrado que en México pueden hacerse buenas
películas, pero siempre que los directores o
empresarios procuren argumentos de buen
gusto y originales. Lo más reprochable de la
cinta es que hayan desarrollado el mismo argumento de •El Fuego» echado a perder por
algún aficionado a leer a Vargas Vila, La señorita Padilla es guapa, tiene condiciones
plásticas muy favorables para el cine y solamente necesita un buen director que la con duzca con acierto y que le sugiera algunas
otras visiones que no sean únicamente las
que nos ha dej¡'l.do ya en la retinR Pina Menichelli. La señorita Padilla debe convencerse, además, que puede tener una personalidad propia y con ella triunfar en el cine.
El señor Agüeros está más atrasado y necesita con mayor urgencia de una buena dirección. Ahora que nosotros creemos que en
México no hay todavía persona competente
para ocupar este puesto, ni menos aón cuando sigan las empresas que se dedican a la fa•
bricación de películas con la idea de poner
asuntos de sociedad de más o menos distin•
ción. Este género es insuperable ya. Las
marcas italianas y francesas son dueñas de
la exclusiva mundial y en cuanto deje de
ser novedad una peliculR mexicana·, por el
hecho de ser-mexicana, no tendrá. absolutamente aceptación. Es preferible q~e se de·
&lt;liquen a los asuntos históricos y de todas
maneras hacer venir de Europa los directo•
res artísticos. Costará más pero se evitará el
fracaso.
BUFFALMACO

EL PRIME:..R BESO
Viene de la pagina 5
nervios en tensión y medí a bailar, a.dar
saltos, a gritar ....
Pero mientras más me agitaba., mis impulsos crecían. Levantando en vilo una.
silla, la lancé sobre la cama, y allá mis•
mo fueron a dar, tras las sillas, todos mis
libros y los objetos todos de mi tocador.
Después, enloquecido, tiré de las ropl\S
del lecho y todo fué sacudido; leva.nté la
mesa de mi esLudio, golpeé · las sillas, removí furiosamente todos los muebles ....
Y reía como embriagado ¡Ella me ama•
ba ¡Ella me amaba .... !
Un golpe rudo dado en la puerta me hi·
zo leVantar la frente de sobre mis brazos.
cruzados sobre la mesa.
-Señor, seílorito, ¿qué se~ha visto m&amp;·
lo? preguntaba de fuera una voz servil.
Volví la vista a mi derredor y me quedé espanta.do del desorden que me circun•
daba. Muebles, ropas, libros, útiles, to·
do revuelto aquí y allá en inextrincabl&amp;
confusión.
-¿Qué había pasado? ¿había estado yo
aquella noche ebrio o loco?
Mi memoria se iluminó, y sonreía-, a. la
felicidad .. .. ¡Ella me amaba!
y un haz de rayos de sol entra.b&amp; pol"
la ventana, ábíerta de par en par, 11enaado con su luz de oro la estancia entera! .. ,

La. fiesta de kviación del domingo pasado El ministro de El
Salvador acompailado de varios Generales

AVENTURAS EN EL TENDEDERO

l. Ayude usted a un desgraciado pájaro.
II. Yo fui empollado en las azoteas de una cárcel.
III. Como usted comprende nadie quiere ayudar a un· pájaro nacido en la. cárcel.

U Sdinero,
T ED puede perder su
sin darse cuenta,

No compre
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ai no compra a los verdadero■ Agentes de este Despa ..

eho.

Máxico, marzo de 1917.

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Es la marca de los mejores.

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Es el único y exclusivo Representante para este pais.

EMILIO HOMMEL
Una. escena de la comedia ''Retazo" estrenada en el Ideal
el último sábado.
14

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Un vuelo

'

a personas que no puedan probar ser Agentes de es te Depar·
mento.

La Fábrica
no servirá pedidos que no estén confirmados por el suscrito.

No serán despachadas
las órdenes por la Fábrica si se
hacen por conducto de otra
persona.

Le llegará la mercancía
Pero por conducto de algUn
comisionista de E. u,, y 1ntonces

Usted paga més
por el misÍno articulo.

~- A. DA Y, único y exclusivo ·Representante para la República.
,v. 5 de Mayo 32,

Despachos 310 Y 311.

MEXICO, D. F.
15

�Sección de Ajedrez
Acargo de E. González Martlnez jr.
PROBLEMA NU MERO 11.
Por KOHTZ y KOCKELKORN

Desde el próximo número

BLANCAS: P5CD, C3CD, C2AD, R3AD.
P5D, A5AR (6 piezas).
NEGRAS: R5TD, P3CD (2 piezas).
Las blancas juegan y dan mate en 4 jugadas.

PARTIDA NUMERO 16
GINOCO PIANO

PEGASO
realizará grandes reformas. En
su afan de publicar trabajos de
los intelectuales más distinguidos de la República, no ahorrará trabajo ni esfuerzo por ser la
revista literaria por excelencia.

Busque usted en el :próximo número, poemas inéditos de J ose
Juan Tablada.

Jugada en Berlin, en 1863.

NEGRAS

BLANCAS

B. Von GureyzkyCornitz.
l. P4R
2. C3A D
3. A4A
4. C3A
5. P X P
6. CXP
7. A2R (3)
8. ClCD (4)
9. C3D

G. R. Neumann.

l. P4R
2.
3.
4.
5.

C3A R
A4A
P3A
P4D ·

6. 0-0 (1)

7. P X P (2)

8. P5D
9. TlR
10. A3C

11. C3A
12. P6D!!
13. T X AII ( 6)
14. A5C!
15. C5D
16. D4D
17. D4TI

10. 0-0
11. ClR
12. P X P (5)
13. DX T
14. C3AR
15. DlD
16. C3A
Se rinde (7)

NOTAS

Por E. G. M.
(l) Una tentativa para transtormarel Glnocol'ta,
no en un brillante juego de ataque. En esta s i ~
se juega generalmente P XP en lugar de la ju

,

del
(2)texto.
SI T 1 R, la probable contestac16n de las negl'lt
serla CXP A para llegar a una situación semejante a
la de la famosa partida Hotrmann-Petroff. rada de
(3) E&amp; dlticll Indicar cual es la mejor retl
este Alfil. Lo pretlero A 8 C.
.
fCD
A 8 . C4T seguirla 9. ASD, CSD, 10. p
te~~~ndo ~; negras una situación sumamente comprometida.
CXP en la ul(6) Aparentemente la mejor, pero
ca buena.
(6) Una jugada decisiva Y elega11:, .A. cxc+II
¡7) Porque después de AX C. X ,
mat,.
negras perde rlan la Dama para poder salvar e1

y MEDIO DOBLES
PARA VENTANAS

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SENCILLOS

David Bloch
1~ CALLE DE SAN TA TERESA NUM. 12.
Antes Escalerillas núm • 14 ·

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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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PEGASO

�EL PALACIO

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EL PALACIO DE HIERRO
1

La Colonia Las Casas
Por ESTEBAN_ FLORES

He visitado la Colonia Las Casas y declaro sinceramente
no hay lugar más pintoresco que este rincón de la Mesa
tral. La civilización, con cuanto tiene de cristiana solicitud, ha
do por él, incorporándolo al vasto y complejo espectáculo
la vida moderna, sin despojarlo de las singularidades del ex-

mundo indígena. La evocación de nuestros ancestros reallí embellecida, poetizada por la risueña realidad presen' y la historia se ilumina de leyenda .. No es, naturalmente,
la resurrección del pasado: la naturaleza era entonces
iado salvaje para que ofreciera a nuestros ojos estos sua-

paisajes de vitalidad regulada y de serenidad profunda; el
bre, como la Naturaleza, crecía con tal exceso de fuerza
caía instintivamente en la violencia, el peligro y la sangre.
así, . ennoblecidos por la mano piadosa de la civilización,
emos presentar a las miradas extrañas, sin los encogimiendel bocborno, a estos pobres abuelos nuestros que han hefecundo el suelo patrio con el agua de su frente: y ellos,
ienles al fin del papel que han desempeñado en la génesis
RePública, sentirán un poco de orgullo al ver en la prolon'6n de su raza, armada definitivamente para sobrevivir, la
ha de su olvidada grandeza.

**•

Lo primero que se ve al descender del tranvía, destacándo-

Paseó una mirada complacida por el Valle, y como si sintiera placer y orgullo en referir los comienzos de la institución,
continuó:
-Al principio tuvimos muchas dificultades. Las familías se
negaban a dejar sus viejas pocilgas y las ·pocas que lo hacían
tardaban en olvidar sus hábitos de abandono y desaseo. La propaganda del baño; la lucha por hacer del jabón artículo de pri•
mera necesidad, el esfuerzo para desacreditar ante ellas mismas
1
su terapéutica bárbara, duraron mucho. Pero poco a poco fueron aceptando el baño, y el jabón, y todo lo que se ha creído
necesario enseñarles para salvarlas de las enfermedades y de la
muerte. Después, o mejor dicho, a la vez, se fué educando a los
indios en el arte de cultivar la tierra. Se le dió un lote a cada familia, un lote en propiedad, con una cómoda casita y los instrumentos de labranza necesarios para empezar .... Hpy, ya lo ve
usted, toda la hortaliza que se consume en la Capital sale de
aquí, es producto del trabajo de aquellos grupos de indios que
trotaban antiguamente por las calles de la metrópoli, como una
lepra ambulante, ante el gesto de asco de propios y extraños.
Hoy, todos saben leer ....
-Los mestizos, -observo, -han pagado al fin su deuda con
estos pobres restos de la raza de que salieron. El bien ha llegado
un l'oco larde, péro ha llegado ... , ·
-No, señor,-replica vivamente el máestro,-los indios no
deben todavía nada a los mestizos. Esta institución fué organizada
hace veinte años por un extranjero. Puede usted ver su retrato
en el salón de la escuela.
- Supongo que el clero mexicano habrá al menos ayudado ....
-El templo es protestante ..... .
Sorprendido por la revelación, me· vuelvo hacia el soI?rio
edificio donde los indios, al través de tres siglos de enseñanu
religiosa, continúan comunicándose con Dios.
Un anciano de ojos azules, cuya fiso11omía sonrosada por el
viento frío de la tarde respiraba bondad, salía en esos momeotos.
-Es el cura,-murmuró el maestro.
Y por sus labios aleteó una sonrisa tan amarga, tan cruel,
que me dejó largo tiempo pensativo.

lll!re la greña obscura y ·tupida de los árboles, es la torrepuntiaguda del templo y cerca del templo el edilicio de la
la, la rumorosa colmena donde los niños comienzan a desla clave del misterio de la vida circundante. Una angosta
ida que tiende su faja rectilínea entre macizos de verdura
uce hasta el corazón del disperso poblado. La chiquillería
de salir de claSe y corretea frerite a la escuela, alegre coIos pájaros que trazan en el aire las líneas efímeras de su
. Las voces castellanas alternan en la infantil algarabía con
oces desconocidas del dialecto indígena .... ,
Desde el lugar se abarca, cubriendo una. inmensa extensión
da como un mar, el conjunto simétrico de la Colonia, los
fios lotes separados por callejuelas y las humildes habitade los indios. Y más allá, casi en el horizonte1 flotando
indecisión del crepúsculo, las torres centenarias de las
' s coloniales, a donde esta raza vencida, primero por las
Y después por la esclavitud, llevaba antes su desventura
'osa, sus andrajos purulentos y sus piojos bravíos.
El maestro de escuela, un indio de 50 a 60 años, limpio y
'
O, se acer.ca.
Ya sé que me.vais a decir que la Colonia Las Casas no exis-Hermoso éspectáculo,-le digo.
te en ninguna parte. En efecto, no existe.
-En efecto,-conlesla sonriendo.-Pudo mucho que haya
Pero suponed que estamos en el año de gracia de mil novela República algo semejante.
cientos ochenta y siete. . . .
.

~EGASO

3

�E~
LA ,.!\. USEN CIA

Por ANTONIO CASTRO LEAL
ESPECIAL PARA ' 'PEGASO":
But he .conquered her. Love is like that.

The Matador o/ the Fz've· To w ns.

I

Jorge nunca había tenido conciencia
de sus deberes; los cumplía só_lo por no
violarlos, siempre con facilidad y a veces
con gusto. No encontraba en ellos la fuerza imperativa que le asignan los moralis•
tas, los ancianos y los infortunados. Entre .dos deberes exclusivos hubiera optado ¡ior el cumplimiento del menos interesante, porque se sentía más obligado
por esos deberes incompletos, laterales,
que por los otros, los categóricos. Por
eso cuando su amigo Leonardo le pidió
que cuidara de sus negocios durante su
ausencia de la metrópoli, Jorge dejó de
asistir a la Universidad con todo gusto,
y no creo que haya abierto entonces otro
libro que el de los cuentos de las Cinco
Ciudades, de Arnold Bennett.
Los negocios del ausente eran de diversas clases y comprendían: un juicio
de divorcio ya tocando a su fin, el cobro
de algunos viejos pagarés, el cuidado de
su familia y además -sobre este punto
había recomendaciones- la atención de
su novia. El cariño de Leonardo encon•
tró mil situaciones difíciles para la experiencia de su novia, de las cuales sólo el
conocimiento y la actividad de Jorge podrían salvarla. ¿Quién le diría cómo se
manda un telegrama, cómo se recoge
una carta rezagada? ¿Cuáles libros podía
leer y cuáles no? ¿Quién podría cambiar•
le a buen precio sus entradas en moneda
extranjera? Y si el caso se presentara
¿cómo sabría dónde se cobra un giro pos•
tal y dónde están las oficinas de contribuciones? ¿Y cómo exigiría al fotógrafo,
sin un rival acompañante, la devolución
de su dinero, cuando en el retrato apareciera con la nariz ligeramente larga?
Est~ último ejemplo era uno de !Rotos
humorismos que Leonardo decía sobre
su novia, siempre que deseaba informar
a su intel'locutor de que también recono•
cía, a pesar de estar enamorado, la tri•
vialidad de ciertas exigencias femeninas.
Las atenciones que Jorge tendría que
pfestar a la novia de su amigo eran la
parte más importante y más difícil de los
encargos del ausente, y quería cumplirla
en la sobriedad que se pone en todos los
deberes y con el interés que despiertan
aquéllos en los que figura una muchacha
de diez y ocho años. Pensó cómo hubie-

ra cumplido este delicado deber su amigo si estuviera en su caso, y después de
aproximadas conclusiones, tomó la deter•
minación de cumplirla con escrupulosa
puntualidad. Así lo hubiera hecho Leonardo.
Leonardo era más llano que él, más
fácil a servir y a ayudar a los demás,
también conversar con los demás. Jorge,
que no gustaba de esas cualidades democráticas que nos hacen corteses con
todos, lo llamaba frecuentemente oficioso; pero ~abía que otros lo calificaban de
amable. La diferencia entre Jorge y su
amigo era simbólicamente ésta: la explicación que el primero hubiera dado al
desconocido de un tranvía en una palabra, le hubiera robado al segundo diez
minutos, Je hubiera creado la obligación
de te'n der la mano y de ofrecer sus se·
· ñas. ¿La amabilidad -como la entendemos comunmente- no es una exageración?
·
Jorge quiso desempeñar sus deberes
con la misma plenitud de Leonardo, con
la misma exageración. Visitaba dos veces diarias el juzgado donde se tramitaba el juicio de divorcio, telefoneaba todos
los días a los. firmantes de los pagarés,
se enteraba con disgustante frecuencia
de la salud de la familia de su amigo, y
a la puerta de la novia temporalmente
abandonada, llamaba a las siete de cada
noche, con la regularidad de un reloj en
su primer mes de uso. Su puntualidad
era enfadosa para los deudores y para la
familia; era cómica para los empleados
del Palacio de Justicia y era indiferente
para Teresa, la novia de Leonardo. Jorge era para ella un simple interlocutor
más, sin otra personalidad que la de conocer íntimamente a su novio.

Cierta ocasión, cuando mostraban un
anillo curioso, Teresa explicó:
- Yo ya conocía esta joya, la ví alguna
vez. ¿Cuándo la ~í. . . ? ¿cuándo ....
-¡Una vez que ibas con · Leonardo!
-interrumpían.
-U na vez que iba con Leonardo. Cie,.
to.
De este modo, en apariencia acciden.
ta], introducía Teresa a su novio en la
conversación; pero empezabaa notar que
era una trilmpa que rechazaban todos
huyendo el giro sentimenfal. Con Jo~
era más abierta, más directa, más fran.
ca; no disfrazaba su propósito de platicar horas .enteras, sin interrupción, del
recuerdo de Leonardo. Por esto la pun- '
tualidad de Jorge en el cumplimiento de
los encargos amistosos, era agradable
para ella. Empezaba, por ejemplo, de e,.
te modo indudable: - Con ese traje luí
CQn Leo a la exposición de pinturas ....
Y luego Leo, como ella lo llamaba, 11•
naba la conversación, agotaba los adjetivos amables, provocaba llantos; risaP,
anécdotas; atraía el álbum .de fotografías,
el necessaire, la memoria de escenas,
frases, enojos. Todo en desorden, nam,
do con la precipitación de un espíritu
preocupado por recuerdos sin fronteras;
sin afán literario; rePitiendo una misma
historia, con la redundancia de una imaginación normal, de un tempei:amento
verídico. Y Jorge atizaba la resurrección
del Ave Fénix ausente con observaciom
biogcráficas, y tenfa que repetir todos Ice
días los elogios de .siempre, en crescendo.
-Es un buen amigo, -decía.
- Lo que se interesa por todÜs!. ...
-Es un excelente amigo, -corregía.
-¡Ojalá que todos fueran como él!
- Es mi mejor amigo, -agregaba.
- Cuando yo veo que se intéresa por
tí. .. .
-Es mi único amigo ...
- Lo creo .... él. ...

I
Teresa no tenía más que un nombre
en sus labios: Leonardo: y toda su conversación, después de cinc,1 minutos, venía a desembocar al crucero inevitable:
Leonardo. Lo sabían ya todos y adquirían
frente a ella la suspicacia del cazador que
adivina el ptóximo lugar en Ja línea del
vuelo de un ave.
- Un sombrero elegantísimo -decía
Teresa-, de un color raro como .... co·
mo .... como la corbatadeLeonardo!
-¡Justo!

PEGASO

✓

#

Excursión poco satisfactoria por los
_campos de batalla.

-¡Es el único amigo posible en la tierra!
III

Ala noche siguiente se platicaba de lo
)orrible que es el •1812• de Tschaikowsty, y Teresa, sin consideración a los nerrioS de su tía, gritó en falsete:
-Jorge, ¿qué piensas que encontré?
-No me imagino .... a~gún autógrafo
Tschaikowsky.
-¡Oh! encontré ti botón que se. desndió del chaleco de fantasía cte Leo,
uella vez que vailamos hasta el infini•
Aquel martes que Leo vino sin bigo¡Qué raro 1se veía! Sin embargo su bi•
te ...
Yde este modo desembocaba siempre
conversación al crucero fatal de todos
pensamientos de .Teresa, y de nuevo
mismas anécdotas, aumentada con ras-

gos imaginarios la escena del baile donde
se conocieron, ejemplares menos perfectos de las mismas fotografías, inevitable
cresce11do en la sinfonía de los elogios.
No necesitó mucha sagacidad Jorge para comprender, al cabo de una semana,
que ponemos a veces exag-erada puntualidad en el cumpJimiento de nuestros deberes menores, y una noche prefirió l~.
lectura de El fin en el Derecho, de Von
Iherinl!, a recordar en compañía de una
muchacha enamorada la historia de un
ausente.
Leonardo volvió poco después, antes
de que su novia se diera cuenta de que
había desertado su último interlocutor, y
antes también de que fueran cubiertos
los viejos pagarés. El juicio de divorcio;
por otra parte, no concluye todavía.
Abril, 1917.

'

IMPRESIONES DE ARTE
La orquesta de Franz Kaltenborn
POR ALVA HERRERA Y ÜGAZÓN

(Especial para Pegaso.)
Es uno de los más vivos recuerdos que
conservado de aquel tórrido verano
yorkino.
Después de las horas de estudio que
hi calores excesivos habían trocado en
abominable tortura, los conciertos
alaire libre eran la onda refrescante en
~ me zambullía ,.;on ansia,- donde cobraba fuerzas mi entusiasmo cuando el
nho sofocante de ese clima enervador
amenazaba ·anonadarlo por completo.
Aquella rotonda del Central Park,
,residida por un enorme BPethoven bron·
cineo que erguía su testa ceñuda y olím.
¡ica bajo el palio movedizo de los olmes
Mhíase vuelto mi paseo predilecto.
leeaba hasta allí una sola ráfaga del espito metropolitano, del aire viciado de
las avenidas, con su tráfico febril, el hor, ear de sus multitudes atareadas, el
trueno incesante de sus ómnibus y tran•
!las. Parecíame estar a mil leguas de la
· osa ciudad a pesar del público nullerosísimo apiñado en las gr~derías, ana con,fusión de claros vestidos estivales que ponían grandes manchas pálidas
la penumbra. Los árboles habían tepantallas de follaje a los focos incandescentes, y la claridad cegadora se atelnaba a través de ese bordado espeso.
!ncambio, el pabellón central, ocupado
rnente por la orquesta, era un núcleo
de cruda iluminación; atriles e Ínstru•
~tos despedían brillos repentinos: la
"'"ta metálica relampagueaba en la diesh del músico de rala melena rubia, que
diridos¡¡fa con gestos desenvueltos y gallar' Esparcíanse las dulces e intensas
lllooridades en el ambiente tibio, como

N¿

sortilegio destinado a hip;otizar todas las
almas ....
Desde su pedestal de granito. Beethoven, con los labios contraídos y las penetrantes pupilas clavadas en el vacío, parecía prestar atención a las terribles excelsitudes de su propia música. La sinfonía poblaba el aire ·de un estremecimiento sombría, de un sobresalto trágico; y
la misteriosa vida que palpitaba en esa
música con violencia invencible, tenía el
don de despertar en mí un verdadero
tumulto de sensaciones e imáieneS. Era
un tropel de indefinidos deseos, una fu•
ga de pensamientos imprecisos y extraños, rodando confusamente en el cerebro¡
Y era, también, una nostalgia inmensa
que brotaba con la adivinación o el presentimiento de un estado de conciencia
·sobrehumano, de una espiritualidad divina e infinita .... ¡Ah! .... y os aseguro
que, cuando cesal;ia de correr aquel torrente de augusta y prodij!iosa música,
el regreso a la realidad dejábame de pésimo humor; nadie encuentra divertida
la ocurrencia de despeñarse de las nubes
en lo ~ás bueno de una excursión por
aquellos radiantes mundos. . . . El hecho
es que me molestaban la proximidad de
la muchedumbre, el bordoneo de las
conversaciones, el prosaico espeCtáculo
de los músicos descansando sus instrumentos y enjugándose frenéticamente la
frente y el cuello. . . . Pero el roto encanto rehacía pronto sus hilillos luminosos·
la ingenua inspiración de Haydn arroja~
ba en los espíritus una fresca bocanada
campestre, la música mozartiana surgía,
fina y frágil, como _milagrosa flor de

PEGASO

cristal. . . . Y después, el exaltado neuroticismo moderno: Wagner, Tschaikowsky, Berlioz, Grieg .... un fastuoso festín
musical .... ¡una ore-ía! ....
Cierta noche escuchamos el Danubio
Azul tocado a la vienesa, pero tocado
con tal perfección, que la obra se enno•
bleció, se idealizó de manera increíble,
- y, a pesar de encontrarse incrustada
en un programa clásico, produjo el más
exquisito efecto. El austriaco Kaltenborn,
cediendo a un impulso imprevisto, arrojó la batuta, echó mano de un violín, y
amorosamente abrazado a él, rompió a
tocar. El vals voluptuoso derramaba las
añoranzas vagas de su ritmo, arrebataba
en sus ligeras y brillantes alas a los mis. mos músicos que lo hacían vivir. La frí•
vola odisea desgranábase como deslumbradora explosión de luces multico~o'res,
y el solista improvisado, con la cabeza
baja y los ojos entornados, parecía aban•
donarse a un vértigo de alegría, arras•
trando a la orquesta a través de sorpi-en·
dentes matices, «rubatos» deliciosos, y
mágicos juegos de luz y sombra; con los
-ojos entornados y el alma suspensa, de·
jaba mecer sus recuerdos, seguramente,
sobre las ondas del río familiar. Y se
desprendía de su ejecución tal potencia
sugeridora que el auditorio sentíase trans~
portado también, a orillas de ese Danubio azul, Danubio de ensueño, donde flotan, como prestigio inmarcesible, los can•
tos épioos de Liszt, y la blanca melancolía de Franz Schuber.t ....
¡Buenas audiciones que desplegab;n
su magnificencia multánime bajo el pa·
trocinio de la huraña efigie beethovia•
na . . . . ¿Vendrían muchos «habitués» Ge
constancia tan ejemplar como la mía? ....
Todavía la víspera de mi partida para
México acrdí puntualmente a escuchar
la suite de Mac Dowell, En Octubre.
Música bella, suave y profunda, que parece revestida del manto de púrpura ·y
oro viejo con que cubre el otoño las
campiñas aletargadas y friolentas. A tra-

CARICATURA EXTRANJERA

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.....

~ El Tío Sam:
-Dicen que es el primer jugador del
mundo¡ pero no lo creas. Le pegaremos.. . ·.

5

�El General Dubois visitando las posiciones cercanas de Verdún después de los últi~os combates efectucidos en esa región.

vés de esa concepción surca una corrien-

te de serenidad absoluta, de quietud perfecta; es la paz profunda que baña los
bosques cuando se desprenden las hojas
amarillas y crujientes, -es la paz completa que precede al fin, la severa calma
de _toda consumación. La palabra fué
pronunciada, la página está escrita, el
beso estalló y enfriase en los labios, el
verano se ha cumplido. Las palideces
del paisaje toman tintes opalinos, la nie-·
bla empieza a velarlo todo, como el olvido extendiéndose insensiblemente sobre
lo pasado; reposa la tierra en la suave
tristeza que cae del horizonte mezclada
a la lluvia de las hojas quejumbrosas ....
Es la pasión realizáda extinguiéndose por
sí misma, la sociedad dé la vida que se
declara colmada, la canción que termina.. .. ¡Es todo el Otoño! ... :

Y me llevé como última impresión el
éxtasis casi místico de ese adorable poema; tuve el valor de partir al final del
número . ... cuando el programa prometía, aún, la obertur&amp; de Tannhauser.
Pero, antes de marcharme, había con-

templado largamente, largamenté, el anfi_teatro pleno, con su friso de frondas
y globos luminosos,-el kiosko feérico
donde.imperaba aquel austriaco de rala
melena rubia.

había arrojado una mi-

rada de adiós al busto del maestro, siempre defendido por su trémulo palio de
ramajes. . . . Allá, detrás, la orquesta
iniciaba el coro de los peregrinos, y el

himno amplísinlo disolvíase en dolientes
vibraciones bajo un cielo de terciOpelo
sombrío y agujereado por innumerables

estrellas ....

La Actualidad Extranjera

del motor de un avión! Tan Pronto como
imagina que su presencia ha sido descubierta, no piensa sino en partir y, donde quiera que se inStala, quiere la casua-

lidad que caigan los proyectiles enemi•
gos. De A•vricourt, fütel Federico se
traslada a Fretoy-le-Chateaux. Durante
ocho días, camiones y carros de caba11oa

conducen al castillo de Fretoy, propiedad
de M. Dubois, Consejero del Tribunal de
Cuentas, el menaje del Conde Balny
d'Avricourt, porque Eitel pensó que sn
nueva habitación no estaba preparada
con bastante lujo para recibirlo. Pero no
espera a que los muebles estén en su sitio; quiere hallarse seguro desde luegoy
su primera ocupacirin es hacer que algunos prisioneros rusos caven el indispensable abrigo subterráneo.
Transcurre un mes en la más absoluta
calma.
El príncipe descansa; se muestraalos
habitantes del lugar; para revistar y, comolo acostumbraba en Avricourt, rea·
nuda en Fretoy su curación para enfla·
quecer. Vésele todas las mañanas, rojo
y sudoroso, ocupado en azadonar un pe-

Las cam. pañas de Eitel Federico, princi pe prusiano

dazo de tierra en el parque del castill~
pues Eitel es gordo, demasiado gordo l

da no conoceríamos nada de sus talentos
guerreros si no dejara en pos de él, por

vive desolado de serlo. • Las emociones

Sin brillo alguno se ha mantenido la
reputación militar de Eitel Federico,
príncipe prusiano, segundo hijo de Guillermo II, aunque pronto hará tres años
que hace la guerra a los franceses. Con

donde quiera, las lamentables huellas de
sus estadas. La historia de las campañas
del Príncipe Eitel Federico pueden redu-

frecuencia los partes alemanes mencio-

cirse a reseñar sus mudapzas de casas.

nan los méritos del Kronprinz, que también son muy celebrados en las enardecidas .órdenes del Emperador; pero el

A fines de octubre de 1915 Eitel Federico fué a instalarse al castillo de Avric@urt, propieded del Conde Balny d' Avricourt. Del pueblecito y del castillo no

hermano segundogénito continúa siendo

un general oscuro. Comanda la segunda
división de la guardia - es lo menos que
puede hacer un Hohenzollern- y sin du-

existen ahora más que amontonamientos

de ruinas. Pero antes de la empresa de
devastación general llevada a cabo por el

no lo adelgazan. Los médicos han decla·
rada que no hay otro arbitrio queelejer·
ciciu, para lograr que se funda la fasti·
diosa grasa. El príncipe obedece: remo~
ve la tierra con 0bstinación.
Pero he aquí los aviones franceses que
de nuevo turban la tranquilidad de la re-

sidencia del comandante de la se¡¡unda
división de la Guardia. El 27 de julio estallaban bombas en los alrededores
castillo y hacen blanco en la central tel~

d'

fónica de la división.

porque los aviones franceses lo habían

localizado y bombardeado. Además, el
abrigo fortificado que había hecho cavar

t

ral.
El día primero de septiembre, la se¡unda división de la Guardia y su. jefe
sedirigen hacia el Somme, donde la batalla hace destrozos .... iEitel se establece en el castillo de Templeaux-la-Fosse! Apenas tiene allí quince días cuando
descienden sobre· la casa un centenar de

¡ranadas. Todavía recuerdan los. artille-

ros franceses la alegría que les causó esa
andanada en obsequio del príncipe. Era
nna hermosa pieza de marina, larga y fina, la que así saludaba al segundo hijo
del Kaiser; riéndose la servían los inarineros; cerca de ella, el capeUán de la bri¡a.da de fusileros marinos parecía ben-

Eitel, refieren las alarmas y la ruda existencia de éste, del siguiente modo:
-¿El príncipe?-dice una mujer¡Ah, sí, l~ conocimo·s mucho! Cuando es•
. taba aquí era muy duro con nosotros.

querían mucho: ¡como que les procuraba
los mejores alimentos de por aquí! ¡Ah,
dicen también que no es muy bravo!

Era indispensable, absolutamente indis-

Este príncipe terrible con los débiles,
este general inquieto por el ruido de un
avión, ha hecho la más implacable de las

dieran homenaje. Le hablaba a una al

guerras a las habitaciones de los humil-

encontrarla: quería hacer el papel de

des, a los árboles, a los huertos y a la tie•
rra. El sector de su división es un modelo de devastación minuciosa. De las al-

hombre bueno. Siempre que él estabJ
aquí, teníamos diariamente visitas domiciliarias. Un día nos quitaba una cosa¡ al
siguiente, otra': por donde quiera hurga-

deas no ha dejado piedra sobre piedra;
en los campos no hay un árbol en pie.

ban. Los soldados, sondeaban la tierra

Diríase que Eitel ha querido alcanzar el

con arpones; así descubrieron muchas
cosas que habíamos escondido, y se las

renombre de Atila, su padrino.

llevaron. Estaba una condenada a traba-

decir cada descarga; H. G. Wells, el
ilustre escritor inglés, que había ido al
frente del Somme, escuchaba la fuga

jar en toda clase de ocupaciones. El
príncipe en persona picaba ensalada en

musical de los proyectiles; el sol poniente inundaba de magnífica luz la tierr~

queta y removía la tierra con un· azadón.

leonada de la mesa de Flaucourt .... Dos
días después se supo que Eitel había
allandonado a toda prisa y sin pompa el
C!Sllllo de Templaux, para instalarse fuera de~ alcance efe los cañones franceses.
Afines de septiembre, cansado del tu-·
~ulto de las batallas y sin haber perdido

cho hemos padecido con él. Nos maltrataba. Pero los soldados de la Guardia lo

pensable que lo saludaran inclinándose
hasta el suelo y que las mujeres le rin-

el jardín de la granja, Se quitaba la ch11Dicen que era para enflaquecer. El hecho es que tiene un busto femenino. Mu-

En la legión desolada que se extiende
entre Villequier-au-Mont, Flavy-le-Martel y Jussy, no queda ni una construcción, excepto una que edificaron para so-

laz de su amo los soldados de la segunda
di visión de la Guardia. Entre lo que !ué
la villa de Faillouel y las ruinls de Fiavy•
le-Martel, levántase sobre una colina un
edificio rústico: semeja un pabellón campestre o de caza. En derredor, los flancos
de la colina están cubiertos de mánza•

nos destrozados; más allá de donde alcanza la vista se extiende el espectáculo
desolador de la naturaleza asesinada, y
el pabellón que 1 aislado, contempla esos
campos de muerte, causa la impresión

Cien gramos de su obesidad, ·volvía el

príncipe a su cuártel general de Fretoy.
Pero a la sazón el castillo le pareció delllasiado expuesto. No obstante que habían reforzado los muros y que la espeme de escarpa que lo rodea había sido
~bierta de rainajeS'por todas partes, no

del testigo sospechoso de un crimen. Se
asombra el espectador, pr~gunta y se le
señala una inscripción: Eitel Friedrich
Schnz (reducto de Eitel Federic.o). En-

le hallaba

tranquilo allí el Hohenzollern.

trad y os encontraréis en una pieza tapi-

En el castillo sólo permanecía el tiempo
de las comidas, acompañado de sus ofi-

zada de papel azul celeste realzado con
varillas doradas y amueblado con sillones de madera tosca, una mesa y algu-

nos escabeles. Allí iba Eitel Federico de
Prusia a olvidar sus alarmas. Delante de

él estaba )a rica tierra de Francia y tal
vez, sabedora de que un día debía abandonarla, la devastaba sistemáticamente.

unicada por un pasillo subterráneo

un abrigo blindado. Algunos vigías

Pero de nuevo Eitel, el rubio Hohen-

en fin, el miedo se había apoderado de él

~n cons.tantemente. Así es cómo po-

irremisiblemente. ¡Había que partir}
¡Extraña carrera de guerrero la de ese
príncipe, comalldante de una división de

dormir el príncipe, y ahora los habites de Fretoy-le-Cbateaux, que lentalllente salen del receloso aturdimiento en
'l1le los había sumergido la presencia de

zollern, cambió de casa con la retirada
alemana. Ahora su división se bate cerca

no le parecía una protección suficiente y.

6

Toque de retirada, seguido de la orden
de trasladarse a un nuevo cuartel uene•

eiales1 siempre listo para correr a su estondite al primer ruido sospechoso. Palba las noches en un edificio vecino,
- casa de cortijo, propiedad del hos. de San Quintín. Su alcoba estaba

ejército alemán en marzo último, el

Príncipe Eitel Federico había desocupado, desde 1916, el castillo de Avricourt,

Casa improvisada que durante algún
tiempo ocupó el Príncipe Eitel.

ªf

Imponente manifestación en p 1'
t 1
t 't
tiend
s, an e a esª. ua de Lafayette, con motivo de la entrada de los Estados Unidos en la cona europea.-- umaltuosa sesión eo la Duma, pocos dí~s después de la caída de Nicolás II.

la guardia imperial, que tiembla al ruido

PEGASO

Casa abandonada -por el Príncipe Ehel
en su retirada hacia el Este.

El Príncipe Eitel.

PEGASO

de Laon.
¿A qué castillo de Francia ha llevado
el príncipe su obesidad y sus angustias?
7

�~
DE RAMON LOPEZ VELARDE

Retozad. en el césped,
cual las fieras del Baco
de Rubens;
y luego .... la paloma
que baja de las nubes.
Riéndose, solemne;
y quebrándose, indemne.
Que me sea total
y parcial,
periférica y central;
y que al soltar mi rr.ano
la antorcha de la vida,
con la antorcha caída .
prenda luego a mis lacios
cabellos, que han sido antes
ludibrio de las uñas
de las bacantes.
Que me rece con rezos abundantes
y con láerimas pocas;
más negra de su alma
que de sus tocas.

La estrofa que danza ,
·A

Antonia Mercé.

Ya brotas de la escena cual guarismo
tornasol, y desfloras el mutismo
con los toques undívagos de tu planta certera
que fiera se amanera al marcar hechicera
los multánimes giros de una sola quimera.
Ya tus ojos entraron al combate
como dos uvas de un goloso uvate;
bajo tus castañuelas se rinden los destinos,
y se cuelgan de tí los sueños masculinos,
cual de la cuerda endeble de una lira, los trinos.
Ya te adula la orquesta con servil
dejo libidinoso de reptil,
y danzando lacónica, tu reojo me plagia,
y pisas mi entusiasmo con una cruel magia
COl,IlO estrofa danzante que pisa una hemorragia.
Ya vuelas como un rito por los planos
limítrofes de todos los arcanos;
las almas que tu arrullo va limpiando de escoria
quisieran renunciar su futuro y su historia,
por dormirse en la tersa amnistfade tu gloria.
Guarismo, cuerda, y ejemplar figura:
tu rítmica y eurítmica cintura
nos roba &amp;. todos nuestra flama pura;
y tus talones tránsfugas, que se salen del mundo
por la tangente dócil de un celaje profundo,
se llevan mis holgorios al azul pudibundo.
14 de junio. '

Tierra mojada ....
Tierra mojada de las tardes líquidas
en que la lluvia cuchichea
y en que se reblandecen las señoritas, bajo
el redoble del agua en la azotea ..• ,
Tierra mojada de las tardes olfativas
en que un afán misántropo remonta las lascivas
soledades del éter, y en ellas se desposa
con la ulterior paloma de Noé;
mientras se obstina el tableteo
del rayo, por la nube cenagosa. , . .
Tarde mojada, de hálitos labriegos,
en \a cual reconozco estar her.ho de barro,
porque en sus llantos veraniegos,
bajo el auspicio de la media luz,
el alma se licúa sobre los clavos
de su cruz ... .
Tardes en que el teléfono pregunta
por consabidas náyades arteras,
que salen del baño al amor
a volcar en el lecqo las fátuas cabelleras
y a balbucir, con alevosfo y con ventaja,
húmedos y anhelantes monosílabos,
según que la llovizna acosa las vidrieras . .. .
Tardes como una alcoba submarina
con su lecho y su tina;
tardes en que envejece una doncella
ante el brasero exhausto de su casa,
esperando a un galán que le lleve un brasa;
tardes en que descienden
los ángeles, a arar surcos derechos
en edificantes barbechos;
tardes de rogativa y de cirio pascual;
tardes en que el chubasco
me induce a enardecer a cada una
de las doncellas frígidas con la brasa oportuna;
tardes en que, oxidada
la voluntad, me siento
acólito del alcanfor,
un poco pez espada
' y un poco San Isidro Labrador ... .

Dejad que la ala be ....
¿Existirá? ¡Quién sabe!
Mi instinto la presiente;
dejad que yo la alabe
previamente.
Alerta al violín
del querubín
y susceptible al
manzano terrenal,
será, a la vez, risueña
y gemebunda,
como el agua profunda.
Su índice y su pulgar,
con una esbelta cruz,
esbelto persignar.
Diagonal de su busto,
cadena alternativa
de mirtos y de nardos,
mientras viva.
Si en el nardo canónico
o en el mirto me ofusco

Ella adivinará
la flor que busco;
y, convicta e invicta,
esforzará su celo
en serme, llanamente,
barro para mi barro
y azul para mi cielo.
Próvida cual ciruela,
del profano compás
siempre ha de pedir más.
8

PEGASO

José Enrique Rodó entre las tazas de té
Para ANTONIO CASO

Alrededor de la mesa de un café, de
primera clase, toma té (corriente como
el de todos los cafés de México) un pequeño concurso formado por tres personajes, que visten con discreto mal
gusto. Ninguno pasa de los veinticinco
años. Son el Conforme, que tiene la mala costumbre de pensar bien de todas
las cosas; el Irrespetuoso, que ejercita
el peligroso hábito de pensar mal de
todas las cosas, y el Crítico, que posee
la cualidad de pensar, a su vez bien y
mal de todo el universo. La conversa•
ción del cenáculo ha pasado de la diva·
gaci6n al humorismo, y de éste ha entrado a saco en la opinión personal y
ha adquirido la eficiencia de un motor
en marcha.
El Irrespetuoso. -Hay una época en
que los literatos deben morir para no
complicar los cuadros de las historias
literarias. Rudyard Kipling está de sobra
en el mundo; debió de morir, de tristeza,
el mismo día que la Reina Victoria. Ro·

nosotros entusiasmo y esperanza. Fué
uno de los pocos que en medio del posi·
tivismo rastacuero de los hispan&lt;rame•
ricanos levantó su voz para defender la
parte del espíritu.
El Crítico.-Fué su prédica la consideración optimista de que el hombre es
una obra de arte que puede alcanzar la
perfección; fué la enseñanza clásica de
una vida armoniosa que por ascenciones
insensibles, que por cambios inconscien•
tes, nos llevará en .el culto de nuestra
propia vocación, con serenidad y a veces
hasta con heroísmo, a la cumbre excelsa
donde ~onversan de sus propias Iligenias

dó murió a tiempo, y muriendo en Roma
hizo una elegante concesión a su bio2ra·

fía.

•

El Crítico.- El literato cuando es vie-

jo exa¡¡erá sus electos y pierde algunas
de sus facultades, de tal modo que las
obras de la vejez nos descubren, como
un reactivo, las manchas de toda su obra,
así como el rostro envejecido de la madre nos confiesa las inadvertidas imperfecciones de la hija. Todo escritor viejo
se traiciona cuando escribe.
El Conforme.-Rodó sabía reformarse
y estaba abierto a todas las corrientes.
como un renacentista .
El Irrespetuoso.-(rápidamente.) Y
entendió a Grecia tan mal como el último
de los renacentistas, Winckelmann. U na
Grecia infantil, graciosa y sencilla, lle•
na de mármoles y de blancas teorías, una
especie de simétrico invernadero para
Sófocles y para el bello Carmides. ¡Grecia tuvo ladrones y canallas, pleitos y
casas sucias!
El Crltico.-Eso lo sabe Rodó; pero
eustaba más de la Grecia de Sófocles y
de Platón porque ella le regocijaba el espíritu y le revelaba profundamente la
inteligencia de aquel pueblo y una de.las
actividades más brillantes de su vida. Ha·
bló de ella algunas veces con la frialdad
que acostumbran los escritores académi•
COS, pero . ... eso es una simple cuestión
de estilo.
~l Conforme.-Eso no perjudica a su
obra, que llena tan bien su objeto. Fué
un amable y sereno maestro que nos hizo pensar a todos en nuestra posible perfección, que nos predicó obedecer el íns•
tinto de la vida gobernándolo eón la más
Cllidadosa razón, que despertó en todos

Jo~é Enrique Rodó.

los dos ancianos divinos, Sófocles y Goe'
the. No creo por la incapacidad de los
más, en la eficacia popular de tales ense·
ñanzas.
El Con/orme.-Sin embargo Ariel ha
dejado en todos sus lectores un gran entusiasmo por su propia vida y por el porvenir de América. Un estudiante conocí
que no vió a la América como patria es·
piritual hasta después de leer ese folleto.
El Irrespetuoso. - Yo recuerdo que
cuando lo leí me pareció tan vago que no
logró entusiasmarme. El arielismo es,
seguramente, una concepción falsa de la
vida. Mientras todos tengamos que decir
como Calibán, I must eat my dinner (¿y
quién no lo_tiene que decir?) habrá una
parte en nuestra existencia que la consa•
graremos -honradamente o no- a las
labores de Calibán. El noble Calibán es
el hombre rico; el sutil Ariel es el artista
o el apóstol. Como prédica yo hubiera
preferido el calibanismo, porque Calibán, ya sabéis, es el •protector dé las
ciencias, de las letras y de las artes•.
El Critico.-No pretendo afirmar que
Rodó ofrezca la única ni la más perfecta
enseñanza que a la juventud conviene;
pero sus enseñanzas son superiores a la

PEGASO

de aquéllos que quieren fundarse más en
v u I g a r e s consideraciones socio1Cl2'icas
que en los datos de la psicología. Es una
enseñanza Oril!'inal, es la voz del sabio,
en el sentido antiguo de la palabra.
El Irrespetuoso. - Mi amigo, exageras.
Para aprender que «reformarse es vivires más provechoso leer la biografía del
látuo de Goetbe que los Motivos de Proteo. Recomendar que uno se transforme
y que dirija por la más recta voluntad s~
transformación, debe enseñarse con el
ejemplo, no con los principies, que son
tan inútiles como los consejos de los ¡¡.
bros que tratan del •éxito en la vida•.
¿Quieres ganar en el juego de cartas?
Escucha los consejos para el éxito: •En
el juego de cartas es verdaderamente necesario confesar el error de permitir que
el contrario gane. ¡Ten ánimo y haz por
ganar! Vivimos en el tiem_po de la ciencia y del sentido común y,-está probado
definitivamente que en todo juego donde
hay dos, si uno no gana, el otro puede
hacerlo•. No hay nada como guardar la
armonía de la vida, poner voluntad cuando conven23, ofrecer heroísmo cuando
se necesite, cuando lo exig-a la ocasión
dejarse llevar, perO transformarse cori~
tinuamente. ¿Y qué? Necesítamos saber
los casos en los que se ha puesto heroísmo, en los que se ha abandonado todo a
la armonía postestablecida, o no saber nada. ¡Ten entusiasmo! es igual a ¡Ten éxito en los negocios!
El Conforme.-Es raro que desconozcas que las enseñanzas de todos los moralistas son así, tienen que ser así . . . .
son consejos generales, máximas que tú
aplicarás a su tiempo . . , .
El Irrespetuoso.-El consejo antiguo
cuando no estaba fundado y sostenido
por un sólido razonamiento que le comunicaba la fuerza filosófica, ·como en los
discursosdeEpicteto, era reducido, comprendía algunos de los pequeños actos
de nuestra vida diaria. El libro de Marco
Aurelio principia: •Aprendí de mi abuelo
Vero a ser de honestas costumbres y no
enojarme fácilmente•. ¿El libro de tu
maestro enseña algo tan precioso y trivial como no enojarse fácilmente?
El Crltico.-Pero así como el inteligente lector de los fragmentarios moralistas franceses entiende la vida con sutil
escepticismo y con sabia malicia, Rodó
qui~re que el lector de sus libros la vea
con entusiasmo, con esperanza, con deseo de obrar, Es una poderosa voz de
verdad, de ideal, de fe. Yo, por mi parte,
declaro que a los moralistas ténues (de
Séneca a Emerson, y entre los cuales se
cuenta Rodó) prefiero el artista que ve la
vida desde su filosofía, y que despierta
un modo personal y fuerte, un modo de
9

.

�•

sob1·e-ser. No creo que penséis, con Ro~
dó, que el ideal de la vida es la caridad
cristiana en los moldes de la elegancia
griega. Las cosas han cambiado. Cada
hombre encontrará sus propios caminos
si debe encontrarlos alguna vez. ¿Qué
libro de moral podrá enseñar más que
Goethe, que Nietzsche, que Ibsen? .
El Irrespetuoso. -¿Qué Berna r d
Shaw?
El Crítico. - (De buen humor.) ¡Muera
Bernard Shaw!
El Conforme.-A pesar de todo un
modo de ser entusiasta, de comprender
con sil1lpatía nuestra vida latina, de conservar nuestra conciencia hacia los más
puros ideales, eso lo difundió Ariel.
El Irrespetuoso. -(Desdeñosamente y
con el asentimiento del Cr!tico.)¿Crees en
nuestra vida latina? ¿Nuestra conciencia
dirigida hacia los puros ideales? Ariel
fuera libro para profesores de escuela si
no estuviera tan bien escrito.
El Conforme.-(Amable y arrobado.)
¡Qué hábil prosista! Es de suprema elegancia y. corrección, y tiene la fácil pulcritud del escritor culto en Su idioma.
El Critico.-Es la elegancia serena de
los escritores que piensan ....
Él Irrespetuoso.-(Intcrrumpe.) Labor,
tan rara para nosotros ....
El Cr!tico.-Es la prosa noble de la
época de Carlos V, que a veces imita el
desarrollo del diálogo platónico y a veces
el período interminable de los lectores
eSpañoles de Cicerón. Sus libros en ::ierto modo son clásicos porque recuerdan
los libros de moral humana, que pintaban al discreto, al héroe, al amante, y
donde el ingenio sorprendía con el hecho
trivial su causa psicológica, y en la frase
elíptica la escondida exégesis. ,¡Lástima
que no se haya tenido la roa.no para escribir! Escribía demasiado bien par a
·eso .... Y sobre un bergsonismo de la
conducta, que es tan viejo como la humanidad, escribió un libro inmenso.
El Irrespetuoso. -Vago bergsonismo
sin conclusiones.
El Conforme.-¡Oh! a todo se le llama
. ahora bergsonismo!
El Crítico.-De cierta vaguedad"amable se resiente el pe'nsamiento de Rodó,
sin embargo él y Varona son los que en
América piensan las cosas con menos
aparato y las dicen mejor. Rodó es, además, uno de los primeros críticos litera. ríos hispano-americanos. Su prosa carece
de cortante energía, de poder sintético.
Entre los últimos mejores escritores en
castellano Justo Sierra sabía decir con
más dureza y más énfasis. (Con profunda sinceridad.) ¿No habéis notado que al
lado de los mejores ejemplos de la prosa
de Justo Sierra \a prosa de Rodó ·es
muelle?
El Conforme. -(En, un tono que hace
desconfiar de su serenidad.) ¿Vasa acaba&lt; hasta con la prosa de Rodó?
El Critico. -¿Te has dado cuenta ya
de la m1lgnífica prosa de Justo.Sierra?
ID

El Conforme.-Es un poco oratoria.
El Irrespetuoso. -Todo es oratorio en
el mundo, hasta los epitafios, ¡oh dioses!
ElCr!tico.-(AlConforme.) Lo que llamas oratori&lt;:&gt; es precisamente la energía
de su frase, la fuerza de su e;x.presión,
su estilo rotundo, como si las palabras
salieran de los labios del Moisés de Miguel Angel.
El,Irrespetuoso.- (Venal.) El desarrollo sin fin y la melodía infinita de la pro-

CARICII.TURA EXTRANJERA

sa de Rodó tienen más del esfuerzo lila·
quina! del orador.
El Conforme. -(Secamente.) Estáis
iconoclastas esta noche.
El Irrespetuoso.-¡Es que no creemos
en Rodó con la exageración de los periódicos!
El Conforme. - Los 'periódicos hacen
bien.
El Critico.-Los periódicos no saben
lo que es literatura.
El Conforme.-Es que toda propagan.
da de Rodó es un bien para América.
El Irrespetuoso.-(Diabólico.) ¿Y qué
nos importa América?
El Conforme-(Con un gesto del más
profundo disgusto.) Así es imposible entendernos, cqn esas boutades . ...
El Critico sonríe, y el Irrespetuoso
está a punto de decir: •Todo en el mundo son boutades•; cuando se acerca el
mozo.
El Mozo.-(Con sueño.) Perdonen señores que los interrum_pa; pero vamos a
c~rrar el establecimiento.
El lector sabe ya que los calés se cíe•
rran en México en el preciso momento
en que la gente empieza a tener hambre.
ANTONIO CASTRO

Consecuencias de la ofensiva francobritánica,

LEAL.

~ovedad Literaria
"DEL PASADO"
POR GUILLERMO Jn,tÉNEZ,

Una aparición inquietante.

El pueblo alemán y su Küser.

· Cub.a acude en ayuda del Tío Sam.

PEGASO

Ell el prólogo que para este libro escribió
Enrique González Martínez, dice: &lt;Este gé,nero literario de la narración breve, del esbozo ligero, del apunte fugitivo, convida a culli·
Varlo por su facilidad aparente. Cabe con hol·
gul'a en una página, y parece que demanda
poca intensidad de labor, esfuerzo insignifi·
cante y brevísimo tiempo; pero, en cambio, es
un género difícil. Cada nota de esas que pate·
cen escritas a vuela pluma, ha menester oo
suave perfume de gracia, una observación pe·
netrante, o una indiscreta ironía, o una tras·
cendencia oculta, o una emt&gt;ci6n sutil y refinada. Estas,minúsculas grageas literarias deben estimular como una droga excitante, pro·
ducir picor en la lengua, o, cuando menos,
perfumar el aliento. Lo soso está prohibido.
De esta literatura, más que de cualquier otra,
debe desterrarse lo mediocre&gt;. Y más adelan·
te: c•El autor de esta colección es un joven
que ha publicad0 ya otra del mismo carácter
con el sugestivo título de~Almas inquietas.
Ha tomado su labor en serio como conviene
a los escritores bien nácidos, y cuida de su
arte como fin noble y no como vulgar pasatiempo.&gt;
Del Pasado forma un volumen en 16°, im·
preso en muy buen papel y con portada a co·
lores del artista Jorge Enciso. Precio del ejem·
plar, $1.25.
•Edición de la LIBRE RIA DE ANnRts BoTAS 1
HIJO, Bolívar nu~. 9, apartado 941. México

El famoso aviador francés Guynemer inte·rrogando a •n aviador alemán a quien
acaba de vencer y que es enviado
a retaguardia en un automóvil.

La Entente acaba de resolver el enojo-

so problema de Grecia, obligando al rey
Constantino a abdicar la corona en su hijo Alejandro. Para ello lué enviado a la
península helénica el estadista francés
Jonnart, homlare a la Lloyd George, de
resoluciones decisivas, que puso al monarca en la disyuntiva de abandonar el
campo o dejar morir de hambre a su pueblo como consecuencia de la confiscación
de las cosechas de Tesalia, y el riguroso
bloqueo de las costas griegas. El instrumento de las intrigas alemanas que por
tanto tiemp0 contribuyó con su conducta
equívoca a paralizar la acción de los ejércitos de Sarrail, va a salir de Atenas, y
con su salida empezarán a registrarse en
esa sección del inmenso frente de batalla
acontecimientos de un carácter menos
pasivo que los que hasta la lecha se
han registrado. Libre el contingente aliado, de los teinores de ve:se acometido
por su retaguardia en su avance hacia el
Norte, podrá ejercer una presión más
eficaz sobre las líneas austro-húngaras;
Yaunque el terreno, falto de vías de co•
municación y en extremo accidentado,
no se presta para el desarrollo de operaciones de la importancia de las que tienen
lugar en otraS partes, conseguirá al menos distraer en esa región, mayor núme- ·
ro de tropas que las que actualmente tienen allí los Imperios Centrales, y tal vez,
deprimir el ánimo del pueblo búlgaro y
obligarlo a desertar de las lilas alemanas.
La abdicación del rey Constantino ha
causado gran indignación en Berlín (la
reina es-hermana del Kaiser), y el mismo
Guillermo II ha ofrecido castigar el desacato y volver a su afligido cuñado lo que
tan injustamente le quitan. El imperial

El Conde Cadorna, Generalísimo del ejército italiano, que se ha cubierto de gloria
en la actual ofensiva.

guerrero confía para ello en su invencible ejército y en la ayuda del Todopoderoso que sigue viendo con ojos paternales la carnicería1·teutona. Pero mientras
el cielo intervie ne en· la pugna y cambia
el curso de los acontecimientós militares,
la Entente controlará, por medio de Venize:los, la situación de Grecia, y Alemania, -verá alejarse la esperanza de convertir la costa helénica en guarida de su
banda de sumergibles.

Han empezado a llegar a Francia los
primeros contingentes americanos. Como
se hizo con los rusos, estos elementos de
combate ocuparán un puesto especial
en el frente occidental. Con las tropas
han llegado también cien aviadores que
serán empleados en los servicios de exploración, lo mismo que se ha hecho con
los que ya se encontraban en el ejército
francés desde antes de que los Estados
Unidos rompieran sus relaciones con
Alemania.
El mayor general Pershing, designado
por el Presidente Wilson para dirigir la

Aparato empleado porlos aliados para descubrir la presencia de los aeroplanos
enemigos.
·

Fusileros ingleses entrando a una ciudad
francesa que las fuerzas teutonas
acaban de evacuar

campaña en lo que se relaciona con la
ayuda ~orteamericana, salió hace días
de . Pans, donde lué muy agasajado y
se en~uentra.. actualmente en Londres.
P_er~hmg f_u: el jefe de la ridícula exped1c10n pumhva que vino a México. S
carrera ..mi·¡·ltar, por lo menos la not ona,
.u
comenzo
.
.,en las márgenes del Bravo con
1a vio 1acion de nuestro suelo Ho
•
•
Y va a
c?ntmuar en Europa en condiciones muy
diferentes. Tal vez consiga lavar la d _
l uc1'da y tr·iste página de su iniciación ~
en
las aventuras bélicas. Tal vez lo veamos
p~onto desaparecer de la escená, absorbtcl.o por su propia nulidad. La guerra
gasta a los hombres con pasmos;;.. celeridaB. Los mismos que un día de fortuna
asoman entre el humo de los combat
con ta~a ~e gigantes se van después e;~
pequeneciendo, y sus nombres empiezan
a ~onar a gloria vieja, a cosa del pasado,
~tentras ot~os ayer obscuros agitan sus
stlabas metálicas en torno de las banderas sacudidas por el soplo trágico de las
matanzas.

•*•
Los in¡¡leses han loirrado consolidar
.sus pos1c10nes eñ Messines Y en Cottaverne, lugares recientemente quitados a
los alemanes, después de una sangrienta
batalla que costó a los Imperios centralesrSt:_IS mil cuatrocientos prisioneros Y
un,numero mayor de muertos. Para recup_erarlas emprendieron posteriormente
vanos contra-ataques, con fuerzas de refresco; pero a pesar del empuje con que
llev~ron a cabo la embestida, la artillería
britámca y la firmeza delos tomieshicier?n fracasar el intento. Tampoco han temdo suerte en los contra-ataques que
han emprendido en el frente galo para
reconqmstar algo del terreno que han
. evacuado en las últimas "Semanas: los soldados franceses se han sostenido en sus
nuevos atrincheramientos, con un valor
y una tenacidad ejemplares, y los teuto~
Pasa a la página 15

PE:GASO
II

�,

LA POLITICA AGRICOLA
EL CREDITO RURAL

Hemos dicho en un artículo anterior, que la escasez de bra•
zos es uno de los factores más importantes de nuestra penuri:it
agrícola, y que el mal se agrava con la dedicación a otros trabajos de nuestra clase prG!etaria. Seguiremos hablando de las demás causas que dificultan el desarrollo de la agricultura en México, para despÚés apuntar de un modo somero los más urgentes medios de mejorar la situación agrícola.
En un importante estudio que próximamente publicará un
entendido y práctico agricultor, el señor don Ignacio I. Gastélum, trabajo que tiene atinadísimas observaciones sobre la materia, se menciona como una de las causas más graves de dificultad para el desarrollo agrícola la falta de crédito rural. En
realidad, el crédito rural no ha existido nunca entre nosotros, o,
al menos, nunca se ha logrado que llene las necesidades imperiosas del caso. Lo que necesita un agricultor pobre, no es el

Hay otra causa de atraso agrícol~, y es la falta de comunicaciones y la carestía de los transportes. Mientras el agrioultor
pobre que trabaja en lugares distantes de los centros de consumo no halle condiciones favorables para competir en precios con
el que se halla cerca de estos centros consumidores, de nada le
valdrá que sus cosechas sean abundantes, y verá guardadas las
semillas en sus trojes mientras los favorecidos agotan las suyas
en los mercados. Nuestra red ferrocarrilera había adquirido un
desarrollo importante durante la época de paz, pero no era suficiente todavía para las necesidades de la República. Cuando la
tranquilidad de México seá un hecho definitivo, el gobierno deberá cuidar de que en las construcciones de nuevas líneas férreas se tome en consideración más que ninguna otra la conveniencia agrícola.
Dos necesidades urgentes debemos mencionar, y cuya grapréstamo a plazo apremiante, con intereses ruinosos, sino el vedad a nadie podrá escaparse. Son ellas el fraccionamiento de
préstamo generoso que le permita dedicarse con tranquilidad a tierras y el rie•go, y si las mencionamos juntas es porque son, en
sus tareas, y cuyos beneficios no se pierdan con la triste even- realidad, cosas inseparables ya que el fraccionamiento sin agua
tualidad de una mala cosecha. Los largos plazos y el módico in- es de una ineficacia patente.
La subdivisión de la tierra es algo que influye de un modo
terés son cm¡diciones indispensables para que el préstamo sea
fructuoso y para que no se convierta en fuente de ruina para el fundamental en el desarrollo agrícola. Es fuente, a la vez, de
agricultor. De otra manera, éste no ptiede hacer inversiones en riqueza individual y de prosperidad nacional. La frase del n.omejoras, y por lo tanto, no puede desarrollar su finca; y el ca- narca francés que pedía para cada puchero una gallina encuenrácter de las obligaciones contraídas lo obliga a vender mal y de tra con la división .de las tierras y con la creación de los pequeños propietarios una aplicación práctica. Este se independe del
prisa los productos cosechados.
Condiciones semejantes no la soportan ni los grandes capi- amo y deja la condición de asalariado, consiguiendo, a la vez, la
les. ¿Cómo podrían soportarlas las pequeñas fortunas a quienes libertad económica y el progreso moral. Salir de jornalero para
lo perentorio del plazo y la cuantía de los intereses devengados cor~vertirse en propietario es un paso más grande de lo que puelos llevarían al fracaso definitivo? De aquí la urgencia de esta- de suponerse, y la situación de independiente realiza en el indiblecer un Banco de Crédito Agrícola o varias instituciones de viduo una transformación que modificará por completo su vida
este género. Cuando tratemos de exponer nuestras ideas sobre futura. El reparto de tierras encamina al pequeño agricultor
el particular, manifestaremos cómo es forzoso para la creación para tal objeto, pero será inútil si no va acompañado con el inde establecimientos de esta índole la concurrencia del capital ex- dispensable elemento del riego fácil y a buen precio. Este asuntranjero.
to será materia de otro artículo.

La crítica y la retórica
Por ANDRES TERZAGA
Nadie como un buen lector comprensi•
vo, sabe lo desacertado y lo pernicioso de
- eso que vulgarmente se llama crítica.
Los jueces de las letras, a semejanza dé
los de la ley, se lo pasan en expedientes
y consultas para conder¡ar o· dejar en salvo exterioridades, haciendo caso omiso
del hombre. En los tribunales de justicia se vela por el código; en los literarios
por un eunuco: el buen gusto fraseológico. Si en los primeros hay falta de amor
y desconocimiento respecto del prójimo,
en los segundos la misma falta de amor
y desconocimiento respecto de la obra a
juzgarse. Un libro es un hijo, vale decir
una entidad responsable, y por lo tanto
superior ai traje de palabras con el cual
se muestra a nosotros. Son sus intenciones y.la bondad de su sangre lo que debe
ser juzgado. Son el &lt;acto• y el •hecho•
entrañados en el libro, las cosas que toda
crítica debe pone'tse en relieve, sin olvidar las virtudes cristianas del consejo
falto de malevolencias.
La crítica actual, concretada a perita12

jes de sastrería, ha enfermado de retórica al escritor y al público que le lee.
Pero hay algo más grave: el público digiere las monstruosidades más canallas
en honor a la bella retórica. De cien lectores, no· hay dos que sean capaces de
comprender las obras- madres del genio;
ni dos que se interesen po.r el espíritumadre, religioso y filosófico de la antigüedad.
Las pocas, firmes cabezas de estos últimos tiempos, han sido juzgadas por las
palabras que dijeron y no por los amplios
conceptos que meditaron. Es así cómo
los grandes muertos viven cada día menos en la infinidad de los hombres, y los
grandes vivos refugiados en el silencio
de los muertos ....
Lo.s más empedernidos luchadores contra la retórica, concluyen por formarse
una para su uso particular, tan perniciosa, en sus efectos, como la excluída: concluyen por caer y creer en lo mismo que
combaten. 'Es una lucha peligrosa, de la
cual es difícil salir con la •personalidad•

PEGASO

incólume y aun con la personalidad.
Tal ha pasado en nuestra América con
cierto escritor argentino, retórico genial,
gran luz ficticia¡ tal pasa, en la majada
literaria con poetitas «modernos 11 tan va·
cías como vanos. Viven por y para la re·
tórica. Sun retórica ellos mismos, desde
la copa del sombrero hasta la suela de
los zapatos. Retórica en su concepto bistorico, retórica en su musa cocotte que
tiene la desvergüenza - ¡pintarrajeada!de contar entre sus «maestros» el ingénuo y hondo Daría.

JOSE MARIA CHACOII Y CALVO, «Cervantes 7 el Roman•

.., .- Conferencia pronunciada el 10 de diciembre de 1916 en
el •Ateneo• de la Habana.-1917. Hemos recibido este interesante folleto de nuestro colaborador, el culto literato cubano
don José María Chacón y Calvo. Es el del señor Chacón nom•
bre de gran prez para la erudición cubana de la actualidad; sus
trabajos folk-lóricos, o de investigación literaria, servir pueden
de ejemplo para quien quiera iniciarse en est.as penosas y un
tanto ingratas tareas.
Estas conferencías encierran un valor muy más alto del que
parece darle su título, pu!"amente folk-lorista. Es un concienzudo trabajo acerca de las ideas de Cervantes sobre la poesía y ds
la discrepancia que hay entre sus opiniones y su poética práctica. Porque, contra las ideas cultas del Renacimiento, imponíase
por modo irresistible la poesía popular, coexistiendo con las formas cultas: «Es un fenómeno muy interesante, muy peculiar ·en
la historia del Renacimiento en los estados ibéricos: la persistencia de la forma popular al lado de la culta, de la genuina tradición nacional manteniéndose viva, renovándose de contínuo,
junto a las manifestacioríes más puras del ideal clác::ico.»
Es que la poesía popular, desprovista de los afeites que el
Renacimiento había puesto en vaga, encerraba por esto mismo
un mayor grado de vitalidad, un poder de persistencia más
grande, porque eran sentimientos más humanos los que la informaban, eran las pasiones corrientes, no por vuleares despro•
vistas de ardor y de fuerza lírica.
Cervantes y Romancero contribuye a la cultura cervantina
en parte de gran interés, porque ayuda a estudiar el punt&lt;t tan
discutido del valor de la obra poética en el autor del Quijote.

·el noble entusiasmo que pone en todos sus comentarios sobre
las cosas artísticas de México.
El público debe colaborar en esta obra, adquiriéndola para
sufragar los gastos de las siguientes. Será una colaboración para honra de nuestro país.
GUILLERMO JIMEIIEZ: Del Pasado.-México, Librerla de
Andres Botas e hijo, 1917, en 129-Hace muchos años que se

P.ublican en México libros de cuentos. En realidad, siempre se
han publicado muy pocos. Los novelistas de todas clases ocuparon el campo, casi siempre, con sus productos mexicanos. El
.¡:género mexicano» formó escuela y, punto de más y coma de
menos, se llegó a realizar un modelo al cual se sujetaron los
autores.
Es forzoso señalar las excepciones de algunos cuentos que de
cuando en cuando nos ofrecen los diarios y las revistas, y el libro
de Mariano Silva, este ingenioso pegasista, autor de una serie de
«retratos», de «estampas» y de «personajes» a quienes ha insuflado un espíritu encantador. Su Arquilla de Marfil es, verdaderamente, una linda arquilla en donde el conteur guarda pri•
mores de una gracia incomparable.
En PEGASO tenemos un empeño ardoroso en dar al cuento
la alta importancia que le .pertenece, y para el cuento hemos establecido una sección semanal. Además, algunos redact0res de
esta revista preparan libros de cuentos que se publicarán muy
pronto.
Dicho sea lo anterior apropósito de. Del Pasado, pequeño
libro que Guillermo Jiménez acaba de publicar limpiamente impreso. Se trata de un joven que se estrena en el ejercicio de las
letras, en el cual no regatea empeños ni entusiasmos. Ha escriM. T.
to dos libros de cuentos: bien hecho. Su ardiente primavera tie•
PEDRO HEIIRIQUEZ UREÑA: Bibllografla de Sor Juana Inés ne derecho de ensaya~se en buscar caminos y en recorrer sende la Cruz.-En «Revu..e Hispanique», New York;París, iunio, deros; su entusiasmo sonoro hace bien en sembrar lo que el
de 1917.-La bibliografía de Juana Inés de la Cruz, intentada por OtoñQ madurará. Sus cu'e ntos no tienen más presunción que la
Serrano y Sanz en su &lt;Biblioteca de Escritoras Españolas• Y. sincnidad, que es bravo arresto tratándose de recorrer los pre·
no hace mucho por el propio Henríquez Ureña, publícala este dios de las nueve hermanas. Siga trabajando con bríos: el esdistinguido colaborador de nues~ra revista en el último número fuerzo y el estudio pueden llevarlo a la altura de sus aspira·
de la Hispánica, con adiciones y notas de gran estimación para ciones.
la historia literaria de México y para quien emprenda la deseada
y necesaria labor de una edición crítica de las obras de la Décima Musa.
En orden cronológico nos ofrece el excelente crítico domiVIDRIOS PLANOS,
Y MEDIO DOBLES
nicano una lista, la más completa conocida, de las ediciones que
han tenido los libros y opúsculos de la maravillosa gerónima, y
SEN,ILLOS
PARA VENTANAS ;
cada título está seguido de notas con referencias tipográficas y
de tratados de bibliografía mexicana. Sesenta ediciones y algunas reimpresiones fuet:on anotadas en el trabajo que nos ocupa.
!JI
Esta estimable contribución bibliográfica no deben olvidasla1' CALLE DE SANTA TERESA NUM. 12
:
quienes se ocupen en estudiar a Sor Juana Inés.

¡--*=--*-*~*---*
f
¡
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*

**

!

!

David Bloch

lif

CARICATURA EXTFANJERA

Jugada certera.

IIISPECCIOII GENERAL DE MOIIUMEIITOS ARTISTICOS:
Konografias Me:a:icanas.-La CatedraJ....,....Aféxico, Depttrtamento Editorial de la Dirección General de las Bellas Artes, 1917,
en 129-Con una serie de láminas de ·1a Catedral metropolitana,
la Dirección General de Monumentos Artísticos, inaugura una
serie de monografías mexicanas del mismo aspecto y con idéntico plan a las italianas e inglesas, en donde se detallan los grandes monumentos de la arquitectura y de la pintura. Es una idea
merecedora de entusiasta impulso, la de vulgarizar nuestros tesoros artísticos 1 en fascículos de maenífica presentación tipográfica y de precio accesible. La monografía de la Catedral de México está presentada como cualesquiera de las europeas de su
géner.o.
La introducción a la parte gráfica fué escrita por Manuel
Toussaint, el reputado y erudicto colaborador de PEGASO, con

~

*f

m

Antes EscalerHlas núm. 14

TELEFONOS:

MexiGana 2213 Neri.

l;riGsson 704.

Apartado Postal núm 9.

MEXICO.

li!
lll
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*~*~~~~*~~~**~*~::-*:;;;~*~**'

PEGASO

Busque Ud. el próximo número de

PEGASO
que contendrá selecto material.
13

�La Gran Guerra

TEATROS Y CINES
C0L0N. -•LA ARGENTINA•, esa libélu-

Viene de la página n.

Junto a los movimientos rítmicos de cLa
Argentina•, los movimientos de las hojas
de las palmas, aÍ roce de la brisa, resultan torpes y ridículos. ¡Miren ustedes
que poner en ridículo a las palmas!
Dueña del ritmo y del i_nstante preciso:
encárgate de las horas que vuelan sobre
este México y encáuzalas; encárgate de
aligerar a nuestra vista el paso de los
dolores y las vanidádes; encárgate del
movimiento de todas las emociones; encárgate de todo, de todo, para que cuando te alejes quede una estela de precisión, ritmo y encanto en todas las cosas
que nos rodean.
Encárgate, siquiera sea por ocho días,
del tráfico urbano!

la-mujer, esa maja inteligente que ha hecho brotar las estrofas de nuestro poeta
López Velarde, sigue quitando el juicio a
cuantos la miran. Nosotros seguimos
afirmando que hasta hoy se ha visto en
México un baile español verdaderamen•
te artístico y seguimos afirmando también que para tocar las castañuelas, co•
m0 las toca «La Argentina:., se necesita
ser, ¡por vida de la Duncan!, un Lloyd
George y tener un cerebro en cada dedo.

***

Ecos de la última Kermesse.

r

Acabamos de saber que •La Argentina• seguirá actuando algunos días más
en el Colóh y que pondrá bailes aún más
refinados; entre otros los de Goyescas,
que constituyeron un verdadero triunfo
para la citada •Argentina• en Nueva
York, cuando estrenó la obra su malogrado autor.
Es muy justificado creer que cada día
aumenten las entradas en el Colón, pues
cada día también se va enterando la me-

Ecos de la última Kermesse,

trópoli, gracias a.la prensa, riel inmenso
valer de esa artista.
Ya sabemos que andan por ahí algunos que dicen «que lo de «La Argentina,
no es p'a tanto&gt;. ¡Claro, si les hubiera
gustado «La Argentina• a esos tíos ya es•
tuviera la señora poniéndose el corset en
un camerino del Trianon, y preocupándose por repasar aquello de:

cTengo dos lunares ....
tengo dos lunares•.
No, queridos amigos, «La Argentina•
no irá ~l Trianón, ni tiehe lunares.

No~compre
Usted puede perder su

a personas que no puedan probar ser Agentes de este Despacho.

dinero, sin darse cuen-

ta. si no compra a los
vérdaderos Agentes de

***

Empiezan a llegar a Petrogrado los socialistas franceses, belgas e ingleses enviados por sus respectivos gremios para
cambiar ideas sobre la situación de Europa y ver si es posible conciliar los interes en pugna y llegar a la paz. En Inglaterra y er, Francia no sólo no se espera nada de estas conferencias entera-

no servira pedidos que

'•Collingbourne"

no estén oonfirmado&amp;

000000!00000000!0&lt;&gt;00000&lt;&gt;!0&lt;&gt;0&lt;&gt;00
1
.
1
1
.

§

1

8
TEATR.-O COLON 8

8

§
8
8

~

§§

Don,;ngo 24 de Junio
Pee ,a ,aedo

Estreno de la obra en tres actos de

~

8

EMILIO !)AGUERRE

88 "Las· Sombras Vuelven"
8
·
· 8
8

En las &lt;m fondooes &lt;omacá " ' ' '

88 I ~

L

~tab~ ~~r~a~s:!~ A

§

~ 1g

1
1
1
000000,00000000,oooooooo,oooooo

No serán despáchadat

Hilos e Hilazas

las ór:denes por la Fá•
brica, si se haoen por
conducto de otra per-

para coser. tejer y bordar.

''Collingbourne Milis"

sona.

Es el nombre de la Fábrioa.

Le llegará la mercancía

''Western Thread Company"
Es la oasa ooncesionaria para la venta en todo el,mundo.

R.A.Day

Pero por conducto de
algún comisionista de

.,

Es el único y exclusivo
Representante para este;pais.

•

Despachos 310 y 3ll. ·

PARA RECOMENDARLE LA CALIDAD DE NUESTRO
SERVICIO. -- TODO MEXICO SABE LO QUE SOMOS

ANUNCIAMOS
SIMPLEMENTE PARA RECORDARLE

E. U., y entonces

Usted paga más
po~ el mismo articulo.

R. A. DAY, único y _exclusivo Representante para la República
Av. 5 de Mayo, 32.

NOSOTROS NO ANUNCIAMOS

por el su~sorito.

Es la rnaroa de los mejores

MEXICO, D. F.

QUE ESTA EN SAN ANGEL INN. LA
CALMA QUE USTED BUSCA

SOLO EN S-N. ANGEL INN.
. PEGASO

. 14

deben empezar por sacudirse el fardo del
militarismo prusiano si quieren que sus
demandas sean tomadas en cuenta, cosa
difícil, porque la poderosa colectividad
germana se halla penetrada hasta los huesos de la demencia agresiva de los Ho~
henzollern y sólo el aliento de una catástrofe podría sacarla purificada del abismo en que se debate soñando en una hegemonía que no pudo alcanzar ni la Fran•
cia gigántesca de Napoleón.

Lá Fábrica

este Despacho.

'

nes han tenido que retroceder abrumados más que por la metralla por el peso
de su estéril sacrificio. Los críticos militares estiman que a consecuencia de sus
últimos fracasos los ejércitos del Kaiser
abandonarán pronto su actual línea de
resistencia, difícil ya de defender, y se
retirarán a las posiciones preparadas más
al Este para continuar prolongando la
lucha hasta que los submarinos o algún
suceso inesperado vengan a favorecer sus
planes.
Con igual éxito que franceses e ingleses, los italianos siguen resistiendo los
contra-ataques de los austriacos, empeñadas en arrancar a sus enemigos los fuertes perdidos desde que se inició con des- .
esperado brío la ofensiva del general Cadorna. Protegida por su potente artillería
y por las bocas de fuego de la flota aliada, la línea italiana se ha ido extendiendo
a Jo íargo de la costa, y su ala izquierda
se encuentra ya a algunas millas del puerto de Trieste, el sueño de· Italia. Salvo
que una brusca decisión de Rusia permita
a Austria retirar de su frente oriental
el grueso de sus ejércitos, la plaza codiciada caerá irremediablemente en poder
de Víctor Manuel, y la campaña submarina del Mediterráneo tocará a su fin.

mente oficiosas, sino que ha sido vista con disgusto la agitación socialista.
Estos pueblos saben bien que mientras
los cañones alemanes no callen, no será
posible ningún arreglo que pueda garantizar al mundo contra la repetición de la
formidable sangría que ahara sufre la
humanidad. Los mismos socialistas parecen participar de este modo de juz2ar
la situación: entre las opiniones que han
emitido, figura la de que los alemanes

Pi¡GASO

�De venta en la Librería
"ATENEA"

VARIEDADES

Calle de Gante No. i - Apartado 5358

MEDITACIONES

MEXICO. D. F.

Cuando dijo Arquímedes: Dadme un
punto de apoyo y moveré el mundo, se
olvidaba de las mujeres....

FRANCISCO VILLAISPISA.
Mis mejores versos. . .. . . . . . . .. . . . .
El Alto de los Bohemi'os. . . . . . . . . . .
Las horas que pasan veladas de
Amor .....•..••................
Luchas, Confidencias. Prólogo de
Vargas Vila ...................
Las Joyas de Margarita, Brevia~
ri'o de Amor, La Tela de Penélo•
pe, El Milagro del Vaso de Agua
Intimidades, Flores de Almendro,
Prófogo de Pompeyo Gener. . . . . . .
Los Nocturnos del Generalife. Poe•

$

.,

1,20
1.80

,,

1.80

,.

1.80

.,

1.80

,.

1.80

s1as .... , ..........•••••.•••.•••• ,

1,80

Doña Maria de Padilla, Las Cenas
de los Cardenales. • • • • . . . . . . . . . .
En el Destierro. . . . .. . . . . . . . .. . . . .
Una Partida de Ajedrez. Arreglo
castellano de la comedia de Giuse·
ppe Giacosa ........ .. .......... .
La Copa del Rey de Tkule, La Mu•
sa Enferma con prólogo de Juan
R. Jiménez. .... .... , ............
Alcáza.r de las,Perlas ... ..... . . ..
Lámparas Votivas .. •. ............
El Espejo Encantado . .......... •.•
Judith .... ..... ...................
Doña Maria de Padilla, Ed. Renací•
miento ............... .•. , .... •
Campanas Pascuales. . . . . . . . . . . . . .
El Reloj de Arena.... • .........

.,
.,

1.80
0.70

,.
., 1.8o
,. 2.10
,, 1 So

.,
,,
.,
.,

***

La mujer ama al hombre que la hace
llorar y le traiciona con el hombre que la
hace reir.

***
La coquetería es una cu~lidad tan ~nnata en la mujer, que constituye un signo femenino. Una mujer que no coquetea es como un hombre que se afeita el
bigote.

***

A una mujer lo que más le gusta que
le digan es que no se parece a ninguna.

2 . JO
2.10

***

I,20

10.00

NOVIDADIS LITERARIAS
E. HoMs. Las Unicas Rosas. Come·
dia en dos act()!,. • . • . . . . . . .. . . . .
RAMÓN R. PÉREZ DE AVALA. Las
Máscaras. Ensayos de crítica tea•
tral ............. . .............
J. v. LÁSTARRIA, La América vo), ~Amérz'ca y Europa vol. II. Y ul!J•
mo: Revoluciones y Guerra.s Ame•
ri'canas .. .....................
M. A. BEDOYA. El Hijo del Doctor
Wolffan.. . .. . .. .. . . . . .. .. .. .. . ..
EDUARDO ZAMACOIS. Duelo a muerte

Las mujeres que cambian de amante
no suelen hacerlo por amor ni por vicio,
sino porque sienten la necesidad impe·
riosa de contarle sus cuitas «a otro•.

2.10
2 . 10

"CIRVANTES"
Revista Mensual Ibero-Americana.
Directores: .Francisco Villaespesa,
Luis G. Urbina y José Ingenieros.
Colec~ión completa .......... 7 vol. ,.

***

,.

I.8o

,,

2 . 10

·
.,

4.80

,.
"

2. 10
1.50

Encontrar una mujer plenamente satisfecha del hambre que le ha tocado en
matrimonio, es tan difícil como hallar un
tenor con sentido común.

***
A un hombre enfurecido, otro hombre .
le defarma y una hora le calma. A una
.mujer que «pierde los estribos•, no hay
fuerza humana que pueda contenerla ni
ejército que consiga privarla .de es¡¡Timir
sus dos armas terribles: la lengua y la
pluma..
No hay mujer que no se jUz!!Ue una
heroína de novela.

00000000000000,oooooooooooooog

El deporte en México

La mujer es el espectáculo más caro
del mundo.
RAMÓN LóPEZ-MONTENEGRO,

***

-Ayer troné con mi primo.
·-Otro vendrá.
-No lo creas; es el último de la familia.

***

El amor sigue al intéres más bien arras.
trado que atraído.

***

-¡Camarero! Este champagne no es
de la viuda de Clicot.
-¡Tal vez¡ Pero quizá sea porque esa
señora se haya vuelto a casar.....

*
**

- Voy a bailar con su hija de usted.
- Es inútil. Mi hija no baila valses.
-¿Y rigódones?
·-Tampoco.
-Entonces diga usted que no sabe
bailar.
-Al contrario. Se pasa la vida bai,
lando.
-¿Cmno?
-Sí, tiene el baile de San Vito.

***

Son pocos los hombres que no aman
sus opiniones con los intereses.

***

La vida debe ser sólo el medio y el fin
del amor.

*
**

Un paseante en corte toma un coche
de punto por horas.
El cochero pone el caballo al galope
y nuestro hombre asoma la cabeza por
la ventanilla y le dice:
- Bien podrías ir más despacio, por•
que con estos trotes en seguida ' habrá
pasado la hora.

•

• * sacaron una fuen•
En una mesa redonda
te de aceitunas sevillanas, y cogiéndolas un
alemán por su cuenta, las echó e.n su plato
sin dejar ni una.
-¡Caballero!- le dijo uno que estaba a
su lado.-¡También a nosotros nos gustan
las aceitunas!
-Sí, lo creo; pero es imposible que les
gusten tanto como a mí.

***

Los teamps "Sonora" e ''ludian".

En un tranvía atestado.ee viajeros iba
Mark Twain de pie en el centro del coche, y para sostenerse en equilibrio se
apoyaba en una de las correas que penden del techo del carruaje.
En una curva, el coche &lt;lió un barquinazo, la correa se rompió y el celebrado
escritor fué a caer sob1~e una señora hermosa y elegante.

-Señora- le dijo Mark Twain a guisa
de disculpa-, ésta es la primera vez que
la .empresa del tl'anvía me ha hecho un
favor.
- Ayer consulté con el boticario de en•
frente y me aconsejó ....
-Algún dispa;ate, ¿verdad?

•
••

El hombre es una mezcla de todas las
bestias.

* **
A Manolita le han dicho que muy pronto le van a traer de París un hermanito.
La niña sale al día siguiente de paseo
con su mamá y al poco rato le dice:
- Volvamos de prisa a casa, porque
puede que nos lleven el niño antes de
que lleguemos nosotros.

--------

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Nuestro DEPARTAMENTO TECNICO "WESTINGHOUSE"
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8
8

***

-Ese bulto que tienes en la cabeza denota un carácter violento y brutal.
-Sí, el carácter de mi mujer.

§8 La f rancia Marítima
8
.8

-Mi señora dice que hubiera dado una
fortuna por oirle a usted la novena sinfonía.
-¡Oh!, señora, es usted muy bondadosa.
-No, loquees, es sorda como una tapia.

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NUM

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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                    <text>N\n~i~TIWA

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"EL PALACIO DE HIE·R·R·O",
S . . A.

�REVISTA SEMANAL .
Registrado como artículo de segunda clase el día 17 de marzo de 1917.

TOMO l.

Mt;XIGO, O. f., 14 01; JlJNIO 01; 1917.

11

11

NUM. 14.

La danza, del oso y los gitanos

r

Por MANUEL DE LA PARRA
Son cuatro osos los que integran la troupe que,

EN
NUESTRO
DEPARTAMENTO
TEONICO
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y experto• esp
uestos para gran.
ctos y presup
proye
enas instalaciones
des Y pequ
eléctricas en cual~uier
parte de la RepubliGa.

ya en un barrio, ya en otro, hacen actualmente en

nuestra urbe el encanto de la chiquillería. ·
Yo fuí al campamento de los gitanos a ver a las
bestias fieras: el oso mayor se llama Nicolás. Hay
dos osas: Margarita y Valentina y un osezno que
responde al nombre de Pepe.
La singular vida gitana tiene yo no sé qué encanto. Peregrinos por rutas ignoradas van casi
siempre a pie; los hombres haciendo danzar osos,
las mujeres, de ojos negro,s y bellos, diciendo la
buenaventura.
Plantan sus tiendas en el más humilde ;illorrio
oen los arrabales de populosa ciudad, remendando cazos, desarrapados, melenudos, sucios, pero
con yo no sé qué intenso fulgor en las pupilas, penetrante, incisivo como un puñal. Levantan sus
tiendas sin que nadie sepa su partida. ¿ A dónde
iao? al acaso.

a mi balcón para gozar de la belleza del crepúsculo. A ese tiempo acierta a pasar por allí el gigantesco oso Nicolás. Detúvose frente a mi casa el numeroso grupo que le seguía, y, al son de la pandereta constantemente agitada por astroso gitano, la
bestia fiera desplegó toda la energía de su saber en
ejercicios casi humanos, ejecutando sus grotescas
danzas.
De un vuelo se me fué el espíritu a mi lejano y
herboso pueblo y resucité al encanto de días infantiles, cuando sentaba allí sus reales la errante caravana de gitanos: ¡Todo un mundo de recuerdos!
Y al ver el misterioso aduar de los eternos nómades, antójaseme que ellos vienen de un país tan
lejano, que se pierde en la noche de los siglos y así
continúan su interminable ruta, sin saber a dónde
v,in.
Acaso sean símbolo de nuestro propio corazón.

***

Cía. Ingeniera, Importadora y Contratista, S. A., Sucs.
de o. y o. Braniff y Cía.
-

-

3a. DE LA PALMA 34.

Cuenta un maravilloso cuentista germánico la
historia de Atta Trol!. Atta Trol! era un oso que
moraba en lo más abrupto de las sierras. Un día
bajó de sus montañas y llegó al valle en donde viven los humanos, y en su camino encontróse con
ana mujer de incomparable hermosura.
Era la castellana de esas tierras. Abordóla el
OSo y la raptó conducí~ndola a su caverna.
. ~ubo hijos de aquel extraño maridaje, seres de
Distintos feroces pero que habían heredado la beDeza materna.
. Eso cuenta la leyenda germana y, por asociación de ideas. siempre que miro a los gitanos me
acuerdo de ella.

* **

AP. 303.

Esta tarde, maravillosa tarde de oro, me asom·o
PEGASO_

Los ctauc¡11es&gt; del Ejército americano.

PEGASO

�E~~3
UN REINO LEJANO
Por MARIANO SILVA

Cada semana, durante una
hora, los habitantes de la ciudad,
por barrios, salían a la calle con
sus mejores vestidos pára recibir el saludo del Rey que les había de hacer felices por todo el
año, que para cada uno empezaba desde aquel día solemne en
que recibiera la gracia, Todos
desfilaban ordenadamente frente a la gran puerta del palacio
real donde había una mesa de
bronce en la que uno a uno debía abandonar el mejor objeto
de lujo que poseyera a cambio
del saludo de Su Majestad.
Dos hileras de criados con medias rojas y gruesas pantorrillas,
subían sin cesar la escalinata que
llegaba al trono del Rey, cargados con todos los objetos que la
gran mesa de bronce no podía ya
contener, y los ponían, con una
inclinación de cabeza profundísima, a los pies del Monarca que
se posaban en ellos, cubiertos

con sus holgados borceguíes de
franela blanca y lazos de oro.
En ese preciso momento, desde
una torre de marfil cercana, · un
soldado del Rey, con armadura
de plata, se llevaba a la boca un
agudo clarín y esforzadamente
soplaba para lanzar al aire dos
notas penetrantes.
Después eran llevados los objetos pór dos hi1eras de criados
con medias negras y escasas pan-,
torrillas a la cámara del tesoro
real, en lo más escondido del
palacio, para ser vendidos a los
mercaderes extranjeros.
De esa manera, aquel pueblo
fiel y generoso, desde los tiempos más remotos, había encontrado para sus reyes una leve
pero segura ocupación diaria,
así como también les permitía
mantener con los tributos una
corte espléndida, llena de fiestas
ruidosas que se sucedían tarde
con tarde.

i~upón que el absurdo sea la verdad!
Estamos, en plena sociedad sedentaria,
bajo la impresión' de que una caravana

invisible desfila por nuestras calles sin
que lo sepamos; en que todo un pueblo
,
,
'
un pueblo de nomadas, nos esta abando,
nando constantemente, está huyendo na,
die sabe adónde, no se sabe adónde. Es
el mito del Judío Errante realizado al im,
pulso de una ansiedad genuina y &amp;mna,
na, la del poeta que se decía siempre d~puesto a saltar a un estribo.
Y la naturaleza favorece la fuga. El di,
namismo universal-la filos0fía en que
vivimos-es una manera de la fuga¡ su
símbolo pudiera consistir en una serpien-

te de fuego cuya cola está huyendo siempre de la amenazante cabeza. Para el que
quiera huír, como en el Metzengerstein

de Edgar Allan Poe, los caballos de los
tapices se animan y se hacen de carne,
La fuga no es precisamente una escapa-

toria del peligro: es un desahogo necesa•
ri.o de la actividad: es el miedo a lo inmóvil. La ninfa Siringa, en Jules Laforgu~
no puede oír la palabra «caza» sin ech~rse
a correr, gritando, como una Walkiria,

por los campos.
¡Hoyotoho!
¡Heiaha!
¡Hahei! ¡Heiaho! iHoyohei!
Imaginad, en efecto, que os arrancáis
súbitamente a vuestra ciudad, a vuestn
vida ordinaria, a vuestros amigos y a
vuestra casa. Si conserváis aún vivaslas

energías del ser, las capacidades plásticas de vivir, no podréis menos de experimentar una saludable ansiedad, un in•

quieto regocijo: la alegría mística del
guerrero que siempre está dispuesto a

partir. No lo entendió el fabulista cuando hizo decir a la ardilla: •subo y bajo,

LOS DESAPARECIDOS

Ir

Por ALFONSO REYES
Una:estadística reciente nos hace samuy bien añadir, en el estilo imperatober que del primero de enero al primero
rio de sus proclamas:
de octubre, la policía de Nueva York fué
¡Queremos cantar las emociones de la
requerida para buscar, en total, a mil
Estadística; de la Estadística que desquinientos ochenta y cinco hombres y a
tuerce y analiza- terriblemente-las fisetecientos sesenta y seis mujeres desbras del tejido social: ley de reiteración
aparecidas tle sus casas. No se trata de
por quien la sonrisa se transforma en
mueca1 la gota de agua logra taladrar
desapariciones violentas ni de persecución de criminales, Sino de desaparicio.:;
las rocas, y la humanidad toda aparece
nes voluntarias y de pesquisas privadás
como una grey que tira atropelladamenen cierto modo, hechas a solicitud de fa.
te del carro, cuesta arriba o cuesta abajo!
milia y allegados,
Ignoro si la poesía futurista habrá pen. La Estadística de los neoyorkinos dessado ya en aprovechar las e.mociones de
aparecidos es una manifestación elocuen•
la Estadística. Marinetti debiera conside·
te de eSas fuerzas oscuras e inanimadas
rarle con detenimiento. Juntd al amor a
é¡ue trabajan la entraña de la sociedad;
las máquin3.S-q_ue t~nto aiarmaríari a
es tin caso precioso de la anomalía fre•
Platón y tanto alarmaban a ese deploracuente; ejemplo palmario de ia evoluble Ruskin, como Mai-inétti le llamaba~
ción descendente o ascenden"ie, nadie Ío·
junto al amo.r a 1~ g~er~a 1]~~to ~Í _elogio
sabef por lo menos, de ]a evolución conde la velocidad, Ue la bicicletá, del autó'
traria, del progreso . hacia lo anormal,
móvil, de todo ese mundo agitado, cuyo
hacia el milagro. Es el instante crítico en
amuleto es Billiken, el . futur.istá pY&lt;liera, .. •, que-San Antonio oye · decir· al tentador:
PEGAS'O

no me estoy quieta jamás», y al caballo

objetarle groseramente que si tantas idas
y venidas, vueltas y revueltas, eran de

alguna utilidad.
Desaparecer de Nueva York puede
ser, indudablemente, de alguna utilidad:
para el delincuente que elude la ley, o
para la enamorada romántica que sigue

al sujeto de sus cuidados, o para el pla·
giario que se lleva la presa a cuestas.

Pero tales casos particulares quedan
ahogados en la masa de los que se van a
buscar otra vida, o probar fortuna como
cualquier personaje de novela vieja española, o en pos de constelaciones nuevas como los Conquistadores en Valbu&amp;
na y en Heredia.

Yo no sé si los estadistas se creerán
obligados a desazonarse ante tan desen•
frenado apetito romántico: impulso de
echar la suerte, de quemar las naves, de
pasar el Rubicón. Lo cierto es que en B
se descubre algo de la fuerza misma dt
la humanidad. Mientras haya hombres
Que emi¡tren, habrá aventureros Yconquistadores; es decir, reyes de la tie~!1,

iH&lt;lfa funesta aquélla en que nadie salga
de su casa, ni menos se escape por la

ventana, -y en que •el último ]Jambre dt

Nietzsche se asome todos los días al baleón para conversar con el vecino! De los
que se van nos vienen las mayores vir.

tudes. La ingratitud, el desamor a lo que

nos abriga Ynos ~uarece, o en otra forma, la inadaptación, son cosas necesarias

para que la vida se mueva. Los inadaptados son los motores de la sociedad.
Rasselas, el príncipe de Abisinia-héroe de la novela de Johnson- vivía en
espacioso valle del reino de Amhara, cir•

cundado de montañas, fértil y hermoso,
,norada de todos los placeres. Pero los
bijas de aquel pueblo eran verdaderos
prisioneros del Val.le Feliz, y el más noble de ellos, Rasselas, acabó por sentirse
torturado de felicidad y padecer las necesidades del que nada necesita. Imlac,
un poeta venido de lejanísimas tierras, le

cuenta historias del mundo, le pinta el
cuadro de sus errores y desgracias. Rasselas, al oírlo, decide fugarse y, ayuda-

do por el poeta y por su hermana Neka¡ab, taladra la montaña y consigue escapar. Esta es, más o menos, la historia de
todos los desaparecidos.
En Stevenson, el perfecto y delicado
cuentista, hay, por el contrario, un már•
ür de la inmovilidad que, para colmo de
dolor, vive junto ·a un camino y mira dia•
riamente correr la vida ante sus ojos, sin
decidirse nunca a abandonar el molino
paterno. Se llama Will (Will O'The Mili).
Frente a la puerta de su molino, que es•
taba sobre las laderas de la montaña, una
carretera serpea .Y desaparece; cuesta
abajo pasan todos los días coches y caballos¡ cuesta abajo corre, junto"a la carre.
lera, un río; cuesta abajo sopla siempre
el viento. Es una conjuración de la ,na•
turaleza. Su padre le cuenta que el río
pasa bajo los puentes de una ciudad, de
diez ciudades, · y al fin, desemboca en el

mar.
-El mar-le dice-hijo, es la cosa más
grande que ha hecho Dios.
Los hombres de ciencia, observa el
cuentista, afirman que las aventuras de

los navegantes y las emigraciones de las
lribus borradas al polvo de los tiemposno obedecen rr.ás que a la ley de la oferta Yla demand&amp;, y a cierto amor instinti·
Yo por

los precios baratos. Y no es así:

las tribus que llegaron hormigueando
del Norte y del Oriente, si es cierto que
venían arrojadas por otras, vinieron tam-

bién atraídas por la influencia del Sur y
del Oeste.
Así los desaparecidos de Nueva York.
Yo no quiero entender razones de mate.
rialismo, ni de aventura amorosa, ni de

derecho penal. Yo creo que salieron, uno
1 uno,

a juntarse con la caravana que se

lllcamina haeia la Ciudad Eterna, hacia
la Roma espiritual de las emigraciones.
iTodos mis anhelos se van tras de los
dos mil trescientos cincuenta y un desiparecidos de Nueva York!
. Y ¿puede considerarse esta desapari'.

d6n como un suicidio

relativo? No, porque ella admite la posibilidad de corregir

salir, todas las mañanas-buzo de si proSaturnino Herrán, prestigio y cariño
nuestro, llora hoy un dolor único. En
su orfandad, lo circundamos, con la es..
peranza de mitigar en algo su pena.

pio- , desde el fondo del mar, sin siquie•
ra una alga marina enredada en los con-

fusos cabellos.
Y, en todo caso, ¿quién no es interior-

mente múltiple? A algunos es dable realizar una, dos perso~alidades. P~ro el

resto lo dejan como las estatuas de Rodin, que están ya quebradas antes de hael mundo. Pero al que se quiera suicidar
sin tener suficientes ánimos, puede acon•
sejársele, como ensayo, una desapari•
ción, una fuea. Que se vaya sin despe·
dirse. Que se escape una noche por la
ventana, descoleándose por una cuerda
y con un revólver en la mano. Procure

llevar deshecho el lazo de la corbata y el
sombrero abollado; algún desgarrón en
el traje no estará de más, y tanto mejor
si se cala un antifaz de terciopelo negro.
Trate, en fin, de tener el aire de un malhechor, de uno que va contra la vida, y
escápese así. Si su ansia de suicidio no
fuere más que un mal pasajero- produc•
to de una mala digestión, como el pesi•

ber sido acabadas; cuál sin cabeza y cuál
sin extremidades. Entonces no queda
más refu2'io que el arte inventivo: el teatro y la novela, en que el autor realiza

todas las posibilidades de sér que en la
vida no le ha sido dable desarrollar.
Donde Bergson funda su explicación psicológica del arte. Y en cada hombre hay
varios: uno que afirma, otro que niega,

otro que a ambos los admira, el que de
todos juntos se ríe y otro -¿el último?que a todos los justifica y se echa a dormir después tranquilamente. De modo
que la mejor representación del hombre
es la de un Eneas, que huyera del incen•
dio con un padre, una esposa y un hijo a

producto de una orgía excesiva, como el

cuestas, doblegado al peso del fardo. Y
Eneas hay que se sacude parte del fardo,
y deja morir entre las llamas a la esposa

que puede representar el Eclesiastés tras

y al padre para consagrarse a su hijo, por

de los espasmos de Sulamita; o producto,
tal vez, de una reciente lectura de Los

ejemplo. Y este Eneas, no suficientemente robusto, es algo que se fuga, es el

trabajos del joven Werther-entonces

que renuncia a su totalidad psicológica

pudiera curarse con un cambio de activi·

para consagrarse al hijo, a la parte aún
no conocida de sí mismo: a la novedad, a
la invención.
Siento que mis fábulas se entrecruzan,

mismo de Carlyle juzgado por Nietzche;

dad. Los casos de doble personalidad no
son ya un misterio para' nadie; proceden
-dice la ciencia-de una fatiga. Son una
escapatoria, una fuga; una pequeña juer•
ga psicológica, como las que, en su doble'
yo, se permitía cierto piadoso pastor pro·

!estante de que nos habla James. El impecable doctor Jekyll-para volver a Stevenson- se escapa periódicamente de sí
mismo; busca a media noche el escondite

de Mr. Hyde, y sale de él transfigurado.
Este cuento de Stevenson es lo más profundo que se ha escrito: hondo y teológicamente absoluto, alrededor de él podrían construirse mil filosofías; pero el
maestro ha tenido la bravura, la «J?arra»
de contarlo como un simple hecho, sin
divagaciones ni cosquilleos simbólicos,

. con la desnudez leal de la materia y sin
la brumosa atmósfera de los simbolismos. En cierto modo, pudiera decirse
que ese cuento es una representación de
la hipocresía, y aún de la hipocresía in•
glesa: el señor se entrega en su alcoba a

todos los horrores de la .cocaína y de la
danza ante el espejo, pero eso apenas su
camarero lo sospecha, porque el señor

y el hilo de Ariadna que ha de conducirnos por su laberinto, tiembla entre mis
dedos. Resumamos, pues, nuestras principales conclusiones: el hombre no quiere aceP,tar, lo que quiere es innovar; des•
de innovarse a sí mismo hasta innovar el

ambiente. En medio de nuestras ciudades estables, cruza una invisible carava-

na de los que están yendo a otra ciudad;
de los que se marchan por marcharse. Si
el hombre quiere renovación, 'es porque
no le satisface lo actual; es, porque en el
fondo protesta, sonríe. Su arma de reno·

vación es la libertad. Y la libertád es lo
que no existe, es el otro mundo, de don-

de el hombre quisiera atraer virtudes a
la tierra.
Y he aquí, ciertamente una palabra terrible: libertad. Porque si ella es ilusoria, la inquietud de los hombres es tan

inútil como la de la ardilla de la fábula;
y entonces, casi vale más dormirla bajo
los toneles de Marearita. Casi vale más,
como en Rimbaud, «un sueño de ebrio
sobre una playa desierta».

cumple todos los días sus obligaciones y

Grave cosa es plantearse bajo el crite-

se presenta a sus compromisos con el

rio provisional del sentido común, los
problemas del especia1ista. Pero mien..

traje de exquisito planchado, _pulcro el .
afeite y apenas una ligera sombra en la
ojera, que hasta le da mayor distinción:
el guante, como en un retrato de Veláz•
quez, cuelga de su mano, impecable.
Este modo de entender la vida, más
que hipócrita, me resulta intenso y viril.
Lo ideal es no tener abismos en el alma;
pero, quien los tenga, conviene que sepa
PEGASO

tras el especialista tecalienta sus alquitaras y destila gota a gota el licor precioso,
tenemos necesidad de pertrecharnos con-

tra los ataques de la confusión mental; y
si no hay granadas de mano, las haremos
con latas de conservas a1imenticias. En
la guerra, como en la guerra. Animo,

pues.
5

�LA REVOLUC~ON EN RUSIA

LIRICA EXTRANJERA
Publicamos una página de poemas entresacados del libro 11 LA CASA DEL SILENCIO" d
, e nuestro colaborador, el
Mariano Brull. Paladín del nuevo movimiento poético su canto sug,·
1 ·d
d
•
.
'
ere a 1 ea e una renovac16n
tota e arte cubano. La rotunda oratoria hase tornado en sutil meditación• a las 'an•a •
•
h .
•
,
1;
,, rr1as v1c1or uguescas de ayer
l
ól"
opone un arte más discreto, más recogido, más íntimamente humano con Ja humanidad
p68inas de George Rodenbach.
'
me anc 1ca que rebosan las

Joven
poeta d e eu b a,
1d l

Interíor

noct~rnal1 lentamente, disuelven el reflejo
del d1a, que en la sbmbra se funde y se silencia;
Y en la penumbra ambiente se ensimisma el espejo.

•
I

Soldados custodiando los cadáveres de los revolucionarios que cayeron en las calles baj_o el fuego de las tropas le~les a la monarquía.Solemnes funerales de los muertos por la revolución.-Soldados, estudiantes y obreros traDsportan~o los ataudes al panteón.

Política· Agrícola.
EL PROBLEMA DE LA REPARTICION DE TIERRAS

6

En la bruma del Cielo, que la noche acrecienta
la imagen de la Luna asoma, macilenta,
'
los relieves brillantes de su faz espectral,

Intima angustia pone en entredicho
tu mirada serena. -¿A quién invoca
tu alma en silencio y muda como roca?
¡Mi virgencita de escondido nicho!

A su luz, de repente, despertar apa~ece
la estancia soñolienta. -Una faz resplandece
Y unos ojos me miran del fondo del cristal.

Se alza en mi pecho el Sinaí de un culto
más hondo, más callado y más sepulto
que en las entrañas de la catacumba.

V

Por tí, por tus dolores sin rerriedio,
que no dejaron florecer el tedio
en tu jardín cerrado como tumba.

I
Nuestro amor a la tierra, ese amor que bien orientado y
bien fortalecido podía habernos trasformado en un gran país
productor y opulento, adolece en nosotros de todos los defectos
propios de nuestra raza poco tenaz y poco laboriosa. Amamos
la tierra, pero no para fecundarla pacientemente, no para recibir al cabo de los años el producto seguro y constante de una
labor asidua, sino como la caja de sorpresa que un día de tantos,
como en un cuento de las Mil y una noches, muestre a nuestros
ojos el codiciado tesoro sin más trabajo que una oportuna paletada en el punto preciso en que se oculta el rico filón que ha de
cambiar en esplendor nuestra penuria. La agricultura rara vez
nos da esas sorpresas, y por eso mismo la minería nos atrae. El
azar yue preside en gran parte a los triunfos mineros nos seduce como la ·compra de un billete de lotería. Olvidamos los fracasos para recordar los triunfos, sin tomar en cuenta que éstos
son los menos y los otros constituyen la regla. Quien ha probado el goce del descubrimiento de una veta rica, desdeña verter sobre el suelo el grano que ha de producir a los pocos meses
la cosecha.
·
El menguado progreso agrícola, la producción insuficiente
que hoy nos orilla a los más graves problemas económicos, dependen de este afán de jugar a la lotería con el pródigo suelo
nacion~l que como madre consentidora da a sus hijos el oro de·
sus entrañas y los desvía del trabajo rudo, vigorizante y educador de la labranza. Y nos puede pasar un día lo que al viajero
fatigado y hambriento que halla al alcance de su mano un montón de piedras preciosas y las arroja airado por inútiles, ya que
ellas no han de saciar su hambre, ni calmar su sed, ni aliviar
su fatiga. Estamos ya en los momentos en que las trojes repletas valen más que las trincheras de barras de oro y que las minas diamantes.
El gobierno, no sólo para cumplir sus promesas, sino forzado p0r las necesidades del momento, va a verse obligado a desarrollar una política agrícola que salve al país del espectro amenazador del hambre, y es riecesario que cada cual en la medida
de sus fuerzas contribuya a resolver el problema vital y próximo. Desdichado el país que necesita de la iniciativa oficial para
dedicarse a resolver sus más apremiantes problemas¡ en que la

Esquívase el miraje familiar, como en viejo
retrato ya borroso que opacidad ausencia,
hasta quedar la estancia secreta en el espejo,
Y en los ojos, no más, sombra de su apariencia.

Te espero ansiando el virginal capricho
de tu beso; el 1esoro de tu boca.
Hay algo en tí que la inquietud provoca:
Filtro de amor. Secreto que no has dicho.

iniciativa privada duerme como Lázaro y necesita la voz milagrosa del gobierno para levantarse a andar. Y éste es el caso
entre nosotros.
Si en nuestra idiosincracia étnica existe la •causa primordial
del desastre agrícola de la República, no por eso deja 'de ser
interesante estudiar las causas concretas que han contribuído a
que el cultivo de nuestros campos y la producción de la agricultura hayan permanecido casi estacionarios PO los últimos año~.
Es preciso hablar de estas causas aunque sea someramente para
tratar de buscar el remedio de nuestros males.
Es cosa indiscutible que la poca densidad de nuestra población es factor muy importante en el atraso agrícola de México.
Quince millones de habitantes para dos millones de kilómetros
cuadrados de superficie territorial, son cifras desconsoladoras.
Los gobiernos no han cuidado siquiera de acrecentar la pobla·
ción útil ·por medio de leyes protectoras de la inmi¡;:ración, y el
resultado es que grandes extensiones de tierras potencialmente
productivas se encuentran en el abandono ' más absoluto y no
contribuyen en nada para la riqueza nacional.
Las condicionales excepcionales en que nos hallamos por
razón de los sucesos que hondamente nos conmueven hace siete
años, agrava la situación de un modo alarmante, ya que los
hombres que han tomado parte activa en la lucha revolucionaria son en gran parte hombres de campo que han dejado el ara·
do por el fusil. En la relátiva paz que hoy disfrutamos, no \odos
vuelven a sus viejas ocupaciones, ya porque han encontrado
mayor holgura económica en sus tareas de hoy, ya porque la
tierra que q.n tiempo recogió el fruto de sus sudores se encuen·
Ira todavía sustraída a la acción del gobierno y en manos de les
grupos rebeldes que impiden todo trabajo rural. Hay muchas
' reeiones de la república que, aun en tiempos normales, tropiezan con graves dificultades para encontrar braceros que se dedi·
quen a las labores del campo. ¿Qué pasará en la actualidad en
esos lugares? Los campos abandonados y la ruina amenazante
dan la respuesta.
En próximo artículo examinaremos otras causas importantes de la depresión de nuestra agricultura y trataremos después
de apuntar algunas ideas respecto de los medios de mejorarla-

PEGASO

Me encuentro mudo y solo en la estancia vacía
donde todas las cosas me hablan de su existencia;
parece que su•cuerpo, donde habitar solía
ha dejado una huella de espiritual esencia'.

II
Ha llegado la hora. Y a su conjuro los
espíritus del Véspero invaden nuestra estancia:
ha tiempo que el silencio habló para los dos
Y el vino del ensueñq en comunión se escancia.

La luna del espejo en donde se veía
finge a cada momento refJejar su presencia.
Canta en la jaula el pájaro con más melancolíá
Y la estancia la pueblan sordos ecos de ausencia.

Entra por la ventana una sutil fragancia;
tras un vago recuerdo va mi memoria en pos;
se iluminan las horas lejanas de la infancia
mientras sube en el Angelus la oración hasta Dios.

Con los filos dorados, 1m libro de oraciones
abierto sobre un mueble, dic;e: &lt;1:Las aflicciones
del mundo son pequeñas ... Volved la vista a Dios,.. &gt;

Piadosamente quieta sobre el cojín de raso
ella se transfigura: parece que el ocaso
es lumbre milagrosa para su idealidad.

Los ojos vuelvo. Y pienso melancólicamente:
¡Quién hubiera podido saborear dulcemente
la exquisita tristeza de su po:strer adiós!

Y al fondo, en el espejo, su imagen se dualiza
al tiempo que la Luna se asoma y se desliza
nimbando su cabeza de halo de santidad.

III

La cancíón del Vespero

En torno de nosotros el eco se ha dormido;
el mágico sonido de su palabra, cede,
y se allega el silencio, cual si fuese escondido
tras el són que, lejano, retornar ya no puede.

El ambiente se hace propicio a la oración;
lentamente la noche circunda mi jardín.
¿No sabes, jardinero, qué dice esa canción
esa canción que canta, lejano, un serafín? '

A la paz del ambiente ningún ruido sucede;
más yo siento llegar de alma a alma el latido:
sin turbar el reposo, sin que aleún rumor quede,
en la calma' silente de la estancia sin ruido.

Deja sobre los prados misteriosa impresión,
y del alma tramonta un anhelo sin fin.
¿No sabes, jardinero, por qué tu corazón
quiere volar en la canción del serafín?

De alma a alma una pausa musical nos confunde,
y_en la paz de las cosas, lentamente, difunde
los vestigios unánimes de una misma emoción.

¡Mirar Bajo la noche brilla la mar divina
surgen constelaciones del fondo, y se ilumÍn.a
como un cielo estelado de pasajera luz.

Se ha quedado en acecho el sonido disperso;
y en sonoro silencio se ha convertido el verso
que murió entre los labioS sin llegar a canción.

. Tú vuelas a la Gloria, Serafín. Y la tarde,
vago anhelo de luz, sobre una estrella arde
cual clavada en los brazos de luminosa cruz.

IV
Es noche ya. Los ámbitos llenos de evanescencia

PEGASO

7

�La actualidad· Extranjera
El apoteosis del espionaje
Los recursos más odiosos, sin faltar los complots ni las traiciones, han
puesto en juego los alemanes para
aterrorizar a los países neutrales y
obligarlos a volverse contra los alia·
dos. Nada más característico y más
apasionado desde este punto de vista, que los atentados alemanes en los
Estados Unidos, tal como lo traducimos especialmente para los lectores
de PEGASO, tomaado un artículo de
Gabriel Alphaud, el muy conocido esr.ritor, encargado de una misión diplomática en la vecina república del
Norte, y quien ha compilado los documentos más sensacionales e irrefutables sobre la materia. Una verdadera novela policial es la que se desarrollaráante los ojos de nuestros lectores; una relación de la mayor actualidad e interés
Desde que los Estados Unidos declararon la
guerra a Alemania, todos los días pueden encontrarse en los grandes diarios, entrefilets en
estos o semejantes términos:
&lt;New York, 13 de abril-En Treoton (New
Jersey), la señora Ana Keariog ha enviado a .
los agentes del distrito federal una nota que
encontró en la calle y que estaba concebida :ie
esta minera: Filadelfia, 14 de marzo. Listos
para hacer saltar el Eddystone. Envíen socorros.&gt;
cNew York, 14 de abril.-El jueves en la
madrugada pudo prevenirse una tentativa de
destrucción del puente de la Compañía d1d
Grao Ferrocarril Central, situado al Este de
Deering. El centinela sostuvo un tiroteo con
los malhechores, quienes pudier0n esca·par en
un bote de motor.&gt;

LOS ATENTADOS SE REPITEN
Estos atentados y otros análogos se registran
hace tiempo en los Estados Unidos. Desde
1914, la serie no se interrumpe. El punto culminante de estos complots lo marcó el primer
trimestre de 1910.
Probablemente nuestros lectores han oído
hablar de las intrigas de Dernburg, el enviado
especial del Kaiser a los Estados Unidos. Los
manejos de tal personaje no fueron satisfactorios y entonces el Embajador Conde Bernstoff
se decidió por los procedimientos extremos.
El 3 de julio se efectuó el atentado contra
Mr, Pierpont Margan. Un alemán llamado
Holt penetró en la residencia del magnate y
le disparó un revólver, hasta dejarlo gravemente herido. El mismo día se frustró una
explosión formidable, que habría de volar el
Capitolio de Washington. El mismo Holt resultó culpable. Dos . días después se encontró
su cadáver en el patio de la prisión, al pie de
la ventana de ;u celda, que estaba a veinte
m.etros de altura. Como sucedió en el caso del
espía alemán Kupferels, que salió de América
para ir a espiar a Inglaterra, y que murió mh:¡teriosamente, también de Holt se dijo que había muerto suicidado. Nadie se explica cómo
pudo cortar las barras dP. la celda, ni cómo se
consiguió la dinamita que destinaba a volar el
Capitolio.
·
El 12 de julio, se incendiaron los depósitos
de aceite y de petróleo en Filadelfia y en Boston,

8

El 14 de julio, tomó proporciones alarm;intes la huelga de Bayona, (New Jersey), que
comenzó en los talleres de la Standard Oil.
El 28 de julio el 1austriaco Baly pretendió
provocar nuevamente la huelga entre los obre·
ros de Bayotla.
Agreguemos a la lista anterior los incendios
y las explosiones a bordo de los barcos mercantes y guerra.
Desde entonces los atentados se suceden,
casi siempre en la misma forma, como dispuestos por una !!ola mano.

POR LA HVl!LGA Y POR EL INCENDIO
Las huelgas ocupan el primer lugar en los
complots alemanes. En las registradas a fines
de 1916, los obreros de los talleres de acero de
East-Youngtown, en el Estado de Obio, se
apoderaron de 250 kilogramos de pólvora, volaron barcos, los robaron y destruyeron las habitaciones. Hubo más de 30 muertos y de 50
heridos.
Después de las huelgas vienen los incendios.
El mismo díá, cuatro siniestros destruyeron
cuatru fábri~as de Delaware que trabajaban
para los aliados. Un quinto ·incendio, y éste
sumamente grave, acabó con los talleres número 4 de la Betléem Steel Company, que
suministraba acero al ejército francés. Los
edificios habían sido construidos; recientemente y fueron destruidos completamente, perdiéndose en ellos más de mil máquinas, cuyo
valor pasaba al de quince millones de francos y un material de guerra listo para ser enviado al frente occidental y que comprendía,
entre otras cosas, 800 cañones de grueso calibre, perfectamente acabados. Hubo que de·
plorar la pérdida de gran cantidad de hombres
y mujeres, comprendidos entre los dos mil
obreros que trabajaban en las fábricas.
En Erie, Penosylvania, y en las fábricas de
municiones de Topeka, más de veintitrés incendios se registraron eti i.a misma semana.
Pero los alemanes no se limitaron a usar de
las huelgas y del fuego, sino que emplearon
otros medies de destrucción. En una fábrica

El Príncipe J.evoff Jefe del Gabineteru·
y uno de los miembros más notables del
partido revolucionario queactnalmente dirige la política de aquella inmensa nación.

PEGASO

de pólvora situada cerca de Wilmington, se
produjo una explosión,queocasionó la muerte
de treinta personas; tres obreros de origen alemán, mezclados entre el personal, habían disparado. En la región de San Francisco se su.
cedieron nuevos atentados en los depósitos de
municiones, así como en los almacenes de
provisiones destinadas a los aliados. Poco después cerca de Pittsburg, se descubrieron junto a las vías ferrocarrileras y no lejos de las
fábricas de municiones, explosivos sumamente
poderosos, que apenas hubo tiempo de arrojar
al agua.
Ni aun las personas se han librado de esta
vigilancia y de estos atentados de los espias
alemanes. En septiembre ~e 1915, los comisionados franco-ingleses, encargados de negociar
un empréstito, recibieron cartas tras cartas,en
las que se les amenazaba con el asesinato, con
el envenenamiento y con atentados de todo
•g énero, contra sus perSonas en América y
contra sus familias y bienes en Francia y en
Inglaterra. Los comisionados se vieron preci•
sados a no salir de su hotel, sino en compañía
de amigos de toda confianza y escoltados con
policías suficientemente armados.
En resumen, se cuentan más de mil quinientos atentados desde noviembre de 1914
hasta fines de 1915. Figurao!&gt; la cifra a que se
hubiera llegado si no se toman eficaces precauciones.

VNA NVBI! DE l!SPIAS
Para hacer funcionar su sistema de espiona•
je, los alemanes han echado mano de todo género de &lt;capacidades&gt;. En primer lugar, de
gente de todas clases, de profesores de las
universidades, de periodistas, de diputados,de
grandes industriales, de simples particulares.
Estos últimos no eran los menos ardientes
partid·a,·ios de los intereses alemanes ni los
menos peligrosos para los aliados, como lo
prueba el caso de la señorá Walsb, que in·
trigó activamente contra el empréstito alia·
do. Sin embargo, es necesario convenir que
los agentes más numerosos fueron los ale•
manes y los austriacos. Y sobre todos, colocaremos el trío Dernburg-Bernstoff-Dumba. Bet·
nardo Dernburg, el enviado especial del Kaiser, el antiguo ministro alemán de las colonias.
es un hombre de muy clara inteligencia, de
espírilu muy vivaz; es doctor de todas las
universidades; habla y escribe como su propia
lengua el inglés, el franCés y el ruso; es muy
versado en cuestiones financieras y conoce a
fondo la política inglesa. Había completado
por medio de hábiles ramificaciones y puntos
de vista ingeniosos, todo lo que no le dió so
erudición y su prodigiosa actividad personal.
El Conde Bernstoff, embajador ale~án, se
distinguió por la falta de escrúpulos naciosales e internacionales, cada vez que se trataba
de luchar por la supremacía y la influencia
germánicas. Quería usar a la vez todos los sis-temas, la estratagema diplomática y el terror
estupefaciente, la cautelosa y dulzona efusión
y las intrigas de un maquiavelismo sin precedente. Un solo ejemplo basta para caracterizar
sus procedimientos.
Cuando fueron publicadas las cartas encon-tradas al periodista Archibald, detenido et1
Falmoutb el 30 de agosto de 1915, a bordo del
vapor Rotterdam, en lugar de embarazarse
por dicha publicación, como a cualquiera otro
le hubiera sucedido, el Conde Bernstoff se limitó a declarar que todos los papeles en cuestión los juzgaba sospechosos y que le parecían
fabricados por el espionaje inglés, Para enga·

ftar a los Estados Unidos. En cuanto a Dumba, el Embajador austriaco apareció en esta
ocasión con una impudicia igual a la de su colega.
En 1906, cuando Bernstoff era primer se·
cretario en la Embajada alemana de Londres,
fné sorprendido en ciertas visitas que hacia a
los arsenales británicos, entregado a un grosero espionaje que, después de comentarse acremente en los círculos financieros y periodísti·
cos, llegó a oídos de la Corte. El gobierno inglés lo invitó a abandonar la Gran Bretaña, y
van Bernstoff salía con una lección que después practicó a maravilla: la de tirar la piedra y esconder la mano.

LOS CVATRO HOMBRES DE
Bl!RNSTOFF
Cuatro principales agentes ejecutivos empleó el Embajador alemán: el agregado mililitar von Papeo, el agregado naval, capitán
Boy-Ed, el capitán von Rintzeler y, después
de la expulsión del agregado militar, su antiguo s~cretario, que llegó también a agregado
militar, el teniente Wolf von Igel.
Ya se conocen las circunstancias en que
Boy-Ed y van Papen fueron obligados a aban·
donar el país en donde tenían acreditada representación diplomática. En cuanto al capitán von Rintzeler fué encarcelado desde enero de 1916 en una prisión de Inglaterra y van
Egel fué arrestado en Nueva York el 18 de
abril del mismo año, En vano invocó la inmunidad diplomática. En vano, y en presencia

En las fábricas de municiones de Topeka
se registraron más de veinte atentados en
una semana.
de tres de sus compatriotas, se opuso a las
pesquisas de que fué objeto su domicilio; los
policías americanos io sujetaron fuertemente
y así lo condujeron a la presencia del juez.
Los papeles encontrados en la casa de von
Jgel eran de lo más comprometedor para todos
los altos personajes alemanes radicados en la
Unión norteamericana. En la Casa Blanca se
llegó á. decir que von Bernstoff reclamaría una
parte de la correspondencia decomisada, pero
el diplomático se hizo el sordo y llegó a decir
que tales documentos eran falsos.
Boy-Ed, von Papeo, Rintzeler y voo Igel
emplearon en su servicio un gran número de
alemanes y de austriacos. Para conocer una
cifra aproximada de estos agentes, baste decir
que al declararse la guerra con Alemania,
60.000 fueron detenidos. Entre los alemanes
se encontraban algunos particulares, como poi
ejemplo, la señora Reisinger, cuyo, hotel situado en la Quinta Avenida, el barrio más
&lt;fashionable:&gt; de Nueva York, era el rendez•
vous de los alemanes. Boy-Ed y van Papen
lo frecuentaban asiduamente. Inútil es agregar ·
que allí se encontró una excelente instalación
Ae telegrafía sin hilos. Pero especialmente los
grandes hombres de negocios estaban a las 6r·
denes de los individuos mencionados: Hugo
Schmidt, agente general del Banco Alemán;

Kerensky, Ministro de guerra, hombre
que -por so extraordinaria energía parece el
llamado para encauzar y dirigir las futuras
operaciones del ejército moscovita.
Albert, agente financiero de la Embajada;
Lindhein, abogado de la Embajada; Acbweit- •
ser, químico de la Embajada y Karl Heymann,
antiguo agente general en México de la Compañía Hamburgo-América.
Los agentes de la policía secreta inglesa lograron sustraer a Albert una cartera, cante·
nieodo muy curiosos documentos, y entre éstos algunos extractos de un informe de von
Papen a Berlín, sobre los asuntos más Variados: compra de cloro . líquido y de etiquetas
para aeroplanos, adquisición de fenal para explosivos, y correspondencta con 'la Bridgeport
Projectile Company.
También los cónsules prestaron su_ayuda a
la obra común: En Seattle, gran puerto americano del Estado de Washington, sobre tacos~
ta del Pacífico, frente a la isla inglesa de Van•
couver, el cónsul alemán Wilhe!m Muller y su
secretario Schultz fueron arrestados en abril
de 1915, por inpulpación de haber tratado de
sobornar a un empleado, a quien querían des·
pajar de ciertos documentos secretos. Durante los meses de julio, agosto y septiembre de
19r5, el cónsul general de Austria en Nueva
York, Nuber de Pereked, había recomendado
a todos los cónsules austro-húngaros en los
Estados Unidos, por indicación expresa del
embajador Bernstoff, de no perdonar gasto,
propaganda, persuasión y aun amenazas, para
que los obreros americanos abandonaran los
talleres de municiones. Para este fin se llegó
hasta fundar algunas sociedades secretas.
También fué un cónsul, el cónsul austriaco
Goricar, quien bacía fines de 1915, por intermedio del Provz"dence Jou1-nal, produjo revelaciones s•ensacionales. Sospechoso de simpatías por los eslavos, su gobierno lo relevó de
su puesto al declararse la guerra, y cuando
dec:empeñaba sus funciones en San Francisco.

El doctor Goricar publ.icó prnebas de que los
procedimientos usados por la Embajada austro-húngara en Washington eran los mismos
que los de la alemana. Las mismas intrigas, el
mismo espionaje y los mismos complots. Al·
gunos meses antes de la guerra el capitán Burstyn, agregado militar a la Embajada austriaca
en Washington, había solicitado del doctor
Goricar el apoderamiento de los planos de todas las fortificaciones americanas de la costa
del Pacífico. Goricar se negó. Los oficiales
rivalizan con los cónsules: oficiales de todas
armas llamados a los Estados Unidos por van
Bernstoff. Fueron reclutados especialmente
por la W-illulmtrasse y el famoso &lt;servicio
secreto&gt; del ministerio de la guerra en Berlín,
Estos oficiales, en número de cuatrocientos,
llegaron cada uno por su lado a la Unión norteamericana, bajo nombres supuestos y con
los oficios más inocentes: nego-::iantes, empleados de comercio, mayordomos, camaristas, peluqueros, etc .. ,, Apenas desembarcaron fueron enlistados por la Embajada de Alemania.
¿Cuál ha sido el resultado de tanta intriga?
Sin duda todos estos atentados, todas estas
huelgas han paralizado, en una proporción
mur reducida, la producción que s~ destina a
!os aliados. Pero, sobre todo, ha contribuido
a dar a los americanos la idea más exacta de
lo que son los alemanes y los austriacos, y a
llevar su fortnidable esfuerzo a sumarlo a los
de las naciones de la Entente. Por otra parte,
la gran publicidad que se díó a estos actos criminales, puso en guardia a todos los pueblos

Los almacenes de artículos y municiones
para la Entente han sido objeto de un tenaz espionaje coronado por misteriosos
atentados.
contra sémejantes procedimientos. En Brasil,
prevenidas las autoridades por el ejemplo de
los Estados Unidos, han fracasado los complots de los alemanes.
Nada más elocuente que los hechos apunta·
dos, para creer en el fracaso irremediable de
la ckultura.&gt;

Libros nuevos y de oca.,
s1on, todos
baratos

Porrúa Hnos.
U na bomba estalla en la cala de un va por
que conducía mercancías para los aliados.

PEGASO

2• DEL RELOJ Y DONCELES
9

�Conferencia de generales durante las operaciones en la Champagne.

Puede juzgarse por ella la inagnitud ·
que de continuar la lucha adquirirá dentro de algunos meses en que tan formidable contingente de hombres entre en
el campo en que actualmente se juega la
suerte de la humanidad!

va se adivinaba entonces por una estupenda concentración de fuerzas. El geÍleralísimo distribuía sus grandes masas

Quentin. Esta vez le tocó su turno al
sector de lpres en el vasto y metódico
plan de la armada británica. Como de

de su raza. Douai, Lille, Cambrai -dijo
el corresponsal- se hallan ahora en poder de los alemanes; pero cualquiera
que sea la resistencia que opongan, caerán pronto en manos de los soldados

te la suerte del Czar y la Revolución.'ha
podido continuar su marcha, libre de los

Una vez, en cierto país, en cierto rei-

obstáculos que pudieran oponerle estos

no, vivían dos hermanos; uno era rico y
el otro pobre. Un día, el hermane, pobre
vino al rico y le pidió un caballo para
traer leña del bosque. El rico le prestó
un caballw. Después el pobre le pidió

grupos humanos endurecidos por el es-

Rusia no ha podido todavía resolver el
problema capital que la tiene atada y que
amenaza llevarla a los abismos de la
anarquía. Los grupos de soldados y obre-·
ros obstinados en imponer su voluntad
al gobierno provisional continúan en
Kronstadt con las armas en la mano. La
Duma parece vacilar ante la medida extrema de buscar en los cañones la salud
pública y el período de pláticas entre
unos y otros se prolonga con mengua de
los deberes internacionales que reclaman
en otras partes todo el peso de la energía
moscovita.
A consecuencia de este estado de cosas
provocado por la acción de los agitadores sobre masas sin honor y sin vergüen•

za comienzan a circular rumores pesimi~tas acerca de la conducta futura del pueblo ruso y de la que asumirán los poderes aliados en caso de que falte a sus
compromisos Se habla ya de que el. Japón intervendrá en los asuntos de aquel

pectáculo de la sangre y de la muerte.

la maravilla de su promesa de redención.
La ignoran, y aguardan sin curiosidad las
sorpresas del tiempo, sintiendo quizá n0
ver en el horizonte el relampagueo inter-

MáS todavía: quizá con el tiempo encuen-

mitente de los cañones rayando de fuego
la frente de la noche.
La leyenda pinta al cosaco tan íntimamente ligado a la dinastía que el pensa-

que se agitan en la sombra y que pudie-

miento del Czar evoca instantáneamente

el del cosaco. Por siglos ha permanecido
como una sombra, jinete en su caballo

salvaje, con la gorra peluda sobre la
faz angulosa, erguida al cielo la punta

ción francesa, con su correspondiente
rey sacrificado y su cortejo de crímenes.

El hermano pobre devolvió al rico el
caballo sin cola. Al ver al animal en este

No le faltaría ni la semejanza moral de
las víctimas: por su carácter débil y bonachón, Nicolás recuerda al consorte de

roso. Parecía que la revolución al arrojarse frenética sobre la autocracia iba
a chocar irremediablemente contra la

•
••

país, si las circunstancias lo requieren,

nieta.

¿Quién podría dudar que el pueblo
qorteamericano ha entrado casi con júbi•

lo en el conflicto europeo?
.
La epidemia guerrera ha alcanzado tal
magnitud que el yanqui no podría substraerse a ella y hace tiempo que la juventud transbravinaempezóa darse cuen-

ta de que las espadas brillan más que
los arados en ciertas épocas del mundo.

Sin embargo, llegada la hora de alistarse en las filas, requeridos para cum·

vienen tan escasas noticias de aquella

plir con los terribles deberes que impone
a todos los hombres esa divinidad que
llamamos Patria, parece que un helado
soplo de tardía reflexión ha pasado por
ella y que la cruzada de la Libertad, vis-

parte del mundo, que es imposible formarse una idea relativamente clara del
curso que seguirán los acontecimientos

en ella: sólo se advierte el profundo desconcierto que trajo consigo el cambio
inesperado y violento del régimen político, y con él la inacción de las tropas que
en la fronfera tenían a raya el ímpetu
militar germano. Entre ellas apenas los

ta más cerca, carece de tantos encantos
como contemplada únicamente en Ja nu·

be dorada de una posibilidad.
Afortunadamente para los aliados, en
pueblos educados en el sentimiento del

cosacos elevan su voz agresiva sobre la

IO

el movimiento libertador de Rusia en
una bacanal tan trágica como la Revolu-

ran, si llegaran a predominar, convertir

la Archiduquesa de Austria María Anto-

fidelidad ancestral de las milicias del
Don. Los hechos, sin embargo, han des_

Uno de los botes patrulla inventados por
los americanos para la caza y ataque de
lo:-. submari~os en las costas.

también una collera; a esto se negó el

hermano rico y se puso furioso. Entonces el pobre decidio atar la leña a la cola
del caballo. Y cabalgó hacia el bosque.
Tanta leña cortó, que el caballo apenas
podía arnastrarla. Al llegar a casa abrió
la puerta, pero se olvidó de quitar el través. El caballo saltó por encima; pero se

ducir a la nada los elementos anárquicos

de la lanza, tras el monarca todopode-

de tal manera, que si vuelve la espalda a
los teutones se encontrará tarde o temprano con las bayonetas de los aliados.
Pero es tan compleja la situación rusa, y

espectación general. Raza de presa habituada al tumulto de los combates presta
poca atención a los sucesos que se des•
arrollan en Petrograd bajo la dirección
de los políticos. La gran ilusión de la Re-

tre en ellos la fuerza irresistible y disciplinada que necesite para agarrotar y re-

arrancó la cola.
estado

HO

quiso tomarlo, sino que se fué

con el pobre ante el juez Shemyak. El
pobre fué con su hermano, barruntando
que lo pasaría muy mal, pues la sentencia sería de destierro; el pobre es una

cabeza de turco para todo, ya que nada
puede dar.
Los hermanos llegaron a casa de un
campesino rico y le pidieron alojamiento
por una noche. El1campesino dió al rico

de comer y beber bien, pero nada al pobre. El pobre se acostó junto al hogar,
viendo qué alegremente lo pasaban los
otros dos; pe'ro cayóse y mató al niño

que estaba en la cuna.

El campesino resolvió entonces ir con
los hermanos para presentar una nueva
acusación contra el pobre. Salieron juntos, el campesino y el hermano rico por

delante y el pobre detrás de ellos. Tuvieron que cruzar uñ puente, y al pensar

el pobre que saldría difícilmente con vida del juzgado, saltó desde el puente para suicidarse. Pero debajo del puente un
hijo bañaba a su padre enfermo y el pobre cayó pesadamente sobre el viejo e
hizo que se ahogara. Entonces el hijo se
fué también al juzgado para presentar su
denuncia contra el pobre.

El rico alegó ante el tribunal que su
hermano pobre le había arrancado la cola al caballo. Entretanto, el pobre había
envuelto una piedra en ·un pañuelo y
con ella, detrás de su hermano, amena-

zaba al juez, pensando:

deber, este movimiento de retroceso, ca•
si instintivo, dura poco; y así, pasado el
primer momento, las listas de inscripció~
registraron la enorme suma de trece nu-

cien rublos para probar su inocencia y

llones de hombres.

otra vez le creciera la cola.

-Si el juez va contra mí, le mato.

El juez creyó que el pobre le ofrecía
falló que el rico dejara el caballo en posesión del campesino pobre hasta que
Luego vino el campesino y se quejó

PEGASO

de hombres con la frialdad característica

que tengo el honor de mandar ....

El Juez Shemyak ·

mentido esta socorrida creencia mundial:
el cosaco ha permanecido indiferente an-

pública no ha cantado todavía a sus oídos

precisión verdaderamente matemática.
Un corresponsal visitó hace poco aquel

los ingleses han reanudado su ofensiva
con la misma tenacidad que emplearon
para romper la inexpugnable posició11 de
Vimy y acercar sus líneas a Leos y Saint

rea de abrir el paso a la infantería y las
trincheras alemanas han quedado sepul-

Gral. Micheler.

la amplitud calculada del tiempo con una
frente y pudo cruzar al¡¡unas palabras
con sir Dou¡¡las Haigh. La actual ofensi-

costumbre se confió a los cañones la ta·
Gral: Nivelle. Gral. Anthoine,

en este avance ni vacilaciones ni apresuramientos: se ha ido desenvolviendo en

•••

Después de algunos días de respiro,

Gral. Petain,

!atlas bajo el hierro inglés. No ha habido

de que el pobre había matado a su hijo.
De nuevo levantó el pobre la misma piedra en forma amenazante contra el juez,

a espaldas del campesino Y el juez creyó esta vez con toda seguridad recibir
otros cien rublos por la sentencia. Y ordenó al carnpesinó que entregara su

mujer al pobre hasta que naciese otro
hijo.
-Entonces puedes llevarte la mujer y
el niño.

Llególe el turno. al hijo y alegó que el
pobre había asesinado a su padre. Una
vez más el pobre sacó la• piedra del bolsillo y se la mostró al juez. Entonces el
juez creyQ seguramente que iba a recibir

trescientos rublos en junto por el pleito
y ordenó al hijo que se fuera al puente.
- Y tú, pobre hombre, vete allá, pon-

te bajo el puente y que el hijo salte de
golpe al agua sobre tí y te mate.
El juez Shemyak mandó su criado ·al
pobre para pedirle los trescientos rublos.

No basta a un Impermeable tener el nombre de "lmpermea·
ble" para ser efectivamente

IMPERMEABLE
Ouando nosotros ofrecemos un
Impermeable, el comprador
lleva nuestra garantía, y esto
quiere decir que devolveremos
el dinero si la prenda compra·
da no satisface del todo y que
esta GARANTIA ES EFECTIVA aun
después de varias semanas de
uso.

Entonces el pobre enseñó al criado la

piedra con que había amenazado al juez:
-Si el juez no hubiere fallado en mi

EL MODELO QUE ANUNCIUIOS

favor, le hubiere matado con esta piedra.
Cuando el juez oyó esto, se santiguó

AQUI ES DE RECLAME, YTIENE

piadosamente y dijo:
-Gracias a· Dios que me decidí por la
parte justa.
El hermano pobre se fué al hermano

Nuestra Garantia

rico para recoger el caballo, de acuerdo

con la sentencia del juez, hasta que le
creciese de nuevo la cola. El rico no

quiso darle el caballo y en su lugar le dió

SU PRECIO DE

cinco rublos, tres fanegas de trigo y una
cabra de leche, e hizo con él las paces
para siempre.

$25.00_

Luego el pobre se fué al campesino y,

Permite a todos tener un IMPERMEABLE

de acuerdo con la sentencia, le pidió la
mujer para que se quedara con él hasta
que viniese otro niño. Entonces el campesino hizo un arreglo con el pobre, le
dió cincuenta rublos, una vaca y una ternera, una yegua con un potro, cuatro fanegas de trigo, y zanjó la cuestión con él.
En seguida el pobre se fué al h\jo cuyo

padre había matado y le leyó la sentencia,

según la cual el hijo tenía que saltar so-

Despachamos en el día que se recibe todo pedido foráneo.

RECIBA EL MAXIMO POR SU DINERO

bre él desde el puente para matarle.
Entonces el hijo empezó a pensar:

-Si salto, es posible que le mate y es
posible que no; de todos modos, el muer-

HIGH LIFE

to seré yo.
Así es que hizo un arreglo con el pobre,

L.BLOOK

le dió doscientos rublos, un caballo y
cinco fanegas de trigo, y vivió en paz con

él para siempre.

PEGASO

Esq. Ave. Madero y Gante.
II

/

�La flota mercante de Europa

CARICATURA

EXTRANJERA

Después de dos años de guerra
La Europa soporta casi enteramente el peso de la guerra y los
buques mercantes son constantemente cañoneados o torpedeados en
sus aguas. De agosto de 1914 a agosto de 1916 la flota europea disminuyó en 693 buques de vapor con un total de 2.293,484 toneladas,
que reducen el número de sus naves a 14.250 vapores con un total
de 35. 567. 937 toneladas , es dedir, un 5% en el número de barcos y
un 6½ %en el tonelaje. Cosa curiosa: las flotas que no navegan, las
de Alemania y Austria son las que han sufrido más pérdidas.
Todo el mundo sabe lo que es una expediciPn de mercancías por ferrocarril,
cuando el servicio se halla bien organizado. La operación es sencilla: van las
mercancías a la estación y allí se les acomoda en los carros de carga. Un empleado aplica a los bultos recibidos la tarifa
y señala el precio de transporte mediante una multiplicación. Después, las mercancías marchan a su destino, adonde deben llegar en un plazo estipulado. Si no
sucede así la compañía paga una indemnización por el retardg o la pérdida de los
objetos. No intervienen en la expedición
ni discusión de precios ni cuestiones de

competencia.
No pasa lo mismo cuando se trata de
trasportes por mar. Si algunas veces, en

el caso de líneas de navegación regular,
se hacen las remisiones con una especie
de automatismo, no ocurre lo mismo

siempre. Tratándose de envíos por mar,
se goza de entera libertad: el armador
no depende del Estado y el precio del
flete resulta de los arreglos especiales
que armadores y comerciantes celebran.

La distinción entre los dos medios de
transporte es esencial para darse cuenta
de la organización de la marina mercante europea, cuyos elementos son, en las
manos de los particulares, autónomos,

porcional sino efectivamente; y el segun-

do lugar que ya había conquistado entre
las marinas del mundo le va a ser arrebatado por la marina norteamericana,

que en 1914 contaba con 2.500.000 tonelacias menos.
De 1909 a 1914, la marina alemana ga·
nó en material naval un 33 %. Actual-

evidente que una flota mercante es pro-

El KroO:prinz: - ¿Cuántos mareos son
$7.000.000.000, papá?l

porcionada a las necesidades de un país
cuando trasporta en mercancías el equi-

valente de las que constituyen las importaciones y las exportaciones de él. Sin
embargo, cuando se examinan las diversas marinas se encuentra entre ellas tana manera el comercio marítimo de las
en el momento en que la guerra fué de-

na ascendía a 1.016. 638 toneladas en agosto de 1914 ha perdido el 22% de ella y

mas del material naval de la tierra y la
Inglaterra con sus colonias el 25% de

tiene también numerosos buques inmovilizados en los puertos neutrales. Tur-

ese material.

Las figuras 1 y 2 indican el valor comparativo: 19- De la flota europea con re-

quía, cuya ~arina sumaba 116.445 toneladas no cuenta en la actualidad sino
67.691. Bulgaria, que entró muy tarde a

lación a las flotas americana y asiática;

29-De la flota británica con relación a
las demás flotas europeas en el momento de romperse las hostilidades. En esta

la guerra, aumentó su tonelaje mientras
El precio de la paz exigido por las víctimas de la gu.erra.

comparación entran únicamente los buden a desaparecer y su material tiene en

Consecuencias del CQnfticto mundial:
DOS HERMANOS DE ARMAS.

guientes:

dos a los Imperios centrales han venido

14.143 vapores con 37.861.421 toneladas.
1.708
3.081.510
"
"
936
"
1.691.238
"
"
"
3
2.216
"
"
"
Esta última es tan reducida que no vapeso de la guerra: sobre su territorio se
le la pena tomarla en cuenta en esta
libran los combates¡ en su s aguas son
comparación.
torpedeados o cañoneados los navíos. Las
Actualmente, si nos proponemos exacausas de·pérdidas de buques son variaminar los resultados de las hostilidades
das: las mina.s, les torpedos, los cañones
en las flotas mercantes, hay que estudiar
se encarnizan en ellos y abren enormes
el caso bajo un doble punto de vista y
vacíos en las armadas mercantes. Mienestablecer la situación creada en el muntras en las aguas lejanas se hallan en sedo. La rivalidad entre las flotas europeas
guridad, los barcos que navegan en torno

12

pero las ventajas que pudo alcanzar no
modifican en manera alguna la situación

neladas únicamente, porque los navíos
recientemente constr~ídos y 10s capturaa compensar la mayor parte de sus pérdidas. La armada mercante inglesa acu-

americana .. .
asiática ..... .
africana ...._.

La Europa soporta casi enteramente el

fué espectadora de la enconada lucha;
de la flota germánic·a, cuyas pérdidas pasan ya de l. 700.000 toneladas.
Las flotas mercantes de los aliados están lejos de haber sufrido tales pérdidas,
no obstante la destrucción metódica llevada a ca0o por los subm3.rinos. Su reducción puede calcularse en 300.000 to-

Flota europea . ... .

importancia al primero.

"
"
"
"
"
"
"

la misma situación: Austria, cuya mari-

sola, aproximadamente, las nueve déci-

ques de vapor, porque los de vela tien-

"
"
"
"
"
"
"

sible.
Los aliados de Alemania se hallan en

clarada, la Europa, la más pequeña de
las cinco partes del mundo, poseía ella

la primera figura representa son las si.-

es uno de los puntos; la concurrencia de

pérdidas por este capítulo son en verdad
poco importantes, sino de capturas o ventas obligadas por las circunstancias. Por
estas últimas causas navegan ahora bajo
pabellón extranjero los si¡¡uientes buques alemanes:

126 vapores con 490. 032 toneladas.
33
162. 750
" 19.995
"
japonés ......
8 "
"
"
noruego .. . ...
1.884
3 "
"
"
holandés .....
5.939
3 "
"
" 90.598
"
ruso .........
51
"
"
turco ....... ..
2 "
6.115
" 194.307
"
portugués . . .. 63 "

tenimiento de los navíos inmovilizados
en los puertos neutrales y en los nacionales y que no tienen compensación po-

diferentes naciones. Se puede decir que

cantes, cuyo valor no guarda proporción

las flotas de otros continentes contra las
flotas europeas es otro que no cede en

únicamente de las destrucciones, pues las

americano ....

Al lado de estas pérdidas hay que poner la que importan los gastos de entre-

les diferencias que no explican de ningu-

libres.
Esta libertad ha ayudado singularmente al desarrollo de ciertas marinas mer-

,,
,,
,,

mente apenas cuenta con 1.074 vapores
con 3.527.487 toneladas en vez de los
1.540 con 5.072.993 que poseía en agosto
de 1914. Ha perdido, pues, un 28, 7 % de
su tonelaje total, es decir, casi todo lo
que había ganado antes de la guerra.
Esta considerable merma no proviene

Bajo pabellón inglés ........
mo de los países a que pertenecen. Es

general un destino especial. La flota de
velá mundial disminuyó en el período de
1909 a 1916 en 5.000 naves, más o menos 1.500.000 toneladas, y los dos años
de guerra no le han causado-en realidad
pérdidas extraordinarias. Las cifras que

con la importancia del comercio maríti-

estos países han sido capturados en el
mar y otros detenidos en los puertos porque las flotas de ¡¡uerra de Alemania y
Austria han dejado el campo libre a los
aliados.
Alemania, que con tanto ardor destruye, ha perdido más que los otros, no por-

saba en agosto de 1916 una disn,inución
de 640.000 toneladas, cifra en sí misma

El último esfuerzo, con ·"la ayuda de
Dios."

El retorno del Scimme llena de tristeza el
paternal corazón de Guillerll!-o,

ta del número de los perdidos y de los
que han llegado a reemplazarlos.
Si las destrucciones son frecuentes, nueEn agosto de 1916 la flota europea havos buques reemplazan a los echados a
bía perdido 692 vapores con un tonelaje
pique y no se puede tener una idea exac- de 2.292.484.
de Europa están cercados de enemigos.

PEGASO

Esta disminución podría haber sido soportada proporcionalmente por las marinas de todos los países en guerra; pero
en realidad no ha sucedido así: las arma-

das que han experimentado más fuertes
pérdidas son precisamente las que en la
actualidad no navegan, las que se hallan
eñcerradas en sus puertos, las de los Im-

¡,erios centrales. Numeroso.s navíos de

muy importante, pero que afecta poco la
eficacia de la flota: es un poco más del
3 % del tonelaje total. La armada mercante francesa ha perdido proporcionalmente más. Sus pérdidas pueden estimarse en 29 buques (85.698 toneladas),
que constituyen el 4 % del tonelaje total.
La única nación seriamente afectada es
Bélgica. De los buques que se encontraban en sus puertos durante la violenta
invasión de su terriforio, unos han sido
destruídos, otros confiscados. El reino

belga contaba al principio de la guerra 138
vapqres que sumaban en junto 347.124
toneladás: hoy sólo pose~ 102 con 237.277,
· PEGXSO

"

"

"

es decir, ha sufrido una pérdida de 31 %.
En cambio otros países han aumentado durante la guerra su marina mercan-

te. Italia ha ganado 230.073 tonelad,as;
Rusia, 24.816; Rumania, 5.941; Portugal,
que sólo tenía 80.167 cuenta ahora con
312.819; el Japón ha incorporado a su
marina 136.000.
Lo situación recíproca de los aliados y
los imperios centrales bajo el punto de
vista de su marina mercante no podría

ser definida independientemente de las
flotas comerciales de las potencias europeas neutrales, que han obtenido, sin

disputa, muchas ventajas durante la contienda. El gobierno inglés, urgido por
las exigencias de la guerra, ha dispuesto
de la tercera parte de su flota mercante,
y el francés, de los dos tercios. Debido
a esto los buques neutrales han encontrado muchas facilidades para obtener
fletes a precios muy elevados y sus respectivos países, libres de las contingencias de la guerra, han estado en condicio-

nes de impulsar el desarrollo de sus flotas mercantes. Sin embargo, de los datos que se han podido recoger se desprende que salvo Noruega y Dinamarca
las demás no han sabido aprovechar las
circunstancias favorables que se les han
presentado.
Noruega poseía e11 agosto de 1914,
1.299 vapores con 1.914.029 toneladas;
hoy tiene 1.427 con 2.139.751. Ha ganado, pues, un 12%.
Dinamarca sólo tiene en la actualidad
2 vapores con 14.931 toneladas más que
antes del conflicto.
Las marinas neutrales que han disminuído son las de Holanda, Suecia, Grecia

y . España, q'ue han perdido, respectivamente, los siguientes·buques:

. ·

·Holanda .. 25 vapores con' 66.335 ton.
Suecia .. . . 87
,,
,, ... 96.282 ,,,
Grecia ... 57

,,

,, 137.063 ,,

España .. . 38

,,

,,

8~.734 . ,,

�~----=u[~

La marina mercante
Viene de la página 13.

CAPE Y DULCERIA
Q
ILJI

tJ

~

"EL GLOBO" ij
\j

El grupo de las marinas mercantes
neutrales, teniendo en cuenta las pérdidas y las ganancias, ha disminuído 140.000
toneladas.
Hemos expuesto sumariamente la si·
tuación de la marina de los alemanes, de
la de los aliados y de·1a de los neutrales.

De lo dicho resnlta que la primera se halla en decadencia, que la de los segundos ha aumentado proporcionalmente y
que la de los terceros se encuentra más
o menos estacionaria.

CASOS Y COSAS
-Le recomiendo a usted mucho ejercicio, mucho so], mucho aire, y sobre

todo, nada más que un cigarrito, un solo
cigarrito después de comer.
A los ocho días vuelve el médico y le
pregunta a nuestro enfermo:
-¿Qué tal el plan?
-Voy mejorando..... :todo me sienta
bien menos el cigarro.
-¿Cómo es eso?
-Es que no había fumado en mi vida.

"MERCURIO"
Revista mensual ilustrada de actualidades,
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Acaba de llegar el número del mes actual.
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Esqnina Francisco l. Madero y Bolívar.

~ EMILIO HOMMEL
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"EL GRAFICO"
Revista mensual ilustrada. El número de
mayo de .esta publicación, que acabamos de re·
cibir. ptib\ica originales de A. Coester, R.
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I.-Flota europea.
II.-Flota americana,
111.-Flota asiática.

1a. Bolívar núm. 9.

Apartado núm. 941.

MEXICO, D. F.

FRANCISCO VILLAISPISA.
&lt;La Argentina&gt;, notable bailarina española,
que trabaja actualmente en el Colón.

TEATROS Y CINES
COLON .-«LA ARGENTINA&gt;. Luz que

balta y oro que se rte.

El viernes de la semana pasada debuió
en el teatro Colón una verdadera maravilla que se hace llamar •La Argentina•.
Ya la empresa nos había dado a conocer
algunas opin~ones europeas y suramericanas y supusimos desde luego que •La
Areentina]J levantaría entusiasmos en la
crítica mexicana, pero a fuer de sinceros, diremos que jamás llegamos a pensar que la bailarina en cuestión habría de
hacer violencia sobre nuestra expresión
modesta, para obligarnos a exaltarla. ·
•La Argentina• presenta bailes españoles depurándolos de todo lo canallesco y
vulgar para elevarlos a un nivel estético.
No es una bailadora de jotas y boleros,
es algo más, mucho más, es una artista,
y una artista en un arte raro y prodigiosamente bello. •La Argentina• ha estilizado los bailes españoles y los ha presentado;ante la cultura francesa, belga y americana, consiguiendo de todos los críticos
el premio que se le merece. •La Argentina&gt; tiene conciencia exacta de los valores
estéticos dentro del baile y practica el
culto del ritmo y del m ovimiento, to14

mando un poco de l0s bailes clásicos y
otro poco de los bailes españoles para
hacer algo exóticamente personal. ,La
Argentina• es una mezcla de Salomé y
una maja de Gaya. Esbelta y elegante, ,
·se mueve en la escena con tanto decoro
y gentileza que se confunde a momentos
con la luz del reflector. ¿Y tocando las
castañuelas? Nosotros creímos que las
castañuelas tendrían en el mundo la misión única de entusiasmar cálidamente
Jas escenas de una feria cualquiera; que
estarían destinadas a despertar en los
expatriados iberos y en los mexicanos
hispanófilos el grito bronco y libertino,
pero todo, todo, dentro de una estallante
monotonía. •La ArgentinalD viene revelando que las castañuelas pueden producir
voces diferentes. Las castañuelas en las
manos virtuosas de esta bailarina lloran
y se ríen, semejan un clamor de entu·
siasmo y se adormecen en un secreto
amoroso y dulce. Los empresarios del
Colón están de plácemes y con toda justicia, .ya pueden vanagloriarse de haber
presentado al público un espectáculo exraordinario que agradará a los profanos
y a los cultos.

PEGASO

Mis mejores versos . ... .... • .......
El Alto de los Bohemz·os ...•...... ,
Las horas que jasan veladas de
Amor ..... .. ..... ........ •••....
Luchas, Confidencias. Prólogo de
Var~as Vila. . .. • . . ............
Las Joyas de Margart'ta, Brevz"an·o de Amor, La Tela de PenélojJe, El Mz1agro del Vaso de Agua
Intimidades, Flores de Almendro,
Prólogo de Pompeyo Gener ..... ..
Los Nocturnos del Ge,zeralife. Poesías. . ........ ........ . . ......
Doña María de Padi'lla, Las Cenas
de los Cardenales .. ••• ,. ........
En el Destzºerro .. , .• , ...... .......
Una Partida de Ajedrez. Arreglo
castellano de la comedia de Giuse•
ppe Giacosa..
. .......... .
/,a Copa del Rey de Thule, La Musa Enferma con prólogo de Juan
R. Jiménez ......... , ............
Alcáza.r de las Perlas ..•....• .. , .
Lámparas Votivas . ..... , .... , . . . .
El Espejo li.ncantadp, ..•• • •...... .
judi'tlt .. .. .. . . . ..................
Doña María de Padt'/la, Ed. Renaci•
miento ............... , ... , .•..
Campanas Pascuales, . . . . . . . . . . . . .
El Reloj de Arena.... , ... , . , .• ,

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Directores: Francisco Villaespesa,
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Colección completa .......... 7 vol. ,, 10.oO

NOVl!DADl!S LITl!RARIAS
E, HoMs. Las Uni"cas Rosas. Comedia en dos acto~ ................ ., 1.So
RAMÓN R. PÉREZ DE AVALA. Las
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J. V. LASTARRIA. La Améri'ca vol. l.
Améri'ca y Europa vol. 11. Y últi•
mo: Revoludones y Guerras Ame••
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M. A. BEDOYA, El HljO del Doctor
Wolffan.....
. ...... .. ,, 2,10
EDUARDO ZAMACOJS. Duelo a muerte .. 1.50

(

1

dad de labores femeninas. Se
los regalamos. Nosotros so•
mos tos que vendemos

HILOS, HILAlAS YSf □AS
que no encontrará usted
en ninguna otra parte.

Desde una made¡a basta 1000 ca¡as
R.A.DAY
5 de Mayo 32.
PEGASO

Despacho 311.
¡5

�tisfecha el hambre, se acostó a dormitar;
pero de pronto, se incorporó y yendo
hacia el escondite sacó el último que
quedaba.

VARIEDADES
Noticias útiles y curiosas
Experimentos efectuados en Suiza a
una altura de 600 metros sobre el nivel
del mar demuestran que el aire es allí
completamente puro y está libre de toda
bacteria.
El cuerno de un _reinoceronte no está
adherido al hueso de la cabeza, sino que
se desarrolla sobre la piel del animal.
No conviene mezclar leche fría con la
recién ordeñada.
Los árboles que crecen en la parte que
mira al Norte de una montaña o colina
proporcionan madera mejor y más duradera para construcciones que aquellos·
que crecen al Sur.
De una mina bel1?3 de carbón se ha
extraído tierra de la profundidad de cien
metros, y al poco tiempo de estar al aire
germinaron plantas de especie completamente desconocida para los botánicos.
El reflejo de la luz eléctrica en los bu·

ques de guerra es tan poderoso, que muchos ·marinos padecen de prematura pérdida de la vista y algunos lle1?3n a perderla totalmente.

La Colección Leblanc

La inteligencia de un perro
Un médico ruso, el doctor Timofieff,
ha hecho curiosas experiencias sobre la
inteligencia del perro. Si es verdad que
el cálculo es la base de la inteligencia en
el sér humano, los indígenas de Polinesia, qne no pueden aprender a contar
más que hasta diez, están muy abajo del
perro, y he aquí la prueba.
El doctor Timofieff, tenía uri perro de
aguas, que según costumbre de su raza,
una vez que había comido buscaba un
rincón tranquilo para dormir. El médico
regaló un día á su can veintiséis huesos
con sus tendones y él los tomó y los enterró como reserva.
Al día siguiente no dió nada al pe·
rro.
Este, cuando el hambre lo acosó, se
fué al escondite y empezó a desenterrar
uno p©r uno los huesos: primero sacó
diez, después reflexionó un poco y sacó
nueve, y después seis; los limpió y, sa-

Sección de Ajedrez

9- D2R
ro. D4 R
II . CXP(3)
12. D XC
13 o-o ( 4)
14. D51'
15. PXA
16. C2D
17. P4CD
18. R rT (5)
r9. P3T
20. TX D
21. R2T
22. R3C
23. R4C
24 C1A
25. D5D
26 R 5C
27. CXT
28. R4T
29. P3C

Acargo de f. Gonzalez Martínez jr.

PROBLE,\\A NUMERO 10.

Hace poco fué oficialmente inaugura.
da, en París, la maravillosa colección biblio!lráfica e iconográfica de la guerra,
perteneciente a los esposos Leblanc.
Es una verdadera enciclopedia de la
guerra; ¡y qué enciclopedia! Todo está
allí. Tres mil estampas, cinco mil volúmenes franceses. Todos los carteles, todas las proclamas, todos los diarios,
todas las revistas. Hay colecciones de
sellos postales, álbums de papel moneda de todos los países beligerantes. Una
gran sala, la sala alemana, está tapizada
de publicaciones, de estampas, de reproducciones fotográficas, de cromos, provenientes de Alemania.
Toda una casa, cuyo alquiler es de
60.000 francos al áño, está ocupada por
el Museo Leblanc, que cada día enriquece
sus colecciones. Numerosos empleados
se ocupan en clasificar y catalogar. Doce
dactilógrafos trabajan constantemente.
Después de la guerra, el Museo Leblanc,
único en el mundo, será ofrecido al Estado francés y abierto al público.

por L. NOACK
BLANCAS:

A 1C D, P2CD, P3AD, P5AD,
A7AD, C4D, C5D, RI AR,
P 5 CR , (9, pi"za,).

NEGRAS:

P 3TD, P 2D, R4D, A1R, P 6AR,
P 3CR P4T R (7 piezas;.

Las bla ncas j ue·gan y matan en tres j ugadas.

PARTIDA NUMERO 16.
Jugada en el "New York Internationa! Tournament" 1 1889
RUY LOPEZ

BLANCAS

NEGRAS

Max Weiss
{Viena).
1.

2.
345.
6.
7.
8.

W. H. K. Pollock.
(Londres),

P4 R
C3AR
A5C
A4T
P3D ( 1)
A3C
P 3A
PXP

P4R
C3AD
P3TD
C3A
P 4CD
€i. A4A (2)
7. P 4D
8. CX P

r.
/ ~3.
4.
5.

§
8
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GRAN CAJON DE ROPA Y NOVEDADES

ACABAMOS DE RE.CIBIR
UN GRAN SURTIDO EN

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y extranjeros a precios increíblemente baratos.
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§
8

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tiempo en boberías.

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Ni su estómago en

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malos Restaurants
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1
8

AY. 18 DE SEPTIEMBRE No 17

Altos d-e "La Mallorquina"

(Frente a Motoliofa.)

~

@00000000000000000000
BltGASO

II.

cxc

12 C5CD!
13 CXF
14. AX A
15. TrR
16. D 2 R
17. A X Pt !
18 D8R! (6)
19 C X A!!
20. T &gt;(T t
2r. A8Ct
22. T 6 R t
23. C7R!
24. P3C
25. P4Tt
26. R2C! !
27. P31\ t
28. A7A t
29 A ,( P ma te.

••

( 1) Lo usua l es 5. 0-0.
(2) Ahora se juega con preferencia A2R.
(3) Esta jugada es m uy peligrosa.
(4) Si 13. P X C, AXP"i"; 14. C3A, A X A,
etc.

(5) Si T XA, C X T seguido de D8R f y ganan.
(6) E ! preludio de una de las má~ ingeniosas
y espléndidas combinaciones de ajedrez.-

Steinitz.
Esta partida fué pr emiada como la más brilla nte del T orneo.

'

Atraviesa un joven el Ebro en ocasión
que estn muy crecido, y pregúntale tembloroso al barquero:
- ¿No tiene usted miedo al agua?
-¿Quién yo? ¡Quiá! La conozco ende
que era pequeñito.
- ¿Y alguna vez volcará la barca?
- Algunas, sí, señor.
- ¡Cielos! Pues también algunas veces
habrá perdido a algún pasajero.
- Eso, nunca. Siempre que se me pier• ·
de alguno, se halla el cadáver dos o tres
días d isp ués.
Un abogado a su cliente:
- ¿Le presentó usted el pagaré a su
deudor?
- Sí, señor.
, -¿Y qué le dijo?
- Que me fuera al diablo.... . Por eso
he venido a verle a usted.

La fatiga

Las dificultades

DIARIA EN LAS LABO-

TAN FRECUENTES DE

RES.

LOS PESADOS

EL

CANSANCIO

NATURAL DE SUS OCUPACIONES

DIAS

DE ABRUMADOR TRABAJO

Vaya -acomer con

§Urquijo
§
!g

VEYAN, Ji~AN YCIA. 8
Esq. ·tsabel la Católica y Ja. Capuchinas.

No pierda usted su

- Ar¡uí donde usted me ve, - le decía
u n mocetón a Rossini,- también yo soy
músico.
- ¿Com posito r?
- No, de orquesta.
- ¿Y qué instrumento tocas? ¿De viento o de cuerda?
- De cuerda.
- ¿Y cuál es?
- La campana de misa, porque soy el
sacristán de la parroquia.

NOT AS .

0000000000000000000000

lA FRANCIA MARITIMA

9 o- o
A3R

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Pueden olvidarse
OCURRIENDO AL UNICO SITIO DE PAZ

a SAN ANGEL INN

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Tenemos primores
para los niños y pa
ra los papás de los
niños.

la Ciúdad··
de Londres
"La Casa de la Moda"

ANTONIA MERCE
Notable bailarina que act ualmente trabaja
en el Teatro Colón .

No 15
PRECIO 30 Cts.
Jueves 21 de 19 1 r

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753234&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                <text>Pegaso, Revista Ilustrada, 1917, Tomo 1, No 14, Junio 14</text>
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                <text>González Martínez, Enrique, 1871-1952, Fundador</text>
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                <text>López Velarde, Ramón, 1888-1921, Fundador</text>
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                <text>Rebolledo, Efrén, 1877-1929, Fundador</text>
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                <text>Arte literario</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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                <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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                <text>Urueta, Jesús 1868-1920, Redacción</text>
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            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
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                <text>14/06/1917</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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